DE MONTSEEEAT 269' CAPÍTULO NONO Descripción del templo.—Continuación de la misma materia. -De la sacristía y sus dependencias. - Gran tesoro de la iglesia.—El cé¬ lebre viril y las coronas del Niño y de la Virgen.—Beliquias pre¬ ciosas que antes había en Montserrat. T Viendo el rey Felipe TI, tan devoto de Nuestra Señora, que el templo estaba concluido, pero que le faltaban aún los adornos interio¬ res, quiso que á una iglesia tan grande se pusiese un retablo corres¬ pondiente. Al efecto llamó á Esteban Jordán, uno de los principales escultores de aquella época, y le mandó que desde Castilla se trasla¬ dase á Montserrat, y que hiciese dos planos de altar mayor, confor¬ me á la capacidad del presbiterio. Cumplió Jordán el mandato del Rey; estuvo quince dias é hizo los dos planos, uno con Camarín para ser colocado en él la Santa Imagen, y otro sin Camarín, por si se quedara ésta en la iglesia vieja. Ya queda referida la dificultad que ha¬ bla en sacarla Imagen del lugar que ocupaba. Mas como tanto el Rey como la mayor parte déla Comunidad optaban por su traslado, fué ele¬ gido el plano que tenia Camarín, obligándose el escultor á dejarlo co¬ rriente dentro de dos años, lo que cumplió. Una vez concluido, fué montado en una de las plazas de Valladolid, y el Rey fué á verlo en persona. Era obra de mucho mérito, y costó por el trabajo de manos diez mil ducados. Fué transportado en sesenta y cinco carros, que cos¬ taron, con el trabajo de colocarlo, otros seis mil ducados. Por la pin¬ tura y dorado se gastaron nueve mil; total que costó el altar acabado, veinticinco mil ducados, sin contar cuatro mil más que se añadieron al escultor por sus mejoras. Todo lo costeó el rey Felipe de su peculio. Era de alto este altar setenta y seis palmos por setenta y cuatro de ancho, sin contar el pedestal, que era de piedi'a, en el que habia grabados en una y otra parte los escudos reales con la siguiente ins¬ cripción: Opus Phüi'p'pi Secundi Eyspaniarum Regis, Vallisóleti sculphm anno MDXCII. Se componia de siete partes divididas por hermosas columnas de orden corintio ; y entre columna y columna, den¬ tro de sus respectivos nichos, estaban colocadas figuras de Santos de tamaño natural, trabajadas con mucha perfección, en número de vein- 270 NUEVA HISTORIA te, sin contar los cuadros de la Pasión de Jesucristo que había en los bajos. Eemataba el altar con un Crucifijo, teniendo á sus lados las imágenes de la Virgen y San Juan, y á los extremos unas copas lle¬ nas como de fuego, y á su rededor una pequeña balaustrada para se¬ guridad de los encargados de subir y bajar las cortinas del altar en la Semana de Pasión y Semana Santa. Las figuras del altar guardaban el orden siguiente ; En el primer orden, laterales al nicho de la Santa Imagen de Nuestra Señora, es¬ taban el Nacimiento de Jesús y la Adoración de los Santos Reyes, los cuatro Doctores de la Iglesia los cuatro Evangelistas. En el segun¬ y do estaba en el centro la imagen de San Benito, y á los lados la re¬ surrección del monje y la del niño obradas por el mismo Santo ; y á los extremos dos Pontífices y los monjes San Mauro y San Plácido ; y en los nichos altos San Lorenzo y Santa Escolástica, San Román y San Bernardo. El tercer orden tenia en medio la Asunción de Nues¬ tra Señora, y á los lados la Resurrección y la venida del Espíritu Santo; y en sus cuatro respectivos nichos Santo Domingo, San Basi¬ lio, San Bruno y San Francisco. Tenia el Rey, viejo como era, los ojos tan fijos en este Santuario, que hubiera deseado dar á este nuevo templo toda la hermosura po¬ sible ; y por ser el altar mayor como la cabeza y rostro del cuerpo de la iglesia, que no estando como debe, se juzga como imperfecto lo demás, no se contentó hasta verlo pintado y dorado. Deseando que se hiciese bien y con prontitud esta obra, ya que el Convento no tenia recursos por la miseria de aquellos tiempos, mandó que sobre las tra¬ tas de Cerdeña se librasen seis mil escudos, y tres mil por otra parte, con cuya cantidad contrató al pintor Francisco López, para dorar y pintar el altar en el término de dos años. Vino este señor de Madrid, donde residía, con toda su casa y doce oficiales escogidos en el mes de Septiembre de 1598, para dar principio á la obra. Murió el Rey en este mismo año; mas como su hijo Felipe III en nada desmerecía de la piedad y devoción de su padre hacia Montserrat, quiso conti¬ nuar con gran interés la ohra comenzada. En Junio de 1599 celebráronse Cortes en Barcelona, y antes que concluyeran, uno de los Ministros escribió al Padre Abad de este Mo¬ nasterio, que si las pinturas del altar permitiesen verificar el trasla¬ do de la Santa Imagen, seria muy del agrado de Su Majestad hallarse presente á este acto. Púsose gran empeño en adelantar este trabajo, y en el mes de Julio siguiente verificóse dicha traslación, estando el altar á medio pintar y dorar. Subíase al altar por seis gradas de hermoso jaspe y pórfido, de DE MONTSERRAT 271 pie y medio de latitud por veinticuatro de longitud, las cuales se ce¬ rraban con una primorosa reja de hierro de seis palmos de alto, pin¬ tada y dorada. En ambos lados había unos baluartes, con las armas reales en cada uno ; y en ellos cantaba la Escolania la Misa matinal y otras, acompañada de un pequeño órgano, pintado y dorado, que es¬ taba á la parte de la Epístola. La mesa del altar era una sola piedra, que servia de medía diecisiete palmos de longitud y ocho de ara, y latitud. Sobre esta piedra estaba el Sagrario, que fué construido en 1722 por setecientas once onzas de plata. Las cinco gradas del altar eran también de plata. En 1680 el Duque de Cardona remitió un tro¬ no de plata para la Santa Imagen. Ardían día y noche delante de la Soberana Reina cuatro grandes cirios y setenta y cuatro lámpa¬ ras de plata, sin las muchas velas que traían sin cesar los devotos peregrinos. Estaban colocadas las lámparas en tres filas; la primera ocupaba toda la anchura de la gran reja, y las dos restantes salían de los extremos de aquélla hasta el altar mayor. En medio de ellas, y del templo, pendientes de la bóveda, había dos grandiosas lámparas reales, regalo de los reyes Felipe II y III, cercanas á la Santa Ima¬ gen; seguia á continuación la del Gran Duque de Toscana, luego la nave de la Marquesa de Castel Rodrigo, después dos primorosas ara¬ ñas de hermoso cristal, dádivas del Duque de Osuna y del Marqués de Laganés; y la más próxima á la reja, mucho mayor que las demás y de plata rauy,bien trabajada, que remitió el príncipe de Armestad, D. Jorge Landsgrave de Asia. Así estaba admirablemente enriquecido el presbiterio á principios de este siglo. II Dice el MaestroArgaiz, que desde el año 1493 en que entró el abad García de Cisueros, hasta 1675, en que él escribía su Historia de Montserrat, fueron ofrecidas á Nuestra Señora más de doscientas lámparas de plata ; y que el citado Abad había alcanzado del Papa Julio II un indulto para que con treinta cumpliese por las demás. Mas esta Casa se ha mostrado siempre tan generosa, que ardían con¬ tinuamente hasta el número de setenta y cuatro. Había, además de éstas, una en la capilla de Santa Ana, otra en San José, otra en San Lorenzo, otra en el Santo Cristo, que estaba arriba encima del Santo Patriarca, otra en la iglesia vieja, otra en la sacristía, delante de las santas Reliquias, y tres en la capilla del Santísimo, que en junto son ochenta y tres las lámparas que ardían siempre. 272 NDEVA HISTORIA Uno de losprincipales adornos del templo era la magnífica reja, que dividía el crucero del cuerpo de la iglesia. Era toda de hierro, menos los adornos, que eran de metal dorado y plateado. Estaba mon¬ tada sobre un pedestal de jaspe hermosamente labrado, de cuatro pies de alto, en el cual descansaban doce columnas, partidas dedos en dos, y de una á otra cerrado con balaustres, que subían de abajo hasta la cornisa, dieciocho pies de alto. Por haber contribuido el Rey con siete mil ducados, púsose en la cornisa la siguiente inscripción: PldU'ppus Tertius Rex Hispanie, Virgini Marie dedicavit anno MDGIX, En medio de esta gran reja había la puerta de entrada en la ca¬ pilla mayor, que tenía doce pies de ancho con su correspondiente al¬ tura. Del primer orden salía un corredor, de cuatro pies de ancho, que ceñía la capilla hasta las gradas del altar mayor, y servia para ade¬ rezar las lámparas de plata, representando en su número y valor la liberalidad de los príncipes; ya que desde los más nobles títulos de Europa, hasta los Papas, emperadores y reyes, todos tenían en este Santuario sus respectivas ofrendas. Encima del arquitrabe friso y cornisa se levantaba el segundo orden, en la misma forma que el pri¬ mero, y tenia dieciséis pies de elevación. El remate era precioso, de otros cuatro términos de doce pies de alto, sobre el que cargaba un frontispicio, en medio del cual destacaba la estatua de la Fe, de siete palmos, teniendo á los lados la Esperanza y la Caridad. Había en di¬ cho remate unas pirámides, y en medio de ellas la Prudencia y la Justicia. Debajo de la cornisa había un escudo hermosísimo con las armas reales, indicando que este Santuario estaba bajo la protección de los Reyes de España. Las doce capillas de la iglesia estaban todas pintadas y doradas, y tenían primorosos retablos. La primera de la parte del Evangelio estaba dedicada á San Joaquín y Santa Ana; la segunda al gran Pa¬ dre y Patriarca San Benito; la tercera, del Sacramento, era más gran¬ de por estar destinada al Monumento; la cuarta á San Antonio Abad; la quinta á la Purísima, cuya imagen era de mármol, muy bien traba¬ jada, y á sus lados tenia San Jaime y Santa Eulalia; la sexta á Santa Gertrudis, con Santo Domingo y San Antonio de Padua colaterales. La primera capilla de la parte de la Epístola estaba dedicada á San José; la segunda á San Bernardo, y era la más hermosa del templo; la tercera á San Lorenzo ; la cuarta á San Tldefon.so ; la quinta á San Ignacio de Loyola, y la última á San Luís, rey de Francia. Aquí es¬ taba la riquísima pila bautismal de jaspe obscuro y de una sola pieza. Las dos capillas de San José y Santa Ana estaban dentro del presbi¬ terio, porque en aquel tiempo lo era todo el espacio que mediaba en- DE MONTSERRAT 273 tre la gran reja y el altar mayor. Cada capilla tenía su primorosa verja de madera, uniformes y pintadas todas de blanco con matices de oro y negro. Otra de las piezas más notables era el grande y majestuoso Coro. La madera era toda de macizo roble, traída de los bosques de San Juan de las Abadesas. Tenía dos órdenes de sillas, altas y bajas. En éstas, que erantreinta y seis, estaba esculpida la vida, pasión y muerte del Señor ; y en aquéllas, cuatro palmos más elevadas, en nú¬ mero de cincuenta y cinco, había sobre el espaldar de cada una un Santo de cuerpo entero, y entre ellos los doce Apóstoles. Estas imᬠgenes eran muchísimas, trabajadas con toda perfección. El extremo de las sillas altas era de cinco varas, terminando con un hermoso corredor con balaustres. El atril tenía cinco varas de alto y nue¬ ve de circunferencia, en el que cabían á la vez cuatro libros de coro abiertos de los mayores que se conocen. El Coro tenía dos puertas, y encima de cada una un órgano dorado. Fué su autor Cristóbal de Sa¬ lamanca, y se le dieron por sus trabajos, sin la madera, diez mU ducados. La magnanimidad de D. Juan de Austria, hijo del rey Felipe IV, mandó dorar á sus expensas toda la iglesia. Fué esta una obra verda¬ deramente grande y admirable, en la cual se invirtieron millares de doblones, ni es posible añadir una palabra más á este don regio, que fué la admiración de todo el mundo. Como el templo tiene una sola puerta, y está frente del altar mayor, apenas se entraba en él ya se advertía toda su riqueza. A la entrada del templo había dos sober¬ bias pilas para el agua bendita, en forma de concha, todas de mármol jaspe de una sola pieza, preciosas y de gran valor y mérito. Todo en Montserrat respiraba grandeza y devoción. Ill Desde eltemplo que acabamos de describir, pasemos ahora á la sacristía, pieza dependiente del mismo. Constaba de cuatro que es cuerpos, siendo el primero otra maravilla. Estaba adornada de espe¬ jos, arquillas, armarios, láminas y cuadros de finísimo pincel. Ha¬ bía nn Sagrario de madera muy grande, curioso por su hechura, y rico por el tesoro del cielo y de la tierra que encerraba en reliquias de Santos, imágenes de plata, relicarios, cálices, candeleros y otras muchas alhajas de aquel mismo metal. Las otras tres piezas se veían también adornadas con ricas pinturas, y allí estaban los armarios del 274 NUEVA HISTORIA tesoro y ornamentos para el culto divino. De los ornamentos vamos á tratar ahora: del tesoro hablaremos después. Escribe el Maestro Argaiz, que en su tiempo había la sacristía en de Montseri'at más de cincuenta capas, la mayor parte de brocado, y las demás de tela de oro, y más de treinta temos para diferentes fes¬ tividades, también de brocado, sin un gran número de casullas suel¬ tas, todas de mucho valor y riqueza. Entre las mitras que servían á los Abades, había una del Duque de Mantua, apreciada á mil quinien¬ tos ducados. El venerable P. D. Benito Argerich, en un compendio que escribió de la Historia de Montserrat, dice: Que en 1709 D." Isa¬ bel Cristina de Bruuswich, esposa del principe D. Garlos de Austiña, remitió desde Barcelona un pontifical de tres capas, un temo, paño de atril, bolsa de corporales, mitra, cinco cíngulos de oro, vestidos para el Niño y la Virgen, un corte de tisú blanco y encarnado, en mu¬ chas partes bordado por sus propias manos y de sus damas con hilo de oro y plata. Había, además, otros tres pontificales de tisú de oro y plata muy ricos. Los temos enteros unos eran de brocado de tres altos y cañuti¬ llo, otros bordados en oi'o, plata y seda fina, otros de tisú, des¬ muy tinados todos para las fiestas principales. En igual número eran las capas y frontales del altar mayor. Tenían tres palios con seis varas de plata: uno bordado en hilo de oro, otro de media tapicería, y el tercero de damasco de seda. Si hubiésemos de especificar el número y variedad de las capas, temos, casullas sueltas, que las había ricas y en mucha abundancia, corporales, albas, manteles, roquetes preciosí¬ simos páralos niños escolanes, seria nunca acabar. Basta decir: que la sacristía de Montserrat estaba abundantemente provista de todo cuanto puede pedir el más delicado aseo y limpieza del altar, y de to¬ do cuanto es conducente á la uniformidad y correspondencia que pide y exige la majestad con que ha sido celebrado en todos tiempos el culto divino en este devoto Santuario. El Camarín de Nuestra Señora se componía de tres estancias, reducidas y cuadradas, pero tan elegantemente adornadas de bue¬ nas pinturas, ricos escritorios, escaparates y láminas, que más bien parecía una cámara celestial que terrena. Las pinturas que her¬ moseaban este Camarín pasaban de veinte ; y las láminas eran más de un centenar. Aquí era donde principalmente fijaba el público sus miradas y se pasmaban los inteligentes. En una de esas estancias es¬ taba un encajonado, que contenía los vestidos de la Santa Tmagen. Eran más de cincuenta, á cual más ricos y preciosos. Había también un cajón grande, en que estaban las tocas y otras piezas para adornar DE MONTSERRAT 275 la Perla de Cataluña, con delicados. A cada encajes los más finos y vestido de la Madre con-espondía otro para el Hijo. Bajo dosel, y so¬ bre el citado armario, estaba una imagen de Jesús Crucificado, de marfil con la cruz de ébano, y de más de tres palmos. Era obra de ar¬ te muy estimada, y los mejores maestros la tenían tasada en cien do¬ blones de oro. Para que resalte más la grandeza de Montserrat en sus mejores tiempos, y que no se pierda la memoria de los inmensos do¬ á fin de nativos que se le hicieron en ornamentos para la iglesia, vamos á con¬ cluir este párrafo consignando los nombres de los donantes y la cali¬ dad de sus regalos. 1508. El infante de Aragón, ü. Enrique, regaló un frontal de brocado colorado. 1518. El Duque de Calabria, un ornamento y frontal de brocado. 1519. La Condesa de Módica, un frontal y casulla de la misma tela. El mismo año el Duque de Segorbe, una capa de mil ducados. 1535. La Condesa de ïrevenso, tres casullas y algunos objetos de plata. 1537. La Duquesa de Infantado, una saya tejida de oro, de la que se hizo un ornamento. 1558. La princesa de Xivelt, cuatro manteles, valor de doscientos reales de á ocho. 1561. D. Acisclo de Moya, obispo de Vich, un ornamento de brocado. 1564. El Príncipe de Eboli, una capa de brocado. 1569. El Duque de Soma, dos capas de trescientos ducados. 1585. La Condesa de Prades, una tela de plata bordada de oro de dos¬ cientos ducados. 1586. El Duque de Villahermosa, una gala bordada en oro del mismo valor. El mismo año el Conde Cifuentes, un frontal bordado de oro. 1599. La Reina y su madre, veinte varas de brocado. El mismo año la Vizcondesa de Eboli, dos ricas capas. 1600. El cardenal Ascanio, una casulla de mucho valor. 1603. La Condesa de Elda, unas basquiñas de tela de oro. En el mismo año la Condesa de Lauria, un rico frontal. 1604. La Duquesa de Braganza envió de Portugal una saya de mil du¬ cados. En el mismo año la Condesa de Lemos, un frontal y una casulla de tela de oro. 1610. La Duquesa de Lorena, seis varas de brocado muy rico. El mismo año la Duquesa de Cañete, una saya y una ropa de le¬ vantar, y la Condesa de Porcia, un vestido bordado de cañu¬ tillo de oro. 276 NUEVA HISTORIA El mismo año la Condesa de San Martín, otra saya de lela de oro. 1612. La Marquesa de Cobar, otra saya que sirvió para un temo. 1614. La Marquesa de Tromestra,unas basquinas y unos frontales. El mismo año el Cardenal de Zoyens (Francia), una casulla y un frontal de quinientos ducados. 1616. La Condesa de Lemos, un frontal y cuatro vestidos. 1617. La Condesa del Infantado, un sayo bordado de cañutillo de oro. 1618. La Reina de Francia, mujer de Luís Xlll, un ornamento de mil ducados. 1619. Los Duques de Florencia, un frontal y casulla de brocado de valor tres mil ducados. El mismo año la Duquesa de Alburquerque, unas basquiñas de doscientos ducados. 1621. La Reina de España, una saya de mil escudos. El mismo año la saya de dos mil. Duquesa de Osuna, otra 1623. La Duquesa de Alcalá, otra muy hermosa. 1624. El Duque de Espernón, una mantilla de mucho valor. 1626. El cardenal Barberino, una casulla de brocado. 1630. La Duquesa de Feria, un vestido de ochocientos escudos. 1631. D." Margarita de Austria, un vestido de dos mil quinientos du¬ cados. El mismo año laMarquesa del Visco, una saya de tres mil reales. 1635. La Marquesa de Campo, unas basquiñas de mil quinientos es¬ cudos. El mismo año la Condesa de Este, un frontal y frontalera de mil escudos. El mismo año la Princesa de Carrillano, unas basquiñas de mil ducados. 1638. Los Condes de Monterey, un manto y mantilla de doscientos. 1640. El Conde de Molina, francés, una garina de grana de dos mil reales. El mismo año la Duquesa de ISájera, un vestido de tela de oro. 1654. El Marqués de Maforín, francés, un capote de grana bordado de oro. 1658. La Princesa de Nivelel, en Bravancia, dos manteles de cincuenta doblones. 1663. La Condesa de Robles, un vestido de tela de oro de dos mil reales. 1667. El Marqués de Astorga, ocho varas de lama de plata encarnada. 1668. La Condesa de Centellas, un vestido de lama bordado de oro. 1669. El Duque de Parma, un manto y frontal de brocado. El mismo año la Baronesa de Llinàs, un vestido bordado de oro. 1670. La Princesa de Parma, un manto, casulla y otras cosas, valor siete mil ducados. 1672. La Marquesa de Pescara, unas basquiñas de cincuenta y ocho do¬ blones. DE MONTSEEBAT 277 1678. La Marquesa de Santa Cruz, una saya de mil ochocientos du¬ cados. 1680. La Duquesa de Frías, un vestido de brocado de mil ducados. 1687. La Condesa de Oropesa, un vestido de mil ochocientos. 1688. El Marqués de Grillo, genovès, un terno de cuatrocientos. 1693. La Duquesa de Medinasidonia, varios cortes de oro y plata. 1696. El Marqués de Conflent, un manto de cien doblones. 1702. La Duquesa de Medinaceli, un vestido de mil ducados. 1712. La Marquesa de Coscojuela, un manto para la Virgen y un vesti¬ do para el Niño. 1722. La Marquesa de Sardafiola, unas basquinas de valor cuatrocien¬ tos ducados. 1723. Juan Antón Arnes Lassune, francés, un manto de veinticinco doblas. 1725. Una señora de Madrid, catorce varas y media tisú morado con flores de plata. 1727. D. Francisco Izquierdo, un vestido de tisú, basquiña y jubón de ciento veinte doblas. 1729. D." Catalina Josa, unas basquiñas de tisú de plata, que sirvió para un terno nuevo. En el mismo año una señora de Flandes, otra basquiña de tisú verde para otro terno. 1730. El Marqués de las Torres, una casulla bordada en oro y sedas de mucho mérito. 1731. El P. Felipe Vidal envió, desde la ciudad de Palermo, ornamentos por valor de cuatrocientas doblas. 1732. El mismo Padre remite más ornamentos por valor de doscientos treinta doblones. 1733. El Conde de Savallà remite desde Viena sesenta canas terciopelo y ochenta y seis canas galón de oro. 1733. El P. Vidal vuelve á remitir ornamentos de gran valor desde Pa¬ lermo. 1734. La coro7iela D.^ María de Aranda, un jubón y basquiñas de cien doblones. 1734. El intendente D. Antonio Sartine, un terno blanco muy hermoso y de valor. 1735. El P. Vidal continúa remesando desde Palermo ornamentos ricos y de mucho precio. 1737. La Condesa de Centellas, un manto y toca de tisú de plata con flo¬ res de oro. 1743. El limo. Galindo, obispo de Lérida, un manto y frontal de bro¬ cado. 1745. La Condesa de Aranda, un manto y mantellina de lana con pun¬ to de oro. 1745. El Marqués de Ciutadilla, cuatro ricas casullas y siete albas. 278 NUEVA HISTORIA 1746. El gran predicador Fr. Esteban Pedrejón envía desde Madrid un de terciopelo. temo negro ■ 1749. La Condesa de Clariana, un vestido de tapicería campo azul. 1750. La Duquesa de Medinaceli, un vestido de tisú de mucho valor. 1752. El P. Firmat, procurador en Palermo, remite un palio y un temo de color blanco. 1753. La Marquesa de las Amarillas, mantellina de color un manto y azul. 1755. La Marquesa de Mina, mujer del Capitán General de Cataluña, basquina. una 1755. La Duquesa de Medinaceli, un vestido con botones de diamantes. 1756. El P. Firmat envió desde Palermo tres capas, casullas, dalmáti¬ cas y otros objetos. 1759. El mismo Procurador, tres grandes y hermosas alfombras. 1766. La Condesa del Asalto, un vestido. 1769. D. José Miró, un vestido entero. 1771. La Duquesa de Castro Pignano, un guardapies para ornamentos. 1772. D." María de Montoliu, otro guardapies. 1775. La Marquesa de Baños, un vestido blanco con flores de oro. 1775. La Marquesa de Queralt y de Pinós, un vestido y trescientas li¬ bras para casullas. 1777. D. Fernando déla Vega, un escudo de damasco con la Imagen y Montaña de Montserrat. 1784. D. José Juliá, de Barcelona, un vestido blanco con galones de oro. 1819, D. Lorenzo de Clarós, de Barcelona, un vestido de raso blanco bordado. 1819. Una monja, una toca de punto; y varias devotas, sus mejores ves¬ tidos. 1822. D. Manuel Amigó, un vestido de tapicería color morado con galón de oro. 1824. D.'Ramona Cisternas, un vestido de lama de plata bordado en oro. 1827. D." Ramona Ferrer, de Igualada, un vestido terciopelo encamado bordado en oro. 1828. El rey D. Fernando Vil, medio millón de reales para la recons¬ trucción del templo. 1829. El Barón de Maldá, mil libras catalanas para adornar el Camarín de la Virgen. Desde la conclusión de la guerra de la Independencia hasta la de los siete años, 6 sea hasta la exclaustración, apenas se hicieron do¬ nativos de ornamentos; abundaron, empero, mucho los regalos de sor¬ tijas, zarcillos, cadenas, casullas, tocas, manteles, albas y toda clase de ropa blanca, porque con el incendio había quedado pobre y desman¬ telado el templo de Nuestra Señora. Con motivo de la guerra cesó el DE MONTSEEEA.T 279 •culto de Nuestra Señora desde el 29 de Julio de 1835 á 8 de Septiem¬ bre de 1844, en que fué de nuevo abierto. Sigue desde entonces el catálogo : 1844. Una señora regaló un vestido blanco de seda. 1852. Una señora, de Monistrol, otro vestido morado. 1853. La Marquesa de Creuliilles, otro vestido verde. 1854. El Barón de Maldá, un lerno de lama. 18.57. La reina ü." Isabel, un vestido bordado en oro al realce, de gran mérito y valor. 1857. Una hija del general Rodríguez, un vestido encarnado de terciopelo. 1860. La familia Montobio, de Barcelona, un vestido de lama de plata. 1861. La Marquesa de Moya, un vestido de tisú. 1863. D." Elisa Planas de Esteve, un vestido de raso color de violeta, bordado en oro. 1863. La Baronesa de Rocafort, un vestido de raso blanco bordado en oro. 1863. La Marque.sa de la Vall de Ribas, viuda del general Llauder, un vestido de tisú morado. 1863. D." Miguela de Peguera, un pontifical de tisú encarnado, valor de mil seiscientos duros. 1865. D. Manuel Muñoz, de Valladolid, un vestido de tisú color amarillo. 1868. D." Francisca Bocabella, precioso cortinaje de terciopelo bor¬ un dado en oro y de gran valor. 1871. La misma señora, una toca de tela de plata bordada en oro, de va¬ lor seiscientos duros. 1876. D.^ Leonor Vildósola, un vestido moaré, color de rosa. 1881. D.° Francisca Bocabella, convierte en vestido el cortinaje que re¬ galó. Después del de la Reina, es el mejor. 1888. Familia Roca, familia Alicaló y Ramón Navarro, de Barcelona, un vestido cada una. 1891. Una familia de Barcelona, un vestido de tisú con bordados de oro. 1894. D." Dolores Cinta de Pons, un vestido de raso color azul. Lo que acabamos de referir, es lo principal que hemos encontrado •en el libro de Bienhechores, que obra en poder del Padre Sacristán, en materia de ornamentos. De intento hemos omitido otros objetos de menos valor, tocas, vestidos de señora y otros, para no ser como más difusos. Creemos será del gusto de nuestros lectores, que con¬ cluyamos el presente párrafo consignando los principales ornamentos que posee hoy esta sacristía. Tres pontificales : dos blancos y uno de encarnado. Dieciséis temos; cinco blancos, tres encarnados, dos mo¬ rados, dos verdes y cuatro negros. Dos palios, y unas setenta casu¬ llas, todas de bastante valor. Nada es esto en comparación de los or¬ namentos ricos y abundantes que tuvo Montsei'rat antes del incendio. NUEVA HISTORIA IV El P. Lesmes Reventós, Historia de Montserrat manus¬ en su crita, que desapareció en el incendio del año 1811, dice: Que en el año 1700 había en esta sacristía cinco copones, cuatro de plata dorada y uno de oro ricamente esmaltado. Treinta cálices de plata dorada y uno de oro macizo con vinajeras de plata del mismo metal. Cuatro grandes cruces procesionales, seis blandones de nueve palmos, cua¬ tro ángeles, veinte candeleros, un dosel, un frontal, dos báculos para el pontifical, fuentes, jarros, palanganas y otras muchas piezas de plata. Pero la curiosidad no se satisface por lo dicho de un modo tan general. Para que resalte más y más la grandeza y riqueza de este Santuario, vamos á continuar la cantidad y calidad de las alhajas re¬ galadas, según consta en el referido libro de los Bienhechores. 1521. El Duque de Segorbe regaló un Niño Jesús de plata. 1522. El Papa Adriano VI, una lámpara de plata, dotada para arder no¬ che y día. 1537. D. García, arzobispo de Toledo, un cáliz de oro. 1554. El Conde de Alba de Lista, dos blandones de plata. 1558. La Duquesa de Agua, una cadena de oro en perlas. 1601. La Marquesa de Colieto, napolitana, una joya con veinticinco dia¬ mantes. 1602. Llega la preciosa lámpara que el rey Felipe 11 dejó al morir. 1607. El cardenal Melino, una fuente de plata de trescientos ducados. 1613. La Marquesa de Almazán, un rubí de ochocientos ducados. 1617. Los mejicanos, un tiro de artillería de plata y una corona de es¬ meraldas. 1618. El Sr. de Saint Lucen, francés, un cáliz de oro de mil quinientos ducados. 1621. La Condesa de Flandes, una navecilla de oro y diamantes de cua¬ tro mil ducados. 1629. El Duque de Urbina, un cáliz de oro de quinientos veinte ducados. 1630. El Marqués de Caderita, una cruz y seis candeleros de tres mil seiscientos ducados. 1630. La Condesa de Flandes, cuatro estrellas de oro y diamantes de ocho mil ducados. 1630. El Marqués de Aitona, un joyel de oro con sesenta y seis dia¬ mantes. 1630. El Infante Cardenal, cuatro blandones de plata, de dos mil cua¬ trocientos ducados. DE MONTSERRAT 281 1(532. El rey Felipe IV, una rica lámpara. 1636. La Condesa de la Coruña, una sortija de oro de dos mil escudos. 1639. La Duquesa de Alcalá y D. Mariano de Chaves, una sortija de oro y una esmeralda. 1657. El Conde de Peñaranda y D. Mariano de Chaves, una sortija v una esmeralda. 1659. D.° Isabel Manriquez y la Duquesa de Alburquerque, una cadena y joya, tres mil. 1667. La Reina de Francia, seis lloreras con jarros de plata. 1669. El Duque de Medinasidonia y la Duquesa de Osuna, una joya y venera con diamantes. 1671. El Duque de Sesa y la Condesa de Alteres, una mariposa y joya con diamantes. 1672. El Duque de Medinaceli, una joya de catorce mil reales de á ocho. 1672. El Conde de Castel Florit y el Conde de Luminarco, seis cruces de oro sortija. y una 1675. La Duquesa de San Germán y D. Antonio de Losa, una salvilla y joya de diamantes. 1679. La Princesa de Pornplín, una fuente de plata. 1683. La Marquesa de Vélez la y de Camarasa, un ramo de oro y dos esmeraldas de trescientos doblones. 1686. El Conde de Robles y la Duquesa de Sexto, un pectoral y sortija de trescientos doblones. 1689. El Marqués de Camarasa y la Baronesa de Llinàs, cuarenta y dos esmeraldas. 1692. La Duquesa de Medinasidonia, corazón de un oro con diaman¬ tes, de seiscientos pesos. 1692. La Princesa de Tiburcio y el Conde de Alba, una sortija y dos blandones de dos mil ducados. 1695. El Mar([ués de CasLañaga, virrey de Cataluña, un anillo con una turquesa seis diamantes. y 1695. El Marqués de Vilanant, una cruz de oro esmaltada con sesenta y seis diamantes. 1696. La Marquesa de Tamarit, un relicario con santas espinas y tres¬ cientos treinta diamantes. 1697. El P. abad D. José Ferrer, hizo dos peanas y seis candeleras, de plata de la iglesia con autorización. 1699. El mismo Padre Abad entrega un pectoral de oro y doce amatis¬ tas de color morado. 1701. El Obispo de Lérida, un pectoral con seis zafiros grandes y sesen¬ ta y seis diamantes. 1701. El Duque de Tursis, de Genova, una águila de plata con treinta y dos diamantes. 1702. La Reina de España y sus damas, un guarda-pechos con ciento> treinta diamantes y veinticinco rubíes. li) 282 NUEVA HISTOltIA 1702. La Condesa de Aranda y la Marquesa de Aitona, una joya de oro ydos pendientes. 1702. El Marqués de Palacios, una jojía de oro con ciento diez diaman¬ tes, de cuatrocientas doblas. 1702. El rey de España , Felipe V, regaló personalmente doscientas quince doblas y un cáliz. 1702. La Condesa de Aranda y la Marquesa de Aitona, una joya de mil cien ducados y unos pendientes. 1708. El Conde de Usfelt, virrey de Cataluña, una sortija de oro con siete diamantes. 1708. El rey Carlos III y su esposa, un cáliz y vinajeras con diecisiete diamantes grandes. 1709. El Duque de Lesi, de Milán, una venera de San Juan, de oro. 1710. La Marquesa de Santa Pau, una cintilla con diecisiete diamantes. 1711. La Condesa Stela, una sortija de oro con siete diamantes y siete rubíes. 1714. La Condesa de Oropesa, dos lazos de oro con esmeraldas y dia¬ mantes. 1717. El cardenal Judice, un pectoral de oro y diamantes. 1717. Un Canónigo de Vich.y D. García, de Toledo, un cáliz de oro ca¬ da uno. 1719. El príncipe Pío, capitán general de Cataluña, dos coronas de oro para el Niño y la Virgen. 1723. El Marqués de Aitona contribuye con una buena limosna para un sagrario de plata. 1730. El Gran Maestre de Malta, una lámpara de plata en forma de urna. 1732. La Condesa de Altem, desde Viena, un reloj de repetición de ochenta doblones. 1733. D. José Esmandía, un niño que abría y cerraba los ojos, menea¬ ba la lengua y los brazos. 1735. Un devoto, que ocultó su nombre, una sortija de oro con diaman¬ de trescientos doblones. tes, 1737. El Padre abad D. Benito Tizón, una fuente de plata, y la Conde¬ sa de Sallent, una cadena. 1738. D. Ramón de Creubillas, canónigo de Vich, una hermosa lámpa¬ ra de plata. 1739. Fr. Felipe, desde Palermo, seis candeleras de plata. 1740. La Duquesa de Medinaceli, un riquísimo salamón de cristal, y el Conde de Piñateli, una lámpara. 1741. Un militar, una lámpara; el Dr. Villar, un crucifijo, y unos devo¬ tos, una imagen, todo de plata. 1743. El obispo de Lérida, D. Gregorio Galindo, un sotacopa de plata. 1744. El prior de Malta, D. Francisco Villalonga, dos cadenas de oro con dos cruces y nueve rubíes. 1746. El Conde de Centellas, una lámpara de plata. DE MONTSERRAT 283 1750. La Duquesa de Medinaceli, una joya, dos arrecadas y una cruz, todo de diamantes. 1750. D. Lamberto Vidad, desde Zaragoza, un lazo con ciento diecisiete diamantes. 1756. La Duquesa de Arcos, madre é bija, una cruz con mil trescientos cincuenta diamantes. 1756. El P. Firmat, procurador de Palermo, dos cálices de plata y tres¬ cientas libras catalanas. 1757. El Conde de Rosberz, de Baviera, una joya de oro con diamantes y rubíes. 1757. La Compañía del Comercio de las Indias, el primer oro que trajo de aquella región. 1759. El abad Salcedo, dos relicarios de plata con Santa Eulalia y San¬ ta Flora. Desde esta fecha hasta la que sigue, constan una infinidad de re¬ galos en sortijas, anillos y demás, pero de escaso valor, comparados con los escritos aquí. 1775. La Condesa de Santa Coloma, trescientas libras en dinero. 1775. El Corregidor de Tinto, en el Perú, unas andas de plata. 1777. La Marquesa de Vilana, un anillo de oro con diez puntas de ru¬ bíes y catorce de diamantes. 1824. El Ayuntamiento de Barcelona, una credencia y sacras de plata. Desde el año 1777 hasta 1824 constan muchas dádivas, pero de escaso valor. 1824. D. Francisco de Lianza, una joya grande de diamantes con dos Angeles. 1824. Un devoto, que ocultó su nombre, otra joya con treinta y una es¬ meraldas. 1828. D. Fidel Ginabreda, un coponcito de plata, y el Barón de la Barre, dos buenas sortijas. 1832. La Duquesa de Almenara, una alhaja de plata con una estrella de diamantes. 1832. D." Miguela de Peguera, unos pendientes de oro y un collar con dieciséis topacios. 1832. El Conde de España, Capitán General de Cataluña, un cuadro de San Luís y una buena limosna. Desde el 29 de Julio de 1835, que tuvo lugar la exclaustración de losmonjes, hasta 8 de Septiembre de 1844, cesó el culto de Nuestra Señora, hallándose oculta la Santa Imagen. 284 NUEVA historia 184."). Una persona desconocida regaló un cáliz de plata sobredorada. 1856. D. Sebastián Martí, de Treinp, dos coronas de plata para la Madre y su Hijo. 1857. El rey D. Francisco de Asís, una azucena de oro, y la Princesa de Asturias, un alfiler. 1857. La infanta D." María Fernanda, una mariposa de brillantes, de valor veinte mil reales. 1859. D. Juan Escuder, una lámpara de plata de siete mil reales. 1859. El Marqués de Monistrol, seis candeleros de plata y una cruz de ídem. 1860. D. Francisco de Dou, un collar de bilos de perlas, un toisón de diamantes y otros de mucho valor. 1861. D.' María Ana Vidal, una lámpara de plata de nuevecientos seten¬ ta duros. 1860. La reina D." Isabel, un alfiler grande de brillantes, montado so¬ bre cinco amatistas, y un cáliz de oro. 1861. El Duque de Solferino, una estola bizantina, llena de joyas pre¬ ciosas. 1862. Mr. Lourduaix, francés, una condecoración de la Legión de Honor. 1863. D. Francisco Cabot, un mundo de plata para la Virgen y dos co¬ ronas. 1864. El Marqués de Sentmanat, dos hermosas lámparas de plata. 1864. El Conde de Llobregat, una cruz que el rey de Francia, Carlos X, regaló á padre el general Manso en 1827. su 1864. La Casa de Moi.xó, dos candelabros de plata. 1865. D. Bartolomé Xirinacbs, un crucifijo de cuatro palmos, de plata. 1865. D.° Cristina Jaumandréu, dos coronas de plata. 1865. Barcelona viene á dar gracias por haber desajiarecido el cólera, y ofrece un jarro y palangana. 1866. I). Ramón de Requesens, una efigie de plata del Venerable Pa¬ dre Pignatelli. 1866. D. Enrique Villavechia, una lámpara de plata de estilo gótico. 1876. Los herederos de la difunta D." Mariana de Foixá, un aderezo de oro con piedras de topacio. 1878. El Marqués de Ciutadilla, dos grandiosos salomones, valor de mil doscientos duros. 1881. La corona que estrenó la Virgen el día de su coronación, fué rega¬ lo de toda la Provincia, y costó veinticinco mil duros. 1881. Las Juventudes Católicas de Cataluña, un cetro de valor tres mil duros. 1881. La Romería de Gracia, un lirio de plata adornado de brillantes. 1883. D. Luís Díaz, un par de salamones, y los Sres. Mundó y Serrabi- ma, una lámpara. G884. La Superiora de las monjas del Sagrado Corazón, de Madrid, per¬ las y diamantes varios. DE MONTSERRAT 285 1884. D. Isidoro Bassols, comandante de Infantería, un collar de coral. 1887. El Marqués de Ciutadilla, mil duros, que han servido para costear los Angeles del Camarín. 1888. D. Antonio Massana, un collar de perlas y diamantes. 1888. D.® Catalina González de Ordufia, un copón de plata con pixis de oro. 1889. La madre de D. Víctor Freixa, un cáliz y vinajeras de plata. 1889. El Papa León XIII, un precioso cáliz que le regalaron en sus bo¬ das de oro. 1889. La familia Mundó y Serrahima, otra lámpara de plata. 1890. Ü. Manuel Boñll, dos salamones, y un desconocido, una lámpara de plata. 1891. Un descendiente de Riusech de Monistrol, dos salamones de tres¬ cientos duros. 1891. D. Francisco Cabot, una rica custodia de plata, estilo bizantino. 1892. El mismo Sr. Cabot, una cruz alta para las procesiones, de bronce dorado. 1893. La viuda de Cabot, un precioso cáliz, y ocho salamones un devoto desconocido. 1893. Un Padre de la Casa, aun novicio, los ocho grandes salamones que bay al rededor del templo. 1896. El mismo Padre ba costeado un gi-ande órgano nuevo. Tales son los regalos de mayor cuantía que se hallan anotados en el libro que se deja referido. Otros habrán que en razón de las cala¬ midades de los tiempos, les pasaron sin duda por alto á los monjes sacristanes. Regalos de esta clase de menos valor, los hay en tanta abundancia, que ocupan nada menos que un libro en folio, pero á nos¬ otros no nos es posible ocuparnos de todos los donativos, en orna¬ mentos, y en oro, plata y otras piedras preciosas. Sólo falta para con¬ cluir este párrafo, decir cuatro palabras sobre las lámparas que an¬ tes ardían noche y día delante de la Santa Imagen. Célebres son en la tradición y en las baladas del país las setenta y cuatro lámparas de plata que ardían constantemente ante el altar mayor, regalo de diferentes principes. Entre ellas se contaba el farol, siempre apagado (1), de la capitana que apresó en Lepanto D. Juan de Austria, regalado con trece banderas turcas á este Santuario al volver el invicto General de aquella memorable expedición. (I) De ahí trae origen aquella tan popular, que dice: «Fins setanta quatre llantias Que may 1' han vista cremá. Creman devant del altar. Una nit la van encendre. Fêtas son de plata fina. Un Angel del cel parlà: Menos una que ni há. «Apaguéu aquesta liantia, Que 's la llantia del rey moro, Sinó '1 mon s' enfonsarà.» 286 V Aunque es mucho el tesoro que se deja referido, aun parece poco por lo que nos falta referir. Son aquéllos dos soles, ó viriles, y coro¬ nas para el Niño Jesús y su Santísima Madre, cuya riqueza y precio¬ sidad era tanta, que con razón se ha dicho, que no tenían igual en toda Europa. El Sol para contener la Sagrada Hostia era todo de oro, y en él se contaban mil ciento seis diamantes, algunos de ellos de mu¬ cho valor. Más de mil perlas, muchas preciosísimas. Ciento siete ópa¬ los, tres zafiros, algunas ricas turquesas, cuyo arte y primores son imponderables. El Maestro Argaiz acabó la descripción de este Sol, diciendo: «Que con una pluma que dió el príncipe Filiberto, formada de quince ópalos, estimada en cuatro mil pesos, que se puso encima del Sol, quedó único y solo en teda Europa." De las tres coronas del Niño Jesús, las dos eran de oro y la otra de plata dorada. De aquéllas la una era de esmeraldas, en número de doscientas treinta y una, hermanadas con diecinueve diamantes. La otra tenía doscientas treinta y ocho y ciento treinta perlas de gran valor, dieciséis rubíes y dos esmeraldas muy ricas. Esta corona es¬ taba apreciada á dieciocho mil ducados. De las cuatro coronas de Nuestra Señora, las dos eran de plata dorada y matizadas de varias y ricas piedras. La tercera era de oro, y todo de finísimas esmeraldas. El Maestro Argaiz (1), escribe que fué trabajada en Méjico. El P. Peñalosa (2), afirma que se hizo en Pam¬ plona, ciudad de la nueva España, y que á su predicación y á la grande liberalidad de los indios se debe tan precioso regalo. Añade, que tenía doce libras de oro de veintidós quilates, y dos mil quinientas esmeral¬ das de mucho valor, y que fué apreciada en cincuenta mil ducados. La cuarta corona de la Virgen era de oro, con mil ciento veinti¬ cuatro diamantes, que sólo cinco de ellos estaban tasados en qui¬ nientos ducados cada uno. Era matizada con mil ochocientas perlas, ricas é iguales todas, cincuenta y ocho esmeraldas, veintiún zafiros, cinco rubíes, uno de los cuales era apreciado á cuatrocientos reales de ocho. En lo más alto de la corona había un navio de oro y diamantes, valor de dieciocho mil pesos. Pesaba una arroba y media de oro, y con las piedras preciosas pasaba de dos. Empleáronse muchas de las pren- (1) Perla de Cataluña, cap. i.xxv, fol. 239. (2) En su historia Las cinco Excelencias de España, Excel. V, cap. xxii, p. 150. DE MONTSERRAT 287 (las y joyas que la magnanimidad de los mayores principes y devotos de España y casi de toda Pluropa habían presentado á esta tan vene¬ rada Imagen de Nuestra Señora. Fué obra de un Religioso de esta misma Casa, de nación flamenco, de habilidad admirable, y estuvo en fabricarla veintisiete años. Dióle la última mano en el de 1637. "Al mirarla, dice Serra y Postius, causaba á los mayores monarcas y ar¬ tífices del mundo una admiración y sorpresa notables." Hasta aquí el rico y abundante tesoro que tuvo este Santuario, que prueba el entusiasmo y devoción que logró en todos tiempos y en todos lugares la Santa Imagen de Montserrat. No queremos ter¬ minar este artículo, sin hacer la descripción de la gran corona que estrenó la Virgen en el día 'de su solemnísima coronación, que será otra pueba de que esa devoción se conserva y aumenta por fortuna en nuestros días. La monumental corona que por manos del delegado del Papa León XIII se colocó sobre la frente de nuestra inmemorial Patrona, es preciosísima. Su estilo es puramente románico del siglo VIII de nues¬ tra Era, fecha del milagroso hallazgo de la Santa Imagen. Es la que mejor se adapta á las tradiciones de este Monasterio y al carácter de nuestra Santa Imagen. Es de oro purísimo, y tiene en el cerco infe¬ rior alegorías de la Letanía en esmalte sobre el mismo metal, orlada toda de brillantes y perlas. La adornan en lugar preferente los escu¬ dos de Cataluña y Montserrat. La parte superior ó diadema es de brillantes y otras piedras preciosas. Contiene en conjunto más de tres mil piezas de toda clase de pedrería. El pueblo catalán, como el anti¬ guo pueblo de Israel en ocasión parecida, ha dado lo mejor de sus jo¬ yas de familia para orlar la frente de la Madre de Dios, además de cuantiosas limosnas en dinero para su construcción. La corona del Niño es en todo igual, salvas las respectivas dimensiones. La corona que se regaló á María fué como el exooto milenar de su amada y fiel Cataluña. VI ¿Quién no creerá que con el oro, plata y piedras preciosas de este Santuario, hemos dado fin al presente capitulo? No obstante, no es asi. Aun falta por referir buena porción de uno y otro; y lo que es más, á excepción del viril, joyas de mayor preciosidad que las que se han descrito hasta aquí, pues son Reliquias de Cristo Nuestro Señor, de su Santísima Madre y de los mayores Santos del cielo. 288 NUEVA HISTORIA Dice el historiador Serra y Postiiis, que hallándose eii este San¬ tuario en 1707, el sacristán Fr. Isidro Vidal le permitió tomar nota de alguna de las muchas Reliquias que tanto le enriquecieron, y son las siguientes, puestas en orden alfabético. De San Acisclo, mártir. Un brazo colocado dentro de otro de plata. De San Alberto, carmelita. Un hueso en un relicario grande en que ha¬ bían otras reliquias. De San Adelelmo, mártir. Un dedo. De San Adriano, mártir. Una costilla en una pirámide de plata, alta de cuatro palmos. De San Alejo, confesor. Un hueso en un relicario grande. De SantaAna, madre de la Virgen Santísima. Un hueso. De San Andrés, apóstol. Una reliquia en un precioso relicario que re¬ galó el duque de Módena. De San Aniceto, papa y mártir. Reliquia de la archiduquesa María, sue¬ gra del rey Felipe III. De los Apóstoles del Señor. Reliquias de todos doce, en dos relicarios. Arcas. Seis arcas de plata, en que están cabezas, brazos, piernas y otras reliquias de Santos. Del ermitaño Fr. Juan Garí. Estaba su cuerpo con las dichas cajas en el archivo, cajón 5, ligazo 7, número G. Arca de marfil, de mucho mérito. En ella estaban muchas reliquias de' las once mil Vírgenes. De Rultasar, Gaspar y Melchor. Reyes Magos, Obispos y Mártires, tres reliquias. De San Eartolomé, apóstol. Reliquias en dos relicarios. De Santa Batilde, reina de Francia; San Mauro, discípulo de N. P. San Benito, y San Vicente, mártir. Envió sus reliquias desde París la reina D." Ana de Austria, esposa del rey de Francia Luís XIII. De San Benito, abad. El dedo índice de la mano derecha con carne y pe¬ llejo, y una muela, en urna de plata. De San Bernabé, apóstol. Reliquias en dos partes. De San Bonifacio, mártir. Hueso en relicario que un dió la reina de Es¬ paña D." Margarita, esposa de Felipe III. Del Cabello de María Santísima. De San Cristóbal, mártir. Cruz de plata con reliquias en ambas partes, regalo de D. Juan de Mendoza. De Santa Catalina, virgen y mártir. Reliquia. De la Cátedra del Apóstol San Pedro. Al pie de una de las pirámides de plata. Un Cofrecillo de madera bien labrado que estaba en lo más alto del Sa¬ grario de las reliquias. Estaba lleno de diferentes Santos, con el nombre de cada uno. De San Feliciano salía olor como un milagroso. DE MONTSERRAT 289 De San Constancio y compañeros, mártires. Reliquias en una de las pi¬ rámides. De San Coronio, mártir. De la Cruz. Cuatro partes de la en que fué Jesucristo crucificado. Tam¬ bién había de las de San Pedro y San Andrés. Una Cruz de oro. Con una parte muy notable de la del Salvador, dádiva de la esposa del emperador Carlos V. Una Cruz de plata, con reliquias de San Cristóbal, Santa Lucía, Santa Epifanía otros.y De la Cuna de Jesús, al pie de una de las pirámides triangulares de plata. Una Custodia de plata dorada con un círculo de oro esmaltado. Había en ella cuatro pedaz,)s de la vestidura de Cristo, y un dinero de los que los judíos entregaron á Judas, regalo de la Reina de Portugal. De San Dencislao, mártir. Reliquia insigne, el relicario grande. en De los Discípulos de San Dionisio. Huesos (¡ue envió la Abadesa de Montmartre, de la Orden Benedictina, en 1618. De San Didencio, mártir. Reliquia insigne en una de las pirámides. De Santa Elena, emperatriz. Reliquia en una imagen suya de plata. De Santa Emerenciana, mártii'. Huesos en el relicario grande. De Santa Escolástica, hermana de San Benito. En 1662, Francisco Puig- gener dió medalla con una reliquia. una De las Espinas. Dos de la corona de Jesús en riquísimo relicario de plata dorada con diamantes, á manera de custodia. En medio había una columna de cristal con ciento treinta y cuatro diamantes con una corona de oro, y encima un gallo también de oro, dádiva del Duque de Alba. Lo demás era regalo de la Marquesa de Tamarit. Una de estas espinas había sido regalada por la hija de los Reyes Católicos, D." Isabel, reina de Portugal; y la otra se creía regalada por el mis¬ mo Duíjue de Alba. De San Esteban, abad. Un hueso, en un medio cuerpo de plata. De San Félix y sus compañeros, mártires. En el relicario que regaló la reina de España D.° Margarita. De San Feliciano, mártir. Una canilla y un hueso. De Santa Felicitas, virgen y mártir. En el relicario de la archiduquesa María. De San Felipe Apóstol. Reliquia dos partes, en y un hueso de San Flo¬ rencio, mártir. De Santa Gertrudis la Magna, abadesa benedictina. Dos huesos en el corazón de imagen suya de plata. una De San Jaime el Mayor y el Menor. Reliquias en dos partes, y de San Ignacio de Loyola, un hueso. De los Inocentes. Reliquias en un relicario muy ingenioso. Hay doce niños desnudos, y Herodes en medio de ellos con un alfanje le¬ vantado, todo de plata, dádiva de Maximiliano H, rey de Hungría. 290 NUEVA HISTORIA De San Juan Bautista. La mitad de un dedo pulgar, y un hueso de San Lamberlo, mártir. De Santa Laurencia, virgen y mártir. Una de sus muelas en el relicario de la archiduquesa María. De la Leche de la Madre de Dios y Madre nuestra. De San Leopoldo. Un dedo en el relicario grande, regalo del Marqués de Aitona. De San Lesmes, confesor. Una canilla de un brazo dentro de otro de plata, regalo de la reina Germana. De San Liberato, mártir. Reliquia insigne en una caja de muchas reli¬ quias en el Sagrario. De San Lorenzo, mártir español. Una de sus costillas, tostada, en una de las pirámides de plata. De Santa Lucía, virgen y mártir. Una reliquia y un brazo dentro de otro de plata de San Marcelo. De San Marcelino, papa y mártir. En el relicario de la reina ü." ¡Mar¬ garita. De San Marcelino, mártir. Un hueso grande al pie de una de las pirᬠmides. De un cabello de la Virgen Santísima. De Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca. Una reliquia de cada una. De San Marción, mártir. Una reliquia en el relicario de la segunda es¬ posa del rey Fernando el Católico. De Santa Matildis, reina y monja benita. Una quijada con tres muelas. De San Mateo y San Matías, apóstoles. Huesos en dos relicarios. De San Mauro, abad y discípulo de San Benito. Un hueso en una ima¬ gen suya de cuatro palmos. De San Millán. Reliquia en un relicario de plata, oro y piedras preciosas. De San Pablo, apóstol, y San Pablo, ermitaño. Reli([uias en dos reli¬ carios. De San Pancracio, mártir. Hueso en el relicario de la reina de España D." Margarita. De San Plácido, discípulo de nuestro Padre San Francisco. Una canilla de brazo dentro de otra de plata. Un Relicario de D. Vicente Gonzaga, duque de Mantua. Envióle en 1604 con la mitad del dedo de San Juan, hueso de San Sebastián y otras reliquias, apreciado en dos mil escudos. Dos Relicarios con preciosas reliquias, regalo de la archiduquesa María de Alemania. Un Relicario de ü. Francisco Raimundo de Deste, duíjue de Módena, con noventa y siete reliquias. Era de plata dorada, con ciento trein¬ ta y nueve turquesas, varios rubíes y un zafiro muy grande. Un Relicario del abad de Besalú, D. Francisco Pons, con cuatro ramos de coral. DE MONTSERRAT 291 Otro de un aragonés. Era de plata con diferentes reliquias. De los Reyes Magos. De todos tres reliquias en diferentes partes. De Santa Remiria. Un hueso al pie de una pirámide, y de San Román, la canilla de un brazo. De San Rufo, mártir. En el relicario grande, y de San Salianoy compa¬ mártires, reliquias. ñeros, De San Sebastián, mártir. Un hueso en un trono de una imagen suya, atadoen una encina, cuyas hojas son de esmalte verde y todo de plata. Dióle la Condesa de Melín, en 1653. De San Segismundo, rey y mártir. En el relicario de D." Margarita. Del Sudario de Cristo Nuestro Señor, y reliquias de Santa Sofía, virgen y mártir. De Santa Teodora, virgen y mártir. En el relicario de la reina D.' Mar¬ garita. De Santo Tomás, apóstol. Reliquias en dos partes. De Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia. Un hueso con carne en una-imagen suya. De San Veremundo, benedictino. Un hueso en una imagen suya de plata, alta de cuatro palmos. De la Vestidura de Cristo Nuestro Señor. Cuatro pedazos. De Santa Victoria, en una pirámide, y San Vicente, mártir. En una ca¬ nilla en imagen de plata de tres palmos. De las once mil Vírgenes. Cinco cabezas con otras tantas cabezas de plata. Tenía también este Santuario el cuerpo de San Telesforo y de diecisiete Mártires que padecieron en la Esla de Cerdeña, y quizás muchas otras reliquias que hoy dia no constan. El universal renom¬ bre de que gozó siempre Montserrat, y la profunda devoción que le tuvieron siempre reyes y pueblos, junto con su remotísima antigüe¬ dad, hicieron que se acumulase en este templo el inmenso tesoro de alhajas que acabamos de describir, por cuyo concepto tuvo fama nuestro Santuario de ser el más opulento de Europa, hasta las repe¬ tidas devastaciones y depredaciones de que ha sido victima en nues¬ tro siglo, infausto para todas las iglesias de España, pero muy en particular para la nuestra, como lo veremos en otro capitulo. LIBRO QUINTO CAPÍTULO PRIMERO Guerra de la Independencia y venida de los franceses.—Montserrat fortificado y convertido en plaza de armas.—Segunda y fatal venida de los franceses.—Es incendiado el templo.—Green se fortifica en San Dimas y vuelven los franceses. —Son volados é incendiados todos los edificios. T. Acababan de invadir el territorio español las tropas de Napoleón en 1808, y nuestro heroico pueblo se levantaba en masa para resistir, y arrojar del suelo de la patria al usurpador. Constituíanse .Tuntas de Defensa en todas partes, y sabido es que Cataluña no fué de los últi¬ mos en organizar las suyas, así como en echar al campo sus valientes somatenes. Los Monasterios y Conventos no se hicieron sordos al grito común de patriotismo, que reclamaba el auxilio de todos en aquellos momentos de terrible crisis, no sólo política, sino también re¬ ligiosa. Todos ayudaron en la medida de sus fuerzas al levantamiento nacional, y con todo el peso de su influencia sobre el pais y de sus propias rentas, nunca mejor empleadas que en tan santa resistencia, enardecieron el espíritu del paisanaje contra el ejército invasor. Montserrat fué el foco de la insurrección catalana contra el opresor, porque Montserrat ha sido en todos tiempos considerado como el co¬ razón de Cataluña. 294 NUEVA HISTORIA El P. Domingo Filgueira, abad en aquellos días, en un manuscrito suyo dice (1) ; «Los pueblos, sabedores de lo que pasaba en la capi¬ tal (2), empezaban á conmoverse, y muchos centenares y aun millares de vecinos aptos para las armas, acudieron á este Santuario en busca de dirección. ¡Compromiso grande en tales circunstancias, pero que era imposible evitar! Necesario ha sido tener por mucho tiempo la mesa parada todo el día para tanta multitud, destinando monjes de trato de gentes para asistirles. No sería fácil aquí calcular lo mucho que en ello gastó el Monasterio. Mas, dejando aparte lo gastado en¬ tre tantos soldados y somatenes, que es incalculable, después de bien descansados y alimentados, se les dirigía á la naciente Junta de Man¬ resa, Igualada y otros puntos en que hubiesen armas y jefes. Era ade¬ más preciso sostener un número considerable de gente armada, man¬ tenida y pagada por el Monasterio, para vigilar y cubrir los puntos más elevados de la Montaña, á fin de evitar cualquiera sorpresa por parte de los enemigos." Desde este Santuario se activó la formación de la primera Junta corregimental de Manresa. De aquí se envió la madera seca para ha¬ cer las primeras cureñas en Igualada. De aquí salían víveres y di¬ nero á todas horas para aprovisionar los diferentes cuerpos catalanes que se estaban formando y armando para aquella tan desigual lucha. De aquí salían dos Religiosos con el estandarte de Nuestra Señora, recoiTÍendo todos los puntos de la Montaña en que habían fuerzas de somatenes ocupando las alturas, para animarles y fortalecerles en tan santa empresa. De aquí eran los Padres que todos los días festivos iban á casa Massana para celebrar la Misa y predicar á los valientes guerrilleros. Cedió también el Monasterio los diezmos que en varias parroquias percibía en favor de una guerra tan justa. Desde el principio de la lucha, abrió Montserrat sus Hospederías á todos los heridos, convirtiéndolas en hospital de sangre, que era servido por los mismosjnonjes; y al que para igual objeto se formó en el Bruch más tarde, envió de una sola vez más de cincuenta camas enteramente aparejadas. Al dispersarse la Junta de Manresa, fué auxi¬ liada con la cantidad de treinta mil reales, que se habían recibido de Méjico en el mismo día. No satisfecho el Convento con estos sacrificios, quiso acudir á otro recurso, doloroso por cierto, pero de necesidad en aquellos supremos momentos. Previo permiso del Arzobispo de Tarragona, General de (1) Compendio de la Historia de Montserrat, p. 566. (2) Cuando los franceses se apoderaron de los fuertes de Barcelona. DE MONTSERRAT 295 la Congregación y Nuncio de Su Santidad, se dispuso de la plata y alhajas de la iglesia á favor de la guerra, menos de algunas que fueron exceptuadas. Hízose su entrega en tres distintas ocasiones. La prime¬ ra al Capitán General, Marqués del Palacio ; la segunda, más copio¬ sa, siéndolo el Marqués de Compigni; y la última á D. Enrique O'Don- nell, por manos del Barón de Eróles. De modo que ni el mismo trono de plata, que pesaba catorce arrobas, ni las puertas del Camarín, que también eran de plata, ni las célebres setenta y cuatro lámparas que ardían siempre ante la Santa imagen se salvaron: tanto fué el desprendimiento y espíritu de sacrificio de este Convento á favor de las necesidades de la patria. Digo mal: aun hiciei'on más los generosos monjes. Cuando acababan de agotar casi todos sus recursos, y de en¬ tregar lo que tenían en mayor estima, que eran las alhajas del tem¬ plo, encontraron sesenta y cinco cubiertos, una rica salvilla y escupi¬ deras, todo de plata, y fué todo entregado para la redención de Es¬ paña. ¿Puede desearse más desprendimiento y generosidad? No se ocultaría sin duda al General francés, que residía en Barce¬ lona, lo pasaba en esta santa Montaña, centro de reunión de los que catalanes que se levantaban á favor de la madre patria. He aquí porque á 1." de Enero de 1809 salió de dicha ciudad hacia este punto una fuerza respetable de tropa francesa. No fueron pocas las difi¬ cultades que tuvo que vencer antes de lograr su intento. Al fin, una partida de mil quinientos hombres, mandados por el general Duvaix, resolvió subir al Monte. Antes que llegase al Monasterio, túvose no¬ ticia de que los franceses estaban cerca. Eetiráronse en seguida los monjes con su Abad, quedando sólo algunos viejos y enfermos que no podían moverse. Desde lo más alto de la Montaña contemplaron los monjes la entrada de los franceses. Pernoctaron en el Monasterio la noche del 12 al 13 de dicho mes de Enero, y el día siguiente se mar¬ charon sin causar otro daño que el llevarse todas las provisiones de boca que había en el Convento y seis caballerías que no hubo tiempo para retirar. Antes de concluir este párrafo queremos consignar un hecho cu¬ rioso y digno de eterna memoria. El P. Torralba, que fué el último en salir del Convento, se topó con los enemigos sin pensarlo. Sin preo¬ cuparse poco ni mucho de lo que debía hacer en aquel crítico momen¬ to, dejó la vara y el sombrero, y preguntando por el jefe de la fuerza, díjole: "Que salía á recibirles para ofrecerles el Convento y cuanto hubiesen menester.'! Como hablaba la lengua francesa y supo repre¬ sentar tan bien su papel, se lo creyó el General, y quedóle tan agra- 296 NUEVA HISTORIA decido, que dió orden á los soldados de no maltratar ni hacer daño alguno. En el Apéndice n.° 10 pondremos la reseña de la primera ve¬ nida de los franceses á Montserrat, escrita de mano maestra, y en idioma catalán, por el Dr. D. Zoilo Gibert, beneñciado que fué de la parroquia de Monistrol. II Todo se hacía regularmente hasta aquí, y no hubieran sido de¬ sastrosas las consecuencias, á no haberse tomado luego por la Supe¬ rioridad Militar de Cataluña el malhadado acuerdo de declarar punto estratégico Montserrat, y como tal fortificarlo y ponerle guarnición. No faltaron hombres previsores que hicieron observar lo desacertado de tal providencia, aun considerándola bajo el punto de vista militar. Dice el abad Filgueira en su manuscrito: «Con tiempo había adverti¬ do, que Montserrat no podía defenderse militarmente sin unos doce mil hombres de tropas bien disciplinadas y bien comandadas, y que este número no podía sustentarse en él muchos meses por falta de aguas, las que siendo de cisternas, se agotarían luego, y de lejos á tanta al¬ tura no serian conducibles otras para tanta multitud." No negaban esto el Capitán General y el Barón de Eróles, mas en la Junta Pro¬ vincial prevaleció la opinión de que se fortificase esta Montaña para alguna retirada, sin que valiesen reñexiones en contrario. Uno de los que sostuvieron con más energía la inoportunidad de esta fortificación, dice el abad Muntadas en una nota (1), fué D. José Manso, guerrille¬ ro, y más tarde general, conde de Llobregat y vizconde de Montse¬ rrat, y al ver que sus razones no eran atendidas, dijo: «Que se for¬ tifique, pues, que se pongan doce mil hombres, y 3'0 me comprometo á desalojarlos en el espacio de ocho días con mis solos soldados." Y ni aun así fué atendido. Y, sin embargo, la obediencia militar le hizo respetar lo resuelto por la Junta, si bien lloró al ver los resultados. Reclamaron en vano el Abad y toda la Comunidad, sin que fuesen me¬ jor atendidos ni respetados que el valiente D. José Manso. Y era que el virus de las ideas volterianas había penetrado ya en muchos de nuestros altos Cuerpos gubernamentales, y la reclamación de un Con¬ vento parecióles á nuestros políticos de entonces, más franceses de lo que ellos creían, cosa muy baladi, si ya interiormente no se goza¬ ban en aquellas medidas inútilmente vejatorias. (I) Historia de Montserrat, pág. 215, edición de 1884. DE MONTSERHAT 297 Prevaleció, pues, el funestísimo pensamiento, y se decretó la forti¬ ficación de nuestra Montaña y consiguiente ocupación militar. O'Don- nell era Capitán General de Cataluña en aquellos días. Al retirarse éste de la ciudad de Vich, reconoció los apuros en que se hallaba la Pro¬ vincia, tanto por falta de tropas como de víveres. Decretó una rosa quinta, declarando á rigu¬ Montserratde arm.as, como si con tal disposición fuese salvada la patria. Como consecuencia de estas dis¬ posiciones, á 15 de Mayo de 1810 llegó una compañía de zapadores y empezó desde luego los trabajos de fortificación. Entre la mañana del día 17, fiesta de la Santísima víspera y Trinidad, derribaron la an¬ tiquísima y famosa capilla de San Miguel y la ermita de Santa sin respetar la festividad del día ni Cruz, escuchar las súplicas de los mon¬ jes. Emprendieron el emplazamiento de reductos y baterías en los puntos avanzados, todo, según decían, como medidas de precaución. Desde este momento ya no hubo seguridad en el Convento. Cortaron muchos árboles y abrieron zanjas en los caminos, de suerte que lo que antes era objeto de admiración para los peregrinos, causaba lástima y compasión á toda clase de personas. Señalaron con una cruz blanca varias rocas para ser cortadas, de las cuales se veían todavía algunas después de la guerra. Así las cosas, quedó fortificado el Santuario, ñanqueado de trinche¬ ras el Monte, y convertido todo en verdadera fortaleza, guarne¬ una cida por una tropa regular, aunque en disposición de albergar mayor fuerza en cualquier inminente peligro. Sobre el lugar llamado Hos¬ pitalet, allí donde pasa el camino que conduce á la ermita de la Tri¬ nidad, formaron una batería de dos cañones, pero tan mal que los parapetos eran de tierra, como también las dispuesta, troneras ; así es que al llegar los franceses, las lluvias se habían ya encargado de inu¬ tilizarlas completamente. En Sant Jaume 'I l·lanch construyeron otra, trabajando en ella durante todo un año, é hicieron las paredes de piedra seca, ó sea, sin cal ni arena, que se la cayó en seguida. Frente capilla de Sant A cisclo otra, también pared seca, con barro por argamasa. Hicieron también varios parapetos y troneras, y pusieron un cañón de dieciséis y otro más pequeño. Desde la bajada del Hos¬ pitalet hasta el Convento, cortaron la carretera por diferentes puntos y pusieron unos rastrillos; pero tan mal dispuesto todo, que de un salto pasaba cualquier hombre de un punto á otro. Hiciéronse varias estacadas y parapetos en la carretera. Degotalls, al rededor del y pozo llamado del Olas. Mientras los ingenieros y zapadores se ocupaban en esta grande 20 NUEVA HISTORIA 298 obra de romanos (1), el Barón de Ereles no se descuidaba en proveer al Monasterio de toda clase de víveres y municiones. Véanse ó sino los siguientes oficios que nos ha facilitado nuestro amigo D. Luís Gas¬ par (2), archivero de la Casa de la Ciudad de Barcelona. En un oficio, fechado en Martorell á 15 de Mayo de 1810, decía el citado Barón: «Hallándome con las órdenes más estrechas de V. E. el General en Jefe para formar con la posible brevedad un acopio de víveres enMont¬ serrat para socorrer á la división que ha confiado á mi cargo, es pre¬ ciso que por todo el día 17 del corriente ponga V. S. á mi disposición en aquel Monasterio, cincuenta cuarteras de harina, treinta de judías y alguna porción de bacalao y arroz, valiéndose al efecto de todos los medios imaginables.—El Barón de Eróles.—Ala M. I. .Tunta del Co¬ rregimiento de Barcelona." Otro oficio del mismo Barón, fechado en este Monasterio el 17 de Mayo del mismo año, es del tenor siguiente: «Enterado del movi¬ miento del ejército, y teniendo (pie permanecer en este punto, le co¬ munico á V. S., esperando de su acreditado celo y patriotismo que me comunicará con la más posible brevedad cuantas noticias pueda adquirir acerca las operaciones del ejército enemigo. Y siendo este paso tan interesante al Real servicio, no dudo que V. S. se empleará en su realización con toda eficacia, valiéndose de cuantos medios le sugiera su amor á la patria y sean necesarios.—A la Junta de Go¬ bierno de Martorell." .Tunta del Corregimiento de Barcelona, agradecien¬ Otro oficio á la do el cumplimiento del oficio fecha 15 sobre el acopio de víveres, añadiendo que cuando recibiese el detalle de los precios, daría re¬ el cibo de los géneros, etc. Dios guarde á V. S. muchos años.—Monas¬ terio de Montserrat, 17 Mayo de 1810.—El Barón de Eróles. Otro del mismo, también fechado en Montserrat el 23 de Mayo, acompañando el recibo al respaldo de la cuenta que se pre¬ le había sentado con fecha del 16 del mismo mes. Mientras la Autoridad militar convertía en plaza de armas este Santuario y su Montaña, y proveía de víveres los puntos fortificados por ocho días, la Comunidad resolvió retirar los libros y del Archivo (1) El citado Dr. D. /.oilo Gibertdice con í=u acostumbrado donaire: «F'eren venir ingeniera perqué disposasen lo modo de fortificar, peró com tots los que vingueren eran una colla de ignorants, encara que éstos los mudaren varias vega¬ das, may adelantaren res, sinó fer gastos crescudlssims ú la Provincia, y sempre feren petaquerias y cosas inútils, com ú la fi se demostrà.» (ü) Mientras se imprimía la presente Historia, hemos recibido con dolor la noticia de su fallecimiento, acaecido el 19 de Moyo de este año. Descanse en paz el amigo inolvidable. DE MONTSERRAT 299 Biblioteca y los mejores ornamentos de la sacristía, á fin de poder salvarlo en caso de un desastre. Costosa había de ser operación seme¬ jante. Lo más principal del Archivo fué trasladado áVillanueva y Gel- trú y colocado en casa D. Francisco de Papiol; y las alhajas y orna¬ mentos fueron escondidos en otras casas de toda confianza. Apenas se hubo apercibido la Junta de este desahucio, cuando con liana im¬ previsión mucho imperio mandó fuese todo vuelto al y Santuario, para que el pueblo no se desanimase. Al efecto, el día de San Fernando hizo Eróles una lucida función á la que asistió toda la tropa, celebrando el Padre Abad, que hizo una plática desde el altar. El mismo Barón hizo una arenga á sus solda¬ dos en las afueras del templo; hubo de salvas de artillería y banque¬ tes. El día de Corpusse celebró con la pompa acostumbrada, la tro¬ pa asistió á la procesión, y no faltaron tampoco salvas de fusilería y artillería. A pesar de esto, lejos de reanimarse el espíritu popular, no asistió á estos actos ni una sola te al de pei^ona forastera. El día siguien¬ Corpus pasó un caso sumamente desagradable. Eróles con¬ denó á muerte á un pobre soldado por delito de deserción. Formóse la Comunidad con el Padre Abad al frente y toda la Escolania, y así formada, presentóse ante el Barón de Eróles, y le suplicó en nombre de Dios misericordioso el perdón del delincuente, y no sólo se negó á conceder esta gracia, sino quede maltrató palabra al Abad y de¬ más monjes. Fué ejecutada la sentencia, asistiendo al reo el Edo. don José Mascaró, que se hallaba accidentalmente en este Monasterio. He aquí ahora cómo cayó todo en manos del enemigo, cuando con fuerza superior se apoderó del Santuario y su Montaña, sin resistir apenas la guarnición, el infausto día 25 de Julio de 1811, sin poder salvar otra cosa que la Santa Imagen, que estaba oculta, y las alhajas exceptuadas, que lo fueron del modo siguiente; El monje D. Ignacio Bas, bien conocido de toda la comarca, por haber ejercido de domo muchos años, y también de Procurador en Mayor¬ Barcelona, dotado de una gran fe y confianza en Nuestra Señora, trajo á Tarragona todas las alhajas exceptuadas, y se las llevó á Mallorca, teniendo antes que vencer no pocos obstáculos por medio del general inglés D. Enrique Doila; obstáculos que le oponían el Capitán General, y Junta de este Principado, aún más la pretextando querer conservarlo dentro de la citada ciudad de Tarragona, sin calcular los inevitablespeligros á que se exponía de caer todopoder de los invasores, como así hubiera en sucedido. Allí estuvo el P. Bas hasta el año 1814, que de Mallorca se embarcó para Barcelona, en cuya ciudad hizo entrega para el Monas¬ terio de las alhajas milagrosamente salvadas. Eran éstas, las dos ri- 300 NUEVA HISTORIA quísimas coronas de oro con esmeraldas la una, que el P. Peñalosa trajo de Méjico, y la otra también de oro y diamantes, trabajada en Montserrat por un Padre ermitaño, en cuyaconfección empleó treinta años. Los dos sin el cáliz también igual viriles de oro y diamantes, de oro, cruces y joyas de la Santa Imagen. Esto fué lo exceptuado : lo restante en oro, plata y piedras preciosas fué vendido, y su valor empleado para gastos de la guerra. IIT A mediados de Mayo de 1811 llegó áeste Monasterio la Junta Su¬ perior del Principado. El Conde de Fonollar se alojó en la Cámara del Padre Abad, el Sr. Larrá en la celda del Padre Maestro Coneja¬ res, otros señores en las celdas de sobre las capillas, y el Barón de Castellet en los aposentos de Plaza. Tenian sus sesiones en la cᬠmara Abacial, y marcharon el 30 de Junio, luego que se tuvo noticia de la entrada de los franceses en Tarragona. Vino también el Tall, ó Sastrería, que se colocó en la galería alta, y los oñciales habitaban con sus mujeres en las celdas que miran á la Montaña. Otras mujeres costureras entraban también en la clausura por la huerta. Luego lle¬ garon los coraceros, que se colocaron en la galeria. Desde el verano de 1810 estaba también retirado en este Convento el abad de Cam- prodón D. Francisco de la Portella, que se marchó con la Junta, y regaló su pectoral á la Santísima Virgen. Perdida la ciudad de Tarragona y con mayor peligro de que se presentase el enemigo, pero satisfecho con la obra de la fortiñcación de esta Plaza, no es extraño que el Barón de Eróles, condado en de¬ masía en sus propias fuerzas, exclamase en un arranque de entusias¬ mo: Si viene Sncliet le hato. Pero precisamente sucedió todo lo con¬ trario. Otro de los jefes que mandaban también en esta Montaña, era un ingeniero llamado D. Kamón Planas, notario de Barcelona, de quien tuvo que sufrir mucho la Comunidad y también los pueblos ve¬ cinos; de suerte que al marcharse la Junta se amotinaron contra él, y le hubiera costado la vida, sin la intervención de los monjes y de D. Esteban Pagés, natural de Oranollers, jefe de los guerrilleros del Vallés, que se encontraba accidentalmente en Montserrat, de cuya Santa Imagen era muy devoto. Caída Tarragona, después de una heroica defensa, en poder del ejército del general Suchet, hubo alguien de indicarle que en Montse¬ rrat estaba funcionando la Junta Provisional de Cataluña, que hasta DE MONTSERRAT 301 entonces había residido en aquella ciudad. Por lo cual resolvió el ven¬ cedor dirigirse á esta guarida de los que él llamaba hrigantes cata¬ lanes; y después de demoler algunas obras exteriores de Tarragona, púsose en marcha para este Santuario, no sin cometer en las pobla¬ ciones y caseríos del tránsito toda clase de atropellos y barbaridades. Mandaba la fuerza que guarnecía esta Montaña el Barón de Eró¬ les, y Manso era su segundo. Consistía toda ella en unos tres mil hombres, la mayor parte guerrilleros y somatenes del país. Al acer¬ carse la división de Suchet á las primeras estribaciones del Monte, sufrió un nutrido fuego del paisanaje apostado en todos los flancos y frentes de él; batalla de nuevo género á que no estaban acostumbra¬ dos los soldados de Napoleón. Desde las siete basta las nueve de la mañana del 25 de Julio de 1811 tiraron las baterías. La de San Jai¬ me, dirigida por un sargento mallorquín, dirigió perfectamente sus tiros de granadas contra los enemigos que estaban en Santa Cecilia. La batería alta sabia también cumplir con su deber; de suerte que el mismo Suchet con su ejército tuvo que volver atrás. Los contrarios eran numerosos y valientes. Dispuso el General que sus segundos Abbe y Mathieu rodearan el Monte con sus fuerzas, mas los bizarros cata¬ lanes resistíanse por todas partes con indomable valor, y sus escope¬ tas y arcabuces diezmaban horriblemente al invasor en aquella su temeraria subida. Desalentábase éste ya al ver sus enormes pérdidas, cuando una partida de tiradores franceses, que guió un traidor (1) al centro de la Montaña por un atajo sólo conocido por los prácticos del país, apareció de repente á espaldas de los heroicos defensores, que, cogidos entre dos fuegos, no tuvieron más remedio que rendirse ó morir. Desde entonces, dueño del Monte el ejército francés, era ya inútil toda resistencia en el Santuario. El ataque había principiado en la madrugada del 25 por la parte de Collbató. La resisteucia más tenaz fué en casa Massana, convertida en fuerte por el Barón de Eró¬ les en persona. Ganada esta posición, y evacuada luego por los nues¬ tros la de Santa Cecilia, las fuerzas enemigas cayeron inmediatamen¬ te sobre el Santuario. Era ya caída la tarde cuando llegó á él la vanguardia del ejército francés. Oraban en el coro los pocos monjes que habían quedado en (1) El abad Muntadas dice, que ese traidor era un masovero de cerca Marto¬ rell, sin nombrarle. En libro titulado Glorias de Nuestra Señora de Montse¬ un rrat, impreso en la Habana en 1861, y escrito por D. Ramón Barrera, dice en una de sus notas, que se llamaba Isidro Pérez Camino, a quien apellidaba el país el Corregidor afrancesado. Fué preso en Olesa, descuartizado y colgada su cabeza en un palo en la carretera del Bruoh. 302 NUEVA HISTOEIA el Monasterio, mientras los somatenes quemaban los últimos cartu¬ chos. En esto llegó el grueso del ejército invasor. Emprendióse en¬ tonces el ataque simultáneo del Santuario por cuatro lados, entrando en él sin resistencia el ejército enemigo, mientras el Barón de Eróles y Manso con sus tropas efectuaban la retirada por el torrente de San¬ ta María, dejando en poder del enemigo muchísimos víveres, muni¬ ciones de todo género, y, lo que es más sensible, la suerte del Santua¬ rio. Fué concedido el saqueo, y se verificó con tal impiedad, que todo desapareció. Lo que no pudo sacarse fué robado ó destruido. Algunos monjes y escolanes pudieron escaparse por la parte de la Montaña y esconderse en cuevas, donde fueron encontrados después medio muer¬ tos de hambre y de terror. Otros lograron juntarse en casa Tobella; varios fueron encontrados por el enemigo é inhumanamente asesina¬ dos. Al P. Moreiras, que por delicado quedó atrás, le mataron hacia el olmo del camino de la Cueva. A ésta llegaron los enemigos y derri¬ baron las puertas. Los PP. Carreras, Batlle y Ribas, que se habían quedado por no poder seguir, quedaron presos y en poder del enemi¬ go; los demás monjes y legos pudieron escaparse. Degollaron á los ermitaños Fr. Bernardo Crospis y Fr. Mauro Picañol debajo de la ermita de San Salvador. Los PP. Carreras y Batlle murieron de tra¬ bajos y miseria en poder de los franceses. Los PP. Mingálvaro y Ri¬ bas, después de haber sido muy maltratados, fueron conducidos pre¬ sos áIgualada. El ermitaño José Broch quedó también en su poder, y se le encontró muerto cerca del lugar denominado las Paparras. El P. Pedrosa, huyendo con otros monjes y algunos escolanes, fué herido en la espalda. Y el ermitaño Benito Pastrana, el día del ata¬ que en el Bruch, bajaba él del Monte, y al verá los soldados franceses, sin reparar que era muy corto de vista y que se ponía en gran peli¬ gro, lleno de celo por la Religión y de amor á la patria, hizo un grito y dijo estas palabras; Darle contra estos herejes; un tiro y á la layoneta, y al momento cayó en tierra muerto de un balazo. Otros quedaron en la Montaña y se salvaron gracias á la obscuri¬ dad de la noche, como el P. Mauro Ametller, primer cantor y célebre naturalista; Fr. .Jaime Sambola y Fr. Matías Calvo, el primero er¬ mitaño de la Trinidad, y el último de Santa Catalina. Este fué aco¬ metido por un granadero francés, á quien al tiempo de rendirse y que¬ rerle robar, le echó mano al fusil, se lo quitó, y á patadas y puñadas iba á matarle; mas viéndose el francés en lance tan apurado, le supli¬ có que le perdonase la vida por Dios; pues también era católico. El ermitaño le perdonó. Al cabo de pocos días, le cogieron los enemigos en una riera próxima á Pierola, le golpearon, despojaron y robaron. DE MONTSEHBAT 303 Mas él, que nada tenía de tonto ni cobarde, esperando que aquellos soldados se marchaáen, se arregló como pu lo y recogió una bolsa de dinero que antes había echado en unas matas. Supo el general Lacy esta escena, y otro día que vino á Montserrat, quiso que se lo contara el mismo ermitaño, alabando grandemente su valor y el acto de pie¬ dad que habia ejercido con su enemigo. Véase el Apéndice n." 11. refugiaron en este Monas¬ Durante la revolución del año 1790 se terio algunos Obispos franceses con otros sacerdotes familiares suyos. Fueron éstos el Arzobispo de Tarbes, que se retiró y vivió en la er¬ mita de San ünofre. El Obispo de Aux, que regresó á su país á 8 de Mayo de 1802 ; y el Obispo de Eius, el cual se hallaba aquí al entrar por segunda vez las tropas de Napoleón, y tuvo que escaparse con los monjes en el aciago día 2.5 de Julio de 1811. Retirado en el Monaste¬ rio de Bages, con nuestra Comunidad, acabó alli sus días. Del Obispo de Alet no consta haber residido en este Santuario ; pero sí en Saba¬ dell, en donde falleció á 27 de Abril de 1793. IV siguiente al de la entrada de los franceses en Montserrat, El día se marchó elgeneral Suchet hacía Cervera, donde llegó el día 27 de Julio, llevando tres mil infantes, cuatrocientos caballos y doscientos sesenta heridos que había tenido al atacar esta plaza. Dejó de guar¬ nición á Palombíni con su brigada y artillería. BJ-ere pasó á Iguala¬ da (1). Durante la permanencia de los franceses en este Santuario, cometieron toda clase de atrocidades: nada perdonaron, por respeta¬ ble y sagrado que fuera. Los preciosos ornamentos, de que en otro lugar nos ocupamos, habían desaparecido. Las reliquias, con sus ricos relicarios, ya no existían. Vendieron cuanto pudieron; lo que no fué posible vender lo inutilizaron. Hasta los libros del coro hicieron pe¬ dazos, y de sus hojas de pergamino hicieron techos para cubrir sus tiendas de campaña. Los cuadros, que los había de gran mérito y muy abundantes, desaparecieron todos. Ni las ermitas pudieron librarse de la voracidad de esa mala gente. Acabaron de consumar su des¬ trucción, robaron los ornamentos sagrados y cuanto en ellas existía. Triste, muy triste es lo que acabamos de referir; pero esto es nada en comparación de lo que vamos á historiar. La noche del 10 al' 11 (I) Debemos estas noticias ú la amabilidad de nuestro particular amigo don Luis Gaspar, archivero de la Gasa de la Ciudad de Barcelona. (U E. P. D.). 304 NUEVA HISTORIA de Octubre del mismo año resolvieron abandonar su presa los france¬ ses, no sin realizar antes de su partida acto'de la más refinada un barbarie. Desmontaron antes los altares, colocaron todo el maderaje del templo debajo del cimborio, sobre el cual habían ellos colocado los víveres sobrantes, y al emprender su marcha pegaron fuego por sus cuatro costados, convirtiendo el templo en una inmensa hoguera. Sería necesaria otra pluma mejor la nuestra que para describir un cuadro tan horroroso. Salía por todos los ventanales de la iglesia una densa humareda, acompañada de rojizas llamas de fuego, que causaba espanto á los pueblos vecinos que podían contemplarlo. Tampoco pudo resistir á la acción de aquel fuego abrasador la elegante cúpula, que se desplomó con estruendo espantoso, y echando por su boca inmensas llamaradas que llegaban hasta las nubes. No hay quien pueda describir exacta¬ mente un espectáculo tan triste y desconsolador. El día siguiente, á primera hora de la mañana, acudieron los mon¬ jes y ermitaños que estaban más cerca ; pero ya porque el fuego do¬ minaba todo el templo, ya por falta de utensilios para llevar el agua, tuvieron que resignarse á contemplar aquel volcán, sin poderle domi¬ nar. Poco á poco fué compareciendo gente, y exponiéndose á grandes peligros, acabaron por dominar el fuego. Mas, ¡cuántas lágrimas se deslizaron de los ojos de los que se hallaban presentes, al contemplar el triste estado en que había quedado aquel templo antes tan hermo¬ so! Aquellas paredes y aquella bóveda tan ricamente doradas, daba lástima verlas ennegrecidas por el humo. Aquel altar mayor, aquella magnifica reja, aquel sin igual órgano con sus mil ciento trece flau¬ tas, que era la admiración de todo el mundo, aquella iglesia tan de¬ corada y magnifica... ¡ ah ! no existia. Todo había sido devorado por las llamas, y lo poco que quedaba, tostado y calcinado por el fue¬ go. Aquel rico coro con su soberbia sillería é imágenes y esculturas de gran valor, también había desaparecido. La bóveda amenazaba desplomarse. En una palabra. Era un peligro constante entrar en el templo. Nunca será bastante llorado el mal inmenso é irreparable que causaroná este Santuario las tropas francesas en este día de tristí¬ sima memoria. De modo, que á las pérdidas del templo y Monasterio deben añadirse las de la rica y abundante Biblioteca y Archivo de los moftjes; la de música, en el local de la Escolania, más preciosa que ninguna otra de España, y quizás del extranjero. Sólo quedaron, para hacer derramar lágrimas, las paredes descarnadas, porque hasta el revoque se les cayó. «Jamás, dice un testigo presencial, se \ DE MONTSERRAT 305 borrará aquello de mi memoria. Parecia el Santuario de la Virgen un volcán, uninfierno donde bailaban los demonios; las llamas con su rojizo resplandor iluminaban la Montaña, pareciendo sus picos gigantes ensangrentados que presenciaban mudos de estupor aque¬ lla horrible escena. En medio del silencio de la noche, oíanse desde lejos los gritos de angustia de las víctimas entre los toques de cor¬ netas, las descargas de fusilería y el horrísono desplome de los te¬ chos. Nuestros corazones palpitaban de terror; y yo contemplaba con lágrimas en los ojos cuanto pasaba, como si fuese una horrible pesadilla..." Véase como describe esta catástrofe el beneficiado de Monistrol, en el Apéndice n.° 12. Quedó, pues, justificada la previsión de los que se opusieron siem¬ pre á la fortificación de esta Montaña. Demasiada razón tuvo el ge¬ neral Manso en resistirse con todas sus fuerzas á un pensamiento de tan fatales consecuencias. Cónstanos que el principal autor de esta obra se arrepintió cuando no era ya tiempo de detener la mano de Dios, y que tuvo que llorar muchos años en el destierro su inmensa culpa. V ¿Quién creyera que, después de todo lo ocurrido, había de insis- tirse de nuevo en que este Santuario debía servir de punto estraté¬ gico para nuestras fuerzas? Pues se insistió y pasó á vías de hecho tan estrambótico pensamiento. Al ver reducido á cenizas este antes tan suntuoso y magnífico templo ; al recordar el modo con que fueron sorprendidas nuestras tropas en todos los puntos de esta Montaña, á pesar de su amor á la patria é indomable valor; al considerar que habían desaparecido los elementos con que contaban los bravos de¬ fensores de Montserrat... ¿quién podía figurarse, que el desventurado proyecto de defensa, en mal hora sostenido contra la respetable opi¬ nión de valientes y entendidos militares, cuyas fatalísimas consecuen¬ cias lloraban sin remedio, así los monjes como Cataluña entei'a, había de realizarse de nuevo? Desgraciadamente asi fué. Don Eduardo Green, coronel inglés, se empeñó en que como Go¬ bernador que era de esta plaza, quería fortificarse en la ermita de San Dimas, creyéndose invencible colocado en aquel castillo ó forta¬ leza. Empezó por cortar el camino, poniendo en su lugar un puente levadizo de madera que se levantaba de noche. Levantó también mu¬ chas paredes, y cuando se consideró bastante asegurado, colocó un 306 NUEVA HISTOEIA retén de veinticinco hombres llamados anglo-catalanes, y allí se metió. ¡ Eidiculez asombrosa, si fuera por las consecuencias que no debía traer una idea tan desacertada! Llegó esto á noticia de los fran¬ ceses, los cuales no se hicieron esperar. Al momento destacaron fuer¬ zas numerosas, bajo el mando del general Mathieu, que salidas de Barcelona el dia 28 de .Tullo de 1812, pernoctaron en Martorell. Lle¬ garon luego los partes de que los franceses habían pasado ya el puen¬ te del Diablo ; pero ciego el Gobernador quiso encerrarse dentro de ese simulacro de fortaleza. Tanto el Barón de Eróles como D. .José Manso le advirtieron muchas veces del peligro que corría de caer en manos de los enemigos ; mas Green despreció todos los avisos que se le daban. Manso llegó á decirle, que él con cuatro mil liombres no se quedaría en aquel lugar, añadiendo que Montserrat tiene muchas en¬ tradas y pocas salidas. Los monjes, de rodillas en tierra y con los ojos arrasados en lágrimas, le pedían y suplicaban que por amor de Dios y bien del Santuario renunciase á su proyecto. El inglés despreció los consejos de los amigos y las lágrimas de los Eeligiosos, y se encerró en San Diraas esperando al enemigo. Aun tuvo el atrevimiento de bajar al Convento aquella noche y cenar con la Comunidad. Ninguno de los monjes comió ni se acostó. A cada instante oía pasar gente y se animales que marchaban. A las dos de la madrugada del día 30 empezaron á salir los más débiles y ancianos, y á las cuatro siguieron los restantes, llevando consigo la Santa Imagen dentro de una cajita de madera, que un solo hombre podía llevar. No estaban muy lejos del Convento, cuando ya empezaron á oir tiros de fusil y gran movimiento de gente armada, y era el fuego que hacían nuesti'os somatenes á los franceses, sin darles momento de reposo. Manso les esperaba en el lugar denominado las Panarras, sito esta misma en Montaña, para impedirles el sietepaso; pero con mil hombres que llevaban los enemigos buenos guías, fueron siem¬ y pre avanzando, no obstante las innumerables bajas que sufrían. Vien¬ do Manso que no era posible detenerlos, mandó á sus valientes em¬ bestirlos de frente á la bayoneta, obligándoles á retroceder por algu¬ nos momentos y causándoles grandes pérdidas. Entre tanto el confiado Gobernador de esta Plaza se defendía con valentía desde la fortaleza de San Dimas, hasta que, colocado un ca¬ ñón por los franceses en una pequeña altura domina que esta ermita, tuvo que capitular y rendirse. Muchos de los sitiados se escurrieron por aquellos barrancos que caen sobre el sajrciggran, y se salvaron, cosa que sólo pensarla espanta y da grima. Eendido Green y parte de DE MONTSERRAT 307 SU guai'nición, liiciéronles bajar al Monasterio, tratándoles como pri¬ sioneros de guerra, acción que reprobó y llevó muy á mal un alférez inglés que formaba parte de los prisioneros. Desde luego los franceses pegaron fuego á la ermita, y lo que el fuego no pudo consumir fué derribado, hasta el punto que nadie pudiera habitar más allí. He aquí el fin que tuvo la segunda y última fortificación de esta mal lla¬ mada Plaza de armas. Mas, si en esto solo se hubiesen contentado los franceses, menos mal. No tendríamos que llorar mucho. Los re¬ sultados, empero, de esta tercei'a venida, no podían ser más teriibles y funestos de lo que fueron. Veámoslo. VI Gran fortuna fué haberse llevado consigo los monjes la Santa Ima¬ gen, del contrario esta vez no se hubiera escapado del furor de la tropa francesa. Al bajar de San Dimas, achacaron la culpa de todo á los monjes, siempre víctimas inocentes de los desaciertos de los de¬ más. Durante la noche, fueron amontonando todo el combustible que encontraron en los edificios. Pusieron también algunas materias infla¬ mables que ellos mismos llevaban, y abrieron boquetes en las paredes y escalera de la obra nueva, en los cuales pusieron barriles de pólvo¬ ra. Preparado todo de manera que no quedara rastro ni memoria de' Montserrat, á la primera hora de la mañana del 31 de Julio pegaron fuego por todos los edificios y dependencias de este Monasterio, y se marcharon. Pasado que hubieron el pou del glas, se paró el ejército enemigo hasta que hubo explotado la pólvora, que en mucha abundan¬ cia habían colocado. Fué tal el ruido de la explosión, que se oyó de siete leguas á la redonda. Quemáronse las puertas de la entrada principal del Monasterio, la casa de los peregrinos y de los pobres, la herrería, carnicería, ma- yordomía, enfermería, casa de los albañíles, del médico, los Aposentos de la plaza y los de D. Guillén, cuya entrada era por los claustros viejos, las oficinas de la botica, tienda, cocina, y todos los edificios viejos que estaban sobre dichas oficinas. El refectorio de los legos, la librería, el capítulo, el claustro llamado de la campana, el nuevo y el viejo, todo ardió y desapareció, no quedando más que informes montones de ruinas. No se salvó ni un techo, ni bóvedas, ni teja¬ dos ; todo cayó, quedando no más que las paredes amenazando rui¬ na. Antes que pusiesen fuego á la obra nueva, destrozaron primero los balcones á golpes de martillo. Aquella tan magnífica obra nueva 308 NUEVA HISTORIA con SU soberbia escalera que daba á la cámara Abacial, fué vola¬ da de arriba á bajo, abiertos los panteones de mármol que había al entrar en el segundo claustro, siendo profanados sus huesos. Los Apóstoles, estatuas de mármol que se habían puesto en la fachada de la iglesia, fueron derribadas y mutiladas por aquella soldadesca impía. Este magnífico templo, colocado en el centro de una Montaña, que infundía antes tanta devoción y respeto, y cuya antigüedad demostra¬ ban los adornos de sus paredes, infundía después de esta catástrofe sólo terror melancólico, mezclado de indignación, denegrido por el hu¬ mo, cubierto de escombros y quemados casi todos los altares. Hacina¬ dos éstos en el medio para que la violencia del fuego reventase segu¬ ramente la bóveda, pudieron exhalarse las llamas por la cúpula, que quedó descubierta. Aquella famosa Imagen de Jesús crucificado, que habló á un tierno niño manifestándole su vocación, y aquel Niño Jesús tan tierno y amoroso, que mediante una máquina gesticulaba y movía los labios... nada pudo salvarse. Todo fué reducido á cenizas al impulso destructor de aquellos bárbaros del siglo XIX. Salieron batiendo los tambores con marcha regular, y no contentos de haber heclio casi desaparecer este tan concurrido Santuario, aca¬ baron de arrasar también todas las ermitas y la Santa Cueva. Al lle¬ gar á Santa Cecilia hicieron otro tanto, lo mismo en Collbató, Espa¬ rraguera y por todas partes en donde pusieron el pie. Ni las estatuas de piedra que hay al rededor del safrcig gran perdonaron, haciéndo¬ las caer abajo, camino deis Degotalls, y cebándose en ¡algunas que hicieron añicos. También derribaron é hicieron pedazos las estatuas de piedra de San Benito y Santa Escolástica, que estaban sobre colum¬ nas de mármol en frente de la puerta del Monasterio llamada de la Reina, que hoy da entrada á los aposentos de San José. Para com¬ plemento de este cuadro tan aterrador, sólo faltó una cosa, y es; que dejaran una lápida conmemorando el hecho con esta inscripción; ¡ A gui Jué Montserrat! Véase el Apéndice n.° 13. DE MONTSERRAT 309 CAPÍTULO SEGUNDO Diversas traslaciones de la Santa Imagen.—Sacrificios de los monjes durante la guerra de la Independencia.— Peregrinaciones de los pueblos y otros personajes en estas circunstancias. I Durante esta guerra, de la cual Montserrat guardará indeleble memoria, sólo á un salvación de nues¬ milagro del Señor fué debida la tra Santa Imagen. Gracias también al espíritu de sacrificio de los be¬ neméritos monjes de aquellos desgraciados tiempos, los cuales siempre que se vieron en la necesidad de huir para salvar sus vidas, nunca descuidaron llevarse consigo este precioso tesoro. El día 14 de Junio de 1808 fué la primera vez que salió de este templo nuestra venerable Imagen en compañía de los atribulados monjes que tuvieron que dejar su 'querida morada. Antes habían su¬ mido el Santísimo Sacramento, retirado el Archivo, la mejor corona de la Virgen y algunas otras alhajas, que depositaron en la Alhareda, casa no muy distante, propiedad de este Monasterio. El motivo de es¬ tas precauciones fué, que los franceses habían roto el cordón que les tenían puesto los somatenes en el Llobregat, y venían hacia esta Montaña. A 1 de Enero de 1809 tuvieron que salir por segunda vez, por es¬ tar cerca elenemigo y ser continuas las alarmas. Dirigiéronse los monjes á Monistrol en medio de una lluvia torrencial, después de su¬ mida la santa reserva. El día 8 del mismo mes se atrevió á subir una partida de ciento cincuenta soldados franceses, hallándose la Comuni¬ dad á paseo. Esta vez no ocasionaron daño alguno. A 28 de Agosto de 1810 fué devuelta la Santa Imagen á su pro¬ pio trono á instancias del Sr. abad de Gamprodón D. Francisco Ja¬ vier de la Portella, que se hallaba retirado aquí á causa de las cir¬ cunstancias. Cantóse un solemne Oficio Pontifical que celebró dicho Padre Abad. Después de la pérdida de Tarragona, á instancia del Sr. Manso, tratóse de poner á salvo la Imagen de Nuestra Señora; pero el ruego de esta persona tan respetable no tuvo efecto hasta la víspera de la 310 NUEVA HISTORIA venida de los franceses. Sabiendo que el general Suchet se dirigía á Montserrat encendido rabia y furor, y que el día 23 de Julio de en 1811 no estaba muy lejos, el ermitaño Mauro Picañol la subió á la ermita de San Diraas para ocultarla como en tiempo de los sarrace¬ nos. Púsola en un escondrijo que él solo sabía, vestida de lo mejor que tenía y ataviada con sus mejores preseas. Para asegurar mejor la autenticidad de la Santa Imagen, escribió con su propia mano un papel, que aun se conserva, y dice asi: "En el nombre de Dios Pa¬ dre, Hijo y Espíritu Santo, digo: que hoy 23 de .Julio de 1811, colo¬ qué esta verdadera Imagen de Nuestra Señora de Montserrat en este pequeño rincón bajo cuatro escalones, rincón indecente por una tan Soberana Señora, el único que se encontró por no ser sabido sino por mí : en dicho día se hallaban los vándalos franceses en Manresa con el intento de pasar á ésta y destruirla. Por tanto se determinó sacar¬ la del altar mayor y esconderla por de pronto en este pequeño rincón. Dios por su divina bondad no permita que esté mucho tiempo en este rincón indecente, y nos dé la paz que deseamos para dar á esta vene¬ rable Imagen el debido culto.—Fr. Mauro Picañol, ermitaño de esta ermita de San Dimas.» ¡Pobre ermitaño! Poco se figuraba él que tuviese la muerte tan cercana. Dos días después, el 25 de Julio, fué muerto por los france¬ ses y degollado, según ún manuscrito. El abad Montadas (1), dice: «En las varias excursiones que hicieron los franceses por la Montaña, en la temporada que estuvieron en Montserrat, dos individuos de tro¬ pa dieron con la Santa Imagen, que estaba en una de las paredes del huerto que hay al pie de la ermita de San Dimas, la desnudaron de sus vestidos y alhajas con que estaba adornada, concibiendo luego el sacrilego proyecto de ahorcarla. Como lo concibieron lo pusieron en obra. Al pie del camino que sube á la ermita había una secular enci¬ na, de la cual se conserva hoy todavía una parte, echaron una soga al cuello de la Santa Imagen, y uno de los dos se subió al árbol para tirar de la soga, quedando el otro al pie de él para ayudar á levantar¬ la ; cuando he aquí que el de arriba se cayó muerto. Aterrorizado el otro, tomó la Santa Imagen, y la devolvió anegada en llanto al mismo sitio. Este soldado fué más adelante á Tarragona ; confesó su delito, y facultó á su confesor para publicarlo ó manifestarlo á los Padres de Montserrat, y éstos nos lo han contado mil veces, pero especialmente cuando en nuestra mocedad pasábamos junto á la dicha encina.>• Y en otro de los pequeños manuscritos que han dejado los monjes (1) Historia de Montserrat, pág. 221, edición de 1894, nota. DE MONTSERRAT 311 de aquellos días, hemos encontrado que los franceses dejaron aban¬ donada la Santa Imagen á la inclemencia del tiempo, y que por des¬ gracia toda aquella temporada llovió mucho; de suerte que con el agua, las humedades y la intemperie sufrió un poco , y tuvo que repa¬ rarse cuando regresaron los monjes. Al momento que abandonaron los franceses el Santuario, volvieron los Padres en pos de ellos. Lo prime¬ ro fué buscar la Santa Imagen, que encontraron echada al suelo y á la intemperie entre las ruinas de San Dimas. Hallada, reconocieron entre los escombros de que estaba llena la iglesia y el Monasterio, cuál era el lugar más á propósito para colocarla, y no se encontró otro que la Sa¬ la Capitular, preservada providencialmente de las llamas. Aquí estu¬ vo hasta el Viernes Santo del año 1812, en que después de la colación fué llevada al refectorio grande, preparado con la mayor decencia que fué posible. Los franceses tenían en él los caballos, sirviendo de pe¬ sebre las mesas. Esta es la causa porque el refectorio fué preservado de las llamas. Pusieron en él el altar de San Benito, que era el más hermoso de la iglesia y no se quemó. Se hizo la bendición del local se¬ gún el Eitual Romano, y el día de Pascua fué el primero de volver á reanudarse el culto á Nuestra Señora, que no se le daba desde el mes de Julio del año anterior. Poco tiempo pudo este local la Santa Imagen. Acer¬ permanecer en cábase otra catástrofe peor que la última. A 29 de Julio de 1812, con motivo de volver los franceses para rendir al coronel Green, tuvieron que abandonar otra vez su morada los monjes, quienes, después de su¬ mido el Santísimo Sacramento, marcharon con la Santa Imagen hacia Castellet, hasta que hubiese pasado la tormenta. Tres días después, cuando los franceses hubieron consumado la ruina de Montserrat, vol¬ vieron con la Virgen, sin saber á donde colocarla. El único edificio que se libró de las llamas fué el Hospital, hoy aposento de Ft. Joseph de las llantías. Aquí estuvo, en un pequeño oratorio, desde el 10 de Agosto de 1812 hasta el 15 de Enero de 1813, y se le díó el culto de la mejor manera que era posible en medio de tanta pobreza. A 18 de Octubre del mismo año hubo otra alarma, viéndose obli¬ gados los monjes á salir de nuevo con la Santa Imagen, que fué de¬ positada en la capilla de la Sala que existía en la casa del Abad en Monistrol, donde fué visitada por toda la población. Dos días después que hubo pasado el peligro, volvieron los monjes y repusieron la Ima¬ gen en el oratorio del Hospital. Vino la fiesta del dulce Nombre de Jesús, Enero de 1813, y fué trasladada de nuevo la Santa Imagen al rejectorio grande, hasta que pudo tomar posesión de su propia iglesia. Mientras permaneció 312 NUEVA HISTORIA en el refectorio pudo darse un poco más de esplendidez al culto divi¬ no. En las fiestas principales se cantaban unas Misas que compuso el P. Benito Brell, alternando un verso á canto llano y otro á canto figurado, acompañado de violoncelo que tocaba uno de los Padres. Entretanto, se trabajaba con ardor en la iglesia. No habiendo nin¬ gún altar, se levantó un pequeño Camarín, al que se subía por las escaleras de los pulpitos quemados. Por ellas podían subir y bajal¬ ios devotos y besar la mano de la Virgen. Aun estaba en pie aquella grande reja que, aunque muy deteriorada, servía de sostén y amparo al altar provisional. Consistía éste en cuatro columnas de madera, vacías por dentro, con los capiteles, cornisas y friso de cartón, com¬ puesto por el lego José Campderrós. A 7 de Septiembre de 1817 tuvo lugar la inauguración de este nuevo altar y la traslación de la Santa Imagen á su antiguo templo. No es para contar el contento y alegría que tuvieron los monjes en este día, en especial el P. abad D. Simón Guardiola, que lloraba co¬ mo un niño al ver realizados sus deseos. Ahora si que podemos decir con toda verdad : ¡ Gran Providencia fué que nuestra querida y devo¬ tísima Imagen no desapareciese para siempre después de lo que aca¬ bamos de referir ! Dios no quiso permitir desgracia tan grande, porque templos y edificios como los arruinados, á todas horas se pueden cons¬ truir; pero Imagen como la que veneramos, no tiene substitución. Está visto: la Virgen Morena está bien en Montserrat. No quiere dejar á su amada Cataluña. Concluyamos, pues, afirmando que la sal¬ vación de esta Santa Imagen puede considerarse casi como un verda¬ dero milagro. II Veamos ahora en qué ocupaban los monjes durante el tiempo se critico de esta guerra. Hasta el dia 25 de Julio de 1811 todos per¬ manecieron en su lugar, ocupándose en el culto de Maria y en la ob¬ servancia de la santa Regla. Mas al llegar el dia, de triste memoria, en que el general Suchet con un ejército de siete mil hombres se di¬ rigió á este Santuario é incendió su templo, desde este momento debieron buscar en otra parte la seguridad que para sus personas y vidas no tenían en esta Montaña. Todos los monjes y ermitaños, á ex¬ cepción de unos pocos que permanecieron á poca distancia del Con¬ vento, se dirigieron al Monasterio de Bages, que era una hijuela de Montserrat. Cuando las tropas francesas abandonaron el Santuario, DE MONTSERRAT 313 dejando el templo convertido en un volcán defuego, las disposiciones, que debían ser prontas para atacar el incendio, fueron tardías é ine¬ ficaces, tanto por falta de personal como de utensilios para trasladar el agua. Los primeros que se presentaron fueron algunos no se atrevieron con el ermitaños, pero fuego á causa de su desarrollo é intensidad. El ermitaño de Castellet y el mozo de la Procura de Manresa fueron los más valientes, que se metían por todas partes sin temor al fuego ni al peligro de la vida. Otros seglares con el escolán de la Cueva pa¬ saron casi toda la noche en medio de las llamas. Luego comparecie¬ ron los monjes, y juntos fueron extinguiendo aquel inmenso brase¬ ro con gran riesgo. Hablando de la tristísima situación en que quedaron los Padres después de esta desgracia, dice un monje, que ha ocultado su nom¬ bre, en un pequeño manuscrito que tenemos á la vista: "Aunque ha¬ llamos el Santuario derrotado, desprovisto y falto de todo, nos com- formamos comiendo parcisimamente. La armonía era nuestro consue¬ lo, de suerte que instadosel P. Sehilinch, los monjes se pusieron por á limpiar el sajrcig, que de treinta años no se había hecho. Merenda¬ ron con gozo en él con unos doce ó catorce peces que se hallaron, pues los enemigos habían soltado el agua. A mediados de Noviembre ya estábamos reunidos en el Monasterio. Todo quedó hecho una in¬ mundicia, excepto la parte que da á la carretera. Diéronse luego dis¬ posiciones para cubrir el tejado de la parte de Poniente y de la Mon¬ taña. Cortáronse las vigas un poco más acá de la fuente (¿eZs Monjos, que los había muy buenos. Nos ocupábamos también en limpiar ca¬ ñas, con las que se formó el tejado, atándolas y arreglándolas arriba los más jóvenes, de modo que en un mes quedaron corrientes los te¬ jados, y á últimos del mismo año 1811 se concluyó esta empresa. ¡Tal era el anhelo y entusiasmo con que se trabajaba!" En otro manuscrito de igual fecha, que tampoco lleva nombre de autor, leemos lo siguiente: »En este tiempo se ocupaban los en abrirse monjes paso entre aquellas grandes ruinas, buscando cada uno un lugar donde habitar para librarse de la lluvia. Había algunos tan incó¬ modos, que el que los habitaba, podía contemplar el cielo desde su lecho. A lo mejor caía un techo, un tabique, un trozo de pared. A un monje le sucedió estarse un rato bajo un techo, y luego de haberse apartado, venirse al suelo. Sin embargo, no hubo ninguna desgracia personal. Los monjes estaban pobres, mal vestidos, habiendo alguno que ni siquiera podía vestir el santo hábito, yendo cubierto con un mal capote. Los alimentos eran también escasos, contentándose con un solo plato. Trabajaban todos según sus respectivas fuerzas, arre- si 314 NUEVA HISTORIA glande tejados, quitando escombros en aquellos lugares donde veían algún pequeño aposento, perdonado por la casualidad, para albergar¬ se. Es increíble la suciedad que dejaron los franceses. Era tanta, que más adelante cuando se reparaba el Monasterio, y tenía que su¬ birse la arena del río Llobregat, por cada arroba de arena se daba en pago otra de estiércol, y esto duró mucho tiempo. De tanta sucie¬ dad provino otro trabajo, y fué una enorme multitud de insectos que mortificaban notablemente á los monjes. Esto no obstante vivían tran¬ quilos, alegres y sanos." La primera dominica del mes de Septiembre formalizóse una pe¬ queña Comunidad compuesta de los PP. Novell, Millán, Hermosilla, Bujons, Marsal y Martínez. Algunos tuvieron que irse con sus fami¬ lias ó parientes, otros al Monasterio de Bages y otros á la Viña nue- va, porque no había lugar para todos. Los que se quedaron dormían sobre paja. No había quedado nada, ni bancos, ni sillas, ni camas... nada, absolutamente nada. Los mismos monjes tuvieron que plantar las coles para comer, y á fe que nunca fueron tan buenas, como refie¬ re uno de los manuscritos citados. ¡Qué trabajos y qué sacrificios hi¬ cieron aquellos buenos monjes, dignos de eterna memoria! En 1814 acabó la guerra de la Independencia, durante la cual tuvo que sufrir tanto este Monasterio y Santuario. Mas no acabaron las penas y trabajos para los pobres monjes. Era preciso hacerlo y reconstruirlo todo de nuevo. Esto no se hace sin dinero, y éste ¿dón¬ de hallarlo para una obra tan colosal y costosa? La caja estaba vacía y el cielo como de bronce, pues en todo el último cuatrienio nohubo ni una mediana cosecha. Dice uno de los citados manuscritos: "El Pa¬ dre abad Guardiola, varón de virtud probada, y lleno de fe en Dios y la Vii'gen, buscará y hallará recursos." Púsose mano á la obra, que duró casi cuatro años. La Casa mantenía á los albañiles y peones. Se cortaron pinos que había cerca de Santa Cecilia y sirvieron para los techos y tejado. Mas por estar el Convento falto de recursos, tuvo que acudirse á un empréstito. El dinero lo traía el mozo que hacía de co¬ rreo cada semana de cinco en cinco onzas cerrado dentro de la balija. El P. Veremundo Mulet, como mayordomo, iba recorriendo las gran¬ jas del Monasterio para allegar fondos. Muchas veces volvía tan des¬ animado, que infundía desaliento á los demás. No era así el Padre Abad, quien arrodillado delante de la Santa Imagen, daba señal de su gran confianza en la Santísima Virgen. Se tomaron á censal diez mil libras catalanas en Villanueva, seis mil en el Monasterio de Car¬ tujos de Scala Dei, y cuatro mil de una persona conocida tan sólo del Padre Abad. Poco á poco se fué adelantando la obra. DE MONTSEEEAT 315 Con ansia se deseaba poder colocar la Santa Imagen en su anti¬ guo trono, mas se topaba con serias dificultades. Una de las principa¬ les era levantar las encahelladas que habían de sostener el gran te¬ jado. Al efecto, fué llamado un arquitecto de Barcelona, quien con mucho aparato y no poco gasto, trató de levantar una. Al fin tuvo que confiarse este trabajo al lego José Campderrós, que logró levantarlas todas con meiios dinero y mayor facilidad. Fueron tales y tantas las dificultades que tuvieron que vencerse, que después de este último azote que sufrió el Monasterio, llegó el caso de tratarse de su aban¬ dono, y trasladar la Santa Imagen y Comunidad á la Vma nueva, que es una granja situada al pie de la Montaña, propiedad de los mis¬ mos monjes. Apoyaban este parecer personas de dentro y fuera de la Casa, y entre otros el obispo de Barcelona D. Pablo Sitjar. Afortuna¬ damente no se puso en obra una idea, que si bien sugerida por cir¬ cunstancias tan apremiantes, como eran aquellos montones de es¬ combros y ruinas y la falta de medios, no obstante, puesta en ejecu¬ ción, quitaba á la Santa Imagen y al Monasterio todo su principal atractivo, cual es el ser ésta una Montaña singular y sin igual en el mundo; Montaña elegida por la Divina Providencia para ser templo y trono de aquella Criatura que está elevada sobre los tronos de los Querubines y Serafines. Al fin Dios premió el celo y constancia de aquellos santos Eeligiosos. Concluida la guerra pudo darse mayor impulso á las obras, habi¬ litarse el antiguo templo, celdas los monjes para y hasta algunas er¬ mitas con sus ermitaños. Fueron éstos el P. Matías Calvó, para la de Santa Ana; P. Ramiro Dulcet, de San Benito; P. Jaime Sambola, San Dimas; P. Gaspar Jordi, la Santísima Trinidad, y el P. Juan Galí, á la de San Salvador. Se les facultó para buscar limosnas para recons¬ truir sus eremitorios, y no faltaron devotos dieron con que las gusto. Se les señaló un monje hiciese las veces de vicario, y volviéronlas que cosas en el mismo estado de antes. ¡ Qué contento causó á los devotos que visitaban el Santuario, poder subir á las ermitas y admirar en ellas á aquellos virtuosos anacoretas, que infundían tanto respeto! Faltaba otro atractivo no menos grato, y era la instalación de la Escolania, tan célebre y antigua, y que de siete años no había fun¬ cionado. Su edificio pudo salvarse, porque los franceses lo tenían desti¬ nado á hospital de sangre ; pero se hallaba completamente desmantela¬ do y privado de aquella colección de instrumentos y piezas de música antigua y moderna, que antes la ennoblecía y hacía recomendable. No obstante, el P. abad Guardiola, fiado en la protección de la Vir¬ gen, quiso restituirla á todo trance. No importa que no hubiese camas «*♦ 316 NUEVA HISTORIA para dormir, ni instrumentos que tocar, ni siquiera papel para escri¬ bir; habia un recurso que nunca falta... una fe viva. Nombróse para Maestro al P. Jacinto Boada, que se hallaba de mayordomo en esta Casa. Se buscaron niños que fuesen algo instruidos en la música, se compró un pequeño órgano, instrumentos, camas para dormir es- los colanes, y á no tardar pudo ya cantarse la Misa matinal y demás, como se hacia antes de la guerra. Tuvo, pues, el Padre x\bad el con¬ suelo de que volviesen á funcionar las antiguas cuatro Comunidades que de .siglos atrás daban culto á Nuestra Señora, aunque no fuese con el mismo esplendor de antes. Procuró también que volviesen al Mo¬ nasterio aquellos monjes, que después de la destrucción é incendio de este Santuario habitaban con sus parientes ó amigos. Esto pasaba ó tenia lugar en el año 1818, y este era el modo como empleaban el tiempo los monjes desde la venida de los franceses hasta la fecha. Til Tristes por acabamos de historiar ; pe¬ cierto son los tiempos que ro de que en Montserrat todo eran ruinas, y la Santa Imagen á pesar no tenia lugar fijo, y con un culto que en nada se parecía al de otros tiempos mejores, la devoción no desapareció, sino que ha permaneci¬ do siempre firmeconstante. Pueblos enteros y personajes de mucha y autoridad subían á visitar á la Virgen. Entre los últimos figuran el ma¬ riscal Sardsfiel, quien á principios de Octubre de 1812, después de la rendición de Green, vino á implorar la protección de Nuestra Señora para el pronto término de la guerra. Subió á San Dimas para ente¬ rarse de la situación de esta ermita, y de los medios de defensa con que podia contar el coronel inglés. No pudo pasar, porque el puente antiguo estaba cortado. Comió con los monjes, pues era señor de gran devoción y piedad. A 3 de Junio de 1813 desembarcó el general D. Juan Murray con un regular ejército en las inmediaciones de Tarragona, el 7 tomó el fuerte del Coll de Balaguer, y después de haber sitiado algunos dias la plaza de Tarragona, reembarcó con sus tropas. Este distingui¬ do militar vino con su esposa y comitiva á visitar también á la Virgen, atraido por la fama que ha gozado siempre este Santuario. Otros ofi¬ ciales ingleses con sus señoras y familia hicieron lo mismo el año si¬ guiente. A 24 de Diciembre de 1813 el célebre patriota D. Esteban Pagés, natura] de Granollers, muy devoto de esta Santa Imagen, estuvo tam- DE MONTSEEBAT 317 bién á visitarla, á hacer colación con los monjes, por ser la víspera y de Navidad. Vino varias veces á implorar el auxilio de la Señora du¬ rante la guerra. Este cumplido militar tenia el centro de sus operacio¬ nes en el Vallés. Los monjes le querían mucho, por el grande amor que tenía á la Religión y á la patria. Acabada la guerra se ordenó, fué beneficiado y murió muy estimado de todos en su villa natal. A 23 de Febrero de 1816 vino también el valiente patriota D. José Manso, después general y conde del^ Llobregat. Era devotísimo de Nuestra Señora, á la que encomendaba siempre el triunfo de las ar¬ mas españolas. Estuvo muchas veces aquí, y á la Virgen atribuía to¬ dos-los triunfos alcanzados sobre las tropas francesas. Esta vez vino para reparar las fuerzas perdidas durante la guerra. Los monjes tu¬ vieron un gusto especial en cuidarle y servirle, pues que Manso les quería y les dió señaladas muestras de cariño durante la campaña. A 24 de Agosto del mismo año subió á pie esta Montaña el piado¬ so general Santocildes, quien vino también para dar gracias á María por el feliz término de la guerra. El día 31 del mismo mes y año el capitán general de Cataluña, I). Francisco Javier Castaños, subió también á pie y rehusó los honores que le correspondían. El día si¬ guiente regresó á Barcelona en compañía del Padre abad D. Simón Guardiola. Ocho días después volvió para besar la mano de la Santa Imagen y asistir á la fiesta del 8 de Septiembre. Asistió al Oficio y á la procesión, y por la tarde se marchó hacia Manresa y Solsona. No fueron sólo individualidades las que visitaron este Santuario en aquellos días, sino que vinieron también los pueblos del rededor á por¬ fía. A 28 de Mayo de 1814 desocuparon los franceses la ciudad de Barcelona; y tres días después empezaron las romerías para dar gra¬ cias á la Virgen. A 31 de Mayo vino en procesión la.villa de Esparra¬ guera. Componíanla la mayor parte de sus habitantes con velas en¬ cendidas, así los hombres como las mujeres. Era el martes de-Pascua de Pentecostés, y el Párroco presidía, acompañado de ministros, lle¬ vando en las manos una hermosa imagen de Santa Eulalia de plata. Iban también cuatro pendones, un estandarte blanco, la cruz parro¬ quial y dos grandes Crucifijos. Cuando la procesión hubo llegado al lugar donde estuvo la capilla de San Miguel, se echaron las campanas al vuelo y salieron los monjes á recibirles. Juntos entraron en la im¬ provisada iglesia del refectorio cantando el himno Ave, maris Stella. Gracias que los sacerdotes llevaban su temo, del contrario no habría sido posible celebrar el Oficio con ministros, porque el Santuario no tenía. ¡Pena causa tener que referir estas cosas! ¡Un Monasterio an¬ tes tan rico en todo, y ahora tan pobre, que ni de un solo temo podía disponer! 318 NUEVA HISTORIA Los sacerdotes comieron en la el pueblo en el cam¬ Mayordomía y po, ya que el Convento no permitía otra cosa enaquellos tan críticos momentos. A las tres se reunieron en la iglesia, cantáronse Vísperas con toda solemnidad, y los peregrinos esparraguerenses emprendie¬ ron la marcha de regreso á sus casas, todos contentos y satisfechos de haber tenido la dicha de ver y venerar de nuevo á la Virgen de Montserrat. El pueblo de Pierola vino á 12 de Junio del mismo año, dominica infraoctava de Corpus. Fueron recibidos con igual solemnidad que los de Esparraguera. En una cosa se distinguió este piadoso pueblo; des¬ de que divisaron el Monasterio hasta que llegaron á él, no paró el continuo tiroteo, haciendo descargas de fusilería en señal del entu¬ siasmo y alegría con que venían á la Montaña santa. Presidíales un fraile trinitario, que ejercía de Vicario en dicho pueblo, y llevaba un Lignum crucis de plata. Iba también la cruz parroquial, un estan¬ darte y un Crucifijo de tamaño natural. El Ayuntamiento traía hachas encendidas. Fueron recibidos con el ceremonial de costumbre. Can¬ tóse Oficio solemne, Gozos Salve al fin. A las tres, después de Vís¬ y peras y Te Deuni, salió la Comunidad á despedirles hasta la plaza. A 19 del mismo vinieron los pueblos de Vacarisas y Rellinás. Traían dos cruces, cuatro estandartes, dos banderas y un gran nú¬ mero de velas y hachas encendidas. Presidía un Curapárroco con capa y una cruz de plata de unos tres palmos, y dos Vicarios que iban de ministros con dalmáticas. Traían los músicos de Olesa, que toca¬ ron durante la procesión y el Oficio, concluido el cual la Comunidad cantó la Salve y los músicos los Gozos de Nuestra Señora. Fueron recibidos y despedidos como los demás. A 19 de Julio del mismo año vinieron los habitantes de Castellfo¬ llit del Boix Curapárroco y el de un pueblo vecino. Iba la cruz con su parroquial, dos estandartes, dos banderas y un Crucifijo de plata que llevaba el Preste con capa. El propio Párroco celebró el Oficio, que cantó la Comunidad. A las tres se cantaron Vísperas y Gozos, des¬ pués de los cuales regresaron á sus casas, despedidos por la Comu¬ nidad. Septiembre de 1818 llegaron los de San Vicens y el Vi- A 19 de lar. Cantóse Oficio solemne yla Salve al fin. Marcháronse á la tarde después de Vísperas con repique de campanas y ceremonial acostum¬ brado. objeto de estas y otras romerías que tuvieron lugar en Mont¬ El serrat, fué dar gracias á Dios por medio de esta Santa Imagen por haber evacuado la España los franceses y regresado á su país. He DE MONTSERRAT 319 aquí unaliermosísinia manifestación de público agradecimiento á Nuestra Señora que jamás deberían olvidar los pueblos. No es este lu¬ gar á propósito para referir las inmensas vejaciones y penas de toda clase que sufrieron durante esta guerra de exterminio. Justo, pues, era que acudiesen á los pies de su Patrona, para manifestar agrade¬ cimiento á los favores que de Ella habían recibido. CAPÍTULO TERCERO Lo que padeció el Convento en el año 1820.—La Santa Imagen es tras¬ ladada á Barcelona de orden gubernativa.—Vuelta de la Santa Ima¬ gen á su Santuario de Montserrat. I En medio de la aparente paz que se disfrutaba después de los tiñs- tes sucesos que acabamos de referir, fué nombrado abad el Maestro D. Bernardo Bretón. En los dos primeros años de su gobierno, se pensó en levantar un altar mayor, á cuyo fin se hizo un plano que fué ejecutado en boceto, procurándose al propio tiempo todas las made¬ ras de nogal necesarias para reconstruir el antiguo coro. Mas todo quedó en proyecto por haber sobrevenido en Marzo de 1820 un cambio de Gobierno y haberse publicado la Constitución. Reunidas las Cortes del Reino, uno de los primeros decretos que salieron al público fué la extinción de los Institutos Monacales y venta de sus propiedades, señalándose una mezquina pensión á cada uno de sus individuos. Fueron tan sólo exceptuados de esta ley general siete Monasterios, uno de los cuales era el de Montserrat. A 29 de Octubre del mismo añopresentóse una Comisión del Go¬ bierno, compuesta de D. José OiJega, gobernador de Montjuich, y don Joaquin Busquets, letrado nombrado por el Jefe Politico de Barcelo¬ na, para tomar inventario de todos los bienes del Monasterio y de las alhajas del Santuario, concluido el cual sellaron el .\rchivo. Manda¬ ron también al Mayordomo que rindiese cuentas, formando de todo el correspondiente expediente que autorizó el Notario de Martorell. Viendo los monjes los malos vientos que corrían y lo que de ellos po- 320 NUEVA HISTORIA dían prometerse, creyeron conveniente repartirse entre sí los bienes muebles, antes les fuesen robados. Tomó también cada uno los que libros que quiso, á condición de devolverlos, cambiadas que fuesen las circunstancias. El mal llamado Crédito PúMico de la Provincia, en la seguridad de que sacaría mejor partido procediendo de esta manera, comisionó al P. Mulet para que fuera él mismo en persona á recoger los frutos de las granjas que pertenecían á este Monasterio y venderlos, para rendir cuentas después al Gobierno. La intención no era tan piadosa, como luego veremos. Con este estado de cosas, muy poco satisfactorio por cierto, muchos de los monjes se ausentaron. Tan pocos habrían quedado, que en el Oficio divino nadie, ni el mismo Prior podía excu¬ sarse del cargo de hebdomadario. Era tanta la miseria á que se vieron reducidos, que ya no comían en Comunidad, sino que cada uno se arreglaba como podía. Hiciéronse tres mesas, una para los monjes castellanos, otra para los catalanes y otra para los escolanes. Esta situación tan anómala no podía durar. A 25 de Julio de 1821 volvieron los comisionados del Gobierno, y con el inventario en la pidieron el pequeño tesoro de la igle¬ mano sia, que había podido salvarse en la guerra del año 1808 ; pero el monje encargado no quiso entregarlo más que al monje que se lo ha¬ bía confiado en depósito. Este era el P. Miró, que se hallaba en Bar¬ celona, y no tuvieron más remedio que aguardar su llegada. Apenas estuvo aquí, puso en sus manos aquella tan rica corona de oro guar¬ necida de diamantes. Las restantes joyas las llevaba la Santa Ima¬ gen, y á pesar de que dichos comisionados eran tan revolucionarios, no tuvieron valor para ponerle la mano encima y se las respetaron. ¡Qué dolor! exclama uno de aquellos Padres que presenciaron este sacrilego robo, ¡ver arrebatado en un instante aquellas coronas y viri¬ les que encerraban los votos de tantos siglos y generaciones pasadas! Los pocos monjes que habían quedado sólo vivían de aquella tan reducida pensión que el Gobierno les pasaba; mas pronto se cansó és¬ te de tanta generosidad, lo cual les puso en grande aprieto á ellos y á los escolanes, que aun se conservaban en número de trece. Con ansia se esperaba á que llegase de su misión el P. Mulet y les diese algún dinero para salir de tanta necesidad, cuando un triste accidente, pre¬ parado de antemano, les puso en peor condición. Mientras se dirigía á este Monasterio el referido Padre con todo lo que había recogido, nueve mil libras se cree, fué preso en Igualada y encarcelado en Bar¬ celona. A 31 de Agosto de 1822, fecha en que el P. Mulet fué preso, en DE MONTSERRAT 321 ana mañana que llovía muj' copiosamente, se presentó una partida de tropa y se apoderó de las entradas y salidas de este Monasterio, de¬ jando un piquete en la puerta de la fuente y otro en la del safreig gran. El jefe de la fuerza llamó al superior P. Garrich y le dijo, que él, el P. Mauro Llampuig, el P. Bujons y el ermitaño Fr. Sambola quedaban presos, y se los llevó á Barcelona en la tarde del mismo dia. Dos meses más tarde vino otra fuerza, y se llevó también presos al P. José Llampuig, sobrino del anterior, y al ermitaño Fr. Eamiro Dolcet. El Superior nunca le respondió al caso; sólo decía y repetía: Hace siete meses que el Gobierno no ha fagado. Fastidiado el jefe, ledejó y se marchó con los presos y el pastor. Como es natural, se¬ mejante modo de proceder empezó á infundir serias sospechas al Con¬ vento. De la que se siguió á estos seis monjes presos, nadie salió causa culpable; no obstante, todos continuaron primero en la cárcel de las Canaletas, y después en la Torre de la Cindadela. Todo se redujo á simples calumnias y falsos testimonios. Dijo el fiscal, que mientras no le llevaran presos á todos los monjes, la causa no podia continuar. Sabido esto en Montserrat, se celebró una novena á la Virgen, con¬ cluida la cual se marchai'on todos, menos el P. Percebal, el ermita¬ ño Matías Calvo y el lego Valentin Tresserra. Esto precisamente era lo que querían los revolucionarios, como se vió luego. Si los monjes hubiesen permanecido algunos días más. Dios sabe lo que hubiera su¬ cedido, pues poco después prendieron al Párroco de Marganell y le fusilaron casi álas puertas de su misma casa. De Manresa se llevaron quince personas inocentes é indefensas, y en el lugar llamado Los tres Roures de casa Massana fueron también muertas á balazos. A 26 de Noviembre del citado año vino otra comisión de Barce¬ lona, compuesta del comandante de Martorell D. Antonio Bray y don Rafael Grau, y se llevaron lo único que quedaba y antes se había res¬ petado, que fueron las joyas que llevaba la misma Santa Imagen. Es¬ tos infelices acabaron de consumar la obra de expoliación. Y ¿de qué manera? Del modo más cínico y desvergonzado que pudiera concebir¬ se. Como la Imagen se hallase algo elevada, no podiendo llegarse á ella de un modo natural, buscaron una silla, y con su auxilio arran¬ caron de la Santa Virgen, Madre de Dios, una por una todas las pie¬ zas que llevaba, dejándola despojada de todo, menos del vestido, que aun se lo respetaron. ¡Oh malicia refinada! ¡Oh desvergüenza inau¬ dita ! Desde este momento corrióse la cortina y quedó oculta á la vista del público nuestra querida y Santa Imagen. Aquí es donde se cumplió al pie de la letra aquella triste profecia del abad D. Benito 322 NUEVA HISTORIA Argerich, cuando en 1764 estando para morir dijo aquellas memora¬ bles palabras : Desde el gallinero hasta la corona de la Virgen, todo desaparecerá en Montserrat. II Entre tanto, no faltó quien tuvo interés en propalar la falsa noti¬ cia de que los realistas querían llevarse para sus miras particulares la Santa Imagen; y esto precisamente era lo que á los constitucio¬ nales convenía para sacarla de su iglesia y traerla á Barcelona, á fin de declarar extinguidos el Convento y la Comunidad, que era prin¬ cipalmente lo que ellos pretendían. En efecto, á 22 de Diciembre de 1822 vino otra vez el comandante, de triste memoria, D. Antonio Bray, con una partida de tropa, y comunicó al P. Percebal, único monje que se había quedado en el Convento, que traía la orden de lle¬ var la Santa Imagen á Barcelona, á lo cual hubo de conformarse por necesidad. A las nueve de la mañana del día siguiente, colocada den¬ tro de la misma cajita en donde era llevada durante la guerra de la Independencia, y metida dentro de un coche que estaba preparado, emprendieron la marcha con el citado Padre. Era ya de noche cuando llegaron á Martorell, en donde se le hizo un magnifico recibimiento, y la depositaron en la iglesia de los Padres Capuchinos, lugar fortifi¬ cado por los constitucionales. Allí se cantaron Misas y Eosarios pol¬ la reverenda Comunidad, con asistencia de la población y demás pue¬ blos comarcanos. El día 4 de Enero de 1823 llegaron á Martorell los canónigos don Tomás Spa D. Juan Altuber, comisionados por el Cabildo Catedral y para acompañar á Barcelona la Imagen de Nuestra Señora de Mont¬ serrat. El día siguiente emprendieron la marcha con la Santa Imagen hasta llegar al pueblo de Sans, donde era esperada por el Vicario y vecindario para acompañarla en procesión hasta la iglesia. Muchos individuos de tropa y los Padres Capuchinos de Martorell no dejaron la devota Imagen hasta la citada población de Sans. Aquí pernoctó junto con el P. Percebal, que no la abandonó un momento, y muchos devotos vecinos quisieron tener la dicha de velarla toda la noche. El Ayuntamiento Constitucional de Barcelona dirigió una procla¬ ma á sus habitantes, manifestándoles que con motivo de querer los titulados defensores de la fe llevarse la Imagen de Nuestra Señora de Montserrat por sus miras particulares, había determinado el Go¬ bierno trasladarla á la capital, en donde se le daría el debido culto, DE MONTSEKEAT 323 é invitaba al mismo tiempo á que asistiesen con velas y la hiciesen una pública demostración de respeto y honor. Efectivamente, el día siguiente, que caía en la fiesta de los Santos Reyes, puesta la Imagen en unas andas y ordenada una procesión, salió de la iglesia de Sans hacia la Creu Guberta, extramuros de la ciudad y término civil entre Sans Barcelona. Aquí se hizo formal y entrega del precioso tesoro á la ciudad condal. Colocada en una mag¬ nífica carroza de casa el Marqués de Castellvell, comenzó otra más solemne procesión. Al llegar á la puerta de San Antonio fué descen¬ dida de la carroza, se la presentaron las llaves de la ciudad en una hermosa fuente de plata. Observaron que la Imagen no llevaba corona, lo que causó general indignación al saberse que había sido robada. Subiéronla de nuevo en unas andas, y fué llevada en hombros de ocho sacerdotes hasta la Catedral, continuando detrás la carroza en señal de respeto. Al entrar la procesión dentro de la ciudad, el casti¬ llo de Montjuich y demás fuertes hicieron las salvas correspondientes. Iban también los gigantes, cruces de todas las parroquias, todo el cle¬ ro, más de cuatrocientas hachas y varias músicas. El Ayuntamiento llevaba el palio, y cerraban la procesión el Gobernador Eclesiástico, el monje D. Benito Percebal, el ermitaño Fr. Matías Calvo y el lego Va¬ lentín Tresserra. Seguía detrás el Capitán General, Gobernador Políti¬ co y demás Autoridades con dos coches de respeto. Cubría la carrera la milicia nacional vestida de gala, y reinaba un entusiasmo tan grande, que superaba de mucho á las más solemnes recepciones de reyes y emperadores. A la una de la tarde llegó la procesión á la Catedral y se cantó un solemne Oficio con sermón, que predicó el exdominico Dr. Viguer, catedrático de Cervera, quien, como constitucional, supo despacharse á su gusto. Por la noche fué cantado el Santo Rosario, es¬ tando el templo lleno de fieles todo el día. El haber hecho su real en¬ trada sin corona la Santa Imagen, dió lugar á varios comunicados que trajeron los periódicos, tratando de ladrones á varios personajes y se¬ ñalando quiénes fueron los autores del robo ; mas como todos eran lobos de una misma camada, se echó tierra sobre el asunto y queda¬ mos lo mismo que antes. Estuvo en la Catedral la Santa Imagen nueve días, y en cada uno fué obsequiada con Misa solemne, que cantaron las siete parroquias por turno, únicas que entonces había en la ciudad. Concluida la no¬ vena, fué otra vez trasladada en procesión á la iglesia de San Miguel. El Ayuntamiento destinó esta iglesia para capilla suya, y encargó su custodia al peor sacerdote que existía en la ciudad y redactor que era del impío periódico El Indicador. Al P. Percebal, que era á quien 324 NUEVA HISTORIA correspondía custodiar la Santa Imagen, le nombraron sacristán, áfin de cubrir mejor el expediente. Allí estuvo Nuestra Señora hasta que, serenado ya el tiempo, el vicario general D. Pedro Avellá pasó ofi¬ cio de fecha 9 de Noviembre de 1823 al Padre Prior de este Monaste¬ rio,para que se encargase de la custodia de la Santa Imagen hasta el día que pudiese ser trasladada á su propio Santuario. Esta resolución fué debida al celo del P. D. Mauro Llampuig, que desde que había sa¬ lido de la cárcel no perdonó medio para alcanzarlo, y Dios le premió, siendo otro de los elegidos para acompañarla en el día de su triunfo. III Hemos dejado á nuestros pobres hermanos ermitaños en las cár¬ y celes de Barcelona. Bueno será que digamos ahora el resultado que tuvo su causa. A 4 de Agosto de 1823 se tuvo Consejo de guerra, que fué celebrado en la iglesia de Padres Trinitarios descalzos; y en él se leyó la causa de los reos conforme ála orden siguiente: «Séptimo dis¬ trito militar. Estado Mayor. Orden general de 3 de Agosto de 1823. —Mañana á las siete se celebrará Consejo de guerra para juzgar la causa contra el Prior y varios monjes del Monasterio que fué de Montserrat, acusados de tener inteligencia con los facciosos, y diri¬ girlos en sus operaciones al principio de la facción de Cataluña. Este se verificará en el local de la Tertulia fatríótica, á puerta abierta, y lo presidirá el coronel D. Juan Merita, comandante de armas de la Barceloneta. Vocales para el mismo; uno de la milicia nacional de esta ciudad, otro de la de Gerona, dos del 31 de linea, uno de artilleria y otro del 13 de linea. La Misa del Espíritu Santo se dirá á las seis y media en San José, capellán celebrante el del primer Batallón de Ca¬ zadores de la provincia.—ATbó.i-^ Oída la causa y el parecer del Fiscal, volvieron los monjes á la cárcel, donde permanecieron hasta el 2 de Noviembre, dia en que en¬ traron las tropas francesas mandadas por el general Moncey, y se les dió entera libertad en fuerza de la capitulación hecha por dicho Ge¬ neral y el Gobierno de Barcelona. Con todo y ser inocentes, estuvie¬ ron quince meses entre la cárcel pública y la Torre de la Cindadela, en medio de las molestias y penalidades más grandes que se pueden imaginar. ¡Bendito sea Dios que asi sabe purificar á los justos! Hablando de lo que se hizo en Montserrat antes de la vuelta de la Santa Imagen, dice el P. abad Muntadas (1): «Con la capitulación de (1) Historia de Montserrat, pág. 249, edición de 1894. DE MONTSEEBAT 325 Barcelona del primero de Noviembre de 1823 se concluyó la guerra civil, y bajo la égida de la paz se fué reuniendo en Montserrat el per¬ sonal, y preparándose para recibir á su Keina, luego que las Autori¬ dades de la misma y el Monasterio se hubiese puesto de acuerdo sobre el día y modo de volverla á su antiguo trono. Entre tanto se trabajaba con asiduidad en la reorganización, no tanto del personal co¬ mo en la restauración de los edificios, según permitían los escasos re¬ cursos de que podía disponerse. También se trabajaba en reorganizar la Escolania, preparando los niños para obsequiar á su Santa Madre el día de su regreso. Los ermitaños que habían sobrevivido á tantos sinsabores, clamaban por su instalación en las ermitas, pero teniendo en consideración la reciente muerte del P. Jordi, y las por mucho tiempo inevitables consecuencias de una guerra, se juzgó ser más prudente retenerlos en el Monasterio. La hospedería entró también en el plan de restauración, pero á pesar de tan buenos deseos y de un empréstito que se hizo á este objeto, en el corto espacio de medio año que tardó en regresar la Santa Imagen, no pudo realizarse tan necesario proyecto, pasando por la pena de no poder obsequiar á tan¬ tas y tan distinguidas familias que vinieron en su compañía. El tem¬ plo, ya que no como deseaba el Monasterio y la augusta Señora de cie¬ los y tierra se merecía, estaba, sin embargo, adornado con elegante pobreza. Un simple altar de madera, sin más adornos que de papel, era el que se tenía preparado, el mismo que dejó al partir para Bar¬ celona, y la gran nave desfigurada y ennegrecida aun á causa del incendio. Este era el palacio donde debía habitar la Madre de Dios y de los hombres." Así preparado todo y pacificado el país, llegó el día tan deseado. He aquí una copia del oficio que el Ayuntamiento de Barcelona pasó al Superior de esté Monasterio. "La memoria de los singulares favo¬ res á que esta ciudad se reconoce obligada á María Santísima, bajo la advocación de Montserrat, empeña de tal modo su gratitud, que la hace sensible al instante en que se separe de ella su portentosa Ima¬ gen, que habría deseado quedase perpetuamente dentro de estos mu¬ ros, segura de que ninguna adversidad podía alcanzarla con la inter¬ cesión de Patrona tan poderosa. Sola la consideración de que los in¬ numerables beneficios que por muchos siglos ha dispensado á Catalu¬ ña desde su Santuario, son una prueba evidente de haber elegido el Monasterio para trono de su grandeza, es capaz de mitigar el senti¬ miento que causa á esta capital la devolución de tesoro tan precioso á que ha debido acceder este Ayuntamiento en vista de la excitación que le ha hecho el Edo. P. M. Fr. Mauro Llampuig, apoderado de V. S. 326 NUEVA HISTORIA "Pero queriendo privar á los piadosos devotos de María Santí¬ 110 sima, del consuelo que recibirán en tributarle rendidos obsequios an¬ tes de su salida, ha acordado dedicarla un triduo, que se solemnizará en la santa Iglesia Catedral en los días 9, 10 y 11 del corriente, y el inmediato 12 será llevada en procesión general con asistencia del muy ilustre Cabildo eclesiástico y de este Cuerpo, hasta la plazuela que hay en el camino de Sans cerca donde se hallaba la Cruz Cubierta, en cuyo paraje podrán encargarse de ella los Religiosos que V. S. ten¬ ga á bien destinar para recibirla. "Al participar á V. S. esta resolución, no puede el Ayuntamiento dejar de congratular á V. S. de la satisfacción que debe caber á ese real Monasterio por el recobro de la Santa Imagen, al propio tiempo que se complace en la dicha que ha tenido esta ciudad de conservarla en depósito, hasta poderla devolver á los dignos sucesores de San Benito, esperando que en unión con V. S. dirijan á María Santísima las más fervientes súplicas para que continúe á esta ciudad su pro¬ tección á que se confiesa deudora. Dios guarde á V. S. muchos años. Barcelona, 6 Junio de 1824.—El Marqués de Sentmanat.—José M." de Ponsich." A consecuencia de la entrega hecha por el Ayuntamiento indicado, la Comunidad de Presbíteros de la Parroquia de San Miguel hizo lo mismo el dia de la traslación de la Imagen á la Catedral; acto que quiso autorizar por mano de notario, como puede verse en el Apén¬ dice n.° 14. A 9 de Junio organizóse otra nueva y solemnísima proce¬ sión á que asistió el Ayuntamiento en Cuerpo, el Capitán General de Cataluña, el Marqués de Campo Sagrado, la Real Audiencia, todas las Comunidades, entre los cuales iban muchos á pie descalzo y con es¬ píritu de verdadera penitencia, y casi todos con velas encendidas. Dejemos ahora que hable el mismo P. Percebal, quien como testigo de vista, podrá referir mejor que nosotros el continuado y magnifico viaje de triunfo que hizo la Santa Virgen desde Barcelona á Montse¬ rrat. He aquí como se expresa en unos Apuntes que dejó escritos, que es como sigue: "El día 9 de .Junio de 1824, con asistencia de las dos Autoridades fué vuelta á la Catedral la Santa Imagen, á donde se le hizo un Tri¬ duo solemne con Oficio, sermón y Rosario por la tarde. Todo el día acudia un inmenso gentío á venerarla y dar gracias á la Emperatriz, que tanto los había favorecido, librándolos de tantos trabajos, sere¬ nando el cielo de tanta tormenta. Llegó en fin el dia 12 del mismo mes, que fué el señalado para dejar la capital la Santa Imagen y ser trasladada á su santo Monte, para desde allí como centinela observar DE MONTSERRAT 327 las necesidades de su cuyo efecto la Autoridad eclesiástica pueblo, á comisionó dos señores Canónigos y el Ayuntamiento dos señores Re¬ gidores para acompañarla hasta su santa Casa. "Al salir formó en gran parada la tropa francesa y caballería has¬ ta la puerta de San Antonio. Las Autoridades, así españolas como francesas, las Comunidades de Beneficiados con un inmenso gentío, siguieron hasta la Cruz Cubierta, en donde había un magnífico pabe¬ llón formado. Aquí hizo alto la procesión. Las Autoridades españolas y francesas adoraron la Santa Imagen, juntamente con el Cabildo Ca¬ tedral ; y acto continuo se hizo pública entrega de la misma al Mo¬ nasterio, representado por sus comisionados el P. Maestro D. Mauro Llampuig y el P. D. Benito Percebal. Inmediatamente se colocó la Santa Imagen en el coche allí preparado al efecto, y emprendió la marcha entre once y doce del día hacia San Feliu, acompañada de la tropa francesa, que la entregó allí á la española, y ésta se hizo el de¬ ber de darla guardia de honor y acompañarla hasta Montserrat, vol¬ viéndose acto continuo á Barcelona la francesa. "El Gobernador de la Mitra había tenido la previsión de oficiar á todos los Párrocos de la carrera, así es que comenzando en San Feliu y siguiendo en todos los demás pueblos, el clero y pueblo salieron en procesión á recibir la Santa Imagen, y la acompañaron hasta el tér¬ mino de su parroquia. En él encontraron la procesión del pueblo lin¬ dante, y del mismo modo la acompañaron hasta el confín de su parro¬ quia, y así sucesivamente. De ahí que la Santa Imagen fué siempre en procesión desde Barcelona hasta su trono de la Montaña, en con¬ tinuo triunfo y entre el júbilo de todos los pueblos que la vitoreaban. El Comandante de San Feliu mandó que la acompañase un piquete de caballería hasta Montserrat. El mismo día á las siete de la tarde lle¬ garon á Martorell, y la Santa Imagen fué colocada en la iglesia pa¬ rroquial, y allí quedó toda la noche. "El día siguiente, fiesta de la Santísima Trinidad, se cantó con toda solemnidad una Misa, que celebi'ó uno de los Canónigos que<«tcom- pañaban á la Santa Virgen, y entre ocho y nueve salió la procesión de Martorell hasta el término de Abrera, y de éste al de Esparrague¬ ra, en donde era esperada por el clero y pueblo con hachas y velas en¬ cendidas, siendo conducida al templo. Colocada en el altar mayor se celebró un solemne Oficio, y se dejó la Santa Imagen hasta la tarde, á fin de satisfacer los deseos de los devotos esparraguerenses. A las tres se cantó el Santo Rosario y salió otra vez en procesión hasta el Bruch, en donde se le cantó la Salve y se pernoctó. "A las cuatro de la mañana del día 14 de Junio partió en procesión 328 NUEVA HISTOEIA la Santa Imagen para su Casa y Palacio. Al llegar á la bajada de Santa Cecilia cayóse un hombre delante de la rueda del coche, y se levantó instantáneamente con mucha ligereza sin haber recibido daño, lo que se atribuyó á milagro de la Virgen.—Una mujer sorda fué al es¬ un tribo del coche todo el camino, se ungió el oído con algunas gotas de aceite de la lámpara y recobró el oído.—El Ecónomo de Santa Cecilia salió á recibir la Santa Imagen. Dos monjes vinieron á caballo y con cogulla, y la acompañaron puestos al estribo del coche uno por parte, hasta llegar á la Capilla de los Apóstoles, en donde los comisionados de Barcelona hicieron de nuevo la entrega al Padre Abad y Comuni¬ dad, que se hallaban allí presentes. Los realistas dieron unos vivas y continuó la procesión hasta la iglesia, en donde se cantó un solemne Oñcio con sermón y Te Deim en acción de gracias por este bene¬ ficio." Comocomplemento de los obsequios que se tributaron á la Santa Imagen traslado á este Santuario, cabe perfectamente consig¬ en su nar aquí copia del oficio que se dignó pasar al Padre Abad el Ayunta¬ miento de Barcelona, consignando los regalos que tuvo á bien presen¬ tarla en agradecimiento de los favores que de ella tenia recibidos. Dice así: "M. I. Sr. Abad del real Monasterio de Montserrat.—Sensible es para la devoción Barcelona ha profesado constantemente á nues¬ que tra Señora de Montserrat el momento en que va á separarse de ella su prodigiosa Imagen; sólo la justicia con que el M. I. Abad del real Monasterio de su titulo reclama la devolución de tan precioso tesoro, y la convicción de que el Santuario en que ha sido venerada por una larga serie de años es el punto que ha elegido para recibir los home¬ najes de todo el Principado, y dispensar los beneficios á que la son deudores sus naturales, han podido decidir á esta ciudad á tan gene¬ roso sacrificio, como lo es el de desprenderse de la original efigie de su especial protectora, bastando sólo á templar su dolor, la conside¬ ración de que fué un puro favor de esta Soberana Eeina el haberse dign^Klo entrar en ella en los días pasados de la mayor añicción y amargura: favor que ha empeñado de tal modo la gratitud de esta po¬ blación, que ha creído no dejar partir á tan poderosa Patrona sin haberle dado un testimonio de su gratitud que le ofrece la corona con que ha ceñido su sagrada cabeza. iiSirvanse ustedes. Reverendos, asegurar al M. I. Abad de los sen¬ timientos de que la Capital de Cataluña se halla animada hacia la Santa Imagen, y pedirle en nombre de este Ayuntamiento, que en unión con los Religiosos de su Monasterio, eleve á.María Santísima las más fervorosas súplicas para que se perpetúe eternamente la pie- DE MONTSERRAT 329 dad del pueblo barcelonés. Barcelona, 12 de Junio de 1824.—Luís de Balsecour.—El Marqués de Gironella.—José Maria de Ponsich.— Por acuerdo de la Ciudad de Barcelona.— El escribano secretario ha¬ bilitado, Nicolás Simos Labros." CAPÍTULO CUARTO Lo que pasó en este Santuario durante la ausencia de la Santa Imagen. —Magnífico donativo del rey D. Fernando VII. I Después de la marcha del P. Percebal con la Santa Imagen á Bar¬ celona, quedó el Santuario desamparado del todo y sin ninguna clase de culto. Es verdad que el Gobierno Constitucional nombró encarga¬ do de todo lo de Montserrat á un vecino de Monistrol llamado Pla; pero sin ánimo de hacer ningún agravio á esta persona, hemos de con¬ fesar que todo lo del templo y Monasterio desapareció, no dejando más que las paredes. De la colosal reja salvada del incendio del año 1811, nada absolutamente quedó, y es porque el hierro fué vendido. El abad Guardiola habla comprado un pequeño órgano para acompa¬ ñar los divinos Oficios, y fué echado de una de las Capillas altas, que¬ dando destrozado al caer sobre el pavimento de la iglesia. Igual suer¬ te cupo á otro organillo destinado á las funciones de los escolanes. Había gran depósito de madera de nogal preparada para la re¬ un construcción de la sillería del coro y fué vendida. Una de las más grandes y mejores campanas, que estaba colocada en el ventanal del campanario que mira al claustro nuevo, fué arrancada de su asiento y echada abajo, rompiéndose en mil pedazos, que fueron también ven¬ didos, y abriendo techos y tejados y cuanto encontró en su caída. Arrancáronse los balc.ones, que pasaron en manos de cerrajeros poco escrupulosos. Camas, sillas, ropas y cuanto mobiliario quedó en el Mo¬ nasterio y templo... nada se encontró, porque todo había desapareci¬ do. Hasta las cinco ermitas que se habilitaron después del incendio de los franceses, fueron también saqueadas y poco menos que destruidas. Daba lástima ver el estado en que se había puesto este Santuario por 22 NUEVA HISTORIA 330 gentes mercenarias que no respiraban más que hambre y sed de dine¬ ro, sin respetar lo más santo y sagrado. Sin embargo de que todo es¬ to pasaba en Montserrat, aprovechando la ausencia de su Patrona y de sus monjes, el 8 de Septiembre de 1823 no fueron pocos los devo¬ tos que subieron á la Montaña para venerar el lugar donde estuvo la Virgen. Por fin, el primero de Noviembre de 1823, después de firmada la capitulación de Barcelona y pacificado el Principado, comenzaron á presentarse los monjes para ocupar de nuevo el Convento. El Padre abad D. Bernardo Bretón, que se hallaba en Igualada desde el año 1821, vino luego para restablecer el culto déla Madre de Dios; y ha¬ biéndose reunido poco á poco los monjes dispersos, y los que habían salido de las cárceles de Barcelona, pudieron formar la Comunidad, rezar en el coro las Horas canónicas, cantar la Misa conventual y los Gozos de la Virgen, que cantaban cuatro de los escolanes que se ha¬ blan ausentado en 1822, acompañándoles con el violoncello el P. Vi- ñals ó el P. Eamón Marsal, monjes muy diestros en tocar dicho ins¬ trumento. Debemos hacer constar como en esta segunda exclaustración al¬ gunos monjes emigraron á Francia. El P. Jacinto Boada, el P. Kai- mundo Maciá y Fr. Salvador Euras se instalaron en el Rosellón. El P. Villarnáu regentó una parroquia, y después de algunos años murió sin haber podido volver á España. El P. Benito Marco, el P. Plácido Monasterio y Fr. Ildefonso Yugueros tardaron en venir, hasta que se vieron libres de sus compromisos. El P. Santiago Pons fué á Italia y se aficionó á los Padres de Monte Casino, donde estuvo tres años, des¬ pués de los cuales regresó á su casa. El P. José Blanch, con los legos Fr. Facundo y Fr. Plácido Agroba, demoraron en Tolosa, volviendo un poco más tarde. Hallaron el Monasterio muy maltratado, como ya hemos dicho. Aquí faltaban puertas, allá cerrojos, y en la otra parte balcones, suponiendo su reparación medios que no existían. Se puso una devota Imagen de Nuestra Señora, ínterin se estaba esperando la auténtica. Es cosa muy digna de notarse que la mayor parte de los antiguos monjes habían ya desaparecido; pues en el año 1804 eran ciento y uno los monjes, doce los ermitaños, veintiún legos y veinti¬ cuatro escolanes,cuando ahora son pocos y muy contados los que encontramos, si hemos de juzgar por los nombres que suenan más arriba, extractados de los manuscritos que tenemos á la vista. Por lo que toca á los ermitaños, no se consideró conveniente de¬ jarles residir en sus ermitas, no tanto por las poderosísimas razones que hemos apuntado en otro lugar, cuanto que los monjes deseaban DE MONTSERRAT 331 verificar en ellos alguna necesaria reforma, que les separase del de¬ masiado trato los seglares. Es verdad que los ermitaños con mostra¬ ron cierto descontento, pero debieron conformarse en vivir dentro del Monasterio, asistir al coro con los monjes, rezando secretamente las devociones señaladas diariamente para su rezo particular, continuan¬ do así hasta que vino la exclaustración. En tiempo de santa Visita no dejaron ellos, como es de suponer, de representar al Padre Visita¬ dor sus quejas y los deseos que tenían de volver á sus ermitas: mas siempre fueron desatendidos sus ruegos. Fueron, por del Rey, quien pidió al Monasterio el fin, á la Corte correspondiente informe, y el resultado tampoco les fué favorable. ¡Lástima no haber sido posible volver las cosas al mismo estado de antes, ya que esos santos Reli¬ giosos habían sabido convertir tantas almas y edificado á cuantos les visitaban ! II Es verdad que el objeto principal de este Santuario es la Santa Imagen, poseyendo á ella todo se posee; y ésta volvió ya á re¬ y que sidir en su antiguo trono; pero ¡ay ! todo respiraba pobreza en Mont¬ serrat. ¡Un templo sin adornos ni altares, cuyas paredes y bóveda estaban todavia ennegrecidas por el humo de un voraz incendio! Un pavimento destrozado y una cúpula desplomada, por la que se veía el sol y las estrellas, ¿era esto un palacio ó una choza? ¿Hay quién sea capaz de figurarse la impresión que causaría á los devotos de Nuestra Señora el aspecto de este templo, mayormente si habían tenido la di¬ cha de contemplarlo antes del incendio? No había ciertamente quien pudiei'a ver con ojos enjutos cuadro tan sombrío y aterrador. ¿A quién estará reservada la colosal empresa de su restauración? ¿Cuál será la persona elegida por la Divina Providencia para acome¬ ter una obra que supone millones de pesetas...? ¡Ah! Los devotos de María nunca han sido desconfiados. Al contemplar tantas ruinas, preguntó un día al Abad uno de los monjes: «Pero, Padre, ¿será que podamos ver al Monasterio en el estado de antes? A lo que contestó el Padre Abad; ¿Cuándo será?» «Cuando hayan pasado los siglos que fueron necesarios para levantarlo.» Y el Abad se engañaba, porque no tardó mucho tiempo en ponerse la primera piedra para dar co¬ mienzo á tan colosal empresa. Y ¿quién lo dijera jamás que esapri¬ mera piedra había de salir de las manos del monarca de España? No contaba entonces el Monasterio, es verdad, con recursos para NUEVA HISTORIA 332 obra tan gigantesca, pero tenía fe, y por eso fueron llamadas per¬ sonas inteligentes, y se formaron proyectos, y adoptado el que pare¬ ció más adecuado, dióse principio á la restauración de la parte del altar mayor, con ánimo de trabajar hasta donde alcanzasen los recur¬ sos. Habla por lo menosdos años que se trabajaba con ardor, y era por lo mismo tal la baja que habían sufrido los fondos, que ya no que¬ daba más recurso que apelar á la providencia de Dios, y acudió en efecto de un modo el más imprevisto é inesperado. Ciertos acontecimientos políticos trajeron á Cataluña al rey don Fernando y á su esposa D." Amalia el año 1827, y logrado el objeto de su venida, determinaron ir á Montserrat para ponerse bajo la pro¬ tección de Nuestra Señora, como lo habían hecho también sus augus¬ tos padres. Serian las nueve y media de la mañana del 12 de Abril de 1828 cuando SS. MM. y regia comitiva entraban en el huerto del Monasterio, y se apeaban de su coche en el puente que da paso al piso de encima de la iglesia, para ser allí recibidos de la Comunidad y alcalde local con la pompa posible, aunque no como otras veces; toda vez que una cordillera de paredones del antiguo Monasterio y de claustros del nuevo, que inclinados y fuera de su nivel amenazaban ruina, obligó á desistir de que fuese aquélla la entrada real directa al templo. Una vez dentro, dirigiéronse á la habitación del Padre Abad, que estaba sin adornos de ninguna clase. Después de un ligero descanso, bajaron á la iglesia, en donde les esperaba, vestido de pontifical con sus ministros, el Abad de San Feliu de Guíxols, que accidentalmen¬ te se encontraba aquí, á quien fué concedido el honor de celebrar en tan fausto día. Estaba el altar en medio de la nave con la mis¬ ma sencillez que se ha dicho, fué cantado el Te Dewn y la Salve por la Escolania. Subieron SS. MM. por una sencilla escalera á besar la mano de la Virgen, y el Abad entregó á la Peina una llave de plata, ofreciéndole el titulo de Camarera Mayor de Nuestra Señora. Entre tanto,enterábanse los Reyes de las ruinas, del templo, de las obras de restauración empezadas y de sus planos, manifestándose profun¬ damente conmovidos al contemplar las funestas consecuencias de la guerra, á la vista de las cuales dijo el Rey con lágrimas en los ojos: ¡Quédiferente es Montserrat de hoy del de 1802 cuando lo visi¬ té por primera vez^! Informado de todo el Rey por las respuestas que daba el Abad á sus preguntas, se retiró á su habitación, donde tuvieron la honra de ser recibidos á besar sus manos los monjes, los ermitaños, los Herma¬ nos legos y los escolanes, y se marcharon en la tarde del mismo dia. DE MONTSEEEAT 333 Ningún donativo liicieron SS. MM. durante su permanencia en este San¬ tuario, sólo el Rey dijo al Abad mirando á la iglesia desde el coro : ¿Bastarla medio millón para realizar los proyectos de V., Padre AiadfY en llep^ando á Madrid, hizo la generosa ofrenda de medio mi¬ llón de reales, con la que se dió mayor impulso á la restauración del templo, hasta poder colocar en su propio Camarín la Santa Imagen, quitándola del centro de la iglesia, y colocando en su lugar la magnífi¬ ca verja de hierro que está hoy debajo del coro. ¡ Qué gozo y qué ale¬ gría recibirían aquellos santos monjes al ver tanta generosidad por parte del Rey! ¡Cuántas gracias darían á su Soberana Señora por favor tan singular ! Encargóse desde luego á D. Antonio Celles, catedrático de Arqui¬ tectura de la Casa Lonja de Barcelona, el levantamiento de los pla¬ nos de las obras que se proyectaban. Subdirector y sobrestante fué nombrado D. Andrés DiezyBazán; pincelista, D. José Buxaréu; pintores, D. Pedro Mayol y D. Antonio Ferrán; adornista del Cama¬ rín, D. Ignacio Gurri; de la sillería del coro quedó encargado D. An¬ tonio Soler; del facistol grande, caja del órgano, balaustradas, corni- saje y ángeles de la gran reja, D. Antonio Llausás; de la parte de tallista y ornato, D. José Ferreri; de la escultura, D. Antonio Guixá; del dorado, D. Pelegrín Cots, todos de Barcelona. El órgano quedó á cargo de D. Pablo Obradors, de Moyá; y la verja de hierro á cargo de D. José Masnóu, de Manresa. Entre estos trabajos y demás de car¬ pintería y albañilería se empleó no sólo el regalo regio, sino muchos miles más que se recogieron de limosna. 334 NUEVA HISTOEIA CAPÍTULO QUINTO Sucesos del año 1834 y preliminares para la exclaustración de 1885.— Incendio de los Conventos y ocultación de la Santa Imagen. - Sa¬ len los monjes del Convento, y Montserrat queda desamparado. I Cuando después de tantas revueltas y asonadas volvía de nuevo á reaparecer la antigua devoción á Nuestra Señora, y se le habían ofre¬ cido ya algunos regalos, vino sobre nuestra infeliz España otra tor¬ menta no menos terrible y sangrientalas anteriores, quedando que con esto que se obraba á favor de paralizada la reacción tan hermosa este Santuario. Con motivo de la muerte del rey Fernando VII, ocu¬ rrida en 1833, hubo un cambio político radical. Nadie ignora las tris¬ tes escenas que tuvieron lugar en aquellos días. En Madrid primero, y el año siguiente en Barcelona, Reus, Zaragoza y otras partes, casi á un mismo tiempo turbas de hombres desalmados, con premeditación y á sangre fría, se lanzaron, como furias del averno, con la tea incen¬ diaria en la mano, sóbrelos Conventos, pegando fuego en esas moradas de la virtud y del saber, y haciendo horribles matanzas de Religiosos pacíficos é indefensos ciudadanos. Para formar cabal juicio de lo que hubo de ser un día de tan triste recordación, bastará referir lo que pasó en la ciudad de Zaragoza. Hallábanse los Frailes Mínimos en el coro cantando un Oficio con Su Divina Majestad expuesta, cuando una multitud, que no merece el nombre de liombres, se abalanzó de im¬ proviso sobre las puertas del mismo coro, haciendo dos descargas de fusilería. Cuál fuese el resultado de esta barbaridad no hay que de¬ cirlo, ni es de nuestra incumbencia historiar otra cosa que lo que se refiere á nuestro amadísimo Monasterio y Santuario de Montserrat. El que tenga curiosidad ó deseos de saber la causa de esta sacrilega revolución, lea el Apéndice n.° 16. La noticia de estos tristísimos sucesos cundió rápidamente por toda la nación, y si á esto se añade que este Monasterio llevaba ya clavada en su corazón la memoria del degüello de los frailes de Ma¬ drid, ocurrido el 17 de Julio del año 1834, y del incendio del Con¬ vento de Benedictinos de Sahagún, verificado en pleno día y ála vista DE MONTSERRAT de toda la ciudad sin que nadie lo impidiese el día 13 de Mayo, no es necesario ponderar el estado de zozobra de nuestros buenos monjes. de Julio de 1834 se presentó muy de mañana Así las cosas, á 30 una partida de tropa que, invadiendo el Monasterio, se dirigió al coro mientras los monjes estaban ocupados en el ejercicio de la oración mental, todos con la bayoneta calada, como si se tratara de asaltar un castillo. Llamaron á la puerta y pidieron por el Padre Abad al le¬ go que abrió. Al oir el Abad que había gente armada salió al mo¬ mento, preguntándole el jefe de la fuerza por el P. Domingo Filguei- ra, el cual salió inmediatamente. Mostróle un escrito el dicho jefe, y como le reconociese por suyo, fué preso y llevado á las cárceles de Barcelona el mismo día. Se le formó causa, y estuvo en gran peligro de verse conducido al cadalso. Gracias áelevadas influencias que se pu¬ sieron de por medio, pudo librarse de la muerte; pero no pudo esca¬ par de ser sentenciado á ocho años de destierro en Ceuta. El escrito del P. Filgueira versaba, según parece, sobre un pro¬ yecto de matrimonio entre D. Carlos y D." Isabel, que no pudiendo ser impreso en España lo envió á Ifrancia, siendo interceptado por el camino. Este hecho, del cual era responsable sólo el autor, porque no lo había comunicado á ningún monje, dió lugar á que empezase á crearse cierta mala atmósfera contra Montserrat. En aquellos días publicó el general Llauder un bando, en el que imponía pena de muerte en casi todos sus artículos. Como esta Montaña está enclavada en el centro de Cataluña, y no podía evitarse que fuese visitada por realistas y constitucionales, encontrándose el General en la villa de Esparraguera, el Padre Abad fué á visitarle y hablarle del peligro en que quedaba la Comunidad después de la publicación de dicho bando. Sentósele muy mal su arenga. .Añadióle el Abad otro motivo de queja, y fué haber visto con desagrado el confinamiento de cuatro criados suyos sin causa ni motivo. A lo qne contestó el General muy enfadado, que el motivo era haber pertenecido á la facción del año 1827. Todo lo cual prueba que al general Llauder no le eran nada simpáticos los monjes de Montserrat, y que por lo tanto no estaban éstos libres de peligro. En prueba de esto, mandó luego al Santuario una compañía de milicianos de Barcelona que les mortificaron gran¬ demente. Así comenzó el malestar en este Monasterio, pues desde la maña¬ na á la noche no se oía otra cosa en él que sucios cantos patrióticos con aire insultante y burlesco. Se remedaban las funciones abaciales hasta ponerse en la cabeza mitras de papel ú otra cosa. Hacían pro¬ cesiones á su modo, y eran ridiculizadas todas las funciones del culta 33(5 NUEVA HISTORIA católico, no quedando más recurso á los afligidos monjes que sufrir con paciencia y resignación ; pues todo esto era simple preludio de los mayores trabajos que les esperaban. En efecto, presentóse al Abad un joven con una carta, y pregun¬ tado por quien se lo remitía, contestó con estas extrañas palabras: «de un hombre gordo y pequeño.» Al momento fué despedido. Mientras leia la carta el Padre Abad, observó que todo su contenido era pedir¬ le auxilios para la causa carlista, firmándola «Romagosa, General carlista.» El P. Blanch, que era hombre de carácter muy reservado, resolvió no decir una palabra sobre el particular, y lo cumplió. Mas he aqui que al cabo de pocos dias subió al Monasterio el Comandante de armas de Esparraguera, quien dirigiéndose al Abad le preguntó si había recibido alguna comunicación del partido carlista ; y el Padre Abad se lo negó. Entonces dicho Comandante le presentó el mismo sujeto que le había entregado la carta, pues era un soldado á quien había hecho quitar el bigote y vestir de paisano para cumplir mejor con esta misión. En vista de tan indigno proceder, se dirigió al Co¬ mandante el Padre Abad, quien poseído de la verdad no teme y como nada, le increpó duramente con estas palabras; «¡Con qué, señor Co¬ mandante, V. me ha hecho una mala jugada!—No yo, repuso el Co¬ mandante, sino el Gobierno." Desde luego se pusieron centinelas en la cámara Abacial, dejando encarcelado é incomunicado al Padre Abad. Todas las piezas de su aposento y demás celdas fueron registradas por si se encontrase algún escrito que pudiese comprometerle, lo que no lograron. Ya puede figu¬ rarse el lector el estado de violencia y temor en que quedarían los monjes después de estas vejaciones. Redoblaron las guardias, poniendo más centinelas, y á la vista de un monje y con voz estentórea no ce¬ saban de gritar ¡Alto! y añadían estas irónicas palabras: Am si que 7 matarém al porch gros. De noche ellos quedaban dueños de todo, hasta de las celdas en donde dormían los Padres, y para ame¬ drentarles más, dejaban las puertas abiertas y entraban y salían siempre que ei'a de su gusto. No es posible explicar lo que padecieron estos pobres Religiosos. Sucedió además otro caso muy horripilante. En los ratos de ocio que tenían estos nuevos vándalos se entretuvieron en punzar con la punta de las bayonetas todos los cuadros que había en el Monasterio, y de una manera muy especial se cebaron en los que representaban al buen Jesús y á su Santísima Madre. Lo que prueba el satánico fu¬ ror de esa vil canalla. Dióse el oportuno conocimiento, vino de Bar¬ celona una Comisión para formar diligencias, y como es de supo- DE MONTSERRAT 337 lier, nadie resultó culpable. Dios se encargó de vindicar tamaños ul¬ trajes, pues el mismo día se despeñaron y murieron dos de aquellos valientes. No resultando de las diligencias practicadas contra el Padre Abad cargo alguno, quitáronle su incomunicación, permaneciendo, empero, como preso de guerra. El jefe de la fuerza llamado Sopeña, se halla¬ ba siempre presente cuando entraba algún monje para consolar á su Abad: nunca les permitió hablar solos. Era de aspecto sañudo y ha¬ blaba muy poco. Al fin salieron con lo que buscaban. Dijéronle que le darían la libertad si les entregaba mil duros. Y como es ésta tan apetecible, y también para evitar mayores males, la Comunidad entre¬ gó lo que pedían. Poco antes habían tenido ya que pagar dos mil, cuota que se señaló á este Monasterio por los sesenta mil que en con¬ cepto de subsidio de guerra fueron impuestos á los principales Mo¬ nasterios de Cataluña. Mientras permaneció aqui dicha fuerza, pagó también el Monasterio á razón de doscientos duros mensuales para sus mismos enemigos y sostener á perseguidores. Aquí cabe perfecta¬ mente aquel dicho, que era tan vulgar en aquella época: Ara trayém los quartos dels frares, y després los traurém á ells ded Convent, II De trabajo en trabajo y de peligro en peligro fué tirando la Comu¬ nidad hasta que llegó el año 1835. Nonos toca á nosotros describir las tristes escenas que pasaron en el día tremendo del general degüello de los frailes é incendio de los templos. Dejemos esta tarea para plu¬ mas más bien cortadas, que con majmr oportunidad lo consignarán en sus libros, para memoria de las generaciones venideras, y eterno bal¬ dón de cierta clase de gentes que claman á voz en grito Libertad, sólo para ocultar tras esa palabra mágica maquiavélicos planes y de¬ seos sanguinarios y fratricidas. Nosotros nos ceñiremos á narrar los hechos que tienen relación con Montserrat. Aturdidos y llenos de terror los monjes, no sabían lo qué les pasa¬ ba ni qué partido tomar después que tuvieron noticia de lo que había pasado la noche anterior en Barcelona. Era el día 26 de Julio de 1835: el odio más implacable é infernal se extendía por todas partes, y en virtud de circunstancias tan críticas y extraordinarias, el Padre Abad convocó la Comunidad para resolver lo que procedía en aquellos mo¬ mentos. Díjoles por su parte: que el que no se creyere seguro, se marchase sin temor de faltar. Sin embargo, todos se conformaron y 338 NUEVA HISTORIA nadie salió. Tratóse lo primero de esconder la Santa Imagen y de¬ más alhajas. El P. Llobet, como sacristán mayor, acompañado de los PP. Eafael Paláu y Domingo Gaudier, colocaron la Santa Imagen den¬ tro de la cajita donde se ponía durante la guerra de los franceses. Pero ¡qué escena tan patética era la que pasaba en el Camarín de Nuestra Señora, capaz para partir el corazón más empedernido! Los monjes postrados todos en tierra y con los ojos arrasados en lágrimas, queriaii despedirse de su bondadosa Madre, y no podian articular una palabra. Todo eran suspiros y gemidos salidos de un corazón tras¬ pasado de dolor. ¡ Ah ! la sola idea de que podía desaparecer aquella preciosa Imagen venerable y por tantos siglos venerada, les tenia en¬ simismados. Sin embargo, los momentos eran preciosos, y era preciso aprovecharlos. El manuscrito de donde extractamos estas noticias, dice textual¬ mente estas palabras; «En medio de tan terrible zozobra, fué siempre admirable la serenidad del Padre Abad, su desinterés, su humildad, su conformidad con la voluntad de Dios, de modo que parecía que la Virgen nos había deparado el hombre necesario para tales circunstan¬ cias.» Meditada con detenimiento la situación porque pasaba España, y en particular nuestro Monasterio, se creyó que había llegado la ho¬ ra de ocultar y poner á salvo la Santa Imagen. Al efecto, fué llamado un anciano muy honrado de estas cercanías, D. Pablo Jorba, vecino del Bruch, á quien bajo el más riguroso sigilo le fué confiado el pre¬ cioso tesoro de la Imagen de Nuestra Señora de Montserrat, esperando que en su casa estaria libre de ser profanada. Contentísimo aceptó el obsequio el dichoso anciano, y la Virgen se lo recompensó. Allí es¬ tuvo hasta que nuevamente pudo ser colocada en su trono en Sep¬ tiembre de 1844, sin que nadie absolutamente hubiera durante este tiempo podido rastrear su paradero. Escondiéronse también las Reliquias, las Santas Espinas y reli¬ carios de la iglesia; la corona de plata de la Santa Virgen, regalada por el Ayuntamiento de Barcelona, la credencia y custodia, también de plata, dos cálices muy preciosos, y varias otras alhajas que se habían adquirido desde el año 1824, como son, sortijas, pendientes y una joya muy rica regalada por la Marquesa de Víllel y alguna de las mejores casullas. Todo fué colocado en uii baúl y depositado en una casa de confianza de la parroquia de Marganell, guardándose el silencio más riguroso y absoluto. Llenados estos primeros deberes, volvió á reunirse la Comunidad, y fué acordado, que en cualquiera eventualidad que pudiese sobrevenir y faltasen el Abad y Prior, de¬ berían ser tenidos por Superiores sucesivamente y según su anciani- DE MONTSERRAT 339 dad, los Padres del Consejo, excepto el Mayordomo, y después los demás monjes por orden de antigüedad. Se acordó también que fuese distribuido por partes iguales entre los monjes, coristas y legos, el poco dinero que había en caja. Dos monjes, catalán el uno y castella¬ no el otro, hicieron entrega á cada uno de la parte que le correspon¬ día, firmando recibo. Algunos cobraron y firmaron por otros que es ¬ taban ausentes. Durante los tres días que mediaron entre el 25 y 28 de Julio de 1835, aumentábanse á cada momento los motivos para temer. Hoy se divisaba una densa humareda que indicaba estar abrasado en lla¬ mas el Convento de PadresCapuchinos de Sabadell. Mañana era el de monjes Benedictinos claustrales de San Cucufate del Vallés, pueblos que se ven claramente desde esta Montaña. Para gozar de alguna tran¬ quilidad, pusiéronse atalayas en los puntos más elevados, para que por medio de señas pudiese saberse fácilmente y en pocos momentos lo que pasaba desde Esparraguera hasta Montserrat. Sin embargo, no fué poca la alarma que hubo entre los monjes el 29 de Julio á las cin¬ co de la tarde, debida á una mala inteligencia. Dióse aviso al Con¬ vento de que subían la Montaña hombres con armas, y precisamente eran los mismos criados del Convento. Fué tal la confusión que pro¬ dujo esta noticia, que los monjes iban de una parte á otra sin dai'se razón de lo que hacían. Muchos se dirigieron ála Calsina, y con ellos fué el Maestro de la Escolania con los niños, siendo en número de veinticinco las personas allí reunidas. Mas, ¿cómo dar de comer á tanta gente? No dejaba de ser grande la dificultad en una casa soli¬ taria y de noche, en punto desde el que no podían llamar á las casas vecinas. Dos solos huevos y algunas patatas fué todo el alimento de tanta gente. Pero eso era lo de menos, pues nadie pudo dormir ni descansar. Lo peor de todo fué otra alarma que se les esperaba. A primera hora de la mañana siguiente, 30 de Julio, se presentó en la Calsina una partida de tropa mandada por el capitán Gibert de Mo¬ nistrol, el cual, lejos de molestar á los monjes, quiso tener la satis¬ facción de acompañarlos hasta el Convento. Pero ¡ Je.sús! ¡qué nuevo susto! Apenas entraban en la cerca, cuando oyeron el grito de ¡Alto! Eran los milicianos que acababan de tomar posesión de Montserrat. «¿Hay carlistas?» preguntó un centinela. Y estos lances tan fre¬ cuentes en aquella época, solían ser muchas veces presagio de fusila¬ mientos. 340 NUEVA HISTORIA TIT Este fué el momento de mayor pánico y zozobra. Esta fué la hora de la verdadera exclaustración, no porque el Gobierno la hubiese de¬ cretado, ni mandado siquiera la suspensión del culto divino en Mont¬ serrat; fué una exclaustración impuesta por la fuerza de las circuns¬ tancias. Una vez retirada la Santa Imagen, y ocupado el Convento por un destacamento de Cuerpos Jrancos, nada quedaba ya á aque¬ lla atribulada Comunidad, ni siquiera existia el más ligero aliciente que les convidara á permanecer allí. Era ya llegada la hora de irse cada cual á su casa. El P. Rafael Paláu, que se hallaba de Director y Maestro de la Escolania, repartió algún dinero y un instrumento de música á cada uno de los veintitrés niños que había entonces. Les dió también papeles de música, bajo la condición de devolverlo todo una vez hubiesen cambiado los tiempos. Los escolanes más cercanos de Montserrat fueron acompañados á sus casas, y á los de más distancia se les facilitaron medios para llegar con seguridad. El mismo Padre, en un escrito suyo que tenemos á la vista, dice que llenó dos baúles de libros y papeles de solfa, y una arquilla con alhajas y ornamentos que guardó en Granollers su familia; y á continuación añade, que después lo volvió al mismo Monasterio. Hallándose en Monistrol dicho P. Paláu con el P. Llobet, á punto de partir al lado de su familia, se les presentó el P. abad D. José Blanch, y les dijo : "Que no se alejasen mucho, porque el general Llauder dominaría la revolución y volverían luego al Monasterio." Ilusiones fueron estas que no tardaron en quedar desvanecidas. Efec¬ tivamente, el día 6 de Agosto se alborotó la ciudad de Barcelona, asaltó el palacio de la Capitanía General, se apoderó del general Bassa, fué éste bárbaramente asesinado, echado desde el balcón de Palacio á la calle y arrastrado su cadáver por las de la misma ciudad. En vista de estos acontecimientos, el Padre Abad se marchó á Villafranca, su patria, y el P. Torrents á Villanueva y Geltrú, de donde era natural. Hasta este día no quedó verdaderamente disuelta esta Comunidad, por más que antes hubiese (¡uedado muy reducida. Desde el 6 de Agosto quedó abandonado el Monasterio sin un solo monje que lo habitase. Algunos se dirigieron á Esparraguera, en don¬ de sin la ayuda del pueblo hubieran sido asesinados. Muchas ropas y enseres fueron enviados á Monistrol y oti'os á Esparraguera ; mas DE MONTSERRAT 341 unos y otros se perdieron. Los monjes se salvaron todos, gracias á Dios y á su Santisiina Madre. En tiempo de la exclaustración residían en Montserrat los monjes siguientes : D. Félix Blandí. D. José Blanch, abad. » Benito Brell. » Ramiro Torrents, prior mayor. » Benito Coello, prior segundo. Todos éstos eran sacerdotes. » José Feyjoó, maestro. CORISTAS » Domingo Filgueira, ex-abad. » Bernardo Bretón, » » D. Romualdo Griba. » Jacinto Boada, Padre procu¬ » Fulgencio Ferreras. rador. » Víctor Va roja. » Anselmo Dalmases, ídem. » José Alijarde. » Vicente Muñiz, ídem. » Mauro Antonio Canudas. José » Juan Murgades. » Llampuig. » Martín Suñer. ERMITAÑOS » Pedro Bujons. » Ramón Marsal. P. Jaime Sambola. » Benito Percebal. » Matías Calvo. » Juan iMendoza. » Juan Galí. » Plácido Monasterio. LEGOS » Benito Marco. » José Llobet. Fr. Valentín Tresserra. » Benito Bou. » José Campderrós. » Do m i n go Ga u d i e r, p roe u ra do r. » Fernando Oteira. » Luís Cerveró. » Benito Costa. » Ildefonso loqueros. » Ignacio Corrons. » Rafael Paláu. » Mariano Baltá. Algunos de los monjes Conventuales se hallaban ausentes en aque¬ llos días. Tal era el P. Coello, que se había ido con el Obispo de As- torga. El P. Aragón, hallaba en su casa por falta de salud. que se El Maestro P. que afortunadamente había sido embar¬ Filgueira, cado para Ceuta ocho días antes de San Jaime, para cumplir su con¬ dena de ocho años de destierro, impuesta por los tribunales por el motivo que antes se ha dicho. El día 25 de Julio fueron á la cárcel para matarle. En el Monasterio de Bages, filiación de Montserrat, en el mo¬ mento de la exclaustración había los monjes siguientes, hijos de hᬠbito de Montserrat ; 342 NUEVA HISTORIA D. Bernardo Garrich, abad. D. Tomás Pons, sacerdote. P. Plana, prior. » Víctor Bujons, diácono. D. RaimundoMaciá, mayordomo. » Angel Ximénez, se hallaba re¬ » Agustín Brugado. gentando el Priorato de Cas¬ » Gregorio Torelló. tellfollit de Llobregat. » Tomás Guitián. En la dispersión de los monjes, pasando el P. Plana por el puen¬ te de Navarcles, le dispararon un tiro que le hirió en una pierna, y allí estaba desangrándose; luego fué á la Plana de 'n Bas, su país, en donde vivió algunos años. Al P. Guitián le dieron un sablazo en la frente, del que curó, mar¬ chando después á Perpiñán; no quiso volver más á España. El P. Brugada, de ochenta y ocho años, murió en Manresa poco después de haber salido del Monasterio. El Padre Abad se fué á Francia, volviendo luego á España. Además de los sobredichos monjes, había también algunos, hijos de hábito de Montserrat, diseminados en varios puntos. D. Genadio Vega, predicador mayor, se hallaba Abad de Montse¬ rrat en Madrid. Fr. José Diego, ex-abad del mismo Monasterio, era predicador mayor en San Vicente de Oviedo. El Rdmo. D. Gerardo Juana, se hallaba de Prior en Nápoles. Fr. Salvador Cuyás lo era de Palermo. D. Miguel Muntadas y D. Lorenzo Bellver, concluían sus estudios en el Monasterio de Exlonza. Los coristas D. Veremundo Arciniega, D. Andrés Saez, D. Beni¬ to Caño, D. José Novoa, D. Pablo N., D. Bernardo N., D. N. Ro¬ dríguez y D. Rosendo Tombo, estudiaban en los colegios de la Con¬ gregación. D. Vicente Puga residía en Castilla. Total eran sesenta y dos Re¬ ligiosos, de los cuales treinta y ocho eran sacerdotes, uno diácono, trece coristas, tres ermitaños y siete hermanos legos. Después que el Monasterio quedó abandonado, aun entraban y sa¬ lían de él, según la mayor ó menor proximidad de peligro, el P. Boa- da, el ermitaño Matías Calvo y el lego José Campderrós. Cuando su¬ bía fuerza se escondían en la Montaña. Mas esto no duró mucho, pues al fin se persuadieron de que era temeridad exponerse á perder la vida. El P. Boada vivió siempre al rededor de la Montaña, hasta que fijó su residencia en la Calsina. En cuanto al lego José Campderrós hubo algo misterioso ó provi- DE MONTSEEEAT 343 dencial en su persona. Nunca dejó el Convento. Un Comisionado del •Gobierno vino un encontrándose con él, le hizo varias pregun¬ día, y tas, y lejos de maltratarle, ni prenderle, mandóle que tapiase á cal y canto la puerta principal del templo, y la de entrar en el Monasterio, quedando sólo la puerta que hay en el puente, que era por donde él entraba y salía. Señalóle una módica pensión, que nunca le faltó, para que custodiase este santo lugar. Parece que el culto á Nuestra Señora ■debía haberse suspendido, mas no fué así, porque la Virgen no lo per¬ mitió. Parecerá extraño lo que vamos á contar, pero es verdad por más que no lo parezca. El mencionado hermano Campderrós, que nunca abandonó su que¬ rido Monasterio, arreglóse una capillita ó altar con una Imagen de Nuestra Señora en su propio Camarín, y allí estuvo obsequiándola, •hasta que luego se introdujo también el P. Boada. Aquí comenzó po- •co después á celebrarse el santo sacrificio de la Misa, y á cantarse el interrumpido canto de la Salve. Como el P. Boada era excelente Maestro de música, enseñó primeramente al niño que le ayudaba la Misa los principios del solfeo, luego adiestró al lego Campderrós, que estaba dotado de magnífica y sonora voz de bajo, para cantar de oído algunas composiciones sencillas que él mismo arregló. Una de ellas fué la Salve, cantada un verso á canto llano y otro á canto figurado, acompañándola dicho Padre con un pequeño organillo, y cantando él de voz segunda, el chico de tiple, y Fr. José de bajo. Por el mismo ■estilo compuso algún Rosario ; y los devotos, atraídos por este senci¬ llo culto, fueron aumentando. Comenzáronse á expender medallas y •estampas de la Virgen, y éste fué otro medio para llamar concurso. Agregáronse algunos seglares, utilizáronse camas para pasar aquí la noche algunos devotos, hicíéronse algunas provisiones de comestibles, y por este camino se allanaron dificultades y resistencias, hasta que llegara el tan deseado día de la reapertura de esta Santa Basílica. 344 NUEVA HISTORIA CAPÍTULO SEXTO Manda la Reina la reapertura de este templo.—Restitución de la San¬ ta Imagen en su trono.— Solemne función y asistencia á tan gran fiesta. I Cuando la reina madre D." María Cristina regresó á España en Maj'o de 1844, después de cuatro años de ostracismo, al llegar á Bar¬ celona manifestó deseos de que volviese á reaparecer la antigua Ima¬ gen de Nuestra Señora y se la diese el culto correspondiente. Los hombres eminentes del pais que entonces le representaban, y tenian el deber de hacer llegar á las gradas del trono los nobles sentimientos de sus representados, miraron como providencial la presencia y ofre¬ cimientos de la Augusta Señora, y juzgaron llegada la oportunidad de tratar seriamente de la reapertura de este Santuario, por lo cual acu¬ dieron á las altas regiones del poder, exponiendo los deseos del país^ y el G-obierno no tardó en complacer á Cataluña, mandando la Real Orden, que á continuación insertamos para memoria de la posteridad. —"Su Majestad la Reina nuestra Señora, cuyo constante anhelo es la felicidad de sus pueblos, y cuyo piadosó corazón quisiera prevenir los deseos de sus religiosos habitantes, ha visto con singular placer la devoción que el antiguo Principado de Cataluña, y aun el resto de la nación, conserva hacia la venerada Imagen de la Virgen de Montse¬ rrat y el afecto hacia su respetable Monasterio. Complacida en extre¬ mo por estas expresivas muestras, S. M. lo está doblemente por po¬ der contribuir al mayor culto de la Iglesia y al bien de sus cristianos- subditos; por lo que, teniendo en consideración lo expuesto, S. M. man¬ da que se proceda á la apertura de la iglesia y Monasterio de Mont¬ serrat, y á la traslación de su Imagen al mismo ; debiendo V. S. pro¬ poner las medidas que juzgue más oportunas para la conservación sucesiva del culto en el expresado Monasterio.—De Real Orden lo traslado á V. S. para su conocimiento y efectos consiguientes. Dios guarde á V. S. muchos años.—Madrid, 20 de Julio de 1844.—Mayans. —Señor Obispo de Barcelona." Desde luego el digno Prelado de Barcelona puso en movimiento DE MONTSERRAT 345 todos los resortes que tenía á mano, y procuró sin descanso complacer la piedad de los devotos de la Virgen, y corresponder á la confianza con que el Gobierno de S. M. le honraba. Sin embargo, el Obispo, co¬ misionado regio, no podia dar un paso sin ponerse antes de acuerdo con el Abad del Monasterio que estaba en el secreto de la Santa Ima¬ gen, y á quien las circunstancias retenían en el extranjero. No tardó el Obispo en ponerse en relaciones con él, y correspondiendo éste co¬ mo debía, le contestó la carta que va consignada en el Apéndice n.° 17. Entre tanto, la noticia era ya de dominio público, y el pueblo espe¬ raba con vivas ansias la reapertura de este Santuario. En prueba de lo que decimos, transcribiremos á continuación lo que decía el Diario de Barcelona con fecha 30 de Julio de 1844, página 3115: «Según anuncia el periódico La Verdad, S. M. ha firmado un decreto con¬ cediendo que se dé el debido culto á la Virgen de Montserrat, y que su devota y milagrosa Imagen sea de nuevo trasladada al antiguo Monasterio. El excelentísimo señor Obispo de esta diócesis está en¬ cargado de llevar á efecto tan piadosa disposición.» El mismo Diario, confecha 27 de Agosto del mismo año, página 3515, decía también: «Su Excelencia el Obispo de esta diócesis, á quien un real decreto confirió las más amplias facultades para activar la apertura del célebre templo de Montserrat, y colocar otra vez la Santa Imagen en su propio Camarín, se ocupa con el mayor celo de la comisión que se le ha confiado; y es de esperar que vencidos cier¬ tos obstáculos, al parecer insignificantes, podrá probablemente con¬ seguirse que esta solemnidad tenga lugar antes del dia 8 del próxi¬ mo Septiembre. Gran número de personas de todas clases y catego - rías están en hacer todos los esfuerzos imaginables para que tenga cumplido efecto tan santa intención. Cataluña tendrá nuevamente la gloria de ver expuesta á la pública veneración uno de los objetos más respetados de nuestros mayores; la antigua y milagrosa Imagen ante cuyas plantas se han prosternado desde tiempo inmemorial tantos mo¬ narcas y grandes de la tierra, tantas y tantas personas de todas cla¬ ses como subían todos los años desde los puntos más apartados del Reino para implorar la protección de la Reina de los cielos. Es cierto que los pobres monjes no podrán tener preparado cómodo albergue para los devotos que asistan á esa solemnidad ; pero la piedad cristia¬ na suplirá las incomodidades del viaje y de aquel lugar desmantelado, ni esto creemos que sea motivo para (jue dejen de asistir gran núme¬ ro de fieles, ávidos de saludar á la Patrona de Cataluña.» 23 346 NUEVA HISTOEIA II Orilladas algunas dificultades que se habían ofrecido, llegó á Bar¬ celona el P. abad D. José Blanch á primero del mes de Septiembre, y lo primero que hizo fué visitar al Prelado de la diócesis y Comisa¬ rio regio para la ejecución del citado real decreto, á fin de fijar el dia de la reapertura del templo y reposición de la Santa Imagen. Des¬ pués de varias reflexiones de una y otra parte, quedó definitivamente acordado, que esta solemnidad tuviese efecto el día 8 del referido Septiembre, en atención á ser éste el de la fiesta patronal del Santua¬ rio, y ser también el más á propósito para la asistencia del pueblo, por caer en domingo aquel año. El Abad comunicó inmediatamente esta noticia á los monjes que vivían más cercanos al Monasterio, y les escribió diciendo: "Voy á Montserrat. El día 7 se pondrá otra vez á la pública veneración la Santa Imagen. Si V. quiere ir allá á pasar una mala noche, yo ya es¬ taré el día 5." A esta invitación acudieron los PP. Ramón Marsal y Benito Brell, que vivían en Tarrasa, y el P. Muntadas, que estaba en Capellades. Estos unidos á los que ya estaban en el Monasterio, for¬ maron una pequeña Comunidad. El Diario de Barcelona del dia 6 decía: «Hoy á las siete de la mañana debe salir para Montserrat el excelentísimo é ilustrísimo señor Obispo de esta diócesis, con obje¬ to de presidir las funciones que van á celebrarse en el antiguo y ve¬ nerado templo de la Santísima Virgen. Le acompaña el orador D. Al¬ berto Pujol, canónigo de la Colegiata de Santa Ana, que debe predicar el domingo en la referida iglesia." En efecto, era verdad lo que anunciaba este periódico, porque á la orden de su Abad obedecieron los monjes. Comprendieron su vo¬ luntad y quisieron ejecutarla, y dando mil gracias á la Señora por la elección inmerecida, los que pudieron desocuparse de compromisos personales, se presentaron á los pies de la que con tanto cariño y pre¬ dilección los llamaba, prometiendo servirla todos los días á costa de su misma vida, y seguir la suerte de la Santa Imagen, por grandes que fuesen los sacrificios que se les exigiesen, á imitación de su Abad, que había sido el primero en presentarse, dejando sus comodidades personales y teniendo que venir de tierras muy distantes surcando los mares. A consecuencia de la Real Orden citada, y en nombre déla Comu¬ nidad que en aquellos momentos no existia, el Intendente de la Pro- DE MONTSEEEAT 347 vincia había dado posesión del Monasterio y de todos sus adyacentes al Obispo de Barcelona. Este Prelado había ya dispuesto el modo có¬ mo había de solemnizarse la gran fiesta de la nueva Aparición de la Santa Imagen. Los periódicos, como hemos visto poco antes, habían ya anunciado al público tan fausto acontecimiento. Ya había llegado el Obispo con sus familiares y el Canónigo encargado del sermón; y á pesar de todo, era ya de noche y víspera de la gran fiesta, y la Santa Imagen no se veía. Entre tanto se estaba aguardando la Comunidad de presbíteros de Esparraguera, que debía enviar un temo blanco, que efectivamente llegó, aunque tarde. Era tanta la pobreza que respiraba todo, que no sólo hubo nece¬ sidad de pedir de prestado un temo, sino que ni siquiera había una mala silla para sentarse el Obispo, ni un candil para rezar, no pu- diendo prescindir de que los fieles, que en gran número iban llegan¬ do, pudiesen ser alojados, aunque con alguna incomodidad. En fin, había llegado la hora de calmar tantas ansias y satisfacer tan ardientes deseos. Con el mismo sigilo con que había sido ocultada la Santa Imagen, fué llevada y puesta en el Camarín sin que nadie, ni el mismo Obispo, se apercibiese. Ya no existia aquel honradísimo anciano á quien había sido entregada. Su nieto, D. Pablo Pedrosa, fué esta vez el encargado de llevarla al Santuario con tanta reserva, co¬ mo si se tratara de caso de sigilo sacramental. Enterada después la reina Isabel, quiso recompensarle por obra tan laudable como merito¬ ria, condecorándole con la cruz de Comendador de Carlos 111. Era ya de noche. Todo estaba preparado. El templo rebosando de fieles. El Prelado y Autoridades en el presbiterio. Los ministros en el altar. La música esperando. En un momento dado se descorrió la cortina que cubría la Santa Imagen, y el templo se convirtió en gemidos, gri¬ tos y vivas que retumbaban de una parte á otra y ensordecían los aires.Rompieron las músicas, sonaron las campanas, y... á pesar de todas lasincomodidades, parecía uno hallarse en un mundo mil veces mejor. Creyóse necesario hacer constar un hecho tan memorable, que no tenemos inconveniente calificarlo de los más en principales que han tenido lugar en Montserrat. Ill Concluida la gran función de la noche, en que se derramaron mu¬ chas lágrimas de satisfacción y alegría, retiróse el público á descan¬ sar; pero ¿dónde, si faltaban los aposentos y camas de otros tiempos? NUEVA HISTORIA Cada uno procuró acomodarse lo mejor que pudo y supo ; quien en los corredores del Monasterio, quien en las capillas altas de la igle¬ sia, algunos en el coro, y en cualquier parte con tal de hallar algo cubierto. ¡Cuántos tuvieron que hacer el sacrificio de dormir al raso! Logróse acomodar al señor Obispo y demás gente oficial, dándo¬ les sencillas camas y pobres aposentos ; mas los monjes no pudieron prescindir de pasarla noche sobre unas malas pajas, que fué su única cama durante muchos dias. Todos esperaban que amaneciese el tan suspirado día 8 y que se abriesen las puertas del templo. Apenas se abrieron, se volvió á renovar la escena de la noche anterior. Todo fueron gritos de ¡Viva la. Mare de Dèu de Montserrat! ¡Válgans la Verge de Montserrat ! y tras estas exclamaciones de gozo un to¬ rrente de lágrimas. También se oían por todas partes voces que ¡Confesión! ¡Confesión ! Y no había ni confesonarios ni confesores. Esto debía partir el corazón de pena á los pobres monjes, que por más que se multiplicasen, no podían oír á una milésima parte de los fieles que se hallaban dispuestos á limpiar sus almas con el sacramento de la Pe¬ nitencia. Ni tampoco era posible administrar la Sagrada Comunión, pues era difícil abrirse paso entre tanta multitud que llenaba la igle¬ sia. Mientras esto pasaba el templo, el Obispo se gozaba en con¬ en templar desde su habitación tanta gente diseminada por todas par¬ tes. Preguntó al jefe de un cuerpo facultativo que examinara el nú¬ mero aproximado de personas que había reunidas en Montserrat en aquel día. Y después de dar una vuelta por en medio de los grupos, le contestó que sobre unas cuarenta mil almas. Quizás sea algo exage¬ rada la cifra, pero esto prueba que la concurrencia era extraordina¬ ria. De este modo supo corresponder el pueblo catalán al acto de Su Majestad la Peina, dando bien á comprender que ella había sido fiel intérprete de sus deseos, al mandar que se abriese el templo de Montserrat y fuese restituida á él su Santa Imagen. ¡Oh! ¡qué espectáculo tan sorprendente y delicioso había de ser, contemplar aquellas apiñadas multitudes, unos llegando por todos los caminos de la Montaña, otros sentados en tierra, mientras apuraban sus provisiones, otros en diferentes cuadrillas, que recorrían y ti'epa- ban por todas las veredas, hasta los más escabrosos riscos y sierras del Monte! El movimiento era continuo y general, la satisfacción es¬ taba retratada en todos los semblantes. En diferentes puntos sonaban armoniosas músicas, guitarras, panderetas, gaitas y toda clase de ins¬ trumentos. Tampoco faltaban los tradicionales lalls de bastons. Sonó por fin la hora del Oficio, y en un instante quedó el templo DE MONTSERRAT 349 tan lleno, nnichos no pudieron entrar, á pesar de ser de los más que grandes y capaces. Dejemos que describa este acto iin testigo de vis¬ ta, el propio P. Muntadas, abad que fué después (1). Dice asi; «Mu¬ cho distaba la pompa actual de la de los siglos pasados; dirian más bien que iba á celebrarse un Oficio en una aldea de última clase. No se oía aquel coro de monjes de ochenta á noventa voces; no se veían aquellos ornamentos de brocado y pedrería; no se contemplaba un altar con gradería y credencia de plata. La famosa Escolania tam¬ poco estaba allí. El Abad salía á celebrar la Misa como un simple presbítero y con temo prestado. Mas, en cambio, se veía á una in¬ mensa concurrencia que ofrecía áDios y á su Santísima Madre la sin¬ ceridad de sus afectos. Una capilla de aficionados que había venido de Barcelona, atraída por el imán de Nuestra Señora, que se esmeraba en cantar y tocar con la mayor afinación y ajuste, y un orador céle¬ bre, el Dr. D. Alberto Pujol, canónigo de la Colegiata de Santa Ana, que se excedía á si mismo, y i'einando un orden y fraternidad que ex¬ cluyeron todo exceso.» Concluida la Misa mayor, se organizó una pi'ocesión, podríamos llamarla en miniatura, porque Montserrat entonces carecía de cuanto se necesita para una procesión en forma. Dióse la vuelta por el claus¬ tro, cantando el himno Ave, maris Stella, y á su regreso el Obispo, con toda la efusión de su alma y rebosando de alegría, dió la bendi¬ ción á aquel devoto y apiñado pueblo, postrado en tierra. Fué permi¬ tido subir al Camarín para besar la mano de la Divina Señora ; pero ¡ay, cuántas dificultades! Toda la gente se agolpaba á la puerta de entrada. Sólo se entraba por grupos de veinticinco personas para faci¬ litar más el acto. Cuantos tenían la dicha de entrar en aquella Cámara sagrada, que infunde tanto respeto, lloraban como niños. Al anochecer del mismo día Montserrat quedó poco menos que solitario, porque los devotos que habían venido para asistir á la fun¬ ción y ver á su querida Madre, satisfechos sus deseos, regresaban ya á sus casas, no sin el tradicional ramo de boj con cintas de colores, cucharitas, gozos y demás objetos de devoción que siempre se han despachado en Montserrat. Durante la novena que se hizo á la Santa Imagen, fué uii continuo ir y venir de devotos que no habían podido asistir el primer día, y también para cumplir muchos votos que se hicieron durante la guerra civil. Unos subían la Montaña á pie des¬ calzo, otros arrodillados, y todos dando gracias á Dios y á la Virgen. Así concluyó esta tan memorable fiesta. (1) Historia de Montserrat, pag. 276, edición de 1894. 350 NUEVA HISTOEIA CAPÍTULO SÉPTIMO Trabajos de los monjes después de la apertura del templo.—Nueva guerra civil llamada de los «Matinés.»—Se levantan edificios para Escolania y Hospedería. 1 Lagrandiosa fiesta que acabamos de describir, fué como una chis¬ pa que volvió á encender el fuego de la devoción á Nuestra Señora y el antiguo entusiasmo del pueblo catalán. Con ella empezaron las ro¬ merías de los pueblos que sólo con el invierno terminaron, por cuanto la falta de comodidades y el mal estado de los caminos, descuidados durante la guerra, no eran circunstancias muy á propósito para llamar grande concurso de gente á Montserrat. Quedaron, por lo tanto, solos y sin ninguna clase de recursos los monjes elegidos por la excelsa Se¬ ñora para servirla y formar su corte, mas no perdieron por esto la esperanza de que Ella misma les facilitaria los medios para vivir ; de aquí que lejos de retirarse, meditaron en silencio la manera de exal¬ tar y glorificar su santo nombre. Por de pronto pusieron grandísimo empeño en volver el culto al mismo estado de antes ; de aquí que hubo ya Misa cantada todos los días, tal como lo estaba practicando años hacia el P. Boada con fray José y el niño, bien que en adelante se efectuó con más solemnidad, no en el Camarín como hasta ahora, sino en el grandioso templo, con mayor número de luces, lo que era motivo de más devoción. De noche se cantaba también la ti'adicional Salce acompañada al órga¬ no. En vista de tales progresos, reputaron lus monjes como las ho¬ ras de una noche los nueve años que transcurrieron desde el 31 de Julio de 1835 hasta el 7 deSeptiembre de 1844, en que estuvo inte¬ rrumpido este majestuoso canto. Y pareciéndoles poco este culto, aña¬ dieron la devoción del Santo Rosario. Es verdad que acostumbrados al antiguo, que excedía al de mu¬ chas Catedrales, no acababa éste de llenar y satisfacer los deseos de los monjes, pero les animaba la esperanza de irlo mejorando de día en día. Animaos, les decía el Padre Abad, que para llegar el culto al estaño en que lo lieynos visto, han tenido que transcurrir mil años. DE MONTSERRAT 351 Dejad que pasen otros mil, y lo veréis como antes. Animábanse, en efecto, y prescindiendo de sus propias necesidades, se dedicaban con afán á limpiar el templo y Monasterio, quitar escombros de fuera y preparar aposentos para los devotos que aLvolver la primavera se pre¬ sentasen á visitarla Santa Virgen. Con tan buen celo lograron tener montadas unas treinta camas, que en aquellos días representaban tres mil en los nuestros. También se ocupaban en los ornamentos del templo, y en organizar de nuevo la inolvidable Escolania, que lia sido siempre una de las principales glorias de Montserrat, sin la cual desmerecían notable¬ mente las funciones del culto. Había entre los pocos un monje que ra- 3'aba á los ochenta años de edad, el cual, aunque libre de obligaciones, por el grande amor que tenia á Nuestra Señora, haber sido también es- colán y maestro por espacio de treinta años, se estimuló con todo esto á hacerse superior á sus fuerzas, empezando á enseñar algunos niños, que fueron como el germen de una Escolania más formal, déla que sa¬ lieran aprovechados músicos y compositores, con cuya Escolania se extasiaba el pobre viejo, cual otro Simeón en el templo de Jerusalén. Pasado algún tiempo aumentó algún tanto esa pequeña Comuni¬ dad, pues vinieron y se les agregaron los PP. Ramón Marsal y Benito Brell. Cuando entró el año 1845, se les reunieron los Pa¬ dres Domingo Gaudier y Rafael Paláu. Con tales nuevos refuer¬ zos los divinos Oflcios se celebraban con más solemnidad y con mi¬ nistros en el altar en las Misas cantadas, y como se hubiese añadi¬ do otro escolán, los cantos ya no eran tan sencillos, sino más armo¬ niosos. Se comenzó también á rezar en el coro en forma de Comuni¬ dad, las Horas menores por la mañana antes del Oftcio, Vísperas por la tarde. Maitines y Laudes á hora conveniente, y al anochecer el Ro¬ sario rezado ó cantado, si asi lo pedia algún devoto con la acostum¬ brada Salve y Gozos. Reuníanse los monjes tres veces para alabar á Dios. Los sacerdotes que deseaban pasar unos días de retiro, eran admitidos, comían á la mesa de los monjes, y se les daban los Ejercicios espirituales. Los Padres Jesuítas, que entonces no podían vivir en Comunidad, sino que se hallaban diseminados por Cataluña, venían todos los años á Montserrat, en donde pasaban sus días de retiro. El día 28 de Noviembre del mismo año 1845 vino el P. Ramón Maciá, quien falleció de un ataque de hallarse apoplético á los quince días aquí, falleciendo también el P. Ramón Marsal. A fines de este año vino el P. Félix Blanch, mas Inego se retiró á Sarrià el P. Domingo Gaudier. 352 NUEVA HISTORIA II Es cosa demasiado cierta por desgracia que en España no se pue¬ de vivir sin trastornos políticos. A lo menos en lo que llevamos de siglo, queda evidentemente demostrada esta verdad. Cuando Montse¬ rrat empezaba á levantarse de sus ruinas, y á ser visitada nuestra Santa Imagen por devotos y romerías, vino la otra guerra civil llamada deis Matines. No es extraño que se sobresaltasen los monjes á la pri¬ mera noticia que tuvieron del nuevo acontecimiento. La llaga de las pasadas luchas aún no se había cicatrizado del todo, ni podía borrar¬ se tan fácilmente la memoria de sus fatales consecuencias. Veían en las manos de Dios el azote con que tantas veces habían sido castiga¬ dos, y era muy natural que temblasen de nuevo. Sin embargo, nofué asi. No pocas veces se presentaron partidas de ambas fuerzas contrarias, deponiendo las armas á los pies de Nues¬ tra Señora, sin causar ni unos ni otros daño ni molestia al Convento é iglesia. Es que estaban persuadidos de que Montserrat no es casa de partidos, sino casa pa.yral, ó sea, casa de todos; porque todos somos hijos de la Madre de Dios, y ella es Madre de todos. Sin duda que María quiso premiar esta vez lo mucho que el país había trabajado por colocarla de nuevo en su trono. Teníase la puerta del templo siempre abierta. De día y de noche estaba en su palacio la gran Reina para dar audiencia á sus vasallos. Quiso premiar también la Madre de Dios el gran sacrificio que es¬ taban haciendo desde el Abad al último Religioso, consagrados en cuerpo y alma á su santo servicio, á fuerza de mortificaciones y pena¬ lidades que no se pueden explicar. De ahí procedió sin duda el valor y fuerza de espíritu que se dignó comunicar al Superior, para que de él se participasen sus subordinados, y fuese el sostén de los mismos en las mayores tribulaciones. Estos beneficios tan palpables y prácticos obligaron de un modo especial á los monjes á redoblar sus súplicas, y empeñar noche y dia á la Patrona de Cataluña á favor de la paz. A pesar de hallarse la guerra en su periodo más álgido, no dejó de ofrecerse en este Santua¬ rio el culto acostumbrado. Todos los días se cantó la Salve y demás, esperando la Virgen, como Iris de faz que es, según la Iglesia, que se dignaría tras la tempestad conceder la bonanza tan apetecida. Y en efecto, esta guerra duró sólo dos años, sin que á Montserrat le causara otro daño que privarle de recursos materiales, para sostén DE MONTSERRAT 353 del culto yde sus ministros, para continuar la restauración comenza¬ da, adorno del templo y de la hospedería. ¡Loado sea Dios! Bueno es dejar consignado este gran beneficio para gloria del Santuario y de la tierra catalana. El resultado de las guerras suele ser siempre el mismo, indivi¬ duos y familias desgraciadas. Muchos habían experimentado la pro¬ tección de la Virgen invocándola en los mayores peligros y necesida¬ des. De aquí es, que apenas el país recibió de Dios, por la intercesión de María, el inapreciable don de la paz, en 1849, se vió Montserrat visitado por un sinnúmero de personas de todas clases y condiciones que venían á dar gracias con tan grande fervor y alegría, que edifica¬ ban y arrancaban lágrimas. Quien se había visto fusilado sin haberle tocado las balas; quien arrebatado de su familia, había recobrado su libertad, sin saber cómo ; éste se libró en la amputación de un miembro; el otro de caer en manos de sus enemigos. El Monastei'io conocía perfectamente que el aumento de fieles exi¬ gía también aumento de culto, el cual aquí siempre será frío é insu¬ ficiente sin el auxilio de la Escolania. Mas, como nunca faltan dificul¬ tades, aunque se reconocía con suficientes medios para su enseñanza, para su manutención carecía de fondos. Esto dió lugar á que se crea¬ ran plazas de pensionados, así como siempre había sido todo gratuito para los escolanes. Pero ¿á dónde colocar esos niños, si no existía el local antiguo? El arquitecto de Barcelona D. Juan Vila y Gelíu le¬ vantó los planos de un edificio nuevo, formó el presupuesto, todo es¬ taba á punto para empezar, cuando el Señor se dignó llamar á mejor vida al P. abad D. José Blanch, que era el alma de las grandes em¬ presas, y la obra no pudo continuar. No fué esta sola la pérdida que experimentó el Monasterio en 1851, sino que fallecieron al mismo tiempo todos los monjes que podían parecer de necesidad en aquellos momentos. III Acabamos de decir que existia el proyecto de levantar un edificio propio la Escolania, y que la prematura muerte del Padre Abad para por una parte, y de otra las circunstancias de la Gasa, no habían per¬ mitido llevar á cabo una obra tan indispensable. Decimos indispensa¬ ble, porque Montserrat sin escolanes era como cuerpo sin alma. Sin domicilio propio se encontraba la Escolania en aquellas circuns¬ tancias. Había desaparecido su antiguo edificio, y hasta la fecha no 354 NUEVA HISTORIA había sido posible procurar una substitución. Llegó el año 1854, y obligados la necesidad los monjes no vieron otro medio que el por de buscar recursos y limosnas para llevar adelante el proyecto del arquitecto Vila y Geliu. No faltaron personas que, persuadidas de la necesidad de la Escolania para dar culto á la Virgen en mayor esca¬ la, hicieron sacrificios, para que lo que habla sido simple proyecto- hasta aquel momento, pasara á ser una realidad. De ahi procede el actual edificio que ocupa la Escolania, edificio que está aún por concluir, como lo deja comprender su mismo aspecto exterior. Sin duda que apremiados por la necesidad, utilizaron la par¬ te que actualmente vemos construida, dejando lo demás para mejor ocasión. Otra dificultad de no menor importancia habla para montar en de¬ bida forma aquella antigua Escolania, que tanta fama y renombre dió siempre á Montserrat; la falta de Maestro. Uno por uno habían ido bajando al sepulcro aquellos Padres tan famosos en el arte del solfeo, composición y órgano. Sin embargo, donde hay buena voluntad todas- las dificultades suelen vencerse. Lo que no podían los monjes que ha¬ bían sobrevivido á tantas penas y sinsabores, fué remediado buscan¬ do profesores de música seculares. En el mismo año 1854 envió Dios una nueva calamidad, el cólera. Diezmaba este azote la ciudad de Barcelona y otros pueblos de Cata¬ luña. La gente huía de sus casas y cada uno miraba donde salvar su vida. Montserrat fué lugar de refugio en aquellas tan criticas cir¬ cunstancias. Muchas familias se establecieron aquí, sin que hubiese lugar para todos. Ni uno solo fué despedido. Dióse entonces grandísimo impulso á la construcción de aposen¬ tos para aliviar la triste suerte de tantas familias que huían azoradas de inminente muerte. Montserrat comprendió su misión. Es éste un punto religioso, una Montaña santa, y era mil veces más acepto y agradable á los ojos de Dios y de su Santísima Madre, que fuese convertido en albergue de afligidos y atribulados que m plaza dear ■ mas y lugar fortificado en tiempo de guerra. Una sola cosa era temi¬ ble, que en medio de tanta gente se desarrollase esta enfermedad, pues otra de las causas que la fomentan es la aglomeración de muchas- personas; no obstante, ahi es de ver la protección visible de nuestra buena Madre; durante el largo periodo que reinó el mal, sólo murie¬ ron cuatro personas. Todos los habitantes del Monasterio, monjes, escolanes y dependientes se rozaron con el público, especialmente con los enfermos y moribundos, y gracias á nuestra buena Madre, nadie experimentó la menor novedad. He aquí cómo el Señor sabe sacar el DE MONTSEERAT 355 bien del mismo mal. De haber acudido á este Santuario, resultaron muchas nuevas habitaciones que de su cuenta el Convento hubiese quizás pasado mucho tiempo sin construir. Había empezado la época de las mejoras, de aqui que la obra de la Escolania y de los aposentos era poca cosa para un Santuario de tanta fama. Viendo, pues, que las ruinas ocasionadas por los france¬ ses ocupaban aún todo el local del antiguo Monasterio, dejando un mezquino y muy reducido espacio para entrar al templo, paso siempre repugnante y peligroso, se creyó conveniente proceder á su limpieza. Logróse formar una plaza, que es la que hoy existe, se facilitó la en¬ trada sin peligro de ninguna clase, ganó muchísimo el aspecto del Monasterio. Fueron también habilitados los antiguos aposentos de San Luís, San Benito, San Millán y San Francisco de Borja. No paró aqui la cosa, sino que fué reparada la antigua casa de los Peregrinos, se montó un restaurant ó fonda para las personas que no querían tener la molestia de arreglar la comida por sí mismos, como siempre asi se había practicado. Por fin, como Cataluña iba á pasos agiganta¬ dos entretegiendo una red de ferrocarriles, y entre ellos el del Norte, que cambiaba por completo la manera de viajar, la Empresa ó Junta del carril de Zaragoza emprendió la obra verdaderamente atrevida de construir la carretera que va de Monistrol á Montserrat, y que em - palma con la antigua llamada de casa Massana. CAPÍTULO OCTAVO Regalos de la reina D.' Isabel y su esposo.—Visita de los infantes se¬ ñores Duques de Montpensier.—Visita de la reina D." Isabel y su Real familia. 1 Con las guerras y vicisitudes de los tiempos habían transcurrido muchos años sin visitar ninguna persona real nuestro Santuario, ni darle una prueba de amor y cariño. Lo primero lo veremos después; lo segundo es lo que vamos á historiar ahoi*a. Muchos años había que la reina D." Isabel y su augusto esposo D. Francisco de Asís deseaban 356 NUEVA HISTORIA dar una muestra de su amor á Nuestra Señora de Montserrat, ponién¬ dose ellos y demás Real familia bajo su manto protector; y esta oca¬ sión llegó. La misericordia de Dios, que tan públicamente se os¬ tentaba en Montserrat, exigía una manifestación oficial de sus repre¬ sentantes, para que públicamente constase su agradecimiento á los favores recibidos. Quedó satisfecha esta deuda de gratitud por medio de un muy significativo regalo. Que la reina Isabel era muy devota de Nuestra Señora y quería mucho á Montserrat, era cosa ya sabida y notoria. Vino, empero, á confirmarlo de una manera muy especial con motivo de remitir cier¬ tos presentes el día 31 de Mayo de 1857. Cataluña supo corresponder á este don regio, dando una prueba oficial y pública de cuanto agra¬ decía los favores recibidos de su Patrona. Patentízalo el haberse dig¬ nado acompañar los regios regalos las Autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y las Corporaciones todas de Barcelona, valiéndose de este impensado medio la Divina Providencia para que los elemen¬ tos oficiales de Cataluña hicieran pública ostentación de su afecto á Nuestra Señora y á sus monjes, ocasión que no se había presentado de muchos años á esta parte. Consistía este regio donativo en un vestido y manto de terciopelo blanco, ricamente bordado de oro finísimo para la Santa Imagen y otro para el Niño ; una azucena de oro esmaltado con puntas de dia¬ mantes, y un alfiler para el pecho, todo de perlas. Los comisionados regios para ofrecer estos presentes y representar á Sus Majestades fueron la excelentísima señora Duquesa Viuda de Noblejas, Maríscala de Castilla, y sus hijos los Sres. D. Mariano y D. Enrique de Cha¬ ves. Magnífica fué la fiesta que se celebró con este motivo; mas como nuestro objeto no ha sido otro que hacer constar en esta Historia el regalo, de lo demás bastará que digamos, que fué de las más bri¬ llantes que se han visto en Montsei'rat. II En Octubre del mismo año 1857, con ocasión de haber visitado la ciudad de Barcelona los Duques de Montpensier, cuñado y herma¬ na respectivos de Su Majestad la Reina, quisieron también ofrecer sus piadosos votos á Nuestra Señora; y Barcelona, que sabe aprove¬ char todas las ocasiones para manifestar pública y oficialmente su respeto y veneración á su Patrona, no pudo prescindir de acompañar á esos respetables personajes, no perdonando gastos para que la visita resultara una fiesta verdaderamente regia. DE MONTSERRAT 357 Agradecidas Sus Altezas Reales á la Santísima Virgen, quisieron perpetuar la memoria de su venida ; y aprovechando la ocasión de estar aquí presentes todas las Autoridades y Corporaciones, y los hombres más eminentes en el saber y posición social, movidos á com¬ pasión por tantas ruinas y pobreza, concibieron el pensamiento de for¬ mar una Junta, que se ocupase en la restauración de este Santuario y le devolviese á su primitivo esplendor, siendo este pensamiento acogido con entusiasmo por todos los concurrentes. En el acto fué abierta una subscripción, inaugurándose una Junta con el nombre de Junta de restauración artística, que contó entre sus miembros á las primeras Autoridades y personas más visibles de Bar¬ celona, que trabajaron con celo é inteligencia y lograron restaurar no sólo la capilla y edificio de la Santa Cueva, sino hacer un ensayo de pintura policroma en dos capillas del templo principal. Montserrat quedará siempre agradecido á tan dignas personas. Esta Junta de que hablamos ya no existe. Fueron falleciendo los individuos que la com¬ ponían, sin que nadie cuidara de substituirlos. De aquí que cuantas mejoras se han hecho de algunas años á esta parte, que son de mucha importancia, han sido dirigidas y costeadas por el propio Convento. in Las visitas de que acabamos de hablar no podían quedar sin imi¬ tadores. La restauración había empezado felizmente y no podía ni de¬ bía parar aquí. Con motivo del viaje que S. M. la reina D." Isabel emprendió por las principales capitales de España, después de la gue¬ rra del Africa, desembarcó en Barcelona, donde fué recibida con todos lo honores que le correspondían. Atendido el cariño que profesaba á Nuestra Señora de Montserrat, no era de creer que saliese del Principado sin visitar antes á su Pa¬ trona. Con tal motivo, quiso la Diputación honrar á la Virgen como se merecía ; así que no dejó resorte por tocar á fin de que la visita fuese revestida de toda la magnificencia posible. Prevenidas de antemano todas las Autoridades de Cataluña, y adornado el Santuario, tanto en el interior como en el exterior, llegó el dia señalado 30 de Septiembre de 1860 en que SS. MM., con todo su séquito, llegaron á Montserrat, siendo recibidas con toda solemnidad por el Arzobispo electo de Ta¬ rragona y demás Prelados de Cataluña y por el Padre Abad y Comu¬ nidad de este Monasterio. Barcelona, grande como siempre en todo, tenia preparada para SS. MM. y comitiva, no solamente una decente 358 NUEVA HISTORIA Iiabitación y solemne fiesta, sino un verdadero palacio real y una ova¬ ción brillantísima. Magnificas fueron las fiestas del 31 de Mayo de 1857 y la del 25 de Octubre del mismo año, conforme se acaba de ver en este mismo capitulo ; mas la del 30 de Septiembre de 1860 las obscurece y eclipsa á todas. Difícilmente podría hacerse cosa superior. Basta decir, que Sus Majestades, que tan acostumbradas están á fiestas y obsequios dignos de sus augustas personas, quedaron admiradas de la que en Montserrat les preparó el Principado de Cataluña. Aqui estaban todos los individuos que formaban la Diputación de las cuatro Provincias catalanas; aquí los alcaldes de todos los pueblos y ciudades con sus característicos trajes; aquí los Obispos, aqui los Ministros de la Corona con el general O'Donnell al frente, aquí una muchedumbre innumerable de toda clase y condición. Toda la Montaña estaba llena de tiendas de campaña, habitación que cada familia se llevaba preparada. Hubo fuegos artificiales colocados en diferentes partes del Monte que producían mágico efecto; coros de doscientos individuos dirigidos por su propio fundador D. Anselmo Claver; mú¬ sicas de centenares de profesores que daban armoniosas serenatas. No faltó su espléndida función religiosa, en la que predicó el elo¬ cuente orador D. Hermenegildo Coll de Valldemia, estando el templo ricamente adornado é iluminado con profusión, á cuyo acto asistieron todas las Autoridades que se hallaban presentes en Montserrat, y la iglesia con un lleno completo. Dignóse la Eeina regalar un precioso cáliz de plata dorada de for¬ ma bizantina, un alfiler de pecho de diamantes con amatistas, y mil duros en metálico para subvenir á las necesidades más perentorias. En cambio, el Padre Abad, deseoso de corresponder en alguna mane- i'a al generoso desprendimiento de S. M., le presentó los siguientes regalos. Un rosario esmaltado, un anillo y una medalla de oro para la Reina. A S. M. el Rey, Altezas Reales, el serenísimo Príncipe é Infantas, una medalla de oro á cada uno. Al Príncipe de Asturias, que se dignó aceptar el título de escolán, un traje de monacillo tan rico como fué posible. A la Reina, por haber aceptado el titulo de Ca¬ marera 'Mayor de Nuestra Señora, una llave de oro del Camarín. Obsequios mirados en sí de poco valor, pero de mucha consideración y estima por lo que representan. DE MONTSERRAT 359 CAPÍTULO NONO Supresión de un antiguo privilegio.—Primera piedra para un nuevo Camarín.—Empiezan las peregrinaciones á Montserrat. I Entre los muchos y muy respetables privilegios los Papas y que reyes hablan otorgado á Montserrat, contábase como uno de los prin- ■cipales el privilegio llamado mülms Diœcesis, ó que es lo mismo, ■que esta Montaña no pertenecía á ningún obispado, ó sea, que el Abad, exclusiva é independientemente de otro Prelado, era el que tenía plena jurisdicción 6 dominio espiritual sobre sus subditos. De¬ cimos subditos, porque tenía como propias varias parroquias, confor¬ me veremos más adelante. Este privilegio lo había obtenido directamente del Papa Benedic¬ to Xril, llamado de Luna, y aunque éste fué depuesto después, lo ratiñcaron y confirmaron varios Sumos Pontífices. No se impuso otra condición, sino que Montserrat debería estar sujeto sólo á la Silla de ■San Pedro. Ha venido, pues, gozando de esta gracia por espacio de más de cuatro siglos. Ejercía pleno dominio sobre varias parroquias, nombrando el Párroco y también el Ayuntamiento, sin que ni uno ni otro hayan jamás podido con derecho oponerse á su voluntad. Era además el Padre Abad el único señor de estos pueblos. En prueba de lo que decimos, véase un ejemplo de la forma en que estaban redacta¬ dos los oficios que comunicaba á los pueblos súbditos suyos. ;iNos D. Benito de Tocco, Maestro de la Congregación de San Beni¬ to de Valladolid, por la graciado Dios Abad del Monasterio de Nues¬ tra Señora de Montserrat de Cataluña, de la misma Congregación, iiulUus Diœcesis, y como tal Ordinario local de la iglesia Monaste¬ rial, ermitas y oratorios del recinto de la Montaña, de la Villa y pa¬ rroquia de Monistrol, Cuadra de Matadás, Santa Cecilia, Marganell y San Jaime de las Oliveras, Señor Jurisdiccional, Alodial y Dominical de los mismos términos, y de las Villas de Esparraguera, Olesa, Coll¬ bató, Bruch y la Guardia, Eiudevitlles, Terrasola, pueblos de los Dastillos de Segarra, Artesa de Segre, Vilves, Collfret, Ballmañá, •Camps y Funollosa, San Pauvin y Clan de Miralles, Los Arquells, NUEVA HISTOKIA Montpeó yLlindás, Cuadras de Villalva, de Malcavaller y Oriis, Bi¬ bliotecario Mayor de S. M. (Dios le fçuarde) y de su Consejo, en to¬ dos los Eeiuos de la Corona de Aragón, etc., etc. "Por cuanto Nos pertenece nombrar Bailes, y sus Asesores, y ofi¬ ciales de Hacienda por lo tocante á nuestro Monasterio, y de Justicia para los expresados pueblos y términos, y para algunos de ellos, nom¬ brar, 6 presentar, ó instituir respectivamente vicarios nuestros nu- tuales ó perpetuos que ejerzan la cura actual de las almas, 6 que cui¬ den de las iglesias y capillas del dominio de nuestro Monasterio, que no son parroquias, como las de Nuestra Señora de Montserrat de Li¬ ma, Méjico, Palermo, Nápoles, Valencia. "Teniendo como tenemos bastante satisfacción y conocimiento de la inteligencia y prudencia de D. N., por la presente le nombramos... para... y con los derechos acostumbrados por el tiempo de... querien¬ do que se le reconozca por tal... de... durante dicho tiempo de... que empezará el dia... mes... del año... y concluirá... Y para que conste, mandamos expedir el presente Títnlo y Nombramiento firmado de Nuestra mano, sellada de Nuestro sello mayor, y refrendado de Nues¬ tro secretario, en el Real Monasterio de Montserrat á... mes y año.— Fr. Benito de Tocco, abad.—Por mandato del M. T. P. Abad, Fr. N., Secretario.—Reg. lib. de Reg. fol." Así con tanta formalidad obraban los Abades de Montserrat cuan¬ do gozaban sólo del fuero eclesiástico, sino del civil, que ya estaba no abolido cuando se extinguió el primero. Hoy han caducado ambos pri¬ vilegios. El vere mdlíus desapareció en 1874 del modo siguiente: El cardenal Moreno, arzobispo de Valladolid, en virtud de facultades que le confirió la Bula que empieza Quœ diversa, expedida en Roma á 14 de Julio de 1873, y con auto del mismo mes del año 1874, man¬ dó : que el abadiado de Montserrat fuese agregado al obispado de Bar¬ celona, y que su Vicario General publicase esta disposición, á fin de que nadie pudiese alegar ignorancia. En su virtud, fué insertada en el Boletín Official Eclesiástico del 30 de Julio de 1874; y con oficio- de 11 de Agosto del mismo año, el Padre Abad comunicó á los Párrocos de Monistrol, Santa Cecilia y Marganell que en el ofertorio de la Mi¬ sa mayor del domingo próximo diesen conocimiento á sus feligreses de esta disposición, lo que se cumplió al pie de la letra. ' Con la anterior disposición no sólo quedó derogado el referido privilegio que venía gozando el Abad de este Monasterio, sino tam¬ bién el títnlo de Delegado Apostólico de Montserrat que venía ejer¬ ciendo el Obispo de Vich, en cuya diócesis radicaba antes este San¬ tuario. DE MONTSEEBAT 361 II Cuando el rey Felipe II adoptó el plano del altar mayor que que¬ maron los franceses, no se creía que la Santa Imagen debiese figurar en él por razón del compromiso, decir voto, que tenían hecho por no los monjes de no tocarla nunca de la iglesia vieja. Este es el motivo porque no había Camarín digno de la grandeza de este templo. En todos tiempos se reconoció la necesidad de ensancharlo ó construirlo nuevo. Siempre, empero, hubieron de encontrarse dificultades. Sin embargo, llegó el día que un Abad de poderosa iniciativa debía ori¬ llarlas, y este fué D. Miguel Muntadas, de gloriosa memoria. Dispuestas ya las cosas, hecho y aprobado el plano del Sr. Villar, invitadas las personas que debían asistir y fijado el día para la colo¬ cación de la primera piedra para el nuevo Camarín, á 18 de Abril de 1878 salió de Barcelona el obispo D. Joaquín Lluch, acompañado de la Diputación Provincial, Comisiones del Cabildo Catedral y Municipal, demás Corporaciones invitadas al efecto, y al llegar á Monistrol fue¬ ron recibidos con repique de campanas, por el clero. Ayuntamiento, Jefes de la guarnición y personas más notables del pueblo. Al apearse en la plaza de este Monasterio, salió la Comunidad presidida por el P. abad Muntadas, y revestido que estuvo el Obispo con hábitos pontificales, hicieron su entrada en el templo, cantándose solemne Te Teim, Salve y Oozos. El día siguiente, á la hora señalada, hubo solemne Oficio, con ilu¬ minación abundante y bien combinada, asistiendo las Autoridades y Corporaciones y muchos fieles, concluido el cual se procedió inmedia¬ tamente á la colocación de la primera piedra para el nuevo Camarín. Todos los asistentes firmaron un escrito alusivo al acto, que con al¬ gunas monedas y periódicos fué colocado en el mismo lugar donde está la piedra. Como todas las obras de esta clase han de salir de limosnas, siempre lo regular se topa con la misma dificultad, que es ir dila¬ por tándolas por falta de recursos. Y esta del Camarín nuevo más que otras, porque llevaba un presupuesto crecidísimo, capaz él solo de arredrar á toda persona que no fuese el P. abad Muntadas. Sin em¬ bargo, á 14 de Abril de 1887, había ya muerto, dejando las obras muy adelantadas, y pudo inaugurarse, trasladándose á él la Santa Imagen. Eso no supone que esta obra estuviese ya acabada, como no lo está aún al escribirse este párrafo. 24 362 NUEVA HISTORIA Aunque legos en la materia, no queremosconcluir sin hacer una li¬ gera descripción de esta bellísima obra. Se sube al Camarín por dos escaleras, de las que en días de gran concurso la una sirve para su¬ bir y la otra para bajar, evitándose asi la confusión. A la entrada del Camarín hay dos preciosas conchas para el agua bendita, regalo de unos devotos jóvenes catalanes, establecidos en Filipinas. El pavi¬ mento es de mosaico romano, en cuyo centro destaca el escudo de la Congregación de San Benito. Sobre cada pilar remata un Angel rica¬ mente vestido, con alas de bronce bruñido y ricas dalmáticas. En los arcos que dan al exterior hay hermosas vidrieras de colores. En la decoración de sus paredes destacan emblemas de alabanza á la San¬ tísima Virgen y Angeles tocando instrumentos. Tiene dos altares, en uno el gran cuadro de Nuestra Señora, que se de los cuales se ve colocó en iglesia en las fiestas de la Coronación. La la fachada de la Santa Imagen está colocada sobre un trono de mármol que forma como su peana, y bajo un esbelto templete que remata dignamente y concluye la monumental obra del Camarín. Sin embargo, dista mucho de estar concluido. Falta aún el decorado del techo y pintarlo todo. III ahora nos ocupemos algo de las peregrinaciones y del Justo es que modo como se reanudaron estas tradicionales devociones, que por lo calamitoso de los tiempos habían casi caído en desuso. La primera que ha tenido lugar después de la guerra de los siete años, fué sin duda la romería que podríamos llamar del P. Barrios. Predicaba en la iglesia el martes de la Semana del Pino de Barcelona este celoso sacerdote Santa del año 1877, y en uno de sus arranques oratorios exclamó: «Señor, sólo un medio nos queda para aplacar vuestra ira: la oración y la penitencia. El quemañana se vea con ánimo de subir á pie y á pan y agua la Montaña de Montserrat, no falte á la estación del Nor¬ te á la hora de partida del primer tren." El Señor bendijo sus pala¬ bras; pues á la hora designada salían de Barcelona con él quinientas personas, la mayor parte de ellas señoritas delicadas y no acostum¬ bradas á este género de sacrificios. Esta debió ser la primera semilla de donde nació luego un grande espíritu de peregrinación. Esto prueba lo muy acepta que debió serle al Señor una obra de tanto mérito. Mucho contribuyeron además á despertar ese espíritu las romerías que se hicieron á la Ciudad Santa en 1876 y 78 con ocasión de celebrarse en todo el mundo católico el DETALLE INTEKIOR DEL CAMARÍN DE MONTSERRAT 363 Jubileo Episcopal del Papa Pío IX la primera vez, yen la segunda la exaltación de su sucesor el inmortal León XIII. Fué esto como la voz que antiguamente resonaba en Cataluña y decía: ¡Desierta ferro!^ que en nuestros días se ha cambiado en esotra: ¡Catalanes, á Mont¬ serrat! La Iglesia peligra, el Papa está preso. Pío IX levanta la voz y nos dice: «La Iglesia de Dios padece violencia;» y León XIII cla¬ ma: uLa Iglesia sufre persecución en Italia.» Y los catalanes, comprendiendo su deber, hicieron todo lo posible para romper las cadenas del su augusto Prisionero. «A Montserrat,» dijeron, y venían en tropel todos los pueblos de Cataluña y de fuera del Principado. Mas asi como el P. Barrios fué el primero en levantar el glorioso pendón de la peregrinación moderna, bien podemos asegu¬ rar que su infatigable competidor, P. Morell, fué su segundo. Seis días después de la romería del P. Barrios, el P. Morell tuvo la satis¬ facción de presentar á los pies de Nuestra Señora más de mil perso¬ nas, que subieron también la Montaña á pie y ayunaron aquel día á pan y agua. De aquí trae origen la célebre Asociación llamada Repa^'aclora de Pío IX, nacida al calor de la Virgen de Montserrat, que debía unir luego en apretada haz gran parte de las fuerzas católicas de Barcelona y sus afueras. De suerte, que debe ya ser un axioma, que á la sombra de María de Montserrat es donde brotan y de donde proceden los gran¬ des pensamientos, y se llevan á cabo las obras más extraordinarias y sorprendentes. CAPÍTULO DÉCIMO Preparativos para el Milenario de Wuestra Señora. —Gran ñesta mile- nar.—Milenario sacerdotal. I Una de las páginas más brillantes de la historia de Montserrat será siempre la solemnísima fiesta del Milenario del hallazgo de la Santa Imagen. Mas, antes de que entremos en materia, no será por demás hacernos la siguiente pregunta: ¿Es cosa cierta y averiguada que esta Santa Imagen fué hallada en el año 880? ¿No hay autores 364 NUEVA HISTORIA que ponen 888? Sí, no ha faltado quien lo pre¬ este hallazgo en el de tende así. Por nuestra parte sólo diremos, que cierto como de fe, no lo es el año en que se ha fijado el recuerdo de esta memorable fe¬ cha; pero si podemos asegurar, que son pocos y muy contados los que siguen la opinión contraria á la de Montserrat. Nosotros tenemos ar¬ gumentos nada despreciables en que apoyarnos, cuando aquéllos no pueden presentar ni uno solo que valga la pena. Tenemos primero la tradición, que es prueba de algún valor entre los hombres de ciencia; y por último, algo valdrá haber adoptado esta fecha la Iglesia para la celebración del primer Milenario, que, como si dijéramos, sienta verdadera jurisprudencia. Mas como no intentamos escribir unadisertación sobre el parti¬ cular, baste lo dicho y pasemos adelante. Sabido es que Cataluña ha profesado siempre á la Virgen de Montserrat un verdadero amor filial. Ya desde remotos tiempos vinieron los pueblos en devotas romerías. Y la Virgen ha correspondido con favores y milagros. Y' la devoción ha sabido traspasar las mismas fronteras de España. Todas las nacio¬ nes de Europa y Ultramar han levantado altares en su honor. ¿Qué más faltaba? ¡Ah! faltaba hacer en este siglo una pública y universal manifestación de amor á la Virgen de Montserrat, y ésta se ha hecho con motivo de haberse cumplido los primeros mil años de su invención. Era como un deber de justicia honrar esta fecha histórica, á fuer de hijos amantes y agradecidos. Estamos persuadidos de que la Virgen que¬ dó complacida de los altos obsequios que se la tributaron. Bueno será, empero, que digamos cuatro palabras sobre los preparativos de la gran fiesta del Milenario. Quien la tomó con particular empeño, siendo como el alma de este hecho histórico, fué el Obispo que era de Barcelona en aquellos días, D. José de Urquinaona. Es indecible lo que trabajó este buen Prelado para que la fiesta resultara grande, espléndida y magnifica. El escribió á Roma y orilló todas las dificultades. El creó Juntas para que cuidaran unas del adorno del templo, otras de obse¬ quios y para todo cuanto era menester. El hacia calurosos llamamien¬ tos al pueblo catalán para que se preparase para honrar á su Patrona. El, en fin, se multiplicaba y atendia á todo en favor de su querido Montserrat. Por otra parte, las Autoridades civiles tampoco se descuidaban. El Gobernador Civil reunia en su despacho á las personas más influ¬ yentes de la ciudad, y no cesaba de celebrar reuniones para hacer que el Milenario de la Virgen de Montserrat fuese lo que debía ser, una fiesta digna de tan elevada Reina y Señora. La Diputación Provincial y el Ayuntamiento se ocupaban en el mismo asunto, y todos querían DE MONTSEERAT 365 cumplir en eso con los deberes que les imponía el elevado cargo que desempeñaban. Nadie quería ser excluido en la gran fiesta de la Ma¬ dre. Cataluña no se ocupaba de otra cosa. Por espacio de dos meses el Milenario fué el asunto obligado de todas las conversaciones, siendo no pocos los artistas empleados en los preparativos de la fiesta que todo el mundo esperaba. rt Por fin vino el día tan deseado. Dos días antes llegó á este San¬ tuario Mons. Bianchi, Nuncio de España, á quien el Papa León XIII había nombrado representante suyo, acompañado de los Obispos de Barcelona, Vicb, Lérida, Urgel, Tortosa, Gerona y Menorca. Iban llegando también las demás Autoridades y gentío inmenso de todas partes. El día siguiente, víspera del Milenario, tuvo lugar por la tar¬ de una devota y raras veces vista procesión, en que además de pueblo numerosísimo iban cinco Obispos. Esta procesión se dirigió á la Santa Cueva, en donde fué hallada la Imagen de Nuestra Señora, pasando por el camino que conduce directamente á la misma. Figuraban en ella muchos sacerdotes y señoras de la más elevada posición y un piquete de tropa con bandera y música. Practicáronse algunos actos de devoción, se formó de nuevo la procesión, y el regreso no fué por el mismo camino, sino por el que pasa por la capilla de San Miguel, que es el mismo que hizo el obispo Gotmár después de aquel precio¬ so hallazgo, llevando la Santa Imagen con sus propias manos. Este acto fué de lo mejor que se ha visto en su género; pero aun faltaba lo principal, lo que suele dar carácter á esta clase de solem¬ nidades. Al estar la procesión de regreso frente de la Fonda, se paró para descansar un momento. Cuatro caballeros llevaban en unas an¬ das la Santa Imagen. Observarlo nuestro Obispo, y exclamar; ¿No es ■una vergüenza gue la Virgen haya de ser traída for cvMro segla¬ res^ A los Obispos corresfonde ese honor. Pronunciar estas pala¬ bras y agarrarse él con las andas, fué cosa de un instante. Entonces por espontáneo arranque siguieron los demás Obispos su ejemplo, pro¬ duciéndose entre el público un entusiasmo indescriptible. Todavía se esperaba otra escena tanto ó más conmovedora. Unió¬ se esta procesión con la otra que había salido del templo, compuesta de los Obispos de Vich y Urgel, la Comunidad de monjes con el Pa¬ dre Abad y la Escolania, con caballeros y señoras llevando varios es¬ tandartes, y juntos entraron en el templo, que estaba radiante de luz. 366 NUEVA HISTORIA Lo que pasó en este momento no es para descrito. Al entrar la Santa Imagen conducida en hombros de cuatro Prelados, el entusiasmo del público rayó en delirio. Parece que aún se oye el clamoreo aquel de las campanas tocando á fiesta, aquellos cantos, aquellos atronadores vivas, los petardos, las tronadas, las músicas, el órgano con sus más potentes trompas... ¡Oh! más parecía aquello un sueño que una rea¬ lidad, cosa del cielo más bien que de la tierra. ¡Cuántas y cuántas lágrimas cayeron de los ojos en aquel momento solemne! Después de tan brillante preparación, ¿podía dejar de ser esplén¬ dida y bien acabada la fiesta principal? Llegó el domingo, 25 de Abril de 1880, dia en que caían los mil años transcurridos desde el dichoso hallazgo de la Santa Imagen, y después de Comuniones tan numero¬ sas en que tres Obispos y dos sacerdotes repartieron por largo rato las Sagradas Formas, vino la hora de los divinos Oficios. Imponente era el efecto que producía el templo en la de la Misa pontifical, que celebró el representante de Su Santidad. Ocho Prelados estaban sen¬ tados en el presbiterio, con mitra, formando semicírculo. Veíanse tam¬ bién allí las Autoridades y Comisiones de los Cabildos Catedrales de Cataluña con sus hábitos de coro y gran número de sacerdotes que servían á sus respectivos Obispos. Sólo faltaba que el orador supiera inspirarse, y lo alcanzó. El Dr. Casañas, obispo de Urgel, tuvo al au¬ ditorio pendiente de sus labios cinco cuartos de hora sin cansar, más bien, siendo oído con entusiasmo y llenando cumplidamente los deseos de todos los concurrentes. Si la función de la mañana fué tan espléndida, ¿quédiremos de la de la tarde? Debía celebrarse un Certamen y adjudicarse pre¬ gran mios á las mejores composiciones poéticas y de música. El gran pa¬ tio de la iglesia estaba elegantemente decorado. Todos sus balcones se hallaban cubiertos de hermosos tapices color blanco y azul, que quedaron propiedad del Convento. Colgaban damascos, gallardetes y banderas de todos colores. En frente, de espaldas á la puerta del templo, había un grandioso manto real de raso blanco y azul, debajo del cual estaban sentados los Prelados, Jurados y Autoridades. Se pronunciaron discursos verdaderamente notables y alusivos á la fies¬ ta, abriéronse los pliegos que contenían los nombres de los músicos y poetas premiados. La mejor poesía fué una del presbítero don Jacinto Verdaguer, dedicada á Nuestra Señora de Montserrat, y el canto que salió premiado fué un Virolaij á la misma Señora, compo¬ sición del director de la Banda Municipal de Barcelona, D. José Ro- doreda. Leyóse la poesía y cantóse la canción en medio de calurosos aplausos. DE MONTSERRAT 367 IIJ . Concluida esta brillantísima fiesta, la devoción á Maria de Mont¬ serrat no debia quedar paralizada, ni tampoco olvidado el recuerdo de su primer Milenario celebrado con tanta pompa. Parece que una solemnidad tan extraordinaria exigia algo más igualmente extraor¬ dinario. Y en efecto, el clero quiso también tomar en eso su parte; quiso celebrar una función pura y exclusivamente eclesiástica. Era necesario dar á comprender que los sacerdotes de Cataluña aman de un modoespecial á la Virgen de Montserrat. Al efecto preparóse una función solemne, de acuerdo con el Prelado de la diócesis, señalán¬ dose desde luego el dia que debia celebrarse. Hizose un llamamiento general, y las esperanzas de la Junta promovedora de estos cultos no quedaron defraudadas. A cada momento se iban presentando nuevos sacerdotes á la Casa fayral de esta Montaña, ávidos de tributar obsequiosos cultos á su querida Madre, de suerte que al llegar el dia designado para esta fes¬ tividad, se contaban en este Santuario más de cuatrocientos sacerdo¬ tes. Fué éste el jueves que siguió á la principal, dia 29 del mismo mes de Abril. Ya empezó la fiesta la noche anterior, en que se can¬ taron solemnísimas Completas. Siendo el clero en tan crecido número, fué necesaria toda la noche y mañana poder celebrar la Santa Misa. Todos esperaban el ac¬ para to principal, que consistió en la celebración de los divinos Oficios. Al llegar la hora, numerosas Comisiones del clero pasaron á la habitación del Prelado, el cual vestido de capa magna, bajó las escaleras del Monasterio, con la Escolania delante y Comunidad de monjes tras ella, dieron la vuelta por el patio de la iglesia, haciendo majestuosa entra¬ da por la puerta principal del templo á los acordes de la marcha real. Cuando el Obispo estuvo en su estrado, empezaron los monjes el majestuoso canto de la hora de Tercia, alternando con los escolanes, y produciendo un magnifico efecto. Concluida la Tercia, dió comienzo la Misa mayor, que celebró de pontifical el obispo D. José de Urqui- naona, con los mejores ornamentos que tiene Montserrat y con toda la solemnidad que era posible. Podemos asegurar, que en nada des¬ mereció esta fiesta de la del domingo anterior. La misma iluminación y la misma música. Ocupó la cátedra del Espíritu vSanto el laureado poeta catalán y canónigo de Vich D. Jaime Collell. Todos los asisten¬ tes salieron muy complacidos de esta solemnidad. 368 NUEVA HISTORIA Faltaba la de la tarde, que, en verdad, nada dejó que desear. La procesión que estaba preparada, y que por necesidad debía resultar grandiosa y magnífica, no pudo efectuarse á causa de mal tiempo, pues que estuvo lloviendo toda la tarde. Suplióse ésta con otra función no menos solemne, en la que subió al pulpito el mismo Sr. Urquinao- na, quien entusiasta como el que más por las glorias de Montserrat, estuvo predicando hora y media sin cansarse él ni cansar al auditorio. Era este buen Obispo todo corazón ; asi que sabía encenderse él y en¬ cender á los demás en el verdadero fuego del mariano.amor CAPÍTULO UNDÉCIMO Horneros y romerías que han visitado este Santuario.— Húmero de personas que anualmente visitan la Santa Imagen.—Grandes per¬ sonajes que han venido á visitar esta santa Montaña. I El numeroso y extraordinario movimiento que se observó durante las fiestas del Milenario, y la pompa y magnificencia con que éstas fueron ejecutadas, necesariamente debían producir gran aumento de la devoción de Nuestra Señora, y lo produjo. Es verdad que en 1877, como llevamos dicho, hubo ya aquellas tan famosas romerías de los Pa¬ dres Morell y Barrios. También es verdad que algunas poblaciones, como Sans y Badalona, siguieron su ejemplo ; pero la verdadera época de las peregrinaciones, la fecha de estas tan populares demostracio¬ nes de amor y piedad, data principalmente del famoso Milenario de la invención de la Santa Imagen. Entonces empezaron á fomentarse y desarrollarse en gran escala esos públicos arranques del más acen¬ drado catolicismo. Antiguamente muchos pueblos de Cataluña venían en romería á visitar á Nuestra Señora, y tenían día del año fijo para cumplir su voto. Mas la infausta guerra de la Independencia de una parte, y de otra las continuas convulsiones políticas porque ha pasado nuestra España en este siglo, fueron la principal causa de que se hubiese casi extinguido el nombre de romería. Sin embargo, á pesar del in- DE MONTSERRAT 369 diferentismo de nuestros días ¡ dulce esconfesarlo ! los católicos han tenido valor para restaurarlas, á pesar de las vejaciones de que han sido objeto más de una vez. Para satisfacer la curiosidad de nuestros lectores, y también para que sea un dato histórico que puedan digna¬ mente apreciar nuestros venideros, vamos á consignar aquí una fiel y ■exacta estadística de las romerías con su contingente personal que han venido á Montserrat desde la fecha del Milenario. En 1880 vinieron en peregrinación la Juventud Católica de Bar- «elona, la Reparadora y Teresianas de idem, las parroquias de Sans, Badalona, Berga, Manlléu, Mora, Masquefa, San Andrés de Palomar, San Martin de Provensals, Santa Maria del Teulat, Santa Eulalia de Vilapiscina, Horta, Sabadell, Sardañola, San Gucufate del Vallés, Junqueras, los Seminaristas de Cataluña, y Bañólas, Gerona, for¬ mando un total de ocho mil doscientas veintinueve personas. En 1881 vinieron las Reparadoras de Barcelona y Manresa, las parroquias de Tarrasa, Masquefa, San Andrés, con todos sus pueblos vecinos, Gracia, Anglesola, Cabrianas, Lérida, Juventud de Barce¬ lona, todos los pueblos de la costa de Levante, el Arciprestazgo de Martorell, Molins de Rey y demás pueblos del Llobregat: total, seis mil doscientos treinta peregrinos. En 1882 y 83, á pesar de haber prohibido las romerías el Gobier¬ no, se presentaron las Teresianas y la Pía Unión de San Miguel, con un total de tres mil setecientos. En 1884 hubo como undesquite de los dos años anteriores. Vol¬ vieron los pueblos de la costa, la Pía Unión con el Obispo al frente, por celebrarse el primer Centenario del mes de María; Calella, San Andrés con sus limítrofes, Martorell y su Arciprestazgo, Monistrol y Manresa, que juntas formaban un total de siete mil quinientas trein¬ ta y dos personas. En 1885 el cólera impidió las romerías ; sin embargo vino la Pía Unión, con ochocientos cincuenta peregrinos. En 1886 reapareció el espíritu de antes. Vinieron la Orden Serᬠfica de Manresa, la Reparadora de Igualada, la Pía Unión, pueblos de la costa, Manresa, y las Hijas de María de San Pablo de Barce¬ lona, que sumaban cinco mil cuatrocientos ochenta y cinco devotos. En 1887 el movimiento escaseó con motivo de haberse hecho otras peregrinaciones á Jerusalén, Roma y Lourdes. No obstante vinieron Badalona y la Pia Unión, con mil ciento veintiún peregrinos. En 1888 vinieron el Arciprestazgo de Martorell, la Tercera Orden y Capuchinos de Manresa, Badalona con los pueblos de la costa, la Reparadora y la Pía Unión, sumando tres mil cuatrocientos ocho ro¬ meros. 370 NUEVA HISTORIA En 1889 vinieron la Pía Unión, la Eeparadora, y Badalona é Igua¬ lada con el Obispo de Barcelona, para celebrar el Centenario de la. Unidad católica en España, formando dos mil setecientos trece pe¬ regrinos. En 1890 vinieron otra vez la Pía Unión, la Reparadora, Bada- lona, San Andrés, la Juventud Católica con los pueblos del Pla de Barcelona. Eran un total de seis mil quinientos diecinueve romeros. En 1891 subieron la Montaña los Padres Jesuítas de Manresa con todos los colegiales, Martorell y su Arciprestazgo, los Luises de Ca¬ taluña, con el Obispo de Vicli al frente, para celebrar el Centenario del Santo, y la Reparadora: total, ocho mil doscientos diez devotos. En 1892, otra vez la Reparadora, la Pía Unión, Martorell, San Andrés, San Clemente de Llobregat y la Garriga: total, dos mil se¬ tecientos cuarenta y un peregrinos. En 1893, Sabadell, Monistrol, San Andrés, la Pía Unión y la Re¬ paradora, sumando mil nuevecientos diecinueve. En 1894, Bañólas, la Pia Unión, Sabadell, la Reparadora y Con¬ gresistas de Tarragona, en junto dos mil doscientos cinco. En 1895, Villanueva y Geltrú, San Martín, la Reparadora, la Pía Unión, Sabadell y Tarrasa, ascendiendo á dos mil trescientos catorce. Estos son los datos que arrojan las notas de donde hemos sacado las precedentes noticias. De suerte que durante el espacio de tiempo que ha mediado desde la celebración del primer Milenario de la Vir¬ gen de Montserrat hasta la fecha, sólo en 'peregrinación han visitado el Santuario sesenta y tres mil ciento setenta -g siete personas de todas clases y condiciones, sin contar el contingente que llevaron las tres -peregrinaciones francesas de los años 1880, 1888 y 1895. Todo lo cual prueba que lejos de debilitársela devoción á María de Montse¬ rrat, aumenta cada día. acabamos de consignar el movimiento habido en Montse¬ Ya que rrat pormedio de las romerías, veamos ahora también el número apro¬ ximado de personas que anualmente vienen á visitar la Santa Ima¬ gen. Vamos á tantear la manera de descubrir el número, si no cierto, que esto es imposible, al menos aproximado, que suele venir todos los años á esta Montaña. Empecemos por asegurar que hasta pocos años atrás, muy raras veces se llenaban todos los aposentos. Esto sólo pasaba en algunas DE MONTSERRAT 371 de las principales festividades. Hoy, á pesar de haber sido construi¬ dos varios edificios bastante capaces, y por consiguiente, de poder contarse con un número mucho más considerable de celdas para los de¬ votos, son raros los días festivos en que (en tiempo de verano sobre todo) dejen de llenarse. Y aun podemos decir más; no pasa dia de fies¬ ta sin que una gran parte de los visitantes tenga que dormir al raso. Antes de construirse la carretera de Monistrol, subían la Montaña por término medio unas veinte mil personas al año, las que aumenta¬ ron luego basta treinta mil. Mas desde la inauguración del ferrocarril de cremallera, ha multiplicado la cift'a basta setenta mil. Añádanse ahora á este número las muchísimas personas que á pie y en carruajes suben por la citada carretera, por casa Massana y Collbató, que és¬ tos no se pueden contar, y nos encontraremos en que el número más aproximado de visitantes en todo el año no baja seguramente de ciento mil. Es extraordinario el número de gente, unos á pie y otros con sus propios carros, que todo el año vienen á Montserrat de los pueblos de la parte de Igualada, de Villafranca y del Llobregat. Días hay en que los carros y tartanas se cuentan por centenares. El ferro¬ carril subió en el primer año de su explotación cuarenta mil personas, que poco más ó menos viene á resultar igual número todos los años. Tal vez nos quedamos aún cortos en fijar en cien mil el total de los que anualmente visitan esta santa Montaña, descontados de este nú¬ mero los que vienen en romerías, que ya hemos visto lo que suman ellos solos. Ahora sólo falta una cosa y es, que todas estas almas vengan dis¬ puestas y preparadas para honrar y venerar á nuestra Santísima Madre, pues sería verdadera lástima que eso se tomase sólo como un viaje de recreo. Y lo que sería peor aún, si alguna persona dejada de la mano de Dios intentara cometer algún desorden ó profanar este lu¬ gar tan sagrado. Es de advertir que el verdadero templo de María no está reducido sólo al recinto en donde está colocada su Santa Ima¬ gen ; sino que abraza toda la Montaña de Montserrat. Este es su ver¬ dadero templo escogido por ella misma, y hasta ahora respetado por todas las personas decentes. Aquí han venido nuestros mayores, desde el rey hasta el último vasallo, y desde la persona más encopetada hasta el más humilde labriego, sólo para obsequiar y dar culto á la que está por encima de todos los hombres, y dispuesta á escuchar y colmar de favores á cuantos se los piden con humildad y rectitud de corazón. 372 NUEVA HISTORIA III Acabamos de ver últimos años ha tenido las visitas que en estos la Virgen. Sólo falta hacer resaltar las muchas de calidad que han te¬ nido lugar en ellos. Dejemos lo antiguo, porque ya queda historiado en su lugar correspondiente, y ocupémonos tan sólo de los ilustres personajes que no se han desdeñado últimamente de humillarse ante el trono de Nuestra Señora. En 1886 fué visitada porel príncipe Eodolfo, hijo del Emperador de Austria, el Presidente de la República del Ecuador. En 1888, y durante la Exposición Universal de Barcelona, la visitó la reina re¬ gente D." María Cristina, con su hijo Alfonso Xllf, sus cuñadas y Princesas la viuda de Girgenti y su hermana Eulalia, con su esposo el Príncipe de Baviera; el Sr. Sagasta, presidente de Ministros; el Ca¬ pitán General de Cataluña y otros muchos personajes. En el mismo año vinieron los Almirantes y Jefes de las escuadras extranjeras an¬ cladas en el puerto de Barcelona. En 1890 vino el Presidente de la República del Uruguay; la Marquesa de Villacaccio, austríaca; la Marquesa de Tours, francesa ; el Vizconde de Urem y varias familias vascas, francesas é inglesas; el Marqués de Cerralbo, el de Montoliu, el de Borras, el de la Barcena, y los Obispos de Barcelona, Vich, Menorca, y un Abad belga. En 1891 estuvo dos veces aquiel Obispo de Barcelona, los Obis¬ pos de Vich, Urgel, Lérida, Astorga, Chiapas, mejicano; el de Nueva Zelandia, inglés ; un Abad alemán y el Arzobispo de Guatemala, el Gobernador de Barcelona, el Regente de la Audiencia y varias fami¬ lias alemanas, inglesas y francesas. En 1892 vino también dos veces el Obispo de Barcelona; el Supe¬ rior déla gran Trapa de Francia; el de los Agustinos, acompañado de veinte Religiosos ; la Superiora del Convento de Elisabets, en Madrid, institutriz que había sido de la Reina Regente ; el Presidente y el Fiscal de la Audiencia de Manresa, el Barón de Maldá, la Condesa de Fuente y la Marquesa de Mora. En 1893 el cardenal de Sevilla Sauz y Forés, que predicó en día festivo; los Obispos de Barcelona, dos veces; el de Costa Rica, ameri¬ cano; los de Santa Cruz de Tenerife, Mallorca, Vich, Menorca, Segorbe, Lérida; y los Arzobispos de Valencia y Valladolid. Vino también el gran duque Waldiiniro, hermano del Emperador de Rusia; el Marqués de Castellví ; la Baronesa de Delás ; el Rector de las Escuelas Pías de DE MONTSEEEAT 373 Chile, con una familia que hizo el viaje sólo por cumplir un voto que tenía hecho á esta Santa Imagen; los Capuchinos de Igualada; los Je¬ suítas de Manresa y Sarria ; la Superiora y algunas Eeligiosas Ado¬ ratrices de Barcelona; dos Dominicos de Avila ; Catedráticos de Sevi¬ lla, de los Juegos Florales de Barcelona. y los poetas y Jurado En 1894 los Obisposde Barcelona, Málaga, Madrid, Tarazona, Jaca, Vich, Tarragona, Astorga, Cuenca, y el Nuncio de Su Santi¬ dad Mons. Cretoni. Vinieron también D. Emilio Castelar, treinta y cinco caballeros de Nueva York y otra familia americana para cumplir un voto. Don Jaime de Borbón, hijo de D. Carlos; unos treinta curas y romeros de Pamplona; el Colegio de Abogados y señor Juez de Man¬ resa; un coro de música de Valencia, llamado el Mic[uelet; el capitán general de Cataluña Sr. Weyler; el Gobernador de Teruel; el Regente déla Audiencia de Barcelona; tres Diputados á Cortes; doscientos Con¬ gresistas de Tarragona; el conde Sacconi, romano; el Marqués del Busto y el de Montoliu. En 1895, D." Emilia Pardo de Bazán, escritora pública; el minis¬ tro Sr. Elduayeii; el Gobernador de Barcelona; un Jesuíta alemán; un Diputado francés y un poeta Provenzal ; los Obispos de Barcelona, California, Urgel, Murcia; el Abad Procurador General Benedictino de Roma, y el Abad de Génova. CAPÍTULO DUODÉCIMO Faculta Roma para ser coronada la Santa Imagen.—Es concedido títu¬ lo de Basílica á este santo templo.—Gran fiesta de la Coronación. I Pocos Obispos contará la historia de Cataluña que hayan sido tan devotos y entusiastas de Nuestra Señora de Montserrat, como D. José de Urquinaona. Después que hubo celebrado la fiesta del Milenario, en que tuvo la principal parte, deseaba hacer algo más para acrecentar la devoción á este Santuario. Fué á Roma por los negocios de la dió¬ cesis, y una vez estuvo en la Ciudad Eterna, desde allí no pudo pres-, 374 NUEVA HISTORIA cindir de fijar sus miradas hacia esta santa Montaña. Empezó por pedir el título de Basílica para este templo, luego un rezo nuevo y propio para Montserrat y todos los obispados de Cataluña. No era esto bastante parasatisfacer su amor encendido á la Virgen. Pidió también que fuese coronada solemnemente esta Santa Imagen y de¬ clarada Patrona de Cataluña. El Papa, que conocía el celo que por la gloria de Dios devoraba el corazón de nuestro Obispo, no sólo accedió gustoso á cuanto pedia, sino que le fueron despachados tales negocios durante su corta permanencia en Koma, cuando para ello se suelen pasar años enteros en circunstancias ordinarias. En cuanto al asunto de la Coronación de la Imagen, es el Cabildo de San Pedro de Roma á quien corresponde conceder ó denegar esta gracia. Con fecha 24 de Febrero de 1881 dió el decreto, que substan- cialmente traducido del latín al español dice así: .¿Eduardo, título de Santa Práxedes, Pbro. Cardenal Borromeo, de la Santa Iglesia Ro¬ mana, Archipresbítero de la Sacrosanta Patriarcal Basílica del Prín¬ cipe de los Apóstoles, Prefecto de la Sagrada Congregación y de los Capitulares Canónigos de la misma Basílica. A nuestro muy amado en Cristo ilustrisimo y reverendísimo D. Vicente Nussi, Patricio ütinen- se, familiar del Palacio Vaticano, Protonotario Apostólico Decurial y y colega nuestro honorabilísimo, salud en el Señor.—Por cuanto por parte de D. Miguel Muntadas, del Orden de San Benito de la Congre¬ gación Casinense de la primitiva observancia. Abad del Monasterio de Montserrat, Diócesis de Barcelona, en España, nos ha sido expues¬ to: Que de tiempos muy remotos ha sido siempre venerada la prodi¬ giosa Imagen de la Santísima Virgen, no sólo por los nacionales, sino por las naciones extranjeras que van á visitarla en devotas romerías,^ cuyas preces han sido recomendadas de una manera muy especial por su Obispo diocesano, suplicando encarecidamente les otorguemos la gracia de que dicha Santa Imagen, coronen aurcen honore augeatur. Habiendo Nos propuesto esta súplica á los Canónigos de esta Santa Basílica, y sido su voto favorable; no ignorando Vos que el honor de coronar esas devotas y antiguas Imágenes de la Virgen Santísima es de Nuestra única incumbencia; atendiendo que el Obispo de Barcelo¬ na asegura que de esta suerte los fieles acudirán con mayor fe al am¬ paro y protección de la Virgen Santísima, y se aumentará más y más su devoción; de acuerdo con Nuestro Cabildo «Decretamos; que seáis Vos el encargado de poner dicha corona de oro sobre la cabeza de Nuestra Señora, según el ceremonial de Nues¬ tra Santa Basílica, cuyo ejemplar impreso os entregamos, queriendo 4ue dicho Santuario participe de las mismas gracias, privilegios é in- DE MONTSERRAT 375 ■dultos que es costumbre conceder en semejantes casos ; y os faculta¬ mos para quepodáis Vos delegar á otra persona constituida en digni¬ dad eclesiástica. En fe de lo cual mandamos expedir estas Letras, -suscritas por el Canónigo Secretario de este Colegio, y selladas con el •que usa Nuestro Cabildo de San Pedro. Dado en Eoma en Nuestra Aula Capitular á 24 de Febrero de 1881." Sería ocioso añadir una palabra más á un documento tan importante. II Grande y muy singular era por cierto la gracia que se acababa •de otorgar á este Santuario, pero el corazón de nuestro estimado Obis¬ po era muy grande para quedar satisfecho. Quería más. Solicitó á la vez del Soberano Pontífice dos cosas : que nuestro templo tuviera los honores de Basílica, y que se otorgase rezo propio pai-a todas las diócesis de Cataluña, y todo le fué concedido. A 8 de Marzo de 1881, á la súplica presentada por el Sr. Urqui- naona, le ponia Su Santidad el siguiente decreto, que vertimos al espa¬ ñol para su ma3mr inteligencia.—«León Papa. Para perpetua memo¬ ria.—El celebérrimo Santuario de la Santísima Virgen de Montserrat, diócesis de Barcelona, que es venerada no sólo de los españoles, sino de los fieles cristianos de todo el mundo, es servido con aplauso y por piadosos monjes del Orden de San Benito de la Congregación Casi- nense. A fin de aumentar más el esplendor de este Santuario, y para •excitar más y más la piedad de los fieles hacia la benignísima Señora, Nos ha suplicado el amado hijo Miguel Muntadas, abad de aquel Mo¬ nasterio, que nos dignásemos enriquecer dicho Santuario con el título y privilegio de Basílica menor. Por lo que, accediendo á sus preces, sobremanera recomendadas por su venerable Obispo; por Nuestra Autoridad Apostólica erigimos con estas Letras la iglesia de la Bea¬ tísima Virgen María de Montserrat de la diócesis de Barcelona, en Basílica menor, con todos los privilegios y preeminencias de que usan, gozan ó disfrutan, ó que pueden usar, disfrutar y gozar las demás Basílicas menores; y desde ahora perpetuamente y para siempre de¬ cretamos ser tal; y queremos que dicho Santuario sea tenido y llama¬ do Basílica. Ordenando que estas Nuestras Letras sean ahora y para siempre firmes, válidas y eficaces, y que sufraguen enteramente á la misma Iglesia ó Santuario. Dado en Eoma, en San Pedro, bajo el anillo del pescador, á 8 de Marzo de 1881.—Año IV de Nuestro Pon¬ tificado.—Lugar del sello.—El Cardenal Martel.» 376 Entre los nnichos privilegios de las iglesias Basílicas, que gozan uno es el poder usar las insignias que llaman tintinnaiulim. y fa- figlione. El primero es un asta en cuyo extremo hay un escudo con una campana en el medio. Y el papiglione es una especie de pabe¬ llón muy grande formado con tiras de color amarillo y encarnado. Ambas insignias suelen ir á las procesiones públicas y siempre delan¬ te de ellas. A 6 de Septiembre del mismo año fué concedida la otra gracia del rezo propio, que obliga no sólo á Cataluña, sino á todas las diòcesis de Cataluña porque hay obispados, como Lérida y Urgel, que se extien¬ den hasta dentro del mismo Aragón, y los sacerdotes que viven en sus jurisdicciones quedan obligados también á este rezo. llf Vencidas ya todas las dificultades yalcanzados todos los favores suplicados, correspondía ya señalar la fiesta de la Coronación y dar principio á los preparativos de la misma, porque no podía ser de me¬ nor condición ésta que la del Milenario. Nombráronse desde luego las correspondientes Juntas, cuidaron los periódicos de entusiasmar al pueblo catalán, y pedir joyas, limosnas para una corona monumental. Cataluña no se hizo sorda al público llamamiento, y á su generosidad y devoción se debe la riquísima corona que ciñó las sienes de la Vir¬ gen el día de su memorable Coronación. Así preparadas las cosas, dióse principio á un solemne triduo en que predicaron distinguidos oradores: el P. Matas, de la Compañía de Jesús, en atención que San Ignacio, su fundador, vino á Montserrat para hacer su confesión general ; el P. Colomer, de las Escuelas Pías, porque su fundador San .José de Calasanz estuvo también aquí para implorar los favores de Nuestra Señora; y el último no podía ser otro que el mismo promovedor de estos cultos, el obispo D. José Urquinaona. Muy parecida á la del Milenario fué la función que se celebró en esta Basílica el día 9 de Septiembre de 1881 para coronar canónica¬ mente, á la Santa Imagen, ya Patrona de Cataluña. Con la anticipa¬ ción debida habían llegado el cardenal Benavides, arzobispo de Za¬ ragoza, delegado del Sumo Pontífice León XIII, para colocar en su nombre la preciosísima corona del pueblo catalán sobre las sienes de Nuestra Señora. Asistieron el Arzobispo de Tarragona, los Obispos de Barcelona, Gerona, Lérida y Seo de Urgel, Mons. Nussi, proto- CM mi^-: p^f. ^■••^ííikJ .V j fe . iA&âaàûikâlil^' DE MONTSERRAT 377 notarioapostólico, delegado del Cardenal Presidente de San Pedro, y Canónigos de todas las Catedrales de Cataluña. La concurrencia fué tanta como en la fiesta Milenaria y muy pa¬ recida á la misma el decorado exterior del templo. Los adornos del interior fueron unos tapices combinados con los estandartes mismos de Montserrat. La Santa Imagen estaba colocada en un baldaquino en forma de templete en que terminaba el cuerpo arquitectónico que se formó en el altar mayor, templete que aún se conserva en la capilla de la Concepción. Tenía el conjunto el aspecto de un monumento de Semana Santa. Era de grandes proporciones y de estilo románico, pintado y dorado, con espaciosas gradas á ambos lados. Su ilumina¬ ción estaba bien distribuida en grandes candelabros dorados, que au¬ mentaba la magnificencia de las luces y arañas góticas de bronce que pendian de la bóveda. La Santa Imagen llevaba un riquísimo vestido, regalo de una familia de Barcelona que hoy ya no existe. Las funciones de este día fueron continuas. El Obispo de Barce¬ lona celebró de pontifical la Misa de los escolanes. A las siete el Obis¬ po de Urgel celebró Misa de Comunión y dijo la plática. Era tan grande el número de fieles, que fué preciso le ayudasen á distribuir las Sagradas Formas los Obispos de Barcelona y Lérida, dos Canó¬ nigos y el vicario general de Barcelona D. Felipe Vergés. A las diez el presbiterio se presentaba imponente. Ocupaba el solio el Cardenal de Zaragoza, y junto á él se sentaron el Arzobispo de Tarragona, los Obispos asistentes y el abad D. Miguel Muntadas, todos de pontifical. Principió la ceremonia leyéndose la delegación hecha por el Cabildo de San Pedro de Roma á favor de Mons. Nussi para que le representase en este acto, luego la súplica elevada á Su Santidad León XtlI por el Obispo de Barcelona, rogándole se dig¬ nase designar persona que le representara en el solemne acto de la Coronación, y la carta remitida por el Cardenal Secretario de Es¬ tado Mons. Jacobini, participando que el Sumo Pontífice había de¬ signado al efecto al señor cardenal Benavídes, arzobispo de Zara¬ goza. Al recibir éste la corona, la bendijo, y la Escolania cantó el himno O gloriosa Virginum, y empezó el Pontifical. Asistió la Ca¬ pilla de música de la Seo de Manresa. Predicó el Obispo de Barcelona. Concluida la Misa, el Cardenal dió la bendición papal, quitóse la casulla, y revestido de riquísima capa pluvial, recibió la corona de manos del Delegado, y acompañado de los Prelados asistentes, subió la suntuosa grada de la parte de la Epístola, mientras la música cantaba el Regina cœli, y una vez estuvo arriba, colocó la corona sobre la cabeza de la Santa Imagen. Imposible es descifibir lo que 2.5 378 NUEVA HISTOEIA pasó en aquel sublime acto. Los vivas más entusiastas á Nuestra Se¬ ñora de Montserrat, á la Patrona de Cataluña, al Papa León XTTI, se confundían con las voces del órgano, los sonidos de la orquesta y de la banda militar, que unidas tocaban la Marcha Real. Al bajar los Prelados del baldaquino, entonaron el Te Deim, que cantó la música. Por la tarde, después de cantadas solemnísimas Visperas, se oi'ga- nizó una procesión en la cual esta Basílica ostentó por primera vez las insignias de tal concedidas por el Papa. En el acompañamiento figura¬ ban algunos de los voluntarios catalanes con el mismo uniforme que llevaban en la guerra de Africa. La Santa Imagen fué llevada en an¬ das por un Canónigo de Barcelona, en razón de haber estado ella al¬ gunos días en su Catedral en el año 1823; por el Párroco de San Justo, por haber sido venerada en sn iglesia; por otro Párroco del Rosellón, como obsequio y por haber antes formado parte esta diócesis del Principado de Cataluña, y por uno de los monjes de esta Comunidad. Un Padre Jesuíta sostenía la cola de las andas, en memoria de haber estado en Montserrat su Santo Fundador, acompañándole también nn Padre Escolapio por igual motivo. Al entrar la Imagen en el templo, se volvió de cara á la apiñada concurrencia y se cantó el Monstra te esse Matrera, conmoviéndose de tal manei'a los devotos, que se repi¬ tió el entusiasmo de la mañana. Se cantó la Salve, y dióse por termi¬ nada una función como pocas se celebran, y que habrá dejado indele¬ bles recuerdos. CAPÍTULO DÉCIMOTERCERO Cuarto Centenario de Cristóbal Colón.— Nuevos pulpitos monumen¬ tales.—Inauguración del ferrocarril de Montserrat. I Tiempo hacía que Barcelona se preparaba para celebrar digna¬ mente el cuarto Centenario del descubrimiento de las Américas por el insigne Cristóbal Colón. La ciudad condal se excedió á si misma en la celebración de esta memorable fecha. No fué sólo la clase oficial la que tomó parte en ella, sino que hasta los particulares quisieron bon- DE MONTSERRAT 379 rar la memoria de aquel ilustre marino. Todas las principales calles aparecieron adornadas con exquisito gusto y con alegorías de los ha¬ bitantes de aquellos países ; pero el Ayuntamiento no perdonó gasto en los adornos del paseo de Colón y de la Eambla. Esto hizo que en aquellos días Barcelona se hallase llenísima de forasteros. Mas estas fiestas no hubieran sido completas sin el elemento reli¬ gioso; de ahí que fuese creada una Junta para que preparase una fun¬ ción extraordinaria en Montserrat. Podrá preguntar cualquiera; ¿por qué en Montserrat, y no en la misma ciudad de Barcelona? La con¬ testación á esta pregunta será como la resolución de un problema. Con Colón fué á América en su segundo viaje un monje de este Mo¬ nasterio, y este monje fué el primero que plantó la cruz en aquel nue¬ vo mundo, que derramó la primera semilla del Evangelio á aquellos salvajes y celebró allí el primero el santo sacrificio de la Misa. ¿Quie¬ ren saber nuestros lectores cómo se llamaba este benemérito monje? Pues no era otro que nuestro Bernardo Boyl, según reza la tradición de cuatro siglos; y aun añade, que los demás compañeros que fueron con él á aquellas tierras eran también de Montserrat. He aquí la razón principal porque el acto religioso que debía coronar las predichas fies¬ tas, correspondía á Montserrat antes que á otra iglesia. El 6 de Octubre de 1892 fué el señalado para dar gracias á Dios por beneficio tan señalado. Ya el dia antes habían hecho su solemne entrada en este Santuario los señores que componían la Junta de fes¬ tejos religiosos, ya se hallaban también aquí las Autoridades todas, civiles y militares, ya, por fin, habían llegado el Arzobispo de Tarra¬ gona y los Obispos de Barcelona, Tortosa, Vich, Urgel y Lérida, acompañados del Capitán General, Comisiones de la Diputación, Ayuntamiento, Claustro de la Universidad, representantes de las Aso¬ ciaciones Católicas, y un numerosísimo concurso de gente de todas clases y condiciones, que fueron recibidos por la Comunidad de mon¬ jes, presidida por el P. abad D. José Deás. Cantóse la Salve, con¬ cluyendo con un discurso que hizo el Arzobispo, y un cántico ejecu¬ tado por un gran coro de niños acompañado por la Banda Municipal de Barcelona. De noche hubo castillo de fuegos artificiales en la cueva de Juan Garí y fogatas en la capilla de San Miguel, con varias músi¬ casque acababan de fascinar al numeroso público que se hallaba ale¬ gremente reunido. El día siguiente á la salida del sol hiciéronse algunos disparos de morteretes á modo de salvas de cañonazos. A las siete la Banda Municipal recorrió las afueras del Santuario tocando escogidas piezas. A las ocho el Obispo de Vich dijo la Misa de Comunión, ayudándole á 380 NUEVA HISTOEIA distribuir lasSagradas Formas los Obispos de Tortosa y Lérida. A las diez fué la Misa mayor, oficiando el Arzobispo de Tarragona y asis¬ tiendo los demás Obispos en el presbiterio con capa pluvial y mitra. El sermón estuvo á cargo del ilustrísimo obispo de Urgel D. Salva¬ dor Casañas, quien tomando por tema aquellas palabras que pocos dias antes habían salido de los labios del inmortal Pontífice León XIII, Golmilma noster- est, hizo una obra tan bien acabada, que cautivó la admiración del numeroso y escogido auditorio que le estaba escuchan¬ do. Esta fué la nota principal que caracterizó esta fiesta de imperece¬ deros recuerdos. Por la tarde hubo también gran velada literaria en el patio de la iglesia, adornado conmucho gusto. Esta vez, á diferencia de las de¬ más, se puso un gran entoldado á manera de cielo raso, que abrazaba todo el patio. Había en las paredes escudos, banderas, gallardetes é inscripciones en honor de la Virgen, y los balcones estaban cubiertos con los tapices propios del Convento. A la puerta de la iglesia co¬ locóse un dosel, debajo del cual había el estrado destinado á los Obis¬ pos y Autoridades. Presidió el Arzobispo de Tarragona. El Sr. Rubió y Lluch leyó un hermoso discurso relativo á la fiesta que se celebra¬ ba. Leyéronse poesías por los Sres. Paláu y Franquesa, llamando la atención de un modo particular la del inspirado poeta catalán re¬ verendo D. Jacinto Verdaguer. Peroró también el Sr. Feliu, cate¬ drático de la Universidad. Sobre todo llamó mucho la atención un discurso pronunciado por un fraile franciscano, P. Brid, enviado di¬ rectamente por el Obispo de Buenos Aires, el cual dió las gracias á los catalanes que asi honraban á Colón, en nombre de los mismos americanos que tenían el gusto de mandar un representante suyo á esta función tan extraordinaria y suntuosa. Terminó la velada con el Virolay de Montserrat, acompañado de la Banda Municipal. TI No podia terminar asi esta magnífica fiesta. Era necesario algo que recordase álos venideros el cuarto Centenario del descubrimiento de las Américas debido al gran Colón, y la manera cómo lo habían cele¬ brado los catalanes en su Basilica de Montserrat. La Junta organiza¬ dora concibió el proyecto de poner la estatua del Almirante sobre una elevada columna en la plaza que hay frente del claustro gótico. Para este proyecto encontráronse varias dificultades difíciles de resolver. Al fin prevaleció el pensamiento de regalar dos pulpitos monumenta- DE MONTSEEEAT 381 les, que son los que hoy día existen en nuestra Basílica. Abrióse una subscripción, y pronto se allegaron los medios, que no debían ser escasos, para obra tan costosa y tan perfectamente acabada. Dióse comienzo á ella trabajándose con mucha actividad. El mismo día del Centenario, concluidos los divinos Oficios, y con el mismo séquito de Obispos, Autoridades y demás Corporaciones, "fueron éstas al lugar destinado para la colocación de dichos pulpitos, y se puso la primera piedra con aplauso y satisfacción de todos los concurrentes. Fué tanta la actividad con que se llevó á cabo esta obra, que el día 8 de .Julio de 1893 fueron inaugurados en la función dedicada al Patrocinio de nuestro glorioso Padre San Benito, enteramente acaba¬ dos. Son verdaderamente imponentes por su grandeza, llenan la espa¬ ciosísima nave de este gran templo, y sorprenden y admiran á cuan¬ tos tienen la dicha de visitar por primera vez la Santa Imagen. Son de mármol. Tienen por base una triple columnata muy elegante y de bellísima forma ; y en los plafones llevan historiadas varias escenas entre misioneros é idólatras en bajo relieve. Eematan con doseletes ó agujas estilo gótico de extraordinaria elevación. El conjunto produce magnífico efecto, y constituye otro de los adornos más principales del templo. Ill Triplemente memorable será para siempre el dia de la celebración del cuarto Centenario de Colón, ora por la magnifica función religiosa que tuvo lugar en este Santuario, ora por los monumentales pulpitos que traen origen de esta fiesta, y también por la inauguración del primer ferrocarril de cremallera en España, construido exprofeso para los devotos que visitan á Nuestra Señora de Montserrat. Hacia ya algunos años que se hablaba de este pensamiento ó pro¬ yecto, se habían practicado algunos trabajos, pero el público lo toma¬ ba á broma, y nunca se creyó que llegara á ser una realidad. Hasta caducaron muchos permisos de las compañías que los habían solicitado del Gobierno. Mas al fin la cosa se formalizó. Una compañía suiza la tomó de su cuenta, y aquello que se creía ser un imposible, bastó poco más de un año para que fuera un hecho. Grandes, muy grandes eran las dificultades, pero la inteligencia del hombre, acompañada de los adelantos de la época, las orilló y venció todas. Tuvo este ferrocarril muchos contradictores. Concluidos ya los trabajos y dispuesta la linea para ser entregada al público, clamaron 382 NUEVA HISTORIA algunos periódicos sobre si estaba 6 no estaba bien construida, sobre si había 6 no peligro en ella. El G-obierno mandó ingenieros... y la línea no se aprobaba. Vino más tarde el Gobernador Civil en persona acompañado de algunos señores para inspeccionar las obras oficial¬ mente; y al fin se dió el permiso para su explotación. ¡Feliz acuerdo tuvo la Junta! Ningún día podían escoger más á propósito que el de la fiesta de Colón. Efectivamente, así como por la mañana había tenido lugar la colocación de la primera piedra para los nuevos púlpitos, aprovechando la presencia de tantos Obispos, Autoridades y Corporaciones, de la misma 'manera la Junta de esta línea ferroviaria supo aprovechar la ocasión para bendecirla é inaugu¬ rarla. A hora competente, los Prelados, Corporaciones y público se diri¬ gieron á la estación de esta misma Montaña por la tarde, y el Obispo de Barcelona, revestido de pontifical, dió la bendición y demás cere¬ monias que prescribe el Ritual Romano, después de la cual hizo un pequeño discurso. Preparada la máquina que llevaba por nombre San Jerónimo, emprendió su marcha el primer tren, llenos los coches de convidados, hacia Monistrol, sin haber sufrido ninguna avería duran¬ te el trayecto recorrido. Es cosa muy de notar, que en los tres años cumplidos que lleva de explotación, no ha tenido percance ni desgra¬ cia alguna esta vía, como si la Santísima Virgen la hubiese puesto bajo su protección y amparo. Justo es que en recompensa tenga la Compa¬ ñía las atenciones posibles al Santuario. CAPÍTULO DÉCIMOCUARTO Instalación de Colegio de misioneros.—Preparativos para el em¬ un barque de la primera Misión.—Llegada de los misioneros á Manila. I Vamos á ocuparnos en este último capítulo sobre las Misiones que están á cargo de este Monasterio y que acaban de inaugurarse en las islas Filipinas. Mas antes no será por demás hacer un poco de histo¬ ria. El pensamiento de ellas es debido á Fr. Rosendo Salvado, bene- DE MONTSEKBAT 383 dictino yobispo de Puerto Victoria. Deseoso este Prelado de fundar yestablecer un Colegio de misioneros en España, fijó sus miradas en Montserrat, y se dirigió á su Padre Abad en los siguientes términos : .1 reverendisimo Padre Abad. Hallándome nuevamente Ilustrísimo y autorizado por el Gobierno de S. M. el Eey (Q. D. G.) para esta¬ blecer en España, en el lugar que yo crea oportuno, un Colegio de misioneros Benedictinos con destino á las Misiones de Ultramar, me tomo la libertad de proponer á V. y á su santa Comunidad de este Monasterio poner dicho Colegio bajo la sombra y protección de , Nuestra Señora de Montserrat venerada en este famoso y cèlebre Santuario. súplica viene admitida y aprobada de Vds., tendré "Si esta mi por admitidosaprobados los detalles que para realizar tan grande y empresa son necesarios, detalles que serán del todo en conformidad á las facultades que me han sido conferidas según las circunstancias exijan. "En espera favorable contestación, se repite á sus órdenes de una este su de Septiembre de 1884.— afectísimo hermano. Montserrat, 11 Er. Rosendo, obispo de Puerto Victoria, Abad JS'ullms de Nueva Nurcia.—Timo, y Rdmo. P. D. Miguel Muntadas, abad de Montse¬ rrat.» súplica el Abad llamó á la Comunidad de este En virtud de esta Monasterio, y reunida en Capítulo, deliberó con madurez la proposi¬ ción hecha por el obispo Salvado, y en vista de las grandes utilida¬ des que podia esto reportar á la Religión Benedictina de España, nadie puso reparo en ella. Aceptada que fué, el P. abad Muntadas puso la siguiente comunicación: "Ilustrísimo y reverendísimo señor Obispo de Puerto Victoria. Muy señor mío y venerable hermano; en¬ terado de la carta de S. I. del 11 de los corrientes, debo manifestar¬ le, que no pudiendo resolver por mí mismo su propuesta, llamé á los Padres del Consejo, los cuales por unanimidad han votado favorable¬ mente á ella; y no he llamado la Comunidad á Ca¬ contento con esto, pítulo, y la convocatoi'ia, hemos resuelto y con¬ expuesto el objeto de venido de común acuerdo aceptar la proposición formulada y presen¬ tada por V. T. Lo que tengo el honor de comunicar á V. T. para su gobierno. Con esta ocasión, tengo el gusto de repetirme de V. I. afec¬ tísimo hermano Q. B. S. P. A.—El Abad de Montserrat.—Montse¬ rrat, 14 de Septiembre de 1884.» Púsose en seguida conocimiento del Gobierno este acuerdo; en éste pidió informes al Obispo diocesano, y de ahí procedió la canónica institución del Colegio de misioneros de Ultramar, establecido en 384 NUEVA HISTORIÀ este Real Monasterio de Montserrat. Fué tal la actividad que se im¬ primió á este asunto, que el día 6 de Febrero de 1885 llegaban los primeros jóvenes en número de veintiuno, que voluntariamente se aprestaron para formar parte en las filas del ejército de nuestro glorioso Padre San Benito, y dar comienzo á sus estudios eclesiásticos, habien¬ do sido recibidos con toda solemnidad á las puertas de la iglesia. 11 Después de la fundación de este Colegio, dióse el mayor impulso posible á la enseñanza para la formación de la juventud que se iba presentando. El Gobierno, de común acuerdo con el Padre Abad, se impusieron la condición de que los jóvenes de este Colegio no estarían obligados á salir para las Misiones hasta después de diez años, á con¬ tar desde el día de la apertura oficial del mismo. Estaba ya terminado este plazo, y era preciso dar comienzo á los preparativos necesarios para el cumplimiento de la palabra. Era ya llegada la hora de mandar jóvenes á Ultramar. Mas como el señalar el lugar de la Misión no dependía de Montserrat, sino del Gobierno, el Padre abad D. José Deas emprendió un viaje á Madrid al efecto de agenciar este asunto y saber el punto que se le señalaría para empezar la Misión. Quiso la Providencia que los Padres Jesuítas, en virtud de ciertas conferencias que tuvieron con el Padre Abad, le proporcionasen un número algo considerable de parroquias, del ai'- chipiélago de Filipinas, isla de Mindanao, de que ellos deseaban des¬ prenderse. Considerando que convendrían á nuestra Misión Benedic¬ tina, fué comunicado y aceptado por el Gobierno este pensamiento. Desde este momento ya no se pensó en otra cosa que en hacer los preparativos para la marcha. Se encargó la construcción de las imᬠgenes de Nuestra Señora de Montserrat, bajo cuya invocación está la Misión y los pueblos que formen parte de ella, de San Benito y Santa Escolástica, el glorioso patriarca y fundador de la Orden be¬ nedictina, y su santa hermana. Entre tanto el Gobierno despachaba los documentos necesarios para que la Misión reuniese todas las cir¬ cunstancias de legalidad correspondientes, sin que ninguna Autoridad civil ni eclesiástica pudiese estorbarla ni entorpecerla ahora ni en ningún tiempo, y disponía al mismo tiempo que el personal que debía marchar tuviese gratis el pasaje, y el Padre Abad iba multiplicándose y trabajando infatigablemente para que nada faltase el día de la mar¬ cha y proveyendo al mismo tiempo todo cuanto podría ser necesario en aquellas tan apartadas regiones. DE MONTSERRAT 385 No descuidó tampoco hacer con tiempo la elección del personal que se necesitaba para emprender obra tan colosal y difícil, de suerte que en todo demostró el P. Deas ser el hombre escogido por la Pro¬ videncia para atender á tantos asuntos y resolver tantas dificultades. En esta parte es digno de todo elogio y mereció bien de la Religión. m Así preparadas las cosas, y puestos bajo la égida de la Patrona de Cataluña y Madre de los monjes benedictinos de Montserrat en el Oficio solemne de despedida que se celebró en día tan señalado como el de la Asunción de Nuestra Señora, llegó por fin el de la partida. Todos salieron alegres y contentísimos de este Monasterio, y el día siguiente, 16 de Agosto de 1895, zarparon del puerto de Barcelona con el vapor Isla de Panay el abad D. José Deas, los PP. D. Se¬ bastián Sorrondo, D. Fulgencio Torres, D. Mauro Ruíz, D. Enrique Altimira, D. Romualdo Moral, D. Martin Diez y D. Tomás López, todos monjes sacerdotes. Y los Hermanos Fr. Esteban Burch, fray Plácido Carreras, Fr. Fructuoso Carreras, Fr. Martirián Xuclá, fray Isidoro Arnaiz, Fr. Román Caraltó. Todos iban destinados á Surigao, capital de provincia en Mindanao, islas Filipinas. Bien se conoce que Dios les protegía y que la Virgen de Montse¬ rrat los tuvo bajo su santa protección. A pesar de que la mayor parte de ellos, por no decir todos, no habían viajado nunca por mar, todos tuvieron un viaje tan feliz como se podía desear. Al mismo tiempo fueron también muy atendidos por la tripulación, desde el más alto empleado hasta el simple marinero. Nada les faltó, ni novedad tuvie¬ ron en tan larga travesía. No podemos ni queremos describir por nosotros mismos el feliz arribo de nuestros misioneros á la ciudad de Manila, capital de las islas Filipinas. Mejor será que insertemos aquí copia de la primei'a carta que escribió desde dicha ciudad el P. Deás. Dice asi: "Reve¬ rendísimo P. D. Antonio Ruera, Abad Visitador, Montserrat.—Muy querido Padre: como habrá leído ya en los periódicos del jueves 12 del corriente, á las seis de la mañana echaba anclas el vapor Isla de Panay en la grandiosa y magnífica bahía de Manila, después de un viaje relativamente feliz, pues en verdad podemos decir, que no tu¬ vimos más que cuatro días de mareo bastante regular, dos en el Me¬ diterráneo y dos en el mar de las Indias. De cuatro días que estuvi¬ mos en el mar Rojo, dos fueron relativamente frescos, los otros bas- 386 NUEVA HISTORIA DE MONTSERRAT tante calurosos. El mar de China, que parece el más temible, estuvo quieto durante nuestro Gracias á Dios y á la Virgen Santísima paso. de Montserrat por tantos beneficios como se lia dignado dispensarnos en nuestro viaje y llegada á esta ciudad. Espero que se dignará man¬ dar la celebración de un Oficio en acción de gracias. «A poco de haber echado anclas vino el Gobernador á visitarnos y saludarnos en nombre de todas las Autoridades, y después los Jesuí¬ tas P. Eicart y P. Rosell, anunciándonos que esperásemos un poco para poder reunirse las Autoridades, que querían recibirnos y cantar un Te Deim en la Catedral. A las nueve nos embarcamos en un vaporcito. Al saltar en tierra, encontramos varios coches que nos trasladaron á la Catedral, en donde nos aguardaban las Autoridades civiles y eclesiásticas con los Superiores de las Ordenes Religiosas, el Cabildo y Clero Catedral. Llegados al presbiterio, me revestí con los ornamentos pontificales, y puestos en medio del altar, con los mi¬ nistros y maestro de ceremonias, entoné el Te Deum, que cantó la Capilla de música de la misma Catedral. Después nos obsequiaron en la Sala Capitular con un magnifico refresco, y entonces fui presentado á las Autoridades allí presentes. Fuimos luego trasladados al Colegio de los Padres Jesuítas, siendo recibidos con mucha alegria y con una buena comida. Dentro de dos días iremos á ocupar la casa de campo que llaman Santa Ana, donde vivirán en Comunidad los Padres y Her¬ manos, y yo con los PP. Ricart y Fulgencio iré á Mindanao por ver lo que se resuelve. "ElArzobispo no pudo asistir á la recepción por hallarse enfermo; pero ha sido iniciativa suya la dignísima recepción que se nos ha he¬ cho. Quiere que tengamos una residencia aquí para confiarnos una parroquia que se va á crear de nuevo. Todos los Padres y Hermanos saludan á V. Rma. Paternidad, y yo tengo el gusto de repetirme su afectísimo en Cristo.—José Deás, O. S. B.—Manila, 14 de Septiem¬ bre de 1895.» Desde aquella fecha hasta la hora escribimos el presente en que capitulo, poco es lo que se ha podido adelantar, porque aquellos países son muy diferentes de los nuestros. Las distancias son largas, y los medios de comunicación difíciles. Algunas de las parroquias están ya ocupadas, aprendiendo nuestros Padres el idioma de aquellos indios. ¡Sea todo para mayor gloria de Dios y honra de su Santísima Ma¬ dre de Montserrat! FIN.