Ramón N. Comas 141 otros puertos la facultad de comerciar con la América, y de que persistiese en sólo dos la privativa. Pero hasta el 1778, en que, rompiendo Carlos III aquellas trabas tan anti¬ guas con un decreto, al que se llamó «Ordenanzas para el libre comercio con las colonias», ya que por él se concedía a todos sus subditos la libertad de entablar transacciones mercantiles con las Indias, no se rehabilitó de una ma¬ nera expléndida esta manifestación de la actividad catalana. El historiador inglés Coxe nos proporciona sobre ello afirmaciones muy interesantes. Nos dice que fueron tales y tan rápidos los efectos producidos por aquella disposi¬ ción de la magnificencia real, que en menos de diez años los puertos a que se había extendido aquel privilegio ganaron sumas considerables, y si la expor¬ tación de las mercancías extranjeras triplicó, la del paisse quintuplicó, aumen¬ tándose en igual proporción los retornos de América. Puédese calcular la parte que le correspondería a nuestra ciudad en aquella vida comercial, cuando en aquel año del referido decreto, si Cádiz, que era el puerto hasta entonces más privilegiado, envió 63 buques, Barcelona despachó 23 más que ningún otro puerto. Y si sucedió esto en aquel primer año, figúrese cuanto más no aumentaría el tráfico en los sucesivos, y cuanto no sería el movimiento general que se operaría en el vecindario y cuanta la riqueza que le repor¬ taría el puerto que, inactivo tanto tiempo, se empleaba en recordarle con el rumor de sus olas, aquella fama mercantil en pasados tiempos lograda. El ci¬ tado historiador inglés, que no podrá recusarse por testigo parcial, ha consig¬ nado: «Todas las provincias marítimas de España, entonces recibieron un im¬ pulso más o menos útil como consecuencia de aquella Ordenanza, pero ninguna desplegó una actividad semejante a la de Cataluña». Y bueno será hacer constar que no sólo se levantó de su abatimiento en las manifestaciones de su actividad manufacturera y mercantil, sino también en las de las Ciencias y de las Artes. Tanto es así, que en 1764, diez y ocho amantes del saber científico, establecían en Barcelona la Conferencia de Física Experimental, que fué el fundamento de la primera Academia de Ciencias Na¬ turales y Artes, establecida en España; Pedro Virgili fundaba el Colegio de Cirugía en 1772; en 1770 celebraban la primera junta aquellos médicos que, unidos bajo el título de Conferencias Académicas, deben ser considerados como los fundadores de la hoy Real Academia de Medicina y Cirugía; la an¬ tigua Academia «deis Desconfiats», convertida en Real Academia de Buenas Letras desde el año 1752, daba muestras de nueva vida, publicando cuatro años después el primer tomo de sus «Memorias». Finalmente, aquella funta de Comercio y Gobierno de Cataluña, reorganizada en 1758 por Fernando III, aprobada y sancionada por Carlos III en 1760 y en 1763, animada del mayor entusiasmo en procurar los beneficios todos del país, visto el éxito obtenido por las escuelas que privadamente habían establecido algunos de los más dis¬ tinguidos artistas que por aquí brillaban al objeto de propagar la enseñanza 142 Datos para la historia del Esgrafiado artística, instalabaen la casa Lonja en 1775 unas clases públicas y gratuitas para la enseñanza del Dibujo, de la Pintura y de la Escultura, penetrada sin duda de la verdad que encierra aquel concepto del inolvidable Capmany, de que sin amor al Arte no puede haber Industria. Como consecuencia de aquel notabilísimo e inesperado movimiento de actividad que se hizo patente en todas las fuerzas vitales de un pueblo viril y que se presentaron vigorosas hasta en aquellas aptitudes que parecían más inadecuadas al carácter de nuestro país, vino la manifestación del deseo de bienestar legítimo que sentían los ciudadanos barceloneses, expresada por el afán de embellecer otra vez la ciudad, con nuevos edificios construidos con¬ forme al gusto artístico de aquellos días, y como lo exigía la importancia pro¬ gresiva que iba adquiriendo. La casa de la Virreina, en la Rambla de San José; la de Larrad, en la calle Ancha; algunas de la Rambla de Santa Mònica, entre las que descuella la de March de Reus; alguna otra en la calle de la Merced; la de Moya, en la Puerta Ferrisa, no pasando por alto el grandioso edificio de la Lonja, y además otras edificaciones no tan importantes aunque dignas de ser tenidas en cuenta, esparcidas en distintas calles, corroboran esta afirmación con el más importante número de las casas que se construyeron, y aunque generalmente no fuese tanta su importancia, aparecieron hermoseadas con las delicadezas de una decoración artística que alcanzó gran preponderancia. Nos referimos a la de los esgrafiados, objeto preferente de este trabajo. ¿Qué se entiende por esgrafiado? El trozo o rasgueo abierto en una super¬ ficie de material más o menos duro, como por ejemplo, piedra, madera, yeso o metal, con la fuerza de un instrumento punzante y cortante según los casos. Esto se entiende en los casos más rudimentarios, en los que el arte no ha intervenido para nada. El artístico decorativo tiene muchas aplicaciones y puede decirse que constituye el elemento esencial de toda ornamentación, sea cualquiera el objeto que se quiera enriquecer con algún adorno. Llaman a esta clase de decoración, Sgrafitti o Egraligné, los italianos; Sgrafitti también los franceses, según el Dictionaire Ethintologique el biogra¬ phique de VIndustrie el des Arts Industriels, de E. O. Lami; Esgrafiado, los castellanos, y Esgrafiat, los catalanes. La etimología de la palabra esgrafiado que nos dá Roque Barcia en su Diccionario Etimológico, es el siguiente: un compuesto de dos voces: ex, que en este caso significa fuera, y graphein, que equivale a escribir. Nosotros diríamos que es una palabra que comprende dos conceptos: el ex, concepto extraído, y graphein, que tiene la significación de dibujo; y así tendríamos mejor indicada la idea de ser un dibujo precisado por extracción del material en el cual se ha aplicado. Equivalente a dibujo rasgado en castellano, y a dibujo esgrafiat, esgrafiado o escarpat en catalán, ha de ser la significación del Egraligné italiano. ¿Cuál fué su origen? Los pocos autores que tratan de ello, lo suponen de Ramón N. Comas 143 fecha relativamente moderna. Nos dicen que principió el esgrafiado en el siglo xvi; y esto no es verdad. Tanto, que puede afirmarse que su génesis es muy antigua, puesto que traspasando los llamados tiempos prehistóricos lo encontraremos aún más allá, en aquellos días en que fueron inventadas todps las artes, por la necesidad que tuvo el hombre de satisfacer sus naturales im¬ pulsos. ¿Qué es el esgrafiado considerado materialmente? Un dibujo grabado en una superficie. Y ¿qué es el grabado? Los griegos le llamaron Ypapexv, que dicen quiere decir en castellano trazar; y en este concepto lo estimaron como el arte propio para señalar un dibujo, marcar una inscripción, fijar un concepto o una cualquiera representación de la inteligencia en una materia dura, ya fuese metal, piedra o madera. Y así tenemos que con todo y parecemos tan moderna la palabra grabado y el arte a que se refiere, por lo generalizada que resulta, expresa la idea de un arte muy antiguo, que vino a satisfacer una de las necesidades que tuvo ya el hombre primitivo, cual es la de que no todas sus palabras se pierdan en el vacío, ni todas sus ideas han de extinguirse al retornar su cuerpo a la tierra, ni todas sus afecciones, ni todos sus sentimien¬ tos, concretarse a la explosión de sus momentáneos entusiasmos o a la exhala¬ ción de sus suspiros, sino alguna palabra, alguna idea, algún efecto, alguno de sus sentimientos más íntimos, que merecen sobrevivir a su paso por la tierra. Hay la tan sabida como ingeniosa leyenda narrada por los autores griegos más notables, respecto el origen del dibujo. La hija de un alfarero de Sicione, llamado Dibutades, trazó el contorno de la sombra que proyectaba en la pared su amante, próximo a partir lejos y por algún tiempo, proponiéndose así conservar el recuerdo de su figura. Aquellos rasgos trazados en aquel muro, con la decisión, fruto de la vehemencia del amor, fueron los rudimentarios principios del arte del diseño. Pero hubo más aún. El padre de aquella joven enamorada rellenó con una superficie de barro la silueta de aquella imagen, inventando así el bajo relieve que había de ser el origen de la escultura. Prescindamos de si Atanágoras y otros autores griegos explican de dife¬ rente manera el origen de las artes gráficas. Verdad es que las tradiciones y las leyendas de los griegos deben de referirse a la historia de la Grecia, y que, por lo tanto, que al origen del arte griego tendrá relación la leyenda referida. Pero así y todo, convengamos en que es tan humana la narración, que tanto puede ser aplicada a un pueblo como a otro y aún a una civilización cual¬ quiera primitiva. Las investigaciones arqueológicas nos han descubierto que el arte del dibujo fué conocido por aquellos pueblos de antigüedad más remota que la civilización griega. Las representaciones de hechos y costumbres de que dan cuenta los estudiados monumentos egipcios, atestiguan que la escultura era conocida en Egipto en las épocas de las primitivas dinastías de aquel país, remontándose a cinco mil años antes de la Era Cristiana. El arte de grabar en 144 Datos para la historia del Esgrafiado la madera, en lapiedra y en los metales lleva, por lo tanto, una más conside¬ rable fecha deantiguo ejercicio. Los pueblos de Oriente, que fueron los iniciadores de todas las artes, debieron ser los primeros en usarlo. De ellos se propagó a Grecia, a la que no se puede negar el honor de haber sido la madre o la patria de los mejores dibujantes entre todas las antiguas civilizaciones. De allí se propagó el arte por los pueblos más adelantados. Se ha dicho que los griegos fueron los in¬ ventores del cincel, nombre del instrumento quemás tarde se asoció a la idea detrabajar los metales y las piedras finas. Pero no pudieron ser ellos los pri¬ meros lapidarios, sino en tal caso los que perfeccionaron su oficio, por la sen¬ cilla razón de que en tiempo de Moisés ya los había entre los hijos de Israel, como lo testimonian aquellos versículos del capítulo xxviii del Exodo, que se refiere a las vestiduras que había de usar Aarón como a supremo sacerdote de la Ley, según disposición del Señor. «Y tomarás dos piedras onyquinas y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel: seis nombres en una piedra y otros seis en la otra, según el orden del nacimiento de ellos. De obra de escultor y de grabadura de lapidario grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel, engastándolas y engarzándolas en oro». Versículos 9, 10 y 11 y más adelante, en el 21, se lee: «Y tendrán los nombres de los hijos de Israel; estarán grabados los doce nombres; en cada piedra el suyo según las doce tribus». Y las piedras, según el orden que son enumeradas, son: un sardio, un topacio, una esmeralda, un carbunclo, un záfiro, un jaspe, un ligurio, una ágata, un amethipto, un chrisólito, un onyo y beryto. Y esto, según los cro¬ nologistas, debió ser por los años 1400 y tantos antes de Jesucristo. Si el uso de un instrumento punzante y cortante a la vez, fué desde la más remota antigüedad el medio de que se valió el hombre para determinar una inscripción, indicar una idea, dar fe de una creencia o consignar un hecho notable, ya en la piedra principalmente, ya en la madera o bien en el metal, y la operación consistió hundiendo dicho instrumento en el material causando desperdicio en el mismo, lo que al cabo y al fin es lo que se cumple en el esgrafiado, hemos de convenir en que éste es tan antiguo que estuvo ya en uso en las épocas más rudimentarias del arte. Y si es verdad que todas las civilizaciones que decoraron sus edificios y sus monumentos ejercieron la operación de esgrafiar aquella obra de cerámica, de carpintería, de arquitec¬ tura o de metalistería a que se propusieron dar mayor importancia, hemos de convenir en que el esgrafio fué conocido de los asirlos, de los egipcios, de los judíos, de los griegos, de los romanos y demás pueblos que tuvieron alguna importancia en la edad antigua, así como también entre los cristianos, los bár¬ baros, los árabes y todos los estados políticos que en la edad moderna han determinado una civilización distinta. Y concretando más el al asunto esgrafiado arquitectónico, digamos que desde los tiempos más remotos se revistieron los muros y los techos de los Ramón N. Comas 145 edificios con una especie de mortero o argamasa, y que nunca se presentaron las tales superficies lisas y enteramente desprovistas de ornamentación. Lo que se practicó en la Asirla, en el Egipto, en la Grecia, etc., perfeccionándose indudablemente más en Roma, vino a consistir en una argamasa compuesta de una mezcla en partes iguales de yeso blanco, cal y mármol pulverizado y tamizado muy finamente. Con la tal argamasa se recubrían las paredes, las techumbres, las columnas, las pilastras, los plafones, los plintos, las cornisas, las molduras, los bajos relieves, etc., por medio de capas delgadas, al objeto de preservar la obra de la acción del aire y de la humedad, y también para embellecer la construcción, disimulando así sus impurezas. De ello han pro¬ porcionado comprobantes las ruinas del templo de la Paz, las villas de Adriana y de los Emperadores y algún otro edificio. A Vitrubio le debemos las noticias referentes a la preparación y empleo de éste y otros compuestos de materiales similares que, revistiendo asimismo la fábrica arquitectónica, la enriquecían, ora con una decoración blanca, tersa y bruñida como el mármol, ora la revestían de diversas tonalidades, cuando no de vivísimos colores que le daban un aspecto y atractivo más pintoresco. La decoración blanca parece era llamada opus albareum. Las ruinas de Pompeya han puesto al descubierto numerosas muestras de esta decoración, demostrando que, generalmente, se aplicaba sobre el revestimento de otra argamasa más grosera. Lo mismo puede decirse respecto la policromada. Esta fué ya adoptada por la civilización helénica en los tiempos de su decadencia, y los romanos, sus vencedores, también la acogieron (i). (i) Esgraflada aparece aquella cerámica griega que se distingue por sus formas, que recuerdan la que produjo el arte asirlo y el egipcio, de pulimentado y bruñido material, y en cuyos vasos ofrece representaciones de legendarias escenas y cuyas figuras fueron perfiladas por el estilete o buril, desta¬ cándose sobre el fondo negro que las circuye, obras en opinión de los inteligentes del vi al iv, siglos anteriores a J. C. También lo fueron aquellos vasos no obrados con tierra rojiza, como generalmente lo eran los citados, sino de color amarillento o semiblanco, con decoración repartida en fajas o zonas, cuyas líneas, sino eran trazadas con buril, se presentaban determinadas por medio de una tinta negra o de color muy obscuro, lo mismo que aquellas figuras humanas combinadas con extraña ornamentación que aparecen en las indicadas divisiones o compartimentos, y que los arqueólogos suponen ser del siglo 11, anterior a la nuestra Era cuando menos. Finalmente, son también manifestación del esgrafio en aquella lejaná civilización, los escasos ejemplares cerámicos con fondo blanco y relieves de tono gris, y los más abundantes de esbelta forma con el campo pintado con negro que recorta la silueta de las figu¬ ras y la ornamentación de color rojo muy subido, determinado todo por medio del buril a fin de precisar mejor el dibujo. Esta especialidad cerámica obtiene éxito y perdura hasta los tiempos de la dominación romana. De que los romanos continuaron las huellas artísticas de los griegos, se ha dicho y repetido infinidad de veces y demostrado cumplidamente; no puede, pues, oponerse a ello duda alguna. Así, puede afirmarse que la escultura, la pintura, la arquitectura y las artes suntuarias todas, llevaron el sello de la civilización precedente. Establecida la suprema gerarquía de la Iglesia de Cristo en la metró¬ poli del imperio de los Césares, los primitivos cristianos siguieron el curso de las mismas artes conforme eran cultivadas entre los paganos. presbítero don José Gudiol, en la página 110 de su interesantísima obra Nocions d'Arqueologia El Sagrada Catalana, dice textualmente: «Los procediments usats per los cristians foren varis. Lo més conegut per los murs es lo de la pintura al fresch, segons lo que-s disolían los colors ab aygua, y se posavan sobre l'allisat quan era tot just acabat y ben moll. Axis l'allisat se xupava lo color y aquest se 19 I Datos para la historia del Esgrafiado 146 procedimiento de la pintura al Jresco es usado por los bárbaros del El Norte aquellos plasti con que decoran los muros de sus edificios. Presen¬ con tan sus paredes, pintadas al fresco, los monumentos románicos que recuerdan el arte cristiano de Oriente y la tradición del esgrafio se hace también en ellos evidente. Los revestimentos brillantes, generalmente llamados de estuco, constituyen uno de los atractivos de las espléndidas decoraciones árabes, y el esgrafiado se manifiesta en ellas suntuoso y de mayor relieve como nunca se f había presentado. No sólo son esgrafiadas las paredes de las iglesias parro- 1 quiales o conventuales más ricas que produjo la arquitectura románica, tam¬ bién llamada romano-bizantina, que como es sabido abraza desde el siglo vin a muy entrado el xiii, sino que también lo son las tablas de sus retablos, como lo fueron posteriormente las de la época ojival, trabajadas en los siglos xiv, xv y principios del xvi. Pinturas al fresco son las que aún decoran parte de los muros de las vetustas iglesias de San Pedro y de San Miguel de Ferrassa, que probablemente son las más antiguas que existen en Cataluña en su estilo, y obras acaso del siglo x o no muy entrado el siguiente, las del castillo de Marmellá y parroquia de Pedrol de fines del siglo que se acaba de indicar, y, finalmente, las que la acción de la intemperie vá borrando cada día más de los muros de la derruida iglesia del monasterio de San Pedro de Caserras y algún otro santuario también de por allá aquellas fechas del siglo xi, todas las que L nos testimonian de que la tradición del esgrafiado perseveraba en los deco¬ rados murales de la época de la Edad Media, como se mantenía también en la pintura sobre tablas, dibujadas con el estilete en la superficie sobrepuesta de í yeso con que se preparaban las figuras, lo mismo que la ornamentación de pedrería, florones y otros adornos que aparecían en las fajas, lo mismo que los fondos dorados en que se recortaban las indicadas imágenes, que corres¬ pondían siempre a la representación de Dios, de los santos y de los espíritus celestiales, según lo demandaba la dedicación especial del altar a que ibán destinadas dichas tablas o retablos. También se esgrafiaron las lápidas conme¬ morativas o sepulcrales, que aparecen decoradas con la inscripción o leyenda especial y motivos decorativos que les dan mayor importancia, según vemos en los ejemplares que se conservan (2). í compenetrava en la massa del revestiment, repetínt-se la operació perque ágafás la intensitat desitjada, regularment finsa quatre vegades. La composició que volia dibuxar-se en la paret, primerament s'havia de dibuxar ab un estilet de ferre o bronze (staca), donant loscontorns generals y los detalls més sortints, per lo que un colp ben estudiat 1' assumpte, s'havia d'esgrafiar, quedant-li al color la missió d' omplir. Sobre la part pintada axis al fresch, mòltes vegades s'hi anavan detallant y sombrejant los assumptes per medi de colors espessos dexatats ab gelatina. Per axò mòltes vegades se troba ab que en les pintures murals han desaparegut los detalls, quedant solzament los fondos o campers». (2)En la obra El Arte Cristiano en España, escrita por el doctor J. D. Passavant en 1852, y que del alemán tradujo al castellano Claudio Boufelot y fué publicada en 1877 ciudad de Sevilla, se lee en la página 190, que en la catedral Vieja de Salamanca se conserva «una pintura al fresco del año 1248, e.n el fondo de un nicho sepulcral, la que consiste en unos contornos negros llenos de un color monótono, sin cabal indicación de claro y obscuro, semejante a las pinturas que de aquel tiempo Ramón N. Comas 147 A esta clase de llenaba gran parte de la pintura correspondería la que pared del fondo de la capilla de Santa Tecla o deis Bas taxas de Santa María del Mar de esta ciudad. Era también al fresco y representaba la escena del Calvario. Fué descubierta detrás del retablo viejo que había allí cuando se procedió a la restauración de dicha capilla por allá los años del 1880. Era obra del siglo XIV. También debe de pertenecer a la misma especialidad y a la misma época la que decora el fondo del sepulcro que guarda los restos del obispo Ramón d'Escales, que se encuentra en la pared del lado de la Epístola, de la capilla de los Santos Inocentes, del interior de la Catedral barcelonesa. Es también obra del siglo xiv, de aquellos días en que brilló aquel prelado, uno de los que más se distinguieron por la continuidad de la fábrica del mismo tem¬ plo, y en 1390, pocos años antes de morir, estableció en la propia capilla un beneficio eclesiástico. También la que decora aquel otro interior del nicho que cobija la urna que encierra los despojos mortales del capiscol Francisco Dez- plá, fallecido en 1453 y está existente en el claustro de la misma Santa Iglesia. Nos confirmamos en esta opinión en vista de la circunstancia especial que es de notar, y es que la acción del tiempo pudo malograr los colores de la orna¬ mentación policromada de tales pinturas, pero quedó el perfilado de la misma. Así unos treinta años atrás, un joven artista, discípulo aprovechado de la Es¬ cuela Provincial de Bellas Artes, muerto en la flor de la producción artística al proponerse restaurar aquel fondo del último sepulcro indicado, en el que se representa la figura del Ecce Homo rodeado de ángeles y de los improperios de la Divina Pasión, pudo precisar otra vez el perfil de todo lo en aquella se encuentran en Alemania». En la página 177 de la misma obra también se lee ·'i '».' " 1 — ,. }immi -i >iwfncsgr?T»j m'W 1fUHhr