Sm-owù: Ante todo demostraré mi mayor agradecimiento al Sr. Estrada por las frases de alabanza que en unión á los señores Aragón y Molina, y de un modo poco me¬ recido por mi parte, nos ha venido dedicando en el transcurso de su trabajo, y una vez expuesto esto ha¬ béis de permitirme que demuestre igualmente mi satis¬ facción por cuanto veo concordamos en la mayoría de los puntos que en mi humildísimo trabajo expuse, pues¬ to que sólo en uno noto divergencia de parecer con respecto al mió en el ilustre y querido compañero se¬ ñor Estrada. Refiérese éste al tratamiento en el que el dignísimo consocio dice no estar conforme con lo indicado por mí de que debemos, ya que los adelantos químicos nos lo proporcionan, preferir al opio los alcaloides compo - nentes del mismo, que tienen la propiedad de obrar como esencialmente calmantes, defendiendo el Sr. Es¬ trada con envidiables conocimientos y frases el empleo I — 210 — del opio, que yo no rechazo: al contrario, re¬ muy cuerdo que decía en mi Memoria, era excelente y siempre de magníficos resultados prácticos la costum¬ bre seguida desde hace ya bastante tiempo por los sa¬ bios Médicos ingleses Warren é Hillary y otros, cuan¬ do intentaban combatir con el opio el principal sín¬ toma de esta dolencia, dando á continuación mi opinión de que quizás aun mejor que su empleo yde un modo más rápido nos sirviesen sus alcaloides calmantes, puesto que en la composición del medicamento en cuestión entran algunos que son tetánicos, y, por lo tanto, obrando á modo de la estricnina excitan el po¬ der reflejo de la médula espinal, produciendo contrac¬ ciones tetánicas que aumentan el síntoma dolor aun¬ que tengan la propiedad, que no niego, de estimular la digestión. Por otra parte, como quiera que el dolor intensísimo que se presenta en el cólico espasmódico que no se acompaña de indigestión es producido, como todos sa¬ bemos, por la compresión de las terminaciones ner ¬ viosas al efectuarse las contracciones intestinales, creo no dejará de desaparecer al hacer uso de la morfina y sus preparados', que obran produciendo una relajación muscular tan manifiesta que en el perro son suficien¬ tes 8 ó 12 centigramos de cualquier compuesto mórfico ' para llegar hasta producir la anestesia, obrando, como con gran certeza nos decía nuestro malogrado Profe¬ sor Sr. Carrión (q. d.), ella y todos sus compues¬ e. p. tos salinos como anodino, calmante, sedante, anties- — 211 — pasmódico y somnífero con más seguridad y prontitud que el opio. Ahora bien, para corregir en parte las de¬ ficiencias que con gran conocimiento señala el ilustra¬ do compañero en la morfina, recuerdo eran tres los extremos que recomendaba en el tratamiento del cóli¬ co por sobrecarga y entre ellos los purgantes, indican¬ do el sulfato de magnesia, sosa, etc., que aumentan las secreciones, reblandecen y desenvuelven los alimen¬ tos, facilitando de esta forma su expulsión. Prefiero, pues, la morfina y atropina combinadas (calmante la una de la contractibilidad y la otra de la sensibilidad orgánica) en el dolor espasmódico, al láu¬ dano de Sydenhan, del cual, si no recuerdo mal, nos dice el célebre y sabio Dr. Sr. Carreras Sanchís las si¬ guientes frases : "Prescribís el láudano como calmante y sin duda muchas veces sucede lo contrario: Opium me herclé, non sedat, decía Brown, y Claudio Bernard ha demos¬ trado por qué. „E1 láudano se halla compuesto de opio bi'Uto y vino de Málaga; ahora bien, el opio bruto contiene narcoti- na, que es un principio convulsivo; el vino de Málaga ofrece como propiedad el disolver esta narcotina, y así se obtiene el láudano de Sydenhan, mala preparación si se quiere hacer de ella la medicina del dolor.,, De modo que vuelvo á insistir en el empleo racional de los alcaloides con preferencia á otros medios, puesto que ellos nos conducen, con más rapidez y menos pér¬ didas en el enfermo, al fin apetecido. Y con tanto más — 212 — motivo cuanto que el Sr. Molina, en su brillante dis¬ curso, y el Sr. Bermejo, en las obras de dosimetría que me ha facilitado, han fortalecido en mí la creencia que ya tenía sobre este punto. Creo también que la dosimetría ha de ser la medici¬ na del porvenir por sus magníficos resultados prácti¬ cos, de los que espero nos diga algo el Sr. Bermejo en esta noche. Termino por felicitar al Sr. Estrada Valoría por su facilidad de palabra, hermosa forma de emitirla y pro¬ fundos conocimientos científicos, merecedores de todo encomio. F. Alc.vlA. 'A' - / à)Q^ño^Cù: En noches anteriores, al ser presentado á esta Sec¬ ción por nuestro querido, ilustrado y digno Presidente D. Simón Sánchez, lo hizo en frases tan honrosas que, aunque estoy muy lejos de merecerlas, siempre las lle¬ varé grabadas en mi corazón como imperecedero re¬ cuerdo de mi fugaz estancia entre vosotros, sintiendo muy mucho, al tomar parte en vuestras controversias, que la poca ó ninguna costumbre de hablar en centros de esta naturaleza, mi premiosa palabra y la total ca¬ rencia de dotes oratorias, amén de mi notoria incom¬ petencia en la materia científica que se debate, de¬ fraude las esperanzas del auditorio, acostumbrado á oir la elocuente voz de notables oradores. Al ausentarme de esta nuestra querida Patria ha doce años dejé á la Veterinaria española en una pos¬ tración y marasmo tal daba que pena y tristeza, acre¬ centándose en mí, porque allá en apartadas cual cali¬ ginosas tierras antillanas en que se siente el agudo do¬ lor de la nostalgia es donde más se aviva y se agiganta 15 — 214 — el santo amor á la Patria, llegando hasta la exaltación, y con el amor á la Patria, el amor á la Veterinaria es¬ pañola, que es un pedazo querido de aquélla. Por esta razón, al arribar á estas hospitalarias playas y ver y tocar de cerca las reformas conseguidas en el ingreso de nuestras impor¬ Escuelas oficiales y otras r;o menos tantes próximas á su realización y planteamiento, no podía por menos de dirigir mi mirada — henchida de admiración, veneración, respeto y cariño —al hombre que supo vencer con estoicismo y amor digno de emu¬ lación y alabanza los insuperables obstáculos que la perfidia y la envidia forjara. Sin más armas que su desmedido amor á la clase, su despejado talento, su inagotable actividad, su constan¬ cia, y rodeado de una valiosísima falange de dignísi¬ mos é ilustrados Veterinarios civiles y militares, supo valientemente clavar el primer jalón en el camino sal¬ vador de las reformas. Refiérome á mi querido y particular amigo, el por todos conceptos ilustrado Veterinario militar, D. Ense¬ bio Molina y Serrano, orgullo, prez y honra de la Ve¬ terinaria patria. Huelga haceros un detallado y minucioso relato de la excepcional importancia que nuestra carrera tiene, pues de sobra sabéis mejor que yo que con ser muy útil la Medicina, la Cirugía y la Ortopedia normal y patológica, aun lo es más, al relacionarse íntima y co¬ nexivamente con la Higiene pública, la Bacteriología, la Zootecnia y hasta la Antropología. — 215 — ¡Cuántas veces, señores, se ha inoculado al hombre, junto con la vacuna procedente de la ternera ó vaca, la tisis que ésta padecia!... ¡Cuántas veces, asimismo, al practicar en el niño las inyecciones hipodérmicas del suero antidiftérico se ha inoculado— al propio tiempo — el muermo y el farcino que padecía el caballo de donde se extrajo el suero, haciendo sucumbir aquél por intoxicación!... Y esto sucede, señores, siempre que por ignorancia, olvido ó negligencia se prescinde de los únicos verda¬ deramente competentes, de los Médico-Veterinarios, que son los llamados á reconocer y elegir las terneras vacunógenas y los caballos en los que se ha de obtener el suero antidiftérico para la radical curación de la difteria en nuestra especie. Mi querido maestro y amigo, el Dr. Burggraeve, uno de los Médicos y Cirujanos más notables de nuestro siglo y.decidido defensor de nuestra carrera, en carta particular que me dirigió por el año 1894, me decía "qué sabríamos nosotros los Médicos, de los infinita¬ mente pequeños, los microbios, sin el concurso de us¬ tedes los Médicos-Veterinarios? Y sin más preámbulo entro de lleno en el debate lu¬ chando con mi notoria insuficiencia. La dosimetria no es como muchos piensanéimaginan un sistema ó escuela distinto y contrario á la alopatía, y no es sistema, porque los dosimetras no procedemos à priori, sino que, ateniéndonos á lo verdaderamente práctico, á las diarias enseñanzas de la clínica, nues- v - '216 — procedirnientos son à posteriori firmes en la ra¬ trtís cional via de la nunca bastante ponderada medicina ex¬ perimental que trazó vigorosamente el genio inmortal de Claudio Bernard; pues de no hacerlo así el Médico, lo mismo que el Veterinario se asemejarían á inútiles naturalistas que pasasen su vida en clasificar y des¬ cribir las enfermedades del hombre y de los animales domésticos. Todos los grandes innovadores, todos los sublimes benefactores de la humanidad, todos, todos, unos más otros menos han sufrido la diatriba ó la oposición tenaz cuando no la persecución. ¿Habría de ser el eminente Dr. Burggraeve una ex¬ cepción? No, seguramente; y así vemos en la historia de la dosimetría el clamoreoatronador que se levantó á la aparición de la novísima doctrina, considerándola como farsa científica, puro y grosero industrialismo, y á su autor calificándole con rufia¬ los infames, depresivos y nescos epítetos de charlatán, mercachifle y visionario. Más tarde la escena cambia como por encanto, y hasta los más rabiosos adversarios del método utilizan los alcaloides, á los que tanta repugnancia tenían al principio; y lo mismo en Francia que en Alemania, que en Italia é Inglaterra, que en España y Portugal, las Facultades de Medicina recibieron al Dr. Burg¬ graeve, en aquella memorable peregrinación científica, como al reformador de la terapéutica, como al eximio autor de la alcaloideoterapia. Es necesario, es indispensable, lo mismo en y las fermedades gastrointestinales que en todas las demás," preferir los alcaloides idénticos á sí mismos, constan¬ tes é invariables en su composición, como igualmente en su acción fisiológica y terapéutica, á la materia total que los contiene en pequeña proporción, junto con otros de divergente acción, y cuyos efectos tienen que ser la suma de todos los principios inmediatos que la planta contiene; esto es, una resultante de accio¬ nes diversas, múltiples, indefinidas y obscuras en su esencia. Tal sucede con el opio, que mal que le pese á mi querido amigo y condiscípulo Sr. Estrada y Valoría, ningún Médico ilustrado lo prescribe en los niños, como nosotros en los pequeños animales, por su mane¬ ra de comportarse en muchos casos como convulsivo y tetánico. Además, las plantas, amén de los inconvenientes apuntados, su composición y efectos varían según la época en que han sido recolectadas el suelo en que y vegetan, lo que hace sustituir al alcaloide, pues con éste podemos regularizar y determinar de un modo ma¬ temático los efectos, cosa que no puede hacerse con la planta. Todo consiste en saber administrar los alcaloides, que debe hacerse por dosis fraccionadas y repetidas hasta efecto terapéutico. Así, pues, ningún dosímetra puede llegar á la intoxicación, no así el alópata, por cuanto la dosis mínima de un alcaloide para unos indi- — 218 — viduos puede llegar á ser máxima para otros, debido á la tolerancia ó no tolerancia medicinal. El dosímetra instituye en todo caso clínico la domi¬ nante y la variante del tratamiento, esto es, combatir la causa y el efecto al mismo tiempo. Tanto la fiebre en las enfermedades agudas como el dolor en las afecciones gastrointestinales, es menester ir derechamenteála yugulación, pues que ambos sínto¬ mas pueden ser efecto y causa á la vez, originando in - numerables trastornos que es menester á todo trance evitar. La fiebre, que incendio del equivale á un verdadero organismo, urge yugularla desde sus primeras mani¬ festaciones y no cruzarse de brazos, esperándolo todo de la dominante del tratamiento. ¿Qué se diría del cuerpo de bomberos que permane¬ ciese inactivo ante el principio de un incendio, y sola¬ mente se lanzase á la brega cuando hubiera adquirido tales proporciones el fuego que fuera imposible á sofo¬ carlo y destruirlo su arrojo y bravura? Y otro tanto diremos de las enteralgias, que si el profesor no las yugula desde el principio de su apari¬ ción, suele el animal sufrir esguinces, lujaciones, frac¬ turas y, no pocas veces, rupturas intestinales debido á los movimientos desordenados á que se entrega el en¬ fermo agudísimo que sufre. espoleado por el dolor Y ya en este orden de consideraciones, debo mani¬ festar á la Sección que ha tiempo hube observado en el ejercicio civil de mi profesión que las inyecciones — 219 — hipodérmicas de morfina que empleé en algunos cólicos del caballo, en vez de calmar y anonadar el dolor, pru- ducían efectos diametralmente opuestos; y alarmado por la excitación que suscitaba dejé de usar dicho al¬ caloide, comprendiendo que era debido á queen las es pedes animales cada célula orgánica no reacciona de igual modo ante un mismo medicamento, por tener su ecuación química propia, y lo mismo pudiera decirse de la trementina, que origina efectos en la piel del ca¬ ballo muy distintos á la de los demás animales domés¬ ticos, incluso el hombre. Esta mi modesta observación la he visto con inmen¬ sa satisfacción comprobada en la notabilísima obra de patología interna de los animales domésticos de Ca- déac que se publica en París. En lo que toca y atañe á la clínica de las enferme¬ dades del tubo digestivo, voy á presentar á vuestra alta consideración un caso de yugulación de enteritis muco-membranosa en varias reses bovinas que tuve ocasión de recoger en la hacienda San Romualdo (Puerto Rico.) Hará próximamente dos años que, con ocasión y mo¬ tivo de haber muerto dos bueyes y hallarse enfermos diez más, fué necesaria mi presencia en San Romualdo, en donde pude comprobar que los dos bueyes habían sucumbido á consecuencia de enteritis muco-membra - nosa, y permitidme, señores, que, haciendo un ligero paréntesis, os diga el por qué así la denomino, y no con los clásicos nombres con que hasta hoy se ha conocido — 220 — de crup intestinal^ enteritis diftérica, crupal cróni¬ ca, etc, denominación que adopta el Sr. Molina y Se¬ rrano en la magistral clasificación que ha hecho de las enfermedades gastrointestinales, trabajo sintético de tan culminante importancia, que bien puede conside¬ rase como modelo de clasificaciones. Las falsas membranas están compuestas, segiin unos, de una pequeña parte de albiimina, según otros de fibrina, pero todos están contestes en que la mayor parte lo están formadas de moco espeso y concreto; no así los exudados de la pleuresía, de la peripneumonia y de la angina membranosa, que según Lassaigne lo están casi totalmente formados de fibrina. De aquí que denominemos á esta enfermedad enteritis muco-mem¬ branosa para especificar la naturaleza de las materias expulsadas. Los diez bueyes presentaban todos los síntomas de la enteritis microbiana; pero no dudé un instante que si no atajaba la enfermedad desde su principio no tar¬ darían muchos días en presentar todos los síntomas in¬ equívocos déla enteritis muco-membranosa, forma clí¬ nica la más caracterizada de todas, y para llegar á la comprobación instituí en nueve el tratamiento dosimé- trico, esto es, la administración de los antitérmicos ó defervescentes hasta yugular la fiebre — puesto que el termómetro acusaba 41,2 —, ligeros purgantes salinos, bicarbonato de sosa y agua en blanco con cloruro de sodio, y uno lo sometí al procedimiento alopático, no yugulando la fiebre. A los tres días, los - 221 - y nueve bueyes estaban completa-^ mente curados, y el buey, objeto de la experimentación clínica, presentaba todos los síntomas de la enteritis muco-membranosa que hube de combatir con los de- fervescentes y el lavado y antisepsia intestinal. Esto prueba de un modo elocuente que la infección polimicrobiana se opera con facilidad cuando la fiebre subsiste, no ofreciendo resistencia los tejidos á la im¬ plantación de los microbios. Voy á ocuparme, siquiera sea á la ligera, para no can¬ saros demasiado con esta conferencia, de otros proce¬ sos patológicos no menos importantes dentro del tema académico que se debate, empezando por las ictericias infecciosas^ sirviéndonos de norte y guia — á falta de experiencia y práctica clínica propias — las enseñanzas Y trabajos de sabios clínicos y autorizados patólogos como Burggraeve, Gsell, Renier, Morice, Jacotin, Ca- déac, etc. La ictericia infecciosa comprende y abraza una serie de estados morbosos infectivos caracterizados por el síndrome ictericia. La disposición y topografía orgáni¬ ca de la glándula biliar, expone lo mismo á esta viscera que al intestino á la infección; de aquí la aparición de la ictericia infecciosa el en primer caso y de la ictericia catarral en el segundo. Si la anatomía explica las relaciones bacteriológicas de las gastrodnoclenitis y de coledicitis, la clínica per¬ mite seguir esta sucesión de infecciones y puede apre¬ ciar cómo la ictericia comienza por una gastroente- _ 222 — ritis. En este caso se puede considerar la ictericia ca¬ tarral cómo una complicación de la gastroduodenitis á consecuencia de la extensión de gérmenes que han infectado el estómago y el duodeno. Su naturaleza in¬ fecciosa, aunque cierta, no está demostrada, y su gra¬ vedad está en razón directa de la receptividad. Las especies que están alabrigo de las infecciones gastroduodenales no padecen la ictericia catarral; sólo el caballo y el perro la contraen. Todas las espe¬ cies sujetas á la séptico-piohemia de origen umbilical, adquieren la ictericia infecciosa grave de los recién nacidos. Las distintas formas de ictericia constituyen entida des patológicas completamante distintas del síndrome ictericia, que es, dicho sea de paso, un poderoso ele¬ mento de diagnóstico que denuncia un cambio de la fun¬ ción biligénica, un estancamiento absoluto de la bilis {ictericia por causas mecánicas) 6 una retención rela¬ tiva [ictericias pleiocrómicas). La ictericia catarral es muy grave por ser de natu¬ raleza microbiana y la coloración ictérica de las muco¬ sas es un hecho secundario sin significación etiológica precisa. gravedad déla afección depende del grado Toda la de receptividad que ofrece cada especie para los mi¬ crobios de la supuración y de la septicemia. El buey, carnero,cabra y cerdo, poco hospitalarios para estos microbios, no ofrecen sino ictericias infec¬ ciosas benignas; en ellos la ictericia catarral infecciosa — 223 — nunca jamás es primitiva; á lo más puede tener su asiento en la ictericia parasitaria ó distomatosis; el car¬ nero y el buey,en los que el hígado, los conductos bi¬ liares y la vesícula biliar están repletos de dístomas, ofrecen una prodigiosa resistencia á la intoxicación biliar. De aquí que en estos animales los diversos mi¬ crobios pululen en el estómago y pasen continuamente ante el orificio terminal del colédoco, permanezcan á la entrada, sean expulsados ó se aclimaten difícil é in¬ completamente en los tubos biliares. Por el contrario, el perro es un excelente terreno de cultivo; la infección local al principio se hace general, comprobándose en la necropsia precoz microbios en la sangre y en todos los órganos; la ictericia catarral es una enfermedad infecciosa de las más mortíferas. Mientras este animal se halla á cubierto de esta in¬ fección biliar general resiste á la ictericia ; el perro, cuyo colédoco está casi obstruido por tumores, lucha victoriosamente contra la intoxicación biliar hasta el momento en que bajo la influencia del estancamiento de la bilis la infección aumenta y agrava la intoxica¬ ción. Según el grado de infección de los tubos biliares y de la sangre serán las ictericias benignas ó graves. Muy equivocados están los que creen que la ictericia del perro es mortal y grave, porque el colédoco tume- factado, inflamado, es el sitio de una hipersecreción que determina la producción de un tapón ó coágulo mucoso que obstruye completamente el conducto colé¬ doco. Nose puede explicar la conservación de la per- — 224 — meabilidad en las otras especies sin admitir en ellas una menor receptividad para los gérmenes infecciosos; por lo demás, toda ictericia catarral mortal del perro no es una ictericia absoluta; las materias fecales no suelen estar decoloradas ni el colédoco obturado. Ciertos perros afectados de ictericia catarral infec¬ ciosa, están gravemente enfermos cuando la ictericia es exclusivamente urinaria, aunque las mucosas no presenten acentuado tinte amarillo. La infección del tubo digestivo y del sistema biliar justifica las diferen¬ cias que la patología comparada hace resaltar. Los gérmenes infecciosos amenazan la tumefacción de la célula hepática y determinan una hipersecreción biliar, modifican y tumefactan los tubos biliares, el colédoco, trastornan la arquitectura del lóbulo hepático, dislocan las travéculas hepáticas y disminuyen ó suprimen el derrame de la bilis en el intestino. Dicho lo anterior por vía de digresión, pasemos á es¬ tudiar monográficamente esta enfermedad en el ca¬ ballo. Según Jacotin, la ictericia ó colemia en el caballo, es una enfermedad causada por la presencia de ele¬ mentos biliares en la sangre que se caracteriza, mani¬ fiesta y revela por la coloración amarilla de los tejidos, piel y mucosas, aparente durante la vida. Conformes con clínico de Cadéac estudiare¬ el plan mos esta enfermedaden sus dos modalidades morbosas, ictericia catarral infecciosa é ictericia infecciosa de origen sanguíneo. — 225 — ICTERICIA CATARRAL ^ Etiología, — Es una enfermedad casi siempre espo¬ rádica, y su etiología, aunque obscura, no por eso dejan de sernos desconocidas algunas condiciones en medio de las cuales surge, obscuridad é incertidumbre etioló- gicaque obedece al carácter que reviste la enfermedad y á su evolución asaz simple. Invócanse por los autores como causas ocasionales los enfriamientos, ora por inmersión de los animales estando sudando en el agua fría, ora por los cambios bruscos de temperatura, ora por una corriente de aire frío, por la acción prolongada al sol, por las caídas, por la ingestión de alimentos enmohecidos y de agua fría, por el excesivo trabajo é irregularidad en la di¬ gestión, por la permanencia en cuadras húmedas y en pastos palustres y también á consecuencia de catarros gastrointestinales, etc., etc. La infección del sistema biliar es la principal causa de la retención y de la resorción de la bilis en la icteri¬ cia catarral. La obstrucción delduodeno, debido áuna especie de pelota alimenticia, ha sido seguida de enfermedad y muerte. Algunas veces el colédoco no está alterado; la sangre de la vena portase infectado productos tóxicos del intestino y engendra el hígado infeccioso. Los gérmenes y toxinas que han respetado el colé¬ doco, cambian las funciones de la célula hepática, la hi- — 226 — pertrofían, alteran la estructura del lóbulo y detienen la circulación biliar intralobular. Algunas ictericias graves, agudas ó crónicas son de¬ bidas á la obstrucción de los tubos biliares del interior del lóbulo hepático. Cadéac ha observado un asno afec¬ tado de nefritis y de ictericia crónica, cuyas células hepáticas estaban hipertrofiadas, disgregadas, dege¬ neradas hasta tal punto.^ue era irnposible distinguir un lóbulo. En muchas células mortificadas, el núcleo no se deja impregnar por el carmín. En estos casos, la bilis formada por las células sanas es detenida en su natural curso por la dislocación de los tubos intralobu- lares. Su marcha es perturbada, pasa á la sangre é im¬ pregna y tiñe la piel y las mucosas. Diversas causas mecánicas contribuyen á la reten¬ ción de la bilis y á la producción de la ictericia. Según Olivia, los éxtasis venosos á consecuencia de enfermedades del corazón ó del pulmón, son no pocas veces, seguidos de destrucción de glóbulos rojos y de ictericia. La litiasis biliar es una de las principales causas de retención de la bilis. Las ictericias crónicas son sintomáticas de tumores desarrollados en el páncreas que obturan el canal co¬ lédoco, ó de compresiones determinadas por la inflama¬ ción y la obstrucción del canal pancreático al nivel del orificio duodenal, según Nocard y Mégnin. Síntomas. — Esta enfermedad en el caballo es com¬ patible con todos los signos de una buena salud, y el — S27 — síndrome ictericia que la denuncia jamás es pi onun- ciado. Casi siempre se presentan síntomas generales de in¬ tensidad variable: tristeza; abatimiento; debilidad; marcha insegura y vacilante del tercio posterior; ape¬ tito disminuido ó abolido; digestión lenta; constipación; •excrementos secos amarillos ó amarillo-grisáceos; po cas veces diarrea; vientre distendido y duro, sensible sobre todo en el hipocondrio derecho ; boca caliente pastosa; lengua saburrosa; respiración á menudo nor mal aunque corta y ligeramente acelerada; pulso duro, concentrado y casi siempre débil; pero estos tíltimos síntomas de la respiración y circulación no entra¬ ñan importancia alguna en la enfermedad de que tra¬ tamos. Las mucosas — conjuntiva, pituitaria, etc. — están amarillas, pero el riñón conserva'su permeabilidad y la eleminación de los pigmentos biliares evita la in¬ toxicación. La orina, que presenta un olor sui generis^ muy pronunciado, es viscosa, del color de la infusión de hojas de nogal, en la que se ha encontrado un poco de albúmina, pero ningún vestigio de azúcar. Todos estos trastornos patológicos persisten durante un lapso de ocho á quince días sin modificar honda¬ mente la economía. La enfermedad, generalmente, tiene una marcha gradual decreciente, y la curación sobreviene por resolución á los quince ó veinte días, pues cuando se prolonga por más tiempo aparece un enflaquecimiento general y el color amarillo persiste — 228 — aun mucho tiempo después de haber desaparecido los síntomas de la enfermedad. Lesiones. — conocidas las lesio¬ A pesar de ser poco nes necroscópicas de esta enfermedad en el caballo, á llenar esta laguna vamos á contribuir revistando las alteraciones encontradas y estudiadas por varios au¬ tores. Coloración amarilla de todos los tejidos, muy en par¬ ticular del adiposo; coloración obscura del líquido con¬ tenido en el tejido conjuntivo y en las cavidades sero¬ sas; presencia en la sangre de una materia colorante teniendo mucha analo¬ amarilla, soluble en el alcohol, gía con la materia colorante de la bilis (Lassaigne) y de la cual muchas teorías han sido emitidas acerca de su origen, mientras algunos'autores, conio Frei- pues rich, consideran que esta materia colorante proviene de la transformación incompleta de los ácidos biliares en urea, Boudet y Colin esta substancia amarilla, para análoga á la que se encuentra normalmente en el suero de la sangre, la linfa, la sinovia, etc, no será otra cosa que aioado, gemelar de la coles¬ la serolina, principio terina., que probablemente da origen á la materia colo¬ rante de la bilis, y puede, cuando no ha sido separada por el hígado enfermo, depositarse en los tejidos y pro¬ ducir la ictericia. El hígado presenta un volumencasi siempre normal, generalmente blando, apareciendo tanto en su perife¬ ria como en el parénquima, ora una coloración amari¬ lla, ora un color rojo vinoso verde bronceado, uniforme # — 229 — Ó salpicado de manchas amarillas, ó bien una tintura- ción moreno-grisácea; granulaciones de hígado altera¬ das, á menudo hipertrofiadas, aisladas por una materia plástica infiltrada en el tejido conjuntivo interlobular, y algunas veces tan abundantes, que la sección ó corte del hígado seméjase á un mosaico compuesto de pe¬ queñas piezas negruzcas reunidas por un cimento de color claro que hace recordar el hígado del caballo alhígado normal del cerdo; alteración de los lóbulos hepáticos, que consiste en la substitución de células por una materia amorfa, finamente granulosa, transparen¬ te, acompañada de glóbulos grasosos, ó en simple hi¬ pertrofia con depósito de granulaciones; frecuentemen¬ te se encuentran restos de red vascular y el tejido hepático parece amorfo, homogéneo, sin vestigios de organización. En muchos casos el hígado no está al¬ terado de una manera apreciable. Generalmente los conductos biliares están íntegros, la coloración de la bilis es variable verde amarillo ó negruzca, de un moreno más ó menos acentuado, etc. La materia colorante de la bilis (colepirrina) señala¬ da en los diversos líquidos de la economía, se encuentra en la orina donde fácilmente se denuncia por el ácido azótico ó por una mezcla compuesta de una parte de ácido sulfúrico, por dos de ácido azótico, que hace pasar sucesivamente el líquido urinario al verde, al rojo y al rojo obscuro, pasando por el violeta y el azul. Los ríñones suelen aumentar de volumen y presentar un tinte amarillo pronunciadísimo. 16 Se pueden observar al propio tiempo lesiones de la gasl roduüdenitis. Diagnóstico. — El de la ictericia esencial presenta no pocas dificultades, porque suele fácilmente confun¬ dirse la ictericia catarral con las enfermedades gene¬ rales que van acompañadas de una coloración amarilla de las mucosas. La persistencia de la ictericia distin¬ gue las afecciones crónicas del hígado de la ictericia catarral. La fiebre, que brilla por su ausencia en esta última enfermedad, la diferencia de las afecciones ge¬ nerales. Pronóstico. — Casi siempre favorable. Tratamiento. — En el mayor número de casos fácil¬ mente cede esta enfermedad á una buena higiene, al reposo ó al paseo después de cada pienso, llevando el animal al paso, los masajes en el abdomen, alimentos farináceos y refrescantes, administración regular de purgantes salinos á dosis medias y débiles, optando por el hipagol, preparación que tiene por base el sul¬ fato de comerciopurificada, deshidratada magnesia del y adicionada de una ligera cantidad de ácido salicílico tanto más indicada en la ictericia, cuanto que los ani¬ males la toman voluntariamente; la dosis re¬ fácil y frescante es de 5 cucharadas grandes y la purgati¬ va 10 cucharadas, que se repetirán dos ó tres veces al día si necesario fuese hasta efecto; efecto que se facilitará por la adición de 5 ó 6 gránulos de hios- ciamina. Se puede, asociar á los purgantes salinos el bicarbo- — 231 — nato de sosa (10 gramos por día) elimina que por las orinas los elementos de la bilis. Si persiste la ictericia y va acompañada de una gran debilidad, anorexia acentuada, postración, etc.; admi¬ nistraremos sin pérdida de tiempo el sulfato 6 arsem'a- to de estricnina como poderosísimo incitante vital; es¬ timula el aparato digestivo, combate la paralisia de los vasomotores, y, por ende, la congestión del hígado. Se administrará sólo á la dosis de 8 á 12 gránulos durante el día, ó asociado á la cuasina. La infusión de café, cuyos efectos son debidos á la acción de la cafeína y de una esencia que se forma en el momento de la torrefacción, está muy indicada en la ictericia acompañada de adinamia, juntamente con la estricnina y la cuasina (de 2 á 4 litros en veinticuatro horas preparados con 100 á 200 gramos de polvo). Asimismo está indicado el podofilino (de 6 á 8 grᬠnulos al día) y muy especialmente el calomel (de 15 á 16 gránulos) por sus propiedades antisépticas y acción colagoga. Varios clínicos aconsejan las irrigaciones de agua fría; preferimos las fricciones vesicantes y los nosotros sinapismos aplicados en el vientre á título de estimu¬ lantes generales y revulsivos. ICTERICIA INFECCIOSA DE ORIGEN SANGUÍNEO Definición. —Cadéac la define así: Es una enferme¬ dad infecciosa piohe'mica ó septicémica, caracterisada ~ 232 — por la destrucción rápida de los glóbulos rojos de la sangre, de donde resulta la ictericia y la hematuria, los dos principales signos de esta infección. Es esta una afección enzoótica, ordinariamente mor¬ tal, denunciable fácil é inmediatamente por orinas obs¬ curas, batimientos cardiacos violentos, debilidad con¬ siderable de fuerzas y coloración amarillenta de las mucosas. Se observa con más frecuencia en los mulos que en los potros recién nacidos. Etiologia. — Las causas de esta afección no son aún bien conocidas. El individuo está infección en predispuesto á esta virtud de la herencia. Rainard admite en la yegua una predisposición'para engendrar productos hematúricos. La mayor parte de los autores, Carrere uno de los pri¬ meros, atribuye las -alianzas contra naturaleza que abrevian la duración de la gestación ó producen una anomalía del crecimiento del embrión. La escasez de forrajes, las hierbas frías y húmedas juegan el papel de causas predisponentes. Se ha igualmente invocado como causa de esta afec¬ ción la falta de purgación de los mulos jóvenes, la post¬ evacuación del meconio y las alteraciones de la leche de la madre. La acción del frío ha sido también atribuida sin prue¬ bas que la apoyen; Lafossey Trasbot aseguran que los mulos que nacen durante los fríos del invierno están predispuestos. — 233 — Dieckerhoff considera la enfermedad debida á una infección específica de la mucosa gastrointestinal anᬠloga á la diarrea blanca del ternero. Generalmente esta ictericia de los potros recién na¬ cidos constituye una complicación de la inflamación de las venas umbilicales y coincide con una alteración de la herida que deja la caída del cordón. Aparecen, pues, la flebitis umbilical, la hepatitis y hasta la peritonitis á juicio de Hartmann que las ha observado. En adecuados soportes de cultivo de orina fresca de los ríñones, del hígado de la sangre han obtenido y Cadéac y Bournay culturas de estreptococos. No obs¬ tante, las inoculaciones de sangre recogida inmediata¬ mente después de la muerte en el conejo y carnero, no han dado resultado alguno á Bernadin. Síntomas. Es algunas veces congenital y la hema¬ — turia aparece después del nacimiento. Lhomme y Bernadin han hecho una descripción completa de la sintomatología de esta enfermedad. El potro recién nacido se presenta tan débil que la estación es imposible ó de muy corta duración; rehusa tomar el pezón y permanece como una masa inerte, sobre el suelo. Los latidos cardíacos presentan una vio¬ lencia extrema, la respiración es acelerada, la boca está caliente y seca, las mucosas aparecen de un color amarillo pálido; el animal da frecuentes quejidos, la defecación está suprimida, la orina es sanguinolenta y no se hace esperar la muerte del animal sin haber ori¬ nado. Cuando el animal vigoroso es y está alegre tór- — 234 — nase triste, permanece echado, no mama, y la alimen¬ tación que se le obliga á tomar la ingiere con disgusto. Los excrementos, nórmales al principio, tórnanse lí¬ quidos difluentes ó blandos. Se acuesta bruscamente, se agita violentamente y se queja según la intensidad de los cólicos. Aparecen copiosos sudores, señal inequí¬ voca de agotamiento de fuerzas. Las mucosas van adquiriendo intensidad en su color amarillo, los latidos cardíacos son tumultuosos, el pul¬ so pequeño y frecuente y la respiración acelerada. La micción efectúase de muy tarde en tarde y la orina, siempre colorada en rojo, presenta un tinte más ó menos subido, cuya intensidad está en relación directa con la gravedad del mal. Estos trastornos se agravan cuando la muerte sobre¬ viene. El animal tiene las extremidades frías y perma¬ nece tendido en el suelo sin movimiento y otras veces aparecen convulsiones violentas que vienen á comple¬ tar y terminar el catálogo sintomatológico. La curación se progresivo anuncia por un retorno del deseo de mamar y de las fuerzas musculares, los batimientos cardíacos van cediendo, el animal expulsa en abundancia excrementos amarillentos y blandos y la curación se completa de los diez á los quince días. Diagnóstico. — La aparición de la enfermedad en el momento del parto ó al poco tiempo después, la debili¬ dad extrema del joven animal enfermo, la violencia de los latidos cardíacos, el tinte ictérico de las mucosas, y, sobre todo, la emisión de una orina más ó menos roja — 235 — teniendo en disolación materias colorantes de la bilis, tales son los síntomas que denuncian esta afección. No puede confundirse con la enteritis diarreica porque los caracteres de las heces fecales nos ponen al abrigo de todo error. Pronóstico.—Todos los autores la consideran mortal. El pronósticoes siempre grave y únicamente podrá tenerse alguna confianza de curación cuando los sín¬ tomas no son intensos y transcurren dos ó tres días de moderación y calma patológica. Anatomía patológica. — Los tejidos presentan el co¬ lor amarillo tanto más intenso cuanto la enfermedad ha sido más prolongada y están infiltrados por una se rosidad amarilla abundante, especialmente en el teji¬ do conjuntivo. El corazón está descolorido, como lavado, y contie¬ ne en parte sangre coagulada, presentándose, lo mis¬ mo en su superficie que en sus cavidades, manchas ro¬ jas obscuras que interesan la substancia carnosa. En los gruesos vasos la sangre es abundante, negra, in- coagulada. El aparato digestivo presenta siempre lesiones. Poco frecuentes en el estómago y poco intensas en el intes¬ tino, tienen su asiento de preferencia en las glándulas anejas. El intestino contiene meconio amarillo ó rojo obscu¬ ro, moco sanguinolento, y su mucosa espesa, infiltra¬ da, friable, presenta puntos rojizos ó estrías más ó menos ostensibles sobre un fondo negruzco ó plomizo. — 236 — El ciego, colón y recto están llenos de excrementos duros y secos que obstaculizan la marcha de las mate¬ rias alimenticias. El bazo suele estar hipertrofiado y su tejido reblan¬ decido. El hígado se presenta de volomen enorme, triple y aun cuádruple del normal, puesto que su peso llega á alcanzar hasta 5 kilogramos, siendo así que el estado fisiológico en el potro no excede de 1.500 á 2.000 gramos. Cuanto al aparato urinario, Carrèreha observado los ríñones hipertrofiados, negros y gangrenosos. Del ba¬ cinete á la extremidad de la uretra, la mucosa ofrece un color amarillo. En el primero, como en los uréteres, no es raro verlos ocupados por sangre fluida ó coagu¬ lada. La vejiga contiene cantidad variable de orina roja que no forma depósito apreciable, según Bernadin, cuando se las deja en reposo. Tratamiento. — Hay que instituir dos tratamientos: el profiláctico y terapéutico. Tratamiento preventivo.—Va dirigido lo mismo á la hembra que al recién nacido. Ante todo esmeradísima limpieza hay que tener una en la herida umbilical, auxiliada con la aplicación de soluciones antisépticas para evitar la infección. El animal joven que nace vigoroso debe preservarse •del frío, evitando las frías corrientes áereas y colocarlo en una cuadra en la que esté renovado el aire y á una temperatura media uniforme, pues hay que tener pre¬ sente que el aire puro obra como tónico. — 237 — Para la parturienta los dos puntos capitales de este tratamiento estriban en la higiene y en la alimentación. Cuanto á la primera, llenaremos nuestra misión pro¬ digando á la yegua cuidados en las curas, colocándolas en cuadras abrigadas, muy en particular las de tempe¬ ramento linfático. La alimentación deberá ser regular, de fácil digestión y alible, capaz de subvenir lo mismo en la gestación para los materiales necesarios al desarrollo del feto que después del parto á los que pide y exige la lactancia. Tratamiento curativo. — Se tendrá en cuenta cuanto hemos dicho en el tratamiento de la ictericia catarral. Ahora bien; contra la infección — causa de todos los trastornos — utilizaremos el diaftol, que es un antisép¬ tico hemático y urinario, el salol, el benzonaftol como desinfectantes del intestino, y el iodoformo y la solu¬ ción sublimada para asepsiar la herida umbilical. Paso á estudiar, abusando de vuestra bondad y bene¬ volencia, una especie patógena sumamente impor¬ tante. PERITONITIS EN LOS SOLÍPEDOS Definición. — Bajo la denominación "peritonitis,, de¬ signamos á todas las inflamaciones del peritoneo. De modo que la peritonitis local, perihepática, pe- risplénica, etc., será la inflamación de una parte del peritoneo visceral ó parietal, en tanto que la denomi¬ nación "peritonitis general„ consistirá en la infección — 238 — generalizada de la serosa. Toda infección limitada se propaga más ó menos rápidamente en virtud de la si¬ guiente ley: un punto inoculado inocula á su vez á todos los puntos con los cuales se pone en contracto, debido á la movilidad y á los cambios de relación de los órga¬ nos abdominales. La evolución clínica de esta enfermedad es aguda ó crónica. Sólo nos ocuparemos de la primera, que dicho sea de paso afecta á todas las especies animales. Etiologiay patogenia. — La peritonitis aguda es una enfermedad microbiana, de modo que las hasta hoy im¬ propiamente llamadas peritonitis idiopática ó perito¬ nitis à frigore no son otra cosa que el resultado de una \nïe.cc\ón primitiva ó secundaria del saco peritoneal. Mientras los microbios irritantes no penetren en el peritoneo, éste estará al abrigo de la inflamación y lo prueba el que heridas muy graves, cuando están asép¬ ticas, cicatrizan rápidamente sin inflamación. La susceptibilidad inflamatoria del peritoneo del ca¬ ballo, así como su facultad piogénica fácilmente se ex¬ plican por estar ligadas á la receptividad de los solípe¬ dos por los gérmenes de la supuración. Está probada la tolerancia del peritoneo por los cuerpos asépticos. No hay peritonitis aguda sin microbios. Estableciendo cultivos comparativos entre los líquidos de una ascitis y de una peritonitis hase visto que los primeros eran estériles, en tanto los segundos constituían abundantes culturas. — 239 — Ccldéac ha hecho preciosos estudios bacteriológicos poniendo de relievelos gérmenes patógenos contenidos en el liquido peritoneal. La etiología y la patogenia de la peritonitis se re¬ sumen en el modo de introducción de los gérmenes in¬ flamatorios en la cavidad peritoneal. Los microbios infecciosos pueden llegar á la serosa peritoneal; 1. Por la circulación sanguínea. — Los. agentes in¬ fecciosos no pueden por si solos franquear los vasos; de aquí los casos excepcionales Aq peritonitis primiti¬ va; necesitan el obligado concurso de una afección ge¬ neral que los haga circular en la sangre y de una pre¬ disposición que los fije en el peritoneo. ¡Mediante el análisis bacteriológico se pueden encon¬ trar especies microbianas que vegetan en el peritoneo: estafilococos, diptococos, estreptococos, bacteria cotí commune que presiden á la evolución de la mayor parte de las inflamaciones exudativas y supurativas. Los microbios conducidos por los vasos al peritoneo no difieren de los encontrados en las inflamaciones pri¬ mitivas de las pleuras, pericardio, etc. Sólo la predis¬ posición cambia y fija su terreno de evolución. La predisposición no es otra cosa que el resultado de una debilidad natural de un tejido con relación á otro, á la que coadyuvan influencias externas como el frío que, á manera de un traumatismo, priva á los elemen¬ tos de su resistencia y facilita su infección. Bajo el nombre de peritonitis à frigori, de peritoni- -- 240 — tis esencial, espontánea, idiopática, remnatisnial, es han descrito todas las peritonitis infecciosas ocasionar das bajo la acción de un enfriamiento. Este, determinado por las duchas rectales frías, por la exposición de los animales á la lluvia, á una corrien¬ te de aire estando el animal sudando, por la ingestión de alimentos fríos y húmedos y por todas las causas capaces de detener la transpiración, puede permitir la entrada en el organismo de agentes infecciosos ó de¬ terminar la peritonitis en los sujetos previamente infec¬ tados. En todos los casos micro¬ la penetración de los bios es indispensable, sin los que' el frío, á lo más sólo puede originar accidentes congestivos, pero jamás cambios inflamatorios. Experimentalmente no se ha po¬ dido provocar la inflamación visceral bajo la influencia del enfriamiento. Los traumatismos de la pared abdo¬ minal son de originar la peritonitis aunque no capaces exista solución de continuidad de la piel en los anima¬ les portadores de microbios (microbísmo latente). II. Por la pared abdominal. — La penetración de mi¬ crobios por la pared abdominal determina la peritoni¬ tis traumática y operatoria. peritonitis traumática procede de inoculación di¬ La recta del peritoneo por cuerpos que sirven de vehículo á gérmenessépticos y pútridos, ó bien introducirse és- / tos después del traumatismo por la solución de conti¬ nuidad. Las perforacionessépticas determinan algunas veces fístulas intestinales y una peritonitis local segui¬ da de curación. — 241 — La peritonitis aguda á veces obedece á heridas pe¬ netrantes del recto, de la vagina ó de la matriz. Las operaciones quirúrgicas del canal uretral, el tra¬ tamiento de las hernias ventrales y umbilicales pueden engendrar abscesos del volumen de una avellana al ni¬ vel del peritoneo, y, al mismo tiempo, adherencias entre dos asas intestinales. La infección microbiana por las heridas de castración en los machos reviste á menudo una forma enzoótica comprobada por Lafosse, Bouley, Hering, etc. La peritonitis de castración aparece generalmente del segundo al sexto día de la operación, raramente del octavo al décimo día, excepcionalmenteá los quince días, al mes ó dos ó tres meses. Quien dice septicemia en los solípedos dice implíci¬ tamente gangrena traumática. Si colocamos la perito¬ nitis de castración al lado de la gangrena traumática, la dualidad no existe, las dos afecciones son experi- mentalmente idénticas, puesto que la peritonitis de castración se transforma en gangrena traumática por inoculación al caballo y en septicemia en el conejo. Ahora bien, clínicamente existen diferencias asaz notables. En efecto, la herida, punto de partida de la gangrena traumática, toma mal aspecto; la supuración cesa; aparece un extenso edema que invade las partes centrales y al mismo tiempo los síntomas generales de envenenamiento. En ninguno de los animales muertos á consecuencia de peritonitis de castración han apare¬ cido síntomas locales sino generales. El hecho de que — 242 — las heridas operatorias no presentenningún síntoma de gangrena nos obliga á creer que estas soluciones de continuidad han sido la puerta de entrada del vibrión séptico. No hay duda; los agentes sépticos atraviesan esas heridas ó los tejidos traumáticos mal defendidos para ir á multiplicarse en la sangre y en el peritoneo. En el foco septicémico el microorganismo se presen¬ ta: 1.°, con los caracteres de un bacilo (de 0™"h006 á O™™,010) provisto de un esporo en el que en una de sus extremidades presenta un ligero abultamiento; 2.°, con los de un bacilo de protoplasma homogéneo, un poco más prolongado que el precedente (O""™,012 á O^ii^jOSO). En las serosas este bacilo toma una longitud conside¬ rable (0™'i^,035 á O""",065); se segmenta en artículos más ó menos cortos, y, por ende, más ó menos numerosos, sin presentar esporos. La actividad de su virulencia resiste á los más pode¬ rosos antisépticos, experiencias de Chauveau y según y Arloing necesita, cuando menos, una temperatura de 120° para ser destruido. Así fácilmente se explica el carácter enzoótico de la peritonitis de castración en una serie de operados. El peritoneo se encuentra inva¬ dido por micrococos y bacilos cortos y la sangre tam¬ bién contiene microbios. La inoculación de este líquido provoca en el caballo una septicemia'gaseosa de marcha rápida, en el cone¬ jo una septicemia gaseosa fulminante y en el caballo manifestaciones de todo punto semejantes á la de la gangrena traumática. — 243 — La castración en las hembras igualmente puede aca¬ rrear la peritonitis séptica — y como en la de los crip- tórquidos—siempre es el resultado de la falta de asep¬ sia. La enterotomía no se complica jamás con peritoni¬ tis si se utiliza un trócar de reducido calibre y se toman algunas precauciones asépticas. III. Por la desgarradura de una porción del tubo digestivo. — A este grupo pertenecen las peritonitis por perforación. Las desgarraduras pueden interesar todas las porciones del tubo digestivo. El estómago, distendido por los alimentos {indiges¬ tión), invadidos por abscesos paperosos, se ruptura súbitamente á consecuencia de un choque, de un mo¬ vimiento violento ó de una caída. Las materias alimenticias, los microbios contenidos en los alimentos, la saliva y las bebidas se extienden en cantidad variable en la cavidad abdominal y pro¬ ducen una peritonitis rápidamente m.ortal. El intestino se desgarra bajo la presión de los ali¬ mentos (indigestión cecal, cólicos, pelotas ester corᬠceas) de cálculos; su perforación puede obedecer á cuerpos extraños, á ulceraciones, á abscesos, á parᬠsitos. Friedberger ha observado la necrosis parcial del ciego y la peritonitis séptica en un caballo atacado de cólicos tromboembólicos y de indigestión crónica. El contenido intestinal y sus numerosos microorganismos (vibrión séptico .estafilococos y estreptococos, etc.) caen el peritoneo infección peritoneal en y producen una intensiva. — 244 — Estas peritonitis secundarias tienen una fisonomia especial y una evolución muy rápida en razón de la masa de microbios que se diseminan en el peritoneo. Las desgarraduras del recto y del colon flotante son muchas veces ocasionadas por el coito, por una torpe exploración rectal, por la cánula de la jeringa de ene¬ mas, por maniobras de empíricos. La peritonitis puede / sobrevenir sin solución de continuidad cuando hay éxtasis sanguíneo é infiltración serosade un asa in¬ testinal, como puede observarse en los casos de hernia estrangulada sin gangrena del intestino. IV. Por propagación ó ruptura de una bolsa puriu lenta intra ó extraperitoneal.—Los abscesos del me- senterio y de los ganglios mesentéricos á consecuen¬ cia de la papera, los flemones de' las paredes, los cuer¬ pos extraños, los abscesos del apéndice xifoide que co¬ munican con el ciego, son frecuentemente causas de peritonitis. Los abscesos del estómago, del íleon, del grueso colon soldando algunas veces la pequeña cur¬ vatura del estómago á otra parte de la serosa acaban por determinar una peritonitis generalizada. Los ñemones'de las paredes abdominales consecuti¬ vos á traumatismos pueden abrirse en el peritoneo. Los abscesos de las paredes intestinales engendran la peritonitis cuando el pus se vierte en la cavidad abdo¬ minal, y los que sobrevienen después de la castración determinan con bastante frecuencia una peritonitis purulenta. Las neoplasias del peritoneo, los tumores supurados — 245 — de los ovarios, de los ríñones, del hígado y del bazo producen la misma infección. La supuración torácica, las pleuresías purulentas, etc., propagándose por las redes linfáticas al centro frénico ocasionan las perito ■ nitis. Los abscesos del mesenterio ó de las paredes abdo¬ minales que contienén cuerpos extraños determinan una peritonitis difusa séptica y la soldadura de diver¬ sas partes del intestino. V. Por la perforación de la matrís y propagación de la metritis. — Esta forma de peritonitis resulta de la infección del peritoneo por los microbios contenidos en la matriz, accidente producido en los casos de par¬ turición laboriosa cuando hay desgarradura de la ma¬ triz ó infección del órgano por las manos del operador y sus ayudantes. Los trabajos de Straus y Sánchez Toledo han demos¬ trado la ausencia de microorganismos en la cavidad uterina, ora en el estado de reposo, ora después del parto. La matriz sana de nuestras hembras domésticas no está exenta de microbios; los estafilococos blanco y dorado son los huéspedes habituales y normales de la mucosa uterina. Aunque no haya desgarraduras los microbios infec¬ ciosos que han penetrado en el útero pueden arribar al peritoneo las trompas, por y más probable y gene¬ ralmente por los linfáticos. Anatomia patológica. — Las lesiones que interesan al peritoneo y á los órganos abdominales son poco 17 — 246 — apreciables en el animal cuando la muerte sobreviene á las doce ó veinticuatro horas, no así cuando han transcurrido tres ó cuatro días de enfermedad. El peritoneo parietal y visceral presenta rubicundez, falsas membranas, un exudado seroso, seropurulento, purulento ó pútrido. La rubicundez del mientras peritoneo no se observa la peritonitis no haya pasado la fase congestiva que dura de doce á veinticuatro horas; no hay aun ni falsas membranas ni derrames. La superficie de la serosa está sembrada de manchas equimóticas, surcada de líneas rojizas, cubierta de arborizaciones que presen¬ tan generalmente su máximum de intensidad al nivel de las circunvoluciones intestinales. Aun se puede en¬ contrar el punto de partida de estos primeros cambios inflamatorios que prontamente se generalizan. El pe¬ ritoneo es asiento de una exudación intersticial y apa¬ rece opaco, espeso y viscoso. Las asas del intestino delgado se aglutinan y se ad¬ hieren al grande epiploon, al grueso intestino y á las paredes abdominales. Las falsas membranas, que aparecen treinta y seis horas después de la inflamación, presentan al principio la forma de vellosidades, de cintas acumuladas al pun¬ to de contacto de las asas intestinales, invaden las di¬ versas partes del intestino ó sobrenadan en el derra¬ me. Fáciles de arrancar al principio, se vascularizan después y acaban por formar adherencias fibrosas en¬ tre las asas intestinales yuxtapuestas, y pueden, igual- — 247 — mente, soldar el intestino al diafragma, al hígado, al bazo y á la pared abdominal. Estas neomembranas son capaces por sí solas de fijar é inmovilizar una parte del intestino en una situación anormal y ser causa de estrangulamiento. Con el tiempo pierden su coloración gris amarilla y tórnanse grisáceas, rojizas, después blancas, cuando su organización es perfecta. El exudado es, según el caso, seropurulento, puru¬ lento ó pútrido. Además de estos cambios ó aspectos presenta notables modificaciones cuantitativas. Casi nulo en ciertos casos de peritonitis subaguda (peritonitis seca), es por demás abundante (30 á 40 li¬ tros) en \di peritonitis exudativa. El exudado seroso constituye un derrame muy con¬ siderable, seméjase al líquido ascítico. El exudado seropurulento amarillo es obscuro, ama¬ rillo rojizo; su cantidad puede llegar á 25 litros; tiene ensuspensión copos fibrinosos y se aloja en las partes declives de la cavidad abdominal y en el intersticio de las asas intestinales. El exudado purulento procede generalmente de la abertura de un absceso en la cavidad peritoneal. Pue¬ de tener su origen en una bolsa quística abierta, anti¬ gua y de una organización más avanzada que las otras lesiones de la serosa. El exudado pútrido denuncia una perforación; el lí¬ quido es grisáceo ó rojizo, fétido y contiene gas, res¬ tos alimenticios, materias fecales, orina, ascárides ó cuerpos extraños. — 24S — Los órganos abdominales son igualmente modifica¬ dos por la inflamación. Los intestinos están llenos de gas, sus paredes apa¬ recen pálidas, edematosas; el intestino delga¬ espesas, do presenta á menudo un diámetro desigual y muy dis¬ minuido; ciertas partes de este órgano están sumergi¬ das en el exudado y obsérvanse retracciones y dilata¬ ciones sucesivas. Las neomembranas que ó bien reúne las asas intestinales, ya entre sí, ya á la pared abdomi¬ nal, ó las adhiereal grueso colon, á la vejiga, al recto y al peritoneo parcial, pueden reabsorberse parcial¬ mente, determinar la inflamación, el reblandecimiento y la perforación de las paredes intestinales. El hígado y el bazo están pálidos, la cápsula de estos órganos es espesa, opaca, y la serosa que los cubre está inflamada superficialmente. A veces la vaina vaginal y el testículo que recubre presentan una exudación semejante á la de los órga¬ nos Compruébanse las lesio¬ abdominales y peritoneo. nes de. la septicemia á consecuencia de una peritonitis por perforación ó por castración reciente ó antigua. Sintomatología. —- principales Abraza dos formas que se confunden fácilmente: 1.®, la forma piógena; 2.", la forma séptica ó piUrida. Primera forma: Peritonitis piógena. — Comprende la peritonitis à frigori ó por infección general de la economía y todas las peritonitis en las que los gérme¬ nes piógenos predominan. A su aparición preceden sacudidas de frío, un trau- matismo accidental ú operatorio, ruptura de un absce¬ so ó una enfermedad local ó general. Sus manifesta¬ ciones son francamente inflamatorias. Fríos parciales ó generales acompañan, preceden ó.-:' anuncian á los cólicos intensos. í'.; La exploración del enfermo denuncia su estado. | El sufrimiento se estereotipa en la cara y bajo acción é influjo permanece inmóvil. \ Los dolores abdominales tradúcense por cólicos in-' tensos, cuyas manifestaciones son siempre moderadas y continuas. Los movimientos desordenados, que aparecen en la peritonitis de castración, obedecen á la constricción de los nervios del cordón, y son, por tanto, independien¬ tes de la peritonitis. La respiración es incompleta, superficial, y, por ende, más frecuente: se pueden contar hasta 70 movi¬ mientos respiratorios por minuto; toma el tipo costal. El animal se esfuerza por inmovilizar el diafragma, á fin de disminuir la presión soportada por los órganos abdominales á cada incursión respiratoria de este músculo. La inspiración es corta, insuficiente. Se pueden observar de accesos dispnea producidos por la inmovilidad del diafragma, por la disminución de la cavidad torácica consecutiva al derrame perito¬ neal y al meteorismo que empuja al diafragma hacia adelante y por la insuficiencia de las contracciones cardíacas. Todo desplazamiento es penoso, difícil y el — 250 — sujeto separa fuertemente los miembros abdominales. Sudores abundantes cubren á veces todo el cuerpo, el apetito es nulo, el vientre aumenta de volumen, apa¬ rece el meteorismo, los flancos se distienden del segun¬ do al tercer día, infrecuentemente, suele ob¬ y, aunque servarse eructaciones, vómitos y hasta hipo cuando el diafragma está bastante inflamado. Los abscesos de las paredes intestinales pueden abrirse simultáneamente en el abdomen y en el tubo intestinal, en cuyo caso una cantidad más ó menos considerable de pus sale con los excrementos. En los primeros días suele presentarse la constipa¬ ción; pero muchas veces no tarda en aparecer la dia¬ rrea, debido á una abundante exudación de la superfi¬ cie de la mucosa intestinal, al mismo tiempo que la di¬ suria y el tenesmo vesical. palpación revela la tensión del vientre y una gran La hiperestesia de las paredes abdominales, pues el animal se sustrae al dolor que le produce la mano del Profesor, dolor que es superficial, continuo y á menudo limitado, circunscrito, al principio, al punto de partida del peri¬ toneo, generalizándose después. Este síntoma tiene poco valor en caballos cosquillosos, inquietos é irrita¬ bles. Si se practica la exploración rectal, compruébase' la repleción de esta parte del tubo digestivo por excre¬ mentos pequeños y secos. La percusión indica un sonido claro, metálico,al nivel de los flancos, debido al meteorismo. El intestino hálla¬ se distendido por los gases debido á la relajación pa- — 251 — ralitica de sus paredes y á la alteración de su con¬ tenido. Síntomas generales. Desde el — principio los sínto¬ mas generales son muy graves. La fiebre es intensa, continua; la temperatura puede alcanzar ¿141° y hasta 42°; el corazón late 80 á 130 veces por minuto, el pulso es pequeño, duro, tórnase filiforme; las mucosas están pálidas y sólo se inyectan cuando la dispnea es muy pronunciada; la piel está seca y caliente y la fisono¬ mía profundamente abatida. Marcha. — Terminación. — La rapidez de la evolu¬ ción dé los síntomas depende de la extensión de la pe¬ ritonitis. La muerte puede sobrevenir del cuarto al octavo día. Cuando la terminación es fatal, el meteorismo se hace excesivo, la respiración es muy difícil, el dolor se ate¬ núa y hasta desaparece, una diarrea abundante sucede á la constipación y el animal cae en el momento de morir ó algunas horas después. Esta terminación de la peritonitis aguda es la más general y característica; puede sobrevenir en pocas horas desde el principio de los trastornos inflamatorios por alteración refleja de la circulación de la respira¬ y ción (peritonismo de Gübler). En la autopsia se observa una hiperhemia peritoneal generalizada. La enfermedad puede pasar al estado crónico cuando la inflamación se limita, se atenúa progresivamente y tiende á la ascitis y á las adherencias anormales. La resolución es por demás excepcional. — 252 — La resorción de los exudados es generalmente in¬ completa. Subsistenadherencias que obran como cau¬ sas estrangulamiento intestinal. de Segunda forma: Peritonitis séptica ó pútrida. — Esta forma comprende las peritonitis por perforación ó ruptura gastrointestinal y las peritonitis traumáti¬ cas ó de castración. Los síntomas, de la forma pre¬ á la inversa que los cedente, son exclusivamente generales, puesto que los locales sólo tienen una importancia secundaria. Los signos de la intoxicación pútrida del organismo, ca¬ racterizados por la adinamia y el colapsus, dominan la escena. Aparecen fríos intensos, una debilidad y abatimien¬ to extremo en el enfermo, cuyos ojos parece como que quieren salir de las órbitas ; la piel suele estar fría y la sensibilidad del vientre nula. Se pueden comprimir fuertemente las paredes abdo¬ minales sin provocar la menor reacción. El animal, que ó bien no tiene fiebre ó es muy moderada, perma¬ nece inofensivo, indiferente, insensible bajo la acción y dominio de un completo colapsus. El cuerpo se cubre de sudor la frío; el pulso es pequeño, frecuente; respiración irregular y muy acelerada; el vientre se meteoriza con una rapidez extrema, y la muerte so¬ breviene en pocas horas sin lesiones cuando se trata de peritonitis consecutiva á una perforación del tubo digestivo. Hay veces que suele presentarse una hinchazón — 253 — edematosa, ora al nivel del foco de infección, ora á las paredes abdominales, ora á todo el cuerpo. Marcha. — Es muy rápida en la peritonitis pútrida. Tratándose de perforaciones intestinales, el animal • puede sucumbir en menos de doce horas, y solamente la vida se prolonga hasta cuatro ó cinco días cuando se trata de peritonitis traumáticas ó de peritonitis de castración, en las que la infección es menos pro¬ nunciada y compleja. A veces, la inflamación piógena termina por una inflamación pútrida, y cuando el ani¬ mal resiste á los primeros ataques de la infección séptica, los accidentes inflamatorios completan el cua¬ dro patológico. Diagnóstico.Los síntomas de la peritonitis pióge¬ na son poco característicos; los cólicos imperceptibles al principio son después la expresión de un gran nú¬ mero de formas características de oclusión intestinal. Denuncian esta enfermedad la sensibilidad del vien¬ tre, el meteorismo, la constipación pertinaz y la pali¬ dez de las conjuntivas. Trasbot ha diferenciado la pe¬ ritonitis de la enteritis y de la congestión intestinal. Los cambios respiratorios y circulatorios permiten no confundir esta enfermedad con la pleuresía y la pneumonía. Fácilmente se establece la distinción me¬ diante la exploración comparativa de la región abdo¬ minal y de la cavidad torácica. Las peritonitis traumáticas ú operatorias son sos¬ pechosas después que el accidente ha infectado el pe¬ ritoneo, siendo, por consiguiente, fácilmente diagnos- — 254 — ticadas. Se observa su desarrollo como el curso de una inoculación. El mayor número de peritonitis por perforación de abscesos ó del tubo digestivo son des¬ conocidas porque ó evolucionan rápidamente para poder ser observadas, ó se enmascaran por los cam¬ bios digestivos y los síntomas generales de la afección primitiva que ocasiona la ruptura. Tratamiento. — Ante todo es necesario prevenir la peritonitis traumática y operatoria por una rigurosa antisepsia y una desinfección completa de las heridas. El tratamiento será médico y quirúrgico. Mediante el primero obtendremos la inmovilidad del intestino, á fin de evitar la inñamación difusa, es decir, la infección peritoneal, puesto que estos órganos son los quediseminan los gérmenes flogógenos ó sép¬ ticos. Es necesario alejar todas las causas capaces de provocar exagerados movimientos intestinales. Aunque insegura é ineficaz para algunos autores, Jacotin aconseja una sangría pequeña, según la alza¬ da y temperamento del animal, á fin, dice, de dismi¬ nuir el aflujo de sangre hacia la serosa. Los purgantes todos deberemos proscribirlos, puesto que ellos generalizan la peritonitis que se pretende limitar y combatir. Para calmar el dolor é inmovilizar el intestino admi¬ nistráremos las sales de morfina asociadas á la hios- ciamina ó al sulfato de atropina (3 á 4 gránalos de cada alcaloide, todas las horas, hasta efecto), ó en in¬ yecciones hipodérmicas, á la dosis, la morfina, de 20 — 255 — á 30 centigramos, juntamente con enemas de doral (30 á 35 gramos), renovándolas durante el día cuando á juicio del Profesor lo creyese necesario. Si la constipación es pertinaz se combatirá con lava¬ tivas emolientes ó, lo que es mejor, con dosis laxativas de hipa gol. Yugular la fiebre por los gránulos defervescentes, aconitina, digitalina, veratrina y arseniato de estric¬ nina, según prescribe el método dosimétrico. Aplicar sobre el vientre los más poderosos refrige¬ rantes, dando lugar de prelación al hielo ó revulsivos. Atenuar la exageración nutritiva que caracteriza la inflamación por medio de los mercuriales calomel, 2 : á 4 gramos; licor de Van Swieten, 100 á 200 gramos, por dosis fraccionadas para veinticuatro horas; fric¬ ciones mercuriales que contribuyen á activar la reso¬ lución, determinando el aflujo de microbios y toxinas hacia la periferia. Facilitar la resorción del líquido derramado median¬ te los diuréticos salinos : bicarbonato de sosa, azotato de potasa. La punción del ciego suprime el meteorismo, dismi¬ nuye el dolor abdominal y la dificultad respiratoria. Es preciso desbridar los abscesos, puncionar la parte declive de la pared abdominal con objeto de permitir el derrame del exudado. La laparotomía y el lavado del peritoneo debe ha¬ cerse en el caballo cuando ha habido perforación del tubo digestivo. — 256 — Estos diversos medios terapéuticos y quirúrgicos serán interpretados, asociados, continuos ó interrum¬ pidos, según la gravedad, la marcha y las fases de la enfermedad y temperamento del enfermo. La higiene y el régimen en particular serán objeto preferente para el Profesor, pues hay que tener muy en cuenta que después de la curación el peritoneo queda por largo tiempo sensible, motivo por el cual son de temer las recidivas. Voy á terminar presentando á vuestra considera¬ ción unos apuntes recogidos en mi clínica acerca de un caso de distomatosis, insertos en el Repertoire Uni¬ versel de Médécine Dosimetrique de Paris correspon¬ diente al mes de Marzo de 1892, y en el núm. 1 de la Revista de Medicina Dosimétrica Veterinaria. El 24 de Noviembre de 1891 fui llamado por D. Bue¬ naventura del ingenio San Ibarragay, administrador Romualdo, Hormigueros, para asistir el ganado vacuno de la finca, que hacía un mes próximamente se encon- ti'aba enfermo de la enzootia caquexia acuosa, hidro- hernia ó papera, á consecuencia de la cual murieron va¬ rios animales. Reconocido que hube el ganado, separé ocho bueyes por estar profundamente afectados de di¬ cha enfermedad, los cuales presentaban síntomas asaz graves: erizado, mucosas elevación térmica 40°,5, pelo pálidas é infiltradas, edema de la papada y garganta, enflaquecimiento excesivo, tristeza, inapetencia, con¬ sunción y diarrea colicuativa intensa. Ante un cuadro sintomatológico tan aterrador, y te- — 257 — raiendo nuevos y reiterados ataques en el ganado res¬ tante sano, dispuse dos tratamientos. Tratamiento 'profiláctico.—Separados fueron los que enfermos de ios sanos, ordené la traslación de éstos á pastos relativamente salubres, aconsejando las me¬ didas higiénicas posibles, ya que la estabulación es, en los países intertropicales, irrealizable, ínterin no haya locales ad ¡toe y heno suficiente para alimentar el ganado. ¿Qué más podría hacer en tan crítica y apre¬ miante situación? ¿Cómo impedir nuevas invasiones? Es preciso saber que en la pequeña Antilla vive el ganado completa libertad nutriéndose — en todos en los ingenios, y aun en muchas propiedades que sarcás- ticamente llaman ganaderías—de prados espontáneos, pobres y pantanosos, cuyas hierbas no sólo están des¬ provistas de sustancias nutritivas, si que también se hallan impregnadas á menudo de elementos morbosos, causa de las enfermedades pestilenciales y parasitarias que con harta frecuencia padece el ganado en general, mermando, por consiguiente, la riqueza pecuaria de la Isla. Contrariado por tales circunstancias, vime, pues, en la necesidad de hacer alimentar diariamente al ganado vacuno no invadido aún con harina de maíz ferrugino¬ sa, varias frutas y tubérculos y 30 gramos de sal mari¬ na, á cada animal. Tratamiento terapéutico.—Atendiendo á la miseria orgánica de los ocho enfermos, hice un pronóstico re¬ servado, no ocultando al Sr. Ibarragay lo difícil que — 258 — era salvar á aquellos animales caquécticos, extenua¬ dos, donde el Profesor tantas veces se ha estrellado ante la impotencia terapéutica de una parte y la per¬ sistencia parasitaria de otra. Mis dudas y vacilaciones eran bien fundadas. No hay tratado de medicina vete¬ rinaria que no pronuncie el fallo mortal cuando los animales han llegado á ese estado marasmódico. A pesar de todo, tenía confianza en los granulos de Burg- graeve, en la doctrina dosimétrica, única que en tan críticos momentos había de revelarse por su poderosa acción y maravillosos resultados, á la inversa de la alo¬ patía, que se cruza de brazos y pronuncia impasible la sentencia de muerte. Sin perder tiempo formulé las indicaciones que había de llenar. — Dominante". Atacar la causa y combatirla enérgicamente.—Far/flwíé·.· Yugular la fiebre y levan¬ tar las fuerzas de los enfermos. Así, pues, bastaron los defervescentes, aconitina, di- gitalina y veratrina, para yugular la fiebre; los inci¬ tantes vitales, arseniato de estricnina y ácido fosfóri¬ co para vigorizar ó levantar las fuerzas; los vermífu¬ gos, kousina, picrotoxina y santonina para atajar y destruir la distomatosis : alcaloides administrados se¬ gún indica el método dosimétrico; esto es, por dosis fraccionadas y repetidas hasta efecto. Completamos el tratamiento con una buena y tónica alimentación que consistia en harina de maíz, batatas, chamalucos, guineos, plátanos, etc., sin olvidar la sal marina que propinamos diariamente á cada enfermo. 259 Fueron tales y tan rápidos los progresos obtenidos con el tratamiento dosimétrico empleado en los ocho bueyes, que á los siete días de mi primera visita había desaparecido el cuadro sintomatológico, hallando á los enfermos repuestos de carnes, temperatura y pulso normal, mirada alegre y buen apetito; en una palabra, la llama de la vida volvió á arder con esplendor en esos organismos, días antes decrépitos y moribundos. En la segunda vista que giré al ingenio San Ro¬ mualdo, prescribí la cuasina unida al arseniato de estricnina: diez gránulos de cada uno, tres veces al día, continuando con el mismo régimen alimenticio. El día 8 de Diciembre, última visita que hice, encon¬ tré los convalecientes en tan buen estado de carnes y en una tan completa salud, que los di de alta. La dosimetría, no cabe duda, se impone por la ne¬ cesidad. A pesar de la guerra sin cuartel de que ha sido objeto, ella va reclutando cada día infinidad de prosélitos. Concluyamos con Burggraeve, diciendo : "La Medicina, ó tiene que ser dosimétrica ó no será nada.,, He dicho. 'Víctor García Bermejo DISCURSO RESUMEN SOBRE EL TEMA CÓLICOS EN GENERAL pronunciado en la sección de medicina veterinaria DE EL FOMENTO DE LAS ARTES POR EL PRESIDENTE DE LA MISMA Ilmo. Sr. D. SIMÓN SÁNCHEZ 18 Ilustres comprofesores: Por segunda vez tengo el alto honor de ocupar vuestra atención en esta Academia haciendo el resu¬ men de la discusión, tan brillantemente sostenida en ella durante el curso actual por los ilustres Veteri narios D. José Fernández Alcalá, D. Inocencio Ara¬ gón, D. Ensebio Molina, D. Bonifacio Estrada y Don Víctor García Bermejo, sobre el tema cólicos en ge¬ neral. Difícil sería mi situación y comprometidísimo llenar este honroso deber si no contara de antemano con vuestra benevolencia y con los recursos y elementos que para ello me proporcionan la Memoria del Sr. Al¬ calá y los discursos y trabajos que tan brillantemente han sostenido aquí los señores referidos. Durante mi ausencia, en el verano último, y presidi¬ dos por el ilustre Vicepresidente Sr. Sánchez Moya, cuyo nombre será siempre evocado con el respeto y admiración que esta Academia profesa siempre á los que múeren víctimas del honor y prestigio de la cien- ; Ilustres comprofesores: Por segunda vez tengo el alto honor de ocupar vuestra atención en esta Academia haciendo el resu¬ men de la discusión, tan brillantemente sostenida en ella durante el curso actual por los ilustres Veteri narios D. José Fernández Alcalá, D. Inocencio Ara¬ gón, D. Ensebio Molina, D. Bonifacio Estrada y Don Victor Garcia Bermejo, sobre el tema cólicos en ge¬ neral. Difícil sería mi situación y comprometidísimo llenar este honroso deber si no contara de antemano con vuestra benevolencia y con los recursos y elementos que para ello me proporcionan la Memoria del Sr. Al¬ calá y los discursos y trabajos que tan brillantemente han sostenido aquí los señores referidos. Durante mi ausencia, en el verano último, y presidi¬ dos por el ilustre Vicepresidente Sr. Sánchez Moya, cuyo nombre será siempre evocado con el respeto y admiración que esta Academia profesa siempre á los que miíeren víctimas del honor y prestigio de la cien- I — 264 — eia, elegisteis un tema para discutirlo en las sesiones científicas del presente período académico que, como designado y acordado por vosotros, no podía tener más importancia para un centro como éste, donde, á la vez que se discuten asuntos con arreglo á los prin¬ cipios admitidos en los tiempos modernos, hay Profe¬ sores ilustrados, Profesores envejecidos en la práctica de la profesión, en el estudio profundo y constante de las enfermedades, que los hace poseedores de secretos y resultados positivos, debido á largas vigilias y mu¬ chos años en el estudio de tan arduas materias. Cómo recordaréis, el Sr. Fernández Alcalá leyó un brillante discurso que por encargo de esta Academia y para tema de discusión en la misma había hecho, según se le encomendó en sesión del mès de Agosto último, sobre los cólicos en general. La lectura de di¬ cho trabajo, cuya redacción es brillante y elocuentísi¬ ma, causó una agradable impresión en el auditorio. Después de un magnífico exordio, en el que dirige elocuentes frases á los miembros de esta Academia, á los que principalmeate iniciaron la formación de la misma, y hacer al mismo tiempo algunas observacio¬ nes sobre el estado precario de la clase en general, entró de lleno en materia, reconociendo como de im¬ portancia suma la materia que ha servido de tema para su discurso, que versa, como sabéis, sobre los có¬ licos en general, citando en apoyo de su aserto la afir¬ mación de Bolinger, que dice ser de cada 100 caballos atacados de enfermedades internas 40 ó 45 de cólico, y de cada 100 caballos muertos 50 lo son, sin disputa, de esta alteración, haciendo iguales apreciaciones autores respetables de Medicina humana en cuanto á esta en¬ fermedad se refiere. De conformidad también con varios autores, cree que no debe considerarse la palabra cólico como una verdadera entidad nosológica, sino como fenómenos sintomáticos de distintas alteraciones del aparato di gestivo y de otros órganos que existen en la cavidad abdominal, los cuales se demuestran por dolores más ó menos intensos, originados en las terminaciones de los filetes nerviosos que proceden del gran simpático. Hizo atinadas observaciones sobre la doctrina de Roll, quien cree no debiera estimarse como cólicos más que á ciertas enteralgias, en las que no aparece ninguna causa material y las que son debidas á las anomalías del intestino. Expone asimismo en su discurso atinadas observaciones acerca de las alteraciones del aparato digestivo, á las que se denominan verdaderos cólicos, y otras que existen en otros órganoá, como los ríño¬ nes, vejiga, hígado y útero, á las que designamos con el nombre de cólicos falsos. Dijo asimismo que las indigestiones pueden tener por causa alteración d.e las funciones del estómago ó intes¬ tinos, ya nerviosas, bien por aumento excesivo de san¬ gre de dichos órganos, por disminución de las secre¬ ciones salivar, gástrica y la ingestión de alimentos irritantes, resultando en cualquiera de estos casos los cólicos gastrointestinales. Establece una división de — 2B6 — los cólicos en seis clases: 1.®, cólico espasmódico ner¬ vioso; 2.', cólicos por sobrecarga;3.®, cólicos gaseosos; 4.®, cólicos trombo embóbeos; 5 ®, cólico lácteo, y por último, el producido por lombrices ó cólico verminoso. Describe con minuciosos detalles los síntomas y al¬ teraciones más ó menos violentas que cada uno de ellos produce en la masa intestinal, las causas á que se atribuyen, y, por último, el tratamiento que á cada uno corresponde. Para los cólicos espasmódicos nerviosos recomienda los calmantes mezclados ó solos con los estimulantes difusivos, toda vez que ambos obran como antiespasmódicos, ayudándolos con algunas friegas, abrigo, etc. Para los que son más intensos recomienda la morfina en inyecciones traqueales, las inyecciones hipodérmicas de clorhidrato de morfina al 3 ó 4 por 100. En los cólicos por sobrecarga recomienda todos aque¬ llos medios que los tóni¬ favorecen la digestión, como cos digestivos amargos, infusiones estimulantes, auxi¬ liándolos con lavativas; cuando es m.ucho el dolor deben emplearse los narcóticos, el opio y sus prepara¬ dos, ó sea sus alcaloides, tales como la morfina, codeí- na, etc., bien por inyección ó por la vía bucogástrica; también recomienda las inyecciones hipodérmicas ó traqueales de clorhidrato de morfina, como igualmente las de cloruro raórfico. Recomienda asimismo cuando se antisépticos, iodoform o, prolonguen estos cólicos los salicilato de sosa, clorato de potasa,administrados ó por medio de inyecciones; aconsejando, por último,los purgantes, entre otros el sulfato de eserina, disuelto en — 257 — íigua un decigramo por cinco gramos en inyección hipodérmica, ó los sulfatos de magnesia y sosa. Para los gaseosos establece dos tratamientos, los car minativos ó neutralizantes de los gases, como la mag nesia, agua de cal, el amoníaco, infusiones de manza¬ nilla, lavativas de agua fría,éter, los purgantes salinos, y cuando todo esto no basta la punción del intestino ciego. El tratamiento del cólico trombo-em.bólico lo consi dera incierto y dudoso; no obstante debe dirigirse á combatir los síntomas dominantes, pudiendo emplearse los diluyentesy precaver la hiperhemia local que se desarrolla. Respecto de los cólicos lácteo y verminoso, recomienda para el primero observar el estado fisiológi co patológico de la madre, obrando según éste sea, tra tando siempre lo primero de calmar el dolor. En cuanto á los segundos, ó sea verminosos, conviene también atenuar el dolor y emplear los vermicidas, el helécho- macho, corteza de la raíz de granado, agenjos y otros. Terminada la lectura del discurso-memoria del señor Alcalá hizo uso de la palabra^ como recordaréis, el Sr. Aragón, quien con frases correctas 3^ elocuentes expresó la satisfacción con que había escuchado el im portantísimo discurso del Sr. Alcalá, dirigiéndole ade¬ más muy merecidos elogios por su importante trabajo; le extrañó, sin embargo, que en el exordio del mismo atribuyera al malestar de la clase la poca afición al estudio y adquisición de obras científicas que se obser¬ va en muchos comprofesores. En orden inverso de con — 268 — sideraciones á lo expuesto por el Sr. Alcalá, manifestó en brillantes párrafos que debiera mejor atribuirse á indolencia ó desidia el poco deseo de adquirir libros y revistas que á la falta de recursos. En apoyo de su tesis hizo algunas consideraciones muy atinadas sobre lo que han hecho principalmente con su deseo los campeones avanzados del réformisme en cuyas mejoras ha significado más el entusiasmo y decisión de estos hombres, su trabajo asiduo y voluntad inquebrantable que los dispendios sufragados para al¬ canzar las ventajas que hasta ahora se han obtenido. Entrando de lleno en el fondo del asunto decía el Sr. Aragón que no puede admitirse científicamente ha¬ blando la palabra cólico, por creerla una significación vaga, pues la denominación de la palabi'a cólico no nos da á conocer ni el sitio ni la naturaleza de la enferme dad, que es necesariamente lo que hay que determinar, sucediéndonos lo mismo con otras denominaciones, como las cojeras é influenza, etc. El uso ó la costumbre es lo que ha consagrado la palabra cólico, designando únicamente el síntoma dolor que tiene su asiento en el abdomen. Dijo asimismo el Sr. Aragón que disentía del Sr. Al¬ calá en cuanto á la clasificación ó división que había hecho de los cólicos, porque así podría tomar muchas veces un síntoma por una enfermedad, entendiendo que sería más práctico hacer laclasificación según el órgano afectado y su estado patológico, creyendo, por anto, que esto es lo científico y lo que nos llevaría al — 269 — verdadero conocimiento de los cólicos. En corrobora¬ ción de esta tesis hizo juiciosas observaciones sobre la alteración que produce en los cólicos espasmódicos si hay inflamación, si es irritación de los filetes nerviosos, si es primitiva la irritación nerviosa y si se extiende al tejido de los órganos ó puede permanecer en los filetes nerviosos, concluyendo por decir que también hay di¬ ficultades respecto á las causas en cuanto á lo que el orador opinaba y lo que afirmaba el Sr. Alcalá, citando en apoyo de sus asertos lo observado en el ganado de un regimiento, cuyo Jefe quiso acostumbrarlos del ré¬ gimen del tiempo de paz al de la guerra. Respecto á los cólicos por sobrecarga de la clasifica¬ ción del Sr. Alcalá, entendía el Sr. Aragón que sería más propio llamarlo indigestión estomacal aguda, que, durando, podría constituir la gastritis, y si la inflama¬ ción se prolongara al intestino, la gastroenteritis. También hizo algunas observaciones respecto á lo di¬ cho por el Sr. Alcalá acerca de los cólicos gaseosos, puesto que no siempre son por desarrollo de gases en los intestinos, como éste afirma, sino que puede ser la timpanitis ó neumatosis por la acumulación de gases en el peritoneo, en el intestino, en el estómago y hasta en el titero de las hembras. Respecto á los tratamientos aconsejados por el señor Alcalá, dice que se refleja, que es lo que se lee á sim¬ ple vista en los libros modernos, lo que la teoría palpi¬ tante enseña, observando de un modo general que en su empleo no hay más que los calmantes y purgantes — 270 — administrados por los diferentes procedimientos cono¬ cidos y las inyecciones traqueales é hipodérmicas. Conforme el Sr. Aragón con el modernismo, ó sea el progreso de los tiempos actuales, no puede menos de recomendar la importancia de otros medios terapéuti¬ cos, tales como los emolientes, sangrías, especialmente en los tres primeros cólicos que señala el Sr. Alca¬ lá, ó sea espasmódico nervioso, por sobrecarga y ga¬ seosos. Al brillante discurso del Sr. Aragón, impugnando en algunos puntos la no menos brillante Memoria del Sr. Alcalá, contestó éste respecto al preámbulo que atribuía la causa del malestar de muchos Veterinarios á la poca remuneración que tenían de un modo gene¬ ral en los pueblos rurales, con la cual apenas podían sufragar sus más perentorias necesidades. Respecto á las impugnaciones hechas á su discurso, dice que él está tampoco conforme con la palabra no cólico, que sabe desde luego que la acepción de esa pa¬ labra es vaga;' pero que en la dificultad de establecer fácilmente el diagnóstico diferencial de los diversos es¬ tados morbosos del estómago é intestinos con manifes¬ taciones de dolor, hay que darles algún nombre, expli¬ cándose de este modo que se use tan frecuentemente el á que merefiero en la práctica. Asimismo que nunca tomó para fijar la clasificación un síntoma por una en¬ fermedad, considerando siempre con Roll el síntoma dolor como base fundamental de lo que entiende como verdadero cólico ó neuralgia, que en los que él llamaba — 271 — cólicos lo fundamental es el dolor, y á evitarlo debe tender el tratamiento. Respecto á clasificaciones, lo hace lo mismo en la necesidad de establecer una seriación ú orden para el estudio. Dijo que aceptaba la clasificación más moder¬ na que en su tratado de patología establece el señor Coya, fundado en las primeras causas que originaron la lesion; rebatió con algunos ejemplos apoyados en textos y autores, como el Sr. Luzuriaga, la impugna¬ ción hecha por el Sr. Aragón á lo que el Sr. Alcalá dice sobre el origen, causas y resultados de los cóli¬ cos espasmódicos, para los cuales, como antes había manifestado, es de suma importancia atender á cal¬ mar el dolor. Rebate igualmente la impugnación hecha por el Sr. Aragón á lo que el Sr. Alcalá decía respecto de los cólicos por sobrecarga; rebate, asimismo, lo que dijo el Sr. Aragón acerca de los cólicos gaseosos, sin que en uno y otro caso existan entre las apreciaciones de ambos gran diferencia respecto al tratamiento, ex¬ cepción hecha de las sangrías que el Sr. Aragón es partidario de ellas y el Sr. Alcalá-casi la proscribe; y concluyó exponiendo en elocuentes párrafos el entu¬ siasmo que siente por los adelantos y progresos cien¬ tíficos de los tiempos modernos, ensalzando al señor Benot por la idea que viene demostrando en favor de los adelantos del siglo, ya en sus obras científicas, ya en cualquier artículo que sale de su pluma. Después de las rectificaciones de los señores Ara- — 272 — gón y Alcalá sobre el discurso-memoria de este últi¬ mo hizo uso de la palabra el ilustrado Sr. Molina; en correctas y elocuentes frases hizo una reseña ligera de la Memoria objeto de discusión, manifestándose conforme con la mayoría de los puntos tratados en ella por el Sr. Alcalá, á quien dedicó grandes elogios, estimulándole á proseguir los estudios, único medio de poder estar siempre á la altura de los conocimien¬ tos del día. Rectificó de paso algunos extremos del discurso del Sr. Aragón, manifestando que efectivamente }a pala¬ bra cólico no significa una enfermedad sino un sínto¬ ma común á muchas enfermedades, que suponía que al haberlo empleado el Sr. Alcalá era más bien por seguir la costumbre establecida. Dijo, asimismo, que sería de desear se estableciese una nueva clasifica¬ ción nosológica, no llamando cólicos ni influenza á entidades patológicasdeberían tener su nombre que propio. Declaró que no pudo comprobar las citas del Sr. Aragón, anunciando que los señores Téllez y Es¬ pejo se habían ocupado de los cólicos trombo-embóli- cos antes que el Sr. Molina. Expuso, asimismo, que al hacer el Sr. Aragón una crítica tan severa de la pala¬ bra cólico, entendía que debía haber hecho una clasi¬ ficación más racional de las enfermedades del aparato digestivo, habiéndolo hecho así ninguno de y que no los que le habían precedido en el uso de la palabra, presentaría él un boceto de clasificación confiado en la indulgencia de la Academia. is - - i 1^ Al efecto leyó, como recordaréis, un estado com\ pleto y demostrativo de las afecciones del estómago é intestinos, en las que con más ó menos intensidad se presentan síntomas de cólicos. Como la clasificación propuesta por el Sr. Molina ha de aparecer íntegra en •los trabajos que publica La Gaceta de Medicina Ve¬ terinaria, órgano oficial de esta Academia, me limi¬ taré á hacer un resumen sintético de ella. Por lo que se refiere á los padecimientos del estómago, denomina como afecciones inñamatorias de esta viscera la gas¬ tritis aguda y crónica con sus formas catarral, fleg- monosa, hemorrágica y tóxica. En las afecciones pa- réxicas, la indigestión gástrica leve y grave. En las afecciones mecánico-traumáticas, dilatación, perforación y ruptura de dicha viscera. En las afeccio¬ nes consecutivas, úlceras y tumores, y, por último, en las afecciones parasitarias, larvas de estros, nemáto- dos y cuerpos extraños.- Respecto de los intestinos, hace las siguientes divi¬ siones: afecciones hiperhémicas, congestión intesti¬ nal de origen nervioso, mecánico, trombósico y embó- lico. En las afecciones paréxicas, la indigestión ga¬ seosa por sobrecarga de alimentos. En las afecciones inflamatorias, la.enteritis en todas sus formas. En las afecciones mecánico-traumáticas, la rotura, dilatación, oclusión, etc. Expresando asimismo con lujo de deta¬ lles lo referente á las afecciones parasitarias, á las afecciones neoplásicas, á las afecciones consecutivas y á las afecciones por cuerpos extraños, todo con la — 274 — diversidad de síntomas y dolores cólicos que revelan dichas enfermedades en la masa intestinal. Aseguró asimismo el Sr. Molina que el cólico espas- módico es una congestión intestinal, y que los trastor¬ nos vasomotores son producidos por la introducción en la sangre de principios sépticos, toxinas, etc.; que los alimentos alterados y ciertos forrajes excitan los centros vasodilatadores del mismo modo que los alimentos y bebidas frías paralizan los vasoconstricto¬ res y prodúcela congestión intestinal. Que la gastritis es la inflamación del estómago, y la indigestión esto¬ macal es un estado consecutivo á la parexia del estó¬ mago ó la dispepsia ó la detención de la quimiflcación de los alimentos, extendiéndose en otras consideracio¬ nes sobre la indigestión intestinal, lo cual atribuye á la obstrucción del ciego, colon y recto, y terminó ha¬ ciendo algunas consideraciones sobre la timpanitis ó meteorización y las congestiones intestinales, trombó- sicas ó embólicas, ó sea cólico tromboembólico, expre¬ sando la frecuencia con que el trombo y los aneurismas producen la parexia intestinal, la indigestión, la ente- rorragia y la muerte, extendiéndose mucho sobre los tratamientos empleados para la enfermedad de que se trata. Después de las Memorias 3'' discurso de los señores Alcalá, Aragón y Molina leyó un trabajo muy concien¬ zudo y elocuente el Sr. Estrada, empezando por felici¬ tar cariñosamente á los ilustres Veterinarios mencio¬ nados por sus importantes trabajos, rogándoles conti- — 275 — núen por ese camino, que es el medio único para rege¬ nerar la clase. Dice que después de oir contender á los señores Alcalá y Aragón sobre la palabra cólico y de reconocer que esto no sea una enfermedad, estima que no puede prescindirse de usarla en términos generales porque está familiarizada el vulgo y todo el mundo con sabe lo que significa. Que conviene al Profesor usarla muchas veces porque le facilita salir airoso en varias ocasiones, puesto que hay casos que atribuyendo á un desorden el mal lo produjo otro, cuyos hechos se han demostrado muchas veces en las autopsias, insistiendo en que puede continuar usándose la palabra cólico, cuya significación la define diciendo que se llama así á todo dolor vivo que se hace sentir en el vientre y que se repite con intervalos más ó menos frecuentes, sea cualquiera la viscera del abdomen en que radique. Con un sentido práctico muy atinado expresó en co¬ rrectas frases lo que se entiende por indigestión aguda, estomacal é intestinal, hablando sobre las causas que las producen, tales como enfriamiento, alimento exce¬ sivo ó averiado, etc.; los síntomas como se manifies¬ tan, tales como ansiedad, inquietud, echarse y levan¬ tarse con frecuencia, tirarse violentamente contra el suelo, mirarse el.ijar, concentración del pulso, palidez de las conjuntivas, señalando como síntoma diferen¬ cial de ambas indigestiones que en la estomacal el ijar izquierdo está más abultado y en la intestinal lo es el derecho. Tanto en una como en otra estima siempre pronóstico grave. — 27G — Respecto de tratamientospartidario del antiguo, es porque aun cuando ha hecho uso diferentes veces de los recomendados en los tiempos modernos, no han igualado en éxito á los antignos. Recomienda como de suma importancia atender dichas enfermedades desde el primer momento, atribuyendo á esto muchas veces el buen éxito. Indica que debe procurarse lo primero una franca reacción enmantando y abrigando bien los animales, friegas secas ó con aguarrás', fricciones es¬ timulantes en el dorso y ríñones, y, si no basta, sina¬ pismos. Seguidamente recomienda estimular las fun¬ ciones digestivas para calmar ó suprimir los dolores abdominales, para lo cual recomienda los estimulan¬ tes difusivos, como las infusiones de plantas aromᬠticas. Recomienda asimismo los cocimientos de manzanilla como excitante y carminativo, añadiendo á dicha infu¬ sión una cantidad de aguardiente. Si con lo expuesto no se calmaran los dolores reco¬ mienda se haga uso del láudano de Sydenham, cuyo empleo le produce en general satisfactorios resultados. Y esto lo aconseja á pesar de estar contraindicadas por la generalidad de los autores las substancias opia¬ das por lo que antes afirma, esto es, por los buenos re¬ sultados obtenidos. Disiente del Sr. Alcalá en la prefe¬ rencia que del da éste á los alcaloides que se extraen opio por obrar como narcóticos, pues si peligro hubie¬ ra en usar el opio mayor sería usar las preparaciones de morfina por la propiedad de disminuir y aun supri- mir en ocasiones las secreciones gástrica é intestinal, interrumpiendo la función digestiva. Hizo asimismo el Sr. Estrada atinadas observacio¬ nes sobre los efectos q.ue en la economía producen los narcóticos, especialmente los alcaloide;^ que, como la morfina, narceína, codeína, tebaína y narcotina se extraen del opio, así como la opianina, seudomorfina, meconina y porfirosina. Recomendaba también, como recordaréis, el Sr. Es¬ trada, para combatir las indigestiones, el sulfato de sosa en grandes cantidades, en soluciones concentra¬ das, á cuyo medicamento atribuye en gran parte el buen resultado en las afecciones á que nos referimos, atribuyendo á la condición que en su concepto tiene el principio salino que menciona, de no irritar nada el tubo digestivo, cualidad tanto más de estimar cuanto que en muchas indigestiones si la congestión no es su causa es su efecto inmediato. Dicha substancia tiene la propiedad al mismo tiempo de excitar suavemente por sapidez la mucosa gastroin¬ testinal, y la de producir, administrada en soluciones concentradas, corrientes endosmóticas, con las que añuyen al tubo digestivo mayores cantidades de líqui¬ dos que producen una purgación pronta, cuyos líquidos ayudan á mover y reblandecer los materiales deteni¬ dos en el tubo digestivo. Al brillante discurso del Sr. Estrada hizo una recti¬ ficación ligerísima el Sr. Alcalá respecto al empleo del opio propuesto por dicho señor, con preferencia á los 19 — 'JSO — todo caso clínico la dominante y variante del trata¬ miento, esto es, combate la cansa y el efecto al mismo tiempo. En párrafos elocuentes manifestó la importancia de combatir con eficacia y prontamente las enfermedades desde su principio, y cólicos, más que en otras en los por las consecuencias de rotura y desorden en las visceras que en los movimientos desordenados á que se entregan los animales por el dolor pueden sobre¬ venir. Haciendo otra serie de consideraciones expuso que las inyecciones hipodérmicas de morfina no le han dado resultado favorable cuando la ha empleado en al gunos casos de cólico del caballo, observación que ha visto confirmada en la notabilísima obra de Patología interna de los animales domésticos del célebre Cadéac, y concluyó su discurso refiriendo algunos casos clíni¬ cos de enteritis que tuvo ocasión de tratar en Puerto Rico en reses bovinas, cuyas reses sometió al trata¬ miento dosimétrico con resultados, en general, satis¬ factorios . Tal es, sintetizando y como resumen, lo que puedo exponer á esta ilustrada Sociedad acerca del tema có¬ licos en general que en la misma se ha discutido du¬ rante el actual período académico por los señores Fer¬ nández Alcalá, Aragón, Estrada, iMolina y García Bermejo. De lo expuesto por dichos Profesores se de¬ ducen las conclusiones siguientes; 1.^ Que el nombre de cólico con que se designan en — 281 — general las afecciones del aparato digestivo en los équidos es vago é indeterminado. 2.'^ Que obstante lo expuesto en la conclusión an¬ no terior, no puede en el estado actual de la ciencia (según mi entender) desterrarse de un modo absoluto de la práctica tal denominación, porque cualquiera otro nom¬ bre que .se adoptase nó estaría exento de objeciones. 3.'"- Que los cólicos, así como toda afección que tenga su asiento ó se relacione con los órganos contenidos en el vientre, deben considerarse de como importancia y relativa gravedad, tanto por lo que ella sea en sí, cuanto por las complicaciones que pueden ocurrir. 4.^ Que siendo varias las afecciones que padecen los équidos en el estómago é intestinos, y manifestándose en general en todas ellas algunos síntomas de cólicos, se han inventado por los autores de todos tiempos di¬ ferentes clasificaciones de dicho padecimiento sin ha¬ ber una exenta de serias refutaciones. Y 5.®- Que siendo infinitamente diversas las afeccio¬ nesde los órganos del vientre que de un modo más ó menos violento demuestran alguno ó varios sintomas de cólico, diversos é infinitos han de ser, y necesaria¬ mente lo son (según enséñala práctica), los tratamien¬ tos que se empleen para combatirlos. Con lo expuesto habría terminado mi misión en cuanto se refiere á lo que el reglamento me impone, declarando implícitamente desde luego lo lejos que es¬ toy de creer haberlo hecho con aquel acierto, tacto y mesura que la Memoria objeto del tema y los trabajos — -282 — con ella relacionados y aquí leídos merecen. Pero la Sección habrá de dispensarme, penetrada como puede estarlo de mi buen deseo hacia todos, de la bondad y mérito grande que reconozco en los escritos y discur¬ sos á que me refiero, que, contando desde luego con su benevolencia, exponga algunas consideraciones so¬ bre las conclusiones del tema, ya que sobre las mani¬ festaciones expuestas acerca del mismo por los ilus¬ tres comprofesores que han tomado parte en la discu¬ sión sea difícil, si no imposible, hacer alguna observa¬ ción de importancia. Hay palabras en el vocabulario de nuestra profesión cuya sola enunciación despierta un mundo de ideas y evoca recuerdos que hacen presentir un considerable número de afecciones y sospechar la posibilidad de re¬ sultados funestos; en este caso se caracteriza como po¬ cas la que empleamos para decir cólico. No designa una enfermedad especial, significa un padecimiento del colon; pero revela y demuestra un síntoma muy pare¬ cido, si no común, á todas las afecciones de los órga¬ nos contenidos en las cavidades abdominal y pelviana que se acompañan de movimientos bruscos desordena¬ dos producidos por dolores violentos. Se diría con alguna propiedad que un animal padece cólico metálico ó de origen mineral cuando habiendo estado expuesto á ingerir con el aire, los alimentos ó las bebidas una cantidad más ó menos considerable de plomo, arsénico, mercurio, cobre, etc., etc., se obser¬ vara en él que escarba el suelo, patea, se mira el ijar, — 283 - se echa y levanta á menudo, dejándose caer con más ó menos violencia y colocándose en diversas actitudes; tiene tristeza y abatimiento, demostrando á la vez dos órdenes de trastornos, uno local en el aparato digesti¬ vo, que es el verdadero cólico, y otro general consi¬ guiente á la absorción é introducción en el torrente circulatorio de principios sépticos venenosos. Igualmente podría decirse que un animal padece có¬ lico espasmódico ó nervioso cuando sin exceso de vian¬ das en el estómago é intestinos, y en consecuencia de haber bebido agua fría ó de suprimirse la transpiración cutánea por esa ú otras causas, se observa en él sínto¬ mas de dolor no muy alarmantes ni seguidos en gene¬ ral, sino con algunos intervalos, que hacen á veces creer que la enfermedad ha desaparecido, pulso peque¬ ño y desigual, acompañados ó no de timpanitis, según el estado de la digestión. Asimismo podría decirse que un animal padece cóli¬ co nefrítico cuando se acuesta de una manera violenta, se levanta y revuelca sin cesar, presenta conatos para orinar, expulsa orina sanguinolenta en corta cantidad, manifiesta gran sensibilidad en la región lumbar, pre¬ senta retracción en uno ó los dos testículos, sudores parciales de olor urinoso y reacción febril de mucha intensidad. Lo expuesto bastará para demostrar el poco funda¬ mento con que denominamos con el nombre de cólicos á muchas de las enfermedades que padecen los ani¬ males, y presentan en su desarrollo y manifestado- — 284 — nés multitud de síntomas que revelan dolores más ó menos intensos en los órganos del vientre. En e^te caso se encuentran la gastritis, la enteritis aguda ó crónica., diárrica ó diarreica, disentérica, la gastro¬ enteritis, la gastroenterohepatitis, la indigestión es¬ tomacal la indigestión intestinal agtida ó crónica, aguda ó crónica con sus complicaciones por el des¬ prendimiento de gases, dando lugar á la meteorisa- ción ó timpanitis ; las producidas por cuerpos extra¬ ños en el estómago ó intestinas, ya orgánicos é inor¬ gánicos; la cistitis y algtin otro padecimiento del apa¬ rato genitourinario. La dificultad, como comprenderéis, de diagnosticar con acierto un considerable número de enfermedades que presentan analogia é identidad en su sintomatolo- gía motivan las dos primeras conclusiones que ex-r pongo sobre el trabajo de los ilustrados comprofeso¬ res que han tomado parte en la discusión. Es decir, que el nombre de cólico con que se designan en gene¬ ral las afecciones del aparato digestivo en los équidos es vaga indeterminada. Y que, sin embargo, en el é estado actual de la ciencia no puede desterrarse de un modo absoluto en la práctica tal denominación, porque cualquiera otra que se adoptase no estaria exenta de objeciones, ya tomando por base los nom¬ bres expuestos con que de antiguo se denominan las afecciones de los órganos del vientre, aparato diges¬ tivo en general, ó bien empleando el tecnicismo mo¬ derno que, viniendo á significar casi en realidad lo — '28ñ — mismo, establece para el estómago las afecciones in¬ flamatorias aguda ó crónica, con sus formas catarral, flegmonosa, hemorrágica y tóxica; las afecciones pa- résicas (indigestión gástrica leve ó grave); las afec¬ ciones mecánicotraumáticas, dilatación (ruptura); las afecciones consecutivas (úlceras, tumores), y las afec¬ ciones parasitarias, larvas de estros, nemátodos y cuerpos extraños. Y en los intestinos, afecciones liiperhémicas (con¬ gestión intestinal), de origen nervioso, mecánico, trombósico, embólico; las afecciones parésicas (indi¬ gestión), gaseosa por sobrecarga, etc.; las afecciones inflamatorias (enteritis aguda y crónica), con sus for¬ mas mucomembranosa, diarreica, microbiana, tóxica por alimentos alterados; las afecciones mecánicotrau¬ máticas, ocasionando desgarradura, dilatación, inva¬ ginación y estrangulación; las afecciones parasita¬ rias; las neoplásticas, las consecutivas y las produci¬ das por cuerpos extraños y alguna otra más que no menciono, pudiendo afirmar, sin temor de ser desau¬ torizado, la imposibilidad real, absoluta, que existe para diagnosticar con acierto en tan múltiples y di¬ versas alteraciones que los animales manifiestan con dolores más ó menos violentos, cuál ó cuáles de ellas son las que los determinan. — 286 — IMPORTANCIA DE LOS CÓLICOS Cualquiera que sea el órgano ó parte de la economía que se halle afectada, cuando los animales presentan alguno ó varios síntomas de los que caracterizan las enfermedades de los órganos contenidos en la cavidad abdominal, y que, aun cuando de una manera vaga é indeterminada, denominamos con el nombre de cólicos, reviste siempre cierta importancia y en muchos casos extraordinaria gravedad. Consiste esta gravedad unas veces en la importancia que en sí tenga la afección desde su principio, otras por el estado de plenitud en que pueda hallarse el tubo digestivo ó por el de su irritabilidad en el momento de la invasión, ya por el tiempo que pueda llevar enfermo cuando se avisa al Profesor y éste establece la medi¬ cación, bien por los medios caseros y medicamentosos quelos dueños ó encargados de cuidar los animales les administran sin concierto, orden ni prescripción facul¬ tativa alguna; asimismo por llevarmuchas horas con el padecimiento sin auxilio alguno; por obligarles á tra¬ bajar algunas horas con el dolor; por tenerlos expues¬ tos durante el padecimiento á corrientes de aire, en¬ friamientos rápidos altamente peligrosos, y, finalmen¬ te, por tener poca y mala cama y espacio reducido para acostarse cuando lo hacen con violencia por el dolor. Como consecuencia de alguna ó varias de las cir- ' — 287 — cunstancias que acabo de enumerar, ó bien debido á la índole del padecimiento, á su marcha fatal é irregular, sobrevienen complicaciones inesperadas y accidentes gravísimos, imposibles en ocasiones de remediar. De aquí la importancia, de aquí el temor con que son y deben ser siempre apreciadas las enfermedades más 6 menos francas, llamáselas ó no cólicos, pero que se anuncian con el síntoma dolor en los órganos del vientre. ^as complicaciones más frecuentes que se presentan como consecuencia del estado inflamatorio del estóma¬ go é intestinos y que revelan extremada gravedad son las cerebrales, jl vólvulo y la invaginación. En la in¬ digestión estomacal ó cólico por repleción de viandas suelen presentarse también como complicaciones te¬ rribles los fenómenos cerebrales sopor, insensibilidad en los sentidos externos y movimientos desordenados como en los vértigos abdominales. En la indigestión intestinal, cólico ó torozói estercoráceo, suele compli¬ carse con frecuencia el desprendimiento de gases, cons¬ tituyendo el cólico ventoso, la meteorisación ó timpa¬ nitis, cuya alteración, si no se domina pronto, quita la vida en cuatro ó cinco horas. En mi larga y crecida clínica he tenido ocasión de observar reiteradas veces salir un caballo bueno al servicio de un carruaje de lujo por la tarde, iniciarse al poco tiempo el dolor al vientre, manifestado por síntomas característicos que apreciaba el conductor, sostenerlo en tal estado en el ejercicio dos ó tres horas, y cuando forzosamente re- — 288 — gresó á la caballeriza moría en ella en breves minutos, sin dar lugar á que? se le administrase medicamento alguno, demostrando dolores violentísimos, aumento extraordinario del volumen del vientre, ansiedad suma, sudores generales fríos, salida del recto, formando el tumor llamado remolicio, y algunos otros síntomas de los que coinciden con la muerte angustiosa producida por tan terrible enfermedad. Iguales fenómenos, idénticos síntomas, marcha agu¬ da y rápida é idénticos funestos resultados hemos te¬ nido ocasión de observar más de una vez en ani¬ males jóvenes y vigorosos que estando sometidos al días le tomaron en uno de ellos forraje por diez ó doce mojado por las lluvias ó humedecido por el rocío. Como consecuencia de la timpanitis, cóliqo ventoso ó meteorización, pueden sobrevenir al acostarse brusca¬ mente los animales en mala cama por la insistencia del dolor accidentes gravísimos, que ocasionan en poco tiempo funestos resultados; tales son, entre otros, la ruptura del estómago é intestinos, y aunque no tan frecuente, la del diafragma. Cuanto dejo expuesto, algunos otros accidentes de que no me he ocupado por no hacer demasiado largo este discurso resumen, y que también sobrevienen por los cólicos, como las herniaslinguinales, ascitis y peri¬ tonitis, explican sobradamente la razón y fundamento de que á ios cólicos, ó lo que de un modo general ert- tendemos por ellos, se les conceda suma importancia y se emplee para combatirlos desde el primer instante — 280 — toda nuestra inteligencia y toda nuestra actividad, porque si bien algunos desaparecen por sí ó con los medios más sencillos que se empleen, aun revistiendo un estado alarmante en su principio, otros, por el con¬ trario, cuyos síntomas son menos marcados, el dolor menos agudo y violento, y aun después de ver al ani¬ mal tranquilo algunas horas, se reproducen de un modo violento, ocasionando, si no la muerte, accidentes de gran cohsideración. ' DIVERSAS CLASIFICACIONES DE LOS CÓLICOS En la conclusión 4.® que anteriormente he formulado sobre el trabajo de los ilustres comprofesores que han tomado parte en esta discusión, expresaba, como re¬ cordaréis, que siendo varias las afecciones que pade¬ cen los équidos en el estómago é intestinos y manifes¬ tándose en ellas síntomas de cólicos, se han inventado diferentes clasificaciones de tales padecimientos, sin haber una exenta de serias refutaciones. Pero no creáis que me refiero solamente á lo manifestado por nuestros consocios en la Memoria, discursos y demás escritos que aquí se han leído sobre el tema base del debate. Los autores antiguos, contemporáneos y modernos se¬ ñalan en general diversos criterios respecto á clasifi¬ caciones. Y es lógico que así suceda ; en el afán de inventar, de adelantar y perfeccionar todos los que es¬ criben, ven, observan siempre cosas nuevas, algo que tratan de inculcar á los demás, aparte de lo improce- — 290 — dente que obra como nueva sería dar á la imprenta una que fuera copia ó transcrito exacto de las demás. Por eso en la última obra, como en el último discurso, va siempre la refutación, rectificación ó modificación de algo de la anterior. Bien clarament-e se lia demostrado esto en el debate. Reconociendo, como antes expuse, el mérito grande de cada uno de los trabajos aquí presentados por los señores Alcalá, Aragón, Molina,Estrada y García Bermejo, se aprecia fácilmente con .la lectura de tan importantes documentos alguna diversidad de criterio' en cuanto á clasificaciones se refiere. En ellos resplan' dece, como recordaréis, con una nobleza y un juicio critico exactamente expuesto, la doctrina más admiti¬ da de los autores contemporáneos, y la sublimidad, la descripción minuciosa y rica en detalles de los más modernos. Asi se dice gastri¬ explica que mientras por unos se tis aguda y crónica á las afecciones inflamatorias del estómago, se adicione por otros los diversos tipos y formas que puede revestir, por ejemplo, si es catarral, flegmonosa, hemorrágica y tóxica. Que á la indigestión estomacal aguda ó crónica se designe por otras afec¬ ciones parésicas, leve ó grave; que á la enteritis y bajo el nombre de afecciones inflamatorias se le señalen los tipos de aguda (leve y grave), crónica, mucomembra- nosa, microbiana, con sus formas (catarral, disentéri¬ ca, hemorrágica) cocidiósica, diarreica y tóxica, deter¬ minando cólicos más ó menos diversos unos de otros. I — 291 — Aun cuando las clasificaciones de las afecciones del aparato digestivo que producen ó pueden determinar cólicos las limitamos en general al estómago é intes¬ tinos y las consideramos de un valor y una importan¬ cia grandísima, para formar cuando el caso llega un buen diagnóstico, un razonado pronóstico y un trata¬ miento científico racional, lógico, adecuado á la altera¬ ción que se trata de combatir, estamos muy distantes de pensar que en la generalidad de los casos y por la generalidad de los Profesores pueda determinarse con precisión y exactitud la naturaleza, tipo, forma y sitio de la dolencia que se trata de combatir. Es dificilísimo si no imposible, al lado de un animal enfermo que se echa y revuelca, vuelve á echarse y levantarse sin cesar, escarba, se mira al ijar, orina y excrementa, que tiene la respiración agitada, la piel fría y á veces cubierta de sudor, determinar qué en¬ fermedad padece, cuando estos síntomas son en gene¬ ral (ó pueden ser) lo mismo de las afecciones parésicas del estómago que del estado inflamatorio de sus mem¬ branas en sus formas catarral, ñegmonosa, etc., etc., que de las afecciones hiperhémicas, parésicas é infla¬ matorias de los intestinos, con las variaciones que el origen y forma diversa de estas alteraciones pueden determinar. Por eso, inclinándonos en esta sociedad al reformis- mo, en la necesidad de adoptar una idea, alguna regla sobre clasificaciones de los cólicos en los équidos, no obstante las dificultades que para determinarlas se a02 — limitándome á las enfermedades de los oírece, os diré, órganos contenidos en el vientre que determinan do¬ lores y los demás síntomas de las alteraciones que sin realmente serlo convenimos en llamar cólicos, que de¬ ben referirse á dos series ó grupos. El primero lo enfermedades del es¬ referimos á las tómago; en determinan la gastritis esta viscera se aguda ó crónica, la indigestión gástrica aguda ó cró¬ nica, la dilatación y rupturas de sus paredes, úlceras y otras alteraciones menos fáciles de apreciar, consti¬ tuyendo en conjunto las afecciones inflamatorias, pa- résicas, mecánicotraumáticas, por cuerpos extraños, consecutivas, neoplásticas y parasitarias, con las manifestaciones de dolor cólico más ó menos agudo que á cada una según su tipo y estado de desarrollo co¬ rresponde. En el segundo grupo, ó sea las enfermedades de los intestinos, se comprende la congestión intestinal, la indigestión aguda y crónica, la enteritis, la dilatación y estrechamiento, desgarradura, rotura, invagina¬ ción, oclusión, estrangulación, vólvulo y otras alte¬ raciones menos fáciles de apreciar, constituyendo en conjunto las afecciones hiperhémicas, paré sicas, in¬ flamatorias, mecánicotraumdticas, neoplásticas, pa¬ rasitarias, consecutivas y por cuerpos extraños, con las manifestaciones de dolor cólico más ó menos grave y agudo que en cada uno de los casos, y según la ma¬ yor intensidad del padecimiento, llegan á desarrollarse. Hago caso omiso de otras afecciones que padecen 293 — los équidos en el aparato digestivo, por no creerla propia de este lugar ni dentro del tema. Y pensando como vosotros, inclinándome como todos os inclináis en esta sociedad al réformisme... que lleva en pos de sí las ideas del progreso, del perfeccionamiento y ele¬ vación á la mayor altura de la ciencia médica veteri¬ naria, aplaudo vuestros trabajos y me considero or¬ gulloso recomendándoos desde este elevado puesto que sin desatender nada de lo antiguo y bueno que po¬ seemos, respecto de las clasificaciones de los cólicos, os fijéis con interés en el estudio y aplicación de las modernas, seguro de que las dificultades que ellas ofrezcan, en lo que sea posible, las resolverán la cons- tancia, el estudio en el libro, el estudio en la clínica y sobre el cádaver. •; jib¬ TRATAMIENTO DE LOS CÓLICOS He llegado á la conclusión quinta, ó sea la última ias cinco en que he resumido mi discurso sobre la me- ' moria, discursos y escritos de los ilustres comprofeso¬ res que han tomado parte en el debate sobre los cóli¬ cos. Aun cuando todas tienen interés y relativa impor¬ tancia, ninguna lo tiene en el alto grado que la de que me ocupo. Con efecto, se trata de la parte de la cien¬ cia médica que tiene por objeto la curación ó alivio de la enfermedad; se trata de la terapéutica especial de los cólicos, que da reglas y enseña el tratamiento de cada serie ó grupo de ellos en particular. 26 — 29á — Para llenar el tratamiento de los cólicos, se sirve el Profesor de agentes terapéuticos 6 remedios que pue¬ den ser de tres clases: los agentes y excitantes funcio¬ nales que estudia la higiene, los medicamentos que es¬ tudia la farmacologia y las maniobras quirúrgicas ú operaciones que enséñala cirugía. Decimos que se trata ó combate un cólico cuando empleamos contra él lo que la ciencia prescribe y según que preserva, cura ó palia llamamos preservativo, curativo ó paliativo ; pero no debemos emplear ningún medicamento que no sea capaz de producir en el organismo un efecto fisiológi¬ co á fin de que, con el resultado de todos los que se ad¬ ministren, se obtenga la curación de la enfermedad, ó sea el efecto ó efectos terapéuticos. Antes de expresar de mis ideas sobre el tratamiento los cólicos breve¬ permitidme recordar, siquiera sea mente y de un modo general, alguna explicación de cómo se producen. La acción digestiva, sea cual fuere la doctrina fisiológica admitida para explicarla, de¬ pende de la acción reciproca del aparato digestivo y los alimentos; si alguno de éstos se modifica ó cambia sus condiciones normales, perturba la función, de lo que resultan los cólicos é indigestiones. Por eso los producen los muchos alimentos, por hallarse éstos mal masticados, si son de mala calidad, proceda esto de lo que quiera, y cuando se cambia de un modo brusco su naturaleza, como de verdes á secos y viceversa. Por parte del estómago el estado de debilidad en que pueda encontrarse, su inflamación, la poca actividad de sus — 295 — jugos, el trabajo excesivo después de un gran pienso, el agua en circunstancias análogas ó estando el estó¬ mago en estado de vacuidad, cuando es muy fría y de mala calidad, asi como toda circunstancia ó motivo que produzca un enfriamiento durante el período de la digestión. Expuestas las precedentes consideraciones, voy á ocuparme de hecho del tratamiento de los cólicos. Em¬ pezaré por decir que tanto los autores antiguos como los modernos, que las escuelas médicas sin distinción, que las doctrinas de Hipócrates, de Hanneman, que cuantos han escrito algo sobre la materia, como asi¬ mismo el vulgo, ó sea las personas que por razones de su cargo ó como dueños intervienen en el cuidado del ganado equino, bóvido y demás, no hay seguramente uno que no sepa, que no posea algún específico, algún remedio más ó menos científico y casero que aplicar para combatir tal enfermedad. Me bastaría para de¬ mostrarlo citar cualquier autor; pero es más breve con que os recuerde los notables tratamientos que con su ilustración nos han expuesto aquí los señores Alcalá, Aragón, Estrada, Molina y el insigne mantenedor del método dosimétrico Sr. García Bermejo. No he de hacer observación alguna sobre ellos, como no la haría sobre ninguno de los múltiples que sobre los cólicos se han expuesto. Todos tienen su razón de ser, todos se fundamentan en observaciones propias y en aquellas que han considerado buenas de las susten¬ tadas por los demás. En el conjunto de tantos trata- — 296 — mientos como existen y se nada han conocido, no hay superfluo ni que haya dejado de servir en su época. Lo que ocurre es que siendo el progreso incesante y una de las leyes primordiales de la humanidad, cada día se descubren nuevos horizontes, nuevos métodos, nuevos medicamentos, que aumentan y mejoran el caudal de la terapéutica y con ello el tratamiento de los cólicos y de todas las enfermedades. el tratamiento Sólo así se explican las diferencias en de los cólicos desde los albeítares Domingo Royo, García Conde, Cabero, los Veterinarios Vitet, Huzard, Vatel, Risueño, Roche y Sanson, Raynard, Delvart, Delafont, Laffose, Bouley, Llorente, Trasbot, Butel, Brusasco, Codar, Zundel, Friedberger, Frohoner y tantos otros que se han ocupado del padecimiento á que nos referimos. No es lógico pensar que tantos auto¬ res, que tantos hombres eminentes como la mayoría de los que dejo enunciados hayan dejado de exponer en el que recomiendan lo que han estimado mejor y de más prácticos resultados. Lo que ocurre,lo que sucede realmente es que tan¬ tos cólicos como aparecen clasificados con más ó me¬ nos propiedad y tantos tratamientos como para com¬ batirlos se recomiendan, crean una dificultad insupe¬ rable, lo mismo para formar undiagnóstico exacto que para elegir el más adecuado tratamiento. Y se ten drá la más cabal idea de que sucede ó puede ser así si tenemos en cuenta el afán inmoderado de hacer apli¬ cación de medicamentos no siempre bien acreditados, s- ÏX / - ■j¡ I s I i * — 297 — t. iíi\ de composición y principios químicos muy diversos y que suelen resultar contrarios entre sí, de administrar dosis mayores ó menores que las reclamadas por los enfermos, así como la anómala, la fatal coincidencia que ocurre en algunas ocasiones de haber tenido esca¬ sa ó limitada clínica autores que escriben mucho, ó el extremo opuesto, poseer y haber tenido numerosa clínica autores que escriben poco, cuando, rigurosa¬ mente hablando, para saber algo y poder demostrarlo hacen falta los dos elementos: mucha y buena ciencia y mucha y buena práctica. Perdonad que os moleste con estas digresiones naci¬ das de mi observación y experiencia. Yo no puedo sino recomendar, como lo hago con todo interés, los tratamientos establecidos para los cólicos por todos los autores, y principalmente los que con su palabra y escritos nos han demostrado su ilustración sobre el asunto en esta Academia. El del Sr. Alcalá, porque á más de sus ideas modernísimas nos ha recordado las de autores tan respetables como Bolinger, Frohoner, Buller, Luzuriaga, Roll, Pacoloy Aeguineta, Paquet, Roawen, Hileary, Pinneo, Rigot, Prerlez, Bouley y Cornevin, acentuando su tratamiento en los calmantes, purgantes y en las inyecciones traqueales é hipodér- micas. El del Sr. Aragón, porque además de mostrarse par¬ tidario de las ideas y tratamientos sobre los cólicos en la actualidad, se funda en hechos experimentales, en los resultados prácticos y provechosos que ha obtenido — 298 — con los elementos y medios preconizados en otras épo¬ cas y tiempos, como los baños generales, las sangrías, los emolientes y calmantes, siendo de apreciar y con¬ siderar en alto grado la entereza, la fe, el entusiasmo y decisión con que los recomienda, fundado en los bue¬ nos resultados que por su aplicación ha conseguido. El del Sr. Molina, porque respondiendo á la brillante y modernísima clasificación que de los cólicos y demás enfermedades del aparato digestivo nos hizo, establece un tratamiento especial para cada caso, cuya labor re¬ vela un profundo trabajo y estudio de la materia, dig¬ no de aplauso por todos conceptos. Para demostrarlo recordaré que señala tratamiento especial para las gastritis aguda, catarral y crónica. Para la indigestión estomacal, congestión intestinal, indigestión intestinal gaseosa, indigestión intestinal por sobrecarga, enteri¬ tis aguda y crónica, enteritis mucomembranosa, coci- diósica, diarreica, disentérica y tóxica. Como agentes terapéuticos prescribe los conocidos con más aceptación desde los tiempos antiguos hasta los más recomendados por el espíritu investigador y modernísimo de la época presente. Así, por ejemplo, indica para cada caso un tratamiento especial, y para los cólicos en general las enemas, fricciones secas ó con alcohol, vinagre, sinapizadas, paseo, sangrías, in¬ yecciones hipodérmicas, traqueales, venosas, con el sulfato de eserina á dosis de 5 á 8 centigramos, las de pilocarpina (de 10 á 20), la estricnina, el clorhidrato de morfina, el cloruro de bario, la irrigación rectal, la punción intestinal, los brebajes de manzanilla laudani¬ zados, el éter sulfúrico, la electroterapia, los anticóli¬ cos de Riesco, Narbona, Canalda, y, por último, los g-ránulos y lentículas del método dosiraétrico. Aparte de la importancia que tiene un tratamiento tan detallado y minucioso para tantos y tan diversos padecimientos como sufren los équidos en los órganos del aparato digestivo; aparte del estudio que revela haber efectuado el Sr. Molina, resulta además un hecho de suma trascendencia, y es que cuanto aconseja y propone, ya para los cólicos en particular, cuanto de un modo general, lo hace no sólo apoyándose en lo que han escrito autores nacionales y extranjeros de reco¬ nocido crédito científico, sino también en la observa- vación y experimentación clínica propia; pues aunque el Sr. Molina no ejerce en la actualidad, se dedicó con verdadero espíritu de observación, durante más de quince años, á experimentos clínicos y ensayos com¬ parativos de medicamentos antiguos y modernos. El del Sr. Estrada tiene también y hay que recono¬ cerle un mérito indiscutible. Dejando á un lado su mo¬ destia, que le enaltece mucho, hay que reconocer, entre otras buenas cualidades, su laboriosidad y ser excelente clínico. Pues bien ; con una sinceridad y fran¬ queza poco común, se declara partidario del trata¬ miento antiguo, diciendo que no sólo es el que consti¬ tuye la rutina en la práctica y le considera el mejor, por venirlo usando en su larga práctica y numerosa clientela con gran éxito, sino porque de ensayos y es- — 300 — tudios comparativos que ha hecho con otros modernos muy recomendados ha obtenido con el suyo mayores ventajas y mejores resultados. Para su tratamiento recomienda los estimulantes di¬ fusivos de la manza¬ plantas aromáticas, entre otras, nilla con aguardiente, el láudano de Sydenham, el sulfato de sosa en grandes cantidades, en soluciones concentradas, el abrigo, friegas, enemas, etc., etc., concluyendo por hacer algunas observaciones á lo expuesto por el Sr. Alcalá sobre el empleo de los alca¬ loides. Después de los tratamientos ya enunciados, expuso también el suyo Veterinario Sr. García el aventajado Bermejo. La circunstancia de referirse y estar empa¬ pado todo él en la doctrina, ó, méjor dicho, método do- simétrico, hace que os lo recomiende con el mayor interés para su ensayo y estudio, sobre todo cuando el que de ordinario empleáis no os diera resultados. En Medicina no se ha dicho ni se dirá jamás la última pa¬ labra, del mismo modo que en los tratamientos para los cólicos, á pesar de ser tan varios y numerosos, no pueda afirmarse que no se descubran con el tiempo nuevos igualen y aun aventajen á los elementos que que estimamos hoy lo mejor. Además, está muy reco¬ mendado por hombres tan eminentes, como el Doctor Bourgrave, Valledor, Rynd, Brood, Pravaz, Chan- teaud, Levi, Jacotin y otros ilustres Veterinarios como Espejo, Molina y Bermejo que lo han empleado con éxito. Otro tratamiento hay para los cólicos, debido á una escuela ó sistema médico que no se ha mencionado aquí, pero que desde tiempo inmemorial viene empleán¬ dose en la práctica de la Medicina del hombre y de una manera limitida en los équidos. Me refiero á la doctrina anhemaniana ó sea la homeopatía. Todos recordaréis los célebres Doctores, que después de ser y ejercer la alopatía, se han dedicado á la homeopatía, así en la época antigua como en los tiempos presentes. Pues bien, en Veterinaria también recordamos haber suce¬ dido lo propio á D. Miguel Marzo, Veterinario que fué de las Reales Caballerizas, y á D. Manuel Pardo, que ejerció muchos años la Veterinaria en Madrid. El pri¬ mero hizo además la traducción de una obra de medi¬ cina veterinaria homeopática. Tienen los partidarios de esta escuela sus clasifica¬ ciones de los cólicos, y entre otras recordaremos una que los divide en estomacales, hepáticos, nefríticos, uterinos, espasmódicos, por estrangulación ó miserere, hemorroidales y verminosos. En sus tratamientos re¬ comiendan la camomila ó manzanilla, la pulsatilla, la belladona, el acónito, nuez vómica, coloquíntida, el carbón vegetal, el azufre y el arsénico. No somos partidarios de esta escuela; pero la idea de su persistencia, el observar que no le faltan prosé¬ litos á pesar de tantos años como subsiste, nos hace creer que en algo se fundan sus partidarios para sos¬ tenerla; y como de la terapéutica no debemos desechar ningún agente, ningún cuerpo medicamentoso que sir- — 302 — va para llenar una indicación, de aquí que hayamos creído conveniente evocar este recuerdo. Y voy á entrar de lleno en la parte más espinosa de mi discurso-resumen, en el terreno más accidentado. Después de lo mucho é importante que de la manera imperfecta que habéis observado os he referido acerca de la brillante memoria y discursos que aquí nos han ex¬ puesto los ilustres comprofesores señores Alcalá, Ara¬ gón, Molina, Estrada y García Bermejo, no queda nada que decir. El campo está agotado; de la escuela anti¬ gua y de la escuela moderna se ha dicho todo lo mejorj Sólo el deber me obliga á manifestar algo, siquiera sea repetición de lo dicho, y desde luego, inferior, de me¬ nos importancia, lo que todos sabéis. que Bajo la denominación de cólicos en general se han comprendido infinitas enfermedades de las que pade¬ cen los équidos en el aparato digestivo y cavidad abdo¬ minal, dando lugar á establecer una serie tan amplia, detallada y minuciosa de alteraciones en dichos órga¬ nos, que yo os lo aseguro con toda ingenuidad: aliado de un enfermo que padeciese lo que hemos convenido en llamar cólico, me vería confuso para diagnosticar en la mayoría de los casos cuál era el órgano afectado y cuál la naturaleza de la afección. Por eso no tengo inconveniente en afirmar que tan¬ tas clasificaciones sobre las enfermedades que padecen los animales en dichos órganos, que tantos tratamien¬ tos para ellas, que yo admiro y me entusiasman como al mayor apasionado, que revelan un profundo y su- — 303 — blime estudio digno de todo nuestro aplauso, que serán en lo porvenir base segura del tratamiento científico para combatir la enfermedad, no dan hoy en muchos casos los resultados apetecibles que pueden dar y que darán seguramente más adelante cuando nos sean bien conocidas. Por estas razones, sin rechazar ni combatir esas cla¬ sificaciones de cólicos y tratamientos, porque no es ló¬ gico marchar á oscuras ni ir contra el progreso, que es la ley constante de la humanidad, os recomiendo el estudio, el trabajo en el gabinete clínico y sobre el ca¬ dáver en cuantas ocasiones se presenten, para que las clasificaciones modernas y los tratamientos modernos, que son el adelanto, la perfección y la luz, no nos cau¬ senvacilación y dudas. Y entretanto que llegamos á connaturalizarnos con ellos es preciso toda nuestra cir¬ cunspección y emplear de nuestro repertorio, de nues¬ tros medios ya comprobados y conocidos todo aquello que en cada caso nos dé resultados y nos dicte nuestra razón y nuestra ciencia, en la convicción profunda y seguridad más perfecta que los agentes y elementos modernos no son en ningún caso contrarios á los otros sino medios nuevos, descubiertos más recientemente, que vienen á aumentar el caudal y la riqueza terapéu¬ tica que poseemos. Con lo expuesto hasta aquí os dejo comprender mis simpatías hacia las clasificaciones modernas que sobre las enfermedades del aparato digestivo en los équidos se han publicado más recientemento, y á la vez por los — 304 — tratamientos que en prescriben analogía con ellas se para combatirlas. Pero como son tan numerosas y va¬ riadas, y varios y numerosos los tratamientos que se establecen para combatir tales dolencias bajo el nom¬ bre de cólicos en general, haré alguna selección de unas y otros (clasificaciones y tratamientos) para que, limitando su número, ofrezca menos dificultades el diagnóstico al Profesor y le sea más fácil también es¬ tablecer el tratamiento^ aquellos casos sobre todo en tan alarmantes y violentos que quitan la vida en pocas horas al enfermo sin darnos siquiera cuenta de tan fu¬ nesto resultado, y que solamente un ojo clínico pers¬ picaz podrá aclarar, ya buscando antecedentes exac¬ tos ó bien practicando la autopsia en el cadáver. En tal concepto prescindo "ocuparme de las clasifica¬ ciones hechas sobre las enfermedades de la boca, glándulas salivares, faringe, esófago, diafragma, peri¬ toneo, bazo y páncreas, pues, aun cuando están com¬ prendidas en las del aparato digestivo, no determinan la generalidad de ellas cólicos en la forma que aquí conviene estudiarlos. Descartada ya esta impedimenta, para hacer más comprensible lo que se refiere á cólicos en general, nos limitamos puramente á las afecciones del estómago, de los intestinos, del hígado, de los riñones y de la veji¬ ga cistitis en las cuales se presentan de la orina ó sea ó pueden manifestarse síntomas de cólicos más ó menos graves y violentos. En la dificultad grande de exponer un tratamiento A- / / — 305 — f ■/ tíf?- ■ adecuado para cada una de las formas de cólicos que los animales presentan en el estómago é intestinos, deseando al mismo tiempo simplificar cuanto sea po¬ sible el tratamiento, creo muy conveniente agrupar en ellas las que expresaba antes, porque aun cuando difieren entre sí no lo es tanto en el tratamiento Ocioso considero manifestar, dirigiéndome á Profe¬ sores tan ilustrados y competentes como vosotros, que así como antes expuse el excelente concepto que me merecían los tratamientos propuestos para los cólicos por los señores Alcalá, Aragón, Molina, Estrada y ■ García Bermejo, del mismo modo estimo aceptable el que cada uno y todos sigáis en vuestra practica, por¬ que para los cólicos, ya lo dije antes, no sólo tienen su tratamiento predilecto cada uno y todos los científicos, sino hasta los profanos ó empíricos. En este concepto estimad el que yo voy á proponer rogándoos que lo ensayéis llenos de confianza y sin modificación alguna, no como el único, ni aun siquiera el mejor, sino como el que en mi larga clínica y después de reiteradas mo¬ dificaciones y ensayos, me ha proporcionado de un modo general, los mayores éxitos, los más brillantes resultados. Sentando por base que se halla el Profesor á la pre¬ sencia de un enfermo quien se reflejan los síntomas en de cólico (cuya descripción omito por no ofenderos), debe procurar: lo primero, buena cama con lugar es¬ pacioso, si no lo fuera y se golpea mucho; abrigo mo¬ derado por medio de mantas y evitar toda corriente — 306 — de aire. Seguidamente procederá á la exploración, se que será todo lo minuciosa posible, completándose con los antecedentes que suministren los que cuidan al animal. Formado así el diagnóstico, se establecerá el trata¬ miento, empezando por obtener la reacción en el en¬ fermo con friegas en las extremidades, ijares y re¬ gión lombar, de aguardiente, vinagre ó vino caliente, según los casos y estación, agua sinapismada en las extremidades cuando estén muy frías, lavativas ó ene¬ mas con agua caliente, aceite ó jabón y alguna bebida estimulante con infusión de manzanilla, anís, hierba- luisa, tila, etc., etc. y unas gotas de aguardiente. Si esto, que puede empleai'se en los primeros instan¬ tes para los que aparecen leves no bastara, se admi¬ nistrará una toma de cualquiera de los anticólicos de Riesco, Canalda, Narbona ó Mirabet (yo prrefiero este último) medio frasco en un cuartillo ó medio litro de cocimiento de agua de malva caliente. No debe de¬ jarse el enfermo solo un momento para evitar los gol¬ pes, que se acueste fuera de la cama, debajo del pese¬ bre y sitio que pueda hacerse daño; al efecto, lo tendrá un mozo ó palafrenero del ronzal, dejándole acostarse en el centro de la cama; con frecuencia deben repetir¬ se las lavativas, que serán de agua de malva y aceite y en alguna puede ponerse un estimulante, sal, jabón, etcétera, etc. Hora y media ó dos después (según la intensidad del mal) si no se hubiera calmado el dolor, se administrará í — 807 — la segunda toma restante del anticólico Mirabet y en lugar adecuado, si la temperatura es buena ó muy abrigado ei animal, puede dársele algún ligerísimo pa¬ seo. En todas épocas, pero especialmente en el tiempo frío, convienen los vahos emolientes al vientre, de unos diez minutos cada uno y con intervalo, si el dolor se prolonga, de unas tres horas, debiendo principiarse entre la primera y segunda toma del anticólico. En pocas enfermedades se reclama más la actividad y el empleo de los agentes farmacológicos que en los cólicos; pero en ninguna es necesaria mayor circuns¬ pección en la elección de medios y que éstos se basen en un buen diagnóstico; al mismo tiempo debe tenerse en cuenta no administrar precipitadamente medica¬ mentos que pueden ser contrarios entre sí ó que por su cantidad excesiva ó la del escipiente á que se aso¬ cien puedan aumentar el mal que tratamos de comba¬ tir. En tal concepto, si con la administración de la pri¬ mera toma del anticólico de Mirabet no cede nada el dolor, ni borborigmos, ni hay expulsión de se notan gases, se administrará, en lugar de la segunda y á la hora y media que se dió la primera, la mitad de la fór¬ mula siguiente: R. De láudano de Sydenham 14 gramos. „ tintura de acónito 3 — asociado á un medio litro de agua de malvas caliente. Mézclese. Hora y media después de administrada esta poción. — 308 — si no se hubiese calmado el dolor, se dará en igual forma la restante, 6 sea la segunda parte. En el inter¬ medio de estas tomas deben repetirse las friegas á las extremidades, á los ríñones é ijares, con los medios que antes se expresa;algún paseo y reiteradamente las lavativas y procurará excitar también la emisión de orina, en las hembras por la introducción de unas cer¬ das impregnadas de sal común en la vulva, y en el macho con una fricción del aceite de alacranes en la parte interna del prepucio. A las seis horas de iniciado el cólico, cuando por los medios indicados no hubiere cedido el dolor y se gra¬ dúe que lleva ocho horas sin comer el animal, no tenga éste una edad avanzada, se halle muy demacrado ó convaleciente de alguna enfermedad, se practicará, sin temor yugular de dos á tres alguno, .una sangría en la y medio litros de sangre, según la alzada del animal, cuyo efecto saludable se marcará de las cuatro á las seis horas siguientes en la generalidad de los casos. En el mayor número de cólicos se calma el dolor, que es lo que más interesa, con las dos tomas del anticólico y la primera del láudano y acónito; pero si así no suce¬ diese, se practicará como se indica la sangría que pro¬ duce saludables efectos, porque seguramente el cólico revisté un carácter inflamatorio y nada prueba mejoi en tal estado que los antiflogísticos directos, una vez preparado para ello el tubo intestinal. A las doce ó caforce horas, en los cólicos rebeldes ó de larga duración, ha de haberse conseguido con el tratamiento que dejo expuesto alguna mejoría, que consiste en la disminución del dolor y menor tensión al vientre por haber principiado la expulsión de gases y alguna emisión de orina, hechos sumamente favora¬ bles que denotan hallarse dominado el padecimiento, puesto que la expulsión de excrementos vendrá des¬ pués, auxiliando el tratamiento establecido, y á medi¬ da que ceda el estado inflamatorio, necesario é inelu¬ dible, primitivo ó secundario, en los cólicos de tanta duración. Como auxiliar del tratamiento que dejo manifestado nada nos da mejores resultados para obtener la cura¬ ción completa que los laxantes asociados de algún an¬ tiflogístico indirecto y calmantes en la forma que voy á exponer: pasadas las catorce ó quince horas prime¬ ras del cólico, empleados los medios ya expuestos, se administrará en un cuartillo de cocimiento emoliente malva, zaragatona ó malvavisco, dos cucharadas (co¬ munes) de la fórmula siguiente. R.® de jarabe de acónito 120 gramos. Idem de altea.) * TH Idem ^ de áá 85 gomaj Mézclese adicionando á cada toma de dos á tres gra¬ mos de láudano de Sydenham, según sea el dolor más ó menos fuerte, y repitiéndose la cantidad cada cinco horas. Las lavativas, friegas ó fricciones y algún vaho al vientre deben continuarse pero con menos fre¬ cuencia. — 310 — No es infrecuente que duren algunos cólicos de esta índole (que en espasmódicos é infla¬ rigor son estados matorio del vientre) tres, cuatro, cinco y alguno hemos observado de ocho días, y pasar los tres ó cuatro pri¬ meros sin lograr que hiciese el enfermo deposición al¬ guna; pero en todos estos casos se ha conseguido en las quince horas primeras la expulsión de gases, que ya no se interrumpe, y evacuaciones de orina. Para conseguir y facilitar esta última hemos administrado desde el principio una tercera parte del cocimiento de grama y caña en las botellas del cocimiento emoliente de acónito 3' demás que antes recomendaba. Inútiles, si no perjudiciales, consideramos en las pri¬ meras veinticuatro horas de los cólicos inflamatorios los purgantes, así como pueden ser convenientes en las indigestiones ó estados parésicos del estómago é intes¬ tinos. Pero en todo caso reclaman mucha circunspec¬ ción y siempre serán preferibles los laxantes y salinos á los drásticos Con el tratamiento que propongo se combina y asocia mejor que otro alguno el purgante laxante cuya fórmula es I R.^ de aceite de ricino.. • 360 gramos. Jarabe de altea... 170 id. Mézclese. Se administrará la mitad asociado á medio litro del cocimiento emoliente, pasadas por lo menos veinte ho¬ ras con el dolor sin haber conseguido evacuaciones del — 311 — vientre. Si con la primera toma no se consigue resulta¬ do puede darse la segunda á las veinticuatro horas si¬ guientes. Cuando con lo ya indicado no se obtienen resultados, se empleará contra la paresia y parálisis intestinal especialmente, las inyecciones hipodérmicas de pilocarpina (nitrato) á la dósis de 15 centigramos, y el sulfato de eserina á la de ocho centigramos. Como desinfectantes del tubo intestinal y cuando el padeci¬ miento subsiste treinta y cuarenta horas, empleamos el naftol, el salol, el bicarbonato de sosa con el láuda¬ no ó tintura de opio, en cortas cantidades. En la indigestión intestinal gaseosa, cólico por me- teorización ó timpanitis, es indispensable emplear un tratamiento rápido enérgico, y porque si no cede en las tres ó cuatro horas primeras la muerte suele ser la consecuencia. Lo más indicado en este caso es la medi¬ cación carminativa y la punción intestinal. Para lo primero se administran las bebidas estimulantes de anís y manzanilla con aguardiente como más breve, y si no cede, el amoníaco liquido, 12 gramos en 350 de agua ' fría, y el éter sulfúrico y láudano, 10 gramos de cada* uno de estos medicamentos, asociados á 360 de agua fría, las lavativas, el paseo, baños de agua fría en los ríñones é ijares, sangría si se denota el estado infla¬ matorio de dos y medio á tres litros de sangre, y por último, sin aguardar que sea tarde, la punción intestinal en el ijar derecho con un trócar que no sea de grandes dimensiones, que penetre de doce á catorce centíme¬ tros en lugar de veintidós á veintitrés que tienen, y — 312 — penetran los usados más comúnmente, por el peligro que ofrece la herida en la pared interior de los intesti¬ nos, dando lugar á la salida de líquidos fecales que caen en la cavidad abdominal y producen peritonitis mortales. Los cólicos indican en los équidos de verminosos se un modo menos violento que los referidos hasta aquí, son debidos á la presencia de lombrices en el aparato digestivo, que pueden ser las tenias ó solitarias, ascᬠrides ó lombrices comunes, estrónjilos, oxiuros, trico- céfalos y equinorincos. Los síntomas con que se mani¬ fiesta la existencia de vermes, puede ser la demacra¬ ción, rechinamiento de dientes, picor en las narices y en el ano, piel seca y pelo erizado. La indicación principal que reclaman es la expulsión, para lo cual se emplea, como sabéis, la medicación vermifuga antihelmíntica y la prefiriendo el helécho macho en infusión y purgante, en polvo, el cocimiento de la raíz del granado, el extracto de la misma, la escamonea y el áloes sucotri- no, el santónico en polvo, la coralina en polvo asocia¬ da al ruibarbo, el polvo de las flores de kousso, la ka- mala en polvo y tintura, la corteza de moncena en pol¬ vo, estos últimos son para la tenia principalmente. En los cólicos nefríticos y la cistitis, que es, como sabéis, la inflamación de uno ó de los dos ríñones y la inflamación de las membranas que forman la vejiga de la orina, son tan alarmantes y violentos los dolores cólicos que producen que reclaman el más rápido tra¬ tamiento. Uno de los más poderosos medios que debe « >^Í/ — 313 — emplearse desde el principio es la sangría, el láudano asociado á la tintura de acónito en la forma que expu¬ se antes para el tratamiento de los cólicos en general, las lavativas emolientes, vahos al vientre, paños de agua hirviendo sobre la región lombar y bebidas con el cocimiento de zaragatona, grama y caña. Si con lo expuesto no cedieran podrían emplearse baños gene¬ rales calientes, cuando hubiera posibilidad de hacerlo, y baños generales si la estación lo permite, además el braceo y sondamiento, por más que esto último ofrece grandes dificultades. Para terminar, réstame hablaros de otra serie de cólicos que padecen los équidos, cuyas causas ü ori¬ gen, así como el tratamiento, son diversos á los de que vengo ocupándome hasta aquí; me refiero á los cólicos que reconocen por causa un principio^tóxico, ya sea de origen mineral ó vegetal. Los primeros, ó sea de origen mineral, no dejan de observarse alguna vez en animales que trabajan en establecimientos in¬ dustriales y están expuestos á introducir en la econo¬ mía por absorción ó con las bebidas ó alimentos algu¬ na cantidad de plomo, cobre, mercurio, arsénico y algún otro. Los segundos, ó sea de origen vegetal, re¬ conocen por causa la presencia en el estómago de ciertas plantas venenosas que los animales toman in¬ advertidamente pastando en el campo, ó algunas se - millas de ellas mismas que vienen mezcladas con el pienso, la paja ó heno, de que hacen uso. Dos órdenes de consideraciones reclama el trata- miento de ambos grupos ó series de cólicos : uno res¬ pecto al tubo digestivo para conseguir la expulsión de la materia, cuei-po ó substancia ingerida, y otro para destruir ó neutralizar la absorción que haya habido en la sangre. En pocos casos es más importante que en éste un buen diagnóstico para administrar con energía y prontitud el tratamiento que reclame. Como me diri¬ jo á Profesores tan competentes é ilustrados como vosotros y se trata también, por fortuna, de casos raros frecuentes, omito expresar el tratamien¬ y poco to indicado para cada caso, seguro que vosotros lo habéis de adoptar con todo el acierto é interés que reclama en cuantas ocasiones se os presenten. Por otra parte, que resultaría, ya de hacerlo como corres¬ ponde, largo y pesado este resumen. Aparte de cuanto llevo dicho sobre el tratamiento de los cólicos en general y particular, quedan una porción de cosas á la pericia, á la discreción y buen juicio del Profesor para que él las cumplimente en la forma y manera que sea más fácil de ejecutar. Por ejemplo, las dosis, para el potro, animales chicos y ganado asnal deben ser menores. Por la hora, el sitio y punto donde ocurra el cólico que se trata de com¬ batir puede ó no ser fácil adquirir lo que se recomien¬ da, en cuyo caso debe suplirse con lo más adecuado y aparente; durante el estío puede convenir mejor que una caballeriza estrecha y calurosa, sobre todo en poblaciones rurales, colocar el animal en un esterco¬ lero ó terreno espacioso y blando para precaver las — 315 — roturas tan frecuentes del estómago é intestinos en los cólicos violentos. Los baños generales son asi¬ mismo un recurso poderoso que, cuando la estación lo permita y sea fácil y pronto el acceso á ellos, puede aplicarse. Pero donde es sumamente necesaria toda la aten¬ ción y circunspección del Profesor es en la convale¬ cencia del enfermo. El cólico que dura una hora, dos, tres ó cuatro no necesita el paciente el cuidado, el es¬ mero que reclama aquel en quien se prolonga uno, dos, tres ó cuatro días. En el primer caso puede darse alimento con moderación á las cuatro ó seis horas de haber desaparecido por completo el dolor y demás síntomas que revelen alguna alteración. En el segun¬ do extremo, ó sea aquellos casos en que el dolor y demás síntomas de alteración duraron mucho tiempo, sobrevienen á veces estados febriles de carácter gás¬ trico y otras complicaciones que es necesario atender como el enfermo reclame. Aun sin complicación de ningún género, es preciso el mayor cuidado con todos los que hayan sido de al¬ guna duración é importancia, porque habiendo ocu¬ rrido en el estómago é intestinos cuando no en ambas partes el asiento ú origen del padecimiento, es lógico suponerlos con poca aptitud para recibir alimentos y bebidas, ya en gran cantidad, ya excesivamente nu¬ tritivos, duros y coriáceos; así, pues, el alimento más conveniente para la convalecencia en estos casos será al principio la escarola, gachuelas con salvado, ó adi- — 316 — cionándolas desde el segundo día linaza cocida, alfal¬ fa verde ó seca en cortas cantidades, avena en rama, empajadas con salvado y linaza, henos y, por último, pienso de avena y cebada mezclada. He terminado mi pobre discurso; perdonad, ilustres consocios, si en la parte comentada de los muy elo¬ cuentes y discretos trabajos vuestros bailareis, como seguramente habrá, alguna deficiencia, debida no á mi voluntad y buen deseo sino á la imposibilidad de condensar en el limitado tiempo que el uso concede al discurso resumen la esencia y parte fundamental de las memorias y discursos de tanta importancia como los á que me be referido. En cuánto á la segunda par¬ te, ó sea conclusiones del tema, es obra mía, y como na¬ die, conozco su escaso valer. Escaso valer, ilustres académicos, que se refleja, como habréis observado, en la nobleza y sinceridad con que os anuncio aquellos medicamentos limitados y sencillos que yo empleo en mi clínica con satisfactorio éxito, no obstante el ana¬ tema que notabilidades eminentes fulminan contra al¬ guno de esos medicamentos y la sangría, quién sabe si por haberlos empleado á destiempo, 3m en dosis excesivas, ya englobados con otros que se desnaturali¬ zasen entre si 6 bien que no hicieran los ensayos su¬ ficientes. Sería descortés, nombre de esta sería injusto si en Academia, á quien tanto estimo, á quien tantos bono- res debo, sí en el nombre mío propio no significara desde este elevado sitio el agradecimiento más profun- 317 do que todos sentimos hacia los ilustres Veterinarios señores Alcalá, Aragón, Molina, Estrada y García Ber¬ mejo por las luminosas memorias, discursos y demás trabajos que con tanta brillantez han leído, pronun¬ ciado y sostenido en ella. La clase entera les debe in¬ mensa gratitud. La ciencia tiene en ellos verdaderos campeones que, como tantos otros, la engrandecen y dignifican. Yo les estimulo á que sigan por ese camino, donde hallarán seguramente satisfacción, honores, gloria y recompensa. Al dar por terminada, como verifico en este momen¬ to, la importantísima discusión sobre el tema Cólicos en general, permitidme, ilustres consocios, que evoque un respetuoso recuerdo y dirija un fraternal saludo á los honorables socios de honor, de número y correspon¬ sales de esta Academia, por el servicio inmenso que desde tan respetable asociación, con su elevada jerar¬ quía unos, con [sus escritos y palabra otros, y con su ciencia todos, prestan á la Veterinaria patria.—He dicho. (Repetidos aplausos). :«■ A ••',1 r ACTA DE LA SËM DEL DÍA U DE NOVIEMBRE DE im. (extracto) Presidencia del limo. Sr. D. Simón Sánchez. Abierta la sesión á las ocho y media, el Sr. Presidente invitó al Sr. Molina á dar lectura del trabajo que estaba á la orden del dia. El Sr. Molina dió lectura á una interesante é instructiva memo¬ ria del socio corresponsal D-. Juan Morcillo y Olalla, cuyo trabajo trata de ha sarna de las gallinas, con gran extensión y minuciosi¬ dad y con la competencia que lo mismo en España, que en el ex¬ tranjero se reconoce al ilustrado Inspector de carnes de Játiva. Se acompaña al luminoso trabajo original del Sr. Morcillo, una lámina fotográfica de perfecta ejecución y cuatro grabados de pre¬ paración micrográfica hechos por su autor de un caso notable de dicha enfermedad. Termina la lectura del trabajo que fué celebrada y aplaudida, acordando la Sección manifestar su satisfacción, de oficio, al ilus¬ tre Veterinario autor de la memoria leída. Y no habiendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión á las doce y media de la noche, de todo lo cual certifico. V.° B.» El Presidente, El Seci-etario general, Simón Sánchez. Eusebio Molina. SARNA DE LAS GALLINAS POR D. JUAN MOECILLO OLALLA Socio corresponsal y protectoi" de la Sección. MEMORIA LEÍDA POR EL SECRETARIO GENERAL Es muy poco frecuente que el Veterinario sea llama¬ do ó consultado para tratar las enfermedades de los pequeños animales, en particular de las gallinas, sien¬ do lo más general, que se confíe este cuidado al empi¬ rismo, que emplea para curarlas remedios casero ó vulgares, que suelen fracasar y cuando no consiguen su objeto lo más probable es abandonarlos ó sacrificar¬ los. De aquí que el Veterinario no se cuide mucho de esta parte de su ciencia, descuido que influye muy po¬ derosamente eii que los estados morbosos ó anormales de estos animales no se atiendan ni se estudien con la debida escrupulosidad que debía hacerse y que la patología que á ellos se refiere se halle en un estado de atraso lamentable del que por muchas razones, dificil- mente, saldrá. Contribuye mticho á este abandono de parte del médico zoológico, el ningún producto que el profesor saca de esto, la creencia general de la socie¬ dad de que nosotros no entendemos de las enfermeda¬ des de estos animales, no dejando de influir muy espe- — 324 —. cialmente, el escaso valor que generalmente suelen tener esos individuos cuya pérdida no afecta la for¬ tuna de ningún criador. Pero no creemos estas razones de suficiente fuerza para que el asunto se mire con tan graciai indiferencia, porque las gallinas y los pavos ¿no constituyen un ramo importante de riqueza nacional? Indudablemente que sí: el producto de huevos que dan es de mucha consideración y su carne es de la más precisa á la hu¬ manidad, siendo ambos alimentos indispensables para el hombre y que producen un rendimiento de muchos millones anuales. Animales tan útiles para la socie¬ dad, bien merecen que se tenga con ellos cuidados es¬ merados, no sólo en su cría con objeto de mejorar sus razas y que sean mejores y más productivas, sino aten¬ der á sus enfermedades con solícito cuidado para pre¬ servarlas más especialmente de las de carácter conta¬ gioso, que pueden mermar considerablemente su nú¬ mero, ya perjudicar la salud pública, transmitiéndose al hombre por el uso de sus carnes como alimento. Por todo esto deben estar bajo el dominio de la ciencia Ve¬ terinaria y, en particular, del Veterinario sanitario, que está al cuidado de la higiene pública, que no per¬ mitirá que se expenda esta carne en malas condiciones de salubridad y lleguen á perturbar la salud del con¬ sumidor. Que el estudio de las enfermedades de las gallinas y animales pequeños no es productivo para el Veterina¬ rio, lo sabe todo el profesorado, demostrándolo muy claramente el caso que voy á relatar del que no he sacado otra cosa que trabajo, deterioro de la vista y haber gastado algunas pesetas. Sin embargo, el Vete¬ rinario en su calidad de Médico zoológico tiene el ine¬ ludible deber de conocer todas las enfermedades de los animales domésticos, porque á ello le obliga el estudio de su compleja carrera de la Medicina comparada que ejerce. Al Veterinario le es de sumo interés conocer las ga¬ llináceas bajo los múltiples puntos de vista que debe estudiarlas y tienen aplicación como son: el zootécni¬ co, patológico, broniatológico, con el relativo á la po¬ licía sanitaria y muy especialmente con el que tiene para la higiene pública. Pero basta de preámbulo y entremos á relatar lisa y llanamente en este trabajo lo que hemos observado, que si en ello existe algún error, que indudablemente lo habrá, téngase en cuenta que mi principal objeto es llamar la atención de mis comprofesores sobre la sarna de las gallinas, estudiada poco en España y que con sus detenidas observaciones consignen con exactitud lo que es y el peligro que puede ofrecer para la salud pública. HISTORIA La sarna de las gallináceas es indudable que es tan antigua como la del hombre y seguramente existiría desde que aparecieron ó al poco tiempo de aparecer estos animales sobre la tierra, como uno de tantos pro- — 326 — cesos patológicos que podía esta especie padecer. Pero el atraso de la Medicina de los animales domésticos en la primer época, el ocuparse entonces más bien de las enfermedades de los grandes animales que de los pe¬ queños, hizo que no se fijaran los primeros hipiatras ni después los albéitares en esta dolencia de las galli¬ nas, que si la Afieron, la consideraron de escasa impor¬ tancia, tal vez teniendo en cuenta el poco valor de estos animales. De aquí que ningún autor de la anti¬ güedad menciona la sarna de las gallinas y sólo cuan¬ do la Veterinaria salió del reducido círculo en que giraba, ampliando sus estudios, limitados por muchos siglos al conocimiento de las enfermedades de los so¬ lípedos, se extendió á la observación de los procesos patológicos de los demás animales bajo la denomina¬ ción de Medicina Veterinaria comparada, hoy Medici¬ na zoológica, desde cuya época vemos dedicarse á eminentes Veterinarios al estudio de la patología en toda su extensión y en todas las especies domésticas que son útiles á la sociedad. Parece que la sarna de las gallináceas era propia de los países cálidos y meridionales, á los que estaba limi¬ tada en un principio, siendo ignorada y desconocida en los del Norte y en particular en Europa, que nada se sabía de esta enfermedad, que posteriormente se transmitió de los primeros á los segundos. Las primeras nociones exactas que tenemos sobre la sarna de las gallinas son debidas á los célebres y sabios Veterinarios Reynal y Lanquetin, que la estudiaron — 327 — detenidamente en el primer tercio de este siglo. En España se han ocupado de esta enfermedad; D. Nicolás Casas, en la traducción que en 1872 hizo de, la Patolo¬ gía y terapéutica de F. M. Roll; D.Eugenio Fernández é Isasmendi, en el Tratado de patología especial y te¬ rapéutica Veterinaria que publicó en 1884; D. B. Ara¬ gó, Tratado completo de las enfermedades de los ani¬ males domésticos y aves de corral, publicado en 1884, y D. Pedro Martínez de Anguiano en su Memoria sobre la sarna, que dió á luz en 1884. En estas obras españo¬ las vemos consignado cuanto dijeron Reynal y Lanque- tin en sus observaciones experimentales y prácticas, sin que podamos decir que los autores españoles se de¬ dicasen á hacer por sí un estudio concienzudo de esta enfermedad. Desde hace mucho tiempo venía llamando mi aten¬ ción esta enfermedad de las gallináceas que la -veia propagarse y estenderse de un modo rápido y progre¬ sivo en este país, puesto que cada día el número de animales atacados era más considerable, y á este mer¬ cado concurrían cada día más gallinas y pavos de los pueblos inmediatos invadidos de este padecimiento, cuya dolencia yo no podía clasiflcar con exactitud. En las expendedurías que en este mercado existen de carne de gallina, casi toda la que se vendía era pro¬ cedente de gallinas sarnosas, lo que no debe extrañar, porque-lüs negociantes en esta clase de'carne compra¬ ban los animales enfermos á más bajo precio que los buenos ó sanos y la venta les proporcionaba más utili- — 328 — clad. Varias veces les había prevenido á los expende¬ dores que no compraran gallinas Amputas sucias, cpmo ellos las llamaban; sinembargo, mi mandato era des¬ atendido por el interés que tenían de ganar más en su mercancía, lo que me obligó á dar parte á la autoridad del abuso que se cometía, que como suele suceder en la generalidad de poblaciones, si bien me prometían poner remedia á tal desmán, después se relegaba al olvido, como ocurre cuando de asuntos sanitarios y de higiene pública se trata. Por otra parte, si bien la enfermedad era de aspecto repugnante á la vista y adoptando una rigurosa higie¬ ne no se debía permitir la venta de la carne, yo no me había podido dedicar á estudiar ó investigar lo que la enfermedad era en realidad, ni menos se me había ocurrido patología que tengo, hojear las pocas obras de y no lo había hecho atendiendo á lo poco que suelen ocuparse de las enfermedades de las aves de corral. Esta incertidumbre mja sobre la índole de la enfer¬ medad, me detenía en insistir en la prohibición de que se vendiera esta clase de carne por temor de dar un paso en vago que me colocara en una situación di¬ fícil de la que no pudiera salir, siendo así que no podía apoyar la prohibición con hechos experimentales y positivos. Hoy se ven ya en las expendedurías muy pocas ga¬ llinas sarnosas,debido á mi insistencia de que no se vendan, y sólo de tarde en tarde se presenta alguna con la enfermedad en su periodo inicial. — 329 — Sí, había recogido algún dato vaiedero de la enfer¬ medad, y entre ellos uno muy esencial, y era que la generalidad de los que criaban gallinac estaban con¬ formes, que cuando en un corral donde las que existían estaban sanas se tiraba la una con enfeíMedad, al poco tiempo las primeras, ó que gozaban de buena salud, adquirían el mal, dándome esto á conocer què se tra- taba de una enfermedad contagiosa ó transmisible. //S' i- ' ' Esto aumentó mi curiosidad y me decidió á averiguar, A y . no sólo lo que era la enfermedad, nueva para mí enton¬ Î I f;- • ces, sino qué elemento contenía que era el agente transmisor y que tan rápidamenta comunicaba el mal. i \ MI TRABAJO El día 6 de Enero de 1897, estando en el mercado de gallinas, vi un pollo de ocho meses de edad que pade¬ cía la enfermedad, era un caso algo notable, el mal se encontraba en su segundo período; lo, compré, corté las patas é inutilicé la carne, á pesar deque la dolencia estaba limitada á las extremidades y nada se le obser¬ vaba en el resto del organismo, ni menos notamos al¬ teración alguna en los tejidos en la detenida autopsia cadavérica que practicamos. Pero estaba decidido á salir de dudas, si podía, y al efecto, emprendí mi tra¬ bajo. Lo primero que hice fué hacer fotografiar las dos patas del pollo para no desfigurarlas y que saliera una copia exacta de su estado, en razón á que después tenía — 330 — que estropearlas parapracticar operaciones y hacer preparaciones que debía someter al examen microscó¬ pico para estudiar la enfermedad en todos sus detalles, lo que hubiera hecho que la fotografía no hubiera sido completa y tal-como debía aparecer. Empezé por cortar un tubérculo ó protuberancia de las que tenían las patas y puse una porción en mace- ración en agua común, otra en una disolución de agua y ácido acético, partes iguales, pero como dichos tu¬ bérculos eran sumamente duros, era preciso reblande¬ cerlos para poder hacer las preparaciones trasparen¬ tes y verlas distintamente al microscopio, fué preciso que estuvieran cuatro días en maceración, y aun esto no fué suficiente, la sustancia del tubérculo no se había ablandado lo bastante, pero no teniendo paciencia para esperar más tiempo me decidí á hacer preparaciones, que desde luego me dieron á conocer que necesitaban más maceración para poderlas poner en disposición de de examinarlas con alguna claridad en el microscopio. Tengo que advertir, que sibien tenía á mi disposición dos microscopios, el uno, que pertenece al Municipio, es tan inferior y de tan escasa potencia, que ni aún me sirve para el uso del matadero, por lo que con él rae hubiera sido imposible descubrir nada; me valí de otro de mi propiedad, Nachet, que si no bueno del todo, lo puse á un aumento de unas setecientas ampliaciones, con cuya potencia las preparaciones ya se podían ver con más claridad, mejor y con más detalles. Todo esto me presentaba obstáculos de gran entidad para mi, — 331 — porque falto de medios adecuados para esta clase de trabajos, sin inteligencia ni instrucción y sin auxiliares que me ayudasen, sólo mi constancia me podía con¬ ducir á aclarar lo que en aquellas preparaciones exis¬ tía. Día tras día y con un trabajo constante y asiduo me llevé una semana ó más mirando la multitud de prepa¬ raciones hechas, (más de ciento), y siempre tropezaba con el inconveniente, de que las preparaciones no tenían la transpariencia debida, por lo que no era po¬ sible ver nada que me satisfaciera. Después de tanto tiempo me encontraba como al principio á pesar de haber variado las preparaciones y adicionarles la gli- cerina, la disolución del bálsamo de Judea preparada con la esencia de trementina: sin embargo de presen¬ tarse algo más claras, lo que aparecía al microscopio no satisfacin ni mi curiosidad ni mi deseo. Estuve á punto de abandonarlo todo y desistir de mi empeño, pero parecía que una fuerza de atracción me llevaba al microscopio y continué en mi laborioso trabajo. Adopté otro medio, todos los días sucesivos, antes de colocar una preparación al microscopio la humede¬ cía nuevamente con agua, agua y ácido acético, glice- rina ó la disolución de bálsamo de Judea; esto hacia que aquella fueran disgregándose al mismo tiempo que tomaba más transpariencia; otras veces con el mate¬ rial de una preparación formaba dos ó tres las que des¬ pués se veían con más detalles. Por fin el día 23 de Enero en una de las preparado- — 332 — aes noté distintamente un parásito, un sarcopte, que me sirvió de guia en lo sucesivo para encontrarlos con facilidad: desde aquel momento, en las preparaciones que antes no había visto ninguno ya se veían muy cla¬ ramente, y si las hacía nuevas pronto aparecían sin gé¬ nero alguno de duda; no había ninguna de las primeras que no tuviera sarcoptes; en muchas podía determinar los parásitos que contenían á pesar de hallarse algo cubiertos por el estroma que componía la preparación. No me podía caber duda alguna, que este parásito constituía la causa específica de la enfermedad, y á él consagré toda mi atención y trabajo. Pero si bien ya lo tenía visto, me faltaba algo más, aislarlo y colocarlo en disposición de el entendido dibujante y pintor que D. Juan Furió. lo pudiera copiar detalladamente, con la exactitud posible, como así lo ha hecho. Para esto tuve que arreglar diez ó doce preparaciones distintas, que son las que se han utilizado como modelo, para formar la lámina que presento al profesorado. Lo que he tenido que trabajar para aislar los sarcop¬ tes y arreglar las preparaciones, sería ocioso indicarlo detalladamente en este lugar, baste decir, que este tra¬ bajo lo he llevado á cabo careciendo de medios conve¬ nientes que me lo facilitaran y sin instrucción necesa¬ ria para seguir un método de los que en los laborato¬ rios micrográficos se adoptan y hacen sencilla esta operación. Cuando ya tuve descubierto el parásito estuve otra vez á punto de abandonar mi empresa, pues siempre 333 me parecía que por la cara y las manos me corrían y hormigueaban los sarcoptes, y francamente, llegué á tomar aprensión y sólo pensaba en sí podría transmi¬ tírseme el sarcopte y contagiarme, lo que me obligó á adoptar algunas precauciones. Esta es la sucinta historia de mis trabajos por espa¬ cio de cerca de dos meses, que no los consigno, porque crea que tengan importancia, pero que me ha parecido oportuno incluirlos en este lugar por vía de introduc¬ ción á este articulo que escribo. No sé que otro Veterinario español se haya ocupado de este trabajo, si lo supiera dejaría de escribir de este asunto; porque si bien los señores Isasmendi y Angula- no describen en sus obras la de las sarna gallináceas, lo que dicen, hace referencia y se halla consignado en la patología de F. M. Roll, traducida por Casas, y de aquí ha tomado indudablemente D. B- Aragó lo que ex • pone en su obra de patología sobre dicha enfermedad. No podemos decir que estos ilustres autores se hayan detenido á estudiar la sarna de las gallinas de un modo práctico y esperimental, al juzgar lo que en sus libros se lee, sin que podamos decir lo mismo de Reynal y Lanquetin, que fueron los primeros que estudiaron la enfermedad que nos ocupa. Sin embargo, si me equivoco y existe ó ha existido algún Veterinario español que haya hecho trabajos micrográficos sobre la sarna, de muy buen grado retiro mi anterior afirmación — 331 — SINTOMATOLOGÍA No se halla muy conforme el cuadro sintomatológico que traen los Veterinarios que tratan y han escrito de la sarna de las gallinas con el que nosotros hemos ob¬ servado constantemente en los seis ó siete años que venimos fijándonos en esta enfermedad. He aquí por lo que nos vemos en la necesidad de exponer el de Roll y después el que nosotros hemos visto para de este modo establecer las diferencias esenciales que, en nuestro concepto, existen entre ambos, y cuyas diferencias nos llevaron á clasificar la enfermedad con el nombre de lepra de las gallináceas. Es indudable que la sarna de las gallinas es una en¬ fermedad opinión de todos los que han parasitaria, en visto y estudiado esta dolencia y en la de los que ni la han visto ni estudiado y que no han hecho más que refe¬ rirse en sus obras á lo que dijeron Reynal y Lanque- tin, que invade varias regiones del cuerpo de las ga¬ llináceas, especialmente el órgano cutáneo, pero que yo siempre la he visto limitada á las patas de dichos animales é invadiendo desde las uñas á la región tar- siana. Aparece en las gallinas, pavos, y, según he oído de¬ cir, en los canarios. Roll.—"-En las gallináceas cuya cabesa está atacada de esta afección se nota primero en la base de la cres¬ ta, todavía sana en lo demás, manchas blancas y líneas — 335 — colocadas en 33 ó zig-zag, ó en círculos. Estas man¬ chas y estas líneas están cubiertas de escamas epidér¬ micas blancas, debajo de las cuales está la piel engrue¬ sada y obscura. De catorce días á un mes lo más tarde se engruesa la base de la cresta. Las alteraciones que acaban de indicarse se extienden; los animales sacuden la cabeza con frecuencia; debajo délas costras epitéli- cas, que continúan engruesándose y que se renuevan con rapidez cuando se las desprende, se notan peque¬ ñas nudosidades de un rojo pardo. Después las plumas de alrededor de la cresta y del pico pierden su brillo y se ponen pálidas; su extremidad libre se encorva; 'finalmente, las plumas se arrollan y desaparecen en capas gruesas de las películas que se han producido alrededor del origen de la parte cilindrica de la pluma. La cabeza de los animales parece entonces desprovista de plumas; la cresta está parduzca, rugosa; su superfi¬ cie mamelonada, cubierta de manchas blancas pareci¬ das al salvado; su base es ancha; se forman costras en la parte superior del cuello y debajo del pico. principia la enfermedad por las „En otras gallinas patas: los primeros fenómenos que se encuentran ú observan es la aparición de películas parecidas al sal¬ vado en las partes origen de los dedos; es¬ laterales y tas películas insensiblemente y ponen se engruesan amarillentas. Durante cierto tiempo, un mes á lo más, en los que los animales conservan el apetito y alegría, las escamas que cubren las patas son separadas por la formación de costras en su cara interna, adquieren — 33G — poco á poco una disposición horizontal. Caen las plu¬ mas inmediatas ó son cubiertas por las costras; éstas existen en el origen de los dedos ó encima de esta pun¬ ta, y á veces á lo largo del metatarso; tienen el grueso de un centímetro y presentan un color gris ó negro parduzco. Cuando se desarrollan estas costras en la parte inferior de las patas la piel se resquebraja y so¬ brevienen modificaciones en la dirección de las patas. Debajo de las costras y en sus capas profundas se en¬ cuentra el sarcopto mutans, sus huevos y sus restos. „A veces se extiende la enfermedad desde la cabeza á las partes superiores del cuello y desde estas partes hacia el pecho. El primer síntoma de la extensión de este desorden es el erizamiento y caída de las plumas en las partes que acaban de invadidas.„ ser Con muy corta diferencia, la siritomatologla que in¬ dican los demás Veterinarios es idéntica áhi que deja¬ mos expuesta de Roll, y hasta la suponemos tomada en gran parte de este célebre y sabio Veterinario que condensa la suya en un cuadro más reducido sin omi¬ tir nada. Mi cuadro sintomatológíco.— Pocos días pasan sin que veamos gallinas ó pavos con sarna, bien en el mercado donde se venden estos animales en vivo, ya en las expendedurías despacha esta clase de en que se carne ó en casas particulares adonde vamos á visitar caballos enfermos y nos encontramos en los corrales con gallinas atacadas de la enfermedad. De esta larga observación hemos formulado nuestro cuadro sinto- f 337 matológico, práctico, porque está tomado á la vista de los animales enfermos, sin consultar para ello ningún libro Como enfermedad local, no se anuncia por síntomas prodrómicos que nos pudieran revelar la aparición de un estado morboso más ó menos lejano; menos se aper¬ ciben los dueños de los animales de la enfermedad que sólo conocen cuando la dolencia lleva muchos días de existencia. Esto depende de que no se perturba ninguna función esencial á la vida, aun estando la sarna muy adelantada en su desarrollo, por lo que las gallinas no pierden su buen aspecto exterior ni el apetito. Ni el gallo sarnoso deja de ejercer sus funciones genitales, ni la gallina pierde la postura de huevos, que efectúa con la misma regularidad que en el mejor estado de salud. Como nosotros siempre hemos observado la sarna en las patas de las gallináceas y no en ningún otro punto del cuerpo de los animales, á esta región enfer¬ ma concretaremos la sintomatología. La sarna de las gallináceas pasa casi siempre des- íipercibida para los dueños de los animales, sobre todo en su primer período; nosotros hemos entrado en co¬ rrales en los que todas las gallinas que había estaban sarnosas y los interesados no habían notado la enfer¬ medad, que sólo cuando se la indicábamos se fijaban en ella, lo que nada tiene de extraño, si atendemos á que los animales atacados, en la apariencia, disfrutan de buena salud. Esto hace, además, que el Veterinario — 338 — no pueda estudiar esta dolencia ,'desde elprincipio de su aparición, como tampoco puede ver su terminación, en razón á que jamás se dejan los animales sarnosos que lleguen á ella, antes que lleguen á este término ó los venden ó los sacrifican. Generalmente empieza la enfermedad por las peque¬ ñas conchas de la región interdigital del animal, que desde un principio se las nota erizadas y como des¬ prendidas inferior, separándose de su di¬ por su parte rección y tomándola algo oblicua, la perpendicular parte enferma está tumefacta y voluminosa cubriéndo¬ se de un polvo ó películas finas y furfuráceas que caen con facilidad y se reproduce con rapidez. La enferme¬ dad está en esta región metatar- época limitada á la siana, sin extenderse en cerca de un mes al resto de la pata, que se conserva ilesa. Este primer indicio de la enfermedad es en las más de las veces suficiente para diagnosticar con entera seguridad la sarna, que sucesivamente se le ve pro¬ gresar y propagarse á las partes superiores. El levan¬ tamiento de las conchas es debido á una sustancia amarillenta que el sarcopte deposita debajo de ellas, resultando que á medida que aumenta esta materia la escama se separa más y más de su posición perpendi¬ cular y se pone horizontal. Este estado que podemos calificar como el primer período de la enfermedad, si bien parece que los ani¬ males experimentan algo de picazón, por lo que se ve, que de vez en cuando encojen rápidamente las patas — 339 — y suelen darse algunas picotadas en la parte enferma para mitigar la picazón é incomodidad que les ocasio¬ nan. los parásitos, en cambio en el resto del organis¬ mo no se observa modificación alguna funcional; tanto es así, que los animalesíenfermos conservan su alegría, su apetito, no pierden carne y Ja cresta y barbilleras tienen su color encarnado como en el estado normal. En este estado puede permanecer por un mes ó más y sólo cuando una nueva colonia de sarcoptes invaden las conchas inmediatas es cuando adquiere más ex¬ tensión. Pero andando el tiempo la alteración va extendién¬ dose progresivamente á toda la extremidad hasta el tarso, haciéndose la invasión de abajo á la parte supe¬ rior. Los tejidos tumefactados toman más volúmen, que siempre está en relación con la antigüedad del mal. En esta época, la región enferma adquiere un aspecto feo y repugnante á consecuencia de las nudosidades ó tubérculos que se han formado, cuyo tamaño es va¬ riable y que en el pavo los hemos visto alcanzar el de una nuez regular; estos tubérculos tienen la superficie escabrosa y presentan un color pardo terroso, en los cuales se notan las conchas engruesadas, deslustradas y no pocas veces fundidas con el demás material que constituye la pretuberancia tuberculosa. En este estado de la enfermedad, la marcha es algo dificultosa y no tan libre como en el normal, bien sea debido esto á la tirantez que producen los tejidos tu¬ mefactados, ya á que el animal experimenta algo de — 340 — dolor al efectuar los movimientos. Sin embargo, en estesegundo período de la enfermedad, el estado ge¬ neral aun es satisfactorio, el apetito es bueno, á pesar de que los enfermos pierden algo de carne, y sólo al¬ gunas veces se ve la región enferma sanguinolenta á consecuencia de que los animales se han picado ó ras¬ cado. Mas luego, en lo que podemos llamar tercer periodo de la enfermedad, cuando el parásito ha invadido 'toda la porción desnudada de pluma de la extremidad y se aloja desde las uñas á la región tarsiana, los tubércu¬ los aumentan considerablemente de volumen, las uñas y des¬ el espolón se deslustran, se ponen rugosas y se prende de su superficie un polvo furfuráceo y blan¬ quecino que se reproduce con rapidez. Las extremi¬ dades adquieren una dirección'viciosa y tortuosa, los tubérculos se desprenden al más ligero rozamiento ó caen espontáneamente como vetustos cementerios, llevando entre sus ruinas los despojos de los sarcop¬ tes que han perecido. En esta época, cuando la enfer¬ medad se encuentra en un período tan avanzado, la marcha es muy difícil, en la generalidad de casos, trabajosa y pierde el apetito y el animal dolorosa; se enflaquece notablemente; tanto la cresta como las barbilleras se decoloran, tomando un tinte pálido-plo- mizo, se atrofian y flácidas; si observa¬ quedan muy mos la piel, presenta un color terroso y las plumas caen con suma facilidad; puede decirse que existe una verdadera caquexia. En algunos casos, los menos numerosos, sólo apare¬ ce la tumefacción de las extremidades y el erizamien- to de las conchas, que empezando en la región inter¬ digital ó metatarsiana se extiende hasta la tarsiana; entonces de debajo de las conchas se desprende un polvo amarillento, tal residuos de los parásitos, vez por lo que no se forman tubérculos ó son poco volu¬ minosos. Parece que en estos casos el mal no acusa tanta gravedad y se cura más fácilmente. La duración de la sarna no tiene término bien deter¬ minado; así, que puede asignársele el de cuatro á seis meses; pero muy pocas veces, y se puede decir con seguridad que nunca, se deja que la enfermedad sar¬ nosa de las gallinas y los pavos llegue á su ultima¬ tum y mueran á consecuencia de ella, porque, gene¬ ralmente, cuando los criadores se aperciben del mal, ó las sacrifican para comérselas, más bien las llevan á los mercados de alguna importancia á venderlas, no faltando quien las compre; lo uno, por desconocer la enfermedad, y lo otro, que, aun cuando noten el esta¬ do repugnante que presentan las patas, el vendedor cuida de persuadir al comprador diciéndole que aque¬ llo es debido á la humedad y el estiércol de los corrales y no es cosa de cuidado ni perjudica; esto unido á que las compran baratas y á más bajo precio que las bue¬ nas hace que se vendan pronto; además, los traficantes en esta clase de animales y expendedores de carne buscan estas gallinas sarnosas para que les resulte más productivo su negocio. — 342 — Esta enfermedad siempre invade las dos patas al mismo tiempo; nunca hemos visto ningún caso que la dolencia se limitase á una sola. Tampoco creemos que influye en su desarrollo nin¬ guna disposición especial orgánica por lo que el sar- copto invade indistintamente á todas las gallinas de un corral. Siempre hemos visto la sarna limitada á las patas sin que jamás hayamos encontrado la enfermedad en la cresta, pico, cuello ni otro punto del cuerpo. Nunca he observado la sarna del cuerpo ó sarna despluman¬ te, cuyo parásito es el sarcopte lavis de Railliet. La sarna es una enfermedad que tiene su asiento en el órgano especies zoológicas y cutáneo en todas las en reproducen las diferentes varie¬ el cual viven y se dades que se conocen de acarianos-ó sarcoptos. Sin embargo, la que aquí ataca á las gallináceas y he ob¬ servado, constantemente, se limita á las patas exclu¬ sivamente, punto desprovisto de pluma, sucediendo que cuando el parásito llega á la región tarsiana en¬ cuentra una barrera infranqueable que el sarcopte mutans no puede atravesar; así vemos inflnidad de casos en los sitios cubiertos por las plumas ya los que no los invade el parásito y parece como que gozan de cierta inmunidad que los hace refractarios á la infec¬ ción parasitaria. Los Veterinarios que se de han ocupado de la sarna lasgallináceas creen que la infección empieza por la cabeza de los animales y de esta región se propaga á — 843 — diferentes partes del cuerpo, especialmente al cuello y pecho, siendo las patas casi siempre las últimas en ser atacadas. ¿Qué razón existe para que en este país la in¬ vasión es constantemente por las extremidades de las cuales no pasa aun en un período muy adelantado de la enfermedad? ¿Por qué aquí no he visto en los cen¬ tenares de casos observados ni uno sólo en el que se notase el mal en el resto del órgano cutáneo? De las diferentes y múltiples autopsias que he practicado, en ninguna he encontrado lesión alguna en las visceras interiores que tuviese relación con la sarna como lo han notado otros Veterinarios. Esta misma mañana en que escribo estas líneas (18 de Julio de 1897), en el re¬ conocimiento practicado en la Plaza-Mercado, he en¬ contrado en la expendeduría de carne de gallina de José Jiménez una sacrificada en la madrugada para la venta pública padecía la sarna en un período que muy adelantado del mal, y á pesar de haberla exami¬ nado detenidamente, no sólo no tenía alteración ni vestigios de la dolencia en la cresta, pico y barbille- ras, sino que se hallaba en un estado completo de carnes y bien engrasada, sin observarse lesión al¬ guna de la piel ni órganos internos; si se hubieran cor¬ tado las patas de esta gallina, ni aun el más inteligente hubiera conocido que padecía la sarna, ni menos hu¬ biera prohibido su venta permitiendo que se expendie¬ se como carne de primera calidad. Yo presentaría en la actualidad un buen número de gallinas y algunos pavos, en que la sarna está limitada — 344 — á las señal alguna de la enfermedad patas y no tienen en ningún otro punto del cuerpo. ¿Dependerá esto de la raza, el clima, la constitución atmosférica caliente y húmeda que generalmente reina en este país? No po¬ demos asegurarlo con certeza. Esta diferencia que se observa entre la sarna descri¬ ta por todos los autores quede esta enfermedad se han ocupado y la que con tanta frecuencia yo veo, me hizo clasificar, en un principio la enfermedad como lepra tuberculosa de las gallináceas; pero una observación de un amigo y distinguido profesor, en la que me decía que la sarna es producida por los acáridos y la lepra la constituye un microbio, me hizo variar mi primer diagnóstico, fundada esta variación en que, en lo que yo calificaba como lepra se encontraba el sarcopte tnu- tans. Sin embargo, á juzgar por-la forma que afecta y lo repugnante que aparece á nuestra vista, creo que muy bien podía llamársele lepra tuberculosa de las ga¬ llináceas, siempre que la enfermedad se halle limitada á las patas y no invada otras regiones del cuerpo. DIAGNÓSTICO Ninguna dificultad ofrece el establecer el diagnóstico de la sarna que invade las patas de las gallináceas; la tumefacción de la región enferma, el erizamiento y va¬ riación en la dirección de las conchas, los tubérculos que se forman, el polvo furfuráceo que.se desprende y los picotazos que se da el animal para librarse ó miti- gar la incomodidad que le produce el trabajo de los pa¬ rásitos, son caracteres que nos la dan á conocer sin ningún género de duda; además, se confirma más el diagnóstico al ver que en la enfermedad se transmite á las demás gallinas que viven en un mismo corral con las enfermas; si aún existiera duda, no hay más que recurrir al reconocimiento microscópico, y la presen¬ cia del sarcopte mutans ratificará de un modo positivo nuestro juicio. El profesor que una vez vea la sarna de las patas de las gallináceas, es seguro que no la confundirá con otra y podrá formar el diagnóstico á primer golpe de vista. CAUSAS QUE DESARROLLAN LA SARNA EN LAS GALLINAS Es indudable y sin ningún género de duda, que la causa esencial, inmediata y específica de esta en¬ fermedad, es el ácaro, y en especial el sarcopte mutans. Sin la transmisión del parásito de los animales enfer¬ mos á los sanos no puede haber sarna. Las malas con¬ diciones higiénicas en que pueden vivir los animales, la mala disposición de los corrales y gallineros en que habitan las gallinas y los pavos, los cambios atmosfé¬ ricos, el clima, etc., sólo podrán influir en favorecer la propagación de los sarcoptos, pero de ningún modo estas causas por sí, que ni aun podemos considerar como predisponetes, serán capaces y suficientes para — 846 — desarrollar la sarna en las patas de' las gallináceas: Es un hecho irrevocable y bien confirmado por la experiencia, qué si en un corral que existen 30 á 40 ga¬ llinas ó pavos en buen estado de salud, si por imprevi¬ sión ó'igriorancia del dueño que desconoce la enferme¬ dad se tira á ese corral una gallina infestada, sarnosa, no es necesario esperar mucho, á los pocos días empie¬ za á notarse la sarna en las que había buenas. El sar- copto se ha transmitido y la enfermedad se extiende con bastante rapidez. Pero para que la enfermedad aparezca, preciso es que se transmita á una hembra fecundada cuya nueva generación dé lugar á otras sucesivas, bien una pareja, macho y hembra, que por su acoplamiento dén lugar á la propagación de los sar- coptos; un macho sólo ni muchos no pueden transmitir la sarna, como tampoco lo pueden hacer las hembras sin estar previamente fecundadas; sin embargo, sería fácil comunicar la sarna por medio de los huevecillos colocados debajo de la epidermis. Una observación he hecho, y es, que en este país se suelen criar y tener en los corrales juntamente con las gallinas, los patos, gansos, ánades y otras palmípedas, sin que nunca la sarna de las primeras se haya tras¬ mitido á estos últimos animales; yo atribuyo esta in¬ munidad, esta fuerza refactaria de estos organismos á contraer la enfermedad á varias causas; 1.^, á que ca¬ recen sus patas de conchas ó escamas comolas de las gallináceas; 2 ®·, á que las palmípedas no se guarecen durante la noche en los gallineros, donde indudable- — 347 -- mente existe el elemento transmisor, los sarcoptos; y 3.®', la frecuencia con que las palmípedas se bañan. De aquí, que lo que podemos decir con entera seguri¬ dad es que en estos animales no hemos observado hasta el día ningún caso de esta enfermedad. PRONÓSTICO No creo muy difícil el pronóstico de la sarna de las patas de las gallináceas, ni tampoco le asigno una gran importancia aplicándolo á los animales á que concreto este trabajo. Conociendo tan exactamente la causa específica que desarrolla la enfermedad y te¬ niendo el Veterinario á su disposición- un buen núme¬ rode agentes medicinales comprendidos en lo que po¬ demos llamar medicación parasiticida, cuya acción y efectos son bien conocidos y seguros, el pronóstico debe ser favorable, confiando en la facilidad que hoy existe de curar la sarna. Pero como muy pocas veces ó ninguna se llama al Veterinario, como dejo expues¬ to en otro sitio, para que se encargue de establecer un tratamiento racional y científico para curar los animales atacados de esta enfermedad, de aquí que es hasta inconveniente tratar del pronóstico, que nunca se le exige al Veterinario, como sucede con otras en¬ fermedades. De todos modos, el Veterinario formulará el pro¬ nóstico atendiendo á la extensión que ocupe el rnal, á su antigüedad, á las alteraciones que aparezcan en — 348 — los tejidos de las patas y á las generales que presente el organismo. AUTOPSIA, RECONOCIMIENTO CADAVÉRICO De las numerosas autopsias que hemos practicado en gallinas sarnosas sacrificadas por los expendedo¬ res de esta clase de carne, son muy escasas las lesio¬ nes anátomopatológicas que hemos encontrado en los órganos de la cavidad torácica, abdominal y pelviana; sólo cuando la enfermedad está en un período muy adelantado se observa la decoloración, la laxitud y flacura de la carne muscular, la desaparición de la grasa y la que existe se halla fluidificada y presenta un aspecto gelatiniforme; en algunos casos hemos en¬ contrado el hígado infartado, de color lívido y con es¬ casa consistencia. Esto sucede cuando la enfermeducP es muy antigua y los animales están en un estado ca- quéxico. Todas las lesiones se hallan circunscritas á las patas, que esdonde tiene su asiento la enfermedad y vive y se propaga el parásito. Las patas se hallan engruesadas, su superficie es desigual y con abultamientos ó tubérculos más ó menos voluminosos desde el tamaño de un garbanzo hasta el de una nuez regular; son de superficie rugo¬ sa, desigual, como terrosa, duros, deslustrados y en los que se ven las conchas hipertrofiadas ó fundidas con la substancia del tubérculo. Si levantamos con — 350 — el escalpelo una de estas tuberosidades, notamos que están constituidas por una substancia amarillenta, cristalina y resistente, que al desprender el tubérculo parte cae en forma de polvo grosero; si limpiamos las patas de los tubérculos aparecen los tejidos subya- f centes hiperhemiados, muy rubicundos y como si la sangre se hubiera derramado en el parénquima de, aquéllos; el periostio se encuentra engrosado y muy inyectado, estando la. tibia salpicada de costras cal¬ cáreas que le dan la forma de las estalactitas. «Los sarcoptos de las gallináceas penetran también bajo la piel, se introducen en los músculos, llegan á; veces hasta, el abdomen, se enquistan y la cápsula del, tejido conectivo se convierte asiento dé deposiciones: en calcáreas, por las cuales muere el parásito y experi-, menta la,suerte de su quiste.» (Aragó, pág. 158.) Nosotros, jamâs hemos érieontrado esta lesión ni auní en los casos de más cronicidad y aun siendo la infec¬ ción parasitaria bastante intensa. EXAMEN MICROSCÓPICO Muy costoso es para el Veterinario sanitario de un; pueblo practicar esta clase de reconocimientos micro- gráficos, tropieza siempre, con multitud de obstáculos invencibles que quebrantan la voluntad más decidida y fuerte. La escasa potencia de los microscopios que hay en la generalidad de los mataderos, la falta de otros aparatos accesorios, de substancias convenientes — 35Ï — para arreglar las preparaciones conforme las prescrip¬ ciones de la ciencia moderna, la falta de instrucción que tenemos en esta clase de trabajos, sin tener quien nos auxilie en algo, nos hace muy difícil todas las ope¬ raciones que á micrografía se refieren. De aquí que á nosotros nos haya costado muchos días para llegar á conseguir descubrir Ho loo O'oII-ÎmOO y aislar los sarcoptos de la sarna ^5"v ■b - 'it 1^*' de las r-J^ gallinas, que áó otros lo /*ino le T^1ll-\ío««0 hubiera oíHo sido ott «-v* o ■ > • < •'f* ¡l sumament^''^/ fácil, y que para llegar á nuestro objeto sólo empleado los medios que nuestra imaginación nos hemo^o ha sugerido, sin seguir prccedimientos que,se siguen en los laboratorios bien montados, y perfectamente diri-, gidos por Profesores inteligentes j prácticos en mi¬ crografía. He aquí como hemos procedido en nuestro penoso ' trabajo que ha durado varios días. , Divididos los tubérculos en pequeñas fracciones se depositan en recipientes adecuados para su maceración y reblandecimiento, ya en agua común, bien en una disolución de agua y ácido acético (partes iguales) ó en glicerina. Pero es tal la dureza de la substancia amari¬ lla cristalina y de las conchas, que aun despues de diez ó doce días de maceración, no se ha reblandecido lo su¬ ficiente para poderla examinar convenientemente al microscopio, al colocar un pedacito de la substancia macerada, poco más de un cañamón, entre dos crista¬ les porta-objetos para aplastarla, se observa un rechi¬ namiento como si entre los cristales hubiéramos puesto arena, lo que es debido á la sustancia amarilla crista- — 352 — lina; pero la preparación no puede adelgazarse sufi¬ ciente, sale algo gruesa y opaca, por lo que no se pue¬ de ver distintamente lo que contiene. En los días sucesivos, cada vez que se van á mirar las preparaciones al microscopio, conviene antes hu¬ medecerlas con agua, con agua y ácido acético, bien con glicerina ó con el bálsamo de Judea disuelto con la esencia de trementina, esto hace que la substancia que compone la preparación se disgregue ó disuelva más y en su consecuencia sea más transparente, en¬ tonces es cuando vemos en los bordes de las prepara¬ ciones el sarcopte miitans y aparecen más detallados, bien que desprendidos del estroma de aquella han que¬ dado libres, sueltos y aislados; si al día siguiente se re¬ pite la misma operación de humedecer las preparacio¬ nes, éstas aumentan su transparencia y observamos en ellas mayor número de parásitos y claros. Habituados ya á ver los parásitos y más transparen¬ tes las preparaciones, podemos percibirlos á través del estroma y hasta decir con seguridad los que existen en cada cristal, siéndonos entonces más fácil el sacar¬ los paraaislarlos, pero para llegar á conseguir esto y conseguirlo con medios inconvenientes y nada adecua¬ dos, como á mí me sucedía para estos trabajos, es preciso tener una paciencia á toda prueba y una cons¬ tancia que no tenga fin ni se debilite ante los obstácu¬ los que se presenten. Los parásitos que encontramos eran de forma va¬ riable, notándose que las hembras, como las de todos — 353 — los parásitos, son mayores, parecen tortugas, tienen el color obscuro, más redondeadas y en las inmediacio¬ nes donde habitaban existia un número más ó menos considerable de huevecillos y restos perdidos de sar¬ coptes; el macho, de forma oval, es de un tamaño más pequeño, de color más claro, como veremos más ade¬ lante, y con tres pelos largos en la parte posterior y que podemos llamar caudal. Pero lo que más trabajo me ha costado ha sido el sacar los sarcoptes de entre las preparaciones, aislar¬ los y trasladarlos á nuevos cristales, más, cuando á nuestra insuficiencia para practicar estas operaciones se unían los escasos y malos medios con que contaba para esto. Me fué preciso, para conseguir aislar los parásitos, colocar una preparación con sólo un cristal y buscar un parásito en condiciones favorables para separarlo, cuando ya lo hemos tenido enfocado, con un estilete fino hemos ido separando el estroma hasta dejar limpio el sarcopto, conseguido esto, procuraba engancharlo en la punta de la aguja del estilete, y cuando creía tenerlo cogido miraba con un lente de aumento la aguja, en la que se percibía una pequeñísi¬ ma partícula, que inmediatamente trasladaba á un cristal que tenía de antemano preparado con la disolu¬ ción del bálsamo de Judea, lo colocaba, si podía, sobre este.cristal y lo cubría con otro finísimo cubre-objetos. Unas veces la operación me salía bien y había conse¬ guido mi objeto y en el nuevo cristal encontraba el pa¬ rásito, otras veces se estropeaba, no pocas había des- — 354 — aparecido, y en el cristal no encontraba más que restos de la preparación. Este trabajo sólo puede comprender lo penoso y fatigoso que es el que lo haya hecho ó trate de hacerlo, con los medios que yo contaba, el micros¬ copio y un estilete; por este procedimiento pude con¬ seguir sacar unas diez preparaciones, que pudieron servir bien para que el inteligente dibujante. Sr. Furió, sacara las copias que se necesitaban, con exactitud. Para no tener dudas saqué preparaciones de la subs¬ tancia que tenía maceración en agua común, de la en que tenía en la disolución de ácido acético y de la de glicerina; todas me dieron el mismo resultado; en to¬ das aparecían los sarcoptos, los huevecillos y los des¬ pojos de los parásitos extinguidos. Después, por espacio de cuatro tardes, el Sr. Furió y yo estuvimos trabajando aún; yo colocándole las preparaciones en el microscopio y haciéndole cuantas observaciones creía oportunas, bien resolviéndole las dudas que se le presentaban por no hallarse habituado al microscopio. El 26 de Febrero se terminó de sacar la primer copia. LOS GRABADOS Del resultado obtenido de mis investigaciones he formado los grabados que acompaño á este trabajo, siendo parte de fotografía, el resto de dibujo, en el que han intervenido los inteligentes artistas señores Sima- rro y Furió, el primero como fotógrafo y el segundo como dibujante. — 355 — La fotografía de las patas del pollo manifiesta el estado ó período en que se encontraba la enfermedad en la época que el animal fué sacrificado. Los sarcoptos, parásitos encontrados los en tejidos enfermos y en particular en la substancia de los tu- bércúlos, el polvo amarillo cristalino dibujados por el Sr. Furió, teniendo á la vista las preparaciones en el microscopio, representan un macho y una hembra vis¬ tos por la región abdominal con un aumento de 70O Sarcoptes mntans del pollo de Sarcoptes mutans del mismo ocho meses: maeho visto por la re- pollo: hembra vista por la regida gión abdominal. abdominal. (Preparación del Sr. Morcillo y dibujo del Sr. Furió.) á 800 diámetros, en los que hemos podido apreciar los caracteres exteriores más salientes, sin entrar en de¬ talles minuciosos que nos fué difícil hacer, como lo han hecho otros inteligentes micrógrafos. Visto el parásito por la región dorsal se asemeja mucho á una tortuga; tiene el dorso algo ovalado, de color pardo, salpicado de surcos y prolongaciones cutáneas y puntos algo más claros. El macho es más pequeño y ovalado que la hembra, que sobre tener el color más obscuro es ma¬ yor, de forma más redondeada y como aplastada. Casi siempre en las preparaciones los hemos visto de decú¬ bito dorsal. — 356 — Se halla la cabeza como separada del tronco y colo¬ cada entre el torácicas, la cual primer par de patas está armada de dos pin¬ prolongaciones á manera de zas ó tenazas, compuestas de cuatro pares de semiqui- jadas, con costillas iguales en longitud; dos palpos con tres artejos; nos ha parecido que la cabeza es algo re¬ tráctil y el parásito la encoge ó alarga según las im¬ presiones que siente ó las necesidades que tiene; sin duda por esto la hemos visto más saliente y prolongada en unos y más retraída y confundida con el tronco en otros. Los sarcoptes adultos tienen ocho patas, cuatro to¬ rácicas y cuatro abdominales ó ventrales, compuesta cada una de cuatro artejos, en cuyo último existe una garra curva rodeada de tres ó cuatro cerdas ósedillas, saliendo del centro una prolongación tan larga como la pata que termina en una ventosa. Los miembros en¬ cuentran un apoyo resistente en listones quinosos; las patas torácicas en uno común bifurcado por delante, cada una de las demás en el suyo propio, de los cuales los del segundo par son más fuertes y largos que los cuatro listones de las posteriores. Suelen verse cerdas ó sedillas en algunas partes del cuerpo, pero las que constantemente hemos observado, en particular en el macho, son tres en la parte posterior del cuerpo, dos laterales más cortas y una . central más larga. En la hembra las patas parecen más cortas, como rudimen; tarias, y si tienen alguna sedilla es más corta. También se presentan larvas con seis patas, el primero y se — 357 — gundo par con ventosas y el tercero terminando por una larga sedilla. Estos son los caracteres exteriores que nosotros he¬ mos podido apreciar más distintamente en el sarcopte de la sarna de las gallináceas; no era posible que pu- ' 'if \ ; diéramos entrar á hacer un estudio minucioso y deta- f-?"'-vVj., - liado de su organización interior, de sus funciones ,flí?"/ fisiológicas, de sus costumbres, su instinto, su fecundi-'' ' dad, desarrollo, etc. Preparaciones microgrúficas del Sr. Morcillo; dibujo del Sr. Furió. Tampoco me era posible ver cómo se efectuaba la di¬ gestión, la respiración, los actos de reproducción, etc.; sin embargo, ilustrados hombres en la Medicina y la zoología han tenido la habilidad y la paciencia, como Fürstenberg, de ver cómo se verificaba el acoplamien¬ to de los dos sexos y el acto del coito, cómo descen¬ dían los huevecillos desde el oviducto á la cloaca de uno en uno y muy rara vez de dos en dos. En fin, estas 24 — 358 — y otras minuciosidades más ó menos curiosas, el Ve¬ terinario que tenga interés en conocerlas puede con¬ sultar las obras de Fürstenberg, Gervais, Hering, La- treille, Gerlach, Bourguignon, Reynal, Lanquetin, etc. En las dos preparaciones se ven los parásitos, el es- troma, la substancia amarilla cristalina, varios hueve- cilios y restos perdidos de los sarcoptos y los tejidos, presentándose los huevecillos en grupos de tres á siete, algunos sueltos y aislados por la preparación, éstos tienen la forma ovalada, algo obscuros y de color en¬ carnado al extremo opuesto. Por último, preparaciones que las patas del pollo y se han utilizado para formar la lámina las tengo con¬ servadas y á disposición del Profesor que desee exa¬ minarlas, así como también le enseñaría corrales en los que casi todas las gallinas que existen en ellos se hallan invadidas de sarna en diferentes períodos. VITALIDAD DE LOS SARCOPTOS No podemos decir nada positivo por nuestra cuen¬ ta sobre este punto: no me era posible dedicarme á una observación tan detenida, para la que era indis¬ pensable conocimientos especiales, someter el caso á una experimentación rigurosa por muchotiempo y estamos muy lejos de poder hacer esta clase de estu¬ dios: por esto nos limitaremos á referir lo que otros han dicho sobre este asunto. No están muy acordes los Médicos y los Veterina- — 359 — rios sobre la mayor ó menor vitalidad de los sarcop¬ tes, mucho más existiendo tanta variedad de éstos, por¬ que cada especie de animal tiene su sarcopto especial para desarrollar la sarna, de aquí que se le haya asig¬ nado á cada uno un grado de vitalidad muy diferente. Unos dicen que los sarcoptes no tienen gran resis¬ tencia vital, como se observa en los psoroptes y en el mayor número de los demás parásitos; no pueden vivir mucho tiempo fuera de la piel del animal vivo y todavía menos faltándoles la humedad; perecen bajo la influencia del aire seco y de la sequedad y á la tempe¬ ratura de 50° mueren muy pronto. Otros aseguran que la resistencia vital de los sar- coptos puede durar de tres á seis semanas, aun estan¬ do fuera de su habitual residencia; en una atmósfera seca no suelen vivir más de quince días; pero en mu¬ chos casos su muerte es aparente, suelen vivir á favor del calor y la humedad; al ñn de seis ú ocho semanas, las hembras fecundadas resisten á las influencias con¬ trarias á su existencia, circunstancia que favorece la conservación de la especie. El frió á 10° bajo cero no los mata sino al cabo de algunos días. Sumergidos en disoluciones tóxicas, como el arsénico y el sublimado corrosivo, continúan los psoroptes viviendo algunas horas, mientras que las substancias pirogenadas los mata con prontitud. Se dice que los dermatodectos tienen una vitalidad extraordinaria, viven hasta cinco y seis meses lo mis¬ mo en sitios húmedos que en sitios secos. — 360 — Según los experimentos practicados por Gerlach, el género sarcopto es el que tiene menos resistencia vital; una especie expuesta á un calor seco de 40° del termómetro de Reaumur no prolonga su existencia más allá de una hora. Conservado en un cristal de reloj, el sarcopto del caballo perece del quinto al sexto día; levantado con las costras, él puede todavía vivir de ocho á diez días; en una caballeriza habitada, la muerte no sobreviene hasta los doce ó catorce días. Sobre un pedazo de piel cubierta de costras y expues¬ ta al calor, el sarcopto muere después de la deseca¬ ción de la piel, que tiene lugar hacia el noveno día; si ella conserva su humedad, el parásito da todavía dé¬ biles signos de vida el día veinticuatro, ellos han muerto totalmente el día veintiocho. La resistencia vital del dermatodecto sobrepasa la del sarcopto; sustraído á la vida parasitaria, prolonga su existencia de diez á catorce días en una atmósfera seca y de veinte átreinta en una caballeriza. Sumer¬ gido en un estado de muerte aparente se llega todavía con el auxilio del calor y la humedad á revivificarle al cabo de seis á ocho semanas; pero él no recupera ya bastante fuerza para puncionar la piel. La resistencia vital del macho es mayor que la de las hembras; las hembras fecundadas la tienen, bajo este punto de vista, sobre los machos. El más resistente de todos los acarianos es el der- matophago symbioto. Conservado con las costras en un aparato calentado, cae al cabo de diez á doce días — 361 — en un estado de muerte aparente, que al concurso del calor y de la humedad disipa todavía después de catorce días. En primavera y en un departamen calentado no sucumbe hasta cuarenta días y á loí cuenta en una caballeriza. CONTAGIO El contagio de la sarna en todas las especies de ani¬ males está admitido desde la más remota antigüedad, y tal vez se observó desde el momento que se conoció la enfermedad; si bien pero que en un principio el con¬ tagio se atribuía á un virus específico y psórico, cuan¬ do todas las enfermedades se hacían consistir en los cambios ó modificaciones que experimentaban los hu¬ mores del organismo (escuela humorista), después, con el descubrimiento del microscopio, se estudió la sarna de un modo más exacto, viniéndose á confirmar lo que Celso había sospechado, que aclaró más Aven- zoar, á este siguió Pareo y otros que se ocuparon de los aradores, dejando seiítado como un principio posi¬ tivo, que la sarna era una enfermedad puramente para¬ sitaria ocasionada por animalillos de la clase de los arácnidos, orden de los acáridos, familia de los sarcóp- tidos y de los demócidos. La trasmisión de la sarna desde que se conoció su causa específica, se convino que era debida á la emi- — 362 — gración de los acarus de los animales enfermos á los sanos, sin cuya condición no podía haber contagio. La idea de los virus engendrados por el estado patológico quedó completamente olvidada. Pero un estudio detenido y por mucho tiempo conti¬ nuado, vino á probar, que cada especie de animales tenía su acaro especial, haciendo esto variar la inten¬ sidad del contagio, según que los parásitos de una es¬ pecie de animales pasaba á la misma ó á otra distinta. De aquí, que la sarna se propagaba con mayor ó menor facilidad en las diferentes especies de animales, porque los parásitos necesitaban para vivir y repro¬ ducirse de un campo favorable, de un medio en que les fuera propicio, desarrollo. Por esta razón se para su observa, que el acaro del carnero, no podía vivir sino en el ganado lanar, dejando de reproducirse en otra especie distinta; esto mismo sucedía con la generalidad de los ácaros; y, que si bien al pasar de una especie á otra distinta ocasionaban un indicio de sarna, era siempre efímero, pasajero y de corta duración, porque el parásito reproducía y moría, por no encontrar no se terreno apropiado para vivir. Apesar de esto, los que se han ocupado del conta¬ gio déla sarna no están muy acordes en este punto, porque los experimentos que han practicado han dado en varias ocasiones resultados muy opuestos los unos á los otros. Así es, que los diferentes experimentos hechos por Gerlach y Bourguignon han dado á conocer con posi- — 863 — tiva exactitud, que el sarcopto del hombre no vive ni se multiplica en los animales. Pero el sarcopto, el dermatodecto y el dermatophago symbioto pueden vivir simultáneamente sobre un mis¬ mo indinduo. Sick y Gerlach por repetidos experimentos han pro¬ bado el contagio de la sarna del caballo al hombre, y lo mismo dicen Grognier y Hutrel D'Arboval; sin em¬ bargo; Volpi, Monteggia y Leroy no creen en el conta- ' gio de la sarna de una especie á otra. Yo he observado dos veces mi en larga práctica el contagio de la sarna de los solípedos al hombre. En 1852, María García, labradora, viuda y vecina de Montéale- gre, Albacete, tenía una mula vieja sarnosa, que ella misma la cuidaba y curaba; pero á pesar de las preven¬ ciones que yo la había hecho, ella padeció la sarna en las manos y brazos, la que le costó algún tiempo para curarse. En 1856, D. Federico Carsí, tenía en esta ciu¬ dad diez ó doce caballos destinados á conducir el correo de Játiva á Mogente; los caballos se llenaron de sarna y al poco tiempo se contagiaron los dos criados encar¬ gados de cuidarlos y curarlos. Aragó dice, que la sarna sarcóptica se comunica fᬠcilmente del caballo al hombre, y aún al buey y otros animales. La trasmisión déla sarna del caballo al hombre, dice Róll, que ha sido confirmada muchas veces, lo que nada debe estrañarnos, si tenemos en cuenta, que los sarcop- tos del hombre y del caballo son indénticos. — 304 — El sarcopto al ganado vacu¬ del caballo se transmite no y Gerlach por sus experimentos ha probado, que no¬ se transmite al perro, gato y cerdo. La sarna del perro se cree contagiosa para el hom¬ bre, y cuando la contrae recibe el nombre vulgar de sarna perruna, que sienpre cuesta mucho para curarla. Gerlach ha comprobado la transmisión ¿e la sarna del gatoal hombre. Reynal y Lanquetín creen que la sarna de las galli¬ náceas es transmisible al hombre y al caballo, pero Rôll supone dudosa esta transmisión, porque el sarcop¬ te mutans no es fácil continúe viviendo en el hombre ni en el caballo. Yo no de contagio de la puedo citar ni un sólo caso sarna de las animales, ni tam¬ gallináceas á los demás poco al hombre ni al caballo. Los negociantes en ga¬ llinas y los expendedores de esta clase de carne, que con tanta frecuencia tocan y manejan gallinas sarno¬ sas no sé que ninguno de ellos haya adquirido esta en¬ fermedad, y si fuera fácil su transmisión, es indudable,, que tantos años que están ellos y sus familias con ani¬ males enfermos alguno se hubiera contagiado. En muchas casas que tienen gallinas sarnosas, éstas están en contacto con los caballos, se guarecen durante la noche en la caballeriza, en donde se halla instalado el gallinero, y sin embargo, yo no puedo citar un sólo caso de transmisión de la sarna de las gallinas al caba¬ llo ni otros animales. No por eso negaré el contagio rotundamente, por lo que me concreto á exponer mi observación de muchoé años. í TRANSMISIÓN DE LA SARNA Á LAS GALLINAS Conocida la causa específica de la sarna muy fácil es comprender el modo como se transmite la enferme¬ dad de las gallinas enfermas á las sanas. Cuando en un corral existe una ó más gallinas ata¬ cadas de sarna es indudable que los sarcoptos, salienda de sus viviendas habituales, se esparcen sobre el te¬ rreno y demás objetos que existen en el local, que aí transitar por ellos las gallinas buenas se les adhieren y si encuentran condiciones adecuadas para vivir se propagan en su nueva vivienda. Sin esta emigración no puede transmitirse la sarna. Pero en donde se verifica esto con más facilidad y con resultados más positivos y seguros, de un modo- más rápido, es en los gallineros. Durante la noche, que las gallinas se retiran á su vi¬ vienda de descanso, en la que permanecen por espacio de ocho ó diez horas y están sobre las perchas ó palos que en los gallineros se colocan con tal objeto, los pa¬ rásitos salen de las patas de las gallinas sarnosas, y, ó invaden las de las sanas, ó bien quedan esparcidos en los palos, paredes y pavimento, quedando de este modo dichos locales infestados y con condiciones á propósito para transmitir la sarna. Si la transmisión es de machos exclusivamente ó de ^ 366 — hembras sin fecundar, si bien pueden ocasionar una erupción pasajera, no pueden desarrollar la sarna; po¬ drán los sarcoptos vivir por más ó menos tiempo sobre el animal invadido, pero por último mueren; como no hay reproducción el individuo no sale sarnoso. Infestado el gallinero al parásito le es más fácil en las noches sucesivas buscar las gallinas buenas é inva¬ dirlas en un número algo considerable de machos y hembras, alojándose debajo de las conchas de la re¬ que gión interdigital, una vez guarecidas y protegidas por dichas conchas, pueden vivir y reproducirse con entera seguridad afianzando la existencia de la nueva cría. y Por esto vemos, como dejamos indicado ya, que la enfermedad empieza siempre por la región metatar- siana y los dedos, que es el punto que más pronto y * en más continuado contacto se halla con los parásitos, que inmediatamente encuentran en donde albergarse en las gallinas sanas. Esto explica perfectamente el porqué nosotros siempre hayamos visto la sarna en las patas y nunca en la cabeza ni en otros puntos del cuerpo. Cuantas más gallinas sarnosas haya en un gallinero más infestadas se encontrarán las perchas ó palos de descanso y más fácil será la transmisión y más seguro el contagio de la enfermedad. Creo, por lo tanto, que este medio de transmisión que dejo expuesto esindudablemente el más seguro y positivo para que pase la sarna de las gallinas enfer¬ mas á las sanas. » — 367 — Sin embargo, el aire transportando los parásitos á distancias más ó menos largas y de unos corrales á otros puede transmitir la sarna, asi como es fácil su¬ ceda por cuantos efectos hayan estado en contacto con los animales enfermos. También puede suceder que hallándose los galline¬ ros en las mismas caballerizas ó muy próximos á ellas, inmediatos á los conejares y demás departamentos en que habiten los animales, se infesten estos locales y se transmita la sarna al caballo, conejos, etc., como se ha dicho. DESARROLLO DE LA SARNA Y EVOLUCION DEL SARCOPTO No es que tenemos la pretensión de haber llegado á hacer un estudio concienzudo, escrupuloso y detenido de las evoluciones y metamorfosis del sarcopte mutans ni de los demás sarcoptos, de género de vida, pro¬ su pagación, fecundidad, etc.; esto no me ha sido posible hacerlo, no disponía de tiempo para dedicarme á esta clase de investigaciones, careçía de medios adecuados para llevarlos á feliz término,y además no me concep¬ túo con conocimientos convenientes para hacer estos trabajos de micrografía como los tienen los inteligen¬ tes Veterinarios que de este asunto se han ocupado. Así es que sólo relataré lo que creo puede suceder y yo he visto. Una vez alojado el sarcopto en su nueva vivienda. — 368 — en la que taladrando las conchas por su ha penetrado borde inferior y protegido por esta cubierta protectriz que le proporciona una existencia tranquila y segura, lo primero de que se ocupa es de formar una galeria que va á constituir su nueva habitación, en la que, no sólo á vivir, sino también á propagar la especie se dedica. En esta galeria permanece por más ó menos tiempo, durante el cual no se suele observar el menor indicio de la enfermedad sarnosa en las patas de las gallinas. Estas galerías son más ó menos tortuosas y las de las hembras se del distinguen y diferencian de las macho en ser más anchas y que en su terminación existe una especie de replaceta donde deposita sus huevecillos y donde las larvas han de vivir en los pri¬ meros dias de su existencia. En estas galerías y repla¬ zas es donde podemos encontrar con entera seguridad las hembras y los huevecillos. En este principio de la invasión parasitaria en el que el sarcopto sólo se ha ocupado en construir su vivien¬ da parece que segrega la substancia amarilla crista¬ lina, que en lo sucesivo servirá de morada á la nueva prole. Fecundada la hembra y llegada la época oportuna, desposita el albergue que ocupa ó gatería, los hue¬ en vecillos que siempre hemos encontrado en grupos de tres á cinco y siete, cuyo número total no han podido fijar con exactitud los que del estudio de este asunto se han ocupado, porque mientras Gudden ha contado 51, — 369 — otros suponen que sólo pone la hembra del sarcopto de 20 á 24 y Gerlach no ha visto más de 15. Luego de hecha la postura, según Delafond, Bour¬ guignon, Fürstenberg, Gudden y Gerlach, de los diez á los diez y siete días sale la nueva cría que se halla á la mitad de su crecimiento y llegados á la edad adulta. No se ha podido fijar de un modo exacto y positivo en esta ni en las demás evoluciones del parásito, se ha dicho mucho, muy discordes unos observadores de otros, y creo que la mayor parte de lo expuesto es pro¬ blemático y necesita someterse á una experimentación más rigurosa. ¿Mueren los sarcoptos después de la fecundación y postura de los huevecillos? Suponemos que sí, tenien¬ do en cuenta lo que sucede con la generalidad" ó todos los parásitos, sirviéndoles de cementerio la zona en que vivieron y en la cual se hallan sus restos confundi¬ dos con otros restos orgánicos. Se cree por algunos, que la hembra del sarcopto muere después de hecha la postura, pero otros suponen que después de depositar sus huevecillos abandona su vivienda, se fabrica otra nueva donde hace la cuarta muda y perece sin que ponga más huevos, porque la actividad del ovario está extinguida en esta época de la vida. También se dice que un sólo acoplamiento basta para asegurar la fecundidad de la hembra por toda la duración de su vida. Cuando el número de parásitos es muy considerable y han construido muchos promontorios de la sustancia — 370 — amarilla cristalina, la enfermedad ya es bien manifies¬ ta por el erizamiento de las conchas, primero, luego por la aparición de nudosidades ó tubérculos, que van adquiriendo más volumen á medida que la población parasitaria va aumentando y existe la sustancia ama¬ rillenta en más abundancia. Pero esta sustancia ¿es el producto de una secreción del sarcopto ó está formada del escremento de los individuos? Yo no puedo asegu¬ rar una ni otra cosa. Pero lo que es positivo, que en ese detritus se suele encontrar los restos de los parásitos muertos, las cubiertas de los huevecillos bajo la forma de células epitélicas que quedan constituyendo islotes inhabitados. Al hacer los sarcoptos su viaje de emigración, pro¬ ducen, sobre los tejidos que taladra, una excitación más ó menos intensa, que además que incita á los animales á congestión en picarse el sitio enfermo, ocasiona una los tejidos subyacentes, de aquí la autopsia ó que en inspección cadavérica los encontremos inyectados y tumefactos. Cuando la enfermedad ha llegado al más alto grado de desarrollo, que los tubérculos son nume¬ rosos y voluminosos, su dureza, además de producir una grande tensión sobre los tejidos, ocasiona la insen¬ sibilidad en los mismos, observándose la torpeza en los movimientos y el enflaquecimiento del animal. PROFILAXIS A muy poco se reduce la profilaxis de esta enferme- — 371 — dad de las gallinas, porque conociéndose su agente productor, su causa específica, el parasitismo, á impe¬ dir la transmisión de los sarcoptos de los animales en¬ fermos á los sanos se hallan concretados todos los cuidados que deben tenerse. Para evitar la transmisión de esta enfermedad, la mejor y única profilaxis que existe es no echar á un corral con gallinas sanas una que esté sarnosa, ni aun cuando en la apariencia no lo esté; que no proceda de corral infestado ni aun sospechoso; cuidar por todos los medios posibles evitar el contacto mediato ó inme¬ diato de las gallinas sanas con las enfermas; no utilizar ningún objeto que haya servido para los animales en¬ fermos sin que antes no haya sido convenientemente desinfectado. Además se tratará de que, tanto los co¬ rrales como los gallineros, se conserven en buenas condiciones higiénicas. DESINFECCIÓN Cuando un criador de gallinas tiene atacadas de sar¬ na las que posee, sus cuidados deben dirigirse á sa¬ near el corral y el gallinero, poniéndolos en condicio¬ nes de salubridad convenientes para cortar el mal de raíz y no tener más sarna en sus gallinas. Para sanear bien un local, lo primero que debe ha¬ cerse es: deshacerse de las gallinas enfermas, de las sospechosas y hasta de las que parezca que están buenas ó sanas, pero que es muy fácil que contengan — 372 — algún sarcopte. Desalojado el corral de los animales que en él vivíaa, se limpiará bien del estiércol, sacando cuantos enseres haya en él y puedan haber estado en contacto ó servido á las gallinas, porque en todo esto pueden abrigarse los parásitos y transmitir la sarna. Después se cubre todo el suelo con una capa de atocha, paja, ramaje seco, etc. y se le pega fuego, al día si¬ guiente se barre bien el pavimento y la barredura se saca y blanquean las pa¬ tira á distancia del local, se redes con una lechada espesa de cal y se deja sin tirar gallinas al corral. De este modo mueren los parásitos que pueden existir en el local que queda saneado y limpio. Pero adonde más cuidado hay que emplear es en los gallineros que son los más infestados y peligrosos y en los que, como dejo dicho, se verifica la transmi- - sión de la sarna con más facilidad. Se empezará por barrerlos y limpiarlos bien, se qui¬ tarán las perchas 6 palos en los que las gallinas des¬ cansan durante la noche y se quemarán inmediata¬ mente, y lo mismo se hará con cuantos enseres exis¬ tan dentro del gallinero. Hecho lo que antecede, se dejará por dos ó tres días que se ventile bien; después se practicará lamisma operación que se hizo en el corral, extendiendo por el pavimento paja, atocha ó substancia análoga y se le prende fuego, teniendo el gallinero cerrado; al día si¬ guiente se barren las cenizas y se limpian las paredes, dejando que se ventile bien; si en el interior del galli- — 373 — nero hubiera endiduras conviene taparlas y hasta en¬ lucirlo, lo mismo que el piso; se colocan perchas ó palos nuevos y se blanquea el interior con una lecha¬ da de cal. Después de practicado todo esto se deja que se ventile por tres ó cuatro días y ya está en dis¬ posición de que lo habiten las gallinas. Es indudable que para la sarna no existe un desinfectante más se¬ guro y positivo que el fuego, con el que se matan los sarcoptos que constituyen el agente transmisor de la enfermedad. Pero aun quedando saneado completamente un co¬ rral y el gallinero por el procedimiento que dejo indi¬ cado, no sería suficiente si el criador no tiene en lo sucesivo ciertos cuidados: 1.°, que las gallinas y pavos que adquiera nuevamente para poblar su corral sean de procedencia conocida y completamente sanos, sin comprar de corrales sospechosos, y menos enfermos; 2.°, que sostenga una buena higiene en los locales que los animales vivan, limpiando con frecuencia sus ha¬ bitaciones del excremento y blanqueándolas por lo menos cada en cuyo blanqueo no dejará tres meses, de comprender las perchas ó palos que sirven de apo¬ yo á las gallinas durante la noche, y 3.o, estar siem¬ pre á la observación y mirar de vez en cuando las patas de las gallinas, y en cuanto vea el más ligero indicio de la enfermedad en cualquiera de aquéllas separarla del corral. No está demás que una vez al raes diera á las patas de todos los animales, como medio profiláctico ó preservativo, una fricción con — 374 — petróleo ó unbaño de agua sublimada al 4 por 1.000. Si todos los que crían gallinas y pavos observaran con rigurosidad los preceptos higiénicos que dejo con¬ signados, estoy seguro que no sólo disminuiria el nú¬ mero de animales invadidos de sarna, sino que des¬ aparecería completamente la enfermedad que nos ocupa, conociendo como se conoce, la causa que la ocasiona. Por desgracia, los criadores en general no tienen cuidado alguno con estos productivos animales, no se interesan más que en su explotación, no conocen bien la enfermedad que nos ocupa, y aun cuando vean una gallina con lo que ellos llaman sucias no creen esto de importancia, no saben que la enfermedad se pega y cuando menos se piensan tienen todos los ani¬ males de su corral sarnosos. Este abandono de los criadores no sólo merma con¬ siderablemente el producto que estosanimales debía darles, sino que el parásito se multiplica prodigiosa y rápidamente, dando lugar á que la sarna ocupe un área de grande extensión, que no debía ocupar. Con los medios de desinfección que proporiemos, que si imponen al criador algún trabajo no le ocasio¬ nan gastos onerosos y observando una buena higiene, se evitaría mucho; de me¬ las gallináceas disfrutarían jor salud, siendo su rendimiento ma}''or y con éste re¬ compensados los cuidados que los dueños emplearan con estos animales. TRATAMIENTO Como se ha mirado hasta con indiferencia esta en¬ fermedad de las gallinas, nadie se cuida de poner re¬ medio para curarla; sin embargo, algunos criadores, al ver la extensión que tomaba el mal, se les ha ocu¬ rrido, á ojo de buen cubero, como suele decirse, y de un modo empírico, aplicar algunas substancias de ac¬ tividad más ó menos enérgica para matar los parási¬ tos, que generalmente en sus manos no han dado re¬ sultados tan satisfactorios como era de desear. Pero que no podía suceder otra cosa porque, desconociendo los dueños de los animales el verdadero agente pató¬ geno de la enfermedad, en lo que consistía la sarna, no les era posible á estas personas extrañas á la Vete¬ rinaria formular un tratamiento conveniente y cien¬ tífico. Entre los diferentes agentes que se han empleado por los criadores para curar la sarna figura en primer p\petróleo. Este aceite se empezó á aplicar en fomentos al sitio enfei-mo, pero se tropezaba con el grave inconveniente que los animales al poco rato de tener las patas untadas con esta substancia empeza ban á darse picotazos por el malestar que les produ¬ cía, destruyéndose los tubérculos,se cubría la parte enferma de sangre y el daño que resultaba era peor, si se quiere, que la enfermedad. Esto demostraba que la acción del petróleo les pro- — 376 — duda una obligada á picarse picazón incómoda que les y destruirse la parte enferma. Para evitar este incon¬ veniente se varió la manera de aplicarlo y después de bañar las patas de las gallinas sarnosas con el petró¬ leo se cubrían las extremidades con una venda empa¬ pada en este aceite, con lo que se conseguía que si los animales se picaban, si bien destruían la venda, na llegaban á ocasionarse daño alguno en la parte enfer¬ ma Si por medio del petróleo se conseguía alguna cu¬ ración, no daba los resultados satisfactorios que se deseaban; en algunos casos producía este tratamiento una mejoría pasajera, á la que seguía al poco tiempo la reproducción de la enfermedad, tal vez con más in¬ tensidad que antes, lo que demostraba que el petróleo no había muerto todos los parásitos. Hubo que aban¬ donarle y le sustituyeron por el .siguiente: Consistía en introducir las patas de los animales en¬ fermos en agua elevada; con á una temperatura muy esto se desprendían los tubérculos y las conchas que caían, de modo que quedaban los demás tejidos al des¬ cubierto y quemados, por lo que los resultados de este tratamiento aún eran más fatales y desastrosos que los ocasionados por el petróleo; si el agua no tenía una alta temperatura no producía efecto alguno porque no mataba los sarcoptos y la enfermedad quedaba sin cu¬ rar, por tuvieron que relegarlo al olvido. lo que Después se empleó la legia de jaboneros más ó me¬ nos concentrada, que dió resultados dudosos, y en no pocos casos produjo daños de consideración. — 377 — Además se ha usado el aguarrás, el alcohol, el vina¬ gre y otros medios sin resultado beneficioso. También se ha intentado cortar y arrancar los tubérculos y des¬ pués bañar la parte enferma con una disolución con¬ centrada de sulfato cúprico, pero no se ha obtenido tampoco curar la sarna de las gallinas. Estos remedios que no han dado los resultados que los que los han empleado esperaban no es porque ellos en sí no sean convenientes para curar la sarna, sino que el efecto negativo que han producido tal vez sea debido al modo cómo se han aplicado. Pero desde el momento que fué conocida la enferme¬ dad, y particularmente su causa específica, el parasi¬ tismo, se estudió el modo de destruir los sarcoptos, es¬ tableciendo un tratamiento racional y científico. Destruir la vida de los parásitos y al mismo tiempo inutilizar sus gérmenes son las más esenciales indica¬ ciones que el práctico tiene que llenar para conseguir la curación de la de las sarna gallináceas. Estudiar sobre los parásitos la acción tóxica de di¬ versas substancias y elegir de entre ellas el parasiti¬ cida más enérgico y que diera resultados más prontos y positivos fueron las averiguaciones de Hertwig, Reynal, Gerlach y otros, que con sus experimentos pu¬ dieron alcanzar resolver el problema terapéutico de la sarna, formulando la escala que consignamos en el si¬ guiente cuadro, que tomamos de la patología de Roll: — 378 — DURACIÓN DE LA VIDA SUBSTANCIAS EMPLEADAS HORAS MINUTOS Creosota, bencina y nafta » V. á V. Creosota dilatada en agua, 1 por 40 á 80 V» á 2 V. Creosota incorporada á la manteca ó el aceite, 1 por 20 á 40 « V.á9 La tintura de iodo pura 55 1 á2 Tintura de iodo diluida, 1 por 4 57 4 á 6 Solución de cloruro de cal, 1 por 30. >5 ISáSO 2 á 2 V. Solución de potasa cáustica, 1 por 24. r. 5á9 Aguarrás y petróleo J) Aceite 3á4 empirreumático 55 Aceite fosforado 1 55 Ácido acético concentrado 55 1 á 1 V, 2 á 3 V. Ácido acético dilatado, 2 por 2..... 55 Ácido sulfúrico concentrado, 24 7 á 8 por 100 n Ácido sulfúrico, 48 32á35 por 100 }} Solución de sulfuro de potasa, 1 15á30 por 10 55 10 á 20 Cocimiento de tabaco, 1 por 5 55 Jugo de tabaco de las manufac- 'Aá 1 8á 13 15 á 45 Solución de sublimado, 1 por 46— 55 Linimento de sulfuro de potasio, 1 10 á20 por 10 55 7 á 25 Solución arsenical de Tessier 55 16 á65 Líquido arsenical de Mathieu 55 Jabón negro 55 V,ál — 379 — SUBSTANCIAS EMPLEADAS HORAS -MINUTOS Solución acuosa de arsénico, 1 por 6. 2á3 11 Amoníaco líquido 'Aál 11 Pomada mercurial doble. 4 Cocimiento del eléboro negro y del blanco, 1 por 16 3 á 36 Baño de Walz 6 á 48 Cocimiento de beleño ó belladona, 1 por 16 12 á 16 11 Infusión de digital, 1 por 16 24 á 36 11 Poi" el anterior cuadro se desprende que los venenos más enérgicos, como el arsénico y el sublimado corro¬ sivo, no son los parasiticidas mas activos. Sí, debe procurar el práctico al prescribir el trata¬ miento de la sarna elegir los agentes de acción más rᬠpida y segura para matar los parásitos y unir á esto la mayor economía posible. El Profesor puede echar mano de cualquiera de los agentes que quedan indicados para curar la sarna de las gallináceas, habiéndose empleado la pomada de Helmerich (dos partes de azufre sublimado, dos de carbonato de potasa y ocho de manteca), la pomada mercurial, la bencina, unidas al aceite ó la manteca, las soluciones de sublimado corrosivo en alcohol (una parte por veinte). En el mes de Febrero, cuando ya conocíamos prác¬ ticamente la enfermedad y sabíamos su causa produc- — 380 — tora, de raza in¬ tuvimos ocasión de tratar seis gallos glesa y destinados á la pelea, del aficionado Juan Bautista Jimeno, que hacía unos quince días que había observado que estaban invadidos de sarna. Mi idea principal se encaminó ó buscar el medio de matar los parásitos, que ya me eran bien conocidos, y desde luego formulé el tratamiento siguiente: Por la mañana, con un estilete fino se limpiaban las conchas que se encontraban erizadas por causa de abrigarse debajo de ellas los parásitos, se extraía la materia amarillenta que existía, ya limpias se fomen¬ taba la parte enferma con agua fenicada, al 10 por 100, y después con un fino pincel se lavaba la cara interior de las conchas con una dilución de sublimado corrosi¬ vo con alcohol (2 por 100), que en los días sucesivos aumenté progresivamente hasta el 5 por 100, procuran¬ do que esta dilución penetrara todas las partes que se había limpiado con el estilete y se pusiera en contacto con los parásitos. Luego que terminaba la cura se de¬ jaban en un corral bien ventilado, enjuto y que en muchos años antes no había habido gallinas, por la tarde sólo se les pasaba el la dilución de pincel con sublimado y se encerraban en las jaulas que previamen¬ te se habían desinfectado y que durante el día se lim¬ piaban y ventilaban bien. La enfermedad que se en¬ contraba en su segundo período y se estendía desde los dedos hasta la mitad de la región tibial, se sostuvo unos días sin experimentar descenso alguno, pero á los once días de tratamiento se observó que las conchas volvían á tomar su posición normal, adquirían su bri¬ llantez y la región enferma se desinfartaba, aun cuan¬ do muy lentamente. A últimos de Marzo los gallos, no sólo estaban curados y completamente buenos, sino en disposición de reñirlos. No puedo citar más que este caso, por no haber sometido á tratamiento otras galli-/ nas, en cuyo caso hubiera ensayado otros agentes pá^ ^ ; rasiticidas de los aconsejados y comparar sus resttfr" tados. ' Cuando la enfermedad está más adelantada y exisfeft tubérculos, en tal caso el tratamiento puede variar, algo: particularmente se debe preparar la parte en¬ ferma de modo que los medicamentos que empleemos penetren hasta la vivienda de los parásitos y se pon¬ gan en contacto con ellos; para esto conviene que, con un bisturí muy fino, se dedolen por capas hasta donde sea posible y llegando á los tejidos vivos: hecho esto se fomenta la parte enferma y operada con agua fenicada, se pasa por toda la superficie el pincel con la sublimada ú otro medicamento parasi¬ ticida, se envuelve la pata con algodón fenicado y se sujeta con una venda. Por la tarde se repite la curación del mismo modo que se hizo por la mañana, en los días sucesivos si la superficie de los tubérculos se halla en¬ durecida se cortan nuevamente, con objeto de poner al descubierto las galerías en que habita y vive el pa¬ rásito, para que el sublimado corrosivo obre más di¬ rectamente sobre ellos. Si se quiere simplificar la cura¬ ción, después de cortados los tubérculos se puede dar — 382 — un baño compuesto de una parte de potasa cáustica por 50 de bien dar una fricción de aceite de creo¬ agua, sota (una parte de creosota por 25 á 40 de aceite). An¬ tes de proceder á la curación debe limpiarse bien la parte enferma con agua jabonosa. La sarnade las gallináceas puede decirse que es una enfermedad curable y que se cura con facilidad y de un modo seguro, siempre que se adopte un tratamiento conveniente, pero como muy pocas veces, ó ninguna, es llamado el Veterinario para curar esta ni otra enfer¬ medad de las gallinas, no sólo hace que la sarna llegue á un estado crónico, sino lo que es más perjudicial, que invada mayor número de animales por el contagio. Además, los dueños de las gallinas desconocen el mal y están en la persuasión de que no ofrece ningún peli¬ gro, ni estas enfermedades son del dominio déla Vete¬ rinaria: error que con el tiempo desaparecerá, tan luego como.la sociedad comprenda que el Médico zoo¬ tecnista, que el Veterinario entiende de estas enferme¬ dades ó por lo menos, tiene obligación de conocerlas y saberlas curar. ¿DEBE PERMITIRSE LA VENTA DE GALLINAS SARNOSAS EN LOS MERCADOS PÚBLICOS? La razón natural, la Higiene pública y la Policía sa¬ nitaria se oponen racionalmente á que se vendan los animales sarnososal público. De permitir esto, se au¬ toriza un engaño, se perjudican los intereses de los — 383 — compradores y los generales de los criadores y hasta en algunos casos la salud pública. El comprador desconoce la enfermedad y compra esos animales fiándose de la palabra del vendedor que le asegura que lo que tiene la gallina no es nada, ó pol¬ lo menos, que no ofrece cuidado ni peligro alguno para la salud, lo que él tal vez ignora también, pero que el comprador bajo la seguridad que le da el vende¬ dor la adquiere sin oponer inconveniente alguno, y la compra por su justo valor, como si estuviera buena, que de saber que la gallina padece una enfermedad contagiosa, la sarna, de ningún modo la hubiera com¬ prado, y de hacerlo la hubiera adquirido con alguna economía. El aspecto repugnante que ofrecen á la vista los ani¬ males sarnosos, el hallarse padeciendo una enferme¬ dad contagiosa que puede transmitirse al hombre, y con seguridad á las demás gallinas con que vivan, son motivos suficientes para prohibir la introducción de animales sarnosos en los mercados públicos, porque con ellos, por lo menos se engaña al comprador en la calidad de lo que compre, y además que siendo la sarna de las gallinas una enfermedad transmisible, como me¬ dida de Policía sanitaria, debe separarse del concurso comercial, por los perjuicios que puede ocasionar, ex¬ tendiendo la enfermedad á un área más extensa que la que ocupaba. El Veterinario sanitario debe reconocer las gallinas que se exponen á la venta en los mercados públicos y — 384 — vigilar y prohibir que se tengan en dichos sitios las sarnosas por los perjuicios que pueden ocasionar, mandando que se saquen fuera del local y dando parte á la autoridad. La propaganda que aquí se ha hecho con mis trabajos dando á conocer al público esta enfermedad ha dado los resultados que podía desearse; los compradores, en la actualidad, lo primero que miran al adquirir una gallina, pollo ó pavo es, ver si tienen las patas limpias, si no las tienen, si están sucias, no las quieren á ningún precio. Esta idea extendida en el público y la depre¬ ciación que tienen por estar enfermas, hace que cada día sea menor el número de gallinas sarnosas que se traen á este mercado, particularmente de los pueblos inmediatos, y creo, que con el tiempo no se traerá nin¬ guna, porque no habrá quien las compre. MEDIDAS DE POLICÍA SANITARIA QUE DEBEN ADOPTARSE El grande incremento que esta enfermedad va to¬ mando de día en día, depende del descuido de los cria¬ dores, que no conociendo el mal, miran con glacial in¬ diferencia cómo van enfermando las gallinas y pavos que crían corrales, sin ocurrirseles adoptar me¬ en sus dios terapéuticos para curarlas, ni menos poner en acción las reglas de Policía Sanitaria convenientes que cortaran el mal de raiz, cuando no, que hiciera difícil — 385 — Ó imposible la transmisión de los animales enfermos á los sanos. Descuido punible, que no sólo merma la ri¬ queza particular, sino la general de la nación, por no atender con actividad y celo á poner en práctica las medidas oportunas en tales casos, que evitarían con¬ secuencias ulteriores fatales, como está sucediendo. De este abandono resultará, que la enfermedad termi¬ nará por invadir todas las gallinas de varias comarcas, infestadas hoy de sarna, ocasionando más pérdidas y más gastos el día que se quieran aplicar las prescrip¬ ciones sanitarias por la gran extensión que ocupará el agente transmisor. La falta de una ley de Policía sanitaria unido á la indolencia de las autoridades, que no ayudan como debían hacerlo los esfuerzos de los Veterinarios, son motivos poderosos que influyen en que se propague esta enfermedad de las gallinas y las contagiosas que invaden con harta frecuencia á los demás animales domésticos. Debe empezarse por aislar y hasta sacrificar las ga¬ llinas que presenten el más ligero indicio de sarna, aislándolas en sitios ó corrales á propósito, bien acon¬ dicionados y distantes de las buenas, con objeto de evitar la transmisión de la enfermedad de las ataca¬ das á las sanas; si se opta por el sacrificio, que es la medida más radical y segura, llevarlo á cabo con de¬ cisión y hasta en los animales que se conceptrien sos¬ pechosos, enterrando los cadáveres en zanjas de medio metro de profundidad y cubriéndolos con una capa de — 386 — cal de unos cuatro centímetros; pero si se quiere que esta medida sea eficaz y produzca los buenos resulta¬ dos que se desea, preciso es que sea general entre todos los criadores de una comarca invadida, y ade¬ más, que se proceda al saneamiento de los corrales y gallineros por medio de la desinfección, como dejamos consignado en otro lugar, porque si no se hace esto y persiste en las habitaciones en que viven los animales el agente que sirve para transmitir la enfermedad, de nada serviría el sacrificio de los animales enfermos, porque los buenos que repusiéramos bien pronto los veríamos atacados de sarna. *! Las medidas de Policía sanitaria que deben adoptar¬ se además del aislamiento, el secuestro y el sacrificio, pueden ser las siguientes: 1.® Las gallináceas sarnosas serán completamente separadas de las demás, sometiéndolas á un trata¬ miento conveniente si el Veterinario sanitario lo cree oportuno; se pondrán en observación las que hayan estado en contacto con las enfermas, por lo menos por quince días. Si se compran nuevas no se juntarán con las que existan en un corral buenas si no después de hacerles sufrir una cuarentena de veinte días y que no presenten indicio alguno de sarna. 2." Cuando la sarna se ha declarado en una ó más gallinas de un corral, se considerarán como sospecho¬ sas todas las que existan en el local. 3.'' Si la sarna reina en una comarca se anunciará inmediatamente en el Boleún Oficial de la provincia, para que las limítrofes adopten las medidas que crean oportunas para evitar el contagio. 4.' No se permitirá sacar gallinas sarnosas de los corrales en que estén si no después que el Veterinario sanitario las haya dado como limpias y buenas. 5.'' Debe prohibirse en absoluto y de un modo rigu roso el comercio de gallinas en las localidades invadi¬ das y menos transportarlas á otras sanas ínterin dure la epizootia. ■ ó.'· Los Veterinarios sanitarios darán parte á la-; autoridad de las gallinas sarnosas que deben sacrifi¬ carse por hallarse la enfermedad en un periodo muy adelantado y los animales en un estado caquéxico que haga imposible su curación, á cuya decisión no opon¬ drán resistencia alguna los interesados ni tendrán de¬ recho á pedir indemnización de ninguna clase. 1.^ Aislados ó secuestrados los animales enfermos y los sospechosos, el dueño no puede variarlos del local que se les señaló ni extraer ninguno sin permiso de la autoridad y del Veterinario sanitario. 8.®' La pluma de las gallináceas sarnosas no podrá utilizarse ni venderse sin que antes haya sido desin¬ fectada y expuesta al aire, por lo menos por treinta días. 9.^ Se obligará á los dueños de las gallinas atacadas de sarna á que una vez que haya desaparecido la en¬ fermedad practiquen la desinfección de los corrales, gallineros y cuantos enseres hayan estado en contac¬ to con las gallinas sarnosas. — 388 ^ 10." No se permitirá sacrificar gallinas sarnosas para expender su carne en los mercados ptiblicos ni transportarlas á otros puntos con tal objeto. Estas medidas de Policía sanitaria deben ser pro¬ puestas por el Veterinario sanitario á la autoridad y ésta hacerlas cumplir con exactitud y sin considera¬ ción de ninguna clase. Sólo tomando interés el Veteri¬ nario y la autoridad es como se consigue extinguir la enfermedad y que el contagio se limite á una comarca y no se extienda á otras. Además, prohibiendo de un modo terminante que concurran á los mercados públi¬ cos gallinas sarnosas ni que se vendan clandestina¬ mente ni en ambulancia, esta prohibición obligaria á los criadores á que tuviesen interés en curar sus galli¬ nas enfermas é impidiendo esto que se vendiese carne procedente de animales sarnosos en las expendedu¬ rías públicas. Pero como existe un completo abandono en todo lo que se relaciona con la Policía sanitaria, las gallinas sarnosas se venden libremente y sin traba alguna, re¬ sultando que los expendedores de esta clase de carne las compran á bajo precio, con lo que tienen mayor ganancia en su comercio y el público come carne sar¬ nosa. Para evitar tamaño abuso conviene imponer una multa de cinco á quince pesetas al que vendiese carne de gallinas sarnosas. — 3S!) — HERENCIA La sarna de las gallinas ¿puede ser hereditaria? Si atendiera exclusivamente á se que en algunos co¬ rrales existe la sarna por un tiempo indefinido, pade¬ ciéndola las nuevas crías que cada año se hacen, por este solo hecho podía sospecharse que la enfermedad se transmitía por la generación, que era hereditaria; pero la naturaleza del mal, al ser local y teniendo en cuenta la causa patógena que la produce, serían razo¬ nes poderosas para negar esta transmisión heredi¬ taria. Las enfermedades que se transmiten por la genera¬ ción son en general incurables, de larga duración, que casi siempre, y particularmente en su último período, producen la tisis, la demacración ó atrofia parcial ó general del organismo, producidas por un microorga¬ nismo y que constantemente terminan por la muerte. Además requieren cierta predisposición y constitu¬ ción orgánica especial, que es la que se transmite pol¬ la generación de los padres á los hijos y que llegan á perpetuarse por siglos en las familias. Todo esto falta en la sarna de las gallináceas por¬ que la enfermedad es local, se cura con facilidad si se someten los animales á un tratamiento conveniente; no necesita de predisposición ni constitución orgáni¬ ca especial é invade indistintamente á los animales, sea cualquiera las condiciones orgánicas que tengan; 26 — 890 -- I muy rara vez ocasionan la caquexia, y su causa pro¬ ductora es un parásito, que no es posible se transmita por la generación porque ese parásito vive localizado en una región del cuerpo de la que no sale para ir á invadir el general, por lo que no se en¬ organismo en cuentra en líquidos de la economía. la sangre ni otros No creemos, por lo tanto, que la sarna pueda in¬ cluirse entre los procesos patológicos transmisibles por si se perpetúa en algunos corra¬ la generación, y les pormuchos años, esto es debido al descuido de los dueños que ni tratan de curar la enfermedad, que no procuran observar una buena higiene ^ y menos se acuerdan de practicar la desinfección de los galline¬ ros para exterminar los parásitos y extinguir la en¬ fermedad radicalmente y para siempre. Sólo nos hemos ocupado de este punto de un modo incidental y ligero porque no era de gran interés para el objeto que me ha llevado á escribir este trabajo; pero que tampoco está demás para que no falte cosa alguna de cuanto se relaciona con la sarna de las patas de las gallináceas, que es á lo que concreto mi principal objeto. DERECHO DE REDHIBICION l ¿Debe conceptuarse la sarna de las gallináceas como enfermedad redhibitoria? en mi opinión, sí. Sin embargo, se me podrá decir que la enfermedad no está oculta, que sus síntomas son constantes, sin in- — 391 — termitencia, por lo que aparece á la vista del compra¬ dor clara y distintamente, y éste la puede ver y com¬ prar ó no, un animal atacado, según le convenga; que el vendedor no puede hacer ningún fraude para hacer desaparecer el mal por poco ó mucho tiempo, por ,1o que, atendiendo á esto, no debe haber lugar á la res¬ cisión del contrato. Pero también hay que tener en cuenta que el compra¬ dor no conoce la enfermedad, y menos el peligro que tiene (á veces el vendedor tampoco lo sabe), porque de conocerlo, ó no adquiriría una gallina sarnosa, ó de comprarla sería por la mitad del valor que podía tener estando sana; que ignora que la enfermedad es trasmi- sible y él mismo puede contagiarse con sólo tenerla en sus manos, lo que puede ocasionarle perjuicios más ó menos trascendentales ó graves, según el destino que quiera darle, sin saber si su salud corre algún riesgo al comer la carne de un animal sarnoso. Además, el comprador ha sido engañado por el ven¬ dedor al asegurarle á aquél que lo que tiene la gallina es una cosa insignificante siii peligro alguno, cuya y Cíiusa no es otra que la humedad y el estiércol del co¬ rral,.y bajo tal promesa la adquiere el comprador, que de seguro si se le hubiera dicho la verdad, que la galli¬ na padecía una enfermedad parasitaria que se trans¬ mite, que se sepa hoy positivamente á los animales de la misma especie, al caballo y al hombre, que no puede asegurarse con enteni certeza si perjudica ó ñola salud del hombre que emplea su carne como alimento, por — 392 — no estar en la duda y la incertidurabre, no la compraría. Siendo la sarna una enfermedad contagiosa que pue¬ de hallarse en el período de incubación y no hallarse manifiesta y corriendo peligro el comprador, es muy lógico que se admita un tiempo de garantia para, si durante éste aparece la sarna, el comprador pueda re¬ clamar contra el vendedor. La ley austríaca, además de incluir la sarna entre las enfermedades redhibito- rias, admite una garantía de ocho días; otros aten¬ diendo á el tiempo que los sarcoptos invierten en su evolución, quieren que la duración de garantía sea de quince días por lo menos. Este tiempo de garantía puede dar lugar á dudas y cuestiones, porque muy bien puede suceder que un comprador adquiera una gallina completamente buena y la tire á un corral en que existan otras sarnosas, y durante el periodo de garantía salga con la enfermedad adquirida en poder del comprador. En este caso habría que reconocer todos los animales de los corrales del vendedor y comprador, fallando la cuestión según el resultado que diera el reconocimiento. Por lo que dejo expuesto creo que la sarna de las ga¬ llináceas debe conceptuarse como una enfermedad red- hibitoria en la generalidad de casos. No es frecuente que se pida la rescisión de estos contratos, y cuando más se reducen á reclamaciones que se resuelven en el acto. Tanto las gallinas como los pavos se compran con tres objetos más esencialmente: 1.", el de sacrificarlas — 396 — casi en el momento de la compra para destinarlas á la alimentación del hombre; 2 °, con la idea de recriarlas y cebarlas para sacar mayor producto en la venta, y 3.°, con el de destinarlas á la propagación de la es¬ pecie. En el primer caso el aspecto asqueroso y repug¬ nante que presentan las patas le hará comer la carne con aprensión, sucediéndole esto con mucho más moti¬ vo si tiene entero conocimiento el que la come de lo que es la enfermedad, y aun después de haber inutilizado las patas, se estará en la duda de si se podrá ó no per¬ turbar su salud; en los otros dos puede resultar un perjuicio de alguna entidad, porque si los animales que tenía eii su corral estaban adquirirán la enfer¬ sanos medad, contagiarán infestando el gallinero, por lo se que no podrá tener otros sin ocasionársele gastos que no hubiera tenido si no hubiera comprado una ó más gallinas sarnosas; además, que las que destina al ceba¬ miento no engordan consumiendo alimentos que se pierden. Todo esto son otros tantos motivos por los que debe considerarse la sarna como una enfermedad red- hibitoria. Varias veces he intervenido en algunas cuestiones de esta índole, y siempre con la conciencia tranquila y creyendo que obraba con extricta justicia, he resuel¬ to el litigio en favor deícompradsr que le veía enga¬ ñado, haciendo que se rescindiera la compra-venta. — 394 — USO DE LA CARNE DE GALLINAS SARNOSAS Este puede decirse que es el punto más esencial é in¬ teresantede este trabajo, el que mejor debe conocer el Veterinario sanitario, por la intima relación que tiene con la higiene halla encargado pública, de la que se para que no se altere la salud general de una población permitiendo la venta de animales perjudiciales. Tiene que decidir este funcionario público si la carne proce¬ dente de gallinas sarnosas es buena ó mala. La carne de las gallináceas no sólo es de grande im¬ portancia para la alimentación del hombre, sino que constituye un alimento privilegiado y de lujo en los festines y días más memorables del año, siendo su importancia mayor para las personas de constitución delicada, para los inapetentes, los enfermos y más es¬ pecialmente es la panacea de los convalecientes, que con el caldo y gallina consiguen reponer la carne de su decaído organismo y las fuerzas agotadas por una enfermedad más ó menos grave y larga. Pero para que constituya un alimento con condicio¬ nes higiénicas y dé los resulta¬ de buena calidad que dos, que se desean, es indispensable que los animales que la proporcionan ■ á su buen estado de gordura reúnan el de una salud completa; si no tiene estas condiciones es carne defectuosa, que en buena higiene ó se debe prohibir su venta ó por lo menos debe ex¬ penderse á bajo precio. La carne de gallinas sarnosas — 395 — están enfermas y en tal concepto no debía expenderse como buena. Sin embargo, la generalidad de higienistas admiten como buena la carne de los animales sarnosos y per¬ miten su venia al ptíblico, considerando que su em- \ pleo como alimento del hombre no llega á alterar la salud del consumidor, lo que han probado por medio de la observación. Walz asegura que la carne de los animales sarnosos no perjudica á la salud de las personas que la emplean en la alimentación, y que sólo se debe prohibir cuando los animales están muy flacos y se encuentran en el período caqttéxico. Anguíano, que ha procurado indagar si la carne de los animales sarnosos era ó no perjudicial á la salud pública, sólo ha podido averiguar que no era nociva esta clase de carne, según datos recogidos de algunos pastores, pero sin exponer concretamente su opinión sobre este punto de higiene pública. Roll, disposición 7.', dice: "Es permitido sacrificar los anímales sarnosos en el sitio y para el consumo; pero se prohibirá transportar los enfermos de una lo¬ calidad infestada á otra aun con el objeto de destinar¬ los para el degüello. „ Vemos que la opinión más generalmente admitida es que puede venderse la carne de animales sarnosos sin que la salud pública se resienta, lo que viene á quebrantar la regla higiénica y el precepto reglamen- tariOjde que todos los animales que se sacrifican con — 390 — destino al consumo público deben estar en completo estado de salud; los animales sarnosos se hallan fuera del ritmo fisiológico y dentro del patológico, luego no debía permitirse sacrificarlos ni vender sus carnes. Los reconocimientos microscópicos que hemos prac¬ ticado con la carne de gallina sarnosa no ha acusado en ella la presencia de los sarcoptos ni de ningún otro microorganismo que pudiera conceptuarse como agente patógeno que transmitiera la enfermedad de las gallinas á las personas por el uso comoalimento de esta carne que goza de condiciones higiénicas para que se coma impunemente. Esto demuestra además y de un modo irrevocable que el sarcopto sólo vive en la zona desnudas regional que comprende las partes de pluma de laé patas, donde encuentra un albergue protector en las conchas ó escamas donde sufren sus diferentes evoluciones, pero que al llegar á la región tarsiana se halla con una barrera infranqueable que lo detiene y no puede atravesar en su viaje de emi¬ gración, por lo que se limita á su árida zona, que es donde encuentra el parásito el medio en que puede vivir y reproducirse. No encontrándose los sarcoptos en la carne, creo que inutilizando las patas se puede comer impunemen¬ te y sin peligro alguno para la salud del consumidor. La experiencia me ha dado á conocer que, á pesar de haberse consumido mucha carne de gallinas sarnosas en país, no sé que nunca haya ocasionado la en¬ este fermedad ni alterado la salud del que la ha comido. 1 Pero esto no pasa de ser uua creencia mía, falta de una observación ó experimentación larga y detenida, fundada en no haber encontrado el parásito en la carne y sí en las patas exclusivamente, por lo que esta enfermedad debe estudiarse detenidamente para re¬ solver de un modo terminante y positivo este punto de higiene pública. Aun comiendo la carne de las gallinas sarnosas y yendo los sarcoptos á parar al estómago y recorrien¬ do todo el aparato digestivo del hombre, no puede en manera alguna alterar la salud del consumidor, por¬ que los parásitos se hallan en un medio iliconveniente para vivir y propagarse: indudablemente mueren y salen al exterior mezclados con los residuos de la di¬ gestión, sin ocasionar el más leve trastorno en el or¬ ganismo del que la ha comido. De esto se deduce tam¬ bién que la carne de las gallinas sarnosas puede co¬ merse impunemente y sin lúesgo alguno para la salud pública. Si bien la triquina, el cisticerco celular y otros mi¬ croorganismos encuentran en la economía tejidos abo¬ nados para vivir y reproducirse hasta lo infinito dando lugar á la misma enfermedad de que proceden en el hombre, con los sarcoptos no sucede nada de esto por¬ que su terreno laborable es el órgano cutáneo y cór¬ neo de las patas. Puede, por lo tanto, comerse sin nin¬ guna clase de recelo la carne de gallinas sarnosas. demás, es sabido que los sarcoptos mueren cuando se les somete á una temperatura de 70° á 80° c. ; la — 308 — carne de gallina nun¿a se come cruda, luego some¬ tiéndola A la acción del calórico como se somete sietn pre para comerla, queda inmune y se puede emplear en la alimentación del hombre. Pero cuando la enfermedad está muy adelantada en su desarrollo, que es crónica, que ha ocasionado el enflaquecimiento y se halla en el período caqiiéxico, en este caso debe prohibirse la venta de estas carnes, no sólo por estar enfermas y ser de mala ó inferior nutritivo. calidad, sino por .su escaso valor Sin embargo, á pesar de cuanto dejo expuesto, yo creo conveniente, observando una rigurosa higiene, que el Veterinario sanitario debe ejercer una vigilan¬ cia muy activa y escrupulosa en los mercados públicos prohibiendo la venta de gallinas y pavos, porque al manejarlos y tocarlos corre el hombre peligro de con¬ tagiarse si padecen la sarna; menos debe permitir que en las expendedurías de carne de gallina se venda la sarnosa como buena, porque destinándose esta carne más principalmente para los enfermos, convalecientes ó individuos delicados de salud, no es justo se les venda carne con malas condiciones higiénicas y falta de elementos reparadores. A los expendedores de carne de gallina se les debe prevenir ni separen las patas de las que que no corten sacrifiquen para la venta diaria, porque si las cortan pueden vender las sarnosas como buenas y ni el com¬ prador ni el Veterinario pueden conocer el fraude. CONCLUSIÓN Dejo expuesto cuanto he visto y observado en la en¬ fermedad que me ha ocupado trabajo de la en este y que muy pocos Veterinarios españoles se han dedica¬ do á su estudio, que si lo publico hoy sólo es con la idea de llamar la atención de mis comprofesores y en particular de los encargados del servicio que están sanitario y la inspección de carnes y el que quiera y pueda se dedique á su estudio de un modo más dete¬ nido y completo que yo lo he hecho, en razón á que mi edad, mi estado de salud y mis ocupaciones me ponen fuera de condiciones para continuar en esta clase de investigaciones. Se verá que he limitado mi trabajo á la sarna que invade las patas de las gallináceas porque sólo en esa región es donde la hemos visto y observado. Sí, repito, que las patas del pollo que me han servi¬ do para mi trabajo y las preparaciones microscópicas que de ellas he sacado las conservo y siempre las ten¬ dré á disposición del Profesor que quiera verlas y exa¬ minarlas, como también en la actualidad le podría enseñar corrales en los que las gallinas se hallan in¬ vadidas de sarna en las patas, sin tener el menor ves¬ tigio de la enfermedad en la cabeza, cresta ni otro punto de la piel. — 400 — Si este trabajo es de alguna utilidad para mis com¬ profesores, con que así sea me creeré suficientemente recompensado del tiempo que he invertido en arre¬ glarlo y de los gastos que se me han ocasionado. FIN