FUENTES LITERARIAS PARA LA HISTORIA DEL ARTE ESPAÑOL JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS É INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS FUENTES LITERARIAS PARA LA HISTORIA DEL ARTE ESPAÑOL POR F. J. SÁNCHEZ CANTÓN TOMO III SIGLOS XVII Y XVIII FR. liORBKZO DE SAN NICOlXs. - JÜSBPB MARTINEZ. V. SALVADOR GÓMEZ. - LUCIO ESPINOSA. - GARCÍA HIDALGO. - ANDRAD*, - PALOMINO (TOMOS I-II). MADRID C. BERMEJO, IMPRESOR STMA. TRINIDAD, 7. TEL. 3II99 1934 CONTENIDO DE ESTE TOMO Si razones numerosas no aconsejasen la publicación integra de las Vidas de pintores y escultores españoles de Palomino, este volumen seria el último de FUENTES LITERARIAS PARA LA HISTORIA DEL ARTE ESPAÑOL; tal era el proyecto al co¬ menzarlas, aunque ya en la Introducción (pág. 12) se conside¬ raban los tres tomos anunciados como «antecedente obligado de la edición de Palomino». Es, el presente tomo el pen¬ pues, último de la serie y está, cuando sale al público, muy adelanta¬ da la impresión del cuarto, lleno el Parnaso español pinto¬ por resco laureado^ apéndices e índices generales. En este tercer volumen se continúa la edición de extractos de tratadistas, comprendiendo los del siglo xvii, en su segunda mitad y se añaden los de los dosprimeros tomos—aqui, la pa¬ labra equivale a parte—del Museo pictórico y escala óptica de Palomino, publicados en 1715 y en 1724, y que tratan de la Teórica y de la Práctica de la Pintura; el tomo 111, que salió formando cuerpo con el II, es El Parttaso. La importancia de los extractos de esta obra, capital en la bibliografia artistica española, es grandísima, porque los dos primeros tomos de Palomino son poco conocidos y casi ilegibles por su extensión y fárrago, y encierran noticias valiosas perdidas, en realidad, de la técnica y de la historia del arte español; en menos de ciento cincuenta páginas se resume aqui cuanto se ha estimado útil y curioso de las quinientas cincuenta en folio que la primera edición comprende. Preceden a Palomino en este volumen los siguientes autores: I.—Fray Lorenzo de San Nicolás.—Arte y uso ae Arquitec¬ tura. 1663. Limitase el extracto al del último capitulo, de carácter autobiográfico. En el tomo I de FUENTES (pág. 23) se transcribió un párrafo de este libro, que aqui no se repite. II.—Jusepe Martínez.—Discursos Practicables del Nobilísimo Arte de la Pintura. ¿1675.' III.—Vicente Salvador Gómez.—Cartilla y fundamentales re¬ glas de Pintura. 1674. Fragmento inédito hasta ahora. IV.—Don Félix de Lucio Espinosa.—El Pincel. 1681. —José García Hidalgo.—Principios para estudiar el Arte de la Pintura. 1691. VI.—Domingo de Andrade.—Excelencias de la Arquitectura. 1695. Libro del que sólo se conocía el título. Todos los capítulos llevan el correspondiente prologuillo. Como se advertía en el tomo I, los textos histórico-artístícos de los siglos XVI y xvii dieron los elementos que utilizaron, no siempre con rigor y exactitud Palomino, Cean Bermúdez y sus seguidores. Nuestra colección de FUENTES consiente buscar con poco esfuerzo el origen y descubrir las sucesivas modifi¬ caciones de muchas noticias histórico-artísticas; además de mostrarnos, y esto es lo principal para el mejor conocimiento del pasado, los cambios del gusto y del sentido crítico a lo lar¬ go de los dos siglos del máximo esplendor de España. FRAY LORENZO DE SAN NICOLÁS ARTE Y USO DE ARQUITECTURA 1663 El libro del agustino recoleto Fi-ay Lorenzo de San Nicolás Arte y uso de Architectura, contiene muy escasas precisiones históricas. Obra de matemáticas y técnica, no menciona edifi¬ cios concretos ni cita a sus artifices. Pero, merece figurar en este volumen su último capitulo que narra la vida del autor y la de su padre, arquitecto también, con áspera sinceridad; sobre todo cuando podan—como aquí se ha hecho—las conside-. se raciones y jaculatorias que diluyen el relato. Es una autobio¬ grafía breve y descarnada, con sucedidos novelescos, simple¬ mente apuntados y que invitan al desarrollo literario de una narración. Lleva la fecha de marzo de 1663. Sobre Fray Lorenzo de San Nicolás consúltese a Llaguno: allí consta que su padre se llamaba Juan Martín, natural de la Mata, y por virtud de lo que en la autobiografía se cuenta, se hizoagustino recoleto con el nombre de Fray Juan de Nuestra Señora de la O, el día 17 de diciembre de 1606; fué arquitecto y construyó la iglesia del Convento de Jarandilla, la parroquial de Nava del Rey y la de Recoletos de Madrid, concluida en 1620 y que no se conserva. Murió en Toledo en 1645. El hijo fué bautizado en Madrid en 1595 en la iglesia de San Ginés. Después de las vicisitudes que refiere, siguió a su padre el claustro, tomando el hábito el 25 de diciembre de en 1612, Como arquitecto trabajó mucho y hubo de escribir: «ten¬ go plantadas con mis manos dieciseis capillas e iglesias, sin otras que están acabando y sin muchas plantas y perfiles de templos diversas trazas de casas en diferentes partes de Es¬ y paña. He dejado tres títulos de Maestro mayor: uno de S. M. de la Alhambra de Granada; otro de la Santa Iglesia de la misma ciudad y otro de todo el Reino de Andalucía. Solo temo la — 4 — cuenta que Dios me ha de pedir por no haberlos admitido, y cuando me ios daban no era de mucha edad». Su escasa vanidad hizo que ni enumerase las iglesias que había construido; se sabe que fué autor de la de San Plácido y cúpula de San Martín^, de Madrid; Nuestra Señora del Prado, de Talavera de la Reina, cúpula de la Vida Pobre, de Toledo— desaparecida—y otras en Villaseca y Colmenar de la Oreja (igle¬ sia de las agustinas descalzas); en Salamanca trazó la iglesia de la orden que construyó discípulo Fray Pedro de San Nicolás. su Murió en Madrid 1679 a los 84 años de edad. en La primera parte de su libro Arte y uso de Arquitectura la publicó en 1633. El arquitecto Pedro de la Peña la impugnó y pidió que no se autorizase su difusión; sentenció el Consejo a favor del fraile, quien sacó a luz la segunda parte en 1663; en 1667 reimprimió la segunda parte. Nueva edición salió en 1736 de las prensas de Manuel Román (Madrid). Acerca del valor del libro escribió Llaguno: «merece esti¬ mación y es útil para canteros y albañiles; pero sabe poco lo que es arquitectura. Escribía con naturalidad pero sin arte, orden, método, ni erudición». ' No se conservan; pues la actual iglesia de San Martín llamábase antes de Portaceli. SEGVNDA PARTE DEL ARTE Y VSO DE ARCHITECTVRA Dedicada; al desamparo que padeció mi redemptor Iesvchrisïo las tres oras que estubo vivo enclavado en el Arbol de la Cruz. Con el quinto y séptimo libros de Euelides traducidos de latin¬ en Romance y las medidas difíceles de Bóvedas y de las superficies y pies cúbicos de pichinas. Con las Ordenanzas de la Imperial ciudad de Toledo aprovadas y confirmadas por la Cesarca Mag®- del Emperador Carlos V de gloriosa memoria. compvesto: por el P. f. LaVRENCIO de SaN Nicolás Augustino descalço Architecto y Maestro de obras natural de la muy Noble y coronada Villa de Madrid. Frontis arquitectónico firmado: Petras a Villafranca Sculptor Regines Sulpsit 1663. pg. 442. Capítvlo LXXI, y vltimo. — Por que medios me traxo Dics al estado Religioso y como segui esta facultad. He obseruado este vltimoCapítulo de industria, no siguiendo el estilo de muchos Arquitectos, que ponen sus retratos en estampas al principio de sus libros yo no estampo mi retrato, mas en este capitulo trataré de los beneficios que Dios me hizo para traerme a esta Santa Religión, para exortar a los mancebos, a que si Dios Ies diere inspiraciones para que sean religiosos; que los estiman, y siendo agradecidos los pongan en execución, que yo por mucho tiempo fui ingrato y sola la misericordia de Dios pudo sufrirme. Mi padre nació en la Mata, y en Madrid, mamó la leche, por traerle mis agüelos; mi madre fue natural de Madrid, y de tanta virtud, que a mis oídos después de tener este estado, yendo por donde solían vivir oia dezir: "allí va el hijo de la Santa". Fué mi padre vno de los buenos Maestros que tuuo esta corte; y después de auer estado diez años casado con mi madre, obligado de tm señor determinó de passar [a] las Indias con vn buen sa¬ lario que llevó desde Madrid—que los caminos de Dios solo Dios los alcança, pues tomó este medio para traernos a los dos a la Re¬ ligión—con que mi madre y quatro hermanos, todos varones que éramos, se partió para Sevilla, llenando algunos carros de ropa, proveído de dinero, y dexando razonable hazienda en casas en esta corte; llegados a Seuilla en la casa que tomó en calle de Francos para recogerse y recogemos, sucedió vn gran hurto, y como foras¬ tero se lo atribuyeron a mi buen padre; yendo a prenderle los al- guaziles encuentra vn amigo dellos, que lo era también de mi pa¬ dre, preguntóles donde iban dixeron: a prender vn famoso ladrón, vió por el mandamiento cómo se llamava y los detuuo y dió fian¬ ças de toda su hazienda, con que dexaron de prenderle: mi padre no supo nada desta tragedia, súpolo mi madre, y de la pena le dió el mal de la muerte del accidente dicho y del mal de la peste que empezaua en Seuilla^, y en las demás partes de Andaluzía con mu- ' Duró la peste, según Cean, anotando a Llaguno, de 1598 a 1600. chas muertes de todos estados; dioles la peste a mis hermanos, de que también murieron; estuue con la peste yo y tan herido que siempre se entendió muriera. La ropa que y alhajas lleuó mi padre, todo se lo quemaron como se hazia con los demás, y a un mismo tiempo se vió sin mu- ger, hijos, y lo mueble que auía sacado de Madrid y en tierra es¬ trada con vn hijo de seis años: solo pudo guardar la puDca o mu¬ cha moneda que auia sacado para su viaje, determinó de uenirse a Madrid cargado con este embarazo de im niño, no sabré yo pon¬ derar lo mucho que padeció en este camino pues en él ni por Dios, ni por su dinero pudo hallar en todo el camino quien le diesse una cabalgadura: la comida nos la dauan en los más de los lugares con vna uara larga, y al dinero que daua lo hazian echar en vinagre y dormíamos de ordinario por los campos, y pwjr mucho regalo tenía¬ mos hallar algún pajar; unas vezes me lleuaua en braços otras de la mano, suffriendo con paciencia la cortedad de mis pasos: no paró en esto su mayor trabajo pues también le dió la peste en el camino con animoso y en las señales de muerte fué mi padre muy esta ocasión se alguna; aunque quisiera le conoció más que en otra no tenía donde poder hazer cama, sinó passar con el trabajo que hasta allí auiamos venido; fuese curando la seca que era lo que dava siempre con im carbunco, y él mismo se lo abrió y sacó la landre. Acuérdeme, que con vna punta de tixera y el dedo gordo, boluiendo el rostro a un lado con fuerça sacó el nerbicillo o landre y aunque el dolor fue excesiuo según su quexa, quedó consolado y se prometió bonança como se fué conociendo con el tiempo. Llegamos a Madrid con los trabajos referidos, y a costa de di¬ neros pudo entrar en Madrid, y creyendo, qiie vna hermana suya le recibiría en su casa. Dios que le quería puriñcar mas, dispuso que su hermana no quisiesse recibir ni a él, ni a mi. Boluió a salir de Madrid, llenándome consigo y fuimos a la Mata, donde los parien¬ tes nos albergaron y recogieron: dexome en casa de imo, y fuesse a la Puebla de Montalvan (donde assentó, como dizen, plaça) y empezó a trabajar estuuo allí como quatro años, y yo en el ínterin andana a la escuela. tiempo sucedió vna muerte y se la acomularon estando En este tan inocente como yo. Tuno vn año de prisión con diuersas senten¬ cias, Dios le inspiró que apelasse a la Chancillería, y vino della li¬ bre y sin costas. Boluimos a Madrid ya yo tendría como diez a onze años, mi padre resoluió de tomar el estado de Religioso para llegar a puer¬ se to seguro despues de tanta borrascas, y para conseguirlo me empe zó a hablar en la materia y por ser de tan poca edad, presto k pudo conseguir lo que después le costo tantos desvelos. Para los dos pidió el hábito en este conuento de los Descalços de nuestro Padre San Agustín y a mi me persuadió a que dixesse tenía treze años: el Convento nos recibió a los dos, a mi padre para lego, y a mi para el coro, y por ser tan pequeño no me le dieron enton¬ ces: antes me embiaron a estudiar a Xarandilla a vn Colegio de la Religión; aqui perseueró mi padre y yo empecé a juntarme con otros de mi edad, con que en vn año se me oluidaron los buenos consejos de mi padre; y siguiendo mi mala inclinación, me boluí a Madrid dexando al siervo de Dios lastimado: me puse con im Maestro de obras, amigo de mi padre con quien estuue tres años, hasta que murió; en este tiempo me di a estudiar libros de la facul¬ tad, y hazer mis trazas, y los maestros viejos que las velan, de- zian que lleuaua principios de ser buen Maestro. Supo mi padre lo que passaua, vino a Madrid, pensó que perseueraua en aquella pri¬ mera vocación de que yo estaua muy oluidado, empezóme a hablar en ella, mas yo libre con resolución dixe: que no auia de ser Reli¬ gioso: y añadí a mi padre que si me hablaua más en la materia que no me auia de ver más. Era muy cuerdo y conoció en mi la afición que tenia a la facultad, y por ella misma me lleuó: persua¬ dióme, a que me fuesse con él a un Convento, a hazer vna Iglesia de la Orden, con la codicia de la Iglesia acepté el partido, con que fué cumplido su gozo. Fifimos a la Nava del Rey y allí estuuimos como dos años, perseuerando yo en el exercicio y estudio, nunca se le olvidaua a mi padre el procurar entrasse en la Religión; y aun¬ que no me lo dezia, se lo dezia a otros Religiosos para que me har blassen sobre ello y a todos dezia mi mala resolución: [Como] la obediencia llamasse a mi padre a Madrid para hazer la Iglesia que oy tiene mi convento y como he dicho para estas obras con facilidad me reduxeran a que fuera a ellas; partí con mi padre y día de Año Nuevo salimos de Auila a passar el puerto de la Palomera, que tuuimos noticia estaua tratable, al principio re¬ conocimos algo de nieve, mas a breue rato se cerró el cielo y em¬ pegó la fuerça de la nieue tan apresurada que a pocos pasos per¬ dimos el camino, o sin él, íbamos huyendo de la cruel bentisca, aqui cayendo y levantando: iban otros dos hombres con nosotros y los tres iban clamando a Ti Señor y. yo en lugar de hazer lo mismo œmo si mi padre tuuiesse la culpa, furioso y desmesurado contra él dezia pesares y contra Ti. Dios mió, ofensas; subime en una peña, pensando en ella librarme de la nieue, mas estando en este estado tan furioso dixe a vozes: —¡Señor, si me libras deste peligro te hago voto de ser Reli¬ gioso! Apenas prometí este voto, quando como quien lo acertaua des¬ cubriste Señor! una huella de ganado de cerda que ni le vimos ni le olmos y nos llenó más de dos leguas hasta que nos metió en vn lugar que no sé como se llama: los tres conocieron el gran mila¬ gro, y ponderaban bien lo mucho que nebauá, el no oir ni ver el ganado no taparse su huella siendo tan pequeña y que siendo ani¬ mal que con el frió gruñe mucho y no sentirse mucho, ni poco, siendo el tiempo de nieue sereno, todas estas consideraciones iban haziendo. i : Auiendollegado a Madrid el enemigo me empezó a combatir para que no cumpliesse el voto llenándome engañado con dezirme que esperasse a que me tratassen de casar con vna donzella, que nos auiamos criado juntos, y que era entonces mayor y de más mé¬ rito el no hazerlo y pedir el hábito, como si yo tuuiera el seguro, de que no atropellaria en la promesa, y con tu santa ley. Cerca de vn año estuue en este desdichado pensamiento hasta que ocho días antes de Nauidad vna noche no se quien me apretó de suerte, que temi perder la vida; pues toda ella estuue peleando en vna cruel batería y me parece me dezían: "pide el hábito, o morirás". Apenas vi el dia quando puesto a los pies del Padre Prouincial, sin dar quenta a mi padre (que mi altiuez, ni a esto me dexava su- getar), con muchas lágrimas le pedí el hábito, que me ofreció con mucho gozo; y como las informaciones estavan hechas de cuando lo tomó mi padre se ajustó presto al dármele, pues le pedí el día de nuestra Señora de la O y le tomé después de auer hecho la co¬ lación la Noche buena que lo fué para mi: tómele de Lego, y es¬ tuue en este estado como veinte años: la noche que le tomé estan¬ do aun con los hábitos de seglar torné a pensar en si auía de per- seuerar en ser Religioso y con fuerte resolución dixe: "si, tengo de perseuerar hasta la muerte": y quitándome el hábito, y desabro¬ chándome, me quité del estómago los paños que en él traía dizien- do: "si he de ser Religioso vaya fuera lo que ha de ser penoso el conservado en la Religión": y echándolo por la ventana me tomé a vestir: lo que me resultó de aquí fueron rmos dolores de estóma¬ go tan vehementes, que mordía la ropa con la fuerça del dolor. Tendría quando tomé el hábito de diez y seis a diez y siete años assí como professé, se quitó el dolor de estómago y mmca mas le he tenido. En todo el año de noviciado no tune ni una tentación de dexar el hábito, y estando para hazerla, la Iglesia llena de gente, el San- tíssimo Sacramento descubierto, día de Namdad tuue tan vehemen¬ te tentación que quise dilatarla para pedir mis vestidos: acudió Dios con el que dirán y este respeto a mano me detuuo, estando leyendo la professión en los tres altares tres Sacerdotes a vn mismo tiempo alçaron, y el Perlado me hizo hazer pausa, y acabando de alçar proseguí con la professión: y el Perlado sobre el estar patente el Santíssimo Sacramento y sobre la elevación en los tres altares hizo una plática para todos y para mi de mucho consuelo. Ya professo, y desocupado de las cosas del siglo, traté de estudiar, y aprender en exercicio y Autores buscando Maestros que me enseñassen el Arte mayor de la Aritmética y Geometría, en que fuy despertando y alcançando algo de la Arquitectura, si bien el exercicio es parte essencial en esta facultad, y este, mi buen padre me le fué ense- ñemdo con el afecto de padre: pidió a la Religión, que por lo que él auia seniido me ascendiessen a ser del Coro, para que fuesse Sacerdote: consiguiólo con la Religión, por petición que la echó en vn Capitulo, y se le respondió, me dauan licencia, para diligenciar¬ lo que en breue las hize y lo conseguí, y llegué al estado menos merecido de mi, que ningún otro hombre del mimdo. Avrá como ocho años que padezco gota, mal de orina, con mu¬ chas piedras que echo, llagas en la vía, mal de almorranas, y todo a vn tiempo: más El que me lo dá me ayuda a padecer como a5m- dó a mi buen padre, que padeció los mismos achaques; y el tiem¬ po que los tuuo, quando más le apretauan, no se oyó en su boca otras palabras, sinó el Nombre de lesus. Murió de ochenta años, auiendo sido quarenta años Religioso, diez casado, seis viudo y los demás mancebo: en el estado Religio¬ so fue tan dado a los exercicios espirituales, que assi como dexaua su trabajo, se ocupaua en una de las dos oraciones, o vocal, o men¬ tal, fue zeloso sobremanera de las cosas de su Religión y assi se le luzió, pues al passo que siruió a su Religión, aprovechó en el es¬ píritu. Hizo algimos ediñcios en la Religión, particidarmente este de Madrid, dispuso otras muchas plantas ocupo siempre el tiempo, libre de la ociosidad madre de los vicios, y después de muchos tra¬ bajos ydolores estoy cierto, mi Señor lesu Christo se los premió llevándole consigo a la vida eterna. Lo que puedo asegurar deste sieruo de Dios, que auiendo diez y seis años, desde el día que mu¬ rió, hasta el día de oy postrero de março de 1663^ está su cuerpo tan entero como el día que le enterraron, de que es buen testigo el señor Don Lorenço de Sotomayor Inqmsidor de la Suprema, y elec¬ to obispo de Zamora que le ha visto algunas vezes, y oy se ue en¬ tre otros quatro cuerpos que están del mismo modo en nuestro san¬ to convento de Toledo: he puesto lo dicho de mi padre, porque se sepa su gran virtud y fortaleza en padecer, y porque los mancebos que aprehenden esta facultad, con ella aprendan juntamente el ser¬ vir y amar a Dios; pues todo lo que no es esto perecerá con los que a esto faltasen sin dexar mas memoria de sí, ni rastro que dexa la saeta tirada al aire. ' Según anota Cean a Llagiino, Fray Lorenzo se equivocaba en la cuen¬ ta: su padre murió en i64S- mi ' rfeí«*Ck'J. Sucedidos y anécdotas amenizan las páginas cargadas de erudición de Carducho y de Pacheco, pero en ningún libro de arte del siglo xvii español ocupan más lugar que en los Discursos practicables del también pintor Jusepe Martinez, con provecho y para disfrute del lector moderno. El libro es más bien que un tratado una compilación de avisos y consejos ejemplificados, a la vez que un intento de historia de la pintura española. Hombre de menos lectura que los tratadistas precedentes o, tal vez, desengañado de la escasa eficacia del aparato de citas clásicas y modernas, de que aque¬ llos hacían gala, se limita casi siempre a referir casos y dichos de pintores famosos aprendidos a lo largo de una vida dilatada y en estancias romanas, napolitanas y madrileñas. Y en esto se basa el mérito de sus Discursos, además del que supone acometer una historia de la pintura y de la escultura en Ara¬ gón, ensayo aislado en la España de entonces. Nació Jusepe Martínez en Zaragoza en 1602; fué su padre un pintor flamenco llamado Daniel, que murió de 81 años, en 19 de junio de 1636. En su libro se refiere Jusepe a un viaje a Italia; de allí volvió, después de estar en Roma y de hablar en Nápoles a Ribera, en 1625. En 1634 estuvo en la Corte. Trató a Velázquez y a otros muchos artistas de su tiempo; fué hecho Pintor del Rey y enseñó dibujo a Don Juan José de Austria. A este príncipe dedicó sus Discursos. La última fecha que figura en ellos es la de 1673. Murió octogenario en Zaragoza el 6 de enero de 1682. Un resumen de su vida y de sus obras pictóricas y de sus estampas grabadas firma J. Allende-Salazar en las págs. 172-3 del t.° XXIV del Kunstler Lexikon de Thieme. El libro de Jusepe no se imprimió hasta el siglo xix. En - i6 - 1796 el deán de Zaragoza Sr. Larrea, ocupó después la que silla de Valladolid, mandó hacer una copia, de la que quizá extractó algunas noticias Cean Bermúdez. El MS. original se conservó en la Cartuja de Aula Dei en donde había sido monje Fray Antonio Martínez, hijo de Jusepe y pintor. En 1852 la copia de Larrea era 'propiedad de D. Lorenzo Viscasillas y fué publicada por el Diario Zaragozano (hacién¬ dose una corta tirada aparte) cuidando la edición D. Mariano Ñongues y Secall. En 1866 publicó de nuevo y hasta ahora por última vez, los Discursos la Academia de Bellas Artes de San Fernando con estudio preliminar extenso, referente a la historia de la pintura en Aragón y notas de Don Valentín Cal¬ derera. De esta edición se han extractado las siguientes pᬠginas. Menéndez Pelayo en la Historia de las ideas estéticas (t.° IV págs. 94-8, 1901) estudia el libro de Jusepe y es innecesario repetir aquí un texto que está al alcance de todos. Discursos practicables [ del i Nobilísimo Arte de la Pintura | sus rudimentos | medios Y fines que enseña la experiencia, con los ejemplares | de obras insignes de artifices ilustres [ por JusEPE Martinez | Pintor de S. M. D. Felipe IV | Y del Sermo Sr D. Juan de Austria, a quien dedica esta obra | Publícala la Real Academia de San Fernando, | con notas, la vida del Autor y una reseña histórica | de la Pintura en la co¬ rona de Aragon | por su individuo de número | Don Valentín Carderera y Solano. Madrid Imprenta de Manuel Tello. San Marcos 26 1866 — Prólogo — — Noticia de Jusepe Martinez, y Reseña Histórica de la Pintura en la Corona de Aragon — Pg- 51- — Dedicatoria del Autor a Don Juan de Austria — pg- 53- — A la Pintura. Silva panegírica — 2 — i8 — Pg. 58. — Al estudioso amador de la Pintura — ... pequeño trabajo... [se presentan] tres materias las En este más necesarias y anejas a mi profesión; y si bien es verdad que muchas afamadas plumas las han tratado más difusamente en va¬ rias lenguas, pero ha sido con estilo tan realzado, que no han sido entendidos sinó de los muy prácticos en ellas, y asi comienzo por el A b c darlo hasta dejarte en el dibujo muy diestro, para que puedas proseguir según tu inclinación te llevare... Nada es mío en esta obra sinó el deseo de que la logres... pg- I- TRATADO PRIMERO — Del dibujo y maneras de obrarlo con buena imitación — pg. 8. TRATADO II — De la simetría — pg. ii. TRATADO III De la Anatomía pg- 13- TRATADO IV De la perspectiva Pg- 15- TRATADO V De la Arquitectura Pg- 21. TRATADO VI — De la unión — 19 ^ — pg- 23- ï TRATADO VII — Del colorido —• pg- 24- ... Los más maestros han procurado hacer sus obras imitadas a lo más como vemos por ejemplo, en Ticiano... que hermoso, todos los demás coloristas han salido de esta escuela... pg- 25- ... Encomendósele[a un maestro muy prudente] una capilla de mucha ostentación, de cuadros pintados al oleo; púsose con mucho estudio a hacerlos; despues de acabados con satisfacción de entendidos los llevó a la iglesia donde estaba dicha capilla; llegó su dueño, violos muy de paso; el pintor estaba en la ocasión pre- ^ sente, y preguntando qué le parecía, respondió su dueño: "Señor mió, no esperaba yo de sus manos obra tan basta, y poco conclui¬ da, pues todo es borrones. V. trate de ponerla en la perfección que yo esperaba", el prudente pintor respondió entonces: "Señor mió, no os doy esta obra por acabada, y así no puedo ser culpado hasta que estén los cuadros en su puesto: V. se servirá de darme la llave de esta capilla, que yo a mis solas acabaré esta obra con la per¬ fección que pide". Hizo hacer su cerradura de tablas con puerta y llave, sin dejar parte por donde poder ser visto: al cabo de un més llamó a su dueño, ya colocada su obra entró, y al verla en su lugar tan excelente, quedó maravillado de que la mejorara tanto en tan poco tiempo; los discípulos del tal maestro se le rieron mucho sabiendo no había retocado cosa alguna: de donde a nues¬ tro estudioso aprovechará el no dejar ver sus obras, ni decir que las tiene concluidas, hasta tenerlas en su puesto colocadas... pg. 20. ... Mandó hacer gran señor dos cuadros de una misma for¬ un ma; lleváronlos palacio hechos; puso ambos cuadros a buena a su luz; era el uno de doce cuartas y nueve de ancho, el otro no lle¬ gaba a la cuarta parte. Este gran señor, era en esta profesión muy entendido y ejercitado, lleno de haber visto las obras de los ma- — 20 — yores hombres; en la ocasión se hallaron tres títulos presentes, deseosos de saber cual de los dos cuadros era más aventajado y primoroso: de los cuales, preguntado respondió el gran señor con su acostumbrada prudencia: "Los dos lo han ejecutado diestra¬ mente, pero con esta diferencia: que lo grande siempre es grande."... pg. 28. TRATADO VIII De la elecaón de las actitudes — ... Hallándome en Roma, un devoto deseoso de hacer un cua¬ dro para una capilla (no reparando en los intereses, sinó en el lu¬ cimiento de su obra), lo encomendó a uno de los pintores de más fama: era la historia... el Descendimiento de la Cruz... Hubo de ausentarse de Roma este devoto... volvió de su legacía al cabo de tres meses, y deseoso de ver su obra... acudió a donde la tenía, y viendo que no estaba conforme a su dictamen... quedó absorto; conocióle el autor el disgusto, y dijo: "Señor mío, en vuestro sem¬ blante advierto el poco gusto que os causa mi pintura: deseo saber la causa, porque hasta ahora los hombres que han sido los más entendidos que lo han podido ver, la han admirado." Respondió el dueño: "—No muestro disgusto por lo imitado al natural, que es realmente soberano, sinó por lo esencial en que habéis faltado, que es en la prudencial decencia que se debe usar en este género de historias... veo me habéis puesto esta soberana figura [la de Cristo] de tal forma que más parece un hornero o faquín... y la Virgen... con la Magdalena que más parecen lavanderas de tra¬ pos que personas del majestuoso respeto que requieren; además que piden semejantes historias atiendan más a la devoción y de¬ coro que a lo imitado..." El artífice quedó poco gustoso*; mas como convencido, hubo de tener paciencia... Este mismo caballero, viéndose forzosamente obligado a hacer otro lienzo para su capi¬ lla, valióse de otro pintor celebradísimo, y en esta parte de la de¬ cencia ninguno más en nuestros tiempos. Di jóle su intento: to¬ móle el artífice a su cargo; concluyóle tan a gusto de sus dueños, que al verle dijo: que a no saber que le pintó él, creería que algun angel de superior gerarquía le habría hecho; sacó un bolsillo de doblones, y echándoselos sobre una mesa: "Ahí van—dijo—cien doblas para estrenas, que paga no se puede dar a cuadro tal, que no tieneprecio; esta pintura tiene todas las partes que convienen a semejante historia"...* [Cita como más maestro en disposiciones y actitudes de "las historias a Rafael"] "no menos gracioso y excelente historiador fué Francisco Paramisano..."^ TRATADO IX — Del historiador con propiedad — [elogia a Guido y a Dominichino] Pg- 33- ... Hallándome en el año 1625, ya deseoso de vol¬ en Roma verme a venir sin ver alguna parte de Italia, pᬠEspaña, por no seme en camino para ver la insigne ciudad de Nápoles, ciudad la más opulenta de toda Italia, por los muchos príncipes y señores, y la gran corte de sus virreyes... En esta corte pues, hallé a un insigne pintor-, imitador del natural con gran propiedad, paisano nuestro, del reino de Valencia, de quien recibí mucha cortesía, mostrándome algunos camarines y galerías de grandes palacios; gusté infinito de todo, mas como venía de Roma, todo me parecía pequeño, porque en esta ciudad más se trata de milicia y caballe¬ ría, que de cosas pertenecientes al arte del dibujo; así lo dije a este paisano, y así me lo confesó. Entre varios discursos pasé a preguntarle, de como viéndose tan aplaudido de todas las nacio¬ nes, no trataba de venirse a España, pues tenía por cierto eran vistas sus obras con toda veneración. Respondióme: "—Amigo carísimo, de mi voluntad es la instancia grande, pero de parte de la experiencia de muchas personas bien entendi¬ das y verdaderas hallo el impedimento, que es, ser el primer año recibido por gran pintor; al segundo año no hacerse caso de mi, porque viendo presente la persona se le pierde el respeto; y lo confirma esto, el contarme haber visto algunas obras de excelen¬ tes maestros de esos reinos de España ser muy poco estimados: y así juzgo que España es madre piadosa de forasteros y cruelísima ' Francesco Mazzuola il Parmigzanino (1503-1540). ' Ribera; es importantisimo pasaje. 22 — madrastra de los propios naturales. Yo me hallo en esta dudad y ^ reino muy admitido y estimado, y pagadas mis obras a toda sati- facdón mía y así seguiré el adagio común como verdadero: Quien está bien, no se mueva." Con esto quedé satisfecho y desengañado de ser verdad lo que decía. Pregimtele que si tenía deseo de ir a Roma a ver de nuevo las pinturas originales de sus estudios pasados: echó un gran sus¬ piro diciendo: —"No solo tengo deseo de verlas, sinó de volver de nuevo a que son obras tales que estudiarlas, quieren ser estudiadas y me¬ ditadas muchas veces, que aunque ahora se pinta por diferente rumbo y práctica, si no se funda en esta clase de estudios parará en ruina fácilmente, y en particular en sus historiados, que son el norte de la perfección que dije, en la que nos enseñan las historias del inmortal Rafael pintadas en el sacro Palacio; el que estudiare estas obras, se hará historiador verdadero y consumado. Con estas razones averigüé de los que dijeron que este gran pintor se alababa de que ningimo había llegado, así antiguos como » modernos, a la excelencia de su pintura que eran maliciosos y gente de baja naturaleza... Pg- 37- [el] Angélico Federico Barrocio de Urbino, este hizo dos cua¬ dros, si bien el uno es copia pero con excelencia. Era, pues, este pintor insigne grande amigo de San Felipe, a quien el Santo pidió una Anunciata para su oratorio, encareciéndole la divinidad y composición de la Virgen Santísima, y la modestia del soberano paraninfo: hizo este cuadro con tanta veneración, que compun¬ giera al más depravado, tanto que el mismo San Felipe... fué ha¬ llado delante de él orando... y preguntando la causa de hallarle más en aquel altar que en otros respondió: "Porque no hallo imᬠgenes que más viva y devotamente que estas me representen lo signiñcado." pg- 37- En estado de Lombardía amaneció un pintor famosísimo lla¬ mado Ludovico Lubino, el cual no estudió sinó solo de las obras ^ del Corezo y de Francisco Parmesano, e imitólas de manera, que muchos piensan ser originales del gran Corezo: hizo pocas obras, — 23 — porque la flor de su vida^. De este cortó la muerte este fruto en varón insigne vi un cuadro que se trajo a Roma, que fué pasmo de los peritos... Estaba en él la Madre de Dios con el niño en los brazos, adorándole muchas santas arrodilladas: eran estas Santa Catalina mártir, Santa Inés y Santa Lucia con tan extremada her¬ mosura que causaba maravilla; pero la mayor estaba en el realce de expresar los estados con filosofía soberana... Pg- 39- ... Mostró un Cardenal un cuadro antiguo a Michael Angelo, pidiéndole consejo para hacer un ornato que había de acomodar en su capilla, diciendo que lo estimaba en mucho, por ser alhaja antigua de su casa: Michael Angelo, como tan grande arquitecto, le hizo luego un dibujo. Preguntóle el Cardenal de lo que le pa¬ recía de dicho cuadro. Respondió: "—Señor ilustrísimo, la pintu¬ ra es buena; excederanle ahora muchos; pero en la divinidad que manifiesta, ni se ha hecho ni se puede hacer más: bien al contra¬ rio se usa en los presentes tiempos, que no es pequeña falta; en particular vi entre los más diestros un lienzo en que está el cas¬ tillo de Emaus y Cristo Señor nuestro de edad de diez y ocho años, representando más la figura de un mozo de bodegón que la de Cristo, y considerados los discípulos San Lucas y Cleofás con tan poca decencia, que aun es poco decir que parecen dos bribones... pg- 40. En cierta ocasión me sucedió, que cortejando a un pintor grande llegamos a un palacio donde nos mostraron un cuadro representando la gloria con infinidad de figuras, con tal expresión, respeto, contraposición y arte que admiraban a los entendidos como a los no entendidos: preguntáronle a mi gran maestro, que me llevó a verle, qué le parecía (que para eso era llamado) res¬ pondió que era tan bueno y con tantaconsideración hecho, que cosa posible, y es cierto que si se ejecutara en figu¬ mayor no era ras tan grandes como el natural, excediera a cuantas pinturas hay hasta hoy obradas. Este cuadro es de mano de un pintor flamen¬ co que estudió quince años en Roma, llamado Adán del Samar^. No se refiere a Bernardino Luini, ni, al parecer, tampoco a Luigi Ce¬ ' sare Luini, discípulo de Gaudencio Ferrari. ' Adán Elshdmer, que influyó sobre Rembrandt; era alemán, no fla¬ menco (iS74-t 1620 en Roma). De este pintor las figuras no pasaban de una tercia; fué muy so- litario y contemplativo, tanto que por las calles andaba tan ab¬ sorto y no hablaba con nadie si no se le hablaba teníase por de menor valor de lo que él era; sus amigos le reprendían, diciéndole que mudase de estilo, estimándose más pues lo merecía: era su respuesta siempre, que en satisfacerse de sus obras tomaría enton¬ ces su consejo. Bien al contrario sucede en nuestros tiempos, y pintores de quienes muchos sabiendo apenas hacer un ojo y una mano, presu¬ men de Tizianos y Corezos, y aun no contentos con esto, son tan desvanecidos y amadores de sus obras que aborrecen todo lo que no es Yo tuve un compañero semejante a los dichos, que suyo. llegó cierta ciudad de España, donde fué muy recibido con sin¬ a gular aplauso, creyendo los naturales de ella era im nuevo Apeles por entender pasarla a la mano la energia de su lengua; mas sa¬ lióle muy al contrario su vanidad pues quedaron tan atras sus pin- tureis, que atento a la poca estimación de sus obras, hubo de mu¬ dar de pais. Después de algunos años pasó por esta augusta ciu¬ dad de Zaragoza, patria mía; estando en ella vino a verme, y hᬠllele tan demudado y arrepentido, que me causó tanta admiración como lástima; pregúntele de algunas cosas del arte y respondióme muy al contrario de lo que yo pensaba, diciéndome que no había más estudio ni más buena pintura que el ganar dineros (respues¬ ta más de necesitado que de estudioso) y así había resuelto mu¬ dar de facultad muy diversa de la pintura, que fué hacerse maes¬ tro de otra facultad que fué de iñños... Pg- 45- TRATADO X — De la Filosofía de la Pintura — pg- 47- te digo que no he hallado con toda mi ... experiencia, al cabo de setenta años y más de mi edad hombre que a solas y por su dictamen haya llegado a mediano obrar, sino hoy cayendo y ma¬ ñana errando; y por esto te encargo sobremanera busques con todo cuidado maestro que te enseñe con toda verdad... Había un letrado de rarísimo ... capricho, grande ínquiridor de facultades; comenzó de si solo esta profesión, y se encerró .por término de ocho años proseguir sin maestro a ejecutar lo que a bien le parecia, enseñó alguna muestra de sus obras y como salió tan repentinamente este pintor, admiró a muchos ignorantes, ala¬ bando sus obras, diciendo que sin maestro había salido con gran¬ de perfección. En esta misma ciudad había algunos pintores, que ejecutaban sus obras con grande excelencia y arte; uno de ellos oyendo las alabanzas de este nuevo pintor y que hacía tan poco caso y estimación de lo que los otros usaban tomó la mano a que¬ rer desengañarle, pues sus obras no tenían más de satisfacción que la que él con sus filosofías y sofísticas razones daba. En esta oca¬ sión llegó un gran pintor que venía de Roma, llamado Mauro de Valle^ portugués; aposentóle un canónigo de esta ciudad que en Roma habían sido compañeros; este tal canónigo era algo deudo del dicho letrado pintor: El pintor portugués por entretenerse en esta ciudad y descansar del largo viaje, pintó un cuadro con un San Pedro algo más crecido que el natural, representando las lᬠgrimas en la cueva; enseñólo a los pintores de la ciudad con mu¬ cha cortesía y rendimiento. Los tales pintores, viendo con cuanta excelencia estaba pintado, le alabaron en grande manera. Acudió el letrado para verle, y con el aspecto severo y arrogante, comen¬ zó con sus filosofías y entes de razón a censurar el cuadro del pin¬ tor portugués, el cual, sonriéndose de tanto disparate como ensar¬ tó, preguntóle, qué facultad tenía: respondió que era letrado y que por gusto aprendía esta facultad de pintura, ejecutándola de si, solo, sin maestro alguno: dijo el portugués: "—Estimaría mucho y tendría a grande dicha el ver algunas obras suyas, por no haber visto aun cosa de consideración sin doctrina de maestro." Mandó luego nuestro letrado traer un cuadro que últimamente había aca¬ bado de pintar. Traído que fué dijo uno de sus apasionados: "Señor Mauro, ¿que le parece a V. de este pintor, que sin maes¬ tro ha llegado de si solo a tanta excelencia?" Respondió: "Señor ya lo dije; la obra no ha tenido maestro ni doctrina: mas, me ma¬ ravillo mucho, que podía ser peor de lo que es, y si mi parecer hu¬ biera de tomar el señor Fulano, volviera a sus leyes, que estas las habrá aprendido con maestro"... de lo cual resultó el no tocar nuestro letrado en lo restante de su vida pinceles ni colores para pintar... [sobre Rafael y Polidoro Caravaggio] ' Amaro del Valle, fué pintor de Felipe III como rey de Portugal, se¬ gún el Conde de la Viñaza. 26 pg- 52- TRATADO XI — De las circunstancias de un buen maestro de pintura co:-; relación a los discípulos pg- 55- ... En la ciudad de Bolonia se halló un pintor muy celebrado y muy aficionado a enseñar esta profesión y arte, sacando muchos discípulos muy adelantados en este ejercicio; entre otros tuvo uno muy estudioso, que le sirvió y ayudó en sus obras quince años y más. Este era natural de Siena; sus parientes entendiendo su fama y habilidad y que su mismo maestro lo alababa, y viendo que este joven pasaba ya de treinta años, sus deudos le molestaban con cartas para que volviese a su ciudad y tomase estado. Dijole a su maestro: —"Señor, mis deudos me importunan para que vuelva a Siena para tomar estado; solo me resta saber de vuestra boca si seré apto para obrar de mi a solas, que sin vuestro consejo no me atrevo a ejecutar lo que me piden mis deudos." Respondióle su maestro: "Hijo, en cuanto a la sabiduría y práctica de este arte, me habéis aventajado de buen trecho; solo me pesa de perder vuestra compañía, a quien he criado como hijo." Nuestro joven quedó tan agradecido, que le dijo: "—Padre y maestro mío, yo me vuelvo a nuestro dominio, y mientras estuviereis en esta vida, no faltaré a vuestra compañía", partiendo sus obras a me¬ dias, llevando la mayor parte del trabajo el discípulo*... pg- 57- TRATADO XII — De la elección de los asuntos — pg- 6i. TRATADO XIII — De las artes necesarias para el pintor — ... Llegaron ciertas personas graves a casa de un celebrado pintor a ver un cuadro que había de ser para puesto muy público; su dueño deseaba que sus obras saliesen con toda perfección; dié- 27 - — * ronle noticia que uno entendido en de los circunstantes era muy esta metiéronlo en práctica, brindándole di¬ materia de pintura; jera su parecer; comenzó a dar noticia de su entendimiento. A los principios fué con ciertas reglas generales que son... adquiridas por lecturas y practicas que han tenido [con] algunos pintores quedándose ayunos de lo intrínseco y macizo... como el dicho pin¬ tor lo conoció; y asi pasó su obra adelante... Los circunstantes juzgaron que lo hacía de admiración del sugeto: para desengaño le preguntaron qué le parecía del sublimado discurso del Sr. D. Fu¬ lano. Dijo: "—Señores, yo le hs oído, mas no lo entiendo en teó¬ rica: este arte se ejecuta con práctica"... [Ofreceseme este ejem¬ plar por ser yo el testigo]... Pg- 64. TRATADO XIV — De la ciencia y prudencia del pintor — pg- 72. ... Vino a Roma (en el tiempo aquella insig¬ que me hallé en ne ciudad...) un ñamenco casi un maestro, que en su manera era y a pocos lances llegara al sumo grado por aquel camino. Deter¬ minó dejarla por seguir otra manera... Púsose con mucho estudio y cuidado... y siendo muy poco el fruto que sacaba, determinó de hacer un cuadro con el esfuerzo posible... y viendo... que no llegaba a su deseo, quiso enseñarlo a un gran maestro para que lo desengañara... y el maestro... le dijo: -—"Veo cuan afectuosamen¬ te me pedis os desengañe...: digoos, pues, con toda verdad que habéis errado en mudar de estilo... y habéis echado por otro rum¬ bo muy contrario a nuestro natural... Estad advertido y seguid vuestro natural, que no será poco si ahora lo halláis." pg- 73- caso que sucedió en Milán con un gran señor y dos pintores ... famosísimos cada uno por su esfera. Deseó este señor adornar su palacio de varias pinturas: aconsejándose de hombres entendidos ^ en la materia le propusieron dos famosos pintores; cada uno de ellos tenía sus apasionados. Resolvióse en que cada uno de ellos hiciese muestra de su habilidad, dejando el asunto a voluntad de los mismos artífices: El imo hizo un retrato de ima Flora con tanta gracia, causaba maravilla: el otro tomó por asimto una vieja que que representase a la Envidia, cosa asquerosa. Lleváronse los dos cuadros a la presencia del señor: mandó llamar a otro famoso pin¬ tor por no hacer agravio a los que los habían pintado. Dijole que deseaba se hiciera examen del que mejor se había portado. El pin¬ tor juez, viendo que las dos eran maravillosas, dijo: "Yo señor, he visto con atento cuidado estas pinturas, y hallo son en cuanto al arte y manejo iguEiles, y que cada uno ha cumplido en su ejecu¬ ción con maravilla: la elección toca a V. S. según su voluntad y el agrado de su gusto". Respondió el caballero —"Yo me inclino a la Flora, pues en arte es igual y la Envidia vaya fuera, que yo no la quiero"... pg. 82. TRATADO XV — Nota de algunos celebres profesores que poseyeron las prendas indicadas Mírense las obras del excelentísimo Corezo... [largo elogio de la Madonna de San Jerónimo o el Dla'\. No hay principe ni señor que no desee sus obras, sin reparar en crecidos intereses. En esta ciudad de Zaragoza se halla un cuadrito, en poder del Sr. Conde de San Clemente, de una tabla de roble de grandeza de poco más o menos de una tercia, pintada una imagen de Nuestra Señora que muda la camisa al Niño Jesús y en lejos San José trabajando su oficio^: todo él esta hecho con tanto estudio y gracia, ques admira al más entendido: conócese que este cuadrito no lo acabó él del todo por no estar acabado un pié de la Virgen a más que los co¬ lores los tuvo muy bajos. Pasando por esta ciudad el Excmo Sr Conde de Bristol, honró viniéndome a ver: pidióme le sirviera en asistirle para poder ver algunas pinturas originales; hicelo gusto¬ so por ser persona noble, entendida y de gran censura en esta fa¬ cultad. Llevele a ver el camarín de dicho Conde de San Clemen¬ te, donde hay muchas pinturas originales excelentes: entre ellas está este cuadrito, que se le llevó los ojos, de manera que me dijo daría por él de muy buena gana quinientos ducados, si se lo que- ' Tal vez en relación con el original perdido del grabado de Dom. As- pur, pasaje de la Huida a Egipto; aunque S. José se figura como carpin¬ tero' en la estampa. -9 - rían íeriar. Pido y suplico a los que llegan a tener cuadros del Ce¬ rezo los estimen mucho, porque este autor dejó pocas pinturas al oleo: porque lo que mas se halla de él es pintado al fresco... [elogios con lugares comunes de Rafael, Ti- ciano, Miguel Angel, Leonardo y Durero.] Otros he hallado, que, habiendo hecho las diligencias posibles, por mas que han trabajado, no han llegado al fin deseado; que a no haberle dado la nobleza del arte y profesión del dibujo lugar para cubrir a otras profesiones, hubiera quedado su estudio en balde. Yo he conocido y experimentado muchos, y en particular un discípulo del grande Guido Reni, celebérrimo en la pintura, el cual viendo, no podía llegar a la excelencia de su maestro, dió por la escultura de marmol con tanta excelencia que ningrm otro le puso el pié delante como lo atestigua una tabla o historia de mar¬ mol que está situado en la maravillosa fabrica de San Pedro de Rorna...^ pg. 94. TRATADO XVI — De la estimación e inmortalidad que se debe a los pro¬ fesores insignes [elogios de Bellino, Mantegna, Perugino, Miguel Angel, Bramante, Rafael, Daniel de Volterra, Parmesano, Julio Romano, Sansovino, Rosso, Primaticio y Freminet.] pg. 104. No menos honra recibieron nuestros españoles de los católicos Reyes; molesto, tomaremos la ilustración de este arte, y por no ser del serenísimo Rey D. Fernando, dechado de Reyes y maestro de la razón de Estado. Este señor se valió de un excelente pintor de aquellos tiempos, que se llamó Pedro de Aponte, natural de la ciu¬ dad de Zaragoza. Viendo venir de Flandes y Alemania excelentes pinturas, siendo muy estimadas en España, se animó de manera en este ejercicio que dentro de poco tiempo los igualó, y en particu- ' Supone Carderera que si se referirá al relieve de S. Lean Magno y Atila labrado por Algardi. — so¬ lar en retratos hubo persona principal en fué singularísimo. No España quisiese retratar por su mano. Dicen que fué el que no se inventor de los muros fingidos de Santa Fe, en el reino de Gra¬ nada; y no hay que maravillar de esto, que fué gran perspective y hombre de gran invención y máquina, y siempre fué siguiendo la corte de SS. MM. de Isabela y Femando. He visto muchas obras de su mano en el reino de Aragón, Cataluña y Valencia. Fué este ilustre varón el primero que pintó al oleo; fué muy estimado de sus majestades, haciéndole merced de pintor suyo, con privilegio particular, que hasta entonces no se había usado en España. Esto fué en era de mil y quinientos años. Casi en este mismo tiempo, a emulación de este ilustre pintor, se animaron muchos ingenios que se adelantaron con mucho ho¬ nor, y en particular salió uno que en retratos fué singularísimo, Uamado Rincón: uiios dicen que fué portugués, otros castellano; sea de donde fuere fué gran pintor; sus cabezas son hoy muy es¬ timadas. En este tiempo barajó la fortuna esta pobre profesión, por oca¬ sión de ciertas guerras civiles que hubo en España hasta que Dios fué servido de traer al invictísimo Carlos V... no se olvidó de hon¬ rar profesión, llevando consigo un pintor de nación alemana^, esta el cual hizo, ya por dibujos, ya por estampas, toda la descripción y sucesos de todas sus hazañas: y en particular un papel, que tira de largura más de ocho varas, en que está significado el acompa¬ ñamiento que le hicieron después de haberse coronado. Está he¬ cha esta obra con tanto magisterio y verdad que creo que exce¬ de a las relaciones escritas de esta gran función: y creo ningún otro príncipe ha gozado de tan grande aplauso... Fué S. M. Cesárea servido de ver la mayor parte de Italia, hizo algunos días de mansión en la ciudad de Mantua, siendo muy agasajado y servido de aquel Sr. Duque, y en esta ocasión se halló nuestro gran Tiziano acabando un retrato de S. E. con otras pin¬ turas hechas para su camarín. Viéndolas S. M. Cesárea ser cosa tan maravillosa, así el retrato como lo dem.ás, gustó de ser retra¬ tado de tan grande mano: luego al punto se puso en orden y se bosquejó, dando premisas de lo que después fué. En este tiempo ' ¿Será Vermeyen el Barbalunga quien dibujó los cartones para la ta¬ picería de Túnez? y lugar nuestro Tiziano tenía un grande amigo, celebradísimo es¬ cultor, estatuario y maravilloso en hacer bajos relieves de retra¬ tos en medallas. Alonso Lombardo pidióle encarecidamente a Ti¬ ziano que cuando fuese a acabar el retrato de S. M. lo introduje¬ se como discípulo suyo: hizolo asi, y comenzó Tiziano a acabar su obra. Sacó nuestro escultor una cajuela, donde tenia preparada una pasta de cera colorada, y sacando sus palillos con que se obra esta materia, rebozándose su capa, hizo su obra retratando a S. M. Cesárea de medio perfil, sin ser notado de Tiziano porque se hizo a espaldas suyas. Luego que acabó Tiziano, se levantó S. M. preguntándole a nuestro escultor: —"Y vos ¿que habéis he¬ cho?" Respondió: "—-Sacra Majestad, casi nada", mas viendo no podia excusar a tal mandato hubo de mostrar su obra. Viendo S. M. obra tan primorosa puso en parangón cual había obrado me¬ jor: todos convinieron que eran iguales, menos que en lo colorido llevaba el Tiziano ventaja; de lo cual el Tiziano quedó muy sen¬ tido de esta acción, de tal manera que de allí adelante no se trató más con el dicho Alonso Lombardo, pareciéndole le había hecho traición: pasión impropia de hombres entendidos... Al tiempo de partirse de esta ciudad dejó ordenado S. M. Cesárea que a nues¬ tro Tiziano se le dieran quinientos ducados por el retrato y a Alon¬ so Lombardo se le dieran otros quinientos ducados. Este retrato fué vaciado en medallas de oro y plata, y visto también vaciado en estaño y plomo... S. M. dejó ordenado al dicho Alonso Lombar¬ do le hiciera una medalla de relieve entero de marmol y que la llevara a Génova... Llegadoque fué S. M. a Genova halló a nues¬ tro escultor con su obra hecha... mandóle dar quinientos ducados con orden que hiciese otros tres de la misma manera: cobró con esta dicha Alfonso tanto nombre, que no hubo señor que no le pi¬ diese su retrato de su mano con crecidos premios. A nuestro gran Tiziano le dejó ordenado hiciera del tamaño del natural su retra¬ to a caballo, armado de punta en blanco, en una campaña con im admirable pais, que hoy se halla en la casa del Pardo, juntamente con unos cuadros de unas poesías, que a no ser tan humanas, las tuviera por divinas ¡lástima grande para nuestra religión! Recibió este pintor grandes dones de S. M. Cesárea. En este mismo tiempo salieron con grande eminencia muchos pintores en Venecia, y en particular uno llamado Pablo Veronés, que si no excede a Tiziano, le igualó... dicen: que llegando Pablo Veronés a ver aquella gran ciudad de Roma... viendo las obras... 32 de Rafael de Urbino, cuentan que dijo "—Buena la habernos he¬ cho en venir acá a ver cosa tan fué asi, como lo poca." Esto no probaré. Pablo Veronés se sabe de él que fué una persona de gran¬ de cortesía y valor... a más de esto hallándome en Romia en «.1 año de 1625 tuve mucha amistad con un sobrino suyo de edad de sesenta años gran pintor, y tratando de esta materia me di i) la verdad del caso en esta manera; que viendo Pablo Veronés las obras de Rafael, las admiró mucho, y al cabo de haberlas visto con atento cuidado, se volvió a su compañero Federico Zucaro, gran pintor (que ambos pintaron en Venecia la sala del Consejo) y le dijo: "—Estas obras son admirables, pero también ncíotros hacemos algo"... En este... tiempo que comenzó a gobernar nuestro gran Fe¬ ... lipe II... comenzó a alentar a los ingenios de la profesión del di¬ bujo, y como tan pió y católico, trató de ediñcar un templo y casa para sepulcro de sus antecesores y sucesores, dedicado al limo, már¬ tir San Lorenzo... Mandó S. M. hacer trazas a los mayores hom¬ bres que en toda Europa se conocían... se le ha dado por nombre y título "La octava maravilla"... Para ornamento de esta gran fᬠbrica fué necesario valerse de artíñces... así de italianos, como de españoles... y al fin de la obra los que en ella trabajaron, queda¬ ron con grandes premios satisfechos. De los italianos se volvieron algunos a su patria; otros viendo la cortesía que en España se les hacía se quedaron, tomándola por patria, y entre estos quedó Bar¬ tolomé Carducho, elevadísimo ingenio, que por lo que he visto de sus obras, me parece que otro alguno no le puso el pié delante. Fue grande inquiridor de la verdad de este arte, fué adornado este gran pintor de todas las virtudes morales; su cortesía fué grande, su enseñanza y humildad más que todo. Testigo será el ejemplar siguiente. Es costumbre en Madrid, en las festividades del Corpus Christi, adornar las calles por donde pasa el Santísimo Sacramen¬ to, con hermosos aparatos de altares, tapicerías y pinturas: en esta ocasión sacó un pintor moderno un cuadro para mostrar su inge¬ nio: no faltaron muchos de la profesión a ver esta nueva obra, más para censurarla que para alabarla, costumbre ordinaria de los que poco saben. En esta ocasión llegó nuestro Bartolomé Car- ducho; los que le conocían le agasajaron como a tan grande maes¬ tro preguntándole qué le parecía de aquella nueva obra. Respondió que le parecía muy bien. Salió uno de aquellos sectarios de mali¬ cia y murmuración diciendo: "—Como puede V. decir una cosa — 33 — eomo esa, si tiene este cuadro esta, y esta, y esta otra falta?" Al cual este noble varón respondió: "—Señor mío; yo no he aten¬ dido a lo que vos decís: porque me ha divertido la bondad de estas cabezas y manos con tanta propiedad hechas, que no me ha dado lugar a hacer censura a lo demás." Otros muchos dichos y hechos pudiera yo contar de Bartolomé Carducho, pero los dejo por no ser prolijo: solo digo que ha sido muy estimado, y al pre¬ sente lo son sus obras. Fué muy positivo y retirado y por mara¬ villa se satisfacía de lo que obraba... fué pintor muy general, así al fresco, como al oleo, y al temple. No tuvo muchos discípulos, porque no podían tolerar tantas vigilias y estudios persuadiéndoles a no gastar mal el tiempo, pero tuvo uno que suplió por muchos; este fué un hermano suyo, que fué llamado Vicencio Carducho, a quien dejó universal heredero de su ciencia habilidad y virtudes. Fué hombre de bizarro aspecto, de admirable conversación de grande dibujo práctica, y de grande expedición y en sus obras; muy abundante en sus historias; en la elección y en sus asuntos tuvo mucha compostura; no se le supo pintase cosas lascivas: hí- zole la majestad de Felipe III de gloriosa memoria, su pintor, dán¬ dole muchas obras para emplear su ingenio, como se vé en la casa y sitio del Pardo, pintadas al fresco, en compañía de otros pinto¬ res excelentes, cada uno en su pieza de por si, que, si no fué pri¬ mero, no fué segundo. Hizo inñnidad de obras, y en particular una que bastaba a llenar las manos de cuatro pintores por dies¬ tros que fueran: esta fué la del claustro del religioso convento del Paular de Segovia, de religiosos cartujos, en esto mostró una y no pequeña maravilla, que fué distinguir tantos hábitos blancos, con tanta gracia hechos que hace una maravillosa armonía, y lo Tna»; que fué dejar contentos y satisfechos a todos los religiosos que no fué pequeña hazaña. En San Sebastián de Madrid hay un retablo, de su mano, de gran magisterio; el cuadro de en medio es un San Sebastian atado en un madero, puesto en alto, con una turba aba-, jo de gente: el cuadro que está arriba es un Santo Cristo Cruciñ- cado, donde mostró en el uno y otro cuadro ser muy entendido en la anatomía y simetría; su colorido muy vivo. Hacer memoria de sus obras sería proceder en inñnito; valióse en ellas de sus discí¬ pulos, dándoles dibujos y modelos muy declarados; y ellos los eje¬ cutaron tan bien, que pasaron por suyas, con poco retoque. Tuvo muchos discípulos y nombraré algunos que merecieron grande aplauso y estimación; sea el primero por ser el más antiguo, Felix 34 — - Castelló: este fué practiquísimo maestro siguiendo su doctrina y modo de obrar que muchos cuadros los han tenido algunos hom¬ bres entendidos por mano de nuestro gran Vicencio Carducho: amáronse maestro y discípulo en tan grande manera, que con estar Castelló fuera de su dominio, no sabía apartarse de su compa¬ ñía y consejo, y en cualquiera obra de consideración partía con él, premiándole largamente su trabajo, y no solo era con este, sinó con todos de los que se valía. Tuvo otro discípulo, llamado Teodosio Mingot, valenciano, dis^ cípulo que fué primero de Francisco Ribalta en Valencia, eminen¬ tísimo pintor. Nuestro Teodosio, después de haber estado algunos años en su compañía, tomó estado haciendo casa de por sí, y tomó por obra en compañía de Gerónimo Cabrera, gran pintor, unas piezas pintadas al fresco en la casa del Pardo y apenas fueron acabadas murieron; di cese que con la grande continuación de aque¬ lla obra, o ya de la humedad de la cal, o por ser el puesto paludo¬ so y húmedo, murieron; y de verdad se perdieron dos ingenios de mucha importancia. No es posible en tan breve distancia hacer relación de todo; solo diré de uno, que hoy vive, que aunque no sigue la manera de su maestro Vicencio Carducho, sin sus rudimen¬ tos primeros no hubiera llegado a la esfera que hoy obra; es muy fecundo, gran dibujador, su colorido es muy deleitable, y pronto en su ejecución^. Volviendo a nuestro Vicencio Carducho, digo que fué tan ama¬ dor de esta noble profesión y de sus profesores, que queriendo la villa de Madrid poner cierta imposición sobre el arte de la pin¬ tura, salió a la defensa nuestro gran Vicencio... Este libro {"Diᬠlogos de la Pintura"] es de mejor dirección de los que hasta hoy he visto y así lo condesan los más eruditos... Fue muy estimado de todos los mejores ingenios de España y de grandes señores muy cortejado. Favorecióle la fortuna con grandes ventajas; con su hermano que le dejó una herencia muy lucida, se trató con mucho decoro y respeto; tuvo intento de fundar una Academia para que los virtuosos y estudiosos lograran sus estudios; mas la malicia perniciosa dió fin a su vida, no dando lugar a lograr tan nobles in¬ tentos. En este mismo tiempo floreció otro gran sugeto, que estudió mucho tiempo en Roma, llamado Eugenio Cages, celebérrimo pin¬ tor... fué pintor general. En el convento de San Felipe de Madrid ' Los datos son poco precisos para identificarlo. hay un suntuoso retablo mayor de aquella iglesia: en el cuadro principal está pintado el martirio de San Felipe, figura desnuda, donde mostró tan grande arte y belleza, que causa admiración a quien lo vé: en el cuadro segundo de arriba (que es también de gran capacidad) figuró la Asunción de la Virgen con todos sus Apóstoles y discípulos; cosa admirable. Hallándome en Madrid con un italiano de grande ingenio, conocido mío de Roma y muy ade¬ lantado en esta profesión, enseñándole esta obra, le pregunté ¿qué le parecía de ella? Me respondió como medio turbado que nunca entendió había tan grandes pintores en España, diciendo que no había otro en Roma que hiciera más. Este gran pintor pintó en compañia de Vicencio Carducho una gran pieza en la casa del Par¬ do: honróle S. M. Católica con título de su pintor^. Sus pinturas fueron muy amables y de grande tmión, y para significar glorias y nubes con tanta morbideza, que asi antiguos como modernos, otro alguno que le ha pasado. Su condición fué amable, y muy amigo de enseñar a sus discípulos, que fueron muchos, y en partictilar diré de dos que le siguieron con grande igualdad y le honraron sus obras. El primero se llamó Lanchares, que estuvo mucho tiempo en Roma; fué hombre de agudísimo ingenio y hubiera hecho cosas maravillosas si no hubiera muerto tan temprano. El otro se llamó Josef Leonardo, natural de la ciudad de Ca- latayud: fué muy amable pintor, muy dulce su colorido, sus his¬ torias y dibujo con notable belleza y gracia: quiso la fortmia, y al¬ gunos dicen que de envidia, le diesen una bebida, con la cual per¬ dió el juicio: murió en esta ciudad de Zaragoza, de edad de cua¬ renta años; su condición fué muy dulce así como su pintura: sus amigos y conocidos quedamos con mucho dolor de perder un in¬ genio tan soberano. En este mismo tiempo, entrando a reinar nuestro Rey Felipe IV el grande, manifestó su ánimo y inclinación a todas las artes li¬ berales, pero en particular se señaló en la pintura; escogió por pri¬ vado al excelentísimo Conde de Olivares, el cual viendo a S. M. inclinado a esta profesión (por muerte de Juan de la Cruz, que era el que hacía los retratos de SS. MM.) envió a Sevilla por dos excelentes pintores, para honrados como a paisanos: el uno se llamó Diego de Silva Velazquez; y el otro se llamó Alonso Cano, ^ En 28 de enero de 1609. - 36 - muy general en cuatro facultades, que son pintura, escultura, ar¬ quitectura y perspectiva; también se explayó en grabar láminas de buril; fué gran dibujador y de grande relieve en el colorido, como se vé en un cuadro de harta grandeza, situado en la Iglesia de Santa María de Madrid que está pintado el milagro de San Isidro, que dando tres golpes con su vara en la tierra, sacó la fuente; que solo con este cuadro bastaba a honrarse cualquier pin¬ tor aunque no hubiera hecho más. Estando yo en Madrid el año de 1634 me llevó a su casa, don¬ de me enseñó dos cuadros, uno comenzado y el otro acabado: y cierto vi en ellos grandísimo magisterio: pero hízome lástima el verlo tan poco añcionado al trabajo, no porque no fuese muy li-. beral en él sinó que su deleite y gusto era gastar lo más del tiem¬ po en discurrir sobre la pintura, y en ver estampas y dibujos, de tal manera que si acaso sabía que alguno tenía alguna cosa nue¬ va, lo iba a buscar para satisfacerse con la vista. Tuvo a la for¬ tuna por muy enemiga, pues siempre se vió cargado dé considera¬ bles trabajos, que le obligaron a hacerse clérigo, por quedar im¬ pedido de una grave enfermedad, y no poder lograr su trabajo como deseaba; ñnalmente, murió con pocas comodidades, pero sus obras siempre han sido estimadas. Tuvo pocos discípulos, pues por !"u poca asistencia duraron con él poco tiempo. Al contrario su condiscípulo Diego Velazquez, que ambos fue¬ ron llamados por el Sr. Conde-Duque servicio de S. M.: mán¬ para desele que hiciera el retrato de S. M. y lo sacó tan bien hecho y parecido, que luego se le hizo merced de pintor de Cámara. A pocos días y obras que tuvo hechas de retratos, en virtud de ser supe¬ rior a los antecedentes pintores, recibió otra merced, que fué ugier de cámara de S. M. Creció tanto su habilidad en hacer retratos con tanta bondad y arte, y tan parecidos, que causó gran mara¬ villa, así a pintores como a hombres de buen gusto; pero como la envidia no sabe estar ociosa, procuró deslucir la buena opinión de nuestro Velazquez, sacando línea por una y no recta, unos censu¬ radores (que es una semilla o cizaña sembrada por todo el campo del mundo) que se atrevieron a decir que no sabía hacer sino ima cabeza (disparate como de envidiosos): llegó a oídos de S. M., que siempre favoreció a los hombres virtuosos, y con singularidad a este, y volvió por su opinión, mandándole hacer un cuadro de la expulsión de los moros de España, que fué hecha el año 1610, de grandeza de cinco varas de proporción y de anchura tres varas y 37 — - media. Este lienzo se hizo a competencia de cuatro pintores los mejores, haciendo cada rmo un cuadro del mismo tamaño. Colgᬠronse en el Salón mayor de Palacio en donde se conoció por esta obra la virtud de nuestro pintor, siendo el retrato muy parecido con la historia; de lo cual corrida la envidia, quedó arrinconada, y el pintor con más estimación, pues con este desengaño y el mucho servicio y puntualidad que asistía a S. M. le cobró más cariño, haciéndole sobre las mercedes otra merced de ayuda de cámara. Tuvo grande deseo de pasar a Roma y pidió licencia a S. M.; diósela con las comodidades para el viaje (que no fué poca mer¬ ced). A su arribo a esta gran ciudad, fué muy bien recibido del señor embajador; fué viendo las mejores obras, así antiguas como modernas, asi de estatuas como de bajos relieves, y de haberlas visto, quedó muy mejorado en el estudio. Hizo algunos retratos a personas principales, dejando admirados, no sólo a los entendidos, sinó también a los mismos pintores. Apenas estuvo un año, fué lla¬ mado de S. M. a quien hubo de obedecer con harto desconsuelo suyo, por ver no lograba tan grandiosos estudios; no obstante vino muy mejorado en cuanto a la perspectiva y arquitectura. Llegó a Madrid con algunas pinturas excelentes, de lo cual S. M. se dió por bien servido, prosiguió siempre en hacer retratos de SS. MM. creciendo siempre en bondad, que este fué el oñdo más continua¬ do: fuele la fortuna tan favorable que todo lo que él disponía era muy bien recibido. Propúsole S. M. que deseaba hacer una gale¬ ría adornada de pinturas, y para esto que buscase maestros pin¬ tores para escoger de ellos lo mejores a lo cual respondió: "—^Vues¬ tra majestad no ha de tener cuadros que cada hombre los pueda tener." Replicó S. M.: "—¿Como ha de ser esto?" Y respondió Velazquez: "—^Yo me atrevo señor (Si V. M. me da licencia) ir a Roma y a Venecia a buscar y feriar los mejores cuadros que se hallen de Tiziano, Pablo Veronés, Bazan, de Rafael Urbino, del Parmesano y de otros semejantes, que de estas tales pinturas hay muy pocos príncipes que las tengan, y en tanta cantidad como V. M. tendrá con la diligencia que yo haré; y más que será ne¬ cesario adornar las piezas bajas con estatuas antiguas, y las que no se pudiesen haber, se vaciarán y traerán las hembras a Espa¬ ña, para vaciarlas después aquí con todo cumplimiento." Diole S. M. licencia para volver a Italia con todas las comodidades ne¬ cesarias y crédito. Llegado que fué a Roma, puso al punto por obra su intento, que le salió todo conforme deseaba; y en el tiem- po que en Roma aguardaba la conclusión de las estatuas, hizo en¬ tre otros retratos dos que fueron el de Su Santidad Inocencio X y el otro el de la señora doña Olimpia, cuñada del dicho Sumo Pon- tiñce; salieron estos dos retratos con tanta excelencia que admi¬ raron a los que los vieron. Volvióse a Madrid, y presentó a S. M. lo ofrecido, de que se quedó tan servido que le hizo Aposentador mayor de Palacio, car¬ go de mucha importancia y honor, no dejando de proseguir en sus retratos, y por esto no tuvo lugar de hacer historias, pero las po¬ cas que hizo salieron de tal suerte, que no contentándose S. M. con las mercedes hechas, le quiso honrar nombrándole caballero del hábito de Santiago: honra bien merecida para acabar sus días. Entró en su lugar un yerno suyo llamado Juan Bautista del Mazo, también gran pintor, y en particular en ñguras de poco más de a palmo, y en copiar cuadros de Tiziano fué singular. Ambos a dos fueron muy enemigos de la pintura al fresco... Reparó S. M. en que para adornar los techos, galerías, bóvedas había grande diñcultad y falta de pintores, que pintasen al fresco; para esto y para que se introdujese tal modo de pintura en Es¬ paña, por haber cesado por espacio de cuarenta años, mandó a Ve¬ lazquez que enviase a Italia por dos famosos pintores. Escribió a Italia vinieron los pintores; se dió luego orden que se pintase el salon grande, que sale a la plaza el cual está hecho con grande arte. Daba priesa Velazquez que se acabase esta obra, pero ellos pidieron a S. M. fuese servido de darles ayudantes para concluirlo y asi se valieron de dos pintores famosos, que a poca práctica que tomaron los igualaron en bondad y en dibujo y colorido, y des¬ pués acá se ha introducido de tal manera este modo de obrar, que hace emulación a Italia. Estos dos pintores se llamaron los Colo- nas^, y el uno murió en España y el otro se volvió a Italia con mu¬ chos medros ambos a dos con reputación muy cumplida. Pocos años atras floreció un lucidísimo ingenio llamado Fr. Juan Bautista Maino, discípulo y amigo que fué de Aníbal Caracho y gran compañero de nuestro gran Guido Reni, que siguió siempre su manera de pintar; en lo que más se adelantó fué en hacer figu¬ ras medianas de lindo gusto y perfección; adelantóse sobremanera ' Como es sabido, Colonna era el apellido de uno; Micael Angelo y Mitelli el del otro, Agostino de nombre. Los ayudantes españoles quizá Francisco Rizi y Carreño (?). en hacer retratos pequeños, y superó en esto a todos cuantos hasta este tiempo han llegado, tuvo gracia especial en hacer retratos, que a mas de hacerlos tan parecidos, los dejaba con tangrande amor, dulzura y belleza, que aunque fuese la persona fea, sin defraudar a lo parecido, añadía cierta hermosura, que daba mucho gusto, y más a las mujeres, que les minoraba los años, que no es pequeña habilidad. Llegó su fama a los oidos de S. M. Felipe III... man¬ dólo llamar y que trajese alguna cosa de su mano, y vista que la hubo le plació tanto, que desde luego le eligió para maestro y en¬ señanza de esta noble profesión al gran Felipe IV... quien le amó mucho, haciéndole merced de darle doscientos ducados de plata cada año, sin otros donativos considerables. Fué este noble religio¬ so amigo de sus amigos, y a sus profesores los trató con grande es¬ timación; no hizo muchas obras, que como él no pretendía más que lo que tenía, no cuidó más que su comodidad. A este religio¬ so se le aplica un cuento muy gracioso que le sucedió acerca de un retrato que hizo para un caballero, grande amigo suyo. Y fué que tenía tratado matrimonio con una dama de Granada, y para esto fué forzoso enviara este caballero su retrato, para que la dama lo viera. Este señor no era muy galán; nuestro Fr. Juan Bautista hizo de las suyas, con su gracia acostumbrada, metiéndole en pos¬ tura tan airosa, que era muy diferente de su original, aunque en la cara le parecía. Llegado que fué el retrato a poder de la dama, fué harto bien recibido. Este caballero se detuvo algunos días para ajustar sus cosas en Madrid; llegado que fué a Granada vió a su dama y ella se mostró muy fría y disgustada; preguntóle su ma¬ dre ¿que tenía que se mostraba tan triste y melancólica? a lo cual respondió que ella había dado palabra por lo signiñcado del re¬ trato, pero no por la persona que se le ponía por delante, y que al dicho pintor, se le vedase no hiciera retratos para casamientos de lejas tierras. Si este religioso trabajara continuam.ente a este ejercicio de retratos, en particularmente de mujeres, hubiera ga¬ nado gran suma de ducados: mas él como religioso, entendió muy poco de figuras en grande, como del natural. No se sabe que hi¬ ciese sinó solos dos cuadros: el uno fué Santo Domingo Soriano, el cual dicen, se quemó cuando aquel incendio grande del colegio de Atocha; otro hay en las monjas de Santa Ana en Madrid, he¬ cho con aquella dulzura y amabilidad acostumbrada suya, dejan¬ do satisfechos a los bien entendidos de ser conocido apto para todo... Pg- I2j. En tiempo de la Santidad de Paulo V... amaneció un ingenio, grande naturalista, llamado Michael Angelo de Carabaclio...; los sobrinos de S. S., deseosos de tener un retrato de mano de este gran pintor, lo sacaron de la cárcel, (en que estaba por haber muer¬ to, en una pendencia, al capitán Banucio, por ciertas palabras que entre ellos tuvieron) y lo llevaron delante de S. S. que le mandó hacer un cuadro de la manera siguiente; estaba Paulo V en una silla vestido de blanco, y circundaban su persona sus señores so¬ brinos; era este cuadro de más de veinte palmos y de anchura e igual correspondencia... Quedó S. S. tan contento de esta obra que a más de habérselo bien pagado lo libró de pena capital... solo se le dió un destierro por algún tiempo... Fuese a Malta... donde fue muy bien recibido de aquel gran Maestre; hizole luego pintar un cuadro muy grande de la degollación de San Juan Bautista, de figuras mayores del natural, situadas en un aposento de la cárcel, donde recibían las figuras una luz muy fiera y de grande rigor. Me han asegurado personas muy entendidas y prácticas en la pintu¬ ra, que la cabeza del santo está con tal arte y primor, que pa¬ rece que no ha acabado de echar la última respiración; y lo que más admiraba era que solía decir, que no pintaba cosa que no lo viera por el mismo al natural. Visto el señor gran Maestre una cosa tan prodigiosa, le hizo gracia de hacerlo caballero del hábito de San Juan... Fué este gran pintor de extravagante condición y vida desordenada... Embarcóse para volverse a Roma, y apenas llegó a Sicilia le dió una enfermedad de que murió... no tuvo ningún discípulo debajo de su doctrina aunque tuvo muchos que procu¬ raron imitarle por ser este modo de obrar más fácil, pues no se discurre más que poner el natural delante e imitarlo... TRATADO XVII — Continua la memoria de profesores insignes que fueron premiados En el tiempo del gran monarca Felipe II amaneció un gran sugeto en esta profesión de retratos, en el principio de su reina¬ do llamado Alonso Sanchez, que viendo su majestad que obraba con tanta excelencia este ejercicio, lo mandó llamar y hacer la prueba con un retrato suyo: salió tan a gusto de S. M. que le mandó dar casa de aposento al lado de su real palacio, en la casa del Tesoro, dándole los gages y ración muy bien cumplida: ocu¬ póse mucho tiempo en hacer retratos de S. M. por mandato suyo para enviarlos a diversos reyes y príncipes, que fueron estimadí¬ simos en aquel tiempo y mucho más ahora. Creciendo los servi¬ cios de este famoso pintor, su majestad le hizo de la Llave Negra y ayuda de cámara suyo. En aquel tiempo S. M. comenzó la insig¬ ne maravilla del Escorial, y andaba tan prevenido que, jimtamen- te con la obra mandaba hacer pinturas y otras alhajas necesarias para su adorno, para que a un tiempo fuese todo acabado... Entre otros muchos cuadros que tenía del Tiziano, mando que hiciese imo... que se había de colocar en el retablo de la Iglesia [de] la historia de San Lorenzo. Envió el cuadro... que fué admiración... pero... al tiempo de colocarle se halló una grande vara corto por haberse errado las medidas. Hoy se halla colocado en la iglesia \'ieja del Escorial. Mandóle de nuevo al Tiziano que le hiciera un cuadro de la misma grandeza de aquel que había hecho para... Carlos V... a caballo y armado de todas armas que por un dise¬ ño le remitiría. Mandó S. M. llamar a Alonso Sanchez comuni¬ cándole intento... y aunque se excusó todo lo posible... (con su su acostumbrada modestia) hubo de obedecer... de esta manera: S. M. retratado en pié ofreciendo al cielo a su hijo primogénito alzando los brazos: en la parte de arriba hay un ángel volando que le presenta palma y corona, y abajo se descubre un pais con unos moros postrados tierra. Hecho esto, le mando S. M. le re¬ en tratara en acto de mirar arriba algo retirado: hízolo así nuestro -\lonso Sanchez, en un lienzo tamaño de poco más de tres pal¬ mos; más, la cabeza de la grandeza del natural... remitióse a Ve- necia y visto del Tiziano la cabeza y dibujo escribió a S. M., que pues tenía pintor tan excelente no tenia necesidad de pinturas aje¬ nas: respondióle así lo creía; pero que se daría por bien servi¬ que do lo hiciese de su lo hizo así. Cuando yo no hubiera mano, como muchos retratos suyos, así en poder de pintores como de personas principales, ser muy estimados y con grandes precios comprados, fuera bastante testimonio lo dicho en alabanza de nuestro Alonso Sanchez: fué este gran pintor muy amado de los virtuosos; ense¬ ñó lo que sabía a sus discípulos con grande voluntad, aunque nin¬ guno de ellos le igualó; copió algunos lienzos del Tiziano por or¬ den de 8. M. que pasaron por originales, y así lo confesó Diego 42 — — Velazquez (que no es pequeño testimonio). S. M. Felipe II iba muchas veces a su obrador, deleitándose de verle pintar; hízole muchas mercedes, y entre otras, fué el casarle dos hijas que tenía, por su mano, dotándolas por su cuenta. En este mismo tiempo floreció un pintor llamado Felipe Liaño, singular retratador en pequeño, muy venerado y estimado porque a más de ser parecidos los hizo con tanto magisterio, que causó maravilla. He visto algunos suyos, de manera ttan franca hechos, que no parecían de mano de un retratador, sino de im gran pintor. Este no tuvo discípulos, sino una hija suya, que le eneeñó esta noble profesión, y la aprendió con tanta excelencia, que casi igualó al padre: de este gran retratador no se sabe que hiciese otra cosa que retratos en pequeño, y con sólo este ejercicio ganó muchos duca¬ dos; sustentóse muy honoríficamente; honró mucho á sus profe¬ sores, y en su muerte le honraron sobremanera. De muchos otros he visto obras dignas de grande alabanza; pero como viven, y de cada día se van mejorando, dejo sus elogios para otra pluma más delgada que la mía, que, con el tiempo, no faltará quien haga de ellos memoria y les dé el grado de honra que merecen. Mas por no quedar escaso y mostrar el amor y deseo d eayudarte y pre¬ venirte, te quiero advertir que esta profesión de hacer retratos es materia muy penosa, y á veces poco premiada, por ser los censo¬ res que han de hacer juicio de ellos por la mayor parte ignorantes, y haber de atender al juicio de cada uno es fatiga muy grande para quien obra este ejercicio; pero para consuelo tuyo te daré un ejem¬ plar que sucedió en Sevilla á un gran señor, residente en aquella ciudad, el cual, deseando hacer un retrato suyo entero, se valió del pintor de más opinion de aquella ciudad en este ejercicio: man¬ dóle llamar, y diciéndole su intento, puso el pintor luego mano á la obra con gran diligencia; hecho que fué, lo hizo ver y enseñar á muchos amigos suyos, los cuales lo censuraron como unos ig¬ norantes. Este señor no dudaba de la bondad de la obra, sí sólo en lo parecido, y para desengañarse mandó llamar a Luis de Var¬ gas, celebradísimo pintor: enseñóle el retrato, y visto con oten- cion, mostró en el semblante grande admiración, y dijo ser cosa superior. Díjole el señor: "No dudo en eso, sino que hay tantos que lo censuran, diciendo unos que sí, otros que no, los unos en festo, los otros en esto otro, y por esto os he llamado, para que me desengañéis." Respondió Vargas: "S. E. se desengañe, que me- 43 — — tiendo una pintura á vista, cada uno se hace juez de lo que no sabe hacer ni entender; y aun entre ios mismos pintores, quieren que las pinturas sean á su modo y juicio: todos los hombres en¬ tendidos y doctos y de grande estudio hacen los juicios bien he¬ chos; y si V. E. gusta hacer lo que yo disponga, quedará satis¬ fecho en cuanto á lo parecido." Cogió Luis de Vargas el retrato y lo puso un paso adentro de ima pieza: hizo cerrar las ventanas de ella, corrida algo la cortina de la parte de afuera de la puerta, y dijo: "Señor: ahora mande V. E. llamar á toda prisa un lacayo que suba, y V. E. y yo nos estaremos trás y entonces del retrato, se verá el desengaño. Hízose asi como lo dispuso Vargas: subió el lacayo con la misma prisa que fué llamado; la pieza era muy capaz, y á seis pasos que dió, viendo que el retrato no hablaba, dijo el lacayo con toda sencillez: "¿Qué me manda S. E.?" Visto esto por el señor duque, dijo: "Esto es hecho, yo me quedo muy satisfecho de esta obra, y á V. muy agradecido, que no es ménos gran ñlósofo que gran pintor." No ménos gustoso y desengañado quedarás de otro suceso (aunque por otro camino), que le suce¬ dió á un gran pintor de retratos en grande: hallábase este tal en servicio del señor duque de Mántua, que á mas de hacer retrato? le servia de gentil-hombre de cámara: amábale este señor mucho por verle tan añcionado á esta profesión, y que siempre andaba haciendo cabezas de dibujos y copiando dibujos de grandes pin¬ tores, con tanto concierto, que daba grandes esperanzas de salir gran pintor; y para que del todo saliese famoso, le encomendó á im gran pintor llamado Julio Romano, que á la sazón pintaba para S. E. cinco piezas al fresco de mucha grandeza (de que yo he visto algunos dibujos de esta obra de admirable invención y arte), para que lo educase y enseñase con tal amor, como s ifuera su misma persona, dándole lugar y tiempo necesario para el in¬ tento. Tomólo á su cargo el pintor, y á pocos meses de enseñan¬ za conoció su ingénio é inclinación y que su modo era más para retratos que para historias fecimdas de invención y máquina grande; le hizo copiar algunos retratos que se hallaban en aque¬ lla ciudad de mano de Giorgion de Castelfreinco, maravillosísimo en esta materia. Tomó nuestro pintor tan de veras este ejercicio, que pasaron muchos de ellos por originales; al cabo de cuatro años isalió tan diestro, que Julio confesó no ser para otro tanto: icon esto corrió la fama de manera, que no hubo caballero que no desease un retrato de su mano.Entre otros que le pedian llegó — 44 — uno, con muchas sumisiones, que le hiciese su retrato, ofrecién¬ dole premiarlo muy bien; mas gastando el pintor mucho tiempo en concluir las obras, sucedió que este caballero fué tan solícito, que se le hubo de acabar con toda brevedad, y fué tan celebrado, que no hubo hombre que no lo admirase: el dueño preguntó por el valor. Nuestro pintor, que se preciaba de muy cortesano y ca¬ balleroso, díjole que diese lo que fuera servido, que con sus ami¬ gos no entraba en precio: replicó el caballero: "Señor mió, yo no quiero quedar deudor á nadie, sino pagar lo que vale." Obli¬ gado el pintor pidió cien reales; y medio espantado nuestro ca¬ ballero dijo: "V. me pide tres precios, y asi daréle treinta rea¬ les, que así me costó otro que me hicieron." Nuestro pintor (con¬ sidérenlo todos como quedaria) replicóle: "Señor mió, V. está muy ignorante de la bondad de su retrato, y si lo querrá aliora habrá de darme doscientos reales." Supo este caso el señor duque, y mandó se le trajera á su presencia para desempeñar su amado pintor, á quien mandó que, en lugar de una gorra milanesa que traia puesta, se la borrara y le pusiera un sombrero rústico de pastor, y en lugar de una capa de felpa que tenia, le pusiese un zamarro de pecoraro (que asi se llaman los pastores en aquel pais) y en una mano le hizo poner una flauta de zampoña (que así lo usan los pastores) : mandó S. E. se sacara en pública pla¬ za, donde se compra y se vende, y aunque estaba trasmudado en aquella figura, fué muy conocido. En aquella ocasión se halló un caballero veneciano, que venia á negocios de importancia, muy entendido en esta profesión, en la plaza, y viendo aquella ca¬ beza tan maravillosa, preguntó cuánto pedían de ella; respon¬ dió el que la tenia á su cargo: "no tengo órden de darla ménos de doscientos reales:" el caballero, como quien bien lo entendía, sin réplica se los dió. Este caso se extendió por toda la ciudad, haciendo mucha burla de lo sucedido: el caballero retratado lo llevó muy impacientemente, tanto que quiso tomar venganza de este gran pintor; pero viendo que había sido órden de S. E., hubo de tener paciencia: sus amigos le aconsejaron que lo rescatara de quien lo había comprado, mas no fué posible. Esta cabeza fué hecha con tanto arte y primor, que he visto infinitas copias de ella, no sólo en poder de hombres de buen gusto, sino también en poder de famosos pintores, asi en Italia como en España, que en cuanto á frescura de colorido, no ha tenido par. Por estos suce¬ sos te aconsejaré, estudioso mío, no dés por este camino de retra- tos, que se sujeta un hombre á oir muchas simplicidades é igno¬ rancias, y aunque parece que esto bastaba para tu desengaño, no obstante, entre los muchos casos que te puedo contar, he es¬ cogido este solo para último en esta materia. Estando Diego Ve¬ lazquez en esta ciudad de Zaragoza, asistiendo á S. M. D. Fe¬ lipe IV, de gloriosa m.emoria, le pidió un caballero le hiciera un retrato de una hija suya muy querida: hízolo con tanto gusto, que salió con grande excelencia; al ñn como de su mano: hecha que fué la cabeza, para lo restante del cuerpo, por no cansar á la dama, lo trajo á mi casa para acabarlo, que era de medio cuerpo: llevólo despues de acabado á casa del caballero; vién¬ dolo la dama, le dijo que por ningún caso habia de recibir tal retrato; y preguntándole su padre en qué se fundaba, respondió: que en todo no le agradaba, pero en particular que la valona que ella llevaba, cuando la retrató, era de puntas de Flandes muy finas. Paréceme que esto basta para ejemplar. TRATADO XVIII Prosigue el mismo asunto, continuando instrucciones á los profesoresy discípulos. Razón será que volvamos á dar otra vuelta por España, para dar noticia de algunos pintores rarísimos y singulares, que ha ha¬ bido en estos reinos, para que gocen siquiera algunas memorias, y resuciten sus nombres y obras hechas. En tiempo que el invictísimo Cárlos V vino á España, vic¬ torioso de tantas batallas como felices sucesos, siguieron á S. M. muchos ingénios peregrinos en todas materias, y de esta profe¬ sión vinieron seis profesores á este reino, que pusieron la verda¬ dera manera de pintar (así de dibujo como de extremada inven¬ ción) en su ser, y así los iré nombrando por su antigüedad. El primero se llamó maestro Tomás Peligret; fué discípulo de Bal¬ tasar de Siena y de Polidoro Caravaggio: fué nuestro Tomás ra¬ rísimo dibujador de práctica; su ejercicio fué pintar de blanco y negro como su maestro Polidoro; fué fecundísimo historiador, muy abundante en sus historias, grande persectivo, que hasta entonces los antecesores no dieron las luces con disminución con¬ veniente como la perspectiva debe ser obrada. Fué grande arqui¬ tecto, de maravillosa invención, facilitando dificultades; desterró — 46 - la manera mezquina y cansada, que hasta este tiempo no se co¬ noció la belleza del manejo. Fué muy general en todo, menos en la pintura al óleo, que no la obró; hizo infinidad de obras, si bien se hallan muy pocas, en comparación de lo que tenia obrado, á ocasión que los cristianos, deseando con pió y devoto afecto her¬ mosear y acrecentar iglesias magníficas, echaron á tierra muchas obras suyas: lástima grande para los profesores. En la muy ilustre catedral de Huesca hay una gran pieza que sirve d^; sacristía á su admirable templo, pintada de su mano y de un discípulo suyo^, juntamente con un capelardente para el Santísimo Sacramento, que sirve para la Semana Santa, hubiera quedado otra que aunque no cosa de su mano, era bastante para conocer su fecundo ingénio y grande liberalidad. Tuvo muchos discípulos; enseñó el arte con mucho amor, y particularmente á uno llamado Cuevas®, que este le superó en gracia y gallardía de sus figuras; mas le cogió la muer¬ te de edad de poco más de treinta y tres años; comenzó á pintar algunas cosas al óleo, que se conoce por ellas, que si la muerte no le cogiera tan temprano, llegára á grande excelencia. Este fué na¬ tural de la ciudad de Huesca; fué muy recogido y solitario; jamás desamparó la compañía de su maestro, porque todas sus obras las hizo compañía: este sintió mucho su muerte, por haber per¬ en su dido tal discípulo, porque le amaba más que á hijo; sobrevivióle pasados veinte años, y siendo de edad de ochenta y cuatro dió su alma á Dios, dejando casi huérfana esta profesión, de este género de pintura de blanco y negro. Fué- este gran pintor natural de To¬ ledo, de casa ilustre, ganó muchos ducados, tratándose como pro¬ fesor noble; jamás supo estar ocioso, y por eso se halla tanta abun¬ dancia de dibujos para pintores, escultores, talladores de grotescos, bordadores, arquitectos y fábricas de iglesia, dando gran luz á todas las profesiones del dibujo. Ocupó su lugar luego otro exce¬ lentísimo pintor italiano, natural de la ciudad de Siena, llamado Micer Pierto, gran pintor al fresco, como se vé por sus obras, y ' Nadaqueda hoy de estas pinturas. ' Según Carderera: "De este Cuevas se conserva todavía el monumento de Semana Santa, que se coloca en la catedral de Huesca todos los años. Es de bellísima invención, y muy notables las figuras casi colosales de Profe¬ tas pintadas de claro oscuro en los paneles ó tableros de las naves laterales, que forman una especie de basílica, en dicho monumento." Publiqué un di¬ bujo suyo del Museo del Prado (Legado Fernández Duran) en el vol. Il de Dibujos españoles. 47 — no ménos al óleo: fué pintor de grande ánimo y generoso en el obrar, más inclinado á la manera grande que á la pequeña. Este nos dejó un ejemplar de grande humildad en sus obras, no tenién¬ dose á ménos de valerse en ellas de trabajos ajenos; cuyas figmas acomodaba con tanta gracia y union, y tan bien acomodadas, que parecian sus historias hijas naturales de su entendimiento. Fué el primero que introdujo en Zaragoza el pintar al fresco: pintó al óleo unas puertas de un retablo de la magníñca iglesia de San Francisco de esta ciudad, repartidas en ocho cuadros de grandeza de treinta palm.os cada uno, correspondiente á su anchura; cosa digna de estimación. Este fué un hombre muy retirado; no tomó jamás estado, ni tuvo discípulos, sino dos sirvientes para su go¬ bierno: su trato y conversación sino con hombres muy doc¬ no era tos y fué muy amable en su trato; gente muy principal: dicen que jamás se le halló que menospreciase á ninguno: hizo un pedazo de hacienda: fué tan pió y cristiano, que al ñn de sus dias mandó la repartiesen en obras pias, haciendo muchas limosnas, y en parti¬ cular á Icis iglesias donde más había ganado; fué llorado de todos sus amigos. En este mismo tiempo el señor duque de Villahermo- sa^ trajo dos famosos pintores, el uno en retratos y el otro en his¬ torias, para adornar su palacio y casa de campo, y al punto pu¬ sieron mano á la obra: el llamaba Micer Pablo Esquert; uno se este en su mocedad estuvoVenecia, debajo del amparo de Ti- en ziano, y aunque siempre trabajó por su cuenta, grangeó de tal modo la voluntad de Tiziano, que le dejó copiar en cuadritos pequeños algunos cuadros de su mano, y en particular las poesías que hoy se hallan en el palacio de S. M. Estos cuadros, vistos por el señor duque, los mandó copiar en tamaño del natural en lienzos gran¬ des, añadiendo otras más de su inventiva; y aunque sacadas del natural estas copias, es verdad que son muy buenas y de grande estimación, no llegan ni con mucho á las de Tiziano, porque están obradas por manera flamenca, y como él lo era, tuvo siempre la manera delgada y muy gentil, y por este camino fué muy estima¬ do en esta ciudad, pagándole sus obras á su voluntad. Fué muy ' D. Martín de Gurrea y Aragon, conde de Ribagorza y duque de Vi- llahermosa, ilustradísimo caballero,que dejó varias obras manuscritas de nu¬ mismática, historia y genealogías. Algunas se conservan en la Biblioteca Na¬ cional de esta corte. Hablan de él N. Antonio, Latasa y otros. A esto que dice Carderera, añádase, que su obra de Medallas la publicó Melida en igoS. - 48 - abundante en sus historias, grande amigo de pintar en tafetanes y lienzos delgados. En este tiempo trajeron á esta ciudad una ca¬ beza de un Ecce-homo, de mano de Morales de Badajoz, natural de Sevilla, cosa tan prolija, que no sé si el buril en la plancha pudo hacer cosa mas suutíl y delicada. Este género de pintura es teni¬ da entre los grandes pintores por cosa ociosa y tiempo mal gas¬ tado. Perdió con esta pintura algo de su opinion nuestro Micer Pablo entre los ignorantes y mecánicos bachilleres, y para volver por su crédito y dar á entender que era su obra para todo, hizo unas cabezas semejantes á las de nuestro Morales, añadiéndoles manos, que aunque se las pagaban á cien ducados cada una, no quiso atender á semejante ejercicio, sino volverse á su primera ma¬ riera enque ganó muchos ducados: hizo muchas obras en los diez años que vivió en esta ciudad, y de una apoplegía murió. Fué de condición muy alegre, gran músico de laud, que en aquel tiempo admiró; trató su persona y casa con mucha grandeza y gala, más de lo que convenia, y así quedó su familia con pocas comodidades. El compañero de este autor fué también flamenco, maravilloso re¬ tratador; llamábase Rolam Mois. S. E. el señor duque le ocupó en hacer retratos de la genealogía de su casa, sacándolos de ori¬ ginales muy antiguos, los cuales eran de manera muy seca y de poco dibujo; mas él los redujo á la moderna con tanta gracia y bondad, sin defraudar á lo parecido, que parecía los habla saca¬ do del mismo natural: gracia particular y de grande estimación^, .^cabó algimas obras bosquejadas de su compañero Micer Pablo con todo cumplimiento, observando aquella misma manera. Su ejercicio principal fué hacer retratos grandes y pequeños: no hubo en aquel tiempo persona de cuenta que no se hiciera retratar de su m.ano, y en particular las damas, porque tuvo tal gracia, que sin casi sombras los hacia muy parecidos. En esto imitó mucho al Tiziano: en acjuel tiempo no se tenia por hombre de considera¬ ción el que no se hiciera retratar de su mano; por eso se hallan infinitos: no se dignó de hacer retratos á gente ordinaria, tenién¬ dose á menos de emplear sus manos en semejante gente, aunque le ^ "Estos retratos son de cuerpo entero, en número de diez. Se recomien¬ dan por su colorido ti-zianesco y por el esmero y toque fino de sus accesorios; pecan algunos en tener algo largos los brazos. Los conserva en Madrid, entre otros muchos, el actual duque de Villahermosa (D. Marcelino Aragon y Azlor)." Nota de Carderera. D. E. Tormo prepara un estudio sobre Mois. 49 — — repagasen, ni tampoco ir á casa de ningún caballero por principal que fuese, sino sólo en su casa lo retrataba; á las damas solamente iba con mucha coresía á hacerlos á sus palacios y casas. Tratóse como caballero, teniendo siempre caballo á la estaca, y su casa con la Ostentación que merecia su ingénio: fué muy aplaudido y con¬ siderado de todos; estimó sus profesores, ayudándoles con su in¬ forme para ser estimados; correspondióse mucho con nuestro Alon¬ so Sanchez^, de quien arriba tengo hecho mención. Eligió por pa¬ tria esta nobilísima ciudad de Zaragoza. Murió dejando un pe¬ dazo de hacienda muy lucida, dándola en casamiento á una hija que tenia sola, dejándola casada con una persona de mucha esti¬ mación. Hubo otro pintor llamado Gerónimo Cosida, que fué pin¬ tor del señor arzobispo D. Fernando, nieto que fué del rey don Femando: este fué muy estimado de este señor arzobispo, tanto que su lima, no hacía cosa, así de fábrica como de pintura y co¬ sas tocantes al dibujo, que no la comunicase con él; y en esto la acertó, porque este autor era hombre de mucha capacidad é ingé¬ nio. Hizo este señor arzobispo grandes obras (con tanta grandeza como de su ánimo régio), que se podía llenar un libro muy co¬ pioso. Pero volviendo á nuestro Gerónimo Cosida, digo que fué en sus obras muy concluido, mas no se aplicó á figuras grandes, sino á medianas y pequeñas. Valióse en sus obras de las estampas de Alberto Durero (que amó mucho á este autor), imitándolas con mucha dulzura y amabilidad, por lo cual fué tenido en mucha es¬ timación; fué grande inventor de adornos para cosas de arquitec¬ tura, y en particular para custodias. Tuvo pocos discipulos, porque no podian soportar su rigida condición; precióse siempre de hi¬ dalgo caballero, y con razón, que su familia, que hoy dura, es de mucha nobleza; ciñó la espada de muy jóven, y no la dejó aun en la misma muerte, pues se hizo enterrar con ella. Dejó á su hija heredera deuna hacienda muy lucida, que era casas y campos. Muertos que fueron estos pintores arriba dichos, estuvo en esta ciudad muerta la pintura por más de veinte años, y al fin de ellos vino un pintor de Italia, hijo de esta ciudad, que se llamó Pedro Orfelin, grande retratador; habla en esta ciudad mucha falta de este ejercicio, y viendo sus retratos, y que los hacia muy parecidos y de grande relieve, ganó mucho crédito, con que eligió por algu- ' Coello. 4 t — so¬ nos años proseguir en este ejercicio, porque se los pagaban á me¬ dida de su deseo. Mas la envidia, siempre enemiga de la virtud, procedió como con los demás con este, poniendo por obstáculo que no sabia hacer otra cosa sino retratos; dióse á hacer historias para retablos y adornos de capillas, mostrando en esto ser suñciente para todo, y por algunas cosas que hizo se conoció ser gran pin¬ tor. No pudo lograr su intento, como él lo deseaba, porque mu¬ chos de los que le pedian cuadros le daban unas estampillas de Flandes, de simples autores, para que las metiera en obra confor¬ me se las pedian. Pasando por esta ciudad un grande pintor amigo suyo, y conocido de Italia, le fué â ver; enseñóle nuestro pintor los cuadros mejores que tenia hechos por las iglesias, y pregun¬ tándole qué le parecía, respondió que se maravillaba mucho no si¬ guiese aquella manera que vela presente, y no [sic] siguiese la que h'.'.bia visto en su casa; á lo cual dijo: -'Señor, en esta tierra no todas veces se hallan cuadros de retablos, donde se puede hacer mejor lo que uno quiere, que lo habéis visto en mi casa; lo más es para monjas y frailes, y para oratorios de personas devotas que los i quieren así." A esto respondió nuestro italiano, gran pintor, y que se llamaba Horacio Borjan^, y extremado dibujador de academia: "Señor mío, yo paso á Madrid, y si esto pasa allá como aquí, me pienso volver á Italia." Nuestro Orfelin fué hombre muy cortés, muy amigo de dar gusto á sus amigos, fué muy puntual en sus obras, y con esto se grangeó la voluntades de todos los de esta ciudad; no se hacia cosa que no pasase por su mano; tuvo poca contradicción, porque conocian todos ser superior á los demás. Fué grande amparador de forasteros de esta profesión; tuvo mu¬ chos discípulos, mas ninguno le igualó; tuvo grande amistad con hombres doctos; hízose respetar en grande manera; su vida y su trato fué de grande prudencia y sosiego cristiano: jamás se supo cosa que no fuese muy virtuosa y ejemplar. Siendo de edad de se¬ senta años, tuvo una obra de importancia: obligóse á darla á tiempo señalado: sus discípulos, que habían de ayudarle en esta obra, lo dejaron solo, de lo que tomó tanto pesar, que le dió una enfermedad de la cual murió. Fué su muerte muy llorada, y en particular de sus amigos, que tuvo muchos; ganó mucha hacienda, ^ Orazio Borgianni nadó en Roma en 1578, estaba en España en 1600; cuatro años después trabajaba en Italia. Murió en i6i6. Acerca de su es- * tanda en España hay datos documentales y prepara un estudio D. Juan Allende-Salazar. que pasó de veinte mil ducados; hízose su entierro con grandísi¬ ma pompa,acompañándole todo lo más principal de la ciudad. Algunos años ántes que este gran sugeto muriese, vino un famoso pintor de Roma, que estudió allá diez años, natural de este reino de Aragon, de la villa de Luesia, llamado Juan Calvan; fué muy inclinado á hacer cuadros grandes de la manera italiana; valióse mucho del natural; hizo muchas cosas con mucho acierto, mas no fué igual en lo historiado, y así se le conoció, que en lo práctico no ítié igual, y esto lo causó no ser grande dibujador, que este modo ríe obrar historias abundantes, quiere grande resolución, prác¬ gran tica y dibujo; no obstante, hizo algunos cuadros con pocas ñgu- râs, que salieron con mucha estimación. Fué hombre muy solita¬ rio, muy añcionado al trabajo; hizo un lucido pedazo de hacien¬ da; tratóse con mucha estimación y respeto; no tuvo discípulos qUe le pudieran honrar con sus obras, estuvieron poco porque tiempo con él, a más que no gustaba de dejarse pintar; murió ver de edad de sesenta y dos años, y con grande opinion de gran pin¬ tor. Hubo otro pintor en este tiempo llamado Gerónimo de Mora, que fué discípulo en su mocedad del celebrado Zucaro; cuando vino á pintar al Escorial se lo llevó consigo: fué gran práctico y general en todo género de pintura: no se valió jamás del natural ni aun de dibujos, diciendo que no era pintor el que no hacia de su propia inventiva las cosas: fué elocuente orador, y cuando dis¬ curría de materias, al que no era muy entendido, le hiciera creer que todo lo que él decía era verdad. En cierta ocasión se halló con algunas personas muy bien entendidas; quiso dar á entender que era sólida verdad la que él seguía, y hacándose un gran pintor presente le dijo: "Señor mió, V. me ha confesado que los maestros con quien V. ha estudiado eran inimitables, y que estos tales se valieron de dibujos del natural, y de dibujos hechos por él, y aun de obras ajenas: según esto, la especulación de V. es muy contra¬ ria á lo que se vé por verdad; obre V. conforme sus maestros, que lo que V. pintares será más bien recibido." Quedó convencido, más no aprovechado. Fué este autor muy de su opinion, y poco ama¬ ble su pintura, y aunque algunas obras grandes que parecieron bien, fué ayudado en ellas de un caro amigo suyo, que era buen colorista; pero en faltándole fué perdiendo la opinion, porque hacia sus pinturas tan desabridas y poco apacibles, que pocos se aficionaron á ellas. En su juventud pintó una sobre-escalera al fresco en el palacio ó casa de campo del Pardo, en compañía de 52 -- — otrospintores famosos; pero en lo que más se adelantó fué en esta j dudad, que hizo unas puertas de un retablo de extraordinaria grandeza, donde mostró ser muy liberal. Fué este pintor muy va¬ rio en mudar tierras, pensando hallar la fortuna durmiendo, que aunque ganó muchos ducados, en idas y venidas se consumió de manera, que no le quedó para la vejez sino los años (que así le su¬ cede al soberbio, que no quiere seguir el consejo de sus amigos, sino su voluntad propia). Retiróse por más de seis años en una casa harto comedida, haciendo vida de un anacoreta, con grande ejemplo de vida, y cuando sus parientes conocieron que ya no se podia gobernar, ellos le gobernaron con mucho amor y caridad, asistiéndole hasta el fin de sus dias. En este mismo tiempo hubo otro pintor llamado Rafael Pertus, que si el estudio le hubiera acompañado, fuera de todo consumado pintor: fué muy garboso inventor, y muy largo en su trabajo; teníase á ménos de valerse de cosas ajenas, y mucho ménos de sacar del natural ni por di¬ bujos suyos, diciendo que el valerse de lo dicho era no ser maes¬ tro, que eso pertenecía á los que poco sabían. En esta ocasión pasó ^ un pintor de raro ingénio, y viendo sus obras, dijo: que era lás¬ tima que hombre de tan buen espíritu, no hubiera reparado más en los estudios de este arte, y haberse aprovechado del natural ó por dibujos de él. En esta ocasión se halló un grande amigo de nuestros Pertus; contóle el caso, como apasionado suyo; persua¬ dióle que para su defensa hiciese algo sacado por el natural, y pú¬ solo por obra, haciendo una figura de un San Juan en el desierto, con el natural delante; mas por mucho cuidado que puso en ha¬ cerlo, como era cosa que no la tenia adquirida por práctica y es¬ tudio, no fué posible salir con ello: y quedando reconocido de este error, confesó que el pintor que se daba á pintar de esta manera, no era más de una fantasía y una inclinación poco apta para el estudio y lucimiento de las obras que se ofrecen en cosas magní¬ ficas, donde ha de mostrar el pintor su sabiduría. Así el estudioso por este ejemplar puede quedar advertido de hacerse muy dueño de los estudios, y no atropellar sus obras, hasta verse muy prác¬ tico, y entónces será dueño de todo género de obrar. El expresado Pertiis fué larguísimo trabajador, tanto que, llegado á su casa, no enseñaba ménos que dos ó tres docenas de cuadros, con que de¬ jaba atónitos y admirados de per la facilidad y liberalidad con ^ que los hacia: fué de amable condición, muy caritativo; á quien le pedia parecer se lo daba con notable afabilidad. Tuvo tanta afi- — 53 — dion al ejercicio de la pintura, que hasta edad de ochenta y cuatro > años no dejó los pinceles de la mano, y las últimas obras que hizo fueron las mejores; no se sabe que jamás borrase cosa alguna, di¬ ciendo que el primer intento era el más acertado. Fué niuy gene¬ ral para pintar capelardentes y monumentos para la Semana San¬ ta, adornados de grotescos, tarjetas y otras bizarrías que causaba maravilla; y esto era pintado al temple. No se inclinó mucho á hacer cuadros grandes, que en esto se conoció no quería salir de su esfera: ganó muchos ducados, dejando en su muerte á todos siB deudos y parientes muy bien acomodados. En este mismo tiem¬ po llegó á Zaragoza un pintor, natural de Florencia, llamado Lu- picini; este tenia un hermano en esta ciudad, hombre de negocios y correspondencia de mercaderes, y como terna muchos amigos, lo introdujo de manera, con algunas ensillas que trajo ya hechas, que fué celebrado por el más único pintor de toda España. Adqui¬ rió esta fama y opinion entre frailes y gente poco entendida en este arte, pnrrque la manera que él traía, era tan prolija y cansada, que en hacer solo una cabeza gastaba ocho días; no tuvo igual- ^ dad en el colorido. Con esta diligencia tan prolija adquirió tanto crédito, que le dieron obras muy considerables, tanto que ninguno en España ha llegado á ser pagado con tan grande paga (aunque fuera por mano real) su pintura; siendo así que á más de ser tan prolija y acabada, no tuvo el dibujo y colorido que convenia á semejantes premios: su modo de historiar no fué con aquel de¬ coro que debía; y si bien algunas cosas hizo dignas de estimación, no fué igual en todas y se conoció que se valia de obras ajenas. Al cabo de muchos días, pasando por esta ciudad algunos pinto¬ res y personas bien entendidas (que como esta ciudad es paso de Italia, siempre acuden á ver lo notable de ella, y á conocer hom¬ bres eminentes de cada profesión), vieron las obras de este pin¬ tor, que aunque eran buenas, no merecían el título de mejores, como el vulgo las celebraba, y el vivir con este engaño era dar á entender que no habían visto pintores de más estudio y gala en hisorias y en lo demás del arte hasta entonces. Tenia sus obras tm gran tiempo en su casa, enseñándolas como oráculo; con el tiem¬ po y puestas las obras en público y en su lugar, se conoce la ver¬ dad; que las obras para puestos grandes, no se han de mirar de cerca, sino es colocadas en su puesto. Fué este pintor muy retira¬ do, incomunicable para sus profesores: pudo ser muy rico, mas no lo supo lograr, porque todo lo gastó con sus amigos, tratándose con 54 — — mucha grandeza, no atendiendo sino sólo al tiempo presente. En; trando ya en edad crecida de que no pudo trabajar, menguó dp manera su suerte, que en breve tiempo perdió á una la opinion y el interés, y vino á grande pobreza, con mucho sentimiento suyq y compasión de sus conocidos (que todos los que dán por este ca^ mino les sucede lo mismo). Por esta misma época vino un pintor llamado Francisco Jimenez, natural.de la ciudad de Tarazona en este reino de Aragon: estudió mucho tiempo en Roma; fué home bre práctico y liberal en el manejo; sus pinturas parecieron bien y dió agrado por el colorido; en el dibujo y disposición de sus historias no igualó á lo dicho: atendió más en adquirir interese? que al lucimiento de sus obras, si bien hizo algunas dignas de alar banza; fué muy largo en su trabajo, y muy breve en concluir sus pinturas. Tuvo una obra de mucha consideración, donde podia mostrar su ingénio; mas fué tanta su codicia é interés, fatigándose de manera, que apenas tuvo la obra acabada le dió una enferme¬ dad del cansancio pasado, que murió de ella tan aprisa, que cuan¬ do sus amigos lo supieron ya estaba enterrado, dejando sus bienes, que no fueron pocos, siendo de edad de sesenta años^ . Hubo en esta ciudad un pintor llamado Felices de Carceres, discípulo del maestro Tomás; mostró por sus obras grande ánimo y generosa manera del grande; fué grande perspective, mas sus obras no fueron más de la primera intención. No pintó al óleo, sino siempre de blanco y negro al temple, y si daba algunas veces colorido era muy fiero y resoluto. Este tuvo un hijo llamado del mismo nombre de su padre: dejólo de edad de diez y seis años,, con algunos principios de esta profesión, mas dió por manera tan contraria á la de su padre, que en cosa alguna no le imitó: dió en copiar cuadros muy buenos y con mucha imitación, de dondp cogió una manera muy apacible, y no obstante que tenia poco dip bujo, daba á la gente tanto agrado, que tuvo mucha estimación; precióse mucho de copiar estampas, y obraba conforme las veia; y en particular tuvo una gracia, que pintaba las pinturas sagra; das con una divinidad y respeto que causaba grande devoción. No salió jamás de su esfera, sino siempre pintando cuadros de devo¬ ción para ciudadanos; no fué largo en su manera de obrar^ que ' "La obra que dta el autor será sin duda los nueve cuadros de la Ca¬ pilla del Beato Pedro Arbues; en ellos hay trozos muy buenos, especialmente en el gran lienzo del lado del Evangelio, donde se vé una gloria de ángeleS de una elegancia y grandiosidad casi digna del Guido." Nota de Cardereri. 55 — siempre se le conoció no haber sido doctrinado de maestro cien- * tinco, que á haberlo sido,hubiera llegado á más alta esfera; y so¬ bre esto me solia decir que estaba arrepentido de no haberse su¬ jetado y haber estudiado con más cuidado el dibujo: fué hombre apacible y muy sujeto á mal de gota, de la cual enfermedad murió. Hubo en esta ciudad dos pintores que siguieron la manera de Micer Pablo, arriba nombrado, aunque no llegaron á la esfera de su maestro: hicieron algunas obras de estimación, pero si hubie¬ ran estudiado continuamente, llegáran al fin deseado; pero como tenian mucho de amor propio, no les dejó salir con sus intentos. Hicieron algunas obras de consideración, y los dos se trataron ho¬ noríficamente, dejando á sus deudos con qué vivir: el uno de es¬ tos se llamó Galceran y el otro Domingo el Camino, ambos hijos del reino de Aragon. También hubo en esta ciudad un pintor lla¬ mado Ezpeleta, que fué grande iluminador, tanto, que en este ejer¬ cicio tuvo grande nombre. Valíase de las estampas tal por tal, mas concluía sus iluminaciones con tanta paciencia, que era una ma- ^ ravilla; no llevaba bien que lo llamasen iluminador, sino pintor, y así dió en pintar cuadros, dando en una manera muy extrava¬ gante, dura y seca, muy diferente de lo que obraba en las ilumi¬ naciones. Viéndose con poca estima en este ejercicio, hubo de volver á su iluminación; sustentóse honradamente en tanto que vivió; dejó pocas comodidades, que nunca en este ejercicio he visto adquirir hacienda, mas sus obras de iluminación serán siem¬ pre estimadas. Fué natural de este reino; murió de edad de se¬ senta años. Grande daño hace á los profesores de este arte el tomar esta¬ do de matrimonio antes de tiempo, y mucho mayor no haberse doctrinado con maestro, como le sucedió á un pintor llamado Pe¬ dro Urzanque, que á sus principios fué muy débil y flaco pintor. Viéndose con estimación por su pintura, se puso á es¬ muy poca tudiar y copiar de algunos cosas muy buenas, que vino á tomar al¬ guna práctica harto bien recibida, aunque con sumo trabajo: des¬ pués de seis años de retiro, vino á hacer cosas loables, que si al principio hubiera estudiado debajo de doctrina de maestro, hubie¬ ra llegado con ménos trabajo á mayor colmo de saber. En lo que más se adelantó, fué en los países, que los hizo prácticamente sa¬ cados de las estampas: hizo algunas historias, que a la aparien¬ cia parecieron bien, mas como le faltaban los rudimentos y pre¬ ceptos del arte, fué siempre su pintura muy sencilla. Valióse mu- cho del maniquí parahacer sus paños, y asi su manera fué muy dura, que no es para todos el saberse servir de semejante instru¬ mento; pues este modo de obrar, para salir bien de él, es menes¬ ter ser gran dibujador y estar muy cierto en los rudimentos; mas no obstante eso, hizo algunas cosas que salió con lucimiento; fué grande trabajador, no cesando noche y dia de pintar, y lo que hacia era con harta liberalidad. Ganó un pedazo de hacienda; del grande trabajo le dió una enfermedad, de la cual murió, dejando con su hacienda á un hermano suyo muy bien acomodado. Fué muy cortesano y honoríñco pintor; murió de edad de cincuenta y dos años; fué natural de la ciudad de Cascante, en el reino de Navarra. TRATADO XIX Continúa la misma memoria de algunos profesores de varios reinos de España. No será justo pasar en silencio otros nobles pintores que en diferentes reinos deEspaña han existido, que han hecho sus obras con mucho arte y valor. En la ciudad de Valencia se halló un lu¬ cido ingénio, llamado Juanes de Valencia; este se preció mucho de seguir la manera de Michael Angeol Bonarrota en los desnu¬ dos, y así se hallan muchos dibujos de su mano y otras cosas de estimación. Fué tanto el gusto que en este ejercicio hallaba, que se iba, cuando hacían anatomías, á los hospitales para ver y di¬ bujar los músculos, nérvios y tendones, para quedar á su deseo sa¬ tisfecho; y yo he visto algunos dibujos sacados de hombres ahor¬ cados despues de secos y tostados del sol que parecían anatomía, y así los copiaba, y cierto á mí me parece que era trabajo excu¬ sado, que en su tiempo ya había muchas anatomías sacadas á luz, que le bastáran para hacerse capaz de este estudio. En cuanto á la pintura, quiso seguir la manera de Rafael de Urbino, que si el tiempo que gastó en tan innumerables dibujos lo gastára en hacer¬ se liberal en el manejo de los colores, llegára al complemento de su deseo. Tomó una manera tan prolija y acabada, que le hizo grandísimo daño, así para lo útil de sus obras, como no gozar de aquella liberalidad que otros usaban: durábanle sus obras mucho tiempo, si bien era incansable en su trabajo. Si este varón tan es¬ tudioso hubiera visto las obras de Michael Angelo y Rafael de Urbino, pintadas al fresco en Roma, el primero le enseñára la t i grandeza ymagnitud, y liberalidad de contomos y el segundo le k enseñara la grada y movimiento de las figuras y la union particu¬ lar; y derto fué lástima que un ingénio tan soberano diese en co¬ sas tan prolijas; no por eso desmerece, sino que merece grande estimadon, aunque no fué en todo igual. Fué hombre muy positi¬ vo y de gran virtud, muy estudioso y de gran tolerancia; la fortu¬ na le favoredó muy poco, mas sus obras siempre serán estimadas con aplauso: tuvo pocos discípulos, porque no le quisieron seguir por el mucho tiempo que gastaba. Años después de su muerte ama¬ neció en la misma ciudad de Valencia tm pintor eminentísimo, lla¬ mado Francisco Ribalta, de quien yo he tenido larga noticia: tmos dicen que fué catalán, otros que valenciano; sea de donde fuere, fué gran pintor; tuvo todas las partes que le competen á cual¬ quier artífice de esta facultad, como lo muestran sus obras y lo han confesado los mejores pintores de España. Su dibujo fué muy concertado y seguro; su colorido muy amable, y con gran resolu¬ ción; su composidon de historias con grande union. Las figuras ^ sagradas hechas con grande respeto y veneración. Hay en esta du¬ dad de Zaragoza un cuadro de su mano, de cuatro varas y media de alto y tres varas y un palmo de ancho, donde está significado Cristo Señor Nuestro con la Cruz á cuestas, y á un lado San Ig¬ nacio arrodillado, donde le dice Cristo Señor Nuestro: yo te seré propicio en Roma-, y cierto que le han visto este cuadro pintores de varias naciones, que han celebrado en grande manera; parti¬ cularmente la figura del Cristo, que es un palmo mayor que el na¬ tural, es cosa divina, porque representa su faz santísima suma gra¬ vedad, y con ser de pasión coronado de espinas, muestra tal be¬ lleza, que al más depravado le hará temblar. En la parte de arri¬ ba está pintada una gloria, con el Padre Eterno con unos Ange¬ les y Serafines, y resplandores que lo tírcimdan, que parece justa^ mente la gloria eterna. En la ciudad de Valencia vi un cuadro en particular de la Cena de Cristo Señor Nuestro, donde mostró ser muy dueño del dibujo, colorido, elección y afecto á las demos¬ traciones de los apóstoles, y en particular la divirñdad de la cara del Salvador, que tengo por cierto que otro algun pintor en esta parte no ha hecho más que él: hizo muchas obras en las cuales se conformaba con las intenciones de los dueños que se las mandaban ^ hacer,que no es pequeña prueba de paciencia. Este varón era muy humilde, y las obras de sus profesores las alababa y estimaba so¬ bremanera; fué muy continuo en su trabajo, muy ajeno de vani- 5« - " dades y presunciones, tuvo muchos discípulos, y aunque no le igua¬ laron, fueron buenos pintores; en particular dos, que á no morir temprano, llegáran á ser raros; el uno era hijo suyo llamado Juan de Ribalta; hizo pocas obras, y en ellas se conoció lo lucido de su ingenio: el otro se llamó Teodosio Mingot, que murió en la villa de Madrid, de quien ya tengo hecha mención en la descripción de Vicencio Carducho, que también fué discípulo suyo. Vivió mu¬ chos años despues nuestro raro Francisco Ribalta; siendo ya de edad muy crecida, dió su alma á Dios con tan grande reputación, que casi fué venerado atendió á intereses en esta por santo: no vida, mas se trató siempre honoríñcamente; fué muy llorado uni- versalmente de toda la ciudad y habitadores, haciéndole honorí¬ fico entierro. En este mismo tiempo había un pintor llamado Zariñena, que aunque fué buen pintor, se preció más de hacer retratos. El señor D. Juan de Ribera, patriarca y arzobispo de esa ciudad de Valen¬ cia, hizo grande estimación de su persona; quísole entregar una grande y lucidísima obra de pintura en el limo, colegio que su lima, mandó fabricar á expensas suyas, y con grandísimos gastos (que se estima por cosa real y bien empleado) ; mas nuestro buen Zariñena, viendo la gran merced que le deseaba hacer su lima., le quiso ser agradecido, y asi le dijo: "Ilustrísimo señor: bien veo la grande merced que V. S. Ilustrísima desea hacerme en querer em enmendarme esta grande obra; también veo que esto nace del grande afecto que su lima, me tiene, más que de mis propios mé¬ ritos, pues me hallo insuficiente para emprenderla; que aimque estoy en predicamento de buen pintor y mis obras han sido de gusto, no es un caudal suficiente para tan grande obra, porque ella pide diferente manejo y magnitud de lo que yo obro; pero para que su lima, quede servido, soy de parecer que su lima, llame tal y tal pintor, que tengo por cierto que ellos darán gusto á su Ilus¬ trísima con toda satisfacción." Viendo su lima, la liberalidad y desapego de interés, le cobró tanto jamás lo desamparó, amor, que haciéndole infinitas mercedes. Estepintor hizo sus obras muy bien acabadas, dando mucho gusto á quien se las mandaba hacer; vi^ vió^ positivamente, enseñó lo que sabia con grande amor, pasan-- do de esta vida á la otra en grande paz. Al cabo de algunos años, llegó á esta misma ciudad un pintor de grande ingénio, que se ' "Positivamente-, entiéndase franca y honradamente", anota Carderera. — 59 — llamó Pedro Orrente; dicen que fué natural de Murcia; estuvo en i Italia mucho tiempo y en Venecia; doctrinóse lo más con Leandro Basan, donde con sumo estudio cogió su manera de obrar, que aunque el Basan se ejercitó más en hacer figuras medianas, nues^ tro Orrente tomó la manera mayor, en que dip a conocer su grant de espiritu; y aunque el Basano fué tan excelente y superior en hacer animales, no fué ménos nuestro Pedro Orrente. En España, y en particular en Madrid, hizo emulación á los mejores pintores de aquella córte, no quedando ménos celebrado que los demás; hizo muchas obras, y en particular cuadros para adornos de pie¬ zas de grandes señores, como historias del Testamento Viejo y Nuevo, y en ellos acomodando paises con tal union en las ñguras> que en este género pocos le igualaron. Tuvo algunos discípulos, que, aunque buenos, no llegaron á la raya que él llegó; fué hom¬ bre de mucha estimación; tratóse con toda grandeza y ganó muchos ducados; fué muy vário en mudar tierras; al cabo de algunos años tomó por patria á Valencia, donde vivió algunos años con grande reputación y muy estimado. En este mismo tiempo llegó á esta ciudad un pintor de grande capricho; este tuvo mala educación artística, viendo las obras de otros grandes artífices, se es¬ mas forzó á costa de mucho trabajo, de manera que se trocó de malo á bueno; pero lamentábase mucho de ver, que los más que apren¬ den esta facultad, se pongan á estudiarla con maestros de poca sabiduría y práctica tirada. Confesó muchas veces que le costó más trabajo la manera mala con que fué doctrinado, que el apren¬ der de nuevo la, buena; fué grande inventor, y muy general en todas las maneras pertenecientes á este arte. Viendo la fama de los pintores, que habitaban en Madrid, fué allá y se satisfizo Con tan grandes cosas que vió de tan grandes pintores, que no le fué dé pequeño aumento para su aprovechamiento. Estimóse en mucho, haciendo grande aprecio de su habilidad: pretendió algunas Cosas, mas tuvo la fortuna contraria, y tratando de mudar tierra por ser hombre mozo, le aconsejaron sus amigos que pasase á las Indias, que seria él el primero y bien recibido. En esta ocasión estaba elec¬ to el señor obispo de la Puebla de los Angeles, D. Juan de Pala- fox y Mendoza; introdújose con su lima., y siendo bien recibido, pasó á las Indias con todas las comodidades necesarias (si es que ^ las hay en tan trísima no largo viaje) ; llegaron dió lugar á este pintor con toda felicidad, y su Uus- que saliera de su dominio, ocu¬ pándole en obras muy grandes y de mucho precio; de donde se — 6o - acomodó para poderlo pasar muy decentemente. Considerando^ pues, los vaivenes y trabajos de la vida, quiso desocuparse, para \ más libremente dar un desvío á las cosas de este mundo, toman¬ do por medio el hacerse sacerdote, y subiendo cada dia á más grado de virtud, lo eligió su Ilustrisima por su confesor, no ce¬ sando de proseguir su facultad. Estando en esta quietud, el ene¬ migo común levantó una cizaña tan cruel contra el señor obispo y su familia toda, que fué forzoso ausentarse de su palacio, é ir es¬ condido por los montes; y todo fué por ser prelado muy celoso y santo, que á contar por menudo estos sucesos, es menester gran¬ de volúmen (como lo hay), que no es de pequeño ejemplo para los prelados. Pasadas estas calamidades y persecuciones, que duraron largo tiempo, saloó este prelado con esclarecida victoria. Viendo S. M. Felipe IV, de gloriosa meomoria, la grande observancia que tuvo de regir su iglesia, le mandó llamar, habiéndolo elegido obispo de Osma, y asimismo trajo en su compañía á nuestro pintor; llegados que fueron á Madrid, fueron recibidos con mucho aplauso y agra¬ do; mas nuestro pintor con los trabajos pasados, y no podiendo ejercitar por ellos su facultad, vino con pocas comodidades, pero no le faltó el amparo del señor obispo, que le tuvo siempre en su compañía. Ejercitaba siempre su pintura con muy buen crédito; y deseoso de ver su patria, vino á ella, donde fué recibido de todos sus deudos con mucha alegría; hizo algunos cuadros de estimación para retablos y altares; pero cansado ya de los trabajos pasados, le dió una gran melancolía, que de allí a pocos meses murió con gran¬ de opinion de vida santa y ejemplar. En la misma ciudad de Valen¬ cia hubo otro pintor, que se llamó Espinosa, el cual tuvo un hijo llamado del mismo nombre con muchas ventajas á su padre en el arte: hizo obras en esa ciudad de mucha consideración; y es¬ toy informado de personas muy entendidas y de pintores de sa- tasficción, que su colorido fué muy amable, su dibujo muy bien concertado: dicenme qi:e se estimó en mucho, y fué de los más aplaudidos de esa ciudad; mas no es extraño que haya grandes pintores en ella, porque ya de muy antiguo han florecido en esa ciudad en todas facultades ingénios peregrinos. En el reino de Cataluña cuando yo pasé por él, no vi cosas en que pudiera em¬ plear la vista de nuestra profesión; sólo algunos cuadros hallé ^ de mano de Pedro de Ponte, pintor de la majestad católica del Rey D. Femando, que siempre lo siguió durante su vida; que aunque es verdad que siguió siempre la manera antigua, hay co¬ sas de manera menuda de su mano muy excelentes; fué de los primeros que pintaron al óleo, como arriba lo tengo insinuado. En este ilustre reino, más se han preciado del arte de la escultura que de la pintura. En el año 1608 amaneció un pintor catalan, que excedió con muchas ventajas á los pasados y presentes; su modo de pintar fué raro, porque comenzaba sus cuadros por lo más alto, hasta llegar al suelo; valióse del natural pero por un medio tan breve, que jamás se sabe que borrase cosa alguna; todo lo hacia á la prima con tan gran desahogo, que parece se burlaba de todo lo que hacia; que si se hubieran de corregir sus liberalidades, no quedára del cuadro más que la invención. No embargante esto, era su ejecución tan resuelta, que se conocía tenia espíritu de pintor. Este fué un hombre que hacia grande es¬ timación de su pintura, que á estimarla los demás como él, ven¬ diera sus obras muy caras. Este artífice, ó por su inclinación y voluntad ó de Dios, tomó un hábito monacal, en donde probó muy bien: tuvo tanto crédito con sus frailes ó monges, que decían á boca llena que no habla otro pintor en el mundo, y esto con tan¬ tas veras, que buscaron ocas,ion de enviarlo á Roma (entendiendo que habla de pasmar á los de aquella noble ciudad, madre de tan grandes ingénios). Eso fué en tiempo en que la Santidad de Pau¬ lo V, de gloriosa memoria, hacia una insigne capilla en Santa María la Mayor; para concluirla con brevedad, repartió el Papa á cuatro célebres pintores y los mejores de toda Italia, el manejo de ella: el uno fué el celebrado Guido Reni, el otro el caballero Josef de Arpiñas y un florentino llamado el caballero ChibulP [Cigoli], y el otro el caballero llamado Bullón® [Baglione]; vien¬ do, pues, los monges que Su Santidad deseaba dar fin á esta tan grande obra, pareciéndoles buena ocasión, procuraron introducir á sureligioso pintor; hiciéronle hacer un cuadro con toda breve¬ dad, confiados que si Su Santidad lo viera le había de dar parte en aquella grande obra, parque les parecía á los monges que en¬ tre tanto que los otros pintores hacían los dibujos, él daria la obra acabada. Acabó su cuadro el religioso, enseñáronlo a Su Santidad, que con sabias razones dijo que lo vería despacios " Ludovico Cardi il Cigoli. ' Baglione pintor y tratadista. — Ó2 — mandó llamar Su Santidad á Guido Reni, y le dijo: "Yo deseo que me digáis qué calidad tiene este pintor en su obrar, porque me dicen que es hombre de grande inteligencia y prontitud en el pintar, y así decidme libremente lo que os parece." Guido res¬ pondió: "Santísimo padre; de este género de pintores hay en Ita¬ lia tantos que pasarán de doscientos, no contando los superiores que hay; de que será breve, bien lo creo, como lo muestra la obra:" con esto. Su Santidad mandó se les volviese el cuadro á los religiosos, y el dicho pintor á España y á su convento, donde felizmente acabó su vida. Esto es ejemplar para que ninguno pre¬ suma tanto de sí, y que considere que puede haber otros de su igual y aun superior, porque ha habido muchos ñados de sí mis¬ mos, que al tiempo del obrar se contentáran despues con lo medio de lo que presumían, que raras veces la mucha presunción pro¬ mete mucho acierto. Hasta aquí se ha tratado de los ilustres pin¬ tores que admiraron y dejaron enseñanza en este gran reino de España desde el tiempo del señor rey D. Fernando el Católico, que los antecesores de atrás no nos dejaron cosas singulares: sólo en una cosa se les debe estimar y observar, que en cuanto al respeto y veneración de sus imágenes, las hicieron con tanto decoro y devoción, así en escultura como en pintura, que los mo¬ dernos deben con mucha razón imitarlas: porque el ñn de estas profesiones de escultura y pintura no se ha introducido para otra cosa, sino para adoración y veneración á sus Santos, por cuyo medio Su Divina Majestad ha obrado inñnitos milagros. TRATADO XX — De varios estatuarios y escultores — pg. 162. Siguieron á este autor [Antonio Roselino] los más celebra¬ dos modernos... como fueron... Michael Angelo Bonarrota... An¬ drea Sansuino... Jacomo Sansuino... y Alonso Berruguete español, y nuestro estudiosísimo Becerra, ambos dos, pintores y estatuarios sin otros muchos inñnitos que debajo de esta doctrina han llega¬ do á hacer cosas inmortales y de grande veneración. Mas vol¬ viendo á nuestra España, será razón hagamos memoria de los — 63 — más famosos y disgnos de estimación. Digo que he visto algunos sepulcros antiguos de trescientos años, que, aunque por manera seca y delgada, están hechas con tan grande devoción sus figuras, que en ellas se muestra un no sé qué de bondad, que se conoce que deseaban hacerlo con todo acierto, y no son dignos de ménos estimación por haber carecido de los ejemplares que hoy tenemos. En esta ciudad de Zaragoza hay un retablo muy grandioso, que está en el altar mayor de la metropolitana de esta ciudad, hecho de alabastro, con tal arte y magisterio, que es una maravilla el verle; que aunque está hecho con arquitectura mosáica, está la¬ brado con tanta prolijidad y arte en aquel género, que causa á los más entendidos admiración de la paciencia con que está obra¬ do. Está dividido en tres nichos de rara grandeza, en que están figuradas sus historias de mayor grandeza que el natural, y de entero relieve. La historia del medio es la Adoración de los Re¬ yes, contanta veneración hecha y con tanto respeto, que dudciré que ningún otro en esta parte le haya pasado: en la historia de mano derecha, está figurada la Ascension del Señor, y en la de mano ziquierda está la Trasfiguracion del Señor. Esta obra se acabó, según la tradición, en el año 1350: tengo hechas algunas diligencias para saber el nombre y patria de este autor, mas no ha sido posible averiguarlo; sólo he hallado una imágen de ala¬ bastro, invocada la Virgen del Rosario, que está en esta santa iglesia, y dícese que la hizo en prueba de su habilidad, para que le dieran el dicho retablo; y en esta santa imágen se conoce ob¬ servó la manera de Alemania, por hace juicio seria ale- donde se man. Hállanse también en esta ciudad dos sepulcros, que se co¬ nocen ser de mano de este autor, cosa digna de ser alabada: tuvo algunos discípulos, que se conoce siguieron su manera, mas no llegaron á la fineza y arte con que este hombre obró, y por gran tiempo fué cayendo este arte. En el año 1515 salió un ingénio peregrino en esta profesión, llamado Damian Formento, natural del reino de Valencia: este varón insigne fué el primero que puso la verdadera manera mo¬ derna, y tengo por cierto, según se ven sus obras, estudió en Ita¬ lia, siguiendo la manera del gran Dónatelo: fué grande dibujan¬ te, grande historiador, sus figuras de magnífica grandeza, muy con¬ sideradas sus actitudes, con terrible resolución y manejo. La pri¬ mera obra que hizo este gran varón fué xm retablo mayor, situa¬ do en la santa iglesia del Pilar de esta ciudad. Este retablo es de extremada grandeza: su arquitectura es á lo mosáico, por tan extravagante modo y belleza, que no tiene que envidiar por aquel camino á la arquitectura moderna. Está dividido en tres nichos de desmesurada grandeza: en el nicho principal del medio, está figurada la Asuncion de la Madre de Dios, de tamaño de trece palmos y más, hecha con tal magisterio, arte y gracia, que se co¬ noce en ella una grande divinidad; y los apóstoles que están aba¬ jo, tienen las acciones tan vivas y tan propias del caso, que no es posible verse cosa más natural. Todas las figuras más princi¬ pales son de relieve entero: en la historia de mano derecha está significada la Presentación del Señor al templo, y en la de mano izquierda está significado el Nacimiento de la Virgen Santísima: muchas historias tengo vistas de hombres de mucha opinion, mas no he hallado que en esta disposición de historia le hayan igua¬ lado, que, si no es viéndola, no será creíble: la bancada baja está llena de historias varias, donde mostró tan superior ingénio, que no es decible. Acabóse esta obra el año de 1515, y dicen que costó nueve mil escudos de oro; que tengo por cierto, que no se hicie¬ ra hoy aunque añadieran otro tanto. Acabada esta obra, fué lla¬ mado del ilustre cabildo de la catedral de la ciudad de Huesca, para que hiciera retablo de finísimo alabastro, casi tan grande un y de la misma forma del que está en esta ciudad en el templo del Pilar; si bien las figuras no son tan grandes, pero son mayores que el natural. En el nicho del medio está significado Christo Señor Nuestro crucificado, con toda la turba al pié de la cruz, y á los lados dos historias (casi de la misma capacidad) de la Pa¬ sión del Señor; en esta obra, según dicen, y como en ella se vé, mudó la manera: dicen que fué la causa que viendo unas obras de Alonso Berruguete, que están hedías en esta ciudad, se valió de esta manera de obrar por ser más gentil y delgada que la suya, dejando aparte cierta fiereza y robustez que usaba en las figuras grandes; mas en el dibujo, simetria, anatomía, composición y gala de historiado, no le fué nada inferior. En esta obra se exce¬ dió á si mismo en cuanto á lo acabado y obrado de alabastro, que no se juzgára sino que es mármol finísimo. Antes que se aca¬ bara del todo esta magnífica obra, remitió el señor emperador Cárlos V una carta á la ciudad de Huesca, en la cual decía asi: "Tengo entendido que en la catedral de esa ciudad se acaba un "retablo de mano de Damian Fermento; acabado que sea, me lo "remitiréis á esta córte, que me tendré por bien servido." Acaba- — 65 — da que fué esta obra, le dió una enfermedad, de la cual murió, y está enterrado en el claustro de esta santa iglesia, donde aca¬ bó la obra, y donde se le hizo un honorífico epitafio. Este insigne varón hizo infinidad de obras, así de alabastro como de madera, que son sin número; pero las más que obró de madera, se conoce que fueron la mayor parte obradas por sus discípulos, que tuvo muchos, aunque con modelos y dibujos suyos, que á no ser ayu¬ dado de ellos no pudiera por su mano sola haber obrado la quin¬ ta parte. Vivió muchos años: hizo un mayorazgo de más de trein¬ ta mil ducados; tratóse muy principalmente; nunca tuvo ménos de doce ó catorce discípulos que aprendían su facultad, mas nin¬ guno le igualó; se deleitó también en la pintura, y si bien dibujó fieramente y con grande resolución, en el manejo no tenia prácti¬ ca. En este mismo tiempo, ó poco antes, vino á esta ciudad un vizcaíno, llamado el maestro Juan de Merlanes, grande labrante en piedra de alabastro, porque labraba con grande fineza y cu¬ riosidad: este siguió la manera de Alberto Durero, como lo mues¬ tran sus obras, que aunque algo seca, tiene mucho de bondad. Luego que llegó á esta ciudad, como forastero y de vivo ingénio y habilidad, lo patrocinaron los naturales de ella. En esta ocasión estaba en esta ciudad el señor rey D. Femando, deseoso de dar cumplimiento á una generosísima fábrica (que su digno padre el rey D. Juan le habla dejado encargada por testamento) de una iglesia y convento de religiosos Gerónimos, con invocación de San¬ ta Engracia, donde están colocados en una iglesia subterránea los innumerables mártires de Zaragoza. Para esta fábrica le propu¬ sieron á nuestro Juan de Merlanes, y aunque hubo algunos con¬ trastes, S. M. dió órden se le entregara á él la obra, por haberle agradado la traza que dió. Esta obra es una portada en figura de retablo de extremada grandeza. Está dividida en la conformidad que diré; toda ella la ciñen unos pedestales, donde vienen á car¬ gar cuatro columnas de órden compuestas, dos en cada lado, y en medio de estas dos columnas hay dos nichos á cada lado, don¬ de hay dos figuras,y á la otra parte otras dos, que representan los cuatro doctores de la Iglesia, de tamaño del natural bien cum¬ plido: pasa ix)r encima de estas cuatro columnas la cornisa prin¬ cipal, también de la misma órden compuesta, y debajo de ella está la puerta principal de la iglesia. Está dicha puerta figurada en forma de ochavo, y en estos gruesos de los ochavos que for¬ man como en perspectiva, ocho nichos donde hay figurados unos 5 — 66 — santos de tamaño de cinco palmos; y sobre el pié derecho per¬ pendicular se levanta un arco de medio punto, como de una me- ^ dia concha, donde en este blason hay unas órdenes de serañnes cuatrialados con notable gracia y belleza hechos. Esta puerta está dividida en á no ser hecha dos, pues las divide una columna, que de esta suerte, la gran¬ fuera ella por sí sola desproporcionada por de anchura; á más que esta división le dá mucha proporción y gracia; y sobre estos dos arcos queda un espacio hasta llegar á los serañnes, donde carga con una repisa sobre la columna, una imágen de poco menos que el natural, representando á Santa En¬ gracia, con tal magisterio y belleza, que si Alberto Durero fuera escultor la juzgára de su mano. En el segundo cuerpo de arriba hay tres nichos en ñgura casi cuadrada; y en el de medio está ñgurado un Cristo crucificado, con un San Juan y María de ta¬ maño del natural: á la mano derecha está figurada y retratada la majestad del rey D. Fernando, arrodillado con su tarima y al¬ mohada, haciendo oración á un santo que tiene presente, y al otro lado está retratada la señora reina Doña Isabel, su primera ^ mujer, arrodillada delante de otro santo devoto suyo. Estos dos retratos están hechos por manera más moderna y noble que todo lo demás, con ser excelente. Hice diligencias en mi mocedad, in¬ formándome de algunos antiguos de esta profesión, ¿cuál era la causa de tanta diferencia de maneras? A lo cual me respondieron, y en particular unos muy ancianos, que esta obra paró por espa¬ cio de quince años, y que por la muerte de la señora reina Doña Isabel, entró nuevo gobierno en los reinos de Castilla, y el señor rey D. Femando se retiró á Ñápeles, y que estas mansiones fue¬ ron causa de parar esta obra. Nuestro Juan de Merlanes tuvo un hijo de grande espíritu y estudio, que superó en mucha parte á su padre, y este acabó la dicha obra. Acabada que fué, fueron de parecer hombres muy entendidos, que para defensa de las incle¬ mencias del cielo se cubriese con un pórtico, sacando para afuera dos campaniles ó pirámides con un arco muy grandioso, que car¬ ga en ambas pirámides á manera gótica: hiciéronlo con tanta gracia y belleza que es una maravilla, y es tanta verdad, que no llega forastero, de cualquier nación que sea, que no la admire y alabe por su grande artificio y majestad, que á haberse hecho esta obra en Roma, la hubieran puesto á la estampa muchas ve- ^ ees. Desdicha grande para nuestra España, que habiendo en ella edificios tan soberanos y dignas de memoria, así de pinturas co- — 67 — ^ mo de esculturas y arquitectura, por falta de no haberlos sacado en estampa, quedan á oscuras y sin nombre para las otras na¬ ciones; y así no me admiro que toda Italia tenga á esta nación por inútil en estos artes. Justo será demos enteras noticias de nuestro Morlanes menor, pues sus obras son dignas de toda es¬ timación: aunque seignora la mayor parte, diré de solas dos, que bastarán para dar satisfacción de su grande ingénio. El se¬ ñor arzobispo, D. Fernando de Aragón, deseando adornar una insigne capilla en su metropolitana de Zaragoza, despues de haber- acrecentado aquel magnífico templo con dos grandiosísimas na¬ ves que sirven de trascoro y desahogo grande, con ocho capillas de no pequeña grandeza á los lados, eligió una de ellas para en¬ tierro suyo y de su madre, con invocación de San Bernardo. Pro¬ pusiéronle a nuestro gran Morlanes, á quien mandó hacer trazas, las cuales fueron vistas de personas doctas y muy peritas, y es¬ cogiendo la mejor le entregaron la obra, que está dispuesta de esta manera. En el retablo del medio está significado en un gran- ^ de nicho, vuelto á punto redondo, un San Bernardo, mucho más que de medio relieve, asentado en forma y acción de escribir so¬ bre su bufete con un libro delante, y en la parte de arriba, á pro¬ porcionada distancia, se le aparece la Virgen Santísima con su Hijo precioso: la Virgen tiene su mano derecha sobre su santísi¬ mo pecho con acción de exprimirle la leche. Esta imágen es casi de relieve entero; viene envuelta entre unas nubes rodeadas de niños ángeles, con algunos serafines, que es ima divinidad. La figu¬ ra del santo tiene una acción tan noble y con tanta propiedad, que muestra bien ser tan dulce su rostro y amable como sus es¬ critos, y es de manera que si la hubiera visto en Italia, la juzgára ■de mano de algun gran discípulo de Sansovino. Formóse este retablo de órden composita; carga sobre la mesa altar y dos sotabancos para planta suya, un pedestal dividido en tres partes, donde hay unas historias varias y en particular en la del medio que está más crecida: por lo atravesado está significada la historia de la degollación de las Santos Inocentes, donde se conoce el furor y cruda ejecución de los crueles tiranos, y en las mujeres y madres una piedad y ánsia de rescatar sus hijos que es indecible; repre¬ senta tan vivamente esta historia, que, con ser de alabastro, mue- i ve á lástima lo significado ella. Sobre el dicho pedestal de esta en obra, cargan cuatro columnas de la misma órden compuesta, re¬ vestidas de arriba abajo de talla admirable. Entre los intercolum- — 6S — nios de la mano nichos casi en cuadro, donde derecha hay dos ^ están significados arrodillados con actitud de hacer unos reyes | adoración à Dios, y estos son hechos casi de relieve entero, do tamaño (si se levantan) de cinco palmos: en el otro lado, que es el de la epístola, están significados los señores arzobispos, ante¬ cesores suyos. En el remate de arriba están sus armas reales con , su capelo de arzobispo, con otros adhérentes de molduras y talla, | que hace un compuesto admirable. A cada lado de capilla hay un retablo de la misma grandeza que el principal y de la misma for¬ ma, donde en el nicho del medio está significado San Gerónimo en acto de penitencia, y en medio im Cristo crucificado de relieve entero, y ad otro lado San Juan Evangelista en acción de escribir; entre los intercolumnios hay dos figuras de santos casi como del natura: en el remate de arriba hay una historia de la Resurrec¬ ción de vivos y muertos en figuras pequeñas con grande arte obra¬ da. Sirve de mesa altar á este retablo el sepulcro del señor arzo¬ bispo, que se levanta de tierra más de cinco palmos, y sobre él está el retrato del señor arzobispo tendido como un difunto, casi de relieve entero, vestido de pontifical con su báculo y mitra: al rededor de la caja de este sepulcro se ven unos nichos donde hay unas figuras de más de medio relieve figuradas unas virtudes, que representa este sepulcro una grandeza extremada. En el lado de la epístola está otro retablo correspondiente al del señor arzobis¬ po; la invocación es de la Virgen Santísima y señora Santa Ana y el niño Jesús en medio; estas figuras están sentadas, figuradas poco ménos que del natural. Levántase desde el suelo otro sepul¬ cro en la misma conformidad que el del señor arzobispo: en el plano de este sepulcro está retratada la señora su madre, en hᬠbito de viuda, y está hecha con tal arte, magisterio, bondad y gracia, que causa admiración. Ella es una obra tal, que hasta ahora no he visto cosa á su igual de sepulcros: bien es verdad, que se conoce que en estos dos retablos colaterales, hay unas figu¬ ras de mano ajena, aunque por modelos de este autor; dicen que fué la causa, que viéndose el señor arzobispo de muy crecida edad, deseaba sumamente de ver acabada esta capilla y entierros; con que fué forzoso valerse de otro artifice para acabarla con breve¬ dad. Acabada esta obra fué llamado de los herederos del secreta¬ rio Coloma, que lo fué del emp)erador Cárlos V, para que hiciese i un sepulcro (está en las monjas de Jerusalen) y retablo para en¬ tierro de este caballero, en la conformidad y casi de la misma — 69 — manera^. Hizo muchas obras, y en particular sepulcros para di¬ ferentes partes, más no se sabe ni se vé obra de madera de su mano: dejólo padre muy rico de hacienda, y él con su cuidado su la acrecentó mucho más: dícese que se trató con grande ostenta¬ ción; hospedó en su casa, ó palacio, por mejor decir, á Alonso Sanchez, pintor de la majestad Cesárea del Sr. D. Cárlos V^, cuan¬ do vino á coronarse, y por el agasajo le hizo el dicho Sanchez un retrato tan grande como el natural, el cual retrato he visto muchas veces, vestido al uso de aquellos tiempos; cosa admirable, que se conocía lo hacia para quien lo entendía. Fué este muy no¬ ble varón, muy caballeroso en su trato y muy caritativo, pues se dice que en su tiempo vino la religion de la compañía de Jesús á esta ciudad, y les hizo la traza de la iglesia, y de limosna les dió tres mil ducados; limosna de un gran señor. En este mismo tiempo vino de Italia nuestro gran Berruguete, pintor y estatuario celebérrimo, en ocasión que un gran canciller del señor emperador Cárlos V, que por su mucha edad se habla retirado á acabar sus dias en esta ciudad, y con deseo de hacer una capilla para su entierro®, como tuviese noticia de nuestro gran Berruguete y de su mucha ciencia, en cuyas manos cualquier grande fábrica se podia ñar, así de pintura como de escultura; aprobadas las trazas por nuestro Morlanes y por el pintor G. Co¬ sida, le entregó la obra con mucho gusto. Esta se halla situada en el real é imperial convento de Santa Engracia de religiosos Geró¬ nimos de Zaragoza. En el retablo principal de dicha capilla está figurado en el tablero de en medio el bautismo de Cristo Señor Nuestro: estas dos figuras mueven con grande extrañeza de mo¬ vimientos, mas con grande resolución pintada; pero se conoce quiso más mostrar el arte que no la amabilidad y dulzura del co¬ lorido, porque se vé ser lo pintado más de escultor que de pintor: ' Según Carderera: "De este retablo solo vimos en 1834 algunos gran¬ des trozos reunidos en claustro, probablemente para convertirlos en yeso, un •como se hizo con los restos del preciosísimo altar de San Jorge, en la fa¬ mosa sala de la diputación del reino, sobre cuyas paredes se construyó el actual Seminario Conciliar." ' El lector advertirá fácilmente los anacronismos en que incurre Jusepe Martínez en este párrafo. • "Este fué el vice-canciller de Aragón D. Antonio Agustín, padre del célebre arzobispo de Tarragona del mismo nombre, insigne jurisconsulto y anticuario", según Carderera. Hay documento de 1519; del sepulcro que¬ dan unos fragmentos dudosos. 70 — — he visto de su mano, como en el mismo retablo hay algunos re¬ tratos hechos por el natural con muchas ventajas de colorido, que se conoce por ellos siguió la manera de Rafael de Urbino. Al lado de este retablo, entre los intercolumnios, están figuradas dos figuras de retratos arrodillados en acto de hacer oración á dos Santos que tienen presentes: estos, dicen, son de los dueños de aquella capilla: en el banco de abajo hay unas figuras de muy pequeño tamaño, que no las tengo de por su mano. En el remate de arriba está pintada una gloria de ángeles y el Espíritu Santo en figura de paloma: hay una cortina, hoy muy demolida, que servia para cubrir el retablo en tiempo de Semana Santa, donde está pintado un San Gerónimo en acto de penitencia, con tal re¬ solución, que parece cosa de Michael Angelo Bonarrota; hoy está de manera que se conoce muy poco, por haberse pintado al tem¬ ple. Al lado derecho de esta capilla está situado el sepulcro de los dichos dueños, en esta conformidad: levántase de tierra este se¬ pulcro siete palmos, y en una urna de alabastro está figurado, de medio relieve, el dicho difunto, y en medio hay una descripción ó epitafio, donde está escrito se llamaba Juan Selvagio; á las es¬ paldas de este retablo hay un tablero á modo de retablo con sus pilastras, que hermosean aquella obra, y á los lados de este sepul¬ cro se levantan dos pedestales, donde hay dos figuras significando dos virtudes, de relieve entero, de tamaño de siete palmos, tam¬ bién de mármol finísimo, hechas con tanta ternura, carnosidad y dulzura, que es una maravilla, que á observar esta manera en pintura pudiera competir con el gran Tiziano. Residió Berruguete en esta ciudad más de año y medio, y, según se dice, por hallarse en ella honrado y estimado, la eligiera por patria, si no fuera lla¬ mado por órden del señor emperador Cárlos V, y dejando comen¬ tadas algunas obras, le fué forzoso acudir al mandato de S. M. Cesárea, que viendo su ingénio en sus obras, lo premió hacién¬ dole de su cámara. Dejo ahora aparte las obras que hombres muy ^tendidos han visto por toda Castilla, que son de grande estu¬ dio y gentileza, que de lo demás que hay en esta ciudad yo soy testigo de vista: dicen que este gran escultor se trató con mu¬ cha estimación, muy merecida, á su persona, dejando una gruesa hacienda á sus herederos; murió de crecida edad y muy honra¬ do de sus amigos. En el año 1510 amaneció un hijo de la ciudad de Tarazona, que se tiene por cierto estudió mucho tiempo en Italia (como lo — 71 — muestran bien claro sus obras). Este profesor es el apellidado Tudela ó Tudelilla; fué superior arquitecto de maravillosisima invención en la arquitectura y estatuaria, y en bajos relieves admirable: su ejercicio mayor fué en labrar en yeso ó estuque, como se vé en un trascoro de esta santa iglesia metropolitana de esta ciudad, labrado con tanta gracia, belleza, y hermosura y grandeza, que no hay cosa que se le pueda igualar por este camino. Se halla esta gran fábrica dispuesta de esta conformi¬ dad: una faja de este trascoro, corre desde una columna gran á otra, inclusas dentro las columnas centrales de este templo; viene á tirar esta obra pasados de setenta palmos de circunfe¬ rencia, y de alteza pasa de veinte. En el medio de esta obra hay una capilla donde está situado im Cristo crucificado, San Juan y María, de la grandeza del natural muy cumplida: fórmanse á cada lado de esta obra unos pedestales, que se levantan de tierra hasta cinco palmos, resaltados para plantar las columnas que van arriba. En los paneles de estos basamentos hay ciertas biza¬ rrías de grotescos, y tarjetas de muy bizarra invención. Las co¬ lumnas del cuerpo principal son de orden composita balustrada, todas llenas de talla, con tanta bizarría é invención, que hasta ahora, haber visto cosas en este género famosísimas, quedan con estas superiores á todo, y no sólo á mi parecer, sino al de muchos grandes ingénios forasteros que han llegado á esta ciudad, les ha parecido cosa superior. Por encima de estas columnas, que son doce, corre una comisa con friso y alquitrave de la misma orden, toda revestida de talla de la misma bondad. Entre estas colum¬ nas hay cuatro historias, de mucho más de medio relieve, de ta¬ maño de seis palmos cada figura, hechas con grande dibujo y ad¬ mirable obra los disposición. Este gran Tudelilla explicó en su paños cómo deben ser hechos, porque en ellos se conoce el que es brocado y el que es paño grueso, y el delgado y las sedas, que hasta este varón no ha habido otro que lo explicára mejor ni aun tan bien. A más de estas historias hay seis nichos, donde hay unas figuras de Santos mucho mayores que el natural, de relieve en¬ tero, donde se vé la grande magnitud y ánimo majestuoso de aquel gran ingénio. Este varón hizo infinitas obras en esta ciudad, y como las más de ellas fueron hechas de materia de yeso ó estu¬ que, y haber sido fabricadas en daba el agua, parte donde les han dado en ruina, y muchas de ellas merecían haberse fabrica¬ do en bronce. Fué admirable arquitecto, porque se hallan en esta — 72 — ciudad muchos palacios grandiosos y casas de caballeros, que se conoce son hechas por su dibujo, y trazas de su invención, y ha¬ cer memoria de todos, seria proceder en infinito. Sólo diré de una que todos los entendidos lo han tenido á maravilla y es en esta manera. En el convento real é imperial, intitulado Santa Engra¬ cia, de religiosos Gerónimos, quedó, por muerte del señor rey D. Femando el Católico, un claustro comenzado, con órden en su testamento que lo acabasen; al cabo de algunos años vino á esta ciudad el invictísimo Sr. D. Cárlos V: viendo esta obra co¬ menzada, mandó que se acabara conforme el Sr. D. Fernando su abuelo lo había dejado ordenado: entregáronsela á este artífice, para que á su disposición, modelo traza la acabase; pero vien¬ y do los relegiosos que la cantidad de dinero que S. M. Cesárea había dejado no era bastante para acabar la obra, dudaron en emprenderla; mas nuestro artífice, como entendido y de buena conciencia, dijo á los religiosos que si le dejaban á él valerse de algunos vestigios del claustro viejo le bastaba el ánimo de aca¬ barlo con toda perfección; hubo en esto muchas disputas, pare- ciéndoles á los artífices contrarios no podia valerse de lo antiguo, para colocarlo en lo moderno; mas al fin, conociendo los religio¬ sos y otros entendidos su raro ingénio y poca codicia, le dejaron hacer á su modo y arbitrio, revistiendo esta obra con tanta gra¬ cia y arte, que es una maravilla, valiéndose de lo gótico y de lo moderno en ciertas partes; y mirándola toda junta hace un com¬ puesto tan artificioso y de superior invención, que los unos y los otros la admiraban: está toda ella revestida de mucha talla de ad¬ mirable invención, y para remate de alabanza de esta obra, daré un testimonio. Viniendo á este reino y ciudad á tener Córtes el prudentísimo señor rey Felipe II, de gloriosa memoria, vino á visitar este convento como casa suya: le enseñaron, entre otras piezas grandiosas, este insigne claustro, y viendo, con atento cui¬ dado, la excelencia de su disposición, dijo al prior y religiosos: "esto me faltaba por ver, para quedar los claustros de mi Esco¬ rial con toda perfecciion." Este dicho es tradición y fé de muchos religiosos que se hallaron presentes; yo he conocido muchos de ellos, que lo han asegurado: concluyóse esta obra el año 1536. me No se sabe que este autor, con todas sus vigilias y trabajos que hizo por su mano, dejase hacienda considerable; la causa dicen que fué ser tan liberal y franco, que no atendió sino sólo á ser¬ vir á sus amigos por el precio que le querían dar, y al cabo de sus dias se retiró á su patria, donde murió de mucha edad, no dejando á sus herederos otra riqueza que dibujos, modelos, tra¬ zas y cosas concernientes á su profesión de mucha estimación, asi suyos como de varios autores, de que yo he alcanzado á ver mucha parte de ellos. Acabó su vida el año de 1566, dejando reputación de hombre muy pió y muy benigno en su trato; hizo poca estimación de su saber, pareciéndole que siempre quedaba corto en su habilidad, no esperando más premio que el de la vida eterna, lo cual entiendo está gozando por su mucha humildad y buena conciencia. En este mismo tiempo llegó á Zaragoza nuestro grande y es¬ tudioso Becerra, excelentísimo pintor y estatuario, que estuvo mu¬ chos años en Roma, donde hizo obras muy considerables: juntó con más union la pintura con la escultura que otros muchos pin¬ tores que usaron de ambas dos artes, que hasta su tiempo ningu¬ no llegó á esta union; fué grande anatomista, y la simetría la obró con grande ajuste; compitió en Roma, en su tiempo, con los más celebrados pintores y estatuarios, que entonces en esa ciudad se hallaban. Fué llamado por órden del prudentísimo rey D. Felipe II, de gloriosa memoria, para servirse de su grande in¬ génie; paró en esta ciudad de Zaragoza, donde estuvo reparán¬ dose en ella algun tiempo por el grande cansancio que en tan lar¬ go viaje había tenido. Comunicó mucho con los profesores de esta ciudad, y particularmente con Micer Pietro, excelente pintor al fresco, y con nuestro Diego Morlanes, estatuario estudiosísi¬ mo; y aun he tenido noticias que lo aposentó en su casa con mu¬ cho regalo, por ser hombre poderoso, y á más de serlo, se trató con mucho lucimiento, muy de caballero cortesano, y en pago de esto, dicen, le dejó muchos dibujos y una tabla de alabastro ñgu- rando en ella la Resurrección de vivos y muertos, que está situa¬ da en el retablo donde está el sepulcro del señor arzobispo don Femando de Aragon, y se deja conocer ser de su mano. Deseoso de llegar á su patria, hubo de dejar á sus amigos que á no ser llamado de persona tan superior, hubiera hecho mansion mucho más tiempo en esta ciudad, por haber conocido en ella ser mar dre de forasteros. Llegado que fué á Madrid, fué á besar la mano de S. M., de quien fué recibido benignamente. Ordenósele que acabára de pintar al fresco unas piezas que el señor emperador Cárlos V había dejado comenzadas^, donde superó á todo lo que ' Las pinturas el palacio de Madrid y en en el del Prado. hasta entonces se habia hecho, así en pintura como en escultu¬ ra, con bizarros adornos; hizo muchas obras, así de una como de ÍDtra profesión, con las cuales ganó grande nombre en España. Oyendo la fama de nuestro gran Becerra el gran Berruguete, de¬ seoso de ver si correspondian sus obras á la fama, envió desde Portugal, su patria^ (en donde dicen se retiró cansado de sus tra¬ bajos), por unos modelos y dibujos suyos, y viéndolos, los cele¬ bró sobremanera, diciendo: "qué tal quedaba yo, si no hubiera hecho el Agosto de mi fortuna." con esta aprobación queda con¬ cluido el grande ingénio y estudio de este ilustre varón. Fué muy fecundo y grande inventor, y obró á un mismo tiempo la pintu¬ ra y escultura: tuvo famosa elección, y lo pudo demostrar mejor en la pintura, por entrar en esta facultad muchas más partes é ingénio, por causa de ser necesario entrar la perspectiva y colo¬ rido y distancias, sin otras muchas que por no ser cansado callo. Hízole S. M. muchas mercedes, honrándolo con hacerlo de la lla¬ ve de su cámara; tuvo muchos bienes de fortuna; enseñó su sa¬ ber con mucha liberalidad á discípulos, que fueron muchos sus en ambas facultades. En la simetría y anatomía excedió á todos los de su tiempo, y en España introdujo la verdadera manera de estas dos partes, tan convenientes á estas profesiones, que sin ellas no es posible obrar cosa buena. Decía Diego Velazquez que este autor tuvo un discípulo sevillano, llamado un tal Delgado'^, que le superó en la escultura: tuvo otro discípulo, natural de Pamplona, llamado Ancheta; fué muy práctico y puso fieras ac¬ titudes en sus figuras; no se valió del natural, sino de grande práctica resoluta, olvidándose mucho de la belleza y morbidez de su maestro; yo he visto de este muchas obras de su mano, que en su país son muy estimadas y pagadas á grande precio: tuvo este autor un competidor de nación catalana, si bien no llegó á la finura de conclusion de las obras, ni fué tan fecundo como inuestro Ancheta, mas le superó en la grandeza y contomos, y morbidez y carnosidad con más imitación al natural: no hizo muchas obras porque vivió poco: he tenido noticias de que fué discípulo de nuestro gran Becerra. El rey de Fez tenia suplicado á la majestad de Felipe II le enviase un famoso pintor, el cual le envió á un hijo de Toledo, llamado Blas del Prado, excelente ' No precisa rectificarse esta equivocación. Berruguete murió en Toledo y nació en Paredes de Nava, en tierra palentina. ' Gaspar Núñez Delgado. — 7S — retratador y colorista: recibiólo el rey de Fez con mucho aplau¬ so; hízole hacer muchas obras, y despues de algunos años pidióle licencia para volverse á Madrid; diósela y con crecidos intereses; pero visto que en Madrid, aunque era estimado, no era tanto como lo estimaba el rey de Fez, determinó de volverse, compran¬ do para el rey algunas alhajas de gusto, no usadas por allá, de lo cual le resultó mayores favores, en donde dicen que acabó sus dias. Volviendo á nuestro Becerra, fué en ambas artes, escultura y pintura, muy general, franco y liberal: hizo muchas obras en Castilla, de que ha quedado su nombre inmortal. En este mismo tiempo vino de Italia tm pintor llamado Dominico Greco: dícese era discipulo de Tiziano. Este tomó asiento en la muy celebrada y antiquísima ciudad de Toledo; trajo una manera tan extrava¬ gante, que hasta hoy no se ha visto cosa tan caprichosa, que pon¬ drá en confusion á cualquiera bien entendido para discurrir su extravagancia, porque son tan disonantes unas de otras, que no parecen ser de una misma mano. Entró en esta ciudad con gran¬ de crédito, en tal manera, que dió á entender no habla cosa en el mundo más superior que sus obras; y de verdad, hizo algimas cosas dignas de mucha estimación, que se puede poner en el nú¬ mero de los famosos pintores: fué de extravagante condición, co¬ mo su pintura; no se sabe hiciese por concierto cosa alguna de sus obras, porque decía que no había precio para pagarlas, y asi á sus dueños se las daba por empeño, y sus dueños, con mucho gusto, le daban lo que les pedia; ganó muchos ducados, más los gastaba en demasiada ostentación de su casa, hasta tener músi¬ cos asalariados para cuando comía gozar de toda delicia. Hizo mu¬ chas obras, y la riqueza que dejó no fué más que doscientos cua¬ dros] principiados de su mano: llegó á crecida edad, y siempre con la misma estimación. Fué famoso arquitecto, y muy elocuen¬ te en sus discursos: tuvo pocos discípulos, porque no quisieron seguir su doctrina, tan caprichosa y extravagante, que por ser sólo para él fué buena. Por este ejemplar podrá nuestro estudio¬ so dar por el camino real y verdadero de seguir lo que tantos autores singulares han seguido, así antiguos como modernos, que si á este le siguió por aquel camino la suerte, el quererle imitar será ponerse en contingencia, no salir con ello. En esta misma ciudad de Toledo hubo un pintor, hijo de ella^, que dicen estu- ^ Error curioso. dió mucho tiempo en Flandes, y volviendo á su patria, viendo muchos pintores que le aventajaban en hacer historias y figuras con más estudio que él, dió por un rumbo y cosas tan raras y nunca vistas que solian decir; el disparate de Gerónimo Basco, que así se llamaba, no porque debajo de ellas no hubiese cosas de grande consideración y moralidad. Referir lo que él pintó, fuera menester un libro entero para darlo á entender; solo diré de tres para que se conozca su raro capricho y fecundo ingénio, y fué una tabla de la tentación de San Anton, donde finge un infierno, en forma de un país muy dilatado, todo lleno de llamas, atormentando á muchos condenados, así de lejos como de cerca, con mucha propiedad y distinción; en el término principal de esta obra está el Santo tan atribulado, que se deja conocer pa¬ dece grande fatiga, rodeado de infinidad de demonios que le ator¬ mentan, de tan extrañas figuras y horibilidad, que sola una de ellas bastára á atemorizar cualquier animoso corazón: á más de esto he visto, asi en pintura como en estampas, los siete pecados mortales, con tanta viveza expresados, que es una maravilla y de grande ejemplo; á más que hay un género de demonios tan espantables, que están atormentando á los condenados, según el pecado, con tan extraordinarios modos de tormentos, que es cosa nunca vista, y por este camino se hizo singular y llegó á merecer ser tenido en grande estimación, y muchos convienen que nues¬ tro D. Francisco Quevedo, en sus sueños, se valió de las pinturas de este hombre ingenioso, porque inventó y pintó innumerables cuadros, así al óleo al temple; no se sabe dónde murió, como sólo se conoce que vivió muchos años por lo mucho que obró. Algunos pintores han seguido su rumbo, así en Italia como en Francia, Flandes y Alemania; si bien no han sido tan abundantes de inventiva como fué este autor, mas con grande magisterio y útil suyo. Por no salimos de esta ilustrisima ciudad de Toledo, donde ha habido todas facultades excelentísimos en ingénios, así en pintura como en escultura, diré de un hijo de ella, que se llamó Tristan, que estuvo mucho tiempo en Italia en compañía de nuestro gran Jusepe Rivera, llamado el Españólete, donde vino muy medrado en sus estudios^, tuvo su manera muy franca y li¬ beral, y fué en su patria muy estimado. He visto algunas obras ' Noticia inexacta, ocasionada tal vez en el superficial conocimiento de cuadros de Tristán, en que aparecen figimas realistas, pintadas con brío. de mano, que merecen ser tenidas en mucha memoria: no le su ' siguió la fortuna en el premio, como merecia; tuvo algunos dis¬ cípulos, mas ninguno llegó á la raya que él. He visto algunas imágenes de escultura de mano de un hijo de esa ciudad, que por no saber el nombre no lo escribo^; mas sus obras son de calidad que merecen ser muy recomendadas á la memoria. Hacer memoria de todos los hombres beneméritos en esta fa¬ cultad, seria proceder infinito; pero no obstante, de los elec¬ un tos, no llegarán á dos por ciento de los pintores ordinarios, y por conclusion cerraré este discurso, y dejaré gustoso al estudioso. Diré de tres pintores celebérrimos, el uno se llamó Herrera el Viejo, natural de Sevilla, fecundísimo pintor de grande inven¬ ción: hacia sus obras con grande liberalidad y franqueza: fué muy estimado de todo hombre bien entendido, y no me maravi¬ llo, por ser aquellas merecedoras de toda alabanza. Del segundo, que se llamó Roelas, he visto algunas cosas, mas no de manera que haya podido hacer juicio de lo mucho que despues me han ) informado personas muy doctas y entendidas en esta profesión y profesores de ella. Dícenme fué en dibujo y colorido muy igual, que se valió del natural con grande blandura, y que hizo muchas obras. El tercero se llamó Juan Fernandez Navarrete, y por otro nombre el Mudo, porque lo era; fué natural de la ciudad de Lo¬ groño, y nació tan inclinado á la pintura desde niño, que procu¬ rando sus padres desviarle de semejante ejercicio, no fué posible por muchas diligencias que hicieron. Creciendo en edad y sabi¬ duría, dicen que de edad de veinte años, habiendo visto algunas pinturas del Tiziano, se fué á Venecia, y como pudo, con su cor¬ tesía, alcanzó la gracia del Tiziano para estar debajo su doctri¬ na, la cual le sirvió de grandísima utilidad; mas con el amor de la patria fué á Madrid con algunas cosas hechas de su mano. Dieron noticia á S. M. Felipe II, de la maravilla de este grande ingénio: viendo sus obras y su persona, tuvo mucho gusto, y se dió órden pintase para el claustro mayor del Escorial cuatro cua¬ dros de mucha grandeza, tal arte con y primor, que hizo hablar á sus figuras, aunque él era mudo; bien al contrario de lo que algu¬ nos han obrado, que ha sido anticipar á sus obras lo que ellas hablan de declarar. Fué nuestro mudo muy I fecundo en el obrar i y liberal, y su modo de pintura muy libre; á más de lo de arriba ' ¿Juan Bautista Monegro? - 78 - dicho, hay en esta insigne fábrica muchas obras, esparcidas por la iglesia, de grandísima estimación; recibió muchos favores de S. M., medrándolo con dones muy cumplidos. Con este ejemplar de nuestro Mudo, puedes, noble estudioso, no adelantar la lengua á tus obras, que si fueren cuales espero, ellas darán voces para que seas conocido y estimado; y para rematar nuestros ejempla¬ res pondré por delante este sólo, para coronar la humildad con te que los más doctos han hablado. Hallóme en Roma en una oca¬ sión que sacó el Dominiquino, excelentísimo pintor, un cuadro que en su género no fué segundo á nadie, así antiguos como mo¬ dernos: dándole sus amigos mil parabienes de lo artificioso de su obra y acertada elección y dibujo, respondió con grande humil¬ dad: "Amigos y señores, aún no me hallo satisfecho; sólo digo que he hecho lo que he podido." Con este ejemplar concluyo es¬ tos avisos para que por ellos entiendas que he hecho lo posible: bien veo no son tales cuales yo deseo, mas por no quedar ingrato á los beneficios que mis antepasados maestros me enseñaron y avisaron,, tomé la pluma en la mano para escribirlos, aunque con mal cortada pluma y retórica no relevante, sino sólo estilo llano, en que conocerán los bien intencionados el amor y diligencia que tengo hecha en este trabajo. TRATADO XXI Conclusion de este digno escrito en que se vindican los pro¬ fesores espaííoles Entre todas las virtudes, la más necesaria para cualquier em¬ presa es la humildad, ella dá sitio y lugar á formar las porque mayores cosas que se pueden imaginar: esta es la que pide con¬ sejo, educación y advertencia para lograr los hombres toda cosa bien formada: con esta advertencia reconocí, no hallare de mí á solas, para sacar esta obra á luz; valime de personas doctas y entendidas, que con sus pareceres, quitando y añadiendo lo ne¬ cesario y conveniente, ha quedado la obra en el ser que tiene, de lo cual les doy infinitas gracias. Solamente me persuadieron hi¬ ciese á esta mi obra una adición, que es en esta manera: ¿cuál era la causa que los ingénios españoles tenian tanto crédito ga¬ nado en todas las facultades, como es en la sagrada teología, cᬠnones y leyes, y en particular en historias, en poesías, y en esta facultad de dibujo de ellos no hacían los extranjeros memoria? — ■¡9 — ¿que estos como prácticos, por haber andado muchas tierras co¬ mo Italia, Flandes y Alemania, habian hallado estimación de esta profesión, y que en nuestra nación española no estimaban cosa de sus mismos profesores y naturales, aplaudiendo sobre manera todo lo que venia de tierras estrañas, y á grandes expensas pa¬ gadas, experiencia, estos mismos que propusieron este ya que por caso, como maestros prácticos que eran, reconocian y aseveraban ser tan buenas las hechas por los españoles como por cualquiera de otra nación, como de pintura, estatuaria y arquitectura, como lo muestran en sí mismo las mismas obras, que tan patentes es¬ tán? Tomé algo de tiempo para poder responder al caso, y entre otras memorias reservadas para este, fué una carta que vi en Ro¬ ma, escrita en la villa de Madrid, de mano de un gran pintor italiano, llamado Pedro Antonio, dando cuenta á un carísimo amigo suyo, llamado Bartolomé Crescendo, no ménos gran pin¬ tor que el dicho; que este mismo por relación de esta carta vino á España, y se ocupó en servicio del señor marqués Crescencio, persona muy entendida en esta profesión del dibujo, y se certifi¬ có de toda la relación que su muy caro amigo Pedro Antonio le habia escrito en lengua italiana, que en la nuestra decia así^: "Carísimo amigo: luego que salí de esta ciudad, embarcado en una faluca, llegué á Génova, y tuve tan buena dicha que hallé con mucha brevedad un navio de mercancía que se partía para Sevilla, á donde desembarqué con próspera fortuna, no durando el viaje sino diez dias. En ella hallé muchos paisanos mios, que luego me introdujeron con algunas personas de gran cuenta; me ocupé en nuestra profesión más de cuatro meses, viendo esta ciu¬ dad muy despacio y particularmente sus edificios y el único tem¬ plo de su catedral: dejo aparte su riqueza, grandes tratos y con¬ tratos de sus mercaderes, que me dejó admirado. El grande de¬ seo de ver la córte me obligó á ausentarme de esta noble ciudad, y apresurando el paso me fui á Madrid, en donde procuré intro¬ ducirme con nuestros profesores, que me hicieron mucho agasajo y cortesía, y lo que más me admiró fué ver la poca estimación que de sus naturales pintores hacían, siendo hombres que por sus méritos se les debía toda estimación; mas desengañóme el ver ' Según Carderera, Pedro Antonio Torri, fresquista boloñés. Bartolomé Crescencio se llamó así por su protector el Marqués de ese título, arquitecto, que lo trajo a Madrid; su verdadero nombre era el de Bartolomé Cavarozzi de Viterbo. — 8o — que dos flamencos de muy mediana esfera los hallé que todas sus pinturas eran colores vivos y no más, y con esta bagatela hablan adquirido grande opinion, que en nuestro país no hicieran som¬ bra^. Condolido de este mísero estado, lo comuniqué con un ex¬ celentísimo pintor llamado Eugenio Gagés, á lo cual me respon¬ dió: señor mío, muchas son las causas que hay para ello, y la primera es la poca confianza que hacemos de nosotros mismos, y en particular en esta profesión del dibujo, y á los no entendidos en esta profesión les parece no somos aptos para ello, y como hay tan pocos inteligentes entre tanto vulgo, no viene á ser co¬ nocida. La segunda causa es que todos los señores que van fuera de España, procuran traer de las provincias extranjeras mucha cantidad de pinturas, y de España no llevan cosa alguna, que á llevarlas, fuera conocido el valor de los ingénios de acá. La ter¬ cera es que todas las naciones ménos esta, tienen tal inclinación á grabar en estampas, para que todo el mundo vea lo sutil de sus ingénios, así en obras mayores como menores, y como vos sabéis, en vuestra Roma é Italia han grabado tres y cuatro veces una misma cosa, hasta las piedras viejas, donde por este medio han adquirido grande fama y estimación: bien al contrario de lo que sucede en nuestra España, que si lo que ahora hay obrado se grabara la centésima parte de lo admirable que hay, superára á muchas provincias, así en pintura como en escultura y arqui¬ tectura. Dios os guarde á medida de vuestro deseo, de esta villa de Madrid á 15 de Mayo de 1610." No quisiera parecer arbitrista en cosa tan clara como la que referiré; porque los aumentos de este aviso vienen á ser de mu¬ cha utilidad, honra, provecho y ocupación para los hombres es¬ tudiosos, que es darse á grabar estampas que sirven de carta de manifiesto para todas las naciones, para que se vea por ellas lo erudito de los ingénios de España. Este ejercicio se comenzó en sus principios en Alemania, y el primero que grabó fué im gran pintor de aquellos tiempos, llamado el Bon Martino^, que fué maestro de Alberto Durero, el cual, viendo ser bien recibida esta invención, dejó la pintura y obró por este camino, donde hizo ' Referenda curiosa, no explicada. No parece pueda aludir a Rubens, que en 1603 había estado en España y del que había numerosas pinturas en las colecdones de la corte. ' Martin Schongauer; solían llamarle el bello Martin que traduce con más exactitud su apellido. cosas de admirable estimación: siguióle en esto su discípulo Al¬ berto Durero, con tan grandes ventajas, que puso en último gra¬ do esta profesión, y en particular en las estampas de buril, que hasta ahora ninguna le ha excedido, y si decirse puede, más cré¬ dito ganó con sus estampas que con sus pinturas, con ser muy excelentes; comunicóse mucho este autor con el gran Rafael de Urbino, enviándose así estampas como dibujos el uno al otro, y viendo Rafael de Urbino la excelencia de las estampas de Al¬ berto, hizo poner á este ejercicio á Marco Antonio Boloñés, gran práctico en el dibujo, que grabase sus obras con grande obser¬ vancia y diligencia, de que entonces y ahora son estimadísimas, y aunque muchos han grabado obras de Rafael, ninguno ha lle¬ gado á la excelencia de este, y así Alberto como Marco Antonio ganaron fama y honor y crecidos intereses. Con este ejemplar la nación flamenca é italiana creció en tan¬ ta abundancia, como se vé: codiciosos los franceses de lo intere¬ sable de la ganancia, dieron en copiar las obras de los arriba di¬ chos, pero tan estropeadas y tan mal formadas, que más causaban irrisión que devoción, y no obstante esto sacaron de España in¬ tereses muy crecidos, hasta que ha entrado el verdadero conoci¬ miento, y acabándose esta mina de despacho, han vuelto á estu¬ diar de nuevo, así en pintura como en este ejercicio, que han he¬ cho cosas admirables, en tanto grado, que muchos mercaderes han tomado por su cuenta hacer grabar inñnidad de estampas, que en España las han vendido como han querido. Por curiosidad pre¬ gunté á un mercader francés que hacia traer,- así de Francia co¬ mo de Flandes, gran copia de estampas, ¿qué tanto interés saca¬ ba de España de estas impresiones? me respondió que no era mu¬ cho, pero que pasaban de cuatro mil ducados cada un año: cosa que me causó gran dolor, por ver que por poca aplicación de nues¬ tra nación, y por no hallar apoyo en este ejercicio, no se atajan estas ganancias á los extranjeros, y lo que más es de sentir, el no salir á luz por este camino los lucidos ingénios de España. ¡Quiera Dios se abra camino para que este ejercicio se ponga en práctica, que á no ser asi quedaremos siempre á oscuras, que las velas de cera y pávilo si no hay quien las encienda, siempre quedarán muertas! Ofréceseme decir, para ejemplar y consuelo, por otra parte, dos cosas de yo soy testigo de vista y de oido, y fué así. Hallán¬ dome en Roma el año 1625, había un cortesano muy entendido — 82 — en estaprofesión de pintura, por haber muchos años que estaba en aquella ciudad, y haber tratado con los mejores pintores que en ella se hallaban; tenia grande amistad este tal con im joven muy estudioso y de grande práctica en esta profesión, natural de esta ciudad de Zaragoza: mandóle hacer un cuadro, en el cual puso este jóven, con toda la diligencia posible, todo su saber. Viéndolo este cortesano acabado y tan á gusto suyo, le dijo que no le satisfaria que no ñrmara su nombre en el dicho cuadro: el jóven lo rehusó mucho, más valiéndose de una industria lo puso en una anagrama, que este modo de escribir, quien no sabe el arte, no lo sabrá leer. A pocos días, á este prebendado, le prove¬ yeron un canonicato de una colegiata de una ciudad de este rei¬ no de Aragon, donde este cuadro cobró grande crédito, así por los forasteros como por los naturales. Este gozo le duró poco á nuestro prebendado canónigo, porque apenas vivió dos años, lo llevó Dios para su gloria: de sus bienes se hizo luego almoneda. Un caballero de la dicha ciudad, muy aficionado á este cuadro, lo compró en doblado precio de lo que costó, haciendo grande estimación de él. Ofrecióse venir á esta ciudad á negocios de im¬ portancia, y como era aficionado á este arte, los ratos que podia los pasaba en ver los pintores de esta ciudad de Zaragoza: lle¬ gado, pues, en casa de uno de los de más opinion, entre otras pláticas le dijo que se hallaba con un cuadro venido de Roma de grande estimación, sólo que habla tenido una desgracia, que del camino estaba algo quebrantado, y no lo habla fiado á los pintores de su ciudad, temiendo no se le echasen á perder; y así le pedia si habla algun remedio para ello^. El dicho pintor le respondió que si no lo veia, no podia aplicar el remedio; que si el cuadro era de tanta estima como le decia, que se podia tomar el trabajo de rollarlo y traerlo; traído que fué el cuadro, el caba- ilerto lo llevó á casa del tal pintor, y así como lo vió se sonrió. Nuestro caballero le dijo, que le parecía hacia poco caso de su cuadro. Respondióle: "Señor, yo no hago poco caso, porque el cuadro es muy bueno y merece estimación." El caballero enfure¬ cido le dijo: "Sepa V. que estoy informado de pintores y de per¬ sonas de buen gusto, que no hay en España pintor que haga otro tanto." El pintor le dijo que vivia su merced muy engañado, y ^ "En una nota marginal (del manuscrito) se siente que este caso le ocurrió al autor." [Nota del Sr. Nougues.] - 83 - que se conocía que no había visto los pintores que había en Es¬ paña, y que ese cuadro de su merced tan celebrado, le probaria que era de su mano, y asi le dijo que leyese aquella ñrma y sa¬ caria la verdad; á lo cual respondió que aquella ñrma nadie la habla entendido. Tomó el pintor una pluma, y entresacando una letra sin otra, conoció verdaderamente ser el nombre del mismo pintor. Visto el caballero el desengaño, y corrido de ver que de- da lo que no entendía, quedó tan asustado, que pareda le había caído toda el agua del Ebro encima. Estos desconciertos nacen de la grande ignorancia y poca fé que aquí se tiene de los mis¬ mos naturales, y mucho crédito de las naciones extranjeras. No sucedió así en este caso segundo que te diré, que acon¬ teció en mi presenda. El año 1673 me mandó S. A. serenísima el Sr. D. Juan de Austria (que Dios guarde) hidera un modelo pintado al óleo de blanco y negro para reducirlo á cuadro de ma¬ yor grandeza, y tuvo gusto que se hiciese en su presencia, y por su deporte y gusto entraba muchas veces á verlo: acabado que fué este modelo, entró con tres títulos de esta ciudad para oír su censura, á lo cual dijeron que tenían poca noticia de esta pro¬ fesión, pero que á ellos no les parecía bien pintura que no fuera hermosa de colores; á lo cual respondió con un adagio italiano, que dice así: Non janno pittori i belli colorí, se non disegno é piu disegno, studio é piú studio: que en nuestro español quiere decir, que las bellas colores no hacen pintor, sino el dibujo y más dibu¬ jo, estudio y más estudio. A lo cual S. A. S. añadió. "Más esti¬ mo yo un cuadro bien pintado con arte y dibujo, aunque sea sólo de blanco y negro, que otro de colores vivas sin dibujo y arte." Nos refirió un caso que le sucedió en Flandes, yendo á ver las magníficas y grandiosas pinturas, y originales del gran archi¬ duque de Austria^: despues de haberlas visto, pasó por una pie¬ za donde había muchos cuadros arrimados á una pared. Man¬ dó S. A. se volvieran para poderlos ver; visto que los hubo, pre¬ guntó ¿para dónde eran aquellos cuadros de tan bellos colores ' Nota de Carderera: "Estas son los magnificas pinturas que el archidu¬ que Leopoldo reunió en Bruselas, y fueron dadas á la estampa, bajo la di¬ rección de David Teniers. De este grande artista, existe en el Museo Real de Madrid, precioso lienzo, donde se ve representado el interior de una un sala con los principales cuadros de aquella rica colección." La pintura alu¬ dida, núm. 1813 del Prado, no es un lienzo, sino un cobre. - 84 - y con tan poca arte obrados? Respondió imo de los circunstan¬ tes: "Serenísimo señor, estos se han hecho para enviarlos á Es¬ paña, que aquí tenemos noticia que por lo más ordinario, muchos de aquellos señores gustan más de las bellas colores, que no del arte." Con este caso quedaron los que oían á S. A. satisfechos de tal ejemplar; y con él, el estudioso puede tomar ánimo para proseguir tan noble ejercicio y no desmayar oyendo las censuras de ignorantes, porque es de más estimación un abono de im doc¬ to, que lo que puede censurar im vulgo entero: que un docto juzga por justicia y verdad, y los demás por antojo y capricho, como nos lo muestra la experiencia, que no hay cosa más lejos de la verdad que el vulgo. {Acaba. Siguen cuatro apéndices: el primero es, probablemente, la censura el P. Maestro Fr. José Lalana; el de la obra, escrita por segundo, el "Catálogo de los pintores que figuran en esta obra", que Carderera atribuye al mismo cisterciense; el tercero, un "Papel suelto que contiene las pinturas y pintores ...y también los es¬ ... cultores conocidos por mejores en Zaragoza sacada de D. An¬ ... tonio Palomino", añadiendo dos notas extensas sobre José Jjuzán y Carlos Salas, posteriores a Palomino; todo este apéndice, como el siguiente, escrito por el Deán Larrea; y que "Comprende noticias curiosas de algunas colecciones de pinturas que hubo en Zaragoza" .\ VICENTE SALVADOR GÓMEZ CARTILLA Y FUNDAMENTALES REGLAS DE PINTURA 1674 El fragmento de libro que aquí se da a conocer es muestra, casi única, de las cartillas españolas antiguas para la enseñanza dibujo. Antonio del Castillo hizo dibujos pensando, segu¬ -del ramente, en publicar una, y con dibujos de Ribera se publica¬ ron dos en el siglo xvid; en este mismo tomo figuran extractos de la de García Hidalgo. La escasez está en relación estrecha con la pobreza del grabado en España tantas veces señalada y que .lusepe Martínez (véase antes en la pág. 8i) ya deplo¬ raba. Del libro de Vicente Salvador Gómez se tenía vaga noticia, porque en el catálogo de la Collection de M. Paul Lefo^'t Des¬ sins anciens principalement de TÉcole espagnole. Paris, 1869, p. 31, se registra un dibujo de la Inmaculada Concep¬ n.° 98, ción, firmado en 1674, «détaché d'un manuscrit rédigé par l'auteur sur les arts du dessin». Este dibujo, con el legado de D. Pedro Fernández Durán, entró en el Museo del Prado en 1930 y fué publicado por mi en el t.° III (lám. CCLVIll) de Dibujos españoles. El jefe de la Biblioteca de Palacio, mi amigo y compañero Jesús Domínguez Bordona, encontró el fragmento que se va a describir. Hay motivos para sospechar que, con otros libros de arte, fué regalado por Zarco del Valle a la Biblioteca, de la que fué Bibliotecario mayor durante cerca de treinta años. ' «Livre de portraicture recueilly des oeuvres de Joseph de Rivera... et gravé a l'eau forte par Louis Ferdinand. A Paris, 1650, chez Nicolas Langlois». Hay edición madrileña de 1774. La otra se titula: «Tabulae de Institutionibus praecipius ad Picturam necessariis ac inventae per losephum Rivera Spanio- lette et Jerónimo Palma, Gerardus Valck escudit; op dam Damtot Amsterdam». El libro, a juzgar por el fragmento conservado, tenia esca¬ sísimo valor teórico. Su autor se muestra devoto, diestro dibujante a pluma, a la vez que deplorable prosista; su ortogra¬ fía da a entender carencia de estudios; pues usa vulgarismos, como güestro — vuestro. Sólo por curiosidad se consigna aquí su mención. La biografía de Vicente Salvador Gómez está muy mal co¬ nocida: que nació en Valencia; que fué discípulo de Espinosa; que hay firmas suyas de los años 1670, 1674 y 1675: son da¬ tos de Ceán Bermúdez; el barón de Alcahalí nada añadió. Hay cuadros suyos en la Catedral y en el Museo de Valencia. Sg [Bib. de Pal. Signatura 3727.] + CARTILLA I Y FVNDAMENTALES j REGLAS DE PINTV- I RA Por las quales llegará uno a ser muí ducho | Pintor Descríuela Vicente Saluador y Gomez familiar del S'° Ofi." de la ynquisición [í¿c] de las Pin¬ y scensor turas en ÇU decençia y quito | por el dicho tribunal et. hecha el año 37 de çu edad y en el de la Vma°® Redemçion del Sr. de 1674, en VaP. [Dibujada a pluma: tres angelitos antes de "Descrivela..."] Fol. 2. Dedicatoria a la Virgen Madre... [La ortografía es anárquica: guestro "yndicno esclavo", hestu- dio, etc. Fol. 3 falta: es el dibujo a que antes se hace referencia. Fol. 4. "Raqón desta Obra y motivo della que da a los lec¬ tores Vicente Saluador y Gomez: [Comienzai\ : La razón porque se describen en esta Cartilla las Reglas de Si¬ metría, Anatomía, Phisçonomía, Geometría y Perspectiva es por¬ que son inescusables todas sus operaciones al que justamente ha de venirle bien el título honroso de Pintor; escríbese la presente obra en cuatropartes dividida y en cada una délias la doctrina bastante para la educación (la que podrá apetecer más dilatada, la podrá conseguir en los Autores que hallará en la Tabla, a lo úl¬ timo destos tratados) los cuales van dispuestos en 4 Diálogos para que habiendo quien dude, haya quien dé clave; lo que anda muy en tinieblas ansi porque la mayor parte de los autores que han es¬ crito de la Pintura lo han hecho cada cual idioma, como pnjr en su que la mayor parte de lo escrito, cosas teóricas y los que tratan de la plática, cada uno entiende ser el mejor, lo que yo no pre¬ tendo en mi obra, porq a todos venero como a mis maestros... Fol. 5. Introducción exhortación y que da el Maestro a su Dicipulo. [Habla Liscio, el maestro. Cita a los autores de libros de Pintura: Vasari, Paulo Lo¬ mado, Juan Bautista Armenini, Carducho, Pacheco, Arfe, Durero y Leonardo de Vin- che francés (!!)" y remite al jinal donde enumera los libros que posee. Dicele al dis¬ cípulo, que en un cuaderno vaya haciendo lo que le enseñará.] Fol. 6. [Dibujo a pluma de siete ojos; al lado: "Aforismos dignos de tener siempre en la memoria los Pintores..." "Aforismos de los ojos: I. Los ojos gruesos y salidos significarán locura, pte- sunçión, vanagloria y ambiçión por mandarlo todo etc. [Advierte que los aforismos son de Aristóteles en "de anima". Fol. 7. Dibujos de narices, con aforismos también. Fol. 8. Boca. Fol. 9. Orejas. Fol. 10. Cabeza. Fol. II. Manos. [Fdta el dibujo, salvo unos dedos en la par¬ te inferior como si se hubiese dibujado en un papel superpuesto, que desapareció, y se hubiese rebasado. Faltan los folios 12-17; en el 18; "Sumario; La proporción del cuerpo humano se divide, s^ún Plinio... {da el módulo de Arfe y al final dice] : "todo lo dicho en orden a las medidas aquí demostradas se pondrán por obrael saínete del buen gusto con y a satisfacción de la potencia visciua (sic) que es la fiel justicia en el Tribunal de los Doctos Pintores..." ' I ■' . - . ;,?;->• t-> .'- ;ÍX-^"^"jíí- " éCN JMi* y£*>y^ <*** V*'•%'-• '- «ii? V ^ ' ^SsyO-*^à!Wt>» * i ' * Vï> S.- - ■4?^- ■^1 » • Cr^A^i? 1. ■* Opuesto al de Vicente Salvadoi" Gómez, humilde artista de corta lectura, es el tipo de D. Félix de Lucio Espinosa y Malo, «Chronista Mayor de su Magestad en todos los Reynos de la Corona de Aragón y General de los de Castilla y León», y uno de los más pedantes tratadistas en una serie en la que no falta tal género. Su librito El pincel, por su brevedad y tamaño y por su titulo, promete gustosa consulta; leído, defrauda. Repite los argumentos y las citas clásicas en favor de la Nobleza del arte de la Pintura; pero, en un estilo muy de su tiempo; esto es, en¬ golado y conceptista. No cita más que a Tiziano y a Guido Reni, y eso, recogiendo anteriores referencias. El escrito es uno más entre los relacionados con la secular disputa sobre la nobleza de la profesión artística y, por ende, un alegato, no confesado, en favor de la exención de los artífi¬ ces. Por su fecha, quizá lo motivó el pleito del año 1677, de que después se el cual prestó declaración D. Pedro hablará, en Calderón de la Barca, en informe que es—al decir de Menéndez Pelayo—«una de las rarísimas muestras que tenemos de la prosa del gran dramaturgo». «El estilo es muy de Calderón, enfático y conceptuoso». Este texto de Calderón, que fué publicado por D. Francisco Nifo en su tan útil y curioso, como estrafalario Cajón de Sastre (titulo IV, págs. 25-43), figura en el protocolo de Juan Mazón de Benavides b No se extracta aquí porque su carácter no en¬ caja en esta colección. ' Véase adelante (pág. 167) noticia de este protocolo en el extracto del libro de Palomino, 94 — — No hay que decir que D. Félix de Lucio y Espinosa distaba mucho de Calderón; el título de mas, su impreso obliga a su inclusión en este volumen, aunque Menéndez Pelayo lo juzgue certeramente «una declamación de perverso gusto». No lo estimaba así Palomino, quien, fiel a la moda de su tiempo, reputa el librillo de D. Félix de Lucio como escrito «con grande erudición y elegancia». EL PINCEL CVYAS GLORIAS DESCRIVIA Don Felix de Lucio | Espinosa y Malo | Chronista Mayor | de Su Magostad todos| en los Reynos | de la Corona | de Aragon | y General | de los de Castilla | y Leon | En Madrid; Por Francisco Sanz Impressor del | Reyno Año de MDCLXXXI En 8.° só pgs. [Comienza pg. 3.] La Nobleza de la Pintura y la estimación de sus Artífices, es el assumpto deste papel; mucha empressa para mi poca noticia, pero lo ilustre del tema necessitarà de menos pruebas para su ca¬ lificación y a pocos torpes y turbados golpes acabaré su estatua, que colocaré a los pies del Rey Don Carlos Segundo, nuestro Se¬ ñor; en tan soberana altura, tendrá apariencia de proporción la que primero pudiera tener crédito de deformidad... YTodo el texto está atiborrado de citas clᬠsicas, conlos tópicos repetidos por todos los tratadistas de la nobleza de la Pintura.] Pg- 17- pondera lacobo Gaufrido los blasones del Arte, y solo se ... necessita oir el texto ptmtual de su relación, para discurrir la dig¬ na razón de su encomio. Habla de la Elena y Páris, que pintó aquel famoso Guido Reni, en acto de fuga y dice que nada, sino es el movimiento le faltaba al suceso de Elena para creerse (en la tabla) 96 — verdadero, y este movimiento acaso se le negó el Pintor, para que íuesse incapaz segunda vez de ser robada... Pg- 23- [Sobre los retratos de la Virgen María por San Lucas.] ... el primero que envió Eudoxia desde lerusalem a Pulcheria... en cuyoalbergue se edificó el Templo llamaron Via Ducum, del cual sospechan, que copió el Ticiano el traslado que enriquece a Venecia y alcanzó San Gregorio el que da gloria a Guadalupe, joya de incomparable valor con que el Santo Pontífice regaló a San Leandro arzobispo de Sevilla... Pg- 31- Refiere de si misma Santa Teresa de lesus que la devoción de una imagen de Christo muy llagado, que trajeron a su conven¬ im to para un día festivo causó en su ánimo tal mudanza, que cono¬ ció inmediatamente la que había hecho en los firmes propósitos de su vida, en que fue desde aquel punto mejorando; y es cierto que no causara tmes efectos la Pintura que no fuera bien formada: Ha¬ llóse la Santa en cierta ocasión tan desengañada, que no quería tener más Imágenes que las de papel, porque, demás de parecerle que para mayor humildad, era asi conveniente, leyó lo mismo en cierto libro; pero. Dios fué servido revelarla, que aquel libro solo hablaba de las demasiadas y superñuas molduras; porque las imᬠgenes perfectam.ente pintadas, eran siempre muy gratas a sus ojos. Pgs. 50-51. La veneración que estaban sus Artífices, la publicaron con en repetidas honras les hicieron, un Julio Segundo, Leon Décimo, que Vrbano octavo. Pontífices, un Rey Don Fernando el católico, im Emperador Carlos Quinto, un Don Felipe Cuarto, nuestros glo- riosissimos Reyes... [Acaba, pg. 56.] JOSÉ GARCÍA HIDALGO PRINCIPIOS PARA ESTUDIAR EL ARTE DE LA PINTURA 1691 I Cierra la serie de los estudios pictóricos españoles escritos y publicados en el siglo xvn, un libro, rarísimo hoy, del pintor y grabador García Hidalgo. Nació en Castilla, al parecer, en 1656; recriado en Murcia, marchó a Roma primero y después vino a Madrid; permaneció siete años en Valencia y murió en Madrid el 28 de junio de 1718'. A dar crédito a un memorial suyo del Archivo de Pala¬ cio sirvió a Carlos II durante veintisiete años; pero, no pasó de pintor de Cámara «ad honorem» de Felipe V, en 15 de octubre i de 1703-. Tuvo el titulo de censor de pinturas públicas por el Santo ( Ificio; Palomino (t." II, pág. 95) escribe, con un deje de duda, que «decía tenerlo». Ceán se hace eco de las rencillas habidas entre García Hi¬ dalgo y podia sufrir los elogios que le ha¬ Palomino «quien no cían ni la estimación en quey, añade, que no le tenía Carreño» le biografió en prueba de mala voluntad. En efecto. Palomino pudo biografiarle, puesto que había muerto antes de 1724; pero, en realidad, los últimos artistas de quienes escribió las Vidas murieron años antes que García Hidalgo—así: Conchillos en 1711, Victoria en 1712 y Huerta en 1714-^—. La mala voluntad de Palomino a García Hidalgo se trasluce en el texto referente a su titulo de censor de pintu- ' Da esta fecha el Barón de Alcahalí; Baquero Almansa: Artistas mur¬ cianos, la fija en 1719. 2 En el Diccionario de artistas valencianos del Barón de Alcahalí; por cierto que, inadvertidamente, le dedica dos artículos: como José García y co- ^ mo JoséPalomino García Hidalgo. 3 sólo biografió a un artista que vivía al publicar su libro: José de Mora; pero, advierte que, por estar loco, podía darse por muerto. — I oo — ras, en que no le cita entre los autores de libros de Arte y en la mención displicente que se lee en la biografía de Conchillos. ' Conócense discretas pinturas de su mano, pues era firma- dor, bien con nombre completo, bien con Joseph García o bien, simplemente, con las iniciales ,1. G. Dominaba el dibujo más que el color, con frecuencia, desmayado o bronco. Don Antonio Ponz en cartas a D. Tomás Bayarri (23 abril, 3 y 28 de junio de 1774: «Archivo de arte valenciano», 1915, págs. 160-61 y 1916 pág. 39) escribía entre otras cosas: «Bue¬ nas ganas tengo de averiguarle la alcurnia a Josef García.» Quería decir el erudito viajero, la personalidad artística; porque el linaje del pintor y sus apellidos, archideclarados están en dos láminas de uno de sus libros: la que reproduce sus armas para dar nociones de Armería a los pintores y la de su retrato, orlado por los escudos de García, Hidalgo, Burvezo y Alvarez. Por cierto, que la vanidad heráldica debía de ser en nuestro ) tratadista preponderante; ya que en otro impreso se apellida: García Hidalgo de Quintana Alvarez y Montoya. y Este titula: Geometría práctica sobre los segundo impreso se problemas no resueltos (sin lugar, impresor ni año), con 22 lᬠminas y numerosas figuras intercaladas. En él anuncia su an¬ terior libro en esta forma: «También ha sacado a luz un libro para estudio de Pintores y Escultores y curiosos, con la práctica de colores del olio, tem¬ ple y fresco y hacer encerados y ahrir de agua fuertes, con reglas de Geometría, Perspectiva, y Música, Arithmética y de Armería, con 600 {corregido: 160] demonstraciones.» Ambos libros «se hallarán en su casa en la Plaça de la Olivera», que será en Valencia. Quien después de leer anuncio tan prometedor, vea en Menéndez Pelayo que «carece de importancia científica» «sien¬ do una cartilla de dibujo o poco más» ^ no sabrá a qué carta > Historia de las ideas estéticas. IV, 2.® ed. p. lo. — lOI — í quedarse; aunque optará, de seguro, por la opinión del critico. Sin embargo, sería más prudente un examen del libro. No es fácil, dada su rareza, pero no resulta enojoso. Los ejemplares más completos llevan en la portada un gra¬ bado con una dibujo: «Principios \ para estudiar Academia de el nobilis \ simo y reaf arte de ¡a Pintura... compuesto por Don Josef García Hidalgo-». Sin lugar (;Valencia? ¿Madrid?) y sin año (1691). Consta de 2 hojas 11 pgs. + 132 láms. + i ho¬ ja -j- 3 láminas. Mide de alto 27 cms. En 4.° marquilla. Esto, el ejemplar de Palacio. El librero Vindel en su Catálogo de la subasta de 1913 (n.° 3.437) lo da como impreso en Madrid (1680-1691), y dice tiene 96 páginas su ejemplar. La fecha 1691 figura en dos láminas del libro: la del retrato y y la de la «Regla para hacer que un cañón redondo parezca cuadrado»; otras, llevan fechas anteriores: 1681, 1684, 1687...^ Los ejemplares varían en el número y en el orden de las láminas. Se estudiaron el de la Biblioteca de Palacio y el que perteneció al ilustre coleccionista y académico, ya difunto, don Félix Boix. Fuera prolijo anotar las diferencias entre uno y otro^ tanto más cuanto que, lo que nos interesa—el texto prelimi¬ nar—, está de igual forma en ambos. El prólogo ocupa once páginas, precedidas de dos folios que sirven de portada explicativa, con orla a pluma y nota sobre el módulo de la figura humana, y del que ocupa un so¬ neto que, en verdad, no es comparable a los de Arguijo, ni siquiera a los de Pacheco. 1 Las láminas más notables son: «(iaín y .\bel»; «San .leróiiiino, lector de los clásicos, azotado por los ángeles»; «San José con el niño en brazos» 1687); «San Antonio en la Gloria con la Virgen y el Niño»; «La Virgen de Carmen» (16S4, copia del cuadro que pintó para el oratorio de S. M.); «Mujer l desnuda en tres actitudes»; «Perspectiva de un clausti'O y galerías»; «Un inte¬ rior madrileño», y su retrato rodeado de escudos (1691). La «Academia de dibujo» y el retrato de Carlos II suelen faltar en casi todos los ejemplares. — I02 — Las once páginas se transcriben íntegramente, porque dan una muestra cabal de lo que se consideraba como rudimentos imprescindibles para un pintor en el siglo xvii. Falta a la doc¬ trina la elevación y erudición de Pacheco, y aun las de Car- ducho; pero, las noticias históricas son valiosas, alguna mal aprovechada, y las recetas notas prácticas, de bastante inte¬ y rés para exhumar aquí este tratadillo. Las láminas, limpiamente grabadas, son de mucha variedad y dignas, bastantes de ellas, de ser reproducidas; no las mera¬ mente consagradas a detalles de dibujo—ojos, narices, manos, etcétera—, sino las composiciones religiosas y bíblicas y las perspectivas, en particular la preciosa que representa un inte" rior madrileño, con muebles y cuadros, de inapreciable valor para el conocimiento de la intimidad de su tiempo. El cuadro que presenta de la pintura coetánea es parcial; pero interesante, sobre todo, en lo que se refiere a Murcia y a Valencia. No ha solido recogerse su parecer sobre el Greco y sobre Orrente. En la parte propiamente técnica, merecen señalarse; los párrafos 8.° 3^ 10°, que tratan de la manera de conseguir los colores; el 11.°, que explica la preparación de los lienzos 3'^ de las planchas de cobre para las aguafuertes, y el 12°, con con¬ sejos curiosos para las actitudes de las figuras y su agrupa- miento. Menor interés ofrecen el 6.", referente al dibujo de ojos, narices, rostros, etc., 3' el 7.°, con nociones geométricas y de perspectiva. Afean la impresión, muy descuidada, abundantes erratas. El estilo de García Hidalgo es monótono y pobre; pero muy superior al de Vicente Salvador Gómez. Si le falta la hondura de ideas y la amplitud de conocimientos de los tratadistas de la primera mitad del siglo—amamantados todavía por el Rena¬ cimiento—, no carece de valor, considerado como testimonio de un periodo glorioso de nuestra pintura. PRINCIPIOS PARA ESTVDIAR EL NOBILISSIMO, Y REAL ARTE DE LA PINTVRA, CON TODO, Y PARTES DEL CVERPO HVMANO, SIGVIENDO LA mejor Escuela, y Simetría, con demostraciones Matemáticas, que enseñan la ajustan, y proporción y perfección del rostro, y ciertos perñles del hombre, mujer y niños. Con cuya Escuela enseñaba el Autor a sus Discípulos, y en cuyos principios estudiaron dos en particular, que el imo es don Isidoro de Redondillo, segundo Pintor de Cámara de su Majes¬ tad, que por su mucha destreza y valentía goza la plaza que tenía el insigne don Francisco Rizi, que está en gloria; y el otro llama¬ do don Antonio González, natural de Toledo, que pasó a Roma, donde los Académicos Romanos, a vista de sus dibujos, le aplau¬ dieron la buena Escuela que seguía, y admiraron que la hubiese aprendido en España, siendo la misma que el Autor aprendió en Roma, y en Madrid, asi de los grandes Artíñces, como de Esta¬ tuas, y Originales famosos, siguiendo en el todo al divino Alberto, y en parte a Juan Causin, y en algo concordando con Juan de Orfe, lo cual verá el curioso, declarado en i6o demostraciones, que son las que este libro contiene, con la medida siguiente: A todo lo alto del cuerpo humano se le dan ocho cabezas de toda su altura, pues cuando se ha de hacer, o dibujar cualquier Figura (siendo regular, que no esté en escorzo) se da una línea, y esta se divide en ocho partes; la más alta para la cabeza, la segunda hasta los pezones de los pechos, la tercera hasta la cintura, la cuar¬ ta hasta el ñn de la barriga, la quinta y sexta hasta debajo de las rodillas; la séptima y octava hasta la planta de los pies. La ca- I04 — — beza se su altura en cuatro tercios, el más alto para el na¬ divide cimiento del pelo; el segundo para la frente, el tercero para la > nariz, el cuarto para la boca y barba. Por los hombros tiene dos ca¬ bezas de ancho; por la cintura una y un tercio; por las caderas una y media. Los miislos, por lo más ancho, tienen tres tercios cada uno; por la rodilla dos; por la pantorrilla de la pierna dos y medio; por encima los tobillos un tercio. El pie tiene una ca¬ beza de largo y cerca de dos tercios de ancho, y uno por el talón. La mano tiene tres tercios de largo, uno, y medio para el cuadra¬ do de la palma, y el otro, y medio para el largo de los dedos. Los brazos tienen desde el sobaco hasta el codo una cabeza, y desde el codo a la mano ima, y un tercio; por la muñeca tienen un ter¬ cio de ancho; por la tabla, y molledo del lagorto ^ dos tercios poco menos. La simetría de la mujer es lo mismo, sólo que tiene dos cabe¬ zas de ancho por las caderas y los perfiles lisos y los extremos más pequeños para hermosura. Los niños tienen cinco cabezas de alto, y de la barba a la cintura una, y otra hasta el fin de la barriga, ^ y las otras dos para muslos y piernas, hasta la planta de los pies. '' Uno y otro lo declara la siguiente obra, donde el curioso puede contar más o menos prolijo, conforme la especulación de cada imo. También incluye algunas novedades de la Matemática, con la Geometría de los quince libros de Euclides, y la innota materia de la extensión de la línea del círculo y su cuadratura tan litigada y la regla de proporcionar, desproporciones, y Latrimetria, con las reglas de romper ángulos y desmentir cuadrados y circunferencias y hacer que parezca el redondo cuadrado y lo cuadrado plano y lo desproporcionado con proporción en alturas, distancias y pro¬ fundidades, y las reglas de perspectiva necesarias, y disculpen el ¡ buen celo con que el Autor lo manifiesta a honra y gloria de Dios. ^ ' Adviértese aquí—por lagarto—lo descuidado de la impresión, como en, la página anterior: Caussin, por Coussin y Orfe por Arfe. Y en la io6 Ala- cortona por de Cortona, Morati por Maratti, etc., etc. l PROLOGO Piadoso lector. En esta ocasión te he menester con esta vir¬ tud: porque sólo me puede animar la piedad con que te ruego veas, y admitas este corto trabajo, para ofrecerle a la censura pública, expuesto a los rigores de la inclemencia. Si bien cuando te consi¬ dero curioso, logro algún alivio, pues muchas cosas mirándose con curiosidad, si se atiende a su calidad, sus partes y perfecciones, en¬ gendran amor y benevolencia en quien las especula. Si aficionado, en mi obra conocerás que el haber empleado el afán de tantas ta¬ reas, procurando vencer las presentes dificultades, sólo la afición y buen celo pudiera tolerarlo y continuarlo, con que espero no te será molesto. Si noticioso, verás que no procuro introducir error alguno, sí solamente continuar y epilogar en este corto volumen las luces que otros grandes Artífices participaron a la tenebrosa obscuridad de mi ignorancia, solicitando claridad y brevedad. Si científico, sabrás cuán pocos han tratado del todo, y las partes: y que al que yo he procurado seguir, y sigo, es el grande y exce¬ lente Alberto Durero, autor de casi inapelable extensión, por lo grande, impenetrable y copioso de formas simétricas, números y caracteres matemáticos. Y últimamente, si eres práctico, creo lo agradecerás, por ver con cuánta facilidad lo declaro o deseo de¬ clararlo. Mas si eres ignorante, dirás, que hartos libros hay, quizá careciendo de ellos, y lo que es peor, no habiéndolos visto, pues tal vez será con sólo haber oído alabar dignamente al valiente y grande Alberto, a Jacobo Palma, a Estefano de la Bela y al brio¬ sísimo y diestro valenciano loseph de Ribera, y otros, que han sacado libros de principios tan ciertamente dibujados, tan hermo¬ samente abiertos o grabados, que son estímulos dignos de los ade¬ lantamientos del Arte. Mas si todos éstos los tuvieres, y no halla¬ res en mi tratado novedad alguna a tu entender, por lo que le vi¬ lipendiares, me persuadirá que padecerá el desprecio que las alha¬ jas puestas en venta, o con descréditos por la comodidad, o con desprecios por la alabanza propia, y desmentir la necesidad; sien- — io6 — do trabajo el emplear tiempo, estudio y dinero, en la fábrica de xma nave ponerla a la inconstancia de las aguas, expuesta a para ^ los rigores de los vientos, a los riesgos de los escollos y a los pe¬ ligros y malicia de los piratas. Bien pudiera temer mi humilde bar¬ quilla lo que el más levantado navio, pues la inconstancia de las olas del mar no iguala a la de los hombres. Pues aun los cientí¬ ficos, y grandes, que han sido, y lo son, si en la firmeza aseguraron su grandeza, la arriesgarán si al llegar una navecilla, después del trabajo de fluctuar con dificultades, y estudios, y cargada de so¬ corro la ignorancia, hallase tan impío recibimiento, que en¬ para tre las esperanzas de aportar con felicidad examinase con infortu¬ nio su ruina. Y aun con la prevención de ir armada de tan fun¬ dadas escuelas, como las que he seguido, o procurado seguir; no pudiendo por pobre fiarse, o presumirse salva, o libre de piratas, que tales nombres merecen los que toman o se aprovechan de es¬ tudios ajenos acreditándolos por propios, con desprecio y ultraje de aquellos de quien los aprendieron. Y al fin, lo peor es que todos aman su propia naturaleza, haciendo yerro en el que escribe, no ^ el haber faltado al arte, sino el no haber encontrado con el genio vario de cuantos leen; el arrojado y valiente lo calumnia todo de tímido, y el tímido lo censura de arrogante; el curioso de desaliña¬ do, y el poco curioso de impertinente y afectado. Y quien esto ve tan común y se arroja a sacar su trabajo a la publicidad, prueba claramente que no lo saca por verlo determinadamente aplaudido, sino sólo por el provecho que de ello puede seguirse a los que gus¬ taren de estudiar y especular un Arte en que todOs han quedado cortos; y los más adelantados han muerto confesando que cuando empiezan a saber se les acaba la vida, como se ve en Micael An¬ gelo y otros innumerables. 2. Y porque no parezca que buscando la disculpa deslizamos en la murmuración o tiene este Prólogo visos de jactancia, in¬ que sinuaré la causa de ofrecerlo a la luz pública. Habiendo tenido mis primeros principios en Murcia con el Noble don Nicolás de Villacis, valiente Pintor al fresco y óleo, y grande Escultor y Ar¬ quitecto; después, con el diestro Francisco Gilarte, que por morir en lo mejor de su edad no le coronó la fama según su aplicado es¬ tudio merecía, pasé a Roma, donde neutral, y admirado, proseguí i mis principios a vista del admirable Pedro Alacortona, y con pa- ; peles suyos y de Jacinto Brandi, Cario Morati, Salvador Rosi y otros muchos, que con ammr me corrigieron y encaminaron a vista !07 — — de tan maravillosos aciertos, ejecutados felizmente por los anti¬ guos y modernos artífices, donde se suspende y eleva el genio más valiente. El natural cariño y conveniencia de mi salud, me resti¬ tuyeron a mi Patria, y desembarcado en Alicante, pasé a ver la hermosa y amena ciudad de Valencia, donde asenté lo deambula- tivo de mi natural y satisfice lo curioso de mi afición, viendo obras de tan grandes artífices como del célebre español Pedro Orrente, segundo Bazán y primer dibujante e historiador en los aciertos y valentía; y el diestro Francisco Ribalta, Corezo Español; y no me¬ nos lo fué, aunque con más valentía, Juan Ribalta, su hijo, a quien la temprana muerte cortó los más altos vuelos que jamás se vie¬ ron en otro; y un Juanes, segundo Rafael en la misma escuela, pasmo de su tiempo en todas las partes que a la especulativa y corrección y hermosa conducción convienen. Un Gregorio ■ Bausá, segundo Beronés en la propiedad, y rumbo, y un Cariñena, segun¬ do Ticiano con particularidad en las cabezas y carnes, adonde a vista de Ribalta pintó Rubenes, aunque de paso, muchas cosas, y sus elogios a aquellos artífices fueron tan ponderados cuanto me¬ recidos. 3. En esta ciudad vivían al presente un Jerónimo Espinosa, Pablo Pontones,un Esteban Marco y Miguel Marco, su hijo, sin otros muchos que omito; y había algunos que empezaban de va¬ liente espíritu valencianos castellanos; y entre éstos, honrándo- y m-e con la antonomasia de mi nación, me llamaron el Castellano. Tiene en esta ciudad el Convento suntuoso de Predicadores, cáte¬ dras de todas ciencias, y también un aula muy capaz en donde los Pintores hacen sus Academias, y allí asistíamos Castellanos y Valencianos, con algunos Caballeros y Eclesiásticos que por afi¬ ción y curiosidad concurrían a dibujar, ver y oír; mas la oposición y emulación virtuosa bastó a que siete u ocho años que estuve hu¬ biese tres Academias, de suerte que todas las noches había dos, una de los Valencianos y otra de los Castellanos, y los domingos y fiestas se juntaban todos en el General de dicho Convento, y los días de San Lucas se celebraba con grande autoridad una plausi¬ ble fiesta del Santo Evangelista, con Misa, Sermón, música de la Seo y Aniversario el siguiente día; lo cual dura, y creo de la afi¬ ción y constancia de los gallardos espíritus valencianos, que tendrá permanencia. Después de estas repetidas Academias, y diez y seis años que en Murcia, Roma y Valencia estudié, pasé a la Corte de Nuestro Católico Monarca Carlos Segundo, donde vi, advertí y — loS me admiré hallando obras de los antiguos y modernos, a quienes no igualaron cuantas había visto en las partes referidas, princi¬ palmente en Palacio, después en el Retiro, en El Escorial, en El Pardo, y fuera de los sitios reales, en el Jardín del Almirante de Castilla, en el del Marqués de Liche y en otros palacios de los grandes Principes de España. Y atendiendo a los artíñces vivos, vi al grande don Juan Carreño, dueño del gusto del arte y del co¬ lorido, el más docto en el sentido de la vista que hasta hoy se ha conocido, digna esencialidad de los profesores del pincel; pues deben serlo de vista, como los músicos doctos del oído, para acor¬ dar y templar las figuras o historias o lo que pintaren. Este, pues, dignamente honrado de las Reales Majestades, con el título de su Pintor de Cámara, Llave de ejercicio de todos los sitios Reales y Aposentador en las jomadas de su Majestad; todas dignidades (sobre Caballero e hijodalgo y noble por su sangre, por lo que fué Fiel de la Villa de Madrid) dignas de sus prendas heredadas y ad¬ quiridas; me favoreció recibiéndome en su escuela y obrador de Palacio, donde estuve mucho tiempo con la obediencia que a tal maestro se debía; y en ese tiempo se alentó el conocimiento a ad¬ mirar las grandes habilidades de los otros compañeros y pintores de Su Majestad, viendo a un don Francisco Rici, con la mayor destreza, blandura y fecundidad en el dibujo que se puede ima¬ ginar, pues le consideré otro Rubens. Tratando también el gallar¬ do espíritu de don Francisco Herrera, pintor también de Su Ma¬ jestad y Maestro Mayor de las obras Reales, en quien admiré la destreza, inteligencia y vivacidad y todas las partes que se pue¬ den desear, pero no fácilmente adquirir. Pasmáronme también los excelentes naturales de los mozos que vivían; y entre ellos, o ei primero, un Claudio Coello, que después fué Pintor de Cámara, segundo Bandique en la bizarría y herm.osura del colorido; a un José Donoso, que fué Maestro Mayor de las obras Reales, segun¬ do Pedro de Cortona la escuela y en fundamentos; a un Antolí- nez, segundo Ticiano en los países y en retratos; a un don Fran¬ cisco Ignacio, segundo Beronés en el espíritu, valentía y hermo¬ sura, y a otros muchos que no nombro por excusar molestia, los cuales no olvidará la fama. Después que de estos estudios, escue¬ las y noticias, he procurado alcanzar con aplicación lo que a la capacidad de mi ingenio se ha permitido, aunque por tardo no he podido aprender cuanto haya visto y le han enseñado; me reco¬ nozco tan corto, que no me atrevo a hablar m.ás que en los prin- I09 — — cipios del arte; y reconociendo lo que dicho queda, y que no todos los maestros, después que se engolfaron en la Teología, se acuer¬ dan de la Gramática, podrá ser que haya alguno que aconseje a sus discípulos que dibujen y sigan estos mis principios. Esto es hablando con los grandes, los cuales, si les piden un ojo, le hacen hacer a un muchacho. Mas no pudo ser mi intento éste, sino el ver que hay en esto muchos ignorantes; lo que es quizá causa de que en los tiempos presentes salgan tan poco diestros, y si hay al¬ guno, es por milagro fuerza del natural e inclinación. y a 4. Pues si la antigüedad ha sido este nobi¬ se repara que en lísimo Arte ilustrado, estimado y premiado más que las demás ciencias, artes y habilidades. Asi en lo secular de los Emperadores, Reyes, Principes y Nobles, como en lo Eclesiástico de Pontífices, Cardenales y otras personas de señalada virtud y letras, se verá que han sido sus profesores estimados, premiados y queridos y sus obras ensalzadas y aplaudidas. Dignándose de ejercerlo, estudiar¬ lo y entenderlo los mayores Príncipes y Monarcas, y aun los San¬ tos. Son digno estimulo de la fama los descritos por Aristóteles, Plinio, Galeno, Séneca, el Basario, León, Bautista Alberti, Dols, Gutiérrez de los Ríos, Buitrón, Carducho, Pacheco y otros mu¬ chos, dándolo por estimulo poderoso y fomento de la devoción y contemplación; confirmándolo el Sagrado Pintor San Lucas en las imágenes de Maria Santísima, que, pintadas de su mano, se ve¬ neran en Roma, Valencia y otras partes de la Cristiandad. Y San Lázaro Pintor, a quien el Emperador Teodosio cortó las manos porque no pintase imágenes de la Virgen, restituyéndoselas María Santísima. Y San Félix de Valois y otros muchos Santos Artífices, a quien ha favorecido, mostrándose Dios Nuestro Señor y Santí¬ sima Madre agradecidos; y, en fin, el mismo Jesucristo se pintó y estampó en el lienzo para el Rey Agabaro; y en la toca o toalla de la piadosa mujer Verónica, y en la Sábana Santa. Y ha permi¬ tido que los ángeles hayan traído y demostrado algunas imágenes suyas y de su Santísima Madre, y otras de Santos. Y también se leen hartos casos, donde se refiere, como María Santísima y su Santísimo Hijo, han librado a algunos nenos^ Artífices de muchas tribulaciones, dándose por servida, de que la retraten con devo¬ ción y cuidado. Hanla ejercitado un Emperador, Constantino Oc¬ tavo, que siendo desposeído de su Imperio el año 918 se sustentó ' Sic, claramente, por ¿buenos? lio - — con este nobilísimo ejercicio. Fabio Máximo, hijo del Emperador Patricio, viendo el crédito y fama, estimación y aprecio que que se había hecho de él, por haber pintado el Templo de la Salud en Roma, dió a sus hijos el apellido de Pintor. También lo fué Quinto Pedio, hermano de Julio César, que fué mudo; Octavio Augusto y Nerón; Elio Adriano y Marco Aurelio, discípulo de Diógenes; Alejandro Severo, el Rey Francisco de Francia el Pri¬ mero; Carlos Emmanuel, Duque de Saboya; el Emperador Maxi¬ miliano; Carlos Quinto, su nieto, y Leopoldo Ignacio de Austria, y Felipe Segundo, Tercero y Cuarto, y nuestro grande Carlos Se¬ gundo, que entre sus decentes diversiones es la más cotidiana este noble Arte, entendiendo las grandezas y dificultades de la Mate¬ mática y particularidades y primores dél, honrando a sus Artí¬ fices con su presencia, honores y mercedes aún más que sus ante¬ cesores 5. Y pasando a la segunda jerarquía de la Nobleza, fueron pintores de los Romanos: Labeon Pictor; Turpilio Caballero Ro¬ mano; Lucio Melino, Procónsul de Roma; el Duque don Fabio de la Coruña; Monseñor Bárbaro, Patriarca de Aquileya; el Mag¬ nífico Alejandro Contarino; el Caballero Clovio, y otros innume¬ rables. De los españoles, el Excelentísimo Señor Marqués de Avi¬ la, Duque de Alcalá, y el Excelentísimo Señor Don Juan de Fon- seca y Figueroa, hermano del Marqués de Orellana; y Excelentí¬ simo Señor Duque de Béjar, que eternizó los aplausos de su san¬ gre en el asedio de Buda, felicísimo; el Excelentísimo Señor Don Antonio Pimentel, Conde de Benavente; el Excelentísimo Señor Marqués de Castel-Rodrigo; el ilustre Don Esteban de Espadaña, meritísimo Inquisidor en la de Valencia; y el muy ilustre Señor Don Francisco Etenart y Abarca, Teniente de la Guarda de Su Ma¬ jestad. Y de Murcia, el Noble Don Nicolás de Villaci; y el ilustre Don Jerónimo Zabala. Y de Orihuela, el ilustre Don Alonso Ro¬ camora y Don Juan Ruiz y Rocamora. Y en Valencia, los ilus¬ tres Don Félix Falcó, Don Diego Sanz y Don Bernardo Sanz de la Llosa; y de los ciudadanos Félix Cebrià, Tomás Guelda, José Vidal de Vinaròs, y su hijo José Vidal; los Canónigos Don Vicen¬ te Carroz de Valencia y José Vitoria, de Játiva. Y de señoras es¬ pañolas ilustres, Sofonisba, Dama de la Reina Doña Isabel; y la Excelentísima Señora Duquesa de Béjar, madre del Excelentísimo ' El libro es, por lo tanto, anterior a fecha de la muerte de Carlos II. — Ill — Señor Duque de Béjar, que murió sobre Buda; tan perfecta en este primor, que se veneran en la Corte algunos altares con cua¬ dros de su mano; la Excelentísima Señora Condesa de Benavente, su y la Excelentísima Señora Condesa de hija, Villaumbrosa; la Excelentísima Señora Doña María de Guadalupe, Duquesa de Aveyro; y la muy ilustre Señora Doña María Abarca, y otras que no refiero por excusar prolijidad. 6. Con todo lo dicho queda ilustrada y confirmada la no¬ bleza de este divino Arte. De suerte que, así por diversión como por ejercicio, ha sido digno y virtuoso empleo de muchos y lo pue¬ de sery será el dedicarse al estudio, conocimiento y aplicación del dibujo y sus partes. Para entenderlo y saber entender a los maes¬ tros de otras muchas Artes y observar lo que se mira según su forma, distancia y luces; pues mí intento sólo es, como se ve, que todos puedan, o por curiosidad o por estudio, dar a los niños apli¬ cación a cosa tan precisa para el conocimiento de las maravillas admirables y para todos los que nacen con esta inclinación, que no la malogren; y para los que sin muchos libros quisieren adqui¬ rir noticias de la pintura, dibujando y sabiendo colocar las partes en el todo con regularidad y fundamento, aunque cada cosa ha menester la vida de un hombre. Y aunque es muy precisa para lo fundamental del cuerpo humano la Anatomía, no me ha pareci¬ do detenerme en ello, reparando que no es bien engolfarse a los principios en la Anatomía, morcillos, nervios y músculos del cuer¬ po humano; pues a muchos en llegando a pintar imágenes, ánge¬ les y niños, se les ha conocido este defecto y le han calumniado de imperfección y vicio. Y en Rafael, que fué el dueño del dibujo y verdadera simetría, a quien he pretendido seguir, le han reparado en los niños y ángeles este defecto; y en el grande Micael Angelo, y otros muchos. Y en particular en el insigne español Pedro Oren- te, que jamás pudo pintar un niño con blandura y hermosura, ni un rostro de la Virgen, ni dar a un ángel la blandura y terso que sus regalados y perfectos miembros piden; pues después de ha¬ berlo notado en muchas de sus obras, lo manifiesta en especial en el admirable lienzo de San Sebastián, que tiene en la Metropolita de Valencia, pudien do competir con obras de Ticiano y con que todas las mayores que hasta hoy se han ejecutado en el dibujo, en el colorido y en el relieve, hay dos ángeles que bajan con lau¬ reola y palma, tan anatomizados los brazos, que parecen unos Hér¬ cules. También el Griego, soy de parecer que el grande estudio que en la anatomía hizo, le obligó a seguir el camino tan desabri¬ do y arrojado; axmque es verdad que cada uno obra con su na¬ turaleza; y puedo pensar que éstos obraron con lo adusto de sus naturales, y todos hacen los propio; y por eso aconsejo que desde los principios se le encamine en cosas tiernas y se prevengan los inconvenientes, que en verdad que o es pequeño éste, en que tan¬ tos y tan grandes Artíñces han peligrado y caído. Y buscando la razón sobre las referidas, es a mi ver, si lo tomamos de la legíti¬ ma causa, que habiendo en los siglos pasados sido el arte tan dado a la inñtación de figuras deshonestas, y en particular en la Italia, en tiempos que la fe y la devoción no estaba tan zanjada, ni arrai¬ gada en los corazones de los fieles, ni tan reparados los riesgos de la naturaleza, por los resabios de la Gentilidad, que en dibujos de fabulosos desacatos labraba tropiezos a la honestidad; lo cual fué causa de no estar el Arte de la Pintura el primero de los siete Li¬ berales; pues cuando Séneca los distinguió y graduó, siendo asi que el de la Pintura se le vino, como él lo confiesa, a los ojos, dijo, atmque gentil, con católico reparo: Ya reconozco lo grande de la Ciencia y lo inmenso de este Arte, mas no le quiero nombrar por tal, porque veo que es causa de la torpeza y ruina de los hom¬ bres, provocándoles a sensuales pensamientos, a arruinar el valor de los héroes y a idolatrar en sombras de la deshonestidad. Y re¬ parado ya este error por los católicos y evangélicos oradores y prudentes confesores, fué Dios servido de que se dejasen estos ob¬ jetos lascivos y se reformasen los Principes en mandarlo y los Ar¬ tifices en ejecutarlo, de modo que ha tiempos que sólo se pintan Sagradas Historias, Imágenes devotísimas y otras cosas que no son objeto de descomposturas, para cuyo efecto me honró el Santo Tribunal de la Inquisición con el título de Corrector y Califica¬ dor de las pinturas sagradas y opuestas a la verdad y decencia, concediéndome todas las inmmunidades que por ello se gozan y he gozado. Y que la Santa Madre Iglesia, por sus Santos y Santas, nos lo aconsejan, y agradecen; como por María Santísima se han visto muy aceptas al agrado de su Hijo Santísimo, y favorecidos, y patrocinados los artífices de este divino Arte, como en muchos ejemplos se halla anotado, y los leídos lo habrán visto y los fieles oído en los pulpitos. Y ha sido de manera esta reforma, que en las Academias romanas, cuando hay hembra que hace postura, sólo permite que entren los de buenas costumbres, y ancianos; y esto no es de continuo, sino cada año un mes; o si acaso ha menester algún Académico ajlguna actitud para alguna cosa, como para Su¬ sana, para Bersabe, Putifar o algunas fábulas que en letras y pin¬ turas se permiten; y nuestro Santísimo Padre Inocencio Papa XI lo prohibió en su tiempo, por lo cual he querido traer en este tra¬ tado las figuras de mujeres que se siguen. Lo primero, porque la curiosa naturaleza inquiere, y desea saber y ver; y así puede el principiante curioso ver en ellas lo que es, y lo que puede ser sien¬ do perfecta; y la segunda para que, como llevo advertido, se ense¬ ñen a hacer perfiles lisos y tersos; y cuando se ofrezca sepcin y se hallen hábiles para hacer un brazo de im Angel, y una pierna, y una mujer, que no ha de estar el Pintor ignorante de nada de la naturaleza, para lo cual hay estatuas, de donde y en donde pue¬ de estudiar sin el peligro que tiene la naturaleza con el sexo feme¬ nino, y es como yo lo he estudiado y inquirido. También de aquí se viene la habituación de la blandura, y al conocimiento de la hermosura en el colorido, como un Corezo, un Bandique, rm Gui¬ do Regni, y otros que han elevado con la hermosura proporción y blandura, los cuales se ha de tener por objeto en la memoria para esta parte, y si puede ser para todas, advirtiendo que a los principios se tuercen los árboles y se imposibilitan todos los acier¬ tos o se aciertan las elecciones. En estos que aquí contiene este tratado hay bastante para empezar a fundar cualquier habilidad; pues sobre una piedra se empieza una grande fábrica; y si fuese sobre materia firme, tendrá duración y seguridad, como cuando se funda sobre peña, que se ahorra de zanjar, y trabajar hacia aba¬ jo, para levantar la fábrica; pues sucede a los que empiezan con malos Pintores y Maestros, que todo es ahondar y trabajar hacia abajo, que ellos conocen el trabajo, y nadie ve la fábrica hasta que se llena el tiempo, de lo corprüento de los desengaños, y con suele sólo con los cimientos, y el tiempo, y los materia¬ quedarse les perdidos; y esto sucede a veces por no ser capaz el genio del que trabaja, y se aplica o lo aplican, o por no encontrar Maestro que sepa, y sepa enseñar, y tenga inclinación a enseñar, y por no ser los maestros científicos y fundados; pues dfe lo uno y lo otro se han visto muchos ejemplares; de lo uno es lo ordinario, por la incapacidad del que aprende o quiere aprender; de lo otro, por¬ que ha habido grandes hombres y no han sacado jamás ningún discípulo bueno; y otros sin ser tan grandes han sacado grandes discípulos. Y en algunos existe el no querer comunicar lo que sa¬ ben, diciendo: Que lo busquen como yo. Y es que hay también 114 — — avarientos en las ciencias, miserables, y desconfiados, que mue¬ y ren sin manifestar el tesoro de lasabiduría, como los que dejan las riquezas enterradas, y si en vida prestaron o dieron algo, fué a poder de interés; y aun en las ciencias, habilidades y secretos, hay más maldades, porque suelen enseñar lo diferente que lo eje¬ cutan, porque no lo aprendan tan presto, ni sepan tan luego; mas al fin esto se descubre como el que da moneda falsa entre buena moneda, que al contar se descubre, sino es que va tan disimulada que no la conoce sino el mismo que la hizo; pues hay hombres que empalian su mala intención con tal arte, y razones, que parece razón y verdad, esto advierto y suphco al Lector que advierta en mi tratado mi claridad y mi celo; pues habiéndome Dios dado fa¬ cilidad en el obrar, buena intención en el enseñar y tiemp» para inquirir, y posibilidad para el gasto, quise sin haber tenido quien me diera luz del grabar las láminas, grabarlas a costa de mal lo¬ gradas experiencias, poco curioso y mal pulido. A nadie le pesa de que las cosas salgan con toda perfección, y yo siempre he que¬ dado con este pesar, y sólo me le puede mitigar el que sea de al¬ gún útil esta poca luz, que pretendo dar de la que Dios me ha dado. Y por si no hay Maestro que lo explique, para que el que guste de estudiar en estos principios, y pasar a colocar las partes en el todo, pongo cada cosa con sus reglas ciertas, claras y fáciles de entender. 6.Y comenzando primeramente por un ojo, hallarán que está comprendido, formado e inscripto dentro de un círculo, que es la cavidad que se ve en cualquier calavera, que la situación de los ojos son dos agujeros circulares. Traigo sólo el modo para ojos per¬ fectos y hermosos, sin afectos raros; de suerte que pueden servir para imágenes Sagradas y Santas; pues ya saben los curiosos fiso¬ nomistas, que son los ojos la parte que más declara el ánimo y el alma. Pues además de éstos, que en el libro traigo, hay ojos ex¬ travagantes, unos hundidos, otros sin párpados arriba, o que no se les ven hasta que les cierran, otros muy abiertos y redondos, que se les ven todas las pupilas, que parecen ojos de locos, u de bueyes, caballos o pescados, otros dormidos, otros calzados de pár¬ pados y otras muchas diferencias; y, en fin, no se parecen unos a otros del todo; y sería menester todo el libro sólo para esta ma¬ teria. Donde verá el curioso los tres afectos, que es, severo, risue¬ ño y llorando o pesaroso. Y además, que hallará diferente de lo que hay en otros Autores, cada ojo con su compañero, y como le corresponde según la actitud y movimientos, a diferencia de otros libros, que de ello no hacen mención. Sígnense los tercios de boca, y barba, para todos los movimientos. Luego todas las orejas que a los ojos y boca pertenecen. Y después se siguen 27 todos de ca¬ bezas, que son todas las posturas más precisas, y movimientos que ha de saber el pintor de las cuales cabezas han pasado ya todas sus partes. Y en ellas están colocadas con la regla del modo de de¬ linear sus movimientos y óvalos, siempre dando sus cuatro tercios en las llanais, que en las irregulares, o movidas arriba y abajo, se esfuerzan algunas partes. Y, en efecto, encargo que sepan siquiera hacer bien delineadas las cabezas, por ser lo más preciso, redu¬ ciendo a grandes esos 27 todos. Y colocando las partes que han pasado, de ojos, bocas, y orejas, pues todas están con sus núme¬ ros correspondientes a los todos. Van después colocadas en las re¬ glas todas las partes, y formado el rostro humano con toda per¬ fección por tercios, y diagonales, circuios y semicírculos, con for¬ mación de la cabeza de los niños, y niñas, con algunas cabezas de mozos, viejos y viejas; para que se hagan prácticos, y ejerciten el dibujo, para entrar en el modelo, y natural; y para saber hacer con certeza y prácticamente cualquier cabeza que se ofrezca, de cualquier forma y postura que sea. Después se siguen las manos, que también es la parte más precisa que ha de estudiar el pintor, y que no es la más fácil del cuerpo humano, por ser más irregular, y más sus movimientos, porque cada figura ha de tener dos manos, o las que se le vean; de las cuales ya digo, aunque breve, al prin¬ cipio su proporción; y me dilato en ellas por ser como digo muy esenciales. Y también porque en las manos se conocen las manos, destreza y gracia del pintor; y cuantas más dibujen será mejor y alcanzarán en ellas más gracia. Advirtiendo siempre que haya di¬ ferenciaen las de hombre y mujer, viejos y niños, y que hagan derecha y siniestra cada cual su ejercicio. Van las de la música, por si se ha de pintar gloria, y Angeles con gmtarra, y por si quie¬ ren aprender a tocar, y entender cifra por número, y guarismo Ro¬ mano; y el Abecedario para hablar a los mudos, o sordos, y en¬ señarles a hablar, siendo de uno y otro motivo, el que se ejerci¬ ten las diferencias de posturas y acciones de las manos. Después se siguen los pies, precisos para empezar a entenderlos; pues a todos se les facilitará el natural, entendiendo, dibujando y adies¬ trándose con éstos en grande y en pequeño; pues para hacerse prácticos y diestros, es preciso aumentar y disminuir, por lo que — 116 — se puede ofrecer, y para que no se presuma que lo han calcado y cogido el perfil; pues todos suelen al principio incurrir en este de¬ fecto e ignorancia. Sígnense los brazos y piernas, para que se ha¬ gan noticiosos de su proporción, y morcillos, y perfiles llenos; pues después que se hayan enterado bien de ellos, conocerán cuando vean, y se valgan del natural lo que le falta, o lo defectuoso, pues no se halla siempre perfecto y corregido. Y por eso ha de saber el Pintor suplir lo que en él halle menos y defectuoso. Sabidos es¬ tos extremos, se ha de pasar al tronco humano; y para eso traigo también con su regla, y medida, y morcillos anatómicos, desde la garganta al fin de la barriga, el pecho y las espaldas; y después todo el cuerpo entero con .sus ocho cabezas, y treinta y dos ter¬ cios; y dos cabezas de ancho; y en fin, con todas sus proporcio¬ nes, y medida en todas sus partes. Siguiéndose el modo de meter y tomar el todo de cualquier figura, asi para Pintores como para Escultores. Pues por no haber sabido esta regla, sucede a los Pin¬ tores y Dibujantes no caberles en el lienzo, tí papel el dibujo, y todo de las figuras; siendo preciso a los Pintores añadir papel o volver a borrar, y a los Escultores añadir madera, o perder el tra¬ bajo, y la madera .o piedra. Lo cual si se imagina dentro de la figura geométrica, que están los ángulos del natural, estatua, di¬ bujo tí modelo, no sucederá el inconveniente dicho; y es también para aumentar y disminuir cualquier figura. También es preciso el saber los movimientos regulares, y cómo se ha de buscar la per¬ pendicular, o el plomo que ha de tener toda la figura que ha de estar en pie, o haciendo cualquier movimiento, andando, o carga¬ da. Para lo cual traigo las catorce figuras, donde se verán estas advertencias figuradas. Y algunas figuras para que se empiecen a adiestrar en el todo de los cuerpos, y aptitudes, y ejercitar los perfiles. Y después pueden entrar en grupos de figuras, y historias donde se adiestren más. Y para más fundamento traigo las cuatro anatomías donde se ven los morcillos, y tendones principales y precisos. Y también van las tres figuras, o esqueletos, con todos los huesos del cuerpo humano, situados en sus puestos, y con sus mesmas formas y proporción; con la novedad que su transparen¬ cia enseña, y el número de cada parte, y del todo por mayor, que es lo que les toca a los Pintores; pues sus nombres y menuden¬ cias es sólo para Médicos y Cirujanos. Y en fin, todo lo que sea más noticioso el Pintor, será más perfecto. También por la razón dicha traigo la simetría de la mujer, y del niño, con algunas mu- jeres donde sepuede adiestrar cualquiera de su lisura y perfiles, Y en los niños traigo los más irregulares y escorzados. Y volando, para extravagancia y arte; pues de lo regular hay mucho bueno en estampas, y de más gracia, y hermosura; y para todo modelos, y estatuas, donde habiéndose fundado pueden pasar a la destreza, arte y relieve. Y después de ser buenos dibujantes de principios, y de figuras, de modelos, y estatuas, pueden entrar en las Acade¬ mias; con satisfacción de que por lo menos, ya que no admiren, no se rían dellos; y pueden sobre estos fundamentos alzar elevados estudios y hacer admirables obras. 7. También traigo los principios de la Geometría, para que puedan pasar a la perspectiva y a la Matemática; y en ella trai¬ go muchas dificultades que se pueden ofrecer, con la desfigura¬ ción para puestos precisados, desmintiendo y rompiendo ángulos; y proporcionando con desproporciones; extensión de línea del círculo, cuadratura y trisección; y en otro tratado la formación de pentágono y de eptágono; y resolución de algunos Problemas no resueltos, todos sin círculo, grados ni pantómetra; con la Tabla Pytagorica copiosa, para contar lo que se ofreciere, sin saber las reglas de la Aritmética, sólo conociendo los caracteres o núme¬ ros y sabiendo numerar. Con una regla de armería, para entender y dar a entender a los Reyes de armas los colores y metales, sin metales ni colores. Y en fin, sólo por las razones arriba dichas, y por si puede ser de algún útil lo que he alcanzado. 8. Y en cuanto al pintar, que es lo que se sigue al fin de es¬ tos estudios, digo, que el que pudiere estar a vista de algún hom¬ bre grande Pintor, diestro, y suelto colorista, logrará el fin con perfección y más brevedad; y el que no, aconsejo, que en ser di¬ bujante de dibujos, estampas, y modelo, y del natural, que tome buenos originales, si pueden ser hermosos, de cabezas de imáge¬ nes hermosas, de viejos, y después de medios cuerpos, y cuerpos enteros, copiando siempre de bueno, ya sea de grande o peque¬ ño, en lienzos, tablas o de láminas, y cosas pequeñas, conforme la inclinación de cada cual. Y encargo que vayan con grande cuida¬ do en la simetría de las figuras, porque llevados de su naturaleza los hacen a su semejanza y proporción, o a la de quien quieren bien. Y después que vean que ya van imitando las tintas y que tienen alguna facilidad en el manejo de los colores, que eso será según su genio, pueden poner el natural delante, y de la postura que lo han menester, y a la luz que les esté mejor; y haciendo tintas del claro, de la media tinta, y de las frescuras, o encama¬ das y de los obscuros, siempre imitando el original o natural que tenga delante* pueden después de dibujado con el clarión, empe¬ zar, con un pincel de punta, proporcionado a lo que pintan, a co¬ rregir y perfilar lo que han dibujado, metiendo los más obscuros primero, y después el claro y frescuras, y después las medias tin¬ tas, las cuales se unirán y casarán con el claro, y obscuro, y fres¬ curas, amasando, empastando y reempastando con pinceles pro¬ porcionados, que dejen tinta, y no se la lleven. Y en esto cada uno seguirá su genio y escuela; si gusta sólo de empasto, y toques dies¬ tros o de unir y ensolver, o de manchar y después tocar y retocar. Mas aconsejo que metan los colores limpios y hermosos; y que de la primera hagan todo lo que puedan, y lo dejen concluido, y bien empastado con mucho color. Pues de esta suerte es mejor, más breve, tiene más duración, y se acaba y retoca con más facilidad y brevedad, y tiene más bulto y hermosura. Y en fin, es como yo lo he ejercitado y visto ejercitar a hombres grandes en Roma, Ma¬ drid y otras partes. Y este estilo puede observarse en flores, fru¬ tas, países, batallas, marinas, animales, aves y todo lo que se ofrezca pintar, pues para todo sirven los principios antecedentes. Y la experiencia lo perfecciona todo y desengaña. 9. Y aunque no se pueden dar reglas ciertas para las tintas y colorido, a instancia de algunos aficionados y curiosos, diré algo de las mezclas, para los que no tengan lugar u ocasión de mejor luz; y con esta poca puede el buen entendimiento, a costa de ex¬ periencias, alcanzar mucho acierto. Y empezando por las tintas de las carnes, digo que se hacen tomando albayalde bien molido con aceite de nueces o de linaza, y todos los otros colores con el mis¬ mo aceite, y se mezcla con el cuchillo en la paleta. Para lo her¬ moso, blanco y ocre; o oncorca para los claros; y blanco, y algo de tierra roja o almagre para las frescuras; y un poco de berme¬ llón o carmín, conforme sea de más o menos hermoso el color de lo que se imita o pinta. Para las medias tintas, un poco verdacho; y a falta dél, cenizas o ultramaro, con algo de ocre o som.bra, de suerte que no azulee mucho. Otras cosas algo trigueñas; se hace la media tinta de blanco y sombra, y ancorca u ocre, y algo de ne¬ gro de carbón u de hueso. El obscuro para lo hermoso, de verda¬ cho y blanco y ocre; y en partes algo de tierra roja y negro de hueso. Si son tostadas o pastoriles, de blanco, ocre y tierra roja el claro; y las medias tintas, de blanco y sombra y oncorca u ocre, I '9 — - y siempre algo mezclada la almagra; y las frescuras de almagra y oncorca, y su parte de carmín y almagra y algo de bermellón. En bocas, orejas y mejillas y transparencias; y en los obscuros, de ocre, almagra y negro de hueso y algo de verdacho, y siempre que tiren algo a encamado, y las medias tintas a verdoso; advirtiendo que en obscuros y partes de la sombra, puede haber reververacio- nes de lo que hay cerca, como si hay colorado, lo ha de ser la re- ververación, y si azul, azul, y si verde, verde, y si blanco, blanco, pero de suerte que no quite el relieve. Y esta regla será más pre¬ cisa en cuerpos y cosas metálicas, como armas, cobres, plata y oro bruñido, y azófar o latón, o cosas pavonadas, y espejos, y en vidrios, y en ropas, más en las blancas que en otros. Y para las ropas se usará de los colores bien limpios, estando para las blan¬ cas y azules el albayalde molido con aceite de nueces, porque no se vuelvan lo uno amarillo, y lo verde negro. Y para las ropas blancas los obscuros serán según las ropas; pues si es cambray, han de ser negro de carbón y esmalte, o ultramaro, o cenizas con temeza y delgadez de pliegues y transparencia. Si es de seda, han de ser los claros, mezclando el blanco con un poco de sombra o de oncorca; de suerte que amarillee muy poco y admita claros lu¬ cidos de blanco limpio. Si es lana, serán los claros de blanco y un poco de genuli, u oncorca, y los obscuros conforme a la luz que se finge; pues si es de dia, serán más claros, y si de noche más obscuros; y los más claros serán de blanco, y sombra, y ocre, o oncorca y algo de negro de carbón; y las medias tintas de la tin¬ ta del claro y algo de negro de carbón, y ocre, de suerte que ama¬ rillee algo. Y para la noche lo propio, pero más obscuras las me¬ dias tintas; y los obscuros con algunas reflexiones de blanco, y genuli. Las azules han de ser muy limpias y se harán los claros de esmalte bueno y blanco, conforme lo más o menos claro que sea menester para cielos o ropas o aguas. Los obscuros del mismo esmalte, y mezclado con añil o indi mezclado con secante, para que seque y ayude a secar al esmalte, y al gastarlo ir ablandando con aguarrás, con el pincel, teniendo el aguarrás en un vaso y mo¬ jando el pincel o brocha para que corra y no se chorree. Y se pue¬ de bañar desta suerte, y no se chora y se puede tratar bien. Y si se bosqueja con blanco y negro de carbón, mejor; y también las cenizas son buenas, aunque por tiempo se vuelven verdes; y si no ^ Sic por ¿chorrea? — 120 — se gastan con limpieza y maña, negras. Y sobre todo es el ultra¬ marino, el cual se gasta después de haber bosquejado y labrado la ropa, los obscuros de esmalte y añil, y los claros y medias tin¬ tas de blanco y esmalte y añil, para que cubra, dejando lo que se ha de bañar, claros los claros, y las medias tintas, por lo que se obscurece con el baño; y el ultramarino se ha de destemplar con aceite de nueces, y todo lo azul. Lo morado se bosqueja de azul y se baña de carmín, o se labra de azul y carmin; y los claros de blanco y azul y carmin, más o menos de uno o de otro, conforme lo hayan de menester más rosado o más azul o más violado. Las ropas verdes es el color que más pierde, y tengo de comunicar mi secreto, pues jamás se me han vuelto negras, a cualquiera ropa o cosa que quieras que no se vuelva verde ni pierda, bosquéjese de añil y blanco los claros bien claros si lo quieren hermoso, y con buen secante, que seque presto, y báñalo con cardenillo bien mo¬ lido; y si quieren que esté más subido, vuélvelo a bañar y verán que verde; y los demás modos son de cenizas y ancorca, y verda¬ cho y ancorca, y verde de montaña, oncorca y blanco; mas no admiten baño las ropas coloradas, los obscuros de buen carmín vasto y los claros de bermellón y blanco, y las medias tintas de bermellón y carmín. Y si se quiere carmesí, se bciña una o dos veces con buen carmín fino y refuércense los más obscuros con negro de hueso ; y las rosadas se labran, los claros de blanco y car¬ mín y las medias tintas de lo propio, y a veces de blanco y ber¬ mellón, y después se bañan de carmín fino, y se labran de blanco y carmín fino los claros y las medias tintas. Y se refuerza para felpas, después de bañados se les dan dos visos o luces, y a los ta¬ fetanes; y para esto será bueno tener delante el género de la ropa y hacer la postura con ellas, para su perfecta imitación. Los na¬ ranjados, los obscuros de carmín y los claros de acercon; y tam¬ bién bosquejarlos de carmín y bermellón y bañarlos de guta gam¬ ba. Las amarillas, bosquejarlas de ocre, los claros y sombra y al¬ magra; los obscuros y las medias tintas, de ocre y almagra, y des¬ pués bañarlas de guta gamba o ancorca, y darle, si son sedas u oros o telas, las claros de genuli bueno; y en parte de genuli y blanco, y reflexiones de genuli y ocre o de lo que tenga cerca. Las negras serán de negro de humo o de carbón los obscuros, y los claros de negro de carbón y blanco u de negro de humo y añil y blanco. Y en ésta se puede en los obscuros poner secante; y en el negro de humo cardenillo, poco, para que seque presto, y este color no se ha de usar en otra cosa si verdes, como dije, no es en y en secante para el negro de hiuno o de hueso; mas para todos los carmines gutigamba y añil, y hueso, y carbón, y los demás que no secan, sólo buen secante. Los cambiantes son de dos colo¬ res: obscuro de carmín y claro de genuli, o obscuro de carmín y claro de azul o de otros colores. El pardo, lo obscuro de sombra y carmín o negro de hueso y almagra o de humo y almagra; y los claros de sombra y almagra y ocre; y en los más altos mezclado con un poco de albayalde. Y de los carmines y verdes se refuerzan con negro de hueso con secante, y a cualquier ropa o cosa que se quiera reforzar de obscuro. El secante se hace de aceite de lina¬ za, acercon y litargillo en polvos, cociendo el aceite y echando el acercon o los polvos de litarge hasta que esté cocido y que no se vuelva negro. Se acaba lo bosquejado imtándolo con aceite de nue¬ ces o barnizándolo con barniz de aguarrás y glasilla o pez griega que no esté muy fuerte, y retocando luego en fresco o mordiente para que se una con lo bosquejado; y en partes a baños y refre¬ gones o retoques, y en partes imiéndolo e incorporándolo con el dedo, como son los resplandores, humos y rayos y enveladas o velos. Si son países, se hacen los cielos primero y luego los lejos y lo último los cercas y figuras. 10. Al temple se pinta templando los colores con huevo, echándole a una yema un cascarón de agua y con agua cola floja, o con goma o miel clara, estando los colores molidos con agua cla¬ ra. Al fresco se pinta aparejando sobre pared seca sin salitre, ten¬ dida la cal y arena con palustre del grueso de un real de a ocho, siendo mezclada la cal muerta, tanto de uno como de otro, a dos de arena, tres de cal o tanto de uno como de otro, la arena cer¬ nida; y que no sea de parte salitrosa ni la cal ni el agua con que se pinta y se moja; y no se ha de aparejar más de lo que se ha de pintar aquel día; y si sobra aparejado, se ha de desaparejar y raer para después, al otro día, volver a aparejar. No se gastan co¬ lores artificiales, sino cal buena por blanco, y muerta, ocre, tie¬ rra roja, pabonazo, hornaza para los oros y amarillos; y para los claros, en lugar de genuli, lápiz colorado y vitriolo Romano calci¬ nado para los colorados y bermellón muneral; y albín y blanco de cascaras de huevo para emboladas y rayos y cosas transparentes: esmalte oultramuro para los azules, y morados con azul y pabo¬ nazo, que es el que suple por carmín. Y para los verdes, tierra ver¬ de o verdacho obscuro de Verona y verde de montaña. Para pardos. 122 — — sombra y tierra roja y negro y ocre. Los negros tierra negra y car¬ bón de piedra molido y negro de carbón. Y todos los colares se refuerzan; los obscuros, si se quiere, con negro de tierra o de car¬ bón, haciendo tintas de una vez para todo, porque no es fácil des^ pués ajustarías, y se prueban en un ladrillo nuevo para ver lo que aclaran. Si ha de ser legítimo, no se ha de retocar en seco ni da¬ ros ni obscuros; y se suele tocar de oro algunas cosas con sisa de miel y cola. Para esta pintura se ha de dibujar en papel todo lo que se ha de pintar, y calcarlo o picarlo y esparcirlo sobre la pa¬ red y aparejado de cal y arena. Teniendo delante el dibujo o borrón de aguadas o de colores para imitar el dibujo y acuerdo; pues pocos son los que pueden hacerlo sin estas prevenciones para que salga con perfección. Pues así en este género como en los de¬ más, el que fuere mayor dibujante, más cierto y más perspectivo y arquitecto y óptico, ese será el que todo lo hará mejor, aunque no sea sino es de claro y obscuro o blanco y negro. Pues armque los colores recrean la vista, sin el verdadero dibujo de buenos per¬ files y bien colocados claros y obscuros, son borrones de buen color y para ignorantes sin conocimiento de arte. Y para más acierto ne¬ cesitan de saber las desfiguraciones y romper ángulos y desmen¬ tirlos y escorzar figuras y todo lo que se vea de abajo con irregu¬ laridad y gracia. Para pintar al óleo sobre seda sin que se manche, se dará con cola de pescado sobre lo que se haya de pintar y no se pasará; y si se quiere moler oro y plata, se hará previniendo goma espesa como miel, la piedra bien limpia, se untará un poco con ella y encima se pondrá un pan y se irá moliendo bien, iránse añadiendo los que quisieren y goma cuando fuere menester; y si secare se humedecerá algo con agua, moleráse con paciencia por tres horas; y estando bien molido se recogerá y echará en vidrio o vaso vidriado y se le pondrá agua tibia, de suerte que se llene la vasija. Dejaráse sosegar 24 horas, y sin turbar lo que estará al fondo sentado, se quitará el agua y se repetirá lo mismo hasta que quede sin goma; enjugaráse y se guardará bien tapado: gastaráse con agua goma floja y se podrá bruñir. II. Los lienzos se han de aparejar o emprimar con dos manos de cola de guantes o de gachas y cola y tma poca miel para todo género de óleo, y después dos o tres de emprimadón de almagra y sombra o greda molido, con aceite de linaza coddo, y secante. Si acaso se han de hacer encerados, se clava el lienzo bien tirado y se tosca ^ bien de suerte que no queden nudos ni borrellones y le¬ vanten pelo; luego se da de aceite de linaza'bien coci¬ una mano do y secante; y en secarse se dan los colores con paleta o cuchillo molidos al agua; y luego con este aceite, si ha de ser colorado, se da la primera mano con almagra y acercon, y la última de ber¬ mellón y carmín. Y si verde, la primera de añil y blanco y después de verde cardenillo y bañarlo o hacer la tima más o menos clara o obscura o verdegay. El azul, la primera Tiiai'.o de blanco y negro, y las otras dos de añil, esmalte y blanco más o menos obscuro. El pardo, de sombra; el amarillo, de buen ocre. Y si lo quieren hermo¬ so, nrezclarle genuli o blanco, y después, con vejiga de carnero o vaca, o puerco, mojada, puesta en la mano; en estando mordiente y no seco se da el lustre, pasándola ligeramente por encima con diligencia, se hacen de lienzos tapizados^ y tafetanes, y se puede pintar encima. Y por si alguno gustare de aplicarse a grabar, o enta¬ llar de agua fuerte, para ejercitar el dibujo y hacer algunas obras, pondré aquí las mejores recetas que han llegado a mis manos, arm- que yo no he usado délias con primor, ni cuidado. La primera es de Calot del barniz blando, y se hace de 'esta suerte: Se toman dos onzas de cera virgen o engrumo, una de esparto y una de glasilla o pez griega; todo esto se licúa, y después se echa en agua fría y se hacen con las manos mojadas unos bollitos o pelotas y se en¬ vuelven en tafetán, y se guardan para untar la lámina que se ha 'de grabar, la cual bien pavonada y limpia se pone al fuego de carbón y se unta con dicho bollo o pelota, y se extiende que quede igual y poco; y después se ahuma con vela de sebo, o humo della; y en estar negra por igual ,se deja enfriar y se calca el dibujo, y se graba con agujas delgadas y escoplos, como tajo de pluma para hacer delgados y gruesos; después de grabada se ponen paredes de cera y trementina de un dedo de alto, y se echa el agua fuerte pura o aguada en proporción; y en lo que no se quiere que ahonde mucho, como son lejos, se tapa con masilla de sebo y aceite; y en lo que ha de comer más se tapa después, y en los tér¬ minos principales no se para de comer, con que quedarán más fuertes; y en ésta y la siguiente se han de observar estos tiempos, para que se aparten los lejos de los cercas y que- ^ Por tasca. " Por ¿tupidos? •' El grabador Jacques Callot. 124 — — den en las figuras unos perfiles y sombras suaves, y otras fuer¬ tes. Y en todo enseña la experiencia lo que la pluma no basta, y el buen juicio y paciencia saben y suelen conseguir. Los dibujos se untarán por las espaldas, cou polvo de lápiz colorado o de al- bayalde bermellón, fregándolos bien con el dedo y limpiándolos o de suerte que no se pegue en la lámina más que lo que apriete la aguja por encima del dibujo o escrito y quedarán señalados en la lámina todos los perfiles que la aguja pasó por el dibujo. Otra receta de barniz, que llaman duro, para grabar láminas de agua fuerte; Toma cinco onzas de pez griega y otras cinco de resina de pino y de almástiga una onza, y de espalto una onza, y de aceite de nueces cuatro onzas, y todo hecho polvos meterás en ima olla vidriada todos los polvos, y el aceite de nueces todo junto, y que cueza hasta que haga hilos como jarabe; y en estar así colarlo y ponerlo colado en cosa vidriada o de cobre y taparla porque no le entre polvo y usar dél, y dura bueno veinte años y más; se da con la mano sobre la lámina, que quede bien tirado, y después se pone al calor del fuego y después se ahuma con humo de wla de sebo; se vuelve hasta que humee bien, y en menguar el humo, y que tocando con un palillo no se raya, quitar la lámina del fuego y dejarla enfriar, y después calcar el dibujo y grabarla, como queda dicho en el otro barniz, sólo que en éste se puede a falta de agua fuerte gastar el vinagre siguiente: Toma vinagre blanco destilado, o bien fuerte, sal amoníaco, sal común, cardenillo: A tres azum¬ bres de vinagre, seis onzas de sal común y seis de sal amoníaco y cuatro de verdete cardenillo, todo hecho polvos, y ponlo todo en o vasija vidriada, de suerte que las dichas materias cojan en la mi¬ tad de la olla y quede vacío para que no se salga al hervir, porque crece mucho, y se irá la virtud, y en dando tres hervores quitarla del fuego y dejarla enfriar, y después colarlo y guardarlo en vasi¬ ja de vidrio doble y bien tapada; y si al echarla estuviere fuerte, templarla con vinagre, y en estando ya grabada, y que haya co¬ mido lo que se ha menester, se quitará con carbón de pino bien quemado y suave, amolándola con él hasta que quede limpia y se vea lo grabado claro para estamparla, y si a la prueba hay alguna falta, se retocará con el buril; advirtiendo que todo sale al con¬ trario de lo que se graba y escribe, pues lo zurdo sale derecho y lo escrito se ha de escribir al contrario o copiarlo, dibujado y es¬ crito por las espaldas, untado con aceite o a la luz o al espejo. 12. Y también importan estos documentos a los que quieren 125 — — •que sus obras vayan bien encaminadas, {>or ser observaciones de hombres grandes y consejos de toda verdad y acierto. Lo primero es que no tengan las figuras en sus acciones demasiada violencia porque no se desgoncen y descompongan las figuras en sus accio¬ nes. No encaminen la cabeza a donde el cuerpo. Ni pierda el plo¬ mo de la garganta la figura plantada. Ni siga en brazos piernas y un mismo movimiento. Ni encubra con la ropa la grada y perfiles del desnudo. No se doble la figura de modo que los hombros ba¬ jen más que el ombligo. En las figuras arrodilladas no se junten las rodillas. En las figuras que trabajan, trabajen todos sus mús¬ culos y partes. En las figuras de mujeres no se han de apartar piernas, ni pies, estando en pie, y sentada y arrodillada, por ser deshonesto y poco decoroso. En las figuras que caminan no ha de haber más que un pie de claro entre los dos. En la figura car¬ gada no ha de caminar la pierna que corresponde al peso o a su perpendículo, de modo que la más libre ayude a su movimiento. Represéntese en cada figura los movimientos y oficios que su edad pide. En la figura que corre parezca en todos sus miembros que tiene agilidad y ligereza. No se les den a las mujeres los movi¬ mientos fuertes como a los varones. Pues generalmente han de ser honestos y recogidos en cualquiera forma que estén. En los historiados han de estar las figuras o grupos o montones distin¬ tos, unos cerca y otros lejos; unos sentados, otros en pie y en di¬ ferentes y propias ocupaciones y ministerios de las historias, con distintas edades y trajes, de suerte que queden claros para los lejos y no se confundan unas figuras a otras, ni unos colores de ropas a otros, ni haya muchos de un color y fisonomia y edad, y lo principal de la historia esté principal y que se conozca y goce más que todo. No entren por medias figuras, si no lo pide esca¬ lera o cuesta o pared. Si las historias y el asunto no lo pide, no se llenen de figuras los lienzos, pues hay perspectiva y país que pueda dar profimdidad y arte y hermosura. En las figuras de los historiados las más cercanas y principales han de tener más her¬ mosos los colores y más fuertes los obscuros y los claros; y las que se siguen, más flojos los obscuros y los claros más bajos; y en la tercera más bajos; y en la cuarta y quinta, y todas hasta las demás, disminución casi imperceptible; y todas con morbidez y suavidad, y que si no es en las primeras no haya ropas bañadas; y en algunos términos, que salen algo fuertes, se han de dar en¬ veladas de blanco y ultramaro o esmalte, así en países como en figuras y arquitecturas; y en otros términos claros se han de en¬ suciar y teñir, para que se abajen y templen, ya con espalto o con azul o el color que les conviene a su color y término; y siempre sea el campo o país tan templado y teñido que todo lo que en él haya sobresalga, así en claros como en obscuros; y con esto ten¬ drá dentro y fuera, pues la disminución así ha de ser de tintas, como de proporciones y disminución de las figuras, según buena perspectiva. 13. Y también es muy importante que el Pintor vea o sepa a la luz que ha de estar su pintura y a la distancia de alto y de lejos, porque para luz templada se ha de pintar con claros fuertes • y destemplados, y que los obscuros sean fuertes también; y para luz clara o puesto claro, todo suave y bien templado de colores y corregido y suave en lo ejecutado; y para lejos grandes las figu¬ ras y que parezcan proporcionadas y fuertes los golpes de claros y obscuros, porque los pierde y templa la distancia y la altura. Elsto parece que basta para los que, discretos, lo sepan seguir y aplicarse con buen juicio, pues yo, por las razones arriba dichas y por si puede ser de algún útil, he sacado esta obra a luz para, como he dicho, darla a quien no pueda participar de otra mejor o quiera, sin cansar a nadie, tener algunas, pues en ocasiones se alumbra con una cerilla un caminante, o embozado, por no dar nota con ima acha o antorcha, contentándose con tener luz para no tropezar y caer en ignorancias notables, y poder acompañar a otros curiosos y virtuosos que por las Artes caminan y discurren y se adelantan a los que van a obscuras con tardos e inciertos pa¬ sos. Y todo lo daré por bien empleado como aproveche a las cria¬ turas, a honra y gloria de Dios y de la Santísima Madre. {Acaba el prólogo y comíetizan las láminas.} La vida de Andrade casi desconocida'; hoy, las investi¬ era gaciones documentales de Pérez Constantí^ dejan escasas lagu¬ nas, aunque importantes; por ejemplo: la de su formación ar¬ tística. No se ha de intentaraquí su hiografia; es suficiente con¬ signar:que nació en1639", que fué Maestro de Obras de la Catedral de Santiago desde lóóq'' y que murió en Compostela, siendo clérigo—ordenóse después de enviudar, y ya sexagena¬ rio—el 12 de noviembre de 1712. Que Andrade, además de arquitecto, había sido tratadista, se viene repitiendo, por lo menos, desde 1863, fecha del Dic¬ cionario de escritores gallegos^ de Murguia; por cierto, que, habiéndose equivocado en el año de la impresión, le siguió, in¬ cautamente sin citarle, Vesteiro Torres en su Galeria de y gallegos ilustres''', más entusiasta y elocuente, que nutrida de datos precisos, por lo que hizo vivir a Andrade en el siglo xvi e imprimir su libro ¡cuarenta y cuatro años antes de su na¬ cimiento! Todas las referencias que hasta ahora se han dado del libro ' No figura su nombre en el libro de Llaguno-Ceán, ni en el de Caveda. Tampoco consta en el completísimo Kunstler Lexikon de Thieme; a pesar de que O. Schubert en su: Geschichte des Barock in Spanie7i (Esslingen A. N. 1908) le dedica elogios. 2 P. Pérez Constanti: Diccionçirio de artistas que florecierofi en Galicia durante los siglos XVIy XVI/. Santiago, 1930. ' Dedúcese de su declaración: contaba 61 años en 1700. En 1700 declara que hace 39 años que sirve a la Catedral. López Fe- rreiro: Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago (tomo IX. Santiago, 1907), dice que hasta 1772 no fué contado entre los ministros de la Iglesia que gozaban de ciertas exenciones y que no fué Maestro único hasta 1676; esto último lo repite Pérez Constanti. Pero, en la aprobación al libro, de Fray Antonio Pérez, se afirma que en 1695 llevaba 31 años de Maestro. 5 M. Murguia: Diccionario de escritores gallegos iy i^o, 1863). T. Vesteiro Torres: Galería de gallegos ilustres: Artistas (Madrid, 1875). M. Murguia: El arte en Santiago durante el siglo XVIII tpAduáslá, 1884). Págs. 199-200. 130 — — son quizá no peque de excesivamente maliciosa tan vagas, que la sospecha de que no fué visto ni por el propio Murguia'; aunque nadie lo confiese de modo explicito. Hace bastantes años—en i g 13—hube de trabar relación con D. Manuel Remón Zarco del Valle, hubo de saltar en nuestras conversaciones el nombre de Andrade y el caso de su libro, mitico para mi. Con sorpresa gratísima supe que muchos años atrás había adquirido un ejemplar^, que, con otras rarezas bibliográficas, lo había regalado a la Biblioteca de Palacio; mis gestiones para encontrarlo entonces resultaron infructuosas. régimen llevó a dicha Biblioteca, como jefe, a El cambio de mi amigo y compañero .íesús Domínguez Bordona; y pocas semanas después me daba noticia de varios libros aprovecha¬ bles en esta serie, uno de ellos, el ansiado de Domingo de Andrade. podía librarse Andrade de ideas que se respiraban en No escuelas y talleres y desde la portada las proclama al poner a su obra por título; Excelencias, antigüedad y nobleza de la Ar¬ quitectura. En 4.°; mide 190 X '4° mm-i recortado. Consta de 50 págs. La edición no es excelente, los tipos están algo gasta¬ dos y abundan las erratas, en la portada inclusive—adviértase la supresión de la partícula de antes de Demos. Dedicada al Conde de Andrade y de Demos D. Ginés Fernández de Castro, fué impresa en Santiago por Antonio Frayz, el año 1695. Siguenla portada: un «Elogio», firmado, en San Martin a de Santiago, el 8 de abril del mismo año, por Fray Manuel Pe- reira, que, modestamente, es calificado de «singular historia¬ dor y en todo»; dos aprobaciones: del franciscano Fray versado Juan Rodríguez Feyjoo y del dominico Fray Antonio Pérez, calificador del Santo Oficio; Licencia del ordinario por el Arce- ' Las referencias de Vesteiro y de Pérez Constantí no añaden nada a la de Murguia. La de López Ferreiro (ob. cit. IX, pág. 296) es todavía más breve. No es más extensa la de Schubert. Menéndez Pelayo ni lo menciona en su His¬ toria de las ideas estéticas en España (tomo IV, 1901). La Enciclopedia Espasa despacha a Andrade en tres líneas, desconoce que fuera artista y cita el libro, como impreso en Madrid. ' Lo compró en cinco pesetas al salir de misa de la iglesia de San Luis. Obispo, de Madrid. diano de Reyna D. Antonio Vizconde Enriquez y un «AI que leyere» del propio autor. La lectura del libro de Andrade ¿por qué no confesarlo.^ defrauda las esperanzas cifradas hallazgo. Es achaque en su reiterado en los tratadistas de arte; casi ninguno habla, por extenso, de lo que más pudiera interesarnos—sus personales puntos de vista, noticias propias y de quienes en torno suyo laboran—; prefieren exhibir erudición prestada y agudeza en los razonamientos, anegando los datos aprovechables y sabro¬ sos en un caudal de tópicos, citas y argumentos. Andrade, en este respecto, se revela como muy leído y buen conocedor de los clásicos, además de avezado a discutir more escolástica, probando que su formación tuvo fundamentos más rigurosos y humanísticos que la acostumbrada en los maesti'os de su tiempo; seguramente había cursado en las aulas y tal vez el matrimonio le alejó de la vía eclesiástica, a la que retornó después de viudo. En el libro apenas se encuentran rasgos autobiográficos ni noticias de contempoi'áneos. Menciona cierto Conde de Alva Real «de quien recibió varias erudiciones» b Se muestra entera¬ do de alguna de las obras que debía Nápoles a los Condes de Lemos, allá virreyes; mas no cabe deducir que Andrade las conociese de visu. Cita a los arquitectos contemporáneos Pedro de la Torre, Bartolomé Fernández Lechuga^ y Francisco de Herrera «el Mozo». Se i-efiere al hundimiento de una iglesia en Medina del Campo, de una cúpula de Salamanca y de una cor¬ tina del fuerte de Goyanes...^ La noticia más curiosa es el anun¬ cio de «un tratadillo de instrumentos para la Arquitectura mi¬ litar» que estaba escribiendo «con demostraciones de máqui- ' Ignoro a qué personaje se reñere y no encuentro mención de este título en Salazar y Castro. Puede ser que se relacione con el pueblo Alba Real de Tajo (provincia de Toledo). En la Guia Oficial de 1921 se menciona el título como creado en 1698. 2 Ambos trabajaron en Santiago en tiempo de Felipe IV y Carlos 11; el primero, en la Catedral; el segundo, en San Martin y en la Catedral, en 1638 pasó a Maestro de la Alhambra. 3 No puedo aclarar esta noticia. Madoz registra: San Esteban de Goyanes (Carballo, La Coruña) y San Saturnino de Goyanes (Puerto del Son) en la mis¬ ma provincia. 132 — — nas, algunas en estampa, acabando sus dibujos y otras en plática, que son; cómo se puede minar o dar fuego a una mu¬ ralla debaxo del agua con hornillos, aunque sea una pica de agua debaxo. Otra, para pasar un rio por debaxo del agua, sin ser visto ni sentido del enemigo, o dar barreno o pegar un pe¬ tardo a un navio para abrirle un costado, o junto a la quilla. Otra, para cuando hay falta de pólvora en la plaza para arrojar cantos grandes y barriles de fuego, de alquitrán y pez para des¬ alojar al enemigo de sus obrajes y para arrojar abrojos para enclavar la Caballería. Otro, para cuando haya falta de pólvora, bala y cuerda y aun pan y no se pueda llegar a la muralla para meterlo dentro de la plaza desde una bateria». La cita es sobrado extensa, pero necesaria, ya que al propio tiempo que nos descubre la existencia de un nuevo libro dp Andrade, que quizá ande escondido y anónimo en alguna Bi¬ blioteca, nos aclai-a una faceta insospechada de su actividad al mostrárnosle ducho en arquitectura militar, materia que pudie¬ ra creerse muy alejada de un artista de la pacífica y pingüe Compostela de la segunda mitad del siglo xvii. La mayor extensión, a todas luces desproporcionada, del capitulo dedicado a la Arquitectura militar, demuestra que el tema interesaba especialmente a Andrade. La referencia al Fuerte de Goyanes «del que se cayó una cortina después de acabado, por falta del escarpado», y el saberse que en [669 estuvo en Salvatierra para levantar el plano de cómo estaba la iglesia antes de la guerra de Portugal, son las únicas alusiones concretas que alimentan la sospecha de si durante esta triste lucha estudiaría nuestro arquitecto las obras de defensa y los artilugios para el ataque militar. Pero la gloria de Andrade no ha de medirse por esta afición bélica, sino por la maestría que resplandece en sus construcciones, conocidas unas, mal estu¬ diadas todas, en las que los elementos decorativos, vegetales, con exuberancia y valiente talla, siempre se subordinan a las lineas escuetas y puras del trazado. EXCELENCIAS ANTIGVEDAD, Y NOBLEZA de la Arquitectura, DEBAXO DE LA PROTECCION DEL Excelentissimo Señor Don Ginés Fernandez de Castro, Conde Lemos, Andrade, Villalva, &c. por Domingo de Andrade, Maestro de Obras de la Santa, y Apostólica Iglesia del Señor Santiago Vnico Patron, y Tutelar de España. Con licencia. En Santiago: Por Antonio Frayz. Año 1695. ELOGIO Por el Padre Predicador Fr. Ma- | noel Pereyra Monge del Orden de N. P. San Benito 'el Real Monasterio | en de S. Martin de Santiago, | singular histo¬ riador, y versado en todo, | al Autor amigo suyo. Con particular atención, diligente cuidado y sumo gusto he mi¬ rado y leído este tratado de la antigüedad y nobleza de la ciencia de la Arquitectura, que compuso Domingo de Andrade, Arquitec- 134 — — to y Maestro de las obras de la Santay Apostólica Iglesia del Se¬ ñor Santiago, único Patrón Tutelar de España; en que con uni¬ y versal erudición y arguta solideza prueba como es ciencia acquisi- ta por demostración, poniendo reglas fundamentales De este Real Convento de S. Martin de Santiago, y Abril 8 de 1695. Aprobación del Padre Fray Iuan Rodríguez Feyjoo, Lector de Theologia Escolástica en el Convento de Nuestro Padre San Francisco de la Ciudad de Santiago. San Francisco de Santiago, y abril onze de mil seiscientos y noventa y cinco. Aprobación del M. R. P. M. Fr. Antonio Perez, Calificador del Santo Oficio Reyno, Regente de la Cᬠde este tedra mas antigua de Santo Tomas, en la Uni¬ versidad de Santiago, y Examinador Syno¬ dal de ,su Arçobispado, del OrDEN de Predicadores. De orden del Señor Doctor D. Antonio Enriquez, Vizconde Arcediano de la Reina, Dignidad y Canónigo de la Santa y Apos¬ tólica Iglesia de Señor Santiago, Provisor y Vicario general de su Arzobispado: He visto un papel que se intitula: Excelencias de la Arquitectura, su antigüedad y nobleza, que compuso Domingo de Andrade, y no solamente no hallo cosa que pueda calumniar la ra¬ zón, sino mucho que deba alabar la ingenuidad en él. Treinta y un años ha que el Autor es Maestro de obras dd Santo Templo del único Patrón de las Españas; y cuando las que en él hizo por el dis¬ curso de este tiempo no pregonaran la perfección de su Arquitec¬ tura a todo el mundo, venia muy al punto lo que de Hermógenes dixo Tertuliano: documenta artis suae dum ostendit, ipse se pinxit; que el explicar en este papel los principios, nobleza y antigüedad de arte, es pintarse a si mismo enseñando a los lectores lo que su sabe, en lo que escrive. Mirado el papel a la primera luz, da a en¬ tender que su Autor se entró en ajena mies, pero aun en eso mis¬ mo explica la erudición de Arquitecto; porque como enseña Vitru- bio, cuyas máximas venera En este Convento de N. P. S. Domingo de Santiago. Abril 9 1695. Licencia del Ordinario. Nos el Doctor Don Antonio Vizconde Enríquez, Arcediano de Reyna, Canónigo Dignidad, Provisor y Vicario general, en la San¬ ta Iglesia, Ciudad y Arzobispado de Santiago, por su Señoría Ilus- trísima, etc. Por el tenor de la presente, damos licencia, para que se pueda imprimir el tratado de las excelencias de la antigüedad y nobleza de la Arquitectura, compuesto por el Maestro Domingo de Andra- de, mediante en él no hay cosa contra nuestra Santa Fe y buenas costumbres. Dada en la ciudad de Santiago a doce días del mes de abril de 1695.—Licenciado Vizconde.—Por mandato del Señor Pro¬ visor de Santiago, Bartolomé Sánchez. Al que leyere. Repetir hazañas, no es aumentarlas; decir del noble que es no¬ ble, no es darle nobleza; como engrandecer a un Príncipe no es aumentarle, antes parece lisonja (plática de amigo doble), así lo dice lubenal: Quid quod adulandi gens prudentissima laudat, ser- monem indocti jaciem deformis amici. Porque dar, no es dar aque¬ llo que uno tiene, y dar a cada uno lo suyo, no es gracia, que es justicia, como consta de su definición. (Aunque se tiene por gra¬ cia hoy dar lo que es de justicia.) Y así tratar de la antigüedad y nobleza de la Arquitectura me fuera escusado, pues tan de suyo la tiene, como es notorio a doctos y leídos, que no sólo le dan no¬ bleza, y llaman ciencia, sino amparo de las gentes, pues las defien¬ de con fortificaciones de los enemigos, y de los rigores del tiempo con casarías y Palacios; y aun la llaman prodigio y maravüla del mundo; pues ella hizo maravillas; como los muros de Babilonia en Caldea de la Asia; el Coloso del Sol en Rodas; las Pirámides en Egypto; el Mausoleo de Artemisia en Caria; el Templo de Dia¬ na en Efesso; el Simulacro de Júpiter Olympio en Acaya; la To¬ rre del Faro en Egypto, y la octava la obra del Real Escurial en España. Pues todas estas referidas obras son más que partos de esta noble ciencia? Y así para los doctos y entendidos no se pone este tratado, sino para los que en todo ponen censura, que con — I.sí) — ella clarifican más; porque son como la lima, que muerde al oro y lo deja más claro; y el que culpa grandes obras, o con su envidia las califica, o con su advertencia las mejora: como a Demosthe¬ nes, que lo hizo más célebre la acusación de su enemigo Esquines; a Catón la de Galva y a Cicerón la de Salustio; y también el que sopla la ceniza de encima la brasa, o con ella se salpica la cara, o se ciega, y la brasa se descubre más lucida, a estos tales se les puede acomodar el dicho de Plutarco: Garrulus nec tacere potest, nec potest oblivisci, y el de Plinio: Muta cicala pro miraculo est, y el de Séneca: Imago animi sermó est, & qualis vir, talis or atio; y el que censurare debe de estar muy libre según Salustio: Omni vitio caret et debet, qui in alterum paralus est dicere] y elegante¬ mente repite Plutarco: Formicarum & murium est morderé. Y otros muchos más Autores reprehenden este perverso vicio de la censura, que aimque no faltará, ni por eso dejaré de poner lo que es noto¬ rio a peritos a instancia de un amigo; porque parece a algunos, cuando un Maestro de Arquitectura da disposición a un oficial en im canto o madero (que lo mismo fuera en mármol, jaspe, plata u otro metal) que es desdoro, y por eso irónicamente llaman al Maes¬ tro de Arquitectura un cantero (aunque hay algunos que usurpan el nombre de Maestros, que aún no merecen el de cantero, y de éstos no se trata, porque ni Maestros, ni Arquitectos se deben lla¬ mar) y esto es, porque no saben qué es Arquitectura ni quién la profesó ni inventó; y si les dijera que su Autor fué Dios, se es¬ candalizaran, y si les dijera que él mismo la ejerció y que gran¬ des Príncipes la ejecutaron, se reyeran; y dirán que es vanidad y sobervia; pero se lo probaré con Historias Sacras (que contra ellas nadie puede ir), y con humanas admitidas de todos, para que con ellas reconozcan la verdad y se apliquen a esta ciencia por su es¬ timación, y porque ellas les moverá a estudiar otras, que en sí comprende, y que sin ellas mal se puede alcanzar, como lo hacen muchos señores, y principalmente fuera de España; y ocupándose en ellas se apartarán de toda ociosidad y conocerán cuán útil es a todos, y a cavalleros como a Principes, no sólo para reconoci¬ miento de las fábricas de caserías y palacios, sino para las de for¬ tificaciones, sitios, ataques de ciudades y plazas, y para inteligen¬ cia de países, lo cual todo se reconoce por lineas, superficies y figu¬ ras, que aunque la Geometría y Matemática las enseñan en par¬ tes, la Arquitectura en el todo las corrige, y aclara con enteras de¬ mostraciones. Bien creo que al curioso Lector no le faltará qué decir, porque la diversidad de sentires no puede dejar de traer consigo alguna censura contra la obra, que cualquiera hace, pues es muy antigua, como lo dijo Pérsico: Velle suum cuique opus, nec voto vivitur vno.' Y para atosigarla hay tantos venenos, como in¬ genios, como lo refiere Tertuliano. Tot ventila, quot ingenia. Pero consuélome, que para diferentes dictámenes no hay obra tan per¬ fecta en que no se incluya alguna de las tres diferencias que pone Marcial. Sunt bona, sunt quœdam mediocria sunt mala plura. Y aimque en este corto tratado no hubiera el sunt mala plura, no faltará un Zoilo o un Teon, ni un Hipomanaz que le mordieran, como lo dice el proverbio de Paulo Manucio. Dente Teonino rodi, ni un Momo, o un Oseo que le tachara. Pero alcanzando el aplau¬ so de los bien intencionados, para los demás diré: Nam nimium curo: nam nostrœ jercula cenœ, malim convivis, quam placmsse co¬ quis. Y amigo lector, escogerás lo que te pareciere, que para el Zoylo refiero de Nivemensio los siguientes versos de una epigrama, no tratándole de bruto, sino de monstruo. Vale. {Siguen los versos.] Antigüedad de esta Ciencia. Con muy justa razón me dirá el curioso lector, que, o presumo de Arquitecto, o que quiero dar qué decir, por meterme a escrivir de la antigüedad, y nobleza de una ciencia, de quien escrivieron grandes y eruditos Escritores. Digo que no pongo reglas ni demos¬ traciones; porque bastantes han puesto muchos y diversos Auto¬ res; pero aunque escrivieron de su antigüedad y nobleza, escrivió cada uno un poco, y yo como la abeja, escogiendo lo que alcanzó mi corto caudal, de cada uno, lo manifiesto en este tratado; sin presunción (pues no es mío) de atribuírmelo Pues con pruebas tan evidentes no puedes negar, ni escandali¬ zarte en oír, que Dios fuese el primero y supremo Arquitecto, pues reconoces las obras que dispuso, y aun con algunos Autores Theo- logos me atrevo a decir dibujó y delineó, sacándolo de las pala¬ bras: Scriptas digito Dei. Y así con todo lo referido bastante pro¬ bado dejo la antigüedad de esta ciencia y quien fuese su primero actor. De la nobleza de la Arquitectura. Por los respetos que se tienen a las personas, venimos en co¬ nocimiento de ellas; y así viendo que im Príncipe y sus grandes respetan a alguno, inferimos ser un gran Señor; y si vemos pro¬ fesan alguna ciencia; también reconocemos ser noble y útil; por¬ que vil y inútil no la profesara ningún noble. Pues asentado este principio, esta ilustre ciencia siempre fué respeteda, profesada y ejercitada de Señores Emperadores, Reyes, Príncipes y Cavalleros, así antiguos como modernos:, como de Symando, Rey de los Per¬ sas; Alejandro Magno, Augusto César, Octavio, su hijo (a quien dedicó Vitruvio Polion diez libros de ella) ; Marco Aurelio, Publio Minidio, Domiciano, y otros. De los modernos, el gran Monarca Felipe II. Ferndinando III. Emperador de Alemania (gran profe¬ sor de esta ciencia, que escribió mucho y con demostraciones su¬ yas su Camarero Sigefredo Hersch) ; Daniel Bárbaim, Patriarca de Aquilea, que escribió admirablemente, y con varias y eruditas de¬ mostraciones, su Alteza el Señor Don luán de Austria, el Señor Conde de Lemos, y sus antecesores, que hicieron en Nápoles in¬ signes obras, como consta de los letreros de ellas, que uno comien¬ za: Forum ad publica nego tia, &, y prosigue: Ferdinando Ruiz a Castro & Andrade Lemensium, &, y acaba: Refectum est anno Dñi MDC. Y otra en dicha Ciudad, cuyo letrero: Amplissimas Mdes, quas, &, y prosigue: Ferdinandus a Castro Lemensium Co¬ mes, Chaterina Zuniga, &■ Sandoval, &, y acaba: Mdijicandas czí- rarunt. El Señor Duque de Uzeda, el Señor Conde de Alva Real, de quien recibí varias erudiciones. Pues qué diré de los Señores Re¬ yes de Francia, Señores de Alemania, Señores Duques de Floren¬ cia y de otros Señores; que apenas hay Príncipe que no se precie de saber esta ciencia; y de ella tienen academias; en fin, por ser tan noble se precian grandes Señores de profesarla, que a no serlo, ni aun la nombraran. Pues qué diré de los profesores que ella en¬ nobleció: a un Rafael de Urbino, y a im Bramante, que honras no hicieron los Sumos Pontífices por las trazas de la Santa Iglesia de Roma y a Michael Angel de Bonarota por haberla ejecutado; a Dominico Fontana honró Sixto V con un hábito de Caballero; al Bemino Inocencio XI con otro, a uno por haber levantado la agu¬ ja en la Plaza Vaticana, y otras; al otro por haber hecho la Co- lunata en Roma; a Bartolomé Fernández Lechuga (Maestro que fué de las obras del Patrón Santiago) honró el Señor D. Felipe IV con otro, por haber acabado la Alhambra en Granada; a Pedro de la Torre con merced de otro; y a D. Francisco Herrera, Maestro de las obras Reales con otro 139 — Pkueba de que la Arquitectura, es ciencia. Como quedan probadas antigüedad y nobleza de la Arquitec¬ tura, resta probar que sea ciencia, pues algunos lo niegan, cuando graves Autores en sus escritos le llaman ciencia y lo defienden, como Daniel Bárbaro, Filósofo y Teólogo, Patriarca de Aquilea; Marco Vitrubio Polion, Atanasio Kirkerqui, el Ilustrisimo Señor D. luán de Caramuel Obispo de Vegeven, Conde de Zen y del Con¬ sejo de Su Majestad, y otros muchos, que la brevedad impide Prueba de que la Arquitectura Militar y la Civil sea una misma. ... Mas digo, que como toda ciencia depende de lo especulativo y práctico, asi la Arquitectura, ella más que otras, porque lo prác¬ y tico sin lo especulativo consigue tantos desaciertos, como hierros lo especulativo sin lo práctico. Y así no consiste en saber disponer o trabajar tma pieza y otra, que cada una de por si estará bien tra¬ bajada, y después todas juntas harán un monstruo, compuesto de algimas partes buenas cada una de por si, y juntas disformes; como no consiste en saber dibujar, y delinear sin conocimiento de lo que importa al dibujar, y de la operación que hacen las líneas en sus encuentros, y cada una de por si, ni tampoco hacer un ba¬ luarte, que conste de frente, ñanco y gola, sino que sea proporcio¬ nado a la cortina, y de él se defienda el otro (y aun dos en lo re¬ gular) y que todas las partes sean uniformes, y proporcionadas unas con otras; como no consiste el delinearlas, sino reconocer el sitio acerca de los padrastos, llanos y ríos, y como se ha de ejecu¬ tar en los escarpados (que en la Arquitectura Civil llaman avan- zamientos, o tiranteles, y badanteses) por cuya causa de no se sa¬ ber lo especulativo jimtamente con lo práctico, suceden cada dia infinitos hierros, así en las obras públicas como particulares, y no sólo en las Civiles, sino en las Militares, como en una Iglesia, que se cayeron las bóvedas, y media naranja hay años en Medina del Campo, por no saberse los cortes, en donde murieron más de mil personas, y otra media naranja en Salamanca, que œ cayó por faltar las pechinas, y en el fuerte de Goyanes, que se cayó toda una cortina después de acabado, por falta del escarpado, o de lo que había de dar al pie del rampante o muralla; y otras más que I40 — - cada día suceden, de que provienen infinitos daños; y cuando en un sitio, o ataque de una plaza muere mucha gente se conoce fué por haberse errado la linea, y por poca cantidad suele el enemigo barrer una fila de gente, como por ponerse mal una piedra, arrui¬ narse un edificio. Y asi, para evitar semejantes daños, y por el bien común era bien se ejecutase la ley del Emperador Augusto, y de otros, y las que puso el invicto Carlos Quinto en la Imperial Toledo el año de 1534, en las cuales mandaba fuesen los Arqui¬ tectos y Maestros de obras examinados y aprobados por personas peritas, asi en lo especulativo como en lo práctico; en lo especu¬ lativo por las ciencias de que usa la Arquitectura, como por la Geo¬ metria, y las demás atrás referidas; en lo práctico, por las obras que aparejaron, o a que asistieron: y no siendo aptos, no se les permita tomar obra que pase de cincuenta ducados. Y los Empe¬ radores antiguos mandaban que por la primera vez que errase la obra, fuese privado de Arquitecto o Maestro y volviese a ser ofi¬ cial ; y por la segunda privado de Ciudadano, y echado fuera, como pernicioso a la república. Pero armque hubiera examen y fuesen en Academia, no dejaría de haber algunos que pudiéramos excla¬ mar con Gregorio Valentino Wijnter, que dice de algunos Docto¬ res de su tiempo unos versos, que por no escandalizar los omito, y acaba con este dicho: Et lamen creamini Doctores. Y exclama: O témpora! O mores!.... Y no trato de las cinco órdenes de la Arquitectura, ni de cor¬ tes de cantería para lo práctico, ni pongo demostraciones asi de la Civil como de la Militar; porque hay bastante escrito; sólo ofrez¬ co un tratadillo de instrumentos para la Militar (queriendo Dios) con demostraciones de máquinas, algimas en estampa acabando sus dibujos, y otras en plática, que son cómo se puede minar o dar fuego a una muralla debajo del agua con hornillos, aimque sea una pica de agua debajo. Otra para pasar un rio por debajo del agua sin ser visto ni sentido del enemigo, o dar barreno, o pegar un pe¬ tardo a un navio para abrirle el costado o junto a la quilla. Otra para cuando hay falta de pólvora en la plaza, para arrojar cantos grandes y barriles de fuego de alquitrán, y pez para desalojar al enemigo de sus obrajes, y para arrojar abrojos para enclavar la caballería. Otra para cuando hay falta de pólvora, bala y cuerda, y aun pan, y no se puede llegar a la muralla para meterlo dentro de la plaza desde rma batería. Solamente digo acerca de los luga¬ res que en este corto tratado pongo para mi intento de las Sa- - HI — gradas letras,no me meto sobre su interpretación, porque Hugo de San Víctor pone tres; Historial, Mística y Moral. San Agustín pone cuatro: historial, alegórica, anagógica y etiológioa. Y otros muchos ponen seis: literal, moral, tropológlca, anagógica, tópica, física o natural. Yo no tomo más que la historial, o literal, porque no me toca por mi profesión, ni me importa para mi intento. Y en cuanto a la defensa de que sea la Arquitectura ciencia, algrmos lo repugnarán, pero será porque no habrán visto Autores que la de¬ fienden (como llevo dicho), y de eso no me admiro, pues veo en escuelas muchas controversias sobre todas ciencias, porque en la Filosofía entre los antiguos son contrarias los Pitagóricos a los Platónicos; éstos a los Epicuros; éstos a los Estoicos, otros a los Peripatéticos, éstos a los Gimnosofistas, y éstos a los Cínicos &. Entre los modernos no digo más, que lo digan las disputas, que se ven cada día, y a lo último se acaba con una distinción, materia- liter concedo, formaliter nego; o intrinsice, vel extrinsice; o abs- tracté, vel concreté, o Physice, vel Metaphysicé; o a priori, vel a posteriori, o con otras que dejo, y a lo último después de media hora, o más de disputa todos quedan bien, sin que nadie queda concluso, aunque los entendidos oyentes (callando) dan la razón a quien la tiene; y así, aunque alguno me contradiga, diciendo que puse algunas simplicidades, el entendido atenderá a la razón, no mirando que el que compuso este tratado es, o no es hombre de puesto, porque hoy es menester para autorizar su dicho tener pues¬ to (cosa que no miraban los antiguos, sino a los dichos), como si el puesto da el saber, o la sabiduría el puesto, aunque uno con otro autoriza más; pero para lo que aquí escribo de mi profesión basta el ser Maestro de las obras de la Santa y Apostólica Iglesia del Patrón Santiago, y las obras que hice en ella, y fuera de ella. Y así todo lo dicho dejo sujeto a la censura de los entendidos y de¬ bajo de la corrección de la Santa y Apostólica Iglesia Romana, como hijo suyo. Autores previstos. Antiguos y Modernos, así de la Civil como de la MilitarArquitectura, no sólo Arquitectos, sino históricos. Sagrada Historia. losepho de Antiqmtatibus. Vitrubio, en la Civil y Militar. Sebastián Serlio Bolones, en la Civil. Daniel Bárbaro, en mm y otra. León Bautista, en mía y otra. Padre Clavio, sobre las obras de Euclides. lusto Lipsio, de bello Roimnorum. Daniel Santbech, de artificio circulandi Sphccras. luán de Monte-Regio, de triangulis. lorge Peurbachi, de sinibus & chordis. Andrea Paladio, en la Civil, lacome de Biñola, en la Civil. Antonio Labaco, en la Civil. El Caballero Fontana, en la Civil. Algunas demonstraciones de Michael Angelo. Pedro Antonio Barca, en la Civil. Padre Clavio Francisco Milliete, en mm y otra. Samuel Marlois, en una y otra. Cario Osio, en una y otra. Pietro Poíulo Florián, en la Militar. Agustín Ramelli, da machine en la Militar. Nicolás Tartalla, en la Militar. Matías do Gen, en la Militar. El Caballero Antonio da Vila, en la Militar. Don Pedro Antonio Ramón, Duque de Segorbe, &, en la Mi¬ litar. Don Alomo de Cepeda y Adrada, en la Militar. El llustríámo Señor Don luán de Caramuel, en una y otra. El Reverendísimo Padre loseph Zaragoza, en la Militar. El Capitán Sebastán Fernández de Medrana, en la Militar. Don Diego Enríquez de Villegas, en su Academia Militar. Estos y otros diversos Autores he mirado, el curioso que los viere hallcurá en ellos mucho y bueno en donde cada uno pone su discurso acerca de las Matemáticas e instrumentos, pero las evi¬ dencias son quien todo lo aclara. FINIS