— 75 — III 29 de Abril de 1912. Dijimos en el artículo anterior cuanto se ofrecía so¬ bre laspiezas heterogéneas ó dudosas hoy conglome¬ radas en el extraño y difícil conjunto del altar de los santos apóstoles Santiago el Mayor y el Menor, de la ermita de San Félix. ^ El resto del retablo forma una unidad más eviden¬ te, con "la Virgen de la Leche en el centro, 'Santia¬ go el Mayor á nuestra izquierda y ""el Santo Apóstol del hacha á la derecha, figuras de tamaño, en pie los dos apóstoles, correspondiéndose en las siete escenas f de la predela las de los extremos con los citados Após¬ toles, siendo evangélicas las escenas del centro, rela¬ cionadas con la vida de la Virgen. Está María sentada el centro, llevando el Niño en sentado en su rodilla derecha, con las piernas alarga¬ das sobre su rodilla izquierda. Le acaba de dar el pe- < cho de su lado derecho, pequeño y altísimo y pirifor¬ me, notándose en ese detalle y en la postura del Niño un respeto tardío á la tradición del tipo de la Virgen de la Leche, creado en los Estados de Aragón (y muy popular luego), en la segunda mitad del siglo xiv, por ^ un gran artista todavía no identificado. Pero el mode¬ lado, muy de propósito, de la cabeza de María y del en¬ tero desnudo del Niño (que trasparenta un cendal, en sus piernas colocado y casi invisible) ya delataría el siglo transcurrido desde que se creó el tipo repetidísi- mo. La Virgen tiene corona de tres altos florones den¬ tro de la aureola de cinco aretes en relieve. El Niño la I lleva de cuatro y en su mano derecha sujeta un jilgue- — Te¬ ro, que de lejos más parece manojo de percebes. La figura de María tiene por fondo un paño dorsal de oro y rojo, brocado de grandes florones, y á uno y otro lado la acompañan, puestos de pie y en proporcionado tamaño, cinco y cinco ángeles, muy agrupados; todos músicos, cantando acaso los de segundo término, y los de primero tocando una gran viola de rica talla gótica, puesta para arriba, el primero de nuestra izquierda, un arpa el segundo y un como fagot ó flauta el primero de la derecha; el segundo de este lado extiende el papel de solfa detallada. Todos diez con aureolas de tres are¬ tes, haciendo pensar en el arte catalán del promedio del siglo XV, por ejemplo el de la Montaña ó de Lérida. Visten los ángeles dalmáticas, con piezas de brocado al pecho y alguna orfebrería. El de la flauta cierra con tres ó cuatro broches, oportunamente espaciados, los opuestos lados de la dalmática por el costado que ve¬ mos. Toda la composición parece influida por las se¬ lectísimas Madonas en trono con ángeles-músicos de la escuela de Jacomart, aquí imitada por mano de artista modesto, de muy contrario espíritu y escasa delica¬ deza. Bien locomprueban las enérgicas y bárbaras figu¬ ras del y del otro apóstol, envueltas en mantos de uno barroca silueta, con cabezas realistas, nada agradables, así la de Santiago Mayor, libro en su mano derecha, terciado el bordón, cabeza con sombrero parecido á un tricornio, con concha ó venera, barba puntiaguda, os¬ cura, cetrino de carnación, vigoroso de concepción ar¬ tística; como el otro apóstol, que levanta enhiesta en su izquierda un hacha de guerra, curvilínea (con curvas convexa la del corte y cóncavas las de los lados), de fina armería. Lleva barbazas casi blancas, como de lino. En estas figuras el catalanismo es evidente, pero se parece poco á los característicos profetas leridanos y E. TORMO.-LAS TABLAS DE JÂTIVA. LÂM. XII. 1.90 X 0.77 -L 0,79 M. l':SCl.'Kr...\ DEL .M.AESTRAZGO, I'ROMEDIO DEL SIGI.O XV: Santiago d Mayor; (Aro Santo .'\¡)üstol. (Del retablo de los Santos Apóstoles, en San Felíui E. TOKMO.-LA5 TABLAS DE JÂTIVA. LÂM. XIII. 0,41 X 0,38 M. ESCUELA DEL MAESTRAZGO, PROMEDIO DEL SIGLO XV: La reina Lupa y la traslación del cadáver de Santiago. (Del retablo de los Santos Apóstoles, en San Feliu) — 77 — barceloneses y á los similares de uno de los Reixach en Denia (Alicante). Oomo nota catalana además tienen esas dos figuras el fondo dorado con rameados en re¬ lieve muy acentuado, muy típicos en Cataluña en la se- gunda mitad del siglo xv y muy poco conocidos en Va¬ lencia. Ese fondo de oro relevado se ve también en la tabla central de la Virgen de la Leche, y también, con relieves no rameados, sino casi cuadriculados, en las dos dudosas tablas altas. Las aureolas de los apóstoles son, á la catalana, de cinco y seis aretes en relieve. En cambio, las tres tablas principales tienen una nota más bien valenciana en los solados. En especial los de ambos grandes Apóstoles, que tienen formas estrella¬ das ó romboidales, ó de rombos sobrepuestos, en colo¬ res más ó menos obscuros, encuadrados por azulejos de reflejo azul, con dos como arcos de banderola inter¬ secantes, llenos de imitaciones analfabetas de letreros góticos, con gran efecto de riqueza. La predela está formada (de nuestra izquierda á nues¬ tra derecha) por las siete escenas siguientes: Ante un Rey y público, puesto el cuello y cabeza sobre bajo pedestal, encorvado, el arrodillado apóstol Santiago el Menor, de barbas no canas, va á recibir-el golpe de la gran maza de madera ó cabestan que tiene levantada al caso el verdugo. "2.®' El cadáver de Santiago el Ma¬ yor, ya puesto sobre una carreta, en presencia de la traidora reina Lupa, en Padrón, viéndose todavía en el cercado (si la repintura no lo ha levantado capricho¬ samente) el par de toros bravos que milagrosamente van á consentir el yugo. Una de las compañeras de la Reina, cabeza no repintada, nos da (por raro caso en la obra) un tipo de delicada belleza, que realza un lindo barboquejo que marca el óvalo facial. ''3.'" La Anun¬ ciación, el Arcángel á la derecha, en el centro una gran abertura con riquísimo ventanal gótico, un pavo real — 78 — delante de él, y unas calles de ciudad detrás, con mu¬ chas ventanas de parteluces. ''4.® La Adoración de los Pastores, notándose dentro del arco del portal una em¬ pinada escalera que tiene tres tramos en ángulo vol¬ viendo sobre sí misma; en las lejanías, naos ó carabelas en el mar, alguna vista de popa y otra vista de costado, M- detalladamente bosquejadas. En esta tablita, como en la siguiente, lleva San José la aureola de arcos reentran¬ tes, característica del arte español-levantino del siglo xv, en los Patriarcas ó Santos delAntiguo Testamento, esto es, que fallecieron antes de la Redención.'' 5.^ La Ado¬ ración de los Magos. "6.®' La Venida del Espíritu Santo. '7." Por último, el martirio de un Santo apóstol, de¬ gollado con un hacha fuerte como de leñador, de las de la Edad Media. Esta última escena se refiere al Santo apóstol cuya personalidad no hemos podido determinar. Puede ser San Judas Tadeo (lo más probable) ó San Mateo, pero éste debería aparecer diciendo misa. Quizá también San Matías, sin que el detalle de estar al lado la Pentecos¬ tés haga fuerza en contra, porque aunque fué apóstol y- elegido por el Colegio Apostólico en sustitución del traidor Judas, se cree que asistía en la venida del Espí¬ ritu Santo. Si fuera San Judas Tadeo (que también se le caracteriza con el hacha de larga asta, ó sea la ala- * barda), parecería indicado el martirio en común con San Simón, aunque éste aserrado. De todas maneras, repasadas las vidas de los Apóstoles todos (sin excluir ^ á San Bernabé) en los libros devotos—pero confieso que no lo he hecho en los legendarios de Jacopo de Vorágine,—no hallo á qué apóstol de los dichos puede referirse con toda seguridad la escena de la quema de libros de la tabla alta, que es por lo que quedo perplejo ante el problema de saber si es del mismo ó de otro re¬ tablo, conjuntamente con su compañera. — 79 — Indiscutible es, en cambio, la unidad que forman la predela y las tres tablas del cuerpo principal, por refe¬ rirse una de las pequeñas al Apóstol del hacha (sea quien sea), que está encima, y por contener otra de ellas la escena de la traslación del cadáver de Santiago Ma- ^ yor, indiscutiblemente representado arriba también. Todo esto de la identificación de asuntos se desme¬ nuza aquí por estar con frecuencia relacionado con la historia documental ó hipotética del retablo, sumamen¬ te problemática en este caso. En efecto, el piadoso cura arcipreste y entusiasta rebuscador de las antigüedades de Játiva, D. José Pla, hoy dignísimo abad de la Colegiata restablecida por sus largos afanes, me sugirió la idea, hace ya algunos años, de que podía ser éste el retablo que por documen¬ tos de que yo le daba noticia (y á mí me había comuni¬ cado liberalmente D. Manuel Ferrandis, archivero del Archivo del Keino en Valencia) se venía á saber que había pintado Juan Reixach para cierta casa de campo de un canónigo pabordre de Valencia, y que, no termi- ^ nado al fin, se acabó más tarde, destinándolo para el castillo de Játiva, en cuya capilla fué puesto en 1439. De sus asuntos solamente se sabe (por desgracia) de uno, la Asunción, ó que estaba dedicado á la Asunción, lo que acaso no fuera (según el señor Fia) obstáculo ' ■ grave á que se representara á la Virgen, no asumpta, sino en trono, con el Niño y rodeada de ángeles. Del retablo de Reixach tenemos muchos datos, pero relati- ^ vos á su trasporte (detalladísimos) y á la tramitación ad¬ ministrativa de las justificaciones de pago, mediando al fin orden expresa del Rey (desde Italia) para poder justificar plenamente ese pago. Sólo una cosa puede admitirse como muy cierta: que las tablas de la Virgen, los Apóstoles y la predela son probablemente de un año que no se separa mucho — 80 — del 1439 de los documentos. Y sólo otra muy conjetural podemos añadir: la que se refiere á su probable autor. El pintor, que, por tantas cosas ya notadas, parece catalán (más que valenciano), es muy posible que sea más bien lo segundo, así por encontrarse la obra tan le¬ jos de Cataluña, cerca de Valencia, centro artístico más importante que Barcelona—por raro caso de verdadera novedad, por aquellos años, coincidiendo ello con el asiento de la Corte en Valencia (la de la Eeina goberna¬ dora, ausente en Italia el Rey),—como por el hecho de que lo más típico, ó por lo menos lo más selecto, del arte catalán de la segunda mitad del siglo xvy del ara¬ gonés contemporáneo obedecen á una evidente influen¬ cia de Jacomart, el pintor valenciano que había de ser llamado á Italia por el Rey, con empeños inverosímiles. Precisamente tengo, por favor del citado Sr. Ferrandis, todavía más pruebas documentales inéditas del afán inverosímil de Alfonso V por atraer y por arraigar en Italia al pintor valenciano. Reixach no gozó nunca de la consideración de pin¬ tor de la cámara del Rey, ni cuando pintó (1439) el re- ^ tablo para el real castillo de Játiva, ni cuando pin¬ tó (1463) (1) el de la real capilla sepulcral del Monarca en Valencia; pero fué pintor muy afamado y muy po¬ pular en la tierra. El retablo de los Apóstoles en San Felíu se acomo¬ daría bien con la fama de un artista tal como podemos imaginar á Reixach. Barbarote es su autor en su realis¬ mo, duro en su dibujo nada adocenado, confuso en su ^ paleta, sin sentir bien el color, elocuente en su manera popular de dar vida á las escenas y las figuras, amigo (con el vulgo) de los dorados y de los relieves dorados precisamente (que luego iban á generalizarse en Oata- (1) Ya bajo Juan II. — 81 - luña) y á la vez conocedor y desconocedor (pase la pa¬ radoja) de las delicadezas de Jacomart (1), pues las co¬ nocía y aun las quería imitar, pero no las sentía bien ni había logrado incorporarlas en su educación artística. Si las tablas de Denla, guardadas en el archivo de Jft- la parroquia, fueran obra de Juan de Reixach, todavía se hallarían serias dificultades para poderle atribuir el retablo de los Apóstoles de San Felíu de Játiva, pinta¬ do muchos años antes. Á mayor abundamiento, el Reixach de Denla no debe de ser Juan, sino* Pedro, como dejé establecido en un estudio que publiqué hace [)OCos años en Cultura Española (2). De Juan Reixach tenemos, aunque enteramente re- repintada, ó mejor, copiada, una sola obra auténtica: la Virgen de Esperanza de la capilla de los Reyes en San¬ to Domingo de Valencia, hoy en el Museo del Carmen. Fué hecha al fin de su vida, bajo la influencia de Dal¬ mau, el pintor famoso educado en Flandes. Con ella nada tiene ni puede tener que ver el retablo de los apóstoles Santiagos de San Felíu de Játiva; debiéndose ^ rechazar, finalmente, toda idea de identidad del mismo (1) ■ Equivoqué en mis notas, por azar, el nombre del pintor imi¬ tado, y no caí en la cuenta de ello al redactar esta carta, meses después de mi última visita á San Felíu. Las delicadezas mal imi¬ tadas eran las de Luis Dalmau, y cabeza de ángel cantando hay alli, con ios labios abiertos que, á través de Dalmau, es copia de los de Van Eyck del retablo del Cordero. ^ , A propósito de Dalmau, la bondad de mi buen amigo el canóni¬ go Sr. Sauchís Sivera, autor del archidocumentadisimo y artístico libro de La Catedral da Valencia, me permite dar una importantí¬ sima noticia inédita, la de que pintó Dalmau, para el retablo de la capilla del castillò de Játiva, unas sargas (para frontal cree el ca¬ nónigo, para portezuelas creo yo, interpretando ambos la frase davant-altar) con el Angel Gabriel y la Virgen Anunciada. (2) En 1908, con muchos documentos: números 11.°, pág. 775, y 12.°, pág. 1064: «Los pintores cuatrocentistas: JuanRexach». — 82 — con pintó Juan Kelxach para el castillo de Játiva, el que que resulta, hoy por hoy, perdido. Al fin no está la Asunción, ni siquiera la Muerte de María, entre las ta¬ blas de San Felíu, y sus fondos de yeso en relieve do¬ rado (que ni en las tablas de Denla se repiten) nos de¬ ben llevar provisionalmente á reconocer en él la mano de un artista catalán, de los influidos de lejos por el arte de Jacomart: singularidad grande en la historia del arte valenciano del promedio del siglo xv. El estudio.de los dos restantes retablos de San Felíu pide párrafo aparte. IV 10 de Mayo de 1912. El retablo mayor de San Felíu es muy posible (y ello se deduce de un texto del ilustre historiógrafo hijo de Játiva, el P. Villanueva) (1) que ya primitivamente fuera destinado al lugar que ocupa y dedicado al santo titular San Félix, diácono de Gerona. En este caso, como en tantos otros, la parte central del retablo fué sustituida por una hornacina algún tiempo después de hecho; pero en este caso, por aberración histórica, para poner en ella, junto á San Félix de Gerona, al otro ima¬ ginario San Félix, presbítero, evangelizador mítico de Sétabis, por invención de los falsos cronicones: uno y otro, en esculturas malas del siglo xvii, fecha de la hor- ^ ^ nacina de talla (2). (1) Viaje literario de las Iglesias de España,'tomo I, carta 1 * (2) El acuerdo de colocar precisamente en ese retablo de la ermita la segunda estatua lo tomó el Cabildo en 17 de Octubre de 1643. (Villanueva, Viaje, al tomo IV, carta XXII.) El historiador Escolano, crédulo respecto á los falsos cronicones, % — 83 - El resto es un gran retablo de batea, en el cual al¬ guna tabla pequeña puede ser ó no ser postiza, y otras grandes están repintadas; pero en total es obra de la misma fecha, del mismo arte y del mismo taller de un pintor conocido, aunque de nombre todavía ignorado. A. Ya tuve ocasión de hacer en Las Provincias^ hace como un par de años, el estudio de este semi-ignorado artista que trabajó mucho en Valencia hacia 1500 ó algo antes (1). El Museo del Carmen guarda grandes piezas sueltas de un gran retablo, encargo de un Trinchante mayor del Rey Católico llamado Perca; el templo de Santa Mónica, de Valencia, tiene una Virgen de la Leche suya, y en el propio Museo se guarda el retablito tríp¬ tico de su mano que donaron los señores de Martínez Vallejo. Todo lo cual y otras obras suyas y de sus dis¬ cípulos, en tierras valencianas y aun en tierras caste¬ llanas y aragonesas, tuve ocasión de examinar ep Las Provincias, iniciando el estudio de este importante in¬ genio del arte valenciano con motivo del descubrimien¬ to que hice en Agullent de otro importante retablo, ^ aunque desarmado y no del todo completo, que es de la flor de producción artística. En la estupenda gale¬ su ría de cuadros formada en Madrid, con casi regia mag¬ nanimidad, por D. José Lázaro Galdeano, director de la revista La España Moderna, hay una gran tabla con las figuras de tamaño natural de los Santos hermanos Lᬠzaro, Marta y María Magdalena en pie, que no es de otro arte que el del que yo llamé en Las Provincias «Maestro de la oreja en la crencha>, por un detalle re¬ petido por él, cual si fuera una firma, en el tocado de acepta también la milagrosa conseja de que en la ermita (salvo en la prolongación moderna) nunca se podía ver polvo ni telarañas. (1) «El Arte valenciano á fines del siglo xv: El retablo de Agu¬ llent», Las Provincias, números de 7, 13 y 17 Enero de' 1910. % - 84 - muchas de sus figuras de mujer, y que quizá mejor de¬ bería haber llamado «Maestro del retablo de Perea». No lo llamé así por haber pensado en la posible confusión con sus contemporáneos del mismo apellido, en par¬ ticular el pintor Juan de Perea, basta ahora descono¬ cido y que tiene un retablo auténtico en la Catedral de Sigüenza, según los documentos que publicó el ilustre arqueólogo y académico D. Manuel Pérez Villaamil (1). Ya dije á mis lectores, detalladamente, en no menos de tres artículos, cuáles eran las notas personales y las fáciles características de aquel anónimo pintor, eslabón en la escuela valenciana que enlaza, á través del arte prerrafaelista itálico, de los Pagano y Sancto Leocadio, que es el ambiente en que se desarrolla el suyo, la tra¬ dición de Jacomart y el ejemplo del Maestro Eodrigo por un lado, anunciando el arte de Joanes por otro. Joanes le debe, por lo menos, el más inmediato prece¬ dente de las cabezas varoniles, de que tomó pie para el tipo de sus Salvadores. En el retablo del titular de San Felíu de Játiva se nos muestra el maestro de la crencha ó del retablo de los Pereas, trabajando con mayor desembarazo y des¬ preocupación del detalle, y por eso, con. algo más de vigor que el acostumbrado en él y logrando mayor ca¬ rácter de obra popular. Es un conjunto imponente, por las proporciones, y tuvo que intervenir seguramente la mano de los colabo¬ radores en el taller del maestro. No tengo las medidas exactas, pero sólo las siete tablas de la predela (sin ^ (1) En su ya clásica obra sobre la Catedral de Sigüenza, pᬠgina 471. Me refiero á Juan de Pereda—Perea ó Pereda fueron equivalentes siempre en Castilla,—autor, por 31.003 maravedises, en los años de 1525-26, del hermoso retablo de Santa Librada, hoy subsistente. > — 85 — contar las dos extremas, en ángulo) miden ancho un como de cinco metros, teniéndolo arriba el mayor por cuerpo principal (y más si las polseras no formaran án¬ gulo), y siendo el retablo bastante más alto que largo, casi el doble. La predela no es de la mano del maestro de la cren¬ cha, y es lo verdaderamente vigoroso del retablo, de¬ clarando ser la obra de un desconocido, discípulo direc¬ \ ' / to de la escuela de Maestro u Rodrigo, sin ser su hijoho¬y mónimo. Véase si no la parte de los paisajes, en particular los celajes, que son de muy intensa poesía, y algunos de los tipos q\ie recuerdan de le¬ jos al fill de Mestre Rodrigo.- De izquierda á derecha del que mira se ven, siempre en r escenas muy complicadas y "i dramáticas, siendo las tablas /" San felíü. muy altas, á la izquierda "la Kktablo mayor de Oración del Huerto,'el Beso de Judas y da Presentación de Jesús ante Pilatos; y á la derecha, " los Azotes á la Columna, da Cruz á cuestas camino del Calvario y ''el Cadáver de Cristo en los bra¬ zos de María. Al centro hay un imponente cuadro mo¬ derno del Cristo desnudo, en pie, manando sangre en pila, esto es, el Cristo de la Misericordia, cosa hoi'renda, en sustitución de una primitiva tabla perdida. Y en cambio, á los extremos de la predela, en ángulo con el resto de ella, invisibles al que mira de lejos, por lo tan¬ to, hay dos tablas pequeñas, pero de igual altura que las otras, con las solas figuras, en pie, ® de San Pedro y''San Pablo, muy de la escuela de Jacomart, y al pare- - 86 — cer más antiguas en algunos años que todo el resto de la obra, aunque pudo pintarlas un viejo ó arcaico cola¬ borador. Sobre la doble hornacina del Eenacimiento en que están las estatuas de los Santos Félix, se ve la obra más inconfundible y característica del maestro de la ^ crencha: ' una Madona sentada ante brocado dorsal, un llevando al Niño, que bendice, en su brazo izquierdo; tres ángeles músicos á un lado y tres al otro forman el coro, llevando rótulos, mal llamados ñlacteras por los arqueólogos, entre sus manos (1), mientras otros dos ángeles, en primer término, simétricamente arrodilla- ^ dos de una sola rodilla, le ofrecen tiernos dones, vesti¬ dos de capa y de alba de finos largos pliegues, muy ca¬ racterísticos éstos del estilo del autor. Son también suyas, á toda evidencia, otra§ de las ta¬ blas, especial las altas,.que son, encima de la citada en y en la prolongación central ó espina del retablo, -'un Calvario, con la Magdalena arrodillada á los pies de la , cruz, la Virgen, el Evangelista; y en lo alto de cada uno l de los lados ''la Anunciación y 'la Adoración de los án- geles al Niño recién nacido. Debajo respectivamente de estas dos tablas hay dos y dos, representando las intermedias "el bautismo de Cristo por San Juan y ""el milagro extrañísimo de uno de los santos médicos San Cosme ó San Damián, que ] á un caballo (que muy confiadamente asiste á la esce- ! na) devuelve, preparándose á soldarla, una pierna que J (1) Yo también usaba mal la palabra filaotera, que (como hq demostrado el ilustre arqueólogo D. Manuel Gómez Moreno Martí¬ nez) tuvo en el tecnicismo auténtico de la Edad Media otro signi¬ ficado preciso y concreto: el florón de bóveda; llamándose á la vez rétulos ó rótulos á las banderolas ó rollos de cinta que llevan los ángeles ó los santos, con letreros apropiados. p. TORMO.-LAS TABLAS DP ..ÂTIVA. LÀ/A. XIV. 2,12 X 1,40 M, ANÓNIMO MAESTRO "DE LA CRENCH.X", FINES DEL SIGLO XV- La VirfJen en trono y .ángeles, (Del retablo mayor, en San Felíub — 87 — le había sido cortada. Las de más abajo tienen, esta toz sobre fondo de oropunteado, las figuras en pie "del Bautista y "de un Santo Obispo de pontifical, que la de¬ voción popular cree que es San Blas (á juzgar por los ex votos de cera), y que solamente se singulariza por las tórtolas ó palomas que andan picoteando por el so¬ lado de azulejos, primos hermanos, estos animalitos, de las perdices que el maestro de la crencha y alguno de sus discípulos tenían prurito de pintar en muchos de sus cuadros, por poco que el asunto lo comportara. Las dos figuras parecen, en efecto, obras de discípulo, no pudiéndose decir nada del Bautismo y del Milagro por estar muy alteradas por una indocta restauración. La polsera ó guardapolvo, por último, parece todo obra del taller del maestro, conteniendo en su desarrollo, de izquierda á derecha, las figuras, enteras (salvo en lo horizontal), de Santos "Jerónimo, " Miguel, 'Gregorio, Bárbara (horizontal izquierda), ^Oosme, 'Padre Eter¬ no (horizontal), "Damián, "Agueda (horizontal derecha), ^Ambrosio, 'Agustín y ^Sebastián, vestido éste y con arco y saetas en las manos, según la costumbre del tiempo. Toda la rica talla, así la adosada de las polseras como la calada de los doseletes ó chambrantes y haces, es gó¬ tica y muy rica y fina de labor. Ostentando, por último, á sus lados el escudo de los pales ó barras de Aragón, entre San Jerónimo y San Miguel, á la izquierda, sitio de honor, y á la derecha, entre San Sebastián y San Agustín, el de un castillo de la ciudad de Játiva (amura¬ llado de oro, una bandera encima, sobre campo de azur), demostrándose la gran probabilidad de que sea, al la¬ brarse, como lo es hoy, el retablo del titular de la igle¬ sia y patrón de la ciudad, aunque es evidente que en el transcurso de los siglos ha sido alguna vez desarmado y recompuesto, como se demuestra por no estar adecúa- — 88 — damente pareados los cuatro padres de la Iglesia, y por el deficiente ensamblaje de las tablas laterales y sus do- seletes (1). * * * Réstanos tan sólo en San Feliu un pequeñoretablo que examinar, colocado á los pies del templo, en la pri¬ mera capilla del lado del Evangelio. Tiene al centro un postizo, "la tabla de San Pedro, con las dos escenas de la prisión y del Quo vadis^, pin¬ tura que se llevó (como la Santa Magdalena ya estudia¬ da) á la Exposición de Valencia de los años 1909-1910, no sé por qué especie de opinión que cree ver en ella anti¬ güedad y mérito relativo, cuando es indigna de todo es¬ tudio, como cosa muy mala de allá por 1570 ó 1600. Por su colocación en el retablo ha perdido éste, como tantos otros, su titular primitivo, que ya no podemos saber qué Santo sería, ó qué escena de la vida evangélica, como, á juzgar aquí por las restantes, es más probable. Este retablo me parece en lo demás una desdicha, por haberse repintado casi enteramente, quitándole todo el carácter de obra gótica (2). No hallo intacto más asunto (1) También en los mencionados diarios de alumnos de la Insti¬ tución Libre de Enseñanza, loe. cit., pág. 77, hay dos notas de las tablas de San Feliu (San Felipe, por errata); «Retablo (en el altar mayor) del siglo xv, con tablas españolas y bonitas. Otro del si¬ glo XV, también español, al pie de la nave, y otra pintura flamen¬ ca restaurada». En estos tiltimos creeré que se aludía al retablo de Santa Úrsula (de que vamos á ocuparnos) y á la tabla de la Mag¬ dalena, de Jacomart ó su estilo, ya estudiada. (2) Uso aqui la palabra «gótica» en sentido muy amplio, apli¬ cada á todo retablo de batea, aunque sean de Renacimiento las ta¬ blas y aun las tallas. — 89 - que el de ''Santa Úrsula con las once compañeras—no once mil como creyó la cristiandad, por haber interpre¬ tado por M, de mil en números romanos, la M, abreviatu¬ ra de mártires.—Esa circunstancia, precisamente por la rectificación de la leyenda, que estaba tan vigorosa en aquellos tiempos—recuérdense las insignes obras maes¬ tras de Oarpaccio y de Mem- mling, en Venecia y en Bru¬ \ / « jas,—me llevaría á pensar que el repintado retablo de¬ Î7 bía de ser obra de un pintor \ U \ / / u del siglo XVI, en lo i) y poco que 1 conserva de primitivo; pero -*4Aa¿S' 1 "• '-if'i,».* ' » ^ it'fi"; li*''*<^iiiri.s^' ,<■ ..r -,'^ -- ■" I -- ^>f •• ■"" '- ■.'^.*^ ' "• . ·. f. Á MODO DE EPÍLOGO QUE QUIZÁ DEBIERA SER PRÓLOGO Los aaterlores capítulos, ya lo has visto, lector be¬ névolo, no son un libro, sino una descosida serie de impresiones, ó si quieres, de estudios de impresión. Para que fueran un libro precisábase una unidad de concep¬ ción, sistema y algún método, y todo eso falta en los diez y nueve artículos de Las Provincias con que fui tratando un año y otro y otro año, en muy espaciados períodos, de las Tablas de Játiva, que cada vez fui es¬ cudriñando y descubriendo como tema más copioso y como asunto en verdad interesante (1). (1) Los articules se publicaron en Las Provincias por el mismo orden que en el libro, con los titules y las fechas siguientes: «Un Museo de tablas: La Seo de Játiva», I, II y III (números do 18, 22 y 30 de Noviembre de 1907). «Más tablas en Játiva: La iglesia de San Pedro», I, II y III (nú¬ meros de 17, 22 y 25 de Febrero de 1908). «El Calvario de Játiva: Tablas y paisaje», I y II (números de 23 y 25 de J ulio de 1910). «Pintura de los primitivos valencianos: Las tablas de San Feliu de Játiva», I, II, III y IV (números de 16, 22 y 29 de Abril y 10 de Mayo de 1912). «Pintura de primitivos en Játiva: En las Santas y en San Fran¬ cisco», I y II (números de 13 y 16 de Agosto de 1912). «Todavía más tablas en Játiva: En el convento del Por- — 144 — Los diez y nueve artículos de periódico se imprimen ahora juntos, habiéndolo resistido mucho su autor (á quien no se ocultaban sus innumerables defectos), por el empeño y la generosidad de su ilustre amigo don Francisco de.Laiglesia, dignísimo académico de la Real de la Historia, que de la financiera y económica del rei¬ nado del Emperador Carlos V ha hecho, con tan gran¬ de éxito, tema de sus luminosas investigaciones. D. Francisco de Laiglesia, diputado á Cortes por Já- tiva años y más años, lustros y más lustros, hasta po¬ der contarse como el decano de la representación par¬ lamentaria de las provincias valencianas, lector del pe¬ riódico de D. Teodoro Llorente, su gran amigo, al leer las primeras series de los artículos consagrados por el autor al examen de las tablas de Játiva, honróle repeti¬ das veces con la manifestación de su deseo de coleccio¬ nar las cartas periodísticas en un tomo, demostrando con ello, una vez más, su entusiasmo por los estudios históricos, y haciendo palmaria, una vez más, la devo¬ ción con que se consagró siempre á la ciudad de Játi¬ va, como su dignísimo y muy calificado representante en las Cortes de la Nación. Á generoso desprendimiento hubiera debido co¬ su rresponder el autor de este inesperado libro, trabaján¬ dolo de nuevo, rehaciéndolo debajo de un plan apropia¬ do, buscando todo lo que falta: la unidad y el sistema metódico. Pero eso, aparte de privarle del solo mérito de la talfosch», I y II (números de 31 de Agosto y 7 de Setiembre de 1912). «Cerrando el estudio de las tablas de Játiva; El retablo cuatro¬ centista de la ermita de Santa Ana», I, II y III y último (números de 16, 29 y 30 de Setiembre de 1912). Todos ellos fueron publicados sin notas, croquis ni ilustración gráfica. — 145 — despeinada espontaneidad, exigía un tiempo que no te¬ nía elautor, y una atanción y una residencia en Játiva, para redondear el trabajo crítico y para completarlo con la inaplazable investigación de archivos, para lo cual en absoluto le faltaba todo vagar. Fueron, pues, á la imprenta, en un principio, sola¬ mente los recortes de varios años de Las Provincias, y el libro había de reducirse á mera compilación de ellos. Pero en el diario de Valencia el texto había ido siem¬ pre sin nota ninguna al pie de las columnas, y excusó¬ me de decir que con errores, olvidos y otros defectos hijos de la precipitación con que siempre hube de re¬ dactar las cartas dirigidas al periódico. Á la primera corrección de las pruebas, ya hube de comprender que mi conciencia literaria no me consen¬ tía ninguna de estas dos cosas: ni tachar los errores, ni dejar de salvarlos en notas, y así luego comencé á re¬ dactar éstas, quizá demasiado copiosas y nada cortas; en las cuales añadí también las citas bibliográficas que eran del caso, y las novedades que en algún punto ha¬ bía traído, desde la publicación dé los artículos, la la¬ bor investigadora de propios y extraños. La pesadez y machaca inevitable del texto, en el cual acabo en este instante de contar que se catalogan hasta DOSCIENTAS SESENTA Y OGiio tablas {áQ primitivos, más de doscientas) (1) se acrecentaba con la minuciosi¬ dad descriptiva, al menos en lo referente á la distribu¬ ción de las varias tablas de un mismo retablo; por lo (1) Detalle de la cuenta de las pinturas en tabla estudiadas en los 19 articules: En la Seo, 59:—1 la Virgen de la Armada, 11 en el retablo de la Virgen del Pópulo, 5 procedentes del retablo de Calixto III, 15 en las portezuelas del retablo de la Quinta Angustia (considerando como una sola las dos mitades de la escena de la muerte de Ma¬ ría), 1 en la tabla magna del Juicio final, 2 en el retablito de la — 146 — que decidí facilitar al lector paciente la tarea, haciendo los variados croquis, con sólo los filetes y demás ele¬ mentos tipográficos, y con las oportunas llamadas al texto, que, con el ejemplo de varias publicaciones ale¬ manas, habrá podido ver el lector repartidos entre las páginas del libro. Buena parte de la segunda corrección de las prue¬ bas, por accidente insperado en un veraneo que pensé pasar fuera de España, la hube de hacer en la misma provincia de Valencia, á menos de 50 kilómetros, por ferrocarril, de la estación de Játiva. Aproveché esa cir¬ cunstancia favorable, aparte algún capítulo nuevo, que no tenía en idea, para estudiar una vez y otra y otra vez Madonna joanesca, 2 en el de San Miguel y Santa Elena y 22 en el retablo de la ermita de Santa Ana. En San Pedro, 63 composiciones en tabla:—24 en el retablo del titular, 18 enel de los Siete Gozos y 21 en el que hoy es de San Vi¬ cente. En San Feliu, 71:—27 en el retablo del titular, 19 en el de los Apóstoles, 23 en el de Santa Úrsula, 1 tabla grande de la Magda¬ lena y 1 el Crucifljo recostado. En las Santas, 23:—22 en el retablo mayor y 1 la tabla grande de San Nicolás y San Dionisio. En el Calvario, 16,—que están en el retablo único estudiado. En San Francisco, 20:—18 en el rëtablo hoy del Ecce Homo (sin contar éste) y 2 las tablas de Santa Elena y San Sebastián. En el convento del Portal-fosch, 12:—6 en el retablo de los An- les-principados, 5 en el tríptico de Joanes y 1 la titular, de la Vir¬ gen de la Consolación, en la Iglesia. En la ermita de San José, 4 sueltas y citadas en una nota. De ese número total de 268, más de 200 son de arte de primitivos ó cuatrocentistas, aunque algunas quizás pintadas en los primeros años del siglo xvi. Del arte inmediatamente posterior son las res¬ tantes, sólo estudiadas por accidente y sin pensar en agotarlas; casi siempre (salvo en lo de Joanes) por hallarse piezas de cincocentis- tas en retablos en que hay muchas otras cuatrocentistas. De todas se ha dicho al menos el asunto y estilo, salvo en el caso de las invisibles, que serán cuatro ó cinco á lo más. — 147 — más las tablas de que me ocupaba, con escapadas á Va¬ lencia: para nuevos estudios comparativos, y con nue¬ vos problemas y nuevas preocupaciones por el acierto, de que en buena parte tengo ya que prescindir. . Esa aludida circunstancia, y la de necesitar fotogra¬ fías para un había de llevar al X° Congreso trabajo que Internacional de Historia del Arte en Roma, en el cual, más que de nada ni de nadie, me había de ocupar de los pintores cuatrocentistas Jaime Jaoomart y Rodrigo de Osona (1), me obligaron á pedir al fotógrafo de cua¬ dros, mi ilustrado amigo D. Enrique Cardona, que tras¬ ladara por varias semanas sus reales á Játiva, y me hiciera, como ello fuera posible—á veces con diez y con doce horas de exposición, por ser inverosímiles las condiciones de luz—fotografías de las obras atribuidas á Osona y á Jacomart en Játiva, y tras de ellas, ya puestos, hicimos hasta treinta ó cuarenta clichés de ta¬ blas sueltas, detalle de los retablos, que, insustituible medio mnemónico, están clamando por la renovación del estudio de este libro: ¡cuando ya el libro está acaba¬ do de imprimir! Apenas el Sr. Laiglesia tuvo noticia de que tales fo¬ tografías de Cardona tenía yo (2), cuando ya porfió por que, al menos las que buenamente lo consientan, sean aquí reproducidas en fototipias, convirtiéndose (1) ííl tema general, que me fué impuesto, se enunció en italia¬ no asi «Rapporti del Arte fiamminga coipittori spagnuoli del XV° secolo». (2) Debo singulares motivos de gratitud personal al Sr. Cardo¬ na, que vivió en Játiva más de mes y medio, dedicado exclusiva¬ mente á la tarea, en verdad imposible, de lograr buenas pruebas fotográficas de cuadros tan sucios y colocados en tan malas condi¬ ciones de luz. Al Sr. Cardona se deben, entre otras series, que recomiendo para su adquisición á los buenos amateurs, la importante y copiosa de - l·18 — iaesperadainente en edición de cierto lujo lo que yo pensé y comencé á imprimir como pura colección de unos cuantos artículos de periódico. Es ahora, pues, cuando pesan más en mi ánimo y en mi conciencia las innumerables faltas que contiene, y singularmente la falta capital, clave de las otras, la que expresaría así: que ni diez y nueve artículos de perió¬ dico son un libro, ni la catalogación de 268 tablas era materia abonada para semejante campaña periodística tampoco. Pero puesto que ya no cabe rehacer la tarea, con¬ siéntase al menos, con unas cuantas-notas sueltas fina¬ les, una sintética confesión más que de autor de crítico, á modo de resumen hecho con reparos y rectifica¬ ciones. Mantiene el autor su convicción de que sólo hay en Játiva una tabla del siglo xiv, la Virgen de la Armada en la Seo, que por cierto no está pintada, como se creía, sobre cuero, aunque no es fácil saber de qué es el fondo plano de la hornacina que la pintura cubre. Y repite que del arte del primero y segundo decenios del siglo XV— época á la que corresponde el notable re¬ tablo de la Ollería, á 12 ó 15 kilómetros de Játiva—no hay nada en la ciudad. tablas y cuadros del Museo de Valencia. Es allí el obligado colabo¬ rador de Tramoyeros y de cuantos trabajan en estudios histórico- artísticos. Además es distinguido redactor de El Diario de Valen¬ cia y uno de los funcionarlos inteligentes del Archivo municipai de la ciudad, con los Sres. Vives Liern, Tramoyeros y González Martí, todos conocidos por sus investigaciones históricas. — 149 — El retablo mayor de San Pedro sí lo tiene (en lo se¬ ñalado como primitivo) por obra indudable de uno de los inmediatos precursores de Jacomart, y de verdade¬ ro interés; manteniendo esta última opinión, aunque sabe que no la comparte uno de los distinguidos crí¬ ticos alemanes á quienes los artículos de Las Provin¬ cias (según ellos me han manifestado) han hecho hacer el viaje á Játiva. Antes que Jacomart, fué pintor de Alfonso V el ya de hace años conocido Luis Dalmau, autor del cuadro de los Concelleres de Barcelona (de 1445), el más. anti¬ guo de los discípulos de Van Eyck hoy conocido; el Sr. Tramoyeres descubrió los documentos que explican el hecho, con el viaje del pintor do cámara, vecino de Valencia, á los Estados de Flandes en 1431 (1). Se ig¬ noraba hasta ahora qué hizo después y si volvió á Va¬ lencia, y por comunicación que debo á la gentileza del canónigo Sr. Sanchis Sivera, puedo decir que en 1436, estando en Valencia, se le encargó la pintura de un Ángel Gabriel y una Virgen Anunciada, pintadas sobre sargas, para delante-altar del retablo que Reixach ha¬ bía pintado (acabado, al fin, en 1439) para el Castillo de Játiva precisamente. El Sr. Sanchis Sivera se incli¬ na á creer si se trataría de un frontal, y yo más bien pienso si serían puertas en lienzo del retablo de made¬ ra, como aún se ven algunas por España (2). La noti- (1) V. «El pintor Luis Dalmau; nuevos datos biográficos», en Cultura Eapañóla, núm. 6.°, de Mayo de 1907, págs. 553 á 580, con facsímiles y reproducción del cuadro famoso. (2) Mantienen esas puertas algunos pocos retablos, como el ma¬ yor de la capilla de Santa Catalina ó de los Condes de Cedillo en el Salvador do Toledo. El texto comunicado por el Sr. Sanchis Sivera dice asi: En 11 deSeptiembre de 1436 firma apoca Luis Dalmau «per rabo axi de »salari e treballs meus do mans de pintar e deboxar la salitacio de — J50 — eia, inédita hasta hoy, es interesantísima, mas no cier¬ tamente para el conocimiento de las tablas de Játiva, donde nada queda que pueda ser suyo, aunque sí que se ofrece obra de artista, probablemente catalán, que le imitó bárbaramente: el maestro desconocido de las ta¬ blas más interesantes y antiguas del retablo de los Apóstoles Santiago en San Felíu. Mis nuevos estudios cronológicos me llevan á tener á Dalmau y aun á Rexach como más viejos que Jaco- !>laVerge Maria en nn devant altar en un troç de drap de telagos- »taiiça burela— que es estat fet pera obs del altar de la Capella »del Castell de Xativa». (Registro de apocas de la Bailla, torao V, Archivo General del Reino do Valencia ) El Sr. Sanchis Si vera, además do su notable y magistral obra so¬ bre La Catedral de Valencia, publicada allí con muchísimas ilus¬ traciones y con numerosl.-imos datos inéditos sobre artistas de la Edad Media, el año 1909, está dedicado de nuevo á tareas semejantes en los archivos civiles de Valencia, publica ahora sus descubri¬ y mientos en el anuario de Entudis Catalans, revelándonos nombres desconocidos do muchísimos pintores y de artiíices de todos los ór¬ denes. En cuanto á la interpretación do la frase «un devant altar», téngase presente que publiqué yo (en el citado estudio sobre Juan Rexach) documentos del encargo del banco do altar de la capilla del castillo de Játiva á un carpintero de Valencia, en 1439, cuando Rexach terminó el retablo, de años antes encargado y comenza¬ do, aunque con otro destino. (V. Cultura Española, 1908, núme¬ ro XI, págs. 782 y 785.) Dicen que el castillo de Játiva, que es en realided doble, dos castillos, unidos por dos murallas en dos crestas de la misma mon¬ taña, tenia más de una capilla; pero como los documentos do 1436 y 1439 no hablan sino de la capella, ha de entenderse la del casti¬ llo maj'or, cuyas bóvedas de ojivas, de nervaduras robustas apean¬ do en ménsulas de labor gruesa, amenazando ruina, todavía se puedo visitar no lejos del otro cuerpo de ediflcio (aquélla, mirando á Bixquert, al Sur, y éste, mirando á la ciudad, al Norte, y á me¬ dia altura do ese castillo mayor), en cuyas salas arruinadas toda¬ vía se ven las ventanas geminadas de dos parteluces, las típicas — 151 mart, que de ellos algo aprendería (1). De éste, (tal lo creemos todos almenos) tiene Játiva, en el retablo de Santa Ana en la Seo, la obra capital. Consagrado el autor de este libro, precisamente á la vez que escribe estas últimas páginas, á renovar la biografia de Jaco- mart— con importantísimos documentos inéditos que debe á la bondad del archivero del Archivo de la Coro¬ na en Valencia, D. Manuel Ferrandis, del canónigo de y la misma ciudad Sr. Sanchis Sivera,—y consagrado á la vez á desentrañar lo auténtico, lo seguro y lo dudo¬ so en las obras atribuidas á Jacomart, no puede menos de confesar aquí la duda que le ocurre de que al pin¬ tor valenciano Salvador Johan, que el cardenal de Bor¬ ja llevó á Boma y puso al servicio de los Pontífices y que é), cuando alcanzó la suprema dignidad con el nombre de Calixto III, tuvo como predilecto, sea (y no á Jacomart) á quien encargara su retablo de Játiva. ¡Quién sabe si Salvador Johan seria un digno rival de Jacomart y si las sendas obras, encargos de sus res¬ pectivos Mecenas, los españoles de Italia, el Papa y el de los Estados de Aragón (de aquende y allende el mar), y en cu¬ yos sótanos se supone por tradición la prisión de rej-es ó preten¬ dientes destronados. La tal capilla tiene lugar propio para el reta¬ blo y además sacristía de la época del templo (siglo xiv ó xv). Entre los regios prisioneros de Játiva, además de los tres cita¬ dos en una nota, en mi opinión (una opinión jurldico-retrospectiva) legítimos reyes de Mallorca, de los Estados de Aragón y de Ñápeles, respectivamente en los siglos xiv, xv y xvi, hay que contar tam¬ bién, en el siglo xiii, al primogénito del infante de la -Cerda, al le¬ gitimo monarca que debió ser de Castilla, por tanto, pero no al príncipe de Viana, legitimo rey de Navarra, que no estuvo alii, como se ha creído. ¿Cábenle más timbres á un presidio? ¿Dudará nadie que fuera el de Játiva la más segura prisión de Estado en los Reinos de Aragón? (1) Jacomart nació entre 1409 y 1417, ó (más seguro) entro 1408 y 1418: por 1413, como fecha intermedia relativamente probable. Rey, serían muestra de una gloriosa rivalidad á la vez que de un grande parentesco de estilo? (1). El retablo de la ermita de Santa Ana, en tal estilo cual el que conocemos como propio de Jacomart, nos delata otra personalidad también distinta, también her¬ mana. Ésa esprecisamente la doble y aun triple tarea de los historiadores del oscuro pasado de un arte que ol¬ vidaron las generaciones al irlo dejando atrás. Prime¬ ramente se juntan en grandes acervos las obras muy similares, y lo que es labor de una escuela entera se suele atribuir á un solo maestro. Luego viene la sepa¬ ración, la diferenciación, la discriminación, y se ve cómo cobran, poco á poco, caracteres de acento indivi¬ dual los distintos artistas que trabajai'on ála vez, labo¬ rando más unidos de lo que ellos, en sus frecuentes ri¬ validades, llegaron á pensar en vida, hasta llegar la Historia del Arte—si es posible—á un tercer instante de la investigación, en el cual, aun en un lienzo ó una tabla, los grandes críticos—los Morelli, los Berenson, (1) De Salvador Johaii no se conocen sino los datos de los ar¬ chivos vaticanos, qne beneflció E. Muntz {Les Arts à la cour des Papes) y resumió M. Bertaux {Revue de l'Art, XXII, pág. 356) El pintor valenciano comienza á figurar en las cuentas de 1451, y cuando llega á Papa su protector, le hace su favorito, encargándo¬ le los estandartes y pabellones para la cruzada contra el turco, que fué la obsesión de Calixto III en su corto pontificado (1155-58). Es verdad, por otra parte, que Jacomart pudo tener trato perso¬ nal con D. Alfonso de Borja, y ello en tres ocasiones indicadas. La primera cuando el prelado en Ñápeles logró la reconciliación de Alfonso V con Eugenio IV, por lo que se le dió luego la púrpura en 1444. La segunda, coincidiendo el viaje cá Valencia del pintor, entre sus dos viajes á Italia, con una estancia accidental del Car¬ denal en su sede, en 1446. Y la tercera cuando, en 1447, Jacomart, aoompañando al ejército del Key, pasó por junto á Koma (Tivoli), que no dejaría de visitar el artista. — 153 — los De Greet, les Hulla de Lee, les Beruete, les Oessíe —aciertan á ver y á contar las pinceladas del maes¬ tre y la tarea de les discípulos. No de otra manera les naturalistas, en sus clasificaciones botánicas ó zoológi¬ cas, cada día desmenuzan más el árbol genealógico de les géneros, de las especies y de las variedades, en el noble empeñe, locura de curiosidad científica, de al¬ canzar á igualar la complejidad infinita de la realidad y de la vida. Todas estas consideraciones, aplicadas al estudio éste de las tablas de Játiva, más que al caso de las obras de la mano ó de la escuela de Jacomart, el pin¬ tor de Alfonso V, y también de Calixto III probablemen¬ te (con las dudas dichas), tienen aplicación al otro caso, mucho más complicado, de las obras de la mano ó de la escuela de Rodrigo de Osona, el pintor de retablos de D. Rodrigo de Borja (Alejandro VI después), y á las relaciones de ese arte con el de Pablo de Sancto Leo¬ cadio, el pintor fresquista del propio prelado, después pintor también de retablos de su nuera la primera Du¬ quesa de Gandía. Rodrigo de Osona es un grandísimo artista en su retablo firmado de San Nicolás, de Valencia. «Rodrigo dosona» es absolutamente lo que dice la firma en su primera línea; lo podría jurar el que^esto escribe, des¬ pués de detenidísimo examen, con la ventaja y triste privilegio de miope de un ojo, para cuya vista sobran las lupas. Y á base de esa obra capital, son ciertamente suyas, y además de suyas, son de la misma manera ó estilo ó período, los fragmentos considerables de dos predelas del Museo de Valencia, y las dos grandes ta¬ blas de paso al trasagrario en la Catedral: los Santos Vicentes, los patronos de Valencia que, con toda proba¬ bilidad, proceden del retablo que para el trasagrario le encargó, á Rodrigo de Osona, el cardenal que luego ha- 11 — 154 — bía de llamarse Alejandro VI, al mismo tiempo que pin¬ taban al fresco el presbiterio de la misma Catedral Pa¬ gano y Sancto Leocadio. El arte de Osona tiene sus notas al parecer incon¬ fundibles, pero tiene además una firma, y aun (á uso de notarios) unas firma, rúbrica y signo difíciles de falsifi¬ car: sus paisajes, y en ellos las innumerables figuras y escenas, dibujadas con una soltura, gracia y desemba¬ razo notabilísimos é inconfundibles. Siendo todo ello, además, como un exceso de trabajo que no se le paga¬ ba y que sólo hacía, seguramente, por no consentirle otra cosa la viveza de su imaginación y los nervios de su mano (1). Y aquí es preciso decir que en el retablo, hoy del Co¬ razón de Jesús, antes de los Siete Dolores de María, en San Pedro de Játiva, hay, dentro del estilo de Eodrigo de Osona, en las tablas principales, un modelado más detallado, exagerado si se quiere, tipos algo diver¬ sos (2), italianismo renaciente de menos generosa sole¬ ra, un punto de mayor adhesión todavía á los ejemplos flamencos y á la técnica del óleo á la flamenca, y mu¬ cha menos profusión de detalles, de paisaje y de figuri¬ tas y de escenas en ellos, es decir, de lo que he llamado «el signo, firma y rúbrica» del incomparable artista que fué Rodrigo de Osona. ¿Es, pues, obra suya el retablo de los Siete Dolores, (1) En obras de Eodrigo de Osona se ven, con cíen otros detalles tomados de la realidad, las más antiguas barracas valencianas de que hay noticia. En obra atribuïble á su taller, á su hijo, se ve una de las más antiguas escenas de tauromaquia conocidas. (2) Algunas cabezas de mujer, por el gracioso y pronunciado mentón, hacen pensar de lejos en los tipos de Gerard David; pero se ven también en las tablas de San Narciso, de la Catedral de Valen¬ cia, que M. Bertaux atribuye en redondo á Rodrigo de Osona, punto éste en el que nos cumplen algunas reservas. — 155 - como yo desde luego la diputé, como en seguida acep¬ tó terminantemente M. Emile Bertaux, que aun como tal la cita en la monumental Histoire de VArt que dirige M. André Michel? (1). En tal hay que imaginarla (aparte en ella la caso labor de otro, colaborador y discípulo) como más influi¬ da por un ejemplo flamenco reciente, por caso el de Bartolomé Ruheus, que había dejado por entonces en Tous, á 25 ó 28 kilómetros de Játiva, el retablo del que, como parte seguramente principal, procede el San Mi¬ guel, famosísimo en Europa, de la colección Wehrner, el más conocido de los cuadros de primitivos espa¬ ñoles. El Dr. Augusto L, Mayer, que con mis recortes de Las Provincias en la cartera hubo de visitar Játiva de reciente, me comunicó escueta su opinión sobre el reta¬ blo de los Siete Dolores que cree más moderno de lo que pensara; no sé yo si llevado á ello el docto hispanis¬ ta de la Universidad de Munich por las tallas que no son góticas, ó (imagino yo) por alguna figura, quizá la de un espectador en la escena del Niño perdido, que recuerda las de Andrea del Sarto en los frescos monócromos del Scatzo de Florencia y la de ciertos grabados ale¬ manes. Me ha preocupado mucho esta opinión y este pro¬ blema, más aun al ver (repasando varias veces las ta¬ blas de Játiva) que de dicho retablo, y como de estilo de los continuadores, varios, del arte de Maestro Rodri¬ go, arranca en Játiva una verdadera escuela, en la que ciertas cabezas se repiten mucho, aun en obras que son de manos y de estilo ó de técnica diversos. ¿Una peque¬ ña escuela setabense? ¿Un arte local, allá por 1490-1500? (1) Tomo IV, vol. II, pág. 909, refiriéndose á las nueve tablas del neto y espina. Véanse, aun en fotografías, los retablos de los Siete Dolores, cabeza de la serie (y cabeza incomparable con lo restante); véase el retablo de la Transfiguración, y bajando, bajando, la tabla suelta de la ermita del Calva¬ rio, el retablo hoy del Ecce Homo en San Fraucisco, el hoy de San Vicente en San Pedro (?), el que llamo (por lo único no repintado) de Santa Úrsula en San Felíu y véase, con ser en general obra del estilo de Sancto Leocadio, las portezuelas de la Fleta en la Seo y la pre¬ dela del gran retablo de San Felíu, y se notarán mu¬ chos tipos repetidos, así los de mujer (típica la cabeza de Santa Úrsula), como de hombre calvo, barbado, en¬ trecano (típico el tercer patriarca de los Padres del Lim¬ bo en el centro de la predela del retablo de los Siete Do¬ lores); aparte repetir el carácter de la fisonomía de la Virgen, que creara Maestro Rodrigo, y aparte de varias cabezas de hombres de armas, que hacen pensar en lo auténtico del FUI, 6 sea de Maestro Rodrigo de Osona II. No es éste el artista que arraigó tanto en el arte de Játiva, seguramente. Ni lo es tampoco (á pesar de su obra indiscutible, en lo principal del retablo mayor de San Felíu) aquel anónimo de la escuela, de personali¬ dad tan evidente, de españolismo más acentuado, que yo llamé «Maestro de la Crencha», y que sólo por una infundadísima sospecha de un ilustre critico ha podido pensarse en que se confundiera con el propio Rodrigo de Osona, después de negarle á éste por porfía la pa¬ ternidad de su gran Calvario indiscutiblemente firmado por él. Son las citadas demasiadas obras para no insistir en la idea de que Rodrigo de Osona el Viejo, personal¬ mente ó por mediación de un discípulo desconocido, lle¬ gara á arraigar y residiera en Játiva, abriendo escuela en la bella ciudad de las innumerables fuentes. — 157 — Y aun añade el examen probabilidad á la hipótesis de otro retablo, referido (por antiguo al cual nos hemos recuerdo) en el texto de estos artículos, cuyo trabajo no puedo cerrar sin examinarlo de nuevo. Me refiero al retablo de la Torre de Canals, término antiguo de Játiva, señorío de los Borjas, donde nació Calixto III, que fué llevado á bautizar á la Seo por no tener entonces carácter do parroquia la ermita de su manor señorial—si es que existía y no fué él su fun¬ dador. El retablo hoy ayuda de pa¬ (y siempre la ermita, rroquia, adscrita á la de la importante villa de Canals) está dedicado á la Santa Cruz, y precisamente fué ése el título cardenalicio del primer Papa Borja. Por eso se ha creído que era él el donador repre¬ sentado en la tabla principal, á pesar de verse en ella orante á un joven no cardenal, ni prelado, ni clérigo siquiera. Creo posible que la idea obedezca á una con¬ fusión, la de atribuir el encargo del retablo (que fué el principaly probablemente el único en la iglesia) al fun¬ dador, que yo pienso, del templo mismo. Aun suponien¬ do que la torre histórica se rodeara, como lo está hoy, de las casas de un pueblecito, pudo faltarle iglesia, por ser todo ello en realidad un arrabal, casi en contacto con el casco urbano de la villa de Canals, que sólo por la singularidad del señorío de los Borjas se tendría como cosa independiente. El examen del retablo dice claramente que es obra pintada por 1500 ó años antes, casi medio siglo, en con¬ secuencia, después de la muerte de Calixto III. Si á éste entonces se le hubiera querido representar orante, ¿cómo había de faltar la tiara y toda la indumentaria pontifical, y aun todo ó parte del cortejo de un pon¬ tífice? Digan, pues, lo que digan los textos de historiado- — 158 — res locales (1), el retablo fué encargo de otro señor de la Torre de Canals, sucesor en el pequeño feudo del pa¬ dre de Calixto III, y que con extremada probabilidad habrá de ser aquel caballero llamado Rodrigo de Bor¬ ja (como su deudo Alejandro VI), que en 1506 vendió el señorío de la Torre ó Torreta de Canals al Munici¬ pio de la ciudad de Játiva. Desde luego, después de 1506, siendo ya realenga y municipalizada la Torre, resulta imposible el encargo del retablo con retrato del dona¬ dor, que es bueno y de mano de excelente pintor. Siendo, pues, seguramente anterior á 1506 el retablo de la Torre, una cosa queda evidente: que es anterior y no (como creyó un ilustre crítico francés) posterior á su similar el del Juicio ó de las Almas en la Seo de Játi¬ va, es decir que, como yo creía, es el de la Torre el modelo del de Játiva y no viceversa. Recuérdese, para confirmarlo, que el retablo citado de la Seo es la obra maestra (superior á lo de Valencia y á lo de Cuenca) del discípulo de Leonardo de Vinci, Hernando Yáñez, y que él y su colaborador Hernando de Llanos (á quien ha podido atribuirse también) no vienen de Italia á Valen¬ cia sino en 1507, pala enfrascarse en seguida por va¬ rios años en la gran labor de las tablas de la Catedral. Además, el retablo del Juicio final de la Seo es obra de más acentuado espíritu del Renacimiento, y seguramen¬ te posterior á lo de Valencia. Pero otra importancia tiene el retablo de Torre de Canals además de ésa de haber sido, hasta cierto pun¬ to, modelo de una de las obras capitales del Renaci¬ miento en España: su propio estilo y su relación con el retablo de los Siete Dolores en San Pedro, y por conse- (1) Aludo al de Pareja y Primo, Canals ilustrada, Valen¬ cia 1728, quien supone también que al nacer Calixto III existia la iglesia de la Torreta, de la cual tomó su devoción â la Santa Cruz. — 159 - cuencia, la relación del mismo con la hipotética «escue¬ la de Játiva», que alrededor de 1490 á 1500 (también la fecha probable del mismo) cabe imaginar. la Torreta es una ruina, parcialmente. El retablo de Está repintado, arreglado y estropeado, salvo en unas cuantas partes de la tabla grande, que son, por fortuna, las principales. De las cinco de la predela, dos han per¬ dido fajas laterales de la tabla, y ellas y las otras tres poco conservan intacto. En el centro San Grego¬ de ella se ve '' la Misa de rio; inmediata, á nuestra izquierda, "Santa Lucía, no teniendo atributos los demás santos bastantesá reconocerlos. La "tabla central, rectangular y con prolongación central también rectan¬ gular, á modo de espina, tiene al cen¬ tro,cerrada por almendra ú ojiva con las rosas del rosario, á la Madonna retablo de la torre sentada, casi de cuerpo entero, con el Canals. de Niño Jesús en su regazo á su derecha, adorado por el tantas veces aludido donador. Esta ojiva ó mandorla, como si fuera uu cuadro aislado y sobre¬ puesto, separa las diversas escenas de los novísimos ó postrimerías, que se representan siempre en figuras á escala menores, á derecha é izquierda, y en todo el resto del neto y espina. El Infierno, más bien los répro- bos arrastrados por curiosísimos diablos á mi derecha, y al otro lado el peso del alma por San Miguel, el ángel que acompaña á la persona juzgada, la resurrección de la carne (escenas pintorescas en figuras muy chicas) llenan el paisaje en primero, en segundo ó en tercer término, al uno y al otro lado de la Madonna y el do¬ nante circunscritos en el Rosario. Luego, sobre el celaje del último término, se desta¬ can las grandes nubes, el ángel que levanta la cruz en medio, dentro de los arco iris en que se asienta, más alto, el Supremo Juez, y teniendo á derecha é izquier¬ da, inmediatos, dos ángeles trompeteros y los Apóstoles con la Virgen y San Juan Bautista mirando á lo alto en dos hermosos grupos extremos. El resto de la espina, más arriba de Jesús juzgador, se rellena con una repre¬ sentación de la ciudad, de la Jerusalén celeste, pintada como una puerta de muralla, formidablemente flanquea¬ da con dos torres al modo de las famosas de Serranos de Valencia. En detalle arquitectónico, visto de cer¬ su ca (aprovechando escala), se pueden notar las venta¬ nas geminadas, de dos parteluces, características de la arquitectura civil de los Estados de Aragón, sin otro detalle que pueda llamarse gótico ó de renacimiento. El retablo es de artista valenciano, pero es además, con entera seguridad, obra del mismo que trabajó una parte considerable del retablo de los Siete Dolores en San Pedro de Játiva, sea Rodrigo de Osona, en una úl¬ tima etapa de su vida, ó sea otro, seguramente discípulo suyo, raíz, de todas maneras, de la todavía hipotética «escuela de Játiva, por 1490>. Las pruebas son abrumadoras si se llevan, yo como llevaba el día en que renové mi estudio del retablo de la Torre de Canals, las fotografías de las obras de la ciudad de Játiva. El Niño Jesús es casi idéntico (dibu¬ jado en otra postura) al de la Presentación; la Virgen María, la del anfiteatro de las nubes, es casi idéntica á la de la tabla de los Padres del Limbo; hay ángeles igua¬ les, basta en la silueta rara, arrodillados en su notándose en una y en otra obra el vuelo....; mismo vigor en la factura, notable en la Torre de Canals en las partes que permanecieron intactas. El Maestro de la Torre de Ca¬ nals y de los Siete Dolores de San Pedro (en una de cu¬ yas tablas, el San Antón, se recordará que se ve pinta¬ do del natural el castillo de Játiva) resulta, en deíiniti- — 161 — va, con grandísima probabilidad, un pintor que en Já- tiva debió de residir, creando allí discípulos, arraigan¬ do escuela. El examen de los archivos nos ha de revelar segu¬ ramente su secreto, aclarándonos al fin el problema de la posible transformación en el estilo de Rodrigo de Osona, padre espiritual seguramente de prole de ar¬ tistas beneméritos en el reino de Valencia, á los últimos decenios del siglo xv. t * * Ciudad rica, ciudad populosa—unos 17.000 habitan¬ tes, sin contar tantísimos pueblos inmediatos, pero in¬ dependientes, que llenan su huerta,—ciudad hermosa, arrullada por todas sus calles y grandiosos patios de sus casas por el continuo chorrear, nunca intermitente, de su medio millar de copiosísimas fuentes (1), la Játi- va de nuestros días, hay que confesarlo, vive vuelta de espaldas á su glorioso pasado. Sus tablas allí nadie las mira, sus anales casi nadie los remembra. Con una ó dos ó tres singulares iniciativas, pero con el Deus ex machina de una copiosa testamentaría, es verdad que se han erigido allí estatuas al primer papa (1) El número de fuentes á caño libre era en tiempo de Madoz — hoy son más—427 dentro de los edificios y 53 en las calles y pla¬ zas, de las cuales algunas tenían varios y una hasta 25 chorros. En el libro clásico del Abate Cavanilles se dice: «Más do mil caños se cuentan en las casas particulares y 124 en las fuentes públicas, una de estas de 25 caños de quatre plumas cada uno, siendo igual la pluma á un dedo quadrado». (V. Observaciones sobre la Historia Natxiral, Geografía, Agricultura, población y frutos del reino de Valencias. Madrid, 1797, tomo I.) — 162 — Borja yal gran pintor Jusepe de Ribera lo Spagnoletto, gloriosos hijos de la ciudad, como tantos otros (1). De sus timbres de abolengo artístico singular, la fa¬ mosa pila de abluciones, singularidad excepcional en la escultura árabe, está arrinconada, con una porción de lápidas romanas y de otros restos, en un trastero del Ayuntamiento, que iba camino de ser museo, y nadie se acuerda de que existe sino cuando llega del extranje¬ ro una oferta cuantiosísima para ver de adquirir y de expatriar la pieza famosa. Pero que ya despierta Játiva al debido prestigio de su nombre lo demuestra ese otro principio de museo que de las excavaciones de los años últimos se ha ido for¬ mando, al calor, es verdad, del entusiasmo del benemé¬ rito abad j'· de sus elementos de la juventud católica Con estos antecedentes, por idea del sabio arqueó¬ logo y muy cariñoso amigo mío el Teniente Coronel D. Manuel González Simancas («el Capitán Simancas» de los amantes.de Toledo)de reciente visitó Játi¬ que va,—inventariando los monumentos de la provincia por encargo del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes,—se agitó de reciente la idea de crear un verda¬ dero museo setabense. (1) Játiva no posee cuadro alguno de Ribera ni otro recuerdo personal, aparte la partida de bautismo, que la especie de que nació en la casa de la calle de Bruns, núm. 11, esquina á la de Ventres. El Sr. Abad, hace años, recogió gran número de fotografías de las creaciones religiosas del gran pintor setabense, y formando dos enormes cuadros con ellas, las puso como decoroso y patriótico or¬ nato en el frío paramento del trascoro de la Seo. En ella se ve ade¬ más alguna que otra copia moderna, como en ei altar del crucero (lado do la Epístola) una de la incomparable Inmaculada do las monjas de Monterrey, de Salamanca, tan superior à la de Murillo, según el acertado juicio del Dr. Cari Justi. — 163 — Para ello nada como la ermita de San Felíu—man¬ teniéndola al culto—de aquella basílica, que ya es un museo, pues en su pórtico hallarían las piedras roma¬ nas las esculturas árabes la feliz compañía de los ca¬ y piteles y los fustes latinos y los relieves románicos, y en sus paramentos cabrían los retablos viejos en la com¬ pañía de los otros no menos interesantes que para allí se pintaron ó allí encontraron hospitalidad hace años, á la ruina de Montsant ó de las capillas del vecino casti¬ llo. Bastaría cambiar aquéllos con los modernos que allí desdicen tanto. esto escribe no es amigo incondicional de los El que museos: quiere mejor las obras en su primitivo lugar de destino, para donde las concibiera el artista. Eso es vida y aquello es como muerte. El museo, sin embargo,—hay que confesarlo—tiene ó debe tener y ofrecer las garantías de la conservación intacta, del cuidado constante, del estudio asiduo y cuando sea necesario (y en lo que sea necesario estric¬ tamente) la tarea inteligente y delicadísima de una res¬ tauración meramente conservadora. Y eso sí, las tablas de Játiva, las doscientas y tantas tablas de arte de primitivos y algunas de las del Renaci¬ miento, están pidiendo á voz en grito cuidados, trabajos, lo que mal se llama restauración. Limpiarlas, fijar las cascarillas, darles el ligero barnizado al baño de María, quitar á algunas (como la incomparable del Juicio final) el tremendo barniz, como de coches, con que la envol¬ vieron, haciéndola imposible á la fotografía etc , etc. Una pintura, aun una pintura de las solidísimas de an¬ taño, no puede vivir 400 años sin algunos cuidados: que al fin es cosa delicada, si bien se piensa, la superficie tenue que cubre tabla ó lienzo y en que está toda la la¬ bor. Sólo las lápidas pueden vivir así, siglos y más si¬ glos, intactas, aun á la intemperie. — 16i — ¿No llegará pronto un día en que en esas cosas de¬ muestren los pueblos y las ciudades, las autoridades y los adinerados patriotas, los gobiernos, por último, que se tienen en mucho y que sabemos cuidar esos diplomas gloriosos de nuestro pasado? De afuera, del resto de Europa, en eso más que en nada nos han de venir las críticas, los bochornosos vili¬ pendios, porque al fin, en eso más que en otras infinitas cosas de la vida española, tiene puesta la mirada el mun¬ do. Por algo nuestro Arte hispano, el de primitivos ya (con apenas conocerlo), causa el entusiasmo de Europa y del mundo. En esto, como en todo, nobleza obliga. íXíO-»-— NOTAS VARIAS Calixto III. (Nota á la pkg. 19.)—Está hoy repar¬ El retablo de tido, dice en el texto, aprovechando sus dos partes (talos como se como quedaron en el siglo xvn), la de predela en el altar de la Co¬ munión, en el estilóbato del mismo, y las tres tablas principales, como gran pedestal del en lo restante mezquino retablo del Nazare¬ no, en áng'ulo recto con el de la Comunión, cerca de él. Pero antes del último arreglo, y cuando subsistía el también disparatado del siglo XVII, las dos tablas de la primitiva predela estaban encima de las principales en un ático corrido. Las informaciones, recibidas de los que todavía conocieron el retablo en ese estado, demuestran que en dicho ático no existían sino las dos tablas de predela subsistentes hoy y en el centro no sé qué cosa de talla. Tabla principal del retablo de la Virgen del Pópulo en la Seo. (Nota á la 1." de la pág. 24.)—La Virgen del Pópulo de Roma la puedo ver copiada auténtica (lo dice su letra) por un pintor italia¬ no del siglo XVIII, en un dibujo en colores de la Sección de Bollas Artes de la Biblioteca Nacional de Madrid (núm. 8.368 del Catálogo del benemérito D. Angei Barcia Pabón); y efectivamente, según esetipo, pero con mucho más carácter de obra medieval, se ven numerosas copias en España, siempre llamadas tradicionalmente «Virgen del Pópulo». Estudiada la tabla, comparándola dibujo y aquellas imᬠcon ese genes, resulta que no es la Virgen del Pópulo, de Játiva, copia do la famosa de Roma. Se parecen sí en la actitud general del grupo, en estar de pie la Virgen en busto muy prolongado, en tener al mis¬ mo lado, sobre su izquierda, sentado, al Niño, ya talludito, como de cuatro años, y también se parecen en detalles de la indumentaria, como la túnica amarilla de Jesús, el manto azul de la Virgen pues- — 166 - to sobre su cabeza, y en general coinciden en la impresión y efecto general. Pero la tabla de Játiva es una felicísima interpretación de la silueta del grupo, por un gran artista que puso acento personal en todo, en la cabeza hermosa de la Virgen (que de lejos recuerda el arte iimbrico), y en ciertos detalles de afectuosa intimidad: la mano izquierda del Niño, en vez de tener un libro como en la Virgen del Pópulo de Poma, coge mimosa la izquierda de la Madre; la derecha de ésta la muestra de dorso, alta y toda extendida en vez de ayu¬ darse con ella á sujetar á aquél. El Niño, con la derecha, bendice en una y en otra imágenes. ¡Gran lástima que la de Játiva no pueda verse bien! El croquis del retablo hoy de San Vicente en San Pedro. (Nota á la pág. 42.)—Es inexacto: al dar forma cuadrada á las dos tablas compañeras del ^ santo presbítero en la celda y de la Virgen apareciéndose á San Bernardo, pues cada una, por el lado interior ó central, se prolongan por su alto en recta y en forma de enjuta obedeciendo á la curva de la hornacina, demostrándose que han sido recortadas. Este retablo, al menos en parte, es de la misma mano del que colaboró en el viejo de San Francisco: el San Bernardo del primero y el Sueño del patricio romano del segundo son obra del mismo anónimo artista. Retablo hoy del Corazón de Jesús en San Pedro. (Nota á las pᬠginas 44 y siguientes )—De problemas críticos, acerca de este no¬ table conjunto de bellas tablas, me remito al Epilogo; pero, en cuan¬ to á los temas iconográficos, tengo que añadir á lo dicho en las pᬠginas del texto primitivo que, en realidad, son seis Dolores de Ma¬ ria y no seis Gozos los que se ven en el neto, haciéndonos suponer que la tabla central perdida nos ofrecería el que falta para la cuen¬ ta de los siete; en ese caso habría de la ser Crucifixión, y ello se comprueba al no hallarla (sino la Pietá) en la espina, contra el uso general. La Santa mártir, letra '' del croquis, lleva un león á sus pies. Las obras de arte de la ermita del Calvario alto. (Nota á la pᬠgina 59 y á su nota.)—Por acuerdo que entiendo acertado del señor- Abad y del Vicario de la parroquia filial de San Pedro, D. José Bosch, á la cual corresponde el Calvario llamado «alto» (por haber otro, también pintoresco, en jurisdicción de la parroquia de Santa — 167 — Tecla), se han bajado de allí aquel Crucifijo de talla del siglo xv (citado en la pág. 57), hoy en la segunda capilla de los pies de las del lado de la Epístola, y la tabla de la Piedad ó Quinta Angustia, hoy colgada en la sacristía, también de San Pedro. Esta tabla, examiriada por mí de nuevo y muy atentamente, re¬ sulta ser una ruina muy repintada, en gran parte, de una crea¬ ción, quizá del padre, de Maestro Rodrigo de Osona el Viejo, más que del hijo, del mismo nombro y apellido. Pero sigo creyendo aiin probable mi primitiva opinión, asignándola al último, todavía en el estilo de su padre. En tiempo fué ésta seguramente una tabla bella é importante. Oscurecidos hoy del todo los rojos y los azules predominantes, sólo las carnes, más claras, se ven como cosa exce¬ lente, á pesar del trastorno de tonalidad y repintes. El Crucifijo, hace pocos años, se pensó en quemarle, como en ge¬ neral se hace con las sagradas imágenes que se cree que ya no pue¬ den inspirar devoción. Libro de la superposición de esa tabla, tan cruelmente clavetea¬ da en el retablo en que yo la examiné en 1910, puede hoy, gracias á la iniciativa de D. Enrique Cardona, verse el antes invisible neto del mismo, como ya dije en una nota. Después lo he examinado, viendo que las tablas del neto eran tres de iguales tamaños; es muy bella la de San Joaquín—túnica verde, mangas interiores rosa, manto rojo, gorro negro,—que ya en la fotografía aparece como obra importante en el arte valenciano del promedio del siglo xvi, de uno de los mejores contemporáneos de Juan de Joanes, no llegán¬ dole en mérito, con ser obra de la misma mano, la compañera Santa Ana—morado obscuro el hábito, manto negro, toca blanca;—la ta¬ bla del centro, malvendida como se dijo, no sé qué sería, pero como se aserró por arriba y por abajo dejando dos fragmentos, se puede ver que la figura (María probablemente, con Jesús acaso) había de estar en pie en un halo irisado, que por arriba se cerraba en ojiva ó en punta; el solado parece de losas. Al mérito de las dos tablas grandes subsistentes, ni de muy lejos, no alcanzaba el artista coe¬ táneo que colaboró en el retablo, pintándole predela, polseras y es¬ pina, é imitando en la predela la Purísima de Joanes famosa. Ya por sólo ese retablo, bajados del Calvario la tabla y escul¬ tura dichas, no sería de aconsejar la ascensión al mismo si no fuera por las perspectivas y las vistas espléndidas é incomparables. Todavía una rectificación: no lleva perro, sino cierva, el santo obispo que describía en el guardapolvo; es decir, el mismo santo pintado también en el retablo viejo en San Francisco (véase pági¬ na 102), que todavía no he aclarado quién pueda ser (I). — 168 — El retablo de los Santos Apóstoles Santiago San Feliu. (Nota en á la página 82).—En el texto dije que la parte primitiva y curiosí¬ sima de ese retablo debia de ser de de artista mano catalán, de un los influidos de lejos por Jacomart (y de cerca por Dalmau, según observé en la nota de la página 81), «singularidad grande, añadía, en la historia del arte valenciano del promedio del siglo xv» de¬ mostrando yo en todos los párrafos anteriores la preocupación que me embargaba al estudiar dichas tablas. Su misterio me acaba de ser revelado: al conocer un retablo la¬ teral en la ermita de Santa Ana de Cati, el Maestrazgo, al saber en que para dicha ermita pintaba otro en 1454 el pintor de San Mateo Valentin Motolíu—noticia revelada por el Sr. Tramoyeres en el Al¬ manaque de Las Provincias para 1906, lugar citado,—al decirme el sabio arcipreste de Morella D. Manuel Betí que el mismo vecino de San Mateo Valentin Montoliu habia pintado para la iglesia ar- ciprestal, creo que en 1468, otro retablo también perdido, y sobre todo al examinar lleno de estupefacción y de entusiasmo en la otra iglesia arciprestal de la verdadera capital del Maestrazgo, de la vi¬ lla de San Mateo, una gran tabla recentisimamente descubierta (como las siguientes), procedente de un retablo probablemente con¬ sagrado á San Juan, tres también grandes que semi-integran el neto de otro retablo dedicado á San Miguel, y siete tablas, predela entera del mismo. El conjunto de tales obras y noticias nos da la clave para do- terminar que lo de la Virgen de la Lecho y los Apóstoles y predela en San Feliu, de Játiva, es obra indiscutible de la «Escuela del Maestrazgo» que hasta hoy era desconocida, probablemente «Es¬ cuela de la villa de San Mateo» y quizá, quizá «Escuela de .Valen¬ tin Montoliu» más concretamente. Caracterizase el artista ó anistas de ella que conocemos, por un vigor en el dibujo tal y tan grande, que no admite en ello rivales en toda la España del siglo xv. Es nuestro pintor artista del carác¬ ter, como después Mantegna al Norte de Italia, como más tarde Durero en la Franconia: por su maravillosa individuación en las flsonomias de toda edad y sexo, bellas ó feas, especialmente cuan¬ do dibuja en pequeño historias de predela. Su color es de técnica elemental y de efectos agrios, y cosa algo secundaria en el artista, á juzgar porque después de colorear ó iluminar los dintornos, previamente dibujados en tono neutro, repasa parte de las lineas del contorno y de los detalles, bárbara y genialmerfte, en negro, con trazo valiente, felicísimo á distancia. En las, figuras de tamaño natural, con mucho menos feliz éxito, — 169 — le domina al artista la fiereza de su temperamento, y las planta tremendas y bravias sobre fondo de rameado dorado hecho á molde: en eso, como en todo, igual lo de Játiva á lo de San Mateo. El secreto del vigor, sobriedad, fiereza y gran porto de ese arte dei Maestrazgo tiene allí una explicación cumplidísima. Valentin Montoliu, ó quien sea ó quienes sean los autores de los retablos y tablas citados, no se educó dibujante en un gremio de pintores y en un ambiente estrictamente pictórico, sino más bien en la tarea de dibujar y grabar con mano firme y sintética sobriedad, sobre pla¬ ca dorada de plata, figuras y escenas que iban á cubrirse en segui¬ da de esmaltes traslúcidos: era ó se formó como un colaborador de la hasta hace cuatro años desconocida y nunca bien estudiada orfe¬ brería esmaltada de San Mateo y Morella, ¡la mayor gloria del Maestrazgol De ella y del arte de los Montoliu piensa ocuparse el autor de este libro en un estudio aparte, pero nuestro retablo de Játiva de «Escuela del Maestrazgo»—fi ase que á todos parecerá una novedad atrevidísima—pedia ineludiblemente esta nota aclaratoria, al des¬ cifrarse su verdadera filiación artística. Las Monjas del Portal-fosch y el Diiqua de Calabria (Nota á ia página 110).—La especie conservada por tradición en el convento, de la que me hice eco, de que el tríptico de Joanes fuera donación do D. Fernando de Aragón en consideración á tenor alli profosa una hija, veo que la viene á confirmar el Codicilo del Principe, en "el cual hay un párrafo que dice asi: «Item ordenamos y mandamos que á Sor D." Geronyma -de Aragon—San Jerónimo está pintado en una de las portezuelas del tríptico—monga professa dei Monasterio dei portal de Valencia de la ciudad de Xatiua sea dada y pagada cada vn año durante su vida la limosna que le mandamos dar ordinario por el dicho Convento». (Textos publicados por D. Vicente Castañe¬ da en su estudio «Don Fernando de Aragón, Duque do Calabria: apuntes biog-ráficos», en la Eevista de Archivos, Bibliotecas y Mu¬ seos, año 1911.) Por la singularidad de ser el único legado personal en el testa¬ mento, y distinto del general hecho á la numerosísima servidumbre, regia en verdad, que tenían los Duques, haré notar otra cláusula, del texto del testamento esta vez, en que yo sospecho que se nos de¬ nuncia á la madre de la hija natural, de la monja D.® Jerónima, á la dama que sintió piedad en Játiva y amor luego por el destrona¬ do y legitimo titular del reino de Nápoles: los Fenollet era familia que tenia diminuto feudo en la huerta,—donde subsisten hoy las 12 — 170 — aldeas llamadas Lloeh nou de Fenollet,—y Torrent de Fenollet y otro D. los regios saraos de los Du¬ Francisco de Fenollet suena en ques (en vida de la reina D.'' Germana), con ocasión de cierta dis¬ puta con D. Luis Milán, autor del Cortesano, que es quien todas aquellas gentiles fiestas nos cuenta. Dice asi la cláusula aludida; «á D." Beatricia FenollestS. mil chi¬ cados. Item dexamos y mandamos que de nuestra hacienda sean dadas á D." Beatricia Fenollet, hija de los nobles D. Francisco Fe¬ nollet y D." Francisca Ferrer, su muger, tres mil ducados». (V. Cas¬ tañeda, lugar citado.) Fotografías y medidas de las tablas de Játiva.—Antes de co¬ menzar publicarse las cartas á Las Provincias que forman este á libro, de todas las tablas estudiadas en ci, sólo había hechas dos im¬ perfectas fotografías de aficionado: la del triplico (abierto) do Joa- nes de las monjas del Ported-fosch y el retablo de la Torreta de Ca¬ nals, estudiado en el apéndice. Ello fué tarea personal del ilustre D. José Martinez Aloy, que con su máquina acompañara á sus con¬ socios del liât Penat en ¡as excursiones de ¡a Sociedad valencianis- ta. El móvil era fijar gráficamente sobre todo lo que va en camino de pérdida. Allí donde, en Valencia, se va á hacer un derribo do case¬ rón viejo, de monumento cualquiera, alli está el benemérito é infa¬ tigable cronista de la provincia haciendo fotografías. El interés histórico (si no el artístico) de las series rat-penatistas del Sr. Mar¬ tinez Aloy es ya considerable, y su buen criterio le ha hecho gene¬ roso de su tesoro, que ofrece á los aficionados que quieran procu¬ rarse, á precio de coste, las positivas, que se encarg-a de hacer, al caso, cuando se le piden, D. Enrique Cardona. Son centenares do clichés. Poco después, cuando D. Fortunato deSelgastrabajó su mono¬ grafía sobre la ermita de San Feliu (V. nota de la pág. 65), dió, en dos fototipias de Hauser y Menet y por fotografías do J. Simarro, el conjunto del retablo mayor, y el mismo, visto de más lejos, en la vista general del interior del templo. Mr. Enfile Bertaux, que como fotógrafo es un maestro también, hizo en Játiva reproducción de tablas del retablo cuatro de las de Calixto Ilí, de Jacomart, en un cliché las tres grandes, y en otro la pequeña del Bautismo do San Agustin. Van reproducidas en su estudio, oportunamente citado, do la Bevue de l'Arte Anden et Moderne. Enrique Cardona, de quien ya hemos hecho el D. debido mérito (en la nota á la pág. 147), sin conocer al autor de estos estudios. — 171 — al leer las primeras cartas á La-'i Provincias, se trasladó á Játiva, y haciendo iin esfuerzo, logró fotografiar en conjunto (y por tanto con escaso detalle, dadas las pésimas condiciones de luz y el estado do las tablas) los retablos siguientes: el del titular en San Pedro, el que ahora es del Corazón de Jesús, en la misma iglesia, el del titular en San Feliu, y el que yo llamo de Santa Ursula, en el mis¬ mo templo. de la Exposición de Valencia; re¬ En la favorabilísima ocasión produjo el mismo Cardona el conjunto del retablo de la ermita de Santa Ana, y como detalle del mismo la tabla de la Madonna entre ángeles; pero por desgracia no se aprovechó aquella coyuntura para reproducir las dos tablas de San Francisco y el Crucifijo de San Feliu. libro, y como ya se ha dicho, el mismo señor Con ocasión de este Cardona hizo primero una larga estancia de varias semanas, y lue¬ go otras más cortas, en Játiva, decidiéndonos esta vez por no repro¬ ducir (salvo dos ó tres excepciones) un conjunto de retablo, sino tablas del mismo, una á una, eligiendo no siempre las mejores ni las más interesantes, sino á veces aquellas que por las condiciones de su colocación menos dificultades (siempre extremadas) ofrecie¬ ran para la tarea. Como no pueden ver aquí los lectores, en fototipia, sino una ])arte de toda la labor, y como quien tenga interés puede adquirir las fotografías dirigiéndose á D. Enrique Cardona (que vive en Valencia, calle de Murillo, núm 15), es del caso poner aquí sucinto catálogo de ellas, aprovechando el momento para dar las medidas do los cuadros fotografiados, que, por encargo mío, fué tomando el mismo Sr. Cardona. Citaré las tablas con llamadas á las páginas de este libro y á la letra de los croquis del mismo. En las medidas, en centímetros, se indica siempre primero el alto y luego el aucho, y se excluyen las tallas en general. Kn la 8eo. Del retablo de Calixto III (pág. 17). Número 1. El conjunto de las tres tablas grandes (en placa grande). Núm. 2. Tabla central de Santa Aua (1,36 X 0,67). Núm. 8. Tabla de San Agustín y Santa Mónica de rodillas (1,31 X 0,75). — 172 — Núm. 4. Tabla del Cardenal (Calixto III) amparado por San Il¬ defonso (1,31 X 0,75). Niím. 5. Detalle de la anterior; el retrato. Núm. 6. Tabla del Bantismo de San Agustín (0,75 X 0,G4). Núm. 7. Tabla de la Descensión de Maria y San Ildefonso (0,63 X 0,75).—Fototipia I. Del retablo de la Quinta Angustia (pág. 25). Núm. 8. Conjunto " '' de las portezuelas abiertas (los ocho pro¬ fetas y evangelistas) (2,06 X 1,52). Núm. 9. Conjunto ' de las portezuelas cerradas (siete esce¬ nas de la vida de María y de Jesús) (2,06 X 1,52).—Fototipia II. Núm. 10. La Resurrección y la "■ Pentecostés, solas (0,95 X. 0,25 '/j, cada una). Del retablo del JuicAo Final (pág. 27). Núm. 11. Conjunto integro (2,87 X 1.80, en total; la espina 0,86 X 0,61; el resto 1,85 X 1,80). Núm. 12. Detalle, parte alta (Cristo, los Santos y la Cruz) —Fo¬ totipia IV. Núm. 13. Detalle, parte más baja, centro é izquierda (San Mi¬ guel y el juicio del alma, purgatorio y limbo).—Fototipia III. Del retablo que fué de la ermita de Santa Ana (pág. 130). Núm. 14. Conjunto integro.—Fototipia XVIII. Núm. 15. Tabla de la Virgen y el Niño y ángeles músicos (0,95 X 0,90).—Fototipia XVII. Del retablo de San Miguel y la Magdalena (pág. 124). Núm. 16. La tabla grande con los dos santos (1,15 X 1.06 sin la espina; ésta 0,36 X 0,57). En San Pedro. Del retablo mayor (pág. 38). Núm. 17. El conjunto integro. Núm. 18. '' La crucifixión de San Pedro (0,90 X 1,02).—Fototi¬ pia V, Núm. 19. '' La degollación de San Pablo (0,90 X 1,02).—Foto¬ tipia VI. — 173 — Del retablo hoy del Corazón de Jesús (pág. 44). Núm. 20. El conjunto Integro. Núm. 21. La Purificación(0,89 X 0,47).—Fototipia VIL Núm. 22. " Cristo disputando en el templo (0,51 X 0)47). Núm. 23. " El Pasmo (0,51 X 0,68). Núm. 24. '■ El Eesucitado presentando á su Madre los Patriar¬ cas (0,56 X 0,68).—Fototipia VIH. Núm. 25. San Antón Abad (0,56 X O.H)- Del retablo hoy de San Vicente (pág. 41). Núm. 26. San Bernardo (0,78 X 0,63). Núm. 27. '' Santo presbítero en su celda (0,76 X 0,6.3). ïln San Felin. Del retablo mayor (pág. 82). Núm. 28. El conjunto íntegro. Núm. 29. ' La Madonna y ángeles (2,12 X 1,40).—Fototipia XIV. Núm. 30. " El Bautista (1,71 X 1,04). Núm. 31. San Blas (?) (1,83 X 1,08). Núm. 32. ^ La cruz á cuestas (1,18 X 0,63). Del retablo de los Santos Apóstoles Santiago (pág. 69). Núm. 33. La Virgen de la Leche y ángeles (1,77 X 1,04).—Fo¬ totipia XI. Núm. 34. ' Santiago el Mayor (1,90 X 0,77).—Fototipia XII. Núm 35. Santo Apóstol del hacha (1,90 X 0,79). — Fototi¬ pia XII. Nrim. 36. p La Anunciación (0,41 X 0,38). Núm. 37. " La reina Lupa y la conducción del cadáver de San¬ tiago (0,41 X 0,38).—Fototipia XIII. Del retablo de la Magdalena (pág. 67). Núm. 38. La tabla (1,87 X 1,19).—Fototipia X. Del retablo que llamo de Santa Úrsula (pág. 88). Núm. 39. El conjunto íntegro. Núm. 40. '' Santa Ursula y sus compañeras (1,15 X 0,60). — 174 — Ën las Hantas. Del retablo de la Transfiguración y San Agustín (pág. 92). Núrn. 41. EI conjunto integro. Núm. 42. Las dos escenas " del Ecce Homo ;v despojo do las ves¬ tiduras. Del retablo de San Nicolás y San Dionisio (pág. 101). Núm. 43. La tabla. Ën Han Francisco. I.as dos tablas sueltas. Xúrn. 44. Santa Elena (1,31 X 0,55).—Fototipia XV. Niim. 45. San Sebastián (1,31 X 0,55).—Fototipia XV. Del retablohoy del Ecce-Homo (pág. 102). Xúrn. 46. El conjunto integro. Núin. 47. ''El abrazo en la Puerta de Oro (1,18 X 0,58). Núni. 48. 1 El sueño del patricio romano y su mujer (0,33 X 0,28). En las Monjas del Portal-foscli. Del retablo mayor del templo. Núm. 49. La tabla de la Virgen de la Consolación (1,17 X 0,69). —Fototipia XVI. Tríptico deJoanes, en clausura. Núm. 50. Cerrado: Padre Eterno (luneto) y la Anunciación (0.93 X 0,54). Nrim. 51. Abierto: Padre Eterno, Sagrada Familia, San Cristó¬ bal y San Jerónimo (0,93 X0,54). Núm. 52. La tabla central, de la Sagrada.Familia (0,52 X 0,42). Núm. 53. La lateral, del San Jerónimo. Tabla suelta. Niim. 54. Marta Del Mater, cabeza (0,34 X 21 '/a). — 175 l'Il IA ermita del Calvario. Del retablo de la Concepción (pág. 58). Xúni. 55. El conjunto íntegro (quitada la tabla postiza). Xúm. 56. San Joaquin (1,13 X 0,41, sin contar lo dorado de arriba). postiza de la Quinta Angustia (0,74 X 0,74). ■ Xúm 57. La tabla Varios. Xiim. 58. La Cruz procesional de la Seo, anverso. Xiim. 59. La Cruz procesional de la Seo, reverso. Núm. 60. Detallo de la misma: esmaltes de la Cena y del Lava¬ torio. Xúm. 61. Detalle de la misma: esmaltes del Buen Ladrón y mi¬ lites montados. Xúm. 62. Vista do Jntiva y su castillo desde la cuesta del Cal¬ vario Alto.—Fototipia IX. En las colecciones rat-penatistas de D. José Martinez Aloy, la fotografia del tríptico de Joanes del convento del Portal fosch lleva la signatura C 3 y el do la Torreta de Canals la signatura 5, Canals. Las fotogr.ifias núms. 58 á 61 las estudiará el autor de este libro, con otraspiezas (del Maestrazgo, de Ontoniente ), en un trabajo .aparto sobro l