NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES '7^" MM Nuestra Señora de los Reyes. Esta famosa efigie atrae, á un tiem¬ po, la devoción de ios sevillanos y el interés de los arqueólogos. Siempre que sale de la Catedral, por la renombrada puerta de los Pa¬ los, multitud de lindas muchachas, fijan en ella los rasgados ojos, espe¬ rando de su bondad, la concesión de alguna gracia, pues es fama que ja¬ más la niega, à quien, con fe, la de¬ manda, en el momento de presentar¬ se á la contemplación de los fieles. Y de ignal modo, aunque con móvil distinto, los aficionados á antiguallas 148 ENRIQUK l>E EEGL'INA artísticas, examinan la tradicional figura de Nuestra Señora, procuran¬ do descubrir, á través de las espesas capas cubren su ros¬ de pintura que tro, el obra, primitivo carácter de la para determinar si es producto del atrasado arte que existia en el último periodo del estilo romano-bizantino, como afirman acreditados escritores, ó cabe un origen más poé¬ atribuirla tico, más antiguo, más en consonan¬ cia, en fin, con lo que reclama el hon¬ do sentir del pueblo católico. La impresión que la escultural obra cansa, es la de proceder, aproxima¬ damente, de aquella época artística. Cuando las hordas del Norte se arrojaron sobre la antes invicta Roma y los corceles del Rhin hicieron vi¬ brar los ecos del Capitolio, prodújose una perturbación tan profunda, con¬ moviéronse de tal modo los cimientos en que descansaba aquella poderosa civilización, que toda sucumbió en el NTRA. SRA. DE LOS REYES 14g cataclismo, y las artes, que necesitan, para su florecimiento, períodos de so¬ siego y regiones tranquilas, abando¬ nando la Italia, fueron á implantarse en las márgenes del Bosforo, lugar más acomodado á sus exigencias. Purgó, entonces, Roma, el delito que cometiera al despojar á la Grecia inmortal de sus ricas preseas, condu¬ ciéndolas á la que había de ser capi¬ tal del mundo civilizado, para ador¬ narla y enriquecerla con las más be¬ llas obras que el genio del hombre acertó á producir. Más como prueba de que existe una ley de expiación, muchas veces cumplida, había de llegar, del mismo modo, un día en que Constantinopla pidiera á Roma protección y asilo para sus ciencias y sus sabios, atro¬ pellados y anatematizados por los sectarios de Mahoma. Originóse de tales quebrantos, una grave alteración en todo cuanto se 150 ENRIQUE DE LECUINA refiere al orden social, y pudo el cris¬ tianismo, que había resistido potente la poderosa crisis, sobreponerse á to¬ das las infiuencias yejercer, desde un principio, incontrastable predominio en la organización del mundo, siendo la Iglesia, base iortisima de la nueva Sociedad. Adquirió, entonces, la escultura, carácter distinto, y olvidados los an¬ tiguos modelos, repudiadas, por com¬ pleto, la belleza de forma y la pure¬ za de líneas de la estatuaria griega, Constantinopla, la antigua Bizancio, vino 'á dar la norma artística, hasta el punto de que algunos monarcas es¬ pañoles, reproducían fielmente tipos bizantinos,y añadiendo bárbaras le¬ yendas, formaban el cuño de sus mo¬ nedas. Era aquel estilo, pesado y tosco en todas sus manifestaciones y á sus es¬ peciales condiciones, no podían sus¬ traerse artistas que,'por el contrario, NTRA. SRA. DE LOS KEYBS l^r pretendían observar fielmente sus re¬ glas. Sin embargo, en medio de esta, rudeza, á pesar desemejante sencillez de labor y de la severidad que se re¬ flejaba en la obra, los restos precio¬ sos procedentes del estilo latino-bi¬ zantino, presentan una circunstancia que, en extremo, los avalora, aparte del mérito arqueológico que su anti¬ güedad les concede. Esta singulari¬ dad, es el candor y la dulzura de las- imágenes de las Vírgenes, que hacen comprender la influencia de la Igle¬ sia, la fe honda que guiaba la mano- del obrero y lo arraigado de los sen¬ timientos de aquella gente varonil- que, con la enseña de Cristo y el san¬ to amor de la Patria grabado en sus corazones, lograron realizarla subli¬ me epopeya de la Reconquista. Sus maestros supieron demostrar de una manera concluyente, que no¬ se necesita perfección artística para, inspirar devoción, y asi sucede con lak 153 RNRIQUB DB LEGUINA histórica estatua de cedro, que re¬ presenta á la Virgen de los Reyes. De tamaño algo mayor del natural, con el rostro apenas modelado, los cabellos formados por delicados cor¬ doncillos de oro y seda, las manos afi¬ ladas y los pies, aunque apuntados, algo cortos, indica, claramente, un periodo de transición en el arte de la escultura, siendo de advertir que en su interior guarda un complicado mecanismo, que la permitía mover la cabeza, oprimiendo, sin duda, algún muelle ó resorte. Es una de esas estatuas movibles que desde la Edad Media tuvieron gran aceptación para representar es¬ cenas de la Pasión, y también con el objeto de figurar, en diferentes fies¬ tas celebradas en los templos, las ac¬ ciones de Jesús, la Virgen y los San¬ tos, habiendo llegado á cometerse tantos abusos, merced á la ignoran¬ cia y superstición de las gentes, que NTKA. SRA. DS LOS RHYBS 153 laeron proscritas en el Concilio de Trento y hasta en un Sínodo cele¬ brado en Orihuela, hubo de prohibir¬ se, á principios ya del siglo xvn, que en las iglesias y fuera de ellas ise re¬ presentasen las acciones de Jesús y las de la Santísima Virgen ó las vidas de los Santos, por medio de esas es¬ tatuas movibles, vulgarmente deno¬ minadas títeres». Esta construcción especial, que au¬ menta el interés que ofrece la vene¬ rada imagen, fué conocida de mu¬ chos escritores antiguos. Ya en un libro de Hernán Pérez de Guzmáh (Era de 1383) se lee lo si¬ guiente;le la imagen de Santa María es fecha en torno e la levantan e la asientan cuando quieren para vestir a ella e al su hijo»; otros muchos lo han advertido después, como Espi¬ nosa de los Monteros, que supone fué enviada por San Luis á San Fer¬ nando y añade: «tiene movimiento 154 ENRIQUE DE LEGUINA por las coyunturas como si estuviera viva y asi puede sentarse ó estar de piéi. Villatañe dice que algunos la creen de fábrica alemana, «sin más fundamento que el débil de estar fa¬ bricada de goznes y que tal modo de labrar es propio de la curiosidad de los oficiales de aquella nacióni. Argumento, en verdad, bien poco sólido, pues en Italia es muy conoci¬ do el crucifijo de Luca y no es menos célebre el del Monasterio de Boxtey, en el Condado de Kent. En España tenemos el famosísimo Crucifijo de Orense, atribuido por sencillos y piadosos varones nada menos á Nicodemus, tradición que desmentida por el P. Florez. De aquel decía el cronista Ambrosio de Mora¬ les: «es como el de Burgos, de goznes y muéstrase con toda la solemnidad que allá se usai. Al de Burgos consagra las lineas siguientes D. Pedro Orcajo, en su His- VTRA. SRA. DK LOS REYES torta de la Catedral: «en dicha imagec se observan con asombro calidades propias de un cuerpo animado, cuai es su flexibilidad, el movimiento ai parecer natural de sus brazos y de todas sus articulaciones; de tal suer¬ te quecede fácilmente como un cuer¬ po vivo en cualquiera parte de sa prodigioso cuerpo que se aplique el dedo ó que se comprima, mueva à toque con otra cosa. El cabello, bar¬ ba y aun uñas de pies y manos, exce¬ den en propiedad á las perfecciones del arte, pareciendo nacidas en la misma prodigiosa imagen.» En la ciudad de Sevilla, y en ss iglesia de Santa Ana, se veneran las estatuas movibles de la Virgen y sa Madre. Los zapatos que conserva la de los Reyes, llaman, también con justicia, la atención del observador. Conocida es la importancia que e( calzado de lujo tuvo en la Edad Me- 156 ENRIQUa DE LEGUIN A dia, pues si los ejemplares que se co¬ nocen son escasos, en cambio abun¬ dan los documentos que se refieren á su construcción, usos, tasas, etc. En la Exposición Histórico-Europea, celebrada con motivo del 4.0 Cente¬ nario del descubrimiento de Améri¬ ca, figuraron los del Obispo mindo- niense don Pelayo, que pertenecen á la clase de calzado áureo llevado por lesclérigos desde el siglo xii. Des¬ pués se extendió su uso, y una dispo¬ sición de Alfonso el Sabio, tasa los «çapatos dorados de mueier VI pares por i maravedí los meiores» Los de la Virgen de los Reyes «son de color blanco de cordovan con ore¬ jas muy cortas, alpargatados y pos¬ tizos, si bien puntiagudos y apreta¬ dos y semejantes á los que tiene el Señor Rey San Fernando en el sepul¬ cro, de la forma de los Bacunos, en cuyo medio tiene cada uno un lilio grande, flor de lis sobre el empeine. NTRA. FRA. DE lOS KBYBS 157 empezando desde la punta del pie, á cuyas caídas de los dos lados de afue¬ ra están en sus espacios unas estre¬ llas y hacia el talón de uno y otro se ven unas letras antiguas, lombardas según sus caracteres, que expresan esta palabra. Amor. Y estas letras, es¬ trellas y flor de lises, son doradas so¬ bre el cordovan y no bordadas como mal han entendido algunos (i).i Resalta, pues, en ellos, la palabra Amor, y la contemplación de la vene¬ rada imagen, despierta ese mismo sentimiento en cuantos guardan en su alma el aliento que presta la. Reli¬ gión verdadera. Con las hondas rai¬ ces de su culto tradicional, siempre que asoma por la puerta de los Pa¬ los el pabellón que la cobija, al con¬ templar su candorosa apostura, al re¬ cordar cuantas generaciones han ele - vado á ella, sentidas preces, hallan- (1) ^wïòz.--InsÍHUac:ón apologética, M.S. rsS BNRIQUB DB LBGUINA do siempre consuelo á la pena y le¬ nitivo al dolor, los sevillanos la admi¬ ran y reverencian, y la exponen sus quejas, angustias y necesidades, con¬ vencidos de que los ha de escuchar y atender con el cariño maternal de que tan grandes pruebas tiene dadas. .'Jf/T».' La cueva encantada de Peña-Castillo. LA CUEVA ENCANTADA DE PEÑA-CASTILLO. ■pL viajero que se acerca á Santan- U der, por el pintoresco camino de la costa que une la ciudad con Bilbao, al aproximarse á Peña-Castillo, vis¬ lumbra la obscura boca de una ca¬ vernaabierta en el centro del cerro, y cuya fuerte sombra indica, á lo lejos, la existencia de una cavidad profunda. Si llevado por la curiosi¬ dad, trata de inquirir el nombre de la cueva, su extensión ó cualquiera otra circunstancia, no ha de faltar algún montañés que, en tono misterioso, refiera sentida caballeresca leyendav «62 ENRIQUE DE LBGUINA de esas que se transmiten las familias datante las largas veladas de invier¬ no, en las patriarcales reuniones que se forman al amor de la lumbre. Alli oirá referir, con sencilla frase y convencimiento extremado, rela¬ ción de algún milagro 6 prodigiosa aparición de Virgen, bien acogida siempre,y transmitida con venera¬ ción por los hijos de la montaña, donde los sentimientos religiosos, fuertemente arraigados, resisten el embate del moderno descreimiento. abundan las leyen¬ Mas, asi como das, más ó menos adornadas por ga¬ tas de la imaginación, nunca hemos hemos oído relatar, no obstante nues¬ tras frecuentes excursiones por aque¬ lla costa, la única narración que, cousignada en documentos históricos, hubo de presentar, en su principio, todo el atractivo de los libros de ca¬ ballería; nadie nos ha dicho que aque¬ llos lugares fueron teatro de singula- LA CUFVA DE PHRA-CASTILLO 163 res sucesos en la mitad del siglo xvi, sucesos pusieron en movimiento que á corregidores y delegados, preocu¬ paron á Secretarios de Estado, hicie¬ ron viajar á padres graves de la Com¬ pañía de Jesús y aun promovieron la expedición de Reales cédulas, obli¬ gando á fijar, en ellos, la atención al mismo Felipe II, bien es cierto que éste se ocupaba de cuantos aconteci¬ mientos de alguna importancia ocu¬ rrían, estudiándolos, en sus detalles, con especial asiduidad y constancia. Fué origen de tales hechos, el solo anuncio de la existencia de un tesoro escondido en la cueva de Peña-Cas¬ tillo, y cuya defensa se hallaba con¬ fiada á gigantes y trasgos. Pero no adelantando los sucesos, vamos á convertirnos en fieles narra¬ dores, sin hacer más que extractar, con escrupulosidad, documentos que merecen entera fe. A 17 de Marzo de 1576, un italiano 164 ENRIQUE DE LKGUINA llamado Marco Antonio María Ro¬ mano, que se hallaba preso en San Sebastian, acudió con un memorial al Rey, manifestándole que se halla¬ ba detenido por orden del Corregi¬ dor, ignorando Ir causa, pues no habia hecho más que ir á la provin¬ cia de Santander, con objeto de reco¬ nocer la cueva de Peña-Castillo, que estaba encantada, guardando en su seno grandes riquezas que él solo po¬ dia adquirir, por el conocimiento que tenía de los secretos necesarios para hacer el conjuro y desvanecer las malas artes de la magia, hallán¬ dose decidido á llevar adelante la empresa en benehcio del Rey, siem¬ pre que se le concediese una recom¬ pensa importante. Manifestábase, también, dispuesto á revelar una par¬ te de sus conocimientos, á la persona que se comisionase por S. M., seña¬ lando él, además, algún individuo de la Compañía de Jesús, que por su LA CUEVA DE PEÑA-CASl ILLO 165 competencia y justificación pudiera prestar, una vez enterado de los an¬ tecedentes y planos que habría de presentarle, autorizado dictamen. El Rey pidió, reservadamente, in¬ forme al Corregidor de Guipúzcoa, que lo era el licenciado Juan Fran¬ cisco Tedaldi, y éste en comunica¬ ciones de 19 y 23 de Marzo, hizo pre¬ sente que, en efecto, el italiano se hallaba detenido, porque habiendo llamado la atención sus idas y vuel¬ tas alrededor de Peña Castillo, don¬ de tomaba vistas y dibujos de la cue¬ va, no explicando satisfactoriamente su extraño proceder, se le había con¬ siderado vago y reducido á prisión. Respecto de los proyectos del italia¬ no referentes al tesoro, lo juzgaba todo grande patraña é invención. Otras varias comunicaciones me¬ diaron, así del Corregidor como del italiano, é insistiendo éste en que se le pusiera en comunicación con algu- l66 ENRIQUK DB LEGUINA na personaeminente, el Rey accedió á ello, yasí, en respuesta â sus órde¬ nes, manifestaba, desde Medina, con fecha 2 de Abril, el P. Juan Suárez de la Compañía de Jesús, que había prevenido al P. Juan Rebelo, que partiese inmediatamente á la Corte é informase acerca del asunto de Mar¬ co Antonio Romano. Mediaron, entre tanto, varios ofi¬ cios y cartas del italiano Tedaldi, y insistiendo cada opinión y uno en su enviando éste al Rey el «retrato de la cueva», pero sin que la cuestión diera un paso hacia su desenlace, cuando el informe del P. Rebelo vino á pre¬ cipitar la solución. En efecto, en 4de Abril escribió ésteáS. M., y después de manifestar que el italiano, con quien había cele¬ brado diferentes conferencias, mere¬ cía buen coscepto por su religiosidad y costumbres, opinaba que debia pro- cederse al reconocimiento de la cue- LA CUEVA DE PEÍ5A-CASTILLO 167 va, repartiéndose los tesoros que ea ella se encontrasen, en la forma que más conviniere al servicio de S. M. Es de notar que una de las comu¬ nicaciones del italiano, decía, entre ctras cosas, lo siguiente: —«Lo de la cueva de San Andrés »nó es burla; hay gran secreto que »yo sólo sé. ■En la cueva ay tantas estrañezas ■leydas en libros profanos que todas ■las fictiones de Amadis y Orlaude ■Furioso y los castillos de Ruggiero y ■de Astolfo queda no nada. Hasta el ■quarto aposento ay 600 braçadas, y ■llegando á este se presenta una ser- ■piente encantada mediohombre coo ■la cola de culebra, los cabellos lar- iigos como de muger, los oios como ■ascuas encendidas la qual mata á to¬ ados los que allí han pretendido en- ■trar sin los secretos que tengo en mi ■poder, lo cual significan muchas ca- ■laveras de muertos que se hallan ea l68 BNUIQUB DB LEGUINA •el 4.0 aposento, que son de nigro- •mantes de diversas partes de Euro- •pa. Con esta serpiente se combate, •y no aymellar en ella con los más •duros puñales del mundo. En otro •aposento está un perraço encantado •á la manera que quenta Virgilio que •Eneas halló en el inherno, el cual •con un bocado que le dió la sibilla •quedó tendido, y este con otro que •le darán quedara vencido Despues •á la entrada de una puerta está un •grande gigante con una maça hie- •rrada en Ja mano con otras mil par- •ticularidades dignas de mucha con- •sideration. Esta novedad está acom- •pañada de grandes thesoros de oro, •perlas y riquísimas joyas que allí •estan depositadas de mas de 600 Baños á esta parte, las quales hasta Boy estan guardadas para que sean Bdescubiertas al mundo tiempo de en «la Catholica Magd. del rei don •/Phelipe. etc.B LA CUEVA DE PEÑA-CASTILLO 169 Visto el dictamen del P. Rebelo, expidió Su Majestad una Cédula, re¬ frendada por el Secretario Mateo Vázquez y fecha en San Lorenzo á ig de Abril, «consignando al Maestro Juan Rebelo de la Compañía de Je¬ sus, quatro por ciento de lo que re¬ sultase del thesoro escondido en la cueva de St. Ander y Galizia para repartirlo entre los colegios de la di¬ cha Compañia de Jesús de la provin¬ cia de Castilla, además de 50.000 du¬ cados para Antonio Maria ytaliano.» Con la misma fecha expidióse otra Cédula á favor de éste, en la que se confirmaba la merced de los 50,000 ducados y se disponía el reconoci¬ miento de la cueva, empresa que ha¬ bía de ser dirigida por el italiano, acompañado del jesuíta. Corregido¬ res de Guipúzcoa y Cuatro Villas y personas que éstos designasen. En cumplimiento del soberano mandato, avisó el P. Juan Suarez á I70 HNRIQUB DE LEGUINA S. M., con lecha 6 de Mayo, que en¬ viaba al P. Juan Rebelo, y, efectiva¬ mente, condujeron al italiano por Vergara, donde escribió al Rey otras cartas, y en el mes de Junio se re¬ unieron, á la inmediación de la cue¬ va, los Corregidores con el jesuíta y otras personas, extendiéndose una solemne ainformación hecha en la Peña-Castillo, jurisdicción de la no¬ ble e leal villa de Santander, á quatr» dias del mes de junio del año 1576, en presencia de Pedro de Çavallos, escribano de su Magestad en Santan¬ der, y del Señor Tedaldi, Corregidor de Guipúzcoa.» De tan autorizado documento y de las comunicaciones oficiales que di¬ rigieron al Rey, D. Jorge Manrique, Corregidor de las Cuatro Villas, en 6 de Junio, y el Lic. Tedaldi desde Camargo el 11 del mismo mes, resul¬ ta el camino, notaron gran que ya en vacilación en el italiano, que iba LA CUEVA DE PBRAB L·l·lGUINA acaesciese e otro si quiere porfía para acabar lo que escomençare (i). Tampoco hemos de detener en nos examinar la importancia que llegó á adquirir el generoso ejercicio, en aquellas épocas en que, constituyen¬ do la principal y casi única ocupa¬ ción de la nobleza, se consideraba el conocimiento de la cetrería y monte¬ ría ó venación, integrante de la parte educación de caballero, y para fa¬ un cilitar su práctica, se reservaba álos nobles el privilegio exclusivo de la caza, en tierras propias y extrañas, introduciendo, de este modo, una sensible limitación en el derecho de propiedad, nulo en cuanto á la caza se refería, al paso que se conminaba (í) Libro, de la Montería qve mando es- crivír el Mvy alto y Mvy podeioso Rey Don Alonso de Castilla, y de Leen, Vltimo deste nombre. Acrecentado por Gonzalo Argote de Molina Impreso en Sevilla, .... por Andrea Pcscioni. Año 1582. LIB<7nS RSPAftOLBS DB CETRRRÍA 205 la transgresiónde tales preceptos, con severas sistema absurdo que penas, desapareció, modernamente, merced á leyes más equitativas y razonables, Nuestro objeto ha dereducirse áin- dicar algunos curiosos libros relati¬ vos á la cetrería en España, por el aprecio que merecen las obras consa¬ gradas al arte cinegético, particular¬ mente en el extranjero, donde obtie¬ nen elevados precios. Reyes, Infantes, magnates y caba¬ lleros, consagraron, largos ratos, á es¬ tamparen el papel, el fruto de sus ob¬ servaciones y experiencia, añadiendo á las noticiasinteresantesensusobras contenidas, un marcado sabor caba¬ lleresco, que hace conserven particu¬ lar atractivo. Tales razones nos mue¬ ven á dar á conocer á nuestros lecto¬ res varias joyas bibliográficas del arte de la caza (i). (1) D. Ramón Mauri publicó al ñn de su S04 ENRIQUE t>S LBGUINA II Dos grandes secciones admite el noble arte de que nos ocupamos: la Tratado de la caza de las perdices con los reclamos macho y hembra^ Madrid, 1848, una «Noticia de los autores anticòs y mo¬ dernos que han escrito de caza en general, y por incidencia algunos de ellos de la de las perdices»; en el año siguiente de 1849 dió á la estampa el erudito D. Miguel Lafuente Al¬ cántara su precioso tratado de Invesiigacio- ttes sobre la Montería y demás ejercicios del cazador^ en el que incluyó una lista de libros de caza, acompañando su examen con un ati* nado juicio. Esta misma relación fué después reproducida en el tomo 11 del Diccionario de Agricnltura práctica y Economia rural^ re¬ dactado bajo la dirección de D. Agustín Es- teban Collantes y D. Agustín Alfaro, Madrid, 1^55; y con notable aumento, se halla en el curioso Diccionario Bibiográfico de D. Brau¬ lio Antón Ramírez. LIBROS ESPADOLES DE CETRERÍA 905 cetrería, que enseñaba á adiestrar y conservar las aves de rapiña, desti¬ nadas á este ejercicio, ya fueran hal¬ cones, borníes, sacres, tagarotes, azo¬ res, neblíes, gavilanes, babaríes, mon¬ tanos, alfaneques, aletos, esmerejo¬ nes, alcotanes ó cernícalos (i), y la venación ó montería. Apenas otra cosa más que la tradi¬ ción y los preceptos consignados en varios curiosos libros, resta de la pri¬ mera, pues aunque se practique en algún rincón de Alemania, Polonia ó Después han publicado dos Bibüogra' se fias venatorias:una por D.José Gutiérrez de la Vega y otra por D. Francisco de P. Uha- gón. Marqués de Laurencio, y ei autor de este libro. (i) *Arte de ballesteria y monteria, es¬ crita con methodo para escusar la fatiga que ocasiona la ignorancia. Dedícale al Serení¬ simo Señor D. Baltbasar Carlos Alonso Martínez de En Madrid Espinar en la Emprenta Real. Año de 1644.1 -2o6 FNRtQUB DB LBGUlNA Persia, no es ya aquel ejercicio que exigia la construcción en cada casti* lio feudal, de un departamento exclu¬ sivamente destinado á la guarda de las apreciadas y valiosas aves; que obligaba á sostener numerosos y bien retribuidos sirvientes sin otro come¬ tido que adiestrarlas para la caza; época en la que el halcón llegó á ser signo heráldico y el más gallardo dis¬ tintivo que una dama podía ostentar -en su puño, y era necesario obtener privilegio real para extraer de una nación pájaros de la apreciada espe¬ cie (i), y se consideraba espléndido dón el de algunas de estas aves, y se reseñaban en los testamentos, y se ex¬ presaban en las cartas dotales, y se repetía su representación en los mo- -numentos y edificios más suntuosos. (i) Jacobo II concedió privilegio al Conde de Gondomar para que sacase de Inglaterra algunos halcones. LIBROS ItSPAÑOLBS DE CETRERÍA ao; y se declaraba su propiedad sagra¬ da é inviolable, y se mencionaban en Jos privilegios reales, las Venationes y Aztoreras (i), ó sean criaderos de es¬ tas aves, llamadas también adtores y después azores. <£ sin falcones e sin adtores mudados» que dice el poema del Cid (2), y murmuraban los pueblos porque «ocupados los señores en cazar fa- Ilescian algo en la gobernación de sus vasallos» (3). (i) 'La caza. Derechos y deberes delpro- pietarioy delcazader. Colección de disposi¬ ciones que la reglamentan, comentadas por D. José de Argullol y Serra y D Francisco Maspons y Labros, Abogados del Ilustre Co¬ legio de Barcelona. Barcelona, imprenta de £l Porvenirt de la V. de Bassas, 1S67.» (a) SÁNCHEZ. Q lección depoetías caste¬ llanas anteriores al siglo XV. (3) 'Auiso de Caçadores y de Caça. Or¬ denado por el magnifico c muy insigne dcc- tor Pero Nuñez de Auendaño Impreso en so8 BNRIQUE DE LBGUINA «Nadie ignora, dice un libro mo¬ derno, la celebridad que tuvo en aquella época el arte de balconería & cetrería, que fué por espacio de mu¬ cho tiempo atributo de la monarquia y de la riqueza» (i). Sólo estas clases podían, en efecto, sostener el gasto que la práctica de la cetrería ocasio¬ naba, pues, como dice otro escritor conocido, lera menester gran diuer- sidad de Fajaros de partes muy re¬ motas, que assí la dificultad de jun¬ tarlos, como el gasto excesivo de mantenerlos, hazeesie exercicio solo dirigido para Príncipes muy Pode¬ rosos, y del mismo se colige quan Real es, y quanto gusto promete» (2). Alcalá de Henares. En casa de Joan de Bro> car. MDXLIII.» (1) Cartilla de catadores para aprender la teoría de la caza por D. Carlos Hidal* go. Madrid, imprenta de C. Moliner y Com« pafiía, 1868. (2) « Exercicios de la giueta al Principe LIBROS RSPAfiOLRS DR CRTRERÍA 209 El balcón, compañero inseparable de los nobles, que frecuentemente iban á la guerra con el ave al puño, era fiado mientras duraba el comba¬ te, á los escuderos,. para después recobrarlos sobre recamado guante, y partir á continuar las arriesgadas empresas, contándose entre las obli¬ gaciones del caballero, cuando por dura suerte de las armas caía en pri¬ siones enemigas, la de dar libertad á sus azores,pues en ningún caso de¬ bían participar de su cautividad, los altivos pájaros, que ni aun como prenda de rescate del propio dueño, podían ser entregados al adversario. nuestro Señor D. Baltasar Cárlos^ por Don Gregorio de Tapia y Salcedo. Cavallero de la Orden de SantTago, Procurador de Cortes de la Villa de Madrid, y Comissario de los Rey- nos de Castilla y Leon por su Majestad en la lunta de la Administración de los Reales Ser* nidos de Millones. Con prinilegio, en Madrid: Por Diego Diaz. Año 1643,2 >4 3IO ENRIQUE DE LEGUINA La nobleza de los balcones inspi¬ raba tal respeto y exigía tan exqui¬ sito cuidado, que nunca se dedicaban á uno de estos pájaros los utensilios y arneses que habían sido utilizados por otro. El guante mismo, bordado á realce, servia para uno solo (i). Así es que cuando se trataba de celebrar una cacería de halcones, se ponía en movimiento todo su servi¬ cio, ostentando espléndido fausto, y llegaba á constituir un verdadero acontecimiento en la tranquila vida de las damas del feudalismo. En aquellos agitados tiempos en que la continuidad de las guerras obligaba á los nobles á alejarse de sus hogares, quedaban reclusas las fa¬ milias, y la dama castellana sólo veía interrumpido su retiro por la visita (i) Les Aris au moyen âge ei à Vipaque de ¿3 Renaissance par Raul Lacroix, Pa¬ ris, 1869. LIBROS BSPAfîOLBS DE CETRBRÍA 31X de algún monje, la hospitalidad con¬ cedida al peregrino, ó la atención prestada á un trovador. Asi, cuando, de regreso de los lances de la guerra, concertaba el señor feudal una expe¬ dición de cetreria, tomaba su pro¬ yecto gigantescas proporciones, que era la caza ocasión de borrar odios, amansar rivalidades y concertar amores. |Y cuán animado aspecto ofrecía el lugar en que la cacería se verifi¬ caba! Por las encrucijadas de alguno de los seculares bosques que cubrían entonces la mayor parte de nuestra esquilmada España, acudían, elegan¬ temente ataviadas y seguidas de es¬ cuderos, nobles damas, montadas en gallardas hacaneas ó tranquilas muías, cubiertas de ricas gualdrapas, impacientes por disfrutar del visto¬ so espectáculo, escoltábanlas caba¬ lleros que, así como ellas, llevaban 912 BNRIQUS DE LBGUINA en su mano, cubierta por la lúa ó guante de buen cuero de perro ó de venado (i), defensa indispensable contra las aceradas uñas del ave, los domesticados azores ó halcones, alguno de los cuales tenía cubierta ia cabeza por un pequeño capuz ó capirote completaba su adorno, que compuesto de brillantes collares y pequeñas campanillas, cuentas ocas- cábeles de plata, adornados con las armas de su dueño, cuyo brillo real- (l) zúñiga sotomayor (D. FaDRIQUb), y lÀbro de cetrería de caça de açor, en el qval por différente stilo del que tienen los anti guost que estan hechos^ verán (los que a esta caça fueren aficionados) el arte que se ha de tener en el conoscitnienio y caça de estas aues, y sus curas, y retnedios, el cual alli mes* en mo habla algunas cosas de halcones, y de ¿odas aves de rapiña, y como se han de cu¬ rar y preservar para que no cayan en do¬ lencias. En Salamanca. En casa de luán de Canova. Año M. D. LXV. LIBROS KSPAfiOLBS DH CETRERÍA 213 zaba los variados colores de su visto¬ so plumaje, colgando, además, de sus patas, las correas que hervían para sujetarlos en la percha, y pendiente de su extremidad, un reluciente ani¬ llo de cobre ó de oro. Movimiento y animación singular presentaba la cabalgata, y sobre todo en el instante en que, v:'ada la garza ó el ánade cuya persecución se inten¬ taba, «Las alas bate, y rota la pihuela, De la alcandara el sacre enfurecido A ser Pyrata de los aires vuelas (i). Lanzábase el neblí recto y rápido como el rayo, hasta colocarse encima del ave perseguida, se arrojaba sobre (r) La D'ana, ó Arte da la caza: poema dedicado al Serenisimo Señor D. Luis Anto¬ nio Jaime de Borbon, Infante de las £spa- ñas, etc Por D. Nicolás Fernández de Mora- tin, criado de la Reyna Madre. Madrid; En la Oñcina de Miguel Escribano. Año de 1765. at4 BNRIQUB DB LBGUINA «lla y descendia al suelo, una vez be- cha la presa, ó describía extensos cir¬ cuios en el aire, atento al señuelo co¬ nocido. A momentos de profundo si¬ lencio en que todos seguían con atan la dirección recorrida por el ave ca¬ zadora, que á las veces traspasaba las próximas nubes, dejando sólo oir el argentino son de las pequeñas cam¬ panillas, sucedían otros de agitado ruido, cuando los cazadores procura¬ ban acercarse al sitio en que habla de verificar su' descenso el ave de ra¬ piña, y por entre los claros de los añosos árboles entrelazados en el es¬ peso bosque, aparecian y se borraban sucesivamente, cual fantásticas som¬ bras, las siluetas de los cazadores con SMS verdes trajes, monteras y gre- güescos, y las flotantes vestiduras de las damas, todo ello animado con los agudos chillidos de los halcones, el estrépito de los caballos, los gritos de los halconeros, la algazara dé los pa- LIBROS ESPAÑOLES DE CETRERÍA 8I5 jes y las quejas de los atraillados pe¬ rros, produciendo un conjunto de imposible descripción. Tal era el ejercicio de la cetrería: •Como se ha de cazar, de que manera Un ave brava y fíera se halaga, Y se hace que haga en las extrañas Valentías y hazañas espantosas, Sus curas y las cosas convinientes A esta arte, que las gentes cetrería La llaman (i) £1 sabio escritor D. Pascual Ga- yangos, nos da una etimología razo¬ nada deesta palabra, admitiendo cque de accipiter, latín significa ave que en de rapiña y accipitraria, que es el arte de cazar con dichas aves, se formaría la palabra aceptnrta 6 ceintía, á que (i) *LÀbro de cetrería. Por D. Luis Za¬ pata, Señor de las villas y lugares de Cehel, Al limo. Sr. D. Diego de Còrdova, en Ma¬ drid.» MS. del siglo XVI. 9t6 BNRIQUS DB LBGUINA otros asignan diferente origeni (i); ejercicio que mereció la atención es¬ pecial de los Príncipes y caballeros, dedicados ya á su práctica constan¬ te, ya á recopilar, de su mano, cuan¬ tas reglas resultaban de sus observa¬ ciones. Estas obras permanecen, en su ma¬ yor parte,inéditas, queel movimiento de las épocas engendra necesidades de todo punto diferentes, y aparta á on lado aquellos trabajos que no tie¬ nen una utilidad inmediata ó sirven para algo más que satisfacer necesi¬ dades de la impaciente curiosidad bumana, aunque en ocasiones desee con tanto anhelo conocer el pasado, como se preocupa y agita por adivi¬ nar lo porvenir. (i) Prólogo de El Libro de las aves de e:aça, del Canciller Pero López de Ayala, JVladrid, l86g. LIBKOS RSPAIÎOLBS DR CBTRBRÍA 317 III El libro de que ahora vamos á ocuparnos es uno que se conserva en la Biblioteca particular de S. M., compuesto de 15 hojas en 4.0, letra del siglo XV, y empieza de esta manera: •Este libro de çetrería fizo evange¬ lista camino de Rodas sobre mar por no estar ocioso y no pensar en los peligros de la mar: trata de las aves ■de rapiña, de los talles, y plumajes y- propiedades y de los guoviernos y curas de sus dolencias, de cada vna como adelante oiréis, y acabado lo embío al prior de san juan don alva- To de çuniga su señor, dezia assi>. En la Biblioteca Nacional existe otro ejemplar de la misma época; sólo tiene 10 hojas en 4.0, y se neta entre ambos alguna diferencia, à 2 8 ENRIQUE DE LEGUINA contar desde la portada, que, según expresa el importante Ensayo de una Biblioteca espttTtola de libros raros y cu¬ riosos, formadocon los apuntamientos de D. Bartolomé José Gallardo, coordina¬ dos y aumentados por D. M. R. Zarca del Valle y D. J. Sancho Rayón, se halla redactada en los siguientes tér¬ minos; iLibro de Cetreria que fizo Evan¬ gelista, corriendo fortuna por el Gol¬ fo de León, por no estar vcioso: y tra¬ tade las aves de rapiña, de los talles* y plumajes y propiedades de cada una y de los gobiernos y curas para ^us dolencias como adelante oires.» No es este libro un tratado doctri¬ nal, ni obra de fondo que pueda ser útil para el conocimiento de aquel trabajoso ejercicio fverdaderamente de Principes», que dice un escritor del siglo XVI (i); hállase, por el con- (i) Litro de la Jineta de Esjaña, com- LIBROS BSRAROLES DB CETRERÍA SIQ trario, todo él redactado en festivo estilo, y desde las primeras palabras, da á conocer su autor la intención que al trazarlas se propuso (i); «Pues que a uro. señor plugo dar¬ me sabiduría y sciencia sobre todo hombre del mundo de los que oy son naçidos, hierro seria en no dexar al¬ guna obra provechosa á los que oy son y adelante serán, en memoria de my, y acordándoseme de quan agra¬ dable es a vra. señoría toda caça qualquiera que sea, mas que a señor que aya visto ni oydo, acorde de ocupar la fantasía en componer esta poca y perfeta obra, la qual es la sus¬ tancia de toda la çetrería que oy se podría pensar ni hablar en todo el , mundo, y siguiendo el estilo della presto por Pedro Fernández de Andrada, Im¬ preso en Sevilla, en la imprenta de Alonso de la Barrera, ano 1599. (1) Hay otro códice de Evangelista en la Bib. de la Historia, 320 RNKIQUS DK LEGUINA será causa de tirar á los caçadores, de muchas y diversas y falsas opi¬ niones y porñas, y darán en lo bivo y poderse hán llamar perfectos y verdaderos maestros». Compónese el manuscrito de la Bib. de S. M., de 19 capítulos á diferen¬ cia del ejemplar existente en la Nacio¬ nal, que sólo tiene 17, contándose en¬ tre éstos los dos últimos, «como se de¬ ben usar los falcones» y «como se ha de purgar el falcon», que faltan en el de la de Palacio, al paso que éste tiene otros cuatro capítulos más, á saber: «De los halcones torçuelos», «De los cuervos», «De los falcones asombrados» y «De la cura para to¬ das las aves.» — Todo el libro se halla escrito en el mismo estilo, y un ligero examen de sus capítulos lo dará á conocer exac¬ tamente. «Capítulo primero habla de los falcones girifaltes.» LIBROS ESPAÑOLES DE CETRERÍA sal «Halcón girifalte se dice que jura falso, creido, verés que baria y no es si jurase verdad.» Así empieza y sigue aconsejando al que lo compre las reglas que le han de guiar, encar¬ gándole mucho «que tenga cabeça -con su pico y que la tenga en cabo del pescueço, q si la tuviese en medio pareceria que tenía dos papos y ca¬ beça no ninguna.» Recomienda tam¬ bién que «sea bivo, porque los muer¬ tos aprueban muy mal en nra. tierra», y previene que no se cace con él «án- tes que nazca, porque le quebranta- tariais.» «Capi. segando habla délos halco¬ nes sacres.» «Halcón sacre se dize por dos cosas: la primera porque el primero que caçó con ellos fué vn sacristán; la otra, porque son abes de gran se¬ creto que nunca les diréis cosa con enojo ó con plazer que lo falléis en boca de nadie.» Encarga que el que 232 ENRIQUE 1>E LEGUINA se compre seade talle de sysopo, por que es muy anexo á los sacristanes, y que sea de color qual mas te agra¬ dase, y que tenga dos pies, y en cada pié cuatro dedos, y en cada dedo vna vña», concluyendo con algunas ad¬ vertencias del mismo género. £1 «Capi. tercero habla de los hal¬ cones bornis.» «Borni quiere dezir en guineo pro¬ vechoso»: Continúa describiendo al ave y dice que son «de la color de su pluma, y tiene el pico a la ca- beça... y tienen muchas propiedades buenas, la primera que mudan vna vez en el año y de quantas veces mudasen, de cada vna tiene su dueño vn año más y el falcon otro, y en la Casa a dó no ay mas de vno, impo¬ sible es hallar dos aunque la trastor¬ néis toda...» El Capi. iiij habla de los falcones alfaneques.» «Alfaneque quiere dezir en arávigo LIBROS BSPAÑOLKS OE CETRERÍA 223 falcon afanador. Estos falcones vie¬ nen de allende y son de talle, y plu¬ maje, y condición, tamaños, niy más ni ménos que Dios los hizo... tiene vn mal, quecomen carneen vier¬ nes é en cuaresma á la morisca, pero tiene otro bien que si lo tienes bien templado, tan bien bolará en lunes como en martes...» El «Capí. V habla de los halcones tagarotes.» «Si quieres saber por que se llaman tagarotes, preguntádselo que nunca me le han querido dezir... la cabeça la tiene toda prieta y la cola le sale del avispero, la causa porque tiene la cabeça prieta, es por el primero que caçò con ellos que fue vn escri • vano y como sean falcones desapro¬ vechados, tanto se dió á ellos que vino en tanta necesidad que no tenía para les comprar capirotes, i en lugar de capirotes siempre tenia á su fal-. con puesto el tintero de sus escrivà- 224 BNRIQUB DB LBGUJNA nias de contino en la cabeça, de ma¬ nera que si alguno le demandaba al¬ gun testimonio no gelo osava quitar por que no se debatiesse, é ansi em¬ pobreció corriéndosele con tino los y algodones en la cabeça del halcón, se le tornó prieta...» £1 «Cap. vi. habla de los halcones baharis.» «Bahari es nombre vizcayno y quiere tanto dezir como falcon barril nunca vi cosa tan propia que assi se parece como el puerco á la ballesta... presúmese que viene á deprender la lengua como los muchachos y des¬ pués apañan lo que pueden se van y á dueño, que assi me hizo vno á su mi que á cabo de vn mes, me llevo unas pihuelas nuevas y vnos casca¬ beles, capirote en la cabeça...» y vn El «Cap. vij habla de los millones.» ■Milioni quiere dezir vn cuento de cuentos en el guarismo y según es ave grande y desabida tanto y más ay UnROS HFPAÍÏOLES DR CETRERÍA 225 enél...» finalizando el capítulo con la descripción del pájaro y sus cualida¬ des. El «Cap. viij de los falcones ne- blis» que se dicen neblis «por que son de color de niebla, son aves muy preciadas caçan en altanería entre el cielo y la tierra... has de caçar con ellos en esta manera, mira que hagan la pluma temprano, puedes tener ma¬ nera que no amanezca hasta que la haga que no es mucho alargar lano¬ che vna ora 6 dos. Para que sea más ligero sácale el menudillo hasta que venga de caça...» Termina, como en los demás capítulos, reseñando las condiciones del ave,, y cuenta gracio¬ samente la causa de la enemistad de estos halcones con las garzas y otras aves. El «Cap. ix habla de los azores.» «Açores son vnas aves muy fermo- sas si las ay en las aves... son muy pedorros y más si no los guardan de 226 SNRIQUB DB LEGUINA las castañas y nabos que son vento¬ sos.» EI «Cap. X habla de los halcones torcuelos » «Estos son muy reboltosos y de contino se hazen pedazos en la mano por el alcandara, quanto más en las tardes. Son malos capiroteros; al que fuere mal capirotero, madrúgalecada mañana, especial los sábados y vete con él á la sinoga y paséalo entre aquellos capirotes de aquellos judíos y ansí perderá el miedo al Capiro¬ te...» El «Cap. xj fabla de los gavilanes.» «Gavilanes son aves muy plazente- ras... en otros reinos las damas caçan con ellos... son aves frías, en el yvier- no deves lo mandar frisar por q esté caliente y ponle unos borzeguis de cordobán estofados y dale cosas ca¬ lientes... hazle dar cada mañana á pelar en vna verengena que no tenga huesso, que uo tiene dientes, son muy LIBROS RSPAÑOLBS DB CRTRRRÍA 237 malos de passar, en ivierno no ay cosa conque mejor los passes que en cecina y bien se guardará fasta la muda » El «Cap. xij habla de los esmerejo¬ nes» de los cuales dice que son aves pequeñas á causa de «que son siete mesinos é las madres los destetan temprano y trabajan temprano...» Re¬ fiere, con chiste, que acaban los más en los cuernos de los caracoles, contra los que tienen particular animadver¬ sión, terminando con dar el remedio para que no se vayan, que es «que varies tú del antes que el de ti é ansí no podrán dezir que se te fué.» El«Cap. xiij habla de los milanos» y asegura quiere dezir que son muy «llanos aunq no muy abonados.» El «Cap. xiiij habla de los çer- nicalos» á los cuales recomienda se les ponga «casca veles de a zero y el sinuelo un pedaço de en piedra yman.» sa8 RNRIQl'E DE LEGUINA El «Cap. XV habla de los alcotanes» que según su vestir parecen al autor aves de orden «y avn de santo domin¬ go. Andan vestidos de prieto y bone¬ tes prietos y al cuello sus capillas... porque son religiosos no me atrevo á poner lengua en ellos, por no herrar, pero segu el talle de lo que seme pue¬ de entender, caçarà bien por monas¬ terios ó tal cosa, que no avrá monja que se le vaia, socorrida ó no soco¬ rrida...» El «Cap. xvj habla de las águilas», que es el ave que «mas alto buela y es señora de todas las aves»—el xvij trata de los cuervos que, áun cuan¬ do queda «para la postre fué la pri¬ mera ave conque los hombres ca- çaron», el txvüj fabla de los falcones asombrados» para los cuales dice que no hay mejor remedio que «ponerlo al sol y quitalle de la sombra y le po¬ drás decir asoleado y no asombrado» y termina con el xix «q fabla de la LIBRDS KSPAROLBS DK CBTKBRÍA 22^ cura para todas las aves» reducido á decir que »si tu ave adoleciere de qualquiera dolencia que sea, ya has oydo dezir que nro Sor. puso virtud en las iervas, y en las piedras, y en las palabras, tómalo y atiéstalo de iervas, y piedras, ypalabras, que no faltaran Parleros que te las digan, y ténlo en lugar abrigado, á dó no dé viento, porque palabras y plumas, el viento se las lleva, de manera que tu falcón quedaria sin palabrasy sin plu¬ ma, y no podria bolar aunque sa- nasse.» Tal es el libro de Evangelista, cuyo estilo flùido y naturalmente gracioso, á la par que correcto, hace su obra apreciable y merecedora de ser leída, con detenimiento, por los aficionados á nuestra castiza habla castellana, asi como objeto de estudio ha sido para algún escritor extranjero, que ha publicado varios extractos de otro ejemplar existente en Viena, áfin de 33© enrique de lkguina dar exacta idea (i) de este interesan¬ teescrito. (i) Adolf Mussafia. V6er eine Spauische kandschrift der Wiener Hofbibliotheh Wien, 1867. £1 ilustrado escritor Sr. Paz y Melia lo ha publicado también en 1877, con prólogo, va* riantes netas yglosario. V. La Caza.-^EstU' dios bibliográficos^ 1888. LA CASA DE PERALES LA CASA DE PERALES que se inició decadencia italiana, Laarquitectura en la apenas olvi¬ dadas las bellezas y suntuosidades del Renacimiento, produjo el exceso en los adornos y la extravagancia en las líneas de los monumentos. Fontana, Bernini y Borromini rompieron, con deplorable resolu¬ ción, las tradiciones del arte antiguo y los principios de la restauración moderna, extendiéndose la nueva es¬ cuela por todas partes. En España se introdujo, á media¬ dos del siglo xvii, por D José Jimé¬ nez Donoso y D. Sebastián de He- 2 34 ENRIQUE DE LEGUINA rrera, arquitectos que habían segui¬ do en Italia las lecciones de Francis¬ co Borromini. Las brillantes cualidades de este maestro, encontraron terreno apro¬ piado para su desarrollo, pues las gentes, fatigadas de las reproduccio¬ nes é imitaciones del clasicismo, buscaban todo lo que parecía nuevo y original. Hasta sus más encarnizados ene¬ migos, declaraban á Borromini «uno de los primeros hombres de su siglo», y es innegable que su atrevimiento y lagrandiosidad de sus amplias con¬ cepciones, le hacían un maestro ver¬ daderamente extraordinario. Asi, no es de extrañar que, aun el correcto Alonso Cano, fuera el autor de uno de los primeros ensayos del estilo borrominesco nuestra en patria al construir, en 1649, un arco para solemnizar la entrada Madrid de en D.a María Ana de Austria. LA CASA DE PERALES 235 Pero sucedió lo que siempre acon¬ tece. Los imitadores de Borromini, ca¬ reciendo de su talento, sólo acerta¬ ron á copiar sus defectos, y, exage¬ rando lo malo, llegaron al extremo de la irregularidad y de la extravagancia- Ofrecía, por entonces, la Península española,campo fértil paraimplantar las más bastardas creaciones artísti¬ cas, porque la Monarquía de Car¬ los II, se acomodaba bien á cuanto- significaba decaimiento y debilidad en todas las esferas. Por esto tomó el nuevo estilo grandísimo vuelo, adquiriendo en España, su especial denominación, por haber sido tres los arquitectos del apellido Churriguera que lo vul¬ garizaron, aun cuando ni ellos fueron los introductores, ni llegaron nunca á los extravíos de pensamiento y ejecución, propios de D. Pedro Rive¬ ra, maestro mayor de la corte. 1236 ENRIQUE UB LEGUINA Este arquitecto labró la fachada del Hospicio en 1726, varios palacios de Grandes, algunas iglesias y la po¬ pular fuente que estuvo en la plaza de Antón Martin. La casa de los Marqueses de Pe¬ rales, situada en la calle de la Mag¬ dalena, que tomó este nombre del convento y es afamada por haber vivido en ella Miguel de Cervantes, fué una de las obras de Rivera. La fachada, como hizo notar el Curioso Parlante, á pesar de su gusto caprichoso, presenta cierta grandio¬ sidad. Resulta este efecto, de la sencillez de las lineas de la portada y de la graciosa y acertada colocación del gran escudo de armas que la corona. Obsérvase en ella que sin faltar los elementos decorativos caracteristi- cos, como canastillos de flores y fru¬ tas, pequeños mascarones, ángeles y rocallas, hay, sin embargo, gran pru- LA CASA DE PERALES 237 dencia en la distribución de eptos ornatos, y, por consiguiente, no men¬ guan la esbeltez de las lineas genera¬ les, formando el conjunto un modelo de verdadera elegancia. Mandada construir por los Mar¬ queses de Perales, D. Ventura Fran¬ cisco de Pinedo y doña Antonia de Velasco y Moreda, á cuyo fin se derribaron varias casas pequeñas que existían en las calles de la Mag¬ dalena y la Cabeza, terminó la obra en 1733 y fué agregada en 1744, al mayorazgo de Perales, con algunas ampliaciones realizadas por su hijo y sucesor en el titulo, D. Ventura Antonio de Pinedo y Velasco, y aun cuando sus sucesores han realizado obras de gran importancia en el edi • ficio acomodándole á las exigencias de la vida moderna, no han queri¬ do, con muy buen acuerdo, alterar la fachada. En esta casa vivieron muchos no- «3^ ENRIQUE DE LEGUE A bles, cuyos hechos se hallan enlaza¬ dos con la historia patria, y allí hace pocosaños, habitaba la Marquesa viu¬ da de Perales, señora discretísima, altura, el nombre de Gonzalo Fer¬ nández de Córdoba, el Gran Capitán, honra y de España, que prez Duque de Sessa, Terranova, Santáii- gelo y Torremayor, Marqués de Vi- tonto, Príncipe de Jafa, Venosa, Es- quilache, y Andria, y otros títulos que vinieron á la de Altamira, casa «en la que se llegaron á reunir lo de Duque, 14 de Marqués, 19 de Conde, uno de Vizconde, trece grandezas de España y multitud de señoríos y car¬ gos perpetuos.» Y, sin embargo, el recuerdo de tanta riqueza y gloria, cede y des¬ aparece ante la profunda sensación que se experimenta al penetrar en el «44 ENRIQUE DE LEGUINA oratorio actual de la casa de los Du¬ ques de Terranova: impresión hon¬ dísima que, elevando el alma á re¬ glones de abstracta contemplación, impide expresar lo que se siente, ni, aunque se extreme el esfuerzo, dar del sublime espectáculo, la acabada y concluyeme idea que merece. Penetra la luz en la linda capilla á través de vidrieras de colores, co¬ bijadas por doradas ojivales arque¬ rías, sus descompuestos rayos, y alumbran el recinto con suave res¬ plandor, que predispone el ánimo al recogimiento propio del lugar. Y cuando se descorren las cortinillas que ocultan una urna colocada bajo la mesa de altar, el espectador retro¬ cede con admiración é inexplicable asombro. Tal es el efecto que causa el cuadro ásus ojos ofrecido. Tras del amplio cristal que la res¬ guarda, aparece una dama, lujosa¬ mente ataviada y reclinada en al- SL CUERPO DE UNA MÁRTIR 345 mohadones de terciopelo carmesi franjeados con anchas bandas de oro, que rematan en pequeñas bellotas. El tono rosado del traje que la en¬ vuelve, tejido en seda con menudas flores, el gran manto azul y plata que completa su rica vestidura, real¬ zada con finísimo encaje de oro, los guantes de malla de plata que cubren sus delicadas manos, en una de las cuales apoya el hermoso rostro, cu¬ bierto por sutil tejido de incorrupti¬ ble amianto, colocado de modo tal que no oculta, sino que, por el con¬ trario, patentiza la singular y per¬ fecta corrección de sus facciones, todo ello, en fin, constituye una figu¬ ra de belleza extraordinaria y de va¬ lor sin limites. El asombro sube de punto cuando se inquiere averigua el nombre de y la misteriosa dama que, por las sun¬ tuosas telas del siglo xvii en que se halla envuelta, parece que hubo de 246 BNRIQUS DB LBGUINA abaodonar los quebrantos y fatigas de la vida mundanal para venir á retirarse, con honda delectación, en aquel tranquilo y protector asilo, dondo solo impera la eterna verdad, hija de nuestra santa religión. Es el sagrado cuerpo de Santa Cla¬ ra, que padeció martirio en el si¬ glo 111 de la Era Cristiana. Donado en 2 de Noviembre de i6g8, Pedro Lamberto, Obispo por Porfiriense, á uno de los Príncipes de la famosa de casa Borghesio, Juan Bautista, para que éste trans¬ mitiera tan inapreciable reliquia á la Sra. D.a Angela de Aragón, Con¬ desa de Altamira, hizolo el 11 del mismo mes y año, en documento so¬ lemne, y en 169g llegó, á esta villa, el sagrado cuerpo de la mártir, se¬ gún acredita el acta de recepción que, al reverso de la auténtica, lo ex¬ presa en los siguientes términos; •En la villa de Madrid, á. veinte y RL CUERPO DE UNA MARTIR 247 dos días del mes de Junio de mil seiscientos y noventa y nueve años, ante el señor licenciado D. Alonso Portillo y Candos, dignidad de chan¬ de la insigne Colegial de la villa tre de Talavera, inquisidor ordinario y vicario de esta villa partido, y su por el Excmo. señor cardenal Porto- carrero, arzobispo de Toledo, etcé¬ tera, mi señor;—Estando en la casa de la morada de la Excma. Sra. do¬ ña Angela de Aragón, condesa de Al¬ tamira, se presentó el despacho de esta otra parte, y una caja cubierta de terciopelo encarnado, con galón de oro, con sellos de lacre, la cual se vió y reconoció por su merced, y abrió las cerraduras con que estaba cerrada, y dentro de ella halló un cuerpo entero vestido y adornado en la forma que expone dicho des¬ pacho, y una ampolla de vidrio en que está la sangre de la Santa, con un letrero en que dice: «Santa Cía- '348 - ENRIQUE DE DEGUIN 4* ra, mártir», vista y reconocida por y su merced, ejecución de dicho en despacho, dijo concede licencia para que el dicho cuerpo de Santa Clara, mártir, se pueda poner y colocar en parte decente 6 en cualquier altar, iglesia i'i oratorio donde se le dé cul¬ to veneración, y á ello interpone y su autoridad y decretojudicial, cuan¬ to ha lugar en derecho, y lo ñrmo. Licenciado, D. Alonso Portillo y Can- dos.—Ante mi —Francisco deCampost. Fué D.a Angela de Aragón y Be- navides una de las señoras más ilus¬ tres de la antigua nobleza castellana y digna del alto honor que este don inapreciable representa Hija de don Luis de Aragón, Duque de Segorbe, y de D.a María Benavides, casada en segundas nupcias con el Duque de Frías, unióse á D. Luis de Mosco- so y Osorio, noveno Conde de Alta- mira, que murió desempeñando las funciones de Embajador en Roma. KL CUERPO,. DE UNE MARTIR 249 ALIÍ, como en todas partes, acredi¬ tó D.r Angela sus relevantes cuali¬ dades, y en ocasiones distintas, me¬ reció pruebas de la justicia con que el. Rey de,España la atendía, pues no contento con otorgarla, una pen¬ sión de i OOP pesos cuando,contrajo matrimonio, la hizo merced de otra, por cédula de i8 de Junio de 1700, año que vió trocadas en tocas de en viudez, las alegres galas de su enlace. De este modo obtuvo compensa¬ ción, aunque insuficiente, de los ex¬ tremados gastos que la había ocasio¬ nado el representar á España, como exigían el fausto de la Corte de los Austrias y las tradiciones de su es¬ tirpe. A tan insigne dama debe la casa de Terranova la reliquia singular que embellece su oratorio. El fausto y las delicadezas del esmero coinci¬ den para presentar tan preciados restos dignamente, siendo de adver- 95^ PNRIQUB DE LEGUINA tir que apenas se alza la tapa del ar¬ caque los encierra, espárcese por el ambiente suave fragancia, átomos impalpables, sin duda desprendidos del cuerpo de la Santa, que conser¬ van el perfume de sus virtudes, real¬ zadas con la palma del martirio. FIN DEL MISMO AUTOR Apuntes pam la Historia de la Villa de San Vicente de la Barquera Serie I.a Santander, 1875. Serie 2.a Ma¬ drid, 1905. Recuerdos de Cantabria. Madrid, 1875. Hijos ilustres de Santander. Madrid, 1875. El P. Rávago, confesor de Fernando VI. Madrid,1876. fuan de la Cosa, piloto de Colón. Ma» drid, 1877. La Espada, apuntes para su historia. Sevilla, 1885. Estudios bibliográficos: La Caza. (Con D. F. de P. Uhagon). Madrid, 1888. Indice de libros de Esgrima. Madrid, 1891. 252 OBRAS DEL MISMO AUtOR Impresiones artísticas. Madrid, 1895. Las campanas de la Giralda. Sevi¬ lla, 1896. Pedro de Villegas Marmolejo. Sevi¬ lla, 1896. La Giralda. Sevilla, i8g6. La Espada de San Fernando. Sevi¬ lla, 1896. Los anticuarios en Sevilla. Sevilla, 1899. Bibliografía é histoiia de la esgrima es¬ pañola. Madrid, 1904. Las Armas dé Don Quijote. Madrid, 1908. p I \-A ^ Ou '^· ^ Si 3^30^ 'i&t I slI FÍ'wí!iü*n>ótbpp |ip|*i iÉîaiKPi í-t'cfaÍ/S^Kí ipl^â"'f/liesfpaKtiül ^KlíSéèpi ;ipiy