•W/y'M)-! » fe-; i: I é. í- ti -e. " ^ c|i í fi#: .« SKTrrr un MUSEO DE PRIMITIVOS LUS THBLHS DE LDS lESIOS DE JDTIVB POR EL Doctor Don ELÍAS TORMO Abogado, Catedrático de Historia de las Bellas Artes en la Universidad de Madrid. Con 18 reproducciones de piezas inéditas. Fototipias de Hauser y Menet Clichés de E. Cardona. MADKID ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE JAIME RATÉS liaza de San Javier, uúm. 6. 1912 31 ÎÊïcmo» Sr. r«iin5in îï^ íltgní0imo ^talicinico it In Real ie la ^ietoria, Diputaio á Corten ;ior Satiua en consecuttua0 ij rc^Jctiiiw elcccioncn, gcncroBO eîiitotîie ente libro, prueba be afecluoao reconocimiento, |lí íulon LA SEO I Madrid 9 de Noviembre de 1907. Sr. Director de Las Provincias. He tenido siempre á Las Provincias á como órgano natural de las aficiones históricas y artísticas de toda la región valenciana, pues no en balde D. Teodoro Llo¬ rente ha sido alma y vida á la vez de la Sociedad Lo Rat Penat y del periódico de su creación y dirección. Los recortes de Las Provincias, convenientemente or¬ denados y pegados, tienen entre mis libros un lugar, y en ellos, especial, leo y releo á veces la crónica ex¬ en cursionista de la Sociedad de los «Amadores de las glo¬ rias valencianas», firmadas unas veces T^ovYalentino (1), por Un Excursionista otras, y algunas veces por perso¬ nas que dan su nombre, que suele ser un nombre propio conocido y enaltecido por sus trabajos y por sus escritos. ¿Se permite ocupar columna en el diario á un expa¬ triado amador de las glorias valencianas? Excúseme el deseo de completar informaciones, ya que mucho de lo (1) D. Teodoro Llorente. — lo¬ que voy á decir no está todavía archivado en el perió¬ dico, algo de nuevo entrañará para los lectores. y Nuevo en lo puro viejo, pues sólo voy á decir algu¬ nas palabras de las más viejas pinturas conservadas en la Seo de Játiva. Nuevo he dicho, y lo es hasta para mí mismo, que tantas veces había visitado la hermosa ciu¬ dad patria do Ribera, patria, en su caserío ó en su cam¬ po, de pontífices famosísimos, y cárcel política, en sus castillos, de monarcas ó de legítimos pretendientes, al menos tres, y de diversos tronos por cierto (1). M. Bertaux, Emile, catedrático de la Universidad de Lyon, colega mío en la asignatura de Historia del Arte, fué quien en una entrevista reciente me llamó la aten¬ ción respecto de dos importantísimos retablos de la Seo de Játiva; uno de los cuales antes que él habíalo estu¬ diado yo y reconocido como obra curiosísima de uno de de los pintores de las puertas del altar mayor de la Ca¬ tedral de Valencia; como que por mi indicación, el ami¬ go Montesinos Checa, setabense por afinidad, había en¬ cargado fotografías—en balde, por pésimas condicio¬ nes de luz—á más de un fotógrafo. Pero confieso, con toda lealtad, que del otro retablo, que yo nunca había visto, tuve por M. Bertaux la primera noticia, y al pro¬ fesor francés—hispanófilo desde hace sólo cuatro años, y ya famoso y meritísimo en tal concepto—debo el ex¬ traordinario goce que la contemplación de semejante maravilla me produjo en la noche de ayer (2). (1) D. Jaime de Mallorca, llamado IV, en el siglo xiv; D. Jaime de Aragón, Conde de Urgel, el que tuvo en el Compromiso de Cas- pe los votos de los catalanes y representaba la legítima primoge- nitura siglo xv, y D. Fernando de agnaticia de la dinastía, en el Aragón, Duque de Calabria, primogénito del desposeído Federi¬ co IV de Ñápeles, en el siglo xvi. (2) Tuve ocasión de hablar del docto catedrático en un articu¬ lo de la Revista Cultura Española, núm. 9, Febrero de 1908, pági- — 11 — Porque he de decir á mis benévolos lectores que mi reciente visita á la Seo de Játiva fué una visita noc¬ turna; que sería extraña manera de ver y estudiar obras pictóricas si no tuviera que añadir que muchas de las tablas de la Seo de Játiva no pueden gozarse de día á plena luz, sino con la indispensable ayuda de la luz ar¬ tificial. Mis charlas con M. Bertaux fueron en los últimos días de Setiembre, terminado mi veraneo. El catedrático francés nos AÚsita, máquina fotográfica en mano, en to¬ das las vacaciones primaverales ú otoñales de las clases universitarias. Acompañado de subdistinguida esposa hizo por Pascuas una de las acostumbradas correrías, y la ha repetido solo en Setiembre último. En Abril, los trabajos de Tramoyeros sobre el gran pintor Jacoraart, que lo fué de cámara de Alfonso V, llevaron á los es¬ posos Bertaux á Catí, por los vericuetos del Maestraz¬ go, y á Segorbe. En Setiembre, unos reparos míos al notable trabajo sobre las puertas del altar mayor de Valencia que M. Bertaux ba publicado, con muchas reproducciones de las fotografías magistrales de Gro- 11o, en la Gazette des Beaux-Arts de París, llevaron al dis¬ tinguido profesor á Murcia y á Cuenca (1); así como á Córdoba, la noticia, que yole di, del tanos del Museo de hallazgo en los só¬ unos retablos de la escuela á que pertenece el famoso que de la iglesia valenciana de Tous ba salido de reciente, logrando resonancia y sus¬ citando polémicas toda en Europa. M. Bertaux es un sabio; pero además ¿quién en Es- na IfiT, intitulado «Los nuevos hispanistas: M. Bertaux». Hoy ha- hria mucho que añadir. (1) E. Bertaux, «Le retable monumental de la cathédrale de Valence», Gacette des Beaux-Arts, 1907, II, y «Les peintres Fernan¬ do et Andrés de .Llanos à Murcie», en la misma, 1908, 1. paña podría competir con él en el conocimiento de los primitivos pintores españoles, sin los elementos de tra¬ bajo, sin los medios, sin el constante excursionismo del catedrático francés? Cuando M. Bertaux, pues, me dijo: «En la Seo de Játi- va está la obra maestra de Jacomart, un retablo en frag¬ mentos que fué donación del Papa Calixto III», ardí yo en acrecentados tal vez por vivos deseos de ir á Játiva, el torcedor de mi conciencia, ya que yo, que por Játiva paso con tanta frecuencia, temía haber dejado pasar ante mis ojos un tal descubrimiento, sin darme cuenta siquiera del caso. Ya puedo ahora vivir más tranquilo, al averiguar que no había yo visto nunca las tablas (1). Focas semanas después de ver á M. Bertaux he pa¬ sado por Játiva, en circunstancias lamentables, llama- (1) Acabo de comprobar que acaso fueron los primeros en reco¬ nocer importancia al retablo los alumne s de la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, que visitaron rápidamente Játiva—en San Pedro, por ejemplo, no estuvieron—el dia 28 de Diciembie de 188.S, acompañados de profesores, entre los cuales se contaban los seño¬ res Giner y Cossio, tan amantes, ya entonces, de la Hi.-toria del Arte, En la crónica de aquel dia, hecha casi en esfilo telegráfico por el alumno de turno, que d( dtizco por la inicial que era el señor Garay, se dice lo siguiente, refliiéndose á la parte aún gótica, no derribada todavía, de la Seo: «Capilla do la nave Norte: retablo con pinturas del siglo xv, en que domina lo flamenco. ¡Ojo á una de las tablas que representa un Obispo, por ser la más caracterís¬ tica!; otra de ellas, que representa el bautismo de algún converti¬ do, es muy bonita». En el mismo texto se dice también, refiriéndo¬ se, según creo, á la Virgen del Pópulo y á la de la Armada, res¬ pectivamente: «En las capillas del brazo del crucero, Virgen del estilo de Cimabue, y en otra, otra tabla del siglo xiv»; á no ser que el cronista hiciera de una sola nota dos. De las demás tablas de Jᬠtiva no dice sino lo que copiaremos en nota á nuestro texto de San - Feliú. (Véase «Excursión á Valencia y Alicante: diarios do los alum¬ nos», en el Boletín de la Institución libre de Enseñanza, año VIH, 1884, pág. 62.) do al lecho de un moribundoquerido. El cambio de tren en aquella estación me ofrecía la friolera de cincuenta minutos, pero debía oir misa por ser domingo, y eran las siete de la mañana. Corrí á la Seo, pero después de la misa, y antes de ella otras muchas se decían en diver¬ sos altares y á todos éstos no pude llegar indiscreta é indevotamente. Vi, sí, la obra de uno de los Hernandos, ya conocida; vi otras pinturas viejas Hasta vi en otra iglesia—en San Francisco—dos tablas de estilo de Ja- coma rt, y muy bellas, de antiguo conocidas mías, aun¬ que sólo de reciente reconocidas por tal nombre, ya que antes del trabajo de Tramoyeres en el penúltimo Alma¬ naque de Las Prooincias (1), el estilo de Jacomart era una incógnita histórica. Pero el retablo de M. Bertaux, el Jacomart de Calixto HI, no lo pude atisbar siquiera. Y aquí viene la visita nocturna. Porque el empalme de Játiva, en viaje de vuelta á Madrid, ha sido dulce¬ mente concebido por los admirables directores de la empresa del Norte. Hay que estar en la estación, para tomar el correo, los que bajamos por la vía do Alcoy, la friolera de cuatro horas y treinta y dos minutos. Sólo que yo no creía aprovecharlos tan bien, por ser ya en este tiempo horas del anochecer y de la noche ce¬ rrada. Por fortuna, la Seo estaba abierta, pues había una procesión que celebrar; y por fortuna cumplidísima, en la Seo estaba el señor cura arcipreste D. José Plá, his¬ toriador inédito de Játiva, ó que debiera serlo por lo menos. Y fué tan amable el señor cura, que no sólo nos señaló lo que especialmente buscábamos, no sólo nos dejó encender á medias docenas los candelabros para alumbrarnos, no sólo nos dejó escalar hasta aproximar- (I) Tramoyeres y Blasco, «Excursiones veraniegas, Notas de Arte», en ei Almanaque para 1908, pág. 155. — 14 — nosá los cuadros, y no sólo nos dio cuantas noticias do¬ cumentales é históricas fueron del caso, sino que extre¬ mó su bondad escuchando, como cosas dignas de escu¬ char, los acalorados, entusiastas comentarios de impre¬ sión de un chiflado por las vejeces pictóricas, como yo, y de dos críticos impresionistas, como el simpático juez de instrucción y el futuro juez municipal de Albaida, Sres. Montesinos y Ballester. ¡Casi llegó tarde á la proce¬ sión nocturna el señor arcipreste, olvidando el presente por el pasado, del cual allí, en la soledad de la iglesia, cerrada y oscura, me parecía como el Genius loci! Y ya puestos á ver, y ya puestos á encender y tras¬ portar altos cirios de candelero, tras el retablo de Ca¬ lixto III vimos el citado de los Hernandos, y tras él la tabla de la Virgen de la Armada, y después otro reta¬ blo viejo, y al fin desdoblamos, cerrándolas, unas por¬ tezuelas de altar esculpido, apareciendo á mis ojos inesperadamente otra obra maestra de los prerrafaelis- tas valencianos—valencianos, valencianizados ó avalen- cianizados, lo que fueran —Y tal entusiasmo desper¬ tó en mí el brillante conjunto, que todavía obsesiona¬ do, no puedo menos de verter al papel en cuartillas mi impresión final. La Seo de Játiva, tan moderna en apa¬ riencia de conjunto y en la casi totalidad de sus altares, es todo un museo de tablas del siglo xv, más que por el número, por lo singularísimo de su importancia y por el encadenado escalonamiento de las fechas y los es¬ tilos. 1." La Virgen de la Armada como obra probable del siglo XIV. 2." El retablo de Calixto III como la capital insupe- rada de Jacomart, trabajada antes de 1455. 3.° El retablo de la Virgen de Pópulo, que creería obra del tercer cuarto del siglo xv. 4.° El retablo de la Pieicf, de lo mejor del prerrafae- lismo itálico-valenciano, acá traído por Pablo de San Leocadio, pintor enviado á Valencia por Alejandro VI por 1472, vivo aún en 1501 en Gandía. Y 5.° El retablo del Juicio, obra de singular empe¬ ño del manchego que entre los discípulos de Leonardo de Vínci fué llamado Ferrante Spagnuolo por 1504, en Valencia desde 1507. Esa es la serie, y quiero ser el primero en dar con¬ junta noticia de su importancia excepcional. Importancia excepcional, sí; porque desde Ruskin acá, los artistas viejos no han hecho sino acrecentar la pléyade de los admiradores. Hoy, ante la crítica, y lo que es más, ante la cotización en el mercado universal de las obras de arte, San Leocadio significaría más, mu¬ cho más, que Juanes, y San Leocadio todavía menos, bastante menos, que Jacomart. Porque el arte sincero, devoto de corazón, pero á la vez realista, eurítmico y decorativo de los primitivos, de los artistas del siglo xv, de los pintores cuatrocentistas, está en general de moda, muy de moda, y ya los nuestros, los españoles de aque¬ lla época, hasta ahora menospreciados, y, lo que es peor, desconocidos, comienzan á lograr la notoriedad universal, y con ella los altos precios mundiales sus obras. ¡Á los casi cinco siglos de dormir en el olvido, á la vez su fama, su gloria y su nombre! El mismísimo Museo municipal de Barcelona, en este último verano, no ha creído pagar caro por ochio mil duros una sola tabla del cuatrocentista español Maes¬ tro Alfonso, que estaba en San Cugat de Vallés con¬ servada. Si, pues, unas líneas en Las Provincias despertaran en significan y los setabenses la conciencia de lo que de lo que valen los gloriosos fragmentarios despojos de la pasada gloria conservados en la neoclásica, mo¬ derna, no terminada mole arquitectónica de la Seo, ¿se- rían perdidas las líneas ó las columnas que hospitala¬ riamente pido á la dirección del periódico para esta carta y para una segunda un tanto más detallada? II Madrid 10 de Noviembre de 1007. Sr. Director de Las Provincias. Comenzando el examen de las viejas pinturas de re¬ tablo de la Seo de Játiva, diré la Virgen de la Ar¬ que mada está directamente pintada sobre cuero é incluida dentro de un retablo bastante moderno, cuya parte principal ocupa, colocado en el rincón sureste en el fondo del crucero de la Epístola. Hay memoria en Játiva de que fué llevada en algu¬ no de nuestros navios á la batalla de Lepanto, pero pa¬ rece más cierto que deba su nombre más bien á las ar¬ madas de tierra, y que estuviera en una de las depen¬ dencias del castillo de Játiva. De esta obra ocuparon los del Rat Penat en cró¬ se nica que firmó Un Excursionista, publicada en Las Pro¬ vincias con la fecha de 25 de Setiembre de 1898, y de la misma manera se menciona en la monumental Va¬ lencia, al tomo n, pág. 732. Ni D. Teodoro ni el seudó¬ nimo Rat-penatista se decidieron á señalar la fecha pro¬ bable de la obra, reducida á una Virgen en pie (1), con el Niño Jesús en brazos, recortada la silueta, de tamaño natural, sobre un fondo de geométricos dibujos cuadri- (1) Mejor examinada, veo que está sentada, pero en asiento muy bajo, conlas piernas desproporcionalmente pequeñas si se acusaran. culados, sin el menor propósito de marcar perspectiva, ni siquiera de señalar la diferencia entre el fondo y el suelo (1). Más atrevido yo que ellos, me decido á marcar el siglo XIV como probable época de su labra, pero lo hago notando á la vez que ni por la indumentaria, ni por los rasgos fisonómicos de las figuras se puede te¬ ner seguridad en esa atribución, pues no acusa con precisión modas, escuelas ni amaneramientos peculia¬ res del siglo XIV, y ciertos caprichos en algún modo in¬ fantiles del dibujo, tanto pueden imputarse á la infan¬ cia del arte realista occidental como á inhabilidad pura¬ mente personal de un artista en muchos años posterior. Esta interesante antigualla, que ni remeda el estilo bizantino, hierático, ni el de las escuelas parisienses, agraciado á porfía, y que dentro de cierto realismo bár¬ baro, tampoco sabe á lo florentino ó sienes del tiempo, forma entre la serie de imágenes medioevales valencia¬ nas de la Virgen, tan difíciles de clasificar y or¬ que son denar, como en otro orden lo son, casi siempre, los cru¬ cifijos posteriores al Renacimiento. En cambio, el retablo de Calixto III llegamos á con una obra, casi tan antigua, de estilo conocido, y con ser de importancia estética más aún que histórica, con ser ésta tan grande. Viejos, modernos ó contemporáneos, los artistas solamente grandes cuando el calor de la son creación es personalísimo, original y sinceróles decir. (1) La toca, que continúa en el pecho, no marca pliegues, y sigue el dibujo de muestra (cruciforme), simétricamente colocado en su dintorno como cuadricula. — 18 - cuando rompen los fríos convencionalismos y, en vez de acatar las modas, las imponen suyas, poniendo el alma en los detalles mismos de la ejecución y la factura, ha¬ ciendo de cada rasgo de su mano una confidencia íntima. Por eso Jacomart, pintor favorito de Alfonso V, des¬ cubierto su el amigo Tramoyeros en el retablo estilo por de Catí que los documentos le revelaron que era suyo; reconocido, por identidad de estilo, como autor del re¬ tablo de San Martín de las monjas de Segorbe, según opinión del mismo Tramoyeros, de Burguera y de Ber- taux, nos aparece en el retablo de Játiva, donación de un cardenal que muy luego iba á ser Papa, en obra por tanto del mayor empeño para su autor, como uno de los más excelsos y personales artistas de España. Y eso que su paleta estaba cargada por'demás de tonos po¬ bres, de colores terrosos, y que su dibujo nada tiene de castigado y de sapientísimo. Pero vayan á ver su obra cuantos sepan prescindir de defectos al contemplar una obra de arte sentido, decorativo y realista, y compren¬ derán en seguida que en ella está el alma de un vei'da- dero artista, de un excelso pintor. En la nueva capilla de la Comunión (primera al Oeste, á los pies del templo, en la tanda de capillas del Norte) se han incorporado en un retablo muy moderno dos de las tablas pequeñas del descabalado retablo del Papa Calixto ÍII; la primitiva capilla, por caso raro, yo nunca la había visto antes de su reciente destrucción, exigida ésta por el avance definitivo de las obras del templo hasta la línea de fachada. Junto á la nueva, en otro altar del siglo xvii que á la medianería de la torre se arrima, es decir, en el fondo de la nave lateral del lado del Evangelio, se colocaron además las tres gran¬ des tablas principales de aquel retablo. En conjunto son cinco los fragmentos de la obra de Jacomart que se conservan. - 19 — El principal "representa sentada en trono á Santa Ana, que lleva en brazos á la Virgen, la cual, á su vez, tiene á Jesús en los suyos; flanquean el grupo San Joa¬ quín y el ángel que le anunció el fin de la esterilidad de Ana, arrodillados ambos. Las dos grandes tablas la¬ terales representan á ''San Agustín y á "San Ambro¬ sio (1), sentados, de pontifical, teniendo el primero— izquierda del espectador — arrodillada, cual si fuera la donadora del cuadro, á su madre Santa Mònica, y el segundo — derecha del que mira— arrodillado al cardenal donador, fu- | turo Papa. Nótase el tamaño ideal- 6 a c mente desproporcionado del dona¬ dor, así como el de Santa Mónica y la Virgen, según los cánones de la j época; las tres figuras principales ° ^ ^ JiKTABLO DECALIXTO 111 son de tamaño y aspecto grandiosos EN LA SE(L y llenas de serena majestad. Los ac¬ cesorios no son ya góticos, sino en la iglesita de místico simbolismo, que tiene alta en la mano izquierda San Agustín. La concha y aun las columnas de la hornacina de la sede en que se asienta San Ambrosio (2) saben ya al Renacimiento, lo cual comprueba que Jacomart ha¬ bía vuelto ya de Italia, adonde fuera en 1443. Como ade¬ más D. Alfonso de Borja dejó de ser cardenal al llegar á la silla de San Pedro en 1455, entre esas dos fechas creeré demostrado que debió de pintarse el hermoso retablo; el genial artista no murió hasta 1461. Las dos tablas pequeñas representan: la una el bau¬ tismo de San Agustín por San Ambrosio, ante Santa (1) Rectifiqué, reconociendo que es San Ildefonso este santo, apenas habla publicado esta carta en.Las Provincias. De la misma opinión es M. Bertaux. (2) San Ildefonso. Mònica y hasta diez asistentes, con dos niños de muy curioso aspecto; y la otra la escenade La descensión de ia Virgen (como dicen en Toledo, donde el suceso mila¬ groso ocurriera) para imponer á San Ildefonso la casu¬ lla que le donara; flanquean á la Virgen sentada en el trono cuatro ángeles que ofrecen la mitra, una banasta de rojas frutas y dos floridas jarras, y cuatro santas vírgenes (?), dos de ellas leyendo y vestidas con capas pluviales. Haré notar que esta escena nos recuerda al Santo del nombre del cardenal; que las otras tres tablas se re¬ fieren á los dos Santos Padres de la Iglesia latina, na¬ turales abogados del episcopado, y la central ó de San¬ ta Ana se refiere á la titular de la capilla que Calix¬ to III fundara, y que alguna de sus hermanas dotó des¬ pués con varias capellanías. Todo lo cual me lleva á sospechar que conservamos bastante completo, aunque fragmentario, el conjunto primitivo (1). No cabe en estas líneas un estudio digno de seme¬ jante conjunto. M. Bertaux, á quien debo la noticia de él, lo prepara sin duda, pues sé que en una revista francesa va á tratar de Jacomart, y en otra va á exami¬ nar todos los recuerdos que en España se guardan de la munificencia de los dos Papas Borja (2). Á él me re¬ mito, pues ni en síntesis conozco sus opiniones. Pero permítase una sola final observación. (1) Todavía se afianza más la sospecha al reconocer que no es San Ambrosio, sino San Ildefonso, el santo obispo que ampara á. D. Alfonso de Borja. (2) Uno y otro estudio, muy notables, fueron publicados. Véase «Les primitifs espagnols», 4." artículo, intitulado particularmente «Les disciples de .loan Van Eyck dans le royanme d'Aragon», en la Revue de l'Art aneien et moderne, t. XXII, pág. 339, y «Monuments et souvenirs des Borgia dans le royaume de Valence», en la Gazette des Beaux-Arts, t. XXXIX del torcer período, págs. 89 y 198. LAM. 0M,75. X 0,83 JÁTIVA. TADBLES TORM.-LAS SVámirlgpanlaeo) RLDsd1c4a6)i:ó CedItalbiexot.on IJABC(OAMCROfT l(defons JAIME San ácasula — 21 - He dicho alguna parte de la escuela catalana de en los Huguet y los Vergés, de reciente estudiada por Sanpere y Miquel, que era el primer brote arraigada¬ mente nacional de la pintura española, apellidando yo á ésa escuela catalana autóctona (1). En vista de lo de Játiva, en especial la tablita del bautismo de San Agus¬ tín, tengo que declarar que Huguet y Vergés son nada más que notables continuadores de la corriente artística iniciada por el valenciano Jacomart, de quien vienen á ser discípulos, en gran parte, á juzgar por sus obras. Todavía no dejaré de notar la lejana esfera de in¬ fluencia de Jacomart en el artista anénimo que traba¬ jara en Leén las tablas hoy recuperadas del antiguo re¬ tablo mayor de la Catedral, algo posterior. Quizás el mismo patriarca de la escuela sevillana, Juan Sánchez de Castro, no dejará de tener secreto parentesco de es¬ cuela (2). En todas esas obras hay porfiadamente algo de nacional y de extraño á las modas é influencias de Italia y del Norte. ¡Véase si tendrá importancia y si ten¬ drá valor el retablo setabense de Calixto HI! Otra carta aún, yhabré terminado esta llamada á nuestro patriotismo valenciano retrospectivo, si Las Provincias lo autorizan. (1) Véase la detallada recensión que hice del libro de Sanpere y Miquel, Los cuatrocentistas catalanes, en la Eevista Cultin'a Es¬ pañola, núm. 5, Febrero de 1907, pág. 262. (2) Véase mi trabajo «La Virgen de Gracia, única obra auténti¬ ca de Juan Sánchez de Castro», con la primera reproducción de la tabla sevillana, en el Boletín de la Sociedad española de excursio¬ nes, t. XV, de 1907, pág. 205. Del retablo de la Catedral de León, recobrado para ella por el rebuscador y arquitecto Sr. Torbado, hay un simple avance de mo¬ nografía, publicado por D. Juan Eloy Díaz Jiménez, «La Catedral de León: el retablo», Madrid, 1907, del que di noticia en Cultura Española, nrxm. 9, Febrero de 1908, pág. 166. — 22 - 111 Madrid 13 de Noviembre de 1907, Sr. Director de Las Provincias. Ea la Historia inédita de la Pintura valenciana del siglo XV, que Tramoyeres, Ohabás y Bertaux van ilu¬ minando con transcendentales revelaciones, entre el arte del reinado de Alfonso V y el de Fernando el Ca¬ tólico, es decir, entre el pintor Jacomart, cuyo habilísi¬ mo ingenio aprovechó Alfonso de Borja (Calixto III) para su retablo de Játiva (antes de 1455) y los pintores italianos Pagano y San Leocadio, que Eodrigo de Bor¬ ja (Alejandro VI) llevó consigo á Valencia (en 1472) en un viaje de Legado hecho á España, hay un período intermedio, el reinado de Juan II, en que florecen en Valencia las artes, sin que suene hasta ahora otro nom¬ bre de gran artista que el de Maestro Rodrigo, cuyo estilo y valer nos ha descubierto M. Bertaux en el re¬ tablo firmado de la pila bautismal de San Nicolás, de Valencia, y cuya vida nos guarda todavía inédita en ab¬ soluto el Sr. Tramoyeres (1). Del que se firmó Lo Fill de Mestre Rodrigo, de quien, como de su padre, aparecen obras de estilo en la catedral valenciana, acaba de re¬ aparecer en un Museo de Londres la obra firmada que (I) El notable trabajo del Sr. Tramoyeres se publicó en Cultu¬ ra Española, núm. 9, Febrero de 1908, convenientemente ilustra¬ do, con el titulo siguiente: «Los cuatrocentistas valencianos: el maestro Rodrigo de Osona y su hijo del mismo nombre», pág, 139. El descubrimiento capital de M. Bertaux lo publicó en los citados artículos de la Revue de l'Art, t. XX, pág. 425, nota. — 23 — el alemán Passavant vió, hace medio siglo, en una co¬ lección particular de Valencia. De grupo y estilo nada se conserva en la Seo ese de Játiva, nada que nos pueda mostrar al genial Mes¬ tre Rodrigo, llenándose á mi ver ese vacío en la serie que examinamos por la obra anónima, ni de lo peor ni de lo mejor del arte valenciano del último tercio del siglo XV, que se combinó en un reta¬ blo más moderno en la capillita de d Nuestra Señora del Pópulo, una de las que están en el brazo del cruce¬ ro del lado de la Epístola, haeiendo i frente á las naves largas de la iglesia y en línea esquinada con la del reta¬ b a c blo de la ya examinada Virgen de la c\r í/pí 1 í 1 j 1 fc Armada. UCTABLO DK LA VIR- OKN DKL PÓPtn.O KN Son cuatro las tablas (1), y las SüO. LA creeré de probable única proceden¬ cia, aunque la principal, "la titular, recuerda las imᬠgenes de composición bizantina moderna que los reden- toristas han popularizado con la invocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, mientras que las otras tres tablas son más positivamente españolas, valencia¬ nas, y de la época antes marcada. Representan éstas: ''la Trinidad, con Cristo crucificado y el Padro Eterno de pontifical; "la Resurrección, de extraña manera com¬ puesta, y ''el Calvario en el ático. Quizás la tabla de la titular se pintara con propósito especial de remedar imagen más antigua, caso frecuentísimo en la historia (l) Olvidóse la predela, de siete pequeñas, con las figuritas sen¬ tadas de Santos Cosme, f Bernardo (?), » la Dolorosa, '■ el cadᬠver de Cristo mantenido por un ángel, ' Juan Evangelista, J Nico¬ lás y '' Damián. Son obras de escuela, pero de bella concepción ar¬ tística. de nuestro arte devoto (1). Las cuatro son tablas de alto excesivo, desproporcionado con el ancho, lo que hace difícil imaginar cómo estaría ordenado el retablo pri¬ mitivo. Lo más puro del prerrafaelismo lo representa en España Pablo de San Leocadio, según es de observar en el retablo de Gandía y en las tablas sueltas de Vi- llarreal de la Plana. Treinta años de estancia en tierra valenciana hacen español de adopción al delicado ar¬ tista, que fué para nosotros lo que Perugino en el cen¬ tro de Italia. Sin embargo, su estilo se parece más al de la escuela de Ferrara y Bolonia que al más caracte¬ rístico y devoto de los pintores de la Umbría, que fue¬ ron después los favoritos del Pontífice español, á juz¬ gar por las Salas Borja del Váticano, ahora restaura¬ das y devueltas al fin al amor de dilletlanti y excursio¬ nistas. En Játiva se conserva algo que marca la huella de la influencia de Pagano, de en uno sus discípulo.^; pero es obra que no está en la Seo (2). En ésta tuve la fortu- (] ) No de cuerpo entero, sino eu busto colosal, y su uombre in¬ es dicará acasoque es copia de la Madonna del Pópulo, en Roma. (2) " Aludía eu esa frase al retablo mayor de Sau Feliú, que lue¬ go se estudiará, y pensaba en las obras que sucesivamente, y siem¬ pre en hipótesis, he pensado que pudieran ser de Francesco Paga¬ no. Conjeturalmente sigo pensando que sean suyas las dos tablas del Palacio arzobispal de Valencia (véase mi librito Desarrollo de la Pintura española del siglo XVI, pág. 27, publicado en 1902, pero que son conferencias ateneisticas de 1900), en relación que luego establecí con un retablo mal atribuido á Andrea de Salerno en Ñápeles (véase mi trabajo «Nuevos estudios sobre la Pintura os- na de descubrir, en cambio, la huella delicadísima de la, influencia de San Leocadio: el retablo de la Pietà. Así llaman los italianos á los grupos escultóricos de la Virgen con el cadáver de Jesús en brazos, es decir, lo que en Andalucía llaman «la quinta angustia» (1). El retablo de Játiva es un grande tríptico con la Quinta Angustia de escultura, mal pintarrajeada, y las porte¬ zuelas plegables de pintura. Está en el brazo del cruce ro del lado del Evangelio, en una de las capillitas late¬ rales que miran hacia la cabecera del templo. Yo siem¬ pre había visto abiertas las dichas portezuelas, y en ellas hay pintados, de cuerpo entero, en pie, ocho figu¬ ras bíblicas entre dorados y filacterias, que no recuer¬ do bien si pueden ser cuatro patriarcas arriba y cuatro evangelistas abajo, en cada uno de los cuatro batien¬ tes (2). Figuras son, si no precisamente de Pagano, de pañola del Kenacimiento», t, XI, 1903, del Boletín de la Sociedad española de Excursiones, pág. 27, con fototipia de la obra), y creo ahora mucho más probable la conjetura al relacionar ambas obras con ei retablo de San Dionisio y Sarita Margarita, procedente de San Juan del Hospital, de Valencia, hoy en la nueva parroquia; siempre á base de tener que reconocer que el fresco de la sala ca¬ pitular de la Catedral es mucho más que nada obra de Pagano, pues no se ven en él las cai-acteristicas del otro colaborador-, de San Leocadio. (1) Que en nuestro siglo xv se llamaba quinta angustia á lo que en las devociones de nuestros días es el sexto dolor de Maria, se demuestra fácilmente, por ejemplo, con el epígrafe de una compo¬ sición de Fray Iñigo de Mendoça, gran poeta casteilano de enton¬ ces, que dice asi: «Lamentación a la quinta angustia, quando Nuestra Señora tenia a Nuestro Señor en los braços». (2) Mejor estudiadas esas figuras, y confrontados los rótulos con los textos bíblicos, resultan los profetas y evangelistas siguien¬ ser tes: " El autor del libro del Eclesiástico, ó sea Jesús hijo de Sirach, acaso nunca representado por el arte cristiano (sopra mortuum plora, deficit enimlex ejus, del cap. XXII, v. 10); ''Juan Evange¬ lista (et acceptí earn discipulus in sua, XIX, 27); " Mateo (erant - 26 — arte espaüol de fines del siglo xv ó primeros del xvi, de escuela menos definida y no falta grandiosidad re¬ , lativa, y sobre todo algunas cabezas de carácter enér¬ gicamente dibujadas (1). En mi última visita á la Seo son éstas las portezuelas que pude ha¬ cer cerrar, apartando sacras, cande- leros y jarroncitos de flores de tra¬ fué entonces cuando apareció po; y á mis ojos el arte de San Leocadio, Retablo (cerrado) de la pietà Seo. en la fino, delicado, purísimo, hasta qui¬ zás más puro y más fino que en las obras auténticas del Perugino valenciano. Son siete las escenas, pintadas todas, yes detalle más propio de lo fla¬ menco, al claroscuro, salvo el sonrosado de las carnes. ' La Anunciación, j el Nacimiento de Jesús (sólo adorado autem ibi midieres multœ quœ secidœ, XXVII, 55); '' Zacarías, el profeta menor fef dolebunt super eum, ut doleri sóletin morte pri- mogeniti, XXII, 10); "Jeremías, el profeta mayor (atendite, et videte si est dolor sicut ab cd dolor meus, II, lamentación, letra Lamed)-, f Lucas (et tuam ipsius animam per tran- sibit gladius, II, 35); ® Marcos (deponens Joseph eum involyit in sindone, XV, 46); e r 9. h '■ é Isaías, el primero de los profetas mayo¬ res, aunque muy cambiado el tenor literal Retablo (abierto) de la de su texto, al dar con él en su larguísima pletá en la Seo. profecía (non potest midier non misereri filio uteri sui, con llamada al capítulo XIV, en vez del XLIX, 15, por equivocación). Todos los textos profétícos, evangélicos y el pro- fétíco y evangélico á la vez del anciano Simeón (texto de San Lu¬ cas, dudando si el representado por el pintor es el uno ó el otro) se refieren al Dolor de María; es decir, al tema escultórico de la Quin¬ ta Angustia, en el centro del tríptico. (1) A nuevo y detenido estudio logróse la conclusión de que el interior como el exterior de las irortezuelas son de la misma mano, dentro de la escuela de San Leocadio. E. TORMO.-LAS TABLAS DE JÁTIVA, LÁn. II. PAÏU.O DE SANCTO LEOCADIO {?k Escenas de la vida de Maria Í Portezuelas cerradas del retablo de la Quinta Angustia, la Seo). en — 27 — por José y María), ''la Adoración de los Magos, ' la Re¬ surrección, " la Pentecostés, "la Ascensión y la o»Muerte de la Virgen (ésta ocupando, partida, dos espacios en el centro alto), son las deliciosas escenas dignas de atraer la atención de toda alma delicada, sensible al encanto de la poesía que allí trasciende de las líneas y las com¬ posiciones. Muy otro carácter artístico tiene la tíltima obra de que nos vamos á ocupar: la tabla del Juicio. Ha llega¬ do á Valencia el arte de pleno Renacimiento, con algo de las delicadezas expresivas de Leonardo de Vinci; pero también con algo de la bravura y de la preocupa¬ ción excesiva por el músculo, el desnudo atlético y la plenitud clásica de las formas, subrayadas por algo de inexpresión, ó mejor de expresión insincera del senti¬ miento. En el retablo mayor de la Catedral de Valencia trabajan dentro de la nueva victoriosa orientación del arte los dos primeros heraldos que lo transportan á España. Un Hernando de Llanos y un Hernando Yáñez de la Almedina, manchegos ambos. Uno de ellos reme¬ da demasiado el modelado suave de la predilección leonardesca, á la vez que los tipos femeninos que siem¬ pre recuerdan á la Gioconda, hasta con la fina enigmᬠtica sonrisa. El otro de ellos es, dentro de una educa¬ ción parecida, más independiente, más realista, más fuerte, en suma, como se dice ahora. Pero ¿cuál es Yᬠñez y cuál es Llanos? Cuando Chabás reveló esos nom¬ bres (1), Yáñez era sólo conocido y Llanos no; conocido (I) Dió cuenta el Sr. Chabás de su importantísimo descubrimien¬ to en el articulo «Las pinturas del altar mayor de la Catedral de Va¬ lencia», de su Revista El Archivo, número de Diciembre de 1891, t.V, páginas 376-406, reproducido en su edición del libro del P. Teixidor. por los tres retablos de la capilla de los Albornoces de Cuenca. El alemán Justí, comparando estilos, dijo en seguida que el más leonardesco era Yáñez y el más in¬ dependiente, en consecuencia, era Llanos (1). Pero aho¬ ra M. Bertaux ha mantenido la opinión contraria, aun contestando á observaciones mías, por las cuales le daba la noticia inédita de que hay en Murcia una obra de Llanos, que él, por atisbo y lógica consecuencia de sus premisas, adjudicaba á Yáñez. Sea de esto lo que sea, pues nocabe en Las Provin¬ cias la polémica todavía no que creo resuelta, es lo cier¬ to que del más leonardesco de los dos Hernandos, del que Leonardo apellidó en su taller, en su bottega, Fe¬ rrante lo spagmiolo, sea Yáñez (como Justi cree y yo por¬ fío) ó sea Llanos (como cree Bertaux) (2), hay en Játiva (t) El notabilisímo estudio del Dr. Justi, con el titulo «Die leo- nardesken altargemaelde in Valencia» (Das Geheimnis der leonai- desken, etc., en un principio) lo publicó primero en el Sepertorium fuer Kunstwissenschaft en 1893, habiéndose publicado dos distin¬ tas traducciones castellanas, un.a en Valencia en 1895, dedicada á D, Roque Chabás, y otra independiente, publicada en el tomo Xj de 1902, àe\ Boletín de la Sociedad española de Excursiones, por el Sr, Suárez Bravo, que años antes habia publicado en Barcelona la traducción de otros tres de los estudios hispanistas de Justi. De los veinte restantes reunidos en 1908 en las Misceláneas, ¡todavía no se ha pensado en dar traducción española! , con ser libros de tanta amenidad como recóndita erudición. (2) Articules citados de la Gazette.—Ya. no hay polémica. El es¬ tudio citado del Dr. Justi lo ha reproducido integro en el tomo II, página 183, de sus Miscellaneen aus drei Jahrhunderten spanischen Kunslehens. En esta segunda publicación aceptó la rectificación hecha por Bertaux, que ya pudo ayudarse de fotografias, dando á Llanos lo que el Dr. Justi habia creido de Yáñez, y á Yáñez lo que había atribuido á Llanos. A igual rectificación habla llegado yo al fin, después de muchas porfías y muchas dudas, reconociendo yo también el acierto de M. Bertaux, después de un viaje que por solas esas dudas y esas porfías hice á Cuenca (y á Murcia y Valen- LAM. W LPiumcrygabtjlo T 1-.: SJEALDYuLcaMÁimDÑAeIElNlo;Z,lfJdienuaoec).lo, . retablo d(Deetalle JDTTOAARBMTRLI.V-LASS fÜ. HERNADO — 29 - una obra relativamentegrande y de muy más gran¬ dísimo empeño. Es un retablo, de tabla tínica, puesto en capilla inmediata á la de la Pietà en la inmediación de la puerta lateral Norte de la iglesia. Esta obra, que fui el primero en clasificar años hace (1), y que iniítilmente quiso hacer fotografiar D. José Montesinos Checa para ilustrar el trabajillo mío que pensaba publicar, repre¬ senta el juicio de un alma. Está arrodillada bajo la égi¬ da de un ángel y espera el juicio, simbolizado por la ba¬ lanza del Arcángel Miguel, que ocupa el centro bajo del cuadro: esas tres figuras son por su tamaño y por todos conceptos las principales de la parte baja; pero apare¬ cen en ella muchos desventurados, condenados á pena, que creeré purgante, en medio de las llamas; entre las de la izquierda del espectador hay en especial una mu¬ jer de cabeza leonardesca inconfundible, un varón, des¬ nudo de virtiiosità de dibujante, y un grupo de niños desnudos, deputU, habitantes del Limbo al parecer, en muy graciosa y viva composición y dignos de Eafael, por la pureza del dibujo al menos. Más arriba aparece en el centro un grupo de tres ángeles, trompeteros ó del Juicio los de los lados, y el del centro teniendo enhiesta la cruz redentora. Iris dé paz que se puso entre las iras del cielo y los delitos del mundo. {Calderón de la Barca.) cia) en el verano de 1909; pero con esta salvedad: que tengo á Yáñe'z por el mejor, desde luego, pero á la vez el más realista y el más hondamente leonardesco de los dos. (1) El Sr. Justi la tenia como rafaelesca en una cita de su ci¬ tado estudio, que yo habia olvidado. Para M. Bertaux es de Yá- ñez, comohoy para mi también, aunque ahora llamo Yáñez al me¬ jor de los dos Hernandos. Todavía más arriba, pero aúa dentro del rectángu¬ lo principal, en rafaelesco anfiteatro se ven pintados la Virgen, santas, santos, la representación de los elegi¬ dos, á uno y otro lado del Cristo Redentor. Sobre el cual, en la prolongación central (cuadrada también) de la gran tabla,"se ve la Jerusalén celeste, repre¬ sentada como una ciudad. Sobre ella cul- a L— mina el Eterno Padre. ¡Toda una Divina Comedia en un solo conjunto pictórico! En el campo de Játiva, en la Torreta de Canals, patria de Calixto in, en re- Retablo Juicio del ^ ' SEO. EX LA cuerdo del mismo, y remembranza es¬ pecial de su título cardenalicio de Santa Grace in Gerussalemme, hay otra que por su perímetro, composición y por tantos detalles se asemeja á la que describimos, no sin notables diferencias, pues en la de Canals ocupa el lugar central bajo el cardenal, arrodi¬ llado ante una Virgen (1). El estilo demuestra á toda evidencia que el retablo de Canals no es, en manera alguna, del tiempo de Calix¬ to III, sino probablemente enviado en tiempo de Ale¬ jandro VI, aunque en memoria del primero, pues Ale¬ jandro VI no nació como su tío en la Torreta, sino en la misma ciudad, y no fué tampoco cardenal del título de Santa Cruz. El retablo de Canals corresponde con entera certeza (1) Es verdad que, como ya dijeron los ratpenatistas años hace, y Llorente en suFaZeíicia, t. II, pág. 750, y repite M. Bertaux, el do¬ nador es un joven que no viste de cardenal; pero en la capilla del manor señorial del primer papa Borja (de distinta rama que el se¬ gundo, sobrino suyo por hijo de hermana) es de pensar que por 1490 ó 1500, al hacer el retablo de la Santa Cruz, titulo cardenalicio de aquél, se reprodujeran los elementos de un retablo más antiguo, y que sea, ó quiera ser él, Alfonso de Borja, el personaje juvenil allí representado. La cosa confieso que no es clara, sin embargo. — 31 — á fines del siglo xv, ó los primeros y cortos años del siglo XVI, y es para mí evidente que Hernando Yáñez recibió pocos años después el encargo del retablo de Játiva, señalándole por modelo, con ciertas reservas, el de Canals; pero indicándonos la figura de mujer—que no es retrato, sin embargo—que debió de ser una de¬ vota la donante del altar del Juicio (1). Dije hace años que de uno de los Hernandos fué dis¬ cípulo Vicente Masip, el padre de Juanes (2). Del otro, de éste, del más leonardesco, fué imitador ínás tarde el mismo Juan de Juanes. Ni del uno ni del otro de los Masip guarda nada la Seo de Játiva. Pero algo hay del segundo, del más célebre, en un convento de Játiva, obra estudiada y fotografiada por los beneméritos rat- penatistas, de los cuales he querido ser en estas cartas modesto colaborador, colmando lagunas y señalando nuevas obras á su ilustrado y patriótico entusiasmo. Para final haré notar que, además de las tablas á que he aludido, sin citarlas, hay muchas más en las otras iglesias de Játiva; pero yo he querido reducirme á las de la Seo, porque ellas solas, de por sí, forman brillante conjunto y constituyen, creo haberlo demos¬ trado, un verdadero Museo del arte antiguo valenciano. ¡Dios nos las conserve en la Seo de Játiva muchos años! (1) M. Bertaux, eu el estudio citado de la Gazette des Beaux- Arts, «Monumeuts et Souvenirs des Borgia», sostiene, en mi con¬ cepto equivocadamente, que el retablo de Canals es de un discípu¬ lo de Pablo de San Leocadio, al mismo á quien atribuye, frente á mi opinión (que recuerda, citando esta carta de Las Provincias), las estudiadas portezuelas del retablo de la Piedad de la Seo. Una y otra obra es imposible que sean del mismo autor. (2) «Desarrollo de la Pintura Española del siglo xvi», 1902. SAN PEDl-^O'" I Madrid 12 de Febrero de 190S. Las tres cartas sobre »La Sec de Játiva, Museo de Tablas», que tan benévola acogida hallaron en Las Provincias, puedo tenerlas por afortunadas además, pues ha habido periódicos, como El Obrero Setabense, y revistas, como la nueva madrileña, intitulada Vida In¬ telectual, que me honraron reproduciéndolas en sus co- lumnas(2). Ello me mueve á completarlas, estudiando de la mis- (1) Estaba en la idea de que San Pedro seguía siendo parroquia; es de reciente filial de la mera Seo, pero con el mismo territorio de antes y vida sacramentai del todo independiente. (2) En esta misma efímera Revista, que dirigió hasta su tem¬ prana muerte el malogrado catedrático D. Julio Nombela Campos, publiqué á continuación (t. Ill, núiii. 11, pág. 202) un estudio del sello del Cardenal D. Rodrigo de Borja (Alejandro VI), admira¬ blemente abierto cuando vino de legado á España en 1472, y que no creo quepudiera ser obra de Pagano ó de San Leocadio, en el dibujo, es decir, de uno de los dos artistas que en esa ocasión trajo á su Catedral de Valencia, sino de algún artista veneciano, como lo era el nuevo Papa Paulo IV, que le nombró Vicecanciller. — 34 — ma manera,abreviada, las restantes riquezas olvidadas que Játiva guarda, y que la extraña combinación de trenes del empalme permite y convida á estudiar, como ya dije, á cuantos yendo ó viniendo por la vía de Alcoy hacemos viaje desde Madrid. Así se pueden aprovechar las horas largas de la detención inevitable. En mi penúltimo viaje pude examinar, aunque no en adecuadas condiciones de luz, hasta cuatro reta¬ blos de tablas viejas é interesantísimas que se guar¬ dan en la notabilísima ermita de San Feliú, arriba en la falda del Bernisa, debajo del castillo (1). De esta iglesia románica, la más interesante y más antigua del reino de Valencia, publicó monografía muy notable un asturiano amante de las artes, setabense de afición, lla¬ mado D. Fortunato de Selgas. Á ella me remito, aun¬ que el tema de las pinturas no lo abordó directamente mi distinguido amigo, y de él mismo ha partido, por cierto, la excitación para continuar en la redacción de estas cartas. Queda aplazado el tema para otra epístola. En el viaje último, examiné, en cambio, á todo placer, bien de cerca, con tranquilidad y reposo, los tres notables retablos de tablas, ciertamente superio¬ res en mérito, que se conservan en la iglesia de San Pedro, gracias á la bondad del párroco D. Vicente Feliú, que por cierto, para acompañarnos, tuvo que hacerse superior á tristísimos recuerdos, pues nació nuestra amistad en el palacio episcopal de Jaén, siendo ^ yo huésped y él íntimo familiar de aquel D. Salva¬ dor Castellote, por cuya temprana muerte guarda luto la Iglesia española, y lo guardamos todavía los (1) Parece más exacta la frase, diciendo que la «sierra del Ber¬ nisa» es la extrañísima de cantiles enhiestos al Oeste de la «sierra del Castillo». — 35 — valencianos de raza, ¡que fué gran pérdida la suya para todos! (1) En nuestra visita á San Pedro, además de los encar¬ gados del templo, nos acompañaron el digno juez de primera instancia de Játiva, Sr. Garrido, varios amigos de Albaida y el secretario de la entusiasta Juventud Católica Setabense, D. Vicente Masiá; todos los cuales en la tarea de escalar los retablos hasta ver de cerca las tablas más altás, en la de procurar buena luz para ellas y en el examen de detalles, rebuscándolos uno por uno, desentrañando los asuntos, señalando rarezas y arcaís¬ mos curiosos, demostraron buenas aficiones y el conta¬ gio más ó menos avanzado de la chifladura por las co¬ sas viejas, que Dios propague m.ás y más, cada día, por todo el ámbito de España. Repito tres los grandes retablos de tablas que son existentes en San Pedro, iglesia gótica de nave única y ensambladura aparente sobre arcos apuntados, que ahora se oculta por una no desgraciada renovación churrigueresca, con embovedamiento de cañón y lune- tos, lindamente ornamentado, pero agobiador por esca¬ sez de altura (2). Dícese que fué la primera iglesia que construyó la ciudad en la llanura cuando bajó á ella (1) Falleció el ilustre prelado en 1906, á los cincuenta y un años de edad, en el pulpito de la Catedral de Jaén, cuando acaba¬ ba de despedirse, emocionadísimo, de sus diocesanos para pasar á Sevilla, de cuya Sede era electo Arzobispo. Su vicesecretario, el y antes cura de San Pedro, Sr. Feliú, en achaque de dura neuras¬ teniaconsiguiente cuando se escribía el texto, falleció pocos meses después de publicado. (¿) La pirblicación de este libro ha dado ocasión á un interesan¬ te descubrimiento arqueológico, realizado (Julio, 1912) por el ilus¬ trado fotógrafo de obras de Arte D. Enrique Cardona, conjunta¬ mente con su deudo el docto capitán de la zona D. Mariano Joznet, un rebuscadorpaleontólogo y un concienzudo topógrafo, en las largas horas que pedía de espera y de exposición la máquina foto- — 36 — desde las alturas de Montsant y San Feliú, asiento his¬ tórico de la Setabis antigua. Y hago notar que en estas cartas he citado ya tablas de cuatro retablos de la Seo, de cuatro de San Feliú, de tres de San Pedro, uno (tríptico de Juanes) en las Do¬ minicas, además de dos tablas sueltas en San Francis¬ co, no agotando la mina, pues no conozco las que ha¬ bía ó hay en Santa Tecla (1). Kecordaré el caso que, ponderando' M. Bertaux— comparándola con Francia—la riqueza de nuestra tie¬ rra en obras de esa especie y de la época á que casi en gráfica, al reproducir, en malísimas condiciones de luz, las tablas de Játiva. El descubrimiento fué de los restos de la techumbre de armadura aparente primitiva á dos vertientes y plafón, que se ocultaba en estrechísimo desván sobre las bóvedas churriguerescas, sobre apun¬ tados arcos tenia (y tiene ocultos) la iglesia de San Pedro, de que la misma manera que los tiene todavía la de San Feliri. Quedan algunos restos fragmentarios de las piezas de madera decorada. En las piezas maestras se ven los tres escudos del Eeino de Valencia, de la ciudad de Játiva y de la parroquia de San Pedro ~ (tiara y llaves). En las vigas se ven como unos veros (que más pa¬ recen dedos) en motivo repetido consecutivamente en negro, en ocre, en amarillo y en rojo. Los tableros largos entre las dichas vigas forman (separados por carreras) en la parte plana de la te¬ chumbre unos estrechos panneaux de exágonos regulares y de exᬠgonos alargadísimos. En los unos se ven rosetas de dibujo que pa¬ rece gótico, con tres gallones negros y tres rojos, tema exagonal regular que se repite al centro de los exágonos alargados, pero acompañado de otros de más variedad y de dibujo caprichoso, como I son pámpanos bien estilizados, cuadrúpedos mal dibujados, etc. En las riostras de los faldones era más sencilla la policromía y más pa¬ recida á la parte primitiva, subsistente todavía y visible en San Feliú. (1) He comprobado después, á pesar de lo que se dice en la Valencia, de Llorente, t. II, pág. 736, que ya no existen tablas en la ruinosa (hoy en parte hundida) primitiva parroquia de Santa Tecla, ni tampoco en la iglesia de la Merced á que se trasladó. — 37 — totalidad corresponden los doce ó catorce retablos de Játiva, daba como la nota aguda con esta frase: «Una ciudad decaída, Segorbe, conserva hasta seis grandes retablos del siglo xv». Lo que demostrará que una y otra ciudad valencianas, las segundonas gloriosas de la ^ capital, la secundaban también en el entusiasmo por las artes en los mismos albores del Renacimiento. La serie de las tablas de San Pedro de Játiva se es¬ tablece en sucesión cronológica fácilmente, en la forma siguiente: 1.° Retablo antiguo de San Pedro y San Pablo, pin¬ tado por 1430, datos inducidos por razón de estilo. Sus siete tablas se aprovecharon en el retablo mayor actual. 2.° Retablo del altar, hoy de San Vicente, allá por 1460, existente en su capilla, primera del lado de la Epístola entrando á la iglesia por la puerta principal. 3.° Retablo del altar, hoy del Corazón de Jesús, allá por 1490, existente en su capilla, segunda del lado del Evangelio. Y 4.° Predela, polseras y tabla de la Virgen, todo en el retablo mayor, pintadas cuando aprovechando lo dicho del número primero se agrandó y se rehizo el re¬ tablo, hacia el promedio del siglo xvi. Antes de examinar las tablas, debo decir que, salvo la invasión del tabernáculo en el altar mayor y de los nuevos titulares de escultura en los otros retablos, se conservan íntegros los retablos en todos los espacios restantes y en sus polseras, faltando, en consecuencia, * tan sólo el centro donde se puso la hornacina en los segundos y el centro de la predela en el primero. Las tablas perdidas por la ya remota sustitución no se ha¬ llan en la iglesia. El estado de conservación, salvo el rechupado y la porquería secular, suele ser perfecto en las tablas altas, pero las bajas han sufrido mucho de los churretes de — 38 — i la cera, de golpes y de alfileres clavados—yo arranqué uno—sin duda para tener tiesas algunas flores de trapo. En el altar de San Vicente hay dos grandes tablas que no sé si recibieron calor del fuego próximo ó algunas goteras, pues por igual ofrecen en triángulo agudo la casi del todo descascarillada pintura y suelto del made- ^ ro el lienzo sobre pegado para la imprimación y estuca¬ do característicos del procedimiento cuatrocentista de i la pintura al temple. Lo que puedo asegurar es que hoy se tenían en ver¬ dadero aprecio esas antiguallas, porque me precedie¬ ron en ponderarlas, como dignas de él, hace ya muchos ^ años, el P. Mir y el Sr. Eiaño, según allí me manifestó el Sr. Feliú, celoso conservador de ellas en el día. En otra carta detallaremos algo de la composición y estilo de obras tan preciadas. II Madrid 13 de Febrero de 1908. Probablemente, por el año 1420 ó 1430 debió de encargarse á uno de los más famosos pintores del tiem¬ po el retablo principal de la parroquia, dedicándole al titular San Pedro y á San Pablo. Quién fuera ese pin¬ tor, todavía ni se sabe ni se puede conjeturar; pero por la importancia de la obra, por el desembarazo y la ge¬ nialidad de las dotes artísticas que en su autor hace su¬ poner, yo llamaría á éste provisionalmente el último é inmediato precursor de Jacomart. Á Jacomart en el cargo de pintor do cámara del Rey de Aragón quien le precedió inmediatamente fué Antonio Guerau; pero no'conocemos todavía una obra - 39 — suya verdaderamente auténtica, y por tanto, no es su estilo de los que nos puedan ser familiares. Existen, también anónimas, en el Museo de Valen¬ cia unas tablas con escenas de historias y peripecias del santo madero de la Cruz (1). Al estilo de ellas entende¬ ré que se aproximan las tablas setabenses que estudia¬ mos; pero por derivación de estilo y en vía de progre¬ so acrecentado del mismo. Algo así como lo que repre¬ senta en el Norte el arte que ahora se llama franco-fla¬ menco de principios del siglo xv. Comparado con el cual, lo valenciano de la misma época tiene más vigor dramático, menos armoniosas líneas, menos tranquilas composiciones y relativa pobreza de colorido. Pero se rescata de esa inferioridad por una genial expresión del dibujo en contorsiones significativas, quedan, junto á la expresión profundamente trágica, en las figuras de los mártires, la expresión de valiente caricatura, de sᬠtira feroz, en las figuras de los sayones y de los perse¬ guidores. Lo más notable de esa época y de ese arte quizá sea el retablo de Játiva, compuesto de una tabla grande (1) Por las conterencias del Sr. Tramoyeras en el Ateneo de Madrid (Diciembre de 1911), de que hube de redactar yo ias cróni¬ cas publicadas en Las Provincias, números del 6 y del 11, ya es pú¬ blico que con razón se puede y se debe atribuir á Pere Nicolau esa importantísima obra, y que su estilo lo conocemos bien desde que el Sr. Tramoyeros ha estudiado el retablo de Sarrión (Teruel). Fui el primero en decirle à Tramojmres, al ser favorecido por la confi¬ dencia de su descubrimiento trascendental, que la Madonna del Museo del Louvre, procedente de tierra de Soria, es copia de la de Sarrión, é indiscutible creación, por tanto, de Pere Nicolau; como por mi parte tuve luego la fortuna de descubrir otro retablo del mismo artista, el más antiguo de los cuatrocentistas valencianos, de que di cuenta á los lectores de Las Provincias en un estudio publicado en los números de 3 y 4 de Enero de 1910, «La pintura valenciana en 1400: el retablo de Olleria». — 10 — " con las figuras de los dos apóstoles en pie, de otra ta¬ bla pequeña que en ella apeaba primitivamente, que contiene ''el Calvario, y de tres tablas á cada lado, flan¬ queando á los dos anteriores, que representan las esce¬ nas de la vida de San Pedro y las de la vida de San Pablo, á saber, enumerándo¬ \ r / las de arriba abajo cada vez: b "la Vocación de San Pedro, '' \ p \ / t / el establecimiento de su Cᬠo n tedra y " su Crucifixión, al la¬ y f do del Evangelio; '"la Conver¬ sión de San Pablo, •' su Predi¬ i a 7 cación el Areópago y '' su en Degollación, al lado de la Epístola. s r Tendría este más antiguo i • j k l retablo predela ó bancal y polseras ó guardapolvos, pe¬ Retablo mayor ex Sax Pedro. ro no se aprovecharon al ha¬ cer el nuevo. En cambio me inducen á creer que el viejo, en lo principal, lo tenemos íntegro, lo sistemático de los asuntos, la armonía de las proporciones y las tallas de arco que nos muestran'las más altas tablas, á saber: el Calvario, la Vocación y la Conversión. Tendré como un día fausto para la historia del arte español aquel en descubra el nombre del pintor que se del retablo de San Pedro y San Pablo. Artista fué muy adueñado de la técnica del temple, y algún tanto des¬ preocupado de sus progresos y de convencionalismos. De esos ingenios de fácil donaire, para quienes tren¬ zarle las barbas á un procónsul romano era gracejo, que ponían en la cara de un pretoriano, como en pro¬ fecía, todo el espíritu de uno de los caricaturistas del siglo de la litografía y de los periódicos satíricos, pero l — di¬ que sentía dentro la seriedad del asunto, y nos por ofrece, los misterios dramático-religiosos que como en en su tiempo se representaban en las mismas iglesias, la extraña mezcla de lo cómico y lo trágico, lo profano y lo más sagrado, que caracterizó después á las letras y al drama, verdaderamente modernos, de los Lope, los Tirso y los Shakespeare. Pasando á examinar ahora el segundo, en orden de antigüedad, de los viejos retablos que estudiamos, se nos ofrece el de la capilla de San Vicente como de cla¬ sificación cronológica más difícil. Los artistas geniales, los desembarazados al menos, por sus propias origina¬ lidad y sinceridad nos dejan rastrear bien y precisa¬ mente la época, nos declaran la educación que recibieron y nos confiesan la nota personal suya. Por el contrario, los artistas de segundo y tercer orden, imitadores de los otros, repetidores adocenados de las obras inventadas y ejecutadas por los próceros del arte, á veces, además, usufructuarios aprovechados de sus dibujos, esbozos y cartones, pueden jugarnos malas tretas á los investi¬ gadores del pasado artístico, haciéndonos retrollevar á tiempos más lejanos una obra de arte que se pintó más cerca de nosotros. Sirva de ejemplo, en tierra va¬ lenciana, Cristóbal Lloréns, que imitaba á Joanes medio siglo después de su muerte, cuando Eibalta, Ribera y Espinosa habían hecho la salvadora revolución artística de que se gloría nuestra patria. De todas maneras, creeré que el autor de lo mejor de estas tablas—pues hay evidente colaboración de ayu¬ dantes y discípulos—debió de ser uno de los conti- 4 — 42 — nuadores del estilo de Jacomart, antes de que el arte fla¬ menco influyera en Valencia con Maestro Rodrigo y Bar- tolomeus Rubeus, y antes, claro está, de que el prerra¬ faelismo de Pagano y San Leocadio arraigara en nuestra tierra. Con eso me permito señalar, como fecha signifi¬ cativa, el año 1460 ó 1470, á \ / la buena de Dios. Del San Je¬ P r rónimo en la celda (arrancan¬ do una espina al león) del Mu¬ a \ \ ^ /'-V seo de Nápoles me he acor¬ n t b d dado viendo una de los mejo¬ res tablas de este retablo. Y el San Jerónimo, si no es de u m c € Jacomart, como cree M. Ber- r taux, es de Dalmau ó de otro artista nuestro (1). r ÍJ '■I'- J H'l Perdidas tablas (una ó dos) retablo hoy dk san vicente San Pedro. en con la hornacina moderna, y estropeadas en parte las di¬ chas en mi carta anterior, se conserva lo más del reta¬ blo; pero no se puede rastrear cuál fuera el Santo titu¬ lar primitivo del mismo. En el centro sólo se conserva arriba, en la espina ó prolongación central del fondo, "la tabla de la Transfi¬ guración. Al lado del Evangelio se ven arriba ''un san¬ to presbítero en su celda de estudio, distraído por un pobre al que da limosna, y abajo ''San Miguel. Al lado de la Epístola, arriba, "la Virgen apareciéndose á San Bernardo, abajo, "San Martín dando la capa. La prede¬ la, pequeña, pero un punto más ancha que el retablo, contiene, de izquierda á derecha del espectador, las es- (1) Me refiero al famoso y tan asendereado cuadro, ya un tiempo atribuido á 'V'^an Eyck, que ha reproducido M. Bertaux en el estu¬ dio de Jacomart, ya citado, de la Eevue de l'Art Anden et Moderne. — 43 - cenas ^del huerto, "Beso de Judas, ''ante Pilatos, 'cuer¬ po de Cristo sostenido por ángeles (centro), ■'Flagela¬ ción, ''camino del Calvario y 'la Quinta Angustia. El mé¬ rito de estas tablitas no es igual á lo antes señalado, como tampoco las tablas estrechas del guardapolvo, que ^ siguiendo perímetro, de izquierda subiendo á derecha bajando, representan ""un apóstol, "San Felipe, "Santa Catalina, ^Santa Ana, ''el Padre Eterno, "Santa Elena, ®Santa Magdalena, 'San Jerónimo y "San Onofre (ho¬ rizontales, el Eterno arriba. Santas Catalina y Magda¬ lena á los lados). V. Este retablo tiene, por último, el dato, que puede ser inapreciable, de ostentar en los lados, en las polseras, repetido el escudo que ofrezco á la sagacidad y á la cien¬ cia de D. José Martínez Aloy, con ser, como todos los pintados, poco preciso en sus colores. Es acuartelado, de oro dos pales de gules, de oro un gallo, de sable (?) un semivuelo de oro, de oro (?) un castillo de plata (?); y perdone mi querido amigo el modo de señalar estas cosas con tanta incorrección heráldica. Sólo le haré notar que el primer cuartel es como cuarto en pal de oro y gules, y que el tercero no es el conocidísimo del apellido regio de los Manueles, por faltar la mano y la espada. Me he extendido sobremanera en esta carta, olvi¬ dando lo principa], que es el tercero de los retablos. Habremos de dejarlo para otra, contando con la bene¬ volencia de los lectores y Director de Las Provincias. Ill Madrid 14 de Febrero de 1908. Quizá, y sia quizá, lo más selecto que Játiva ofre¬ ce al amante de las artes en materia de pintura ex¬ quisita, de factura y técnica perfectas, es la obra que va á ser objeto de esta últi¬ / ma carta. \ n Me refiero al altar que hoy í es del Corazón de Jesús, en \ l \ / V / sustitución de una única ta¬ q punto mayor que las k a e bla, un de los lados que la acompa¬ r ñaban, tabla que no sé si re¬ J presentaría otra escena de la vida de la Virgen, tal vez el r Nacimiento ó la Epifanía, y fj h i que debiendo de ser de lo mejor del retablo es grave lástima su pérdida. Retablo hoy del Corazón de Jesús en San Pedro. Lo subsistente son, al la¬ do del Evangelio, °la Dispu¬ ta los Doctores (arriba) y Ma Purificación. Al lado con de la Epístola ''el Santo Entierro y ''la Huida á Egipto. En el centro, sobre la hornacina, ''el Pasmo, y arriba, en la espina, ''la Quinta Angustia. En la predela, amplia y no menos selecta que todo el resto, "San Antón, '"la Aparición á la Virgen del Resucitado (centro) y 'San Sebastián. Y en la polsera, de izquierda subiendo á de¬ recha bajando, 'San Gil, con la cierva al lado, *San Cosme, 'un santo obispo, ""San Martín, "el Padre Eter- ~ '^'^i " ' ÎATî^i^'v^'-i^-^ ^ -Íií ut \ I ' «■v.'ri» ftj'·^"®'' «¡4, «V >'>%,s«"í·""'^·í'^ " jx ^ Ï r, -. wç i >•; t ^ rn* S^.vvv 7 ríiki:4SíS?tiA p\ r^f: ^-^^>,''''>'v·''í. 1^ -■i.rftíí,:^':- |í> J|í. ''i." SÍ-iM^V iv^Tt 'r?$Mm^ ■« no, "Santa Catalina (?), ''Santa Águeda, 'San Damián y ''otra santa mártir. También tiene escudo, pero es el de tiara y llaves de la propia fábrica parroquial de San Pedro, á cuyo cargo debió de correr, en consecuencia, el pago del retablo (1). Hoy vale mucho dinero. Yo no conocía al ilustre es¬ tilista P. Mir como perito para justiprecios, como pein¬ tre expert. Pero me dijeron en Játiva que hace años se¬ ñaló en 70.000 pesetas el precio del retablo, y hoy al menos sí que vale eso y bastante más. Todos los cuadros fueron pintados al óleo; es decir, tal cual se pintaba al óíeo en Flandes desde 1420 ó 30, en Valencia desde 1460 ó 70, en Venecia desde 1480 ó 90: á saber, por medio de ligeras veladuras al óleo, de bri¬ llante colorido, puestas encima, con toque magistral, de la tabla ya pintada al temple. Por la trasparencia y nitidez esmaltada de esas veladuras clarea y se tras¬ luce el modelado algo monócromo de la preparación al temple. Las deliciosas tablitas de Játiva que nos ocupan conservan todavía las veladuras, cosa que las avalora extraordinariamente, ha sido triste sino de otras pues semejantes á ellas, trabajadas como ellas, con esos pro¬ cedimientos complicados, que los restauradores al lim- (1) Poco después de escritas las lineas del texto, en un estudio (t. III, núm. 11, pág. 202 de Vida Intelectual) sobre el notabilísimo sello céreo del Cardenal Rodrigo de Borja (Alejandro "\^I) cuando en 1472 vino á España de Legado, hube de decir la idea que concebi de que este retablo pudiera ser, de un modo ó de otro, encargo suj'o, ya que él fué bautizado en esta parroquia de San Pedro. Me fundaba, aparte del escudo, acaso repintado (que seria liviana conjetura), en la casualidad de estar representado San Gil y ser Alejandro 'VI, no precisamente un «Borja» á secas, como su tio materno Calix¬ to III, sino un «Gil de Borja» por su padre y «Borja» á secas por su madre. Es una idea. piarlas les hayan barrido esas pinceladas superficiales al óleo, en las que está casi todo el secreto del hechizo. Arrancadas ó barridas las veladuras, pierden mucho esos cuadros. Sin embargo, las tablas de Játiva necesitan limpieza, quitándoles algo del amarillento barniz, nada exagera¬ do, que tienen, y fijando algunas cascarillas en las ta¬ blas que están más bajas. El alfiler á que me referí en otra carta fué causa de uno de estos pequeños descas¬ carillados. Después de esa sencilla pero delicadísima operación, será el retablo el mayor atractivo de Játiva para amateurs y excursionistas. Porque es una delicia, por sus figuras, por sus com¬ posiciones, por sus paisajes, por todo. Los blancos, en especial, son colores de calidad exquisita, pero todo en ellas es primoroso de pensamiento y de ejecución, lle¬ gando siempre, en varias tablas, al ápice del acierto en la figura delicadísima de la Virgen María. Esas exquisiteces, aquellos procedimientos técnicos, y la importancia capitalísima dada al paisaje para los fondos—prescindiendo de los fondos de oro sencillos ó puntillados, como los de la parte vieja del altar mayor —nos delatan á un digno émulo de los viejos flamen¬ cos, de ellos discípulo, personalmente ó indirectamente. El gran maestro que consiguió pintar en Valencia con esa técnica y algo en ese estilo es Maestro Rodri¬ go, de quien el amigo Tramoyeros se ocupa en trabajo en prensa que yo he podido leer y disfrutar (1). Antes que él, Alfonso V, entusiasta de los primitivos de Flan- des, envió allá á Dalmau, sin bastante fruto, pues si tra¬ jo imitaciones eyckianas, no logró que se le revelara el secreto del procedimiento de las veladuras al óleo. Pero indiscutiblemente, á mi entender, se formó en Ná- (1) Estudio en Cultura Española, ya citado. LÁM.VIH. 0M,68. X0,56 TAJDABTLIEVS. TORM.-LAS E. RODÍCiO áCrpsi(utjo.Made PLdaimperresbsntload OIPS)EAKDKoR.As,: DSoPleeadrrnos!,. ldoreetasbl.Soiet ;Del - 47 - poles, en la corte de nuestro rey,Maestro Rodrigo, es de¬ cir, quien ya supo pintar al óleo, imitar las figuras y los paisajes de los fiamencos, y copiar, sin embargo, las ar¬ quitecturas del renacimiento italiano, entonces del todo extrañas y desconocidas para flamencos y españoles. Bastaría con esos antecedentes, relacionándolos en¬ tre sí bien fácilmente, para declarar que el retablo que me atreveré á llamar de los siete gozos y dolores de Ma¬ ría—por llamarle de alguna manera—corresponde á la escuela de Maestro Rodrigo. Pero es corresponde, ó á la misma mano del más: maestro, ó á la de un discípulo mucho más grande en méritos que su hijo. La obra auténtica de éste, del Mu¬ seo de Londres, no tiene las supremas delicadezas de las tablas de Játiva, ni tampoco las tablas de San Dio¬ nisio de la Catedral y las del Museo de Valencia, que M. Bertaux y el Sr. Tramoyeres tan acertadamente atri¬ buyen al que se firmó lo fill del Mestre Rodrigo. M. Bertaux fué, como se sabe, el primero en encon¬ trar, con la firma, la obra auténtica del padre en la ca¬ pilla bautismal de la parroquia de San Nicolás de Va¬ lencia. Esta obra sí que está en relación íntima con las tablas de Játiva, aunque en éstas, lo confieso, faltan las arquitecturas de renacimiento italiano que tanto carac¬ terizan las predilecciones de Maestro Rodrigo. Esta fal¬ ta me desconcierta algún tanto, y unida á ciertos deta¬ lles del modelado y á ciertos tipos de prerrafaelismo italiano—aunque felizmente armonizados con todo lo característicamente flamenco del estilo—me hicieron pensar si estaría equivocado al atribuir el retablo á Maestro Rodrigo y no á un fidelísimo discípulo suyo que hubiera alcanzado á ver en Valencia á Pagano y á San Leocadio llegados en 1472. Para resolver esta única duda que me cabe, bastaríame acaso volver á ver lo de San Nicolás de Valencia llevando en la retina estereo- — 48 ~ tipadas las tablas de Játiva, cosa que el itinerario del viaje no consintiera (1). Conste que las tablas de San Narciso atribuidas por Bertaux á Maestro Rodrigo, en la Catedral de Valencia, son menos delicadas, en especial en los tipos; pero no me adhiero yo demasiado convencido tampoco á la idea de que el San Narciso sea del padre: al menos me ca¬ ben algunas dudas. La talla francamente itálica del retablo de los siete gozos y dolores—aunque basta—es nuevo motivo para ■ llevarme á creer en la paternidad personalísima de Maestro Rodrigo, cosa que, de ser cierta, nos llevarla á declarar que estuvo en Játiva, porque en una de las ta¬ blas está pintado el famoso castillo y algunas de las iglesias y casas de jardines de la vertiente del Remisa. ¿No habrá en Játiva, en los archivos, quien busque el importantísimo dato documental? * * * Para terminar: Las tablas del altar mayor, de la época en que se rehizo aprovechando el viejo, las creo contemporáneas de Joanes, pero de artista muy inferior al maestro antes tan ponderado, como supuesto creador de la pintura va- (1) Hice en Diciembre de 1909 (el 21) de un tirón esa compara¬ ción, estudiando en Játiva y Valencia las obras del maestro á quien también Bertaux atribuye el retablo. Hay diferencia en el modelado, mucho mayor en las tablas de Játiva que en las obras más auténticas de Valencia; pero ¿es dife¬ rencia de modalidad y cambio de manera que no empece á la evi¬ dente identidad de estilo en muchas de las tablitas do nuestro re¬ tablo? En manera alguna puede atribuirse éste al hijo de Maestre — 49 - lenciana, que ahora resulta ser el tíltimo de una serie ya dos veces secular de grandes pintores. Diré (1) que entre tallas platerescas representan en alta y amplísima predela la ' Oración y ^Flagelación al lado del Evangelio del enorme tabernáculo, y ''el Pas- ^ mo y 'la Quinta Angustia al otro, siempre de izquierda á derecha. Y en la enorme polsera, de la misma mane¬ ra, '"la Epifanía, "los Pastores, "Anunciación, Tsaías, ... (?)..., 'Trinidad, 'Jeremías, "la Resu¬ rrección, "Ascensión y "Pentecostés; faltando determi¬ nar (por faltarnos luz) el tema de los guardapolvos la- rerales de la espina. Es además de ese arte de decaden¬ cia del siglo XVI la Virgen puesta sobre la gran tabla vieja de los titulares. Por esas tablas viejas de San Pèdro y San Pablo, aun por las otras de la capilla de San Vicente, y en es¬ pecial por el retablo de los siete gozos y dolores de Ma¬ ría, no diré la visita á San Pedro, el mismo viaje á Já- tiba es inexcusable para cuantos sientan amor por las obras de los primitivos, por las más puras glorias del ,1- arte cristiano. Rodrigo, lio habiendo motivo para pensar tampoco en un descono¬ cido discípulo de tanto mérito como el que aqui se reconoce. Si es probable que sea una obra auténtica en su menor parte, ha de ser tardía en la labor del autor, olvidado eñ ella de ciertos primo¬ res de renacimiento italiano, quizás por influencia del arte más flamenco de su contemporáneo Bartolomé Rubeus. > (1) Véase otra vez el esquema de la pág. 40. I T"^.". V"-^.^'Ííftf^' -. -.T-rr , .. ^ •-••,•: r C i ■^:m. -. ,. .- ». '► -/í ïf-^SÍ *■ "™ i, -íí?. ■ "='^ m ^'nSS· ^•57^»'!^'—' 'Ç- .,i-'§lïàà -»íiííí £?i':f«- íçfi*!» «iàféí^f;*5íí4'"í«?^ïrs«l^< V' ^ í-^ -f ■í^'i ■.i:$'3f«lfft»'' l #.í jtáü'X' §0'-^'à^íj^' hk'^^- ■»>4lj :»ÍÍÍÍT- jí; , ..><>^'Îfei^ïiiV>îWiî&i|;ï,S.' •'•' L(„ . ií'íÍ.uS» .íísr»á^ff'íí|; JÍS r i_W,» * « ^ -» •«' ^*v*. ^ ''r~ 4.>b5R^í6^rÇ ^ ¿ EL CALVARIO DE JÁTIVA TABLAS Y PAISAJE I Julio de 1910. Otra vez (y no será la última) voy á ocuparme en Las Provincias de las viejaspinturas—medievales, primiti¬ vas, puro arte cristiano—de que está henchida Játiva, como quizá ninguna otra de las antiguas ciudades en el reino de Valencia y en los demás reinos aragoneses. Una vez, en varios artículos, me ocupé de las tablas de la Seo: hace más de dos años. Otra vez, también en tres artículos, examiné luego los antes desconocidos re¬ tablos de la parroquia de San Pedro. Tengo inéditos unos apuntes tomados ante las viejas pinturas, nume¬ rosas, de la primitiva iglesia de San Felíu, el más lina¬ judo de los templos del reino de Valencia, aparte el metropolitano. Tengo inéditas también las notas toma¬ das en la ermita de las Vírgenes (1), alguna de cuyas tablas, con otras dos de San Felíu—ciertamente las me¬ nos importantes—figuraron dignamente en la Exposi¬ ción Regional de 1909 y se exponen ahora también en (1) De las Santas. - 52 - la Nacional de 1910 (1). En la una y en la otra, por últi¬ mo, además de las tablas de San Francisco, se ostenta, como preciadísimo capolavoro, el gran retablo de la ermita de Santa Ana, que merece muy singular enco¬ mio y es todavía inédito, digno de que la fotografía y las modernas artes fotomecánicas lo ofrezcan reprodu- cido al estudio y la admiración universales. Recordarán acaso mis lectores que mi visiteo artís¬ tico y excursionista en Játiva está ocasionado por las largas paradas á que nos obliga la Compañía del Norte en el empalme de Játiva á los viajeros de la línea de Alcoy en combinación (!) con la de Madrid. De más de cuatro horas era la parcida y fonda hace dos años, cuan¬ do comunicaba mis notas á los lectores de Las Provin¬ cias. Hoy de dos horas, pero eso sí, en el ya no pasa viaje de ida tanto en el de vuelta, que antes se como hacía á renglón seguido. Y como dos horas son mucho tiempo para estar en andenes, pero bien poco para hacer excursiones de es¬ tudio y de investigación, y como en mi último trance de trasbordo iba conmigo una gentil compañerita de A viaje, ya convaleciente de cruenta operación, más ne¬ cesitada del aire puro de la montaña que del aroma re- ^ cogido del incienso, olvidándome esta vez de lo viejo, corrimos á la cónica mole montuosa del Calvario á que nos brindara la huerta, tendida á nuestros pies, su fresca hermosura mañanera, encuadrándola entre los enhies¬ tos cipreses, cobijándonos en la sombra del cerro por ser tan temprano. ^ No había subido yo nunca al Calvario aquel, por cuyos pies, en tantos años de mi vida, corrieran los co ches-diligencias de mi ilusión de estudiante en vacacio- (1) La Exposición de Valencia, que tuvo sucesivamente uno y otro carácter. t- — sa¬ nes. Era entonces el Calvario de Játiva para mí sola¬ mente el anuncio risueño del Calvario de mi pueblo, todavía oculto tras las montañas—y en verdad, ahora lo reconozco, bastante menos hermoso. Miamigo, un buen patricio setabense, D. Fernando ^ Bernabé, varón de idea propia y de sentir personal, me había dicho muchas veces su costumbre de todos los años de subir á aquel otero á tomar el desayuno el día de la Virgen de Agosto, el primer día de las ferias, á contemplar á sus pies el real alborotado y polvoriento de la feria de animales y á escuchar desde la serenidad ^ de su altura el vocerío, de cerca ensordecedor, de los tratantes y feriantes. Mi compañerita, alegre como las Pascuas, fué en¬ contrando fuerzas, tras de algún que otro descanso, para llegar á la ermita. No es ésta ciertamente de las elevadas, como lo son las vecinas de Santa Ana y el Puig, como lo es el histórico castillo. Sino que está á mediana elevación como aquella del recinto de la vieja Setabis en que se edificaron las que fueron sus iglesias, A en las faldas ahora abandonadas del castillo, hoy «er- ' mitas» de San Feliu y de Montsant (1). I ¿Se necesita haber corrido algo de mundo, además de la España entera, para poder decir que la campiña setabense, apenas se la ve de alguna eminencia, es uno de los más bellos paisajes de Europa? Yo en su género no conozco cosa más bella, jardín ^ más rico y cultivado y llano, en extenso tapiz, y á la vez, como cierre, montes de tan caprichosa silueta como aquéllos, rocas de tan cortantes crestas como el Berni- sa, conos tan enhiestos como el de Santa Ana, islote in¬ gente tan peñascoso como el del Puig, coronados am- (1) La de Montsant, convertida en casa de campo, lindísima por su situación y miranda. — 51 — bos, estos tiltimos, por sus ermitas, como corona el ten¬ dido, extensísimo castillo las nobles sierras al respaldo de la ciudad. Otros castillos parecen coronas muradas: en éste se ven también muradas diademas, murados co¬ llares ymurados cintillos que de arriba abajo desgra¬ nan sus torreones y se tienden á abrazar á la ciudad siguiendo las curvas, que parecen formas vitales, de la montaña, con ser tanto el desnivel y tan pendientes las cortinas fortificadas de torreón en torreón. Vista desde arriba la llanura de la huerta, aún pa¬ rece más llana, más horizontal, con los cultivos varia¬ dísimos de las hortalizas, granados y más granados, to¬ davía en flor, naranjos en huertos, palmas acá y allá, los arrozales de verde aterciopelado, las casitas de re¬ creo, innumerables, caprichosas, rodeadas de flores. Parece aquello un lago, una ría ó unos Dardanelos, sólo que verdes, en vez del azul del agua. Los anchos cau¬ ces, arenales llenos de cañaverales y floridas adelfas, del Cañólas y del Albaida en conñuencia, parecen los últimos regueros de la laguna desecada, y ayudan á ese efecto, así las decididas líneas de las montañas circun¬ dantes que, como las que cierran agua, no tienen cal¬ zados sus pies con suaves escarpas, como la situación de la ciudad y de los veinte pueblecitos que se acerta¬ rán á ver, pues todos están situados en los bordes y no en el centro de la llanura. El Puig parece ahora lo que fué tiempos prehistóricos, un grande y elevado islo¬ en te de esta ríaantediluviana, abierta apenas por detrás á la comunicación con el Mediterráneo', que cubría en tiempos la ribera alta del Júcar. Y como las montañas algo verdean, pero son rojizas ó azuladas,y el verde de mil cambiantes cubre el llano tan pintorescamente puesto en parcelas, y el azul del cielo matinal, moteado de nubecillas, es nuestro claro azul celeste de cendal blanquecino, tiene el país de Já- — 55 — tiva, con toda la hermosura de una ría baixa de las de Galicia, ó de un lago de los alpinos, esa nota extraña, contradictoria, picante: la rara belleza de las rubias de uegros ojos ó de las morenas de ojos azules. Teniendo además una mayor nobleza y majestad de la huella que A dejara allí el secular trabajo de los hombres que fue- ; ron, en perfecta armonía con el paisaje, que no desfigu¬ raron con sus viejas edificaciones, sus viejas verdean¬ tes acequias, las plantaciones y las siembras, tan pri- ' morosamente trabajadas y repartidas. El que á la vez sienta entusiasmo por el arte antiguo y por el moderno, por las viejas pinturas devotas y por la modernísima pintura, luminosa y paisista, reconoce¬ rá en los modernos que si les falta idoneidad para ser expresión de los sentidos humanos (religiosos, trascen¬ dentales) de todos, interpretando todo el ideal popu¬ lar como lo interpretaban los pintores de otras edades, aun los medianos, interpretan en cambio algunos, los sinceros, su propio lirismo personal, su personal modo de ver, y que á veces, muchas veces, enriquecen defi- > nitivamente nuestra alma con un manantial perpetuo de goce, educándonos en la contemplación de la natu¬ raleza. Yo al menos confieso que antes de que Sorolla me iniciara—años hace, con la sola contemplación de sus obras,—no supe sentir la belleza del campo lleno del sol intenso, molesto, canicular, de nuestro sol de la siesta bochornosa de verano, que entrecierra nuestros ; párpados y ánestesiaba antes nuestro sentimiento es¬ tético. No tanto puedo decir de Eusiñol y de sus entusias¬ mos los cipreses de nuestros calvarios, porque por ¿quién no gozaba en ellos antes? Pero algo ha afinado ese goce artístico, algún modo de educación estética le debemos, y es más hondo ahora el sentimiento que nos producen y más fina la apreciación de los matices y del brusco tránsito, en valiente contraste, del verde inten¬ so, fosco, oscuro, próximo, de los conos severísimos del ciprés, á los verdes claros, luminosos, gayos, tocados de amarillo, azulinos ó rojizos, llenos de clara luz, del país del segundo término. Todo esto se goza, como en parte alguna, y se apren¬ de en el Calvario de Játiva, en cualquier punto de vista que en él se elija. Otro efecto, éste todavía más pintoresco que lumino¬ so: á mitad de su altura, contemplando entre los cipre- ses corpulentos el castillo y las complicadas, variadas, rampantes murallas que á él suben, escalándolo, desde la ciudad, desde la desaparecida puerta de Cocentaina, frente á la fuente deis ventisinch chorros. Se tiene en¬ frente, además, la blanca arquitectónica mole del templo de Montsant (1) y el paredón á pico que en lejanísimos tiempos sirvió de zócalo á la acrópolis setabitana. La vista es tan severa, tan majestuosa, tan grandiosa, tan digna de la popularización por la fotografía, que ni en Granada, por entre la Alhambra, las Torres Bermejas ó la Alcazaba, hay rincón del paisaje que parezca más noble, más linajudo, más romántico. Me he extendido demasiado antes de entrar en la er¬ mita del Cristo del Calvario. No me he dejado llevar tan sólo del recuerdo, sino del patriotismo. Játiva no es bas¬ tante visitada. Játiva debiera ser para los valencianos todos como lugar consagrado. Játiva debiera ser un para los forasteros, para los extranjeros, algo más que diez minutos de perspectiva,de ventanilla de tren; eso sí, ¡de pérspectiva hechicera é imborrable lo es de muchósí (1) En realidad me refiero á la mole de la gran ermita de San José. IX. LAM. JATIV. TADBLES TORM,-LAS Vista Calvrio Jdcdáiflyeudceatdaiesasvellao dela — 57 — Si Játiva estuviera en Cataluña, ¡cuánto se pregona¬ rían sus bellezas naturales imponderables, y cuánto sus riquezas artísticas arqueológicas! y Y si estuviera en Italia, ó en Bélgica, ó Francia, y aún sólo en el Norte de España, en países que saben atraer forasteros, sería estación invernal y nos la sa¬ bríamos de memoria los valencianos y guardaríamos su recuerdo ó sus vistastarjetas postales. en Queden para otro artículo mis impresiones sobre las obras pictóricas que pude contemplar en el Calvario. II Tiene bien conservadas casetes, pilares con rétablî¬ tes de azulejos modernos, este Calvario. Con rampas suavísimas, de repetidísimo zig-zag á la subida, con las estaciones del via-crucis debidamente espaciadas. Otros más rápidos zigs-zags, especiales para la bajada, con¬ tienen en sus casetes los Dolores de María y más abajo los Dolores gozosos de San José. Pero todo renovado en tiempos recientes. La iglesia de arriba es moderna y bastante amplia- para ser de ermita, pues tiene su crucero y capillas la¬ terales en la nave principal. En total son, pues, muchos los altares, unos siete, de los cuales no ofrece interés arqueológico y artístico sino sólo uno de ellos, puesto en la primera capilla de los pies del lado de la Epísto¬ la. En otro se ve la Virgen del Sufragio ó de las Almas, que no sé si ha dado alguna vez nombre á esta ermita. El Crucifijo del altar mayor ha debido sustituir hace ya siglos á otro de bastante tamaño, sin llegar al natu¬ ral, que se conserva en la desnuda sacristía colgado de una pared. 5 — 58 — Es ésta una escultura algo bárbara en su muscula¬ tura, deartista que no sabía el desnudo, con cabezota fuerte, barba cerrada, imponente, con cabeza muerta coronada con sarmentosa espina, gruesa, como de raí¬ ces. Con todo, es una curiosa imagen de escultura po¬ licromada (repintada) del realismo gótico del siglo xv, y por no entre nosotros tan frecuentes estos simula¬ ser cros en estatuas grandes, es pieza muy digna del Museo. El retablo citado no tiene especial importancia, pues no la tiene, á mi ver, la pintura coetánea de Joanes, ni menos la inmediata posterior, cuando el artista es del montón, de los adocenados, á quienes les venía de nue¬ vas el espíritu del Renacimiento, y á cuyas creaciones les venía demasiado holgada y ancha la vestidura de formas del italianismo renaciente: góticos trascone¬ jados. Es de batea todavía.En ésta, en los bordes caracte¬ rísticos (de izquierda subiendo, á derecha del espec¬ tador y bajando) se ven los Santos Cristóbal, Lucía, Francisco (busto en óvalo apaisado), Santo Obispo con un perro (¿?), el Padre Eterno (centro alto), el Bautista, Santa Clara (busto en otro óvalo compañero) y Santos Onofre y Jerónimo; cintrados los fondos en las figuras enteras. La prolongación central del fondo, ó sea la espina, tiene, como siempre, un Calvario. La predela ó bancal tiene á Santos Cosme y Damián, á los lados, y al cen¬ tro, una Asunción ó mejor Inmaculada, que acaba de determinar fecha, á fines del siglo xvi. Todo esto del mismo estilo, sin poderse ya decir hoy que sea el de las tablas del fondo. Dícese que unas monjitas que hace pocos años ha¬ bitaron en pusieron en venta algunas anti¬ el ermitorio guallas que allí todavía se conservaban, y que también vendieron la tabla central de este retablo, que se tiene idea que era de mérito y precio—lo que no sería exac¬ to siera obra de la propia mano que trabajó el bancal, espina y polseras.—No la vendieron sin recortarla, de¬ jando la parte alta, dorada, sin pintura, que se conserva intacta. Debía de representar de pie al desconocido ti¬ tular, al que acompañaban en sendas tablas otros dos Santos, también de pie, á derecha é izquierda, que allí subsisten invisibles. Invisibles, porque las aludidas monjitas, para ocul¬ tar el hueco ocasionado con la venta, hallaron el recur¬ so de otra tabla antigua, pero no alta, sino apaisada {un poco apaisada), y lo menos bárbaro que se les ocu¬ rrió fué sobreponerla, clavándola con crueles clavos, ta¬ pando con ella el vacío de la vendida y ocultando tam¬ bién en buena parte las dos grandes tablas subsistentes. Tanto que no se puede hoy saber siquiera cuáles son los Santos representados en éstas, acertándose sólo á ver que la de nuestra derecha es una Santa, y que el de nuestra izquierda es un Santo, ermitaño quizá, á juz¬ gar tan sólo por el cayado ó palo alto, en el extremo del cual forman lazo dos varitas de la misma rama de que está formado (1). Del colorido, forma y detalles de (1) Al trabajar D. Enrique Cardona, por mi encargo, las foto¬ grafías de las tablas de Játiva (Julio y Agosto de 1912) ha levan¬ tado la tabla postiza, viéndose que las dos laterales representan á los padres de la Virgen en bellas figuras: San Joaquin y Santa Ana Quizá su supuesto milagroso abrazo en el templo de Jerusa-' lén, ante la puerta de oro (forma legendaria de representar la In¬ maculada Concepción, como hija de unión no carnal), fuera la es¬ cena representada al centro del retablo, y la Concepción de su titular verdadera. Maria, Después del siglo xvi, la Iglesia exigió que no so encargara en adelanto obra de arte que representara el di¬ cho abrazo, al rechazar la leyenda piadosa. Desde entonces, prin¬ cipalmente por obra gloriosa del arte la español, se ha representado Concepción idealmente, sin mancha, no de irnión de pecado carnal, sin original. - 60 - estas tablas nada puedo decir. Le coronan sus fondos dorados, como el de la central, con rastro de dibujo or¬ namental que no es de medio punto; pero tampoco de conopio gótico. El ensamblaje total del retablo parece tínico y primitivo, no viéndose probables sustituciones de piezas. Siendo poco más que nada lo que se puede ver de las dos figuras, no acierto á comprender si el fondo principal del retablo era de mejor estilo, de mayor mé¬ rito y de diversa época que su predela, su espina y sus polseras, que en resumdh valen poco. En cambio, la tabla sobrepuesta y clavada es muy interesante. Es una PMá: la Virgen con el cadáver de Cristo en su regazo, San Juan Evangelista á un lado y Santa María Magdalena al otro. Al fondo paisaje y to¬ rreadas arquitecturas en la ciudad de Jerusalén. En éstas no se ve, por cierto, ni el estilo pintoresco, itálico y valenciano á la vez, en mezcla curiosa, que ca¬ racteriza las pintadas arquitecturas del Maestro Rodri¬ go I, ni el despiece constructivo detallado, propio de un dibujante arquitecto, que caracteriza á las del Maestro Rodrigo II. Y, sin embargo, es evidente que la nueva tabla, desconocida hasta ahora, que estoy clasificando, es una obra característica de este segundo artista, que con el mismo nombre y apellido, Rodrigo de Osona— de Ausona ó de Vich, á mi entender,—que hizo célebre su padre, conservó una buena parte del prestigio de la escuela valenciana, á fines del siglo xv, dentro de una técnica flamenca, usando de veladuras al óleo, y dentro de la orientación artística, á la vez fiamenquista é ita¬ lianizada, que supongo nos vino de la corte alfonsina del Rey Magnánimo en Nápoles, en que figuraron va¬ rios artistas valencianos. La tabla, en el desnudo del cuerpo del Salvador, en los extremos, las manos, de otras figuras, está muy des- — 61 — dibujada, la oomposioióa, actitudes y cabezas pero por expresivases digna del maestro que en la tabla del Mu¬ seo de Londres firmaba Lo fill de Mestre Rodrigo. Las cabezas son en él características é inconfundibles, el realismo suyo es siempre dramático, sentido y popu- ^ lar. Por lo que en este pintor, más que en ningún otro de sus contemporáneos de Valencia, en el siglo xv, se muestra evidente la tesis sostenida en el extranjero por distinguido historiador (1), suponiendo que el teatro religioso, popular, de aquella época—del que conser¬ vamos en nuestra región subsistente y vivo y famoso el Misterio de la Asunción de Elche,—influyó grande¬ mente en la transformación del arte pictórico y escul¬ tórico: «La renovación del Arte por los Misterios». Játiva no ofrecía hasta ahora, entre sus variadísi¬ mas tablas cuatrocentistas, verdadero tesoro de pintu¬ ra valenciana del siglo xv, una obra de Lo fill de Mes¬ tre Rodrigo. Aquí en el Calvario la tenemos ya (aunque quizá trabajada con la colaboración de algún ayudante ó discípulo: en el fondo), y desde las columnas de Las ■*- Provincias me permito comunicar el hallazgo á M. Ber- ^ taux, el catedrático de Lyon, á quien se debe el capi¬ tal descubrimiento de la obra de Rodrigo I, en San Ni¬ colás de Valencia, en la pila bautismal, y al Sr. Tramo- yeres Blasco, que con sagacidad ha restaurado la per¬ sonalidad antes desconocida de los dos maestros que sucesivamente llevaron el nombre de Rodrigo de Oso- i na, en el tercero y el cuarto tercio del siglo xv. ' La tabla del Calvario de Játiva, y con ella el Cruci¬ fijo de escultura, hoy en la sacristía, no sé si son con¬ juntamente lo más importante de un solo, primitivo re- (1) V. Mr. Emile Mâle, «Le renouvellement de l'Art par les Mys¬ tères», en la Gazette des Beaux Arts, año 1904, y otros estudios pos¬ teriores del mismo. tablo. ¿Sería Rodrigo II también escultor, además de pintor? EI punto que ofrezco al estudio de mis doctos ami¬ gos no me preocupó durante mi visita á la ermita, que, apenas examinada en su interior, ya me convidaba y forzaba de nuevo, como insuperable atalaya, á la con¬ templación de las bellezas del paisaje, que eran la ob¬ sesión del dia. ¿No han visitado aquel risco, precisamente aquel al¬ tozano, los socios de Lo Rat Penat, los «amadores de las glorias valencianas»? Porque para gloria, aquélla: la vista que se goza desde aquel incomparable miradero, ¡palabra! SAN F^ELIU I 16 de Abril de 1912. La ciudad de Játiva, hoy tendida casi entera en la llanura de su huertariquísima, todavía tiene en cuesta á todo lo largo sus pequeñas calles trasversales, y más altas alguna ó algunas de sus calles paralelas. Por dé- trás peñas más que cuestas las que se levantan en son seguida en rápido desnivel por la falda de la sierra que corona mucho más arriba el larguísimo castillo. De los extremos de éste bajan en rampas y aun á saltos, á abrazar los extremos de la ciudad hasta hace poco murada, dos pintorescas cortinas de muralla, to¬ rreadas á trechos, que cierran noblemente aquella la¬ dera ó falda de montaña. Hay en ella cultivo, en espe¬ cial de seculares oscuros algarrobos, ramosos, y de oli¬ vares, puestos éstos, como por todo el reino de Valen¬ cia, en constante y relativa juventud, propicia ásu ma¬ yor rendimiento. Pero subsisten edificios y ruinas de edificios, entalladas vías urbanas de piedra viva, todo ello de evidente abolengo romano, al lado de peñas bra¬ vas, cavernas y oquedades muy pintorescas y de vistas hermosísimas sobre el llano y aun sobre la ciudad, aunque ésta, demasiado arrimada al primero y uno de los mayores desniveles del terreno, apenas muestra sus tejados y muchas veces sólo los chapiteles de sus más altas torres, tan cerca que parecen torrecillas nacidas del suelo en los peñascos inmediatos. Ese cercado, esaaccidentada vertiente del castillo, «la costa del Castell», es seguramente el asiento de la ciudad de los tiempos lejanos. Allí estuvo la población antes de la conquista romana, allí el municipio roma¬ no, allí la ciudad de los primeros siglos cristianos. En ella se acuñaron las monedas ibéricas é ibero-romanas de Sétabis, tras de haber sido antes residencia poblada de gentes prehistóricas; en ella se ha hallado de re¬ ciente alguna necrópolis de singular interés, con anti¬ güedades de hebreos (1); en ella, por último, junto á San Felíu se ha descubierto, en parte, la planta de la primi¬ tiva catedral visigótica, de la Sétabis que enviaba sus obispos á los Concilios de Toledo (2). Que todavía esa parte serrana y montañosa de la ciu¬ dad estaba habitada en tiempo de los árabes y aun des¬ pués de la Reconquista por D. Jaime, lo demuestra la actual ermita de San Felíu, la iglesia más notable que conserva el reino de Valencia de los días del Monarca conquistador. Románica por su contextura y por su be¬ lla portada, gótica ya por sus arcos apuntados, pei'O de techumbre aparente de madera (en parte conservada, en parte renovada), j edificada con hormigón de labor de moros, modesta, pero no ciertamente pequeña, la notable iglesia de San Félix, antiguo patrón de la ciu- (1) V. «La Necrópolis del Bernisa», estudio extenso, en el núme¬ ro de El Obrero Setabense del 14 de Diciembre de 1907, firmado por F. M. R. (2) V. «Arqueología Valenciana: La Catedral visigótica de Já- tiva», artículo erudito de D. José Martinez Aloy, en el número de E is Provincias del 20 de Marzo de 1908. dad, tiene sobre cualquiera otro de los monumentos valencianos la incomparable nobleza de abolengo que le presta el haberse aprovechado en su amplio pórtico, que es lateral, columnas, basas y capiteles del arte ro¬ mano y del cristiano de los tiempos visigóticos, proce¬ dentes, con toda probabilidad, de la Catedral, que bien verosímil es que se mantuviera abierta al culto cristia¬ no durante la mayor parte del tiempo de la dominación árabe en el país. Al menos de los tiempos del Cid, cuan¬ do asentaba su dominación en Carbonera, en las fal¬ das de Benicadell, nos consta que en el vecino y ar- chiamplísimo valle de Albaida, inmediata jurisdicción de Játiva, parte en realidad de la tierra de la ciudad, los cristianos mozárabes eran numerosísimos. La iglesia de San Felíu,ycon ocasión de ella las otras iglesias similares (la Sangre, de Liria, y el Salvador, de Sagunto), ha sido estudiada magistralmente en el Bole¬ tín de la Sociedad Española de Excursiones, de Madrid, y en edición aparte, por mi amigo D. Fortunato de Sel- gas, el docto arqueólogo asturiano, que suele residir en Játiva durante alguna de las temporadas de primave¬ ra (1). En su trabajo concienzudo se pueden ver en her¬ mosas fototipias el exterior é interior del templo, con todos los detalles, además de la planta y alzado, sin fal¬ tar la notable pila, antes capitel historiado, de escultu¬ ra del siglo xm, lo más notable de su tiempo en tierra valenciana, y aun dos fototipias del conjunto y detalle del retablo principal, que es de pintura del siglo xv y que no es el único ni quizá el más importante de los guardados en la iglesia olvidada, riquísima en tablas como puedan serlo la. Seo y San Pedro. El Sr. Selgas no quiso hacer el estudio de estas tablas, y muchas ve- (1) «San Félix de Játiva y las Iglesias valencianas del siglo xik», i¡or D, Fortunato de Selgas. Madrid, 1903. -es¬ ees, después de haber visto mis artículos sobre las con¬ servadas en dichos templos parroquiales, me ha recon¬ venido cariñosa y sentidamente por el aparente olvido en que decía que había dejado sus tablas de San Felíu. El temor á cansar á los lectores de Las Provincias detuvo mi pluma, una y otra vez, cuando las forzadas esperas del inverosímil empalme de trenes del Norte en Játiva me llevaban una y otra y otra vez también, siem¬ pre con singular encanto, á gozar en San Felíu con el paisaje abrupto y con las vistas espléndidas, confortan¬ do á la vez el espíritu, entre las seculares ruinas, con el goce estético que nos deparan allí, en rincón olvida¬ do del mundo moderno, el arte arquitectónico, escultó¬ rico y pictórico de los siglos medios, desde sus prime¬ ros hasta sus últimos tiempos. Tiene San Felíu, aun en el día de hoy, un gran re¬ tablo, otro más que mediano y otro más chico, de tablas en general de arte de primitivos, casi todas del siglo xv, aunque algunas sustituidas por otras del siglo xvi ó re¬ pintadas cruelmente más tarde; pero tiene además toda¬ vía un Crucifijo pintado en tabla recortada y otra ente¬ ra de Santa Magdalena, también del siglo xv y de con¬ siderable interés. El altar mayor lo llamaremos del titu¬ lar, de San Felíu, diácono, aunque es de eseultura y pos¬ tizo, como el otro imaginaiúo San Felíu, presbítero, que le acompaña. El retablo mediano lo llamaremos de los apostóles Santiago el Mayor y Santiago el Menor, por¬ que al fin ambos están en la parte característica, aunque no principal del retablo. Por último, el retablo menor lo llamaremos de Santa Ursula, tabla secundaria en el re¬ tablo, pero única conservada sin repintes, ya que la ta¬ bla central ó de San Pedro es un postizo muy extraño. De todas estas piezas, de muy difícil estudio algunas, diremos algo á nuestros condescendientes y benévolos lectores, comenzando hoy por las dos obras sueltas. — 67 — La tabla de Santa Maria Magdalena es la de arte más bello, más puro y más fácilmente conocido: el de Jacomart. Comparada con el retablo del Papa Calix¬ to ni en la Seo de Játiva, queda como algo inferior á él, en la categoría de las obras secundarias ó de taller. Es verdad que por mano no ciertamente indocta, pero posterior, al fin, al siglo del gran pintor valenciano de la corte de Alfonso V, se repintó la parte principal de la tabla, es decir, la cabeza de la santa, modelándola con sombras cálidas al óleo, cuando primitivamente es¬ tuvo pintada, como el resto de la tabla, en tonos muy claros, al temple. Los pies están igualmente repintados, pero nada bien. El estilo conocido de Jacomart, en lo que tiene de más inconfundible, se ve (aparte los sola¬ dos de azulejos, sencillos) en los cuatro ángeles, dos á cada lado de la santa, en lo alto, recortada la silueta, sin nubes, sobre el fondo de oro homogéneo, llevando cuatro cintas ó rótulos con letras que creeré que son del himno de la santa; visten de alba y capa pluvial, lle¬ van peinado el pelo rubio ó rojizo en tirabuzones, no precisamente crespo, y llevan en la frente la consabida alhaja; los brocados de las capas son de oro y azul ó rojo, y las alas son de subido color, pero casi blancas al interior; las aureolas de las cabezas son doradas. La figura hermosa, viva, de la santa está de pie, vis- tieudo una ttinica con mangas, toda entera de pelo, y sobre ella capa pluvial de brocado rojizo y tono verde; f lleva, la que fuera bella pecadora, suelta la cabellera de tono rojo oscuro. Está dé frente, y con la mano dere¬ cha, envuelta en blanco lienzo que desde el hombro le cuelga, levanta, sin tocarla directamente, la corona de espinas del Kedentor, guardando en la izquierda—y es parte muy estropeada en la- pintura—el tarro de los ungüentos con que le ungiera los pies mucho antes de la Pasión. / ! — 68 — Esta hermosa creación de la escuela de Jacomart, que Dios sabe de qué templo procederá (1), tiene por su tamaño—que es de como metro y tercio de ancha por i unos dos metros de alta,—y más que nada por su carác¬ ter, aspecto de pieza principal de un retablo pequeño, mejor que parte de un retablo grande. Hoy tiene altar ^ propio, de alguna devoción, en la capilla del lado del Evangelio, á los pies del templo. No sé si por algún ilustre crítico valenciano podrá ser atribuida la obra á un contemporáneo de Jacomart, poco menos famoso que él en Valencia—sin llegar su fama al extranjero ciertamente,—es decir, á Juan Rei- ^ xach, á quien Tramoyeros parece atribuir el retablo de i Santa Ana, en la lejana ermita de la santa, hoy en la ! propia Seo de Játiva. ! Mientras llega la ocasión de dilucidar si es Reixach j el supuesto fiel discípulo de Jacomart, de espíritu más ! delicado y gracioso, más femenil, recordaremos, si- | guiendo nuestro estudio, y pasando al del Cristo de San j Felíu, que precisamente sabemos de él, de Reixach, que ; pintó en 1440 un gran Crucifijo para el refectorio de la cartuja de Porta Cœli, al otro extremo de la provincia, | obra que estaría, imagino yo, recortada de silueta, en i cuanto excediera de los amplios brazos escuadriados de la cruz, también recortada, como está este Cristo que en San Felíu se puede estudiar, aunque colgado alto, en la amplísima pared de los pies de la iglesia,— que sólo á uno de sus lados se abre por un vano de puerta, secundaria en el edificio. Es elCrucifijo de tamaño natural, poco más ó me¬ nos, y de difícil determinación de época, pues la cabe¬ za, de estropeada pintura hoy, y también los brazos, ha¬ il) Santa María Magdalena fué la titular de la iglesia de Mont¬ sant, y de ella procede seguramente (del altar mayor) la tabla. — Go¬ cen más probable, la mano de un excelente ver, como pintor de la segunda mitad del siglo xv, pero el resto del desnudo, poco flaco, y el paño blanco con ribete do¬ rado y plegado sencillo, sobre las caderas—hoy en parte oculto por otro de bordado terciopelo, rojo, pos¬ tizo,—hacen pensar más en los artistas modestos de la primera mitad del siglo xvi. Un arreglo ó repinte parcial no me parece demasiado probable, y en defini¬ tiva, no creo que pueda pensarse en los tiempos de Rei¬ xach, aun siquiera en los de su vejez, por 1464, iiltima fecha conocida de su vida. Persiguiendo también las borradas huellas de Rei¬ xach, vamos á estudiar el más interesante de los reta¬ blos de San Felíu, pero en capítulo aparte. II •22 de Abril de 1912. El más antiguo (en lo que tiene de más antiguo) de los retablos de San Felíu no es el del altar mayor, sino otro, de tamaño más que mediano, colocado en la capi¬ lla lateral del lado del Evangelio, más inmediato al pres¬ biterio; el que llamaré «de los Apóstoles Santiago Ma¬ yor y Santiago Menor» (y no de la Virgen de la Leche), que es algo heterogéneo hoy, pero de dos componentes principales, con otros más secundarios. Bien á la vista está el postizo que forman dos tablas importantes del centro del actual retablo compuesto: " el Calvario de la espina y ''la Virgen con San Benito y San Bernardo, que le cae debajo, encima de la tabla principal del retablo primitivo. La Virgen está sentada, con un Niño rechoncho y crecido en sus brazos; lleva la — 70 — mano al pecho, del que salta en línea recta el chorrito de leche que va á los labios del melifluo doctor, funda¬ dor de los monjes blancos ó «bernardos». Está arrodi¬ llado éste á la derecha del espectador, y le hace pareja, también arrodillado en el lado de más honor (á la mano derecha de la Virgen), el fundador del monacato de Oc- cidente, San Benito, con su hábito negro, de cuya regia monástica se consideraba San Bernardo fiel intérprete al establecer su reforma. A ambos lados, de pie, hay también dos ángeles, arcángeles al parecer. El de la iz¬ quierda del espectador se ve que es San Rafael, por an¬ dar acompañado del joven Tobías; el de la derecha no se ve claro quién ha de ser, porque la actitud de su mano izquierda es la del que lleva en ella una corona ú otro objeto que no se ve, ni aun se conserva pintado; si fuera corona, sería el ángel particular encargado de la guarda del reino de Valencia, que tuvo culto en estas comarcas y fué reproducido por los artistas en muchas ocasiones. El fondo de esta composición está dorado. La tabla compañera "es un Calvario con el Crucifijo en cruz, no muy alta, á cuyo pie se abraza, arrodillada, María Magdalena, con la Dolorosa y San Juan á los dos lados. Por fondo paisaje, con los tonos azulados de las lejanías. La diferencia, en eso de los fondos, no empece un punto al reconocimiento de que la Madona de San Ber¬ nardo y el Calvario son obras de la misma mano, ade¬ más de serlo del mismo arte: el del promedio del si- ^ glo XVI, valenciano ó castellano, sin ninguna de las ca¬ racterísticas particulares de Joaues ó de Correa. Obras agradables, pero nada fuertes, con blandura en los ple¬ gados, blando gusto en la elección del tipo de belleza, colorido de poco arranque, y en puridad nada que sea verdaderamente personal. Una repetición más de un amaneramiento agradable, en obras que, á pesar de la corrección del dibujo, más que la insustancial bravura de los manieristas italianos, nos hacen recordar la ruti¬ naria tarea de nuestros verdaderos primitivos. Ambas tablas proceden de un retablo deshecho, y antes de casarlas con las otras puede pensarse, con fun¬ damento, que estuvieran en la iglesia vecina de Mont¬ sant, á doscientos metros de distancia de San Felíu, por¬ que Monsant fué primero monasterio de Bernardas y más tarde priorato de Bernardos. Es verdad que en cualquier templo de la cristiandad se puede haber con¬ sagrado un altar al Santo abad de Olaraval, pero en las casas de su Orden del Cister se ha perpetuado la cos¬ tumbre de ponerle de pareja siempre con San Benito, dando á San Benito el preferente lugar, aun represen¬ tándose, como ocurre en la tabla de la Madona que nos ocupa, un suceso particular de la Orden cisterciense, como es aquí el lácteo regalo de María á su siervo, pre¬ mio á la ardiente devoción mariana de que fué San Ber¬ nardo ql gran propulsor en la cristiandad occidental. Es verdad que la iglesia de Montsant subsiste, cual San Felíu, como otra ermita (1), pero allí no se conserva nin¬ guna tabla, con haber sido rico el monasterio en los si- (1) No subsiste en realidad (estaba yo en un error) sino como casa de campo, con restos arquitectónicos de las bóvedas góticas pintorescamente colocadas en el jardín. Algunas paredes, con sus contrafuertes góticos, se conservan en la edificación de la casa. La que existe algo más abajo de Montsant, cerca también de San Feliu, es la ermita de San José, amplia, con crucero y capillas. En una pieza independiente, capilla á los pies del templo, lado del Evangelio, hay unas tablas sueltas colgadas de las paredes, lí. licas antiguallas existentes en la iglesia, que tiene imágenes procesio¬ nales en varios altares y algunas lápidas sepulcrales (como en las Santas y en San Felíu). No tienen mérito ni antigüedad las cuatro citadas tablas, que parecen de fines del siglo xvi, representándose en ellas la Huida á Egipto, la Purificación y dos escenas del marti¬ rio de Santa Bárbara, azotada en la uoa y apaleada en la otra. glos medios y hasta el reinado de Felipe II. En tiempo de este Eey hubo de ponerse remedio á cierta disolu¬ ción de costumbres que allí se había introducido. El traslado de esas tablas ha podido hacerse en el siglo xix, desaparecido en Montsant, del todo reconstruido ade¬ más (1), todo carácter monástico, y reducidas todas las ermitas á la autoridad del párroco de la Seo. Es, por lo menos, muy probable todo eso. El resto del retablo actual de Santiago todavía no se puede decir si formó primitivamente en la misma uni¬ dad, aunque sí que todas las demás tablas subsistentes en su total perímetro obedecen al mismo arte. Fuera del que he llamado perímetro, arriba, hay además tres cosas (cinco piezas) distintas, no desprovistas de inte¬ rés, pero difíciles de estudiar. Son dos tableros de pre¬ dela pequeña, con dos composiciones cada una, dos es¬ culturas de lo bajo de unas pulseras ó guardapolvos de retablo, y una tabla recortada (hoy sobre el centro, pues¬ ta en lo más altq), ''con el busto-y cabeza de unií figura de Santa ó de mujer, de bastante tamaño, del siglo xvi ó posterior, y que no se adivina como cosa de gran mé¬ rito, juzgando á distancia. Las esculturas ''son de dos ángeles niños, vestidos, semigóticos é interesantes, con la inclinación ó curva cóncava, sobreplomeante, característica de las figuras que se ponen en la escotadura final baja de los guarda¬ polvos. Hoy están puestos de frente, á uno y otro lado, encima de todo el retablo. Me recuerdan las esculturas aun góticas, de la portada ojival de la capilla en la mag¬ na fachada general plateresca del hospital de Játiva, pero en obra más fina, los dos ángeles de talla. Llevan puestos sobre su cuerpo unos escudos, con el campo de (1) Véase la rectificación de la nota anterior. Con ella resulta más probable la conjetura del texto. oro y un águila pasmada negra, que no sé si será la de Sicilia, y si podrá pensarse en donación del heredero de Ñápeles, el duque de Calabria, preso tantos años en el castillo de Játiva, de donde salió (abdicados sus de¬ rechos indiscutibles) para ser Virrey de Valencia y ter¬ cer marido de la Reina Ger¬ O mana de Foix. Esas esculturas ha¬ brían de proceder de las capillas d d a del castillo, en tal caso. D1 ' TI Los dos fragmentos de predela i b ó bancal delatan un retablo pe¬ ./ queño, acaso del siglo xv. Vencido uno hacia la pared, el polvo caído l k ni en sus oblicuas tablas no deja ver nada. El otro, tieso, se ve que con¬ tiene en sus dos compartimientos n o 1 sI f P