LIBRO TERCERO CAPÍTULO PRIMERO Institución de las cuatro célebres Comunidades.—Sus admirables Constituciones.—Alabanzas y aprobación de las mismas. I Ha llegado ya el momento de ocuparnos en la reforma de esta Casa. Al principiar el siglo XVf estaban las cosas de Montserrat de la observancia monástica se tal suerte, que ¡la disciplina regular y habían relajado lastimosamente. Ni los monjes eran lo que debían ser, ni el culto de la Santa Imagen ganaba, sino que iba en decadencia de una manera muy notable. Advertidos los Reyes Católicos del triste estado en que habían venido á parar las cosas de este Santuario, no cejaron hasta lograr incorporarlo, como arriba dijimos, al Real Mo¬ nasterio de Benedictinos de Valladolid. Una vez realizada esa agre¬ gación, no faltaron dificultades, pero con paciencia se vencieron todas. Había aquí no sólo monjes claustrales, sino ermitaños y escola- nes. De los primeros no puede negarse que serían los siete que te¬ nían repartida la hacienda entre sí, como hemos dicho en otro lu¬ gar, por razón de los oficios ó cargos que ejercían; y de los demás, sólo constan con título de claustrales Fr. Pedro Camps, Fr. Felipe Gilabert, y Fr. Mateo de Peña, prior, licenciado en Derecho. De los ermitaños sólo constan cinco que profesaron la Regla de San Benito, conformándose con la nueva reforma, que fueron: íh-. Juan Sierra, 128 NUEVA HISTORIA Fr. Juan Mella, Fr. Benito, Fr. Pascual, y Fr. Juan Euguidanos. De los escolanes y donados no se halla memoria. Que los que tenían los oficios del Convento sentirían dejarlos con la renta aneja á ellos, no es de extrañar. Que obligarlos á vivir conforme á las ceremonias y nue¬ va clausura, les vendría mal, tampoco debe admirarnos. De todos modos, desde el punto que comenzó á gobernar el Padre Fr. García de Cisneros, se vi6 el feliz acierto que se tuvo en su elección. Todo fué en aumento desde luego, tanto lo temporal como lo espiritual. Lo ayudó más al acrecentamiento de la Casa, fué el que buen orden que puso en ella, distribuyéndola en cuatro clases ó Co¬ munidades, que son: Escolanes, Frailes legos. Ermitaños y Monjes. De cada una iremos tratando en párrafos aparte. Plmpezaremos pol¬ los últimos y acabaremos por los primeros. Dice el P. Yepes, que Fr. Garcia puso gran número de monjes, como de sesenta á setenta, no dedicados á la vida activa solamente como los donados, ni á la contemplativa los ermitaños, sino trabajando sin cesar. Pasaban como casi todas las horas del día, y parte de la noche, dedicadus á Coro, lección y contemplación. Cuando era menester, se ocupaban en servir á los peregrinos y en confesar innumerables pecadores que venían arrepentidos á este Santuario. Luego que Fr. Garcia de Cisneros estuvo al frente de esta Casa, y vió el gran concurso de gente que acudía, especialmente en las fes¬ tividades de Nuestra Señora, conoció que se haría grandísimo servi¬ cio al Señor ordenándolo todo de manera, que además de las obras de misericordia corporales, se ejercitasen también con los peregrinos las espirituales. Quiso el Monasterio hubiese estudios de Artes y que en Teología, y que residiendo en él personas espirituales y doctas, ayu¬ dasen á las almas que venían á ser curadas y remediadas en este san¬ to lugar. Desde entonces hubo gran número de confesores diestros é inteligentes en las lenguas de Cataluña, Castilla, Francia, Italia y Alemania, para que supiesen conocer las enfermedades del alma de todas esas naciones, que eran las que más de ordinario acudían aquí. Sacó Fr. Garcia licencia de los Sumos Pontífices para que los confe¬ sores de Montserrat pudiesen absolver de pecados reservados; y ha mostrado la experiencia, que éste fué el remedio más fuerte y eficaz para que muchos hombres desalmados y olvidados de Dios volviesen sobre si y saliesen de su mal estado. Prosiguió el Abad en ser verdadero padre de aquellos á nuevo quienes quería hijos, engendrándolos espiritualmente con la doc¬ como trina y el ejemplo, como San Pablo á los suyos con el Evangelio. Para cuyo efecto escribió é hizo imprimir el libro del Ejercitatorio espiri- DE MONTSEEEAÏ 129 tv,aly Directorio de las Horas Canónicas. Cow este libro fué ejer¬ citando á los monjes, con el Directorio les fué guiando, y con él se criaron los primeros que tomaron el hábito en este Monasterio, que fueron tantos los recibió por hijos el venerable Padre, que que pasan de setenta, sin contar los ermitaños ni los tres monjes claus¬ trales que había cuando entró la observancia. De estos setenta eran algunos monjes claustrales de otros Monasterios, que atraídos del ejemplo y buena opinión que daban los nuevos y reformados Religio¬ sos, venían ellos y se reducían á la misma observancia, silencio y clausura de esta santa Casa. A esto llegaron los monjes que formaban y componían la cuarta clase del Convento, debido todo al celo y buena dirección del P. Fr. García de Cisneros. 11 Deseoso el abad García de que la nueva reforma de este Convento fuese provechosa y estable, dictó Constituciones para cada clase de Religiosos, tan bien ordenadas, que son demostración del talento que tenía. En la imposibilidad de insertarlas integras, porque ellas solas formarían un tomo bastante regular, diremos algo de lo que en ellas tenía relación con los monjes, para que el lector pueda formarse idea del celo y ciencia del que las escribió. El capítulo que trata so¬ bre el Oficio divino, entre otras cosas dispone, que en cuanto los mon¬ jes entraren en el Coro, se inclinen ante el Santísimo Sacramento ; y que, arrodillados y con devoción, durante el tiempo que el Presidente tardare en dar la señal, hagan la trina Oración, que consiste en re¬ zar un Padre nuestro, Ave María y Credo. Y quiere también, que al fin de las Horas Canónicas se digan á Nuestra Señora las oraciones Oratiam tuam, y Pretende famulis tuis, finidas las cuales ofrezca cada uno iñentalmente á Dios aquella obi'a, y le pida perdón de sus negligencias, como largamente está contenido en el Directorio de las Horas Canónicas. Para que todos los monjes acudiesen á Maitines á las doce de la noche, dispuso á cuenta de quien había de estar el despertador de campana, y quien al punto tomando las tablas, discurriese por los dormitorios para despertar los monjes un cuarto de hora antes, para observar en todo la más exacta prontitud. Ordenó acabados los que, Maitines, sólo á la luz del cielo, fuesen guiados los ánimos, queriendo que tuviesen lectura de lo que se hubiese de meditar, según la re¬ copilación del Ejercitatorio, que para este fin compuso. Disponiendo 130 KUEVA HISTORIA el orden que en el tocar de las Horas Canónicas se ha de tener, se¬ gún los tiempos, dispone también la hora en que se ha de tocar á co¬ mer, habida consideración del tiempo, ordenando que en la comida nunca falte lectura, y monjes para recibir y servir mientras el santo Convento comía. Y tratando de la lección que el Convento debía tener, dice : que una hora y media después de comer sean convocados todos los monjes en el lugar destinado para esto, y que oren allí brevemente en silencio la octava parte de una hora, y que esta lección conventual sea sobre la materia que el Prelado juzgare más conveniente; y que sobre todo se acostumbren los monjes en el ejercicio de orar, meditar y contem¬ plar, así en las meditaciones de la vida purgativa é iluminativa, como en la unitiva; y que de este ejercicio y modo de estudio no sea el mon¬ je quitado, á no ser que el Prelado juzgue que ya es á propósito para otro estudio y ejercicio, pues éste es el fundamento para la perfección religiosa á que los monjes están llamados. Las cosas que el venerable Prelado dispone en que principalmente se ha de tener lección, son; In sensu Psalmoruni, quia in his continetur scientia totius Sacrœ ScriftuTiB. "En la interpretación de los Salmos, porque en ellos está encerrado todo el sentido de la Sagrada Escritura." Señalando algunos libros espirituales, pone asimismo algunos ne¬ cesarios, para que, guiándose por ellos, se acierte á oir bien las con¬ fesiones, encargando grandemente á los Prelados que instruyan á sus monjes en estos modos de estudiar; y que si en Casa no hubiese los libros necesarios, los compren, pidiendo al Prelado procure que haya en el Convento persona que pueda enseñar, queriendo expresamente, que si en el Monasterio no hubiese quien tales doctrinas enseñase, en tal caso fuese á buscar personas doctas á otra parte. Concluyendo de aquí el venerable Prelado, que habiendo en el Convento y Monasterio tales ejercicios, habrá personas doctas, asi para oir las confesiones, como para predicar, advirtiendo que de no hacer esto el Prelado, le fuera mejor ser pastor de brutos que no Prelado de hombres racio¬ nales; pues es cierto, que el cuidado principal que ha de tener, con¬ siste en que sus subditos sean señalados en la doctrina espiritual con que han de buscar á Dios. La cual lección hecha, que debía ser como de tres cuartos de hora, dispone que se vaya cada uno á su celda, para recopilar y meditar lo que en esta lección aprendieron. Pasando adelante sobre la disposición de la hora en que se ha de tocar á Vísperas, quiere que todos los monjes concurran á ellas con mucha presteza, las cuales se dirán con la pausa que la ñesta ó feria pide; y que; acabadas las Vísperas, se ejerciten por una media hora DE MONTSERRAT 131 en labor de manos, según que el Prelado más juzgare convenir, finido lo cual, dispone el Prelado que cada uno vuelva á su celda. Finalmente, después de disponer la hora en que debe juntarse de nuevo el Convento para la cena ó colación, concluye diciendo: que di¬ chas las Completas, todos los monjes se recojan á sus celdas, y que en ellas se ejerciten en la ocupación santa de la oración, y en particular en el examen de conciencia. Dispone asimismo la hora en que los monjes han de ir á descansar, según los tiempos, para que la diges¬ tión pueda haberse verificado cuando se levanten á Maitines á las doce ; y con esto acaba el venerable Padre y cierra el día natural de veinticuatro horas. En el capitulo XI1, dispone la ropa de la cama y el modo de ves¬ tir de losmonjes. Y en el capítulo XlEI, después de dar reglas ge¬ nerales para la educación y erudición de los Novicios, cómo han de ser enseñados y despojados del hombre viejo, manda que el Maestro les enseñe en particular desde el capitulo XII al XIX Ejercüato- rio, encargando en gran manera que ningún novicio sea admitido á la profesión, sin ser antes examinado en estos santos ejercicios. Por último, en el capitulo XIV, declarando que los Padres er¬ mitaños en la elección de Prelado y Abad no tengan voto, el venera¬ ble Fr. García de Cisneros propuso estas Constituciones á todos los monjes reunidos. Y con ser así, que en una Comunidad, así como hay hijos de diferentes madres, hay también diferentes voluntades, con todo les parecieron tan bien ordenadas y justificadas, que las firmaron á 15 de Marzo de 1501. Con tales padres y maestros no es extraño que salieran hijos y discípulos tan aprovechados en las ciencias divi¬ nas y humanas, y Religiosos tan perfectos, que fueron la admiración de todo el mundo. Til Fray García de Cisneros había dado el primer paso, habiendo ob¬ tenido de la Comunidad la aprobación más formal y completa de sus admirables Constituciones. Faltaba sólo que en Capitulo Provincial mereciesen igualmente ser aprobadas, lo fueron. En efecto, no como tardaron los Padres Benedictinos en reunirse en Capitulo en la ciudad de Valladolid. Presentadas y examinadas, les parecieron tan bien, que las aprobó el Capítulo, y mandó que se guardasen inviolablemen¬ te en el Monasterio ; y volviéndolas á esta Casa y Santuario, las con¬ firmaron y se ratificaron en la obligación de su observancia, como 132 NUEVA HISïOKIA consta del instrumento que se conservaba antes en nuestro Archivo, que era del tenor siguiente: «Nos Fr. García de Cisneros, abad del Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, Fr. Ramiro, prior, fray Pedro Oamps, Fr. Juan de Cigalés, Fr. Pedro de Burgos, ih'. Pedro de Jubera, Fr. Martin de Villa-Muera, Fr. Martín de León, Fr. Pe¬ dro de Perpiñán, Fr. Juan de Orellana, Fr. Alonso de Casalla, fray Juan de Calces, Fr. Andrés de Tordesillas, Fr. Mauro de Alfaro, fray Bartolomé de Nombella, Fr. Valentín de Bages, Fr. Luís Guardiola, Fr. Diego de Albacete, Fr. Pedro Tello, Fr. Tomás Martínez, Mon¬ jes y Convento de Nuestra Señora de Montserrat, juntos y congrega¬ dos en el Capitulo, según que es costumbre, testificamos y damos fe, que todas estas ceremonias y consuetudes, se guardaban y observa¬ ban en este Monasterio de Montserrat, cuando por el Capítulo Gene¬ ral fueron aprobadas; y queremos, y es nuestra voluntad, que perpe¬ tuamente se guarden y observen, y que en lo demás seamos confor¬ mes á las ceremonias y costumbres generales de la Congregación, como ya, según que en el Capítulo General fué definido. Y asi lo fir¬ mamos á 19 de Agosto de 1502." Esto el P. Fr. García de Cisneros j^el Convento de Montserrat, prestando caución los veinte monjes que arriba firmaron por los de¬ más Religiosos y sucesores suyos. Los cuales, después de continUfir guardando las dichas Constituciones, y mirándose en ellas como en un espejo, para la reforma de sus defectos é imperfecciones, cada día les parecían mejores; así es, que por otra segunda Escritura echaron otra llave para mayor seguridad de su observancia dentio de seis meses, que es del tenor siguiente: «Nos el ya dicho Fr. García de Cisneros, electo abad del presente Monasterio de Nuestra Señora de Montse¬ rrat, Fr. Alonso de Sotomayor, prior, Fr. Alonso de Mayorga, fray Pedro de Burgos, Fr. Pedro de Jubera, Fr. Martín de León, Fr. Pe¬ dro de Perpiñán, Fr. Juan de Orellana, Fr. Juan de Falcés, Fr. An¬ drés de Tordesillas, Fr. Valentín de Bages, Fr. Pedro de Barcelona, Fr. Pedro de Medina, Fr. Domingo, Fr. Diego de Albacete, Fr. Mi¬ guel de Sampedor, Fr. Juan de Mansilla, Fr. Gracián Pahez, y fray Francisco Vela, Monjes y Convento deDMonasterio sobredicho, con¬ siderando el grande aprovechamiento espiritual que de guardar las dichas Constituciones se ha seguido, y mediante la gracia del Señor esperamos que más se seguirá, según la experiencia nos demuestra, y deseando que para siempre así se guarden, las tornamos otra vez á aprobar y ratificar, y estando capitularmente ayuntados, por Nos y en nombre de nuestros sucesores, las aprobamos, ratificamos y de nuevo confirmamos. Y por mayor firmeza délias estatuímos, que todos los DE MONTSERRAT 133 Abades que de aquí eu adelante en este Monasterio fueren elegidos, antes que por el Convento les prestada la obediencia, juren en su sea conciencia, que asi las guardarán, y que no mudarán ni revocarán las dichas Constituciones, ni parte délias, como dicho es, salvo acl horam. Y que el Prior, ó Presidente que entonces fuere, tenga principalmen¬ te cargo de pedir el dicho juramento al electo en nombre de el Con¬ vento, luego en siendo pronunciada la elección. Y si, lo que Dios no quiera, algún electo no quisiere asi jurar, luego en consintiendo la elección de sí fecha, por el mesmo caso la elección sea nula, y por aquella vez no pueda ser elegido, y el Convento torne libremente á facer otra elección. Y^ queremos, que en aquellos solos quede el poder elegir, y ser elegidos, que perseveren en la conservación de las pre¬ sentes Constituciones. Y asi mesmo estatuimos, que el Prelado que en su tiempo temptare de las revocar, ó mudar, por el mesmo caso sea inhábil, que no pueda ser elegido. Y Y^o, el dicho Fr. G-arcia de Cis- neros, electo abad del presente Monasterio, por cumplir y poner en efecto y ejecución el dicho presente estatuto, juro en mi conciencia de guardar las dichas Constituciones, y de no las revocar, mudar, ni innovar, según que en ellas y el dicho estatuto se contiene. Kn fe de lo cual lo firmamos aquí de nuestros nombres. Fr. Garda de Cisneros, abad, Fr. Alonso de Santoya, prior, B>. Pedro Camps, Fr. Juan de Cigalés, Fr. Pedro de Burgos, Ifr. Pedro de Jubera, Fr. Martin de León, Fr. Pedro de Perpiñán, Ifr. Juan de Orellana, Fr. Juan de BYilcés, BY'. Andrés de Tordesillas, BY-. Valentin de Bages, Fr. Pedro de Barcelona, B""!'. Pedro de Medina, B"r. Domingo, Fr. Diego de Alba¬ cete, l^r. Miguel de Sampedor, Fr. Juan de Mansilla, Fr. Gradan Pahez y Fr. Juan de Vila.» No se contentaron con esto B^r. García de Cisneros y el Convento, sino que determinaron que el mismo General de la Congregación las viese, leyese, aprobase y sellase, confirmase y diese la autoridad de¬ bida para su observancia, como convenia, por estar unida esta Casa á la Congregación, y asi se hizo. Era General entonces el P. Fr. Pe¬ dro de Nájera, y le parecieron tan bien las dichas Constituciones, que luego las aprobó, y dió la autoridad necesaria con la siguiente decla¬ ración y auto: ('Nos Fr. Pedro de Nájera, abad del Monasterio é Con¬ gregación de San Benito de Y'alladolid. Vimos estas Constituciones en este cuaderno contenidas, y por haber sido aprobadas por el Capitulo General, las aprobamos, é mandamos, en virtud de santa obediencia, á todos los Padres, que agora son, et de aquí adelante fueren en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, Casa de nuestra Con¬ gregación, las guarden, según, é por la forma que en ellas se confie- 134 NUEVA HISTORIA ne en la dicha Casa. En fe de lo cual lo firmamos de nuestro nombre, y sellamos con el sello de la dicha Congregación. E fueron aprobadas, é confirmadas por Nos en esta Casa de nuestro bienaventurado Padre San Benito de Valladolid á siete de Octubre de 1.502. Frater Petrus Allas S. Benedictí. m Loco sigUli.ii Aun noquedó satisfecho nuestro santo Abad. A 6 de Mayo de 1503 hubo Capítulo General en Valladolid, donde fueron presentadas di¬ chas Constituciones, y lejos de hallar en ellas nada reprensible, todos los Padres á una las loaron y aprobaron sin añadir ni quitar en ellas cosa alguna. Piste fué el último sello que se puso para la observancia délas leyes del venerable P'r. García de Cisneros, que fué de tan buen acierto, que por espacio de más de cien años no hubo quien torciera el pie para desviarse de tan buena senda. Otra acción hizo el venerable Abad junto con su Convento, que no dió menos lustre á este Santuario que las que dejamos referidas, y fué cerrar la puerta por Auto público, para que no se admitiese al habito de San Benito persona alguna que no fuese de sangre limpia, sin raza de judio, ni moro, ni recién convertido á la fe católica, escar¬ mentando en ajena de otras Religiones, que habían padecido cabeza algunos trabajos cerca de este punto. Este Auto, por ser tan particu¬ lar, como honroso para IMontserrat, lo continuaremos en el Apéndice número 4. CAPÍTULO SEGUNDO De los frailes legos, ó donados.—De los ermitaños. — De las ermitas. L Queda ya referido como á los peregrinos se les facilitaba la comi¬ da gratis. No hemos dicho, empero, que á todos los que acudían á este Santuario, con todo y ser tantos en número, se les daba también de balde sal, lumbre, pan, vino y aceite ; y lo que es más, á todos los frailes de las diferentes Ordenes, y á todos los sacerdotes, y á las per¬ sonas de dignidad, se les proporcionaba lo necesario para la cama, comida y bebida, con el mismo regalo que si estuvieran en sus casas. DE MONTSERRAT 135 Y si algún peregrino caia malo, había hospital bien provisto, en don¬ de serecogían los enfermos á costa del mismo Convento, llamándose en seguida al médico de la Casa, y proveyendo á la dolencia con las medicinas de la botica, también de balde. Ahora bien. Todo ese tro¬ pel de gente y de necesidades que era preciso subvenir, supone un personal numeroso y regulado. ¿De qué medios se valía el Convento para poder atender á todo? Todo estaba previsto. A todo atendió el sabio y caritativo abad G-arcia de Cisneros. Hemos dicho que dividió el personal de la Casa en cuatro Comunidades. Hemos hablado ya de los monjes y sus oficios. Hablemos ahora de los donados, ó frailes le¬ gos. Esta era otra Comunidad creada precisamente para servir á tanta gente y subvenir á sus necesidades. Eran los donados también Religiosos obligados con sus votos, y sujetos á la observancia de las Constituciones que les dió el propio abad García ; pero éstos no estaban destinados á recibir las Ordenes sagradas, porque su oficio era atender á los peregrinos pobres y en¬ fermos, haciendo con esto gran servicio á Dios Nuestro Señor; por¬ que aunque todos los de la Montaña se empleaban en el servicio y ejercicio de la hospedería, tan agradable á Su Majestad y á su glorio¬ sa Madre, los donados eran los que más de cerca trataban de la vida activa, ejerciendo directamente estos oficios. Daban la limosna al po¬ bre, abrigaban al necesitado, curaban á los enfermos, y daban los ali¬ mentos á tanta muchedumbre como aquí acudía de todas naciones y lenguas. Además de los ministerios que tenían en Casa los donados, tenían otros fuera ; uno eraasistir á las granjas y casas de labranza, donde el Monasterio tenía posesiones, y el otro pedir las limosnas que unos llamaban cuestas, y otros y los que andaban pidiendo eran co¬ nocidos con el nombre de plcgadors. La primera ocupación es impor¬ tantísima y sumamente necesaria para el buen gobierno y sustento del ■Convento, porque como el Monasterio está en parte tan elevada, y los caminos eran en aquellos tiempos ásperos y dificultosos, no era posi¬ ble llevar los comestibles arriba, sino que eran depositados primero en las granjas, á donde los donados recogían el pan, vino, aceite, le¬ gumbres y demás provisiones, que con ciento treinta acémilas, que arreaban los criados de la casa, las subían arriba poco á poco. Los que iban á las pJegas, recorrían todo el Principado de Cataluña, Va¬ lencia, Aragón y Reino de Castilla para recoger las limosnas colecta¬ das ; ya que este Monasterio tenia licencia de los Sumos Pontífices y de los Reyes de España, para que en los lugares dichos hubiesen hom¬ bres que pidiesen por Nuestra Señora de Montserrat, y solían hallar- 136 NUEVA HISTORIA se reunidas limosnas muy extraordinarias. Eran estos ministerios de mucha consideración, y exigían gran fidelidad, porque todo se fiaba á la conciencia de cada uno. Por esto en Montserrat no se daba el hábito de familiar ó donado, sino á personas de muy probada conduc¬ ta, á quienes poder confiar con seguridad sus intereses. Vivían los donados en el Noviciado con mucho rigor; tenían un Maestro monje que les enseñaba los ejercicios espirituales ; y muchos de ellos salieron devotísimos y grandes siervos de Nuestra Señora; algunos tan humildes y despreciadores de todo lo terreno, que siendo nobles por linaje y habiendo tenido oficios honrosos y de calidad, que¬ rían más ser menospreciados en la Casa del Señor, sirviendo en oficios humildes, que recibir el hábito de monje 6 ermitaño. Muchos de los donados eran extranjeros; no pocos franceses'é italianos. Se cuentan entre los donados personas de mucha ciencia y capacidad, aventaja¬ dos en espíritu y de experiencia en el manejo de graves negocios. Las Constituciones hechas por el abad García de Cisneros para esta pe¬ queña Comunidad de donados han desaparecido, de modo que ni me¬ moria de ellas hemos encontrado. II La tercera clase de Eeligiosos que estaban al servicio de Nuestra Señora, era la de los ermitaños. Quiso Fr. García de Cisneros que así como había en Montserrat Religiosos que principalmente trataban de la vida activa, y de todo punto se entregaban á ella, se hallasen también en la cumbre de la Montaña otros, cuyo principal instituto y oficio fue¬ se vacar á la contemplacióu y meditar siempre los divinos misterios. Vestían hábito pardo con manto negro hasta las rodillas y capuchón, llevaban larga la barba y rasurada la cabeza. Eran Religiosos con los tres votos solemnes de costumbre, y además el cuarto que Iiacían de no abandonar jamás esta Montaña. El número de los ermitaños nunca pasó de dieciocho á veinte, asi porque las ermitas eran pocas, que no pasaban de trece, como también porque no es de todos saberse desa¬ sir hasta tal punto de las cosas terrenas para ejercitarse en las celes¬ tiales. Dos clases había de ermitaños que subían á la Montaña; unos que de principal intento profesaban esta vida de anacoretas, y otros que tomaron el hábito de monjes, y sintiéndose después con fuerzas para morar solos en la ermita, pedían licencia al Abad para vivir vida más retirada y penitente;y el monje que lo alcanzaba, lo tenia por gran fa¬ vor. Abades santos y virtuosos, como el abad Garriga, acabaron sus DE MONTSERRAT 137 días en el retiro de una ermita. En esto el abad G-arcia se acomodó al espíritu de nuestro glorioso Padre San Benito, que quiere que el verdadero ermitaño sea primero probado en la Comunidad, y tenido por varón muy espiritual, antes de subir á lucliar con el enemigo del linaje humano ; y asi los monjes como los ermitaños, antes que su¬ biesen á las ermitas, iiabian de ser en el Convento muy ejercitados en iiumildad y penitencia. Los que iban á vivir en alguna ermita, no que¬ daban libres de la obediencia al Padre Abad, antes guardaban los mandamientos y preceptos que él les imponía. El mismo Padre Abad nombraba un vicario, substituto suyo, que vivía en la ermita de San¬ ta Ana, que era mayor y más capaz que las otras, en la cual se jun¬ taban los ermitaños todos los domingos y fiestas de precepto ; y este vicario, que era sacerdote, los confesaba, comulgaba y decía Misa, menos en las Pascuas y algunas fiestas principales, en que por pre¬ cepto particular estaban obligados á bajar al Monasterio. Era cosa hermosa y digna de alabar al Señor, ver á tantos Religiosos comulgar juntos, comenzando á recibir la Comunión primero los monjes, des¬ pués los ermitaños, tras ellos los donados, y por último los escolanes. El sustento de los ermitaños se les llevaba dos veces la semana desde el Monasterio á propias ermitas (1), y tenían precepto muy sus estrecho de no recibir oro, plata, ni cosa de precio de los peregrinos; pues la Casa los proveía del sustento necesario ; y asi no tenían ocu¬ pación, ni impedimento alguno que les estorbase consagrarse á la di¬ vina contemplación á que estaban consagrados ; pero como esta divina Montaña estaba dedicada al servicio de los huéspedes y peregrinos, porque los ermitaños no faltasen en este loable ejercicio, les estaba mandado, que con rostro alegre y entrañas de caridad, con pocas pa¬ labras, y esas espirituales, recibiesen á los peregrinos que con curio- (l) Un inglés, protestante, que visitó esta Montaña en el siglo X VII, y que es¬ cribió una serie de cartas sobre su viaje, describe el modo de traer los comestibles á los ermitaños de la siguiente manera: «Antes de cerrar esta carta, dice, voy á contar á V. M. una cosa que he visto esta mañana, y me ha dejado admirado. El Monasterio provee de comestibles á los Padres ermitaños dos veces cada semana, y para traérselos ó sus respectivas ermitas, se sirve de una mula ciega. Sale este animal muy de mailana del Monasterio cargado con trece cestas, y en cada una la porción para un ermitaño. Sube por estos escabrosísimos caminos y profundos barrancos sola, sin conductor que la guíe; y cuando conoce que está cerca de una ermita, se para, y entonces baja el Padre ermitaño ó quitarle su cesta; y así va corriendo por una todas las ermitas. Cuando las ha andado ya todas, y se una siente del tododescargada, se baja otra vez al Monasterio. Hace más de ocho años que esta mula ciega hace lo mismo; y dicen que jamás se ha caído por estos to¬ rrentes y precipicios, ni siquiera se ha extraviado por estos ásperos y tortuosos caminos. Aquí repito lo que en otras cartas he dicho á V. M. ¡ En Montserrat todo es maravilloso !» 138 NUEVA HISTORIA sidad y devoción andaban visitando las ermitas, y habiéndoles despe¬ dido de la suya con modestia y dulzura, les guiasen á las de los otros ermitaños. Y esto sabían cumplirlo tan al pie de la letra, que eran muy raras las personas que habiendo visitado el Santuario, no subie¬ sen también á visitar algunas de las ermitas. [Muchos las visitaban todas, que para hacerlo con alguna comodidad, era menester todo un dia. A la fatiga y trabajo que ofrece lo áspero de cualquiera de los tres caminos que existen para subir á ellas, se compensaba cumplida¬ mente con lo delicioso, vistoso y ameno de aquel conjunto de verda¬ deras maravillas. Asunto era de admiración y de contento lo domésti¬ co y familiar de los pajarillos, que por sí mismos cogían la almendra ó piñón de la boca del mismo ermitaño. Por esto, nadie se arrepentía de haber subido con cansancio y fatiga, pero sí muchos se dolían de su mala vida. Ni los mismos emperadores y reyes, ni las reinas y princesas más delicadas, se excusaban de visitar las ermitas, subien¬ do á pie, siempre que venían á visitar á esta devotísima Imagen. Cuando los monjes concluían su rezo, que era á la una y media de la madrugada, se levantaban los Padres ermitaños, cada uno en su ermita, tocaban sus campanas á las dos de la mañana, empezaban sus Maitines, hacían la oración mental, tenían lección espiritual y otros ejercicios señalados por sus Constituciones hasta las seis. Tenían á su disposición la ermita y la capilla. En la ermita tenían su celda, con su cama y algunos cuadros. Había la cocina con lo más necesario y las herramientas indispensables para el cultivo de su huertecito, y para arreglar los caminos. En la capilla tenían su altar con un cáliz y ornamentos para celebrar, adornadas las paredes de toda clase de Santos con marco ó sin él, y casi todos disponían también de varias imágenes de bulto, que habían sido regalos de los visitantes. Tenia cada ermitaño por término medio, unos cincuenta libros, que trataban de la más pura y elevada Teología mística. No es de extrañar, pues, que algunos salieran varones de tan elevada y perfecta santidad, y que todos, hasta las mismas personas Reales, hallasen gusto y con¬ suelo en conversar con ellos. Tenían también su cisterna y huerta. En la capilla, muy aseada, se celebraba Misa por lo menos el día del Santo titular, á la que asistían los demás ermitaños y recibían la Sagrada Co¬ munión. Los tres caminos que conducían á las ermitas eran: uno que puede seguirse á caballo hasta la puerta de ellas, menos á las de San Onofre y Santa Magdalena, dando la vuelta por la parte de San Miguel. La primera que se encontraba por este camino, era la de San Jaime. El segundo camino se tomaba pasando por el cementerio, que existe de¬ trás de la fonda, y conduce á Santa Ana. Este camino es bastante DE MONTSEEEAT 139 fragoso, y por él suelen bajar los que visitan las ermitas. El tercero es el de la Escala dretà, que se compone de seiscientos sesenta esca¬ lones formados en la viva peña. Sin embargo, han subido por él mu¬ chos reyes y grandes de la tierra, y á pesar del peligro que ofrece, no hay memoria de haber sucedido jamás desgracia alguna. La pri¬ mera ermita que se encuentra subiendo por esta escalera, es la lla¬ mada de San Dimas. Antiguamente estaba al servicio del público esta escalera, cuya entrada era por el lado de lo que es hoy tienda del Aposentador, que está cortada ; hoy se entra en ella por el mismo Convento, por estar dentro de la clausura. Los demás caminos, poco más ó menos, están en iguales condiciones que antes. Todo lo que acabamos de decir, prueba la gran sabiduría, virtud y santidad del P. Fr. García de Gisneros, que no podía poner esta Montaña con tal hermosura, sin tener una luz sobrenatural que diese acierto á su dictamen ; en' que bien se conoce cuán diferentemente fué servido Dios en esta Casa después de la reforma. Por fortuna se con¬ serva el mismo original de las Constituciones de los ermitaños, que por ser muy extensas dejamos de copiar. ITI Existían esparcidas admirable y sin par Montaña esos por esta hombres llamados ermitaños, llenos del espíritu del Señor, que re¬ cordaban los primeros tiempos del Cristianismo y la vida penitente de los solitarios de la Tebaida, y que en número de trece ocupaban las ermitas, casi todas situadas en parajes ásperos y de difícil acceso, cavadas algunas en los huecos de las peñas ; y desde las cuales, en su mayor parte, se disfrutaba el horizonte más curioso y sorprendente, por la vasta extensión de mar y tierra á donde alcanzaban los ojos. \amos, pues, á dar noticia de cada una de esas ermitas, empezando por la de San Jerónimo. Está colocada en la parte más alta de la Monta¬ ña, y es la más distante del Monasterio. Al pie tiene una roca, encima de la cual hay un vestigio de la capilla que hubo allí con el título de Santa Maria la más alta. De la ermita quedan en pie varios restos, en que se ha establecido en nuestros días una casa de comida para los que suben á visitar ese magnífico mirador, desde el cual se ven en día claro las islas Baleares y gran parte de Aragón y Valencia. Tenia esta ermita dos hermosas cisternas y dos plazuelas, una de las cuales 140 nueva HISïOKIA servia de mirador. Dicen algunos historiadores que liabia servido de baluarte en fué ree¬ tiempos antiguos. Lo más cierto es, que en 1.590 dificada, como parece por la siguiente escritura: Capella Candi Je- ronimi in excelsa parte Montis istias Monasterii, fiuee a rnultis minis cliruta in totarn erat, nec aluinmn habitaculi formarn liahe- bat, reedificata Juit anno MDXC et in iUiiis erectione expensas putañius fuisse qiiint/entas libras, et amplins. Esta ermita, como todas las demás, fué destruida por los franceses en 1811, y su capilla ha sido reedificada y bendecida á 10 de Marzo de 1891. Santa Magdalena. Andando por el lugar llamado Tebas, y atra¬ vesando sierras y profundas honduras, por un camino llamado la Pa¬ rra, porque gran parte de él parece un parral de árboles, se hallaba la ermita vieja de Santa Maria Magdalena, metida entre peñas, con cisterna labrada en medio de ellas ; y porque estaba en sitio muy fra¬ goso y gozaba de poca vista, la mudaron los Padres antiguos á seis¬ cientos pasos de distancia á otro más alto y alegre, con buena vista á Mediodia y Levante, quedando la capilla pegada contra una peña tan alta, que parece toca á las nubes. Tenia esta ermita las dos es¬ caleras de piedra entre las mismas peñas, que lo más ancho es de seis palmos, y la escalera es de cien gradas labradas á pico en la misma peña por los mismos ermitaños. Desde esta ermita al Monasterio hay una pendiente de dos millas, tan derecha, que si el dia es claro, se oye el eco de las palabras que se pronuncian en la plaza ó puerta del Monasterio y el canto de los monjes en el Coro. Es esta ermita muy combatida de los vientos. Hizose la traslación del sitio antiguo en 1498. En un libro del Archivo que se intitula De rejonnationc hujus Monasterii, se leen estas palabras: In reparatione, et amplijica- tione Hcereinitariorum Gastelli SanctcB Man/lalene, et Candi An- tonii, qniB onnino clestructiB erant. Anno / i98. San Onofre. Un poco más abajo, siguiendo la escalera del Me¬ diodia, estaba la ermita de San Onofre, labrada en la misma peña, sirviéndole ella misma de fundamento. Quédale la vista muy desaho¬ gada y hermosa por el Mediodia, pues desde ella se ve hasta la dis¬ tancia de veinte leguas, y se descubren también las islas de Mallorca. Tiene esta peña, en que está colocada la ermita, más de quinientos pasos de profundidad, dándole entrada la escalera dicha en un lugar estrecho de cuatro palmos, subiéndose por unos sesenta escalones. A esta ermita y á la de Santa Magdalena, por razón de esas escaleras, no podian subir las provisiones con la acémila; los Padres ermitaños bajaban á tomar su provisión y la subian ellos mismos por la escalera del Mediodía. Tenia dos cisternas labradas en la peña. No tenia, ni DK MONTSERRAT 141 podía tener más entrada por la parte de Levante, y era sin que una duda la más solitaria y retirada de todas. El Arzobispo de Tarbes, que estuvo en Montserrat durante la revolución francesa de 1790, vivió retirado en esta ermita mucho tiempo. Fué fundada no por el abad Garda de Cisneros, como creen algunos historiadores, sino por D. Pedro de Burgos, abad y primer historiador de Montserrat. San Juan. Igual á la de San Onofre es la situación y angostura de la ermita de San .Juan. Miradas de lejos se parecen mucho á un nido de golondrinas pegado á la peña. Hállase ésta en el remate de una cordillera de rocas, metida enteramente dentro de ellas, de tal manera, que le sirven de tejado, aumiue no es tan fragosa como la de San Onofre. Entre ambas ermitas hubo en otro tiempo un pasadizo; mas considerando el Padre Abad que la vida eremítica exige soledad, con autorización superior lo mandó quitar. Sin embargo, el precipicio que quedó, no impedia por completo la comunicación, pues el ermita¬ ño de San .Juan podia mantener conversación desde su ermita con el de San Onofre, sin moverse uno y otro de la suya propia, y darse mutuamente lumbre desde sus respectivos miradores. Para salvar aquel profundo precipicio, les era preciso andar unos doscientos pa¬ sos, bajar y volver á subir para ir de una á otra ermita. Los edificios que las formaban, eran relativamente grandes; tenían dos cisternas, casi siempre muy bien provistas, una de piedra sillar, que se conserva todavía. Encima del arco por donde se saca el agua, hay una inscrip¬ ción que dice: J. P. MDXCl. Esta ermita estaba muy bien arreglada, por lo que generalmente la escogían morada los monjes que habían sido abades y deseaban por acabar sus días entregados tan sólo á la vida contemplativa. En 1.541 murió en esta ermita el P. Fr. Domingo Sobrarías, abad muy reco¬ mendable que había sido de esta misma Casa; y en 1592 falleció tam¬ bién en ella el Rmo. I'. Fr. Plácido de Salinas, abad de este Conven¬ to y General que fué de nuestra Congregación. La fábrica de esta er¬ mita era muy buena y con suficiente habitación, dada la angostura en que se halla, cuya circunstancia no impidió que en 10 de .Julio de 1599, visitando todas las ei mitas el rey Felipe JIJ, se quedase á comer en la de San Juan con lo más lucido de su regia comitiva. Tenia muy buena escalera. Las huertas de las dos ermitas de San Juan y San Onofre, estaban al pie de la peña. Eran muy alegres, pues desde ellas se descubría todo el Mediodía hasta el mar. En 1855 se retiró áesta ermita unmarino español, cuya historia describe un escritor contemporáneo del modo siguiente: "Don Juan Espinosa, piloto de un buque mercante, naufragó en las costas de 142 NUEVA HISTOKIA Cantabria, luchando contra las olas, hizo solemne voto de consagrar y el resto de sus días á la vida penitente en Montserrat. Logró llegar á la playa, á pesar de hallarse herido y sin aliento. Repuesto, vino mendigando, y subió á la ermita de San .Tuan. Encontró sólo rui¬ nas. Una gruta abierta en la roca, le ofreció abrigo, y alli vivió siete meses, hasta que cou limosnas y permiso de la autoridad competente, fué reconstruyendo parte de la antigua vivienda, pasando algunos años en dura penitencia. Un devoto que sacó dieciséis duros de una rifa, se los dió ; y con tal limosna pudo poner puertas y arreglar la cerca. Una noche le asaltaron ladrones, y diciéndoles que ya podian matarle, que él nada tenía, no le causaron daño alguno. Era hombre de unos cuarenta y cinco años, usaba lai'ga barba y vestia hábito pardo. Su lecho era una estera y una piedra su almohada. Un día desapareció, y nadie ha dado cuenta de él en lo sucesivo." Santa Catalina. Se puede ir á esta ermita antes ó después de visitar las de San Onofre y San Juan, tomando un sendero que hay á mano izquierda. Su situación es la menos escabrosa. Sírvele de techo una peña de poca elevación. Tiene puntos de vista, por escasos hallarse en un profundo, pero delicioso valle, en el cual campea la frondosidad y verdor de la vegetación, por cuyo motivo anidan allí los mirlos, ruiseñores y otras avecillas, que con sus alegres gorjeos dulcificaban las asperezas del pobre ermitaño, y obedeciendo á su voz, bajaban á tomar la comida de su propia boca, haciéndole mil caricias. Llámase este valle la [Xijarera de Montserrat. Ocupándose el Sr. Pons en su Vlaie de Espaiia de esta particu¬ laridad, dice eu su carta V, tomo XIV, lo siguiente ; «Una cosa expe¬ rimenté en algunas de las ermitas de Montserrat, que me dió infinito gusto. Se habían domesticado de tal manera los pajaritos del recinto de ella con el ermitaño, que les llamaba con algunos silbidos par¬ ticulares, y ellos, saltando de rama en rama, se entraban en la ermita, y tomando después el vuelo, paraban junto á la boca del er¬ mitaño, y se le quedaban el cañamón ú otra cosa que tuviese en sus labios. Yo logré esta misma familiaridad de aquellas graciosas avecillas, y quedé más contento..." A esta misma particularidad dedicó el Obispo de Orense los si¬ guientes versos escritos en su propio idioma, porque era natural de Cataluña. Los aucellets graciosos Viuen allí sens susto ni cuidado, Puig veuràs que amorosos DE MONTSERRAT -143 Se posen sobre el muscle ab desenfado; Y á excusas de un pinyó, que los provoca, Mil voltes ab lo bech besan la boca. En unos gozos muy antiguos, se leía también la siguiente estrofa: Tretze son vostres ermitas, Tretze son los ermitans, Per ser ellas tan devotas Los aucells van á las mans. San Jaime. Para que ocupaba esta ermita, es pre¬ llegar al sitio ciso subir á pie, dificultad, por las ruinas de unas vuel¬ y con no poca tas y revueltas hechas á cal y canto, antes muy cómodas y nada pe¬ ligrosas. Hallábase metida en los huecos de una peiia, que en gran parte le servía de techo. Tiene un grande y hermoso mirador, desde el cual se gozan excelentes vistas. Cae casi perpendicularmente so¬ bre el mismo Monasterio, y á pesar de su mucha distancia, se oye desde allí el sonido del órgano y los cantos de la iglesia ; asi como muchas veces lo que se dice en la plaza. Tiene muy extendida la vista; descúbrense desde ésta las demás ermitas, menos la de Santa Mag¬ dalena. Es muy de creer que fuese una de las primeras de este ere¬ mitorio . San Antonio. Todo el camino andado hasta aquí, es conocido en Montserrat con el nombre de Tehas. Pasemos, pues, ahora á la otra parte de la Montaña, llamada la Telaida, que antes formó parte de la diócesis de Vich. A media hora de la ermita de San Jerónimo, á ma¬ no izquierda, se llalla la de San Antonio, cuyas ruinas se descubren hoy entre unas peñas muy ásperas y de difícil ascenso. Para la quie¬ tud y soledad propia de una ermita, muy propio y acomodado es el lugar donde estuvo edificada la de que se trata; pues parece aquello una región separada del bullicio del mundo. G-ózanse agradables vistas por Levante, Norte y Mediodía. A unos quince metros y á la parte de Levante, tiene un mirador, desde el cual se descubre un precipicio tan horrendo, que obliga á retroceder al hombre mas atrevido. Su¬ bíase antes á este mirador con bastante comodidad ; hoy es preciso subirlo á gatas por un camino estrecho, malo y muy peligroso. A corta distancia de esta ermita, entre unos formidables peñascos, hay un eco con tres repeticiones, tan claras y distintas, que pasma á cuantos las oyen. A tiro de ballesta se eleva una peña de forma cónica, llamada de tiempos muy remotos el Cahall Bernat, roca alti- 144 NUEVA HISTOEIA sima y escarpada, aislada de todas las demás, que tiene la forma del dedo pulgar de la mano. La elevación de esta roca parece ser mayor deciento cincuenta metros; el precipicio que se abre al pie del mirador dicen que pasa de quinientos; y la cúspide del más colosal de los conos, se halla aún á más extraordinaria altura. Este enorme peñasco está descrito en versos exámetros en una historia manuscrita del P. Anto¬ nio Brenach, monje que fué de este Monasterio. Dicen que se le llama Calall Bernat, por la semejanza que tiene con aquellos pilares 6 mo¬ jones que los muchaciios saltan jugando, y cantan diciendo: Cahall Bernat, tente fort, etc. Pues por la imposibilidad de que nadie pue¬ de saltar la predicha roca, dice el vulgo, que el que pueda alcanzarlo cambiará su sexo. Junto á esta ermita existe otra peña cortada, en la cual suelen reu¬ nirse al caer de la tarde gran multitud de grajos, que muchas veces llegan á cubrir el sol; allí se recogen guardando mucho orden, y si al entrar se lo impide alguna vez el viento Norte, producen una gritería espantosa que ensordece. Una escritura antigua hace mención del^e- ñón de los grajos. Se ignora la época en que fué edificada esta ermita; pero consta que el abad García de Cisneros la reparó mucho en 1498. Estaba casi pegada á las rocas que miran hacia el Poniente, y tenía dos pequeñas cisternas, una de las cuales se conserva todavía. También se conser¬ va una ventana arqueada entre varios lienzos de pared sin cubierta, únicos restos de aquella santa morada. Esta ventana era la del peque¬ ño campanario de la capilla. San Salvador. Muchas de las personas que visitaban las ermi¬ tas, dejaban la de San Salvador, para evitar su penosa subida: íban- se directamente á la de la Santísima Trinidad. Estaba situada dicha ermita al pie de gigantescas moles cónicas, con agradabilísimos unas panoramas. Además de la capilla principal, tenía un oratorio interior de forma circular, metido en la hendidura de una roca rajada de arri¬ ba á bajo, que le servía de cimborio y cúpula, de ochenta y cuatro metros de elevación. Lo demás de la ermita, con su capilla grande, estaba algo separada del oratorio, bien que unido con el huertecito del ermitaño. Una cosa llamaba bastante la atención, y era la roca misma en que estaba el oratorio, partida de un extremo á otro, mani¬ festando las clases de piedra de que estaba formada, y sosteniéndose como por milagro, fenómeno que llamaba la atención de toda clase de personas, y mereció ser estudiado por hombres de ciencia. Esta ermita estaba enriquecida con dos cisternas, bastante capa¬ ces, una de las cuales subsiste aún. A poca distancia se descubre en DE MONTSEERAT 145 un peñasco la antigua ermita. Se ignora la fecha que fué construida la nueva, pero se sabe que en 1262 falleció en ella el ermitaño fray Bertrán, después de haberla habitado cuarenta y cinco años, y que Fr. Durando Mayol murió en ella en 1338, después de veintisiete años de habitarla. Estaba dedicada al misterio de la Transfigura¬ ción, cuya fiesta celebraba con solemnidad el ermitaño. San Benito. A una milla de distancia de San Salvador había un camino que llevaba á la ermita del glorioso Padre San Benito, que fué construida en 1536 con el solo objeto de hacer una estación de cinco visitas en memoria de las cinco llagas del Señor, aquellos que no po¬ dían andar todo el eremitorio. Esta ermita no goza de tan buena vista como las demás; pero tiene un cielo hermoso, y en invierno goza de muy buena temperatura. Había en ella habitación para el Monje Vi¬ cario de los ermitaños. Además de la capilla principal, había también otra dedicada á Santa Plscolástica, en cuyo día se celebraba la fiesta del titular, pues en el de San Benito bajaban los ermitaños á celebrar la fiesta en el Convento. El dia de Santa filscolástica se reunían los ermitaños en esta ermita, recibían los Santos Sacramentos, cantaban los divinos Ofi¬ cios, había sermón, y se quedaban á comer, y lo mismo practicaban en las demás ermitas el día de su fiesta. En el altar de la capilla había un cuadro de San Benito pintado al óleo, puesto por el célebre abad Garriga, que era su mismo retrato, según tradición. Santa Ana. Esta era la principal de las ermitas y el lugar don¬ de residía de ordinario el Vicario de los ermitaños. Al dar ésta la se¬ ñal la campana, todas las demás respondían, con significando que no ocurría novedad ; y sí alguno no contestaba, era deber del ermitaño más próximo enterarse de lo que pudiese ocurrir. Era también la er¬ mita más próxima al Monasterio, pero más faltada de vistas y llanos deliciosos. Estaba edificada como en el centro de las demás. Todas las fiestas de precepto y los jueves, no cayendo fiesta entre semana, acudían á ella los ermitaños, donde después de confesados y comulga¬ dos, el Monje Vicario les decía la Misa y predicaba. Esta capilla era algo más grande que las demás, tenía siempre reserva del Santísimo Sacramento, y un pequeño coro con trece sillas, que ocupaban los mis¬ mos ermitaños. Las paredes eran muy combatidas de los vientos, y acompañaba su soledad el rumor de los árboles. El torrente de Santa María, que lamía píes, y el continuo gorjeo de los pajarillos hacían algo más sus ameno lugar solitario. Tenía recibidor, oratorio, pieza de retiro, este cuarto con alcoba, museo, estudio y retrete, comedor, cocina, cister¬ na, huerto y jardin. 146 NUEVA HISTORIA Santísima Trinidad. Esta ermita era sin duda la más hermosa y más bien situada. Estaba emplazada en un llano alegre y espacioso, y era de mayor capacidad que las demás. Se permitía á los visitantes comer en ella con permiso del Padre Abad. En las demás estaba rigu¬ rosamente prohibido. Aquí venian los monjes á pasar unos días para descansar ó para recogerse, y por este motivo era este edificio algo más espacioso, con muchas y decentes habitaciones. Por todos lados se hallaba al descubierto esta ermita, menos por la parte Norte, que le guardaba las espaldas una alta y enorme roca. Habla un largo co¬ rredor, al que daba sombra una muy frondosa arboleda, que le servía como de bóveda y paredes, pues en este punto la vegetación era rica y abundante. Mirando al Oeste se descubren desde ella unas colosales rocas, colocadas de tal modo, que se parecen exactamente á las dan¬ tas de un grande órgano. En 162.5, el abad Beda Pi construyó la cisterna, y en 1629 mandó edificar un salón con varias alcobas para los monjes que venian á pa¬ sar algunos dias en esta ermita. Pasada la guerra de la Independencia, fueron habilitadas algunas ermitas que habiau sido arruinadas por las tropas francesas. Una de ellas fué la de la Trinidad. Ocupóla el ermitaño Er. Gaspar Soler, llamado vulgarmente el P. Jordi, que fué villanamente asesinado la tarde del 27 de Abril de 1821. Llegaron á la ermita dos conocidos su¬ yos, todos de Manresa, llamado uno el Arnáu, y lo sacerdot el otro. Nada absolutamente receló de ellos el desgraciado ermitaño. Entabla¬ ron conversación, les ofreció algo para comer, y... en un momento de descuido le cogieron, atáronle las manos á la espalda, y con una soga al cuello echáronle dentro de la cisterna. Cuál fuese el móvil de estos desventurados, se ignora. Dos dias después fué descubierto su cadᬠver, presentóse el tribunal de Manresa, cogieron á los presuntos au¬ tores del crimen, mas como no confesaron su delito, fueron condena¬ dos al presidio de Ceuta. Esta desgracia dió motivo á que se retira¬ sen los demás ermitaños, y que desde aquella fecha hayan quedado abandonadas las ermitas. Santa Cruz y Santa Elena. Bajando por la Escala dreta, ésta es la ermita más próxima al Monasterio. Estaba verdaderamente me¬ tida dentro de grandísima peña, y en un sitio muy agradable. una Oyense desde aquí las horas que da el reloj y las campanas de la to¬ rre. A este lugar solían destinarse los ermitaños más ancianos, y en muchas ocasiones no pocos monjes y algunos Abades. Al pie de esta ermita, de la cual no queda sino la memoria, termina la tan renom¬ brada Escala dreta, y por esta razón era una de las más visitadas. DE MONTSEEKAT 147 Sólo queda hoy día su curiosa cisterna de agua fresca y abundante. Cuéntase que cuando Garlo Magno expulsó los moros de Lérida, man¬ dó levantar en una que cae sobre el lugar donde estaba eminencia, edificada esta estandarte blanco con cruz encarnada en el ermita, un centro. En ella vivió el bienaventurado Fr. Benito de Aragón, que murió en olor de santidad á 17 de Febrero de 1516. En la capilla ha¬ bía un retrato suyo con unos versos latinos, en que estaba resumida su santa vida. San Dímas. Esta ermita no tenía más que una entrada practica¬ ble por la parte despeñaderos. Dicese, S. E., donde hay espantosos ignoramos con qué fundamento, que un poco más arriba del sitio don¬ de se halla situada, antiguamente hubo un castillo llamado Mont- s'iat, con un puente levadizo, que una vez levantado, quedaba el precipicio por foso y barbacana, tan inexpugnable, que hoy pasaría por fortaleza de primer orden. El Sr. Carreras y Candi, en su mono¬ grafía Los Castells de Montserrat, dice que tal castillo nunca ha existido, sino que algunos lo confunden con el castillo Marro. Nos¬ otros no tenemos ningún interés en sostenerlo, ni tampoco en negarlo; lo que más nos importa es, asegurar lo mejor posible las tradiciones referentes á nuestro venerable Santuario. Dice el autor de la Perla de üatahiria, que los monjes contemporáneos suyos, en el siglo XVII, recordaban haber visto dos torres muy maltratadas y un gran lienzo de muro muy alto, y que en nuestro Archivo constaba, que el rey don Pedro de guarnición en Aragón lo mandó reedificar, y que tenia en él tiempo de guerra, la cual encendía hogueras, que servían de señales á las torres y atalayas raaritimas. Todavía se conservan de esta ermita la cisterna y la escalera, labradas en la peña viva. Aquí hizo su confesión general San Ignacio de Loyola., Aquí vi¬ vió y murió el célebre abad Garriga. Aquí fué ocultada la Imagen de Nuestra Señora antes que llegasen las tropas francesas en 1811. Cuando el general Mathieu atacó, se hallaba también aquí parape¬ tado el coronel inglés Eduardo Green, creyéndose inexpugnable. Emplazaron los franceses un cañón en el cerro más próximo á esta ermita, y él con toda su fuerza se vió obligado á rendirse el día si¬ guiente, sin poderse defender. Sólo pudo escaparse el segundo del general D. .losé Manso, hombre valiente y muy piActico del país. La capilla de esta ermita ha sido nuevamente reedificada, y en 4 de Noviembre de 1893 se celebró en ella la primera Misa. Es de notar, que visitando estas ermitas, se ganaban antes las mismas indulgen¬ cias que visitando las principales Basilicas de Roma, y que nadie se marchaba de ellas sin las tan celebradas crucecitas iiechas por los 148 NUEVA HISTORIA mismos ermitaños. He aquí como toda nuestra santa Montaña venía á ser como un vasto Monasterio, donde por todas partes se alababa á Dios y á su Santísima Madre. De uno á otro valle, de una á otra peña devolvíanse los ecos el suave tañido de las campanas, que resonaban desde lo más alto hasta lo más profundo, desde aquellas hondanadas hasta los picachos que se ocultan en las nubes. Y el arrullo de la oración y el gemido de la penitencia subían desde aquellos agrestes oratorios al trono de Dios y de su Madre Pu¬ rísima de los labios y del corazón de los austeros anacoretas, más que por los pecados propios, por los del mundo en general: mar alborota¬ do que allá lejos veían desplegarse á su vista, y cuyos sacudimientos y borrascas llegaban apenas, como apagado rumor, á turbar la quie¬ tud de sus deliciosas viviendas. ¡Oh santa y feliz inspiración la del bienaventurado García de Cisneros, al fundar y reglamentar tales Co¬ munidades religiosas! CAPÍTULO TERCERO Qué es la Escolania de McntserralT?— Su fundación. — Modo de ser recibidos y tratados los [escolanes.—Enseñanza que se les da. —Vi¬ cisitudes por qué ha pasado la Escolania.— San Nicolás, su ñesta principal.—Personas notables que fueron escolanes. I Entre las cuatro clases de Religiosos fundados por el insigne abad García de Cisneros, que autorizan y ennoblecen este Convento, una es la Escolania, ó Colegio de escolanes. Los niños entran á formar parte de este Colegio sólo para aprender música y cantar. El traje que para ellos adoptó García de Cisneros á principios del siglo XVI, fué y continúa siendo todavía unas lobas largas hasta los pies, que no se quitan más que para dormir. Y cuando han de servir á la iglesia, visten además roquetes de lienzo blanco. Tiene el escolán de Montse¬ rrat dos ministerios principales: el uno servir las Misas rezadas y can¬ tadas, y el otro hacer oficio de ángel, cantando á la Virgen el Oficio menor. Salves, gozos y Misas, especialmente la matinal, que cantan todos los días á las cinco y media de la mañana. Muchos se habrán tal MDONTSEERA ESCX)hANr DE MONTSEHEAT 149 vez figurado, que esos niños que suelen estar al lado de las estam¬ pas de Nuestra Señora con instrumentos músicos en la mano, no son. más que un grupo decorativo. Pues si alguno hay en nuestros días que no haya tenido el gusto de visitar este nuestro Santuario, puede estar muy seguro de que la realidad sobrepuja en mucho á la belleza de las pinturas. Oid como se expresa el Dr. Sardá hablando de esta Escolania (1): «Lo más típico, dice, que ofrece aún hoy día nuestro Montserrat, y lo que más le caracteriza, es su famosa Escolania. Gracias á Dios que de esto podemos hablar como de cosa presente, porque los niños es- colanes, merced á la solicitud de los actuales Padres Benedictinos del Monasterio, después de unos breves años de interrupción, vuelven á rodear el trono de nuestra Virgen morena, como de muchos siglos atrás lo venían haciendo, hasta la" catástrofe de 1811. Vuelve á ser verdad el cuadro encantador que ofrecen las pinturas y estampas de nuestra Reina, con su enjambre de bulliciosos muchachos al rededor, haciendo oir al son de sus instrumentos músicos en torno de María perenne concierto de infantiles alabanzas con pompa y majestad, que podrían bien envidiar muchas de nuestras suntuosas catedrales. Es de lo que más conmueve el corazón del devoto peregrino ; es lo que más presto hace acudir las lágrimas á los ojos ver, sobre todo al rom¬ per del día, á la hora de la Misa matinal, aquella numerosa bandada como de pájaros que salen revoloteando de detrás del altar mayor, cual si á los pies de la Santa Imagen tuviesen su nido, y que agrupándose en graciosa formación junto al atril, entonan con argentinas voces el magnifico Sedee, Sancta parens, con que todo el año se canta la al¬ borada en su bello palacio de rocas y nubes á la Reina de los cielos, y oir alternando con el órgano del presbiterio, ante cuyo teclado se sienta con la gravedad de un viejo organista un muchachuelo de diez ó doce años, la Misa á canto llano los días comunes, ó juntamente acompañada con fagote, contrabajo, ñautas y violines los días solem¬ nes. ¿Y qué es verlos después formarse en dos filas ante el altar con su libro en las manos rezando el Oficio á sus horas competentes, con las ceremonias y entonación de monjes en miniatura, en tanto que al¬ gunos de ellos, los más pequeños y vivarachos, ligeros como ardillas, discurren por el vasto templo, preparando los altares, encendiendo las velas, sirviendo las Misas y practicando todos los demás servi¬ cios de la iglesia compatibles con su tierna edad? Y' sobre todo al ano¬ checer, cuando empiezan á envolver las sombras aquella gigantesca silla gótica de la Madre de Dios, que tal parece la afiligranada Mon- (1) Montserrat. Noticias históricas, pág. 61. 150 NUEVA HISTORIA taña, oírles cantar el Santo Rosario bellísimas partituras, que se con varían con más ó menos frecuencia y terminar según los maestros, luego aquella celestial serenata, digna del paraíso, con la Salve, que canta desde el coro alto la grave Comunidad claustral, en acompasa¬ do canto llano que acompaña el órgano mayor, á lo que responden al¬ ternando á canto figurado (1) al pie del altar los niños escolanes, acompañándose con su órgano particular, ¿quién entonces, por duro que tenga el corazón, por encallecido que se lo hayan dejado las humanas pasiones, no siente llenársele de agua los ojos y no suspira con la deliciosa nostalgia de las cosas del cielo, cuyo eco parecen ser aquellas concertadas armonías? ¿Quién no se encuentra como suspen¬ dido y arrobado entre el severo canto de los ancianos monjes, perfec¬ ta expresión de la austeridad y del arrepentimiento, y los infantiles gorjeos de los niños, que tan al vivó reproducen las inefables alegrías de la inocencia? ¿Y cómo no sentirse entonces poseído del tierno afec¬ to de devoción á la celestial Señora y á su Hijo Divino, á quienes to¬ do el año, y casi todo el día, se rinde desde remotos siglos en este Santuario culto tan singular?" El escritor D. Francisco de Paula Canalejas, en su expedición á Montserrat, publicada en los periódicos de Madrid, hombre por cierto nada sospechoso en esta materia, dice lo siguiente; "Sonó la hora de la Salve, la iglesia estaba sola ; en el presbiterio los escolanes y el organista; la imagen resplandecía rodeada de luces, y nosotros nos encontramos en las tinieblas que poblaban el templo. Comenzó el ór¬ gano, y sus notas volaban sin apagarse nunca por los ángulos del templo, después comenzó la Salve, y aquel canto resonaba en las Mon¬ tañas, y sus peregrinas y originales armonías, libres del contacto de los hombres, levantándose en un ambiente puro, que no infectaba aliento humano, ascendían al cielo. Yo no sé si aquella música es pro¬ fana en algunos de sus cantos, pero si sé que nunca la música ha pe¬ netrado más dentro de mi espíritu ; yo sé que adivinaba la frase que venia, y que cuando resonaba en mi oído, sentía satisfecha mi alma, porque encontraba expresada la emoción que palpitaba en mi seno. Una Salve, un cántico á la Virgen, allí lejos del mundo cantada por niños, sin pompa ni fausto, sin anuncios y convocatorias, en un tem¬ plo solitario, era un espectáculo nuevo que engendró en nosotros un mjindo de ideas." (1) Antiguamente la Salce era cantada por los monjes, alternando sólo con elórgano. El alternar los niños con la Comunidad es debido al excelente músico P. Boada, quien en 1840 viviendo dentro del Convento con sólo el lego Gnmpderrós y un niño, compuso una Salee, que cantaban los fres con un verso á canto llano y otro á canto figurado. Este es el verdadero origen de la Salee alternada entre los monjes y la Escolania. DE MONTSERRAT 151 11 i I La fundación deImagen culto de la Santa esta Escolania se identifica con la existencia del en esta Montaña. Se sabe que existia en el siglo Xm, ignora la época fija desús comienzos, lo cual hace pero se presumir todavía más remota antigüedad. No faltan autores que la hacen remontar hasta la venida de los primeros monjes de Eipoll ; pero esta opinión no puede sostenerse por falta de pruebas. Nosotros sólo diremos que, para la grandiosidad del culto que desde un princi¬ pio quiso tributarse á María de Montserrat, se comprendió desde lue¬ go que uno de los principales elementos era sin duda la música. El Autor de las Ruinas de mi Convento (1), convencido de esta verdad, escribió las siguientes palabras: «Cuantas veces he ido á este Ceno- i bio, no he querido inquirir qué varones célebres le visitaron, quéter- 1 nos pose3'ó debidos á la piedad de los fieles, si estuvo ó no dorado el : interior del templo, qué error funesto fué aquel que á principios de este siglo transformó en cindadela el Santuario, y trajo sobre él la destrucción y el incendio; si la Imagen de la Virgen ha tenido que ser escondida dos y más veces, si han quedado ó no en pie algunos ci¬ mientos robustos, si al par de las joyas de la Virgen desapareció tam¬ bién en la catástrofe la inestimable biblioteca y el archivo, y si las ermites, antes tan veneradas, son ya ó no un montón de escombros ; sólo pregunto si la Escolania subsiste y progresa, porque en ella I está el porvenir del Santuario. De ella ha de salir el nuevo claustro, I de ella la repoblación de las ermitas, de ella el espíritu de devoción que devuelva á esas ruinas su esplendor pasado. Ya que la nación se apoderó de ese Santuario, le circuyó de trincheras y atrajo sobre él los males de la guerra, jamás he dudado que algún dia se vote una indemnización nacional para restaurarla. Pero las Escolanias no se votan ; y es preciso irlas formando, y cultivar en ellas un plantel ines¬ timable. Cuando me dijeron que la Escolania subsistia y progresaba, ; me pareció que veia renacer de entre los escombros las delicias de este yermo, que es por su situación y por los arcanos que encierra en f sus entrañas, la más asombrosa de las soledades. «.Jamás olvidaré la conmoción con que asisti á la merienda de los I escolanes. En una mesa se les tenian dispuestas veinte porciones compuestas de pan y fruta. Los más antiguos por su orden debian ir (1) Las delicias de mi Claustro, pág. 259. j 152 NUEVA HISTORIA escogiendo su parte, y los más modernos se quedaban con las porcio - nes los demás dejaban. Cualquiera hubiera dicho que el más mo¬ que derno iba á quedarse con lo peor de la merienda. Nada de esto. Los mayores de edad, ó más antiguos en saya, tomaban la porción que les venía primero á la mano, y si resultaba mejor, la ofrecían al más des¬ mejorado, y el penúltimo tenía empeño en dejar al último la porción más pingüe. Estos ejemplos, dije para mi, levantan todas las ruinas." ¡Qué hermosas son estas pinceladas hechas de mano maestra! El que escribió estas lineas, no hay por que decir si estaría bien pene¬ trado de la idea que Montserrat no hubiera prosperado tanto desde sus principios sin los escolanes. Concluyamos, pues, que desde el prin¬ cipio que se formalizó el culto de María en esta Montaña, si no ha exis¬ tido Escolania, hubo al menos algunos niños que cantaban himnos y Salves y gozos á esta morenita Señora. Y porque los monjes benedic¬ tinos han comprendidoser una necesidad la existencia de estos niños, ha tenido en todos tiempos grande empeño en sostenerlos á fuerza de toda clase de sacrificios. Llamáronse desde luego Escolanes, que quiere decir estudiantes. Fueron reglamentados á fines del siglo XV, con un tino y perfección tal, que la escuela de música de Montserrat, no sólo ha tenido siempre fama universal, sino que fué desde sus prin¬ cipios un verdadero conservatorio musical. De modo queá Montserrat corresponde el honor de haber creado y tenido el primer conservato¬ rio del mundo. Esos niños fueron, desde un principio, en número de veintidós. El famoso abad García de Cisneros al reglamentarlos, puso el número de veinticuatro, y salvas raras intermitencias, así fué continuando hasta nuestros días. Nunca quizá habían llegado los escolanes hasta el número de treinta y tres, comeen la fecha en que se escribe la pre¬ sente historia, memoria, sin duda, de los años que vivió Jesucristo en en este mundo. En todos tiempos ha sido condición necesaria, que para ser admitidos en esta Escolania fuesen los niños de familia ver¬ daderamente cristiana. La misma nobleza no se desdeñó nunca de poner aquí sus hijos mezclados con los más pobres y de condición más humilde. Fué costumbre muy antigua, y continúa siéndolo, que mu¬ chos padres ofreciesen sus hijos á Nuestra Señora de Montserrat en caso de enfermedad del niño, ó peligroso, ó en cualquiera en un parto otra tribulación. Puede bien asegurarse que, salvo en tiempos revol¬ tosos, jamás le faltaron á la Virgen pajes ó escolanes haciendo oficio de ángeles y estando siempre á sus órdenes. DE MONTSEERAT 153 m Como nuestra Escolania se rige aún por los mismos Estatutos ó» Constituciones que para ella escribió el tantas veces nombrado abad; Fr. (iarcia de Cisneros, al tener que tratar de la manera con que son recibidos los niños escolanes, creemos oportuno copiar el capitulo re¬ ferente á esta materia. Dice asi: "Para que un niño pueda recibir la saya y ser contado entre fajes de la Santísima Virgen, no ha de tener menos de ocho ni más de diez años. Ha de hijo de padres- ser católicos, ha de saber los rudimentos de la doctrina cristiana, ha de traer la fe de bautismo y confirmación, un certificado del Curapárroco de la buena educación que ha recibido, y otra del médico de como ha sido vacunado y no padece enfermedad habitual. Una vez presen¬ tado el niño, el Maestro le examina la voz, que debe tener de tiple; y cuando es admitido, los padres se obligan á no sacarlo déla Escolania hasta cumplidos los dieciséis años. Desde luego entra el niño á formar parte de la Escolania, en donde, además de la enseñanza musical, se le proporciona también la elemental más completa hasta el estudio de la latinidad. La entrada de niño escolan acto muy un es un tierno, que no se puede presenciar sin sentirse conmovido. El Padre encargado de la Escolania convoca en hora señalada á todos los escolanes en el Ca- marin de la Virgen, y entre ellos va también el nuevo pretendiente con su traje ordinario. Se pone la saya, correa y roquete que se han de bendecir sobre una bandeja. Después que el Padre ha hecho la bendición de estos objetos, los viste al niño entrante, le manda que se arrodille á los pies de la Virgen, y hace su consagración, recitando en voz alta aquellas dulces palabras: Oh Virgen y Madre de Dios, yo me entrego for hijo nuestro. Concluido lo cual, besa la mano á la Santisima Virgen en señal de gratitud por haber sido admitido en el número de sus pajecitos, y al Padre Monje encargado de ellos. Va después á besar también la mano de sus padres ó encargados, que casi siempre no cesan de llorar mientras dura esta ceremonia, y se concluye con un abrazo que da el nuevo escolán á todos sus nuevos compañeros. Antiguamente el escolán más antiguo pedia un dia de asueto ó dispensa de estudio para aquella pequeña Comunidad, en obsequio del recién entrado. Hoy no está en práctica esta costumbre, como tampoco está en uso que durante el primer mes goce de cier¬ tas consideraciones, como es, estar dispensado de las obligaciones y 11 154 NUEVA HISTORIA deberes que existen dentro de la Escolania. Es casi imposible que los niños que lian tenido la dicha de formar parte de este Colegio salgan malos cristianos ó niños mal educados. El trato común, la bondad de los Padres, que se los miran como á verdaderos hijos, la sencillez de la vida que allí se practica, forman de tal suerte candoroso el corazón de aquellas criaturas, que se aman como hermanos. Una de las principales obligaciones que tienen los escolanes es rezar el Oficio parvo, que ellos llaman el Menor. ¡Qué hermoso es verles formados en dos filas á la mañana, después de la Misa matinal, rezando á coros las Horas menores! Y por la tarde, mientras el tem¬ plo está poco menos que desierto, rezando sus Maitines y Laudes con aquella pausa y gravedad, con su libro en la mano, con las mismas ceremonias y entonación que los Padres más graves de la Casa! ¡Cuán¬ tas personas al contemplarlos en tan santa ocupación se hartan de llorar y se vuelven edificados en sus casas (1)! Otro acto muy edificante tienen también los escolanes, y es el de recibir la Sagrada Comunión los primeros viernes de mes y principa¬ les festividades. Concluido el canto del Agnus Dei de la Misa mati¬ nal, salen de su coro, y formando dos alas van á postrarse en frente del altar y rezan el Conjiteor. Se levantan de dos en dos y van á re¬ cibir la Sagrada Comunión. Mientras los que han comulgado se levan¬ tan para ocupar su lugar, van otros dos al comulgatorio; de modo que con su ir y venir continuo, parecen los niños un vuelo de blancas pa¬ lomas que revolotean por delante del Divino Jesús. Si alguno de los escolanes se halla indispuesto, inmediatamente se da aviso al Padre encargado, quien cuida de que se le medique con amor paternal. Si se agrava su enfermedad, es conducido á la enfer¬ mería y cuidado con el mayor esmero y caridad posible. Si llega el casode tener que administrarle los Santos Sacramentos, asiste toda la Comunidad á este acto y los escolanes con gran solemnidad. Si llega el caso de que el enfermo falleciere, se le pone la saya, roquete y bonete, y de esta manera es colocado en el féretro. El día del fune¬ ral ó entierro, el Padre encargado de la Escolania lleva la capa, y los niños cantan alternando con la Comunidad. Por fortuna son tan pocos los escolanes que han muerto, que con dificultad se encuentran una (1) La obligación que tienen ios escolanes de rezar el Oficio parvo, data del año 1623. El P. Bernardo Barecha, que fué muchos años Maestro de la Escolania, introdujo este método de rezar, y con el parecer del Pudre abad D. Alonso Gó¬ mez, mandó que ios escolanes satisfaciesen este rezo todos ios días, rezo que ha sido siempre de mucha edificación. Ai mismo Padre es debido también, que des¬ pués de la Matinal, recen ios niños la i.etunía Luuretana. DE MONTSERRAT 155 docena después de tantos siglos que existe el Colegio ; y es que la Virgen morenita cuida de ellos como verdadera Madre, y quiere que vivan para servirla y cantar sus alabanzas. IV Según refiere el Maestro D. Baltasar Saldoni (1), la enseñanza musical que antiguamente se daba á los niños escolanes era comple¬ tísima; y en eso no es exagerada la reputación que de remotos tiem¬ pos tiene adquirida nuestro Santuario. Lo primero que se enseñaba era el solfeo, con rigidez tal, que sólo se tenía por aprobado el que cantaba de repente y sin acompañamiento solfeos por todas las lla¬ ves y tonos, mezclados sin preparación, ó por medio de cambios de entonación rapidísimos. Luego aprendían el órgano y la composición, al propio tiempo que estudiaban algunos instrumentos, como violin, viola, violoncello, contrabajo, flauta, oboé, fagot y trompa. En la actualidad se les instruye convenientemente en la parte teórica y práctica del solfeo, así como en lo concerniente al canto, pasando luego á estudiar los ejercicios preparatorios, para comenzar á su debido tiempo los principios de órgano. Mientras tanto se pro¬ cura también darles las instrucciones necesarias para que puedan desempeñar su cometido en las variadas funciones que se celebran co¬ tidianamente en este Santuario, tanto en instrumentos de orquesta como de banda. El repertorio de música de este Monasterio debía ser selecto y abundante antes del nunca bastante llorado incendio de 1811; pues además de las piezas religiosas de canto, órgano y orquesta para to¬ dos los actos del culto, poseía también gran caudal de ejercicios y es¬ tudios para todos los instrumentos, compuestos por tantas generacio¬ nes de maestrosinsignes, según consta de varios historiadores que se ocupan de Montserrat. Existían también en este Archivo algunas obras de música copiadas de la célebre Capilla Sixtina, cuyo especial privi¬ legio concedieron varios Papas á este Santuario. Hoy, después de tan sensibles pérdidas, nuestro Archivo musical empieza á reconstituirse. Antiguamente la educación de los escolanes no se limitaba al es¬ tudio de la música, porque como muchos salían del Colegio para to¬ mar el hábito de Religiosos en este ú otros Conventos, aprendían también á leer, escribir, contar, gramática española y latina. Sobre (1) Reseña histórica de la Escolania de Montserrat, pág. 23. Î56 NUEVA HISTOEIA todo se tenía gran cuidado en inculcarles los deberes de buenos cris¬ tianos, á cuyo fin recibían los Sacramentos cada quince días. Asi se comprende como la mayor parte de los niños educados en esta Casa se resolvían á dejar el mundo y abrazaban la vida del claustro. Una tercera parte al menos de los monjes de esta Casa fueron casi siempre niños escolanes. Llegó ocasión en que algunos Abades quisieron ce¬ rrarles la puerta para formar parte de esta Comunidad, bajo pretexto de que no cuidaban más que de música, descuidando los demás debe¬ res de Religiosos. Llegaron las cosas á extremarse hasta el punto de que en 1710 se quedara Montserrat sin ningún escolán, como va¬ mos á referir. Algunos de éstos venian solicitando desde algún tiem¬ po entrar en la Religión, á lo que se opuso con gran tenacidad el abad D. Pedro Cañada. Viéndose impotentes los niños para lograr sus deseos, apelaron al siguiente recurso de fuerza. Era el día de los Santos Reyes, del citado año, en que después de la Misa matinal, y puestos de común acuerdo como es de suponer, se levantaron todos, y, dejados los roquetes sobre el altar mayor, se marcharon. Sólo re¬ trocedieron dos de los más chiquitines, espantados de lo que iban á hacer. Los demás salieron por el camino de San Miguel hacia la mfia mteva, que estaba cerca de Collbató, en donde se hallaba el Padre Abad. En su presencia renovaron la demanda de entrar en el Novi¬ ciado, y como la respuesta fuese negativa, continuáronla marcha has¬ ta Barcelona. Hallábase á la sazón en esta ciudad el pretendiente á la corona de España, D. Carlos de Austria, ante el cual se presenta¬ ron los fugitivos escolanes de Montserrat para que les amparase en aquella necesidad. Mas como actos de insubordinación como el que relatamos son siempre reprobables, les contestó que le presentasen la súplica por escrito; y el resultado fué quedarse ellos fuera de la Escolania y Montserrat sin escolanes. Epoca ha habido en que los organistas de las principales iglesias de líspaña y los cantores más renombrados de Conventos y Catedra¬ les habían salido de esta Escolania, y no es extraño. La vida que se les manda observar tan metódica y casi enteramente monástica, el ha¬ llarse aquí poco menos que en un desierto, lejos de sus familias y del mundo, motivos son estos harto poderosos no sólo para que salieran buenos músicos, sino aun mejores cristianos. Hoy poco más ó menos se sigue igual sistema de vida para con estas inocentes criaturas. De ahí que muchos renuncieu al mundo y se consagren á la vida religiosa. El culto de esta iglesia, con tantos y tan buenos elementos, era lo que debía ser: espléndido y casi sin igual en toda España. Músicos y cantores de prunera clase y con mucha abundancia que formaban par- DE MONTSERRAT 157 te de estaComunidad, componían una Capilla de música que era la admiración de todo el mundo. Ho}-, á pesar de las vicisitudes de los tiempos, contamos con una buena Escolania, compuesta de treinta y tres niños, y con un dignísimo Maestro, como pocos se hallan en nues¬ tra España. Además de que los niños se bastan y sobran por sí solos para desempeñar las funciones con toda perfección. En días más so¬ lemnes agréganse á ellos como unos treinta jóvenes escolares bene¬ dictinos, que juntos forman nutrida capilla que da gran realce á las funciones de esta Santa Basilica. Mas ¿qué es esto en comparación de aquellos catorce sochantres que tenía nuestro antiguo coro, con su centenar de monjes, músicos casi todos? ¿Qué tienen que ver nuestros actuales ornamentos, algunos muy ricos y de mucho mérito, con aquellas cien capas de rico broca¬ do, regalo de la piedad y devoción de nuestros antiguos reyes? ¡Ple¬ gué al cielo que pronto podamos ver nuestro estimado Santuario en aquel grado de esplendor que estuvo antes de la invasión de las tro¬ pas francesas á principios de este siglo ! V La Escolania en este Santuario se ha hecho tan necesaria, que sin ella perdería no poco el culto de la Virgen y la importancia de esta Montaña. El Señor se dignó disponer que la Imagen de su Santísima Madre fuese revelada y descubierta en medio de angelicales concier¬ tos, y que los Angeles del Empíreo fuesen substituidos por los niños escolanes. Nunca habían faltado en Montserrat cantos y músicas: sólo en siglo habían de cesar. Revoluciones hubo en épocas pa¬ este sadas; pero el canto de los niños no paró un solo día. Sólo en el siglo actual se ha visto la Madre de Dios sin cantos y sin niños. El día 25 de Julio de 1811 penetraron en este Santuario las tro¬ pas de Napoleón I, y gracias que los niños pudiesen escapar sin recibir daño alguno. Entonces fué destruido el edificio de la Escola- nía y perdidas para siempre tantas piezas de música de imponderable valor. A 15 de Marzo de 1818, devuelta la paz á España, volvie¬ ron los escolanes á ocui)ar su lugar bajo la dirección del maestro D. Jacinto Boada, siendo abad D. Simón Guardiola. En esta fecha sólo pudieron ser admitidos ocho escolanes, porque las rentas del Mo¬ nasterio habían mermado notablemente; habiendo aumentado luego hasta el número de dieciocho. Vino luego otro periodo revolucionario, y fué al querer implantarse 158 NUEVA HISTORIA la Constitución de 1820, de triste memoria; de lo que resultó ser lle¬ vada á Barcelona la Imagen de la Santa Virgen á fines de 1822, y los niños tener que volverse á sus casas; hasta el 12 de Junio que pudie¬ ron regresar y continuar bajo la dirección del mismo P. Boadá. Cuan¬ do la Escolania empezaba á prosperar, vino el año 1835, y con motivo de la exclaustración religiosa, fué preciso abandonar de nuevo el Mo¬ nasterio. En esta fecha eran los escolanes en número de veintitrés. Antes de partir á sus casas, el Maestro les repartió dinero para el viaje, y papeles é instrumentos, bajo promesa de que todo lo devolve¬ rían al cambiar las circunstancias. A 7 de Septiembre de 1844 volvieron dos de dichos escolanes ; los demás tenían ya sus ocupaciones y compromisos ; mas luego aumen¬ taron hasta veinte, bajo la dirección del mismo maestro P. Boada, quien á pesar de hallarse en la avanzada edad de ochenta años, quiso contribuir de parte al desarrollo del culto de la Santísima Virgen, su encargándose de nuevo de la Escolania. Ahora bien. Atendidos los varios y tristes sucesos que acabamos de narrar, ¿cómo era posible que nuestra Escolania rayase á la altura de antes? Poco á poco fueron faltando los maestros que hablan sobre¬ vivido á tiempos tan calamitosos. ¿Quién les había de substituir? Ahí estaba la gran dificultad. Desde la muerte de los últimos maestros, PP. Boada y Brell, ocuparon su lugar los Sres. ü. Antonio Oller y D. Bartolomé Blanch, seglares; y los PP. D. José Agulló, D. Fran¬ cisco Sobrón y D. Millán Agustino, monjes benedictinos. En calidad de ayudantes sirvieron D. Carlos Llopart, D. Julián Vilaseca, D. Die¬ go el ciego, y D. Juan Anníbale, seglares, y los PP. D. Angel Ba¬ rata y D. Fulgencio Torres. Todos por desgracia sabemos, que á pesar de la buena voluntad de estos respetables señores, la Escolania de Montserrat habla dejado mucho que desear, de lo que llegaron á ocuparse algunos periódicos. Mas la Divina Providencia, que sabe allanar las más grandes dificul¬ tades, dispuso como unos siete años atrás, que el entusiasta maestro de capilla de la Metropolitana Iglesia de Valencia, D. Juan Bautista Guzraán, hoy P. Manuel María de la Inmaculada Concepción, se sin¬ tiese llamado á dejar el mundo para profesar la Religión benedictina, confiándosele, después del Noviciado, la dirección de esta Escolania. Desde esta época parece que ha recobrado la fama que siempre había tenido este antiguo Colegio. Por más que lo que decimos sea ofender la modestia del P. Guzmán, pues sabemos que es enemigo de alaban¬ zas, de ningún modo podemos prescindir, á fuer de historiadores im¬ parciales, de publicar la verdad. Y no se diga que somos parte inte- LE OPSIBO NÁLOCSE DE ilONTSEEEAT 159 resada; responda en este caso el público aficionado é inteligente. Esta restauración, gracias al Señor, se ha hecho casi por milagro, según nuestro pobre entender; y la reforma que necesariamente debía ve¬ rificarse, va desarrollándose paulatinamente. Quiera Dios bendecir nuestra querida Escolania, y dispensarle el don de la perseverancia en el buen camino emprendido. VI La Escolania de Montserrat tiene también su Patrón, que celebra con gran solemnidad todos los años. El dia 6 de Diciembre es para los escolanes fiesta solemne, por ser la de San Nicolás de Bari, Pa¬ trón de nuestra Escolania. En este dia se le permite fiesta, con exen¬ ción de toda no ejerciendo otros actos que los puramente penalidad, necesarios en iglesia. El domingo más próximo á esta gran fiesta, la reunidos en Junta el Monje encargado de la Escolania y los Maestros de música, preparan el cónclave en que debe ser elegido el escolán obispo. En efecto, uno de los niños es elegido obispo el dia de San Nicolás. ¿Quién será? El que por mayoría de votos saliere elegido. Cada niño toma su correspondiente papeleta, y cuando llega la hora, se presenta ante la mesa presidida por los referidos Padres, y con más formalidad que muchos de los que votan en nuestros comicios políti¬ cos, echa su papeleta en la urna; cuya opei-ación una vez concluida, se hace el recuento de los votos, y el que reúne mayoría es aclamado obispo para la fiesta del Pati'ón. En, seguida toma cada uno su ins¬ trumento, y formada la banda y el niño á quien ha tocado la suerte, vestido de manteleta con el bastón, guantes y anillo, es paseado por la Escolania al son de marciales marchas. El nuevo obispillo elige de entre sus compañeros á uno para su vicario general y otro para secretario. Estos van siempre al lado del obispo, con traje talar ne¬ gro y sombrero de teja. El día del Santo, concluido Nona, salen los escolanes con el obispo detrás, y rompiendo la música, se dirigen á la Sala de Con¬ ferencias, en donde suelen hallarse reunidos los monjes, presididos por el Padre Abad. Una vez dentro, ocupa la presidencia el obispillo con sus familiares. Sentados todos, el vicario general lee la pastoral del nuevo obispo, concluida la cual vuelve á tocar la banda. El Abad toma la palabra, les felicita y concede un día de campo, y así acaba el primer acto, al que asiste también la familia del nuevo dignatario y otras personas invitadas al efecto. En este día permite el Padre Abad que los niños recorran todos NUEVA HISTORIA lbs departamentos del Convento, entrando en las celdas, y haciendo en ellas un saqueo en i'egla. Recogen todo cuanto se les da. Después se retiran á la Escolania, pasan revista de todo lo que lian recogido, y separadas las golosinas, se reparten los objetos de devoción, que envian á sus familias. Después decomer salen los ñiños nombrados mozos de la escuadra, eon su traje peculiar, el alcalde con su vara, y el alguacil, y dan una eorrida á la gente de mal vivir; traen siempre dos ó más fingidos mal¬ hechores (pobres) atados codo á codo, y no los sueltan sin darles una buena limosna. Sale en seguida la banda con el obispo al frente, y puestos todos en medio de la plaza, se pasa la tarde tocando piezas hasta la boi-a del refresco. No será por demás poner aquí un caso muy «urioso que ha pasado uno de estos últimos años. Estaban los niños tocando con toda la formalidad de músicos consumados, y el obispo se- iño como si lo fuese de veras, cuando le ocurrió á una buena señora echarles á los pies regular provisión de confites. Verlo, echar los una instrumentos por tierra los niños, y el bastón de mando el obispo, fué cosa de un solo momento. No se acordaban más que de recoger dul¬ ces; olvidaron que representaban hombres y volvieron al ser de chi¬ quillos. A media tarde se van ellos con la familia y convidados á un soberbio refresco que se les tiene preparado, el cual suele ser presi¬ dido por el mismo Padre Abad, con asistencia de los maestros de la Escolania. Así concluye la tan celebrada fiesta de San Nicolás, pa¬ trón de la misma. De esta inocente y angelical Comunidad falta mucho que decir. Son estos buenos infantillos los que dan, por medio de su inocente boca, la última mano y cumplida perfección á las alabanzas y culto de este devoto Santuario. Sin embargo, no he de concluir este párrafo sin dejar consignado, que lo que más pasma y confunde edifica en y estas criaturas, la alegría, gusto y solicitud con que sirven á su es¬ es timada Madre y Reina; pues siendo los más de tan corta edad, levan¬ tándose tan de mañana, parece natural que se habían de caer luego rendidos de sueño, pero nada de esto; antes bien se les observa siem¬ pre despejo y viveza, como si fuesen ángeles del cielo para servir á su Señora, haciendo todos sus ejercicios con tanta perfección y aciei'- to, que se conoce verdaderamente que superior dirección les gobier¬ na. Fuertes valederos son estos chicos para alcanzar mercedes y gra¬ cias de la Reina que las tiene todas en su mano, decía un personaje distinguido que visitó este Santuario. Y hablando de estos niños con la Santísima Virgen el venerable Fr. José de San Benito, le decía es¬ tas palabras: "Dichosas criaturas, que de los pechos de sus madres DE MONTSEEKAT 161 ya los tomáis Vos por hijos, Madre purísima." De esta dicha y felici¬ dad han querido gozar muchos padres distinguidos por su nobleza, ofreciendo sus hijos á la Virgen desde su más tierna edad. VIT Vamos á concluir el presente capitulo citando aquí algunos per¬ sonajes que ocuparonlos primeros destinos del mundo después de ha¬ ber sido escolanes y pajecitos de la Virgen de Montserrat. Decimos algunos, porque de todos es imposible ocuparnos en los muchos siglos que lleva de existencia esta Escolania. Muchos de nuestros Abades y de otros Monasterios fueron primero escolanes, como el grande abad Garriga, que fué quien levantó este grandioso y magnífico templo. Cómo vino á parar en este Santuario siendo chiquitín, lo encontrará descrito el lector en el Abaciólogo : biografía del abad Garriga. El P. Tomás de Rajadell, que fué abad de este Monasterio y definidor de la Orden Benedictina en España, había sido también escolán. De la Escolania salió el abad D. .losé Blanch, que llegó á ser General de la misma Orden. Y no diremos más, porque seria cosa de nunca acabar referirlos todos. No han faltado hijos de reyes que han tenido á dicha haber lleva¬ do la saya de escolán. Ignoramos si los reyes antiguos, que tan de¬ votos se manifestaron de la Virgen de Montserrat, llevaron algunos de sus hijos para ser pajecitos suyos; pero no podemos dudar que el hijo del rey Carlos IV, que después fué D. Fernando, rey de España, fué prometido por sus padres á Nuestra Señora. El caso fué como si¬ gue. La madre de este Príncipe, la reina María Luisa, tenía la des¬ gracia de que se le muriesen todos sus hijos, é hizo voto de dedicar el infante que llegara á la edad de cinco años á la Virgen, ofreciéndolo en calidad de escolán al Monasterio de Montserrat, hasta que llegase á la edad de diez años. Habiendo nacido el Principe de Asturias, don Fernando, y llegado á la edad que debía cumplirse el voto, trataron sus augustos padres de llevarlo á efecto ; mas como el Consejo hiciese presente á S. M. que la ida y estancia del Principe en el ]\[onasterio exigía tener un gran número de criados á su servicio, y esto podría acarrear no pocas dificultades, acordó el Rey consultarlo con el Sumo Pontífice, y éste resolvió : que los Reyes podían substituir al Principe su hijo, poniendo en su lugar á otro niño que tuviese la misma edad, y que fuese servido como si fuera el mismo príncipe D. Fernando. Al efecto comisionó el Rey al Capitán General de este Principado, que 162 NUEVA HISTORIA lo era el Conde del Asalto, y éste propuso y fué aceptado el niño don Manuel Nicolau y Rabasa, hijo de su Mayordomo Mayor, quien sirvió de escolán hasta la edad de once años. Al ser presentado al Rey, le preguntó S. M. qué carrera quería seguir, y contestó la militar. In¬ gresó en un regimiento de Húsares; á los dos meses era ya teniente, y á los tres hahia ascendido á capitán. Falleció en Solsona, después de haber sido Director del Colegio de Cadetes de Caballería. A 30 de Septiembre de 1860, hallándose en este Santuario S. M. la reina D." Isabel, dignóse otorgar que su augusto hijo D. Alfonso, principe de Asturias, de tres años, aceptase el titulo de primer esco¬ lán y paje de Nuestra Señora; y el día siguiente otro escolán le en¬ tregó en una bandeja de plata el traje completo, consistente en una saya de marino muy fino, una correa de charol con broche de plata y corona real cincelada, y un roquete rizado con finísimos encajes. La Reina recibió este obsequio con sumo agrado, y dijo; que tendría á gran honor fuese escolán de Montserrat el señor Principe, cual lo había sido su augusto abuelo el rey D. Fernando Vil. Además de los muchos escolaues que han obtenido grandes digni¬ dades eclesiásticas, y otros que fueron hijos de reyes, cuéntase un númei'o extraordinario de ellos salido de la primera nobleza de Cata¬ luña. Pondremos aquí algunos. Hizo vida de escolán en Montserrat, D. Juan de Cardona, de las primeras Casas de España en aquel tiem¬ po. Este caballero llegó á ser Capitán General del rey D. Felipe II en las Galeras de Sicilia, y virrey de Navarra. Fué hombre muy valero¬ so y muy buen cristiano. Solia decir que el título que más apreciaba, entre los muchos que le enaltecían, era el haber sido escolán de Nuestra Señora. Otra de las familias más reputadas en nobleza en aquellos días era la casa de Setanti. Aquí estuvo de escolán I). Joaquín de Se- tanti, de la Orden de Montesa, que fué señor de gran reputación y figura. Salió también literato de primer orden, pues escribió un céle¬ bre tratado que tituló Frutos de la historia. D. Tomás Gargal de Collbató, fué escolán y más tarde Obispo de Malta por sus muchas letras y virtud. Fué también hombre de go¬ bierno muy querido y apreciado de todos. D. Francisco deMoneada, conde de Osona, hijo del Marqués de Itona, heredero de aquel Estado. Fué Embajador del Emperador por y el rey Felipe IV, Maestre de Campo, General en Flandes, quien repe¬ tía á menudo, que en medio de sus muchas ocupaciones no podia olvi¬ dar que había sido escolán de esta Soberana Señora y Casa angelical. D. Miguel de Moneada, hermano de D. Francisco, que si fué me¬ nor en edad, no lo fué en mérito y virtud. DE MONTSEBEAT 163 D. Rafael de. Cardona, hijo del Conde de Prades y heredero de sus Estados. D. José deCardona, conde de Montagut, hombre ilustre y prin¬ cipal, á quien pertenecía de derecho el Ducado de Cardona. Hizo mu¬ chos donativos, en reconocimiento de haber sido escolan y paje de Nuestra Señora. D. Alonso deEril, conde de Eril, virrey de Cerdeña; y sus pa¬ rientes D. Martín de Reguer y Eril y D. Ramón Mur. D. Juan de Buxadós, hermano del Conde de Saballá, gran músico é insigne poeta. En esta Casa aprendió el órgano y se perfeccionó en las ciencias y artes. Tenía particular satisfacción los días que podía ejercitar su habilidad en el órgano, más que en los regalos y entretenimientos que le ofrecía su madre para distraerle de quedarse en el Convento. D. José de Pinós yde Cardona, capitán de caballería de los prin¬ cipales y Principado. Estuvo dos ve¬ más antiguos caballeros de este ces de escolán. Dió un manto bordado de oro y una fuente de plata, en reconocimiento de los favores que había recibido de la Virgen. Fué Maestre de Campo en el ejército del rey Felipe IV y gentil-hombre de Cámara de D. Juan de Austria, su hijo. D. Francisco de San Climent y de Corbera, barón de Llinàs. Por no hacernos demasiados difusos, continuaremos este catálogo abreviando y poniendo sólo el apellido de las personas nobles que vis¬ tieron la saya de escolán de la Virgen. D. Antonio de Aro. D. Agustín de Pons y de Mendoza, marqués de Villena y conde de Robles. D. Alejo de Sentmanat. D. Francisco Bournonoillo, marqués de Rupit; y su hijo D. Francisco, barón de Orcáu. D. Juan de Marimón, caballero del Orden Militar de San Juan, Maestre de Campo del Tercio de la Diputación de Cataluña. Dos hijos del Marqués de Villars, gran señor de Francia. D. José Ferré y de Pegueros. D. José Rocaberti, marqués de Argensola, sujeto bien conocido por su literatura, consumada prudencia y ejemplar virtud. D. Juan de Cardona y Espinóla, hermano del Duque de Medinaceli, quien por muchos años mantuvo un niño escolán á sus expensas. Don Ramón Pedro. D. Antonio Jordana, hijo único del Barón de Senaller. D. Benito de Sagarra. D. Juan de Pax y Orcáu, gentil-hombre con ejercicio del emperador de Alemania Carlos VI. D. Isidro Aparre- gui, hijo de D. Baltasar de Aparregui y D." María Magdalena de An¬ gulo, fué apuntado por escolán luego que nació, pero habiendo muer¬ to de corta edad, no pudiendo servir vivo á la Virgen, se lo trajeron muerto, enterrándole en esta iglesia. Tuvieron otro hijo, llamado don 164 NUEVA HISTORIA Narciso María de Montserrat de Aparregui, apuntándole también luego de haber nacido. Estos y otros muchos célebres en música, letras, armas, y por haber ocupado elevadisimos puestos, tuvieron la dicha de vestir la saya de escolán de Montserrat, los cuales, con ser de nobilísimo linaje, se ilustraron más siendo pajes de la Soberana Reina de los cielos, que con los títulos y blasones que heredaron de sus mayores y sirviendo á los más altos y poderosos reyes de la tierra. ¡Dichosos los padres que han tenido los hijos puestos bajo la sombra de Nuestra Señora! ¡Fe¬ lices los hijos que han sido escolanes de Montserrat ! CAPÍTULO CUARTO La Santa Cueva.—La Marquesa de Tamarit costea una hermosa ca¬ pilla y un nuevo camino.—Incendio y restauración de la Santa Cueva. 1 Dos lugares históricos y muy venerados se encuentran en esta Montaña; el Santuario levantado en el mismo lugar en que se hizo inmóvil la Santa Imagen, y la Cueva bendita en donde estuvo oculta cerca dos siglos, sin otro culto que el que le daban los Angeles del cielo y las avecillas del bosque. En todos tiempos ha sido objeto de la devoción de los fieles el lugar en que fué hallada esta perla preciosa, y los monjes que han cuidado desde un principio del culto de esta Señora, no han podido prescindir de aquella Cueva que tuvo la dicha de encerrar tan rica margarita. De aquí que desde un principio eri¬ giesen ya capilla y venerasen lugar tan santo y sagrado. Lejos de quedar en olvido la Cueva de la Virgen, ha sido de anti¬ guo muy frecuentada por toda clase de fieles, en especial por los pue¬ blos comarcanos. En tanto es así que las monjas, primeras moradoras de esta santa Montaña, se vieron con la precisión de abrir, á fuerza > de pico, camino para visitar la Cueva de la Virgen. A esas escogidas Camareras de nuestra gran Reina se debe el antiguo camino que to¬ davía lleva su nombre, y es conocido por la Escala ele las Monjas, CUEVA DE LA VIEGEN DE MONTSERRAT 165 no la cual se puede bajar has¬ lejos (le la capilla de los Apóstoles, por ta dels pins, se puede ir di¬ Monistrol, y tomando la senda llamada rectamente á la Santa Cueva. Este era el camino común y ordinario que antiguamente tomaban los romeros que venian á visitar á su bue¬ na Madi-e, la Virgen de Montserrat. El camino que recorrió el obispo Glotmár con la Santa Imagen y demás gente que leacompañaba, ni fué ni pudo ser" el que acabamos de describir, por la sencilla razón de que no estaba aún construido. ¿Qué senda tomaría, pues, esa devota procesión? Probablemente que partiendo de la cisterna exterior de la misma Cueva, y pasando por debajo del arco del edificio, se dirige hacia San Miguel hasta encon¬ trar el camino de Collbató. Este mismo fué el camino que anduvo la procesión que tuvo lugar la vigilia del célebre Milenario de ISSiO, en memoria del que se siguió mil años atrás al ser descubierta la Imagen de Maria. Fácilmente se comprende como esta Santa Gruta, á pesar de su lugar tan agreste como solitario, ha sido en todos tiempos uno de los puntos más venerados de Montserrat. Desde el feliz hallazgo de la Santa Imagen, aquel rústico oratorio de Nuestra Señora fué objeto de la piadosa solicitud de los devotos de María, atentos, no sólo á su material conservación, sino á su mayor pompa y ornato cuanto po¬ sible fuese, dadas las condiciones topográficas del sitio. En una pa¬ labra, túvose gran empeño en conservar el propio y característico aspecto de aquella roca sagrario de la Madre de Dios, sin permitir ni tolerar que se desfigurase en lo más mínimo. Una vez construido el primer templo en el propio lugar en que se paró la Santa Imagen, y edificado á la vez el pequeño Monasterio que debía servir como de palacio para aquellas Religiosas, que fue¬ ron las primeras propagadoras del culto de la Virgen, no descui¬ daron abrir camino para facilitar á los devotos el acceso á la Cueva. Tampoco los monjes Benedictinos, que vinieron más tarde, podían dejar de trabajar en este sentido, mayormente cuando la devoción á la Virgen se había extendido y desarrollado bastante. Hasta entonces sólo podia subirse la Montaña á pie. Era preciso procurar vencer las dificultades que se oponían á un viaje más cómodo de herradura. No sólo lograron los monjes este feliz resultado, sino que á fuerza de trabajo, y por medio de difíciles terraplenes, cons¬ truyeron como una plazoleta para poderse reunir los romeros, y le¬ vantar una capillita adosada ála misma roca, en donde estnvo la glo¬ riosa Imagen, en la cual es de suponer se celebraría el santo sacrifi¬ cio de la Misa y se practicarían los demás actos del culto católico. 166 NUEVA HISTOEIA IE A medida quela devoción á la Virgen Montserratina se iba ex¬ tendiendo y propagando, aumentaba también hacia la Santa Cueva donde fué hallada la Imagen de la Madre de Dios. Tuvo luego que renovarse sn capilla, dándole mayor extensión en forma de cruz bizan¬ tina con hermosísimo cimborio central, construyéndose á su lado un pequeño claustro con habitaciones para el Monje Guardián y sus de¬ pendientes; todo esto en el reducido emplazamiento que permítelo quebrado de la Montaña, pero con un carácter tan cabal y tan com¬ pleto en sus detalles, que bien puede darse á la construcción el nom¬ bre de 'pequeño Monasterio. Costeó la obra una ilustre dama de la nobleza catalana, tan insigne por su piedad como por su apellido, timbre que conserva aún hoy día, entre otros muchos preciosísimos, su religiosa descendencia. Fué aquella generosa señora la Marquesa de Tamarit. Y no se contentó esa noble señora con levantar á la Virgen tan dig¬ na capilla, que era la admiración de nacionales y extranjeros, sino que quiso dotarla con una pensión, para que viviendo un monje en ella, pudiese celebrarse todos los días á su intención el santo sacrificio de la Misa (1). Quiso también que se abriese un nuevo camino más breve y no tan dificultoso, para que la Cueva de Nuestra Señora pudiese visitarse con más comodidad. El camino que se construyó á expensas de tan generosa señora es el que conduce ó va directa¬ mente desde el Monasterio al lugar donde fué hallada la Santa Ima¬ gen, distante como unos dos kilómetros, abierto en 169], para cuya conservación señaló la renta necesaria. Todos convendrán en que su ejecución debió ser obra de mucho tiempo y muy costosa; de aquí que le haya valido el nombre de camino de '¡plata, aludiendo con esto á cierta frase que en tono de broma soltó la señora Marquesa, vien¬ do que se pasaba tanto tiempo y nunca se concluía. Para hacer practicable este camino, fué preciso cortar grandes peñas y levantar gruesas paredes y antepechos á cal y canto de una altura extraor¬ dinaria, pues que la parte más estrecha es de un metro cuarenta centímetros. (1) En Junio de 1631 pidió ú esta Comunidad dicha señora que se dignase se¬ ñalar la cantidad que se necesitaba para mantener un monje en la Cueva, y por una M isa que quería se celebrase ; y á 10 del mismo mes le fué contestado, que por la manutención diese cinco reales y tres por la Misa. DE MONTSKREAT 167 Es este camino muy bien acondicionado, que serpenteando, y un sorteando las fragosidades del precipicio inmenso que se abre á sus pies, conduce al viajero sin riesgo alguno, y casi sin fatiga, en menos de una hora, al Santuario de la Cueva. El trayecto es delicioso; y desde los diversos recodos de la hondanada que se sigue, pueden con¬ templarse variadísimos puntos de vista, siempre con la corriente ru¬ morosa del río Llobregat que pasa á sus pies, y los gigantescos conos de la Montaña, á la cual parece pegada la inmensa mole de la igle¬ sia y Monasterio, cerniéndose pavorosamente sobre la cabeza del de¬ voto peregrino. Una pequeña parte de este camino es del atajo de Monistrol, que se deja á la primera revuelta, donde hay un mojón que lo indica. Ill Este antiguo edificio, en que había vivido un monje desde el año 1705, la magnífica capilla en que se celebró la Santa Misa hasta y el 25 de Julio de 1811, tuvieron también que sufrir las consecuencias de la triste ocupación francesa. No se contentaron las tropas de Na¬ poleón Bonaparte con derribarlo casi todo, sino que á 30 de Julio de 1812 acabaron por pegar fuego á lo poco que quedaba. Esto y el haber quedado abandonado este lugar por la fuerza de las circunstan- •cias, fué causa de que se vinieran al suelo los techos, pisos y bóvedas existentes. No pudiendo el Monasterio, á causa de lo calamitoso de los tiempos, hacer ninguna clase de reparos en este lugar tan venerado, tenía que presenciar como'todo se iba convirtiendo en un montón de ruinas; y esa pena era tanto mayor, en cuanto los fieles no dejaban de ir á venerar el lugar en que quiso la Divina Providencia custodiar la Patrona de Cataluña, ansiando el momento de verlo todo restituido á su primitivo ser y estado. Esta pobre Comunidad lloraba sin consuelo tan triste estado de cosas, y no podía llevar con paciencia que lo que había sido como la-^ cuna del culto de María en esta Montaña, continuase en ruinas tantos años; por esto, después de la penuria y estrechez con que tuvo que atender á las necesidades del primer momento, vino la hora en que pudo dedicarse á la restauración de la Santa Cueva, logrando con los esfuerzos del devoto pueblo catalán ver por fin realizados sus deseos. Llegó el año 1857, y con ocasión de hallarse en este Monasterio los Duques de Montpensier, fué creada una Junta para la restaura¬ ción de Montserrat. Arbitráronse medios, y dióse principio á la obra 168 NÜKVA HISTOEIA con verdadero entusiasmo. A esta Junta se debe la nueva capilla y edificio que la honra sobremanera. El edificio se presenta exterior- mente formando cuatro cuerpos cobijados por una enorme roca. En esta restauración se le dió el estilo románico. Ante todo fué construi¬ da la portada de la pequeña iglesia de mármol blanco, extraído de la misma Montaña, en el término de Marganell, en donde se hallan las canteras. Se quitó un balcón impropio del sitio que ocupaba. Se cons¬ truyó el cimborio con su linterna, en la cual se colocaron pequeñas vidrieras de colores, que con sus luces y las de los tres ojos ó peque¬ ños rosetones, han substituido á la blanca claridad que entraba por dicho balcón, mejorando la severidad de la capilla. El plano de esta construcción conserva la forma de cruz, cuyo brazo principal no tiene decorado alguno, por formarlo la peña viva del sitio donde fué en¬ contrada la Santa Imagen, y viene á ser como un pequeño presbi¬ terio. Por retablohay un bajo relieve de Carrara, fijado en la tosca pa¬ red, que representa el acto de encontrar la Santa Imagen en aquel mismo sitio el obispo Crotmár. Encima de este bajo relieve hay una hermosa copia en mármol de la misma Imagen con dos ángeles, tam¬ bién de mármol, uno á cada lado. En las paredes del pequeño presbi¬ terio se ven otros dos bajo relieves por el mismo estilo que el central, también de mármol, todo obra del escultor Cerdá. Representan, el uno la aparición de las luces á los pastores; y el otro, la procesión para conducif la Santa Imagen. La desnudez misma de la roca viva habla mejor á las personas que visitan este lugar, que cualquiera inscrip¬ ción que se hubiese allí colocado. Las paredes, bóvedas y cúpula de la capilla están ricamente pin¬ tadas al policromo, y doradas al estilo bizantino. En el anillo de la cúpula se leen aquellas palabras de la Sagrada Escritura, nigra sum, sed/ormosa. En los adornos de la pintura campean emblemas y ver¬ sículos de la Letanía, hábilmente combinados sobre fondo de oro. En la cúpula y bóvedas está significada, por medio de estrellas doradas, la lluvia de luces que indicó á los pastores el sitio donde estaba la Santa Imagen. Por el brazo de la cruz que viene frente la puerta de entrada se pasa á la sacristía y al patio, ó pequeño claustro, decorado con ocho columnas románicas. La cisterna antigua está reformada, y también los dormitorios y el salón de la parte interior. Esta capilla es digna de ser visitada ; pocas son las personas que vengan á Montserrat y no lo hagan. Su restauración quedó terminada en 1864, y el día 11 de Sep- DE MONTSERRAT 169 tiembre la bendijo solemnemente el abad D. Miguel Muntadas, can¬ tándose Oficio y Te Deum. Asistieron á este acto el Presidente del Consejo Provincial de Barcelona, delegado por el señor Gobernador, un Diputado á Cortes, otro Diputado Provincial, un Concejal del Ayun¬ tamiento, el Vicepresidente de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos, el arquitecto Sr. Villar, el Secretario de la Junta de Restauración, y el notario D. Cayetano Anglora, quien levantó acta de dicha inauguración, que se halla en el Apéndice n.° 4. CAPÍTULO QUINTO Antigua capilla de San Miguel. —Es derribada en 1811.—Su reedifleación. I i(La más antigua y principal ermita, dice el cronista Argaiz (1), que por las escrituras del Arciiivo conozco, es, en mi sentir, la de San Miguel, á quien llaman los dichos instrumentos Patrón de la Monta¬ ña; quien desde sus principios parece que se habia encargado de guardarla, para que alli fuese venerada y servida por los monjes la Imagen de Nuestra Señora." Y antes había ya dicho el citado autor (2), "tengo fundamento para creer, que quien derribó el templo de Ve¬ nus en Montserrat fué el Arcángel San Miguel, porque en escrituras del Archivo he leido que era Patrón suyo; una es del año 1042, que reparando y renovando una capilla, de tiempo inmemorial hay que en la Montaña, dedicada al dicho Arcángel, y consagrándola el Obispo de Barcelona, le da á San Miguel el titulo de Patrón de Montserrat." Continuemos ahora la historia de la antigua capilla de San Miguel, dejando que hable el propio historiador Argaiz. "Hállase, dice, una es¬ critura del año 999, en que el vizconde de Barcelona, Udalardo, y la vizcondesa Riquilda, pareciéndoles que era cosa muy justa y racional reparar los templos y lugares sagrados y convidar á otros su con ejemplo, para ofrecer sus bienes á Dios y á la honra de los Santos, die- (1) Perla de Cataluña, cap. xii, pág. 49. (2) Cap. 11, póg. 8. 12 170 NUEVA HISTORIA ron á la estaba edificada, cuatro medie- capilla de San Miguel, que ya tas de viñedo, con otras tierras yermas que allíhabía, diciendo : que daba esto, junto con la casa ó capilla de San Miguel, sita en el conda¬ do de Barcelona y dentro los términos del castillo de Bonifacio, que llamaban Guardia.^ Y aun especificando más el lugar, añade: (iue era en el llamado TovreUo. Todavía más, dando el Vizconde razón del título que tenía, dice ; que lo poseía por herencia y posesión de sus antepasados. Et advenit nobis, et ad mo Udalardum Viceco mitem 'per genitores meos, ct ad me Riquildam Viceco 'mitissam per meuri decimurn. Facta ista dMnatione tertio Nonas Martii, an¬ no tertio régnante Roberto Rege. Fírmanla entrambos, y son tes¬ tigos Eldouara, Senieldo, Bonus homo; y notario el presbítero Erui- na. Está en el libro del Archivo, llamado Rúbeo', fol. 37. Cuidaron mucho de esta capilla los Vizcondes, hasta edificarla de nuevo. Dióles Dios vida para verla acabada; y á 14 de Junio de 1042 la consagró el obispo de Barcelona Vislaberto, en presencia de üda- lardo y Riquilda, y de Juan Udalardo, al parecer hijo suyo. Viendo más tarde el vizconde Gilaberto y Ermesinda la vizcondesa, que si esta iglesia se daba á personas privadas, no se tendría en mucha ve¬ neración, acordaron ofrecerla al Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, ut rcedificarctiir locus Ule. Y donáronla con todas las tierras anejas con título de venta por precio de ocho onzas de oro de Valencia, á la cual llaman ciudad su^-a. rr A medida que este Monasterio fué creciendo y desarrollándose, fuéronse á la vez perfeccionando sus caminos. El primero y principal camino para venir á Montserrat fué, durante muchos siglos, el de Collbató, que pasa por San Miguel. Por él pasaron reyes, principes y otros personajes de la más alta y distinguida sociedad, y á pie hasta alguna de las reinas de España. La circunstancia de pasar este cami¬ no por la capilla del Santo Ai'cángel, y de que se descubra el Monas¬ terio desde este lugar, hizo que este Santo fuese más venerado de los peregrinos ó romeros. Aquí solían ellos detenerse para descansar de las fatigas del viaje ; aquí empezaban á limpiarse el sudor de la frente y cara; preparaban para hacer su entrada digna aquí se aliñaban y de la Virgen de Montserrat;aquí las mujeres, de un modo muy parti¬ cular, ponían sobre su cabeza la tradicional mantilla blanca; aquí em¬ pezaban los cánticos en honor de María; aquí se quitaban el calzado 171 muchos y seguían descalzos hasta entrar en el templo ; aquí tomaba cada instrumento de penitencia y mortificación para expiar uno su sus pecados; aquí empezaban á andar unos de rodillas, otros discipli¬ nándose; éstos cargados de cadenas, aquéllos con pesadas cruces; quien con enormes barras de hierro, quien, por fin, derramando lágri¬ mas hasta entrar dentro de la iglesia. ¡ Ah! si esas mudas peñas que se encuentran camino de San Miguel pudiesen hablar, ¡ qué buenos predicadores serian! ¡A cuántos que parecen muertos, volverían á la verdadera vida! Mas, joh triste condición la de los tiempos! Esa capilla de tan feli¬ ces recuerdos; ese Arcángel tan querido y venerado por tantas gene¬ raciones ; esa iglesia que tantos suspiros y lágrimas había arrancado, debía desaparecer un día. Y lo más lamentable es, que no había de caer á manos de extranjeros, sino de los mismos españoles. Durante la guerra de la Independencia, no faltó quien por desgracia tuvo el mal acuerdo de declarar esta Montaña Plaza de armas. A 13 de Ma¬ yo de 1811 llegó la primera fuerza, consistente en una compañía de Ingenieros, bajo el mando del coronel Eey. Bajo pretexto de que la capilla de San Miguel se hallaba dentro de la zona militar, y podía servir de parapeto á las tropas francesas en caso de presentarse, sin respetar lo sagrado, ni que fuese la fiesta de la Santísima Trinidad, mandó el coronel derribar la capilla, siendo la orden inmediatamente ejecutada, sin quedar señal de ella, ni de la imagen del glorioso Ar¬ cángel. Todo desapareció en menos de un día. Hay cierta clase de pe¬ cados que con dificultad se borran en este mundo. Muchas veces se ven desgracias, ó suceden hechos lamentables, sin que se pueda ati¬ nar á las causas que los han producido. ¿Podría ser este hecho que lamentamos, como la llave por descubiir ó explicar muchos secretos que están aún por revelar? No contento el jefe de la referida fuerza con haber derribado un edificio respetado por tantos siglos y generaciones, empezó por derri¬ bar también mnchisimos ó la mayor parte de los árboles que estaban por aíjuellos alrededores, abrir grandes fosos y zanjas, desfigu¬ y por rando completamente aquel hermoso camino salpicado de tanta sangre cristiana. Por fin, se había consumado el sacrificio. La tan venerada capilla de San Miguel ya no existia. Montserrat acababa de perder, no sólo una joya artística, sino su más antigua iglesia. 172 NUEVA HISTORIA in Lo que el mundo llama desgracias, en lenguaje cristiano se lla¬ man actos providenciales. Tal fué el hecho ocurrido en 1861. Uno de los mayores y más terribles incendios que se han visto en esta Mon¬ taña, fué el del citado año, y precisamente por la parte de lo que en otro tiempo había sido capilla de San Mignel. Ya se ha dicho como al derribar esa capilla, había también desaparecido con ella la imagen del glorioso Arcángel, sin que pudiese saberse su paradero. Pues bien ; con motivo del referido horroroso incendio, acudió mucha gente para su extinción. ¿Quién lo dijera? Algunos peones qne estaban cavando la tierra para echarla sobre el fuego, en vez del agua que faltaba, encontraron el tronco de dicha imagen, que después fué colocado en el pequeño Museo de este Monasterio. Por manera, que el Señor dis¬ puso que el incendio de esta Montaña fuese la ocasión ó causa para descubrir la grande hazaña del tristemente célebre Coronel de Inge¬ nieros. Guando no fué respetada la imagen del Santo, ¿cómo había de ser respetada su capilla? En este estado duraron las cosas nada menos que unos sesenta años, esperando siempre en la misericordia del Señor que nos otorga¬ ría el consuelo de verla reedificada. Y no podia menos de ser así. Aquel campeón valiente, que en el cielo empíreo supo librar un día la mayor y más terrible de las batallas que han visto los siglos, ¿había de per¬ mitir que esta Montaña permaneciese más tiempo sin su antiguo Pa¬ trón y defensor? Y nuestras esperanzas no salieron fallidas. Sobre los cimientos de la anterior fué levantada la nueva capilla. Era el año 1870, cuando el Monasterio, pudiendo disponer de algunos medios, ayudado de las limosnas que ofrecieron unos devotos, que se hallaban aquí con motivo de la fiebre amarilla que hacía estragos en Barcelona, tuvo el consuelo de ver reconstruido ese pequeño templo, dedicado en honor del más ilustre de los Principes, el Arcángel San Miguel. Fijóse su bendición para el día de su fiesta. Celebróse un Oficio, ejecutado por la Escolania, con asistencia de la Comunidad, del Edmo. P. abad D. Miguel Muntadas, y del arquitecto D. Francisco Villar. Fué muy del agrado del público y pueblos comarcanos el levanta¬ miento de esa capilla, porque la devoción á San Miguel es muy gene¬ ral y popular. Todos los forasteros tomaron parte en esta fiesta con particular satisfacción y alegría. Esta reparación era tanto más ne¬ cesaria, en cuanto el lugar que ocupa es de los más concurridos, y el t f DE MONTSEKKAT 173 camino que conduce á él uno de los mejores y más frecuentados. Por otra parte, en defecto de las ermitas que hoy no existen, muchas personas devotas se contentan con visitar esta capilla, como visitan la Santa Cueva, para seguir las Estaciones y ganar las indulgencias con¬ cedidas. De todos modos, así como era una necesidad abrir al culto la Santa Cueva, profanada por las tropas francesas, también era necesa¬ rio abrir la capilla de San Miguel, derribada por tropas españolas. No, una vez adquiridos los derechos de Patronato sobre esta Montaña, no podia el glorioso Arcángel despreciarlos ni perderlos. Dios quiere que aquel que había velado y protegido á los peregrinos durante tan¬ tos siglos, sea el protectory velador de los cristianos de nuestros días. Y bajo la égida de tan poderoso defensor, ¿quién temerá? ¿qué mal nos ha de venir? El que supo vencer y arrollar á los enemigos de Dios en el cielo, ¿ no sabrá ó podrá arrollar y vencer á los enemigos del hombre sobre la tierra ? Glorioso y poderoso Arcángel, si un día, lo que el Señor no permita, cambiasen los tiempos, y el demonio preten¬ diese arrancaros de nuevo del lugar que ocupáis, sednos propicio, no lo permitáis, haced valer vuestros derechos, que por algo tenéis al enemigo á vuestros pies y la espada desnuda en vuestras manos. No permitáis que se rompan sus cadenas y que ande más suelto sobre la tierra. CAPÍTULO SEXTO Capilla de San Acisclo.—Su restauración y su mirador.—Capilla de los Apóstoles y el tan popular «Safreig.» l El historiador y de la capilla abadD. Miguel Muntadas, al hablar de San Acisclo y «Arrojados los gentiles de Santa Victoria, dice (1): la Montaña de Montserrat, y posesionados de ella pacíficamente los cristianos desde el año 2ó3 de Cristo, el sacrificio que no podían ofre¬ cer al verdadero Dios en las poblaciones dominadas por los enemigos de la fe, venían á ofrecerlo al abrigo de estas enormes masas de gra¬ ti) Historia de Montserrat, púg. 44, edición de 1871. 174 NUEVA HISTORIA ilito y árboles seculares de que tanto abunda esta Montaña. El núme¬ ro de fieles iba cada día en aumento ; de ahí que apenas llegaba á su noticia la seguridad que ofrecía Montserrat para dedicarse á los actos del culto cristiano, abandonaban los pueblos vecinos, y venían aquí á establecer su morada. Al saber el heroísmo de los hermanos Acisclo y Victoria en confesar la fe medio de tormentos inauditos, en la en ciudad de Córdoba, erigiéronles una capilla en su honor á la parte del Oriente, así como San Miguel la tiene al Mediodía. » Aquí venían los cristianos de los pueblos vecinos, y todos ofrecían al Señor el sacrificio de expiación y alabanza en sus respectivas capi¬ llas, les era posible en sus propios lugares. Aquí, conti¬ cosa que no núa diciendo el propio autor, limpiaban sus almas con el santo sacra¬ mento de la Penitencia, eran bendecidos los matrimonios y regenera¬ dos en las aguas del bautismo los hijos de familias cristianas.» Al leer tan bellas y hermosas páginas, á cualquiera se le ocurrirá la duda siguiente. ¿Cómo era posible todo esto en tiempos y lugares tan difíciles? ¿Qué sacerdotes podían acudir á socorrer semejantes ne¬ cesidades ? El mismo historiador cuida de resolver en parte estas di¬ ficultades, añadiendo : que «ambas capillas se resentían del mal de la época, que era no tener custodio fijo ; toda vez que los sacerdotes te¬ nían necesidad de ausentarse con harta frecuencia para acudir á las necesidades de los demás cristianos.» Sumamente interesante sería cuanto acabamos de copiar á existir documentos para comprobarlo. Mas no es esto fácil, remontándose á épocas tan lejanas, y después de los varios sucesos, harto tristes por desgracia, porque ha tenido que pasar este Monasterio. Quisiéramos y suplicamos al lector tenga muy presente esta observación en el de¬ curso de esta obra ; pues que en caso muy semejante nos hemos de encontrar más de una vez. Dicho Padre Abad no ha descuidado apo¬ yar sus opiniones con el escudo de la tradición, que es el único ba¬ luarte en que podemos defender muchas de las noticias de nuestra historia, después que desaparecieron el Archivo y la biblioteca de este respetable Monasterio. Tras esta ligera digresión, deber nuestro es manifestar, que hasta ahora ha sido opinión común, que la capilla de San Acisclo es más antigua el mismo Monasterio ; pues siempre se ha creído que que al descubrirse la Santa Imagen estaba ya edificada, del contrario se¬ ría contradictorio asegurar, que cuando se hizo inmóvil y no pudo la procesión continuar su curso hasta Manresa, dicha Santa Imagen fue¬ se depositada en esta capilla. También parece consecuente creer, que al sentar sus reales aquí las monjas de San Pedro de las Puellas de DE MONTSEREAT 175 Barcelona, debieron servirse de esta pequeña capilla, por ser la única de que podian disponer. Lo que parece fuera de toda duda es, que estuvo enclavada dentro según tradición, de los antiguos muros que, mandó construir el Conde de Barcelona, padre de la primera Aba¬ desa, á fin de asegurar el Convento de toda invasión por parte de los sarracenos, según las señales que existen aún hoy dia. Se sabe que en 1^224 fué reedificada por los caballeros Oliveres, los cuales la dotaron* con mil libras de renta, moneda barcelonesa, con obligación de una Misa perpetua el día de los santos mártires San Acisclo y Santa Victoria. Antiguamente estaba colgada en ella, en medio de dos pilares, la campana llamada del Milagro (1). El sitio que ocupa esta capilla, lo señalaba antes un manuscrito en una curiosa relación que hacia de San üimas, y lo colocaba precisamente debajo de ella, como ha sido siempre. -iDesde la dicha ermita, decía el manuscrito, se comienza por Levante á derribar una muy grande caiday despeñadero, aunque apa¬ cible á la vista por la mucha arboleda que tiene, que es por donde los que fueren de buen ánimo ó industria, podrían bajar desde dicho cas¬ tillo y subir á él desde el eremitorio de San Acisclo y Santa Victoria, como se tiene memoria sucedió habrá trescientos años, por haber echa¬ do de allí á unos ladrones que se habían apoderado de aquel sitio." Y luego añadía : «El puesto de este eremitorio es en forma de baluarte, con sus muros y edificio que denotan grande antigüedad, y en cuya plaza solia estar antiguamente sobre unos pilares colgada una campa¬ na, que llamaban del Milagro, que es la que ahora sirve para dar los cuartos más arriba del reloj." II En esta capilla de San Acisclo se hizo fuerte la Junta de Defensa de Cataluña en cerrada con fuerte muralla, y fueron en ella 1811, fué colocados algunos cañones. Todo, empero, fué inútil y sin resultado. Apenas aparecieron las tropas francesas por la caimetera de Santa Cecilia, cuando los españoles destinados á defender este punto huye- (1) No sabemos por qué se le daba este nombre. Recordamos haber leído en lo- Crónica de Cataluña del Dr. Pujadas, que en 1351 fué asesinado en San Cucufate del Vallés, en la noche de Navidad, mientras se celebraban los Maitines, el abad D. Arnaldo Ramón de Viura ; y que al ocurrir este triste suceso tocó por sí misma la campana que llamaban el Gallet; haciendo otro tanto otra campana de Montserrat, que llevaba el mismo nombre. ¿Podrá ser esta la causa de llamarse ó dicha cam¬ pana de San Acisclo, la campana del Milagro? 176 NUEVA HISTORIA ron despavoridos, dejando los cañones demás en poder del enemigo, sin hacer la menor resistencia. Volvieron luego los monjes, y al hallar tanta destrucción y ruina por todas partes, no les fué dable atender á tantas necesidades. A esta pobre capilla le tocó la triste suerte de quedar cerrada al culto hasta el año 18,58. A expensas de algunos piadosos particulares hiciéronse las reparaciones necesarias, colocóse un altarcico, que bien se co¬ noce no tener nada de moderno. La tradición lo estima procedente de la iglesia vieja que fué dei-ribada en 1755. Sea fuera, la restau¬ como ración llevóse á cabo con celo y actividad, y á 17 de Noviembre de 1858 el abad D. Miguel Muntadas la bendijo con toda solemnidad, cantándose á continuación un Oficio por la Escolania de esta iglesia. En el mismo sitio en que se halla esta capilla, hay un hermoso paseo de cipreses, que termina con una plazoleta, en cuyo centro hay de piedra. Desde aquí se descubre un bellisimo pano¬ una mesa rama abraza toda la cuenca del Llobregat, desde las montañas que donde nacen los Pirineos, hasta el mar, destacándose las poblaciones ribereñas á larga distancia. Preséntanse por horizonte, en último término, los Pirineos y Montseny; más cerca San Lorenzo del Munt, la cordillera del llano de Barcelona y las montañas del Vallés, pudien- do seguirse con la vista las carreteras de Monistrol, Tarrasa, Man¬ resa, Madrid, Olesa, Esparraguera y Martorell. Pálida seria cualquiera descripción que se hiciese de este lugar admirable. Es un mirador tan solicitado, que raras veces queda sin concurrentes. La extensión de terreno que domina es tal, que en tiempo claro y despejado se distinguen desde allí las islas de Mallor¬ ca y Menorca, distantes unos trescientos treinta kilómetros. Desde este delicioso balcón parece que se domina el mundo; con dificultad se encontrará otro igual. Uno de los fenómenos atmosféricos más curiosos de Montserrat, es la niebla. Posada de ordinario en las altas cimas, que envuelve como tupido velo, ó prendida en las laderas como vago y ligerísimo cen¬ dal, desde allí se corre en blancos copos, ya arrastrándose perezosa¬ mente, ó deslizándose con velocidad hasta rodar á lo más profundo del valle, ó descorrerse por el espacio, á manera de diáfana coi'tina, en la cual se transparentan célicos reflejos y mirajes boreales. El fo¬ rastero á quien desde un punto cualquiera de la Montaña sobrecoge esta rara visión, créese suspendido en mitad de los aires, y casi ins¬ tintivamente afórrase vacilando á la roca que le sostiene. Peñas y malezas, hondonadas y primeros términos, todo se hunde en aquel mar de bruma que parece tragarse la obra de la creación ; mas no ce- ALIPC ED SOL SELOTÓPA DE MONTSERRAT 177 sando por ello las voces confusas del bosque y de la Montaña, su murmullo repetido en aparente vacío, produce ilusiones acústicas muy singulares. III A espaldas de la capilla de San Acisclo, á un tiro de fusil, á cin¬ cuenta metros de distancia, hay otra llamada de los Apóstoles. Lo poco que consta de esta capilla es, que un clérigo devoto de dichos santos Discípulos del Señnr quiso consagrarles un monumento en esta Montaña, y una vez obtenida la venia del Convento, ediñcó esta ca¬ pilla, que en la infausta fortificación del año 1811 fué también trans¬ formada y convertida en almacén de municiones y pertrechos de gue¬ rra, habiendo quedado también inhabilitada hasta el año 1858, en que á 21 de Diciembre, día del apóstol Santo Tomás, fué otra vez solem¬ nemente bendecida é inaugurada. Esta capilla, como la de San Acisclo, no tiene mérito alguno ar¬ tístico ; pero á su antigüedad debe añadirse una especial devoción, que en todos tiempos ha tenido de parte de los romeros que visitan el Santuario. También á esta capilla vienen los fieles á fin de ganar las indulgencias por medio de las Estaciones. Con motivo de los tra¬ bajos hechos para la explotación del ferrocarril, debajo de la misma capilla se construyó un ingenioso túnel, y por él pasa la locomotora con los coches y viajeros que vienen á Montserrat. Es también una obra admirable. Junto á la capilla, y al borde de horrendos precipi¬ cios, se ven aún algunos restos de fortificación, que el vulgo ha bau¬ tizado con el nombre de Fortins. La vista desde este lugar no es de mucho tan despejada, ni tan deliciosa. Hoy queda una regular plazue¬ la detrás de los Apóstoles, compuesta con la tierra y escombros de las obras que se están practicando. Lo que falta de vista á esta capilla le sobra al antiguo balcón del tan popular Fafreig de Montserrat. Refiriéndose á las grandes esta¬ tuas que hay en él, escribió el poeta D. Víctor Balaguer á un amigo suyo desde este Santuario : «Permanecen, dice, allí inmóviles y mu¬ das, condenadas á contemplar eternamente el magnífico espectáculo que se desarrolla á su vista (1). No sé explicarme, aunque bien lo comprenderás tú, la impresión mezclada de terror y de respeto que me infunden, siempre que á ellas me acerco. Esos impasibles monjes (1) Los franceses derribaron y mutilaron algunas de estas estatuas. 178 NUEVA HISTORIA (le piedra, mudos y eternos centinelas del Monasterio, inclinados casi sobre un abismo sinfondo, á cuyos pies vuelan las águilas, sobre cu¬ yas frentes se desencadenan esas horribles y misteriosas tempestades de la Montaña, y que con la misma impasibilidad lian asistido, lo pro¬ pio á la época de esplendor y de pujanza, que á la de devastación, de ruinas y de miseria del viejo Monasterio, de que se han constituido perennes é incansables guardadores. «¡Magnífico espectáculo el que se ha desplegado á mis ojos desde el halcón de los Monies! Cien veces he asistido á él en mis repetidas romerías á Montserrat, y siempre se me ha presentado bajo una nue¬ va faz. Te escribo aún bajo la impresión del momento. "He visto á mis pies las crestas de los montes que desde Barcelona se nos presentan tan altos, y que hoy me han parecido á flor de tie¬ rra. Frente de raí, pero pudiéndolo abarcar todo de una sola mirada, estaba San Lorenzo, al Norte la misteriosa cueva Simanya; más allá Montseny, tan poéticamente cantado por Aribáu y por Hubió; á lo lejos, como un sencillo montón de tierra, que parecía que un niño podía saltar, estaba el elevado Tibidabo; el antiguo pueblo de Mo¬ nistrol se me ha presentado como puñado de casitas de un belén ; las torres, las casas de campo, las opulentas masías de las montañas se me han aparecido sólo como cabrillas extraviadas de un esparcido rebaño ; el caudaloso Llobregat, cuyo curso se sigue hasta que des¬ emboca en el mar, lo he visto como una estrecha cinta blanca ; el ru¬ gido eterno de dolor que arrojan sus aguas al romperse en las esclu¬ sas de Monistrol, ha subido hasta mí como una voz débil de los valles; y he visto, en fin, cerrado este majestuoso panorama por la cordillera de los Pirineos, con sus montañas casi inaccesibles y coronadas de nieve, apareciéndose como una triple linea de árabes gigantes envuel¬ tos en sus pardos alquiceles, y cubierta la cabeza con un blanco tur¬ bante. ¡Qué pequeño es el hombre en las montañas. Luís; los hombres somos sólo unas hormigas, unos gusanos, quizá lo más miserable de la tierra!» DE MONTSERRAT 179 CAPÍTULO SÉPTIMO Antigüedad de la iglesia de Santa Cecilia.—Fundación de su Monas¬ terio.—Su incorporación á Montserrat. I Santa Cecilia ermita, ni simple capilla como las que acaba¬ no es mos dedescribir, sino que ha sido un respetable Monasterio de mon¬ jes benedictinos, anterior al de Nuestra Señora de Montserrat. Dista como unos cinco kilómetros de esta gran Basílica ; su iglesia es romᬠnica, sin otro mérito que su mucha antigüedad. Hállase situada en lo menos accidentado de la Montaña y á la parte del Norte. Es opinión común que á poca distancia de esta iglesia existió un castillo llamado Marro, uno de los cinco que en tiempo de la Heconquista se levanta¬ ron en esta Montaña. El abad D. Miguel Muntadas asegura en su historia haber visto desaparecer las últimas señales, y que las personas más ancianas de aquellos contornos le señalaron más de una vez el lu¬ gar donde había existido por muchos siglos, añadiendo que con los años que llevaban de vida le habían visto ir desapareciendo poco á poco. Las noticias más antiguas que se tienen de Santa Cecilia son del año 730, en que abandonado el castillo por los cristianos, cayó en po¬ der de los moros, los cuales lo poseyeron sesenta y más años, porque lo consideraban como llave de la Montaña, al menos por aquella parte. En 797 se lo quitó Cario Magno, haciéndose dueño de la Montaña; y á 22 de Noviembre del mismo año hizo voto de dedicar aquel lugar conquistado á la virgen y mártir Santa Cecilia. Dícese que en el mis' mo campo de batalla hizo donación de todo aquel territorio á Eodulfo, uno de los valientes caballeros que más se distinguió en ella. Muy cerca de esta iglesia hay una roca llamada roca de Carlos, bautizada así por haber estado allí Cario Magno, según reza la tradición. Los descendientes de Eodulfo siguieron al ejército cristiano, y como la guerra no se hacía los castillos, sino en las llanuras, ya en de ahí que el castillo Marro quedó casi abandonado, y en 871 fué ce¬ dida á Ainsulfoy Druda, su mujer, la iglesia y manso contiguo. Viu¬ da Druda en 942, vendió la iglesia y casa, ésta medio arruinada, á un sobrino suyo, llamado Cesáreo, presbítero, junto con su hacienda, 180 NUEVA HISTOEIA lindante al Sur con la roca de Carlos, ad ipsani rocam nominatam Charol. En 943 Cesáreo reedificó la iglesia y edificio contiguo. Obte¬ nida licencia del Conde de Barcelona para fundar un Monasterio en este lugar, y confirmada que fué la fundación por Jorge, obispo de Vich, que le dió algunos bienes ad restaurationcm hujus cœnoUi, empezó Cesáreo á reunir algunas personas para retirarse á lá vida solitaria ; y en 945 dejóacabada la obra de esta fundación. Fué restau¬ rada en obsequio á San Pedro, San Pablo, San Miguel y Santa Ceci¬ lia. Dícese que antes existía una escritura que decía haber hecho esta restauración los mismos Condes de Barcelona, Sunza y Riquilda, su esposa, que se cree fueron ellos quienes dieron el permiso, y además varias rentas sobre los lugares de Engilida y Ortono, como también sobre los castillos de Ortono y Masquefa. II Las noticias anteriores son extraídas de la Perla de Cataluña, es¬ crita por el cronista P. Argaiz, quien añade que en el referido año 945 vinieron monjes de Ripoll á instalar la vida monástica en Santa Cecilia, y que el presbítero Cesáreo quedó dueño y señor de toda la Montaña en 951,y que obtuvo el título de Abad, aunque sujeto al de Ripoll. Seis años después, 957, el obispo de Vich, Valdamino, consagró esta iglesia y confirmó sus posesiones. Dice Villanueva, en su Viaje li¬ terario por las iglesias de España, que el Monasterio de Santa Ce¬ cilia antiguamente la principal Abadía de toda la Montaña. Añaden era algunos autores que el abad Cesáreo fué nombrado arzobispo de Ta¬ rragona, y que los condes de Barcelona, Borrell y Riquilda, su ma¬ dre, le señalaron para su congrua la Montaña de Montserrat, desmem¬ brándola del Monasterio de Ripoll, conservando la Abacia de Santa Cecilia hasta el año 970, en que falleció. Mas no faltan otros que nie¬ gan haya obtenido jamás semejante arzobispado. El abad Cesáreo, sin embargo de tener su congrua en esta Mon¬ taña, no llegójamás á absorber los bienes de las monjas que se halla¬ ban establecidas también aquí; éstas vivían independientemente de lo suyo, hasta el año 986 que fueron trasladadas á Barcelona. El abad de Ripoll, Oliva Capreta, siendo al mismo tiempo obispo de Vich, re¬ clamó la posesión de Santa Cecilia ante Berenguer Borrell, conde de Barcelona, el cual en el año XXVII del rey Roberto, ó sea en 1023, lo declaró sujeto á la Abadía de Ripoll, según dice Villanueva. En 1104 el conde Bernardo Sunyer, su mujer Adelaydis y sus hijos DK MONTSERRAT 181 dieron la iglesia de San Jaime de Marganell, término de Castellvell y Condado de Manresa, al Monasterio de Santa Cecilia. En 1108 se promovió una cuestión muy ruidosa entre los Abades de San Cucufate del Vallés y el de Santa Cecilia. Se pretendía nada menos que este Monasterio debía estar sujeto á aquél. Estuvieron cuestionando y sosteniendo sus respectivos derechos mucho tiempo, sin llegar á nna solución definitiva. Propúsose por fin dejar la resolución de este pleito en manos de sujetos autorizados y de los que más des¬ collaban en aquellos días. En efecto, las personas elegidas fueron los obispos de Vich y Barcelona, D. Arnaldo y D. Ramón respectivamen¬ te, y el Prior del Monasterio de San Adrián de Besós, hoy San Ole¬ gario, y el lugar para reunirse fué el pueblo de Matadepera. Ente¬ rados del objeto de la reunión y discutidas las razones que alegaban las partes litigantes, concluyeron por fallar á favor del Abad de San Cucufate, obligando al de Santa Cecilia á prestarle obediencia. Esta sentencia nos parece muy justa, si recordamos que cuando á instancia del Abad de Ripoll y Obispo de Vich fué restituido el Monasterio de Santa Cecilia al de Santa María de Ripoll por el conde Berenguer I, su hijo el conde Berenguer .11 lo incorporó al de San Cucufate, cuya incorporación fué después confirmada por Berenguer ITI en 1097. Los monjes que solían residir en este Monasterio eran pocos, se¬ gún se desprende de las noticias que hemos ido recogiendo. Existen en nuestro poder algunos actos capitulares realizados en acto de san¬ ta visita, dispuestos todos por la Congregación Claustral Tarraconen¬ se. Empiezan en 14.50 y terminan en 1537. No consideramos conve¬ niente transcribirlos, porque casi todos se reducen á corregir abusos, á fin de afirmar más y más la santa Regla. En 1476 sólo vivían en este Convento el Padre Abad, un monje y un sacerdote secular. Poco más ó menos siempre fueron en corto número. En 1478 fué regalada á este Monasterio una rica custodia por la reina D." María, esposa de D. Alfonso V, rey de Aragón. Más útil creemos será ocuparnos de los Abades que estuvieron al frente de este Monasterio, por las noticias que hemos podido recoger. ¡Lástima queen ninguno de los actos de visita referidos se hubiese consignado el nombre de los Abades que estaban allí presentes, que el abaciólogo de Santa Cecilia no estaría de mucho tan incompleto ! Antes se conservaban en nuestro Archivo algunas escrituras y un Nécrologie manuscrito del siglo XÍV, que desapareció en el incendio del año 1811. De estos documentos, que el respetable Villanueva (1) dice haber visto, resulta el siguiente Catálogo ; (1) Viaje literario por las iglesias de España. 182 NUEVA HISTORIA Cesáreo, primer abad fundador. Según Argaiz murió en el y año 970. Otros dicen que en 981 se hallaba gravemente enfermo. El citadoNecrologio refería su muerte en los siguientes términos: VIII idus Augusti olñit Cesar ms qui grimo fuit ArcMepisco'pus Tarro- con abad D. Andrés de rntriago. En estas circunstancias creyóse conve¬ niente no nombrar otroAbad, sino que asumiese sus facultades con tí¬ tulo de Presidente el propio Visitador. Quiso Dios que poco después fa¬ lleciese también en esta Casa el Visitador, sin haberse adelantado un paso en el camino de la unión. Fué luego nombrado Visitador el obispo electo de Lérida D. Gaspar de la Figuera, muriendo también el 13 de Febrero de 1686. A 8 de Septiembre fué nombrado D. .Tuan de Cardo¬ na, obispo de Vich, quien reconcilió los ánimos amigablemente. A fin de unir las voluntades, hasta entonces tan desgraciadamente divididas, decretó lo siguiente; Que el Abad fuese nombrado no por perpetuidad, sino sólo por trienios y alternativa, esto es, alternando un catalán con un castellano, hasta que en virtud de una Bula del Papa Clemen¬ te VriT, debió ser nombrado el Abad por Capítulo General y Defini- torio. En 1609 no debía aún estar el fuego de la división apagado del todo, cuando el Papa Paulo V, á fin de conformarse con la santa Regla, dispuso: que cada Convento eligiese su Abad.—En 1613 empezaron á gobernar los Abades por cuadrienios, y en 1617 volvieron á ser nombrados por el Capítulo General de Valladolid. Tales son las variaciones ó cambios más notables que hemos ha¬ llado haber ocurrido en este Monasterio, las cuales nada tienen de particular después de tantos siglos que lleva de existencia. ¡ Cuántas instituciones, civiles y religiosas, han desaparecido en este largo es¬ pacio de tiempo! -i -- ' i ''^HH'.-y. í%^^^^·:--;■>"'.··· -.--r. (.^'· .'iv^?*- á. ÁS^f<■:■■•.. ■ ■ :■ ' ,vn/ lí'w - Î. ^ÍE. ■wi'-'í-r ■ iC:j ■7^ñ ÏL ■âfc' ..., C-v. ■í-í^ -> / - ,K ' ? - 4■* >WÍÍ % • , v^n^- . .n > í?"^, •> ^ ^ ,-^:r V ■:¿^M.'SW^Á-m^'^ - Xï J -, , , ^,,Lñ-'í-'','' PR. JUAN GARÍ LIBRO CUARTO CAPÍTULO PRIMERO PBAY JUAN GARÍ.—Su historia.—Su caída.—Su rehabilitación.— Juicio del abad Yapes. —Conclusión. r Nadie, que sepamos, se ha tomado la molestia hasta ahora de es¬ cribir un sencillocatálogo de los varones ilustres que han descollado en nuestro querido Monasterio de Montserrat. Existen en la historia de este Convento figuras de gran magnitud, dignas de ser conocidas y biografiadas, de ellas nos ocuparemos en el presente y siguientes y capitules. Otros hay, que después de haber desempeñado los primeros cargos de la nación, sin embargo, han quedado relegados á la más completa obscuridad. Otros, que obtuvieron las primeras dignidades eclesiásticas, y todo el mundo lo ignora. Otros, que se hicieron nota¬ bles en varios ramos del saber humano, y han sido eminentísimos en las ciencias y en las artes, y tampoco son conocidos. Otros, que pue¬ den figurar entre los primeros escritores del mundo católico, y han tenido la misma suerte. Otros, que han sobresalido en la música^ 14 . NUEVA HISTORIA 202 siendo reconocidos como maestros consumados en el órgano y en la composición, y sólo se ha ocupado un poco de ellos un hijo que fué de esta Escolania, ü. Baltasar Saldoni. Otros, finalmente, que brillaron como estrellas de primera magnitud en el firmamento de la Iglesia por sus virtudes, y que murieron en olor de santidad, el mundo y no los venera, ni España apenas los conoce. El primero de estos personajes que nos parece más digno de ocu¬ par el lugar principal en este catálogo, es el célebre ermitaño /my Juan Oart (1). Estamos plenamente convencidos de que la materia que vamos á tratar es muy delicada, singularmente en los días en que escribimos, y que no todos convendrán con nosotros en que lo vamos á decir; pero no podemos dispensarnos de hablar sobreesté punto, ya que á ser posible demostrar la falsedad del hecho que va¬ mos á sentar, caería por tierra lo que constituye como la base de nuestra historia. Alprincipiarla, estuvimos vacilando sobre el lugar en que debía¬ mos colocar al héroe de nuestra narración; y después de meditarlo mucho, res(dvimos dedicar esta última parte á la memoria de los es¬ clarecidos varones que han inmortalizado el nombre de Montserrat, poniendo al frente de ellos al santo y célebre Ermitaño. II El autor de la Perla de Cafaduna (2), al dar comienzo á la iiisto- ria de Fr. Juan G-ari, dice lo siguiente; "Fué este Religioso déla noble sangre de los godos, y natural de la ciudad de Valencia. Así lo escribe el Hispalense al año 898. /''up natione valentinns ex no- hilissima Jamilia Oottorum. Lo mismo Luitprando en los Fragiñen- tos: JoannesOuarinus ITispanus ex Valentia. Fué varón que por amor á la vida solitaria, escogió el retiro de Montserrat, para darse todo á la contemplación, apartado de su patria, parientes y conoci¬ dos, muchos años antes que la Imagen de Nuestra Señora fuese des¬ cubierta, fiando su vida penitente de aquellos peñascos y riscos, pa- reciémbde (¡ue serian testigos tan incapaces y mudos, que ni aun por señas dirían cosa de sus acciones; pero como las paredes tienen oídos y las zarzas ojos, asi los árboles tienen tantas lenguas cuantas hojas; (1) Nosotros jamás le llamaremos Oartí) ni Gwa/'úi, porque sería castellani¬ zar un apellido catalán. Creemos que en todas las lenguas debe escribirse Gari, apellido puramente catalán. (2) Argaiz, pág. 28. DE MONTSERRAT 203 con que por el año 876 era conocida la persona de Fr. Juan Garí en todos los pueblos vecinos de la Montaña, como lo escribe Luitprando en el Cronicón; Floret in Monte Serrato Sanctus Joannes Guarinus 11eremita... « ^ Esta historia está enlazada con sucesos extraños, y se lee en algunos autores mezclada con fábulas, originadas de haber creído y seguido cronicones y otros papeles apócrifos, por cuyo motivo han llegado á dudar de ella algunas personas juiciosas. N^osotros vamos á autorizar esta noticia, transcribiendo ahora las palabras del reveren¬ dísimo P. Fr. Antonio de Yepes, cronista general de la Orden de San Benito, quien trabajó, con los fundamentos que manifiesta, su Histo¬ ria, haciendo después juiciosa crítica de algunas circunstancias que se han ingerido en la vida de aquel venerable varón, y que cuando menos deben creerse sospechosas. «En tiempo de Wifredo el Velloso, dice el P. Yepes, entre las espesuras de la Montaña de Montserrat, hacía vida religiosa y peni¬ tente un ermitaño llamado Fr. Juan Garí. Su vivienda ordinaria era una hoy día conserva su nombre, hdra muy dado á la ora¬ cueva, que ción, teniendo domado el cuerpo y sujeto al espíritu de tal modo, que j se cuenta de él que no había hecho en su vida pecado mortal. El in¬ fierno aborrece á las personas santas y puras. Concertáronse dos demo¬ nios salidos de él, de procurar por todas las vías posibles luchar con Fr. Juan Gari, armarle tantos lazos, y que viniese á caer y olvidarse de Dios. «El uno de estos demonios tomó semejanza de un ermitaño anciano y venerable, y cuando se encontró con Gari, le dió á entender que había muchos años vivía en aquella soledad, pero que con el grande recogimiento y clausura no había tenido noticia de tan buen compa¬ ñero como residía en la Montaña. Mostróse apesarado de no haber te¬ nido comunicación con él, y ofrecióle de allí adelante su consejo, siem¬ pre que Fr. Juan Garí se quisiese aprovechar de él. El otro demonio se fué á Barcelona, y por permisión del Señor, se apoderó del cuerpo de una hija del conde "Wifredo el segundo, llamada Riquilda. Maltra¬ taba el demonio á la doncella, y traíala muy afligida. Su padre el ^ Conde se entristeció y sintió esta desgracia, como era razón. Hizo que diferentes siervos de Dios con exorcismos y conjuros expeliesen al demonio. Dió en decir que no se iría, ni dejaría la posesión de ella, si no es mandándoselo Fr. Juan Garí, varón santo, que pasaba su vida en Montserrat, pretendiendo el engañador con esto poner en ejecución la traza, que estaba ordenada en el infierno, para destruir la santidad y pureza de Garí. El Conde se informó de quien era aquel 1 NUEVA HISTORIA â04 Ermitaño, y teniendo muy grande relación de él, él mismo en persona visitar á la ermita, llevando consigo á su hija, y muchos le fué á cria¬ dos que les acompañaban. de su venida, y Dijo al Ermitaño el intento pidióle encarecidamente suplicase á Dios diese salud á su hija. Fray Juan Gari se compadeció de ella, é hincado de rodillas en el suelo, con grande devoción y lágrimas suplicaba á Nuestro Señor tuviese por bien de librar aquella criatura de la tiranía del enemigo. Nunca el demonio salió de tan buena gana de algún cuerpo humano como esta vez, para que el Ermitaño se ensoberbeciese, ejecutando obra tan grande delante de tantos testigos y tan calificados. iiY persuadióse el Coude á dejar su hija eu aquel lugar por nueve días; porque también algunas veces, siendo conjurado el demonio, ha¬ bía dichoque sólo Fr. Juau Garí le podía hacer dejar la posesión de la doncella; pero que apartándose de él, había de volver á fatigarla. Esto movió al Conde á que pidiese á Garí que, por lo menos, por nue¬ ve días tuviese á su hija consigo, para que ella quedase de todo punto remediada. Sintió mucho esta demanda el Ermitaño; dió muchas razo¬ nes para excusarse; la soledad que había profesado, el impedimento que tendría en la oración, la angostura de la cueva estrecha; pero hizo tanta instancia el conde Wifredo, que Garí hubo de condescen¬ der con su pretensión. "Fuése el Conde y su compañía á Monistrol, y el inadvertido Ermi¬ taño se quedó con la doncella á solas, bien descuidado de las estrata¬ gemas y asechanzas del enemigo; y con tanta simplicidad parlaba con la doncella, y la enseñaba el camino del cielo, cómo había de ordenar su alma, qué oraciones había de decir para agradar más á Dios Nues¬ tro Señor. "Vieron los demonios que ya esta era buena ocasión para acometer¬ la;y no queriendo perder tal coyuntura, comenzaron á encender su alma cou amor lascivo y deshonesto. Hacían instancias, dábanle bate¬ ría con diferentes pensamientos, de que se maravillaba Fr. Garí, como hombre poco experimentado en semejantes trances. Viéndose afligido y fatigado, y apretándole demasiado aquel cruel pensamiento, santi¬ guábase, rezaba y armábase con buenas consideraciones; pero viendo que nada de esto le aprovechaba, y que el fuego crecía, determinó ir á visitar al Ermitaño, su vecino, de cuya conversación estaba pagado y satisfecho. Fuese para él, dióle parte de sus trabajos y tentacioues. Díjole como los remedios que había aplicado no le aprovechaban ; y que el mejor y más prudente le parecía huir de aquella ocasión, y así se venía á consolar y remediar con su presencia. El demonio con mu¬ chas razones le persuadió á que ninguno merecía ser coronado, sino DE MONTSERRAT 205 el que vence grandes dificultades, y que el cristiano que solamente es bueno y no lia sido tentado, tendra poca gloria; y por el contrario, será grandísima la de aquel que viéndose en grandes peligros, los contrasta y alcanza victoria de ellos. Algún tanto se consoló Fr. Juan con los consejos del falso Ermitaño, creyendo de sí que sería bastante para resistir á esta tentación. Pero como volviendo á la ermita se vie¬ se abrasar llamas, cuando los criados del Conde vinieron á en nuevas visitará suhija, les decía que ya estaba sana, que bien la podían lle¬ var, y otras veces le venía al pensamiento que era mejor echar á huir y poner tierra en medio; pero el falso Ermitaño le detenia y so¬ segaba. «No sé cuantos días anduvo G-ari luchando con estos pensamientos y tormenta; noche crecieron tanto las olas, que olvidado el pero una triste Ermitaño de las obligaciones que tenía y del temor de Dios, vino á consentir en un pecado carnal, y por fuerza deshonró la don¬ cella y se apoderó de ella. Luego le embistió la tristeza y confusión de ver el estado en que había caído, y consideraba que siendo antes amigo de Dios, se había ahora empantanado y encallado en una sen¬ tina de miserias. Fuése para el Ermitaño vecino, y con harta vergüen¬ za le contó el caso, pidiéndole remedio. El demonio, deseando que fue¬ se la soga tras el caldero, encareciéndole el pecado, y no tanto por la gravedad, cuanto si viniese á ser público y manifiesto. «Estás en «buena reputación en esta comarca; si la doncella vive, no es posible «encubrir este negocio ; tendría por mejor que la quitases la vida, para «que un caso tan feo no dé estampido por toda la tierra.» Ciego ya fray .Juan Garí con el primer pecado, con su peso se inclinó á otro mayor, y de hecho puso en ejecución el malvado consejo del falso Ermitaño, y degolló á la doncella. Después, para que no fuese hallada, hizo una sepultura en lugar acomodado, y en ella la enterró, y luego dió parte de lo que había hecho al Ermitaño. El demonio, pensando hacerle desesperar, le representó primero su buena vida y después su gran caída, y afeó el caso de manera, que si Dios no tuviese de su mano á .Juan Garí, él se despeñara por aquellas cuestas abajo, ó se metiera un puñal por los pechos, pero miróle Su Majestad con ojos de mise¬ ricordia. «Cayó Garí en la cuenta de los graves yerros que había hecho, y con un dolor increíble, derramando lágrimas, y despidiendo del pecho infinitos gemidos y solloz.os, pedía á Dios perdón de sus crímenes y excesos. Determinó ponerse en camino para Eoma, así pai'a huir de las manos del Conde, como para confesar sus pecados á los pies del Papa. Con brevedad se partió, presentóse ante el Sumo Pontífice, con- 206 NUEVA HISTORIA fesó su caída y graves pecados, y dicen que Su Santidad le perdonó, y que le puso por penitencia que nunca mirase al cielo, á quien había ofendido; y pues como bruto animal se había dejado llevar de su sen¬ sualidad y torpeza, que anduviese con las manos en el suelo, y nunca solevantase, hasta que por Dios le fuese revelado que ya le perdona¬ ba sus pecados. Volvióse Garí á la misma Montaña de donde había salido, y como era tan grande el dolor que sentía de las ofensas que había cometido contra Dios, tratábase con tanta aspereza, (pie comía hierbas del campo. No teniendo cuidado de cubrir su cuerpo, gastados los vestidos, quedó desnudo, y con el tiempo le vino á crecer el se pelo de tal parecía hombre, sino un animal salvaje. manera, que no "Sucedió que un día el conde Wifredo se quiso irá cazar á la Mon¬ taña de Montserrat, entre aquellas breñas y espesuras. Llevóse perros y criados, y con mucho aparato se fué por la ribera del río Llobregat, que baña la falda de aquel Monte y rodea parte de él. Llegado allá, se pusieron los cazadores en ala, soltaron los perros, y comenzaron á querer descubrir la caza. Discurriendo por enti'e aquellas breñas, su¬ bieron hasta emparejar con la cueva en donde estaba Fr. Juan Gari, haciendo rigurosísima penitencia. "En llegando los perros á ella comenzaron á dar grandes ladridos. Los cazadores, que los iban siguiendo, pensando que ya habían ha¬ llado alguna presa, se acercaron á donde oían el ruido que hacían los perros. Hallaron en la cueva á Fr. Juan, tan feo, tan desfigurado y cubierto de un tan largo pelo, que no parecía hombre, sino semejan¬ te á los animales; pues no hablaba, no se levantaba sobre los pies, y estaba tan asqueroso, que no se le veía rastro de razón ni entendi¬ miento. Maravillados del caso, dieron cuenta al Conde del salvaje que habían hallado. Wifredo les mandó que se lo trajesen si lo podían cazar, porque los criados no se atrevían entrar dentro de la cueva. Estando ya juntos, se hecharon dentro, y como no hallaron resisten¬ cia, le ataron y llevaron delante del Conde, y de allí á Barcelona, maravillándose todos los ciudadanos de ver un monstruo semejante. Le pusieron en una caballeriza, que otros llaman el zaguán déla casa, á donde iba á verle el pueblo. La historia que acabamos de referir, á pesar de ser en extremo larga, no es más que la primera parte, á la cual no haremos ninguna observación, dejándolo para el fin, que podrá ser más apreciada,» DE MONTSERKAT 207 TTT Continuemos la historia del célebre Ermitaño, copiando lo que de él dice el notable historiador y cronista Fr. Antonio de Yepes. Hasta aqui hemos visto caer al venerable Ermitaño. Vamos ahora á descri¬ bir el modo como se levantó. Habla el P. Yepes, y dice; «Habia la Condesa, mujer de Wifredo, tenido un venturoso parto de un hijo ; y por la alegría de este feliz acontecimiento, hizo el Conde un solemne convite á los grandes y principales de su corte ; y para darles más contento, mandó traer el salvaje, para que fuese visto de todos. De la mesa le echaban pedazos de pan que tomaba y comía, y como la fiesta se hacia por el niño que había nacida, quiso el Conde que le tra¬ jesen delante de aquellos caballeros. Yino en brazos de su ama, y tendría como tres meses de edad. Estando en la sala donde se hacía el convite, puso los ojos el niño en el salvaje; y el Señor, que es po¬ deroso para desatar la lengua de los infautes, dió palabras formales á la de este tan pequeño, y oyéndolo todos, pronunció clara y distin¬ tamente las palabras siguientes: Levántate, Fr. Jimn Garí, leván¬ tate y está derecho, qiœ Dios te ha perdonado tus pecados. Enton¬ ces, el que era tenido por salvaje, levantándose de la tierra donde estaba postrado, hincó las rodillas delante de todos, puso las manos levantadas y los ojos al cielo, y comenzó á dar infinitas gracias á Dios Nuestro Señor, que tan soberana merced le había hecho. Los Condes, los convidados y ministros estaban como absortos y embelesados, vien¬ do dos cosas tan extraordinarias y raras en un punto, porque á un tiempo hablaron el niño de-tres meses, y el que era tenido por salva¬ je y bruto. Levantóse Fr. Juan Gari del lugar en que estaba, y pues¬ to en frente de los Condes y convidados, contó todo el caso como arri¬ ba lo dejamos referido, no encubriendo sus tentaciones, sus caídas, sus desalmamientos y olvido de Dios, y juntamente la merced que Su Divina Majestad le había iiecho, prometiéndole el perdón por la boca del Papa, lo cual veía cumplido milagrosamente, como todos los pre¬ sentes habían sido testigos. Llegando á este punto, mirando al Con¬ de, le dijo Gari : "El malhechor, el homicida de la inocente doncella, «yo soy; una y muchas muertes merezco por semejante pecado; aqui "ine presento como delincuente, para que se ejecute en mi cualquiera "áspera sentencia, que ninguna será tan cruel que no la merezcan mis ..insolencias y excesos.» En cesando Fr. Garí de hablar, pudieron re¬ sollar los circunstantes, que estaban como suspensos y pasmados sin 208 NUEVA HISTOKIA menearse, colgados de su boca. El Conde, con discreta consideración, nosólo no vengó, ni castigó la muerte de su hija, sino antes le hizo se mucha honra, y mandó aliñar y vestir, juzgando que á quien Dios ha¬ bía perdonado, y el que en tribunal mayor era dado por libre, en los menores no se podia conocer la causa. fíDe ahí algunos días, rogó el Conde á Fr. .Juan le mostrase el lu¬ gar donde había enterrado á su hija, para darle honrada sepultura, y de camino, dijo que quería ir á visitar la Tmagen de Nuestra Señora, que pocos dias antes se halló eii aquella Montaña, para quien estaba edificada una ermita. Pusiéronse en camino, y llegando donde hizo asiento Nuestra Señora, la dieron{obediencia, y en haciendo oración, guió Fr. Juan Garí al Conde al lugar donde estaba enterrada su hija. Aquí renovó Nuestro Señor las maravillas ; porque por merecimientos de la Virgen María, á la doncella hallaron viva, sana y hermosa. Y para muestra del milagro, se vió en ella la señal que había hecho el cuchillo, en forma de un hilo de seda de grana. Bien se deja entender el gran contento que el Conde y Fr. (larí recibirían, de ver con vida á la que pensaban que estaba muerta muchos días había. "Wífredo, muy contento, mandó llevar la hija á Barcelona para po¬ nerla en el estado que merecía; pero ella no se quiso ir de la Monta¬ ña, suplicando al padre que en aquella ermita que se estaba edifican¬ do á Nuestra Señora, fabricase un Monasterio, donde ella y otras vírgenes se consagrasen al servicio de la Reina del cielo. El padre gustó de satisfacer á la voluntad de su hija; hizo un Convento de monjas de la Orden de San Benito en aquel lugar, las cuales trajo de San Pedro de las Puellas, ilustre Monasterio de la ciudad de Barce¬ lona. En el nuevo de Montserrat se vivió con mucha observancia, y la hija del Conde fué Abadesa en él, y gobernó santa y prudentemen¬ te aquella Casa, donde Fr. Juan se ofreció al servicio de ella, y pro¬ siguiendo siempre en hacer penitencias y vida religiosa, le llevó el Señor de esta vida para darle la eterna.» Hasta aquí son palabras del referido P. Yepes. Veamos ahora el criterio del mismo Abad sobre la historia que acabamos de escribir. IV En esta historia, dice Yepes, hay cosas muy ciertas, otras no tan¬ to. Lo muy cierto es, que el principio del gran Convento de Nuestra Señora de Montserrat, que hay ahora, tuvo su origen de un Monas¬ terio de monjas, que en aquel lugar guardaban la Regla de San Be- DE MONTSERRAT 209 nito, y servían á la Santa Imagen; y luego comenzó á ser celebrada y respetada en toda Cataluña, en el cual estuvieron hasta el año 976, cuando Borrell era conde de Barcelona, que pasó las monjas de Mont¬ serrat á Barcelona, y las redujo á su antiguo Monasterio, de donde habían salido, y en su lugar llevó el Conde monjes, que guardasen tam¬ bién la Regla de San Benito, sacados del insigne Monasterio de Santa María de Ripoll, que era muy estimado en aquellos tiempos. De esta mudanza, de haberse convertido el Monasterio de monjas en varones, halloen los autores dos modos diferentes de decir. Unos afirman que Nuestra Señora comenzó desde luego á hacer los infinitos milagros que ha proseguido por tantos siglos ; y que asi acostumbraron muchas gentes de la comarca y otras provincias á frecuentar aquella santa Casa ; y la Abadesa y las monjas no eran suficientes para recibir y hospedar tantos peregrinos como cada día acudían ; y asi fué necesario mudar las Religiosas y traer monjes de Ripoll, cuya era en propiedad la Montaña de Montserrat y las iglesias que en ella estaban edifica¬ das, con otras muchas haciendas y posesiones. Otros dicen que en tiem¬ po del conde Borrell, se atrevieron de nuevo los moros á entrar por tierras deCataluña, y iiacer estrago y daño por toda la provincia, y que las monjas de Montserrat corrían riesgo y peligro estando en aquella Montaña; y asi pareció conveniente llevarlas á Barcelona, donde estu¬ viesen más defendidas y seguras. Estas dos razones no se contradicen la una á la otra, antes es muy verosímil, que viendo el Conde por una parte los muchos peregrinos que acudían, y por otra parte que los moros hacían tantas entradas en Cataluña, se resolvió de pasar las monjas á puesto más acomodado y seguro, cual era el de San Pedro de las Fuellas. También cierta, y en que no se puede poner duda, que en es cosa aquella Montaña tiempos antiguos hubo un santo ermitaño llama¬ en do Fr. Juan G-ari, que por pecados grandes que cometió, hizo muy áspera penitencia, y son testigos de esta verdad la tradición de aque¬ llas Montañas y de toda Cataluña; y una cueva que hoy día en Mont¬ serrat conserva el nombre de este ermitaño, llamándose la cueva de Fr. Juan Gari; y estar sus huesos en parte decente, y conservados como de algfiu Santo, y hallarse después en escrituras de la Casa nombres de Gari en los ermitaños de la Montaña. Todas estas razones convencen á que creamos que hubo allí varón santo de semejante nombre. Los demás sucesos, si bien prodigiosos y desacostumbrados, los cuentan muchos autores, como son Marieta, enel Volumen de los Santos de Esparta, y Fr. Antonio Vicente Domènech, en la Historia general de los Santos y Varonesprincipa.les en sa.ntidad d.el Princi- 210 KUEVA HISTORIA pado de Cataluña, y Fr. Francisco Diago, en la Historia de los Con¬ des de Barcelona. También nuestros monjes de Valladolid, cuando en 1493 tomaron posesión de aquella Casa, hallaron en el Archivo un libro muy antiguo de pergamino donde estaba escrita la historia de Fr. Juan G-arí. Jluéstranse también dos cuevas, una que llaman de Garí, y otra del Diablo, que hacen alusión á lo que se ha dicho del falso ermitaño que engañó al Santo. Y lo que más es, en la ciudad de Barcelona, en los palacios que fueron del conde Wifredo, calle Condal, se ven unas imᬠgenes hechas de piedra ; una que representa el ama, que tiene el niño en los brazos, y otra de Fr. Juan Garí, que está puesto de rodillas. En el claustro del Monasterio de Montserrat está un retablo de pin¬ tura antigua, en que se muestra cifrada la historia referida. Este se puso ha más de trescientos setenta años, y en él se mues¬ tra con letras grandes, escrito en lengua lemosina, en donde se leen todos los sucesos que atrás dejamos señalados, que por no cansar al lector no le traslado en el presente lugar. Sólo pondré la cabeza de la inscripción y la fecha. .¡En el present retaule, dice, es contenguda breument la historia ó vida de aquel devot é singular Ermità Erara Joan Garí, lo qual inspirat de la gracia del Esperit Sant venech fer penitencia en la present Montaña de Montserrat, é principià lo pre¬ sent Monastir, sots invocació de Madona Santa Maria, en lo qual glo¬ riosament finá sos días.» Y concluye esta escritura año MCCXXXfX. Todos estos autores que he alegado, y circunstancias que he traí¬ do, hacen muy verosímil esta historia; y si bien por estar mezclada con infinitos prodigios y extrañezas se les hace á algunos dificultoso de creerla, con todo eso, cuanto á la sustancia tiene mucha certeza y verdad, aunque algunas circunstancias sean no tan creederas; como es decir, que el Papa le puso en penitencia que anduviese como bruto animal, y que en cuatro años vino á gatas desde Roma, y que los ca¬ zadores pensaron que no era hombre, y otras cosas á esta traza que se suelen mezclar entre las muy verdaderas y ciertas. Yo he contado la historia así como hasta ahora ha corrido, poniendo todos los acae¬ cimientos raros y desusados, que se han visto, sin quitar ni añadir alguna cosa en ellos. Y aunque siempre que puedo, huyo de contar semejantes extrañezas, que el pueblo recibe con grande aplauso, con todo eso he ingerido aquí la vida del ermitaño Garí, porque en sus¬ tancia la tengo por verdadera, y les agrada á muchas personas doctas y graves ; si bien que algunas menudencias se pudieran reformar en ella... DE MONTSKREAT 211 V Después de lo magistralraente acaba de decir un escritor que tau tan respetable el P. Yepes, ¿qué diremos nosotros para poner como término á este capítulo? ¿Qué podremos añadir á sus doctísimas re¬ flexiones sobre la persona de Fr. Juan Garí? Sólo pondremos á con¬ tinuación algunos nuevos datos, que acabarán de confirmar una vez más el juicio anterior. Al tratar de este venerable Ermitaño, el autor de la Biografía Eclesiástica ha sabido condensar en muy pocas palabras toda la materia que acabamos de escribir y de cuanto más pueda decirse so¬ bre su persona. He aquí como se expresa en el articulo titulado fray Juan Oarin: "Ved ahí, dice, uno de aquellos personajes, históricos en el fondo, pero fantásticos en las formas y circunstancias, que revelan todo el colorido de una época, y fijan, como aquellos monumentos antiguos y venerables, el origen de una larga serie de hechos, que, encadenados por la historia, equivalen, por decirlo asi, á una crónica interesante y de universal celebridad.'^ De modo que con esta tan breve y lacónica descripción queda com¬ pletamente historiada la memoria del célebre penitente, sin necesi¬ dad de acudir á nuevos recursos para comprobar y autenticar su vera¬ cidad histórica. Sin embargo, no queremos privar á nuestros lectores del gusto de saborear las siguientes reflexiones, que acaban de dar el golpe de gracia á aquellos que, después de lo referido, tengan valor aun para dudar de la verdad del inmortal Ermitaño de Montserrat. Gran argumento debe ser que una larga ti-adición de más de diez siglos haya creído y enseñado siempre una misma cosa. Esto es lo que sucede en la persona de nuestro venerable anciano. De los pocos escritos que nos han quedado después del tantas veces referido in¬ cendio, resulta que todos fijan la muerte de este santo varón á 21 de Mayo del año 898, y añaden que fué sepultado en su misma cueva. Dicen también, que siete años después, en 905, fué exhumado su cuerpo y bajado al templo antiguo, donde fué enterrado á la entrada del mismo, cerca de la puerta. Que en 1608 fueron recogidas sus san¬ tas cenizas y colocadas dentro de una preciosa urna detrás del altar mayor, donde estuvieron hasta la venida de las tropas de Napoleón, que desaparecieron para siempre. Se sabe que el público le ha tenido y venerado como Santo, y que esta devoción ha permanecido siempre. 212 NUEVA HISTORIA sin que los trastornos políticos, ni circunstancia alguna hayan podido borrar su memoria. Que su antigua cueva donde vivió y murió nunca ha dejado de ser visitada por gran parte de los devotos romeros que vienen á Montserrat. Que siempre, y en todos tiempos, ha sido tenido en opinión de Santopor los monjes de este Monasterio. Que ellos mis¬ mos han sostenido y fomentado su devoción. Que de tiempo inmemo¬ rial han hecho grabar su vida en la piedra y en madera. Que antes existían unos bancos en el coro bajo, donde se reunia la Comunidad en determinados días, en los cuales había esculpida la historia de es¬ te santo Ermitaño. En vista de tales datos y razones, nos parece que ninguno de nuestros lectores se atreverá ya á calificar de simple leyenda en su fondo la historia de nuestro gran personaje. Confesemos, pues, franca¬ mente, mucho más racional es sujetar nuestra razón á la luz de que tantos argumentos que militan á su favor, que negarla rotundamente no más que porque sí. CAPÍTULO SEGUNDO PBAY MARCOS DE VILLALBA.—Prendas personales de Fr. Mar¬ cos de Villalba.—Razones del Abad de Ripoll defendiendo su anti¬ guo Priorato.—Defensa de Montserrat contra las pretensiones de Ripoll. 1 Fué D. Marcos de Villalba muy noble y de ilustre sangre, cuyo antiguo solar es el castillo llamado de Villalba, junto á la villa de Cardedéu, á una legua de Granollers y cuatro de Barcelona. Después de una carrera muy brillante, en la que demostró las grandes cuali¬ dades y talento de que Dios le había dotado, tomó el hábito de San Benito en el Keal Monasterio de Santa María de Ripoll. Por su cien¬ cia yvirtud mereció verse elevado á la dignidad Abacial de dicho Monasterio, precisamente en la época en que Montserrat y Ripoll lu¬ chaban con firmeza sobre si había ó no llegado la hora de declararse este Santuario libre de la sujeción y dependencia de aquél. Precisa- DK MONTSERRAT 213 mente crítico, en circunstancias llegó esta cuestión á su períoclo más por otra parte tristes y deplorables, pues que tres Papas se disputa¬ ban la supremacía de la Iglesia. España y Francia seguían al Papa Benedicto XIII, en tanto que el Prior que habia en Montserrat, fray Vicente de Eibas, prestaba á otro su obediencia. Esto fué causa de que voluntariamente renunciase su Priorato. Vacante este destino, vino en persona á ocuparlo el abad de Ripoll D. Marcos de Villalba, de quien se podia temer sería el más fuerte rival contra las aspira¬ ciones de Montserrat. No obstante, lejos de ser así, sucedió todo lo contrario. Durante el gobierno del Abad de Ripoll, vino ávisitar este San¬ tuario el Papa Benedicto XIII, acompañado de doce Cardenales de su obediencia, y como viese aquella milagrosa y devota Imagen, quiso honrar y engrandecer su templo y Monasterio, erigiéndole en Abadía y condecorando á su Prelado con título de Abad, con to¬ das las insignias y preeminencias de los demás Abades ; y por no quitarle del todo á Ripoll lo que habia tenido, fué, como arriba di¬ jimos, con estas condiciones: 1." Que la elección de Abad se hiciese por los monjes del mismo Monasterio, y pudiese usar mitra, anillo y báculo pastoral. 2.° Que el Abad de Ripoll tuviese voto en la elección, y su voto valiese por seis. 3." Que el Abad tuviese obligación de sus¬ tentar doce monjes y doce sacerdotes seculares, los cuales en el Mo¬ nasterio celebrasen los divinos Oficios. 4." Que el Abad tuviese asi¬ mismo doce criados, para servir á los huéspedes y peregrinos. 5." Que sustentase doce ermitaños para las ermitas; y finalmente pudiese dar el hábito y profesión, según la observancia de la Orden que profesa. Concediendo al Abad punición y corrección de monjes, clérigos y er¬ mitaños, gente del Monasterio y vasallos. Datum Per'piniani V Idus Junii anno MODX. Y aunque el Concilio Constanciense depuso á Benedicto por cismᬠtico, en 1417 revalidó todo lo que había despachado en el tiempo que estuvieron á su obediencia estos reinos. En virtud, pues, de la men¬ cionada Bula, los monjes eligieron por Abad al que era su Prior fray Marcos de Villalba, varón esclarecido en virtudes, letras y obser¬ vancia. Cuando no por otros títulos, sólo por haber conseguido que el Abad y la dignidad Abacial de Montserrat quedasen libres curn omni- lus suis memirís el personis al ornni scrvitutis onere, vísitatio- ne, jurisdiclione, dominiis, ct potcstate dicti Ablatis de Rivipullo, exemptaquc prorsus, sólo por esta gracia tan particular, tenía bien merecida la mitra y el báculo de este Monasterio. Con esto entró en la unión de las demás Abadías del Principado y Congregación Tarra¬ conense y Cesar Augustana, que nunca pudo alcanzar. 214 NUEVA HISTORIA Eran tales y tantas las prendas de este abad Villalba, que don Alonso, de Aragón y de Nápoles, le envió de embajador á la San¬ rey tidad de Martín V, embajada que desempeñó á gusto y satisfacción del Monai'ca. Mas no paró aquí la confianza depositada en el saber y prudencia del Abad de Montserrat. Escribe Zurita, que para la elec¬ ción del Rey de Aragón, por muerte del rey D. Martin, uno de los embajadores nombrados por este Principado de Cataluña, fué fray Marcos de Villalba.—Cuando los Pi'elados de Cataluña se reunieron en Concilio en la ciudad de Barcelona, para tratar de la extinción del cisma que durabamuchos años, la persona que consideraron más ya digna de ocupar la presidencia y representarles, fué la noble persona de D. Marcos de Villalba. En fin, era en su tiempo este Abad de Montserrat una de las primeras figuras de nuestro Principado. n Ya que á la diligencia y se de¬ nobleza de Fr. Marcos de Villalba bió que Montserrat alcanzase su completa independencia del Monas¬ terio de Ripoll, quiero poner aquí, para mayor gloria suya, las dili¬ gencias que se hicieron y razones que se alegaron por una y otra parte. Empecemos por una petición que hizo el rey D. Pedro IV al Sumo Pontífice Clemente, que es del tenor siguiente; «BeatísimoPa¬ dre: Pedro, rey de Aragón, vuestro devoto hijo, suplica á Vuestra Santidad, que por cuanto es asi, que el Priorato de Santa Maria de Montserrat se gobierna por Prior, sujeto al Abad del Monasterio de Ripoll, y es lugar de grande devoción donde acude multitud de fieles por devoción y causa de los milagros que allí obra la gloriosísima Virgen María, socorriendo á los que le piden su favor y amparo ; y tiene tan abundante renta cada año, que el Abad que allí estuviere puede vivir honrosamente, y aumentar el número de los monjes, con que no podrá en caso alguno entibiarse y disminuirse la devoción, sino aumentarse la que se debe á esta Reina, que tan particulares gracias y favores hace. Suplica, pues, á Vuestra Santidad, tenga por bien de levantar el dicho Priorato á dignidad Abacial ; de tal modo, que de aquí adelante se gobierne perpetuamente por Abad, que sea electo del mismo Monasterio, y que el Prior, que ahora lo es, pueda ser bendito, y mandar al Diocesano le bendiga, y aumente el número de los monjes, consideradas las rentas anuales, con todas las demás consideraciones, non olstantibus clausulis oirportunis. Dios guarde la santa persona de Vuestra Santidad por muy largos años. Junio 13, año quarto del pontificado de Clemente." DE MONÏSEEEAÏ 215 Respondió Su Santidad, sometiendo la información al Obispo de Barcelona por este decreto CommiU-itíiT Eflscojio Barcinonensi: : qui vocatis rvocaiidis informet se de comm.odo et incommodo, ct aliis circumstantiis. Et de valore Prioratus, et quale damnum fa- teretur Monasterium Rivopolli, et référât. No pudo ser esto tan oculto, que no llegara á noticia de los monjes de Ripoll, 3' tantas di¬ ligencias hicieron, que obligaron al rey D. Pedro escribir al mismo Pontífice en el año 1345, pidiéndole que incorporase este Priorato en la persona del Abad de Ripoll, con la cual se cerraría la puerta á las pretensiones de los monjes de Montserrat, y así lo hizo en nna carta muy larga que va inserta en el Apéndice n.° 7. En esta carta se ve claramente que los monjes de Ripoll con sn influencia, inclinaron hacia sí el ánimo del Rey, hasta hacerle repre¬ sentar un papel ridículo, deshaciendo hoy lo que hizo ayer, pues que la carta á que nos referimos es enteramente contraria á la primera que va insertada más arriba. Las razones que los monjes de Ripoll representaron, son las siguientes; 1." Que su Convento es muy anti¬ guo y anterior al de Montserrat. 2." Que es el Monasterio de la Coro¬ na de Aragón que tiene mayor número de monjes. 3." Que es el lugar donde se celebra con más magnificencia el culto divino, y se observa mejor la Regla de San Benito. 4." Qne los monjes de Ripoll ejercen la hospitalidad mejor que otra Casa alguna. 5." Que por esta causa dieron Montserrat con sus iglesias á Ripoll los Reyes de Aragón. 6.° Que la unión de Montserrat con Ripoll ha sido confirmada por mu¬ chos Papas. 7." Que siempre estuvieron sujetos á Ripoll el Prior, el Priorato, monjes, clérigos y donados. 8.° Que de tiempo inmemorial el Abad y Convento de Ripoll han puesto los monjes en Montserrat para el servicio de la Virgen. 9." Que la institución y nombramiento de Prior ha sido siempre privativo de Ripoll. 10. Que el Abad de Ripoll ha tenido siempre jurisdicción sobre el Prior y el Priorato, de la mis¬ ma manera que sobre los monjes y Convento propios. 11. Que los agraviados tienen recurso de apelación al Abad, que es quien deputa los jueces para terminar los pleitos. 12. Que su Convento es de los más antiguos, que es repetición de otra. 13. Que en tanto es más honrado aquel Monasterio, en cuanto es señor de Montserrat. 14. Que por esta misma razón está exento de la jurisdicción ordinaria y suje¬ to tan sólo á la Silla Apostólica. 15. Que toda la grandeza de Ripoll le proviene de poseer este Priorato, sin el cual sería poca cosa. 16. Que Montserrat contribuye por mitad á las cargas de Ripoll, y que de otro modo tendría é.ste que cargar con el todo. 17. Que pose3'endo este Priorato, el Abad de Ripoll y sus acompañantes son recibidos con 216 NUEVA HISTORIA honor cuando visitan el Convento, haciéndoles la costa. 18. Que aunque la visita fuese de simple recreo, debía ser honrado y servido por obli¬ gación y no por pura voluntad. 19. Que el Prior debía sustentar de cuenta propia los escolanes, y dar ciento veinte libras al campanero que tocaba en tiempo de tempestad. Al mayordomo segundo catorce maravedises de oro, por un aniversario fundado por Bertrando de Bacco, abad que fué de Ripoll y prior de Montserrat. Quince libras parala congrua de un capellán que puso en Ripoll el abad D. Ramón de Vilaregut. Veinte libras para el sustento de dos luces, que ha¬ bían de arder siempre delante la imagen de María de Ripoll. Doce sueldos por doce cirios que ardían en el altar. Ciento cincuenta por un aniversario. Doce para los que asistían á Completas. Todos estos honores venían á perderse. 20. Que Montserrat se hallaba muy atra¬ sado en el pago de estas cuentas. 21. Que el Abad de Ripoll no tenía de renta más que veintidós mil sueldos. 22. Que las rentas del Con¬ vento eran muy pocas para sostener tanta grandeza. 23. Que compa¬ decidos de tanta necesidad algunos Priores habían adelantado pagas al Abad. 24. La última razón que alegaban era, que de erigirse en Abadía este Priorato, resultaría muy perjudicada la Abadía de Ripoll. Examinadas sin pasión las razones que acabamos de exponer, no parecen ser de mucho peso. Sólo su provecho particular era el mo¬ tivo que alegaba el Convento de Ripoll para resistir tenazmente á que Montserrat fuese Abadía. Ya en el prólogo de su exposición empeza¬ ban diciepdo, que los fundadores de Ripoll fueron personas de calidad y nobleza, que los Condes de Barcelona estaban sepultados en su iglesia, que había obtenido muchas gracias y favores de los Sumos Pontífices; y concluían amenazando, que Dios no gustaba de noveda¬ des, en prueba de que muchos de los Priores que habían movido plei¬ to sobre lo mismo, no sólo no lo habían conseguido, sino que por jus¬ tos juicios de Dios habían tenido muertes arrebatadas, lo que dejan por probar. ni A lo que parece, noserían las razones alegadas por los monjes de Ripoll las que modificaron el parecer del Rey, sino más bien el predomi¬ nio que tenían en aquellos días. Veamos, pues, ahora los motivos que tenía Montserrat para pretender con tanta insistencia el cambio de Priorato en Abadía. La primera razón que alegaba era, porque de ser así, el culto divino aumentaría ; pues es cierto que en los Monas- DE MONTSERRAT 217 teños donde el Superior está revestido de la dignidad Abacial, el Ofi¬ cio divino se celebracon mayor orden, puntualidad y magnificencia. 2.° Por el bien común de la República, porque los Abades en Catalu¬ ña tienen voto en las cosas que pertenecen al bien del rey y del reino, y cuantos más votos Imbiere y más consejeros, más cierto y seguro es el acierto. 3.° Porque los bienes muebles y raíces de los dos Monas¬ terios son tantos, que no basta un solo Procurador para cuidar de ellos, sino que sería necesario que cada Monasterio se lo tuviese de por sí. 4." Porque la unión con Ripoll es en perjuicio y destrucción de la observancia regular, pues por experiencia ciertisima se sabe, que só¬ lo está la observancia de la Regla en toda su fuerza, cuando hay Abad propio entre los monjes; y por el contrario, cuando no lo tienen viven como cuerpo sin cabeza, ó sea, como ovejas sin pastor. 5.° Para la mayor erudición y doctrina de los monjes, porque teniendo Abad pro¬ pio, cuidará de dar el hábito á los más dóciles y de mejor ingenio y de más ciertas esperanzas para el servicio de la Religión ; y ellos es¬ tudiarán más para obtener premios; cosa que es imposible teniendo el Abad á distancia y separado de ellos. 6." Por(]ue es conforme al derecho común, que creciendo los bienes temporales, crezca también el número de los monjes ; y como este Monasterio había crecido en uno y otro, posible la perfecta observancia sin Prelado propio no era que dirigiese y gobernase sus monjes, como un padre gobierna á sus hijos. 7.° Para la debida asistencia de los huéspedes y peregrinos; cierto es muchos nobles y hasta los mismos reyes no se dis¬ que pensan de visitar este Santuario, y faltando Prelado propio, no hay quien les pueda prestar el obsequio y cortesia que se les debe. 8." Porque viendo los fieles que parte de sus limosnas van á parar á Ripoll, las retiran, sufriendo así menoscabo la devoción y los recursos. 9." Porque es cosa pública y notoria que en los Monasterios que se administran por si solos, sin depender de otros, todo prospera y au¬ menta, al paso que cuando son unidos á otros, sufren decadencia la devoción y las limosnas, como atestiguan el Priorato de G-uisona, el de Escornalbou y el de Santa María de Salas. 10. Porque las obras de fábrica se resienten también de la falta de Prelado i)ropio; pues cier¬ tos monjes empiezan obras para no acabarlas, otros acaban por de¬ jarlas arruinar y no hacer nada. 11. Por la pérdida y enajenación de las joyas regaladas á la Virgen ; pues basta saberse de público que un Abad se las llevó á Ripoll, porque muchos devotos se retraigan de ha¬ cer regalos. 12. Por último, reclama esta separación el escándalo y mal ejemplo que se daba y seguia de privar á este Monasterio de te¬ ner Prelado propio, pues que las rentas adquiridas y ofrecidas por 1.5 218 han sido sólo para Montserrat y sns monjes, mas los fieles lo nó para traspasarlas ni consumirlas en otro Convento ; pues en sabiéndolo, na¬ die había de dar más limosna á la Virgen de Montserrat. las razones que opusieron nuestros monjes para im¬ Estas fueron petrar la exención del Monasterio de Eipoll. Ahora sólo falta que el lector con imparcial criterio juxta allegata el grobata, dicte la sen¬ tencia á favor de quien la merezca. Por nuestra parte sólo nos toca decir, que después de pleitear por más de un siglo, toda la gloria de haber triunfado Montserrat se debe á las diligencias, celo, constancia y talento del inmortal primer abad Fr. Marcos de Villalba, quien era digno y merecedor de ocupar una página gloriosa en esta nueva Historia. CAPÍTULO TERCERO rBAY BEBIÍARDO BOYL.— Pr. Bernardo Boyl, monje y ermitaño de fué monje Benedictino toda su vida. Montserrat.—Que Pr. Boyl —Que de Montserrat salieron todos, ó la mayor parte, de los que le acompañaron al Nuevo Mundo. T Vamos á dedicar un capítulo al gran monje Fr. Bernardo Boyl. Digno es de esto, y mucho más, el que supo conquistarse todo el ca¬ riño de los Reyes Católicos, y el título de primer Legado Apostólico del Nuevo Mundo. Empero, si nos place poder tratar asuntos en que todos convienen, nos disgusta en cambio escribir sobre aquellos en que andan discordes las opiniones. Y esto precisamente es lo que nos pasa respecto del personaje que vamos á historiar. Que Fr. Boyl fué Reli¬ gioso de gran figura, no hay quien lo dispute. Que haya sido siempre Benedictino y que se llevara sus compañeros de Montserrat, también ha habido quien lo ha negado. Nos creemos, pues, en el caso de tener que abordar esta cuestión algo difícil, sin poder prescindir de ello, porque su nombre va unido al de Montserrat, y su gloria es gloria de nuestro Convento. Empecemos, pues, por decir (juién fué este gran personaje. A fines del siglo XV hacia vida eremítica en esta santa Montaña DE MONTSERRAT 219 €l venerable Fr. Bernardo Bo}d, natural de Tarragona según la más. común opinion. Se ignora la fecha de su profesión, porque no existe el libro donde se hallaba notada, pero es de suponer que Fr. Bernardo no la Iiaria muy joven, toda vez que él mismo confiesa que entró ya convertido. Vivia en la ermita de la Trinidad, y desde allí van firma¬ dos todos sus escritos, ex tuguriolo nostra Sanctissimm Trinitatis. Era muy querido y respetado tanto de los monjes como de los demás ermitaños. Consta en el Registro Episcopal de Barcelona, queFr. Boyl fué ordenado de Subdiácono á 16 de Junio de 1481, de Diácono á 23 de Septiembre, habiendo recibido el Presbiterado á 22 de Diciembre del mismo año. Muy recomendables habían de ser las cualidades del nuevo sacerdote, cuando el año siguiente el abad de San Cucufate del Vallés, D. Gaufredo Sort, vicarms in spirítualihus et temforalïbnsgeneralis Monasteril et totius ahhatiatus B. Marie Montis Serrati, cuyo abad comendatario era entonces el cardenal D. Julián de la Rovere, des¬ pués Papa Julio TI, le revistió de facultades especiales para el ejerci¬ cio del sagrado ministerio en esta santa Montaña, nombrándole Supe¬ rior inmediato de los ermitaños de Santa Maria de Montserrat, conce¬ diéndole amplios poderes para confesar á los peregrinos y á toda clase de personas que visitasen este Santuario, como también en la ermita de la Trinidad, gn,am incolis in montïbus. No sólo merecía Fr. Bernardo la confianza de los Prelados, sino que gozaba también de mucha confianza, y privaba de un modo espe¬ cial en el ánimo del católico rey D. Fernando, como se desprende de algunas cartas reales en que se trata de asuntos pertenecientes al buen orden y gobierno del Monasterio, que se hallaba bastante decaído, con motivo de no tener Abad que residiese en el mismo Convento. Con fecha 23 de Octubre de 1482 escribió el Rey á los Religiosos una carta, que conviene transcribirla aquí, porque esta sola bastará por las demás. Dice asi; "Lo Rey. Religiosos amats nostres; Vostra lletra reberem, per la qual nos donan avis de la vinguda en aquexa casa é Monestir del ilustre infant D. Enrich, lloch tinent general nostre, é del orde que aquell ha donat per la conservació de dita Casa, del qual havem pres gran plaher. E plahent á Nostre Senyor, será per avant procurat ab major cumpliment lo redrés de la casa. Pregamvos é en- carregamvos que ab concordia é charitat siau units en lo servey de Nostre Senyor, benefici é conservació de la dita casa, car sempre en assó per nos sereu favorits. E trobam plaher del quens serviu, que lo Religiós é amat nostre Fr. Boyl sia stat tan sollicit é propici en lo ques stat menester per ditas cosas. Dada en Madrid á 23 días del mes de Octubre any MCCCCLXXXIT.—Yo el Rey.—Trinyo, Secretario.'; 220 NUEVA HISTORIA Fué Boyl religioso muy instruido, como lo acredita la correspon¬ dencia que sostuvo desde su humilde ermita con el mallorquín Arnaldo Deseos. No podemos extendernos, ni tampoco lo juzgamos necesario, en extractar, ni menos analizar, el muy sustancioso epistolario de esos dos hombres que se comunicaban sus secretos de es¬ extraordinarios, píritu,y se animaban mutuamente al estudio de las ciencias. Dice Villanueva (1), «que á 29 de Noviembre de 1459 se imprimió el libro titulado Colaciones del alad IsaacTi, cuya traducción al castellano fué debida al P. Bernardo Boyl, monje ermitaño de Montserrat. Este traductor, continúa diciendo, fué hombre de reputación en tiempo de los Reyes Católicos, quienes lo destinaron á América en calidad de Nuncio Apostólico, dándole facultad de escogerse doce compañeros sacerdotes, los cuales no consta quiénes fuesen. Después se dice que volvió y fué Abad de Cuxá, y le ocuparon en otros negocios graves. Muchos materiales tengo recogidos de acá y de acullá, hasta de la isla de Mallorca, para escribir la historia de este célebre personaje, de quien algunos escritores han hecho tres, y cuyos hechos han con¬ fundido de una manera increíble, atribuyendo á los sobrinos lo que es del tío, y al contrario; y haciendo catalanes á los que no son sino valencianos. En suma, este punto biográfico merece una disertación separada.» Lástima que esa disertación se le quedara en el tintero, pues nadie, que sepamos, tiene noticia de que llegase á escribirse. Dice el mismo Villanueva, que en el Archivo del Paláu de Barce¬ lona, cuando hizo él su Viaje literario, existia un precioso libro es- ciñto en lemosin, titulado Llibre de floretes é W Anioretes, que son como unos tratados espirituales, escrito por un erniitaño, que él cree no puede ser otro que el P. Bernardo Boyl, monje y ermitaño de Montserrat. También dice, que existe una correspondencia latina li¬ teraria entre un mallorquín llamado Arnaldo Descós y Fr. Bernardo Boyl, ermitaño de Montserrat, cuyas cartas, dice, si en todo no son ciceronianas, á lo menos tienen bastante gusto y agudeza. Consta por estas cartas que tuvo un sobrino monje Benedictino. Lo sensible es que no tienen fecha de años. II Que Fr. Bernardo Boyl fué desde un principio ermitaño y monje Benedictino, que estuvo en la ermita de la Trinidad de esta Montaña, que fué gran talento y hombre extraordinario, y hasta muy querido y (1) Tomo VII, pág. 155. Edición de Valencia, año 182!. DE MONTSERRAT 221 estimado de los Reyes Católicos, en esto convienen todos los autores antiguos y modernos.Pero que Boyl dejó de ser Benedictino para pa¬ sar á la Orden de losMínimos, no falta quien lo ha defendido, pero no probado. Hay quien ha escrito que al embarcarse Fr. Boyl para Amé¬ rica, había trocado la cogulla benedictina por el buriel mínimo. Nos¬ otros, pues, varaos á sostener y probar la opinión contraria, esto es, que Fr. Bernardo Boyl fué siempre Benedictino y jamás Mínimo. Nadie, que sepamos, basta ahora se había tomado con empeño esta cuestión; algún autor la había sólo tocado como de soslayo. A nuestros tiempos estaba reservado embestirla de ñ-ente. Mas ¿de qué manera? ¿En qué circunstancias? Cataluña inició las fiestas del cuarto Centenario del descubrimiento de las Américas en este San¬ tuario de Nuestra Señora de Montserrat, porque le pareció éste el lu¬ gar más adecuado. Aquí se hallaron los Obispos del Principado, aquí las primeras Autoridades civiles y militares, aquí el Ayuntamiento de Barcelona y una numerosa representación del Clero, de las Institu¬ ciones religiosas. Asociaciones católicas. Claustro Universitario, y de los principales Centros de vida científica, artística, industrial y mer¬ cantil; y todos á la una se prosternaron ante la excelsa Patrona de Cataluña, y le rindieron gracias por haber tomado bajo su tutela la evangelixación del Nuevo Mundo, queriendo que fueran hijos de su santa Casa los primeros Apóstoles, que acompañando á Colón en su segundo viaje, fueron á derramar la semilla evangélica en las tierras descubiertas más allá del Atlántico. Grande honor era para este San¬ tuario haber facilitado á la Iglesia y á la patria los primeros misio¬ neros de la América, y por eso se le daba la primacía en la celebra¬ ción del cuarto Centenario. Mas, apenas habían terminado los festejos celebrados en esta sagrada Montaña, y cuando los catalanes se felici¬ taban por ellos, y como si se quisiera decir á cuantas Corporaciones habían tomado parte en esta gran fiesta, todos habéis errado, apare¬ ció á la hora menos pensada en uno de los periódicos de Barcelona, el primero de una serie de artículos, titulado El P. Boyl y sus convya- ñeros en la emnyelización de América, en el cual se anunciaba el intento de demostrar: «1." que no fueron monjes de Montserrat los primeros misioneros de América; 2.° que el P. Bernardo Boyl, cuando fué con Cristóbal Colón á las tierras recién descubiertas, ya no era monje ni ermitaño de Montserrat, ni siquiera Benedictino, porque ha¬ bía pasado á la Orden de los Mínimos.» Muy mal parado quedaba el prestigio que en este Santuario Cata¬ luña entera acababa de reconocer, si el autor de este trabajo hubiese llegado á demostrar sus dos asertos. Mas, por fortuna, el articulista 222 NUEVA HISTORIA no logró su intento, porque los documentos que presentó no tienen el alcance que él se figuraba. No tenemos la presunción de estar en los ápices de cuanto á Fr. Boyl y sus compañeros de expedición se refiere, pero abrigamos el convencimiento de que si bien se ha llega¬ do casi á confirmar la identidad de Fr. Boyl, Benedictino y fundador de los Mínimos en España, con Fr. Boyl, compañero de Colón en su segundo viaje, no se ha puesto en claro ninguno de los asertos que antes hemos transcrito. Algunos, que no estarán bien enterados de la historia de Montserrat, creyeron tal vez á primera vista, que el autor de tales artículos logró demostrar que nuestro Monasterio no tiene nada que ver con los primeros apóstoles del Nuevo Mundo, porque fácilmente podrían incurrir en el caso de suponer que sólo él había bebido en las únicas fuentes históricas donde puede esclarecerse este enredado asunto. Mas los que conocen á Yepes, Argaiz, Caresmar, Serra y Postius, Feliu, Bofarull y otros cronistas é historiadores de crédito, y saben las fuentes á que acudieron para hablar de Boyl y sus compañeros de Misión, no pueden asentir á lo afirmado por el ar¬ ticulista, sin despojarse de sus más arraigadas convicciones históricas. Empecemos por probar la filiación Benedictina de Fr. Boyl, y de¬ jemos para el siguiente párrafo quiénes fueron sus compañeros de viaje y de Misión evangélica. Todos los escritores Benedictinos, y la generalidad de nuestros historiadores antiguos y modernos, nos pre¬ sentan á Fr. Bernardo, al partir para las Américas con el famoso Almirante, vistiendo con honor la cogulla benedictina, y los docu¬ mentos presentados por nuestro adversario contra este universal tes¬ timonio, no son tan claros y evidentes que puedan invalidarlo, ma¬ yormente habiendo sido conocidos y compulsados por aquellos cronis¬ tas é historiadores. Esos ilustres investigadores de cosas antiguas, al dar con un documentp que indicaba una especie contraria á los he¬ chos recibidos, no solían decir al momento que habían dado con la verdad que nadie antes había descubierto ; sino que, más avisados que algunos contemporáneos, temían que el tal documento les dijera á éstos lo que no había dicho á aquellos á quienes fuera dirigido, pues en las mismas palabras pudieron los antiguos leer lo que más tarde, cambiadas las circunstancias del tiempo que determinaban el sentido, no se ve allí consignado. Nos referimos con esto al texto de la Bula dirigida por el Papa Alejandro VI á Fr. Boyl, antes de partir para América, que es precisamente lo que ha hecho dar algún aire de triunfo á nuestro adversario. Mas, á pesar del encabezamiento de esa Bula, que parece favorecer á nuestro contrario, pronto veremos como por los años 1492 y 1493 pudo llamarse á Fr. Boyl Vicario General DE MONTSERKAT 223 de los Mínimos, sin que por eso se entendiera que había dejado de ser Benedictino. Estos documentos, literalmente tomados, dicen hoy lo que no querían decir cuando fueron escritos. Y porque asi lo enten¬ dieron Yepes, Felíu y demás cronistas é historiadores, aun sabiendo que en algún documento (1) se llamaba á Fr. Boyl, Mínimo, y hasta Vicario General de los Mínimos, consignaron, no obstante, que el pri¬ mer apóstol de las Américas pertenece á la Orden Benedictina. Se nos arguye diciendo, que la primera vez que se nos presenta, al P. Boyl como Minimo, es en una carta del rey Fernando dada en Zaragoza á 22 de Septiembre de 1492, en la cual anuncia á todas las Autoridades y subditos suyos, la fundación canónica de la nueva Or¬ den instituida por el "venerable Fr. Francisco de Paula,» añadiendo: à fecho su Vicario general de las sgañas y en todos nuestros reynos y señoríos al devoto religioso fray Bernal boil, ermitaño sacerdote ; y por consiguiente, manda que dexcis y germitays libe- ralmente sin imjqedimento alguno al dicho fray Bernal boil correc¬ tor è vicario general, ò à quien su poder hoviera, que pueda publi¬ car y publique las dichas bullas è orden de hermitanyos nueva¬ mente instituida. Ahora bien, preguntaremos nosotros, ¿qué hay en la carta ante¬ rior de donde se deduzca que Fr. Bernardo Boyl fuese Minimo? Nada absolutamente. En ella, si, aparece revestido con la autoridad y po¬ deres de San Francisco para instituir en España la Orden de Mini¬ mes. ¿Es que repugna acaso ser Benedictino y Vicario General de otra Orden? ¿No fué San Raimundo de Peñafort quien estableció en Bar¬ celona la Orden de la Merced? ¿No fué él mismo quien dió el hábito á San Pedro Nolasco, quien redactó las Constituciones y las hizo aprobar por la Santa Sede? ¿Ha habido hasta ahora quien haya pre¬ tendido inferir de aquí que San Raimundo había dejado de ser Domini¬ co para ser Mercedario? Pues déla misma manera pudo Fr. Bernardo Boyl, que en Francia trató á San Francisco de Paula y admiró su santidad, tomar á su cargo el establecimiento de la nueva Orden en España sin dejar de ser Benedictino. Esto es, y no otra cosa, lo que se desprende del documento arriba citado, y de otros que se pueden presentar. Es, pues, un error insostenible decir que Fr. Boyl había dejado de pertenecer á la Religión Benedictina, habiendo de hecho pasado á la de los Mínimos, ó de San Francisco de Paula. (1) Bula apostólica del Papa Alejandro VI, Fiis fidelium, que está en el Apén¬ dice n.°8, que nos ha venido directamente de Roma. Es copia exacta y fie! del original que está en nuestro poder. 224 NUEVA HISTOEIA Aun tenemos otro argumento más concluyante para negar que Fr. Boyl haya pertenecido jamás á la Orden de los Mínimos, y es, que en Noviembre de 1490 aun vivía en nuestra santa Montaña, y hasta el mes de Septiembre de 1492 no le hallamos trabajando á favor de los Mínimos. Quisiéramos que se nos dijese, en solos dos años, ¿dónde está el tiempo necesario é indispensable ir á Francia á desem¬ para peñar la Embajada que el Eey le confió, y que tantos trabajos le cos¬ tó, para la restitución del Rosellón y de la Cerdaña, luego trasladarse á Tours, tratar de espacio á San Francisco, determinar su ingreso á la nueva Orden, solicitar y obtener de Roma el permiso para cambiar de Orden, pasar un año de Noviciado, y empezar á ejercer aquí sus funciones, nada menos que de Vicario General? Francamente, se ne¬ cesita pensar de un modo muy raro para sostener opinión tan sem¬ brada de dificultades. Y no es esto sólo, sinoque aun nos queda otro argumento, (jue para nosotros no tiene solución. Si cuando Fr. Bernardo Boyl fué á América con Cristóbal Colón no era ya Benedictino, sino Mínimo, ¿cómo se explica, obligado por el mal estado de su salud y aburrido por que sus diferencias con el Almirante, al regresar á la Península dos años después de haber aportado á las Américas, se retirara al Monasterio de Benedictinos de San Miguel de Cuxá, y no á otro perteneciente á la Orden de los Mínimos? Si en realidad de verdad Fr. Boyl era Mí¬ nimo, ¿por qué va á acabar sus días en un Convento de Benedictinos? ¿Es ó no contundente la argumentación? Sin embargo, todos los auto¬ res confiesan en que Fr. Bernardo, cansado del mundo, buscó un lu¬ gar de descanso en la Religión Benedictina, sin que se acordase de los Mínimos para nada. Pero, dirá tal vez alguno, ¿no parece más natural que se hubiera retirado á Montserrat, en donde había vivido y profesado? A esta pregunta se responde fácilmente, que en este Monasterio acababa de introducirse la reforma que años hacía proyectaban los Reyes Católi¬ cos, habiendo sido agregado á la Congregación Benedictina de Valla¬ dolid, y como Fr. Boyl no estaba del todo conforme con este cambio, he aquí porque prefirió retirarse á San Miguel de Cuxá, que pertene¬ cía á la Congregación Benedictina tarraconense, en la que había él siempre vivido. Poco después fué nombrado Abad del mismo Monas¬ terio por el rey D. Fernando, con cuyo cargo falleció á 13 de Febrero de 1.520. A pesar de vivir tan retirado nuestro Fr. Bernardo, continuó siendo el hombre de confianza del Rey, quien le confió la difícil mi¬ sión de acompañar al archiduque Felipe á Flandes en 1503, á través DE MONTSEKBAT 225 de la Francia, para que impidiera, ó retardara por lo menos, la cele¬ bración de la paz que Francia solicitaba de España, y que después había de pedir al Archiduque, como en efecto sucedió, al llegar don Felipe y Fr. Boyl á Lión. El Archiduque se hubiera allanado á la proposición que le hizo el Rey de Francia, si el Abad de Cuxá no hu¬ biera intervenido en nombre y representación del Rey Católico ; ale¬ gando que nada podía concluir sin consultar antes á su Soberano. Que en esta ocasión era Fr. Boyl abad de Cuxá, lo testifica clara¬ mente Feliu (1), y W. Prescott llama á ese embajador eclesiástico lüspañol, llamado Bernardo Boyl, alad de San Miguel de Cuxá: Spanish ecclesiastich named Bernardo Boyl, A liad of. S. Miguel de Cuxá. Y para mayor confirmación de cuanto acabamos de decir, afirma el P. Caresmar, que por sí mismo vió en el Catálogo de los Abades de San Miguel de Cuxá á Fr. Bernardo Boyl ; todo lo cual demuestra de un modo claro y convincente, que después de su regre¬ so de las Américas era tan monje Benedictino como antes de marchar. Digan, pues, lo que quieran nuestros adversarios, Boyl será siempre una de las principales glorias de Montserrat, porque nadie hasta el presente ha podido presentar pruebas, ni las presentará en el porve¬ nir, de que queramos atribuirnos lo que no es nuestro. Bien hizo, pues, Cataluña en escoger este Santuario para celebrar el cuarto Cen¬ tenario del descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón, dando á Montserrat el honor que le corresponde por haber proporcio¬ nado á la América su primer apóstol en la persona de Fr. Bernardo Boyl, monje Benedictino. 111 Así como de las que acabamos de exponer, aparece ter¬ razones minante y decisivo que Fr. Bernardo Boyl nunca pudo ser Mínimo, porque siempre fué Benedictino, no lo es tanto el segundo punto con¬ trovertido, esto es, si fueron ó no todos montserratinos los doce com¬ pañeros que fueron con él á evangelizar el Nuevo Mundo. Mucho se ha discurrido sobre este punto, y aun no se ha logrado salir de la confusión que hay en esta materia. Los que sostienen que no pudie¬ ron salir de este Monasterio, porque en aquellos días el personal era muy reducido, se engañan, como luego veremos. Estos, lejos de pre¬ sentar á su favor pruebas positivas, se contentan con decir que nadie (1) Libro XVIIl, cap. vi. 226 NUEVA HISTORIA da lo que no tiene. Y entiéndase bien que esta sola, en defecto de otras, la prueba más socorrida que saben aducir para probar su es tesis. De suerte que, después de discutir fuerte y con calor un dia y otro día, aun continuamos en la misma incertidumbre de siempre. Por lo que se deja entrever, los antiguos historiadores no se fijaron bien en la calidad de los compañeros de Fr. Boyl, ó del Legado Pontificio enviado por Alejandro VI á las tierras recién descubiertas. Algunos aseguran que fueron monjes Benedictinos de Montserrat, y esta ha sido la tradición constante del Monasterio, y de este mismo parecer son los Cronistas Benedictinos. Gomara (1) da á Fr. Boyl por compa¬ ñeros á doce clérigos. Herrera (2) los llama Religiosos. Sepúlve¬ da (3) los apellida indiferentemente sacerdotes y monjes. Illescas dice que fueron doce clérigos. Oviedo (4) los denomina Religiosos, personas de p-olada é santa vida é letras. Bartolomé de las Ca¬ sas (.5) dice, que conoció dos Religiosos de la Orden de San Francis¬ co, que fueron con Boyl á América, frailes legos, uno de los cuales se llamó Fr. Juan de la Duela, ó Fr. Juan el Bermejo, ]3orgue lo era, y el otro Fr. Juan de Fisin. Y en la página 500 añade, que fueron allá, además de los susodichos frailes, tres ó cuatro clérigos. Es decir, que ni en los historiadores, ni en los documentos antiguos, hallamos consignado quiénes fueron los misioneros que á las órdenes de Fr. Boyl marcharon á la evangelización de la América. Por esto el juicioso P. Villanueva, después de haber visitado los Archivos, examinando las fuentes históricas, afirmó que no consta quiénes fue¬ ron los doce compañeros de nuestro ilustre Benedictino. El articulista, de quien antes nos hemos ocupado, ha dicho : que la tradición de los doce monjes que marcharon de Montserrat con el P. Boyl, en la segunda expedición de Colón, es una leyenda falsa, del todo insostenible. Partiendo del supuesto de que Fr. Boyl, al ser designado para Apóstol de América, era Mínimo profeso y tránsfuga de nuestra Orden de San Benito, no cree que el fuese á bus¬ car sus compañeros entre los Religiosos del Monasterio y de la Or¬ den gue acababa de abandonar; pero como hemos demostrado que la suposición no es aceptable, tampoco lo es la consecuencia que de ella se quiere deducir. Seguidamente refuta á Feliu y á Bofarull, apoyán¬ dose también en que si Fr. Boyl había abandonado á los Benedictinos, (1) Historia de las Indias, cap. xx. (2) Dec. 2, lib. II, cap. v. (3) Fasti nooi orbis, lib. 1. (4) Historia de las Indias, tom. I, pág. 32. (5) Tom. I, cap. lxxxi, pág. 494. DE MONTSEEKAT 227 no había depedirles el personal que había de llevarse á las Amérícas ; pero si Fr. Boyl no dejó nunca de ser Benedictino, no desbarra Bofa- rull al decir que el elegido por la Santa Sede no querría anicq/oner á sus hermanos de Orden y Convento, individuos de otras distintas, mayormente la devoción de Fernando é Isalel á Montserrat era patente. Dice después nuestro impugnador, que Fr. Boyl no pudo sacar doce monjes de Montserrat, porque era grande la penuria de personal que sufría el Monasterio en la última década del siglo XV; y porque se había introducido en él la reforma vallisoletana, que hizo necesario traer personal nuevo de otro Convento; y como nemo dat quod non hahet, dice, de ningún modo podían salir de este Convento doce mon¬ jes para acompañar á Boyl en su viaje al Nuevo Mundo. Vamos á deshacer y triturar este argumento, que parece de algún peso á pri¬ mera vista, pero que bien examinado se reduce á nada. No, no era tan grande como se supone la penuria del personal en esta Gasa, ni es exacto á la sazón hubiese sólo doce monjes y algunos sa¬ que cerdotes seculares, ni tampoco la reforma se debió á la escasez de personal. Vivían en este Monasterio en aquellos días doce monjes cenobitas ó claustrales, doce eremitas ó anacoretas, con más un Di¬ rector de los mismos, que lo había sido antes el mismo Boyl, doce donados y algunos legos, y doce sacerdotes seculares ; y aun á éstos se agregaron catorce monjes venidos de Valladolid á 2 de Junio de 1493, con los cuales había de llevarse á efecto la proyectada reforma. Ha¬ bía, por lo tanto, personal suficiente para que Fr. Boyl sacara de Montserrat todos ó la mayor parte de sus compañeros. Y la llegada de los catorce monjes vallisoletanos, lejos de dificultar esa elección, hubo de facilitarla, teniendo en cuenta que no todos los habitantes de esta Casa habían de allanarse con gusto á la reforma, que ellos no pedían, sino que se les imponía, precisamente en unos momentos en que el llamamiento de Fr. Boyl les brindaba oportunidad para elu¬ dirla. Mas, aún no se satisfecho nuestro articulista. Quiere ape¬ da por lar al silencio de los historiadores que han escrito sobre Montserrat, en comprobación de que no salieron de aquí, no ya doce, pero ni aun dos ó tres monjes. »No hubieran, dice, pasado esto por alto ni el abad D. Pedro de Burgos, al publicar en 1514 su Historia y Milayros de Nuestra Señora; ni el poeta Fr. Antonio Brenach, al escribir su poema Saxico; ni el poeta castellano D. Cristóbal de Virués, que escribieron en el mismo siglo, y por último el P. Villanueva, que des¬ pués de haber registrado nuestro Archivo confiesa, que no consta 228 NUEVA HISTORIA quiénes fueron los doce compañeros que debió elegirse Fr. Bernardo Boyl.» Téngase en cuenta que Villanueva ni añrma ni niega que los compañeros de Boyl salieran de este Monasterio, sino que sólo se li¬ mita á decir, que no consta quiénes fueron, lo cual es muy distinto, y hace débil por demás la argumentación aquí empleada. Pudieron Burgos, Brenach y Virués no ocuparse en esta cuestión sin que sus obras desmerecieran un punto. Recuérdese que el P. Mariana, que tan largamente diserta en su Historia sobre leyendas fabulosas de la Es¬ paña primitiva, sólo dedica algunas líneas á Cristóbal Colón. Este si¬ lencio es cosa frecuente en los historiadores, y más aún en los poetas, quienes ni todo lo dijeron, ni podían decirlo todo. Menos aún debe darse importancia al silencio que guardaron Burgos, Brenach y Vi¬ rués sobre los compañeros de Fr. Boyl, cuando ni siquiera se han ocupado de su persona. Hemos discutido las principales dificultades y observaciones pre¬ sentadas por nuestro adversario, á fin de que quedase reducida á mera leyenda la tradición de esta Casa, relativa á los monjes que acompa¬ ñaron á Fr. Bernardo Boyl en su viaje á las Indias. Ni un solo rayo de luz arrojan sobre esta cuestión los tan cacareados documentos. Los historiadores que nos favorecen no quedan refutados por los documen¬ tos exhibidos, ni por las razones alegadas. Acaso no fueron doce, sino menos, los misioneros salidos de Montserrat. Acaso no todos fueron de Misa, y había entre ellos algún lego. Acaso no todos fueron ceno¬ bitas, y siguieron á su antiguo Director algunos ermitaños. Acaso fray Boyl llevó consigo algunos de los sacerdotes seculares que vivían en esta Montaña, que habían de abandonar ó habían abandonado á causa de la reforma que se estaba elaborando en aquellos precisos momen¬ tos. Los antiguos historiadores y los documentos examinados no per¬ miten hacer afirmaciones concretas sobre esta materia ; pero tampoco autorizan para formular negaciones rotundas, como alguno se ha per¬ mitido. En suma, hemos de confesar ingenuamente que la. Divina Provi¬ dencia permitió, tal vez para mayor gloria de la Virgen de Montserrat, que se disputara la naturaleza, por lo menos adoptiva, de uno de sus más preciados hijos; y ¿qué ha resultado? Que con motivo del presente debate ha quedado demostrado que Fr. Bernardo Bo}^ fué monje Be¬ nedictino hasta su muerte, y Mínimo jamás. Ha resultado, además, que si no es cierto, es más que probable, que los doce compañeros elegidos por él mismo para ir á predicar el Evangelio en el Nuevo Mundo, salieron, sino todos, la mayor parte, de Montserrat. FR. GARCÍA DE CISNERÜS, MEDITANDO LA REFORMA DE MONTSERRAT 229 CAPÍTULO CUARTO FRAY GARCÍA DE CISNEROS-Quién fué el abad García de Cis- neros.—Reforma que hizo en este Monasterio.—Actos que engran¬ decen su persona. J Otra (le las figuras que más han descollarto y ennoblecido este Mo¬ nasterio es el célebre abad Fr. Francisco Qarcia de Cisneros. Tomó el hábito en San Benito de Valladolid en veinte 1475, á la edad de años, dando muestras manifiestas de su raro talento y virtud. Era hu¬ milde y rendido, amigo de oración y contemplación, en que Dios le hizo particulares favores y regalos. Su vida puede ser comparada con la de los varones de mayor fama que ha tenido la esclarecida Orden de San Benito. Había sido Prior de Valladolid. Supo administrar con tanta prudencia santidad este oficio, que dió muestras de merecer y otros mucho mayores; así que, el General Fr. Juan de San Juan, para un negocio tan grave como era ir á un país extraño para reformar una Casa, de ninguno le pareció se podía fiar tanto como de este bienaventurado varón, para ponerse al frente déla reforma de este nuestro Monasterio, reforma tan deseada por los Reyes Católicos y reclamada por la opinión pública. Elegido, pues, por Prelado nuestro García de Cisneros, fué confirmado por el General por el término de dos años ; porque en los principios de la reforma no quisieron dar muy largo tiempo á los que gobernaban hasta haberlos probado. Des¬ pués fué elegido de nuevo, habiendo gobernado el Convento hasta su muerte. Cuando entraron los Padres de Valladolid, fué suprimida la dignidad Abacial, y gobernaba el Superior con el simple título de Prior, hasta que fué restituida de nuevo la antigua Abadia. Fué extraordinaria la prudencia con que supo disponer las cosas de este Convento este santo Abad. Al frente de todos iba siempre él como capitán, siendo el primero en todos los actos conventuales, en el coro, en la lección, en la oración, en las obras de manos, en las pe¬ nitencias, de muchas de las cuales sólo fueron testigos Dios y su con¬ ciencia. Su trato, pláticas y conversaciones, eran todas espirituales y sólo del cielo ; y como interiormente estaba inspirado de Dios y ver- 230 NUEVA HISTORIA daderamente enamorado, comunicaba el fuego de su devoción á cuan¬ tos comunicaban con él. Mas, porque las palabras vuelan y desapare¬ cen, quiso también dejar escritas é impresas mnchas de las cosas que había alcanzado con la práctica y experiencia, para que quedasen eternamente estampadas en el ánimo de todos sus subditos. Por esta razón compuso aquellas dos obras tan alabadas de los hombres doctos y devotos. La una, que tituló Ejercitatorio de la vida, esfiritua.l; y la otra. Directorio de las Horas Canónicas, tan bien recibidas en su tiempo, que todos los hombres las buscaban para aprovecharse de ellas, y que fueron traducidas á todas las lenguas. Así con sus pláticas y libros crió los primeros monjes de la reforma en Montse¬ rrat, y salieron éstos tan espirituales, tan observantes, tan fervoro¬ sos, que pronto fueron sus raras virtudes de grandísima resonancia en España y en el extranjero. Otro de los actos que desde el principio le alcanzaron fama, fué el disponer que todos los fondos y rentas del Monasterio formasen un sólo acervo común. Sin embargo, no le faltaron resistencias en este acto por parte de aquellos monjes de quienes dijimos en el curso de esta Historia, que en virtud de sus oficios se tenían repartida entre sí la hacienda; pero la mucha prudencia de que estuvo dotado este Abad, hizo que triunfase de todos los obstáculos y dificultades que le salían al paso. Fué este ilustre personaje sobrino del Cardenal Eegente del Reino D. Francisco Giménez de Gisneros, honra de la Religión Franciscana y gloria de nuestra España, á quien se pareció mucho en el genio y valor para la resolución de los negocios más arduos y espi¬ nosos. En una sola palabra puede compendiarse todo cuanto podría decirse de nuestro biografiado; Fr. Francisco García de Gisneros, abad de Montserrat, fué un sabio y un santo. IT Una de las cosas que más pudieron contribuir á que la reforma de este Convento diese tan felices y abundantes resultados, fué sin duda el buen orden que Fr. García supo ella, distribuyendo el poner en personal en cuatroclases, separadas completamente, pero tan unidas y enlazadas entre sí, que la una no podía moverse sin la otra, cons¬ pirando todas á un mismo y único fin, clases conocidas con el nombre de cscolanes, fra/iles legos, errn,itaóios y monjes. Para cada una escribió Constituciones tan saturadas del más puro misticismo, que parecen inspiradas por el mismo Espíritu Santo. DE MONTSERRAT 231 A los escolanes les señaló departamento enteramente indepen¬ diente de los demás de la Casa, que bautizó con el nombre de Escola¬ nia. Fué señalado uno de los monjes, el más indicado para tratar con niños, para llevar la dirección y gobierno de los mismos ; designó el traje que habían de vestir, los rezos que debían hacer y los actos á que quedarían obligados. Les prescribió silencio riguroso, mandándo¬ les abstenerse de tratarse ni comunicarse con los demás de la Casa. En una se hizo cargo el Abad de los peligros de la juventud palabra, y de remedios. Quería que estos niños no sólo aprendiesen la mú¬ sus sica y el canto, mientras permaneciesen en el Convento, sino que además de salir bien instruidos cuando partiesen á sus casas, fuesen también niños virtuosos y edificantes, para que pudiera decirse de ellos que eran en verdad Pajes de Nuestra Señora. Formó también la Comunidad de frailes legos, para el servicio del Convento y de la gente forastera. Tenían Noviciado en forma, con sus particulares Constituciones; vestían hábito apropiado, y hacían votos perpetuos. Estos se llamaban legos, porque no se ordenaban, en razón de los oficios á que eran destinados. Tenían su rezo y for¬ maban Comunidad aparte como los escolanes. Unos iban á colectar limosnas por toda España, otros servían y cuidaban de los peregrinos, y los demás cuidaban de las vituallas, á fin de que no faltase nada para el Convento ni para la gente forastera. Otra Comunidad muy respetada y respetable creó el abad García de Cisneros, llamada de los ermitaños, que tenían también sus Cons¬ tituciones propias, bastantes ellas solas para hacer santos para el cielo. Estos se ejercitaban en la vida activa y contemplativa. Estaban siempre en sus respectivas ermitas, orando y trabajando. Llevaban hábito particular y barba larga. Bajaban en algunas festividades prin¬ cipales al Convento, y tomaban parte en sus funciones. Eran siempre objeto de edificación, y no pocos murieron en olor de santidad. Finalmente reformó los monjes de un modo tal, que en breve tiempo estaba la Comunidad desconocida, por la perfecta observancia de la santa Kegla y los deseos ardentísimos que tenían todos de su perfección particular. Esto fué causa de que muchos monjes claustra¬ les, deseosos de adelantar en el camino del cielo, dejando sus propios Monasterios, viniesen á engrosar el número de este Convento, y que la devoción á la Santa Virgen tomara mayor incremento todos los días. Pronto empezaron á crecer y desari'ollarse también aquí las ciencias, formándose varones santos y sabios á la vez. Todo estro fué debido al celo incansable y talento de nuestro gran abad García de Cisneros. Aunque no hubiera hecho otra cosa este varón admirable, que crear y 232 NUEVA HISTOBIA desarrollar estas cuatro Comunidades en el estado de perfección á que llegaron, bastaría esto sólo para hacer inmortal su nombre. Al hacer¬ se cargo de esta Comunidad, con dificultad podia contarse el exiguo número de doce monjes, y cuando falleció tuvo el consuelo de dejar más de setenta, cambiados y transformados enteramente. Como al poco tiempo de hallarse al frente de Montserrat viese nuestro Abad el gran concurso de fieles que todos los días acudían á visitar á la Santísima Virgen, conoció la necesidad de ordenar la Casa de manera que se pudiese atender á todas las necesidades. A este fin puso estudios de Filosofía y Artes, mandando que si faltasen pro¬ fesores ó maestros en el Convento, se buscasen fuera y fuesen bien retribuidos. Quiso también que no faltasen confesores instruidos en ciencias, y versados en varias lenguas, para escuchar á tanta gente que de todas las naciones acudía á este Santuario. No fué poco el bien que resultó de estas tan sabias disposiciones. Solía decir el abad García de Cisneros, que en habiendo tales ejercicios en los Monaste¬ rios, no podían faltar monjes doctos para oír las confesiones y predi¬ car la divina palabra. III Llegó á oídos del Eey la fama de un varón tan eminente, y quiso aprovecharse de sus prendas extraordinarias. Enterado del juicio y religión del P. Fr. García de Cisneros, á cuyo tío Fr. Francisco Giménez de Cisneros había hecho Arzobispo de Toledo en 1496, pen¬ só servirse del sobrino para otros oficios. Por esto el año siguiente le nombraron embajador del Rey en Francia, en compañía de Fernán, duque de Estrada, que era maestresala del Príncipe, para que se tra¬ tase de la paz general de e^tas dos coronas. Confirmase esto por la carta que el Rey Católico envió á D. Juan de Labrit, infante de Na¬ varra, carta que va continuada en el Apéndice n." 9. Acabada esta embajada, y puesto de nuevo al frente de su querido Convento en 1497, vió García que el Papa Alejandro VI acababa de conceder el titulo de Abadía á algunos Prioratos del Orden de San Benito, y no satisfecho con una ley tan general, acudió para obtener esta gracia en particu¬ lar para Montserrat, y el Papa se la otorgó en 1499. Cuando entra¬ ron los monjes de Valladolid, habían cambiado el titulo de Abadía por el de Priorato. Vino luego el Capítulo que celebró la Congregación en Vallado¬ lid, en donde fueron presentadas para su aprobación las célebres UE MONTSERRAT 233 Constituciones hechas por el abad G-arcía de Cisneros para las cuatro Comunidades que acababa de fundar, y después de ser examinadas de¬ tenidamente, les parecieron tan bien á los Padres del Capítulo, que no sólo las aprobaron, sino que mandaron fuesen guardadas inviolable¬ mente en este Monasterio, como se ha dicho en otra parte. Aun no se contentó con esto el infatigable Abad, sino que él y su Convento resolvieron que el mismo General las viese, leyese, aproba¬ se sellase, confirmase y diese la debida autoridad para su observan¬ y cia comoconvenia, por estar unida esta Casa con la Congregación de Valladolid, y así se hizo. Era entonces General el P. Fr. Pedro de Nájera, á quien gustaron mucho las dichas Constituciones. Aprobó¬ las, y dió la autoridad necesaria para su observancia. Estas Constituciones y ceremonias volvieron á ser confirmadas en el Capítulo siguiente, que fué abierto á 6 de Mayo de 1503, siendo General el mismo Fr. Pedro de Nájera, el cual, junto con los demás Definidores, las elogió de nuevo, y aprobó sin quitarlas ni añadirlas cosa alguna; antes bien, puso silencio perpetuo á aquellos que las quisieren contradecir, porque juzgaron ser éstas y no otras las cos¬ tumbres y Constituciones que conviene se guarden en Montserrat; y así los Padres Abades y Definidores, loándolas, las confirmaron, se¬ gún estaban ya confirmadas en el Capitulo general último, en cuanto hallaban convenia para el servicio divino y estado del Monasterio, mandando y definiendo juntamente con el Capítulo general, que del presente día en adelante nadie se atreva en la Congregación hablar ni contradecir, de que no se guarden y observen las dichas Constitu¬ ciones, ceremonias y costumbres en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, y que se guarden perpetuamente. Esta fué la última llave que se eclió para la observancia de las leyes del venerable fray García de Cisneros, que fué de tan buen efecto, que por más de cien años no hubo quien se separase ni desviase de una siquiera. Otra acción hizo este Abad, junto con su Convento, que no dió menos lustre al Santuario que las anteriores, y fué cerrar la puerta, por auto público, pai'a que no se admitiese á la recepción del hábito de nuestro Padre San Benito á persona que no fuese de sangre limpia, sin raza de judio, ni moro, ni recién convertido á la fe católica, es¬ carmentando en cabeza ajena de otras religiones, que habían padeci¬ do algunos trabajos cerca de este punto. Por más grande que apareciese nuestro abad García, no por esto se vió libre de pleitos de no escasa importancia; pero de todos tuvo la suerte de salir en bien. Con esto, y la observancia .que había introdu¬ cido en este Convento, ganó mucho renombre en todo este Principado, 16 234 NUEVA HISTORIA y tanto lugar supo hacerse en el corazón de los mismos Eeyes, que trataron de nombrarle Reformador de todas las Abadías de Cataluña que llevaban el título de Claustrales. Por un instrumento que había en el Archivo, y va continuado en el Apéndice n.° 13, resulta, que se contentaron con hacer cierta concordia, por cuyo tenor se viene en conocimiento, que hubo resistencia por parte de algunos Monaste¬ rios, y que fué necesario que el Rey acudiese al Papa Alejandro VI para obtener Bula de Visitador y Reformador de las Abadías claus¬ trales á favor del abad García de Cisneros ; mientras que los Padres claustrales abrieron y convocaron Capitulo para tratar, estudiar y resolver este asunto. -Juntáronse, pues, en Capítulo provincial el dia señalado, mas los deseos del Rey, por más justos que fuesen, no pudieron llevarse á efec¬ to. A este Capitulo fué llamado y asistió nuestro abad García; tratᬠronse las materias, pero á muchos de los monjes claustrales les pare¬ ció que con la visita y reforma propuesta se les impondrían nuevos gravámenes; por lo que apelaron á Roma y se resistieron, á pesar de toda la buena voluntad del Abad de San Cucufate y su palabra em¬ peñada con el mismo Rey. Los que hicieron mayor resistencia fueron el Prior y monjes de dicho San Cucnfate del Vallés y de Santa María de Ripoll. En vista de este fracaso, volvióse á su Convento el abad García, para tratar más de cerca y con mayor actividad de su vida interior y de los monjes, que era todo su ideal. Llegó el año 1.510, y á 27 de Noviembre, cargado de trabajos y méritos ante Dios y los hombres, le dió la última enfermedad, que recibió con grande alegría y contento de su alma, y recibidos con mucho fervor los últimos Sacramentos, murió como había vivido, ro¬ deado de todos sus amados hijos, que lloraban la pérdida de un tan buen Padre y celoso Abad, üiéronle sepultura tan digna como se me¬ recía, honrándole con una sencilla lápida y un epitafio tan breve co¬ mo significativo. Decía asi; Hic jacet Fratcr Garda de Cisneros, Ahbas, hujus Monasierii reformat or. M. D. X. FR. PEDRO DE BURGOS, PRIMER HISTORIADOR DE MONTSERRAT DE MONTSERRAT 235 CAPÍTULO QUINTO PRAY PEDRO DE BURGOS.—Primeros años de Pr. Pedro de Bur¬ gos.— Por qué ha sido el primer historiador de este Santuario. — Actos que le acreditan de varón extraordinario. I Digno también de eterna nienioria será siempre en los fastos de Montserrat el abad Fr. Pedro de Burgos. Nació en esta misma ciudad de donde tomó el nombre. Desde que empezó á tener uso de razón, halláronle sus padres de tan buena inclinación, y de tal ingenio en los primeros rudimentos de la gramática latina, que le enviaron á la entonces famosa Universidad de Salamanca para estudiar Lógica y Filosofía, en donde se dió al estudio del Derecho Civil y Canónico con tal cuidado y provecho, que á los dieciocho años de edad fué gradua¬ do de Licenciado y Doctor. Con tales honores estaba cuando Dios le tocó, y cortando el camino á las esperanzas que de él tenían sus pa¬ dres, tomó el hábito de San Benito en el Monasterio de San Juan de Burgos en 1481, donde vivió con grande observancia. Aunque el glo¬ rioso Doctor de la fglesia, San Jerónimo, dice, que es difícil que un monje pueda ser perfecto en su patria, el Abad General halló con tanta perfección á Fr. Pedro en su Convento de Burgos, que éste mereció ser nombrado entre los compañeros que había de llevar Fr. García de Cisneros para la reforma que iba á empezarse en este Monasterio de Montserrat. Mientras estuvo en este Convento, mostró tales pruebas de inge¬ nio y letras, que ofreciéndosele á la Congregación muy arduos y difí¬ ciles pleitos, fué escogido Fr. Pedro para Procurador General en la Curia Eomana. Según parece, todo esto se relacionaba con la refoi ma de las Abadías claustrales, asi de Cataluña como de Castilla; ponjue unas las tenían Obispos y Arzobispos, y otras Canónigos. Los primeros con la autoridad, y los segundos con el gasto de las rentas, todos es¬ taban armados para la defensa. Aquéllos las i'etenían para sostener el fausto de sudignidad, y éstos para su mayor regalo y poder residir en las capitales y en la Corte; pues que á los monjes se les habían olvida¬ do las obligaciones de la Regla de Nuestro Padre San Benito, y con la 236 NUEVA HISTORIA buena compañía se les había pegado el uso del bonete, la manga muy ajustada y abotonada, hasta el punto de que la saya se les había troca¬ do en loba y sotana. Llevaban las medias de punto y el calzado alpar¬ gatado, con mucha flojedad y poco recogimiento, con lo que ofendían la vista de los reyes y en nada edificaban al pueblo. Y como á tanta relajación no bastaban las quejas de los Generales de la Congrega¬ ción, por esto fué preciso enviar á Roma á Fr. Pedro de Burgos. Poco estuvo en la capital del mundo católico, porque el abad García de Cisneros estimó conveniente ceder en la reforma de las Abadías de San Cucufate y Ripoll por los motivos consignados en la biografía de este último Abad. Poco de la ciudad de Roma, renunció esta después de su llegada Abadía ÍY. Pedro de Muñoz; yen 1512 fué elegido Fr. Pedro de Burgos. Cuando el rey Fernando tuvo noticia de esta elección, se alegró en gran manera, pues conocía las prendas relevantísimas de este Religioso. En Febrero de 1513 murió el Papa Julio 11, y le suce¬ dió León X ; al momento acudió el Rey á Su Santidad para que la tan deseada reforma pasara adelante, no para los monjes, cuya tenacidad y resistencia tenia bien conocida ; sino esta vez para los Conventos de monjas, quienes, como de condición más blanda y dócil, tendrían más buen efecto los deseos de Su Majestad. A 16 de Junio de 1513 concedióle el Breve el Pontífice León, siendo la cláusula principal: Ut visitatio fieret juxta cujuscumqiie Ordinis Regularia Instituta atque consuetudines ad sánete heneqtie vivendum. Grande era el concepto en que era tenido el abad ï'r. Pedro de Burgos; pero mucho mayor fué después de haber desempeñado esta tan difícil misión. El rey Fernando solicitó que el Abad de Montse¬ rrat fuese Visitador de los Conventos de monjas, y Reformador de cualquiera Orden que fuese, lo que fué sin duda de mucho honor, ha¬ biendo ïJ-anciscanas, Dominicas, Agustinas, Jerónimas, Bernardas y Benitas, y en cada una de estas Religiones, varones doctos y espi¬ rituales. Visitó, pues, el de Santa María y Santa Clara de Pedralbes, monjas Ifranciscanas; Montesión, de Santo Domingo; Jerónimas, del Santo Doctor del mismo nombre; Magdalenas, Agustinas; Monteale- gre,'de la misma Religión; Santa María de los Angeles, de Santo Domingo; Valldoncella, de Bernardas; Junqueras, de San Benito primero, y después de Santiago. Todos estos ocho Conventos visitó y reformó el abad Fr. Pedro, encargando á los Superiores ordinarios de cada Religión, que en cuanto á la ejecución y guarda de la visita, procurasen hacerlo con mucho cuidado y sin estrépito. En cuanto á los Conventos de nuestra Orden, consta que visitó el DE MONTSEERAT 237 de San Pedro de las Fuellas de Barcelona, procurando reducir las Religiosas al antiguo modo de vivir, y más ajustadas á la Santa Re¬ gla. Visitó también el Convento de San Antonio y Santa Clara; lla¬ mábanse estas Religiosas monjas de San Damián, porque habían ve¬ nido de Italia del Monasterio de San Damián, fundado en la ciudad de Asís, y como habían sido visitadas y confesadas por Religiosos Menores desde que fueron trasladadas á Barcelona, tanto el Rey, co¬ mo el pueblo, todos creían que las monjas eran también Franciscanas, y no era así; porque las monjas de San Damián de Asís, de donde había venido la Madre María de Pisa, eran también Benitas. Las monjas probaron lo que pretendían, y el abad Fr. Pedro de Burgos las amparó y defendió, dándolas el mismo hábito que usaban las de San Pedro, y unió este Convento á la Congregación Claustral Tarra¬ conense. Sobre si estas monjas debían ser Franciscanas ó Benitas, hubo una cuestión muy ruidosa, en la que hubo de intervenir el mismo Sumo Pontífice; mas como cosa ajena á nuestra Historia, remitimos al lector que quiera enterarse al autor de la Perla de Cataluña, ca¬ pítulo xnv. 11 Los hechos que acabamos de historiar realzan y engrandecen so¬ bremanera la persona de nuestro humilde abad Fr. Pedro de Burgos. Otros hay que no le sonfavorables y meritorios. En aquellos menos días toda la opinión de Cataluña y de la Corona de Aragón estaba á su favor. La Virgen Santísima con los continuos y estupendos mila¬ gros que obraba, había acreditado más de lo que merecían á los mon¬ jes de este Santuario. Disputábanse las gentes sobre si era ó no cierto lo que se decía de Montserrat, porque sólo en el año 1513 había obra¬ do Nuestra Señora cuatro milagros en diferentes lugares y personas, y esto hacía que aumentasen más la devoción y las visitas á este San¬ tuario. Tanta continuación de milagros dió y encendió los deseos de mu¬ chos curiosos que los ponían en duda. Uno de ellos fué D. Juan de Aragón, duque de Luna, coude de Ribagorza, que ya que no vino personalmente para ver si concertaban los hechos con los dichos, co¬ mo lo hizo en otro tiempo la Reina de Sabá para ver lo que se decía del rey Salomón, quiso fiarse de la relación del abad Fr. Pedro. Al efecto, le escribió una larga carta en que le decía y pedía lo si¬ guiente : 238 NUEVA HISTORIA »Muy Eeverendo Señor. La fama de essa devotíssima y celebérri¬ ma Casa de Nuestra Señora la Virgen María de Montserrat entre nosotros, y donde quiera que me he hallado, es tan sublimada y re¬ putada, no solamente de la gente vulgar y común, más aún de los mesmos Príncipes, grandes Prelados y Señores, que ya no puedo, no deponer mi pertinacia, de no querer dar algún crédito á las cosas que tanto, y de tales y por tantos se añrman. Que aunque diversas veces haya visto por experiencia, recitarse milagros y contarse maravillas ; y después, cuando es bien palpado y examinado, hallarse ó todo, ó la mayor parte dellos ser burla, y á esta causa, lo que de esta materia sedice, lo suelo tener por sospechoso. También temo errar por el ca¬ mino contrario, no queriendo inclinarme á creer lo que personas de tanta nobleza y autoridad creen, mayormente que quando han bien dicho, dicen, todo lo que se puede creer es nada, en comparación que de lo que es verdad. Pues porque yo, como otro Paulo convertido de Sanio, predique las maravillas, que con tanta diñcultad suelo creer, y tan fácilmente suelo contradecir, y oydas de mi boca, tanto sean avidas, y reputadas por bien ciertas y examinadas, quanto todos los que me conocen, saben, que no sin muy cierto fundamento las creí, ruego á Y. R. P. que como verdadero siervo de Nuestra Señora, que tantos años ha governado essa devotíssima Casa, breve y fielmente por su letra me informe de todo lo que buenamente explicarse pudie¬ ra; porque teniéndola de su mano, mi corazón estará muy reposado, y satisfecho, y con ayuda de la mesma Nuestra Señora, yo me esfor¬ zaré en publicar sus verdaderas maravillas, las quales sé, que siem¬ pre que ella quiere, su precioso Hijo por su amor obra, que no soy menos devoto á las ciertas, que dudoso en no las tener por ciertas, sin fundamento cierto. Y señaladamente me satisfaga á los capítulos siguientes. «Primeramente, el primer capítulo sea de la descripción de essa tan famosíssima Montaña, y de su compostura, y aspereza, y de al¬ gunas cosas notables que en ella son. El segundo, porque essa Mon¬ taña se llama de Montserrat, y porque essa devota Casa tiene por armas unas riscosas montañas, y en lo más alto délias la Madre de Dios assentada con su bendito Hijo en los brazos, que tiene una sie¬ rra en las manos puesta sobre las peñas como si las asserrase. El tercero, me declare la fundación de esa celebérrima Casa de Montse¬ rrat, y cómo fué hallada la bendita Imagen de esta sacratísima Seño¬ ra, y la vida de Fr. Juan Garí. El quarto, como está edificada essa Cámara Angelical, y de su iglesia, y de los misterios y cosas nota¬ bles, que en ella son, y la causa porque ay por las paredes della tan- DE MONTSERRAT 239 tas cosas de pintura y bulto. Eu el quinto me diga, que es la causa que esta sauta Casa, siendo tau pobre y teniendo tau poca renta, se¬ gún todos dicen, hace tan grandes gastos, y no es destruida, mas antes siempre dicen que prospera ; y como ha sido preservada tan luengos tiempos de las grandissimas rocas, que sobre ella están, y de las que lo más alto de las peñas sobre ella han caido, lo qual cierta¬ mente, no es sino obra divina. El sexto, sea de la gente, y personas que en esta santa Casa están propios servidores continuos de la Ma¬ dre de Dios, y en que ejercicios gastan el tiempo, y continuamente están ocupados. Ell séptimo, le ruego me escriba el número de las acémilas, que continuamente están en esse santo Lugar, para el aca¬ rreo de las provisiones y vituallas necesarias al servicio de essa de- votissima Casa, porque dicen ser en grandísimo número, líl octavo, sea de la Imagen de la sacratísima Madi-e de Dios, que antiguamente fué hallada en essas Montañas, que, según dicen aora, está en Altai- mayor de la Iglesia de essa santa Casa, escribiéndome del tamaño y color que essa bendita Imagen tiene. El noveno, porque yo estoy ma¬ ravillado de lo que á muchos he oido decir, que en esa santa Casa apenas en ningún tiempo ce.>