I 35 EL ARTE EN ESPANA EDlCI6N THOMAS N.· 35 EL ARTE EN ESPANA EDlcrON THOMAS f , ZURBARAN • , texto de Cuarenla y ocho iluslraciones con Manuel Rodriguez Codold Profesor de la Escuela de Aries y Oficios Arlisticos y Bellas Aries de Barcelona Aries de San Jorge y de De la Real Academia calalana de Bellas la de Ciencias y Aries , 1 • H. DE J. THOMAS, s. A. C. MALLORCA, 291 - BARCELONA 1943 , . \ 1. \ . . • , RE:SKRVADOS LOS DERKCHOS DR .• PROPIK1)Aty ARTisTICA Y LITERA RIA , 1 • ,; � . J 1 • • ZURBARAN ,. J la iglesia parroq uial de Fuente de Cantos (Extrernadura), EN 7 de a Noviembre de I 5g8, celebrose el bautizo de un nino, hijo de Luis Zurbaran e Isabel Marquez, a quien sele puso de nombre Francisco, el cual apenas cumplidos los quince afios ingresaba de aprendiz en el obrador de Pedro Diaz de Villa­ nueva, vecino de Sevilla, del que se ignora hasta aqui tode otro particular que no sea el contrato por el que se vino en conoci­ miento de haber recibido al jovencito extremefio para ense­ fiarle el arte de la pintura, en el que ya el mucbacho debra estar algo ejercitado. l Una de las cuestiones que sale al paso enseguida, al querer hablar del celebrado pintor, es el enlace' entre las primeras obras de Velazquez y las suyas. E interesa no pasar por alto esta • I coincidencia en la manera como empezaron a formar su perso­ � nalidad, ya que de ella se desprende saludable ensefianza. Uno y otro, desde sus comienzos, en el natural flan , y en el estudio concienzudo del mismo asientan la base sobre la que descan­ sara toda su obra. Pero si el punto de partida es identico, hasta el extreme de que algunas de' sus producciones de la primera epoca dieron lugar a dudas respecto a quien de los dos se habia de atribuirlas, la trayectoria recorrida no es la m isma: Velaz­ quez llega al desdoble de su personalidad haciendo prevale­ cer , sobre toda otra condicion , el adelantarniento de la tecnica, que, segun es sabido, Ie conduce, en union del Greco, y por 10 resumido de su factura, a ser precursor del impresionismo. Lo 5 anal ltico de su primer perlodo se trueca en sintesis admira­ bles, las cuales llega como una consecuencia 16gica, deter­ a minada por el camino que enfoca desde sus principios. Ade­ mas, segun avanza, el pi ntcr de Felipe IV afina la visi6n y enriquece de tonos la paleta, d e ntro de sobrias armonias. Comienza tam bien Zurbaran analizando, siendo exigeme consigo mismo, quedando en el de tal rnanera el habito de razonar 10 que pinta, que de por vida persiste en ello, y esta es la causa de que s610 contadas vcces logre abarcar la totalidad de sus composiciones; en las que se observa construcci6n frag­ menta ria, antes que prop6sito de obtener impresi6n de con­ . junto, ya que ei ar tista extremeiio, d igan 10 que quieran, no fue colorista. La Santa Ines que se leatnbuye, y que d-una obra exquisita de armo nia, me resisto a creer que sea de su mano, pues no responde a ninguna otra producci6n suya, ni siq uiera a aquel las (Ie conceptos afi n es, como la Santa Casilda, del Museo del Prado, y las Santas Barbara, Ines, Catalina y Engra­ cia del Hospital de la Sangre, de Sevilla. Que Zurbaran ni «sentia» ni "maguificaba el color. se com­ prueba facilmente. Ahi esran , si no 10 certificara la Glorifica­ cion de Santo Tomas de Aquino, la Conferencia de San Bruno can el pontifice Urbano II, El Beato Alonso Rodrigues; y La Por­ ciuncula. Duro y seco, con una ejecucion preocupada en ano­ tar fiel mente la de las cosas y en imprimir intensa corporeidad emoci6n a las figuras, cuando 10 requiere el memento psico- 16gico en que aparecen en el cuadro, no atiende a la trans­ cripcion de la perspectiva aerea. 'Los colores cantan, en oca­ stones, con entereza; pero aisladamente, sin que en ellos se -r refleje 10 circundante. y sin que la atmosfera los envuelva en y una tonalidad general que establezca arm6nico conjunto. Esto da acritud a los mas de sus lienzos, y priva que la vista descanse con placidez en ellos. Ni los azules, ni los rojos, ni aquel amarillo terroso y algo anaranjado que a veces em­ • plea, son de la paleta de quien puede lIegar a la vision de suti­ lezas cromaticas. En cambio, en los blancos obtiene frecuen­ temente singulares delicadezas, sin conseguir, empero, la varied ad de los de Domenico Theotocopuli y Velazquez. Los blancos de Zurbaran son descifrables a primera vista, 0 azu­ lean 0 amarillean, y dentro de ambas modalidades encierra toda su vision del blanco. En el primer caso por ejemplo - La Virgen de las Cuevas acostumbran a ser crud os en los - claros y monotones en los obscures; en el otro -, los frailes mercenarios, de la Academia de San Fernando, y la Aparicion de San Pedro Apostol a San Pedro Nolasco, cuadros por cierto, los mas arm6nicos de todos los del pintor extrernefio, los - blancos toman singular delicadeza, a 10 cual se une, alguria 6 vez, que los pafios adquieren flexibilidad, cual si pudieran moverse al soplo del viento 0 al accionar de las figuras. Asi lienzos. . sucede en esos Se hallan en mayorla, no obstante, aquellos en que los habitos, de los monjes 0 el ropaje de las personas celestes tienen consistencia recia, de carton. De 10 consignado quisiera que se desprendiese que Zurba­ ran no alcanza, ni en cuanto a tecnica, ni en cuanto a color, el dominio y la perfeccion conseguidos por otros maestros indigenas que fueron coetaneos suyos. De la factura de sus comienzos no sabe en absoluto desprenderse: perdura a traves de la generalidad de sus producciones. Hay que advertir, con ). todo, que obtiene en varias de las realizadas en los ultimo s afios de su vida una delicadeza de pincelada que contrasta con aquella ejecucicn algo ruda y firme, si bien pobre en malices, de anteriores licnzos; sin que esto quiera decir que considere de merito excepcionalla imagen del Senor, de la iglesia de San Juan Bautista, de Jadraque; la cual, rcspecio a acti tud guarda , no poca semejanza con que de Alonso Cano posee la una Academia de San Fernando, aunque la de este artista aparezca .vista de frente, mientras aquella otra esta de perfil. La paleta de Zurbaran sufre escasa modificacion. Los colo­ res terrosos y calientes para las carnes tornan en ella carta de naturaleza, y las manos y cabezas de sus figuras terrenas aces­ turn bran a ser de tonos morenos, tostados. Con la relacion de valores, escasas veces acierta. EI, tan amigo de razonar la parte corporea de 10 que pinta, no ve en la luz un factor impcrtante para el establecimiento de los planes y la d istancia: solo la utiliza cuando Ie conviene como elemento expresivo. Desearla, tam bien, hacer asequible el matiz diferencial de la factura de Ribera y la de Zurbaran, entre las que algunos quieren ver puntos de contacto. A am bos les inter esa la plasti­ ci d ad de 10que transcriben, y ambos inquieren el natural con la tenacidad del que cuida de anotar cuanto puede proporcio­ narles el medio de presentar el bulto de las cosas; pero el hijo de Fuente de Cantos no da con aquei relieve, a menudo asorn­ broso, que obtiene el Espaiioleto, La forma no aparece evocada en sus Iienzos de manera tan escultorica y con aquel conoci­ miento intimo de la arrnazon osea y la envoltura muscular que tanto cautiva en los del pintor de D. Pedro Giron, duque de Osuna, y del conde de Monterey, virreyes de Napoles. Eso, en 10 que se refiere a la vision de la forma hurnana. Tocante al modo de pintar, de fijar en ellienzo la imagen de ·10 real -, - la analogfa, de haberla, es �uy lejana. Ribera, en detrimento las mas de las veces de la calidad , y por ende de Ia naturaleza de las cosas, trata por un igual todo, el cuerpo viviente y 10 7 inanimado, siendo su pincelada amplia, larga, nunca des­ cuidada. Jarnas, el empuje, el brio de la ejecuci6n, sufre un instante de duda ni abati miento. Hay un calor, un impulso y tal homogeneidad de mecanisme, que, si se me permitiera, d iria que las pipturas del hijo de Jati va surgieron por mandate imperativo de un estado de alma que logra mantener en ten­ si6n al artista, tanto como dura In realizaci6n de la obra. No se echa de ver 10 propio en las de Zurbaran, Aparte de la notoria diferencia que entre si ofrecen varias de elias, existe, , en no pocas, estudiadas separadamen te, tal desequili brio, tal desigualdad, que .desconcierta. Junto a pormenores construi­ dos e interpretados con verdad y conciencia singulares, se encuentran otros que parecen de mano de menor firmeza y de visi6n algo infanti!. Este dualismo contradictorio le perjudica en extr emo. Donde generalmente se mantiene a igual altura es en la anotaci6n de los ropajes. La pincelada en estos acostum­ bra a ser firme, dibujando los pliegues con insistencia, como subrayandol os, sobre todo en los obscures. El plegado es logico, consecueote, naturalisimo. Y, sin em­ bargo, no siempre convence. Debajo de los hab itos, raras veces pal pita la vida del cuerpo humano. No se lc «siente» oculto, ni se Ie ve acusando la forma. Son un estudio de pafios de gran valor, considerados aisladamente, como trasunto pict6rico admirable; pero no puso en ellos el pintor - culpa de ello es haber utilizado en demasia el maniqui - mas que el afan del copista escrupuloso. La esencia, el espiritu y la vida 10 guard6 para que desbordara en los oj os de santos y ascetas, de devotos en extasis y de monjes entregados a meditacio nes hondas. Para los que vi viero n en el claustro con el alma inquieta; para los que vivieron presa de inefables deliquios; para quien se consumia en espera del mas al la prometido a los buenos; para los misticos, cuya exaltaci6n !leva al apostolado y al sacrificio; para los ascetas que en el extasis adormecen el animo; para los monjes escritores, fil6sofos 0 teologos que por la cultura laboraron, guard6 Zurbaran el poder de su pincel expresivo. En el rostro de los tales, como 10 mas notable de la criatura humana, reconcentr6 la vida, - la vida contemplativa o la intelectual -, la emotividad que sobrecoge,o la fuerza creadora que sume en un estado mixto de placer y suave dolor, por la desi ntegracion cerebral a que obliga. En este respecto el artista es merecedor de la nombrad la de que goza. Porque no se de quien Ie haya aventajado, entre los indigenas, y dentro de la nota mistica y religiosa, en conseguir la serie de matices expresivos por el alcanzada. S610 pueden igualarsele Ribalta y Espinosa. Y precisa distinguir en que consiste esa particularidad de Zurbaran, 8 Los pinto res m isticos, mejor dicho, religiosos, han abun­ dado entre nosotros. Basta echar una ojeada a la historia del arte pictorico en Espana para convencerse de ello. Pero no es suficiente inspirarse en escenas biblicas 0 de martirologio para recabar el dictado del pintor mistico. Contados 10 han sido aqui y fuera de aqui. fundamental Algo muy existira, empero, en Zurbaran, desde el momento que su personalidad, en ese concepto, se acusa bien definida, manteniendose con sella diferencial inconfundible. Por esto importa ya justificar el por que del merito de este autor, no deduciendolo del estudio de su tecnica que ha - side ya analizada -, sino buscandolo en otra cualidad que permita comprobarlo. Y adviertase que no niega, como queda dicho, la existencia de otros pinto res espafioles a los cuales tam bien les interesaron, espoleando su inspiracion, los asuntos de naturaleza mistica. No. Y era imposlble que asi no fuese, dado el terreno abonado que para ella ofred a el ambiente de esta tierra. No acertaba a explicarse Felipe III c6mo pudiera acostarse tranquilo quien cometi6 pecado morta!' De la piedad de su antecesor irrecusables pruebas quedan. Y no hay para que citar otras circunstancias seculares que moldearon el espi ritu espafiol. 0 a la guerra, 0 al claustro; dominados por la pasion de las aventuras atrevidas 0 por la renuncia del mundo. A buscar temerarios la muerte 0 a esperarla maceran­ dose la carne. As! fuimos en aquellos tiempos. Dijo Santa Teresa de Jesus: : ji 1 t. I . Vivo sin uivir en mi, Y tan alta vida espero, Que muero porque no muero. En 10 transcrito esta cristalizada una de las modalidades de nuestra pasada idiosincrasia. Ese matiz de la vida monacal fue el que sinti6 Zurbaran, De ahi la gravedad de sus figuras, muchas de las cuales parece que hayan de exclamar: Ven, muerte, tan escondida que no te sienta venir, porque el l?lacer de morir no me uuelua a dar la vida. De ahl aquellas pupilas que, humedecidas por subjetiva sensaci6n inexplicable, miran con vaguedad 0 perforan re­ sueltamente el espacio; pues queda dicho que Zurbaran no encerro en una sola formula expresiva la intensidad de los ardores mlsticos que devoran a los santos y beatos que pintara, 9 y a los cuales concibi6 humildes y sencillos, en actitud nada aparatosa y rehuyendo toda afectacion convencional. como de quien antepo n e la sinceridad al efectismo. Desligados de 10 que a 10 mundano atafie, esos seres rezan 0 meditan sin con tar con el espectador. Son los que de la accidentalidad de la vida se desprenden, encerrandose en sl mismos, para atender uni- camente a salvar su alma. - As! son los santos yascetas de Zurbaran Ved a San Pedro , Nolasco ante San Pedro Apostol aparecido, y dareis con el Santo sencillamente admirado y respetuoso; ved a San Fran­ cisco en adoracio n ante tosca cruz, de hinojos, con la vista en 10 alto, en la izquierda despellejada calavera, la derecha en el pecho, ellibro de oraciones en la roca en que se apoya, y ved le agujereando la inmensidad con la pupila de uno de sus oios ved el San en l uz: vedle dominado por inefable emoci6n; Bruno y dareis con quien inquiere a traves del espacio una dicba que por gozarla algun dia vive penando; ved el Beato Su:{on, y reparad como el sufrirniento que en su palido rostro se dibuja no deriva, no, del dolor que en su cuerpo causa la incisi6n que se produce con cortante bisturi su dolor es - otro: - nace de considerar que aun es poco su tormento, com­ parado con 10 que padeci6 el Redentor; ved .el Beato Alonso Rodriguez, el asceta jesuita, que en la adoraci6n edificante, y casi desvanecido, siente lIegar a si la luz que despide el corazon de Jesus y el de su Santa Madre; ved el San Francisco del cuadro La Porciuncula, y fijaos en el serafico monje que apa­ rece arrodillado, en cruz los brazos, alta la cabeza, lacrimosos los ojos, la boca entreabierta. fljaos bien en aquel rostro ce­ trino, en aq uella frente arrugada por 10 extraordinario del suceso, y observareis el espasrno de quien se ve sorprendido por sobrenatural aparicion, de quien ve trocada en rosas la zarza en que se torturaba, desgarnlndose la piel, de quien absorto sol icita la concesion del jubileo; ved, por ultimo, el Monje en oracion, de Londres, y maravillaos de aquella con­ cepci6n sin par, donde toda la psiquis del orante se advierte en los ojos en sombra y en las manos, que aprietan fuerte­ mente contra el cuerpo una calavera; analizad con deteni­ miento esta figura animada por la gran inquietud, perc de fe inquebrantable, oponiendo a las torturas la firmeza en la creencia que Ie abrasa: es el monje recluido en evitaci6n de pelizros carnales, para escapar del pecado acechador; es el monje en penitencia constante, enhebrando una tras otra las plegarias por no dejar un segundo de vagar a la imaginaci6n, sujetando esta a viva fuerza, imponiendola severa disciplina de rezos: es el religioso grave, de voluntad tenaz, que en Dios i f yen la muerte tiene puestos todos sus afanes en la muerte - 10 le sirva de fortalecedor para llegar a Aquel, en Aq uel para que apoyo. - Es el creyente del Dios justiciero e implacable; por esto vive penando, por esto vive temiendo. Es el punto mas . alto que en cuanto a ex presion logro el artista. Dentro de la riqueza de matices expresivos de esa modali­ dad de la vida mistica, no se encuentran, pues, aquellas espe­ luznantes escenas de martirio que con implacable realismo pint6 el Espaiioleto; no hay la faceta de 10 feroz, y si 10 som brio el aparece alguna vez, surge mas bien del espiritu que anima cuerpo, sometido a rigores voluntarios, que no de la natura­ leza objetiva del asunto. Pero no quedo reducido Zurbaran a ser el pintor de santos y frailes esforzandose en aislarse de 10 terreno y contingente; fue, tam bien, el pintor de santas y martires, y 10 fue de monjes los grandes que representaban el saber y la intelectualidad en nucleos monacales. y concepci6n muy singular es la de las santas que repre­ sent6 ataviadas con magnificencia desusada. De erguido conti­ nente, gallardas, j6venes, hermosas y altaneras, no dirlais que son las vi rgenes de la leyenda, sino damas coetaneas del artista. A no ser por los atributos creeriais al verlas lueir perlas y joyas y ricos trajes, que a la corte de Felipe III pertenecen y que mas que irnagenes de las que por su virtud merecieron ser canonizadas, son trasunto de la realidad mundana, ricas hem bras que os miran fijarnente, imponiendoseos con su aire noble y al par atractivo. . En 10 tocante a sus monjes intelectuales, ahi tenets como prototipos de ellos la serie' de lumbreras mercedarias que se llamaron Fray Pedro Machado, Fray Francisco Zumel, Fray Jeronimo Perez y Fray Hernando de Santiago; ahi los tenets, en plena labor cerebral, tratando de esclarecer con penetrante mirada la idea de que solo en nebulosa aciertan a columbrar, o meditando sobre algun punto dogrnatico que, al querer defi­ nirlo, obliga antes a detener la pluma para pesar con deteni­ miento las palabras. En el rosiro de esas figuras y en sus manos hay extraordinaria vida. En las frentes y en los oj os se advierte vigor intelectual nada com un, Aquellas manos haran correr nuevamente la pluma movidas por el impulso de fijar las ideas, que taman concrecion a medida que las van madu­ rando los doctos humanistas ·de la Real y Milj tar Orden de la Merced. Indicado que Zurbaran fue un pintor mistico y que 10 fue en alto grado, tratare de sefialar cual es la diferencia que le separa de otros que tarnbien 10 fueron. Me refiero a Morales y el Greco. Sinti6 Morales la piedad que nace de la meditaci6n sobre II los trances angustiosos de las personas divinas; el Ecce-Homo de mirar compasivo, perdonando la afrenta de que ha side musculos vibran­ objeto, sufriendo impasible en su cuerpo, de la Dolorosa de ojos prefiados de tes, torturador padecer fisico; Sin tio amargas Iagrimas, de ex presion de dolor imponente. Zurbaran el misticismo que enciende el alma de los que a fa en la vida contemplativa se entregan; de los que recogidos celda 0 al aire libre, en escenario de naturaleza rocosa donde arbusto abre su tienen los ojos puestos en el cielo algun copa, o en gloria poblada de angeles. Y es la esto: supo sin�ular anotar el momenta psicologico en que el esplr itu humane se eleva sobre 10 terreno, y no alcanzo a fijar 10 divino. Impreg­ nado de la corriente naturalista, tanto que en ella persistio, no Ie d remontarse a las alturas. Pero fue esto lastre que ejo resarciose de ello, logrando, segun queda consignado, expresar el transportamiento de las almas que en la vision sobrenatural Greco deja a la posteridad gozan atormentandose. En carnbio, el , de la el tipo del seglar devoto y mistico, de los caballeros Espana de Felipe II, y en aquellos seres de mirada misteriosa,da color bilioso, enjutos de carne, de labios exangues, de se con los de la fauna ejemplares inicia el decai­ visionaria, que miento de la patria. [Que tal seria la fuerza del medio, que seca y mata en la pal eta de Theotocopuli la pomposidad venecianal MANUEL RODRiGUEZ CODOLA. 12 ZURBARAN , Tr aduit par Georges Gaillard. Professeur d l'Institut Franfais de Bareelone 7 Novembre 1598, a l'eglise paroissiale de Fuente de LECantos Estremadure, fut baptise Ie fils de Louis Zur­ cn baran et d'Isabelle Marquez, qui recut Ie nom de Francois. A peine age de quinze ans, il entrait comme eleve dans I'atelier du peintre Pedro Diaz de Villanueva, domicilie a Seville, que nous ne connaissons pas autrement. II est probable qu'enfant il avait commence deja a s'exercer dans l'art de la peinture. La premiere question qui se presente lorsqu'on vent parler de Zurbaran, est celie des rapports qui existent entre les pre­ mieres oeuvres de Velazquez et les siennes. II est interessant de ne pas oublier cette coincidence dans la formation de leur personnalite, car on peut tirer deIa un enseignement utile. L'un et l'autre, des leurs commencements, se confient ala na­ ture, dont l'etude coosciencieuse formera la base de toute leur oeuvre. Mais, si Ie point de depart est identique, a tel point que quelques unes des productions de leur premiere epoque ont pu donner Iieu a des hesitations sur leur attribution, Ie chemin qu'ils ont parcouru n'a pas ete Ie merne. Velazquez arrive au dedoublernent de sa persormalite et fait prevaloir par dessus tout Ie reste Ie progres de la technique, qui, comme on sait, l'amene, ainsi que le Greco, par ce qu'il y a d'abrege dans sa facture, a �tre un precurseur de I'impressionnisme; la technique analytique de sa premiere periode fait place a des syntheses adrnirables, auxquelles il arrive comme a une con­ sequence logique, determinee par Ie chemin ou il s'est engage des ses debuts. En outre, a mesure qu'il avance, Ie peintre de * 13 Philippe toujours IV affine sa vision et enrichit sa palette de tons varies, main tenus dans de sobres harmonies. Zurbaran commence aussi par analyser, par se montrer exigeant avec lui-meme, et il conservera ainsi l'habitude d'ex­ primer ce qu'il y a de vie dans les objets qu'il peint. Voila f pourquoi il n'est arrive que rarernent a ernbrasser la total ite de ses compositions: nous y constatons une construction frag­ mentaire plutot que Ie dessein d'obtenir une impression d'en­ semble. Zurbaran, quoi qu'on en dise, n'a pas ete un coloriste. La Sainte Agnes qu'on lui attribue est une oeuvre exquise I d'harmonie, mais je me refuse a cro ire qu'elle soit de sa main, car el le n'a pas d'equivalent dans Ie reste de sa production, merne dans des oeuvres dont la conception est voisine, comme la Sainte Casilde du Musee du Prado, les Saintes Barbe, Agnes, Catherine et Engracia de l'Hopital du Saint Sang a Seville. Que Zurbar an n'a pas senti ni exalte la couleur, je n'en voudrais pour preuve, s'il ne suffisait de l'Apotheose de Saint Thomas d'Aquin, que la Conversation de Saint Bruno avec le pape Urbain II, le Bienheureux Alonso Rodrigues; et la Portion­ cule. Dur et sec, preoccu pe dans son execution de noter ndele­ ment l'aspect materiel des choses et d'impr irner une emotion intense aux figures, comme le reclarne Ie moment psychologi­ que ou il les represente, Zurbaran ne s'attache pas a transcrire la perspective aerienne. II arrive que ses couleurs chantent avec puissance, mais isolement, sans que se refletent en elles les objets qui les entourent, sans que I'atmosphere les enve­ loppe dans une tonalite geuerale etabl issant un ensem ble har­ monieux. C'est ce qui donne une certaine acr ete a la plupart de ses toiles et em peche que la vue se repose placidement sur elles. Ni les bleus, ni les rouges, ni ce jaune terreux et un peu orange qu'il emploie parfois, n'appartiennent a une palette capable . de rerid re les subtilites chromatiques. Par centre, dans les blancs il arrive fr equemment a de singulieres delicatesses, sans atteindre cependant a la var iete de ceux du Greco ou de Ve­ lazquez. Les blancs de Zurbaran dechiffrables a premiere sont vue: ils sont bleuatres ou voila les deux modal ires jaunatres, qui enferment to ute sa vision du blanc. Dans le premier cas, par exem pie dans la Vierge aux Rochers, ses blancs sont d'or­ dinaire crus dans les clairs et monotones dans les ornbres. Dans Ie second, par exemple l es Freres de la Merci de l'Acade­ mie de San Fernando et l'Apparition de l'apotre Saint Pierre a Saint Pierre Nolasque, qui sont sans doute les tableaux les plus harmonieux de tous ceux qu'il a peints, les blancs prennent une slnguliere delicatesse, a laquelle s'ajoute parfois une cer­ taine flexibilite des draperies qui semblent pouvoir se soul ever 14· \ au souffle du vent ou so us les plupart gestes des personnages. Mais la du temps, au contra ire, les robes des moines> ou les vetements des personnages celestes de carton. ont une consistance dure Je voudrais avoir fait entendre que Zurbaran n'a atteint ni dans la technique, ni dans la tion qu'ont couleur, la maitri se ou Ia perfec­ possedees d'autres peintres espagnols de son epo­ que. II n'est jamais arrive a se detacher entierernent de la technique de ses debuts, qui persiste tout au long de son oeuvre. II faut noter cependant qu'il acquiert dans plusieurs de ses dernieres productions une delicatesse de touche qui contraste avec cetre execution un peu rude et ferme, mais vre en pau­ nuances, de ses toiles anterieures, Mais cela ne veut pas dire pourtant que nous attachions une valeur Ii I'image du exceptionnelle Seigneur conservee dans l'egtise de Saint Jean Baptiste de Jadraque: cette composition offre dans l'attitude une ressemblance tres proche avec celie d'Alonso Cano Ii l'Aca­ demie de San Fernando, bien que celle-ci soit presentee de face et l'autre de profi!. La palette de Zurbaran ne s'est guere modifiee, Les cou­ leurs terreuses et chaudes pour les chairs y sont habituelles; les mains et les visages de ses personnages terrestres ont d'or­ dinaire des tons bruns et brules, Dans Ie il ne. se montre rapport des valeurs guere heureux. Lui qui aime tant a exprimer la forme corporelle de ce qu'il peint, n'a pas vu dans la lumiere un facteur im portant pour etablir les plans dans I'espace et la distance: il ne I'utilise que lorsqu'elle lui convient comme ele­ ment d'expression. Je voudrais aussi rendre sensible la difference facture de Ribera et celle de Zurbaran qui separe la que certains critiques , ont rapprochees. L'un et l'autre s'i nteressent au cote plastique des objets qu'ils r epresentent et chercherit a rendre la nature avec la tenacite de l'artiste qui prend soin de noter tout ce qui peut lui donner Ie moyen d'exprimer Ie volume des choses. Mais le peintre de Fuente de Cantos n e trouve pas ce relief, souvent etonnant , auquel arrive Ie Spagnoletio, La forme n'apparait pas, sur ses toiles.vevoquee de facon sculpturale, ni avec cette connaissance intime de I'armature osseuse et de son enveloppe musculaire qui nous seduit tellement dans les ta­ bleaux du peintre de Don Pedro Giron, due d'Osuna, et du comte de Monterey, vice-roi de Naples. Voila pour ce qui se rap porte a la vision de la forme humaine. Quant ala facon de I peindre, de fixer sur la toile I'image du reel, I'analogie entre ces deux peintres, si elle fort lointaine. Ribera, au de­ existe, est triment, la plupart du temps, de la qualite, et par suite, de la nature des choses, traite r d'egale facon Ie corps vivant et Ie 15 corps inanirne; sa touche est ample, large, mais elle n'est ja­ mais negligee. Jamais l'elan, le brio de l'execution ne souffrent un instant d'hesitation ni d'abattement. II a une chaleur, une impulsion, une homogeneite de mecanisme telles que je serais rente de dire, si j'osais, que les oeuvres du peintre de Jativa sont sorties necessairement d'un etat d'ame qui reussit a maintenir en tension I'artiste tant que dure la realisation de I'oeuvre d'art. Rien de tel chez Zurbaran. Non seulement ses peintures different profondernent de l'une a I'autre, mais encore souvent beaucoup d'entre elles, etudiees separernent, presentent un desequilibre tel, des morceaux tellement inegaux aux autres, qu'on en reste deconcerte. A cote de details construits et in­ terpretes avec une verite et une conscience rernarquables, it s'en trouve d'autres qui paraissent �tre l'oeuvre d'une main moins ferme et d'un oeil presque enfantin. Ce dualisme con­ tradictoire lui fait le plus grand tort. II ne se maintient en general a une hauteur egale que dans le rendu des etoffes La, sa touche est d'ordinaire ferme et dessine les plis avec insis­ tance, les soulignant, surtout dans Ies ombres. comme en draperies sont logiques, consequentes, tres naturelles. Les Et cependant elles ne paraissent pas toujours vraies. So us les veternents, rarement palpite la vie du corps hurnain; on ne Ie sent pas on ne Ie voit pas accusant la forme. Ces drape­ cache, ries des etudes de grande valeur si on les consider e isole­ sont ment, comme une reussite admirable de la peinture d'imita­ tion. Mais Ie peintre n'a mis en elles, la faute en est a I'abus - de I'usage du mannequin que le soin d'un copiste scrupu- ..,. - leux. La vie essentielle, l'esprit, il les garde pour les faire deborder des des saints, des ascetes, des devots en extase yeux etdes moines adonnes a de profondes meditations. Ceux qui vecurent dans Ie cloitre avec une arne inquiete, ceux qui furent au cours de leur vie la proie d'ineffables exta- ses. celui qui consumait dans I'espoi r de I'au-dela promis se aux bons, Ies mystiquesdont l'exaltatio n meue a I'apostolat et au sacrifice, les ascetes dont la vo lon te s'endort dans l'extase, les moines ecrivains. philosophes ou theologiens qui ont fait avancer la civilisatrcn, voila tous ceux pour qui Zurbaran a garde Ie pouvoir d'expression de son pinceau. C'est sur leur visage, ce qu'il y a de plus beau dans la creature humaine, qu'il a concentre la vie, contemplative ou intellectuelle, I'erno- tion qui saisit ou la force creatrice qui vous eleve a un etat melange de plaisir et d'agreable douleur par la desintegratio n cerebra Ie ou elle oblige. C'est par Iii que notre artiste me rite Ie renom dont il jonit. Car je n'en connais aucun autre parmi les peintres espagnols, 16 qui I'ait depasse dans l'expressionde la religion mystique avec toutes Seuls Ribalta et ses nuances. Espinosa peuvent lui etre compares. Et il est utile de discerner en quai consiste ce genre parnculier de Zurbaran. Les peintres mystiques, au mieux les peintres religieux ant abonde en Espagne. II n'est besoin que de jeter un coup d'oeil sur !'histoire de notre peinture pour s'en convaincre. Mais il ne suffit pas de s'inspirer des scenes de la Bible au de I'histoire des martyrs pour meriter Ie nom de peintre mystique. Le nombre de ceux qui ant droit il ce nom est bien limite, en Espagne comme hors d'Espagne. II faut done que Zurbaran possede une qualite fonejamentale de mystique, du moment que sa personnalite, sur ce point, s'accuse et se maintient d'une fa�on bien definie et con stante. C'est pourquoi il importe maintcnant de justifier son me­ rite. non pas en Ie faisant decouier de l'etude de sa technique, que nous avons deja analysee, mais en Ie cherchant dans une autre qualite qui nous en fournisse la preuve. Certes, nous Ie reperons, loin de nous I'intention de nier I'existence d'autres pemtr es espagnols qui chercherent leur inspiration dans des sujets de nature mystique. Comment pouvait-il en etre autre­ ment etant donne Ie milieu ou ils vecurentr Philippe III n'arri­ vait pas il s'expliquer comment on pouvait se coucher tranquil­ Ie quand on avait commis un martel. De la piete de son peche predecesseur des preuves irrecusables sont bien connues. Et il est inutile de citer les autres circonstances qui, en dehors merne des ordres religieux ant modele de telle sorte I'esprit espa�nol. A la guerre comme dans Ie cloitre, do mine par la passion des aventures audacieuses au par Ie renoncement au monde, cherchant ternerairement la mort ou I'attendant dans les macerations de la chair, _ l'Espagnol d'alors est mystique. Je vis sans uiure en moi et si haute vie j' espere que je meurs de ne pas mourir, ecrit Saint Therese, exprimant profcndement par ces mots Ie temperament propre de son epoque et la nuance merne de la vie monacale qu'a sentie Zurbar an. • DeTa la gravite de ses figures, -dont beaucoup paraissent vouloir s'exclarner: Viens, 6 mort, si bien cachee que je ne te sente venir, pqur que le plaisir de mourir ne me redonne La vie. 17 De la ces yeux, mouilles par une sensation interieure inex­ primable, qui regardent dans le vague ou percent resol umenr l'espace; car nous avons dit que Zurbaran n'a pas enferrne dans une seule formule d'expression l'intensite des ardeurs mysti­ ques qui devorent ses saints et ses bienheureux. Illes a co ncus humbles et simples, dans une attitude qui n'a rien de pompeux; il s'est refuse a toute affectation convention nelle, preferant la sincerite a l'effet. Detaches de tout ce qui appartient au monde, ces etres prient ou meditent sans se preoccuper du spectateur. lls echappent a tout ce que la vie a d'accidentel; ils s'enfer­ ment en eux-memes pour s'occuper uniq uement de sauver leur Ame. Tels sont les saints et les ascetes de Zurbaran. Regardez son Saint Pierre Nolasque deuant l'apparition de l'aptitre Saint Pierre et vous decouvri rez un saint penerre d'une simple ad­ miration respectueuse. Regardez son Saint Fran90is en pr iere devant une croix grossiere, il genoux, les yeux au ciel, un crane dans la main gauche, la main droite sur la poitrine, Ie livre d'oraisons pose sur la roche, voyez le percer I'immensite de ses yeux illumines. voyez le domine par une ineffable emo­ tion. Regardez son Saint Bruno et vo us connaitrez Ie saint qui cherche a travers I'espace la fclicite et qui, pour en jouir un jour, vit dans les peines. Regardez son Bienheureux Henri Su:{on et observez que la souffrance qui se dessi ne sur son pale visage n'est pas produite par la pointe coupante qu'i! en­ fonce dans sa chair; non, sa douleur est autre: elle nait de cette consideration que son tourrnent est encore bien peu de chose a cote de ce que le Red empteur a souffert. Regardez le Bien- heureux Alonso Rodriguez, le jesuite ascete, dans son adoration ..,.. edifiante, presque evanoui, sentant arriver [usqu'a lui la lu- miere qu'ernet le coeur de Jesus et celui de sa sainte Mere. Regardez le Saint Francois de la Portioncule, moine seraphi- que, a genoux, les bras en croix, la tete haute, les yeux mO'uil- les de larmes , la bouche entr'ouverte, considerez ce visage jauni, ce front plisse par I'etonnement , et vous verrez le spasme de l'homme surpris par une apparition surnaturelle, qui voit se changer en roses les epines dont il se torturait et dechirait sa chair, qui dans son transport appelle la jubilation. Regardez enfin Ie Moine en priere de Londres et admirez cette conception sans egale, OU l'ame tout entiere de celui qui prie se lit au fond de ses yeux dans I'ombre et .sur ses mains qui serrent violemment contre sa poitrine un crane; analysez SOlg­ neusement cette figure animee par une grande inquietude mais dont la foi est inebranlabl e, qui oppose aux tortures la fermete dans la croyance qui l'enflamme: c'est Ie moine reclus pour '1 echapper aux dangers d eIa chair, au peche qui le guette, c'est 18 Ie moine dont la penitence ne s'interrompt pas, qui egrene l'une apres l'autre ses prieres pour ne pas laisser vaguer un seul instant son imagination qu'il assujettit de vive force sous une severe discipline de prieres; c'est Ie religieux grave, de volorne tenace, qui a place en Dieu et en la mort tous ses es­ poirs, en.Ia mort pour arriver a Lui, en Lui pour trouver un reconforrant appui; c'est Ie croyant d'un Dieu justicier impla­ cable: voila pourquoi il vit dans les peines et dans la crainte, Tel est le point Ie plus haut dan's I'expression ou s'est eleve notre peintre. , Gettelongue serie des expressions diverses de la vie mystique ne com porte donc pas les effrayantes scenes de martyre que peignit avec un implacable realisme l'Espagnolet. ,On n'y trouve point cet aspect sauvage et si Ie sombre y apparait quelquefois, il se degage bien plutot de l'esprit qui anime le corps soumis a des rigueurs volontaires que de la nature exterieure du sujet. Mais Zurbaran ne s'est pas borne a peindre les saints et les moines qui s'efforcent de se separer tie la vie terrestre et contingente: il fut aussi Ie peintre des saintes et des martyres, ainsi que 'des moines qui ont represente le savoir et la vie intellectuelle dans les grands centres monastiques, Conception bien singuliere que celie des saintes qu'il a re­ presentees parees avec .urie magnificence peu commune. Le maintien droit et fier, jeunes belles, hautaines, elles , ressem­ blent, plutot qu'aux vierges de la legende, aux dames contem­ poraines de l'artiste. N'etaient leurs attributs on croirait, ales voir parees de joyaux, de perles et de riches costumes, qu'elles appartiennent a la cour de Philippe III et que, loin de nous montrer I'image des saintes qui par leur vertu meriterent d'etre canonisees, elles representent la vie mondaine; femmes, belies, lei regard direct, elles imposent par leur air noble et en merne temps attirant. Quant aux moines intellectuels, en voici Ie prototype dans la serie des flambeaux de I'Ord e de la Merci: ils ont nom Fray Pedro Machado, Fray Francisco Zumel, Fray Jeronimo Perez et Fray Hernando de Santiago. Les voici en plein travail cere­ bral, s'efforcant de discerner avec leur regard per cant l'idee q u'ils n'apercoivent encore qu'entouree d'un brouillard, ou meditant sur quelque point du dogme qui les oblige, lorsqu'ils veulent le definir, a retenir leur plume pour reflechir soig­ neusement a leurs paroles. Sur le visage de ces moines et sur leurs mains se lit une vie extraordinaire; sur leur front et dans leurs yeu·x, se note une vigueur intellectuelle peu commune; ces mains vont bientot faire courir a nouveau la plume pour fixer par ecrit les idees qui prennent corps a mesure que les mur it la docte reflexion de ces humanistes. / 19 _' Ayant indique que Zurbaran fut un peintre mystique et qu'i1 Ie fut Ii un haut degre, j'essaierai de signaler quelle diffe­ f rence le separe des autres peintres qui le furent aussi, je veux • parler de Morales et du Greco. Morales a saisi lao piete qui nalt de la meditation angoissee sur les transes des personnes divines: l'Ecce-Homo au regard compatissant, qui pardonne les offenses subies, supportant impassible dans son corps dont les muscles tressaillent une torturante douleur; la Dolorosa aux yeux charges d'ameres larmes, a I'expression de souffrance imposante. Zurbaran a vu le mysticisme enflarnmer l'ame de ceux la vie contemplative, de ceux qui se sont adonnes a qui, recueillls dans leur cellule ou en plein air, sur Ie theatre d'une nature encombree de ro­ chers et d'arbres etendant leurs branches, tiennent leurs yeux fixes vers le ciel, vers Ie paradis peuple d'anges. Chose singu­ liere, il a su rioter le moment psychologiquc ou l'esprit humain s'eleve au dessus du terrestre, mais il n'est pas arrive Ii fixer le divino Le courant naturaliste dont il est impregue, dont il ne put jamais s'affranchir, fut comrne un poids qui I'ern pecha de s'elever jusqu'a ces hauteurs. En revanche, il a reussi, nous l'avons dit, Ii ex primer le transport des ames que la vision surnaturelle exalte en les tourmentant. Quant au Greco, iI a laisse Ii la poster ite le type du laique devot et mystique, du chevalier de l'Espagne de Philippe II, et, dans ces etres au regard mysterieux, maigres, aux levres exsangues, au teint bilieux, on trouve les meilleurs de les­ exemples ces visionnaires avec quels commence la decadence de la patrie espagnole. QueUe devait etre la force du milieu, pour avoir desseche et tue sur la palette de Theotoco pouli l'eclat de Venisel MANUEL RODRiGUEZ CODod. 20 ZURBARAN the Parish Church of Fuente de Cantos (Spanish province IN of Extremadura) on 7th November 15g8 a child was chris­ tened under the name of Francisco. son of Luis Zurbaran and Isabel Marquez. On his attaining the age of 15, he began his apprenticeship in the work-shop of Pedro Diaz de Villanueva, of Seville, of whom all that is known is his agreement with little Zurbaran undertaking to teach him the art of painting in which, presumably, the youth had already been initiated. As soon as we try to speak of this celebrated painter we are struck by the connection between the first works of Velazquez and his. It is interesting to note the coincidence in the manner in which they begun to form their personality as a good deal can be learnt by it. Both of them' begin their career with a thorough study of nature on which all their work is to be based. But although their start is so identical that it has been found difficult to distinguish their early productions, their career is not the same. Velazquez reaches the summit of his personality with another quality prevailing; the technical ad­ vance which, as it is known, carries him together with the Greco, and from what has been deducted from his works, to be a precursor of the impressionism. The method of his first period becomes admirable synthesis, reached as a logical con­ sequence determined by the road he follows from the very beginning. As the painter of Philip IV advances he refines his vision and enriches with tones his tablet, within sober ar­ monies. Zurbaran begins, also, analysing, being strict with himself and acquiring to such an extent the habit of reasoning his 21 paintings that this is the. cause why he seldom embraces the whole of his compositions; in which, fragmentary construction may be observed rather than the object of obtaining mass im­ pression as, they can say what they like, this artist was not a colourist. The Santa Ines, attributed to him which is an exqui­ site work of harmony, I can hardly believe is his work as it is not in harmony with any other of his works, nor even with that of defined lines like Santa Casilda, of the Prado Museum and the Santas Barbara, Ines, Catalina and Engracia, of the Blood Hospital in Seville. It is easy to prove that Zurbaran neither «felt» nor magni­ fied the colour. If it was not enough for the Glorification of St. Thomas de Aquino, to indicate it, we have the Conference of St. Bruno and Pope Urban II, Pious Alonso Rodriguez and the Porciuncula. Hard and dry, with the intention of faithfully showing the contours of the subjects and of giving intense emotion to the figures when the psychological moment in which they appear in the picture requires it. The colours sing, at times with integrity, but isolated without being reflected on them their surroundings and without the atmosphere envol­ ving them in a general tone that might create an even conjunct . . This gives sbarpness to most of his pictures and prevents the eyes from resting on them with easiness. Neither the blues, northe reds, nor that earthy and orange-like yellow that he sometimes employs seem from the tablet of who can reach tbe vision of chromatic subtilties. On (he other hand; he frequently obtains exceptional delicacies in the whites but without attai­ ning the variety of those of Domenico Theotocopuli and Ve- lazquez. Zurbaran.whites may be detected 'at a glance, they.are 1 either bluish or yellowish and within these varieties his vision of white is comprised: In the first instance.- the Virgin of the Caves, for example, the light tones are crude and the dark ones are monotonous. - In the Mercenary Monks of. the San Fer- nando Academy and the Appearance of St. Peter Apostle to St. Peter Nolasco, which are the most harmonic of all this ar- tist's pictures, the whites are remarkably 'delicate which often coincides with the flexibility of his pictures as if they could move under a breeze or with the action of the figures. That is the impression they give. Notwithstanding what has been said, are predominant those in which the robes of the monks or of the Heavenly' figures are rigid as if they were made of cardboard. I should like to .remark that Zurbaran does not attain in style or colour the dominion and perfection obtained by other native painters of his time. He does not seem to be able to part from the style of his beginnings which is evident in most of 22 his productions. It must be noted, however, that in several of his last pictures he observes a delicacy which contrasts with the rough and poor shades of previous pieces. This does not mean to say, lfowever, that I consider of exceptional merit the image of the Saviour in the church of St. John the Baptist, of Jadraque, whose attitude is similar to that of Alonso Cano in tbe Academy of San Fernando in spite of the latter being a face picture and the other a profile one. The style of Zurbaran undergoe s little change. The warm and earthy colours applied to the flesh become quite usual and the heads and hands of his human figures are usually of a dark grilled tone. In spite of his tendency to regulate the bodily part of his paintings he does not attach importance to the light as a factor for determining the plans and the distance; he only utilizes it as an element of expression when he considers it suitable to do so. I should also like to remark the difference between the style of Ribera and that of Zurbaran, in which some people pretend to see points of coincidence. Both are interested in the plasticity of what they transcribe and both appeal to nature with the tenacity of he who avails himself of everything that will enable him to produce the bulk of the things; but the native of Fuente de Cantos is never able to obtain the relief, often astonishing, obtained by Espaiioleto. The shape does not appear in his paintings in the sculpture like manner and - with' that intimate knowledge of the bony structure and mus­ cular composition which is so fascinating in those of the pain­ ter Pedro Giron, duke of Osuna, and in those of the Count of Monterey, viceroys. of Naples. This, as regards the human "body, In regard to the mariner of painting reflecting on the picture the real image -r- the analogy is remote. Ribera, often III detriment of quality and, in consequence, of the nature of the objects, deals with everything in the same manner, the living and the inanimated, his stroke being ample, long, but never neglected. Never the impulse or the spirit of execution indicates any doubt or decay. There is warmth, impulse and such a unity of mechanism that, if I be allowed to do so, I should say that the paintings of the native of Jativa are the result of a state of mind that maintain the artist in tension while his paintings are being performed. • Those of Zurbaran also possess something of their own. Apart from the notorious difference noticeable amongst some of them in no few, studied separately, exists such an uneven­ ness and disequilibrium that cause confusion. Together with details prod uced and interpreted with real truth and cons­ cience one finds others which might seem from a less firm 23 hand and ofa somewhat childish vision. Such a contradictory dualism prejudices him considerably. Where he appears to maintain an even style is in the robes. His strokes in the robes are usually firm, the folds drawing with insistence, as if un­ derlined, especially the dark ones. The folding is logical consequent and natural. And yet he does not always convince. Under the habits, the life of the human body seldom palpitates. It is not jelt hidden nor anything indicates the shape. They are a valuable study of robes, taken separately, and may be considered an admirable pictorial detail but the artist did not apply to them anything else than the ambition of the scrupulous his fre­ copyist - quent use of the manikin is responsible for this. He reserved the essence, the spirit and the life for the of saints and eyes hermits, ofthe devotee in extasy and monks in deep meditation. For those who lived in the cloisters with unrestful mind; for those who lived under exrasy; for those who bad no other ambition than the other Life promised to the faithful; for the mystic whose exaltation carry them to the Apostolate and Sa­ crifice; for the hermits who in their extasy rest their mind; for the writer monks; philosophers 'or clergymen who struggled for culture sake, Zurbaran reserved the power of his expressi­ ve brush. In their complexions, as being the more prominent part of the human creature he concentrated the life - the con­ templating and intellectual life - the impression that overta­ kes you or the creating power that merges you in a mixture of pleasure and pain by the cerebral disintegration to which it obliges. In this respect the artist deserves the fame for which he is noted. Because I do not know of anyone that has surpassed him, among the indigenous and within the mystic and reli­ gious style, in the serres of expressive shades reached by him. He has only been equalled by Ribalta and Espinosa. 1t is ne­ cessary to distinguish in what this peculiarity of Zurbaran consists. The mystic painters, or rather the religious painters, have been plentiful amongst us. A glance to the history of pictorial art in Spain will convince of this. But it is not enough to inspire oneself in biblical scenes or martyrologies to obtain the dictate of the mystic painter. Something very fundamental must exist, in Zurbaran, as his personality, in this respect appears well defined maintaining a differential style which makes it exclusive. That is why the reason for the merit of this author must be justified, without discounting it from the study of his technic - which has already been analysed - but searching for it in another quality permitting to verify it. It must be adverted 24 deny, as already explained, the existence of other that I do not Spanish painters who also interested themselves, insinuating their inspiration in matters of mystical nature. And it was im­ possible for it not to be so in view of the favourable atmos­ phere that this country offered. Philip III could not unders­ tand how it was possible for anybody to sleep after committing a mortal sin. Of the piety of his predecessor there are plenty of convincing proves. There is no necessity to mention other special circumstances that gave shape to the Spanish spirit. To the battlefield or to the cloister; attracted by the audacious adventures or by the abandoning of the World. To look bra­ vely for death or to wait for it tormenting the flesh. That is how we were in those days. Saint Theresa of Jesus said: I live without living in myself And such a High Existence await That I die because I do not die. In this transcri ption is-reflected one of the peculiarities of of the religious life is the our past idiosyncrasy. This aspect one that Zurbaran felt. Hence the gravity of his figures, many of which seem as if �hey were to say: Come Death. so hidden that I may not feel you approaching, In case pleasure of dieing might make me live again. the Hence those eyes wet by strange suggestion vaguely looking or resolutely piercing the space; it has already been said that Zurbar an did not enclose in a unique expresive form the inten­ sity of the mystical ardours which devore the saints and the pious painted by him, which he conceived plain and humble in no ostentive attitude and avoiding conventional effects, as if putting sincerity before effectiveness. Separated from any­ thing of the world, those beings pray or medidate without depending on the spectator. They are those who prescind of life, concentratingin their own, to devote themselves exclusi- - vely to save their souls. _ That is how the saints and hermits of Zurbaran are. A glance to Saint Peter Nolasco before Saint Peter Apostle's appea­ admired and rance, and you will discover the Saint plainly respectful; see Saint Francisco, in adoration of the cross, his left kneeling with his eyes looking high, a bare skull in hand and his right hand on his chest, the prayer book resting on the rock and the ball of one of his eyes piercing the Immen­ se, dominated by ineffable emotion; a glance to Saint Bruno, and you will discover he who through the space claims a plea­ sure for which be lives in suffering: a glance to Beato Su:{on, 25 i and observe how the suffering which reflects on his pale face � is not produced by the lancet introduced into his body. It is caused by his not being able to suffer as much as the Redeemer did; see the jesuit Beato Rodriguez, who in his magnificent adoration and almost fainting can feel the Hearts of Jesus and His Mother light elf the Sacred coming to him; see the San Francisco of the Porciuncula, and observe the seraphic monk kneeling, with open arms, prominent head, weary eyes, and his mouth slightly open, note his wrinkled forehead due to the extraordinary event and you will observe the convulsion of he who finds himself before an unnatural appearance, of' he who sees his torture turned into the concession of the pleasure, of he who solicits jubilee; to conclude, see the Praying Monk, of London, that marvellous unequalled concepcion in which the full psyche of the orator can be noticed in his sba­ dowed eyes and hands which embrace a skull against his body; analyse for one moment this figure animated with unrestful­ ness but with unbreakable faith firmness of the belief that consumes opposing to the torture the him, it is the monk reclu­ ded to avoid the sins of the flesh, it is the monk in constant .' penance praying unceasingly so as not to let loose the imagi­ nation for one moment, imposing a severe discipline of prayers on it; it is the grave priest of firm power of will who in Goa and death places all his ambitions the death necessary to - reach Him which stimulates him. - It is the believer in God just and implacable, for whom he lives in sufferings, and in fear. This is the most prominent point attained by the artist as regards expression. Within the richness of the expressive shades of this variety of mystic life we do not find those horrifying scenes of mar­ tyrdom which with implacable reality the Espaiioleto painted; there is that ferocious facet and if the sombrous not appears at times it more from ·the springs spirit which animates the body, undergoing voluntary torture, than from the objective nature of the case. But Zurbaran did not limit himself to the production of pictures of saints and monks trying to i'solate himself from the earthly and contingent: he was also the painter of martyrs and of monks who represented the wisdom and the great intelligence within religious family. A very is that of the female saints singular concepcion which he represented attired with unusual magnificense. Smarr, beautiful and young you would not imagine they were the virgins of the legendbut dames of the author's time. Was it not for the attributes you might imagine, when seeing them wearing pearls, jewelry and beautiful cloths that they belonged 26 � .... I to the court of Phili p III and that, rather than the images ot those who through their virtues, deseervd to be cannonised they were rich women who looked at you closely and imposing with an air of nobility and attraction. As regards his intellectual monks, we have as prototypes the series of mercenary eminences called Fray Pedro Machado, Fray Francisco Zumel, Fray Jeronimo Perez and Fray Hernan­ do de Santiago; you see them in full intellectual activities, trying to find out with penetrating look the idea which tbey only vaguely conceive or meditating on some dogmatic point which, when trying to define it obliges them to stop their pen to think about the words attentively, On the faces and hands of those figures there is an extraordinary life. On their fore­ heads and eyes there is an uncommon intellectual vigor. The hands are waiting to push the pen in their impulse of fixing the ideas which are being conceived and matured by the wise mercenary humanists. Having indicated that Zurbaran was a mystic painter to a very large extent I shall endeavour to de­ monstrate the respects in which he differs from others who were also mystic painters. I refer to Morales and the Greco. Morales felt the piety which comes from the meditation of the hardships of divine persons; the Ecce-Homo of pitiful sight forgiving the offenses inferred upon Him, suffering im­ passible in body, with vibrating muscles, physical torturing pains; the Dolorosa with tearful eyes and imposing expression of suffering. Zur baran felt the mysticism which illuminates the soul of those who give themselves to contemplative life; of those who enclosed in a cell or on a rocky landscape under a lonely tree, fix their eyes in Heaven or in the Elernity inhabi­ ted by Angels. And strange to say: he was able to describe the psychological moment in which the human spirit rises above the earthly but was not able to interpret the divine. Im pregnatcd with naturalist influence, this acted as the ballast which did not permit him to gain height. But he counteracted this, producing, as has already been said, the expression of the souls who in their supernatural vision find pleasure in tortu­ ring themselves. On the other hand the Greco leaves to poste­ rity the type of the devote and mystic secular, the type of the gentlemen of the Spain of Philip II and those bilious and misterious looking beings with dry complexions and pale lips; also the visionary fauna which initiated the decadence of the country. The influence of the circumstances was so powerful that it killed the Venetian pomposity on the tablet of Theoto­ copuli. MANUEL RODRIGUEZ CODOL..\. 27 AUTO-RETRATO DE ZURBARAN. PORTRAIT DE ZURBARANJ �USEO DE BRUNSWICK PAR LUI-M�ME. MUSEE DE BRUNSWICK PORTRAIT OF ZU�BARAN. BRUN�WICK MUSEUM -LA INMACULADA CONCEPCI6N. IMMACULEE CONCEPTION. DE LOS HEREDEROS DE D. COLL. DES HERITIERS DE D. JOSE JOSE MARfA L6PEZ DE CEPERO. MARfA L6PEZ DE CEPERO SEVILLA. 1616 SEVILLE. 1616 THE IMMACULATE CONCEPCION. OF TH·E HEIRS TO JOSE MARfA L6PEZ DE CEPERO. SEVILLE. r6r6 i 'j r- 3 • iii III o '" o OJ '" f-o Z N o :> '" o ;:; OJ ., ..l .J III < OJ t=: 0 Q o � � !no:: ::r u oPo. i� � '" Q 01 ..... 00 QOJ �� 12::;; ....., o IZ Z l -{ VISI6N DE SAN '- VJSION DE SAINT PEDRO. CATEDRAL PIERRE.CATHRDRALE DE SEVILLA. 1625 DE SEVILLE. 1625 VISION OF ST. PETER. SEVILLE CATHEDRAL. J 625 5 SAN PEDRO PENI­ SAINT PIERRE REPEN" TENTE.CATEDRAL TANT. CATHEDRALE DE DE SEVILLA. 1625 SEVILLE. 1625 ST. PETER PENITENT. SEVILLE CATHEDRAL. 162 5 6 } '. 1 ,J I " SAN BUENAVENTU?A REelBE SAINT BONAVENTURE REC;0IT LA VISITA DE SANTO TQMAs. LA VlSITE DE SAINT THOMAS. KAISER-FRIEDRICH. MUSEUM, KAISER-FRIEDRICH. MUSEUM, BERLiN. 1628 BERLiN. J628 .) ST. BUENAVENTURA RECEIVING THE VISIT OF ST. THOMAS. KAISER-FRIEDRICH. MUSEUM, BERLiN. 1628 }- '. 1 I ) FRAY PEDRO MACHADO. FRAY PEDRO MACHADO. ACAD. DE SAN FERNANDO' ACADEMIE DE SAN FERNANDO FRAY PEDRO MACHADO. ACADEMY OF SAN FERNANDO FRAY jER6NIMO PEREZ. FRAY jER6NIMO PEREZ. ACAD. D� SAN FERl�ANDO ACADEl\IIE DE SAN FERNANDO FRAY]ER6NIYO PEREZ. ACADEMY OF SAN FERNANDO 9 FRAY FRANCISCO ZU1\.'1EL. FRAY FRANCISCO ZUMEL. ACAD: DE SAN FER.:.'lANDO ACADEMIE DE SAN FERNANDO FRAY FRANCISCO ZUI\'JEL. ACADE�'lY OF SAN FERNANDO 10 FRAY FRAY HER..�A..''TJO DB SAl."'TlAGO. HERNA�'"DO DE SA...'''TlAGO. ACAD. DE SA...X FER-N"A.!.'''DO ACAD&'\l[E DE SAN FE.RJ..�A�1)O FRA v HER-"'A...I\-no DE. SA...'-itAGO·. ACADEMY OF SAN FERNA...",'"DO II RETR.-\TO PORTRAIT J DE In' FRAILE MERCEDARlO. D UN FRERE DE LA MERCr. ACAD. DE SA..7'{ F'ER..."k'o'"DO ACADE::\UE DE SAN FER.:."Al'o'"'DO 12 APARICI6N DE SAN PEDRO ApPARITION DE SAINT PIERRE A SAN PEDRO NOLASCO. .l.. SAINT PIERRE NOLASQUE. MUSED DEL PRADO. 1629 MUSEE DU PRADO. 1629 ApPARITION OF ST. PETER TO ST. PETER NOLASCO. PRADO MUSEUM. 16>9 13 LA VIRGEN DE LAS CUEVAS. LA VIERGE AUX ROCHERS. MUSEO DE SEVILLA. I629 MUSEE DE SEVILLE. 1629 THE VIRGIN OF THE CAVES. SEVILLE MUSEUM. 1629 2 SAN HUGO SAINT HUGUES E_' EL REFECTORlO. DANS LE REFECTOIRE DES CRARTREUX. 1\1U5EO DE SEVILLA. 1629 MUSKE DE SEvILLE. 16'9 ST. HUGO IN THE REFECTORY. SEVILLE 1\1USEUM. 1629 i SAN BRUNO SAINT BRUNO CON EL PONTiFICE URBANO II. ET LE PAPE URBAIN II. MUSED DE SEVILLA MUSEE DE SEviLLE ST. BRUNO WITH PONTIFEX URBAN II. SEVILLE MUSEUM t 16 LA YISI6N VISION DE DE SAN PEDRO NOLASCO SAINT PIERRE,NOLASQUE. MUSEO D.EL PRADO. >6,9 MUSEE DU PRADO. 1629 THE VISION·OF ST. PETER NOLASCO. PRADO MUSEUM. 1629 , '7 SAN BUENAVENTURA SAINT BONAVENTURE VISITADO POR UN ANGEL QUE VISITE PAR UN ANGE QUI LE DESIGNA EL CARDENAL LUI DESIGNE LE- CARDINAL QUE DEBE SER ELEGIDO PAPA. QUI DOlT �TRE ELU PAPE. 1\1USEO DE DRESDE MUSEE DE DRESDE ST. BUENAVENTURA VISITED BY AN ANGEL WHO ANNOUNCES THE CARDINAL WHO MUST BE ELECTED POPE. DRESDE MUSEUM , t LA �1UERTE DE SAN BOEN,AVENTURA. MORT DE SAINTBONAVENTURE. MUSEO DEL 'L�U�R�� MUSEE DU LOUVRE DEAT (1jF""ST. 'BUE:N'AVENTURA. LOUVRE MUSEUM I9 ! EL CRISTO DE LA EXPJRACI6N. LE CHRIST DE L 'EXPIRATION. MUSEO DE SEVILLA MUSEE DE SEVILLE CHRIST OF THE EXPIRING. 'SEVILLE MUSEUM 20 .MONJE EN OR.ACr6N. _ MOINE EN PRIERE. MUSEO DE BARCELONA MUSEE DE BARCE�O�E MONK) PRAYING. BARCELQNA MUSEUM 21 EL BEATO ALONSO LE BIENHEUREUX ALONSO t , RODRIGUEZ. ACAD. DE RODRiGUEZ. ACADEMIE DEi r SAN FERNANDO •. 16Jo ,SAN FERNANDO, 1630 THE PIOUS ALONSO RODRiGUEZ, ACADEMY OF SAN FERNANDO. 1630 22 .1 LA PORCIIJNCULA. LA PORTIONCULE. MUSEO DE CADIZ. 1630 MUSEE DE CADtX. 1630 THE PORC,UNCULA. CADIZ MUSEUM. 1630 23 GLORIFICAcr6N DE ApOTHEOSE DE SANTO TOMAs AQUINO. DE SAINT THOMAS D'AQUIN. MUSEO DE SEVILLA. 1631 MUSEE DE SEVILLE. 1631 GLORIFICATION OF ST. THOMAS DE AQUINO. SEVILLE MUSEUM. 1631 >< ii -c o ., A " ... '" ::> ::;; � ;.; .. '" ::> < ..-l :s !-. ::> Z � :;;; ::> (j) ::;; N a (j z < .!fJ 3 A_NGKL TURIFER..�RIO. A..-";GE THURIFERAIRE.. J\lU5.EO DE CADIZ. '1633 MUSER DE CADIX. 1633 ACOLOTHIST .-L''IUSEE: DE: CADTX. 1633 ACOLOTHIST ANGEL. CA.DIZ MUSE:IDI. 1633 SAN·UG6N, SAINT HUGUES, OBISPO DE GRENOBLE. EVEQUE DE GRENOBLE. M_USEO DE CADIZ. 1633 Musaa DE CADIX. ]633 ST. UG6N, BISHOP OF GRENOBLE. CADIZ MUSEUM. 1633 29 SAN A"NTELMO. SAINT ANTELME. MUSEa' DE CAnlZ.·';633 "MUS'EE DE CADIX. "1633 5T: ANTELM: CADIZ M'uSEUM. ·,633 30 �. \ SAN BRUNO. SAINT BRUNO. MUSEO DE CADIZ. 1633 MUSEE DE CADIX. 1633 ST. BRUNO. CADIZ MUSEUM. 1633 BEATO LE BIENHEUREUX JUAN HOUGHTON. JEAN HOUGHTON. MUSEO DE CADIZ. 1633 MUSEE DE CADIX. 1633 PIOUS JOHN HOUGHTON. CADIZ MUSEUM. 1633 32 SAN LUCAS. MUSEO DE CADIZ SAINT Luc. MUSEE DE CADIX ST. LUCAS. CADIZ MUSEUM 33 LA PE. 'TECO·STES. LA PEN TECaTE. MUSED DE CADlz;'I633 MUSEE ,DE CADlX. 1633 PENTECOSTES. CADIZ MUSEUM' 1633 34 LA> ANUNCIACI6N. L'ANNONC[ATION. MUSEO DE GRENOBLE. 1638 MUSEE DE GRENOBLE. 1638 THE ANNUNCIATION. GRENOBLE MUSEUM. 1638 35 J AnORAC16N DE: LOS PASTORES. L'AoORATION DES BERGERS. MUSEO DE GRENOBLE. 1638 MUSEE DE GRENOBLE. 1638 1 ADORATION OF THE SHEPHERDS. GRENOBLE MUSEUM.- 1631:$' LA CIRCUNSCIS16N. LA CIRCONCISION. lI'IU5EO DE GRENOBLE. 1638 MUSEE DE GRENOBLE. 1638 THE CIRCUMCISION. GRENOBLE MUSEUM. 1638 37 LA AOORACl6N DE LOS REYES. L'AoORATION DES MAGES. MUSEO DE GRENOBLE. 1638 MUSEE DE GRENOBLE. 1638 THE EPIPHANY. GRENOBLE' MUSEUM. 1638 4 I -f SANTA CASILDA'. S>. INTE 'CASILDE. MUSED nEL PRADO MU5EE ou .PRADO 39 I I .J ·1· J SANTA MARINA: DE GA.LICIA •. SAINTE MARINA DE GALICE. MUSED DE SEVILLA MUSEE DE SEVILLE ST.:MARINA OF G;'LlttIA. SE'VILLE MUSEUM ,.t, I "SAN BRUNO EN ORACr6N., S'AINT BRUNO EN PRIERE. . : MUSEO DE CADIZ • MUSEE DE CADIX ST, BRBNO .Pl'AYING, CADIZ MUSEUM 41 EL MI'LAGRO EUCARisTICO MIRACLE DE L'EUCHARISTIE EN LA MISA DEL P. CABA­ PENDANT LA MESSE DU PERE NUHLA. MONASTERIO DE CABAN-UELA. MONASTERE DE GUADALUPE. 1638 GUADALUPE. 1638 THE EUCHARISTIC MIRACLE DURING THE MASS OF FATHER CABAN-UELA. MONASTERY OF GUADALOUPE. 1638 ENRIQUK EL DOLIENTE HENRY LE MALADIF PORFIANDO EN PROl\'fOVER AL NO'MMANT EvRQ E L"'E EPISCOPADO AL P. IBANEZ DE PERE IBANEZ DE FIGUEROA. ..! FIGUEROA. MONASTERJO "DE M"ONASTERE DE GUADALUPE. GUADALUPE. 1639 1639 HENRY SUFFERING INSISTING IN PROMOTING FATHER IBANEZ DE THE FIGUEROA TO THE EPISCOPATE. MONASTERY OF GUADALOUPE. 1639 43 FRAY GONzALEZ DE ILLESCAS. FRAY GONzALEZ OJ ILLESCAS, OBISPO DE C6RDOBA. MONAS- EV�QUE DE CORDOUE. MONAS- TERlO DE GUADALUPE. 1639 TERE DE GUADALUPE. 1639 FRAY GONzALEZ DEILLESCAS. BISHOP OF C6RDOBA. MONASTERY OF GUADALOUPE. 1639 CELESTIAL CASTlGO DE SAN JER6NIMO. CHATIMENT CELESTE DE SAINT JEROME MONASTERIO DE GUADA'LUPE MONASTERE DE GUADALUPE HEAVENLY PUNISHMENT OF ST. jER6NIMO. MONASTERY OF GUADALOUPE 45 ]ESUCJUSTO PR:EMIANQO JESUS CHRIST RECOMPENSE LAS MQRTIFICACIONES DEL LES MORTIFICATIONS DU P. SALMER6N. MONASTERIO • PER'E SALMER6N. MONAS­ DE GUADALUPE. 1639 TERE DE GUADALUPE. 1639 JESUS CHRrST REWARDING THE tVIORTIFICATIONS OF FATHER SALMER6N. MONASTERY OF GUADALOUPE. 1639 INMACULADA. IMMACULEE CONCEPTION. MU5EE CERRALBO. MADRID - Musao CKRRALBO. MADRID IMMACULATE .. CERRALBO MUSEUM. MADRID I I 47 1 ·1 - S'!\N LUIS BELTRA�. SAINT LOUIS BELTRAN. DE SEVILLA. I650 MUS8:E 1650 MUS1;O DE S�VILLE. ST. LOUIS BELTRAN. MUSEUM. 1650 >iEVILLE BI!ATO ENRIQUE SUZ6N. LE B'I!NHI!URIWX HENRI SUZ6N. MU5EO DE SEVILLA. 1650 MUSEE DE SEVlcLE. 1650' PIOS ENRIQUE SUZ6N. SEVILLE MUSEUM. 16:;0 •••••••• 5 _. EL ARTE EN ESPANA EDICIONES DE VULGARIZACI6N Propagar el conocimiento de los tesoros artlsticos de nuestra patria, 10 que nos mueve a publicar esta Biblioteca de vulga­ es rizaci6n del Arte nacional que tiende, por 10 econ6mico de su , preeio, a que llegue a todas las manos. Es tanto 10 que aun po­ seemos, y tan importante, que es de convenieneia que se sepa, por los que no 10 tengan averiguado, que nuestro pais es todo el un museo, rico, variado, generoso para cuantos a su cstudio se dediquen. Para demostrarlo, y para que esta demostraei6n lIegue facilmcnte a todas partes, emprendernos la publicaci6n de una serie de tomitos en los cuales se recojera, con abundan­ cia de reproducciones y breve texto, 10 mas saliente de antiguas construcciones;de los pintores y escultores que gozan de nom­ bradia universal y de cuanto en los museos espaiioles dice el abolengo de industrias artlsticas nacionales. Obras pubJicadas: 1. LA CATEDRAL DE BURGOS. 2. GUADALAJARA­ - ALCALA DE HENARES. -3. LA CASA DEL GRECO.- 4. PALACIO NACIONAL DE MADRID.- 5. ALHAMBRA I. -6. VELAzQUEZ EN EL MUSEO DEL PRADO.- 7. SEVILLA. - 8. ESCORIAL I. - 9. MONASTERIO DE GUADALUPE. - 10. EL GRECO. - 11. ARANJUEZ. - 12. MONASTERIO DE POBLET. -13. CIUDAD RODRIGO. - 14. GOY A EN EL M USEO DEL PRADO. 15. LA CA­ - TEDRAL DE LE6N.-16. PALENCIA. -17. ALHAMBRA II. - 18. VALLADOLID.- 19. MUSEO DE PINTURAS DE SEVILLA. 20. LA CATEDRAL DE SIGOENZA. - - 21. RIBERA. 22. ESCORIAL II. - 23. ZARAGOZA 1. - - 24. ZARAGOZA II. 25. LA CATEDRAL DE TOLEDO. - -26. CATEDRAL DE TOLEDO. MUSEO.-27. MUSED DE BELLAS ARTES DE CADIZ. 28. LA CATEDRAL DE - BARCELONA. 29. ALCAZAR DE SEVILLA. - 30. LA - CA TEDRAL DE SEVILLA. 31. LA CA TEDRAL DE SE­ - VILLA. MUS EO. -32. MONASTERIO DE SANTES CREUS. :· -33. CAMARA SANTA DE LA CATEDRAL DE OVIEDO. :· - 34. LA CATEDRAL DE SEGOVIA. 35. ZURBARAN.- - 36. GOYA EN EL MUSED DEL PRADO. LOS TAPICES. : N. • · · Bstabtecimiento editorial Thomas. Mallorca, 201. Barcelona. • ••••••••••••••••• & ••••••••••••• 11 •••••••••• :. = . MVSEVM REVISTA DE ARTE ESPANOL ANTIGUO Y MODERNO Y DE LA VIDA ARTISTICA CONTEM- PORANEA l\lVSEVl't1. es una de las revistas puramente artlsti­ cas en lengua espanola, que se publica en Europa y America; es la mejor pubhcacion de arte que ve la Iuz en los palses de origen latino, segun 10 atestigua la prensa competente de Europa; publica informa­ ciones e investigaciones sobre pintura, escultura, arquitectura, arqueologla, ceramica, vidrieria, nu­ mismatica, orfebrerla, xilografia, tapices, bordados, decoracio n de interiores, etc etc. A quienquiera 10 .. solicite manda numeros de muestra. PRECIOS DE SUSCRIPCION Espana, un tome . 30 pesetas. Extranjero. . 35 pesetas. Numero suelto. . 3 pesetas. Numero suelto en el extranjero , 3'50 ptas. Administraci6n: Mallorca, 291. - Barcelona (Espana). Reproducido, grabado estampado en los talleres y Thomas, de Barcelona 35 II) �. . I ·0 :i