JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS Ë INVESTIGACIONES CIENTIFICAS CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS FUENTES LITERARIAS PARA LA HISTORIA DEL ARTE ESPAÑOL POK F. J. SÁNCHEZ CANTÓN TOMO IV SIGLO X V TU LAS VIDAS DK LOS PINTORRS Y ESTATUARIOS EMINENTES ESPAÑOLES POR A. -PALOMINO VELASCO MADRID C. BERMEJO, IMPRESOR STMA. TRINIDAD, ~ . — TELÉF. 3II99 1936 CONTENIDO DE ESTE TOMO Al publicar el primer volumen de esta colección, en 1923 se pensaba darla por conclusa con la impresión de los extractos de los dos primeros tomos del libro de Palomino, incluidos en el volumen III de FUENTES; en su prólogo ya se anunciaba la publicación del IV, lleno por el tomo III del Museo pictórico y escala óptica del mismo erudito pintor. Al sacarlo ahora a luz anúnciase la continuación de la serie con un volumen final. Las razones que han decidido a esta ampliación del plan de la obra, sumariamente expuestas, son las que siguen: No cabe considerar el libro de Palomino como último tér¬ mino de una serie, ni menos como inicial de otra, porque no se aparta, en cuanto a los materiales utilizados y a las normas criticas, de los escritos precedentes. Los libros posteriores a él siguen manteniendo los caracteres que presentan los tratados de los siglos XVI y xvii. Para encontrar un tipo nuevo y trans¬ cendental en la Bibliografia artistica española hay que llegar a 1800. A lo largo de todo el siglo xviii se producen obras que fuera indebido dejar sin extracto en nuestra colección por ser inédi¬ tas, algunas; raras, varias; inaprovechadas, casi todas. Por fin, hay que sumar la conveniencia de recoger en apén¬ dices ciertos textos de los siglos xvi y xvii omitidos cuando se extractaban los coetáneos. La justificación del V volumen, con lo dicho, resulta evi¬ dente. Como, asimismo, parece lógico el corte de la colección antes del Diccionario de Ceán Bermúdez, porque en esta obra entran ya aportaciones documentales y datos adquiridos en — VI visitas artísticas sistemáticas, unas y otros recogidos por el propio autor o por colaboradores suyos, como Pérez Sedano, o lucrándose del caudal de noticias allegado por el viajero Ponz. Añádase, para acentuar sus diferencias con los textos anterio¬ res, la formación de Ceán Bermúdez, al lado de Jovellanos, im¬ pregnada del nuevo sentido crítico y basada en la seriedad de la investigación, que son notas de los estudios históricos bajo Carlos 111. LAS "VIDAS" DE PALOMINO Como dicho, en este volumen se reproduce el texto ínte¬ va gro del III tomo de El Museo pictórico^ que, si bien incluido en elsegundo cuerpo de la obra, con paginación corrida, al darle portada independiente se trasluce el designio del autor de con¬ siderarlo escrito complementario; pero, aparte. Su titulo: E! Parnaso español pintoresco laureado con las Vidas de los Pinto¬ res y Estatuarios eminentes españoles. Escribió Palomino las vidas y elogios siguiendo los ejemplos de Vasari, Van Mander y demás cultivadores de la biografía artística a los que nuestro pintor conocía, según muestra en muchos pasajes, y con mayor puntualidad en las págs. 195-203 del volumen III de FUENTES. Calla lugar, injustamente, en ese el nombre del autor que más aprovechó: D. Lázaro Díaz del Valle, pues sus manuscritos, que en otros menciona *, le valie¬ ron de mucho yquizá sirvieron de núcleo inicial para las Vidas. Se sirvió, además. Palomino de libros hoy perdidos, cuales la biografía de Velázquez, escrita por el pintor cordobés D. Juan * Págs. 3 y 178 de este volumen. En la primera es donde dice que poí¬ no ser D. Lázaro «de la profesión» «ha sido menester fundirlo para vaciarlot. _ VII de Alfaro, el manuscrito de D. Francisco Solis; Vidas de algu¬ nos pintores españoles han sobresalido en las tres artes de que Pintura^ Escultura Arquitectura^ el tratado de Ximenez Do¬ y noso, el de Fray Felipe das Chagas y, tal vez, otros. Sobre esta base y sobre la lectura atenta de los libros del P. Sigüenza, Carducho y Pacheco y de otros tratados menores, como el de Garcia Hidalgo, a quien era muy poco afecto, vi¬ nieron a sumarse abundantes noticias aportadas por la tradición oral, viva en academias y talleres; y lo aprendido durante lar¬ gas estancias del autor en Córdoba, Valenda. Salamanca y Ma¬ drid, centros artisticos vigorosos en el siglo xvii. Sabido esto, no sorprenderá que el valor de las Vidas de Palomino resida en las de los pintores y escultores de tiempos de Felipe IV y Carlos 11, y que las de los anteriores ofrezcan menguado interés. La importancia de las Vidas fué pronto reconocida en Euro¬ pa; además de la segunda edición del Museo pictórico^ completo, en 1795-7, hecha por Sancha en Madrid—la portada de El Parnaso es de 1796—, se publicó en Londres un resumen en inglés en el año 1739; en 1744 se imprimió allí en castellano el mismo resumen *; en 1749 salió en París la Histoire abrégée des plus fameux peint? es^ esculpteurs et architects** ', y en 1746 vió la luz en Londres un libro, a nombre de Palomino y Velasco * Las vidas de los Pintores y Estatuarios eminentes españoles que con sus heroycas obras han ilustrado la Nación y de aquellos extranjeros ilustres que han concurrido en estas Provincias y las han enriquecido con sus Emi¬ tientes Obras. Por Don Antonio Palomino y Velasco, Pintor de Cámara de su Magestad Felipe quinto. Londres, Impresso por Henrique Woodfall A costa de Sam. Baker en Russel Street Covent Garden and T. Payne en Rond Court in the Strand. MDCC XLIV. En 8." 221 -f- I págs. (la 221 por error numerada 325). Lleva indice de artistas y de ciudades. El editor recomienda el libro como guia de España. El resumen es conciso: la Vida de Velazquez ocupa ocho páginas y media muy tan sólo. No lo cita Menéndez y Pelayo. ** Menéndez y Pelayo (H.'" de las ideas estéticas. III, vol. 2.°, 1SS6, pᬠgina 370 nota) cita como obra distinta: Abrégé de la vie des plus fameux, etc. París, 1762, extracto que atribuye a D'Argenville, Es libro que no he visto. — VIH — y Francisco de los Santos *, titulado: Las ciudades, iglesias y conventos eminentes donde ay obras de los pintores y estatuarios españoles. Probablemente, no son éstos los únicos ecos directos de las Vidas. Todavía en 1782 y en 1787 al sacar Richard Cum¬ berland las ediciones de sus Anecdotes of Eminent Painters in Spain during the sixteenth and seventeenth century (London: G. Dilly), aunque dice que no se limita a extractar a Palomino y alardea de su conocimiento de libros españoles y de nuestro arte, en realidad, apenas hace otra cosa que resumir al pintor tratadista. Cuando escribía Palomino el capitulo IX del libro II del pri¬ mer tomo, declara su intención de publicar las Vidas «porque miro en nación tácitamente reprehendida de esta parte nuestra los extranjeros». Salió este tomo, como essabido, en 1715' Y en 1724 el segundo, donde figura la parte biográfica y la última fecha que en ella se registra es la de «este año de 1724» en la página final, cuando habla de que el escultor José Mora vivia a la sazón; pero «muerto para el mundo» por estar loco. Tales son los limites de la elaboración de las Vidas', en las que se comprenden los pintores y escultores más nombrados a partir del mitico Antonio del Rincón: no biografia, según se indica, más que un artista entonces viviente: José de Mora. Fuera caer en proligidad subrayar los aciertos y los errores de Palomino; aquéllos y éstos serán apreciados por los lec¬ tores, pues unos y otros son ostensibles. Sobra con señalar las magnificas biografías de Velázquez, Alonso Cano, Carreño, Claudio Coello y Lucas Jordán, nutridas de noticias, ricas en pormenores sabrosos y no desprovistas de pasión; y entre las equivocaciones: haber creído en la estancia en España de Ti- ziano, haber confundido a Sofonisba Auguisciola con Artemisia Gentileschi, a Juan Bautista de Toledo con Monegro... Pero, cuando de defectos y errores se trata, debe recordarse siempre el cronista del Escorial Fray Francisco de ios Santos ia * Desde luego, es obra del cual se extractó en las págs. 215-309 del t.° II de FUENTES. aquella noble respuesta de Bartolomé Carducho recogida por su hermano Vicente: Alababa una pintura hecha «con tanto deseo de acertar, cuanto habían sido las diligencias y estudio para conseguirlo»; pero un Zoilo que estaba mirándola, «mudo para la alabanza y lenguaraz decir mal», le arguyo: «¿Cómo para no ve V. md. este pié tan mal hecho y fuera de su lugar?»; y el florentino respondió: «No le había visto, porque estas manos y este pecho me le encubrían excelencia y dificultad». con su Menéndez Pelayo señala que el dictado de Vasari español que dan a Palomino «complacientes admiradores» «le viene demasiado ancho, puesto que ni en la gracia de estilo ni en la riqueza y abundancia de las noticias, ni en el fino tacto estético, hay punto de comparación entre el biógrafo español y el ita¬ liano». El juicio es certero y el dictado tan falso como casi todas lastransposiciones de tiempos y países estiladas en parangones semejantes. Pero, aunque prescindamos del valor histórico de las Vidas dentro de esta colección de FUENTES, que por nadie será puesto en duda, hay que afirmar el provecho que puede sacarse de su consulta y hasta el agrado de su lectura, no des¬ apacible la viveza de los agudos dichos que animan el relato. por Al reimprimir las Vidas se suscitó el problema del número y extensión de las notas requeridas por un texto abundante en particulares rectificados en los últimos años. La anotación com¬ pleta exigirla una labor fácil, pero larga, y un espacio despro¬ porcionado respecto a los textos precedentes y, tal vez, a su utilidad; por lo cual se limitan las notas a las más precisas rec¬ tificaciones. En cambio, se ha procurado que los índices de personas citadas y de localidades sean completos y escrupulo¬ sos, pues es libro que los necesita para su manejo eficaz. En los tomos anteriores sólo se registraron en los indices de nom¬ bres los de artistas; en el de éste se ban anotado las referencias a todas las personas citadas—con las excepciones que se señalan a la cabeza—por haber estimado de utilidad su inclusión; ya que son noticias de coetanes del autor, en su mayoría. A. PALOMINO EL PARNASO ESPAÑOL PINTORESCO LAUREADO 1724 EL PARNASO ESPAÑOL pintoresco laureado. TOMO TERCERO. con las vidas de los Pintores, y Estatuarios Eminentes Españoles, que con sus heroicas obras han ilustrado la Nación: y de aquellos extranjeros Ilustres, que han concurrido en estas Provincias, y las han enriquecido sus con Eminentes Obras; graduados según la serie de el tiempo, en que cada uno floreció: para eternizar la memoria, que tan justamente se vincularon en la pos¬ teridad tan sublimes, y remontados espiritus. En Madrid. Año de 1714. PRELUDIO DE ESTA OBRA. La naturaleza inconstante de las cosas terrenas y el sucesivo curso de los tiempos, son causa de que aquéllas no permanezcan en un estado y de que éstos borren las huellas de lo sucedido. Por eso advertidamente los antiguos procuraban perpetuar la memoria de aquellos ínclitos varones cuyas hazañas les constituyeron acreedo¬ res grabando sus eñgies en del inmarcesible laurel de la Fama; ya los escudos, para animar a los combatientes que seguían su ejem¬ plo; ya colocando en los atrios y fachadas de sus mansiones, en debida custodia, aquellos mudos simulacros para que su memoria y ejemplo estimulasen a los presentes a la imitación de sus ma¬ yores. No de otro modo en este tratado pretendemos delinear (en la descripción de sus vidas) las eñgies de los eminentes ingenios es¬ pañoles que en las artes del Dibujo se aventajaron y ascendieron a la cumbre de la inmortalidad por alguna de las veredas que fe¬ lizmente les conducen a lograr el merecido premio de sus deliciosos afanes, para que su ejemplo y memoria sirvan de estímulo a los que siguen sus huellas. Empresa es verdaderamente difícil retroceder en la veloz ca¬ rrera de los siglos investigando las huellas que dejó (si no del todo borradas) desconocidas la repetición de los sucesos. Por esto algu¬ nos de nuestros eminentes héroes apenas han dejado la memoria de su nombre, desñgurados los vestigios que los constituyeron in¬ ya mortales. Otros han sido más felices, no tanto por más conspicuos, cuanto por más afortunados, habiéndoles dispensado la suerte la aplicación de algún curioso en el apuntamiento de sus vidas, o la de algún escritor que las perpetuase en las prensas. Poreso discurría mi cortedad que no hay apuro tan difícil como el histórico, porque los demás dependen de las voluntarias sutilezas del discurso o la artiñciosa composición del ingenio; pero io historial está aligado a las precisas puntualidades del hecho y a las indefectibles circunstancias que le abonan; y así, o ha de ha¬ ber instrumentos por donde conste tradición invariable que lo ase¬ gure o experiencia propia que lo acredite. Y esto se llegue, la poca o ninguna aplicación de nuestros como a españoles a perpetuar la memoria de sus naturales, se hace la em¬ presa más difícil. ¿Qué fuera si nuestra fortuna, o nuestra desgra¬ cia, trajese el origen de nuestros eminentes pintores de siglos más remotos? Pues apenas pasa de dos la serie de sus vidas. ¡Mil años estuvo sepultada la Pintura en estas provincias de Occidente (como dijimos en el tomo primero, y dice en sus discretas Octavas Pablo de Céspedes) sin dejar ni aun vestigio leve de sí misma! Y en España tardó aún doscientos años más en convalecer, porque la preocuparon andados de mayor importancia a la Religión y a la Patria. En la Real pública Librería de esta Corte (que a beneficio co¬ mún está manifiesta a expensas de Su Majestad, Dios le guarde), hay un libro manuscrito (que es la exposición del Apocalipsis) cu¬ yas misteriosas visiones e historias o figuras están expresadas de pincel; ¡cosa tan indigna y abominable en el Arte que no se pueden mirar sin risa o sin desprecio! En que se califica la suma impe¬ ricia que había (especialmente en este arte) no sólo en estos reinos, sino en todas las provincias de Europa; pues estando, como lo está, dedicada esta obra al señor Rey Don Fernando el Primero el año de 1045, es claro que sería lo mejor que hubiese en Europa; pues aún dudo dicha pintura, tal cual, fuese hecha en España, que donde sólo comenzó a renacer en tiempo del señor Rey Don Fer¬ nando el Quinto, llamado el Católico, por los años de 1500 *. Así no extrañará el curioso que esta serie histórica no comience en los años antecedentes; para lo cual nos ha socorrido un ma¬ nuscrito de D. Lázaro Diez del Valle, criado que fué del señor Fe¬ lipe Cuarto, en tiempo de D. Diego Velázquez, y aficionadísimo a la Pintura; en cuyo obsequio esaibió un libro, traduciendo de Jor¬ ge Vasari las vidas de los pintores italianos, e introduciendo las de * Es curiosísima la referencia. El MS. a que se refiere Palomino es el de los Comentarios de Beato al Apocalipsis y se guarda en la Biblioteca Na¬ cional. En la fecha se equivocó el tratadista, pues lleva la de 1047. Vide: Do¬ mínguez Bordona: Manuscritos con pinturas (Fichero de Arte antiguo). Ma- -drid, iQss, t.° I, n.° 8ço, p. 345. 4 — — algunos españoles; siendo en los antiguos de éstos tan diminuto que apenas toca do que de ellos dicen de paso Pacheco, Carducho, Arfe y Butrón. Y en los de su tiempo tan desaliñado (como no era de la profesión) que ha sido menester fundirlo para vaciarlo *, además de colocarlo con el debido orden sucesivo. También nos ha hecho al caso la curiosa aplicación de D. Juan de Alfaro en haber recogido varios fragmenntos de Pablo de Cés¬ pedes, con algunos apuntamientos de su vida; y, sobre todo, la de Velázquez, su maestro, tan difusa y adornada de erudición, con la asistencia de su hermano el doctor D. Enrique de Alfaro, que, sin duda, debiera intentar formar un libro de solo ella; pues habién¬ dola castigado mucho, quitándole más de otro tanto (bien que se le han añadido otras cosas que oí a Carreño y a otros antiguos), aún ha quedado bastantemente difusa. Con esto, y los referidos autores, ayudado de la propia expe¬ riencia y observación de muchos años, transmigrando la mayor parte de España e informándome de los hombres antiguos de la profesión, se ha podido formar este catálogo de nuestros eminentes españoles en estas Artes, y también de aquellos extranjeros que han estado en España y la han ilustrado en sus obras; en que preven¬ go se han puesto sin cuidado sucesivamente, atendiendo sólo a gra¬ duarlos, según la serie en que ñorecieron, con poca diferencia, corneo en el tomo primero, en aquel breve resumen, según ocurrieron a la memoria, dando a cada uno el tratamiento con que en la esta¬ ción de su vida fué conocido, pues el uso o abuso cortesano de los dones (que en otros tiempos fué particular merced de los Reyes) no estaba tan extendido ahora cincuenta años, como al presente. Léanse nuestras historias y se escandalizará el escruploso de ver a un Conde de Castilla Fernán González, a el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, al señor Antonio Leiva y otros de la pri¬ mera Nobleza de España, y del mundo, sin más ornato en su nom¬ bre que la sencilla imposición que recibió en el Sacro Bautismo. Y asi Pablo de Céspedes, Alonso Cano, el uno Racionero de la Santa Iglesia de Córdoba, y el otro de la de Granada; Pedro Pablo Ru¬ bens, embajador a estos reinos, y algunos otros de conocida ex¬ cepción, se nombran llanamente, sin el cortesano epíteto del don, porque con él fueran desconocidos, no porque no mereciesen adita- * En el t.° II, p. 328, resultó, por error de redacción, atribuido este con¬ cepto a Cean Bermúdez. mentos más gloriosos, sino p>orque en la estación de su tiempo no «staba en estilo. Mengua vergonzosa parece de nuestra Nación sacar a la pública palestra del mundo las vidas de nuestros eminentes artifices, de los cuales los más han vivido en suma cortedad; y los que han llegado a la senectud han declinado a el ultraje de la laceria, buscando su último refugio en la piedad de los hospitales, cuando en las vidas de los extranjeros los vemos abundar en riquezas y cuantiosos víncu¬ los, terminando en magníficos sepulcros y honrosos epitafios. ¡Des¬ ventura de nuestro clima, convertir en delito la naturaleza del país y en castigo las especiosas cualidades del premio! Por esto excla¬ ma justamente el caballero Carlos Ridolfi en la vida del Ticiano (que fué tan favorecido de la fortuna): Felice etade! jortunato secolo! essendo la Pittura dalle libérait mani de Grandi, in cosi gran maniera riconosciutal Tanto avenne negli antiqui tempi di Alesan- dro con Apelle. ¡Porque verdaderamente en tiempo infeliz y mal¬ aventurado clima en vano se desvelan los ingenios en merecer, si los astros son esquivos en influir! ¡No está, pues, la desgracia todas veces de parte de el que ha de dar, sino de parte del que ha de re¬ cibir! ¡Y si en éste superabundan los méritos, se encona m.ás la ■ojeriza de la fortuna, que se esm.era en abatir cuanto el ingenio pro¬ curó sublimar! Yo quedaré gozoso de haber dado motivo a que otros adelan¬ ten este asunto, no permitiendo queden sepultadas en el olvido las noticias de nuestros mayores, porque logren al menos el honor del aplauso en la memoria de la posteridad, en que es menester adver¬ tir que muchos se han omitido por no saber de ellos más que su nombre y también que para ser eminentes y dignos del laurel de la Fama no es necesario que lo sean en todo lo que abraza la facultad de la Pintura, basta que lo hayan sido en algo, porque lo demás es casi imposible que se halle en alguno con igual excelencia, porque siempre se miran unas cosas de recto y otras de oblicuo, y no al¬ canza la vida ni las fuerzas humanas para empeño tanto. Muchos de estos eminentes varones han sido venerables en la virtud, y de una vida ejemplar e irreprensible; pero no es mi ánimo se le dé a este Tratado más crédito de lo que permite la sencilla relación de lo histórico. Vale. NOTICIAS ELOGIOS, Y VIDAS DE LOS Pintores, y Escultores Eminentes Españoles. l.—ANTONIO DEL RINCON, PINTOR Antonio del Rincón no nos dejó (por la injuria de los tiempos) más testimonio de su eminente habilidad en aquel dichoso oriente de esta Arte, que la calificación de haber sido pintor de Cámara del invictísimo señor Rey Don Fernando el Católico; de que se infiere seria lo más adelantado de aquel siglo. Que si bien duraba todavía en estos reinos la manera bárbara, inculta de la Pintura antigua, no obstante, comenzada a renacer con la comunicación de las fér¬ tiles obras se difundían ya por regiones de Italia, cuyas eminentes estas provincias. Y se tiene por cierto que en Roma aprendió Rin¬ cón esta facultad y que son de su mano las pinturas del retablo antiguo de la iglesia parroquial de Robledo de Chávela, villa del Arzobispado de Toledo. Y también en la iglesia de San Juan de los Reyes, en dicha ciudad, los dos retratos de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel. Como también otros muchos en los Sitios Reales de esta Corte y de la ciudad de Granada, sin los que perecieron en el incendio del Palacio Real de El Pardo el año de 1608 *. Fué Antonio natural de Guadalajara y tan estimado de aquel gran Rey que le hizo merced del hábito de Santiago y ayuda de su Real Cámara, en atención a su nobleza, virtud y eminente habili¬ dad. Circunstancias todas que le constituyen acreedor de este lu- * Fué en 1604. — 8 - gar, como sujeto el más conspicuo, antiguo y condecorado que ha¬ llamos desde la restauración de la Pintura en estos reinos. Murió en servicio del Rey en dichos empleos por los años de mil y qui¬ nientos y a los cincuenta y cuatro años de edad, no se sabe dónde n.—VIDA DEL TORRIGIANO, ESCULTOR El Torrigiano Torrigiani (nombrado asi del Vasari) fué natu¬ ral de Florencia, y escultor insigne, y tan estudioso, que era uno de los muchos que acudían para este efecto en aquella célebre Academia del Palacio y jardín del magniñco señor Lorenzo de Médicis, Gran Duque de Florencia y Toscana; de cuyo célebre estudio, ya en las estatuas y relieves más insignes, ya en los dibu¬ jos y pinturas más selectas, salieron los más señalados ingenios de aquel fértilísimo clima y bien afortunado siglo. Entre los cua¬ les sobresalían Micael Angel Bonarrota y el Torrigiano, escul¬ tor; pero éste de tan desmesurado y presuntuoso genio, cuanto el otro de modesto y apacible trato, acompañado de grande aplica¬ ción a el estudio y tan superior adelanto en todas las tres Artes, que con justa razón usurpaba Bonarrota los primeros aplausos de todos y disfrutaba la mayor estimación del Gran Duque, acom¬ pañándola con dádivas y premios magníficos. Era el Torrigiano tan altivo, que no se contentaba con ser eminente, sino que quisiera ser único; no por la ambición virtuo¬ sa del saber, sino por la hinchazón viciosa de dominar. Y así su¬ cedía, que en viendo alguna cosa, que los demás ejecutaban, o la borraba o la deshacía, afectando corrección y magisterio; siguién¬ dose a esto grandes quimeras, que acompañaba con vituperosas palabras y obras. Y como en Micael Angel habla más abundante materia en que cebar su rabiosa envidia, trabó con él un día tal contienda que, viniendo a las manos, le dió a Micael tal puñada en las narices (aunque otros dicen que fué con un tintero de pie¬ dra) que se las desbarató, dejándole señalado para toda su vida, como nos lo manifiesta su retrato. * Véanse las pgs. 295, 299, 300-1, 314 y 317 del t." I y las pgs. 29, 112, ^32 del t.° II de esta publicaclán. Resúmese lo sabido sobre el pro¬ y 330 blema de Antonio del Rincón en mi estudio ; Mito y realidad de Rincón, pin¬ tor de los Reyes Católicos. Madrid, 1934. Tirada aparte de Las Ciencias, nú¬ mero I. 9 — — De esta demasía se dió tan justamente por ofendido el Gran Duque, que a no haberse a toda diligencia escapado a Roma el Torrigiano hubiera experimentado, bien a su costa, su indignación. Llegó, pues, a Roma a tiempo que el Papa Alexandre Sexto hacia obra en el Palacio de Torre Borgia, donde el Torrigiano se in¬ trodujo, y ejecutó con gran acierto varias cosas de estuco. Des¬ pués, ofreciéndose la guerra del Duque Valentin contra la Ro¬ mania. alentado de otros paisanos y amigos suyos, se transformó de escultor en soldado, en que se portó grandemente aquel espíri¬ tu verdaderamente belicoso. Y lo mismo hizo con Paulo Vitelli en la guerra de Pisa; y con Pietro de Médici se halló también en el asedio del Garillano, donde adquirió la insignia y renombre de el valiente Alférez Torrigiano. Finalmente, conociendo que, aunque lo mereciese, no llegaba a obtener el grado de Capitán (que mu¬ cho anhelaba), y que en la guerra no había adelantado nada, ha¬ biéndose aventurado mucho; antes si, había perdido el tiempo y el curso de su Facultad, se volvió a ejercer la Escultura, e hizo algunas piezas pequeñas de mármol y bronce para diferentes mer¬ cantes florentines, que hoy se ven en dicha ciudad en casas par¬ ticulares; y también algunos dibujos hechos con gran valentía y magisterio. Fué, después de esto, conducido de dichos mercantes a Ingla¬ terra, donde hizo para aquel Rey diferentes cosas de mármol, bronce y madera, en oposición de otros grandes artífices, quedando el Torrigiano superior en todo, en que interesó tanto caudal, que a no haber sido tan desbaratado y soberbio, pudiera haber pasado una vida feliz; perola misma viveza y altivez de su espíritu no le permitían sosiego ni moderación en cosa alguna. Después fué conducido a España, donde hizo muchas obras, que están esparcidas en diferentes lugares con gran estimación, y especialmente en Granada, donde se tiene por cierto ser de su mano un medio relieve, que está sobre la puerta de la torre en aquella santa iglesia, donde pretendió la obra de las Urnas, o Se¬ pulcros de los Reyes, en aquella Real Capilla, para cuya oposición hizo aquella célebre figura de la Caridad, de más de medio relieve, del tamaño del natural, que está en dicha iglesia hacia los pies, a el lado del Evangelio, que verdaderamente parece de Micael Angel. Y también es de su m.ano un Ecce Homo, que está sobre el Posti¬ go de los Abades, en dicha santa iglesia. Y tiénese también por cierto serlo las figuras de medio relieve del natural que están en la Portada de la Puente, en Córdoba, aunque ya muy robadas, por lo deleznable de la piedra y la injuria del tiempo. pasó a Sevilla, donde hizo pie, y ejecutó un cru¬ Finalmente cifijo de barro, cosa estupenda! que hoy está en el Monasterio de Jerónimos, fuera de aquella ciudad, y un San Jerónimo con el león, cosa maravillosa! Y últimamente hizo, entre otras cosas, una imagen de Nuestra Señora con su Hijo precioso en los brazos, tan bella, que habiéndola visto cierto gran señor (que a la sazón mo¬ raba en Sevilla), le mandó hacer otra, ofreciéndole remunerársela cuanto quisiese. Rizóla, pues, el Torrigiano, que, según las pro¬ mesas del Duque, esperaba quedar rico para toda su vida. Mas el tal señor, habiéndola recibido y celebrado mucho, le envió a otro día dos mozos cargados de dinero, todo en maravedises (que entonces había muchos en Andalucía, y aun hoy hay bastantes). El Torrigiano, que vió tanto dinero, y extrañó la calidad de él, llamó a un paisano suyo, que tenia comprehensión de las mone¬ das de España y de Italia, que le dijese a qué cantidad correspon¬ día aquella suma en su tierra. Y se halló que apenas llegaba a treinta ducados. Con lo cual el Torrigiano, atribuyéndolo a befa y escarnio, se fué colérico a casa del Duque con un hacha, e hizo pedazos la imagen (la cual era del tamaño del natural; porque una mano que se libró del estrago y anda vaciada entre los mo¬ delos de los pintores, aplicándola a el pecho para dársela * a el Ni¬ ño, es de dicha efigie, y del tamaño del natural, cosa superior! Y le llaman la Mano de la Teta; y aun también la cabeza de la Virgen y el Niño, los pintores). El Duque, pues, te¬ permanecen entre niéndose por agraviado de semejante exceso, dió cuenta a el Santo Tribunal de la Inquisición, calumniando de hereje a el Torrigia¬ no. Lo cierto es que la acción, y habiendo venido de Inglaterra (aunque entonces no estaba allí tan declarada la herejía), junto con otros desvarios de su genio, eran vehementes indicios. Pero no sé yo si el Duque cumplió en lo uno ni en lo otro con las leyes de gran señor, ni aun de caballero; por cuya razón, y por ser es¬ pañol, no le nombro; y más con un extranjero, hombre eminen¬ te, y de genio altivo, cuyo furor le precipitó, herido del desprecio de su obra; a quien tuvo por objeto su intrepidez, prescindiendo de la representación que tenia. * Sic, por dárselo. — II — El Santo Tribunal, substanciada la causa con tan malos visos y con un contrario tan poderoso, después de larga prisión, le sen¬ tenció a muerte ignominiosa. Lo cual entendido por el Torri- giano, que ya se hallaba poseído de una profundísima melancolía, dió en no comer, o por industria o por desgana; y de esta suerte murió infelizmente en la cárcel de la Inquisición de dicha ciudad de Sevilla por los años de mil quinientos veinte y dos, y a los cin¬ cuenta de su edad, con poca diferencia. ¡Oh fuerza de un destino infeliz! * IIL—JULIO Y ALEXANDRO, PINTORES No he querido pasar en silencio la noticia, que encontré en unos papeles curiosos, de estos dos ínclitos varones, Julio y Ale- xandro, pintores eminentes, aunque la haya de sugerir con el des¬ aliño que me la deparó el acaso; pero lo señalado de siK obras les constituye dignos de este lugar, aunque su naturaleza no se sabe; bien que se presume con gran fundamento fueron italianos, así por lo poco práctico de sus nombres en estas provincias, como porque aprendieron el Arte de la Pintura en Roma, en la escuela de Juan de Udine, discípulo de Rafael de Urbino; y de allí fueron llamados por el invictísimo señor Emperador Carlos Quinto para pintar las bóvedas, salones, pasillos, miradores y otros sitios de la Casa Real de la Alhambra de Granada (sin duda por informes de Alonso Berruguete, quien había estado allá) ; lo que hicieron con tan superior gusto y excelencia, que habiéndolas yo visto y admirado mucho el año de mil setecientos y doce, deseé notablemen¬ te saber su artíñce, y nunca lo pude conseguir hasta que lo en¬ contré en dichos papeles, de que tuve gran complacencia; como también de que ellos mismos pintaron las célebres Casas de Co¬ bos (Secretario que fué de dicho señor Emperador Carlos Quinto), en la ciudad de Ubeda, del reino de Jaén; y especialmente la del hospital de Santiago, en dicha ciudad, sin otras muchas obras. Y también las que había, y conocí yo, en las casas del excelentísimo * La base de esta biografía es la Vita que escribió Vasari (t.° IV de la ed. Milanesa. Véase en el t.° I de Fuentes, p. 46o; además, la p. iig del mismo tomo. La última biografía, poco cuidada, en las pgs. 278-84 de? Yol. X, Parte I, de la Storia delV Arte Italiano, de A. Venturi, 1935. señor Duque de Alba en esta Corte, y las que hoy permanecen en el célebre Alcázar de la villa deAlba de Tormes, aunque no todas sqp iguales, porque debió de pintar algunas piezas algún discípulo Y tiénese también por cierto que las célebres pin¬ suyo. turas de Mérida en los acueductos son también de mano de Julio y Alexandro, los cuales se volvieron a Italia, donde murieron so¬ bre los años de mil quinientos y treinta; hace también mención de ellos Pacheco, en su Tratado de la Pintura, lib. 3, cap. 3, con gran¬ des elogios *. IV.—siWNSO BERRUGUETE, PINTOR, ESCULTOR y Arquitecto. Alonso Berruguete, natural de Paredes de Nava, lugar cercano a Valladolid, pasó a Florencia, donde cursó las Artes de la Pintu¬ ra, Escultura y Arquitectura en la Escuela del gran Micael An¬ gel, en compañía de Andrea del Sarto, Baccio Bandinelo y otros; y después pasó a Roma a estudiar en aquellos célebres vestigios de la antigüedad, donde examinó e inquirió tan de veras la pro¬ porción y simetria de los cuerpos humanos, que fué de los prime¬ ros quela trajeron y enseñaron en España; no obstante, a los prin¬ cipios hubo opiniones contrarias, porque unos aprobaban la sime¬ tria de Pomponio Gaurico, que era de nueve rostros; otros, la de un Maestre Philipo de Borgoña, que añadió un tercio más; otros, las de Durero; pero al ñn venció Berruguete, mostrando las obras que hizo tan raras en estos reinos, como fueron el Retablo de San Benito el Real, de Valladolid, y el de la Mejorada, en Pin¬ tura, Escultura y Arquitectura, porque en todas tres Artes fué eminente; y el medio coro de sillas del lado de la Epístola, con historias de medio relieve de la Sagrada Escritura en la Santa Iglesia de Toledo; como también el Tras Coro, donde ejecutó la célebre historia, de mármol, del Monte Tabor, todo hecho de una pieza, ¡que es una admiración! y el más clásico testimonio de su eminente ingenio y habilidad. También son de su mano los cajones del Archivo de dicha Santa Iglesia, cosa muy singular. También la portada, que sale * Sobre Julio de Aquilis y Alesandro Mayner, véase la pg. 29 del t.° I de esta publicación — '3 — a el Claustro hacia los pies de la iglesia. La Santa Leocadia de la puerta del Cambrón, por la parte de adentro; y el San Eugenio de la de Visagra en dicha ciudad, donde hay otras muchas obras de su mano de todas las tres Artes, porque en todas fué eminen¬ tísimo; y asi fué pintor de Cám.ara, y Maestro Mayor de las Obras Reales del invictísimo señor Emperador Carlos Quinto, y su Ayuda de Cámara. Y valió tanto este ilustre varón por su in¬ dustria, que compró el lugar de la Ventosa (cerca de Paredes de Nava) y otras muchas rentas, con que dejó fundado el Ma¬ yorazgo, que hoy vive titulado, como dijimos en el tomo primero *. Y por sus muchas y aventajadas partes, le honró el señor Empe¬ rador y Rey de España, Carlos Quinto, con la Llave de su Ayuda de Cámara; oñcio que le sirven Caballeros Cruzados, o muy no¬ torios (en atención, sin duda, a lo que sirvió a Su Majestad en la Fábrica de los Palacios de Madrid, El Pardo y Alhambra de Granada). Y con razón por cierto, porque fué hombre de espí¬ ritu sublime, y en todas las tres Artes eminente, como si en cada una sola hubiera empleado todo su estudio! Y sobre todo por haber sido el primero que acabó de extinguir en España la ma¬ nera bárbara e inculta que en todas tres Artes había. Que si en la Pintura no son sus obras tan notorias, fué porque la ocupa¬ ción en las otras Artes fué tan continua, que no le dieron lugar a explayarse en las de la Pintura; pero aún duran algunas de su mano en su casa de dicho lugar de la Ventosa, hechas con sin¬ gular primor. Y así le debemos los profesores de estas Faculta¬ des inmortal gratitud; y España, el inmarcesible laurel de la Fa¬ ma, pues empleó sus lucidos desvelos en honor y beneñcio de la nación española. Murió en Madrid, siendo de crecida edaj), por los años de mil quinientos y cuarenta y cinco **. V.—ANTONIO FLORES, PINTOR De Antonio Flores, eminente pintor, no nos ha dispensado la injuria de los tiempos más noticia que haber sido contemporáneo de maese Pedro Campaña, y de iguales créditos, y ambos fla¬ mencos; bien que es el Flores oriundo de España. Floreció tam- * "Lib. 2, cap. g, párrafo 4": véase Fuentes, t.° III, p. 182. ** Nació en i486; murió en 1560. 14 — — bién en Sevilla, donde dejó obras eminentes, y murió mozo, mu¬ cho antes que el dicho Campaña, en dicha ciudad, por los años de mil quinientos y cincuenta VI.—FERNANDO GALLEGOS, PINTOR Fernando Gallegos, natural y vecino de la ciudad de Sala¬ manca, fué pintor insigne, y de la escuela de el grande Alberto Du- rero. No se sabe si aprendió del mismo Alberto en Alemania o si aqui aprendió de algún discípulo suyo, pues no hay noticia efectiva de que Alberto estuviese en España; pero si de que en ella hay innumerables pinturas de aquella misma casta suya, es¬ pecialmente en Iglesias, Tabernáculos y Capillas antiguas, y al¬ gunas con gravísima presunción de ser de su mano. Y es muy creíble que habiendo Alberto florecido a los principios del reina¬ do del señor Emperador Carlos Quinto, como vasallo suyo, y a quien estimó y honró mucho Su Majestad Cesárea, hiciese venir a España algunas pinturas suyas, y por este medio dejase esta¬ blecida su escuela; pues no consta que éste ni otros fuesen a apren¬ der a Alemania; por lo menos que algún gran discípulo suyo la dejase aqui sembrada, como entonces estaba tan estéril de pinto¬ res España. Sentadas estas conjeturas, fué nuestro Fernando excelente, tan¬ to en aquella escuela de Alberto, que a no estar firmadas sus pin¬ turas, sin agravio alguno, se pudieran tener por originales de Al¬ berto Durero. Bien lo califican las que tiene ejecutadas en dife¬ rente capillas de las parroquias de Salamanca, y especialmente en la iglesia vieja o cintigua en las capillas de el claustro hay mu¬ chas, y con singularidad una, que está en el medio del nicho la Virgen con el Niño, y a la mano derecha el Apóstol San Andrés y a la izquierda San Cristóbal, y está firmado así: Fernandus Ga- llecus, de cuyo apellido hay hoy familias y titulo en aquella ciudad. Hay allí mismo, entre otras muchas, rm San Ignacio Mártir, cosa verdaderamente peregrina; porque está hecha con tan extre- * Ya Ceán {Dic. II, 140 y sgs.) señaló el error padecido por Palomino al confundir Francisco Frutet, con el famoso pintor flamenco Franz Floris, a cambiándole de nombre, además. Sobre Frutet vid. también A. L. Mayer: Die sevillaner nmlerschule, ps. 46-7. 15 — — mado primor y delicadeza, iguala, creo que excede a que si no las de Alberto Durero! Y lástima que ésta y las demás es gran estén tan sin reparo en aquel claustro, que muchas de ellas están ya perdidas. Y también la pintura del retablo de Escuelas mayo¬ res de aquella Universidad, que es la capilla de San Jerónimo, es de la misma mano. Murió en Salamanca, ya de crecida edad, por los años de mil quinientos y cincuenta *. mi.—DIEGO DE ARROYO, PINTOR DeDiego de Arroyo hace mención Juan Cristóbal Calvete de Estela el viaje del Príncipe de España Don Felipe Segundo, en libro I, fol. 6, diciendo: Diego de Arroyo, Pintor de Cámara de Su Majestad, a quien nmguno de nuestra edad sobrepuja en ilumina¬ ción. Fué sin duda excelente en pintar de miniatura y porcelana, y especialmente en retratos pequeños fué muy primoroso. Murió en esta villa de Madrid por los años de mil quinientos y cincuen¬ ta y uno, y a los cincuenta y tres de su edad **. VIII.—5L.4S DE PRADO, PINTOR Blas de Prado, natural y vecino de la ciudad de Toledo, fué insigne pintor, discípulo de Berruguete. Floreció en tiempo del Señor Felipe Segundo, cuyo pintor fué, y pasó a vivir a Madrid, siguiendo su empleo, y por cuyo mandato fué a Marruecos, a pe¬ tición de aquel Rey, quien le estimó y agasajó mucho, porque le hizo un excelente retrato de su hija. Dicese que estuvo allá mu¬ cho tiempo, y que cuando volvió vino en el traje de africano, y por algún tiempo le vieron comer en el suelo sobre cojines o al¬ mohadas de estrado, a la usanza morisca. Venia muy rico y con grandes y excelentes preseas. * Lo que se sabe hasta el día sobre Fernando Gallego se resume en los estudios: Sobre Fernando Gallego, por G. M. y S. C., y Tablas de Fernando Gallego en Zamora y Salamanca, por S. C., publicados en Archivo, 1927, pᬠginas 349 y sgs., y 1929, ps. 279 y sgs. ** Para Arroyo véase: Fuentes, II, p. 372. — Ib — En Toledo hay muchas y famosas pinturas de su mano, que son muy estimadas; y especialmente en aquella santa iglesia, en un ángulo del claustro, junto a la puerta de la capilla de San Blas, hay una pintura suya de una imagen de Nuestra Señora, sentada y con el Niño Jesús en su regazo, y a el un lado San Blas y a el otro San Antonio Abad, y delante del Santo un caballero armado, de rodillas (que debe de ser el Patrono de aquella capilla), y a los lados de esta pintura están otras dos de San Cosme y San Damián * ; son todas las dichas figuras del tamaño del natural, y aunque deslucidas de la injuria del tiempo, manifiestan bien la eminencia de su autor, de quien hay otras muchas en diferentes partes, así en Toledo como en los lugares comarcanos y casas par¬ ticulares. En esta Corte también hay algunas en retablos antiguos; y es¬ pecialmente en la parroquial de San Pedro hay un célebre cua¬ dro del Descendimiento de la Cruz, bien grande, que hoy está en la sacristía, y se tiene por cierto ser de su mano; y es cosa excelente. Y allí mesmo hay un retablito antiguo, con sus puer¬ tas, que en Hijo de Dios, y él está pintada la Encamación del en la puerta de mano derecha está San Pedro, la otra San y en Francisco de Asís, y en el remate de en medio el Padre Eterno, que todas son de su mano, y califican su grande habilidad para aquel siglo; y mucho más la acreditan las dos tablas de los co¬ laterales de la capilla del señor Obispo de Plasència (contigua a la parroquial de San Andrés), la una del Bautismo de Cristo Se- ñor Nuestro y la otra del Martirio de San Juan Evangelista en la tina de aceite; y también la colgadura que ponen la Semana Santa en dicha capilla, ejecutada de aguazo de claro y obscuro sobre lienzo blanco toda la Pasión de Cristo Señor Nuestro **. Pintó frutas con superior excelencia; y cuando fué a Marruecos llevó algunos lienzos de fmtas muy bien pintados, como lo dice Pa¬ checo en su Libro de la Pintura, pág. 421 ***. Murió Blas de Pra¬ do en esta Corte por los años de mil quinientos y cincuenta y siete y a los sesenta de su edad, con poca diferencia. * El dibujo para este cuadro lo publiqué en la Lám. CXLIII, t.° II de Dibujos españoles, y lo había dado a conocer Angulo en Archivo, 192. Pa¬ lomino estaba equivocado; el autor del cuadro fué Luis de Velasco. La pin¬ tura se conserva en tres pedazos. ** Se conserva, y no es de Blas de Prado, sino de Isidro Villoldo. *** Véase en la pg. 185 del t.° 11 de esta publicación. ÏX..—CRISTOBAL DE UTRECHT, PINTOR Cristóbal deUtrecht, natural de Holanda y pintor insigne, discípulo de Antonio Moro (también ultrayectino), pasó con xm Embajador de Portugal a el servicio del Rey Don Juan Tercero, de aquel reino, donde hizo eminentes obras, y especialmente retra¬ tos; y fué tan estimado de aquel Rey, que le armó Caballero del Hábito de Cristo por los años de mil quinientos y cincuenta; y colmado de riquezas y mercedes de tan gran Príncipe, murió poco después, por los años de mil quinientos y cincuenta y siete, a los cincuenta y nueve de su edad *. X.—ANTONIO MORO, PINTOR ULTRAYECTINO Fué Antonio Moro natural de la villa de Utrecht, en Holan¬ da; mostró desde primeros años singular añción a el arte de la sus Pintura, y llevado de la fama de las obras de Juan Escorelio, pin¬ tor insigne en dicha villa, se entregó Antonio a su disciplina, en la cual aprovechó tanto, que en breve tiempo consiguió la verda¬ dera imitación del natural, especialm.ente en los retratos, en que se aventajó a muchos de su tiempo. Pasó a Italia, y en Roma estudió en las más célebres obras de Micael Angel y Rafael de Urbino, de donde volvió muy aprovechado, de suerte que daba tal viveza a lo que ejecutaba, asi en color como en dibujo, y en las más exquisitas menudencias, que parecía desmentir el natural. Pasó a España, y llegado a Madrid por los años de mil qui¬ nientos y cincuenta y dos, retrató principalmente a el señor Felipe Segundo, Rey de España, Principe entonces; y habiéndole pro¬ movido por el Cardenal Grambeli a el servicio del señor Emperador Carlos Quinto, fué enviado Su Majestad Cesárea a ejecutar por el retrato de la señora Princesa de Portugal, Doña Maria, pri¬ mera mujer del señor Felipe Segundo, y asimismo el retrato del Rey Don Juan Tercero de Portugal y el de la Reina Doña Ca¬ talina, su esposa, hermana menor del señor Emperador, por los cuales tres retratos recibió Antonio Moro seiscientos ducados de paga, además del salario que le estaba señalado, y otros muchos * Según el if £ de Wurzbach, nadó en i4ç>8 y murió en 1557. — i8 — dones de gran precio; entre los cuales fué un anillo de oro, esti¬ mado en mil florines, con que le regalaron los Estados de aquel reino. Y habiendo retratado a el m.ismo tiempo muchos Príncipes y Caballeros de Portugal, cada uno le dió por su retrato cien du¬ cados y un anillo de oro, según su posibilidad, que en aquel tiem¬ po era suma excesiva. Después de esto fué enviado por Su Majestad Cesárea a Ingla¬ terra para hacer el retrato de la Princesa Doña María, segunda mujer que fué del señor Felipe Segundo, por el cual retrato re¬ cibió también un anillo de oro de gran precio y cien libras ester¬ linas anglicanas, además del salario anual de otras cien libras es¬ terlinas, que corresponde a quinientos pesos de moneda castella¬ na, por valer cinco pesos cada libra esterlina. Y respecto de ser esta señora Princesa de extremada hermosura *, hizo varias copias de este retrato, con las cuales regaló a diferentes magnates de aquel reino, de quienes fué remunerado superiormente; y entre otros regaló también con una copia a el Cardenal Grambeli, y sir¬ vió con otra a el mismo señor Emperador, el cual le mandó dar por ella docientos florines de oro. Ajustadas, pues, las paces entre España y Francia, volvió otra vez Antonio Moro a el servicio del señor Felipe Segundo, siendo muy bien visto estimado de toda la Nobleza; donde hizo varios y retratos, así de Majestad como de muchos Príncipes y Caba¬ su lleros, de que fué muy bien remimerado; y llegó a ser tan favo¬ recido de su Majestad, que usando con él de extraordinaria fami¬ liaridad, bajando a su cuarto (que tenía en Palacio) a verle pin¬ tar; y poniéndole el Rey la mano sobre el hombro algunas veces, le daba con el tiento cariñosamente, para que no le embarazase; ac¬ ción verdaderamente peligrosa, cuanto expresiva de singular hon¬ ra y llaneza, y más en la seriedad de tan gran Rey; lo cual llegá a extrañarse tanto, que pudo serle a Antonio summamente dañosa esta familiaridad, si uno de los grandes Ministros de España, muy especial protector suyo, no le hubiese amparado contra los Mi¬ nistros de la Inquisición, sospechosos ya de que hubiese Antonio traído de Flandes algún hechizo, para granjear la gracia del Rey; de suerte que faltó muy poco para ponerlo en la cárcel del Tri- brmal. Y así amonestado secretamente, hubo de pedir licencia a * Probablemente falta la negación, pues no podía Palomino desconocer¬ la extremada fealdad de María Tudor. — 19 — SU ^Majestad para ir a Bruselas, fingiendo otros motivos que le forzaban a ello; y ofreciendo indubitable y promptamente la vuel¬ ta. Obtenida la licencia y ejecutada su partida, a pocos dias era continuamente solicitado del Rey con repetidas cartas, por lo mu¬ cho que apreciaba su habilidad y j>ersona. Excusábase él siempre con profundo respecto, con el motivo de los retratos que estaba eje¬ cutando de el Duque Albano y sus madamas. Entretanto el Rey, usando de su grandeza, honró con diferentes mercedes a sus hi¬ jos, como de Canonicatos y otras semejantes; aunque también el Duque Albano, a una hija del dicho Antonio, le dió las rentas de la Aduana de Amberes, para tomar estado, y pasar con grande es¬ plendidez, donde se retiró Antonio para vivir con más libertad. Y últimamente, para decirlo de una vez, fué tan favorecido del Arte de la Pintura, que por ella adquirió honra, fama y hacienda para él y para sus hijos, no siendo escaso para sus amigos, con quienes fué muy espléndido y generoso. Además de los retratos, pintó también algunas historias con excelencia, entre las cuales fué un Cristo resucitado, acompañado de Angeles; también dos Apóstoles, San Pedro y San Pablo, eje¬ cutados con tal viveza de colorido, que podía persuadirse la vista a que eran vivientes. Copió también para el Rey ima pintura de Danae, original de Ticiano, y la aventajó mucho; y dejando otras diferentes obras, la última de su mano, y en la que parece se excedió a sí mismo, fué la Circuncisión de Cristo Señor Nuestro, para la iglesia de Santa María, de Amberes, la cual pintura fué celebrada con gran¬ des elogios. De este famoso pintor había excelentes pinturas en El Pardo, antes que se quemase, el año de 1608, y especialmente retratos (si bien Pacheco dice fué en el de 604) ; pero aténgome a Carducho, que fué pintor del señor Felipe Tercero, en cuyo tiem¬ po se quemó dicho Palacio, y después pintó en él. Murió final¬ mente en Amberes a los cincuenta y seis años de su edad^ con universal sentimiento, por la pérdida de un tan singular artífice en lo más florido de sus años, en los de mil quinientos y sesenta y ocho *. * Acerca de la estancia de Moro en la Península nada de nuevo se sabe que no esté recogido por David Hymans: Antonio Moro son oeuvre et sor. temps (Bruxelles, 1910), excepto la noticia del gran cuadro del Museo de Valladolid—La Cruáfixión—firmado. — 20 — XL—£L BERGAMASCO, PINTOR Juan Bautista el Bergamascofué natural de Bergamo y dis¬ cípulo de Micael Angel; vino a España juntamente con Becerra, y en tiempo del señor Emperador Carlos Quinto, cuando se fa¬ bricó este Palacio de Madrid, donde pintó de su mano, al fresco, dos cubos, que están junto a la Galería del Cierzo del cuarto del Rey; y en la pieza del despacho ayudó a Becerra, como también lo hizo en una de las torres de el Palacio del Pardo (aunque Pa¬ checo se engañó, diciendo que fué Rómulo), donde está pintada la historia o compartida en diferentes histo-i fábula de Medusa, rías al fresco, enparedes y techo; enlazadas con excelentes ador¬ nos, estuques y oro, todo con gran gusto, magisterio y diligentí¬ simo dibujo. Murió de credida edad por los años de mil qmnien- tos y setenta en esta villa de Madrid. Tuvo dos hijos, llamados Gránelo y Fabricio, los cuales fueron excelentes, en especial en los grutescos, de que dan testimonio los que ejecutaron con gran acierto, hermosura y variedad en la Sala de Capítulo del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, variando los contrapuestos de suerte, que parecen todos diferentes con gran recreo de la vista. Xll.—CRISTOBAL LOPEZ, PINTOR Cristóbal López, pintor eminente portugués, aunque oriundo de Castilla, fué discípulo del gran Alonso Sánchez Coello, y pin¬ tor de Cámara de el Rey Don Juan Tercero de Portugal, de quien recibió entre otras singulares mercedes, la de Caballero de el Hábi¬ to de Avis;después de haber inmortalizado su nombre en repe¬ y tidas obras públicas y particulares en aquel reino, y especialmen¬ te en servicio de aquel Rey, a quien retrató diferentes veces, y a toda la Familia Real. Murió en Lisboa por los años de nail qui¬ nientos y setenta, a los cincuenta y cuatro de su edad *. * Fuentes, III, p. 182. XIII.—BECERRA, PINTOR, ESCULTOR y Arquitecto FuéGaspar Becerra natural de la ciudad de Baeza, en Anda- lucia, de las principales del reino de Jaén. Inclinóse desde una sus primeros años al Arte de la Pintura; y habiendo visto la ma¬ nera de pintar y dibujar que Alonso Berruguete trajo de Italia de la escuela del gran Micael Angel, deseando coger el agua en la fuente, partióse a Roma, donde estudió de las estatuas y medio- relieves antiguos, y de las obras de Micael Angel, de quien fué dis¬ cípulo, aunque también de Rafael de Urbino; y así adquirió una manera de mejor gusto, que aún la de Berruguete, por ser sus figuras más carnosas y de más galantes contornos. Concuerda con esto lo que dice Pacheco por estas palabras; Gaspar Becerra quitó a Berruguete gran parte de la gloría que se había adquirido, siendo celebrado (dicho Becerra) no sólo en España, sino en Italia, por ha¬ ber seguido a Micael Angel y ser sus figuras más enteras y de ma¬ yor grandeza; y así imitaron a Becerra y siguieron su camino los mejores escultores y pintores de España. Lo cierto es que a Berruguete y Becerra se les debe el haber desterrado de España las tinieblas de aquella bárbara inculta ma¬ nera antigua, que de muchos años estaba introducida, y encender la luz verdadera del Arte, para que los ingenios pudiesen ir ade¬ lantando, cultivándola con el estudio, la especulación y la práctica. Fué nuestro Becerra grandísimo anatomista, y hoy permane¬ cen unas anatomías, una grande como de a vara, y otra como de a sesma, que son suyas, y otra como de un Crucifijo, cosa ex¬ celente!, y yo las tengo, juntamente con una pierna de Anatom.ia de barro cocido, que es izquierda, original suya, como la mitad del natural, que admira a cuantos la ven; y en mi tiempo ha ex¬ cusado de cortar algunas piernas, llevándola y sirviéndoles de luz a los cirujanos, para reconocer, por la organización de sus múscu¬ los, tendones y nervios, por dónde va o viene la corrupción, y cauterizar o manifestar la parte que convenga para su curación. Confirma también esto lo que dice Pacheco hablando de los autores que han escrito de la Anatomia: pero mucho mejor (dice) en el doctor Juan de Valverde, &, cuya historia se imprimió en Roma, año de 1556, dibujadas las figuras valientemente de mano de Gaspar Becerra, ilustre ingenio español. De que podemos infe¬ rir que su nacimiento sería sobre los años de 1500, pues siendo elegido para la delineación de las figuras de aquel libro, ya sería bombre de edad, y de crédito, por los años de 1556, en que se imprimió dicho libro; y algunos años antes se harían los dibujos, aunque esta conjetura no ha lugar, si atendemos a lo que dice el abad Philipo Titi, que en Roma en la iglesia de la Santísima Tri¬ nidad del Monte (que es convento de los Mínimos de San Fran¬ cisco de Paula) hay una pintura de la Natividad de la Virgen en la tercera capilla a el lado de la Epístola, de mano de nuestro Be¬ cerra * ; y esta iglesia se consagró y comenzó a ilustrar de pintura el año de 1595, a expensas de algunos señores Cardenales y otros personajes, si no es que la hubiese hecho antes, y después se co¬ locase allí, aunque si es a el fresco (como lo puede ser, por estar en uno de los costados de la capilla) no pudo ser esto, si no es que la hubiese pintado muchos años antes de consagrarse dicha iglesia; pero lo que no admite duda es el crédito en que estaba en Roma, pues para este empeño se eligieron sujetos de aventa¬ jada habilidad en la Pintura. Fué además de esto excelente escultor y arquitecto, como lo testifican el retablo de la Iglesia Catedral de Astorga y el de las Señoras Descalzas, de esta Corte **, que son de su mano y direc¬ ción, donde mostró muy bien su raro ingenio y comprehensión en estas Artes, pues en ellos hay Pintura, Escultura y Arquitectura En el Monasterio de San Jerónimo, de la ciudad de Zam.ora, en una capilla que está a el lado del Evangelio hay una célebre es¬ tatua de Cristo Crucificado (ya difunto) y de cosa de dos varas y tercia de alto, de mano de Becerra, que es la más peregrina es¬ cultura que hay dentro de Zamora; y así la tienen en gran vene¬ ración. Y en el convento de San Francisco, contiguo a el de San Jerónimo, hay un esqueleto o figura de la Muerte, con una gua¬ daña en la mano, que aun tocándola se duda si es natural, y tie¬ ne una mortaja a el hombro, que también engaña! ***. Y en la ciu¬ dad de Burgos, en la capilla de los Condestables de Castilla, hay un * Al margen: "Lib. di stud, di pict. nelle chiese di Roma". ** Ardió este retablo el 15 de octubre de 1862. Se conserva un dibujo: •ob. cit. Lám. CXI. *** La descripción conviene con la conocida escultura del Museo de Valladolid que Gómez Moreno atribuye a Juni. 23 — — San Jerónimo, como de dos tercias de alto, que por ser tan pere¬ grino, lo tienen asegurado con ima cadena contra el nicho donde está, por haberle hurtado algunas veces. Y en la ciudad de Salar manca hay otro San Jerónimo (también de nuestro Becerra) en casa de un arcediano de aquella Scinta iglesia, de una tercia de alto, cuyo modelo está en poder de un aficionado, en esta Corte, que es maravilloso. Y en el Palacio del Rey de Portugal hay otro San Jerónimo de bajorrelieve del mismo Becerra, de que también he visto un vaciado, cosa estupenda! Y aunque hay poca noticia de otras obras de escultura de su mano, o bien porque el tiempo ha borrado la memoria, o bien porque las ocasiones no serían tan frecuentes, la más heroica obra suya de escultura, y corona de sus estudios, fué la que hizo por mandado de la serenísima Reina de España Doña Isabel de Va¬ lois (llamada de la Paz), que es la imagen de Nuestra Señora de la Soledad (de lo cual trata largamente el Padre Fray Antonio de Arcos * en el "Origen y excelencias de esta Santa Imagen", que se imprimió el año de 1640). Sucedió, pues, que habiéndole pedido a la Reina Fray Diego de Valbuena (del Orden de San Francis¬ co de Paula y confesor de Su Majestad) una imagen de Nuestra Señora para su convento, de que tenían necesidad, concediéndolo Su Majestad, mostró complacerse de la petición, por ser tan pia¬ dosa, y muy afecta a la religión de San Francisco de Paula; y deseando se pusiese en ejecución, mandó llamar a Don Fadrique de Portugal, su Caballerizo Mayor, a el cual le propuso su intento, y dijo cuánto se serviría de que se hiciese con toda perfección aquella santa imagen. Don Fadrique le respondió: "Nadie podrá, Señora, conseguir lo que Vuestra Majestad manda, como Gaspar Becerra, por ser peritísimo en la Escultura y Pintura." A lo cual (por tener la Reina noticia de su ingenio) respondió: "Tenéis ra¬ zón, y me alegro que os acordéis de él. Decidle que con el asun¬ to y a imitación de la imagen que está en el oratorio de Pintura, haga una donde muestre cuánto puede el Arte; y advertidle que la tengo de ver yo antes que se lleve a el convento, y encargadle la brevedad." Volviéronse los religiosos a su convento y dieron no- * No Arcos, sino Ares: véase el capítulo La Virgen de la Soledad en es los libros deantaño, que logró el honor de ser insertado por mi maestro don Elias Tormo en su monografía inacabada sobre Gaspar Becerra (Bol. 4.° de 1913), que fué el primero impreso de mis ensayos bistórico-artisticos. 24 — — ticia del caso a los demás, y cómo Su Majestad les mandaba que lo encomendasen a Dios para que se acertase, pues era negocio que a todos importaba. Llevóse la Pintura a casa de Gaspar Becerra, y le intimó Don Fadrique el deseo que Su Majestad tenía del acierto de la ima¬ gen, y así que pusiese todo conato en el desempeño; ofreciólo hacer con mucho gusto, teniendo por digno empleo de sus estudios la ocasión de servir a su Reina. Ostentaba mucho Gaspar la de¬ voción que tenía a San Francisco de Paula, que la había traído de Calabria, por lo cual le fué de gran gusto el que la imagen fuese para su convento. Empezó a discurrir, como lo hacen todos los artíñces que quie¬ ren conseguir el acierto de sus obras, inquiriendo de la ñsonomía lo más perfecto, y formando en su idea un afectuoso semblante, que representase la tristeza de este misterio de la Soledad. Em¬ pezó la imagen, y aunque diestro en el obrar, le duró mucho tiem¬ po, no por falta de solicitud de Don Fadrique, a quien la Reina lo había encargado, ni de los religiosos del convento, que no se descuidaban, sino por no poder conseguir todo lo que juzgaba alcanzar en el Arte. Acabóla, en ñn, aunque no tan a su satisfac¬ ción, como quisiera, después de un año poco menos; llevóse a Palacio a vista de la Reina, no le agradó, y mandó que lo pen¬ sase mejor, e hiciese otra sin tardarse tanto; ofrecióselo así, vol¬ vió, con no menor cuidado, a hacer otra, que le pareció había adelantado más, y juzgaba agradaría a Su Majestad; mostróla a Don Fadrique y a los religiosos, a quien les agradó tanto, que quisieran tenerla ya colocada. Llevóla a Palacio, como tenía or¬ den; nadie se persuadía a que pudiera ser la inteligencia de la Reina tal, que sin poner defecto particular, dijese que no le con¬ tentaba, sólo atribuyéndolo a secretos juicios de Dios, que a todo asiste. Mandóle la Reina hiciese otra, si se atrevía a hacerla me¬ jor; y que sino la haría otro artífice. Quedó Becerra corrido de ver que, habiendo hecho todo cuanto alcanzaba en el Arte, no agradase a Su Majestad, deseando él tanto el acierto; y dijo que haría otra, y que de no conseguir lo que Su Majestad deseaba, se rendiría. Fuése desconsolado, poniendo el defecto en la imagina¬ ción de la Reina y no en la imagen; pues habiéndola mostrado a los de su Facultad, la juzgaron todos por excelente obra, y que mostraba bien ser discípulo del Bonarrota. Volvió con nuevo espí- — 25 — ritu a formar ideas, y con varias especulaciones, no desconfiando del buen fin que había de tener su intento; con esta imaginación estaba una noche de invierno sobre sus papeles, haciendo diseños por espresar la hermosa fisonomía que tantos afectos había de tener y mostrar a un tiempo; dificultad vencida de pocos, y la que le dió tanto nombre a Corezo. Quedóse en esta suspensión dormido (pues era letal el continuo estudio, si no diera treguas), cuando soñó que le hablaba un bulto de persona, sin dicernir quién era; sólo conoció que le decía: Despierta, levántate y de ese tronco grueso que arde en ese juego, esculpe tu idea, y consegui¬ rás tu intento, sacando la imagen que deseas. Despertó despavorido, dando crédito a su imaginación, no juzgándolo como fantástico sueño, ni ilusión del sentido; pues ya despierto aún parecía oír los ecos de quien le había hablado, atribuyólo a cosa milagro¬ sa; levantóse, aunque con alguna turbación, y vió que en el ho¬ gar ardía el tronco que le habían informado: arrojóle agua, lo que bastó para apagarle, atribuyólo siempre a las muchas ora¬ ciones, misas y a3mnos de la Comunidad, que le habían ofrecido hacer para el acierto de lo que tanto deseaban; llegó el día, y con su claridad se afirmó más, teniendo aquel tronco por muy a pro¬ pósito para el intento; y así le comenzó luego a desbastar y for¬ mar, creciendo en perfección; y finalmente sacó un milagro del Arte, que es la portentosa imagen de Nuestra Señora de la Sole¬ dad, que hoy se venera*, donde se ve expresada hermosura, dolor, afecto, ternura, constancia y conformidad; y sobre todo un refu¬ gio para nuestras aflicciones, remedio para nuestros males, alivio para nuestros trabajos y una dispensadora de las divinas miseri¬ cordias. Mostrósele a la Reina, la cual se dió luego por bien ser¬ vida, y Becerra quedó bien pagado. Vistióse luego esta santa imagen (por el dictam.en de la Rei¬ na) según el estilo, que practicaban entonces las señoras viudas de primera clase, desde el tiempo de la Reina Doña Juana, mujer de Felipe Primero (que llamaron el Hermoso) arrebatada que, del desmesurado amor que le tuvo, habiendo muerto su marido, se vistió como si se amortajara en vida; y así la imitaron todas las señoras viudas, hasta el tiempo de la Reina nuestra señora Doña *En una capilla de la Catedral de San Isidro de Madrid. Durante siglos fué imagen popularísima ; hoy lo es más la de la Paloma, que es copia de pincel de la célebre escultura. María-Ana de Neoburg. Y esta fué la causa de ponerle a esta santa imagen Dolorosa un traje tan extraño, por ser entonces prac¬ ticado solamente en España, y p>or él se hace más señalada y más conocida en todas las naciones, y colocóse el año de 1565. Pintó también al fresco nuestro Becerra con singular excelen¬ cia, como se ve en este Palacio de Madrid en diferentes sitios, que están pintados de su mano, como son el paso de la Sala de las Audiencias a la galeria de poniente, adornado de estuques y gru¬ tescos; y consecutivamente otra cuadra, donde están pintados los cuatro elementos, y otro cubo que hay en esta galeria, que su for¬ ma es un semicirculo con ventana al parque, donde solia comer el señor Felipe Quarto; y en lo alto de la bóveda están pintadas las Artes liberales, y en sus paredes varios grutescos, y subientes; todo ejecutado al fresco de su mano con excelente dibujo, y buen manejo el estilo de aquel tiempo. en También la torre del despacho de Su Majestad, que mira al mediodía (pieza de singular adorno y traza) la pintó al fresco, bóvedas y paredes hasta el suelo, el mismo Becerra (ayudándole en todo esto el Bergamasco), adornándola de fábulas, estuques y oro, que todo publica majestad, y el peregrino ingenio de sus artifices, juntamente con la alcoba y otros dos pasillos que hay más adentro, aunque muy injuriado hasta donde alcanzan las ma¬ nos, ya de la incuria de los barrenderos, o yade la travesura de los pajes, ¡cosa lastimosa! Pintó también en el Real Palacio del Pardo la cuadra de una de las torres, adornada de estuques y oro, no sólo la bóveda, sino también las paredes con la historia o fábula de Medusa, en que le ayudó el Bergamasco (aunque Pacheco dice que Rómulo ; pero atén- gome a Carducho *, que pintó alli), para la cual historia hizo Bece¬ rra un cartón donde dibujó un Mercurio, por un modelo hecho de su mano, y mostrándoselo al Señor Felipe Segundo, le dijo Su Majes¬ tad: ¿Y no habéis hecho más que estol Con lo cual él se desconso¬ ló mucho; y asi suelo yo decir, que en las obras de afuera se es¬ tudia para las del Rey, porque no gustan los Reyes de dilaciones, aunque conduzcan a la mayor perfección de las obras. Y también pintó muchas cosas en El Escorial, como dice Vicencio Carduchi. No se tiene noticia del año en que murió, ni donde está ente- * Se conserva este techo: En julio de 193S se ha abierto esta pieza a la vista del público; desde 1906 estuvo convertida en cuarto de baño. Trado, por aplicación de nuestros naturales a perpetuar las la poca memorias de compatriotas; tiénese por cierto que fué en Ma¬ sus drid, donde tuvo su ordinario domicilio, y que murió por los años de mil quinientos y setenta, a poco más de los cincuenta de su edad, como lo significa Juan de Arfe, que da a entender su tempra¬ na muerte. XIV.—MAESE PEDRO CAMPAÑA, PINTOR Maese Pedro Campaña, de nación flamenco, fué pintor de gran¬ de opinión discípulo de Rafael de Urbino. Estuvo en Italia vein¬ y te años estudiando en aquella célebre Atenas de la Pintura; cuyo aprovechamiento manifestó bien, hallándose en Bolonia, cuando aquella gran ciudad prevenia el debido ornato para recibir a el in¬ victísimo Señor Emperador Carlos Quinto, pasando a celebrar su Coronación el año de 1530, en que hizo maese Pedro un célebre arco triunfal, que le dió gran crédito y utilidad, siendo entonces apenas de veinte y siete años de edad. Después de algunos años vínose a España y paró en Sevilla, donde hizo obras inmortales, y en esp)e- cial las del Retablo del Mariscal, a la entrada del Cabildo de aque¬ lla Santa Iglesia. Y sobre todo, aquella elegantísima tabla de la Pu¬ rificación en la capilla de este nombre, tan celebrada, como de su mano; y no menos la del Descendimiento de la Cruz, que pondera en su Libro de la Pintura Francisco Pacheco; y otra del Nacimiento de la Virgen en el banco de un retablo en San Lorenzo de dicha ciudad; como también otra de la Circuncisión del Señor, que está en el convento de San Pablo en una capilla junto a el Capítulo; bien que nunca perdió del todo aquella manera seca flamenca que entonces había en su pais, donde tuvo los principios. Volvióse a Flandes, ya de crecida edad, y allá murió en la ciudad de Bruselas, de donde era natural, por los años de mil quinientos y setenta, y la ciudad, honrando su persona, hizo colocar su retrato en las casas de su Consistorio o Cabildo, por honor de la Patria y por hombre eminente, con una inscripción que lo declara * Peter de Kempener nació en Bruselas en 1503, donde murió después de 1580. XY.—JUAN FERNANDEZ DE NAVARRETE, PINTOR, llamado el Mudo. Juan Fernández Ximénez de Navarrete (conocido de todos por el Mudo, y aclamado de todos los grande? artífices por el Ticiano español) íué natural de Logroño, hijo de padres honrados y no¬ bles. Nació mudo, según dicen; pero yo digo que nació sordo to¬ talmente, que esa es la causa de la mudez, porque como no oyen, no aprenden, y así no hablan, con lo cual se entorpecen los órga¬ nos de la pronunciación, y se quedan mudos. Con que todos los que lo son de nacimiento son sordos (porque mudos todos nacen, pero no sordos) ; más a esto le acompañaba (como suele suceder) una gran viveza e ingenio; porque próvida la naturaleza, lo que le falta en uno lo reparte en los dem.ás sentidos y potencias. Y habiendo manifestado gran genio en pintar y dibujar; pues con carbones y tierras y con lo que hallaba más a mano dibujaba y contrahacia lo que encontraba; le llevaron a la Hospedería del Monasterio de la Estrella, de la Orden de San Jerónimo, para que alli aprendiese algo de un religioso de aquella casa, llamado Fr. Vicente de Santo Domingo, que tenia la habilidad de pintar (de que dan testimonio las pinturas suyas del Claustro, y retablos de dicha Santa Casa, y las del Monasterio de Santa Catalina en Talavera de la Reina, donde murió). Este, pues, dióle algunos principios al Mudo, y des¬ cubriendo, desde luego, grande ingenio y habilidad en el muchacho, trató con sus padres que le enviasen a Italia, para que en alguna de aquellas eminentes escuelas se hiciese hombre de importancia. Dispúsose asi, hallándose ya algo adelantado, y pasó a Roma, don¬ de vió todas sus maravillas, como también en Florencia, Venecia, Milán y Ñapóles. Estuvo en la escuela del Ticiano mucho tiempo y en la de otros eminentes hombres de aquella era; bien que el Peregrin de Bolonia, admirándose de las cosas que hacia el Mudo, dijo que en Italia no había hecho cosa que mereciese estimación (sin duda por haber sido alli sus principios), no obstante que ase¬ gura Fr. José de Sigüenza en la Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, lib. 4.°, discurso 5.°, que llegó a tener en Italia tanto nombre, que luego que se comenzó el ornato de la Fᬠbrica de San Lorenzo el Real de El Escorial, tuvo el Rey noticia dél por D. Luis Manrique, su Limosnero mayor, y le mandó lia- max para que pintase cilgunas casas para aquel Real Sitio. Obede¬ ció al prmto el Mudo, y lo primero que ejecutó de orden de Su Majestad, fueron unos Profetas de blanco y negro en las puertas de un tablero de la Quinta Angustia, que está ahora en la pared de la Sacristía encima de los cajones, que por estar de continuo abiertas no se gozan, aunque otros dicen que fué primero el cuadro de el Bautismo de Cristo Señor Nuestro, muestra que hizo de muy dife¬ rente manera de la que después siguió, el cual está hoy en la celda priora! de aquel Real Monasterio. Copió luego un Crucifijo grande y excelentísimo que estaba entonces en el altar de la misma Sacris¬ tía, muy bien colorido al natura!; aunque la Virgen y San Juan no más que de blanco y negro. Contentóle mucho a el Rey esta copia, y mandóla poner en una Capilla, que tiene Su Majestad en el Bos¬ que de Segovia; y ordenósele después pintase cuatro cuadros gran¬ des para que sirviesen de retablos en la Sacristía de prestado, que se hizo entonces en el lienzo del Claustro grande, donde está la es¬ calera. Acabados éstos, le mandó Su Majestad pintar otros cuatro, para que sirviesen de lo mismo en la Sacristía del Colegio, que es¬ taba de la otra parte de la escalera en el mismo paño. Estos ocho cuadros grandes son los que están ahora en el Claustro Alto, entre los cuales hay uno de la Degollación de Santiago, donde retrató a Santoyo en la figura del verdugo, con el cual estaba mal el Mudo, y como Santoyo era secretario del Rey, quejóse, suplicándole man¬ dase a el Mudo que lo borrase, de lo cual se escusó el Rey, diciendo; que era lástima, porque estaba muy bien hecho, y así se quedó. Son también de su mano los doce Apóstoles y San Marcos, San Lucas, San Bernabé y San Pablo, que están de dos en dos, en los ocho al¬ tares de los dos pilares grandes de la Iglesia m.ás inmediatos al altar mayor. Visitábale Su Majestad en su oficina en El Escorial frecuente¬ mente, exp>erimçntando de benignidad repetidas honras y de- su monstraciones de agrado. Y habiendo traído en este tiempo el cua¬ dro de la Cena, de mano de Ticiano, para el refectorio de dicho Monasterio, y tratando de cortarle, por ser mayor que el sitio, se ofreció el Mudo, por señas, a copiarla en seis meses, o dar la ca¬ beza, reduciendo la copia a prop>orción del sitio, porque no se cor¬ tase la original; pero Su Majestad, p>pr no esperar tanto tiempo, se resolvió a que se cortase; sobre que el Mudo hacía grandes extre¬ mos, ofreciéndose a copiarla con toda brevedad, y sin interés al- 3° — — guno (bien viene esto con los siete años de Ticiano en ejecutarla, como se verá en su vida) y que si quedase Su Majestad agradado, le hiciese merced de un Hábito de las Ordenes Militares (haciendo la señal con la mano en el pecho), y se tiene por cierto lo hubiera al¬ canzado si no le preocupara la muerte, así por su calidad tan cono¬ cida, como por la eminencia de su pincel, de que Su Majestad se hallaba tan satisfecho, que solía decir (después de muerto el Mudo) que no había sido conocido, viendo que los que venían a pintar de Italia El Escorial no igualaban con las obras que dejó de su mano a el Mudo, que parecían de Ticiano. Lo último y lo mejor que hizo el Mudo fué un cuadro del recebimiento de Abraham a los tres Angeles, que está en dicho Monasterio en el primer recibo de la portería al salir del Claustro; bien que dejó otro cuadro por acabar, del Martirio de San Lorenzo, cuando el Tirano le dejó ya muerto sobre las parrülas, y vinieron de noche San Hipólito y otros para llevarse el santo cuerpo y darle sepultura, y éste lo acabó un discí¬ pulo del Mudo, y está en la Capilla del Colegio. Y, en ñn, vino a ser el Mudo el Ticiano de España. Todo lo recopiló en una estan¬ cia del Laurel de Apolo nuestro insigne español Fr. Lope Feliz de Vega Carpió: El MiMo insigne, muerto conocido, (desdicha que las Artes han tenido) y que oponer España a Italia pudo. Ningún rostro pintó, fuese mudo. que Hasta la Envidia era cierto. habló; más Que también él habló después de muerto. en aquel Real Sitio, por los años de mil qui¬ Mmrió el Mudo nientos y setenta y dos *, de poco más de cuarenta de su edad; y por haber muerto tan mozo ha sido preciso ponerle antes que a Ti¬ ciano su maestro, que le sobrevivió algunos años. Dejó fundada, su madre de el Mudo, doña Catalina Ximénez, una Memoria en el convento de la Estrella (que dijimos) a favor de su hijo, la cual hoy se mantiene; y comenzó a celebrarse (ya dotada) el año de mil quinientos y ochenta, para lo cual dió la madre trecientos ducados; y se le dice a el Mudo todos los años su misa cantada de Requiem, * Murió en Toledo el 28 de marzo de 1570. — S'¬ ei día veinte y cinco de junio. Dejó dispuesto el Mudo se trajese allí su cuerpo, pero no se ha ejecutado, no se sabe porqué. XVl.—SOFOmSBA ANGUSCIOLA, Y SUS HERMANAS, Pintoras. Sofonisba Angusciola, cremonense, con tres hermanas suyas, virtuosísimasdoncellas, fueron hijas de Amilcare Angusciola y de Blanca Punzona, ambas nobilísimas familias en Cremona; y en cuanto a Sofonisba, escribe Jorge Vasari que fué pintora eminente; y que vió en Cremona, de su mano, en casa de su padre, un cua¬ dro hecho con toda diligencia, con los retratos de sus tres herma¬ nas jugando, y con ellas una dueña anciana, con tal puntualidad ejecutados los retratos de mano de Sofonisba que parecía que res¬ piraban; sólo se extrañaba su silencio, y más habiendo niñas y dueña. En otro cuadro vió de su misma mano retratado a el dicho su padre, que tiene a un lado otra hija, hermana de Sofonisba, llama¬ da Minerva (que Pintura en y en las Letras fué peregrina y des¬ empeñó nombre), y a el otro lado Asdrúbal (hijo del mesmo) y su otro hermanito; y todos éstos tan bien hechos, que parece que tie¬ nen espíritu y que viven. En Piacenza están de mano de la misma, en casa del arcediano de aquella Iglesia Mayor, dos cuadros bellí¬ simos; en el rmo está retratado dicho arcediano, y en el otro Sofo¬ nisba; de suerte que a la una y la otra ñgura no les falta sino hablar. Estaseñora, pues, fué conducida por el señor Duque de Alba para dama de la Reina de España, nuestra Señora Doña Isabel de la Paz, de quien fué muy favorecida y estimada; que no eran sus prendas dignas de menor empleo. Hizo retratos y pinturas, cosa ex¬ celente. Por cuya fama el Papa Pío IV hizo saber a Sofonisba que deseaba tener de su mano el retrato de la Serenísima Reina de Es¬ paña, lo cual puso en ejecución, con todo el cuidado posible, y por mano del embajador de España se lo presentó a Su Santidad con una carta del tenor siguiente: CARTA DE SOFONISBA A EL PAPA Santísimo Padre. Por el Reverendísimo Nuncio de Vuestra San¬ tidad he sabido que deseaba Vuestra Santidad un retrato de mi mano de la Majestad de la Reina mi Señora; y como aceptare esta empresa por singular gracia favor, habiendo de servir a Vuestra y Beatitud, pedí licencia a Su Majestad, la cual en ello tuvo mucha complacencia, reconociendo en eso la paternal afición que Vuestra Santidad la demuestra; y yo, con la ocasión de aqueste caballero, se le envío; y si en esto satisficiere el deseo de Vuestra Santidad, yo recibiré infinito consuelo; no dejando de decirle que si con el pincel se pudiera representar a los ojos de Vuestra Beatitud la be¬ lleza del ánimo de aquesta Serenísima Reina, ¡no se podría ver cosa más maravillosa! Mas en aquellas partes que con el pincel se pueden figurar, no he faltado a usar de toda aquella diligencia que yo he sabido para representar a Vuestra Beatitud lo verdadero. Y con esto, dando fin con toda reverencia y humildad, le beso el San¬ tísimo pie. Madrid, ly de septiembre de 1561 años. De Vuestra Beatitud su humildísima sierva, SOFONISBA ANGUSCIOLA. RESPUESTA DEL PAPA A SOFONISBA A la cual carta respondió Su Santidad con la infrascripta, y habiéndole complacido mucho el retrato, la acompañó con dádivas dignas de la mucha virtud de Sofonisba, y magnificencia de Su Santidad. PIUS PAPA IV. DILECTA IN CHRISTO FILIA Hemos recibido el retrato de la Serenísima Reina de España, nuestra carísima hija, que me habéis enviado, y nos ha sido muy agradable, tanto por la persona que representa, la mal amamos pa¬ ternalmente, como por otros respetos, por la buena Religión, y otras bellísimas partes de su ánimo; y asi también por ser hecho de vuestra mano, muy bien y con mucho cuidado, os lo agradecemos ; — 33 — certificándoos que le tendremos entre nuestras cosas muy estima¬ das, loando esta vuestra grande habilidad, la cual hasta ahora ( cre¬ yendo que sea maravillosa) intendiamó peró chell é la piu piccola tra le molte, che sono in vol. F con tal fin os enviamos de nuevo nuestra bendición, que Nuestro Señor Dios os conserve. Dada en Roma a 15 de octubre, año de 1561. Esto baste para mostrar cuán grande fué la virtud de Sofonisba y su eminente habilidad en la Pintura. Una hermana suya, llamada Lucía, muriendo, dejó de sí no menor fama en muchas pinturas de su mano, que hoy se ven en Cremona; en especial un retrato que hizo de Pedro Maria, médico excelente, y otro aún superior del excelentísimo señor Duque de Sesar, tan parecido, que no se puede hacer mejor ni con mayor viveza. La tercera hermana Angusdola, llamada Europa, que en edad pueril dió muestras con sus obras y diseños no ser inferir a Sofo¬ nisba, ni a su hermana Lucia, pintó muchos retratos de gentiles- hombres en Cremona, muy bien hechos. Uno envió a España de Blanca, su madre, que le agradó mucho a Sofonisba y a todos los pintores que lo vieron en la Corte. Y porque Ana, cuarta hermana, era pequeña y atendía con mucho provecho a el dibujo, no se ha pxjdido tener noticia de sus obras, ni relación de lo que llegó a eje¬ cutar su pincel cuando mayor. Solamente podremos decir que tuvo tan gran genio para la Pintura como sus hermanas. Discúrrese mu¬ rió Sofonisba en esta Corte por los años de mil quinientos y setenta y cinco, a poco más de los cincuenta de su edad ; en cuyo obsequio se ha hecho mención de sus hermanas, bien que no estuvieron en España*. . Ld XVIL—EL GRAN TICIANO VECELIO, PINTOR VENECIANO Ticiano Vecelio, de Cador, veneciano, pintor de Cámara exce¬ lente del Señor Emperador Carlos V y del prudentísimo Rey el Se¬ ñor Felipe II, nació en Cador, el año de 1480, de la muy noble familia de Vecelli; y llegando a la edad de diez años, fué llevado * Nació en 1535; murió en Génova de noventa y un años, en 1626 (G. Catalano; Sofonisba Anguissola, Cremona, 1927). En España residiría, a lo sumo, desde 1559 a 1571. 3 — 34 — a Venecia en casa de un cual, vien¬ tío suyo, ciudadano honrado, el do el gran genio mostraba el muchacho para la Pintura, le que aplicó a ¡la escuela de Juan Belino, pintor insigne de aquella edad, donde estuvo algunos años con grande aprovechamiento. Pero ha¬ biendo venido a Venecia en aquella sazón Jorge de Castel Franco, año de 1507, y viendo su manera de pintar más libre, y magiste- riosa, imitando sólo el natural, sin hacer dibujos, con gran frescura y manejo, se aplicó de suerte Ticiano a su escuela, que en poco tiempo hacia cosas que todos las tenían por de mano de Jorge. Emprendió también Ticiano en este tiempo algunas cosas a el fresco, que condujo con gran magisterio; y comenzó a manifestar lo singular de su genio para los retratos en uno que hizo de un gentilhombre amigo suyo, que si no le hubiera ñrmado, le tuvieran todos por de mano de Jorge, su maestro; y asi hay algunos retra¬ tos (especialmente de aquel tiempo) que es imposible distinguir de cuál de los dos sean, si no están ñrmados. Y, en fin, llegaron a ser tan famosas sus obras, que no hubo en su tiempo varón señalado o puesto en dignidad que no solicitase tener alguna pintura o re¬ trato de su mano, por ser tan aventajado artífice en esta parte. Y asi retrató a el Duque Alfonso de Ferrara; a Federico Gonzaga, Duque de Mantua; a Francisco María, Duque de Urbino; a el Marqués del Basto; a el de Pescara; a el Gran Duque de Alba don Fernando; a Francisco Esforcia, Duque de Milán; a el señor Antonio de Leí va; a don Diego de Mendoza; a el Aretino; a el Bembo; a el Fracastorio; a Ferdinando, Rey de Romanos, y a su hijo Maximiliano (ambos después Emperadores) ; a el Papa Six¬ to IV; a Julio II y a Paulo III, hasta a el Emperador de los Tur¬ cos, Solimán, y a Rosa, su mujer, compitiendo cada cual en pre¬ miarle. Pero quien excedió a todos en la estimación de este gran artífice, fué el invictísimo Señor Emperador Carlos V, a quien re¬ trató en Bolonia año de 1530, y después, llamado a la Corte de España, retrató a Su Majestad Cesárea diferentes veces, y por cada retrato le daba mil escudos de oro (que en aquel tiempo era una gran'suma), sin permitir que otro le retratase. Premióle también un mediano cuadro en dos mil ducados. Y habiendo hecho otro de la Encarnación del Hijo de Dios para Murano, en el Estado de Venecia, queriendo no darle por él docientos escudos, se lo pre¬ sentó al Señor Emperador, el cual le dió mil escudos de ayuda de costa para colores; y lo hizo colocar el Señor Felipe II en la Ca- — 35 — pilla Real del Palacio de Aranjuez; y lo retocó Lucas Jordán el año pasado de 1698, por estar ya muy deteriorado *. Estimó en tanto a Ticiano Su Majestad Cesárea, que lo armó Caballero del Hábito de Santiago en el Palacio de Bruselas, seña¬ lándole docientos ducados de renta en Nápoles (y entiendo que fueron de plata, que por allá no corre el vellón). Hizo después mu¬ chas pinturas al Señor Felipe II, el cual después de haberle retrata¬ do, le dió otros docientos ducados de renta, además de trecientos que tenía por la Señoría de Venecia, a hizo de él tanta estimación, que colocó su retrato entre los de su Real Casa en Madrid. Y el Señor Rey Don Felipe HI, cuando se quemó la Casa Real de El Pardo, año de 1608 **, donde perecieron muchas pinturas origina¬ les, sólo preguntó si se había quemado la Venus de Ticiano. Y res¬ pondiéndole que no, dijo Su Majestad; Pues lo demás no importa, que se volverá a hacer. Fué Ticiano príncipe del colorido, el cual poseyó con grande hermosura y valentía, por lo cual llegó a tanto su fortuna, que el Señor Emperador Carlos V le creó Conde Palatino en Barcelona, año de 1553, con otros muchoso honores y demonstraciones de sin¬ gular estimación, como dejamos notado en el Tomo I, lib. 2, cap. 9, párrafo 3. Y aunque algunos han querido dudar que estuviese Ti¬ ciano en España, es error ***, procedido de que Carlos Ridolfi dice: que pasó Ticiano a la Corte del Emperador el año de 1548, llamado de su Majestad Cesárea; y entonces el Señor Emperador Carlos V estaba en España, y aquí tenía su Corte; sino que por la Corte del Emperador han entendido la de Viena. Y así es indubi¬ table que estuvo Ticiano en España; y se puede creer que, por lo menos, estuvo desde el año 48, en que fué llamado, hasta el 53, en que Su Majestad Cesárea le creó Conde Palatino en el Palacio de Barcelona, como lo dice dicho autor; y en cuyo tiempo se dice ejecutó las pinturas de la Capilla Mayor del Convento de San Francisco de la Puebla de Sanabria ****. Y es digno de ponderar, que con ser Su Majestad Cesárea Señor de tantos Reinos y Provin¬ cias, no preció menos haberlos alcanzado, que el haber adquirido las ■obras que obtuvo de Ticiano, deseando sumamente conseguir más. * Se ha perdido ** 1604. *** El error era el de Palomino, pues Tiziano nunca vino acá. **** Desconócese el origen de esta noticia, inverosímil. - 36 - Pues estimaba tanto artifice, que tenia las pinturas de este singular por felicidad alcanzarlas, y le solicitaba con cartas y le hacia mu¬ chos favores, honras y mercedes, como se puede colegir de las que refiere de su Majestad Cesárea el caballero Ridolñ, en que le nom¬ bra a Ticiano su gentilhombre, y se colige también por las siguien¬ tes cartas del Señor Felipe II: CARTA QUE EL SEÑOR REY DON FELIPE II ESCRIBIO AL TICIANO DESDE FLANDES DON FELIPE, POR LA GRACIA DE DIOS, REY DE ESPAÑA, de las btdias, de Jerusalén, &. Amado nuestro. Vuestra carta de ig del pasado he recibido, y holgado de entender por ella lo que escribís, que teniades acabadas las dos jdbulas, la iina de Diana en la fuente, y la otra de Calixto; y porque no suceda el inconveniente que sucedió a la pintura del Cristo, he acordado que se envíen a Génova, para que de allí se me encaminen a España, y escribo a Garci-Fernández sobre ello; Vos se las entregaréis a él y procuraréis que vengan muy bien puestas, y en sus cafas; y empacadas de manera que no se gasten en el cay mino. Y para esto será bien que Vos, que lo entendéis, las pongáis de vuestra mano; porque será gran pérdida que llegasen dañadas. También holgaré micelio que os deis prisa a acabar el Cristo en el Sepidcro, la que se perdió; porque no querría carecer de una como tan buena pieza. Y os agradezco el trabajo que ponéis en hacer estas obras, que las tengo en lo que es razón, por ser como de vues¬ tra mano; y me ha desplacido que no se haya cumplido lo que mandé, que se os pagase en Milán y Génova; ahora he mandado tornar a escribir sobre ello de manera que tengo por cierto que de esta vez no habrá falta. De Gante, a 13 de julio de 1558. Yo el Rey. Envióle últimamente Ticiano al Señor Felipe II aquel célebre cuadro de la Cena de Cristo Señor Nuestro, que está en el refec¬ torio de San Lorenzo de El Escorial, que verdaderamente es mara¬ villa del Arte; y en la carta que le escribe a el Rey dice: que había siete años que lo comenzó, y que casi no había dejado de trabajar — 37 - «n él. ¡Cosa verdaderamente increíble! Porque si dijera que siete meses, aunque se me hiciera duro de creer, ya pudiera pasar; pero siete años, ¡es menester atribuirlo más a misterio que no a reali¬ dad! El cual habiéndolo recibido Su Majestad, y estimándolo como era justo, le remuneró con dos mil escudos de oro por la vía de Génova; enviando asimismo órdenes muy estrechas para que se le asistiese a Ticiano puntualmente con las pensiones que Su Majes¬ tad le tenía situadas en Italia. Pero si los siete años fueron ciertos, no le salía bien la cuenta a Ticiano con los dos mil escudos de oro. CARTA DE RECOMENDACION DEL SEÑOR FELIPE II A FAVOR DE TICIANO, A EL C-OBERNADOR DE MILAN DON FELIPE, POR LA GRACIA DE DIOS, REY DE ESPAÑA, de las dos Sicüias, Duque de Milán, &. Ilustre Duque,primw, nuestro gobernador del Estado de Milán, y su Capitán General, Yo he entendido que de las dos pensiones de que hizo merced en ese Estado el Emperador mi Señor ( que está ■en Gloria) a Ticiano Vecelio,-pintor veneciano, la una en el año 41 y la otra en el de 48, no ha podido hasta ahora cobrar cosa alguna, por mucho que lo ha procurado y solicitado; y porque además de ser muy justo que las mercedes que Su Majestad Cesárea le hizo le sean fructuosas, por lo bien que a mí me ha servido y sirve, y buena voluntad que le tengo, holgaré mucho que se cumpla con él de manera que no haya falta. Os encargamos, y mandamos, que en recibiendo ésta, hagáis ver los privilegios de Su Majestad que el dicho Ticiano tiene de las dichas dos pensiones; y habiendo ave¬ riguado lo que en virtud de cada una de ellas ha de haber de lo pasado, proveáis, y deis orden, que todo aquello se le pague y sa¬ tisfaga y lo más presto que se pudiere a él o a su legítimo procu¬ rador, de cualesquier maravedises de esta nuestra Cámara Ducal, ordinarios o extraordinarios, o de algún otro expediente, de que allá se viere que se podrá mejor cumplir; dando asimismo tal orden para lo de adelante, que las dichas dos pensiones se paguen cada año al dicho Ticiano a sus tiempos, sin que haya falta, dilación, ni es¬ perar sobre ella otro mandamiento ni consulta nuestra. Porque tal es. nuestra voluntad, no obstante las órdenes de V. Vomer, ni otros - 38 - algunos de ese Estado, que en contrario haya. Datas en d Monas¬ terio de Grunedal a 25 de diciembre de 155^- Y escribió de su Real mano sabéis los renglones siguientes: Ya el contentamiento que Yo tendré de esto, por tocar a Ticiano; y asi os encargo mucho que luego le hagáis pagar, de manera que para ello no haya menester acudir más a mi, para que os lo vuelva a mandar. Yo el Rey. Pero todo cuanto hubo de escasez en las pinturas de Ticiano, mientras vivió, tuvieron de abundancia después de muerto; pues así por las que recogió Velázquez en su jornada a Italia, como pK)rlas que se compraron en la almoneda del Príncipe de Gales, y otras con que muchos señores regalaron a Sus Majestades, es¬ tán los Palacios de nuestros ínclitos Reyes llenos de ellas, pues en sólo este de Madrid hay muchísimas, especialmente en las bó¬ vedas, que llaman de Ticiano, por haber allí tantas Fábulas suyas, que cada milagro. -El una es un célebre cuadro de Santa Marga¬ rita (que en otro tiempo debió de estar en este convento de San Jerónimo, de Madrid, según dice Pacheco), los retratos de los doce Emperadores romanos (aunque el de Vitelio, por haber fal¬ tado, es de Vandic), el retrato del señor Emperador Carlos Quin¬ to a caballo y el del señor Felipe Segundo de cuerpo entero, ofre¬ ciendo a Dios al señor Felipe Tercero, niño entonces*; las cuatro Furias, aunque las dos son copias de mano de Alonso Sánchez, de que se hace mención en su vida; sin otros muchas retratos de diferentes personajes y madamas, y especialmente el del gran Mar¬ qués de Pescara, y otras muchas que omito. En Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial hay el también muchas, y en especial aquel célebre cuadro de la Gloria, que está en la Aulica, y es como de tres varas de alto y dos de ancho, y en él está la Trinidad Santísima, y la Virgen a la mano derecha, algo más abajo, y en medio del cuadro, la Iglesia en figura de doncella hermosa, que está ofreciendo a Dios los héroef del Viejo y Nuevo Testamento; y entre ellos muchos de la impe¬ rial Casa de Austria: como el señor Carlos Quinto y su consorte, y el señor Rey Don Felipe Segundo y la Reina Doña Juana, su * En el Museo del Prado (n.° 431) : no es Felipe III, sino el príncipe Don Fernando. — 39 — hermana; que aunque están las figuras diminutas, y aniebladas con esplendor de la Gloria, se conocen los retratos; pintura de el muy singular ingenio y artificio, y que verdaderamente le dió gran gloria a su artífice, pues le llaman la Gloria de Ticiano *. Además de ésta hay otrasmuchas, sin la célebre de la Cena en el Refectorio,las dos de la ante sacristía, una de la como son Oración del Huerto, extremadamente caprichosa, y otra de Santa Margarita, que sale del dragón reventado por los hijares; y es una gentil figura, aunque ofendida con una ropa falsa, que le echaron por cubrir el desnudo de una pierna, que verdaderamente le desgracia; y desgracia tuvo en ser sola, y haber caído en un sitio tan religioso; que si estuviera en un cuadro del Juicio Final, no se reparara en esa menudencia, aunque estuviese en el Vati¬ cano. Pero a bien que Jordán puede muy bien subsanar allí éste y otros muchos escrúpulos, en lo que dejó ejecutado. También den¬ tro de la sacristía hay una imagen de Nuestra Señora con el Niño en los brazos, del tamaño de el natural, ¡cosa extremada! Y el San Sebastián de Ticiano, que fué dádiva del excelentísimo señor Con¬ de de Benavente. Y en el mismo sitio hay otra suya, de la pre¬ gunta que hicieron a Cristo Señor Nuestro los fariseos sobre pa¬ gar el tributo al César, ¡cosa excelente! Como lo es también la Magdalena, tan celebrada, de más de medio cuerpo, de que hay muchas copias. Y también están allí los dos cuadros de Jesús y María Dolorosos, de que no hay menos; y asimismo una Santa Catalina Mártir, mayor que el natural. Otras dos pinturas suyas, están en el tránsito que hay desde la sacristía al altar mayor, delante de la puerta del cuarto del Rey, que son un Crucifijo Difunto, y un San Juan Bautista en el Desierto, de excelente actitud, luz y relieve. Y en el oratorio del Rey sirve de altar un Cristo con la Cruz Acuestas, devotísima y singular figura, y digna de aquel lugar. En el Capítulo está San Jorge con Nuestra Señora, y Santa Catalina Mártir. También la Oración del Huerto, y San Jerónimo en la Penitencia. Como tam¬ bién el Martirio de San Lorenzo, la Adoración de los Santos Re¬ yes y el Sepulcro de Cristo, que están en la Sala de Profundis. Y en la capilla de la enfermería hay otro Ecce Homo con Pilatos, también de Ticiano, ¡cosa superior!, y una copia del Martirio de * No hay para qué anotar todas estas referencias. La Gloria se llama por lo que representa, no como alabanza. San Pedro Mártir (aunque otros dicen que es repetida del mismo Ticiano), cuyo primer original está en Venecia. Y, en fin, fuera nunca acabar si todas las pinturas de Ticiano, que hay solamente en los palacios, y sitios reales y casas de señores de España se hubiesen de recitar. Perecieron, sin embargo, en el incendio lastimoso del Palacio de El Pardo muchas pinturas.de Ticiano, y especialmente retra¬ tos de la antigua Casa de Austria, entre los cuales estaba aquel célebre suyo, que habiéndoselo enviado a pedir Su Majestad, se le envió, mostrando en su mano el del señor Emperador; dando a entender con esta discreción, que la honra que se diese a aquella pintura sería por el retrato que tenía de Su Majestad, no por el suyo. Murió, en fin, Ticiano herido de peste año de mil quinientos y setenta y seis y a los noventa y nueve de su edad * ; mas no murió su nombre, porque éste vivirá lo que duraren los siglos. Y aún parece que la muerte no ,se juzgó bastante para vencerle; y asi se valió de la peste para acabarle. Quien quisiere ver más por extenso la relación de sus muchas y admirables obras y su vida muy por menor, lea al caballero Carlos Ridolfi, en la primera parte de las Vidas de los Pintores Venecianos, desde la página 134 hasta 198, escritas en lengua Toscana, donde hallará su retrato, honroso sepulcro y exequias suntuosas. ^Vlll.—LUQUETO, O LUCAS GANSIASO, PINTOR Luqueto, oLucas Gangiaso, excelentísimo pintor genovès, fué llamado del señor Felipe Segundo para suplir la falta del Mudo en las pinturas del Escorial; y así pintó en aquella excelsa má.- quina diferentes cosas. En el claustro bajo hay algunas estaciones de mano; también lo son los Evangelistas que su están en los ni¬ chos de la escalera principal, los cuales no quiso retocar Jordán cuando pintó la escalera, aunque se lo mandó el señor Carlos Se¬ gundo, por venerar las obras de Lucas Gangiaso. Es también de su mano la pintura de la Asunción de Nuestra Señora, en el pres- * Murió el 27 de agosto de 1576. Sobre la fecha de su nacimiento hay- dudas; 1477?, 1482?... 41 _ — biterio de la iglesia, como también las de la bóveda del colegio, a la entrada del refectorio, que son las Once mil Vírgenes, y la caída de Luzbel. Bien que no agradaron, por el poco ornato, y menos gusto en el colorido. También es suyo el San Juan Bau¬ tista, a el olio, que está en un altar de la iglesia, y la pintura del de Santa Ana, y el San Lorenzo, y San Jerónimo, que están en el coro sobre la sillería; y asimismo las Virtudes, y el techo y bó¬ veda de los entierros de los Reyes en el presbiterio; donde tam¬ bién es suya la Coronación de la Virgen, suponiendo que todo lo que está pintado sobre la Albañileria es a el fresco. Y finalmente pintó la Gloria, tan celebrada vulgarmente, de la bóveda del coro, y habiéndola concluido y tasádosela en ocho mil ducados, le dió el señor Felipe Segundo doce mil; y cierto que fué acción de su grandeza, ¡porque no hizo cosa Luqueto en que menos complacie¬ se a los del Arte!, por haberse aquello dirigido por dictámenes de teólogos de orden de Su Majestad. Y verdaderamente hay cosas que aunque en lo escrito y discurrido son muy buenas, en el Arte no tienen capricho ni armonía pintoresca. Pero sobre todo fué muy fácil, fecundo y pronto inventor; bien que son mejores sus dibujos que su pintura, porque en ella no tuvo buen gusto, y los dibujos son excelentes y de gran magisterio; de que hay gran co¬ pia, porque en ello tuvo gran facilidad. Y, en fin, lleno de riqueza y honras que recibió de Su Majestad, murió en aquel Real Sitio de San Lorenzo, ya de crecida edad, cerca de los años de mil quinientos y ochenta *, dejando su retrato en la Gloria del Coro (que fué lo último que hizo), detrás del de Fray Antonio el Obrero. De este gran artífice hace mención Juan Paolo Lomazo entre sus pintores eminentes, y Fray José de Sigü.enza en la Historia de la Orden de San Jerónimo, part. 3, lib. 4, disc. 13, pág. 794. XIX.—VENERABLE PADRE FRAY NICOLAS Fattor, del Arte de la Pintura. Fray Nicolás Fattor, natural de la ínclita ciudad de Valencia, y de la Orden del Seráfico Padre San Francisco, después de haber estudiado en el siglo la Gramática, se aplicó a el Arte de la Pintura; * En 1585; había nacido en octubre de 1527. 42 y aunque contra la voluntad de su padre (que le deseaba para si en elsiglo) tomó el hábito de la Observancia, en el convento de Santa María de Jesús, de dicha Orden, un cuarto de legua distan¬ te de Valencia. Fué de soberano ingenio y excelente pintor; y vi¬ viendo en dicho convento pintó muchas imágenes de María San¬ tísima, de quien fué muy regalado; y a las que hallaba pintadas las pionia versos latinos en su alabanza, en que fué también pere¬ grino; que nunca, o rara vez dejan de andar juntas estas dos ho¬ noríficas facultades. Tuvo en la Orden diferentes Preladas y empleos en que siem¬ pre se portó extremada humildad y ejemplo en todo linaje de con virtud, como ver el curioso en el Libro que de su porten¬ lo p>odrá tosa vida escribió el muy reverendo Padre Fray Cristóbal More¬ no, Provincial que fué de aquella Santa Provincia, colegida del proceso que para seguir su causa en la Rota se escribió de orden de aquel gran Prelado y siervo de Dios, el excelentísimo señor Don Juan de Ribera, Patriarca de Antioquia, Arzobispo y Virrey de Valencia. Tráela también Villegas en su Flos Sanctorum, 3 part. Y entre otros empleas que tuvo, fué el de confesor del Real Con¬ vento de las Señoras Descalzas, de esta Corte, de que se retiró voluntariamente, no podiendo su grande austeridad sufrir el bu¬ llicio y visitas de la Corte; y tomando el camino de Valencia, entró a visitar la imagen de Nuestra Señora de Atocha, la cual le reprendió, porque desamparaba las Esposas de su Hijo Santí¬ sima. El, absorto y lleno de temor, no respondió palabra; pero la Virgen le dijo se fuese en paz, y usando de esta licencia prosiguió su camino. Hay en el claustro de dicho convento de Santa María de Je¬ sús un Miguel abatiendo la soberbia de Lucifer y sirs secua¬ San ces, ejecutado de mano de este siervo de Dios, de aguada de añil en la pared, ¡cosa excelente! Y también a la subida de la escale¬ ra del convento de Chelva en dicho reino, hay un Cristo a la Co¬ lumna, hecho de su mano, también de aguada; ¡cosa sup»eríor! Y en los márgenes de los libros del coro de su convento de Jesús dejó hechos diferentes adornos, historiejas y figuras de los Após¬ toles y otros santos, todo con extremado primor. Murió, en fin. Fray Nicolás con créditos de ejemplar varón a los sesenta y un años de su edad, en el de mil quinientos y ochenta y tres, en dicha ciudad de Valencia, en su convento de Santa Maria de Jesús, don- 43 — - de quedó depositado su cuerpo con gran veneración de los fieles de aquel reino, que acudian a su sepulcro para encontrar el re¬ medio de sus necesidades; y se trató la causa de su canonización, que no ,sé en qué estado se halla. XX.—EL DIVINO MOR.ALES, PINTOR El Divino Morales, español (cuyo nombre propio se ignora), fué natural de Badajoz *, y pintor famoso; fué cognominado el Di¬ vino, así porque todo lo que pintó fueron cosas sagradas, como porque hizo cabezas de Cristo con tan gran primor y sutileza en los cabellos, que a el más curioso en el Arte ocasiona a querer so¬ plarlos para que se muevan, porque parece que tienen la misma sutileza que los naturales. Fué discípulo de Maese Pedro Campa¬ ña, que lo fué de Rafael de Urbino; con cuya ocasión pasó a Se¬ villa, donde estuvo muchos años, y dejó allí muchas pinturas de su mano, especialmente en algunas capillas antiguas de aquella Santa Iglesia. No se ha visto pintura suya que exceda de una ca¬ beza o medio cuerpo, y siempre en tabla o lámina, con la delica¬ deza y primor que acostumbraba **. Bien lo acredita la Verónica, que está en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, de la iglesia del convento de Trinitarios Calzados, de esta Corte. Y otra de Ecce Homo, que está en el colateral del Evangelio, en la iglesia del convento de Religiosas de Corpus Christi. Otra de Cristo Señor Nuestro a la Columna, con San Pedro llorando, y de medio cuer¬ po, ¡cosa excelentísima!, en la sacristía del Colegio Imperial. Y en el de Santa Catalina, de la ciudad de Córdoba (también de la Compañía de Jesús), en el colateral del Evangelio (donde estaba un cuadro de la Asunción de Nuestra Señora, de Pablo de Cés¬ pedes), han colocado en estos tiempos otra Tabla de nuestro Mo¬ rales, de cosa de vara y tercia de alto, con María Santísima Do¬ lorosa y su Hijo sacratísimo, difunto, en los brazos, de medios cuerpos; ¡cosa superior! Y sin éstas hay otras muchas en las Casas Reales y fuera de ellas, especialmente en oratorios; bien * Llamábase Luis, como es sabido. La documentación acerca de este ar¬ tista es muy escasa. ** Es inexacto. Las pinturas sobre cobre (lámina) de Morales, se des¬ conocen; probablemente eran imitaciones y copias. Pintó composiciones tam¬ bién. 44 - - que hay algunas bautizadas por originales, aunque es dificultosí¬ simo de copiar, y por tanto más fácil de conocer. Fué llamado del Señor Felipe Segundo (como se dijo en el tomo primero) para pintar en El Escorial, en que se portó como buen vasallo, ofreciendo al servicio de Su Majestad cuanto tenía, por haber extrañado el Rey el fausto con que había venido. Pero habiendo servido a Su Majestad en muchas cosas de su devoción (porque su habilidad no se extendía a más ni era para obras de magnitud), se retiró a su tierra muy recompensado y favorecido de la grandeza de Su Majestad. Y después de algunos años, pa¬ sando el Señor Felipe Segundo a tomar posesión del reino de Por¬ tugal en el de 1581, llegó a Badajoz, donde estaba nuestro Mo¬ rales, el cual fué luego a ponerse a los pies del Rey, y habiéndolo recibido Su Majestad con singular agrado, le dijo: Muy viejo es¬ táis, Morales; a que él respondió: Sí, Señor, muy viejo y muy po¬ bre. Y entonces volvió el Rey a su tesorero y le dijo que en las Arcas Reales de aquella ciudad le señalasen doscientos ducados para comer. Replicó al punto Morales, y dijo: Señor, ¿y para ce¬ nar? Yolvió el Rey, y dijo: Que se le señalasen otros ciento. En que se califica la liberalidad de aquel gran Rey, y la discreción y donaire de aquel vasallo, junto con la prontitud de gozar de la ocasión y hablar a tiempo, que es una gran felicidad. Llegó, pues. Morales a experimentar la saña de la fortuna en la vejez, porque en ella vino a faltarle el pulso firme y la vista perspicaz, indispensables en aquella manera de pintar, tan defini¬ da, que verdaderamente no es para viejos. Murió, pues, en Ba¬ dajoz los años de mil quinientos y ochenta y seis, a los setenta por y su edad. siete de Hay en este Monasterio de San Jerónimo, de Madrid, una Tabla excelente de su mano (de vara de largo y tres cuartas de alto), de medios cuerpos del tamaño natural, de Jesús Nazareno con la Cruz cuestas, acompañado de su Madre Santísima, y a San Juan Evangelista, con grandes expresiones de dolor y ternu¬ ra, y con aquella extremada hermosura y delicadeza de su pin¬ cel. Fué dádiva del Señor Felipe Segundo en el año de 1564. — 45 - XXI.—SOFONISBA GENTILESCA, PINTORA Sofonisba Gentilesca fué aquella ilustre dama, y famosa en este Arte, que la serenísima Reina de España Doña Isabel de la Paz, nuestra señora (que está en el cielo), trajo de Francia a esta Corte, y fué insigne en hacer retratos, especialm.ente pequeños. Y asi hizo muchos de Sus Majestades, y del serenísimo Príncipe Don Carlos, hijo del Señor Felipe Segundo, nuestro señor, y de otras damas y señoras de Palacio, donde murió, año de mil qui¬ nientos y ochenta y siete *. XXIL—DÍ//5 DE VARGAS, PINTOR Luis de Vargas, natural de Sevilla, fué gran pintor a el fresco, y a el ólio; siguió la manerade pintar del Perino, o Perin del Vago, en siete años que estuvo en Italia; y habiendo vuelto a su patria, y viéndose excedido (en algunas obras que hizo) de Antonio Flo¬ res y de Maese Pedro Campaña, flamencos, se volvió a Italia, donde estudió otros siete años (que parece fué el Jacob de la Pin¬ tura, que fué su hermosa Raquel), y volvió a Sevilla enteramente capaz en el Arte; aunque Pacheco dice que fueron veinte y ocho años los de su estudio en Italia; y me hace gran fuerza por ser paisano y casi contemporáneo, si no es que fuesen los que tenia de edad cuando volvió a Sevilla. Sus obras en la Iglesia Mayor de aquella ciudad y Casa Arzo¬ bispal dan testimonio de la excelencia de su pincel al fresco y a el ólio. Principalmente la pintura del arco del sagrario y de la to¬ rre; la Historia de Cristo Señor Nuestro con la Cruz a cuestas, que está en gradas, a las espaldas del sagrario antiguo, que la in¬ juria del tiempo ha maltratado; la célebre Tabla de Adán y Eva, que viéndola Mateo Pérez de Alesio (insigne pintor, que hizo el célebre San Cristóbal de aquella Santa Iglesia, de que haremos mención), dijo, mirando el Adán, que tiene una pierna muy bien * Grave equivocación de Palomino. No existióninguna pintora llamad.í Sofonisba Gentilesca. Hubo Sofonisba Anguissola, de que escribió la Vida i5 (pgs. 30-2). Y hubo Artemisia Gentileschi (isgy, t después de 1651), o.ue no estuvo en España. — 4& — escorzada: Piu vale la tua gamba, que mi San Christojoro. Y últi¬ mamente se volvió Mateo Pérez a Italia, viendo su eminente ha¬ bilidad, diciendo que no era justo que viviendo Vargas pusiese en otro la estimación su patria. ¡Acción verdaderamente digna de inmortal gratitud! y que dudo tenga ejemplar, y mucho menos en el siglo presente. Pintó el retablo del Nacimiento en la Santa Iglesia, y otras muchas obras, como la Virgen del Rosario en un óvalo grande, que está en un pilar del convento de San Pablo, si bien ya muy deteriorada. Fué insigne retratador; y entre muchos retratos que hizo, fué el del chantre de aquel tiempo en el banco del re¬ imo tablo de Adán y Eva, que está en dicha Santa Iglesia junto a la Capilla de la Antigua y a la puerta que sale a la lonja, donde se ponía el chantre a rezar sus horas, y le cercaban los muchachos mirando al retrato y al original, con admiración de la semejanza y propiedad. Pintó también el de da excelentísima señora Doña Juana Cortés, Duquesa de Alcalá, que parece de m.ano de Rafael de Urbino. Y sobre todo fué su vida muy ejemplar; y en el tiempo que vivió en Sevilla dió muestras de sus raras virtudes. Confesaba y comulgaba con gran humilde y frecuencia y devoción. Era muy sufrido con sus émulos. Y algunos ratos del día, que hurtaba a sus ocupaciones, se encerraba en su estudio y se tendía en xm ataúd (que para este efecto tenia reservado), contemplando en la muerte y ajustando la vida; y toda ella tuvo grandísima devoción con el dulcísimo nombre de Jesús; por lo cual le sucedieron casos milagrosos: halláronse en su muerte asperísimos silicios y disci¬ plinas. Murió poco después de haber acabado las pinturas de la torre de aquella Santa Iglesia, por los años de mil quinientos y no¬ venta, y a los sesenta y dos de su edad. La fama de su eximia virtud obligó a un grave y docto varón que, yendo a predicar a otro intento, se explayase en sus alabanzas y ponderación de sus virtudes; las cuales acreditan hoy día sus sagradas pinturas, de¬ mostrando el espíritu de dónde procedían. Fué muy ingenioso y de agudos dichos. Y asi, mostrándole un pintor ignorante un Cris¬ to Cruciñcado, y vivo, rogándole le dijese su parecer, le dijo: Cierto que está con gran propiedad, porque parece que dice: ¡Per¬ dónalos til, Señor, que no saben lo que se hacen! 47 — - XXIIL—iM/GÍ/£L BARROSO, PINTOR Miguel Barroso, gran pintor y discipulo de Becerra, fué gran¬ demente instruido las Lenguas griega y latina y otras muchas. en Y además de esto fué famoso arquitecto, perspective y músico excelente. De de este insigne varón hay pintada una Esta¬ mano ción en el claustro principal de El Escorial, que basta para cré¬ dito de su eminente habilidad y pericia en el Arte de la Pintura, en que fué muy dulce en el colorido, aunque con poca valentía en el dibujo. Murió en esta Corte por los años de mil quinientos y noventa, a poco más de los cincuenta de su edad. 'KOLIN.—ALONSO SANCHEZ COELLO, PINTOR Alonso Sánchez Coello, de nación portugués, * excelentísimo pintor de Su Majestad Católica del Señor Felipe Segundo, fué singular retratador, y le intitulaba el Rey en sus cartas Ticiano portugués, y en los sobrescritos; A él muy amado hijo Alonso Sán¬ chez Coello. Este noble artífice aprendió el Arte de la Pintura en Roma, en la escuela de Rafael de Urbino, y después en la de An¬ tonio Moro, en España. Pasó a Portugal, donde habiendo .servido a el Príncipe Don Juan y Princesa Doña Juana (ya viuda), herma¬ na del Señor Felipe Segundo (quien le solicitaba, por haberle fal¬ tado Antonio Moro), se le recomendó mucho a el Rey esta señora; y así le honró Su Majestad a nuestro Alonso Sánchez con extra¬ ordinarias demostraciones en esta Corte de Madrid, e hizolo apo¬ sentar en unas casas principales junto a Palacio (sin duda en las que hoy llaman del Tesoro), de donde, teniendo el Rey llave, por un tránsito secreto, con ropa de levantar (que asi llamaban en¬ tonces en España las batas), solía muchas veces entrar en su casa a deshora y en ocasión de estar comiendo con su familia Alonso Sánchez; y queriendo levantarse a hacer a Su Majestad la debida reverencia, como a su Rey, les mandaba se estuviesen quietos, y * Nació en 1531 ó 1S32 en la Alquería Blanca de Benifayó (Valenda). Murió en Madrid el 8 de agosto de 1588. Hijo y nieto de valencianos resi¬ dentes en Portugal. Véase: F. de B. San Román: Alonso Sánchez Coello (To¬ ledo, 193i). - 48 - se entraba entretener a el obrador. Otras veces le cogía sentado a pintando, llegando quedito por las espaldas le ponía las manos y sobre sus hombros, y queriendo Alonso levantarse a hacer el de¬ bido comedimento, le hacia sentar y proseguir en su pintura, de que el Rey gustaba mucho. Hizo el año de 1585 el retrato del glorioso patriarca San Ignacio, por el modelo de pasta de cera, que se vació en la hembra, que se hizo sobre su sagrado rostro di¬ funto, que lo trajo el Padre Pedro de Rivadeneyra, con cuya asis¬ tencia, como testigo de vista, se perfeccionó lo demás, y fué el re¬ trato más parecido que se ha hecho de este gran patriarca. Hizo para El Escorial algunas cosas, como son la pintura de San Lorenzo, y San Esteban, para un altar de la iglesia; y para otro, San Vicente y San Jorge; también Santa Catalina, Santa Inés y otras santas. Son también de su mano el Sísifo y Ticio, de las cuatro Pinturas, que llaman las Furias en este Palacio de Madrid; no siendo si no los Condenados, que hoy están en el salón grande, y antes estuvieron en otra pieza menor, que se llama de las Furias, por haber tomado de ellas el nombre. Pero el Tán¬ talo e Ixión son de Ticiano, originales; y por no haberse podido conseguir las otras dos, las copió Alonso Sánchez de orden del Rey. Y yo he visto en esta Corte otras cuatro copias de las dichas Furias, o Condenados, que aunque son menores, son del tamaño del natural, y están ñrmadas de Alonso Sánchez en el año de 1554 y copiadas con excelencia. Mas lo que espero me han de estimar los pintores es ver un cuadro suyo historiado, y en público en esta Corte, el cual está en la cuarta capilla de la iglesia de San Jerónimo, a mano derecha, entrando por la puerta principal, y es de San Sebastián, y a el lado derecho. Cristo Señor Nuestro, a el otro María Santísima, y más abajo San Bernardo y San Francisco, y arriba el Padre Eterno; ¡que cada figura de por sí no se puede mejorar! * Retrató a Su Majestad muchas veces, armado, a pie y a ca¬ ballo, de camino con capa y gorra ; y asimismo diez y siete personas reales, entre Reinas, Príncipes e Infantes, que lo honraban y esti¬ maban tanto, que se entraban a festejar y divertirse en su casa con su familia. No m.enos le honraron por su fama los mayores Príncipes del Orbe, hasta los Pontífices Gregorio XIII y Sixto V, el Gran Duque * Allí permanece. — 49 — •de Florencia, el de Saboya, el Cardenal Alejandro Farnesio, her¬ mano del Serenísimo Señor Duque de Parma. No faltó a su mesa jamás algún titulo o principal caballero; porque viéndole tan fa¬ vorecido de un tan gran Monarca, muchos le cortejaban y se va¬ lían de su protección. Y así fué su casa frecuentada de los mayores personajes de su tiempo, como del Cardenal Granvela; de don Gas¬ par Quiroga, Arzobispo de Toledo; de don Rodrigo de Castro, .Arzobispo de Sevilla. Y lo que más es de admirar, del señor don Juan de Austria y del Serenísimo Príncipe Don Carlos, y de otros muchos señores, títulos y embajadores; de suerte, que muchos días los caballos, literas, coches y sillas ocuparon dos grandes patios de su casa. Y así vino a llegar su ducados, que en aquellos caudal a 55.000 tiempos era una gran suma. Fundó en Valladolid una Obra Pía de Niñas Huérfanas, que hoy se mantiene, como dijimos en el tomo I, folio 153, aunque ha tenido varios contrastes, por las intercaden- cias de los tiempos y menoscabos de su dotación. Murió año de mil quinientos y noventa, aunque otros dicen que murió después del año mil y seiscientos, a los setenta y cinco de su edad, con gran sen¬ timiento del Arte, y especialmente de Su Majestad, que le estimaba mucho. Perecieron en el incendio lastimoso del Palacio del Par¬ do diferentes retratos de su mano y otras pinturas, con gran que¬ branto de los inteligentes de la profesión. No careció de elogio este varón insigne en el Laurel de Apolo, de nuestro fénix español Lope de Vega, que dice así: Y el español Protogenes famoso, El noble Alonso Sánchez, que envidioso, Dexara a el más antiguo y celebrado. De quien hoy han quedado. Honrando su memoria. Eternos cuadros de divina historia. XX.V.—EL HERMANO DOMINGO BELTRAN, DE LA Compañía de Jesús, Escultor y Arquitecto. El hermano Domingo Beltrán, religioso coadjutor de la Com¬ pañía de Jesús, fué recibido en el Colegio de Alcalá de Henares el año de 1561 azi de abrü. Fué natural de la ciudad de Vitoria y 4 aprendió el siglo las facultades de la Escultura y Arquitectura en en Italia, salió muy aventajado; y asi las continuó en la en que Religión, ejecutando los retablos del Colegio de Murcia y los de la primera Iglesia del de Madrid. Hizo estatuas de grande estimación y tuvo singular eminencia en las efigies de Cristo Crucificado; como se califica en las que hoy se ven con admiración en este Colegio Imperial, como son la de la Capilla del Santísimo Cristo en la Iglesia; y otra en la bóveda de la Congregación de los señores Abogados, que está sin encarnar; y cierto que parece de Miguel Angel; y también otra, que está en el altar mayor del Colegio de Alcalá de Henares; unas y otras con tan extremada perfección, que todos los artífices le daban la primacía. Y el Señor Felipe II celebró mucho su eminencia en estas artes, y aun deseó llevarle a El Escorial para que de su mano labrase al¬ gunas estatuas que ennobleciesen aquel suntuoso templo. Juntó con esta maravillosa habilidad una sencillez de paloma, con que se hacía amar de todos, y en especial de los señores y Príncipes, que gustaban de frecuentar su oficina, por verle labrar y por oír la santa candidez de su conversación. Y habiendo ido a Alcalá de Henares a dar principio a el retablo de la Iglesia de el Co¬ legio de la Compañía, le llamó Dios para sí a veinte y siete de abril de mil quinientos y noventa, siendo ya de crecida edad. XXVÏ.—JUAN BAUTISTA MONNEGRO, ESCULTOR y Arquitecto. Juan Bautista Monnegro, tiénese por cierto ser el mismo que Juan Bautista de Toledo, * por ser de allí oriundo, aunque natural de Madrid, eminente escultor y discípulo de Berruguete. Pasó a Roma, donde hizo cosas tan eminentes que le cognominaron el Valiente Español. Ejecutó allí buena parte de la Iglesia de San Pedro, y, por ser tan notorio su crédito, fué llamado por el Señor Felipe II para la obra de San Lorenzo del Escorial, donde ejecutó el modelo para aquella gran Basílica; y donde, entre otras cosas, hizo aquellas sie¬ te eminentes estatuas de San Lorenzo y los seis Reyes de la facha¬ da de aquel gran templo. Figuras de tan desmesurada grandeza, * Es confusión notoria. Sobre Monegro, véase V, Garcia Rey: Jmn Bautista Monegro, escultor y arquitecto ("Bol." 1931-4). Nació entre 1543 y iSSo y murió en Toledo el 16 de febrero de 1621. — 51 - que con su zócalo tienen ele alto diez y siete pies; y salvo las carnes (que de mármol blanco), todo lo demás es de piedra berroque¬ son ña; y todas siete salieron de un peñasco, o trozo de piedra de aque¬ lla montaña; y es fama que en él dejaron grabado los artifices el siguiente epigrafe: De este canto salieron seis Reyes y un Santo, y quedó para otro tanto. Lo cierto es que de todas maneras son gran¬ des estatuas, y por ellas merece su artífice nombre inmortal, las insignias o instrumentos son de bronce, doradas de molido, y las coronas de los Reyes pesan de tres a cuatro arrobas. Son también de su las cuatro estatuas de los Evangelistas, que están en mano la fuente de enmedio del patio del Claustro principal, y son de mármol, que se trajo de Génova, aunque otros dicen que son de Pompeyo. Murió en esta Corte por los años de mil quinientos y no¬ venta, siendo ya de edad muy adelantada. XX.Vll.—TEODOSIO MINGOT, PINTOR Teodosio Mingot, pintor español, y natural del Principado de Cataluña, fué discípulo de Micael Angel, llamado de Becerra, con el motivo de las obras de pintura que entonces se ofrecían, con ocasión de la Fábrica de este Real Palacio de Madrid, y el del Pardo, por el invictísimo Señor Emperador Carlos V. Vino, pues, a España, donde manifestó muy bien en diferentes obras su eminen¬ te habilidad y desempeñó los créditos de la escuela en que se había criado, como lo acredita la pintura de la antecámara y una de las torres del Real Palacio del Pardo, que ejecutó en compañía de Jerónimo de Cabrera, y también las que hizo en El Escorial. Fué Teodosio grandísimo dibujante y anatomista, como lo ca¬ lifican diferentes dibujos suyos, que yo he visto, y tengo en mi po¬ der. Murió en esta Corte por los años de mil quinientos y noventa, y a los treinta y nueve de su edad. ¡Lastimoso malogramiento en lo más florido de sus años y de sus lucidas esperanzas! Dejó al¬ gunas obras comenzadas, que acabaron otros. XXVIIL—Z,t//S DE CARBAJAL, PINTOR Luis de Carbajal, natural de Toledo, y hermano uterino de Juan Bautista Monnegro, excelente pintor, de quien ya hicimos 52 — — mención; fué pintor famoso en tiempo del Señor Felipe II, de cuya orden pintó una Estación en el Claustro del Escorial, que le dará fama eterna, por haber inmortalizado sus obras en lugar con * cons¬ picuo y destinado sólo a los hombres más eminentes de aquel si¬ glo en esta facultad; y también hizo otras pinturas a el ólio para algunos altares de aquel gran templo. Murió en esta Corte por los años de mil quinientos y noventa y uno, y a los cincuenta y siete de su edad. ** XXIX.—JUAN DE ARFE VILLAFAÑE, PLATERO, Escultor y Arquitecto. Juan de Arfe Villafañe, natural de la ciudad de León, de Es¬ paña, aunque de profesión platero, es muy digno de este lugar, no tanto por lo ilustre de su facultad, en que fué tan aventajado, cuan¬ to por haberlo sido en la parte más principal de la Pintura, que es el dibujo, y también en la Escultura de plata y la Arquitectura, pues el dibujo no desconoce facultad alguna de las que militan de¬ bajo de su jurisdicción; ni la Escultura excluye el oro ni la plata, en que se han ejecutado tantas maravillas; y más no contentándose nuestro Arfe en ser sólo para sí (que era lo bastante), sino fran¬ queándonos sus lucidos estudios en la estampa de su erudito libro de Varia Commesuración, donde no sólo nos dispensa a los pintores acertadísimas regléis del dibujo en la simetría y anatomía de los músculos y huesos, asi del cuerpo humano como de los animales cuadrúpedos y aves, sino también muy importantes reglas de las cinco órdenes de Arquitectura y piezas de Platería, con muy sin¬ gulares noticias en esto, y lo demás, así de antiguos como de mo¬ dernos artiñces, en que no fueron menos célebres (especialmente en la Platería) ascendientes. Precediendo a esto muy importantes sus reglas de Geometría y de los círculos de la esfera, relojes horizon¬ tales y las tablas de los grados y alturas de España, exornándolo todo con oportunísima erudición. Fué, pues, nuestro Juan de Arfe hijo de Antonio de Arfe y nieto de Enrique de Arfe, ambos plateros eminentes (como dijimos), pues el abuelo hizo las célebres Custodias de la Santa Iglesia de * Sic por tan. ** Nació en 1534; murió en 1607. 53 — — León, la de Toledo, la de Córdoba y la de Sahagún, sin otras mu¬ chas piezas de iglesia muy singulares. Su padre, desterrando la ar¬ quitectura bárbara gótica, comenzó a usar la romana en la Custo¬ dia de Santiago de Galicia y la de Medina de Rioseco y en las andas de León. Nació, pues, nuestro Juan de Arfe por los años de mil quinien¬ tos y veinte y cuatro, y murió el año de mil quinientos y noventa y cinco en Madrid, aunque vivió algunos años en la ciudad de Valla¬ dolid; su edad, setenta y dos años con poca diferencia. Fué consu¬ madísimo platero, como lo acredita su libro y los grandes maestros que tuvo en su padre y abuelo; aimque efectivamente no se sabe de obra pública suya, porque las recató su modestia, sino es la cé¬ lebre Custodia de la Santa Iglesia de Sevilla y la de Avila, y tam¬ bién la de San Pablo de Burgos, Orden de Predicadores, que se dice ser suyas. Imprimió un libro, que se intitula El Quilatador, de gran¬ de utilidad para la platería y ensayadores de moneda. Escribió también, sin duda, de la Perspectiva, porque en el prólogo de su libro ofrece darla en breve a la estampa, y bien que no se tiene noticia que llegase este caso; acreditan su inteligencia en ella las reglas que suministra para los escorzos, que es la Perspectiva más difícil. Confusión grande de los plateros, que se contentan con poco, negándose a la especulación fundamental de su profesión. Y efecto lamentable de la miseria de los tiempos, así por la falta de las ocasiones, como por el corto fruto del trabajo, pues los in¬ genios españoles lo mismo son ahora que antes; pero desmayan los ánimos, cuando ven infructuoso su desvelo. * XXdiL.—JUANES, PINTOR VALENCIANO por cognomento Juánez, apellido an¬ Juan Bautista Juanes tuvo tiguo España, deducido del nombre de Juan, como Fernández, en de Fernando; Martínez, de Martín, etc., sino que como los valen¬ cianos pronuncian la z como s, se ha quedado con el nombre de Juanes, que si fuera éste su nombre propio, se llamara Juan, que es nombre castellano, y no Juanes, que es palabra latina, aunque algo corrupta; bien que este apellido hoy se halla transformado por * Véase: F. J. Sánchez Cantón: Los Arteb escultores de plata y oro. Madrid, iq20. la mayor parte en Ibáñez, aunque en nuestros tiempos hemos cono¬ cido al señor don Juan Juánez de Echalaz, oidor del Real Consejo de Castilla, y otros de este apellido. Fué, pues, nuestro Juánez pintor de gran fama; hizo imágenes de mucha devoción, porque además de ser varón de conocida vir¬ tud, se preparaba con la confesión y comunión antes de pintarlas, como Laurencio Surio. Fué discípulo de Ra¬ lo escriben Pacheco y fael de Urbino, y a el Divino Morales; pero con tan también imitó superior excelencia a los dos, que les aventajó en la hermosura y belleza del colorido y fisonomías, igualándoles en lo demás; con que sólo por este camino se distinguen. Bien lo acredita el San Francisco de Paula del tamaño del natural, en tabla, que está en el Convento de su Orden, que es el de San Sebastián de Valencia, extramuors de aquella ciudad; como también la portentosa imagen del Salva¬ dor del mundo, que está en la Puerta del Sagrario de la Capilla de San Pedro de la Seu de dicha ciudad; cuya belleza es tan divina que desmiente toda diligencia humana, y con facilidad nos pudié¬ ramos persuadir ser verídico retrato, ¡pues parece que Cristo Señor Nuestro no pudo tener otro semblante, porque éste es el más her¬ moso que puede haber en los hijos de los hombres! No lo es menos la que está en Santa Inés en la Capilla de San Francisco de Borja, y otras tres que hay suyas en las monjas Agustinas de San Julián en la Capilla de Santo Tomás de Villanueva. Y la de enmedio, que es cuadrada, es del Nacimiento de Cristo, y las otras dos, re¬ dondas, del Martirio de Santa Inés, * y allí está la sepultura del venerable mosén Bautista Agnesio, su devotísimo capellán. Y tam¬ bién la que está en el Sagrario de la Capilla de la Comunión de la Iglesia del Carmen de dicha ciudad; donde hay otras muchas del Salvador, y todas tan parecidas y con tan superior belleza, que con más justo título que Morales, pudiera usurpar el renombre de Divino. Porque, además de no hallarse pintura suya que no sea sagrada, ¡fué el estilo dulcísimo, el dibujo soberano, la belleza sin¬ gular! Y tan sutilmente peloteado en los cabellos y barba, que pa¬ rece que si se soplan se han de mover. Es también de su mano otra tabla que hay en un pilar de la Seu de dicha ciudad, donde está pintado el Desposorio Espiritual que celebró el venerable sacerdote mosén Baustista Agnesio con Santa Inés. También otra de Santo Tomás de Villanueva, de medio cuerpo, dando limosna a los po- * Hoy una se conserva en el Museo del Prado. 55 — - bres, queestá en la Sala del Cabildo de la Seu, y se tiene por ver¬ dadera efigie del Santo, sin otras muchas que hay en dicha ciudad, donde son muy estimadas, y lo pueden ser en todo el mundo, es¬ pecialmente en aquella Iglesia Mayor, en la Parroquia de San Ni¬ colás, en el Convento de San Agustín, y otros templos; bien que en casas particulares es muy rara la que se encuentra. Pero sobre todas las obras que hizo nuestro Juánez, la que más dignamente puede inmortalizar su nombre es la Imagen Purísima de la Concepción que hoy se venera en singular Capilla (y verdadera¬ mente singular) en la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en la ínclita ciudad de Valencia, con él titulo de la Purísima', la cual eje¬ cutó por relación y revelación del V. Siervo de Dios el P. Martín Alberro, de la dicha Religión, a quien esta Soberana Señora le dijo rm día (que fué víspera de su gloriosa Asunción, y lo es cuando esto se escribe) que la hiciese pintar en la forma que la veía, que fué con su túnica blanca y manto azul, la Luna a sus pies y arriba el Padre Eterno, y su Hijo Santísimo en acción de coronarla, y encima de la Corona el Espíritu Santo en forma de Paloma. Obe¬ deció el Siervo de Dios, y para su ejecución llamó a Juánez (que, además de ser eminente en la facultad de la Pintura, era su hijo de confesión y varón de muy acreditada virtud). Rizóle la relación el Siervo de Dios, mediante la cual formó nuestro Juánez un dise¬ ño o borroncillo del asunto, el cual, visto por dicho Padre, no le agradó, porque no conformaba con lo que había visto; y después de advertirle algunas circunstancias, le dijo que preparase con la oración y otras cristianas diligencias, para lograr, mediante la Di¬ vina gracia, el desempeño de esta obra, a que contribuiría él por su parte, y otras personas de su devoción, a quien lo encomendaría. Precediendo, pues, las referidas diligencias, puso Juánez en ejecu¬ ción su pintura, con infalibles prenuncios del acierto desde las pri¬ meras dibujo, y jamás puso el pincel, especialmente en líneas del el rostro de esta sagrada imagen, que no hubiese confesado y co¬ mulgado aquel día; y aun le sucedió muchas veces estarla mirando algunas horas sin atreverse a poner el pincel en la tabla, por no sentir en lo interior de su espíritu aquel estímulo que necesitaba para emprenderlo; hasta que, corroborado con el auxilio de la ora¬ ción, se encendía en fervoroso aliento; y de esta suerte prosiguió hasta concluirla, tan a satisfacción de dicho Padre Alberro, que aseguró estar puntualmente semejante a el original que había visto. ¡Haga aquí reflexión el artíñce cristiano, con qué preparaciones se deben pintar o esculpir las imágenes sagradas, para lograr su de¬ bida perfección! ¡Confusión grande de aquellos que groseramente atrevidos ponen la mano en tan sagrados simulacros, sin más re¬ flexión que un alfarero en la casualidad de sus vasijas! ¡Y muchos hallándose en feliz estado y en desgracia de Dios! ¡Oh Bondad inñnita! ¡Y cuánto tienes que suplir en nuestra miseria! Yo vi yadoré en Valencia (aunque indigno) repetidas veces esta sagrada imagen; y lo que puede decir es que infunde suma reve¬ rencia, que está modestísima y hermosa, con una compostura y honestidad peregrina; pero sin aquellas bizarrías del Arte que hoy practican algunos, tan ajenas de la gravedad y modestia de tan superior personaje, que más parecen figuras de farsa, volatines o danzantes que imágenes reverentes, modestas y sacras. ¡Desventura de nuestro genio! ¡Buscar siempre en la novedad el deleite y des¬ preciar los caminos reales por buscar las intrincadas veredas y ca¬ prichos de extravagantes genios! ¡Y más cuando nos debemos hacer cargo que esta Gran Señora, sobre ser un abismo de perfección en toda su virtud, fué un soberano portento, única y celestial Maestra de hmnildad, honestidad y recato! Murió, pues, nuestro Juárez en dicha ciudad por los años de mil quinientos y noventa y seis * y apenas a los cincuenta y seis de su edad, con créditos de eximia virtud, ingenio feliz y habilidad emi¬ nente. Hace de él mención Pacheco en su Libro de la Pintura a el folio II8, por eminente en la virtud y en el Arte; como también Laur. Surio, tomo 3, fol. 195, con uno y otro carácter. XXXI.—JUAN LABRADOR, PINTOR INSIGNE De que floreció en tiempo del Señor Fe¬ Juan Labrador, español, lipe II, no tenemosmás noticia que la que nos dispensan sus emi¬ nentes obras, y haber sido discípulo del Divino Morales; con que es muy posible que fuese también extremeño, ya que no fuese de la misma ciudad de Badajoz. Inclinóse más a las frutas y flores, por ser de suyo labrador, que, haciéndolas repetidamente por el natural, llegó a expresarlas con tan superior excelencia que ninguno le ha igualado; y asi son sus tablas tan conocidas por la delicadeza ♦ Murió en diriembre de 1579; había nacido probablemente en 1523. y puntualidad en lo definido en las frutas y otras baratijas; como las del Divino Morales en la sutileza de los cabellos de las figuras. Pintó también algunos bodegoncillos con diferentes cosas comesti¬ bles, vajillas y otros adhérentes con singular primor. Murió por los años de mil y seiscientos, de crecida edad, en esta Corte, a donde pasó para dar a conocer y estimar su eminente habilidad *. XXXII.—PEREZ. DE ALESIO, PINTOR Mateo Pérez de Alesio, natural de la indita ciudad de Roma, fué gran dibujante y tallador; pintó el célebre San Cristóbal en la Santa Iglesia de Sevilla (a donde se vino de Italia, no se sabe con qué motivo), obra que no se le halla semejante, no sólo en calidad, sino en grandeza, pues tiene treinta pies de alto ; y ejecuta¬ da a el fresco, con tal arte, que no se le encuentra la división de las tareas; tiene cada pantorrilla una vara de ancho; para cuya per- fectísima y singular figura, que llega a la comisa de la nave, desde poco más que un estado del suelo, ¡hizo su cartón de igual grande¬ za, que era una admiración!, y estuvo puesto muchos años en ima gran sala del Alcázar de aquella ciudad, donde dice Pacheco que lo vió, siendo mozo, y que tenía en su poder uno de los muchos dibu¬ jos, que hizo Alesio para dicha figura, la cual acabó el año 1584. Siguió este grande artifice la manera de Michael Angelo Buenarro- ta, en cuya escuela se crió. Dejó en Sevilla obras inmortales, que acreditan su gran pericia en este .'^rte; y a el mismo paso era tan modesto que viendo el Adán y Eva que pintó Luis de Vargas, y en el Adán una pierna grandemente escorzada, dijo: Piu vale la tua gamba, que mi San Christojoro. Y, últimamente, viendo la superior habilidad de Luis de Vargas, le dijo un dia que se quedase con Dios, que él se volvía a Italia; pues no era razón que viviendo Vargas pu¬ siese en otro la estimación su Patria; como, con efecto, se volvió a Italia, donde murió por los años de mil y seiscientos, ya de crecida edad. ¡.Mención fué ésta de Alesio que merecía estatua inmortal, asi p>or la hidalguia del ánimo, como ¡xir la singularidad del ejem¬ plo! Cuemdo vino a España trajo muchos dibujos excelentes de su mano, y con especialidad una de aguada y realce de la muerte de Moisés, cosa tan superior, que viéndolo Jerónimo Fernández, exce- * Nada firme se sabe de la vida ni de las obras de este pintor. -sᬠlente de su mano le admitiese escultor, dijo que si aquel dibujo era por su discípulo, él sintió mucho, porque se pusiese en cosa que duda su verdad; pero se calificó ser suyo, así por sus obras como por sujetos que habían estado en Roma y visto la misma pintura para que lo hizo. XKKlll.—CRISTOBAL ZARIÑENA, PINTOR Cristóbal Zariñena fué natural y vecino de la ciudad de Va¬ lencia, aplicóse a el Arte de la Pintura; y para perfeccionarse pasó a la Italia, donde logró su intento en la célebre Escuela del Ticiano. Volvió a ventajoso después de algunos años, donde Valencia muy hizo excelentes obras, yo he visto muchas, que verda¬ de las cuales deramente parecen de Ticiano: como lo acreditan las que tiene en el Real Monasterio de San Miguel de los Reyes, instituto del Doctor Máximo, extramuros de aquella ciudad, sin otras muchas en diferentes sitios de ella. Murió de más de cincuenta años, por el de mil y seiscientos. XXXTV.—FERNANDO YAÑEZ, PINTOR Fernando Yáñez, natural de la Almedina, fué gran pintor y discípulo de Rafael de Urbino, como lo muestran las pinturas del retablo del lugar referido; donde vivió y murió con grandes crédi¬ tos, por los años de mil y seiscientos, y de su edad poco más de cincuenta. De él hace mención Quevedo en un epigrama, que hizo a el pincel, en el Parnaso de sus obras *. XXXV.—DIEGO POLO, PINTOR Diego Polo fué pintor de mucha opinión y muy buen colorista; y en testimonio de su gran habilidad dejó en El Escorial muchas obras de su mano, y en este Real Palacio de Madrid, en la alcoba * No se ha encontrado esta referencia; aunque parezca extraño, dada la cita. Sobre Yáñez véanse: Justi Miscellanmn y Tormo: Bol. 1915. 59 — que había en la Galería de Grandes, hubo muchos retratos de los Reyes antiguos de España, de su mano, excelentemente ejecutados, y con muy buen dibujo y colorido. Murió en lo más florido de su edad, cuando apenas tenia cuarenta años, en el de mil y seiscien¬ tos *. XXXVI.—1,05 PEROLAS, PINTORES Los Perolas, Juan y Francisco, hermanos y naturales de la ciu¬ dad de Almagro, fueron excelentes pintores, escultores y arquitec¬ tos, discípulos de la Escuela del gran Michael Angel, aunque más participaron aquí de la del Bergamasco y Becerra, especialmente en los adornos y pintura a el fresco; de que dan claro testimonio las casas y palacio de los señores Marqueses de Santa Cruz, en el Viso, pues todo está pintado por de dentro desde el zaguán de ex¬ celentes adornos, arquitectura, fábulas e historias de griegos y ro¬ manos, cartagineses y godos, con valientes estatuas fingidas, bichas, tritones y sátiros; todo hecho por aquella gran casta de Michael Angel; y los adornos de fístulas, bichuelas y sabandijos, por la del Bergamasco y Becerra. También lo acredita la iglesia de Villanueva de los Infantes, donde hay de todas las tres Artes cosas excelentes de su mano. A3mdaron también a Antonio Mohedano en la pintura que hizo en la media nave del sagrario de la Santa Iglesia de Córdoba, des¬ de la puerta del costado hasta la capilla, con muchas figuras de profetas e historias de la Escritura Sagrada, alusivas a el Sacra¬ mento, que todavía duraban (aunque maltratadas del tiempo) el año de 1713, que estuve yo en Córdoba, y las vi, con gran compla¬ cencia mía; bien que compadecido de verlas tan deterioradas. Por lo cual; y por dar mayor claridad a aquel gran templo, determinó aquel ilustrisimo Cabildo levantar las armaduras de las techum¬ bres y formar bóvedas en todas las naves, blanqueándolas y abrien¬ do luces; de suerte que la que antes parecía ima mezquita de sa¬ rracenos (como lo fué), parece ahora verdaderamente templo de católicos y centro de la Gloria. No se tiene noticia de cuándo murieron estos dos hermanos: sólo se sabe fiorecieron por los años de mil y seiscientos, y muñe¬ ron con créditos de hombres eminentes en todas las tres Artes. * Repite Palomino, casi textualmente, a Díaz del Valle. Fuentes, III, P- 370. — 6o — XXX\m.—FEDERICO ZUCARO, PINTOR FedericoZucaro, pintor famoso de Italia, natural de Urbino, fué enviado España a suplir la falta que hizo Luqueto en San a Lorenzo el Real; y suplir también, como el mismo Lucas, la de el Mudo. Vino, pues, Federico con tanto aplauso dirigido al ser¬ vicio del señor Felipe Segundo, por medio de personas tan graves y de tan buen juicio; y las estampas suyas le hablan hecho tan famoso, ¡que no faltó más que salirlo a recibir con palio! Entre- gósele luego todo lo mejor que él podía desear para su lucimiento; que fueron las pinturas del retablo principal y de los colaterales de las reliquias (que el uno es de la Animciación; y el otro de San Jerónimo, aunque retocados de mano de Juan Gómez), y algunas estaciones a el fresco en el claustro grande. Todo esto hizo, y poco de ello dió gusto al Rey, ni a otro alguno; y ninguna cosa pintó que llenase mucho las esperanzas que se habían concebido de con su nombre; el Rey mandó borrar lo que pintó en el claustro pues y lo ejecutó Peregrin, como se verá adelante. Las dos historias últimas del Retablo, que ejecutó Zucaro con el mayor cuidado y estudio que supo, y las que habían de estar a el lado de la custodia, en el altar mayor, y muy a los ojos, (que son la Natividad de Nuestro Señor y la Adoración de los Santos Reyes), cuando los acabó (escribe el Padre Sigüenza), que quedó tan pagado de su habilidad Federico, que solicitó las viese Su Ma¬ jestad antes que las colocasen, lo que no osó hacer en las otras del mismo retablo; pareciéndole que, como les había dado tanta fuer¬ za, para que relevasen de lejos, no serían tan apacibles, mirándose de cerca; pero éstas sí. Mas cuando llegó Su Majestad a verlas, habiéndolas puesto Federico a la luz, que le pareció responderían mejor; le dijo a el Rey con gran satisfacción: ¡Señor, esto es hasta donde puede llegar el Arte! Y éstas están para de cerca y de lejos. No le respondió Su Majestad cosa alguna, mostrándole aquel buen semblante y gracia que daba por respuesta a todos, y jamás lo supo dar malo a ninguno. De allí a un rato, que las estuvo miran¬ do el Rey, le preguntó Su Majestad si eran huevos los que tenía una pastorcilla en una cesta, asiendo de ellos a dos manos, por presentarlos a la recién parida madre. Respondió que sí. Notáron¬ lo todos los que allí se hallaron, entendiendo había hecho poco caso el Rey de lo demás; y que (sobre no estar bien expresados los — 61 — huevos) parecía impropio que una pastora, que venia de su ga¬ nado a media noche, y aun corriendo, pudiese haber juntado tan¬ tos huevos, si no es que era pastora de gallinas. Pusiéronse al fin estos dos cuadros en su sitio; y después de haberle despedido Su Majestad, haciéndole muchas mercedes, como se esperaba de su grandeza, mandó quitarlos del retablo, y con ellos el cuadro principal del Martirio de San Lorenzo, que tam¬ bién era de su mano. Este se puso fuera del Monasterio, en una capilla que se hizo en aquel Real Sitio, para que los oficiales de la fábrica oyesen misa y se les administrasen los Santos Sacramen¬ tos *. Y las otras dos, que eran para de cerca y de lejos (como dijo su autor), las mandó poner Su Majestad en otras dos aulas, que a pocos dan gusto; aunque, sin duda, son de lo mejor que ejecutó en aquel Real Monasterio; y tal vez puede ser que el no satisfa¬ cer a la vista, procediese de venirles mal la luz; ¡que en la pintura fresca del ólio y reluciente es un contratiempo irremediable para im artífice! ¡Y la desgracia es que esto no lo conocen todos!, pero lo habrán experimentado muchos. Hechas estas historias a el ólio, con las dos de las Reliquias, de !a Anunciación y San Jerónimo, iba pintando a el fresco, junto con los discípulos que trajo de Italia, la mitad de las historias del claus¬ tro principal: de las cuales las cuatro o cinco que hizo, desde la Concepción de la Virgen hasta la Visitación, descontentaron tanto a el Rey y a cuantos la veían, que se le dió a entender a el mismo Zucaro; el cual se disculpó diciendo que no las había labrado de su mano, sino aquellos mancebos, que se las habían echado a perder; y asi se dió traza, que pintase él una de su mano toda, que fué la primera de la Concepción de la Virgen; pero salió tan perdida cosa, que aun parecían las otras mejores. Visto esto. Su Majestad le dió licencia para irse a Italia; dióle seis mil ducados cada año, de los tres que estuvo; con que sin otras mercedes que el Rey le hizo, muy particulares, le valió la venida más de diez y ocho mil ducados: y sin esto, dicen, le mandó dar Su Magostad más de cuatrocientos ducados de renta de por vida en Italia, de que él fué muy contento, dejando acá muy poco gusto con sus obras. Cuando ya le había despedido el Rey y héchole tantas meroe- * En nota marginal declara que esto lo dice el P. Sigüenza. Véase Fuen¬ tes, t.° I. — 62 — des, Fray Antonio el Obrero llegó y le besó la mano, diciendo: Bésala a Vuestra Majestad, por las mercedes que ha hecho a el Zucaro; y respondióle el Rey: No tiene él la culpa, sino quien le encaminó acá, aludiendo a el disfavor de despedirle y no a las mer¬ cedes, de que se le daban las gracias. Mandó luego Su Majestad que se picasen las historias del claus¬ tro y las tornase a pintar Peregrin, como lo ejecutó, y se ve en el claustro grande; y él se volvió a Italia (aunque desairado) muy enriquecido de la magnificencia de tan gran Rey. Murió en Floren¬ cia por los años de mil seiscientos y diez, donde tuvo más créditos de los que por acá se adquirió; y sin duda bien merecidos, por lo que se ve en muchas estampas y obras suyas. Y lo acredita aque¬ lla célebre Cúpula, que pintó en la iglesia mayor de aquella gran ciudad, de que hace mención Vicencio Carducho; y las pinturas de la Escritura Sagrada de aquel célebre salón del Vaticano; y en la santa Iglesia de Córdoba, en un pilar junto a el Punto, hay ima Santa Margarita de su mano, ¡muy gentil figura! Que si bien no tuvo fortuna de complacer por acá, debió de ser algún astro ad¬ verso que le influyó en este clima; o el hallarse entonces mozo, y sin la debida práctica en el fresco; pues yo he conocido hombres muy prácticos a el ólio, que llegando a pintar a el fresco y aun a el temple, se hallan perdidos. Escribió Federico, y dió a la estampa el año de 1607, un libro muy erudito y discreto de la idea de los pintores, escultores y ar¬ quitectos, donde trata difusamente del dibujo interno y extemo, con discursos muy delicados y peregrinos. XXXVIII.—ROMt/iO CINCINNATO, PINTOR Rómulo Cincinnato, que fué pintor del señor Felipe Segundo, de nación italiano en la muy ilustre ciudad de Florencia, vino a España y vivió ella muchos años; y asi dejó muchas obras, en aunque dicen no era hombre de mucha invención. En las casas del excelentísimo señor Duque del Infantado, en Guadalajara, hizo muchas cosas a el fresco, con muchos y varios adornos, que satis¬ facen a todos los que lo entienden. Pintó en El Escorial, en el claus¬ tro bajo, a el fresco, como lo escribe el padre Figueroa, Parte 3, 63 - — lib. 4,pág. 719 *, y el cuadro de la capilla de San Mauricio, y sus compañeros, que está en aquella iglesia, es de su mano; y en el coro, las dos historias a el fresco de San Lorenzo, cuando iba si¬ guiendo a el Papa San Sixto; y la otra, de cuando entregó los po¬ bres a el Tirano, que le pidió los tesoros: como también las otras dos pinturas, la una de San Jerónimo escribiendo, y la otra del mismo santo, dictando a sus discípulos. Fué, Rómulo artiñce de gran talento y gracia. De su pues, excelente pincel es el cuadro principal de la iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús, de la ciudad de Cuenca, que es de la Cir¬ cuncisión del Señor, donde está una ñgura de espaldas, y arrodi¬ llada, que saca afuera un pie y pierna, que es la admiración de todos, porque parece estar fuera del cuadro. Y celebrándole a este artiñce, lo que había pintado en El Escorial, dijo:. Que valía más un zancajo, que había pintado en los Jesuítas de Cuenca, que todo cuanto había hecho en El Escorial. Pintó también a el fresco en este Palacio de Madrid dos piezas, que están inmediatas a la galería del Cierzo del cuarto del Rey, en compañía de Eugenio Cases, con gran acierto y magisterio. Murió en esta Corte por los años de mil y seiscientos, de edad muy crecida, con gran sentimien¬ to de toda la profesión, por su amable trato y eminente habilidad. XXXIX.—POATPEFO LEONI, ESCULTOR En tiempo del señor Felipe Segundo, para hacer las estatuas de la Octava Maravilla de San Lorenzo el Real, fué traído de Ita¬ lia a estos reinos Pompeyo Leoni, por ser el más señalado artiñce que se hallaba en toda Europa en el arte de la Escultura; como lo acreditan las eminentes estatuas de diversas materias que allí ejecutó, especialmente en los Apóstoles de el retablo principal, y demás ñguras, que todas son quince, de bronce, doradas de moli¬ do, mayores que el natural; y también las de los dos sepulcros de los Reyes, y en otros sitios, así de bronce como de mármol y pie- * No hay duda que se refiere a Fray José de Sigüenza. El llamarle Pa¬ dre Figueroa pudiera creerse era un refuerzo a la verosímil hipótesis for¬ mulada por el Sr. Tormo en su discurso ante la Academia de la Histona, Los Gerónimos (1919) ; pero Palomino copiaba aquí, como en otros luga¬ res a Díaz del Valle y en sus mss. también yo creí leer P. Figueroa cuando en realidad escribe P. Sigüenza. - 64 - dra berroqueña, adornan aquella gran Basílica del Escorial. que Es de su mano una mármol de una Infanta, que está estatua de en las Descalzas Reales, de esta Corte; y los retratos de los Du¬ ques de Lerma, que están en San Pablo, de Valladolid, Convento de Predicadores. Y el célebre Cruciñjo, que llaman de Pompeyo (que no es el de márm.ol de el trascoro, el cual es de mano de Ben- venuto Cellini, que se le presentó a el Rey el Gran Duque de Flo¬ rencia, sino el de bronce, que está en el altar mayor. Y también la escultura del altar mayor de los Carmelitas Descalzos, de Va¬ lladolid, de unos Santos Hermitaños, y medios relieves, que sin duda debió de asistir alli alguna temporada. Volvióse a Italia, y alli murió por los años de mil y seiscientos *. XL.—CESAR ARBASIA, PINTOR César Arbasia, gran pintor italiano y de la escuela de Leonardo de Vinci, vino a España por los años de lóoo, y entre otras obras que hizo fué la más señalada la que pintó al fresco en la capilla del Sagrario de la Santa Iglesia de Córdoba, bóveda y paredes hasta el suelo, con varios casos de la vida de Cristo, y otros misterios e historias alusivas a el Sacramento, con superior e.xcelencia y ma¬ gisterio en aquella manera antigua, en que se conoce que era muy práctico. Hizo también excelentes países, como lo dice Pacheco, Lib. de la Pintura, pág. 422. Concluida aquella obra, volvióse a Italia, de donde, dicen, fué llamado para este efecto por la amistad que con él había tenido en Roma Pablo de Céspedes, racionero de dicha santa iglesia de Córdoba, y que en ella se detuvo solos dos años; no se tiene de él más noticia, sino que su vuelta fué el año de mil seiscientos y dos, y en Italia su muerte. XLL—BARTOLOME DE CARDENAS, PINTOR Bartolomé de Cárdenas, natural del reino de Portugal, aunque oriimdo de Castilla, y vecino de Madrid, fué pintor de mucha opi¬ nión; y asi ejecutó al ólio la parte principal del claustro del Con- * Habría que rectificar casi todos los extremos apuntados por Palomino, quien hasta desconoce la intervención de Leone Leoni. Pompeyo murió en Madrid el 13 de octubre de 1608. -es¬ vento de Nuestra Señora de Atocha, de religiosos dominicos, de esta Corte (siendo lo restante demano de Juan de Chirinos). Lle¬ vóle el excelentísimo señor Duque de Lerma a Valladolid, donde a la sazón estaba la Corte del Rey nuestro señor Felipe Tercero; y allí ejecutó las pinturas del claustro del Convento de San Pablo, de Valladolid, de la misma sagrada religión *, y también las del retablo principal, que son de la vida de Cristo Señor Nuestro; y en el coro de dicho Convento tiene otro gran lienzo de una Gloria de más de cuarenta pies en cuadro, que ocupa todo el testero; co¬ mo también otro de la Cena de Cristo muestro Bien, ¡ cosa exce¬ lente!, que está en el refectorio, sin otras pinturas en una de las capillas del claustro. Y en la capüla que hay debajo del salón del Convento de nuestro padre San Francisco, de dicha ciudad, tiene un cuadro excelente de la Porciúncula, con las demás pinturas, que adornan el retablo, sin otras muchas que hay en diferentes si¬ tios de dicha ciudad; donde ganó opinión y fama eterna, como imo de los excelentes pintores de España, y donde murió año de mil seiscientos y seis, a los cincuenta y nueve de su edad. XLIL—PEREGRIN DE BOLONIA, PINTOR Peregrin de Bolonia, Peregrin de Peregrini, pintor boloñés, o fué eminente en el arte de la Pintura, de mucha invención y cau¬ dal, así en el historiado como en el dibujo. Fué uno de los más señalados discípulos y secuaces de la Escuela de Micael Angel; como se caliñca en todas las obras que quedaron de su mano en San Lorenzo el Real (para donde vino desde Bolonia), especial¬ mente las que ejecutó en el claustro bajo a el fresco, cuyas ñguras están conducidas con gran consideración y vagueza (por decirlo a la italiana), y son las que dijimos había pintado el Zúcaro. Pintó el techo de la Librería de aquel Real Monasterio con admirable majestad, donde hay varias figuras desnudas, como que sustentan la fábrica: ¡cosa tan maravillosa, que parecen del mismo Micael Angel! Y en unas claraboyas que se fingen en la bóveda, están las Siete Artes Liberales, escorzadas con tanto acierto, que al mo¬ verse quien las mira, parece que realmente ellas se mueven: para cuyo acierto hizo dibujos muy acabados en cartones grandes por * Consérvanse en el Museo de Valladolid (Santa Cruz y San Gregorio). — 66 — modelos de su mano, los cuales se los hurtaron, así que acabó la obra, de que se lamentaba mucho. Es también de su mano la pintura de la batalla de San Miguel en una capilla de aquella iglesia, dedicada a este Santo Arcángel, y del cuadro de las Once mil Vírgenes (que estuvo en su capilla de esta advocación) hizo el dibujo, y lo ejecutó Juan Gómez; y sobre todo, en el retablo de la capilla mayor, son de su mano el Martirio de San Lorenzo, y los dos cuadros de los lados, del Nacimiento de Cristo y la Adoración de los Reyes (que son los que se mandaron quitar del Zúcaro); y también lo son de Peregrin las historiejas de la Custodia. Premió el señor Peregrin de tal manera, que Felipe Segundo a llevó a su de Senador tierra cincuenta mil ducados y una plaza de Milán para un hijo suyo. Murió en Modena por los años de mil seiscientos y seis, a los sesenta y siete de su edad; y fué hon¬ rado con singulares demostraciones, asi de los artifices como de aquel Senado, con muy honorífica sepultura; y escribiendo a su muerte los más lucidos ingenios muy elegantes poemas y agudí¬ simos epitafios. Verdaderamente que saben honrar los artífices emi¬ nentes en aquellas provincias; y asi, ¡no me admiro que sean tan fértiles en producirlos! ¡como estériles las provincias donde no los conocen ni los honran! XLIIL—£L INSIGNE PINTOR PABLO DE CESPEDES, racionero de la santa iglesia de Córdoba. Pablo de Céspedes, racionero de la santa iglesia de Córdoba y natural de ella, fué excelente pintor, gran filósofo, escultor y ar¬ quitecto, y peritísimo en varias Lenguas; esp)ecialmente en la he¬ brea, griega, latina y toscana: fué gran poeta y humanista. Escri¬ bió grandes discursos (que yo he visto manuscritos), y entre ellos vmo de la Antigüedad de su Iglesia, y cómo fué templo del dios Jano. Escribió también un Libro de la Pintura, en estancias poé¬ ticas, en que trataba de las tres Artes del dibujo; del cual hace mención Francisco Pacheco, y le celebra en varias partes de su Libro de Pintura, poniendo muchas de ellas. Y trae algunas cartas en que escribió muy doctos discursos de la Pintura, como es la del fol. 31, en que trata de la duración de la pintura al fresco. Y otra en el fol. 33, en quele da cuenta de un gran vaso antiguo de ba¬ rro, que vió el estudio de Thomao, caballero ilusrte romano, la¬ en brado el vientre de follajes; y alrededor del cuello Troya, en figu¬ ra de una grave matrona, y puestos por orden los héroes, que se hallaron en aquella guerra, con unas letras griegas, que contenian el nombre de cada uno. Y en el lib. 3, cap. 11 de la Pintura al Temple, fol. 342, pone otra, declarando a Plinio, y dice asi: Parti¬ cularmente Plinio, como hemos visto; y para probar su antigüedad, no se pudo ofrecer mejor testimonio que los excelentes lugares su¬ yos, traídos y declarados por uno de los más doctos pintores que ka tenido España, que fué Pablo de Céspedes, racionero de la san¬ ta iglesia de Córdcba, cuyas letras honran asaz nuestros libros; el cual, hablando de este intento, dice, &c. Otra pone en el fol. 378, lib. 3 de la Pintura Encáustica. Todas estas cosas muestran su emi¬ nente erudición en todas buenas letras. También escribió otro libro, intitulado: Compca-ación de la Am ligua y Moderna Pmtura; y otro de Perspectiva Teórica y Práctica; que el uno y el otro se desean, pues no salieron a la luz pública ni se sabe dónde paran. Estuvo dos Italia, y en Roma, donde estudió, como veces en en Universidad, Atenas, de esta Facultad: y de donde se tiene y por cierto trajo la prebenda, que obtuvo en la santa iglesia de Cór¬ doba; sino es que fuese en coadjutoría de la de otro racionero, tio suyo, llamado Pedro de Céspedes, en tiempo del ilustrisimo señor don Cristóbal de Rojas y Sandoval, año de 1567, por donde se infiere hubo allí familia antigua de este apellido; aunque su origen es de la villa de Ocaña, y muy ilustre linaje. Vicencio Carducho pone a nuestro racionero entre los que han florecido España, habiendo estudiado en Italia; y aun dice en son celebradas sus pinturas en su Patria; cosa que han conseguido po¬ cos, como él pondera, fol. 7, comunicó los más celebrados en el .^rte; y en particular a Federico Zúcaro, con quien tuvo estrecha amistad. Estudió mucho las obras de Micael Angel, a quien poco debió de alcanzar en vida, haber muerto el año de 1564. Si¬ por guió a Micael, no sólo en la Pintura y Arquitectura, sino también en la Escultura, en que se aventajó tanto, que viendo que no tenia cabeza la estatua de compatriota Séneca, la hizo de mármol, que su amaneció un día puesta en Roma, y la rotularon ¡victor il Spagno- lo!; cuyo modelo trajo a Córdoba, y se conserva hoy entre los pin- — 68 — tores con estatradición, y yo le tengo en mi estudio; y asi modela¬ ba primero muchas de las figuras que había de pintar. Volvió a España, y a Córdoba, su Patria, donde tomó posesión de su prebenda y donde pintó famosas obras, y en particular el célebre cuadro de la Cena de Cristo Nuestro Señor, que está en la Iglesia Mayor, junto a la sacristía nueva del señor Cardenal Sala- zar, donde mostró muy bien su ingenio; pues no hay apóstol en cuyo aspecto no muestre la santidad y amor; en Cristo, la hermo¬ sura y grandeza; y en Judas, lo descortés ylo falso. Estando pin¬ tando este cuadro en su casa, lo.s que lo iban a ver celebraban mucb.o unos vasos y jarrones que están pintados en ella en un en¬ friador, de admirable traza y disposición, sin atender a la valen¬ tía de lo demás. Viendo el racionero que se les iban los ojos a todos a aquel juguete, enfurecido, daba voces a su criado, diciendo: An¬ drés, bórralo luego, quítalo de aquí; pues no se repara en tantas cabezas, figuras, movimientos y manos que con tanto cuidado y estudio he hecho, y reparan en esta impertinencia! Y fué menester darle mucha satisfacción, para que desistiera de borrarlo. Otro cuadro hay en la misma iglesia, no inferior a el anteceden¬ te, en que está pintado San Andrés y San Juan Bautista, y en lo alto ima Gloria, donde está Santa Ana y Nuestra Señora con el Niño Jesús, y en el banco del retablo dos cuadros de la Historia de Tobías. Están estas pinturas en la segunda capilla de la nave del sagrario, entrando por el Patio de los Naranjos; y es de notar que esté San Juan Bautista ya barbado, y Cristo Señor Nuestro Niño, cosa que es un anticronismo contra el Texto Sagrado, de donde consta que sólo le excedía San Juan en seis meses de edad, y no se le pudo ocultar esta circunstancia a un hombre tan erudito como Céspedes, ni a aquel ilustrísimo Cabildo; sino que ésta es pintura de devoción, no de historia; y a esto llaman en Italia Pen- siero, que es pintar el pensamiento, y no la realidad; como estar Santo Domingo con Santa Catalina de Sena al pie de la Cruz, co¬ mo lo puso Vandic; y San Francisco con la Virgen y el Niño; Santa Ana y San José, no en Gloria, sino acá en la tierra, como lo puso Rubens; y otros innumerables ejemplares, que pueden ser¬ vimos de documento para semejantes casos, y para desvanecer las nieblas de algunos escrupulosos; y sobre todo María Santísima Se¬ ñora nuestra ha favorecido a muchas santas almas con su Hijo — 69 — Santísimo en su infancia, sin que deje de estar a la diestra de Dios Padre en la integridad respectiva a su edad. En el Convento de Santa Clara hay también otro cuadro suyo de las Once mil Vírgenes, con singular belleza y elegante disposi¬ ción. Hizo también la pintura y traza del retablo del Colegio de Santa Catalina, de la Compañía de Jesús de aquella ciudad, que es admiración de los bien entendidos. El cuadro principal es del entierro de Santa Catalina Mártir, con una Gloria, donde está Cristo, Nuestra Señora y San Juan Bautista, todo con admirable armonía y composición. Los demás cuadros que contiene el reta¬ blo son Sierpe de metal; otro del Sacriñcio de de la Historia de la Abraham; otro de la Degollación de Santa Catalina, y el que le corresponde, del Martirio de la Rueda; y en lo superior del reta¬ blo, un Cristo Crucificado, y a sus lados Nuestra Señora y San Juan; y en el banco del retablo un Ecce Homo, y la Oración del Huerto. Otros dos cuadros hay en los colaterales de la misma igle¬ sia: el uno de la Asunción de Nuestra Señora, y el otro de los dos San Juanes, Bautista y Evangelista, y en la Gloria un Niño Jesús. También en Sevilla y otras ciudades de Andalucía hay dife¬ rentes pinturas suyas; y fué tan extendido su crédito en la pericia del Arte, asi a el ólio como a el fresco, que en Italia fueron muy celebradas sus obras; y tanto, que habiendo enviado a pedir a Fe¬ derico Zúcaro un cuadro de Santa Margarita para un retablo, que está pilar de la Iglesia Mayor de Córdoba, cerca del Punto en un (como dijimos en su vida), lo resistió mucho, diciendo: que donde estaba Pablo de Céspedes, ¿cómo enviaban por pinturas a Italia? Y no lo extraño, pues (según dice el abad Filipo) en Roma en la iglesia de la Santísima Trinidad del Monte, donde hay pinturas de mano de Federico, a el ólio y a el fresco; hay también a el fres¬ co en una de las capillas pintada la Natividad de Cristo, y en la bóveda historias de la Virgen, y en las pilastras Profetas, y otras cosas con excelente manera de mano de Céspedes; habiéndose ele¬ gido para esta iglesia los hombres de mayor pericia en el Arte: pues entre ellos fueron Julio Romano, Tadeo y Federico Zúcaro. Pellegrin de Bolonia, Perin del Vago y otros semejantes. Pintó también nuestro Céspedes de relieve en Roma, con ceras de varios colores conforme al natural. Y también dice Pacheco, en el prólogo de su Libro en elogio de nuestro gran Céspedes (acer¬ ca de lo que dijimos, que escribió de la Pintura) Pudiera (dice) ha- 70 — — ber colmado nuestro deseo la obra de Pintura en verso heroico que Pablo de Céspedes (racionero de la santa iglesia de Córdoba) es¬ cribió doctisimamente a imitación de las Geórgicas de Virgilio, en honra de nuestrct Nación, y de aquella famosa ciudad (Patria su¬ ya), siguiendo los heroicos ingenios hijos de ella, que en la porfía han florecido en todas las edades; pero con su muerte perdió Es¬ paña la felicidad de tan lucidos trabajos; y él la dilatación y fama de su nombre. Algunas de aquéllas sus famosas estancias (de que hicimos men¬ ción al principio) llegaron a mis manos después que pasó a me¬ jor vida, que esparciremos en esta obra para ilustrarla, y para que no perezcan en la oscuridad del olvido; y juntamente otros lugares, que en una doctísima carta de pintura me escribió d año de 1608, en d cual nmrió a 26 de Jidio. Hace de él mención este autor a el fol. 300, a el fin, y a el fol. 317. Las pinturas que dijimos dejó en público en Sevilla este in¬ comparable artífice, son ocho cuadros de diferentes historias del Viejo y Nuevo Testamento, que perfectamente llenan el segundo cuerpo que está sobre la cornisa del primero en la Sala de CabU- Ido de la santa iglesia de Sevilla, y es dicho sitio de quince pies de alto, son cosa maravillosa; y sólo les acompaña una lápida de mármol negro, donde está escrito con letras de oro el significado de dichas historias. También hay otra pintura de su mano, del Triunfo y Refección de Cristo Nuestro Señor en el Desierto, que está colocada en el refectorio de la casa profesa de la Compañía de Jesús de dicha ciudad. Fué últimamente nuestro racionero observantísimo en el dibu¬ jo, puntual en la Anatomía, diligente en la expresión, firme en el claro y obscuro, solícito en la perspectiva, gracioso en la fisono¬ mía y excelente en el colorido y relieve: en que parece le bebió el gusto a el gran Corezo. Y así dice su muy aficionado Francisco Pacheco, que Pablo de Céspedes fué grande imitador de la hermosa manera de Antonio Corregió, y uno de los mayores coloristas de España; a quien puedo decir, con razón, que le debe Andalucía la buena luz de las tintas en las carnes, cómo lo tiene mostrado en esta ciudad, y en Córdoba, su Patria, en él famoso retablo dd Co¬ legio de la Compañía de Jesús de aqudla ciudad, en el cuadro principal del Entierro de la gloriosa Virgen Santa Catalina Mártir donde se ven ángeles bellísimos; y tales, que parece que bajaron éd cielo al Monte Sinai a hacer las exequias a aquélla Santa Vir¬ gen. Y a la verdad tiene razón, porque hasta su tiempo, ninguno otro dió luz de buen colorido en aquella provincia. Entre las muchas Lenguas que supo, no ignoró la arábiga, an¬ tes tuvo de ella muy buena el Tratado de la An¬ noticia; y asi, en tigüedad de Córdoba, discurrió con gran propiedad en los nombres, que han quedado arábigos en nuestro idioma castellano. Fué inti¬ mo amigo de Benedicto Arias Montano, y asi dice en sus fragmen¬ tos, describiendo el Monte Tauro, que ocupa gran parte del Asia: Arias Montano, doctísimo varón, a quien debo suma reverencia, así por su singular erudición e incomparable bondad, como por la amistad grande que tantos años hubo entre nos. Eclipsóse esta radiante antorcha del Arte y abismo de toda erudición el año de mil seiscientos y ocho, a los veinte y seis de Julio en que entregó el espíritu a su Criador, causando universal sentimiento en aquella ciudad, y especialmente en su iglesia; cuyo ilustre Cabildo le hizo grabar en la lápida de su sepulcro (que está debajo de uno de los arcos del crucero, como se va hacia el Pun¬ to) el epitaño siguiente: Paulus de Céspedes, huius Almœ Eccleske Porcionarius, Pictu- rcz, Sculturce, Architecturœ, omniumque bonarum artium, variarum- que linguarum peritissimus hic situs est: obijt anno Domini M.DCVlll. Séptimo Kalendas sextillis. Tanta era la opinión de sus relevantes prendas, que aun en su Patria llegó a merecer estos elo¬ gios; y más cuando las acompañaba con el ejemplo de singular virtud, profunda humildad y modestia. He visto su retrato, y a lo que demuestra, parece tendría más de setenta años cuando pasó a mejor vida*. XLIV.—BARTOLOME CARDUCHO, PINTOR Bartolomé Carducho, famoso pintor italiano, fué natural de Florencia, y vino a España en compañía de Federico Zúcaro, su maestro, a pintar en el Escorial; como lo ejecutó en compañía de Peregrin, en las historias que en las paredes corresponden a las siete Artes liberales, que están arriba en el techo de la Librería, de * Véanse en el t. II el ca,pítulo dedicado a sus obras, la biografía de Pa¬ checo y lo que el mismo tratadista escribe en su Arte sobre Céspedes. mano de Peregrin. Y cierto que se desempeñó muy ventajoso a su. maestro, porque están grandemente expresados aquellos célebres ingenios, que en cada de las Artes fueron más señalados; ejer¬ una citando varios actos de Facultad, acompañados de muchos dis¬ su cípulos, con gran variedad de trajes y aspectos. Aristóteles en la Filosofia inquiriendo las esencias y cualidades de las cosas, que parece se le pueden leer los discursos. Euclides en la Geometría, que se le perciben sus Problemas. Arquímedes con la Esfera, exa¬ minando los astros, que se le notan sus influjos. Cicerón en la Re¬ tórica, que se le escuchan sus tropos; y así de los demás. Pintó también algunas estaciones del Claustro muy a satisfac¬ ción de Su Majestad, de todos los del Arte; todo lo cual fué al y fresco. Y no fué menos excelente al ólio, como lo mostró en las ocho Historias de las once, que están repartidas en los Claustros bajos del Colegio, ¡que son cosa excelente! Fué también grande escul¬ tor, y arquitecto, en las cuales Artes tuvo por maestro a Bartolomé Amanato, que en ellas fué muy aventajado, como lo manifestó en servido del Serenísimo Duque de Florencia. Honróle mucho Su Majestad, yle dió doscientos ducados, además de sus gajes, sin¬ tiendo en gran manera, que fuese llamado del Rey Cristianísima por su Embajador; a que no asintió Bartolomé, excusándose con la debida atención, y respeto. Hay también en Valladolid varias pinturas de su mcino (lo que me hace creer que estuvo Bartolomé en dicha ciudad el tiempo que estuvo allí la Corte) y asi son ele su mano las pinturas de las puertas de los colaterales de la iglesia de San Diego, en unas la Anunciación de Xuestra Señora, y en otras las Impresión de las Llagas de Nuestro Padre San Francisco; y en el Claustro de dicho Convento una pintura de San Jerónimo, ¡cosa excelente! Y en el Convento de San Agustín el Bautismo de Cristo en un colateral, sin otras muchas en diferentes sitios de di¬ cha ciudad, y al fresco los cuatro Evangelistas en las pechinas de la Capilla Mayor de San Andrés; y encima de la puerta de dicha Iglesia hay un Sepulcro de Cristo de su mano, ¡cosa superior!, y se mantiene muy bien por estar con alguna defensa. Lo que no sucede a los cuatro Apóstoles, que alli ejecutó, también al fresco, por estar más descubiertos a las inclemencias del tiempo; los cua¬ les son San Pedro y San Pablo, San Andrés y Santiago, con lo cual se caliñca que estuvo en Valladolid en el tiempo que hemos dicho. Pintó también Bartolomé dos cuadros para el Oratorio de la — 73 — Reina en este Palacio de Madrid; el uno de la Cena *, y el otro de la Circuncisión de Cristo Señor Nuestro, ;cosa peregrina! Y sobre todo, lo que sin diñcultad se puede ver, y basta para darle a este artiñce nombre inmortal, es un cuadro del Descendimiento de la Cruz, que está en una Capilla, junto a la puerta del costado de la Iglesia de San Felipe el Real de esta Corte, que parece de Rafael Urbino. Como también otro de la Impresión de las Llagas del Se- ráñco Patriarca, que está en la Iglesia de San Jerónimo, en la se¬ gunda Capilla a mano derecha, ¡cosa excelente!, como lo es tam¬ bién un cuadro de la Adoración de los Santos Reyes **, y otro en¬ cima con el Padre Eterno, que está en la Capilla Real del célebre Alcázar de Segovia. Y últimamente fué elegido Bartolomé para pintar en este Pa¬ lacio del Pardo (en tiempo ya del Señor Felipe Tercero) la Ga¬ lería del mediodía del cuarto del Rey; hizo la traza, y los estuques o adornos de la bóveda; y prevenido ya para pintar las hazañas del Señor Emperador Carlos Quinto, acabó la vida en aquel Real Sitio por los años de mil seiscientos y diez, antes de los cincuenta de su edad ***, según nos dice Vicencio Carducho su hermano, y discípulo, en su Libro de la Pintura, diálogos s y 7. Prosiguió esta obra el dicho Vicencio, mudando el asunto en la Historia de Aquiles. Fué su muerte muy sentida, especialmente del Rey, que le ama¬ ba mucho, por sus buenas prendas, virtud y habilidad; bien que fué siempre de tan escasa fortuna cuanto de grande aplicación y estudio. XIX.—JUAN P.ANTOJA DE LA CRUZ, PINTOR Juan Pantoja de la Cruz, fué natural de esta Villa de Madrid, y discípulo muy adelantado del insigne Alonso Sánchez Coello; y así le sucedió en el empleo de pintor y ayuda de Cámara del se¬ ñor Felipe Segundo, de quien, y de la Serenísima Reina su esposa, Príncipe e Infantes hay innumerables retratos de su mano, así en El Escorial como en este Palacio de Madrid, que son muy conoci¬ dos por su manera tan acabada y deñnida, y por estar firmados to- * En el Prado, n.° 68; firmado en 1605. ** Se conserva. *** Murió en 1608. 74 — — •dos, o los más, en que era muy diligente; como también lo están los dos cuadros de los colaterales de la Iglesia del Colegio de Doña María de Aragón de esta Corte, que el uno es de San Agustín, y el otro de San Nicolás de Tolentino, harto bien hechos *; con otros muchos, que tiene en esta Corte, que acreditan su grande habilidad, no sólo enlos retratos, sino en otras figuras e historias con grande acierto. Hizo también los dibujos o trazas (que están en mi poder) para los bustos del señor Felipe Segundo y su esposa, que se executaren en los dos Sepulcros Regios, a los costados del Altar mayor de San Lorenzo el Real; y cierto que están los tales dibujos coloridos y tocados de oro, con el más extremado primor que se puede hacer. Murió en esta Corte por los años de mil seiscientos y diez, a los cincuenta y nueve de su edad **. BARTOLOME GONZALEZ, PINTOR Bartolomé González, fué natural de la Ciudad de Valladolid, y discípulo en el Arte de la Pintura de Patricio Caxés. Vínose a Madrid cuando se restituyó la Corte a esta Villa en tiempo del Señor Felipe Tercero, año de 1606. Fué Pintor de Su Majestad, en cuyo servicio ejecutó diferentes pinturas para las Casas Reales; y especialmente para el Palacio del Pardo pintó muchos retratos, de la Casa de Austria con grande acierto y semejanza. Son de su mano los cuadros de los ángulos del Claustro de los Recoletos Agus¬ tinos de esta Corte, que dan testimonio de su mucha habilidad. Murió en ella año de 1611, a 63 de su edad***. XLVU.—JUAN DE JUNI Y GREGORIO HERNANDEZ, Escultores. En tiempo del señor Felipe Tercero ñorederon en Valladolid Juan de Juni **** y Gregorio Hernández, escultores eminentes, que * Hoy en el Prado, núms. 1040 a y b, fechados en 1601. ♦* Murió el 26 de octubre de 1608. *** No murió hasta 1627. »*** Juan de Juni murió en 1577, a ig de abril, veintiún años antes del reinado de Felipe HI. mostraron grande ingenio en los Pasos de la Pasión de Nuestro su Salvador aquella ciudad, que, a juicio de grandes artífices, que en los han ido a ver exprofeso, son lo más selecto que tiene España; y cada cual de los dos referidos artífices se desempeñó igualmente en el Paso que le tocó. El Gregorio Hernández fué natural del Reyno de Galicia *, y en esta Corte, en el Convento de la Merced Calza¬ da, hay una efigie de San Ramón, del tamaño natural, miiy excelen¬ te, de su mano, y la del Santísimo Cristo del Pardo en el Sepulcro; y otra que se venera en esta Casa Profesa de la Compañía lo son también. Está el dicho Gregorio en opinión de Venerable, por sus muchas virtudes; pues no hacía efigie de Cristo Señor Nuestro y de su Madre Santísima que no se preparase con la oración, ayunos, penitencias y comuniones, porque Dios le dispensase su gracia para el acierto. Vivió junto a la Puerta del Campo en Valladolid; y su casa era tan conocida de los pobres como pudiera serlo un Hos¬ pital, y así acudían a ella con todas sus necesidades; pues no se contentaba Gregorio con remediarles la hambre y socorrerles su desnudez, sino curarles también sus dolencias; y asi le tenían en grande opinión en Valladolid, donde murió, por los años de mil seiscientos y catorce, con poca diferencia, y poco más de sesenta de edad. Son suyos en Valladolid el Paso del Descendimiento de la Cruz, el de Cristo Nuestro Bien a la Columna, el de Jesús Nazareno; y en laParroquia de San Lorenzo el Jesús, María y José y Nuestra Señora de la Candelaria; y en el Colegio de la Compañía las tres efigies de San Ignacio, San Francisco Javier y San Francisco de Borja; en el Convento de Santa Catalina el Retablo Mayor, ador¬ nado todo de estatuas y medios relieves, ¡que es una admiración! En el Convento de los Carmelitas Descalzos el Bautismo de San Juan; y en el de los Calzados la Historia de Nuestra Señora dando el Escapulario a San Simón Estoch, y otra imagen de la Virgen, y una Santa Teresa y cuatro Angeles en las cuatro boquillas de la Capilla Mayor, ¡que todo es un pasmo! En el Convento de Icis Huelgas de esta Ciudad, la Asunción de Nuestra Señora, y otros Santos de la Orden de San Bernardo; y en el Convento de Monjas de San Nicolás un Sepulcro de Cristo, ¡que es una maravilla! En el de San Pablo, del Orden de Predicadores, la efigie del glorioso Patriarca Santo Domingo, y otras efigies, y un Sepulcro, ¡que es ♦ Seguramente nació en Pontevedra, hacia 1562. un asombro! En la Nava del Rey un San Antonio Abad; en Za¬ mora una Santa Teresa; en el Monasterio de la Cartuja de Aniaga un San Bruno maravilloso; en la Villa de Vergara una eñgie pere¬ grina de San Ignacio; y, en fin, es casi imposible el referir todas las obras en que inmortalizó su nombre este eminente escultor. De Juan de Juni he visto una medalla de todo relieve en la Ca¬ tedral de Segovia, que es el Entierro de Cristo, de figuras del natu¬ ral, que iguala a cuanto se ha visto del gran Micael Angel; y tiene a los lados dos soldados caprichosísimamente vestidos, y con rostro tan afligido, que mueven a ternura y llanto; y otra de la misma calidad y de su mano hay en Valladolid en el Convento de Nuestro Padre San Francisco en la Capilla del Sepulcro, y en los interco¬ lumnios San Francisco y San Buenaventura; y en la Antigua va¬ rios Santos, como San Joaquin, San Esteban, San Andrés, San Ma¬ teo y diferentes tableros de medio relieve de la Vida de Nuestra Señora, San Joaquín y Santa Ana, la Asunción de Nuestra Señora y en el remate Cristo Crucificado, y su Madre Santísima, y San Juan, y la Magdalena al pie de la Cruz; en la Puerta de la Cus¬ todia un Ecce Homo de medio relieve y muchos niños y serafines en el discurso del retablo; todo hecho con gran valentía, dibujo y ma¬ gisterio; siendo en esta obra y otras muchas todos los retablos de su mano. En la Iglesia de San Martín de dicha Ciudad hay una historiejita de barro cocido del Descendimiento de la Cruz, que la han vaciado algunos escultores por ser tan peregrina. Flay en Rio- seco una capilla de unos caballeros Benaventes donde tiene mucha escultura excelente este artífice, así en estatuas como en medio re¬ lieves; y en el Convento de San Francisco, en los dos colaterales de la Capilla Mayor, un San Jerónimo en el Desierto, y un San Sebastián en el Martirio. Es también obra de su mano un reta¬ blo de piedra que está en la Iglesia .Vntigua de Salamanca, con un Descendimiento de la Craz, y a un lado Santa .\na dando lección a su Hija Santísima, y a el otro San Juan Bautista; y en el fron¬ tal de la Mesa de Altar el busto del Sepultado de bajorrelieve, sobre dos almohadas en su féretro muy bien puesto en perspectiva, en que se conoce la sabía muy bien ; asimismo la arquitectura del y retablo con muy buenos adornos, niños y serafines y algunas cala¬ veras. También es de su mano el retablo de la Catedral de Osma, que se compone de muchas estatuas y medios relieves, todo muy diligentemente acabado. Es de su mano también una imagen de 77 — — Xuestra Señora de las Angustias en dicha ciudad de Valladolid, y en el templo de esta advocación. Y en la Iglesia Parroquial de Santiago tiene también dicho Juni una Adoración de los Reyes muy buena; y en el Mesón, que llaman de los Reyes, tres bultos •de los Santos muy excelentes. En Aranda de Duero tiene ejecutado im pulpito de su gran mano, ochavado, que así el buen gusto en el todo, como en las partes en medallas, Santos Padres y Profetas, niños y adornos ¡es una maravilla! Y finalmente, es casi imposible elogiar condignamente y referir todas las obras de este incompara¬ ble artíñce; el cual dicen que era de nación flamenco, y que apren¬ dió en Roma el arte de la Escultura en la escuela de Micael Angel, como lo acreditan sus eminentes obras. Murió en Valladolid por el mismo tiempo que Hernández, con poca diferencia *. XLVIIL—EL R. P. D. FRANCISCO GALEAS, MONJE Cartusiano, Pintor. El V. P. D. Francisco Galeas, fué natural de la Ciudad de Se¬ villa, y profesor de ambos Derechos en el siglo, que continuó, sien¬ do abogado de grandes créditos en aquella Audiencia; no dejando de aplicar los ratos ociosos (ya en fuerza de su virtud, que desde luego practicó, ya p)or contemplar a su inclinación) a el Arte de la Pintura, de cuya dulce violencia era atraído por una propensión na¬ tural, y la cursó, a lo que se entiende, en la erudita y virtuosa es¬ cuela del gran Luis de Vargas, en que aprovechó con tal felicidad que mereció un elogio de Francisco Pacheco en su Libro de la Pin¬ tura, fol. lió, colocándole entre los eminentes de esta Facultad; lo que no se le pudo ocultar a Pacheco, pues fué contemporáneo y compatriota suyo; bien que no sabemos de obra pública; porque como no lo tenia de profesión, sólo sería su habilidad privativamen¬ te destinada para algunos amigos y cosas de su gusto; pero se ca¬ lifica haberla tenido grande, por lo que veremos en el discurso de su vida en la Religión; no obstante, que siendo llamado a este Sa¬ grado Instituto de la Santa Cartuja en la de las Cuevas de Sevilla, abandonó todo lo que era mimdo, deleite y diversión, tratando sólo * Queda indicada la fecha. La muerte de Fernández acaeció en 1636, a 22 de enero. Como se ve, la información de Palomino era en este punto muy inexacta. - 78 — de vacar Dios, y a las obligaciones de su estado; que con ellas a es moralmente imposible, que sobre tiempo para otra cosa, como me lo dijo cierto Prelado de esta Religión; y más siendo monjes, que han de seguir otros empleos de gobierno en sus Provincias. Fué, pues, llamado a la Sagrada Religión Cartujana nuestro don Francisco en aquella Santa Casa de Sevilla, donde profesó el día del glorioso Patriarca San Bruno del año de 1590, siendo ya de más de treinta años de edad. Floreció tanto en la religiosa ob¬ servancia de su Instituto, que habiendo muerto el Prior de aquella Casa, fué electo en su lugar, por no haber hallado otro que le pre¬ firiese. Tuvo anejo también el oficio de Convisitador Ordinario; y por especial comisión del Capítulo General, visitó las Casas de Car¬ tuja del Reino de Portugal; y si no hubiera sido tan sumamente celoso de la observancia, hubiera gobernado muchos años la Pro¬ vincia. Pero, sin embargo, habiendo concluido con este cargo, le hicieron Prior de la Cartuja de Cazalla; y pasados dos años suplicó le admitiesen la dejación; la cual obtenida, se retiró a la Casa de su profesión, donde pasados tres años descansó en el Señor a veinte y seis de mayo de mil seiscientos y catorce, y a poco más de los cincuenta y cuatro de su edad. Fué este venerable Padre de un ingenio peregrino, y así escri¬ bió mucho en verso y prosa; y estuvo para sacar a luz la vida del glorioso Patriarca San José, y otro Tratado de Jeroglíficos, enri¬ quecido con grande erudición de todas buenas letras; sin otros es¬ critos, de que usa la misma Casa en algunas solemnidades, todos de su mano, con tan extremado primor, que más parecía pintar las le¬ tras que escribirlas; y especialmente im Hebdomadario de Oracio¬ nes pertenecientes a cada Misterio y Solemnidad con las efigies de los Santos, o Historias Sagradas, ejecutadas de su mano con sin¬ gularísimo primor y delicadeza de pincel muy diestro. En que se califica, no había olvidado la afición de su primera edad, que cul¬ tivó su bien disciplinada juventud, cambiando aquellas flores en opimos frutos de virtudes en la Religión, en que fué muy ejemplar, con indubitables créditos de Venerable. , XLIX,—Ei VENERABLE FRAY JUAN DE LA MISERIA, Carmelita Descalzo, Pintor. Fray Juan de la Miseria, religioso lego de los Carmelitas Des¬ calzos, se llamó en el Siglo Juan Narduch; fué natural de Casar — 79 — Ckiprano del Condado de Molleo en el Reino de Nápoles; aunque después pasó a vivir con sus padres a la Ciudad de Boyano. Llamó¬ se su padre Angelo Narduch; intentó varias peregrinaciones en la Italia, pero Dios, que le iba preparando para otros fines, le trajo a España en traje de ermitaño, con el motivo de visitar el Santo Sepulcro del Apóstol Santiago. Y de alli, mudó varios sitios, donde intentaba hacer vida heremitica, hasta que llegó a el Desierto del Tardón, no lejos de la ciudad de Córdoba, en el partido de Hor- nachuelos, donde halló a Ambrosio Mariano (que era paisano suyo, y después fué también Carmelita Descalzo, y en el Siglo había sido Doctor en Leyes, y Comendador de San Juan) y vino a ser el pri¬ mer Prior de este Convento de San Hermenegildo de Madrid, y juntos pasaron a esta villa en el Hábito Heremitico, donde los es¬ timaron mucho los Reyes; y en tanto que se desocupaba Mariano de los negocios, que llevaba acerca de su Comunidad (que entonces no era más que Heremitorio) acomodó a Juan Narduch de orden de la Princesa Doña Juana^ (hermana del Señor Felipe Segundo y madre del Rey Don Sebastián de Portugal) en casa de Alonso Sán¬ chez Coello, famoso pintor de Cámara de Su Majestad, por tener a esta Arte grande afición, desde que en Nápoles tuvo algimos prin¬ cipios, especialmente en la Escultura; y con efecto, se dedicó a la escuela de dicho Alonso Sánchez, que vivia entonces en la Casa del Tesoro. Y después de haber aprovechado muy bien en el Arte de la Pintura, así en retratos como en historias, estuvo el referido Juan en casa de una señora en esta Corte, que se llamaba doña Leonor de Mascareñas (persona de eximia virtud), con el motivo de que le pintase de su mano algunos lienzos, como lo hizo, aunque no consta los que fueron. Era esta señora doña Leonor muy buena cristiana y muy gran señora (que había sido aya del Rey y lo fué después del Prínci¬ pe Don Carlos, y fundó el Real Convento de los Angeles, de la cual hace mención el maestro Gil González Dávila). Esta, pues, era muy íntima de la Santa Madre Teresa de Jesús, cuando an¬ daba en las Fundaciones de sus Conventos; y así le dió cuenta a la Santa Madre del dicho Juan Narduch y de su compañero Mariano y su mucha virtud; y habiéndolos comunicado la Santa, hizo alto concepto de estos Siervos de Dios; y ambos trataron de tomar el Hábito, como de hecho lo tomaron de Carmelitas Des¬ calzos en el Convento que entonces se fundaba en la villa de Pas- — 8o — trana, cerca de esta de Madrid, y fué el dia 13 de julio del año de 1569, y la misma Santa Madre les cortó y cosió los hábitos, y fué su madrina, tomando Fray Juan el Apellido de la Miseria, por mayor humildad suya, y vivió en la Religión cuarenta y siete años. Fué Religioso de eximia virtud, ejemplarísimo y de gran sen¬ cillez en las cosas del mimdo, y asi ejercitó las virtudes todas en grado muy heroico; tuvo don de Profecía; hizo muchos milagros en vida y en muerte; fué muy devoto de Nuestra Señora, a quien llamaba su Paloma, y de quien recibió muy singulares favores: Retrató por su propia la Santa Madre Teresa de Je¬ persona a sús, lo que permitió la Santaobediencia a su confesor; cuya por circunstancia basta para constituirle a Fr. Juan eminente en esta profesión; el cual retrato se conserva hoy original vinculado en la casa de los señores Marqueses de Malagón, heredado de aque¬ lla señora doña Leonor Mascareñas, a cuya instancia se ejecutó; aunque otros dicen ser el que está en el Convento de sus Monjas en la ciudad de Sevilla; pero siendo uno y otro de la mano de Fray Juan, todos sos originales. Hizo de este retrato varias co¬ pias, que se repartieron en los Conventos de la Religión y entre personas devotas de la Santa; y además de esto hizo otras mu¬ chas pinturas para diferentes Conventos y personas de su devoción. Y últimamente, habiendo hecho otras muchas obras heroicas, en cumplimiento de las obligaciones del Estado Religioso, guar¬ dando puntualísimamente las Constimdones y los tres Votos de Obediencia, Castidad y Pobreza, le llamó Dios a el eterno des¬ canso el 'día 15 de septiembre del año de 1616, dia octavo de la Natividad de Nuestra Señora, en el cual murió en el Convento de su Religión de esta villa de Madrid, siendo de más de noventa años de edad; quedó su cuerpo incorrupto, y así se conserva hoy en la Capilla de Santa Teresa de dicho Convento, donde está de¬ positado a la entrada, en el lado de la Epístola, y donde está una lápida que contiene un resumen de todo lo dicho. Fué especialí- simo devoto del Santísimo Sacramento y de la Beatísima Virgen, con cuya imagen, que traía (hecha de su mano) obraba muchas maravillas. Fué profundísimo en la humildad, puntualísimo en la obediencia, observantísimo en la pobreza y cautísimo en la ho¬ nestidad; y así conserva su cuerpo la integridad de su pureza, que — 8i — tanto observo en vida, con la incorrupción de su carne, en testi¬ monio de su virginidad. En el Convento de Carmelitas Descalzos de Pastrana (que en su primitivo origen fué Ermita de San Pedro) hay una efigie de Cristo Señor Nuestro de Ecce Homo, de más de medio cuerpo, con una inscripción abajo que dice ser de mano de este siervo de Dios, y que Su Majestad le habló diferentes veces. L.—£L DOCTOR PABLO DE LAS ROELAS *, PINTOR El Doctor Pablo de las Roelas, natural y vecino de la ciudad de Sevilla (aunque sus Flamencos), fué insigne pintor y padres eran discípulo del Ticiano; estuvo en esta Corte, donde dejó muchas pinturas de su mano, y en el Claustro del Convento de Religio¬ sos Calzados de Nuestra Señora de las Mercedes hay algunos cua¬ dros de su mano, y especialmente uno de la Concepción de Nues¬ tra Señora, muy historiado de Gloria, que está junto a la puerta -de la Capilla de Nuestra Señora de los Remedios, que aunque es de figuras pequeñas en cantidad, son sin límite en la perfección, según yo lo conocí cuarenta años atrás; que hoy, con la injuria de los tiempos, ha sido preciso aderezarlo y retocarlo, con lo cual ha degenerado mucho, pero no en la buena composición y orga¬ nización del todo, en que da muestras de su eminente pincel, gran destreza, excelente dibujo y famoso colorido aticianado. Fué Canónigo de la Santa Iglesia Colegiata de Olivares, muy ejemplar y buen eclesiástico; y sin embargo de las obligaciones de su estado, siguió en toda forma y con grande estudio la Fa¬ cultad de la Pintura, asistiendo a las Academias del Arte y a todo linaje de especulación que le pudiese sublimar; sin omitir en la Matemática, la inteligencia profunda de la perspectiva; en la Ana¬ tomía, la organización y contextura del cuerpo humano; en la Si¬ metría, la conmesuración respectiva del todo y las partes, y en la observación del natural la hermosura del colorido y los varios ac¬ cidentes que le inmutan **. De su heroico pincel es aquel célebre cuadro (que hizo cuan¬ do se tomó a Sevilla) del Tránsito de San Isidoro, donde manifes- * No se llamó Pablo, sino luán, y no pasó de Licenciado. ** Véase Archivo, 1925 y 1928. 6 — Sa¬ to SU grande eminencia en el Arte!, que está colocado en la Pa¬ rroquia de su nombre en dicha ciudad, y no es menos el del Sa¬ grado Apóstol Santiago en la célebre Batalla de Clavijo, que está colocado en la Capilla de su nombre en aquella Santa Iglesia, don¬ de se ostenta animoso el Sagrado Adalid, excitando la cólera de- su arrogante enfrenado cisne, a cuyos pies se postran muchas tur¬ bas de bárbaros, implicados entre sus arneses y banderas. Tam poco es inferior el de la Capilla de las Angustias, donde está aque¬ lla Gran Reina Dolorosa, con su Hijo Sacratísimo difunto y de¬ sangrado en su regazo; con expresiones tan vivas de dolor que parece dejó apurados los tropos de la muda retórica de los pince¬ les. También es de su mano la pintura del Martirio de San An¬ drés en la Capilla de los Flamencos en el Colegio de Santo Tomás, en que sucedió un gracioso cuento, y fué: que habiendo tardado- mucho en acabar dicho cuadro, últimamente le acabó en breve; lo cual, visto por los dueños, asi por esto como por lo que se había tardado, intentaron que hiciese alguna rebaja en el precio ajus¬ tado (que se tiene entendido eran mil ducados), mas él lo subió otro tanto, y se convinieron en enviarlo a tasar a Flandes, porque aJli no había quien lo tasase; hízose así, y vino tasado en tres mil ducados, y no quiso Roelas bajar rm maravedí de la tasa. Y en el Convento de la Merced Calzada de aquella ciudad hay mu¬ chas pinturas suyas; y entre ellas el cuadro que llaman de las Ca¬ bezas. Y en la Parroquia de San Pedro, en la Capilla, que es de la Universidad de los Beneficiados, el célebre cuadro del Santo Apó,s- tol en la cárcel. Y en la Santa Iglesia Colegial de Olivares, donde tuvo su canonicato, se veneran dos lienzos suyos con tal estima¬ ción que no han querido hacer retablo, como hoy se estila, por no quitarle a una de ellas el lugar del Altar Mayor. También es de su mano un cuadro excelente, que está en medio del Altar Ma¬ yor en la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, con otros dos a los lados del Nacimiento y Adoración de Reyes de Cristo Señor- Nuestro *. Tiene pintura gran fuerza, junto con gran dulzura, como su tan aplicado a el estudio del natural, en medio de tener grandí¬ sima práctica y facilidad; y así pintó tanto, que fuera nunca aca¬ bar, el referir solamente las pinturas que dejó en público. Pero no se permite a el silencio, la que hay en Córdoba de su mano en, ♦ Ambos de Francisco Varela. el cuerpode la Iglesia del Colegio de Santa Catalina de la Com¬ pañía de Jesús, que es cuando a San Ignacio se le apareció Jesús Nazareno a la entrada de Roma, que tiene en lo alto un rompi¬ miento de Gloria, donde está el Padre Eterno, hecho todo con gran magisterio y bizarría, de suerte, que es una pintura de todas maneras grande! Fué nuestro Roelas un hombre muy pío y gran limosnero; de suerte, que a la más humilde viejecita que le pidiese una pintura no la dejaba desconsolada, aunque fuese sin interés alguno. Murió en dicha ciudad de Sevilla por los años mil seiscientos y veinte, 3' a más de los sesenta de su edad, con créditos de eximia virtud *. lA.—JUAN DE SOTO, PINTOR Juan de Soto, insigne pintor español, natural y vecino de esta villa de Madrid, fué discípulo de Bartolomé Carducho, en cuya Es¬ cuela aprovechó grandemente, y así adquirió gran crédito; y des¬ pués de otras muchas obras en que dió claro testimonio de su grande habilidad, pintó con grande acierto en el Real Palacio de el Pardo la Pieza del Tocador de la Reina, cosa excelente. Murió mozo, pues apenas tenía cuarenta años, por el de mil seiscientos 3' veinte. lAl.—JUAN DE CHIRINOS, PINTOR Juan de Chirinos, natural y vecino de esta villa de Madrid, fué discípulo de Lrás Tristán y aprovechó tanto en el Arte, que en compañía de Bartolomé de Cárdenas executó gran parte de las pinturas del Claustro de el Real Convento de Nuestra Señora de Atocha; que aimque ya muy deterioradas del tiempo y de haber¬ se retocado diferentes veces, dan claro testimonio de su excelente habilidad y escuela de tan buena casta. Hizo otras muchas obras públicas y particulares, de que se tiene poca noticia señaladamen¬ te. Murió esta Corte por los años de mil seiscientos en y veinte, y a los cincuenta y seis de su edad. * Murió en Olivares el 23 de abril de 1625. - 84 - lAll.—EL VENERABLE PADRE D. LUIS PASCUAL GAUDIN Monje Cartusiano y Pintor. El Padre D. Luis Gaudiu, Monje de la Santa Cartuja de Scala Dei en el Principado de Cataluña (conocido en su Religion por el Padre D. Luis Pascual), fué natural de Villafranca, Obispado de Barcelona. Profesó en dicha Santa Casa año de 1595 y llegó a ser \^cario en ella. Fué muy excelente dibujante y pintor eminente; tanto, que se llevaba el primer crédito entre los de la profesión, como lo maniñestan las pinturas del Capitulo en dicho Monasterio, que son de su mano. Como también lo son otras muchas que hizo para el de Monte-Alegre, poco distante de la ciudad de Barcelona, que unas y otras acreditan la eminente habilidad de su artiñce; con cuyos créditos y de su religiosa observancia, murió en dicha Casa de Scala-Dei por los años de mil seiscientos y veinte y imo, y a los sesenta y cinco de su edad. Y aseguran que de las prendas que tuvo dicho Padre fué la menor la de la Pintura (con ser en ella tan superior), pues en la Teologia Sagrada fué eminente y en la virtud eximio. Hace dél mención Pacheco en su libro de la Pin¬ tura, por eminente en esta Arte, y asegura haber ilustrado aque¬ lla Santa Casa de las Cuevas de Sevilla con historias de Pintura dignas de su caudal y crédito en el Arte; sin otra que hizo para la Gran Cartuja (como lo dice Pacheco en otra parte, y enten¬ diéndolo asi, será en la de Francia), y éstas eran de la vida de San Brimo; porque las de Sevilla parecen ser de la vida de la Virgen, según dice al fol. 495, en que nota el traje que tiene la Virgen en el cuadro de los Desposorios, que está en el coro del Convento de la Cartuja, en que muchos han reparado. UN.—FELIPE DE LIAÑO, PINTOR Felipe de Liaño, pintor insigne y natural de esta villa de Ma¬ drid, fué discípulo en esta Arte de el gran Alonso Sánchez; y aun¬ que su habilidad fué muy general, como lo acreditó en repetidcis obras públicas y particulares; fué con singularidad eminente en retraticos pequeños; tanto, que fué cognominado el Ticiano pe- — Ü5 — queño. Murió por los años de mil seiscientos y veinte y cinco, y a poco más de los cincuenta de su edad. Le celebra Pacheco en su libro de la Pintura al fol. 442. IN.—PATRICIO CAXES, PINTOR Y ARQUITECTO Patricio Caxés, noble florentino, fué excelente pintor del Se¬ ñor Felipe Tercero, tiempo tradujo la Cartilla de Arqui¬ en cuyo tectura del Viñola en nuestro idioma castellano, como hoy la ve¬ mos, y la dedicó a el Señor Felipe Tercero, Príncipe entonces. Pin¬ tó a el fresco con grande acierto en el Palacio del Pardo la Gale¬ ria de la Reina que mira a el Cierzo; donde executó la Historia del Casto Amigo de Dios, José, cuando defendió su pureza de la adúltera mujer de Putifar, su dueño, con todos los demás suce¬ sos de su vida, que no me parece la mejor elección para Galeria de Señoras, habiendo tantas mujeres ilustres en la Escritura Sa¬ grada que pudieran servir de ejemplo y estimiflo virtuoso. Ador¬ nó, pues, y enlazó las historias con molduras, estuques y ornatos de mu}/^ buen gusto, y que nos dan claro testimonio de su eminen¬ te habilidad en la traza y execución; aunque la injuria del olvi¬ do nos ha ocultado otreis muchas obras de su mano, que sin duda executaria en el Escorial y otras partes, pues sirvió a el Señor Fe¬ lipe Segimdo; y esto del Pardo fué en tiempo del Señor Felipe Tercero, después del incendio lastimoso de aquel Gran Palacio del Pardo, y lo caliñca el haber pintado en este de Madrid dos piezas a el fresco en compañía de Rómulo Cincinnato con singu¬ lar acierto, como lo dice Vicencio Carducho en sus Diálogos. Mu¬ rió en Madrid de muy crecida edad por los años de mil seiscien¬ tos y veinte y cinco *. INÏ.—ANTONIO MOHEDANO, PINTOR Antonio Mohedano, natural de Antequera, fué Jurado de aque¬ lla ciudad y excelente pintor y de gran fama, la cual adquirió en fuerza de su estudio, siguiendo la escuela de Pablo de Céspedes; habiendo sido sus principios pintar sargas y guadamecies, que * Murió antes del 13 de julio de 1612. - 86 — en aquellos tiempos se usaban, en vez de tapices o brocateles y almohadas de estrado, en especial en gente de mediana esfera. Llegó también a pintar a el fresco con tal magisterio en dibujo y colorido, ninguno hasta su tiempo le excedió en este manejo, que si es le igualó alguno; lo cual aprendió de César Arbasia, que que pintó a el fresco la Capilla del Sagrario de la Santa Iglesia de Córdoba, como también los Países, que los hizo con eminencia; y de Julio y Alexandro, que pintaron la Casa Real de Granada y otras cosas; y para el mayor acierto de sus obras, después de la Invención, hacía Antonio modelos de las principales figuras y es¬ tudiaba los desnudos y extremos por el natural y los paños por el maniquí, que es el camino real del acierto. Bien lo acredita una obra de esta especie que executó en el Altar Mayor y Presbiterio de la Iglesia Mayor de la ciudad de Lucena, en que se incluyen todas las especies que abrazan el di¬ bujo y colorido, executadas con singular gusto y magisterio; y la que después hizo en la nave del Sagrario de la Santa Iglesia de Córdoba, desde la Capilla hasta la puerta del costado, en compa¬ ñía de los Perolas; y aunque a el ólio no fué tan aventajado, fué siempre corregido, como lo califican diferentes obras parti¬ muy culares que hay en dicha dudad de Lucena. Pintó también en Se¬ villa muchas cosas, y especialmente a el fresco en el Claustro de la Casa Grande de San Francisco, en compañía de Alonso Váz¬ quez, insigne pintor sevillano, en que hizo Antonio unos festones de frutas cosa excelente! Tuvo mucho comercio con el eminente Racionero de la Santa Iglesia de Córdoba Pablo de Céspedes; como lo acreditan repeti¬ das cartas, que yo he visto suyas, del tiempo que le alcanzó. Mu¬ rió en dicha ciudad de Lucena por los años de mil seiscientos y veinte y cinco, siendo de más de sesenta de edad. INll.—DOMINICO GRECO, PINTOR, ESCULTOR y Arquitecto. Dominico Greco, llamado vulgarmente el Griego, porque lo era de nación, fué pintor y discípulo de Ticiano, a quien imitó gran de suerte que sus pinturas las equivocaban con las de su maestro; como se ve en muchas de las que executó en España, y particular- - 87 - mente en Toledo, el célebre cuadro del Expolio, para la Crucifi¬ xión de Cristo Señor Nuestro, que está en la Sacristía grande de aquella Seinta Iglesia, basta para calificarlo, pues tiene algunas cabezas que totalmente parecen de Ticiano; como también el Apos¬ tolado, que está en dicho sitio. Pero sobre todo, lo acredita el ■cuadro del Entierro del Conde de Orgaz Don Gonzalo Ruiz de To¬ ledo, por manos de San Agustín y San Esteban (de quienes fué el buen Conde muy devoto; y así edificó el Convento de los Agus¬ tinos de aquella ciudad, con el titidar de San Esteban), la cual pintura está en la Iglesia Parroquial de Santo Tomé, Fundación suya, donde está enterrado el dicho Conde y donde sucedió este caso; y está empeñada dicha pintura en dos mil ducados, como lo hacía con otras muchas, por la razón que diremos adelante; y aimque sea digresión, no dexaré de decir que esta pintura se man¬ dó executar el año de 1584 por el Eminentísimo Señor Don Gas¬ par de Quiroga, Cardenal y Ardobispo de Toledo, a instancias del cura de dicha Parroquia, habiendo muerto el dicho Conde el año de 1.^23. Y en la Casa Profesa de la Compañía hay otro cuadro también de su mano y del mismo asumpto en dicha ciudad, pero sin 'Gloria arriba, el cual executó el Dominico * a instancia de aquellos Padres, en demonstración de gratitud, por haber sido aquel suelo donación del Conde de Orgaz, que lo era el año de 1569 y eran Casas del Mayorazgo de dichos Condes; y se fundó dicha Casa con el Titular de San Ildefonso, por ser tradición inmemorial, que el dicho Santo había nacido en ellas; y lo cierto es que uno y otro cuadro parecen de Ticiano. No he querido omitir estas noti¬ cias, aunque sea digresión, por ser muy exquisitas. También en el Convento de la Reina, de Religiosas de la Visitación Jerónima, hay un Cristo Crucificado del tamaño natural, con dos retratos abaxo, de un clérigo a la derecha y im seglar a la izquierda, de lo más regalado que hizo el Griego **, y especialmente en los retra¬ tos fué, sin duda, superior, como se ve en muchos que hay en esta Corte, que con singularidad las cabezas parecen de Ticiano! Y no menos lo parece una Magdalena de más de medio cuerpo que está en poder de un aficionado, que no he visto de su mano cosa tan regalada y de tan buen gusto de color! Como también la pintura ♦ Consérvase el cuadro en el Museo del Prado; procede de la Acade¬ mia de San Femando y es copia. *♦ Hoy en el Louvre. — 88 — de Cristo Resucitado, que está en la Sacristía del Colegio de Ato¬ cha, del tamaño del natural, cosa excelente! Y en el Altar Mayor de la Iglesia de la Villa de Bayona de España, junto a Ciempo- zuelos, es toda la pintura de su mano, de la historia y vida de la Magdalena, pero tan excelente, que el Eminentísimo Señor Car¬ denal Portocarrero, habiéndolas visto, ofreció a aquella Iglesia, cinco mil pesos por dichas pinturas y poner otras de mano de Lu¬ cas Jordán, y no quisieron aceptar el partido (no sé si lo acerta¬ ron) *. En el Convento de la Sisla de Toledo tiene también pin- timas excelentes, y en el Hospital de Afuera. Pero sobre todo, una pintura pequeña del Juicio, que está en el Escorial en aquella Ca- pillita de la Virgen, como salimos de la Sacristía a la Iglesia, que no puede hacer más. se Pero él, viendo que sus pinturas se equivocaban con las de Ticiano, trató de mudar de manera, con tal extravagancia, que llegó a hacer despreciable y ridicula su pintiura, asi en lo desco- yimtado del dibujo como en lo desabrido del color. Bien lo acredi¬ tan las pinturas del famoso Retablo del Colegio de Doña María de Aragón de esta Corte **, donde también es suya la escultura, traza del Retablo y aun la de la Iglesia, sin otras muchas pintu¬ ras que no merecen nombrarse. Y así el cuadro que hizo para el Escorial del Martirio de San Maurido y sus Compañeros, mandó- el Señor Felipe Segundo que se lo pagasen, pero que no lo tra- xesen; aunque él, por su crédito, procuró que se pusiese en la Sala de Capitulo; mas el de la Capilla de este Santo lo executó Rómulo Cincinato, como diximos en su vida. Pero verdaderamen¬ te que no sólo fué varón docto Arte, sino gran ñlósofo, en esta y de agudos dichos, que escribió de la Pintura, Escultura y Ar¬ quitectura, como lo dice Pacheco, lib. 3, pág. 446, porque fué na sólo gran pintor y escultor, sino consumado arquitecto. Pues en el Convento de Religiosas de Santo Domingo el Antiguo en la ciudad de Toledo, es suya la traza de la Iglesia, Retablos, Pintu¬ ras y Estatuas, hecho todo con gran primor; como lo es también ia Iglesia, Retablos y Estatuas de Nuestra Señora de la Caridad de la viUa de Ulescas, de que resultó que im alcabalero de dicha villa le apremió a que pagase alcabala; y de ahí procedió el pri- * Se conserva in situ tan sólo el tránsito de la Magdalena, desnudo- maravilloso. ** En el Prado. - S9 - mer pleito que tuvo la pintura de esta calidad; en que la defen¬ dió tan honradamente, que lo venció a favor de la pintura el año de 1600, de hicimos mención en el tomo I, lib. 2, cap. 3, pᬠque rrafo 3, y así le debemos inmortales gracias a Dominico Greco- todos los profesores de esta Facultad, por haber sido el que rom¬ pió con tal fortuna las primeras lanzas en defensa de la inmunidad de esta Arte; y en cuya executòria se fundaron los demás juicios; de aquí dicen que procedió el no querer el Greco vender sus pin¬ turas, sino que las empeñaba durante la demanda; porque como la alcabala se paga sólo de lo que se vende; no vendiendo, no cau¬ saba alcabala; y así aseguran que el cuadro referido del Expo¬ lio de Cristo Señor Nuestro (que diximos estar en la Sacristía de la Santa Iglesia de Toledo) está empeñado y aun hecha escritura de ello. No serájusto omitir el célebre retrato por tantos títulos re¬ comendable, que hizo el Griego, de aquel peregrino ingenio, orna¬ mento de su Sagrada Religión de la Santísima Trinidad, y honor de su siglo, el Padre Maestro Fray Félix Hortensio Palavicino; que es cosa eminente, y pára hoy en poder del Excelentísimo Se¬ ñor Duque de Arcos: en cuyo reconocimiento le hizo dicho Padre Maestro a el Griego un célebre soneto, que hoy se registra en sus obras postumas, intituladas Obras de Don Féliz de Artiaga, folio 63, pág. I, que es el siguiente: Divino Griego, de tu obrar no admira, Que en la Imagen exceda a el ser el Arte; Sino que de día el Cido, por templarte. La vida (deuda a tu pincd) retira. No el Sol sus rayos por su esfera gira. Como en tus lienzos; ¡basta d empeñarte En amagos de Dios! entre a la parte Naturaleza, que vencerse mira. Emulo a Prometeo en un retrato. No afectes lumbre; el hurto vital dexa, Que hasta mi alma a tanto ser ayuda, Y contra veinte y nueve años de trato. Entre tu mano, y la de Dios, perplexa. Cuál es el cuerpo en que ha de vivir duda! 90 — — Precede a este soneto otro, no menos excelente, que hizo el mismo autor en alabanza del gran Túmulo, que el Dominico fabri¬ có en Toledo, para celebrar las Honras de la Serenísima Reina Doña Margarita, que no merece menos atención, por el autor y el asumpto; y uno y otro cede en aplauso de nuestro Dominico Greco, y dice así: SONETO Huésped curioso, aquí la pompa admira De este aparato real, ¡milagro Griego! No lúgubres exequias juzgues ciego. Ni máPmol fiel en venerable pira. El Sol, que Margarita estable mira. Le arrancó del fatal desasosiego De esta vana Región, y en puro fuego. Vibrantes luces de su rostro aspira. A el Nácar, que vistió Cándido, pone Toledo agradecido, por valiente Mano, en aquesta caxa peregrina. Tosca piedra la máquina compone. Que ya, su grande Margarita ausente. No le ha quedado a España piedra fina. Murió ñnalmente nuestro Dominico en dicha ciudad, por el año de mil seiscientos y veinte y cinco *, y a los setenta y siete de su edad (aunque otros dicen que murió más anciano), y está en¬ terrado en la Parroquial de San Bartolomé; y sobre la sepidtura pusieron (no sé con qué motivo) reja en lugar de losa, para una que allí, no se enterreise persona alguna, la cual no se conserva hoy; porque habiéndose hundido la Iglesia, la quitaron cuando se reedificó. Dexó un hijo, que se llamó Jorge Manuel, y fué Maes¬ tro Mayor de Arquitectura de dicha Santa Iglesia; y también dos grandes discípulos, entre otros, que fueron Luis Tristán y Fray Juan Bautista Maino, de quien hacemos particular mención. Admira Francisco Pacheco, en su libro de la Pintura, lo mal ■que sentía el Griego de la habilidad de Micael Angel; y a la ver- -dad, yo no lo extraño ; porque si el Griego estaba pagado de su. * Nació en 1541 y murió el 7 de abril de 1614. 91 — — dibujo y desnudos tan extravagantes, precisamente le había de dis¬ gustar lo que le era ex diámetro opuesto. Sin embargo que fué tan que dice Pacheco, que le mostró una grande alacena llena estudioso, de modelos de barro, que habla hecho para estudio en sus obras; y tm gran cuadro lleno de borroncillos de todas las obras que ha¬ bía executado en su vida. -LVm.—AGUSTIN DEL CASTILLO, PINTOR Agustín del Castillo, natural de la ciudad de Sevilla, y vecino de la de Córdoba, fui insigne pintor y gran dibujante; manejó con excelencia las colores: vivió en Córdoba, donde hizo muchas y famosas obras; y especialmente a el fresco, se conservan algunas; aunque mal defendidas de las inclemencias del tiempo: como son la Concepción de Nuestra Señora en los Libreros de la calle de la Feria; las pinturas del costado del Claustro del Convento de San Pablo, que cae hacia la Iglesia; también la pintura del pórtico de la Iglesia del Hospital de Nuestra Señora de Consolación, y una eñgie del Padre Eterno, que hay dentro en la Capilla colateral de la Epístola; aunque las antecedentes están indignamente retocadas a el temple. También es de su mano la pintura a el fresco en la bóveda de la Capilla Mayor de la Iglesia de San Francisco de di¬ cha ciudad; aunque muy deteriorada, por el humo de las luces e inciensos, como no tiene resp;ra.ción. De otras obras suyas se tiene poca noticia, aunque se tiene por cierto que hay muchas en Cór¬ doba, pero el tiempo ha borrado su memoria. Fué padre y maes¬ tro de Antonio del Castillo (pintor insigne en Córdoba). Murió en ella Agustín por los años de mil seiscientos y veinte y seis, y a los sesenta y uno de su edad. LIX.—DIEGO DE ROMULO, PINTOR Diego de Rómulo Cincinnato, natural de Madrid, hijo y discípu¬ lo del otroRómulo, pintor del Señor Felipe Segundo, teniendo ya muy aventajada habilidad; y siendo todavía mancebo, pasó a Ro¬ ma en servicio de Don Fernando Enríquez de Ribera, tercero Du¬ que de Alcalá, cuando fué por Embaxador extraordinario a dar la — 92 — obediencia a la Santidad del Señor Urbano Octavo, por el Rey nuestro Señor Don Felipe Cuarto; el cual, no hallando retrato ve¬ rídico de su Santidad, procuró que lo retratase este su pintor. Hi- zolo a tanta satisfacción de todos en tres veces, que le dió lugar Su Santidad, que el Papa lo celebró mucho; y habiéndole acabado· uno de cuerpo entero, sentado en su silla con bufete, y otros ador¬ nos, muy celebrado de los señores Duques de Pastrana y Alcalá, y de todos los pintores de Roma. Queriendo Su Santidad honrarle como a tan eminente artífice, le envió a su casa, con un camarero suyo, una cadena de oro de mucho valor, con la medalla de su retrato de medio relieve con su reverso; y por hacerle mayor mer¬ ced (como a hombre noble y honrado artífice) le dió el hábito de Cristo de Portugal, y cometió a el Cardenal Trexo Paniagua, es¬ pañol, que se le pusiese y armase caballero ; lo cual executó en pre¬ sencia del Duque, su dueño, y de toda su familia y amigos en casa del mismo Cardenal, que le tuvo prevenida otra lucida vuelta de cadena de oro, y pendiente de ella la venera del hábito; de donde con grande aplauso y aclamación le volvieron a su casa en 14 de diciembre año de 1625. Duróle poco esta temporal gloria, porque murió dentro de breves días, y fué sepultado en la Iglesia de San Lorenzo, de Roma, con las insignias de Caballero de aquella Orden y con la pompa debida a tan gran sujeto, por los años de mil seis¬ cientos y veinte y seis. Y el Señor Felipe Cuarto (en continuación de esta honra) alcanzó de Su Santidad el traspaso de la merced del hábito de Cristo a Francisco de Rómulo, hermano del referido y no inferior en méritos y habilidad en la pintura, de que dió tes¬ timonio en repetidas y excelentes obras que executó en esta Corte, y en la de Roma, donde murió, por los años de mil seiscientos y treinta y cinco. LX.—FR. JUAN SANCHEZ COTTAN, RELIGIOSO DE LA Santa Cartuja, y Pintor. Fray Juan Sánchez Cottán, religioso lego profeso de la Real Cartuja de Granada, fué hijo de Bartolomé Sánchez Cottán y Ana de Quiñones, naturales de Orgaz y vecinos de Alcázar de Consue¬ gra; pasó a Toledo, donde logró Fray Juan algunos principios en el Arte de la Pintura, en la Escuela de Blas de Prado; y especial¬ mente se aventajó en pintar frutas. 93 — — Habiéndole Dios llamado a la Cartuja, hizo su profesión el •día de la Natividad de María Santísima, ocho de Septiembre del año de 1604, y a las grandes prendas de religioso y admirables virtudes que practicó (y que según noticias de aquellos tiempos y la tradición común, fué digno de encuadernarse entre los varones más ilustres de la Religión; pues le llamaban todos el Santo Fray Juan) se agregaron otras muy singulares, y entre ellas la más cele¬ brada fué la de la pintura, en que sobresalió tanto, que lo numera¬ ron entre los grandes pintores de aquel siglo: en cuya conñrmación hizo viaje de Madrid a Granada, sólo por conocerle, Vicencio Car- ducho, célebre pintor de Cámara del Señor Felipe Tercero, y Cuarto. Con muchas obras de su mano dexó enriquecida la Real Car¬ tuja de Granada, y aquellas que al presente están colocadas en es¬ peciales sitios, son las siguientes: En la Capilla Mayor de la Igle¬ sia hay cuatro lienzos de la Pasión de Cristo Señor Nuestro; en los dos colaterales de enmedio de la Iglesia hay dos lienzos, que sirven de retablo, uno de la Huida a Egipto y otro del Bautismo de Cristo Señor Nuestro por San Juan Bautista. En el claustro pequeño hay ocho lienzos, los cuatro de la Vida de San Bruno, y los otros cuatro de los Mártires de dicha Religión, ■que con exquisitos tormentos murieron en Inglaterra. En el mismo claustro hay cuatro lienzos en cuatro Capillas pequeñas de Se¬ ñora Santa Ana, San José, Santa María Magdalena y San Ilde¬ fonso, en que resplandece con mayor primor la imagen de María Santísima, de peregrina belleza. En el retablo del Capitulo de los Monjes hay seis lienzos y dos tablas, que ocupan el plano de las pilastras, en que se levan¬ tan las colunas del retablo, y la una es del Nacimiento y la otra de la Epifanía. El cuadro principal de el retablo es de la Asump- ción de Nuestra Señora, muy celebrado de todos los del Arte. A los lados hay otros dos lienzos, uno de San Juan Bautista y otro del glorioso San Bruno. En la parte superior del retablo hay otro lienzo de Cristo Crucificado, que está en perspectiva, respecto de salir los brazos de la Cruz sobre im semicírculo dorado; de forma que parece más efigie de escultura que de pincel. Y los otros dos lienzos que están a sus lados son de forma aobada, uno de María Santísima y otro de San Juan Evangelista, acompañando a Cristo Crucificado. 94 — — En el mismo Capítulo hay otros cinco lienzos, que el imo es de la Asumpción de María Santísima, cosa tan admirable, que una señora título, teniendo noticia dél, ofreció un cortijo de gran valor si se lo querían alargar, y no se le concedió. En la Capilla de San Hugo hay un lienzo, que sirve de reta¬ blo, en que se representa la visión que tuvo este Santo Obispo, de que Nuestro Señor y su Santísima Madre, acompañados de Ange¬ les, fabricaban una casa para sus delicias en los Montes de Car¬ tuja, que fué uno de los prenuncios de esta Sagrada Religión. Esta Capilla está en el claustro pequeño de dicha Santa Casa de Gra¬ nada. En la Capilla de los Apóstoles (que también está en dicho claustro) hay un lienzo de estos Santos, que sirve de retablo, con su marco dorado y negro; y también de su mano una perspec¬ tiva de un retablo de blanco y negro, que adorna toda la parte exterior del cuadro, ñngido con tal arte, que a la verdad parece corpóreo; yo lo he visto, como todo lo demás, y es cierto, ¡cosa maravillosa, y lo sumo a que puede llegar el Arte de la Perspecti¬ va, no sólo de cuerpos, sino de luces y sombras! En el refectorio hay otros dos lienzos, que el uno es muy gran¬ de, y es de la Cena de Cristo Señor Nuestro, y sirve de testero; ñngiéndose en él dos ventanas, por donde parece que realmente se introducen las luces; y encima de este lienzo hay una Cruz fingi¬ da de madera con sus clavos, con tal propiedad en la perspectiva, que se ha visto repetidas veces querer los páxaros sentarse en las clavos, y de su engaño venir, por haberles faltado el asiento, ale¬ teando hasta el marco del cuadro. Y el otro lienzo, que está enfren¬ te de la puerta, es del Misterio del Rosario de Nuestra Señora, en que, entre otros religiosos, está, a el natural, el mismo Fray Juan. Cotán, que se retrató en él. En los cuatro ángulos del claustro grande de los Monjes hay cuatro lienzos de la Pasión de Cristo Señor Nuestro: uno de la Oración del Huerto; otro del Ecce Homo; otro con la Cruz a cues¬ tas, y otro del Descendimiento de la Cruz. Y últimamente, en lo que hoy sirve de portería, hay dos lienzos, uno del Angel San Mi¬ guel, del glorioso Patriarca San Bruno en el Desierto; que y otro aunque son lienzos de grande estimación, no están en otro sitio por no haberlo desocupado para colocarlos. Asimismo en la Real Cartuxa del Paular dexó algunos lienzos 95 — — de su mano; yespecialmente los seis de la Vida de Cristo Señor Nuestro, que estaban con otros colocados en el Sagrario Antiguo: y además de éstos tiene en dicha Santa Casa el cuadro de Santa. Ana en la Capillita particular de su nombre, y otro de las Angus¬ tias de Nuestra Señora, con su Hijo Santísimo en el regazo difim- to, a la entrada de la Clausura, en el primer patio; sin otros mu¬ chos en diferentes sitios, y celdas de la misma casa; y estas son las pinturas más señaladas de nuestro Fray Juan. Hay tradición que cuando Vicencio Carducho fué a verle, el Prior quiso probar la grande habilidad e inteligencia de este insig¬ ne pintor; y no conociendo él a Fray Juan Cotán, juntó el Prior a todos los religiosos legos, y entre ellos a Fray Juan, y le dixo: Entre estos religiosos está el pintor que V. md. viene a ver: ¿cuál de ellos le parece que es? Suspendióse Vicencio, y atendiendo a las pinturas de Fray Juan y a los rostros de todos, dijo: éste (seña¬ lando a Fray Juan) es el pintor; que se tuvo por grande observa¬ ción del ingemo de aquel insigne artífice. Fué además de esto su virtud tan extremada, que es tradición en aquella Santa Casa que se le apareció la Virgen, para que la retratase, cuando pintó a Su Majestad en la Capilla, y cuadro de- San celda Ildefonsolf^Era muy parco en el comer; y su habilidad y su era el remedio de todas las calamidades de la Casa: refugio y ya fuese para reparar los ornamentos; ya para las cañerías; ya para los reloxes y despertadores, sin que a nada pusiese mal sem¬ blante, atmque le llevasen cuanto tenía en la celda; porque su, trato era amabilísimo y su conversación muy santa, su desaproprio extremado, y su intención muy sencilla: y tiénese por derto que no perdió la gracia baptismal y, consiguientemente, la pureza de la virginidad; y así murió con créditos de venerable el día 8 de Septiembre Santa Casa de la ciudad de Granada, a ios sesenta y seis üe su edad, día de la Natividad de Nuestra Señora, que fué el mesmo en que hizo su profesión. Hace memoria de este venerable varón, por insigne pintor, entre otros, Francisco Pacheco, en su Libro de la Pintura a el fol. ii6. tXl.—FRANCISCO RIBALTA Y SU HIJO, PINTORES Francisco Ribalta y su hijo Juan fueron con tal igualdad ex¬ celentes, que las obras que dexaron los dos en aquel reino de Va— — 96 — iencia distinguen cuáles sean del padre o cuáles del hijo; y no se sólo hay alguna mediana diferentía, en que la manera del padre fué más deñnida; y la del hijo, algo más suelta y golpeada. Y asi hablaremos sin distinción de las obras de los dos, porque aun en Valencia las confunden. Fué Francisco Ribalta natural de un lugar del reino de Va¬ lencia, tres leguas distante de la raya de Cataluña; estudió el Arte de la Pintura en Italia: dícese que en la Escuela de Aníbal, pero más en las obras de Rafael. Volvió Valencia, donde hizo muchas a y eminentes pinturas; tuvo un hijo de su matrimonio, llamado Juan, a quien enseñó también esta Arte, con tan buena fortuna, que en pocos años se adelantó, de suerte que ya no se distinguían las pinturas del padre de las del hijo: y asi hicieron muchas y ex¬ celentes obras, y especialmente son de su mano las de ia Capilla Mayor del Convento de Santa Catalina de Sena; las de todos los retablos del Colegio que llaman del Señor Patriarcha (que en espe¬ cial la de la Institución del Santísimo Sacramento en la Capilla Mayor, ¡es una maravilla!); las del retablo de todos los Santos, y del de San Mena en la Parroquial de San Martín, y casi todo el reino está lleno de pinturas de los Ribaltas; como es en la villa de Andilla y en la de Carcagente; en la de Torrente hay excelentes pinturas de la Pasión de Cristo, de mano de los Ribaltas, en el rebanco del retablo de una Capilla que está al lado del Evange¬ lio: y en San Miguel de los Reyes hay muchísimas, y muy bue¬ nas. Son, ñnalmente, las pinturas de Ribalta muy estimadas en todo el reino de Valencia, y también fuera dél, aunque no son conocidas por suyas; pues su manera fué muy semejante a la de Vicencio Carducho; y así por acá (si hay algunas) son tenidas por de Vicencio, pues el cuadro de la Cena, de mano de Ribalta, que está en el Altar Mayor de dicho Colegio del Señor Patriarca en Valencia; viendo el que Carducho tiene aquí en Madrid en el Altar Mayor de las Monjas de Corpus; o ambos los tuvieran por de Ribalta, si los vieran jimtos; o ambos por de Carducho. Pero porque no carezcamos en la Corte de pintura pública de Ribalta, nos deparó la Providencia dos tan superiores, que no se pueden mejorar, pues para que ninguna de ellas supere a la otra, ambas son una mesma repetida, y es la eñgie de Cristo Cruciñcado, del tamaño natural, que está en el Claustro del Colegio de Doña Ma¬ ría de Aragón junto a la escalera. Y la otra en la misma forma. 97 — - que está a la mitad de la escalera del Convento Real de San Fe¬ lipe de esta Corte, que ambos son del padre, y no se sabe cuál es mejor; salvo que el de Doña Maria de Aragon está muy mal para- do del temporal. Fué también la manera de pintar de Francisco Ribalta algo semejante la de Rafael de Urbino. Y así sucedió, que habiendo a hecho un Cristo Cruciñcado para un señor Nuncio de estos reinos, éste lo llevó a Roma; y habiéndolo mostrado a uno de los mejo¬ res pintores de aquel tiempo, admirándolo mucho, exclamó, dicien¬ do: ¡Oh divino Rajado ! Juzgando ser de mano de Rafael. Y ha¬ biéndole asegurado el Monseñor que era de mano de un español: volviéndolo a examinar mucho, concluyó diciendo aquel adagio vul¬ gar español: Que verdaderamente donde yeguas hay, potros nacen. Murió, en ñn, Francisco en Valencia de edad muy crecida, por los años de mil y seiscientos, y su hijo cosa de treinta años después *, que es lo más que se ha podido rastrear; y fué el primer maestro de Ribera el Españoleta. LXII.—EL HERMANO ADRIANO, PINTOR, DONADO de los Carmelitas Descalzos. Adriano, Donado de los Carmelitas Descalzos, fué excelente pintor: vivió y murió en Córdoba, en su Convento de dicha Or¬ den, donde hay muchas pinturas suyas; especialmente una de Cris¬ to Cruciñcado en la antesacristía de aquel Convento, acompañado de su Madre Santísima, San Juan y la Magdalena, y otras figuras de más de medio cuerpo, siguiendo la manera de Rafael Sadeler, a que fué muy aficionado, ¡cosa excelente! Como lo es también en la Iglesia, junto a la puerta que va a la sacristía, una Magda¬ lena Penitente, que parece de Ticiano. Murió en dicha Casa por los años de mil seiscientos y treinta, ya en edad crecida. Fué tan superior su habilidad, que mereció un elogio de Fran¬ cisco Pacheco en su Libro de la Pintura a el fol. rió, en que le llama Valiente Pintor, colocándole entre los eminentes de aquella edad. Pero fué t£in maniático en la desconfianza de sí propio, que en acabando alguna pintura, o ,1a borraba o la hacía pedazos, di * Murieron padre e hijo en 1628; Francisco el 25 de marzo y Juan en octubre. 7 98 — — ciendo que no valía nada; y para que no lo hiciese era menester pedírselo por las ánimas del Purgatorio, de quienes era muy de¬ voto; y aun amenazarle con ellas, porque también tenia gran mie¬ do a las ánimas en pena; y de esta suerte se lograba que la dexase. LXIII.—P££>i?0 DE LAS CUEVAS, PINTOR Pedro de las Cuevas, natural y vecino de esta villa de Madrid, y de profesión pintor, es digno de este lugar por hombre eminen¬ te, no tanto en el Arte de la Pintura (en que, sin duda, tuvo sufi¬ ciente y notoria pericia), cuanto por haberlo sido en el arte de en¬ señar; pues tuvo por discípulos los más eminentes hombres, que se siguieron a su tiempo; que no es pequeña excelencia, pues si bien no se sabe de cosa señalada de su mano en público, hay mu¬ cho en casas particulares; y sin duda fué hombre de gran crédito en el Arte, pues era su casa un seminario continuo de discípulos; de suerte que parece que de primera instancia ninguno intentaba entrar en otra Escuela, hasta ver si podía lograr la suya. Y asi fueron sus discípulos José Leonardo, Juan de Ricalde, Antonio Pereda, Antonio Arias, Don Juan Carreño, Juan Montero de Ro- xas, Don Simón de Leal, Francisco de Burgos, Francisco Camilo y Don Eugenio de las Cuevas; ¡cuyos laureles bastan para coro¬ nar de triimfos su enñnente habilidad en la buena escuela y doc¬ trina! Tiénese por cierto que fué uno de los maestros que en aquel tiempo se tenían en la Real Casa de los Desamparados en esta Corte, de diferentes Facultades, para instruir, según los genios, aquella inocente puericia: Providencia digna del ardiente celo del superior Magistrado de esta Imperial Villa de Madrid. Murió en esta Corte por los años de mil seiscientos y treinta y cinco, y a los setenta y siete de su edad. Y se tiene también por cierto que vivió y murió en dicha Casa de los Desamparados, donde tenia su es¬ cuela y domicilio. L-XIV.—JUAN DE PEÑALOSA, PINTOR Juan de Peñalosa, natural de Baena, fué discípulo del gran Pa¬ blo de Céspedes, librándonos la injuria del tiempo sus noticias en las pocas obras que permanecen en la ciudad de Córdoba (en don- — 99 — de vivió), estando ya consumidas gran parte de ellas, por estar en sitios descubiertos: como se ve en las del claustro del Convento de la Victoria, extramuros de dicha ciudad, que son de la Vida de Cristo Señor Nuestro, y están hechas con excelente dibujo, por la manera de nuestro Racionero, con otras muchas que adolecen del mismo trabajo. Es también de su mano la eñgie de San Diego de Alcalá, que está en la portería del Convento de la Arrizafa de Córdoba, de Recoletos de Nuestro Padre San Francisco. Murió nuestro Peñalosa por los años de mil seiscientos y treinta y seis, a los cincuenta y cuatro de su edad. UXN.—VICENCIO CARDUCHO, PINTOR Vicencio Carducho, Gentilhombre, florentino, hermano y dis¬ cípulo de Bartolomé Carducho y heredero de su opinión, y hono- roso título de pintor de la Católica Majestad de los Señores Reyes Don Felipe Tercero y Cuarto; fué muy estimado de Sus Majesta¬ des, a quienes sirvió en las pinturas de la Casa Real del Pardo, y fué tan adornado de buenas letras, habilidad e ingenio, que escri¬ be dél Montalbán en su Para todos, que para ser uno de los ma¬ yores artífices que la antigüedad celebra, le estorbaba solamente haber nacido después. Dexó escrito un Tratado en Diálogos entre maestro y discípulo, de las excelencias de la Pintura y Dibujo, que se dió a la estampa año de 1633 *, por el cual y por sus admi¬ rables obras se conoce su grande capacidad y relevante ingenio pata esta Arte y para otras cualesquiera facultades. Fué maestro de Don Francisco Rici, pintor de Su Majestad Católica Felipe Cuar¬ to, y Carlos Segundo, y de otros muchas discípulos. No ha habido pintor eminente en España de quien haya tantas pinturas en pú¬ blico como de Vicencio Carducho; pues demás de lo que pintó en la Casa Real del Pardo al fresco y al ólio en las galerías, Ca¬ pilla y patio y otras piezas (de que hace mención en su Libro, Diᬠlogo 7, cuya tasación llegó a veinte mil ducados). Son de su mano todas las pinturas al ólio de la Capilla Mayor y colaterales de la Iglesia del Convento de la Encarnación de esta Corte; el cuadro de la Capilla de Santo Domingo Soriano en el Convento de Santo Domingo el Real; y las del retablo de la Concepción en la misma * Véase en el t.° II de Fuentes. — loo — Iglesia, colateral del Evangelio: también dos de las mazmorras de Túnez, donde están los Redentores Trinitarios padeciendo con gran tolerancia los trabajos del calabozo, hasta que llegase el socorro, para cumplir el precio del rescate; y estaban en una Capilla del Claustro del Convento de la Santísima Trinidad de esta Corte, a el otro lado de la Iglesia. También son suyos dos excelentes cua¬ dros que están a los pies de la Iglesia del Convento del Rosario: el imo del Sueño de San José cuando le avisó el Angel la huida a Egipto; y el otro de San Antonio de Padua, cuando hizo que el difunto declarase la inocencia de su padre, imputado de la muer¬ te, que no había hecho; que uno y otro son de lo más corregido que hizo Vicencio, y más bien historiado, y expresado de afectos. Son también de su mano todos los cuadros de la Vida de San Fé¬ lix y San Juan de Mata, que están en el cuerpo de la Iglesia de los Trinitarios Descalzos de esta Corte, y los de el Altar Mayor y colaterales; también el cuadro principal y accesorios de la Ca¬ pilla Mayor de la Iglesia de San Gil de Recoletos Franciscos. El del refectorio del Convento Grande de Nuestro Padre San Fran¬ cisco, junto con el de la Predicación de San Juan Bautista, como se sale de la portería al claustro, ¡cosa superior!, y los que están en la Capilla Antigua de la Orden Tercera, de cuya Junta fué Discreto muchos años, y últimamente Ministro de dicha Orden. Son también de su mano las pinturas de la primera Capilla, que está a los pies de la Iglesia de San Felipe el Real, como entramos a mano izquierda. Y todos los cuadros de la Vida del glorioso Pa¬ triarca San Bruno, que están en el claustro del Monasterio del Paular de Segovia, de esta Sagrada Religión Cartusiana; que son cincuenta y cuatro, y están ñrmados desde el año de 628 hasta el de 632. Y en los dos colaterales de la Iglesia tiene otros dos, el uno de la Encamación del Verbo Divino, y el otro de la Degolla¬ ción de San Juan Bautista, y un San Bruno de medio cuerpo, que está en la portería. Puso su retrato (según dicen, en dicha Casa) en uno de los cuadros del claustro, que es de la Muerte del Vene¬ rable Padre Dodón, hacia la cabecera del Siervo de Dios * ; y está dicho cuadro encima de la puerta que va a el leñero. Y en Sala¬ manca, en el Convento de Capuchinos, en el Altar Mayor, es de su mano el cuadro principal, donde está el Glorioso Patriarca San * Cuadro hoy en el Prado, n.° 639. En el mismo se ha identificado el retrato de Lope. Francisco, con gran pedazo de Gloria arriba, y Cristo Señor Nues¬ tro y su Madre Santísima, y abaxo gran número de Santos de su Orden. En la Iglesia del Convento del Carmen desta Corte, en la Victoria, Santa Cruz y San Miguel, hay diferentes Capillas pinta¬ das de su mano: como lo es toda la pintura de la Capilla Mayor y colaterales de la Iglesia de Santa Bárbara, de Mercenarios Des¬ calzos, desta Corte. Las pechinas y entrepaños y otros vaciados de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario de Toledo, están pintadas a el fresco de mano de Carducho y Eugenio Caxés; y el San Andrés, que está a el lado de la puerta de la sacristía de di¬ cha Iglesia, es de Carducho, compañero del San Pedro de Caxés, que está a el otro lado. En la Iglesia de San Antonio de los Por¬ tugueses, de esta Corte, hay también en el retablo y sacristía va¬ rias pinturas suyas de la Vida del Santo, con las demás pinturas, traza y dibujo de las estatuas de dicho retablo; juntamente con otro ciudro de Nuestra Señora del Rosario, que está sobre la puer¬ ta de la sacristía, ¡que es cosa excelente!, y también es de su ma¬ no el Santo Cristo de Biurgos, con Nuestro Padre San Francisco a mano derecha, y a la siniestra Santa Clara arrodillados, que está en la Capilla Mayor de la Iglesia de las Madres Capuchinas, de esta Corte; y otro cuadro de Concepción, que está en la sacristía nueva del Colegio de Santo Tomás; y también lo es el cuadro principal de la Iglesia de las Monjas de Corpus, que es de la Cena, e Institución del Santísimo Sacramento. Es de su mano también un cuadro de Cristo Señor Nuestro a la Coluna, en un ángulo del claustro de la Merced, de esta Cor¬ te; y otro de la misma calidad en el de San Gil; y otro de Santa Catalina Mártir en el retablo colateral de la Epístola en la Pa¬ rroquial de Santa Cruz. Los dos cuadros antiguos del Martirio de San Sebastián y de San Ginés, que estuvieron en el retablo anti¬ guo de la Capilla Mayor de una y otra Iglesia; y el del Cruciñxo en el de San Sebastián (que hoy está colocado en el retablo nuevo, y a el lado del Evangelio el del Martirio del Santo). También tiene otra pintura maravillosa del Glorioso Doctor y Mártir San Eulo¬ gio, en la Capilla de su nombre, en la Santa Iglesia de Córdoba, inmediata a el arco de las Bendiciones, hacia el Patio de los Na¬ ranjos. Y en Valladolid el cuadro principal de la Capilla Mayor del — I02 — Convento de San Diego, es de su mano, ¡cosa excelente! *, junto·- con las demás pinturas de los pedestales de diferentes Santos, y también los de las pechinas. Y en el claustro del Convento de San Pablo, de dicha ciudad, tiene im célebre cuadro de Nuestra Seño¬ ra del Rosario, con grande Historia de Santos, y otros personajes abaxo. Y también tiene otro gran cuadro de la Asumpción de Nues¬ tra Señora en el Convento de las Descalzas Reales, de dicha ciu¬ dad, entre otros, que hizo Matías de Velasco, pintor de crédito en aquella tierra. Y al fresco tiene también otras pinturas, como en el Tocador de la Reina, en aquel Palacio, unas Batallas; y en el Salón de las Comedias de dicho Palacio pintó rmas Perspectivas, ¡cosa excelente!, donde no se puede dudar que estuvo también en Valladolid, y debió de ser en tiempo que estuvo allí la Corte. Murió, pues, Vicencio en esta Corte el año de 1638, como cons¬ ta de un cuadro de San Jerónimo de su mano, que está en la Igle¬ sia Mayor de Alcalá de Henares, en un nicho, junto a la puerta del costado del Evangelio, donde está la inscripción siguiente: Vin- centius Carduchï Florentinus, hic vitam, non opus finijt, anno 1638, y a los setenta de su edad; y está enterrado en la bóveda de la Capilla Antigua de la Orden Tercera, como Hermano y Ministro que fué de dicha Venerable Orden el año de 1625, 26 y 27, por reelección. Débele el Arte inmortal gratitud, por haber sido el que litigó su inmunidad de la alcabala en compañía de Angelo Nardi, con tan buena fortima, que se executorió a favor de la Pintura en el año de 1633, como diximos en el Tomo I, Libro 2, Capítulo 3, y tuvo también la dicha de lograr un gran Seminario de discípulos,, como se verá en el discurso de esta Historia. LXVl.—JUAN LUIS ZAMBRANO, PINTOR Juan Liás Zambrano, el discípulo más adelantado del Racione¬ ro Pablo de Céspedes, fué natural de la ciudad de Córdoba; pero no nos ha dexado la antigüedad, sobre el año de 600, más noticia de su persona y habilidad que la que nos subministran sus obras en dicha ciudad; donde además de algunas en casas particulares,, vemos en el Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús- * Hoy en el Museo de dicha ciudad. un excelente cuadro del Angel de la Guarda, mayor que el natu¬ ral, y imSan Cristóbal, hechos con superior magisterio y valentia por la manera del gran Micael Angel (que era la escuela de nues¬ tro Céspedes). Y asimesmo imas Vírgenes de medio cuerpo, Santa Flora y Maria, Mártires de Córdoba, mayores que el natural, que están en los limetos sobre el coro de la Iglesia de los Padres Agus¬ tinos, de dicha ciudad, hechas con manera gallarda y espirituosa: por cuya causa, dicen, se descompuso con Cristóbal Vela, autor de aquella obra, y no prosiguió en ella; pero sobre todo el cuadro del Martirio de San Acisclo y Victoria en el Altar Mayor del Con¬ vento de los Mártires de aquella ciudad; y otro del Martirio de San Esteban, en la Iglesia Mayor, en una Capilla del costado, ha¬ cia el Patio de los Naranjos, ¡son una maravilla! Como lo es tam¬ bién otro, que yo he visto en esta Corte, en poder de im aficiona¬ do, y es del Sacrificio de Abrahán, figuras del natural, ¡cosa ex¬ celente!, y está firmado así: Juan Luis Zambrano faciebat, año 1636. De Córdoba pasó a Sevilla, donde murió apenas de edad de cuarenta años, en el de mil seiscientos y treinta y nueve. LXVII.—EL R. P. FR. AGUSTIN LEONARDO, PINTOR El R. P. religioso del esclarecido Or¬ Fray Agustín Leonardo, den de Nuestra Señora de la el Convento de esta Cor¬ Merced, en te, fué excelente pintor, particularmente en los retratos por el natural, como se colige del siguiente soneto, que Don Gabriel Bo- cángel, cronista de Su Majestad, hizo, hablando con su retrato, hecho de mano de dicho Padre con extremado acierto; el cual so¬ neto anda en la Lira de las Musas y Obras del referido cronista, folio 43. Soneto 26. SONETO Habla, bulto animado, no tu esquivo Silencio a tu moderno Padre ofenda: Mas dexa que hable yo, porque se entienda Cuál él pintado es o cuál el vivo. Tú no sientes, ni yo, puesto que vivo De dar a mi dolor la infausta rienda. I04 — — TÚ callas, yo también, aunque me encienda Un ardor, en que muero, y me concibo. Nada tu bulto de mi bulto ignora; Firme semblante ofreces, y no acaso Porqm retratas mi contraria suerte. ¡Oh arbitrio de el amor! formar ahora Otro yo, que padezca lo que paso Por negarme el alivio de la muerte! Fué sacerdote y predicador insigne, y no sólo se aplicó a los retratos, sino también a cuadros de Historia, como se califica en los dos que hay de su mano en la escalera principal de este Con¬ vento de Madrid: el uno de San Ramón, cuEmdo se le apareció la Virgen Santísima, estando custodia del ganado; y el otro, cuan¬ en do los Caballeras de la Orden perdieron el pleito ante Su Santidad en concurso de los Religiosos Sacerdotes. Uno y otro conducido con grande acierto, y este último está firmado del año 1624 y el otro de 25. También executó otro cuadro grande, que ocupa el testero del refectorio del Convento de la Merced de la ciudad de Toledo; cuyo asumpto es el milagro de panes y peces, con tan¬ ta multitud de figuras, variedad de trajes, distancias y términos, que acredita bien la gran pericia que tenía su autor en el Arte. Murió en esta Corte en su Convento por los años de mil seiscientos y cuarenta, con poca diferencia, y a poco más de los sesenta de su edad. UyiWW.—ANTONIO LANCHARES, PINTOR Antonio Lanchares, natural de Madrid, fué excelente pintor y discípulo de Eugenio Caxés, y de los más adelantados, como lo acreditan repetidas obras suyas, públicas y particulares. De su ex¬ celente mano es una de las estaciones del claustro de la Merced Calzada, de esta Corte; a cuya obra concurrieron los primeros hombres de crédito en esta Facultad, y es cosa excelente; en espe¬ cial el cuadro del Coro, cuando la Virgen suplió con los ángeles la falta de los religiosos. Es también de su mano una Gloria de Angeles, que estaba en la Iglesia .\ntigua de la Casa Profesa de la Compañía, con el Niño Jesús en medio, cosa de muy excelente gus¬ to: como tam±)ién lo son dos cuadros de a dos varas (que están en la Santa Cartuxa del Paular), el uno de la .Ascensión del Señor, y «1 otro de la Venida del Espíritu Santo, cosa excelente, y muy pa¬ recido a la Maestro, con quien se equivocan otras manera de su muchas obras, que tiene en esta Corte. Murió en ella por el año de mil seiscientos y cuarenta, a los cincuenta y cuatro de su edad. UXIK.—JUAN ANTONIO CERON!, ESCULTOR Juan Antonio Ceroni, milanès y escultor insigne, fué llamado jx)r el Señor Felipe Cuarto para la execución de las estatuas de los ángeles de bronce, que están en el panteón nuevo del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial; en cuyo tiempo execu- tó también la célebre portada o fachada de San Esteban, de Sala¬ manca; lo cual hizo con tan superior acierto, que cualquiera de las dos obras basta para merecerle nombre inmortal. Murió en Ma¬ drid p)or los años de mil seiscientos y cuarenta, y a los sesenta y uno de su edad. LXX.—VIDA DE PEDRO PABLO RUBENS, PINTOR Pedro Pablo Rubens, natural de Ambers, pintor famosísimo, nació en dicha villa a 28 de Junio de 1577; fué criado en mucha nobleza y abundancia; y su padre (varón de grandes prendas) fué secretario de un gran Principe de Flandes; tuvo un hermano lla¬ mado Filipo Rubenio, muy docto en las Letras Hxunanas; que por excelencia fué cognominado Segundo Lipsio; cuyos escritos son cré¬ dito de sus grandes estudios e ingenio ; el cual fué Enviado, con ca¬ rácter de tal, de los señores Archiduques Alberto y Isabela Clara Eugenia a la Majestad del Señor Felipe Tercero, y murió secretario de la ciudad de Ambers. No se descuidó Pedro Pablo Rubens en la aplicación a aprovechó mucho; y en las buenas Letras, en que la Pintura fué discípulo de Octavio Vanveen da Leyden, pintor fla¬ menco; pasó a Italia, donde estuvo más de doce años; y en Venecia estudió mucho de las obras de Ticiano y de Pablo Perones; de donde volviendo muy aprovechado a su Patria, por las grandes obras, que dexaba executadas; labró unas regias casas, en que vi¬ vió. El Señor Archiduque Alberto y la Serenísima Señora Infanta Doña Isabel, su espwsa, hicieron dél mucha estimación; porque ha- biéndoles retratado, con grande acierto, sentados en sus sillas; le ciñó espada dicho Señor Archiduque en presencia de su consorte, y le puso a el cuello riquísima cadena de oro; llamándole hon¬ una ra de su Patria. Sacóle tambiénun hijo de pila, y le pusieron por Su Alteza, el nombre de Alberto; y muchas veces le venia a ver a sus casas cuando asistía en Ambers. Pasó Pedro Pablo Rubens de Flandes a París, donde enrique¬ ció con admirables pinturas de su mano todo el Nuevo Palacio de Lucemburg, que labró la Reina Madre. Al Rey de Inglaterra hizo varias pinturas, de que Rubens quedó muy largamente remunerado; como también del Señor Emperador de Alemania, a quien hizo Ru¬ bens muchos y excelentísimos cuadros. Siguióse a esto por el año de 1623 la venida del Principe de Gales a Madrid, a tratar el casamiento con la Infanta de España; y siendo este Principe muy aficionado a la Pintura, trajo consigo a Rubens *, a quien el Señor Felipe Cuarto honró mucho; y deseando regalar a el Príncipe con alg^anas pinturas de Ticiano, a que se ha¬ bía inclinado, se las mandó copiar Su Majestad a Rubens, para quedarse con las copias; como eran la Europa y los Baños de Dia¬ na; pero no habiéndose efectuado dicho matrimonio, se quedaron acá los originales y las copias. Y vuelto Rubens a Flandes y habiendo Su Majestad fabricado el Palacio de la Torre de la Parada (tres leguas de Madrid), gustó de adornarle de diferentes pinturas de fábulas y monterías de mano de Rubens; para lo cual se le enviaron a Flandes los lienzos ajus¬ tados a los sitios; los cuales executó con grande acierto; y para los animales se valió de Azneira ** y Pedro de Vos, discípulos suyos, eminentes en esta línea. Hizo también Rubens de orden del Señor Felipe Cuarto los cuadros y los cartones para aquella célebre Tapicería, de los Triun¬ fos de la Nueva Ley de la Iglesia y el Sacro Evangelio; abatido el Gentilismo y todos los Ritos Antiguos; cuya composición es en extremo caprichosa y erudita, como se ve en dicha Tapicería y en los cuadros originales, que están en la Iglesia de Carmelitas Des¬ calzos de la Villa de Loeches, Fundación del Excelentísimo Señor Conde Duque de Olivares, cerca de esta Corte. Después, habiendo venido a Francia el Duque de Buquingan, ♦ Error notorio: Rubens vino a España dos veces: en 1603 y en 1628. *♦ Franz Snyder. I07 — — para tratar el casamiento del Rey de Inglaterra (de quien era mqy valido) con hermana del Rey Cristianísimo, que se efectuó año 1625, comunicó muy estrechamente con Rubens (por su grande ca¬ pacidad y letras) sobre las paces de Inglaterra y España de parte de su Rey; de donde se originó su venida a Madrid, segunda vez, por orden de Su Alteza la Serenísima Señora Infanta Doña Isabel; de quien (como queda dicho) fué muy estimado, la cual envió a llamar a Rubens, y le despachó por la Posta desde la Corte de Bru¬ selas a la de España, por Embaxador extraordinario para el Tratado de Paces, donde llegó por el mes de agosto año de 1628. Trajo a la Majestad de nuestro Católico Rey y Señor Don Felipe Cuarto, ocho cuadros de diferentes asuntos y tamaños, que están colocados en el Salón antiguo entre otras famosas pinturas; y de ellos son el Robo de las Sabinas y la Batalla entre Sabinos y Romanos. Asis¬ tió en Madrid nueve meses, y sin faltar a los negocios de importan¬ cia, a que había venido; y estando indispuesto algunos días de la gota pintó muchas y excelentes cosas; ¡tan grande fué su destreza y facilidad! Retrató a los Señores Reyes e Infantes de medios cuerpos (para llevar a Flandes), hizo de Su Majestad cinco retra¬ tos, y entre ellos uno a caballo con otras figuras, que hoy están en el Salón grande, que es valiente pintura, de que Su Majestad le remuneró largamente; y demás de armarle Caballero y connatura¬ lizarle en España, le hizo Gentilhombre de su Cámara y de la Llave Dorada. Retrató también a la Serenísima Señora Infanta de las Descalzas, de más de medio hizo de ella diferentes copias; cuerpo, e de personas particulares hizo cinco o seis retratos. Copió las pin¬ turas de Ticiano, que tiene Su Majestad, que son el Adonis y Ve¬ nus, la Venus y Cupido, el Adán y Eva y otras muchas; de que llevó también diferentes borroncillos de su mano, como lo dice el Bellori. Y de retratos copió el de Lanzgrave, el del Duque de Sa- xonia, el de Alba, el de Cobos el simple; un Dux, veneciano y otros muchos cuadros, fuera de los que Su Majestad tiene. Copió el re¬ trato del Señor Rey Don Felipe Segundo entero y armado; mudó algunas cosas en el cuadro grande de la Adoración de los Reyes, de su mano, que está en Palacio en las Bóvedas. Hizo para Don Diego Mexía (grande aficionado suyo) ima imagen de la Concep¬ ción de dos varas; y a Don Jaime de Cárdenas, hermano del Duque de Maqueda, un San Juan Evangelista del tamaño del natural: y también hizo el célebre cuadro del Martirio del .Apóstol San .\n- — io8 — drés, que estála Iglesia de su nombre del Hospital de los Fia- en t meneos, en esta Corte; como también el de San Agustín en aquel duplicado favor de Cristo y su Madre Santisima; el cual está hoy en la Capilla de las Santas Formas del Colegio de la Compañía de Jesús de Alcalá de Henares; que parece cosa increíble haber pinta¬ do tanto en tan poco tiempo y en tantas ocupaciones y negocios de tan superior entidad. Con pintores comunicó p)oco (como dice Pacheco), solamente con Diego Velázquez de Silva (con quien antes se habia correspon¬ dido por cartas) hizo amistad por su modestia, favoreciéndole mu¬ cho sus obras; y fueron juntos a ver El Escorial. También comu¬ nicó mucho con Juan Bautista Crescencio, Marqués de la Torre, Caballero de la Orden de Santiago, Superintendente de las Obras Reales, hermano del Señor Cardenal Crescencio y persona de gran voto en todo lo tocante a esta nobilísima Arte; de quien se hablará en su lugar. Ultimamente, todo el tiempo que estuvo en esta Corte, Su Ma¬ jestad Católica y Ministros mayores hicieron grande estimación de ( su persona y talento; y Su Majestad le hizo merced de un Oñcio de Secretario del Consejo Privado en la Corte de Bruselas, por toda su vida; y de la futura sucesión para su hijo Alberto, que valía mil ducados de plata cada año. Acabados los negocios, cuando se despidió de Su Majestad, le dió el Conde-Duque de Olivares, de parte del Rey, una sortija que valía dos mil ducados. Partió por la Posta a 26 de abril del año siguiente de 1629 y fué en derechura a Bruselas, a verse con la Señora Infanta; y de allí a Inglaterra, donde, ajustadas las Paces el Rey Carlos Primero, honrando su persona, y conocida nobleza, y estimando su diligencia, su gran talento. Letras y eminencia en esta nobilísima Arte de la Pintura, le armó tercera vez Caballero y le dió, para adorno mayor del Escudo de sus Armas, un leopardo, así como lo traen los Reyes de Inglaterra en las suyas; y vuelto a Ambers, siendo de cincuenta años de edad, con poca diferencia, y con cien mil ducados de hacienda, casó segunda vez el año de 1630. Hizo otros juegos de cuadros y cartones para otras célebres Tapi¬ cerías; una de la historia de Decio Cónsul, cuando se sacriñcó por la libertad del pueblo romano; y otra de la historia de Aquiles. Hizo también las trazas de las máquinas y pinturas de los Arcos ' Triunfales para la entrada del Señor Infante Cardenal en Ambers log — — el año de 1635, el día 17, mostrando su grande erudición en las ins¬ cripciones, de que sacó libro particular, con todas las estampas, Gaspar Guebario Lugdunense (varón eruditisimo), con muy exce¬ lentes comentarios. Son también de su mano las pinturas de la Iglesia de la Compañía de Jesús de Ambers; como también las del Colegio de la Compañía de Jesús de Namur, en que está pintada la Vida de Nuestra Señora. Y, ñnalmente, son tantas las obras de Pintura de este eminente artiñce que las menos son las que se han nombrado; pues no hay Iglesia o Templo principal en Flandes que no esté ilustrado con sus pinturas; y lo mismo en Palacios de Prin¬ cipes y casas de personas nobles y acomodadas en todas las provin¬ cias de Europa. Pero no pasaré en silencio la célebre pintura suya, que está en la Capilla Mayor del Convento de Religiosas de la Con¬ cepción Francisca en la villa de Fonsaldaña, una legua de Vallado- lid, cuya belleza es tan maravillosa, como portentosa su grandeza, que dudo haya otro cuadro suyo mayor en España; y dicen le cos¬ tó a el fundador setenta mil reales Fué verdaderamente Pedro Pablo Rubens, entre los modernos, el que más ilustró los pinceles con su persona, calidad, virtud, lite¬ ratura, pericia, de lenguas, empleos, dignidades, privanzas y" ho¬ nores extraordinarios de Principes y Personas Reales, acompañan¬ do todas estas prendas con una gran modestia y trato apacible; y asi fué muy estimado del Rey Carlos de Inglaterra; y después de haberle servido en diferentes cuadros para la pieza de la Audiencia de los Embaxadores en el Palacio de Londres, le remuneró grande¬ mente, y lo creó Caballero a su usanza, quitándose la espada de la cinta delante del Parlamento y poniéndosela a Rubens; y entre otras preseas, le dió un anillo diamante, que se quitó del con un dedo, junto con otro cintillo, que todo valia diez mil escudos. La Señora Archiduquesa Isabela Eugenia le hizo también su Gentil¬ hombre de Cámara. Y últimamente, cargado dé riquezas y de ho¬ nores, vivió más como gran principe que como gran pintor; pues sólo su gabinete, cuando se fué a Inglaterra, se lo ferió el Duque de Buchingan en cien mil florines. Pero finalmente llegó la fatal de su muerte en Ambers el dia 30 de Mayo, año de 1640, a los se¬ senta y tres de su edad, dexando inmortal nombre y eterna fama a los siglos venideros; pues por sus grandes méritos, adornados de nobleza, dignidades y riqueza, le armaron Caballero (como diximos) * Son tres cuadros, hoy en el Museo de Valladolid, de atribución dudosa. — no — el Rey de España, el de Francia y el de Inglaterra. Y he sabido porcierto que la Señora Condesa de Verguei, mujer del Conde de Verguei, flamenco (que ha estado en esta Corte por el año 715 en grandes negociaciones de la Monarquía) es nieta de Pedro Pablo Rubens. IXXl.—JUAN DEL CASTILLO, PINTOR Juan del Castillo fué natural de la ciudad de Sevilla, y her¬ mano de Agustín del Castillo (el que vivió en Córdoba), fué dis¬ cípulo de Luis de Vargas y de los más adelantados de su tiempo; hizo excelentes obras en aquella ciudad, con las cuales adquirió tan gran fama, que su casa era la escuela más frecuentada de cuantos deseaban aprovechar en el Arte de la Pintura. Y así fué maestro del racionero Alonso Cano, de Bartolomé Murillo y Pedro de Moya. Después pasó a Granada, donde hizo algunas obras; y yo he visto en casa de un añcionado una pintura de im Santo Domingo (de su mano) azotándose con unas cadenas, en que se conoce la gran ma¬ nera de pintar que tenía, muy fresca y pastosa. Ultimamente, pasó a Cádiz, donde murió, por los años de mil seiscientos y cuarenta, y a los cincuenta y seis de su edad. * TJXXll.—JUAN MARTINEZ MONTAÑES, ESCULTOR Juan Martínez Montañés, natural ** y vecino de la ciudad de Sevilla, fué eminente escultor, como lo acredita el heroico Simulacro del Santo Mártir Godo Hermenegildo, que se venera en la Capilla de su nombre en la Santa Iglesia de aquella ínclita ciudad; y tam¬ bién la Imagen Peregrina de la Concepción Purísima en la Capilla de este Sagrado Misterio en la misma Iglesia. Y en el Real Con¬ vento de la Merced, casa grande, hay también de su mano una por¬ tentosa Imagen de Jesús Nazareno, con el título de la Pasión y con la Cruz acuestas, con expresión tan dolorosa, ¡que arrastra la devoción de los más tibios corazones! Y aseguran que el mismo artífice, cuando sacaban esta Sagrada Imagen, la Semana Santa, sa- * Sus fechas seguras son pocas: en 1611 vivía en Sevilla; en 1630-32 co¬ laboraba con Pacheco y con Legot en el retablo de S. Miguel de Jerez de la Frontera, ** Nació en Alcalá la Real el 16 de marzo de 1568. lía encontrarla por diferentes calles, diciendo ¡que era imposible a que él hubiese ejecutado tal portento! También en la Capilla de Monserrat, sita en el Real Convento de San Pablo de aquella ciu¬ dad, hay un Calvario de su mano (figuras del natural) donde Cris¬ to Señor Nuestro le habla a el Buen Ladrón, que parece se le pue¬ de escuchar la voz. Y en el Real Monasterio de la Cartuja de las Cuevas en dicha ciudad, hay en el trascoro dos Altares con los si¬ mulacros de los dos Santos Juanes, que admira su elegante sime¬ tría y proporción; como también el Santo Cristo, que dió a este Monasterio don Mateo Vázquez, Arcediano de Carmona; el Santo Domingo de Porta-Ccdi; y las dos cabezas de San Ignacio y San Francisco Javier de la Casa Profesa; y sobre todo el San Jerónimo en la Penitencia, en San Isidro del Campo. Obras todas con otras muchas de igual estimación, que le hicieron digno, no sólo de gran¬ des aplausos en Sevilla, sino de extendidos créditos en Italia. Mu¬ rió en dicha Ciudad por los años de mil seiscientos y cuarenta, siendo ya de muy crecida edad. * LXXIII.—£í/G£V/0 CAXES, PINTOR Eugenio Caxés, pintor del Rey nuestro Señor Felipe Cuarto, fué natural de esta Villa de Madrid, hijo y discípulo de Patricio Caxés (arquitecto y pintor insigne y natural de la Muy Ilustre Ciu¬ dad de Florencia), fué uno de los famosos pintores de esta Corte, como lo testifican muchas obras suyas; especialmente las pinturas del retablo de la Capilla Mayor del Convento de la Merced Cal¬ zada de esta Corte (excepto los dos de enmedio) juntamente con otras, que tiene en los ángulos del Claustro; que por ser unas y otras de su primera manera, no son tan conocidas; como también todas las de la bóveda de la Sacristía de la Capilla de Nuestra Se¬ ñora de los Remedios en dicha Casa. Y asimismo un cuadro de la Invención de la Cruz, el cual estaba en poder del Contador Obre- gón; pintura que asi en la disposición, como en el dibujo, colorido y perspectiva, es admirable y de lo mejor que se pueda ver. Executó también las pinturas de la Capilla Mayor del Convento de Religio¬ sos de la Orden de San Agustín, Calzados, de esta villa de Ma- ♦ Murió en 1649, a 18 de junio. — 112 — drid, y en ella el Martirio de San Felipe (Advocación de dicho Convento) y arriba la Asunción de Nuestra Señora, los cuales pe¬ recieron lastimosamente todo el retablo, y otras muchas pin¬ con turas, órganos y sillería del Coro en el incendio que padeció aquel Sagrado Templo el dia 4 de septiembre de 1718 años. Libráronse de esta desgracia otras del mismo autor, que una de ellas es el Mar¬ tirio de Santa Agueda, que estaba en un pilar de la misma Iglesia, y otro de San Joaquín y Santa Ana, cuando se encontraron en la puerta Dorada, que es muy excelente cuadro *, y está hacia los pies de la Iglesia, en la segunda Capilla, como entramos a mano Í2- quierda, en una hornacina a mano derecha; que es de lo mejor que hizo. Y en la Iglesia del Convento de la Victoria de esta Villa, una Historia de la Venida de el Espíritu Santo; y enfrente de esta pintu¬ ra está otra de su mano de la Trinidad de la Tierra; y en un ángulo del Claustro del Colegio de Doña María de Aragón, hay otra ex¬ celente de Cristo Señor Nuestro desnudo en su Pasión Santisima y su Madre Amantisima Dolorosa contemplándole. Y en San Martin, de Madrid, pintó un Nacimiento del Hijo de Dios en una Capillita, que está junto a la pila del agua bendita, hacia la puerta del cos¬ tado de la Iglesia, y a el otro lado otra pintura de la Adoración de los Santos Reyes Magos, que son obras maravillosas; como tam¬ bién lo es el Tránsito de Nuestro Padre San Francisco, substenido de dos ángeles, que está en la Capilla, que llaman del Obispo, con¬ tigua a la Parroquial de San Andrés, a el lado de la Epístola, a los pies de la Capilla, que parece de Tintoreto. Y para el cuerpo de la Iglesia de la Parroquial dé Santa Cruz hizo también una Anunciata, y por remate la Venida del Espíritu Santo **. Y en el Hospital de San Antonio de los Portugueses (hoy de las Niñas del Refugio), dos pinturas en los dos Altares colaterales, que la una es de Santa Isabel Reina de Portugal, y la otra de Santa Engracia con el clavo en la frente; todas las cuales obras, y otras muchas, que hizo, son honra del Arte, y de los artíñces españoles. Hizo también dós cua¬ dros célebres del Nacimiento de Cristo Señor Nuestro y la Adora¬ ción de los Santos Reyes para el Claustro del Convento de la San¬ tísima Trinidad de esta Corte; donde también tiene otros dos, aunque menores, del mismo asrmto y composición en ima Capilla, * Se en la Academia de San Femando. conserva ** Esposible que el boceto para este perdido lienzo sea el que está en la casa de Lope de Vega, procedente de las Trinitarias. — 113 — que está dicho Claustro a el otro lado de la Iglesia; y para la en del Convento de Santo Domingo el Real hizo la pintura del retablo- 'de Jesús, María y José; y arriba otro de la Encamación, con otras historiejas abajo. Y sobre todo el célebre cuadro de San Joaquín y Santa Ana con su Hija Santísima de la mano, y dos angelitos lle¬ vándole la falda; y arriba el Espíritu Santo, que está en la Iglesia de San Bernardo de esta Corte junto a la puerta principal hacia el Altar mayor, que es honra de los pintores españoles, y que pudiera competir con las más excelentes de los italianos; como también la que tiene del gran Jubileo de la Porciúncula, en xm ángulo del Claustro del Convento de Nuestro Padre San Francisco (además de otras muchas en diferentes sitios y Capillas) ¡que son cosa mara¬ villosa! Y especial la del Seráñco Patriarca, difunto, y en pie, en como le registró el Papa Nicolao Cuarto, que está en el ángulo que sale a la porteria; y es maravilloso cuadro *. También pintó en compañía de Vicencio Carducho al fresco las pechinas y otros vaciados y entrepaños que hay en la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario de la Santa Iglesia de Toledo; y el cuadro de San Pedro Cmcificado, compañero del San Andrés de Carducho, que está a los lados de la puerta de la sacristía de dicha Santa Iglesia. Y en la Capilla de los Reyes Nuevos un cuadro de la Adoración de los Santos Reyes, en competencia de otro de Pedro Orrente del Nacimiento de Cristo. Pintó también a el fresco en el Palacio del Pardo la Sala donde Su Majestad da las audiencias, que la trazó y adomó de estuques y cartelas doradas; y en medio de la bóveda pintó aquella célebre historia del primer juicio de Sa¬ lomón, del dividatur infans. En unos espacios pintó virtudes alusi¬ vas a el intento y en las lunetas algunos países; todo con gran ma¬ , gisterio y bizarría. También es de su mano toda la pintura de una Capilla (que es de la Pasión de Cristo Señor Nuestro) que está detrás del Sagrario, de la Santa Iglesia de San Justo y Pastor de Alcalá de Henares. Está repartida la historia en diferentes cuadros, que son cosa extremada; porque en ellos hay admirables desnudos. Murió en esta Corte por los años de mil seicientos y cuarenta y dos, y a los sesenta y cinco de su edad **. * Se conoce el dibujo: véase en Mayer: Dib. lám. 75 y en mis Dibujos •españoles, t. II, lám. CLXXXIV. Murió el 15 de diciembre de 1634. 114 — — 'LXXIV.—PEDRO OREENTE, PINTOR Pedro Orrente (que otros llaman Pedro Rente), natural de Murda, familiar del Santo Ofido de la Inquisición de aquella ciu¬ dad, y pintor insigne, fué discípulo del Bassan y de los más ade¬ lantados; estuvo en esta Villa de Madrid y en ella hizo famosas obras; y en el Buen-Retiro hay muchas pinturas de su mano (que se recogieron por orden del señor Conde-Duque de Olivares don Gaspar de Guzmán) para adorno de aquel palacio; y sin éstas hay otras innumerables en casas particulares; y en una he visto yo un juego de fábulas, cosa excelente, de su mano. Y en la Enfermería de la Orden Tercera de esta Corte hay una pintura suya del Jui¬ cio Final, y otra del Calvario en la Sacristía, cosa superior! Hizo asimismo en su Patria muchas e insignes obras, y en particular el Retablo de la Concepción de Nuestra Señora, en la iglesia de su advocación; y im cuadro de un Pastor bueno en la portería de San Francisco de Murcia; y otro Retablo pintó en la Murta (conven¬ to de Religiosos de la Orden de San Jerónimo) de diferentes his¬ torias de Christo y de Nuestra Señora; y también pintó en la ciu¬ dad de Valencia un Martirio de Santiago el Menor, siguiendo la Escuela Veneciana, e imitando al Bassan; y otro del Martirio de San Sebastián, que está en una capilla a los pies de la Seu de aque¬ lla ciudad, junto a la puerta principal; cuyo primer diseño, o bo¬ rroncillo, está en el claustro alto de las Señoras Descalzas de esta Corte. Además de esto hay en la Santa Iglesia de Toledo el céle¬ bre cuadro de Santa Leocadia cuando salió del sepidcro, que está encima de la puerta de la Sacristía, por la parte de adentro; y en la Capilla de los Reyes Nuevos, en dicha Santa Iglesia, un cuadro del Nacimiento de Christo S. N. en competencia de la Adoración de los Reyes, de Eugenio Caxès; en que (a la verdad) quedó muy ventajoso Orrente. Y en el Convento de la Reina, de Religiosas Jerónimas, hay dos cuadros en los altares colaterales, que serán de tres varas de alto, el uno de la Degollación de San Juan Bautista, y el otro de San Juan Evangelista en la tina de aceite; uno y otro cosa superior. Y en la Santa Iglesia de Córdoba tiene Orrente \ma pintura soberana de su mano, de la incredulidad de Santo Tomé, que está en una capillita a la parte de afuera del Coro, hacia el Patio de los Naranjos, frente de la Capilla de San Eulogio. Y ñnal- mente, son tantas las pinturas que hay suyas en templos y casas — >15 — particulares, especialmente de Historias de la Escritura Sagrada, y que es caso imposible el referirlas! Fué, pues, muy estudioso del natural, grande dibujante y colorista. Falleció de crecida edad en Toledo (donde vivió muchos años) cerca de los de mil seiscientos y cuarenta y cuatro, y está enterrado en la Parroquial de San Bar¬ tolomé *. UiXV.—FRANCISCO FERNANDEZ, PINTOR Francisco Fernández, natural y vecino de esta Villa de Ma¬ drid, fué excelente pintor y discípulo de los más adelantados de Vicencio Carducho. De su heroico pincel son los dos cuadros de San Joachin y Santa Ana, que están en un ángulo del Claustro de la Victoria, a los lados de un cuadro de la Concepción Purísima (que está en un nicho junto a la puerta que sale a la Lonja) que la in¬ juria del tiempo los tiene muy deteriorados; y yo los conocí cuan¬ do estaban en su ser y eran cosa excelente! Y en dicho Convento, en la ante-Sacristía, tiene otro cuadro del Entierro de San Fran¬ cisco de Paula, cosa superior. Y, finalmente, fué uno de los mejo¬ res ingenios de su tiempo, y como tal fué elegido para pintar en el Salón de los Retratos de los Reyes, de este Real Palacio de Ma¬ drid, en los cuales se puede ver lo excelente de su ingenio y natu¬ ral grande para la Pintura, aunque ya están disipados en diferentes sitios por haberse dividido aquel gran Salón en diferentes estancias. Fué segundo maestro del insigne Joseph Donoso, y murió desgra¬ ciadamente en lo mejor de su edad por los años de mil seiscientos y cuarenta y seis, pues le mató un amigo suyo, llamado Francisco de Baras (Maestro de niños en la calle del Prado), sobre unas pala¬ bras que tuvieron después de haber merendado con grande amis¬ tad. ¡Desengaño de los placeres de este mundo! Fué su muerte muy llorada de toda la profesión, pues apenas tenía cuarenta y dos años cuando murió, dejando marchitas las esperanzas que se habían con¬ cebido de tan lucido ingenio. TuXXVl.—GERONIMO HERNANDEZ, ESCULTOR Gerónimo Hernández, natural y vecino de la ciudad de Sevi¬ lla, fué escultor eminente, para cuyo abono basta el informe de * Las fechas de Orrente son: nacimiento, 1570; t, 19 de enero de 1645. aquel mudo elegante Simulacro del Máximo de los Doctores, que se venera en la Capilla de su nombre en aquella gran Metrópoli de la Santa Iglesia de Sevilla! Además de la de Christo Señor Nues¬ tro Resucitado, que celebra Pacheco (Libro i. Cap. 3), que está en la de San Pablo de dicha Ciudad, donde murió este grande ar- tíñce, p)or los años de mil seiscientos y cuarenta y seis, y a poco más de los sesenta de su edad, dejando en otras muchas obras de su mano otros tantos panegíricos de su eminente habilidad. Fué también grandísimo Arquitecto y tan gran Dibujante, que para cualquiera cosa que se le ofrecía al instante sacaba el lápiz (de que siempre andaba preverñdo) y la dibujaba con gran prontitud; ¡tan dueño estaba del dibujo! LXXVll.—LUlS TRISTAN, PINTOR Luis Tristán fué natural de un lugar cerca de Toledo y fué dis¬ cípulo de Dominico Greco, a quien excedió en el buen gusto y co- rección del dibujo; en que aprovechó tanto, que aun estando en casa de su maestro, se le ofreció a éste pintar un cuadro de la Cena de Christo Señor Nuestro, para el Refectorio del Convento de la Sisla, extramuros de la Ciudad de Toledo; y los Religiosos que¬ rían que fuese allá a pintarlo; y no pudien do darles ese gusto, por hallarse ya muy anciano e impedido, les dijo que allí tenia un mu¬ chacho de toda su satisfacción que le desempeñaría muy bien y los daria todo gusto. Aceptaron los Religiosos, y fué Lrás Tristán y ejecutó dicho cuadro muy a la satisfacción de toda la Comuni¬ dad; pero llegando al precio, dijo que no lo podía dar menos de doscientos ducados; los Religiosos se escandalizaron y acudieron a su maestro para que mediase. El hizo le buscasen un coche para ir allá, como con efecto fué; y habiendo visto el cuadro, comenzó a dar de palos a Tristán con la muleta, diciendo que era un picaro, deshonra de los pintores, que cómo había pedido doscientos duca¬ dos por aquella pintura; ¡qué bien se conocía su poco talento! ; que la arrollase y se la llevase a Toledo; pues no la había de dejar aunque le diesen quinientos ducados por ella. Los Religiosos, que al principio entendieron le reñía por lo mucho que había pedido, se quedaron yertos cuando oyeron el ñnal de la cuestión; y des¬ pués de muchos debates le hubieron de dar lo que quiso; y cierto que es un excelentísimo cuadro. No lo es menos el de San Luis Rey de Francia dando limosna a los pobres, que está en un ángulo del Claustro de San Pedro Mártir en Toledo *; como también las cuatro pinturas de las cuatro Pascuas, que están en el Altar Mayor del Convento de Religiosas Gerónimas, que llaman de la Reina, que son cosa superior **. Tam¬ bién hizo otro célebre cuadro de la Disputa de los Doctores, que se puso en público un día de función en Toledo, y fué muy aplau¬ dido. Y finalmente lo fué tanto su habilidad, que mereció que Ve- lázquez se aplicase a seguir su manera de pintar, por lo bien que le pareció, abandonando la de Pacheco su maestro ***. Murió Luis Tristán en Toledo por el año de mil seiscientos y cuarenta y nue¬ ve, y a los cincuenta y cuatro de su edad ; y se tiene por cierto que murió Sacerdote, pues de los pintores antiguos era llamado el Li¬ cenciado Tristán, pintor; y no se tiene noticia de otro de su ape¬ llido ****. LXXVIIL—jELOG/O DE DON DIEGO DE LUCENA, PINTOR DonDiego de Lucena, Caballero de ilustre sangre, oriundo del Andalucía y vecino de esta Corte, además de otras buenas pren¬ das con que le enriqueció la Naturaleza, fué excelente en el Arte de la Pintura y discípulo del gran Velázquez, y especialmente en los retratos se aventajó mucho; del cual hay varios en esta Corte, he¬ chos con superior e.xcelencia, en lo grande y en lo pequeño. Y con singularidad hizo el de Anastasio Pantaleón *****, ingenio bien co¬ nocido por sus heroicas prendas, asi en la Poesia como en todas buenas Letras, a cuyo asunto le hizo Anastasio a Don Diego un cé¬ lebre Soneto, que está impreso en sus obras al fol. 6i, pág. 2, que dice así: * Hoy en el Museo del Louvre; lo publiqué en Archivo, 1933, p. 61-2. ** La Pascua de Natividad firmada en 1620 se conserva en el Fitzwilliam Museum de Cambridge. *** Nótese esta observación con la que Palomino interpretaba la influen¬ cia que sobre Velázquez tuvo el Greco. F ¿e San Román: Noticias nuevas para la biografia del pintor Luis Tristán (1924) ha demostrado que Tristán fué enterrado el 27 de di¬ ciembre de 1624. ***** Ribera. A DON DIEGO DE LUCENA, PINTOR FAMOSO Y GRANDE INGENIO, HABIENDO RETRATADO AL POETA SONETO En esa, Diego, lámina, excedida Ni del Griego pincel, ni del Toscano A los esfuerzos debe de tu mano Segundo aliento mi segunda vida. Muda la imagen, vive consentida. No a más que el bulto persuadir humano. Nada el pincel la oculta soberano; Sólo la voz le niega colorida. No te adquiere esta copia la alabanza Por imitada bien; que los primores siempre son en tu obrar la menor parte. Mayor admiración, Diego, te alcanza. De que anime tu diestra los colores, Y pueda dar espíritus el Arte! Murió, pues, nuestro Don Diego en esta Corte, en lo más flo¬ rido de sus años, porlos de mil seiscientos y cincuenta, con gran sentimiento de los que habían disfrutado sus amables prendas. LXKIX.—ALONSO VAZQUEZ, PINTOR Alonso Vázquez fué natural de Ronda y vecino de Sevilla, don¬ de aprendió en la escuela de Luis de Vargas; fué pintor de muy buen gusto y colorido; sus figuras son esbeltas y muy airosas; fué gran dibujante y supo muy bien la Anatomía; como lo muestran los muchos y buenos desnudos que ejecutó en sus obras en dicha Ciudad, en cuya Santa Iglesia hizo las pinturas del Retablo de San Isidoro. Y en el Convento de la Merced Calzada muchos cuadros en el Claustro principal, en competencia de los de Pacheco. Y en el de San Francisco pintó también mucho en compañía de Antonio Mohedano en el ángulo que cae al lado del estanque del Claustro. Hizo tambión frutas con excelencia, como lo manifestó en el cé¬ lebre cuadro del Rico Avariento para el Duque de Alcalá; donde, entre otras cosas comestibles, pintó varias frutas con superior emi¬ nencia; fué muy excelente en pintar al fresco; tuvo sus principios — iig — en la Pintura de las Sargas al temple, que servían de colgaduras o brocateles a manera de tapices, lo cual duró, y los Guadamecíes mu¬ chos años España, según dice Pacheco, fol. 344, hizo los paños en con eminencia; pero los de terciopelo sin igual. Murió en dicha Ciu¬ dad por los años de 1650, y a los 61 de su edad. LXXX.—JUAN BAUTISTA MAYNO, DEL ORDEN DE PREDICADORES, PINTOR Fray Juan Bautista Mayno, del esclarecido Orden de Predica¬ dores, fué discípulo de Dominico Greco, antes de tomar el hábito en la ilustre casa de San Pedro Mártir en la Ciudad de Toledo. Lle¬ gó a ser de los más enñnentes pintores de su tiempo, como lo ca- liñcan sus obras en dicha casa, especialmente en el Altar Mayor de aquella Iglesia, los cuatro lienzos de las cuatro Pascuas *, donde hay excelentes desnudos y otras cosas hechas grandemente por el na¬ tural. Y a un lado hay también de su mano un San Pedro llorando, cosa maravillosa! Y también las pinturas de debajo del Coro son de su mano, y otras muchas en dicha casa. Pintó también para el Saloncete de las Comedias del Buen- Retiro un cuadro de una batalla, en que está el Conde-Duque de Olivares mostrando a las tropas un retrato del Rey nuestro Señor Phelipe Cuarto, ¡cosa verdaderamente estupenda y maravillosa! **. También hay muchas pinturas suyas en el Colegio de San Es¬ teban de Salamanca, especialmente en el Oratorio de Casa de No¬ vicios, hechas con extremado gusto y magisterio. Y, en fin, llegó a ser su habilidad tan notoria, que fué elegido para maestro del Señor Phelipe Cuarto, quien enseñó a dibujar, siendo Príncipe. Ultima- a mente murió en casa de San Pedro Mártir de Toledo con dicha grandes créditos de virtud y habilidad por el año de mil seiscien¬ tos y cincuenta y cuatro, y a los sesenta de su edad, con poca dife¬ rencia ***. * La Adoradón de los Magos está en el Prado, la de los Pastores y to Resurrecáón depositadas por el mismo Museo en el de Villanueva y Geltrú y la Pentecostés depositada en el Arqueológico de Toledo. ♦♦ En el Museo del Prado. Merece evidentemente los elogios que Palo¬ mino le tributa. *♦* Había nacido en el Milanesado en 1568; murió en Madrid el i.° de abril de 1649. LXXXl.—ANTONIO DE CONTRERAS, PINTOR Antonio de Contreras, natural de la Ciudad de Córdoba, de fa¬ milia muy ilustre de este apellido, aprendió el Arte de la Pintura en la escuela de Pablo de Céspedes; pasó a Granada, donde estu¬ vo algunos años, y se acabó de perfeccionar en el Arte, en que lo¬ gró una manera muy fresca y corregida. Pasó después a Bujalan- ce (Ciudad muy ilustre del Reinado de Córdoba), donde tomó es¬ tado de matrimonio, y se avecindó, y allí vivió hasta su muerte, por tener en aquella tierra im pedazo de hacienda de su mujer, y dos hermanas, que también fueron pintoras. Hizo muchas obras, asi para aquella Iglesia como para el Convento de Nuestro Padre San Francisco, y otros que hay en ella; y especialmente para ca¬ sas particulares, donde hay muchas y buenas, y las alcancé yo también en la casa de mis padres, como naturales y vecinos, que fueron de dicha Ciudad; aunque después de mi nacimiento se trans¬ firieron a Córdoba. Tuvo muy especial habilidad para retratos nuestro Contreras; y asi hizo el de Don Alonso Laynez de Cárdenas, natural de dicha Ciudad, y del Consejo de Su Majestad en el Real de Hacienda, que yo le vi entre otras pinturas de mano de Contreras; habiéndolo, hecho en la juventud de este caballero, y hallándose ya en la edad mayor, se conocía grandemente lo parecido que estaba, sobre bien, pintado y bien dibujado. Vi también otro retrato de su mano, gran¬ demente parecido, de Don Diego de Angulo, un Caballero de Cór¬ doba, que fué allí Veedor de las Reales Caballerizas; el cual tenía otras pinturas de nuestro Contreras, sin otras muchas que había en aquella Ciudad entre particulares y aficionados, que a la fama de tal artiñce acudían a Bujalance con el motivo de la cercanía de. solas seis leguas que dista de Córdoba. Murió, pues, en Bujalance por los años de mil seiscientos y cincuenta y cuatro, y a los sesen¬ ta y siete de su edad. LXXXIL—i(7/5 FERNANDEZ, PINTOR Luis Fernández, vecino y natural de Madrid, fué excelente pin¬ tor y discípulo de los más adelantados de Eugenio Caxès, no sólo al ólio sino al temple fresco; lo acredita y como una Capilla que- — 121 — está en la Parrochial de Santa Cruz, junto a la puerta de la Sa¬ cristía, cerrada con una reja, que toda está pintada de su mano; donde hay muy excelentes cuadros de historia a el ólio de la Vida de la Virgen; todo enlazado con muy buenos adornos, tarjetas y oro, según el estilo de aquel tiempo. Y después de haber hecho otras muchas obras públicas y particulares, murió antes de los se¬ senta años, en el de mil seiscientos y cincuenta y cuatro, con gran sentimiento de la profesión y de todos sus amigos, que tenia mu¬ chos, por su amable trato y excelentes prendas. l^XKKm.—PEDRO NUÑEZ, PINTOR Pedro Núñez, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué pintor insigne; estudió esta facultad en Roma y fué uno de los fa¬ mosos artiñces que pintaron retratos de los Reyes en el Salón que llamaban de las Comedias en este Palacio de Madrid; y también pintó algunos cuadros en el Claustro de la Merced de esta Corte, donde hizo demostración de su excelente habilidad. Murió en Ma¬ drid de poco más de cuarenta años en el de mil seiscientos y cin¬ cuenta y cuatro. Mereció ser coronado con el Laurel de Apolo del gran Lope de Vega al fol. 8o, donde dice asi: Pero porque es razón que participe Del Laurel la Pintura generosa, Juntos llegaron a la cumbre hermosa, Surcando varios mares, Vincencio, Eugenio, Núñez y Lanchares. LXXXTV.—FRANCISCO PACHECO, PINTOR Francisco Pacheco, natural y vecino de la Ciudad de Sevilla, fué pintor de fama en aquellos tiempos, tanto por sus excelentes obras como por su ingenio, capaz talento y erudición; parece ha¬ ber nacido por los años de 1580 *, de muy ilustre familia. Fué dis¬ cípulo de Luis Fernández, como él lo añrma en su lib. pág. 344,. pero no sabemos si fué el de Madrid u otro en Sevilla de este mis- * Fué bautizado en Sanlúcar de Barrameda el 3 de noviembre de 1564. — 122 — mo nombre; aunque también estuvo algunos años en Italia, donde t estudió mucho por las obras de Rafael, a quien fué sumamente añ- cionado, y le procuró imitar, como lo dice en su Libro de la Pin¬ tura, fol. 243 y 265. Y también estuvo dos años en esta Corte, como lo dice al fol. 361, y parece haber sido por el de 1610 y el de 611, según dice al íol. 451; pero eso no quita que estuviese también el año de 625. Hizo, pues, nuestro Pacheco muchas e insignes obras en aquella Ciudad y lugares de su contorno, con que adquirió gran fama y aplauso popular entre todos los artífices de su tiempo. Hizo con especial estudio las seis pinturas del Claustro de la Merced Calzada de Sevilla, en competencia de Alonso Vázquez y otras mu¬ chas obras, que pone en su libro; y especialmente la del Juicio Fi¬ nal, en Santa Isabel, y el gran cuadro del Arcángel San Miguel con el demonio a los pies, en San Alberto. Y la pinttira del Camarín del Duque de Alcalá, al temple, que contenía ocho fábulas, por la cual obra le dieron mil ducados *. Y también las dos piedras ága¬ tas que pintó para el Colegio de San Hermenegildo, donde también tiene pintado el desengaño de los Celos de San Joseph por el Angel , del Señor, la cual Pintura está en la Capilla de la Anundata de dicho Colegio al lado de la Epístola, y después de describir el caso, dice que lo demás es un país y un alegre cielo; bien que yo tengo por sin duda que el caso fué de noche, y asi lo persuaden todas las circunstancias. También tiene otra pintura de su mano en San Clemente el Real del Triunfo, y Refección de Christo Señor Nuestro en el Desierto, muy bien acompañada e historiada **. Y otra de San Juan Bautista en aquel ejemplar Monasterio de la Santa Car¬ tuja de Sevilla; y en Alcalá de Guadaira el célebre cuadro de San Sebastián para el Hospital de su nombre ***, donde hay una céle¬ bre Cofradía de la Misericordia que hace muchas obras de piedad, con que ganó la fama, que ha dejado a la posteridad, que si bien no tuvo gran gusto en el colorido, fué muy diligente y observante en el dibujo; y sobre todo muy teórico y especulativo en lo funda¬ mental del Arte. Y asi escribió un "Tratado de la Pintura, su anti¬ güedad grandezas, los hombres eminentes que ha habido en ella, y así antiguos como modernos", donde también pone algunas poesías suyas, en que tuvo gran genio: allí trata del dibujo y colorido; del * Se conserva in situ (Casa de Pilatos). ** He publicado el dibujo para esta obra fechado el 7 de octubre de • 1615 en Dibujos españoles, t. Ill, lám. CC. ♦** Se conserva. 123 — — pintara el temple y al olio; de la iluminación y estofado, en que fué eminente (como lo manifestó en diferentes Retablos), y en especial en la Imagen de talla de Nuestra Señora de la Expectación, que está Olivares, en el Convento de Recoletos Franciscos, que la en encarnó y estofó Pacheco (con gran primor). Y también trata del pintar a el fresco, de las encarnaciones de pulimento y de mate; del dorado bruñido y mate; y advierte el decoro con que se han de ejecutar las pinturas sagradas. Imprimióse dicho libro en Sevilla año de 1649. Fué maestro en esta Arte, en sus principios, de Don Diego Velázquez, a quien por su habilidad y buenas partes casó con su hija y llegó a ser pnitor de Cámara del Rey nuestro Señor Don Phelipe Cuarto. Fué Pacheco de familia muy ilustre y conocida en aquella Ciu¬ dad, y comotal fué recibido en ella por familiar del Santo Oñcio de la Inquisición y Censor de las Pinturas Sagradas, de que le hizo merced aquel Santo Tribunal, y se le despachó Título en 7 de marzo de 1618 años; y Juan Pérez Pacheco, su hermano, fué tam¬ bién familiar del Santo Oñcio de aquella Santa Inquisición; y un tío suyo, el Licenciado Francisco Pacheco, fué Canónigo de aque¬ lla Santa Iglesia; fué tan modesto que no se desdeñaba de ceder a su yerno y discípulo Velázquez; como lo dice en su libro primero de la Pintura, cap. 9, y así, aunque su pintura no fué la más gra¬ ta a la vista, es my digno de este lugar, por pintor especulativo, filósofo, docto, erudito, modesto, poeta, escritor y maestro del gran \'elázquez. Murió en Sevilla por los años de mil seiscientos y cin¬ cuenta y cuatro, y a los sesenta y cinco de su edad. Notáronle de seco y desabrido en su manera de pintar; y así dicen que habiendo pintado un Christo desnudo (que yo no sé si sería el que pondera tanto, que pintó para Don Femando de Còr¬ dova, tomando su Majestad la Túnica después de los azotes), le pusieron esta copla, que por ser muy notoria no he querido omi¬ tirla. Quién os puso así, Señor, Tan desabrido y tan seco? Vos me diréis que el Amor, Mas yo digo que Pacheco. Tanto puede la emulación de los contemporáneos de la misma Facultad 1 124 — — LXXXV.—£>/£G0 POLO, EL MENOR, PINTOR Diego Polo, pintor excelente, fué sobrino de otro Diego Polo,, buen pintor y natural de Castilla la Vieja; tuvo los principios de este Arte con Antonio Lanchares, español y famoso artifice, y des¬ pués de haber aprovechado muy bien en su escuela, pasó al Es¬ corial a estudiar por las pinturas de los famosos artíñces, que e;i aquel Real Monasterio están colocadas, donde se aprovechó mu¬ cho, y volviéndose a Madrid hizo algunas obras excelentes, como son un cuadro del Maná del Desierto para Alonso Portero, Escri¬ bano del Número de esta Villa; el cual, siendo visto por el famo¬ so Don Diego Velázquez, fué muy celebrado. Hízole también un San Juan Bautista, y al otro lado un San Joseph con el Niño Je¬ sús de la mano; también un San Roque, todas con singular acier¬ to. Y en la Iglesia de Santa Maria de Madrid pintó una Anuncia- ta, que está en la cúpula de la Capilla Mayor, que también es ex¬ celente pintmra, y todos la tienen por de Carreño. Pintó también el Bautismo de San Juan, que está en el cuerpo de la Iglesia del Carmen Calzado de esta Corte, que es xma pintura muy celebrada. Y en el Salón de los Retratos de este Real Palacio de Madrid, pin¬ tó el del Rey Don Ramiro Segundo, con el Sucesor, que está en el mismo lienzo; que aunque no es lo mejor que hizo (por ser enton¬ ces mozo), todavía compite con los demás, especialmente en el co¬ lorido, en que fué muy imitador del Ticiano. Hizo otras muchas obras, con que en el poco tiempo que vivió, ganó mucha opinión; y a no cortarle la Parca el hilo de la vida en lo mejor de su edad, hubiera sido de los sublimes ingenios de España. Murió a los trein¬ ta y seis años de su edad en esta Corte, por el de mil seiscientos y cincuenta y cinco. hXXXSJl.—JOSEPH HEONARDO, PINTOR Joseph Leonardo, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué condiscípulo de Francisco Camilo en sus principios, en la cé¬ lebre escuela de Pedro de las Cuevas, y llegó a ser pintor insigne entre todos los de su tiempo, y asi obtuvo la honra de pintor de su Majestad. Pintó con mucha frescura y suavidad, siendo muy general en 125 — - lodo lo queabraza esta facultad, y tan agudo y estudioso, que des¬ pués de haber ganado mucha opinión entre todos los famosos ar¬ tifices de su tiempo, y hecho muchas y excelentes obras en esta Corte, ejecutó el Salón del Retiro un gran cuadro de la En¬ para trega de ima Plaza, con grandes expresiones de afectos y grande¬ mente dibujado *. Perdió después el juicio, y con este trabajo vivió algunos años; y últimamente murió con la demencia en lo mejor ■de su edad, con grande sentimiento de todos los que le conocieron y trataron en su sano juicio, cuando apenas tenía cuarenta años de •edad, en el de mil seiscientos y cincuenta y seis EXXXVII.—Z)OM/iVGO DE LA RIOJA, MANUEL DE CON¬ TRERAS Y JUAN DE VEJARANO, ESCULTORES EntiempK) del Señor Phelip)e Cuarto fué muy excelente escul¬ tor Domingo de la Rioja, español y vecino de Madrid, el cual hizo una estatua de San Pedro del tamaño del natural, que se venera en la Iglesia de Antón Martín de esta Corte, ¡cosa excelente!, y enfrente de ella hay rm San Lázaro de un discípulo suyo, llamado Manuel de Contreras, que a mi ver se puede connumerar con las mejores estatuas que hay en la Corte. Concurrió dicho Rioja con su discípulo al vaciado y reparo de las estatuas de bronce que están en la pieza ocliavada de este Pa¬ lacio de Madrid en tiempo de Velázquez, y también a las demás que se vaciaron de estuco. Y en este tiempo hizo los leones de los bufetes del cuarto del Rey ** y el Santísimo Christo Crucificado, que está en la célebre Capilla del Convento de Antón Martin. Murió Domingo de la Rioja en esta Corte, por los años de mil seiscientos y cincuenta y seis. Del otro Juan de Vejarano tengo no¬ ticia que fué eminente escultor y contemporáneo de los dos refe¬ ridos, aunque no he podido saber de obra pública señalada suya, pero sí de algunas particulares, hechas con superior excelencia. Mu¬ rieron éste y Contreras poco después que Dmingo de la Rioja, en esta Villa de Madrid. ♦ No uno, sino dos cuadros pintó Leonardo para el Salón de Batallas del Buen Retiro—las tomas de Julieres y de Brisach—conservados en el Prado. ** No pintaba desde 1648. *** Habrá de entenderse que colaboró cuando se fundieron en bronce, pues se sabe que los modeló Giuliano Finelli. — 126 — LXXXVIIL—y05£FÍÍ DE RIBERA, EMINENTE PINTOR, LLAMADO EN ITALIA IL SPAGNOLETO Joseph de Ribera, español, fué natural de Játiva en el Reino de Valencia, bien que oriundo de Murcia, como lo acredita el ape¬ llido de Ribera, que es castellano, y familia muy conocida por ilus¬ tre en estos Reinos. Fue discípulo de Francisco de Ribalta, insig¬ ne pintor, y habiendo aprovechado mucho en su escuela, pasó a Italia, donde estudió en las eminentes obras de los antiguos, así de estatuas como de pinturas, y especialmente en la Academia Ro¬ mana se señaló tanto, que viéndole tan muchacho, le llamaban il Spagnoleto, de donde le quedó este renombre; y pasaba con tanta miseria, que a fuerza de su industria y las migajas de los dibujan¬ tes de la Academia, se mantenía sin más arrimo ni protección. Y estando un día dibujando por una de aquellas pinturas que ador¬ nan las calles de Roma, le vió y miró con atención un Señor Car¬ denal, que casualmente pasaba en su carroza; y considerando con piadosa y noble reflexión aquella puei'ilidad tan atenta a la espe¬ culación de sus dibujos y tan olvidada de la fortuna que aun ape-,, nas teníaandrajos con que cubrir sus carnes; le llamó y mandó ir a su casa, donde le vistió y favoreció tanto que los regalos hicie¬ ron en él lo que no pudo la necesidad, pues se iba viciando y apar¬ tando del fin que le sacó de su casa y Patria. Pero como en él era propensión lo que en otros sería violencia, volvió en si, y abando¬ nando la casa y conveniencias que lograba, se fué sin despedirse y se restituyó a su primer modo de vivir y de estudiar; y encontrán¬ dole tal vez el Cardenal, afeóle la acción y el mal término, mote¬ jándole de ingrato y desconocido Spagnoleto. Pero satisfecho de la pureza de su intención, le alabó virtuoso y le admiró peregrino, pues prefería los intereses de su estudio a las comodidades de su casa, y ofrecióle de nuevo su protección, que siempre agradeció con palabras y nunca admitió con obras. Aplicóse mucho a la escuela de Caravagio y consiguió aquella valiente manera de claro y obscuro en que iba cada día adelantan¬ do, con la repetida imitación del natural, y considerando que en Roma tendría muchos competidores y menos utilidad, pasó a Ná- poles, saliendo de Roma sin capa, por dejarla empeñada en una hostería, y llegando, como buen soldado, a valerse de un pintor de obrador público, le mandó éste pintar ima cabeza para reconocer 127 — — el grado de su habilidad; pero él la hizo tan aventajada y con tan valiente manejo, que admirado y gustoso el referido artífice, le re¬ galó y acarició mucho, y habiéndole mostrado toda su casa y bie¬ nes, le dijo: todo lo que has visto y sabido de mis haberes (que eran bastantes), será tuyo si quieres casarte con una hija única que me ha dado el Cielo, mediante el Santo Matrimonio, y para quien es todo cuanto tengo. Mas pareciéndole a Ribera que este ofrecimiento más era hacer donaire de su astroso pelaje que apre¬ cio de su corta habilidad, algo abochornado y con alguna españo¬ la alteración, le dió a entender su sentimiento. Pero el dicho artí¬ fice (que con seguro pronóstico penetraba lo que tan ciertos indi¬ cantes prometían) repitiendo sus ofertas, le aseguró de su satisfac¬ ción diciéndole:. que aunque su hija, por sus prendas y dote, mul¬ tiplicaba por instantes pretendientes, a ninguno la daría de me¬ jor gana que a un español tan virtuoso (que asi llaman en Italia al que tiene alguna habilidad), que hacía él más aprecio de un po¬ bre virtuoso y aplicado que de xm rico ignorante y presumido. En fin, nuestro Ribera quedó casado y abundante de todos los bienes de fortuna. Continuando su estudio y aplicación a la escuela de Ca- ravagio, en que se aventajó tanto que llegó a lo summo de la emi¬ nencia del Arte, dando relievo a sus obras con tal ferocidad que si no compitió, se aventajó a los más afamados de su tiempo. Vi¬ vió, pues, en dicha Ciudad de Nápoles, donde no sólo floreció en la fama, sino que abundó en riquezas y llegó a tener cuarto den¬ tro del mismo Palacio del Vi-Rey, con toda su familia. Pintó a el ólio los Profetas sobre los arcos de la Iglesia de San Martin de aquella Ciudad; y en el Altar de la Sacristía el cuadro de la Asun¬ ción de Nuestra Señora. Con esto y la protección del Vi-Rey, no quería reconocer superior en el Arte; y especialmente a el Domini- chino le dió muchas pesadumbres, hasta decir que no sabía pintar; y habiendo muerto éste, hizo aquella gran pintura en la Capilla del Tesoro, con el Milagro de San Genaro, cuando salía del fuego,, ¡cosa superior! Y llegó a tanto su crédito que abundaba en rique¬ zas, honra y estimación, pues el Pontífice le hizo merced del Hᬠbito de Christo, no tanto por lo ilustre de su casa (de que no se duda), cuanto por lo eminente de su habilidad; pues eran sus obras solicitadas de todos los Príncipes y naciones de Europa. No se deleitaba tanto Ribera en pintar cosas dulces y devo¬ tas como en expresar cosas horrendas y ásperas, cuales son los cuerpos de los ancianos, secos, arrugados y consumidos, con el ros- — 128 — tro enjutomalicento * ; todo hecho puntualmente por el natural, y con extremado primor, fuerza y elegante manejo, como lo mani¬ fiesta el San Bartolomé en el Martirio, quitándole la piel y des¬ cubierta la anatomía interior del brazo; el célebre Ticio, a quien el buitre le saca las entrañas, por castigo de su insolente atrevi¬ miento; los tormentos de Sísifo, de Tántalo y de Ixion, expresando (especialmente en éste) con tal extremo el dolor, atado a la rue¬ da, donde era continuamente herido y despedazado, que teniendo ios dedos encogidos para esforzar el sufrimiento; y estando esta pintura en casa de la Señora Jacoba de Vssel, en Amsterdam, a tiempo que estaba preñada, parió un chicuelo con los dedos enco¬ gidos, a semejanza de dicha pintura, por cuya causa fué traslada¬ da a Italia, y después, con las tres compañeras, y otras muchas, transferida a Madrid en el Palacio del Buen Retiro **. Pintó tambiéna Catón Vtizense rasgándose las entrañas con raro afecto espirando y con gran pasmo de los circunstantes; tam¬ bién al Sileno gruesísimo, desnudo y recostado, lampiño y corona¬ do de pámpanos y racimos, tomando el vaso de vino que un sáti¬ ro le echa de un odre que tiene sobre sus hombros, con otros mu¬ chos sátiros y faunos embriagados y caídos, cuya obra poseía en Ná- poles Gaspar de Romer ***, gran protector y aficionado de estas Artes. Hizo también ima gran figura de Hércules sentado y mayor que el natural, cosa prodigiosa, que hoy la tiene el Señor Conde de Salvatierra, con otras dos de Sísifo y Tántalo, de la misma mano, pero éstas muy deterioradas. Hizo también nuestro Ribera célebres cuadras del Nacimiento de Christo con expresiones muy singulares en los pastores y zaga¬ les, siempre buscando asuntos ocasionados a su genio para lograr con la obscuridad de la noche el mayor esfuerzo para el relieve; y así, pintó algunos cuadros que hemos visto de Concep¬ aunque ción y otros asuntos gloriosos (bien que siempre es bueno), se co¬ noce que no campea tanto como en los demás, donde podía usar contrapuesto obscuro y tener en todo presente el natmral. Y así hay en el Escorial, en el cuarto del Rey, un célebre cuadro del Na¬ cimiento, con estas observaciones, y otro en el expolio del Excelen¬ tísimo Señor Marqués de Heliche; sin omitir el San Juan que hay * Sk. ** Ticio e Ixión están en el Museo del Prado. *** Hoy en el Museo de Ñapóles. 129 — — de su mano, mancebito y riéndose abrozado con el cordero, con tal propiedad, que mueve a risa a cuantos lo miran; la cual pintura está en la Sala de Capítulo del Escorial. Es de su mano también el gran cuadro de la Concepción de Nuestra Señora, está en el Altar Mayor de la Iglesia de Santa que Isabel de esta Corte (bien que la cabeza de la Virgen, habiendo entendido las Religiosas que era retrato de una hija de Ribera, se la hicieron mudar a Claudio), pero todo el cuadro es del Españó¬ lete; juntamente con el Apostolado que circunda dicha Iglesia, y otro de una Máter Dolorosa, con su Hijo Santísimo difunto, que está debajo del Coro, que es cosa admirable. También es de su mano im Cruciñjo maravilloso del tam.año del natural, que está en la Sala de Profundis del Colegio de Atocha de esta Corte. Tam¬ bién el cuadro de Concepción, que está en el Altar Mayor de la Iglesia de San Pascual Bailón (Fundación del Señor Almirante de Castilla) junto con otras cuatro que están en el Crucero, la una de San Andrés y la otra de San Pablo Hermitaño, al lado de la Epístola; al otro lado el Bautismo de Christo Señor Nuestro, y y la otra el Martirio de San Sebastián, sin otras muchas que hay en esta Corte en casas de señores y de algunos particulares aficiona¬ dos, transferidos por los Vi-Reyes de Nápoles. En el Escorial hay también muchas pinturas de su mano, ade¬ más de las que se han dicho, así en aquel gran Monasterio como en el Palacio. En Salamanca, también en el Convento de Monjas Agus- tinas, que llaman de Monte Rey, hay diferentes pinturas suyas en la Iglesia, especialmente un cuadro bellísimo de Concepción, un San Agustín y im San Genaro. En Córdoba, en la Sacristía del Convento de San Agustín, hay un bellísimo cuadro del Nacimiento de Christo Señor Nuestro y un San Gerónimo en el Oratorio de las casas de los Señores Acebedos, cosa estupenda; y, en fin, fuera nunca acabar hacer relación de todas sus obras, que verdaderamen¬ te fueron portentosas, y muchas; y con tal fuerza y relievo que no parecen pintadas, sino naturales, sobre que se me ofrecee prevenir una cosa, en que muchos han consentido de lo relevado de sus pin¬ turas, que parece están abolladas por detrás, y asimismo otras de los antiguos, así, sino que consiste en la calidad del lienzo, y no es que con el tiempo se abolla en aquellas partes que están más car¬ gadas del albayalde, lo cual tengo experimentado si el lienzo es del¬ gado o muy abierto de poros. Ultimamente, después de haber ilus¬ trado a toda Europa nuestro Ribera con sus pinturas, murió en 9 I30 — — Nápoles, con universal sentimiento, por los años de mil seiscien¬ tos y cincuenta y seis, y a los sesenta y siete de su edad, dejando inmortalizado su nombre por todo el dilatado curso de la posteri¬ dad *. Quedóle una sola hija de su matrimonio, la cual casó con cierto Título de Nápoles. Fué Ribera Académico romano, lo cual y ■SU naturaleza consta de un cuadro de su mano del Evangelista San Matlieo, que yo he visto, y está ñrmado en un papel fingido, que dice así : Jusepe de Ribera Español, de la Ciíidad de Xativa, Rey- no de Valencia, Académico Romano. Año de 1630. Y en la estam¬ pa del Baco, abierta de agua fuerte de mano del Españólete, está ■en una piedra esta ñrma: loseph. à Ribera Hisp. Valent. Setabens. F. Partenope, an. 1628. Partenope, es lo mismo que en Ñapóles, y Setabensis, es natural de Játiva, hoy San Felipe. Dejó, entre otros papeles de su mano, una célebre escuela de principios de la Pintu¬ ra, tan superior cosa, que la siguen, no sólo en Italia, sino en todas las provincias de Europa, como dogmas infalibles del Arte. IXXXVR.—GREGORIO BAUSA, PINTOR VALENCIANO Gregorio Bausá, natural de Mallorca y vecino de la Ciudad de Valencia, fué pintor excelente y discípulo de Francisco Ribalta y de los más aprovechados de su escuela, como lo califican sus obras en dicha Ciudad, y especialmente en el Convento de San Felipe de Carmelitas Descalzos, donde el cuadro del Altar Mayor (que es el Martirio del Santo) es de su mano, ¡cosa excelente!, y que pa¬ rece del mismo Ribalta; y en el Convento de los Trinitarios Cal¬ zados todas las pinturas de los Claustros (que son Martirios de di¬ ferentes Santos de la Orden) son de su mano, ¡también cosa supe¬ rior!, aunque ya deteriorados del tiempo. Murió de más de sesen¬ ta años en dicha Ciudad de Valencia, por el de mil seiscientos y cincuenta y seis. XC.—FELIX GASTELO, PINTOR Félix Castelo, natural y vecino de esta Villa de Madrid, pin¬ tor célebre, fué discípulo de Vicencio Carducho y salió tan aven- * Nació en Játiva el 17 de febrero de iSQi; murió en Nápoles el 2 de setiembre de 1652. — 131 — tajado, que fué de los que pintaron en el Gran Salón de los uno Retratos de los Reyes de España en este Palacio de Madrid, don¬ de desempeñó muy bien la buena escuela, en que se había criado y el grande ingenio de que le había dotado el cielo para esta fa¬ cultad. i , Son de su mano los dos cuadros del Martirio, hicieron los que judíos en la eñgie del Santo Cristo de la Paciencia, que están a el lado del Evangelio en la Capilla del Santísimo Cristo, del conven¬ to deCapuchinos de la Paciencia en esta Corte; y están hechos con grande propiedad, dibujo y expresión de efectos. Murió en Ma¬ drid, después de haber adquirido gran fama con sus eminentes obras, por el año del mil seiscientos y cincuenta y seis, y a los cincuenta y cuatro de su edad. XCL—FRANCISCO DE HERRERA, LLAMADO EL VIEJO, PINTOR Francisco deHerrera, el Viejo, pintor, arquitecto y tallador de bronces, vecino natural de la ciudad de Sevilla; fué discípulo en y el Arte de la Pintura de Francisco Pacheco, con cuya doctrina y su natural inclinado a el trabajo, se hizo lugar y ganó opinión de muy buen pintor entre los artiñces de su tiempo. Hizo muchas y excelentes pinturas, asi en dicha Ciudad como en esta Villa de Ma¬ drid, adonde pasó por el año de 1640. Es de su mano rma Esta¬ ción del Claustro de la Merced Calzada de esta Corte, que contie¬ ne parte de la vida de San Ramón. Fué padre y maestro de Don Francisco de Herrera, que fué pintor del Rey y Maestro Mayor de las Obras Reales. Fué elpadre hombre verdaderamente insigne y mucho más pintor que el hijo; pues de las muchas obras que dejó en Sevilla ninguna ha descaecido como las de su hijo, porque no empastaba tanto de oolox como el padre, cuyas figuras parecen de bulto por la grande pasta de color que tienen, además del grande dibujo y fuer¬ za de claro y obscuro. Bien lo acredita el grande cuadro del Juicio Universal que está en la Parroquial de San Bernardo de Sevilla, y dos lienzos que tiene en el Convento de Religiosas de Santa Inés en dos Retablos, cuya valentía, fuerza y relievo de las figuras ad¬ mira a cuantos las ven; y la casta parece totalmente italiana; y con tal magisterio que parece lo pintaba todo con brochas. Hay un cuadro de Concepción de su mano en la Iglesia del Convento de la Merced, Casa grande en Sevûla; y en la Iglesia de San Al¬ berto, debajo del Coro, un San Miguel muy aventajado de su mano. Estuvo indiciado nuestro Herrera no menos que de monedero fal¬ so, y retrájose en la Iglesia de San Hermenegildo, donde habla he¬ cho el cuadro principal del Santo; y viéndolo el Señor Phelipe Cuarto cuando pasó a honrar aquellos Reinos de la Andalucía, le pareció tan bien que, pregxmtando de qué mano era, dijéronselo, y como estaba retraído entonces en aquella Casa, y preguntando el Rey la causa, dijéronle que por indiciado en labrar moneda; y dijo el Rey: en eso yo soy Juez y parte; llamádmele aquí. Vino el po¬ bre Herrera, púsose a los pies del Rey implorando su clemencia; y su Majestad le dijo: Quien tiene esta habilidad, ¿para qué ha menester más oro ni plata? Andad, que libre estáis como no volváis a incurrir en ello. Con lo cual debió a la Pintura y a la benigni¬ dad de tan gran Rey el salir de un tan notorio peligro, que le cos¬ tara no menos que la vida y la honra. Tuvo también singular gusto en pintar bodegoncillos con dife¬ rentes baratija de cocina hechas por el natural, con tal propiedad que engañan. Fué también excelente en pintar al fresco y al tem¬ ple, como lo maniñestan diferentes obras que en dicha Ciudad dejó hechas en sitios públicos, que inmortalizan su nombre. Tal fué la que ejecutó en la fachada de la portería de dicho Convento de la Merced que perecí'' por haber flaqueado la pared; pero de ella hay estampa abierta de su mano en madera. Son también de su mano, al fresco, las pinturas de la Media-Naranja y Pechinas de la Igle¬ sia de San Buenaventura. Pero al mismo tiempo siempre aseguran fué rígido e indigesto de condición, con lo cual no le paraban los discípulos en casa, pues a pocos lances buscaban maestro, como lo hizo Velázquez, mudándose en casa de Pacheco. Y así su hijo Don Francisco y una hermana suya tuvieron forma de quitarle a su pa¬ dre seis mil pesos y huir de su casa por su rígida condición, con los cuales la hija se entró Religiosa, y el Don Francisco se fué a Roma, donde se acabó de perfeccionar en la Pintura. Tuvo otro hijo, a quien llamaron Herrera el Rubio. Pintó mucho ridiculo, como bodegones y ñgurillas a manera de las de Calot, pero muy dibujado y de rara invención, y murió muy mozo en Sevilla; pero el padre murió en esta Corte el año de mil seiscientos y cincuenta y seis, y está enterrado en la Parroquial de San Ginés, Mereció nuestro — 133 - Herrera este elogio del gran Lope de Vega en su Laurel de Apolo ven la estancia siguiente, fol. i8; De Francisco Pacheco los pinceles, Y la pluma famosa, Igualen con la tabla, verso, y prosa. Sea Bético Apeleo, Y como rayo de su misma esfera, Sea el Planeta, con que nazca Herrera. Que viniendo con él, y dentro delia, Adonde Herrera es Sol, Pacheco Estrella. xcn.—FRANCISCO VARELA, PINTOR Francisco Varela, natural y vecino de la Ciudad de Sevilla, fué discípulo el Arte de la Pintura del Clérigo Roelas; y con tan en buena escuela consiguió una manera muy rumbosa, tierna y de un colorido muy fresco, y así logró en sus obras grande aplauso. Bien lo acreditan tres lienzos que adornaban el Altar Mayor de la Pa¬ rroquial de San Vicente en dicha Ciudad; Historias del Martirio del Santo, que se transfirieron a la Sacristía por haberse hecho nue¬ vo Retablo de escultura. También es de su mano un gran cuadro de San Miguel, que está en el Convento de la Merced (Casa gran¬ de), en la Capilla de la Expiración. Y además de esto hay muy ex¬ celentes cuadros suyos en casas particulares, que los tienen con grande estimación. Murió en dicha Ciudad por los años de mil seis¬ cientos y cincuenta y seis, y a poco más de los cincuenta de su edad. XC1ÏÏ.—FRANCISCO COLLANTES, PINTOR Francisco Collantes, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué gran pintor, especialmente en hacer países, como se ve en mu¬ chos que están con grande estimación en esta Corte, en diferentes casas algimos en el Retiro. Floreció en tiempo del particulares y reinado del Señor Felipe Cuarto. Es de su mano un Apostolado que está en la Sala de Capítulo de la Casa Reglar de San Cayeta¬ no, y un San Gerónimo, cosa excelente, que parece del Españólete, ■ique hoy está en poder de los Herederos de Don Juan de Montufar, 134 — — sin otros muchos cuadros sitios públicos y secretos que acredi-^ en tan la emineniia depincel. Tuvo también mucha gracia para his- su toriejas de mediano tamaño, que las hizo con excelencia, de las cuales hay algunas en el Buen Retiro, y especialmente una de la Resurrección de la Carne, cosa maravillosa, donde se ven muchos cadáveres salir de los sepulcros; otros a medio vestir los huesos de Carne; otros ya enteramente resucitados, que es cierto es un cua¬ dro de extremado capricho y habilidad *. Túvola también en pintar bodegoncillos, de que yo he visto algunos en poder de un aficiona¬ do, cosa excelente. Murió en esta Corte año de mil seiscientos y cincuenta y seis, y a los cincuenta y siete de su edad. XCIV.—PEDRO DE OBREGON, PINTOR Pedro de Obregón, pintor insigne, natural y vecino de esta Villa- de Madrid, fué discípulo de Vicencio Carducho y de los que más acreditaron su escuela; hizo muchas obras excelentes para casas particulares, y aunque en público tiene pocas, basta sola una (por superior) para hacerle digno de este lugar. Y es la que está en un Retablo que hay en la Sala de Profundis, antes del Refectorio del Convento de la Merced de esta Corte, que es de la Trinidad San¬ tísima, donde está el Padre Eterno con su Hijo Santísimo Difirnto- en los brazos para nuestro remedio, y el Espíritu Santo arriba, se¬ gún aquel texto de San Juan: Sic Deus dilexit mundum, vt Filium suum vnigenitum daret. Es, cierto, cosa maravillosa, y está firmado año de 1657. Son también de su mano los dos cuadros de San Joa- chin y Santa Ana, que están a los lados de la efigie de la Concep¬ ción Purísima en la Parroquial de Santa Cruz, que acreditan bien la eminente habilidad de su artifice. Murió poco después de dicho año. de más de sesenta de edad. Tuvo un hijo Sacerdote, Don Mar¬ cos de Obregón, que fué abridor de buril, y murió muy anciano- pocos años ha en esta Corte. XCV.—FRANCISCO GASSEN, PINTOR Francisco Gassen, natural del Principado de Cataluña, fué pin¬ tor insigne y muy semejante a Pedro Cuquet, su paisano y com- * En el Museo del Prado. 135 — — pañero en obras; y así pintaron juntos los lienzos del Claustro de- San Francisco de Paula y de la vida del Santo en su Convento de la Ciudad de Barcelona y la mitad de los de la vida de San Agus¬ tín del Claustro de su Convento en dicha Ciudad, donde murió de edad de sesenta años, por el de mil seiscientos y cincuenta y ocho. XCVI.—DOA JUAN GAJJVAN, PINTOR Don Juan Galván, pintor excelente de Zaragoza, fué natural de la Villa de Loesia y de Casa Solariega en el Reino de Aragón, de muy Antiguo Solar, y de conocida Nobleza; tuvo muchos parien¬ tes Caballeros de Hábito, especialmente de San Juan, y se pasea¬ ba en su coche por Zaragoza con mucha ostentación y grandeza. Fué insigne en el Arte de la Pintura e hizo muchas y admirables obras, con que ganó crédito para los presentes y futuros siglos. Es¬ pecialmente la cúpula que pintó a el ólio de Santa Justa y Rufina en el Asseu *, y el cuadro principal de los Carmelitas Descalzos de Santa Theresa, que es la Trinidad de la tierra; uno y otro de muy excelente gusto y grato colorido. Aprendió esta Arte en Roma, en que salió muy aventajado; y asi son sus pitnuras muy estimadas en todo el Reino de Aragón y fuera de él. Murió en Zaragoza por los años de mil seiscientos y cincuenta y ocho, a los sesenta de su. edad. XCVII.—Cií75rOB^L VELA, PINTOR Vela, natural de la Ciudad de Jaén y vecino de la Christoval de Córdoba, fué pintor de muy buena habilidad, y aunque tuvo en dicha Ciudad algunos principios en la escuela de Pablo de Cés¬ pedes, pasó a Madrid, donde se acabó de perfeccionar en la de Vi- cencio Carducho, y llegó a ser muy buen inventor y gran dibujan¬ te, aunque de poco gusto en el colorido. Volvió a Córdoba, donde hizo muchas obras especial la de la Iglesia y Claus¬ públicas, y en tro del Convento donde hay de su mano innume¬ de San Agustín, rables pinturas, asi de historias como de figuras solas, cosa exce¬ lente, en especial algunos Probetas con bien raros y caprichosos trajes. También son de su mano los cuadros Eintiguos que estuvie- * Sic por la Seo. — 136 — ron en la Capilla Mayor de aqxiella Santa Iglesia, y los dos cua- } dros que están en el Hospitalico de los Santos Mártires Acisclo y Victoria, junto a la Puerta de Colodro, que habiéndose hecho para dicha Santa Iglesia, parecieron tan desmesurados que no sirvieron, y se colocaron en dicha Ermita, donde como les falta la altura y distancia que debían tener, parecen irnos gigantes. Murió en dicha Ciudad año de mil seiscientos y cincuenta y ocho, a los sesenta de su edad, con poca diferencia; y fué desgraciadamente, porque te¬ niendo en su casa un jardinico, a que era tan aficionado, que gus¬ taba, nosólo de regarlo por su mano, sino también sacar el agua del pozo, por hacer ejercicio; para lo cual tenía dos cubos de co¬ bre, puesto cada uno al extremo de la soga; sucedió que quiso be¬ ber de uno de ellos, para lo cual le supesó un poco, y en este tiem¬ po se llenó de presto el de abajo y se hundió tan rápidamente que, arrebatando el cubo de arriba, le dió tal golpe a Christoval en la garganta con el borde, que le rompió una arteria, de lo cual mu¬ rió sin remedio aquella noche, y sin poder recibir el Santo Viáti¬ co, no siendo posible restañar la sangre que incesantemente echaba. i XCVIÍL—BARTOLOME ROMAN, PINTOR Bartolomé Román, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué discípulo de Vicencio Cardudio y de los m-ás adelantados que tuvo, bien que se perfeccionó en la escuela de Velazquez, como lo acredita el cuadro que está sobre los cajones de la Sacristía del Real Convento de la Encamación de esta Corte, cuyo asunto es aquella misteriosa Parábola de las Nupcias, que Christo Señor Nuestro predicó, para ejemplo del omato y disposición con que debem.os llegar a la Mesa al Soberano Sacramento de la Eucharis- tía, cuando el Padre de Familias mandó arrojar a las tinieblas ex¬ teriores a aquel infeliz que no traía el vestido nupcial; cuyo asun¬ to está delineado con tan superior magisterio que por solo esta obra se constituye acreedor de este lugar, y también por haber sido se¬ gundo maestro de Don Juan Carreño. Hizo otras muchas obras públicas y particulares, con que di¬ lató su nombre, y especialmente en Alcalá de Henares, en la Ca¬ pilla de S. Diego, de aquel célebre Convento de la Observancia de N. P. S. Francisco, son de su mano todas aquellas pinturas, excep¬ to la de San Francisco en la impresión de las llagas, que es de Alonso Cano; la de San Antonio, aunque la comenzó Cano, la pues acabó Román. También son de su mano las cuatro pinturas de los ánguols del Claustro del Colegio de Doña María de Aragón en esta Corte, que las otras son de los principios de Carreño y de Eu¬ genio Caxes. Y también en la Sacristía de los Padres Cayetanos de esta Corte hay un San Pedro llorando, hecho de su mano, con tal blandura y relievo, que parece cosa de Rubens. Murió en esta Corte por los años de mil seiscientos y cincuenta y nueve, a los sesenta y uno de su edad. XCIX.—M/C/ER PABLO, PINTOR, Y JUEZ DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA Micier Pablo fué Juez de aquellaReal Audiencia de Zaragoza, donde llevado de su afición aprendió el Arte de la Pintura, en que llegó a ser excelente, como lo manifiesta, entre otros muchos, el cuadro que hizo para el Oratorio del Conde de San Clemente, muy celebrado de todos los artífices, y tasado con grande estimación. Murió en dicha Ciudad por los años de mil seiscientos y cincuenta y nueve, y a los sesenta y seis de su edad. C.—ANTONIO DE HORFELIN, PINTOR Antonio de Horfelin * fué natural y vecino de la Ciudad de Za¬ ragoza, de donde habiendo tenido algunos principios en el Arte de la Pintura, pasó a Roma, deseando su mayor adelantamiento, como lo consiguió, con su grande aplicación a el estudio de esta Arte; y después de algunos años volvió a Zaragoza, donde dió testimonio de su eminente habilidad en diferentes obras, especialmente en el cuadro de San Joseph de los Carpinteros y los dos colaterales de la Iglesia de los Agustinos Descalzos, que uno y otro son cosa ex¬ celente. Murió en dicha Ciudad por los años de mil seiscientos y sesenta, y a los sesenta y tres de su edad. * Sería hijo de Pedro I'Horfelin de PouUíers (Ceán. II, p. 298.) - 138 - Cl.—JUAN VANDERHAMEN, PINTOR Juan Vanderhamen y León, pintor de los aventajados de su tiempo, fué natural de esta Villa de Madrid; su padre era flamen¬ co y pintor, de quien se tiene por cierto aprendió el Arte de la Pin¬ tura; su madre era española; y fué tan notorio el crédito de Van¬ derhamen en la Facultad de la Pintura, que Montalbán, en su libro de Para todos, le enumera entre los excelentes ingenios de Madrid,^ donde elogiando sus pinceles, dice: que en el dibujo, en el colori¬ do y en lo historiado, aventajó a la naturaleza (bien que si lo hu¬ biera dicho Velazquez u otro pintor de su tiempo, me hiciera más fuerza, porque no dejó de tener alguna sequedad de la manera an¬ tigua flamenca, pero de buen gusto), dice también que hizo extre¬ mados versos castellanos, con que probó el parentesco que tienen la Pintura y la Poesia (en esto me convence más). Es obra de su mano un cuadro que está en un ángulo del Claœtro de San Gil de esta Corte de Nuestra Señora con el Niño Jesús y San Antonio, cuando logró aquel estupendo favor, que verdaderamente está he¬ cho con extremado gusto y muy de sus primeros años, pues está firmado del año de 1628, y lo cierto es que se anticipó a su edad. No son menos excelentes seis cuadros de a dos varas de la Vida, y Pasión de Christo Señor Nuestro, que están en la Santa Cartuja del Paular; y otrs hay en esta Corte en el Claustro de la Santísi¬ ma Trinidad, entre los de Eugenio Caxes, sin otros muchos en di¬ ferentes partes, que son poco conocidos. Fué su habilidad muy uni¬ versal, pues no se redujo sólo a la historia, sino también a los re¬ tratos, que los hizo excelentes, y asimismo las frutas, flores, países y bodegoncillos, de que yo tengo dos de su mano, grandemente he¬ chos; pero en las flores fué tan eminente, que por tal le celebra. Pacheco en su Libro de la Pintura, fol. 421. Y así fué muy digno, no sólo del referido elogio de Montalbán, sino de otro no menos apreciable, del gran Lope de Vega, que dice así; SONETO Si, cuando coronado de laureles. Copias, Vander, la Primavera amena. El lirio azul, la càndida azucena, Murmura la ignorancia tus pinceles: Sepa la envidia, castellano Apeles, Que en una tabla, de tus flores llena. Cantó una vez, burlada, Filomena, Y libaron abejas tus claveles. Pero si las historias vencedoras de cuanto admira en únicos pintores. No vencen las envidias detractoras, Y callan tus retratos sus favores; Vuelvan por ti, Vander, tantas auroras. Que te coronan de tus mismas flores. Murió, pues, nuestro Vander en esta Corte, de edad de sesenta y seis años, en el de 1660, dejando inmortalizado su nombre con los testimonios de sus eminentes obras. Y fué Archero del Señor Phelipe Cuarto. CU.—ANGELO NARDI, PINTOR Angelo Nardi, pintor insigne italiano, fué discípulo de Pablo Veronés y vecino de esta Villa de Madrid, donde vivió muchos años, y fué pintor del Señor Phelipe Cuarto. Hizo muchas obras públicas y particulares, en que se conoce la escuela de Pablo Ve¬ ronés, como lo acredita el cuadro del Angel Custodio, de su mano, que está junto al púlpito en la Iglesia del Carmen Calzado de esta Corte, juntamente con el de encima, que es de Jesús, María y Jo¬ seph. Y también otro muy grande del Nacimiento de Christo Señor Nuestro, que está en el Retablo de la Sala de Profundis, jimto a la Sacristía del Convento de Nuestro Padre San Francisco de esta Corte, ¡que es excelentísimo cuadro! Y otro de la Concepción Pu¬ rísima en la Sala de Culpas de la Capilla de la Venerable Orden Tercera en dicha Casa. Y en la Enfermería de dicha V. Orden Ter¬ cera, sobre la Mesa del Refectorio de las Viudas de aquella habi¬ tación hay otro excelente cuadro de la Visitación de Santa Isabel. Y a los lados del Retablo de la Capilla de Santa Teresa, en la Igle¬ sia de los Carmelitas Descalzos, hay dos cuadros suyos, el uno del Arcángel San Miguel y el otro del Angel Custodio, ¡cosa excelen¬ te! Y también son de las pinturas de la Capilla Mayor su mano del Convento de Nuestra Señora de Atocha, y un cuadro de la Anunciata que está en la Sacristía de la Parrochial de San Justo. En Alcalá de Henares, todas las pinturas del Retablo de la Ca- 140 — — pilla Mayor del Colegio de la Compañía de Jesús, son de su mano, como también lo son las de todos los Altares de la Iglesia de las Religiosas Bernardas de dicha Ciudad. Fuécompañero de Vicencio Carducho en el pleito que siguió del Arte de la Pintura, sobre la exempción de la alcabala; y así les debe el Arte inmortal gratitud por tan señalado beneficio. Murió nuestro Angelo en esta Corte por los años de mil seiscientos y se¬ senta, y a los cincuenta y nueve de su edad *. Clll.—ESTEBAN MARC, PINTOR Esteban Marc fué natural de Valencia, gran pintor y discípulo •de Pedro Orrente, en cuya escuela aprovechó mucho; y en espe¬ cial tuvo gran genio para batallas, las cuales hizo con superior ex¬ celencia. Era de genio algo lunático y atronado; y para poder pin¬ tar con propriedad algunos instrumentos bélicos en las bateólas, ha¬ bía recogido gran número de armas y arneses, los cuales tenía col¬ gados en su Obrador, hasta la caja de guerra, lanzas, alfanjes y dardos, y poniéndose a discurrir el lance de batalla que se le ofre¬ cía pintar, se enfervorizaba de suerte que tomaba la caja o el cla¬ rín, tocaba a embestir, y echando mano de una cimitarra u otro instrumento, comenzaba a disparar golpes y cuchilladas por todo el aposento, de suerte que las paredes eran el blanco de sus iras, y aun los trastos no estaban seguros; de manera que el m.ancebo que le asistía procuraba escapar el bulto cuanto antes no fuera caso que participase de la colación que se repartía; y en estando poseído de este furor, hacía maravillas en las batallas, no siendo menos en otras historias; pues en la Capilla de la Comunión de la Parrochial de San Juan del Mercado hay un cuadro suyo de la Cena de Christo Señor Nuestro, ¡cosa excelente! No fué sólo extravagante Esteban Marc en el furor de las ba¬ tallas, sino también desbaratado en el gobierno de su casa y de su persona, y así era poco aplicado al trabajo, si no es cuando le es¬ timulaba el furor venático o la fuerza de la necesidad. Solía, pues, salir por la mañana de su casa y no venir hasta muy a deshora de la noche. Su mujer, que no llevaba muy bien estas jornadas, reci- * Vivía en 4 de marzo de 1663; en 8 de julio de 1665 ya había muerto. Su nacimiento fué en Vaglia di Mugeiio (Florencia) el 19 de febrero de 1384. 141 — — bíale ásperameate, y a pocos lances venía a descargar la tempes¬ tad sobre ella. La pobre, afligida, consultó su trabajo con su Con¬ fesor para ver qué medio tomaria. El Confesor, como prudente, le aconsejó lo que debía, y fué: que lo llevase por amor de Dios, pues veía imposibilitado el remedio, y que no le recibiese ásperamente, sino con mucha caricia y amor. Ella estudió muy bien la lección,, pero le salió siempre a la cara; ¡que pensar domesticar una ñera es trabajo inútil, sobre arriesgado! Y asi le sucedieron lances gra¬ ciosísimos, que por no ser muy decentes los omito. Acaeció, pues, un día, que habiendo salido de casa muy de ma¬ ñana, sin dejar providencia alguna para comer, no vino hasta la¬ una de la noche, y sólo trajo unos peces que cenar, y mandó que se los friesen luego. La mujer dijo que no habia aceite. Dijole a Juan Conchillos (que entonces era su discípulo), que fuese por él. Conchillos dijo: ¿Señor, adonde tengo de ir por el aceite, si están ya todas las tiendas cerradas? Pues dame el aceite de linaza (le dijo), que por Dios que se han de freir con él. Hizose así, y des¬ pués de fritos los peces, comenzaron a comer, y apenas los gusta¬ ron cuando cada uno pensó echar las entrañas (porque el aceite de linaza, gustado, es infame, y hervido es una peste). Esteban, que vió tal pistraje, cogió la cazuela con p)eces y todo y tiróla por la ventana. Conchillos, que ya le conocía el humor, tomó el foguer (que asi llaman en Valencia los alnafes * o braserillos de barro) y lo arrojó también por la ventana. Dióle tanto gusto esta acción a su maestro, que le abrazó y levantó tan alto, diciendo: ¡A visarrot Per Deu que tas portat! Pero el Conchillos no las tuvo todas con¬ sigo, temió no le arrojase a él por la ventana tras la cazue¬ porque la y el foguer. Después de todo esto dijo la mujer: ¿Y que tenim de sopar? ¡Que mencheu vanes jrecMdes per Deu!, que mes sopar, que esta festa; dijo, y se metió en la cama. Todo lo cual supe yo del mismo Conchillos, que cuando le traté era ya hombre de se¬ senta años, de muy buena razón y de mucha verdad. Con esta extravagancia vivió nuestro Esteban Marc, pero lo- cierto es, que especialmente en las batallas hizo cosas estupendas- y dignas de eterna memoria, de que hay muy repetidos ejemplares, que yo he visto en dicha Ciudad en poder de algunos aficionados. Murió en ella por los años de mil seiscientos y sesenta, siendo ya- de crecida edad. ♦ Anafres. CIY.—JUAN DE LA CORTE, PINTOR Juan de la Corte, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué muy buen pintor de países, batallas y perspectivas, como lo de¬ muestran sus muchas obras que están repartidas por diferentes ca¬ sas y palacios, dentro y fuera de esta Corte, y especialmente en el Retiro, en el Saloncete. Fué pintor del Rey, aunque no el de más lucida habilidad; pero en lo que más se aventajó fué en historiejas pequeñas, ya de fábulas o ya de la Sagrada Escritura, con algún trozo de perspectiva o país. Murió por el año de mil seiscientos y sesenta, y a los sesenta y tres de su edad. CV.—DON JUAN BAUTISTA CRESCENCIO, PINTOR Y ARQUITECTO Don Juan Bautista Crescencio (hermano del Señor Cardenal Crescendo) fué excelente pintar y arquitecto, de cuya mano hay en Palacio un lienzo de frutas y flores que dan testimonio de su excelente ingenio y habilidad en este Arte; como también en el de la Arquitectura lo manifestó en la maravillosa traza que dió para el Panteón de San Lorenzo del Escorial, cuya descripción pedía más dilatado campo, y donde a i6 ya 17 del mes de marzo del año pasado de 1654, con Vigilia, Misa y Sermón, trasladó el Rey nuestro Señor Don Phelipe Cuarto los imperiales cuerpos del Au¬ gustísimo Señor Emperador Carlos Quinto y su religiosísima Con¬ sorte la Serenísima Emperatriz Doña Isabel; y el del muy pruden¬ te Rey Don Phelipe Segundo y su Consorte la Señora Reina Doña Ana; y los del Señor Rey Don Phelipe Tercero, y su esclarecida Consorte Doña Margarita de Austria; y el Real Cuerpo de la Reina nuestra Señora Doña Isabel de Borbón, primera Esposa del Señor Phelipe Cuarto; quien hallándose tan bien servido del dicho Don Juan Bautista Crescencio, le honró con el Hábito del Sagrado Or¬ den y Caballería de Santiago, y con el Título de Marqués de la Torre, yle hizo otras muchas mercedes en premio de lo que tra¬ bajó en la Superintendencia de las obras reales de alcázares y pa¬ lacios, además de lo que se merecía por la recomendación de su gran sangre y eminente ingenio en todas las buenas Artes. Murió en esta Villa de Madrid año de mil seiscientos y sesenta, y a los sesenta y cinco de su edad.