Sociedad Española de Amigos del Arte Exposición de Arte Prehistórico Español POB D. Eduardo Hernández-Pacheco OBAFICAS BEUNIDAS, S. A. MADRID, 1821 U343Í SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE EXPOSICIÓN DE ARTE PREHISTÓRICO ESPAÑOL D. Eduardo Hernández-Pacheco. MADRID GIÍÁHCAS WEUN1DAS, S. A. 1921 Exposición de arte prehistórico español. L a primera Exposición de arte prehistórico. — La Exposición de arte prehistoria) español organizada y llevada a cabo bajo los auspicios de una entidad tan benemérita y culta como ¡a Sociedad española de Amigos del Arte, tiene la excepcional importancia de ser la primera en su clase que se celebra en el mundo, hecho que tiene su razón de ser en Ires motivos principales. Es el primero, el poco tiempo que hace se han comenzado a estudiar con intensidad las manifestaciones artísticas de orden pictórico de los pueblos primitivos y de las razas fósiles; pues aunque algunos datos e investigaciones esporádicas son de fecha remota y siempre realizados en España y por españoles, es ;m hecho que, hasta pasados Jos primeros años del siglo actual, no se entró de lleno en la investigación del arle fósil, habiéndose realizado en el último decenio casi la totalidad de los estudios y publicaciones pertinentes a este nuevo aspecto de la ciencia prehistórica. El segundo motivo por el cual la primera Exposición de arte prehistórico se celebra en España, es porque la mayor parte de las pinturas y grabados que se conocen de estas manifestaciones, tan originales y sugestivas, de la mentalidad del hombre primitivo, existen en nuestra patria con una tal profusión relativa, que España puede considerarse como el Museo mundial del arte prehistórico. Es en nuestro país donde la aurom del arte surge, manifestándose rápidamente espléndida y vigorosa. De los tres grupos en que se deben reunir las pinturas y grabados parietales, trazados por nuestros lejanos ancestrales de los remotos tiempos anteriores a los históricos, uno, el más realista y vigoroso, que tiene su situación en las tenebrosidades de las cavernas, es común a España ya las _ 4 - regiones meridionales de Francia. Los otros (ios: el naturalista levantino, situado en covachas y a la luz del día, cuyas características más salientes son las representaciones humanas y ¡a expresión de! movimiento es exclu- sivo de España, como también es propio de nuestras escarpadas sienas y de los peñones de la áspera y variada Iberia el tercer grupo de manifesta- ciones pictóricas, arte que ya no es realista, sino simbólico y enigmático, constituyendo la más antigua expresión pictográfica, germen de la escritura. El tercer motivo que ha permitido celebrar esta Exposición antes en nuestro país que en otro alguno, consiste en que el estudio de tan remotas pinturas ha sido hecho, en su mayor parte, por españoles, unas veces solos y aunque escasos de medios materiales, sobrados de entusiasmos y de idea- les, de deseos por descubrir lo desconocido y maravilloso, y de constancia para estudiar lo relativo ÍI tan sorprendentes monumentos; otras veces el estudio se hizo en alianza con investigadores extranjeros que sobrados de facilidades materiales, acudieron a la conquista cientifica del conocimiento de las más antiguas manifestaciones artísticas de la humanidad primitiva. Los materiales resultantes de estos estudios, los calcos y copias de las pinturas, base de la Exposición celebrada, estaban en SÍI mayoría en poder de la entidad española que ha dedicado a estos estudios una gran - 5 — parte de su actividad, los había reunido en Madrid la Cunihiún de Iiwesti- guciones paleontológicas y prehistóricas; otra gran parte existía en los archivos del ¡nstitut de Paleontologie humaine, de París, y algunas copias en poder de investigadores españoles; así es que obtenidos para la Expo- sición los materiales existentes en París, fue fácil reunir los demás y exponerlos. Esta Exposición debe envanecer a nuestro amor patrio por lo que se desprende de lo dicho, tanto imís cuanto que estas pinturas debemos con- siderarlas como los más viejos blasonas del pueblo hispano, que andando el tiempo había de extenderse triunfante con esforzada nobleza de ánimo por toda la redondez, de la Tierra. Los precursores. • Tiene esta Exposición un carácter de homenaje a ia memoria de los sabios investigadores españoles, que no sólo descubrie- ron estas pinturas, sino que acertaron a expresar su origen y a determinar los pueblos que las hicieron, con clarividencia y con precisión propia de hombres de cultura superior, Es ya muy conocida la labor de estos precursores de los estudios pre- históricos modernos para que haga yo aquí nuevamente el relato de los descubrimientos del arte primitivo; pero sí he de enaltecer una vt-z más la memoria del erudito cura de Montoro D. Fernando López de Cárdenas (1), que en 1783, en aquella época de fugaz renacimiento científico, al que dio impulso el gran rey Carlos III, estudió las pictografías de Fuencaliente, en la Sierra Morena, y con una muestra de ellas envió las copias cíe las demás al conde de Floridablanca, con destino al Real Gabinete de Historia Natu- ral, hoy Museo Nacional eje Ciencias Naturales. He de enaltecer también la memoria del catedrático de IÍI Universidad de Granada D. Manuel de Góngora y Martínez, cuando a mediados de! siglo XIX, en épocas turbulentas y de escasa segundad personal en los campos, recorre solo las fragosidades de las montañas andaluzas, desde Almería a Córdoba, y nos da en su libro Antigüedades prehistóricas de Andalucía (1868), cuyo título indica claramente su contenido, cabal noticia de sus notables descubrimientos y copia de las pictografías de la cueva de los Letreros. He de hacer el elogio del clarividente D. Marcelino S. de Sautuola, que descubre y excava en 1875 la caverna de Altamira y descubre en 1879 su maravilloso techo pintado, asignando con precisión a sus pinturas la edad que les corresponde. Y he de hacer también el elogio y enaltecer la memoria, de mi querido muestro y sabio antecesor en la cátedra de Paleontología de la Universidad de Madrid D. Juan Vilanova y Píera, a quien tantos descubrimientos en prehistoria se le deben; defensor entusiasta de la autenticidad de las pintu- ras de la caverna de Altamira en diversos Congresos científicos; sabio que vio negados sistemáticamente sus descubrimientos por los más eminentes prehistoriadores y paleontólogos extranjeros y por gran número de sus co- legas españoles, que le abandonaron por miedo a ir contri) la corriente del dogmatismo científico europeo, y a! que. ahora en esta Exposición se ha glorificado, porque sus adversarios ultrapirenaicos se rindieron ante la evi- dencia y lealmente reconocieron su error (1902), muerto ya el maestro. Rechazar y no estimar la labor y la ciencia de los propios y creer exce- sivamente en la de los extraños, es mal del que aún no estamos por com- pleto curados, porque pesa sobre nosotros la historia de un largo siglo de detención de la vida científica española, casi paralizada por el continuo guerrear contra extraños y de discordias intestinas y guerras civiles, que hicieron que durante este largo período apenas poseyésemos otra ciencia que la reflejada, creándose un fetichismo morboso hacia los investigado- res exóticos, y no estimásemos !a luz propia, que se encendía solitaria de vez en cuando en nuestra patria; luz que por falta de cuidados y atención, .¿quéfu'é sino clnrídad que cuando más encendida fue amatada?» ' Sin embargo, esta Exposición indica que en el orden de conocimientos relativos a la prehistoria, como también sucede en otras muy diversas cien- cias, la investigación científica se desarrolla pujanie en España, concedién- dose ya por la parte más culta y consciente del país la atención que merece el esfuerzo de nuestros sabios. Deber de éstos, para acabar con el espejis- mo apuntado, que tanto perjudica a la ciencia patria y al progreso de! país, es seguir trabajando con ánimo y constancia, sin reparar en las estreche- ces, asperezas y dificultades del camino, pues siempre se alcanza el premio de la satisfacción íntima del deber cumplido. Los métodos de investigación. — El estudio del arte fósil, incluso el prehistórico de la época holocena o actual, se hace mediante métodos que encajan por completo en el dominio de las Ciencias Naturales. Es la ciencia geológica la única que puede conocer las variaciones geo- gráficas ocurridas en el correr de los tiempos pretéritos, determinando cómo fue la Paleogeografía de las pasadas épocas de la evolt-dón terrestre y saber cómo era el medio ambiente en que vivían los pueblos pintores de cavernas y peñones. Los estudios acerca de las variaciones en la extensión y distribución de mares y tierras por el examen de los depósitos de las pla- yas levantadas; las investigaciones respecto al glaciarismo de las épocas cuaternarias; el examen de los depósitos de aluviones, y aun los estudios, en apariencia más extraños al conocimiento de los pueblos primitivos, como el del volcanismo, proporcionan datos de tan gran importancia que resulta que la Prehistoria es principalmente ciencia de geólogos. Por otra parte, el estudio estratigráfico de un yacimiento paleolítico o de una caverna que fue habitada por las hordas de las razas fósiles, es en general problema sencillo para un geólogo que esté acostumbrado a la es- tratigrafía de los antiguos terrenos paleozoicos, mesozoicos o terciarios, en general mucho más difícil y complicada que la estratigrafía cuaternaria, o la que se observa en el relleno de una caverna. Un segundo método, íntimamente enlazado con eí geológico, es el pa- leontológico. La Paleontología y su inseparable compañera la Aiiatom'a comparada, son las que determinan la época geológica en que vivieron las especies zoológicas s que corresponden los restos de animales costeros, especialmente moluscos, que llenan las cavernas que fueron habitadas por los hombres prehistóricos, que en el mar tenían segura e inagotable base de alimentación. Las ciencias mencionadas permiten, con los restos óseos de las grandes y pequeñas piezas de caza que se encuentran en los yací- mientos, mezclados con los piochictosde la rudimentaria y primitiva indus- tria de las edades de la piedra, determinar a qué especies de mamíferos pertenecen, sean vivientes o extinguidos, y fundamentar consecuencias de orden climatológico y geográfico. Así resulta que las grandes figuras de la Paleontología con temporánea como Boule, el profesor de Paleontología del Museum d'Hisioire Natnrellc, de París; Smíth Woodward, el paleontólogo del British Museum Natural Hístory, de Londres; Osborn, el paleontólogo del American Museum of Natural History, de Nueva York, por no citar sino los nrís conocidos, han tomado el nuevo rumbo que los descubrimientos realizados en nuestro país señalan a la ciencia paleontológica con los preciados datos que el arte del paleolítico suministra, que permite conocer cómo eran los animales extin- guidos de los tiempos cuaternarios, representados en las cavernas y que antes tan sólo eran conocidos por sus osamentas fósiles y si acaso por algún que otro pequeño grabado en instrumentos y placas de hueso y piza- rra encontrados en los yacimientos de la época con las pinturas rupestres. Con los nuevos datos que el arte suministra, tiene la Paleontología un medio tan exacfo y tan precioso que aunque no tupiese otra importancia el arte troglodita, esta sola consideración sería suficiente para estimar a las pinturas prehistóricas de nuestras cavernas como de un valor extraordina- rio. El Arte acude por este medio tan imprevisto y ian sorprendente en auxi- lio de la Ciencia y la Ciencia se hermana con el Arte para juntos, remon- tando el curso de la Historia, aclarar el misterio que envuelve el cuadril de 1a naturaleza y del ambiente en que se desarrollaba la vida de nuestros leja- nos antecesores de la humanidad primitiva, durante las remotísimas edades de los tiempos geológicos. Un tercer método de investigación, complementario de los anteriores y en cierto grado el más fundamental, es el que propciciona la ciencia antro- pológica. La Antropología, en su parte antropométrica, proporciona dalos de extraordinaria importancia para comparar las razas fósiles con las vivien- tes. La Prehistoria, y como una de sus fuentes principales el Arte prehistó- rico, no es sino el estudio de la Paleontología humana, y si por extensión consideramos como fósiles, no tan sólo a los restos óseos del hombre de las edades geológicas pasadas, sino también a los productos de su industria y de su arte, a los instrumentos y armas de piedra y hueso y a los dibujos y pinturas que trazó, se comprende cuan justificado está que el centro de es- tudios prehistóricos que fundó en París la liberalidad del pr'ncipe Alberto I de Monaco, lleve la denominación de Instituí de Paleontologie Immainc. - 10 — Pero es también en la otra parte de la ciencia antropológica, en la Etnografía, en donde la Prehistoria y el Arte prehistórico encuentran su principal fuente de conocimientos y uno de sus niíís fecundos métodos de investigación, al estudiar las costumbres y las manifestaciones artísticas ñ de los pueblos que en los tiempos actuales viven en grado de civilización análogo al de los hombres de íos tiempos geológicos pasados, tales como bosquimanos, australianos, pieles rojas, fueguinos y esquimales, que hacen vida esencialmente cazadora y que tienen algunos, especialmente los pri- meros, un arte rupestre tan semejante al de las pinturas dejadas por nues- tros remotos ancestrales en el Levante de España que, en ciertos aspectos, se confunden unas y otras manifestaciones artísticas. - 11 - Además de estos métodos, todos ellos pertenecientes al dominio de las Ciencias Naturales, al tratarse de un arte representativo y en algunos ca- sos simbólico, se comprende que se encuentre en el mismo arte, en las mismas pinturas, esculíuras y grabados mi método de investigación de ín- dole exclusivamente artística que tiene su importancia especialmente para las determinaciones de índole cronológica relativa. Así las determinaciones de edad de las figuras trogloditas y rupestres puede hacerse acudiendo a las mismas figuras, estudiando su estilo, su técnica, sus analogías y semejanzas con otras obras de época claramente definida por otros métodos o con los grabados sobre objetos y pequeñas esculturas de los yacimientos prehistóricos, o también estudiando el grado de evolución artística, puesto que en todo arte hay una evolución en la técnica y en la ejecución de las figuras que tiende hacia una culminación o hacia una degeneración mediante la esquematización y que cae en el sim- bolismo como en el caso de ciertas manifestaciones pictográficas prehistó- ricas, abundantemente representadas en la Exposición celebrada. El material de la Exposición. — Se constituyó la Exposición principal- mente con las copias de las pinturas y grabados cuyos originales están re- partidos por el ámbito de España, habiéndose reunido representaciones de casi la totalidad de las localidades, y desde luego todo !o más importante y característico del conjunto pictórico español de época prehistórica. A las copias acompañaban fotografías de los sitios, cavernas y peñones que contienen los originales y fotografías directas de diversas pinturas y ' grabados, además de los planos de las cavernas con artn fósil y mapas de la distribución de las pinturas en España. Se comprende que esta Exposición no pudo ser de obras originales por cuanto no es posible destacar las obras de las cavernas y peñones que en las fragosidades de los montes se encuentran, ni deben desmantelarse los sitios pintados aunque sea para traer los originales a los Museos naciona- les, pues estas obras pierden su principal carácter fuera del sitio y del am- biente silvestre en que se hicieron y se conservan (1). (I) Solu cu cj raro caso de perdida sentirá e inminente puede sin agravio ti g f representándolas en los pequeños objetos manuales por efecto de un senti- miento artístico profundo, en él innato, y en las tenebrosidades de las ca- vernas como resultado de una idea madre religiosa, la magia de caza, in- tensamente desarrollada en muchos pueblos salvajes actualf s que viven en t Figura l.t - Heprodiiccifiii lutugrálkii ili el mismo grado de civilización que nuestros ancestrales de los ík'nipos del paleolítico superior. Teniendo en cuenta las cronologías históricas, los métodos cronométri- cos protohistóricos y el ingenioso procedimiento del geólogo Geer para medir el tiempo que transcurrió en la retirada de los hielos bálticos corres- pondientes a la última glaciación, puede asignarse a los pintores troglodi- tas una fecha que bien pudiera ser de unos quince mil años, cantidad de tiempo bien insignificante en la vida del género humano, pues la cuatro- cientocincuentava generación anterior a la viviente pudo ser la autora de los maravillosos frescos de la caverna de Altamira. La otra fase de la civilización, la llamada neolítica, eslá en el tiempo muy distanciada de esta primera y muy próxima a nosotros. Se desarrolla - 15 — cuando ya estaba establecido el clima y el ambiente actual, y su fauna con- temporánea es la viviente en el Occidente de Europa. El hombre de la segunda fase de la civilización, el de los tiempos neo- líticos, había sujetado a domesticidad a los animales y conocía la cerámica; la piedra le servía de material de construcción, la agricultura le hizo seden- tario; accidentalmente era cazador, pero más ganadero y agricultor; habi- taba en cabanas agrupadas y se fijaba al pais durante largas generaciones, construyendo las monumentales edificaciones dolménicas de colosales pie- dras, donde rendía culto a los muertos y a los antepasados. Las razas ya son otras en las que se aprecian las mezclas de dolicocé- fíilos y braquicéfalos. La vida sedentaria le dio un espíritu práctico y utili- tario, apareciendo, aunque rudimentario, el comercio. Las ideas religiosas son más complicadas y el sentimiento artístico decrece. Al arte vigoroso y expresivamente naturalista sucede el geométrico, que se manifiesta en ta decoración '.le la cerámica; nace el esquema y el simbo- lismo adquiere gran desarrollo y se inician los rudimentos de la escritura. Las pinturas de la sala cuarta, que en su mayoría corresponden a esta época, son de fecha relativamente reciente respecto a la de las otras salas. Se ha podido fijar con una cierta precisión su época, pues el descubrimien- to de las pictografías de Peña Tú, en Asturias, los llamados ídolos de ios enterramientos neolíticos y de los dólmenes, de los cuales una de las vitri- nas de la sala contenía selecta colección, sirven para datarlas como propias , de los tiempos neolíticos y eneolíticos. Por otra parte, las investigaciones protohistóricas permiten fijar con una relativa seguridad en dos mil quinien- tos años antes de nuestra era el íin de los tiempos eneolíticos y el principio de la edad de los metales, lo cual nos hace comprender que lacientocincuen- tava generación anterior a la nuestra pudo muy bien ser la autora de muchos de los petroglifos que en la sala cuarta se expusieron. El arte troglodita y el arte rupestre naturalista. — Pero en las pintu- ras de las épocas geológicas pasadas, en las de ios tiempos preneolíticos, se distinguen dos grupos, que, aunque con los caracteres comunes expues- tos antes, presentan diferencias tan acentuadas y patentes, apreciables aun por la rápida inspección de sus copias, que se advierten marcadas diferen- cias entre las de la sala primera y las de las salas segunda y tercera. De aquí la distinción que se ha establecido calos dos tipos de pinturas: a las de la sala primera, por estar siempre sus originales en cavernas y generalmente en lugares escondidos de las mismas, a las que no llega la luz del día, debe designárselas con la denominación de trogloditas; a las representadas en las salas segunda y tercera la denominación de troglodi- tas no les cuadra ya porque no están ei: cavernas, sino en concavidades de ¡as rocas, a la luz del día, y tan sólo más o menos resguardadas de la s y prehistóric lluvia; a éstas se las viene denominando rupestres, por estar sobre roca, si bien las anteriores están también directamente sobre los muros rocosos de las cavernas. 17 - Cada uno de los dos tipos, las trogloditas y las rupestres naturalistas, ocupan especial distribución en el ámbito peninsular: las primeras en los territorios montañosos del Norte, región vasco-cáutabra-asturiana. corrién- dose hacia las montañas ibéricas, por la provincia de Burgos, y esporádica- mente en el Sur de la Península, por la serranía de Ronda. Las del segundo tipo ocupwn las zonas levantinas, extendiéndose por las montañas de las vertientes mediterráneas, desde Cataluña — Cogul (Léri- da) — liasta la provincia de Almería, en doncie existen varias localidades Caracterizan las pinturas y grabados trogloditas ei tamaño en genen I grande, de las figuras, aunque rara vez alcancen el natural de los animales representados, y la falta de (¡guras humanas, existiendo en cambio algunas dotadas de un doble carácter, a la vez humano y bestia!, por lo que se las ha llamado antropozomorfas, que se supone representan seres fantásticos o espíritus malignos, por el estiío de los que han figurado en las rocas y cuevas del África austral, otros pueblos pintores actuales, (ales como ins bosquimanos. Existen también signos especiales de interpretación dudosa y de muy diversa índole, que se supone tienen un cierto carácter mágico. Pero lo dominante en las pinturas trogloditas, como pudo apreciarse en el conjunto que figuró en la Exposición, son las representaciones de los animales salvajes de. E época, las grandes piezas de caza, base de la a alimentación de los pueblos que habitaron las cavernas. En las cuevas francesas, los animales muy frecuentemente figurados son el reno y e! mamut y también alguna vez el rinoceronte lanudo. En las españolas no figura el reno, animal que sólo excepdonalmente traspasó la cordillera pirenaica; 011 cambio abundan las representaciones del ciervo, el bisonte, cuyas copias a tamaño natural de las figuras polícromas de la caverna de Altamira ornaban la sala primera de la Exposición, el toro pri- mitivo, el caballo salvaje, el rebeco, la cabra montes, el gamo, el jabalí y un elefante especia! de piel desnuda, del que había copias de los represen- tados en la caverna de Pindal y en ia del Castillo de Puente-Viesgo. Todas estas figuras de animales no constituyen escenas; podrán en algún caso aparecer en grupos como el de los toros de la caverna de la Loja, que también figuró en la Exposición, pero lo general es que se hayan figurado aislados y con independencia unos de otros, sin preocuparse el artista que trazó una figura de los demás, llegándose en algunos casos, como en la caverna de la Peña de Candamo, a ser tal la cantidad de super- posiciones de pinturas y grabados, que resulta en extremo difícil aislar las figuras y desentrañar el enmarañado conjunto de líneas y trazos correspon- dientes a las numerosas tíguras; revuelta confusión de que da buena idea la copia que de! conjunto grabado y pintado del lienzo principal de la ca- verna mencionada se expuso en la sala primera. Es este arte animalista propio de un pueblo esencialmente cazador, y por lo tanto, con el espíritu de observación en extremo desarrollado. Las figuras indican la posesión absoluta del modelo, que se revela en una gran seguridad de mano para trazar ¡os grabados medíanle una piedra aguda y dura en la pared más blanda de iu au^urna. E¡ contorno grabado previa- mente a la pintura, que muchas figuras tienen, está hecho con una seguri- dad de mano maravillosa, siendo característico de este arte la elegante curva sigmoidea que aparece en todos los dibujos. El espíritu de sagaz observación del cazador, acostumbrado a seguir la pista de la pieza de caza, se revela en la forma como están tratadas las pe- zuñas. Constituyen las figuras del arte troglodita, en las que a veces se aprecia un cierto descuido en el dibujo de ciertas partes y con frecuencia exageración de los rasgos característicos del animal, una expresión tan exacta y real que podemos considerar al arte troglodita como un arte esen- cialmente sintético. El arte rupestre naturalista, propio de las montañas levantinas, tiene otra característica muy diferente; sigue la representación animalista, de las grandes piezas de caza, especialmente del toro, de la cabra montes, del ciervo, del jabalí y en menor profusión el caballo. El mismo maravilloso realismo y expresión del arte troglodita continúa, pero la técnica en gene- ral es algo diferente; domina la pintura plana en silueta y la figura se em- pequeñece hasta llegar en muchos casos a constituir verdaderas miniaturas, como se pudo apreciar en las copi.is de las pinturas de Morella la Vella y de las cuevas de la Araña en Bicorp (Valencia), pinturas aún inéditas y que constituirán dos monografías de la Comisión de Investigaciones paleonto- lógicas y prehistóricas. Dos características principales resallan en las pinturas rupestres natu- ralistas: es una ¡a abundancia de representaciones humanas; es la otra, constituir escenas complejas y variadas, pero dominando las de caza o de guerra, y a veces de otra índole como la danza o ceremonia de Coguh o de la vida ordinaria como los hombres que trepan por largas cuerdas para recolectar la miel de una colmena, de las que aún existen en los altos tajos donde están situadas las cuevas de la Araña. El combate de los arqueros de la cueva del Roble, en Morella la Vella; las escenas guerreras de la cueva de la Vieja, en Alpera, y de Minateda; !a carrera desenfrenada del Val del agua amarga, son ejemplos interesantes de tales escenas. La figura humana presenta caracteres especiales que conviene hacer notar: consisten en un a modo de estilización que da origen a una figura en extremo esbelta y con desarrollo convencional de ciertas partes del cuerpo y exagerada delgadez de otras; así en un cierto tipo de figuras humanas, el más abundantemente representado en la Exposición, el tórax aparece triangular, ensanchado hacia los hombros y adelgazado en el abdo- men y en la cintura, mientras que, por el contrario, las pantorillas son demasiado abultadas; en mi sentir se trata en estos casos de un tipo con- vencional estético, expresivo de la ligereza y de la agilidad, de algo así como la expresión sintética del prototipo del hombre corredor. Tales figu- ras, sin embargo, causan impresión armónica y son adecuadísimas para Ja expresión de la actitud y de! movimiento que tan maravillosamente, está entendido por los artistas del arte rupestre naturalista de Levante. Sin embargo, aun en figuras en que no está exagerada la estrechez ventral ni el desarrollo de las piernas, como acontece en las figuras de la lucha de los arqueros de Morella la Vella, de una sencillez extrema, el movimiento está expresado magistralmente, lo cual se observa también en las figuras del combate de Minaíeda. Pruebas de la autenticidad de las pinturas prehistóncas. - La misma perfección del arte, especialmente cuando se consideran los policromados del techo de la caverna de Altamira y las demás obras maestras del arte ... 21 - prehistórico, obras de un pueblo tan retrasado en el camino de la civiliza- ción, explica en parte las dudas y reservas que siguieron a los primeros descubrimientos, dudas ya totalmente desaparecidas, pues las pruebas de autenticidad son numerosas y concluyentes. Ciertas cavernas estaban obstruidas, y la entrada se abrió por un acci- dente fortuito (1); por otra parte, es común que las figuras trogloditas se hallen en los lugares más recónditos, a veces difícilmente accesibles. Así, en la caverna de Penches (Burgos) alguna figura está en el muro de una estrechísima galería a más de un centenar de metros de la abertura, por la cual apenas puede pasar una persona arrastrándose. Caso análogo es el de la cueva del Buxo, cerca de Cangas de Onís. En la de la Pileta (Málaga) fue necesario llevar un arsenal de escalas, cuer- das y aparejos para salvar los profundos pozos y accidentes difícilmente franqueables para llegar hnsta las pinturas drsde la actual abertura de la caverna. Dos de los toros, de color rojo, de dibujo tan sencillo y con tanta ex- presión, que existen en la caverna de la Peña de Candamo, fuercm descu- biertos al levantar una concreción calcárea que los tapaba por completo. Las pinturas y grabados parietales de ciertas cavernas, como las fran- cesas de La Gréze y de Cap Blartc, estaban tapados por el amontonamiento de detritos de edad paleolítica, que llenaba gran parte de la caverna. Existe además una coincidencia perfecta en estilo entre los grabados representando animales, trazados en pequeños objetos de uso manual o en 'fragmentos de hueso y placas de pizarra encontrados en los yacimientos paleolíticos, con los dibujos parietales de las cavernas. Los animales figurados son con frecuencia especies emigradas a países lejanos, a las cumbres de las montañas o a las regiones hiperbóreas. Otros de los animales representados en las cavernas se han extinguido del haz de la Tierra, como el mamut, el rinoceronte lanudo, etc. Cuando se trata de animales vivientes, los figurados son los que vivían en estado salvaje, difí- ciles de observar, a no ser por un artista a la vez esencialmente cazador. (1) lis bien conocido v! caso de la de Altaiuíi ,i, cuya entrada se de^uhrió al o usa Lidiar un -'igujeru para salvar a uit perro Ljue había penetrado persiguiendo a un conejo y IICI podía salir. liifin su existencia, liasta hace muy pocos años, por habirse obstruido la entrada en época - 22 — Lo relativamente numeroso ya de los lugares con pinturas prehistóricas aleja la idea de que puedan haber sido obra de una persona en época his- tórica, tanto más cuanto que están repartidos por todo el ámbito nacional. Finalmente, hay !al maestría en estas figuras, tienen un estilo tan es- pecial y característico y existe tanta unidad en las manifestaciones artísti- cas de cada uno de los grupos que figuraban en la Exposición, que no hay lugar a duda a que cada uno de ellos fue obra de un pueblo distinto y de una civilización diferente. Los materiales procedentes de las excavaciones de las cavernas. — Como complemento a las copias de pinturas prehistóricas y para datar és- tas, se instalaron en la Exposición, en las dos grandes vitrinas a que me he referido más atrás, los materiales resultantes de las excavaciones de cavernas habitadas por los hombres de la época en que se hicieron las pin- turas trogloditas. Si intensa es la emoción con que el arqueólogo que dirige una excava- ción ve surgir de entre las ruinas de las viejas ciudades sepultadas en el polvo de los siglos las armas, las piezas de cerámica, las esculturas y obras de arte y los diversos objetos con los que reconstruye las civilizaciones alejadas de nosotros muchas centurias, no menos intensa es la de! paleon- tólogo que en la excavación de una caverna que sirvió de guarida a las fieras o de refugio a la horda cazadora hace largos miieiiarios : reconstruye 23 --- con los fragmentos óseos que de la excavación van surgiendo la fauna de animales tan diferentes de los que actualmente habitan la Península y la Europa occidental y que en aquellos remotísimos tiempos constituyeron las grandes piezas de caza de los hombres de la edad de la piedra, huesos que aparecen mezclados con las puntas de flechas de agudo pedernal, con los venablos de aguzado hueso, con las cuentas de collares de dientes de te- rribles fieras o de caninos de ciervo, adornos que constituirían preciado presente de amor o gallarda muestra de múltiples hazañas cinegéticas; y con los adornos^ los pedazos de óxido de hierro rojo, de ocre y de mine- ra! de manganeso, que, molido y mezclado con grasa, les sirvió para pin- tarse el cuerpo o trazar en la roca los dibujos que admiramos, y con esto las finísimas agujas de hueso para coser las pieles, los enigmáticos basto- nes con perforaciones y grabados, los amuletos, las placas de pizarra y los fragmentos de hueso decorados con finos y elegantes grabados que repro- ducen en pequeño los dibujos en grande de las paredes de las cuevas, y con todo esto (abundantemente representado en las vitrinas de la Exposi' ción) utensilios mil de sílex y restos de la fabricación de un utillaje en el que la piedra reemplaza al bronce y al hierro de los tiempos históricos, y que enmangados de modos diversos en la madera desaparecida, se aplica- ría a múltiples usos que apenas podemos suponer comparándolos a como lo hacen actualmente algunos pueblos salvajes, también romo aquellos esencialmente cazadores. Todos los materiales dichos, mezclados con enorme cantidad de piedras, tierra, cenizas y carbones y grandes peñascos desprendidos del techo y de las paredes de la caverna en el transcurso de los siglos, o tapados por capas cstalagmiticas, formaban capas o lechos, que rellenabm las cavernas, cuyos materiales figuraron en la Exposición. Correspondían las capas así constituidas a la acumulación de residuos dejados por la horiia que habitó la caverna en las largas temporadas en que la caza abundaba en los alre- dedores. Con estas cepas alternaban otras estériles formadas sólo por la acumulación del polvo de los siglos y que corresponden a las épocas en que la caverna estuvo deshabitada, porque las guerras, la escasez de la caza, las epidemias, o diversas causas alejaron a la horda de su refugio. En estas capas estériles sólo se encontraban algún que otro resto óseo, llevado allí por las fieras que de la caverna tomaron posesión en ausen- cia del hombre, o tal cual objeto perdido o abandonado por un grupo caza- dor en correría accidental. Correspondían los materiales de las vitrinas ni paleolítico superior y - • 24 - en ellas estaban los de las diversas épocas, tal como la uurifiaciense: que se reconoce por las hojas de sílex, cortante en uno de los bordes y con el otro convexo y con numerosos retoques para matar el filo y poderse ma- nejar fácilmente (hojas de Chatclporrón); ¡íor l;is hojas agudas de silcx y (Estudio rfe E. H.-Pachecoy de J. Cabré; folografialiit tctHitoUKicas v prehistóricas.) coi! el dorso retocado (puntas de La Gravette); por las punías de sílex pedunculadas en forma de lanceta y por las puntas de flecha o de venablo, labradas en asta de ciervo o marfil y con la base profundamente hendida. De los niveles solutrenses, abundantemente representados entre los materiales procedentes de ¡a cueva del Cueto de la Mina, existían numero- sas piezas lítícas de fina talla y retoque delicado, resultando puntas de fle- cha en forma de hoja de laurel, hoja de sauce, o con una gran muesca late- ral en la base que origina un pedúnculo basilar adecuado para la fácil inser- ción de la punta en el astil de la flecha; piezas líticas características del nivel, que constituyen verdaderas obras de arte. — 25 — Los niveles magdalenienses, correspondientes al mayor desarrollo del arte iroglodíta, eran los mejor representados en la Exposición por diversi- dad de utensilios labrados en sílex, tales como raspadores, hojas dentadas o aserradas, buriles, e l e ; otros de hueso y sobre todo de asta de ciervo, como elegantes arpone? de una o dos filas de puntas late- rales, varillas mágicas o basto- nes de mando, que así se han lla- mado a los candiles de asta de ciervo con uno o varios agujeros y comúnmente decorados con gra- bados representando animales del mismo estilo que los que ornan las paredes de las cavernas, y también, a veces, Figuras antro- pozoomorfas representando qui- zá seres fantásticos o espíritus malignos a los que el hechicero de la tribu creería tener bajo su dominio mediante sus conjuros y artes mágicas, siendo uno de los objetos de esta cíase más intere- santes entre los que figuraron en ia Exposición el procedente de la cueva de Valle (Santander). Junto con estos instrumentos se expo- nían otros, como agudas puntas de venablo y de flecha, labradas , ., . Kigurn 13.- Bastón de mando dechado con grabn- t a m b l e n etl asta de Cli'rVO y COn ÚOSt procedente de la cueva de Valle: tamaño nnlu- raL Colecclón del orei1 0 s la base en bisel sencillo o doble, • * «•••••• para mejor adaptarla al astil; finas iñZV,KaVZf°'pluZntoil a g u j a s p a r a c o s e r las p í e l e s , e t c . ; &i-as y pnkisuu-icas.) revelando todo ello el gusto artís- tico de este pueblo, a la vez rudo y cazador y de.aptitudes artísticas bien probadas, porque él fue el autor de las pinturas polícromas del maravilloso techo de la caverna de Altamira. Las capas superiores de los yacimientos paleolíticos de las cavernas — 26 — demuestran una degeneración en el arle y en la fabricación de los instru- mentos y utensilios: los arpones son toscos y planos; las punías de flecha y de azagaya menos finas y elegantes, y lo mismo poco a poco varía el utillaje Utico, que se empequeñece, siendo lo característico !as hojítas de silex cortantes, con el dorso rebajado mediante retoques, y ios disquitos raspadores. Después, en las cavernas, se ve, encima de estos materiales, otra in- dustria muy diferente y restos tan sólo de animales actualmente vivientes; el clima actual está ya establecido y son otras las razas y otros los pueblos que viven en España. Reproducciones (1), Catálogos de la Exposición y Conferencias.— Como en Exposiciones anteriores, la culta Sociedad española de Amigos del Arte editó un Catálogo visita de la Exposición con numerosos datos y referencias acerca de las diversas localidades de arte troglodita y rupestre, y respecto a cada una de las pinturas, dibujos y objetos expuestos. Ade- más tiene en prensa otro Catálogo ilustrado, en el que figurarán ejempla- res escogidos de reproducciones de las obras expuestas. La Sociedad y la Comisión organizadora, teniendo en cuenta lo poco difundido que estaban los estudios acerca de Prehistoria y en especial lo relativo al Arte prehistórico, creyó de conveniencia suma que durante los días de la Exposición, y en el local de la misma, se dieran diversas confe- rencias, contribuyendo a este fin cultural los señores que se mencionan en la siguiente lista, los cuales desarrollaron los siguientes temas: Don Elias Tormo, tres conferencias de divulgación con el nombre de Conferencias visitas: D. Eduardo Hernández-Pacheco, dos, sobre el arte del paleolítico y sus razas fósiles; D. Hugo Obermuier, cinco, respecto al hombre cuaternario y el arte fósil en general, y el de las regiones cantábri- ca, levantina y de la época neolílica; D. José R. Mélida, una, sobre la primera evolución del arte representativo; D.Julián Zuazo, una, respecto a pequeñas pictografías en el arte prehistórico; D.Juan Cabré, una, sobre el valor de las estilizaciones del arte rupestre; D. Pedro M. de Artiñano, dos, acerca de los orígenes de la civilización: cerámica, tejidos, metales; a Sr. Benílez Mellado (autor tamhién ik'l cartel de la Exposición) la reproducción de los ejem alares mas no troles de la caverna de Al tamlraf y &\ Sr. CabrO rp produce lóít de otras pintura le Levante. Todas estas copias han sido donadas por la Sociedad al Museo Arqueológki — 27 — D. Jesús Carbol/o, una, relativa a las cavernas naturales como morada del hombre, y D. Manuel González Simancas, una, sobre las armas y la guerra en las pinturas rupestres. Aun se intensificó más la labor culíural con el acuerdo, según costum- bre, de que las numerosas entidades de cultura y centros de enseñanza que corporativamente visitaron la Exposición fuesen acompañados por personas competentes que les diesen las explicaciones científicas convenientes, pres- tándose amablemente a esta labor, y desempeñándola en forma que resulta- ron numerosas conferencias, los Sres. D, José Royo Gómez, D. Francisco H.-Pacheco de la Cuesta y D. Francisco Benítez Mellado, ayudantes de la Comisión española de Investigaciones paleontológicas y prehistóricas.