*:• A ri >..i L.; i VIAJERO Ó BAÑISTA CALDAS «í MOÎi por' Glemenîe Cusinjiera I cok varias vistas fotogrAficíís por vO Síp.ur-as j Dumsioioi dstos gne, solira la praasisla en eita villa le la antlgnlaima Sagrala Imagen le la Uajeital, gne eon fervor te venera por mlllárea j millaret le fieles, na faellltalo el ¡irlo. Sr i>-. o / í ''. ..j t/) 3 « Onra pírroeo gae fué le Pleganitni,y lenenslalo aetnalmente le la Iglesia leí Pino le Bareelona- ü oi 'i." EmCIUtl, CORREGIDA Ï aumektada o> oo T- íò M M BATlCELONi. T- 1800 eo S É l*( n GUÍA-CICERONE DEL VIAJERO Ó BAÑISTA EN CALDAS DE MONTBUY por CLEMENTE GÜSPINER CUARTA EDICIÓN, CORREGIDA Y AUj t3í@®s=- I BARCELONA Tipografía de la Gasa ProIimcial de Caridad . 1899 . .■■li-i'j AL LECTOR Si en todas las poblaciones se observara la •apidez con que van operándose los cambios ■adicales en Caldas de Montbuy, y todos ellos resultaran, por un motivo ó por otro, tan trascendentales, tan importantes, sería nece¬ sario reproducir todos los años la Guía, ha¬ ciéndola completamente nueva. La edición 3.®', ó anterior, vió la luz pú¬ blica en 1893, y de tal modo se ha vendido, que hemos tenido que recurrir en seguida á la presente, ó sea á la 4.®, remozándola por completo. Lo que dijimos entonces no basta¬ ba ahora para dejar satisfecho al público, ó, uando menos, para dejarle al corriente de . uanto ocurre aquí. Por esto, pues, decimos lo que nos parece conveniente, aunque en al¬ guna parte hayamos tenido necesidad de re¬ formar esta obra. Hemos procurado que con¬ tenga lo más esencial, así para los que deseen poseer con ella una obrita llena de datos his¬ tóricos, como para los que la quieran con noticias curiosas de la localidad. Pusimos un cuidado especial en dotar la edición anterior de cuanto había recopilado referente á la Santa Majestad, imagen que en Caldas de Montbuy cuenta cerca de mil años de existencia y que se venera con fervor en su propia capilla, visitada por millares y millares de fieles. Había entonces, como pᬠrroco interino, D. Roque Marsal, pbro., que había recogido datos inapreciables, todos au¬ ténticos, y deseoso de que fueran conocidos debidamente, nos los facilitó para que los pu¬ blicáramos. El mismo celo ha tenido el pᬠrroco en propiedad actual, Rdo. D. José Al¬ sina, pbro., por la Santa Majestad, como por los demás pormenores de su sagrado minis¬ terio. Ha trabajado muchísimo, demostrando gran adhesión á una imagen de tanta impor¬ tancia como es la presente y, en lo poco que valemos, reciba por ello nuestra cordial feli¬ citación y continúe con igual celo. En lo demás, en las muchas é interesantes noticias de que consta esta obra, hemos pro¬ curado dejarle todo aquello que la hace inte¬ resante, quitándola lo que hubiese perdido la oportunidad y añadiendo lo que puede con¬ venir al público. Nos ha inducido á obrar asi el desarrollo que la Guía-Cicerone ha tenido en los últi¬ mos años, pues pocas, muy pocas hay que ha¬ yan alcanzado ya la 4.^ edición, siendo has¬ ta de poblaciones de reconocida nombradla. La circunstancia de ser nosotros hijos de Caldas de Montbuy; la de haber nacido en un establecimiento de baños que dejamos cuando la familia había pasado más de cien años él, hacen que tratemos con verdadera en preferencia cuanto se refiere á tal localidad y que conozcamos, como es debido, sus más nimios detalles. I Medios de traslación La villa de Caldas de Montbuy está dotada de varias vias de comunicación, que la unen á otras poblacionesy á otras comarcas. Tiene la carrete¬ rade Mollet á Moyá, que se utiliza para ir á San Felio de Codinas, á San Miguel del Fay, á Cas- telltersol, á Bigas, á Riells, á Gallifa, á San Qui¬ rico Safaja, á Moyá y á todas las poblaciones de la montaña alta de Cataluña, más allá del Vallés, Por otra carretera se comunica con Granollers y con Sentmanat y Sabadell, ó sea conlos extre¬ mos del Valles y con todas las localidades que están enclavadas en tan fértil como pintoresca comarca, gozando, además, de infinidad de una caminos vecinales y carreteras también, que la enlazan con el barrio suburbio de San Sebastián de Vilamajor, el célebre manso Farell y otros de¬ liciosos sitios, de que nos ocuparemos en otro lugar de esta misma obra. De Caldas á Mollet hay 15 kilómetros de ferro¬ carril, que se desliza paralelo á la carretera de Moyá, para empalmar en Mollet con el de Tarra¬ gona á Barcelona y Francia y con la línea de San Júan de las Abadesas, facilitando la comunicación con todos los puntos á donde se dirige. Las empresas procuran combinar su servicio; pero éste es tan variado que no nos atrevemos á fijar aquí itinerario alguno. Diremos solamente qne, entre Mollet y Caldas, y de la misma manera de Barcelona á Caldas y de Francia á Caldas tam¬ bién, suele haber cuatro trenes de ida y otros tan¬ tosde vuelta. Al viajero le es la llega¬ fácil saber la salida y da de unos y itinerarios otros, por medio de los que se ponen á la venta y que mensualmente se publican en los periódicos de Barcelona y en otros de Cataluña. El precio de pasaje cuesta de Barcelona á Cal¬ das lo siguiente: En 1.'' clase, 3'70 ptas,; en 2." id., 2'80 ptas., y en 3.^ id., 1'75 pías.; viaje de ida y vuelta, 2'70 ptas. ! Casi siempre, el servicio se hace de modo que se | puedan hacer diariamente dos viajes de ida y vuel¬ ta de Barcelona á Caldas y viceversa. El material del ferrocarril de Caldas ofrece co¬ modidades que, por lo común, no se hallan en el de las demás lineas. Sus vagones se comunican unos con otros, habiendo en cada tren departa- mentos-camas para los enfermos, retrete, ona com- j binación de espejos para que el conductor tenga á J la vista sin moverse todos los coches en distintas « disposiciones y otros pormenores dignos de ser í examinados. > II Caldas de Montbuy La aplicación de las aguas termo-salinas de Caldas de Montbuy tiene su origen en el tiempo de los romanos, y es más que probable que po¬ la blación hubiese sido dada á conocer también en aquella época, de la cual quedan aún algunos ves- j — 9 - tigios que no dan lugar á duda; uno de ellos, una piscina balnearia, de la cual nos ocuparemos des¬ pués. La situación topográfica de Caldas de Montbuy no puede ser mejor. Parece que la Naturaleza, por medio de ese inmenso manantial hirviente, que, saliendo de las entrañas de la tierra, aparece á borbotones en la superficie, en el centro de la villa, quiso demostrar qae aquel sitio era el más á rropósito para levantar una población importante. Montañas con bosques frondosos que, á la par que resguardan á la población de los glaciales vientos del Norte, saturan convenientemente de oxígeno la atmósfera; llanuras despejadas al Hud, que no impiden la libre circulación de las apacibles bri¬ sas del verano; fuentes que, ora surgen de una escarpada roca al revolver de una esquina, en un tortuoso torrente, ora aparecen entre el verde musgo de una poética alameda poblada de aves de diferente especie; todo, en fin, cuanto contribuye á hacer agradable la estancia en una localidad, todo se encuentra allí. La villa de Caldas de Montbuy es notable por sus siete establecimientos de baños y dos hospi¬ tales, el civil y el militar, y por la campiña que la circunda, todo lo cual hace de ella un sitio deli¬ ciosísimo. III Una pequeña digresitín Nosotros, que conocemos perfectamente las con¬ diciones de cada uno de los establecimientos de baños, nos ocuparíamos de buen grado de ellos — 10 - separadamente, si nó temiéramos incurrir en apre¬ ciaciones mal consideradas por los interesados, pero como tampoco es natural dejar á nuestros lectores ignorantes en un punto que tan impor¬ tante es para los trasladan á Caldas de que se Montbuy, ya sea como bañistas, ya como meros viajeros, hemos procurado que cada encargado de establecimiento de baños pueda dar una idea bas¬ tante extensa del suyo, valiéndose del número de páginas que le hemos ofrecido en esta obra. No debe extrañarse, pues, que al tratar de las casas de baños lo hagamos englobando las cir¬ cunstancias de todas y sin citar preferencias en de ninguna. IV 1 agua minero-medicinal cimiento de los manantiales termales ape- extiende más allá del espacio que ocupa la za de la Constitución, y de ella la toman casi todos los establecimientos de baños, excepción he¬ cha de alguno que otro venero que aparece en la superficie del perímetro ocupado por alguno de los mismos establecimientos. El público no puede go¬ zar del espectáculo, en extremo curioso, del naci¬ miento del agua minero-medicinal. A consecuen¬ cia, sin duda, de haberse practicado algunas ope¬ raciones que podían ocasionar riesgo de que las cualidades de dichas aguas sufrieran menoscabo, hubo de ordenarse por las autoridades, debida¬ mente asesoradas por el Sr. Oriol y Mestres, del cual se conserva una luminosa memoria, que no pudieran practicarse trabajos subterráneos de nin- guna especie en las inmediaciones del nacimiento de los manantiales, sin atenerse á ciertas restric¬ ciones y á ciertas formalidades que eviten, en cuanto sea posible, las adulteraciones y altera¬ ciones que por circunstancias fortuitas podrían resultar. Con tales dificultades, son muy poco fre¬ cuentes los casos en que se descubren los manan¬ tiales, pues los dueños de las casas de baños se abstienen cuanto pueden de hacerlo y sólo acuden á tal extremo cuando no tienen otro medio de co¬ rregir los defectos de los conductos ó cañerías y dichos defectos trascienden à la aplicación de las aguas conforme ordena el facultativo. Fuera de ahí, se procura pasar como se puede sin atreverse , nadie á los manantiales, cosa muy digna por cier¬ to de la mayor alabanza. A grandes borbotones nace el agua, de modó" que la plaza aparece una inmensa caldera que con¬ tinuamente está hirviendo. Sin embargo, los bor¬ botones no son debidos á la ebullición del agua, conforme puede creerse á primera vista: el agua de Caldas de Montbuy, bien que en temperatura sea lá más elevada de España, no pasa de los 70° centígrados (56° Reaumur), y de consiguiente le faltan 30° del termómetro centígrado, ó 24° del Reaumur para llegar á la ebullición; de modo que aquellos borbotones son debidos á una fuerza as¬ cendente y no á su elevación de temperatura. I M. Boussignault, en su memoria sobre las aguas ¡ minerales de los Andes, consigna que, en relación I á la elevación del terreno en que aparecen á la superficie, gozan ellas su temperatura, que se va elevando á medida que aquélla es menor. Así, dice, el manantial de Trincheras, punto cercano á Puerto Cabello, que nace casi al nivel del mar, se halla á la temperatura de 97°; el de Mariana, que se da á luz á una elevación de 476 metros, tiene solamente 64°; y el de Oaato, que nace á 702 me¬ tros de altura, apenas alcanza 44° 5 décimas. Tie¬ ne esta regla sus excepciones, conforme lo mani¬ fiesta el citado M. Bouasignault, contándose entre ellas los manantiales de Cataluña, que no guardan aquella relación; pues que, mientras el de Caldas de Estrach, á poca elevación del mar, tiene 31° Reaumur, los de Caldas de Montbuy tienen, como hemos dicho, 56°. Una de las cualidades más notables de estas aguas, es la de no hallarse afectas á ninguna va¬ riación atmosférica. La cantidad que mana es constantemente igual en todas las estaciones y por completo insensible á las grandes lluvias y se¬ quías. Si no hubiera otras razones científicas, esta sola bastaría para demostrar que su origen se halla en las grandes profundidades de la tierra. La temperatura elevada de las aguas termales ha ocupado constantemente á las personas facul¬ tativas, sin que, respecto de las causas que la motivan, haya podido darse una explicación com¬ pletamente satisfactoria. Por lo común, debe re¬ nunciarse á todo género de experimentos en los conductos subterráneos por donde ellas van á pa¬ rar á la superficie del suelo. El calor que se siente en las profundidades de la tierra y á la vez el temor de desviar unas aguas que dan la salud á tantos enfermos, detienen al intrépido geólogo que intenta lanzarse en busca de la razón científica verdadera á que deben su termalidad. Y á falta de observaciones prácticas, acude el experimentador á la teoría, y de ahí que se atribuya á dift rentes causas la elevación de temperatura de las citadas aguas termales. La opinión más generalmente admitida entre — 13 - laa personas competentes, es la de que el fuego central del globo las presta al calor suficiente para que aparezcan á la temperatura de 70° centígra¬ dos, al darse á luz à merced de ciertos conductos subterráneos, que tienen su origen quizás en algu¬ na erupción volcánica, de la que no se guarda me¬ moria. Robustece esta opinión la naturaleza pla¬ tónica de algunas de las montañas que se hallan cercanas á Caldas j con especialidad el monte llamado Montbuy, del cual toma nombre la villa, en el que, entre otros vestigios de lejanas erup¬ ciones, se ha hallado la verdadera piedra pómez. Hay quien teme que ocurra alguna erupción vol¬ cánica, de la cual podría sufrir mayor ó menor perjuicio la población de Caldas de Montbuy. Indu¬ dablemente, si el cráter volviera á abrirse, podría ser de fatales consecuencias para Caldas, en cual¬ quiera que fuese el lugar donde se fijase; empero, no es de temer que tal suceda, después de tantos siglos en que no ha dado señal alguna de su exis¬ tencia, á pesar de ciertos sacudimientos ó terre¬ motos ocurridos en épocas recientes, en que no habría sido extraña alguna nueva erupción, de la cual podían ser síntomas estos fenómenos ígneos ó plutónicos. J. J. D' Omalius d'Hallop, en su Compendio de geología, dice que los mismos fenómenos por los cuales se elevan las materias incandescentes á las elevadas cimas de ciertos volcanes, pueden condu¬ cir las aguas, conservando éstas su gran tempera¬ tura, desde las profundidades de la tierra á las más inaccesibles alturas. Hay también quien, suponiendo que las aguas tienen su origen, ó punto de partida, en un sitio más elevado que el en que se dan á luz, opina que se dirigen á él por medio de conductos que, á ma- - 14 - ñera de sifones, descienden á grandes profundida¬ des, en las que el calor central puede darlas la temperatura conveniente. Otros hay, en fin, aunque pocos, que consideran la termalidad del agua como producto de ciertas reacciones químicas, ocasionadas por el contacto de la misma con determinados minerales subte¬ rráneos. Sea como fuere, lo que no admite duda es que el agua mineral en su corriente inmediata, lleva la dirección de abajo arriba. De otro modo, en las diferentes excavaciones practicadas ó en los mu¬ chos pozos abiertos, no muy lejos de la plaza, se habría tropezado alguna vez con la mencionada agua: mientras que ahora, á pocos metros de dis¬ tancia del manantial termal, no tan sólo no se da con él, sino que ni siquiera se halla ninguna capa de terreno cuya temperatura sea mayor que la re¬ gular. Hó aquí lo sobre la termalidad y manera de que aparecer el à la superficie de la tierra, dice agua D. Francisco Saste y Domínguez, médico-director que fué de los baños de Caldas de Montbuy, en la Memoria que publicó en 1862: «El agua mineral termal de Caldas de Montbuy »debe subir á la superficie de la tierra, ascendien- ».do por la insondable cavidad de algún antiguo »tubo ó trayecto volcánico, abierto en el terreno á sconseouencia de los perturbadores fenómenos íg- »ueos, que la incandescencia del núcleo hundido »del globo hacía tan frecuentes y tan terribles en xaquélla primera época histórica, en que principió »á formarse y consolidarse la apagada costra mi- »neral de nuestro planeta. Claras señales y despo- »jos evidentes de este volcanismo son los derra- »mes platónicos, que aquí aparecen inyectados y — 15 — »entremezolados con los bancos sedimentarios «interrumpiendo continuidad y relevándolos en su «violenta posición oblicua, hasta la cumbre del «Farell y de las demás montañas adyacentes. »La corriente de esta agua termal debe, pues, «encontrarse en los terrenos inferiores, cavidades »y comunicaciones volcánicas, que le permitan «atravesar profundidades subterráneas tan distan- »tes de la superficie, que ha de sufrir con bas- «tante intensidad la natural propagación calórica «del vivo fuego central del globo, adquiriendo de «este modo una temperatura muy elevada. Y como «las paredes interiores de los conductos volcáni- «cos suelen estar formadas por lavas, por esco- »rias, por y por materias férreas óxidos metálicos ))de textura celulosa ó porosa, cuya oonductibili- «dad para el calor es en extremo débil ó escasa, »se comprende muy bien, que por considerable que «sea la longitud vertical del tubo y trayecto sub- «terráneo, no obstante puede y debe subir el agua «al exterior, todavía muy caliente.» Es tal la abundancia del agua minero-medicinal en Caldas de Montbuy, que, al par de la que es propiedad de los dueños de los establecimientos de baños y sirve para el abastecimiento de éstos, no sólo hay la suficiente para los vecinos de dicha villa, sino que hasta les es permitido á éstos una especie de lujo de ella, aplicándola á un sin fin de usos familiares, tales como la limpieza; ligera co¬ chura de legumbres y toda clase de vegetales des¬ tinados á los animales domésticos; curación de ciertos irracionales como los cerdos que, á conse¬ cuencia de las humedades de la pocilga, contraen con harta frecuencia verdaderas afecciones reumᬠtico-musculares, y, sobre todo, una constante apli¬ cación en la cocina. — 16 - Entre la gente sencilla de la población existe una preocupación, gracias á la cual se supone que el agua termal puesta al fuego en un puchero, ne¬ cesita más tiempo para llegar á hervir, que el agua común. Sería por demás que nos entretuviéramos en demostrar lo absurdo de tal suposición. Es una de aquellas preocupaciones que existen en los pue¬ blos desde tiempo inmemorial, que todos extrañan y que, sin embargo de poder desvanecerla con un solo experimento, que puede hacerse cada día, se pasan semanas, meses, años y quién sabe si tam¬ bién siglos, sin que nadie se tome la molestia de practicar el experimento que á veces hasta es pueril. Los estudios analíticos que se han hecho de esta agua son muy pocos é incompletos. El Dr. D. Ig¬ nacio Graells, médico-director que fué de Caldas de Montbuy, publicó un análisis que, en nuestro concepto, deja mucho que desear. Según él, cada dos pies cúbicos de agua termal contienen: De aire atmosférico. . 85 pulgadas cúbicas. » ácido carbónico. . 240'98 » » » cloruro sódico. . . 811 granos. » sulfato de sosa. . 58 » » sulfato de cal. 24'5 » » carbonato de sosa. . 21 » Ï carbonato de cal. 42'5 » » sílice 65 » » alúmina 11 » » materias orgánicas.. 7 » Y de cloruro cálcico, cantidad una impercep- tibie. Si por medio de una evaporación completa llega á conseguirse una total sequedad, queda en las paredes y, sobre todo, en el fondo del vaso con el — 17 — cual se haya practicado el experimento, una subs¬ tancia casi negra, insensible á la acción de los ácidos y de íácil calcinación, en cuyo estado des¬ prende gases carbonados y vapores alcalinos, que por el ácido clorhídrico se viene en conocimiento de ser amoniacales. Uno de los trabajos analíticos de estas aguas, mejores que se han publicado, es, sin duda alguna, el del Dr. Codina Langlin, debido á los manantia¬ les de casa Garau. Lo publicamos ya en la edición anterior, y en la presente lo repetiremos, como también publicaremos algún ptro, que tal vez se nos presente antes de acabar esta obra. El Sr. Castells, director que fué de los baños de Caldas de Montbuy, dió á luz una Memoria muy interesante y muy erudita, de la que entresacamos las siguientes líneas: «Citaremos como muy notables los relativos al reumatismo, á la gota, á las diversas parálisis, dependientes en muchos casos de lesión determi¬ nada en los distintos centros nerviosos, á las dife¬ rentes diátesis que generalmente son fáciles de observar en la mayoría de concurrentes, y en fin, á las fracturas, luxaciones, contractures y desór¬ denes provocados por distintos traumatismos. sEntre las distintas diátesis que en CaMas han sido ventajosamente combatidas, y aparte de los estados de localización por ellas determinados y de que hemos hecho mención, merecen ser citadas, la llamada diátesis úrica, en esencia tal vez poco distinta de la reumática, respecto de la cual nada diremos, por haber indicado anteriormente nuestro parecer; la diátesis herpétic.a, que con frecuencia se ve en Caldas complicando otras dolencias en enfermos que, por razón de ésta, allí acuden, y - 18 - en verdad siempre han modificado favorablemente, pudiendo ser ai efecto citados algunos casos que han debido llamar nuestra atención; la diátesis escrofulosa, muy frecuentemente enlazada á cier¬ tas artritis y á tumores blancos, y respecto de la cual bien podemos afirmar se consigue en estos balnearios una modificación digna de fijar la aten¬ ción, por lo mismo que el manantial de Caldas tiene condiciones no para los indi¬ especialísimas, cados casos, en que generalmente se emplea, sino para combatir dolencias de gravedad evidentemen¬ te mayor; los catarros crónicos, y diversos proce- sós tisiógenos, que pueden indudablemente ser ventajosamente tratados en Caldas. «Para el tratamiento de los catarros crónicos, que generalmente interesan tejidos epiteliales de¬ licados, se dispone en estos balnearios de agua que reúne suficientes condiciones en cantidad, ca¬ lidad y temperatura; para aplicaciones especiales á diversos procesos tisiógenos tiene el manantial condiciones que tal vez ningún otro reúne; mas ya hemos dicho que falta completar en este concepto las instalaciones que seríau necesarias.» Más abajo, dice el Sr. Castells: aNosotros no concebimos, ni podemos admitir que la acción que tiene la potasa, la sosa, la litina y en dados casos de preferencia el amoníaco que disuelven las aguas minerales y especialmente la de Caldas, no sirvan lo propio para fiuiJificar la sangre facilitando desde el exterior el curso á las embolias, disolviendo la substancia fibro-plástioa, como el cálculo renal, el urato de la gota, el sudo- rato del reuma y el tofo que constituye la artritis deformante. Lo único que podrá suceder, que la cantidad de medicamento sea nimia para la acción que la dolencia requiere, que por lo demás teñe- — 19 — mos la más firme convicción de que permanecien¬ do enla estación balnearia siquiera tres novenas en vez de una y privándose de lo que al desenvol¬ vimiento del mal auxilia, no podemos dudar que mediante una acertada dirección curarían muchí¬ simos de los que sufren tales dolencias.» Luego después añade el Dr. Castells: «Enfermos han concurrido que, á pesar del gra¬ do de cronicidad que ofrecían, lo han conseguido, y dignos de tenerseen cuenta son los muchos ca¬ sos en dolencias tan rebeldes á todo trata¬ que, miento cual lo son las sifilíticas, han modificado favorablemente, después del empleo de los baños y estufas, que han dispuesto á sus depauperados organismos, á responder mejor á las indicaciones farmacológicas, lo cual es, por lo menos, obtener un verdadero beneficio.» Podríamos tomar otros párrafos de la luminosa Memoria del Sr. Castells, tan interesantes como los que hemos transcrito, pero, no podiendo ha¬ cerlo por no ocupar demasiado espacio, recomen¬ damos la lectura de dicha Memoria. Despréndense de la fuente del León, en la plaza, emanaciones desagradables, algo parecidas á las de un cuerpo animal en estado de descomposición. De ahí proviene la errónea creencia de que las aguas de Caldas huelen mal; y, sin embargo, se¬ mejante hedor no tiene otro origen que unos depó¬ sitos de agua caliente estancada, en los cuales, mediante un pequeño estipendio, se colocan altra¬ muces y alguna otra clase de legumbres que aca¬ ban por quedar enteramente cocidas y sirven muy especialmente la alimentación de los anima¬ para les de cerda, y fajos de mimbres para que se vuel¬ van blandos con objeto de aplicarlos á los más difíciles objetos de cestería. — 20 — Repetidas veces se ha inteatado trasladar estos depósitos á otro sitio, como el llamado La pórtale- ra, inmediato á las Hartas de baix; habiéndose desistido siempre del proyecto, por el temor de que los arbitrios que de ellos resultau para el co¬ mún disminuyesen, y fuesen menores las comodi¬ dades del vecindario, que debería tener las legum¬ bres y mimbres mayor tiempo en depósito-, por . cuanto el agua perdería grados de calor en el tra¬ yecto que debería recorrer desde su nacimiento á La portalera, Nosotros creemos que esta es una excusa poco atendible, ya que son muchísimas las poblaciones cuyos Ayuntamientos viven sin tales arbitrios, y cuyos vecinos crían cerdos sin la co¬ modidad de poder cocer legumbres sin gasto de combustible. Tampoco el sabor del agua ofrece nada de par¬ ticular. Al contrario; es excelente en bebida luego de haber dejado que su temperatura baje lo con¬ veniente. Tanto es así, que ios que la hemos usado por durante algún tiempo, hallamos insoportable el agua común elevada á otra temperatura mayor que la que tiene en su estado normal; pues, á pesar de saturarla con algún jarabe,ó azucarillo, perci¬ bimos siempre aquel sabor especial á vasija, pro¬ pio de toda agua calentada. El tacto, sí lo tiene distinto del agua común: basta sumergir la mano en ella y frotar un dedo con otro, para adivinar la existencia de cierta substancia grasicnta y jabonosa, lo cual se hace más ostensible al hallarse la misma mano fuera de dicha agua. Los vecinos de Caldas de Montbuy tienen, por lo regalar, los dientes de un color amarillento, ne- ! gruzco, que se atribuye al uso interno del agua ! mineral. Hay, no obstante, la particularidad de ; - 21 — que algunos, aunque poeos, los tienen de un eolor blanquísimo, y con especialidad aquellos vecinos cuyos padres, ó alguno de ellos á lo menos, no son hijos de Caldas. V Fuentes públicas de agua termal Para el abastecimiento de la población estas fuentes son en número de tres. Los vecinos de Caldas son libres de sacar toda el agua necesaria para sus usos domésticos, sin que por ello deban satisfacer cantidad alguna. Hay, empero, un im¬ puesto que devenga el Ayuntamiento, y que en la actualidad es de 1'25 peseta por cada barril de ella que se lleva fuera de la población. A este ob¬ jeto se da en arriendo todos los años, quedando el arrendador ó arrendadores encargados de percibir dichas cantidades. La antigua casa del ordinario Mélich, y alguna otra tienen establecido un servicio constante para aquellas personas que, no pudiendo trasladarse á Caldas, han de tomar baños en Barcelona y en otras poblaciones. Sólo en casos muy apurados aconsejan los facultativos esta clase de baños, por ser sus resultados poco eficaces y por la dificul¬ tad que hay de tomar chorros y baños de vapor, tan convenientes á veces, fuera de los estableci¬ mientos. ■ . La principal y más antigua de las tres fuentes menci nadas es la llamf^da: Lleó (León). — Debe su nombre á una cabeza y cuello adornado con la melena de león, todo de piedra, por cuya boca mana constantemente el — 22 — as;ua termal en abundancia, á. la temperatura de 56° Reaumur (70° centígrado). Encima del Lleó bay el escudo de armas de la villa y la inscripción mgxíientei: Renovado en i827, en cuya época fué renovada la fuente, y otra con estas solas cifras 1851, comotestimonio de otra renovación á conse¬ cuencia de la cual, en dicho año se arregló la es¬ calera por la que hoy se va á la fuente y al depó¬ sito delegumbres y mimbres, de que nos hemos ocupado ya. Esta fuente se halla situada en la plaza de la Constitución y en las mismas paredes de la casa dal Sr. Ribera, ó sea en el vértice del ángulo cu¬ yos lados se extienden hasta la del Sr. Torras y hasta la de los menores Solá y Masachs, Con mucha frecuencia ocurren desgracias en la fuente del Lleó y en los depósitos de legumbres y mimbres. Un descuido, ú otra causa cualquiera, hace rodar por la escalera á algún niño de los que se entregan á sus naturales diversiones en la pla¬ za, va á parar al agua caliente, y si no hay quien lo saque antes de que ésta produzca sus terribles efectos, paga con la vida su descuido ó su impru¬ dencia. Es de suma urgencia que se piense en los medios de remediar tamaños males. Otra fuente caliente es la llamada Canaleta (canaleja ó canalita). — Hace muy pocos años, era fuente de chorro perenne y mana¬ ba por una canalita de piedra, de la que tomó el nombre. Debajo de ella había una pila cuyo orifi¬ cio de desagüe se obstruía muy fácilmente, y he aquí que, casi siempre, quedaba llena de agua á 54° Reaumur. Renovóse esta fuente, colocando en ella un grifo que puede abrirse y cerrarse á voluntad, y con esto se conjuró el peligro que había en ella. - 23 — La Canaleta se halla en la plaza, entre la ci¬ tada casa del tír. Torras y la conocida por de Navarro. La otra fuente caliente es la llamada Fuente del, Angel.—Se halla situada en la pla¬ za del Olmo, adosada á la pared que da al Norte de la iglesia. Su construcción data de 1856 y es de chorro constante. Repetidas veces se ha intentado desterrar la costumbre de desplumar toda clase de aves en estas fuentes, pero^ casi nunca, ha podido conse¬ guirse. Esta falta de aseo es muy censurada por cuantos la presencian, y las autoridades no debe¬ rían tolerarla por ningún estilo. VI Establecimientos de baños Con dificultad se hallará en España otro punto de baños que pueda dar albergue al número de bañistas que tienen cabida en los establecimientos balnearios de Caldas de Montbuy. Estos, hasta 1872 fueron en número de ocho: hoy son siete sola¬ mente, por haberse unido los de Font y de Garau, por resultado de la adquisición del primero de ambos por dicho Sr. Garau. C instantes en nuestro propósito de no sentar preferencias en beneficio de ningún establecimien¬ to, citemos sus nombres por orden alfabético. Hélos aquí; Alrich ó del Remedio, Iíroqoetas, Forns, Garau y Font, Llobet, Rius y 8olá. Seis de ellos son administrados por sus dueños y el otro está cedido en arriendo á dos particulares. Las pilas son de todas formas y á propósito para — 24 - todos los bañistas, cualquiera que sea la afección que padezcan. Casi todas tienen escaleras interio¬ res, situadas de distintas maneras, y asientos en forma de poyos ó banquillos. La mayor parre son de azulejos, habiéndolas en ciertas casas de már¬ mol blanco, y alguna que otra, de mayores di¬ mensiones que las regulares, de piedra gris de Gerona y de una sola pieza, todas delicadamente bruñidas. Regularmente, cada pila tiene dos grandes gri¬ fos para llenarla, uno de agna tria, que esla misma mineral depositada previamente para que pierda calor, y otro de agua caliente, tomada casi siempre directamente del manantial; de modo que con la mayor facilidad pueden prepararse baños á toda temperatura. Hay, no obstante, algunas pilas con los grifos completamente separados de ellas, para los enfermos que se hallen baldados y necesitan del auxilio de otras personas para colocarse dentro del agua. Las pilas para baños parciales son de piernas, brazos y asiento. El servicio de chorros comprende las llamadas duchas de fuerte presión, pulverizadores y otras aplicadas aparte de los antiguos de regadera ó llu¬ via que, á merced de una gran variedad de tubos de hojadelata y de goma, se dan laterales, descen¬ dentes y ascendentes, en dirección vertical ú obli¬ cua, según el precepto facultativo. Lo más común es que, para cada chorro, haya dos grifos, uno de agua caliente y otro de agua fría, para mezclarlas según convenga., El sistema de estufas ó baños de vapor, deja bastante que desear. Los gabinetes que se desti¬ nan á tal uso, son casi todos lóbregos; de manera que, más que gabinetes de curación, parecen - 25 — cuartos de tormento, La estufa general se toma en una especie de caja de mampostería, cubierta de hierro ó madera en unk de sus caras laterales y en la superior,la cual queda un agujero á pro¬ en pósito para que el paciente pueda tener la cabeza fuera del influjo de las emanaciones calientes del agua. Para las estufas ó baños de vapor parciales, hay en la pared cierto número de agujeros de todas dimensiones, por los cuales introduce el enfermo la parte afectada, y para las de piernas el agujero se halla en una especie de banco. El generador, permítasenos la frase, de tales apara¬ tos, es el vapor desprendido de una cantidad mayor ó menor de agua mineral puesta en movi¬ miento, ya en una canal, ya en una combinación de saltos. Muy recientemente se colocaba en el interior de las estufas algún manojo de yerbas aromáticas de que se saturaban los vapores desprendidos. Pero como, por otra parte, los médicos, que sin duda lo esperarían todo de las solas virtudes terapéuticas de las aguas, no se han cuidado de ordenar lo de las yerbas, loa bañeros se han creído dispensados del uso de las mismas y han ido relegándolas al olvido. Obsérvase que esas estufas ó vapores á la antigua usanza, apenas tienen ya aplicación. En cada establecimiento se da actualmente gran importancia á los chorros de presión, que se facili¬ tan en un departamento solo, con todas las como¬ didades posibles. También se dan en otro sitio separado aspiraciones con las debidas aplicaciones ordenadas. Los baños de inmersión, por lo común, se toman por la madrugada; los chorros, á distintas horas, y las estufas ó baños de vapor, al anochecer. — 26 - En cada establecimiento, como hemos dicho, hay á lo menos un bañero para los caballeros y una bañera para las señoras. A su cargo corre la pre¬ paración de los baños, chorros, aspiraciones y es¬ tufas, y ellos son los que proporcionan al bañista sábanas, toallas y demás accesorios. Cada bañista acostumbra retribuir estos servicios con una can¬ tidad proporcionada á ellos. A muy entendidos facultativos hemos oído cen¬ surar la costumbre de tomar los baños en número impar, casi siempre, en número de nueve. Abe¬ y, rraciónmayúscula debe ser ésta, pues no se com¬ prende que con igual dosis de un medicamento puedan curarse tantos enfermos de tan distintos temperamentos y atacados de enfermedades tan diferentes. Otro de los usos del agua minero-medicinal es la bebida. Para ella se hace necesario airear bien la que se haya de beber, pues es sabido que el agua que no está aireada es sumamente indigesta. Si no se tiene esta precaución, pueden ocurrir indigestiones que se atribuyan á otras causas, siendo la verdadera, la existencia en el estómago de una cantidad de agua en la cual no haya podido disolverse la cantidad de aire atmosférico conve¬ niente. Las habitaciones son, en su generalidad, en Caldas de Montbuy, desahogadas y aseadas. Las regulares están amuebladas de modo que no falte en ellas lo necesario, ni sobre lo superfino. Las preferentes reúnen otras comodidades y contienen algunos muebles de lujo. Hay campanillas ó lla¬ madores, en muy contadas casas, siendo por demás extraño que haya una sola que no los tenga, aten¬ dida la índole particular de los bañistas. Hay ha¬ bitaciones unidas para familias numerosas; las hay con baño en las mismas, dispuestas de modo qne pueda quitarse la comunicación de los vapores desprendidos de la pila con las piezas destinadas á dormitorios; habiéndolas también al nivel mismo del piso de las galerías de baños para ciertos en¬ fermos, y de cuantas formas y en cuantas situa¬ ciones pueda apetecer la persona más necesitada ó más caprichosa. Las mesas redondas se sirven en vastos come¬ dores, que en algunas hacen las veces de casas punto constante de reunión. Hay otras que tienen magníficos salones ad hoc á los cuales se da el nom¬ bre de salones de reuniones, por celebrarlas en ellos los señores huéspedes. Al contrario de lo que sucede en casi todos los puntos de baños, no se satisface cantidad alguna por la entrada á dichos salones, y si alguna vez se ha intentado establecer esta costumbre, con ánimo de invertir la cantidad que resultara de las entradas en mejoras, que habían de redundar siempre en beneficio de los bañistas, noha faltado quien ha censurado la innovación, atribuyéndola á un plan especulativo, hasta que ha tenido que desistir de su propósito la casa que la hubiera establecido. Y ¿quién sabe si el mismo que tal cosa criticaba había pagado eleva¬ das cantidades por su entrada en los salones de los baños del extranjero? Casi todos los establecimientos tienen jardi¬ nes, algunos de ellos muy bonitos. Galerías at aire libre, donde pueden pasear los bañistas, las tienen todos. Tienen también algunos de ellos bonitos orato¬ rios en los cuales se celebran misas. El incremento que van tomando los baños de Caldas de Montbuy y la facilidad de dar paseos en carruaje, han sido causa de que algunos dueños de - 28 ~ establecimientos hayan.construido caballerizas en los m'smos, y hasta algunos cochera. La fama de estos bafios muy notable, y no es son sólo los españoleslos que acuden á ellos, sino que se cuentan entre los bañistas algunos france¬ ses, ingleses é italianos, y, lo que es más raro, en¬ fermos venidos expresamente de Ultramar, no sólo de nuestras Antillas, sino que también del Norte y del Sud de América. VII Vida común de los bañistas Como, á pesar de escribir esta obrita para el público en general, estamos seguros de que los bañistas han de ser los que hagan más uso de ella, creemos necesario dar, aunque someramente, al¬ gunas noticias sobre el método de vida que ellos acostumbran guardar desde que se dirigen al tren y durante su permanència en Caldas de Montbuy, hasta el dia de su partida. Si el viajero no ha pedido habitación anticipa¬ damente, comohacen alg'unos por medio de carta, escoge la que más le conviene á su llegada al esta¬ blecimiento y se acomoda en ella. Da los nombres que han de constar en el registro de la casa, y se ffrovee de la papeleta de autorización para el uso del agua que le otorga el señor Médico-Director de losbaños, en la actualidad D. Gabriel Calvo, que habia desempeñado ya, y, por cierto, con agrado de los bañistas, tan importante plaza hace más de cuarenta años, al que debe presentarse á la hora que él tenga fijada. Las aguas de Caldas de Montbuy se usan en — 29 - cualquiera época del año. No obstante, las más concurridas suelen ser las comprendidas entre úl¬ timos de Abril y mediados de Julio, y entre prin¬ cipio de Septiembre y fin de Octubre. Durante este tiempo, acostumbra vivir en Caldas el médico- director; en lo restante del año, suplen su falta los ' señores facultativos de la población, dispuestos siempre á volar en auxilio del enfermo que quiera . ' utilizar sus servicios. A propósito, no nos ocupamos, ni aún somera¬ mente, de los diferentes medios de que se vale la hidropatía para la curación de los enfermos, por creer que el médico de cada uno de ellos es debe indicar el plan quien terapéutico ó curativo que ha de seguir. Esto no obstante, deben tener muy pre¬ sente los señores bañistas que no siempre lo agra- I dable lo más conveniente, y que en ninguna es ocasión, para buscar lo que les sea más grato, de¬ ben separarse del plan referido y de la vigilancia , que sobre el cumplimiento del mismo observan los bañeros; y, si decimos esto, es porque hemos observado que hay muchísimos bañistas que, 1 desconociendo completamente las aplicaciones hi- droterápicas, creen, por ejemplo, que un baño que no tenga una temperatura muy elevada no ■ puede ejercer acción alguna sobre las dolencias que les aquejan, y con perjuicio de su curación, y muchas veces con grave riesgo, añaden á la pila ; agua caliente hasta tanto que consideran hallarse à placer. Casi ■ siempre los facultativos ordenan al bañista que se recoja en su habitación, luego después de haber salido del baño, por ciertas consideraciones médicas fáciles de adivinar, y no pocas veces en¬ cargan que en aquel momento se procure la trans¬ piración; por cuyas razones y por sentirse con - 30 - necesidad de descanso, ya que ha madragado bas- '■ tante, el bañista se retira á su habitación, metién- ' dose en cama, en la que acostumbra permanecer i hasta que el camarero ó camarera, á quien ha pre- i venido el día anterior, llama á su puerta y le sirve ^ el chocolate. i El primer tren que, por lo regular, llega á Cal- ! das á las ocho de la mañana, por cuanto procede ' del primero que sale de Barcelona á las seis ó seis j y media de la misma, es el portador del correo de la capital, que es el general, por no haber en Caldas más que cartería, y además los periódicos. Hay, no obstante, un correo extraordinario que sale de Caldas en el tren de la una y minutos y regresa en el último. Por esto, al levantarse el bañista, y sin asuntos de que ocuparse, se dirige al salón de reuniones, ó á otro punto en que se acostumbre leer los periódicos en el estableci¬ miento en que se halle hospedado, y pasa un rato con su lectura. Luego después sale á dar un paseo, que suele limitarse al interior de la pobla¬ ción, visitando cuanto ella tiene que visitar y de lo cual nos ocupamos en esta misma obra. La tarde acostumbran ocuparla los señores ba¬ ñistas en juegos de mero pasatiempo, á cuyo fin se organizan partidas de billar, solo, tresillo, ajedrez, dominó, etc., siendo de notar que, al revés de lo que sucede en otros puntos de baños, extranjeros sobre todo, no se entregan los bañistas en Caldas de Montbuy á los inmorales juegos de azar, en que no se entra nunca sin exponer grandemente el bienestar de las familias. A las seis se sirve la comida, para la cual se avisa por medio de la campana, conforme llevamos dicho. A ningún bañista le es conveniente el relente de J la noche, por lo que desde el anochecer se reúnen todos en el salón del respectivo establecimiento, entregándose á toda clase de distracciones, como baile, juegos de prendas y demás medios de pasa¬ tiempo. De vez en cuando alguno de los estable¬ cimientos dispone alguna reunión extraordinaria, más espléndida que las que se dan en días comu¬ nes, y para tales reuniones acostúmbrase invitar á los bañistas de los demás establecimientos, que, excediéndose un de la prescripción del médi¬ poco co, que desea se libren del relente, acuden á ellas siendo muy bien recibidos y obsequiados. En algunas casas de baños se obliga á los seño¬ res huéspedes á retirarse á sus habitaciones á una hora ^a, que por lo regular es la de las once de la noche; medida que nosotros aplaudimos y desea¬ ríamos ver establecida en todas, para que los ba¬ ñistas que deseen descansar sepan á qué atenerse respecto á la hora en que ha de cesar la broma y, de consiguiente, el ruido. A los señores bañistas que comen en cualquiera de las dos mesas á la española, les es servido tam¬ bién el chocolate en su habitación, y hallándose en la cama, si así lo solicitan. El chocolate se sirve con pan ó bollo; y si alguno quiere tomar con él un vaso de leche, que en Caldas es riquísima por la exce¬ lencia de los pastos, ha de pagarla por separado. Estos mismos bañistas pueden tomar un ligero almuerzo, consistente en un solo plato, por lo re¬ gular una sopa, desde las nueve á las once de la mañana. La comida de las dos mesas á la española se sir¬ ve á la una de la tarde, casi en todos los estable¬ cimientos y en toda época del año. Más tarde, cuando la temperatura atmosférica lo permite, salen los bañistas á dar un paseo por - 32 — los alrededores de la villa, visitando las fuentes y demás sitios de reoreo, que se mencionarán en el curso de este Guía-Cicekone. Al regresar del paseo, se reúnen en el salón con los bañistas que comen á la francesa y los demás de la casa, procurando mutuamente pasar agrada¬ blemente la velada, valiéndose para ello de los medios que en otro lugar hemos señalado. Regularmente la cena á la española se sirve á las ocho. Hay en los establecimientos otra clase de bañis¬ tas que no comen á la francesa, ni á la española, en las mesas redondas de las mismas. Nos refe¬ rimos á los que cocinan por su cuenta. Estos, al llegar al establecimiento, se hacen cargo de una cocina que el mismo les facilita, provista del ajuar y servicio necesarios, por todo lo cual satisfacen lo establecido; y como pueden dispo¬ ner libremente las horas de sus comidas, de ahí que puedan seguir un plan de vida, totalmente distinto de los demás, amoldándose como mejor les parezca á las indicaciones que llevamos apun¬ tadas. Habiendo manifestado ya cuanto puede interesar á los bañistas ó viajeros, respecto á la vida común en los establecimientos de baños, pasaremos á ocuparnos de todo aquello que por tener algo de extraordinario, pueda interesar á unos ú otros for¬ mando, por decirlo asi, sus distracciones favoritas especiales. VIII Festividades notables Cada una de las poblaciones de Cataluña tiene festividades propias, que la tradición ha conaer- - 83 - vade desde los más remotos tiempos. Tiernos can¬ tares quellenan el alma de dnlce melancolía^ arrebatadores himnos guerreros que encienden de coraie los corazones; tristes endechas; epitalamios festivos; sencillas pastorellas; típicas danzas: de todo, absolutamente de todo se conserva, y bien conservado, por cierto, en las fiestas populares de nuestro país. ¡Lástima que la tradición no nos haya transmitido el origen y la significación de algunas de nuestras fiestas! Para no hacer interminable este capítulo, nos ocuparemos solamente de las festividades que se celebran en Caldas con alguna particularidad; ha¬ ciendo caso omiso de aquellas que, no obstante de tener'cierto carácter especial, son conocidas de nuestros lectores, por haberlas presenciado alguna vez en otras poblaciones del Principado. Sigamos el orden que nos señala el calendario, Día 17 de Enero, San Antonio Abad.—Se ce¬ lebra en Caldas esta fiesta de una manera esplén¬ dida. Una circunstancia especial contribuye á ello. Hay en Barcelona una verdadera colonia de carboneros caldenses que, habiendo pertenecido antes á la clase de tragineros ó labradores, for¬ maban parte de los que celebran en Caldas la fies¬ ta de San Antonio, ocupando algunos de ellos en la actualidad una posición bastante desahogada, por lo que, contribuyen pecuniariamente y con su asistencia á que dicha fiesta tenga una animación desusada. A las nueve de la mañana, todas las caballerías de la población, vistosamente enjaezadas, desde el modesto borrico hasta el aristocrático caballo, son conducidas á la plaza del Olmo, en donde se cele¬ bra con toda solemnidad el acto de la bendición 2 - 34 — por el clero de la villa, cuyo acto ee amenizado poralguna música. Terminada esta ceremonia, al¬ gunas caballerías se dirigen á las carreras cono¬ cidas por tres toms. Los divines oficios se celebran con música y con la mayor solemnidad, en el altar del santo, que se halla adornado con obleas en panes, de variados colores, colgadas en varios puntos de la capilla. Terminados los oficios divinos, se celebra una procesión, en la llevada en andas la imagen que es del santo, asistiendo los administradores y otras personas. El curso que sigue esta procesión es el siguiente; salida de la iglesia, plaza del Olmo, ca¬ lle del Eorn, plaza de las Dos Fuentes, plaza Ma¬ yor ó de la Constitución, calles de Santa Susana, de Barcelona,, plaza del Olmo y regreso á la iglesia. Por la tarde tiene la plaza Mayor la lugar en característica danza, llamada Entrada de ball. Este baile no pertenece exclusivamente á Caldas de Montbuy. En algún otro pueblo, como por ejemplo, en Castelltersol, hemos visto nosotros al¬ gún baile, que como el llamado del Ciri, tiene mu cha semejanza con él, bien que no sea del todo igual. Hace pocos años, los hombres que bailaban la Entrada de hall se presentaban con piezas ^e abri¬ go, como gambetos, capas y demás, sin temor á los ardores de un sol canicular, cuando se ejecuta en el rigor del verano. Ahora se baila ya, por parte de los hombres, sin abrigo, con traje negro y som¬ brero de copa alta. Las mujeres continúan aún presentándose con mantilla blanca, apuntada en la cabeza y en lo demás suelta enteramente. En la Entrada de hall toman parte solteros y - 35 — casados de ambos sexos. Los solteros escogen su pareja;pero los casados no pueden hacerlo tan li¬ bremente, Los comisionados, prohombres, ó dígase como se quiera, del baile, invitan á un número de casados y casadas, llegando sus facultades hasta el extremo de ser ellos quienes arreglan las pa¬ rejas. Hay en la plaza Mayor de Caldas da Montbuy un espacio cuadrado, empedrado con grandes adoqui¬ nes, destinado antes para el mercado de granos y bailes populares, que con más frecuencia que ahora tenían lagar antiguamente. Unidas á dicho espacio cuadrado por la parte Norte, había dos ó tres gradas que con preferencia quedaban, hasta el año pasado que se reformó toda, ocupadas por la apiñada multitud, con bastante anticipación á la hora en que debía principiar la Entrada de ball, quedándolo también los otros tres lados de aquel cuadro y todos los balcones de las casas contiguas. Los caldenses tienen tal predilección por la En¬ trada de ball, que asisten á ella, como ejecutantes ó como meros espectadores, siempre con el mayor placer, ataviándose los primeros con sus mejores galas y no dejando pasar un solo detalle los se¬ gundos. El lugar que se deja para los que bailan queda completamente desocupado, de lo cual cuida el portero pregonero del Ayuntamiento, que perma¬ en él constantemente con un nece largo mimbre enla mano, con el cual sacude el polvo á algún muchacho que, menos prudente que los demás, traspasa la valla ó cerco de bancos, colocados alre¬ dedor por los establecimientos de baños ó casas particulares. Precedida de la música llega la comitiva de danzantes en dos filas, una de hombres y otra de - 36 - mujeres. Al entrar en la plaza, los hombres dan la mano á sus respectivas parejas, llevando en la otra el sombrero, dando asi una vuelta redonda á la plaza y concluyendo por formar un verdadero cir¬ culo. En esta disposición, da principio la música al primer tiempo de la Entrada de hall, que es un aire de mazurka, de un corte especial. Consta este primer tiempo de tres partes diferentes en la mú¬ sica y diferentes también en el baile. La segunda parte es la llamada Pavana ó Espolsadeta, á tiem¬ po bastante vivo, concluyendo con una cadena ge¬ neral á la que se da el nombre de Dama. Después de la Entrada de ball, la orquesta eje¬ cuta dos ó tres danzas de las acostumbradas hoy dia y en las cuales se permite danzar á los que no forman parte de la primera. Por la noche hay baile particular en algún sa¬ lón de los de la villa. Día 20 de Enero.—San Sebastián,—A unos ocho kilómetros de camino, se halla un grupo de casas ó barrio, á que se da el nombre de San Se¬ bastián, perteneciente al distrito municipal de Cal¬ das de Montbuy. Acostúmbrase visitar en rome¬ ria la capilla en donde se venera el santo, patrón de aquel barrio, cuando alguna epidemia invade alguna población cercana, ya que Caldas de Mont¬ buy, por su benéfico clima se halla casi siempre á cubierto de toda invasión. El día 20 de Enero, se trasladan á San Sebas¬ tián muchos caldenses y no pocos vecinos de San Pelio de Codinas, Grallifa, Bigas, Riells y otros pueblos; y como para la concurrencia que hay fal¬ tan albergues, fórmanse infinidad de corros que llenan todo el valle, en que está situado San Sebas¬ tián, en cada uno de los cuales brilla la corres- — 37 — pendiente fogata, en que se guisa á las maravillas el más suculento arroz. Como es de suponer, en San Sebastián se cele¬ bran los divinos oficios con la mayor solemnidad por la mañana, y Rosario y otros actos por la tar¬ de; terminados los cuales, desfilan los romeros regresando á sus respectivos pueblos, y precedi¬ dos ordinariamente los de Caldas del correspon¬ diente gaitero y timbalero, que, además del timbal que tañe con la diestra, sostiene con la iz¬ quierda el fluvial que toca á la vez. El Carnaval se celebra en Caldas de Montbuy de una manera muy poco animada, quedando re¬ ducido á unos pocos mascarones, vestidos con trajes de pésimo gusto, que recorren las calles los domingos y demás días festivos. Los bailes de máscaras han ido decayendo de tal suerte, que apenas lo parecen los que se dan hoy, por la esca¬ sez ó casi carencia total de ellas. Los casinos acostumbran á darlos el jueves lardero y los tres días de Carnaval, y si no son concurridos por gen¬ te de careta, son en cambio favorecidos por una concurrencia distinguidísima. Serra vella ó bella, ó Serra la vella ó be¬ lla, ó Serra A la vella ó bella.—No hemos podido descifrar bien cuál de estos nombres es el que corresponde, con más propiedad, á nna diver¬ sión á que se entregan los muchachos el miércoles de la cuarta semana de Cuaresma, pues de cual¬ quiera de las maneras citadas puede designarse. La tradición no nos ha transmitido ningún dato, con el cual pudiéramos venir en conocimiento de. una diversión tan original, como la de que nos ocupamos. Nos limitaremos, pues, á poner al co¬ rriente á nuestros lectores de la manera cómo tie¬ ne Ingar. Con algunos días de anticipación, los niños se organizan en agrupaciones, que casi nunca exce¬ den de ocho individuos, para ir á la Serra vella que así la llamaremos para no hacer complicada ó confusa nuestra relación. En el trascurso de treinta años, la Serra vella ha sufrido notables modificaciones, que acabarán, no lo dudamos, por dejarla enteramente descono¬ cida. Antiguamente la celebraban siempre de igual manara, ostentando los niños los mismos chismea. Uno de ellos llevaba una sierra de carpintero, otro un tuero (boscall), otro un cesto grande, en que se colocaban los gajes que se recogían, y los restan¬ tes, á lo más, un pequeño estandarte pintarrajado con colorea muy chillones, y turnando con el del cesto los que no llevaban otra cosa. Hoy llevan ya triángulo, panderetas, tamices á guisa de bombo y otros instrumentos á propósito para causar rui¬ do, habiendo suprimido casi completamente eluso de la sierra y tuero. Antes cada comitiva infantil recorría las casas en donde podía hallar simpatías alguno de sus individuos. A la entrada de la misma, dos de ellos sostenían el tuero por los extremos, mientras que otro le aplicaba la sierra, permaneciendo ase¬ rrando, mientras en tono bastante monótono, pero algo melópico cantaban ó recitaban lo siguiente, que á través de los años debe haber sido muy des¬ figurado, ya que ahora es imposible hallarle sig¬ nificación alguna. Serra, serra, vella, (ó bella) Que' n fila massa toba. (1) ¡Eh, eh, ehl ¡Serra gabaig! ¡Serra gabaigi (1) Según otros: «que 'n fila y may se tórba.» Mestressa porteu ous, que demà será dijous. ¡Eh, eh! ¡Serra gabaigl Mestresa, porteu cansalada, (1) que la serra està amusada. ¡Eh, eh, etc. Mestressa porteu ví, que la serra no pot seguí. ¡Eh, eh! etc. Mestresa porteu pá que la serra no pot passà. ¡Eh, ehl ¡Serra gabaigl Virolet, San Pere; virolet, San Pau; que veniu de Roma y 'n porteu corona de San Nicolau. La caputxa 'm queya, la caputxa 'm cau. La comitiva, ó colla, como vulgarmente se lla¬ ma, de los monaguillos, ganosa de dar una mues¬ tra de ser en el canto superior á las demás, prin¬ cipió á introducir otros cantos en la Sehka vella, conservando, empero, al principio, el antiguo; los demás imitaron á los monaguillos, dejando todos poco á poco el canto ó recitado antiguo, para ve¬ nir por último á parar á la manera como se cele¬ bra hoy. (1) A este verso y ú otros les sobra tina sílaba, y asi los dejamos. Antes, los de como ahora, al concluir el canto, la casa en los ni¬ que se eje'cutaba obsequiaban á ños con un presente de huevos, nueces, almendras, orejones^ higos y otras clases de frutas, y á falta de ellas, dinero, bien que esto no ha sido nunca lo más común. La Serra verifica por la mañana y por vella se la tarde. Cada colla celebra una merienda con lo recogido, repartiéndose lo sobrante por partes iguales. Las cuarenta horas tienen lugar en Caldas el lunes, martes, miércoles y jueves de la semana llamada de Pasión. Las niñas de las escuelas tie¬ nen dedicada una hora, á la qne asisten con mú¬ sica. Concluida dicha hora, se extienden por toda la población, vistiendo aún traje de fiesta, y de puerta en puerta van recorriendo las casas de ami¬ gos y parientes, diciendo en cada una de ellas lo siguiente: Me vinch á ensenyar (vengo á ensenar¬ me ó á mostrarme), á cuya galantería la dueña de la casa acostumbra corresponder con el regalo de algunas pastas ó frutas. El Domingo de ramos tiene lugar una lucida procesión, á la que asiste gran número de mujeres solteras, casadas y viudas, que visten un manto apuntado á la cabeza y sujeto á la cintura. El as¬ pecto que ofrecen las mujeres con tan extraño manto, es muy parecido al de las que llevaran las faldas à la cabeza. Esta procesión está dedicada á la Virgen de los Dolores. A la del Jueves santo concurren los hombres. El Viernes santo, muy de madrugada, se veri¬ fica en la iglesia parroquial una función religiosa, en la que ei predicador de Cuaresma pronuncia el sermón llamado de Pasión, después del cual se celebraba antes una especie de procesión, que m - 41 - j0 máa bien parecía una romería, llamada del Via i_ Crucis, compuesta de algunos sacerdotes vestidos g con sotana y manteo, sin roquete ni ornamentos ta sagrados y con sólo el bonete, los cuales, segui- lo dos de una multitud de mujeres con mantilla blanca, se dirigían, rezando el Rosario, á la or ermita de San Salvador, celebrando las corrée¬ lo ^ pendientes estaciones, y regresando después á la es iglesia. Para los gastos de dicha procesión había un le- ei gado especial. San Salvador ha sido completamente restaurado, g_ y como no dudamos que volverá á prestar los ser- vicios que nosotros hemos visto en otras épocas, por eso esto tal como está. Je Durante el jueves y viernes de Semana Santa, jj, bay monumentos y Sagrarios en la iglesia parró¬ le quial, en la del Hospital y en la del Remedio, sien- j,. do todos igualmente concurridos, pues todos los Je visitan por igual los caldenses. le Día 15 de Mato.—San Isidro labrador.-—Los labradores celebran la fiesta de su patrón, San jg_ ' Isidro labrador, con un oficio solemne y procesión ,gg por la mañana, que recorre la plaza del Olmo, calle ije del Porn, plazas de las Dos Puentes y Mayor, ^g. calles de Santa Susana y de Barcelona, plaza del jle Olmo, y regreso á la iglesia. A esta procesión j^g concurren con escopetas los payeses y durante su ¿ curso están haciendo salvas con ellas. Algunos años hay baile por la tarde algún café de los en jg que tienen salón á propósito, si bien esto no es muy común. Día 24 de Junio.—La Natividad de San Juan ej Bautista.—Como acontece en tantos otros pueblos ge de Cataluña, la víspera de este día, se encienden _e en las calles, plazas y eras de las casas de campo - 42 - vecinas grandes fogatas que dan pábulo á una infinidad de consejas, hijas de mayor de las su- la gg persticiones, como por ejemplo, la de que comiendo gjjj un ajo cocido en alguna de ellas se halle, el que lo come, curado para siempre de dolores de cabeza, pj.¡ y otras por el estilo. gp Gran número de muchachas esperan que den las doce de la noche en el reloj de la torre de la igle- j^g sia, con una jofaina de agua delante y en la mano un huevo del día, que debe romperse al dar la gfg primera campanada, arrojando la clara al agua, gg^ para ver lo que se forma con ella, y que debe ser el indicio del oficio ó carrera que debe profesar su futuro esposo. Nosotros sospechamos que los hue- gg^ vos de la verbena de San Juan tendrán hecho pacto con los marinos, ya que casi siempre, debido á la gg naturaleza gelatinosa de la clara, forman palos y g^] velas, por cuya razón casi todas las niñas que se ggj sujetan á la prueba afirman y confirman que su jgg novio no puede ser otro que un marino trigueño de j.jg, pelo en pecho y de aquellos que tienen más pesos q en oro que ellos pesan. Esto cuando no sucede que ¡(jg la yema, puesta de mal humor, se convierte en gjg una cosa extraña, que la niña se empeña en tomar jg per un ataúd ó caja mortuoria, de lo cual deduce ¿jg que su destino es el de quedarse eternamente p^g soltera. gi¿, Un poco antes de amanecer es cuando tiene ggj. efecto el acto, propiamente dicho, de tomar la ygg verbena ó pendrer la Bonaventura, Para ello j- salen los vecinos aficionados y se dirigen á las £,g distintas ollas que se forman en la riera, álaa que gj.g se da el nombre de gorchs, en los que sumergen ggg los pies porespacio de algunos minutos, que- p dando hecha la operación, que cuando menos, ¿g j puede recomendarse como objeto de limpieza. Hay ¡gg — 43 — la creencia de que con la verbena ó Bonaventura se libra uno de dolores reumáticos. Nosotros, sin ' embargo, aconsejamos á los bañistas que no se dejen llevar de tal creencia, antes por el contrario procuren tomar, no una, sino algunas verbenas en las pilas del establecimiento en que se hallen alojados, preparadas antes con agua minero- i^®' medicinal. ino Entre las supersticiones que existen sobre los efectos de la verbena, según se haga tal ó cual cosa, recordamos en este momento Ja siguiente, s®*" ' que no deja de ser algo rara. Créese que el que se halla afectado de alguna enfermedad en la 1®" piel, como ciertas erupciones, úlceras y demás, puede cto verse libre de ella, frotando la 1®' parte afectada con un manojo de la primera yerba que encuentre al y salir de su casa y antes de amanecer. ^ s® ¡Calculen nuestros lectores el consuelo que" hallará el infeliz mortal que tenga la desgracia de dar con una or- •i® tiga al salir de su casa! sos Terminado el acto de la verbena, los que han lie j¿o ¿ tomarla se dirigen á sus casas, llevando ' ®'^ algunas cañas verdes que colocan á cada lado de la puerta en la parte exterior; lo nce que hace que el (jja siguiente, ó sea el de San nte Juan, al amanecer, presente la villa un bonito aspecto, con la profu¬ sión de cañas verdes que se observa en las calles. ®'^® Esta, sin embargo, es una costumbre que va deca¬ ía yendo. ®1^® Día 29 DE JüNio. —Nara Pedro y San Pablo.— Ias La víspera, se encienden en las calles y plazas que grandes hogueras ó fogatas, al igual de la de K®"^ San Juan. 'i®" Día 10 de Julio.—San Cristóbal.—En Caldas 1®®! de Montbuy se celebran con bastante animación las fiestas dedicadas á los santos Patronos de cada - 44 - barrio. El primero que lo verifica es el que com¬ prende la pla^a de March Saball y calles del Puente y Cañacáns. Al extremo de la primera de dichas calles y en el vértice del ángulo que for¬ maba con la última, había una gran puerta que daba al campo, y encima de la misma una especie de tribuna, en la cual había un pequeña capilla, con un altar ó retablo dedicado á San Cristóbal. Al anochecer de la víspera del Santo se cantaban en ella por el clero de la parroquia unas solemnes vísperas y completas, finidas las cuales empezaban unas especiales iluminaciones que también se hacen ahora. La se llenaba baranda de ¡a capilla de candilejas, y al momento empezaban á arder numerosos tederos colocados en palos altos, clava¬ dos en el centro de la calle, en frente de las vivien¬ das de los vecinos que los costean. Como es de suponer, esa iluminación, que en parte se hace ahora también, llena la atmósfera de denso humo, que se hace insoportable al poco rato; empero, como se toma la precaución de que los tederos (teyers ó teyeras) de la calle se coloquen á una elevación de unos dos metros aproximadamente, la humareda que levantan pasa por encima de los paseantes, que son numerosos. Los vecinos del- barrio que está de fiesta suelen permanecerá la puerta de sus casas, mientras dura la iluminación, y á los de los otros barrios que acuden á gozar de ella les invitan á tomar algún refrigerio, ó cuando menos á beber un trago, á cuyo efecto tienen cerca de la puerta un colosal porrón de vidrio azul, lleno de vino añejo, ó de una mezcla de mosto y aguar¬ diente llamada mistela. El día del Santo dos ó tres muchachas, que por lo regular son hijas, ó á lo menos de la familia de las administradoras, recorren toda la villa reoo- I - 45 — a- giendo limosnas, dejando á la puerta de las oa- y el sas en que las obtienen una cantidad de espliego,_ de que suele correr parejas con la misma limosna r- recogida, sembrando ó cubriendo completamente ue con la propia yerba aromática todas las calles del ¡ie barrio. a. En la capilla del Santo, tiene lugar á las diez de il. la mafiana, un Oficio solemne y una misa á las doce an menos cuarto. A uno y otra asisten, desde la calle es del Puente, gran número de fieles, an A la comida son invitados los parientes ó amigos se ' más Intimos. ba Dícese, en tono zumbón, que en la comida del 1er dia de San Cristóbal se sirve un plato de cigarras ra- á los invitados; así que es muy frecuente oir á uno in- de dicho barrio invitar á otro de fuera del mismo, de diciéndole: van á comer conmigo, que te daré ciga- ,ce rras. No comprendemos á qué viene una cosa tan 10, rara como ésta, y cuyo origen no nos ha sabido •o, explicar nadie. 08 De algunos años á esta parte, suele haber baile na por la tarde, en el que solamente toman parte los te, vecinos suscritos, repitiéndose por la noche las los iluminaciones de la víspera. ieh 29 T 30 de Jdlio.—j'íesía en conmemoración de la la heroica defensa de Caldas de Montbuy contra 5n, los carlistas.—Las huestes de D. Carlos, manda- de das por D. Alfonso, D.^ Blanca, Miret y otros ido cabecillas y formando un contingente de cuatro ó •oa cinco mil hombres de todas armas, inclusa la arti- ino Hería, al anochecer del día 29 de Julio de 1873, ar- se aproximaron sigilosamente á la parte norte de la población, intentando asaltaría por el Arrabal ;or del Remedio y sucesivamente por la puerta Ha¬ de mada de Vich. No debieron tener, empero, la ¡o- empresa por muy fácil, ya que, en lugar de pre- I — 46 - sentarse á pecho descubierto, se parapetaron unos i •tras de una batería emplazada en el Paseo, míen- i tras que otros, auxiliados por algunos hombres i llevados forzosamente de San Pello, se acercaban | á través de las paredes de las casas que perfora- ¡ ban, á la puerta de Vich referida, en donde se ! había montado una barricada que los Guías de la i Diputación y les vecinos de Galdas defendieron con | gran tesón. Sin tardar mucbo, el ataque se generalizó hacia : la fábrica, que era entonces del Sr. Ferrer, junto ; á la cual había otra tarricada, y hacia la parte de ; San Salvador, que domina todo el Ensanche, del que se hallaba posesionada una parte de la fuerza | defensora. En aquel sitio y al acometer denoda- : damente á un grupo enemigo con un pelotón de i valientes, halló la muerte el valeroso capitán Se- : rradell, que, herido de un balazo en la frente, cayó | para no levantarse más. ! La lucha fué desesperada y duró toda la noche, perdiendo los defensores 14 hombres, todos ellos muertos, y no recibiendo hasta el amanecer más ' auxilio que el de unos 30 hombres que, volunta- | riamente y con un valor digno de todo elogio,) ; acudieron de Sentmanat, deslizándose entre las : sombras de la noche, y algunos centenares de ' hombres de Sabadell, cuya presencia debió nece¬ sariamente levantar los ánimos que empezaban á desfallecer por efecto del cansancio y por la esca- ' sez de municiones. Verdaderamente fueron mortales las horas que duró la defensa, y al acudir aquel puñado de hé¬ roes que no midieron el peligro en que se ponían a! defender la población, debemos rendir un tri¬ buto de admiración á la memoria del valiente co¬ mandante de Guías D. Francisco Puigjener, que . — Al — denotó ana valentía, una entereza y una presencia de ánimo, como poseen pocos hombres en tan apu¬ rados momentos. El auxilio más poderoso y más eficaz fué el de la columna mandada por el entonces coronel te¬ niente-coronel graduado D. Serafín A.sensio Vega, compuesta de un batallón de milicia nacional de infantería, mandado por el Sr. Pous, otro de la misma clase de artillería, algunas compañías de Guías del General, otras dos de carabineros, un batallón Guías de la Diputación, varios volunta¬ rios de Granollers y de algún otro punto y artille¬ ría y caballería de ejército. Toda esa fuerza, en su mayor parte bisoña, penetró á las primeras boras de la mañana del 30 con gran empuje por la parte baja de la población y decidió el éxito déla defen¬ sa, ahuyentando al enemigo por la parte del Reme¬ dio, Puigdomí y carretera de San Felío, en donde le hizo numerosas bajas. No hapodido precisarse bien el número de muertos y heridos que tuvieron los carlistas en esta jornada, pero se supone que fueron nume¬ rosos. Ahora bien, pues. Caldas de Montbuy en con¬ memoración de este brillante hecho de armas celebra anualmente en los días 29 y 80 festejos de Julio, consistentes simulacro de ataque, en un serenatas en las que la sociedad coral canta un rigodón bélico, titulado: Los Calderins, descrip¬ tivo del ataque y cuya letra, lo mismo que la música, son debidas al autor de esta Goía, una Salve en el Remedio, Oficio de difuntos en la iglesia parroquial, bailes en los casinos y toda suerte de funciones, á las que se da igual impor¬ tancia que á las del Aplech, de que hablaremos después. - 48 - Otra población más amante que Caldas de po¬ seertimbres que la honren y enaltezcan su nom¬ bre ante las generaciones venideras, habriase procurado alguna recompensa, quizás habría ges¬ tionado una calificación gloriosa para añadirla al sencillo nombre que hoy lleva. Quien sabe si habría reivindicado el nombre de ciudad celebé¬ rrima con que se la reconocía en la antigüedad ó pretendido volver á ser brazo y calle de Barce¬ lona. Caldas se ha limitado á rezar todos los años por los muertos y á recordar sus proezas con fes¬ tejos. El día 6 de Enero de 1893, después de haber pa¬ sado muchos en la emigración, el valiente teniente- coronel D. Serafín Asensio Vega, tuvo á bien visitar á los caldenses, y con tal motivo hubo en Caldas de Montbuy lo que nadie podía esperarse. No hay allí más que agradecimiento. Se recordó una jornada terrible, que con pocas horas más ha¬ bría acabado con la tenacidad de un pueblo, que se veía por momentos en poder del enemigo, á no haber sido la decisión de la columna del Vallés, mandada por Asensio Vega, que vino á rescatarle con decidido empuje. Así es, que no se pensó en Caldas de Montbuy más que en mostrar su noble agradecimiento á su libertador. La población entera, presidida por el Ayunta¬ miento, á cuya cabeza figuraba el alcalde primero D. Isidro Xalabarder, sin miramientos de ninguna clase, obsequió á tan valiente huésped, que des¬ pués de haber sido agasajado por toda la pobla¬ ción, siu distinción de matices, loíué él y los que le acompañaban, por los caldenses que pertenecen al partido republicano. — 49 - DIA 2 DE Agosto.—Ntra. Sra. de los Angeles.— En este día celebra la fiesta el barrio que com¬ prende la plaza de San Bartolomé, y calles de Vich, Arrabal del Remedio, calle Mayor, hasta el paseo del Remedio y Cükredossos adya¬ centes. La fiesta del barrio de Ntra. Sra. de los Angeles se diferencia de la del de >au Cristóbal, en que las calles se adornan con algunas cadenas de papeles de colores y alguna que otra araña de papel tam¬ bién, á que se da el nombre de Salomó; y en que de la comida de la primera no se dice lo mismo que de la de la segunda, ó sea lo de las cigarras. El baile, por lo regular, se da en la plazuela que hay enfren¬ te de casa Costáns y casa Aguilar, en un recinto formado con palos y arcadas, cubiertos con lentisco ó mata. Día 4 de Agosto.—(S'awfo Domingo de Guzmán. —El comprende las calles de 8anta barrio que Susana, Barcelona, Sinagoga, Santiago, Lleonarda y Hostalrich, tiene por patrón á Santo Domingo de Guzmán, y de consiguiente celebra su fiesta el día 4 de Agosto, al igual de la del barrio de Nues¬ tra Sra. de los Angeles. Día 5 de Agosto.—Aira. Sra. de las Nieves.— El barrio de la Virgen de las Nieves se compone de las calles den Bellit ó Vallit y adyacentes, y del trozo de la calle Mayor, que comprende desde el paseo del Remedio hasta el torrente dm Salser ó del Damiá. Su fiesta no ofrece ninguna novedad, siendo en un todo í íual á la de la Virgen de los Angeles y Santo D mingo. Día 11 de Agosto.—Santa Susana.—he, fiesta Mayor de Caldas de Montbuy habíase celebrado siempre el día de Santa Susana, considerándose las de la Santa Majestad y Ntra. Sra. del Remedio secundarias ó inferiores á aqnélla. Debióse pensar I que el día 11 de Agosto, por lo caluroso y por la | circunstancia de encontrarse en época en que la . afluencia de bañistas es algo escasa, no era tan ' á propósito para atraer concurrencia como el cuar- I to domingo de Septiembre, en que tenía lugar la ! fiesta de la Santa Majestad, y he aquí que fué i decayendo, al paso que tomó raayor incremento ' ésta. Sucedió entonces que la fiesta de la San¬ ta Majestad, hallándose tan cerca del Aplech . del Remey, fué decayendo también y se trató y resolvió al fin la fusión de ambas, que se celebran juntas el día á que correspondía antes la última; ; dejando, empero, la celebración de la parte reli¬ giosa de la de la Virgen del Remedio para el do¬ mingo siguiente. Como se puede suponer, la fiesta de Santa Su- sana debe hallarse bastarte desatendida por las ' razones que manifestamos. Esto no obstante, los caldenses tienen por dicha Santa cierta venera¬ ción y respeto; y el día de su fiesta lo guardan de una manera, si no muy espléndida, verdaderamen¬ te digna. Alguno que otro año tiene lugar al mediodía el acto llamado: Llevant de Tadla.—Consiste éste en que dos parejas, lujosamente vestidas y llevando una ban¬ deja en una mano y una almarraja con una mezcla de agua y varias esencias en la otra, recorren con la música, á la hora de la comida, los establecí- ; mientes de baños y casas particulares distingui¬ das,recogiendo algunas cantidades que se destinan á sufragar los gastos que ocasionan las funciones religiosas y profanas del día. A pesar de haber decaído tanto la fiesta de Santa Susana, el día de la misma suele haber por la tarde - 51 - la oaraoteriatioa danza Entrada de hall, de la qae extensamente nos ocupamos al hablar de la fiesta de San Antonio Abad. Cuando menos, hay baila por la noche. antiguamente dos días. Hoy Esta fiesta duraba queda reducida à uno solamente. Día 2 ue Septiembre.—El Santo Angel Custo¬ dio.—El barrio más populoso es el que ha escogi - do tal día y tal Santo para su fiesta. Comprende las calles del Forn, Garaus, Corredosaos, desde el torrente Salser hasta la calle del Angel, Corre¬ dosaos deis bens, ó calle de Agulló, calle de Made- 11a, Camp de V Arpa, calle del Angel, plaza del Olmo, barrio den Canyellas, calle de la Carretera y todo el ensanche de la parte sud de la población. La fiesta de este barrio se celebra de la misma manera que las de los demás, pero con más es¬ plendidez, siendo varios los bailes, habiendo casi siempre Llevant de taula y asociándose á ella casi toda la villa. Es que, con el camino indudable que lleva, la fiesta del Angel Custodio será dentro de pocos años fiesta general en Caldas de Montbuy. Cuarto domingo de Septiembre.—fies¬ ta Mayor.—Actualmente, este día no se diferencia en nada de los demás festivos; pasando, por lo mismo, desapercibido del todo. Segundo domingo de Octubre.—Aplbich del Remby.—Apenas .li hay en Cataluña un Santuario en el que no se celebre una fiesta anual, á la que se da el nombre de Aplech, equivalente á Reunión. En los Santuarios que se hallan completamente en despoblado, la reunión ó Apíec/i se verifica alrede¬ dor de losmismo?, pasando allí la gente todo el día, conversando, paseando, bromeando ó comien¬ do. El aspecto que presentan los Aplechs por lo animados, es imposible de describir. Él Aplech del Remey es algo distinto de los demás. — 52 - La ermita de Ntra. Sra. del Remedio puede ta considerarse como formando parte de Caldas de qi Montbuy, estando como está separada únicamente por un paseo de menos de un kilómetro. m De la ermita y del paseo nos ocuparemos di en lugar oportuno, por lo que dejamos de hacerlo m ahora. la La época en quetiene lugar el ApJech del Eemey m es, sin ningún género de duda, la de mayor con- te currencia para los establecimientos; y no concu- os rrencia de baldados y tullidos, que de poco ó nada ai sirven para animar una fiesta, sino de familias ó E comitivas en las que abundan la juventud, tanto lo como escasean los dolores, parálisis y otros acha- si ques que se observan entre los bañistas. A tan ni animados concurrentes hay que añadir los que llc' ti gan de todas partes en coches, tartanas, carros, n caballerías y á pie, invitados por las familias par-i ei ticulares y atraídos por una fiesta que, como el d Aplech del Remey, goza fama universal. Desde las primeras horas de la mañana, obsér- ü vase ana afluencia tal de forasteros, que al poco e rato quedan enteramente llenos los establecimien- r: tos de baños, hostales y cusas particulares; las calles Mayor y de la Carretera se ven ocupadas A por toda clase de vehículos; por todas partes pu- n luían los forasteros y todo indica lo extraordinario ti del día. En la plaza Mayor se colocan los quinca- d lleros, cuchilleros, gorreros y todos los que se de- G dican á la venta de géneros que no sean de comer, y En la ancha plaza del Remedio se coloca una mul¬ titud de mesas, en la que se vende lo que vulgar- li mente se llama Torrat, que consiste en toda clase n de pastas, confituras, almendras, avellanas, et- h cétera, etc. También se ha adelantado algo con q respecto al Torrat, que antes era muy modesto, g - 53 — ede tan que se componia únicamente de ros- modesto, de quillas carquiñolis de una clase especial, y mte La afluencia de gente que va á la ermita del Re¬ medio con objeto de visitarla y comprar Torrat, en dura todo el día, habiendo en la capilla algunos erlo muchachos que, á guisa de monacillos, y mediante la limosna de cinco ó de diez céntimos, cantan nada ney menos que los de la Virgen en catalán ó cas¬ gozos en- tellano, según desee el devoto que paga. La músi- cu- ca ó tonada de que se valen para ello es bastante ada antigua también, no cantándose únicamente en el is ó Remedio, sino en muchos otros santuarios de Cata- ,nto luna. Recomendamos á los inteligentes dicha mú- :ha- sica, especialmente cierta armonización, que no y tan nos atrevemos á precisar sea la legítima, ya que, á lie- través de los años, puede haber sufrido alteracio- ros, nes, por ciertos acordes con los cuales no deben de Dar- estar muy conformes los maestros de contrapunto el de la escuela purista. ) A las diez de la mañana, la imagen de la Santa lér- Majestad, en sualtar en la iglesia parroquial, tiene oco el Oficio preparado, al que suelen asistir las auto- ien- ridades en corporación. las Por la tarde quedan limitadas las diversiones al das Aplech, que es más concurrido, si cabe, que por la pu- mañana. El paseo del Remedio está tan animado, irio tan favorecido, que al verlo, no hay nadie que eche ca- de menos la Rambla de Barcelona, ni el paseo de de- Gracia, en los días en que la concurrencia es mayor ler. y más distinguida. lul-' Los casinos no dan baile ninguno el domingo, jar- limitándose á alguna función teatral con algu- ase nos aficionados de la villa ó con actores de Barce- et- lona, llamados para tal objeto. Es inútil decir con que, así el elegante salón del Círculo, como el ito, grandioso Casino, se hallan atestados de especta- - 54 — dores aquella noche. Con todo, algunos concu- rrentes al Aplech, que no se contentan con las funciones dramáticas, prefieren rendir culto á Terpsícore en los establecimientos de baños, en que se organizan bailes con piano ú orquesta, sien^ do todos muy favorecidos por una numerosa y lu- ^ cida concurrencia que, á la verdad, rebosa aquel día por todas partes. El día siguiente, ó sea el lunes, dan principia los bailes de ambos casinos con el llamado de la mañana, que casi siempre es el más lucido, y co- mienza á las doce del día, durando hasta las cinco de la tarde. Cuando no ht y otros bailes que los de los casinos, puede decirse que para muchos queda reducida la fiesta del Aplech al domingo, toda vez que sola- mente gozan de ellos los que son invitados por los señores socios de lov mismos, por cuya razón se procura algunas veces que haya algún otro con carácter público, en un salón de alguna casa-café ó en un entoldado levantado expresamente. Hemos dicho que en los bailes de los casinos no i*" se permite la entrada á las personas que no están debidamente invitadas, y esto nos lleva como de la mano, aunque sea por medio de una pequeña digresión, á rectificar la creencia, que sustentan algunos, de que las tarjetas de invitación para dichos bailes se expenden por cierta cantidad al público; U. cual, si fuera cierto, dejaría en mal lugar la galantería de los caldenses, que nosotros nos complacemos en reconocer. He aquí ahora lo que dió origen á tan grave su- ® posición: Al principio de hallarse constituidos los dos casinos de Caldas de Montbuy, no se cayó en la cuenta de que, considerando á los encargados de ™ T - 55 - 3u- establecimientos como socios iguales á los demás, se les ponia en el caso de no poder disponer para la3 I ¿ los bailes del Aplech de mayor número de tarjetas en del que se concedía á los otros individuos de di- en. chas sociedades. Las angustias que esto causaba In, á los interesados, pues alguno de ellos necesitaba nel más de cien invitaciones, no son para conta¬ das. Así fué, que, no sabiendo hallar otro medio de pió salir de apuros, hubo de acirdarse por la sociedad jg que cada socio podía tomar el número de tarjetas 00- que le conviniese, mediante el pago de la cantidad ICO 1"® quedó estipulada, además de las que como socio le correspondían. El cumplimiento de tal 03 acuerdo dió muy buenos resultados, por cuya ra¬ ja zón se ha venido poniendo en práctica todos los jg. años. No se nos oculta que con un sistema que de log tai manera facilita la galantería de los socios, ge puede cometerse la mayor de las groserías por son algufo de ellos, que podría presentarse á solicitar el libramiento de algunas tarjetas, cobrando del que tuviera que hacer uso de ellas la cantidad que jjo importaran; mas nosotros, que conocemos la deli- cadeza con que obran nuestros compatricios, de¬ do bemos creerles, y les creemos incapaces de tan fea acción. •gjj Hecha esta aclaración, volvamos al camino que hemos dejado. gl Como el lunes y martes del Aplech, casi en (jgl todos los establecimiento's se observa la costumbre pog de comer à lu francesa, costumbre quc van tomando también algunas familias particulares, concluido gy. el primer baile se da ún pequeño paseo hasta las seis, en que se come, log A las nueve de la noche, antes de principiar el la 8®gtindo baile, se reúnen las orquestas de los mis- do mos en la plaza de la Constitución, en la que eje- i - 56 - cutan algunas composiciones de las más notables , de sus respectivos repertorios. Esta parte del pro- grama del Aplech del Remey es siempre muy im- ^ j portante, no solamente por ser pública, sino porque los caldenses son tan filarmónict que todo lo sa-s jgg orifican á una buena orquesta, dándose muchos ejemplos de bailes celebrados en fiestas comunes, para los cuales son llamadas orquestas distingui- dísimas de Barcelona y de otros puntos, aparte de que las de Caldas de Montbuy ocupan un buen [-j lugar entre las de su clase. No siempre la sere- j.g nata de que nos ocupamos tiene lugar á las nueve de la noche, sino que algunas veces, queriendo gj,, los músicos verse pronto libres de ella, la l ele- bran luego después de haberse concluido el baile. ^g, Durante la velada, se repiten las reuniones en los salones de las casas de baños. , A las diez de la noche, empiezan los bailes en ] los casinos, los cuales se prolongan hasta las dos gg, ó las tres de la madrugada, no habiendo ejemplo g^ actualmente en Caldas de Montbuy, de esos bailes que se dan en otras poblaciones, como Sabadell y ¿j , Tarrasa, que duran hasta después de haber salido el sol. Ordinariamente, los bailes de noche en Cal¬ das concluyen antes de la una. El martes cada uno de los casinos da un baile. Algunos años éste se ha dado por la tarde y otros por la noche. Antes, hace muy pocos años, el primero de los bailes del Aplech del Remey se daba el domingo por la noche, el segundo por la mañana del lunes, gj^g y el tercero por la noche del mismo día. jg Entonces el más favorecido por más distinguida gg concurrencia era el del lunes por la mañana. Aho- qg ra es el del último día. qg ch — hi — Cnal si tres dias de bailes y otras diversiones no fueran bastantes á saciar al ser mortal más dado á la broma, base introducido en el Aplech la inno¬ vación de dar otro baile en la velada del miérco¬ les; al cual contribuyen pecuniariamente, no tan sólo los socios de los casinos, sino que también los forasteros. Al establecer esta nueva costumbre, los forasteros mostraban un empeño decidido en no permitir que los caldenses contribuyesen con can¬ tidad alguna al c'tado baile, suplicándoles, empe¬ ro, encarecidamente que tomaran parte en él, so pretexto de que era una justa reciprocidad de los obsequios de los primeros días de la fiesta. Los jóvenes de Caldas, que jior su parte no querían permitir á los forasteros desembolso alguno, acce¬ dieron después de muchas súplicas, á condición de que unos no debían diferenciarse de otros. El Aplech del Remey es, como si dijéramos, el complemento de las fiestas de todo el año, pues que, en la parte que del mismo resta, no se celebra ninguno en Caldas de Montbuy digno de que con él distraigamos la atención de nuestros lectores. IX Ferias y Mercados Varias veces se ha intentado establecer ferias anuales en Caldas de Montbuy, con mal resultado siempre. Sin embargo, se señaló para una de ellas la víspera del Aplech, que ya vepía celebrándose antes sin que se le diera tal nombre. Los géneros que se ponen á la venta en ella son casi los mismos que deben venderse el día siguiente, excepción he¬ cha de algunos pares de ánades, y unos cuantos ! — 58 — • rebaños de corderos; proveyéndose de loa primeros los establecimientos de baños, por no perder la costumbre de servir ánades á los bañistas el pri¬ mer día del Aplech, y de los segundos los particu¬ lares, que en su mayoría comen carnero sacrificado en su propia casa, á cuyo objeto se hallan aquel día libres del pago del impuesto á que vendrían obligados otro díi que tal hicieran. Los mercados, que en todas partes guardan cier¬ ta relación con las ferias, son en Caldas de Mont- buy relativamente mejores, por lo que toca á los del martes de cada semana; pero, respecto á los que el calendario señala para el domingo, puede decirse que guardan la debida relación con las ferias, por ser tan insignificantes, que casi nadie se apercibe de ellos. Los del martes, que pueden considerarse los únicos, presentan varias fases. En las primeras horas tiene lugar la venta de toda clase de aves de caza, pollos, gallinas, quesos de Collsuspina, que, por lo finos son muy celebrados; longanizas de las llamadas de Vich, qiie no porque dejen de serlo,son de peor calidad que las legítimas, ya que, cuando menos, proceden de las inmediaciones de aquella ciudad, y las tan celebradas de Riera (Lari) de Castelltersol, proveedor de la Real Casa, hue¬ vos y algunas frutas escogidas. La venta de pri¬ mera hora queda monopolizada por los encargados ó fondistas de las casas de baños, casi por com¬ pleto, pues los particulares de la población no quieren ponerse en competencia con ellos por temor de salir mal librados, y los forasteros que se dedi¬ can á la compra y venta de los objetos que hemos citado, se hallan privados de comprar nada hasta una hora dada. Llegada que es dicha hora, empie¬ za la venta de tales artículos, y la de otros, como — 59 - ros patatras, verdurasy demás, quedando hasta este ]j^ momento reducido el mercado á una pequeña parte , jjj. de la plaza Mayor y la de San liartolomé. Al medio día da comienzo el mercado de cereales en el recinto empedrado de la plaza, si es en invier- ^g| no, ó en la de las Dos Puentes, ai es en verano, en ían <"^7® época el calor del sol y el del agua minero¬ medicinal calientan los adoquines de la primera de [gj,. tal manera, que nadie es capaz de permanecer un ,g(.. rato en ella sin que escape á más correr, jgg Desde que empezamos, sin embargo, la publica- ¡Qg ción de esta Guía, se han reformado de tal modo g¿g los mercados que se celebran aquí, que muy pronto las podremos decir que se han cambiado del todo. En ¿jg la plaza de la Constitución apenas se observan ya. En cambio, en la del Angel todo hace creer que, Jgg dentro de poco, allí estará el centro de los merca- j,g^g dos de Caldas de Montbuy. j,gg La venta de ganado no se conoce apenas aquí, gg La situación especial de esta villa, colocada en un centro al que afluyen muchísimos caminos, haca (jg que el día de mercado se convierta en punto de gg cita de los payeses de aquellos alrededores, que ¿g acuden á ella con el fin de celebrar contrataciones iri) y transacciones que de otra manera se les harían gg. imposibles. )ri. X los im- CURIOSIDADES no lor ea el interior de la población di- Jgg Ya desde el principio de esta obra nos propusi- mos ser muy parcos enmateria de indicaciones jg, históricas y apreciaciones de cierta especie que gjg solamente pueden convenir á los arqueólogos. A - 60 — no ser nos habría bastado desempolvar unos asi, cuantos pergaminos y estudiar con alguna deten- Me ción algunos edificios antiguos, tan numerosos en rrc Caldas de Montbuy, para lanzarnos holgadamente 1 en un mar de consideraciones, que podrían haber- pai nos dado materia para llenar algunas cuartillas,: lia; pero que nos habrían separado completamente fao del objeto que nos hemos impuesto. Nosotros limi- to. tamos nuestra pretensión á ser un compañero delj y i viajero y bañista, solamente un compañero, no un pu( dómine que pretenda inculcarle profundos conoci-i col mientos, val Para apartarnos de la monotonía que podría re- for sultar, si sujetábamos nuestra relación á un orden sos determinado de antigüedad ó de otra especie, pro-: ad( curamos, en cuanto nos es posible, ocuparnos indis-; Ma tintamente de unas y otras curiosidades, con lo cual tór el bañista ó viajero puede hallar más amenidad, gei Iglesia parroquial.—A la mitad de la carre-; la ] tera de Mollet á Caldas de Montbuy se halla aún rec el viajero, cuando, á lo largo del llano del Vallés de que atraviesa, y en la falda de una de las monta-; I ñas que forman la cordillera que nace en las ori-; de lias del Besós, á la cual da el nombre de Farell, net una grandiosa casa de campo de la cual nos ocu- otr paremos á su debido tiempo y lugar, descubre una se i agrupación de edificios, pequeños en apariencia, I que le recuerdan un rebaño de corderillos desean-'da, sando y huyendo los rigores del sol de estio, sobre hiji los cuales se destaca otro edificio grande y majes- oob tuoso, por la elevación de sus muros y la aún ma- 17C yor elevación de una esbelta torre ó campanario, la como se destaca sobre el inocente rebaño la figura que sencilla, pero enérgica, del pastor que vela por él,, hal guardando su sueño de la asechanzas de todo ani-' fra mal enemigo. ¿ — 61 - mos El conjunto de pequeños edificios es Caldas de an- Montbuy: el edificio de la torre es sn iglesia pa- en rroquial. nte En la plaza del Olmo se halla situada la iglesia )er- parroquial, y, apenas en ella el viajero, ha de ha¬ las,. liarse necesariamente sorprendido à la vista de su nte fachada principal, notable por más de un concep- mi' to. De dos zócalos de proporcionadas dimensiones deij y elegante forma, colocados á ambos lados de la un puerta principal, levántase dos grupos de tres )ci- columnas salomónicas de una sola pieza á las que van enroscados varios sarmientos con racimos, re- formando parte de la misma pieza columnas que den sostienen una cornisa, en cuyo follaje y demás )ro-í adornos se lee esta inscripción; Assümpta est dis- Maria in cœlum.—1701. Eemata el trabajo escul- lual tórico de la fachada una capilla ó nicho sin ima- [. gen alguna, terminado por el escudo de armas de rre-, la población, que sostienen dos alados grifos, pa- aún recidos ó iguales á los que ostentan los escudos Iléfi dearmas de los Condes deBarcelona, En el guarismo 1701 creen ver muchos la fecha ta-: )ri-:de la construcción de la iglesia; empero, basta pe- ■ell, netrar en ella para desilusionarse, á la vista de icu- otras fechas mucho más remotas que aquélla, que una inteligibles aún. se conservan muy Bia, La parte de escultura que se halla en la facha- an-'da, es debida á M. Fiter, escultor distinguido é bre fiijo de Caldas de Montbuy, y nosotros creemos, jeS' oon bastantes visos de fundamento, que la fecha ma-1701 que aparece en dicha fachada, no es otra quel rio, la de la colocación del trabajo de Fiter, opinión' ura que queda más robustecida, hallándose como se él, halla aquella fecha colocada en el mencionado ■ mi- trabajo. A algunas personas hemos oído criticar esta fa- — 62 - chada, por creerla más á propósito para un templo dedicado al dios Baco que para un templo católi -j CO, apoyando su crítica en la abundancia de pám panos y racimos que se hallan en ella. Nosotroí no lo creemos así, y nos afirma en ello la costnm-: q^. bre que vemos establecida algunas iglesias di en adornar la custodia con magníficos racimos de uvai también. jji A mediados de 1892, fné construido un magnífi- p CO rosetón en la fachada de esta iglesia, obra di ¡q un bajará de 800 duros y que honn coste que no al entonces párroco regente, Rdo. D. Roqai cura gj, Marsal, que siempre que se trató de realzar í ^ iglesia, supo hallar los medios necesarios. gj. La iglesia parroquial de .Caldas de Montbu; consta de una sola nave de una elevación y demái gj. dimensiones grandiosas. En la arquitectura domi- q, na el gusto semi-gótico, bien que en ella tengi m, también su parte el jónico yg A ambos lados del templo hay siete capillas gg Seis de ellas colocadas á la derecha, están dedi p| cadas á San Juan Bautista, al Santo Cristo y Vir úi gen de los Dolores, á San Antonio Abad, á la Pt rísima Concepción, á San Isidro y á las Almas dt jj. Purgatorio, ocupando lo restante una tribuna par [jg la orquesta, de condiciones acústicas tan malm ijy que no pocas veces han dado lugar á que los mú ^g nicos hayan negado á tocar en ella; y á la iz y se quierda cuatro, en las cuales se venerà á San Se bastián, á la Virgen del Rosario, á la Asunción ó tf. Nuestra Señora y á la Virgen del Carmen; otra ei ti( que se halla el órgano y una puerta que da al ce menterio, otra mucho mayor que las demás, en qn gg Se halla la Santa Majestad, y otra destinada! gj, baptisterio. ja, El presbiterio se halla ocupado por un pesadi — 63 — ■^P'f armatoste, en forma de colosai retablo, que en sus itóli primitivos tiempos habla pertenecido al convento pám (jg franciscanos de Barcelona, quienes se deshicie- otroi pgQ ¿0 ejj cuanto hubo en Caldas de Montbuy turn- quien lo adquiriera. Como era natural, la imágen ® de San Francisco de Asís y los atributos de la Or- den desaparecieron, para ser sustituidos por la imagen de Santa Susana y los escudos de Caldas, l'rifi' Dejamos al buen criterio del lector el examen de ^ los mil y un defectos artísticos que tiene el inmen- so maderamen de que nos ocupamos, no citando siquiera el sagrario mayor, que por lo mezquino, ' no tiene nada á qué compararse. Es tal la profu¬ sión de cabezas de ángeles é imágenes de santos qu0 ocupan dicho retablo, que el vulgo abriga la emái creencia de que en él se hallan las de todos los del Calendario. No es necesario que nos esforcemos mucho en demostrar que el vulgo está en un error, ya que ni siquiera podría dar cabida á las imáge- i'las genes de los santos de un solo día, como por ejem- pío, el en que la Iglesia celebra la ftesta de Santa Úrsula y las onóè mil Vírgenes. í Pii ^ pesar de todo, el retablo que fué de los Pa- dres franciscanos hizo las veces de altar mayor, pat' hasta que el excura párroco de Caldas de Mont- buy, D. Juau Torres García, debió de conocer la necesidad de que el culto adquiriera mayor lustre, ^ y aprovechando una ocasión que se le presentó ' propicia, adquirió para la villa un altar de cons- trucción moderna, que si no tiene un mérito artís- f®' tico notable, tampoco revela pretensiones de nin- il ce g¿n género. Con la colocación de este altar en el 11® centro del presbiterio, consiguióse desviar la aten- ida' ción del público del gran retablo, y á la vez, de- jando el espacio suficiente entre uno y otro, se ob- )sadi tuvo el arreglo del coro, de que carecía el templo. — 64 - con lo cual ae ha evitado que la comunidad tenga que verificar sus rezos y demás actos en la parte ; exterior del presbiterio, á la vista del público. Junto al presbiterio se han colocado dos altares i¿ dedicados respectivamente á la Virgen y á Sai José, debidos á las limosnas que procuró el expá- rrocoRdo. D. Juan Estrany. Los demás restablos son, casi todos, muy poco dignos de que les dediquemos nuestra atención de una manera detenida, artísticamente considerados, Uno de ellos, sin embargo, merece que nos fijemos algo en él: es el altar dedicado á San Sebastián, Hace muy pocos años hallábase colocado en la primera capilla, del lado del Evangelio, destinada hoy á baptisterio. Estaba tan abandonado y goza ba de tan poca luz, que pasaba desapercibido de la vista del más sagaz anticuario. Y como en el- extremo opuesto había una capilla, poco menos quei desocupada, se pensó muy acertadamente en tras- q ladarlo á ella, como se practicó, logrando atraer hacia él la atención y la devoción de los que antes no se acordaban de él apenas. Lo notable de este altar, son las pinturas de cuatro cuados que le sirven de zócalo y de algunos otros de menores dimensiones, distribuidos en lo restante del reta- ' blo. Tales cuadros son góticos, y al parecer, de la ^ época del Renacimiento. En la disposición que es- tán ahora, se hallan más libres del polvo que loi cubría antes completamente; lo cual es de agrade¬ cer, tanto más, cuanto que no hay renta alguna ^ para atender á su conservación y á su culto, cir¬ cunstancia que no es obstáculo para que cada año celebre en dicho altar una solemne función, se p' el día del Santo, y un lucido novenario en dicho ^ día y siguientes. ^ Antes de penetrar en la capilla de la Santa Ma-t — 65 — jeatacl, en donde tenemos necesidad de entretener¬ nos bastante, concluyamos de ver el cuerpo prin¬ cipal de la iglesia. En el pavimento observamos una porción de lápidas, con inscripciones, que denotan la existen¬ cia de otras tantas sepulturas ó tumbas, pertene¬ cientes á familias particulares de la villa, que ya no hacen uso de ellas. El cancel de la puerta principal es digno de lla¬ mar la atención de las personas curiosas, por su grandiosidad, bien que no se recomiende por su belleza artística. No muy lejos del cancel, á uno de los ángulos del edificio, hallábase antes, casi constantemente, una escalera portátil, de tal elevación, como no se conocen otras, ó si se conocen, son muy pocas. Nosotros la hemos visto más larga aún; pero en¬ tonces se cimbraba mucho y casi era inaccesible, por lo que se creyó oportuno acortarla un poco. Con esta escalera se desempolvaban las paredes interiores, y se limpiaban las exteriores, de tarde en tarde. Sacristía, que se halla en el presbiterio, ofre¬ La ce particular una imagen de barro del Crucifi¬ de cado, de 'amaño colosal, que no puede recomendar para modelo la escultura. Del centro de la nave de la iglesia cuelga una araña de cristal, de una forma tan particular, que no hemos visto otra igual. Una cosa hav que, casi puede decirse, goza de celebridad universal. Nos referimos al Organo.—Z'org'a de Caldas.—¡Cuántas y cuán¬ tas veces nuestros lectores habrán oído hacer comparaciones el órgano de Caldas! Canta uno con con voz gangosa, en tono monótono, y luego se oye quien le reprende por ello, diciéndole que se parece al órgano de Caldas. Lloriquea un niño, sin ton si son, y, casi formando coro con él, se oye )a voz de su padre ó de su preceptor que le dice: Calla, que te pareces al órgano de Caldas. Está uno atacado de spleen, hallando insufribles á todoi los demás, y no se pasan cinco minutos sin encon¬ trar uno que le diga; eres como el órgano de Cal das, que un mosquito le desafina. Un amigo nuestro se hallaba en una población del interior de Méjico. Acertó un día á pasar por cierta calle, en ocasión en que á la puerta de una casa de la misma había una mujer, y cerca de ella sentada en el suelo, una hija suya, de pocos años de edad, que se desgañitaba llorando. Aquella ma¬ dre debía reconvenirla. fY de qué manera lo hizo! ¿Qué terrible apóstrofe le dirigió? Exactamente igual á lo que habría hecho una paisana nuestra; aquella mejicana, que tal vez ni siquiera sabía que existia España, se dió por satisfecha con decir á su hija que se parecía al órgano de Caldas. Al considerar la celebridad que el órgano de Caldas de Montbuy ha alcanzado, habrán pensado, más de una vez, nuestros lectores, que tal instru¬ mento ha de ser notable; si no por su magnificen¬ cia, por su insuficiencia. No obstante, el órgano de Caldas no es ni magnifico, ni insuficiente. Consta de la mezquindad de diez registros, y por esto no puede considerársele espléndido; mas, de estos registros, la Corneta, los Nazards y los Llenos son buenos, los Flautados son pasables, y hé aquí que no puede decirse que es malo é insuficiente. No vemos, pues, la razón de la celebridad que ha que¬ rido darse á dicho órgano, inclinándonos del lado de loa que orinan que, cuando se dice: pareces el órgano de Caldas, no es que se haga referencia al de Caldas de Montbuy, sino que se refiere al de - 67 — Sin 6 la algún otro Caldas, de los muchos que existen en ice; Cataluña ó á algún otro que se halla en otia co- Cstá marca. Algunos años atrás, f ué por una corta tem- )doi porada organista de Caldas de Montbuy, el padre con- Hafael Palau, verdadera notabilidad española y Cal último organista monje de Montserrat. En aquel santuario y en Granollers había sido maestro del siÓB autor de estas lineas. por La Santa Majestad.—La segunda capilla á la una izquierda, entrando en la iglesia, llama la aten- ella ción por ser mucho mayor que las demás y constar iños de altar mayor y otros dos altares que se hallan ma- en su crucero, y además, unas tribunas á ambos zo! lados, cubiertas de celosías y en forma de galería, mte En esta capilla, y en el trozo que media desde el tra; crucero al cuerpo principal de la iglesia, hay de¬ que, bajo de unas bóvedas el local ocupado por grandes r á armarios y los confesionarios. El altar mayor está dedicado á la Santa Majestad, cuya imagen es de visitada por centenares de personas. La opinión ido, más generalmente admitida, es la de que dicha tru- imagen representa al Divino Redentor, bien que en- se halle vestida con ropajes llenos de algunos sig- de nos que, así pueden ser adornos orientales, como ista jerog íEcos ó signos simbólicos, y á pesar de que no ostente la corona imperial y se halle clavada con 3to8 cuatro clavos, como no tenemos costumbre de ver son las demás imágenes de Jesucristo, que Sobre la existencia de la Santa Majestad en Gal- No das de Montbuy, debemos atenernos á la manera ue- cómo la explica la tradición, ya que el incendio ado que devoró los archivos de Caldas á principios del f'l. siglo actual, acabó con casi todos los documentos al que podían arrojar alguna luz sobre este y sobre de otros asuntos. Cuenta, pues, la tradición, sin precisar la época en que la cosa ocurrió, la imagen de la Santa que Majestad fué llevada bohemios ó gitanos por unos que, procedentes de Luca y fugitivos de guerras y otras calamidades, se refugiaron en España, Era tal la veneración que la tenían, que al llegar á población la depositaban al momento en la una iglesia, por considerar que allí la tenían más se¬ gura y ser aquel un lugar digno para ella. Esto fué lo que practicaron aquellas pobres gentes errantes al hallarse Caldas de en Montbuy. Llegó el día de la partida, y al querer sacar de la iglesia la santa imagen, no pudieron conseguirlo, á pesar de los esfuerzos que para ello hicieron, quedándo¬ se ella como clavada en el sitio en habían que la colocado; lo cual llamó tan extraordinariamente la atención de los vecinos de Caldas, que hubieron de convenir en que lo que ocurría no era otra cosa que una revelación sobrenatural, para que la ima¬ gen se quedara en donde se hallaba, á cuyo efecto debía erigírsele un altar, como se le erigió. El sacristán, que algunos años atrás cuidaba de enseñarla al público, era más explícito en eso de hacerse órgano de la tradición, asegurando que los bohemios se servían de ella cuando la llevaban consigo, para pasar los ríos y torrentes, y aña¬ diendo que desde entonces acá iiabían transcurri¬ do más de mil años; en lo cual no andaba tal vez equivocado del todo, ya que un kmigo nuestro, persona muy competente, manifestó en nuestra presencia su opinión de que aquella imagen tenía su origen en el siglo xi ó xii. Así decíamos en 1863, en nuestra primera edi¬ ción, De entonces acá se han publicado numerosos datos, especialmente del Dr. D. Joaquín Marcer, presbítero; de los párrocos de esta villa, señores Torres García, Estrany, Marsal, Alsina y otros, — 69 — ta todoa los cuales, más ó menos directamente, han 08 contribuido á que se tengan noticias como se tie- as nen ahora. a, Nosotros, por nuestra parte, contribuimos cuan- ar to podemos á que se haga cuanta luz sea posible la en eete asunto. En la edición anterior de esta 86- Guía-Cicerone publicamos todo lo referente á sto tan importante asunto, que nos facilitó el reveren¬ tes do Sr. Marsal. En là presente, hacemos lo propio gó con lo que, por indicación del actual párroco, re¬ ala verendo Sr. Alsina, nos facilita el Rdo. Dr. D. José 3ar Canudas, actual beneficiado del Pino. Jo- En esta imagen se cometió una de las muchas [an profanaciones, que se cometen á menudo por las la personas poco inteligentes ó poco amantes del on arte. A consecuencia de un descuido de muchos isa años, hallábase de tal manera empolvada, que ni la- ee notaban en ella los adornos ó jeroglíficos de la to túnica de madera que la adorna, ni las pinturas de la cruz, en la cual hay una figura que se oree de sea la de la Virgen Maria; y hé aqui que se dis- de pusiera darla una ó dos manoí de barniz, creyen- ue do asi hacer una gran cosa. Las personas que an procuran ó consienten semejantes profanaciones, ia- contraen una inmensa responsabilidad para con el ri- arte delante de la hittoiia, y no baria mal el go- ez bierno tomando alguna disposición para evitarlas, o, con lo cual conseguirla que no desaparecieran en ra manos de los profanos algunas bellezas artísticas, ía La imagen de la Santa Majestad es de color atezado, su fisonomia semi-indiana, pómulos sa- Ji- lientes, nariz aguileña, barba negra partida y uni¬ os formemente rizada, y mirada lánguida, pero no ir, apagada; con lo cual y con la disposición del ener¬ es po que no se halla caído, se propuso Nicodemus, is, á quien se atribuye, representar al Divino Reden tor en au agonia, no después de haber espirado, pi' como son la inmensa mayoría de los crucifijos que conocemos. Una cosa rara se observa en esta imagen, y es P® que por debajo de sus vestiduras de madera, ó pct lo menos en cuanto nos ha sido dado examinar, se, halla completamente formada, teniendo exacta- mente contorneadas las piernas, con las pantorri- lias y demás, Faltando documentos que nos den noticias exao- P' tas de la imagen de la ¿anta Majestad, no cree- mos conveniente hacernos eco de las diferentes opiniones que manifiestan sobre ella muchas de las personas que la visitan, habiendo habido hasta quien suponga que podiía representar algún per- ^ sonaje, célebre por sus hechos ó por su talento, i quien se hubiese dado muerte en cruz. El que ya citamos, Dr. D. Joaquín Marcer, últi¬ mo jefe de la casa de igual nombre, que es una de las principales de Caldas de Montbuy, persona que era amantede las antigüedades y bellezas artísti- J'· cas, poseía unos cuadros al oleo muy antiguos, al- gunos de los cuales se ven hoy en el camarín de la 8anta Majestad, que representan la historia de J las funciones á que dió lugar la presencia Je esta 1 imagen en la villa en los primeros días. Uno de ellos, quizás el más curioso, contiene una prcce- P' sión, que se cree sea la que tuvo lugar cuando se trasladó á la capilla ó camarín que ocupa ahora. P' En este cuadro es de notar la presencia de ice Concelleres de Barcelona, tomando parte en la pro- cesión; y es que Caldas de Montbuy, la villa que había alcanzado el honroso título de Ciudad cele¬ bérrima, por servicios muy señalados había que prestado, fué considerada como brazocalle de y 1 Barcelona, y sus hijos eran ciudadanos de la ca- P' — Ti¬ ldo pi*'®'' y tenían nn representante entre sus Conoe- qae lleres. Véase, el camarín, en la actualidad bien dis- r es pnesto.'como toda la iglesia, gracias al infatigable pot celo dèl cura pArroco ecónomo pasado. Rdo. D. Ro- gj que Marsal, y del que lo es en propiedad en el mo- 0ta- mento presente Rdo. D. José Alsina, irfj. Para las funciones dedicadas á la Santa Majes¬ tad, no se cuenta actualmente más que con las pro- jao. pinas, que recoge el sacristán con el producto de ree- 1°® gozos que se venden á dos cuartos, el de las ates fotografías y el de otros objetos. (Je Antiguamente existía una Administración que cuidaba de todo lo referente al altar de la Santa pef. Majestad. 0 ¿ Los dos altares del crucero están dedicados á San Buenaventura y á San Esteban, jiji. El pavimento de la capilla de la Santa Majestad, ( (Je como el de la parte principal de la iglesia, se halla qQ0 ocupado por algunas lápidas de otras tantas tum- gtj. has. Una de ellas es de mármol blanco y, según la a|. inscripción que contiene, corresponde á la familia 1 (jj de D. Jacinto de Sagrera y Xifré, fallecido en 1711, ( (jj y otra, bastante más modesta, á la familia Marcer, ísta 1®® hemos citado. , (Je La capilla de la Santa Majestad fué costeada 00. por una señora que pidió su intercesión para la j ge curación de dolencias; la cual, según se des- sus jfg prende de una bandeja de pla'a que Se conserva joj aún, ocurrió en 1699, en cuya época tuvo efecto la jj.g. traslación de la imagen. Hoy ha sido completa- qge mente renovada. gjg. La iglesia de Caldas de Montbuy había contado j)jj con una respetable Oommidad de Presbíteros, I (Je que, sufriendo la mayor decadencia, ha venido á 00. parar al estado en que se halla aotualmente, que se compone de cinco sacerdotes, contándose entre; ellos el párroco, loa vicarios, los Rdos. Lenas j Germá, cura del Remedio. Antiguamente la Comunidad constaba de bene-, ficiados, con distintas denominaciones, siendo pre¬ sidida por dos domeros, que fueron suprimidos después, sustituyéndoles un cura párroco. Snce l dió á, éste un vicario perpetuo, dependiente del; Arcedianato del Vallés, que pertenecía á Ja Cate-; dral de Barcelona. El último vicario perpetuo fué el Rdo. D. Juan Torres García, que falleció siendo cura párroco de San Francisco de Paula de la ca-; pital, quién tomó de nuevo el título de párrocoi cuando, en virtud del Concordato de 1851, queda¬ ron suprimidas las vicarías. Al celo de dicho señor Torres es debida, entre otras mejoras, la adquisi¬ ción de una campana muy grande, que sustituyó á otra de parecidas dimensiones, que por hallarse- rota, era conocida con la denominación de campa-, na xanga; nombre que se da también á la nueva, á pesar de su sonoridad. Entre las distintas dependencias de la iglesia parroquial, hay detrás y á un lado de la capilla de la Santa Majestad, un local espacioso en el cual se depositan todos los útiles para el culto. Este local tiene una puerta forrada de hierro, que da frente á la calle del Angel, y es el que alguna vez ha servido para colocar en él la guardia principal de la fuerza que se ha halla io en la población. En la parte exterior de la iglesia se conservan empotradas en la pared algunas lápidas, que pue¬ den excitar la curiosidad del viajero. En la pared de la calle de Roma, hay una que contiene la si¬ guiente inscripción: — 73 - APOL·LINI SANOTO L. VIBIVS ALOINOVS Al santo (dios) Apolo (dedicó este ex-voto) Lu¬ do Vibio Alcinoo. Hay otras dos que están peor conservadas. Una de ellas dice: CORNELIA, FLO RA. PRO PHILIPPO MINERV.^ V. S. L. M. Cornelia Flora por (la salud de) Filipo á Miner¬ va cumplió gustosa y debidamente (su) voto. La otra contiene lo siguiente: S. 8. 0 PROG. ZOTICVS V, 8. L. M. Consagrado á la salud. Cayo Procilio Zótico cumplió gustosa y debidamente (su) voto. Así es como lee y traduce la inscripción nuestro amigo el Sr. Cornet, ateniéndose al parecer del P.Fita, cuya competencia reconocemos. Sin em¬ bargo, conforme manifiesta el mismo 8r. Cornet, no son de la misma opinión Marca, Finestres, Flórez, Muratori, Llobet y Graells, que, como en lugar de PROC. leen IROC. por ¿aliarse apenas reconocible la primera letra, suponen que debe traducirse Iroco en lugar de Procilio. Además de estas lápidas, se han encontrado en distintos sitios otras con las inscripciones siguien¬ tes: APOL·LINI _ M. F0NTEIV8 ^ NOVANIAnus i CONSVLTo. tO£ ÂI (dios) Apolo, que consultó, Marco Fonteyo Novaniano (dedicó esta ofrenda). APOL·LINI L. MINIOIVS APR»NIANVS GAL. TARRAO T. P. I. Al (dios) Apolo, Lucio Minicio Aproniano, na¬ tural de Tarragona, de la tribu Galeria, mandó por testamento poner (esta lápida ó ex-voto). P. LICINIVS. PHI LEÏVS. ET. L·IOI NIA. GRASSI. LIB Peregrina. Isidi V. S. L. M. LOCO. AG. P. A. R. PVB. Publio Licinio Pileto y Licinia Peregrina Li¬ berta de Craso á (la diosa) Isis cumplieron gusto¬ sos el voto prometido, suministrándoseles lugar y dinero del fondo público. Q. GASSIV8 GAK0NI0V8 A. V. 8. L. M. (1). (1; Según Hübner, donde nosotros ponemos G-AROXIOüS debí constar G-aoncus. El Sr. Cornet, que, según expresa, no ba vis-: to el original, se atieneá, Hübner; mas nosotros que lo vimosí en una pared de los bajos del establecimiento de baños de lilobet, hoy día de Prat, estamos conformes con la interpre-¡ tación de Villanueva que inserta Garonicus. Cuando tuvo ■ lugar la publicación de esta «Guía» por primera vez, existía aún. Ahora no existe ya. r — 75 — . I Quinto Casio Garónico (al dios) Apolo rindió ■ gustoso un voto, como era debido. Además de estas inscripciones, el Sr. D. José Antonio Llobet, autor de algunos trabajos inédi¬ tos, que sus herederos deberían dar á luz algún hgyn día, sobre la historia de Caldas de Montbuy, dió á conocer otra, tal vea la más importante, que I dice asi: MV. SERGI: MV. f PROCOS XXI ' : Siendo procónsul Mudo Sergio, hijo de Mudo na- (Desde el Sumo Pirineo, millas ciento?) veinte y ndó i^na. Estas inscripciones y otros datos que iremos apuntando, prueban hasta la evidencia que Caldas de Montbuy fué considerada como población muy importante, en la época de los romanos; así como permiten suponer que. hubo en la misma templos dedicados á Apolo y á Minerva, ó á la Salud, por razón de las aguas termales, á las que ya daban . ellos grande importancia. •7'' Es de notar que, si el paganismo erigió un tem- " pío á la diosa de la Salud, contiguo al manantial y de las aguas minero medicinales, el Cristianismo ha erigido un templo á la Virgen del Remedio, al lado del mismo manantial. La iglesia parroquial tiene tres puertas grandes de entrada, sin contar la del depóiito de la capilla de la Santa Majestad, que hemos citado ya. En- lebe frente de la principal se conservaba aún, algunos años atrás, un pequeño foso cerrado por una reja sde; muy consistente y de mallas, bastante pequeñas, jj"': para que los hombres y mujeres pudieran pasar stia' por encima de ella, sin peligro de fracturarse una j. — 76 — pierna, pero no tanta que pudieran hacerlo los P' perroe, gatos y otros irracionales. Las otras dos puertas dan, respectivamente, á la calle da Roma y al cementerio, que hoy día no ™ sirve ya. g El Cementerio público.—Desde la ción de la segunda edición de esta publica- QüIA, fué tras- ®' ladado á La Borda este sitio. Damos las gracias á quien corresponda por ello, ya que semejante S mejora solamente puede ser apreciada bien por ^ quien corresponda. Ahora se hacen regularmente ® los entierros por la tarde. ^ La Casa rectoral.—Se halla casi enfrente de ® la iglesia y fué construida por la Municipalidad, mediante acuerdo de los prohombres. El solar que ocupa pertenecía ya al Común. Est-a casa, que parece grandiosa, según su fachada, tiene en su mayor parte muy poca profundidad, siendo no obstante, más que suficiente para el objeto á que sela destina. Hay en la misma hace más amena. un huerto, que la Créese que las casas uúms. 1 y 2 de la plaza del Olmo, que sehalla enfrente de la rectoral, ocu¬ pan el perímetro que ocupó la iglesia antigua; si bien esto no pasa de una simple conjetura, pues hay quien supone que la iglesia parroquial anti¬ gua fué la de San Bartolomé, y alguien asegura también que fué la de Santa Susana. Para averi¬ guar esto, seria necesario saber á punto fijo la época en que dió principio la construcción del templo actual, y esto se ignora, pues de las cuen¬ tas llamadas de la obra de la iglesia, archivadas en las Casas Consistoriales, aparece una fecha, la de 1639, y esta en manera alguna es la de las pri¬ meras construcciones, sino que es la de la prolon¬ gación de la misma', prolongación que se supone — 77 - principió en la capilla en que se halla el órg"ano. Se ha citado la época comprendida entre 1570 y 1580 como la en que empezó la citada construcción; mas esto que, racionalmente, considerado, tiene al¬ gunos visos de verosimilitud, por la índole y natu¬ raleza de la misma construcción, no viene apoyado en dato alguno fijo que sepamos. Casa Marqués.—Al llegar á la plaza del Pro¬ greso, mueve la curiosidad del viajero, un edificio de moderna construcción, con una galería exterior en el piso primero, que si no ofrece gran propie¬ dad en la forma, por lo que hace á las reglas del arte, presenta un aspecto sui generis, que llama la atención del transeúnte. Una elevada torre alme¬ nada, unida á la misma casa, y en la cual hay abierta una ventana que sirvió de capilla al 8anto Angel de la Guarda, patrón del barrio, y hoy á San Pablo, da á entender, sin necesidad de gran¬ de esfuerzo, que el edificio nuevo separa de la vista del público otro edificio, muy viejo por cier¬ to, que se halla detrás de él. Es una especie de castillo seúorial, vetusto palacio que aún nos re¬ cuerda las escenas caballerescas de la Edad Me¬ dia. Verdaderamente: al recorrer aquellas salas inmensas, que han resistido aún al afán especula¬ tivo de la época y se conservan todavía en pie, se siente uno arrobado por fascinadores recuerdos y se halla como admirado de no oir en el gran patio los relinchos y el piafar de los caballos, sujetos de las bridas por los pajes que aguardan la salida de su dueño y s iñor; y de noche, al penetrar los rayos de la luna por las góticas ventanas, dibu¬ jando la columna que las divide en el pavimento, llega uno á desear que por la otra ventana asomé el rostro de la agraciada hija de la castellana, es¬ perando la próxima llegada de su apuesto galán, / - 78 - qne cada noche va á cantarla amantes trovas,' Mas ¡ay! que todo ello no es más que una ilusión, y al volver el rostro busca de nuevos objetos, en que despierten nuevosrecuerdos, observa el viaje¬ ro una gran parte de este palacio, la mitad tal vez, convertida en pequeñas casas de ningún gus- ^ to arquitectónico; y otra parte, que contenía sun¬ tuosas dependencias, ccmpietamente inutilizada, y P por lo mismo, en el mayor estado de abandono, r® desde que el derrumbamiento de una pared la dejó ®® á la intemperie, por el lado del patio. La pieza ® que se halla en mejor estado, es sin duda alguna la capilla, de esbelta construcción, con arcos oji- vales y un bellísimo ábside, en cuya clave hay la ®® imageil de la 8ma. Virgen. Con dolor lo decimos, pero nos duele verla convertida en depósito, como hi nos pesaba verla convertida antes en cocina del colono. El actual dueño prestaría un señalado ser- 8 vicio al arte, volviendo al culto esta capilla. Nos¬ otros nos atrevemos á rogarle que la dedique al Santo Angel de la Guarda, patrón de aquel barrio, al que presta tan singular devoción. Cuenta la tradición, que la casa llamada Mar- qicésera para los Condes de Barcelona una casa de recreo, atestiguando los escudos de armas que aún se conservan, y otros datos á cual más positi¬ vos, haber pertenecido al Marqués de Ruuit, pa¬ sando después á ser propiedad de doña Violante de Oms y Cruilles, y viniendo por último á parar en manos delDuque de Híjar, á quien se atribuye el estado de abandono en que ha venido hallándo¬ se después. Desde 1834 acá ha sufrido esta casa dos incen¬ dios, el primero de los cuales consumió algunos artesonados de gran mérito, que se hallaban en ella. El segundo, ocasionado por un rayo, devoró el maderamen de algunos techos. Los herederos de doña Rosa Bohet son los ac¬ tuales poseedores de este edificio. Si esta y otras construcciones no patentizaran la importancia de Caldas de Montbuy en la Edad Media, bastaría á hacerlo la grandiosidad de Gasa Vallgoknera.— Calle de Hostalrich.— Pocos datos, ó i^uizáb ninguno, pueden citarse con respecto á la historia de esta casa. Ella, empero, es un testimonio patente de lo que íué en sus pri¬ mitivos tiempos. La puerta, de piedra labrada, de forma semicircular, la galería del patio cuadrado, de piedra labrada también, el brocal del pozo y el escudo de armas que se conserva aún, son pruebas más que suñcientes para demostrar que los due¬ ños de esta casa debían de ser personas distingui¬ dísimas. El señor príncipe de Nicemi de Nápoles, que es quien la ahora, debería hacer en ella posee algunas reparaciones, si no quiere que desaparezca pronto, como parece indicarlosu estado ruinoso. La Hinaqoga.—Bastante próxima á la casa de Vallgornera, se halla ui a barriada, en la que hay una calle que se llama de La Sinagoga por haber tenido en ella sus viviendas los judíos. Examinan¬ do minuciosamente alguna casa de dicha barriada, se nota la existencia de algunas arcadas, que in¬ dican claramente haber habido allí una especie de Lonja, en la veriticaban ellos sus contratacio¬ que nes. Otra calle, que se halla casi enfrente de la de La Sinagoga y que hoy se llama de Saiitiago, ha¬ bía llevado el nombre de Carrer dels Jueus (calle de los judíos), existiendo un terreno extramuros, cercano á la Portalera, actualmente nombrado Fossar del jueus (cementerio de los judíos). Prue¬ bas son todas estas elocuentes de que los hebreos escogieron también para una de sus moradas fa¬ voritas la población de Caldas de Montbuy. — 80 - Edificios áeabes.—En toda la población anti gua, y señaladamente en las calles de Vich, Pueii carg te, Barcelona y alguna otra, han dejado los ára- dor bes evidentes señales de su existencia, dejandi noni ostensibles pruebas de su arquitectura particular 1» C Baño romano.—Al levantar el edificio que et P'"' la plaza de la Constitución ó Mayor se halla oca- pado por el piso da la Casa Consistorial, tropezd de h se con la existencia de una magnifica piscina bal nearia, muy bien conservada, y cuya forma y ma rí'· - terial de que se halla construida revelan la maní «difi de los romanos. Estaba dispuesto ya el plan de li s® d nueva obra que se había empezado, y no hubo me^ ®1 y dio de evitarque los cimientos se sentaran, ei parte, sobre dicha piscina, reduciendo algo sui li®®l dimensiones. El Sr. Sans, dueño que fué de dichi n® ® edificio, hizo cuanto pudo para salvar aquella pis- tods eina, y á él se debe seguramente que pueda exa- minarse hoy los curiosos, bien que de una ma- por g®® ñera no cómoda. Es cuadrada, con variai muy 1"® gradas que la circundan en la parte interior; gra- das que no solamente debían servir á los romanoi 1®® 1 para bajar al fondo de la misma, sino que de ellai 1*®'" se utilizaban para estar sentados mientras se ba- ®®1^ ñaban. El pavimento del fondo y la gradería soi de una especie de hormigón, por demás consisten- te, formado de pequeños guijarros de material fi- 1®® nísimo y una como cal hidráulica. En otras partei '®® se ha hallado el hormigón romano, y el lector pne- ® de examinarlo cerca de las paredes de la casa Ca- 7 ®' pitular misma, enfrente de la puerta principal de ^ casa B,ius. ®®'d Hospital civil.—Capilla de Santa Susana.- ®®pi Para los pobres de la villa tiene Caldas de Mont- ®®''' buy un hospital que sostiene la munificencia de un patronato particular. La persona que lo institnyii ^ inti dispuso, y así viene verificándose, que estuviese á leí cargo de una administración compuesta del Regi- ira. dor en cap, uno de los primeros contribuyentes nombrado por el Ayuntamiento, y un individuo de lar la Comunidad, nombrado á pluralidad de votos et por esta misma corporación. La Administración es icu- renovable á plazos fijos. La dirección inmediata 0Z(j. de la casa la ejercen cinco ó seis Hermanas ter- bal ciarías del Carmen, y por ellas la Madre Superio- ma. ra. Para ciertos trabajos y para la custodia del ant edificio, hay un enfermero, á quien vulgarmente e It se da el nombre de Hospitaler, con habitación para ma él y bu familia, y algunas otras garantías. Contra ei la voluntad de quien debería evitarlos, acuden al gi]i hospital de Caldas de Montbuy bañistas pobres, ch( no solamente de toda Cataluña, sinó también de jjg. toda España, á los cuales se da albergue, cama y ixa. baño en la piscina general, gratis, en perjuicio al¬ ma- ganas veces de los pobres enfermos de la villa, riai que no pueden ser recogidos en aquel Santo Asilo rra- por falta de local. Para que en él sean admitidos jioi los pobres bañistas forasteros, basta con presen- lía, tar un certificado de pobreza, librado por el Al¬ ba- calde y Cura párroco del pueblo respectivo, goi Grande es el edificio, si el hospital quedara li¬ ga, mitado al uso de los caldenses: con la aplicación g, que se le da ahora, ès hasta reducido, á pesar de •te, las innovaciones que recientemente se han hecho ne. en él, dotándolo de una galería de baños cómoda Ca- y elegante y otras comodidades. Capilla de Santa Susana.—Existen, como te¬ nemos dicho, varias opiniones sobre cuál de las capillas, tenidas hoy por tales, fué la parroquial mt. antes de la iglesia actual, y entre ellas no es la m menos verosímil la que se fija en la capilla de Saá- lyij ta Susana; pero en la realidad de esta suposición, — 82 — es de creer que no se hallaría adornada con el re> labio que la adornó hasta hace poco, que de segn '^® ^ ro no manifiesta la antigüedad que, en aquel casc aos debería alcanzar, pues que no se remonta más qui al siglo XVI. E Eü esta capilla se observa la particularidad di""®'''' teoer un crucero á la entrada, y no al extremtS® ^ opuesto, como es más común. En uno de los ladoi' E. del crucero, hay una pequeña galería alta, cual se penetra por el establecimiento de Rins. que goza con respecto á esta capilla tal preemi-^® nencia ó servidumbre. lleoi Al lado del altar mayor y en la parte de la Epís- tola, tenían las Hermanas una tribuna ó coro cu '® bierto con celosías, en el cual se verificaban algU'P''®' nos de sus rezos, oyendo desde el mismo misi^®'' diariamente. La capilla de Santa Susana, tiene una puerti grande, que da al extremo de la calle de iguu nombre, y en la plazuela formada en él, la cual si ! tenía abierta, cuando en la capilla se celebraba al " guna función, por cuya razón eran todas ellas pii-P®''! blicas. Y, volviendo al Hospital, al extremo de la ga P®*"' lería del primer piso de dormitorios que se hallai en la sala que hemos citado, hay una pequeña azo tea á la cual salen los eníermos que están en dis- E posición de gozar alguna expansión al aire libre. I*®*" Nos En un departamento separado hay algunas ha¬ bitaciones y cocinas de pago que ocupan loi ®®® , bañistas que, no queriendo ó no podiendo sujetar '^® ■ se al régimen y al pago de los precios de los esta Jl^® blecimientos de baños, hallan en el Hospital aloja- ' miento modesto, paro decente y barato. Estas de- pendencias se hallan al cuidado de las Hermanai Carmelitas y con su producto aumentan los ingre "®'^ 80S del Hospital. / - 83 - [ fj,' Los albergados de la Casa provincial de Caridad egj.de Barcelona, acuden una ó dos veces al año al casf Hospital de Caldas de Montbuy, con objeto de ba- qQ( fiarse. Este benéfico asilo está dotado de una conside- [ (],rabie cantidad de agua minero-medicinal, que lle- QQjjga á él á una elevada temperatura, jjjj' En otro departamento, por su reciente construc- 4 j, ción llamado Obra nueva, hay una escuela de niñas, que bahía sido pública, hallándose á cargo gmj,de la Sra. D.® María de la Concepción Botet, fa¬ llecida en 1872, priora de las Hermanas Carmeli- ¡píj, tas, que se hallan en el referido Hospital. Dióse (¡jila orden de juramento á la Constitución para los Igy, profesoresy profesoras de enseñanza, y la Hermana [jiigi Botet tuvo por conveniente no prestar dicho jura¬ mento. En vista de esto y, con arreglo á la misma orden, se declaró vacante el cargo que ella ocu- ggg paba, sin embargo de lo cual, y con el carácter j1 de escuela particular, no sufrió alteración alguna la del Hospital. Este fué únicamente el que sufrió p¿, perjuicio con tal disposición, pues dejó de perci¬ bir la cantidad consignada para aquella plaza, que gg, percibía antes, por no ser necesaria á Botet, que tenía ya su la Hermana correspondiente consigna- azo (jjg. El hospital de Caldas de Montbuy podría ha- Ijfj liarse situado en punto más á propósito que ahora, jjg. Nosotros creemos que, con buena voluntad, podría jji conseguirse el objeto que debía proponerse Caldas jjgj, de Montbuy de una manera decidida. El hospital sata' ocupa tiene un carácter marcado, no so- Igjj, límente de hospital local, sino provincial y quizás (jj. nacional. Es, pues, evidente que debería darse dos caracteres á dicho asilo. El servicio y depen- gjj dencias para los pobres de la villa deberían ha- liarse completamente separados de los departí meatos de forasteros, cubriéndose los gastos di sai los primeros con las rentas del patronato partici ací lar, y los de los segundos, de otra manera, per J viniendo 4 cargo de la provincia ó de la naciói foi Esto sería lo justo y lo regular. Si llegase esti edi caso, debería por precisión enajenarse el edifici; ob^ actual, que por el sitio que ocupa sería consideri' pai do de gran precio, levantando el nuevo en otr dei lugar más espacioso, para poder darle el correi se pendiente desahogo, tan necesario en establecí poi mientes de esta clase. pa; Unhijo de Caldas de Montbuy, llamado San qu só (1), y que había desempeñado algún destino e i el ministerio de Hacienda en Madrid, falleció hat es] algunos años, legando una cuantiosa^suma en ti ga vor del hospital de Caldas, pero á condición de qi el debe usufructuarla su señora viuda por durant cor su vida. Quizás, soñando en el tiempo en que pi añi drá utilizarse aquella cantidad, las personas pt 1 dientes y corporaciones oáldenseshan mirado sien Ca pre con marcada indolencia, ya que no con desti na vorable prevención, el proyecto de desaparició pai del hospital, para sustituirlo con otro digno de 1 1 importancia de la villa que lo posee, y 4 la altui gu de sus aguas termales. de Esto decíamos al publicar la edición 2.^ de est ría obra. Hoy estamos ya en lad." y hemos visto reí 1 lizado el importante legado del Sr. Samsó, gri pla cias al cual el Hospital civil de Caldas de Mon tig buy, goza de una posición por demás important) y e Realizada tan interesante mejora, los vecinos il de Caldas de Montbuy han mejorado for yá notablemen te su situación. caí vil (1) El apellido Samsó y otros que ei^sten todavía en , del das, son de origen judaico . — 85 — )arti' Así como los bañistas pobres de la clase de pai- Ds dj sanos tienen para elles el establecimiento de que rtioi acabamos de ocuparnos, los militares disponen del per Hospital militar.—En la calle de Barcelona, iciói formando esquina con la de Hostalriob, hay un esti edificio con un rótulo en la fachada, que indica el lifici; objeto del mismo. Una parte de él 8Ír7e de cuartel den para la tropa, á cuyo objeto tiene vastas salas 1 otr destinadas á dormitorios. Hay piscinas en las que )rre! se bañan los soldados por secciones, dispuestas bleoi por el médico-director, teniendo en consideración para ello las diferentes clases de enfermedades Sam que les aquejan. ao e Para los jefes y oficiales hay un departamento I hai especial con los correspondientes pabellones y una in li galería de baños, en la cual se bañan ellos. Para ie qi el cuidado custodia de la casa, hay un conserje y irant; con un pequeño sueldo, que habita en ella todo el e pi año. 18 p[El hospital militar es conocido en Caldas por siei Casa Sagrera, por ser éste el nombre de la perso- lesfi na que lo poseía antes de adquirirlo el Gobierno, rició para el fin á que se halla destinado actualmente, del Está prohibido terminantemente que se alber- iltni guen en él bañistas que no sean militares, gozando de este beneficio los de todas las armas y marine- 3 es! ría de guerra, I reí Iglesia ó capilla de San Bartolomé.—En la ^ gri plaza de igual nombre se halla esta capilla. Con- Moqi tigua á la de Margenat, llamada De Pascual, casa anti' y en un recodo formado entre ésta y la del Hostal 1084 de la plaza, llamado Casa Sés, hay una puerta en men forma de verja, la cual da entrada à una pequeña capilla, que hay quien cree fué la parroquial de la villa. Si el viajero tiene el propósito de visitarla, debe procurarse la aquiescencia del Sr. Marge- - 86 - nat, á quien pertenece. Sin embargo, poco oons^^ ^ guirá con hacerlo, puea á su vista solamente ap^^ ^ recerá después de abierta la puerta, un gran rini'j^p ro de leña, de la eaal es depósito constante la oi g pilla de San Bartolomé. Cároel pública,—Pobre, muy pobre, es cárcel que tiene Caldas de Montbuy; tanto, apenas se ntiliïa ninguna vez para simples detejjgjj ciones. Se halla en la calle del Arrabal, al extrei^g j de la de Bellit. Es un antiguo torreón de forma cy j cular, de los de la muralla. Tiene dos pisos. bajo hayun calabozo: en el primer piso otro, eie,yg^| do ambos de un aspecto que más bien recuerda mazmorras de la Inquisición, que una cároel djg siglo de las luces. Sus rejas, situadas á una altujg | casi inaccesible, contribuyen á hacerla más tjj rrorífica. Caldas de Montbuy debería hacer ! ^ esfuerzo para lograr la desaparición de una cárCj¡^jj que le hace poca honra, ,^j. Casino Caldense.—A la mitad de la calle Porn^ levántase un soberbio edificio de nueva ooiijmQ trucción, con una fachada en que los artisti j la tienen muy poco que admirar nada que apre^^^ y der, á pesar de lo cual revela el objeto á que ^ ^ tal edificio está destinado: es el Casino Caldem q Los gastos que anualmente ocasionaba el leva^j j tamiento de un entoldado en el cual pudieran t j ner cabida los numerosos forasteros que acnden|jg^| Aplech del Remey y las frecuentes interrupo¡od^j¿„ que en dicho día sufrían los bailes por las lluvial ^ ú otros contratiempos, fueron causa de que se coni¡Qg tituyera una sociedad de accionistas, con el ob)e¡jj,£, de construir un edificio, con el que pudieran eVpg^p tarse tales inconvenientes, Es evidente que, cuando se pensó en la ooii^j, trucción del edificio que ocupa el Casino Oalden^gj — 87 — ®® llevó más idea fija que la de poder disponer ^Pie un gran salón, por cuya razón se resiente mu- '"""ilio de la falta de otras dependencias. El piso bajo se compone de un corredor central, !on departamentos para café á ambos lados del niemo. El de la izquierda, qre tiene comunicación liirecta con la calle, es público, y por lo mismo lienen entrada libre á él todos los caldenses. El la derecha, que también tiene salida á la calle, ^ j.^il igual que el billar que se halla en una depen- . iencia, á laque comunica una puerta vidriera si- '®'®'iuada al pie del mostrador, es exclusivamente ® j'iiara los socios del Casino, y para los forasteros. Separadamente de un cuarto pequeño, que sirve repostería, no hay apenas otra dependencia en 'íl piso bajo. '■ Al extremo del corredor central, de que hemos "^"■'labiado, hay un tramo de escalera que, al atrave¬ sar una puerta vidriera y comunicar con un reda- Sido jardín, se divide en dos, comunicando cada 'í'^ano de ellos con el piso principal. •tisti pjgp primero y principal se compone de un "■P'·'lnaguífieo salón, de unos 18 metros de largo, por l4 de ancho y 9 de elevad In. iem Tampoco se ha lucido mucho la arquitectura en '®'®bl interior de este salón. V' ' En el centro de las dos puertas de entrada se .®®balla un desahogado escenario, provisto de un buen ^^'"'túinero de decoraciones. ¡Lástima que no haya en d^'%1 continuamente una regular compañía! Hay dos '^^^Buartos que sirven, á la vez, de dormitorios para el ''"J'cafetero y su familia y de dependencias de vestir ®''para los actores ó aficionados. Ni un gabinete de lectura, ni una dependencia para mesas de juego, con^ji cuarto-tocador, ni un salón de descanso en ®®''fionde puedan fumar los señores concurrentes: el Casino Caldense, ó el edificio que esta sociedai j ocupa, fué construido para poder disponer de m |jgj gran salón, y hemos de confesar ingenuamente qai los que tal se propusieron lograron su ob jeto, no ha' hiendo conseguido otra cosa, que quizás habría sidi más conveniente, ya que podía haberse levantadi .g, un edificio con todas las dependencias necesariai El antiguo dueño del terreno que ocupa el Ca-; jjg sino Cuídense, D. Juan Escayola, fallecido reciei' qy, tómente, aparte do un censo que se percibe anual ggi mente, se reservó para todas las funciones que si jjg, dan en él, el disfrute de dos localidades. ¿gj CíEOULO Caldensk.—En la misma calle del Fort ¿g haciendo esquina á la plaza de las Dos Fueatei ](,g, sehalla el edificio que ocupa otra sociedad recrea tiva, lleva el titulo de Circulo que Cuídense. Eti ¿gj antes particular, pero, ha una casa sido de tal ma ¿g[ ñera ensanchada, con la adquisición de otras casaa ( que ha acabado por ser un local desahogado] bastante bello. El piso bajo es enteramente público, habiendi gal en él un café y sala de billar. ¡gg En el piso principal se hallan las dependencias ña' de la Sociedad, escasas también como las del Ca^ Qe: sino Caldense. Hay un salón-teatro, bastante capa; ] y mejor adornado que el del referido Casino, pert ggj menos grandioso que éste. El escenario es espa un cioso. Contiguo al salón-teatro, hay otro salón algi más pequeño que aquél, que comunmente sirts ec( para café del Circulo, que en ciertas festividades toe y cuando han de tener lugar bailes de mucha coa tet correncia, es trasladado á un saloncito del misni' gg( piso, que da á la plazuela de las Dos Puentes, fla qg un terrado ó azotea de desahogo, que, cubierto poí un toldo, sirve de café en verano; y contigua á eeti terrado la sala de billar. de Hablando con toda imparcialidad, las funciones ® ® del Circulo no son peores que las del mejores ni ® 1" Casino, en lucimiento. Es, hasta cierto cnanto á punto, natural que cada una de dichas sociedades quiera para sí la gloria de dar mejores funciones; pero, la verdades, que no se nota diferencia la más mínima entre unas y otras. Y es que en Caldas de Ç"' Montbuy no sucede como en otras poblaciones, en que las sociedades recreativas se componen de una sola clase de individuos, llegando hasta á tomar el s* nombre de dicha clase algunas de ellas,- llamán¬ dose, por ejemplo: Casino de los artesanos, Casino de los señores y algunos otros. En Caldas de Mont- utei )3Qy loa individuos que forman parte del Casino Caldense, pertenecen á todas las clases de la socie- dad y no son de peor ni de mejor condición que los 1™ ¿el Círculo. Plácenos poder consignarlo así. asai Cafés públicos.— Además de los que hemos ! hallado en los dos casinos, tiene Caldas otros dos cafés públicos en la calle de la Carretera, otro en la calle Mayor y otro en la calle Nueva, En uno de los primeros hay salón de baile. En la calle Mayor iciai iiay el Ateneo Obrero y en la de Corredossos el Cs' Centro Democrático Progresista. ^P'l Este último tiene un edificio especial y fué pe" construido á cargo de una sociedad que ha puesto un Casino en él, con un régimen especial, que per- e-lff mite ciertas funciones y un sistema por demás eirí' económico. Tiene el local muy bonito, y, sobre adí todo, muy capaz y esbelto, con una gran sala- coi teatro, con billares y otras dependencias. A esta isB sociedad es debida la formación de la nueva or- questa de la villa, c P"! Fábricas de tejidos.—No es la industria el ele-" esti mento de vida mejor para Caldas; con todo, no es . de los menos importantes. La fabricación de teji- — go¬ dos cuenta con varios establecimientos importai tet', aparte de muchostelares sueltos que se halla: j desparramados por la población. Entre las fábrica hay la que era de D. Jaime Ferrer, hoy de los ï ñores Salas, Puigmoler y compañía, que se hall á la entrada del paseo del Remedio, acreditadapi la finura de los cutís que en ella se elaboran, 1^^^ permanencia de los colores y la belleza de los i bujos y combinaciones. Esta fábrica solamen^j^ ocupa algunos centenares de brazos. Las restanti pertenecen: una á D. Cristóbal Torra, y es laqi^gi^ se halla en la calle de San Salvador; otra, la del j calle de Aparici, que pertenece á los señores Ali ^jj many y Font, y la otra, la que está en la calle c Montserrat, y que es propiedad de la viuda Llaá(gp,j Ninguna de estas tres es de la importancia de aqii; lia; sin embargo, ocupan también muchos brazoí Los tejidos que se fabrican en Caldas en k- tante escala, relativamente al uso que se hace i ellos,son los conocidos por lienzo (en catalán 6ri; Los telares que sirven para esta especie de tela,i hallan en casas particulares, habiendo en alguni j de ellas más de uno, en razón de ser varios losii ¿gg dividuos de la familia tejedores de aquella especijpQ^ pero en ninguna manera los hay nunca para losi fuera casa, salvo alguna rarísima excepción, l pg^ trama y urdimbre de lienzo se forma hilo ¡ con cáñamo, fabricado á mano por las mujeres 4 eig, campo, que trabajan asiduamente con la rueca yifáb huso, hasta reunir la friolera de algunos millar! de metros del mismo. pgl- Fábrica de curtidos.—Una fábrica de curtidt q,jg hay de D. Antonio Roca y compañía, en el casen ggg de Cañellas, ipirií Fábrica del sas.—Caldas de Montbuy, á pesjjpg de la importancia que tiene, por más de un motiv gjjp í i — 91 )rtai no había tenido jamás alumbrado público. Durante lalli:' el bienio de 1854 á 56, D. Juan Vendrell, que era 'ricï,^ alcalde DS !; en aquella sazón, pudo ser víctima de la alevosía de algún malvado que, oculto en la oscu- , ' ridad de la noche, le asestó un tiro al pasar por la P' calle del Forn. Esta tentativa de asesinato, de la i cual salió ileso el Sr. Vendrell, fué motivo sufi- í ciente para que el Ayuntamiento pusiera sobre el . , mení Uapeie el proyecto del establecimiento del alum¬ ;antt brado público, quedando rápidamente acordado y iq^ colocados los farolee, que eran bastante bonitos y del se hallaban servidos con aceite común. No se pasó 1 Ali ! un mes, sin que aquellos faroles dejaran de alum- lie íbrar i de noche, como debían, para cumplir con su "i objeto principal, limitándose á servir de objeto de ^1"' simple adorno, durante el día, que era su misión secundaria. Los muchachos les hicieron blanco de sus iras, convirtiéndolos en víctimas de sus trave- Î suras, y á las pocas semanas no se encontraba uno ■^^"'Con un cristalentero, y á los pocos meses apenas quedaba rastro de su efímera existencia. Este pequeño ensayo, llevado á cabo con tan desgraciada suerte, fué, sin embargo, motivo asaz P®*"'poderoso para que los vecinos de Caldas, que ha- P"®'bían tocado las ventajas del alumbrado público, pensaran alguna vez al menos en su restableci- , d® ' miento; así fué, que en 1868 se constituyó una So- cicdad por acciones, con objeto de levantar una y fábrica de gas, sistema Arbós, suficiente á alimen- P'®" tar el consumo de les mecheros necesarios para la población. Contóse, al principio, con el consumo ■""" que harían los establecimientos de baños, cafés, asei. casinos, tiendas y, sobre todo, la grandiosa fá- jbrica de D. Jaime Ferrer y el alumbrado público. P®'lMejora de tal trascendencia fué recibida con tanto ot"; entusiasmo, que todo el mundo preveía un resul- — 92 — tado satisfactorio para los accionistas. Llevôset®*'' cabo su planteamiento con la terminación de jicntri fábrica, no muy grandiosa, pero lo necesario paéont Caldas, magníficamente construida y con una r(60 u de cañerías de como no las tiene mejotP·'g'^ hierro, Barcelona; ciertas rencillas ó reeeDii''^'" y sea por mientes personales hacia alguna ó algunas de 1^®' ^ personas que figuraban en la Sociedad, de esasqi De con tanta frecuencia perturban la paz de las poblf®d® clones de corto vecindario, casi siempre sin jus:^® 1' ficado motivo; sea porque una parte de la pobi^P''® ción/no comprendiera las ventajas que con el reportaba, sea por otras causas que no creemos d?®®® caso publicar, es lo cierto que no logró la acogi: que había sido de esperar, empezando la vida '®·' la fábrica del gas, con tan menguado consumo, qí® ya desde el principio pudo preverse su mal fin, en su favor no sufría una reacción la poblacií^í'' entera. ''®j® El aparato Arbós, que había encarecido la fábi'"®!' ca con algunos miles de duros, dejó de funcioDl®''^® bien pronto, quedando la fábricación reducida ®' gas común. ® ^® No entraremos en apreciaciones, más ó meni®® ' aventuradas, acerca de la utilidad del gas Arbif® ® ni sobre su potencia lumínica, ni sobre ninguna í®*"®! sus condiciones especiales; pero, sí diremos, qi®''® si sobre la fábrica del gas de Caldas no habieP®S' gravado el aumento de la cantidad que imporí®''®' aquel aparato, quizás se habrían podido salvar mPP®' jor las dificultades que se opusieron después á I®'®! marcha. Y, como si todo esto no fuera bastante, los petidos cambios del personal del Ayuntamienli entorpecieron más de una vez el cobro de ciertP*™ cantidades que de él acreditaba la fábrica, so pP®'® - 93 - vóaetexto de qne, en el otorgamiento de la contrata [e jientreésta y aquél, se había dejado de llenar al- 0 paê®!'® formalidad, y he aquí que la Sociedad entró ja t|8D un estado tal de decadencia, que después de lejotf^lgéu embargo judicial, tuvo que suspender sus ege^trabajos, con gran dolor de los caldenses, amantes ¿e i^el verdadero progreso, iasqi Desde Novietnbre de 1871 ha permanecido pa- poblfada la fábrica. Su sola existencia, y la seguridad jajle que no puede darse á ella y á las cañerías otra pol,!|iplicación, son garantía bastante para que Caldas el j^nelva un día, más ó menos lejano, á gozar de sus ros dj^eneíici o s * (jogi, El sitio ocupado por la fábrica del gas se halla ¡dg ti lado del puente y enfrente de la calle á que él ,0, qja nombre. ' Industria de las alpargatas.—Aparte de una dacirufinidad de tiendas de alpargatero, observa el '¡ajero ó bañista que en muchísimas casas se cons- alpargatas. Es este un género que llevan los f¿l,irayen gjojjaldenses á muchísimos mercados. A excepción de jdg as suelas, que están á cargo de los hombres, todo o demás lo hacen las mujeres; pero de tal manera, meijue la que se dedica á una de las operaciones que necesarias para la terminación de una alpar- juajata, no se dedica y, no pocas veces, ni siquiera q^be ninguna de las demás. Es inútil que nos de- abieP°88·ino8 un momento siquiera en elogiar este ^jporJstema, cuando lo tienen establecido tantas y tan ir mpportantes ciudades del extranjero, como, por ) á j'^niplo, Ginebra en sus notabilísimas fábricas de Blojes, en los cuales para la fabricación de uno de pg ,8t08 intervienen numerosísimos operarios, lientlcaldenses (balddpas calderinas) ^ múltiples.—Los trompos en general, ¡o pi'ifoccionados en Caldas de Montbuy, tienen una - 94 - H forma tan particular y á la vez tan esbelta, j en 11 los distingue de todos los construidos en ott itera puntos y les da una verdadera fama; muy espeei la c! mente los que afectando la forma de los comui en if se descomponen en tres ó cuatro al momento Agn tirarlos. Los primeros exigen mucha precisión 01m parte del tornero que los elabora, mientras los segundos requieren una rara habilidad, forma de unos y la invención de los otros, debidos, al parecer, á D. Jaime Pujadas, notabili^jj^ mo tornero que faé, fallecido hace algunos Objetos de cestería en miniatura,—La i; dez con que son buscados por los viajeros curiosos objetos, tan á propósito para hacer los de viaje á las niñas, ha despertado de tal ñera el deseo de perfeccionamiento de los misi^g^jj^ por parte de Caldas que i gj de algunos cesteros fabrican, que han llegado á constituir una indui;j,|j(jj especial, que no se ejerce en ninguna otra ^ y que, no lo dudamos, adquirirá una C6lebrijf(jj,j^, parecida á la de los trompos, que la gozan nniPjjgg sal. No todos los cesteros se dedican á este géij jj, de objetos, siendo únicamente los de obra finajgj Comercio y tiendas varias.—El comercií¿j ^ por mayor, apenas la menor repre8entaeg^g, si tiene en la villa, quedando reducido al que se haci[ por menor en las numerosas tiendas que hayt^ra^, misma. ¡Bart Hay dos farmacias, la del Sr. Ribó, en la c(je g del Forn, y la del Sr. Montserrat, en la plazsjg p,. Olmo, cerca de la Iglesia, otra. Existen dos confiterías, establecidas ambaSq^g, moderna. Una, la de la calle de Beilit, propii|leri¡ D. Buenaventura Berenguer, y otra, la delt gj Barcelona, que pertenece á D. Pedro Casab^iia., Ambas están muy bien montadas. | — 95 — Hay dos droguerías, propiamente dichas, una ' la plaza de las Dos Fuentes y otra en la Carre- en "'1 tara. Diez y ocho tiendas de comestibles, seis en calle de la Carretera, cinco en la Mayor, una '"""'en la de Vich, otra en la de Bellit, otra eu la de Agnlló, dos en la de Barcelona y dos en la del Olmo. Barberías, hay las siguientes; dos en la calle 'de la Carretera, dos en la Mayor, una en la plaza ^ ÍMayor, una en la del Olmo y otra en la calle de """''Wioh. Hay tres hojalaterías, ó mejor quincallerías: ■nna en la plaza de las Dos-Fuentes, otra en la del ' ^'"ÍOlmo y otra en la calle de Barcelona; teniendo la '.primera, hojalatería; la segunda, venta de armas de fcego y tornero, y la otra calderería. Las sas- "'trerías están representadas por una en la plaza Mayor, dos en la de las Dos-Fuentes, dos en la ™'®®calle Mayor y dos en la de Barcelona, I"'! En una palabra: hay en Caldas todos los esta- ^""'dihcimientos industriales y comerciales necesarios ^ P^en una población en la que hay tanta afluencia de leDni£jirastero8, como relojerías, cerrajerías, carpinte- "".'^rías, etc., etc. 'S™ No deben olvidarse, por ier cosa muy particu- ""'lar de Caldas de Montbuy, los célebres carquiño- que expenden D. Jaime Gampdepadrós, don antacguenaventura Berenguer, D. Pedro Casabayó, etc. taí'l Fuentes públicas de agua común.—A la en- s·y'trada de la calle de Bellit, la plaza de San por Bartolomé, hay dos fuentes de chorro continuo, I®' 'Áe agua común, de las cuales la más inmediata á lazaia, propia plaza, goza fama de ser superior á la otra. Entre las dos hay una gran pila de piedra, sirve de abrevadero para toda clase de caba- ropi'lierías. do'' En la plazuela de las Dos-Fuentes hay una, con isawlila-abrevadero también. A esta fuente se hallan muy poco inclinadas las mujeres, que consideri el agua que de ella mana de inñma calidad. Otra hay monumental (¡1), en la plaza del Ptf greso, con varios grifos que se abren y cierrii formando parte de un sencillo monumento, levai tado, al parecer, al progreso. Otra hay en la calle de San Damián, que sesii te del agua de la mina de D. Juan Bta. Gorai otra en la propiedad de Boet y otra en la deMarcc En la calle de la Brecha había habido, en muy reciente aún, una fuente que quedó cega: por completo. Una abundante mina, para cuya explotación constituyó una sociedad de accionistas, surte riquísima agua cristalina á un gran número dec sas particulares, por hallarse interesados en una granparte de vecinos de la villa, y esto lii que las fuentes públicas no sean tan concurriii como antes. El agua de la mina, al igual que la de las fnc tes, es procedente del montecilio llamado Pcííjl mi ó de sus inmediaciones, y á la naturaleza nítica del suelo y subsuelo, se debe sin duda sea de superior calidad, bien que no tenga temperatura tan baja como fuera de desear; o servándose alguna diferencia entre una y otra, verdad, pero no tanta para que alguna de ell pueda calificarse de poco excelente. Escuelas públicas.—Existe un edificio dec n&áo k Escuelas públicas.'E.kWn.ac en la calle Buenos Aires y tiene distintos departamentoe, na liz