* D. VICENTE POLERÓ $ / P RÓLOGO / * N J0- « k Eh CONDE DE CEDlühO ,• ' ^* ^ *§- SÍS*/ DE LOS SIGLOS XIII «L XVII '£/ CON TKXTl) I!IOCH;ando ciertas afirmaciones (fue, aunque a muchos parecerán aventu- radas, á mí me parecen convenientes y provechosas por lo que pueden contribuir á restablecer el equilibrio y el imperio del justo medio. Por mi parto, ¡'i ose que yo creo justo medio me atengo, y por lo mismo, á igual distancia estoy de los extremosos partidarios del C'Hmnjfíi'iJinu) que de los netos nacionalistas. Según Poieró, las escul- turas asturianas revelan un arte original y sencillo, y en nada paie- cido al de otras partes, aunque se le llama lntiiio-bizaiiüno; y yo no contradeciré" esta proposición, aunque me asalte el reeuerdo de las palpables semejanzas del elemento ornamental en los monumentos asturianos con los escasos restos aniuitectónicos visigodos y con los productos que se conservan de la orfebrería de aquel pueblo, y que por su filiación son latino-bizantinos y, por tanto, extranjeros de origen en alguna manera. Más arriesgado parece afirmar que durante los primeros siglos de la Reconquista no hubo en la estatuaria espa- ñola ingerencia de maestros venidos de otras partes. Acerca de esto, como de tantos otros puntos, es en vano acudir á los documentos; pero sabidas como son por la Historia las estrechas relaciones man- tenidas por los nacientes estados cristianos con los francos y el impe- rio carlovingio y con la sede romana; las frecuentes peregrinaciones ultrapirenaicas á Gompostela y la innegable influencia eluniacense, acomete la sospecha de que, al igual que ocurrió en orden á la reli- gión, la política ó la arquitectura, pudieron sobrevenir en materia de escultura ingerencias extrañas, muy explicables por el comercio y los vínculos de los diferentes pueblos. También me parece contro- vertible (¡ué los españoles huyamos sido los primeros en expresar por la forma los míls puros 6 íntimos sentimientos del alma. Muchos siglos antes que los nuestros, los ignotos escultores egipcios del período menfita, los eginetas, el apasionado Seopas y sus discípulos, y los maestros de la escuela, rodia, entre otros, supieron comunicar á muchas de sus obras tal fuerza de expresión, tal intensidad de sen- timiento en que parece transparentarse el alma, que las hacen por ello tan admirables como por la belleza de la forma. En mucho, eu muchísimo estimo yo nuestro grande y glorioso Arte nacional, y por lo mismo siento diferir de la opinión de mi buen amigo, según el cual aquí tenemos los primeros monumentos religiosos de todos los esti- 1 is conocidos, y en todas las obras de arte españolas de aquellas épocas ( se nota un tipo de originalidad que las determina al ser comparadas con las extranjeras. Atenimra el escritor el carácter absoluto de estos juicios, y no nos fuera difícil coincidir en lo que se descubre en el fondo de ellos. Y basta de comentarios, para los cuales, así de parte del autor del libro como de la del lector de su prólogo, reclamo y necesito indulgencia. Por lo demás, no es mi propósito recomendar la obra do don Vicente Poleró, puos entiendo que por lo generoso de su tendencia, lo interesante de su asunto y lo artístico de la ejecución es de las que se recomiendan por sí solas. A quienquiera que por sus bellas laminas pase la vista proporcionará deleite y enseñanza el feliz con- sorcio que revelan entre nuestra secular Historia, representada por ilustres ó prestigiosos personajes y nuestro gran Arte escultórico que, como á manera de milagro, devolvió á aquéllos la vida al bordo mismo de la tumba. El libro de Poleró ensancha á la vez que entristece el ánimo, si se considera cuan grande fue nuestra riqueza monumental y cuan gran parte de ella ha desaparecido. ¡Ojalá se muestre el destino más piadoso con la que nos resta y ojalá nuevas publicaciones análogas a la presente divulguen, para mayor realce de España, cuanto bello y hueno debimos á la cultura de nuestros mayores! í',i. CONDE DE CEPILLO. h estudio de-las arles liene tal importancia y trabazón :-nn la historia, presta ¡i ésta tan importante y pode- roso auxilio, (jiie viene á. poiiei" (le relieve el progro- >ivo desarrollo conseguido en l¡i cultura moral durante Ifi laboriosa marcha de los siglos. Para es(e linnje de est odios, i|iie sirven pura aclarar cicrios |mn- tos oscuros á las veces de la historia, leñemos ímillilud de compro- bantes, en portadas, capiteles, columnas, claustros de iglesias, ca- tedrales y santuarios, ^ en variedad de bultos sepulcrales, estatuas v otivas y conmemorativas, urnas cinerarias, arcas de reli<|uius, ti'iplicos, dípticos _ retablos que en canlidad fabulosa la piedad, la \ gratitud y el recuerdo, lia ido atesorando en los templos. Todo esto, 'pie 1IOÜ;O liasta nosotros respetado y sostenido por la devoción, d u - i'ímte una lar^a serie de anos, por un exclusivismo incalificable, se hn, destruido en su mayor parle, pasando o(rn 1 0 peijucña á (orinar 1 museos _ colecciones particulares. \ Cuando la inMisión aipiellas ra/as q\u\ lauta ¡nllueucia ejercieron en el carácter al^úu Unito rudo é independiente de los españoles. Trascurridos fósanos y modificadas las costumbres, comenzaron las ariesá señalarse, como Ifuleimieslrnii los escasos restos (¡no quedan de aquellos épocas, y bien claro se ve por los adornos de sus edilicios, la. combinación ''•' lineas con lisuras extrañas é, imagina!¡\ as. simulando animales fantásticos de varias especies y la representaci< m fie formas humanas con movimientos y aditamentos caprichosos, según se ve en (-api- leles, repisas, frisos y canes de los edificios de los siglos VIII al XII. Al primer siglo de la reconquista delien pertenecer los sepulcros de Covadonga y al siglo siguiente, los del Panteón de los Reyes de Oviedo, en forma de arca sepulcral, con el monograma de Cristo; las esculturas de Santa Cristina de Lena, San Miguel de Lino, Santa, María de Naranco, San Salvador de ValdeDios,quecou las de Pries- ca,dan muestras todas ellas de uñarte lan original como sencillo, y (¡lie en nada se parece al de otras partes, pero que en la precisión de fiarle nombre tiene que buscarse su semejanza con el arte llamado latino-bizantino. A estos simulacros de piedra pueden compararse oíros pareci- dos que fueron hechos en los siglos XI y XII en San Pedro de Ar- men tía, Monasterio de Ley re, y en las portadas de San Pablo del Campo en Barcelona, cuyas figuras y adornos no pueden calificarse como obras esculturales propiamente dichas, sino como groseros en- sayos de simples canteros ó imagineros, desprovistos de las principa- les nociones del dibujo de la forma humana, cuyos principios debie- ron ser iguales en todas partes. Con estas mismas condiciones, poco más ó menos, se ven cons- truidas las arquetas de reliquias, de hueso, madera y marfil, si bien en algunas de ellas se refleja cierta influencia árabe, debida sinduda ¡i las relaciones que fueron estableciéndose entre aquéllos y los cris- tianos, á quienes parece pertenecer la pila con leones y gacelas de la Alhumbra de Granada, que se labró en liempos de Mohnmed III, y la. fuente de los leones del inismoAlcáznr, ú cuya época corresponde, según creemos, el frontis ó retablo del santuario de San Miguel in Kxeelsis, de Navarra, con esmaltes de fondo incrustados. El arle escultural entre nosotros, sin dejar su rudeza, primitiva, ya se acerca más á la imitación fiel natural, en las figuras que se ven en la Colegiala de San Isidoro de León, cuyo ingreso aparece adornado de efigies de Santos, y en el tímpano el sacrificio de Abra- ham con los signos del Zodíaco y otros atributos parecidos, en el in- terior del edificio, como si fuesen aprovechamientos de restos roma- nos, por cuyos medios fueron aumentándose los conocimientos y facilitándose los adelantos. fin esta forma, aunque lentamente, fue marchando la. estatua- ria siguiendo la escala gradual de sus cortos adelantos, llegando casi á la perfección relativa, las figuras de Santa. Eulalia en Asturias, las de San Pedro de Villauneva y las de la [tila bautismal de esta. ~ :Í — Iglesia; las d los bienaventurados, sancionando un tipo particu- [ < — A — lar que puso ¡ ser hieráüco, siendo seguido desde entonces sin inte- Y rrupción hasta nnesiros días. Tal vez se considere nuestra 0|)¡uióu demasiado aventurada; pero nos atrevemos á emitirla, diciendo que los españoles fueron los [trí- meros que, marchando por este sentimiento, dieron la forma y las realas para reflejar los más puros é íntimos sentimientos del alma, pudiendo también alardear de ser los primeros en tener los monu- mentos religiosos de todos los estilos conocidos. Kn el siglo Xlll. reinando San Fernando, es cuando recibe la es- cultura, más completa, transformación, y si bien sufre algunas alte- raciones por circunstancias especiales, debidas a acontecimientos inevitables en el. Reino, no obstante sigue su marcha, hasta, que llega en el siglo XV á su completo desarrollo y perfeccionamiento. Las estatuas conmemorativas (le San Fernando y de su mujer, 1)." Beatriz, en la Catedral de liurgos, indican grandes progresos, que no decaen en (.odas las oí iras de su liempo, sirviendo de ejemplo las que decoran las poriailns de la Colegiata de Toro, de la. Catedral de Zamora, de San Miguel de falencia, Vilhilcá/ar do Sirga, San Pedro de Amusco, Aguilar de Campóo, Villaviciosíi de, Asturias, San Kste- ban, San Lorenzo y San Millún en Sogovin, no viéndose en ninguna do (días donde no se refleje aquel carácter especialísimo de beatitud y candorosa, ingenuidad que señalan y delorniimui todas las obras de su tiempo. Hsle mismo carácter, pero más humanizado, patentizan igual- mente las estatuas yacentes para los sepulcros que hasta. Unes del siglo XVII fueron fabricándose. Las imágenes de los Sanios mártires que se veneran en los alta- res, los asuntos sagrados que adornan los códices, las figuras de los Apóstoles y bienaventurados que decoran las puertas de los tem- plos, las pinturas murales que aún se ven, las estatuas yacentes de ilustres 1'rehuios, piadosos fundadores, grandes capitanes, varo- nes eminentes cu ciencias, artes y letras, con las de notables ma- tronas, que en urnas, lucillos y sarcófagos se encuentran por doquier en monasterios, iglesias y caiedrales, están demostrando á las cla- rns el más puro sentimiento de cariñoso recuerdo de gratitud á su valor, saber y grandes virtudes. Hoy, por el contrario, después de haber luchado el arte cristiano durante tantos siglos, separándose de todo lo terrenal, han sucedido á estas ideas, por algunos llamadas caducas, las nuevas, implanta- das por el renacimiento, que empezó á iniciarse en Italia por fiiotio, siguiendo su progresiva, marcha (Ihiberti, Itonatollo, Fatíi, — í) — Sarisoviiio y I,uní deila Rohhia. llegando por fin en el siglo XVI ti su completo desarrollo á impulsos del coloso del arte, Miguel Ángel BiionaiTotli. Kspañu, ¡mii(|ue sumisa al catolicismo, aceptó, sin embargo, las reformas del ¡irte nuevo, poro no renunció del todo n sus antiguas t-raditMoues, pues vemos que Cuno, Montañés y otros muchos no se separan de la senda trazada por- Berrugueto y Becerra, siguiendo igual (camino los artistas que á fistos sucedieron. l'-u los templos siguió lu costumbre de los enterramientos con 'mitos sepulcrales; pero estas esculturas se ven ya influidas por IÍI nueva manera de sentir, variando su disposición yacente por la orante, que fue la mus admitida hasta los últ irnos años del siglo XVII. Aun su|xmíendo la influencia que se dice tuvieron las tirios <•Xt.ru.fius en nuestro suelo con el frecuente trato de diversas gentes. v muy espocinlmenie desde el siglo XIV por l¡i protección que 1). Pe- dro I de Castilla dispensó al comercio, y ti anteriormente protegido 011 Aragón, Cataluña y Valencia, no puede presumirse fuese de tal naturaleza, que hicieran variar por completo el sentimiento y tipo Peculiar del genio de nuestros artistas. Kstn independencia de carácter y manera de pensar fue l;i causa determinante para que la influencia artística que SÍ1 supone no se demostrara muy abiertamente hasta, la segunda mitad de] siglo XV. on cuya época puede decirse comenzó á echar raíces el nuevo arte. que no dominó por completo Iitistn. muy entrada la segunda mitad del siglo XVI. listo, que nos parece indudable, no lo es pura oíros, pues supo- nen que el ¡irle había influido en nosotros dos siglos untes, ya entrando por Barcelona ó yn pasando los Pirineos, fundando esta opinión en que 1). Fernando III, el Sunto, y su hijo 1). Alfonso X tuvieron frecuentes relaciones con Francia o Italia, especialmente con osla, con motivo de haber sido elegido 1). Alfonso Rey de Romanos ou 1257. Fijos en esto y en las frecuentes visitas á Castilla di1 Prín- cipes y grandes señores de aquellos países, sacan la, consecuencia de que ciertas ohras fueron ejecutadas en aquellas épocas, (atando en NU apoyo el célebre tríptico de las Tablas alíbnsinas y los dos libros 'lo. las Cantigas, juego de ajedrez, las tablas y los dados, sin consi- derar el género de su ornamentación, que revela bien á las claras el gusto árabe y también los nombres de sus autores, que no pueden ser más genuinainente españoles (1). -11.1.1.>J| UO.IOHJ OUIO.) 'SO[.HÍ Sl!| ,)|) SI¡UO(\' S.Í.JUOHK) l!| l,i OS.IIIl.ljSUI U UO.1OI1J •|>)U,)|U1UH!IIO}[ O1IO[(1 (10 I¡A* A 'jlí4UI![Opl¡ ü|) SOOSOp SUS Op Slí|U uo 'oub s,uf)|[n.)Hü so¡ u O|;)t)(Isai un.) os.ii.iop opond OUISIUI (>'[ oido.id .lyj.mm.) uo.) •SO|UO|pUodoplll OSOp|]OI.JI![| \IOp.lod ,ip llO.10l<|llt| O] (1)110,1(1 UOK| 'SO.IJ -SOIÍUI s u s ,)p o[i(S,> ¡op uo.ioftuj o||,)s uriiíjii is ' o n b so.i)n A' z o u i t \ t 4 uitu.iü|| ' |,)ÍÍUIJY t>i|.iitin.js;t[ 's,)p-)tls«»;) t!|]ti|.)I!,HÍÍ) Opt%).lHUI OA ÜS ,>.[|'s stt.K|O s u s u>) o n b '.iL)t}|i so 'sofoundsd ,ius op iifu'tífyp ou «[11,4111 o|so 110.) uo.ioiy IIAX ^ IAX NO[#IK so[ u,» ,>nit siMO^uid s(i|srj.in so.iorl so[ o n b SOUIOA synd 'SITMÍ funbxi op sii[ uo.) opiAMttd o^ijduio.) un uii>liio| sitado s n s o n b jopoouo.» o\> SOUIO.KJ i¡i¡ oso j o d 011 'stí|)i.ioi(| -I¡[SO SOU()t.)R[O.I SRJ .KXI ' HimjRjH;) A' U9?íti.l\' O[) SO1UO.1 SO[ 0|) S0|10nlM! ,)|ii,nun¡i.>odsü \y\AXi n s uo ÜN.MUIOI.).>Í)|.KXI O .io|)uo.idi! a n « I uii'U] t' iiii.iusüd so.io(|ii.)s.i o so.ioiixJfÍTiuiT soun>f[0 o n b op osn.) ]o o | s o n d n t ; •n.ioiy op UHMMA uní) s o | ,KHI si!i|.ioi| .n¡iso opuo^iud J S oiil) si!.i(|o si¡[ ,>p uoi.)n|,u u\ i¡pT¡p "ouodns os oiiut.) OJM.I -0.1.I uiij Rijys ou 0.10UI11U (IA'Ü.) 0.1 iíd ;njnsi 11110,1 t! l ' f l ' oj.uNtDoii u.10 op -uifn.í o[)tiüipis 'snsiiwjd SIÍHJO ST¡[ supo} UIÍI.VÜIJ .mli 's,t.ni|ii|d \ so.iop -ií[(|i¡HK) 'soj.miífiiun 'SO.IOHIDSO 'SOJI.H¡[I¡ O SO|.).)>¡III).II¡ IÍHJnq sfíi.io) -SIÍIIOUI A SO'^IWAHO.) SO| U Olll) SO O|)l(jlí'S SOlld '.IOS Op '.'¡l|Op JS\' O •sos,in.>o.i SO.IOA'UUI A" pnp -¡[i.inj SIÍUI uo;» o[.ii).nti| uiijpod o i u i í j .101I .\ 'sot.iud s u p o | uo sopi]iuo;ií A sopií.iopisuoo im.10 OI.IOJSIUIUI ns .M«1 OIIII 'soPuoni s o | u 'o[duiol'o .lod 'sopTipiíimpiAipui SRpmiiiu.ioiop t¡ .nt/||i¡o.[ o p u p UI.IOS 'oioinfo.ii -sonu i) 'o|9S ojNfl ¿uoi.ni^ijfií Tínu¡|(io;) 11,» OJ|-HIAU,) ojuon.io.ij o| lp ,iod n[ons oj^sonu HIIONOIIIIA s t u j o r j SHJÍIIOIIJ O|Í o n b s o | | o n b i ¡ .nt.iodso ui!j.ijiod SOIOTJOUO(| onlt TU 'souoi.itiAT.id A' so,iííi[od op o.iouo^ OJIOJ .iti|uo.iji¡ o n b opu,)iuo( Miofouoiunuio;) op SIÍJA uis *O('I¡IA un .iopuo.id S0 S0 Ul) -UIO l!.Il¡d li(|(![IIO.) OS SO[l(jt.!(| S(ITj)í)UT Ollh U0.>? j \ ] X l f Í IX I^!S I ojod í.iinpii|so op oosop uo.) u.mj o 'O['I«CH.II op IÍJIUIUUO]) UO uoiq 'sjud us .inlop uopuojo.id o n b s o | 1; OJIÍTUOIN uiijjnsi! sopiíj[U;)i|i[) soAiuf) S(lA*US S(I] UU.IOUJ OU Ollb SO.IJO UO.) STÍ.H|O SUS opuiíui.iii 'so.i(|iuou s u s utí.n¡/[ui¡i[i¡|| 't¡i.ip¡d tt| o|> [,) uo.) oidoad JOUIII a\)()\ opuoniodoj) "onfi sojsopoui uíij u t u o n j o n b .iiipnp is (uod íopiüjíon O.l.in;)O O NO.IJNOIUU Sns U Op .I¡|UOS Á' .IO.HÍI) 0\) t¡,IOUt¡UI t¡| 0|) SOÍÍSH.1 s,)|iídi.mud so| ut¡.iorif.i| oso.ií>o.i ns i.¡ o n b A' 'IÍI.IOS OUH.LJXO op u p n u |! sojoi|iioso so.i|sonu opsoun.H|i¡ inp'1] -iiiipniso n u i u n s t i d onf> — 7— guete, Silnó, Jordán, Fonnent, Moríanos, Vnldovirn, Orín y, Tu- dHillti, Becerra, Delgado, Machuca, Avala, Ancheta, etc., los cuales on verdad, contribuyeron al adelantamiento do las ti ríes on España. Otros artistas que no salieron de su país, y por cierto los princi- pales, se inspiraron en las obras de los grandes maestros coloristas, 'Ino adorna han los palacios de la corle y sif ios reales del Escorial y riel Pordo; éstos fueron Velñzquoz, Murillo, Zur harán y (¡ano; , p por p ede side ele ale ecial- mente l dos primeros. los Todos ellos, siguiendo sus alieiones, tomaron de las obras que veían, aquello que en más armonía estaba con su manera de ver y siendo sepultado en magnífico sepulcro, cuya ornamentación contiene datos indumentarios preciosos para conocimiento de los usos y costumbres del siglo XIII en la antigua iglesia de Villaleázar de Sirga, hoy — 44 — parroquia do este pueblo, on la provincia do Pülencin. Frontero;'! este mausoleo se encuentra ol do su mujer, de iguales proporciones y decoración curiosa. La estatua yacente del Infante es mucho mayor que el natural, y presenta particularidades dignas, por cierto, de ser notadas. Por su aspecto y algunas incorrecciones en el dibujo, especial- mente en ol rostro y en las manos, parece estar esculpida por los mismos imagineros que hicieron el sepulcro, que, acostumbrados á obras de menor tamaño, como la que decora las gríindiosiiK nrendas de la urna, se resiente en lo general de cierta rudozn y despropor- ción en el rostro y en las manos; sin embargo, la disposición de tod;i la estatua, su conjunto y plegado de paños demuestran haber sido hecha poco después de la muerte del Infante, y por consiguiente, dentro del buen período de la escultura en el siglo XIII. El manto está orlado de bandas y otras sueltas, todas labradas en su total longitud con los escudos de su linaje, ó sean castillos por su padre y águilas por su madre, como hija del Emperador de Ale- mania. En igual forma vonse bordadas las mismas insignias en el bonete ó gorra con orejeras que lleva en la cabeza. Sostiene en la mano derecha la espada, y la divisa alterna con otro cuartel, com- puesto de una cruz griega en las fajas horizontales que guarnecen el arca sepulcral, cuya divisa, como el cruzamiento de las piernas, pudiera referirse al voto que hicieron el Sabio Monarca y otros ca- balleros de ir á Tierra Santa, pero que el Papa prohibió, con buen acuerdo, pues conociendo el carácter cristiano y caballeresco de los • españoles, su deber ora primero la conquista de su suelo, combatien- do á los enemigos de la fe, á cuyo fin concedió iguales gracias que á los cruzados (1). Este bulto queda en alto relieve mediante la gran profundidad que se dio á la piedra ó losa sepulcral, donde está labrado, y forma el conjunto un cuerpo do arquitectura simulando estar sostenido por finas columnas pulimentadas. Sobre un tribolto se ven los acostumbrados castillos ó torrecillas, y todo ello conserva aún vestigios del color de que estaban bañados así la túnica como el manto, éste y las piernas de color rojo y aqué- lla de color azul. Las figuras realzadas que decoran la urna por ambos lados son de sumo interés para el conocimiento de los usos y costumbres de aquel siglo. Bajo lindas arcadas triboladas, pintadas de varios co- D. Valentín Cardererj D." LEONOR RODRÍGUEZ DE CASTRO MUJER DEL INFANTE D. FELIPE — lii — lores, vense todas las escenas do lu defunción y entiei-ro ó i'unoral do aquellos tiempos; la esposa del difunto, seguida de plañideras y acompañada de sus dueñas y algunos monjes que la consuelan, cu- bierto el rostro con barbiquejo, monta un caballo enlutado; los pa- rientes, en cabálgala, siguen el féretro, llevado por seis escuderos, y por todas parles hombres a caballo, con oí escudo al reveas, lloran la muerte del Infante.(4). ¡•AI otra arcada aparece el caballo del infante, colgando del ar- zón el escudo vuelto del revés; la gualdrapa, guarnecida de casti- llos y águilas, conduciéndolo de la brida un paje y tres trompeteros. En el opuesto lado se hallan las comunidades religiosas, Obispos mitrados, abades y acólitos, con lo demás necesario para las cere- monias de la Iglesia, siendo de notar algunas religiosas y comenda- doras de Santiago, cuyos rostros, además de las tocas, aparecen cu- biertos con la randa ó barbiquejo que cubre la nariz y la boca de igual manera que la mujer del Infante. Jín la indumeníiiria de osla época aparece, según vemos, la. tú- nica, reducida en su tamaño, con mangas ajustadas y sin adornos, llamada gonela ó sayal, que muy poco después se transformó en briiil. Los maíllos ó capillos, sujetos por medio de cuerdas ó ñadores de seda ó lino, eran empleados como abrigos, usándose también enca- pillados ó capas sueltas con largas mangas, y para la cabeza, las damas, el bonete alto, de forma cónica, con adoraos de cintas riza- das, sujetos al cuello con cogoteras ó carrilleras, moda que se exten- dió, principalmente e n Castilla, alternando dicho tocado con los birretes, sombreros, morteretes y capiroues, que todas las clases sociales unían á la capilla ó gouel. Por calzado empleábanse borceguíes abotinados, aguzados por la punta, que más adelante se alargó en demasía, llegando á la. exa- geración. VA peinado fue, según parecí1, caprichoso, dejando caer el cabello sobre las orejas en menudos rizos, y también levantado por la frente y sostenido por redecillas, desechándose las trenzas de épocas ante- riores. fl) La costumbre de las plañideras, que durante la Edad Media era de rigor siguie- sen á los cortejos fúnebres, fue heredada de los romanos, que para estos casos solían emplear caretas de aspecto angustiado y lloroso. En España, durante muchos años, fue de obligación que las viudas siguiesen los cuerpos de sus maridos y Jas hijas el de sus padre». — 16 — Las efigies tumulares grabadas y esmaltadas en hrunce, esgra- tiadas en piedra ó en bajo y alto relieve, representando todas Itis categorías sociales y religiosas, figurábanse acostadas, vestidas con sus más ricos trajes y demás accesorios pertenecientes á su estado y dignidad: los presbíteros, con cáliz en sus manos; los Obispos y abades, con el báculo ó mitra y sus trajes sacerdotales; los caballe- ros y militares, cubiertos de armaduras; las damas, cubiertas con sus ricos trajes, de brial y manto, collares, coronas de perlas y prendidos de velos, tocas y mantos, apoyando los pies en un lebrel, y al frente de su túmulo, en alio ó bajo relieve, su íigura, represen- tando el alma elevada al cielo por los úngeles, en demostración fie su religiosidad, su virtud y buenas costumbres. Todos, en fin, sin excepción, hasta principios del siglo XVI, apoyando su cabeza sobre una ó dos almohadas, con las manos juntas, en súplica, una sobre otra, y alguna vez extendidas á lo largo del cuerpo ó cogiendo los pliegues del manto. Nótase que en el primer período, las figuras tienen los ojos ü bier- tos y el semblante sereno, apareciendo después cerrados los párpa- dos, como si durmiesen, esperando la. resurrección pura otra vida mejor. La urna sepulcral de O." Leonor es igual, en tamaño y disposi- ción, á la de su esposo; aparece tendida, con el mismo traje (|ue acabamos de describir al tratar de los altos relieves de la urna de D. Felipe. En la orla del maulo que hi cubre, vense los timbres jaquelados y cinco corazones, combinados con los de su esposo, sosteniendo en l;i mano derecha un corazón y llevando en la izquierda dos sortijas. VA epitafio, puesto en latín, correspondiente al Infante, dice así: Era mÜlesima trecentesima duodécima lili kulendm mensis Decetnbi'ia, vigilia Sancti Saturnina martiris, obit dominas WUU/ms infants, vir nahi- lisimus fíiius ri'ífis Ferdimtittli, ¡iiili'is, rujiis .si'pidlara' csl llispali trujas anime requiescut in pare anicn,; ¡¡Hits rcro ¡inri /Iir in ;id;i, sujc(;i por ¡inclín corren de cuero. Además de este sepulcro, se ven otros en este Monasterio, entre los que debe señalarse el del abad Sancho Marcilla y Muñoz, que falleció en 1383. (1) Empleábase en la Edad Media un sistema muy ingenioso y de gran visualidad para la decoración, que consistía, en adornar con cristales geométricos en pequeños trozos cortados y de antemano teñidos en colores variados, con lo que conseguían un parecido .semejante á los esmaltes. DON GUERAN ALAMAN DE CERVELLON DON GÜERÁN ALAMÁN DE CERVELLÓN \ esío esforzado guerrero Barón (Ir Caldes, Goberna- I dor militar y Presidente de la Comisión ó Parlamento reunido para declarar en justicia á quién do los pre- J tendientes correspondí!! l¡i Corona de Cataluña, según escribe Zurita en sus ¡nuiles. En el Monasterio de Santas Creus, que, ¡I semejanza del de Po- Met, fue en gran parte destruido en 1836 por el incendio y los des- manes de una chusma soez y desalmHda durante la guerra civil, se encuentra este curioso mausoleo. Sobre la urna, decorada con escu- dos del linaje de D. (ruerán, con arcos angrelados, dentro de los que se ven, pareados, los doce Apóstoles, aparece la figuro de D. Gue- rán con ancho gonel hasta las rodillas, apoyando ambas monos sobre la espada; la cabeza, que deseuiisa sobre dos almohadas, lleva «'ubierta con una filmuza de malla, y apoya los pies sobre un león. Atraviesa el gonel de derecha á izquierda una banda primorosa- mente labrada, como la funda y falabnrle de la espada. Tan curioso mausoleo es de los más bellos por sus líneas y buen gusto, de los construidos en Cataluña en el siglo XIV. El Monasterio de Santas Creus se debe íi la munificencia de D." Blanca de Anjou, mu- jer de D. Jaime II. Entre las curiosidades que restan debe notarse la pila de pórfido, de una pieza, que sirve de entierro a D. Pedro III de Aragón, la cual trajo de Sicilia D. Roger de Lauria, que por úni- ca recompensa á sus muchos y grandes servicios, pidió ser enterrado a los pies del sepulcro del Rey, como así se efectuó, leyéndose aún en piedra llana la inscripción que se le puso. — 28 — Abandonando por completo la soveni sencillez fie los trajes del siglo XIII y parte del siguiente, nunca como en esta centuria se vio más patento, lo agudo y filigranado en todo lo perteneciente á la arquitectura. VA truje no parece sino que siguió este mismo impulso; nótase esto ciertamente en las caperuzas, calzados, tocados y túnicas ceñi- das al cuerpo, con largas mangas puntiagudas; por lo tanto, el ves- tido de esta ¿poca participa de un aspecto especial en el corle con cierta originalidad que le distingue. El jaco ó jubón que la goute de armas llevó á mediados del siglo XIV motivó un cambio radical en el empleo de los grandes hábitos con grandes pliegues que llevaba la gente noble, cambián- dolos por prendas ceñidas, que por la general aceptación que tuvieron siguieron empleándose después por babor empozado á organizarse los gremios de sastres. Con estos gremios nacieron las caprichosas lucubraciones de \u moda, que cayeron bien pronto en las mayores exageraciones, dando motivo á diferentes ordenanzas fijando tarifas y restriccio- nes para los trajes en sus formas y precios y ocasionando también vínculos de prendas de vestir, que en ocasiones se alquilaban, tras- mitiéndose las más lujosas de una. á otra generación. Las telas que más generalmente se emplearon por Ins clases elevadas, fueron los terciopelos venecianos, paños de varias clases traídos de Flandes por los franceses, damascos fabricados en ííénova, lienzos, franelas tinas y brocados, que se hacían en la Península, cueros perfectamente curtidos para zapatos, borceguíes y polainas, siendo muy variados los nombres de todas las prendas do vestir. Las llamadas gímelas, venían á ser las antiguas truncas ó saya- les, sobre cota ó pellote, con aberturas y botones para la cabeza y brazos; caperuza, chapirón, sombreros cónicos, redondos, cilindricos ó achatados, de fieltro; mantos airosos, sujetos por fiadores ó bro- ches, abiertos según el gusto ó capricho del que lo llevaba, y ador- nados con franjas de pieles, que se Humaban togas óepitogios. Las damas empleaban piezas parecidas, nombradas luíales, más ó menos ceñidas ul cuerpo por medio de un cintiirón, que por su clase y adorno determinaba la calidad de la persona. Los antiguos gorros se cambiaron en velos, tocas y diademas de piedras, perlas, cintas y flores, mereciendo mucha aceptación una especie de sombrero llamado ínorterillo, hecho con tela gruesa engrudada, forrado y adornado con variedad de lentejuelas,, aljófar y pequeños círculos de metal, alternando con el pelo rizado ó tren- /¡ido, entretejido por medio di1 redecillas, cintas, lazos y velos; esto <'n las solteras, pues las viudas llevaban tocas monjiles. Con relación ú la milicia, el cambio íuíi notable, pues á medida que avanzaba la (''pocu, iban mejorando las armas y aumentando los medios de defensa personal con los de las murallas y castillos; además de las armaduras ya completas, lorigas, cotas de malla mas ó menos ñnas en sus anillos y trabazón, se empezó á llevar acolchadas cotas; yelmos con lambrequines, cadenas en el pelo para seguridad de lns espadas y dagas, guanteletes y escudos con blasones de familia, ristre para afianzar el regalón de la lanza, y para los peones, colelos de planchas ó planchetas aseguradas sobre los cueros. Empleábase cañones y bombardas, analizados con fuertes liga- duras de cuerdas y coi-reas, que también coincidieron con las arma- duras articuladas, siendo la pólvora, que empezó á usarse en el siglo XIII por los árabes, muy diferente del llamado fuego griego del siglo X, pues si bien por entonces no causaba grandes estragos, en breve fueron conocidas sus ventajas, particularmente liara la defensa y ataque de las plazas amuralladas y castillos, cuyos primeros ensayos fueron hechos en Jispa.au (1). También el traje sacerdotal siguió los pasos del laico, lomando a Igunas clases del clero la. misma importancia, cual si fuesen Príncipes, cuyo excesivo lujo produjo, como era de esperar, prohibiciones y censuras de los Concilios; sin embargo, el traje ritual se distinguió por el buen gusto de la forma y su corte sencillo. Kl alto clero (ya de antiguo) siguió la energía de las domásclasos, y como si quisiera, dar ejemplo para la. extirpación de lns enemigos de la fe, no eludió la obligación que todos tenían de tomar parte en las batallas y encuentros, vistiendo la armadura y empuñando la espada, sin fener en cumia su alio ministerio de paz v bondad. DON ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN JjuvniO i si itu is st pulí rales existen en la capilla de San \ndns, d h ( itedral de Sevilla, pertenecientes á < 11 ílusin ftimihi d( los Guzmanes. Tres representan \ I) \lmiso D \l\aro y D." Elvira de Ayala, ó bien i 1 ( 1 u i Inj is del (< 1 lii i P( IO López de Avalü, Canciller mayor > < d( ( islilln Entro el sepulcro de est:is señoras y el de D. Alvaro se encuentra. el Imito que damos, y por ser muy curioso su traje es digno de ser conocido. La. naturalidad de su actitud yacente y la ropa talar que visie, en ordenados pliegues descendiendo desde la cintura y ceñida por estrecho eíngulo; la espada lujosa que con el talabarte sujeta, entre las manos, y la dulzura del rosiro, realzada por el coronel de rica pedrería que adorna su frente, dejando su cabello recogido por ambos lados, nos hacen sospechar si sería un adolescente, vastago de dicho linaje. Las investigaciones hechas con este propósito en la genealo- gía de esta familia y en los interesantes escritos del P. Espinosa que hemos registrado, no nos han dado luz sobre este curioso monumento, perteneciente al siglo XIV. DON ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN EL INFANTE DON JUAN HIJO DE DON PEDRO IV DE ARAGÓN EL INFANTE D. JUAN DE ARAGÓN )N Juan I de Aragón sucedió ú su padre D. Pedro IV, y l'm'1 tan dado á los goces cinegéticos, que desatendió los asuntos de gobierno, dando motivo á las quejas de los Grandes del Reino. En su matrimonio con D.a Marta ó Malhea, hija del Conde de Armegol, tuvo al Infante D. Jaime, nacido en 1374; siguió á éste D.íl Juana, que casó con el Conde de Fox, y otro Infante que vivió pocos días. En segundas nupcias se unió con D." Violante, que le dio á don Jaime, Príncipe de Gerona, I). Pedro y D. Juan. Conocidas son de todos las vandálicas destrucciones de que fue teatro en el año 1836 el suntuoso Monasterio de Poblet, sagrado de- pósito de las glorias de Aragón y Cataluña. Revueltas en confuso desorden las cenizas de los Monarcas y destrozadas las estatuas que adornaban sus magníficos mausoleos, sólo hubo de quedar un mon- tón de ruinas 6 informes trozos de bultos sepulcrales, muy difícil de clasificar, para determinar á qué Rey, Príncipe ó personaje repre- sentan. Sin consideración á las glorias que personificaba, el momificado cuerpo del Rey D. Jaime el Conquistador fu£ sacado de la urna y llevado en ridicula y salvaje procesión a uno de los patios del sun- tuoso Monasterio. Los restos de tan inaudito atentado fueron conducidos a Tarra- gona en 18 de Julio de 1840, dándoles honrosa sepultura en un sar- cófago de mármol, ú espaldas del coro de la Catedral. Adeinús do los magníficos sepulcros (jue mandaron fabricar los Boyes, desde D. Jaime I hasta 1). Fernando, se construyeron otros más pequeños, sostenidos por ménsulas aseguradas en los muros. lín estos depósitos guardábanse los restos de personas ilustres, trasladados de varios sitios, sirviendo otros de cenotaíios, ante lus cuales se celebraban sufragios. D. Pedro IV y D.-Juan I dispusieron hacer para sus hijos y pa- rientes varias urnas de esta especie. Por las anchurosas naves del templo veíanse varios mausoleos con bultos sepulcrales, y enlre ellos, éste de que hablamos. Sin excepción, los que restan se encuentran mutilados, y de otros sólo quedan las cabezas. En la estatua yacente del Infante D. Juan, el ropón que viste, llamado garnacha, por una abertura, hecha en el lado izquierdo, sale el tahalí que sostiene una ancha espada, por en- tonces usada en Aragón, y de igual modo lleva pendiente a la dore-- cha la daga ó puñal do misericordia; ciñe corona, y en el forro del ropón quedan restos de color azul, demostrando -que en su origen, como fue" costumbre, estaría (eñida con colores la figura. Siguiendo el orden que liemos establecido, diremos los principales entierros que contuvo el histórico Monasterio. Kl Rey ü. Jaime, representado por dos bultos yacentes, uno con traje real y otro al lado opuesto, de cogulla. D. Pedro IV aparecía con un puñal en la mano y sus tres mujeres, 1 I).' María de Navarra, IV Leonor de Portugal y IV Leonor de Sicilia, l;i primera en trajo de Reina, y lus otras con hábitos y diti- d ornas. 1). Fernando I i'ué representado con traje de diácono en un Indo, y en otro armado de punta en Illanco. Aunque allí enterraron á su mujer, fueron después llevados sus restos á Santa María, de las Dueñas, en Medina del (lampo. U. Alfonso II, con dos bultos, uno de diácono, con corona, y otro de monje cisterciense, según lo dejó dispuesto. Sobre la cubierta del sepulcro de I). Juan I había tres bultos: el del Rey y sus dos mujeres, IV Mathea y D." Violante; aquél, coro- nado y dalmática, y éstas con insignias reales. D. Juan II, hijo de D. Fernando y hermano de 1). Alonso V. tenía traje talar con pedrería, una de las figuras, y la otra de ¡irmadura completa, apareciendo coronada su mujer D." Juana. Suntuoso era el mausoleo de 1). Alonso V de Aragón y I de \¡i- poles; miraba al ¡litar mayor, y frontero n éste estaba el del Infante 1>. Knni¡ue con sus dos mujeres. I).1' Caín lina y 1).;' üeiilri/ Pimontel, liijü de] (joiiflr de lien;) vi'iiie. 1>. Míiríín, liermmio de 1). ,Iu¡in I, con |¡is l!,ein;is l). ; ' .lunmi y dofia Motil riz. Kl del infortunado Príncipe de Vi:in;i. VA del Infinite D. Pedro, hijo de Fernando I. Kl (leí Prínci]))' 1). ,lu;ni, liijo (\o I). Frniaudo el (ifitólico, y su secunda mujer, l*.jl Fei-ii;nid¡i, v el del luíanle I). Alonso, hijo de 1). .Tumi II. Kn estos sepulcros y otros de, menor importancia trabajaron h¡i- hilos escultores do Aragón y Gattiluñn, entre los cuales han llegado á nuestra noticia J u a n y Francisco (iras, do Manresa, que hicieron his e s t a t u a s de I). Alfonso, el Infante 1). Enrique y D. Ramón Folch. Vizconde de Cardona. EL INFANTE DON JUAN DE CASTILLA :![•: el sexto hijo que tuvo 1). Alfonso X do su mujer D.1' Violante de Aragón, Contrajo matrimonio en 1281 con IV Margarita, luja de Guillermo, Marqués de I Monferrnto, y en segundas nupcias, con IV Maris» Díaz de IIaro,Señorade Vi/raya, en 1287, do cuyo matrimonie) nacie- ron 1). Juan, [). Lope y una uifui, desposada :'i ln edad de tres iiños con D. Juan Niiñez de Larti. 1). Juan fuíi tutor de 1). Alfonso XI, y origen ni mismo tiempo do grandes disturbios en el Homo porsus pretensiones á la. Corona.; pero su temerario a,ri'ojo puso fin á. sus ambiciones en un encuentro <|iio tuvo cion los moros en la Vega de Granada; mas hallado su cuerpo en el campo después déla refriega, el lley moro dispuso su traslación á Córdoba en un ataúd cubierto con brocado de oro, dando con esto muestras de guiante cortesanía, según cuenta la crónica de Alfon- so XI. Llevado á Toledo, fue trasladado f». Burgos, siendo enterra- do en el presbiterio de la Cniedrni, al lado del Kvangolio. El busto yacente <|iie le representa, ya. bastante deteriorado por los años, está labrado en piedra i'nincn; viste amplia túnica y manto de uniformes y puntidos pliegues; en las manos sostiene larga espa- da con t alabarlo y un p¡mi/nelo (pie ene desde la empuñadura; en las mangas interiores lleva una hilera de botones. Descansa la cabeza sobre sencillo almohadón, siendo de notar la pequeña arqueta, tal ve/ de reliquias, que penden del fucilo por un;i cadenilti (1). Kl puño s ojos cerrados y los pies apoyados sobre un lebrel; sobre un león los una batalla, sosteniendo sobre la mano derecha la espada desnuda y a con el casco. Vencidos y muertos, eran representados sin cota de ai las, la espada uvainada y las manos jun- tas encima del pecho; los fallecidos en prisión, si í de armas y espada; los en campo cerrado victoriosos, armados y los bra V ; un lado y d brazo izquierdo sobre el derecho. DOfJA JUANA DE ARAGÓN, CONDESA DE AMPURIAS l|[.i,v de \). Pedro el Ceremonioso, liey de Aragón, y de l).r' María de. Xiivnrra í'uó est;i señoril. Pomo haberse efectuado su concertado enluce con Eduardo de Inghi- teri'a, easó con el donde de Ampurias en 1372. Falle- fió en 1384 y fue enterruda en el Monasterio de Poblet. La simpática figura de esta dtuna, la sencilla y tranquila nctitnd que el escultor (el maestro Bartolomé) acertó á darle y el esmerado trabajo que empleó, hacen de esta escultura una de las más bellas que había en el famoso Monasterio. Viste hrial de ninngas, con gran sencillez plegado y ajustado n la eíiitiirn; largo collar de gruesas perlas, de dos hilos, adorna su cue- llo, y en el pecho un rombo de las mismas perlas, completan el ata- vío; graciosa loca, ceñida por una diadema, de piedras, cubro la cabeza, que descansa sobre lujosa almohada, en ln que eslán borda- dos el escudo de su linaje y el de su esposo. Deshecho por completo este bulto xopulcnil y envuelto entre los escombros á que fueron reducidos los magníficos sepulcros del histó- rico Monasterio, tuvimos que irlos recogiendo cuidadosamente, pnni poder rehncer tmi interesante y bien modelada escultura. DOÑA JUANA DE ARAGÓN CONDESA DE AMPURIAS EL CONDE DE AMPÜRIAS ¡una sepulcral y Imslo yacente ih •este caballero se eucuentra. en la parro(¡uia de Cnsf.f llñu de Anipurias. i ñ d(jnde fue trasladado desde el i [invento de Santo t_rl». . ..'. .T->V;Í¡ Domingo. Esta curiosa estatua, aparece tendida, sobre una sencilla losa. sepulcral y recuesta la cabeza en un almohadón con labores de buen gusto, cubierta con almuza. de menuda malla y ceñida, la corona condal. Ancha loriga doliendo el cuerpo y brazos, y encima una cota de armas; de ancho tahalí de cuero, adornado de moríanos, pende una larga espada., <|ue pesa sobre el cuerpo hasta los pies, y en el costado derecho la duga ó puñal de misericordia; las manos, unidas en actitud suplicante, tiene cubiertas con guantes de malla, (lomo tipo de guerrero de la época, es un curioso é importnnle ejemplar. \ como Ira bajo escultórico es de lo mejor hecho en (¡¡italuñíi. epilalio sepulcral que la piadosa memoria consagra ú eslos esposos y el Hel traslado en estas esculturas del noMe y sencillo traje castellano del siglo X I I I danJe relativa importancia por ser escasos los ejemplares parecidos que nos quedan. La majestad y aspecto patriarcal de don Miguel, con la solirelúuica y manto asegurados con dobles fiadores cayendo sobre el pecho; el Iraje de su consorte rodeando en forma de toca, su cabeza y rostro; y una laja que desciende sobre los hombros por ambos lados; el rostrillo que, ceñido en el cuello, cubre el pecho, á, semejanza de tocado israelita, da a esta escultura cierto sello de nobleza y á su autor, Antón Pérez, acredita de escul- tor excelente. La túnica ó sotana de mangas ajustadas que viste 1).É' l'zenda trae á la memoria la ligura de I).1' lleatriz, mujer de San Fernando, que se halla en el claustro de la Catedral de líurgos. y i'l manto, plegarlo con singular elegancia en el brazo i/quierdo descubriendo la cintura, imprime ñ 11.a 1'zeiidu un tinte de castidad a que ayudan singulnrmenle las delicadas líneas de su rostro. Tan curioso sepulcro hallase colocado en un arquivolto ojival de la antesala de Capítulo de la Catedral de líurgos con este epitafio: "VAÍ estas sepulturas están los huesos de los nobles é católicos cris- tianos 1). Miguel Msteban del Huerto Hey e de D." Uzenda su mujer, que uñaron en 2ÍJ de Agosto de la era de MCCGXXI años, los cuales dotaron la. cofradía de Santa María de Gamonal, que dicen de los Caballeros, los cuales cofrades, por los mds venerar, los traslada- DON MIGUEL ESTEBAN DEL HUERTO Y DOÑA UZENDA, SU MUJER — ;Í!) — ron do osle clnusiro debajo de es!¡i c;i|)i s e p u l t u m . Nuestro Se- fíor los coloque en su ^loriti. Ainéiu. A]>;irecc[] tendidos ¡IUIIKIS consortes, recostando la.cabeza en mo- deslus nliiHifüidas; el I). Miguel sostiene en sus nmnos una espada do alia empuñadura y sencillo 1ul;il>;ir1o, y D." l'/enda, un rosario ó corona en ]¡i diesiru. DON PEDRO FERNÁNDEZ CABEZA DE VACA ||R(ÍÍ'N escribe Lti Mota, entre los individuos ilustres de oslo apellido figura D. Pedro Fernando/, que por sus relevantes dotes mereció sor nombrado Gran Maes- tre del Orden de Santiago en 138ÍÍ. Poco tiempo disfruío de esta, suprema dignidad, pues hallándose, en el año siguiente, visitando á Lisboa, con motivo de declararse Regento el Maestre de Avis, contra los derechos de la esposa de D. Juan I de Castilla, murió de peste, siendo conducido á Burgos, á la capilla de Santiago, donde su hermano, Arzobispo de la diócesis, mandó hacer el sepulcro que se encuentra hoy en la sacristía. . La. estatua del Maestre aparece tendida dofrfYo de un archivolto practicado á bastante altura del muro; pero si es [toco recomendable como escultura, su rostro ofrece, sin embargo, mucho carácter de verdad. Asimismo es muy curioso el hábito de la Orden do Santiago que viste, por la diferencia que tiene con el que llevaron los caballeros de esta Orden en el reinado siguiente. Nótese también la cruz que lleva al pecho, más parecida á una daga ó pufial que á las grandes, de brazos iguales y conchas en sus remates, usadas en tiempo do don .inanll. Recuesta, la cabeza., cubierta con birrete, sobre modesta, almo- hada; lti túnica, de prolongadas mangas, deja, ver las interiores, con larga lila, de botones, sosteniendo con timbas manos la espada. M i manto, con capucha, aparece sostenido por euerdn ó fiador, consti- tuyendo el calzado borceguíes puntiagudos. DON PEDRO FERNÁNDEZ CABEZA DE VACA — 41 — La Orden militar de Santiago, en su primitiva forma de herman- dad ó cofradía, es originaria de Galicia, siendo instituida, según se creo, por L). Ramiro I, con el solo propósito de amparar á los muchos peregrinos que visitaban el sepulcro del Apóstol. Trece fueron los campeones que se prestaron a oste servicio, echando los cimientos de tan esclarecida iustilución, que más farde prestó tantos y (an señalados servicios en la Heconquista. Esta Orden, como las demás creadas en España con el tín de combatir á los invasores musulmanes, es uno de los principales timbres de gloria de que puede alardear la Edad Medía. A esta Orden fue incor- porada después la de Santa Mavía, que fundó en Sevilla 1). Alfonso X. El título de Freiré correspondía ó, los clérigos; mas en los estatu- tos se aplicaba, en general, á todos los caballeros, siendo su única diferencia, la de combatir los segundos al enemigo y ejercer los pri- meros las obligaciones naturales á su sagrado ministerio. Por los años de 1350 los afiliados fueron trece, siendo sustituido el ausente por otro que tomaba el nombre de enmienda. En los Capítulos todos asistían con capas negras y bonetes igua- les á los d(i los Priores. La Orden tuvo también la. obligación de alle- gar recursos con destino á la redención de cautivos, deber que igual- mente se impusieron otras hermandades que fueron estableciéndose después. Los caballeros santiaguistas tuvieron casas repartidas en Toledo, Cuenca, Teruel, Las Tiendas, Zaragoza, Alarcón, Moya, Castrorabe, Talavera y Castiel. El hábito consistía, en manto blanco y (única talar de lana, de igual color, nombrada sago, ó sayo, siendo la. insignia de seda y color grana en las capas y sayos, y si andaban en calzas y jubón, la llevaban en la ropa de encima. Esta cruz, desde su origen, fue igual á Ja que lleva 1). Pedro Fernández, debiéndose tener presente que á esta insignia no se la puede nombrar magistral, pues los Maestres uu (¡i tenían distinta de los demás ca.balleros. GIL ALVAREZ CARRILLO DE ALBORNOZ ARZOBISPO |)E TOLEDO ¡jvrió en Cuenca, por los años do 12i)í), y fueron sus idres 1). Garríii Alvaro/ do Alborno/ y U-a Torosa do Lima, quo lo dieron una cristiana y esmerada edu- cación, según dice su historiador. 1). Juan funes do Sopúlvedn. Después de haoorso notar orí Tolosa como maestro ou derecho canónico, tuó á Toledo, doudo obtuvo la dignidad do Aree- difino de (.jalütravíi. 1). Alfonso XI, ciiyii c(i[iliíii]z;i supo ^rnnjoiii'so, le nomhró su capellán y limosnoro, y dospuós Ar/,ol)ispo do Tolodn. Presló grandes servicios al Hoy como embajador, y on la pitorra con los moros, on la monioniblo do Tnrilii, snlvó al Hoy la vidn exponiendo la suya. A la muorfo dol Monarca, so reliró á Cuenca y do allí ¡i Aviñón, donde lué i-ocibido con júbilo por Clemente VI, " iiomlirándole Cunlennl cu KS.'iO. Inocencio VI te dio el obispado de Sabina., coutiáudole al propio tiempo la pacilicnción de algunos lista- dos de Italín, aparindos por entonces de la obediencia del Papa, en cuya ocasión demostró 1). (íil tanto tino y acierto, que consiguió (pie los Vicarios do Cristo, precisados ¡í abandonar su patrimonio, fijasen do nuevo su silla en lVoma. Ku Bolonia, que también le debió su libertad, fomentó |;i industria y el comercio; hizo un cuerpo de leyes, llamadas Legidianas, y dispuso la edificación de un colegio para educar jóvenes españoles, institución que aún permanece. teniendo por tanto la gloria de legar ¡i la posteridad una. de las fun- daciones más célebres de Europa. DON GIL ALVAREZ CARRILLO DE ALBORNOZ — 43 — Murió en Viterbu, el 24 de Agosto de 1304, siendo conducido su cuerpo al convenio de San Francisco de Asís, que había Anidado, desde cuyo sitio, Ires anos después, i'ué trasladado á Toledo con la mayor pompa y devoción, :í cuyo efecto, I'rbuno V concedió ú todos los que llevasen la litei-ji, aunque Fuese por corlo tiempo, los mismas indulgencias (pie se ganan en el Año Santo. De esta manera su cuerpo llegó a Toledo, siendo depositado en la capilla deSitn Ildefonso de la Catedral, donde, en rica urna de mármol reposa, harto maltratada hoy, más por el descuido de los hombres que por las injurias del tiempo. Vestido de pontifical aparece el ilustre Prelado, tendido en su cama fúnebre, formadn por una serie de veintidós nrquitos ojivales, con oleas tantas estatuitas de santos, todo ejecutado en mármol con exquisita prolijidad. Seis leones sus- lenían In urna, digna, por cierto, de ser guardada mejor, pues los desperfectos, ocasionados intencionadamente, apenas permiten ndi- vuiíir las desgastadas facciones de tan insigue Prelado (1). Este artístico monumento debió construirse a poco de In notable traslación de su cuerpo ú España, siendo de eximñar no pusieran epitafio; ignoramos quién fuera su constructor, si bien tenemos algu- nos datos para, sospechar (pie lo fuese Joan González, escultor acre- ditado en el siglo XIV y residenie en Toledo. (1) Xu es fácil señalar t i origen de la mitra como jerarquía rrlrsiástica; en los pri- meros tiempos fueron siempre blancas, con tejido di* oro; tlfspm'-s, ¡uiim-ntando su riqueza, se hicieron con seda, oro y piedras preciosas. DOÑA. JUANA, INFANTA DE NAVARRA (ÍS 1 se 10l a s< ^ ^ ' ^° conocemos algunos detalles. Serrín Yanguas, eu su Diccionario de antigüedades de N¡ivn- i'i'ii, estuvo en el convento de San Francisco de Tudc- la. ú cuyo sitio fue llevada desde Olite, donde falle- ció en 142o, añadiendo que tenía sois escudos á los extremos de l;i losa donde aparecía tendida, con este epilaño: «Aquí jaze Dona Johana, infanta de Navarra, tijn del rey Don Ciarlos III el Noble; Donya Blanca, propietaria de Navarra, su mujer; o" finó la dicta infanta anno de MCflCXXV en el XXII úin de Agosto», inscripción en un todo conforme con nn anticuo dibuju (jue poseemos. Demolido el convento de San Francisco, nadie se ocupó de reco- cer esta curiosa escultura, que años después vimos en un patio de la casa del Marqués de San Adrián, eu donde la copiamos, sin saber á. quién representaba. Su actitud noble y sencilla, cruzadas las ma- nos, y su dulce y tranquilo rostro, cual si estuviese disfrutando de un plñcirlo sueño; la sencilhi diadema con tres rosas de pedrería que ciñe su frente, sujetando el cabello, 'recogido por ambos lados; la alta y encañonada gola, que en forma de abanico sube desde el escote del brial sobre la cabe/u; el modesto eingulo que ciñe y los prolongados pliegues del brial, con mangas monacales, que empeza- ron á llevarse en los últimos años del siglo anterior, hacen de esta escultura uno de los ejemplares más curiosos y dignos de estudio, como reflejo ñel de los trajes de las damas en los últimos años del siglo XIV en el reino de Navarra. DOÑA JUANA, INFANTA DE NAVARRA HIJA DE CARLOS NI EL INFANTE DON FERNANDO LLAMADO EL DE AMTEQUERA EL INFANTE DON FERNANDO LLAMADO EL DE ANTEQUERA i STE gran Príncipe nació en Meíliiui del Campo, el 28 de Noviembre de 1380; fueron sus padres 1). Juan I de Castilla y IV Leonor de Aragón, siendo Señor de L¡ira, Duque de Peñatiol y Conde de Mayorga; heredo el Trono de Aragón en 1412, por muerto de D. Martín. Como Príncipe y como Rey fue" de una gran ilustración, valiente y religioso. Cuando la tutoría de su sobrino D. Juan II, algunos Grandes, descontentos, le ofrecieron In Corona, que rechazó, conquis- tando por este tiempo á los moros de Andalucía la ciudad de Ante- fiera. Casó con I*.'1 Leí mol- de Casi illa, Condesa de Alburquerque, llamada la Rica hembra, y de esta señora tuvo á 1). Alonso, que fue Rey de Aragón; 1). .luán, Seflor fie Lara, que luí* Hay de Navarra por su mujer D." lilanca y padre de D. Fernando el Católico; don Enrique, Maestre (le Santiago; 1). Sancho, Muestre de Alcántara; D. Pedro, que no tuvo sucesión; I).1' María, que casó con 1). Juan II de Castilla, y I).il Leonor, con 1). 1 huirte, Roy do Portugal. A los cuatro años de reinado, murió I). Fernando en 2 de Abril de 1416, con general sentimiento de todo el Reino. Su cuerpo fue sepultado en el Monasterio de Poblet, en un suntuoso mausoleo con estatua yacente, que desgraciadamente se hallaba mutilada en muchas partes cuando la copiamos, siendo una de las mejores que hicieron los escultores del Reino. Cubierto de todas armas, su acti- tud es natural y sencilla; el maulo que lo cubre está cincelado con labores de buen gusto. AIVÍIr García ilc Santa Marín, que perteneció á la Casa fin don Fernando, hace su retrato cu estos términos: «Era alto, de cuerpo mayor que mediano, blanco é colorado. e las mejillas un poco empa- " ñados de paños, é avía las arras redondas, o las piernas é. el cuerpo do buen tulle; los ojos muy fermosos, un poco blancos, como berme- jos; los cabellos ni rubios ni prietos, más rubios que castaños: reci- bía muy bien ú. lodos cuantos con él querían r¡il>]¡ir; muy manso é justiciero, é muy lloarado de los hombres, é honihre do ^ran corazón». I). Fernando creó la Orden del (¡rilo de l¡i .Inrni y Kstoia de Am- ^'ón en Medina del (jiunpo, ara premiar servicios prestados en la milicia <|iie, ni ser conocidos, sirviesen al propio tiempo de estímulo ú todos. La insignia consistúi en una estola ó banda, blanca, ¡india de cua- tro dedos, sin bordados, á no ser de1 perlas ó piedras Mancas, si hien los nietos podían ser de color. L;i d¡\ isa consistía en un eolhir com- puesto de jarras con azucenas, de qin1 pendía un ^riíb con alas blancas. La IKIIMIM en ílaslilla se llevé de derecha á izquierda y al contra- rio en Aragón. (¡ran bo^a alcanzó esta Orden; pero no <\\wo mucho más que un sifílo, pues con la venida á Mspaña de In (¡asa de Austria quedaron olvidadas esta, de que 1 rotamos y la antigua de la fianda y la divisa de la Escama, por las do Iioi'woñayel Toisón, que (rajo Curios I cuando tomó posesión de la Corona de España. Las obligaciones que imponía la Orden del Grifo oran muy nota- bles y estallan en armonía, con el espíritu católico y caballeresco de aquellos tiempos. DOÑA COSTANZA DE CASTILLA DOÑA CONSTANZA DE CASTILLA ||u padre, el Infante I). Juan, f o hijo de D. Pedro I u~ de Costilla y 0." Juana rio Castro. Durante su cau- tiverio de (oda la vida cont rajo mal riinoiiio con D." Elvini de Falces, hija de Iíeltmn de Kricp, en- carando rio su custodia. l)r cs1¡i (Iniim nacieron 1). Pedro, que fue Obispo de Palencia y USUKI, y 1>.!1 Constanza, que j>ara librarse de las inquietudes que sufría por su origen, la Reina ü." Catalina, mujer de Enrique III, dispuso entrase en Santo Domingo el Real de Madrid, en cuyo con- vento desempeñó el cargo de Priora por espacio de cincuenia y euu- Iro años, disponiendo entre oirás cosas la traslación de los restos de su abuelo desde la Puebla, de Alcocer, donde S(1 hallaban desde su trágico Ün en los campos de Monliel. Falleció IV Constanza, en 147H, y su sepulcro l'ur uno de los me- jores que hablaren Madrid. Estatua y urna, son de mñrmol Illanco y jaspe negro, con cuya combinación imitaba el hnbito de la Orden dominicana. Kn el frente de la urnn y en el plano de la cama sepul- cral, se ven estatuitas representando las virtudes y dos ángeles que sostienen el escudo de su linaje bastardo. Este sepulcro estaba bajo un nicho de nren rebujado, en cuyo centro, y en letras dorndns, se leí;): «Aquí yace sepultada 1 muy noble y religiosa señora D." Cons- « tanza de Castilla, hija del Infinite I). Juan, nieta de] Rey D. Pedro. Fue" monja profesa de esfn C¡isa i Priora de clin muchos años. Murió año MCCCCLXXVIÍI.» — AH — La inscripción que signo la. mandó ponor 1)." Constanza en el sepulcro de su padre (mando lo trajeron desdo Soria, en donde- fui1 onlerrado por mandado de U. Knrique III: «Aquí yace el muy noble y esclarecido señor 1). Juan, lujo del muy alto Rey 1). Pedro, cuyas ánimas Dios perdone. La vida y fin fue en prisiones. Trasladóle aquí a esta sepultura, á 24 de Diciembre de 1442 Sor I).1' Constanza su hija, Priora de este convento». Más ahajo decía: «Los que miráis conocen el poder grande de Dios: el me hizo nascer de muy alto Rey: mi vida, ñu fue" en prisiones sin la merescer. Toda la gloria de este mundo os nihil. La bienaventuranza cumplida es amar y temer a Dios». Por los años de 1814, los huesos de esto infante, guardados vu un cofre de madera de igual forma que el que contenía los de su padre, fueron depositados en un nicho junto al coro. Los de D. Pedro se llevaron al Museo Arqueológico en 1870, donde estuvieron expues- tos bajo un fauul; mas al poco tiempo se tuvo la caridad de remitir- los ¡i la capilla real de la catedral de Sevilla, donde también se encuentran, por disposición de Felipe II, los fie su constante amiga D." María de Padilla. Cuando se derribó el vetusto é histórico convento copiamos las siguientes inscripciones: «Aquí yaze la mu i alta y poderosa Señora, la Infanta D." Cons- tanza, ija del lley D. Fernando, hermana del Rey D. Alfonso el XI. Tía del Hey D. Pedro». «Aquí yace la muy alta y poderosa. Señora la Infanta IV Berenguela, hija del lley D. Alonso intitulado Em- perador.» Con relación al sepulcro de D." Constanza, fue trasladado al Museo Arqueológico; ¿no hubiera sido mejor que el sepulcro y restos de la piadosa Priora se hubiesen llevado al nuevo convento de Santo Domingo que las monjas han levantado hace pocos años en la calle d e Claudio Cuello? DON GARCI GONZÁLEZ DE COTES GARCI GONZÁLEZ DE CORTES / |uANi)O comenzó el Renacimiento su Inclín con los ú l t i - r •j M mus esfuerzos del arte ojival. 1). Ilemmido de Vega y Coles, Obispo de Córdoba . renovó y decoró la iglesia | de San Juan, de la villa de Olmedo, con el iin de que sirviera de panteón á su fniuilia. La capilla que este l'relado destinó a. este objeto, contiene sepulcros platerescos en sus cuatro ángulos; mas, transcurrido el tiempo, en los primeros tirios de] siglo XVI se Irnnslormó en saci'isl¡a. I-a lápida cr ni i nemoral iva dice : «Aquí y ¡ice el honrado c¡i hullero (¡arci González de Cotes y su mujer Teresa Rodríguez, al cual armó caballero el Infante I). Fernando estando sobre Sctenil, año de 1407. Falleció á 19 de Septiembre, ano de I4KÍ. Reedificó esle arco con esla iglesia su descendiente I). Hernando de Vega y Cotes, Presi- dente de los Consejos de Hacienda ó Indias y Obispo de Córdoba». MI Imito yncenfe de este caballero tiene armadura completa, menos en los pies, que aparecen calzados de malla'. Kncinin de la armadura, hasta la milad de los brazos y muslos, lleva cota de finí- sima y bien labrada malla; con las manoplas sostiene una. ancha espada, y á los pies un perro, como signo de iidelidad y nobleza. A su simpático semblante le da singular atractivo el cabello cor- tado por la frenle, bajando en guedejas por ambos lados, y cubriendo su cabeza un sencillo birrete. . Ksle luí lio, labrado en piedra y de (amafio natural, es, como obra de arle, lo mejor que en Casulla se hizo ti mediados del siglo XV. DON FERNÁN DE. LOAYSA ABIA el cronista y rey de firmas do los Hoyos Cn- f ni icos, Gracia Dei, do un 1). Jofre de Loaysa que fue i¡i.n leal y valeroso caballero que, por cuidar más de su fama, no luvo en nada su vida, salvando la del Santo Hoy Luis de Francia, por lo que mereció, para, sí y sus des- cendientes, ol derecho de llevar las armas reales uniéndolas á su escudo. Dice lamhién que en oslos reinos, v en particular en Aragón , so encuentran muchos caballeros de este apellido, lambién menciona- dos en la Crónica de 1). Juan II, y (pie algunos asistieron á la I>nbi- lla de las Navas, en la que hubo de señalarse un 1). Miguel Loaysn como Alférez mayor de 1). Pedro úe Aragón. Kn la Colegiala, de Talayera se ven dos sepulcros de osla familia, do los cuales uno, tiene sobre el lahlero de la nrnn el bulto ynecnie de un rabn lloro con afinadura completa y ancha espada en i re !¡is manos, con esta inscripción: «Aquí ytiro oí honrado flarcm <|e Loaysa, hijo de Fernán Jofre do Loaysa, (pie Dios baya, el cual linó á veintiséis días del mns de Knero, año de Xnrslrn Salvador Jesu- cristo do MCCCCXL unos». Inmediato á osle túmulo se halla otro con estillan yacente.de cuyo epilaüo solo resia lo que si^ue: «Aquí yace el valeroso caba- llero Fernán de Lna,\sa, ijo de Juan de Loaysa y de [):' Leonor de Carvajal. Dejó á esta iglesia Iu...»; por carecer do año, suponemos que su muerte debió ocurrir á mediados del si^'lo XV, Fsta escultura , ma^ist raimen!» ejecutada . representa un jmeu de hermoso rostro y apostura militar, DON FERNÁN DE LOAISA Tiene cola Ao malla , cubriéndola una elegante ;iipni;ului-!i de las llamadas góticas; fuerle y ¡mclni espada, sostiene entre sus mimos; pícenlo y sujeto desde e! cuello, linjn el manto,que. llega, más ahajo de las rodillas; cubre l;t cabeza, recostada on lujosa almohada, un sencillo birrete, dejando \'er por amitos lados el cabello, en guedejas recogido; apoya los pies sobre un cáseo con plumas, y en el frontis de la urna se ven cuatro escudos nobiliarios y ángeles (enantes, (Mitre labores de follaje de imen gnslo. Ksfe túmulo se oiiiMienIra, como easi todos, amulado en muchas de sus partos, |ior un abandono incalificable, y, de no ponerse reino- dio, llegarti un día en que desaparezca del todo ó, por lo menos, quede lan dosligumdo que. no preste intero's alguno al estudioso. La mayor parle de estos monumentos, til hallarse al alcance do todos, sin que nada los resguarde, se ven en la forma del que nos ofupn, y aquellos mejor conservados contienen una capaban espesa del polvo amontonado por el descuido y la humedad que, forniauflo dura cósica, imposibilita apreciará las veces los de(alles, alíeríindo, puf eoiisiguicnie, las principales líneas de las personas represen- IÍKIÜS, y aun de la l'ornia del Iraje que llevan. DON MAURICIO, OBISPO DE BURGOS STE ¡asigno Prelado, ti quien unos cronistas lineen oriundo de Inglaterra y otros de Francia, el P. Fló- j re/ demuestra non razónos de gran peso, que lué II español. Sus padres lo dedicaron al estado eclesiástico. y residiendo en Burgos, se dio a conocer por su talento y grnndes virtudes, mereciendo ser elegido Obispo de aquella diócesis. Comisionado por IXa Iierenguela, madre di1 San Femando, cumulo se trató del casamiento de su hijo, en unión de dos Abades, fue ú pedir la mono de I).1' Beatriz a su padre el Duque de Suavia. Conducida la "Princesa á Burgos, dio la bendición ir los esposos en las Huelgas, en 1219, teniendo la gloria, en unión de 1). Fernando, de ¡tonei- la. primera piedra de la antigua Basílica- Muerto I). Mauricio, en 4 de Diciembre de 1*240, fue enterrado :"i los pies de la iglesia, desde donde se le trasladó al coro en 1500, por disposición de Fr. Pascual de la Puente de Ampudias. El bulto sepulcral debió haberse hecho algunos años después de la muerte del Prelado, ignorándose el artista que lo ejecutó. Al ser uno de los objetos do arle más importantes que posee el Cabildo, y por lo tanto, muy digno de ser respetado, no se com- prende cómo se le relegó á un lugar fan poco adecuado para verle; afortunadamente, hoy ha sido colocado en el mismo coro en mejores condiciones. Muchos años estuvo dehnju de un losco facistol, sin uso hoy. y eeretido de bnhiustres de hierro, siendo de In.iuonlar que tan curiosti obra de ¡irte estuviese ceg¡id¡i por el polvo de un incnlilicnhle ulian- DON MAURICIO OBISPO DE BURGOS dono, horrándose por completo los adornos y d<'snpareciendo los esmaltes de la.; ropos pontificales y parte del rico báculo que sostenía on la mano izquierda (1). El santo reposo que el artista consiguió comunicar á la noble figura del Prelado que, tendido y en actitud de bendecir, recuesta la cabeza sobro lujosa almohada, nos hace recordar la estatua que le representa colocada, sobro, un pilar divisorio do la puerta que mira al Mediodía y la que se encuentra en el olausim. Esculpido en madera, fin'1 cubierto después á perfección con plan- chas de pobre perfeci ámenle asimiladas. ) Durante la Exposición Histórica Europea, celebrada en 1K912, estuvo expuesta obra, habiéndose hecho un vaciado que hoy se encuentra en el Museo de Reproduc OH. Lo mismo debiera hacersf mu otras obras parecidas. AUZOlítSFO DI-: TOLItfH) ¡|¡UUÍA.IÍ, cu sus (liaros v.irone-s, dice que «este Prelado tur alto do cuerpo ó de Imoua presencia, ó do condición inquieta», y D- Antonio do Lebrijn tinado, en su his- I loria de los Hoyos Católicos, que «era liberal y franco, tanto, que siempre estaba empeñado y cu extremo do pobreza. Kra hombre belicoso, amigo de diferencias y guerras, y por este comino quería ganar fama y nombre. «Ocupaba mucho tiempo y hacienda en el arte de la alquimia. Kra amigo de seguir su parecer y sustentallo, llevando siempre adelante su propósito, no atendiendo á la enseñanza de la prudeneiti, que muda do parecer, según la ocasión y tiempo. Tuvo un privado, que lo llevaba el honor y le hizo de ojos muchas veces.» Por las cualidades de su enórgico carácter, consiguió tener á raya las demasías de los partidarios de 1). Knrique IV. Fue gran instigador de los desórdenes de Ávila, Sogovia y Arévalo. Tomó parte muy activa en el casamiento tU' 1). Fernando con 1).:| Isabel, de la que después tuvo (jiiejíis, por haber proferido en lugar suyo á 1). Pedro González do Mendoza, Obispo do Calahorra, diciendo: «Yo la hice lleina, yo la volveré á la rueca». Más,tarde aprisionó en el castillo de San torcaz al gran Cardenal Jiménez de Cisneros. Con motivo de la demolición del convento de San Diego, de Alcalá, para construir en su área un cuartel, la ('omisión de Monumentos trasladó el sepulcro de esto Prelado á San Justo en 18ÍÍ0. Al desmontarlo, onconlniron sus restos y Ins ropas en muy buen DON ALONSO CARRILLO DE ACUÑA estad)] de conservación; y recogido todo, tué llevado á la nave prin- cipal ó trnscoro de la Iglesia Mayor de Santa. María, donde están los de Cisneros, llegando al caito de los a.fíos, por los trastornos de los tiempos, á juntarse las cenizas del perseguido y del perseguidor bajo las mismas bóvedas de la iglesia que ambos favorecieron. Si tiene interés artístico el monumento do Gisueros, por lo prolijo de su labor, como por el ambiente que le da el recuerdo del más sabio político que ha tenido España, no os menor, en otro sentido, el que evoca el bulto yacente con rico traje pontifical con que está representado el Arzobispo Acuña. Es notable la perfección con que están modelados la cabeza, manos y vestidos, dando motivo tí sospe- char que todo, y especialmente el rostro, fuese copiado de una. mas- carilla. En los frentes, costados y ángulos de la. urna se ven escudos nobiliarios y elegantes arcos con bellos medallones de alto relieve. En el friso que sirve de asiento á la crestería sobre que descansa la ligura del Prelado, corre la siguiente inscripción en caracteres mo- nacales: «Sepultura del muy reverendísimo y muy magnífico señor 1). Alonso Carrillo, de gloriosa memoria, Arzobispo de Toledo; Fun- dador de este monasterio (San Diego). Vivió arzobispo 3a años, H meses y H dias. Falleció en este villa de Alcalá, á i." de Julio, año O del Señor de 1.482, de edad de fiS años é diez meses é veinte dias». VA\ el antedicho convento de San Diego y en la clave del arco donde estulta su sepulcro, había, un pelícano de mármol con esta leyenda: «Si el a I uní no se perdiera, loque esta ave hace, yo hiciera.» Alusión que parece litiga el turbulento Prelado á su pariente D. Juan de Acuña. Marqués del Valle. Otra leyenda no menos expresiva leíase en el destruido sepul- cro del Marqués: «Ue\ó la muerte consigo, quien nunca, muere conmigo». l)e| sepulcro nada sa lien ios: el pelícano se rumen f ra act un luiente li la entrada, del cementerio de dicha ciudad. Inmediato al sepulcro de Carrillo, en la citada iglesia, había una lápida de mármol con esta, inscripción: «limo, et llev. 1). Alibnsus Carrillo de Acuña, Archiepis. Toletanus et huyus ohservtuitisimi coenobii ¡Mindator Ínclitas hoc ínagnilicenlissinio tuinulatus sepul- chro al anticuo in ipio per inultos jncuernt anuos tnishitus est, jussu el expeiisis illuii. Duiniui Marchionis del Valle ejus nepotis, Regiique senafus vigilantisinuis praeses. Obüi auno MCCCCLXXX1I .lulii die 1 Yi\H in Arqnie|tioscopntu XXXV tumis et niensíbus Y,» DON ÍÑIGO LÓPEZ CARRILLO DE MENDOZA |,o tenemos detalles de la vida, do este ilustre cu hullero, que fue Visorroy de Cordería y murió en el Real de Gra- nuda, desde donde fu ó trasladado á la capilla de Sun i Idelbnso, en la Catedral de Toledo, y donde se encuen- tra también D. Alonso Carrillo de Albornoz, Obispo de Ávila, su tío. Dentro de un archivollo decorado en el gusto ojival, está el bullo yacente de este caballero, labrado en mármol, y muy bien modelado el rostro por el carácter de verdad que revela, hace sospechar que el esculior utilizara, además de los datos que le suministraran, nlgmi rotmfo. Lu cadenas que lleva cayendo sobro el peto de la armadura complelii que viste y el birrete que cubre su cabeza, adornado con gracioso rosetón ó joyel, bucen de esta escultura una de las mejor modeladas de su tiempo. De sentir es que no hayamos podido hallar antecedente alguno referente á su autor. l*or cima de la estatua, en el centro del archivolto, hay mm hipida con esta inscripción: «Aquí yaze D. Iñigo López Cnrrillo de Mendoza, Visorey de Ordena, sobrino del Cardenal D. Gil tU' Albor- noz y ermano del Obispo. Fu Meció año de Mil o" CCCCXCI en el llenl DON IÑIGO LÓPEZ CARRILLO DE MENDOZA DON PEDRO SUÁREZ DE FIGUEROA i NOLI de la villa de Cuzcurrita y descendiente de los Duques de Frías y Condes de llaro t'ué este noble eaba- lli 10 Murió en l.'i de Noviembre de 1418 y está enle- i rodo en la capilla, que se llamó de San Juan y San MUÍ i I cresa), en I;i Colegiata de Sanio Domingo de la sie caballero, t'ué 1). Lorenzo Suáivz fie Figueroa, que desde niño se educó en la cámara de 1). Enrique 11 y I). Juan I, alcan- zando los tiempos de I). Knrique III, y mereció, por los señalados ser- vicios que prestó en el cerco que el Hey de Portugal puso á Badajoz, la dignidad de Maestre de Santiago. Asistió á las guerras de Ante- quera, SeteniJ y Honda, y ganó las villas de Alora y Orfeguiea, con otros lugares. Murió en 1409, á la edad de sesenta y cinco años, en la villa de Oeafía, después de haber gobernado la Orden veinti- dós años. Trasladado á Sonto Domingo de la Calzada, fue enterrado al ludo de su hijo I). Pedro, cuyo bulto sepulcral aparece tendido sobre su lecho de mué He y cubierto de todas armas, y con la e*spada entre las manos. Fn la cabeza lleva un CUSCO, con In colada levantada, cuya forma difiere bastante, en la cogotera, de las que se emplearon poco tiempo después. K O sus padres el Almirante D.Diego Hurtado do 'UN Mendoza y I).'1 María Enríquez, hija del Rey 1). Enri- que II. Llegada á odad conveniente, contrajo matrimonio con ol Duiiue de Arjoiiu y Conde de Trasiamara D. Fadrique de (lastro, hijo segundo del Condestable de Casulla 1). Pedro Enrique/ y de, D.' Isabel de Castro. Este• Duque de Arjona es el mismo á quien mandó prender don Juan 11 en el castillo de Poñafiel, donde murió en 1430 ó 32, y ¡)1 eiiíil se rodero un romance niuv conocido que empieza: «En i\rjoii la i:stal y ,-i im en Key en «De vos c 1 Iluqu d<- Arjona Grande:s f|U' ic lian Que foirzadf :s las n i ¡ eres, Casada S V p casa or Sin emburro, la \"enUuI(?i'a causa desu jirisión jHnvcequf1 fue haber entendido el. Rey que conspiralin ñ.fiivoi'de los Infantes de Aragón. Ocurrida su muerte donde decimos, fue' llevado su cuerpo á la SÜIÍI capifulíH' del lioy derruido Momísimo de lienebivore; mus Núñez de Cíistro, liabliindo de esto, dice que l'ué Neviido desde su prisión ;il Moinisirrio de Santíi (llai'íi, de Toledo. Viudíi D.'1 Aldonza, sin haber tenido sucesión, se retiró ¡'i ííuadü- lajara, donde, herodera. de los estados de sus hermanos, permaneció viuda lüisia su muerie, en 14¡íK, DOÑA ALDONZA DE MENDOZA DUQUESA DE ARJONA — :¡í) — 1']] bulto .sepulcral de esta ilustre dama osla tendido sobre un bien labrado túmulo de estilo ojival, en la capilla mayor del celebre Mo- nasterio de Lupiana, (|iie eligió para su entierro, costeando la fabrica. Kenovada la, iglesia en tiempo de Felipe II, en el gusto de aquella severa arquitectura que propagó Juan de Herrera en líspafía, y que uo se avenía con las galas y filigranas de la ojival, fue iabicado el sepulcro; pero respetando en cierto modo la disposición testamenta- ria de la difunta, se dejó un hueco capuz para verle. ¡Ojalá que todas las corporaciones de los tiempos que siguieron hubiesen tenido el respeto que se debe á los bienhechores y fundadores, en ve/ de des- truir (antas obras de aríe, con el pretexto de regularizar y hermo- sear las formas de lo que nuevamente implantan! La estatua yacente es de mármol y de tamaño natural, y con íanto acierto modelada, que no parece más que respira, correspon- diendo la precisión con que están ejecutados todos los detalles y accesorios. Encima de la túnica interior viste una andriana ó ropón cuhierlo por delante y ajustado á la cintura; fina loca de menudos pliegues caídos sobro los hombros completa, su atavío, cuyo forma duró basta el reinado de D. Juan II (1). La inscripción que le pusieron decía: «Aquí yace !)." Aldonza de Mendoza, Duquesa de Arjona, mujer del Duque 1). Fudrique. Finó sábado XVIII fiel nacimiento de Nues- tro Sor. Xpo., año M.C.C.C.C.XXXV.» Salazar, en su Historia de la Casa de Lava, trae ei testamento de esta señora, enumerando los paños, vestidos y pedrería que donó al convento de Lupiana, además de 100 florines de oro, su brial de brocado y más de 1.000 balajes y zafiros é perlas mayores, man- dando edificar de nuevo la capilla mayor y colocar su sepulcro de ¡ilnbastro enmedio de ella, y atan cerca del altar que no pueda ¡iver otra sepultura delante». Tantas precauciones fueron inútiles, pues si se atiende á la lujosa ornamentaciún del arco donde se puso la urna, parece no debió cumplirse en todo su voluntad. Hoy este curioso bulto sepiliera I se encuentra en el Museo Arqueoló- gico ile Madrid. (1) Según dice Fray Francisco Jiménez en El carro de las damas, se pintábanlas mías para hermosearlas; por tocados llevaban gorras con medallas y las casadas traen velos tan claros que se ven los pechos, y en el tocado velos con agujas y alfileres con i-ubezas doradas. Usan los trajes anchos para lucir gran parte del cuerpo y muy estrechos <'ti la cintura; en las orillas unos pliegues con armiños ó martas; llevan las faldas muy larcas que arrastran; aumentan sus cabellos con otros; en las manos muchos anillos; los iijos y las cejas los pintan para hacerlos mayores, y el calzailo lo traen adornado con cintas de diversos colores. la (líitodnil de Tíldela, y capilla. la lisa en forma de aba- nico; por tocado lleva una á manera de eolia, muy usada dos siglos antes, que en forma de diadema ciñe su cabeza, cuyo adorno recuerda bastante el que llevn la lleina I)."1 Urraca, que, con otras figuras, deeomn la puerta lateral de la Basílica de San Vicente de Avila. Adorna su pecho un collar ó rosario íonmido de cuentas de coral y pinas; en cada sois de aquéllas lleva una. cruz; recuesta, la cabe/ü sobre un almohadón, y las manos están apoyadas en la cintura. Los bultos de ambos están bajo unaedícula de considerables di- mensiones, y sobre las cabe/as tienen túmbelos de honor, proel ico muy empleada en el siglo XV. Estas esculturas, por lo bien ejet.-uta.das, publican que los urtes se hallaban niuv adelantadas en el lleino de Navarra en el siglo XV. i DONA ISABEL DE UZUE SANCHO DAVILA (> (ernn memoria l;i IIÍTOÍCÍI muerte de este valiente caballero, hijo de 1). Sancho Sánchez de Avila. Señor de Villanueva y San Koinán. Fue nombrado por los Reyes Católicos Alcaide de la fortaleza, de Carmona, cuya guarda había estado al cuidado de 1). Alonso de Cárdenas, Comendador mayor de León. Con ocasión de haber sido tomada la fortaleza de Alliania, los moros hicieron una gran empalizada y ««paros muy fuertes delante del castillo, á fin de que sus defensores no pudiesen salir de allí, obligándolos, por lo tanto, á desistir de la empresa, ó, por lo menos, dar tiempo para recibir los socorros que esperaban. Momentos Imito en que los sitiados determinaron retirarse, con- siderando la imposibilidad do salir, lo que intentaron varias veces; mas resueltos a perecer en la demanda , procuraron hacer el último esfuerzo y ganar la empalizada. Viendo 1). Sancho, que fue el (pie aconsejó y dispuso la salida, cuánto se arriesgaba en este postrer esfuerzo, ofrecióse á ser el pri- mero en la acometida, á cuya empresa también se ofrecieron varios hidalgos y caballeros. Había, pues, dos salidas: la puerta principal y un postigo peque- no, cerrado hacía mucho tiempo, muy estrecho-y peligroso y, ade- más, bastante elevado del suelo, que sólo servía para dar salida a las aguas sobrantes del castillo. Todos rehusaban la salida por este sitio; pero D. Sancho lo escogió, por creerlo el mus adecuado á su miento. Así, pues, acometiendo fie improviso ni enemigo él y los pocos que le siguieron, fueron cubiertos de saetas, dardos y piedras; pero no por esto, especialmente el bravo D. Sancho, retrocedió, siendo tanto lo que dio que hacer con su admirable valor y temerario arrojo que, {mimados los demás que dentro de la fortaleza permanecían, unos por el postigo y otros por la. entrada principal, echando el puente levadizo, salieron apresuradamente y , aprovechando los momentos de confusión, entraron de tropel por la villa, hazaña que en primer leYmino costó la vida al animoso Alcaide. Sahifla por los Hoyes tan arriesgada como temeraria empresa, recompensaron ¡il hijo de 1). Sancho con nuil escribanía de rentas en Avila, y¡'i su hermana con cien mil ímini vodises para ayuda de casamiento. Los destrozados miembros del desdichado Alcaide fueron llevados á Ávila y enterrados en la Catedral, donde, bajo un arquivolio, se ve su bulto, cubierto de armad uní completa. La inscripción que se le puso acredita el hecho en esta forma: «Aqui yace el noble Caballero Sancho Davila, Capitán del Rey 1). Fernando é de la Heyua U." Isabel nuestros Señores, é su Alcalde de los Alcázares de Carmona ; ijo de Sancho Sánchez, Señor (le San lioiuan y Villanueva. Murió peleando como buen caballero contra los Moros en la toma de Albania, por cuyo esfuerzo se tomó a. XVIII de l'ehrero año de M.CCCCLXXX.» DON FRANCISCO BERNARDO DESPUIG XII MAESTRE DE MONTESA FRAY FRANCISCO BERNARDO DESPUIG XII MAESTRE DK MONTESA JIJO de 1). Jaime y nielo de 1). Bernardo, hermano dol I celebre Maestre Fr. Luis Despuig, fui'» esto notable varón, cuyos hechos y honoríficos cargos que ejerció ! oslan consumidos en las crónicas de la Orden de Mon- lesa Kecibiu de manos de Fr. Luis Despuig el háhito do la Orden, en lbO6, siendo después elegido Gran Maestre. En el año de su elección entró al servicio del Rey Católico, á quien acompañó en la jornada de Xápolos. Enviado desde esta ciudad fíe embajador al Papa Julio II, dio singulares muestras de prudencia. y profundos conocimientos como político. I'*l gran tino que demostró en todos los asuntos en (pie intervino durante el tiempo de su emba- jada dejó recuerdos (jue no fueron oh ¡dados por sus sucesores. En l;J20, con motivo del levantamiento de las llamadas Gemia- nías en Valencia, envió el Emperador, para sofocar esta insurrec- ción, al Conde de Molilo, 1). Diego Hurtado fie Mendoza, recomen- dándole que en todo se pusiera de acuerdo con el Muestre, como per- sona de gran experiencia y actividad. Con efecto, tomó Fr. Francisco lan enérgicas medidas, que el formidable levantamiento fue sofocado fin el Maestrazgo, llevando tan adelante su noble proceder y enér- gico carácter, que no reveló los nombres de las personas comprome- tidas, á pesar de los reiterados mandamientos que se le enviaron. Dice Samper, en su Montesa ilxslmda, que con estas comunicaciones y las del Maestre, podía formarse un grueso volumen. Entro los grandes servicios que prestó á la Orden, es de notar las .joyas y ornamentos sagrados que regaló á su convento. — (¡'i — Lleno fie méritos y respetado fíe lodos, después de gobernarla Orden treinta y un años, murió en el rastillo de Montosa, en Julio de L">'¡7, y por disposición suya íné enterrado á la puerta do la igle- sia., cubriendo su cuerpo una gruosa losíi de inúi'inol, esculj)id;) en ella su figura. Recuesta la rabrza, cubierta con el bonete de la Orden, sobre una almohada.; anchas y largas mangas, terminadas en punía, caen de los brazos, teniendo en las nianus, en actitud suplicanle, un rosa- rio; amplio sayo, de grandes pliegues, le cubro hasta los píos, calza- dos con borceguíes; el manió, sujeto por dohles fiadores, lo tiene recogido por ambos lados, donde, aparece la cruz de la Orden. En los cuatro extremos de la losa sepulcral se ven la de (lalatrava y la do Montesa, con el escudo de su linaje. Una sencilla cartela á los pies indica, su nombre y jerarquía. La. Orden de Montesa , como todas las <|iie se establecieron en l¡t Kdart Media., tuvo por objetivo el exterminio de los enemigos de la le, instituciones que siempre respondieron cumplidamente con sus esta- tutos, contribuyendo poderosa mente á la reconquistarte la Patria. lín tiempos de í). Fernando de León (era 1104), un valeroso hom- bro, llamado Suero, acompañado de otros tan esforzados como el. determinaron combatir á. los moros, edificando en la frontera, de Extremadura un fuerte castillo. Las hazañas que realizaron iuvie- ron eco en todo el reino de León, obligando al caudillo á pedir ai Obispo de Salamanca, lo diese reglas para gobernarse, aceptando, por fin, los estatutos de la Orden üvl (Usier. Sucedió á Suero en el cargo rio Gran Maestre 1). (¡óniez, á quien el [ley concedió cun.nliosos bie- nes en rastillos, villas y lugares. lín 1217 1). Alfonso IX cedió la villa- de Alcántara, en virtud de lo cual la. primitiva Orden de San Julián tomó el nombre de aquélla, quedando separada de la. de Cala- 1ra.va, por bula de Julio II, en líiOii, disponiendo Benedicto XIII que la de Alcántara llevase la cruz verde y la. de (la la Ira va encarnada, con obligación de que en las rapas y sayos la llevasen constante- mente. Kxtmguirta la Orden rtu los Templarios por Clemente V, sus bie- nes, que eran cuantiosos, pasaron á la de San Juan de .lerusalén; pero viendo el Papa que el Heyde Aragón se oponía al cmnplimienio de su mandato, le estimuló ¡i que diese sus excusas. A este efeelo, fue comisionado [). Vidal de Vísanos, el que, demostrando las malas consecuencias que tendría en el reino ejeeular lo que se mandaba, suplicó se concediese á I). -laime II el permiso de fundar una nueva Orden, que llenara el huero dejado por los Templarios, cediendo para ello el ciistillo de Montosa, siempre que la nueva institución no estuviese sujeta á la de Galatrava, llevando los nuevos caballeros uiui cruz negra en sus banderas y otra verde en sus armas. A pesar de las diiicultades que se opusieron, D. Vidal consiguió, en 11317, for- mular un tratado, quedando conformes en entregar los bienes de los Templarios á la nueva Orden, á la (fue'se agregó después la de San Jorge de Alfama, fundada por 1). "Pedro el Ceremonioso, usando la cruz llana encarnada. Abandonado el convenio y castillo de Moni esa, por consecuencia de un fuerte terremoto ocurrido'eri 1748, fueron trasladados los res- Ios del Maestre, con la losa que los cubría, á la iglesia del Temple de Valencia. DON RODRIGO DE MENDOZA PRIMER MARQUÉS DE ZENETE VÉ I). Hodrigo primogénito de I). Pedro González y 1)." Mcncía. de Lemos, dama do la Reina IV Juana, segunda mujer de Enrique IV. 5—T^IÜJ Siendo Señor del Cid, Zenete y .fadraque, entró al servicio de los Reyes Católicos, asistiendo á la conquista de Granada. Con motivo de las alteraciones habidas en el reino de Valencia por las llamadas Germanías, i'ué muerto de un tiro de arcabuz en las calles de la ciudad. Estuvo casado con D.a Leonor de la Cerda, y habiendo enviudado, sin tener sucesión, anduvo en tratos de casa- miento con la célebre Lucrecia Rorgia, viuda por entonces de D. Luis de Aragón; pero no concertado este enlace, lo efectuó con D.a María de Fonseca, de la cual tuvo á IV Meneía, que heredó los títulos. Esta señora, muerto D. Rodrigo, solicitó del Emperador, como recompensa de los señalados y grandes servicios prestados por su padre, un lugar preferente parasu entierro en la Capilla Km I que fundó D. Alonso V de Aragón en Santo Domingo de Valencia. Concedido igual permiso para su madre y para ella, dispuso la fábrica de un magnífico mau- soleo con estatuas yacentes, hermoseando el pedestal con diversidad de follajes, flores, tarjetones y estatuitas simbólicas en el buen gusto del Renacimiento. Los bultos del ilustre Marques y su esposa, sencillamente vestida con túnica y manto, son dignos de estudio, pudiendo considerarse este monumento como uno de los mejor labrados por entonces, de cuyo autor no hemos podido averiguar el nombre. DON RODRIGO DE MENDOZA 1." MARQUÉS DE CÉNETE — (¡7 — Por el carácter de verdad que en los rostros do timbos consortes se revela y por otros detalles, nos inclinamos á creer se valdría el artista de retratos. Aparece el Marques cubierto de armadura completa, muy diversa por su forma y por algunos detalles de las de su tiempo, especial- mente las grecas, así como en la hechura del peto y hombreras; apoya la cabeza y pies sobre almohadones, y cruzadas las manos sobre la espada. En el pavimento de la capilla, en cuyo centro eslá colocado el túmulo, se lee en una gran losa de mármol negro lo que sigue: «D. O. M. líoderieo Mendozre Zenele Mnrehioni, Moníia1 Mendoza, patri charisime viro XIV ÍIU Mens (lies oí)i¡1 VIH cal Mnrf MDXXII.» «D. O. M. María Fonseca 6 Joseli /enríe Marchionisa, Mentían Mendoza; matris charisime foemina XIV au mens dies obiit XVIi calSept. MDXXI.» DOÑA ISABEL BONINSENI !¡OR los años de 1247, viviendo Santa Clara, se fundó en Valladolid un monasterio bajo su advocación. En su ungen estuvo en las afueras; pero más tarde, al exten- derse la ciudad, quedó dentro de muros. Muchas per- sonas ilustres eligieron este cenobio para su entierro, entre otras I).' Inés de Cuzmán, viuda de 1). Alonso Pérez de Vivero; D. Alonso de Castilla, Obispo de Osma; D. Juan Arias del Villar, Obispo de Oviedo y de Segovia, y cuatro personajes mfts, con estatuas yacentes, pertenecientes á la familia de que tratamos. El Imito yacente de D. Juan de Nava, marido de I).1' Isabel, presenta un anciano demacrado y venerable, con armadura completa y un rosario en la mano derecha, con este epitafio: «Aquí yace Juan de Nava, Caballero del hábito de Santiago, (¡entilhombre de la boca de S. M., hijo^de Pedro de Nava, del Consejo de los Reyes Católicos, y de Juana Ondegarda, que están enterrados en la capilla de Santa Catalina de San Francisco de esla (dudad mi. deMDXC.» VA entierro de I).'1 Isnbel fiene igualmente bulto sepulcral vviste una rica falda y tabardo con franjas bordadas; huecas mangas per- didas dejan ver las interiores con puntas de encajes en los puños y gorguera rizada al (mello; lujosa cadena de piedras tiene en la mano izquierda y fin la derecha los guantes, representando su atavio vistosa y cúmplela indumentaria de su época. La ostentación de que hizo alarde (ai ¡o bien modelado del rostro y los detalles que adornan ú esía escultura nos da a conocer una de Ins oln-íis mejor ejecutadas por Gregorio Hernández. l,:i. inscripción dice así: «Aquí yace la muy ilustrísimu señora Doña Isabel Bonisenni y de Nava, falleció a 18 do Setiembre de 1580.» Su sepulcro, el de 1). Francisco Sandoval y Rojax, Duque de Lerma y otros personajes do su e"poea, nos recuerdan lo que de esle tiempo nos dice Cabrera en su interesante historia de Felipe II, de que mus adelante daremos cuenta. DON ANTONIO AGUSTÍN iglesia de Santa Engracia, en Zaragoza, debo su fundación á D. Juan II de Aragón, terminando la idbriea D. Fernando V. De este templo hace pocos años sólo restaba la a, <(impuesta do columnas abalaustradas, las estatuas de los aiatio doitoies de la. Iglesia y las orantes de los Reyes Católicos, implorando la protección de Nuestra Señora, que con el Niño Dios apaieoe, siniendo de coronamiento al Redentor en la Cruz, entre San Juan y Nuestra Señora. Durante Ja heroica defensn de la ciudad, dos veces sitiada por las tirmus de Napoleón I, fue incendiada y volada esta fábrica el 13 de Agosto de 1808. En sus capillas había curiosos sepulcros con bultos yacentes, de ios que coa el desplome del edificio sólo quedaron restos informes y estatuas mutiladas. Entre las personas ilustres que allí tuvieron su entierro, se cuenínn el Vicecanciller de Aragón D. Antonio Agustín, D. Jerónimo Zurilti, que murió en l.;i70; I). Jerónimo Blancas, fallecido en 1ÍJ90, y D. Juan González de Villasimplíz. Fue D. Antonio Agustín Consejero de D. Fernando V, Embajador al Rey de Francia Luis XI, y también al Papa Julio II, mereciendo además ser distinguido por el Emperador 1). darlos I. Sufrió grandes sinsabores por la íntima amistad que luvo con a D. Germana, segunda mujer del Rey D. Fernando, siendo la causa principal de su prisión. DON ANTONIO AGUSTÍN — 71 — Muoi'ta la magnánima lleiua D." Isabel, casó I). Fernando con a D. Germana de Fox, señora tan dada á santos, jiras y distracciones, que el lujo, por su causa, llegó á desarrollarse en sumo grado. Sandoval dice de esta señora que «era poco hermosa, algo coja, amiga mucho de íblgarse y andar en banquetas, huertos y jardines. Introdujo en Castilla comidas soberbias, siendo los castellanos y sus Reyes muy moderados en esto; pasábanse pocos días que no convi- dase ó fuese convidada». Sin duda por esto y otras causas en el vestir, IV Juana en Ifidíí prohibió en absoluto el uso de brocados, adornos "de oro y plata, limitando el de la seda, muy en particular á los artesanos. Mas ñ pesar de todo, la creciente marcha de las ideas, impuestas por el poderoso influjo de la moda, dio ocasión, no sólo al cambio de lus costumbres, sino también influyó no poco en el aumento del lujo en los trajes y mobiliario que, al igual de las artes, lomó un determi- nado sello de buen gusto, no exento de recargados detalles en el conjunto. El trujo en los hombres perdió aquella seriedad y nobleza, que fue su distintivo en tiempos no lejanos, adquiriendo, por lo tuuto, cierto aspecto femenil, á lo cual ayudó el cuello desnudo, ropilla y mangas ajustadas, con otras sobrepuestas, adoptando poco después la pequeña, capa afianzada sobre los hombros con cordones. El tocado de las damas, á causa de los adornos de cintas entrela- zadas con el cabello, ayudaba á que las joyas y botonaduras sobre ricas telas de seda en corpinos y faldas realzaran las formas del cuerpo y la gracia del rostro. Todo ello fue en aumento con motivo de la venida a España de D." Juana y de su marido I). Felipe I, si bien hubo que luchar con las tradiciones de las antiguas usanzas. Siguieron llevándose balandranes, jubones, tabardos y lobas, si bien más ajustados al cuerpo y adornados con brocados y paños de seda, brahones ú hombreras; con relación al traje de las damas, compo- níase de sayas muy plegadas á la cintura, con adornos de franjas y cintas lisas ó labradas, y por tocado, Crispinas de seda y oro, jugando con el color azafranado que hacían tomar al cabello, ya trenzado ó en crenchas, sobreponiendo sutiles tocas. Para adorno del cuello, se emplearon sartales y collares de varias formas, de perlas ó piedras sobre gorgueras de encujes de finísima tela de Holanda, guardando consonancia las elegantes faldas, cubiertas en parte con mantos, tabardos de seda, paño ó raja. El calzado consistía en chapines de Castilla ó aragoneses, con altas suelas de corcho, y en cuanto á los colores de las telas, desde el comienzo del siglo XVI en adelante, fueron por lo general poco brillantes, siendo costumbre llevar en los cinturones daga, juina], limosneras ó escarcelas, cubriendo las piernas calzas ajustadas con botas altas de gamuza ó borceguíes, y para resguardo de la cabeza, sombreros de fieltro, bonetes y birretes de seda, ó gorrns con cintillos y plumas. El Doctor Garbajal dice que «el motivo principal de las desgracias del Canciller fue el galanteo á dicha señora»; pero Zurita y Argensola jirocuran hacer ver lo contrario. Tuvo D. Antonio de su esposa D." Aldonza Albanell al insigne ArzobisjKj de Tarragona, célebre por su altísima erudición, conoci- miento de idiomas y antigüedades. Falleció D. Antonio en 28 de Marzo de 1Ü23, y fue enterrado en la capilla de San Jerónimo, que fundó en Santa Engracia. El sepulcro, segün Marton, se componía de urna con columnas en el orden corintio, adornado de varias figuras de virtudes; y la losa sobre que descansaba, de variedad de molduras entalladas y cartelas que armonizaba graciosamente el conjunto. Bello debió ser este monumento, considerando la riqueza de entalles con que gene- ralmente durnnte todo el siglo XVI en Zaragoza se decoraron hasta las ITÜIS modestas capillas, jiatios y portadas de las casas. Fue labrado dicho mausoleo por Alonso Berruguete en 1521. El truje que trae el Canciller participa ¡mucho del que se llevó á principios del siglo XVI, que después se alleró, como tenemos de- mostrado. Lleva ];i c¡ibe/,n resguardada por UIIÜ de ¡iquellnselegiinios gorras de su tiempo, que se dividía en tres jioreiones, dejmidn lucir el en bello hasta el cuello de la camisa, que en menudos pliegues desde el escole de la ropilla se ceñía. Calzas ajustadas y gabán de niangns perdidas dejan salida á los brazos. liste bulto sepulcral, en muchas partes mutilado por las causas antedichas, se extrajo de las ruinas de Santa Engracia, y hoy se halla entre otros resios en el Museo Provincial de Zaragoza, donde lo copiamos. DON ALONSO GUTIÉRREZ DON ALONSO GUTIÉRREZ ¡A iglesia del anticuo convento de San Martín, de Madrid, fue de las primeras que se demolieron cuando la exclaustración, y contenía varios entierros de perso- , ñas ilustres. Lu los anchuiosos patios del convento vimos, por los años de 4843, varios restos de estatuas, entre las que se encontraban los bultos de D. Alonso y el de su mujer D.a María de l'isa, que, según Quintana, fueron labrados por Alonso Berruguete para la capilla de Nuestra Señora de Valvanera, con esta leyenda: «Estos bultos mandaron hacer los muy magníficos SS. Alonso Gutierre/, Contador mayor del Emperador Don Carlos y su Tesore- ro general y de su consejo; y D.a María de Pisa su mujer, acabóse en 10 de Septiembre, año de 1543.» 1). Alonso recuesta la cabeza sobre tres almohadones y, cubierto de todas armas, sostiene en las manos una espada de largas dimen- siones. Su mujer tiene por tocado una cofia muy aceptada en su tiempo, llamada de papos, á manera de tres conchas; túnica que cierra en la garganta con tres botones, y manto recogido por los brazos en ambos lados. Escasos son los detalles relativos á D. Alonso que tenemos, sabiendo únicamente que fundó un mayorazgo y que por los años de 1494 aparece como avecindado en la villa de Madrid un antecesor suyo, y que su hijo, llamado D. Diego, fue" muerto por los indios en la provincia dt1 Veragua, siendo Gobernador de cierta parto do Tie- rra Firmo. Por esta época, al heredar el trono de España D. Carlos I, y con el numeroso séquito que de Alemania trajo, se efectuó á poco un gran cambio en el traje nacional, siendo muy variadas las formas y colores de las prendas de vestir, pero sin corresponder á la amplitud y desahogo de los do principio del siglo. Estas prendas señaláronse con los nombres de ropilla, bohemios, con mangas perdidas"; capas cortas, sujetas al cuello por cordones; trusas y gregüeseos cortos acuchillados, como las mangas y ropilla; gorgueras, marquesotas y valonas tudescas; gorras de las llamadas papahigos, con plumas, camafeos y cintillos de piedras preciosas y perlas, y para la callo napas y chambergos. Todas estas prendas de vestir siguiéronse lle- vando los primeros años del reinado de Felipe II que, por la austeri- dad de sus costumbres y seriedad de carácter, imprimió a su corte un tinte de gravedad que hizo desterrar las frivolidades que en el vestir se habían introducido. Á los colores vivos sucedieron telas oscuras ó del todo negras, á las trusas se les dieron formas menos exageradas, cal/as más ceñi- das á las piernas, ropillas con mangas ajustadas, zapatos de seda acuchillados, botas de gamuza y sombrero do forma cónica, con estrías. Kl concienzudo y magnífico retrato que de este Monarca se encuentra en la Biblioteca del Escorial es un modelo exactísimo del traje de su tiempo. El vestido en los varones era calzas, justas ó justillos, con rodi- lleras, ó faldillas, ó zahones, más angostos que los valones. Los sayos largos do faldas, con sobrefaldillus; escarcela, capa larga con capi- lla, gorra de lana de Milán ó terciopelo, bonetes redondos ó caperu- zas de paño, sin lechuguillas, que entonces entraron las que llama- ron marquesotas, como las barbas reformadas a la tudesca, muy largas... Las medias eran de carisca, estameña y paño, ligadas con atapiernas ó senogiles, que por los italianos dijeron ligambas, y hoy ligas... Vestían las mujeres ropas y basquinas de paño frisado y grana, y si de terciopelo, servían en el matrimonio de abuela, hija y nieta, y en lugares bien populosos y hacendados había en el pala- cio del Ayuntamiento vestidos con que todos los vecinos recibían las bendiciones nupciales generalmente. Los mantos eran de paño velar- te; sombreros sobre ellos, como obleas, de fieltro ó tercio pelo, con borlas y cordones de seda. Los médicos traían gorras llanas ó bone- tes de cuatro esquinas, y ropas talares ó manteos, y lechuguillas. Por los años do líifÜÍ, con mol ívo del desorden que parece se había introducido en los trajes, se publicaron unas pragmáticas, de las cuales extractamos algunos artículos: «Que las mujeres pudieran traer punto do aguja do oro y plata ó de sedu; telillas do oro y plata tarreadas y jubones de las dichas telillas. Que la prohivision no se estendia á los escotíones, cofias, tocados, gorgueras y cabezones de camisa y mangas. Que se pudieran traer cabos, puntas y botones de oro, plata, cris- tal, aunque fuera con perlas y piedras, con tal que oslo fuera solo en la cabeza, cuerpo, mangas y delantera, y no en la falda. Que en los sombreros se pudiera echar una trenza ó pasamano por el cabo, de oro, plata ó seda, y un cordón ó trenza alrededor. Que se pudiera traer cálzaselas medias de punto de seda y los muslos también de la seda que se quisiere, aforrándolos con otra seda, acuchillarlos y guarnecerlos con un rivete en cabo de las cuchi- lladas...» La moda más perjudicial é incómoda que se introdujo en tiempo de Felipe II, llegando hasta la exageración en el reinado siguiente, fné la de las lechuguillas en los cuellos y puños de camisas, pues no sólo fueron embarazosas para el movimiento de la cabeza, sino que eran de mucho coste, por ser de telas finas de Holanda y haberse de lavar y ¡ilmidonar con frecuencia, teniendo á la vez adornos de vai- nillas, filetes de oro y encujes. Á pesar de todo, fue tan generalmente aceptada esta moda, que llegó a formar parte del traje nacional, hasta que decayó en la lla- mada golilla, que duró hasta los primeros años del siglo XVIII. Las diferentes pragmáticas expedidas no fueron parte a disminuir el uso de los vestidos, muebles, coches y criados, igualmente que el de las comidas, dotes y joyas, como puede verse por las órdenes dadas para combatirlo en In63 y 73, siendo singular que por esta misma e"poca dio principio la moda llamada de las tapadas, que parece no se ajus- taba al lucimiento de trajes lujosos, si bien se prestó mucho a miles de abusos, evitando la vigilancia de los padres, maridos y tutores; mus {Hinque fue" prohibida por estas causas en l.:ii)0, disponiendo que todas las mujeres llevasen el rostro descubierto, ello os que la moda puede decirse duró hasta los primeros años del reinado de Carlos II. Aunque un tanto exagorada la idea, copiamos lo que el Cardenal Alberoni decía sobre las formas del vestido de los españoles: «líl traje, que había contribuido para extender ciertas costum- bres, con especialidad el rio] tiempo do Felipe II, hizo arraigar la pereza y poltronería, asegurando que la golilla tiene un influjo muy — 76 — general on España... Símbolo do la gravedad, compasa los movi- mientos del cuerpo. El carretero tiene tanto cuidado como cualquiera persona de posición á que no se le descomponga ó tuerza su tieso car- tón, y el labrador del campo quiere más las cebollas que cosechó con la golilla al cuello, que fanegas de trigo si al recogerlas se tiene que despojar de su majestuoso adorno.» DON JUAN DE ZÚÑtGA DON JUAN DE ZÚÑIGA. |STE caballero fue del Orden de Santiago o hijo de don Iñigo Ortiz de Zúñiga y de D." María de Orozco, su I segunda mujer, cuya familia residió en Guadalajara |Lt^^ga^^O3|¡ desde 1411, y según lluro, eran descendientes de los líuqiit s dt lit jar. Sus si n il idas prendas de sabiduría y sus grandes servicios pres- t idos i ontiibuyeron ú que el Emperador I). Carlos le hiciera su Embajador en la corte de Portugal, en unión de D. Carlos Popeto, para tratar su casamiento con D.n Isabel, hija del Rey D. Manuel, de cuya Princesa fue" después Contador mayor. Casó en Alcalá de llenares con IV Luisa Hurtado de Mendoza, y falleció en Toledo en 1ÍÍ43. El bulto yacente de D. Juan y la urna sobre que se halla, se encuentran en la capilla que fundó en el convento de Santa Clara la Real, de Guadalajara. Aparece cubierto de todas armas, con el manto de la Orden sujeto por un broche en forma de rosetón, del que salen los cordones cayendo por ambos lados, y en el centro la roja cruz. Con ambas manos sostiene la. espadn y cubierta la cabeza con birrete adornado de rico cintillo de pn'his. El escudo de su linaje aparece encima, y al frente de la cama sepulcral este epilaño: «Aquí yace el noble caballero y comendador U, Juan de Züñiga, Embajador del Emperador y Rey Nuestro Señor en Portugal y Contador mayor de la Emperatriz y Reina Nuestra Señora en Casulla. Fue uno de los que concertaron el casamiento de SS. MM. Murió en Toledo, en su servicio, en 2 de Enero de 1543.» — /tí — Por esta épocfi comenzó ¡1 desarrollarse el lujo y toda chise do gastos, especial monto los de Ja mesa, que hicieron necesaria la pro- mulgación de algunas pragmáticas encaminadas á prohibir estos excesos, que ya rayaban en el escándalo. La descripción que hace Luis de Pera/a por los años de Io52 de la altura que alcanzaron en Sevilla los caprichos de las modas, es de mucho interés. «Los vestidos en los hombres, dice, eran de paño, que costaban tres duros la vara; usan comúnmente en los jubones, sayos, calzas y zapatos de terciopelo carmesí, raso, tafetán, camelotes, fusta- das y estameña, sedas sobre sedas cortadas con trenzas y pasamanos con caireles, vivos y ribetes, y algunos usan de torzal, y por imitación de otros países llevan Topetas italianas, chamarras, zahoneras, capas, lombardas con collares altos, ropetas inglesas, sayos sin pliegues de Hungría, ropetas cerradas, llamadas sarta en barcas, tomadas de las que se traen en el mar. Usan lambió1 n cnpeletes ó sombreros chicos y hondos, chamarras angostas y largas hasta el suelo, calzas enteras á la española, picada á la flamenca y cortadas á la alemana, forradas en terciopelo carmesí, rasos y tafetanes de todos colores, costando algunas calzas cuarenta y cincuenta ducados, y las que me- nos cinco ó seis. Se llevaban zapatos y zaragüelles á la morisca, gorras comunes con plumas al lado izquierdo, por llevarlas los franceses al derecho. Las damas, por su parte, llevan mantos de paño ñnos y largos de todos colores, de raso, tafetán y de sarga; sayas á la francesa, flamencas y serranías de carmesí, raso, tafetán y estameña con tiras de seda, buenos ceñidores, cuentas y collares, cadenas, pulseras y joyeles, todo de oro y pedrería, ajorcas, anillos, manillas de oro con esmalte, perlas gruesas y aljófar, colgaderos y zarcillos de corales y cuentas de cristal». En cuanto á la comodidad del cuerpo, inlrodújose la moda de los coches en la época del Emperador, según dice D. Luis lirochero en su discurso del uso de los coches, cuya invención se de lio ¡ Alomunin, 1 según Sandoval en su historia, cuyos vehículos llamaron lanío la atención que las gentes quedaban admiradas; y fue tanto lo que se propagaron, que dio origen á varias pragmáticas en Io78 y 1620, pues las mujeres de baja clase quisieron competir en el uso de ellos con las señoras, no permitiéndose sino los de cuatro cahallos, y á los labradores y gentes llanas los tirados por muías, igualmente los llamados Ilirralonos, coches de dos y cuatro caballos, con tal de que éstos y las literas no estuviesen adornados con bordados de oro, plata, sedas, guarniciones y trencillas, sin que sus dueños les pres- — 79 — tusón, ú no ser para sus hijos y criados, como los primeros no pasa- sen de diez años, por considerar que los coches no deben servir más que para las damas y los niños, pues los hombres oon su empleo se afeminan yendo sentados en almohadas y cojines de terciopelo, sólo natural on los estrados paralas mujeres. , LLAMADA LA \ció esta insigne dama en Salamanca, en 1475, y desde In edad de nueve años demostró una gran prodilección pur la lectura de libros do historia, siendo señalada á los diez y seis por su afición y estudios de autores latinos. Por sus grandes conocimientos de este idioma, D.a Isabel I, apreciando sus raras facultados y grandes prendas de carácter, la llamó á su lado, dándole el cargo de su maestra de latín, llegando, por último, á ser una de sus más íntimas amigas, casándola con don Francisco Hamirez de Orena, dotándola con 50.000 maravedises; muerto D. Francisco, pidió á la Reina licencia, cuando sólo contaba treinta y finco años de edad, para retirarse á un convento, y en i'JOG solicitó permiso para fundar un hospital, que aún subsiste y es cono- cido en Madrid con el nombre de la Latina. Esta virtuosa señora murió en Madrid, según reza su lápida sepulcral, en 1534, siendo muy notables algunas de las cláusulas de su testamento, otorgado en 23 de Noviembre del citado año (1). La inscripción dice así: «Aquí yace Beatriz Galindo, la cual des- pués de la muerte de la Reyna Católica Doña Isabel de gloriosa memoria cuya camarera fue, se retiró en este Monasterio y en el de (1) tTodo lo gastado e is edificios y donaciones como para el gasto de mi persom y casa, el cual gasto yo m •traje cuanto pude, viviendo pobre y estrechamente des pues que el Secret ii Señor murió y todo lo que había de gastarse según lo qw tenia y la onra en q ítaba, lo quise gastar en estas obras mías y en otras que coi vivir onradan pudiera acer... por loque mis nietos y otras personas ni tienen razón de quejarse de i p o • haber hecho las dichas obras, z mucho agradecer.» — 8'i — l;i Concepción (¡erónima. do ost¡i Villa, y vivió haciendo buenas obras hasta el año M.Ü.XXXIV. que falleció.a Hoy su piadosa fundación hti sido convertida en vía pública y casas do vecindad; poro antes del derribo estuvimos recorriendo sus extensos departamentos, su monumental escalera, anchuroso refec- torio, sus espaciosas celdas, su hellísiiuo patio claustral y el coro bajo, que servía de encerramiento á las monjas. M traje que tiene la estatua sepulcral es de Ins religiosas con" I cepcionistas. La estatua yace ni o de 1). Francisco Un mire/, frontera, á la de su esposa, está cubierta de todas armas y sostiene un libro en las manos. El epitatio decía: «liste Monasterio y el de Nuestra Señora do I;i Concepción de la Orden de San Francisco de esta Villa y Hospital que está junto á él, lo fundaron y dotaron los Señores Francisco Knmirez y Beatriz (¡alindo su mujer, el cual Francisco Ramírez des- |iin'\s fie al KM' servido a Nuestro Seííor y á los Reyes Católicos Don Fernando y Dona Isabel, siendo Capitán de Artillería en la guerra de Granada, le mataron los moros cuando se revelaron en la Sierra Bermeja, año de i;i01». De las otras inscripciones sepulcrales que, contenía la iglesia copiamos las siguientes: «El Licenciado Estoban de Torres, Medico de Cámara del Rey Don Felipe III y Doña Luisa de Grijalba su mujer, edificaron esta capilla y la dotaron, como aparece por la escritura de donación que está en poder de la Priora de este convento; que es el sucesor do la casa de Don Pedro Torres, su padre, criado del Rey D. Felipe III. Acabóse año de 1604. Falleció á 9 de Octubre de 1607-afíos.» «Yvan Zapata de Andena, hijo de los segundos Patronos de esta Santa Casa, fue obispo de Palencia, Conde de Pomar, Presidente de la Real Cancillería de Valludolid. Murió en Palencia y trasladóse nqui su cuerpo.» Los sepulcros de D. Francisco Ramírez y de D.a Beatriz fueron trasladados al nuevo convento de la calle de Lista (Madrid). FRAY MIGUEL DE MARCILLA pü Comendador de Malta, en Huesca, donde murió de sesenta y siete años y, enterrado en la capilla de Snnln Lucía de la Catedral, se puso en su sepulcro esta inscripción, que se halla incompleta: «Inte Due sperari non confund in ce » Martínez del Villar, en su Patronato de ddatayud, le llama Fran- cisco Conservador. Sólo damos noticia de este bulto sepulcral por creer curioso ol traje que tiene; pero no es el de los caballeros de la Orden de San Juan, cuya cruz lleva. La Üi'den militar de San Juan de .lerusalén se fundó en el siglo XI, cuando Godoí'redo pasó tí Tierra Santa para rescatar de los infieles el Santo Sepulcro, siendo su principal objeto proteger y faci- litar el paso á los peregrinos que iban á visitar los Santos Lugares. Muy parecida á esta institución fue la de los Templarios. La estatua tiene las manos en actitud suplicante y encima de la túnica trae un ropón de mangas perdidas acuchilladas, dejando salida á los brazos, cubiertos coa brazaletes de hierro; en el ropón y en la túnica lleva la cruz de San Juan; rizada gola asoma por el cuello, cubriéndole la cabeza una gorra de achatada forma. FR. MIGUEL DE MARCILLA COMENDADOR DE MALTA DON ALONSO DE ARAGÓN CONDE DE RIVAGORZA DON ALFONSO DE ARAGÓN, CONDE DE RÍBAGORZA r s tiempos de los Heyes Católicos y los del Empera- dor, nieto de aquéllos, serán de eterno recuerdo por las empresas y conquistas realizadas, y por los muchos fcil¡ ingenios y grandes capitanes que florecieron, siendo gloria r.hTiia del país que los vio nacer. No sólo se difundió la educación literaria en la Grandeza, sino también en las clases menos acomodadas. Entre los varones ilustres de aquella época, cita Clemencín, en sus Ilustraciones al elogio de la Reina Católica, los nombres de insignes mujeres, tales como doña Beatriz de (ínlindo, la poetisa Florencia. Pinar, la ilustre segoviana .luana do Cuatreras, D.a Luisa de Medrano, que explicó los clásicos Intuios en Salamanca; Francisca de Lebrija, que dio lecciones de Retórica en Alcalá de Henares, á las que siguieron: la Condesa de Monteagudo, D." Muría de Pacheco, mujer del célebre Juan de Padilla; \).!l María de Mendoza, helenista insigne; Catalina de Paz, Cecilia Morillas y D." María López de Gurrea, una de las damas más ilus- tres por su cuna, su opulencia y su saber. A esta familia pertene- cía el Conde de Ribagorza, cuya estatua uranio se encuentra en Pedrola (Aragón). Nació este ilustre varón en Benabarre, en 27 de, Mayo de 1457, y aprendió el arte militar al lado de su padre, acompañándole en sus empresas. Cuando divo edad para el manejo de las armas, entró al servicio del Bey, según se infiere de Zurita, que dice: «Tendría unos veinte años, cuando ya seguía los Reales». Kstuvo en la guerra y asistió á la toma de Granada, y también en la del Roscllón, siendo — 84 — después nomhnulo Virrey de. Cataluña y Teniente general en Nñpo- les, on reemplazo del Gran Capitán. Según Pulgar, fue el primero que en España tuvo el título de Capitán general, á causa de la orga- nización que dieron a la milicia los Royos Católicos, y falleciendo en el cargo do Maestro de Calatrava, fue" enterrado on su panteón do I'edrola. La ostatun oran le. puesta sobre su sepulcro aparece con sobre- vesta ó ('asnea, pnroridn. á la que llevó el Gran Capitán. Llega esta pieza de vestir hasta medio muslo, con pliegues ordenados, ajustada la parte del jubón con lazos en el pecho; sobre el lado izquierdo hay una pieza de acero que cubre aquella parte y otra igual en la espalda, tijas con una correa, y on la franja del jubón hordnda la cruz de Calatrava. De sentir es que tan curiosa escultura este" falta de los brazos. La Orden militar de Calatrava, de que fue Maestre D. Alfonso, debe su origen á que, muerto Alfonso VII, ü. Sancho, su hijo, se vio precisado á dejar desguarnecidas las fronteras do los pueblos conqu is- tados. Calatrava era la llave, por entonces, y una de las pinzas mus importantes del reino de Castilla. l'nseíanla los Templarios en i 187; más juzgando que sus fuerzas para resistir el cerco que los moros le pusieron no serían suficientes, suplicaron á D. Sancho que la tomase á su cargo; pero no contando con medios para ello, prometió cederla, á título de dona- ción, al (pie se encargase de su defonsn. Había por entonces un monje llamado Diego Vclázquez, varón esforzado y muy asi uto, que oslaba con el Abad Raimundo on el Monasterio de Filero; instóle tanto al Aliad para que tomase á su cargo la empresa, y desenvol- vió tan á satisfacción el plan que á su juicio debía emplearse, que al fin se determinó á exigir al Monarca lo ofrecido. Concedida la oferta, no cesó el virtuoso Abad de exhortar, por medio de la predica- ción, fi los que se aprestaran á ayudarle, consiguiendo al lin reunir un gnm número (le guerreros que, juramentados, marcharon deci- didos á defender la plaza ó perecer en la demanda, resolución que bastó por sí sola á hacer desistir del cerco á los moros. Los caballe- ros de esta Orden, así como el Maestre y Freyres, vistieron túnica de estameña blanca, y encima el escapulario con capilla. Los clérigos adictos llevnron, con corta diferencia, el mismo traje y bonete, y en lugnrde snyo, sotnna cerrada, con una. cruz encarnada al. lado izquierdo, en el manto y en el pocho. DON FRANCISCO DE SANDOVAL Y ROJAS DUQUE DE LERINA DON FRANCISCO DE SANDOVAL Y ROJAS MAUQUÍÍS DE LEIiMA Y DUQUE DE 11ÉNIA Y SU MUJER DOÑA CATALINA DE LA CERDA IEUÚN consta por cartas do Juan de Arfo, quo firmó un compromiso, cuyo documento obra en el archivo riel Sr. Duque dcMedinueeli, las estatuas orantes del Mar- qués de Lerma y su esposa fueron fundidas en bronce 1 modelos hechos por el mismo Arfe, y no Pompoy o Leoni, como equivocadamente se ha creído hasta ahora. listas esculturas fueron mandadas hacer a dicho artífice, por la. cantidad de 20.000 ducados, con destino al convento de San Pablo de Valladolid, en cuya iglesia permanecieron hasta la supresión de las órdenes regulares, pasando después al Museo provincial. lín el citado convento labró su panteón el Duque de Lerma, vali- do y Ministro prepotente del Rey Felipe III; mas como si hubiese presentido la perdida de su privanza, sin límites, trató do buscar al amparo do la religión la seguridad de su persona, cubriéndose con el capolo cardenalicio. Grandes sumas invirtió en fabricar la nave principal de la igle- sia, y no menores fueron las que empleó para su entierro y el de su esposa, l).a Catalina, copiando, en cuanto le fue posible, los reales sepulcros del Escorial, y disponiendo que sus estatuas fuesen coloca- das en el presbiterio de la capilla mayor, á cuyo efecto mando reti- rar las de dos Infantes do Castilla que se hallaban allí enterrados. Cuantas precauciones hubo de tomar no pudieron impedir que, andando los años, se viesen templo y sepultura profanados y espar- — 86 — cidos sus huesos entro los escombros, ¡insumió .las osladlas a un museo, como curiosas antiguallas. No fue" la única profanación que sufrió este convento, pues en la época de la guerra contra Napoleón, una soldadesca desenfrenada saqueó el famoso relicario, desapareciendo multitud de importantes y valiosas alhajas que la piedad había reunido. La lápida sepulcral de los Duques contiene la siguiente inscrip- ción: «D. O. M. Eranciseus Lermfc, dux inclitio Sandovalis familia1 caput, Philippo III monareh¡c summo seré totum impedens ab ipso regi¡c munificentia eumulutissime ornatus, regís summa íide et gra- titudine servieas, Deo bonorum omnium auclori supplex secundis rebus mortis memor, vivus in togor ac vnlidus, hoc monumentum sibi Catherinai Cerda1 ducissiii cunjugi ]iioilissiin;r M;irg;iri(¡r rogi- nie eubieuli mayori pnefecta1 Hberis r\ ¡insleris liiriiMnlmn curuvit M.D.C.IV». Represéntase a 1), líodrigo ¡trrodillmlo, cubierto do armadura completa, con ancho manto forrado de armiño; la cabeza, descubiera, ri/ada gorgnera al cuello," la cruz de Santiago en el pecho y las manos en actitud orante. En la misma posturn se encuentra su mujer, vestida con lujoso trnje y cubierta con anchuroso manto forrado de armiño. Las facciones de ambos, por lo bien modeladas y la expresión de verdad que tienen, hacen creer que el artista tuviera presente, si no á los mismos Duques, buenos retratos, que lo sirvieran de guía para la perfección de su obra. De una carta y compromiso que hizo Arfe cuando se encargó de las estatuas de los Duques de Lernia extractamos lo siguiente: «Los retratos de los Señores Cardenal y Arzobispo y manos de ellos con los ornatos de la capa pluvial que son historia y apóstoles' de las cenefas y borlas y bordaduras de almohadas, de su parle tongo hecho todo de cera y por estas manos pecadoras sin necesidad de Italiano ni Español, mas solo mi yerno Lesmes Fernandez del Moral, como se lo ofrecí á V. E. y va todo bien sea Dios loado y venido los retratos y armadura del Duque mi Señor y retrato de mi Señora, yo les daré una vuelta que se eche de ver en el bronco pues sera el yeso vivo por que salgo do mi condición que es sor más largo de manos que do lengua, no seré mas largo...» Esta carta, fue dirigida, en 7 de Diciembre de 1(10:2, al veedor ó encargado del Duque do Lonua. DOÑA CATALINA DE LA CERDA DUQUESA DE LERMA DON RODRIGO CALDERÓN Y DOÑA INÉS DE VARGAS DON RODRIGO CALDERÓN, DE SIETEIGLESIAS. Y SU MUKH 1)U\A IXKS I)H VARGAS NOuinv os do todos la ignominiosa muerte que tuvo esto culebro Ministro y privado de Felipe III, á ma- nos del verdugo, en la Plaza Mayor do Madrid, el 21 de Octubre de 1621. Su padre, D. Francisco, siendo Capitán de uno de los tercios españoles en Flandes, se prendó de una dama llamada D. a María Sandelín, con quien se casó después. Muerta D." María, trajo á su hijo L>. Rodrigo a Valladolid, cünsiguiendo colocarlo de paje en casa de 1). Francisco de Rojas, Marques y después Duque de Lerma y Donia, quien le tomó gran cariño. Andando el tiempo, consiguió llevarle de ayuda de cámara de Felipe III, .y pjr entonces contrajo matrimonio coa D.1' Inés de Var- gas, Señora de la Oliva, mereciendo después por sus buenos y lea- les servicios ser caballero del Orden de Santiago, Gondo de la Oliva y Marqués de Sieteiglesias. Obligado por su carácter afable y las especiales dolos de talento que tenía, le contió el Rey la Secretaría, de listado, llegando, por último, á ser su primer Ministro. Orgulloso D. Rodrigo con tales mercedes y cundiendo por la corto que más alcanzaban destinos y buenas prebendas los que más regalaban que los que sólo aducían sus méritos y servicios, empeza- ron á minar los cimientos de su poder, por cuya causa su padre le aconsejó varias veces por cartas, enderezase su conducta por mejo- res caminos a fin do pimer coto á las murmuraciones palaciegas. A — 88 — poco de oslo, temiendo I"). Rodrigo su perdición, marchó á Vnllado- lid, pero ya fue tarde, pues ti los pocos días fue preso por orden del Rey y conducido al castillo de Montanchez, de donde fue trasladado á la fortaleza de Santorcaz, siendo, por último, conducido á su pro- pia casa de Madrid para dar descargos de su conducta. Sin decaer un punto de su ánimo, negó cuantos cargos se le hicieron; nías ñ pesar de todo fue sentenciado á sor decapitado. Llevados sus restos al convenid de Carmelitas descalzos, pasa- dos algunos años, fueron trasladados ¡i Vnlludolid, al monasterio de monjas de Portacaeli, que en tiempos más prósperos había fundado y cu el que su hijo el Conde de la Oliva mandó labrar las estatuas orantes de sus padres. Viste D. Rodrigo^ media armadura cincelada, anchas trusas y calzas, amplia gorguera de abanillos y manto de] Orden de Santiago. D." Inés trae corpino ajustado con larga fila de botones, mangas anchas y caídas, dejando ver las del corpino y al cuello gorguera igual á la de su consorte. Estas esculturas fueron hechas por V. Martín, escultor acredi- tado en Castilla la Vieja. Otros sepulcros se encuentran en dicho monasterio, y en (re ellos el del hijo de L). Rodrigo, 0. Francisco, y el de su mujer ü.:i Ca.lali- na de Cárdenas v Chaves. DON ANDRÉS DÍEZ VENERO Y D," MARÍA HONDEGARDO Y ZARATE DON ANDRÉS VENERO LEYVA Y DO-ÑA MAHIA UONDliCAIlDü Y ZÁIIATK, SU MUJKlí I'I'ADRKS (le ton eminente hombre de gobierno fueron .). Pedro Sanz Venero de Leyvo y l).!l Moría. Sanz de Horno y Sondo val. Por los años de 1H48 era 1). Andrés colegial de en Vallmlolid, después catedrático de cánones, y por último Oidor del Consejo y Contaduría mayor'en 15;i4. Por sus pro- fundos conocimientos fue nombrado Presidente de la Chancillen», de Sonta Fe y tercer (iobernndor general en el reino de \uevn Granada, consiguiendo reducir á su obediencia ó los indios del Perú. Formó pueblos, y en cado uno de éstos mandó lincer iglesias con ayudo del Prelado 1). Fr. Juan de los Barrios, señalando al mismo tiempo lér- minos y tierras. Hizo ordenanzas para su gobierno y abrió caminos, con oirás mejoras de importancia; nombró intérprete para los indios y un oidor en calidad de prolector, envió misioneros por todas partes y fundó escuelas; por último ordenó que los vecinos residiesen donde tenían sus encomiendas. Después de haber dejado bien organizados todos los servicios en tan extensos territorios, regresó á Vollodolid en J." de Julio de 157G, de Consejero de Indias, recibiendo (ierro en una capilla que fundó en Son Francisco. Las estatuas de ambos consortes, (pie aparecen orrodillodos, y fueron labradas después, corresponden, según los tormos de los trajes, á lo époco de Felipe III. listan labrados con exquisito riqueza de detalles, especinlmente el traje de D." Aíorío. DON JUAN SOLÓRZANO PEREYRA TJI% este caballero del Orden de Santiago, del Consejo | do S. M., célebre jurisconsulto y poseedor de una cape- llanía 011 el convento de las monjas del -Caballero de [OfkjZLygáiliSi Gracia, en Madrid, donde fue" enterrado con su mujer. Sus bultos orantes, cuando el derribo del convento, pasaron á la Trinidad, y después al Museo Arqueológico. Grandes diferencias se notan en las estatuas sepulcrales, com- parándolas con las de un siglo antes, y é"stas con relación á épocas anteriores. De rodillas sobre almohadón está 1). Juan, y en la misma posi- ción se encuentra I).n Juana Panlagua, su mujer. Viste ropilla, calzas y toga, y en el cuello golilla.. Su mujer I rae ajustado corpino con mangas perdidas, dejando ver las del justillo, ((iie en forma de cotilla baja prolongándose desde la cintura con una larga fila de botones; al cuello una gola parecida á la de su consorte, y por peinado los que empezaron á llevarse en los primeros anos del reinado .!I Eufrasia de (ru/.mán, Princesa de ¡ívoli, y fue el arquitecto de la ifc^'*^—^*^Mi| iglesia un lego de la Orden llamado Fr. Jtimi de \ i u s t i i Npfíoia de la O, que la dio por terminada en 1(i20. Ll sipuluo, con estatuas orantes di1 los Mar(|ueses do Mejorada. poi los xños de 1841, con algunos cuadros de la iglesia, fueron lleva- dos al MUSÍ O piovincial, pasando los bultos oíanles al Arqueológico. Era D. Pedro Fernández Secretario de Estado de Felipe IV, Caba- llero de Santiago y primer Marqués de Mejorada por merced de Car- los II. Su traje eompónese de un jubón y calzón bombachos; al cue- llo golilla; pelo largo y suelto por encima de los hombros, moda que por entonces se generalizó por todo el Keuio. Delante de un reclina- torio cubierto con un paño, y en actitud suplicante, aparece cubierto con el innato de la urden. En el frente de la losa sobre que está arrodillado se ve su escudo nobiliario. Su mujer, D." Teresa, viste traje de corte, ó sea corpino escotado, con mangas afolladas, com- puestas de tiras, de trecho en trecho sujetas por cordones; basquina abultada y el pelo suelto caído por ambos lados de los hombros. El autor de estas esculturas lo fue Eugenio Guerra. Contados son y de escaso interés artístico los bultos sepulcrales que se hicieron desde la mil ¡id del siglo XVII en adelante, carecien- do por lo general de aquella sencillo/, de líneas y sentimiento reli- gioso que tienen las obras de su clase de épocas anteriores. Con DON PEDRO FERNÁNDEZ Dbu w x . r u MNGULO CABALLERO DE SANTIAGO — u;; — relación á las costumbres y trajo nacional, a los siete años do ocu- par ol Iroiio Felipe V sufrieron radical cambio. Kn 1707, en tuerta clase social se generalizó el traje francos, según lo declara D. Luis Calderón Altamirano: «Las cabelleras postizas y pesados moñones aboyan la cabeza. Las casacas hacen se (ion ocho varas de tela, sobrando cuatro». Debilitarla la Monarquía al subir al trono Felipe IV, fue" en auinenlo la decadencia con la perdida de Portugal y de muchas pro- vincias importantes, ciudades y plazas fuertes en Mandes, sucedien- do lo propio (ion el comercio y las industrias célebres de Toledo, Sevilla, Granada y Valencia. Por estas causas y por la escasez de numerario, el lujo en el vestir, comparado con el de los reinados anteriores, fue" mucho menor, si bien ciertos usos en el vestir fueron ridículos, en cuyo caso se encontraban los copetes y guedejas en los hombres y los guardainfantes escotados en las mujeres (1). Desde Carlos V, que adoptó por cierta enfermedad que padeció el cabello muy corto, siguió esta costumbre, con escasa diferencia, hasta el reinado de Felipe IV, y desde Carlos II adoptóse la exage- rada y perjudicial moda de las pelucas. Prohibiendo tales excesos y atendiendo á otras necesidades de los tiempos, fueron publicadas algunas pragmáticas en 1639, de las cuales entresacamos aquella parte que cuadra más á nuestro objeto: «Manda el Rey, Nuestro Señor, que ningún hombre pueda traer «copete y jaulilla, ni guedejas con crespo ú otro rizo en el cabello, »el cual no pueda pasar de la oreja. »Manda el Hey nuestro Señor que ninguna mujer, de cualquier eestado y calidad que sea, no pueda traer ni traiga guarda infante »ü otro traje semejante, excepto las mujeres que, con la licencia de olas justicias, públicamente son malas de sus personas... ninguna »basquina, pueda exceder de ocho varas de seda ni tener más que «cuatro varas de ruedo, y que lo mismo se entienda en faldellines, amánteos ó lo que llaman polleras y enaguas... Asimismo se prohibo •que ninguna, mujer pueda traer jubones que llaman escolados, sal- avo las mujeres públicas á las cuales se permito- con el pecho des- »eubierto.» (l) Historia del lujo, por Sampure. GLOSARIO Ó TABLA DE ALGUNOS NOMBRES QUE TUVIERON LAS PIEZAS DE VESTIR Y DE ARMADUIÍA DESDE EL SIGLO VIH AL XVII J± ALJUVA.—Media túnica, lambién llamada pellote, quesote y gonela en Aragón. ABANOS.—Abanico*. ALMEJÍA.—Brial y también túnica fina de ACICATE ó aguijón.—Tiene su origen en ol lana o soda. siglo X y so cree haber sido tomado do ALMETE.—Todo lo que, forma lt» vinera y los arabos. Es una espuela puntiaguda piezas do que se compone la llamada que emplearon los que montaban á la vista, ol nasal y la ventalla. jineta, en HU forma muy distinta de la ALMUZA.—-Capirote con caídas do paflo ó brida, para la CUHI hay reglas fijas. • piolee para cubrir' la cabeza (Almófar). ADARGA.—Escudo de cuero; las mejores y ALSABEROO.—Cota de malla que en ol si- mas fuertes eran fabricadas con la piel glo X se le añadió una capucha con des- de vaoa, por lo que tomó el nombre de tino á guarecer la cabeza, ya fuese con vacariesj no siendo de esta ospocie, so casco o sin él. las llamaba do ante, dante ó dagardante. ALTOS.— Guarniciones ó bordados sohre- bronee, hierro, plata, oro, marfil yhueso. AMÍCULO.—Toca de lienzo que honestamen- AGUJETAH.—Hombreras, origen do las elia- te cubría la cabeza femenil. rreteras á. mediados del siglo XVIII. ANDBIANA.—Ropón ó sobretodo que las da- AJARACA Ó LAZEEÍA.—Adorno en forma de mas se ponían sobre la túnica ó brial y lazos usado por los arabos. con la cual aumentaban lu nobleza y ALA.—Adorno saliente en algunas piezas de hermosura del vestido. la armadura y particularmente encima ARAMBELES.—Colgaduras. de los ftuardabrazos y bufas. ARMADURA.—Nombro que se da en general ci.gfa los cabellos á las damas. compuesta de paseo, yelmo, almete, ce- ALCANDORA.—Túnica fina de lana ó seda. la- >EI gancho, usado por los primeros ba- ta, ancha y con punta roma, t e s t e r o s , iba colgado del cinto; el ba- BRACAI.I.E.—Escudo. .esh-ibo, se encorvaba, enganchaba en forma y medida con hoja dedos filus, aquél en la cuerda de la verga, 6 inejir- ancha y con la punta redonda, sporándose, la colocaba en ol eintn- BRACAS.—Calzas 6 pantalones también Un- BAMBEHQA8.—Lo mismo que eaníjeras, pin-ii BHAFONEBAS.—Calzas. cubrir la antepierna. URAFON ERAS .—Véase Artajrb. BARBOQUEJO.—También barbiquejo, banda BRACHJETA.—Pieza que defondía en ln m-- ó cinta agregada al tocado que rodeaba madura las partes naturales del hombre. la garganta, cerrando y sujetando la BRAHONES. -Hombreras do las mangas del toca. jubón. hallo, que se componía de testuz ó leste- BRASERAS.—PÍOZUM de hierro sujetas itl ye[- y grupi-m. IÍHA/AL.—Pieza di- la siniíiidurn que scrvfii — 97 — para cubrir el brazo hasta ln muñeca; con lienzos más ó monos tupidos y generalmente we componía di) tres pin- finos. zas, destinadas una para el hombro, CAMISOTE.—Cola de mallas que por su for- llamada guarda brazo, .otra para el bra- ma semejaba una «-amina con mangas zo y la róstante para el antebrazo. largan hasta el puílo. BRIAL Ó BICLIDA.—Saya de regular anchura CAMISONES.—Pieza0 de vestir muy largan que subía hasta el pecho, con cisuras á con bandas y plegados, los lados, é iba sujeta pingándola con el CANGREJOS.—Píanchas sujetas á la coraza cinturón ó dos vueltas de cordones, pieza en su parte interior, de vestir escapulario. mas, también llamados rodelas: tabla- chinas de forma cuadrada y construidas pi de madera recia; escudos prolongados, que cubrían el cuerpo del combatiente, FACHA.—Hacha ó segur. llamado también pavés; broqueles he- FALDAJE.—Una pieza de la armadura que. bozas de clavos rodeándolos y un borde con hebillas, también llamadas escar- de hierro, y por último, adargas, tam- celas. bTén de maderas forradas de. cuero, con FASCIOLAS Ó miergalias.—Llamadas unas adornos de hierro, cuyas formas de es- tiras de lienzo con las que se trenzaban eudos se. vinieron empleando desde el si- las piernas pura su defensa. Igual nbm- glo VIII hasta el XVI, empezando á ser hre tenían las tiras que adornaban los ierro bal lujo; «>s por si lo) miadiw en bnn [iara el indicado firi, siguitmdo] iglos XV y XVI, el 1 li .e tnibaja- ta el s i K l o XII. los inejo' cese s y espafl SOÓ1 n « r f i l y m . . | , i l . . •,, |. IIVI ESOUER OS.—Bols as para lie var dinero, la j e t a r el m a n t o v l.i • I yesc a y el poder nal pa ra h a c e r fuego. é p « i - a n i m a n a vi ••>.-,- tllf>h<;iii ASPADA DE DOS MANOS, Ha m a d a también ta el siglo XV. montante. Siglo XIV y XV. FIELTRO.—Llamada así una capa corta con ESPADA DE TORNEO.—NO tenía corte ni punta. capucha ó capilla. ESPADAS.—Las que parece alcanzaron más FÍLATE RIO.—Listón de tela y también de fama por su fino templo y duración fue- pergamino, en donde so escribían las ron las del p e r r i t o , por tener uno pe- sentencias, motes y empresas. quedo grabado en la canal. Fueron fa- KIMBRIAS.—Franjas laboradas que adorna- Toledo, que también trabajó en Zarago- FIRMALLES.—Broches eomo los ante /a. Usó otras marcas, según dice don parecidos usos. Francisco Javier de Santiago en su no- FLAMANTE.—Hoja do espada con on mína impresa en 1762 de los más famosos mulando llamas. Siglos XIV y X de Toledo. FLANQUERAS.—Piezas de armadura sE'AtDAR.—Una de las piezas de la arma- brían los ríñones. a para defensa de la espada. FLANQÜERAS. —Parte do la ubri;c 1; parte supeí•iorde la i al petrsil y la grup espalda. I-'LAii c o a . — C u e l l o de. píeles. a U> que gabán. agudos y ,.tros re. .iomlos. t ar ballestas. <ÍA1 chillados algunas veces, que lleg¡ib¡iu un XVII. poco ináH abajo de las ingles, cuya picara G A J.J.ARMA.—Mo rl tera. de vestir empezó á llevarse en España GALOCHA.—Gorro para cusa, emplead" en cuando ocupó el trono D. Carlos I de el siglo XVI y XVII. Alemaia, que tomando nueva forma y GAMBALE8.—Piezas de hierro que cubrían alargados en bombachos se sujetaban los muslos y canillas. cgii lasos en las rodillas en tiempo de GAMBESÓN.—Cota de armas ya conocida en Felipe IV. l n s s i g k m X y XI. (TBKVAS, también canijeras.—Pie GARBÍN.—Toquilla usada por his damas i la para la cabeza. Siglo XVI. GARNACHA.—Capotón ó gabán amplio oriun- dillera; si en dicha pieza continuaba por do de Aragón. el tobillo cubriendo el talón, se fijaba el GARHOTAS.—Joyel, cintas y cintillos de espolín. GRUFERA.—Parte de la barda para cubrir perlas ó piedras preciosas que a d o r n a - la grupa ó ancas del caballo. cuyo uso desde muy antiguo duró hasta GUADARNÉS.—Pieza de la armadura que el 'siglo XVIII. ' GAFA, gascona.—La llevaban los aldeanos, volante del espaldar. pastores y viajeros, y tenía una capu- . cha puntiaguda; se vino usando hasta el noplas. siülo XVII. GUANTELETE HE PLATAS.—Guante ó manopla GAÜSAPA.—Túnica talar encapillada y suje- de hierro para resguardar las manos, ta por einturón. Siglos XIII al XV. que los franceses trajeron á España GAVEaiNA.—Lanza cortn, cuando venían á loa torneos de los si- GLAVIOS.—Véase Moharras. glos XIV y XV. Los guantes proceden, GOATF.H.—Piezas que servían para los hom- según se cree, de los egipcios. Se llama- bros y las rodillas. ron quirotecas, y en su origen no tenían GOI.A.—Pieza de la armadura que va unida lugar más que para el dedo grueso, y ya a: yelmo para defensa del cuello. Vn en en algunas iluminaciones de códices del el siglo XIV se hacían articuladas. siglo VIII en adelante se ven de diatin- GOLDHES.—Igual que aljaba para lasf lechas. GOLILLA. —Degeneración de las golas y GUAKDA de la manopla.—Pieza de refuerzo lechuguillas; eran de encaje ó lienzo para la misma. fino muy almidonado, llevadas en el si- GUARDA corazón .—Pieza de refuerzo que glo XVII, quedando últimamente hasla cubría la izquierda del peto. nuestros días para la gente de curia.- GUARDAINKANTES.—Miriñaques part tíc nella. midas, muy llevad. 1 GONDA.—Túnica con bla> paño y g l o X V I I e n Esparta. bre la a r m a d u r a . GONSI..—Pellote, brial. (1U[MI>A.— Toca que las damas sujetaban GORGUERAS.—Llamadas también ninrqueso- pi.r bajo de la barbilla con botones. Si- tas y valonas. glos XIII ai XV. GORJAL.—Parte de la antigu# armadura pura 1¡I defensa del cuello. sobreponían en la malla para defensa de los hombros y codos; también para HASSA.—Dalmática amplin unida con bro- cubrir los riñones; fueron usadas en los ches ó botones, galonada. siglos XIII y XIV. HERRERUELO.—Jubón con mangas perdi- GRAMALLA.—liopóii muy usado en Cataluña das. Siglos XVI y XVII. por los Cnnselleres; con este nombre de- HooiiETÚN.—Sobrevesta partida en dos m i - sígnase en heráldica la cota de armas. GRE(iÜESCOS Ó ciixinrs.—PnntMlonns anchos- Uoi iA.—Pieza de la armadura que CLI- ' defendía el liomm-u; consistía en — 102 — una correa fincha cubierta con escamas ataban en los encuentros, porque solían de hierro, y servía para afianzar el peto revolverse con loa déla lanza contraria. con el espaldar. Para las fiestas eran de pino, y el hierro HOPA, hopalanda.—Vestido común á los tío- ,le mojarra, y la medida de 16 ó 17 p;il- Mfxow, con mangas largas, mos, con gallardetes. HOQUETÍÍN ó perpunte. Acolctuido y chive- LAUNA.—Planchas de metal con las que se teado p:n"< il"f'i ns:i ilrl pecho, formaban las encarcelas y otras pionas HOZAS.—Zap¡ii.>- il.- mnlukin, Damiido* d > ¡iriniidura. < también csi'iirpiín^, II.HTI^ÜÍCS y bolas, LTÍCHIHÍUIJ.I.A.—Gorguera menos exagerada calzado traído por los árabes. y en ooamoiios muy pequeña y rizada. HrcA.-lKii.il quo gambarón ó coleto de Siglos XVI y XVII. piel. LKÍAGAMIÍAS.—Ligas, también llamadas ata- HÜOUE.—Cintn larga y ondeante que for- piernas. Siglos XVI y XVII. miiba los lambre<|UJnes. LIMOSNERAS. — Véase titeara-Jan, cuyo uso HUNGARINA.—Sayo en la mujer yon el hom- extendieron los cruzado» al volver de bi-e á manera de saco con mangas. Si- Tierra Santa en el siglo XI. «los XVI y XVII. LOBA.—Especie de bulandráu más corto, ancho y suelto, también llamado sotana. Siglos XIII al XV. J LOHKIA.—Cota ancha y suelta hedía con malla. Siglos XIV y XV. JABALINA.—Kriiti todas de hierro. Véswn I,OUICMSN.—Armadura del caballo, que se Trí/M. hH- bis armiiduras. jAt:KiÑA,-Mallaf¡naydeli.-ad¡i. MAN(tA« bobas.-Eran de fino lienzo, como JAKALKJAS.—Véase Oran. to.'as l¡is llevadas por las damas en el JRHHA—PaiUM ordinarios y desigual tejí- siglo XV. .io. Siglos XIII al XV. MANIKLA.— Mungü ¡inclín que se iniía al JUW'IN.— Corpino que se formaba, ya de guante. brocado, paflo ó seda, con mangas lar- MANOPLA y manoplón.—-Armadura de la gas, dejando ver las de los camisones. mano. Siglos XV y XVI. MANTEL.—Igual que manto. JuiMNETE ó jibanete. —Jubón de ¡icero, de MANTELETE.—Sayal sin mangas que cubría hierro y también de malla. la «-ota. JUPKL.—Especie de cota ancha que caía MANTO de lluvia.—Capas amplias que el basta los tohillos. clero adaptó, y dio origen á la capa plu- MANTO ó paludamento que en los siglos X L al XII se abrochaba en el hombro. MANTOS domiuieales.-Caían de la cabe/a I.AMBREQU1NE8.-Cintas lnrgRH y anchas en las damas y los prendían con alfile- nsemejando jirones de tela imitando pe- res, agujas de ¡meso, marfil ó bie ro, y LANZA de armas.—Eran de fresno, como y han llegado á nosotros. de 18 palmos, y el hierro de hoja de oli- MAULOTA.-Sobretodo de abrigo. Siglos XV va, con gallardetes y cordones que se y XVI. MAZA.—Hierro ó madera ron púas. PAI.UDAMEXTUM. - Manto que so alu-oehaba MISERICORDIA. —Puñal aní lia mudo en la sobre el hombro. Edad Media; llevábase siempre, y con el PANTUFLAS.—Me di as ron suela. quo terminaban la vida del vencido si PANZELLAR.—Igual que pnneera ó fu Id ajo; ésto no pedía misericordia, do cuyo acto parte do la armadura quo cubría el tomó esto nombre. Siglos XIII al XV. vientre. MÓHAHRA, muharrn. - H i e r r o del astado la PASO de. araw/e.—Manto anaranjado. razón. ' en forma de gorras. Siglo XVI. MONANGON.-Ballesta pequeña. PAPOS.—Tocas ó cofias con afollado*. Si- MONIHI.ES.—Toca do Varias formas, según glo XVI. ln oi-don religiosa quo seguía la que lo PARAMENTO.—Mata ó sobrecubierta del ca- llevaba. bullo de bntulla ó tornoo. oSu y jaublilla.—Peinado especial con fio- PARES.—Escudo prolongado para cubrir el res ¡irtif ¡oíalos, cintillos, vendillns, olfi- cuerpo del combatiente. [eres y plumas, llevado en el si- PARTESANA.—Arma formuda de inrga hoja, glo XVII. ancha en su parte extrema y con varias MONTANTE.--Espadón de hoja ancha y larga formas, corlante por ambos lados y ter- cnii ^;ivil:uii]e¡ido desdo muyan- do roble y terminada por cuento ó roga- tifíin» lisislii fl siííln XVI. ton. Laa hojua tenían, como se ha dicho, MORLANES.—PlucfiH de formas geométrica varias formas, ó sean flamantes, de pun- parn adornos de trajes do ambos sexos, tas curvas, de nietas y do media luna. Siglos XIV y XV. Siglos XV y XVI. MORRIÍIN.—Armadura para la eahejiii, de PASAMURO. — Igual que mosquete de mu • forma cónica, con cresta ancha y levan- ralla. tuda, terminando en punta, y en lo alto PAVÉS. — Escudo capuz á cubrir todo el una uña ó gancho de forma aguda. Si- cuerpo. glos XIV y XV. PEHOHRERAS. — Calzas ó calzones propios MUSLEHA.—l'iezii quo cubría los mUslos. pura subir 'á caballo; también su llama- ron calzas atacadas; oran redondas y U abultadas. I'EWIÍIÑAL ó petrinal.—Arma de fuogo do NABAL.- Parle del yelmo, fija ó movible «.orto calibro ontre el arcabuz y el pisto- VÍI unida á dos más, llamadas vinera y trabuco y ol trabuquete, ventalla, quo permitía subirlas ó bajar- PELOTA.—Palabra usada en ol siglo XVI on las. Krnn do forma de rejilla y de una V f . z do bala. barra delgada quo so alzaba ó bajaba PELLIZA. —Abrigo para invierno, general- perpciidicularmonte. monto de marta ó nutria, sogún la per- NAZARENA.—Vestido de gentes devotas. 8¡- S ( ) n a q U0 i a traía, siendo do paño ó piel glo XVI. común para el pueblo. Siglos X al XVI. -. PELLOTE.—Túnica con pieles. Siglos XIII ^ al XV. rí filer, conocidas también por almaviaroa yelmo, celada ó capacete, y fazalojas. . PKNDOKCILU).—Han dora pequeña colocad;. >n u n a OREJETAS.-Tiras de cuero, cubiertas á ve- < lanza. eos de metal 6 acero, quo pendínn por PEK<¡AMINO Ó filasterio.-Quo llevaban en los lados del casquete, ó morrión. 1 »i»n» mnu-llii* porsonns principales « quo ten mu privilegios para darlos. Así jp s> demuestra < por algunas estatúan de- o los hombros. puestas y también do pe — 104 — tus do escamas; esto trajo militar es Ros A KIO.—También corona y eamálrtula, muy anticuo y se llevó hasta el si- según los números do cuentas. g¡o XIV. . ROSETA.—Estrella do la «apílela. PETRAL.-Pieza de la barda del caballo IÍUDIA.—Venablo sin punta. para cubrir el poe.ho, yendo unido al RUNA.—Arma arrojadiza nomo venablo (mello, la silla y las «anqueras. PICA.- Arma ordinaria de siete pies de lar- _„ lío y cuchilla, que empleaban los cuba- S PÍLEO.—Cofia guarnecida do cintas; tam- SALTAEMBARCAS. — Jubón con delantera y bíón tocas cerradas, izares, velos y fron- trasera sueltas. Siglos XIV y XV. talos. Siglos IX al XI. . SAHIAL.—Túnica do Juna. Siglos XIV y XV. PLANETA.—Así era llamada la casulla de SARRACENA.—Vénwe Limosnera. CUITO. Siglos XIII y XIV. SARTALLES.-Collar de perlas. PLASTRÓN y brigantina.—Coraza, celada. SEGUR Ó hacha do armas en forma de gun- PLATAB.—Planchas di» hierro más ó menos daíla. grandes que cubrían los coletos. SERPENTÍN y serpentina.—Pieza del area- PiSTOLETE.—Arma do fuego de corto cali- buz ó moquete donde se, fijábala mecha. br(> que m usaba en ol siglo XVI. SERVILLAS.—ó soan zapatillas, chinelas y POLLERAS. — Igual que miriñaque. Si- chapinos virados do plata. Siglos XII g]o XVII. al XVII. POLVORÍN.—Pequeño fraseo parn cebar usa- SOBHEBARBOTE.—Una pieza del yelmo que. do pnr los mosqueteros, 'ba asegurada con tornillos ó correas, colocada en la parte inferior del almete y cubría la boca del caballero, dejando Q una poíiueña abertura para la respira- So HRHOALVA.—Pieza que, reforzaba la parto QUESOTE.-Túnica de cabalgar, superior del almete ó yelmo y que por QUIJOTE ó regular tenía tros láminas eolganies < ra que caía desdo la cintura en formarte ]>¡»I-H defensa del cuello, escarcela. Honi¡Ki¡<>\Kj..-Justillo ceñido. SOJIUESPALDAH.—Piezas sujetas con torni- llos, que reforzaban el peto y espaldar. JJ SOFRETUNICA. - Más corta que la túnica, con mangas abiertas ó medias mangas de lino ó seda. Siglo XV. REDONDEL.-Manto pieado en sus bordes y SODHKVEBTA.—Túnica sin mangas que. ¡ba sujeto al cuello. Siglo XV. sujeta con el cinturón, de laña, y geno- RISTRE.—Pieza de hierro afianzada en la zoiimLmento, fija ó movible, un la parto parte derecha del poto par» asegurar el anterior de las coludas y yelmos de In cuento de. la lanza para acometer. En Edad Media. esta forma so decía lanza en ristre, y SOCAIXOS. - Collar. enristrar cuando la launa se colocaba en SOMDRUKO DE CUBILETK.—Parecido, si bien otro lugar. con »h\n más anchas, al llevado en tiem- ROBO.—Vestido entero, tambifin llamado po/ie 1 V i o II, de fieltro, sin estrías, do - Lp ropón. Siglo XVI. xe.la y con plumas. Siglo XVI. RODILLERA.—Parte de la armadura que de- SOTANA.—Á manorii de sobretodo, sin ceñir, fendfa la rodilla. con prolongadas sobaqueras adornadas ROÍ-ILLA.-Sayo, jubón y jaquete.Siglo XVI. según la porsona, con pieles. Siglos XIII ROPILLAS y ropetas. — Casáronos con sola- y XIV. pas y pieles, raso ó terciopelo. STICA Ó sotana.--Pieza do vestir común á ROQUETE.—Hierro de lanza de justar ó do los eclesiásticos y laicos, que también se torneo, de varias formas. ' nombra sayal. Siglos XIII y XIV. — lo:; — *J^ tnulo di' lus señoras do almohadas ó eo- jinow de color carmesí, naranjadas, ver- " TABARDO.—Especio do dalmática sin unir. des ó moradas, hasta que se introdujo Siglos XVI y XVII. por los franceses las sillas ó taburetes. TABLACHINA.—Broquel do mediana propor- VENABLO.—Arma arrojad iza, aigloH XI al XV( ción. ó pequeña lanza con punta do laurel,' TARLATINA.—Broquel de regulares propor- . que fue empleada en la guerra y (?n la clones, ancho pnr abajo y angosto por caza. arriba. VENTALLA.—Una parte del cáseo cercana á TAHALÍ. -Cinturón militar para la papada; la barba, para facilitarla circulación del también so llevaba en banda. aire y respirar. Se echaba hacia abajo TARJA.—Arma defensiva en forma do ro- para descubrirse, levantando la visera. déla ó escudo. Solíase pintar en ella lu No siempre esta pioza formaba parto del empresa ó blasones dol quo la llevaba. yelmo. También se la nombraba barbo- TESTKKA.-Pieza que cubría la cabeza del te y sobrebarboto, y regularmente se caballo, y tenía orejoras; había testeras formaba de tres láminas movibles ar- do unicornio por la punta aguda quo sa- tieuladas. lía en el centro de la parto alta. VENTALLES.—Abanicos hechos de pluma. TIRADO. -Coraza do la quo pendía la adar- " Siglo XIII en adelante, si bien su origen ga y escudo. es egipcio. llevado en forma de loripn. Siglos VIII VERDUGADO.—Saya á manera de campana, y IX. • llamándolo también pollera. TfliFAK. — Arma arrojadiza en forma de VEIÍDUUOS. _ Aparato para ensanchar las con tres cortos y asta larga. Siglos IX Siglo XVII. ¡il XV. TBUZAS—Calzón que desdo ¡acintura ceñía en las ingles, con adornos de tiras de * seda, parto ó terciopelo y también acu- chillados. Siglo XVI. YELMO.—Tiene la forma de un casco, y sir- TÜRRUCOS.-Igual quo braca ó calzas. Si- ve romo éste do defensa á la cabeza; la TÍNICA tillar.—Tiene su origen en lu goiin, nada de eresta y visera, y adornado de puiiil ófímieln. lambrequínes. En el siglo XIII se fabri- T[IMCEI,A.-Hacías.- de lana ó seda de va- carón on Aragón, y oirás piezas defen- rios colores, por lo general, gris ó sivas del cuerpo. El yelmo, en el blasón, verde. indica linaje antiguo estando .tbíerto, y TrRBANTE.—X manera de una faja revuelta cerrado cuando ea moderno. En el si- dos inuy parecidasi á unas manga? é ¡mi- de frente en los escudos de armas, tanilo algo al tocado árabe, de donde se llalnaba'n '.'onlet'as ó chim. ^ ' '^'^ " 3 ZAfíVKRo (¡\r/S>i\).—I¡xniü i]ur arzón trasero. V ZAPATAS .le Iiicrro ó fm-nido.—Escarpe de liicmi lei-ininado en punta .i con el mis- VALONA. - GorfíUerii Usa ó de anuhos plie- ino calxtido culi punta redonda ó roma, gues, llamadas también marquesotas. ZAI*ATAS.—Calzado puntiagudo van adornos Siglo XVII. bordados y sobrepuestos. VBLLUDO.-Terciopelí). Durante el reinado ZOTK.-Igual que túnica, se usaba para ca- de la casa de Aiislrhi componíase el es- balgar. ÍNDICE Paginan. v pRÓLOflO 1 INTROTHJÍICK'HÍ El I n f a n t e Don F f l i p e , lujo d e Don F e r n a n d o I I I 13 Doña L e o n o r R o d r í g u e z d e C a s t r o , m u j e r dol a n t e r i o r 13 U r n a s e p u l c r a l de Don Pólipo 13 Doila Bereiigii.-ln, I n f a n t a de C a s t i l l a , hija de Don Alfonso X 18 Don G e r á u Alamaii de Uorvellón, B a r ó n de Caldea 27 Don Alonso P é r e z d e G u z m á n • 30 El I n f a n t e Don J u a n du A r a g ó n , hijo de Don J u a n I do A r a g ó n . 31 E l I n f a n t e Don J u a n de C a s t i l l a , hijo do Don Alfonso X 34 Doña J u a n a do A r a g ó n , Condesa d e A m p u r i a s 36 El Conde de A m p u r i a s 37 Don Miguel E s t e b a n d e l H u e r t o y Doña U z e n d a , su m u j e r 3» Don P e d r o F e r n á n d e z Cabeza de Vaca, G r a n Maestro de la O r d e n de S a n t i a g o 40 Don Gil Alvarez C a r r i l l o de A l b o r n o z , A r z o b i s p o do T o l e d o 42 Doña J u a n a , I n f a n t a de N a v a r r a , hija de Carlos I I I de N a v a r r a 44 E l I n f a n t e Don F e r n a n d o el d e A n t e q u e r a 45 Doña Constanza de Castilla, n i e t a de Don P e d r o I de Castilla 47 Don Garui González de Cotes 4!) Don F e r n á n Aldonzii do Moudoza, D u q u e s a de Arjona 58 Doña 1SÍI))Í)1 de Uzuo (¡0 Don S a n c h o Dávila ,.. 61 Don F r a n c i s c o B e r n a r d o Dowpuig, 12.° M a e s t r o do Montesa 63 Don R o d r i g o d e Mendoza, M a r q u é s de Z e n o t e fifi Doila I s a b e l B o n i n s e n i 68 Don A n t o n i o Agustín 70 Don Alonso G u t i é r r e z 73 Don J u a n de Z ú ñ í g a , C a b a l l e r o de la O r d e n de S a n t i a g o 77 Doña Boatriz G a l i n d o , la L a t i n a 80 F r a y Miguel d e M a r e i l l a , C o m e n d a d o r de Malta 82 P o n Alonso de A r a g ó n , Conde do R i b a g o r z a 83 Don F r a n c i s c o S a n d o v a l y R o j a s , Duque do L e r m n 85 Doña C a t a l i n a do l a C e r d a , m u j e r del a n t e r i o r . . 85 Don R o d r i g o C a l d e r ó n y Dolía I n é s V a r g a s , su inujor 87 D,ni Andrés Díaz Venero y Doña María Hondegardo y Zarate 89 Don Ju;in Solórzano y Pereyra, do ia Orden do Santiago 90 Don Pedro Fernández del Campo Ángulo, Caballero de Santiago 92 Glosario ó tabla de algunos nombres que tuvieron las piezas de vestir y de arma- dura desdo el siglo VIH ¡ti XVII 95 OBRAS PUBLICADAS POR EL &UTOR DE ESTE LIBRO Arto de la restauración de pinturas (185;!). Ca-tálogo do loe cuadros del Hea.1 Monasterio del Esco- rial (1857). Sraves observaciones sobre el -verdadero estado de con- aervaoión de loa cuadros dol Real 3£useo (l«(iS). Catálogo de los cuadros del Sr, Marqués de Santa Mar- t a ( S Ó. 17 ) Tratado de la pintura ora. general ( 8 () 1 Hl. La présenle obra se halla (le venia en tas librerías (\o los seño- ivs Cuesta, <"ille de Carretas, 9; Sá.neliez, calle de Carretas, 21; San MaHín, Puerta del Sul, (>, y Vioioria.no Suúrez, l'reeiudos. 'i^. Precio: 7>50 pesetas. 4 73,027./ [A(=) & l MNAC BitilioiMacf'HistónadeiAri 4I IIIIIIllllllllllll R- °°