T­ '-' z a.. EL ARTE EN ESPANA EDlCI6N THOMAS el patronato de la Comisaria 7?jgia det 'Baja Turismo _y Cultura eArt/shea N.<>21 EL ARTE EN ESPANA BAJO EL PATRONATO DE LA COMISARfA REGIA DEL TURI"SMO Y CULTURA ARTISTICA RIBERA Cuarenta y;;cho ilustraeiones con texto_ de Elias Tormo y MODZ6 Profesor de la Uniuersidad de-Maarid H. DE J. THOMAS, s. A. c. MALLoRCA, 291 - BARCELONA I J: } 1 LOS DEREClfOS DE RE�ERVADOS - ARTisTICA Y LITERA RIA P.ROl'lED_AP "" �. I l - ,- f- I f f RIBERA de Ribera dijo siempre en las firmas de sus cuadros JUSEPE grabados que espahol; con mucha frecuencia ansdiO que era era v valen.ciano, y algunas veces (por 1628 las mas frecuentes), fil6 bien el lugar de nacimiento, repitiendo que era de la ciudad de jativa, eSetabensest- pero la partida de bautisrno que sele atribuye en la Seo de Jatrva, de: 12 de Enero de 1588, no-debe de referirse at ar­ f tista, pues su padre se. llam6 SIm6n Antonio de Rlbera; y no LUis, { nornbre delpadre delbautizado aquel dia. Pudo salir de Espana ya educado en la tecuica de la pintura por Francisco Ribalta, el mas famoso y mejor de los pintores de Va­ lencia por 1600 y�hasta su muerteen 1628. No basta ria que ese aprendizaie con -Ribalta 10 recordara un siglo despues Palomino, el primer bi6grafo espafiol de Ribera, sf no confirmara talngticia,que recogerfaPalornino en la misma Valencia (donde tanto pinto el escrltor-artlsta), el.examen de la tecnica de RIbera en la primera gran etapa de su labor, tan dada a los roios rlbaltianos.ry a la vez el arte que tan similar al. de Ribera tuvo, Iunto a su padre, juan Ribalta, particularmente en el mas autentico y singular de los cua- . dros de este, la escena de Crucifixion, firmada en Valencia, a los , 1-8 afios de edad, en 1616. Era el padre de Ribera un rnilitar espaitol, de la cepa eastiza, de los tercios de Italia:" en la peninsula del Apenino fue, logrando mando de fortalezas Y·ciudades, y ese antecedente, acaso explique el caracter extrernadamente varonil del arte del hljo, con las mas � de sus caracterlsticas; pero el case de las andanzas de milicia y - i J gobierno de Simon de-Ribera, ofrece la mas lIana explicacton del hecho de la pronta y definitiva marcha a Italia del unico gran pintor espafio I Que viviD constantemente alejado de la patria, con enor­ gullecerse al decirse espaiiol en un centenar de firmas de sus lien­ zos y estampas. La confusa memoria p.ostuma Que recogieron, de la tradicion oral de los talleres y corrilles, los primeros biogratos, los napoli­ tanos, supone Que era un muchacho, siempre de exigua estatura (J de abi el diminutivo al darle el apodo de Spagnoletto), tan Incons­ ciente y exclusivamente dado a dibujar y dibujar, Que se olvidaba de todo, y andreiosov mal comido, aun rechazaba la buena mesa de t 1· algun cardinate, exnontaneo y caluroso protector del adivinado genio, por no sufrir servidurnbre ninguna Que Ie apartara de su di­ j bujo sin descanso por calles, plazas y descampados, en aquella Roma de aquel tiernpo en-que era tan tacil una vida de picaro, Ailaden los narradores de anecdotes de artistas su llegada a Napoles, y como un mediano pintor y comerciante en cuadros a la vez, vlendole improvisar labor pictcrica, se apresuro a casarle con su hlja�'y como, al dejar a seear en la calle un cuadro del yerno, ex­ poniendolo al publicQ en esa forma acostumbrada, alborotose de entusiasmo el pueblo, de manera tan sonada, Que el virrey, frente a cuyo palacio ocurrfa ellanee, hubo de asomarse al bale on, hubo de pedir ellienzo (una escena horrlda del Martirio de San Bartolome, que despues grab6 Ribera) y luego hubo de constituirse en vice­ regio protector del instantanearnente famoso pintor. La.investlgaclon historiea modern a confirma las notas concretas de la ultima parte deese relato, Ribera, etectivamente se caso en Napoles, el aiio 1616, y ctfando tendria 27 ai'ios de edad, con la hiia del ptntor Juan Bernardo Azzollno, Hamada Catalina, quecontaba tan solo 15 anos de edad, que fue su iinica esposa, y de la que tuvo varios hijos, de los euales se conoee el bautlzo de Antonio Simon en . !627. Margarita en 1630, Ana en 1631, Francisco Antonio en-1636 y Maria Franclsca en 1"63.6. Y el virrey de los anos 1616 a 1620, Duque de Osuna, insigne politico, el protector de Argensola y de quien fue primero de sus ministros en Napoles D. Francisco de Quevedo (que probablementeintervendria en el suceso reJatado), fue.Jlrotec tor de Ribera, y de el logrd beIlfsimas ereaciones ptctoricas, alguna �e las cuales; obra estupenda, se conserve en la colegiata ducal de Osuna. . .. Quiere 1a critica autorizada, reconociendo eJ ribaltlanismo de. Ribera, confirrnar el hecho de que antes de su definitivo triunfo en Napoles (ciudad de la que nunca mas se aparto, siempre aIli presti­ giosisimo pintor, y de ecamara» de los virreves espaiioles), tuvo 6 i i que vlaiar por el Norte de Italia, de que ,quedan de testimonio, coplas e imitaciones de obras pictoricas del Tintorefto y de Corregio. Pero, Iogrado magisterio en tales eiercicios y por predileccto­ nes, como la devoci6n por Corregio, tan extraiia en el (a primera ,vista) "9 tan honda y tan saludable para el, como diremos luego,-Ia voluntad mas flrrne, la lnspiracion mas evidente y la convicci6n mas decidida, llevaron a Ribera (en eso recordando tambien CQn­ , setos y aun eiemplos de Ribalta) a proseguir por la senda del arte, revolucionario a la sazon, que Miguel Angel Caravaggio habfa t f abierto. La prematura muerte (en 1609, de un os 38 ahos de .edad) del creador del arte realista y etenebrosistas, mantenia vacante una­ 1 herencia de honor y de batalla, que Ribera plenamente hizo suya, dejando muy en segundo lugar a otros secuaces de distintas escue- - las 9 nacionalidades, como los bolofieses Giiercino y Spada, el veneciano Saraceni, el frances Valentin yel holandes Honthorst. ' Caravaggio qued6 superado, en absolute. EI naturalismo, con el uno y el otro corifeo, significaba conde­ naci6n y abandono de todo convencionalismo de belleza, en tipos y composiciones, con el despreclomayor para los ideales, ya del todo vatiosdereaJidad,de los «manieristas» inconscientes y de los eeclec­ ' ticos» que eran (sin saberlo ni creerlo) manieristas de un manierismo rebuscado. Ya con eso, cerraban el proceso neo-clasico del Renaci­ miento, yal pregonar, como regIa absoluta, el copiar fielmente del natural, abrian la puerta a to do et arte moderno. Por ello, ya seria .iusto perdonarles, a losTnlcladores (que obraron con sincerldad, que siernpre se aminora en los imltadores y sucesores), que en.ei ardor de la pelea.ide la primera gran riza de arte que conocio al mundo moderno, extrernaranse en el grito de guerra, eliilendo, por eiemplo, oj al pintar del natural, inexorablemente, los tipos mas _ feos, las cosas mas horrorosas, los temperarnentos fisiol6gicos men os ideales, tomando Ribera por modelo al hombre del pueblo, en la raza de marineros del golfo de Napoles, vieios vigorosos, magnificos eiemplares de la veta brava en las tiltimas capas.snciales - de un pueblo de gran hlstorla. Pero la escuela realista, aunque con el recurso -.tenehrosista., tiene otros derechos a que se proclame saludable, esencial y te­ eunda la revoluci6n artistica que hizo, aunque haya Pasado su dia al «tenebrismc», en la sucesi6n de los siglos y en las etapas progre­ sivas del Arte de Ia Pintura. Caravaggio (9 Ribera, en buena parte de su labor, siempre en los primeros aiios de sus exitos), proclamo la novedad.resenclalmente pictorlca, de ql\e lit: luz es presupuesto principal en un cuadro: la 7 luz, en su dlreccion y·sobre todo en su unldad yen su caUdad: ver­ dad que desde entonces hasta el dla ha seguido marcha trtuntat.con radicales y mll9 graduados progresos en camino dificultosisimo. pero bastando el eiernplo de Caravaggio y sobre todo el de Ribera, para Que desde entonces veamos arte arcaico en quien (como en general los pintores del neo clasicismo del siglo XVllI y del - romanticismo del siglo «IX) olvide someterse en absolute en su obra a la dictadura de la luz, Con Caravaggio, Riberaf con valentia indefectible el segundo, pregond en toda obra esa -esencia de 10 pict6rico. Pero ambos. ante las diiicultades enormes que adivinaban sin duda en la cornpleiidad de la luz entre reflejos coloridos de las cosas a las cosas, esas - dificultades, las victorias sabre las cuales, simbclizaran Zurbaran, Velazquez, Hals y Rernbradt, (los infhildos de Ribera) tan pronto, Turner y los paisaiistas franceses del 1850, '} todo el arte divisio- nista modemo obviaron el camino con un recurso, a virtud del - cual, mantenida integra la tesis, ofreci6se mas fliCilmente al mundo por primera vez en la Historla, el cuadro y 18 serie numerosfsima de cuadros de pintura-pintura, no pintura decorativa, ni dibuio-con - bellezas de color de pintura-integral, cual absoluta i1usi6n de un - � trozo de realidad, EI recurso fue, aprovechar un estudio de sola luz alta y lateral, natural diurna, 0 sea blanca, cuyos reflejos de color, al refleiarla las cosas coloridas, se suprimian mediante el expediente.de tener la sala dada de negro en techo, paredes y suelo: el «tenebrisrno» 0 , «tenebrosismo», Con esa cenvenieneta, aminorada la qiiicul!adJ to- .fir davia no vencida, tode 10 dernas, sin tol.erarse otra cosa' coftvencio- nal, se reducia a apurar la reproduccion de a realidad. basta darla tan - plenamente cual-le pudiera ofrecer lin espejo: pintura integral. abriendo la via, Inventando el recurso, se aproxirno Caravaggio, a ella. Pero RiberaIa die sirrun desfallecimiento ') sin un solo error - de traduccion. - Porque era mas realista de sou natural (al caso, Ie vaUa· ser es­ pafiol que no i_taliano). Pogue era tan soberano dibuiante de reali­ dades, como Rafael 10 fuera de bellezas; y tan soberano modelador de modelos a veriados '} varios Isin recursos pI asttcos 0 escultoricos como Lecnardo de Ios exquisites. Y porq.ue era, de instinto, colo­ rista, _con los colores basf�s que las cosas mas ordinarias otrecen, como "sus admirados Correggio y los venecianos al darse sensual- - mente a las sedas y l'os terciopelos de seda y los aterclopeladcs. ec de'1a mas bella carne pecadora, _ EI «pequefios espajiol, hiio de militar de los tercios legendarios­ - raza heroica de mal pagados aventureros tantas veces.condena- 8 dos por falta de pagas, a vivir comunmente sobre et pais-, diose al arte con toda su alma, poniendo en ello el mas varonil de los esplritus de pintor que conoce la historia. Sobre todo a los prirneros aiios: por cuyo arte (desgraclada­ mente/a la exclusiva), Ie juzg6 su siglo (extendlda su fama en vida suya por toda Europa con sus personates grabados y los cuadros que su suegro vendia paratodas partes) ypor el que Ie juzga todavia Europa. Qtando tras del pequeno golpe de Estado que l1ev6 a las carceles desde Ia primera corte virreinal de Ilf monarquia cill grande Osuna» (soneto famoso de Quevedo), tuvo un sucesor, al fin, en el Duque de Alba (de 1622 a 29); cuando este desdefio a Ribera, para proteger a un su desmedrado rival, el griego Belisaric Cererizio, que era precisamente cuando el jefe del banda artistico contra rio" el mayor de los eclectic os, Giiido Reni, estuvo-en Napoles (lG22),., cuando Ie vino a faltar a Ribera, inesperadamente (1622), otro pro­ tector en el viney de Sicilfa, primo hermano del Rey de-Espana, D. Manuel Filiberto de Saboya, el Spagnoletto, cambiando riita, se di6 un os an os a Iograr en Europa el primer lugarentre los graba­ dores de laminas, poniendo en elias su inmenso dorninio del dibuio y proclamando en esto, y difundiendo con elias, el mas despladado y triunfante realismo (hasta con hojas para la ensefiahza del dibu-, lo). Uno de los dos (opuestos) grandes maestros detArte de Eu­ ropa, 'en ciudad como Napoles, centro entonces del rnevimiento estetico del continente, -el Spagnoletto ni quiso volver a Espana, sab iendo su fama en ella (perc seguro de arninorarla con la convi­ veneia) cuando recibia la vislta de los pintores espafloles Jusepe Martinez, Pacheco, Velazquez, ni necesit6 ya (seguro !Ie su pii­ blico) proteccl6n de nlngun Mecenas, aunque luego quisjeron y lograron encargarle obras y no pocas obras, -tos cuatro silcesivos virreyes: el excelentepolitico y docto magnate Duque de Alca.la (1629-31), el diminuto de cuerpo y magnlfleo de esplritu Conde de Monterrey 0631-37), el atolondrado 11 archi explendido .Duque de Medina de las Torres (1637�44), ambos, los tiltimos, los mas pro­ ximos parientes del�favortto de Felipe IV conde-duque de Oliva­ res, y el Almlrante de Castilla (1614·6), cuyo hiio, que con el padre - vivia, fue despues �I mas inteligente aficionado a -la pintura de los grandes de Espana en aque! siglo de los grandes lie Espana. /Todos ellos Iograron obras importantisimas del Spagnoletto, que Monterrey di6 (cual, ahora a� museos publicoa). a su iundaci6n de las agustinas de Salamanca, yel Almirante a la suya de las pas­ - cualas de Madrid, Y: to dos, ademasde Velazquez (sin dud a algu­ IlS), intervendrfan en los encargos y las compras de la corona, pues se da el caso, no bien desentrafiado hasta ahora, 'de que las 9 Austrtas de de-Ribera Madrid, tuvieron, entre su corte v el mas cuadros de Ribera que de nlngun otro pintor; espa­ Escortal, en vida t nol nl extranjere: un centenar _bien contado, y que can ella v los ... encargos de los virreyes, la inmensa mayoria de los cuadros yla flor.y nata de las creaciones geniales deRibera (salvo algunas de la Cartuja y Catedral de Napoles) no se pintaron sino para Espana, of reela eI pintor las mas bellas y y que mientras para III "patria nuevas modalldades de su tecnica v de su inspiracidnc--que fue cada dia mas humana, mas amable-, siguiera pintandopara el comercio (yen su taller siguieron pintando sus discipulcs, a su vista, can sus retoques yean firmas, mas a menos autenticas e innecesarlas), otras - y otras series de 10 primltivamente tiplco suyo, viejos «fllosofoas solo par el nombre tales, vieios penitentes, y otros y otros apostoles, tan hijos del pueblo estes, tan marineros, cual los escogtdos, para el milagro de la transformacion del mundo par la palabra sincera, f par Jesueristo en las playas dellago de Tiberiades, Put! Ribera, sin aceptar nada del arte devoto del siglo XVI, un }: pintar de inspiraeion hondamente cristiana, pero can nota singular. o por si, a par el nuevo arnbiente, sintle; cual nadie en la Historia del Arte, un am or mUI hondo par el cristianlsmo- heroico, de los martires y de los prtmefoseremltas, can una vision, del tad a exacta y popular en los dias de S. Jeronimo, de 10 que fuera. el ascetismo. Supo que para Cristoeran bienaventurados, no los doctos ni los nobles, sino ·los pobres de esplritu. ,Nada mistieo su arte, nada compleja su idealidad religiosa, apostoles que son marineros, mar­ tires y.ermitanos, son sus santos de predileccion. Y, Jan espafiol como elpoeta Prudencto; el cantor de los cruentos martirios, sintio como' el 'una epoesia de hierro», «donde parece que se siente et estridor de las cadenas, de los potros y de los ectileoss, sin arre­ drarse ante la absoluta pero horrenda verosimilitud de los bordes de una herida, como quien siente, cud el cristianismo de los dias de la persecucion, tad a el precio de la sangre redentora de Cristo y de la sangre «testimonio .. de fe que dio nombre al emartir». QUiZ8S·­ .por asceta, par eremita, San JeronImo; par apologtsta deIa vida tamblen .heroica de -los eremitas, y par una innegable eoincidencia de espiritu, nada repifi4 tanto Ribera (y con mas genial variedad) del cristianismo tritin­ -que la figura del eserlturarto, del Santo padre fante de mas energtca diccion, de ma-yor acrltud de palabra y el de - una mas viva penetracion del espiritu.del eristianismo perseguido - - tal euallo supo entrever y pintar Ribera. EI ideal religioso de Ribera, estuvo servido, admlrablemente, par una sensibilidad muy Singular, que no se percibe a primera, vista, ni (claro esta) en las obras repeticiones de taller e imitaclo- mellos 10 nes de discipulos, sino solo en las autenticas y de primera crea­ 1 cion. La critica moderna.no juzga el dibuio (ni ninguna otra especie de factura) por su belleza tanto como por la vibrante sensibilidaa que manifieste: tratese de artistas clasicos 0 de realistas, antiguos o modernos, En Ribera hay algo mas hondo que la pasion (pathos) de sus asuntos, de los detaJles de sus escenas, y eso mas hondo, con sorda vlbraclon, de una cierta estridencia en su caso, es una sen­ sibilidad viva, fisiologtca un dia: todavla viva, mantenida en la factura de sus cuadros. Es sensibilidad del orden de 10 tactil, en la que por asociacion de ideas, 0 por paralelismo de las Imageries de la memoria visual con los recuerdos de la memoria del tacto, 0 10 que es mas seguro (con explicacion cientifica del todo moderna) por vibraciones simpaticas de las papilas nerviosas del tacto qm" seritia el artista al pintar y que siente el curioso expectador en Jas mismas yemas de los dedos al rnirar la factura de sus cuadros, estos 'pro­ ducen la impresion, no solo de 10 quese ve, sino doe 10 que se.tienta, de 10 que se cree poder pal par, a veces con miedo, con horror, si 10 represent ado son los labios apenas sangrantes tie una herida, 0 la carne blanda y todavia peluda del pecho de un anciano ermitafio. Yaqui de Correggio, de igualmente tactil sensibilidad, aunque en el femenina, y algo mas: afeminada, sensual, casi lasciva, solo pot amor a la pura betleza tolerable y consent ida en sus Danaes, Ledas, los y Ganimedes. Mientras que la sensibilidad del orden tactil de Ribera, en la factura, es toda nervio y toda vibracion as­ cuadros del Spagnoletto que aun a gran dis: pera y tonica, Y asi los tancia se dejan ver y_admirar, por la fuerza del clare oscuro y por - la acentuacion de verdad, tienen adernas, al ser vistos muy de cer­ ca, aun con lupa una energta esencialmente vibratoria d-e la , factura; en Iienzos grandes, como erflas laminas por et grabadas, con igual sensibilidad, En Ribera, cual en los ciegos, Iasyemas de los dedos parece que deletrean, que son instrumento de 1a in­ teligencia, Nada simboliza meior Ta particularidad de su factura como el retrato que Ie to co hacer de un escultor ciego, como desde los diez ailos 10 fue Juan -Gambasio, el que hiciera la estatua de Urbano VIII (pag, 8)- _ Y de ello se deduce Ia importancia del estudio de la faetura para gozar y tambien para establecer croncloglcamente el orden enla obra de Ribera, cual va intentado en las 49 reproducciones de este librito: ta cronologia de Jas firmas, la base, no deja de ser peligro­ sa, puessi firmc mucho; 10 hizo en general con disirnulo, trazo os­ � curo sobre fondo oscuro, y muchos, al repasarlos con otro color j los restauradores de Jos cuadros, les cambiaron numeros, y'un 3 paso a ser un tI, un 7, 1, y-un 6 paso a cero, etc. -: I 11 La factura, aiernpre (aunque con proceso de arnlnoracion) con mucha pasta de color, espesa y lIevada al lienzo con pineal corto y aun reeortado de pelo, ofrecese mas tipica par 1630-32, cuando extiende tintas con soberana maestria, pero a pronunciados surcos muy paralelos, algo como el burllado de ciertos grab adores (no ei), de los del 1700 (muy evidente el modo en hi cabeza del San Jose, pag. 7). Las pinceladas rectilineas, rnodeladoras, mas tarde las va mezclando con verdaderos aunque nunca excesfvos golpes de pincel, antes .desconocldos en el; pero ya Iiquida mas las ttntas y usa pinceles de pelo algo mas blando, reservando para los etectos de luz, en 10 mas claro, la «cerdosa» factura que antes era unica en su labor. Cuando sucesivamente se ven partes pintadas aun mas blandarnente y como en pianos, habria que imaginar la colaboracion , de los muchos discfpulos baio una de las sueesivas direccio­ nes del Museo y que sf que es obra eribereaca», que Mayer pens6 si seria irnitacion de Alonso Cano Y aeaso sea de Mateo Cerezo. Es verdad que en el citado Apostolado en busto apenas tienen pequefia parte de la factura demano de Ribera el Salvador (pag: 28) y algu­ nos Ap6stoles (pags. 23, 15). Incluyo como autentlco un Sao Jero­ nimo de que, por rartsimo olvido, no habla- Mayer: 10 es en buena " parte Ipag. 24). EI Salvador, por otras razones de aeomodo, y por ofreeer mas detallado el tipo rtbereseo de JeSlis, ha colocado frente al se "jeslis- de la Trinidad. Fuera de esto, ha establecido un orden se eronol6gieo, general no coineidente con el planteado por Mayer. en Las difereneias eseneiales se basan en no poderle aceptar sus lee­ turas de feehas de varias firmas semi-i1egibles, y en entender, con otros easos, que. la bella notabllfslma doble pareia, de tanto in­ teres, del santo y la santa ancianos y el santo y la santa en, plena juventud (pags, 40, 41, 42 Y 43), proeedentes de la casa de los Mar­ queses de los Llanos, no ..corresponde sino a feeha proxima a 1647. En lectura distinta, citar_� el Santlago-a la escalera (pag. 32), para mi Lie 1637 (?), no de 1631; el Sueilo de jacob (pag. 33).-de 1637 039 (no de-161S ni de 1633); el Martirio de San Bartolome (pag; 37), de 1639 (?), no de 1630; dudando adem as mucho de la visibilidad del supuesto 1649del San Pablo ermitailo de CUeTPO entero. Dicha ordenacion cronol6giea, difieillsima, la ofrezeo como en­ savo, sin conviccion intima del acierto; advirtiendo que se pleg6 en algun detalle (aparte el.sa'lvado), al deseo de olrecer no separadas evidentes pareias 0 series de lienzos. H� camblado el nombre de algun santo, al reconocer caracterls­ tica Im:onfundible, antes mal vista. Con menos decision, para huir de 10 _an6nimo. permitome volver a dar a-los dil6sofos> nombres 15 que, acaso sin razon bastante, tuvieron en los siglos pasados, En olvido tal prece­ el caso del primero, el catalogado «Arquirnedes», dente ante la evidencia de tenerlo por Demdcrito eel filosofo que casos de repeticionClde perso­ -rie. de otros perdidos Riberas. En los me decido a afiadirles palabra que impida ta confusion al naie no San Roque, de cuerpo entero; citarlos: San Roque, de medio cuerpo; del de Berlin (pagi­ San jeronimo, de perfil; Sanjeronimo,original San Andres, repeticion del de Dresde (pag. 39). na 24), 0 de Todos los cuadros de Ribera del Prado figuras tienen las del tema.Prome­ tamafio natural. Son de tarnafio colosal, por razon teo, lxlon y San Cristobal. � • I Recientemente rebusco indicada por el autor de estas lineas, en D. Gonzalo Vines, l ha encontrado el canonigo y .cronista de jativa la partida de bautismo del dia 17 de Febrero de 1591, Que corres­ t dia con el nombre ponde al pintor, puesto que el bautizado en ese f , de Margarita Cuco). de juan jose, es el hijo de Simon Ribera (y 10 Que se creia basta Que fuera el pintor tres afios mas [oven Que de sus obras-mas ju.ve­ ahora, se acomoda rneror con la cronologia niles. Supdngasepues rectificado, slempre en tres > anos, el calculo de la edad en el texto anterior. de Ribera, el Para honrar a la ya de antes indiscutible patria ha dado en Museo del Prado, autorizado en virtud de Real Orden, deposito at Museo de jativa dos Iienzos, un cuadro decuerpo en­ tero de San Onofre, qife habia side restaurado poi Martinez Cubells, y el busto de San Matias, del Apostolado (pag, 22), abras del - Spagnoletto. ELIAS TORMO .. III, RIBERA .. Tradui: par M. 'Pierre Paris, Dtrecteur aerBcote des Hautes Etudes I r Hieoaniques. de Ribera toujours afHrme en"'signant ses tableaux et JOSEPH a ses gravures qu'Il etait espagnol; tres frequernment it a aioute qu'i! etait valeneien, et quelquefois, surtout en 1628, if a bien fixe Ie lieu de sa naissance en repetant qu'Il etait originaire de J ativa, eSetabense », Mais i'acte de bapterne qu'on lui attribue a la Seo de Jativa, date du -12 Janvier 1588, ne doit pas se rapporter a notre .artiste, car son pere se nommait Simon Antonio de-Ribera, et non Luis, nom du pere de I'enfant baptise ce jour la. �. 11 dut quitter l'Espagne deja forme a la' technique de la pelnture par Prancisco Ribalta, Ie plus fameux et Ie meilleur des peintres valenciens, vers 1600 et y resta iusqu'a sa mort en 1-628. C'est ee que rappelle un siecle plus tard Palomino.Ie premier biographe espagnol de Ribera, mais ce temoignage lie suffirait pas s'il n'etait confirrne, Palomino l'ayantrecueiltt a Valence merne oil I'ecrivain artiste a ·tant peint ettravaille, par l'exarnen de la technique de Ribera dans la premiere grande etape de sa carriere oit it affectlonna tellement tes rouges de Rib-alta, et aussi par l'art, si semblable a celui de Ribera, que pratique avec son pere Juan Ribalta, particulierement dans Ie plus authentique et Ie plus original de ses tableaux, signe Ii Valence, alorsque l'arttste avait 18 ans, en 1616. Le pere de Ri�era.etalt un officier espagnol, de pure race, affecte auxfereios d'ltalie; dans la peninsule de l'Apennin il obtint I commandement de forteresses et de virles, et cette circonstance expllque peut-etre Ie caractere extremement viril de I'art de son fils et la plupart de ses traits caracteristiques; mais la circonstance des voyages que fit Simon de Ribera pour son service et ses divers commandements donne la plus simple explication du depart deftniti] pour l'Italie du seul grand peintre espagnol qui vecut eonstamment 17 loin de patrie, tout en continuant a se dire avec orgueil espagnot sa en une centaioe de signatures de sell tableaux et de ses gravures. Les confus souvenirs posthumes que recueillirent de la tradi­ tion orale des ateliers et des cenacles les premiers biographes, des Ie dimi­ napolitains, evocuent un jeune homme de petite taille (de la nutif de son surnorn, Spagnoletto) si distrait et si exclusivement absorbe a dessiner et dessiner sans cesse qu'it en oubliaittout, de­ refuser la bonne table d'un guenille et mal nourri, qui allait jusqu'a du genie de­ certain cardinal, protecteur spontane et chaleureux vine, et eel a par haine d'une servitude qui Ie detournerait de son dessin infatigable par les rues, les places et les solitudes de cette - Rome ou il etait alors si facile de mener une vie de Boheme. Les conteurs, d'anecdotes aioutent comment, a son arrivee a Naples, un mediocre peintre, en meme temps marchand de tableaux, Ie voyant improviser ses travaux, se hata de Ie marier avec sa fille, et comment, un jour 'qu'il faisait secher dans la rue un tableau de son gendre, car on avait alors coutume d'exposer ainsi les tableaux au public, les gens s'enthousiasrnerent.de tacon si bruyanteque Ie 1 Vice-Rei, devant Ie palais de qui la chose se passait, se rnit a son balcon, se fit apporter Ie morceau, (nne scene horrible <[If martyre de 'Saint Barthelemy que Ribera grava plus tard) et se-constftua , des lors le.protecteurdu peintre devenu fameux en-un instant. _. La recherche hlstorique moderne confirme les dernieres don­ nees de cette tradition. Ribera se maria vraiment a Naples en 1616" a l'age de 27 ans, avec la fille du peintre Jean 'Bernard Azzolino, nomrnee Catherine, qui n'avait que litans,lut son uniq_ue epouse, et dont ileut plusieurs enfants; on a lesactes de bapterne d'Antoine Simon en 11327, de Marguerite en '1630, d'Anna en 1631, de Franeois 1616 a 1620 Ie Antoine en 1636 et de Marie Prancotseenrass. De Vice-Rot fut Ie Due d'Osuna, Ie .celebre politique, Ie protecteur -d'Argensola et de celui qui fulle premier.deses ministres it Naples, D. Francisco de Quevedo (cehri-ci dut probablement intervenir dans l'evenernent qui vient d'etre raconte), Protecteur egalement de �ibera, il en.obtint de tres belles 'peintures, dont l'une, eeuvre rnagnifique, est conservee a la collegiate ducale d'Osuna. Des critiques auto rises reconnalsant en Ribera des traits de , I'art de Ribalta, pretendent etablir ce fait qu'avant son triomphe definltif a Naples (ville d'ou il ne-s'eloigna plus, et ou il iouit d'un des Vice-Rois tres grand prestige et fut peintre de la Chambre , en temolgnent _ espagnols), i1 vovagea dans l'Italie du.Nord, comme des copies et des imitations d'reuvres de Tintoret et du Correge. telsexercices ou-tl Mais, une .foia.obtenue sa maitrise par de culte pour Ie Corre- suivait Sell preferences, en particuller-par son 18 ge, S1 etrange chez lui a premiere vue, et pourtant S1 pretend et 81 salutaire, comme nous Ie -dirons plus loin, la plus ferme volonte, l'inspiration la plus evldente et la conviction la plus decidee con­ duisirent Ribera (et en cela aussi 1I se rappelait les conseils et meme les exemples de Ribalta) it suivre la route de rart, revolu­ tionnaire alors, que lv1ichel-Ange Caravage avait ouverte, La mort prematuree {en 1609, it 38 ans) du createur de l'art realiste et etene­ brosiste» laissait vacant un heritage d'honneur et de combat' que Ribera s'appropria pleinement, laissant loin au second plan d'autres pretendants de diverses.ecotes et nationalites, comme lei; bolo­ t nais Guerchin et Spada, Ie venitien Saraceni, Ie francais Valentin et Ie hollandais Honthorst. Caravage fut surpasse, absolument. Le naturalisme, avec run et l'autre de ses coryphees, signifialt la condamnation et l'abandon de tout conventionnalisme en fait de beaute, de types et de compositions, ainsi que Ie plus grand meprls de l'ideal, vide de toute realite, des emanieristess inconscients et des ceclectiques. qui etaient sans Ie savoir nile des croire, manie- - ristes rentorces, C'es( ainsi qu'Ils fermaient l'ere neo-classlque de la Re-naissance, et en preconisant com me regte absolue la cople fide-Ie de la nature, ils ouvraient -la porte a tout I'art moderne, Aussi serait-il juste de pardonner aces initiateurs (a ceux qui tra-" vaillerent avec une since rite, toujours amoindrte chez les imita­ teurs et les successeursj-si dans l'ardeur de la lutte, de la premiere grande bataille d'artqu'a connue.le monde moderne, its ont exagere en poussant leur cri de guerre, et choisi, par exemple, voulanf peindre d'apres" nature, sans concession, Ies ty_pes les plus laids, les objets les plus horribles, les caracteres physiologiques les moins Ideaux, si Ribera a pris pour modele l'homme du peuple,les mariniers du 'golfe de Naples, les vieillards vlgourenx.tmagntfiques I exemplaires de ce Que donnait 111 meilleure velne dans les dernieres - couches sociales d'un grand peuple historique. Mais l'ecole realiste., merne avec l'adionction I tenebrosiste, a d'autres titres a ce qu'on proclame salutaire, essentielle et Ieconde la revolution artistique .qu'elle opera, bien qu'elle ait au «tenebrismea' au cours des siecles et des etapes passe Ie tour _ progreaslses de l'art de la peinture, I Caravage (et Ribera, .pour une bonne partie de son oeuvre et constamment aux premieres annees de succes) proclama cette OOU­ I veaute, essentiellement picturale, que la lumiere est l'elernent prin­ cipal dans un tableau; la luruiere.ven sa direction etsurtout en son unite et sa qualite, Et cette verite, depuis lors jusqu'a auiourd'hui, a suivi une marche triomphale, fatsanr des progres definitlts et bien gradues dans une route -tres malaisee; Ii suffit de l'exemple de 19 Caravage et surtout de Ribera pour que no us iugions arcnaique tout art qui (comme en general celut des peintres neo-classiques du XVIII· siecle et les romantiques du XIX-) neglige de se soumettre 'absolument il la dictature de la lumiere. Comme Caravage, Ribera, mais celui-ci avec une '[.aillance in- tassable, proclama dans toutes ses oeuvres ce principe essentiel de I'art de peindre. Mais tous les deux, devant les difficultes enorrnes qu'its devinaient doute a rendre la cornplexite de la lumiere sans f 1 avec les reflets colores des objets les uns sur les autres, (difficul- tea dont Zurbaran symbolise la defaite avec Velazquez, Hals et Rembrandt (so us l'mfluence de Rlberaf d'abord, puis Turner ef les - paysaglstes francals de 1850, .et tout l'art divf..ioniste moderne), ! tous les de1!.x surrnonterent l'obstacle par un precede graca au- Ii quel, appliquant integralernent la theorle, its purent offrlr plu\!. k I facilement au monde, pour la premiere fois, Ie tableau type et une serle tres nombreuse de "tableaux de peinture-peinture (et non point de pelnture decorative ni de dessin embelli de couleurs), de­ peinture integrate, dormant l'iIIusion absolue d'un morceau de .rea lite. Le precede consista a utiliser un atelier n'ayant qu'une seule lumiere haute et .laterale,e naturelle et de plein jour, c'est-a-dire blanche, dont les reflets, colores au contact des obiets colores, etaient supprimes par .le soin de noircir Ie plafond, les rnurs-et le sol: Ie .tenebrisme» ou denebrosisme,,: Par ces .pratiques la diffi- calre etait amolndrie, _,.'linon vaihcue encore, et it n'y avait plus, sans tolerer aucune autre convention. qu'a s'acharner a ta repro­ duction de la realite., reproduction aussi parfaite que la pourrait donner un miroir: peinture Integrate. Caravage, ouvrant la voie, inventant Ie precede, s'approcha de cet ideal. Mais Ribera l'atteignit sans une faiblesse, et sans une . erreur de traduction. C'est qu'il eta it plus reatiste de son naturel (et sans doute 'il le servait mieux, dans "I a circonstance, d'etre espagnol Qu'italien); c'est qu'Il etalt aussi souvrain dans l'art de peindre la realite que Raphael dans celui de peindre la beaute, aussi souverain copiste des modeles pleins de tares variees que Leonard des modeles ex­ quis, et .cela sans aucun precede plastique ou sculptural. C'est qu'Il . etait, d'instinct, coloriste, avec les couleurs communes qu'offrent les-choses les plus ordinaires, comme l'etaientceux qu'it adrnirait taut, Correge et les Venitlens, Ii rendre les soies et les velours, et les chairs veloutees des plus belles pecheresses. Le «petit espagnol», fils d'un officfer des tercios Iegendaires, race heroique d'aventuriersmal paves, forces souvent faute deseur solde, a vivre sur le pays, se donna a l'art de toute son arne, lui 2(> consacrant Ie plus viril genie de peintre que I'histoire ail connu. Surtout dans les premieres annees: et c'est malheureusement et excluslvement pat. sea ceuvres d'alors que Ie jugea son siecle (sa renomrnee s'etait repandue dans toute l'Europe par ses gravures et par les tableaux que son beau-pere vendalt peu partoutn-c'est un par elles- aussi que i'Europe le iuge Lorsqu'apres le petit encore. coup d'etat qui arracha au palais de la premiere Vlce-Royaute de la monarchie pour-le jeter en prlson «Ie grand Osuna' (sonnet fameux de Quevedo),et que lui succeda Ie Due d'Albe (de-1622 a 1629); quand celul-c1 dedaigna Ribera pour proteger son mediocre rival, Ie grec Belisaire Corenzio, (et c'etait justement alors que Ie chef de I'ecole adverse, Ie plus grand des eclectiques, Guido Reni (1622) etait a Naples); quand vint il manquer aRibera Inoplnement (1622) un autre protecteur en la personne du Vice-Rei de Sicrle, cousin germain du Roi d'Espagne, D. Manuel Filiberto de Savoie, l'Espagoolet, changeant de route, se coosa era durant plusteurs annees a obtenir la premiere place parmi les graveurs, y vouant sa tres grande maitrise du dessin, proclamant et repandant par ses planches Ie plus impitoyable et Ie plus bruyant realisrne (il alia iusqu'a graver des modeles pour I'enseignement du dessin). _Devenu run des- deux grands maitres - maitres opposes de l'art euro­ - peen, dans une ville comme Naples qui etait alors le- centre du mouvement esthetique du continent, l'Espaguolet ne_voulut pas revenir en Espagne, certainement mtorme d'ailleurs du renom qu'it vavait (mais redout ant de- se dlmlnuer a'iI vivait la-bas) quand il recevait la visite des peintres espagnols Jusepe- Martinez, Pache­ co.Velazduez, iI n'avaft plus besoin, sur de son public, de la pro­ tection d'aucun MecEmeli, bien que par la suite iI recut des com­ mandes, et de nombreuses cornmandes, des quatre Vice-Rots qui se succederent: l'excellent pcolitique, Ie docte grand seigneur Due d'Alcala (1629-1631), Ie Comte de Monterrey, chetlf de corps et _magnifique d'esprit (1631-1'637), l'etourdi et plus que splendide Due de Medina de las Torres (1637-1644)-, ces deux derniers les plus. proches parents du Iavort de Philippe IV, Ie Cornte-Duc d'Qlivares, et l'A1I1iral de Castille-(1644-46), -dont le fils, qui vivait avec.lui, fut par la suite Ie plus intelligent amateur- de peinture parmi Ies grands d'Espagne de ce steele des Grands d'Espagne, Tous obtinrent de . l'Espagnolet des ceuvres tres Importantes que Monterre:9 donna (comme on donne maintenant aux musees publics) a sa tondation des Augustines de Salamanque, et I'Amlra! a sa fondation des Pas­ cales de Madrid, et tous, sans parler de Velazquez (pouriequel iI n'y a pals de doute), durent intervenir dans les commandes et lea 'achats de la Couronne, pulsqu'on cite Ie fait, qu'it reste en core a 21 bien eclaircir, que les princesses autrichiennes de Madrid eurent, tant au Palais Royal qu'a l'Escurial, du vivant de Ribera, plus de tableaux de cet artiste que d'aucun autre peintre espagnol ou etranger, une centaine, sans exageration. Avec cette collection - et les comman des des Vice-Rois, it se trouve que la plus grande partie des tableaux de Ribera, la fleur meme de ses creations ge­ niales (sauf quelques chefs d'oeuvre de la�Chartreuse et de la Ca­ thedralede Naples), ne furent peints que pour l'Bspagne. Et tandis - qu'a sa patrie Ie peintre offrait les plus belles et les plus neuves manifestations de sa technique et de son inspiration, qui fut de - jour en jour plus humaine et plus aimable il continua a peindre - .pour Ie commerce (dans son atelier ses disciples travaillaient sans cease, sous ses yeux, i'I des ceuvres qu'i1 retouchait et qui portent, inutllement d'ailleurs, sa signature plus ou moins authentique), des series et des series de tableaux de sa premiere maniere, -des vieux l philosophes qui ne sont tels que par Ie nom, des vieux penitents, des I apotres 'et encore des apotres, de vrais fils du peuple, des marl- niers, tels que ceux qu'avait choisis Jesus Christ, pour transformer Ie monde par leur voix sincere, sur les bords du lac de Tlberiade. Ribera, sans rten accepter de l'art.devot du XVI" siecle.jut un I peintre d'inspiration profondement chretienne, mais avec une note orlgtnate. Ou de lui-meme, ou :Sous I'influence du milieu nouveau, it sentit plus qu'aucun autre artiste un tres profond amour pour le christianisme herofque, celui des martyrs it des premiers ermites, avec une vision tout a fait exacte et populaire de ce que fut l'as­ I cetlsme au temps de Saint jercme. II savattque, pourte Christ, bienheureux etaient les pauvres en esprit, et non les doctes et les nobles. Son art n'a rien de mystique, rien de complexe son idealis- me religieux; ses apotres sent des marins; les martyrs et-lesermi- tes sont ses saints de predilection. Aussi espagnol que Ie poete Prudence, Ie chantre des martyrs sanglants, iI sentit coinme lui une epoesie de fer» ou «if semble que I'on entende Ie bruit des chaines, des chevalets et des tenailless sans reculer, rnalgre l'norreur, devant l'absolue ressemblance d'une plaie beante, car iI sentait, comme Ie chretien des jours de la persecution, touf Ie prix du sang redernp- teur du Christ, et du sang verse en temoignage de foi qui donna leur nom aux martyrs: Peut-etre en sa qualite d'ascete, d'ermite, d'apologiste aussi de la vie,_heroique en son genre, des ermites, _ Saint Jerome fut-Il plus que tout autre peint par Ribera; et avec une exceptionnelle varlete; sans doute aussi se trouvait-il une affi- nlte indeniable entre le peintre et ),exegete sacre, Ie Saint-Pere du christianisme triomphant dont l'eloquence fut la plus energique, l'aprete de lasgage la plus vive, la penetration de l'esprtt du chris- 22 tianisme la plus aigue, du christianisme tel Que voulut et sut l'en- trevoir et Ie peindre Ribera. . , L'ideal religieux de Ribera fut servi admirablement'[par une sensibilite tres singuliere, Qui ne se percolt pas Ii premiere vue, et moins encore, Ii est evident, dans les nornbreuses repliques d'ate­ lier et les Irnitatlons d'eleves, mais seulement dans les tableaux authentiques et primesatitiers. La critique moderne ne juge pa .. autant1e dessin (non plus que les autres interpretations plastiques), d'apres sa beaute que d'apres la sensibilite ernue qu'i! maniteste qu'Il s'agisse d'artistes classiques ou realistes, anciens ou rnoder­ nes. En Ribera it y a quelquechose de plus profond que la passion (pathos) de ses sujets et des details de ses scenes, et c'est, avec une sourde vibration, quelquefois merne avec un peu de stridence, une sensibilite vive et physiolog ique a l'occaston, mais alors meme tres vive et qui persiste telle dans la'facture de ses tableaux. C'est une sensibitlte d'ordre tactile, oil, par associations d'idees au bien par parallelisme des images de la memoire visuelle et des souvenirs de la memolre du tact, au bien, ce qui est plus stir, (si I'on accepte une - explication scientifique toute modern e) par vibrations sympathi­ ques des papilles nerveuses du tact que ressentait l'artiste en peignant, et que ressent lul-meme au bout des doigts celut qui etudie curieusement la facture de ses tableaux, ces tableaux don­ nent l'irnpression non seulernent de ce qui se vol-t, mais.de ce qui se touche, de ce qu'on croit pouvoir palper, parfois avec crainte, avec horreur, sl ce qui est represents est la levre saignante d'une blessure, ou la chair Ilasque et toute velue de la poitrine d'un vieil errnite. Et void qu'intervient Correge, dent la sensibilite etait ega­ lernent tactile, mais dans les .sujets feminins, et merne quelque­ chose de plus, c'est if,dire effeminee, sen sue lie, presque lasclve, et Que ron ne peut supporter que pour I'amour de lit pure.beaute dans ses Danaes, ses Ledas et ses Ganyrnedes. Au contra ire la, senslbt­ lite d'essence tactile de Ribera. dans sa facture, est toute nerveuse. - toute de vibration rude et vigoureuse, Ainsi les tableaux de l'Espagnolet, qui meme a distance se lals­ sentbien voir et admirer, grace a la force du clair-obscur er a l'ac­ cent de verite, ont de plus, quand on les examine de pres, et meme Ii la loupe, une energle essentiellement vlbratoife dans la·facture: dans les grandes toiles, comme dans les planches gravees�c'est 18 meme sensibilite. Chez Ribera, comme chez les aveugles, iI semble que les papilles des doigts epellent, qu'elles sont I'lnstrument de rIntettigence. Rien ne symbolise mieux la particularite de sa facture que Ie portrait qu'll eut a faire d'un sculpteur aveugle depuls rage de douze ans, Jean Gambasio, auteur de la statue d'Urbain VIII (pl. IS) 'a! On voit de Iii I'importance de la racture pour bien gouter roeu­ vre de Ribera et aussi pour en etabllr l'ordre chronologlque, tel qu'on l'a essaye dans tes 49 reproductions de ce petit volume. La - chronologie des signatures est une base dangereuse, car s'il a signe en general avec discretion, en traits obscuts SU1' souvent, ill'a fait Ie fondobscur, et souvent Iesrestaurateurs en repassant une autre couleur, ont change des chiffres, faisant d'un 3 un 9, d'un 7 un I, d'un 6 un 0, etc, La facture, toujours (quoiqu'avec unetendance iI I'attenuatlon) touiours tres chargee de couleur, epaisse, etendue sur la toile avec un plnceau court et meme recoupe, est surtout typique vers 1630- 1632, quand I'artiste etale ses teintes avec une souveralne maitrise, mals par touches'tres prononcees, tres parattetes, quelquechose comme les traits de burin de certains graveurs (rnais pas lui), ceux des environs de 1700 (Ie precede est tres evident dans la tete de Saint Joseph (pl. 7). Les traits de pinceau rectilignes, servant Ii mo­ deler, illes me Ie plus tard a de veri tables coups de pinceau, jamais excessifs d'ailleurs, qui lui etaient auparavant etrangers; mais deja II use de couleurs plus Iiquides et de blaireau un peu plus doux, reservant pour les effets de lumiere, dans les parties tes plus clai­ res, la facture rugueuse qu'il employait exclusivement jadis; Quand par la suite on v,oit des parties peintes pl9s mollement encore et comme par plans, il faut songer a la collaboration des nombreuxdis­ ciples et collaborateurs Qui I'aidalent dans ses travaux de repliques. Parallelernent il ctransforme son coloris, sans s'attacher autant a sa conquete definitive du relief puissant du modele.aumoyen du clair-obscur. 11 subtt, Roui modifier.sa palette, l'Influence od'un grand rival; unique=enJtalie; qui, eteve dans l'�cole contraire, celle des eclectlques, meritait de lui etre oppose; c'etait le Dominiquin, arne du XIV.- steele perdue dans Ie XVI., qui vecut a Naples depuis - 1629, et, apres une courte absence, depuis 1635 iusqu'a sa mort en 1641. /'i. cettertvallte (si l'on oublie des legendes indignes) tous les deux gagnerent noblement, subissant une influence reciproque beaucoup plus forte qu'ils ne Ie croyaient Pun et l'autre. Ribera, vet's 1640,-a de plus agreables couleurs, une rlchesse de tons qu'il evitait auparavant, une nouvelle ten dance a la.clarte, a la plus grande clarte possible, tant est puissant son art de l'opposer it I'ombre; et surtout, (il est a presumer qu'il sub it l'influence de quelqueconversation avec Velazquez) 11 entreprend la conquete des gris, ga1i'nant chaque iour.des finesses et des dellcatesseade tons, I. plus admirables dans les figures des seconds plans Que dans celles It' )' du premier (spectateurs de Ia el.utte de gladiateurss ou du f technique painting by Francisco Ribalta, the most celebrated and best Valencian painter about-1600, and indeed until », his death in 1628. The fact fhat Palomino; Ribera's first Spanish biographer, mention­ ed the apprenticeship under Ribalta would hardly suffice were it not supported by information obtained by Palomino in Valencia (where the writer-painter often worked) and by all examination of. Ribera's technique during his early period. with his- Rilialta reds. Also, Juan Ribalta when working by his father's side painted very much like Ribera, especially- in the best authenticated and most re markable of. his pictures, the Crucifixion wich he signed at Va.,. lencia In 1616, when he.was 18. 2Q and servo Ribera's father was a Spanish soldier of pure descent, of various fortresses and ed in Italy, where 'he was in command SOD'S exceedingly cities. These antecedents may perhaps explain his de Ribera's virile art and other characteristics, In any case Simon 1 career gives the reason for the earl}'. and definitive migra- military lived away tion to Italy of the one Spanish painter who always a Spaniard, as B from his country, while- priding himself on being good hundred of his signatures show. his early The vague posthumous memories of him gathered by Neapolitan biographers, from verbal traditions handed down- in an under-set youth studios and 'artistic coteries present him as oblivious (whence his diminutive nickname 10 Spagnoletto), utterly of ref us­ of everything except drawing, ragged and hungry, capable table for f.ear of a life of serv­ ing a seat at an art-loving-cardinat's he restlessly ro­ itude that would interfere with his drawing. So of the Rome ved through the streets, squares and vacant spaces of those days which was so friendly to the picaresque life. add a story of his arrival at Tellers of anecdotes about painters hast- dealer saw him work and Naples, where a mediocre artist and _ relate thatwhea ened to marry him to his daughter. They also , to dry.In this same dealer set out one of his son-in-law's pictnres that the viceroy. the street, the public burst into such enthusiasm the incident took place, ran to his window. opposite whose-palace demanded the picture (a. ghastly n,tarty-rdom of St. Bartholomew, became the protector which Ribera later engraved). and instantly of the suddenly famous painter. of the latter ModeJ Spaniard, the son of a soldier ofthe fabled legions base­ - of that heroic race condemned so often by lack of pay to live lyon the country, gave himself, up to art with all his soul, throwing in all the into it the most virile spirit ever possessed by any artist course of history, the' Especially is this true of his earlier years, which produced - rs f.8!JlOUS length 32 the Duke of Alba (from 1622 to 1629), who later cast Ribera aside' for a worthless rival, the Greek Belisario Corenzio, which befell precisely when the leader of the opposite party, Guido leader of the eclectics, was in Reni, the Naples (1622) and when another pro­ tector unexpectedly failed Ribera in the Viceroy of Emmanuel Philibert of Savoy, a first cousin of the Sicily, Don At that juncture Ribera held for king of Spain. several years the first place in Europe among engravers, into whose art he put his immense mas­ tery of design, proclaiming through this medium the most and triumphant realism, which pitiless appears even in his plates for drawing manuals. Living as one of the two great ters of Europeanart in such a contending mas­ city as Naples, then the centre of the aesthetic life of the continent, 10 Spagnoletto declined, when he received visits from Jusepe Martinez, Pacheco and Velazquez, to return to Spain, knowing he was famous there (but sure he would lose part of his fame if he lived in the country). By this time he was sure of his public and needed, no Maecenas, though later four suc­ cessive viceroys did order many piclures from "him; the excellent statesman and learned Duke of Alcala (1629-1631), the puny in body and high-spirited Count of Monterrey (16'31-1637), . and magnificent Duke of Medina de las Torres' the pompous' latter-two being near kinsmen of the Count-Duke of (1637-f614), the favourite of Philil1 IV, and the admiral of Castille Olivares, (1614- 1646) whose son, who lived with his fat!Jer, became the best connoisseur of all the.grandees of Spain in that century: of grandees of Spain. An of them secured important works by 10 Spagnoletto, Monterrey giv­ ing his (as a man might today to a public museum) to his founda­ tion the convent of Augustine nuns at Salamanca, and the Admira! his to the house of «Pascualass he had endowed in Madrid. An of them (and beyond a doubt Velazquez as WE'll) had a hand in the Crown's purchases, for we have the fact which has never been pro­ perly .explained that the Spanish Habsburgs owned, between Ma- drid and the Escurial, more pictures by Ribera than . by any other painter, native or foreign, a hundred'atl told. With all this the bulk." and all the best of Ribera's work (except a few that went to the Cathedral and the Carthusian house at Naples) took the road to Spain, and while the painter offered to Spain the most beautiful products of his tmagtnatton, which was growing daily more human andaimiable, series after series in his earlier manner, old philoso­ phers so-called, old penitents, apostle after apostle, as genuine sons of the people and fishermen as those whom Jesus Christ chose by the shores of Tiberias to transform the-world by plain speaking, were being turned out for the trade, by him or by his pupils, 33 with quite unnecessary signatures. perhaps touched up by him, of the religious art of tlie Ribera, though he would have none after XVI century, was a painter of profoundly religious inspiration, either in himself or in his new surround­ hisown manner. He found, love for the no other painter has had, a deep ings, something that heroic age of Christianity, the martyrs and thefirst hermits, with an exact vision of what asceticism must have been in the days of Christ's blessed were- not the learned St. Jerome. He knew that There Is nothing mystic about nor the noble, but the poo-r in spirit. his religious ideals. His apostles his art, nothing complicated in and hermits. A Spaniard like are sailors; his favorite saints martyrs iron Prudentius, the singer of gory martyrdom, he felt the the poet - stakes and instruments of torture. He poetry of clanking chains, edges of a wound, unshrinkingly and exactly painted the horrible as one who like the early Christians felt the value of the redeeming witness of the faith that blood of Christ, and the blood shed in St. Jerome, ascetic and hermit, apolo­ earned the name of martyr. was most frequently and variously gist of the heroic life of hermits, who had a spirif kindred to that of undeniably painted by Ribera, trenchant the triumphant Christian Father, whose energetic style, characteristic of persecuted Chris­ words and-penetrating spirit are tiani'ly as Ribera saw and painted it. admirably served by a rare sensiti­ Ribera'S· religious idea was is of course veness whichis not distinguishable at first sight, imitations by his pupils, and absent from school repetitions and work of his own hand. M.odern criti­ only exists in the authentic cism does not judge drawing or other qualities belonging to the sensitiveness artist 80 their beauty as -by the vibrating much oy_ classicists or of realists, shown in them: whether "it is a case of than the ancients or mederns.Tn Ribera there is something deeper of the details of the passion of his subjects, scenes; this something, with note, is a certain strident vibrating hoarsely, and in hi� case a at times physiological, but always living and living sensitiveness, sensitiveness of a tactile order, always present in his pictures. His is called up by visual memory nad association of ideas or of images Or perhaps it will with the recollections of the memory of feeling. and to be safer to give the entirely modern scientific ex-planation of sympathetic vibrations of the tactile nerves felt by the speak in his artist when painting, and ,felt again by the curious-onlooker of Ribera's pic­ very finger tips when examining the workmanship not only of the seen but of tures. For they produce the tmp_ression with a the felt, of that which one feels one can touch, frequently when It is a case of a sentiment of fear or of horror, as for instance 34 sliglltly bloody wound or of the soft andhairy flesh of the breast of an aged hermit. This takes back to Correggio, whose -sensi­ us tiveness was also-tact ile but in him became feminine and even effe­ minate, sensual, almost lascivious, only tolerable in his Danaes, Ledas and Ganirnedes for the sake of his pure love of beauty. Ribe­ ra's tactile sensibility on the other hand as -shown in his work­ manship is wholly- made up of nervous strength and vibrating vigour. His pictures, so strong in chiaroscuro and in their note of truth, which makes them admirable when from seen a distance, are also full,'wilen examined closely or even with a magnifying glass, of an essentially vibrating energy in their workmanship; and tniscomes out equally well in large canvasses and in engravings. Ribera's fingers like those of blind men appear to 'spell to be an instrument , of the mind. Nothing better represents this peculiarity of his work than the portrait he painted of a blind sculptor.Giovanni Gambasio, tile-author of the statue of Urban VIII, who lost his - ·sight at ten vears - of age (page 8). . All this shows the importance of the study of- workmanship in - the enjoyment of painting and alse in order to arrive at a chronolo-: gical ctassificatlon of Ribera's productions. This has been attemp­ ted in the 49 plates accompanying this little book. It is based on the signatures, and there is some danger in this.._a_s though.Ribera signed very frequently, he usually concealed his- signature, tracing It in dark characters on a dark ground. Thus restorers have fre­ quejitly altered this signature when retouching the pictures and l:ave changed the oates; for instance a 3 becoming a-9, a 7 a I and - � a 6·an O. _ He always put on his paint thick, though rather less so as time went on, and used a short-brush, sometimes cutting it down shorter still. The years 1630 to 1632 show his most typical technique. - With supreme mastery he laid an his (;9101lr in parallel furrows, rather like thelines used by certain engravers of the XVIII th cent­ ury; and this comes out strongly in the head of St. Joseph (page 7). He afterwards came to "ary these straight Iiries by strokes of a sort he had not formerly used, though always with 'restraintjhe used-his colours more liquid and employed rather softer brushes reserving for his light-effecta the violent touch which he had for­ merly applied everywhere. When subsequently the fechnique be­ comes still_softer, "it suggests the collaboration of some of the many pupils who_m he called in to help him with replicas. At the same time his colour changed, andhe insisted Iess on his now definite accomplishment of powerful relief in chiaroscuro. 35 man in Italy who, brought up in the opposite A great rival, the only had some influen­ eclectic school, deserved that title, Domenichino, been living in Naples ce in complicating his palette. This man had remained there-from 1635 until since 1629 and after a short absence th-e xvth century his death in 1641. He was really a painter of between the two men, apart strayed into the Italian xvn th. Rivalry enriched them both, for they from certain stories of ignoble brawls, infltrenced each other more than either imagined. Ribera About the middle of the fourth decade of-the century, to began more use colours of a richness which he agreable tones, a light all the more formerly avoided, and tended towards light, it to darkness; striking because of. his supreme art of opposing he was influenced by Above all, and here it is to be supposed that something Velazquez said to him, he began conquerlng the grays, comes out more admirably gaining dally in a delicacy of tone which the spectators of in his backgrounds than in his foregrounds (see for the 'fight of gladiators or of the martyrdom of St. Bartholomew, in the _plainest back­ instance, (pages 30 & 37)- and also appears' of the staircasse, page 32.)- grounds (like the St. James-at the Ipot This evolution took place in his heart. The man, formerly so masculine that if he ever did paint a woman (his ow-n wife perhaps) St. Ferdinand, in the cExtasy of the Magdalen. in the Academy of did sa without a touch of Jove, was won over as years passed by a vhen 'pain­ soft sensitiveness, and at last came to show tenderness in the beauty of one of his ting children and proud" paternel love and in a ruined and . daughters (Saint Agnes at Dresden, 1647 (?) '. repainted picture of the Magdalen seated, page 43). Ribera's most Spain, though not the Prado, preserves some of _ beautiful and moving work, such as the «Immaculate Conception» or the Virgin in the at Salamanca (before which all Murillo's fade) .... Adoration of the "Shepherds. at Valencia, a portrait, possibly of the artist's wife, l1ainted with lofty religious inspiration, It must in better Riberas fact be.said that there are-as many and considerably renrodu­ Spain outside the Prado,· whose possessions alone are in -ced in this book. The fire that destroyed the Alcazar in 173'1 con- sumed past of his best (the fragments reproduced on pp. 34 and 35 are remains of one of ttie burnt pictures), and the most notable Riberas now existing out of Spain and Italy were removed from Spain during the Peninsula war. '(he Ribera of the second period, the completely developed Ribera, is almost unknown abroad, and has been ignored even in Spain. When in the XVIII th century Queen Isabella Farnese made good t�e capital's losses by fire with wisely chosen pictures. Ribe- 36 ras as characteristic (signed and dated Into the bargain) as the «Liberation of St. Peter» and .Jacob's Dream. (pp. 33 and 36) were catalogued as Murillos. It is true that 10 Spagnoletto, throughout his second period, turned out replicas of works in his earlier man­ ner, to which the trade and the public everywhere in Europe had become accustomed. The majority of people in this wretched world of ours never change their minds about the things they like or dis­ like, however a man may. change and progress; such is their intel­ lectual inertia. It was less difficult to tell a , Madrid, 1915-1916), and the texts in the «Bo1etin de la Sociedad Espanola de Excursiones» with which I accompanied La Barbosa.> (XXIV, 15), the Christ, St. Peter and St, Paul in VItoria (XXIV, 20-23), the Immaculate Conception at Salamanca (XXII, 196 and XXIV, 18) and the Christ at Osuna (XXIII, 2). Other works by the painter are spoken of in «La Lectura Dominica» (1918-1919). Notes for the present booklet and the order of the pictures also apgearcd . in an art review. The reproductions in this book give the 49 Riberas which 1 be­ lieve to be authentic in the Prado today. Two other authentic but not important pictures of the head-and-shoulders Apostles' series are not given: those that bear the catalogue numbers 96 0 " < >-' t -c '3 :;: u z '" '" «") z 'g S " _, OJ '" :.: :s: OJ :.: ;-. 0 ;-. '" OJ '" z «") :;: ';2 0: 't -c '" u Z 0 OJ :> " " -t; >-' -c 0 r:> " z w P ." U �l �: " 12 SAN PEDRO, AP6sTOL SAI�T PIERRE, AP6TRE ST. PETER THE APOSTLE 13 SAN CRISTOBAL SAINT CHRISTOPHE ST. CHRISTOPHER 14 SAN PEDRO, DEL ApOSTOLADO SAI:\,T PIERREJ-DE L'.-\POSTOLAT ST. PETER, FROM THE SEr..IES OF ApOSTLES 15 SAN PABLO, DEL ApOSTOLADO SAINT PAUL, DE L'j\rOSTOLAT ST. PAUL, FRO:'.I THE SERIES OF ApOSTLES 16 SANTIAGO l\'IAYOR, SAINT JACQUES i\IAjEUR, DEL ApOSTOLADO DE L'ApOSTOLAT I ST. JAMES THE GREATER, FRQj\..I THE SERIES OF ApOSTLES , ., 17 SAN BARTOLOi\IE, SAINT BARTHELEMY, DEL A POSTOLADO DE L'ApOSTOLAT I J ST. BARTHOLOi\'IEW, FROl\[ THE SERIES OF ApOSTLES t .1 I 18 r • SAN SI:\r6�, DEL ApOSTOLADO SAINT SL\IO�, DE LJApOSTOL-\T ST. SIi\ION, FRO:\I THE SERIES OF ApOSTLES -:-'r :-W"< � f SAN ,\ND1U';;S! St\INT ANDR1',:! SAN !\NJ)Rl�:S) DEL SAINT !\NDj{I�;, DE DEL ApOSTOLADO DH L!ApOSTOLAT ApOSTOLADO (Rl�PLTCA) 'L'ApOSTOLAT (R]�PLl S'I', ANDkl··:W! ST, ANDREW) FROM THE SERIES OF ApOSTLE FROM TIlE SI':J{II":S OF ApOSTLES (A REPLICA) 20 SAN MATEO, DEL ApOSTOLADO SAINT l\1ATHIEU DE L'ApOSTOLAT ST. lVIATTHEW, FROM THE SERIES OF ApOSTLES 21 SANTIAGO MENOR, SAINT JACQUES M1NEUR, I DEL ApOSTOLADO DE L'ApOSTOLAT + ST. jAi",'IES THE LESSER, FROM THE SERIES OF ApOSTLES 22 SAN 1\1A", 1..\,5, DEL ApOSTOLADO SAIKT NIATHIAS, DE L'ApOSTOLAT ST. MATHIAS, FROM THE SERIES OF ApOSTLES 23 1, SANT[AGO MENOR, SAINT JACQUES lVIINEUR, DEL ArOSTOLADO DE L'ApOSTOLAT ST. JAiVIES THE LESSER, FROi"I THE SERIES OF ApOSTLES SAN JER6NH\'IO, ESCUCHANDO LA SAINT JEROME l�COUTANT LA TROM­ TROl\'IPETA DEL JUICIO FINAL PETTE DU JUGEMENT DERNIER ST. JEROME LISTENING TO THE LAST TRUMP SAN BENITO PENITENTE (?) SAINT BENOIT PENITENT (?) ST. BENEDICT AS A PENITENT (?) SA..:'" A::--.-nREs, .• ocr _·\>mRE, PROCEDE.�IE .DEL EscORL..\.L PRO\"E..�A�I DE L�Esc.rRL-\L 27 S�X PABLO, ERYITA..'\:O AI!'T PAL"L, ER.MITE T. PAUL THE HER1IIT 28 EL SALVADOR, DEL ApOSTOLADO LE SAUVEUR, DE L'ApOSTOLAT THE S.-\VIOUR, FROM THE SERIES OF ApOSTLES 29 LA TRINIDAD, LA TRINITE, PRQCEDENTE DE LA GRANJA PROVENANT DE LA GRANJA THE TRINITY, FROM LA GRAN]_..\. I ,4\ 1 30 LUCHA DE GLADlADORES (1636) COMBAT DE GLADIATIEURS (1636) FIGHT OF GLAD'IATORS (1636) 3I :,1�: u < < � '" ;,: f-< Z "'" " " 0 u -c ,_, ..... '" ':e u < <