eccio trabajo lENTJFlCO trofe, E SAiyTlAGO SECCIÓN DE MEDICINA VETERINARIA DE EL FOMENTO DE LAS ARTES SECCIÓN DE MEDICINA VETERINARIA DP, ^. EL FOMENTO DE LAS ARTES, % lâbijis mmm \ profesiíIi PRESENTADOS Y DISCUTIDOS SOCIEDAD ACADÉMICA Edición de la Gaceta de Medicina Veterinarid- TOMO SEGUN.DO MADRID, 1899 ESTABLECBIIENTO TIPOGRÁFICO DR LOS HIJOS DE R. ÁLVAKPZ Á CARGO DE ARTURO MEXÉXDEZ 15, Ronda de Atocha, 25 Teléfono 309. MEMORIII RECLIlllEIITilRIil DEL AlO ACilDEiCO DE IDSD-99 LEIDA POR EL SECRETARIO OENERAL D. EUSEBIO MOLINA SERRANO I Al terminar el segundo año académico esta benemé¬ rita sociedad, modestamente intitulada Sección de Me¬ dicina Veterinaria de El Fomento de las Artes, pre¬ séntase la saliente Junta directiva, en cumplimiento de un deber reglamentario, á dar cuenta de su labor anual y del estado en que, al presente, se halla esta Academia. Creada esta sociedad al calor del entusiasmo que produjo un hecho que formará época en los fastos de la Veterinaria patria; al calor de la general alegría que produjo la réforma del ingreso en nuestras Escue¬ las; hecho que por sí solo cambiará en sentido redentor y ien un lapso de tiempo relativamente corto la faz de la profesión, estamos obligados todos los reformistas, todos los amantes dél progreso científico, todos los amantes dé la dignificación profesional, á sostener esta Asociación, único centro social propio que tene¬ mos en la capital de España, donde la clase puede ex¬ poner su^ nobles aspiraciones y de donde han de salir cristalizadas las ideas para llevarlas, cual rocío bien¬ hechor, á las alturas oficiales que puedan traducirlas en leyes que sean la semilla productora del fruto inte¬ lectual, moral y material que necesitamos. Plantado el primer jalón por un pequeño grupo de Profesores, cuyos nombres son bien conocidos para que haya necesidad de citarlos; al festejar aquel pri¬ mer triunfo, en fraternal banquete, surgió la idea de la asociación, realizada en brevísimo plazo, y aquí esta¬ mos unidos por los vínculos de los más nobles y levan¬ tados ideales, por los vínculos que tienden á la reden¬ ción de la clase, en pro de los intereses generales de la Patria, que está por encima de todo otro linaje de consideraciones é intereses. La asociación es la base del progreso, y éste engen¬ dra el bienestar de las clases ó de las colectividades que marchan resueltamente por tan hermosa y amplia vía. Por eso todas las clases, aun las más humildes, se asocian; ejemplo elocuentísimo lo tenéis en esta casa ó en este palacio, ofrecido gratuitamente por los po¬ deres constituidos para fomentar la asociación. La Prensa, la aristocracia, los abogados, los médicos, los farmacéuticos, los músicos, los carpinteros, los zapa¬ teros, los panaderos, los carniceros y... yo no sé, seño res, si también están asociados los verdugos... Lo que si sé es que, hasta hace dos años que creamos esta sec- ción, no estábamos asociados en la Corte. Esta falta gravísima, que no tenía justificación, se subsanó en el acto á una ligera y cariñosa indicación. Constituida esta sociedad, que tantas muestras de. laboriosidad nos viene dando y cuya necesidad y utili¬ dad evidente, deber de todos los Veterinarios espa¬ es ñoles-es apoyarla y sostenerla con todas sus fuerzas, ingresando como socios de número cuantos Profesores residen en Madrid y como corresponsales todos los de provincias. Es más, aun suponiendo por un instante que fuese dudosa la necesidad y utilidad de esta sec¬ ción, debe sostenerla la clase por honra propia y para no ser una nota discordante entre todas las clases de nuestra sociedad. ¡Qué vergonzoso seria y qué tremen¬ da responsabilidad contraeríamos todos ante la Histo- toria si dejásemos morir esta Asociación! Yo creo que la clase estaría deshonrada el día que no tuviese una sociedad académica, ó por lo menos, quedaría á un nivel más bajo que el gremio de carniceros ó cortado¬ res que, como sábéis, intenta ¡nada menos! que el Go¬ bierno les entregue las Inspecciones de carnes. Ved, pues, adónde puede conducir á la clase su fal¬ ta de espíritu de asociación; ved si están justificados mis temores, y ved si es digna de que se tome en cuen¬ ta la exhortación y la súplica que dirijo á todos para que vengan á compartir con nosotros las tareas de esta Sección y á disfrutar las satisfacciones, las dulzu¬ ras y los amargos sinsabores que cosebhamos y sen¬ timos los pocos que, haciendo abstracción de egoísmos — 10 — personales, nos dedicamos á redimir la clase en pro¬ vecho de los intereses generales de la nación. * No he de hablaros de la-labor científica y profesional de la Sección de Medicina Veterinaria en su primer año académico, porque con más competencia que yo podría hacerlo os habló mi antecesor en la luminosa memoria reglamentaria que leyó en este recinto y es¬ cuchasteis con verdadero deleite. Sin embargo, no puedo por menos de llamar vuestra atención sobre uno de los trabajos, objeto preferente de nuestras tareas- Me refiero al proyecto de ley de policia sanitaria de los animales domésticos, cuya-aprobación contribuirá por modo evidente á la regeneración de la clase y al aumento y mejora de las fuentes de nuestra riqueza pública. Este proyecto, que me cupo la suerte de redac¬ tar, y que todo lo bueno que encierra es obra de vos¬ otros y os honra á vosotros más que á mí, no sólo fué aprobado en el IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía, al que acudieron sabios de todo el mun¬ do , sino que ■ también mereció la, aprobación y el aplauso de la prensa profesional, de la prensa médico- famacéutica, de la prensa agrícola y, de la prensa polí¬ tica de todos los matices..Hubo una sola excepción, en la prensa veterinaria, que á nadie extrañó, y que nos¬ otros, atentos al objetivo del bien general y de la con¬ cordia, debemos perdonar. Ese proyecto, recibido con júbilo por la inmensa mayoría de la clase, ha tenido la mágica virtud de congregar en la capital de la noble tierra aragonesa la representación de todas las perso¬ nalidades grandes y chicas de la Veterinaria patria y la adhesión de centros, académias y sociedades extra¬ ñas, al parecer, á la medicina zoológica, pero identifi¬ cadas con el espirita que informa el proyecto. ¡Loor, pues, á los compañeros que en Zaragoza hicieron suyo nuestro proyecto, y constituyéndose en Comisión per• manente de propaganda, provocaron tan hermosa co¬ rriente de opinión en pro del ideal reformista! En el presente curso se empezó la labor por nombrar una comisión que entregó al Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación el proyecto de Tarifa de honorarios, discutido y aprobado por la Sección, proyecto que, según noticias, pasó al Real Consejo de Sanidad y estudio del Consejero Sr. de la Villa y Martín, que se¬ guramente ernitirá, con la premura que el caso requie¬ re, informé favorable, dada la bondad del proyecto y el amor que el limo. Sr. D. Santiago de la Villa siente por los intereses sagrados de su clase. Acordado el tema Enfermedades del aparato diges¬ tivo para su discusión en el presente curso académico, se invitó al consocio D. José Fernández Alcalá para que se encargase de desarrollarlo. Así lo hizo en una interesante memoria que contiene datos curiosos y en¬ señanzas nuevas, sacadas de los textos más recientes y comprobadas en la piedra de toque de la clínica de los Veterinarios más eminentes y prácticos de nuestro pais 3" del extranjero. Lajabor del joven Profesor me¬ reció el aplauso de la sección, que le tributó uno muy espontáneo al terminar su lectura. En sesiones sucesivas hicieron uso de la palabra, con gran competencia los señores Aragón, Estrada y PiCrmejo, elogiando todos el trabajo del Sr. Alcalá, á la vez que impugnaron algunas de las ideas emitidas en la memoria. El Sr. García Bermejo, con la vehe¬ mente elocuencia que caracteriza sus discursos, se engolfó en provechosas disquisiciones acerca de la dosimetría en medicina zoológica. Los conocimientos científicos de estos distinguidos compañeros quedaron evidenciados en el curso de la discusión y premiados con el aplauso de la concurrencia. También intervino en el debate el Secretario que tie¬ ne la honra de dirigirse á vosotros en este momento. Terminada la discusión del tema, el Presidente, ilus- trisimo Sr. D. Simón Sánchez, en sesión de 17 de Abril último, hizo un resumen brillantísimo, pronunciando un discurso elocuente, en el cual, sintetizando lo ex¬ puesto por los oradores que habían tomado parte en la discusión, hizo un elogio entusiasta de todos, que me¬ reció por su exactitud un espontáneo imparcialidad y aplauso y la aprobación unánime de la Academia. Se ocupó la sección de la Real orden de 30 de Junio de 1898, por la que parece se quiere obligar á trabajar de balde á los Veterinarios en un servicio tan delica¬ do, comprometido é importante como lo es el de reco¬ nocimiento de los toros bravos de lidia y de los caba- — 13 — líos destinados á este sangriento espectáculo, en el cual se regocija el público aficionado y obtienen pin¬ gües sueldos y ganancias toreros y empresarios. Aun¬ que en opinión de varios debía hacerse una enérgica protesta, como la creencia de muchos era que esa Real orden no tiene carácter general y sí sólo particular para la plaza de toros de Santander, se acordó gestio¬ nar, en nombre de la sección, que se derogue esa in¬ justa é ilegal disposición, porque dándole un alcance que no tiene, acaso se intentaría abusar de la fuerza autoritaria, obligando á los Veterinarios á trabajar gratis en un servicio de interés particular, en un ser¬ vicio en el que expone su crédito científico á los furo¬ res de un público ávido de emociones sangrientas, en un servicio, en fin, que puede peligrar su vida. Cierto es que ese abuso nadie puede evitarlo mejor que los mismos Veterinarios, negándose á trabajar si no se les paga por los que demanden sus servicios profesionales. Otro de los asuntos en que se ha ocupado la Acade¬ mia, á propuesta de su Secretario, fué el de que se con¬ sidere á la sección como cuerpo consultivo de Real orden, concesión que daría una importancia extraordi¬ naria á esta Sociedad. Las gestiones hechas para cum¬ plir ese acuerdo fueron suspendidas por no haber sufi¬ ciente número de socios. La creación de las Inspecciones y Subinspecciones veterinarias de salubridad, cargos también honoríficos ó sin sueldo, fueron objeto de estudio en la Sección que entendió era un mal plagio de los Inspectores pro- 2 — 14 — vinciales del proyecto de ley de policía sanitaria de los animales domésticos; ^\agio ideado, según se dijo por un Sr. Catedrático para satisfacer caprichos per¬ sonales, ya que no para obstaculizar la aprobación de esa ley, ni menos para quitar el sueldo que en ella se asigna, como es justo, á los Inspectores que se pro¬ ponen en la misma. Aunque la Secciónno adoptó acuer¬ dos concretos, el Presidente, el Secretario y muchos consocios se ofrecieron á combatir, en la medida de sus fuerzas, esas Inspecciones y Subinspecciones que, amén de ser un atentado á las Subdelegaciones de Ve¬ terinaria, que tienen un drigen legal, no habían de ser¬ vir, y así lo ha demostrado la práctica, para otra cosa que originar conflictos de competencia. Esas novísimas plazas han resultado dos ruedas -completamente inúti¬ les en nuestra vieja máquina sanitaria, complicada y desde el momento que muchos de los nombrados Ins¬ pectores y Subinspectores, aun reconociéndoles com¬ petencia, son á la vez Subdelegados ó Inspectores de carnes, es decir, que son juez y parte. Además, algu¬ nos de los flamantes Inspectores y Subinspectores no residen en las capitales de provincia al lado de los Go¬ bernadores para asesorarlos, y sí en pueblos rurales de escasa importancia. ¡Cosas de este desdichado país y de esta pobre clase! En cuanto la sección se apercibió de que se había constituido un Gobierno que parecía estable, acordó que una comisión de su seno entregase al e.xcelentísi- mo Sr. Ministro de la Gobernación un ejemplar del — 15 — proyecto de ley de policía sanitaria, con respetuosa exposición en súplica de que el Gobierno lo presente á las Cortes á la vez que el de le}^ de sanidad, acuerdo que fué cnmplido en 4 de Abril último por los señores Sánchez, González Marcos, Montero y Molina. En previsión de que el Gobierno ó las Cortes no tu¬ vieran tiempo de ocuparse del proyecto de ley de poli¬ cia sanitaria délos animales domésticos, se acordó ges¬ tionar que los servicios sanitarios é higiénicos que competen á la Veterinaria fuesen incluidos en la ley de sanidad. Al efecto, los señores Presidente y Secre¬ tario se ofrecieron á gestionar cerca dei ilustre Doctor Calleja, Presidente del Real Consejo de Sanidad y de otros Consejeros, cumpliendo su compromiso y llevan¬ do á la Sección buenas impresiones, pero sin precisar nada, porque nada concreto habían podido saber. Por último, ha dado fin á sus tareas del presente curso con la lectura de un trabajo original del socio corresponsal D. Juan Morcillo acerca de La sarna de las gallinas, interesante é instructiva monografía en la que su autor se ocupa con gran extensión, minu¬ ciosidad y competencia de cuanto se refiere á esta enfermedad en su triple aspecto médico, higiénico y sanitario, acompañando á la vez una lámina fotográfi¬ ca de perfecta ejecución y cuatro preparaciones mi- crográficas muy bien hechas de un caso de sarna ob¬ servado por el ilustre y venerable Inspector de carnes Sr. Morcillo, honra de nuestra profesión. 4: — 16 — Aunque esta Sección se halla en condiciones de vivir luengos años con su actual número de socios, podría llevar una vida próspera y floreciente y transformar¬ se en cuerpo consultivo si el espíritu de asociación es¬ tuviese encarnado en las entrañas de la clase y si de los 200 Veterinarios que acaso existen en Madrid y de los 14 000 que viven en provincias fuesen siquiera la mitad socios de número y corresponsales. A conseguir este ideal debemos dedicarnos los que hoy somos so¬ cios, rogando y suplicando á todos los compañeros que vengan á compartir con nosotros las tareas aca¬ démicas. Como no pedimos nada para nosotros; como pedimos esto para honra y brillo de la clase, no ten • gamos reparo en hacer propaganda y ya veremos cómo los que tengan un resto de-amor á su clase vie¬ nen á ingresar en esta Sociedad central. Cuenta, pues, en este momento, la Sección de Medi¬ cina Veterinaria, con los miembros siguientes: Socios honorarios j Nacionales 14 ( Extranjeros— 13 Idem de número 37 Idem corresponsales 102 Total 166 Entre las bajasque acusa la lista de socios de nú¬ mero, por ausencia de la Corte unos, inexplicables otras, hay dos muy sensibles: la de nuestro inolvida¬ ble y pundonoroso Vicepresidente D. Pantaleón Sán¬ chez Moya, desaparecido prematura é inesperada¬ mente de este mundo de miserias y dolores, y la de nuestro no menos digno consocio D. Juan Pinedo Ortiz. La Academia lamentó estas sensibles pérdidas y dedi¬ có un cariñoso recuerdo, en sentido mensaje de duelo, que entregó á las señoras viudas de estos dos dignísi¬ mos compañeros. * '■i-- * El estado económico déla Sociedad es satisfactorio, no obstante el escaso número de socios corresponsales, comparado con el crecidísimo contingente de Veteri¬ narios civiles que existen en España, Ni siquiera al¬ canza al 1 por 100 la cifra de asociados, á pesar de lo exigua ó modesta que es la cuota que se abona. He aquí el estado de fondos: Pesetas. Existencia en caja del año anterior.. 116,20 Ingresos durante el año económico de 1898-99. 390,50 Total 506,70 Gastos durante el año corriente 143,50 Quedan en caja 363,20 - 18 — La totalidad de los gastos hechos lo han sido por impresos, papel y sellos, pues otros que se han origi¬ nado fueron abonados, con una generosidad plausible, por nuestro digno Presidente, sabéis, pagó que, como laimpresión de la anterior Memoria reglamentaria, contribuyó diferentes veces con cantidades más ó me¬ nos grandes á necesidades especiales de la sección y de la Sociedad general, y seguramente continuará con estas demostraciones de amor á la Sociedad. II Place ya muchos años, cerca de veinte, que me la¬ mentaba de falta de unión en la clase, y desde lejanas y queridas tierras españolas, ho}' en poder de rapaz extranjero, llamé en la Prensa la atención de los com¬ pañeros peninsulares, sin otra autoridad que los ardo¬ res juveniles de los veinticinco años. Decía entonces, y repito ahora, que no me daba explicación, que no comprendía bien la actitud pasiva de algunos compro¬ fesores de reconocidos méritos por su probada ilustra¬ ción ó por la alta posición que ocupaban dentro y fue¬ ra de la clase: Profesores que tenían y tienen el deber moral de poner sus profundos conocimientos y su in¬ fluencia personal al servicio de la colectividad veteri¬ naria. Esa aptitud deplorable influye mucho en la mar¬ cha de los acontecimientos, toda vez que hay Profeso¬ res que, ya sea por no tener criterio propio, por falta de carácter, por exceso de humildad, ó bien por otras f — 19 — causas, adoptan de su conducta la de tal ó por norma cualpersonalidad ilustre, unida á ellos por vínculos de amistad, de gratitud ó de... educación... : Eso es un error crasísimo, un proceder lamentable. No se trata de personas, se trata de ideas, de princi¬ pios, y hay que anteponer las ideas á las personas, sean estas las que sean, vistan el ropaje que quieran y ocupen bajos en la esca¬ los peldaños más altos ó más la profesional de uno ú otro orden. ¿Qué importa que tengamos personalidades de gran saber, de categoría elevada (acaso como nunca soñaron), de brillante po¬ sición y de superior jerarquía, si permanecen mudas j silenciosas, si es que no propagan ideas contrarias á la concordia y á la asociación? Esas personalidades, se¬ ñores, valen menos y sirven menos los intereses de la colectividad que el Veterinario más modesto del pue¬ blo más pequeño de España. Es preciso entiendan nuestros hermanos de in¬ que fortunio, que ante todo y sobre todo debemos conside¬ rar y anteponer las ideas á las personas, y que se pe¬ netren bien de los males que nos aquejan, para allegar cada cual en la medida de sus fuerzas los remedios ne¬ cesarios á la curación, remedios indicados en ocasio¬ nes mil por entusiastas compañeros á quien todos co¬ nocemos y guardan un á quien los buenos estiman y profundo respeto y justicia. á los que la Historia hará Puesto que vemos con pena la indiferencia de algu¬ nos Profesores que han llegado al pináculo de la cien¬ cia, á las cumbres de la enseñanza; puesto que contem- I I É — 20 — piamos con dolor la apatía de otros que han alcanzado puestos elevados, empleos superiores, quizá y sin qui¬ zá por la labor y los esfuerzos de unos cuantos obreros desinteresados y entusiastas de la colectividad; pues¬ to que no se comprende el mutismo de los que ateso¬ ran un caudal de conocimientos científicos y literarios, séanos permitido llamar á las puertas de su razón y de su conciencia y recordarles que cuando se ha ganado esa sublime investidura, que obliga á despertar los en¬ tendimientos de una juvmntud que acude á su lado con una perpetua primavera de ilusiones á cambio de la verdad y de la ciencia; que cuando se ha alcanzado ese honroso uniforme que obliga á dirigir por el camino del deber y del honor á los miembros de la colectivi¬ dad; que cuando se han seguido -largos años de una carrera brillantísima ó se ha pasado por esos terribles combates de la práctica y se ha recorrido una prolon¬ gada vereda accidentada y espinosa, ó se ha llevado una vida amargada por grandes y crueles sufrimien¬ tos, no cabe ya dormirse en los laureles, ni menos en¬ gañar á la juventud y á sus enmaradas diciéndoles que se hace algo sin hacer nada. Es obligación moral elevar esos entendimientos á la región serena de las ideas que levantan y ennoblecen los espíritus; es deber sagrado guiar á sus compañeros todos por entre las escabrosidades de la vida real, con paternal cariño, con saludables consejos y hasta con reprensiones que estimulen, pero que no depriman, para formar y for¬ talecer los corazones y mantener vivo el pundonor. — 21 — Es muy honroso y muy humano olvidarse de sí, olvi¬ darse de lo pasado para consagrarse plena y absoluta¬ mente al culto puro y desinteresado del bienestar pro¬ fesional, del bienestar colectivo, que es el culto de la verdad y del progreso, el lustre de la ciencia, el decoro de la corporación y el bien de la Patria. La clase veterinaria debe tener solo un objetivo, un solo punto de mira y caminar siempre fraternalmente unida en persecución de ideales más ó menos asequi¬ bles, pero justísimos y superiores á la triste realidad presente. No debemos marchar separados, porque la Veterinaria patria es una; las conquistas que realice el elemento civil indefectiblemente han de trascender al elemento militar; las mejoras, las reformas que al¬ cance la parte militar refluirán, á no dudarlo, hacia la parte civil. ¡Quédese en buen hora esa separación para las funciones interiores ó inherentes á la especial mi¬ sión de cada grupo! Nosotros no debemos hacer otra división, otro ais¬ lamiento que el de los elementos de uno y otro grupo que no se encuentren en la total integridad de sus propiedades ; debemos acumular la mayor suma de ilustración; cantidades crecidas de moralidad, de hon¬ radez y de compañerismo; perfecta subordinación y mucha, muchísima educación social y profesional: cua lidades ó virtudes de primera é indispensable necesi¬ dad. ¡Como que son las que ennoblecen y dignifican! No es de hoy este modo de pensar. Allá por el año de 1881, mientras dormían tranquilos, resignados con — 22 — SU suerte muchos de los que han disfrutado y disfru¬ tan las prebendas de las gestiones de otros, hablaba en la Prensa de este modo : deseafnos la asociación y por "Nosotros, ¡cómo no!, eso estamos asociados; nosotros, al hablar en este mo¬ mento como Veterinario militar, no podemos por me¬ nos de manifestar nuestro entusiasmo al pensar que los distintos miembros del cuerpo de Veterinaria mili¬ tar estuvieran techo, es¬ congregados bajo un mismo tuvieran reunidos por iguales ideas, tan reunidos si¬ quiera como sus nombres lo están en su homeopático escalafón. ¡Con cuánto placer leeríamos en este apar¬ tado rincón y convertidas en realidad estas ó pareci¬ das palabras!: La Uttión de los Veterinarios del Ejér¬ cito, sociedad académica... Si la -importante trascen¬ dencia de esa academia está en la mente de cuantos nos honramos vistiendo el honroso uniforme de nues¬ tro valiente Ejército, de tiempo es ya de que salgamos ese letal quietismo y entremos en el moderno concier¬ to social, marchando resueltamente por la vía del pro¬ greso y agitándonos con cordura en el anchuroso campo donde todas las clases se agitan; tiempo es ya de que el desorganizado organismo veterinario militar se mueva... trate de organizarse; tiempo es ya de que nuestros compañeros, sin distinción de categorías, se aproximen los unos á los otros y funden una asocia¬ ción que, ora sea con el nombre de Academia, ora con el de Ateneo, ora con otro cualquiera, patentice con sus trabajos todo cuanto tenga relación directa ó indi- recta con el Ejército y sea de nuestra incumbencia...„ Si eso escribía hace diez y ocho años; si de entonces acá he demostrado, con hechos reales y positivos, mi amor á la asociación; si en el corto plazo de tiempo que los Profesores militares estuvimos asociados se lograron mejoras que á muchos, llamándome iluso, les parecía imposible lograr, ¿cómo no he de insistir hoy en proclamar las excelencias de la asociación y acon¬ sejar la unión de todos los buenos? ¡Y eso que la indi¬ ferencia de unos, la apatía de otros, las ingratitudes de algunos, los disgustos cosechados y las amarguras sufridas, deberían apagar mis entusiasmos y ser un valladar insuperable para futuras gestiones, y acaso, acaso estaría justificado el que jamás volviese á ocu¬ parme de asuntos colectivos! ¡Quizás sea también esta la última vez invite á la unión que y me ocupe del ait- tiguo paria, AqI antiguo cuerpo acéfalo, si desoye es¬ tos consejos y no acude á este llamamiento! ¡Que Dios ampare á ese pobre esclavo!, nos obliga á exclamar la arrogante torpeza y desdén de su cabeza, la estoica indiferencia de su cuerpo y la punible pasividad de sus miembros. Cuantas sociedades veterinarias se crearon, otras tantas murieron al poco tiempo. Murió la Academia Central; murió la Academia Barcelonesa; murió la Unión Veterinaria. ¿Morirá también la Sección de Me- — 24 — dicina Veterinaria, donde hoy nos congregamos? Re¬ sueltamente os digo que no, y la razón es obvia. A pe¬ sar de la guerra sorda é inicua algunos desgracia¬ que dos le hacen; á pesar del desvío de la indiferencia y censurable de otros, afortunadamente existirán siem¬ pre en esta Corte más de siete Veterinarios amantes de su clase y de su cuerpo que sostendrán esta Acade¬ mia amparados por el reglamento general de la Socie¬ dad. Y mientras tengamos un Pre.sidente que piense con la madurez de juicio que dan sus años y su expe¬ riencia y ejecute con la actividad y la energía de un joven de veinticinco, contará siempre con la adhesión y el apoyo eficaz y poderoso de todos vosotros, con el débil y modesto del que en estos momentos os está mo¬ lestando y con el de esos queridos compañeros de pro¬ vincias que, en medio de las penalidades y de las estre¬ checes de la vida de los pueblos, vienen entusiasmados á engrosar la lista de asociados, en su calidad merití- sima de-socios corresponsales. Con elementas tan sa¬ nos, aunque sean en escaso número, la actual Acade¬ mia central no morirá. Aunque corren malos tiempos para echarla de pro¬ fetas, digo hoy lo mismo que dije el año 1881 al ocu¬ parme de la Unión Veterinaria: "Ténganlo entendido nuestros comprofesores: el día que muera la madre co¬ mún, el día que muera la Sección de Medicina Veteri¬ naria, no morirá, es verdad, la ciencia, porque la cien¬ cia es inmortal; pero morirá la profesión, y allí donde nos estanquemos, allí donde nos sobrecoja ese día fatal. ese día de luto para la clase, si por desgracia llegare, allí permaneceremos, si es que no retrocedemos, por espacio de muchos años.,, Por eso creo que todos los Veterinarios españoles deben ingresar en esta Socie¬ dad, que representa ideas de moralidad y de justicia, ideas que perduran á través de los siglos, en tanto que las personas desaparecen en un instante, alabadas, bendecidas é inscritas en las páginas imborrables de la Historia si obraron bien, ó censuradas, maldecidas y caídas en la sima del olvido si obraron mal. Confiamos en la unión de todos; creemos que en esta ocasión, porque no en balde pasan los años, seremos más cuerdos, más sensatos y formaremos en apretado lazo dentro de este sagrado recinto. A todos me dirijo, civiles y militares, porque todos somos hermanos. Se¬ ría una gran vergüenza el que la clase veterinaria no tuviese una asociación cientifica, central ó general. A unos y á otros les digo lo mismo de siempre. Tra¬ bajemos con entusiasmo por el lustre del cuerpo y de la clase, que es el lustre de la ciencia: no olviden que las clases, que las colectividades sociales crecen y se abrillantan como crecen y se engi*andecen las socie¬ dades, como crecen y se ennoblecen los pueblos cuan¬ do piensan y razonan, cuando se mueven y trabajan por el bien del progreso, que es el bien de la humani¬ dad. No cedamos ni un ápice en nuestro honroso tra¬ bajo, que la sociedad de hoy no es la de tiempos pasa¬ dos, que condenaba á la esclavitud el trabajo manual: la sociedad presente, ó la parte sana de ella, tiene for- — 26 — mado otro concepto del trabajo en sus multiples mani¬ festaciones: lo considera como la verdadera nobleza, como una virtud productora emanada de las fuerzas divinas de la Naturaleza. A todos recordamos el esta¬ do de la clase, digna por cien conceptos de mejor suer¬ te. A todos incitamos á que imiten la conducta de la mayoría de la prensa veterinaria, la conducta de Ca^ tedráticos entusiastas, la conducta de pundonorosos Profesores militares, la conducta, en fin, de esos otros Veterinarios esparcidos por todo el ámbito de nuestra nación, consagrados á honrar, en medio del sufrimien¬ to, con su ilustración y su moralidad, la profesión y la ciencia, aun en los rincones más ocultos; que la ciencia y la moralidad penetran allí donde las voluntades y los corazones son grandes y donde reina la armonía y la buena fe. No olvidemos que tenemos que luchar con añejas preocupaciones y combatir con enemigos extraños y con enemigos propios, que son los más terribles y los que no perdonan medio ni ocasión de poner obstáculos á la labor del reformismo. ¡Empeño vano, loco intento! Desplegada al viento nuestra bandera, cuyo lema es ILUSTRACIÓN, MORALIDAD, CO.MPAÑERISMO, UNIÓN, PROGRE¬ SO, no lograrán sus retrógrados y suicidas propósitos, porque la razón y la justicia se abren siempre paso á través de la obscuridad, de las tinieblas en que preten¬ den envolvernos. En el fondo de ese abismo que ciega y que mata, preséntanse hermosos luminares despi¬ diendo rayos de esplendorosa luz, que en lontananza — 27 — hacen vislumbràr una era de felicidad y de ventura que ha muchos años disfrutaría la clase si se hubiera agrupado alrededor de los hombres que en ocasiones varias intentaron redimirla y si hubiese sostenido siempre una asociación central, como la que hoy tiene. La Sección de Medicina Veterinaria representa la luz, la verdad, el progreso. Venid todos, queridos com¬ profesores, venid á darle floreciente vida con vuestra inscripción en sus listas de socios. De este modo cum¬ pliréis hoy con un deber de clase y mañana ocuparéis un lugar honroso en las páginas de nuestra historia profesional.—He dicho. Eusebio Molina Serrano, Madrid 20 de Junio de 1899. ACTA DE LA miO^ DEL DIA U DE ABRIL DE iS98. (extracto) Presidencia dei ilmo. Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión, se dió lectura al acta de la anterior, que fu6 aprobada. SI Sr. Presidente dió cuenta de la revisión de los nombramien¬ tos de socios honorarios y de la aceptación y entusiastas felicita¬ ciones que los nombrados habían dirigido á la Sociedad. Manifes¬ tó que impresos los Diplomas que acreditarán la calidad de los socios, estaban á disposición de los interesados. Que habiéndose ausentado de Madrid el digno Vocal Sr. Velasco, que continuaba perteneciendo á la academia como socio corresponsal, procedía nombrar nuevo Vocal, resultando elegido el socio de número don Inocencio Aragón Rodríguez. Seguidamente, en sentidas frases el Sr. Presidente dió cuenta de haber cumplido satisfactoriamente su misión en el Congreso de Higiene y Demografía la Comisión nombrada por la Sociedad. Asi¬ mismo, hizo presente que había sido aprobado por el referido Congreso el proyecto de ley de policía sanitaria presentado por la sección, haciendo entusiastas elogios por tan brillante é importan¬ te trabajo, felicitando á la Comisión y al Sr. iMoIina, Vocal ponen¬ te de la misma. Manifestó la parte activa y lucida que varios socios habían tomado en las discusiones del Congreso y en la or¬ ganización del banquete que en honor de los Veterinarios extran¬ jeros dieron los españoles. — 30 — El Sr. Molina dió gracias muy expresivas al Presidente por los elogios que de él había hecho, significando que quien realmente los merecía era el Sr. Sánchez por su actividad y acierto, lo mismo en las discusiones que en la organización del banquete. El Sr. Fernández (D. Senén) pidió que la sección acordara un voto de gracias para la Comisión que la había representado en el Congreso, y otro especial para el Sr. Molina por los trabajos que había presentado. Se acordó así por unanimidad. El Sr. Molina propuso el nombramiento de socios honorarios de los señores Wladimiroff, Penberty, Dollar y Klucenko, y los se¬ ñores Alcalá y Martínez, del Alcalde de Madrid Sr. Conde de Ro- manones. Fueron nombrados por unanimidad. Terminada la Junta general, se abrió la sesión científica, ponién¬ dose á discusión el proyecto de tarifas de honorarios. Leído el proyecto, fué aplaudido, y hechas algunas observaciones por los señores Pumarola, Hernández y otros, se aprobó en principio la totalidad y acordó su discusión por artículos en sesiones sucesi¬ vas, levantándose ésta por haber transcurrido las horas reglamen¬ tarias. V.» B.° El Presidente, El Secretario accidentai. SÁNCHEZ. JtiAN Miguel Montero. ACTá DE LA SESIÓN DEL DÍA !0 DE MAYO DE Í89S (EXTRACTO) Presidencia del limo. Sr. D. Simón Sánchez. Kn Madrid, á 20 de Mayo de 1898, reuuidos en su domicilio so- ■cial, Arrieta 10, los individuos de la Sección de Medicina Veteri¬ naria de El Fomento de las Artes, á las nueve de la noche, declaró el Sr. Presidente abierta la sesión, dándose lectura por el Secreta¬ rio al acta de la anterior, que fué aprobada. Acto seguido acordó la Sección se hiciese constar en el acta de este dia el sentimiento con que se ha, sabido el fallecimiento del que fué su socio de número, D. Emilio Selgas (q. e. p. d.). El Sr. Alcalá dió lectura de suelto que un ha visto la luz en el número 1.460 de £a Veterinaria Española, respecto á la tarifa de honorarios; después de varias frases pronunciadas por los señores Molina y Marcos, el Sr. Presidente hizo el resumen diciendo que la Sociedad como tal protesta del suelto de referencia y se confor¬ ma con despreciarle, encargando á su órgano oficial, la Gaceta de Medicina Veterinaria, para que proteste en los términos que esti¬ me oportunos. El Sr. Alcalá manifestó sus deseos de que La Ve¬ terinaria Española deje de pertenecer á la suscripción de la So¬ ciedad. Prosiguiéndose en la discusión del proyecto de tarifas de hono¬ rarios, y leído el artículo del citado proyecto en que se fijan los derechos por visita médico-veterinaria, se acordó, después de una — 32 — amplia discusión, en la que tomaron parte varios señores socios, fijar los honorarios por cada visita verificada durante el día, en las cantidades siguientes; en Madrid tres pesetas, dos en las capita¬ les de provincia y una peseta en las pequeñas poblaciones. Igual¬ mente se acordó que por las visitas verificadas durante la noche se estipulara el doble de dichos honorarios respectivamente. Y en atención á lo avanzado de la hora,^Be levantó la sesión á á las once y media; de todo lo cual, supliendo la ausencia de los señores Secretario general y Vicesecretario, certifico. V.° B.» El Presidente, Ki Secretario accidental, SÁNCHEZ. r. Migübu Montero. ACTA DE lA SESIÓN CIENTÍFICA DEL DÍA C DE Jl'NlO DE I89S (extracto) Presidencia del limo Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión á las media de la noclie nueve y y leída por el que suscribe el acta de la anterior, fué aprobada por unanimidad. El Sr. Presidente presentó á la Sección al nuevo Vocal de la Junta Directiva, Sr. D. Inocencio Araqón, quien dió á la Sección las más cordiales gracias por su nombramiento, declarándose dis¬ puesto á corresponder á la distinción de que había sido objeto por cuantos medios estén á su alcance. El Sr. Molina felicita al Sr. Aragón y espera que cumplirá su cometido como él sabe hacerlo. Se ocupó después del acuerdo re¬ caído en la junta anterior, referente al suelto publicado por La Ve¬ terinaria Española, manifestando que no le había parecido con¬ veniente contestar á dicho suelto desde las columnas de su periódi¬ co, considerando más acertado relegar al desprecio cuanto en la mencionada gacetilla se consigna. Se puso á discusión el proyecto de tarifa de honorarios apro¬ bándose hasta 40 partidas del mismo, después de ser ampliamente f discutidas por vaidos señores socios. ' atención á haber transcurrido las horas reglamentarias, se levantó la sesión, acordándose que en la próxima se terminará la discusión del proyecto de tarifa de honorarios. De todo lo que como Secretario certifico. v.° B." El Presidente, E! Secret.Tr!o general, S.ínchez. José Cota Alvarez. TARIFA DE HONORARIOS PEOYECTO DE âRM DE HONORARIO POR LOS SERVICIOS TÉCNICO-FACULTATIVOS QUE PRESTEN LOS PROFESORES DE MEDICINA VETERINARIA EN EL EJERCICIO OFICIAL DE SU PROFESIÓN MADRID, 1899 ESTAB. TIPOGRÁFICO DE LOS HIJOS DE R. ÁLVAREZ Á CARGO DK ARTURO 3IENÉNDEZ 15, Ronda de Atocha, 15, Teléfono 809. No existe ya nadiè que desconozca la importancia de la Medicina zoológica, de la Veterinaria, ni los ser- vicios de positiva utilidad práctica que presta á la so¬ ciedad el modesto Profesor que cultiva y ejerce esta ciencia. Floreciente en todas las naciones, apreciada, respetada y protegida en todas partes, no podía nues¬ tra desventurada Patria tener por más tiempo relega¬ da al ostracismo intelectual, moral y material á la ciencia de Bouley, Chauveau, Cornevin y Nocard, eminentes Veterinarios, gloria de la Medicina compa¬ rada universal. Todo el mundo sabe ya que la Veteri¬ naria es una profesión de positiva, necesaria é indis¬ pensable necesidad y utilidad pública, bajo su triple aspecto médico, sanitario y agrícolo-zootécnico; y si bien en nuestro país ha vivido muriendo en lo científi¬ co y en lo práctico por causas que no son de este lugar y en contra de las nobles aspiraciones de la inmensa mayoría del profesorado español, llegó la hora de su — 42 — redención intelectual en 30 de Septiembre de 1896 con la Real orden salvadora expedida en esa fecha por el ilustre Ministro de Fomento D. Aureliano Linares Rivas. Esa soberana disposición, qüe un año tras otro venía solicitando la clase, protegida y ayudada desde el Par¬ lamento, desde el Consejo de Instrucción pública y desde la Prensa, por hombres tan sabios y tan aman¬ tes del bien público como los señores Calleja, Pulido, ^Marqués del Busto, Bolívar, Becerro de Bengoa, Vin- centi y otros, era y es el pan intelectual que anhela¬ ban todos y que ha venido á redimirnos en la esfera de la cultura general. Para ingresar en los colegios veterinarios exige dicha Real orden á los aspirantes una preparación previa en los Institutos de segunda enseñanza, una certificación de haber cursado y apro¬ bado las asignaturas de latín y castellano, geografía, francés, aritmética, álgebra y geometría, que supone unos tres años de preparatorio para ponerse en condi¬ ciones de poder çntender y aprender las asignaturas propias de los cinco años de la carrera Veterinaria. Puesta ya esta profesión en el camino de su regene¬ ración intelectual, parece natural y justo que se la co¬ loque en condiciones de poder vivir la vida material, siquiera sea con el modesto decoro que demanda un título profesional y exigen los importantes servicios que presta á la sociedad. Hora es ya de que se la qui¬ ten las trabas que atan el libre derecho que tiene de apreciar y señalar los honorarios que en conciencia — 43 — merecen los diferentes servicios que presta en eí ejer¬ cicio de su misión social. La Tarifa de honorarios, vigente desde el año 1866 es otra de las causas de atraso y malestar de la Vete- terinaria patria. Sin embargo de que en ella se dice clara y terminantemente que el ejercicio de las cien¬ cias médicas, entre las que se encuentra comprendida la Veterinaria, debe completamente libre, pudien- ser do exigir el Profesor lo que le pareciere, en su arti¬ culado se señalan y limitan los hononarios de visitas, consultas, operaciones, etc., hasta un límite que, si no fuera bochornoso y depresivo, resultaría altamente risible por lo mezquino. Convertidos poco menos que en ley por los particulares los preceptos raquíticos de la Tarifa, ha condenado se en España al Veterinario á vivir del producto del arte de herrar, que en todas las naciones es oficio independiente de la profésión Veterinaria. No podía ser de otro modo, señalándose como se señalan honorarios que no producen al Vete¬ rinario lo que gana diariamente un modestísimo car¬ pintero, albañil ó zapatero. No es justo coartar el derecho natural y legitimo que tienen los Profesores de las ciencias médicas de justipreciar su trabajo facultativo, de exigir los hono¬ rarios que crea merecen los servicios profesionales que en la práctica ordinaria prestan á los particulares. Por eso sería preferible suprimir ó abolir la Tarifa de honorarios y dejar á la conciencia del. facultativo la libertad de apreciar y de exigir los que merezcan, en — 44 — cada caso, sus servicios. Pero si se estima conveniente que haya tarifa, debe ser única y exclusivamente para regir en los casos oficiales y judiciales en que inter- \'enga el Profesor. No puede ni debe continuar por más tiempo el hecho singular, anómalo y depresivo de que esté reglamen¬ tado el límite de los honorarios del Veterinario y se deje en libertad completa al herrador de cobrar lo que quiera. ¡Restricción mezquina para los servicios de la ciencia, libertad absoluta para los servicios del arte ó del oficio!!! Esto, que no sucede en ningún país, ni ocurre en el nuestro más que en la profesión Veteri¬ naria, debe desaparecer por propio decoro nacional. De no hacerlo así, valiera más borrar del cuadro de las carreras oficiales á la de Veterinaria, volviendo á los tiempos de la antigua albeitería, en que con harta frecuencia se sucedían mortíferas epizootias que aso¬ laban nuestra ganadería y llevaban el pánico y aun el contagio á nuestra especie y la ruina y la miseria á infinidad de hogares, epizootias que casi han desapa¬ recido por la intervención de la Veterinaria y que desaparecerán, sin duda, por completo el día que á tan útil ciencia se la ponga en condiciones de servir mejor á la sociedad con la promulgación de una ley de policía sanitaria de los animales domésticos, pro¬ yecto discutido y aprobado por el IX Congreso Inter¬ nacional de Higiene, y con la derogación de la inve¬ rosímil Tarifa de honorarios del año 1866. Es, pues, de perentoria necesidad, de reconocida — 46 — urgencia, al par que honrar á la ciencia y dar más prestigio al Profesor, ponerle en condiciones de poder vivir con modesta holgura, con relativa decencia, re¬ munerando equitativamente su trabajo técnico, sus servicios profesionales. Esto se conseguirá el día que el Ministro de la Gobernación y el Real Consejo de Sanidad, siguiendo las huellas racionales y justas del Ministro de Fomento y del Consejo de Instrucción pú¬ blica, expidan una Real orden suprimiendo en absolu¬ to la anacrónica Tarifa vigente, y aprueben, para los casos de oficio, el adjunto proyecto de Tarifa de ho¬ norarios, que está inspirado en los más severos prin¬ cipios de equidad, de justicia y de decoro científico- profesional. La sabiduría del Real Consejo de Sanidad y la recti¬ tud del Sr. Ministro de la Gobernación son garantías suficientes para confiar en la pronta aprobación de este proyecto. Madrid. Prtviatlas. Pntbloí;. Pesetas. Pesetas. Pesetas. PARTIDA PRIMERA De las visitas! 1." Visita simple de corta duración de las llamadas usuales, de día y den¬ tro del casco de la población 4 „ 3 „ 2 2." Visita de las expresadas anterior- 4 — 46 — ladrií. ProTiDtíai. Pueblas. Pesetas. Pesetas. Pesetas. mente, hechas por la noche, ó sea desde las nueve en invierno y desde las diez en verano, hasta el amane- cer * 8 „ 6 4 ^ „ JT 3.° Cuando el Profesor pase toda ó parte de la noche al lado del enfer¬ mo, por exigirlo así el dueño, ade¬ más del importe de la visita usual cobrará por cada hora 2 „ 1 « 0,50 4." Visita compleja, ó sea en la que el Profesor visite más de un enfermo en el mismo local, cobrará por un enfermo el importe de la visita usual, y por cada uno de los demá§. 2 1,50 1 « 5." Visita llevando el animal enfermo á la casa del Profesor 2 1,50 1 6." Visita fuera de lapoblación, abo¬ nando los gastos de viaje el cliente. cobrará el Profesor el importe de la visita y además por cada kilómetro de recorrido de día 1 „ 1 « 1 7.° La visita anterior por la noche.... 2 „ 2 „ 2 „ 8.° Si el Profesor pernocta fuera de su domicilio por exigirlo así el cumpli¬ miento de su misión ó el dueño del enfermo, cobrará, además de la vi¬ sita usual, por cada noche 20 „ 15 „ 10 „ 9." Visita ó asistencia al parto y se- cundización, sin intervención qui¬ 80 20 15 rúrgica „ „ „ • -y V. v- — 47 — «idild. Priiintlis. Fnblei. Pesetas. Pesetas. Pesetas. 10. Las visitas son independientes de las operaciones quirúrgicas y, por lo tanto, unas y otras se abonarán por separado. PARTIDA SEGUNDA De las consultas. 1." Por una consulta en casa del Pro¬ fesor sobre una enfermedad, opera¬ ción quirúrgica ó higiene 4 „ 3. 2 „ 2.° La misma consulta por escrito 10 „ 8„ 5 „ 3.° Por una consulta en casa del Pro¬ fesor sobre policía sanitaria ó zoo¬ tecnia.. i 20 15 10 „ „ „ 4." La misma consulta por escrito 50 „ 40 „ 30 „ 5." Por una consulta médico quirúrgi¬ ca sobre higiene y reconocimiento de sanidad, con uno ó más compro¬ fesores en la casa del cliente 35 25 „ „ 15 „ 6.° Por una consulta en casa del clien te con uno ó más comprofesores so¬ bre policía sanitaria ó zootecnia 50 „ 40 „ 30 ,. 7." Si las consultas tienen lugar fuera de la población donde resida el Pro¬ fesor, además de los derechos co¬ rrespondientes á la misma, cobrará una peseta por kilómetro si fuera de día y dos pesetas por la noche, sien- — 48 — «ailrid. PmÍDtiag. PitbliK. Pesetas. Pesetas. Pesetas^ do los gastos de viaje de cuenta del cliente. PARTIDA TERCERA De las operaciones quirúrgicas. 1." 15 10 5 Acupuntura „ „ „ GO 50 40 2." Adenotomía parotídea „ „ „ 15 10 5 3." Amputación de la cola „ „ 20 15 10 4." Idem de la lengua „ „ .- 5." Idem de las extremidades en los 80 50 30 grandes animales „ „ ,, 15 10 8 ó.° Idem id. en los pequeños „ „ 15 10 5 7.° Idem de las orejas „ „ . 15 10 5 8.° Idem de los cuernos „ „ „ 20 15 10 9.° Idem del pene „ „ 8 5 3 10. Anillamiento del buey a . „ 40 CO O 20 11. Anotomía , „ OO 75 50 12. Aritenoideotomía ., 4 2 1 13. Arterioflebotomía del paladar — „ „ 14. Idem del casco 15 „ 10 „ 5 .. 15. Artrotomía 15 „ 10 „ 8 .. 20 15 10 16. Autoplastia de la rodilla „ „ „ 40 COo 20 17. Autotransfusión de la sangre „ ss 100 75 50 18. Autopsias en los grandes animales , „ „ 40 30 20 19. Idem en los pequeños „ „ ,, 20. Aplicación de sinapismos, vejiga¬ torios y administración de medica¬ mentos 2 1,50 1 . 1 i — 49 — Kadrid. ProTlociss. Pneblii. ; « ~ Pesetas. Pesetas. Pesetas. 21. Aplicación de sedales, espejuelos 5 3 1 y trociscos „ „ n 22. Blefarotomía 12 ,, 8 „ 5 23. Castración del caballo y mulo 50 „ 40 ,. 25 „ 24. Idem del burro 25 „ 15 „ 10 25. Idem del toro 25 „ 20 „ 17 „ 26. Idem del cerdo . 8 5 ,, 3 „ 27. Idem del carnero 5 ,, 3 2 . 28. Idem del perro y gato 10 „ ^ « 3,„ 29. Idem del gallo 2 „ 1,50 1 > 80. Idem de la yegua 100 „ 50 „ 30 „ 31. Idem de la burra 30 „ 25 ,, 20 „ 32. Idem de la vaca 50 „ 40 „ 30 „ 33. Idem de la cerda, perra y 12 10 8 gata „ „ „ 50 40 20 34. Cateterismo uretral y vesical „ ,, ,, 35. Idem de las bolsas 15 10 8 guturales « „ 36. Idem del conducto lácrimo-nasal. 20 ,, 15 „ 10 „ 37. 20 15 10 Idem'esofágico „ ,, ,. 38. Cauterización transcurrente, re¬ 25 20 10 gión .... „ 39. Idem en botones y puntos 12 . 8 „ 40. Idem subcutánea 15 „ 10 „ 8 „ 41. Idem potencial 5 „ 3 „ 2 „ 42. Cistotomía 40 „ 30 „ 20 ,, 43. Colocación de ojo artificial un 10 „ 7 „ 5 ;■ 44. Compresión vesical 10 „ 7 „ 5 „ 45. Criptorquidia abdominal 70 ,, 50 ,, 40 „ 46. Idem inguinal 60 „ 40 „ 30 „ 47. Cuarto simple 7 „ 5 „ 3 48. Idem complicado 20 „ 15 ,, 10 „ — 50 — Iilrli. PriTÍBtilB. Pitblti. Pesetas. Pesetas. Pesetas, 49. Desbridamiento de trayectos fis¬ tulosos 15 „ 10 „ 5 „ .^0. Dermotoniías 20 „ 15 „ 10 51. Descubrimiento de punturas ó es¬ carzas en el casco 15 „ 10 „ 5 „ 52. 25 15 10 Despalme , „ „ 53. División del ligamento suspensor del menudillo 25 „ 20 „ 15 „ 15 10 8. 54. Ectropión y entropión „ „ 55. Electricidad galvánica ó farádica 20 15 10 (sesión) — „ „ „ .56. Enderezamiento de los cuernos... 15 „ 10 „ 8 „ 57. Enterotomias 15 „ 10 „ 7 „ 58. Estafiloma de la córnea • 15 „ 12 „ 10 „ 50 35 25 59. Esófagotomía „ „ „ 60. Exostotomía 12 „ ''s „ 5 . 61. Exploración del casco sin levan¬ tar la herradura 3 „ 2 „ 1 „ 62. Extirpación de las mamas en la 40 30 „ 20 yegua „ „ 63. Idem en la burra 20 „ 15 10 „ 64. Idem en la vaca 30 „ 20 „ 15 „ 65. Idem de la catarata 60 „ 40 „ 30 „ 66. Idem del carcinoma 25 „ 20 „ 15 „ 67. Idem de higromas, quistes y tumo¬ 50 40 25 res en general „ „ „ 68. Idem de pólipos nasales, rectales y otros 25 „ 20 „ 15 „ 69. Idem del cornete nasal superior.. 30 „ 25 „ 20'„ 70. Idem de la carúncula lagrimal.... 12 „ 8 . 5 „ — 51 — liitil. Pfttillill. Pieblii. Pesetas. Pesetas. Pesetas. 71. Extirpación del cuerpo clignotante 12 „ 8 „ 5 „ 72. Idem del globo ocular 20 „ 15 „ 10 „ 73. Extracción del feto en la yegua y vaca 50 ,. 35 „ 25 74. Idem id. en la burra 20 „ 15 „ 10 „ 75. Idem de las secundinas en la yegua y vaca 30 „ 20 „ 15 „ 76. Idem id, en la burra 15 « 12 „ 8 „ 77. Idem del feto y secundinas en las hembras pequeñas 20 „ 15 „ 10 „ 78. Idem del hormiguillo 10 „ 8 „ 5 „ 79. Idem de cálculos uretrales 30 „ 20 „ 15 „ 80. Idem id. vesicales OO C 100 „ 50 „ 81. Idem del conducto de Stenón 40 „ 30 „ 20 „ 82. Idem de la filaria 30 „ 20 „ 15 „ 83. Idem de proyectiles y cuerpos ex¬ traños 15 „ 10 „ 5 „ 84. Evulsión de cada muela, colmillo ó diente 6 . 4 „ 2 85. Fimosis 12 „ 8 „ 5 „ 86. Flebotomía 5 a 3 a 2 87. Fistula lagrimal 15 „ 10 ,. 8 „ 88. Idem salivar 20 „ 15 „ 10 „ 89. Gabarro cartilaginoso 50 „ 40 „ 25 „ 90. Galapagotomia 20 „ 15 „ 10 „ 91. Gastrotomía. 30 „ 20 „ 15 „ 92. Hidrocele 12 „ 8 „ 5 „ 93. Hiobertebrotomía 100 „ 75 „ 50 „ 94. Infibulación 12 „ 8 a 5 95. Inoculación de la viruela ó del car- — 52 — PllbllS. lilrid. PfOTÍDlill. j I Pesetas. Pesetas. Pesetas. j ! bunco en el ganado lanar ó cabrío, cada fracción, hasta 25 reses 6 ptas. 96. Inoculación del mal rojo en los cer¬ dos, cada fracción, hasta 25 reses, 10 pesetas. 97. Idem del carbunco en los bóvidos. cada fracción, hasta 25 reses,20 ptas. 98. Idem de la peripneumonia conta¬ giosa en los bóvidos, cada fracción, hasta 25 reses, 25 pesetas. 99. Inyecciones de tuberculina, cada una 5 « 3 „ 2 100. Idem de maleína, id 8 „ 5 „ 3 „ 101. Idem de virus rábico, id "... 15 „ 10 „ 5- „ 102. Idem de suero antitetánico, id— B „ 5 „ 3 „ 103. Labiotomia .-. 15 „ 10 „ 5 „ 104. 70 50 30 Laparotomías— „ „ „ 105. 50 „• 35 25 Laringotomia „ „ 12 8 6 !■ 106. Ligadura del conducto deStenón. a „ „ 107. Idem de las arterias 25 „ 20 „ 15 „ 108. Idem de las venas. 20 „ 15 „ 10 „ 109. Litotricia 40 „ 30 „ 20 „ 110. Marca á fuego en los grandes ani¬ males 3 „ 2 „ !■„ 111. Idem id en pequeños id 0,75 0,50 0,25, 112. Masaje, cada sesión 10 „ 7 „ 5',,' 113. Miotomia caudal 35 „ 25 „ ÍO o 114. Miotomia del izquio-tibial 25 „ 20 „ i5„ : 115. Nasotomia 12 „ 8 „ 5 „ 116. Nefrotomias 70 „ 50 „ 40„ É — 53 — Iidril. PríTineiis. Pnrtlíe. Pesetas. Pesetas. Pesetas. 117. Neumotomías 70 „ 50 „ o fc 118. Neurotomías 30 „ 20 „ 15 „ 119i Odontricia 10 „ 7 „ 5 . 120. Operación cesárea en la yegua y 100 „ 50 40 „ 121. Idem id. en las demás hembras... 25 „ 20 „ 15 „ 122. Ortopedia quirúrgica — 25 „ 15 „ 10 „ 123. Paracentesis 15 ., 10 „ 8 „ 124. Parafimosis 12. 8 „ 5 „ 125. Periostotomía 12 .. 8 „ 5 . 126. Protesis quirúrgica 20 „ 15 „ 10 . 127. Pterigión 12 „ 8 „ 5 . 128. Punción de la vejiga de la orina. 20 „ 15 „ 10 . 129. Punción de abscesos — 10 „ 6 „ 3 „ 130. Quelotomía crural ó inguinal'.... 45 „ CO 25 ,r 131. Querafilocele 20 „ 15 „ 10. 132. Raza simple 7 „ 5 „ 3 „ 133 Idem complicada 20 „ 15 „ 10 „ 134. Reducción del 15 10 5 prolapso del recto.. „ „ . 135. Idem id. de la vagina 15 „ 10 „ 5 . 136. Idem id. de la matriz 30 „ 20 „ 15 ^ 137. Idem de hernias 50 35 „ 25 „ 138. Idem y contención de fracturas.. 30 „ 25 „ 20 . 139. Idem id. de luxaciones articulares. 20 „ 15 „ 10 „ 140. Idem id. id. tendinosas y musen- 15 „ 10 „ 8 141. Resección del maxilar inferior.. . 50 „ 35 „ 25 . 142. Idem de los dientes 10 „ 8 „ 5 „ 143. Simblefaron. 20 „ 15 „ 10 „ 144. Sinoviotomia 10 „ 7 „ 5 „ — 6i — ladrli. ProTioeils. Pflebles. Pesetas. Pesetas. Pesetas. 145. Suturas cutáneas 6 „ 4 2 „ 146. Idem de la lengua. 15 „ 10 8 147. Idem de los nervios 20 „ 15 w 10 „ 148. Idem de los tendones 12 „ 9 jí 7 . 149. Idem intestinales 30 „ 20 n 15 „ 150. Talpa 12 „ 9 7 „ 151. Taxis esofágica 15 „ 10 n 5 „ 152. Tenotomías 25 „ 15 n 10 „ 153. Idem plantar 50 „ 35 « 25 „ 154. Toracentesis 20 „ 15 » 10 „ 155. Toracotomía 25 „ 20 r» 15 ,. 156. Transfusión de la sangre 40 „ 30 1» 20 „ 157. Traqueotomía 40 „ .25 n 15 „ 158. Trepanación craneana 50 „ 35 « 25 „ 159. Idem frontal, maxilar ó nasal.... 20 „ 15 » 10 „ 160. Triquiasis 10 5 n 3 „ 161. Uretrotomía 20 „ 15 10 „ PARTIDA CUARTA De los reconocimientos, oertifioaolones y tasaciones. 1." Cuando el reconocimiento sea efectuado con ocasión de una compraventa á sanidad, percibirá el Profesor el 3 por 100 del valor en que se haya ajustado el animal. 2." Si el reconocimiento se limitara á manifestar si el animal padece una enfermedad, vicio ó defecto determi¬ nado, 10 pesetas, y teniendo necesidad de expedir certifi¬ cación, 25 pesetas. — 55 — 3.° Por el reconocimiento de un animal que hubiere su¬ frido alguna lesión más ó menos grave, sea este hecho ju¬ dicial ó extrajudicialmente, 15 pesetas; con certificación, 30 pesetas. 4.° Por los reconocimientos de ganados en casos de en¬ zootias, epizootias, enfermedades infecciosas y contagio¬ sas, requisiciones, etc., percibirá 30 pesetas diarias. 5.° Por una certificación de cualquiera clase que ésta sea, 15 pesetas. 6.° Por la tasación de un animal, el 2 por 100 de su valor. 7.° Si las tasaciones se efectuaran en más de seis anima¬ les al mismo tiempo, se hará una rebaja prudencial á juicio del Profesor. 8.° Por la retasa y nuevo reconocimiento hecho por el mismo Profesor, serán sus honorarios las dos terceras par¬ tes de su cuenta anterior, y si esta retasa fuere hecha por otro Profesor, cobrará como si fuera primera tasación. 9." Por la tasación judicial de una curación ó reconoci¬ miento de una cuenta, 15 pesetas. PARTIDA QUINTA Servicios diversos. 1."Viajes á grandes distancias (más de cien kilómetros) para las compras de ganado ó redhibiciones, percibirá el Profesor, además de los gastos de viaje, 50 pesetas diarias en la Península y 75 en el extranjero, contando el día de salida y el de llegada á su casa. 2° Los demás servicios facultativos ó técnicos que pres¬ ten los Profesores Veterinarios y no estén consignados en esta tarifa, se cobrarán por la partida y número que tenga más semejanza. r — 56 — 3." La presente tarifa regirá única y exclusivamente en los casos judiciales ú oficiales; en toáoslos demás, como el ejercicio de la Medicina Veterinaria es libre, el Profesor es dueño de contratar, señalar y exigir los honorarios que su conciencia le dicte, con la discreción y equidad que demanda el servicio prestado, la posición del cliente y el decoro profesional. i I $ ( ACTA DE LA SESIÓN DEL DÍA 27 DE JGNIO DE 1898 (extracto) Presidencia de! limo Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la seBlón, se díó lectura al acta de la anterior, que fué aprobada. El Sr. Presidente manifestó que se iba á celebrar sesión ordina¬ ria y extraordinaria. Concedida la palabra al Sr. Molina, dió lec¬ tura de dos artículos publicados en La Medicina Veterinaria y El Veterinario Extremeño, firmados por sus respectivos Directo¬ res, en cuyos artículos se aplauden los trabajos de la Sección y se excita á todos los Veterinarios á ingresar en la misma en clase de socios corresponsales. La Sección oyó con satisfacción la lectura de los referidos artículos, y á propuesta de los señores León An- tolín y Aragón acordó un voto de gracias á los mencionados Di¬ rectores. Asimismo, y á propuesta del Sr. Molina, la Sección apro¬ bó por unanimidad el nombramiento de socios honorarios á favor de los distinguidos periodistas señores D. Eugenio Fernández Isas- mendi y D. Victoriano López Guerrero. Se ocupó la Sección de la conveniencia de tener representación en la Junta Directiva de la Sociedad general, acordándose gestio¬ nar en este sentido. El Secretario Sr. Coya dió lectura á la Memoria anual reglamen¬ taria, que fué aplaudida por la concurrencia. — 58 — El Sr. Aragón elogió la Memoria del Secretario y propuso un voto de gracias para el mismo. El Sr. Presidente abundó en iguales manifestaciones y consultó á la Sección, la cual aprobó el voto de gracias. No habiendo más asuntos de que tratar, el Sr. Presidente dió por terminada la Junta general ordinaria, y declara abierta la extraordinaria, que prescribe el reglamento, para la renovación ó nombramiento de nueva Junta Directiva. A propuesta del Vicepresidente Sr. Molina se nombró una junta nominadora, compuesta de los señores Temprano, Aragón y Coya, para que, cambiando impresiones, propusieran una candidatura, suspendiéndose la sesión por diez minutos. Reanudada otra vez se procedió á la votación, resultando elegi¬ dos los señores siguientes : Presidente, limo. Sr. D. Simón Sánchez González. Viceprésidente, Sr. D. Pantaleón Sánchez Moya. Secretario geñ^rál; Sr. D. Ensebio Molina Serrano. Vicesecretario, STvIX José Fernández Alcalá. Tesorero, ^r. Di J^an Miguel Montero. Contador, feiji.l). ÊiJs'ebio Cucharero Écija. Vocal 1.°, Sr. D. Inocencio Aragón Rodríguez. Vocal 2.°, Sr. D. Bonifacio Estrada Valoría. El Sr. Presidente dió las gracias á la Sección por haberle reele¬ gido igual cargo, asegurando que su amor á la clase, su entu¬ en siasmo, energías y actividades le obligaban á aceptar la presiden¬ cia, desde ia cual cumpliría como él acostumbra á hacerlo en todos los cargos. El Sr. Molina dió también las gracias y manifestó que, á pesar del trabajo ímprobo que pesa sobre él, aceptaba gustoso el cargo de Secretario general por considerarlo un puesto de honor y por¬ que los puestos de honor, sean de General ó de soldado, se deben siempre aceptar. Al propio tiempo expresó una sentida queja por el pocointerés y la falta de asistencia de algunos señores socios, precisamente los que entiende que están más obligados á asistir. — 59 — Lo propio hicieron los señores Cucharero y Aragón por sus res¬ pectivos nombramientos. Por unanimidad se aprobó un voto de gracias para la Junta Di¬ rectiva saliente por el celo, inteligencia y acierto que ha demostra¬ do en el ejercicio del cargo. Y no habiendo más asuntos de que tratar, el Sr. Presidente le¬ vantó la sesión á las doce y media de la noche, de todo lo cual certifico. V.° B." El President:, El Secretario general, Sánchez, P. I. Eusebio Molina. ACT PE LA SESIÓN PEL PÍA S DE OCTOBRE DE 1898 (EXT«AOTO) Presidencia del limo. Sr. D. Simón Sánchez. SESIÓK ORDINARIA Abierta la sesión, se dió lectura del acta de la anterior, que fiió aprobada. El Sr. Presidente presentó á la Sección al ilustrado Catedrático y entusiasta reformista D. Juan Manuel Díaz Villar, del cual hizo un cumplido y merecido elogio. El Sr. Díaz Villar se levantó á dar las gracias por la distinción de que era objeto, manifestando que saludaba con todo el afecto de su alma á los compañeros reunidos, y estaba dispuesto á per¬ severar en las gestiones reformistas para colocar á la Veterinaria á la altura en que se halla todas las naciones. Ofreció en su con¬ curso á la Sección para ayudarla todas con sus fuerzas en los nobles y levantados ideales que persigue. Fué muy aplaudido. ' El Sr. Aragón dió un viva al Sr. Díaz Villar, que fué contestado por la concurrencia, que tributó á este compañero una cariñosa manifestación de simpatía. El Sr. Presidente se congratuló de las manifestaciones del señor Díaz Villar, y seguidamente dió cuenta de los trabajes importan¬ tes llevados á cabo por la Sección durante el curso anterior. El Sr. Molina propuso se gestionase para que los Poderes pú- V,,, ;i;, - 62 - blicos conBidbrasen i -á la Sección como cuerpo consultivo de Real orden, y que se hiciera la necesaria propaganda para que ingre¬ sen nuevos socios numerarios, propuesta que fué aceptada por unanimidad. Los señores González Marcos, Estrada, Sánchez y Molina se ocuparqn de la necesidad de gestionar para que se derogue la Real orden de 20 de Junio anterior sobre toros y de un proyecto del primero en favor de los caballos, acordándose hacer algo en tal sentido. No habiendo más asuntos de que tratar, se levantó la sesión. 1 SESIÓK CIENTIFICA Abierta la sesión Sr. Fernández Alcalá á las diez de la noche, el ocupó la tribuna y dió lectura á una Memoria acerca de las En¬ fermedades del a·parato digestivo, trabajo interesante con datos curiosos y nuevas labor del joven consocio fué muy enseñanzas. La aplaudida por todos los socios presentes. Y no habiendo pedido nadie la palabra en pro ni en contra, se levantó la sesión á las once de la noche, de todo lo cual certifico. V.oB." El.Presidente, El Secretario general, sánchez. Eusebio Molina. u J '♦'f' I5/ ■i * ptSOURSOS LEIDOS Y PRONUNCIADOS EN EL SALÓN DE ACTOS PÚBLICOS DE LA SOCIEDAD I S^lmhaboi) compañC'ZOú: La palabra llegará torpe y balbuciente á mis labios, porque cuando la palabra tiene la misión de dar forma al pensamiento el espíritu se mueve sólo á impulsos de las ideas, el concepto traslada á vuestros oídos el de¬ seo y el pensamiento del que escribe. Pero cuando se desciende al camino tortuoso de las cuestiones perso¬ nales, cuando he de pedir á mi palabra que sea bastan¬ te flexible para decir aquello que deseo, procurando no herir susceptibilidades, yo siento de antemano que las dificultades se amontonan en mi camino, porque así como es fácil dar forma al pensamiento es muy difícil dársela á las pasiones que tiene el hombre; pero con¬ suela el encontrar que, cual nuestro digno Presi¬ seres dente el limo. Sr. D. Simón Sánchez, unan á su honra¬ dez un talento científico escogido que sepa con sus palabras, á la vez, conmover el alma y alimentar el pensamiento, pues inspiradas por su imaginación na¬ cen del fondo de su alma, llevando la persuasión á los ■ . , -66- .."K -'.V, ■ T··. ■■/"V ■''. que las escuchan. A él, á ustedes y á todos esos queri¬ st dos compañeros de provincias, á los que nos unen y nos unirán en adelante lazos del corazón, los más ce¬ ñidos, los más Tuertes, los que no rompen las contin¬ gencias de la vida ni las nobles aspiraciones del propio convencimiento, es á los que he de saludar con toda mi alma antes de dar principio á este humilde trabajo, para el que he de solicitar vuestra benevolencia y co¬ rrección, puesto que á mi quien me critique no me adige y sí me hace un fqvor quien me corrige. A usted, Sr. Molina, que debe su nombre ilustre á sus cualidades sobresalientes y el empleo que ellas re¬ quieren cuando se llega á la plenitud de la vida y la asidua asistencia á los trabajos del periódico defensor de la moralidad y bienestar de la clase he de dirigir una después de puesto en el ca¬ súplica, cual es la de que, mino regenerador, que con justa razón le ha valido el nombre de Jete del reíbrmismo veterinario, no ílaquee en su campaña, porque si bien mucho se ha consegui¬ do, mucho queda aún, como dice muy acertadamente nuestro amigo Sr. Aragón, que hacer y Conseguir á los reformistas para la completa regeneración de la clase. Que esto es así, lo demue.stra sólo el considerar á esos desgraciaflos compañeros que ejercen la profe¬ sión en provincias con luchas y miserias 'que merece¬ rían ser contadas en un nuevo dantesco infierno. A través de campos y montes, ¡ cuándo entre fríos y ne¬ vadas, cuándo entre abrasadores soles!, caminan para llevar el bien à gentes las más de las veces rudas y brutales; afligidos por la inevitable desgracia, heridos® por la mordiente duda, pagados míseramente en grano ó condenados á incobrables, pobres los más, cargados de familia, que padecen hambre, imposibilitados de educar á sus hijos, sin recursos para libros, ni aun si¬ quiera muchos de ellos, como sabe muy bien el señor Molina, para pagar una revista ; yo creo, señores, cuando esto considero, que la justicia ha huido de las leyes, la reflexión de la cabeza y la piedad de los cora¬ zones. Por eso es por lo que la clase vuelve de nuevo su vista á los reformistas, y en particular á su Jefe, en demanda de nueva semilla germinadora que un día pueda florecer, y, si florece y da su fruto, á la clase irá el bien; pero de usted. Sr. Molina, será la satisfacción al contemplarlo, y esa misma satisfacción será el pago de sus afanes y desvelos en pro de esta clase en donde, si bien es verdad existe un corto número de individuos que amarguen con la ingratitud los afanes de esta Sección, anhelante por todo lo que tiende á la prospe¬ ridad del Veterinario, también lo es el que con fre¬ cuencia con las frases despreciativas de tierra bruta y tierra grosera injuriamos al suelo que pisamos y que debiéramos venerar, puesto que á sus fuerzas misterio¬ sas se lo debemos todo; ellas todo lo cambian y todo lo transforman, las semillas que arrojamos en la tierra se transforman en planta, la planta en flor, la flor en fru¬ to, el fruto en pan, el pan enjugo nutritivo, el jugo nu- — 68 — tritivo en sangre, la sangre en esperma, la esperma en feto, el feto hombre, el hombre en cadáver, el cadᬠen ver en tierra: así queda demostrado que todo sale de la tierra y á la tierra vuelve todo ; de la tierra surge la vida y los restos mortales de la vida se sepultan y pierden tierra, á la que, como he dicho ante¬ en esa riormente, desconociendo su valor solemos en ocasio¬ nes despreciar groseramente. Antes de terminar este preámbulo, y al observar la presencia honrosísima para esta Secqión del muy ilus¬ trado y sabio Catedrático D.^Juan Manuel Díaz del Villar, he de permitirme demostrar el agradecimiento que esta Sección sin disputa siente hacia el laborioso cuanto incansable reformista, de quien razón pue¬ con de decirse es el foco de la actividad reformadora y regenerativa de la clase médico-veterinaria. ¡Vencer el obstáculo es el progreso! El aire no pesa, afirma Aristóteles, eminencia científica, y es creído sin trabajo, hasta que Pascal y Torricelli evidencian la falsedad de tal afirmación en el barómetro pesando la atmósfera. Plácemes y laureles, pues, para el que teniendo más dureza que el diamante en su inquebrantable voluntad de llevar el bien á la clase piensa en el progreso de la enseñanza, considerando acertadamente que ésta pue¬ de marchar por camino diferente al hasta hoy trazado. Una vez que ya expuse mi deseo, permitidme pasar á dar cumplimiento al encargo que me hicisteis en la Tunta directiva del 19 de Agosto próximo pasado sobre 4» el estudio de las enfermedades del aparato digestivo, de las cuales diremos que siendo tantas y tan variadas las alteraciones que durante la vida de los individuos se desenvuelven en su aparato digestivo, y siendo igualmente su importancia tal que es de condición in¬ dispensable un verdadero y detenido estudio en cada una de ellas, hemos creído necesario señalar una de estas mismas alteraciones que de un modo más fre¬ cuente se observen en la práctica, y, por lo tanto, sea de las que, por decirlo así, tengan en una continua cuanto constante lucha al Médico y al Veterinario con la dolencia, y ésta, á nuestro entender, es el cólico, del que pienso hablaros en la noche de hoy, puesto que si bien á primera vista parece no tener la importancia que en si encierra, á ninguno de vosotros se os oculta cuán errónea es en sí esta creencia y con cuánta faci¬ lidad puede privar de la vida al individuo que quizás 3^^ aun sin quizás resistiera la acción destructora de otras alteraciones patológicas que el vulgo ha considerado siempre de mucha mayor gravedad. Que esto es erróneo lo demuestra el que desde tiem¬ po remotísimo nuestros antecesores en la ciencia de curar han fijado su atención en ellos. Y su gravedad es sólo lo que á Bolinger ha hecho afirmar que de cada 100 caballos atacados de enfermedades internas, lo menos 40 ó 45 lo son de cólico, y que de cada 100 caba¬ llos muertos, 50 lo son sin disputa de esta alteración. Frohner, por su parte, da cuenta que en la caballería alemana la mortalidad producida por esta grave alte- — 70 — ración ha sido durante los años que transcurren desde 1880 á 1886, por término medio, un 11 por 100, y aquí mismo, en Madrid, según opiniones muy respetadas de ilustres compañeros, puede sin temor calcularse en un 25 por 100 los que sucumben debido á esta alteración. Esto en cuanto á la Medicina veterinaria se refiere, que si pasamos nuestra vista por la Medicina humana observaremos la importancia desde Hipócrates á que nuestros días se ha dado y da á esta alteración, de la cual, á semejanza de lo afirmado en Veterinaria por Bolinger, puede decirse con D. A. Rellano es una de las fuentes que con frecuencia nutren á los cemente¬ rios, sobre todo en los infelices niños, incapaces á la resistencia ante dolores tan terribles como algunas de las variedades dé estas alteraciones originan. Y, por su parte, el célebre Dr. Luzuriaga, en su excelente Memoria que presentó ha tiempo á la Real Academia de Medicina de Madrid, se expresa en estos términos ; "Pocas, muy pocas dice — hay tan enfermedades — „terribles, graves y penosas como la llamada cólico, ,,ni tan raras ni difíciles de observarse por la variedad „de síntomas espantosos que la acompañan; acomete „en todas las épocas del año y no hay organismo pri- „vado de sus terribles ataques, poniendo en grave pe- „ligro la vida de convalecientes de otras enfermeda- „ des, con especialidad de las espasmódicas, y, final- ,, mente, la de aquellos en los cuales son frecuentes los „ataques de e.sta misma dolencia.,, Ahora bien, ¿debemos nosotros considerar la pala- — 71 — bra cólico como una verdadera entidad nosológica? Los autores que he tenido ocasión de examinar no están acordes ni han fijado lo bastante la nomenclatura de estas terminaciones; pero de cualquier modo que se entienda el cólico, ya sea comprendiéndolo como ver¬ daderas enfermededes, como quieren Cullen, Luzuria- ga y otros muchos, ó sólo como afecciones dolorosas del intestino colon, según Paulo y Aeguineta, haremos, sin embargo, su descripción, según nos dicta nuestra imaginación, que cree estas no son verdaderas enfer¬ medades, sino que son fenómenos sintomáticos de dis¬ tintas alteraciones del aparato digestivo y de otros órganos que existen en la cavidad abdominal, y consis¬ ten en dolores más ó menos intensos originados en las terminaciones de los filetes nerviosos procedentes del gran simpático. Roll, por su parte, opina "que puesto la palabra cóli¬ co expresa una neuralgia, no debiera darse en rigor más que á estas afecciones del intestino, no acompa¬ ñada de inflamación ni alteraciones de textura de este órgano, y que, por lo mismo, no debiera considerarse como verdaderos cólicos más que á estas enteralgias en las que no se encuentra ninguna causa material y las que son debidas á las anomalías del intestino,,. Pero hay que tener en cuenta que bajo el .nombre de cólicos se han comprendido varias alteraciones del apa¬ rato digestivo, á las que denominamos verdaderos có¬ licos, y otras que existen en otros órganos, como los ríñones, vejiga, hígado, útero, etc...., á los que se les — 72 — señala con el nombre de cólicos falsos ; que por una parte, la complejidad de su aparato digestivo en los rumiantes y la pequeñez é impropiedad para el vómito del estómago en el solípedo, á más de la gran movili' dad que favorece los cambios de relación de la grande masa intestinal en su cavidad abdominal constituye una de las causas predisponentes de estas alteracio¬ nes, internas como exter¬ á más de las causas, tanto nas, que pueden de por sí solas producirlo, á pesar de que las más de las veces se combinan unas y otras para producir el fenómeno en cuestión. Las indigestiones, bien se originen por defectos de función del estómago é intestinos, por alteraciones nerviosas, por aumento excesivo de sangre de dichos órganos ó por una hipohemia, lo mismo que por la dis¬ minución de las secreciones salivar, gástrica, hepáti¬ ca, pancráetica, pueden dar lugar á los cólicos gastro¬ intestinales y la ingestión de cualquier alimento irri¬ tante hiperhemia infla¬ puede llegar hasta producir la matoria del estómago acompañada de funestos dolores. El estreñimiento y resecación intestinal originado por una hipercrinia de la mucosa puede ser causa de una retención prolongada de los alimentos y las heces fecales, produciendo la plenitud intestinal y los dolo¬ res de dicho aparato. Los excesos en la cantidad y vo¬ lumen de las materias ingeridas ocasionan la plenitud citada. El mal trato y someter á los animales al trabajo cuando apenas han terminado de comer es causa muy frecuente de producir el cólico, como igualmente la — 73 — ingestión de agua fría en cantidad produce un espasmo de los planos musculares en el intestino, originando fuertísimos cólicos, que después son continuados por la reacción sanguínea excesiva que suele producirse á consecuencia del enfriamiento de dichos órganos. La abstinencia prolongada origina el cólico por abs¬ tinencia, que suele presentarse con bastante frecuen¬ cia en el caballo de guerra, cuando está en campaña; los cambios bruscos de temperatura que suelen produ¬ cir los cólicos llamados espasmódicos, la influencia eléctrica de la atmósfera, que sin disputa obra sobre los individuos de temperamento nervioso, produciendo fuertes contracciones intestinales, y, por su conse¬ cuencia, horribles dolores, sin acusar causa alguna ori¬ ginaria. La presencia de un buen número de vermes en el intestino puede irritarlo y originar el llamado cólico verminoso. Las invaginaciones y anudamientos intestinales producen cólicos muy graves, que los an¬ tiguos han conocido siempre por los célebres mise¬ reres. La existencia de cuerpos térreos (cálculos), las her¬ nias intestinales, el tiro con deglución del aire, las úl¬ ceras de la mucosa gástrica, los espasmos de los mús¬ culos abdominales pueden dar lugar al cólico, y, por último, las intoxicaciones, la hiperhemia, la inflama¬ ción del hígado, la nefritis y retención de orina en la vejiga originan fuertes dolores, constituyendo los cóli¬ cos hepáticos y nefríticos, que son los que anterior¬ mente hemos quedado en llamar falsos cólicos. — 14: — Otra infinidad de causas podrían citarse ; pero como mi ánimo es reducir todo cuanto me sea posible este insignificante trabajo, con el solo fin de no haceros demasiado molesta esta velada, prescindiré de enume* rarlas, puesto que no me cabe la menor duda que cual¬ quiera de vosotros lo haría con más elegancia en la palabra y más profundo conocimiento de sus causas etiológicas y sus diversos modos de obrar en el orga¬ nismo animal. Poco también he de decir acerca de síntomas en ge¬ neral, cuando más detenidamente he de ocuparme de ellos al tratar de cada una de las variedades de cólicos que suelen presentarse ; pero desde luego son síntomas que no dejan de observarse en todas ellas la ansiedad, la inquietud, la agitación, patear y volver la cabeza con frecuencia como si se observara el ijar, revuelca y dobla sus miembros con violencia, temblores parcia¬ les ó generales y algunas veces fríos estremecimientos, sobre todo dolores más ó menos intensos, que unas ve¬ ces los ocasionan contracciones nerviosas que hacen ejecutar movimientos desordenados con accesos de furor, y en otras es tal el dolor, que origina una gran tirantez del abdomen como si fuesen á estallar los in¬ testinos en mil pedazos. Y puesto que el síntoma dolor es el punto principal que hemos de tener presente siempre en estas altera¬ ciones, creo oportuno en este lugar recordar algo de lo que entendemos por dolor (palabra que significa su¬ frir); en Medicina se llama así á una especie de sensa- ción de que son susceptibles todas las partes del cuer¬ po, tanto internas como externas, en las cuales hay- una distribución de nervios que tienen la disposición natural de transmitir al cerebro las impresiones que reciben; estas impresiones no son otra cosa que una percepción desagradable causada por un desorden en el cuerpo, pues basta que una parte cualquiera de él tenga más ó menos nervios para que sea susceptible' de un dolor más ó menos fuerte. Esta sensación se dis¬ tingue de todas las demás por ser propiedad de la na¬ turaleza animal el tenerla aversión, de modo que natu¬ ralmente y aun á pesar nuestro muchas veces nos diri¬ gimos á apartar y hacer cesar lo que creemos ser la causa de la percepción desagradable que constituye el dolor, puesto que es una ley natural que todo aquello que tienda á excitarla tienda á la destrucción de la máquina, y todo animal tiene una inclinación innata á conservar su individuo. De aquí se desprende que atendiendo á esta disposi¬ ción de huir de semejante martirio doloroso lo más pronto posible, en Medicina humana primero y después en Veterinaria, se haya procurado estudiar las diferen¬ tes formas de presentarse el síntoma dolor, con el noble fin de combatirlo del modo más rápido posible y el menor agotamiento de fuerzas del individuo enfermo, habiéndose procedido á uniformar divisiones en núme¬ ro bastante crecido, pues apenas hay enfermedad en patología en que se hayan multiplicado tanto las es¬ pecies como en el cólico, fundándose unos por los sin- — 76 — tomas particulares que habían observado en algunos enfermos y que no observaron en los demás de tem¬ peramentos distintos, otros según las causas primitivas que han dado origen á dichas alteraciones ; pero como los cólicos no son manifestación sintomᬠmás que una tica de otras alteraciones, á nuestro entender, debieran ser clasificados según la naturaleza y carácter de la enfermedad que los originan, y como dichas enferme¬ dades, pocas, coinciden para formar grupo, resulta que la clasificación de los cólicos sólo se podría hacer por seriación ú orden en que van sucediéndose las di¬ versas alteraciones, que son consecutivas unas de otras, puesto que, porejemplo, en un mismo cólico que sólo sea á las pocas horas ya causado por un espasmo, es sostenido por una hiperhemia, en el curso de los cuales puede sobrevenir una timpanización, y desde luego resulta que cada uno de los períodos por que su¬ cesivamente ha pasado dicho cólico está mantenido por un proceso patológico distinto á la primera causa que originó el cólico (enfriamiento), y que nos obliga á combatir la alteración por medios terapéuticos dis¬ tintos, según sean las complicaciones que se nos pre¬ senten en cada uno de sus períodos. Como quiera que la buena marcha del estudio impone una clasificación, nosotros seguiremos aquella que á nuestro entender es más moderna, fundada teniendo en cuenta originaron la lesión las primeras causas que para del modo más aproximado posible fijar los sínto¬ mas que con más frecuencia les distinguen á unas de — 77 — Otras variedades, y como consecuencia el tratamiento especial correspondiente á cada una de ellas. Así diremos: 1.° Cólico espasmódico ó nervioso. 2." Cólicos por sobrecarga. 3.*^ Cólicos gaseosos. 4.° Cólico tromboembólico. 5." Cólico lácteo, y, por último, el producido por lom¬ brices ó cólico verminoso. Los cólicos espasmódicos ó nerviosos consisten en contracciones más ó menos violentas y dolorosas de la masa intestinal, producidas dichas contracciones varias veces sin perceptible, pero casi causa siempre dependientes de enfriamientos tanto internos como externos, por lo que con suma frecuencia se suele ob¬ servar esta variedad de cólico en los días fríos, húme¬ dos, lluviosos y de cambios bruscos en la temperatura, igualmente que cuando ingiere el animal una cantidad de agua fría, que obra produciendo una especie de des¬ alojamiento de la sangre del tubo enfriado, contrayen¬ do sus planos musculares; á este enfriamiento sigue después una reacción circulatoria hacia la parte afec¬ tada, que pasa al estado hiperhémico, originando el dolor, mucho más intenso caso de sobrevenir la infla¬ mación. Los dolores abdominales en esta clase de cólico, su¬ mamente intensos, son producidos por las compresio¬ nes de las terminaciones nerviosas ; al efectuarse las contracciones intestinales hay disminución en la trans- „piración cutánea, temblores parciales; el animal se I mira con frecuencia el ijar, se echa y revuelca con violencia, levanta de pronto, haciendo movimiento como si se estirara unas veces, encogiéndose en otras, se tiende como si fuera á emitir la orina; suele presen¬ tarse casi siempre diarrea, acompañada de ruidos es- pasmódicos de timbre metálico, mucho más manifiesto que en las otras variedades de cólicos; el pulso es al principio filiforme, haciéndose después frecuente y es- pasmódicamente tenso; hay erizamiento del pelo, su¬ dores abundantes, estando aumentadas la temperatura y la sed y más acelerada la respiración. En esta clase, los dolores que sufre el animal remi¬ ten para reaparecer espacio de súbitamente, en corto tiempo, con más fuerza é intensidad; la marcha suele ser rápida, pues cuando más, se prolonga unas diez horas ; en aquellos casos en que transcurrido este pla¬ zo continúa con igual intensidad el dolor es de presu¬ mir complicaciones graves (vólvulo), sobre todo en aquellos animales de temperamentos sanguíneos y nerviosos. Esta variedad de cólico, como dice muy acertada¬ mente Bollinger, es bastante dificultosa de diferenciar en la práctica del cólico trombo-embólico si no se tiene muy en cuéntala causa ocasional, el Pro¬ para lo que fesor no debe perder de vista los signos anamnésticos que hubiese podido reunir á más de los caracteres del pulso espasmódico, que hemos descrito ya más arriba, y de que la contracción de los intestinos y músculos — 79 — abdominales hacen que disminuya un tanto el del vientre, únicos puntos en que á nuestro volume^» humilde en-'\^,^-^ tender puede basarse el diagnóstico diferencial de en¬ trambas. ¿Cuál es el tratamiento que debe seguirse en esta variedad? Nosotros creemos que en todos los cóli¬ cos espasmódicos que no van acompañados de indiges¬ tión basta recurrir á los calmantes para combatir el dolor, bien mezclados ó ya aislados con los difusivos, puesto que ambos obran como antiespasmódicos, rela¬ jando los tejidos y favoreciendo la transpiración cutᬠnea, á la cual podemos ayudar también mediante los medios que aconseja la higiene, como son las friegas, - abrigos, colocar los animales en caballerizas templa¬ das, etc... Cuando los dolores son más intensos se puede y debe administrar la morfina en inyecciones traqueales ( mor¬ fina 55 centígrados en 60 gramos de agua destilada), haciendo inyecciones de 5 gramos cada treinta minu¬ tos, hasta lograr hacer cesar los dolores; también pue¬ de recurrirse á las inyecciones hipodérmicas de clorhi¬ drato de morfina al 3 ó 4 por 100, inyectando de 4 á 6 decigramos para hacer que cesen las contracciones tan dolorosas del intestino y prevenirse contra el vólvulo, siendo de éxito seguro si á la morfina se combina la atropina, según aconseja el Dr. Paquet. Debe huirse de la eserina en esta clase de cólico, como igualmente de pasear á los enfermos, que erró¬ neamente suelen aconsejar algunos autores. — 80 — Cuando los animales toman mayor cantidad de ali¬ mento que los ordinarios, sobre todo si son granos ó semillas, á las cuales no están acostumbrados y sus energías digestivas no son suficientes pará digerir tan¬ ta cantidad de materia alimenticia, queda ésta conte¬ nida en el estómago é intestino, dando lugar álos cóli¬ cos llamados por sobrecarga. En esta variedad de cólico, que como todos sabéis se presenta durante elpienso ó bien inmediatamente después de él, la agitación es al principio moderada; pero los dolores van aumentando de un modo progre¬ sivo, llegando hasta el extremo de hacerse trabajosa la respiración, que es tanto más quejumbrosa cuanto ma¬ yor es el grado de dolor, frunce el labio, tiene la lengua seca y pastosa, con los bordes violáceos, el pulso fuer¬ te y lento, la conjuntiva amarillenta, su temperatura más elevada, se mira al ijar con frecuencia, se echa con vacilación y revuelca breves momentos para vol¬ ver á levantarse, se observan bostezos, náuseas y aun verdaderos vómitos; si se le obliga á andar lo hace con gran de la plenitud resistencia y dificultad á causa y volumen del vientre, siendo de observar la actitud que toma en algunos de sus desordenados movimien¬ tos, según radica en el estómago la causa ó en el intes¬ tino, poniéndose en el primer caso como sentado sobre el tercio posterior, manteniendo en tensión las extre¬ midades anteriores y en sentido opuesto, es decir, como arrodillado, cuando el mal radica en el intestino grue¬ so, elevando el tercio posterior, siendo tal la intensi- — 81 — dad del dolor en esta variedad que algunas veces el animal llega hasta el extremo de ponerse cual loco fu¬ rioso; tales son los movimientos tan desordenados que suele ejecutar, por lo cual llegan hasta la rotura del es¬ tómago ó intestino y diafragma, quedando el animal, cuando sobreviene alguno de estos casos, como si se observara á sí propio, en medio de una calma falsísi¬ ma, puesto que no ha de tardar mucho en verse inva¬ dido de un sudor copioso y frío, fuertes convulsiones, la mirada entonces es fija y ansiosa hasta que cae para sucumbir en medio de tan terrible cuadro sintomato- lógico. Cuando sobreviene la rotura del diafragma la muer¬ te tiene lugar por asfixia, como igualmente puede ser también originada en esta variedad por una apoplegía cerebral, producida porque obrando el alimento dete¬ nido en el intestino como una causa mecánica, por bastante tiempo, le hace adquirir tal plenitud que, com¬ primiendo los vasos sanguíneos, no deja circular bien la sangre por ellos, afluyendo ésta en mucha mayor cantidad al cerebro, por encontrarse éste estimulado por la irritación nerviosa que causa el dolor. Pudiendo contribuir también á este mismo fin los golpes frecuen¬ tes que suelen recibir en la cabeza cuando se revuelcan y no se ha tenido la precaución de poner al enfermo en las debidas condiciones. El diagnóstico diferencial, en primer lugar, debe fundarse en los anamnésticos, el aumento de volumen y dureza del vientre por la actitud y decúbitos, tenien- — 82 — do presente que el signo vómito, que algunos han con¬ siderado como patognomónico de esta variedad, suele acompañar á otras enfermedades más ó menos graves, y que en esta alteración no siempre se presenta, y si por el contrario suele faltar con bastante frecuencia. El tratamiento más adecuado para esta variedad, cuando se trata de que la cantidad de alimentos origen 'de estos dolores no es muy excesiva, y éstos son poco pronuijciados, consistirá favorecer la digestión me¬ en diante los tónicos digestivos amargos, ó bien también con infusiones estimulantes poco enérgicas, auxilián¬ dolas con lavativas ligeramente estimulantes, para fa¬ vorecer la expulsión de excrementos con el objeto de disminuir el volumen de la masa intestinal y evitar la presencia de fuertes contracciones que llevaría este primer período de dolor á más alto grado. Cuando el cólico es producido por una excesiva can¬ tidad de alimento y los dolores son muy intensos, las miras del Profesor deben ser, en primer término, cal¬ mar el dolor, para lo echaremos mano de los nar¬ que cóticos, puesto que la práctica antiquísima de emplear el opio y sus preparados, que han seguido los sabios Médicos ingleses Warren, Hillary y otros sabios prác¬ ticos de Europa cuando de combatir trataban en la es¬ pecie humana el principal síntoma de esta misma do¬ lencia, no es, no puede ser, como algunos enemigos de su empleo en la actualidad pretenden sea un medica¬ mento de capricho y hasta contraproducente, puesto que la práctica y los hechos, que valen infinitamente — 83 — más que todas las teorías é hipótesis que se han inven¬ tado é ideen en contra suya, están diciendo á voces las excelencias de este medicamento y de todos sus de¬ rivados en aquellos casos en que el práctico hiciera uso de ellos donde vencieran al síntoma principal de esta terrible dolencia, la cual antes sin su empleo in¬ utilizara á tantos individuos. Ahora bien; no basta ad¬ ministrar de cualquier modo este medicamento, sino que los adelantos de la química y terapéutica moderna hacen preciso conocimientos en el Profesor, tanto Mé¬ dico como Veterinario, para poder sacar todo el parti¬ do posible y beneficioso de su empleo. Todos sabéis que en la composición del medicamento en cuestión entran alcaloides de diferente modo de acción, puesto que mientras los unos, tales como la morfina, codeína, narceína, son calmantes, otros, por el contrario, son tetánicos, cual sucede á la tebaína, papaberina, opia- nina, etc., lo cual demuestra que si de por sí el opio y sus diferentes composiciones han dado tan excelentes resultados, mucho mayores los obtendremos nosotros al hacer uso en esta dolencia de esos sus alcaloides esencialmente calmantes, usándolos separados y en la cantidad nece.saria, puesto que no hemos de ser nos¬ otros tan tímidos que una vez puestas en acción las primeras dosis y no veamos moderado el dolor vaya¬ mos á dejar sucumbir al enfermo antes de administrar el máximum de la misma, que recomiendan los autores y aun excedernos si fuere necesario, por aquello de que se trata de alcaloides venenosos; pues qué ¿acaso — 84 — no son venenos el emético y los purgantes, y si no lle¬ nan su fin de mover el vientre deja alguien, por miedo que á las dosis tenga, de aumentar éstas hasta que lo ejecuten? Estos los empleamos nosotros para combatir el sín¬ toma dolor, y ya sea por inyección ó ya por la vía buco- gástrica, debemos emplearlos sin timidez hasta conse¬ guir nuestro objeto, puesto que ley de física es que dos fuerzas iguales se destruyen reciprocamente dando un resultado igual á cero; no sucederá lo propio cuando una de estas dos fuerzas sea superior á la otra, por lo cual si el dolor representa como dos, demos nosotros calmante como tres y la victoria será nuestra, el sínto¬ ma se batirá en retirada hasta su completa desapari¬ ción. A más de lo dicho llenan muy bien expondremos que este fin lasinyecciones hipodérmicas ó traqueales de clorhidrato de morfina de que ya hablamos anterior¬ mente en el cólico espasmódico, igualmente que las de cloruro mórfico y agua de azahar (60 centigramos del primero por 50 gramos de la segunda en inyecciones de 6 gramos), acompañadas de lavativas de agua tibia jabonosa y paseos hasta la desaparición completa del dolor. Otro punto que no debe perderse de vista es el de que como quiera que los alimentos están estancados en el intestino, determinan fermentaciones que el Profesor deberá evitar mediante los antisépticos, tales como el iodoformo, el salicilato de so.sa, clorato de potasa, cío- ruros de cal, etc., etc., administrándolos, ya por la vía -í»,, bucogástrica, ya por medio de inyecciones; y, por últi-,. '7^-— mo, favoreceremos la expulsión por medio de los pur- gantes, como el sulfato de eserina (disuelto en agua un decigramo por 5 gramos, en inyección hipodérmica) ó bien los sulfatos de magnesia ó sosa, dados con el ob¬ jeto de aumentar las secreciones que reblandezcan y desenvuelvan los alimentos y excrementos para favo¬ recer su expulsión, ayudando á ésta mediante lavati¬ vas emolientes suavizantes compuestas de un coci¬ miento mucilaginoso y un poco de aceite. Para evitar la irritación que pudieran originar los purgantes, etc., sería conveniente que una vez produ¬ cidas algunas evacuaciones diéramos al enfermo algu¬ na bebida mucilaginosa, teniendo sumo cuidado con la clase de alimentos á que sometamos el enfermo hasta su completa reposición. Con esto pasaremos á decir de la forma más breve posible cuatro palabras acerca de la variedad llamada gaseosa, que es siempre originada por la presencia de gases en los intestinos, producidos unas veces por al¬ teraciones en la digestión, otras por el vicio de tiro con deglución de airé"^ó por ejecutar carreras sostenidas contra la dirección de viento, produciéndole también los alimentos detenidos, máxime si son de aquellos que suelen fermentar con facilidad, tanto más cuando está — 86 — obturada la salida de gases por el recto á causas de pe¬ lotas estercoráceas ó excrementos secos, en que impe¬ dida la salida de los mismos, se van acumulando, dila¬ tando los intestinos, excitando al propio tiempo los ner¬ vios de la parte hasta producir el dolor más ó menos violento y el aumento del vientre que se hace más pro¬ minente hacia los ijares, en los que, si practicamos la percusión, da un sonido timpánico á semejanza del que obtendríamos golpeando un boto lleno de aire. Según Pinner, los gases que predominan en el intes¬ tino, son: 49 por 100 de carburo de hidrógeno; 8 por 100 de ácido carbónico y el 42 por 100 de ázoe. El sulfuro de hidrógeno se halla, además de los anteriores, en cantidad variable. En esta variedad de cólico hay dificultad en la mar¬ cha; á la auscultación se perciben borborigmos de tim¬ bre metálico procedente de los gases que existen en el intestino, la respiración se hace dificultosa por la com¬ presión del pulmón, el caballo está muy inquieto, es¬ carba, se mira al vientre con frecuencia, se echa y revuelca, pero breves instantes, porque al apoyar el vientre contra el terreno el dolor es más intenso, levan¬ tándose en seguida con el fin de evitar éste; se pone en actitud de excrementar sin poderlo conseguir, y, cuan¬ do más, lo hace en insignificante cantidad; los latidos del corazón son rebotantes; la mirada fiera; el ojo sal¬ tón y conjuntiva muy inyectada; el cuerpo se cubre de sudor, yendo en aumento la ansiedad y haciéndose el pulso imperceptible. — 87 — El diagnóstico de esta variedad es sumamente fácil por basarse en la timpanitis rápida del abdomen, á más del sonido timpánico tan pronunciado que nos da la percusión en los hipocondrios é ijares; en cuanto á su marcha es rápida, terminando unas veces por la depre¬ sión de los ijares como consecuencia de la expulsión de los gases y materias ester coráceas, desapareciendo los dolores; en otras ocasiones la muerte es inevitable por rotura del intestino, diafragma, asfixia ó intoxica¬ ción carbónica. Dos son los tratamientos que podemos emplear en la variedad que nos estamos ocupando, consistente el uno en medios farmacológicos, tales como los carminati¬ vos ó neutralizantes de los gases, como son: la magne¬ sia calcinada, el agua de cal (de 15 á 20 gramos en 500 á 1.000 de agua), amoníaco (15 gramos en un litro de agua), hígado de azufre (de 5 á 10 gramos en infusión de manzanilla), auxiliando á esta medicación lavativas de agua fría que estimulen el recto y contribuyan á la expulsión de gases, ó mejor aún las de éter (8 á 15 gra¬ mos en un litro de agua). Si, á pesar de esto, no hemos conseguido combatir la alteración, tenemos que recu¬ rrir á los purgantes para combatir los obstáculos que se oponen á la salida de los gases, bien por medio de los salinos y lavativas cuanto por las inyecciones hipo- dérmicas del sulfato de eserina (un decigramo en 10 gramos de agua), y si, á pesar de esto, subsiste, se hace preciso el tratamiento quirúrgico, ó sea la punción del intestino ciego para dar salida á los gases, sin perjuicio — 88 — de que una vez conseguido esto ataquemos por medio de los antisépticos la causa que los engendraron. Nada he de deciros del cólico producido por alimen¬ tos de mala calidad y substancias más ó menos acres, irritantes y aun venenosas, puesto quesiendo siempre originado por una inflamación gastrointestinal no de¬ bemos ya considerarlo como un verdadero cólico y sí como síntoma de una gastroenteritis más ó menos vio¬ lenta y grave, que dejaremos para cuando tratemos de un modo más detenido el estudio de dicho proceso patológico, pasando, aunque siquiera sea de un modo rapidísimo, á decir algo acerca de los cólicos trombo- embólicos, que no hemos encontrado descritos ni aun siquiera indicados en ninguna patología antigua ni mo¬ derna española. Estos cólicos son afecciones ó entidades morbosas que debieran segregarse, como dice muy cuerdamen¬ te el distinguido Veterinario militar Sr. Molina (pri¬ mero que en nuestro país ha descrito estos procesos), del capítulo de los cólicos y darles nombres propios, ya sean los indicados por este señor ú otros que pa¬ rezcan mejor; nosotros, de acuerdo con el Director de la Gaceta de Medicina Veterinaria, y siguiendo en esto la corriente, en vez de llamar trombosis de tal ó cual arteria á esta enfermedad la conservaremos el nombre áe.pila, aunque no lo consideramos exacto. — 89 — Los cólicos tromboembólicos son producidos por la trombosis y embolias de la sangre contenida en los vasos intestinales, como igualmente puede ser origi¬ nada también la estrangulación de un intestino por un asa de otro, en cuyo caso, además de impedir la ex¬ pulsión de gases y excrementos, interrumpe la circu¬ lación sanguínea en el punto estrangulado, desarro¬ llando el dolor cólico. También el trombo puede ser originado por un agru- pamiento de vermes hemáticos en los vasos, obstru¬ yendo la circulación j originando desórdenes más ó menos graves, como lo hace el aneurisma verminoso de la grande mesentérica, pues ya Rigot, en el año 1829, señala esta lesión sobre caballos muertos de cólicos, y Prerhz, en 1855, relata un caso de obliteración de la arteria mesentérica; Bouley, en 1856, considera los excrementos sanguinolentos y los cólicos intermiten¬ tes como síntomas, pudiendo hacer suponer la oblite¬ ración arterial; Cornevin, en 1869, describe un hermo¬ so caso de cólico producido por la obliteración de las arterias y del intestino delgado y ciego, lo cual demues¬ tra que durante largo periodo han sido desconocidas las causas originarias de estos cólicos, hasta que el estudio detenido hecho por los anteriormente citados en las autopsias practicadas en los animales muertos de esta dolencia los pusieron en condiciones de obser¬ var las diferentes lesiones qixe acabamos de exponer, á más de que, habiéndose ya generalizado estos estu¬ dios, no contentándose ya con examinar exteriormen- — 90 — te los órganos, sino medio del escápelo se que por ponen en descubierto el interior de los vasos en los que se han hallado tromboembólicos que obstruían la corriente circulatoria, así nos podemos dar ya una idea del porqué de la anemia local por debajo del ém¬ bolo y, por el contrario, la hiperhemia en otras por¬ ciones de tejidos que reciben vasos colaterales que parten de encima del trombo arterial, y de aquí que, al determinar el éxtasis y reflujo de sangre venosa, se acompañe de una ligerísimatrasudación sero-san- guinolenta en el tubo intestinal y, sobre todo, en el espesor de sus paredes (infarto serohemorrágico ), ocasionando las más de las veces su parálisis y como consecuencia de ésta la estancación de la substancia que éste contenga, la cual, entrando en fermentación, origina gases en abundancia, pudiendo también suce¬ der, como consecuencia de la parálisis de la porción intestinal, originarse complicaciones gravísimas, tales como el vólvulo, invaginaciones, debido á la activi¬ dad de las asas intestinales sanas. El trombo constituye dilataciones, ya ovaladas, ya fusiformes é irregulares, de volumen variable, pudien • do llegar al tamaño de la cabeza de un niño y aun más; las paredes del vaso en estos casos son espesas, especialmente la media, presentando alteraciones in¬ flamatorias y aun degenerativas la interna; el trombo existente en su interior es extractificado con abundan¬ cia de vasos, pudiendo obstruir perfectísimamente la luz del aneurisma ; en el centro de este coágulo existen ' los estróngilos armados número en variable, constitu¬ yendo los agentes especificos de esta gravísima dolen¬ cia, en la que la muerte puede originarse por cualquie¬ ra de estas causas : 1." Por axfisia ocasionada por compresión sobre el diafragma con edema del pulmón. 2.® Por apoplegia cerebral ó pulmonar debido á la elevación de la tensión arterial por comprimir á los grandes troncos arteriales las visceras abdominales. 3.^ Por intoxicación carbónica. 4.^ Por síncope cardíaco debido á los fuertísimos dolores intestinales y, por último, la origina la infec¬ ción séptica. Ahora bien, ¿es que siempre termina por la muerte del individuo esta alteración? No, puesto que, lejos de esto, en algunos casos se obtienen excelentes curacio¬ nes, como hemos de apreciarlo en la forma que á en exponerlo vamos, estudiando, al propio tiempo que su marcha, síntomas especiales y sus terminaciones más frecuentes, según corresponda á cada una de estas cuatro divisiones que vamos á establecer: 1.'' Marcha aguda, terminándose por la curación. — En esta clase el cólico aparece de pronto sin causa al¬ guna exterior apreciable ; son extremadamente doloro¬ sos; su duración es muy corta, puesto que las embolias parciales de las arterias intestinales van desapareciqji- do poco á poco á medida que se restablece la circula¬ ción por las anastómosis. La reacción de la orina suele ponernos sobre aviso, puesto que en esta primera di- — 92 — visión es alcalina, y, por el contrario, ácida en los có- ' lieos producidos por la enteritis. 2.^ Marcha aguda con terminación fatal.—Aparece como en el caso anterior, sin que se note causa exte¬ rior alguna; los dolores, que al principio son más pro¬ nunciados, se hacen casi insignificantes, contrario álo que venimos observando en todas aquellas afecciones, debido á la parálisis de la parte intestinal anemiada; la muerte sobreviene unas veces por infección séptica, otras por rotura del intestino. 3.® March'a crónica, de terminación favorable ó ca¬ tarro intestinal embólico crónico. — Esta variedad es producida hiperhemia originada á consecuen- por una persistiendo en ocasio¬ cia de la obliteración arterial, nes esta congestión, dando lugar al catarro intestinal crónico; los movimientos peristálticos están muy dis¬ minuidos, la defecación es rara, el apetito nulo; suele aparecer fiebre acompañada ó no de dolores cólicos más ó menos fuertes, pudiendo subsistir durante pocos días ó dos ó más semanas, constituyendo entonces el estado crónico, siendo la debilidad extremada la que lleva al enfermo al marasmo ó bien á la infección sép¬ tica, produciendo la muerte. Hay también casos en que su duración se reduce sólo á algunos días, termi¬ nando por la curación. 4.^ Marcha crónica con producción de una enteritis tromboembólica hemorrágica. — En ésta existe una obstrucción embólica en las pequeñas arterias intesti¬ nales que causan en algunos puntos de la mucosa los — 93 — trastornos, ya expuestos anteriormente, de anemia, éxtasis sanguíneo, infartos hemorrágicos, etc. El enfermo en esta variedad siente sed intensa acom¬ pañada de inapetencia; la defecación es escasa; el excremento, que al principio es seco, se hace después como pastoso y termina por ser sanguinolento y féti¬ do; hay fiebre intensa, 39° á 41° grados y aun más; el pulso pequeño; el vientre se remanga, siendo de notar que cuando el animal come se agrava, notándose en ocasiones temblores musculares, enfriamiento de las extremidades, latidos tumultuosos del corazón, aumen¬ tándose la temperatura rectal y la ansiedad respira¬ toria. La curación es rara, pudiendo, sin embargo, obte¬ nerse después de una larga convalecencia ; pero lo más frecuente es que termine la dolencia con la vida del enfermo, unas veces debido al agotamiento de fuerzas por la infección ó por una peritonitis intensa consecu¬ tiva á la perforación del intestino. En cuanto al cólico tromboembólico, después de todo, como dice el Sr. Molina, el tratamiento es incierto y dudoso, dirigido á combatir los síntomas dominantes, pudiendo emplearse los diluyentes de la sangre para procurar la licuación del coágulo de la misma y preca¬ ver y disminuir la hiperhemia local que se desarrolla. En estos casos el recto será frecuentemente desocupa¬ do con la mano ó con infusiones de agua, á pesar de que hagamos uso de los evacuantes, de los cuales los laxantes alcalinos son especialmente recomendables, — »4 — acompañando las fricciones los purgantes y paseos; gástricos la eserina y no empleados, deben serpuesto que las contracciones bruscas que ellos provocan en el intestino sano originarían mayor gravedad por poder producir vólvulos é invaginaciones, casos en los cua¬ les la muerte es inevitable las más délas veces, puesto que de nada han servido los diferentes medios propues¬ tos para ver de conseguir su curación, tales como la administración de perdigones, purgantes gástricos, corrientes eléctricas de la boca al ano para procurar por medio de las contracciones intestinales originadas deshacer la estrangulación, medios que á nuestro en¬ tender aceleran la marcha y fin de la enfermedad. Dicho esto, procuraremos terminar este brevísimo es¬ tudio diciendo dos palabras acerca de las variedades que nosotros vamos á conocer con los nombres de có¬ licos lácteo y verminoso. El primero suele presentarse en las primeras edades de la vida, debido unas veces á la presencia en la leche de productos extraños, procedentes unos del reino ve¬ getal, otros del mineral, y, en ocasiones, por verdade¬ ros agentes patógenos. En otras circunstancias, por el predominio de algunos de sus principios constitutivos, cual acontece en la leche crasa, que si bien por encon- 1 trarse en ella la grasa y caseína en cantidad supera¬ bundante constituye una gran ventaja, cuando se desea obtener manteca ingerida por los pequeños animales origina cólicos y diarreas más ó menos pertinaces que se hacen preciso, combatir, porque á más de los dolo- — 95 — res más ó menos violentos que originan, pueden pro¬ ducir desituación de algún órgano, dando lugar á her¬ nias, roturas intestinales, etc., tanto más fáciles en éstos cuanto que la resistencia de sus tejidos son mu¬ cho menor que la del individuo que ha llegado á mayor estado de desarrollo. Para el tratamiento de esta espe¬ cie es preciso examinar primero á la madre para ob¬ servar el estado fisiológico ó patológico en que ésta se halle, puesto que infinidad de veces el cólico en los pequeños seres es originado por alteraciones más ó menos graves de la madre. Segundo, la leche que maman, por si nos fuera posi¬ ble corregir el factor originario, y si no separar, la ma¬ dre, puesto que obrando la causa de un modo constan¬ te de nada serviría cualquier plan terapéutico que adoptáramos para aliviar la dolencia. Una vez hecho esto obraremos según la causa productora nos acon¬ seje, bastando las más de las veces el empleo del agua mielada, ó en su defecto ligeramente emetizada, los purgantes salinos ó el maná, y cuando esto no fuere suficiente, tratándolos como una verdadera indiges¬ tión. ••ü ^ * Cuando el cólico es producido por la presencia de lombrices en el intestino, suele el animal estar inape¬ tente, triste, con las conjuntivas pálidas, en ocasiones el síntoma dolor es poco intenso, debido, sin duda, á — 96 — cambios de lugar de estos parásitos; pero cuando estos entozoarios se adhieren alas paredes intestinales como si pretendieran perforarlas, los dolores son intensísi¬ mos, el animal está impaciente, se mira con frecuencia al vientre, adelanta las extremidades torácicas, diri¬ giendo hacia atrás las posteriores, se echa al suelo, comprimiendo la cavidad abdominal contra el terreno á modo de como si pretendiera rozarla y de despren¬ derse por este medio algún objeto, golpeándose á con¬ secuencia del dolor acerbo que experimenta. Desde tiempo antes de presentarse el síntoma dolor suelen encontrarse lombricillas envueltas con el excremento, que unido al enflaquecimiento del animal, á pesar de comer con abundancia, nos sirve de guia para diag¬ nosticar con síntomas pri¬ acierto. En el perro, como mordiales, suele haber vómitos, castañeo de dientes, picor enlas narices y ano, lo que hace arrastren el tercio posterior por el terreno, y, por último, agudos dolores. Las indicaciones que hemos de llenar son dos: Primera, evitar el dolor mediante los calmantes y después destruir la causa originaria mediante los ver¬ micidas, tales como el helécho macho, la corteza de la raiz de granado, los ajenjos, la sabina, sal de amonía¬ co, la peletierina y el camala, que además de obrar como poderoso vermífugo ejerce una acción purgante muy suave, por lo que se hace recomendable. Termi¬ nado el tratamiento someteremos á los enfermos á un buen régimen alimenticio, administrando de vez en — 97 — cuando algún purgante salino y alguna bebida tónica amarga, con el fin de evitar la reaparición de las lom¬ brices una vez eliminadas éstas. Expuesto lo dicho, y antes de terminar, réstame sólo daros con toda mi alma las más expresivas gracias por vuestra benevolencia á este tan humilde como im¬ perfecto trabajo, al que debido á mis escasos conoci¬ mientos y contra mi buen deseo no pude aportar al¬ guna nueva idea que pudiera servirnos de guía al tra¬ tar de combatir alguna de las alteraciones de que nos hemos ocupado, por lo que sólo he de regocijarme si alguno de vosotros, al oir algunos de los muchos conceptos erróneos de que sin duda está llena esta me¬ moria, toma la palabra para deshacerlas, puesto que sólo entonces habría conseguido mi objetivo único, cual es el de producir el estímulo de vuestros ingenios, para que levantando sus poderosas alas pueda romper los troqueles de lo antiguo y formar los moldes en que ha de sustentarse lo nuevo. Adelante, pues, queridos con¬ socios, que el que se mueve algo halla, y en Veterina¬ ria, al igual que en la Medicina humana, por amplio que sea el grado de lo conocido, mucho más lo es el de lo ignorado, y asi como la ignorancia atrevida produce la discusión, ésta engendra la luz, que no es en sí otra cosa que los imposibles del ayer, las realidades de hoy y los progresos del mañana. He dicho. José Fernández Alcalá. ACTA De LA SESIÓN DEL DÍA 7 DE NOVIEMBRE DE im (extracto) Presidencia del limo Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión, se dió lectura al acta de la anterior, que fué aprobada. El Sr. Presidente presentó á la sección al distinguido Veterinario dosímetra D. Víctor García Bermejo, nuevo socio de número y en¬ tusiasta reformista. Continuando la discusión del tema pendiente, el Sr. Aragón (D. Inocencio) dió lectura á un trabajo muy acabado, aplaudiendo la Memoria del Sr. Alcala; se ocupó del malestar de la clase y en¬ salzó los frutos de la unión y de la labor reformista. Entrando en el fondo del asunto, analizó el Sr. Aragón casi todos los puntos que había tratado en su Memoria el Sr. Fernández Al¬ calá, aplaudiendo unos, combatiendo otros y manifestando su dis¬ conformidad con algunos. Terminó felicitando al Sr. Alcalá y pi¬ diendo indulgencia á la Sección. El Sr. Fernández Alcalá agradeció al Sr. Aragón los elogios que había hecho de su trabajo, se ratificó en la parte doctrinal de su Memoria y rebatió las ideas y conceptos que el Sr. Aragón había expuesto. Concluyó recordando que el objeto de su Memoria no era enseñar á nadie, sino dar pie á razonada discusión de la que brote la luz. Y habiendo transcurrido las horas de reglamento, el Presidente levantó la sesión. V.° B.° El Presidente, El Secretario general, SÁNCHEZ. Eusebio Molina. Saño^d'b: Al levantarme á contestar con verdadera satisfac¬ ción á nuestro ilustrado compañero Sr. Alcalá (don José) sobre el trabajo científico tan perfectamente pre¬ sentado á esta corporación, calificándolo en este mo¬ mento de una verdadera monografía, escrita en co¬ rrecto estilo, aun más teórica que práctica sobre tema de suyo interesante, como son los mal llamados cóli¬ cos, he de principiar, pues, por el preámbulo, por no estar conforme con algunas de las apreciaciones que se sustentan. Al hablar de la profesión, entre otras consideracio¬ nes, dice: "que los Veterinarios, por su situación ¿re- caria, no pueden ni aun corresponder con una peseta mensual para la suscripción de una revista científica, y que por tal estado nacen los males que afectan á la clase.,, No diré á S. S. que algo de lo expuesto no suceda. pero entre ese algo y lo que realmente ocurre hay una gran distancia que explicaré. Afortunadamente he tenido ocasión de conocer á un buen número de comprofesores, así militares como ci¬ viles, lo mismo en capitales que en pueblos rurales, y á fuer de imparcial, pues mi carácter franco lo atesti¬ gua, he de manifestar, señores, que no es este el mal, como por algunos más se afirma, de la profesión, pues otras raíces más hondas tiene, tan funestas, que son difíciles de desprender del árbol generador, como no sea por reformtsmo^ la constante tarea emprendida del á cuya bandera, desplegada y tremolada por los Moli- ñas, Elola, Gonzalo (D. Domingo), Sánchez (O. Si¬ món), Coya, Moyano, Ferrer, Pisón, Ramírez, Gonzᬠlez Marcos, Sr. Díaz Villar, y otros muchos Profeso¬ res, deben unirse todos, acabando de una vez con tan funesto modo de ser, y ahora más que nunca por di¬ versas causas. Las clases, las corporaciones, hay que desengañarse que las hacen los hombres que las componen, siendo buenas, medianas ó malas, según sean éstos. ¿Por qué unas se modifican y otras no? ¿Por qué unas viven y otras no con relativo bienestar y representación so¬ cial?, ¿Es acaso porque sus individuos tengan más 6 menos posición pecuniaria? Pues qué, ¿no vemos en algunas clases la situación tan poco próspera que tie¬ nen, y, no obstante, son atendidas y consideradas? ¿En qué consiste, pues, que nuestra importante y querida profesión no lo sea? No es, no, en que sea más ó menos. — 103 — pobre, sino en que pretende hacerse, creyendo en mu¬ chos casos que con ello puede sacar algún partido, y lo que consigue es pasar por las horcas caudinas, como suele decirse, sin conseguir mejora alguna, ni indivi¬ dual ni colectivamente, sucediendo lo que todos cono¬ cemos. El Sr. Alcalá principia á vivir ahora en el mun¬ do de la profesión y no puede apreciarla en sus dife¬ rentes manifestaciones, esto es como todo, se aprende con la práctica, y ya observará, con su buen sentido y ojo avizor, que no es que no exista una peseta, sino que ésta se invierte mal; es decir, se gasta en otra cosa que no quiero duramente calificar ni nombrar y que en vuestro ánimo está; á cuantos comprofesores conozco, que son en bastante número, como ya digo, salvo raras excepciones, les sobran, no una peseta, sino varias para poder hacerse socios de una Academia, suscrip- tores á una revista y para otros asuntos de interés, dando con ello vida y esplendor á la clase en general. ¿Quiere decirme el Sr. Alcalá qué significaría el sacri¬ ficio de cinco céntimos diarios que cada individuo se propusiese ahorrar para tales fines? Nada, pues con sólo dejando de... fumar algunos cigarrillos de papel al mes, algo más de esa cuota que nos refiere podrían reunir. Dijera esto nuestro distinguido compañero, y, ade¬ más, la poca unión y el menos armonioso concierto, respeto mutuo y recíproca cortesía, con unidad de mi¬ ras que debiera existir; la falta de fe; los egoísmos per¬ sonales que tanto perjudican, creyéndose cada uno que lo suyo es lo mejor, sin atender ni dar crédito á lo de los demás; la apatía y la indiferencia tan común y arraigada; la rivalidad cautelosa, etc., etc., y entonces estaría en lo cierto, siendo esto lo que hace que la cla¬ se no pueda sacudir el yugo que la sujeta, pudiendo salir en breve tiempo triunfante y airosa en la deman¬ da, amén de otras consideraciones que en el ánimo de vosotros está, y que no he de señalar, por no seros más molesto y más duro en calificar. Dicho esto paso con alguna brevedad, sin que esto se oponga á la claridad, á ocuparme de la parte científica. ALTERACIONES DEL APARATO DIGESTIVO Al hablarnos nuestro digno compañero de las altera¬ ciones que se desenvuelven en el aparato digestivo de los animales lo hace siendo el cólico una de las más frecuentes, etc. No cuando puedo pasar por alto este punto, pues aun en su extenso y bien escrito tema trata de explicar lo que es el cólico, hace de éstos, no obstante, una clasi¬ ficación, los síntomas que presentan, las causas que los originan y el tratamiento que debe emplearse para cada uno de ellos; mas yo creo que estos asuntos hay que tratarlos demodo más concreto ; veámoslo : un puede admitirse la palabra cólico científicamente No hablando. ¿Sabéis por qué? Porque creo que es un feliz recurso, como sucede al hablar de otros padecimientos. para un entendimiento poco capaz y poco exacto, como sucede generalmente al vulgo, de poder fijar con exac¬ titud el sentido de las expresiones; porque creo que es una significación vaga é indeterminada, asi para el Médico como para el Veterinario, empleándose á cada momento para salir del paso sin temor á ser pillados en falta; tal es, pues, la denominación de cólico, lo cual no nos da á conocer ni el sitio ni la naturaleza de'la enfermedad, que es necesariamente lo que hay que determinar. ¿Qué nos dice, por ejemplo, la pala¬ bra claudicación en tal sentido? ¿Qué nos demuestra la palabra inñuenza y otras varias denominaciones por el mismo orden? Por esto precisamente me sugiere esta reflexión, con lo cual creo que estarán conformes mis ilustrados compañeros. El uso, la costumbre es lo único que ha consagrado la palabra cólico, designando únicamente el síntoma dolor que tiene su asiento en el abdomen ; más claro, el síntoma dolor de toda irritación de la intestinal, masa y no solamente como la etimología de la palabra pare¬ ce indicar refiriéndose solamente al intestino colon; en el día debe emplearse esta palabra más no que sinto¬ máticamente hablando. Así, pues, al hacer la clasificación nuestro ilustrado compañero de los cólicos dividiéndolos en espasmódi- cos ó nerviosos, por sobrecarga, gaseosos, tromboem- bólicos y cólicos lácteos y verminosos, entiendo que no procede hacer tal clasificación sin sentar por princi¬ pio el tomar un síntoma por una enfermedad. ¿No es- taría mejor hecha la clasificación según el órgano afec¬ tado y su estado patológico? Esto creo que es lo científico y lo que nos conduce al verdadero conocimiento de los hechos, dándonos con ello clara cuenta y una idea más justa de la naturaleza del padecimiento, concediéndole entonces toda la im¬ portancia sí tiene y merece. que en propio cólico espasmódico, convulsivo ó ner¬ En el vioso, que nos describe el Sr. Alcalá, vamos á exami¬ narlo. ¿Qué afección existe? ¿Hay infiamación en las visceras digestivas? ¿Pueden estar irritadas únicamen¬ te en los filetes nerviosos que seintroducen en su pro¬ pio tejido ylos pone en relación con los centros nervio¬ sos y el cerebro? ¿Es siempre primitiva esta irritación nerviosa? Y una vez declarada, ¿se extiende siempre al tejido del órgano ó puede permanecer en los filetes nerviosos? Cuestiones son estas de gran trascendencia que dejo á la consideración é ilustración de vosotros, que con más conocimientos que yo y al hacer el resu¬ men nuestro digno Presidente nos hablará con más detención, no sin antes significar que esta afección es rara, porque la ciencia ha adelantado lo suficiente para demostrar que nada se dice al manifestar cólico espas¬ módico, teniendo, pues, su verdadero asiento la enfer¬ medad, el cual debe, detallarse. Siguiendo misma, nos dice S. S. que se ori¬ con esta gina, entre otras causas, al ingerir los animales una cantidad de agua fría en el estómago, produciendo su enfriamiento, etc. Es necesario no confundir los hechos; desgraciadamente, en la Medicina sucede mucho de esto, y queriendo darse explicación de todo, ¡ hay tanto ■entorpecimiento!, amontónanse las causas, los sínto¬ mas, los tratamientos, concluyendo en frecuentes casos el no saber por dónde se camina, sin encontrar el firme sobre el cuál obrar, distanciándose cada vez más de lo que en realidad es. Yo me explico que esa cantidad mayor ó menor de agua fría en el estómago, por lo cual el animal enferma, obra alterando su funcionalismo quedando el líquido estancado 3^ ocasionando como cuerpo extraño la consiguiente irritabilidad; si se pro¬ longa algo el estancamiento, el estado congestivo es mayor y hasta el inflamatorio. En mi práctica he obser¬ vado esto con bastante frecuencia, y citaré una ocasión dada en que pude comprobarlo perfectamente en buen número de caballos. Debido á la orden dada de un Coronel de regimiento, que ni á propósito para demostrar esto podría haberlo hecho mejor, y con el intento, según decía, de acos¬ tumbrar el ganado en paz para la guerra, deseando tal vez dar cumplimiento al proverbio latino Si vis pacen para bello, lo cual no pudo realizar, como era de supo¬ ner, se dispuso saliesen los caballos por tandas de 25 al picadero á las tres de la tarde, durando el trabajo una hora aproximadamente durante los meses de verano. Se le ocurre á cualquiera era esto suficiente para que el ganado sufriese contratiempos en la salud; pero como si no fuese esto bastante, sin premeditar un más allá, se mandaba que á continuación del trabajo, al — 103 — cesar sucedía? Lo que fᬠéste, se les diese agua; ¿qué cilmente puede comprenderse: el enfriamiento general principiando por el aparato en que más directamente obraba el líquido, la perturbación inmediata del estó¬ mago con todas sus consecuencias, no admitiendo ese cólico espasmódico y enteralgia, nerviosos ó esencial, lo cual tuve ocasión de discutir con el ilustrado com¬ pañero de regimiento, muerto ya por desgracia para la clase. Sr. Cejas, opinando eran los referidos cólicos espasmódicos y no lo que yo pude demostrarle en con¬ trario. Al efecto, por una observación atenta de los hechos durante el curso de la enfermedad en cinco caballos reunidos en una tarde, á los veinte minutos próxima¬ mente de tomar el agua y estar en la caballeriza todos con los mismos síntomas de temblores y contracciones nerviosas, síntoma dolor desde el primer momento, etc., sobreviniendo sin género de duda en algunos casos el estado inflamatorio de la viscera y el estado congestivo general, vimos, pues, palpablemente, que los dolores cedían á medida que el agua pasaba á los intestinos y al exterior arrastrando las heces fecales, produciéndo¬ se una especie de diarrea, que los mismos herradores decían: "ya han desbrochado, ya no es nada,, (pala¬ bras textuales) ; en efecto, esto sucedía si no se prolon¬ gaba algunas horas menos que señala S. S. y sobreve¬ nían complicaciones, como más arriba indico, pasando la viscera de la irritación simple al estado congestivo agudo, haciéndose general, teniendo entonces necesi- — 109 — dad, por su mayor importancia, del tratamiento que in¬ dicaré al hablar de este extremo y de lo cual nada nos. dice nuestro compañero. El prurito tan común de crear entidades patológicas ha hecho que se forme tanta diversidad de los mal llamados cólicos, que así como el que nos ocupa se des¬ criben por algunos autores otros varios. ¿Pero qué Profesor será llamado para ver á un animal enfermo y explorando con cuidado todas las funciones y todos los órganos contenidos la cavidad abdominal no en deje de sospechar digestiones suspendidas ó alteradas por diferentes causas, la presencia de cuerpos extraños en las vias biliarias ó urinarias, la obliteración ú oclu¬ sión mecánica de los intestinos, las inflamaciones gas¬ trointestinales, la introducción en la economía de agen¬ tes deletéreos, estados metastásicos reumáticos sobre las visceras abdominales, los diferentes padecimientos en las hembras del útero, etc., etc.? Este es el verda¬ dero estudio de las afecciones del aparato digestivo y demás órganos contenidos en la cavidad abdominal y la clasificación que debe hacerse, dándonos así clara cuenta de los hechos en presencia de los enfermos. Respecto á los cólicos por sobrecarga, ¿qué queréis que os diga después de lo expuesto referente á su de¬ nominación? ¿No os parece que si se presenta el sínto¬ ma dolor abdominal inmediatamente después de haber ingerido en el estómago más ó menos cantidad de ali¬ mentos podemos clasificar con toda propiedad una ver¬ dadera suspensión de la digestión, una indigestión es- 1 — 110 — tomacal aguda? Y si ésta se prolonga algunas horas, apodemos temer con fundamento y reconocer una in¬ flamación de la membrana mucosa del estómago, gas¬ tritis que pasando á la porción intestina diremos una gastroenteritis aguda, etc., á medida que se presenten complicaciones, como con frecimicia oaírre,hiendo ft-ecuente, si el animal es de temperamento sanguíneo y está algo pletórico, el estado congestivo general? No he de seguir demostrando más la ninguna aplica¬ ción de la clasificación de los cólicos, pues por tal pro¬ ceder se me antoja hacer la descripción de uno que me sugiere en este momento: cd/ffo verde (por alimento) ó cólico vegetal. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque deglutida más ó menos cantidad de verde en el estó¬ mago en malas condiciones, por ejemplo, en principio de fermentación, siendo una substancia deletérea, irri¬ tando el estómago produce violentos dolores, y ya te¬ nemos el cólico mencionado, y así sucesivamente se haría una clasificación interminable según la substan¬ cia deglutida: cobre, cólico de cobre; plomo, cólico de plomo, etc., etc. Referente al cólico gaseoso he de decir dos cosas: la primera, que sin duda el Sr. Alcalá no ha presenciado caso alguno práctico, toda vez quemanifiesta ser siem¬ pre originado por el desarrollo de gases en los intesti¬ nos; pues qué, ¿no puede ser la timpanitis ó neumato sis por la acumulación de gases en el peritoneo, en el intestino, en el estómago ó en el útero en las hembras? Generalmente, la timpanitis intestinal ó fisenteria, — ni — cuando no está seguida de complicaciones de fuerte irritación gástrica ó intestinal, ó cuando depende, como he tenido ocasión de observar, de una estrangulación en un punto dado en el largo trayecto de la masa intes¬ tinal, es siempre más ó menos pasajera, pero pasajera al fin, seguida de la expulsión de los gases, no suce¬ diendo lo propio cuando es la timpanitis abdominal ó timpanitis propiamente dicha, que entonces sobreviene generalmente la peritonitis, mejor dijera esta es la cau¬ sa, seguida en muchos casos de funestos resultados; esto es lo hay que que apreciar prácticamente, demos¬ trando asimismo, y esto es losegundo, que esta es la clasificación y denominaciones que ha debido plantear nuestro estimado compañero. Dando por terminado este extremo del tema que he examinado, paso á ocuparme lo que se refiere á los tra¬ tamientos, haciéndolo sólo en un punto esencial, dedi¬ cando dos palabras que se me ocurren en lo concer¬ niente al cólico tromboembólico; resonante es, en ver¬ dad, la denominación, pero, en fin, esto no hace al caso. Dice nuestro ilustrado compañero. Sr. Alcalá, que 7ít siquiera ha visto indicado dicho padecimiento en nin¬ gún libro español antiguo ni moderno; sin duda alguna no ha meditado bien S. S. en esto, pues no otra cosa puedo yo creer; vea las obras del fundador de la Ga¬ ceta Médico-Veterinaria, Sr. Espejo, distinguido Pro¬ fesor de la Escuela de Madrid, gran reformista, com¬ prendido tarde por muchos y fallecido ya por desgra¬ cia; lea los libros publicados por el inmortal Téllez, que siempre se recordará su nombre con verdadera veneración, respeto y orgullo, y encontrará álgo pare¬ cido á esto. "■Embolia, coágulo fibrinoso que se forma en los va¬ sos sanguíneos que conducidos por la torriente se de¬ tienen en aquellos que son más pequeños en que fué su origen, obrando el coágulo á manera de tapón, pro¬ duciendo diversos accidentes, según la importancia del vaso obliterado; puede tener por núcleo también cualquiera cuei"po extraño alrededor del cual se forma el coágulo fibrinoso. Los accidentes á que puede dar lugar la formación de una embolia dependen de su vo¬ lumen, de su composición química y del lugar que ocupen; la embolia, por ejemplo, de una arteria del encéfalo puede dar lugar á una apoplejía y ser causa de una parálisis ; en una rama de la arteria pulmonar, produce la asfixia y algunas veces la muerte ; en una arteria coronaria, la parálisis del corazón; en las arte¬ rias crurales, las cojeras intermitentes; en las ramifi¬ caciones de la grande mesentérica, en bastantes oca¬ siones los cólicos, etc , etc., como ya muy cuerdamente dijo Bollinger. „Cuando la embolia está formada teniendo por base un cuerpo extraño, como fragmentos de carbón ó me¬ tal, suele producir afecciones aun no bien determina¬ das, acusando una especie de tuberculosis cuando es en los pulmones; mas si el cuerpo es de naturaleza ani¬ mal y se halla en estado de putrefacción, puede provo¬ car la gangrena, la septicemia y la infección purulenta ; si son glóbulos de pus, puede sobrevenir la piohemia.,,"', Vea, pues, nuestro compañero si hay ocasión de en¬ contrar algo que se refiera al asunto que nos ocupa con más ó menos extensión, no afirmando tan ligera¬ mente y en absoluto que se ignora ó no hay siquiera indicios de ello en nuestros libros españoles. A continuación se expresa el Sr. Alcalá del modo si¬ guiente : " Estos cólicos son afecciones ó estados mor¬ bosos que debieran segregarse del capítulo de los cóli¬ cos.,, ¿Pues y los demás cólicos, qué son? ¿Por qué este cólico tromboembólico, que no es más que una embolia arterial ó venosa ó un trombo en un punto dado, y los demás cólicos, que son afecciones tan diversas, no han de ser segregados de semejante capítulo? Yo creo que en esto estará conforme conmigo el apreciable compa¬ ñero. Del diagnóstico de esta enfermedad entiendo que para diferenciarla de otras tan parecidas en sus mani¬ festaciones deben fijarse con más exactitud sus sínto¬ mas, pues el vólvulo, la estrangulación del intestino en un punto dado y la enteritis sobreaguda, son casi idén¬ ticas en su aparición. ¿Cree, pues, S. S., que en pre¬ sencia de un mal llamado cólico de esta naturaleza po¬ dria fácilmente ser clasificado? Por mi parte confieso mi pecado, no acertaría. Bien está que se den á conocer cuantas enfermedades puedan afectar á los animales amenazando su existen¬ cia ; pero es necesario complementar bien toda la sin- tomatologia diferencial para poderlas apreciar y com¬ batir con exactitud, pues de otro modo, sólo después — 114 — de la muerte y practicada la autopsia es cuando podría demostrarse divagando en vida sobre tal ó cual pade¬ cimiento. Concluiré, pues, señores, el trabajo que me habéis encomendado de contestar á nuestro digno compañero Sr. Alcalá diciendo dos palabras respecto á la terapéu¬ tica empleada en las afecciones que nos ocupan. De todas las partes de la ciencia de curar la terapéu¬ tica es sin duda una de las más importantes, así como también es la que ha dado materia para el mayor nú mero de escritos, lo mismo antiguamente que hoy en lo moderno; no hay más que fijarse un poco para apre¬ ciar el sinnúmero de medicamentos que diariamente se nos da á conocer, á montones, señores; ¡cuánto mejor sería que se simplificasen, aun cuando esto ya procura el Profesor hacerlo, y pudieran ser más certeros, más eficaces en contra de las enfermedades que en ocasio¬ nes diezman y arruinan á los animales! ¡Creo que existe un vacío muy grande aún que llenar hasta tanto se conozca bien la naturaleza de todas ó casi todas las enfermedades! Mientras tanto, no hay más que com¬ batirlas, siguiendo los adelantos que la terapéutica nos da á conocer. TRATAMIENTO Uno de los tratamientos que deben emplearse en todos aquellos casos en que se producen esos violentos dolores abdominales, y cuya causa reconocen un esta- do pronunciado de irritabilidad de alguno de los órga¬ nos contenidos en dicha cavidad, son los baños fríos generales, siempre que se tenga aunque no sea más que una mediana probabilidad de llevarlos á cabo, pu- diendo particularizar que en la nefritis después de una evacuación sanguínea, en la cistitis, en la enteritis, en la peritonitis de tipo agudo, en los estados de timpani- zación y en todos aquellos casos que el estado general del animal indica fuerte una complexión y un tempe¬ ramento marcadamente sanguíneo, son estos recursos indicados de eficacísimo é inmediato resultado, son ver¬ daderamente decisivos, pudiéndolo así afirmar, pues que tengo los suficientes casos recogidos en mi larga práctica de curaciones de verdadero éxito en dichos padecimientos, teniendo la completa seguridad, la evi¬ dencia plena, que de no haber puesto en práctica con prontitud y decisión el plan indicado, ningún otro tra¬ tamiento me hubiese dado resultado alguno satisfac¬ torio, llamando, pues, la atención de mis dignos com¬ pañeros, no para que lo emplen, pues que con seguri¬ dad la generalidad así lo hacen, sino para que se gene¬ ralice y pueda difundirse entre los dueños que tienen algún número de ganado expuesto siempre á tan la¬ mentables contratiempos, siendo de necesidad impe¬ riosa la construcción de baños en los cuarteles, que es donde mayor indicación, por diferentes causas, tiene este tratamiento, siendo de precisión, gran no solamen¬ te para las enfermedades indicadas, si que también para otras muchas y para otros usos, como es muy sabido^ — 116 — Valiéndonos parV ello de los medios más eficaces, justos, racionales y provechosos y que en constante lucha la práctica nos enseña, ¡qué obscura, qué incier¬ ta y cuántos desvelos y desencantos sufre uno en la ardua tarea del cultivo de la llamada ciencia médica!... Ahora bien, fijándome en un punto dado de la tera¬ péutica empleada en los diferentes cólicos que nos ha descrito el Sr. Alcalá, se refieja á simple vista es lo que se lee en los libros modernos, lo que la teoría palpitan¬ te, digámoslo así, enseña, observando de un modo ge¬ neral que en su empleo no hay más que los calmantes y los purgantes administrados por los diferentes pro¬ cedimientos, acentuándose sobre las inyecciones, ya traqueales, ya hipodérmicas. Conforme en los adelantos de la ciencia moderna, pues hay mucho de reconocida utilidad, no pudiendo ser sospechoso para nadie de retrógrado, pues que mi único sentimiento es no poder tener ocasión de com¬ probar diariamente en hospitales hípicos lo último que se nos dice en la Medicina veterinaria, deduciendo lo cierto ó incierto de los procedimientos, haré alguna observación. En mí concepto, el Sr. Alcalá deja en algunos casos de los mal llamados cólicos un gran vacío que llenar, habiéndolo podido observar en mi práctica; conforme en que el síntoma dolor se trate de que desaparezca por medio de un calmante en la forma que nos indica, pues nada más racional. ¿Pero no ocurre con sobrada frecuencia que después de haber agotado los recursos í K — 117 — no conseguimos lo que nos proponemos? ¿Qué sucede, pues? Sencillamente, que si la causa no se quita, el efecto no desaparece, como es sabido. ¿Cuál es la cau¬ sa en los cólicos que nos señala (algunos)? Variables, pero una general, el estado de irritabilidad más ó me¬ nos intenso, llegando en ocasiones hasta el estado in¬ flamatorio de una ó varias visceras de la cavidad abdo¬ minal, por lo cual os decía en un principio cuál era la denominación del cólico. En tal caso, sólo conseguire¬ mos con los calmantes adormecer en parte y mientras dura su acción el síntoma dolor, volviendo á reapare¬ cer acaso con más intensidad, sin conseguir nada, aun cuando se den á puñados., como demuestra S. S., puesto que todo tiene sus límites, complicando la enfermedad en tal caso, sucediendo con los tónicos digestivos y las bebidas estimulantes el que en ocasiones aumente dicho estado en esos cólicos más ó menos intensos por sobre¬ carga que nos dice el Sr. Alcalá. Pues bien, después de haber empleado los remedios que nos indica para combatir el cólico espasmódico, el gaseoso y el líltimo indicado, siendo empleados por otros Profesores otros varios medicamentos sin resul¬ tados, se viene á parar en que hay otra cosa que ven¬ cer, que es la que queda mencionada, haciendo uso entonces de los emolientes, y, en primer término, de las evacuaciones sanguíneas locales en los animales pequeños y generales en los de mayor alzada, siendo esto precisamente por donde debe principiarse. En estos tres casos de cólicos he podido comprobarlo — 118 — muy recientemente: en uno por sobrecarga en los in¬ testinos (indigestión intestinal aguda), en otro gaseoso (timpanitis intestinal); en el primer caso, enfermó el caballo á las tres de la tarde y después de haber usado de las inyecciones calmantes, etc., el animal se encon¬ traba á las once de la noche en mayor gravedad; prac¬ ticada una evacuación sanguínea, cesa casi instantᬠneamente el síntoma dolor, quedándose tranquilo el animal, pudiendo seguirse el tratamiento adecuado, calmando la gran irritación intestinal, desinfección, purgación, etc., etc. El segundo caso hará próximamente un mes; tratᬠbase de un ingresado de la caballo que recientemente remonta en regular estado de nutrición había hecho mucho, como suele decirse, gordo y nutrido, con buen temperamento sanguíneo; antes del pienso de la ma¬ ñana, seis de la misma, le observan con dolores abdo¬ minales y timpanizado; á las ocho próximamente lo encontré con una verdadera timpanitis intestinal, re¬ conociendo por causa, por su estado general, plenitud del pulso, fuerte inyección en las membranas aparen¬ tes, pesadez de la cabeza, postración, etc., un estado congestivo general, el exceso, mejor dicho, del estado de actividad de los órganos, exceso de vida, en una pa¬ labra, y admítaseme la frase, plétora ad molen, que decían los antiguos. ¿Sabéis qué tratamiento empleé en el primer momento? Una evacuación sanguínea, observando al poco tiempo la deplenitud de todos los síntomas, siendo dado de alta el animal al tercer día. — 119 — ayudado el tratamiento de algunas bebidas y lavativas emolientes. No quiere esto decir que no sea necesario en otros casos emplear la medicación que expresa nuestro compañero, no; lo que quiero hacer constar es que no debe hacerse caso omiso ni perder de vista la alta importancia que tiene en estos frecuentes casos lo que dejo.consignado. Ya recordaréis lo que os decía al hablar de los mal llamados cólicos espasmódicos; pues bien, á la impre¬ sión que produce la presencia y el estancamiento del . agua fría sobre el estómago é intestinos, ¿no hay que convenir, cuando el animal enferma, existe la irritabi¬ lidad y hasta la inflamación de dichos órganos? Enton¬ ces, ¿por qué prescindir tan en absoluto y pretender ver otra cosa del tratamiento tan eficaz en muchos ca¬ sos de las emisiones sanguíneas, ya locales, ya gene¬ rales, según sean los animales enfermos? En los distin¬ tos casos que os señalo, en unos sólo bastaron algunos calmantes, lavativas, etc., mas en otros hubo necesi¬ dad de completar el tratamiento con la evacuación re¬ ferida con felices resultados ; un buen número de casos pudiera citar de verdadera importancia y de gran in¬ terés en este asunto, que por no hacer más extensas estas notas y no entretener más vuestra atención, dejo de enumerar. ¡Ah, señores, qué bien dicen que los extremos se tocan con todas sus funestas consecuencias! Del abuso antiguamente de la lanceta, haciendo eva¬ cuaciones sanguíneas sin darse clara cuenta de los — 120 — hechos, pudiendo asegurar, sin temor á. equivocarse, de la ninguna necesidad ni aplicación alguna en multi¬ tud de casos, perjudiciales en muchos, como aquello de sangrar à los caballos del ejército antes y después de darles el forraje en la primavera, etc., etc., hemos llegado á la época actual haciendo caso omiso de tan importante medio curativo en muchos casos, que si con la oportunidad debida se emplease, probable es se evitarían funestos contratiempos, muertes que no debieran ocurrir, convalecencias penosas y resenti- níiento general del enfermo para siempre ; se ha dejado enmohecer, al menos en los libros, la lenceta, y las inci¬ siones locales apenas se practican, sin razón para ello, y yo podría citar casos en Veteri¬ Medicina humana y naria, en unión de otros compañeros que puedo citar, en que se ha querido echar mano de este importantí¬ simo recurso, que á voces lo reclamaba cuando ya era tarde, exclamándose: ¡antes, antes; la cosa está per¬ dida y la Medicina no anda más encontrada ! Dejo otros puntos sin tocar del tema, que otros de vosotros podrán hacerlo con mayor lucidez y acierto que yo no he sabido, concluyendo felicitar á mi por distinguido compañero Sr. Alcalá, perdonándome si en algo he podido molestarle, lo cual ha estado muy lejos de mi ánimo, poniendo decidido empeño en no aparecer como tal; y á vosotros, si no he cumplido con lo que me encargasteis, culpaos á sí propios, dis¬ pensándome la molestia que habéis tenido de escu¬ charme.He dicho.—Inocencio Aragón. So'ñozdó: He de empezar, mis distinguidos compañeros, por expresar mi agradecimiento hacia el Sr. Aragón por las frases y felicitación cariñosa con que ha comenza¬ do y termina su estudio sobre el humilde trabajo que tuve á bien presentaros en la sesión del día 5 del próxi¬ mo mes pasado. Pero no hapodido por menos de extrañarme la idea que el Sr. Aragón se ha formado con respecto á mi preámbulo en el punto que dice no estar conforme con él sobre el que "los Veterinarios por su situación pi'e- caria no pueden ni aun corresponder con una peseta mensual para la suscripción de revista una científica, y que por tal estado sean los males que afectan á la clase„. No me cabe la menor duda que el Sr. Aragón no ha leído bien aquella parte del preámbulo, puesto que mi intención en él se reduce á pintar lo mal retri¬ buidos que se encuentran esos muchos y no todos que¬ ridos compañeros de provincias, que pagados en gra- (1) Contestación oral al trabajo anterior, — 122 — nos ó en incobrables las más de las veces sus muchas fatigas y desvelos, tanto en las épocas calurosas como en las frías, en que, á pesar de todo y sobre todo, van á llevar el bien las más de las veces á quien ni siquiera se lo ha de agradecer, y esta m.ala retribución es causa de que como digo, no todos y sí muchos que nos encontra¬ mos cargados de familia y obligaciones, que nos impi¬ den el poder disponer de los medios con que poder com¬ prar obras de más ó menos precio é imposibilitados tam¬ bién de pagar una revista, que cuántos al igual que yo, en su amor á la clase y la ciencia, desarían adquirir. De esto que digo, creo que más de un caso podría citarnos el Sr. Molina, aquí presente, y otros Directores de perió¬ dicos de nuestra querida profesión. Otra buena prueba de ello es el caso que viene á mi memoria en este mo¬ mento. Recuerdo no hace mucho tiempo atin he leído un suelto ó anuncio en una revista profesional, en que bajo el enunciado de una canonjía se anunciaba la va¬ cante, en no recuerdo ahora en qué punto, de Veterina¬ rio titular con el sueldo anual creo que de 20 á 30 pese¬ tas; ahora bien, poned á un compañero cargado de fa¬ milia en aquel punto, y decidme si sólo con la profesión ha de vivir, y á pesar de que algo más obtuviera en ajus¬ te particular con algunos vecinos ¿puede estar muy so¬ brado? Yo, señores, creo que harto hará si puede sus¬ tentarse y alimentar y educar á sus hijos, atenderlos en sus enfermedades, etc. Pues bien, éste, cual muchos que yo conozco. Sr. Aragón, á pesar de todos sus deseos no — 123 — podría disponer de esa cantidad ni de esos cinco cénti¬ mos diarios que nos habla ahorre dé otros vicios que puede suceder muy bien no tenga, y á pesar de ello no pueda hacer el expresado ahorro, puesto que yo creo no intentará convencerme siquiera el distinguido com¬ pañero, por muchos conocimientos que tenga de com¬ pañeros que le sobran una ó más pesetas, que si yo no tengo una en el bolsillo tengo dinero de sobra. Su elocuencia é hipótesis para demostrármelo serán mu¬ chas; pero yo lo examinaré de nuevo, y á pesar de todo y de todas las teorías en contra estará vacío, y para terminar sobre este punto diré á mi vez que no puedo estar acorde con el Sr. Aragón en lo que dice "no es que no exista esa peseta, sino que se gasta en otras cosas que no quiere duramente calificar ni nombrar,,. Esto implicaría algo más grave que lo que yo admito, puesto que tiene disculpa el que por su afán de avan¬ zar más en la ciencia tiene una revista, que cual sabe el Sr. Molina no puede pagar; pero no la tendría jamás el que teniendo de sobra esas varias pesetas que nos habla el Sr. Aragón dejara de abonarla teniéndolas, por lo que me afirmo una vez más en mi creencia, que escrita queda en mi memoria, y una vez más me sos¬ tengo la idea de que las reformas, los reformistas y en sus jefes son los que trabajando sin descanso y consi¬ guiendo mejoras, cual es el proyecto de ley de Policía sanitaria, pueden sacarnos de este estado lastimoso y mal retribuido en que nos encontramos, si no todos, una buena mayoría de la clase. — 124 — Dicho esto que cuanto al preámbulo se refiere, paso á manifestar al Sr. Aragón que no comprendo ni me puedo explicar el cómo ni de dónde ha sacado el que yo esté conforme con la palabra cólico, pues sin duda debe haber pasado por alto la parte que en su lugar correspondiente de la Memoria que consta escrita hablo de lo mucho que sobre este punto se ha dicho y las dis¬ tintas formas que de apreciarlos han existido tanto en la una Medicina como en la otra, como igualmente debe no haber parado su atención en la descripción que de los mismos hago ni de las ideas que de Roll co¬ pio, y de las cuales participo y siempre participé. Por otra parte, como dice muy bien el Sr. Coya, "sin duda la acepción de dicho vocablo es muy vaga; pero, ¿es dable en la práctica establecer tan fácilmente el diag¬ nóstico diferencial de los diversos procesos morbosos del estómago y de los intestinos que se acompañan de manifestaciones de cólicos? Seguramente que no„. Por otra parte, yo creo que el Sr. Aragón conocerá y no dejará de comprender, como yo lo hago, que, como dice muy bien P^iedberger y Frohmer, no se puede tan fácilmente y sin inconveniente suprimir una denomina¬ ción tan corriente y antigua en el terreno profesional. Pero esto no quiere decir que yo admita como buena la palabra cólico, como igualmente nunca tomé para fijar la clasificación un síntoma por una enfermedad, y siempre en el cólico consideré con Roll el síntoma dolor como base fundamental de lo que yo he comprendido como verdadero cólico ó verdadera neuralgia, puesto — 125 — que en este punto sigo y recuerdo en este momento lo que decía Galileo : "lo absoluto nos escapa y solamen¬ te nos es dado observar las relaciones de los hechos,,, y en el que yo llamo verdadero cólico nadie me negará que el síntoma dolor es lo fundamental, y á evitarlo debemos tender en el tratamiento. Por otra parte, nuestro querido compañero se extraña de la clasifica¬ ción que obligado por fuerza mayor de sedación ú orden para el estudio expusimos en nuestra Memoria, y dice: ¿no sería mejor establecerla según el órgano afectado y su estado patológico? Bien sabe mi querido compañero no soy partidario del non plus ultra, y siempre busco el más allá; pero yo pregunto: ¿sería dable hacer esta clasificación? Recuerde el Sr. Aragón lo que sobre este punto decía en mi trabajo de que, á nuestro entender, debieran ser .clasificados según el carácter y naturaleza de la enfermedad que los origi¬ na; pero que como dichas enfermedades pocas coinci¬ den para formar grupo, resulta que la clasificación sólo podría hacerse por seriación ú orden en que se van sucediendo las diversas alteraciones que son con¬ secutivas unas de otras, y recuerdo el ejemplo que de¬ cíamos : en un mismo cólico que sólo sea causado por un espasmo, á las pocas horas ya es sostenido por una hiperhemia, en el curso de las cuales puede venir una timpanización, y resulta que cada uno de los períodos por que ha pasado el dicho cólico está mantenido por proceso patológico distinto á la primera causa que le ocasionó, y que nos obliga á tratar la alteración por — 126 — medios compli¬ terapéuticos distintos, según sean las caciones que se nos presenten en cada periodo, por lo que aceptamos la clasificación más moderna que en su tratado de patología el Sr. Coya establece, fundada en las primeras causas que originaron la lesión, y que, si mal no he oído, el distinguido compañero no niega en absoluto, puesto que conforme con mi parecer dice en su estudio sobre los tratamientos, "que no sólo se re¬ duce ni deben reducirse nuestras miras á calmar el dolor, sino que si la causa no se quita, el efecto no des¬ aparece,,; luego yo creo, señores, que no estará tan fuera de razón una clasificación que cual la que he aceptado, y no de un modo absoluto, está fundada en esos mismos principios, puesto que mal se puede repa¬ rar la causa cuando no se conoce. Dice S. S., con res¬ pecto alcólico espasmódico, " es una afección rara, y que nada se dice con expresar cólico espasmódico, te¬ niendo su verdadero asiento en la enfermedad que debe detallarse,,. ' Yo creo, por frecuentísima esta alte¬ el contrario, es ración, y que la palabra espasmódico nos indica el es¬ pasmo de los músculos de la vida de relación, y res¬ pecto "á que tenga su la enfermedad que asiento en debe detallarse„, yo pregunto: ¿Si estando en perfecto estado fisiológico el animal, y de pronto, por una de esas varias causas que lo producen, se nos presenta el referido cólico, dónde está la enfermedad que lo pro¬ voca? ¿Cuál es? Yo creo que, como en mi trabajo de¬ cía, sólo es producido por las contracciones de la masa A intestinal, que la misma agua fria puede provocar, y que produciendo una especie de desalojamiento de la sangre del tubo enfriado contrae sus planos muscula¬ res, que comprimiendo á su vez las terminaciones de los filetes nerviosos producen el dolor, y si es seguido, como las más de las veces sucede, de una reacción cir¬ culatoria hacia la parte afectada y ésta pasa al estado hiperhémico, el dolor aumentará en alio grado, siendo tal éste, que aqui creo debo recordar lo que en la otra Medicina dice el Dr. Luzuriaga: "quecuando el cólico es violento y se maneja sin tino, los síntomas se hacen más alarmantes y aumentan los dolores de un modo horrible y tan continuo, que originando una inflama¬ ción en los intestinos conmueve de tal manera todo el sistema nervioso, que produce las convulsiones dolo- rosas, que unas veces completan la catástrofe ponien¬ do fin á su existencia, y que en otras ocasiones esta misma perturbación nerviosa llega hasta provocar la perlesía; perlesía que á veces desaparece para volver á presentarse el cólico, repercutiendo en la cabeza, originando accidentes fatales, que suelen terminar con la vida del enfermo. „ Vea, pues, el Sr. Aragón si es ó no de importancia el atender á calmar el dolor que á tal extremo lleva al enfermo, y que sin disputa es la base fundamental de esta alteración. Vea al propio tiempo si cuando se pre¬ sente esta alteración en un animal débil, viejo ó hipo- hémico, en vez de proceder á los calmantes del dolor, va á recurrir á las evacuaciones sanguíneas de que nos — 128 — faa hablado en el tratamiento, y de las cuales muy acertadamente afirma yo no hago mención en mi Me moria- Con respecto al cólico por sobrecarga, critica de nuevo su denominación, puesto que desde luego dice ^'se puede diagnosticar una verdadera indigestión, y que si ésta se prolonga algunas horas una infiamación • de las mucosas gástricas é intestinal Conforme ; pero, <:cuál fué la primitiva causa?, la sobrecarga del ali¬ mento que el dolor, y si tomó el enfermo que origina empleamos los calmantes y purgantes para su expul¬ sión y aun los vomitivos para aquellos animales aptos ú ello, y hacemos desaparecer ese exceso de alimento y el dolor por él originado á su debido tiempo, no so- ' brevendrán esas inflamaciones de que nos habla y que encontramos descritas aparte de estaS alteraciones en todos los diccionarios y patologías con los nombres de gastritis enteritis á más de su tratamiento particular, y y si originan esas inflamaciones que nosotros no nega¬ mos, pueden ser una de tantas complicaciones como pueden presentarse en esta variedad de cólico cuando no se combate, como ya hemos dicho, con acierto en su principio, máxime cuando se nos ha propor¬ cionado los anamnésticos necesarios para poder diag¬ nosticar con acierto. Otro tanto he de decir del gaseo¬ so, en el cual dice mi digno compañero que sólo hago constar la presencia de gases en el intestino, y creo hasta ha preguntado cuáles gases son esos que lo pro¬ ducen. Dos cosas he de decir: 1.'' Que yo, al indicar la — 129 — presencia de los gases en la masa intestinal, no me re¬ fería de un modo absolutò á que estuvieran en el intes¬ tino, puesto que recuerdo perfectamente que ha tiempo leí el diccionario en Delwart, traducción del Sr. Ca¬ sas, que al tratar de la variedad llamada cólico ester- coráceo, entre otras cosas, nos dice, si mal no recuer¬ do, estas palabras; "En esta variedad de cólico, que siempre se presenta en el intestino grueso, el ijar de¬ recho se eleva ; este último síntoma y la carencia total de expulsión de gases y materias fecales es lo que pue¬ de diferenciar la indigestión del intestino de la del es¬ tómago; los gases que se desprenden en el colon y ciego elevan el ijar derecho, mientras que es el izquierdo el que lo hace cuando radican el estómago. en „ Vea, pues, el Sr. Aragón que yo no niego ni desconozco su presencia en el estómago, como tampoco niego el para mí falso cólico uterino, que yo he estudiado bajo el nombre de histeralgia, palabra que se deriva de dos voces griegas: hystéra, matriz, y álgos, dolor, y que desde tiempo de Montalte, fué el primero que que la usó, se viene conociendo en Medicina, y que al igual que la peritonitis, hepatitis, nefritis, etc., he hallado descritas siempre con tales nombres en todos los trata¬ dos que yo he consultado hasta el día de hoy. ¿Qué cuál son los gases existentes? Creo exponerlos ya en mi trabajo que si mal no recuerdo decía que se¬ gún Pinner, "eran el 49 por 100 de carburo de hidróge¬ no, el 8 por 100 de ácido carbónico, el 42 por 100 de ázoe, encontrándose además el sulfuro hidrogenado en — 130 — cantidad variable. „ digo Dice el Sr. Aragón que lo que en mi trabajo "se refleja á clara vista, es lo que se lee en los libros modernos, lo que la teoría palpitante en¬ seña.,, Conforme en este punto, y tanto más conforme cuanto que si todos los Catedráticos, Profesores y en¬ cargados de alimentar las fuentes en que han de ad¬ quirir la juventud los conocimientos necesarios en las diferentes ciencias, siguieran el camino de unos cuan¬ tos, aunque pocos. Veterinarios civiles y militares, de publicar obras modernas, en las que encontrásemos todos los adelantos hechos hasta el día en las diferen¬ tes materias que explican, ni seríamos tributarios del extranjero, ni daríamos los españoles que al estudio nos dedicamos base para artículos, cual es el que aun no hace muchos días publicaba el periódico titulado El Liberal sobre una consulta hecha al ilustrado hom¬ bre público, sabio Académico y respetable anciano D. Eduardo Benot, que demostrando hasta qué extre¬ mo somos tributarios atrasados del extranjero, recuer¬ do que entre otras varias cosas decía: "Cuando en todas partes el telégrafo eléctrico ponía en comuni¬ cación unos pueblos con otros, en España establecía¬ mos los telégrafos ópticos, cuyas torres hoy abando¬ nadas manifiestan en su ruina lo anacrónico del siste¬ ma „, y á continuación "Pobre país, pobre se expresa: España, ningún apellido de Castilla suena entre los nombrés de los ingenios que han inventado la máqui¬ na fija del vapor, la locomotora, el telégrafo, el teléfo¬ no, alumbrado eléctrico, el principio mecánico de la. — 181 — conservación de la energía y todas las demás teorías científicas que hoy dominan en el mundo, y se.dolía de que esta falta de energía y estudio nos hacen ocupar el último escaño en el Congreso de las naciones civili- ) zadas.„ Ahora bien, yo pregunto, ¿puede una ciencia progre¬ sar si se para ante lo hecho y si no se publican libros de texto ni obras de consulta? Yo creo que no, y por eso es por lo que os decía: adelante, que aquel que bus¬ ca algo encuentra, y no nos detengamos ante la consi¬ deración de que éste ó aquél sea más ó menos sabio y no se mueva, puesto que éstos siempre han existido, y, sin embargo, la ciencia siempre ha avanzado en algu¬ nas ocasiones á pesar de ellos. Prueba lo que digo lo siguiente: "Sólo la fuerza mis¬ teriosa de la vida procede por síntesis„ dicen con fir¬ meza Bercelius y Gerhardt, y sólo fué suficiente que estos dos grandes hombres lo afirmaran para que se admitiera como una verdad innegable ; pero hete aquí de pronto á Berthelot que efectúa la grande fecundí¬ y sima síntesis del acetileno por la combinación directa del carbono y del hidrógeno, mediante la agencia de la electricidad. Nunca se fijarán las imágenes en la cáma¬ ra obscura, dicen eminentes sabios ; pero Daguerre y Niepce buscan, se mueven, estudian, y hoy ¿quién no posee una fotografía de un ser querido pudiendo ad¬ quirirla hasta por 25 céntimos? Y á qué seguir; siempre es vencido el inconveniente por Fulton, Montgolfier, Franklin, etc.; pero si vencen no es por ideas antiguas — 1S2 — y sí por las modernas, que los estimulan á buscar un alço aunque sea ilusorio, cual le sucediera á Arkwrihçt, que caminando tras el movimiento continuo encontró algo mejor, puesto que halló el telar mecánico, que es el aseo, la higiene y la economia de la ropa interior, desterradora de infinidad de enfermedades en la espe- pecie humana y manantial inagotable de riqueza para el reino británico. Vengan, pues, si, libros y teorías modernas en todas clases de ciencias y artes que des- tierren hipótesis anticuarías, y España entrará en ese concierto de naciones civilizadas que tanto echa de me¬ nos el ilustre Benot ; estimulemos á aquellos que por sus profundos conocimientos en la ciencia Veterinaria puedan escribirnos tratados modernos de sus diferen¬ tes materias, y veremos cómo con lo moderno progre¬ sa esta ciencia y no tendremos que recurrir ni por li¬ bros ni por nada al extranjero Dicho lo cual y al contestar acerca de lo que el señor Aragón nos dice de que si encontré ó no descrito el có¬ lico trombo embólico en las obras del Sr. Espejo, etc,„ sabe muy bien mi digno ' solamente diré que, como compañero, es uno de los puntos que abarca el progra¬ ma oposiciones al cuerpo de Veterinaria militar, y á que en ocasión de aquéllas busqué con verdadero inte¬ rés éste en casi todas las obras, y no hallé nada, pues¬ to que el cólico que describe el Sr. Espejo por suspen¬ sión de la digestión intestinal, si bien en un principio parece tener alguna relación, no creo sea el que de la¬ bios del Sr. Molina oi, puesto que, ¿á qué no decirlo?. — 133 — visto que no lo hallaba pregunté á varios Médicos ami¬ gos míos acerca de lo que por él entendían, me y dije¬ ron no lo conocían y que se lo preguntara al que hizo el programa, que puede estuviera loco ó lo hubiera in¬ ventado él; y como quiera que éste era el Sr. Molina, aquí presente, y del cual tuve el gusto de aprender lo poco que acerca de este punto del tema podría deciros, creo más oportuno dejar de hacerlo y ceder la palabra sobre este extremo al expresado señor, que defenderá mucho mejor que yo lo pudiera hacer la obra, que como en mi trabajo digo, creo él sea el primero que en Espa¬ ña la ha descrito. Una vez expuesto esto y para terminar solamente he de permitirme recordar aquí que mi único objetivo al escribir mi Memoria, como en ella misma os decía, era dar el pie, como vulgarmente se dice, para conseguir, cual creo haberlo hecho, que os sirviera de punto de partida para emprender la discusión déla cual brote la luz del progreso de la ciencia médico-veterinaria, que es uno de los objetivos que esta sesión va buscando. He dicho. José Fernández Alcalá. 10 ACTâ DE LA SESIÓN DEL DÍ.A 7 DE DICIEMBRE DE im (extracto) Presidencia de! limo. Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión, se dió lectura al acta de la anterior, que fué aprobada. El Sr. Presidente concedió la palabra al Secretario general para que se ocupase del tema pendiente. El Sr. Molina hizo una ligera reseña de la Memoria leída por el Sr. Fernández Alcalá, mostrándose conforme con la mayoi'ía de los puntos tratados en ella, aplaudiendo á su autor y estimulándo- dole á seguir por la senda del estudio. Kectificó algunos extremos del discurso leído por el Sr. Aragón, y con palabra fácil y sencilla elocuencia manifestó que, en vista do la crítica severa hecha á la palabra cólicos, entendía que era llega¬ da la hora de hacer una clasiflcación más racional de las enferme¬ dades del aparato digestivo, y al efecto hizo un boceto de clasifi¬ cación, que oyó con atención y aplaudió la concurrencia, á pesar de que aseguró el Sr. Molina que no tenía mérito ninguno estar por inspirado en los más recientes trabajos de autores extranjeros. Con relativa brevedad y gran conocimiento del asunto aclaró va ' rios extremos del tema en discusión, especialmente en lo que se refiere á los llamados cólicos nerviosos, por sobrecarga, gaseoso y trombo-embólico. Estuvo conforme en que la terapéutica de las enfermedades del aparato digestivo es muy importante; combatió los antiguos breba¬ jes y fórmulas complicadas; preconizó el empleo de nuevos y acre¬ ditados medicamentos, y terminó, en sentidas frases, felicitando á los señores Alcalá y Aragón por sus trabajos. Y no habiendo más asuntos de que tratar, se levantó la sesión por haber transcurrido las horas reglamentarias. V." B." El Presidente, .El Viçesecretario, sánchez. José Fern.índez Alcalá. Scfioz&ù: A no ser por la insistencia con que he sido citado en el curso de estos debates, guardaría prudente silencio, muy propio de mi ignorancia científica, de mi carencia de dotes oratorias y más en armonía con mis aptitu¬ des, con mis hábitos para este género de lides. Si no hubiera sido aludido repetidas veces, me guardaría muy mucho de hacer uso de la palabra, porque segu¬ ramente os proporcionaré un mal rato, amén de priva¬ ros esta noche de escuchar la voz autorizada de com¬ pañeros más-competentes que yo.'Obligado, pues, á molestaros, confío en vuestra indulgencia, que no dudo me otorgaréis de buen grado. Nuestro estudioso y aprovechado consocio D. José Fernández Alcalá nos leyó una Memoria acabada. Aparte de las exageradas é inmerecidas alabanzas que en ella hizo de mi humilde persona, que le ruego no vuelva á repetir para evitarme los disgustos que acos¬ tumbran á dar los que sienten el bien ajeno; aparte de — 13S — los mis modestos traba¬ injustos elogios que dirigió á jos reformistas, hijos de convicciones profundas, de acendrado amor á la clase y del cumplimiento de un deber elemental inherente á todo Profesor que se esti¬ me en algo y desee el engrandecimiento y el bienestar de la colectividad á que pertenece, el Sr. Alcalá, digo, trajo á esta Sección académica, en su notable Memo¬ ria, lo más nuevo que en materia de algunas enferme¬ dades del aparato digestivo se halla esparcido en obras y revistas nacionales y extranjeras. Así, pues, no es extraño que me manifieste "conforme con la mayoría, de los puntos tratados por el joven preopinante, que aplauda su labor y que me permita estimularle á pro¬ seguir por la senda del estudio, para no quedarse reza¬ gado en el camino del progreso, y por ser el único medio de colocarse á la altura de los conocimientos del dia. Por ser ajeno al objeto, y por delicadeza y decoro propio, no he de ocuparme poco ni mucho de si todos los Profesores españoles disponen de una peseta al mes, suscribirse á una revista cien- ó de voluntad, para fuera director de una, diria con claridad tifica. Si yo no manchega lo que creo sobre este extremo. Los señores Alcalá y Aragón, aunque otra cosa pa¬ rezca, están de acuerdo en la significación que tiene y debe darse á la palabra cólico. Efectivamente, el cólico no es una enfermedad, sino un síndrome común á mu¬ chas enfermedades; y si el Sr. Fernández Alcalá ha empleado el término cólico en su trabajo, entiendo que — 139 — fué á sabiendíis de que no era exacto y sólo por seguir la costumbre, ya que él no se consideraba con autori¬ dad suficiente para hacer una clasificación de las enfer¬ medades del estómago é intestinos. Esto mismo le ocu¬ rrió al que en estos momentos os molesta. Allá por el año 1895, recordaréis que publiqué en mi revista un articulo titulado Cólicos tromhoembólicos, en cuya in¬ troducción señalé ese escollo y dije que sería de desear el que por los grandes maestros, por las'autoridades en la materia, se hiciese una nueva y buena clasificación nosológica, no llamando cólico ni influensa á entidades patológicas que deberían tener ya su nombre propio. Refiriéndome ahora á la discrepancia de los señores Alcalá y Aragón respecto á quién ha sido el primero que en España se ha ocupado de los cólicos trornboem- bólicos, nada puedo ni debo decir desde el momento que el Sr. Alcalá asegura que fui yo y el Sr. Aragón sostiene que fueron los señores Espejo y Téllez. He tratado de averiguar el hecho, y confieso que he sido poco afortunado al no poder comprobar lo aseverado por el Sr. Aragón. En las obras de los seiíores Téllez y Espejo no he hallado nada de los cólicos tromhoem¬ bólicos; sólo he podido encontrar vagas y deficientes referencias sobre las trombosis y las embolias; pero absolutamente nada concreto á esta variedad de cóli- < co; ninguna descripción de él por incompleta que fuese. Por esta razón ó poca fortuna mía, y á pesar de no haber dicho yo que sea el primero ni el liltimo que haya escrito del cólico tromboembólico, me ha de per- mitir el Sr. Aragón le ruegue que, en honor de la bi¬ bliografía patria, presente á la Academia los trabajos españoles concretos ó que describan esa entidad noso- lógica, con lo cual prestará un buen servicio y sacará de su error, si está equivocado, al Sr. Alcalá, que fué quien aseguró lo que combatía mi digno amigo señor Aragón. Volviendo á la tan traída y llevada palabra cólico, de la que el Sr. Aragón hizo una crítica severa }■ justa, entiendo, señores, que es llegado el momento de rele¬ garla, ó poco menos, al olvido y de hacer una clasifi¬ cación más racional de las enfermedades del aparato digestivo, clasificación que nadie más obligado ni con más autoridad que el Sr. Aragón para hacerla, puesto que tanto ha combatido su empleo á estas alturas de adelantos y progresos. Pero ya que nuestro compañero no ha querido poner su crédito científico al servicio de la nosología veterinaria, ni exponer una clasificación á la crítica, me habéis de permitir y perdonar el atrevi¬ miento de presentaros un boceto de clasificación, tan deficiente é incompleto, como perfecto y acabado hu¬ biera sido el de mi querido amigo el Sr. Aragón. Confieso de antemano que nada original encontraréis en mi intento de clasificación, puesto que para hacerla me han servido de base y punto de partida las más re¬ cientes obras de patología. Si me arriesgo á molesta- ros, es confiado en la benevolencia de todos vosotros; y si me expongo á las justas críticas de los que saben más que yo, que son todos, es alentado por la buena acogida que ha tenido otro intento de clasificación, in¬ dicado en una de las Memorias que presenté al IX Con¬ greso Internacional de Higiene y Demografía, en cuyo trabajo comprendí, con el epíteto de Septicemia hemo- rrágica, á la fiebre tifoidea, influenza, pneumonía in¬ fecciosa y pneumoenteritis infecciosa de los forrajes, enfermedades producidas por un coco-bacilo, por una bacteria ovoide del género pasteurella, y á las cuales entendía yo que, así como á las enfermedades produci¬ das por la triquina y el cisticerco se las llama triqui¬ nosis y cisticercosis, á la producida por la pasteurela se la debería Wamar pasterelosis. Dicho lo anterior en descargo de mi conciencia y para justificar y atenuar mi atrevimiento, paso á leer el siguiente esquema de clasificación: ENFERMEDADES DE LA BOCA Afecciones inflamatorias. / catarral generalizada.... s. 1 catarral circunscrita.,.. Estomatitis. tóxica j por los cáusticos. ( mercurial. cremosa. — Muguet, ulcerosa. — 142 — ... 1 Agudas ó infecciosas. Glositis • • ( Crónicas o parasitarias. Afecciones parèslcas. Glosoplegia. ENFERMEDADES DE LAS GLÁNDULAS SALIVARES Afecciones inflamatorias. "V, .''•Parotitis -• |aj,iida. (crónica. ■ í ,■ • Maxilitis. *•*.- Afecciones mecánico-traumáticas. de la parótida, del canal de Sténon. Fistulas.. ' J de la gran maxilar. \ del canal M^artlion. Obliteración del canal de Sténon. Obstrucción del canal de Warthon. Afecciones neoplásicas. Tumores de la parótida. Afecciones por cuerpos extraños. í de la parótida. I del conducto de Sténon. Cálculos < , , ., ) de la maxilar. , del conducto de "Warthon. — 143 — ENFERMEDADES DE LA FARINGE Afecciones inflamatorias. Faringitis.. Í¡ catarral. aguda /flemonosa. I pseudo-membranosa. , . ( primitiva, crónica.... i , ( secundaria. Afecciones parésicas. Parálisis de la faringe. Afecciones mecánico-traumáticas. Desgarradura de la faringe. Afecciones parasitarias. Actinomicomas. Estros. Hemopis. Cisticercos. Triquinas. Afecciones neoplásicas. Quistes. Lipomas. Adenomas. Sarcomas. Epiteliomas. Carcinomas. Afecciones consecutivas. Abcesos, úlceras. Inflamación catarral... ) de las bolsas guturales. Timpanitis ) — 144 — ENFERMEDADES DEL ESÓFAGO Afecciones inflamatorias. Esofagitis. In-fiamacióii del buche. Iiidigentión ¿ngluvial ó del buche. Afecciones parèsicas. Parálisis. Esofagismo (espasmo). Afecciones mecánico-traumáticas. Dilatación, estrechamiento, oclusión. Perforación, desgarradura, ruptura. Afecciones parasitarias. Spiropteros (Esijiroptera sanguinolenta). Gongilonemos (Gongylema scutata). Psorospermias (Balbiana gigantea). Infusorios (Ceroonomas gallinae). ^Tricliosoma contortum. 1 Distomum pellucidmn, Helmintos. 1 Displiaragus nasutns. j Spiróptera nncinata, ^•Tropisurus Tropisurus inflatus. iissis2)inus. Afecciones neoplásicas. Tumores melánicos, quistes mucosos. Fibiwnas, miomas, papilomas. Neoplasias cancerosas. Afecciones por cuerpos extraños. ¿Engarrotamientof Cuerptos extraños mdelerminados. — ]45 — ENFERMEDADES DEL ESTÓMAGO Afecciones inflamatorias. Uastntis aguda ('catarral (cólicos ligeros ó violentos in¬ < termitentes}. flemonosa (cólicos). I hemorrágii^a. ■ tóxica(cólicos más ó menos violentos). Gastritis crónica (cólicos intermitentes). Inflamación de la panza y del librillo. Afecciones parésicas. ! leve. Indigestióm gástrica... ' grave (cólicos, meteorismo). (de los rumiantes jóvenes. Afecciones mecánico-traumáticas. Dilatación, perforacióin (cólicos). Ruptura (cólicos violentos). Afecciones por cuerpos extraños. Cuerpos extraños indeterminados (cólicos). Egagrápilas (cólicos leves). Afecciones consecutivas. Úlceras (cólicos después de los piensos). Afecciones neoplásicas. Tumores diversos (cólicos periódicos). Epiteliomas condromas de la panza. y Sarcomas y papilomas del bonete y librillo. Carcinomas del cuajo. Afecciones parasitarias. Infusorios. Larvas de estros (cólicos cuando son abundantes). Nematodes, tremátodos, actinómices. ENFERMEDADES DE LOS INTESTINOS Afecciones hlperhèmicas. de origen nervioso \ Cólicos repen- Congestión intestinal... ( ... de origen mecánico .. I tinos, vio- de origen trombósico. í lentos y con- >, de origen embolico... / tinuos. Afecciones parèsicas. ( gaseosa Cólicos violentos. Indigestión.. (Cólicos intermi- j t t. / por sobrecarga de alimentos. ' ( ( tentes. Afecciones inflamatorias. , . ... /Cólicos ligeros, do ,, l duodenitis... l . , ., , , , (leve..) , ... 1 intensidad varia- 'aguda..! {enterocolitis./ ,, . , ., (grave.) ® J ble, intermiten- ( rectitis f , . . , ^ \ tes o violentos. crónica Cólicos sordos. i muco-membranosa... Cólicos ligeros ó violentos. ! catarral Cólicos ligeros é in- Iónteritis.{ microbiana . ( disentérica... 1 termitentes. I hemorrágica.. [cocidiósica Cólicos ligeros. diarreica de los recién nacidos.... Cólicos vivos. I de origen mineralCólicos. 1 de origen vegetal Cólicos. \tóxica /forma adiná-1 Cólicos sor- por alimentos) mica i dos. alterados .. jV forma vertí-j Cólic os 11- ginosa ( geros .... , Afecciones mecánico-traumáticas. Dilatación, estrechamiento... Cólicos ligeros, intermitentes, sordos. — 147 — Dengarradura, rotura j) cólicos violentos. InvaginaciÓ7i, oclusión Estrangulación, vólvulo Cólicos violentísimos. Afecciones neoplásicas. Sarcomas, lipomas, fibromas...\ intermiten- Miomas,mixomas,linfadenomasl ^ continuos, que so Carcinomas, piólipos, quistes....) violentos cuando Tumores indeterminados terminan por la muerte. Oxificación intestinal / ,=''■«1 Afecciones parasitarias. i' Protozoarios, tremátodos. ¡^/ ¿ ^ Nemátodos, céstodos Cólicos algunas veces. .¡. , ,7»^, 5 l Afecciones consecutivas. \ , \ Ulceras Cólicos después de los piensos. ^ , Ab.sc.esos Cólicos periódicos. Afecciones por cuerpos extraños. Egagrópñas Cólicos ligeros. Enterolitos, bezoares ó cálculos Cólicos sordos. Cuerpos extraños indeterminados... Cólicos intermitentes. En la imperfecta clasificación que acabo de leer salta en seguida á la vista lo que digo al principio, que el término cólico no es una enfermedad, no es una enti¬ dad mórbida determinada, sino simplemente un sínto¬ ma ó un síndrome común á la mayoría de las enferme¬ dades del estómago é intestinos. Por eso suelen desig¬ narse con el nombre de cólicos los dolores causados por enfermedades diversas del aparato digestivo, que se manifiestan por el conjunto de síntomas uniformes de suspensión más ó menos completa déla defecación, — 148 — de la micción y sobre todo por los movimientos des¬ ordenados. Esto debieran tenerlo muy en cuenta los Profesores, y en ciertas ocasiones y ante ciertos clien¬ tes no decir que el enfermo tiene cólico, porque ex¬ un presarse así no es hacer el diagnóstico de la enferme¬ dad, es ocultar la ignorancia clínica con esa expresión clásica ó tradicional y exponerse á juicios desfavora¬ bles de las personas que le oyen. Habréis notado que he omitido la clasificación de las enfermedades del diafragma, del peritoneo, dël híga¬ do, del bazo y del páncreas, que indudablemente per¬ tenecen al aparato digestivo. Aunque la mayoría son perfectamente clasificables, confieso que no me he sen¬ tido con fuerzas ni menos con conocimientos para for¬ mar algunos grupos. Por eso me voy á limitar á la simple enunciación de las enfermedades que padecen estos órganos. En el diafragma indicaré el espasmo, la parálisis, la desgarradura, la perforación y la hernia diafragmá- tica. En el peritoneo, las peritonitis agudas, crónicas y locales, la ascitis, la hemorragia, los tumores y los parásitos. En el hígado se presenta la ictericia catarral del caballo, la infecciosa de los équidos recién nacidos y la grave del perro ; la congestión; las hepatitis paren- quimatosa, infecciosa y supurada; la peripatitis; la apoplegía; la hemorragia; la cirrosis; la atrofia, dege¬ neración grasosa y amiloide; la diabetes azucarada; — 149 — la litiasis biliar; la dilatación de la vesícula y vías bi¬ liares; la lupinosis; las neoplasias; los parásitos del hígado (distomatosis, coccidiosis, actinomicosis, equi¬ nococosis, infusorios, cestodos y nematodos) y los cuerpos extraños. El bazo padece de hipertrofia, degeneración amiloi- de, hemorragia, desgarradura, abscesos, neoplasias y cuerpos extraños. En el páncreas se presenta la pancreatitis catarral é intersticial, neoplasias, abscesos, litiasis, parásitos y cuerpos extraños. * * Dicho esto, pasaré á ocuparme, pero muy sucinta¬ mente, de algunos otros extremos de los trabajos de los señores Fernández Alcalá y Aragón. No he de se¬ guir paso á paso á estos aventajados compañeros, porque esto supondría una competencia que no tengo y me haría interminable molestándoos más aún de lo que ya lo he hecho. Tampoco he de entretenerme en rebatir algunas ideas, que considero erróneas, emiti¬ das por mi amigo el Sr. Aragón, porque amén de res¬ petar las opiniones ajenas pudiera ser yo el equivoca¬ do, toda vez que en las cuestiones médicas no se pue¬ de siempre afirmar que sea exacta una idea, como en matemáticas se dos asegura que dos y son cuatro. Me voy á limitar en breves palabras á expresar mi opi¬ nión, distinta por completo de la que tiene nuestro es¬ timable consocio. 11 — 150 — Yo entiendo, con los autores máS' modernos, que el. cólico nervioso ó espasmódico no es otra cosa que una congestión intestinal, y que los trastornos vaso-moto¬ res son producidos por la introducción en la sangre de principios sépticos, toxinas, etc.; que los alimentos al¬ terados y ciertos forrajes excitan directamente por la vía refleja los centros vaso-dilatadores, de igual modo que los alimentos y las bebidas frías paralizan los vaso constrictores y producen la congestión intestinal. Me parece que es una vulgaridad ó trivialidad decir hoy que el cólico por sobrecarga es una verdadera suspensión de la digestión estomacal, constituyendo la gastritis y la gastroenteritis. La gastritis es la infla¬ mación del estómago ; la indigestión estomacal es el complexos sintomático consecutivo á la paresia del estómago, á la dispepsia ó á la detención de la quimi- ficación de los alimentos; la indigestión intestinal, con ó porsobrecarga, que es á lo que muchos autores llaman cólico por sobrecarga, consiste en la obstruc¬ ción del ciego, grueso colon, colon flotante ó del recto por los residuos alimenticios estancados, que produ¬ cen también la paresia del tubo digestivo. Aunque la timpanitis se suele presentar en la indi¬ gestión gástrica grave, en las congestiones intestina¬ les de origen nervioso, mecánico, trombósico y embó- lico y en las enteritis microbianas, como manifesta- ción sintomática de una producción exagerada de gases, de una atonía de las paredes intestinales que no resisten como en estado normal la, expansión de — 151 — los gases que contienen, de un obstáculo al curso de las materias digestivas; á pesar de que la meteoriza- ción no es muchas veces más que un síndrome produ¬ cido por la fermentación de las materias alimenticias en^ el intestino ciego y en el grueso colon, existe una verdadera indigestión gaseosa, una neumatosis in¬ testinal ó) que resulta de la ingestión de alimentos al-. terados ó fermentescibles, de la ingestión de ciertas plantas verdes de prados artificiales ó de algunos fo¬ rrajes, granos nuevos y aun de bebidas muy frías to¬ madas por los animales atacados de paresia ó de pa¬ rálisis del ciego ó del colon. También suele producir esta enfermedad el trabajo violento después de los piensos, la dieta prolongada, la anemia, las hemorra¬ gias abundantes, los trastornos circulatorios, la debili¬ dad del tubo digestivo y las irregularidades dentarias. En cambio, yo no he visto nunca ni he leído en ningún , autor de crédito que se presente la timpanitis en la es¬ trangulación intestinal. Respecto á la sintomatologia de las congestiones in¬ testinales, trombósicas ó embólicas, ó sea lo que se ha llamado cólico tromboembólico, debo decir al Sr. Ara¬ gón que está bien determinada desde que se precisó la conexión que existe entre la emigración del escleroto- mo armado, la formación de los aneurismas y la pro¬ ducción de las embolias, para poder comprender la (Î) Recientemente, en el núm. 155 de la Gaceta de Medicina Veterinaria se ha ocupado el ilustrado Veterinario militar Sr. Chaguaceda de una neu¬ matosis intestinal desconocíamos. qnistica, que nosotros — 152 — patogenia de estas congestiones. Eltrombus y los aneu¬ rismas indigestión^ producen la paresia intestinal, la la enterorragia y la muerte, si bien algunas veces lo· mismo las trombosis que las embolias se suelen curar cuando las arterias obliteradas son de pequeño calibre. Llamo también la atención de mis dignos compañe¬ ros sobre otra enfermedad de nombres variados: sobre la indigestión vertiginosa, apodada asimismo vértigo abdominal, vértigo sintomático, fiebre biliosa, fiebre perniciosa, fiebre gástrica, gastroencefalitis, menin- go-gastritis y cardo-aortitis. Y llamo su atención por¬ que no me cabe á mí en la cabeza eso de indigestión vertiginosa ó de vértigo abdominal. Si hemos de creer á los autores más modernos, esta enfermedad es una íorma de las enteritis tóxicas, de las enteritis por ali¬ mentos alterados, una verdadera intoxicación produ¬ cida por diversas causas y caracterizada por trastor¬ nos adinámicos, y es mu3' probable que el vértigo sea debido á la reasorción de productos tóxicos desarrolla¬ dos en el tubo intestinal á consecuencia del éxtasis y de la fermentación de los alimentos bajo ciertas condi¬ ciones desconocidas; pero que constituye en realidad una verdadera autointoxicación. Confio en que el pro¬ greso de la ciencia aclarará estas dudas mías, dará nombre más propio á esta enfermedad y quedará rele¬ gado al olvido el apodo de indigestión vertiginosa. Estoy conforme con el Sr. Aragón en que la terapéu¬ tica es muy importante, y no sólo entiendo que debe simplificarse, sino que creo que está ya simplificada en — 153 las obras modernas y en las clínicas racionales. Hoy cstdn abandonados aquellos brebajes voluminosos que en ocasiones agravaban y mataban al enfermo y aque¬ llas fórmulas complicadas de ocho ó diez medicamen¬ tos reunidos que se neutralizaban mutuamente sus efectos. El empleo de los alcaloides por la via hipodér- mica, traqueal ó venosa y el racional y elegante mé¬ todo dosimétrico, son un gran progreso en la terapéu¬ tica de éstas como de casi todas las enfermedades. Entre los medicamentos modificadores de los órga¬ nos y de las funciones, y en el grupo de los excitomoto- res, existen unos cuantos medicamentos preciosos por su acción intensa, segura y rápida en algunas enfer¬ medades del aparato digestivo; medicamentos que, como laeserina, veratrina, pilocarpina, arecolina y cloruro de bario, excitantes del poder refiejo unos, ex¬ citantes nerviosos periféricos otros y neuromusculares algunos, merecen una mención especialisima. Asi como la eserina, pilocarpina y veratrina hace muchos años que la empleé en la práctica, casi siempre con resulta¬ dos admirables, confieso ingenuamente que no he usa¬ do el cloruro de bario ni la arecolina; pero como soy de los que dan crédito á lo libros que en y revistas se¬ rias aseguran ilustres profesores y clinicos distingui¬ dos, creo que estos dos medicamentos merecen un puesto preferente en la lista, asaz extensa, de los míe vos remedios. La eserina ó fisostigmina es, como todos sabéis, un alcaloide extraído del Physostigma venenornm ó haba — 154 — del Calabar. Generalmente se emplea el sulfato de ese- rina, que se absorbebien por todas las vías, atrave¬ organismo sin descomponerse ni producir fe¬ sando el nómenos de eretismo ni de acumulación y eliminán¬ dose por el sistema glandular, con preferencia por la saliva y la bilis. Este precioso alcaloide ejerce su acción sobre el sistema nervioso central y terminacio¬ nes nerviosas periféricas, produciendo la parálisis pri¬ mitiva de los centros y más tarde la de las extremida¬ des nerviosas motrices. Introducida la eserina en el organismo ó instiladas dos ó tres gotas de solución acuosa al 1 por 100 la conjuntiva, se presenta la en miosis ó estrechamiento de la pupila, debido á la exci¬ tación directa de las extremidades papilares de la rama iriana del óculo-motor común. Este efecto se produce en todos los animales, incluso cinco el hombre, de los á los treinta y cinco minutos, durando unas diez y ocho horas en el conejo y carnero, cuarenta y ocho en el perro y caballo y hasta tres días en el hombre. Su in¬ fluencia sobre las glándulas es bien marcada, pues ex¬ citando las terminaciones nerviosas intraglandulares produce abundante salivación é hipersecreción lagri¬ mal, cutánea, bronquial é intestinal. Al principio ace¬ lera la respiración; pero en seguida la hace más lenta, produciendo un efecto moderador de los movimientos del corazón y aumentando la presión arterial. Aunque la-eserina paraliza primitivamente los centros sensiti¬ vos y motores, su efecto es muy pasajero y domina su acción sobre los músculos, especialmente sobre los de — 165 — fibra lisa. Así es: ios elementos contráctiles del estó¬ mago é intestinos entran en actividad á los quince, veinte ó treinta minutos de inyectar este alcaloide; auméntase el peristaltismo intestinal, se producen bor¬ borigmos, expulsión de gases y de excrementos. Y no sólo se aumenta el peristaltismo, sino que también se producen contracciones enérgicas de la masa intesti¬ nal, y un estrechamiento tal del tubo, que se reduce á un cordón grueso incapaz de retener los materiales de la digestión; esta extraordinaria actividad es debida á la excitación de los ganglios nerviosos periféricos, á la acción directa y simultánea de los mismos sobre las fibras lisas. Aunque no con tanta intensidad como los lisos, los músculos estriados son excitados por la fisos- tigmina, presentándose temblores musculares genera¬ les ó en ciertas regiones y hasta verdaderas convulsio¬ nes clónicas. Las dosis terapéuticas en inyecciones hi- podérmicas son: en el buey, de 10 á 15 centigramos; en el caballo, de 5 á 10; en el carnero y cabra, de 2 á 5; en el perro, de 1 á 2 miligramos, y en el gato, de '/a á 1 miligramo. La veratrina, alcaloide del Veratrnm album, del ni¬ grum, del lobelianum y de la sabadilla officinales, de México, es un veneno violento, esencialmente neuro¬ muscular, que obra sobre las terminaciones periféricas de los nervios sensitivos, motores y secretores, muy particularmente en los de los músculos estriados, pro¬ duciendo en éstos al principio una excitación intensa característica y paralizándolos en seguida. La acción de la veratrina sobre el aparato circulatorio es muy notable: moderador cardíaco, las dosis pequeñas ace¬ leran los.,movimientos del corazón y elevan la presión; las dosis medias los disminuyen en intensidad y velo¬ cidad, los hace irregulares, intermitentes y, en último término, los paraliza; la tensión arterial disminuye notablemente á pesar de la acción vaso constrictora de la veratrina en los enfermos con fiebre, que además los rebaja la temperatura; por su acción sobre la tem¬ peratura y por sus efectos calmantes y analgésicos, la emplean algunos clínicos como antipirético en las en¬ fermedades en que el dolor y la fiebre dominan. Los músculos de fibra estriada son influenciados por este al¬ caloide, que ocasiona temblores musculares, contrac¬ ciones espasmódicas, debilidad gênerai 3'' gran dificul¬ tad en los movimientos, asi como modificaciones de la sensibilidad, caracterizadas por una irritación primiti¬ va seguida de analgesia. Pero lo más interesante para nuestro tema en discusión es que á los diez ó quince minutos de una inyección subcutánea en el caballo, se presenta salivación, se excitan la secreción y los mo¬ vimientos peristálticos de los intestinos, se produce expulsión de materias fecales diarreicas, se aumenta la orina que es expelida con frecuencia, se presenta un sudor copioso, temblores generales ó localizados y excitación; fenómenos que bien pronto se cambian por una calma relativa y por una flojedad general que obliga al enfermo á echarse en el suelo y permanecer acostado. Las dosis terapéuticas en inyecciones hipo- — 157 — t dérmicas bóvidos, de IG á 20 centigramos; équidos, son: de5 á 10 centigramos; óvidos y cápridos, de 1 á 3 cen¬ tigramos; cánidos, de 1 á 3 miligramos; gatos, de 1 á 5 diezmiligramos. La pilocarptna, principio activo ó alcaloide del ja- borandi. Pilocarpus pinnatus, produce en el organis¬ mo efectos fisiológicos muy semejantes á los produci¬ dos por la eserina, si bien la dominante farmacodiná- mica es la excito-secretoria ; es decir, que la acción secretoria de la pilocarpina es más intensa que la de la eserina, en tanto que la acción muscular es más débil en el primer alcaloide que en el segundo. Tan es así, que la pilocarpina está considerada como un ver¬ dadero modificador de las secreciones y el mejor de los medicamentos hipercrínicos generales; por eso no he de ocuparme de su acción sobre la respiración, cir¬ culación, temperatura, músculos, pupila, etc., y sí so¬ lamente de la que ejerce en el sistema glandular. Las glándulas salivares son las que primero y más inten¬ samente son influenciadas por este alcaloide al poco tiempo de inyectado; la salivación abundante que se presenta después de una inyección venosa de 25 centi¬ gramos de pilocarpina, alcanza un máximum de cua¬ tro litros de saliva viscosa y alcalina en el caballo en el espacio de unas tres horas. El sudor abundante que produce en el hombre se presenta con menos inten¬ sidad en los équidos y menos aún en los bóvidos: sudor, según Robín, rico en urea y cloruros. La se¬ creción lagrimal, sebácea, ceruminosa, nasal y bron- * — 158 — quia I, en particular estas dos últimas, sè aumenta de un níodò considerable. La acción sobre la secreción urinaria es muy manifiesta, y cantidad aparte de la que se filtra al nivel de los glómerulos del riñón, la escretada es más abundante, más densa, más rica en elementos químicos especiales y las micciones mucho más frecuentes. Las glándulas mamarias son las úni¬ cas que escapan á la acción secretoria de la pilocar- pina: sin embargo, Cornevin ha demostrado que pro¬ duce aumento de azúcar en la leche. En fin, y bajo nuestro punto de vista, la pilocarpina ejerce una acción directa y positiva sobre el sistema glandular especial del aparato digestivo, manifestado por el aumento de la secreción gástrica, intestinal, pancreᬠtica y biliar. Esta poderosa acción hipersecretoria, unida á la acción excitante que ejerce sobre las fibras musculares del tubo digestivo, produce verdaderos flujos en los intestinos, que ablandan y aun licúan los excrementos que son expulsados al exterior con repe¬ tida frecuencia y prontitud. He aquí porqué Profeso¬ res distinguidos prefieren en muchas ocasiones la pi¬ locarpina á los purgantes, que, como todos sabéis, son de acción lenta, demasiado lenta y á veces incierta en los herbívoros. Las dosis terapéuticas en inyecciones hipodérmicas son: en los bóvidos, de 15 á 25 centigra¬ mos; en los équidos, de 10 á 20; en los óvidos y cápri¬ dos, de 1 á 3; en los cánidos, de 1 miligramo á 2 centi¬ gramos; en el gato, de '/s á 1 miligramo. La alcaloide líquido, oleoso, volátil, pro- — 159 — cedente de la nuez de areco, Areca catechtv, está hoj' en boga en el tratamiento de ciertas enfermedades del aparato digestivo. El bromhidrato de arecolina, sal cristalina, blanca y soluble, es el que generalmente se usa, y su acción es muy semejante á la que produce la * eserina y la pilocarpina. Instilada en el ojo (solución acuosa al 1 por 100), produce en seguida una sensación de calor acompañada de lagrimeo y espasmo de los párpados, y á los cinco minutos sobrevienen contrac¬ ciones espasmódicas, clónicas, violentas del iris y la miosis ó estrechamiento de la pupila; fenómenos que persisten de sesenta á ochenta minutos. Pequeñas do¬ sis de arecolina disminuyen las contracciones cardia¬ cas y aumentan el número de inspiraciones, en tanto que las dosis más'elevadas detienen en diàstole el co¬ razón y de pronto las inspiraciones. Excita las secre¬ ciones lagrimal, sudoral y urinaria; obra sobre las glándulas digestivas, produciendo efectos laxantes di¬ luyendo el contenido intestinal y provocando repetí • das defecaciones albinas, auxiliadas por el peristaltis- mo intestinal consiguiente á la excitación de las fibras musculares lisas. Es, fin, la arecolina en un sialagogo enérgico, cuya acción se parece á la combinada de la eserina y pilocarpina, amén de gozar gran fama como tenífugo, como antihelméntico, que algunos autores le consideran infalible. Mr. como Cagny, en su novísimo formulario prescribe para los cólicos del caballo de 5 á 10 centigramos de arecolina, y del brom¬ hidrato las mismas dosis para el caballo y de 10 á 15 — 160 — centigramos para los bóvidos en las indigestiones. Respecto al cloruro de bario, dejo la palabra á los señores Cadéac y Cagny. El primero se expresa así: "Las inyecciones en la vena yugular del cloruro de bario (60 centigramos á un gramo) provocan inmedia¬ tamente esfuerzos expulsivos seguidos con frecuencia de la expulsión de pelotas estercoráceas. Si la dosis es muy fuerte, la excitación general se traduce por contracciones convulsivas tetánicas de los maséteros que cesan pronto ó se generalizan y producen la muer¬ te. El cloruro de bario es un medicamento poderoso, rápidamente tóxico y susceptible de ocasionar la rotu¬ ra del intestino por la intensidad de las contracciones intestinales que determina.,. El segundo dice lo siguien¬ te: Caballo: O gramo, 30 á un gramo, 20 en una solu¬ ción al 1 por 10. Medicamento dañoso; no emplearlo más que en los casos de cólicos muy graves, en inyec¬ ciones intravenosas. Pero estas inyecciones no tienen los mismos inconvenientes cuando se hacen, después de curados los cólicos, para corregir la constipación, algunas veces muy pronunciada, consecutiva del tra¬ tamiento opiáceo empleado á altas dosis contra los cólicos.,, (Bernard-Lévy). A pesar de lo que dicen Ca¬ déac y Cagny, los Doctores Veterinarios alemanes lo emplean con éxito. No he de ocuparme del tratamiento de todas las en¬ fermedades que figuran en el boceto de clasificación que he expuesto, porque sería interminable esta sesión y os aburriríais soberanamente. Me limitaré, pues, al — 161 — de algunas enfermedades del estómago é intestinos, y acaso, si no se hace muy tarde, al de algunas otras de importancia ó de frecuente desarrollo en los équidos. * 4: 4: Gastritis aguda catarral. Dieta si está — perdido el apetito ó pequeñas porciones de forrajes, granos cocidos, suero, bebidas templadas ligeramente vina¬ gradas y abrigo y masaje; los amargos ó los purgan¬ tes salinos (sulfato de sosa ó de magnesia, de 50 á 100 gramos) para combatir la atonía del tubo digestivo; pepsina, calomelanos, eserina, el salol, benzonaftol y el sulfoictiol (25 gramos en tres dosis al día), como antisépticos para prevenir las fermentaciones anor¬ males. Gastritis crónica.— Régimen verde, bebidas hari¬ nosas, amargos, estimulantes (bicarbonato sódico, de 5 á 10 gramos ; ácido clorhídrico, de 10 á 15 gramos ) ; desinfección del tubo digestivo con el salicilato de bis¬ muto ó el benzonaftol (10 gramos); corregir la consti¬ pación con el sulfato de sosa ó de magnesia; estimular las funciones digestivas con la nuez vómica, á la dosis de 6 gramos, y combatir la anemia con los ferrugi¬ nosos. Indigestión estomacal. — La indicación principal es la de aumentar la secreción gástrica para diluir la masa alimenticia y devolver la contractilidad al estó¬ mago sin provocar su rotura; el aguardiente (medio — 162 — litro) solo ó adicionado con 100 gramos dé tintura de áloes, en una dosis ó, mejor, en tres ó cuatro cada cuarto de hora; infusiones de café, te, menta, manza¬ nilla, etc., con 30 á 50 gramos de éter sulfúrico, á dosis pequeñas y repetidas. El ácido clorhídrico diluido, el bicarbonato sódico, los amargos, los granos de mosta¬ za blanca (200 gramos) y la esencia de trementina ex¬ citan la función estomacal y suplen la insuficiencia de sus secreciones. Hoy se emplea de preferencia el sul¬ fato de eserina en inyecciones bipodérmicas, á la dosis de 5 á 10 centigramos en 10 gramos de agua; el clor¬ hidrato de pilocarpina, á la de 10 á 20 centigramos, y la veratrina, á la de 5 á 15 centigramos. Yo acostum¬ braba, con buen éxito, á fraccionar las dosis de eseri¬ na (de 3 á 5 centigramos cada inyécción) y á mezclar la eserina y pilocarpina, inyectando de 3 á 5 centigra¬ mos repetidas veces para producir las contracciones moderadas de las paredes del estómago. Las inyeccio¬ nes bipodérmicas de morfina y las lavativas de doral calman los dolores cólicos, y los revulsivos (sinapis¬ mos, fricciones cutáneas, etc.) y paseos moderados al paso suelen favorecer la depleción estomacal y son, por lo tanto, un buen complemento del tratamiento. Congestión intestinal. — El tratamiento es preven¬ tivo y curativo. El primero tiene por objeto evitar toda causa que pueda producir la congestión y pros¬ cribir el agua de mar y toda la que no sea pura y po¬ table, ó corregir las impurezas por la filtración ú otros medios de purificación. El segundo consiste en com- — 168 — batir la congestión, prevenir ó contener la Jiemorra-; gia, calmar el dolor ó combatir los cólicos y tos efeco tos. de la parálisis de los intestinos. Las emisiones sanguíneas, que por sí solas triunfan muchas; veces de la enfermedad, deben ser más ó menos abundantes, según la intensidad de la congestión, estado de carnes,; edad, etc., del enfermo, y practicadas desde el primer , momento, auxiliadas por los revulsivos cutáneos (fric¬ ciones secas, de esencia de trementina, sinapismos), especialmente en la región abdominal. En seguida, deben combatirse los dolores cólicos por los narcóti¬ cos en inyecciones hipodérmicas de morfina (50 centi-, gramos) y las lavativas de doral y morfina (50 centi¬ gramos de morfina, 100 de doral, en un litro de agua) y, mejor aún, las inyecciones de codeína (de 20 á 30 centigramos), que calman más que la morfina. Los paseos al paso contribuyen á entretener el dolor. La parálisis intestinal se combatirá con las inyec¬ ciones hipodérmicas de eseridina (2 centigramos) ó un decigramo de eseridina y de áloes; con las irrigacio¬ nes rectales de agua fría (5 á 10 litros), que excitan las contracciones intestinales por acción refleja; con, las inyecciones subcutáneas de sulfato de eserina (5 á 12 centigramos), que, según Nocard y Dieckerhoff, obra como anemiante intestinal; con las de eserina (4 á 7 centigramos) y pilocarpina (10 á 15 centigramos) mezcladas; con las de veratrina (4 á 10 centigramos), que excitan las secreciones y contracciones del intes¬ tino, si bien producen dolor intenso en el punto de la — 164 — inyección, y con las de bromhidrato de arecolina, á la dosis de 5 á 8 centigramos. Las modernas inyecciones intravenosas (en la yu¬ gular) de cloruro de bario (30 centigramos á un gramo en 10 centímetros cúbicos de agua), recomendadas por Dieckerhoff, aparte de los casos de muerte repentina que han ocasionado, son de efecto rápido y seguro, pues producen la expulsión de la masa excrementi¬ cia á los doce ó quince minutos, precaven algunas veces la ruptura de los órganos abdominales y curan radicalmente casi todos los enfermos afectados de có¬ licos. La hemorragia intestinal se prevendrá ó combatirá con la ergotina de Bongean, á la dosis de 5 á 6 gramos en inyecciones subcutáneas. Indigestión intestinal gaseosa. — Excitar los mo¬ vimientos de los intestinos colon y ciego, combatir la meteorización y calmar los dolores cólicos, son las indicaciones dominantes del tratamiento. La primera indicación se llena desde muy antiguo con la adminis¬ tración de bebidas excitantes, de infusiones de manza nilla, de te, etc., adicionándoles de 100 á 200 gramos de alcohol, que es uno de los mejores medicamentos para combatir los cólicos producidos por el agua y para la indigestión intestinal. Antes de conocer las inyecciones de alcaloides, al principio de mi práctica y durante varios años hacía uso del alcohol, casi siempre con éxito feliz, forma : en una infu¬ en esta sión estimulante, fría, ó sólo en agua, administraba — 165 — en seguida 50 gramos de alcohol, á los diez minuto 100 gramos y si no mejoraba el enfermo daba una ter¬ cera dosis de 200 gramos al cuarto de hora ó media hora. También produce buenos resultados el elixir de Lebas (100 á 250 gramos) y otros específicos llamados anticólicos. Como auxiliar, hacía uso de las lavativas estimulantes, especialmente las de glicerina pura (de 6 á 12 gramos), ó bien del enteroclismo ó irrigación rec¬ tal de agua fría. Más tarde abandoné este tratamiento para ensayar el de las inyecciones hipodérmicas y traqueales, de uso corriente y grandes éxitos en la actualidad. Es indudable que contra la paresia, contra la parálisis intestinal tienen una gran ventaja los alcaloides sobre los antiguos brebajes. La eserina (sulfato de), á la dosis de 6 á 12centigramos y, mejor aún, á la de 5 centigramos, repetidas dos ó tres veces con interva¬ los de quince á treinta minutos, hasta que produzcan su efecto; el nitrato de pilocarpina, de 10 á 20 centi¬ gramos, y la veratrina (de 10 á 20 centigramos) en so¬ lución alcohólica al 1 por 20, aumentan las secrecio¬ nes y las contracciones del intestino. Para satisfacer la segunda indicación, para combatir el meteorismo, se emplearán, mejor que bebidas y bre¬ bajes por la vía bucogástrica, que siempre llegan tarde, las lavativas de glicerina pura (25 á 30 gramos); las excitantes de agua jabonosq, salada, adicionadas con 30 gramos de éter sulfúrico, ó con 100 de esencia de trementina, ó 100 de mostaza en polvo. Y. mejor que 12 — 160 — todo esto, practicar el enteroclismo, la ducha ó irriga¬ ción rectal con 15 ó 20 litros de agua fría, que, amén de limpiar el colon flotante, obran por acción refleja, restableciendo los movimientos peristálticos de toda la masa intestinal. El remedio por excelencia contra el meteorismo está en la Cirugía: la enterotomía, la punción intestinal, la punción del ciego practicada en el ijar derecho con oportunidad y un trócar corto hace cesar casi instantáneamente el meteorismo. Sobre esto me parece oportuno llamar la atención de algunos prácticos timoratos y de algunos despreocupados. Con¬ viene no esperar á última hora para hacer la punción, ni hacer uso de trócares-espadas metiéndolos hasta la sucumben guarnición. Casi todos los enfermos que espor haber practicado la enterotomía muy tarde y por haber atravesado los intestinos con esos trócares de una tercia ó media vara de largos. Practicada la punción en cuanto se denuncia el meteorismo, debe dejarse la cánula durante cinco, diez ó veinte minutos, y si se considera conveniente se inyectará por ella 30 ó 40 gramos de éter en agua fría ó 10 centigramos de sulfato de eserina. La punción puede practicarse tam¬ bién por el ijar izquierdo si éste acusa más abulta- miento que el derecho, y por el recto con la ayuda de un trócar guarnecido de un tubo de goma por el que salga al exterior el gas. La indicación de calmar los dolores cólicos se llena¬ rá con las inyecciones hipodérmicas de morfina y me¬ jor de codeína, que no son excitantes como aquéllas. — 167 — auxiliadas con las lavativas de doral. Hoy se emplean las inyecciones intravenosas en la yugular de infusión de ruibarbo, que excitan las contracciones y secrecio¬ nes del intestino, y las de cloruro de bario (60 centi¬ gramos), que, como ya indiqué más atrás, producen efectos expulsivos inmediatos, amén de provocar con¬ tracciones tetánicas de los maséteros y convulsiones generales susceptibles de ocasionar la rotura de los intestinos y la muerte. Cuando la intensidad de los cólicos hace temer la congestión intestinal indispensable la sangría, y es nunca éstará demás la revulsión cutánea con sinapis¬ mos ó fricciones de esencia de mostaza ó de tremen¬ tina. Indigestión intestin.4l por sobrecarga. — Llamada también crónica, coprostasis por obstrucción de mate- « rias fecales, por acúmulo ele alimentos, por repleción de viandas; la indicación dominante es facilitar el deslizamiento expulsión de las pelotas y estercorá- ceas,'excitar las contracciones intestinales y combatir el meteorismo. Si hemos de creer á clínicos de la talla de Lafosse, de Bouley y de Trasbot, el mejor trata¬ miento sería la administración del aceite de olivas ó de clavel, á la dosis de 3 á 4 litros en las primeras horas de la enfermedad, ó bien emulsionarlo con agua de cal para facilitar su administración y á la vez em¬ plear lavativas abundantes-y repetidas: lubrificada la mucosa intestinal, impregnada la pelota y desocupado €l recto se administrará (Bouley) de 8 á 10 gramos de — 168 — áloes de las barbadas en un litro de aceite común; de 15 á 20 gotas de aceite de croton en medio litro de aceite de ricino (Lafosse), ó bien, según Trasbot, 100 gramos de aceite de palma cristi por cada litro de aceite de clavel. También se recomiendan los breba¬ jes mucilaginosos, emolientes, lavativas calientes, el sulfato de sosa, la esencia de trementina, verdadero específico, según Butel, á la dosis de 100 á 150 gramos, y el emético (de 3 á 6 gramos) en un litro de agua, re¬ petido cada media hora, hasta que á la tercera ó cuar¬ ta dosis se restableza el curso de las materias fecales. Esto en cuanto á lo que pudiéramos llamar terapéuti¬ ca antigua. La terapéutica moderna prescribe las inyecciones hipodérmicas, traqueales y venôsas, los gránulos do- la simétricos, la electricidad, la irrigación intestinal y intervención quirúrgica. El sulfato de'eserina á dosis pequeñas y repetidas (de 5 á 8 centigramos) y las de pilocarpina (de 10 á 20 centigramos), producen exce¬ lentes resultados. De una solución de sulfato de estric¬ nina 25 centigramos, clorhidrato de morfina 50 centi¬ gramos y agua destilada 50 gramos, sé pueden hacer inyecciones traqueales cada media hora con 3 gramos para calmar simultáneamente el dolor y favorecer la expulsión de las pelotas. El cloruro de bario á la dosis de 60 centigramos á un gramo en inyección en la vena yugular provoca en seguida esfuerzos expulsivos, se¬ guidos casi siempre de deposición de las pelotas ester- coráceas. Para excitar el peristaltismo intestinal reco- — 169 — mienda Causse la pila galvánica y Lafosse las bobinas de inducción. Las lavativas frías (Schadrin), las com¬ presas de agua fría (Wilhelm) y la irrigación rectal (Brusasco) auxilian mucho á las inyecciones. La exploración rectal y disgregación digital de las pelotas, cuando esto sea factible, suelen producir buen resultado. La sangría sólo se empleará en animales jóvenes, robustos y cuando la violencia de los cólicos hagan sospechar ó temer la congestión intestinal. La timpanitis, que no debe descuidarse, se combatirá por los medios indicados para el meteorismo. Y como últi¬ mo extremo, como recurso supremo, se puede recurrir á la laparotomía, operación difícil y de inciertos resul¬ tados hasta hoy en los animales. Enteritis aguda.—El tratamiento de la forma leve debe ser ante todo higiénico. El reposo, el abrigo, la media dieta, si es posible farinácea, ó el régimen verde; las bebidas mucilaginosas con 100 ó 200 gramos de sul¬ fato de sosa y las lavativas de cocimiento de lino ó de salvado son suficientes para obtener en pocos días la curación, la cual es aún más segura y rápida si se practica la antisepsia intestinal con el salicilato de bis¬ muto, el naftol ó el salol. En la forma grave, amén del tratamiento higiénico indicado para la leve, el terapéutico debe ser más acti¬ vo. En los enfermos pictóricos una pequeña sangría de 3 á 4 litros produce algunas veces buen resultado. La revulsión cutánea (sinapismos y fricciones secas de esencia de mostaza diluida en vaselina al 1 por 100 ó — ITO — de esencia de trementina) que se empleará desde el' primer momento está perfectamente indicada. Las be¬ bidas y lavativas emolientes, mucilaginosas tibias, so¬ las ó adicionadas con la sal de nitro ó la crema de tár¬ taro son siempre útiles. Si hayconstipación se em¬ pleará el sulfato de sosa ó de magnesia á la dosis de* 150 á 250 gramos disuelto en un cocimiento de linaza, repetido tres ó cuatro días; ó los calomelanos (de 4 á 8 gramos), que además de ser un buen colagogo es anti¬ séptico. El aceite de ricino (500 á 1.000 gramos), el cro¬ tón (10 á 15 gotas), mezclado á 150 ó 200 de ricino y tár¬ taro emético (10 á 15 gramos), también pueden usarse. Los purgantes drásticos no deben emplearse jamás. Los clínicos [modernos prefieren, y con razón, las in¬ yecciones hipodérmicas de pilocarpina (10 á 20 centi¬ gramos), que amén de combatir el extreñimiento pro¬ vocan la expulsión de las mucosidades alteradas que existen en los intestinos, y cuando la constipación es pertinaz se hace uso de una mezcla, á partes iguales (10 centigramos de cada una), de pilocarpina y eserina. Si se presenta diarrea persistente se combatirá con los calomelanos á pequeñas dosis (1 á 2 gramos), con el sa- licilato de bismuto (8 gramos diarios), con el hiposul- fito de sosa (150 gramos), con la creatina (15 gramos), con el tanino (5 gramos), con el sulfato de hierro y el alumbre (10 gramos), con el-acetato de plomo (5 gra¬ mos), con los opiáceos (extracto acuoso de opio 8 á 12 gramos, ó láudano 20 á 30 gramos), con el alcanfor y la asafétida (10 gramos de cada cosa) y con el cachun- — 171 — de en polvo, á la dosis de 100 gramos, que es muy as¬ tringente y no irrita. Además, á título de antisépticos intestinales se emplearán, con buenos resultados siem¬ pre, el salol, el naftol, el benzonaftol, el salicilato de sosa y la clorodina. Cadéac asegura que las habas y los caldos de habas curan frecuentemente las diarreas más pertinaces, y Butel afirma que las inyecciones de atropina, 3 á 10 centigramos, repetidas cada día, le han dado excelentes resultados. Para excitar el apetito se hará uso del agua acidula¬ da, de la quina, genciana, cuasia, etc , ó de la tintura de nuez vómica (de 3 á 6 gramos). Para aumentar la acción digestiva del jugo gástrico y excitar las secre¬ ciones intestinales, se empleará el ácido'clorhídrico en solución débil. El bicarbonato de sosa (20 á 30 gramos diarios) favorece la evacuación de los materiales no digeridos, que en vías de putrefaccción son causa de intoxicaciones. Enteritis crónica. — Como en la aguda, el régimen higiénico es de importancia capital en la enteritis cró¬ nica. El abrigo; ejercicio moderado; la aireación de las caballerizas; los alimentos sanos, nutritivos, de fácil digestión y distribuidos con regularidad en gran número de veces; el agua clara, potable y á tempera¬ tura media, son cuidados higiénicos de primera nece¬ sidad. El tratamiento terapéutico es casi sintomático. La disminución y la pérdida del apetito se combatirá con los amargos, con los tónicos analépticos (quina, genciana, ajenjos, cuasia, amargo de Angostura, rui- T — 172 — barbo, etc., ó el áloes de 3 á 6 gramos diarios). La constipación se corregirá con el sulfato de sosa ó de magnesia (150 á 250 gramos) y lavativas de glicerina pura (5 á 10 gramos) ó jabonoso-salinas; si es época de forraje, el régimen verde es lo mejor. La diarrea se tratará con los opiáceos, que son más seguros que los astringentes; el extracto acuoso de opio, á la dosis de 6 á 12 gramos; el láudano, á la de 20 á 80 gramos. El alcanfor, á la dosis de 8 á 10 gramos (Trasbot), es un excelente específico. El extracto, acuoso de bella¬ dona fénico (10 á 15 gra¬ (de 2 á 3 gramos), el ácido mos), la creosota vegetal (2 á 4 gramos), el salol, el naftol y la naftalina (10 á 15 gramos por día) son me- dicamentos astringentes y antisépticos que pueden * usarse. La Cirugía puede tomar partetambién en el trata¬ miento; si existiesen irregularidades dentarias, desde su principio deben corregirse, nivelando ó haciendo la evulsión de muelas y dientes. Enteritis muco-membranos.v. —La indicación domi¬ nante es la de facilitar la expulsión de las falsas mem¬ branas. Se llena con los carbonatos y sulfatos alcali¬ nos, que facilitan la disolución, tales que el bicarbo¬ nato sódico, á la dosis de 30 á 60 gramos; el sulfato de sosa ó de magnesia, á la de 200 á 300 gramos, y la cre¬ ma de tártaro, á la de 40 á 50 gramos. La pilocarpina á dosis pequeñas, los calomelanos (de 1 á 8 gramos), el aceite de ricino y aun el de oliva favorecen la expul¬ sión. Para combatir la producción de falsas membra- i — 173 — nas, el ioduro potásico (10 á 20 gramos) es excelente. Como desinfectantes del tubo intestinal se emplearán el salicilato de sosa, el salol, el naftol y la naftalina. Los opiados ó mórficos se usarán como calmantes si los cólicos son exagerados. Cadéac aconseja las dos fórmulas siguientes, que satisfacen las precedentes in¬ dicaciones, debiendo hacerse uso primero de la núm. 1 y después de la núm. 2: Núm. I. Núm. 2. R. De naftol logramos. Desp.: De salol 20gramos. De calomelanos.... 6 — De bicarbonato De hludano 15 — de sosa. 30 — g Detinturade opio 10 — D. s. a. Enteritis cocidiósica. — Una buena y cómoda ins¬ talación, una alimentación sana y digestible y el aisla¬ miento de los enfermos son cuidados higiénicos de gran importancia para asegurar la curación de la co- cidiosis en los bóvidos, perro, conejo y aves, que son los que con más frecuencia la padecen. Los antisépti¬ cos al tubo intestinal (hiposulfito de sosa, flor de azu¬ fre, ácido fénico, clorhídrico ó salicilico, cresil, lisol, alcanfor, etc.); los astringentes (ácido tánico, sulfato de hierro, acetato de plomo, nitrato de plata), y los emolientes (cocimientos de malvas, de malvavisco ó de lino, aceite común ó de linaza) son la base del tra¬ tamiento, que deberá com; 'etarse con la administra¬ ción de aceite de ricino como purgante y auxiliarse con lavativas astringentes. Enteritis diarreica de los recién nacidos. — Esta — 174 — enfermedad de los potrillos, terneras, corderos y pe¬ rrillos recién nacidos es de extrema gravedad y al¬ canza una mortalidad de 50 al 90 por 100 de los ata¬ cados. El tratamiento debe ser profiláctico y tera¬ péutico. El primero consistirá en evitar las causas que producen la enteritis diarreica, que son la no expulsión del meconio, lactancia insuficiente, leche muy rica en grasa, muy rica ó muy pobre en caseína ó alterada pol¬ la mala alimentación de la madre, suciedad de las va¬ sijas, enfriamientos, debilidad orgánica en la madre ó en el hijo, forrajes, pulpas, etc., alterados, cambio brusco de la lactancia al régimen verde ó seco; se co¬ locarán los animales en locales sanos, limpios, ventila¬ dos ; se aislarán los enfermos ; se impedirá la propaga¬ ción de la enfermedad; se practicará la desinfección de las caballerizas, establos, majadas y perreras con so¬ luciones de ácido sulfúrico al 5 por 100, de sulfato de cobre al 10 por 100, de sublimado al 1 por 1.000, delisol ó de cresil al 5 por 100; se lavarán frecuentemente las mamas de las madres con soluciones templadas de áci¬ do fénico ó bórico al 3 por 100, de creolina al 1 por 100; se hervirán los recipientes donde se guarda la leche, y destruirán ó quemarán las camas, estiércol, etc., con¬ taminados. El tratamiento terapéutico de la diarrea simple es¬ porádica de los potros y terneras consistirá en la dieta absoluta y administración de la crema de tártaro, á la dosis de 50 á 70 gramos en 2 ó 3 litros de agua templa¬ da edulcorada con miel durante varios días ; una infu- — 175 — sión de retoños verdes de escaramujo (un puñado por medio litro de agua), administrada diariamente, pro¬ duce excelentes resultados. En la enteritis diarreica, grave, infecciosa, se darán friegas secas; se proyecta¬ rán vapores emolientes al abdomen; se colocarán sa- quitos calientes sobre los ríñones; se sostendrán las fuerzas del enfermo con papillas farináceas cocidas ó con yemas de huevo; se calmarán los dolores cólicos con el láudano (2 á 5 gramos), la tintura de opio (5 á 10 gramos), el opio á la dosis de 5 centigramos á un gramo en 2 decilitros de agua y leche templadas, re¬ partido en tres ó cuatro tomas ó veces al dia, ó bien con la poción blanca de Sydenham, de 30 á 40 gramos. Mazoux recomienda un cocimiento de 100 gramos de lino con la adición de 4 gramos de almidón; además, repartida en tres veces al día, preconiza la prepara¬ ción siguiente: láudano, 10 gotas; fosfato de cal, 4 gramos; polvos de goma arábiga, 10 gramos, y leche, 3 decilitros. Darreau aconseja 50 á 70 gramos de crema de tártaro en agua melada, ó en medio litro de 4 agua gramos de la tintura siguiente: opio, 32 gramos; al¬ cohol, 400 gramos. Cagny emplea con buenos resulta¬ dos de 2 á 4 gramos de ruibarbo como tónico, excitan¬ te de la secreción biliar y purgante suave y lento. El maná (15 á 30 gramos) disuelto en leche es un purgan¬ te eficaz y goza de propiedades antisépticas. El polvo de Gregory (magnesia, cinco partes ; jengibre y rui¬ barbo, dos partes de cada cosa), á la dosis de 40 á 50 gramos, produce también buenos resultados. La dia- — 176 — rrea se combatirá con el subnitrato de bismuto ó el carbonato de hierro, á la dosis de 2 á 4 gramos; con la brea vegetal en aguaó en leche; con el ácido sali- cílico (10 á 20 gramos); con la creolina, el tanino y con la serie conocida de antisépticos para desinfectar el tubo intestinal. Lanzillotti-Buousante recomienda la fórmula siguiente, que se repetirá si á las dos horas no se ha contenido la diarrea: infusión de manzanilla, medio litro ; ácido salicilico y tanino, aa., un gramo. Cadéac preconiza como antiséptico y antidiarreico, á la dosis de una á dos cucharadas grandes, la siguiente fórmula : subnitrato de bismuto y ácido salicilico, aa , 5 gramos; naftol, 20 gramos; jarabe simple, 150 gra¬ mos; agua destilada, 100 gramos. Para excitar el ape¬ tito, favorecer la digestión y tonificar ó fortificar el organismo se hará uso del lactofosfato ó del clorhi- drofosfato de cal (1 á 3 gramos), el aceite de hígado de bacalao (30 á 40 gramos), el extracto de Colombo (3 gramos en dos veces al día), ó la poción de Fróhner compuesta de 10 gramos de ácido láctico, 200 de jara¬ be simple y 1.000 de infusión de te ó de manzanilla. Enteritis disentérica. — Una higiene y profilaxis esmeradas ante todo y el empleo de los antisépticos. 50 centigramos de calomelanos cada dos horas duran¬ te varios días; ácido salicilico (5 gramos diarios) en la bebida; salol, naftol, betol (10 á 20 gramos) en elec¬ tuaries. El acetanilido (15 á 20 gramos diarios) para yugular la fiebre, según Cadéac, no le ha dado resul¬ tado á Butel, que recomienda casi como específico la — 177 — ipecacuana (8 fi 15 gramos en infusión caliente de tila) mañana y tarde, previa la limpieza del tubo in¬ testinal con 500 á 1.000 gramos de sulfato de sosa. El ioduro potásico (10 á 20 gramos) es un excelente anti¬ séptico y modificador de la nutrición. Las bebidas edulcoradas y laudanizadas (10 á 20 gramos diarios de láudano) y lavativas de 10 á 15 gramos de gliceri- na, calmando la irritación de la mucosa gastrointesti¬ nal, contribuyen á la curación. Enteritis tóxicas.—La indicación primera en la de origen mineral es neutralizar ó evitar la absorción del principio tóxico con los agentes que sean del caso. Los álcalis por los ácidos, el emético por el tanino, el arsénico por las sales de hierro y la magnesia calcina¬ da. Para más detalles consiiltense las toxicologías. En la de origen vegetal, convienen siempre las lavativas emolientes, mucilaginosas y las bebidas astringentes de cocimiento de tanino, combatiéndose á la vez los síntomas dominantes con los calmantes si se presen¬ tan convulsiones ó cólicos, y con los excitantes si hay aplanamiento del enfermo. En la producida por alimen¬ tos alterados y forma adinámica se usarán los purgan¬ tes salinos, el aceite de ricino con algunas gotas del de croton y los calomelanos para facilitar la expulsión de las materias tóxicas y disminuir la intensidad de los trastornos funcionales; la desinfección gastrointes¬ tinal por el salol, naftol y, mejor, por la creolina (3 á 5 gramos, repetidos tres veces al día), combaten las fermentaciones intestinales y los fenómenos de autoin- — 178 — toxicación consecutivos á la paresia de los intestinos; los cólicos se suelen calmar con las lavativas de doral; los movimientos del corazón y la circulación se regu¬ larizan con el empleo de la cafeína ó del café á altas dosis; las fuerzas se reaniman y las funciones se acti¬ van con las fricciones de esencia de trementina y los sinapismos. En la forma vertiginosa se emplearán los purgantes á fin de facilitar la expulsión de las mate¬ rias alimenticias en putrefacción ó en vía de alterarse y evitar la intoxicación; con el sulfato de sosa ó de magnesia, de 500 á 1.000 gramos, ó el áloes de las Bar¬ badas, de 20 á 30 gramos, se consigue el objeto. La antisepsia intestinal con el salol, naftol, naftalina, etc., combaten las fermentaciones gástricas é intestinales. Los electuarios de regaliz, esencia de trementina y genciana; las lavativas de glicèrina, agua jabonosa fría 3' esencia de trementina, y las inyecciones hipo- dérmicas de eserina y de pilocarpina suprimen la ato¬ nía y la paresia intestinal y corrigen el éxtasis alimen¬ ticio. Desde muy antiguo se conocen los buenos resul¬ tados del tártaro emético y de la mostaza blanca al interior (300 á 600 gramos), habiéndose obtenido tam¬ bién curaciones con los purgantes y las inhalaciones de éter (Delafond), y, según Godard, con un brebaje de mucílago, de granos de lino, adicionado con el emético, el aceite de croton (20 gotas) y de 64 gramos de áloes. Alasonnière dice que debe neutralizarse la acción del exceso de ácido gástrico con la dieta, régi¬ men blanco, caballerizas calientes, abrigo, lavativas emolientes y esponjas empapadas en agua fría sobre la frente y renovadas con frecuencia: bebidas con 90 gramos de bicarbonato sódico, repetidas tres veces al día, y otras tres tomas diarias de 500 gramos de mos¬ taza blanca incorporada á la miel. Leclainche y otros autores preconizan la sangría (4 á 5 litros) desde el principio; pero Cadéac la proscribe porque con ella se facilita la intoxicación exagerando la reabsorción intestinal y porque frecuentemente determina la ex¬ acerbación de la enfermedad y precipita la muerte del enfermo. No ignoro, lo recuerdo perfectamente á pesar de hacer ya más de diez años que no ejerzo la profesión, que en muchas ocasiones es muy difícil, casi imposible, hacer un diagnóstico preciso, exacto, de ciertas enfer¬ medades del aparato digestivo; y entonces se ve uno compelido á aceptar como bueno el término cólico, antes que confesar que no se sabe la enfernedad que padece el animal. Sin duda por esto muchos autores (Reinal, Zundel, Friedberger y Frôhoner, Coya, etc.) traen en sus obras un capítulo de cólicos en el que des¬ criben los síntomas comunes y tratamiento general. Yo no quiero molestaros con una descripción pesada de la sintomatología, etiología, diagnóstico diferencial y pronóstico general; me voy á limitar á decir cuatro palabras no más del tratamiento general de los cólicos — 180 — y así daré gusto á los que son partidarios enragé de ellos. "Cualquiera que sea la variedad de los cólicos, dice nuestro ilustrado consocio Sr. Coya, éstos reclaman desde su aparición un tratamiento enérgico, basado, ya en el diagnóstico local ó en el general.,. De acuerdo con nuestro distinguido amigo, agrego yo que la causa y el síntoma debe ser el punto de mira del clínico. El tratamiento causal varía mucho; el sintomático debe satisfacer tres indicaciones principales; atenuar ó cal¬ mar el dolor, combatir la atonía gastrointestinal y pre¬ venir las hemorragias. En todos los cólicos convienen los enemas, las fricciones y el paseo. La sangría, los brebajes, la electroterapia y la alcaloideoterapia (in¬ yecciones hipodérmicas, traqueales, venosas; dosime¬ tría) son medios que responden á aquellas indicacio¬ nes, si bien no todos se pueden emplear en todas las ocasiones. Los enemas se emplearán desde el principio de la enfermedad y pueden ser de glicerina ó de líquidos ca¬ lientes ó fríos, emolientes ó excitantes; de tabaco, va¬ leriana, asafétida, eterizadas, con esencia de trementi¬ na, etc., etc. Las duchas ó irrigación rectal con agua fría (á unos cantidad de 10 á 20 ó 25 li¬ 15 grados) en tros, son preferibles á las lavativas para combatir la atonía del tubo intestinal y facilitar la disgregación y expulsión de las materias que contenga. Para practi¬ car el enteroclismo rectal se empleará un tubo de goma que, partiendo de un recipiente colocado á una — 181 — altura conveniente para que el líquido baje, se intro¬ duce profundamente en el intestino al través del ano. También se puede hacer uso de un clipso-bomba de gran potencia, ó de una bomba de mano, cuidando, al terminar la ducha, de comprimir con la cola la región anal para evitar la salida instantánea del agua por los esfuerzos expulsivos que suelen hacer los enfer¬ mos. Este inconveniente lo ha salvado Herr. Haase con el Inyector rectal tapón que ha con inventado, que consiste en un tubo provisto de un globo de cauchú; introducido el tubo en el recto con la ayuda de un fuelle, se insufla el aire en el globo, el cual se adapta perfectamente al ano; entonces se deja penetrar el agua bajo la influencia de la presión atmosférica. El Sr. Haase ha introducido cantidades enormes de agua, que toleran los enfermos cuando la temperatura es buena. A la irrigación rectal no hay necesidad de que preceda, como en las lavativas, la exploración del recto para extraer las materias fecales. Las fricciones secas generales frecuentemente re¬ petidas son siempre útiles en los cólicos ligeros; en los violentos se darán fricciones con vinagre caliente, al¬ cohol solo ó alcanforado, esencia de trementina, agua sinapizada, etc.; las fricciones de mostaza Rigollot (un frasco en 2 litros de agua) y los sinapismos produ¬ cen menos dolor que las de esencia de trementina, amén de durar acción más su tiempo. Mr. Adenot ha obtenido buen resultado con las proyecciones de agua hirviendo sobre el cuerpo. 13 — 182 — Los paseos al paso, cuando el tiempo es bueno, ate¬ núan los dolores, evitan que los enfermos se revuel¬ quen, se contundan y se produzcan rozaduras y hasta heridas; precaven los cambios de relación y aun la rotura del estómago y de los intestinos. La sangría practicada en los primeros momentos es de utilidad incontestable en algunos cólicos violentos que denuncian la congestión intestinal, y aun en los ocasionados por la indigestión, según algunos autores. La cantidad de sangre que se extraiga estará subordi¬ nada á la violencia de los dolores y á la edad, alzada, estado de carnes, etc., del enfermo; de 6 á 10 litros, en una ó dos emisiones, si persisten los dolores, la tensión arterial y la dureza del pulso, suele ser sufi¬ ciente. Los brebaies varían hasta el infinito : desde la infu¬ sión de manzanilla con 15 á 30 gramos de láudano de Sydenham y otros tantos de éter sulfúrico, de uso muy frecuente entre los Veterinarios españoles, hasta esos brebajes complicados á que aludí más atrás; desde la antigua fórmula de la Escuela de Alfort (de 15 á 20 gramos, de cada cosa, de asafétida, alcanfor y éter sulfúrico, en un litro de agua), hasta la administración del alcohol en agua ó en una infusión aromática, es larguísima la lista de brebajes ó bebidas que se consig¬ nan en nuestras patologías médicas nacionales y ex¬ tranjeras. También es larga la lista de anticólicos; el de Riesco y el de Narbona son recomendables. Para calmar el síntoma dolor, brebajes á base de láudano — 183 — de Sydenham ó de Rousseau (de 15 á 30 gramos), ó de tintura de opio (de 10 á 15 gramos). Para combatir la meteorización, brebajes á base de amoníaco (de» 10 á 20 gramos), ó de éter sulfúrico (de 15 á 30 gramos). Contra la atonía del tubo digestivo, brebajes excitan¬ tes con café (120 á 130 gramos), aguardiente (medio litro), tintura de genciana ó de áloes (de 100 á 200 gra mos), esencia de trementina (de 40 á 60 gramos), acei¬ te de ricino (de 200 á 500 gramos), elixir de Lebas (de 100 á 200 gramos) y otros mil que no creo pertinen¬ te citar. Las inyecciones bipodérmicas, traqueales y veno¬ sas, y los granulos y lentículas del método dosimétri- co, á todo lo cual llamo yo, no sé si con razón ó sin ella, alcaloideoterapia, ban venido á sustituir, con no¬ table y evidente ventaja, á los antiguos brebajes. El sulfato de eserina, el nitrato de pilocarpina, el sulfato de veratrina, el clorhidrato y el brombidrato de are- colina, desempeñan boy un papel importantísimo en la terapéutica de los cólicos. El cloruro de bario, en inyecciones intravenosas, preconizado por Dieckerboff y aconsejado después por Cadiot, es de uso más recien¬ te, pero menos generalizado. La electricidad, recomendada por Mr. Laquerrière, Veterinario militar retirado y Director del Répertoire de police Sanitaire Vétérinaire et d'Hygiène publi¬ que, apenas se ba generalizado. Una corriente induci¬ da volta-forádica, recto-bucal, provoca en las fibras musculares lisas de los intestinos contracciones lentas. — 184 — que duran hasta después de interrumpida la corriente y dan por resultado la evacuación del contenido intes- tinah De propio silencio tres enfer¬ intento he pasado en medades que varios autores colocan entre las del aparato digestivo y que yo no voy á discutir ahora si están bien ó mal comprendidas ó si estarían mejor en el capítulo de envenenamientos. Me refiero á la lupino- sis, al latirismo y á la llamada enfermedad del trébol. Así como á la producida por el lupiniis se la conoce ya con el nombre de lupinosis, bien pudieran denomi¬ narse trifoliosis y latiriosis á las producidas por el trifoliíim y el latyris. La lupinosis es una enfermedad (y mejor sería decir una intoxicación) producida por la ingestión en el tubo digestivo de los altramuces blancos, amarillos y de hoja estrecha. Sea debida á los hongos saprofíticos que invaden los granos del altramuz, sea ocasionada por la formación en el tejido de esos granos de una substancia tóxica icterógena, sea producida por un fermento inorgánico ó por algún alcaloide especial (conicina, metilconicina, lupinina), el hecho es que el caballo, el buey, la cabra y, sobre todo, el ganado lanar, contraen esta afección cuando hacen uso en su — 185 — alimentación del lupinus albus, Intens y angosti- folius. Esta intoxicación está caracterizada por la icteri¬ cia, la degeneración grasosa de las células hepáticas y por la hipertrofia del tejido conjuntivo; afecta la forma aguda y la crónica, y los síntomas principales son inapetencia, tristeza, somnolencia y una gran de¬ presión; rechinamiento de dientes; fiebre alta, de 39°,5 á 41°,5 de temperatura; dispnea, de 30 á 40 respiracio¬ nes por minuto; pulso débil y acelerado, de 60 á 75por minuto; tinte ictérico de las mucosas; constipación; excrementos duros, de olor repugnante y cubiertos de mucosidades y orina albuminosa, sanguinolenta, poco abundante, pero expulsada con frecuencia. La muerte sobreviene á las veinticuatro horas ó al cabo de cuatro ó cinco días, en la mayoría de los casos, ó bien el enfermo se cura ó pasa al estado crónico. Las alteraciones anatómicas son características: el hígado está amarillo limón; la vesícula biliar llena de bilis; hay atrofia hepática y principio de degeneración gránulo-grasosa de las células hepáticas; el bazo está de color gris rojizo, hipertrofiado y reblandecido; los ríñones tumefactos, duros, rellenos de sangre; el pul¬ món edematoso ; el corazón amarillo, blando, granulo¬ so; los músculos y todos los parénquimas y membra¬ nas de color completamente ictérico y con manchas equimóticas en las serosas y mucosa respiratoria; en el estadocrónico, el hígado está atrofiado, duro, irre¬ gular, granuloso, ó bien hay cirrosis con hipertro- — 186 — fia del tejido conjuntivo interlobular ó está esclero- sado. La primera indicación que debe satisfacerse es el cambio completo de la alimentación, supresión inme¬ diata y absoluta de los altramuces. En seguida se ad¬ ministrarán substancias oleosas, ácidos diluidos y le¬ vadura de cerveza, que precipitan la lupino-toxina é impiden su absorción; se hará uso de los purgantes salinos ó aloéticos, asi como también de la antisepsia intestinal, auxiliados por el enteroclismo ó irrigación rectal. Cuando la orina es sanguinolenta se emplearán los cocimientos de linaza y el alcanfor para combatir la irritación del riñón. Si la somnolencia, si la estupe¬ facción es profunda y la depresión extrema, se recu¬ rrirá al café (de 15 á 30 gramos) ó la cafeína en inyec¬ ciones hipodérmicas (de 0,50 á 1 gramo), que estimu¬ lan el sistema nervioso central y activan la elimina¬ ción del principio tóxico al aumentar la secreción uri¬ naria. 'L·a.trifolïosis enfermedad ó una intoxicación es una producida por la ingestión en el tubo digestivo del trébol híbrido (trifolium kybridum), caracterizada por la presencia de aftas ó úlceras en la mucosa bucal, simulando una verdadera estomatitis. Los la tristeza; primeros síntomas que aparecen son el apetito caprichoso; el sudor abundante al menor ejercicio; la orina clara, poco abundante, pero con micciones repetidas; conjuntiva amarilla; frecuentes movimientos de las mandíbulas y de la lengua; la /y ■ È ^ ■.V/ boca caliente, — 187 — V\%îî' seca y con erupción aftosa, que se e^V tiende á la cabeza y cuello. En este período es com- pleta la inapetencia, difícil y hasta imposible la de¬ glución; hay coprostasia pertinaz seguida de accesos vertiginosos, y se suspenden la defecación y expulsión de la orina; el tinte ictérico que desde el principio acusa la conjuntiva se extiende á todas las mucosas; el pulso es pequeño é irregular ; las extremidades y aun la cabeza se ponen edematosas; postración extre¬ ma y, poco antes de la muerte, sudores abundantes. La anatomía patológica revela inyección de vasos superficiales del encéfalo, acompañada de ligera hi¬ dropesía en la aracnoides y ventrículos; grandes masas de alimentos secos y adheridos á la mucosa del estómago é intestinos; equimosis de las placas de Peyer é hipertrofia del hígado, que está de color de hoja seca y friable. Como indicación primordial terapéutica, la evacua¬ ción intestinal. El áloes de las Barbadas (de 15 á 20 gramos), la aloína (de 5 á 10 gramos), los bolos pur¬ gantes Méré de Chantilly, el podofilino (de 6 á 12 gra¬ mos), el aceite de ricino (de 400 á 600 gramos), los ca¬ lomelanos (de 8 á 10 gramos) y los salinos (de 500 á 800 gramos de sulfato de sosa ó de magnesia hasta obtener la purgación) están perfectamente indicados en los grandes rumiantes y solípedos. También puede hacerse uso de las inyecciones hipodérmicas de sulfato de eserina para provocar la expulsión de las materias acumuladas en el estómago é intestinos. Las fomen- i — 188 — taciones calientes en el abdomen y las lavativas de glicerina ó de líquidos emolientes y aun la irrigación rectal auxilian bien á los purgantes. Cuando la pos¬ tración es grande se emplearán los tónicos por muy la vía bucogástrica (sulfato de quinina, 3 á 10 gramos; tintura de genciana, de 25 á 40 gramos, etc.), ó las in¬ yecciones hipodérmicas de cafeína, y se hará uso de ^ lavativas aromáticas adicionándoles dos ó tres gramos de alcanfor. También es conveniente la antisepsia in¬ testinal. La latiriosis, ó latirismo de algunos autores, es una enfermedad ó intoxicación producida por la inges¬ tión de las almortas (lathyris cirera), caracterizada por la debilidad y balanceamiento del tercio posterior, ronquido y dispnea. El caballo atacado de latirismo parece, la mayoría de las veces, como sano durante el reposo, y muy pocas con sobreexcitación extrema; pero en cuanto se pone en movimiento se nota debilidad y balanceo del tercio posterior y en seguida un ronquido sui gé- neris, espantoso, una especie de bramido semejante al del toro, y dispnea sofocante; tos con expectoración sanguinolenta; erupciones bucal y cutánea; vibracio¬ nes en la región laríngea; latidos en la yugular y mo¬ vimientos irregulares, entrecortados, del corazón. En muchas ocasiones (30 á 40 por 100), aun en el reposo, se presenta repentina, bruscamente, una paraplegia mortal ó la muerte por asfixia. Los que se curan que¬ dan afectados del ronquido. En los bóvidos se ha oh- — 189 — servado también la latiriosis por el consumo del lathï- ris clymenum, denunciada por la somnolencia é inco¬ ordinación délos movimientos, por la paraplegia com¬ pleta, la amaurosis, por la boca imposible de abrir, inmovilidad de las extremidades, temperatura normal y ausencia del ronquido. La etiología también es curiosa ; la almorta no pro¬ duce el latirismo más que después de la formación del grano; pero á partir de este momento se vuelven ve¬ nenosos los tallos y las hojas, sin que hasta la fecha se sepa cuál es el principio tóxico. Los efectos de este alimento, cuando es exclusivo, no aparecen hasta el décimo día, y hasta los tres meses^cuando sólo recibe alguna cantidad mezclada á otros alimentos, y, según Moussu, se suele presentar después de transcurrido un mes de haber dejado de tomarse este alimento; hecho curioso que parece demostrar que existe acu¬ mulación del principio tóxico en el organismo y que su eliminación es muy lenta. Las lesiones anatómicas son la congestión del cere¬ bro, de la médula oblongada y espinal, las manchas equimóticas en la laringe y la atrofia y degeneración de los músculos del lado izquierdo de la laringe. La indicación dominante es el cambio absoluto de alimentación y extensión y suspensión de la cabeza en el momento de los ataques de asfixia y la traqueoto- mía. El tratamiento farmacológico, el mismo preconi¬ zado para la lupinosis y trifoliosis. En los animales que pueden vomitar se administrarán los vomitivos — 190 — (agua tibia, inyecciones de apomorfina, de ipecacua¬ na, etc.), y en todos se emplearán los purgantes y, mejor aún, las inyecciones de eserina, de pilocarpi- na, etc., para que sean expulsados pronto los materia¬ les contenidos en el estómago é intestinos, expulsión que se facilita mucho con la ayuda de los enemas re¬ petidos y, sobre todo, con las duchas rectales. Si he¬ mos de creer al Doctor Georges, el agua en cantidad considerable es el contraveneno general que conviene en todos los envenenamientos del hombre y de los animales, porque diluyendo el veneno neutraliza su acción, aminora sus efectos locales sobre la mucosa digestiva y favorece su expulsión al exterior. En tal concepto, el agua es un precioso remedio, puesto que administrada caliente produce el vómito, y fria diluye las substancias contenidas en el estómago é intestinos y provoca su expulsión y la de la orina. Me haría interminable y pesado si continuara, siquie¬ ra fuese á la ligera como lo he hecho, ocupándome del resto de las enfermedades del aparato digestivo; por lo tanto, hago aqui punto. Pero antes de concluir me permito á nuestro distinguido consocio y queri¬ rogar do amigo mío. Sr. García Bermejo, entusiasta partida¬ rio de la dosimetría, que tan excelentes resultados me dió los pocos años que hice uso de ella cuando ejercía la profesión, que intervenga en estos debates y nos dé á conocer el fruto de sus observaciones prácticas do- simétricas. — 191 — Y no queriendo abusar más de vuestra paciencia, termino reiterando mi felicitación á los señores Fer¬ nández Alcalá y Aragón por el valioso concurso que prestan á esta Sociedad académica con su laboriosidad y conocimientos. He dicho. Eusebio Molina Serrano. STTlv/dl^ŒeZO Dos palabras de entrada. Significación del término cólico. Discrepancia y aclaración. Clasificación de las enfermedades del aparato digestivo. Concepto sobre los cólicos nerviosos,'por sobrecarga, timpanitis, indigestión gaseosa y congestiones intestinales trombósicas y embólicas. Otraindigestión con mote. Importancia de la terapéutica. Medicamentos excito-motores. Eserina, veratrina, pilocarpina, arecolina. Cloruro de bario. Tratamiento de las gastritis aguda catarral y crónica; indigestión estomacal; congestión intestinal; indigestión intestinal gaseosa y por sobrecarga; enteritis aguda, cró¬ nica, muco-membranosa, cocidiósica, diarreica de los re¬ cién nacidos, disentérica y tóxicas. Tratamiento general de los cólicos. Lupinosis, trifoliosis, latiriosis. Conclusión. ACTA DE LA SESIÓN DEL DÍA 9 DE FEBRERO DE 1S99. (EXTRACTO) Presidencia del limo. Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión á las nueve en punto de la noche, y leída el acta de la anterior, fué aprobada. El Sr. Presidente concedió la palabra al Sr. Estrada, que se ocu¬ pó del tema en discusión, con la competencia práctica clínica que le distingue y todos le reconocen; terminó dando las gracias á los señores socios por la atención con que le habían escuchado. El Sr. Estrada Valoría fué muy felicitado por todos. El Sr. Alcalá dijo, para rectificar, que se congratulaba de la identidad de opiniones, pues sólo en un punto, en el de los cal¬ mantes, disentían; sosteniendo y razonando la opinión que ya ha¬ bía emitido de dar la preferencia á los alcaloides del opio indica¬ dos en su anterior trabajo. El Sr. García Bermejo pronunció un brillante discurso, empezan¬ do por dar gracias al Presidente de la Sección, por felicitar á ésta, haciendo protestas de adhesión.' Dosímetra convencido y distingui¬ do, el Sr. Bermejo, de palabra fácil y vehemente, trató algunos extremos del tema, desde el punto de vista dosimétrico, y fué muy aplaudido al terminar su hermosa improvisación. El Sr. Molina dió las gracias al Sr. García Bermejo por las frases inmerecidas que le había dirigido por su campaña reformista, que sólo obedecía á su gran cariño ála clase; á la vez se lamentó de la próxima marcha á América del Sr. Bermejo, á quien deseaba un — 196 — feliz viaje y todo género de prosperidades y se mostró conforme con la doctrina é ideas emitidas del Sr. García Bermejo. El Sr. Estrada felicitó al Sr. Bermejo por su brillante discurso y dijo que no rechaza en absoluto la dosimetría; pero que como el opio le ha dado siempre buen resultado, hasta el extremo de no habérsele muerto ningún enfermo de cólico, lo seguiría em¬ pleando. El Sr. Bermejo se felicitó porque creía que muy pronto sería dosímetra el Sr. Estrada. El Sr. Presidente manifestó su sentimiento por la marcha del Sr. Bermejo y le aplaudió^por¿sus nuevas ideas, con las que creía se prestaba un buen servicio al^ progreso científico, pues no debe encerrarse la Medicina en un círculo sin salida. Y no habiendo más asuntos[]^de que tratar, se levantó la sesión á las doce de la noche, de todo lo cual certifico. V." B." El Presidente El Secretario general, SÁNCHEZ. ' Eusebio Molina. Queridos compañeros: Sólo por cumplir lo que yo creo un deber en todos los socios de esta Academia, de contribuir con sus co¬ nocimientos, por escasos que éstos sean, cual me suce¬ de á mí, á dilucidar las cuestiones científicas que en ella se ponen á discusión, es por lo que yo me atrevo á distraer vuestra atención por unos momentos. No esperéis de mí que pueda deciros nada nuevo, mucho menos después que habéis oído los luminosos trabajos que nos han dado á conocer, en sesiones an¬ teriores, los señores Alcalá, Aragón y Molina, y en los cuales todos hemos podido comprobar la nota de inte¬ ligentes y laboriosos que ellos tenían, y menos des¬ pués de oír la recopilación que el Sr. Molina nos hacía de los modernos procedimientos y medicamentos usa¬ dos por los más notables Profesores extranjeros para la curación de la dolencia que nos ocupa. Reciban to¬ dos mi enhorabuena y sigan por ese camino, que es el de la verdadera regeneración de la clase. Solamente he de daros á conocer mi pobre opinión 14 Ji — 198 — respectu a os cólicos el tratamiento que en la prác¬ y tica mayores resultados me ha dado. Antes de nada he de decir algo respecto al uso de la palabra cólico, puesto que sobre la aplicación de dicha denominación han contendido con la galanura en ellos característica los señores Alcalá y Aragón; ambos dicen que la palabra es vaga, que nada significa y que, por lo tanto, no debe usarse; ciertamente que para el Profesor el cólico no es una enfermedad, pero no puede prescindirse de usarla en términos genera¬ les porque el vulgo está familiarizado con ella y por¬ que, aplicándola, podemos hacernos entender de las personas que, bien en calidad de dueños ó ya solamen¬ te como encargados, están interesadas en la salud de los animales, que desean saber la clase de enfermedad que padecen en cuanto el Profesor los ve, y aquéllas no siempre pueden interpretar las explicaciones que haya que darles de una cualquiera de las afecciones que dentro de ella se comprenden, y en cambio se hacen cargo en seguida de qué se trata al decirles que el animal padece un cólico. Además, al Profesor muchas veces le conviene usar- la, y yo creo que puede y debe hacerlo sin desdoro suyo porque le facilita el salir airoso en algunas oca¬ siones, lo que contribuye á su buen crédito y de la clase, y en apoyo de lo que digo puedo citar varios casos, entre ellos dos típicos, en los cuales se me pre¬ sentaron los animales con violentos dolores y con todo el cuadro sintomatológico que el cólico tiene, en los que apuré para combatirlos todos cuantos recur¬ sos me sugirió mi escasez de conocimientos, y ambos terminados por la muerte; el primero en no pude diag¬ nosticar con certeza, y en el segundo, aunque no diag¬ nostiqué, ya sospeché si sería un caso como el prime¬ ro; reconociendo mi torpeza, recurrí á la autopsia, y ¿sabéis cuál había sido la causa de la muerte? Pues encontré degeneración del hígado y que por conse¬ cuencia de ella se había verificado un derrame sero- sanguinolento en la trama hepática, que, no pudiendo por su estado contenerlo, había vertido en la cavidad abdominal; dígame el Sr. Aragón, ¿no es, en casos como éste, necesario recurrir á alguna fórmula para cubrir por el momento su responsabilidad el Profesor? Tanto en éste, en que podemos decir al cliente que el enfermo tiene un cólico hepático, porque aunque sos¬ pechemos, es más, podamos afirmar que la dolencia radica en el hígado, no nos es fácil asegurar en mu¬ chas ocasiones de qué clase de dolencia se trata, como en el de un cólico nafrítico, que también puede obede¬ cer á causas variadas, difíciles de señalar, sin perjui¬ cio de que conozca el Profesor el sitio en que radica, insisto en que puede usarse la palabra cólico sin me¬ noscabo del que la use. Por lo tanto, creo que podemos en la práctica conti¬ nuarla usando, y yo acepto con gusto una de las defi¬ niciones que de ella he visto y que es como sigue : ^'Cólico. Se da este nombre á todo dolor vivo que se hace sentir en el vientre y que se repite con igual ó — 200 — mayor intensidad después de haber estado * acallado durante algunos momentos, sea cualquiera la viscera del abdomen en que radique.,, Como veis por esta definición, la palabra cólico sig¬ nifica dolor y nada prejuzga, abarcando en sí una multitud de enfermedades que á nosotros toca diferen¬ ciar y combatir, según requiera cada una. ¿Cuál de las enfermedades que comprende es más común y más grave en la práctica? En mi concepto, lo es la indigestión aguda, bien sea estomacal ó intes¬ tinal. De ella he de decir dos palabras, no para expli¬ car las causas que la producen, que son muchísimas, tales como los enfriamientos, exceso de alimentos, etc., y que ya han sido gallardamentedescritas por los se¬ ñores tratamiento. referidos; lo haré sólo del De todos son conocidos los síntomas que á esta do¬ lencia acompañan, la gran excitación característica que siempre producen y, como consecuencia de ella, la ansiedad, inquietud, el echarse y levantarse fre¬ cuentemente, tirándose con violencia contra el suelo y mirándose al ijar, el estado de concentración del pulso y palidez de la conjuntiva, etc.; todos han sido también aquí estudiados. ¿ De qué manera diferencia¬ remos la indigestión estomacal de la intestinal? En mi concepto, no hay otra manera más que el distinto sitio de la timpanización, de tal modo que si la timpanitis, por pequeña que ésta sea, se presenta en el ijar iz¬ quierdo, la indigestión será estomacal, y si, por el contrario, es en el derecho, la indigestión es intestinal. — 201 — El pronóstico de esta afección todos sabéis que es muy grave, porque si bien muchas veces logramos la curación, también hay otras muchas en las que los es¬ fuerzos del Profesor resultan estériles. El tratamiento que he de indicar 3m aquí no sola¬ mente no es nuevo sino que es el más antiguo de todos los conocidos, el que constituye la rutina en la prácti¬ ca y que preconizo como el mejor por venirlo usando con gran éxito y porque en la comparación con otros muy recomendados, que he puesto en ensayo, el triun¬ fo ha sido del que os Voy á exponer. En primer término, conceptúo de una importancia capitalísima para el éxito poder atender la indigestión en sus primeras manifestaciones, y ¿sabéis por qué? Pues porque en mi práctica he obtenido siempre, aun¬ que la afirmación os parezca atrevida, la curación de los enfermos así tratados, y los casos de defunción que durante ella he tenido, todos han sido de los que durante mucho tiempo ha estado el animal sin asisten¬ cia, dando con esto lugar á que se verifique la rotura del estómago ó diafragma, ó bien á que sobrevenga una fuerte inflamación intestinal que suele presentar¬ se cuando los animales no son auxiliados en los prime¬ ros momentos. Pues bien, yo creo que una vez reconocido el enfer¬ mo y hecho el diagnóstico, lo primero de que el Pro¬ fesor debe ocuparse es de sostener sí existe, ó produ¬ cir si no una franca reacción, que es muy necesaria en todo caso, porque si la indigestión obedece á en- - 202 — friamiento, de esta manera se contrapesa el efecto que aquél haya podido producir; si por efecto de ella, y sea cualquiera la causa, se ha iniciado en el estóma¬ go ó intestinos la congestión (la que no he de decir cómo se verifica porque su mecanismo ha sido expli¬ cado ya mucho mejor que yo pudiera hacerlo por los señores que me han precedido en el uso de la palabra), también de esta manera se impide que ésta aumente de una parte y se ayuda eficazmente á combatirla de otra, y si, por último, la paralización de la digestión obedeciera á falta de fuerzas del tramo digestivo, bien sea por atonia de éste ó por estar ocupado por mayor cantidad de substancias alimenticias que las que pue¬ de digerir, siempre encontraremos en la llamada de la circulación á la periferia un arma poderosa que nos ayude á combatir la dolencia, porque de este modo la circulación se activa, impresiona con más energía al cerebro, y éste, á su vez, manda á los órganos mayo¬ res actividades que nos sirven para coadyuvar á nues¬ tro objeto. Para procurar la reacción, yasabéis todos los me¬ dios que deben emplearse, tales como enmantar bien á los animales, las friegas secas ó con aguarrás si re¬ sultan insuficientes, las fricciones estimulantes á lo largo del dorso, los sinapismos, etc. Después de dirigidos á obtener como base del trata¬ miento la regularización de la circulación por medio de la reacción, creo necesario, y así lo ejecuto en la práctica, proceder á estimular las funciones digestí- — 203 — vas por una parte y por otra á calmar ó suprimir si se puede los dolores abdominales. No pretendo daros á conocer las substancias que pueden emplearse para conseguir el primer objeto, porque seguramente ninguno de vosotros las ignoráis, y además, de ellas nos hablaba con la claridad en él característica nuestro querido compañero Sr. Al¬ calá. Ya sabéis que se recomiendan todos los estimulantes difusivos, como las infusiones de plantas aromáticas ; algunos usan brebajes de vino, cerveza, etc., y otros aconsejan soluciones de áloes ó genciana; yo recurro á la conocidísima manzanilla, que por efecto del princi¬ pio amargo fijo que posee y que obra como tónico, y del aceite volátil, que además de la propiedad de ser ex¬ citante y carminativo tiene la de ser algo analgésica, llena perfectamente nuestro objeto, siendo, por último, muy económica. La administro en infusión añadiéndo¬ le aguardiente. Éste, que todos sabemos no es otra cosa que una solución más ó menos concentrada de alcohol, tiene, como éste, la propiedad, dado en peque¬ ña cantidad, de estimular las secreciones salival y del jugo gástrico, aumentar las contracciones musculares del estómago y emulsionar las grasas, viniendo por todas estas razones á ser un grandísimo elemento que no debemos dejar de usar porque favorece los fenóme¬ nos químicos y más aún el acto mecánico de la diges¬ tión. Llegamos al momento de calmar los dolores, y, fiel á — 204 — la verdad, he de deciros que solamente hago uso del láudano de Sydenham y estoy muy satisfecho de sus resultados. Sé que cometo una herejía científica, no ya usándolo, sino aun nombrando en este caso esa substancia, que tiene por base el opio, pues bien claro dicen todos los autores que éste está conti'aindicado en la indigestión por la propensión que tiene á supri¬ mir la secreción de las mucosas; pero, sin embargo, señores, yo lo uso y lo seguiré usando por los excelen¬ tes resultados que de él tengo obtenidos. No estoy conforme con lo indicado por mi querido amigo Sr. Alcalá de que debemos, ya que los adelan¬ tos químicos nos los proporcionan, preferir al opio aquellos alcaloides que tienen la propiedad de obrar como narcóticos solamente, pues si peligro hay en usar aquél, sea en la fórmula que quiera, mucho mayor lo encuentro en usar las preparaciones de morfina, porque es la que principalmente tiene la propiedad marcadísima de disminuir y aun suprimir en ocasiones las secreciones gástrica é intestinal, interrumpiendo en todos los animales la función digestiva, provocan¬ do en los carnívoros además náuseas y vómitos algu¬ nas veces pertinaces, al paso que con el uso del opio este peligro es menor porque, como S. S. nos decía, son seis los alcaloides principales que del opio se ex¬ traen, y digo esto porque bien sabéis que además de la morfina, narceina, codeína, tebaína, papaverina y narcotina contiene, entre las diversas materias que entran en su composición, pequeñas cantidades de pi i 205 otros cuatro menos conocidos, que son la opianina, \ seudomorfina, meconina y porfiroxina. Pues bien; limitándonos á los seis primeros, vemos que, como nos decía el Sr. Alcalá, la morfina, narceí- na y codeína tienen, aunque en diversos grados, los mismos efectos anodinos por acción local en el sitio en que se aplican, narcóticos cuando se absorben y van á impresionar el cerebro, disminuyéndola sensibilidad y secundariamente la nutricidad, obrando sobre el in¬ testino, como decíamos, produciendo anulación de la secreción serqsa intestinal, y, por último, sobre la orina, disminuyendo la secreción, por más que en esto no están conformes los autores; pero por lo me¬ nos, y en esto sí que están conformes, dificultando su emisión; en cambio, los otros tres, ó sean la tebaína, papaverina y narcotina, tienen muy poco de analgési¬ cos hasta el punto de no producir ninguno de ellos el sueño ; pero éstos solamente no no disminuyen las se¬ creciones mucosas é intestinales ni perjudican á la di¬ gestión, sino que, por el contrario, la activan. Así que, como antes os decía, no encuentro aceptable el uso de las preparaciones de morfina en el tratamiento de los cólicos, creyendo preferible el opio por el correctivo que á la acción de entorpecer la digestión propia -de los tres primeros alcaloides que hemos nombrado oponen los otros tres. En apoyo de esto, voy á citar aquí parte de lo que, copiado de un escrito del Doctor Rabuteau, publicado en el Journal de VAnatomie et de la Physiologie de — 206 — Robin, inserta en su farmacolog-fa el que fué mi que¬ rido maestro D. Juan Téllez Vicén (q. e. p. d.), que dice así: "Tomado á dosis pequeñas (el opio) determi¬ na constipación; pero ing'erido en grandes cantidades, ó bien en los individuos habituados á su uso, ocasiona con frecuencia diarrea.,, Y dice más adelante, después de hablar del diverso modo de obrar de sus alcaloides: "Ahora bien; se concibe que la influencia de estos úl¬ timos alcaloides, nula en una corta cantidad de opio, porque se hallan en débil proporción, se haga predo¬ minante cuando se exagera la dosis.,, ¿Obedecerá, acaso, á la dosis el éxito que yo con frecuencia he obtenido en los innumerables casos de cólico quehe tratado, ó será, tal vez, porque sus in¬ convenientes serán corregidos por la infusión de man¬ zanilla con aguardiente en que siempre lo doy? No os lo puedo decir; pero de los resultados que obtengo estoy satisfechísimo. Otra de las cosas que uso siempre que tengo que tratar una de las indigestiones de que me vengo ocu¬ pando (excepción hecha de los casos muy benignos que ceden pronto) es el sulfato de sosa en grandes canti¬ dades en soluciones concentradas; al uso de esta subs¬ tancia atribuyo gran parte de los buenos resultados que en el tratamiento de esta afección suelo obtener. Las razones en que me apoyo para usarle, voy á apuntarlas á la ligera. La primera y muy importante es la condición que tiene de no irritar nada el tubo di¬ gestivo, cualidad tanto más de tener en cuenta en este — 207 — caso cuanto que en la mayor parte de las indigestio¬ nes, si la congestión no es la causa de ellas, es su efecto inmediato. Aparte de esto, sabéis que tiene la propiedad de ex¬ citar suavemente por sapidez la mucosa gastrointesti¬ nal como todos los materiales amargos neutros, cir¬ cunstancia sumamente favorable para el fin que nos proponemos. Tiene, además, y esta es la principal, la cualidad (cuando se administra en soluciones concentradas, como yo lo hago) de producir corrientes endosmóticas, por las cuales afluyen al tubo intestinal mayores can¬ tidades de líquidos, que llegan á producir una purga¬ ción pronta y que si, en el caso de que nos ocupamos, no es en absoluto este efecto el que buscamos, porque, dada la urgencia que siempre en esta enfermedad existe, se moriría el paciente antes que el efecto llega¬ ra, por lo menos podemos esperar que la afluencia de mayores cantidades de líquidos al intestino ayude á reblandecer y mover los materiales detenidos, y unido este efecto al de la mayor intensidad en los movimien¬ tos peristálticos los demás medios de que por que dejo hecho mención deben existir, hay razón fundada para suponer que la indigestión ha de quedar combatida. Lo principal de mi tratamiento ya queda indicado; hay otra porción de medios auxiliares que con todos los tratamientos se emplean y que por este motivo no describo, tales como las lavativas durante el período agudo y aun después para ayudar la expulsión de los — 208 — materiales y el régimen dietético que hasta su comple¬ to restablecimiento deben sujetarse á los animales. Con lo que dejo dicho doy por terminado este imper- fectísimo trabajo, con el que quizá os haya molestado más tiempo del que en un principio me propuse; sólo me ha guiado el buen deseo que al empezar os he ma¬ nifestado de exponer el medio que majmres resultados me ha dado en la práctica, rogándoos me dispenséis por haber dejado defraudadas vuestras esperanzas y dándoos las gracias por la atención con que me habéis escuchado. He dicho. Bonifacio Estrada Valoría.