EDITORIAL PÀEZ Écija, 6 MADRID Fbanoisoo Esteve Botey: EL DESNUDO EN EL ARTE Magnífica obra en la que el ilustre artista exalta la forma humana en sn más elevada ex¬ presión. Constituye lujoso un volumen de excelente papel, impreso a dos tintas, en 4.° ma¬ yor, de 296 páginas, encuader¬ nado en pasta con relieve cal¬ cográfico, lámina en color y tela estampada en oro; ilustra¬ do con 158 dibujos de linea, ima tricomia, 32 rotograbados y un exlibris al aguafuerte en láminas montadas al aire sobre fondo y orlas de color. 30 pe¬ setas. GRABADO Obra declarada de mérito por R. O., premiada con Me¬ dalla de Oro. Trata de to¬ dos los procedimientos calco¬ gráficos. Volumen de igual for¬ mato que el anterior, sobre magnifico papel pluma, encua¬ dernada en pasta y tela, es¬ tampada en oro. 20 pesetas. Dr. J. Goyanes: EXCURSIONES ARTISTICAS POR GRECIA Guia espirituíü del pais helé¬ nico, con profusión de grabados documentales. 18 pesetas. OBRAS DEL AUTOR SoROiAA, SU VEDA Y SU ARTS.—I vol. ilustrado.—Ma- ' drid. igog. FRatado de técnica ornamentad.—1 Vol. ilustra¬ do. (En colaboración con G. Muñoz Dueñas y F. P¿- rezDolz).—^Madrid, 1920. luebdes antiguos espaSodes.—Una carpeta con texto y 50láminas. (En colaboración con L. Pérez Bueno).—^Barcelona, 1921. BIBLIOTECA DE ENSAYOS N.° S EL NACIONALISMO EN ARTE Volúmenes publicados: N.° 1. Dr. César Juarros: El amor en España- N.° 2. Blas Cabrera: El átomo. N.° 5. Ramón Menéndez Pidal: El romancero. N.° 4. Gregorio Marañón: El bocio y el cretinismo N.° 5. Rafael Domènech: El nacionalismo en arte. En prensa: N.° 6. Eugenio D'Ors: Morfología de la cultura BIBLIOTECA DE ENSAYOS PUBLICADA BAJO LA DIRECCION DE FRANCISCO VERA N.' S El IICIOIILISMa El niE NOTAS SOBRE LA VIDA ARTÍSTICA CONTEMPORÁNEA RAFAEL DOMÈNECH EDITORIAL PAEZ = EGIJA, 6 » MADRID p. ES PROPIEDAD è Suc. de Rivadcneyrâ (S. A.).—Paseo de San Vicente, ao.—MADRID i A MI HIJO JAIME ê il EL JSJICWJ^AUSMO E7V ^7"E I CONSIDERACIONES GENERALES CONTENIDO SENTIMEN¬ TAL DEL NACIONALISMO Observando la vida artística' de España y del extranjero en los tiempos presentes, se ve que el nacionalismo en arte es un tema sentimental tan fuertemente vivido, que es difícil penetrar a través de él, romperlo y abrir un paso a la inte¬ ligencia para la serenidad de la ra¬ analizar, con zón, los términos, contenidos y valores de ese problema. También se ve que ese sentimentalis¬ mo no se refiere sólo al arte, y se halla tan ex¬ tendido que raro es el sector de la vida social 9 BIBLIOTECA DE ENSAYOS que no esté envuelto por él; y asi, al querer atravesarlo, es fácil que los buenos deseos de conocerle se quemen en el fuego de una exaltada emotividad patriótica. Quizá el tema de lo patriótico sea amor más que inteligencia. Pero taJ vez se podría plantear el problema en estos términos: "Amor conscien¬ te", para evitar que fuese un amor desordenado, pura exaltación lírica, fuente dé odios, campo fértil de la farsa patriotera y miopía para per¬ cibir sólo ihorizontes limitadísimos de la vida hu¬ mana. En la estructura social deben existir fuerzas directrices y de mando, y fuerzas dirigidas y obedientes; al menos hasta ahora, alejados de toda ilusión utópica y paradisiaca del mundo, no percibimos una estructura social de fuerzas igua¬ les. En el sector de las actividades nacionales, la razón o el amor consciente patriótico deben reinar en los elementos directores, y el exaltado amor —como fuerza poderosa—en los dirigidos. Esa 10 EL NACIONALISMO EN ARTE fuerza sólo será bien movida—con orientaciones sanas y fecundas—por Ía inteligencia; cuando esta falte, será una fuerza ciega, de la que no debe esperarse más sublimes catástrofes y que sacrificios infecundos, y con éstos y aquéllas se podrán escribir paginas históricas de bella lite¬ ratura, pero no construir grandes naciones. Creo que la mayoría de los lectores de estas líneas pensarán que en los elementos encargados de dirigir la vida nacional o ha faltado el amor patriótico, o éste ha sido inconsciente. Salto al campo del arte y me sitúo en el español, y desde él puedo contestar: "Para casi todos los que han escrito sobre nuestro arte, el nacionalismo ha sido una fuerza puramente emotiva, o un medio de limitar la simple aportación de datos históricos, o un tópico de patriotería." Para que el amor a lo nacional haya podido desarrollarse por cauces abiertos a la razón, ha faltado, entre nosotros, tener un concepto pro¬ fundo de lo que es la Nación y de lo que es el 11 BIBLIOTECA DE ENSAYOS Estilo en arte. Tal vez definiéramos mejor lo ne¬ gativo de nuestro nacionalismo diciendo que ha faltado una cultura general y específicamente es¬ tética en nuestros escritores de arte (los verda¬ deros conocedores de arte) ; aquellos que han po¬ seído una cultura general amplia, en lo artístico han sido unos meros dilettanti. Embarga el ánimo de tristeza el leer conceptos tan mezquinos, tan reveladores de pobre cul¬ una tura estética, como los que se han éscrito en Es¬ paña .para definir el estilo en arte, o para definir el nacionalismo del arte español, con propósitos de orientar las actividades artísticas modernas. El concepto de Nación no es claro y pre¬ ciso; se ha formado desde puntos de vista muy parciales; tal vez exactos, pero tan incompletos, que, basándose en uno de ellos el estudio de los probljemas nacionales, reina ¡inmediatamente la confusión en las ideas que van formándose. Tam¬ bién es cierto que ese problema se ha examinado desde puntos de vista diferentes, según las épo- 12 I el nacionalismo en arte cas, pero no hay conocimiento humano que esté libre de esas variaciones históricas. Todo esfuerzo encaminado a precisar conscien¬ temente los términos y contenidos del nacionalis¬ mo en arte, me parece laudable entre nosotros por la utilidad que ha de reportar en la cultura y hasta en la vida artística española. Esto justifica 1 , la elección de este tema para escribir un ensayo destinado a la presente Biblioteca. el nacionalismo en arte como j tema de actualidad mundial Pero hay otros motivos más de justificación. En la post-guerra se ha exaltado el nacionalismo en todo el mundo civilizado, y si esa exaltación influye en la política, la vemos también caldear y dirigir las opiniones y actividades artísticas. Es un tema de actualidad mundial. Frente a esas exaltaciones, de cuando en cuando se oyen pa¬ labras serenas que hablan de la Humanidad, y se 13 É BIBLIOTECA DE ENSAYOS dice que la Historia no debe ser escrita y senti¬ da como si la vida humana girara en torno de una vida nacional. Bien está—debe ser así—que todo hombre hunda sus plantas en el seno de esa vida nacional, para que su posición sólida y sea su cuerpo se nutra poderosamente; pero nada grande hará si no desplaza sus ideas y sus senti¬ mientos más allá de las fronteras nacionales. La vida de un pueblo es fuerte por lo que tiene de nacional; pero sólo puede ser grande por lo que tenga de universal. En Arte, un pueblo o ha im¬ puesto sus orientaciones de estilo y ha sido fuer¬ za directora, o se ha quedado a retaguardia, como fuerza dirigida que matiza las creaciones artís¬ ticas de la primera. Y en ese aspecto de la vida artística se sufren graves equivocaciones; con toda la gravedad que nace de una visión falsa, de una visión limitada, de una apreciación erró¬ nea de valores y de un aislamiento de la vida ge¬ neral de los pueblos. Quizá en una ^oca de vida artística pictórica 14 EL NACIONALISMO EN ARTE no seria necesario, para artistas y el público, tra¬ tar esos problemas ; pero cuandola vida es débil, cuando esos problemas se planteaij un dia y otro, no hay más remedio que ocuparse de ellos; y si en una nación se han planteado mal, es deber de todos aquellos que de un modo u otro trabajan en el cairipo del arte^ abordar esos problemas y sinceramente estudiarlos y difundir las ideas ad¬ quiridas. En ellas, ¿podrá haber errores? ¿Quién es capaz de suponer que no? Por temor a equi¬ vocarnos no debemos anular la acción y el verbo. LA AMPLITUD DEL PROBLE.MA ' Presenta el tema del nacionalismo en arte as¬ pectos muy variados y que se encadenan estre¬ chamente con otros, lo que le da una gran rique¬ za de contenido y limites extensos. Nacionalismo y. tradicionalismo se unen tan estrechamente, que separados no pueden expli¬ carse de un modo satisfactorio. Es más, el na- 15 ÜIBLIO'PECA DE ENSAYOS cionalismo supone necesariamente la existencia, a través del tiempo, de una fuerza creadora den¬ tro de una determinada comunidad de hombres; no hay, pues, nacionalismo sin tradición, toda » vez que el nacionalismo es lo opuesto al indivi¬ dualismo y a lo temporal. Como antítesis, el nacionalismo se une al pro¬ blema de la creación artística, de la renovación; cuando ésta cesa, acaba un determinado naciona¬ lismo en arte; sirva de ejemplo Grecia, poderosa¬ mente nacionalista en su arte medieval y más ' aún en su arte de la antigüedad, nada en los tiempos modernos. Antes dije que sin poseer un concepto de la Nación y de lo que es el Estilohay en arte, no posibilidad de tratar el nacionalismo artístico. O dicho en otros términos: la amplitud^ profun¬ didad y valor de todo trabajo sobre esa materia, descansará en lo que se sepa sobre la Nación y el Estilo. Casi todos los problemas de Estilo jue¬ gan un papel importantísimo con el nácionalis- 16 EL NACIONALISMO EN ARTE mo; unas veces porque se integran en él, otras porque lo limitan y definen. Entre nosotros ape¬ nas si las palabras estilo, estilizar, estilización y estilístico tienen contenido; he oido en el Minis¬ terio de Instrucción pública cómo el Director de una Escuela de Arte confundía la palabra este¬ rilización con la palabra estilización. Es corrien¬ te entre nosotros suponer que estilizar es alterar caprichosa o convencionalmente las formas natu¬ rales; esto es, lo opuesto a naturalismo, y que el estilizar una planta o un animal depende sólo de la voluntad del artista. En una obra tan importante como es la Historia de la Arquitectura Cristiana en España, escrita por D. Vicente Lampérez, se leen palabras y conceptos de un contenido esté¬ tico, técnico e histórico sobre el estilo, que re¬ velan bien a las claras nuestra gran pobreza ideo¬ lógica en esa materia. En ese sentido, basta re¬ cordar lo que se habló, se discutió y se propuso en unos Congresos de Arquitectura sobre la posi¬ bilidad de crear un estilo arquitectónico nacional. 17 BIBLIOTECA DE ENSAYOS EL NACIONALISMO COMO X'ROBLEMA DE CULTURA El tema del nacionalismo ^en arte entraña un problema de cultura artística. Directamente, no lo veo como un problema de creación artística. En el fundamento de ésta, en una época o país sean los que producirá un arte nacio¬ quieran, se nal grande o pequeño con independencia del cri¬ terio que tengan los artistas sobre ese problema. Si el artista es de pequeña potencialidad, tendrá que basarse en lo que haga otro más potente, y si no lo tiene en su nación lo buscará en otra. Si el ambiente ideológico en que vive es de un arte nuevo, seguirá las novedades reales o fic¬ ticias de los artistas más poderosos, nacionales o extranjeros de sutiempo; si ese ambiente es % frarjjcamente tradicionalista, copiarán, imitará o manejará con cierta originalidad las formas ar¬ tísticas del pasado, y el arte que produzca valdrá tanto como si copiara, imitara o interpretara con 18 EL NACIONALISMO EN ARTE' originalidad las formas artísticas creadas por otros en el tiempo presente. Una posición fran¬ camente tradicionalista enalteció el manejo de las formas decorativas y arquitectónicas de la Roma imperial, por los artistas del Renacimiento italia¬ no; una posición francamente reformadora y lias- la revolucionaria condenó a los artistas del Re¬ nacimiento italiano, precisamente por haber ma¬ nejado aquellas formas del pasado. Y la condena¬ ción llegó hasta el mismo Renacimiento. Fueron célebres las palabras de Van de Yelde: "El trᬠgico comercio de la Vida con la Muerte." Flubo un tiempo que seguí esa corriente de opinión; hoy tengo una muy arraigada que me da la ex¬ periencia de la vida actual y las explicaciones del porqué y de la naturaleza de los hechos históri¬ cos,, y esa opinión es la siguiente : el problema de un arte nacional, como el pro.blema de la ori¬ ginalidad en artè, de lo tradicional o de lo moder¬ no, radica en la potencialidad creadora de un pe¬ lo BIBLIOTECA DE ENSAYOS queño núcleo de artistas de un tiempo dado y en un cierto país. Cuando el estudio del Renacimiento italiano se ha hecho hbre de las preocupaciones tradiciona- listas o revolucionarias, han visto los historiado¬ res que el manejar formas del pasado los artistas del Renacimiento no tuvo importancia alguna; fué sólo una ligera vestimenta artística que en nada aminoró la enorme originalidad del arte creado en el siglo xv, y que el Renacimiento, la renovación, el principio de un nuevo estilo, no hay que buscarlo en el manejo de las formas de la Roma imperial, y antes, en el estudio de los sar¬ cófagos clásicos, sino en el cambio de concepto iniciado por Nicolás de Pisa, por Ducio de Siena y por Giotto ; y que esecambio hubiera sido infe¬ cundo, aun en la misma Italia, si no hubiese exis¬ tido, aunque con menos fuerza y aparecido más tardíamente, al norte de los Alpes' en Francia y en Flandes. El que ■ los artistas de una nación se basen en 20 EL NACIONALISMO EN ARTE el arte del pasado o del presente no es motivo ne¬ cesario para crear un arte potente. El que esos artistas basen sus trabajos en antiguas obras de arte producidas por artistas de su misma nacio¬ nalidad no es tampoco condición precisa para pro¬ ducir un ^rte nacional. La esencia de la naciona¬ lidad, de la originalidad y de los valores artísti¬ cos están en el temperamento del artista y secun¬ dariamente en el ambiente en que éste vive. Si el problema del nacionalismo en arte no es un problema que afecte de un modo directo a la creación artística, tiene, sí, un valor esencial co¬ mo cultura, y, por lo tanto, obra de un modo di¬ recto y enérgico la formación del ambiente ar¬ en tístico de época y país dados. Y ese ambiente una será siempre una fuerza de exigencias que actua¬ rá sobre el artista en todos los momentos y po¬ drá, por lo tanto, ser positiva o negativa, potente o débil. Si ese ambiente se halla cargado de sen¬ timientos tradicionalistas, producirá un anquilo- saraiento artístico mayor cuanto menos potente BIBLIOTECA DE ENSAYOS sea la personalidad de los artistas, y la masa de éstos es siempre de potencia media a mínima. Así, las fuerzas creadoras de los artistas superiores tendrán una gran cantidad de ñcción difundién¬ dose con lentitud y pobreza, que será mayor cuan¬ to más saturado de sentimientos tradicionalistas esté el ambiente en que vivan. Si ese ambiente se halla saturado de sentimientos nacionalistas; en torno a la nación se levantará una muralla para impedir que penetren en aquélla las corrientes de arte elaboradas en otros países, y ese ambiente nacional estará cada vez más enrarecido, acaban¬ do por asfixiar a los artistás y al público. Hay una fuerza que puede ser poderosa para crear o para modificar esos ambientes de arte, y es la Crítica. Obra de un modo directo sobre el público e indirectamente sobre los artistas. Todo apior nacionalista será consciente si lo crea la Crítica de arte. Pero es preciso que ésta sea ver¬ dadera crítica y pasatiempo de dile¬ no mero tante '0 simple oficio periodístico. Y también es 22 EL NACIONALISMO EN ARTE preciso que en el público cese el falso criterio de suponer que una cosa es la crítica de arte y otra la historiografia del arte; que el historiador nada tiene que ver con el crítico, y que éste puede ac¬ tuar positiva y fecundamente sin más horizonte, para sus conocimientos, que el limitado por el arte contemporáneo. Con lo dicho no quiero afirmar que la acción de la Crítica sólo puede (o debe) moverse en el cam¬ po del nacionalismo en arte; no, actúa en él como en todos los sectores, de la vida artística. La Crí¬ tica crea los sentimientos conscientes en arte y es una fuerza directora. Al ocuparme en este ensa¬ yo del nacionalismo en arte he creído necesario completarlo con otro relativo a la Crítica de arte. En- éste reproduzco (con algunas modificaciones) el discurso que leí en mi ingreso en la Real Aca¬ demia de Bellas Artes, aanpliándolo con algunas consideraciones relativas a lo que es la Crítica para los artistas y el público. En mi discurso de referencia, escrito con la tónica del sitio y ocasión 23 BIBLIOTECA DE ENSAYOS en que fué leído, huibe de limitarme al análisis de lo qUe es la Crítica; en éstas páginas se puede (y creo que se debe) tratar el hecho de cómo se con¬ sidera la Critica de ante (i). (i) Este ensayo exige que se le ilustre con graba¬ dos que reproduzcan obras dte arte. Pero sólo un nú¬ mero grande de ellos sería útil, y esto no ha podido realizarse, pues hubiera salido este rtomo de los límites ordinarios de la Biblioteca de que forma parte. En defecto de una amplia ilustración, he procurado refe¬ rirme obras de arte a muy populyizadas. 24 EL NACIONALISMO EN ARTE il LO NA,CIONAL LA EXISTENCIA DEL PROBLEMA Cuando oímos tratar el arte nacional con tanta convicción de su existencia hemos de pensar que no hay verdadero problema; que el hecho es claro y completo. Pero cuando querenaos saber cuáles son las características de un arte nacional tan rotundamente afirmado, vemos que en ese convencimiento de su existencia obra el influjo de un enérgico sentimentalismo que se desborda en verborrea y cubre la ignorancia de lo que es el hecho del arte nacional. Cuando se aborda en serio ese tema salta in- 25 BIBLIOTECA DE ENSAYOS mediatamente como un problema sin resolver. Es¬ tamos aún muy lejos de la formación de un cuer¬ po • de doctrina sobre los caractes internos y la evolución orgánica del arte para suponer que co¬ nocemos los términos del problema El Arte Na¬ cional. Se ha realizado una inmensa labor de in¬ vestigación en cuanto a las obras y los hechos ar¬ tísticos, pero poco existe sobre conceptos de esas obras y hechos. Con aquéllas y éstos se han for¬ mado agrupaciones geográficas, cronológicas y técnicas, pero no se ha llegado a las construccio¬ nes orgánicas de la Historia del Arte. Estamos en los comienzos de esa labor. Hace veinte años, un día me dijo un sabio ar¬ queólogo: "Se conoce ya todo lo que ha sido el arte del pasado en aquello que es esencial. Los nuevos descubrimientos árqueológicos ampliarán detalles confirmando más sólidamente lo que hoy se sabe, pero no debemos esperar grandes nove¬ dades." Aun en ese tipo de conocimientos vendrán las 26 EL NACIONALISMO EN ARTE novedades. Por aquel entonces en que mi amigo el sabio arqueólogo me hablara en aquellos tér¬ minos, Le Coq y GrünWedel trabajaban en la re¬ gión del Turquestán descubriendo un rico caudal de obras sobre el arte desarrollado en aquellas co¬ marcas durante ocho siglos de, nuestra Edad Me¬ dia y que fué centro de ricas confluencias de arte;- hoy mucho nos van enseñando esas obras para conocer la formación de las nacionalidades artís¬ ticas de Oriente. Pero supongamos que sea poco lo que reste por descubrir en hechos; tene¬ materia de obras y de mos por delante una perspectiva sin fin visible en cuanto a conceptos, precisando investigar por qué los hechos y las obras se produjeron con los ca¬ racteres suyos y en los tiempos y espacios en que se realizaron; esto es, conocer la vida del arte pretérito. En cuanto a su nacionalidad, creo que ésta irá apareciendo según las ideas que en cada época se tengan sobre lo que es la Nación y lo nacional. 27 BIBLIOTECA DE ENSAYOS Grecia presenta un caso muy típico de lo que es el problema del nacionalismo en arte. Un grie¬ go de hoy habla del arte helénico como de un pa¬ trimonio suyo; le pertenece y se cree descendien¬ te de los antiguos helenos. Cree aúii más ; el arte elaborado en la cuenca del mar Egeo es de sus an¬ tepasados, y el griego moderno se considera des¬ cendiente de los hombres que crearon el arte de Troya, de Creta, de Micenas y de Tyrinto, como cree suyo el arte de los Dihdócos; tan suyo como el arte bizantino. Y ¿por qué no el arte turco en la modalidad desarrollada en Grecia ? Para el grie¬ go de hoy, el turco es su antiguo opresor; es re¬ ciente la liberación de él y no ha podido aún des¬ aparecer del sentimiento del pueblo el tenerle por enemigo, La creencia de que el arte de Grecia quedó interrumpido con la conquista de Constan- tinoplá es una cuestión que tiene mucho de senti¬ mental. Más adelante veremos cómo en España salimos lentamente de ese estado en cuanto al ^rte mahometano. EL NACIONALISMO EN ARTE Para definir lo quehay de cierto en esa he¬ rencia griega, esto es,-en ese nacionalismo tan vasto, tan rico de modalidades como maravilloso de perfección, tomemos un apoyo : el, de la raza. "Los griegos de nuestros días, desde el punto de vista de la raza, se consideran los descendientes de los helenos antiguos. Esta materia ha sido muy discutida, sobre todo por Fallmerayer. En 1851, en la época de la generación que siguió a la eman¬ cipación de los griegos, Grecia propiamente dicha contenía un millón aproximadamente de habitan¬ tes, y ese millón, del cual se debía restar todavía doscientos mil albaneses y cincuenta mil valacos, representaba el residuo de las revoluciones más completas de puede darnos ejemplo la Histo¬ que ria. Componíase la antigua Hélade de ciudades rodeadas de un pequeño distrito rural; en las numerosas guerras que desolaron aquel país, el vencedor elegía a los hombres que podían comba¬ tir, y vendía luego a las mujeres y a los niños como esclavos. Esta es la fórmula tan conocida 29 BIBLIOTECA DE ENSAYOS que en los relatos históricos va repitiéndose sin cesar. Como la civilización antigua era. esencial¬ mente urbana, los ciudadanos, que al mismo tiem¬ po eran .V propietarios del campo, perecían en la ciudad" (i). "Los focios fueron exterminados por Filipo y los tebanos por Alejandro, habiendo sido los atenienses deportados en " masa. Convertido Délos en gran mercado de esclavos, los romanos, después de la toma de Cartago y de Corinto, lle¬ garon a trasladar allí hasta cien mil griegos de una vez; los traficantes, en ocasiones, llevaron hasta diez mil, que se vendían en un solo día. Los piratas y usureros romanos se dedicaron a una verdadera caza de hombres en las costas del mar Egeo. Más tarde, la mayor parte de la po¬ blación que restaba fué emigrando a Roma en busca de fortuna, y esta corriente duró siglos en¬ teros. Después, godos y . érulos incendiaron las (i) V. M. A. BEftTHELOT, en la Grande Encyclopé¬ die, art. Grèce. 30 EL NACIONALISMO EN ARTE ciudades de Esparta, Argos y Corinto y saquea¬ ron Atenas, matando o llevándose en masa a toda la población. Los visigodos de Alarico destruye¬ ron casi todas las ciudades, asesinando a sus habi¬ tantes o llevándoselos como esclavos. Búlgaros y valacos invadieron diferentes veces la Grecia, y los eslavos se establecieron en parte de su territo¬ rio. Por último, Grecia fué conquistada por los tur¬ cos, los que hicieron desaparecer, hasta donde les fué posible, las grandes familias bizantinas que po¬ dían perjudicarles; perdonaron sólo al labrador, porque necesitaban que cuidara de las tierras en que habían de encontrar su alimento. Las clases más elevadas desaparecieron de las ciudades ; unas huyeron al extranjero; otras quedaron allí su¬ friendo malos tratos o convirtiéndose al mahome- tanismo y hasta pasándose al enemigo. Fueron las montañas refugio de los menos sumisos y de los más valerosos, lo cual aumentó el número de los kleftas. Montañeses y marinos llegaron a ser más 31 BIBLIOTECA DE ENSAYOS tarde los héroes de la independencia griega" (i). "De todos estos hechos deduce M. René Ber- thelot que los antiguos griegos habían sido ex¬ terminados por las guerras y las revoluciones so¬ ciales o bien eliminados por las transformaciones que sufrió el régimen de propiedad. En opinión suya los esclavos habían ido reemplazando a los hombres libres. Los griegos, muy humanos, de¬ jaron que sus esclavos fundaran familias hasta el punto de que Jenofonte aconsejó restringir esa facultad. A medida que los dueños fueron desapa¬ reciendo en las guerras, los esdavos les reempla¬ zaron. La población heterogénea que resultó de estas mezclas ya estaba constituida al fin del Im¬ perio romano. A pesar de las inmigraciones pos¬ teriores de eslavos, albaneses y latinos, esta po¬ blación forma aún la mayoría de los griegos ac¬ tuales. Es, pues, exagerado pretender, como lo hace Fallmerayer, que los griegos contemporáneos (i) Ver Ibid., el interesante artículo dte M. Rënê Berthelot. 32 EL NACIONALISMO EN ARTE nuestrosdescienden sólo de los eslavos heleniza- dos. No tienen más que cierta cantidad de san¬ gre eslava y son descendientes de los griegos del Imperio romano; por ejemplo, de los del tiempo de Justiniano. Estos han suministrado próxima¬ mente la mitad de su sangre, imponiendo su len¬ gua, sus costumbres y otros elementos más o me¬ nos heterogéneos" (i). Aceptando el caso más favorable para la su¬ pervivencia de la antigua raza griega, vemos que ésta no asciende más allá de los tiempos de Jus¬ tiniano; bienpara la formación y desarrollo del artebizantino. Pero ¿qué queda hoy de la raza que elaboró el arte clásico y menos de aquellos hombres que crearon el arte egeo ? Tomemos otro punto de partida: el geográfico. El arte clásico extendióse por Italia y el Asia Me¬ nor; también el arte bizantino se desplazó y Rá- (l) Esquisse psychologique des peuples européens, por A. Fouillée, Paris, 1903; pág. 34 y sig. Hay tra¬ ducción castellana, por D. Ricardo Rubio. 3.3 3 BIBLIOTECA DE ENSAYOS vena fué tan bizantina, artísticamente considera¬ da, como la misma Constantinopla. ¿Pueden los italianos hablar de los templos de Pesto, de Sira- cusa y de Agrigento y del arte ravenés como ma¬ nifestaciones de su arte nacional? La nacionalismo grie¬ religión, ¿pudo crear el go clásico y otro nacionalismo griego cristiano, que fué el bizantino? Las nacionalidades artísti¬ cas europeas descansan sobre la religión cristia¬ na. Ahora bien, ¿puede la religión dar origen a un arte nacional? Para que así fuese sería pre¬ ciso que hubiera religiones nacionales, y si en cierto modo es posible considerar como tales las de egipcios griegos de la antigüedad, en los y tiempos medios y modernos el fenómeno qué se ha producido en Europa ha sido otro; una reli¬ gión y varias nacionalidades. Grecia ha tenido una religión para el arte clásico y otra para el arte bi¬ zantino. Tampoco el budismo creó un solo arte nacional. En Grecia se desarrollaron cuatro estilos per- 34 EL NACIONALISMO EN ARTE fectamente característicos: el egeo, el clásico, el bizantino y el mahometano-turco. Es cierto que, a pesar del cambio de civilización y de sentimien¬ tos, el arte de la cuenca egea se unió al arte clᬠsico a través de un período de interestilo que hoy se bautiza con el nombre de la Puerta Doble de Atenas, la Dippilón. También es cierto que el arte mahometano fué una derivación del arte helenís¬ tico y del bizantino. Pero el estilo clásico, como el mahometano-turco, tienen sus caracteres perfec¬ tamente típicos y constituyen, por lo tanto, es¬ tilos completos. Sus diferencias son lo suficien¬ temente enérgicas y profundas para representar cuatro grandes modalidadés de sentimentalidad estética desarrolladas en Grecia, hasta el punto de que hoy perduran tan llenas de vida que impregnan el paisaje dé la antigua Grecia y cada rincón o cada vista ampliamente panorámica se nos ofrece como una fuente de sentimientos es¬ téticos distintos unos de otros y con plena perso¬ nalidad emotiva. Compare el lector el paisaje BIBLIOTECA DE ENSAYOS montañoso, áspero y de límites recortados de Mi- cenas, con el paisaje severo, de amplios horizon¬ tes y grandes líneas de Creta, y sentirá la emo¬ ción estética de las dos modalidades del estilo egeo, la grave ruda miceniana y la brillante y y grandilocuente de Creta. Cambie de paisajes; contemple los restos del templo al dios de las aguas, Poséidon, en el Cabo Suniura, con su fondo de mar brillante y risueño que rompe las montañas y queda aprisionado en ellas, o el templo de Corinto en la extensa plani¬ cie de limites ligeramente ondulados, o el paisaje de Olimpia con su vegetación de matas, arbustos y pinos, y en ese recinto bello, risueño y tranquilo de la Naturaleza, a poco que la fantasía actúe, verá cómo las viejas piedras se unen y de nuevo se elevan los templos, las tesorerías, las columnas conmemorativas, los pórticos y los propileos, for¬ mando el Altis, el antiguo Recinto Sagrado, tan íntima y maravillosamente unido al hermoso re¬ cinto de la Naturaleza. Y con esas visiones pasará 36 ÈI, NACIONALISMO EN ARTE de'l mundo antiquísimo egeo, robusto, fuerte y grandioso, al mundo heleno, purísimamente bello, severo y alegre, lleno de grandiosidad, sin ser ésta excesiva, sencillo sin pobreza, claro y definido en susconcepciones, en sus sentimientos y en sus for¬ mas, como claras y definidas son las líneas y las masas de sus paisajes y diáfano es el cielo de Grecia. Mentalmente trasládese el lector al Hymeto; ¡cuántos recuerdos clásicos le evocará este nom¬ bre! En ese monte tan clásico contemple el con¬ vento de Kesariani, con sus masas de cipreses y la pequeña huerta que lo rodea, y se sentirá tras¬ ladado a un mundo mágico de recogimiento, hu¬ yendo de otro mundo atormentado y lleno de pa¬ sión. Recuerde también el paisaje de Mistra, con .su convento, sus murallas y la iglesia, o el mo¬ nasterio de Dafnis, y tantos otros monumentos bizantinos, y nuevas imágenes de arte, esencia hecha forma de una civilización personalisima y de unos sentimientos profundos borrarán de su 37 BIBLIOTECA DE ENSAYOS memoria las imágenes antiguas helénicas y las viejas egeas. Por último, el lectór evoque las islas de Thera y de Chios; sus primeros recuerdos le harán re¬ vivir energías aquellos tiempos tan pictóricos de que elaboraron con rapidez los orígenes del arte helénico; pero si asciende por las empinadas ca¬ llejas de Thera o pasea por las estrechas y tor¬ tuosas de Chios, tal vez llegue un momento en que dé al olvido la civilización egea, la helénica y la bizantina con sus artes, y se crea transpor¬ tado a una población de la costa africana. Durante miles de años sobre el suelo de Gre¬ cia han actuado elementos étnicos variadísimos y hechos históricos productores de culturas distin¬ tas. Pero ¿ qué escenario de la tierra civilizada en no ha ocurrido lo mismo ? Grecia es, sin embargo, un éstas tan ejemplo claro, rico de modalidades, y fuertemente acusadas, que no existen otras de una personalidad cultural y artística más saliente. Pero con ser tan amplio y profundo a la vez su 38 f EL NACIONALISMO EN ART ejemplo, para poder comprender lo complejo q' es el problema del nacionalismo en arte qui presentar otros más. Junto a Grecia, la historia ha colocado una personalidad eminente a Roma, y lueqo mo gran heredera suya, la Italia del Renacim Frente a esos pueblos, con sus culturas y s' se eleva el germano. El problema del Renacimiento italiano materia excelente para el estudio del nado en arte, con todos sus factores de tradici la supervivencia de caracteres a través de período medieval y de una originalidad di da en arquitectura, aceptada en escultura y tecida, con los elogios más elevados, en la tura. El primitivo concepto de Renacimiento, co un retorno a la antigüedad clásica y una oposi don aniquiladora del arte medieval, tuvo mu¬ cho de falso pero bastante de verdadero en lo más interno de este concepto; tan honda estaba la ver- 39 ha costado siglos hallarla y quizá no es- aún en completa posesión de ella, arte latitiiO, es decir, el arte cristiano occi- de los primeros siglos, tuvo una significa- menor de originalidad que el arte cristiano de Oriente y el arte, bizantino. En el Italia se elevaron hermosos y sugestivos románicos—San Ambrosio dte Milán, las de Ferrara, Módena y Pisa, la iglesia Miguel, en Luca, etc., etc.—. Con. parti¬ do estilo bien salientes en Palermo y fué, sin emibargo, la arquitectura romá- italiana, y más aún, si cabe, la gótica, una errta de la antigua basílica, o, como en San dte Venecia, y Santa Fosca, de Torcello, construcciones bizantinas romanizadas. Fn escultura no faltó el recuerdo y la tosca imita- de! relieve clásico romano, y en la pintura —^anteriormente al cambio giottisita—-la tradición helenística y la inñuencia bizantina jugaron cons¬ tantemente un papel importante. 40 EL NACIONALISMO EN ARTE Se ha dicho que la grandiosidad del Renaci¬ miento ha atraído hacia él a los historiadores, apartándoles del arte románico y gótico que se produjo Italia. Esto fué cierto hasta los últi¬ en mos cien años, en que las investigaciones sobre todas las épocas del arte desarrollado en Italia han sido profundas y extensas. Lia superioridad artística del Renacimiento so¬ bre el románico y gótico en Italia es innegable a pesar de la belleza de muchas obras producidas antes de Giotto, de Nicolás de Apulia y de Bru- nelleschi, pues Italia no contribuyó con aporta¬ ciones fundamentales de estilo a la formación y desarrollo del románico y del gótico ; no tuvo ven dadera personalidad en ellos, como la tuvieron Alemania y Francia, y, en cambio, fué enorme en el Renacimiento. Dicho en otros términos : sin Italia, el románico y el gótico hubieran existido; sin Italia no sabemos lo que habría sucedido en el arte europeo, especialmente a partir del si¬ glo XVI. Y aquí está, no sólo la gran manifesta- 41 BIBLIOTECA DE ENSAYOS ción nacional artística de Italia, sino su fuerza transcendente. El clasicismo en el arte italiano se ha visto en Nicolás de Apulia, en los escultores que le suce¬ dieron, en Donatello y en el mismo Miguel An¬ gel, en toda la arquitectura a partir de Brune- lleschi—^para citar un nombre eminente, aun cuan¬ do los antecedentes se elaboraron con anteriori¬ dad a la aparición de este arquitecto—y gran en la pintura del siglo xvi. El espíritu clásico no faltó un solo momento en el arte de Italia. El he¬ cho de ser el románico y el . gótico una simple vestimenta y el mostrarse ésta elegante, severa, sencilla y clara, es una manifestación más del cla¬ sicismo en el arte italiano de la Edad Media. Agotadas las posibilidades del estilo cristiano, nacido en las postrimerías del helenístico, y cuya manifestación más típica la dió el bizantino, cons¬ tituyendo un arte de representaciones. abstractas, había de comenzar otro estilo. Las condiciones de la vida europea no eran las propicias para que 42 EL NACIONALISMO EN ARTE el cambio de un estilo a otro se produjese lenta¬ mente y con un largo período intermedio—por ejemplo: del egeo al helénico, del helenístico al románico en Occidente—, sino sin solución • de continuidad. ¿ En dónde podía nacer ese nuevo estilo? Ningún pueblo de Europa estaba tan pre¬ parado para ello como Italia. Alemania había creado el románico y su energía artística seguía desplazándose en el gótico. Este fué creado por Francia ; ambos pueblos habían de estar aferrados a estas dos modalidades de estilo y el cambio les halló reacios a toda novedad y hasta un tanto ex¬ tenuados de fuerzas creadoras. España, que había producido admirables obras románicas y góticas, pero, como Italia, sin plena personalidad mani¬ festada en ellas, fué la creadora del arte mahome¬ tano dte Occidente, y al finalizar el siglo xiv sus energías no eran lo bastante potentes para haber engendrado un nuevo estilo. En la génesis de éste es preciso que un pueblo llegue a la vida fuerte, joven, invasor y dominando a los otros pueblos, 43 BIBLIOTECA DE ENSAYOS O que posea un largo caudal de energías latentes, y en estas condiciones sólo se hallaba Italia; en las primeras, ningún pueblo europeo. La creación del nuevo estilo se produjo en el suelo italiano, y asi pudo ser posible que una tradición fuese fe¬ cunda y que el nacionalismo despertara enérgica¬ mente y avasallador, toda vez que la fuerza tradi¬ cional pertenecía y estaba contenida en el pueblo italiano. Hubo un cambio de concepto de la vida a par¬ tir del año looo; su elaboración fué muy lenta y sus manifestaciones tardaron en aparecer. Llegó un momento en que los sentimientos se volvieron a la Naturaleza, y el misticismo henchido de amor a Ehos se desplazó hacia todos los seres de la Creación. Esas nuevas ideas y sentimientos pro¬ dujeron uno de los primeros y más grandes mo¬ numentos de la literatura nacional de Italia, y el canto más sublime del alma humana a la Natu¬ raleza: el Himno al Hermano Sol, de San Fran- 44 EL NACIONALISMO EN ARTE cisco de Asís, lleno de alegría y de optimismo, como un canto de vida nlieva. Casi ciego y extenuado el Santo, junto a sus hermanos discípulos, sentóse en el umbral de la cabaña de San Damián; comenzaba el día y de sus labios salieron las primeras palabras de ala¬ banza al Señor:' "Altissimo, onnip'otenite bon signore, ïue so le laude, la gloria, et honore, et onne benedic- [tione." Y cuando la sutileza del aire matutino llevó hasta los oídos de los hermanos franciscanos estas palabras del Santo: "Laudato, si, Misignore, per sora nostra madre terra, la quale ne sustenta et goVerna, et produce diversi fructi con coloriti fiiori et herba", los nuevos sentimientos de amor a las ñores y a las hierbecillas fueron gérmenes andando los que, años, crearon los maravillosos fondos paradisía¬ cos de Fray Angélico; y el amor a nuestra her- 45 BIBLIOTECA DE ENSAYOS mana gobierna, había de tierra, que nos sustenta y hacer posible que un ptfeblo llegara a retratarla con amor grandísimo : Holanda, dando a los hom¬ bres, como legado maravilloso de arte, la plena personalidad del paisaje. Cuando el Santo de Asís, después de haber tri¬ butado toda alabanza al Señor, cantó: "Laudato sie, Misignore, cum tucte le tue creature, spetialmente messor lo frate sole, lo quale lomo et allumini noi per loi. . Et ellu e bellu e radiante cum grande splendore de te, Altissimo, porta significatione", abrió Jos ojos del alma a la luz para que ésta fue¬ ra conquistando plena personalidad artística, y desde los cuadros venecianos del siglo xvi, y a través de los de las mis¬ paisajes holandeses, y teriosascomposiciones de Rembrandt, llegara ra¬ diante a ser proclamada en el siglo xix, con el triunfo del impresionismo, "el protagonista del cuadro" (palabras de Manet). Italia tenía una herencia de arte humano, de 46 EL NACIONALISMO EN ARTE exaltación de las fofmas del cuerpo humano como belleza suprema. A pesar del paisaje helenistico —quizá más oriental que hijo de Occidente—, el sentimiento clásico de arte se encarnaba en for¬ mas humanas. San Francisco, espíritu más universal que ita¬ liano, cantó a la Naturaleza. Un día, en que fué llevado al Palacio episcopal de Asís, supo que el Obispo y el Potestad estaban en franca guerra. El Santo los llamó, y reunidos en la plaza del Vescovado, dos hermanos franciscanos entonaron el Canto al Hermano Sol, y al acabar d "Laúdate et benedicete, Misignore, et rei^ratiate et serviateli cum grande humilitate." cantaron una nueva estrofa de amor y paz entre todos los hombres, compuesta últimamente por d Santo "Laudbto si, Misignore, per quelli ke perdonano per [lo tuo araore, etsostengo infirmitate et tribulatione, beati quelli kel sosterrano in pace, ka da te, Altissimo, sirano incoronati." 47 BIBLIOTECA DE ENSAYOS ■US- ^ Canto de paz. había guerra Para el Santo no entre la Naturaleza y los hombres; entre éstos, si. No hay en el Himno del Santo un cántico a las bellezas humanas; en esto existe una fuerte oposición entre el sentimiento pagano y el cris¬ tiano. El arte abstracto bizantino fué francamen¬ te cristiano en ese sentido. El amor a la Natu¬ raleza constituyó un retorno a sus imágenes, aca¬ bó con el arte abstracto e hizo posible que los ojos de los artistas de las gentes volvieran sus y miradas, nuevamente, hacia las bellezas del cuer¬ po humano. Pero éste ya no fué contemplado como en los días del paganispio. Aquella última estrofa del Santo de Asís unió a la Naturaleza con el hombre y pudo ser posible la belleza cor¬ poral pagana con los hondos sentimientos huma¬ nos. Esta es la hazaña portentosa del^Renaci- miento italiano. , Que sus edificios se adornaran con capiteles cu¬ biertos de hojas de acanto y las clásicas volutas, es poca cosa, nada. Las miradas de los historia- 48 F. L NACIONALISMO EN ARTE dores quedaron prendidas, durante cientos de años, en esas bagatelas de la vestimenta renacentista, y por ellas juzgaron la gran hazaña del arte como un simple torniamo all'antico; ¡como si las aguas de los ríos pudieran volver a su nacimiento! ¡No sabían que éste no sería nacimiento y sí una char¬ ca 1 Aun hoy muchos son los pobres de espíritu para los que no ha llegado el momento de ser li¬ bertados de las tinieblas. En Italia, a pesar de los cambios profundos po¬ líticos, de los hechos históricos desarrollados en su suelo y de la transformación de sus culturas, el sentimiento clásico nacional perduró y pudo ma¬ nifestarse artísticamente, a partir, del siglo xiv, con una pujanza y perfección superiores a las que alcanzara en los tiempos antiguos de Roma. Alberto Durero sintióse atraído por los esplen¬ dores mágicos del arte italiano. Salía Durero de la época gótica y sus esfuerzos fueron grandes y continuos para llevar a su arte (y al de su pueblo) las formas y aun conceptos del clasicismo ita- 49 4 BIBLIOTECA DE ENSAYOS liano renacentista. Los estudios teóricos de Du- rero y trabajos sobre las proporciones del sus cuerpo humano le conducían a ese fin. Es de un gran interés y valor artístico la serie de estudios que realizó para llegar a la suma perfección for¬ mal de los cuerpos desnudos de Adán y Eva. Es¬ tos estudios, hechos en dibujos prolijos (uno de ellos con su sistema de mediciones del cuerpo humano) fueron realizados para conseguir el ma¬ ravilloso grabado en cobre El Pecado Original (1504). El arte germano no alcanzó jamás una mayor perfección clásica del desnudo. Un contemporáneo de Durero (1471-1528), Palma el Viejo, de Bérgamo (1480-1528), pintó en juventud un cuadro representando aquel su mismo asunto (Galería de Brunswick). La seme¬ janza del grabado de Durero es grande con la obra del pert^jqué diferencia pintor veneciano, en serenidad y nobleza de las figuras de el porte, Adán y Eva! Palma pintó pocos desnudos, y, sin embargo, con tal dominio y facilidad resolvió la 60 EL NACIONALISMO EN ÁRTE forma a lo clásico, que se ha comparado la figu¬ ra de Adán con el Dorifero (estatua en mármol del Museo de Nápoles, copia de un original en bronce, de Polideto) y la de Eva con la Venus de Cnido (copia de Praxiteles, con el estúpido adi¬ tamento de los ropajes, según una desdichada res¬ tauración). Ejemplos como estos pueden citarse bastantes en la vida artística de Durero—^la estampa de Apolo y Diana, y su influencia dp Barbari; el proceso para llegar a la escena de la Conducción de la Cruz, soluciones clásicas, en y la superio¬ ridad con que luego en el taller de Rafael Santi, y bajo la dirección de éste, su discípulo Penni pintó El Pasmo de Sicilia—. Pues bien, a pesar de los esfuerzos titánicos del pintor alemán y de su genio sublime, con frecuencia las figuras de sus cuadros, grabados y dibujos se apartaron del tipo clásico y el arte gemánico siguió su camino. Hoy se pretende que Matías Grünewald es un repre¬ sentante más genuino del espíritu germano que 51 BIBLIOTECA DE ENSAYOS Durero. Lo cierto el arte germano, con es que su rama de los Países Bajos, a pesar de todo in¬ flujo clásico, se manifestó en abierta oposición de concepto y de forma—^de estilo—con el arte desarrollado al sur de los Alpes, y es más ger¬ mana la Eva de Van Eyck en el PoUptico de Gante, que la grabada por Durero en su estam¬ pa El Pecado Original. En 1913 se celebróMadrid una Exposición en de Artes decorativas. Concurrieron las Escuelas oficiales de industrias artísticas ; discutióse el pre¬ mio que se la Escuela de Grana¬ había de dar a da, y uno de los Jurados hizo ver a sus compa¬ ñeros que si se otorgaba una elevada recompen¬ sa a trabajos de imitación (casi copias) de anti¬ guas decoraciones árabes y renacentistas, elabo¬ radas en Granada, ¿qué premio se dariá a la Es¬ cuela que presentara trabajos originales? El miembro del Jurado que hizo tales indicaciones recibió una carta de un artista amigo suyo reco¬ mendándole a la Escuela de Granada. En esa car- 52 EL NACIONALISMO EN ARTE ta le decia: "Usted, por lo visto, quiere que en esa Escuela se haga modernismo. Si así fuese, ¿no comprende destruiria la tradición glo¬ que se riosa granadina, desapareciendo su arte castizo, que tan alta representación tiene en la Alham- bra y en el Palacio de Carlos V?" Realmente, ambos estilos dan una fisonomía muy típica a Granada; pero no es la única ciudad del mundo que, teniendo un antiguo abolengo ar¬ tístico, 110 presente el caso de conserva» monu¬ mentos de estilos diferentes. El juicio de ese pin¬ tor es elocuente y, por lo mismo, lo cito aquí. Afírmase un casticismo local—que puede exten¬ derse y darle válor de nacionalismo—formado por dos estilos que nada de común tienen entre sí; segundo, se afirma la destrucción de ese cas¬ ticismo si entrara en Granada un nuevo estilo, y no se toma en cuenta que siempre tendría más semejanza, con el renacentista del Palacio de Car¬ los V' que éste tiene con el Palacio de los reyes nazaríes; tercero, si dos estilos diferentes enri- 53 BIBLIOTECA DE ENSAYOS quecen artísticamente a Granada, convirtiéndose los dos en castizos suyos, a pesar de su gran de¬ semejanza, un tercer estilo desarrollado junto a los otros no había de impedir que continuara y aun se acrecentara la riqueza artística granadina y que el nuevo estiló llegara a ser tan castizo co¬ mo el renacentista, ya que éste pudo serlo luego del casticismo del estilo mahometano; cuarto, ue si éste era castizo antes del siglo xvi, ¿ cómo pudo serlo también el arte del Renacimiento in¬ troducido en Granada—el modernismo de enton¬ ces—, cuando eran producto de cultura y facto¬ res étnicos tan distintos? A pesar de lo ilógico que es el juicio del artis¬ ta citado, en cuanto al casticismo de Granada, tiene, sin embargo, un fondo de verdad... sub¬ jetiva. El problema de lo nacional existe, pero nada tiene de sencillo y de rectilíneo. 54 EL NACIONALISMO EN ARTE EL CASTICISMO Se usa en dos acepciones que, en el fondo, son muy semejantes: una, como representación de pureza étnica; otra, como pureza eil la represen¬ tación de ios caracteres nacionales. Sobre la pureza de raza 'o de sangre no hay para qué hablar; los estudios biológicos, los et¬ nográficos y los históricos prueban dos hechos: primero, la no existencia de razas ppras; segun¬ do, que cuantos más elementos de razas extranje¬ ras ha recibido un pueblo, tanto más fuerte ha sido, a condición de que esas aportaciones no contengan diferencias muy grandes con el '^ondo étnico del pueblo que las reciba y que éste pueda incorporarlas intimamente a su ser, de modo que formen con él un todo orgánico; lo contrario se convierte en fuerza destructora. El casticismo, en su aspecto de pureza étnica, pasa al plano de los elementos generadores de toda nacionalidad. En su aspecto de ser una re- 65 BIBLIOTECA DE ENSAYOS presentación pura de los caracteres nacionales, queda como una calidad del nacionalismo. Se ha pretendido que las nacionalidades íór- manse a base de un principio étnico puro; basta recordar cómo de un mismo grupo étnico se han constituido 'diversas nacionalidades. El caso de crearse una nacionalidad con elementos étnicos diferentes deja en un plano secundario ese fac¬ tor, y lo castizo queda como una calidad del na¬ cionalismo, según antes expuse. LA NACIÓN El concepto que de ella se tiene dista mucho de ser claro, preciso y constante. Las ideas políticas influyen en ese concepto, y si la Nación no debe ser confundida con el Estado, los factores polí¬ ticos que envuelven a la primera, en todo mo¬ mento le dan rasgos mudables que, aun cuando sean más extemos que internos, propenden a mo- 66 ! EL NACIONALISMO EN ARTE dificaciones y errores en el concepto que se for¬ me de lo que es una Nación. En un sigflo hemos visto cómo se han produci¬ do estos cambios, y aquella ideología, que creó la unidad italiana y la alemana, se ha visto cam¬ biar en la postguerra (y aun antes), encaminán¬ dose a definir pequeñas nacionalidades. Esta se confunde también con el pueblo y gru¬ po étnico, engendrando errores en la idea que se tenga sobre la naturaleza, contenido y desarrollo de la Nación. Además, como antes ya indiqué, se ha venido creyendo—y tal opinión no está aún destruida—en la existencia de origen de agru¬ un paciones étnicas creadoras de, naciones y que han perpetuado sus carecteres internos, esenciales, a través de toda mudanza histórica—un concepto de la Tradición—. Y se ha llegado a más, a con¬ siderar esas mudanzas, si no siempre como des¬ naturalizaciones de aquellos caracteres primitivos, sí como aminoración de ellos, dtesorientando su marcha. Se ha pretendido volver a tiempos pasa- 67 M BIBLIOTECA DE ENSAYOS dos hasta encontrar el verdadero caudal nacional y sus aguas más puras. Cada época, y aun cada grupo suyo de hombres, han determinado puntos distintos de pairada en ese ascenso histórico. En arte, estas creencias han tenidb escasa importan¬ cia, no sólo en los tiempos presentes, sino en los pasados, creando movimientos de labor artística, a los que se les debe dar el nombre de regresiones históricas y que han sido siempre igualmente in¬ fecundas, ya que la acción suya ha tendido más a elaborar modalidades artísticas externas y mecᬠnicas que a creaciones profundas de obras de arte. Unido a ese falso concepto de tradición va la creeencia de que un estilo puede engendrar otro. EL FONDO NACIONAL Sólo queda el estudio del proceso histórico para llegar al conocimiento del fondo nacional. Los grupos étnicos, la religión, las condiciones geo- EL NACIONALISMO EN ARTE gráficas y la identidad de lengua no han sido siempre los únicos elementos creadores de nacio¬ nalidades. Los norteamericanos, a pesar de la unidad idiomàtica que tienen con los ingleses, constituyen una nación separada de éstos, "porque quieren que así sea. Y este querer es el factor decisivo. La nacionalidad fúndase en la voluntad; es decir, en la idea. Forman una nación aque¬ llos grupos de hombres que en cualquier dirección quieren constituir una unidad y actuar como tal. El inquirir cuáles sean los motivos internos o externos que condujeron al nacimiento de esa idea es deber de la Historia en cada caso concreto. Ahora sólo precisa indicar que no es la tota¬ nos lidad sujeta a la idea y haciéndose cargo de ella sin una conciencia clara, la que tiene influencia decisiva aquí y en' cualquier otro problema de la vida histórica, sino aquellos círculos que, cultu¬ ral y políticamente, ejercen la dirección en los casos en que fuere preciso". "La unidad y la independencia política son, 59 BIBLIOTECA DE ENSAYOS es verdad, la actividad más elevada y actual¬ mente el fin a que aspira toda nación; pero no está contenida, necesariamente, en el concepto de la misma; la prueba nos la ofrecen los griegos, los judíos y también los alemanes del siglo xviii, de la época de Lessing y de Goethe, que busca¬ ron la nacionalidad sólo en las actividades cul¬ turales." (i) El proceso histórico en la creación de una na¬ cionalidad es muy complejo y se halla sujeto a causas variadísimas, siendo la resultante de él el producto más elevado de un largo ciclo de he¬ chos en una marcha civilizadora ascendente. Pa¬ ra el estudio de lo que es una nación se debe partir de aquel período suyo en el que su vida ' esitá ^p^namente caracterizada, diferenioiándose, no sólo de las demás uniones humanas, sino de toda otra nacionalidad, esto es, que presente una plena personalidad, e ir ascendiendo cronológi- (i) Eduardo Meyer.—Klein Schriften, 1924. T. I., pág, 40. . 60 KL NACIONALISMO EN ARTE camente en el conocimiento de los hechos histó¬ ricos que, de un modo directo o indirecto, se re¬ fieren a esa nación. En ese proceso de estudio ■—^inverso al proceso real en el qúe se forma la nacionalidad—, se verá cómo la unión nacional queda diferenciada de toda otra clase de unión, no sólo por ser la más compleja en sus fines y medios de vida, sino por el carácter que toma al actuar el factor emotivo con una fuerza tan in¬ tensa como en la unidad-familia. Se verá tam¬ bién cómo se va del estadéf consciente de esa uni¬ dad a otro estado primitivo semiconsciente, pero en el que existen los hechos de esa unidad, ac¬ tuando ya de un modo fecundo. Verá cómo los elementos étnicos se agrupan gracias a hechos históricos tan múltiples, que muchas veces esas uniones son debidas al azar, y verá también dis¬ asociarse un elemento étnico y una parte de él integrarse a una nacionalidad, y otra, a otra na¬ cionalidad. Asimismo, verá cómo grupos étnicos distintos viven en contacto durante mucho tiem- 61 4 BIBLIOTECA DE ENSAYOS po sin fusionarse hasta que un hecho histórico, de carácter común a todos esos grupos los une, y si el hecho es de consecuencias largas en el tiempo, los lazos se estrecharán cada vez más, hasta llegar a la perfecta fusión de esos grupos étnicos. El investigador verá cómo los aconteci¬ mientos históricos, constitutivos de una naciona¬ lidad, no se desarrollan siempre unilateralmente, sin contacto, y a veces sin penetraciones profun¬ das en hechos extranjeros; muy al contrario, y el examen detenido de*ese tipo de hechos le hará , comprender que la vida nacional no permanece hermética, que no existen independencias mate¬ riales más que de un modo relativo y que, en el orden espiritual, si se acentúan las característi¬ cas de personalidad de la nación—y asi es posi¬ ble hablar de arte, literatura y filosofía nacional y poco y en términos vagos de ciencia nacional y nada de técnica nacional—, esas características, por su condición de ser profundamente huma¬ nas, tejen lazos tan múltiples y estrechos, que no 62 t EL NACIONALISMO EN ARTE permiten concebir la historia nacional completa, de principio a fin, en la misma nación, y esas in¬ vestigaciones!—si se realizan serena e imparcial- mente—descubrirán que la vida humana no se ha desarro'llado en torno de una sola nacionalidad, que no existen naciones históricamente céntricas, y sí sólo naciones temporalmente directoras (i). (i) En la escultura española hecho elo¬ apairece un cuente de la fuerza de nuestro realismo y de la es¬ casa imaginación creadora que tenemos. En España se han producido esculturas muy excelentes, como imᬠgenes sueltas o agrupadas, a base de un asunto dado, con initerpretación francamente realista. Esto puede verse lo mismo nuestra imaginería religiosa como en en las esculturas contemporáneas. Pero tan pronto como se ha tenido que saltar de la imagen aislada o del grupo religioso o profano, compuesto a base de inteppretaciones realistas, a un monumento en el que es' preciso susti|tuir el realismo de las agrupaciones y figuras por un símbolo de tema objeto del monumen¬ to, el español ha fracasado. Y menos mal si ha re¬ suelto su obra como una repetición de hechos anecdó¬ ticos—en grupos y relieves—al modo de ilustraciones de la vida de un personaje o explicación plástica de un hecho de gran relieve histórico. Entonces actúa el artisita con franco realismo; ve el hecho concreto; 63 BIBL·IOTECA DE ENSAYOS Por Último, el investigador verá cómo las nacio¬ nalidades, lo mismo que todas las agrupaciones humanas, se han constituido mediante un, proceso esciit-óricaniente hace el cuadro realista, pero no halla la esencia espiritual, simtéticaimerute el hecho no ve histórico o la vida de un personaje, y no puede con¬ cebir, vivir internamente, el símbolo como forma de arte. A lo sumo llega a prodigar las alegorías, mu¬ chas veces convirtiendo el monumento en puesto de trastos heterogéneos que para darles una supuesta sen- timenitalidad estética los representa viejos. La estatua ecuestre d:e Marco Aurelio, de Colleoni o de Erasmo dei Narni (Gattamelata), no se conciben en España. En relieves puestos en el pedestal y en trofeos, el artista necesita explicarle al público lo que en vida fué el personaje estatuado. Un monuimento como el que se supone que conmemoró la batalla ga¬ nada por Demétrios Poliorcetes a Ptolomco, tampoco se concibe entre nuestros artistas. Sobre la proa de una nave alza una victoria; toca la tftímpa griega se de la fama y lleva un trofeo conquistado al- encimigo; nad'a más y es bastante. Nuestros escultores "hubieran llenado el monumento episodios realistas de aque¬ con lla prodigado las figuras ale¬ batalla naval; habrían góricas diluyendo y hasta anulando su significación, y en la cúspide habrían colocado, en actitud teatral, a Demétrios Paliorcetes. Un monumento asi sería lo dpuesto a la Victoria de Samotracia. 64 EL NACIONALISMO EN ARTE histórico; pero también los hechos históricos las han' disuelto. Una nación no es un organismo complejo de la vida humana que sale de la nada con todos sus caracteres típicos, diferenciales de otras nacio¬ nes, y que, asi cristalizada, el tiempo resbala so¬ bre sus facetas ; al contrario, es un organismo que está siempre en estado de formación o de disolu¬ ción, y, por lo tanto, transformándose. LA HISTORIA NACIONAL EN EL NACIONALISMO El esquema expuesto para llegar al| conoci¬ miento de una nacionalidad no es completo, si ha de atender a los fines prácticos nacionales. Es preciso ver en el pasado el origen interno del presente, y esto es de suma dificultad. Para ello sería necesario que los hombres directores de to¬ da actividad nacionalista profundizaran en la esencia del pasado, conociendo la naturaleza de 65 5 BIBLIOTECA DE ENSAYOS los hechos históricos en nacionales, cuanto eran apartando aquellos que sólo tenían un valor tem¬ poral y también los que se habían producido co¬ mo influencia o reflejo de hechos extranjeros. Pero, adjemás, ser^ preciso que abarcaran y comprendiesen el presente, y asi, ver el pasado en el presente. Esto es posible, per^ su dificultad es grande, y ésta crece si han de difundirse aque¬ llos conocimientos en lanacional. masa Los hechos nacionales podemos clasificarlos en dos grupos: positivos y negativos, buenos o ma¬ los para el desarrollo y perfeccionamiento de la vida nacional. Es más fácil distinguir del fondo común los hechos negativosmalos que los positivos y bue¬ y nos, y aun se estará expuesto a contundir mu¬ chos de los primeros como si fuesen los se¬ gundos, y así se considerarán como caracterís¬ ticas nacionales, dignas de ser perpetuadas y cul¬ tivadas, las que deben ser destruidas para el per¬ feccionamiento de la vida nacional. Habrá gen- 66 EL NACIONALISMO EN ARTE tes que teniendo una clara visión de los hechos y caracteres negativos, los considerarán como irre¬ mediables. Ni ceguera, ni tampoco pesimismo, debe existir en toda actividad nacional. Es preciso situarse en un verdadero estado de examen de conciencia, tomar el conocimiento de la historia de una nación como tal examen, ple¬ namente sincero y acompañado de una firme vo¬ luntad de enmienda. Toda nación (como toda colectividad y como todo individuo) lleva en su seno gérmenes posi¬ tivos de construcción y progreso, pero también gérmenes negativos de decadencia y disolución. El problema estriba en que sean conocidos esos valores, y tanto como poseer ese conocimiento importa la constancia, no interrumpida y decaida, para que los valores positivos actúen con la máxi¬ ma eficacia. Por lo que a nosotros se'refiere, ese examen lo hemos realizado pocas veces, y aun menos hemos tenido constante la acción volitiva para los he- 67 BIBLIOTECA DE ENSAYOS chos buenos. La ignorancia, las supersticiones, el abandono, el vivir al día y no pensar en el maña¬ na, el creer que la vida sólo debemos perpetuarla en el otro mundo y que toda herencia que poda¬ mos transmitir estará sólo constituida por los bie¬ nes tangibles que poseemos, ha puesto la vida nacional en trances históricos dificiles, concer¬ tándose malamente las energías comunes, y po- 1|||^ cas veces hemos podido ser una nación de van¬ guardia en la vida mundial. Ha llegado el siglo xx sin haber sabido adap¬ tar las condiciones geográficas ,y climatéricas de la Peninsula, no a mi¬ nuestra vida—una vida sérrima y atrasada—sino a una vida fecunda y pictórica de riqueza; nuestra sobriedad, excusa de pobreza, ha venido siendo uno de nuestros ma¬ yores pecados. Sólo en la periferia peninsular hay zonas de producción máxima. Pocos son los trabajos que se han hecho encaminadbs a la adap¬ tación de la tierra a la vida nacional, que no se hayan realizado dispersos, sin coordinación con 68 EL NACIONALISMO EN ARTE otros, sin estar debidamente complementados y sin largas interrupciones. Con una ignorancia sui¬ cida, hay gentes españolas que toman la dureza del clima y lo rudo dtel suelo como un medio para templar los cuerpos y las almas, sosteniéndose así una raza vigorosa, y no se dan cuenta que el cretinismo se extiende por la Península. Y esas, gentes aún van más allá; toman como tipo, como característica del suelo nacional grandes comar¬ cas que son yermas por culpa de sus habitantes, pues antes no lo fueron. ¡Cuántos se extasían en la contemplación de las llanuras esteparias y ven en su monotonía y lejanos horizontes una fuente de emociones estéticas 1 ¡ Qué caudal de energías consume el labriego en un trabajo individual y pobre, queriendo fecundizar con el sudor de su cuerpo unos pocos pufiados de tierra que quedan entre los riscos de los montes pelados o junto al cauce de los ríos, que en un día barren el tra¬ bajo de muchos años! La rudeza del suelo se convierte en tosquedad 69 IÎIBI>IOTECA DE ENSAYOS de las costumbres y maneras sociales, y el esta- do, poco o misérrimamente cultivado, de nuestras planicies y montes, se traduce en una aversión a todo lo que sea cultivo de los sentimientos, ca¬ yendo fácilmente en las sensaciones violentas. Tenemos, como característica nacional, una propensión a la superficialidad. Fácil y rápida¬ mente vemos las cosas y los hechos, pero nos fal¬ ta eltesón, la voluntad sostenida y el entusiasmo constante para penetrar en el fondo de los he¬ chos y en la naturaleza de las cosas, conocerlos bien y procurar agotar las posibilidades fecundas de esos conocimientos. Con frecuencia nos falta percibir la concordan¬ cia entre una idea y la naturaleza de un hecho, y así lo real y lo ideal andan sueltos y sin unión posible, cuando ésta se intenta es mediante una y soldadura, un puro artificio. Esa falta de con¬ cordancia nos lleva a la exaltación de una idea concebida rápidamente, poco meditada y que, al exteriorizarse, como no se concibió en toda su 70 EL NACION AL ISMO EN ARTE plenitud, no se la ve 'dtefinida y bien caracteriza¬ da, y entonces se acude a medios representativos múltiples, fuertes, a veces hasta llegar a la estri¬ dencia. Nada de sencillez^ preçisión y matices; al contrario, saltos bruscos y efectismos; la so¬ briedad queda sustituida por pobreza, lá pre¬ cisión por rasgos duros y recortados y el matiz por conceptismo. Esa falta de concordancia en¬ tre la idea y el hecho nos conduce a idealis¬ mos infecundos, extravagantes^ y a exaltaciones de puro delirio. La imaginación anda errante por espacios sin límites, y no halla su forma. Esa disociación de la idea y del hecho, cuando nos lleva a la realidad, es mediante una caída en lo trivial y lo vulgar, y más se prefiere esa realidad que los idealismos. También vemos los hechos disociados de toda idea, sin el engranaje de unos con otros y así quedamos sujetos al hecho concre¬ to y menudo; y ¡cómo se exalta entonces el rea¬ lismo castizo y el casticismo de lo típico lugare¬ ño y del costumbrismo, y se toman las notas tí- 71 BIBLIOTECA DE ENSAYOS picas de hechos temporales como caracteres na¬ cionales! (i). Esas disociaciones de los hechos y la falta de clara comprensión de los mismos, aminoran el poder de la fantasía ; varios hechos no se saben fundir erí uno solo; la imagen hay que cogerla completa en la realidad y así llevarla a la obra (i) En períodos de exaltación nacionalista, se ha dado gran importancia en evitar las influencias extran¬ jeras. De urt modo o de o·tro, se han querido estable¬ cer barreras para impedir esas intrusiones y de buen grado se hubiera construido una segunda muralla de la China en torno de la Nación. Se ha creído que el enemigo del arte nacional estaba en el extranjero y no se lian percatado que estaba en la propia casa. Ja¬ más ha sido posible un aislamiento voluntario eficaz en materia de vida artística; hoy, es kniposible. En España tenemos ejemplos numerosísimos de influen¬ cias extranjeras y legiones de artistas vinieron de otros países a trabajar en el nuestro. Las manufacturas de cerámica de Talavera .y de Alcora las de tejidos, y prueban que en España se imitó lo hacían mejor que en otras naciones. Contra los extranjerismos no hay murallas de la China. En arte, o se crea estilo o se reproduce el creado por otro pueblo. Si en una época dada el temperamento nacional tiene escasa potencia 72 EL NACIONALISMO EN ARTE artística. EI pintor necesita tener delante al mo¬ delo, uno sólo para cada imagen; el artista no domina la realidad, ésta si le domina pero a él. Estos días un autor dramático, que goza de mu¬ cha fama, ha escrito estas palabras en un diario: "En esta obra, como en otras muchas mias vo creadora, imitará para podter realizar obras de arte, Y el público será el primero en pedir que se imiite lo más original que se produce en otro país. Pero, ¿es que debe crearse u;i público que sólo apetezca lo nacional sin atender a su calidad artística? ¿Y quiénes lo van a crear?^¿Los Gobiernos? Cándidamente, algo de esto se dijo.en un Congreso de Arquitectura. Y ¿quién) va a crear a lo« artistas con potenite persona¬ lidad nacional? ¿También el Gobierno? Y a éste, ¿es posible que lo elijan los amantes del nacionalisirao* ar¬ tístico? Tome en cuenta el lector que en nuestra pin¬ tura contemporánea no ha pensado en evitar que se penetren en ella las influencias extranjeras, por la sen¬ cillísima razón de que venimos teniendo un núcleo po¬ deroso de pintores con plena ipersoniallidiad nacional. El clamoreo se levanta en el campo de la Arquitectura. Si hoy penetra la influencia arquitectónica germana, en tiempos pasados tuvimos la francesa y en otros la misma germana, y por nacionalismo, ahora no pen¬ samos en reedificar la catedlral die León o la de Burgos. 73 BIBLIOTECA DE ENSAYOS no he inventado; he teatralizado solamente." So- rolla no quiso llevar al cuadro la imagen perfecta de una muchacha bien proporcionada de cuerpo, porque la modelo tenía las,piernas cortas y enten¬ día que toda modificación artística entrañaba una falsedad. .Las falsedades son los inventos ; el in¬ vento artístico repugna a nuestros artistas ; cuando quieren realizarlo, pocas veces les sale bien; ha¬ cen la soldadura de hechos diferentes o de for¬ mas distintas, así .el desarrollo de los primeros y no suele ser y la constitución de una ima¬ lógico gen no aparece con relaciones orgánicas entre sus partes : ño tiene vida, no ha sido creadá por el artista, y en ella se descubre inmediatamente el artificio de la soldadura de partes y miembros de imágenes diferentes. Nuestro arte ocupa todo el plano antitético a arte abstracto, y cuandb en las manifestaciones populares o en el arte sabio se han producido imágenes abstractas, ha sido por imitación de co¬ rrientes extranjeras. Y así sucede que el público 74 EI, NACIONALISMO EN ARTE apetece imágenes religiosas con el máximo realis¬ mo—coronas, pelo y ropas de verdad, y en mu¬ chos casos basta que la imagen quede reducida a una cabeza y d'os manos, y para el resto del cuer¬ po es suficiente un armazón de palitroques reves¬ tidos con telas—, y junto con esas imágenes se bailan trabajos artísticos populares de un tipo abstracto, que baria suponer la existencia de una fuerte imaginación creadora si no fuesen produc¬ to de un primitivismo superviviente en el pueblo —recuérdense las formas abstractas en el arte de los pueblos retrasados—y de bastantes influencias extranjeras. La decoración arquitectónica de los grutescos se produce a .la par de nuestro arte su¬ perlativamente realista; en esa dualidad no bay antítesis de temperamento; los grutescos son for¬ mas artísticas deimportación italiana, y las imᬠgenes realistas de las grandes obras de arte son nuestras. Existe una verdadera aversión a componer una obra de arte. El artista toma como un trabajo 75 liIBLIOTECA DE ENSAYOS de artificio el agrupar las imágenes que consti¬ tuyen sus obras, y a lio sumo, al realizar esas agrupaciones, se basa en el asunto que ha de re¬ presentar. En algunas épocas de nuestra historia artística, contados artistas se han preocupado de realizar composiciones más allá de lo que al asun¬ to se refiere, y sí con un valor estético; pero esos casos han sido pocos, y no han podido realizar una larga labor histórica que hubiera producido beneficiosos resultados para destruir o aminorar esos vicios artísticos nacionales. Se observa en nuestros trabajos decorativos una orientación francamente realista, y así se ejecutan obras absurdas que tocan en lo ridiculo. Por eso nuestra historia de la pintura, tan pronto como sale de la corriente europea de un arte abs¬ tracto (influencia bizantina directa o indirectamen¬ te ejercida), no tiene casi ejemplos de pintura mu¬ ral; en España apenas si hay fresquistas, y el arte del tapiz se cultivó tarde y con poco éxito, hasta el extremo de haber llegado en tiempos 76 EL NACIONALISMO EN ARTE contemiporáneos a reproducir el cuadro de la Fa¬ milia de Felipe IV, pintado por Velazquez, y que técnica y estéticamente es de franca oposición a la naturaleza del tapiz. El caso de Palomino como pintor fresquista es extraordinario, y aun su pintura de bóvedas y cúpulas se desarrolla a expensas de una fantasía de cabriolas muy barroca veneciana. De los de¬ más fresquistas no hay para qué hablar, y los trabajos ejecutados por Goya en ese procedimien¬ to no hubieran servido para inmortalizarle. En la mayoría de nuestros escritores o críti¬ cos de arte se ve constantemenite no sólo la au¬ sencia de una cultura estética y aun histórica, sino marcada aversión a ellas, y bastantes dó nues¬ tros artistas, cuando pueden confesar clara y sin¬ ceramente sus ideas y juicios, abominan de toda cultura. Hace años formaba parte de un tribunal de oposiciones a plazas de profesores de Dibujo ar¬ tístico de nuestras Escuelas de Artes y Oficios; 77 BIBLIOTECA DE ENSAYOS presidía el Tribunal D. Antonio Muñoz Degrain, figura de primera magnitud en nuestro arte con¬ temporáneo. Al comenzar los opositores el ejer¬ cicio teórico—nociones (¡ nada más que nociones 1) de perspectiva, anatomía artística, teoría e histo¬ ria de las artes decorativas—dirigió estas pala¬ bras a los opositores: "Sean ustedes breves en este ejercicio, pues lo que importa es dibujar bien del natural." Y en esas mismas oposiciones ha¬ bía un decorativa pic¬ ejercicio de composición tórica; primero se dió a los opositores unos ve¬ getales—^absurdos en sus posibilidades de estili¬ zación decorativa—un animal disecado y viejo en su estado de vida inmóvil, para que los copia¬ ran. Hubo opositor que hizo las copias—no ver¬ daderos estudios—reproduciendo el fondo sobre el que estaban el anima:l y .los vegetales, y ese fondo era ¡la clase de dibujo en que se realiza¬ ban las oposiciones ! Terminado ese ejercicio, los opositores sacaron a la suerte el tema de la com¬ posición; se hizo el boceto de ésta y luego el pro- 78 £L NACIONALISMO EN ARTE yecto a tamaño grande, empleando como unida¬ des decorativas aquellos vegetales el pobre ani¬ y mal disecado. Alguien indicó a los jueces que en lógica decorativa se hiciese primero el boceto de la composición, y, según ésta fuese, no sólo se escogiesen los animales y vegetales más apropia¬ dos, sino que su estudio se realizara tomando en cuenta que habían de transformarse en unidades decorativas cerámicas, de vidriera pintada, de ta¬ piz, etc., etc. Se contestó que haciéndolo como había decidido la mayoría del Tribunal, probaría- se mejor qué opositores sabían más y ¡tenían más fantasía ! . Ese campo artístico acotado tan brevemente en una realidad que síen^re se ha de tener delante de los ojos no sólo limita las manifestaciones de estilo, sino que las reduce a la categoría de lo monótono por una repetición pocas veces cam¬ biada. Nuestro arte se desarrolla conforme a una lógica externa y no interna, y así. no sólo lo obje¬ tivo adquiere máximo valor artístico, sino que la BIBLIOTECA DE ENSAYOS variedad hay que buscarla, como el geógrafo via¬ jero o el reportero periodista buscan imágenes de la Naturaleza o hechos de la vida. Hace años, al comenzar el verano, le pregunté a uno de nuestros pintores más eminentes—muer¬ to ya—que en dónde veranearía, y me contestó: "Si me promete el secreto lo diré. se Voy a la comarca norteña X***. El año anterior, al via¬ jar por allí, vi paisajes preciosos, y quiero pin¬ tarlos. Pero no lo divulgue usted, porque irían otros pintores, siempre dispuestos a la caza de asunto, y quitarían a mis cuadros el encanto de la novedad". Como el artista hace años que ha muerto, divulgo el secreto..., pero, en memoria suya, lo hago sólo a medias. Un multimillonario yanqui encargó a uno de nuestros más grandes artistas que pintara un cua¬ dro representando a Colón en el momento de des¬ cubrir la tierra americana. El artista puso manos a la obra, pero la imagen de Colón no salía, y, prescindiendo del modelo ordinario, aprovechó el 80 EL NACIONALISMO EN ARTE ofrecimiento de posar que le hizo Novelli, el gran trágico italiano. A las pocas sesiones de pintar con el modelo, el artista se dió cuenta de nuevo que llevaba al cuadro la imagen de un Colón de teatro; no comprendió que había cambiado de modelo, pero no de proceso en la creación ar¬ tística de ese personaje. En vista d'el nuevo fra¬ caso, valióse de un antiguo retrato de Colón, y acabó por tener ante sus ojos a un descendiente del descubridor dte América... El artista necesi¬ taba tener delante a Colón mismo, ya que su ima¬ gen no podía crearlo en el interior de su tempe¬ ramento. Tampoco pudo tener Velazquez ante sus ojos al Padre Eterno, a Cristo, a la Virgen y a los ángeles y querubines ; y menos (si cabe) a Venus,. a Vulcano, a Marte, a Mercurio, a Argos y a Baco y sus compañeros... En articulo dtel Diario de un Madrid'^ de 6 de febrero de 1799, inspirado por Goya, y que anun¬ ciaba la venta de la serie de sus aguafuertes Los BIBLIOTECA DE ENSAYOS Caprichos, escribieron estas palabras: "La pin¬ se tura (como la poesía) escoge en lo universal lo que juzga más a propósito para sus fines; reúne en un sólo personaje fantástico circunstancias y 'caracteres que la naturaleza presenta repartidos en muchos, y de esta combinación, ingeniosamen¬ tedispuesta, resulta aquella feliz imitación por la cual adquiere un buen artífice el título de inven¬ tor y no de copiante servil." Pero uno de los muchos factores y problemas del arte de Goya que la crítica debe estudiar—con preferencia a la vida del artista y que tan pobre ejemplo es para chicos y grandes—es lo que hay en esas palabras como manifestación de las ideas estéticas del pintor y que lo que contienen es como un producto intelectual del amigo del ar¬ tista que expuso esas ideas por influjo del am¬ biente estético reinante entonces.' « 82 EI. NACIONALISMO EN ARTE EL REALISMO DE NUESTRO ARTE: ESPAÑA Y HOLANDA El realismo es el nervio d'e miestro arte; tam¬ bién lo es del arte holandés. Quiero detenerme un poco en este tema para fijar las cualidades de nuestro realismo en lo que tiene de bueno y de malo, y al propio tiempo determinar sus caracte¬ res nacionales. De Holanda exceptuemos a Rembrandt y quizá nos será fácil entendernos en lo que voy a expo¬ ner. Un pintor holandés, sea el que fuere, coge sus imágenes y los caracteres de la vida cuotidia¬ na de su pueblo y de los rincones del suelo que, siglo tras siglo, conquistó al mar. Hace el retrato de una marisma, de una duna, de un canal, del mar gris y encrespado, de unos árboles y una cascada, de un largo camino y al fondo el pue¬ blo, de unos molinos, unas vacas, unos reflejos en el agua y grandes masas de nubes grises; como hace el retrato de una hostería, de una partida de 83 BIBLIOTECA DE ENSAYOS caza, de unos vendedores ambulantes, dfe la vida tierna y sencilla de hogar humilde o suntuoso, un o del hurdel; de una reunión de caballeros y da¬ mas, o de una comilona alegre, tosca y alborota¬ dora de aldeanos ; hace el retrato de la dama, del caballero, de la familia y de la corporación mer¬ cantil, benéfica o cívica. B1 mismo Rembrandt pin¬ tó todos esos retratos, se retrató docenas de ve¬ ces e hizo los de Enriqueta Stoffel de Saskia, de los padres y amigos del artista. Nadia había en la vida holandesa, en el pueblo y en el pais que no fuese digno del arte de aquellos maestros. Y todo fué pintado con la dicha del vivir de alegría, con un pueblo que después de muchos siglos había conquistado al mar el suelo en que vivia y tam¬ bién había conquistado a naciones poderosas la independencia política yel derecho a las rique¬ zas comerciales. El holandés quería ver retrata¬ das todas esas conquistas como quería verse re¬ tratado familia, él, su su casa, sus amigos y sus compañeros de gilda. 84 EL NACIONALISMO EN ARTE ¿Y cómo es ese arte? Pictórico; no podia ser más 'que pictórico. La escultura no servia, y para la literatura hacía falta una imaginación que no poseía el holandés. No basta con decir que ese arte fué pictórico; es preciso que lo defina como tal pintura. Pero, para ello también es preciso que veamos qué representa esa pintura, cuál es su fondo psico¬ lógico. Antes hablé de los asuntos y ahora hay que completarlo hablandé de su alma. Ésta era tranquila, sin exaltaciones que fuesen más allá y diferentes a las de una franca alegría. El holandés batía bien cuando se llegaba el caso, pero por necesidad imperiosa de su vida; luego si alguno conservaba un tanto de fanfarronería militar, era como nota caricaturesca en aquel am¬ biente de paz, de trabajo, de alegría y de bien vivir. El holandés era minucioso en los detalles. Todo lo preveía, en todo ponía su atención y su amor; en la encina corpulenta, cuyo crecimiento había 86 BIBLIOTECA DE ENSAYOS costado el esfuerzo de unas cuantas generaciones de hombres; en la avenida bordeada por altos y esbeltos árboles, y en la ciudad, porque todo aque¬ llo lo poseía a costade grandes sacrificios en lucha con el mar; y también ponía su atención, su cui¬ dado y sus entusiasmos en la joya, en el traje suntuoso o en el humilde, en el mueble y en aque¬ llos interiores que formaban parte integrante de su ser y no sólo abrigo contra la intemperie. Todo esto lo había conquistado con gran trabajo. Hacía ostentación de sus riquezas como un rico improvisado, espléndido, y si gustaba d'e ver pero en paisaje o de marinas largos ho¬ los cuadros de rizontes y nubes altas en celajes de gran espacio, su fantasía, sus ideas y sus sentimientos pocas veces volaban tan lejos; los mostraba con el mis¬ mo orgullo que aquel que enseña sus joyas, sus trajes y sus muebles, pues también era rico en horizontes y nubes que formaban una espléndida decoración de su vida. Una vez conquistadas las tierras al mar, ca 'ri 86 EL NACIONALISMO EN ARTE palmo de terreno era una mina de oro; conquis¬ tada su libertad! política y la soberanía de su na¬ cionalidad, cada barco que llegaba a sus puertos era un tesoro de cosas ricas. El pintor detalla cuadros; representa las en sus imágenes pequeñas y múltiples de cad'a ser y de cada cosa. Las contempla con cariño y con aten¬ ción y nada escapa a su examen. Todo tiene va¬ lor para sus sentimientos y todo se coíivierte en una joya pictórica; esa creo yo. que es la defini¬ ción que puede darse dfe su pintura: una joya y un arte de preciosismo sincero y no teatral, os¬ tentoso, femenino y externo como lo fué en Fran¬ cia en el siglo xviii. De aquí el que la técnica pictórica en manos de los pintores flamencos del siglo XV y de sus herederos más directos los ho¬ landeses del XVII, fuese una maravilla no iguala¬ da por la pintura- italiana del siglo xv y no su¬ perada por escuela alguna. No debemos olvidar que en Holanda había un gran espíritu de asociación, y en seguid% con> 87 BIBLIOTECA DE ENSAYOS prenderemos que la técnica pictórica se desarro¬ llara no por el esfuerzo de individualidades, sino por el trabajo de todos los artistas. De aquí el que los rasgos de escuela pictórica nacional se acentúen fuertemente por encima de los rasgos individuales de cada maestro y que haya más ori¬ ginalidad en la escuela que en Metzu frente a Terborg, en Van der Meer frente a Steen, o en los Ruysdael ante Hobbema. Sólo Rembrandt está aparte, porque es el más grande de todos los ar¬ tistas germanos. Veamos cómo es el realismo español. Si fue- ■ ra posible contentarnos con una definición rápi¬ da, diría que en todo es antitético al holandés. El español ha hecho retratos graves, austeros, sencillos de porte y complejos de representaciones psicológicas de grandes señores, damas y bufo¬ nes. No ha retratado la tierra porque jamás la ha tenido amor. Tierra'dura; para sacar de ella el alimento hay que regarla con sudor, ya que las nubes no la riegan. Tierra que el español no ha 88 EL NACIONALISMO EN ARTE coaquistado de una vez para siempre como el ho¬ landés; tierra que cada año, menos, cada esta¬ ción, obliga a la lucha; tierra de fiereza y de cli¬ ma que hiela y quema lo que el hombre planta. El labrador mira al cielo con más frecuencia te¬ miendo una catástrofe que dárido gracias por una lluvia benéfica, unas nieblas que impidan las he¬ ladas, o un sol tibio, constante y de fecundación. Vive misérrimo y ha de dar mucho al señor que tiene por ocupación vil el trabajar, al Rey para sus guerras y a la Iglesia para la salvación del alma. Variado es el suelo ibérico, pero el que ha mo¬ delado el alma o lo más del alma nacional, no ha sido la rica huerta valenciana y tampoco los vi¬ ñedos dilatados, sino las llanuras inmensas y se¬ cas, los montes calvos, las gargantas abruptas y las sierras pinas y descarnadas. La mirada no contempla tranquila un paisaje de contomos va¬ riados, suaves y finamente maitizados. La mira¬ da contempla un rincón angosto de monte, como 89 li IB LIO TECA DE ENSAYOS una cárcel o una llanura dilatada uniforme y de horizonte lejano, en la que el alma se anega en la angustia de inmensidad que no puede abar¬ una car. Hay siempre en el hombre un deseo db libe¬ ración, o de la cárcel estrecha o de un espacio sin fin, y el terror cósmico se apodera de él en la hondonada, profunda como un pozo, o en la llanura sin contornos precisos, sin imágenes con¬ cretas. Nuestros hombres no han sido saibeos co¬ mo los pobladores de las llanuras mesopotámicas ; pero el misticismo reina en sus almas. Es fácil que se apodere de ellos la creencia de que esta tierra es un tránsito de sufrimientos y expiacio¬ nes y anhelen la muerte para liberarse de ella y gozar de la otra vida. Es fácil que de nuestros hombres se apodere el deseo de salir de estas tie¬ rras para ir a otras. ¿A qué? No lo saben de fijo y no les importa; a lo que sea, a la ventura llena de esfuerzos, de penalidades, ruda, siempre ruda como la tierra natal, con algún ; pequeño oasis de vagancia y de hartura, como en la tierra 90 * EL NACIONALISMO 'EN ARTE natal al borde del regajo crece un poco de verdor que reanima, cobija contra el fuego del sol y convida al descanso. IDIOSINCRASIA ESPAÑOLA Muchos siglos de guerrear y el vivir en un país poco fecundo han hecho-del español un hom¬ bre medianamente práctico y de relativa capaci¬ dad para todo trabajo consciente, metódico y sos¬ tenido. Sus contratiempos y dificultades confía verlos solucionados, bien apareciendo en la escena de su vida la persona providencial salvadora, o actuan¬ do -el azar benéfico que desvíe la marcha de los acontecimientos adversos. Y- así, espera más de la Divina Providencia y deí Estado que de sus propios esfuerzos, y en los graves conflictos de la vida nacional también espera y confía en lo ig¬ norado. No diré que a los españoles nos encante la im- 91 BIBLIOTECA DE ENSAYOS provisación en todo, pero no la aborrecemos. Cuando el español está—según frase popular— con el agua al cuello, en plazo último, sin tiempo material para el desarrollo de un asunto o empre¬ sa, hace un esfuerzo titánico de inteligencia y vo¬ luntad para salir en bien de su cometido, y como los milagros son privativos 'de los santos, la em¬ presa no sale bien, no queda resuelta y con más o menos ingenio se escamotea la solución; esto, con un poco de teatralidad, llega hasta constituir un triunfo. Y en vez de hacer luego examen de conciencia y apenarnos por la farsa realizada y las malas consecuencias que de ella se derivarán en plazo breve o largo, nos sentimos orgullosos de nuestro ingenio y habilidad que sólo afecta al en¬ gaño de los demás, aunque resulte un secreto a voces. Este defecto crece cuando sale de un re¬ ducido ambiente social y actúa en la vida pública, constituyendo una nota típica de los hechos y em¬ presas políticas. La misma vida aventurera que tanto hemos ex- 92 EL NACIONAL.ISMO EN ARTE pi otado porque a ella nos condujeron causas que no supimos solucionar positiva y benéficamente, y el tener poco que perder faltaron porque nos las riquezas (y cuando nos venían de América éramos pródigos con ellas por falta de costum¬ bre en poseerlas y gastarlas bien) ha determina¬ do en nosotros un desarrollo del sentido indivi¬ dualista tan hipertrofiado que en toda empresa en que pueda actuar la fuerza individual hemos he¬ cho maravillas y heroicidades, pero en toda em¬ presa que sólo con fuerzas còlectivas y sosteni¬ das pueda ser posible una solución satisfactoria, hemos fracasado o los beneficios han sido muy escasos. Independencia y orgullo de nosotros mis¬ mos; creer que nos bastamos en todo lo de la vida y desconfianza en la ayuda y aun en el va¬ ler de quienes nos puedan ayudar. El español, si se le deja suelto o se le domina sin que él lo note, es manso como un cordero; si sé da cuenta de cualquier dominación que sobre él se ejerza, se revuelve como una fiera indomable; de Numan- 93 BIB L 10 ï,EGA DE ENSAYOS eia y Sagunto a Gerona y Zaragoza lo hemos pa¬ tentizado muchas veces, y con frecuencia nues¬ tros heroismos han sido producto de una satis¬ facción del orgullo y la dignidad individual o na¬ cional y no medio necesario para llegar a la so¬ lución de una gran empresa positiva para nos¬ otros o para nuestra patria. El español es servi¬ cial, cariñoso, amigo de la cordialidad, expansi¬ vo y hasta humilde si se le da trato de igualdad; es ferozmente orgulloso y altivo hasta la máxi¬ ma soberbia si nóta que es considerado como un inferior o con menosprecio, y la ofensa recibida casi siempre la olvida en la tumba. Si España hubiera sido durante siglos uita nación consciente, metódica y tenaz para el trabajo, hubiéramos do¬ minado al mundo; cuando las circunstancias his¬ tóricas nos lo permitieron hicimos el ensayo ; para que éste resultara bien olvidamos, con demasiada frecuencia, que el dominio es algo más que una satisfacción del amor propio y la terquedad en imponer nuestras creencias. EL NACIONALISMO EN ARTE Ese individualismo exagerado y ese orgullo de nosotros mismos unido a la falta de hábitos an¬ cestrales para meditar en frío sobre la naturale¬ za de los hombres y de los hechos, creó en nos¬ otros sentimiento de intolerancia suicida; muy suicida en nuestra Historia. Tanto lo ha sido y en forma tan obtusa, que, después de siglos, todo hecho producto de nuestra intolerancia seguimos viéndolo como racional y bueno, cerrando los ojos ante sus consecuencias funestas .para la vida pa¬ tria y también para la privada. Antes morir que reconocer un yerro y enmendarlo. Hemos sido heroicos; la fantasía en nosotros es pobre; pero el romanticismo se desborda siem¬ pre en nuestros sentimientos. Y resulta que un romanticismo sin fantasía choca con un realismo trivial y vulgar y se anula. En el contraste salta lo cómico. Pero también ese tono heroico y ese fuego romántico dan al realismo un carácter ele¬ vado o, por lo menos, enérgico, y cpn frecuencia heroicidad romántica y realismo se entrecruzan y 95 BIBLIOTECA DE ENSAYOS no sabemos si el hecho heroico es'ridículo o si el hecho realista, y a veces trivial, esconde un alma sublime. Y así vamosun polo a otro, muchas de veces desconcertando todo propósito de análisis y conocimiento de la naturaleza del hecho ; y tam¬ bién van nuestros sentimientos exaltados hacia un entusiasmo elevado y candente o hacia la de¬ presión que acaba en fracaso ridículo. Se habla de la alegría del pueblo español y se afirma también que no . la poseemos. En cierto modo y limite las dos opiniones son ciertas, pero se han visto de un modo parcial y no completas y correlativas para apreciar una cualidad especí¬ ficaespañola. El español del Mediterráneo y del Sur es más bullicioso que alegre; su alegría se exalta, no es tranquila y de goces sostenidos y pasa de ella la iracundia y al choque violento. a Es fácil poder predecir que una máxima alegría colectiva acabará en tragedia por cualquier futesa t que exalte los nervios y eche fuera y a borboto¬ nes el orgullo y el amor propio ferozmente ciegos. 96 EL NACIONALISMO EN ARTE El español del Norte y de la meseta castellana es menos propenso a la alegría, más concentrado en sí mismo, menos expansivo, pero cuando se di¬ vierte hállase, como los demás españoles, al bor¬ de de la tragedia. Esas alegrías trágicas, el orgullo que no tolera una ofensa y que si se nos infiere no la olvidamos —aquí no cabe desahogar el enojo o castigar con pugilato al que comete una falta, y después de unos puñetazos estrecharse las manos los comba¬ tientes y que reine el olvido y la paz; cuando nuestra gente del pueblo ve esto en películas americanas se entusiasma y aplaude, menos al final, porque en el fondo de su conciencia se con¬ fiesa que él no perdonaría y olvidaría tan fácil¬ mente ; las personas de clase media o elevada han aprendido a callar en un espectáculo público, pero opinan y sienten igual los otros—; ese orgu¬ que llo intolerante, el fanatismo, también intolerante, con que sostenemos y queremos imponer nuestras opiniones—sean religiosas, políticas, sociales o del 97 7 BIBLIOTECA DE ENSAYOS orden que fueren—; nuestra heroicidad románti¬ ca individualista, que no retrocede ante la muer¬ te ; nuestras exaltaciones violentas, las formas so¬ ciales rudas con que manifestamos nuestros sen¬ timientos, y la tierra ceñuda, hosca o triste, llena de la melancolía de los horizontes monótonos y sin fin, han creado una España trágica. La ale¬ gría exaltada bulliciosa, los trajes garbosos y y de colorines, el frondoso y ubérrimo y las campo flores de fuego como los geranios y claveles, han creado otra España: la de pandereta, guitarra y castañuelas. Los españoles sensatos se revuelven e indignan contra esas dos visiones extranjeras de España; las gentes cultas creen que su vida no converge en la España trágica y menos en la de pandereta, y no se dan cuenta de que la cultu¬ ra que poseemos, hoy por hoy, es sólo como ce¬ niza que cubre el fuego de la tragedia o el fuego deslumbrador, brillante y momentáneo, como un fuego de artificio, o como el ruido alocado de las castañuelas, los brillos de los trajes chillones y los 98 EL NACIONALISMO EN ARTE ademanes rápidos de una danza o la mímica de una conversación exaltada y gritos, proferida a y todo en un ambiente de luz radiante, que ciega y quema. TRADUCCIÓN DE LOS CARACTERES NACIONALES EN ESTILO DE ARTE Veamos cómo los caracteres nacionales se tra¬ ducen en estilo de arte nacional. Para ello, ya que he tomado como tipo de diferenciación el realis¬ mo del arte holandés, directa o indirectamente a él me referiré. Si en algunos aspectos del carác¬ ter moral nos parecemos a los italianos, en otros las diferencias son enormes, y nuestro arte está tan lejos del italiano en muchos aspectos, como de él lo está el germano en otros. Sólo podemos establecer relaciones con el Mediodía italiano, y, por lo mismo, la pintura española y la napolitana, cuando llegaron a su plena floración, tuvieron gran parentesco, y Ribera parece suyo, con ser muy 99 BIBLIOTECA DE ENSAYOS nuestro, y pudo vivir con ellos sin pender su es¬ tilo español. Hemos sentido escaso amor por la Naturaleza ; hasta el siglo xix nuestros artistas no han culti¬ vado la pintura de paisaje. Los dos cuadritos pin¬ tados por Velázquez en la Villa Médicis durante su estancia en Roma ¡deben ser considerados co¬ mo estudios del natural ; el fondo del cuadro Las Lanzas es un magnífico escenario,- pero sólo es¬ cenario. Los paisajes de Mazo, muy excelentes, no van á la entraña de ese género, y sigue el paisaje sin ser cultivado por otros artistas. Mo- dernameñte se pinta entre nosotros, pero es por influjo general de estilo de nuestra época. Tampoco ha sentido el español amor por la casa, por su vivienda. En la obra de Velázquez hay representados muy pocos interiores; en su juventud pintó los cuadros de muchachos. La vieja friendo huevos y Cristo en casa de Mar¬ te; en SUS últimos años, la fábrica de Tapices (Las Hilanderas) y un aposento del Palacio Real LOO ÉL NACIONALISMO EN ARTE (Las Meninas). Todos esos interiores son, de poca amplitud para tener una representación ar¬ tística que impong'a su personalidad en el cua¬ dro; aparecen en él porque lo pide el asunto. Los retratos pintados por Velázquez, o no tie¬ nen fondo—muy general en la pintura espa¬ ñola—, o éste queda reducido a un pequeño trozo de paisaje, y si el personaje está retratado en un interior, éste se halla representado por un sillón, ángulo de mesa o algún cortinaje de un amplios pliegues. Los demás pintores construyen igual sus cuadros de retrato, y así resulta difícil poder reconstruir cómo fueron los interiores es¬ pañoles y sus muebles id'ocumentándonos en las obras de la pintura nacional. Nuestro arte es plenamente antropocéntrico y siempre muy austero y sencillo. Esa sencillez de los escenarios, esa falta de ostentación de riquezas materiales y aun de imágenes artísticas, es nota siempre culminante en nuestro arte. En la indu¬ mentaria ocurre lo propio: o se representa ne- 101 eiblioteca'de ensayos gra o hasta excesivamente grave para la paleta de tin pintor; por lo mismo contrasta tanto el cuadro de Goya La familia de Carlos IV, sus tapicerías y La maja vestida, con el resto de la producción pictórica española. Si en Murillo se llega a los acordes cálidos y muy sostenidos, es como entonación general, no como riqueza de sen¬ sualidad cromática, conseguida poniendo en esce¬ na, y con exaltaciones, muchas imágenes de co¬ lores brillantes y calidades suntuosas. En las da¬ mas de Velázquez es raro ver un traje rico. Esa sencillez y severidad culmina en casi todas nues¬ tras obras pictóricas y tiene un ejemplo maravi¬ lloso en el retrato del Papa Inocencio Doria, con su rostro rosado, vestido de rojo, sentado en un sillón rojo y cubriendo el fondo un cortinaje rojo; ¡qué gran entusiasmo produce siempre ese retra¬ to a los españoles que lo contemplan en Roma, hasta el extremo de hacerles olvidar toda la pin¬ tura que han visto en la capital de Italia ! La vida española apenas si está representada 102 EL NACIONALISMO EN ARTE en nuestra pintura. Fué preciso que llegara Goya y con su gran sentimiento de lo popular llevase a sus tapicerías, a sus cuadros y a sus dibujos y grabados escenas de la vida nacional, más de las clases humildes que de las elevadas. Después", el romanticismo del siglo xix creó una pequeña co¬ rriente de costumbrismo—^tuvo escaso valor ar¬ tístico—hasta llegar a los tiempos actuales en que se integran a nacional la plena re¬ nuestro arte presentación de la vida como la de todo aspecto de la naturaleza; pero esto es sólo por influencia de estilo temporal ; España sigue el camino de las demás nacionalidades artísticas, con lo que esos caracteres no son típicamente nacionales. En los tiempos pasados nuestra pintura cultivó mucho el retrato, pocas veces el colectivo y aun el familiar; el caso del cuadro Las Meninas es muy poco frecuente. Cuando Coya pintó la fa¬ milia de Carlos l'V, compuso su obra como la multiplicación de retratos individuales sobre un mismo lienzo, y el retrato de la familia de los 103 BIBLIOTECA DE ENSAYOS duques de Osuna qüeda también como un caso de excepción. No hemos sentido amor por el desnudo ; se han pintado esculpido desnudeces cuando el asunto y lo ha impuesto. Pero ha repugnado al artista es¬ pañol público la fealdad de un cuerpo, que¬ y a su riendo siempre la belleza y corrección de sus pro¬ porciones, aunque vaya cubierto de andrajos. Los Cristos de Grünewald, las Evas de los maestros germanos y aun los cuerpos rechonchos y desgar¬ bados de un Rembrandt no se encuentran en el arte español... hasta Goya. Aparte de la calidad pictórica del Cristo de Velázquez, su gran triun¬ fo en el público español se debe a que su cuerpo está construido con la belleza de forma y de pro¬ porciones de un desnudo griego... y con un ros¬ tro románticamente cubierto por larga cabellera. Ribera fué el artista que se complació pintaren ancianos flacos y de piel curtida, buscando los modelos la clase en humilde, y esa pobreza ruda fué trasladada enérgicamente al lienzo ; sin em- 104 EL NACIONALISMO EN A.RTE bargo, siempre hay en esos personajes un porte digno, cierta grandiosidad, y otros, como el San Sebastián, mártir, del Museo de Valencia, po¬ seen la belleza noble, serena, casi rayando en las cimas de lo sublime, a que han llegado las imᬠgenes más excelsas de la pintura. Pero junto a esos caracteres van los realismos más crudos, sin retroceder en las representaciones horribles del martirio de los santos. Pocas obras de nuestra pintura pueden ser más vulgares que Los Borrachos, Marte, Cristo atado a la columna, y aun los personajes de la Corona¬ ción de la Virgen, pintados por Velázquez. Creo que es difícil representar de un modo más pro¬ saico el pasaje evangélico de Cristo en casa de Marta, como lo hizo el pintor sevillano, y, sin embargo, no conozco hecho portentoso del arte mayor que el realizado por Velázquez al pintar el retrato del Bobo de Coria, infundiendo en aquel rostro de idiota y en la horrenda oquedad de sus ojos y de su. boca una mueca que quiere ser una 105 BIBLIOTECA DE ENSAYOS sonrisa de bondad y una mirada que quiere ser cariñosa. ¡Qué gran amor y conmiseración puso Velazquez en la imagen de pobre criatura! esa Holanda no produjo nada parecido; sólo el genio universal de Rembrandt, sólo el gran corazón de aquel hombre bueno, viviendo misérrimamente en el Canal de las Rosas, de Amsterdam, pudo llegar al fondo del alma de las criaturas humildes y lle¬ narlas de amor profundo. Confieso sinceramente que, después de aquel rostro pintado por Veláz- quez, sólo he visto tan honda bondad y amor al prójimo, puro e intenso, en algunos grabados y cuadros de Rembrandt. Unidos a esos sentimientos sublimes revela¬ dos por Velazquez y juntq a la ternura de los niños de Murillo, aparecen vulgaridades como las pintadas por este mismo' artista en cuadros como el de la vieja que despioja a un chico o ridiculas impertinencias como el prelado que cerca- del Papa Libero contempla al patricio romano y a su esposa, que relatan la aparición de la Virgen loe EL NACIONALISMO EN ARTE que tuvieron en sueños. El cuadro de Murillo Santa Isabel curando a los leprosos es una de las obras más representativas de la estética pictórica e.spañola ; exaltación religiosa, grandiosidad