DÊL GBLLÊGO EXPi^Kiün KL^iûn(iL [^E 191 r mzL·jq^ hL· ^RlTKTi FOsK r\LE:vi7inòRn B;^RRBKn PRQLO^n L·l RhTOniû \)i- LLñR mmt igtopvni) ALEJANDRO BARREIRO DEL ARTE GALLEGO EXPOSICIÓN REGIONAL-1917 (BOCETOS DE CRÍTICA) PRÓLOGO DE ANTONIO VILLAR PONTE LA'CORUÑA EXPOSI CION D ^ ARTE GALLEGO. Cartel anunciador de la Exposición, original de Sobrino Buhigas. PRÓLOGO Alejandro Barreiro, atendieiido los plausibles requerindentos de varios amigos y compañeros, se ha decidido a coleccionar en este libro las im¬ presiones y juicios que le sugirió la Exposición de Arte Gallego. Los artículos y crónicas que ha publicado en ''La Voz de Galicia"—artículos y crónicas escritos a vuela pluma, en los cuales el siíbjetivismo del autor se asocia, porque él buen periodista no puede p)'escindir de ello, con el co¬ lectivo criterio "medio" intelectual del momento —ahora adquieren la "fijeza" que la hoja volan¬ dera y cotidiana no puede chirles. Y tal decisión nos parece un acierto. Coleccio¬ nar periódicos diarios no es cosa que acostumbre a hacerse. En los periódicos diarios es donde se ha reflejado con minuciosidad reporteril, con aquilatamiento de los hechos, cuanto a la Expo¬ sición de Arte Gallego atañe. T como esta Expo- sicián obtuvo un éxito feliz, superior a todo lo anhelado, hasta el punto de recabarse con ella para nuestra tierra el pi'estigio de una espléndi¬ da personalidad pictórica naciente que se nos ve¬ nía negando por los extraños y de la cual aún nosotros mismos dudábamos, tiene todo el hondo interés de un hecho de transcendencia, merece¬ dora de historia. Y la historia, que para residtar tal historia, para que merezca este nombre, no puede ser escrita por coetáneos de los hechos a estudia^-, precisa, sin embargo, datos de los que vivieron esos mismos hechos como base sólida de la futura y serena especulación. ¿No ha de ser plausible, por lo tanto, todo intento bibliográfico en torno del certamen que nos ocupa? Alejandro Barreiro cumple, ipso facto, como buen gallego, como gallego inteligente y comprensivo al aten¬ der el requerimiento de los amigos, decidiéndose a coleccionar, dándoles estado perdurable, sus impresiones del momento, a veces un poco suavi¬ zadas por la benevolencia, en orden a razones fᬠciles de comprender. Uno de los más graves delitos que puede come¬ ter un periodista que de tal se precie, es el de la inoportunidad, conforme dijo cierto ilustre pen- sadoT. jEl buen periodista es oportuno, debé ser oportuno siempre. Y ¿necesitamos exultar la oportunidad, de este libro de Alejandro Barrei¬ ro? Hay cosas que .se recomiendan por sí solas. Ahora Men. ¿Por qué se me ha encomendado a mi la confección del presente prólogo? — No ha- l·lo de presentación, porque las presentaciones li¬ terarias, al igual que las de sociedad, son, a mi ver, una solemne tontëria, puesto que cada uno se presenta a si propio con sus pensamientos y sus ohras, y además el autor de este» libro ya es homòre ventajosamente conocido en toda Galicia, que dirige un diario muy importante. Si fué por razones de compañerismo., mal he¬ cho desde luego, habida cuenta d& que hay com¬ pañeros de competencia que el que esto mayor escribe. Si fué, cambio, atendiendo a. la modes¬ en ta pero inconfundible significación de mi "yo" regional, entonces nada tengo qiie reprochar. Es el momento histórico de fijar valores, de poner de relieve las voluntades en acción y pasión, ar¬ madas con la flecha del anhelo. Y la mía, que alumbró unlibro, un pequeño libro desbordan¬ te de emotividad, donde vive—empleo la frase de Mauricio Barrés mi persona viva encarcelada, — atenta a producir en el fondo de las conciencias la inquietud ¡precursora del despertar del alma esclava y dormida del terruño, puede servir de ejemplo—y perdonadme la inmodestia que a ve¬ ces residta una fuerza—a la juventud, a nuestra juventud, aún ¡inolvidable Curros! más de sapos que de estr-sUas. Si la originalidad es una cuestión de nombre, una nominalización apropiada, como dijo Carly- — 10 - le, yo tuve la suerte de significarme diginalmen- te al resellar con el cuño de wim palabra nueva— la palabra naedonalismo, que me impone sacrifi¬ cios y desgarramientos interiores—esta santa in¬ quietud gallega que palpita en los senos de la raza, llegando al corazón de los políticos, de los literatos, de los poetas y de los artistas, como sín¬ toma de una preñez espiritual de la que surgirá reivindicada y redimida la personalidad de nues¬ tra tierra bajo el fecundo sol del ''novecentismo" que alumbra la más grande tragedia que han vis¬ to los siglos y a cuyo resplandor siniestro pode¬ mos columbrar el inalienable, derecho a la vida de las nacionalidades naturales. Abundando en esto y refiriéndose a la Exposi¬ ción que nos ocupa, ha dicho con feliz gesto pla¬ toniano el culto y sereno crítico Ramón M." Ten- reiro, que hay mxymentos en que el arte es peli¬ groso y que si él fuese im tirano miraría con re¬ celo a los artistck. Nada más acertado y oportuno, cual luego advertiremos. Las tierras del Noroeste español juzgábanse— y Alejandro Barreiro os lo hará observar—punto menos estériles para la producción de artis¬ que tas del pincel. Gomo sólo se pintaban y se hacían, plásticas "cosas" castellanas, levantina.^ y meri¬ dionales, pudo decir Fouillée, pecando de lamen¬ table ligereza,, que en España la raza es "extre¬ madamente uniforme : raza dolicocéfala de talla pequeña", naciendo de aquí esos juicios con plan- — 11 — tilla, afirmaciones geométricas, de cartabón y compás, que cristalizaron lo mismo aquende que allende los Pirineos, en un falso tipo centro-meri¬ dional, rep^-esentativo común del español. Falso tipo ampliado por la música de Albeniz, Chapí y Bretón, y univerzalizado por la de Bizet. Como si no se dedujeran, verbigracia, según el agudo dicho de Acebal en su estudio del espíritu astur, de los rasgos que recortan la silueta del castella¬ no, por oposición los rasgos del m.outaraz cánta¬ bro—y lo que se habla de los cuerpos apliqúese a las almas. Como si ante la "distribución del ín¬ dice cefálico de la Península" hecha por Olóriz, no nos convenciéramos de la convivencia en el país ibérico de los tres tipos de Lapouge : Homo europeus, Homo alpinus y Homo mediterraneus, perteneciendo, por cierto, gallegos y cántabros, propiamente dichos, al primero. (*) Mas era creencia général en España—porque él criterio científico siempre eskivo lejos de nos¬ otros, como puede comprobarse con obras de Me- néndez Pelayo y de Rubio a la vista—ta de que los go-atides pintores trenían que ser "hijos de la luz". Creíase que sólo podían producir grandes —^(*) El inglés Búlele dijo que todo el atraso men¬ tal del español consiste en la seguía de la tierra y en el calor del ambiente. Y en esta generalización ab¬ surda van incluidos los habitantes del Norte y Nor¬ oeste peninsular donde abunda el agua y escasea el sol. lo mismo que en Inglaterra, precisamente. Schul- ten, aunque de modo indirecto, nos hizcf una relativa justicia. — 12 — pintores las tierras de sol y de rielo azul. (¿De los escritores literarios no podría decirse alga parecido hasta hace poco?) El Noroeste de la penínsida, conforme a tal creencia, quedaba condenado a no poseer jamás una escuela de pintura. Produciría, en todo ca¬ so, algún artista aislado, como por excepción. Pero la conservación ele las tradicio7ies pictóri¬ cas estaba reservada para Levante, A.ndalucía y las Castillas. Los hechos parecían mostrarse de acuerdo con esta teoría. En estudios doctrmales se g&nei'ali- zaba dogmática7ne-nte sobre el particular. Triun¬ faban, en efecto, los a^-tistas valencianos, catala¬ nes, castellanos, andaluces. Era caso raro el de un Zidoaga, traspasa^ido las fro7vteras en vasco, alas de una alta y fecunda genialidad, amique Zuloaga en la pintura deveiiía centro-meridiona- lista, recordándonos al poeta cubano Heredia, poeta sin patria, ya que escribió en francés. Mas hete aquí que, de pro7ito, en Basconia co¬ mienzan a surgir pintores pintores de mérito, y como los Zubiaurre, Maeztu, etc., pintores que trae7i un sello nuevo a la¡s Exposiciones de Bellas Aj-tes de Madrid, capaz do mquietar a la crítica. y ento7ices la toaría de los que venían haciendo de la pintura un patrimonio y un matrimonio de las tierras de sol, comenzó a tambalearse. Sin embargo, aíhi cogitaba con muchos adeptos. Fué preciso para que la verdad, se restableciera en todosu valor, que Galicia entrase en liza, co¬ mo de modo tímido entrara Asturias, Galicia, ya de un modo rápido, sorprendente, comenzó a alumbrar pintores, preciirsados por literatos que sólo adquirieron personalidad cuando acertaron a volver sus ojos al genio "nacionalizado" de la raza que se llama Eca de Queiros. Varios de es¬ tos pintores han hecho recientemente Exposicio¬ nes individuales en Madrid, en Barcelotia y otros pueblos. Y ahora ya, en la última Exposición na¬ cional, lograron imponerse, junto con los vas¬ cos, para dar el definitivo golpe de gracia a la ex¬ traña teoría que hace dimanar el genio pictórico de una naturaleza soleada. Es más, con el triun¬ fo de vascos y decir la crítica im¬ gallegos, llegó a parcial que para el progreso de la pintura espa¬ ñola se hacía preciso contrastar lo charro de la escuela meridional, ya rayatw en el hastío, con la sobriedad jugosa y serena de los pueblos del Noroeste. Nosotros creemos que en el fondo de esto late una gran verdad, que no obUgamas a compartir a nadie. Pero aquilatemos más el tema aportando un dato curioso. Doña Emilia Pardo Bazán en la re¬ vista "Nuestro Tiempo"—hace unos ocho o nue¬ ve años—dijo con sobrada razón: "Siempre y que los extranjeros me hablan de pintura espa¬ ñola, les hago notar que si, por azares imprevis¬ tos, la mitad de España se escindiese do la otra — 14 — mitad, reuniéndose' a Partugal toda la zona cantᬠbrica y restándole sólo a la nacionaldad, incor¬ porado a Castilla, lo que baña el último térmñno del mar Atlante hacia el Estrecho y lo que mira al Mediterráneo, España no habría perdido el so¬ lar de ninguna de sus glorias artísticas pictóri¬ cas." ¡Quién había de decirnos que la propia escrito¬ ra ilustre, no más que al cabo de tan pocos años, sería la encargada de inaugurar solemnemente una Exposición de Artei Gallego, en Galicia, en la ciudad herculina, en su querida Marineda! T 710 una Exposición cualquiera, puesto que ew ella al lado de pintores consagrados y en pieria ma¬ durez (que oyeron a tiempo, como oyera Pablo de Tarso la voz de Dios, la voz inmortal de la raza), aparecen jóvenes artistas, que, con ser grandes esperanzas, constituyeii ya halagüeñas realida¬ des... La falsa teoría cayó por tierra; la pi7itwa no es patrimonio de las tierras de sol—¡cómo había de serlo, hermana Irlanda, Inglaterra brumosa, cuna del realismo pictórico—; y el Noroeste pe¬ ninsular ha dejado de aparecer cual mía mancha negra en el mapa de la España estética. La vo¬ luntad del querer, una vez hallada la facultad de ijoder, de que habla Nietzsche, cristalizó en Galicia. Y vuelvo a los peligros del arte a que se refe¬ ría Ramón Md Ténreiro. La notable Exposición - 15 - gallega, sólo subvencionada por La Coruña, que acabamos de admirar, amte todo se nos aparece— cada hombre es muy dueño de hacer de su subje¬ tivismo un sayo—como una gran ventana abierta sobre el panorama de la verdadera Galicia, de la Galicia "enxebre". La ciudad frivola—de la que dijo escritor conterránea muestro ha poco en un "El Imparcial" que no tema para qué preocupar¬ se de cuestiones campesinas, ¡enormidad de las enormidades! —descaracterizada por cerca de seis siglos de desgalleguización, rindiéndose a las garras del arte hwVo de volver sus ojos hacia la tierra y hacia los hombres que viven y trabajan esa tierra. Paisajes de almas labriegos y almas de paisajes aldeanos, trasladaron la mayoría de - nuestros pintores a sus óleos y a sus acuarélas. Esto era "lo pintoresco", porque esto es lo ga¬ llego, lo puramente gallego, lo no corrompido por la extraña influencia multisecular; esto era lo na¬ tural y lo artístico, por consiguiente. Y así, ¡los artistas siem.pre precursores!, en la Exposición de pinttira—quién habría dé decirlo—surgieron para cuantos piensan y sienten, alumbradas por la eterna luz de la belleza, todas las íntimas esen¬ cias de nuestra política regionalista y de nuestra palpitante palingenesia. La política contra él ab¬ sentismo de la tierra, la política de la liberación de la tierra, de esta meiga tierra de los divinos paisajes, donde el tesoro de los cantos, de la fabla y las tradiciones de la raza se conserva, capaz de hacer libres a los hombres "pintorescos'' que so¬ bre ella viven. Porque sólo la libertad de, la tierra puede traer la libertad de los hombres. Porque sólo la libertad es la armonía. Pedía Buskin, él prodigioso esteta, que hicié¬ semos de la vida una obra de arte. A nosotros se nos antoja pedirque de la obra de arte hagamos una obrapolítica. Ya sabemos que, como dijo Carducci, cuando se trata de rendir culto a la belleza hay que matar el sectarismo, que es falta del sentimiento dé lo bello. Ya sabemos que él arte es lo que más une a las gentes—el binotnio de Newton, ¡oh Unamuno! no nos consuela de ha- bet' nacido—y sólo los artistas caben bajo que una mistna bóveda; pero ¿quién duda que exis¬ ten momentos en la vida de los pueblos en que el arte y el himianitarismo inter.secdovan en un se punto, aun sin propósito preconcebido, según de¬ mostró Jaurès, a mayor beneficio del progreso, generando aquella alta política que no es sectaria porque se moldea en las entrañas de lo biológico, arranca de la propia naturaleza y se compone únicamente de realidades nacionalistas, de pos- tulados substanciales ? "El hombre es la mitad de sí mismo; la otra mitad expresión", ha dicho Emerson. Pues es su el gallego ya tiene la expresión de su idioma, parcela del alma fijada por la ley del menor es¬ fuerzo asomándose a la literatura; comienza a tener la expresión pictórica y escultórica'; preo- -il - cúpase de la arqidtectónica. ¿Cuándo tendrá la musical culta derivada de esos cantos popadares que ahora traen del campo a la ciudad los coros "enxebres"? Es ote esperar que muy pronto. Fuera de los capa-ichos de la moda, no surge nada en vano. ❖ Me he> extendido demasiado, cuando sólo que¬ ría decir, sencillamente, que estáis ante un libro necesai-io, ante un bello libro, noble y generoso, que es como el censo idealizado de los nombres creadores de la naciente escuela de arte gallego. Este libro prestará un buen servicio en todas las bibliotecas de las personas cultas que sigan con interés los progresos de nuestra pe/ntura y escul¬ tura. ¡Con qué satisfacción volveremos hacia él los ojos, cuando, pasado algún tiempo, veamos triunfantes a algunos jóvenes artistas a quienes Barreiro juzga y alienta con amor y entusiasmo! Alejandro Barreiro — lo dicen sus artículos y crónicas—como todo buen periodista, condenado a los trabajos forzados de la Redacción, lleva en su alma excelente literata guillotinado. Pero un lleva también el germen de un buen pintor de¬ tenido en su desarrollo por las exige^icias de la vida—fué alumno laureado de Escuelas de dibu¬ jo y pintura,—que se especializó, para consuelo, aprovechando sus escasos ratos de ocio, en el es¬ tudio de cosas concernientes a las bellas artes. 3 — 18 - Todo esto lo demuestm el libro que se ofrece ahora a vuestra consideración. Libro de arte que sale a luz cuando el gigantesco martillo de Thor —cumpliéronse las profecías de Heine—destru¬ ye las viejas catedrales góticas, esas divinas ora¬ ciones petrificadas en las que Eodin cree ver la silueta, como ninguna venerable y bella, de la mujer puesta de hinojos. A. TILLAR PONTE La Comma, octubre 1917. EL PASAOO TEL PRESENTE El ánimo aquieta y baña de luz bajo la im¬ se presión sedante de las obras fuertes y bellas que llenan nuestra Exposición de Arte. Es una Ex¬ posición considerable por lo que encierra, y de una importancia extraordinaria por lo que sig¬ nifica: un nuevo y positivo acto de afirmación gallega. Nuestra tierra, tan hermosa, tan melancólica¬ mente 'cautivadora, no tuvo, al través de los siglos, grandes pintores que trasladasen al lienzo con fortuna la luz tamizada de sus 'cielos, la gama de sus campos, la agreste majestad de sus montañas, la blandura de sus rías de ensueño... Y las ga¬ rridas donas, los mozos varudos o los viejos pe- trueios de faz ladina, apenas si inspiraron tam¬ poco antaño un pincel maestro. Era cosa lamentablemente consagrada la de — 20 - que Galicia patria de pintores, como no lo no era fué de músicos de alta inspiración. Diríase que la Naturaleza se resistía a dejar sorprender sus encantos, o que los artistas, ofuscados, empeque¬ ñecidos, se aterraban ante la magnitud de las grandezas que herían sus sentidos. Arquitectos y aun escultores produjo en nú¬ mero sorprendente nuestro suelo. Y ahí están como testimonio de genio, que las edades pro¬ su claman, las catedrales fastuosas, los monasterios magmíflcos, los pazos señoriales, de que son or¬ nato retablos y coros, pórticos y púlpitos, esta¬ tuas y artesonados de noble talla artística, vigo¬ rosa y rica. Con los nombres de Gregorio Her¬ nández, de Felipe de Castro, de Miguel Romay, de Ferreiro y de Gambino, enlázanse los de Mar- tiz. Casas, Caabeiro, Prado y tantos más que lle¬ nan con el prestigio de su nombre los anales del arte en Galicia, descollando bravamente en aque¬ llas dos i)eculiares manifestaciones. Desde el in¬ signe Mateo del Pórtico de la Gloria, al muy re¬ putado iMiguel Pérez, que construyó la modesta cuanto interesante iglesia de Cam))re; desde el exquisito 31oure hasta Sanmartín, Vidal o Bro- cos, que todavía mantuvieron en no lejanos certᬠmenes nacionales el buen nombre de la escultura gallega, vamos viendo cómo las dos artos geme¬ las se aunan adaptan felizmente a las aptitu¬ y des de los hijos de esta región, siquiera la deca¬ dencia se determine de centuria en centuria. ANTONIO PALACIOS ilustre arquitecto gallego que coope¬ ró almejor é^ito de la Ejtposición y prepara otra con sus colegas para de¬ terminar el verdadero carácter de la arquitectura civil en Galicia — 21 - En los últimos años, la arquiteetnra vuelve, sin embargo, a recobrar sus legendarios timbres y el rango de sus ejecutorias, en manos de ilus¬ tres gallegos. Hoy apenas se levantan catedrales. El cañón derrumba las que eran gala de otros pueblos. Pero el gallego Antonio Palacios hace surgir en Madrid esa œpléndida fábrica "Nues¬ tra Señora de las Comunicaciones", que da clara idea de cuánto él vale; y escultores como Mada- riaga Asorey, imbuido el primero por el y como modernismo ambiente, sin desdeñar por eso la ins¬ piración clásica, y compenetrado eonsustancial- mente el segundo, en su modalidad más intere¬ sante, con los perennes ejemplos que la escultura gallega ofrece, hacen pensar en un serio floreci¬ miento de su arte... En caml)io, es verdad que no existieron real¬ mente pintores hayan dejado desde tiempos que remotos estela luminosa de su genio. No quedan de ellas, como de los escultores, arquitectos, orfe¬ bres, imagineros y aun aparejadores famosos, obras evocadoras y perdurables en diversos pun¬ tos de España. Pudo haber sido Juan Antonio G-arcía Bouzas discípulo de Lucas Jordán, según afirma iMurguía, y sin duda figuraron Tomás Aguiar y Antonio Puga entre los aprendices del taller de Velázquez. Pero sus obras se han per¬ dido, y sólo en viejos papeles se hace mención leve del nombre de esos pintores. Después de un gran lapso de años, la pintura no ofrece un nombre, un solo nombre en G-alieia, ni un cuadro a una pinacoteca. La pintura ga¬ llega no cuenta en ese borroso período, como las antiguas escuelas de Sevilla, Castilla y Valencia para bien del Arte español. Hay atisbos felice.s, intentos malogrados, esperanzas truncadas en flor... Un gran desierto luego. La tierra madre y el mar la besa, la gi'andeza de los monumen¬ que tos y la abigarrada y pintoresca nota de las fies¬ tas, las costumbres y los tipos populares, no brin¬ dan inspiración más que a poetas y escritores. Apenas, andando los días, Jenaro Pérez Villaa- mil y Serafín Avendaño, el precursor enaltecido, inician con tesón el resurgir pictórico de Galicia. Pero no fué bastantei eficaz la sacudida renova¬ dora. Cierto que a Yillaamil lo consideran sus biógrafos apasionados como el primer paisajista romántico español de la época. Con todo respeto, estimamos estremosa la afirmaciómi, harto ha¬ lagüeña para el entonces desconocido arte galle¬ go. No negaremos que la producción de Villaamil se caracteriza, en efecto, por una fecundidad ma¬ ravillosa, ni que tenga para nosotros un gran,' in¬ terés el hecho de que le debamos—como a Aven- daño, discípulo un tiempo—las primeras y su más risueñas interpretaciones del paisaje regio¬ nal. No discutiremos tampoco si él escribió o no la primera página de arte personal e intenso que abre la historia de la pintura galiciana... Con - 23 - ser esomucho—y mejor habrá de acusarse cuan¬ do un día se haga la revisión de tan copiosa obra, según la idea sugerida por "Azorín"—, creemos que no puede mantenerse en redondo que haya sido bastante para detemiinar el renacimiento anhelado. Falto de ambiente, Avendaño, que soñaba con más amplios horizontes, levantó el vuelo, y adies¬ trándose en otras tierras, afirmó lejos de la suya su personalidad robusta, pero también aislada, con obras de técnica severa, rutilante esplendor y honda poesía. Suenanen gradación discreta los nombres de Cendón, Gil Rey, Ponte y otros.... pero siguen siendo voces sin eco ; y tenemos que apelar al as¬ turiano Dionisio Fierros, para no dar por extin¬ guido el niovimiento de avance. Fierros, que como Bécquer recorrió España, acotando aquí y allá en sus álbumes y en .sus telas las notas característi¬ cas que más herían su sensibilidad, no cabe duda que dedicó a Galicia, tan semejante a su país, atención preferente. Tenemos que asignarle por ello lugar importante en esta síntesis, cual corres¬ ponde—Basa y otros pintores lo han dicho elo¬ cuentemente—al amor y a la conciencia con qrie trató de profundizar en las cosas y en los paisajes de Galicia, "mientras nuestros paisanos giraban como mariposas alrededor de la luz esplendorosa de modernísimas y exóticas corrientes artísticas, ' ' Muy cierto. — 24 - Pero aun dando a esta colabora eión forastera todo el valor preciso, no puede ocultarse la infe¬ rioridad manifiesta en rpie Galicia seguía hallán¬ dose respecto a Asturias mismo, donde, al lado de Fierros, y sucesivamente, descollaban Casto Pla¬ sència, Menéndez Pidal, Alvarez Sala... Y así llegamos a las postrimerías del siglo pasado, en que de nuevo el resurgimiento parece iniciarse, y una juventud amante de las Artes, pugna por buscar satisfacción' a sus anhelos. Hay en las al¬ mas una inquietud consoladora y un mayor culto a la belleza. Los muchachos se agrupan y pintan, por ejemplo, al lado de Román, Navarro, de Fe- nollera, de Angel, de Mendiguchía, de Sonto... El bizarro maestro coruñés, da al traste con la ru¬ tina ambiente y alecciona a un selecto plantel de discípulos, mientras otros modelan eon Procos y Mirás, graban con Mayer, tallan y repujan con Martínez y Landeira... ; después de dibujar afa¬ nosos, en las deficientísimas Escuelas oficiales o en las muy discretas que sostienen entidades tan beneméritas como la "Económica" de Santiago. Otros nombres de pintores gallegos empiezan a oirse, para nuestro bien. Se cita a Bouchet—un francés galleguizado—, Jaspe, Ovidio Murguía, Urbano González, Bono, Carrero, Gómez, Vaa- monde, Parada Justel, Díaz González, Ganitrot, - 25 — Caulla, Silvio Fernández, Sanz, Llorens, Morelli, Castelao, Rodríguez, Sanmartín, Santiso, Balás, Cersa, Cao. ¡Es llegado el momento? Todavía no, pero unos y otrosmareando felices etapas van en el estudio profundo y exacto del natural ga¬ llego. Todos preparan el camino para el milagro que luego ha de sorprendemos. Aparentemente, sus esfuerzos se esterilizan en un ambiente de me¬ diocridad e indiferencia; pero la labor del con¬ junto no es desdeñable. Son pocos aún los luchadores, y hacen sus aprestos sin cohesión, diríase que sin ideal. La imeomprensión del público hacia las Bellas Artes, al menos en su aspecto pictórico; la hosquedad cicatera de las corporaciones, restan, por otra parte, calor a los audaces que anuncian la bue¬ na nueva de un arte grande y nuestro. La producción es escasa y fragmentaria. La necesi¬ dad hace que se industrialice el arte, en el re¬ trato a espaldas del natural o falseándolo con "bonitos" artificios. Cae todavía en más desdeña¬ bles menesteres... Un momento se alejan del solar los m'ás ani¬ mosas, para contemplar, llenos de efusión, palpi¬ tantes de afán', las obras de los; maestros en las salas de los Museos. Acaso acuden a las Exposi¬ ciones nacionales probar fortuna—que les son¬ a ríe amable—, o se dejan poseer por la quimera que los deslumhra y los arrastra en su vorágine. -. — 26 — üua ley fatal parece cumplirse todavía, inexo¬ rable. Elímpetu generoso se esteriliza otra vez. La falta de medios, lo brusco del esfuerzo sin disciplina, mata las energías mozas,- y, uno tras otro, muchos de aquellos bravos artistas que eran ya más que promesas para la pintura gallega, dfesaparecen dejando aún frescos en sus paletas losprimeros colora. Desengaños, cansancio, injusticias, vicisitudes que dan a la vida curso extraño, van retrayendo o recluyendo en la comodidad dormilona de las cátedras a los buenos pastores, guía hasta enton¬ ces de nuestra juventud artística. Quién se encie¬ rra voluntariamente en su estudio como el maes¬ tro Navarro ; quién trueca los pinceles por la es¬ pada de la ley y la toga del magistrado, como Sonto, el más feliz—cuanto modesto y reconcen¬ trado—de los paisajistas gallegos... Unos son muertos ; otros son idos. Pocos perseveran. ❖ Las buenos hados quieren, sin embargo, que la "pauliña" se borre la tierra mieiga sea go¬ y que zada, sentida, pintada por sus hijos. Nuevamente germina con éxtasis de amor. En un alborear lleno de luz y de armonía, fructifica más lozana la semilla de los sembradores. Surge como por ensalmo mi' conjunto valioso y sorprendente de pintores regionales. A través del tiempo, perece una revelación lo que es fruto cada vez más sazo¬ nado de tanto afán anterior. La Exposición de Bellas Artes celebrada en Lugo; otra habida en Santiago 1909, y la magnífica que organizó el en Centro Gallego de Madrid en 1912, pregonan al fin con firmes voces el despertar de nuestro arte, siquiera las dos primeras—como la efectuada en las Escuelas da Guarda de La Coruña meses des¬ pués de la de la corte—fuesen mixtas y a ellas concurriesen artistas de casi toda España. "Un pintor"—espíritu culto y sagaz—que es¬ tuvo en el fragor de aquellas primeras y empe¬ ñadas batallas, nos hizo acerca de su plan y des¬ arrollo interesantes confidencias, evocando al gru¬ po de románticos que, juntándose cierto día en Madrid en un estudio de la calle de Altamirano, pensó en hacer algo práctico que diese la señal de reunión en torno de un ideal perfectamente defi¬ nido, que no era otro que el de que Galicia tuvie¬ se una pintura propia. —Aquel grupo de gallegas románticos — noe dijo—pensó que lo primero que se necesitaba era unirse y hacer el recuento de los valores que se poseían. Y fué así como nació la Exposición de Arte Gallego de Madrid de 1912, cuya trascen¬ dencia es justo reivindicar. Las personas prudentes, ponían reparos y lla¬ maban locuras a estos proyectos. Se decía que ir a una Exposición gallega en la corte, sería ri¬ dículo. Los organizadores no se dasaniiiian. Estudian, recori-en archivos y museos, investigan y empren¬ den unacampaña de prensa, que demuestra que en Galicia hay ya a tales alturas un plantel da artistas más que suficiente para aliordar el pro¬ blema de la pintura regional. Se evocan los nom¬ bres de los precursores más allá de d'onde habían Uegado Murguía y Vesteiro. "La Voz de Galicia" prestó sus planas gustosa más de una vez, para publicar estos artículos de propaganda que le en¬ viaba una comisión anónima. Ahí er.tán las inter¬ vius y crónicas publicadas en "La Vot.'' por aquel entonces. Varios meses duró la preparación de esta Exposición' memorable, erizada de tales difi¬ cultades, que hubo un momento que parecieron insuperables. Se luchó eontra el ambiente hostil, contra la indiferencia, contra la falta de com¬ prensión de los que más debían ayudar ; se aguan¬ taron sarcasmos de los recelosos, petulancias de los artistas y sonrisas compasivas y piadosas de las buenas gentes. Los organizadores, mientras tanto, estaban en todo. Hacían de periodistas para las propagan¬ das, de amanuenses para la correspondencia, de obreros muchas veces, y aun alguno se pasó sin comer en aras de la idea. Ellos fueron a buscar a Palacios enti-e el in¬ trincado andamiaje de "Notre Dame des Comu- üications", para ponerlo al frente de la instala- ción (que realizó regiamente) de las obras, cuan¬ do ya se había reunido en el Centro Gallego cuan¬ to bueno y malo habían producido hasta enton¬ ces los pintores gallegos, o por lo menos, lo más sustancioso... El día 1." de mayo de 1912, el Rey y toda la familia real, inauguraban la primera Exposición de Pintura Gallega, que el mundo artístico es¬ pañol comentó con sorpresa. Y nosotros, que pre¬ senciábamos aquel hecho inolvidable, hemos sen¬ tido humildes el escalofrío de lo grande, y tuvi¬ mos la .sensación de que algo que no existía antee, era ya, por el esfuerzo de nuestra voluntad, y que un ideal quedaba consagrado..." ❖ Así fué concretándose el movimiento, que des¬ de entonces adquiere verdadera importancia y cohesión. Torna al agarimo de la patria gallega—des¬ pués de haber triunfado en Italia y en América como un héroe de otros siglos—nuestro gran don Fernando Alvarez de Sotomayor. Galicia le atrae subyugadora. Sotomayor, caudillo por tantos tí¬ tulos, será el pintor vigoroso de la raza, como Sonto y Llorens lo de los campos, de los ma¬ son res, de las ensoñaciones del suelo galiciano, y lo es Corredoira, extraño y arcaico, de los tiempos legendarios de peregrinos y troveros. Así, paso tras paso, se avanza hacia el ideal tanto tiempo perse^ido y que culmina en el mo¬ mento presente. Hay quienes abjuraron de pasa¬ dos yerros y quienes haceu' nueva y más solemne confirmación de su fe regional. Todas las tenden¬ cias—con leves excepciones—parecen fundirse en una sola... Con emoción intensa oímos hablar francamente de pintura gallega, de escuela ga¬ llega, y vemos cómo el milagro se opera al fin... En el nuevo y espléndido concurso a que se oonsagran estas crónicas, están muchos de los artistas de la nueva generación. Al lado de fir¬ mas ilustres o ventajosamente conocidas, hacen casi primeras armas los noveles que se sien¬ sus ten con ánimos para la empresa. ¡ Cómo no habrá que estimularlos, por todos los medios, con una crítica alentadora y no perturbadora, con un de¬ cidido apoyo material y moral, para que el des¬ aliento no cunda otra vez en las filas ! Estas leves impresiones a modo de índice, si han de responder a algo más que a fijar la im¬ portancia de este brillante resurgir del arte en Galicia, queremos que tengan esa noble fiinalidad de dar alientos a los que lo nec^itan y merecen. Elena Olmos, María del Adalid, María Corre- doira, Montserrat Rodríguez, Sotomayor, Nava¬ rro, Llorens, Corredoira, del Blanco, Taibo, So¬ brino, Juan Luis López, Castelao, Bujados, Mo- relli. Castro Gil, Bello Piñeiro, Imeldo Corral, - 31 — Ribas, Seijo Rubio, Cortés, Abelenda, Saavedra, Balás, Díaz y González, Requejo, Abelló, Bernar¬ do y Sánchez, Camino, Carrero Garazo, Domín¬ guez de la Cámara, Tonno, Saborit, Santamari- na, González de Castro, González Concheiro, Gon¬ zález López, Lamas Barreiro, Llópiz, Martínez Buján, Millán Pérez, Montes Ramos, Núñez, Ra¬ mos López, Somoza, Villaverde..., forman, entre otros, la lucida mesnada. Madariaga, escultor de talento, hecho en París como Taibo; Asorey, original q impregnado del sentimiento regional; López Mirás, Díaz Baliño, Campo Sobrino y Rodríguez Luard, que valen y prometen, son también de la legión. Galicia se estremeció gozosa—aun lamentando ausencias sensibles—, dándose cuenta de cuánto significaba para su prestigio y cultura esta Ex¬ posición desde "La Voz" iniciada por Sotomayor, y que el entusiasmo del gran artista, de Llorens, de Palacios, de Seijo Rubio y algunos más, hi¬ cieron viable. Una gloriosa coruñesa, cumbre de la mentali¬ dad española, la Condesa de Pardo Bazán', abrió el certamen representando al Ministro de Ins¬ trucción pública en la solemne ceremonia. A la docta conferencia que dió más tarde en el recinto la eximia escritora, siguieron otras muy notables del ilustre crítico José Francés, del cul¬ to literato D. Ramón María Tenreiro, del acadé¬ mico D. Juan Antonio Cavestany, del conspicuo - 32 — arquitecto D. Antonio Palacios, del Dr. Rodrí¬ guez Martínez y de D. Angel del Castillo, en tor¬ no de un tema que como éste a todos nos es tan grato. Con razón La Coruña se sintió orgullosa — apuntad la efemérides—con albergar la Exposi¬ ción en su mejor palacio, la verdadera casa del pueblo, convertido antes de su inauguración ofi¬ cial, en simbólico templo del arte. CUATRO PINTORAS Ya va dicho que de lo que se trata, hoy por hoy, es de felicitamos todos por el feliz éxito lo¬ grado, y de estimular a un núcleo brillante y prometedor de jóvenes artistas gallegos, templa¬ dos para la lucha. Cuando se les haya protegido como Dios man¬ da, ayudándoles a adelantar y perfeccionarse en su arte ; cuando no se lo deban todo a sí mismos, a su intuición, a sus buenas disposiciones, a sus entusiasmos, como ahora acontece; cuando—en cierto número—estén más hechos y quepa pedir¬ les que respondan a la confianza de sus valedores, será llegado el día de analizar fríamente su la¬ bor, ¡ que harto grande y meritoria es ya, para ser hija del propio esfuerzo! Si así pensamos respecto a los artistas varones —descartando, naturalmente, a los maestros y auna algunos pequeños maestros—, imagine el 3 - 34 - lector sí, por razón de galantería y por tantas otras razones, no liemos de ser amables al decir algo de las pinturas de manos femeninas. Si una delicada mano de mujer es por sí sola síntesis de belleza, cuando con el pincel contribu¬ ye a crearla, debe ser adorable. Cuatro señoritas fueron exposi toras : Elena Ol¬ mos, María Corredoira, María del Adalid Ga¬ rrido y Montserrat Rodríguez. No son muchas, pero aunque sólo fuesen tres, no les sería aplica¬ ble, artísticamente ni en modo alguno, el reso¬ bado adagio. Por de pronto, ninguna compareció con el con¬ sabido búcaro de flores,' la paloma sin hiél o el bodegón decentito..., tema obligado de las mu¬ chachas que pintan en los internados y en las Escuelas Normales. Cultivan la figura preferen¬ temente, y hacen estudios de paisaje. A decidi¬ das y animosas no les ganan ellos. Elena Olmos, muy linda, muy exquisita, casi una niña, es discípula aventajada de Benedito. Pese a sus años breves y a lo archidifícil del gé¬ nero, presenta dos retratos de lo más calificado, trozos de pintura expresivos y llenos de vida. Uno es el retrato de su hermano, traje de en "tennis", con la raqueta bajo el brazo. Por la traza, hace pensar en el ya famoso rapaz de la raqueta de Sotomayor; pero la señorita Olmos —que echó al suyo un capote sobre los hom¬ bros—'acertó a dar carácter, gracia y personali- — 35 — dad a su obra. La fi^ra está dibujada y pintada eon mucha valentía, eon simplicidad llena de no¬ bleza, y acusa las más felices! disposiciones. El otro retrato ^ el de una dama. Sobre un fondo adecuado, destacan el correcto perfil y la morbidez de las carnes. Los rojos paños y las bre¬ ves pieles que encuadran con sencilla elegancia el busto, están muy bien tratados. Interesan la finura de la expresión, la seguridad de la pince¬ lada, lo suavemente ponderado de los tonos y la gran penetración de la autora, que es ya una excelente colorista. La señorita Adalid Garrido presentó dos cua- dritos, de flores—campanillas blancas, que uno armonizan con la nota roja de los geráneos—, y otro, la cabeza avellanada de un viejo pastor, sobre un, sobrio fondo de paisaje. En ambas im¬ presiones hay detalles perfectamente acabados, se advierte soltura, una encantadora sencillez y desde luego condiciones para empresas de más empeño. Montserrat Rodríguez siente el paisaje y pre¬ sentó dos bellamente entonados. La melancolía del anochecer da en uno su mota poética, envol¬ viendo en sombras la portalada y el hórreo al¬ deanos. En el otro la pone el otoño, que amari¬ llea las hojas de los árboles y mustia el campo todo. No hay en ellos dureza ni sequedad, y cabe esperar también rápidos progresos en esta joven pintora. De María Corredoira, ya otras veces elogiada, hemos visto dos lienzos de buen tamaño. "Ocaso" se titula uno, y en unos versos de está inspirado Villaespesa que cantan a la luna blanca... La pintura literaria de que habló la insigne Condesa de Pardo Bazán en la admirable conferencia que dió en este certamen!... Sobre el fondo lechoso de un claror de luna, destaca en negro la figura un poco trágica de una mujer tocada de mantilla. Bs difícil la to¬ nalidad, y sin duda tuvo que luchar la autora con no inconvenientes. Otro cuadro grande pocos se denomina "La gallega -de los cacharros", y están tocados, así la figura como los accesorios, con gracia y libertad pintoresca. Menos colorista que dibujante, sigue mostran¬ do la señorita Corredoira en ésta y en otras obras pequeñas y amables, una gran voluntad por la pintura, y una plausible independencia espiritual. ¿Qué duda cabe que merecen pláce¬ mes alentadores las bellas artistas? Quisiéramos poner en estas líneas la misma emoción intensa que los luminosos cuadros del insigne artista nos producen ; toda la verdad que encierram, la fuerza serena y segura, que de eUos emana... Admirábamos Sotomayor, como toda Espa¬ a ña, desde hace mucho tiempo, cuando ni sospe¬ chábamos que fuese gallego. Ahora que es tan nuestro, como gallegos agradecidos al vigoroso pintor de la raza—alma arrebatada y generosa que a tal punto se identifica con la tierra ma¬ dre—, le debemos también un gran cariño. Esta identificación, que en lo inicial, en lo ge¬ nuino, fué obra de mujer, adquirió con los años la fuerte raigambre que aliora tiene. Sotomayor es ferrolano, y, sin embargo, triunfador en Italia y en Plandes, como los antiguos Sotomayores guerreros; cotizado en los mercados mundiales, mimado en Madrid, educador oficial en Chile, donde el Gobierno le hizo director y guía de aquella juventud artística..., encauzada su vida por sendas bien distintas de las actuale;s, tal vez no hubiese tornado por acá a no haberse dado una circunstancia feliz: Sotomayor se casó en Galicia. Los dulces afectos familiares, eslabonados con los recuerdos juveniles, formaron poco a poco la blanda cadena. Luego, la atracción melga de nuestra tierra, la contemplación de la naturaleza galaica en sus formas verdaderas, el sentimien¬ to artístico como nunca despierto, completaron la grata obra de reintegración. En su propio genio y en su propio corazón halló pronto Sotomayor elementos para amar a Galicia como hijo y como artista. Y se sintió con bríos para reflejar el na¬ turalismo de la raza con su pincel maestro. Ocurría esto hará diez o doce años : Sotomayor tiene apenas cuarenta y uno. Ya veis si "llegó" joven. ❖ Comenzaron entonces las amables visitas vera¬ niegas al pazo aldeano. Huyendo del regocijo de la. ciudad, que nada decía a su espíritu, ávido de emociones puras, se internaba anualmente en la montaña, conversaba con los campesinos endu¬ recidos por el aire de las cumbres y las quema¬ duras del sol, que iban a la feria o volvían del agro ; con las mozas garridas y los viejos petru- cios, sus futuros modelos. Trabajador incansa¬ ble, recogía apuntes, anotaba impresiones, com¬ praba cacharros en los mercados, y prendas pin- — 41 — topeaeas típico del país..., y al llegar el del traje otoño, a Madrid regresaba el señorito afable y original, a quien nadie conocía, llevando en el ánimo mil sensaciones nuevas, y en la retina, en los álbumes, las caras pacíficas y bonachonas de los paisanos, y los armoniosos fondos de nues' tros paisajes de paz y melancolía. Acaso al principio pintó Sotomayor los tipos gallegos como pudiese haberlos pintado si fuesen rusos. Igual que otros veranos había llevado al lienzo los salmantinos o los vascongados... La in¬ dumentaria abigarrada y chillona de las mozas, las pardas ropas, sobrias y extrañas, de los hom¬ bres, eran tentación para lui colorista tan poten¬ te como él. Pero el alma de la tierra fué hablando a su espíritu cada vez en forma más clara y más íntima. Lo que comenzó siendo capricho y dis¬ tracción, fué necesidad. En las Exposiciones ga¬ llegas celebradas en Madrid y en La Coruña, aparecieron de pronto los primeros cuadros que nos iniciaban en la milagrosa evolución galleguis- ta del maestro. ¿Quién no recuerda la honda sensación que produjeron aquellos pasmosos ti¬ pos enxebres de la montaña de Árzúa, y aquellos otros apopléticos de la "Bodega"'? Nos miramos un pocoperplejos, no atrevién¬ donos a considerar que aquello fuese algo más que una modalidad pasajera. Cierto que las evo¬ luciones, en arte, no acaban, y que Sotomayor no _ 42 — tenía que renegar de ningún principio esencial para pintar en gallego, pero... Pasó tiempo. La esperanza se cumplió plena¬ mente. El pintor puso todo su talento, todo su amor y su estupenda fuerza de asimilación, al servicio del nuevo y firme empeño, y lo que era intuitivo fué personal; lo que no pasaba al co¬ mienzo de ser técnico e impresionista, ^pasó a ser obra enérgica, vigorosamente pensada. En laExposición de este año, vímosle amo y señor, juntándonos a todos en culto devoto en torno de sus lienzos, y proclamando con su labor regional, tan nutrida y diversa ya, el triunfo del más ferviente galleguismo y del supremo esfuer¬ zo hacia la verdad, la sencillez y la belleza. Cuando un díadijeron que en una guar¬ nos dilla de nuestra coruñesa plaza de María Pita, estaba pintando el gran D. Femando Lope Al¬ varez de Sotomayor, apenas le conocíamos. Qui¬ simos serle presentados, y hubimos d'e sorpren¬ derle en el modesto estudio que Seijo Rubio y Tormo le cedieron llenos de gozo. Sotomayor, que es. todo bondad y corazón, nos habló de sus andanzas por la provincia, en meso¬ nes y molinos, en mercados y chozas, persi¬ guiendo afanoso modelos, asunto, por abstracto - 43 - que pareciese, para reducirlo a sensación y con¬ vertirlo en imagen. Esto dicho sin pose, llana¬ mente, sencillamente... Aíute nosotros se ofrecía colgado del caballete ese cuadro admirable, tan sugestivo, tan honda¬ mente gallego, que luego fué—con "Parolando" o la moza del pañuelo amarillo—uno de los ma¬ yores encantos del certamen: "Celebrando la fiesta". Luchando con la gran dificultad de la contra- liTz de una puerta y de una galería—contraluz que es precisamente uno de los mayores méritos de la tela—: con la violencia de retener a los modelos traídos de Curtis y de las Mariñas, que se impacientaban, el maestro, en mangas dé ca¬ misa, jadeaba. Tengo que entretenerlos — — nos decía apar¬ te—, que llevarlos al puerto, que convidarlos al teatro... Pero se aburren; quieren volver a la aldea... En estéis condiciones, adentrándose más cada vez en el sentimiento profundo de la tierra, abs¬ trayéndose, decirlo así, del mundo exterior, por produjo obra recia, sugeridora y decorativa, esa que por desdicha no quedará en Galicia. Ya he¬ mos dicho que, apenas expuesta en las Galerías Layetanas de Barcelona, la adquirió una familia francesa de tanto gusto como dinero. Por merced suya estuvo expuesta, aquí, siquie¬ ra los amables extranjeros no la pierdan de vista - 44 - y a G-alicia hayan venida para conocer la región inspiradora de liesnzos tan sólidos y definitivos. Desde entonces, el maestro ha hecho necesarios viajes a Madrid, pero regresa pronto, como si fluctuase entre dos influencias. Allá le esperan su estudio espléndido en la terraza del edifleio que Bugallal levantó frente al "Palace"; su ter¬ tulia de camaradas, sus discípulos, sus retratos, que—dignos de Pantoja o de Reyuolds—tan ca¬ ros se pagan en el mercado artístico. Ultimamen¬ te fué alma del jurado en la Exposición de Be¬ llas Artes, y ya es sabido cómo supo hacer jus¬ ticia, aun contra viento y marea, a varios de los jóvenes pintores gallegos que acudieron con sus obras. ♦ Nosotros, un día, hemos pedido para este hom¬ bre bueno y admirable, el homenaje que Galicia le debe. Pero no contábamos con su enorme mo¬ destia, cerró las puertas a toda iniciativa de que tal índole. Nia eso ni a efectuar él sólo una ex¬ hibición de sus cuadros, hubo de avenirse. Recordamos la carta que nos envió el año pa¬ sado: "Nada de riñen con mi carácter agasajos, que y con mi temperamento—decía poco más o me¬ nos—. ¿Qué hice aún en Galicia para merecer¬ los? Nada tampoco de una Exposición de mis - 45 — obras, que tendría un interés muy limitado... j Quieren ustedes ayudarme a que se celebre, en La Coruña precisamente, como ustedes dicen, una Exposición de Arte regional?" Con alma y vida. Y he aquí que con el concur¬ so valiente de otros hombres y de cuantos ele¬ mentos fué necesario poner en juego, pudo ser un hecho esa Exposición, en la que germinó el arte nuevo regional, y la personalidad ilustre de Sotomayor, que definitivamente se ha encon¬ trado a sí mismo, culmina espléndida... Dos de los más bellos cuadros, en que los tonos llenos y ricos de su paleta son alegría de los ojos y en que vibra el alma de Galicia, los pintó, días antes de abrirse el concurso, en su pazo familiar de Mende, cerca de Curtis. Uno es esa maravilla ■de expresión y de color que se titula "Parolan¬ do", a que antes se alude. El otro, "Goros y su nieta", lienzo en el cual no se sabe qué admi¬ rar más, si la figura velazqueña del labriego o la fresca y encantadora dtel rollizo infante, que son¬ ríe como ixna fior campesina. —¡No deben salir de La Coruña!—gritaban las gentes enfervorizadas. Gran verdad, dentro de un regionalismo prác¬ tico..., si los entusiastas tuviesen a mano el di¬ nero preciso. Por lo menos, "Parolando", esa obra-síntesis, de la que dijo nuestra doña Emilia que "es Galicia, dulce y beUa, concretada en me¬ dia vara de lienzo", debió quedar aquí, expues- - 46 — ta a la eterna contemplación d'e todos. Pero ven¬ dida fué, y lejos irá, mensajera de paz, como pre¬ gón glorioso de la belleza céltica. Gracias sean dadas a los proceres orensanos que para sí retuvieron la bizarra y liermosa "Al¬ deana gallega", otra de la.s más fuertes e inspi¬ radas obras del maestro. "De vuelta de la feria" y "Bergantiñana", constituyen, con esta aldeana garrida y brava, un maravilloso tríptico gallego. No hemos de analizar—¿para qué?—la totali¬ dad de la obra de Sotomayor, que, con Zuloaga, Sorolla, Anglada, los Zubiaurre, López Mezqui¬ ta, Romero de Torres, Anselmo Miguel, Chicha¬ rro, Benedito, Hermoso, Bilbao..., figura desde hace años a la cabeza de los pintores contempo¬ ráneos. Es un colorista enorme, un dibujante firme, un psicólogo sincero, enamorado de las lu¬ minosidades bien' definidas ta.nto como de los ma¬ tices y cadencias... ¡ Suerte que sea gallego y que se sienta gallego! He ahí al hombre y alartista. Pero tiene aún, para la gratitud de los coruñeses, otro título de generosidad que no debe olvidarse: haber toma¬ do espontáneamente bajo su protección docta, a un obrerito manual, Jesús Goncheiro, en quien descubrió felices disposiciones para la pintura, disposáciones que, cultivadas a su lado, florecie- — 47 — ron en esta misma Exposición con dos cuadros en hay algo más que risueñas promesas. que ¿Vamos ai rebelarnos al fin contra esa invete¬ rada modestia de Fernando Alvarez de Sotoma- yor, y ver el modo de procurar pagarle en forma adecuada la deiida de admiración y de cariño que con él tenemos? ROMAN NAVARRO '■¿ÜRER COBUÜá Puera de la Exposición, aunque por un cú¬ mulo de razones debiera figurar en ella, expuso un notable trabajo pictórico el maestro Komán Navarro, el querido D. Román, como seguimos llamándole llenos de cariño los que fuimos sus discípulos. Esquivó figurar en el certamen regio¬ nal ; pero su nombre sonó un día y otro pronun¬ ciado con respeto por todosi los labios. Se echa¬ ron de menos allí sus vibrantes notas de color, sus bizarros cuadros de asuntos militares, sus amables escenas, de carácter gallego, tan típicas y regocijadas, sus retratos sólidos, pictóricos de vida... Al través de estas impresiones de arte aparece citado varias veaes, .necesaria e indispensable¬ mente. No es posible hablar de la pintura en Ga¬ licia sin mentar a quien, como Navarro, llenó con su obra fecunda todo Un período. El educó artís¬ ticamente a dos generaciones. Entre sus discípu¬ los figuraron Sonto, Llorens, Simont, que tan alto prestigio alcanzaron luego en España y fue- ra de ella. Ejemplo, Simont, elevado al primer puesto en la "Ilustración" francesa, cuyas pági¬ nas llena con dibujos espléndidos. En aquellos días ya lejanos, era Navarro un apuesto y guapo mozo que lo mismo mandaba una carga al frente de su escuadrón, que hacía "monas" rebosantes de gracia, sobre temas loca¬ les, en "El Domingo", "El Duende" o "Don Pe¬ pito", o dirigía un rigodón en los salones de la "Tertulia de la Confianza", luciendo el vistoso uniforme de oficial de Húsares, que daba mayor prestancia a su figura gallardísima. pintaban por entonces en De cuantos artistas la región, que no eran pocos, ninguno aventa¬ jaba en técnica, en espontaneidad, en hondo sen¬ timiento del natural, al brillante colorista coru¬ ñés, quien en su tierra nativa, encontraba inago¬ tables elementos de belleza y de arte, y en el cuartel, como en los campos de maniobras, moti¬ vos bélicos para sus lienzos a lo Gros, a lo Mes- sonnier... Pué por entonces cuando Muruais, en sus pun¬ zantes "Semblanzas galicianas", pudo decir de él —aunque doliese a los demás—aquello de Es éste el primer pintor que en Galicia conocemos... No hay otro. Por eso digo que Navarro es el prinoero. — 53 - La calle Real jubileo cada era un. vez que el artista mimado exhibía en "Los Chicos" o en los escaparates de Roel y de Ferrer alguno de sus cuadros, principalmente si era de asuntos mili¬ tares, arduo género en que el bizarro' Delacroix gallego logró descollar poderosamente. ¡Qué exitazo el de "Compañerismo", aquel lienzo tamaño, tan bien compuesto y sentido, en el cual, después de la batalla, avanzan por una senda tres soldados, dos de caballería e infante el otro, al que ha cedido uno de aquéllos su caballo, viendo al camarada herido y maltrecho! La juventud y vivacidad del trompetilla que va a pie, contrastando con la faz severa de los vete¬ ranos; la tonalidad intensa de los uniformes, y sobre todo, la valentía y verdad de los caballos, que "se salen del cuadro relinchando", como dijo "El Anunciador", entusiasmaron al gentío. jMuchos otros éxitos semejantes obtuvo aquí y fuera de aquí el ilustre artista. ; Oh recuerdos perdurables de aquel "estudio" bullicioso y juve¬ nil de la calle del Socorro ! Fué siempre Navarro un trabajador de fibra y un coruñés apasionado. Estuvo elegido para profesor de Dibujo del actual monarca; pero, pese a su ferviente monarquismo, pudo más en él su amor aeste pueblo, y hubo de rogar a Lo¬ riga, a Eehagüe, al conde de San Luis y a cuan¬ tos otros grandes e influyentes amigos suyos te¬ nían vivo interés en que aceptase aquel honor, que no lo pusieran en el trance de alejarae de aquí. Y aquí quedó, pintando, dirigiendo con se entusiasmo insuperable la Escuela de Bellas Ar¬ tes, tomando parte activísima, como algo insus¬ tituible, en cuantas manifestaciones de cultura artística hubo en La Coruña de treinta y tantos años a la fecha. En el Palacio de la plaza de Oriente, en minis¬ terios y academias militares, en los palacios de príncipes e infantes de la familia real española, en los Círculos de Bellas Artes, en mus-eos. Dipu¬ taciones y Ayuntamientos, tiene Román Navarro notables pruebas de su pintura, todo corrección, vigor, luz y espontaneidad. Es Navarro un acuarelista formidable, aunque en esteaspecto no se le conoce tanto como me¬ rece. Muchas de sus soberbias acuarelas las hu¬ biera firmado Fortuny, como decía Ferrant, que era otro maestrazo en el género. La frescura, la deliciosa facilidad llena de gracia de esas acua¬ relas, as la misma que presta a los óleos de Nava¬ rro la espléndida Imninosidad y la jugosa trans¬ parencia que los hace tan agradables. Desde hace cierto tiempo pinta poco. Eso no quiere decir que haya abandonado los pinceles. ¡ Si ha de morir pintando ! Pidió el retiro como teniente coronel de Caballería, pero está en ac¬ tivo—¡por muchos años, maestro!—como pintor cada vez más enamorado de su arte. Basta para demostrarlo ese magnífico retrato que acaba de 55 - exhibir y que, al igual que antaño, arranca al público elogios amplios. Es todo un buen retrato del Rey, de tamaño natural, con el ingrato uni¬ forme de ingeniero civil. Un retrato suelto de actitud, rico de expresión, sobriamente entonado y lleno de espíritu, en que la luz está entendida admirablemente, y en que no bay nada que no sea armónico. Conserva el artista—¡cuidado que lleva pintado retratos!—la factura franca y la ponderada energía en las coloraciones, que tan celebradas fueron siempre en él, juntamente con una seguridad irreprochable en el dibujo y en la perspectiva. Muy bien, D. Román. He aquí cómo, aun sin haber concurrido a la Exposición de Arte Galle¬ go, donde tendría siempre un primer lugar, por derecho propio, resultó al fin expositor valioso; ya que tanto monta que el cuadro lo viésemos allí en una sala, que tras la luna de un escapa¬ rate. Fué, pues, quieras que no, una figura signifi¬ cada del certamen, como lo es de nuestro arte contemporáneo. Apenas abierta la Exposición, obsequiaron a Llorenscon un banquete sus amigos y admirado¬ res. Estuvo muy en razón el agasajo. Llorens es un ilustre pintor y un gran coruñés. PusO ade¬ más todo su entusiasmo—un poco frío en apa¬ riencia, pero de una tenacidad gallega a prueba de contrariedades—al servicio de la noble empre¬ sa. Ideó Sotomayor la Exposición según va dicào, pero Llorens la hizo posible, la propulsó, la orga¬ nizó actividad peculiar. con su Pese a su exterior desmayado y a su parla nbansa, es todo un bravo carácter. Se propuso -—cierto que llevaba dentro la emoción, la ener¬ gía y la sólida 'cultura de un gran pintor — do- mlinar el arte a que consagró su esfuerzo, y no titubeó un punto, firme ení la ruta. Cuando ra¬ paz.aprovechaba todo momento libre para echar camino adelante por los andurriales cercanos a La Coruña y se le veía aquí y aUá con su ál¬ bum o con su caja de colores, sin dar paz a la mano. Ahora, ya con un nombre envidiable, su — 60 — amor al trabajo y al perfeccionamiento, son los mismos. Todos recordamos el vivo afán marchó con que a Madrid, y cómo allí peleó con ahinco hasta lo¬ grar, en reñida pugna, una pensión del Estado en Roma; pensión que ya saben los profesionales lo mucho que significa. Fué—con diferencia de fechas poco esencial— de aquella magnífica promoción en que figuraron Sotomayor, Benedito y Chicharro..., culminantes figuras hoj'· del arte nacional, que se enaltecen llamando a Llorens compañero. Adorador ferviente de la Naturaleza, el pai¬ saje le cautivó sobre toda otra manifestación. Gomo paisajista y marinista, fué pronto tenido en mucho aprecio, lo mismo por sus maestros que por sus enmaradas de la Academia Española en la ciudad eterna. No hemos olvidado que uno de sus mejores cuadros de entonces, en el que reve¬ laba tanto una técnica ya muy perfecta como una idealidad encantadora, fué adquirido por el Rey de Italia. Primer triunfo de juventud, alentador y francol Desde entonces, entregado a sí mismo y como inspirado fortificado por el enorme cariño que y siente hacia su tierra, Llorens pinta "en gallego" sin descanso, y acusa cada vez más vigorosamen¬ te su personalidad en España y fuera de ella. Triunfó en Exposiciones de Bellas Artes nacio¬ nales y extranjeras, y hace tiempo que comparte - 61 — con Ru'siñol y Mir la hegemonía entre los paisa¬ jistas españoles. Cuando se llega tan joven a un rango así, hay derecho á sentir un prurito de vanidad. Pero Llorens, con una reputación hecha, querido y considerado de todos, es discretísimo y modesto. Su evolución artística fué rápida y feliz. La in¬ fluencia italiana, la d!el arte belga, que en sus obras pudo apreciarse durante cierto tiempo—en la luz, en las coloraciones opalinas, evocadoras de los playazos de Gapri o de las suaves entonacio¬ nes de Brujas—, se ha esfumado. Se desvaneció en buen hora para dar paso triunfal al encanto melancólico, al esplendor, a la blandura de la campiña gallega, con todo el carácter local, con toda el alma de nuestra región. El temperamento delicado de Llorens, la suti¬ leza de sus visiones del natural, plasman en sus lienzos, de una gran emotividad. Nadie como Llorens alcanza al presente tan de- flnitivos éxitos en la reproducción amorosa y sub¬ yugadora de la tierra galiciana o de las poéticas ensenadas de nuestras costas. En esta Exposición presentó mx soberbio conjunto de cuadros que son como un canto apasionado,' una sinfonía de luz y de color a nuestra Galicia bien amada. El famoso valle de Barcia—"el valle esmeralda", como lo denomina—tuvo en él, por ejemplo, al pintor tanto tiempo esperado sin fe, que acertó a trasladar al lienzo aquel conjunto de maravillas. - 62 — Es admirable el dominio del ambiente, el es¬ plendor del colorido, la hábil gradación de las tintas en esos lienzos rientes, en que parece pal¬ pitar el terruño bajo los besos del sol, en una gran paz como "El castaño" o "El valle de Sa- moedo". En otros, en que el atardecer pone su nota sentimental y en los que el valle duerme en¬ vuelto en las blancas muselinas de la niebla y del humo de los hogares, la sensación de verdad se adueña del espíritu, conmoviéndolo dulcemente. Tienen estos paisajes, trasunto veraz del agro céltico, la poesía acariciadora de los versos de Rosalía y la fuerza descriptiva de las estrofas de Curros. Da aldea lexana fxmegan as tellas; por tras d'as montañas vay póndose o sol; retornan pros eidos co-a noite os ovellas... La transparencia del aire es prodigiosa en la mayor parte de las obras. Contemplándolas, se viven instantes de égloga, de serenidad pastoral. La pincelada de Llorens es atrevida y fácil, pero su paleta es sencilla. No gusta de policromías para entonar los aspectos sorprendentes y ama¬ bles del paisaje, ios verdes empalidecidos de' los prados, las lejanías azules, en que los contornos se ablandan esfumados por la gasa húmeda de la neblma. Ved cualquiera de los cuadros. Aquella tierra próvida, un poco ensombrecida y Uena de miste- — 63 — rio, es Galicia ;no puedte ser más que Galicia, con todo su dulce carácter y su maga atracción bu¬ cólica. Pintando el mar, intenso y profundo, alcanza también Llorens los más exquisitos aciertos. Dí¬ galo el cuadro "Costas gallegas", de placidez y suavidad peregrinas, que acaba de adquirir el Estado para el Museo de Arte Moderno, y que es una lástima que no haya venido antes aquí. gran Díganlo "La barra", tan bellamente decorativa y ambientada, o "El puerto d'e Santa Cruz", alarde de espontaneidad, o "Herves", precioso estudio de lejanía en que los tonos están dxileificados —ésta es la característica amable de Llorens—, y la luz,tamizada con deliciosas armonías. Honra a la pintura nacional este joven y ad¬ mirable pintor coruñés — coruñés y galleguísi¬ mo,— que no tardará en alcanzar la suprema re¬ compensa oficial a que hace tiempo tiene derecho. — Eso no me preocupa — dice él — Importa bastante más el concepto público de que pueda gozarse, el nivel artístico en que críticos y cama- radas le colocan a uno... Esverdad, sin duda. Pero también desde este punto de vista puede sentirse halagado. Recien¬ tes están sus francos triunfos en Bilbao, en Va¬ lencia, en Barcelona..., donde quiera que envió sus trabajos, acogidos con unánime aplauso. Y en cuanto al acatamiento de" los del oficio, cosa tan difícil, como todos sabemos, Llorens está en - 64 - Madrid emplazado eon verdadero prestigio. En el Círculo de Bellas Artes, a cuya directiva per¬ tenece, como en las peñas y cenáculos de artistas, se habla de él con afectuoso cariño. Al exaltar en G-alicia sus méritos, apenas si se hace más que procurar corresponder en pequeña parte a lo mucho que él merece y al apasionado amor que siente por su país, y que testimonia prestigiándolo en sus lienzos. XESÚS CORREDOIRA O Quien no conozca Corredolra más que por a sus lienzos, se imagina a un señor desmadejado y triste que allá se irá en cames con sus modelos. ¡ La sorpresa que causa toparse con un mozo elegante y mundano, que ríe siempre y rebosa sa¬ lud! Se le aplaude o se le censura, pero se le co¬ menta mucho. Es el pintor joven que más da que reñir. Y desús, que tiene una enorme alegría interior, goza lo indecible. En la última Exposición nacional, le dieron una segunda medalla y se armó un escándaloi de mil diablos, que puso carne de gallina a algunos de los jurados, Sotornayor entre ellos. Los que chillaban, eran los autores de los mil cuadros de colorines, falsos y sin alma, caballeros melenu¬ dos de la santa rutina, impresionistas de cliché, que no podían explicarse que en pleno siglo xx fuesen premiadas esas obras de pintura meditati¬ va—imitativa dicen ellos—evocadora de otras edades y de una estética centenaria que no les cabe en la cabeza. Aplaudieron los que no se pa¬ gan de apariencdaa y aciertan a desentrañar, cuantos se persuadido, sin prejuicios, de que, han por encima de lo que pueda haber aún de afecta¬ ción juvenil en la manera amarga de sentir y de hacer de Corredoira, descuella un pintor de ver¬ dadera fibra y refinada sensibilidad, que lleva muchas cosas d'entro. Aquí mismo, donde su envío a la Exposición presente fué uno de los más notables y valiosos, no cesaron las peleas y los juicios contradicto¬ rios. Francés, que para todos los expositores tuvo elogios galantes en su notable conferencia, le hizo el honor de consagrarle media docena de párra¬ fos, por lo menos, para justificar tanto su dis¬ conformidad con la pintura de Corredoira, pro¬ curando llevarle al buen camino. La cosa no es fácil. Este buen camino—el de la luz, el del rea¬ lismo que se dice fuerte y sano—antójásele al autor del ©osa vitanda ¡y lo prueba! "Santero" Alcántara, Domenech, Barrado y otros críticos de arte, cansados de darle consejos, lo dejaron por imposible, con un gesto de resignación pa¬ ternal... Corredoira hace un mohín, se santigua, musita un salmo y sigue trabajando recio, sin cambiar la senda. Los hechos le van dando la razón de año en año. Adelanta visiblemente. Cada vez se parece más a sí mismo, es decir, al Corredoira místico y torturado que quiere que veamos en él. — 69 - Al principio se le negaba el agua y el fuego: Se decía que no dibujaba, que era un imitador del Greco—co·ino si ello fuese un pecado y entrase siquiera en lo discreto motejar a los que se ins¬ piran en Velázquez o en Goya—; se vociferaba que esos gustos atávicos merecen palos... Luego, admitió cierta sinceridad respetable se en sus procedimientos, y se achacó la extraños persistencia en el error a influjo perverso de ciertas preferencias literarias que le sorbían el seso. Ahora se Corredoi- dice ya, sin rebozo, que ra vale, que está en im período de transición y que va clareando, humanizándose, sin extremar los símbolos, y, sobre todo, sin abusar de los ne¬ gros ni de los verdes. Lo que ustedes quieran. Salvo lo de que no dibuja—aporque tras su apa¬ rente desden por la pureza la de la línea y por perspectiva es un dibujante sólido y correcto—, de todo lo demás puede que haya un poco en la viña del señor. Posible es que en estas ensoña¬ ciones arcaicas exista efectivamente mucho de li¬ terario. Nosotros, que siempre hemos creído que en Co- rredoira había el germen de un buen artista, opi¬ namos que, más que nada, la influencia del medio actúa sobre él. Lugo, antaño, presenció sus deli¬ rios primeros; Compostela, ahora, llena de mis¬ terio de tradiciones y recuerdos... Pero el influjo de Compostela es sedante, hondo, benéfico y edu¬ cador. Aquel ambiente, la majestad de los monu- — 70 — mentos, la contemplaioión devota de las grandes obras sobre que han pasado los siglos, se avienen admirablemente el espíritu religioso, sensi¬ con ble y culto de Corredoira. Lo que era en él intui¬ tivo, toma cuerpo y adquiere consistencia. Todo allí le es propicio. Estudia mucho y domina como pocos la historia y la técnica de la pintura. Hará una obra definitiva. Tiene una voluntad enorme y parece ya serenamente encauzado. De cuánta es esa voluntad, puede juzgarse por el tesón con que sigue llenando lienzos a su sabor, desdeñan¬ do los alaridos de la crítica y contra el consejo de cuantos no comparten con él sus añoranzas milenarias. Se ha empeñado en vivir en un tiem¬ po y pensar en y va saliéndose con la suya. otro, ¡Beato Ángélico-Corredoira, arcaizante em¬ pecatado, que desdeña al sol desde que un día, como un ángel rebelde, le volvió la espalda en el estudio de Sorolla! Va dicho que parece más comprensible y hu¬ manizado, y es verdad. Sus "Peregrinos jaco- heos" de este certamen, son de una idealidad cau¬ tivadora, que interesa hasta a los profanos. En aquellas dos cabezas de extraordinario misticis¬ mo, se refleja una intensa vida interior. Los após¬ toles, trasunto de los dél Pórtico de la Gloria, que se esbozan en el fondo, han visto pasar con¬ tritos, días remotos, aquellas figuras ascéticas. en En contraste—todo lo relativo que pueden us¬ tedes suponer—^se ofrece el singular retrato "Mi — 71 — mujer", lleno de suntuosidad decorativa, y tan valorado de tonos, que nada hay que disnene de la severa armonía del conjunto. El galgo que se perfila sobre la mancha lívida del característi¬ co caserío ribadaviense, el balcón estilizado, la mancha roja y opulenta del manto, la nota mar¬ fileña de las carnes, todo está sabiamente com¬ pensado. Adviértese en Corredoira, de cuando en cuando, esta propensión de pasar de lo ideal a lo real. compostelanos" y "Ritos", dos Sus "Cantores lienzos de extraordinarias dificultades sobre los que parecen haber puesto los siglos su sello, con¬ trastan poderosamente con otras obras del pro¬ pio autor pertenecientes a una misma época. No es que claudique, sano que se pone más a tono con la verdad... dentro siempre, eso sí, de su modalidad pecuiiarí'sima. Hablamos particularmente de aquellos dos cuadros, parque han venido aquí desde el estudio. Los demás, salvo la infantita, que tiene un en¬ canto especial, ya han sido juzgados. Unos y otros llaman la atención poderosamente. público, la gran masa de público, se mues¬ El tra, sin embargo, perplejo ante las obras som¬ brías, raras y sugeridoras de este hombre; pero él no se inquieta. —Son almas sin fe. Todavía no las ha ilumina¬ do la divina luz... Bienaventurados los que creen y esperan... Esperemos. Xesús Corredoira sabe bien lo que hace y lo que dice. Entre bromas y veras, fué de los pintores jó¬ venes máa positivo jugo sacaron que en la Ex¬ posición pasada, en la que llegó hasta a dar una conferencia desarrollando las ideas más o menos fantásticas de su estética privativa. Ahora acaban de abonarle el premio anejo a la medalla consabida, y, persiguiemdo el ideal... y el dollar, proyecta celebrar una "Exposición Co¬ rredoira" en Nueva York... Son abominables, sin duda, estos prosaísmos para quien como él no vive en el mundo... pero ¡ es la vida ! Eso, que muchos dicen, de que un liumorista —esté, precisamente—hubiese comenzado a crear en Galicia la pintura moderna, psicológica y trascendente, parecebroma, y sin embargo, hay en ello mucho de exacto. Castelao, con su origi¬ nalidad enorme y predilección por los temas su regionales espiritualizó y caricaturizó en cen¬ que tenares de dibujos y de aguadas, marcó una sen¬ da y orientó a muchos pintores de la actual ge¬ neración-, Gomo tiene el más vivo ingenio gracia y una extraordinaria para buscar asuntos de "tesis" y componerlos dándoles acertadísimo sabor local, fué, en cierto modo, un precursor. Claro que sus "monos" hubieran pasado sin dejar mayor hue¬ lla, pese a la gracia de la línea, de no reflejar en ellos, con una simplicidad de procedimiento ad¬ mirable, la más honda filosofía galiciana. Con sus caricaturas hace sentir y hace pensar. La risa asoma a los labios a la que en el ma¬ gín bullen ideas harto serias, que la contempla¬ ción de las estampas sugiere. Detrás del dibujante experto, se ve al observa¬ dor sagacísimo, que satiriza y ha.sta moraliza con - 76 - d€spreocupaeióii aparente. Sus apuntes tienen alma y responden a una finalidad. En ellos pal¬ pita, doliente o zumbón, melancólico o rebosan¬ do socarronería, el espíritu de nuestra raza. Y aún se diría que es mayor la impresión que cau¬ san cuanto más sencilla la técnica. En España apenas hay humoristas—nos esta¬ mos refiriendo a las artes plásticas—, pese a que anualmente se abre un salón en, que los llama¬ dos "humoristas" se Castelao, reúnen. que lo es por temperamento, como Julio Camba en las le¬ tras, pongamos por caso, nada) tiene de particular que destacase en Madrid y, en todas partes por sus cartones y acuarelas geniales, tan gratos a la vista, tan analíticos, tan sutiles y llenos de re finadas intenciones. Es el regocijado pintor de nuestra pequeña burguesía y del pueblo rural, de los ciegos choca- rreros como de los abades opulentos; de los se¬ ñoritos de la villa, igual que de las mozas garri¬ das que van al molino en las noches sin luna... Es mordaz y jocundo, irónico y sincero. Siente los tipos con un verismo encantador. Pero aún es más difícil superarle en la interpretación real y poética del paisaje gallego. Las blandas leja¬ nías en que se funden ríos y cañadas, valles y frondas y en que dibujan los pinos sobre las cumbres su silueta airosa, tienen en la pluma y en el lápiz de Castelao creación soberana, sin efectismos ni vanos alardes. Castelo R. A. CBUUREAN EL — 77 — Los pinos de Oastelaosobre todo, algo ea- son, racterístieo y estupendo. Losdibuja con un acier¬ to, una expresión y una realidad tales, que no es mucho decir que el viento murmura y se queja en sus copas y que los fecunda la savia de la tie¬ rra madre. Así, con los medios más simples, produce la más honda emoción. En muchas de sus estampas, el color sirve apenas para teñir vagamente las figuras y entonar el fondo ; pero el color casi es lo de menos cuando lo que fija nuestra atención es el espíritu, el alma de esas estampas deliciosas, típicas y geniales. Por España adelante andan desperdigados in¬ finitos dibujos de este exquisito artista enxebre, cuya facilidad de ejecución y de imaginación son tan como sus dotes de observador. Es grandes una pena que valiendo tanto como vale en su gé¬ nero, y teniendo influyentes amigos y admirado¬ res, no se haya creado aún la situación indepen¬ diente a que tiene derecho, y sepamos a veces que anda metido a puñetazos en singulares concur¬ sos... i Es arisco, es perezoso, no cultiva afectos, se despreocupa de las cosas? No, sin duda, aunque en conjunto de la obra y de la vida de este in¬ el imitable pintor de los ciegos y de las escenas de la vida rural, parezca como que vibra siempre una nota de amargo escepticismo. — 78 — A la Exposición trajo Castelao poca labor nue¬ va, aunque toda interesante. Un óieo—tal vez de los primeros pinta—inferior a sus originales que e inconfundibles dibujos; una acuarela con mu¬ cho carácter y ambiente campesino, y el maravi¬ lloso tríptico de los ciegos, ya popular por las muchas veces que lo reprodujeron ilustraciones y revistas, y por cuanto dijo en su elogio la crítica al ser premiado en Madrid. Pero a pesar de que en el envío no hubo mayores sorpresas, el nombre de Castelao, tan justamente prestigiado, sonó otra vez entre aplausos ; que no en vano es de los artistas gallegos más rotundamente definidos. Pensando en cuánto es capaz de hacer hoy, y en lo muehq hará mañana, se evoca su ex¬ que tensa y pintoresca obra de ayer. ¡ Qué bien hu¬ biera hecho el poeta Rey Soto, por ejemplo, tra¬ yendo al certamen aquel otro tríptico definitiva¬ mente bello y fuertemente galaico y original, que posee, y que Castelao tituló "Una fiesta en la al¬ dea" ! Ba asombrosa la verdad que hay en aquel primer cuadro "La misa en la- rectoral", donde los curas cantan en el coro mientras sopla la flau¬ ta viejo y toca el acordeón un mozo de ojos un picaros... Es un prodigio de movilidad, de sabor y de ambiente "La romería", trasunto fidelísimo del natural, con sus tipos netamente gallegos, desde el "ché" que torna de América y pellizca a la moza, hasta el mendigo del violin y la rosqui¬ llera frescachona. Y, en fin, ¡qué gracia loca la — 79 - del cuadro con que acaban la composición j la fiesta, moliéndose a palos entre las sombras de la noche, los curros más curros de la romaxe! Y así "Mientras la gaita", "Dos egoís¬ suena mos", "Copleros", "La siesta en Rianjo", "Noc¬ turno"—un encanto de observación y de senti¬ mentalismo manso—^y tantos mas. Este es el Castelao genial, sencillo, psicólogo sagaz, el más gaUego representativo de nues¬ y tros artistas. Anda un poco esquivo con su arte en estos últimos tiempos, por desazones de una pasajera afección. —Eso no es, nada—^le dicen los médicos—. No tiene usted por qué alarmarse... Así sea, y que nosotros que mucho le queremos y admiramos, lo veamos con él. Estamos desean¬ do que vuelva a la carga con toda la fuerza de su gran talento, para bien de Galicia. f GERMAN TAIBO Todavía era un niño—siete u ocho años ten¬ dría—cuando salió de La Coruña para la Argen¬ tina, con su padre. El eoruñesito revelaba unas inauditas y precocísimas facultades para el di¬ bujo y para la pintura. ¿Para la pintura tam¬ bién? Sí, señores. A los diez años yahabía retratado al óleo a sus papás. Dos lienzos infantiles» es claro, pero no dos adefesios. Tanto no lo eran, que cuando el progenitor de Germán lo hizo inscribir como alumno en la Escuela de Bellas Artes y enseñó aquellos singulares trabajos del aventajadísimo retoño, los maestros hubieron de mostrarse es- cépticos en cuanto a que el chico pudiese haber¬ los pintado él solo. Eso... del profesor. Se ve ahí su mano... es cosa Y no había tal; pudieron reconocer tan como pronto como Germán ingresó en la clase de copia del yeso—^codeándose con señores que pudieran — 84 — ser sirs abuelos y repentizó una estatua, con — pasmosa seguridad e® el trazo y en el claro oscu¬ ro, en dos o tres sesiones. Allí obtuvo señaladas recompensas y ya espi¬ gado, tuvo la suerte de poder marchar a París bajo el amparo de una ilustre dama. Profesores y amigos bonaerenses diéronle recomendaciones para que le fuese más viable el aoceso en la Aca¬ demia Julién. Tuvo que sufrir un examen, una dura prueba de que salió airoso y allí pintó seis o siete años al lado del artista famoso. Después, voló confiando en su estrella... Estudió mucho. Su labor es enorme Poco a poco va abriéndose paso en la gran eiudad y con¬ quistando nombre y posición. Antes de la guerra presentó en el famoso "Sa¬ lón", al teual ^es tan difícil el acceso, un buen cua¬ dro de composición dificilísima. Una escena pastoral evocadora de la Arcadia feliíi. Un grupo de pastores primitivos sentados sobre el césped, escucha un recitado de labios de una bella mujer, a la que otro pastor acompaña tañendo la flauta clásica. Al fondo el mar, sobre el que el sol riela. En primer término hierbajos, árboles, flores y corderos de blancos vellones. Un bravo alarde de desnudos, de contrastes de luz, de hábil agrupación de las figuras. Obtuvo una medalla. Es el mejor comentario al mérito de este denodado rapaz coruñés — hoy Por G. Taibo. — 85 - tiene apenas veintiséis años — que triunfa lejos por sus propios méritos. Envió un lienzo pequeño a la Exposición que años atrás se celebró en La Coruña. Después, sólo para que apreciásemos mejor sus paisanos cómo "hace" y cómo adelanta, siguió remitiendo a ami¬ gos y familiares notas diversas en las cuales des¬ taca un carácter, lo cual no es poco. En todas ellas hay consistencia y vida. Recordtemos de estos ocasionales envíos um es¬ pléndido retrato de mujer — tamaño natural— que el autor denomina "Tipo parisién". Paréce- nos verlo. La figura gallarda, altiva, correctísima de lí¬ neas. La"pose"> de un chic verdaderamente ex¬ quisito. Sorprende y cautiva cómo el lienzo está pintado. Es el difícil triunfo del negro, que se acentúa o se difumina en los pliegues severos y en las sutiles gasas del traje y del sombrero y de los zapatos de terciopelo. La frescura carmínea de la cabeza destaca sobre el blanco cueUo de la blusa. Esta nota risueña, llena de calor y las ma¬ nos rosadas, son las únicas que establecen el con¬ traste. Después, se impone toda la gama del ne¬ gro transparentando la carne de los brazos des¬ nudos y del pie breve; dominando con tonali¬ dades varias y delicadísimas en toda la esbelta figura, que se perfila 'sobre un fondo claro, como en silueta. La pincelada es amplia, la paleta jugosa. No hay resobamiento ni martingalas efectistas. Na¬ da de estridencias. Urna gran sencillez de factura y una admirable honradez artística. Con posterioridad coniocimos de él unas buenas marinas de Bell-Ylle y unos estupendos desnudos de mujer llenos de gracia y morbidez. El año pa¬ sado se lanzó a exponer en Madrid y llenó con sus lienzos uno de los salones del "Palace Hotel". Llegamos a la cortte con mala suerte para visitar la instalación, que se había cerrado la víspera; pero las impresiones recogidas, los cariñosos co¬ mentarios de la crítica, daban a Taibo toda la importancia de un artista de alta categoría. La Exposición del "Palace" constituyó un nue¬ vo y señalado éxito, del que eran fervientes pa¬ negiristas los pintores extramjeros y las ilustres familias francesas, belgas, holandesas, etc., que en Madrid residen. Más identifica/das con la escue¬ la, con el gusto moderno del joven pintor, dieron un gran contingente de visitantes a su sala y no le escatimaron elogios ni dinero. Entre este pú¬ blico culto y selectísimo vendió Taibo varias obras realmente heírmosas. 'Dos envió en la ocasión actual para la Exposi¬ ción gallega, pero pasaron dos meses desde que salieron de París, sin que pudiesen cruzar la frontera. Llegaron ¡ al fin ! a La Coruña a punto de clausurarse el certamen y el buen padre de Taibo renunció a exhibirlas. Fué una gran lásti- ma, porque se trata de dos nuevos y vigorosos tes¬ timonios de la personalidad del artista, siquiera una de las telas sea sóloi el boceto de un gran cua¬ dro que en su día veremes. Lo veremos, x>orque Germán Taibo que tiene a granhonra ser gallego y coruñés, piensíi hacer en su pueblo una amplia exhibición de sus nota¬ bles trabajos, cada vez más bellos y mas conside¬ rables. Es otro de los jóvenes pintores que mejor acu¬ saron su personalidad el certamen : hubo en su en envío oosas muy interesanrfces. Desde luego llamó gratamente la atención en la sala primera, su "Cristo de Casal Dourado". un cuadro grande y bien compuesto en que la nota religiosa y la nota regional están tratadas con delicado sentimiento. Un cuadro de costum¬ bres y creencias indígenas, que está pidiendo el muro de una capilla o de un oratorio para deco¬ rarlos como el más adecuado complemento. Con este lienzo ganó Sobrino una tercera medalla. Es¬ tá, pues, juzgado, y bien puede afirmarse que es nuncio de más señalados éxitos para el autor, dentro de la pintura al óleo. No tardarán sin duda, porque este pintor pon- tevedrés, profundo y sagaz, trabaja mucho y tie¬ ne una educación artística excelente. Otro óleo que exhibe, un retrato de Castelao, no nos parecido y ex¬ gusta tanto. Está bien de presión, pero hace duro y seco. A ello un poco contribuye, tal vez, lo desolado del fondo. En cambio, donde Sobrino destaca y triunfa pode¬ rosamente, es en las acuarelas, en las sobrias y - 92 - deliciosas manchas a la aguada, o dibujos colo¬ reados, en que hace revivir con el lápiz, con la pluma y con el pincel, los más pintorescos rinco¬ nes del solar gallego. Tienen algunas de estas impresiones tan enér¬ gico caráctery tan vigorosa traza, que se dirían aguas fuertes vagamente iluminadas. Sobrino ha encontrado en los pueblos galaicos, en las aldeas escondidas, en los cementerios humildes, en los viejos aldeanos, fuente de inspiración para pazos su arte, un arte personalísimo y subjetivo que deja en el ánimo impresión fuerte. Todas estas composiciones están deliciosamen¬ te ambientadas y constituyen unos fondos prodi¬ giosos, del más puro sabor gallego. El agrupa- miento artístico de algunas figuras, trocaría en cuadros muy bellos y característicos cada una de las preciosas láminas. Así "Aimiñas", que llevó a la Exposición última y cuyo lindo boceto vimos en ésta, se nos ofrece como una página de honda psicología rural. Sobrino es severo en el trazo, casi adusto en las tonalidades, pero da una sensación de verdad absoluta. Copia a Galicia con sincero realismo. Dibuja con solidez y con facilidad grandes, y como gusta de los bruscos contrastes de claro os¬ curo, obtiene los más sorprendentes efectos. Si se escribe algún día el libro de los castillos, de los pazos, de los santuarios, de las históricas villas gallegas, debiera ilustrar Sobrino ese libro jun- - 93 - tamente eon Castro Gil. Harían preciosidades de observación y de reconstruoción ! De cuanto es el recio carácter de sus notas, da idea el hecho de que unos extranjeros que a Ga¬ licia han venido enamorados de cuanto hay de genuinamente peculiar en los tipos, en el paisaje, en la fisonomía—digámoslo así—de nuestro país, se han ido derechos al rincón donde las peque¬ ñas obras de Sobrino se exhibían, y se apresura¬ ron a comprar dos o tres, como preciado recuer¬ do. Son de lo más típico, indudablemente. Los dos apuntes de Combarro; la calle de Noya, con sus viejos soportales de ojiva ; la igle- sita de Simes, en que la gracia de la línea es in¬ superable; el cementerio de Cesuras, que evoca el de la Adina, "de vella recordación", cantado por Rosalía; el patio señorial de Fefiñanes, con bruscos contrastes de luz y sombra que dan ma¬ yor grandeza al escenario... son páginas de una sinceridad y de iina sencillez cautivadoras. Gustan mucho todas estas geniales y acertadas notas de Sobrino, artista exquisitamente dotado, que va muy bien y que llegará lejos. ¡ Ah ! Su nombre va unido a la Exposición de Arte gallego de 1917, no sólo por la viva simpatía que inspiran su talento y su modestia, sino por otra circunstancia amable: es autor del original cartel del concurso, cartel con que difundió por España adelante la buena nueva del resurgir ar¬ tístico de Galicia. VICTOR MORELL! Es un avezado a estas justas artísticas. Varios de sus cuadros, principalmente de asuntos mili¬ tares, figuraron Exposiciones Nacionales, y en obtuvieron elogiosas palabras de la crítica. El úl¬ timo—según nuestra cuenta—, que reproducía con vibrante sentimiento patriótico la hazaña del cabo Mur en la guerra de Africa, gustó por lo bien compuesto y entonado, y sobre todo, por el l)río del grupo principal. Reflejó en otros lienzos, con su habitual pericia, enardecidas escenas de la guerra carlista, de las bélicas revueltas políti¬ cas que conmovieron a España en la minoría de Isabel II, de nuestras andanzas en Cuba... Segu¬ ramente estas grandes telas — algunas laurea¬ das—evocan hoy desde el fondo de cualquier solemne despacho oficial, páginas tan gloriosas y casi olvidadas de nuestra agitadísima historia contemporánea. Morelli, distinguido jefe de la Guardia civil, manejó durante cierto tiempo aun más los pince¬ les que la espada. Pero sus preferencias fueron siempre para los temas guerreros, que mejor se 7 - 98 - avenían con su temperamento dentro de la mili¬ cia del arte. Como Détaillé—es claro que en dis¬ creta gradación—o como Navarro, Unceta, Este- van y algunos más en España, prestó gran aten¬ ción a la pintura de oaballos, y trabajó mucho, con fortuna, especializándose en el difícil género. Ahora parece retraído. Produce menos en esta última época. Ya no riñe batallas. Por lo menos,. no sabemos de ninguna nueva y fuerte obra suya, de esta índole, que haya sido comentada recien¬ temente. Diríase que, como un bravo soldado que cumplió con su deber, busca el bien ganado re¬ poso sobre los laureles aún frescos... A nuestra Exposición trajo un solo cuadro. Un retrato. Un retrato muy decorativo de una her¬ mosa dama, enjoyada, erguida y envuelta en pie¬ les, en el cual puso el artista toda la suavidad, todas las exquisiteces de su paleta luminosa, mo¬ delando bien, dando a las carnes rosadas trans¬ parencias y morbideces delicadas. La figura está dibujada fina y correctamen¬ te, y la pintura tiene la sugestiva atracción que es indispensable en estos retratos femeninos, for¬ zosamente un poco influenciados por la suprema idea de hacer bien y realzar los naturales encan¬ tosdel modelo. Hay en este bello retrato trozos excelentes. El fondo es sobrio, y el conjunto, dulce y brillante, ofrece una elegantísima nota señorial, del mejor gusto. Naturalmente que Víctor Morelli hace más que - 99 — esto. Díganlo "La de Treviño", carga por citar sólo uno de sus cuadros grandes más conocidos. En la próxima Exposición de Arte gallego, nos deparará una sorpresa. Sabemos—y vaya dicho en secreto, porque el artista no lo ha contado a nadie—que este verano ha traba.iado tan afano¬ samente como en sus años juveniles, pintando del natural, con modelos de indiscutible enxebreza. Sabemos que de estas jornadas serán fruto algu¬ noscuadros genuinamente regionales. Morelli tri¬ buta, al fin, al país natal la ofrenda de su arte, traduciendo escenas vividas en el paisaje y entre el paisanaje de Alvedro. GONZÁLEZ DEL BLANCO No pudimos dar con una fotografía suya. Fer¬ nando Corté?, el notable redactor artístico de "La Voz", hizo este apunte del magnífico auto- retrato que el interesado envió al certamen. Así, en pose de Príncipe Hamlet (?), con una calavera en las manos, sirviendo de fondo a la figura el panorama de una ciudad italiana que perfila sus campaniles sobre un cielo de paz, qui¬ so este artista santiagués presentarse, después de mucho tiempo, ante sus paisanos gallegos. Es ori¬ ginal. Vemos que vuelve gallardo y... calavera, y sobre todo, que vuelve hecho un buen pintor. "Roberto Daniel González del Blanco—dice al pie del cuadro una historiada leyenda—^in Piren- za faceva..." Este gentil señor de Pirenza, encuadrado en un soberbio marco del Renacimiento, lleva corri¬ do luengas tierras. Hace rato que se fué a Fran¬ cia, a Bélgica, a Italia, a Turquía, a Marruecos... Un deudo suyo, ilustre dignidad de la Catedral compostelana, hubo de fomentar en él las felicx- — 104 — simas dotes artísticas que ya apuntaban, y al morir, contribuyó un legado suyo a darles todo el am'plio desarrollo que requerían y que un mu¬ chacho, lleno el magín de ansias de belleza, puede soñar. Creemos recordar que años antes de esto, González del Blanco, ya muy hecho y bien reco¬ mendado, pidió y obtuvo una pensión de una Diputación provincial gallega, pensión que fué anulada antes de que pudiese disfrutarla... La historia se repite. Es una lástima para nuestras corporaciones, que podrían enorgullecerse de ha¬ ber dado la mano a quienes, como Roberto Gon¬ zález, Juan Luis, Concheiro, etc., tan seguros es¬ tán de sí mismos cuando piden. Adelante... En ambientes tan refinadamente propicios cul¬ tivó su espíritu el artista. Fuéronle familiares los Museos y las perdurables obras de los gloriosos maestros. Aprendió de otros la técnica moderna y concretó sus gustos y tendencias. El estudio de los grandes pintores italianos y franceses, influ¬ yó singularmente en su ánimo, persiguiendo las finas armonías dentro de una admirable austeri¬ dad de procedimiento ; y al cabo de esta discipli¬ nada labor, vámosle muy dueño de sí, rico, exten¬ so y vario en sus obras, con una personalidad ya creada. Los cinco cuadros que mandó a la Exposición gallega, no son gallegos, naturalmente; y acaso a eso quepa atribuir que críticos y conferenciantes más propicios, de momento, en halagar nuestros — 105 — afectos regionales, no hubiesen tenido para esos lienzos, totalmente exóticos, las palabras de fran¬ co elogio que merecen, limitándose algunos a ci¬ tar al autor con no mucho tacto en la compañía que le daban. Eso no obstante, las obras notables de este artista, con todo su exotismo y academi- eismo, pero también con su sinceridad expresiva, pueden figurar en lugar preferente. No hemos asistido al paulatino crecimiento de su arte, y no podemos juzgar de sus rumbos pri¬ meros. Vémosle ya en un período de dominio y seguridad excelentes. El cuadro "Familia" tras¬ ciende a Aparte la filosofía de la obra, museo. revela a un muy eorreoto dibujante y a un colo¬ rista sobrio, pictórico de sentimiento, que sin ex¬ traños efectos de luz y sin salirse de la justa im¬ presión del natural, acierta a producir emoción y a interpretar difíciles estados de alma. Las figuras de la vieja y el hombre de la roja pelliza, están expresadas con unción. El rezo silabea en sus labios mientras la mirada dirige a la al¬ se tura. La niña del primer término diríase que tiene relieve escultórico. El estudio de valores, la armonía de la compo¬ sición, la originalidad con que están resueltas las muchas dificultades que encierra, hablan de un artista ya muy diestro. Otro excelente cuadro es el titulado "Perfu¬ me". Aquel negrazo de la mitra de colorines y el albornoz oscuro, que alza en la mano un alica- 106 - tado pebetero, está ejecutado con blandura y gran dominio de la luz. El autor sabe bien lo que pinta. Vérnosle mostrarse m'ás colorista cada vez, y así en la "Sibila", de Tánger—que refleja en los grandes y hermosos ojos una enorme vida—, y así en "Fátima", que ofrece la faz risueña y bella dejando caer el pañolito que la cubre, inte¬ resan la transparencia, los briosos efectos obteni¬ dos dentro de un y mínimo esfuerzo. El aparente chai de la que llamamos Sibila por el enigma de los ojois y por los amuletos que muestra mientras sonríe zahori, es un delicado alarde detallista, nada recargado, sin embargo. Hay en estos cua¬ dros, además de finuras de procedimiento, acier¬ tos de estilización muy aprapiado.s. La manera de hacer es suave y académica. González del Blanco resulta uno de los jóvenes pintores galle¬ gos—españoles diremos mejor—más cultos y que merecen especial consideración. Los marcos que puso a sus lienzos—¿está per¬ mitido hablar de los mareos al tratar de arte?— son sencillamente principescos. Unos marcos de nabao que sabe gastarse con gusto el dinero. Ved en ellos otra suntuosa manifestación de las in¬ dustrias artísticas, susceptible de amplia aplica¬ ción en Galicia. En otras notas, dispersas aquí y allá—dibujos, carbones, manchas que aparecen fechadas lo mis¬ mo en París que en Constantinopla, en Palermo o en Brousse (Asia), porque este gallego las gasta — 107 - así—, resaltan siempre la originalidad, la segu¬ ridad y el buen gusto. Su auto-retrato, ya se ha dicho que fué acaso de lo mejor de la Exposi¬ ción. Cabe añadir que el autor es uno de los más distinguidos, brillantes y capacitados exposito¬ res. Su ilustre deudo—que santa gloria haya- supo a fe lo que hizo al propulsar sus artísticas aficiones de mozo. JUAN LUIS LÓPEZ •> --w '»ga8»'>vgi·^^·»· ■T¿ay^g%sv^'-''V4afr u. •'%•• ; ^ Este rapaz, ya laureado, es una admirable im¬ provisación. En sus grandes méritos presentes—un nuevo título para él—no tienen md tanto así de parte las Corporaciones oficiales. Hay una excepción: el muy ilustre Ayuntamiento compostelano le sub¬ vencionó una vez para que fuese a Madrid, a Ro¬ ma... Estuvo ausente sus buenos ti'es o cuatro me¬ ses cobrando a razón de 7,50 pesetas diarias..., pero con la obligación fatal de regalarle un cua¬ dro al Concejo. El que quiera gangas, ha de su¬ darlas. Juan Luis cumplió como un hombrecito, y el lienzo, en (¡ue hay felices atisbos y positivos aciertos, exorna desde entonces un salón de la Casa de Rajoy. Nadie más le dió cuarto, que sepamos, hasta un que hace poco el Estado le metió en la mano un puñado de duros. ¡ Cuántos sacrificios para obte¬ nerlos ! ¡ Qué suma de esfuerzo y de tenacidad, apenas presumibles en el cuerpo desmedrado del artista! - 112 - Se inició en el dibujo en las clases de Artes y Oficios de Compostela; pero él dice, y con razón, que tuvo que dibujar y que modelar y que apren¬ der colorido y muchas otras cosas cuando ya ha¬ cía rato que no era alumno de aquella Escuela. Bien. El caso de Juan Luis, con ser típico, no es raro, por desdicha, ni será el último. La protec¬ enseñanza oficial provinciana, co¬ ción oficial y la rren parejas. Porque tiene una enorme vocación y una vo¬ luntad firme, fué abriéndose paso hasta ahora, muy apacible y circunspecto, pero tenaz. Vámos¬ le, sucesivamente, exponer en Santiago, en el Centro Gallego de Madrid y en el último concur¬ so nacional de Bellas Artes, como ahora en La Coruña. Su nombre suena. Le elogia la crítica y algunas revistas de nota reproducen sus cuadros. Tiene ya una medalla, y en su pueblo natal le han dado un banquete, j Qué tal ? Tan débil como parece, este gaUeguito de altivos pensamientos y alma bien templada logró descollar en lucha franca. Dios le conserve el ánimo y haga que r.o se malogre tan precoz y poética realidad del arte regional. No "Florisel", la dulce cabeza de conocemos niño valleinclanesco con que acaba de triunfar en la corte. Espléndido como un gran señor de romancero, Juan Luis se la regaló a Francés, que - 113 - le llamó pintor-poeta y príncipe del ensueño. Pero trajo a nuestro certamen una "Picariña" que es una maa*avilla de delicadeza, de carácter y de melancolía. He ahí el tipo genuino de una mo¬ cita gallega, visto y pintado a través de predilec¬ ciones e influencias clásicas en que se ha embe¬ bido el autor. Tiene Juan Luis un refinado temperamento artístico y lo acusa en la suavidad de los tonos y en todos los amables procedimientos de expresión. Este pequeño lienzo de ahora recuerda en icierto modo, por el ambiente, por la estructura del pai¬ saje, por lo minucioso de la factura, algunas ta¬ blas de los primitivos. En ellas, como en las vie¬ jas pinturas italianas y flamencas, parece haber buscado inspiración y rumbo el arriscado y culto santiagués sin perder por eso nada de su ya defi¬ nida personalidad. Pinta al día, pero evoca vaga¬ mente el pasado. Así acontece con el notable re¬ trato de Portal Pradejas, uno de los más expre¬ sivos de la Exposición, que, por la traza y la téc¬ nica, parece arrancado de una centenaria galería señorial. "Picariña", envuelta en una atmósfera pláci¬ da, tan candorosa y bonita, con su negra cren¬ cha de pelo y su pañuelo de "alfombra" que es la verdad misma, ejerce una atracción singular. Tiene alma esta encantadora figulina. Se ve a Juan Luis acercándose trémulo de inspiración y de ardor al cuadro, queriendo trasladar a él cuan- 8 — 114 - to suidealidad le sugiere para poetizar y embe¬ llecer el modelo. Lo consigue con la, blandura de ejecución, con la gracia funde las tintas con que sin resobamientes, pero, más nada, por obra qne y gracia de su sensibilidad exquisita. Así está expri^ada la linila muchacha, con todo el candor que le cuadra, superior al de las "Nenas de Rosalva", otras dos aldeanitas galai¬ cas, de rostro ingenuo, hertuosas como un amane¬ cer en la aldea, que también interesan mucho. Estas "Nenas", aunque algo opacas, como en¬ vueltas en un halo azulino, están muy bien enten¬ didas y son dos fragantes flores del campo galle¬ go. El sentimiento de la composición se ve (lue es asisten a Juan Luis. La rapaza otro de los que del refajo encarnado nos parece, sobre todo, pin¬ tada con una enorme seguridad y tiene desde luego la más bella y sugerente expi-esión sin abi¬ garramientos ni vulgaridad... Juan Luises, efec¬ tivamente, principesco, romántico, limpio de toda mácula de mal gusto. Otro cuadro de cierto empeño es el "Primer milagro de la Virgen de la Esclavitud", precia¬ do exvoto que será ornamento del santuario fa¬ moso. Hay en la tela claros aciertos de ejecución, por ejemplo, lo.s bueyes, la santa milagrera y la chiquilla sentada al pie, que se parece como dos gotas de agua a una de las "nenas" ya citadas. Además de estos óleos, presentó Juan Lujs unas geniales estampas a blanco y negro, unas — 115 - emgulares acuarelas que parecen esmaltes, un retrato origimalísimo de Valle Inelán, lleno de vida y de intención, siluetado en negro sotre las evangélicas figuras de una vidriera bizantina, con tanta espiritualidad como el magnífico de Anselmo Miguelj Por cierto que vimos en estas bellas y fragmentarias composiciones el primer desnudo de la Exposición—tan honrada y tan pulcra que no parece integrada por artistas mo¬ zos... "Leonina" se titula y está finamente dibu¬ jado; pero el que más nos atrajo por su policro¬ mía y hasta por su simbolismo audaz, es "Bien¬ aventurados...", en que parece ñotar el espíritu secular de Compostela, cuyas altas torres se di¬ bujan a lo lejos. El envío de Juan Luis fué, en conjunto y en detalle, de mérito. Se ve cómo avanza el simpático muchacho—j es tan niño !—sin titubeos ; lleno de fe, de ardor juvenil y de serena confianza en si mismo. Adelante, adelante... ! Pero hay que se¬ cundarle con efusión, con sincero afán de serle útil. Vale más que pesa y es una gran pena que tan extraordinarias facultades como las que re¬ vela tengan que manifestarse por sí solas, a prue¬ bas de escaseces y contrariedades, en un medio por lo general de aplanadora indiferencia... Eu Juan Luis se está formando—decía Pepe Fran¬ cés a este respecto—una de las más excelsas figu¬ ras de mañana. Cierto ; y cuanto se haga en .su bien, irá en bien de Galicia. DE MANUEL BUJADOS Sin duda le conoce el lector por eus dibujos, por sus brillantes manchas de color de un exo¬ tismo característico. Baste este conocimiento, ya que no pudimos hacernos con un retrato del ar¬ tista. Bujados no lo tiene o rehuye darlo. Prefi¬ rió enviarnos el apunte femenino que antecede, repujado a pluma, que nos parece una maravilla. Bueno ; Bujados gusta de ser genial hasta en esto. Su obra fué algo aparte y personalísimo en el presente concurso. No tiene nada absolutamente que ver con Galicia, aunque el autor sea de Vi¬ vero. Evoca por la suprema distinción, por la gracia, la idea y la sensualidad, otro arte y otras épocas : unas veces la pompa oriental, y otras, los días luminosos de Versalles y del Trianóu; las figuras galantes cuyo recuerdo llena aún aquellos salones y aquellas frondas; el arte exquisito de los venecianos o las telas sutiles y deslumbrado¬ ras de Watteau. Bujados es un refinado que, sin afectación, con una elegancia extraordinaria, da a sus fantasías un seUo de originalidad estupendo. — 120 - Aquí envío dos pinturas de ensueño, en que se manifiesta, juntamente con una deliciosa correc¬ ción de dibujo, el más deslumbrador cromatismo. Diríase que se trata, más que de pinturas, de es¬ maltados y policromados dignos de Ducca. Este procedimiento pletórieo de tonalidades vi¬ brantes, ofusca y desorienta un poco a simple vista. Ocúrrese pensar que sería magnífico apli¬ cado a la cerámica, en divinos mosaicos, que da¬ rían, dentro del gusto moderno, la sensación in¬ tensa de las pinturas y esmaltes bizantinos. Detallista, puntillista hasta un grado increíble, sus concepciones son, sin embargo, amplias y atrevidas. Con la pluma o con los pinceles borda, repuja, graba, estiliza hasta la máxima exqui¬ sitez. Una cinta, una cabellera de mujer, el país de un abanico, las joyas y recamados de un vesti¬ do..., tienen en Bujados el intérprete más genial, más fiel y apasionado. Una filigrana de orfebre¬ ría son realmente todos sus trabajos, fuertemen¬ te extraños y adorablemente bellos. No creáis por eso—quienes no los conozcáis— que cae jamás en las timideces de la miniatura. Sus dos estampas de ahora—vendidas ya a los pocos días de estar expuestas—desconciertan y atraen. "Las novias del diablo" es algo tentador, en que un desnudo cálido y cimbreante de mujer, pone su nota perversa. Las otras sensuales muje¬ res, las lejanías versallescas, dan la magia de su — 121 — belleza y de su luz verdeante y endiablada al conjunto. "Los espectros de la música" es una composi¬ ción llena también de evocaciones. Ante el órga¬ no monacal que pulsa beatífica una monja aureo¬ lada—supongamos que es la organista Cecilia—, danzan a la lívida luz que tamiza el rosetón po¬ licromado, las más dantescas figuras, entrelaza¬ das, enracimadas con retorcidos gestos y actitu¬ des livianas como en los audaces frisos y capite¬ les de algunos viejos palacios y de los pórticos de ciertas iglesias milenarias. En primer térmi¬ no, dos gráciles encapuchadas, una de las cuales sostiene la exangüe cabeza del Bautista, recién cortada, como una Salomé de pesadilla, ofrecen un contraste mundano y cruel con la nota sobria del templo. Sus risas de pecado parecen perder¬ se y fundirse en los ámbitos, con las notas so¬ lemnes que las místicas manos arrancan al te¬ clado... Las coloraciones fuertes y animadas de los ro¬ pajes, de los ondulantes collares de pedrería, de las plumas rizadas que empenachan las cabezas, dan la sensación de espléndidas lacas transparen¬ tes. Es Bu jados de lo más original que hemos visto, y es su técnica cautivadora. En las grandes publicaciones de arte, habíamos admirado la pálida reproducción de algunas de sus obras en color ; pero nada puede compararse — 122 — a la formidable riqueza de tonalidades de esas propias obras vistas de eex*ca. j Dónde aprendió y dónde cultivó Bujados ese arte precioso y rutilante como gemas heridas por el sol? De seguro que no en Vivero, aunque allí vive. Y a un artista tamaño, capaz de obras tan pe¬ regrinas, ¿quién le dice a estas alturas que se oriente pensando en su Galicia apacible, nebli¬ nosa y melancólica? ¿Es gallego y triunfa en su género? ¡Basta! CASTRO GIL Nos interesa mucho la obra sincera de este pintor acuafortista, de quien conocíamos esca¬ y sos aunque valiosos trabajos. De sus triunfos en Madrid, tan alentadores en los comienzos de una carrera, hemos ido teniendo noticias por los pe¬ riódicos, que son, en suma, los más constantes di¬ vulgadores y fomentadores del arte. Sin el estí¬ mulo tenaz de las hojas diarias, tan injustamente censuradas o preteridas a la hora de los elogios por quienes más les deben, hubiéranse malogra¬ do en este terreno—en casi todos los terrenos, pero de arte estamos hablando ahora—^no pocas felices aptitudes Artista por temperamento, de i o más personal y fecundo, el joven Castro Gil destacó en este concurso por la exaltaeión romántica, por la fan¬ tasía, por la exquisita técnica de operador y la originalidad grande de sus agua-fuertes. Se ca¬ racteriza además por la sencillez con que inter¬ preta con los colores el paisaje moderno. No sabemos cómo se formó ni cómo pudo en¬ contrar el verdadero camino de su talento na¬ tural. — 126 - Aparece ante nosotros ya h&îho, laureado en la sección de grabado de la Escuela de Bell'as Ar¬ tes de la corte y la Exposición nacional, en y reputado como un artista de excepcionales fa¬ cultades para aquel dificilísimo género de ilus¬ tración gráfica. No es ni frivolo ni vulgar. Al contrario. Se aprecia ante sus láminas la seguridad de la eje¬ cución—un rayado elegante y vigoroso, un mor¬ dido limpio y una estampación irreprochable—a la vez que un gusto amplio y una idealidad en¬ cantadora. Condiciones que difícilmente suelen darse en un mismo artista que a tal especialidad se dedique. De ahí que los acuafortistas buenos sean tan raros. Esquizá Castro Gil el único dibujante y gra¬ bador gallego que obtiene del agua-fuerte tan soberbios y geniales efectos. Y bien puede ase¬ gurarse que, en este orden, difícilmente se le so¬ brepuja Impregnado el espíritu de evocaciones legen¬ darias, algo de intuición mística, refinado y con señorial, traslada a sus planchas, con una gra¬ ve nobleza de estilo, las más soberbias impre¬ siones. Traen a la memoria algunas de sus obras, audaces y vigorosas, los nombres de Dure- ro, de Goya y de Holbein, por la genialidad trᬠgica, lo valiente- del claro-oscuro y la delicadeza o la solidez del dibujo. — 127 - Su copioso envío a este concurso no se pareció a ningún otro, ni cede a nadie Castro Gil en pa^ sión ni en carácter individual. Entre sus agua¬ fuertes las hay sencillamente admirables : dulces y ensoñadoras como la contraluz de la Moncloa —^acabado estudio de árboles en una tonalidad dorada—^y los desvaídos veleros del arenal ga¬ llego ; o de una extraña fortaleza en la composi¬ ción y un desolado simbolismo, como "El poder de Castilla", "Ruinas", "La cima de los grajos", "El jardín de los muertos", "El jardín de los amores"... Lo crudo dei.procedimiento gráfico se aviene del mejor modo en estos dibujos con la idea expresada, baeiéndola palpable y prestán¬ dole toda su grandeza. El castillo trasunto como de pesadilla del — castellano e histórico castillo de la Mota—, que se alza en la cumbre de un cerro, sojuzgando, aplastando, decirlo así, la inmensidad del por llano que lo rodea yermo, es la más terrible ale¬ goría que hemos visto de una dominación secular y de un poder tenebroso. "El jardín de los muertos", fantásticas ruinas que perfilan sus moles sobre masas de árboles; "El jardín del amor", en que una fuente rima su canto eterno entre la penumbra llena de mis¬ terio de un parque; la "Calle del placer" y la "Plaza de las brujas", perspectivas magníficas, de vibrantes contrastes y rompimientos atrevi¬ dos, diputan también a Castro Gil como un ar- — 128 — tista de firme relieve que inarelia rápidamente hacia la consagración dentro del género. Tuvieran al pie estas páginas robustas una prestigiosa firma exótica, y no es dudoso que, con ser las mismas, la admiración hacia ellas se acre¬ centaría. "La Esfera" y otras ilustraciones las reprodujeron, y se nos ocurrió entonces, al ver¬ las, esa observación justa. Y a fe que es cosa pe¬ regrina leer el nombre modesto del joven pintor de Lugo, afirmando gallardamente la paternidad de obras de tanta fibra en un aspecto del arte que tan grandes dificultades ofrece por su técni¬ ca peculiarísima ! No eran exagerados, no, los juicios amplia¬ mente lisonjeros que hasta nosotros habían lle¬ gado del alto mérito de Castro Gil y su genial especialización en estos grabados, magníficos y originales, que en España sólo cultivan como maestros Verger, Baroja y muy pocos más. Tiene ya nuestro paisano una personalidad tan enérgicamente acusada como sus propias agua¬ fuertes, y le sobran alientos para mayores em¬ presas. Nos es muy grato saludarle como una realidad positiva entre el grupo animoso de ar¬ tistas jóvenes que afrontan serenos el porvenir. ❖ Digamos algo de sus cuadritos al óleo, tres de los cuales ocuparon puesto en el salón de honor del certamen. Se ve cómo, lejos del reino del en- DÍA DE DIFUNTOS Por Castro Gil. É - 129 - sueño que le cautiva en sus "Caprietios'' del agua¬ fuerte, conoce y analiza bien las relaciones del arte conla Naturaleza. Es un impresionista ju¬ goso y espontáneo, que aprecia todo el valor del paisaje, las formas, el aire y la luz, y ofrece no¬ tas de mucho sabor local. "A chousa de Rabeias" es, por ejemplo, cuadro alegre y luminoso, un un trozo de pinturaplena pasta que atrae las mi¬ a radas. La gama dorada de los campos en el pri¬ mer término, contrasta con las tonalidades algo frías del fondo. Produce grata impresión. "O Rato", acusa la misma factura suelta, aunque ya la espátula rae el color y concreta los términos. "Alrededores del Miño" es un mimoso apunte en que están bien entendidos los reflejos de la muy luz sobre las aguas, ytiene, como los anteriores, marcadq carácter regional dentro de la personal manera de hacer y de sentir del autor. La man¬ cha de la Moncloa da otra sensación perfecta¬ mente entonada del natural. Cabe esperar mucho, repetimos, de este buen Castro Gil. Si sus soberbias pruebas de agua¬ fuerte denotan una maestría y una originalidad extraordinarias, notas al óleo muestran un sus colorista serenamente encaminado. Tiene las más propicias dotes de facilidad, gracia y vigor. Po¬ see entusiasmos y voluntad. Irá lejos. 9 BELLO PINEIRO '^:MW sK Este bravo mozo pinta tan bien del Seijo, que y que celebró ya por sí sólo exposiciones de sus obras entre francos aplausos de estímulo, siente como pocos el ambiente y la "doce malenconia" del paisaje gallego. Trajo esta vez tres cuadros a La Coruña. Para su triunfo hubiérale bastado con uno, siempre que fuese "Promontoire", que ocupó lugar preferente en el salón de honor. En torno de tal cuadro, en el que se unen a la delicadeza y al primor técnico, una espirituali¬ dad conmovedora, vienen girando cuantos elo¬ gios se tributaron a la pintura de Bello Piñeiro y a sus características como notable paisajista regional. El juicio que "Promontoire" merece a las gentes enteradas como a los simples curiosos que valoran por sentimiento e intuición, es idén¬ tico : allí palpita el alma ensoñadora de Galicia. Está allí reflejado, "retratadoí", en efecto, con pasmosa sinceridad, un trozo admirable de nues¬ tra tierra. Pero, además, el autor, que busca di- - 134 - recta inspiración en la Naturaleza, puso en este lienzo, juntamente con una técnica suave, toda su fina sensibilidad. ¡Ahí es nada—bien puede sentirse halagado el artista—esa tan perfecta unanimidad en la ala¬ banza de una obra ! Acertar con "el cuadro", sin¬ tetizar en él todos los afanes y los supremos an¬ helos de belleza, hacer llegar al espectador la misma honda emoción que domina el espíritu en el solemne instante en que los pinceles inspirados sorprenden idealizan los encantos del natural, e es sin duda la aspiración en que culminan los sueños del artista. Bello Piñeiro, en este lienzo breve, tuvo el acierto más feliz. Con haber tantos paisajes en el certamen, des¬ colló el suyo por derecho propio. Era una nota aparte y personalísima, impregnada de ternura, modelo de sencdllez y de verdad. Sobre un altozano costero alzan su silueta ga¬ llarda unos pinos dibujados, pintados "recorta¬ dos" con tan suprema gracia, que por sí solos, dan la más intensa sensación de vida. Las copas severas que como un palio despliegan sobre el fondo crepuscular del cielo su fronda rumorosa "de escuro arume arpado", están tratadas con una espontaneidad y un verismo de maestro. La ría del Seijo deslizase callada, reñejando en sus aguas dvT plata la mancha leve del caserío fron¬ tero. Más lejos, los montes difuniinan su masa en el horizonte, mientras avanzan las sombras de PINOS DEL PROMONTOIRO F. Bello Pineiro — 135 - la noche. Hay en torno a los pinos, en lo alto, un soberbio rompimiento de luz, como un halo lu¬ minoso que anuncia la salida de la luna. Todo es paz y recogimiento. Diríase que siaena lejos la eampanita de una iglesia llamando a la oración. Los pinos parecen "zoar" ledos, eon blando ca¬ beceo... "¿Qué din os rumorosos na costa verdecente?" La difícil media luz, la dulce y serena airmonía de la composición toda—mezcla bien ponderada de poesía y realismo—, evocan las magníficas y melancólicas obras de Millet, sin que por eso deje "Promontoire" de ser tan castiza, tan genuina- mente gallego como lo es aquel delicioso paraje de nuestras rías. En este examen de valores artísticos, ved aquí uno interesantísimo altamente cotizable. Resulta apreciar cómo ve y cómo siente el paisaje de su país el joven Bello Piñeiro, temperamento deli¬ cado y sutil. Por lo menos, cómo lo siente en esta tela "saudosa" y acariciadora como un alalá... No nos pareció a tanta altura en "Arroeiro" y en "Boado", sus otros dos cuadros, de tonalidad más vibrante, más crudos y harto distantes del primero en punto a sobriedad y belleza del con¬ junto. Pero prescindamos de ellos. Para acusar lo mucho que vale y de cuánto es éapaz pintor tan joven y bien dispuesto, basta en verdad con ese precioso lienzo, tras el cual se van todas las mira¬ das, y en el que han reparado con encomio los demás artistas y los críticos doctos. —He aquí um pintor que procede segura y libremente... —Sí, señores, un excelente pintor, con un ta¬ lento y una personalidad ya sorprendentes... Ricardo Calvo, el genial actor, nos preguntaba, sorprendido de ver figurar a Federico Ribas en esta galería: —jPero ese muehaclio es gallego? Galleguísimo, sí, señor, de Vigo o de Bueu, a donde gusta de ir a refugiarse para gozar del pa¬ norama incomparable de aquellas rías, cada vez que sus artísticas andanzas madrileñas se lo per¬ miten. La misma pregunta hace mucha gente de por acá que sólo aprecia a este pintor por sus planas de "La Esfera", de "Blanco y Negro", de "Por esos Mundos" y demás revistas e ilustracio¬ nes desde donde ofrece hace tiempo al gran pú¬ blico la nota nueva y original de su arte. Aquella firma deslabazada que dice Ribas—así, con b, para despistar más—, puesta al pie de de¬ liciosas caricaturas o de estudios seriamente rea¬ lizados, dice también Galicia. Celebremos que así sea, ya que se trata de uno de los pintores jóve¬ nes que más francamente se han abierto camino y se ganan la vida fuera de su tierra, trabajando mucho, esosí, pero con positivo éxito. Ribas, como Bartolozzi, Zamora, Bujados, Mo¬ ya del Pino, Penagos, Cerezo Vallejo, Castro Gil, — 140 — Monteserín, Marín, Castelao, Ramírez, Varela de Seijas, Máximo Ramos y pocos más, y aun quizá mejor que varios de ellos, está emplazado venta¬ josamente dentro de una tendencia refinada, de¬ corativa y beUa del arte moderno. Y hace cosas preciosas. Subsiste todavía en España la necia preocupa¬ ción de que el cartel, el anuncio ilustrado, los dibujos de propaganda industrial, etc., constitu¬ yen un arte inferior y desdeñable. Error profun¬ do. Si algo debe lamentar, es la relativa cica¬ se tería con que aún se cultiva en España, porque hay que ver qué rango y proporciones alcanza en otros países, y cómo se estima y qué bien se paga. Si el artista vale y a una técnica segura y hᬠbil suma fantasía, originalidad y buen gusto..., no haya cuidado de que pase inadvertido. Dará su nota donde quiera que sea: en una estampa de toros como en el reclamo de un jabón o en la portada de un libro, y el público sabrá apreciarla inmediatamente. Eso de la inferioridad de estas novísimas manifestaciones artísticas, es voz que hacen correr los que no pueden abordarlas por¬ que les sobran "ciencia" y prejuicios y les faltan espiritualidad, gracia en la línea, "saber hacer", en una palabra. ahí carteles y portadas de fir¬ Así andan por mas conocidas, más para lamentar que para ad¬ mirar, ciertamente. Volviendo a nuestro Ribas, pinta, cultiva la caricatura, el elegante anuncio a todo color—la casa Gal y otras, por ejemplo, tienen en él una adquisición magnífica—, la ilustración compleja de cuentos y artículos... Ha puesto con genial donaire sus lápices en la fachada de muchos li¬ bros, el último de nuestro fraternal Pérez como Lugín ; toda esta variada producción, en que y en hay primores de detaUe, acusa la finura de eje¬ cución más simpática. Claro que ese trabajo, por su índole especial, no tiene ni casi puede tener tener nada de Gali¬ cia; pero baste también con que de aquí proceda el autor, con que venza y... con que sienta esa vehemente necesidad de correr a Buen para de¬ leitarse con la serena contemplación de las infi¬ nitas bellezas de su tierra. — Me llena de satisfacción — nos escribía re¬ cientemente — que la gente se vaya enterando de que soy gallego. Podré' no ser un regionalista a ultranza, pero crean ustedes que amo a mi país como el que más... Chóquela usted. Ribas. Pensando y sintiendo así, es seguro que para la Exposición próxima nos sorprenda usted con algo excelente y regio¬ nal ; que no le faltará un rato de vagar para eUo. No quiere esto decir que no nos parezcan muy bien las dos notas humorísticas que envió al pre¬ sente certamen. Los "Tres apaches" es una pᬠgina graciosísima, muy fina de observación y de - 142 - dibujo, realmente parisina por la traza y por el asunto. Y el "Viejo marino", acaso evocación del Berbés, tiene también un enorme carácter. De modo que el envío estuvo bien, pero quienes no le conocen a usted, no podrían juzgar de su mé¬ rito real y efectivo sólo por esa tarjeta de pre¬ sentación. Por eso se escriben las líneas que an¬ teceden. Por eso y felicitarle eordialmente por sus para adelantos y por la gallardía con que se abre paso, lápiz en ristre, animoso, tranquilo, riendo a la vida en un medio generalmente hostil. He aquí a otro paisajista gallego que no se pa¬ rece por su modalidad a ninguno de los citados. Es impresionista que se caracteriza por los un armoniosos contrastes de claro-oscuro, los enérgi¬ cos juegos de luz y la yuxtaposición del color sin amaneramiento. Entiende, como el clásico, que el primer perso¬ naje de un cuadro es la luz, y en sus mejores lienzos,y desde luego en casi todos sus apuntes, esplende el sol, filtrándose, tamizándose en dora¬ das rayólas por entre los árboles añosos, ilumi¬ nando las sombrías cañadas, los sotos, los molinos viejos casi ocultos por la fronda, "veira do río". Presentó varios cuadros en que su identifica¬ ción con lanaturaleza, su compenetración con el alma de la tierra, se determinan fuertemente. Podrá parecer un poco extraño su procedimiento técnico, que a primera vista se antoja con exceso de detalle ; pero pronto se aprecia que, por lo ge¬ neral, es espontáneo, y que no neeesitá exaltar 10 - 146 - los tonos para dar la sensación himinasa, la nota de blandura, de humedad y placidez que per¬ sigue. Entre los cuadros merece cita especial "Ayer llovió aquí", una profunda y arehigallega "con- gostra" coronada de árboles, festonada por bre¬ zos,yedras y madreselvas que se abrazan trepan y a las troncos centenarios, esponjándose bajo los rayos solares. Un vaho caliente y oloroso parece e.xhalar la tierra que fecundó la lluvia de la vís¬ pera. El .sol, como en un rompimiento escenogrᬠfico, i»resta vida intensa a aquel jioético camino hondo. La amplia parte de sombra está entendi¬ da con sumo acierto, y el contraste hace grato a los ojos. Es atrevido y está expresado con íntimo .sentimiento poético muy de notar en los paisa¬ jes característicos de este pintor. "Castañar" es otro sobrio alarde de esas ca¬ briolas de la luz a través del bo.scaje. Un cuadro que no se embellece con la mancha del cielo ni con la perspectiva del panorama distante. Está en la nota vibrante del sol reflejado sobre el cés¬ ped, retorciéndose entre las ventrudas y enrai¬ zadas "cañotas", todo el atractivo de este lienzo, que si de algo adolece, es acaso de insuficiente ponderación de los términos. Pero como estudio, tiene cosas muy plausibles. Un cuadrito pequeño que da mejor, en distinto a.specto, la sensación del campo galaico cuando los árboles se despojan de su pompa lozana, j el - 147 — césped, en contraposición, adquiere muy suaves tonalidades' de esmeralda, es el denominado "Oto¬ ño", en que las tintas ocres del fondo y los vagos contornos de una easuca medio escondida, están entendidos y expresados con una máxima senci¬ llez y la más tierna melancolía. Lo conocimos por haberlo reproducido "La Esfera", y ya entonces iio.s pareció .01113- bien. De la "Corredoira del Cuco" nos interesa el úl¬ timo término, en que también el sol, principal elemento en estas impresiones de Imeldo Corral, reverbera espléndido. Ved cómo, pese a la melancolía de nuestro pai- sa.ie y a su dificilísima luz difusa, hay en él ale¬ gría y brío más o menos apreciables, según el pe¬ culiar temperamento de cada artista, el paraje, 1.a hora... Hasta dieciséis apuntes presentó además Co¬ rral, y en casi todos ellos ríe y cabrillea la luz sin crudeza, fingiendo amables efectos. Es acaso en estas tablitas donde la sensibilidad del paisa¬ jista se ofrece más sin trabas ni preocupaciones, o.spontáneo, jugo.so, en íntima identificación con el terruño. Tenemos en él, sin duda alguna, un pintor ex¬ celentemente dotado, y con personalidad concre¬ ta. Un romántico que, sin amaneradas gracias ni extremosos falseamientos, consigue, por ingénito impulso, aciertos harto apreciables. Pinta mueho — Í48 — y hace tiempo que logró salir, por su propia va¬ lía, del montón de lo discreto. De su obra, nota¬ ble en conjunto, se ocuparon con sincero elogio los críticos de fuera de la región. No es mucho que los aficionados "de casa", al espigar en estos temas, tengamos para el joven y simpático lucha¬ dor—entregado a sí mismo,'como la generalidad de los nuestro;?—^aplausos y palabras de aliento. Merecidos, ciertamente. OTROS ARTISTAS PROFESORES Celebrándose en La Coruña una Exposición de pintura, era natural que los distinguidos profe¬ sores del único centro oficial de Arte que en la capital existe, cooperasen a aquella manifestación de cultura. Un poco para presentar obras desprevenidos de la importancia que hubieran deseado, dieron, sin embargo, el más simpático testimonio de pre¬ sencia los Sres. Tormo, Saborit, Santamarina y Cortés. Rebuscaron en el pueblo algunos de sus cuadros, remozaron o ultimaron otros que tenían en sus estudios, y al concurso los enviaron, más que como afirmación de méritos antes de ahora reconoieidos, como testimonio de adhesión fervo¬ rosa. Un rasgo de modestia y desinterés que les honra mucho. Educadores de la juventud que dibuja, modela y pinta en aquel establecimiento, su labor docen- — 151 - te es iiicritísiíiia. Con las mismas ilusiones de la juventud—ilusiones que suelen amortiguar los muchos años de profesorado provinciano—, cum¬ plen estos excelentes profesores la misión que como un sacerdocio se impusieron. No es preciso añadir que las obras pictóricas que a la Exposición llevaron, son dignas de las- facultades que les reconocemos, aunque esas fa¬ cultades estén muy por encima de tales obras de ocasión, reunidas d'e prisa y corriendo. Es amable y bello el pastel que Saborit presen¬ tó,— dos lindas cabeeitas de niños, — y resulta agradable su marina. Claro Saborit, artista que valenciano apasionado por la luz, ha pintado ma¬ rinas preciosas, verdaderos cuadros decorativos, y que no podría juzgarse por ésto al autor de tan¬ tos otros muy celebrados ; un hombre que de cier¬ to tiempo a esta parte es una verdadera institu¬ ción como director genial de casi todo cuanto en materia de arte hicieron la Liga de Amigos y otras entidades de La Coruña. Tormo se la interpre¬ muestra muy seguro en tación del carácter y del ambiente gallegos en su "Aldeana", un hermoso cuadro entonado con maestría, que acusa las buenas dotes de colorista y de dibujante del autor. Si algo tuviese de aca¬ démico, ello nunca sería un mal en un profesor que, como él, domina tan admirablemente la téc¬ nica y es diestro en el estudio de los valores. Gus- — 152 — tó mucho este lienzo. Un retrato, está ejecutado con tanta espontaneidad como cariño paternal, y "hace" muy bien. Santamarina, en una composición harto difíéil por la agrupación de figuras y la abundancia de desnudos, que titula "Rápete", como en "Finis¬ terre", un estudio de olas batiendo contra las ro¬ cas de la costa, es como siemipre el artista culto, correcto y devoto del natural. Da en "Caranza" una nota de marcado matiz galaico, con melancólica belleza, y presentó ade¬ más im simpático retrato. Finalmente, Cortés, en sus óleos—dos marinas y un retrato—muy jugosos y bien entendidos, algo dice también de cuánto vale como pintor. De sus exquisitas facultades de dibujante, pueden juzgar día tras día, año tras año, cuantos ven "La Voz de Galicia". Maneja la pluma—en sus monos, en sus retratos estupendos, en las alego¬ rías magníficas, en sus composiciones fuertemen¬ te originales—mejor que los que escribimos aque¬ llas páginas. Sin modestia... Es un dibujante sólido y elegante que raya con una gracia y una soltura extraordinarias. Esta especialidad de la nota gráfica para los periódi¬ cos, la cultiva como nadie en España. Cuando organice aquí una Exposición de di¬ se bujantes, Fernando Cortés (y desde luego sus comprofesores) habrá de presentar cosas admira¬ bles. PÉREZ SAAVEDRA Profesor del Instituto de Lugo, en aquella ciu¬ dad reside y pinta. Le es grata toda manifesta¬ ción artística, y donde pone la mano, acusa gene¬ ralmente gusto y originalidad. Dibuja bien hace cosas muy cuidadas y es¬ y timables. Trajo a la Exposición tres obras, de las cuales se singulariza una, de buen tamaño y mé¬ rito proporcionado. Nos referimos a sus "Aldea¬ nas gallegas", cuadro en el que, dentro de la fría manera de hacer del autor, tal vez con exceso me¬ ticulosa, hay aciertos,y sobre todo, mucho carác¬ ter y un franco sentimiento del natural. Están bien agrupadas las figuras, y fijan más la aten¬ ción la de la izquierda y la que está sentada. Hay algo de retrato en el conjunto, pero la ex¬ presión en general es sincera, y los paños, como los accesorios de genuino carácter galaico —. — agradan, desde luego, por la- sencillez y la es¬ pontaneidad que revelan. Una pintura que, por lo gallega y lo decorativa, satisfizo a la mayoría de los visitantes. En "Retazos del pazo" no sintió tan bien el es¬ • píritu del país. Se dejó influir por los románticos y peligrosos cromatismos rusiñolescos, que aun¬ que hacen bonito, requieren cL vigor y el tempe- - 154 - rainentü del ilustre pintor poeta, falseó un tan¬ to el carácter del paisaje, que en otros lienzi» re¬ flejó mejor. El retrato está bien, pero Saavedra, a quien podemos seguir clasificando entre los jóvenes ar¬ tistas gallegos, hará cosas de más empeño. Sus "Aldeanas gallegas" lo auguran felizmente. SEIJO RUBIO En la organización y dirección de este concur¬ so, puso todo su entusiasmo. Tiene unas grandes dotes de organizador, y como es además un pintor distinguido-—con unas facultades mayores que su reputación—, sólo elo' gios hubo para su aictuación inteligente y útil. Conste aquí, de igual modo que ya va dicho ciuínto se debió al espléndiüo éxito logrado a otros ilustres artistas. Además presentó Seijo en la Exposición creci¬ do número de obras—paisajes, con excepción de una tela.—que denotan la gran voluntad con que se suma al movimiento renovador, y cómo predi¬ ca también modestamente, desde su esfera, con el ejemplo. Sus afanes pictóricos se encaminan al culto de la interpretación fiel de la Naturaleza, y logra efectos muy agradables. Impresionista de brillantes disposiciones, es de alabar cómo com¬ prende y trata el paisaje dentro de sus tenden¬ cias. La fecunda producción de Seijo Rubio, franca¬ mente naturalista, tiene aspectos opuestos, y casi todos interesantes. No son sus paisajes, por lo ge¬ neral, paisajes inexpresivo.s, sino trasunto atra- yente del natural, con el más castizo carácter. "Pazo de Arzúa", "Patio de aldea", "Castaños en flor", "Camino de la iglesia", "Muelle de la Dársena", "Calle de nuestra Señora", "Ría del Burgo" y "Puesta del sol", constituyen notas di¬ fíciles antagónicas, ejecutadas con plausible y facilidad, bizarro dominio del color y un no¬ ble sentimiento del bello ideal que persigue. "Ro¬ meros de San Andrés de Teixidó"" nos parece un estudio qxie se recomienda por el noble "enxebris- mo" de la composición y el cuidado de los deta¬ lles. Es Seijo Rubio un ilustrado pintor, tan es¬ tudioso como hondamente impresionado por las bellezas de nuestro suelo. Busca anhelante la verdad, la naturalidad, y pone a su servicio una técnica brillante. Denota en el conjunto de su obra rara inteligencia y fecunda imaginación. Lleva compuestos jni mu- cho.s cuadros—vendidos casi todos—, que patenti¬ zan tan buen arte como extraordinarias condi¬ ciones para el trabajo. Por cuanto es modesto, laborioso y hábil, son justos los aplausos que re¬ cibe y los afectos de que goza. SEIJO RUBIO MANUEL ABELENDA Pintor coruñés pensionado por el Ayuntamien¬ to de la capital de Galicia, cultivó harto rápida¬ mente en Roma las positivas disposiciones natu¬ rales que en él concurren. Desde su regreso, no volvió a salir de La Goruña, encariñado con el terruño nativo y animado por el propicio ambien¬ te; pero cuantos apreciamos su mérito y tememos que, entregado a una práctica ligera de la pin¬ tura, malogre tan grandes bienes, deseamos que vuelva a levantar el vuelo. Cultiva Abelenda con mayor pasión ei paisaje, en el que da notas cálidas y nuevas en esta su "segunda manera", después de la fecunda y acci¬ dentada excursión por tierras de Italia. Más co¬ preferentemente la lorista cada vez, nos agradan espontaneidad de que hace gala, sus contraluces fuertes y cómo entiende y resuelve la pintura al aire libre, con carácter propio ya bastante franco. Algo influenciado por la magia de otros cielos, da la nota jus¬ tiene cuadros, no obstante, en que ta de la campiña gallega, llena de melancolía y de paz. trasparencia aérea de algunos de sus paisa¬ La jes—"O souto" entre ellos—, la ligereza (asaz es¬ cenográfica) de sus toques, y la justeza de la. perspectiva, hacen gratos a los ojos estos prome- — 159 — tedores estudios llenos de brío y de juventud. Pero repetimos que vemos un riesgo en su misma extraordinaria fecundidad y en su permanencia ya larga en este medio, donde, lejos de toda dis¬ ciplina estética, es tan fácil desorientarse. Recon¬ céntrese en sí, persevere en el estudio, que ya vendrá la depuración y triunfará, sin duda. Abelenda. modelo de artistas laboriosos, hace ya cosas excelentes, clara inteligencia del co¬ con lor y singular intuición. Va bien, pero no de- rroclic su talento lejos de los grandes centro.s de arte, de los buenos modelos, de lo.s doctos mae.s- tro.s. Quienes ho.y le estimulan y le aplauden con el cariño que sus buenas aptitudes inspiran, le admirarán mañana, encantados de sus progresos. Un mañana nada remoto, .sin duda. .> González de Castro.—Domínguez de la Cáma¬ ra.—Presentaron subjetivos paisajes de las inme¬ diaciones de La Coruña. Los dos smi discípulos de Navarro, lo que en el segundo es delicado sport y para, amable delectación del espíritu, tiene en el primero mucho de profesional. I/a ría del Burgo, que in.spiró a Llorens su decorativo pann-eau de este mismo certamien, sugirió también a estos dos jóvenes artistas—como a Abelenda—notas discre¬ tas y bien entendidas. González de Castro, que es un correcto dibujante y un buen acuarelista, ofre- — 161 - ce una impresión muy dulce y graciosamente compuesta de "La barra". Acaso está mejor ele¬ gido el punto de vista en su tablita, que en aquel otro precioso cuadro. Hace bien aquel árbol del primer término, rompiendo la monotonía de la intensa y extensa nota azul del mar y del cielo. Sus cuadritos agradan generalmente. ❖ Francisco Lamas, de Orense, presentó tres cua¬ dros en que su personal modo de sentir el natu¬ ral, según la influencia de los maestros con quie¬ nes estudia en América, donde ahora reside, se determina con un sello especial. Hay vigor en el procedimiento,y promesas de algo más valioso e íntimo cuando aquellas influencias se desvanez¬ can. Se nos antojan, el momento, un poco ex¬ por trañas; pero desde luego cabe vaticinar que, cuando se emancipe Lamas, dada .su valía, lle¬ gará a ocupar puesto distinguido dentro de la pintura regional. Emiliano Balas, con su peculiar habilidad para reproducir y agrupar con una gracia particular, en cuadros pequeños, flores, pájaros y frutas, dió dos sensaciones muy agradables.. Es un pintor cultísimo y muy enterado, que lleva trabajado una enormidad en pro del arte regional, y que merece, por sus entusiasmos nunca entibiados, muy calurosas alabanzas. 11 — 162 - Vicente Díaz y González.—Lo propio cabe de¬ cir de este profesor ilustrado y laborioso, minia¬ turista extraordinario, que sólo por fervorosa ad¬ hesión al certamen y por no dejar de figurar en él, presentó a última hora dos excelentes cuadros ya juzgados con elogio antes de ahora. También el arte gallego le debe una labor constante. Cuan¬ do casi todos le volvían la espalda, le ofrendó Díaz sus ardientes cariños. Bequejo, — ved su retrato —- como Abelló y "Nito", dieron la nota risueña y cascabelera con originales y regocijadas caricaturas. Tienen gra¬ cia y, cada uno en su estilo, revelan aptitudes sobradas para el cultivo del género. Carrero, con un buen dibujo al lápiz, impre¬ sión directa del natural; Bernardo y Sánchez, Camino, González López, Ma/rtínez Buján, Lló- piz, Núñez, Ramos López, Somoza, Villaverde, Montes Ramos y Millón Pérez, con paisajes, bo¬ degonea y retratos, contribuyeron en la medida de sus fuerzas al conjunto del certamen. Camino, discípulo de Abelenda, tiene condi¬ ciones, como Bernardo, Martínez Buján — muy joven y que ya en esta Exposición ha vendido un cuadro—, Montes, Núñez, González López, prote¬ gido generosamente por el marqués de Comillas, y alguno más. La comisión organizadora fué pródiga en es¬ tímulos. Y nosotros también. Fué el Benjamín de la Exposición. Oid su his¬ toria pequeñita: Sotomayor, que veraneaba en La Coruña, lo descubrió un día por casualidad. Vió unos dibu¬ jos .suyos y no le parecieron mal. Ciertos apuntes de paisaje pintados al óleo sobre una especie de arpillera, le interesaron más. Había espontanei¬ dad y una franca visión del natural. El mucha¬ cho que hacía aquello, tenía indudables condicio¬ nes artísticas. Cultivándolas bien, era casi seguro que diesen fruto sazonado. Se erigió espontáneamente en tutor del chico. Generoso y paternal, cargó un día con la caja de colores del aprendiz y con los pedazos de tela que éste había pintado. Uno de ellos, con un macizo de árboles sobre una altura desde la cual se abar¬ ca la perspectiva de La Coruña, era el mejor. Es¬ taba clavado en el interior de la caja que servía a la vez de caballete. Vino el maestro a visitarnos, un poco emocionado. Abrió la caja. Fué exten¬ diendo sobre las mesas de la Redacción las modes¬ tas maniohas de color, y nos invitó a verlas. —No hay nada de maravilloso, ciertamente, pero no están mal. Hay intención, cosas hechas 166 — eon gracia, con un claro sentimiento... ¿Verdad? Nos contó que el rapaeín era operario en la fᬠbrica de Puig, donde ganaba, para sus padres, unos pocosreales. Nos pidió que le ayudásemos. —Yo, desde luego, me lo llevo a Madrid, a mi estudio ; pero una vez aUí necesita atender a sus necesidades, vestirse..., ¡vivir! —Le tendré a mi lado, le enseñaré lo mejor posible. Pero aquí es necesario que completen la obra dando a Concheiro unas pesetas. El Ayun¬ tamiento... La Diputación... ¿Les parece a uste¬ des que las darán ? Por aquel entonces hicimos la presentación al público de este pintorcito avispado, puesto feliz¬ mente bajo la salvaguardia admirable del maes¬ tro. El Municipio acordó entusiasmarse—median¬ te una instancia del ilustre artista—y dar al mu¬ chacho ciertas pesetas. Pero el presupuesto en que las consignaba, no prevaleció. La Diputación, por no ser menos, otorgó otra subvención. Mas su¬ cedió lo propio. De un tajo cercenó la partida "la superioridad", que a veces no quiere entender de arte. Y el joven se vió en situación crítica. Por fortuna, la iniciativa particular subvino do momento a la necesidad. Un diputado amigo nuestro, el Sr. Barcón, entregó a Sotomayor cien duros para ayudar a Concheiro, y "El Noroeste" logró otros ciento abriendo una rápida y simpᬠtica colecta. - 167 — Así pudo empezar el simpático rapaz coruñés su aprendizaje en la corte, llevado de la mano por el insigne padrino. Tan emocionado iba Conoheiro al partir, que lloró de gozo. ❖ Volvió—siempre con el maestro—pasados que fueron varios meses. No había perdido el tiempo. Presentó ya tres cuadritos en la Exposición: la cabeza vigorosa y sobriamente entonada de una labradora, un boceto de retrato de su padre y un apunte de paisaje. Sotomayor volvió a hablamos de las disposicio¬ nes advierte cada vez más en su protegido: que —Entró pronto y bien en aquel medio. Se des¬ pertaron al punto sus dotes naturales y hasta, progresó en trato social. Al principio me dió un susto... Le puse a dibujar de estatua, y me en¬ contré icon que hacía menos de lo que yo creía. Pero no tardo en soltarse. No había hecho hasta entonces copiando del natural, y nada de figura, menos aún pintando al óleo, y, sin embargo, fué encantador ver cómo aquellas facultades precoces que yo había apreciado en él, se revelaron cada vez más fuertes. Pinta y dibuja con un afán enor¬ me. Vean ustedes esa linda cabeza de moza... En la cual alguien cree ver el pincel de — usted... — 168 — —¡No, no! ¿A qué equivale engañarnos? Todo lo hizo él. Palabra. Lo que hay es que tiene un don dé asimilación tremendo, y como se sirve de mis modelos e imita mi modo de hacer... Yo ya le dije : Cuando no me copies en nada y hasta pres¬ cindas de mi técnica en absoluto, comenzarás a ser pintor. —¡Hombre, por Dios! —Decididamente, vale el rapaz. Es como una planta que de día en día sube con nuevos brotes y mayor lozanía... Si no se malogra, ¿quién sabe adonde podrá llegar, el estudio, con con el tra¬ bajo asiduo? ¡Pero es una pena! Si no le ayudan... Es verdad..., oficialmente al menos, bíientras se arregla eso de las corporaciones, otra suscrip¬ ción popular iniciada en "La Voz", abre de nue¬ vo a Conebeiro el camino de Madrid, para que siga aprendiendo. Creemos en él. Será para todos una satisfac¬ ción haber contribuido a darle armas para la lucha de boy, acaso para el triunfo de mañana... Digamos algo de la escultura y las industrias artísticas, tan brevemente representadas esta vez en la Exposición. Es natural referirse en primer término Ma- a dariaga. Este escultor nos ha llovido del cielo, y por suerte para esta ciudad, es coruñés. Cae en hora propicia, cuando apenas hay en nuestra tie¬ rra quien modele y esculpa. Desaparecidos San Martín de la Serna, que dejó leve rastro aunque tuvo aciertos; Vidal y algo impor¬ Ctistro, que tante significó un estatuaria ; Bro¬ momento en la ces, que caracterizó a Galicia en originales obras de género tan celebradas como "¡Aquí..., aquí!", "La mejor elección", etc., y oscurecido Mirás vo¬ luntariamente, iba pasando el tiempo sin que su¬ piésemos acá hubiese escultores de ver¬ que por dadero mérito. Asorey con sus geniales y humo¬ rísticos trabajos, y Magariños con sus labores de talla en madera, tienen un sello y un carácter pe¬ culiar. Son los dos algo aparte. Madariaga es joven; vivió en París, y en aquel ambiente exquisito de arte, sintió la vocación — 172 - irresistible de concretar en un pedazo de mármol los vehementes anhelos de su espíritu cultivado. Oyéndole referir sus andanzas por museos y talleres, devorado por divina fiebre, con sed abra¬ sadora de ideal, ocúrrese pensar que antes de que hubiese manejado las herramientas de escultor, tallaba ya con la imaginación. No es cosa de refe¬ rir cómo sus facultades hubieron de manifestarse, ui cómo hizo notar la exuberante florescencia se de su personalidad. Á nosotros llega en pleno vi¬ gor, sorprendiéndonos por la pureza de su estilo, lo firme del dibujo y la gracia no exenta de aus- tci'idad el blando manejo del mármol. en Es artista mozo, de recia contextura un espiri¬ tual— ya va apuntado antes—, que se revela como un psicólogo capaz de inmaterializar en la materia pensamientos y almas. En algunas de las obras que exhibió, evocado¬ ras del pasado, se nos antoja clásico ; mas su cla¬ sicismo en la forma no es óbice para que sea tam¬ bién personal y moderno en la ejecución. Su cabeza "Dolor" ha sido considerada como la mejor de las presentadas. Es, en efecto, una de las que más honda emoción producen, por la in¬ tensa realidad que la anima, por el rotundo acier¬ to con que el artista supo convertir en carne y enmúsculos el barro y el bronce bajo sus manos. Aquel rostro en que la suprema angustia se re¬ fleja, no parece expresar sólo el dolor del indivi¬ duo. Diríase que condensa, exalta y simboliza el DOLOR E. de Madariaga - 173 — dolor de la humanidad, eon la más serena me¬ lancolía. "Alma, castellana" demuestra cómo el gusto francés no se adueñó del artista, que volviendo los ojos a la patria española, encuentra en ella y en su gloriosa tradición escultórica, amplio hori¬ zonte para sus concepciones. Severa y majestuo¬ sa, la figura de Castilla parece erguirse sobre la llanura, abarcandq en una luminosa mirada, la lejanía infinita, igual y sin ondulaciones, como sus cabellos, que caen sencillamente demarcando el rostro, estilizados, heridos apenas por el cincel con leves surcos, como los que el arado abre en el seno de la tierra p·róvida. La cabecita de niña es algo encantador, de una placidez y de una elegancia refinadas. El mármol, en este bellísimo estudio lleno de carácter, como en otras cabezas de mujer de amable cla¬ suaves ro-oscuro, que fueron ornato del certamen y des¬ canso de los ojos, parece dúctil materia que el es¬ cultor modela a su antojo sin violencia. Estos re¬ tratos—que retratos son sin duda, como el del decadente con Madariaga, genial, quiso ani¬ que mar un pedazo, de piedra—tienen vida y expre¬ sión reales. Maravilloso triunfo del arte el de tro¬ car con tal perfección en figuras animadas que son la verdad misma, toscos materiales informes, infundiéndoles aliento y haciéndoles vivir vida perdurable ! - 174 — El busto en bronce del doctor Rodríguez, tiene el arranque bravo y seguro que cuadra a esta ca¬ beza tormentosa. La blandura característica de Madariaga, su manera de hacer fina y sutil por excelencia, tórnanse en esta obra todo brusque¬ dad y energía, acusando un desdoblamiento cu¬ riosísimo y feliz de la personalidaii del escultor- dueño de su arte. Desde luego, por estas y otras fragmentarias cuanto vibrantes manifestaciones, se ve que el notable escultor coruñés concibe, imagina, sueña con algo más fuerte y definitivo. Hace bien. Abí están como demostración de la amplitud de su pensamiento, las reproduccionès fotográficas de dos esculturas de más alto empeño y de tan opues¬ ta tendencia como "Salomé" y "Teresa de Je¬ sús". Fué gran pena no haber podido traer a la Exposición arabas obras, en que mejor se déter¬ mina, sin duda, el valimiento del artista. Las notas imprecisas en la fotografía, hácen- nos adivinar bellezas que da el natural. Nos ofre¬ cen en mayor escala aspectos y modalidades. Los bloques de mármol, desbastados apenas, en el afán de grandes síntesis, por Rodín singularmen¬ te preconizado, insinúan en líneas viriles o tran¬ quilas, la poética traza de las figuras. Se ve cómo Madariaga depura, concreta y .sutiliza en un an¬ sia noble de remontarse sobre lo vulgar. Cuando sea llegado el momento de que con vi¬ goroso impulso baga surgir triunfadora la obra - 175 - que dará justo testimonio de su valía, y en la que a la belleza de las actitudes, a la majestad del continente, a la corrección del modelado en miem¬ bros y ropajes, se una la magnífica sobriedad de procedimiento que en estas cabezas de ahora apreciamos, Galicia, al presente le saluda que como a un artista de mérito, habrá de aclamarle, conmovida al ver cómo en él reverdecen—dentro de los preceptos de las modernas orientaciones— aquellos viejos laureles que con Gregorio Her¬ nández, Felipe de Castro y el mismo Ferreiro, tan grande como desgraciado, dieron un tiempo garimosa sombra y singular prestigio al arte ga¬ liciano en el maravilloso conjunto del arte es¬ pañol. Madariaga, tan joven, anduvo mucho camino en poco tiempo. Artista joven de los más calificados de Gali¬ y cia, está en un período de tránsito, fluctuando por fijar su personalidad y definir mejor sus orientaciones. El momento difícil, pero cabe fiar en el ta¬ es lento y en el buen sentido del ya muy justamen¬ te celebrado escultor gallego; el más caracterís¬ ticamente gallego de nuestros contados esculto¬ res. Celebraríamos mucho que el ángel bueno que le habla de un arte grande y noble, todo sereni¬ dad, belleza y armonía—que él siente tan bien, cuando quiere ponerse serio—^venciese al diabli¬ llo jocundo y retozón que le adormece con la co¬ modidad de otros éxitos y le lleva a veces a ca¬ ricaturizar aquel mismo arte. Es ya una pena que trate de encasillársele francamente entre los humoristas. El da motivo es cierto, llevando buena parte de su obra por ese camino y enviando sus trabajos al "Salón" que en Madrid celebran aquellos señores con cier¬ ta peridioeidad. Asorey no puede ir muy lejos — 180 — por ese camino y sería un gran dolor que así ma¬ lograse las poderosas facultades que en él apre¬ ciamos. Con depurado buen gusto y una sensibilidad que, por encima de todo, le sustraen a lo que es chabacano y deleznable, hará mal si a estas muy alturas no toma su arte por el lado más difícil, es cierto, pero también por el más glorioso. Si a ello se decide, seguros estamos de que alcanzará honra y provecho. Cuestión de voluntad y de tra¬ bajar con fe, perfeccionando sus espléndidas do¬ tes. Hágalo con un bravo gesto antes de que lo malee la caricatura y sea tarde. Es un consejo sincero de leales admiradores. Deje que se infiltre en él el alma de Compos- tela ; siga recogiendo como lo hizo ya en algunas de sus obras magníficas el espíritu que anima a la ciudad de piedra, reflejado en monumentos ar¬ queológicos, en pórticos de maravilla, en escultu¬ ras soberbias, en cuanto evoca el pasado y es al presente orgullo de la urbe jacóbea ; imprégnese cada vez más del ambiente artístico de Galicia, donde las magnas obras de otras edades son ma¬ nantial inagotable de inspiración lozana y cuan¬ do tan íntima y consustancial sea esa identifica¬ ción (que para bien suyo queremos). Asorey hará algo grande y definitivo. Es seguro. Si quiere, puede. En su envío a la Exposicióji regional, se apre¬ ciaron bien las dos tendencias entre que batalla. — i81 - Todo acusa al artista con verdadero rango de tal, pero le preferimos en "Beneficiado", en "Re¬ licario"—trasunto interesante de la cabeza de Santiago que guarda la basílica santiaguesa—, en "Tránsito"—tal vez un símbolo del estado de ánimoi de Asorey—y en los mismos bajorrelieves "Deseo" y "O Campo", no por lo mucho que val¬ gan los dos, precisamente, sino por cuanto acusan nenfio del escultor que copia bien el natural y sabe realzar la belleza y el vigor de la forma. En un friso, pensado y desarrollado como Dios man¬ da, harían admirablemente estos estudios de arte grande. La cabeza del clérigo, en yeso patinado, tiene un intenso carácter legendario y llama jus¬ tamente la atención. En. obras de esta índole, en "Maternidad", en la magnífica medalla conmemorativa del home¬ naje a Marcelo Macias que acabamos de recibir, se ve cuánto vale Asorey y de cuánto será capaz consustanciado con su tierra. En "Rezos" y "Caballeros-negros", como "En altar de la forma", "Lo jondo" y en la caricatu¬ ra de Castelao—la otra tendencia—, nos gusta mucho también ¿a quién no?, pero le admiramos y aplaudimos con los temores y las reseiu'as ante¬ dichas. Se aprecia en lascomposiciones primeras una gran armonía. Hay belleza y gracia en las agrupaciones de figuras, en el modelado, en la traza espontánea y llena de emotividad. Nótase en los otros dos grupos, a la par que soltura y — 182 - brío en la línea, cierta influencia goyesca y des¬ de luego zuloaguesea..., que puede ser pernicio¬ sa. Bien está, en suma, que Asorey, para satis¬ facción y regalo de su espíritu zumbón, juegue en estas preciosas y geniales creaciones y basta haga socarronas caricaturas románicas..., pero insistamos en que este género, aun con todos los refinamientos y humorísticos rasgos personales que se quiera, no le dará mayor gloria. Que es lo que sobre todo, y muy de veras, Je deseamos por los siglos de los siglos... Amén. ❖ Otros artistas jóvenes hacen sus primeras ar¬ mas con trabajos felices, discretos y hasta algu¬ nos muy apreciables por lo que prometen. Esperábamos más de Campo Sobrino, pensio¬ nado que fué en Roma de la Diputación de Pon¬ tevedra. Se ha adormecido un tanto, y no tiene derecho a ello quien tan plausibles condiciones revela en la cabeza con mantilla. Es menester. Sr. Campo Sobrino, que para la Exposición pró¬ xima, le veamos a usted con mayores ánimos!... Díaz Baliño, es una esperanza digna de es¬ tímulo. Sus dos retratos barro cocido, revelan en francas aptitudes, el estudio en yeso, en como que hay valentía y espontaneidad. López Mirás también es un muchacho traba¬ jador y entusiasta, en quien se puede tener con¬ fianza. En "Meditación", demuestra cl autor una gran voluntad y un deseo ardiente de pelea. Está bastante acertado en sus retratos en barro, sobre todo en el de dos de los niños, muy sobriamente tratados y modelados blandamente. Cuando Mi¬ ras no sienta la imperiosa necesidad de hacer estas cosas de encargo, ni, a destajo, podrá produ¬ cir cosasmejores. De lo que vale cultivando la escultura y la talla aplicadas a las industrias ar¬ tísticas, da idea el bargueño estilo renacimiento que también exhibió, y del cual se hicieron mu¬ chos elogios en su día. Hay en este hermoso mue¬ ble, figuritas y detalles de una ejecución irrepro¬ chable. Rodríguez Luard, con su "tragedia" del beso expresó con timidez un pensamiento poético. Cabe presumir en él más claros aciertos. La escultura descartado ya Madariaga—^no — dió más de sí. Varios amigos estuvimos recientemente en el taller de Magariños, al final de la, calle de Los Laureles, en Santiago. Hablar de laureles en casa de un artista, es como repicar a gloria, pero Ma¬ gariños, modesto y aplomado, no se paga de apa¬ riencias ni simbolismos. ¡ Bah 1 Es un hombre se¬ reno y ecuánime. No divaga ni se deja dominar por la imaginación. Prefiere el estudio y el tra¬ bajo disciplinado. En el taller—amplio como la nave de un con¬ vento—, que bañaba el sol, había el ajetreo de una gran indiostria en marcha. Varios artífices, en mangas de camisa, andaban a mazazos con grandes perehas de madera, desbastándolas, dán¬ doles poco a poco traza artística. Otros, con es¬ coplos, formones y gubias, parecían empeñados en singular batalla con media corte celestial : san¬ tos y santas, angelotes rollizos, p.atriarcas vene¬ rables. .. Aqiií modelaban unos en el barro o con¬ sultaban croquis. Allá doraban otros fuego unas a ménsulas deliciosamente talladas, o preparaban un vaciado en yeso. Los aprendices, con largos mandilones y unas terribles caras de "riUotes", — 188 — llenos de agadeza, iban y venían acarreando tron¬ cos recién aserrados, limpiando el piso de virutas y palitroques... —¡ Magariños ! El maestro salió de nna especie de antetaller tan rebosante—el local—de ideas y proyectos, como el propio artista. En Galicia entera es po¬ pular este hombre simpático y llano, proveedor escultórico de la mayoría de los pazos, de las rec- ^ torales, conventos, ermitas y santuarios de la re¬ gión, donde centenares de imágenes milagrosas, salidas de sus manos, están pidiendo a Dios por él desde los altares; altares tallados también con primor por Magariños. —Caramba!...—^nos dijo—. Miren ustedes có¬ mo me encuentran. En pleno trajín... Sin cuello, con las manos sucias... Estoy bocetando aquí "esto" arreglo a un diseño que me enviaron... con ¿Dónde está el diseño? Es muy malo... Revolvió carpetas hidrópicas de apuntes, de es¬ tampas, de plantillas, de planos. Abrió y cerró vitrinas en que se desmoronaban, .medio reventa¬ dos por el uso, los gruesos volúmenes de historia del arte, las fotografías de retablos, sagrarios, pulpitos, muebles artísticos. Cristos, Dolorosas, ^ artesanados y baldaquinos, esculpidos tiempos atrás en el taller... Levantó la pesada tapa de ar¬ cenes y pupitres, tan repletos de papelotes, que amenazaban con desbordarse... Santiago Apóstol — 1S9 - sonreía desde un ángulo, caballero en su blanco corcel... —Aquí me tienen siempre "a ello". Pasen... Trabajo no falta, que es lo primero, pero son co¬ sas industriales, por regla general, que es fuerza despachar pronto... Cuando cae algo importante que requiere fijar los sentidos, sí que da gusto. Se trabaja con fe. Pone uno todo su afán en Incii- se... Algo tenemos ahora que enseñar... Pasen... Maximino Magariños, discípulo predilecto de Sanmartín, de Broeos, de Mirás, es sin duda el más notable y perseverante cultivador de las ar¬ tes plásticas aplicad!as a la industria que tiene Galicia. En cierto modo, en su taller—donde los discípulos cantan alegres y sienten una enorme devoción por el maestro—aparecen condensarse, en aquel aspecto peculiar, las gloriosas tradicio¬ nes santiaguesas de escultores, orfebres, pincelis- tas, grabadores, retablistas, herreros, arquitectos, maestros de obras, pintores y azabacheros, cuyas semblanzas bosquejó admirablemente Murguía en un libro famoso. La juventud obrera santiaguesa dibuja y que modela en la Económica y en las aulas de la Es¬ cuela de Artes, debe a Magariños gratitud- since- - 190 - ra cuanto, dentro de los medios de que dis¬ por pone, proporciona a sus afanes artísticos expan¬ sión propicia y remuneradora. Mantiene la fama de las nobles tallas que fueron prestigio de la ciudad, y consagra su afán a crear un plantel de muchachos aptos para desarrollar en un porvenir cercano, las felices aptitudes que hoy revelan. Una de sus preocupaciones fervientes, es con¬ servar en cuantas obras ejecuta, el carácter pro¬ pio de la escuela gallega. G-oza inculcando este principio a sus discípulos. No es el tallista imita¬ dor y rutinario ni el vulgar desbastador de ma¬ dera sin otra preparación ni guía que la inspira¬ ción del momento, sino el artista capacitado que ama su tierra y que exterioriza sus dotes en muy bellas obras, cada vez que halla ocasión. Susretablos, que son gala de tantos templos y oratorios particulares; sus esculturas religiosas, que se caracterizan por una gran sencillez y na¬ turalidad, sus muebles suntuosos, en que hace ad¬ mirables alardes de buen gusto, dentro de cual¬ quier estilo, hablan muy alto en favor de Maga- riños. Claró que nos referimos a las obras que cuida, a aquellas a que dedica personal interés en sus horas de idealidad, como el espléndido trípti¬ co, trasunto del pórtico de la Gloria, que tan jus¬ tos elogios mereció en la corte ; el oratorio, en que la imagen del crucificado y los románicos capite¬ les son un prodigio de ejecución; los vasos de boj cuajados de figulinas, genuinamente gallegas ; las — 191 — areas que allá se van en punto a riqueza decora¬ tiva con los bargueños y arquillas de otras eda¬ des; los santos—no de "batalla"—en que los ros¬ tros tienen mística expresión y los paños están tratados con gracia y soltura, y las imágenes son correctas y proporcionadas; los sagrarios floridos, las sillas monacales, las ánforas cinceladas... Nos mostró esculturas en azabache que son una preciosidad. Tan delicada industria, que tuvo en Galicia un soberbio desarrollo, parece florecer en este taller compostelano. Esto de las industrias artísticas debe preocu¬ parmucho para la próxima Exposición, no sólo a Magariños, sino a cuantos otros gallegos las cul¬ tivan en sus más interesantes manifestaciones; plateros, grabadores, for,i adores de hicimos artís¬ ticas, enea,! eras, bordadoras, ebanistas, esmalta¬ dores, ¡hasta los que hacen las bonitas y prác¬ ticas .jarras de junco, tan famosas en la provin¬ cia de Lugo! Todo ello hay que fomentarlo y cul¬ tivarlo debidamente. Dentro de muchos años, prosiga ei cuando se estudio del arte en Santiago, el historiador o el crítico que encuentren algunas de sus excelentes obras, rendirán a Magariños elogio.so recuerdo. —Muy largo raelo fían ustedes...—nos replicó él cuando alguno de los visitantes apuntó la idea remota—. La pena está en que ahora, mientras uno vive y trabaja, haya gentes ricas de la región que encarguen afuera esas cosas que. como uste¬ des ven, pueden hacerse aquí perfectamente, sin falsa modestia. Es verdad. Pero nuestro. Por fortu¬ eso es muy na, Magariños produce mucho—excelente, bueno o mediano, según le pagan—■; su taller respira actividad y no corre el riesgo—¡qué ha de eo- rrer!—de mendigar nunca la sopa a las puertas del convento de San Pranciseo, como aquel otro santiagués sin ventura, Antonio Fernández, es¬ cultor de positivo mérito, de que Murguía nos ha¬ bla, ni de emigrar pobre, enfermo y descorazona¬ do como tantos otros... A laExposición envió Magariños—que estaba un pocodesprevenido—^sólo dos arcas. Ambas lla¬ maron justamente la atención por lo notable de la talla, lo rico de la ornamentación y lo sobrio y artístico de las alegorías del "Quijote". Estan¬ do muy bien, dan, sin embargo, débil muestra de lo mucho bello que él sabe hacer. —Mi mercado para estas cosas, poco frecuentes — 193 - aquí—nos decía.—, está en Barcelona, en la Ar¬ gentina, en los Estados Unidos... ¡Las arcas, re¬ tablos y muebles sujetos a estilo y cuidados con mimo que yo he enviado allá ! Eso sí, procurand') conservar siempre la personalidad gallega. Mi empeño está en que se conozca que en Santiago se cultivan las tallas artísticas!... i Oh, Magariños ! Si tu arte y tus santos no te salvasen, esto sólo bastaría a llevarte al cielo de- ree'hito, para dar allí un beso en la frente al maes¬ tro Mateo, inspirador sublime de todos los artis- tíis santiagueses... L.VlV. GeaSis§= 4 « TX ÍH^ITUTO ,\h-'. .r-.iiRi DE AiílE HÍC?Aí-:¡CO I R t0^3 t ID. &/f3, 33 Vs Precio, 2,50 pesetas.