ÉPOCA DE D. JAIME EL, CONQUISTADOR LÁMINA XII Celada del siglo xm, número 1248. Este género de cascos ligeros, solían ser usados por los peones, sobre todo los arqueros, y cuando los llevaban los caballeros, era para ponerles encima los pesados yelmos de aquella época, los cuales se empleaban el preciso tiempo que duraba el combate y que antes y después del mismo, se lo quitaban entregán- dolo al escudero que lo llevaba en el arzón de la silla. En la calva, esta celada lleva dos marcas que no ha sido posible descifrar y que según todas las apariencias eran el escudo de armas de su antiguo po- sesor. Los agujeros que lleva en su borde servían para dar paso á los roblones que sujetaban la cofia ó forro acolchado que le guarnecía interiormente al ob- jeto de amortiguar los golpes que recibiera en el combate. Contemporánea de esta arma fue la toma de Constantinopla por los cruza - dos (1203), la de Damieta por los mismos (1219), la fundación de la Orden de la Merced por San Pedro Nolasco (1223) cuyo acto se celebró en Barcelona. En 12S0, San Luís cayó prisionero de los Sarracenos en la Palestina y el príncipe Don Alfonso sabedor de esta desgracia se cruzó para ir á la Tierra San- ta. Poco tiennpo después (i25r) el almirante de Castilla D. Raimundo Bonifacio logró una grande victoria naval en las costas de Marruecos, en la cual muchos buques Sarracenos fueron echados á pique y varios otros apresados, quedando deshecha la flota Mahometana. LÁMINA XIII Celada aragonesa de fines del siglo xiv. Número 1263. En un tríptico que se conserva en la Academia de la Historia, que perte- nece á dicha úpoca (1390), uno di: 'os tres guerreros aragoneses en el pintados, lleva una celad;, igual á la pivserHe. Número Goo. Alabarda del siglo xiv. Ksta arma conocida en Dinamarca desde principios de nuestra era, fue introducida pronto en Alemania, de cuyo país pasó á Suiza y de allí en Francia por el año 1420. Se atribuye á Luís XI (1461-1483). el haberla dado como arma de guerra d sus soldados. Kl número 5Q2 corresponde á una Guisarma. Parece que los escandinavos usaron esta arma de asta desde principios de la era cristiana, pero no fue hasta el siglo xn que se introdujo en las naciones latinas. Su forma varió en diferentes épocas, correspondiendo la presente á principios del siglo xiv. Kra arma de peón y como se desprende de su lorma, servía para desjarre- tar á los caballos, desmontar d ] > jinetes, arrancar piezas de las armaduras y LiMINA XXIII Número S32. Silla armada I bridona del siglo xv. El horren delantero está cubierto con tres chapas de acero, sujetas por seis tornillos, cuyas cabezas tie- nen la forma de una cruz. Su borde superior abordonado, las dos canales transversales y la disposición de sus planos, demuestran el lujo de precaucio- nes que se tomaban i fin de evitar que la punta de la lanza encontrase en él apoyo. Kl borrén trasero va cubierto con dos planchas sujetas por cinco tor- nillos: su parte superior termina en dos brazos que sostienen posterior y late- ralmente al caballero para que pudiera resistir mejor y dar con más fuerza un bote de lanza. Toda la silla está forrada de damasco amarillo recamado de plata dorada y guarnecida con un fleco de oro y seda. Rarísimos son los ejem- plares de cste'género. ostentando la marca número 164, el que describimos. l.a silla no comenzó á usarse hasta principios de nuestra era, puesto que tanto los asirios, egipcios, griegos y demás pueblos de la antigüedad, aunque contaron en sus ejércitos con masas de ginetes armados, fueron siempre en corto número, ya que los carros de guerra constituían su caballería. En los ' bajo relieves de los arcos de triunfo de Orange y de Trajano, vensc represen- taciones de soldados á caballo, constituyendo la silla una piel de animal. Hasta el siglo iv no se hace mención de la silla y hemos de creer que si Zonaras la describe minuciosamente en aquella época, habla de ser por efecto de la nove- dad que representaba su uso. Variadísima ha sido su forma y estructura, tanto como lo son las épocas y pueblos que !a han utilizado. Él'OCA 1>K LOS RKYKS LÁMINA Número 4N7. Armadura de torneo, correspondiente al último tercio del siglo xv, mereciendo especial mención, la celada, por hallarse unida la babera al" peto, por medio de dos tornillos y existir en la visera un a modo de venta- nillo, en el lado derecho, para dar paso á la boquilla de la bocina y aun hablar pues de lo contrario no hubiera sido posible efectuarlo á los caballeros sin descubrirse. Llama la atención en este tipo la originalísima cuanto rara pieza de refuerzo que proteje el hombro izquierdo, que suple á la bufa, por más que no se asemeje á aquella por su estructura. Las rodilleras ostentan la marca número 157, cubriendo la mayor parte de las piezas una rica sobrevesta de sirgo rojo recamada de oro. Distinta es la estructura que presentan las armas de los tiempos medios, según fuese la aplicación que debía dárseles, ya que diíieren aun las destinadas d los ejercicios militares ó caballerescos, puesto que el torneo propiamente di- cho, como la justa ó el paso de armas, exigían del campeón el uso de diíerente clase de medios de ataque, y por consiguiente de defensa. Y tan es así. que los cascos y armaduras de turneo tenían , menos peso que las destinadas á la gue- rra; las espadas carecían de ülo, y las férreas mazas eran sustituidas por sim- ples bastones de madera. La justa, ó sea el combate con lanza, ofrecía otro carácter y no estaba exento de peligros. De ahí que se reforzase el casco, ha- ciéndolo extremadamente pesado, y que todas las piezas que lo constituían respondieran al propósito de aumentar la defensa. Cuanto á los pasos de armas ó sea el combate á pié, exigía también armas especiales, diferentes asimismo de las empleadas para la guerra. May que observar que durante los siglos xni y xiv no se utilizaron para los ejercicios militares otras armas que las gene- ralmente empleadas en los verdaderos combates, adoptándose en la décima cuarta centuria el yelmo para las justas cuando el bacinete devisera movible demostró su superioridad sobre aquel, comn arma defensiva, pero vistos los inconvenientes que ofrecía, reemplazóse en el siglo xv por la celada llamada de justa, semejante á la de guerra, de la que se distinguía únicamente por su mayor peso. Sangrientos accidentes ocurrían en esta clase de fiestas caballerescas, verda- deros simulacros militares, que por hallarse ajustados al espíritu guerrero de aquellos tiempos, no lograron destruir las bulas y ordenanzas promulgadas por varios pontífices y moníarcas. Tanto las justas como los pasos de armas regulábanse por medio de reglamentos especiales, cuyo articulado revela su carácter y tendencia. Para aquellos á quienes pueda inteiesar ampliar estas someras noticias, nos permitiremos aconsejarles consulten «Kl Paso Honroso» de Suero de Quiñones y \as,Ordinacü>nes de la cofradía de M-ossen Sent-Jordi existentes en el archivo de la Diputación Provincial de Barcelona. ÉPOCA UK LOS REÍYKS CATÓLICOS LAMINA XXV Número 483. Armadura de torneo del siglo xv. Consta de elmete de los llamados de pico de gorrión, provisto de sobrecalva y visera movible visclada, abriéndose en dos piezas laterales para facilitar su colocación. Hállase marca- da con el número 85. Ofrece interés la pie^a de refuerzo, llamada sobrevcntalla, que tiene la forma de un barbote unido a la ventalla, teniendo por objeto re- emplazar á aquél ó bien para dificultar la presa que pudiera hacer la lanza. El peto, abombado, hállase dotado de un;i aleta, en su parte derecha y ristre de gran resistencia, cubriendo la bufa, el brazal y hombro izquierdo. Con la dies- tra mano cubierta de ferrado guante, empuña una lanza de torneo. Las justas ó torneos contribuyeron á aumentar la importancia de las ar- maduras, siendo causa ó motivo de que en ellas se introdujeran algunas mo- dificaciones, perdiendo su simetría, ya que en la armadura de torneo aparece desigual un lado de otro, debido á la posición que debía guardar á caballo el justador al verificar las arremetidas. De ahí que la sección de la armadura que cubría el lado derecho, permitía más juego al brazo que debía sostener ó ma- nejar el lanzón, en tanto que el izquierdo llevaba en ellos piezas de refuerzo por tener que cuidar solo de las riendas, agregáronse asimismo á la arma- dura, dos piezas características, la tarja ó tarjeta, especie de escudo cuadrado que se sujetaba subre la parte superior izquierda del puño, á modo de pieza de refuerzo, y el ristre, hierro que, ajustado en la parte superior derecha del peto, servía para apoyar el lanzón horizontalmente en el momento de la aco- metida. Destinóse también á la armadura de torneo un casco especial, alyelmn, que recibió el nombre de baúl, cuando sus dimensiones excedían de las de aquél. Las lanzas de junta ó torneo alcanzaban mayores dimensiones que las lla- madas de guerra, y el hierro afectaba distintas formas, si bien todas ellas se distinguían por su estructura más ó menos cilindrica ó aplastada, pues siendo el objetivo del justador anular por medio de la violencia del choque las armas defensivas del contrario ó desarzonarle, no precisaba el hierro, la aguzada punta ni cuchilla, propias de las lanzas de combate. Varios tipos usáronse en los torneos, entre ellos el llamado galante, distinti- vo por lo grueso del asta y por terminar el hierro en tres puños ó botones: el bohordo, destinado á los juegos de cañas y ejercicios de la jineta: el cstajermo, usado también para las cañas y sortija; el roquete ó lanza de roquete, por ter- minar el hierro en cuatro puntas pequeñas ó roscas, con el objeto de que se detuviese ó hiciese presa en alguna parte saliente de la armadura; la gambe- sina, y otras más de escaso interés. ÉPOCA UF. D. JUAN II DE ARAGÓN LXMINA XXVI Número i .178. Lombarda del siglo xv. Tal es la denominación con que se conocieron las primeras piezas de que se tiene noticia, hallándose constituidas por varias piezas ó barras de hierro forjado, unidas de manera que formaban un tubo cilindrico, sujeto por medio de aros, asimismo forjados, que cubrían en toda su longitud, y sobre la unión de éstos, otros de menores dimensiones, dotados de grandes argollas para facilitar su manejo y sujeción á la cureña por medio de cuerdas. Sus dimensiones y peso, hacían difícil y costoso su manejo y transporte. Basta recordar que las lombardas que batieron los muros de Alge- ciras en 1342 arrojaban pelotas de 208 kilogramos, y se comprenderá, sin es- fuerzo, fueran necesarios doscientos hombres para el servicio de cada pieza y algunas yuntas de bueyes para el arrastre. Los pueblos orientales, emplearon las composiciones ó mezclas incendia- rias lanzándolas con máquinas semejantes á los fundíbulos, siendo los árabes los primeros que se batieron con armas de fuego. En una crónica del siglo xn hácese ya mención de un combate naval en el que los moros sevillanos despe- dían desde sus barcos truenos de fuego. D. Alfonso el Batallador empleó tam- bién, según Conde, en el sitio de Zaragoza, truenos y otras máquinas. En la siguiente centuria, utilizáronse en los sitios de Requena, Mallorca. Burriana, Córdoba, Gibraltar y Alicante, desempeñando los artilleros importante come- tido en las huestes del Santo Rey de Castilla y del monarca aragonés D. Jaime el Conquistador. La pólvora elaborada en Barcelona, gozaba de gran estima, asf como el sal- nitre, azufre y otros polvos de caynón, que expedían desde aquella ciudad para las de la península, en donde se habían establecido manufacturas. El ejemplar á que nos referimos mide i'fjo metros de longitud y fu ó ex- traído del fondo del puerto de Barcelona. UK LOS RKVKS CATÓLICOS LÁMINA XW'll Número 1177. Culebrina del último tercio del siglo xv. Así como el serpen- tín sucedió al cañón de mano, la culebrina reemplazó á aquél, hallándose cons- tituida por un tubo de una sola pieza, cuya longitud alcanza i 'Oo metros. 1 .a parte anterior del arma estaba-provista de una espiga de hierro que se clavaba en un d modo de caballete descansando el resto del cañón sóbrela cola del afuste. Apesar de las dificultades que ofrecía el manejo de la culebrina, entre otras la de ser preciso para dispararla que el culebrineru la apoyara sobre el hombro y en esta forma diera fuego aplicando la mecha, generalizóse su uso entre los cuerpos armados, en los que existían secciones especiales de soldados encargados del manejo de esta arma. Los antecedentes más antiguos que se tienen acerca de la aplicación de esta arma en España, remóntanse al año 1447, con motivo del cerco de Atienza y del sitio de Escalona, ocurrido pocos años después. \