143 - — CVL—DON DIEGO VELAZQUEZ DE SILVA CAVALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO, DE LA CAMARA DE SU MAGESTAD, &c. EN QUE SE INCLUYE LA VENIDA DE RUBENS A ESPAÑA, LA DE MIGUEL COLONA Y AGUSTIN MlTELl Y SUS OBRAS, Y TAMBIEN LA VE¬ NIDA DE MORELI § I- Nacimiento, padres, Patria y educación de Velázquez en el Arte de la Pintura. Don Diego Velázquez de Silva nació el año de 1594 * en la indita Ciudad de Sevilla, entre cuantas ilustra el Sol celebérrima; sus padres fueron Juan Rodríguez de Silva Doña Jerónima Ve¬ y lázquez; en ambos concurrieron prendas de virtud, calidad y no¬ bleza y ambos fueron naturales de Sevilla; usó más del apellido de la madre (abuso introduddo en algunas partes dd Andalucía, y que ocasiona grandes tropiezos en casos de pmebas) ; sus abuelos paternos fueron dd Reino de Portugal, de la nobilísima familia de los Silvas, a quien dió este renombre Silvio, póstumo hijo de Eneas Silvio, de los Reyes de Alvalonga, de qmen proceden por tradición inmemorial. Sus mayores sirvieron a los Reyes de aquel Reino, y experimentaron el imperio de los Hados; ascendieron a dignidades grandes; fulminó la suerte sus iras; alteró su estado, descendiendo desde su eminenda a padecer infortunios; no les dejaron otros ma¬ yorazgos más que sus servicios y valor, teniendo siempre por norte los méritos de sus progenitores. Tiene la Nobleza principio de la virtud de alguno de nuestros mayores, pero la generosidad se deriva de no d^enerar de aquella primera naturaleza. Velázquez, desde los primeros años, dió indi¬ cios de su buen natural y de la buena sangre que estaba latiendo en sus venas, aunque en moderada fortuna; sus padres le criaron (bien que sin ornato y grandeza) con la leche del temor de Dios; aplicóse a el estudio de las buenas letras, excediendo en la noticia de las lenguas y en la Filosofía a muchos de su tiempo. Dió mues- * 1S99. 144 — — tras de particular inclinación a pintar, y aunque descubrió ingenio,, promptitud y docilidad para cualquiera ciencia, para ésta la tenía mayor; de suerte que los cartapacios de los estudios le servían a veces de borradores para sus ideas. Su viveza imprimió en los pe¬ chos de sus padres opinión muy alta de su ingenio; que después, con el transcurso de los años, desempeñó tan aventajadamente. De¬ járonle seguir su inclinación, sin que se adelantase en otros estu¬ dios, porque a éstos le hallaban ya dedicado con propensión natu¬ ral o fuerza de su destino. Entregáronle a la disciplina de Francis¬ co de Herrera (a qtñen en Andalucía llaman Herrera el Viejo), hom¬ bre rígido y de poca piedad, mas en la Pintura y otras Artes, de consumado gusto. A poco tiempo dejó esta escuela y siguió la de Francisco Pa¬ checo, persona de singular virtud y de mucha erudición e inteli¬ gencia en la Pintura, de la cual escribió varios libros y compuso muy elegantes poesías, siendo celebrado de todos los escritores de su tiempo. Era la casa de Pacheco cárcel dorada del Arte, Academia y Es¬ cuela de los mayores ingenios de Sevilla. Y asi Diego Velázquez vivía gustoso en el continuo ejercicio del dibujo, primer elemento de la Pintura y puerta principal del Arte. Asi nos lo dice el mismo Pacheco con la sencillez y llaneza que acostumbra y con la verdad de Maestro. Con esta doctrina (dice) se crió mi Yerno Diego Ve¬ lazquez de Sylva; siendo muchacho, el qual tenia cohechado vn Aldeanillo, que le servia de modelo en diversas acciones, y posturas; yá lloraitd^o, yá riendo, sin perdonar dificultad alguna. Y hizo por él muchas de carbon, y realze en papel azul, y de otros muchos na¬ turales, con que grangeó la certeza en el retratar. Inclinóse a pin¬ tar con singularísimo capricho y notable genio animales, aves, pes¬ caderías y bodegones con la perfecta imitación del natural, con be¬ llos países y figuras; diferencias de comida y bebida; frutas y al¬ hajas pobres y humildes, con tanta valentía, dibujo y colorido, que parecían naturales, alzándose con esta parte, sin dejar lugar a otro, con que granjeó grande fama y digna estimación en sus obras, de las cuales no se nos debe pasar en silencio la pintura que llaman del Aguador: el cual es un viejo muy mal vestido y con un sayo vil y roto que se le descubría el pecho y vientre con las costras y callos, duros y fuertes, y junto a si tiene un muchacho a quien da de be- 145 — — ber. Y ésta ha sido tan celebrada que se ha conservado hasta estos tiempos el Palacio del Buen Retiro *. en Otra pintura hizo de dos pobres comiendo en una humilde me¬ silla en que hay diferentes vasos de barro, naranjas, pan y otras cosas, todo observado con diligencia extraña. Semejante a ésta es otra de un muchacho mal vestido, con una monterilla en la cabe¬ za, contando dineros sobre rma mesa y con la siniestra mano ha¬ ciendo la cuenta con los dedos particular cuidado; y con él está con im perro detrás, atisbando unos dentones y otros pescados, como sardinas, que están sobre la mesa; también hay en ella una lechu¬ ga romana (que en Madrid llaman cogollos) y un caldero boca aba¬ jo; al lado izquierdo está un vasar con dos tablas; en la primera están unos arencones y una hogaza de pan de Sevilla sobre un paño blanco; en la segunda están dos platos de barro blanco y una al- cucilla de barro con vidriado verde; y en esta pintura puso su nom¬ bre, aunque ya está muy consumido y borrado con el tiempo. Igual a ésta es otra donde se ve un tablero que sirve de mesa, con un al- nafe y encima una olla hirviendo y tapada con una escud lia que se ve la lumbre, las llamas y centellas vivamente; im perolillo es¬ tañado, una alcar.raza, unos platos y escudillas, un jarro vidriado, un almirez con su mano y una cabeza de ajos junto a él; y en el muro se divisa colgada de una escarpia una esportilla con un trapo y otras baratijas; y por guarda de esto un muchacho con una ja¬ rra en la mano y en la cabeza una escofieta, con que representa con su villanísimo traje im sujeto muy ridículo y gracioso. A este tono eran todas las cosas que hacía en aquel tiempo nuestro Velázquez, por diferenciarse de todos y seguir nuevo rum¬ bo; conociendo que le hablan cogido el barlovento el Ticiano, Al¬ berto, Rafael y otros, y que estaba más viva la fama cuando muer¬ tos ellos, valióse de su caprichosa inventiva, dando en pintar co¬ sas rústicas a lo valentón, con luces y colores extrañas. Objetáron¬ le algunos el no pintar con suavidad y hermosura asuntos de más seriedad, en que podía emular a Rafael de Urbino, y satisfizo ga¬ lantemente, diciendo: Qxie mas quería ser primero en aquella gro¬ sería, que segundo en la delicadeza. Celebrados han sido los que en esta especie de pintura han sa¬ lido eminentes y de consumado gusto. No sólo nuestro Velázquez siguió dictamen tan bajo; muchos ha habido, llevados de esta afi- * Hoy en Londres en Apsley House. lo — 140 — ción y genio particular de su idea; pues Pireico,célebre pintor de- la Antigüedad, dice Plinio, que siguiendo cosas humildes, alcanzó suma gloria y grande estimación en sus obras, por lo cual le dieron por sobrenombre Riparo grajos, dicción griega que quiere decir pintor de cosas bajas y groseras. Con estos principios los retratos, que los hacía excelentes, no y contentándose sólo confuesen parecidos en extremo, sino ex¬ que presar el aire y movimiento del sujeto (¡que tanta era su eminen¬ cia!), halló la verdadera imitación del natural, alentando los áni¬ mos de muchos a seguirle con su poderoso ejemplo, como refiere Pacheco, por haberle sucedido a él, pintando cosas de esta especie a su imitación. Compitió Velázquez con Carabagio en la valentia del pintar; y fué igual con Pacheco en lo especulativo. A aquel estimó por lo exquisito y por la agudeza de su ingenio, y a éste eligió por Maes¬ tro por el conocimiento de sus estudios, que le constituían digno de su elección. Traían de Italia a Sevilla algunas pinturas, las cua¬ les daban grande aliento a Velázquez a intentar no menores em¬ presas con su ingenio. Eran de aquellos artífices que en aquella edad florecían: un Paramancio *, Cavallero Ballioni **, el Lanfran¬ eo, Ribera, Guido y otros. Las que causaban a su vista mayor ar¬ monía eran las de Luis Tristán (discípulo de Dominico Greco), pin¬ tor de Toledo, por tener rumbo semejante a su humor, por lo ex¬ traño del pensar y viveza de los conceptos; y por esta causa se de¬ claró imitador suyo y dejó de seguir la manera de su Maestro; ha¬ biendo conocido, muy desde el principio, no convenirle modo de pintar tan tibio, aunque lleno de erudición y dibujo, por ser con¬ trario a su natural altivo y aficionado a grandeza. Diéronle el nom¬ bre de segundo Carabagio, por contrahacer en sus obras al natu¬ ral felizmente y con tanta propriedad, teniéndole delante para todo y en todo tiempo. En los retratos imitó a Dominico Greco, porque sus cabezas, en su estimación, nunca podían ser bastantemente ce¬ lebradas; y a la verdad tenia razón en todo aquello, que no parti¬ cipó de la extravagancia, en que deliró a lo último; porque del Grie¬ go podemos decir que lo que hizo bien, ninguno lo hizo mejor; y lo que hizo mal, ninguno lo hizo peor. Y últimamente lució el Arte Velázquez con la energía de los griegos, con la diligencia de los ro-^ * Pomerancio. ** Baglione. 147 - — manos la ternura de los venecianos y españoles; en cuyas. ■ y con obras setransformó, de suerte, que si faltara el número inmenso de ellas, se pudieran conocer en el breve mapa de las suyas. Ejercitábase en la lección de varios autores que han escrito de la Pintura elegantes preceptos; inqmría en Alberto Durero la Si¬ metría del cuerpo humano; en Andrés Bexalio, la Anatomía; en Juan Bautista Porta, la Fisionomía; la Perspectiva en Daniel Bár¬ baro; la Geometría, en Euclides; la Aritmética, en Moya; la Ar¬ quitectura, en Vitrubio, y el Viñola, y otros autores; en quien, con solicitud de abeja, escogía ingeniosamente para su uso y para pro¬ vecho de la posteridad, lo más conveniente y perfecto. La nobleza de la Pintura examinaba en Romano Alberti, escrita a instancia de la Academia Romana y Venerable Hermandad del glorioso Evan¬ gelista San Lucas; con la Idea, que escribió Federico Zucaro de los Pintores, ilustraba la suya y la adornaba con los preceptos de Juan Bautista Armenini. Y a ejecutarlos con presteza y brevedad apren¬ día en Michael Angelo Viondo. El Vasari le animaba con las Vidas ^ de los Pintores ilustres; y el Riposo de Rafael Borghini le consti¬ tuía erudito Pintor. Adornóse también con la noticia de sagradas y humanas Letras y otras cosas importantes para fecundar la men¬ te con todo linaje de erudición y noticia universal de las Artes. Así lo aconseja León Bautista Alberti por estas palabras: Má ben vo- j rres, chel Pittore fosse dotto, quanta possibil fosse, in tute, l'Arte Liberalí; má sopra tuto gli desidero, che sia perito ne la Geometria, Era también familiar y amigo de los poetas y de los oradores, por¬ que de semejantes ingenios recibía ornamento grande para sus com¬ posiciones. Y ñnalmente era Velázquez tan estudioso como requería la di- ñcultad de esta Arte; perseverando en ella, sin atender a más que la gloria y alabanza que con la sabiduría se adquiere; ñando en el tiempo y el trabajo, que mmca dejaron de dar honroso premio al que le busca. Cinco años tuvo de educación, y en ellos adelantó las obras a su edad. Tomó estado, escogiendo para su gusto y honor a ^ Doña Juana Pacheco, hija de Francisco Pacheco, familiar del San¬ to Oficio del Número de Sevilla y de familia muy calificada. Ex¬ cedió Velázquez a su suegro ymaestro en el Arte sin que le cau¬ sase emulación ni envidia; antes lo regulaba (y con razón) por j gloria propria; así lo confiesa él mismo; donde también se lamenta de alguno que quería atribuirse a sí la honra de haber sido su Pre¬ ceptor, quitándole la corona de sus postreros años, pues pasaban, — I4S — cuando lo escribió, de setenta; y habiendo hecho un elogio de Ró- mulo Cincinato, y entre otros de Pedro Paulo Rubens, dice: Diego Velazquez de Sylva, mi yerno, ocupa {con razón) el tercer lugar, a quien despues de cinco años de educación, y enseñanza, casé con mi hija, movido de su virtud, limpieza, y buenas partes, y de las esperanzas de su natural, y grande Ingenio; y porque es mayor la honra de Maestro, qua la de suegro, ha sido justo estorbar el atre¬ vimiento de alguno, que se quiere atribuir esta gloria, quitándome la corona de mis postreros años. No tengo por mengua aventajarse el Discípulo al Maestro {habiendo dicho la verdad, que es mayor.) Ni perdió Leonardo de Vinci en tener á Rafael por Discípulo; ni Jorge de Casteljranco a Ticiano; ni Platon á Aristóteles ; pues no le quitó el renombre de Divino. Esto se escribe, no tanto por ala¬ bar el sugeto presente {que tendrá otro lugar) quanto por la gran¬ deza del Arte de la Pintura; y mucho mas por reconocimiento, y reverenciaa la Catholica Magestad de nuestro Gran Monarcha Phe~ Upe Quarto, d quien el Cielo guarde infinitos años, pues de su li¬ beralmano ha recibido, y recibe tantos honores. § n Del primero y segundo viaje que hizo Velázquez a Madrid. En estos ejercicios divertia Velázquez los años de su juventud, mas no se olvidó la fortuna de sus méritos, pues revolviéndose el Universo, fué preciso que también alterase su sosiego. Nadie está tan olvidado que algún día no se acuerde de él la fortima, o para derribarle de su feUcidad o para levantar su dicha a nuevas pros¬ peridades. ¿Quien murió en el mismo estado en que abrió los ojos para reconocerse frágil porción de su primera madre la tierra? Puso suspensión a sus estudios y quiso en la Corte hacer demonstración del valor de su ingenio y adelantarse en el Arte, viendo las pintu¬ ras admirables de Palacio y otros Sitios Reales, templos y casas de señores, junto con las del Real Monasterio de San Lorenzo el Real, Octava de las Maravillas del mtmdo y primera en dignidad, obra digna del gran Monarca y segundo Salomón Phelipe Segundo, Rey de las Españas. Partió al ñn Velázquez de Sevilla acompañado sólo de un cria¬ do, dispuso su camino para Madrid, Corte de los Reyes de Espa- 149 — — ña y noble teatro de los mayores ingenios del Orbe. Llegó a ella por mes de abril del año de mil seiscientos y veinte y dos; aqui el se declaró la felicidad por su parte; visitáronle muchos nobles, rmos movidos de la amistad, otros de las noticias que tenían de su ha¬ bilidad y grande ingenio; fué muy agasajado de los dos hermanos Don Luis y Don Melchor de Alcázar, ñorido ingenio sevillano, que murió en la Corte de 37 años, el de 1625, llorado de las Musas con debidos lamentos, por faltarles en él uno de sus mayores laureles. Mostrósele particularmente afecto Don Juan de Fonseca y Figue- roa. Sumiller de Cortina de su Majestad; Maestre Escuela y Ca¬ nónigo de Sevüla; Varón clarísimo, que con la agudeza de su in¬ genio y mucha erudición no desdeñaba el ejercicio noble de la Pin¬ tura; y muy aficionado a la de Velázquez. Hizo éste, a instancia de Francisco Pacheco, su suegro, un retrato del insigne y admira¬ ble poeta Don Luis de Góngora y Argote (Racionero de la Santa Iglesia de Córdoba y Capellán de Honor de su Majestad), que fué muy celebrado de todos los cortesanos, aunque de aquella manera suya, que degenera de la última *. Y no habiendo tenido por enton¬ ces ocasión de retratar a los Reyes, aunque lo procuró, se volvió a su Patria. El año de 1623 fué llamado del mesmo Don Juan de Fonseca (librándole una ayuda de costa de 50 ducados por orden de Don Gaspar de Guzmán (Conde de Olivares y Duque de San Lucar, gran Canciller, Camarero Mayor y Valido del Señor Phelipe Quar¬ to), hospedóse en su casa, donde fué bien regalado y servido; hizo su retrato, llevólo a Palacio aquella noche un hijo del Conde de Peñaranda, Camarero del Serenísimo Señor Infante Cardenal; y en una hora lo vieron todos los Grandes y los Señores Infantes Don Carlos y Cardenal Don Femando, y el Rey, que fué la mayor ca¬ lificación que tuvo. Ordenóse que retratase al Señor Infante; pero pareció más conveniente hacer el de su Majestad primero, aunque no pudo ser tan presto por grandes ocupaciones; en efecto, se hizo en 30 de agosto de 1623 años a gusto de su Majestad y de los Se¬ ñores Infantes y del Conde Duque, que añrmó no haber retrata¬ do al Rey ninguno hasta entonces (habiéndolo emprendido Vicen- cio Carduchi, y Bartolomé, su hermano; Angelo Nardi, Eugenio Caxes y Joseph Leonardo), y lo mismo sintieron todos los Señores que lo vieron, como Don Juan Hurtado de Mendoza, Duque del * Hoy en el Museo de Boston. 15° - - Infantado, Mayordomo Mayor, el Almirante de Castilla y el Du¬ que de Uceda, el Conde de Saldada, el Marqués ara que puedan lisonjear con el descanso los primores más ocultos del arte, atendiendo sólo al interés de la fama de la posteridad, dándoles más y más ocasiones en que con¬ tribuyan al honor con los primores de su estudio; que éste es el premio que más acredita la excelencia del artífice; porque suspen¬ der el uso de su facultad, aunque con empleos honoríficos, es un linaje de premio, que parece viste disfraces de castigo; porque al que ha delinquido en la administración de su oficio, le suspenden el uso; ¿pues cómo para unos ha de ser premio lo que para otros ^ es castigo? Bien se deja considerar que lo más apreciable del ho¬ nor es el servir a la Majestad; pero sirvan éstos en aquella línea, por donde se encaminaron a obtener la gracia de su Soberano, y no en otras tan extrañas al curso de su ingenio; que por mucho que sirva en ellas, malogran lo más precioso del servir y del me¬ recer; pues para los empleos domésticos, sin más estudios que la común práctica, es hábil cualquiera mediano talento; mas para una habilidad superior, no es hábil cualquiera; porque la misma natu¬ raleza parece nos da a entender lo mucho que le cuesta el sacar un hombre eminente, echando a perder a tantos, como vemos en varias Facultades quedarse en la falda de la montaña sin poder pi¬ sar de la cumbre la eminencia. Y últimamente, para servir en cual¬ quiera empleo doméstico, se hallarán muchos que igualen y aun excedan al más celebrado artífice; mas para una obra de íngeníu peregrino, se hallarán muy pocos, y tal vez ninguno; luego será dictamen acertado disfrutar a un sujeto en aquello en que puede ser singular, y no en lo que sólo viene a ser común. Bien lo practicó así la Católica Majestad del Señor Carlos Se¬ gundo, pues habiéndole hecho a Lucas Jordán casi innumerables mercedes para sí y para los suyos, nunca le hizo merced que le i impidiese el curso de su habilidad; antes procuró excitarla con más y más ocasiones en que fructificase, ilustrando sus Palacios, Capillas- 174 — — y Templos; pues aun la llave de Furriera (de que Su Majestad le ^ hizo merced luego que vino a España, que es ayuda de Aposenta¬ dor) sólo fué para lo honorífico de la entrada, reservándole de lo oneroso de servirla. Laplaza de Aposentador Mayor de Palacio, sobre ser de tanto honor, es de tanto embarazo, que ha menester un hombre entero. Y aunque los profesores de la Pintura nos gloriamos tanto de la exaltación de Velázquez a puestos tan honoríficos, también nos las¬ tima el haber perdido muchos más testimonios de su habilidad pe¬ regrina para multiplicar documentos a la posteridad; pero la ap¬ titud de su persona a cualquier empleo, y el alto concepto que Su Majestad había formado, así de su virtud como de su talento, le constituyeron acreedor de mayores honras; pues todas parecían es¬ trechas a la profusión dilatada de sus méritos. Debió Don Diego Velázquez a Su Majestad tanto aprecio de su persona, que tenía con él confianzas más que de Rey a vasallo, tratando con él negocios muy arduos; especialmente en aquellas horas más privativas, en que los señores y los demás áulicos están retirados. Sucedió, en comprobación de esto, que cierto hijo de im ^ gran señor, con el ardimento de los pocos años, tuvo unas palabras algo destempladas con Velázquez, por no haber querido relajar al¬ guna formalidad de su oficio; y habiéndoselo contado a su padre, entendiendo haber hecho alguna gentileza, le dijo el padre: Con un hombre de quien el Rey hace tanto aprecio, y que tiene horas en¬ teras de conversación con Su Majestad ¿habéis cometido semejante yerro? Andad, y sin darle mucha satisjacción y quedar en su amis¬ tad, no tenéis que volver a mi presencia. Tanto era el concepto en que le tenían hasta los mismos señores; y tanto lo que Velázquez se supo merecer por su trato, por su persona, por su virtud y hon¬ rados procedimientos, a pesar de la torpe emulación, que nunca duerme, cebándose siempre en los esplendores ajenos: contagio pre¬ ciso de los dichosos, y de que sólo se indultan los infelices. § VII En que se describe la más ilustre obra de Don Diego Velázquez. Entre las pinturas maravillosas que hizo Don Diego Velázquez, í fué una del cuadro grande con el retrato de la Señora Emperatriz (entonces Infanta de España) Doña Margarita María de Austria, siendo de muy poca edad; faltan palabras para explicar su mucha gracia, viveza y hermosura; pero su mismo retrato es el mejor panegírico. A sus pies está de rodillas Doña María Agustina, Meni¬ na de la Reina, hija de Don Diego Sarmiento, administrándole agua en un búcaro. Al otro lado está Doña Isabel de Velasco (hija de Don Bernardino López de Ayala y Velasco, Conde de Fuensa- iida. Gentilhombre de Cámara de Su Majestad), Menina también, y después Dama, con un movimiento y acción proprisima de hablar; en principal término, está un perro echado, y junto a él Nicolasico Pertusato, enano, pisándolo, para explicar al mismo tiempo que su ferocidad en la ñgura, lo doméstico y manso en el sufrimiento; pues cuando le retrataban se quedaba inmóvil en la acción que le ponían; esta figura es obscura y principal, y hace a la composición gran armonía; detrás está Mari Barbóla, enana, de aspecto for¬ midable; en término más distante y en media tinta está Doña Mar¬ cela de Ulloa, Señora de Honor, y un Guarda Damas, que hacen a lo historiado maravilloso efecto. Al otro lado está Don Diego Velázquez pintando; tiene la tabla de los colores en la mano sinies¬ tra, y en la diestra el pincel, la llaw de la Cámara y de Aposen¬ tador en la cinta, y en el pecho el hábito de Santiago, que después de muerto le mandó Su Majestad se le pintasen; y algunos dicen que Su Majestad mismo se lo pintó, para aliento de los profesores de este nobilísimo Arte, con tan superior cronista; porque cuando pintó Velázquez este cuadro, no le había hecho el Rey esta mer¬ ced. Con no menos artificio considero este retrato de Velázquez que el de Fidias, escultor y pintor famoso, que puso su retrato en el escudo de la estatua que hizo de la Diosa Minerva, fabricándole con tal artificio, que si de allí se quitase se deshiciese también de todo punto la estatua. No menos eterno hizo Ticiano su nombre, con haberse retrata¬ do teniendo en sus manos otro con la efigie del Señor Rey Don Felipe Segundo; como el nombre de Fidias jamás se borró, y asi en cuanto estuvo entera la estatua de Minerva, y el de Ticiano, en cuanto durase el de el Señor Felipe Segundo, asi también el de Velázquez durará de unos siglos en otros, en cuanto durare el de la excelsa, cuanto preciosa Margarita; a cuya sombra inmortaliza su imagen con los benignos inñujos de tan Soberano Dueño. El lienzo en que está pintado es grande, y no se ve nada de lo — 176 — pintado, porque se mira por la parte posterior, que arrima a el ca¬ ballete. Dió muestras de su claro ingenio Velázquez en descubrir lo que pintaba con ingeniosa traza, valiéndose de la cristalina luz de un espejo, que pintó en lo último de la galería y frontero al cuadro, en el cual la reflexión o repercusión nos representa a nuestros Ca¬ tólicos Reyes Felipe y Mariana. En esta galería, que es la del cuar¬ to del Príncipe, donde se finge y donde se pintó, se ven varias pin¬ turas por las paredes, aunque con poca claridad; conócese ser de Rubens, y Historias de los Metaforsios * de Ovidio. Tiene esta ga¬ lería varias ventanas, que se ven en diminución, que hacen parecer grande la distancia; es la luz izquierda, que entra por ellas, y sólo por las principales y últimas. El pavimento es liso y con tal pers¬ pectiva, que parece se puede caminar por él; y en el techo se des¬ cubre la mesma cantidad. Al lado izquierdo del espejo está una puerta abierta, que sale a una escalera, en la cual está José Nieto, Aposentador de la Reina, muy parecido, no obstante la distancia y degradación de cantidad y luz en que le supone; entre las figuras hay ambiente; lo historiado es superior; el capricho, nuevo; y, en fin, no hay encarecimiento que iguale al gusto y diligencia de esta obra; porque es verdad, no pintura. Acabóla Don Diego Velázquez el año de 1656, dejando en ella mucho que admirar y nada que exceder. Pudiera decir Velázquez (a no ser más modesto) de esta pintura, lo que dijo Ceuxis de la bella Penélope (de cuya obra que¬ dó tan satisfecho) : In visurum aliquem, jacilms, quam imitaturum; que más fácil sería envidiarla que imitarla. Esta pintura fué de Su Majestad muy estimada, y en tanto que se hacía, asistió frecuentemente a verla pintar; y asimismo la Rei¬ na nuestra Señora Doña María-Ana de Austria bajaba muchas ve¬ ces, y las Señoras Infantas y Damas, estimándolo por agradable deleite y entretenimiento. Colocóse en el cuarto bajo de Su Majes¬ tad, en la pieza del despacho, entre otras excelentes; y habiendo venido en estos tiempos Lucas Jordán, llegando a verla, preguntóle el Señor Carlos Segundo, viéndole como atónito:, ¿Qué os parece? Y dijo: Señor, ésta es la teologia de la pintura; queriendo dar a entender que así como la Teología es la superior de las ciencias, así aquel cuadro era lo superior de la Pintura. * Sic por Metamorfosis. 177 — — § VII De las pinturas que llevó Velazquez al Escorial de orden de Su Majestad, y de las pinturas dd salón grande, que llaman de los Espejos. En el año de mü seiscientos y cincuenta y seis mandó Su Ma¬ jestad Don Diego Velazquez llevase a San Lorenzo el Real cua¬ a renta y una pinturas originales; parte de ellas de la almoneda del Rey de Inglaterra Carlos Estuardo, Primero de este nombre; otras que trajo Velázquez, y de que hicimos mención en el § s, y otras que dió a Su Majestad Don García de Avellaneda y Haro, Conde de Castrillo, que había sido Virrey de Nápoles, y a la sazón era Presidente de Castilla; de las cuales hizo Diego Velázquez xma descripción y memoria, en que da noticia de sus calidades, histo¬ rias y autores, y de los sitios donde quedaron colocadas, para ma¬ nifestarla a Su Majestad, con tanta elegancia y propriedad, que ca- liñcó en ella su erudición y gran conocimiento del Arte; porque son tan excelentes, que sólo en él pudieran lograr las merecidas alabanzas. El año de1657 quiso Diego Velázquez volver a Italia, y el Rey no lo permitió, por la dilación de la vez pasada. Pero deseando Su Majestad ver pintados al fresco los techos o bóvedas de algunas piezas de Palacio, por ser este modo de pintar el más apto para las paredes y bóvedas y el más eterno de todos los que los pintores usan y muy ejercitado de los antiguos. Vinieron de Italia para este efecto Micael Angel Colona y Agustín Miteli, a los cuales había comunicado Don Diego Velázquez en Bolonia, como ya hemos dicho. Llegaron a Madrid el año de 1658, donde fueron muy agasa¬ jados y asistidos de Don Diego Velázquez; aposentólos en la Casa del Tesoro, en un cuarto principal, y a su cargo estuvieron las pa¬ gas que cada mes se les hadan; en cuya disposición y concierto intervino también el Duque de Terranova, como superintendente de las obras reales. Pintaron los techos de tres piezas consecutivas del cuarto bajo de Su Majestad: en la una, el día; en la otra, la noche; en otra, la caída de Faetón en el rio Eridano, todo con nobilísima forma, ac- - 178 - ciones y artificio, y excelentes adornos de mano de Miteli, que en ' esto tuvo muy singular ingenio, como se califica en todas sus obras. En el mismo cuarto pintaron una galería, que tiene vista al jardín de la Reina; en ésta pintó Miteli todas las paredes, enla¬ zando algo la Arquitectura verdadera con la fingida, con tal pers¬ pectiva, arte y gracia, que engañaba la vista, siendo necesario va¬ lerse del tacto para persuadirse a que era pintado. De mano de Colona fueron las figuras fingidas de todo relieve e historias de bajo relieve de bronce y realzadas con oro, y los delfines y muchachos de las fuentes, que también eran fingidas, y los festones de hojas y de frutas y otras cosas movibles, y un muchacho negrillo, que bajaba por una escalera, que éste se fingió natural, y una pequeña ventana verdadera, que se introdujo en el cuerpo de la arquitec¬ tura fingida; y es de considerar, que dudando los que miraban esta perspectiva, que fuese fingida esta ventana (que no lo era), duda¬ ban que fuese verdadera, causando esta equivocación la mucha pro- priedad de los demás objetos, que eran fingidos. Pero la vicisitud de los tiempos deterioró de suerte el edificio, que fué forzoso repararle, * y abandonar tantos primores y maravillas del Arte, como lo califi¬ qué yo cuarenta años atrás, y no he querido pereciese su memoria. En este tiempo se consideró lo que se había de pintar en el salón grande, que tiene las ventanas sobre la puerta principal de Palacio; y habiendo hecho elección de la Fábula de Pandora, hizo Diego Velázquez planta del techo con las divisiones y forma de las pinturas, y en cada cuadro escrita la historia que se había de ejecutar. Comenzaron esta obra el año-de 1659, por el mes de abril; to¬ cóle a Don Juan Carroño el pintar al fresco el Dios Júpiter, y a Vulcano, su herrero e ingeniero mayor, mostrándole aquella esta¬ tua de mujer, que Júpiter le había mandado formar con la mayor perfección que su ingenio alcanzase, y en dónde había echado el resto de su saber: y así sacó una estatua prodigiosa y de singular hermosura. En término más distante pintó la fragua y oficina de Vulcano con sus yunques, bigornias y otros instrumentos de herre¬ ría, y en ella trabajando los cíclopes, a quien tenía por oficiales,, cuyos nombres eran Brontes, Estéropes, Piragmón. A Micael Colona le tocó pintar cuando Júpiter mandó a los Dioses que cada uno la dotase de algún don para que con esto que- f dase más perfecta; Apolo, la Música; Mercurio, la Discreción y Elocuencia; y, en fin, cada uno la enriqueció de aquello que era. 179 — — ' de su y por haber alcanzado tantos dones de los dioses, cosecha; le llamaron Pandora, en griego: de pan, que quiere decir todo; y de esta palabra Doran, que significa dotación; y los dos nombres juntos quieren decir dotada de todo. Vénse los dioses y diosas be- llísimamente colocados en tronos de nubes, con las señas proprias para ser conocidos, presidiendo a todos Júpiter sobre el águila, y abajo Pandora y Vulcano: ésta es la principal historia y la de en- medio del techo; su forma es algo aobada, y la de todo el techo algo cóncava. A Don Francisco Rici le tocó el pintar a Júpiter, dándole a Pan¬ dora un riquísimo vaso de oro, diciendo que allí dentro llevaba la dote para su remedio; que fuese a buscar a Prometeo, que era per¬ sona que le merecía, y que se dotase con lo que llevaba. En otra parte pintó a Pandora ofreciéndole a Prometeo aquel vaso de oro, el cual, con vivísima acción y movimiento, la despre¬ cia y despida de sí sin quererla acabar de oír; que como tan pru¬ dente y discreto conoció que era cosa contrahecha y algo fingida su * compostura, gallardia y eficacia que tenía en el persuadir. En tér¬ mino más distante se ve Himeneo, Dios de las Bodas, y un cupi- dillo, que se sale por una puerta, viendo inútiles allí sus armas. Conociendo Prometeo que Pandora había de ir a encontrarse con su hermano Epimeteo, le advirtió y dió aviso, por ser menor y poco advertido, que si acaso aquella mujer llegase por su puerta, por ningún caso la dejase entrar, porque era engañadora; Pandora se fué a casa de Epimeteo, en ocasión que supo estaba ausente Pro¬ meteo, y pudo obligarle tanto con el halago de sus dulces palabras, y Dersuadirle con tanta eficacia, que sin atender al consejo de su hermano ni a las consecuencias que podían resultar de afliccíon-.s y desasosiegos y otras cosas que trae consigo el matrimonio, se casó con ella. Este casamiento de Epimeteo y Pandora comenzó a pin¬ tar Carreño; y estando muy adelantado, le atajó una muy grave enfermedad, y así fué preciso lo acabase Ríd (de quienes son tam¬ bién las historias de las tarjas fingidas de oro, que están en los cuatro ángulos de la Sala), aunque después de algunos años, ha¬ biéndose ofrecido hacer andamies para reparar lo que maltrató la pintura unalluvia que sobrevino; volvió Carreño a pintar la dicha historia, casi toda a el ólio. ] A Miteli tocó el ornato que lo hizo con gran manera, enrique¬ ciéndolo con tan hermosa arquitectura, fundado y macizo ornamen¬ to que parece p)one fuerza al edificio; y lo que es muy digno de toda ponderación, la mucha facilidad y destreza con que está obra¬ do. Colona pintó algunas cosas movibles, festones de hojas, de fru¬ tas, de flores, escudos, trofeos y algunos faunos, ninfas y niños be- llisimos, que plantan sobre la cornisa relevada, que se fingió de jaspe, y ima corona de laurel dorada, que ciñe toda la Sala en tor¬ no. Quedó la pieza tan hermosa, que deleita los ojos, recrea la me¬ moria, aviva el entendimiento, se apacienta el ánimo, se incita la voluntad y está finalmente publicando todo majestad, ingenio y grandeza. El Rey subía todos los dias, y tal vez la Reina nuestra Señora Doña María Ana de Austria y las Señoras Infantas a ver el estado que llevaba esta obra; y preguntaba a los artífices muchas cosas, con el amor y agrado que siempre trató Su Majestad a los profesores de esta Arte. Para todas estas historias se hicieron excelentes dibujos o car¬ tones del mismo tamaño en papel teñido, que servía de media tinta al realce blanco, la cual manera de dibujar es muy celebrada y se¬ guida de grandes hombres: por lo cual dijo el Basari: Questo modo € molto olla pittoresca, e monstra più Vordme del colorito. Y los que hizo Colona fueron de extremado gusto, porque parecían coloridos: y fué la siendo el papel de im color azul natural, realza¬ causa que ba con yeso, mezclado con tierra roja, siguiendo la misma orden que en el pintar. Muchos pintores hay que para las obras al ólio huyen de hacer cartones del mesmo tamaño; mas para las obras al fresco, no se puede excusar, paracompartir la obra, que venga justa y medida; y ver el efecto que hace la elección y juicio de toda junta. Habiendo, pues, acabado Miteli y Colona las obras de Palacio, los Uevó el Marqués de Heliche al Buen Retiro, para pintar la er¬ mita de San Pablo, primer ermitaño; lo cual hicieron con no menor grandeza y arte. Ejecutaron allí la Fábula de Narciso, con admira¬ ble arquitectura, adornos y columnas que desmienten lo cóncavo de la bóveda. Y en el oratorio de esta ermita está rm cuadro de la visita de San Antonio Abad a San Pablo Ermitaño, de mano de Velázquez, cosa excelente. En un jardin, que el dicho señor Mar¬ qués tiene dentro de Madrid, cerca de San Joaquin, pintaron tam¬ bién muchas cosas; y es de admirar, de mano de Colona, el Atlante, agobiado, y sobre las espaldas una esfera oon todos los círculos y signos celestes. Está con tal arte obrada, que parece una estatua de todo relieve, y que hay aire entre la pared y la figura, causado del esbatimento o sombra que supone sacudir con la luz en la pa- — i8i — red. También pintaron en una fuente un adorno con dos términos, cosa de gran capricho; pero ya todo muy deteriorado de las inju¬ rias del tiempo. Había en este jardin muy excelentes obras de es¬ cultura y pintura, que ya todo se ha disipado. aquí los llevaron al Convento de Nuestra Señora de la Mer¬ De ced, para pintar toda la iglesia; y teniendo los dos concertada la obra con los religiosos, al pintar la cúpula murió Agustín Miteli a 2 de agosto del año de 1660. Lunes, día de Nuestra Señora de los Angeles, causando común sentimiento en toda la Corte la muer¬ te de un tan ilustre pintor, y en los religiosos muy gran pérdida: enterráronle en el mismo convento con gran solemnidad; y a su muerte se hicieron muy elegantes versos y el siguiente apitafio: Túmido honorario y elogio funeral enlas exequias que se hicieron a Agustín Miteli, a cuyas cenizas le hizo, en nombre de la Escuela de los Esteidios, un su aficionado. D. M. S. Augustinus Mitdi Bononiensis, pictor prceclarus. Naturas íemidus admirandus, ac perspectiva incomparabilis, cuius manu prope vivebant imagines, ipsa invida, occubuit Mantuœ Carperitanœ, postridie Kalendas Augusti, Anno M.D.C.L.X. H. S. E. S. T. T. L. Se suspendió esta obra con tan funesto como impensado acci¬ dente; y en tanto pintó Colona los techos de la casa de la huerta que labró el señor Marqués de Heliche en el Camino del Pardo (la hoy posee el Marqués de Narros), y donde también pinta¬ que ron muchos pintores, así españoles como extranjeros; estuvo esta obra a cargo de Don Juan Carreño y de Don Francisco Rici. Co¬ piáronse en las paredes los mejores cuadros que se pudieron haber, con mucha puntualidad. Hay de Rafael, de Ticiano, de Veronés, de Vandic, de Rubens, de Velázquez y de otros muchos, y con mar¬ cos de oro. también pintados, y colgaduras de telas ñngidas famo- sísimamente; y en las paredes de la casa, por la parte exterior, se pintó al fresco y se delinearon algunos relojes, con notables curio- sidades, que había de mostrar en tales días el Sol; lo cual la inju¬ ria deltiempo tiene ya arruinado. Aunque se suspendió la obra de la Merced por algún tiempo, se acabó la cúpula con grande acierto y aplauso de toda la Corte de mano de Miguel Colona; que aunque se aplicaba más a las figuras que a los adornos, no era por lo que ignoraba, sino por dejarle a Miteli aquel linaje de obra, en que era más excelente; y concluida, partió de Madrid para Italia por el mes de septiembre del año de 1662, aunque otros dicen pasó a Francia. § IX En que se trata de la imagen del Santo Cristo del Panteón y de la venida de Moreli a España. El año de 1659 llegó a España la imagen del Cristo Crucifica¬ do, de bronce y dorado, que mandó hacer en Roma, de orden del Rey, el Duque de Terranova, para la capilla Real del Panteón; Entierro de los Católicos Monarcas de España. Fué su artífice un sobrino de Julián Fineli (alievo o discípulo del Algardi), que sien¬ do mozo, mostró en esta obra más de lo que se esperaba. Traj-^ron- lo a Palacio por el m^es de noviembre, y fué visto de Su Majestad en la pieza ochavada, y luego mandó a Diego Velázquez diese or¬ den de llevarlo a San Lorenzo el Real y que fuese también aLá, para ver la forma que se había de tener en su colocación; hizolo como Su Majestad lo mandaba. En este año vino de París a Valencia Juan Bautista Moreli, na¬ tural de Roma, famoso estatuario, discípulo del Algardi, con el motivo de haberle sucedido en Francia no sé qué contratiempo, el cual le hizo forzosa la fuga, habiendo sido allá escultor muy esti¬ mado del Rey cristianísimo. Y habiendo labrado maravillosas cosas de barro, en figuras redondas y de bajo relieve, como se ve en las historias que labró en Valde-cristo (uno de los Monasterios de la Santa Cartuja en aquel Reino), y en otras cosas que yo he visto en Valencia en casa de Don Juan Pertusa (Caballero del Orden de Montesa, de las más ilustres casas de aquella Ciudad), y en otras partes, con tal excelencia, que parece le infundió Tintoreto su es¬ píritu y viveza, determinó de enviarle a Don Diego Velázquez al¬ guna obra de su mano, como a protector de esta Arte, y en quien siempre los profesores de todas hallaron la debida estimación y am- paro, como se experimentó en muchas ocasiones, de que pudiera hacer larga mención; y así envióle una carta, y con ella unos niños alados, con las insignias de la Pasión de Cristo de medio relieve; lo cual visto por Don Diego Velázquez y Juan Bautista del Mazo, su yerno, pintor de Su Majestad, que le sucedió en la plaza de pin¬ tor de Cámara), tuviéronlo por cosa superior y digna de la vista de Su Majestad, a quien se lo manifestaron con grande aprobación y complacencia del Rey, y asi se colocaron en Palacio puestos en sus marcos; y de Su Majestad (por mano de Velázquez) fueron re¬ munerados. Después, habiendo visto cuán bien habían parecido, envió Moreli otros barros y un Cristo difunto de todo relieve, gran¬ de y con algunos ángeles, que le tienen, llorando, con mucha pro¬ piedad; un San Juan Bautista; Niño Jesús dormido; un San Fe¬ lipe Neri de medio cuerpo y de todo relieve, como las antecedentes. Deseó Velázquez ver a Moreli y traerlo a Palacio, para que hi¬ ciese algunas obras; y habiéndole escrito en esta conformidad, no pudo venir a Madrid hasta el año de lóói, con el sentimiento de haberle faltado ya Velázquez. Trajo un buen número de estatua^ pequeñas de los dioses, observando en cada una aquellas partes en que fueron los griegos únicos; que es el semblante y acción vi¬ vísima conforme al sujeto representa. Si es Orfeo, tocando su que citara, explica lo sonoro del canto un chiquillo dormido a la dulc.' melodía de su acento. Cibeles con una corona de torres en sus sie¬ nes (que así la pintaban los antiguos), representa su grandeza; por¬ que los poetas fingieron que ésta fué la madre de todos los dioses. En Mercurio, como Dios de la Paz, la quietud de ánimo. En Mar¬ te, el furor. En Júpiter, el poder; y asimismo expresada en todas las demás; como Neptuno, Vulcano, Saturno y otros, que todas son dignas de grande aprecio y estimación. Estas estatuas se colocaron en Palacio en una estancia de las bóvedas del Jardín de la Reina. Mandóle Su Majestad a Moreli labrase una ñgura del natural del Dios Apolo desnudo, sólo con una banda que le honestase, y al lado derecho un niño bellísimo, que le tiene la lira; porque los antiguos le atribuyeron la Música. Bajaba Su Majestad frecuente¬ mente a verle modelar y esculpir; concluida esta figura, se puso en un jardín. Hizo otra estatua de barro de una musa, con un chi- cuelo al lado, que le tiene el instrumento músico; ésta se puso en un nicho de la escalera secreta del cuarto del Rey. Hizo el modelo de los mascarones de bronce dorados, que están en la fuente que se labró el año de 1662 en Aranjuez, con muchos caños de agua y — 184 — adornada de muchas estatuas de mármol. Y habiendo comenzado unos adornos de estuque en algunas piezas de aquel Palacio^ se quedaron sin acabar, del Señor Felipe Cuarto, y tam¬ por muerte bién por estar mal asistido de medios; y Moreli se volvió a Valen¬ cia, con ánimo de venir después a concluirlos, como con efecto vino; y preocupándole la muerte en Madrid, se quedaron así. Fué supe¬ rior, especialmente en el labrar o modelar de barro. § X Cómo Vdázqmz asistió, de orden de Su Majestad, al Embajador extraordinario de Francia, que vino a tratar las bodas con la Sere¬ nísima Señora Infanta de España Doña Maria Teresa de Austria, y de algunos retratos que hizo Vdázquez en este tiempo. Volviendo, pues, a el año de 1659, en el día 16 de octubre entró en Madrid el Mariscal Duque de Agramont, Gobernador de Vearne, Burdeos y Bayona, Embajador extraordinario del cristianísimo Rey Luis Décimocuarto, cerca de las felices nupcias de aquella Majes¬ tad con la Serenísima Señora Doña María Teresa Bibiana de Aus¬ tria y Borbón (entonces Infanta deEspaña) : entró en Palacio, apa¬ drinado del señor Almirante de Castilla; recibióle Su Majestad en el salón, arrimado a un bufete, y en pie; y así estuvo todo el tiem¬ po que duró la función. Estaba la Pieza de los Espejos adornada espléndida y ricamente; y debajo del dosel una silla de inestimable precio. Este adorno estuvo a de Don Diego Velázquez, como- cargo Aposentador Mayor, y del tapicero mayor; y habiendo gustado el monsieur Mariscal de ver despacio el cuarto del Rey, mandó Su Majestad Don Diego Velázquez le asistiese con mucho cuidado, a mostrándole lo más precioso y notable de Palacio. Lunes veinte de octubre, a las dos de la tarde, entró el monsieur Mariscal en Pa¬ lacio por la escalera secreta que sale al jardín del parque. Venía acompañado de sus dos hijos, el Conde de Quiche, Maestre de Cam¬ po de uno de los regimientos de las Guardias del Rey cristianísi¬ mo, y el Conde de Lovini y otros señores. Fué Don Diego Veláz¬ quez mostrándoles todas las piezas del Palacio, en que tuvieron mu¬ cho que admirar, por la multitud de pinturas originales, estatuas, pórñdos y demás riquezas de que se adorna su gran fábrica. Asimismo tuvo mucho que admirar en el adorno de las casas que visitó; y singularmente en la del Almirante de Castilla, la de Don Lms de Haro y Duque de Medina de las Torres, Conde de Oñate, quetienen excelentísimas pinturas originales. Cuando se fué el monsieur Mariscal a Francia, le dejó a Don Cristóbal de Gaviria, de la Orden de Santiago, Teniente de Capitán de las Guardias es¬ pañolas y conductor de Embajadores, un reloj de oro riquísimo,, para que se lo diese a Don Diego Velazquez. Este año de 1659 ejecutó Velázquez dos retratos, que Su Ma¬ jestad mandó hiciese, para enviarlos a Alemania al Señor Empera¬ dor: el uno fué del Serenísimo Principe de las Asturias, Don Feli¬ pe Próspero, que nació el año de 1651, miércoles, 28 de noviembre, a las once y media de la mañana; es uno de los más excelentes retratos que pintó, con ser tan dificultosos los de los niños, por la, viveza e inquietud que tienen. Pintóle en pie y con el traje que re¬ querían tan pocos años; tiene junto a si la montera con un plu¬ maje blanco sobre un taburete raso; al otro lado una silla carmesí, y sobre ella descarga blandamente la mano derecha; en la parte superior del cuadro hay una cortina; en lo distante de la pieza, en que se finge una puerta abierta, todo con extremada gracia y arte, y con aquella belleza de color y manera grande de este ilustre pin¬ tor; sobre la silla está una perrilla, que parece viva, y es retrata de una que estimaba mucho Velázquez. Parece que le sucedió lo mismo que a Publio, excelente pintor, que retrató a su querida pe¬ rrilla Isa, para hacerla inmortal, como lo dijo agudamente Marcial y lo pudo también decir de Velázquez. Banc, lux rapiat suprema, totam, ne Picta Fubliusexprimit tabella; Inquà, tam similem videbis, Issam, Ut sit tam similis sibi, nec ipsa. Issam denique pone cum tabella: Aut utramque putabis, esse pictam; Aut utramque putabis, esse veram. El otro retrato fué de la Serenísima Infanta Doña Margarita. María de Austria, muy excelentemente pintado y con aquella ma¬ jestad y hermosura de su original; a la mano derecha está sobre un bufetillo un reloj de ébano, con figuras y animales de bronce, y con muy garbosa forma; en medio tiene un círculo, donde está pintado el Carro del Sol; y en el mismo círculo hay otro pequeño, en el cual están compartidas las horas. — 18b — En este tiempo hizo otro retrato de la Reina nuestra Señora en una lámina deplata redonda, del diámetro de un real de a ocho segoviano, en que se mostró no menos ingenioso que sutil, por ser muy pequeño, muy acabado y parecido en extremo, y pintado con gran destreza, fuerza y suavidad; y cierto que quien en tan pe¬ queño espacio infunde tanto espirito, como se ve en este retrato, que parece (si pudieran caber celos en la naturaleza) los tuviera de él. Merece nombre inmortal, con más justa razón que alabanza, Merceli, de escultor famoso, por haber esculpido en un hueso de una guinda un navio, con todas sus jarcias, de suerte que puesta una abeja sobre la entena, le encubría todo con sus alas; causando tanto asombro esta obra, que dice Cicerón que por ella le quisieron poner en el número de los dioses; siendo asi que esto lo consigue quien tiene, junto con perspicaz vista, un gran lago de flema; y una delicada pintura, que parezca tiene alma, la consigue el que tiene profundo ingenio con muy largo estudio y práctica de muchos años. Pocas veces tomó los pinceles Diego Velázquez después; y así podemos decir fueron estos retratos las últimas obras y última en perfección de su eminente mano, que le elevó a tan superior esti¬ mación y aprecio, habiéndole favorecido tanto la fortuna, la natu¬ raleza y el ingenio, que sobre ser muy envidiado, se conservó mm- ca envidioso. Era muy agudo en sus dichos y respuestas: di jóle un día Su Majestad que no faltaba quien dijese que toda su habilidad se reducía a saber pintar una cabeza, a que respondió: Señor, mu¬ cho me favorecen, porque yo no sé que haya quien la sepa pintar. Notable efecto de la emulación en un hombre que con tan sobera¬ nos testimonios de cuadros historiados había acreditado su univer¬ sal com.prensión del Arte, en que dejó otros tantos documentos a la posteridad! § XI De la merced más singidar que hizo Su Majestad a Don Diego Ve¬ lázquez en premio de su virtud y servicios. El año de 1658 (hallándose Don Diego Velázquez con el Rey en El Escorial), considerando Su Majestad que el ingenio, habili¬ dad y méritos personales de otros servicios en Don Diego Veláz¬ quez le constituían acreedor de mayores adelantamientos, le honró con la merced de Hábito (el que eligiese) de una de las tres Orde- - I87 - nés Militares un día de la Semana de Ramos; y Velazquez eligió el del Orden Militar de la Caballería de Santiago. Ya no haberle preocupado la muerte, hubiera sido principio para ascender a ma¬ yores honras, según la aptitud de su persona, que ofrecía materiales para labrar más elevadas fortunas. Oí decir a persona de todo crédito, que habiéndose dilatado el despacho de las pruebas, por algún embarazo, ocasionado de la emulación (que la tuvo grande), habiéndolo entendido el Rey, man¬ dó al Presidente de Ordenes, Marqués de Tabara, le enviase los in¬ formantes, que tenía Su Majestad que decir en las pruebas de Ve- lázquez; y habiendo venido, dijo el Rey: Poned que a mí me cons¬ ta de su calidad; con lo cual no fué menester más examen. ¡Oh magnanimidad, digna de tan gran Rey!, perfeccionando por su ma¬ no la hechura, que había labrado, y se la pretendían deslucir; y excusándole al mismo tiempo el rubor de la detención, y los creci¬ dos gastos del nuevo informe. En fin, salió su despacho del Con¬ sejo de las Ordenes el jueves a 27 de noviembre y el viernes, dia de San Próspero Mártir, 28 de dicho m.es y año en el Convento de Religiosas de Corpus Christi, con las ceremonias acostumbradas y con gran gusto de todos recibió el hábito por mano del señor Don Gaspar Juan Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno, Conde de Nie¬ bla (que después fué Duque de Medina-Sidonia) ; fué su padrino el excelentísimo señor Don Baltasar Barroso de Ribera, Marqués de Malpica, Comendador de el Orden de Santiago. Volviéronle a Palacio, y fué de Su Majestad muy bien recibido y de todos los señores y criados del cuarto del Rey. Era este día muy festivo en Palacio, por ser de San Próspero, en que el Serení¬ simo Príncipe Próspero cumplía años; y así pudo Don Diego Ve- lázquez atribuirlo todo a muestras de su prosperidad; y aun el ex¬ perimentar en esta ocasión los combates de la envidia, porque la oposición perfecciona la virtud, y suele desmentir su esplendor, el no tener tinieblas en qué lucir. Horóscopo feliz y próspero fué, sin duda, el de su nacimiento; según el que describe Julio Firmico, en el cual, el que naciere, será en la Pintura excelente, y de ella con superiores honras ilustrado. Este año escribió Don Lázaro Diez del \'alle un elogio y no¬ menclatura de algunos pintores *, que por famosos han sido honra¬ dos con Hábitos de Ordenes Militares, y lo dirigió a Don Diego Velázquez, de que hicimos mención en el Tomo I, lib. 2, cap. 9, § 4. * Vid. Fuentes, t.° II, pgs. 321 y sgs. — i88 - § XII De la jornada que hizo Vélázquez con Su Majestad a Irún, y de su enfermedad y muerte. I El año de 1660, por el mes de salió de Madrid Don Die ¬ marzo, go Velázquez a aposentar a nuestro gran Monarca Felipe Cuarto en la jomada que Su Majestad hacía a Irún, acompañando a la Se¬ renísima Señora Infanta de España Doña María Teresa de Austria. Salió de Madrid Don Diego Velázquez algunos días antes que Su Majestad: llevaba consigo a José de Villa-Real, Ayuda de la Fu¬ rriera y Maestro Mayor de las Reales Obras, y otros criados de Su Majestad, necesarios en la jornada, todos de su jurisdicción y a su orden. Por aposentador de la Reina cristianísima iba José Nieto: la jornada empezó por Alcalá y Guadalajara; llegaron a Burgos, donde Velázquez tuvo orden de Su Majestad para que se quedase allí el Ayuda de la Furriera, porque Su Majestad se había de de¬ tener en aquella Ciudad; y prosiguieron los demás su camino hasta Fuenterrabía, donde aposentó Velázquez a Su Majestad en el cas¬ tillo, que ya tenía prevenido el Barón de Batebilla, Gobernador de la Ciudad de San Sebastián; y a su cargo estuvo la fábrica de la Casa de la Conferencia (que se formó en la Isla de los Faisanes, que hace el río Bidasoa, junto a Irún, en la provincia de Guipúzcoa). Embarcóse en una gabarra Don Diego Velázquez con el Barón, para ir a la Casa de la Conferencia (que dista poco de Fuenterrabía) y ver en el estado que estaba, porque se había aumentado mucho a la forma que tuvo el año de 1659, en que el Cardenal Don Julio Ma- zarino y el señor Conde-Duque de Sanlúcar ajustaron las paces entre el católico Rey de España y cristianísimo de Francia. Tuvo orden de Su Majestad para asistir a la exornación de esta casa y la del castillo, y que estuviese en la Ciudad de San Sebastián, para cuando Su Majestad llegase, donde había de detenerse algunos días. Volvió con Su Majestad a Fuenterrabía a primeros de jimio, y asistió en todas las funciones que Su Majestad tuvo en la Sala ge¬ neral de la Casa de la Conferencia, hasta el lunes siete de junio, que fueron las entregas de la dicha Serenísima Señora Infanta al cristianísimo Rey de Francia Luis Décimocuarto, donde hago pau- ^ sa; porque para contar la grandeza y lucimiento que tan grandes — 189 — Monarcas ostentaron en tan feliz día, es necesario más dilatado papel y más elegante pluma. El regalo que a Su Majestad hizo el Rey cristianísimo este día (de un toisón de diamantes, un reloj de oro, enriquecido de diaman¬ tes, y otras joyas riquísimas y primorosas de inestimable precio) se le entregó a Don Diego Velázquez, para que lo condujese al palacio del castillo de Fuenterrabía. No fué Don Diego Velázquez el que en este día mostró menos su afecto en el adorno, bizarría y gala de su persona; pues acom¬ pañada su gentileza y arte (que eran cortesanas, sin poner cmdado en el natural garbo y compostura), le ilustraron muchos diamantes y piedras preciosas; en el color de la tela no es de adrndrar se aven¬ tajara a muchos, pues era superior en el conocimiento de ellas, en que siempre mostró muy gran gusto: todo el vestido estaba guarne¬ cido con ricas puntas de plata de Milán, según el estilo de aquel tiempo (que era de golilla, aunque de color, hasta en las jomadas) ; en la capa la roja insignia; un espadín hermosísimo, con la guar¬ nición y contera de plata, con exquisitas labores de relieve, labrado en Italia; una gruesa cadena de oro al cuello, pendiente la venera, guamecida de muchos diamantes, en que estaba esmaltado el Hᬠbito de Santiago; siendo los demás cabos correspondientes a tan precioso aliño. Martes a ocho de junio salió Su Majestad de Fuenterrabía, y Velázquez sirviéndole, que así se lo había Su Majestad ordenado, y que fuese adelante José de Villa-Real, su Ayuda, haciendo el apo¬ sento. La jomada de la vuelta fué por Guadarrama y El Escorial a Madrid. Cuando entró Velázquez en su casa, fué recibido de su familia y de sus amigos más asombro que alegría, por haberse divul¬ con gado en la Corte su muerte, que casi no daban crédito a la vista: parece fué presagio de lo poco que vivió después. Sábado, día de San Ignacio de Loyola y último del mes de julio ; habiendo estado Velázquez toda la mañana asistiendo a Su Majes¬ tad, se sintió fatigado con algún ardor, de suerte que le obligó a irse por el pasadizo a su casa. Comenzó a sentir grandes angustias y fatigas en el estómago y en el corazón. Visitóle el Doctor Vicen- cio Moles, médico de la familia; y Su Majestad, cuidadoso de su salud, mandó al Doctor Miguel de Alba y al Doctor Pedro de Cha- varri (Médicos de Cámara de Su Majestad) que le viesen; y cono¬ ciendo el peligro, dijeron era principio de terciana sincopal minuta — 190 — sutil; afecto peligrosísimo por la gran resolución de espíritus; y la sed que continuamente tenía, indicio grande del manifiesto peligro de esta enfermedad mortal. Visitóle, por orden de Su Majestad, Don Alfons.o Pérez de Guzmán, el Bueno (Arzobispo de Tiro, Pa¬ triarca de las Indias) ; hízole una larga plática para su consuelo espiritual ; y el viernes 6 de agosto, año del Nacimiento del Salvador 1660 día de la Transfiguración del Señor, habiendo recibido los San¬ tos Sacramentos y otorgado poder para testar a su íntimo amigo Don Gaspar de Fuensalida, Grefier de Su Majestad; a las dos de la tarde, y a los sesenta y seis años * de su edad, dió su alma a quien para tanta admiración del mundo le había criado; dejando singu- gular sentimiento a todos, y no menos a Su Majestad, que en los extremos de su enfermedad había dado a entender lo mucho que le quería y estimaba. Pusieron al cuerpo el interior humilde atavio de difunto, y des¬ pués le vistieron, como si estuviera vivo, como se acostumbra hacer con los Caballeros de Ordenes Militares; puesto el manto capitu¬ lar, con la roja insignia en el pecho, el sombrero, espada, botas y espuelas; y de esta forma estuvo aquella noche puesto encima de su misma cama en una sala enlutada; y a los lados algunos blan¬ dones con hachas, y otras luces en el altar, donde estaba un Santo Cristo, hasta el sábado, que mudaron el cuerpo a un ataúd, aforra¬ do en terciopelo liso negro, tachonado y guarnecido con pasama¬ nos de oro, y encima una cruz, de la misma guarnición, la clavazón y cantoneras doradas, y con dos llaves: hasta que llegando la no¬ che, y dando a todos luto sus tinieblas, le condujeron a su último descanso en la parroquia de San Juan Bautista, donde le recibieron los Caballeros Ayudas de Cámara de Su Majestad y le llevaron hasta el túmulo, que estaba prevenido en medio de la capilla ma¬ yor; encima de la tumba fué colocado el cuerpo; a los dos lados- había doce blandones de plata con hachas y mucho número de lu¬ ces. Hizose todo el oficio de su entierro con gran solemnidad, con excelente música de la capilla real, con la dulzura y compás, y el número de instrumentos y voces que en tales actos y de tanta gra¬ vedad se acostumbra. Asistieron muchos títulos y Caballeros de la Cámara y criados de Su Majestad; lueego bajaron la caja y la en¬ tregaron a Don José de Salinas, de la Orden de Calatrava y Ayuda de Cámara de Su Majestad, y otros Caballeros de la Cámara que * Son sesenta y uno; el error viene de la fecha que da para su nacimiento.. — 191 — allí hallaron, y en hombros le llevaron hasta la bóveda, y entie¬ se rro de DonGaspar de Fuensalida, que en muestra de su amor, le concedió este lugar para su depósito. Consagróle el siguiente epitafio, y le hizo imprimir su muy caro e ingenioso discípulo Don Juan de Alfaro, insigne cordobés (a quien se debe lo más principal de esta historia), que con la grande eru¬ dición de su hermano el Doctor Don Enrique Baca de Alfaro, re¬ copiló en estas pocas lineas lo que aún vivió estrecho en muchos años. EPITAFIO A LA MUERTE DE DON DIEGO VELAZQUEZ POSTERITATI SACRATUM D. DIDACVS VELAZQVIVS DE SYLVA HISPALENSIS. Pictor exmius, natm anno M.D.LXXXXIV. Picturœ nobiÜ- sima Arti se se dicavit {Prœceptore accuratisimo Francisco Pacieco, qui de Pictura per eleganter scripsit). lacet hic: proh dolor! D. D. Philippi IV. Hispaniarum Regis Augustis- simi a Cubiculo Pictor Primus, a Camera excelsa adjutor vi- güantissimus, in Regio Palatio, & extra ad hospitium Cubicu- larius maximus, a quo studiorum ergo, missus, vt Romœe, & áliarum Italia Vrbium Pictura tabulas admirandas, vel quid aliud huius suppelectilis, veluti statuas marmóreas, l. areas conquireret, perscutaret, ac secum adduceret, nummis largiter sibi traditis: sic que cum ipse pro tunc etiam INNOCENTII X. PONT. MAX. jaciem coloribus mire exprasserit, aurea catena pretij supra ordinarii eum remuneratus est, nu- mismategemmis coelato cum ipsius PontiJ. effigie, insculpta, ac ipsa ex annulo, appenso; tandem D. lacobi stemmate fuit condecoratus; & post redditum ex fonte rápido Gallia confiní Vrbe Matritum versus cum Rege suo Potentissimo, e Nuptijs Serenissimae D. Mariae Theresiae Bibianae de Austria &■ Barban, e connubio scilicet cum Rege Galliarum Christianis- simo, D. D. Ludovico XIV. labore itineris febri prahensus, obijt Mantua Carpentame postridie nonas Augusti, Mtatis LXVI. anno M. DC. LX. sepulttiisque est honorifioe in D. loannis Parrochiali Ecclesia, nocte, séptimo Idus mensis sump tu máximo, immodicisque expensis, sed non immodicis tanto viro; Haroum concomitatu, in hoc Domini Gasparis 192 — — Fuensalida Grafierij Regij amicissimí subterráneo sarcopha¬ ge: Suoque Magistro, prœclaroque viro fceculis omnibus ve¬ nerando, Picture Collacrimante hoc breve epicediuni loarmes de Alfaro Cordubensis moestus possuit, & Henricus jrater Medicus. Aundespués de muerto le persiguió la envidia, de suerte que habiendo intentado algimos malévolos destituirle de la gracia de su Soberano, con algunas calumnias siniestramente impuestas, fué necesario que Don Gaspar de Fuensalida, por amigo, por testamen¬ tario y por el oficio de grefier, satisficiese a algunos cargos en au¬ diencia particular con Su Majestad, asegurándole de la fidelidad y legalidad de Velázquez y la rectitud de su proceder en todo; a lo cual Su Majestad respondió: Creo muy bien todo lo que me de¬ cís de Velázquez, porque era bien entendido. Con lo cual calificó Su Majestad el alto concepto en que le tenia, desmintiendo algu¬ nas bastardas sombras, que habían pretendido empañar el claro esplendor de honrado proceder y de la buena ley con que sirvió su siempre a tan Soberano Dueño; de cuya Real esplendidez generosa recibió tantas mercedes, que apenas se pueden sumar; pero aunque en el decurso de su vida se han tocado algunas, se recopilarán aqui, con otras, de que se ha podido adquirir noticia. § XIII Recopilación de las mercedes que la Majestad del Señor Felipe Cuarto hizo a Don Diego Velázquez, jiaitamente con los oficios y empleos que ocupó en la Casa Real. El año de 1630 le hizo merced Su Majestad a Don Diego Ve¬ lázquez de Silva de la Ración de doce reales al día y de un vestua¬ rio de noventa ducados al año. Hizole merced de un Paso de Vara de Alguacil de Corte, que se regula en cuatro mil ducados. Hizole merced de Casa de Aposento, distinta de la que le tocó por sus plazas, valuada en doscientos ducados cada año. Hizole merced Su Majestad de una pensión de trecientos du¬ cados, que gozó, con dispensación de Su Santidad, año 1626. 193 — — Una Ayuda de Costa de quinientos ducados de plata el año de 1637. Hízole merced de un Oficio de Escribano, acrecentado en el Repeso Mayor de la Corte, igual al que ponen los Escribanos del Crimen, y se regula en seis mil ducados. Hízole merced Su Majestad desde el año de 640 en adelante de quinientos ducados al año, pagados en los ordinarios de la Des¬ pensa de la Casa Real. Hízole merced de sesenta ducados al mes, por la asistencia a las obras reales, debajo de la mano del excelentísimo señor Mar¬ qués de Malpica, Superintendente de ellas. Hízosele merced de la vivienda capaz en la Casa del Tesoro, que es dentro de Palacio, quedando en píe los aposentos que gozaba. Hízosele merced del Hábito de la Orden del Señor Santiago, que se le puso. Hízole Su Majestad diferentes mercedes para su yerno y nietos, así en la Casa Real como en plazas de Audiencias, de mucha con¬ sideración y grado. Los oficios y puestos que tuvo en la Casa Real. Su primer asiento fué de Pintor de Cámara, y lo ejerció desde el año de 1623. Juró de Ugier de Cám.ara (puesto muy honorifico) el año de 1627. Pasó a Aturda de la Guarda Ropa; y el año de 1642, a Ayuda de Cámara; y el de 1643, a Aposentador Mayor de Palacio, que murió ejerciéndolo con suma satisfacción y gusto de Su Majestad, de cuya Real mano recibió otras mercedes y considerables ayudas de costa, demás de las citadas, y goces de sus plazas, que ejerció; dignas de la grandeza de tanto Rey, y de los méritos de tan vigi¬ lante vasallo y excelente artífice, cuya fortuna, habilidad e inge¬ nio, con sus honrados procederes, le constituyeron modelo y de¬ chado de artífices eminentes y le erigieron estatua inmortal, para ejemplo de los futuros siglos y enseñanza de la posteridad. CWl.—FRANCISCO LOPEZ CARO, PINTOR Francisco López Caro, natural y vecino de la Ciudad de Sevi¬ lla, fué muy buen pintor y discípulo del Canónigo Roelas; y aun- 13 194 — — que se aplicó a todo lo que comprende el Arte de la Pintura, sobre¬ salió con especialidad en los retratos, de que dejó muy repetidos testimorños; por los cuales, y otras obras de su mano que se ven en Sevilla, y algunas en esta Corte, alcanzó grande opinión; y pasó sobre los años de 1608 a pintar en el Real Palacio de El Pardo la bóveda de la pieza, donde se viste Su Majestad, así de estuques y grutescos de muy excelente gusto como de victorias del invictí¬ simo Señor Emperador Carlos V, para inmortalizar la memoria del primer fundador de aquel Real sitio. Murió, pues, nuestro Caro en esta Villa de Madrid en el año de mil seiscientos y sesenta y dos, y a los sesenta de su edad. CVm.—FRANCISCO ZURRARAN, PINTOR Francisco Zurbarán, natural de la VOla de Fuente de Cantos y vecino de la Ciudad de Sevilla, tuvo sus principios en Extremadu¬ ra con algún discípulo del divino Morales; y después pasó a per¬ feccionarse a Sevilla en la escuela del Doctor Pablo * de las Roelas, y aprovechó tanto, que ganó fama de excelente pintor con las mu¬ chas obras que hizo, y en particular con los que hay de su mano en el claustro segundo de la Merced Calzada de dicha Ciudad, en la Historia de San Pedro Nolasco **, que obra famosa y a todas lu¬ es ces excelente; donde es una admiración los hábitos de los religio¬ ver sos, que con ser todos blancos se distinguen vmos de otros, según el grado en que se hallan; con tan admirable propriedad en trazos, color y hechura, que desmienten al mismo natural; porque fué este artiñce tan estudioso, que todos los paños los hacía por maniquí, y las carnees por el natural; y así hizo cosas maravillosas, siguien¬ do por este medio la escuela del Carabacho, a quien fué tan añcio- nado, que quien viere sus obras, no sabiendo cuyas son, no duda¬ rá de atribuírselas al Carabacho. En el dicho sitio tiene un cuadro, que llaman el de la Perra, donde tiene hecha una tan al natural, que se teme no embista a los que la miran. Y allí mismo está una figura de rm mancebo con unas mangas de lama o tela de plata, que cualquiera conoce de qué tela son. Un aficionado tiene en Se- * Juan. Año de 162g, la mitad de la serie la pintó Francisco Reina. fVid. mi nota en "La Merced", 24 de enero de 1922: La vida de San Pedro Nolasco: Pinturas del Claustro del refectorio de la Merced Calzada de Sevilla.) I9S — — villa un borreguillo de de este artífice, hecho por el natural, mano que dice lo estima más cien carneros vivos. que También son de su mano las pinturas del Claustro de los Mer¬ cenarios Descalzos; y las del Retablo del Convento de la Merc^ echo el año de mil seiscientos y setenta y seis, y poco más de cuarenta de edad; yo le conocí y traté, y era sujeto de muy reco¬ mendables prendas. CL.—FRANCISCO PALACIOS, PINTOR FranciscoPalacios, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué discípulo de Velázquez, y de los que más imitaron su manera; y armque no se sabe de obra pública de su mano, hay excelentes cuadros suyos (que yo he visto) en casas particulares, y especial¬ mente retratos, que los hizo con excelencia, y en que se conoce la buena escuela en que se crió y lo mucho que adelantó en ella. Mu¬ rió de unos treinta y seis años de edad, por el de mil seiscientos y setenta y seis, en esta Villa de Madrid. CLl.—CARNELIO SCUT, PINTOR CornelioScut, de nación ñamenco y vecino de la Ciudad de Sevilla, fué pintor excelente, sobrino y discípulo de otro Cornelio Scut, de quien hay algunas estampas de agua fuerte, y de quien es el cuadro grande que está en la escalera principal de este Colegio Imperial de Madrid. Fué, pues, el sobrino muy célebre en la pin¬ tura, habiendo ñorecido en los tiempos de Murillo y Valdés, por¬ que tuvo una gran casta de pintar; y aunque sus obras imitan a los ñamencos en lo prolijo, son corregidas y dignas de toda esti¬ mación. Bien se caliñca en el cuadro de la Concej>ción Purísima, que pintó para la Puerta de Carmona, en dicha Ciudad; sin otras mu¬ chas pinturas de su mano, que dan claro testimonio de su eminente habilidad. Fué muy gran dibujante; a cuya causa presidía de ordinario en la Academia, dando a todos muy buenos documentos, así con srjs palabras como con sus obras. Para retratos tuvo también superior 244 — — habilidad, pues fué el que hizo mayor número de ellos. Fué tam¬ bién de genio muy amistoso, dócil y apacible; con lo cual tuvo gran séquito y muchos amigos. Murió de crecida edad por el año de 1676 en dicha Ciudad de Sevilla. CLII.—£1 RACIONERO ALONSO CANO, PINTOR, Escultor y Arquitecto. El Racionero Alonso Cano, pintor, escultor y arquitecto, con quien viene corta toda alabanza, según sus excelentes y generales partes en las honorisisimas facultades de su profesión. Nació en la insigne Ciudad de Granada, de padres nobles, el año de 1600, y bautizóse en la iglesia parroquial de San Ildefonso. Su padre fué Miguel Cano, natural de Almodóvar del Campo, varón hacendado y adornado de virtud e ingenio para la Arquitectura, en que fué cientíñco artiñoe. Su madre se llamó Doña María de Almansa, na¬ tural de Villa-Robledo, lugar de la Mancha; criaron con muy bue¬ na doctrina a Alonso Cano, el cual parece que heredó el genio de su padre, pues desde niño se inclinó al ejercicio de su nobilísima Arte, debajo de su educación y doctrina. Y conociendo el padre su grande natural e ingenio, le enseñó los primeros principios de la Arquitectura (sin más letras que los rudimentos de la pericia), con que en breve tiempo dió muestras de lo que había de venir a ser; pues salió tan aventajado en dicha Arte, que dió mucha luz a los artíñces de su tiempo, para que la supiesen ornar, como se conoce en los nuevos templos que en esta Villa de Madrid desde entonces se han fabricado. Desde aquí halló fácil entrada a la Escultura, ayudado de su gran genio, altamente favorecido del Cielo, para ilustración de es¬ tas Artes. Y últimamente pasó a Sevilla, para perficionarse en ellas, por cuyo motivo entró a dibujar en casa de Francisco Pache¬ co, donde estuvo ocho meses, y pasó a continuar en la escuela de Juan del Castillo (aunque también dicen en la de Herrera el viejo), en que se dió tan buena maña, que a poco tiempo se alzó con la habilidad de la pintura en grado tan superior, que ejecutó de su mano diferentes obras públicas en dicha Ciudad: como son las del retablo del altar mayor de Monte Sión, del Orden de Predicado¬ res. Y en el Colegio de San Alberto las de otros tres retablos, en comp>etencia de otras pinturas de Zurbarán y de Pacheco. Y en 245 — — el de Santa Paula, en el retablo de San Juan Evangelista, la escul¬ tura, pinturas y traza de la arquitectura es suya. Bien que siendo de edad de veinte y cuatro años, y llamándole el Provincial de la Merced pEira que ejecutase las pinturas del claustro de aquel Con¬ vento, se excusó, diciendo que conocía su insuñciencia para el des¬ empeño, y que más estimaba la reputación que el interés que le podía resultar de aquella obra. Hizo también para la Villa de Ne- brija, en la iglesia mayor, un gran retablo, en que ejecutó de su mano tres estatuas de talla entera; la ima de Nuestra Señora con su Precioso Hijo Niño en los brazos; y las otras dos de San Pedro y San Pablo, todas mayores que el natural, con tan superior acier¬ to, que pasmó a todos los artífices de aquella comarca; extendién¬ dose de tal suerte la fama (especialmente de la imagen), que vi¬ nieron de Flandes escultores a Copiarla en pequeño tamaño, para reducirla a grande en su tierra. No es menos admirable la efigie de Cristo Señor Nuestro Crucificado, que hizo para aquella santa iglesia. Aplicóse también en este tiempo a la destreza y manejo de las armas, en que salió aventajadísimo; lo que (junto con lo impacien¬ te y mal sufrido de su natural) le ocasionó algunos lances muy pe¬ sados, porque el Cano en todo se explicaba mejor con las obras que con las palabras. Y así habiendo entrado a pintar en casa de Don Sebastián de Llanos y Valdés (pintor de crédito en aquella Ciudad), a pocos lances tuvo con él im disgusto tan pesado, que riñeron los dos desafiados, de suerte que Cano hirió muy mal a Valdés en la mano derecha, pasándole la guarnición de la espada, de que resultó el quedar lisiado; con cuyo motivo, y el de pasar por aquella Ciudad el Señor Felipe Cuarto a registrar aquellos Rei¬ nos del Andalucía, se resolvió a segmr la Corte, agregado a la fami¬ lia del Señor Conde Duque de Olivares, con cuya protección vino a Madrid, y continuó su habilidad, favorecido de tan gran mece¬ nas; con cuyo auxilio obtuvo la plaza de Maestro Mayor, de que tomó posesión el año de 1638, ejecutándose por su dirección dife¬ rentes obras y reparos en los Palacios y Casas Reales. Hizo en este tiempo el Arco Triunfal, que tocó a los mercaderes en la puerta de Guadalajara el año de 1649, en la entrada y sump- tuoso recibimiento de la Serenísima Reina y Señora Doña Mariana de -Austria (segunda consorte del Rey nuestro señor Don Felipe Cuarto), obra de tan nuevo gusto en los miembros y proporciones de la arquitectura, que admiró a todos los artífices; porque se apar- — 246 — tó de la manera que hasta aquellos tiempos habían seguido los an¬ tiguos. También hizo el monumento que los Religiosos Descalzos Fran¬ ciscos ponen en su Convento de San Gil la Semana Santa, que es muy visitado de los artífices para su aprovechamiento. Después de algunos años de su venida a Madrid, en que grímjeó el merecido crédito en repetidas obras de todas las tres Artes, vino a lograr el honroso empleo de Pintor de Su Majestad y Maestro del Principe Don Baltasar Carlos de Austria, en cuyo tiempo ejecutó, para el salón antiguo de los retratos de los Reyes, tres cuadros, que el uno es el de el Señor Rey Don Fernando el Católico y su dignísima con¬ sorte la Reina Doña Isabel, que yo no están en su sitio, por haber¬ se dividido aquel gran salón (que llamaban de las Comedias) en diferentes piezas. Y los otros dos de otros Reyes godos, que esta¬ ban en el Pasadizo de la Encamación *. En estetiempo hizo también diferentes obras de pintura, públi¬ cas y particulares; y especialmente el célebre cuadro del Milagro del Pozo de San Isidro, que está en el segundo cuerpo del altar mayor de la parroquial de Santa Maria en esta Corte: pintura de tanto acierto dibujada y colorida, que verdaderamente es un mila¬ gro **. Y habiéndola visto Fray Juan Bautista Maino (pintor insig¬ ne) se la celebró de suerte al Señor Felipe Cuarto, que fué Su Ma¬ , jestad a verla con el pretexto de hacer oración a Nuestra Señora de la Almudena, que se venera en aquel sagrado templo. No es menos digna de inmortales aplausos la de N. S. P. San Francisco, cuando el ángel le mostró la redoma de agua (símbolo de la pureza, que debe tener el sacerdote), la cual está en el cola¬ teral de la Epístola en la iglesia parroquial de Santiago. Como tam¬ bién lo es el Buen Pastor, que está abajo en la tablita del Sagra¬ rio, ¡que es un primor! Y también la Santa Catalina Virgen y Már¬ tir, que está en un pilar de la parroquial de San Miguel, junto a la puerta del costado de dicha iglesia. Y otra del Patriarca San José, que está en otro pilar de la de San Ginés, de esta Corte, fren¬ te del púlpito, con otro cuadrito arriba de la Encarnación, cosa verdaderamente maravillosa. Y asimismo otra pintura de Cristo Se¬ ñor Nuestro desnudo, en el Calvario, sentado en una peña, y la Virgen Santísima Dolorosa, con San Juan y la Magdalena en segun- * Hoy, en el Museo del Prado. ** Se conserva en el convento del Sacramento, de Madrid. — 247 — do término; todo tan admirablemente ejecutado, que parece del Corezo; la cual está en la capilla del Santo Cristo de dicha iglesia al lado de la Epístola *. Asimesmo hizo para el Colegio Imperial de esta Corte un céle¬ bre cuadro de la Concepción Purísima, con grande acompañamien¬ to de ángeles, para la capilla de esta advocación en dicha iglesia; y encima otro cuadro de la Coronación de Nuestra Señora: uno y otro tan admirable, como suyo. Está hoy transferido este cuadro de Concepción a la sacristía de dicha iglesia **, por haberse puesto en su lugar una imagen de talla del mismo título, de mano del eminen¬ te artíñce Don José de Mora, discípulo suyo. A causa de que, ha¬ biéndose reconocido el testamento de Doña Isabel de Tebar (Patro¬ na de dicha capilla), cumplía se halló, según la cláusula, que no se con el tenor de su última volimtad, siendo la imagen de pintura, sino que debía ser de talla; y así se ejecutó, transñriendo dicha pintura a sitio tan decoroso, como en el que hoy está en el costado de dicha sacristía, frente de las ventanas. Bien que como Alonso Cano la hizo para aquella capilla obscura, y procuró que sobresa¬ liese en claros; habiéndola mudado de sitio, no le favorece la de¬ masiada luz, porque se destempla la composición del todo, aunque cada parte de por sí es un milagro. Otras dos pinturas de mano de nuestro racionero hay en dicha iglesia, que están a la entrada de la capilla del Buen Consejo; la una de Nuestra Señora con su Hijo Santísimo Niño en los brazos, y la otra del glorioso Patriarca San Ignacio, una y otra de medio cuerpo. Pero sobre todo, en la iglesia de los Padres Capuchinos de la Ciudad de Toledo hay una pintura suya de San Bernardo, ¡que es una admiración! También lo es otra de nuestro Padre San Fran¬ cisco Impresión de las Llagas en el Monte Albeme, que está en la en la capilla de San Diego, en Alcalá de Henares; y el San Anto¬ nio, que está enfrente, lo hizo también Alonso Cano; pero dicen que no lo acabó por las extravagancias de su genio; y por lo mismo dejó de hacer todas las demás pinturas de aquella santa capilla, pues querían fuesen de su mano; y a la verdad lo hubieran acer¬ tado. No era melindroso nuestro Cano en valerse de las estampillas más inútiles, aunque fuesen de rmas coplas; porque qmtando y * En donde se conserva. ** Allí se encuentra (hoy, San Isidro el Real). — 248 — añadiendo, tomaba de allí ocasión para formar conceptos maravi¬ llosos; y motejándole esto algunos pintores por cosa indigna de un inventor eminente, respondía: Hagan ellos otro tanto, que yo se lo perdono. Y tenía razón, porque esto no era hurtar, sino tomar ocasión; pues por último, lo que él hacía ya no era lo que había visto. En retratos fué también peregrino, de que yo he visto mu¬ chos testimonios que lo caliñcan; y especialmente el de aquel gran Ministro del Rey, que llamaron el Señor José González, Presidente de Indias y dignísimo sujeto a todas luces; el cual está hoy en po¬ der de los herederos de aquel gran mayorazgo, que fundó en Boa düla, dos leguas distante de esta Corte. Llegó, pues, nuestro Alonso Cano en este tiempo a la eminen¬ cia de la fortuna y de la habilidad y opinión en las tres Artes; sin que bastasen a disputársela tantos eminentes hombres como pro¬ dujo fecunda la estación feliz de aquella edad; pero la inconstante condición de la fortuna, cansada ya de sublimarle, trató de aplicar los medios de abatirle. Pues viniendo una noche a su casa, halló a su mujer muerta a el rigor de muchas puñaladas; saqueadas sus joyas y desaparecido un oñcial italiano que albergaba en ella. La voz que se divulgó fué que éste por robarla había cometido tal atro¬ cidad; pero el dictamen de la Justicia, después de haber hecho al¬ gún examen de esta causa, fué que Alonso Cano la había muerto, o por sospechas mal fundadas de aquel oñcial o por tomar de aquí ocasión para casarse con cierta dama, de quien se hallaba notoria¬ mente prendado. No faltó quien le avisase a Cano del proceso que contra él se iba fulminando y el riesgo que corría su persona; con cuyo motivo alzó velas, y se pasó a Valencia secretamente, echan¬ do voz que se había ido a Portugal. En cuyo tiempo, aunque de secreto, ejecutó algunas pinturas; y especialmente las que están en la iglesia de San Juan de la Ribera, de dicha Ciudad, que son la del Bautismo de Cristo Señor Nuestro, y arriba el de la Trinidad Santísima, cosa superior. Y otra de la Predicación de San Vicente Ferrer, que está en el Convento de San Francisco en una capilla a el lado de la Epístola; pero la desgracia de la voz le descubrió luego, y le fué preciso pasarse a la Cartuja de Porta-Cceli, tres le¬ guas distante de aquella Ciudad, donde hizo algunas pinturas, que yo he visto, y donde pretendió tomar el hábito; y, o bien fuese por no poder aguantar la austeridad de aquel Santo Instituto, o bien por andar fugitivo de la Justicia, o por otros motivos reservados al tribunal de la conciencia, no tuvo hechura. Y de este tiempo que — 249 — estuvo Cano en Valencia, tenía Gaspar de la Huerta (pintor de cré¬ dito en aquella Ciudad) algunos modelos, que dejó Cano, y otras cosas del Arte, que yo vi, cuando estuve allá por el año de 700 y supe toda esta historia. No sé si es de este tiempo un cuadro de San Miguel, de cosa de siete cuartas, que está en la capilla de este glorioso arcángel al lado de el Evangelio, en la Real Cartuja del Paular, ¡tan excelente como suyo! Después, no sé con qué motivos, volvió a Madrid, y estuvo ocul¬ to algún tiempo en casa de su padre de Don Rafael Sanguineto (Regidor que fué de este Ayuntamiento de Madrid), en cuya oca¬ sión hizo varias pinturas, que yo vi en casa de dicho Don Rafael, de quien tuve esta noticia. Y pasado algún tiempo, descuidóse en salir fuera, y le prendieron; y en virtud de los vehementes indicios del proceso, le pusieron a cuestión de tormento; y habiéndose pre¬ tendido defender con la ley Excellens in Arte, y no bastando, se de¬ terminó, de orden del Rey, que no le ligasen el brazo derecho. Ri¬ zóse asi, y sufrió el tormento aquel risco animado, sin que se le oyese un ay, de que el Rey tuvo placer. Salió, en ñn, libre de tan acerbo trabajo, y volviendo a la gra¬ cia de Su Majestad, trató de ordenarse; y para poderlo conseguir, hizo traer de Roma la Dispensación de bigamia, por haber sido casado con viuda; y con esto vistió el hábito clerical. Prosiguió todavía en la instrucción del Principe Don Baltasar en el Arte de la Pintura, con quien se portó tan agriamente, vituperando lo que hacia, que el Principe se quejó a su padre, el cual, sonriéndose, le ofreció que lo castigaría. Mandó, pues, Su Majestad saber qué vacantes eclesiásticas ha¬ bía en la Cámara, en que se había declarado pretendiente nuestro Cano; y habiendo sabido que entre otras había una Ración en la Santa Iglesia de Granada, se la confió Su Majestad; y habiendo acudido a tomar la posesión, se la negó aquel Cabildo, diciendo te¬ nía que representar a Su Majestad sobre ello. Para lo cual enviaron dos Diputados; los cuales, habiendo representado al Rey, entre otras nulidades, el que Alonso Cano era hombre puramente lego e idiota, les atajó el Rey diciendo: ¡Bien estai ¿Quién os ha dicho que si Alonso Cano juera hombre de letras no había de ser Arzobispo de Toledo? Andad, que hombres como vosotros los puedo yo hacer; hombres como Alonso Cano, ¡sólo Dios los hace! Con que se vol¬ vieron corridos y trataron de darle la posesión, concediéndole tér- — 250 — mino para habilitarse; y dispensándole el Nrmcio Apostólico el í rezo eclesiástico (entre tanto) en no sé que partes de Rosario. Entró de esta suerte nuestro racioneroaquella santa iglesia, en a quien procuró captar la benevolencia algunas obras de todas con tres Artes. Y así hizo para el altar mayor una imagen de talla de la Concepción Purísima, tan aventajada y peregrina, que ofreció por ella diferentes veces un caballero genovès cuatro mil doblones, y no se la quisieron dar, de que, dicen, hay testimonio guardado en el archivo de aquel ilustrísimo Cabildo. Hizo también la traza del facistol de maderas preciosas, bronces y piedras, con tan exquisita forma y primor, que es la admiración y el estudio de todos los ar¬ tífices. Como también la traza para dos lámparas de plata, que es¬ tán en la capilla mayor de dicha santa iglesia, ejecutadas con su dirección. Hizo también de escultura otra imagen de N. Señora del Ro¬ sario, de poco más de media vara, para remate de dicho facistol; y habiendo visto el Cabildo la grande estimación que el pueblo y los artífices hacían de ella, la retiró y colocó con toda decencia en . la sacristía, para mostrarla por una de las más preciosas joyas que tiene aquella santa iglesia. Para la cual hizo también las trazas de las portadas nuevas, y asimismo nueve cuadros de la Vida de Nues¬ tra Señora, para aquel presbiterio, como lo son también las dos ca¬ bezas de Adán y Eva que hizo para el mismo sitio. En este tiempo también trazó y gobernó la insigne obra de la capilla mayor del Convento de Religiosas del Angel, en el cual se admira la gallarda disposición del todo y partes, ilustrada con ad¬ mirables estatuas; que aunque trabajó en ellas Pedro de Mena, fué con la corrección y modelos de Cano y su encamación, ¡cosa maravillosa! Como lo es también un cuadro de Cristo Señor Nues¬ tro despidiéndose de su Madre Santísima, para ir a padecer, que está en la sacristía; y otro de Nuestra Señora con su Hijo Santísi¬ mo Niño, y acompañamiento de ángeles, que está sobre la reja del coro; y la estatua de piedra mármol del Angel Custodio, colocada en el nicho sobre la puerta de dicha iglesia. Donde también se ha colocado en estos tiempos, a devoción del ilustrísimo señor Don Martín de Ascargorta, otra pintura de nuestro racionero, de Jesús Nazareno, en la Calle de la Am.argura, ¡cosa soberana! y que hace milagros sin número. Hizo también varias pinturas para la iglesia de San Diego, Con- j vento de Descalzos Franciscos, extramuros de aquella Ciudad, que son tantas ytan buenas que se queda absorta la admiración a vista de tan repetidos primores. Como también para ei Convento de Ca¬ puchinos, en ia iglesia y refectorio, y un Apostolado de más de me¬ dio cuerpo, que está colocado en la iglesia del Convento de Reli¬ giosas Dominicas de Santa Catalina, junto a la Carrera del Darro. Consiguió en este tiempo el ilustrísimo señor Don Fray Alonso de Santo Tomás, Obispo de Málaga, el que pasase Cano a esta Ciudad para hacer las trazas del Tabernáculo del altar mayor de aquella santa iglesia, y para la sillería del coro, como Is ejecutó, con grande acierto. Y habiendo sabido que el obrero trataba de darle una muy corta remuneración por las trazas, dijo a un conñdente suyo que, o presentadas u dos mil ducados; y diciendo y haciendo, tomó una mula y arrolló sus trazas, y marchó para Granada; pero luego que lo supieron enviaron a toda prisa un alcance, ofrecién¬ dole cuanto quisiese; y con efecto volvió y entregó las trazas, y le dieron lo que él quiso por ellas. En el decurso de este tiempo sobrevino en Málaga una inunda¬ ción tan horrorosa, que creyeron todos que la Ciudad se arruinase. Llegó el caso a términos, que habiéndo acudido a la iglesia dicho señor Obispo con el Cabildo a hacer las preces acostumbradas para implorar la Divina Clemencia en semejante conflicto, fué creciendo de suerte la inundación, que se hubieron de subir al coro. Y no te¬ niéndose allí por seguros, poseído de la tribulación dicho señor Don Fray Alonso, temiendo por instantes la última fatalidad, se metió en el hueco del órgano; y preguntándole nuestro racionero porqué hacía aquello, le respondió: Porque si hemos de m,orir, más quiero que al hundirse esta gran máquina me estrelle que verme flotando en las aguas. A que replicó el racionero: Pues, señor, si hemos de morir como huevos, qué más tiene estrellados o hechos tortilla que pasados por agua. Dicho verdaderamente agudo y gracioso; y mu¬ cho más por ser en una coyuntura en que el buen humor no hallaría entrada sino en un corazón tan magnánimo. Ultimamente dispuso la Divina Clemencia que las aguas se recogiesen todas a el mar, con lo cual se vieron milagrosamente libres de tan horroroso conflicto. Volvió, pues, a Granada nuestro Racionero, donde ejecutó di¬ ferentes pinturas y esculturas, para algimos amigos y personas par¬ ticulares. Y en este tiempo hizo todos los dibujos, para las pintu¬ ras del Claustro del Real Convento de Santa Cruz, Orden de Pre¬ dicadores de la vida de su glorioso Patriarca, los cuales tengo yo en mi poder. Pero las pinturas en dicho Claustro las ejecutó por 252 — — los dibujos de Cano un Fulano del Castillo y están ya muy dete¬ rioradas del tiempo. Solía algunas veces nuestro Cano, cansado ya de pintar, pedir¬ le a el discípulo (que le asistía) las gubias, el mazo y otros instru¬ mentos para trabajar de Escultura, diciendo que quería descansar un rato. Reíase de esto el mancebo y le decía: ¡Señor, pues es buen modo de descansar: dejar un pincelito y tomar un mazo!, a que res¬ pondió el Racionero: ¡Eres un gran mentecato! Ahora ignoras, que es más trabajo dar forma y bulto a lo que no le tiene que dar for¬ ma a lo que tiene bulto? Sentencia digna de observar en quien prac¬ ticaba ambas facultades, y que no la dictó la pasión de una ni otra, sino la fuerza de la razón y la experiencia de ambas. Y así le decía a Don Juan Niño (su discípulo), que en ninguna de las tres Artes, que manejaba, hallaba tanta dificultad como en la Pintura; de suer¬ te que trasudaba para hacer cualquiera cosa. Sucedió, pues, que un oidor de aquella Real Chancillería muy devoto de San Antonio de Padua, le mandó hacer a el Racionero una efigie de escultura de este Santo, como una vara de alto, con grandes encarecimientos, de que echase todo el resto de su habili¬ dad en esta obra. Hízolo asi Alonso Cano, y estando concluido, fué a verle el Oidor; parecióle grandemente, y suponiendo que no te¬ nía precio, instó que le dijese en cuánto se daría por servido. Y Cano le respondió que diese cien doblones para ayuda de costa. Quedóse atónito el Oidor, y después de una gran pausa, le pregun¬ tó cuántos días habría gastado en hacerle? A que respondió Cano que habría gastado unos veinte y cinco días. Pues según eso (dijo el Oidor), sale a cuatro doblones cada día. Muy mal contador es V. S. dijo Cano, porque cincuenta años he estado yo estudiando para saberlo hacer en veinte y cinco días. Yo también, dijo el Oidor, he gastado mi patrimonio y mi juventud estudiando en la Universidad, y hoy ,hallándome Oidor de Granada y en Facultad más noble, apenas me saldrá a doblón cada día. Alonso Cano, que ya se le apuraba la paciencia, dijo: ¿Qué es eso de Facultad más noble? Voto a N. que Oidores los puede hacer el Rey del polvo de la tierra; pero sólo a Dios se reserva el hacer un Alonso Cano. Y sin esperar más razones, aquel intrépido espíritu impaciente, tomó la Efigie del Santo y tiróla al suelo con tal violencia que la hko menudos pedazos. El Oidor, admirado de semejante desatino con la efigie de un Santo, sin que le valiese la inmunidad de tan sagrada representa- 253 — — ción, temió no estar seguro, a vista de tan desmesurado frenesí, y se fué corrido yabochornado, cosa verdaderamente muy sensible en cualquiera hombre de obligaciones; cuanto más en un Oidor de Granada, donde son venerados, como dioses de la tierra, y negocio en que pudo intervenir el Santo Tribunal, a no hacerse cargo del intrépido furor de aquel natural, y de que los artífices, en cierto modo, son como los sacristanes; que con el muclio trato tienen per¬ dido el respeto a los santos. Quejóse, pues, agriamente el Oidor con algunos Canónigos amigos, que tenía muchos en aquel Cabildo; y viendo éstos que habían ya pasado los diez años, y que no se ha¬ bía Ordenado Cano, ni tenía traza de ello, por su insuficiència, tra¬ taron con el Cabildo, que se diese por vacante la Prebenda. Habiendo, pues, sabido Alonso Cano esta resolución, partió a Madrid a ponerse a los pies del Rey, a quien representó su veja¬ ción y la causa de ella, y que aunque no dudaba su insuficiencia, no era tanta como el considerarse indigno de tan superior estado. Y así suplicaba a su Majestad interpusiese su grandeza con el Se¬ ñor Nuncio para que le Ordenase de todas Ordenes, aunque nunca celebrase Misa, por conocerse sumamente indigno. El Rey ofreció hacerlo así; y habiendo entendido la Reina Nuestra Señora Doña María-Ana de Austria esta coyuntura, y que Cano había dejado sin acabar im crucifijo, del tamaño del natural, cuando se fué a Granada (que es el que estaba en la Iglesia del Convento de Mon- serrate de esta Corte en una Capilla al lado de la Epístola, y hoji le han transferido a la Iglesia Nueva), le dijo a Cano que hasta que acabase aquella santa efigie no había de consentir que le vol¬ viesen la ración. Hízolo asi Alonso Cano, dando gusto a la Reina; y ya Ordenado de todas las Ordenes, volvió a Granada y a la po¬ sesión de su prebenda, por el año de 1658, pero siempre con aquel escozor al Cabildo de aquella Santa Iglesia, donde nunca más lo¬ graron cosa suya, ni jamás quiso celebrar Misa, por los motivos referidos del conocimiento propio de su indignidad u de otros ocul¬ tos, que no penetramos. Empleó lo restante de su vida en obras de suma piedad, de suerte que nunca le sobraba el dinero, porque luego lo distribuía en los pobres, y especialmente a viudas y huérfanas hacía limosnas muy cuantiosas, y nunca pudo ver necesidad que no socorriese; y así solía suceder, muy de ordinario, encontrar algún pobre nece¬ sitado, y habiéndosele ya apurado el dinero, que para este fin lle¬ vaba, se entraba en una tienda y pedía un papelillo y recado de es- 254 — — cribir, y le dibujaba con la pluma alguna figura o cabeza, o cosa semejante, como tarjeta u otro adorno de Arquitectura, y le decía al pobre: vaya en casa de Fulano (donde sabia que lo habían de estimar) y dígale que le dé tanto por este dibujo, con que usando de este medio nunca le faltaba qué dar. Y tuvo tal facilidad en di¬ bujar cualquiera cosa, que dejó innumerables dibujos, de que no tengo yo la menor parte. Tuvo nuestro Cano grande antipatía con los Judíos; y como en Granada andan por las calles los penitenciados por el Santo Ofi¬ cio con sus capotillos o sambenitos vendiendo lienzo y otras cosas, y las más calles son tan angostas, ponía gran cuidado en que no le tocase la ropa del ensambenitado a la suya, o bien pasándose a la otra acera o metiéndose en un zaguán, de tal suerte, que si por casualidad a la vuelta de un esquina o salir de alguna casa, le to¬ paba en su ropa, al instante se entraba en un zaguán y se quitaba el manteo o la sotana o lo que le hubiese tocado, y enviaba por otro a casa; y aquello que había tocado el Judio se lo daba al criado, no para que se lo pusiese, sino para que lo vendiese, porque si sa¬ bía que el criado se lo ponía, le echaría de casa. Con que el criado, que era algo bellaco, en habiendo duda si le había tocado o no el Judío a la ropa, gozaba con disimulo de la ocasión, diciéndole que no había sido más que un estregoncillo, que no era cosa de cuida¬ do. Como no (decía nuestro Racionero) en esto no hay parvidad de materia!, al instante tenía manteo el criado. y Sucedió, pues, que un día, estando fuera de casa Alonso Cano, el ama (que era nueva y no sabía su humor) llamó a uno de los hebreos penitenciados, que pasaba por la calle, para comprar un poco de lienzo: Vino el amo a esta sazón, vió al Judío, alborotó la casa a voces; y por no tocar a él, andaba buscando con qué darle para echarle fuera. El pobre hombre se dió toda prisa a recoger el fardo y escapar el suyo; y después chocó el amo con la criada, y ella se refugió en casa de un vecino; y aunque después echó mu¬ chos rogadores, no hubo forma de volverla a recibir hasta que hi¬ ciese cuarentena; y entre tanto hizo Cano muy exacta información de la limpieza de aquella mujer y de si acaso tenía alguna amis¬ tad, adherencia o parentesco con aquel u otro Judío; y hasta que estuvo purificada de esta sospecha, no la volvió a recibir. Más hizo nuestra Racionero en este caso, y fué quitarse aquel calzado que tenía entonces, sin volvérselo más a poner, por si acaso habia pisado con ellos donde había puesto los pies el judio. Y aún 255 - — no paró aquí su tema, sino que mandó desempedrar y desenladri¬ llar y volverlo a poner de nuevo, todo lo que discurría que el he¬ breo había pisado. Y, finalmente, era tal la manía (que asi se puede llamar) que tenia con aquella gente, que estando malo de la enfermedad que murió, y viviendo a la sazón en el Albaicin, en la parroquia de San¬ tiago, donde está la cárcel de la Inquisición, le fué a ver el cura de la dicha parroquia; y viéndole tan malo, le dijo que cuando qui¬ siese confesarse y recibir el Viático le avisasen, vendría él en perso¬ na con mucho gusto a administrárselo. Y Alonso Cano, muy sere¬ namente, le preguntó si administraba también los Sacramentos a los judíos penitenciados. Y él dijo que si: Pues V. md., señor Li¬ cenciado (dijo el Racionero), se vaya con Dios, y no tiene que volver por acá; porque quien da los Sacramentos a los judíos pe¬ nitenciados, no me los ha de dar a mi; y luego envió un recado al provisor, para que mandase al cura de San Andrés (que era la pa¬ rroquia más cercana) que le diese los Sacramentos, y asi se ejecutó. Sucedió, pues, que estando ya moribundo, le llegó el cura un Santo Cruciñjo de bulto (que no era de muy buena mano) para exortarle; y Cano le dijo que le quitase allá. El cura se sobresaltó, de suerte que estuvo para conjurarle. Y diciéndole: Hijo, ¿qué ha¬ ce? Mire, que este Señor es quien le redimió y quien le ha de sal¬ var. Y él respondió: Asi lo creo. Padre mío; ¿pero quiere que me irrite, si está mal hecho, y me lleve el diablo? Deme un cruz sola, que yo allí con la fe le venero y reverencio como es en si y como yo le contemplo en mi idea; y así se ejecutó, y murió con grande ejemplo y edificación de los circunstantes en el año de 1676, y a los setenta y seis de su edad. Está enterrado en aquella Santa Igle¬ sia Mayor de Granada, en la bóveda debajo del coro, en un nicho que hay enfrente de la puerta de dicha bóveda. Fué hombre verdaderamente digno de memoria inmortal. Prin¬ cipe en todas las tres Artes de Pintura, Escultura y Arquitectura. Fué también gran matemático y muy diestro en el manejo de la espada; fin, hombre que más se supo explicar con las obras y, en que con las palabras. Dejó muchos discípulos; pero los más seña¬ lados fueron Don Pedro Mena, en la Escultura; y en la Pintura, Don Juan Niño y Don Pedro Atanasio, Ciézar y otros, de quienes se hará especial mención *. * Sobre Cano véanse los estudios de M. Gómez-Moreno en Cosas gra- 256 - — CLIII.—£>OiV^ ANTONIO GARCIA REYNOSO, PINTOR Don Antonio García Reynoso, natural de la Villa de Cabra, fué discípulo de Sebastián Martínez (pintor excelente de la Ciudad de Jaén), a quien imitó en gran manera, si bien con poco estudio del natural, y así salió algo amanerado; pero con xma gracia muy sin¬ gular y de buen gusto en historias, países, paños y celajes. Tuvo gran facilidad en la invención, de que dejó gran copia de dibujos, que los hacía con extremado primor, de aguadas, pluma, carbón o lápiz, sin contentarse en hacer de un asunto un dibujo, sino mu¬ chos y muy diferentes. Hizo un gran cuadro para la iglesia de los Padres Capuchinos de la Ciudad de Andújar, que ocupa todo el testero de la capilla mayor, con un gran pedazo de gloria, donde está la Santísima Trinidad María Santísima, nuestro Padre San Francisco, San Ildefonso y el glorioso Patriarca San José, todo acompañado de ángeles y serañnes. Y en la parte inferior San Mi¬ guel y San Jorge, armados, y en medio un gallardo tarjetón, donde están las armas de los Patronos, que cierto es un bellísimo cuadro; y que habiéndolo visto Sebastián Martínez y Fray Manuel de Mo¬ lina (ambos grandes pintores), lo celebraron mucho. También pin¬ tó un célebre cuadro del Baño de Santa Susana para Don Antonio de Ayala, un caballero muy añcionado a la pintura, y vecino de la Villa de Linares. Y habiéndolo concluido y puesto en el patio a enjugar, un gorrioncillo, viendo desde el tejado el país, las aguas y el estanque, bajó diferentes veces a ponerse en los remates del estanque, hallando simpre burlada su diligencia, con admiración de los circunstantes, en crédito de la propiedad, con que estaba eje¬ cutado. Fué también grande arquitecto, e hizo varias trazas para reta¬ blos y piezas de platería. También fué excelente en el dorado bru¬ ñido y los estofados, que en aquel tiempo se hacían, no sólo de hojas de talla y tarjetas coloridas y rajadas, sino de subientes v follajes relevados sobre plano con el claro y obscuro, mezclando entre ellos algunos chicuelos, bichas y faunos y otras sabandijas, con extremado primor y gracia, al temple, con albayalde, porque nadinas de Arte y Arqueologia (Granada. Imprenta de la Lealtad, s. a. [¿1888?] y M. Gómez-Moreno 'Martínez en Archivo, t.° II, 1927, pgs. 177 y sgs. 257 — — por allá no se toma, como por acá sucede; y así tomaba por su cuenta las obras de pintura y dorado de los retablos, y aun de al¬ gunos la arquitectura, encomendándola a quien fuese de su satis¬ facción. Hizo muchas obras públicas en el Reino de Jaén, donde asistió lo más de vida; especialmente en Andújar, donde tiene muchas su y buenas, además de la referida de los Capuchinos. Pero las más señaladas que hizo en aquel Reino fueron las capillas que pintó en la Villa de Martos, de la portentosa imagen de Jesús Nazareno, que alli se venera, y la de Nuestra Señora del Rosario, ¡cosa ex¬ cele tne una y otra! Pasó Córdoba por los años de seiscientos y setenta y cinco, a donde hizo diferentes pinturas públicas y particulares; y especial¬ mente un cuadro de la Concepción de Nuestra Señora, que está en la calle de las Cabezas, y otra en la Herrería, por haberse consu¬ mido la de Castillo; dos cuadros en lo alto del presbiterio de la capilla mayor de la santa iglesia; y otros dos en la de los Capu¬ chinos de dicha Ciudad; y en la capilla del Santo Cristo de la igle¬ sia del Carmen Calzado pintó a San Juan y la Virgen y otras cosas. También retrató al muy Reverendo Padre Fray Juan Benítez, pro¬ vincial (que fué por entonces) de aquella provincia de Granada, de la Religión Seráñca. A este tiempo (que fué por el año de seiscientos y setenta y cin¬ co) vino a Córdoba Don Juan de Alfaro, y visitándose cortésmen- te y viendo lo que Alfaro pintaba, parece que se compungió Reyno- so, y alguna vez me dió a entender quería mudar de manera en al¬ gunas cosas, por lo que había visto en Alfaro, como que estaba pe¬ saroso de no haberlo visto antes. Y o bien fuese de esto, o lo que más cierto es el estar ya cumplidos sus días, murió el año de mil seiscientos y setenta y siete, a doce de julio y a los cincuenta y cuatro de su edad, con poca diferencia, y se enterró en la iglesia mayor y parroquial de aquella Ciudad. CLIV.—MIGUEL GERONIMO DE CIEZAR, PINTOR Miguel Gerónimo de Ciézar fué natural y vecino de la Ciudad de Granada, de muy ilustre y limpio linaje, como lo testiñcan los repetidos actos de nobleza y limpieza que ha habido en su familia. Fué de los más lucidos discípulos que tuvo el Racionero Alonso 17 25» — — Cano, inñere de repetidas obras públicas y particulares que como se hizo aquella Ciudad; y especialmente en el Convento del Angel en y en el Hospital del Corpus. Murió el año de mil seiscientos y se¬ tenta y siete, siendo ya de crecida edad; dejó un discipulo muy adelantado, que fué Felipe Gómez, cuyas obras en la iglesia de San Antón acreditan la buena escuela de su maestro; y murió Gómez de cerca de sesenta años, en el de mil seiscientos y noventa y cuatro. CLV.—FA.1F MANUEL DE MOLINA, PINTOR Fray Manuel de Molina fué excelente pintor, natural de la Ciu¬ dad de Jaén y competidor de Sebastián Martínez; y para poderle hacer mayor oposición, siendo todavía seglar, pasó a estudiar a Roma: de donde habiendo aprovechado muy mucho, volvió a Jaén; y tocado de inspiración divina, por ima gran tormenta que padeció en la mar, se entró en la religión de nuestro Padre San Francisco, en aquella Ciudad, donde hizo obras maravillosas; y especialmente las pinturas del claustro de dicho Convento de la vida de este se¬ ráfico Patriarca, que acreditan grandemente la eminencia de su pin¬ cel. Hizo también retratos con superior acierto, de quien yo vi imo en Córdoba, que a la verdad no se podia mejorar. Fué religioso lego, y murió en aquel Convento por los años de mil seiscientos y setenta y siete, de edad de sesenta y tres años. Dicese que habién¬ dole pedido a su guardián algún dinero para colors y otros recados, de que necesitaba para hacer pinturas que le mandó ejecutar, unas no se lo quiso dar, y lo envió trabajar a la huerta, de lo cual en¬ a fermó, y murió. Bien que esto me hace gran repugnancia, entre re¬ ligiosos de tan santo y prudente Instituto. ClNl.—GERONIMO DE BOBADILLA, PINTOR Gerónimo de Bobadilla fué (además de muy razonable pintor por su camino) hombre de mucha virtud, loables costumbres y muy gran talento. Fué natural de Antequera, pero criado en Sevilla, en que aprendió el Arte de la Pintura en la escuela de Zurbarán, don¬ de aprovechó mucho; y especialmente en la perspectiva y en pintar historias de mediano tamaño, con muy buena pasta y hermosura, de color: como lo manifiestan seis lienzos de la Vida de Cristo Se- 259 — — ñor Nuestro, qüe pintó para un platero, muy añcionado a la pintu¬ ra, llamado Salvador de Baeza, en que había algunos pedazos de perspectiva, ¡cosa excelente! Pero en saliendo de figuras de mayor tamaño que media vara, se desencuadernaba, pues parece que el cielo le había dotado para lo pequeño, lo cual hacia con tan extre¬ mada gracia y primor, que mereció que Murillo le encargase algunas cosas de esta calidad; y viéndolas, le decía: Amigo, esto tiene cris¬ tal por encima; porque era tan curioso y esmerado, que en medio de llevar su pintura un dedo de color, lo dejaba tan unido y lus¬ troso, que no parecía ser pintado, sino bruñido. Además de esto tenía unos barnices tan diáfanos y secantes, que parecían una vi¬ driera, de suerte que en estando rm lienzo barnizado, era menester irle buscando la luz para poderle mirar. Su casa toda era un camarín continuado de cosas del estudio de la Pintura; pues todas las piezas las tenía llenas de modelos ex¬ quisitos, figuras de Academia, muchos dibujos originales y borron¬ cillos de hombres eminentes: todo colocado con grande arte y pri¬ mor; pero no para prestarlo a nadie, sino sólo para su gusto y apro¬ vechamiento. Murió en dicha Ciudad de poco más de sesenta años, por el de mil seiscientos y ochenta. Lo cierto es que sí como tuvo el buen gusto y capricho en la composición, con hermosura en el colorido, le ayudara más el dibujo, hubiera sido completamente perfecto; pero por su camino fué de los célebres ingenios de la Pin¬ tura en esta Facultad. CLVII.—JUAN DE ALFARO, PINTOR Don Juan de Alfaroy Gámez, natural de la Ciudad de Córdo¬ ba y Notario del Santo Oficio de la Inquisición de ella, hijo de Don Francisco de Alfaro, hombre ingeniosísimo y aficionado a la pintu¬ ra, nació en dicha Ciudad por los años de 1640, y viendo el padre la singular inclinación que su hijo tenia a la pintura desde sus tier¬ nos años, le dedicó, para instruirse en ella, a la escuela de Antonio del Castillo (pintor de crédito en aquella Ciudad) y en breves días aprovechó de suerte que pareciéndole a el padre que adelantaría más en la Corte, le envió a Madrid con recomendaciones bastantes para que entrase bajo la disciplina de Don Diego Velázquez de Silva, pintor dignísimo de la Majestad Católica del Señor Felipe Cuarto, en cuya escuela aprovechó tan superiormente, que en es- — 26o — pecial los retratos que hizo parecían tan buenos como de Veláz- quez; y si algo degeneró, fué inclinándose a la manera de Vandic, a cuyas obras fué aficionadísimo, y copió algunas con tan superior eminencia, que desmentían los originales; no siendo inferior en las de Ticiano y Rubens, que con la ocasión de discípulo del Pintor de Cámara lograba con facilidad. Y especialmente en pequello lle¬ gó a hacer retratos con tan extremado primor, que no se podían adelantar. Volvió Córdoba a ver a sus padres y patria cuando aún no a tenia veinte años; y como la novedad en las Ciudades es tan rui¬ dosa, y más siendo la habilidad tan sobresaliente, y con el baño de la Corte y discípulo del Pintor de Cámara, no se ofrecía obra pú¬ blica o particular que no le buscasen; especialmente se determinó en este tiempo ilustrar el claustro de nuestro P. S. Francisco, de aquella Ciudad, a devoción de diferentes particulares, a quienes con¬ cedió el Convento el entierro correspondiente en dicho claustro. Y siendo asi, que unos estaban inclinados a José de Sarabia, y otros a Antonio del Castillo (pintores antiguos y de crédito en aquella Ciudad), todos, o los más, se iban a nuestro Alfaro, llevados de la novedad y de que la manera suya era (a la verdad) de mejor gusto. Con cuya ocasión ejecutó para dicho sitio repetidos cuadros de la vida del seráfico Patriarca, :poniendo en todos su firma: Alfaro pin- xit. De lo cual sentido Antonio del Castillo, su maestro, consiguió de un su compadre el jurado Sebastián de Herrera que tomase a su devoción uno de estos cuadros (que fué el del Bautismo de dicho santo) y lo ejecutaría Castillo, como lo hizo, con superior excelen¬ cia; y en lugar de su firma puso: Non pinxit Alfarus; motejando por este medio la repetición de la firma de Alfaro; cosa que Casti¬ llo hizo rara vez; y dando a entender al mismo tiempo que la obra sería el pregonero de su autor. Hizo entonces Alfaro el célebre cua¬ dro de la Encamación del Verbo Divino, que está en un oratorio de los Carmelitas Descalzos, extramuros de Córdoba, que parece in¬ creíble que de tan corta edad hiciese semejantes obras. Como tam¬ bién el retrato del Señor Don Francisco de Alarcón, Obispo enton¬ ces de aquella santa iglesia, y los de todos los Obispos antecesores, que están en aquel Palacio, en el salón que llaman de los Obispos (valiéndose para la semejanza de otros antiguos de mala mano), que aseguro parecen de Vandic. Casóse en este tiempo en dicha Ciudad nuestro Alfaro con Doña Dabel de Heredia, persona de muy conocida calidad; y con ella se — 2ÓI — volvió a la Corte, donde manifestó su grande ingenio en repetidas obras públicas y particulares, y especialmente en retratos pequeños, que entonces se practicaban mucho y se pagaban mejor. Y en este tiempo ejecutó aquel célebre cuadro del Angel de la Guarda, que está en una capilla a los pies de la iglesia del Colegio Imperial de esta Corte, al lado del Evangelio, donde se conoce su gran gusto y capricho; que si bien se ve no era melindroso en aprovecharse, está tan bien organizado que se le puede perdonar; y más en lo artiñcioso de aquellos senos infernales, que causa horror el mirarlos, al paso que deleita la hermosura de la gloria con la Trinidad San¬ tísima, la Reina de los Angeles y acompañamiento de bienaventu¬ rados; todo conducido con gran gusto y belleza. Y porque en este tiempo quisieron gravar al Arte de la Pintura con el repartimiento de un montado (cuyo pleito se venció, como notamos en el Tomo primero, lib. 2, cap. 5) ; entre tanto tuvo for¬ ma nuestro Alfaro de irse a ser administrador de Rentas Reales en diferentes partidos, por librarse de las extorsiones de los Ministros Reales con dicho motivo. Y éste debió de ser el que tuvo para des¬ deñarse (según decían) del nombre de pintor; pues sucedió muchas veces ir a preguntar a su casa si vivía allí un pintor, y respondían que no. Pero fué sin duda por esta causa, y después por la del plei¬ to de la Hermandad de Nuestra Señora de los siete Dolores; porque yo le experimenté sumamente desvancido (si cabe decirse así) del renombre de pintor. Y aún me dijo a mí que ahora ya se podía preciar de pintor en Madrid cualquiera hombre honrado; pero que antes era cosa indigna; porque en tiempo de su maestro habían pretendido allanar la pintura y hacerla gremio, para que pagase como los oñcios y artes mecánicas, de que salió triunfante, corno dijimos en dicho Tomo, cap. 3 de dicho libro. Serenada, pues, ya esta borrasca, se volvió a la Corte a gozar de su quietud y habilidad, como la practicó en casa de Don Pedro de Arce, Regidor de esta Villa de Madrid y Caballero de la Orden de Santiago, añcionadisimo a la pintura: con cuyo motivo le hizo diferentes cuadros, unos de invención y otros de la Vida de San Cayetano, copias puntualísimas de unos originales de Andrea Va- caro, ¡cosa superior! *, que los tenia Don Cristóbal Ontañón, Caba¬ llero de la misma Orden y aficionado a todas buenas Artes; y es¬ pecialmente a esta de la Pintura, de que tenia excelentes originales. ♦ ¿Serán los números 462-s del Museo del Prado? Retrató también en este tiempo a dicho Don Pedro de Arce y a Doña Antonia de Arnolfo, su esposa, extremadamente parecidos, y tan bien pintados, que parecian de mano de Vandic. Y en este tiempo le hizo a dicho Don Pedro diferentes retratos de medio cuer¬ po, de hombres eminentes y poetas insignes para su museo, en que se deleitaba con singular afición a todas las m.usas y a donde con¬ currían los más lucidos ingenios de aquel tiempo ; y entre ellos nues¬ tro Don Juan de Alfaro, que no era de los menores, por ser en ex¬ tremo aficionado a la poesía, música, historia y representación; de que hubo frmciones lucidísimas en casa de dicho Don Pedro, ejecu¬ tadas con superior excelencia por los concurrentes a su museo, a que asistía lo más lucido de la Corte, con repetidas aclamaciones y aplausos. Y en consecuencia de esto dejó Alfaro en su expolio va¬ rios libros y papeles muy cortesanos; y entre ellos algunos apimta- mientos de la vida de Velázquez, su maestro; de Pablo de Céspedes y de Becerra, que nos han sido de mucha utilidad para este Trata¬ do. Hizo también el célebre retrato, y muy parecido, del Reveren¬ dísimo Padre Mateo de Moya, de la Compañía de Jesús, de más de medio cuerpo, que está en la librería del Colegio Imperial, como entramos a mano izquierda. También hizo en este tiempo el retra¬ to de aquel fénix español Don Pedro Calderón de la Barca, que está hoy colocado en su sepulcro en la parroquial de San Salvador, como entramos a mano izquierda *. Fué también pintor del excelentísimo señor Almirante de Cas¬ tilla, padre del que murió en Portugal; y de tanto aprecio fué su persona y habilidad a dicho señor, que llegó a extremo de familia¬ ridad muy íntima, como otro Apeles con Alejandro Magno; de suer¬ te que se regalaban recíprocamente, como si fueran dos iguales: experimentando Alfaro de la grandeza del Almirante no sólo asis¬ tencias muy competentes, sino otros intereses muy relevantes. Sir¬ viendo en este tiempo a su excelencia en diferentes retratos gran¬ des y pequeños, aderezo de las pinturas con que enriqueció la Casa de la Huerta, que está junto a los Recoletos Agustinos de esta Cor¬ te; aunque para aderezarlas y limpiarlas y disponer la mecánica de estas cosas en las preparaciones antecedentes a el pincel, había otro, muy hábil para esto, que se llamaba Diego Ungo. Pero en lo que tocaba a el pincel, sólo Alfaro lo ejecutaba; ya en retocar, lo maltratado de algunas ; ya en suplir, lo que se añadía, para igua- * Hoy en San Pedro de los Naturales, Madrid. — 26,^ lar con otras, o para llenar los sitios donde se habían de colocar; por ser todas originales buscados a costa de grandes expensas, de los primeros artifices de Europa, antiguos y modernos. Ejecutando también Alfaro algunas pinturas o países (que los hizo con excelen¬ cia) para algunos sitios pequeños. A este tiempo, en el año de 1675, habiendo enviudado Alfaro, y tratando de ir a Córdoba Don Gaspar de Herrera, paisano y ami¬ go sujo y jurado de dicha Ciudad, a diferentes dependencias, y a ver una hija suya, que había dejado Religiosa en el Convento de la Encamación, pidió licencia Alfaro a el Almirante para ir acom¬ pañando a dicho jurado y dar una vuelta a su patria y ver a sus parientes, que tenía muchos y buenos. Hízolo asi, con cuya ocasión retrató con superior acierto a la hija de dicho Don Gaspar, e hizo otras pinturas a diferentes aficionados. Especialmente algunos re¬ tratos de la familia de Don Juan de Morales, Caballero Veinticua¬ tro de dicha Ciudad, quien le regaló muy bien y le presentó im ca¬ ballo excelente cuando se volvía a Madrid, lo cual fué por los años de 1676. Y en este tiempo, habiendo concurrido con él diferentes veces el autor de esta obra (que entonces era estudiante de Teolo¬ gía y principiante en la pintura), le preguntó una de ellas qué jtñcio había hecho de aquel epígrafe de Antonio del Castillo (que notamos) en los cuadros de San Francisco. A que respondió: Había sido grande honra suya que se dignase de competir con él un varón tan singular, siendo él entonces tan barbiponiente en la persona co¬ mo en la pintura. Tan modesto y discreto era en todo, como se deja inferir de dicha respuesta. Y en esta y otras ocasiones alentó mucho al autor a que fuese a la Corte, donde esperaba había de aprove¬ char, viendo algunas indicaciones, que favoreció más de lo justo, y ofreciéndole su amparo y protección en cuanto valiese, como lo hizo. Volvió finalmente a Madrid nuestro Alfaro, de donde a pocos días salió dicho señor Almirante desterrado de orden del Rey a Medina de Rioseco, a donde deseó llevar consigo a Alfaro. El cual (por dejar ya en Córdoba negocio de matrimonio) se ex¬ tratado cusó de irle sirviendo; cosa que sintió en extremo el Almirante, como lo manifestó después. Y finalmente compuso Alfaro sus co¬ sas y menaje de casa, y se partió con todo a Córdoba el año de 78, en el cual se vino el autor a Madrid; para cuyo efecto le dió muy buenas cartas de recomendación, y algunas para que le dejasen aca- bax diferentes pinturas, que él había comenzado, de que hizo el autor el debido aprecio. Celebróse el dicho matrimonio de Don Juan de Alfaro con Doña Manuela de Navas y Collantes, de familia muy ilustre y conocida en aquella Ciudad. Ejecutó en este tiempo varias pinturas, así para el público como para particulares; y especialmente las del Monu¬ mento Nuevo, que hizo entonces aquella santa iglesia, y el retrato- del ilustrísimo señor Don Fray Alonso Salizanes, Obispo de Cór¬ doba, el cual está hoy en la sacristía de la célebre capilla, que fun¬ dó en ella su ilustrísima; y a poco más de un año, comenzó a ado¬ lecer Alfaro de hipocondría y mal de pecho; de suerte, que creyen¬ do mejorar, trató de volverse a Madrid, donde llego por el m.es de septiembre del año de 68o, y habiendo acudido a ponerse a los pies del Almirante (que ya había vuelto de su destierro), no se dejó ver; lo que fué para Alfaro de increíble sentimiento:, con lo cual, y el verse sin tener que pintar, para mantener srrs obligaciones, y que habiendo hecho la diligencia de buscarlo en las tiendEis de pin¬ tura (que entonces había muchas, que hasta a esto se humilló), aún no se pudo hallar, se melancolizó mucho; y tanto, que después se agravó de suerte su dolencia, que a pocos días acabó con él por el mes de noviembre de dicho año, con muy cristiana disposición y ejemplo de santa conformidad, y se enterró en la parroquia de San Millán, de esta Corte. Murió a los cuarenta años de su edad, con poca diferencia, con alguna vehemente sospecha de maleñcio; y su¬ cedió un raro infortunio, estando ya agonizando, y su mujer en otra cama, muy mala de un gran tabardillo; y fué pegarse fuego en el cuarto de abajo del que él habitaba, y atribulada la vecindad y los circunstantes del moribundo, unos sacaban trastos a toda pri¬ sa, otros descolgaban pinturas y quitaban cortinas, otros, envol¬ viendo a la mujer en los colchones, cargaban con ella; otros, con la cama, sin saber qué hacerse con el moribundo, ¡por el peligro de moverle!, que, aseguro, fué la mayor tribulación que en mi vida he visto. ¡Oh impenetrables juicios del Altísimo!, hasta que la Di¬ vina Providencia dispuso que el fuego se apagase: con lo cual, ya todo sosegado, acabó de cumplir el curso de su destino. Dejó un legado de una pintura original para dicho señor Almirante, en mues¬ tra de su buena ley y para que le encomendase a Nuestro Señor; y no la quiso recibir su excelencia, diciendo que sin ese motivo le encomendaría a Dios. Murió nuestro Alfaro lo más florido de en sus años, malogran- — 265 — do las esperanzas que ofrecía su lucido ingenio; y si no se hubiera dejado tanto llevar en su juventud del áura lisonjera de su fortu¬ na (entonces tan propicia), y se hubiera aplicado más al estudio de la pintura, hubiera sido de los primeros hombres del mundo; pues aun asi fué un ingenio de los más floridos de esta Facultad. Dejó mandado en su testamento que acabase el autor de esta Obra las pinturas que él dejaba comenzadas, que fué el retrato de Don José Iñiguez de Abarca, Abad de Roncesvalles, en que sólo estaba hecha la cabeza, una Concepción de dos varas y media, para Don Lorenzo Delgado, vecino de Córdoba, que sólo estaba en bos¬ quejo, y no de su mano, y un cuadro apaisado del Entierro de Cris¬ to Señor Nuestro (cuyo Santísimo Cuerpo sólo estaba en bosquejo y lo demás ni aim dibujado) para la sacristía de la iglesia de Nues¬ tra Señora de la Fuensanta, de dicha Ciudad; todo lo cual se eje¬ cutó puntualmente; y la señora viuda se volvió a su patria, con un hijo, que le quedó de muy tierna edad, acompañada de Don Fran¬ cisco de Hierro (cuñado suyo) y de una criada, que para este efec¬ to vinieron de orden de su madre de dicha señora; la cual se man¬ tuvo en su viudez con créditos de ejemplar virtud, con los cuales murió cerca de los años de mil y setecientos. ChVlll.—ENRIQUE DE LAS MARINAS, PINTOR Enrique de las Marinas fué natural de la Ciudad de Cádiz, donde tuvo sus principios en el Arte de la Pintura; y habiendo aprovechado bastantemente, se aficionó a pintar naves y marinas, con la ocasión que ofrece aquel delicioso puerto; y granjeado por este medio algún pedazo de caudal, pasó a la Italia; y después de haber peregrinado por diferentes regiones, hizo pie en Roma, donde practicando la habilidad a que le inclinaba su genio, llegó a conse¬ guir tal crédito, que en Roma le pusieron el nombre de Enrique de las Marinas, y por él fué tan conocido, que su apellido se ignora. Y a la verdad, llegó a hacerlas con tan extremado primar, que nin¬ guno le excedía, si es que alguno le igualaba; y yo he visto algunas de su mano, y lo cierto es que parece que no se pueden adelantar. Tuvo grande amistad con Fray Juan de Guzmán (seglar enton¬ ces), el cual contaba que viendo que Guzmán se quería volver a España, se lo abominaba mucho, diciendo que él no volvería por todos los intereses del mundo: pues provincia donde no los estiman. — 266 — no merece tenerlos. Yo no sé si tenía razón: júzguelo el desapasio- nado. Lo cierto él llegó a lograr allá tanta estimación y con¬ es que veniencias, como que vino a ser único en aquella materia. Y si vi¬ niera por acá (no sabiendo hacer otra cosa), pereciera; porque so¬ bre no pagarle como allá, lo más del año estuviera ocioso. Murió finalmente en Roma por los años de m.il seiscientos y ochenta, y a los sesenta de su edad, con poca diferencia. CLIX.—/^C7iVrO GERONIMO DE ESPINOSA, PINTOR Jacinto Gerónimo de Espinosa, natural y vecino de la Ciudad de Valencia, fué excelente pintor y discípulo de Ribalta, muy estu¬ dioso y naturalista: su pintura tiene gran fuerza de claro y obscu¬ ro, como se ve en la capilla mayor de la parroquial de San Este¬ ban de dicha Ciudad, cuyas célebres pinturas son de su mano. Asi¬ mismo, las de la capilla de San Luis Beltrán en el Real Convento de Predicadores; y otras en la parroquia de San Nicolás; y en la casa ^ profesa de la Compañía un San Luis Obispo, que en la casta y fuer¬ za de claro y obscuro parece del caballero Máximo. También hay muclias pinturas en el Convento de la Merced, y en otros sitios pú¬ blicos, sin las de casas particulares, que son sin número. Murió de muy crecida edad en Valencia por los años de mil seiscientos y ochenta *. CLX.—JUAN DEL SANTISIMO SACRAMENTO Religioso Carmelita Descalzo, Pintor. Fray Juan de Guzmán (que en la Religión se llamó del Sasitisi- mo Sacramento), fué natural de la Villa de la Puente de Don Gon¬ zalo, del Reinado de Córdoba, discípulo y consanguíneo de Ber¬ nabé Jiménez de Illescas, vecino de la Ciudad de Lucena, de quien ya hicimos mención. Pasó a Roma, donde acabó de vencer las pri¬ meras dificultades del Arte, y comunicó mucho (como paisano) con Enrique de las Marinas. Volvióse a España y pasó a Sevilla, donde ♦ L. Tramoyeses: El pintor Jerónimo Jacinto de Espinosa en Archivo de Arte vaienciano, 1915, pgs. 127 y sgs. Nació en 10 de julio de 1600; mu¬ rió el 20 de febrero de 1667. — 267 — "í hizo demostración de su grande habilidad. Fué muy inclinado a las letras, aplicó, lo que pudo permitirle el estudio de la pin¬ a que se tura; y juntamente (con más fogosidad que convenia) al manejo de las armas, en cuyo ejercicio se le ofrecieron varios lances, oca¬ sionados de su impaciente condición y osada temeridad. A que se siguió haberse enredado demasiadamente en aquel ruidoso vulgar motin de Sevilla por los años de mil seiscientos y cuarenta y seis; y temeroso de sus peligrosas consecuencias, se refugió en el Con¬ vento del Carmen Calzado de aquella Ciudad, donde por último tomó el hábito de Religioso Lego y profesó, aunque algo violento. Y como áspero de condición y no acostumbrado a las mortiñcacio- nes que se ofrecen entre varios genios, y naturales opuestos; por un sangriento disgusto, que el poco sufrimiento le ocasionó, fué transferido a la Recolección o Descalcés; y fuele asignado el Con¬ vento de Aguilar para su morada, donde pasó su vida, si no conten¬ to, resignado, al menos, con la Divina voluntad. Pintó mucho en aquella Ciudad, así para su Convento como para g otros de la provincia; fué muy grande teórico en el Arte; en la Ar¬ quitectura, consumado; y en la Aritmética, Geometría y Perspec¬ tiva: de ésta dejó un libro manuscrito, en que tradujo a Pietro Ac- colti, italiano, y en que reforma algunos descuidos de su autor, y añade varias anotaciones con muchas prácticas útilísimas para los estudiosos. Tuvo gran deseo de darle a la prensa, para lo cual dejó comenzadas algunas láminas; está hoy en la librería de dicho Con¬ vento de Aguilar, donde yace sepultado tan erudito trabajo, con bastante dolor de los que saben su importante doctrina. Estuvo una temporada, sobre los años de 1666, en el Convento de Carmelitas Descalzos, extramuros de la Ciudad de Córdoba, con el motivo de ilustrar de pinturas aquella casa; como lo hizo en re¬ petidos cuadros en el claustro y sacristía, asi de su invención como de estampas de diferentes autores (en que no era milindroso), eje¬ cutadas con superior gusto, dulzura y magisterio; porque fué su pintura muy bien empastada y de muy grato colorido, imitando la manera de Rubens y Vandic. Bien lo acreditan las referidas pin¬ turas de dicho Convento, juntocon las de la iglesia, especialmente el cuadro principal de el altar mayor. Hizo también diferentes pinturas para el palacio del ilustrísimo ^ señor Don Francisco de Alarcón y Covarrubias, dignísimo Obi^o que fué de aquella ínclita Ciudad y muy devoto de aquel religioso Convento, donde ordinariamente solía celebrar las Ordenes (y don- — 268 — de yo, aunque indigno, recibi de su mano las menores). También 5 hizo un cuadro de la Asunción de Nuestra Señora para uno de los ángulos del claustro del Convento de San Agustín de aquella Ciu¬ dad. Y últimamente, por el año de 1676, se volvió a su retiro del Convento de Aguilar, donde murió con créditos de religioso muy ejemplar y de pintor erudito y práctico por el año de mil seiscien¬ tos y ochenta, y a los sesenta y nueve de su edad. Yo le visité y le vi pintar diferentes veces el tiempo que estuvo en Córdoba; y era de muy apacible trato en aquella edad mayor, y de muy exce¬ lente manejo y buen gusto en los colores. CLXI.—70S£ ROMANI, PINTOR José Romani, boloñés, y de la escuela de Miguel Colona, fué gran pintor al temple y al fresco, y vivió en esta Corte muchos años en servicio del excelentísimo señor Almirante de Castilla (pa¬ dre del que murió en Portugal), y en la casa célebre de la Huerta de los Recoletos Agustinos (que fué el erario de las mejores pintu¬ ras del mundo) pintó varias cosas; como algunos frontis de puer¬ tas y ventanas y algunos techos, con aquel extremado gusto de tan buena escuela, no sólo en la arquitectura y adornos, sino también en las figuras y chicuelos, con grande acierto e inteligencia de las escorzos, y de la perspectiva así común como de techos; como lo manifiestan sus obras, y especialmente las que están al público, co¬ mo son el presbiterio de la Iglesia de los Italianos, de esta Corte, donde se ve, no sólo el suplemento y perspectiva de la comisa y arcos torales (que engañan), sino las figuras de la Gloria y los chi¬ cuelos: todo ejecutado con grande primor, dibujo y fuerza de cla¬ ro y obscuro. También es de su mano la pintura de la hornacina del Santí¬ simo Cristo de la iglesia del Convento de Antón Martin; y la de otra capilla de Cristo Señor Nuestro Crucificado, que está a los pies de la iglesia del Convento de Nuestra Señora de Atocha, donde, además de la arquitectura, perspectiva y adornos de muy excelen¬ te gusto, están Santo Domingo y Santa Catalina de Sena a los la¬ dos del Santo Cristo, grandemente ejecutados. También es de su mano la pintura de las pechinas de la capilla de la Venerable Or¬ den Tercera de nuestro Padre San Francisco, donde están irnos chi- — 269 — cuelos, imitados a bronce, y unos escudos de dicha Orden, ejecuta¬ dos con harta grada. No lo está menos el ornato al fresco de una imagen de Nuestra Señora, que está en una esquina en el barrio del Barquillo en esta Corte, junto a las casas del señor Marqués de Astorga, que hoy se conserva con extremado primor y frescura. En que es de advertir que a esta pintura supe que luego que estuvo seca, la bañó toda con aceite de linaza (cosa muyimportante para estar a la inclemen¬ cia del tiempo), donde el aire y el sol puriñcan la amarillez que le podía causar el aceite de linaza: lo cual no aconsejarla yo en sitio cerrado, porque se abutagaría la pintura. También pintó mu¬ chas cosas en el palacio alto de Boadilla; y en especial la lucha y vencimiento de Hércules y Anteo, valientes ñguras, pero ya consu¬ midas del tiempo: lo que no está la pintura, que ejecutó debajo del cobertizo, donde hizo diferentes fábulas, con muy excelente ar¬ quitectura y galantes adornos. Murió por el año de 1680, a los se¬ senta y cuatro de su edad, y se enterró en la parroquia de San Il¬ defonso de esta Corte. Yo le conocí y le traté, y era de genio muy modesto, humilde y amable. cual.—JUSEPE MARTINEZ Y SU HIJO, PINTORES Jusepe Martinez, natural vecino de la Ciudad de Zaragoza, y estudió en Roma el Arte de la Pintura; y habiendo salido muy aventajado en él, volvióse a su patria, y llegó a ser pintor de Su Majestad y de mucha opinión en aquel Reino: pues hallándose el Señor Felipe Cuarto en aquella Ciudad el año de 1642 a paciñcar el Principado de Cataluña, tuvo forma este artíñce de pretender plaza de Pintor del Rey ad honorem. Y habiéndose informado Su Majestad de Don Diego Velázquez (su Pintor de Cámara), que a la sazón le iba sirviendo, respondió Velázquez, como prudente, que la habilidad de el dicho Martínez era la mejor que había visto en aquella tierra, además de sus honrados procederes, con lo cual su Majestad le hizo la gracia; de él hay muchas obras en aquella Ciu¬ dad, especialmente los cuatro lienzos de los ángulos del claustro del Monasterio de Gerónimos; y también pintó muchos de la Vida de Cristo Señor Nuestro, ¡cosa excelente! Tuvo un hijo, no de menos habilidad que su padre, quien le envió a estudiar a Roma con crecidas asistencias; y de vuelta tomó el hábito de Monge en la Santa Cartuja de Aula Dei (una de las cé¬ lebres de aquel Reino), donde pintó la Vida de San Bruno con gran capricho y hermoso colorido. Y allí murió en opinión de gran Sier¬ vo de Dios, por el año de mil seiscientos y noventa, y de su edad cincuenta años y seis meses. Llamóse Fr. ..\ntonio Martínez; el pa¬ dre se estuvo siempre en Zaragoza, donde murió el año de mil seis¬ cientos y ochenta y dos, y a los setenta de su edad *. cuan.—JUAN MONTERO DE ROJAS, PINTOR Juan Montero de Rojas fué natural y vecino de esta Villa de Madrid y discípulo en el Arte de la Pintura de Pedro de las Cue¬ vas. Pasó a estudiar a Italia, donde se adelantó de suerte que mu¬ chas pinturas suyas las tenían por de mano del Caravacho; volvió a esta Corte, donde hizo muchas obras excelentes; y en especial el cuadro de la Asunción de Nuestra Señora, que está en la bóve¬ da de la iglesia del Colegio de Atocha sobre el coro. Y también es de su mano el cuadro del colateral de la epístola, del Sueño de San José, en la iglesia de Don Juan de Alarcón. Y en la sacristía del Convento de la Merced (también de esta Corte), es de su mano uno de los cuadros de los misterios alusivos a el Sacramento, que es cuando el pueblo de Dios pasó a pie enjuto el Mar Bermejo con el arca del Testamento, quedando Faraón y sus gentes y caballos anegados en sus ondas. Esta pintura es la primera, que está a la mano siniestra como entramos en dicha sacristía. Que todos los de¬ más son de mano de Don Juan Antonio Escalante, y sólo éste es de otra mano. Pero sobre todas son cuatro pinturas suyas de ñgu- ras solas, del natural, que representan los cuatro elementos (que yo he visto en casa de un aficionado a la pintura), tan superior cosa, que por ellas solas merece este lugar. Murió en esta Corte por el año de mil seiscientos y ochenta y tres, y a los setenta de su edad, y está enterrado en la parroquial de San Sebastián. Yo le conocí en sus últimos años. * Véase Fuentes, t.° III, p. 15 y sgs. 271 — — CLXIV.—£>OjV francisco DE SOUS, PINTOR Don Francisco de Solís fué natural de esta Villa de Madrid; nació en la Collación de San Ginés, fué hijo de padres nobles y re¬ cibido por tal en esta Villa. Su padre y maestro fué Juan de Solis (que también fué pintor), aunque deseando que el hijo siguiese la Iglesia, no le permitía el noble ejercicio de la pintura, sino en los ratos ociosos. Y asi le aplicó a los estudios, en que salió muy apro¬ vechado, especialmente en la Gramática y Filosofía; de que resul¬ tó el ser sumamente aficionado a los libros y a todas buenas letras, y de tratomuy apacible, discreta y erudita conversación, con mu¬ chas noticias de historia y dichos muy agudos y sentenciosos; fué pintor muy práctico y de una manera muy fresca, hermosa y grata al vulgo. Y asi tuvo muchas obras, y hubiera logrado grandes ha¬ beres, si fuera de genio ambicioso; pues más estimaba su comodi¬ dad y descanso que todos los intereses del mundo. Siendo de edad de diez y ocho años, hizo un cuadro para el Con¬ vento de Capucrinos de Villarrubia de los Ojos; y antes de llevár¬ sele, le pusieron en la iglesia de los Capuchinos de la Paciencia de esta Corte, en fimción que concurrían Sus Majestades; y habién¬ dolo visto el Señor Felipe Cuarto e informado de las circunstancias del autor, mandó Su Majestad que lo firmase y pusiese la edad, y así lo ejecutó. También hizo muchas pinturas para el Convento an¬ tiguo de los Capuchinos del Prado; especialmente una Concepción Purísima, con el arcángel San Miguel, batallando con el Dragón, que fué muy celebrada. Hizo también todas las pinturas de la ca¬ pilla de Nuestra Señora de Copacabana, en los Recoletos Agusti¬ nos; con otras muchas, que hay en el Convento y portería. Tam¬ bién son de su mano todas las pinturas del retablo principal de la iglesia del Convento de Carmelitas Descalzas de Boadilla, donde en¬ tró una hija suya religiosa; y otra de la Visitación de Santa Isa¬ bel, en una capilla al lado de la epístola, en la misma iglesia, sin otras menores, que tiene dentro del Convento. También hizo mu¬ chas para la iglesia y Convento de los Recoletos Agustinos de Alca¬ lá de Henares. Y en Viana, en el Convento de nuestro Padre San Francisco, está todo el claustro pintado de su mano, de historias de este glorioso patriarca. También hizo una grande obra de pinturas para la iglesia del Convento de Religiosas Dominicas de Villanue¬ va de los Infantes. Hizo también dos cuadros de la Purificación y Visitación de Nuestra Señora, que están en el claustro de los Tri¬ nitarios Descalzos de esta Corte. Pintó las Fuerzas de Hércules pa¬ ra la entrada de la Reina Doña María Luisa de Orleans, en el or¬ nato de la plazuela de San Salvador de esta Villa. Hizo también muchas pinturas para el claustro del glorioso patriarca Santo Do¬ mingo, en la Villa de Marchena, aunque preocupado de la muerte, no lo acabó. Para Valladolid, en la iglesia del Convento de la Laura, de Religiosas Dominicas, ejecutó dos cuadros grandes, que hicie¬ ron gran ruido cuando se colocaron. Y para Indias y casas particu¬ lares y otros sitios públicos, hizo tantas pinturas, que no se pueden numerar. Pero no permite pasarse en silencio el cuadro de Santa Teresa, que está colocado en un pilar de la iglesia parroquial de San Miguel de esta Corte, junto con el cuadrito del remate, que uno y otro es de lo mejor que hizo. Como también dos cuadros grandes del Sacriñcio de Abel y Caín, el uno, y el otro, del de Abraham, que están en poder de un añcionado, ¡y son cosa superior! Murió en esta Villa de Madrid a veinte y cinco de septiembre del año de mil seiscientos y ochenta y cuatro, y a los cincuenta y cinco de su edad; y se enterró en la iglesia del Convento de la Vic¬ toria, dé Religiosos Mínimos de San Francisco de Paula, en el en¬ tierro de los Barraganes, que le tocaba por su mujer Doña Lucia Barragán; y está con su lápida delante del altar de Nuestra Se¬ ñora del Buen Alumbramiento. Fué de muy buena estatura, muy galán y bien proporcionado. Dejó una Librería y Estudio de Pin¬ tura, que se estimó en seis mil ducados; y una armería, como pu¬ diera un gran Príncipe; porque en todo tuvo pensamientos de tal. Tuvo muchos años academia en su casa, y esto le adelantó mucho y le dió gran facilidad en el inventar; aunque se dió mucho a pin¬ tar amanerado, sin valerse del estudio del natural, sino en muy rara cosa. Dejó escrito un libro de aquellos pintores eminentes es¬ pañoles en quienes ñorecieron las tres Artes de Pintura, Escultura y Arquitectura; y tan adelantado, que tenia ya abiertas muchas lᬠminas de los retratos. Y por diligencias que se han hecho, no se ha podido descubrir; con que no se sabe donde para. CLXV.—DIONIS MANTUANO, PINTOR Dionis Mantuano fué boloñés, y gran pintor al temple y fres¬ co; pero solamente de la Arquitectura, perspectiva y adornos; por- que para las figuras, aunque fuese un mascarón o una vichuela, necesitaba de valerse de otros. Cosa corriente en los extranjeros. Estuvo en Génova por los años de 1656. Después vino a Madrid en tiempo del señor Marqués de Helicbe (Alcaide de el Buen Reti¬ ro), por Ingeniero para las tramoyas y mutaciones de las comedias célebres que en aquel tiempo se hacian a Sus Majestades en dicho Real Sitio: porque era también grande arquitecto, de que le so¬ brevino contratiempo muy pesado de haber concurrido, como im ingeniero cierta manufactura de mucha entidad: sobre que estu¬ a vo preso, y en un encierro en la cárcel de Corte muchos meses, cargado de grillos y cadenas, de que enfermó gravemente de las piernas; pero lo peor fué que llegó a estar muy a pique sobre el caso, o de un tormento cruel, o de un suplicio fatal. En cuya aflic¬ ción se encomendó muy dé veras a la Virgen Santísima del Car¬ men (de quien era muy devoto), que pues sabía su inocencia, le sacase con bien de aquella tribulación; que ofrecía ayunarle todos los sábados a pan y agua mientras viviese (como lo cumplió). Y afirman personas que le trataron, que la Virgen Santísima se le apareció, y le consoló, asegurándole que no temiese, que presto saldria, como con efecto sucedió; habiéndose averiguado que él no había influido en nada, o que el caso había sido incierto; y asi salió libre y sin costas. Hizo también varias trazas para diferentes obras; y especial¬ mente para la fachada de las casas del señor Marqués de los Bal- bases, cuya pintura ejecutaron el dicho Mantuano y Don Vicente de Benavides; y a cada uno, mientras pintaron dicha fachada, le daba el señor Marqués un doblón cada día. Pintó también la arquitectura y ornatos del techo de la Gale¬ ría de las Damas de este Palacio de Madrid (que ya se blanqueó). También los adornos de la capilla del Santísimo Cristo en el Co¬ legio Imperial de esta Corte, de cornisa abajo; la sobrescalera de las casas del señor Nuncio, y el techo del Coliseo del Buen Retiro, y otras muchas cosas en las casas de San Joaquín de dicho señor Marqués de Heliche. Y, finalmente, viviendo en la calle de los Re¬ yes, hacia Leganitos, murió por los años de mil seiscientos y ochen¬ ta y cuatro, de poco más de sesenta años; y está enterrado en la parroquial de San Marcos. Tuvo el Hábito de Cristo, que le dió Su Santidad, por mano del señor Nuncio de España, Don Sabo [«c] Milini. 18 ŒXNl.—ANTONIO DE ARIAS FERNANDEZ, PINTOR Antonio de Arias Fernández, natural y vecino de esta Villa de Madrid, hijo de Bartolomé Fernández Arias, natural de Toirán, en Galicia, Obispado de Lugo, y de su legítima mujer Juana Hervás, natural de Espinosa de los Monteros; tuvo por maestro, en sus principios, a Pedro de las Cuevas, y con su enseñanza en breve tiempo, juntándose su gran natural y aplicación; cuando llegó a los catorce años de su edad, hizo toda la pintura, que está en el re¬ tablo del altar mayor del Carmen Calzado de la Ciudad de Tole¬ do; y le dió tanto crédito esta pintura, y le alentó de suerte el aplau¬ so, que continuando el estudio, cuandocumplió los veinte y cinco de esta Corte, que eligieron años era ya uno de los grandes artíñces para pintar los retratos de los Reyes de España, en tiempo del Conde-Duque de Olivares; cuando se renovó el salón de Su Majes¬ tad en su Real Palacio, que llaman de las Comedias, y ya se di¬ vidió en diferentes estancias. En él se veían en un cuadro retrata¬ dos el Rey Don Alonso el Sexto con su madre la Reina Doña Urra¬ ca Castilla; y en otro, el Señor Emperador Carlos Quinto y su de hijo Don Felipe Segundo *, y otros dos lienzos del mismo tamaño, en la alcoba de Su Majestad, también de Reyes, y en cada uno dos personas Reales. Tuvo opinión de pintor muy diestro y largo: su manera de pintar, de gran fuerza. Y si hubiera de hacer relación de las muchas obras que hizo este artíñce, fuera salir de asunto, en que deseo no ser molesto. Y así solamente digo, que era muy con¬ tinuo trabajador, y nunca le faltaba que hacer. Hizo once cuadros para el claustro alto del Real Convento de San Felipe, de Religio¬ sos Agustinos Calzados, de esta Villa, de la Pasión de Cristo Señor Nuestro, ¡que son cosa excelente! Como también un gran cuadro del Bautismo de Cristo Señor Nuestro, que está en la Iglesia de San Ginés, en la capilla de la Pila de Bautismo. No puedo dejar de decir algo de otras buenas partes suyas; pues fué uno de los que hermanaron la pintura y la poesía, haciendo muy gentiles versos castellanos, enriquecidos con muy buenas no¬ ticias de las fábulas e historias. Después de esto era muy jovial, de muy gustosa y entretenida conversación, sin ser cansado; amigo de sus amigos, y generalmente con todos muy agradable y cortés. * Depositado por el Museo del Prado en la Universidad de Granada. 275 - - Estuvo casado con una virtuosa señora, de quien tuvo, muy •entre otros hijos, ima hija, aplicó a esta Arte; en su buena que se doctrina dió muestras con sus diseños en sus primeros años del na¬ tural, que se suele heredar de los padres. Nada le faltó a Antonio Arias, si no es la fortuna; pues en su mayor edad llegó a declinar tanto y estar ya tan inhábil, que le mantenía la conmiseración de sus amigos (ya me espantaba yo que pintor y poeta no declinase el abismo de la desventura). Y última¬ mente vino a morir con suma miseria en el Hospital General de esta Corte el año de 1684. (¡Oh fuerza de una estrella infeliz!) Yo le conocí en este mísero estado, con gran quebranto de mí corazón. CLXVII.—Z>OiV JUAN DE REVENGA, ESCULTOR Don Juan de Revenga, escultor insigne, fué natural de la Ciu¬ dad de Zaragoza, y Caballero de lo más ilustre de aquel Reino, y con muy honrado patrimonio, con el cual pasó a Italia en su ju¬ ventud, llevado de la añción a el Arte de la Escultura, donde logró su adelantamJento con superiores ventajas, que fué de los más tan eminentes de tiempo; como lo acreditó, volviendo a España, en su diferentes obras particulares, que hizo muchas para regalar a sus amigos y otras personas de su obligación, a causa de no querer de¬ clararse por profesor de la escultura, sino solamente como aficiona¬ do, que lo tenia para su entretenimiento; y de ordinario se soco¬ rría de hacer cosas de cera, para urnas, cajones, escaparates, de que vi yo muchas en casa de Don Diego Villa-Toro (caballero muy co¬ nocido en esta Corte por sus grandes negociados y afición a estas Artes), y lo hacia con tan extremado primor, que desmentía el na¬ tural. Y esta fué la causa de que no hiciese obras para el público; pero instado de algunos amigos y estimulado de otros, que este re¬ tiro lo atribuían a falta de ánimo o de inteligencia, se resolvió, para complacer a unos y desengañar a otros, a ejecutar la celebérrima estatua de Nuestra Señora, que está sobre la portada de la lonja del Convento de los Angeles, de Religiosas Franciscas, de esta Cor¬ te; la cual ejecutó con tan superior gusto e inteligencia, que es una de las más eminentes estatuas que se admiran en ella; y por esta sola efigie merece nombre inm.ortal; pues ella sola acredita otras muchas, que sin duda ejecutaría con igual acierto; porque para lle¬ gar a la eminencia de una obra sublime, no se consigue de un acto solo, sino con la repetición de muchos. Pero ¡oh fuerza de un fatal destino! Con la decadencia de la edad (que ya pasaba de más de¬ setenta años) y lo apurado ya de su patrimonio, llegó a tanta mi¬ seria, que vino a morir en el Hospital General de esta Corte, por los años de mil seiscientos y ochenta y cuatro. ¡Desventura de nuestra Nación, que no tenga providencia para semejantes acaecimientos! CLXVIIL—FRANCISCO RICI, PINTOR DE SU Majestad y Arquitecto. Don Francisco Rici, Pintor del Rey nuestro Señor Don Felipe Cuarto, y Carlos Segundo, y hermano de Fray Juan Rici (de quien ya hicimos mención), fué natural de esta Villa de Madrid, y discí¬ pulo en el Arte de la Pintura de Vicencio Carduchi, y de los más adelantados que tuvo, como lo maniñestan muchas y famosas obras de su mano en esta Corte; una de las cuales es la pintura de im Santiago a caballo, que está en el altar mayor de la parroquial de su advocación; y otra grande del Expolio de Cristo Señor Nuestro,, que está en el Convento de Capuchinos, llamados de la Paciencia, en el altar mayor: es lienzo este en que se conoce el gran genio y talento de su artíñce, por la admirable composición y armonía de la Historia del Calvario, que mueve a gran ternura y devoción; donde también tiene otro cuadro de la Concepción Purísima en ima capilla al lado de la Epístola. También es de su mano otro de los Agravios, que en la santa imagen del Cristo de la Paciencia ejecu¬ taron aquellos pérfidos judíos, por los años de mil seiscientos y cin¬ cuenta, en que le están hiriendo y azotando con varios instrumentos, y está colocado el inmediato al lado de la Epístola. Y en San Ber¬ nardo es también de su mano un cuadro de este santo en el remate de un retablo los pies de la iglesia de su Convento; juntamente a con otros dos pequeños, que están abajo en los pedestales. Como también las pechinas y medallas bronceadas en la iglesia de las Monjas de San Plácido; junto con la Concepción en la bóveda del presbiterio y las figuras de la bóveda de la capilla del Santo Se¬ pulcro. Y también son de su mano dos cuadros, el uno del Despo¬ sorio de Santa Catalina al lado de la Epístola; y el otro de San Ignacio Mártir al lado del Evangelio en el crucero del noviciado de la Compañía de Jesús. También es de su mano el cuadro del altar- mayor del Convento del Santo Cristo del Pardo; y el del altar ma- ,yor de la iglesia parroquial de Valiecas, que es del apóstol San Pe¬ dro, cuando el ángel le quitó las prisiones y le sacó de la cárcel. También es de su mano el célebre cuadro de Santa Leocadia, que está en el altar mayor de la iglesia del Convento de Capuchinos de la Ciudad de Toledo, que como entonces trazaban los pintores los retablos, habia en ellos pintura; pero como ahora los trazan los ensambladores, todo es madera; sin advertir los incendios lasti¬ mosos que en estos años se han experimentado; pues una vez pren¬ dido el fuego, por desgracia, en una montaña de madera seca, no hay fuerzas humanas para apagarlo. Y que las tres Artes juntas dan el complemento de la perfección a las obras, como se ve en los retablos antiguos. Es también de su mano el cuadro de Cristo Cruciñcado, que «stá en el salón de Ayuntamiento de esta Villa de Madrid; la traza y ejecución de la arquitectura y adornos de la cúpula de San An¬ tonio de los Portugueses. También la traza y ejecución (jrmto con -Carreño) de la pintura del ochavo de la santa iglesia de Toledo, con otros dos cuadros de la Historia de Santa Leocadia, que están en la sacristía de dicha santa iglesia. Son de su mano también las dos historias de la Pasión de Cristo Señor Nuestro, que están en la capilla del Santo Cristo del Colegio Imperial, de esta Corte; jun¬ to con el San Pedro, y la Mujer Verónica, de medios cuerpos, que •están en dos óvalos sobre las puertas. También las pinturas de los dos colaterales de dicha iglesia, que son de San Francisco de Borja y San Luis Gonzaga, con las demás, que están en el recinto de uno y otro retablo, y la principal de San Francisco Javier en el altar mayor. Son también de su mano los dos célebres cuadros de la ca¬ pilla de San Isidro en esta Corte, al lado del Evangelio, el uno del Milagro del Pozo del Santo y el otro de la Batalla de las Navas de Tolosa, cuando San Isidro condujo por aquellas montañas al Rey Don Alonso el Octavo, para que lograse la victoria, ; que uno y otro cuadro son cosa maravillosa! Como también otro del mismo Santo, con el milagro referido del Niño en el Pozo, que está en la parro¬ quial de San Pedro en esta Corte, debajo del coro; y el del após¬ tol San Andrés, del colateral de la Epístola en la parroquial de San Salvador: como también las pinturas del retablo de Nuestra Seño¬ ra de la Soledad, todo en esta Corte; y la de Santa Catalina Már¬ tir, junto a la puerta de las gradas de San Felipe; y otra de Santa Agueda, en un pilar hacia los pies de la iglesia de la Santísima Tri¬ nidad. También las tres pinturas que están en la capilla de Don 278 — - I Andrés de la Torre, en el Convento de los Angeles, al pie del reta- 7 bio del Nacimiento, que son la Adoración de los Santos Reyes, y la Purificación, y el Ecce Homo en la puerta del sagrârito; y asimes- mo dos cuadros de San Lucas y Santa Lucía, que están entre las rejas del coro, a los lados del retablo, figuras enteras del natural; y también la pintura de la Santísima Trinidad, que está en el re¬ mate del retablo; y otro del mismo asunto sobre el cuadro de la Concepción (también de su mano), que está en el pilar del arco toral de la iglesia de Santa Cruz; y abajo tres cuadritos, el de en medio el Bautismo de Cristo, y a los lados San Francisco y Santo Domingo. También es de su mano el cuadro de San Francisco de Borja, que está en el cerramiento del retablo de la casaprofesa de la Compañía de Jesús, y fué lo último que acabó. Hizo también la traza del retablo y el cuadro grande del Martirio de San Ginés de Arlés, en la parroquial de esta Corte. Y habiendo muerto Rici, y pareciendo que estaba algo confuso dicho cuadro, lo retocó José Donoso; y aunque lo dispertó alguna cosa, no le adelantó nada, ni ^ fué bien vista la acción. Es también de su mamo un cuadro de la Concepción Purísima, que está en la iglesia de las monjas de la Magdalena de Alcalá de Henares, al lado de la Epístola. Como tam¬ bién lo son otros dos cuadros de la Vida de Santa Teresa, que es¬ tán en el crucero de la iglesia del Convento de Carmelitas Descal¬ zas de la Villa de Alba de Tormes, ¡cosa excelente! Y en el claus¬ tro de Religiosos Gerónimos del Parral de Segovia, cuadro un gran del máximo Doctor San Gerónimo. Fué nuestro Rici Pintor de Su Majestad y Ayuda de la Furrie¬ ra desde que pintó lo que dijimos en la vida de Velázquez en el Salón de los Espejos, y fué muy erudito, especialmente en letras humanas; y así sus obras e inventivas fueron siempre muy bien fundadas en erudición; como lo manifestó en la traza, idea y mo¬ delo que hizo para el célebre monumento de la santa iglesia de To¬ ledo, muy adornado de misterios alusivos a el intento. Obra por¬ tentosa, y de todas maneras admirable, en que le a3mdaron Carro¬ ño, Mantuano y Escalante. También lo manifestó en la traza que hizo para el techo de la Galería de las Damas, en este Palacio de Madrid, muy llena de erudición de letras humanas; la que ejecu¬ tó juntamente con Carreño y Mantuano, aunque ya se blanqueó. ( Y en este conocimiento estaba el Señor Carlos Segundo, y así le estimaba mucho. 279 — — Sucedió un día que saliendo el Rey para el cancel de la capi¬ lla, yendo delante el Ayuda de Furriera (que lo era Riel), como y es estilo, para abrir las puertas; con el movimiento de alguna de ellas, se cayó un cuadro, y con el marco le hirió a Rici en la ca¬ beza; lo cual visto por Su Majestad se le puso un pañuelo, y se entraron adentro a toda prisa, y de orden del Rey, su Barbero de Cámara (que acababa de hacerle la barba), y con los mismos pa¬ ños y palancana del Rey, le tomó la sangre: y viéndole Su Ma¬ jestad tan sereno a Rici, como si le hubiera sucedido una cosa de mucho gusto, tenido los demás que le dijo que mayor susto habían él, según mostraba. Y él respondió: Sí, señor, estoy muy gozoso de que a mí me haya sucedido, porque no sucediese a V. Majestad. Y no era menos prudente que discreto; pues habiendo herido un soldado de la guardia a Isidoro Arredondo (discípulo suyo, que después fué pintor del Rey), lam.eníándose mucho Rici de este atrevimiento delante del Rey (a cuya noticia llegó el caso), y pre¬ guntándole Su Majestad quién había sido el agresor, para castigar¬ le, resj-Xjndió Rici (siendo así que le conocía muy bien) que con la confusión del suceso, no le podría decir a Su Majestad quién era. Tuvo Rici muchos años a su cargo la dirección de los teatros de mutaciones de las comedias que se hacían entonces con gran fre¬ cuencia en el Retiro a Sus Majestades; en cuyo tiempo sirvió mu¬ cho e hizo grandes trazas de mutaciones, porque era grandísimo ar¬ quitecto y perspectivo. Y así ejecutó también otras muchas para diferentes retablos. Y de esto y de dibujos dejó un sin número. Te¬ nia gran facilidad en el manejo, y decía que tanto importaba saber pintar como el saber ganar de comer, porque el pintor largo no pe¬ recería. Y así lo que una vez intentaba, no lo mudaba, por decir que sería nunca acabar; y que cualquiera cosa y en cualquier pos¬ tura se puede hacer bien, no habiendo reparo substancial. Ultimamente le mandó Su Majestad fuese a El Escorial para la dirección de aquella capilla de las Santas Formas (que fué traza suya) y pintar el cuadro (que decimos en la vida de Claudio, que¬ dó bosquejado), y allí le dió el mal de la muerte, y quedó enterra¬ do en aquel santo Monasterio por el año de mil seiscientos y ochen¬ ta y cuatro, y a los setenta y siete de su edad, con poca diferen¬ cia *. * Murió e] 2 de mayo de 1685; habría nacido en 1608. •> I — 2S0 — CLXIX.—^LOA"SÒ DEL BARCO, PINTOR PAISISTA Alonso del Barco, natural y vecino de esta Villa de Madrid, fué paisista excelente: tuvo sus principios con José rVntolinez; y vien¬ do lo poco que adelantaba en las figuras, se aplicó a los países (que los hacía muy bien su maestro), y aprovechó en ellos de suerte Alonso, que llegó a hacerlos con superior excelencia y manejo; pues sin ver cosa alguna, los hacia de práctica, con tal variedad y her¬ mosura, que causaba admiración; y de su mano hay muchísimos, asi en conventos como en casas particulares. Fué casado, y habiendo muerto su mujer, se vistió de eclesiás¬ tico, con ánimo de ordenarse; y ya por falta de congrua, ya por incapacidad natural (de que tenía algún trabajo), no lo pudo con¬ seguir. Y fatigado de flatos, que continuamente le molestaban, y de que siempre se andaba quejando, murió en esta Corte pKir los años de mil seiscientos y ochenta y cinco, a los cuarenta de su edad, con poca diferencia; y está enterrado en la parroquial de Santa Cruz. Y he tenido noticia cierta que obtuvo (no sé por qué medios) un canonicato de la santa iglesia de Covarrubias, el Obispado de en Burgos; pero murió poco después, sin poder obtener Ordenes m.a- yores. CLXX.—/GY^C/0 DE IRIARTE, PINTOR Ignacio de Triarte, pintor célebre en países, fué natural de Viz¬ caya, y tan aplicado a este linaje de pintura, que llegó a ser en Se¬ villa, a voto de todos los de su tiempo, el único en el manejo y buen gusto de los países; y tanto, que Murillo dijo que Ignacio hacía los países por inspiración divina; que de otro modo parecía imposible hacer lo que hacía, según los varios conceptos y caprichos que se le ofrecían en la ejecución de ellos, de que hay gran número en Sevilla, especialmente en casas particulares, con grande estima¬ ción. Murió en dicha Ciudad por el año de mil seiscientos y ochen¬ ta y cinco, y a poco más de los cincuenta de su edad. CLXXI.—ZIO.V FRANCISCO DE HERRERA EL MOZO Arquitecto y Pintor de Su Majestad. Don Francisco de Herrera {el Mozo), hijo del que dijimos de este mismo nombre, a quien llamaron d Viejo, fué natural de Se- i villa y discípulo de su padre, a quien imitó en sus principios, con gran propriedad. Y hallándose ya muy adelantado, pasó a Roma, donde estudió con grande aplicación, así en las Academias como en las célebres estatuas y obras eminentes de aquella Ciudad; con que se hizo, no sólo gran pintor, sino consumado arquitecto y perspec- tivo; y habiéndose aplicado a pintar bodegoncillos, en que tenía gran genio, y especialmente con algunos pescados, hechos por el natural, para hacerse por este camino más señalado y socorrer su necesidad en el desamparo de aquella Corte. Llegó a tan superior excelencia en estas travesuras, que mereció en Roma ser conocido con el nombre de il Spagnolo degli pexe-, por cuyo medio logró, no sólo la fama, sino la utilidad. Volvió a Sevilla, su patria, donde hizo algunas pinturas con uni¬ versal aprobación y admiración; especialmente la del cuadro de San Francisco de Asís, que está en la fachada de la sala capitular de la Cofradía del Santísimo Sacramento, del sagrario de aquella santa iglesia, que es una admirable pintura, y bien extraña en lo caprichoso de luces y sombras, en que fué singularísimo. Hizo tam¬ bién algunos retratos, con singular grandeza y primor; y especial¬ mente el de un francés en traje de cazador, cargando la escopeta, ¡que aseguran los que lo han visto que es un milagro! Después vino a esta Corte, donde lo primero que hizo fué el cuadro de San Hermenegildo, Rey de España, que está colocado en el altar mayor de la iglesia de los Carmelitas Descalzos *. Y era tan vano nuestro Flerrera, que se dejó decir que aquel cuadro se había de poner con clarines y timbales. Cosa que bastó a concillarle mu¬ chos émulos; pero él tenía para todos, porque era de genio muy ar¬ diente y voraz. Pintó también en tiempo la bóveda que está sobre el coro este de San Felipe el Real, de esta Corte. Cosa cierta en extremo ca¬ prichosa y rara; en que se descubre la inquietud y travesura de aquel genio, aunque maltratada del incendio lastimoso del año pa¬ sado de 718, fué preciso retocarla de otras manos, aunque por su propio borroncillo. Consiguió en este tiempo el pintar la cúpula de la capilla de Nuestra Señora de Atocha del Convento de este nombre del Sa¬ grado Orden de Predicadores; porque tratándose de esto, y discu¬ rriendo el Señor Felipe Cuarto con Don Sebastián de Herrera, quién * Hoy, en el Museo del Prado. — 282 — la pintaría, le dijo el Rey a Don Sebastián ; Me han dicho que hay un pintor de vuestro apellido que tiene habilidad para esto. A que él respondió: Si, señor, lo hará muy bien. Y en esta conformidad fué elegido para dicha obra; la cual ejecutó con extremado primor, pintando en ella la Asunción de Nuestra Señora, con el apostolado en la barandilla que ñnge sobre el anillo de la cornisa, recibida sobre muy galante arquitectura de columnas salomónicas; y en el presbiterio y pechinas diferentes medallas y adornos de estuque, con extremado gusto y capricho; que aunque algo de esto se in¬ mutó del anillo abajo, cuando lo prosiguió Lucas Jordán de orden del Rey, todavía quedó lo bastante para descubrir el capricho de la primera invención. De aquí resultó el hacerle el Rey su pintor; como después e.I Señor Carlos Segundo le hizo maestro mayor, por muerte de Don Sebastián Herrera. Y en este tiempo ejecutó aquel célebre cuadro de San Vicente Ferrer predicando, que está en la iglesia del Hospi¬ tal de Aragón, de esta Corte, al lado de la Epístola. Y otra pintura de la Oración del Huerto, que está por remate del retablo del San¬ to Cristo de las Lluvias en la parroquial de San Pedro. Y también pintó la capilla del sagrario, sita al lado del Evangelio en la igle¬ sia del Noviciado de la Compañía de Jesús de esta Corte. Y últi¬ mamente los Sagrados Doctores, y otras pinturas que están en la bóveda y arcos torales de la iglesia de los Agustinos Recoletos de esta Villa; y el Triunfo de la Cruz, en el cerramiento de la bóveda de la capilla de Nuestra Señora de los Siete Dolores, sita en el Co¬ legio de Santo Tomás; y el Salvador de la Puerta del Sagrario, con los dos cuadros grandes de la Pasión de Cristo Señor Nuestro, que están a los lados; que aunque Francisco Ignacio los adelantó por los mismos borroncillos de Herrera, él los acabó y golpeó a su mo¬ do en toda forma, como se ve; donde también tiene un peregrino cuadro del Sueño de San José, en la capilla inmediata (que es la de este santo patriarca), en el remate del retablo; que aseguro es. de lo más regalado y de buen gusto que he visto suyo. Como tam¬ bién otros dos cuadritos de los dos San Antonios, ¡cosa excelente!, en una capillita obscura, que está en la iglesia del Colegio Imperial, entre las dos capillas del Santo Cristo, y Jesús, Maria, y es del patriarca San José. Y últimamente, el cuadro de la Concepción Pu¬ rísima, que está en el Convento de Religiosas de Nuestra Señora de Constantinopla, sobre la capilla del Santo Cristo, junto a la puer¬ ta principal de dicha iglesia. Y últimamente, no merecen pasarse — 283 — en silencio laspreciosas pinturas de un retablo, que está junto al coro del Convento de Religiosas del Corpus Christi en esta Corte, que son San José con el Niño Jesús, mi Señora Santa Ana dando lección a la Virgen, San Agustín con el Niño, cuando le desengañó del Misterio de la Santísima Trinidad, San Martín partiendo la capa con el pobre, y el Salvador del Mundo en la puertecita del sagrario, ¡todas cosa peregrina! Como lo es también un borroncillo de la Cena de Cristo Señor Nuestro, que está en la sacristía de San Justo. Hay im cuadro de Jesús Nazareno caído con la cruz acues¬ tas, y ayudándole el dichoso Cirineo (que está en casa de un afi¬ cionado), tan superiormente conducido y obsei-vado de luz, que pa¬ rece de Ticiano. Y, en fin, llegó a merecer nuestro Herrera que el señor Almirante padre colocase una pintura suya (que fué la del samaritano) en la sala que tenia destinada para pinturas de los eminentes españoles. Tuvo singularísima habilidad nuestro Herrera (como se dijo) para bodegoncillos, de que he visto algunos peregrinos; pero mucho más en las ñores, que las hizo con tan frescura, travesura y ligere¬ za, que parece que si se soplan se han de mover. Especialmente hizo im cuadro de cosa de dos varas de alto con una custodia, grande¬ mente puesta en perspectiva, y unos chicuelos, con un festón de flores, como que la quieren adornar; ¡que es un milagro! Hoy para esta preciosa alhaja en poder de los Herederos de Don Antonio de Sotomayor, íntimo amigo de Herrera: como también el mono cé¬ lebre, que hizo con ocasión de haberle mandado el señor Conde- Duque de Olivares que fuese a ver las pinturas que habia en cierta almoneda y eligiese para su excelencia las mejores y se las dejase señaladas. Hízolo asi Herrera; pero habiendo ido a verlas el Conde- Duque, las despreció todas o las más; y eligió otras de muy infe¬ rior calidad, abominando el mal gusto y elección de Herrera. El cual, abrasado de este vejamen, pintó la sátira de un mono, que hallándose en un vergel de flores, y junto a él unas rosas muy be¬ llas, eligió un alcarcil de jumento, con el cual estaba muy gozoso. Hízolo con ánimo de presentárselo a dicho señor; pero el Don An¬ tonio de Sotomayor, su amigo, que era más prudente, le representó las malas consecuencias que de ahí se podían seguir, y lo eligió para sí regalándole con cosa equivalente. ¡Tal era su genio de satírico y diabólico! Y así era menester mucho cuidado para tratar con él, porque de todo se escocía y siem¬ pre hablaba satirizando y con misterio; recelándose de los demás - 284 - y juzgando que le trataban con doblez y con simulada intención. Y así en Atocha puso en los pendientes de estuco un lagarto mor¬ diendo el rótulo donde está su nombre, y un chicuelo riéndose y haciendo higas. En el cuadro de San Vicente del Hospital de Aragón puso un perro royendo una quijada de asno y otro muchacho ha¬ ciendo la higa. En otras partes, un ratón royendo el papelillo donde está su nombre. Y es el caso que él sabia por su mordacidad que merecía le hiciesen merced alguna; y así se curaba en salud. Tuvo muchos cuentos con Carreño, y especialmente por haber¬ le el Señor Carlos Segundo encomendado a éste la dirección de la célebre estatua del San Lorenzo de plata, que se colocó en la igle¬ sia de este santo, en El Escorial, en la Capilla de las Reliquias del colateral de la Epístola; en que intervino también Don FrancLsco Filipín, hombre de agudo ingenio, relojero de Su Majestad y su Ayuda de la Furriera (que murió siendo aposentador de la Reina), o ya fuese esto por especial inclinación que el Rey tuviese a estos sujetos, o por hallarse Herrera (al tiempo que se trató la erección de esta ñgura) en Zaragoza, para la traza y disposición de aquel sagrado templo, que hoy se está concluyendo. Pero habiendo venido y sabiendo lo que pasaba en este particular, y creyendo que por maestro mayor y pintor del Rey debiera tocarle esta incumbencia a su regalía, los abrasaba a los dos cada día con papelones satíri¬ cos; a que nunca respondía Carreño ni hacía caso, diciendo con su acostumbrada paz y prudencia que no podía creer de su compañero semejantes cosas: que sin duda, alguno que le quería mal le levan¬ taba aquellos testimonios, introduciendo en su nombre aquellos pa¬ peles. Especialmente uno, que se halló estando yo en el Obrador de Palacio (lo cual sentí mucho, porque a no estar yo tan bien opina¬ do con Carreño pudiera presumir que lo había dejado caer), y el título era de Turibio ramplón de Ptqiitneli, mozo de trabajo, que suponía ser criado de Herrera, y que hablaba con otro paisano suyo, apasionado de Carreño. Aludiendo a éste en lo de Turibio por lo asturiano, y en lo ramplón, por no ser de tan pulidos pies como He¬ rrera presumía. Y en lo de Piquineli, aludiendo a Filipini, que era italiano. Y en este tal papel le iba buscando la vida a cada uno, y sus principios y flaquezas; y últimamente concluía diciendo: que su amo con los ojos vendados le enseñaría a pintal a él y a todos cuantos había en España y fuera de ella; y que si esto no bastase, que a leñazos, por vida del jijo de &c. tan atroz era, y tan voraz — 285 — como todo esto! Confieso que yo entonces con mis años y por pocos subsanar el escrúpulo que pudiese haber, le ofrecí Carreño res¬ a ponder a este papel; pero su mucha modestia y prudencia no me lo consintió, dándome en todo buen ejemplo, cuanto escandalizán¬ dome lo espinoso de aquel natural de Herrera, por cuya causa yo (aunque paisano), nunca le comuniqué. La lástima fué (prescindiendo de su natural) que pintó pocas cosas, porque la ocupación de Maestro Mayor, con el trazar y asis¬ tir diferentes obras reales y particulares, junto con el servir la pla¬ za de la Furriera, le tiranizaba el tiempo que habla m.enester para la Pintura; de la cual solia decir alguna vez, afectando modestia; El diablo tiene esta Pintura en el cuerpo! Porque si he querido ser Geómetra, lo he conseguido; si Arithmetico también; si Arquitecto' lo mismo: y en este diablo de la Pintura, con tanto como me he des¬ velado en ella, voto á N. que aun no sé dibujar un ojo. Solían preguntarle algunos amigos si tenia mucho que pintar? Y él respondía (cuando estaba de humor); ahí me entrettengo en pintar algunas corozas para que cuando vayan los amigos se las prueben y cada uno se lleve la que le viniere mejor. Pasó un día por su puerta Don Francisco Pérez (de quien haremos mención) (que había sido su compañero en Roma). Viólo en su zaguán con una jaquetilla blanca y un birrete colorado (que era Verano), y como era andaluz y tenia el pelillo amoriscado, dijole Pérez a otro amigo que iba con él; ¡Mira qué Arráez de Galera! Y respondióle él tan aprisa; Y tú pareces Forzado de la Chusma. Y era fiesta oír a los dos, parque no se quedaban a deber nada; y cada uno, en el genio, era peor que el otro. Murió en fin por el mes de junio de 1685 años, a los sesenta y tres de su edad, con gran sentimiento de toda la Corte; y especial¬ mente de los artífices, que todos le amaban, por su grande ingenio y habilidad. Hallóse Carreño en su entierro en la Parroquia de San Pedro, y le dijo a un su amigo; Pisto no es mas que llevarnos un poco de delantera', y asi fué, pues él murió a tres de octubre de aquel mismo año. Fué grandísimo arquitecto, y asi hizo repetidas trazas para re¬ tablos y otras obras de arquitectura que hoy las estiman los artí¬ fices como una joya. Y era de tan agudo y vivaz ingenio, que en algrmas cosas que disputaba con hombres doctos (sin haber él estudiado), los hacia titubear. Y además de esto fué muy gua¬ po, bizarro y galante. — 286 — CLXXÏl.—DON JUAN CARRENO, PINTOR DE CAMARA del Señor CarlosSegundo. Don Juan Carroño de Miranda, vecino de esta Villa de Madrid y natural de la de Avilés, en el Principado de Asturias, nació año de 1614 a 25 de marzo; fué hijo de Juan Carreño de Miranda y de su mujer Doña Catalina Fernández Bermúdez, naturales del Con¬ cejo de Carreño, en dicho Principado; y nieto de Alvaro Meléndez de Prendes Carreño y de su consorte Doña Lucía de Miranda; y por parte de madre, nieto de Albar Fernández Bermúdez y de Doña María de la Pola Quirós y Valdés, su legítima mujer; todos no¬ bles Hijosdalgo, descendientes de las ilustres y antiguas familias de las Asturias de Oviedo, como consta por papeles auténticos que vi en poder de dicho Don Juan Carreño; cuyo padre fué Alcalde de los Hijosdalgo en la Villa de Avilés, de donde vino a esta Cor¬ te en seguimiento de algunos pleitos, ya viudo, con su hijo de edad de once años; el cual, siendo de vivo ingenio y naturalmente indi¬ nado a la Pintura, contra la voluntad de su padre, quiso aprender el Arte y se fué a la Escuela de Pedro de las Cuevas, donde acu¬ dían hijos de padres muy honrados; debajo de cuya educación aprendió a dibujar y continuó en el colorido con Bartolomé Ro¬ mán; y prosiguiendo en sus estudios, cuando llegó a edad de vein¬ te años, dió muestras en las Academias de esta Corte de su habi¬ lidad y aprovechamiento; de que dan testimonio algunas pinturas de este tiempo, que tiene en el Claustro de Doña Maria de Aragón y en el de el Convento del Rosario. Fuesse haciendo lugar y ganando opinión; y al paso que iban saliendo a luz sus obras de pintura, crecían los aplausos, con los cuales animado, se igualó con su grande aplicación y desvelo con los mayores artíñces de su tiempo, como lo están publicando las muchas y famosas obras que hay dentro y fuera de Madrid, de su excelente pincel. A el ólio hizo obras maravillosas: la Santa María ÍTagdalena Penitente en el Desierto, que está en un altar colateral del Con¬ vento de las Recogidas, en un lienzo de tres varas castellanas de alto, y dos de ancho, es de su excelente mano. Y otra también, que hizo para el señor Almirante de Castilla, para la Sala de los Eminentes Españoles, nada inferior a la antecedente. Fué electo Alcalde de tlijosdalgo de la villa de Avilés (de - 287 - donde eranatural) el año de 1657. Y en el de 1658 salió por Fiel de esta villa de Madrid, por el Estado Noble. Y viéndole un día Don Diego Velázquez en esta ocupación, compadecido de que em¬ please el tiempo en cosa que no fuese de la Pintura, le dijo le había menester para el servicio de Su Majestad en la pintura que se trataba de hacer en el Salón grande de los Espejos en este Pa¬ lacio de Madrid, donde ejecutó al fresco la Fragua de Vulcano, cuando hizo aquella hermosa estatua, que le mandó Júpiter, a quien se la está mostrando; y también los Desposorios de Pan¬ dora (que éste fué su nombre) con Epimetheo, que por haberle so¬ brevenido a Carroño una grave enfermedad, lo acabó Rici; y des¬ pués de algunos años, habiéndose ofrecido reparar en el techo al¬ gunos daños, que causó una grande lluvia, para lo cual se hicieron andamios, volvió Carroño a pintar toda esta Historia al ólio, con singular belleza y magisterio; pero desde aquella primera entra¬ da, le hizo el Rey merced de su pintor. A esto se siguió la pintura al fresco, que ejecutó en compañía de Rici en la cúpula de San Antonio de los Portugueses, donde hizo toda la historia de la bóveda, y las ñguras del recinto, ¡ cosa su¬ perior! También la cúpula del Ochavo, y camarín de Nuestra Se¬ ñora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo, y el célebre mo¬ numento, que pintaron los dos en dicha Santa Iglesia. Es también de su mano un San Sebastián, que está en la capilla de Don Se¬ bastián de Agramón, en el convento de Religiosas Bernardas de las Vallecas de esta Corte, y un cuadrito de Concepción que está en el remate del Retablo. También es obra suya una pintura de Je¬ sús, Maria y José, que está en la iglesia del Convento de Monjes Benitos, Advocación de San Martin, en un altar colateral de la capilla del Santo Cristo; este lienzo es de tres varas y media de alto en medio punto, y el colorido es muy celebrado de todos los pintores, por ser cosa superior. Son también de su mano (aunque más a los principios) los dos cuadros de los colaterales de la igle¬ sia del Caballero de Gracia, que son de San Francisco y San An¬ tonio predicando, uno a las aves y otro a los peces. También es de su mano un cuadrito de San Hermenegildo que está en la igle¬ sia de San Ildefonso, junto a la Sacristía. Pintó también un San Antonio de Padua para la capilla que tiene en el convento de las Capuchinas de esta Corte Don Miguel de Salamanca, Consejero que fué de la Real Hacienda; y en la misma iglesia, junto a la puerta, a la derecha, hay otra pintura del Santísimo Cristo de los — 288 — Dolores, de su mano. Y también un cuadro bellísimo de la Con¬ cepción de Nuestra Señora, que está en el costado de la iglesia parroquial de San Ginés, al lado de la Epístola, junto a la capilla de San Jerónimo, ¡cosa superior! Como también lo es otro de Je¬ sús Nazareno que está a un lado de la iglesia de la Magdalena, convento de Religiosas en Alcalá de Henares, ¡cosa ternissimal Y asimesmo tiene en las Carmelitas Descalzas de dicha ciudad un célebre cuadro del Martirio del Apóstol San Andrés, con el cual sucedió gracioso cuento, y fué: Que a un pintor de muy corta im habilidad de aquella era (llamado Gregorio Vtande) le mandaron hacer aquel cuadro; hízolo, como supo, y pidió por él cien duca¬ dos; pareció demasiado precio a los dueños de la obra, y después de varios debates, se convino Vtande en traerlo a Madrid, y que ellos nombrasen quien lo tasara. Convenidos en esto, vino a Ma¬ drid a toda prisa nuestro Gegorio con su lienzo y una cantarilla de miel, la cual entregó a Carreño para paladearle, pidiéndole que se sirviese de retocarle aquel cuadro, sin manifestarle el motivo. Carreño, con su gran bondad, y honrado genio, lo hizo tan bien, que todo el cuadro lo revolvió de arriba abajo, porque otro reto¬ que no tenía. En esto nombraron los dueños por tasadores a Ca¬ rreño y a Don Sebastián de Herrera. Carreño, que no se podía descubrir, calló; y llegando el caso, dijo que él no podía tasar aquel cuadro porque el que lo había hecho era muy intimo amigo suyo, y no quería parecer apasionado; y así se conformaría con lo que dijese su compañero. Herrera, que conoció la casta y supo el cuen¬ to, tasólo en docientos ducados; los cuales, o poco menos, le die¬ ron por el cuadro al buen Vtande; pero a los tasadores sólo les dió las gracias de palabra, sin que al pobre Carreño, que lo había trabajado, le valiese más que la dichosa cantarilla de miel, del cual supe yo todo este cuento a la letra, que lo contaba con mil gracias; y es tan notorio en Alcalá, que todos los del Arte y añ- cionados le llaman a aquella pintura: El cuadro de la cantarilla de miel. También es obra suya la pintura del retablo principal de San Luis Obispo, del convento de Descalzos Franciscos de la villa de Paracuellos, del tamaño del natural: tiene tres varas y media de alto; y lo son también los dos cuadritos de San Antonio y San Pascual Bailón del remate de los colaterales. Son de su mano tam¬ bién los dos eminentes cuadros de los colaterales de la parroquial de San Juan de esta Corte; el uno del Bautismo de Cristo Señor — 289 — Nuestro por San Juan, y el otro de la Cabeza del Bautista, pre¬ sentada por Herodias en la mesa de Herodes. También lo son otros dos de la célebre capilla de San Isidro Labrador, que están al lado de la Epistola; el uno del milagro que este santo obró con su amo Iván de Bargas en aquellos Cerros de Manzanares, cuando le pi¬ dió agua e hizo brotar aquella milagrosa fuente, que hoy perma¬ nece en gran beneficio de los devotos, que acuden a usar de sus raudales, para medicina de muchas dolencias. Y el otro, cuando habiéndole manifestado el cuerpo del santo al Rey Don Alonso el Octavo, conoció ser aquel el pastor que le había guiado por las montañas de las Navas de Tolosa, para el logro de aquella gran victoria, a cuya vista enmudece toda alabanza, acogiéndose a la admiración. También es de su mano el cuadro de mi Señora Santa Ana, que está el remate del retablo principal de las Carmelitas en Descalzas de esta Corte * ; y asimesmo el de la Calle de la Amargu¬ ra (copia del de Rafael, que está en Palacio) y la copia en dicho retablo **. Son también de su mano otras pinturas de la Vida de Cristo Señor Nuestro, que están en el convento de Capuchinos de Sego¬ via, en la capilla de Don Antonio Ruiz de Contreras. Y en el con¬ vento de Predicadores, en la ante-capilla de la Gruta del glorioso Patriarca Santo Domingo en dicha ciudad, sobre las puertas cola¬ terales del retablo, están dos cuadros suyos, el uno de Santo Do¬ mingo con la Virgen del Rosario, y el otro de Santo Tomás, cuan¬ do se le aparecieron San Pedro y San Pablo a explicarle aquel lu¬ gar de Isaías. También hizo el célebre cuadro para el convento de Trinitarios de la ciudad de Pamplona, del Instituto Misterioso de esta Religión Sagrada, donde se apuran todos los primores del Arte; pues aun el borroncillo, que hoy está en poder de un discípu¬ lo suyo, es una admiración. En que es de notar que cuando los Religiosos vieron el cuadro de cerca, lo abominaron de suerte que no lo querían recibir; y si no hubiera sido por la aprobación de Vi¬ cente Berdusan (pintor de crédito en aquella tierra), no lo hubie¬ ran admitido. ¡Oh, qué desgraciados son los primores del Arte en algunas Comunidades! Qui habet aures audiendi, audiat. Hizo también las pinturas para la capilla de San Pascual Bai¬ lón en la iglesia de San Gil de esta Corte, y otro cuadro grande de * Probablemente el n.° 651 del Museo del Prado. ** En la Academia de San Femando. 19 — 290 — San Buenaventura, para otro convento de la Orden; un San Mi¬ guel Arcángel en un a vara, que tenía en grande esti¬ cuadro de mación el Conde de Peñaranda Don Gaspar de Bracamonte; y una Santa Isabel Reina de Portugal, que está en Peñaranda, donde tiene su Entierro el Conde; dos cuadros que hoy están en la y ante-sacristia de la capilla de la Venerable Orden Tercera de esta Corte, el uno de la Encarnación del Hijo de Dios, y el otro del Desposorio de Santa Catalina, ¡cosa superior! También lo es otro cuadro de Nuestra Señora del Carmen, con la turba de los ñeles debajo de su manto, que está en la parroquial de la Almeida, lu¬ gar del partido de Sayago. Hizo también una Asumpción de Nues¬ tra Señora para el retablo del Altar Mayor de la iglesia parroquial de Alcorcón, villa que está dos leguas de esta Corte; el lienzo es de cuatro varas en alto, y en él están también los doce Apóstoles, de la estatura del natural, admirándose de la maravillosa Asump¬ ción de la Reina de los Angeles al Cielo. Otro del mismo assumpto está en la iglesia parroquial de la villa de Orgaz (cinco leguas de Toledo) con otra pintura de la Incredulidad de Santo Tomé, que uno y otro dicen ser de su mano. Pintó en el Colegio de Atocha, convento de Religiosos Domi¬ nicos de esta villa de Madrid, en el techo de la iglesia, un cuadro del sueño del Papa Honorio Tercero, cuando se trataba de la Con¬ firmación de la Regla del glorioso Patriarca Santo Domingo de Guzmán, y el glorioso y seráfico Padre San Francisco de Asís: ca¬ yéndose el templo de San Juan de Letrán y teniéndole estos dos bienaventurados Patriarcas. Es obra de gran perspectiva, y en mi opinión, una de las mejores que este artífice hizo; por la cual dijo Miguel Colona, preguntándole el Rey nuestros Señor Phelipe Quar¬ to, que quién era en su concepto el mejor pintor de la Corte: Que quel que aveba fatto la testa de la Domenica, porque a la verdad la cabeza del Pontífice es un pasmo, y por ella definió toda la pin¬ tura, según el estilo de Italia, que dicen: Fa una buona testa, e vístela de un cosíalo. Pintó también al fresco, en compañía de Rici, gran parte del camarín de Nuestra Señorade Atocha. Y últimamente le hizo el Señor Carlos Segundo su pintor de Cámara, y Ayuda de Aposentador, por muerte de Don Sebastián de Herrera; en cuyo empleo grangeó en extremo la gracia de Su Majestad, y tanto, que en la menor edad, retratándole en presen¬ cia de la Reina Nuestra Señora, su madre, dijo Su Majestad cómo había conocido diferentes pintores de Cámara, y a Velázquez, que 291 — — había sido del Hábito de Santiago; y entonces dijo el Rey: Y tú, Carreño, ¿de qué Hábito eres? Y él respondió: Yo, Señor, no ten¬ go más hábito que el ser criado de V. Majestad. ¿Pues por qué no te le pones? (replicó el Rey, con la sencillez de aquella edad). Y dijo el Almirante Padre (que estaba presente) : ya se le pondrá, Señor; y pareciéndole a el Almirante que esta era merced redonda, le envió a Carreño una Venera muy rica de su Hábito (que era de Santiago) diciendo, que ya que se había de poner el Hábito, por I la merced que Su Majestad le había hecho, que se holgaría fuese del suyo. A que respondió Carreño (después de estimar la honra que le hacia el Almirante), que él no había menester más hábito que la honra de criado de Su Majestad; y instado de algunos amigos, diciéndole que, siquiera por dar ese honor a la Pintura se lo pu- Ii siese, respondía: Que la Pintura no necessitaba, de que nadie la diesse honores; que ella era capaz de darlos a todo el mundo (no lo entienden todos asi), y de aquí no había quien le sacasse, ¡tan modesto y humilde era su natural! ) Ejerció con grande aprobación la plaza de pintor de Cámara; hizo muchos y excelentes retratos, asi de Sus Majestades como del Señor Don Juan de Austria; de Don Fernando Valenzuela, del se¬ ñor Patriarca Benavides, del Señor Cardenal Nuncio Don Sabo Milini, y del Moscovita, Embajador, que estuvo aquí por el año de 1682 (que hoy está colocado en el Palacio de la Zarzuela), y de otros personajes, como también de algunas sabandijas de Pala¬ cio, que están en la Galería del Cierzo del cuarto del Rey; y la Monstrua, que trajeron por el año de 80, que por ser gruesisima y pequeña, hizo de ella un Dios Baco, de que se sacaron muchas copias, que él retocó. Y últimamente hizo aquel célebre retrato ar¬ mado del Señor Carlos Segundo, para enviar a Francia, cuando se trató el primer casamiento de Su Majestad con la Serenísima Rei¬ na Doña María Luisa de Orleans. Y todos tan parecidos, que era una maravilla además de aquel soberano gusto, que le dió el Cielo, en una tinta entre Ticiano y Vandic, que igualándose a los dos, era superior a cada uno; y al mismo tiempo tan modesto, e inge¬ nuo, que de cualquiera admitía la corrección, y enmendaba lo que le advertían; de suerte, que ya era nimio en esto: pues a veces borraba cosas que era lástima; no contentándose con enmendar, sino con borrar. Y en prueba de su gran modestia, me hallé yo un día con nuestro Carreño en casa de Don Pedro de Arce (Regidor, que fué de esta Villa de Madrid), donde vimos, entre otras cosas. 292 — — una copia indigna del célebre cuadro de la Santa Margarita, muy de mano de Ticiano, que está en Palacio; y abominándola mucho los que la veíamos, dijo Carreño: Pues para que ninguno descon¬ fíe de aprovechar, sepan ustedes que este cuadro es de mi mano en mis principios. ¡Tanta era su ingenuidad y modestia! Dejó bosquejado aquel célebre cuadro del Santo Rey Don Fer¬ nando, que acabó Jordán para la capilla de las Once mil Vírgenes, en la iglesia del Escorial. Imágenes de Concepción hizo maravillo¬ sas, y otros cuadros de diferentes historias; y especialmente imo, que yo he visto del Martirio de San Bartolomé, ¡cosa de superior gusto! Y de la misma suerte, que era amable y dulce su pintura, lo era también su genio y su trato apacible, prudente y enemigo de discordias. Bien lo manifestó en los tropiezos que tuvo con Don Francisco de Herrera sobre la erección de la estatua de San Lo¬ renzo, de plata, para el Escorial, que de orden del Rey estuvo a la dirección de Carreño, de que hacemos mención en la vida de Herrera. La última pintura que hizo Carreño fué un Ecce Uo para Pedro de la Abadía, muy amante de la Pintura, y que tenia otras muchas excelentes de Carreño. Y también hizo un San Miguel para el Real Consejo de Hacienda, pero no quedó del todo concluido, aunque ya muy a los fines; y lo acabó un discípulo suyo, a instan¬ cia de la Señora Viuda Doña María de Medina, por cumplir con el Consejo. Murió últimamente por el mes de septiembre * del año de mil seiscientos y ochenta y cinco, y a los setenta y dos de su edad. Yo le vi expirar, a cuyo tiempo arrojó una postema por la boca, ¡que en los que frecuentan los palacios, con la modestia que Carreño, no es maravilla se fragüen postemas de muchas cosas que no se pueden digerir! Su cuerpo está sepultado en la bóveda del Real Convento de San Gil. El Rey sintió mucho su muerte, porque hacía grande estimación de su persona, por su ingenuidad, modes¬ tia y bondad, además de su eminente habilidad. Gonzaba, por pri¬ vilegio de su Casa, el vestido del Rey del día de Jueves Santo (como dijimos en el tomo primero) y otras mercedes, que se continuaron en Doña María de Medina, su esposa. * El 3 de octubre. 293 — — CLXXIIL—Z)OA^ BARTOLOME MURILLO, PINTOR Don Bartolomé Estevan Murillo fué natural de la Villa de Pi¬ las,que dista cinco leguas de Sevilla, y de familia muy ilustre y conocida en aquella tierra, y bien proveida de los bienes de for¬ tuna. estudiar Nació año de 1613 *, y a su tiempo pasó a Sevilla a el Arte de la Pintura, y lo consiguió en la Escuela de Juan del Castillo (tio suyo, y natural de ella), y después de haber apren¬ dido, lo que bastaba, para mantenerse pintando de feria (lo cual en¬ tonces prevalecía mucho), hizo una partida de pinturas para car¬ gazón de Indias; y habiendo por este medio adquirido un pedazo de caudal, pasó a Madrid, donde con la protección de Velázquez, su paisano (pintor de Cámara entonces), vió repetidas veces las eminentes pinturas de Palacio y del Escorial, y otros Sitios Reales, y casas de señores, y copió muchas de Ticiano, Rubens y Vandic, en que mejoró mucho la casta del colorido, no descuidándose en el dibujo por las estatuas y en las academias de esta Corte; y más con la corrección, y gran manera de Velázquez, cuya comunica¬ ción le importó mucho. a Sevilla, donde estudiando por el natural (según la Volvió práctica, que había observado en Velázquez, como se ve en sus primeras obras), comenzó a sacar algunas pinturas al público; y como antes no era conocido, todos las admiraban y ninguno las conocía, hasta que se fué divulgando el crédito del autor, y como no sabían su historia, ni la observaron, por no haber sido antes hombre de señalada opinión en el Arte, decían que se había esta¬ do encerrado todo aquel tiempo en su casa estudiando por el na¬ tural y que de esa suerte había adquirido la habilidad; y así lo oí yo decira pintores en mis primeros años. Pintó entonces aquel célebre Claustro del Convento de San Francisco, que está junto la portería, en el cual se nota una a fuerza de claro y obscuro tan diferente de lo que practicó después, que si no fuera tan notorio ser suyo, apenas habría quien lo co¬ nociese. Hizolo todo por el natural, conservando todavía las es¬ pecies de lo que había visto y estudiado. Y aunque algunos auto¬ res extranjeros (como Joachin de Sandrart y otro italiano) han di¬ cho que pasó a las Indias cuando mozo y después a Italia, estu- * No; fué bautizado el i.° de enero de 1618, y en Sevilla. — 2q4 — vieron mal informados; pues con exacta diligencia he investigado este punto de sujetos muy ancianos y de toda excepción, íntimos suyos, y tal cosa no hubo; si sólo la venida a Madrid. Ni es creí¬ ble que en su Patria, ni en los sujetos más íntimos que le trataron, se ignorase este punto, cuando en hombres tan señalados aun los átomos más mínimos se observan. Pero quien es cierto que pasó a Indias fué su hijo Don Joseph Murillo, sujeto de grande habilidad en la Pintura y de mayores esperanzas, y allá murió bien mozo. Ni es tan antiguo nuestro Murillo que se pueda presumir que el trans¬ curso del tiempo haya podido obscurecer esta noticia, pues yo le alcandé cerca de treinta años, y aunque no le traté, le conocí, y traté muchos sujetos familiares suyos, y que contaban toda la serie de sus fortunas. Y es el caso que los extranjeros no quieren con¬ ceder en esta Arte el laurel de la fama a ningún español si no ha pasado por las aduanas de la Italia; Sin advertir que la Italia se ha transferido a España en las estatuas, pinturas eminentes, es¬ tampas y libros; y que el estudio del natural (con estos anteceden¬ tes) en todas partes abunda: Además de los hombres insignes que han venido de allá y nos han dejado aquí su escuela y sus obras, desde el tiempo del Señor Felipe Segundo hasta el presente; junto con los españoles que han pasado a Italia y han venido instruidos de allá. Después de la obra de dicho Claustro (o por fuerza de su des¬ tino o por lisonjear el aplauso popular) dió Murillo en endulzar más la tinta y aflojar los obscuros; pero con tan extremado gusto que en esta parte ninguno de los naturales ni extranjeros le aven¬ tajó. Y así hoy día, fuera de España, se estima un cuadro de Mu¬ rillo más que imo de Ticiano ni de Vandic. Tanto puede la lison¬ ja del colorido para granjear el Aura popular! Que verdaderamen¬ te los hombres que han logrado los mayores aplausos no es porque han sido los mayores dibujantes, que esos logran su merecido cré¬ dito en los profesores, sino los que han sobrepujado en el buen gusto del colorido. Pues no podemos negar que Micael Angel, Ra¬ fael, Aníbal y toda la escuela de los Carachels * (sin faltarles lo esencial del colorido), dibujaron más que Ticiano, Rubens, Vandic, Corezo y nuestro Murillo; pero en medio de todo, éstos se alza¬ ron con el aplauso popular: porque aquella superior excelencia de lo más acendrado y transcendental del dibujo, el vulgo no lo pe- * Sic por Carracci. 295 — — netra. Y como en éstos no faltaba en lo substancial, y por otr.i parte excedían en la belleza atractiva del colorido, arrastraban tras sí el común aplauso del vulgo, que excede incomparablemente a todo el cúmulo de los artífices. ¡Bien lo acreditan las obras que en esta Corte alcanzamos de nuestro Murillo! Una bellísima Imagen de cuerpo entero, del na¬ tural, con su Hijo Santísimo Niño en el regazo, tiene hoy el Mar¬ qués de Santiago, que embelesa y encanta su dulzura y atractiva belleza! Otra tiene del mismo tamaño, y por diferente camino, Don Juan Bautista Olabarrieta, que no se sabe cuál es más aventaja¬ da. Otra de más de medio cuerpo, también de Nuestra Señora con •el Niño, tiene Don Francisco de Herrera, ¡que es un encanto! Fuera de éstas tiene otros cinco cuadros, de a tres varas de largo y dos de ancho, Don Francisco Artier, que fueron de Don Juan Francisco Eminente, que cada cual es una admiración. El uno es apaisado, de Gloria de Angelitos, traveseando con varias flo¬ una res en diferentes actitudes, que verdaderamente es una gloria el verlo. El otro es a lo alto, del glorioso Patriarca San José, con el Niño Jesús de la mano, y arriba un rompimiento de Gloria. Los otros tres son de San Francisco de Asís, San Francisco de Paula y San Francisco Javier, que cada uno por su camino es una ad¬ miración. Sin otras muchas, que hay en poder de diferentes aficio¬ nados. Y otra del Patriarca San José, de medio cuerpo, con el Niño Jesús, que está en la iglesia del Carmen Calzado, en la ca¬ pilla de mi Señora Santa Ana. En Sevilla (que podemos decir su Patria, por haberse criado y vivido allí) tiene muchas y soberanas pinturas, como lo acredi¬ ta en la capilla de la Pila del Bautismo de aquella Santa Iglesia el grande y célebre cuadro del Milagroso Paduano, experimentan¬ do el repetido, cuanto soberano favor del Niño Dios, con grande acompañamiento de Gloria y un pedazo de templo de bien dirigi- •da perspectiva, y a un lado un bufete, puesto con tal arte, que ha habido quien depusiese haber visto un pajarillo trabajar por asen¬ tarse en él, para picar las azucenas que están en una jarra. No son menos recomendables las dos efigies de los dos Santos Hermanos Leandro e Isidoro, Arzobispos de aquella gran Metró¬ poli, hechas de mano de nuestro Murillo, con singular viveza y perfección, que están en dicha Santa Iglesia. Como también el ma¬ ravilloso cuadro de la Concepción Purísima, con admirable tropa