301 — — el cuadro principal de este Sagrado Misterio, e hizo la traza del retablo, y de la caxa del órgano; como también el cuadro de San Francisco de Paula, con la traza del retablo del Altar Mayor de su Convento de la Victoria; con otro cuadro de la vida del Santo Patriarca, que está en la ante-sacristia, y todos los retratos de los reverendissimos Generales de la Orden, y otros Venera¬ bles y señalados varones, que están la porteria de dicho en convento; en los cuales hay pasmosas cabezas, y pedazos de ar¬ quitectura, y perspectiva excelentes. Y en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, son también suyas las pinturas de las dos hornacinas de los dos altares colaterales, y un San Francisco de Sales, que está en la sacristía. Es también de su mano el cuadro de la Encarnación del Altar Mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Loreto; y otro del mismo Misterio, que está en un altar colateral del Evangelio en la iglesia de los Basilios, con otro arriba del Sueño de San Joseph, y otros cuatro pequeños en el banco del pedestal. Y también hizo otro cuadro excelentísimo de la Canonización de San Pedro Al¬ cántara, de más de tres varas en cuadro, que está en la capilla de la Concepción de este convento de San Francisco de Madrid. Flizo también muchos para diferentes iglesias de estos reinos, como en la Ciudad de Valencia, en la capilla de la Comunión del convento de la Merced Calzada, dos cuadros grandes, y otro en la ante-sacristía, que son de lo más regalado que hizo, recién salido de la Escuela de Carreño. Y en la Santa Cartuja de Valde- Christo de aquel reino, junto al Puche, toda la pintura del altar mayor es suya; como también la del altar mayor del monasterio de Ara-Christi, de la misma religión, en la ciudad de Segorbe. Y en la ciudad de Corella, para la iglesia del Convento de Benitos, hizo otros dos cuadros excelentes, en compañía de Claudio Coello, que hizo otros dos. Retocó también el cuadro de Don Francisco Rici, que está en el altar mayor de San Ginés, cosa que no pareció muy bien; pero lo pagó, con que Francisco Ignacio le retocó otro suyo, que es el de San Phelipe Neri, en el altar mayor de esta Sagrada Con¬ gregación en esta Corte, ¡y es muy excelente cuadro! Hizo tam¬ bién el de el altar mayor de la Parroquial de San Millán, y la traza del retablo y órgano; que uno y otro pereció en el incendio lastimoso del año de 1720, a 16 de marzo. Pintó también Dono- so Giros seis cuadros de la vida del glorioso Patriarca San Be¬ nito, que están en el convento de San Martín de esta Corte, como se sale de la ante-sacristía al claustro. Es de su mano también una pintura en óvalo de la Concepción de Nuestra Señora, que está el presbiterio de la Parroquial de San Nicolás de esta Cor¬ en te, al lado del Evangelio, y es de lo más excelente y de mejor gusto que hizo; como también un cuadro de San Nicolás, Obispa de Barí, con el Milagro de los Niños en la cuba de escabeche, que está en una capilla, a los pies de la iglesia del Caballero de Gracia. Trazó también el claustro delcolegio de Santo Tomás de esta Villa de Madrid, executó Rodrigo Carrasco, hasta donde hoy que se halla. Hizo también la traza de la panadería en la Plaza Ma¬ yor, y la del sepulcro de los señores Marqueses de Mejorada, que está en la iglesia de Recoletos Agustinos de esta Corte. Tra¬ zó también la portada de la Parroquial de Santa Cruz. Y para otras muchas obras, que se ven en esta Villa y en todo el Arzobis¬ pado de Toledo, hizo trazas, como pintor, y maestro mayor que fué de aquella Santa Iglesia. Era de genio mordicante nuestro Donoso, y o bien fuese muy porque no logró el pintor del Rey (aunque lo merecía muy ser mucho), o fuese porque en aquel tiempo se dieron algunas pla¬ zas a sujetos de corta habilidad. Hallándose en una conversación, le dixo uno de los presentes: ¿Vmd. no es pintor del Rey? A que él respondió: No soy tan mal pintor como todo eso: no me haga usted tan poco favor. Sucedió un día un cuento muy gracioso con una criada nueva que tenía Claudio, a el cual fui a buscar Joseph Donoso. La criada respondió que su amo no estaba en casa; dixo él: Pues dígale vmd. que ha estado aquí Donoso. Tardó en venir el amo, y olvidósele el nombre a la criada, y como no le conocía, no sabía como atinarle, y así le dixo al amo: Señor, aquí ha venido a bus¬ car a vmd. un señor que dixo se llamaba Don, Don... ¡Válgate Dios! Viendo el amo que no acertaba con el nombre, comenzó a nombrar algunos de sus amigos; y dixo la criada: Que no, señor, que tiene nombre de animal. El amo, reventando de risa, le dixo: ¿Pues qué, es caballo o jumento? No, señor, dixo, que es animal de monte. ¿Pues qué, es león?, dixo el amo. No, señor, replicó la criada. ¿Pues qué, es tigre u oso?, dixo el amo. ¡Ay!, sí señor. iOi — — dixo la criada: Oso, con Don. Y fué el cuento muy celebrado en¬ tre los dos y todos los amigos de Claudio y Don-Oso. Pintó también dos historiejas de la vida y martirio de los dos Santos Niños Justo y Pastor, que están sobre los caxones de la sacristía de la Parroquial de su nombre en esta Corte, y otra de la Cena de Christo Señor Nuestro, con excelentes pedazos de Ar¬ quitectura y perspectiva, ilustran de suerte las historias, que que parecen cosa de Pablo Veronés. Y asimesmo tiene en una capilla, a los pies de dicha iglesia, los dos Santos Justo y Pastor, del ta¬ maño natural, en dos lienzos, ¡cosa superior! Ultimamente trazó la iglesia de San Luis de esta Corte y asis¬ tió la obra, hasta donde entonces se hizo (que fué menos el pri¬ mer tramo de la portada) y executo la pintura al fresco de la capilla de Don Diego Ignacio de Còrdova (hoy de los Marqueses de Canillejas, sus herederos), la cual está muy ilustrada de ar¬ quitectura, adornos y ñguras, executadas con grande acierto y ex¬ celente dibujo. Fué la última pincelada de esta capilla, la última respiración de su vida, pues sobreviniéndole una noche una apo¬ plejía de sangre, se quedó muerto, a los cincuenta y ocho años de su edad, y en el de mil seiscientos y ochenta y seis, y se enterró en la iglesia de San Ginés de esta Corte. Quedó la pintura de esta capilla tan recién acabada, que no se habia tratado de ajuste, y fué menester que se nombrasen tasa¬ dores por ambas partes, y así fué nombrado Don Claudio Coello por parte de la viuda, y yo por la de Don Diego Ignacio de Còrdo¬ va, y tasamos la dicha pintura en tres mil ducados, en que se in¬ cluía la del retablo, que era al ólio, de mano de Don Claudio y es un San Diego en lo alto y la Cena de Christo Señor Nuestro en la puerta del Sagrario *. Dexó nuestro Donoso escrito un libro excelente de cortes de cantería y otras curiosidades de arquitectura, y muy curiosos pa¬ peles de perspectiva, rompimiento de ángulos y figuras fuera de la sección, que cierto era un tesoro, porque fué esmeradíssimo en estas cosas, y hoy no se sabe dónde paran. * La Iglesia de San Luis, con las obras de arte que contenía, fué des¬ truida por un incendio intencionado, el i4 de marzo de 1936. 504 — — CLKXNl.—MANUEL GUTIERREZ, ESCULTOR Manuel Gutiérrez, natural de la villa de Palacios de Benayel, en la cercanía deBurgos, fué eminente escultor y contemporáneo de Pedro Alonso de los Ríos, en esta Corte, y muy imitador de su estudio, cuya eminente habilidad acredita el célebre Simulacro de San Elias, que se venera en su capilla particular en el convento del Carmen Calzado de esta Corte, y también el San Juan Bau¬ tista, en la misma iglesia, y los cuatro Angeles, que están en el altar mayor de la iglesia del Noviciado de la Compañía de Jesús, y el San Pablo y San Mateo en la Parroquial de San Pedro, y el paso de Nuestra Señora de Belén, que está en su capilla en la iglesia de los Trinitarios Descalzos, todo en esta Corte, y una estatua de mármol en la portada de los Agustinos Calzados de la ciudad de Toledo. Murió en esta villa de Madrid, de edad de poco más de cincuenta años, en el de mil seiscientos y ochenta y siete. CUCKNU.—DON SIMON DE LEON LEAL, PINTOR Don Simón de León Leal, natural y vecino de esta villa de Madrid, hijo de Diego de León Leal (oriundo del Principado de Cataluña, vecino de esta Corte) y de su mujer. Doña Juana Du- rán; fué discípulo, en los principios del arte de la Pintura, de Pedro de las Cuevas, debajo de cuya doctrina y dirección salió muy aventajado. Y continuando su estudio por el natural, y co¬ piando pinturas eminentes, llegó a ser uno de los grandes pintores de esta Corte, como lo acreditan sus muchas y. famosas obras, siendo una de ellas la pintura principal del altar mayor de la iglesia del Convento de Premonstratenses de esta Corte, en que pintó el Triunfo de San Norberto, de mayor tamaño que el na¬ tural, con la insignia del Santíssimo Sacramento en la mano de¬ recha, y con la izquierda, señalando a la Concepción Puríssima, en una Gloria de Angeles y Serañnes; y a la parte baxa del lienzo está la Heregía vencida a sus pies, en significación de haber triun¬ fado de ella este glorioso Santo. Y en la ante-sacristía de dicha casa tiene en el techo otro cuadro del mismo Santo recibiendo 305 — — de la Virgen las vestiduras sacerdotales. Y en la iglesia de los Ca¬ puchinos del Prado, un cuadro de la Concepción, en la última capilla, al lado de la Epístola. Y en el Hospital de los Niños de Nuestra Señora de la Inclusa hay una pintura de su mano, donde está la Virgen en la Gloria intercediendo con su Hijo Bendito por las ánimas de los congregantes de aquella casa y piadoso ins¬ tituto. Y también hizo toda la pintura del techo de la iglesia Nue¬ va del Noviciado de la Compañía de Jesús, que es la infancia de Jesu-Christo, repartida en veinte y un lienzos, de a cuatro y cinco varas; y el lienzo principal del altar mayor, en que pintó aquella aparición maravillosa, en que el Padre Eterno le dixo a su Hijo Santíssimo, estando con la Cruz acuestas, y en su pre¬ sencia San Ignacio: Ves ahí tu compañero. Este lienzo será de siete varas de alto, y las figuras mayores que el natural; hízolo Don Simón de orden del eminentíssimo señor Cardenal Everardo, de la Compañía de Jesús, y confesor de la Reina Nuestra Señora Doña María Ana de Austria. Y en atención a esta obra tan lu¬ cida, le premió su Eminencia (demás de pagarle espléndidamente) con la plaza de Ugier de Saleta de la casa de la Reina, de que después ascendió a la de Guarda Damas de la Reina Nuestra Señora Doña María Luisa de Orleans, en cuyo empleo le conocí yo. Hay también otro cuadro suyo excelente en Toledo, en el cuer¬ po de la iglesia de las Madres Capuchinas, enfrente de otro de Carlos Marati. Y asimismo fué este virtuoso artífice tan aplicado e inclinado al trabajo, hizo otras muchas y excelentes obras, en que acre¬ que ditó lo que había aprovechado en el Arte, ganando fama eterna y dignamente lugar entre todos los insignes hombres de esta fa¬ cultad. Siguió la escuela de Vandio, así en grande como en pe¬ queño, con mucha belleza y frescura. Murió siendo Guarda Damas en Palacio (oficio de grande hon¬ ra y confianza) en tiempo de la Reina Nuestra Señora Doña Ma¬ ría Luisa de Orleans y Borbón, por el año de mil seiscientos y ochenta y siete, a los setenta y siete de su edad, y se enterró en la Parroquial de San Marcos. — 3O6 — CLXXVIII.—Z>OA^ LORENZO DE SOTO, PINTOR Don Lorenzo de Soto nació en Madrid por el año de 1636^ aprendió el arte de la Pintura con Benito Manuel, insigne paisista, y así Don Lorenzo más se dedicó a los países que a las ñguras, aunque no le faltó en esto habilidad, pero no tan cultivada como en los países, en que fué, sin duda, excelente, y los hizo muy se¬ mejantes a los de su maestro. Practicó este exercicio algunos años en esta Corte, haciendo juegos de países diferentes para casas particulares, y algunos con historiejas o Santos y Santas Anacoretas, con singular crédito y estimación, sin negarse a cuadros de ñguras y de historia, de que da testimonio el de Santa Rosa María, que tiene en un retablo que está en uno de los pilares de la iglesia del Convento de Ato¬ cha, al lado de la capilla de Nuestra Señora. Hasta que habiéndo¬ se ofrecido el repartimiento del Soldado, que intentaron los Mi¬ nistros Reales, que pagara nuestra profesión (como diximos en la vida de Alfaro), él, que se preciaba de muy caballero (como ver¬ daderamente lo era), se dedicó a ser Administrador de Rentas Reales, como lo fué en Yecla y otros puertos secos (cosa que en¬ tonces era refugio de muchos hombres honrados), y en este em.- pleo gastó muchos años, aunque no dexaba por ello de exercitar su afición, ya en pintar, ya en dibujar de aguada, lápiz o carbón algunos países de aquellos sitios naturales, que le parecían más ocasionados y caprichosos, de que yo tengo algunos, con que me favoreció, y especialmente del Peñasco de la Magdalena de Ye¬ cla, muy célebre y caprichoso sitio, y harto bien dibujado de aguada. Volvió a Madrid nuestro Soto, donde comenzó luego a exer¬ citar su habilidad algunos juegos de países, que ya por la en edad, que seria de más de cincuenta años, ya por la falta de prác¬ tica en tanto tiempo, no eran tan superior cosa como antes. Res¬ pecto de lo cual y de haberse ya adormecido su crédito en tan larga ausencia y mudanza de empleo, fué menester ponerlos en público a vender en Palacio y en la Puerta de Guadalaxara, con harto poca fortuna y estimación. ¡Verdaderamente que la pintura es una señora muy grata con quien la sirve, pero mujy esquiva con quien la desprecia! Supe, cierto, que este artífice y Alfarcl· 307 — — se desdeñaban del nombre de pintores, y cuando le quisieron te¬ ner no le encontraron, aunque para ello parece que tuvieron al¬ gunos honrados motivos, ¡pues no se desdeñaban del arte, sino del vilipendio 1 Ultimamente, despechado y consumido de su poca fortuna, mu¬ rió por el año de mil seiscientos y ochenta y ocho, y a los cin¬ cuenta y cuatro de su edad, y está sepultado en la Parroquial de San Justo de esta villa, en la bóveda de la capilla de San Joa¬ quín, que era de sus abuelos. CLXXIX.—£iOi\7 PEDRO ATHANASIO, PINTOR Don Pedro Athanasio Bocanegra fué natural de la ciudad de Granada y discípulo del Racionero Alonso Cano en el arte de la Pintura, en que sobresalió con un gran gusto y dulzura de colo¬ rido; no desayudándole para esto las obras de Pedro de con la Moya abandicada, a que se aplicó mucho, y la consiguió manera tal con felicidad, que con ello y su buen modo y gran porte tuvo siempre, desfrutó en que gran manera el aplauso popular. su casa era Porque muy frecuentada de la primera Nobleza de hasta de los Oidores de Granada, aquella Real Chancillería, ¡que es más que todo!, portándose en esto Don Pedro con gran garbo de re¬ frescos y chocolate a sus horas; con que tuvo siempre muchissimo que hacer, asi para el público como para particulares. mente Especial¬ hay en aquella Santa Cartuja muchos y muy buenos cua¬ dros de su mano, no sólo en la iglesia, sino también en las celdas y capillas, y con singularidad dos cuadros de historias de la Or¬ den y testimonios de la protección de la Reina de los Angeks en ella, que los hizo para el presbiterio, y hoy están en la capilla de los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, que son cosa ex¬ celente. Tiene asimesmo dos cuadros de la Pasión de Christo Señor Nuestro a los lados de la capilla mayor en aquella Santa Iglesia. Y especialmente en el claustro de Nuestra Señora de Gracia tiene muchos y buenos, y con singularidad uno de la Concepción Pu- ríssima,¡cosa peregrina! Y en el colegio de la Compañía de Jesús tiene muchas pinturas, y en especial la del altar mayor, que es — 3oS — de la Conversion de San Pablo (advocación de aquella casa), ¡cosa excelente! Pintó siempre en las festividades de Corpus, en oposición de Juan de Sevilla, con grande acierto en misterios alusivos a aquel soberano Sacramento. Estuvo una temporada en Sevilla, donde hizo demostración de su habilidad en algunas obras particulares. Y después de al¬ gunos años pasó a esta Corte por el de 1686, y favorecido de los señores Marqueses de Montalvo y Don Pedro de Toledo, su her¬ mano (que fué Marqués de Mancera), logró el servir a Su Ma¬ jestad con una pintura, jeroglífico de la Justicia, con lo cual y la protección de dichos señores logró el título de pintor de Su Majestad ad honorem. En cuyo tiempo hizo diferentes pinturas para regalar a algunos señores, y a Don Cristóbal Ontañón, que era el trujimán de todos los aventureros. Tenía gran ventolera nuestro Athanasio, y con el título de pintor del Rey ya le parecía estaba canonizada de suerte su habi¬ lidad, que en el mundo no tenía igual, y así despreciaba a todos los pintores de Madrid; en que yo le iba a la mano, por paisano y por amigo (porque antes de conocemos nos habíamos commu- nicado por carta), y sólo decía que cedía a Lucas Jordán (sin duda, por complacer a Ontañón, su valedor, que era muy jorda- nísta), pero a otro ninguno, no. Sucedió que un dia, viendo al¬ gunas cosas de mi mano (bien que era yo entonces muy princi¬ piante, que aún no tenia treinta años), las celebró mucho, dicien¬ do que no creyera que había en Madrid ¡quien hiciera otro tanto! (sin duda, sería por estar yo presente), a que yo le respondí que no tenía razón, porque había hombres en Madrid de quien yo me honraría mucho, de parecer discípulo; y era así, porque vivían Claudio Coello, Joseph Donoso, Matías de Torres, Francisco Ig¬ nacio y otros muchos mozos de grandes esperanzas. Estas y otras farfantonadas llegaron a oídos de Don Matías de Torres, el cual, o por menos sufrido o por más desocupado, le envió un papel de desafío a pintar y dibujar, dándose asumptos el uno a el otro de repente, y de invención, delante de testigos; añadiendo que aunque él decía que sólo temía a Lucas Jordán y no a pintor alguno de España, que él, que era el menor de todos, esperaba desengañarle de su vanidad, etc. Turbóse con este papel nuestro Athanasio, y acudió con él a dicho señor Don Pedro de Toledo (en cuya casa estaba hospedado entonces), acriminando la osadía de enviarle papel de desafío, estando en casa de Su Se¬ ñoría, quien como Ministro que era entonces del Consejo Real, quiso proceder en todo rigor de justicia y llamar a un Alcalde, etc. Y sin duda lo hubiera executado si no se hubiera interpuesto per¬ sona quele templase, diciendo; que las cuestiones de ingenio no pertenecían a la voluntad, y que antes era loable aquel ardimien¬ to por la emulación de el Arte y la defensa de sus compañeros y amigos. Con esto y con haber templado también a Don Matías de Torres, cesó aquel empeño, y después decía nuestro Athanasio ¡que ni a Lucas Jordán cedía!; debió, sin duda, de soñar que había quedado victorioso en la palestra. Lo cierto es que si, como él tenia el dominio en las colores y en el buen gusto, le tu¬ viera en el dibujo, bien podía tendérsela a cualquiera; pero fué totalmente amanerado y nada naturalista, y por el consiguiente muy tibio en el dibujo, dexándose llevar sólo del aura lisonjera del vulgo: de todo lo dicho fui testigo. Volvióse, Granada nuestro Athanasio, y a pocos días pues, a acertó a aquella ciudad Don Teodoro Ardemans (que en¬ pasar a tonces era pintor y arquitecto en esta Corte) a oponerse a la plaza de maestro mayor de aquella Santa Iglesia, en cuyo tiempo hizo Ardemans algunas pinturas, que habiendo parecido bien, se sus¬ citaron algunos rumores de oposición entre Athanasio y Teodoro, y éste, con los fervores de la edad (que entonces apenas tendría veinte y cinco años), a pocos lances se presentó al certamen, y porque no fuese muy sangriento el combate, se conformaron en retratarse el uno al otro, 3/ el primero que se plantó en la palestra fué Ardemans, y sin dibujarlo ni aun con el pincel, comenzó a meter colores, y en poco más de una hora retrató a Athanasio, tan parecido, que más no podía ser, y a vista de un concurso muy numeroso que acudió al certamen; y a la verdad, yo lo vi (en poder de un Beneñciado de la Parroquia de la Magdalena, Don Simón de Costela) el año de doce, cuando estuve en Granada, y al instante le conocí, habiendo pasado veinte y seis años desde que le había visto en vida, y en lo dibujado y pintado no se podía hacer más, con estar hecho de la primera, sin haberle vuelto a tocar, sino cosa muy poca. Visto esto, enmudecieron todos los de la parcialidad de Atha¬ nasio, y a él se le debieron de enmudecer los pinceles, pues hablen- 3IO — — do quedado aplazado día para que executase el retrato de Teo¬ doro y concurrido a este acto lo primero de aquella ciudad, los dexó a todos burlados, sin concurrir ni avisar a Don Francisco de Toledo, en cuya casa era la función. ¡Cosa que pareció a to¬ dos muy mal!, después de dia en día fué dilatando el retrato de y Teodoro, y por último, dentro de muy pocos días se murió sin hacerlo. ¡Gran cosa es la modestia!, pues ella sola desarma in¬ sensiblemente la más engreída oposición, cuanto una altivez pre- sumptuosa despierta la emulación más dormida!, cierto que fué desgraciado nuestro Athanasio en sus contiendas, pues la primera le costó la fama y la segunda le costó la vida. Así lo discurrieron muchos, y pudo ser que no fuese así; pero no se puede negar que le cogió la muerte en mala ocasión. Y no sería maravilla que vién¬ dose él constituido en el primer crédito de aquella ciudad, y aun de toda España, en su concepto, ya que no me alargue más, se repudriese interiormente de verse en cierto modo sojuzgado de un barbiponiente. Murió, en ñn, Don Pedro Athanasio por el año de 1688 *, y a poco más de los cincuenta de su edad. Y lo cierto es que dexando aparte estos deslices de nuestra miseria, pues nemo sine crimine vivit; fué, sin duda, hombre eminente, por su cami¬ no, y por tanto muy digno de este lugar, pues dexó inmortalizado su nombre con la fama pòstuma que le merecieron sus muchas y loables obras públicas, y particulares dentro y fuera de Gra¬ nada, pues am en esta Corte hay muchas. Aseguro que vi en po¬ der de la Excelentísima señora Duquesa de Béjar (mi señora Doña Teresa Sarmiento de la Cerda) una Mater Dolorosa, del tamaño del natural, de mano de Athanasio, con unos angelitos abaxo llo¬ rando y con algunos instrumentos de la Pasión, que no parece se podía hacer cosa de más tierna expresión y de más excelente gus¬ to, sin otras muchas que dexó en las casas de dicho señor Don Pedro de Toledo Sarmiento, ¡que son cosa excelente! CLXXX.—DOY NICOLAS DE VILLACIS, PINTOR Don Nicolás de Villacis, natural de la ciudad de Murcia, hijo de Don Nicolás Alonso de Villacis y de Doña Juana Martínez Arias (ambos de ilustre y bien conocido linaje y abundantes de * El 17 de enero de 1689. 3H — — bienes de fortuna), fué excelente en el arte de la Pintura, la cual aprendió dicha ciudad de un mediano pintor; pero sus padres, en deseando su mayor adelantamiento, le enviaron a Madrid, donde se mejoró mucho en la escuela de Don Diego Velázquez, y des¬ pués pasó a Roma, para perficionarse del todo, como lo consiguió en los primores más exquisitos del arte. Volvióse a su patria, don¬ de lo exercitó con muy acordado dibujo, siendo en extremo pri¬ moroso y prolixo en concluir sus obras. El estilo de su colorido, al fresco y al ólio, fué muy agradable, como lo había aprendido en la Italia. Hizo en Murcia diferentes obras particulares y pú¬ blicas, y en unas y en otras era más impelido del deseo de com¬ placer a sus amigos que del estímulo de sus intereses. Entre las obras públicas de su mano, la principal es la de la capilla mayor y costado entero de toda la iglesia del lado del Evangelio del Real Convento de la Santíssima Trinidad de Cal¬ zados de aquella ciudad, donde pintó al fresco la vida de San Blas, con elegante estilo y agradable composición; obra, aunque no acabada (por haber muerto), bien celebrada de cuantos inte¬ ligentes la han visto, pues en la fachada del altar mayor no tienen más retablo que el que fingió la grande habilidad de Villacis, con bizarra arquitectura y perspectiva, y sobre las comisas un gran tarjetón, donde pintó la Trinidad Santíssima, y está con tal arte fingida la perspectiva, que los páxaros que casualmente entran por las ventanas se van a poner sobre los vuelos de la comisa, y suelen caer revoloteando hasta las gradas del altar, el cual con¬ servan con tanta veneración, que sólo tienen en el medio un sa¬ grario de nogal, sin más omato. La pintura del costado, que diximos, de la iglesia se compone de cuatro estaciones o intecolunios, donde están cuatro historias de la vida del glorioso San Blas, con sus marcos fingidos y sus molduras y tarjetas, que parecen verdad. En el primer caso está el Santo predicando a diferentes animales, executados con gran propiedad, y un bello pedazo de pais. En el segundo está po¬ niendo la mano en la garganta a un niño ahogado, que su madre le tiene en brazos, con grande añicción, y dos soldados con los el preciso estupor del caso. En el tercero está el Santo en la pri¬ sión, puesto en un cepo, con singularíssima propriedad. En el cuarto está caminando sobre la aguas a vista de un numeroso concurso. Y encima de estos cuadros hay fingidos unos corredo- res, con balaustres de piedra, y en ellos algunas figuras, y algu¬ nos retratos de caballeros de aquella ciudad, conocidos en¬ muy tonces, y también religiosos de la casa, que los daban algunos pañuelos con panecillos, o rollos benditos del Santo; ¡que todo parece verdad! Y en los pilares, que dividen las capillas, hay so¬ bre unas repisas algunos retratos de los Reyes de España, plan¬ tados con estupenda gallardía, como también algunas virtudes en¬ tre las dos colunas, que hacen división a los cuatro espacios de las historias. Otro lienzo grande hizo para el lado siniestro de la escalera del Real Convento de Santo Domingo de la mesma ciudad, de San Luis Beltrán, en aquel caso del Marqués de Albayda; que el frontero es del mismo Santo, de mano de Conchillos. Otro en la Librería, de Santo Tomás y San Alberto Magno, en que pintó unas fachadas de la célebre fábrica de la torre de la Santa Igle¬ sia de dicha ciudad, en que manifestó especial acierto en la ar¬ quitectura y perspectiva. También hay en dicho convento otro cuadro de San Lorenzo, de mano de Don Nicolás, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, ¡cosa excelente!, sin otras mu¬ chas obras particulares. Floreció este grande artifice hasta los años de mil seiscientos y noventa, en que murió, de no muy crecida edad. Hoy se hallan en poder de una señora, hija suya, diferentes cartas, que le es¬ cribía su maestro Don Diego Velázquez, llamándole para emplear¬ le en servicio del Rey y hacerle pintor de Su Majestad, lo cual nunca aceptó, por no abandonar el sosiego, que le ofrecían 13"=^ conveniencias, que le dispensaba su honrado patrimonio. CLXXXI.—/lYTOY/0 CASTREJON, PINTOR Antonio Castrejón, natural y vecino de esta Corte, fué pintor práctico, amanerado, tuvo gran facilidad en la inven¬ y aunque ción; y especialmente hizo muy bien historiejas pequeñas, de que se ven muchas en las perspectivas de Don Roque Ponce y de Jo¬ seph García y en algunas guirnaldas de Gabriel de la Corte. En grande también pintó mucho, como se ve en los dos cua¬ dros que están en el crucero de la Parroquial de San Miguel de esta Corte, que el uno es de la Revelación del Purgatorio a San 313 — - Patricio, el otro del Triunfo de San Miguel contra el dragón del Apocalipsi, y otro cuadro del Martirio de Santa Lucía, que estaba en el remate del retablo colateral del lado de la Epístola en la iglesia de San Phelipe, el cual pereció en el incendio de aquel mag¬ nífico templo el día 4 de septiembre de 1718 años. También es de su mano otro cuadro de la Presentación en el templo, en el cola¬ teral de la Epístola, en la Parroquial de San Ginés, de esta Corte, y los de la Vida de la Virgen en la capilla de Nuestra Señora de la Cabeza, de dicha iglesia, y los Angeles que están en la sacristía, y otro de la Concepción de Nuestra Señora en la iglesia del Carmen Calzado, en la capilla del Santo Christo, que está junto a la puer¬ ta de las gradas. Y los que están en los remates de los retablos, en la capilla de los siete altares de la Pasión de Christo Señor Nuestro, en la Virgen de Gracia; sin otros muchos en casas par¬ ticulares. Murió por el año de seiscientos y noventa, a los sesenta y cinco de su edad, y se enterró en la Parroquial de San Luis de esta Corte. CLXXXIL—DOY SEBASTIAN MUÑOZ, PINTOR DEL REY Don Sebastián Muñoz fué natural de la Villa de Navalcarnero y discípulo de Claudio Coello, de los más adelantados que sacó, y habiendo aprovechado muy bien en su escuela, pintó mucho al temple las obras de la entrada de la Reina nuestra Señora en Doña María Luisa de Orleans, con cuyo producto pasó a Roma a los veinte y seis años de su edad, donde asistiendo en las Aca¬ demias y al estudio de las estatuas y otras obras públicas de aque¬ lla gran ciudad, debaxo de la escuela y corrección de Carlos Ma- rati, vino muy aprovechado a los treinta años de su edad, y ha¬ biéndole avisado de su venidaprimer maestro (que a la sa¬ a su zón se hallabaZaragoza pintando al fresco aquella célebre ca¬ en pilla de Santo Tomás de Villanueva, en el colegio de la Mante- ría), le respondió que se viniese por allí y le ayudaría en aquella obra, como lo hizo, y concluida, se vinieron juntos a Madrid, don¬ de comenzó a mostrar su grande habilidad, asi en las Academias, en el dibujo, como en diferentes pinturas al ólio y al fresco que se le ofrecieron, y especialmente en Palacio pintó el techo de un gabinete del cuarto de la Reina, en que executo la fábula de An- 3'4 — — gélica y Medoro, buenos ornatos de arquitectura, en que con muy tenia excelente gusto, y después pasó a ayudar en la pintura de la galería del Cierzo, del cuarto de la Reina (que hoy está divi¬ dida en parte), y habiendo caído malo de un gran tabardillo, man¬ dó el Señor Carlos Segundo que le fuese a visitar uno de los mé¬ dicos de Cámara y que se le asistiese por la Botica de Su Ma¬ jestad con cuantos medicamentos hubiese menester, además de en¬ viarle Su Majestad veinte y cinco doblones de ayuda de costa, y todos los días un plato de su Real mesa; circunstancias todas de singular honra y estimación, y más no siendo todavía formalmente criado de Su Majestad, de que puedo deponer, como testigo de vista, siendo (como lo era yo entonces) compañero suyo. Y la Reina nuestra Señora Doña María Luisa de Orleans también le envió veinte doblones de ayuda de costa, y convalecido que fué (en lo cual tardó mucho, porque la enfermedad había sido gra¬ víssima), pintó al ólio una de las historias de aquella bóveda, que era de la fábula de Psiches, o Siquis, y Cupido; el caso en que habiéndola llevado Cupido a su Palacio, le tuvo un célebre con¬ vite, con música y danzas y todo linaje de placer. Concluida esta obra por el año de 1686, Su Majestad le hizo merced de su pintor, junto el otro, que le había acompañado, con dándoles asimesmo cien doblones de ayuda de costa, por ñn de la obra, además de sus mesadas; y después logró el retratar a la Reina (por su mandado) con grande acierto (cosa que su maes¬ tro sintió mucho, por ser regalía suya) ; también retrató a una señora camarista. Doña Juana Rey; y fuera de Palacio hizo otros retratos muy parecidos, porque en esto especialmente tenía singular habilidad. Executó también en este tiempo seis u ocho cuadros apaisados de la Vida de San Eloy, que se pusieron en la ñesta, que celebró la Hermandad de los Plateros a dicho Santo en la Iglesia Parroquial de San Salvador de esta Corte, a costa, y para el que fué Mayordomo aquel año: cosa, cierto, excelentís- sima, en dibujo y colorido. Después hizo cuadro del Martirio de San Sebastián, de un cosa de tres varas de alto y dos de ancho, muy estudiado y con estremado gusto y acierto, que se puso en público un día de Cor¬ pus, con muy crecidos aplausos, y hoy está en poder de Don Francisco Mezcorta, muy aficionado a la pintura. A esto se siguió la inopinada, cuanto bien sentida muerte de la Reina, en lo más florido de sus años, de una cruel apoplejía en el de 1689, y a los veinte y siete de su edad; y habiendo Su Majestad determinado enterrarse con el Santo Hábito del Carmen (como se executo), quiso el convento de Carmelitas Calzados de esta Corte dexar per¬ petuada esta memoria, y asi le mandaron a dicho Don Sebastián pintar el cuadro de este funeral en la misma forma y aparato que estuvo puesto el Real cadáver en Palacio; lo cual executo Muñoz con grande estudio y acierto, procurando hacerlo todo por el na¬ tural, de suerte que los Reyes de armas, el sacerdote y el acólito, que están allí, todos son retratos de los mismos sujetos que asis¬ tieron en dicha función. Y habiéndolo llevado al convento, como el simulacro de la Reina, difunta, ya por ya por lo extraño del traje, lo escorzado y diminuto, según la distancia en que ya por se suponía, no conformaba con las especies que todos tenían de cuando viva; todos a una voz, con el Prior, comenzaron a des¬ preciar el cuadro, diciendo que no estaba la Reina parecida, y asi que no estándolo no lo habían menester. El pobre mozo, que se halló con toda una Comunidad acuestas, sin bastarle razones para convencerla,casi perdido el trabajo de un cuadro de tanto y estudio, se vió términos de desesperación; y se resolvió a con¬ en vocar todos los pintores del Rey y otros de crédito, a ver si podia su voto y aprobación contrastar el dictamen de la Comunidad. El Padre Prior (que entiendo lo era el Reverendo Padre maestro Ba- rrientos), que vió toda aquella turba pintoresca, dijo: Señores, ¿para qué es esto? Vmds. entenderán mejor que yo de lo bien pintado y organizado, según arte; pero de si está o no está pare¬ cida la Reina, no sólo yo, pero cualquiera entiende tanto como Vmds. A esta razón del Prior todos enmudecieron. Sólo un com¬ pañero de Muñoz dixo: Padre Reverendíssimo, el no parecerse ese retrato a la Reina cuando viva la mayor perfección que tiene, es porque la Reina, cuando difunta, no se parecía a sí mesma, cuan¬ do viva. Dixo el Prior con gran risa: Señor mío, ese argumento, tan agudo como sofístico, seria muy del caso, como Vmd. estu¬ viese aquí a todas horas, para decírselo a cada uno que llega a ver el cuadro. Y si yo hallase medio (replicó el dicho) para que haya quien a todos lo diga, ¿será bastante para que el cuadro se quede en casa? Como eso pueda ser, soy contento (dixo el Prior), juzgando imposible la empresa. Pues ponga Don Sebastián (dixo el compañero) en aquel vacío (señalando al sitio donde está) una — 3'6 — medalla con el retrato de la Reina, como estaba en vida, que la traigan dos Cupidillos llorosos, con un lema que dé a entender que la diferencia que hay de aquel retrato a el otro es la que hay de lo vivo a lo muerto. Pareció bien a todos y al Padre Prior la proposición, y así se executó y se le puso por lema; Nec semper lilia florent, y está hoy colocado dicho cuadro junto a la puerta que sale de la iglesia de dicho convento al claustro chico. Todo esto fué menester para que aquella santa Comunidad ad¬ mitiese un cuadro aquél, que es honra de la nación espa¬ como ñola, y creo que le dieron por él solos docientos ducados, que no es la mitad del justo precio. Pero él decía que como el cuadro quedase allí, más que no le dieran im cuarto; en que se califica lo desinteresado, modesto y honrado de su natural, que verdade¬ ramente lo era. Después de esto se ofreció en el Retiro pintar los techos de algunas piezas del cuarto de la Reina para las segundas nupcias del Señor Carlos Segimdo, con la Sereníssima Reina Doña María .\na de Xeuburg, y en esta sazón pintó al fresco Don Sebastián una de las piezas de la cámara de Su Majestad con grande acier¬ to, por las trazas que para ello hizo Don Claudio Coello de orden del Rey, como pintor de cámara de Su Majestad. Concluido esto, se ofreció en el convento de Nuestra Señora de .\tocha reparar la cúpula de la capilla de esta Santa Imagen, cuya pintura al fresco de mano de Don Francisco de Herrera es¬ taba maltratada de los accidentes de la fábrica, y fué para este efecto nombrado nuestro Muñoz, junto con Don Isidoro Arredon¬ do, también pintor de Su Majestad. Era Don Sebastián sumamen¬ te aficionado a la música y a el danzar, y uno y otro lo hacia con primor; pero era su afición con tal extremo, que cuando estaba pintando solía estar cantando y cuando se levantaba solía hacer algunas mudanzas de danzado. Viendo él, pues, un día que aquel tablado, que se había hecho para dicho reparo, se cimbraba lin¬ damente para danzar, comenzó a cabriolear de tal suerte, que falseando por un nudo una de las soletas, donde cargaban las ca¬ rreras, dió todo el andamio abaxo, y los que en él estaban, que era un peón y un oficial (porque Don Isidro no había ido aquel dia a causa de un resfriado) y Don Sebastián, que se levantó al punto muy ligero, diciendo que no se había hecho mal; se cayó luego en el suelo, echando un gran golpe de sangre por los riño- 317 - — nés, a causade haberse metido por eilos una de las manzanillas de bronce de la barandilla del altar de la Virgen. Y fué tan súbita su muerte, que no dió lugar a más Sacramentos que absolverle apretando la mano, y allí se quedó muerto, junto a la misma ba¬ randilla, con increíble dolor de toda aquella santa Comunidad, que acudió a tan inopinado estruendo, contribuyendo todos con sus pre¬ ces y oraciones a un espectáculo tan doloroso. Los otros dos, aun¬ que se maltrataron, no fué cosa de consideración. Fué este fatal suceso lunes Santo del año de 1690, y el dia antecedente (Domingo de Ramos) había cumplido con la iglesia nuestro Don Sebastián, lo cual, junto con los sagrados medios que permitió la súbito del suceso, además de su mucha virtud y exemplo, nos dan seguras prendas de su salvación. Y más habien¬ do muerto a los pies de aquella gran Reina, Dispensadora de las Divinas Misericordias, y en tan santa y religiosa casa, cuyos su¬ fragios a favor del difunto fueron muy repetidos, y le dieron ho- noriñca sepultura en la Sala de Capitulo, celebrando a su costa las exequias con gran solemnidad. Murió a los treinta y seis años de su edad, con poca diferencia, con gran dolor de toda la profe¬ sión, que esperaba de tan fragantes flores muy sazonados frutos, pues estaba en lo más florido de su edad, y aseguraban sus com¬ pañeros que era el único que les ponia estímulo en el estudio para no quedarse atrás. El Señor Carlos Segundo lo sintió mucho, y envió para tocas a la viuda veinte y cinco doblones, señalándola una ración per¬ petua de cinco reales al día. Estaba Don Sebastián a esta sazón para hacer un cuadro muy grande del Martirio de San Andrés, para la Iglesia Parroquial de Casa-Rubios, de que tenía ya hecha la traza y el cuadro imprimado, el cual executó Don Francisco Ignacio por el mismo borroncillo. CLXXXIIL—DOY JUAN DE VAI.DES, PINTOR, ESCULTOR y Arquitecto Don Juan de Valdés Leal, natural de la ciudad de Sevilla y oriundo del noble solar de las Montañas, nació de padres ilustres por los años de 1630 *; crióse con buena doctrina, y habiéndose re- * Fué bautizado el 4 de mayo de 1622. - 3I8 - conocido en primeros años la grande inclinación que tenía al sus arte de la Pintura, no se sabe cierto de quién fué discípulo en ella, aunque se presume que del clérigo Roelas; pero más debió Val- dés al Cielo, a su estudio y aplicación, que a la enseñanza de los maestros. Pasó a Córdoba después de algunos años, en que venció con grande adelantamiento susprincipios, y allí se casó con Doña Isabel de Carrasquilla (de familia muy ilustre en aquella ciudad), la cual pintó también al olio, no se sabe si con la instrucción de su marido o si tenía antes algunos principios. En este tiempo, ya colocado Valdés en opinión y perñcionado en la habilidad, hizo diferentes obras particulares en Córdoba, y especialmente en lo público la del retablo principal de la iglesia del Carmen Calzado, extramuros de aquella ciudad, donde, ade¬ más de las historias del Santo Profeta Elias, hechas con gran ma¬ gisterio y bizarría, tiene en el sotabanco unas Santas de medio cuerpo, hechas con tanta belleza en dibujo, colorido y manejo, que parecen de Velázquez, y sin duda son hechas por el natural, porque tienen aquella mism.a viveza y verdad. Hizo también en este tiempo el cuadro célebre del Apóstol San Andrés, que está en un altar de la iglesia de San Francisco, estupenda figura, mayor que el natural, y a los pies un libro, como caído al descuido y descompuesto, con un desaliño muy ca¬ prichoso. Hizo también el cuadro de la Concepción, que está en la platería, con San Eloy y San Antonio, muy bien historiado y enriquecido de gloria y acompañamiento de ángeles. Pintó tam¬ bién el retrato del doctor Don Enrique de Alfaro (hermano de Don Juan de Alfaro, de quien hacemos mención), sumamente pa¬ recido, cuando estaba todavía de Licenciado, con tal viveza, que parece el mismo natural, y que promete las grandes prendas de que se enriqueció su ingenio, con el ornato de todas buenas le¬ tras, sin olvidar las de la Poesia, de que fué siempre tan fecundo aquel delicioso suelo cordobés. Volvióse nuestro Valdés a Sevilla, donde hizo repetidas obras públicas y particulares, y en especial un célebre cuadro para la Caridad, del Triunfo de la Cruz, ¡cosa maravillosa! Y allí mesmo tiene otros dos, correspondientes a otros de Murillo, de unos je¬ roglíficos del tiempo y de la muerte, y un cadáver corrompido y medio comido de gusanos, que causa horror y espanto el mirarlo. 3'9 — — pues está tan natural, que muchos al verle, inadvertidamente, o se retiran temerosos o se tapan el olfato, temiendo ser contami¬ nados del mal olor de la corrupción. Asimesmo tiene las gradas de aquella Santa Iglesia dos en lienzos en unos nichos, el uno de Christo Señor Nuestro Cruci- ñcado, y el otro de Su Majestad a la Columna, donde está una figura de un sayón, de los que le están azotando, ¡que es una ad¬ miración!, pues siendo mayor que el natural, está con tal arte escorzado y con tal valentía contrapuesto, que no ocupando más que tres cuartas del lienzo toda la figura, parece desde abaxo que se sale fuera del cuadro, por no caber en él. Fué, en fin, nuestro Valdés grandíssimo dibujante, perspective, arquitecto y escultor excelente, pues aunque no se ven obras se¬ ñaladas suyas de escultura, aseguran que hizo algunas, y espe¬ cialmente en el modelar de barro fué facilísimo, como lo mani¬ festó en todas estas facultades en aquella celebérrima función tan plausible de la canonización del Santo Rey Don Fernando, que celebró aquella ínclita ciudad, con sus dos ilustríssimos Cabildos y el afectuoso celo de sus opulentos moradores el año de 1671, donde manifestó nuestro Valdés los grandes caudales de su ta¬ lento, acudiendo con sus trazas, modelos y dirección de arquitec¬ tura, ornatos, historias y jeroglíficos a tan estupendas máquinas, y tanto número de oficiales como concurrieron al desempeño de tanto asumpto, que fué la admiración de toda España y aun de la mayor parte de Europa, por las muchas naciones que concu¬ rren siempre en aquella gran ciudad, cebadas del interés de su aplaudido cuanto envidiado comercio. Después pasó a Córdoba por el año de 1672, donde yo, lle¬ vado de mi afición, aunque muchacho, le visité, y viendo algunos ligeros principios míos de aquella edad y que allí faltaba quien pudiese entonces darme la luz conveniente para mi adelantamien¬ to, me dió algunos documentos para mi gobierno, que estimé y aprecié mucho, como de hombre verdaderamente erudito y prác¬ tico en la facultad. Pintó en tiempo diferentes cuadros para particulares, y este en especial juego de lienzos de diferentes Vírgenes para el Ju¬ un rado Tomás del Castillo, en que yo le vi pintar algunas veces, y de ordinario era en pie, porque gustaba de retirarse de cuando en cuando y volver prontamente a dar algunos golpes, y vuelta — 320 — a retirarse, y de esta suerte era de ordinario su modo de pintar, con aquella inquietud y viveza de su natural genio. Volvióse a Sevilla, donde presidió muchos años en la Acade mia, y era el que con mayor magisterio y facilidad dibujaba en ella, porque Murillo la tenía en su casa, por no tropezarse con lo altivo de su natural, pues como decía el mismo Murillo, Valdés en todo quería ser solo, y así no podía su genio sufrir, no digo superior, pero ni igual en cosa alguna. Sucedió una vez un caso gracioso con un pintor tunante italiano, que habiendo arribado a aquella ciudad, pidió licencia para entrar a dibujar en la Aca¬ demia. Valdés, que era el que presidía, no se la quiso dar. Va¬ lióse del Marqués de Villa-Manrique (protector que era de la Academia), y con eso pudo entrar a dibujar. Tomó su asiento y sacó unos carbones como dedos y un pliego de papel blanco de marca mayor, a el cual lo estregó todo con un carbón, y hecho esto comenzó a limpiar unos claros con miga de pan, y fué des¬ cubriendo y determinando contornos y apretando los obscuros, de suerte que en breve concluyó una figura, muy bien dibujada, y de esta suerte hacía dos cada noche, y con tal destreza y blan¬ dura, que Valdés se quedó corrido y no consintió entrase más que tres o cuatro noches. El tal, picado de esto, compró dos lienzos imprimados, y en el uno hizo un Christo Crucificado y en el otro un San Sebastián, todo plumeado con las colores, ¡cosa e.xcelente!, y por tan extraño camino que causó admiración, de suerte que, habiéndolos puesto en gradas en un día de función, hicieron tan¬ to ruido, que picado Valdés, pareciéndole que venía a hacer befa de la Academia), dicen le quiso matar, y le precisó al pobre sa¬ lirse huyendo, habiendo vendido muy bien los lienzos: cosa que le afearon todos mucho a Valdés, y especialmente Murillo, pues dijo que la soberanía de Valdés era tanta, que no admitía com¬ petencia. A tanto como esto llegaba la altivez de su genio. No dió lugar a esto otro pintor viandante y desharrapado que llegó aquel tiempo a Sevilla en casa de un flamenco pintor, por que tenía obrador público y se llamaba Juan Famón; pidióle que hacer, y preguntándole el flamenco ¿qué cosa sabría pintar? Res¬ pondióle que lo que le mandase. Púsole un cuadro de vara y tercia (que es lo que ponían a los menos adelantados), y díxole hiciese un San Antonio; el viandante hizo una media tinta de blanco y negro y carmín, y dióle una mano a todo el cuadro, muy tirada; después tomó carmín y sombra, y fué delineando el Santo, y lo demás; después fué metiendo colores y empastando, de suerte que aquel dia dexó enteramente acabado su cuadro y de su propria in¬ vención con tal acierto, que no sólo el flamenco, sino otros pin¬ tores que trabajaban en su obrador lo admiraron tanto, que el flamenco le dixo si se quería quedar en casa se le haría muy buen partido. El le respondió que le pagase aquel cuadro y después se vería en ello. Con esto, por acariciarle, le dió dos doblones por el cuadro (y valia cada doblón entonces mucho más que ahora, por ser mucho antes de la baxa de la moneda del año de 8o). Nuestro viandante, que se vió con los dos doblones, le dixo al flamenco: Vmd. se quede con Dios, que ya tengo yo con esto para trajinar unos días, que si yo quisiera estar sujeto no andu¬ viera como ando, pues mi designio es ver mundo, y si anduviera bien portado me desnudaran los ladrones por esos caminos, y viéndome de esta suerte voy libre de contingencias; y con esto marchó y nunca más se supo de él. Volviendo, pues, a nuestro Don Juan de Valdés, estuvo también en esta Corte, y tiénese por cierto fué por el año de 1664, para ver las célebres pinturas que hay en ella, y especialmente en los Palacios Reales y el Escorial, lo que admiró mucho. No se sabe que hiciese cosa de pintura; sólo sí me dixo Claudio Coello que había ido a la Academia, y que dibujaba dos o tres figuras cada noche (debiera de seguir la pauta de aquel viandante), galantería que muchos la han executado por bizarrear. Pero como allí se va a estudiar y no a destajo, cuanto más se especulare y considerare el natural, tanto más se logrará el intento, bien que no todos los genios se pueden medir con im módulo mesmo, porque la suma vivacidad de algrmos les hace romper los márgenes del común estilo. Finalmente, hallándose ya Valdés con sesenta años de edad, le dió un accidente de perlesía, a tiempo que tenía ajustado con Don Pedro Córvete el pintar de diferentes historias sagradas toda la iglesia de los Venerables Sacerdotes, que por la imposibilidad de Don Juan las hubo de executar su hijo Don Lucas, muy here¬ dero de las aventajadas prendas de su padre, quien murió cosa de dos años después de este accidente, en el de mil seiscientos y noventa y uno, el día catorce de octubre *. Dexó (además del ya * Fué enterrado el ij de octubre de 1690. 322 — — dicho Don Lucas), dos hijas, la una Doña hlaría (que se entró Ï Religiosa) y la otra Doña Luisa, ambas condecoradas con la ha- ! bilidad de la pintura, así en miniaturas como a el ólio, y espe- | cialmente en retratos con gran felicidad. Fué Don Juan de Valdés de mediana estatura, grueso, pero bien hecho; redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño da- j ro. Dexó muy buena escuela en aquella gran ciudad y muchos dis- ■ cípulos. Era espléndido y generoso en socorrer con sus documen¬ tos a cualquiera que solicitaba su corrección o le pedia algún di- bujillo o traza para alguna obra en todo linaje de artiñces; al paso que era altivo y sacudido con los presumptuosos y desva- mecidos. j CLXXXIV.—DOfV JUAN DE LAREDO, PINTOR Don Juan de Laredo, natural de Madrid, fué discípulo de Rici ■en el arte de la pintura. Aplicóse a la asistencia de los teatros de | perspectiva que se hacían en el Retiro y sobresalió en el manejo del temple en todo lo que allí se ofrecía, y en especial para bos- i ques, jardines y cabañas, en cuya atención le hizo el Señor Car¬ los Segundo merced de su pintor ad honorem. Muy de caída an¬ duvieron en este tiempo los pintores del Rey, pues nuestro Don Juan de Laredo, habiéndose encerrado en su casa en un aposen- ¡ tillo separado que tenia en lo alto de ella, para trastear en al- ; gunas cosas de la pintura, y prevenir algunos recados para ella, en que tenía singular gracia y primor, se le ofreció alcanzar de mn sobradilloo anaquel que había en dicho aposento no sé qué cosa, para lo cual, por no alcanzar bien, se subió en un banquillo alto, que, o por mal asentado o porque se le desvaneció la ca¬ beza, cayó de celebro y dió un porrazo tan grande, que habién¬ dolo oído abaxo, subieron a ver lo que había sido, y llamándole ima y otra vez por su nombre, viendo que no respondía, trataban de romper la puerta, porque estaba echado el cerrojo; a tiempo que el pobre Laredo, como pudo y arrastrando, quitó el cerrojo y le hallaron todo quebrantado y sin habla. Lleváronle como pu¬ dieron a su cuarto, donde a pocas horas murió, con gran senti¬ miento de los que le conocían, porque era amabilísimo, de gran discreción y placer en su trato y de singular providencia e inte¬ ligencia para aquel gobierno de las mutaciones, en que había subs- I — 323 tituído a Don Francisco Rici. Murió a los sesenta años de su edad, con poca diferencia, en el de 1692, y está enterrado en la parroquia de San Luis, de esta Corte. Fué hombre de lindo humor, y para dar un chasco tenía gran discreción y disimulo. Sucedió, pues, que hablándose un día de varios secretos de naturaleaia delante de un sujeto muy sencillo (pero tan frecuente moledor, que deseaban echarle del salón, don¬ de pintaban en el Retiro, porque los embarazaba mucho), dixo La- redo con gran disimulo: Para secreto el que yo sé de enfriar sin nieve. Saltó el otro tan aprisa y dixo: ¡Y cómo es eso, amigo, por¬ que eso es gran cosa! No se puede decir (respondió Laredo), por¬ que he dado palabra y juramento de callarlo, por el perjuicio que se les seguiría a los Obligados de la Nieve. Yo doy palabra de callarlo (replicó el otro) ; pero Laredo, teniéndose ñrme, después de grandes instancias y ofrecimientos, le dixo:. Amigo, lo que yo puedo hacer para no quebrantar mi palabra ni el juramento es que Vmd. me traiga mañana rma buena merienda, y yo me obligo a enfriar sin nieve la bebida, de modo que Vdm. lo vea, y con eso lo sabrá Vmd. sin decírselo yo. Soy contento, dixo al punto el amigo, y habiendo acudido al otro dia con su merienda y dos garrafones, uno de vino y otro de agua. Laredo, que ya es¬ taba prevenido, sacó gran cantidad de yelos (que es lo que más de ordinario venden en Madrid para este efecto) y comenzó a echarlos en las corcheras. El otro, que tal vió, dixo: ¿Pues no había Vmd. ofrecido enfriar sin nieve? ¿Pues acaso esto es nieve? (dixo Laredo). Sí, señor, replicó el otro. No es sino yelo (dixo La- redo), y en todo el mundo no habrá quien diga lo contrario. El hombre se quedó tan corrido, que escapó al instante, sin catar su merienda, y nunca más volvió a poner los pies allí. Y en ñn, son tantos y tan célebres los cuentos de Laredo, que fuera nunca aca¬ bar el referirlos todos. Tuvo muy especial habilidad para aque¬ llos teatros y también para monumentos de perspectiva, que hizo muchos y excelentes. CLXXXV.—DOY BARTOLOME PEREZ, PINTOR DEL REY Don Bartolomé Pérez, poco después de Laredo, fué también precipitado, pues pintando la sobrescalera de las casas del Du¬ que de Monteleón (que están en esta Corte, en el barrio de las — 324 — Maravillas, y se arrumaron con el incendio del mes de septiem¬ bre del pasado de 1723), le mandó a un mozo que le asistía le traxese una regla que estaba al otro lado de donde pintaba, para lo cual era menester pasar por un tablón que estaba algo torcido y se meneaba. Fué el mozo, y como vió que se meneaba el tablón, dixo que no se atrevía a pasar. Viendo esto Bartolomé, dixo (bur¬ lándose de él) : ¡Que haya hombre tan cobarde, que esto tema! Y diciendo esto fué a pasar, y cayó abaxo, y allí se quedó muerto. Fué, cierto, cosa dolorosa este suceso y de gran quebranto para toda la Corte, porque era también amabilissimo, de linda pasta y de muy buena habilidad para cualquiera cosa. Fué na¬ tural de Madrid y yerno de Arellano, y asi llegó a hacer las flo¬ res tan bien como su suegro, y a éste le pintaba el yerno las figu¬ ras en algunas guirnaldas que hacía. Asistió también mucho tiempo a las funciones del Coliseo, y casi siempre que se pintaba cortina lo hacía él, porque tenía es¬ pecial gracia y primor para ello; y tuvo titulo de pintor del Rey ad honorem. Fué su muerte el año de 1693, a los cincuenta y nueve de su edad, y está sepultado en la Parroquial de San Il¬ defonso, de esta Corte. CLXXXVI.—Z)OY CLAUDIO COELLO, PINTOR de Cámara y Arquitecto Don Claudio Coello, oriundo del reino de Portugal y descen¬ diente de aquella ilustre familia de los Coellos, de donde lo era también el gran Alonso Sánchez Coello (de quien hicimos men¬ ción), fué natural de esta villa de Madrid*. Su padre se llamó Faustino Coello, natural de la villa de Fulbusiño, Obispado de Viseo, en dicho reino, y fué excelente broncista; y deseando que su hijo le pudiese ayudar en el dibujo de aquellas cosas que se le ofrecían, y especialmente para reparar y cincelar los vaciados, le puso a dibujar en la escuela de Don Francisco Rici, pintor de Su Majestad, donde viendo lo mucho que iba aprovechando, le dixo Rici al padre que era lástima no dexarle continuar en la pin¬ tura, porque daba infalibles esperanzas de ser en ella hombre eminente. Hízose así y fu; continuando en el estudio con la di- * Bautizado el 2 de marzo de 1642. 325 — — rección de tan gran maestro, que en pocos años se aven¬ de suerte tajó a otros muchos de su tiempo. Yponderándole Rici un día a ■cierto religioso la habilidad de aquel muchacho, dixo el religioso que la fisionomía no demonstraba grande ingenio. A que respondió Rici: Pues, Padre, virtudes vencen señales. Lo cierto es que el semblante no era muy grato, y además de esto adusto y melancó¬ lico; pero la frente espaciosa y los ojos vivos y reconcentrados mostraban ser de genio agudo, especulativo y cogitabundo, como verdaderamente lo fué, con gran felicidad, gusto y capricho en lo que pensaba y concebía en su mente, y gran facilidad en produ¬ cirlo y actuarlo. Hallábale muchas veces su maestro dibujando en horas des¬ usadas, y decía Rici: ¡Estos si que son los verdaderos genios y que dan seguras esperanzas de aprovechar!, aquellos, que es me¬ nester reñirles, porque se ponen ahora a dibujar. No aquellos a quien es menester aguijonearles para que dibujen. ¡Sentencia digna de observación! .Tenía costumbre su maestro de hacer en cualquiera papelillo algún rasguño apuntamiento de lo que se le o ofrecía, ya fuese de historia o ya fuese de perspectiva, y luego los rompía y los arrojaba; pero Claudio tenía gran cuidado de recogerlos y jun¬ tarlos y estudiar en ellos y observar con aquella demonstración los documentos que había oído a su maestro. Ultimamente salió tan aventajado, así en la Historia como en la arquitectura y perspectiva, y en el temple y fresco (por haber asistido a su maestro en obras de todas calidades), que se hizo un artífice verdaderamente completo. La primera obra que sacó a luz aun estando todavía en casa de su maestro fué el cuadro de la Encamación del altar mayor de la iglesia de las Monjas de San Plácido, de esta Corte, en que muestra bien la valentía de su espíritu y el gran genio que le asistía, pues además de lo bien expresado del Misterio, le acompañó en la parte inferior con aque¬ llos Profetas y Sibilas que anunciaron la venida del Mesías. Y después continuó con los cuadros colaterales de Santa Gertrudes, y los demás que allí tiene, hechos con extremado gusto y exce¬ lente dibujo. Y en los vaciados de los pedestales y las dos pin¬ turas del Nacimiento de Christo Señor Nuestro y Adoración de los Reyes alos lados del Sagrario del altar mayor, junto con el frontis del arco a la entrada de la capilla del Santo Sepulcro, a — 326 — los pies de la iglesia. Y bien de sus principios es también la pin¬ tura del retablo de San Roque, que está en la Parroquial de San Andrés, de esta Corte, donde hay una Magdalena en la tablica- del Sagrario, y dos retratos de medio cuerpo a los lados, que pa¬ recen de Velázquez. Y también las pinturas de la capilla de los Ajusticiados, a los pies de la Iglesia Parroquial de Santa Cruz, que son la Encarnación del Verbo Divino, en lo alto, y abaxo San Juan Bautista y su padre San Zacarías. Como también lo es otra pintura apaisada de la Presentación de Nuestra Señora en el Templo, que está en la sacristía de la Parroquial de San Juan, de esta Corte. Y el cuadro de la Cena, que está en el refectorio de los Padres Capuchinos del Prado. Aun dicen también que el cuadro que tiene en el altar mayor de dicha Parroquia de Santa Cruz le hizo estando todavía en casa de su maestro, y que éste le dixo que si quería que saliese en su nombre se lo pagarían mejor; pero él más quiso el crédito que el interés. Hizo también el que está en lo alto del retablo, del Triunfo de la Cruz. Y asimesmo pintaron al fresco el presbiterio entre él y Jo¬ sé Donoso, que estaba entonces recién venido de Roma. Y luego tomó Claudio grande amistad con Carreño, el cual, con la ocasidir de pintor de cámara, le permitió copiar en Palacio muchos origi¬ nales de Ticiano, Rubens y Vandic y otros. Y con efecto se me¬ joró mucho desde entonces en el colorido, como lo manifestó en un célebre cuadro de San Luis, Rey de Francia, muy historiado, que hizo para Don Luis Faures (Archero de la Noble Guardia de- Corps), que hoy está en la ciudad de Bilbao*. Después hizo aquel Angel San Gabriel, que está en uno de los pilares de dicha iglesia. Figura verdaderamente angélica, por la hermosura, gallardía y ligereza que demuestra, tan signiñcati- vas de aquellos dotes celestiales de estas soberanas inteligencias. A que acompaña otro cuadrito de la Encamación, que está en la p)arte superior de el retablo, y en la inferior dos retratos grande¬ mente hechos. También executó la pintura del Apóstol San Phe- lipe, que está en uno de los cuatro pilares del crucero de Santa Isabel, de esta Corte **. Después fué Claudio con José Donoso a pintar el techo de la sacristía pequeña de la Santa Iglesia de Toledo, que executaren. * Núm. 66i del Museo del Prado. ** Donde se conserva. - 327 — con extremado gusto y acierto. Como también las dos historias de hacia los escaños del techo de la Sala de Capítulo de la Santa Cartuja de el Paular, que la del medio es de Claudio, como tam¬ bién el San Joseph, que está en la segunda capilla, como se va a el Capitulo. Siguióse a esto la pintura de la capilla de San Ig¬ nacio (que llaman de los Borjas), en el Colegio Imperial de esta Corte, que está a el lado del Evangelio, la cual pintaron al fresco los dos, con excelentes compartimientos de arquitecturas, bellíssi- mos adornos, tocados de oro con gran gusto. Cuatro historias de aquel glorioso Patriarca sobre las cuatro puertas, y las cuatro partes del mundo en los intermedios, en demonstración del fruto que ha logrado esta Sagrada Religión de la Compañía, en todas ellas mediante la semilla del Santo Evangelio, y el infatigable celo de sus operarios. Rematando el ornato de esta preciosa capilla con el triunfo de este glorioso Capitán de tan Sagrada Compañía, llevado por ministerio de Angeles a gozar del premio que le me¬ recieron sus heroicas empresas, lo cual está executado en el cañón del cupulino de dicha capilla, singularísimo primor, que desde con abaxo no se conoce, porque a la vista como debe. Pero satisface desde arriba se ve la deformidad de pies y piernas de los Angeles, para que degradando la vista oblicua aquellas cantidades, vengan a quedar desde abaxo en debida proporción. Siguióse a esto la pintura de la bóveda de la sacristía de dicha Casa, donde alter¬ naron los dos en las cuatro historias, que allí están executadas al fresco, siendo la que está encima de la puerta de mano de Clau¬ dio, y la siguiente de Donoso, etc. Y éste hizo después dos cua¬ dros al olio, el uno de San Francisco Xavier y el otro de San Ig¬ nacio, diciendo misa, que están sobre los caxones de dicha sa¬ cristía, como se dixo en su vida. Después pintaron también los dos el techo de aquella gran sala de la panadería (que se reedificó después del formidable incendio de la plaza el año 673), donde Sus Majestades concurrían para ver las fiestas de toros que se celebraban en aquella Plaza Mayor, lo cual executaron al temple con extremado gusto de arquitectura y adornos, enriquecido con el escudo de las armas reales, subste- nidas de las cuatro virtudes cardinales, y a los lados de la lon¬ gitud unas medallas con las Fuerzas de Hércules, y a los de la latitud otras con las armas de esta coronada villa. Pintaron tam¬ bién los dos la antecámara de este salón con bellísima arquitec- tura y adornos, y unos chicuelos con festones de flores; como también la sobrescalera, con otra diferencia de adornos y arqui¬ tectura, y en medio el escudo de armas de Castilla y León. Pintó también Claudio solo los Angeles de la cúpula de la ca¬ pilla del Santo Christo en el Colegio Imperial de esta Corte, y lo que hay de comisa arriba en la ante-capilla, con la medalla de las Pechinas, todo con tan excelente primor, que decir que parece de Aníbal no creo que es ponderarlo, porque verdaderamente no se puede aventajar. Después pintaron los dos (Claudio y Donoso) el techo o bó¬ veda de la torre del cuarto de la Reina de este Palacio de Ma¬ drid, por traza que para ello hizo Don Francisco de Herrera, maestro mayor entonces y pintor de Su Majestad, con el motivo de la venida de la Reina Nuestra Señora Doña María Luisa de Orleans, a las primeras nupcias del Rey Nuestro Señor Don Car¬ los Segundo (que sea en gloria), lo cual executaron con grande acierto, concurriendo también a esta obra Don Matías de Torres, no sólo por su habilidad, sino también por lo que importaba se concluyese a tiempo, y más habiendo de acudir estos mismos a la disposición de los arcos triunfales y otros ornatos de la entrada, que se prevenía para dicha Serenissima Reina, que fué de las más espléndidas y solemnizadas que se han visto en España. Tomaron a su cargo la pintura y las más trazas de esta función Claudio y Donoso, y especialmente trazó Claudio el arco célebre del PradO' y la calle del Retiro, que uno y otro se dió a la estampa, donde estaban todos los reinos de esta Monarquía, ofreciendo a la Reina nuestra Señora sus coronas, frutos y riquezas; cosa verdadera¬ mente de extremado gusto y capricho. Como también lo fué la traza del ornato de la Plazuela de la Villa, en que se executaron las Fuerzas de Hércules, por traza de Claudio, de mano de Don Francisco de Solís, con elegante disposición y bizarría. De todo lo cual trataba este nobilíssimo Ayuntamiento sacar libro estam¬ pado, que por las intercadencias del tiempo y omisión de algunos de los señores comisarios, se fué olvidando; estando ya tan ade¬ lantado, que además de lo escrito se habían ya abierto diferentes láminas, cosa verdaderamente lastimosa, porque hubiera sido una obra heroica, y que con dificultad se verá otra entrada semejante en España. Hizo también Claudio las pinturas de los dos retablos cola- 329 — — terales de laiglesia de San Martin de esta Corte, con aquel acierto que acostumbraba en todas sus obras. Y también las siete pin¬ turas del retablo principal de las Monjas del Caballero de Gra¬ cia, que son el de Jesús, María y José, los dos San Juanes, San Miguel, S. Francisco, S. Antonio y S. Bernardino de Sena. Y tam¬ bién el de S. Pedro de Alcántara, que está sobre la capilla de este Santo en la iglesia de San Gil, de esta Corte. Y un San Jua- nico mancebo, que está en un pilar de la Iglesia Parroquial de San Nicolás, ¡cosa peregrina! También hizo el célebre cuadro de la Magdalena la iglesia de la villa de Ciempozuelos. Y otro para de no menor tamaño para la villa de Torrejón, en la capilla ma¬ yor de su iglesia, y es del Martirio de San Juan Evangelista en la tina de aceite, que es un cuadro de mucha historia y grande¬ mente estudiado *. También hizo dos cuadros de San Ignacio de Loyola y San Francisco Xavier, del tamaño natural, para la igle¬ sia de Valdemoro, que están puestos a los lados de la puerta de la sacristía**. También pintó otros dos cuadros en compañía de José Donoso (que hizo otros dos), que están en el convento de Re¬ ligiosas Benitas de la ciudad de Corella, el uno del Martirio de San Plácido y el otro de Santa Gertrudis, ¡cosa excelente! Después, por el año de 1683, se le ofreció la obra célebre, que executo al fresco en Zaragoza, en el colegio de Santo Tomás de Villanueva, en la Mantería, en que estuvo más de un año, y la executo muy a la satisfacción de todos los interesados e inte¬ ligentes en el arte, y en especial de aquel señor Arzobispo. A cuya instancia y devoción logró Claudio el retratar por el mismo sagrado bulto, y en la capilla angélica, aquel celestial simulacro de María Santísima del Pilar, primitivo honor de España, en el feliz Oriente de la Religión Católica en ella, por la predicación del glorioso Apóstol Santiago, y dispensado a aquella ínclita ciudad de Za¬ ragoza, por la presencia física real viviente de la Reina de los An¬ geles, como lo refieren nuestras tiistorias y lo acredita su inme¬ morial tradición; lo cual executó Claudio con tanto acierto, que dexó satisfecha asaz la devoción de aquel gran Prelado, y se traxo acá el primer diseño que hizo por aquella Sacratíssima imagen, «1 cual pára hoy en poder de sus herederos. Habiendo, pues, Coello vuelto a Madrid y vacado la plaza de pintor del Rey por muerte * El retablo es obra excelente. *♦ Allí permanecen. de Don Francisco de Herrera, se la confirió Su Majestad a Don Claudio, por los buenos informes de Carreño, que era voto de Justicia. Después executó el gran cuadro de Santo Domingo, con Nues¬ tra Señora del Rosario, que está en la iglesia del convento de este nombre (que vulgarmente llaman el Rosarito, en la calle Ancha de San Bernardo, de esta Corte) *, y está colocado en el presbite¬ rio, al lado del Evangelio. Son también de su mano las pinturas de los dos colaterales de San Jacinto y Santa Catalina de Sena, hecho todo con singular gusto y belleza, que hoy están en la ca¬ pilla de Santo Domingo de aquella iglesia. Y otros dos colaterales antiguos de Santo Domingo y Santa Rosa, que también los quita¬ ron de su sitio **. Y también pintó las figuras de las cuatro pe¬ chinas de la capilla de Nuestra Señora de los Siete Dolores, sita en el Colegio de Santo Tomás, de esta Corte. Y las dos colaterales en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, de San Ginés. En este tiempo, habiendo muerto Carreño y Don Francisco Rici también, el cual había comenzado el cuadro de la Coloca¬ ción de las Santas Formas para la gran capilla que Su Majestad hizo edificar en aquella gran sacristía de San Lorenzo el Real del Escorial, con la dirección de dicho Don Francisco, hubo de ir Don Claudio a suplir la asistencia de su maestro y proseguir el cuadro comenzado. Y porque le pareció que el punto de la historia y perspectiva estaba muy elevado, hubo de baxarle y hacer nueva composición, de que hizo un borroncillo admirable. Y respecto de que el asimto del cuadro era la procesión solemne de la Coloca¬ ción de dichas Santas Formas, con asistencia del Rey nuestro Se¬ ñor y toda la primera Nobleza, hubo de hacer retratos, no sólo del Rey, sino de todos los asistentes a la función. Fué un cuadro, cierto, de increíble trabajo y estudio. Y habiendo ido el Rey en el discurso de este tiempo a ver el estado de aquella obra, pidió licencia Claudio a Su Majestad para retratarle en dicho cuadro. Lo cual concedido y executado por él con el acierto que acos¬ tumbraba, dixo el Señor Conde de Benavente (que ya estaba bien informado de los méritos de Claudio): Señor, ya tiene Vuestra Majestad pintor de cámara, y asi fué, porque luego el Rey ex- * Hoy en la Academia de San Femando. ♦* Núms. 662-3 del Museo del Prado. pidió su Real Decreto declarándole por tal y concediéndole todos- Ios gajes, casa de aposento y llave de furriera a ello accesorios. Durante esta obra, por el año de 1686, se trató de pintar el techo de la galería del Cierzo del cuarto de la Reina. Y habiendo venido Claudio para este efecto y trazado la arquitectura y ador¬ nos concernientes a la distribución de historias o casos de la fᬠbula de Siquis y Cupido, que allí se executó; y deseando Su Ma¬ jestad que Claudio no hiciera falta a la continuación de la obra del Escorial, le preguntó: ¿De quién podía ñarse la execución de dicha pintura de la galería? Y entonces le debí yo que me preñriese a muchos, que, sin duda, lo merecían mejor. Y avisado de la orden de Su Majestad por el Excelentíssimo Señor Conde de Benavente (mi protector), fui a verme con Claudio, para to¬ mar la orden; y en virtud de ella comenzamos los dos dicha obra, y habiendo pintado juntos algunas tareas al fresco, se partió Claudió al Escorial, dexándome de orden del Rey la instrucción de todo lo que se había de executar en dicha galería. Concluido, pues, el cuadro y la obra de dicha capilla de la sacristía delEscorial, y celebrada la fiesta de la Colocación de las Santas Formas, se vino Claudio a Madrid, quedando Su Ma¬ jestad muy satisfecho de su buena conducta, y él bien remune¬ rado de su trabajo, como lo merecía. Después se ocupó Don Claudio en diferentes retratos y otras cosas de laobligación de su empleo: como en reparar y limpiar las pinturas, que estaban muy deterioradas del humo de las luces, y tomadas del tiempo. Y a pocos días sucedió la dolorosa muerte de la Reina nuestra Señora Doña María Luisa de Orleans en lo más florido de sus años, en el de 168)9, Y ^ los veinte y siete de su edad. Retrató también a la Reina madre nuestra Señora Doña María-Ana de Austria, con superior acierto; de cuya orden exe¬ cutó para Jerusalén dos cuadros grandes, para los intercolunios del retablo de aquel gran templo, el uno de la Circuncisión del Señor y el otro de la Adoración de los Santos Reyes; que loa demás fueron de diferentes manos, según la voluntad de los de¬ votos que los ofrecían. También hizo en este tiempo el cuadro de San Diego de Alcalá, dando limosna a los pobres, que está en el remate del retablo de la capilla de Don Diego Ignacio de Còr¬ dova, sita en la iglesia de San Luis de esta Corte, junto con la tablita del Sagrario, que es de la Cena de Christo Señor Nues- 332 — — tro *. Y habiéndose celebrado el segundo matrimonio del Señor ■Carlos Segundo en el año de 1690. Retrató también Claudio a la Reina nuestra Señora Doña María-Ana de Neoburg, hoy Reina viuda de España. Por este tiempo, deseando el Señor Carlos Segimdo, por la gran fama de Lucas Jordán, especialmente en la pintura al fresco, ver cosa de esta calidad pintada de su mano en España, deter¬ minó pintase este artíñce al fresco la escalera del Escorial y otras cosas (como decimos en su vida); le hizo venir para este efecto por el mes de mayo del año de 692, cosa que a la verdad fué para Claudio muy sensible ponerle otro delante, cuando él estaba preferido a todos; mas las determinaciones de los Soberanos sólo toca a los inferiores obedecerlas, pero no examinarlas. Era Clau¬ dio de un genio muy podrido y recóndito y no sé si diga envi¬ dioso. Con que verdaderamente que este caso, con los repetidos aplausos del Jordán (aunque tan merecidos) no le hizo a Claudio buen estómago. Y así solo acabó el cuadro, que ya tenía comen¬ zado, del Martirio de San Esteban (que no pareció acaso el que fuese martirio) para la capilla mayor del Colegio de este Santo, en Salamanca, por orden del Reverendissimo Padre maestro Fray Pedro Matilla, confesor del Rey. Y luego que le hubo concluido le llevó a Palacio y lo puso en la Galería de Grandes, para que todos lo viesen, y también el amigo Jordán, a quien pareció muy bien, y con razón, porque es excelentissimo cuadro. De allí a poco tiempo murió Claudio el año de noventa y tres, a veinte de abril, y se enterró en la Iglesia Parroquial de San Andrés, de esta Corte, con gran sentimiento de toda la pro¬ fesión, que le amaba por su grande habilidad, que por lo demás era en su trato desabrido y poco amistoso;esto pero tanto como puede el mérito de la habilidad, que subsana cualesquiera otras nulidades; las mercedes que el Rey le hizo ya las diximos en el primer tomo, fol. 156. Todos los que le conocían fueron de sentir que la venida de Jordán le costó la vida; y si ello no fué asi, tuvo la desgracia de morirse en tan mala ocasión. Dexó muchos y buenos discípulos, y en especial Don Sebastián Muñoz, que fué pintor del Rey, y Don Teodoro Ardemans, hoy maestro mayor y pintor de cámara de Su Majestad. * Destruidos en el incendio de 11 de marzo de 1936. Era también Don Claudio muy agudo y satírico en sus dichos,, y así sucedió un día que Don Cristóbal Ontañón le dixo: A ora vendrá Jordán a enseñarles a ustedes a ganar mucho dinero. Y le respondió Claudio: Sí, señor, y a absolvernos de muchas culpas y quitarnos muchos scrúpülos. Y lo cierto es que fué dicho muy sentencioso, pues Jordán más atendía a el todo que a las partes; pero Claudio, por mejorar un contorno, daría treinta vueltas a el natural. CLXXXVII.—DOY PEDRO DE MENA, ESCULTOR Don Pedro de Mena y Medrano, eminente escultor, fué natu¬ ral de Adra, de las siete villas de la Alpujarra, en el reino una de Granada, hijo de padres ilustres. Aprendió el arte de la escul¬ tura de su padre (que fué de la misma Facultad) con toda per¬ fección, siendo el único entre todos los de su tiempo *. Y habiendo venido a Granada el racionero Alonso Cano, pasó Mena a dicha ciudad, donde reconoció la gran ciencia que Dios había depositado en él, haciéndole igual en las tres artes de Pin¬ tura, Escultura y Arquitectura, por cuya razón solicitó desde lue¬ go el verle y obsequiar a hombre tan célebre, dexando su obra¬ dor, su mujer y hijos en la forma que puede decirse, y sujetán¬ dose, como el más humilde siervo y discípulo, a empezar de nue¬ vo a seguir tan eminente escuela, y a poco tiempo logró sus de¬ seos, pagándole Alonso Cano este buen celo con no ocultarle cosa que pudiese conducir a su adelantamiento. Emprendió después por sí algunas obras, sin apartarse de la luz viva de su maestro, y fué la primera una imagen de la Concepción de Nuestra Señora, del tamaño natural, para la villa de Algendín, en que empleó las tareas de estudio, saliendo tan a satisfacción de su maestro, su que no tuvo cosa que corregirle; fué la admiración de todos, y habiéndola depositado en un Convento de Religiosas, solicitaron quedarse con ella por el tanto, alegando propriedad por la pose¬ sión, de lo cual formaron pleito, que perdieron. Vino todo el lu¬ gar por ella, lleváronla en procesión, a la que concurrió la mayor parte de Granada, con tal celebridad, que fueron danzas, tarasca y gigantones, como en la fiesta del Corpus, y con disparos de Ar- * Nadó en Granada en 1628, a 20 de agosto. Su padre se llamaba Alon¬ so y fué un buen escultor. — 334 — tillería. Salieron todas las doncellas dellugar a recibir su ima¬ gen a la mitad del camino, desde donde fueron acompañando has¬ ta la iglesia de la villa de Algendín, quedando dicho Don Pedro de Mena con grandes créditos de esta obra. Después executo las que hoy se veneran en el santuario de las monjas de el Angel de dicha ciudad de Granada *, que son una eñgie del Patriarca San José, con el Niño Dios; otra de San An¬ tonio de Padua, también con el Niño; otra de San Pedro de Al¬ cántara, y la otra de San Diego de Alcalá, todas de más del na¬ tural, las cuales executo con el mayor arte y expresión de afec¬ tos que es ponderable, pues son la admiración de Granada. Se hicieron con asistencia y modelos de su maestro, quien dió las últimas encarnaciones; en cuyo tiempo hizo otras diferentes obras, con las cuales acabó de sentar su crédito en toda Andalucía, y aun en toda España. Después pasó a Málaga en compañía de su maestro, quien fué llamado del Señor Don Fray .'Monso de Santo Tomás (Obispo de dicha ciudad) para la execución del tabernáculo y adorno de esculturas y de la sillería de la Santa Iglesia. Y habiendo execu- tado la planta y diseño del tabernáculo Alonso Cano, dió todo lo demás de la obra a dicho su discípulo, por la entera conñanza que tenía de su grande habilidad, quien concluyó toda la sillería, que hoy pudiera ser octava maravilla del mundo a no haber otra que se lo disputase. En este tiempo executó un Santíssimo Christo de más del natural de orden de dicho Señor Don Fray Alonso, y asimismo una imagen de Nuestra Señora con el Niño, del natural, que está en el transparente de el Convento de Santo Domingo de dicha ciudad, en el cual Convento está también el Crucifixo en la Sala de Profundis, siendo estas obras la admiración de cuantos las ven ** En este tiempo corrió de suerte su fama, que no pudo eva¬ dirse de tantos empeños como fueron de la Corte y diferentes partes de España, solicitando lograr alguna cosa de su mano, ha¬ ciendo de orden del Señor Don Juan de Austria una imagen de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, con Santiago a sus pies arrodillado, en el cual echó todo el resto de su habilidad, salién- dole la cabeza del Santiago tan admirable, que se la hurtaron, * Derribada la iglesia, las imágenes se guardan en la Catedral. ** Destruidas en los incendios de mayo de IQ31. — 335 — ■estando sólo madera, lo cual sintió mucho, por parecerle que en no podría executar otra que le igualase, y al cabo de muchos días se la restituyeron por haber sacado censuras, la cual obra se con- eluyó, para regalar dicho Señor Don Juan de Austria a la Reina Madre nuestra Señora. También executó eñgie de un Santo Christo de la Ago¬ una nía, de unatercia, con poca diferencia, para el Príncipe Doria, en que gastó mucho tiempo, estudiando por el natural, y en lo que puso su mayor cuidado, saliendo tan a su satisfacción, que se le oyó decir no haber hecho otra cosa como ella, el cual remitió a Gènova a dicho Señor, quien habiéndola hecho ver a los pri¬ meros hombres de la Facultad en aquella tierra, le envió muchas honras y aplausos en su carta y un superabundante regalo. Fué general en madera, piedra y marñl (aunque en esta ma¬ teria última hizo poco), mas en la piedra hizo diferentes estatuas, y hoy se hallan en la Catedral de Granada las de los Reyes Ca¬ tólicos, que son de mucha mayor grandeza que el natural, y jim- to a ellas hay otras dos cabezas de Adán y Eva de su maestro. Asimismo hizo para Córdoba por el año de 1673 un San Pe¬ dro de Alcántara para la capilla de su nombre, en el Convento de Nuestro Padre San Francisco, ¡que es una admiración! Y des¬ pués, por el año de 79, hizo otras eñgies de orden del Señor Don Fray Alonso Salizanes (Obispo de dicha ciudad) para la célebre capilla, que fundó su Ilustríssima en aquella Santa Iglesia. Y por ■estas y otras muchas obras que se atravesaron no pudo concluir las esculturas que se habían de poner en el tabernáculo de la Santa Iglesia de Málaga, las cuales hizo un buen escultor de di¬ cha ciudad, llamado Jerónimo Gómez. En el Colegio de la Compañía de Jesús de Málaga se veneran cuatro eñgies, de medios cuerpos, del natural, de los Santos de la Religión, que admiran por su mucha excelencia. Como también las efigies de María Santísima Dolorosa, San Juan y la Magda¬ lena, que están en la célebre capilla del Santo Christo, en el Co¬ legio Imperial de esta Corte; pero la del Crucifixo es de otra ma¬ no, como hemos dicho. Asimismo executó una Magdalena Penitente de cuerpo ente¬ ro, del natural, que hoy se venera en la casa profesa de la Com¬ pañía de Jesús de esta Corte, que admira su perfección y expre¬ sión de afectos. Como también otra de la misma disposición en 336 — — la capilla de Santa Gertrudes, de la iglesia de San Martín, aun¬ que en menor tamaño. También guardan, entre las cosas preciosas que hay en la sa¬ cristía de la Santa Iglesia de Toledo, para enseñar a los foras¬ teros, rm San Francisco de Asís, tan peregrino como da a enten¬ der la estimación con que le enseñan y guardan; es del tamaño de una vara, con poca diferencia; dícese le dieron por él una gran suma, y le envieron el título de maestro de la Santa Iglesia,, que apreció mucho dicho artífice. Asimismo hizo innumerables obras conigual estimación y cré¬ dito, aunque esverdad que hay algunas cosas que corren por de su mano que no lo son, por haberse valido algimos de la indus¬ tria de firmarlas con el nombre de Mena, por no ser fidedignos los agentes de algunas obras, que no quiso executar por bajos precios. Tuvo el gusto de enseñar a dos hijas suyas tan noble arte, que aprendieron con primor, y después entraron Religiosas de la Sa¬ grada Orden del Cister, las cuales pasaron por fundadoras a la ciudad de Granada. Fué Don Pedro de Mena muy discreto e igualmente carita¬ tivo; tuvo muchos discípulos, y entre ellos el más aventajado fué Don Miguel de Zayas, natural de Ubeda. No recibió ninguno en su casa sin que primero hiciese información de su nacimiento y limpieza de sangre, cosa digna de alabanza y de observar en to¬ dos los artifices de tan nobles facultades. Fué hombre de la primera estimación, y así nunca se acom¬ pañó sino primera Nobleza, llevándole el Señor Don Fray con la Alonso a su en los paseos públicos y recreos de la caza. lado Murió de calentura continua por el año de mil seiscientos y noventa y tres, siendo ya de crecida edad, y se enterró en el Con¬ vento de las Religiosas del Cister, de la ciudad de Málaga *. CLXXXVIII.—ARNAU, PINTOR Juan Arnau, natural de la ciudad de Barcelona, tuvo allí al¬ gunos principios del arte de la pintura, y después pasó a esta Corte, donde se perficionó en la escuela de Eugenio Caxés (pin- ♦ Murió en 1688, el 13 de octubre, en Málaga. Véase sobre Mena la mo¬ nografía de R. de Orueta (Madrid, 1913). 337 — — tor que fué del Señor Felipe Cuarto) ; volvióse a su patria, donde manifestó su grande habilidad en diferentes obras, y especialmente en la mitad de los lienzos del claustro de San Agustín, de la vida de este Santo Doctor. Y también un cuadro del Apóstol San Pe¬ dro, vestido de pontiñcal, a quien los Angeles le están entregando las llaves de la Iglesia, que está colocado en la capilla de dicho Santo, en la iglesia de Santa María de la Mar, de dicha ciudad. Y otro de San Francisco de Paula y San Francisco de Sales, que está en una capilla de la iglesia de los Mínimos. Murió en Bar¬ celona por los años de mil seiscientos y noventa y tres, y a los noventa y ocho de su edad. CLXXXni.—GABRIEL DE LA CORTE, PINTOR Gabriel de la Corte fué hijo y discípulo de Francisco de la Corte (pintor de perspectivas) ; nació en esta villa de Madrid el año de 1648, y habiéndose inclinado a la pintura y no habiendo aprovechado mucho en la escuela de su padre, o porque es acha¬ que de los hijos o porque le faltó de poca edad, se aplicó a pin¬ tar flores, copiando algunas del natural y otras de Arellano y Mario, y así llegó a hacerlas prácticamente con gentil bizarría y manejo, de que hay muchos juegos en diferentes casas, así de cestillas y jarrones de flores como de tarjetas y guirnaldas con historiejas, de mano de Antonio Castrejón, de Matías de Torres y de otros; pero como no sabía hacer otra cosa, vivió siempre con gran miseria, ya pintando en las tiendas, ya haciendo juegos de floreros de diferentes tamaños y poniéndolos en público a ven¬ der, donde la fuerza de la necesidad hacía darlos por muy baxo precio. Murió el año de mil seiscientos y noventa y cuatro, a los cuarenta y seis de su edad, y se enterró en la Parroquial de San Sebastián. CKC.—JUAN DE SEVILLA, PINTOR Juan de Sevilla Romero yEscalante, natural y vecino de la ciudad de Granada * tuvo principios con Andrés Alonso Ar- sus güello, y después se perficionó en la escuela de el eminente Pe- * Bautizado el 17 de mayo de 1643. 22 — 338 — dro de Moya, y siguió muy bien la manera fresca y avandicada: de su maestro; y aim habiendo adquirido unos borroncillos de Rubens de imas fábulas, donde había muchos desnudos, hechos con gran frescura de color (que yo vi en Granada, estando allí el afk) de doce); se aplicó tanto a seguir aquel estilo y buen gusto,, que verdaderamente su manera de pintar parecía ser de la es¬ cuela de Rubens. Casóse con Doña Teresa de Rueda, y continuando su habi¬ lidad, pintó diferentes capillas en el Convento del Carmen y otras iglesias de aquella ciudad, como es en la de San Agustín Calza¬ dos, y otros muchos cuadros en el Colegio de la Compañía, espe¬ cialmente el de la Cena, que está en el refectorio; también otros en la Santa Iglesia, y el de San Pantaleón, mártir, en San Felipe Neri, y otros en la sacristía del Convento de San Jerónimo. Tam¬ bién hizo muchos cuadros para fuera de Granada, de los cuales hay tres en los ángulos del claustro grande de San Agustín, de la ciudad de Córdoba; que el uno es de la Concepción de Nues¬ tra Señora, el otro de la Natividad de la Virgen y el otro de la Encamación del Hijo de Dios, que hoy están muy deteriorados de la inclemencia del tiempo. Yo los vi recién puestos, y eran cosa regaladissima, de gran dulzura de color y gran gusto de tocar de luces. Pintó mucho nuestroSevilla, asi al temple como al olio, para las festividades del Corpus Christi, que se celebran en aquella ciudad y reino de Granada, con grande solemnidad, haciendo ex¬ celentes altares y pinturas para el ornato, siendo todo de nueva invención, en que tuvo siempre por opositor a Pedro Atanasio, y en que ambos lucían y se desempeñaban muy bien. Murió Juan de Sevilla en dicha ciudad de Granada por los años de mil seis¬ cientos y noventa y cinco, a veinte y tres de agosto, y a poco más de los sesenta y seis de su edad, y se enterró en la Parroquia de San Miguel. Fué hombre rígido y fuerte de natural, y asi tuvo pocos discípulos, y ninguno dentro de casa, por ser muy celoso. CKCl.—nON JOSE DE CIFRAR, PINTOR DEL REY Don José de Ciezar, natural de la ciudad de Granada, fué hijo-, y discípulo de Don Miguel Jerónimo de Ciezar, de cuya escuela salió muy aprovechado, y de que dió testimonio en diferentes 339 — — obras en aquella ciudad, y especialmente en las fiestas de Corpus, con cuya ocasión se hizo muy gran templista. Y aunque todo lo hizo bien, sobresalió con especialidad en los países y en las ño¬ res, que las haciasujjerior excelencia y con tal primor, pro- con priedad y delgadeza, siendo hechas al temple en algunos que aun biombos, parecía que el aire las había de mover. Vínose a esta Corte, siendo de edad de unos treinta años, y mostró muy bien su excelente habilidad en las mutaciones del Co¬ liseo del Buen Retiro, mediante lo cual y buenos padrinos que tuvo (especialmente del Señor Condestable Don Iñigo de Velasco, entonces Mayordomo Mayor), le hizo merced de su pintor ad honorem el Señor Carlos Segundo. Pintó también muchas cosas a el ólio nuestro Ciezar, y en especial para el público dos cuadros de los que hay en el Cuerpo de la iglesia de San Francisco de Paula, en esta Corte, que el uno es de una batalla, de donde tomó el nombre la Victoria, con, el patrocinio de la Reina de los Angeles, y el otro cuando el San¬ to glorioso hizo ver a el Rey de Nápoles que era sangre de los pobres el dinero que le mostraba. También hizo otros muchos cuadros para la iglesia nueva de las Mercenarias Descalzas, del barrio del Barquillo. Y últimamente murió en esta Corte de ca¬ lentura continua por los años de mil seiscientos y noventa y seis,, en lo más florido de su edad, pues apenas tenía cuarenta años. Fué muy modesto y virtuoso, y habiéndole quedado aquí un her¬ mano suyo menor, llamado Don Vicente, obtuvo éste la plaza, que vacó por muerte de Don José, y habiéndose retirado a Gra¬ nada por muerte del Señor Carlos Segundo, murió de allí a muy poco tiempo en dicha ciudad. CXCU.—JUAN CANO DE ARÉVALO, PINTOR de la Reina Juan Cano de Arévalo fué natural de la villa de Valdemoro, cuatro leguas distante de esta Corte, donde tuvo sus principios en el arte de la Pintura, y habiéndose aplicado a pintar en pe¬ queño, llegó a hacerlo con tal primor, que algunos amigos le acon¬ sejaron que pintase abanicos, y lograría mejor el fruto de su tra¬ bajo. Hízolo así, y llegó a pintarlos con tal excelencia, que en esta línea fué el único que se ha conocido en España, tanto, que ha- 34° — — hiendo hecho un invierno gran partida de abanicos, y viendo una que por ser hechos en España no tenian estimación, ñngió que le habian venido de Francia, y de este modo logró el despacharlos a muy gran precio. ¡Oh desventura de nuestra nación! No pudo contenerse la viveza de su genio y ardiente espíritu en los estrechos márgenes de su Patria, y aun de la Corte, y así pasó a el Andalucía, donde mostró muy bien su grande ingenio en esta habilidad, como su inclinación a el manejo y destreza de la espada, a que se aplicó mucho, y en este tiempo trató con Don Antonio Reinoso (pintor excelente), quien me dió muchas noticias del Juan Cano antes que yo viniese a Madrid, a donde se había vuelto ya en esta sazón. Casóse, pues, Juan Cano en esta Corte, con lo cual trató de sentar el pie, pintando sus abanicos, en que llegó a adquirir tal crédito, que granjeó plaza de abaniquero o pintor de abanicos de la Reina, con muy honrados gajes y emolumentos, en que conti¬ nuó muchos años, con grande aceptación de la Reina nuestra Se¬ ñora y de todas sus damas, como también de las primeras Seño¬ ras de la Corte. Sucedió, habiendo ido a Alcalá de Henares en oca¬ pues, que sión de unafiesta de toros, tuvo Cano unas palabras en el anda¬ mio sobre los asientos con un sujeto de aquella ciudad, con quien estuvo muy demasiado, y habiendo quedado allí mal compuesto el lance y estimulado del gran ardimiento de su espíritu y satis¬ facción de destreza, acabada la fiesta, le desafió Cano, dicién- su dole a su contrario que llevara padrino, que él llevaría otro ami¬ go, que estaba con él. Salieron, pues, al sitio señalado; y el con¬ trario, poco satisfecho de sus brios, tenia prevenidos otros dos amigos, además del padrino, por si se viese apretado. Y habiendo llegado el caso, dió voces, acudieron los otros, y no obstante que él se defendió valerosamente, le dieron una estocada en mitad del pecho, de que cayó mal herido. Huyeron los contrarios, y el pa¬ drino lo traxo a su posada, de donde habiendo preparado su alma y curádole la herida como se pudo, se vinieron a Madrid, donde continuando su curación, y pareciendo que ya estaba bueno; bien que él no estaba satisfecho; comenzó a sentir grandes dolores y a reconocerse mortificado y amoratado todo el sitio alrededor de la herida, por ser en el hueso esternón. Volvieron a llamar al ci¬ rujano, y habiendo éste dicho que era menester volver a mani- 341 — - festar la herida, él no lo quiso consentir, pues estando ya pene¬ trado y putrefacto de la sangre lo esponjoso del hueso, era im¬ practicable la curación, y asi murió, cuando apenas tenía cua¬ renta años, por el de mil seiscientos y noventa y seis. No pintó solamente los abanicos, pues también pintó algunas obras de diferentes capillas, como es en la de las Santas Formas de el Colegio de la Compañía de Jesús, de Alcalá de Henares; ayudó a otro pintor de Madrid, que fué a executaria, y también en la pintura de la capilla mayor y colaterales de la iglesia de Santa María de dicha ciudad. Y pintó él solo ima capilla de Nues¬ tra Señora del Rosario, que está al lado del Evangelio, en la igle¬ sia de Valdemoro, de donde natural; todo esto fué al temple, era y aunque también pintó algunas cosas al olio, no fué tan aven¬ tajado; pero en los abanicos lo fué tanto, que habiéndome pre¬ sentado uno para mi mujer, por otra cosa en que yo le servi, des¬ pués de haber usado de él muchos años (porque no servía a todos aires), y estando ya inútil para su ministerio, le guardé yo, y le conservo, por una alhaja de grande estimación. CXCIIL—Z>OY DIEGO GONZALEZ DE VEGA, PRESBITERO y pintor El Licenciado Don Diego González, natural y vecino de esta villa de Madrid, fué primero seglar y casado, y en el arte de la pintura excelente, en que fué discípulo de Don Francisco Rici y de los más adelantados que tuvo y que más imitasen su manera, como lo acreditan repetidas obras suyas, públicas y particulares. De su mano es aquel célebre cuadro de los Santos Mártires de la Compañía de Jesús, que está en la capilla de San Francisco Xa¬ vier, a los pies de la iglesia del Colegio Imperial de esta Corte, en que se conoce su buen gusto en el colorido y gran capricho en la composición, variedad de actitudes y expresión de afectos. Donde también tiene otros dos cuadros excelentes de la Pasión de Christo Señor Nuestro, en la calle de la Amargura, y el Des¬ cendimiento de la Cruz, que están en la bóveda de la Congrega¬ ción de los señores abogados en dicha casa. También hay muchos cuadros de su mano en el claustro alto del Convento de Nuestro Padre San Francisco, de esta Corte, de la vida de Christo Señor Nuestro, y de su Madre Santíssima _ 342 — — Como lo son también todos los del claustro del Convento de Re¬ ligiosas Mercenarias de Don Juan de Alarcón de la Vida de Nues¬ tra Señora; pero a todos aventaja el buen gusto el que tiene en colocado en los Carmelitas Descalzos de esta Corte, encima de la puerta de la iglesia que sale a el claustro, y es de San Juan de la Cruz escribiendo y elEspíritu Santo ilustrándole, y con un gran pedazo de Gloriaacompañamiento de Angeles niños; todo y executado con gran gusto y belleza de colorido. No lo es menos el que está en la escalera principal del Convento de la Merced, de esta Corte, en el segundo tramo que sube a el claustro alto, donde Christo Nuestro Bien corona San Ramón a Nonato, en atención a la caridad que usó con aquel pobre, a quien le dió su sombrero para que se defendiese de el agua que se llovía, en que conoce su excelente gusto en el colorido y buena invención. Fué hombre de muy señalada virtud, y así, habiendo enviu¬ dado, se ordenó de sacerdote, continuando su profesión, la cual se consideró por parte de congrua, en cuyo tiempo hizo las pin¬ turas del claustro del Convento de la Merced, de la ciudad de Segovia, que son de las vidas de San Pedro Nolasco y San Ra¬ món, y están firmados todos en esta forma: Didacus González Presbiter faciebat. Antes de este tiempo hizo otros dos cuadros excelentes de la vida de Santa Teresa, que están en el crucero de la iglesia de las Carmelitas Descalzas de la villa de Alba de Tormes. Y deseando seguir Don Diego una vida recogida y verdade¬ ramente sacrificada a Dios, como buen Ministro suyo, entró en la exemplar Congregación de Sacerdotes del Salvador, en esta Cor¬ te, de donde después de algimos años (no sé con qué motivo) se mudó a la de los italianos, asistiendo allí a la escuela de Christo con mucho exemplo, y donde murió con grande edificación de sus compañeros a 23 de jimio del año de 1697, y a los setenta y cinco de su edad, y se enterró en público en aquella iglesia el día 24. Tenía una casa propria enfrente del Colegio de San Jorge, que rentaba más de mil y quinientos reales, con lo cual y otros efectos de la villa que le agregó fundó una Capellanía de docientos du¬ cados de renta, la cual dexó a la dicha Congregación del Salva- ■dor, con calidad que a una hermana suya la asistiesen con cin¬ cuenta ducados cada en año, mientras viviese, y después la un heredase dicha Congregación, donde hoy se mantiene, y donde 343 — — hay también muchas pinturas de su mano, especialmente las del retablo de la Virgen, que está al lado del Evangelio en dicha igle¬ sia, y en ella el Apostolado de cuerpo entero, y en la sacristía el de medios cuerpos. CXCIY.—DON JUAN NIÑO DE GUEVARA, PINTOR Don Juan Niño de Guevara, pintor insigne en la ciudad de Málaga, fué natural de esta villa de Madrid, hijo de Don Luis Niño de Guevara y de Doña Mariana Enríquez; nació a 8 de febrero del año de 1632, y pasando su padre en el empleo de capitán de la Guarda del Excelentissimo Señor Don Fray Anto¬ nio Enríquez, Virrey y Capitán general del reino de Aragón, lle¬ vóle consigo, y después a Málaga, de donde fué electo Obispo dicho Señor; el cual, habiendo reconocido la habilidad que mos¬ traba aquel muchacho dibujando únicamente de su genio cuanto se le ponía delante (no omitiendo la principal aplicación a las le¬ tras), habló Su Excelencia al Capitán Don Miguel Manrique, na¬ tural de Flandes y discípulo de Rubens, para que le recibiese a su escuela, como lo hizo, y fué con quien tuvo los primeros prin¬ cipios, con muy lucidas muestras de adelantamiento. Después di¬ cho Señor Obispo le envió a Madrid a la dirección del Marqués de Montebelo, su cuñado (que fué excelente pintor), y éste le en¬ comendó a la escuela de Alonso Cano, entonces seglar y vecino de Madrid, que después fué racionero de la Santa Iglesia de Gra¬ nada, el cual le acabó de perficionar en el arte de la Pintura, con tan superior excelencia, que llegó a igualar, si no aventajar, las pinturas de su maestro, porque siempre conservó aquella primera leche que había recibido, derivada de la escuela de Rubens. Pasó después a Málaga, llevado del amor de sus padres y de su gran protector el E.xcelentísimo Señor Don FrayAntonio En¬ ríquez, y allí casó con Doña Manuela de León y Hermosilla, de familia muy ilustre y conocida en aquella ciudad. Recibióse en la Hermandad de la Santa Caridad, donde sólo entran personas •muy caliñcadas. Pintó en aquella iglesia de la Caridad el Triunfo de la Cruz por el Emperador Heraclio, que es una admiración en lo nume¬ roso de figuras, bien historiado y de gran gusto. Y asimesmo otro ^cuadro de igual tamaño, en que está la virtud de la Caridad y 1 344 — — todos los Patriarcas de las Religiones que profesan el exercicio- de algunas obras de esta soberana virtud, que no sé a cuál de los dos cuadros se pueda dar la ventaja; sin otras muchas pinturas de las demás Virtudes Teologales y otros asumptos que executo en dicha iglesia. Y en la Catedral la de San Juan de Dios difunto, abrazado con el Crucifixo y un Angel coronándole con una guir¬ nalda de flores. Y otra en capilla dos cuadros grandes, el uno de la Ascensión del Señor y el otro de la Asunción de su Madre San¬ tíssima, ambos con apostolado y gloria, de lo superior que se ha visto. Y también para la capilla de la Encarnación de aquella Santa Iglesia hizo un célebre cuadro de San Miguel, arrogantíssima figura, y otro de San Francisco Xavier, para la capilla del Santo Christo. Como también dos pinturas de a dos tercias en cuadro, la una del Pretorio de Pilatos y la otra del Calvario con Christo Señor nuestro Crucificado, que están a los lados del Sagrario de la capilla del Santo Christo de la Humildad, en la iglesia de San. Francisco, de la Observancia, ¡cosa maravillosa! En el Real Convento de la Victoria pintó la vida de San Fran¬ cisco de Paula superior excelencia. Y para el claustro del con Convento de San Agustín de la ciudad de Córdoba, el año de 1676, los dos costados, que caen hacia la iglesia y portería, de la vida de este glorioso Doctor, y varios retratos, especialmente el del Señor Don Fray Antonio Enríquez y del Señor Don Fray Alonso de Santo Tomás, que verdaderamente parecen de Rubens o de Vandic. También pintó el claustro del Convento de San Agustín de la ciudad de Granada (aunque en él hay algxmos cua¬ dros de otra mano), sin otras muchas pinturas públicas y particu¬ lares que hizo, en que se conoce la eminencia de su pincel, que le constituyó acreedor legítimo de los inmortales aplausos de la fama^ por su gran dibujo, fresco y galante manejo y superior gusto. Además de esto fué nuestro Don Juan Niño muy dado a la virtud y de la escuela de Christo, con tanta aceptación, que es¬ tando alguna indispuesto el Superior, le encaba a mandar, en vez virtud de santa obediencia, que hiciese la plática a la escuela, lo cual executaba con grande admiración y edificación de los que lo oían, porque era hombre versado en buenas letras y de virtud muy sólida, de muy amable trato y conversación. Estuvo siempre cargado de obligaciones, y así vivió muy cor¬ to de medios, porque al mismo tiempo era sumamente desintere- 345 — — sado y poco atareado al trabajo. Sucedióle que un mercader muy rico de Cádiz, viendo que en aquella ciudad liabia algunos cua¬ dros de Concepción de mano de Murillo y que había llevado a cien doblones por cada uno, deseando tenerle más barato y tan bueno, le mandó hacer a Niño un gran cuadro del mismo asunto, en que echase el resto. Hízolo cuanto alcanzó su habilidad (que aseguran ser cosa superior). Envióselo, y cuanto al precio, lo de- xaba a su arbitrio. Libróle el mercader una cantidad corta, como cien pesos. Don Juan le respondió que no ignoraba que Murillo había llevado a cien doblones por las suyas, y que lo que él le enviaba era un precio muy desigual. El mercader le replicó que a querer gastar cien doblones en aquella pintura, hubiera acudido a Murillo y no a él (y cierto que no tenia razón, porque yo no les hallo diferencia, si no es en la fortuna). Ultimamente resolvió Don Juan Niño que si la quería presentada, eso muy enhorabuena, pero que habiendo de ser pagada, o cien doblones, o el cuadro. El mercader, que vió la resolución, le envió el cuadro. Llegó, pues,, a tiempo que al desarrollarle se halló presente un amigo suyo, y ponderándole mucho la belleza del cuadro, le contó Niño toda la historia que le había pasado con el mercader. A que exclamó el amigo diciendo: Se holgaría él tener los cien doblones para lle¬ vársele a su casa. Díxole Don Juan: Pues Vmd. no se detenga en ello, sino llévesele, y dame lo que quisiere o pudiere. No puede ser, amigo (dixo el otro), que tasadamente me hallo con trecien¬ tos reales. Pues aunque fueran trecientos maravedís fuera lo mis¬ mo, que más quiero darlo a rm amigo de balde que lo sepa esti¬ mar, que a un extraño por el dinero, no sabiéndolo pagar. Este maravilloso cuadro está hoy colocado en el altar mayor de la iglesia de San Pedro de Alcántara de dicha ciudad de Málaga, con la debida veneración y culto. Lo cierto es que, en mi concepto, no fué inferior a Muríllo,. como dixe, sino en la fortuna, y aun en el dibujo, creo que Niño le llevaba ventaja. Pero verdaderamente que a la constelación de cada imo no la pueden mudar de aspecto los méritos, y asi no todos encuentran la condigna remimeración del premio. Murió Don Juan Niño en dicha ciudad de Málaga en 8 de diciembre de 1698 años * y a los sesenta y siete de su edad, con créditos, no sólo de pintor eminente, sino de virtuoso, docto y discreto. * Error rectificado por Viñaza: murió en 1686. 346 — - CXCV.—ALONSO DEL ARCO, PINTOR Alonso del Arco (llamado por antonomasia el sordillo de Pe¬ reda) fué natural de Madrid discípulo de Don Antonio Pereda; y era sordo de nacimiento y consiguientemente mudo, porque la 'Causal de la mudez es la sordera natural, pues no oyendo no apren¬ den, y no aprendiendo no pronuncian, y así, por falta de el uso, se entorpecen los órganos de la prommciación (como diximos en otra parte). Bien se acredita esta experimentada verdad en nuestro Alonso del Arco, pues en edad ya crecida entró totalmente mudo en casa de Pereda, y o bien porque la sordera no era total, o bien porque se hubiese algo moderado, llegó a experimentarse que oía alguna cosa, con lo cual y el trato de los mancebos (que harán hablar los mudos, y más que Pereda tenía muchos), llegó a pro¬ rrumpir poco a poco en hablar, aunque con gran balbuciencia, pues aun habiéndole yo conocido en los años mayores, se expli¬ caba con tal torpeza y con palabras tan siniestramente pronun¬ ciadas y entendidas, que era la risa de cuantos le escuchaban, de -suerte que una conversación suya era un entremés muy divertido. De esta manera, pues, prosiguió nuestro Alonso del Arco en casa de Pereda aprendiendo el arte de la pintura, en que aprove¬ chó más que medianamente y llegó a hacer cosas muy buenas, y especialmente retratos los hizo muy excelentes y parecidos. Bien lo acreditan los que tiene de su mano de los Reverendissimos Ge¬ nerales de San Juan de Dios, Orden de Hospitalidad, en el salón del Convento de esta Corte, llamado de Antón Martín (que fué su fundador), donde los hay muy parecidos y muy gentilmente pintados. No lo son menos otros, que tiene en la Merced Calzada de esta Corte, y otro de la señora fundadora de las Mercenarias, del título del Santo Rey Don Femando, también muy parecidos y bien pintados, junto con otros cuadros de historia en una y otra parte, hechos con muy buen gusto, porque su manera de pin¬ tar era de muy grato colorido, aunque en el dibujo no muy es¬ peculada, especialmente en la mayor edad. Bien se califica en los cuadros que tiene en el claustro de los Trinitarios Descalzos de esta Corte, de la Concepción y que son Asunción de Nuestra Señora, hechos en su mocedad con superior gusto en el colorido y muy especulados en el dibujo, y todo de 347 — — ^ SU invención. Que aunque se hallan muchos cuadros suyos toma¬ dos o hechos por estampas, es porque los discípulos los hacían por ellas, y él los retocaba los acababa. o Son de su mano todas las pinturas que están en el retablo, lunetos y pechinas de la capilla de Nuestra Señora de la Novena, que es de los comediantes de esta Corte, sita en la Parroquial de San Sebastián, y es de lo más adelantado que hizo. Como también otro cuadro de San Juan Bautista, que está en la misma iglesia, con un retrato de un clérigo con su sobrepelliz, harto bien hecho. I También es de su mano la pintura de una Santa Teresa, que está en la capilla del Santo Christo de San Salvador, hecha con muy excelente gusto. Como también otra del Patriarca San José, que está en la Ermita del Angel (extramuros de esta Corte), en el colateral del Evangelio. Es de su mano también el cuadro de la Presentación de Nuestra Señora, que está en el altar mayor de las Niñas de Leganés. También tiene muchas pinturas de su mano en el Real Monasterio de San Jerónimo, de esta Corte. Y en el S Convento que diximos de Antón Martín, en el Hospital General, en el Convento de Nuestro Padre San Francisco el Buen Pastor del Sagrario, y otros cuadros en la capilla de los Luxanes, pero sobre todo las dos historiejas que tiene en la capilla de San Isidro *, -detrás del Tabernáculo, que la una es de los celos de San Isidro y la otra del Nacimiento de la Virgen, y a los lados de ésta San Joaquin y Santa Ana, que son de lo mejor que he visto suyo. Como tam¬ bién el cuadro de San Joaquín con su Hija Santísima, que está enfrente de la puerta principal en la iglesia de San Bernardo de esta Corte. Tiene también algunos lienzos en el Convento de los Capu- , chinos del Prado, pero muchos más en los del Pardo, en la capilla del Santo Christo. Y ñnalmente pintó tanto, que apenas hay igle¬ sia o casa en esta Corte donde no haya algo suyo, y asimesmo en los lugares del contorno, hasta en la ciudad de Toledo, donde he visto muchas cosas suyas. Pintó también al temple con excelencia, -como lo manifestó en las entradas de Reina, funerales y canoni¬ zaciones que se ofrecieron en su tiempo. Pero llegó en la mayor edad a estragarse de suerte en el pintar, que era una mala ver¬ güenza, porque además de lo decrépito de la edad, la miseria de g 3os tiempos, viendo lo poco que lo pagaban (como estaba ense- * Sic ¿por de San José? — 348 — ñado amejor fortuna), lo aligeraba mucho, en que especialmente su mujer tenía gran parte, porque llegando a ajuste de cualquiera, obra, viendo ella que no se convenían en el precio, se convenía ella con el dueño de la obra, y a su marido (como era tan sordo) le decía que sí, que ya estaba convenido en el precio que él que¬ ría, porque no se fuese el pecador sin absolución, a causa de las muchas obligaciones y necesidad que tenían, y así ella luego lo mandaba bosquexar a los discípulos por estampas, y él lo aca¬ baba o retocaba, y si en esto se detenía mucho, ella le decía que bueno estaba, que despachase, y si él replicaba que no, porque le daban tanto por aquella pintura, entonces ella le decía la ver¬ dad, y con eso aligeraba, porque la mujer era la que recibía y manejaba el dinero, y porque éste no faltase para la manutención de sus obligaciones, se ajustaba con el tiempo, y asi acudían to¬ dos al baratillo. Ultimamente murió por los años de mil y sete¬ cientos, y a los setenta y cinco de su edad, y vino su casa a tan suma pobreza, que el Marqués de Santiago, viendo la necesidad, y que Alonso del Arco le había servido en muchas pinturas (es¬ pecialmente en las del oratorio, que es pieza excelente), movido de su gran caridad, entró Religiosas a su costa dos hijas que le quedaron y a la viuda también la ayudó mucho. CXCVI.—iíAOG/O DE FRAY EUGENIO GUTIERREZ de Tortees Fray Eugenio Gutiérrez de Torices, Religioso del Real y Mi¬ litar Orden de Nuestra Señora de las Mercedes, podemos decir que fué ¡pintor de escultura y escultor de pintura! Porque ha¬ biéndose dedicado su peregrino ingenio a imitar con la cera las obras de naturaleza, llegó a executarlo en grado tan sublime, que pintando con las ceras lo abultado y abultando con buril lo colo¬ rido, dexaba en dudosa cuestión lo imitado con lo verdadero. Y así fué el mayor (a lo menos en este asunto) que se conoció en su tiempo, de cuya loable habilidad tuvo muchos discípulos, pero- ninguno que le igualase, quedando él siempre único en el con¬ cepto de los primeros hombres de una y otra facultad. Por lo cual Colona y Mitelli (celebrados ingenios italianos en la pmtu- ra, de quienes hicimos mención en la vida de Velázquez), viendO' obras suyas, decían: Che quelle era un miracolo della natura. 349 — — Bien lo acredita hoy en esta Corte un escritorio, que cadá ga- A^eta tiene un caxón, en que se representa un pais con diversas ideas, ¡cosa en extremo peregrina!, que está en poder de Don Juan Gutiérrez de Torices, su sobrino, hijo legitimo de Don Juan Gutiérrez de Torices, criado mayor que fué del excelentísimo se¬ ñor Conde de Santisteban. Y a este tenor hizo otras muchas obras, de las cuales hay una en el Escorial del glorioso Doctor San Je¬ rónimo, que se guarda y se enseña como joya peregrina. Y al¬ gunas están colocadas en los mejores gabinetes de los mayores principes de Europa, sin otras muchas que logramos en esta Cor¬ te. Y en Truxillo, el Señor Don Francisco de Mendoza, Marqués de San Miguel, conserva unos caxones de mano de Fray Eugenio ¡como unas joyas preciosíssimas! Fué Sacerdote y muy religioso, exemplar y observante, y mu¬ rió de ochenta años de edad en este Convento de Mercenarios Calzados de esta Villa de Madrid, en donde fué Maestro de Ce¬ remonias y eminente en la inteligencia de este importante y sa¬ grado ministerio, y fué cerca del año de mil y setecientos. CXCVll.—PEDRO ROLDAN, ESCULTOR Pedro Roldán, natural y vecino de la ciudad de Sevilla * y de muy ilustre familia; fué eminente escultor, pintor y arquitecto, y el primero que hizo las cabezas de los niños con graciosa com¬ postura de pelo, porque antes las hacían todas con tres moñitos, uno arriba y dos a los lados, y asimesmo en todo lo demás fué superior su habilidad, como lo acredita el San José de su mano con el Niño Jesús en los brazos, que está en la capilla de su nom¬ bre en aquella Santa Iglesia, con extremada gracia y donaire. Fueron también de su mano las célebres estatuas del Triunfo del Santo Rey Don Fernando, que erigió aquella gran metrópoli en celebridad de su canonización el año de 1671. Y entre otras obras públicas que este singular artífice tiene en aquella ciudad, son muy señaladas la Historia del Descendimien¬ to de la Cruz, que está en la capilla de los Vizcaínos. Y la del entierro de Christo (además de otras cosas) en el retablo de la ♦ Nadó en Antequera bada 1624; Gallego Burin: Tres familias de es¬ cultores. Archivo, 1925. 35° — — iglesia de la Caridad, de figuras aún mayores que el natural. Y no las realza poco el haberlas encarnado y colorido el eminente pincel de Don Juan de Valdés, de quien ya hicimos mención. También es de su mano una imagen de la Concepción Puríssima,. que está en Córdoba, en la iglesia de los Trinitarios Descalzos, ¡cosa peregrina!, que la hizo en oposición de la de Mena, que está en la capilla del Ilustríssimo Señor Don Fray Alonso Sali- zanes, en aquella Santa Iglesia, donde también hizo la arquitec¬ tura de un retablo. Y en las Becas (Colegio de la Compañía en Sevilla) hizo la traza para el templo y la escultura de piedra, y la figura de la Concepción que está en la portada. En la Cartuja de dicha ciudad hizo el sagrario y las historias que le adornan. En el Convento de San Pablo (Orden de Predi¬ cadores), el Santo Apóstol, que está en la portada, mayor que el natural. Y en la puerta de adentro, el Santo Domingo de piedra, y de la misma materia los Santos Doctores, que están dentro de la iglesia, y imas historias en las pechinas. Y en la capilla de la entrada hizo también la sagrada imagen de María Santíssima de los Dolores, que llaman Nuestra Señora de la Antigua, que es la devoción de toda Sevilla. En Santa María la Blanca hizo una ca¬ pilla de talla de yesería, con historias de medio relieve, ¡cosa ex¬ celente! Y otra en Regina por diferente camino. En Jaén hizo en la Catedral unas historias de piedra de la vida de Christo Señor Nuestro el año de 1675, y también los Doctores y Evangelistas de piedra, y el de 1694 hizo la estatua de el Santo Rey, que está en la fachada de dicha iglesia. Fué finalmente nuestro Roldán muy timorato, especulativo y solitario y muy sufrido en los agravios. Estuvo casado con una señora muy principal, llamada Doña Teresa de Mena y Villavi- cencio, de cuyo matrimonio tuvo (entre otros) un hijo de su mis¬ mo nombre, muy su heredero en la virtud y habilidad, y una hija, que fué Doña Luisa Roldán, de quien haremos mención. Mu¬ rió el dicho su padre, y en dicha ciudad de Sevilla, el año de mil setecientos, y a los 76 de su edad, no sólo con créditos de eminente artífice, sino de venerable varón, por su eximia virtud y buen exemplo. 351 — CXCVIII.—£»OiV PEDRO NUÑEZ DE VILLAVICENCIO, pintor Don Pedro Núñez de Villavicencio fué natural de la ciudad de Sevilla* y de ilustre familia de los Villavicencios, tan conocida como numerosa en estos reinos, por cuya causa el Señor Carlos Segundo decía que los Villavicencios no eran linaje, sino nación. Fué Caballero Gran Cruz de la Religión de San Juan jerosolimita- no, y tan inclinado a la pintura, que después de haber tenido algu¬ nos principios en Sevilla, se aplicó en Malta a la escuela del Ca¬ ballero Matías (por otro nombre el Cabalier Calabrés), que fué de la misma Orden y eminente pintor, y aprovechó tanto en el arte nuestro Don Pedro, que en especial las cosas que copiaba de su maestro no se distinguían de los originales. De esta clase, vi yo una Santa María Magdalena de su mano; que verdadera¬ mente la tuve por del Caballero Matías. Hizo también muchos cuadros de su invención, siguiendo el, estilo de Murillo en algunos juguetes de chulillos desharrapados,., hechos por el natural, de los cuales yo vi imo, executado con ex¬ tremada gracia y propiedad, el cual lo presentó a el Señor Car¬ los Segundo, y está en el Palacio de la Zarzuela, y es un paseo, como el de el arenal de Sevilla, con un aguador y otras casuali¬ dades de aquel célebre sitio, ¡hecho con extremado primor! ** Otra diferente presentó a el Señor Conde de Monte-Rey Don Domingo de Haro y Guzmán, grande aficionado y protector de estas Artes. Y, sobre todo, hizo nuestro Don Pedro retratos con superior excelencia, así en lo parecido como en la gran fuerza de lo pin¬ tado, siguiendo aquella grande escuela de su maestro, que era la del Guarchino, como lo manifiesta el célebre retrato que hizo del ilustríssimo Señor Don Ambrosio Ignacio Spínola y Guzmán,., que anda en estampa, y en extremo parecido. Continuó siempre Don Pedro el servicio del Rey y en decorosos empleos de su re¬ ligión, en que murió por los años de mil setecientos, y a más de los sesenta de su edad. Tiénese entendido que fué en Sevilla, su. patria. * Bautizado en San Bartolomé el 9 de jimio de 1644 ; murió en 1700. ** Núm. 1235 del Museo del Prado. 352 — — CXCDL.—LICENCIADO DON FRANCISCO OCHOA Y ANTO- linez, pintor El Licenciado Don Francisco Ochoa de Meruelo y Antolinez (hermano de Don José Antolinez y natural de la ciudad de Se¬ villa), fué Abogado de profesión, tan aficionado a la pintu¬ pero ra, que se aplicó a ella tanto dicha ciudad en la escuela de en Murillo, que solamente en los ratos ociosos de su estudio de las Leyes se adelantó de suerte en ella, que viendo yo en esta Corte una lámina de su mano, de cosa de una tercia, de Nuestra Se¬ ñora con Hijo Santíssimo Niño, como cuando estuvo Su Ma¬ su jestad en Egipto asistiendo algunas piadosas mujeres a lavar y tender la ropa del Niño Dios, la tuve por de Murillo, y la tasé en cien pesos, ¡cosa cierto extremada! Y habiendo venido a esta Corte a diferentes pretensiones (como con efecto fué Alcalde Ma¬ yor en varias partes), se ayudaba de la pintura en estos vacíos, y pintaba algunas historiejas de la vida de Chris to y de la Vir¬ gen, y también de la historia de Abrahan, Isac y Jacob en paisi- tos de muy buen gusto, y en la que se quería detener era supe¬ rior cosa, y los ponía a vender en Palacio y otros sitios públicos y los despachaba muy bien, porque parecían excelentemente, y así hacía varios juegos de a seis, de a ocho u doce historiejas de a vara o tres cuartas, y al instante las despachaba, y con esto se mantuvo lo más de su vida, sin sacar la cara a decir cuyas eran, por no perjudicar a su empleo, de que sólo tenía el nombre, porque era de genio tan atronado, que si iba a algún lugar con algún em¬ pleo de justicia, a pocos lances salia a palos o a uña de caballo, porque tenía fuertes cascos, y luego vuelta a pretender y a pin¬ tar, y cierto que, tratado, era hombre de linda conversación, muy noticioso y erudito y de tan feliz memoria, que a cada cosa sa¬ caba un texto, y no sólo de Leyes, sino autoridades de humanistas y de todas buenas letras; pero, por otra parte, era hombre de tecla, extravagante y maniático. También hacía retraticos pequeños con excelencia, de los cua¬ les yo vi uno de una hija suya que podía competir con todo lo mejor de esta linea; enviudó, y con ánimo de ordenarse de Sacer¬ dote, vistió el hábito clerical; pero por sus extravagancias no llegó el caso. Y, en fin, con esto y con la manía de Soy letrado, y no 353 pintor, le dió el mal de la muerte a los cincuenta y seis años dt su edad, cerca del año de 1700, viviendo en el barrio de Lavapiés, y se enterró en la Parroquial de San Millán. CC.—PEDRO ALONSO DE LOS RIOS, ESCULTOR Pedro Alonso de los Ríos, natural de la ciudad de Valladolid, donde tuvo sus principios en la escuela de su padre (llamado Fran¬ cisco Alonso, y muy gentil escultor), fué vecino de esta Corte y escultor de gran crédito, como lo testiñcan sus obras, dignas del mayor aplauso. De su eminente mamo es aquella soberana imagen de la Concepción Puríssima, que está en la capilla de los Confi¬ teros, en la Parroquial de Santa Cruz, de esta Corte, que es el esplendor de aquel sagrado templo. También lo es la célebre es¬ tatua de San Benito, que está en la capilla mayor de San Martín, y la de Santa Gertrudis la Magna (dilectissima esposa de Christo), que está en la capilla de su nombre en dicha iglesia, como tam¬ bién la de Santo Domingo de Silos y la imagen de Nuestra Se¬ ñora de Balbanera, que está allí en su capilla particular. También es de su mano la eminente estatua de San Juan de Sahagún, que está en San Felipe el Real de esta Corte, en su capilla. Y la de Christo Señor Nuestro Crucificado (que llaman de la Buena Muer¬ te), que está en el atrio o pórtico del Convento de Nuestro Pa¬ dre San Francisco, de esta Corte. Y la célebre estatua del glo¬ rioso Patriarca San Bruno, que está en el retablo de la Sala de Capitulo de la Real Cartuja del Paular, se dice también ser suya, sin otras muchas estatuas que hizo para fuera de Madrid y casas particulares. Murió en esta Corte de poco más de cincuenta años de edad, por el de 1700. CCI.—FRANCISCO GUIRRO, PINTOR CATALAN Francisco Guirro, natural de la ciudad de Barcelona, fué muy excelente pintor, como lo acredita el gran cuadro que hizo de Santa Monica, viuda, que está colocado en el altar mayor del Con¬ vento de Recoletos Agustinos, advocación de dicha Santa. Del cual no se ha podido adquirir más noticia de su muerte, sino que fué, con poca diferencia, a los setenta de su edad, por los años de 1700. 354 — - CCll.—MATEO GILARTE, PINTOR Fué Gilarte natural de la ciudad de València, donde aprendió con grandes ventajas el arte de la Pintura en la escuela de los Ribaltas, y después de haber cursado las Academias de aquella tierra, pasó a la ciudad de Murcia, donde hizo demostracicn de su habilidad, con gran fundamento en el dibujo y buen gusto en el colorido, así al olio como al fresco. Pintó la iglesia de Nuestra Señora del Rosario al fresco, a expensas de la ilustre Cofradía de Caballeros de aquella ciudad, donde executó cuatro historias con singular acierto; la una de la Reina Esther, desmayada de¬ lante del Rey Asnero. La otra del glorioso Patriarca Santo Do¬ mingo cogiendo rosas en compañía de otros religiosos. La tercera es la lucha de Jacob con el Angel. Y el cuarto el Misterio de la zarza, que ardía sin consumirse. Y por premio de sus tareas le honraron aquellos Caballeros haciéndole Mayordomo, siéndolo al mismo tiempo el ilustre Caballero Don Payo Afán de Ribera y otros y en elogio de sus acier¬ principales comisarios de la obra, tos se le escribiócertamen, que se dió a la estampa. un En el refectorio de dicha casa hay otro gran cuadro suyo, apaisado, de aquel célebre caso, en que habiendo faltado pan en un Convento del glorioso Patriarca Santo Domingo, los Angeles milagrosamente lo traxeron, y está el refectorio hecho con admi¬ rable perspectiva, con la Comunidad y los Angeles sirviendo con unas cestas de pan. En la dicha capilla, junto a la reja de la iglesia del Convento, está un gran lienzo de la Batalla de Lepan¬ te, en que echó el resto de su habilidad, y se dice que para hacer esta obra tan magníñca se ayudó del célebre batallista Capitán de Caballos Juan de Toledo, que asistió mucho tiempo en aquella ciudad, siendo parciales e íntimos amigos, de suerte que no se desdeñaba el uno de que sus obras las tuviesen por del otro, prue¬ ba de su recíproca conñanza. Y por eso, habiendo hecho Toledo el lienzo principal de la Asumpción de Nuestra Señora, de la Con¬ gregación de Caballeros Seculares, en el Colegio de San Esteban, de la Compañía de Jesús de dicha ciudad (que sólo en él pudiera conocerse lo ingenioso de su autor), pintó Gilarte la vida de Nues¬ tra Señora en la misma Congregación, en diferentes lienzos. Hizo también otras muchas obras públicas, y entre ellas no son de omi- — 355 — tir el lienzo de la Concepción, que está en un testero del claustro de la Trinidad, y el de los Sueños de San José, frente del tras-coro ■de la Santa Iglesia. Y por omitir prolijidad, sólo aseguro que no fueron menos célebres sus obras particulares que las públicas. Mu¬ rió cerca de los años de 1700 *, en lo ñorido de su edad, que ape¬ nas tenía cincuenta y tres años. Quedó ima hija suya, llamada Doña Magdalena Gilarte, que parece le heredó a su padre la ha¬ bilidad y el ingenio. ■CCm.—BARTOLOME VICENTE, PINTOR DE ZARAGOZA Fué Bartolomé Vicente natural de imo de los lugares de la co¬ marca de Zaragoza; estudió el arte de la Pintura en esta Corte, en la escuela de Carreño, y tuvo forma de pasar a el Escorial a copiar muchas de aquellas célebres pinturas, en que gastó siete ■años; después de los cuales volvió muy aprovechado, y pasó a Zaragoza, donde hizo muchas y excelentes obras, y especialmente "un gran cuadro de su estudio para el teatro de aquella Univer¬ sidad, cuyo asunto es la cárcel de San Pedro, cuando le libertó el Angel, donde se conoce su caprichoso concepto y hermoso co¬ lorido, imitando la manera del Basán; fué muy dado a la mate¬ mática, de que daba lección a muchos discípulos. Hizo también países con excelencia, y pintó al fresco muy bien, eomo se ve en la media naranja y pechinas de la Virgen de los Remedios, en el Convento de Agustinos Descalzos de dicha ciu- ■dad. Murió en ella ya de setenta años de edad, por el de 1700. ■CCTV.—DON FRANCISCO DE VERA CABEZA DE VACA Don Francisco de Vera Cabeza de Vaca, natural de la ciudad de Calatayud, en el reino de Aragón, fué persona de tan cono¬ cida calidad, que llegó a ser paje del Señor Don Juan de Aus¬ tria, estando Su Alteza en aquella ciudad de Zaragoza. Y con el motivo de la grande afición que el Señor Don Juan tenía a la facultad de la pintura, tuvo Don Francisco la ocasión franca para lograr su natural propensión a esta arte, en que habiendo apro¬ vechado mucho con las instrucciones de Su Alteza (que aseguran * Hacia i6go. — 35t> — fué suprincipal maestro), llegando el caso de venirse el Señor Don Juan a Madrid, obtuvo licencia Don Francisco para reti¬ rarse a su tierra, por gozar de su apetecida quietud, a que le in¬ clinaba su bien templado genio, y allí se mantuvo de su hacienda patrimonial grande exemplo y decencia, ocupando los ratos con ociosos en el ornato de el virtuoso deleite de la pintura, ya para su casa en algunas cosas de gusto, ya para iglesias pobres, y ya para regalar a algunos amigos, especialmente con retratos, que los hizo con excelencia. De esta suerte su vida con créditos de eximia virtud, pasaba y entre otras cosas quepublican de sus loables costumbres y re¬ petidos favores que recibió del Cielo, es fama en aquella tierra que se le apareció Maria Santíssima Señora Nuestra para que la retratase en un gran cuadro que hizo de la Familia Sacra, que hoy se venera en la Sala Capitular de los Canónigos de Santa María la Mayor de aquella ciudad de Calatayud. Y también ase¬ guran que todos los días, antes de pintar, confesaba y comulgaba con singular devoción y exemplo. Murió en dicha ciudad cerca de los años de 1700, a los sesenta y tres de su edad, dexando inmor¬ talizada su fama, aun más que con los rasgos de su pincel, con los esplendores de su virtud. CCV.—DE OTROS PINTORES CELEBRES DE LA CIUDAD de Zaragoza En la ínclita ciudad de Zaragozaha habido otros pintores, que aunque su habilidad no ha sido general, la han tenido muy particular en algunas cosas: como en retratos Asensio; en flores. Polo: en países, Pertus; en batallas, Rabiella, y en arquitectura y ornatos Francisco Plano, que aseguran no le hacían ventaja los célebres boloneses Colona y Miteli. Todos los cuales florecieron y acabaron en el reinado del Señor Carlos Segundo, y por los di¬ chos nombres son allí conocidos. CCVl.—GREGORIO DE MESA, ESCULTOR Gregorio de Mesa, natural de la ciudad de Calatayud, en el reino de Aragón, y vecino de la ciudad de Zaragoza, fué excelente escultor, y aunque no tuviéramos noticia de obra señalada suya, 357 — — bastaba para su abono el haberlo celebrado por escultor famoso Don Claudio Coello (pintor de Cámara del Señor Carlos Segun¬ do) cuando vino de Zaragoza de pintar aquella eminente obra del Colegio de la Mantería. Estudió dicho artíñce en las Acade¬ mias de Tolosa de Francia, en queaprovechó tanto, que hizo cé¬ de crecido tamaño y premio, como son el San lebres estatuas y Miguel de los Navarros de estuco en Zaragoza, mayor que el natural, y otras dos de San Bruno, ¡cosa eminente!, para la Santa Cartuja de Aula Dei. Murió en dicha ciudad de poco más de se¬ senta años, por el de 1701. CCVIL—IT/GÍ/EL DE RUBIALES, ESCULTOR Miguel de Rubiales, natural y vecino de esta villa de Madrid, fué escultor excelente, como discípulo del gran Pedro Alonso, cuya escuela y vecindad siempre observó, siendo muy estudioso y es¬ peculativo en sus obras, como lo maniñesta aquel célebre paso del Descendimiento de la Cruz, que se saca la Semana Santa, y está en el Colegio de Santo Tomás, de esta Corte, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario. Y también es de su mano el paso de SantaElena, que está en la iglesia del Carmen Calza¬ do. Y la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que se ve¬ nera en capilla particular en la iglesia del Convento de la Merced Calzada. Murió de sesenta años de edad, con poca diferencia, por el de 1702, y se enterró en la Iglesia Parroquial de San Millán de esta Corte. CCVIIL—DOY ISIDORO ARREDONDO, PINTOR de Su Majestad Don Isidoro Arredondo, natural de la villa de Colmenar de Oreja, nació el año de 1653, y habiendo reconocido sus pa¬ por dres en él grande inclinación a el arte de la Pintura, lo enviaron a Madrid, a la escuela de Don José García (hombre de raro y extravagante humor), y habiendo estado allí algunos meses, lo traspasaron sus padres a la escuela de Don Francisco Rici, donde aprovechó tanto, que en pocos años (habiéndose empleado con su ■maestro en algunas obras del servicio de Su Majestad) la primera moticia que tuvimos de que tal pintor había en el mimdo fué ha- — 358 — berle hecho merced de pintor el Señor Carlos Segimdo, y con. su el goce y gajes desde luego. A esto se siguió el casarle su maestro con una doncella que había criado en su casa desde niña, llamada Doña María Veguilas, mujer de singular virtud y habilidad en. todo lo casero y de un natural angélico, y no lo siendo menos el. de Don Isidoro, vivían con una paz celestial. Murió Rici y dejóle a Don Isidoro por heredero de todo el expolio y estudio de la pintura, que era muy cuantioso, pues sólo> de borroncillos, dibujos y trazas de Rici no tenían número ni pre¬ cio. Mucho le importó a Isidoro esta herencia, pues ayudado de este caudal, no se le ofrecía obra en que no encontrase diseño,, traza o dibujo de su maestro para su desempeño. Y así hizo mu¬ chas obras públicas y particulares, especialmente im gran cuadro de la Encamación para fuera de Madrid, de veinte y un pies de alto, grandemente historiado, así con el acompañamiento de Glo¬ ria correspondiente, como en el de las Sibilas y Profetas (en la par¬ te inferior), que en algún modo anunciaron la Encarnación del Verbo y venida del Mesías. También hizo dos cuadros grandes para los colaterales de la iglesia del Convento de Nuestra Señora de Constantinopla, en esta Corte. El uno de San Luis Obispo y el otro de Santa Clara, cuan¬ do con el Santíssimo en sus manos ahuyentó los bárbaros que intentaban asaltar el Convento. Y también es suyo el San Fran¬ cisco de Asís, que está en el Sagrario del altar mayor. Son tam¬ bién de su mano otros dos cuadros que hizo de la vida de San Eloy, para los costados de la capilla mayor de la Parroquial de San Salvador, de esta Corte. Pintó también en Palacio un gabinetillo de los del cuarto de la Reina, y en la galería del Cierzo dos historias de la fábula de- Siquis y Cupido (que allí se executó), y fué la una cuando su padre y hermanas la fueron a visitar en su Palacio, y la otra cuando Siquis, curiosa, quiso examinar con la luz el amante que¬ ia festejaba, estando dormido, y dispertó, cayéndole ima pavesa de la luz, de que se siguió su ruina y desamparo. Pintó también mucho Arredondo en los teatros de las come¬ dias al temple y en otras obras de entradas de Reina y exequias de personas reales. También pintó al fresco, especialmente en el Retiro, ayudando a sus compañeros en el omato de la cámara y cuarto de la Reina y frontis del despacho del Rey, para la venida- 359 — - de la Sereníssima Reina Doña Maria-Ana de Neoburg, segunda, esposa del Señor Carlos Segundo. Fué muy sólo por su ha¬ querido del Rey nuestro Isidoro, no bilidad, sino por sumucha bondad, honrado y apacible genio, y asi tuvo el goce completo de su plaza, desde luego, y logró algu¬ nas ayudas de costa muy considerables por el real bolsillo de gas¬ tos secretos. Pero desde el año de 700 comenzó a adolecer de unos flatos que le molestaban mucho, y después de varios remedios, se le subieron a la cabeza, y especialmente a im oído, donde era tal el tormento que padecía, que apuradas ya las medicinas, le man¬ daron sangrar; executóse asi, y en la misma sangría expiró. Fué este fatal suceso por el mes de marzo de mil setecientos y dos, a los cuarenta y ocho años de su edad, con gran quebranto de sus compañeros y amigos y de todos los que le conocían, por su ama¬ ble, modesto y apacible trato, además de su grande habilidad. CCÏX.—MOSEN VICENTE BRU, PINTOR Mosén Vicente Bru fué natural de la indita ciudad de Va¬ lencia, y desde tiernos años inclinado a las Letras, en que sus aprovechó con tal felicidad, que en todas era el más adelantado de su curso; pues de 18 años había ya concluido el de la Sa¬ grada Teología, con admiración de toda aquella insigne Univer¬ sidad, de suerte que los Padres Dominicos (en cuya escuela estu¬ dió) solicitaban con grandes ansias que tomase el hábito de su Orden, y en medio de esto fué tal su afición a la pintura, que a los 15 años comenzó a dibujar por su gusto en casa de Conchi¬ llos, y en breve tiempo aprovechó de suerte que se dejaba atrás a los muy adelantados. Y al mismo tiempo aprendió la solfa, to¬ car harpa y vihuela con tal felicidad, ¡que verdaderamente pa¬ recía un monstruo de ingenio! Llegó, pues, a adelantarse de suer¬ te en la pintura, que fué uno de los sujetos elegidos para las pin¬ turas de los retablos del cuerpo de la iglesia de San Juan del Mercado de aquella ciudad, donde executó tres, que son: la de Todos los Santos, la del Jordán y la de San Francisco de Paula,, que verdaderamente acreditan lo elevado de su ingenio; de suerte- que parece que, próvida la naturaleza, recopiló en breve tiempe lo que había de conferirle en muchos años, previniendo lo poca que había de vivir, pues murió a los veinte y uno de su edad, en T,(>0 22 de Febrero de 1703 (sin obtener Ordenes mayores, más que la de Epístola), quebranto de toda aquella ciudad, que con gran admiraba no sólo este portento, sino el de su exemplar vida y di¬ chosa muerte. Y si hubiera vivido, no hay duda que llegara a ser uno de los más lucidos ingenios de aquel reino en el arte de la Pintura, pues dexando en breves días los pocos rudimentos que tomó en casa de Conchillos, no tuvo más maestro que el ver las obras de los otros (y especialmente del que fué a pintar la iglesia de San Juan del Mercado), y su proprio estudio y especulación, estimulado de un ingenio altamente dotado del Cielo. Después de su muerte compró un francés (aficionado a la pintura) sus dibujos por mucho precio y estimación. CCX.—nON VICENTE DE BENAVIDES, PINTOR Don Vicente de Benavides, natural del Africa, en el presidio de Orán, nació estando allí su padre ocupado en servicio del Rey, y continuándole, pasó a España y a esta Corte con su hijo, don¬ de éste aprendió el arte de la Pintura en la escuela de Don Fran¬ cisco Rici. Son de su mano las efigies que están debaxo de los portales de Santa Cruz, hacia la Zapatería de Viejo y hacia la ca¬ llejuela de la Sal. Y aunque en lo que toca a las figuras no tuvo gran gusto, en la arquitectura y adornos fué eminente, y así lo practicó casi toda su vida en la manipulación de los teatros y mutaciones de las comedias que continuamente se executaban en el Retiro, para el servicio y diversión de Sus Majestades, haciendo el dicho Don Vicente muy ingeniosas trazas para este efecto y executándolas con singularíssimo acierto, por el gran manejo que llegó a adquirir en el temple y superior inteligencia en la pers¬ pectiva, en cuya atención Su Majestad le hizo despachar título de su pintor ad honorem. No tuvo menos inteligencia en el pintar al fresco, como se ve en diferentes obras que se le ofrecieron dentro y fuera de Ma¬ drid, y en especial la capilla del Santíssimo Christo del Amparo, con su transparente, que está en la iglesia de la Victoria, en esta Corte, junto a la puerta del costado. Y sobre todo la fachada que hoy se ve de las casas de los Señores Marqueses de los Ral¬ bases, la cual executó al fresco en compañía de Dionis Mantuano, con grande acierto. También pintó la ermita de Nuestra Señora 3&I — — de los Angeles, que está junto a Getafe. Era hombre en un cerro rígido y fuerte de condición, verdaderamente africano, y como aunque de muchos años atrás se había dexado ya la moda del bigote levantado, él nunca se lo quitó, y asi parecía hombre de aspecto formidable, a que no desayudaba lo personal, por ser cor¬ pulento y de muy buena estatura, aunque de un pie claudicaba un poco. Murió en esta Corte por los años de 1703 y a los sesenta y seis de su edad, viviendo en la calle de los Ministriles, y ente¬ rróse en la Parroquial de San Sebastián. Sucedióle una cosa graciosa con Don Juan de Laredo (ade¬ más de otras muchas), y fué que hallándose Benavides tan pren¬ dado de ima mujer, que no había forma de sacarle de aquel mal estado por diferentes medios que se habian discurrido. Un dia, estando durmiendo la siesta en el Buen Retiro (en tiempo de las comedias del Coliseo), tuvo forma Laredo de meter una caña hora¬ dada por el resquicio de la puerta del aposento, y por el otro ex¬ tremo le decía con voz muy dolorosa: Vicente, Vicente, mira por tu alma y dexa la comunicación de esa mujer, que te trae distraído, porque si no, serán muy pocos tus días. Levantóse despavorido Benavides, y como la voz sonaba como si estuviera dentro del aposento quien la pronunciaba, abrió la ventana, examinólo todo, y no hallando a nadie, salió afuera muy asustado; encontró con Laredo, el cual le preguntó qué traia. Contóle Benavides el caso, todo sobresaltado, y Laredo, hallando la suya, le apretó la mano de suerte que se logró el intento de sacarle de aquel mal estado. CCKl.—DOÑA LUISA ROLDAN, EMINENTE ESCULTORA Doña Luisa Roldán, natural de la ciudad de Sevilla *, fué hija y discipula de Pedro Roldán, escultor eminente; no lo fué menos su hija, pues habiendo hecho en Sevilla excelentes obras, ya ca¬ sada con Don Luis de los Arcos y con dos hijos, se vino a esta Corte, donde apadrinada de Don Cristóbal Ontañón (Caballero del Orden de Santiago, Ayuda de Cámara del Señor Carlos Se¬ gundo y gran protector de estas artes), tuvo la fortuna de servir a Su Majestad en diferentes cosas de escultura, y especialmente * Nació en 1656. — 362 — en un San Miguel del tamaño del natural que hizo para el Real Monasterio de San Lorenzo. Tuvo singular gracia para modelar de barro en pequeño, de que hizo cosas admirables, que yo he visto en esta Corte en dife¬ rentes urnas, como Precioso, de Santa de la Virgen con su Hijo Teresa, San Pedro de Alcántara, San Juan de Dios, con un pobre acuestas, y un Angel que le ayuda, y otros semejantes. Pero, so¬ bre todo, dejó hecha una imagen de Jesús Nazareno, del tamaña del natural, de tan extremada belleza y afecto compasivo al mis¬ mo tiempo, ¡que fué el pasmo y la admiración de toda la Corte! Hizola de orden del Señor Carlos Segundo (a lo que tengo enten¬ dido) para el Real Convento de San Diego, de Alcalá de Hena¬ res, y por muerte de Su Majestad (que sea en gloria) se quedó en poder de Doña Luisa. Y después de haber sido pretendido este Divino Simulacro de diferentes personas y Comunidades, fué úl¬ timamente colocado en la villa de Sisante, en la Mancha, junta a San Clemente, y en un Convento de Religiosas Descalzas, con el título de Jesús Nazareno, donde tiene su merecido lugar, por la gran veneración con que es frecuentado de los ñeles y obse¬ quiado de aquella religiosa Comunidad. Yo fui a visitar esta sagrada imagen antes que se la llevaran de esta Corte, cuando estaba en poder del dicho Don Luis de los Arcos, ya viudo, y la tenía en su sala sobre un bufete y cubierta con una cortina; descubrióla, y fué tal el estupor que me causó al verla, que me pareció irreverencia no mirarla de rodillas, por¬ que verdaderamente se me representaba ser su mismo original. Y después de haberle estado admirando y examinando gran rato, nos fuimos a sentar, y volviendo a mirarle, le dije a el Don Luis que si no volvía a cubrir a Su Majestad no me sentaría. Tanto era el respeto y la reverencia que causa, ¡que aseguro me faltan pa¬ labras para signiñcarlo !, pues no sólo la expresión que he dicho de la cabeza, sino las manos y los pies estaban tan divinamente executades y con algunas gotas de sangre que corrían, que todo parecía el mismo natural. A este soberano portento acompañó otra eñgie de su Madre Santíssima Dolorosa, no menos admirable, cuya descripción omi¬ to; ¡con decir que era de la misma mano y nada inferior, por su camino, a la antecedente!, y así fué (como lo hizo en vida) acom¬ pañando a su Hijo Santíssimo al dicho lugar. 363 — — Murió esta eminente escultora, dejando inmortal su nombre,, por los años de 1704, en esta Corte, y apenas a los cincuenta de su edad. Yo la conocí y visité muchas veces, y era su modestia suma, su habilidad superior y su virtud extremada. Y aseguran que cuando hacía imágenes de Christo o de su Madre Santíssima,, demás de prepararse con cristianas diligencias, se revestía tanto de aquel afecto compasivo, que no las podía executar sin lágrimas- CCXIL—INSIGNE LUCAS JORDAN, PINTOR DEL REY Lucas Jordán nació Nápoles en porlos años de 1628 * (aunque- oriundo de España, en el reino de Jaén, de la provincia de An¬ dalucía, donde hay familias muy ilustres de este apellido, por ser uno de los que están colocados en los trecientos escudos del arco, célebre de Baeza). Su padre fué pintor de obrador público, por lo cual se aplicó en tan tiernos años, que delante de mí le dixo al Señor Carlos Segundo: que de la misma suerte que a los nir ños les ponen a aprender la cartilla, al mismo tiempo a él le pu¬ sieron a dibujar, y de suerte se hizo en él naturaleza la pintura, que a los siete años, dixo, hacía ya cosas, que por ser de un mu¬ chacho de aquella edad eran muy celebradas, y con esta ocasión y la de atenderse sólo en su casa a pintar, como de feria, adqui¬ rió tal manejo, que se dexaba atrás a los más prácticos, y el padre le decía muy de ordinario, dándole prisa: Luca ja presto, y por este nombre era en italiano más conocido que jx)r el suyo proprio. Aplicóse después a la escuela de José de Ribera el Españoleta,. y se arrimó tanto a su manera, que hacía cosas de su propria in¬ vención que parecían originales de su maestro, como lo manifestó en el discurso de su vida en varios cuadros que hizo, imitándole,, que dexa dudoso el juicio más perspicaz, y que a la primera vista hacen titubear al más inteligente. Después pasó a Roma, donde estudió y dibujó todas las obras y estatuas de los antiguos, copiando muchos originales de los pri¬ meros hombres con extremada atención y diligencia, que hacién¬ dose dueño de la manera de cada uno, llegó a imitar de suerte a todos, que cada día nos engañan sus pinturas: imitando ya a Ra¬ fael, ya a Ticiano, a Tintoreto, a Corezo y a cualquiera otro de * Nació en 1632. — 3^4 — los más eminentes, de suerte que es menester gran perspicacia para distinguirlas. Aplicóse también en estetiempo a la escuela de Pedro de Cortona, y le asistió las célebres obras que pintó al fresco en en Roma, adquiriendo en esta especie de pintura tan superior ma¬ nejo, que llegó a lo sumo de lo que en esta materia se puede con¬ seguir, así en la belleza como en la celeridad de el obrar, que era tanta, que lo que él hacía en un día no lo haría otro en una semana. § I Volvióse Nápoles, donde fué tanto lo que pintó para dife¬ a rentes Principes de Europa, que llegó a extenderse tanto su cré¬ dito, asi por esto como por lo que todos los Virreyes traían y ■cambiaban de pinturas suyas al Señor Carlos Segundo, que de¬ seando Su Majestad verle pintar y que hiciese algo al fresco en San Lorenzo del Escorial, le hizo venir el año de 1692, para cuyo efec¬ to le mandó dar Su Majestad mil y quinientos ducados de plata, haciendo franco cuanto viniese en su navio (que fué muchissimo) y honrándole desde luego con el oñcio y llave de Ayuda de Fu¬ rriera, relevándole de servirlo para que tuviese más libre el tiem¬ po. Llegó a Madrid por el mes de mayo de dicho año, y lo pri¬ mero que pintó fueron dos cuadros grandes, el uno de la batalla y el otro del triunfo del glorioso Arcángel San Miguel contra la rebeldía de Lucifer. Antes de pasaradelante no puedo dexar de prevenir un error, que está valido en el vulgo, y especialmente en los que van a muy ver las maravillas del Buen Retiro, donde está el primer cuadro de estos dos, del Triunfo de San Miguel, del cual dicen que Jor¬ dán lo hizo en veinte y cuatro horas, en competencia con otro pintor (que suponen ser Claudio Coello, que entonces era pintor de Cámara), y que no habiendo el otro podido acabar el su¬ yo en dicho tiempo, se murió de la pesadumbre. Y asi, en gra¬ cia de la verdad, digo con toda realidad que todo esto es fábula, porque ni hubo tal competencia, ni tales veinte y cuatro horas, pues yo fui testigo de todo. Porque habiendo mandado el Señor Carlos Segimdo que ninguno entrase a ver pintar a Lucas, por¬ que no le embarazasen, y sabiendo que yo había ido y obedecido su orden, luego que se me intimó, le debí tanto a Su Majestad, — 365 — que me envió a decir con Don Cristóbal Ontañón que conmigo no se entendía la Orden, y así que fuese cuando gustase. Hícelo así, usando de tan grato indulto, y me hallé en todo, y aun el borroncillo para dicho cuadro (que es de blanco y negro) ; no lo hizo en las veinte y cuatro horas, y el cuadro ni en veinte y cua¬ tro días, ni se soñó tal competencia, pues aunque a Jordán no le contaban los días que pintaba, sino las horas, todavía fueron más de las que corresponden a los veinte y cuatro días que he dicho. Y añrmo que una de las mañanas que yo estuve viéndole pintar, acabó la cabeza del San Miguel, y no la dejó concluida, diciendo que estaba muy blanda la color; y así es menester advertir que le levantan muchos testimonios. Después trató de pintar al fresco la escalera de el sagrado se Monasterio del Escorial, donde se determinó expresar la batalla célebre de San Quintín, con su principio, asedio y asalto y pri¬ sión de el de Memoranci, lo cual se executó en todo el friso de la escalera que va por debajo de las ventanas, por haber sido esta batalla el motivo de la erección de este Real Monasterio, a causa de haberse logrado su victoria (que fué la primera después de la coronación del Señor Felipe Segundo, y que dió principio a una paz general) el día de el glorioso levita San Laurencio, en el año de 1554, en que Su Majestad votó la erección de este Real Sitio. Y así hacia la parte del Oriente se mira ya en este friso la erec¬ ción, planta y disposición de la fábrica, con asistencia de Su Ma¬ jestad, como fundador, y que puso la primera piedra. En la parte superior de la bóveda está la Gloria con la Tri¬ nidad Santíssima, la Reina de los Cielos, grande acompañamiento de Angeles y Santos, glorificando a Su Majestad, en demonstra- ción de celo de su mayor honra y gloria, con que el Señor Felipe Segundo lo fundó, con la advocación de San Lorenzo su devoto, y el Instituto del máximo Doctor San Jerónimo en las repetidas alabanzas de su incesante coro. Y así se miran allí en lugar muy señalado estos dos Santos, como conduciendo a muchas de esta regia estirpe, a quienes siguen el Señor Emperador Carlos Quinto y el Señor Felipe Segimdo ofreciendo a el Altísimo Dios sus co¬ ronas y dominios. En los cuatro ángulos están las cuatro Virtudes Cardinales, acompañadas cada una de sus adyacentes, integrales y subjetivas, en demonstración de las que practicaron tan ínclitos Monarcas. Y - 3Í>6 — en los dos espacios colaterales están: en el uno, la Majestad Re¬ gia,y en el otro, la Iglesia Católica, por cuya exaltación empe¬ ñaron su poder tan excelsas Majestades. En los huecos de las ven¬ tanas se vengrabadas, como de pórfido, varias hazañas del Señor Carlos Quinto, y a los lados vemos gradoslssimos chicuelos con los escudos de armas de los reinos de esta vasta Monarquía. Fué tan plausible esta pintura, que hizo Su Majestad varias jornadas para verla, y al principio, a un mes comenzada, envió a el autor de esta obra, su pintor, para que reconociese el estado en que iba y le informase a Su Majestad muy pormenor, asi de esto como de la calidad de lo pintado a el fresco, respecto de que hasta entonces en España sólo se había visto pintura de Jordán a el ólio, lo cual executó muy a la satisfacción y gusto de Su Ma¬ jestad y crédito de Jordán, el cual acabó esta obra en siete meses, que parece no era bastante tiempo para executar los diseños y borrones que hizo para ella, asi del todo como de cada grupo de historia particular. § n Con aplausos tan merecidos se hizo digno Jordán de ascender por esta célebre escala al cielo de la iglesia de aquel militante im- pireo y celestial emporio, determinando Su Majestad pintase las bóvedas de su excelsa fábrica, que estaban jaharradas de blanco, y principalmente las cuatro donde terminan las dos naves cola¬ terales. La primera que se determinó pintar fué la que cae sobre el altar de Nuestra Señora,, al lado del Evangelio, y donde está el depósito de singularísimas reliquias, asi de esta gran Reina como de su Hijo Santissimo, y de los tres Santos Reyes que le adora¬ ron. Y asi hizo una maravillosa unión de la Concepción Purísima de María Señora Nuestra, de la Anunciación, Nacimiento de Cris¬ to y Adoración de los Santos Reyes, como previsto todo en los Decretos Divinos de la Eternidad, donde no hay sucesión de tiem¬ pos. Y asimesmo puso la caída de Luzbel, arrojado del Empíreo por el Sagrado Arcángel Miguel, y a los ángeles buenos glorifican¬ do al Señor, procediendo efectos tan contrarios de la previsión de tan altos misterios, según la disposición que hallaron en los unos y en los otros. En las cuatro pechinas de esta bóveda, ocasionadas de los cua- 'tro arcos que la reciben, pintó las cuatro Sibilas que más clara- — 367 — mente anunciaron los misterios de nuestra Redención. La primera es Cumana, que vaticinó la Encamación del Verbo Divino. La la segunda la Cumea, que predixo la abundancia y tranquilidad que lograría el género humano con la venida del Salvador. La tercera es la Pérsica, que vaticinó la predicación del Bautista y el Bau¬ tismo en el Jordán. La cuarta es la Libica, que prenunció los milagros de Christo, y especialmente el de los panes y peces. En la bóveda correspondiente al lado de la Epístola se pintó una tropa numerosa de los Bienaventurados cuyas reliquias se veneran en el relicario de aquella capilla, así de mártires y vír¬ genes como de confesores. Y en las cuatro pechinas los cuatro sagrados Doctores de la Iglesia, con advertencia que donde había de estar San Jerónimo está sólo el león, como en guarda de su púrpura y librería; y más arriba está un Angel tocando la trom¬ peta del Juicio Final, que tan presente tuvo este Santo Doctor, a quien señala el Angel al mismo tiempo, que está figurado arriba, ante el Tribunal Supremo, desnudo y como llamado a Juicio, que era su meditación continua. En la bóveda tercera, que cae hacia la parte del Colegio, se pintó el triunfo de la Iglesia militante, que en carro triunfal ma¬ jestuoso, asistida del Espíritu Divino (como lo fué desde lo pri¬ mitivo de su ser), enriquecida de sus dones, fertilizada de. sus frutos, ilustrada de sus doctrinas y verdades, acompañada de la Fe, Esperanza y Caridad y de las demás virtudes, reforzada con los Sacramentos, de hermoso rostro, como de su cabeza Christo, vestida y coronada con los ornamentos pontificios, va represen¬ tando en la Silla Apostólica la Majestad Suprema de los Vicarios de Christo, sobre todas las Majestades de la tierra, ahuyentando con sus sacras y divinas luces las horrorosas tinieblas de la herejía y las oscuridades de los vicios y descubriendo el verdadero ca¬ mino del Cielo. Acompañan este soberano triunfo la hermosa comitiva de las Virtudes, representadas en doncellas de suma belleza, y las Cien¬ cias, así divinas como humanas, o filosóficas y matemáticas, todas con la debida distinción y significación, representada en sus divisas y trajes. La Sagrada Teología preside a otro lado con cetro en la mano, como Reina de las humanas ciencias, que reconocidas la sirven. Y la Mística, o infusa, ilustrada con luz sobrenatural en suave reposo, y otros afectos virtuosos, repartidos en las cuatro — ,Sí>8 — pechinas; pero los Vicios y los Errores abatidos, las Herejías y Heresiarcas ahuyentados y fugitivos, como las tinieblas de la luz. Ayudan tirar este triunfal carro los Santos Padres y sagra¬ a dos Doctores cuyas reliquias se veneran en las capillas correspon¬ dientes, y cuyas cuerdas de oro recoge y une el Doctor Angélico Santo Tomás, que recopilando todas las sentencias y doctrinas de los Santos Padres, colocó la suya en la alta esfera que la goza la Iglesia. Y en el centro de esta bóveda se descubre la Gracia en forma de doncella hermosa, vestida de blanco, en significación de la Pureza, adornada de una estola, por la inmortalidad que nos granjea, y alargando la mano y trabándola con otra que sale de entre rmas nubes, da a entender la amistad de Dios para con los hombres que la gozan, repartiendo al mismo tiempo gran co¬ pia de dones, significados en la variedad de ñores que vierte, de que algunos Angeles forman guirnaldas para solemnizar con her¬ mosos ademanes tan sagrado triunfo. En la otra bóveda, que corresponde sobre la capilla de las once mil vírgenes, cuyas reliquicis insignes enriquecen también esta por¬ tentosa triunfo de la basílica, se pintó otro no menos majestuoso Pureza virginal, en superior el cual Maria Santíssima, con belleza a lo imaginable, acompañada de hermosa turba, de aquellas que a costa de tiránicos martirios o voluntarias mortificaciones con¬ servaron intacta la flor de su virginal pureza, va presidiendo en la popa del carro triunfal, como Reina y Virgen de las Vírgenes, suelto el cabello, con tunicela càndida y manto azul en demons- tración de la Pureza celestial, con cetro de oro y con hermoso ademán, conduciéndolas a las deliciosas nupcias del Cordero In¬ maculado, que se apacienta entre azucenas, el cual se mira ex¬ presado la proa del carro, como sobre un lucido trono, y dos a Angeles volando llevan la corona imperial en las manos, como que espera a su Madre Santíssima para coronarla por Emperatriz de los Angeles y de las Vírgenes {Veni, coronaberis), las cuales ayudan a conducir el carro, con los tirantes texidos de las hermo¬ sas hebras y obras de sus manos, que vienen a unirse en las del Amor Divino, que las conduce y excita al curso de la Eterna feli¬ cidad a que aspiran. Hace compañía al Cordero una festiva tropa de alados niños, con guirnaldas de flores blancas y encarnadas, con palmas y laureles, para coronar los triunfos amantes de Icis escogidas esposas del Cordero. 3^9 — — A el Amor Divino acompañan los Auxilios en hermosa volante copia de alados espíritus, disparando suaves flechas de amoroso fuego a las Sagradas Vírgenes, y otros Angeles de mayor magni¬ tud vertiendo rosas, llevando uno de ellos un título en que le dice a el Amor: Ductore fie te praevio. Y en el centro de esta bóveda ve la Vigilancia rodeada de se Angeles de bello aspecto, con un reloj en la una mano y en la otra un clarín, cuya sonora voz ex¬ plica una letra, que dice: Prudentes Virgines lampades aptate ves- tras, y todas parece que a el impulso de esta voz van siguiendo presurosas con sus palmas y trofeos la bandera de Santa Ursula, como la siguieron las once mil de su compañía, cuyo triunfo se en dicha venera capilla. Discurren también en otro coro gozosas las Santas del estado conyugal, alegres de ver tan bien logrado el fruto del santo Ma¬ trimonio. Represéntanse también en el recinto inferior y pechinas de esta bóveda, algunas de las insignes matronas de la Sagrada Es¬ critura, que fueron sombras de tan soberanas luces: como María la hermana de Aarón; Débora, juez y profetisa del pueblo de Dios; la hermosa Jael, que triunfó del General Sisara, enemigo del pue¬ blo hebreo; Abisag Sunnamitis; Ruth, con una macolla de espi¬ gas; Rebeca, con una hydria o cántaro; Raquel, con su cayado de pastora; Susana, Abigail, Esther y Judith, todas con extremada belleza, ornato y acompañamiento, según lo requiere su significa¬ ción, con símbolos muy apropriados a las superiores excelencias y privilegios de esta gran Reina y Señora que fué depósito de los tesoros del Amor Divino. § ni En consecuencia de estas cuatro bóvedas de los ángulos de la iglesia, determinó el Señor Carlos Segundo que se pintasen también al fresco las otras cuatro bóvedas del crucero, y la primera que se executó fué la inmediata a la de la capilla mayor, donde está pin¬ tada la Coronación de Nuestra Señora de mano de Luqueto. Res¬ pecto de lo cual, y de estar también expresada su gloriosa Asun¬ ción en el retablo, pareció conveniente el delinear en esta bóveda los actos antecedentes de su glorioso tránsito. Este expresó el ar¬ tifice hacia la parte del Mediodía, sobre el florido lecho virginal 1+ — 3ío — de esta Soberána Reina, a el cual cercan los Apóstoles con dolo-- rosas expresiones de tan lamentable pérdida, y otros que se hallaban, en distantes provincias se ven venir conducidos de los Angeles, y de estos asiste numerosa turba, repartidos en diferentes sitios, cer¬ cando el sagrado lecho, y teniendo el pabellón, y en lo alto, con piadosa introducción, se ven descender los gloriosos Padres de esta gran Señora, y su felicíssimo Esposo, a recibir su Alma Sa- cratissima; y a los lados de la ventana, en la una parte está Jesé con la ñoreciente vara que salió de su raiz, símbolo muy proprio de esta Gran Reina, y en la otra Josaphat, a cuyo valle había de ser conducido, como lo fué en hombros de los Apóstoles su Sa- cratissimo Cuerpo desde Jerusalén a el sepulcro nuevo, que por superior providencia estaba allí prevenido. Y en el capialzado de la ventana están Abrahan y Isac en el sacriñcio, como principales. Patriarcas del árbol genealógico de esta gran Señora, y como los primeros a quien fué revelada la promesa del Mesías, que como Sol de Justicia había de nacer de esta soberana aurora. A el otro lado, mira a el Norte, se delineó el sepulcro (en que que fué colocado su castísimo y sagrado cuerpo), debaxo del cual, en el capialzado de la ventana, se ve Jacob en el misterioso sueño de la escala, suceso bien aplicado a el tránsito de esta gran Se¬ ñora, a que llamó San Juan Damascene gloriosa dormición, que conmovió a los Coros celestiales a baxar y subir con gozosas y suaves músicas a su celebridad; a los lados de la ventana están los Santos Reyes Josías y Ezequias, nombres (según el Doc¬ cuyos tor máximo) suenan lo mismo y Fortaleza del Señor; que Fuego en esta gran Reina. Arriba circun¬ prerrogativas bien acreditadas dan los Apóstoles el sepulcro en varios afectos de admiración, habiendo echado menos el Sagrado Cadáver; y otros mirando a lo alto a un conducto de Gloria que se descubre, por donde se supone haber sido el camino de su milagrosa Asunción, lo cual acredita numerosa turba de Angeles y Serañnes, que con flores,, palmas y ramos verdes parece solemnizan la dicha que en su posesión interesan. Lasegunda bóveda que se pintó de estas cuatro fué la que está hacia los pies de la iglesia, inmediata a la del coro (donde está executada la pintura de la Gloria de mano de Luquete), y en ésta se determinó pintar el Juicio universal, en que (además del particular), ha de manifestar la Divina Justicia su rectitud en la, 371 — — debida distribución del premio eterno para los buenos y castiga sin fin para los malos. Para cuya expresión puso el artífice en el medio de la bóveda el majestuoso Trono del Supremo Juez, con acompañamiento de Angeles, donde está sentado Christo Se¬ ñor Nuestro, con corona y cetro real, y en la mano derecha una segur, levantado el brazo, como que llegó ya el tiempo de segar las humanas mieses y separar de la cizaña el trigo, apurado y limpio, para colocarlo en las deliciosas trojes del Cielo; y a su mano derecha se mira la Reina de los Angeles majestuosamente, vestida, intercediendo con su Hijo Santíssimo, como Abogada de los pecadores; y a la una y la otra parte cercan los Sagrados Apóstoles la cumbre del Trono, concurriendo también como jue¬ ces en este horroroso y severo Tribunal. El sagrado estandarte de la Cruz se mira en el aire a la vista del Juez Supremo, cercada de resplandores, y lo restante del aire se representa melancólico y funesto: el sol, luna y estrellas, con desmayadas luces, dan señales de las que han de preceder a aquel tremendo día, que ha de ser parasismo de la naturaleza toda. Hacia los cuatroángulos de esta bóveda se miran cuatro An¬ geles, con sus trompetas, esparciendo a las cuatro partes del mun¬ do aquel horrendo sonido de la Trompeta del Juicio, que ha de resonar en las cavernas más ocultas de la tierra y en los sepulcros más escondidos de todas las regiones del mundo. La Asia y la Europa están a los lados de la una ventana, y a los lados de la otra están el Africa y la América, todas bien expresadas con sus divisas, y a la rma y la otra parte se descubren varios sepulcros abiertos, de donde van saliendo algunos esqueletos y otros a me¬ dio vestirse de carne, otros milagrosamente subiendo, ya resuci¬ tados, en cuya variedad de simetrías y anatomías, con la dife¬ rencia de coloridos en la diversidad de sexos, en ésta y las demás historias, se descubre la eminente comprensión que tenía el gran Lucas Jordán de la estructura y organización de la figura humana, en todos los estados y accidentes que la inmutan. Sobre las ventanas, en término distante, se ven ya congrega¬ dos numeroso concurso de hombres y mujeres, unos a la mano derecha y otros a la siniestra del Juez, separados ministerio por de Angeles, y conducidos oír aquella última definitiva sentencia a de su felicidad o infelicidad eterna, cuya execución se ve en los de la mano derecha, que alegres caminan, acompañados de Es- 372 — — píritus angélicos, a gozar del Sumo Bien que les está preparado, y en los infelices de la siniestra, que lamentando con desespera¬ ción su desdicha, sonviolentados de espíritus infernales a preci¬ pitarse por la horrible boca de un dragón, que vomitando con ex¬ traña ferocidad voraces llamas de azufrado fuego, maniñesta el infeliz y desapiadado tormento a que son destinados por su eterna condenación. A esta bóveda se siguió la que está a la mano derecha del crucero, en que se representó el viaje de los israelitas por el de¬ sierto a la Tierra de Promisión: alegoría muy propria de la mili¬ tante Iglesia para los ñeles, que por el mar sacrosanto del Bau¬ tismo caminan seguros a la triunfante del Cielo por las asperezas del desierto del mundo. En ella se ve expresada con tan mara¬ villosa consonancia la numerosa multitud de familias, con la di¬ versidad de trajes, edades, que causan una deliciosa ar¬ sexos y monía a señalándoles el mar Ber¬ la vista más atenta. Moisés está mejo, que han pasado a pie enjuto, a tiempo que se ve inundado en sus ya trabadas ondas el exército de los egipcios, que los se¬ guía, y en lo alto se descubre el Señor de los Exércitos mandando a una turba de Angeles que, con espada en mano, centellas y ra¬ yos que despiden horrorosas nubes, muestren su indignación y en ellos executen el estrago. A el otro lado se ve María, la hermana de Moisés, con otras damas de Israel, cantando alabanzas a el Señor con variedad de instrumentos músicos, en hacimiento de gracias de haber logrado la deseada libertad. están, a la una parte, los Sobre las ventanas de esta bóveda dos artiñces Beseleel y fabricaron el tabernáculo, el Oliab, que arca del Testamento, las mesas y los altares, conforme a las tra¬ zas que entregó Dios a Moisés en el Monte Sinaí. A la otra par¬ te están Eliecer y Gerson (sobrinos de Moisés), que alegres sa¬ lieron de Madian a darle la enhorabuena de sus triunfos. enjutas del formalete o medio punto, donde está la En las ventana que cae al Norte, delineó Jordán a la una parte la co¬ piosa lluvia del Maná, y en la otra a Sansón sacando de la boca del león el panal de miel: preñguración una y otra del Augustis- simo Sacramento, que en este sagrado templo se venera, y que es el objeto principal de los cultos que en él consagran nuestros ín¬ clitos y católicos Monarcas. 373 — — La última bóveda del crucero, a la siniestra, contiene la vic¬ toria grande contra los Amalequitas, que fué la primera que ob¬ tuvo el pueblo de Dios después de haber pasado el mar Bermejo, de que resultó el edificar Moisés a Dios altar en el desierto, en la mansión de Raphidin, a el cual altar puso por nombre Do- minus exaltatio mea, atribuyendo a Dios la gloria de este primer triunfo; atención que tuvo también el Señor Felipe Segundo, fun¬ dador de esta maravilla, de este templo y de este altar fabricado en este desierto, después de haber obtenido la victoria de San Quintin, que fué la primera de su reinado, como ya se dixo. Descúbrese en esta pintura, en lo alto de un collado, a Moisés orando entre Aarón y Hus, que le tienen los brazos levantados porque no se le cansen, para asegurar el triunfo de los israelitas. Y en medio del campo está Josué a caballo haciendo formidable estrago entre los amalecitas y mandando a el Sol se detuviese hasta que fuesen, como lo fueron, enteramente derrotados; en que califica la importancia de la oración para superar cualesquiera ad¬ versidades y triunfar de nuestros enemigos, como se practica de día y de noche en el sagrado Instituto de este religioso Monas¬ terio. A los lados de esta bóveda, y sobre las ventanas, están cuatro de los más señalados jueces del pueblo de Dios. A la una parte, Othoniel y Aod, el diestro en pelear con ambas manos, mostrando cada uno en la ferocidad de su semblante, traje y armas el es¬ fuerzo con que vencieron, el uno a Chusan, Rey de Mesopotamia y Siria, y el otro a Eglon, Rey de Moab, conservando con esto la paz a el pueblo dilatados años. A la otra parte están Gedeón y Jepre, ambos héroes celebé¬ rrimos; éste por Impuntual adimpleción del sacrificio de su hija única, cuando salió la primera a darle la enhorabuena del venci¬ miento de los amonitas, y el otro por haber sido a quien aseguró el Cielo el triunfo grande de los madianitas soberbios con aquella señal del roclo sobre el bellocino, en que, según San Ambrosio, se prefiguró el misterio de la Encamación. Y según los historiado¬ res de los Duques de Brabancia, a este bellocino de Gedeón (más que a el fabuloso de Jason en Coicos) atendió Felipe, Duque de tíorgoña, cuando instituyó el Orden del bellocino o Toysón de Oro, que fué el año del Señor de 1430, de quien heredaron el Gran Maestrazgo nuestros Augustísimos Reyes, para suscitar en — 374 — las repetidas mercedes que franquean a diferentes Príncipes de España y de Europa otros tantos Gedeones católicos, que en de¬ fensa de la cristiandad contrasten y sojuzguen el poder de los otho- manos y de todos los madianitas enemigos de la paz y de la Iglesia. Hay también aquí debaxo del arco, donde termina la bóveda otra ventana grande en el medio punto, con la luz del Mediodía, y así se determinó pintar a un lado aquel suceso de Elias, cuando fugitivo de Jezabel yacía rendido debaxo del enebro y reforzado con el pan y el agua que le suministró el Angel, caminó hasta la cumbre del Monte Oreb. Y a el otro lado David recibiendo de Achimelec, Sacerdote, los panes de la Proposición: una y otra figuras del Augustissimo Sacramento que en este sagrado templo se venera, y con cuyo soberano alimento podrán esperar nuestros ínclitos Monarcas el triunfo de sus enemigos aun mejor que lo consiguieron estos dos Profetas, cuando ambos se hallaban per¬ seguidos de enemigos muy poderosos, siendo aquélla la sombra y ésta la verdadera luz. Acabadas de pintar las cuatro bóvedas del crucero de la igle¬ sia, mandó Su Majestad a Lucas Jordán pintase también otras dos bóvedas, que están a las entradas del coro: la una hacia la parte del Convento y la otra hacia la del Colegio. Y respecto de que cada una de éstas descansa sobre cuatro lunetos o medios puntos, se eligiópara cada división diferente asunto. Y siendo aquella en¬ trada de hacia la parte del Convento por donde entran los monjes a cantar a Dios las divinas albanzas y a los demás santos y re¬ ligiosos exercicios, se determinó pintar en la una luneta a el Santo Rey David, que fué el autor de los salmos y alabanzas divinas, que allí se frecuentan en todas las horas canónicas, y así le pintó Jordán penitente y arrepentido delante del Prctfeta Natán cuando, convencido de las culpas que cometió contra Dios y contra Urías, alcanzó con el dolor y arrepentimiento el perdón y la conmuta¬ ción de la pena merecida: Dominus quoque transtulit peccatum tuum, como se lo dixo el Profeta. En el otro luneto correspondiente a éste pintó el artífice a el mismo Rey David, arrepentido de la culpa de ambición, por haber hecho numerar el pueblo y obligádole, sin necesidad urgente, a un tributo, y le acompaña el Profeta Gaad, enviado de la Ma¬ jestad Divina, para que eligiese uno de los tres castigos: o ham- 375 — — bre universal por tres años, sangrientas por tres meses o guerras o demuestra un Angel en lo alto entre peste por tres días. Lo cual los dos con las insignias que denotan estos tres horrorosos flage¬ los, que son: un azote, una espada y una calavera. Represéntase aquí David como cercado de angustias, profundamente humillado, para dar a entender que tenía por mejor caer en las manos de Dios, cuyas misericordias son infinitas, que no en las de los hom¬ bres, cuya saña es implacable, y asi la Justicia Divina envió la peste en Israel. En la otra luneta, que es la del lado derecho, se mira ya a el Rey David ofreciendo holocausto a el Señor sobre el altar que edificó en compró a Ornam Jebuseo, dando rendidas la era, que gracias a por haberse dignado de aplacar su ira me¬ Su Majestad diante sus ruegos y lágrimas, en cuya demonstración está en lo alto el Angel envainando la espada de la Divina Justicia, como le vió David y los demás que le acompañaban. Y a el contomo del altar se ven diferentes novillos y reses, executadas con gran propriedad, para ofrecerlas en el sacrificio. Y es de advertir que el sitio donde se edificó este altar fué en el Monte Moria, donde después Salomón, su hijo, edificó el celebrado templo de Jerusa- lén. Bien semejantes circunstancias a las que concurren en este real, sagrado y magnífico templo, edificado por el católico piadoso celo del Salomón de España. luneto, correspondiente a el referido, está el San¬ En el cuarto to Rey cantando en el harpa los salmos, que compuso para alabanza y glorificación del Señor, a quien parece está mirando, puestos con reverente atención los ojos en el Cielo. En lo alto, entre doradas nubes, se descubre el dibujo o traza que recibió de la mano de Dios para la fábrica del templo, que había de executar su hijo, señalando gozosos los Angeles que lo acompañan, el sitio de su erección, por ver que habría en la tie¬ rra lugar donde los hombres imitasen el oficio que ellos exercitan en el Cielo. La bóveda de la otraparte, por donde entran los monjes del Colegio a el coro (que son los que tratan de la Ciencia y Sabi¬ duría, contiene en sus cuatro lunetos o divisiones otros cuatro su¬ cesos del Sabio Rey Salomón. En la primera se representa cuando le ungieron Rey en Sión, Sadoch Sacerdote y Natán Profeta. En el segundo, cuando el Señor le infundió en sueños la Sabiduría, 376 — — que humilde le había pedido, en cuya demonstración se ve en lO' alto un pedazo de Gloria, de donde se difunden luces y resplan¬ dores que a él se encaminan. En el tercero luneto, aquel célebre juicio donde hizo este gran Rey el mayor examen de la verdad, mandando dividir el chicuelo vivo a quien las dos mujeres pre¬ tendían por su hijo cada una, y visto el consentimiento de la una en la división, como la repugnancia en la otra, se lo mandó entre¬ gar a ésta, como a verdadera madre, pues más le quería vivo en poder ajeno que muerto en el proprio. Acción que sublimó mucho sus aplausos y en que acreditó el pueblo de Israel lo justificado de su obrar. En el cuarto luneto está el suceso cuando la Reina Saba vino a visitarleJerusalén, atraída de la grande opinión de su sabi¬ en duría, y a experimentarla en disputas y cuestiones ingeniosas, en que la halló superior a la fama. Tardó Lucas Jordán en pintar estas diez bóvedas, junto con . los dibujos y manchas del colorido, cartones y otros estudios, solos dos años, incluyendo también la pintura de la escalera, que vién¬ dolo todo junto parece que es menester la vida de un hombre para executarlo. Muy célebre fué este artífice en la celeridad de pin¬ tar a el olio; pero en el fresco sólo él se pudo exceder a sí mismo, porque el manejo era superior a todo cuanto se puede execu¬ tar: galante, bizarro, enriquecido y bien traxeado, con hermosos aires y gallardos adhérentes. Y no podemos negar que le dió a este sagrado templo el último complemento de su hermosura, pues lo- desierto de aquellas bóvedas en blanco en una fábrica tan mag¬ nifica, en que se tiene por defecto lo bueno, si puede estar mejor, parece acusaban de negligente o menos próvido el ánimo de tan ínclito fundador, cuanto el suceso nos le acredita de advertido, en hubiesen quedado sin ornato alguno, por no fiarlas a que se menos ingenio que el del gran Lucas Jordán. Habiendo logrado el Señor Felipe Segundo en esta real fábrica tantos eminentes pin¬ tores del fresco, como lo testifican el claustro, librería y las dos bóvedas del coro y capilla mayor, que pintó Lucas Cangiaso, lla¬ mado Luqueto. Y después, habiéndose procreado en España, y en servicio de nuestros ínclitos Reyes, tantos pintores famosos en este manejo. Pero verdaderamente no podemos negar que el de Lucas Jordán es superior en todo a la manera antigua, tan fati¬ gada y miniada o punteada, que no sé cómo había paciencia para 377 — — executarlo. Pero la de nuestro Lucas era una manera labrada, em¬ pastada yunida como a el olio, y por esto no le perjudicaba el manejo del fresco para el que practicaba a el olio, antes le faci¬ litaba más, y lo mismo sucederá a todos los que así lo manejaren. § IV Acabadas estas obras se vino Lucas a Madrid, donde pintó a elolio diferentes historias de la Escritura Sagrada, así para el Buen Retiro como para el Palacio de la Reina Madre nuestra Señora, en diferentes tamaños, y algunas láminas, así de fábulas como de asuntos sagrados, imitando (de orden del Rey) a algu¬ nos de los eminentes pintores antiguos, como Rafael, Corezo, Tí- ciano y el Españólete, sin gozar del descanso preciso, ni aun los días de fiesta, en los cuales hacia diferentes pinturas para algunos particulares que se las encargaban y pagaban muy bien, y para regalar a algunos sujetos que había menester gratos para sus intereses. Y en este tiempo pintó también la vida de Nuestra Señora para el gran camarín del Real Convento de San Jerónimo de Nuestra Señora de Guadalupe. Y en el Palacio de Aranjuez pintó también varios cuadros de historia y de los elementos y es¬ taciones del año, y era de suerte lo atareado, que estaba con es¬ tos motivos los días de fiesta, que extrañándolo y reprendiéndoselo un amigo suyo de la profesión, le respondió: En lasciando un giorno uciosi, i penelli, se mi vogliono posare disopra, è io bisogno haberli soto i piedi; que en dexando los pinceles descansar un día, se le querían subir encima, y que él había menester tenerlos debaxo de los pies: tanta era su aplicación; o bien fuese con el deseo de desembarazarse y volverse a su patria, o con la codi¬ cia del interés, a que era muy apegado, según opinión de algu¬ nos; sin embargo de que su tarea era (especialmente en vera¬ no), desde las ocho de la mañana hasta las doce, y de allí has¬ ta las dos comía y reposaba, volviendo después a la tarea has¬ ta las cinco o seis de la tarde, y después se salía a el paseo en el coche que el Rey le tenía mandado reservar para sí, siem¬ pre que le pidiese, pero sin que él en esto ni en otras franquezas dispendiese un maravedí, y así se discurría tener un caudal muy exorbitante. Hallóse un día presente este tal su amigo de la profesión, a — 378 — -tiempo que unplatero le traía dos pares de pendientes de cala¬ bacillas de perlas, ¡cosa superior! Preguntó Lucas el precio, y le respondió el platero que las unas eran trecientos doblones y las otras quinientos. Respondió Lucas que eso era poca cosa; que buscara otras de más estimación. Escandalizóse el amigo de oir a un pintor semejante proposición, y Jordán le dixo que de qué se admiraba. Que si no había visto la gargantilla o collar de per¬ las que había comprado. Y diciéndole que no, la sacó, y era la cosa más peregrina que se puede imaginar, porque sobre ser re¬ dondas, blancas e iguales, eran mayores que los más gordos gar¬ banzos, y le habían costado una sin suma de doblones; y dixo que a él le tenia más cuenta el llevar el dinero en aquellas alhajas que no en propria especia, porque sobre ser menos el bulto y em¬ barazo, tenían en Italia mucha más estimación que aquí. Con que el amigo se quedó santiguando de ver un pintor que tenía ánimo de gastar diez u doce mil doblones sin que le hiciesen falta. § V Después de estas pinturas de el ólio, determinó Su Majestad que se acabaseaquella gran pieza del Retiro, que por haber estado informe hasta entonces, le llamaban el Casón, y ahora es el más célebre salón que tiene Monarca, y sirve para las funciones más regias de Embaxadas y otras semejantes. Habilitado ya, pues, este salón con todos los antecedentes de albañileria necesarios, para Xxjderse pintar, mandó Su Majestad a Lucas Jordán que le pintase a el fresco. En cuyaconsecuencia se determinó executar la idea y origen de la sagrada Orden del Toysón, lo cual hizo con singu¬ larísimo acierto, poniendo en el medio de la bóveda, en el sitio más directo, a la vista, a el gran Felipe el Bueno, Duque de Bra¬ bante y Borgoña, a quien Hércules, como primero de los argo¬ nautas compañeros de Jasón, le entrega el bellocino de oro (que fué uno de sus triimfos) para que le sirviese de remate a el enig¬ mático Toysón, que le fabrica y entrega la Borgoña (y le ilustró y amplió el Invictíssimo Señor Emperador Carlos Quinto), la cual, con los demás dominios y reinos de la gran Monarquía de Es¬ paña, está incorporada en la parte superior, debaxo de la gran corona que los circunda, y más arriba el globo celeste, con todas sus constelaciones y signos, y entre ellos el de Aries, a donde (se- - 379 — gún los mitológicos astrólogos) fué transladado aquel misterioso y ■ariete del bellocino. Que si bien han querido algunos historiadores que el motivo de esta empresa fuese el bellón misterioso de Ge- deón, que significa Fee incorrupta, no es tan adecuado, porque éste era sólo un bellón de lana, y el otro toda la piel entera del ariete, cuyo bellón se decía ser de oro, como lo demuestra el que pende de dicho Toysón. A el otro lado están los Titanes que pretendieron asaltar el Cielo, en cuyadefensa se les opone triunfante la Diosa Palas. Asi como este Sagrado Orden del Toysón triunfa de los enemigos que pretenden conquistar el cielo católico de esta Monarquía espa¬ ñola, que fué el asunto del gran Felipe en su Institución. Hacia el otro extremo de la bóveda está la regia Majestad de la Mo¬ narquia de España sobre el globo terrestre, empuñando diferentes ■cetros, en demonstración de los muchos reinos a que se extiende su dominio. Y hacia el lado siniestro varios rendidos y prisioneros, como son indios, etíopes y mahometanos. A el otro lado un gran dragón, que demuestra ser la Herejía, que junto con el furor bé¬ lico, se mira encadenada y abrasada en voraz incendio, a los im¬ pulsos de un gran león, que empuñando el cetro parece que aterra con sus bramidos. En la partesuperior de esta figura de la Majestad se mira una guirnalda de hermosas ninfas, que demuestran las virtudes y otras especiosas cualidades, que la ilustran, con la Fama, que la ensalza. Circundan este hermoso teatro las con Apolo nueve Musas, entre las ventanas, cada cual con las insignias la distinguen. que Y sobre el ornato de cada ima, dos figuras, imitadas a mármol, de aquellos filósofos insignes que en cada una de estas facultades se señalaron en la antigüedad, como Aristóteles, Platón, Sócrates, Archimides, etc. Y hacia los cuatro ángulos están cuatro figuras, que representan las cuatro edades de Oro, Plata, Cobre y Hierro. Desde la cornisa abaxo, hasta la barandilla, están pintadas las fuerzas y hazañas de Hércules con extremada expresión, valentía y fiereza, en atención a haber sido el conquistador del bellocino y el primer dominador de España. En la antecámara de este gran salón executó nuestro Jordán las guerras de Granada en cuatro cuadros a el ólio de comisa nbaxo y de comisa arriba, en los dos medios puntos, y bóveda di- ferentes batallas que precedieron a la toma de aquella gran ciu¬ dad por el invicto Rey Don Femando el Católico y su ínclita consorte Doña Isabel. En las pechinas están las cuatro partes del mundo, en demonstración de los dominios, que en todas ellas po¬ see esta excelsa Monarquía. A el otro extremo (que es una pieza aobada, con puerta a los jardines), pintó Jordán en la bóveda el Sol, conducido del Alba, su precursora, en su carro, con los cuatro caballos (respecto de caer esta pieza hacia el Oriente), y allí diferentes reses y otras cosas, que le ofrecían en sacriñcio los egipcios y otras naciones que adoraron a el Sol; acompañando a el Sacerdote que los ofrece gran turba de todos sexos y edades, con admirable hermosura y variedad vistosa de trajes, y todo el circo de hermosos jarros y festones de ñores, que intenta enredar la travesura de varios chi- cuelos, con que remata este célebre recinto. § VI Después de esta magnífica obra, que a mi juicio es de lo más elegante que executó Jordán, le mandó Su Majestad que fuese a pintar a el fresco la bóveda de la sacristía grande de la Santa Iglesia de Toledo, lo cual executó pintando en ella el soberano favor que la Reina de los Angeles dispensó a su amantíssimo Ca¬ pellán San Ildefonso, Arzobispo de aquella gran metrópoli. Y así, en el testero principal y parte superior de la bóveda, se mira des¬ cender a esta soberana Señora, con grande acompañamiento de Angeles Vírgenes, a echar la casulla a el Santo, el cual se dis¬ y pone a recibirla con gran júbilo y admiración, arrodillado sobre unas gradas y abiertos los brazos. A la parte opuesta se ve gran cantidad de figuras, como Canónigos y otros Ministros de la Igle¬ sia, admirados así del extremo de tal favor, como deslumhrados del exceso del resplandor y hermosura de la Gloria. A la mano derecha de la Virgen está Santiago, como Patrón de España, sobre una refulgente nube, con algunos chicuelos, y sobre otra semejante, a el otro lado, está San Elpidio, Arzobispo de esta Santa Iglesia. Y en lo restante de la bóveda van conti¬ nuando los Angeles, Vírgenes, Mártires, Apóstoles, Con¬ coros de fesores, Patriarcas, Obispos y Pontífices, y en el medio el Nombre de Dios, con los caracteres hebreos, con multitud de Angeles, en - 38I - varias y hermosas actitudes, y bien delineados escorzos, con gran número de Serafines, y de allí se difunde copiosíssimo resplandor, que baña toda aquella esfera, y especialmente se encamina hacia la Virgen, como objeto más grato a los Divinos Ojos. En el otro testero, hacia la entrada de la sacristía, está la Jus¬ ticia en un carro triunfal, con una vara en la mano derecha y en la siniestra el peso y un libro, y a sus pies muchos herejes, pre¬ cipitados en diferentes y caprichosas posturas. Encima de la Jus¬ ticia está en el aire Santa Leocadia, como Patrona de Toledo, se¬ ñalando a la ciudad, que se mira delineada en un pedazo de pais. Y después de Santa Leocadia se ve sobre una hermosa nube a San Juan Evangelista escribiendo las maravillas del Apocalipsi, representativas de María Santíssima en aquella Ciudad Santa de Jerusalén, que vió descender del Cielo, como en este caso la está mirando, asistido de hermosa copia de chicuelos en diferentes ac¬ ciones y ministerios, poblando lo restante de la bóveda varios co¬ ros de Angeles con papeles e instrumentos músicos, sobre seis tri- bunillas (tres a cada lado), caprichosamente fingidas a lo mosaico, y debaxo de cada tribunilla una figura como de piedra mármol de uno de los Santos Prelados de aquella Iglesia. A el lado derecho San Eugenio, primer Arzobispo de Toledo; San Eugenio, tercero Arzobispo, y San Eulogio, mártir, de Córdoba, electo Arzobispo de esta Santa Iglesia. A el otro lado, San Eladio y San Julián, Arzobispos, y San Pedro de Osma, Arcediano de Toledo. En los gruesos de las ventanas están hermosos chicuelos echan¬ do flores, y en loslunetos de los lados de las ventanas caprichosos jarrones de flores, y su retrato en la ventana fingida inmediata a la Virgen. Y en el recinto de toda la bóveda, fingidos por debaxo de las nubes, algunos pedazos de arquitectura, todo con grande acierto y consonancia, no obstante que esto lo hizo muy desazo¬ nado, según significó a un amigo suyo de la profesión, porque obras de Comimidad, donde cada uno se va a comer a su casa, no tienen dueño, y como ninguno, en particular, se da por obli¬ gado, echó menos Jordán algunas atenciones, que por su persona, por su habilidad, la obra y por quien se lo había mandado, por esperaba merecer,de lo cual vino sumamente mortificado, y aun •cuentan que el Rey (habiéndolo entendido), envió a Don José del Olmo (Maestro Mayor entonces de las obras reales) a que hiciese ■quitar los andamios antes de acabarse la pintura, como se comen- 3^2 — — zó aexecutar, no estando allí Lucas, el cual, habiéndolo enten¬ dido, acudió al instante y lo hizo suspender, hasta que suplicase a Su Majestad (como lo hizo) le dexase concluir la obra, siquiera por su crédito, y asi se executó. § VII Concluida esta obra, se vino Lucas Jordán a Madrid, donde pintó al fresco de orden de Su Majestad las bóvedas de la Real Capilla, y en ellas executó la historia de Salomón, repartida en diferentes casos, y especialmente en de la capilla, la el cuerpo fábrica de su célebre templo (lo cual singular gracia expresó con y primor), trabajando alli aquellos operarios y maniobras con gran propriedad, y la fábrica como que está a medio hacer. La cual retrató con tal puntualidad nuestro Jordán en este sitio, que hasta en no oírse golpe un los trabajadores le semeja *. a Prosiguió dicha historia enlos cuadros a el ólio que executó de cornisa abaxo. Y en las cuatro pechinas la ley natural, toman¬ do su principio con la creación de nuestros primeros padres, y la escrita en las Tablas de la Ley que entregó Dios a Moisés. Si¬ guiéndose a ésta los sacrificios de los gentiles, y superando a to¬ das la Ley de Gracia, como verdadera luz de aquellas sombras y destierro de las tinieblas de la gentilidad. § VIII Concluida esta obra, le mandó Su Majestad a Jordán que pro¬ siguiese la pintura al fresco de la Real Capilla de Nuestra Señora de Atocha, en que estaba pintada la cúpula, y otras porciones de mano de D. Francisco de Herrera (como lo diximos en su vida),^ y así lo executó Jordán, ilustrando el anillo de la media naranja con variedad hermosa de Angeles mancebos y niños, especialmente San Miguel y San Gabriel, y otros dos en las pechinas más di¬ rectas a la vista, y en las otras San Juan Evangelista, que escri¬ bió tantas maravillas alusivas a esta gran Señora en su Apoca- lipsi, y el glorioso Evangelista San Lucas delineando la suma per¬ fección de aquel abismo de la Gracia. Acompañando lo restante * Sic. — 3^3 de los arcos otros muchos de los espíritus angélicos con diferentes- atributos y flores, que derraman gozosos hermosa turba de alados chicuelos. Extendióse esta pintura hasta lo restante del cuerpo de la ca¬ pilla, y asi executo Jordán en la primera bóveda el Arbol de la Culpa, donde pecaron nuestros primeros padres. Y en su contra¬ posición el Arbol de la Gracia, Maria Santíssima, debaxo de cuya, sombra se ampara el género humano, alimentándose de su fruto y refrigerándose con el copioso torrente de aguas vivas que de sus raices brota, formándose un mar de gracia de sus deliciosos rau¬ dales. Sigúese luego la segunda bóveda, en que executo Lucas Jor¬ dán los Sueños de Nabucodonosor, donde está la misteriosa es¬ tatua y el árbol frondoso, y en la parte inferior está él dormido, y a su lado el Dios Morfeo, para demonstración del sueño, en que aquella piedra misteriosa que derribó la estatua tiene alusión tan. notoria a esta gran Reina y el maravilloso monte que de ella se formó. Sigúese aésta la tercera bóveda, en que está delineada la Ciu¬ dad Santa de Jerusalén, que baxa del Cielo, con las calidades que la describe el Evangelista, siendo clara luz de esta misteriosa som¬ bra Maria Santísima en su sagrada imagen de Atocha, conducida en triunfante carro por el glorioso Apóstol Santiago, que la en¬ camina a España, cuya Monarquia está representada en una re¬ gia figura sobre un león, bien que circundada de las tinieblas de la gentilidad, que a impulsos de esta soberana Aurora se van des¬ plegando y de que anhela a salir, mediante este soberano patro¬ cinio y la predicación de este sagrado Apóstol, su Patrono. En el primer luneto pintó a Maria, hermana de Aarón (figura hasta en el nombre de esta gran señora), la cual parece que está entonando con su timbalillo aquel célebre cántico: Cantemus Do¬ mine, etc., que hizo en acción de gracias de haber librado Dios a el pueblo hebreo (que le acompaña gozoso) de la tiránica opre¬ sión de los egipcios. Y en el otro luneto pintó Jordán el caso de la prudente Abigail, cuando templó con su mano liberal y su dis¬ creta alocución la justa indignación de David, acompañando este acto con diferentes figuras y bestias de carga, todo executado con singular acierto y propriedad. En las pechinas de estas bóvedas y otros sitios de esta gran • 3'^4 -- — capilla pintó Lucas algunas de las mujeres insignes del Viejo Tes¬ tamento, que por sus virtudes y gloriosas acciones merecieron ser símbolos de esta gran señora, como la Reina Esther; Termut, la hija de Faraón; Micol, hija de Saúl; etc. Y entre las ventanas de luz algunos Profetas y Patriarcas, ascendientes y progenitores de esta gran señora. Rematando todo este ornato con preciosos tar- jetones y otros adornos fingidos de exquisitos mármoles, y dos •cuadros grandres a el ólio de la restauración de Madrid del poder de los moros mediante la protección de esta gran Señora. § IX Siguióse a esta portentosa obra, la que executó Jordán en la célebre iglesia de San Antonio de los Portugueses, que de orden de la Reina Madre, nuestra Señora, Doña María-Ana de Austria se llama San Antonio de los Alemanes. Difícil empresa borrar de la memoria de las gentes el sello repetido con la inveterada im¬ presión de tantos años. Estaba pintada la bóveda de comisa arriba excelentemente de mano de Riel y Carreño (como diximos en sus vidas). Puso, pues, Jordán en execución dicha obra, y lo primero que hizo fué retocar en muchas partes la bóveda, que lo necesi¬ taba, así por la injuria del tiempo como por algunas aberturas que se habían reconocido. Puso a el Santo sobre una nube, que an¬ tes estaba solo volando en el aire. También inmutó las colunas del recinto de la fábrica, que antes eran lisas, y él las hizo salo¬ mónicas y estriadas. También retocó en gran parte las figuras de los Santos y Santas que están en los nichos fingidos en este recin¬ to, en que no las adelantó nada, sino porque siendo (como eran de mano de Carreño y lo mejor que se podía hacer), no degene¬ rasen de su manera. Prosiguió, pues, Jordán la pintura de esta capilla de cornisa abaxo, fingiendo ser una tapicería de la vida y milagros del glo¬ rioso San Antonio de Padua, lo cual executó en diferentes casos de su milagrosa vida, acompañándolos con variedad de Angeles mancebos y niños, como que ayudan a levantar y estirar los ta¬ pices. Y asimesmo con elegantes figuras de aquellas más señaladas virtudes que el Santo practicó en aquellos casos. Termina este omato en la parte inferior con diferentes San¬ tos y Santas de las regiones de Alemania, España, Hungría, Eran- 385 - - da y Bohemia, para sellar con esto el intento de la Reina nuestra Señora Doña María-Ana de Neuburg, que coadyuvaba este in¬ tento. Y asi pusieron a el lado del Evangelio Santa Cunegimda, se San Enrique, Emperador; San Luis, Rey de Francia; San Este¬ ban, Rey de Hungría y padre de San Enrique. Y a el lado de la Epístola puso a Santa Idicia; San Fernando, Rey de España; San Hermenegildo, Rey y mártir, y San Hemenerico, Príncipe de Hun¬ gría. Rematando la obra con hermosos ornatos y jarrones de flores. También executo Jordán este tiempo de orden del Rey el en célebre cuadro del Santo Rey Don Fernando en la toma de Se¬ villa, que está colocado en la iglesia del Hospicio de esta Corte, ¡cosa de excelentísimo gusto! También es de su mano en este tiempo el cuadro de San Juan de Dios en su tránsito, que está en el remate de la capilla mayor del Hospital de Antón Martín, en esta Corte. Como también el del Nacimiento de la Virgen del altar mayor de la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, en la iglesia de la Merced Calzada. Acabó también el célebre cua¬ dro del Santo Rey Don Fernando (que dexó comenzado Carreño) para la capilla de Ieis Once mil Vírgenes en la iglesia del Esco¬ rial. Y también executó el cuadro de la batalla de Santiago para la capilla mayor de las Señoras Comendadoras de dicha Orden, en esta Corte. Y también son de su mano otros cuadros excelen¬ tes, el de Jesús, María y José y el Padre Eterno arriba, que está en la iglesia del oratorio del Caballero de Gracia, en esta Corte, enfrente de la puerta. Como también los dos que están en la Parroquial de San Luis, en la capilla de Don Diego Ignacio de Córdoba, el uno de la Coronación de Espinas de Christo Señor Nuestro y el otro de Herodias con la cabeza del Bautista en la mesa de Herodes. Y también dos cuadros grandes a los lados del presbiterio de la iglesia de los Capuchinos del Prado, el uno de la Conversión de la Magdalena y el otro del Niño Jesús en la disputa de los Doctores. § X Concluidas estasobras, por tantos títulos maravillosas, murió el Señor Carlos Segundo el año de 1700, el primero día del mes de Noviembre, y suspendiéndose, con tan superior motivo, el cur- - 386 - SO de las obras de Jordán por cuenta del Rey, hizo innumerables pinturas particulares. Y habiendo venido el Rey nuestro Se¬ para ñor Don Felipe Quinto a enjugar nuestras lágrimas y consolar estos reinos, hizo Lucas de orden de Su Majestad un juego de láminas admirable para el Rey cristianísimo, su ínclito abuelo, el Señor Luis Décimocuarto. Y el año de 702, habiendo determinado Su Majestad pasar a Nápoles en el dia 8 de febrero, se fué Jor¬ dán sirviéndole, y el año de 704 * murió en dicha ciudad, cum¬ pliéndole Dios sus deseos de no morir fuera de su patria, lo cual le oí exclamar muchas veces, y con un gran suspiro concluía la oración diciendo: ¡O Ñapóle, bene miol Fué nuestro Lucas hombre no sólo eminente, sino singular y único, porque sobre lo excelso de su habilidad en el arte, tuvo ima presteza y facilidad suma, y sobre todo, la imitación a otros artiñces eminentes, en que ninguno le ha competido. Fué hombre muy rico, pues pasaba su caudal de 200.000 ducados. Murió lleno de honores y mercedes, de que hicimos mención en el tomo pri¬ mero. Fué muy estimado de todos los Reyes y Principes de Eu¬ ropa en su tiempo, tanto, que no habrá alguno que carezca de pintura suya. El Excelentísimo Señor Conde de Santisteban (que fué Virrey de Nápoles) tenia el retrato de Lucas Jordán hecho de su misma mano, y dexó mandado en su testamento que dicho retrato se agregase a el vínculo del Mayorazgo, por ser de un hombre tan eminente, como lo caliñcan las innumerables pinturas que hizo para Su Excelencia, asi de historias sagradas y fábulas como de la célebre historia que describió el Tasso de la Jerusalén conquistada, sin otras muchas de las virtudes, elementos y otros diferentes asuntos, que lo pueden ser para la admiración y la envidia. Otras muchas pinturas hay en esta Corte de mano de Jordán antes de venir España en sitios públicos, como son el célebre a cuadro de las Animas, que está en una capilla del Colegio de San¬ to Tomás, a el lado de la Epístola; las dos pinturas que están en el presbiterio de Nuestra Señora de la Soledad. Otro cuadro de la Concepción en otra capilla, junto a la sacristía de la iglesia de Nuestra Señora de la Almudena. Otro de San Rafael, en el Convento de la Baronesa, a el lado de la Epístola; sin otras mu- * El 12 de enero de 1705. — 3^7 — chas en Palacio, la de la Toma de Mecina, y en el Palacio como del Escorial otras imitando a Ribera, a Tintoreto y a otros. Y en la sacristía de la Santa Iglesia de Toledo otro cuadro apai¬ sado del Bautismo de San Juan imitando a Rafael de Urbino, ¡cosa excelente! Y cuatro lienzos apaisados de la Vida de la Vir¬ gen en la sacristía de la Casa Profesa de esta Corte, y otros dos en la iglesia del Colegio Imperial, sobre las dos puertas colate¬ rales. Y los dos cuadros de la Encarnación y la Oración del Huerto, que están en la capilla del Santísimo Cbristo de San Gi- nés, a los lados del crucero de la cúpula; sin otros innumerables en casas de Señores y de particulares. Y últimamente podemos de¬ cir que Lucas Jordán fué padre de la Historia con el pincel, como Herodoto lo fué con la pluma, pues así en la sacra historia, como en la romana, griega, pérsica, gálica, hispánica y fabulosa, fué pe¬ regrino, con gran propriedad y caprichosa diferencia en los tra¬ jes y singular expresión en los afectos, naciones, sexos y edades, de suerte que dudo que en la universalidad del historiado con ar¬ moniosa composiciós, bien organizada de claro obscuro y contra¬ posición de luces, le haya excedido, ¡si es que le ha igualado alguno! Tuvo Lucas Jordán innumerables discípulos, pero pocos que aprovechasen, porque era más práctico que teórico, y los discí¬ pulos se dexaban llevar de aquella facilidad con que veían pintar a su maestro, y queriendo seguir lo mismo, se perdían, por fal¬ tarles aquellos fundamentos de estudio con que fué dirigido Jor¬ dán en sus principios por José de Ribera y Pedro Cortona, sus maestros. Pero de los más adelantados discípulos de Jordán, los que hoy sabemos son Simoneli, Pablo de Matéis y especialmente pudiéramos decir que lo es Francisco Solimena, porque éste le imita en todo lo que Jordán hizo mejor, y en lo que no fué tal, lo adelanta con el estudio, de suerte que es lo superior que hoy se conoce en Europa. CCXHI.—HOY FRANCISCO IGNACIO RUIZ DE LA IGLE¬ SIA, PINTOR DE CAMARA Fué Don Francisco Ignacio natural y vecino de esta villa de Madrid y discípulo en el arte de la pintura de Francisco Camilo; si bien, después de muy adelantado, pasó a la escuela de Don — 388 — Juaxi Carreño (pintor de Cámara entonces), donde se perficionó' mucho en el arte, y más con la compañía de Cabezalero, que aun¬ que ya muy adelantado, estaba todavía en casa de su maestro, y así le fué muy aficionado y le imitó mucho, no faltando a las Aca¬ demias y a el estudio de las estatuas y pinturas de Palacio, con lo cual llegó a lograr la basa fundamental del dibujo, con muy fresco y hermoso colorido, y colocarse en la eminencia del arte y las resonantes voces de la fama. Hizo muchas obras públicas y particulares con singular estudio y acierto, porque fué muy apli¬ cado a la observación del natural y de los modelos, y en cierto modo tan atado a ellos, que el pelo o las barbas que tuviesen los hacía casi tan macizos como los representaba el modelo. Fué tan amante (como dbdmos) de la manera de Juan de Ca¬ bezalero, los principios le imitó mucho, como se manifiesta que a en el San Juan de la Cruz, que executó para una capilla que está a el lado de la Epístola, en el cuerpo de la iglesia de mi Señora Santa Ana, de Carmelitas Descalzas de esta Corte, con aquellas plazas francas y exentas que practicaba Cabezalero, todo hecho con gran acierto por el natural, como también las historié]as que circundan el nicho. Después se aplicó mucho a José Donoso, a quien acompañó en algunas obras, y especialmente en la de la entrada de la Se¬ renísima Reina Doña María Luisa de Orleans (dignísima y pri¬ mera esposa del Rey nuestro Señor Don Carlos Segundo), y des¬ de entonces degeneró algo en la manera, con alguna dureza, pero siempre muy corregido. En este tiempo hizo aquel gran cuadro de las Señoras Comendadoras de la Orden de Calatrava, que es¬ tuvo en el adtar mayor de su Convento, en la calle de Alcalá, y ahora está en el coro alto de dicha casa, donde también es de su mano el Salvador, que está en el sagrario. En que no se puede negar que aunque el dicho cuadro grande está muy corregido y bien historiado, parece pintado a el temple. No sucede así en los que executó para el oratorio de la celda de la Comisaría de In¬ dias en este Convento de San Francisco, de Madrid, donde hay un cuadro bellísimo de Concepción de su mano, y San Francisco- de Asís y Solano, ¡cosa de muy excelente gusto! También pintó los dos cuadros de la Asunción y Coronación de la Virgen, que están en los costados de la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, en el Real Colegio de Santo Tomás, de — 389 -■ €sta Corte, junto con el del remate del retablo, y todo el demás ornato de la capilla, en la bóveda y entrada, executado a el fres¬ co, con grande acierto, salvo lo de la parte inferior, que es a el olio. Es también de su mano el cuadro de Santo Tomás, en el Sagrario del altar mayor, y otro de San José, que está en un altar del Cuerpo de la iglesia de San Felipe Neri, cuyo cuadro principal, que era de mano de José Donoso, lo retocó también con grande acierto. Hizo también un célebre cuadro del martirio de San Andrés para la iglesia de Casarrubios del Monte, por la traza, que había dexado para él Don Sebastián Muñoz, como ya diximos. Pintó mucho al fresco nuestro Ignacio, y muy bien, como se ve en la capillita de Nuestra Señora de los Desamparados, sita en la iglesia del Real Hospital de los Aragoneses, en esta Corte, y otra de Jesús, María y José, que está a los pies de dicha igle¬ sia, que ambas están enteramente pintadas a el fresco de su mano, con muy excelentes adornos, arquitectura y perspectiva, en que tuvo gran pericia. Pintó también a el fresco en el Retiro una de las piezas de la antecámara del cuarto de la Reina, por la traza de Don Claudio, en cuya ocasión le hizo el Señor Carlos Segimdo la gracia de su pintor. También pintó el fresco la capilla de Nuestra Señora de los a Remedios de San Ginés de esta Corte el año de 1697, la cual, por haberse abierto la cúpula por diferentes partes, fué preciso repararla y retocarla todo el año pasado de 1718, dando más ambiente a la historia y ligereza a las nubes, que, sin duda, con el humo de las luces y los inciensos y lo ahogado de la capilla, estaba muy apagada. También pintó a el fresco a San Juan y la Virgen a el pie de la Cruz, en el respaldo del nicho del Santísimo Christo Crucificado, que se venera en ima capilla junto a la puer¬ ta de la iglesia de Nuestra Señora de Constantinopla, en esta Corte. Llegó, pues, el año fatal de 700, y con él la muerte del Señor Carlos Segundo, tan lamentable para España cuanto plausible la venida de nuestro Rey y Señor Don Felipe Quinto (que Dios guarde), con cuya ocasión (hallándose ausente de esta Corte el que tenía la gracia de pintor de Cámara desde el tiempo del Se¬ ñor Carlos Segundo), solicitó Francisco Ignacio obtenerla, y des¬ pués de varios contrastes, la vino a conseguir, juntamente con la — 39° - plaza de Ayuda de la Furriera. Y últimamente retrató a Su Ma¬ jestad, aunque no tan a su satisfacción como quisiera, sin duda por la suma viveza del Rey en aquella edad, que apenas eran 17 años y el poco tiempo que Su Majestad podía estar presente. Sin embargo, hizo diferentes retratos con el traje de golilla para el público, como el del Hospital de los Aragoneses, el de San An¬ tonio de los Alemanes y para las Casas de Ayxmtamiento de esta Villa de Madrid. Pintó también el temple nuestro Ignacio a con grande acierto, como lo manifestó en la entrada de la Serenísima Reina nuestra Señora Doña María-Ana de Neoburg, en el ornato de la plazuela de la Villa, que él y otro compañero suyo tuvieron a su cargo en aquella función. Como también en diferentes teatros y cortinas del coliseo del Buen Retiro, y especialmente se ve hoy en im cuadro grande a el temple, que ponen en el monumento del Real Hos¬ pital de los Aragoneses, la Semana Santa, en que están el sepul¬ cro y las guardas y irnos chicuelos arriba con un rótulo, todo alumbrado de la luz, que circunda a el sepulcro en el centro, ma¬ ravillosamente, que a la verdad no se puede hacer más, y como dixe del otro cuadro, que parecía a el temple; de éste digo que parece a el ólio. Ultimamente fué nuestro Ignacio sirviendo a Su Majestad como Ayuda de la Furriera hasta Barcelona el año 701, en que fué el Rey a celebrar sus primeras nupcias con la Serenísima Rei¬ na nuestra Señora Doña María Luisa Gabriela de Saboya, des¬ pués de lo cual embarcándose el Rey para Italia, lo executó tam¬ bién Francisco Ignacio con la demás familia de la Casa Real. Pero fué tan corta su fortuna, que a pocas horas lo hubieron de sacar a tierra medio muerto de mareado, y se hizo a la vela el navio. Pero habiendo ya Ignacio convalecido de este accidente,, fué a el Oficio de Contralor, a ver si le querían adelantar algún socorro competente para ir por la Francia a incorporarse con la familia del Rey, y no habiendo esto tenido hechura, se salió muy desconsolado. Pero un su amigo que le había oído la proposición le buscó después, compadecido de su cuita, y le consoló y soco¬ rrió con doce doblones, diciéndole que se volviese a Madrid y cuidase de su salud, que era lo que le importaba, pues ya había experimentado que no tenía aguante para lo demás. Con lo cual hubo de quedarse en asistencia de la Reina y venirse a Madrid,. sirviendo a Su Majestad. Donde volvió nuestro Ignacio a nunca recobrar su salud, que desde este lance lequedó muy quebran¬ tada, y medicándose cada día iba de peor en peor, hasta que el año de 704 * murió, con gran sentimiento de todos los que le co¬ nocían, pues además de su eminente habilidad, era su virtud ex¬ tremada y muy exemplar, asistiendo a la escuela de Christo y a. el oratorio de San Felipe Neri y a otros muchos actos de virtud, con gran frecuencia de Sacramentos. Tendría de edad cuando mu¬ rió cincuenta y seis años, con poca diferencia, y se enterró en la iglesia de San Felipe Neri, de esta Corte. No puedo dexar de contar, para honra y gloría de Dios y de sus Santos, un célebre caso que me sucedió con el dicho Don Francisco Ignacio: fué, pues, que adoleció gravemente una tem¬ porada de dolor de ríñones. Y yo, viéndole tan afligido, le dixe se encomendara a San Zoilo, mártir de Córdoba, que era aboga¬ do de esa dolencia, porque al Santo en su martirio le sacaron los ríñones y los echaron en un pozo (que hoy está en Córdoba, en su ermita), cuya agua hace maravillas en los que con devoción la toman, para remedio de este achaque. Apenas oyó esto mi Ig¬ nacio cuando me pidió con grandes instancias le hiciese traer un poco de aquel agua. Yo se lo ofrecí, y luego lo puse en execución,. y con asistencia de un pariente mío y im escribano que diese fe, se llenó de la agua del pozo del Santo un pomo nuevo de vidrio,, el cual, bien tapado y puesto en su vasera y caxa, se lo entre¬ garon a el ordinario con carta, dentro de la cual venia el testi¬ monio del escribano. Llegó a Madrid, entregóme el portador todo lo dicho, y yo le envié a nuestro Ignacio la caxa con su pomo de. agua y el testimonio del escribano. Apenas comenzó a usar de ella cuando me avisó que aquel agua era una cosa celestial, porque además de sentirse ya con ella muy mejorado, ¡tenia una fragan¬ cia maravillosa! Con este aviso fui allá, probé y olí el agua, y verdaderamente tenia razón, porque olía a agua de ámbar. Yo hice grande admiración del caso, como que alababa a Dios, ma¬ ravilloso en sus Santos, y aunque entré en alguna sospecha (por haber yo muchas veces bebido el agua de aquel santo pozo), na se lo quise manifestar por dexarle en su buena fe. Aguardé, pues, a que volviese el ordinario, estrechéme con él, que me dixese la ♦ Después del 29 de febrero. 392 — — verdad, si era aquel que me habla entregado el mismo pomo y agua que allá le entregaron. Entonces me dixo con ingenuidad que en el camino, a el descargar los machos, se le había caído la caxita y se había hecho pedazos el vidrio y derramádose el agua, y que él, discurriendo que sería agua de olor (porque entonces se gastaba mucha en Madrid y se traía en aquel género de pomos o vidrios), así que llegó compró uno que viniese bien a la vasera, y en él echó un cuartillo de agua de ámbar, y lo acabó de llenar de la común, y tapándolo muy bien me lo entregó. Yo quedé ma¬ ravillado de lo que puede la buena fe y devoción fervorosa a los Santos, pues nuestro Ignacio no sólo llegó a estar enteramente bueno de su dolor de ríñones mediante la buena fe del agua y la deprecación a San Zoilo, sino que otras muchas personas usaron de ella para éste y otros males, interponiéndose la protección del Santo, en que se experimentaron maravillosos efectos. Y estaban tan bien hallados con la fragancia del agua, que entiendo que si fuesen a el mismo pozo del Santo y viesen que el agua no tenía aquel olor, habían de decir que no era aquél el pozo milagroso de San Zoilo. ¡Tanto puede una aprensión fundada en buena fe! Y así yo los dexé en ella alabando a Dios, que así se complace de la devoción fervorosa de los fieles a sus gloriosos Santos. CCXIV.—FRAY JOAQUIN JUNCOSA, RELIGIOSO CARTUJO y pintor Fray Joaquín Juncosa, religioso de obediencia en el Sagrado Monasterio de la Santa Cartuja de Scala Dei, en el Principado de Cataluña, de donde era natural, fué pintor excelente en el si¬ glo y después en su religión, como lo testifican las pinturas que executó para la iglesia de dicho Monasterio, ¡que son cosa supe¬ rior! Como también otras que hizo para el camarín del Monas¬ terio de Monte-Alegre,pocas leguas distante de la ciudad de Bar¬ celona, que sonde la historia de Moisés, grandemente executa¬ des. Pintó también antes de ser religioso muchos cuadros de di¬ ferentes fábulas (en que era muy noticioso y erudito) para casas particulares. Y sobre todo hizo cuatro lienzos muy grandes, tam¬ bién de fábulas, para el Marqués de la Guardia en la ciudad de Caller, capital del reino de Cerdeña, ¡que son cosa excelente! Mu¬ rió en dicho Monasterio de Scala Dei los setenta y a siete años de 393 — — SU edad, en el de mil setecientos y ocho *, no sólo con créditos de gran pintor, sino de eximia aplicación a todo linaje de virtud. CCXV.SENEN VILA, Y SU HIJO DON LORENZO, PINTO¬ RES, Y DON NICOLAS BUSI, ESCULTOR Senén Vila fué valenciano y discípulo muy aprovechado de Esteban Marc (que lo fué de Pedro Orrente) puntualísimo en el dibujo, tanto, que sus obras hacían notable efecto con solas las líneas del clarión. Trabajó incesantemente en Murcia más de trein¬ ta años, hasta el de 1707 o de 1708. Fué hombre de honradísimos respetos, histórico en lo sagrado y grande humanista, pues para descansar en sus tareas tenía en su obrador (que era célebre) xm trozo de librería de selectísimos autores, en que se divertía; fué muy versado en las Academias de Valencia, él y su condiscípulo el célebre Juan Conchillos. Pintó muchas obras de conventos, mas nxmca se le cumplió el deseo de hacer alguna al fresco, porque en su tiempo no se ofrecía; pero apenas hay templo que no tenga obra de su mano, especialmente todo el claustro de Santo Do¬ mingo el Real de Murcia (aunque en sus principios), muy acer¬ tado; el del Convento nuevo de Capuchinos y todos los lienzos de las capillas, tránsitos y refectorio, en que logró considerables intereses por premio de su trabajo. Y dexó su urbanidad el lienzo principal de el altar maj'or de San Antonio a su condiscípulo Con¬ chillos, quien lo pintó en Valencia. En la iglesia de las Madres Capuchinas son de su mano todos los lienzos de el retablo. Tam¬ bién en el de la Madre de Dios, y sobre todos, en Santa Isabel, en que para confimdir algunos émulos que tenia en la facilitad, hizo una prodigiosa obra de historia en la capilla mayor y cua¬ dros del retablo, en que ninguno pudo negarle la superioridad en público, que para sí en secreto habían conservado. Hizo en la en¬ fermería de San Francisco superiores lienzos y otras muchas obras de claustros y pinturas principales de retablos para aquella ciu¬ dad de Murcia, y dentro y fuera de su reino fué muy extendido su nombre, y fué grande teórico y práctico, paisista, retratista y muy modesto en la expresión de las historias (proprio de su mu¬ cha virtud), sin embargo de ser tan grande anatomista. Se portó * Había nacido en Cornudella en 1631. — 394 — siempre con mucha honra y estimación, y así por él en su tiempo se estimaba mucho la facultad. Don Lorenzo Vila, su hijo, después de haberle dedicado a es¬ tudios mayores, aprendió esta facultad, que no parece sino que la heredó, y si no se ofendieran los respetos del padre, dixera que tuvo más caudal en lo inventado, hermoso y tierno de sus obras, concluidas con práctica, limpieza y alma de dibujo, en que gran todos los días había de estudiar, ya por modelos, ya por acade¬ mia, que del natural plantó en Murcia, y era tanta la afición, que de ordinario estaba modelando de cera y barro, con singular apro¬ bación del grande Don Nicolás de Busi, italiano (que vivió en Murcia), escultor del Señor Felipe Cuarto, a quien retrató en bulto, y a la Serenísima Reina Madre, nuestra Señora. Le traxo de Italia el Señor Don Juan de Austria para hacer las fachadas de Palacio, y habiendo muerto Su Alteza, le dió el Señor Carlos Segundo un hábito de Santiago y caudal, con que lo pasase de¬ centemente toda su vida. Murió Busi en la Cartuja de Valencia, cerca del año de mil setecientos y nueve, de larga edad, habiendo dexado insignes obras en Murcia, que a excesivos precios labraba; pero no hay ojos con que mirarlas ni palabras con que encare¬ cerlas. Fué este caballero tan apasionado a la habilidad de Don Lorenzo, que cualquiera hechura de su estimación, en concluyén¬ dola, solía copiarla Don Lorenzo al olio y dábasela a el autor del modelo, quien la estimaba, y decía ¡que sólo él pudiera imitar sus obras!, y esto con la ingenua realidad de su mucho conoci¬ miento; hizo el Don Lorenzo algunas obras públicas a el ólio con notable acierto, y murió de unos treinta años, poco más por el de 1712 o 1713, habiendo seguido siempre el estado eclesiástico. CCXVL—DON JUAN VANCHESEL, PINTOR DE LA REINA Don Juan Vanchesel, de nación flamenco, fué hijo y discípulo muy adelantado de Juan Vanchesel, el cual fué discípulo de Da¬ vid Teniers, y tan adelantado, que muchas pinturas de su maes¬ tro están ayudadas de su mano, especialmente algunas que tienen orla alrededor, como que fueron hechas para tapicería; donde hay pescados, trofeos, aves y animales con algunos chicuelos, de or¬ dinario es de Vanchesel, padre de nuestro Don Juan, el cual imi¬ tó a su padre en la grande habilidad de pescados, aves, animales — 395 — y países, y aún le excedió en los retratos, en que imitó creo que tanto a Vandic, dudo yo que muchos retratos de Van- que no chesel sean tenidos con el tiempo por de Vandic. Vino, pues, a esta Corte por el año de 1680, y comenzó a exercitar su habili¬ dad en casa de un paisano suyo, donde hizo cosas excelentes, y en especial un cuadro de retratos de toda la familia de su amigo y protector, historiado todo con tan grande arte, y él también retra¬ tado, asomándose por una ventana a escribir su nombre en la pa¬ red, que a no tener esta circunstancia fuera reputado por de Vandic *. Pintó también un retrato a caballo tan al vivo, por el natural, en mediano tamaño, que fué providencia la desigualdad, para evi¬ tar la duda de cuál era el pintado o cuál el vivo. De éste y otros muchos retratos que hizo con extremadísimo primor y acierto y muchos también de las Señoras Damas de Palacio, llegó a noticia de la Reina nuestra Señora Doña Maria Luisa de Orleans su gran¬ de habilidad, y gustó que la retratase, como lo executó, muy a satisfacción de Su Majestad, y le hizo su pintor. En este tiempo se trató de pintar la galeria del Cierzo del cuarto de la Reina la fábula de Siquis y Cupido, quien gustó con que Vanchesel hiciese alguna de las historias que se habían de executar. Hizose asi, y se le repartió el caso de cuando Cupido llevó a Siquis a aquel suntuoso Palacio, y apenas comenzó cuan¬ do el Señor Carlos Segundo (que frecuentemente asistía allí) le preguntó qué tiempo habría menester para acabarla. El respondió que seis semanas. Prosiguió pintando su historia, y, o bien por la poca curia que él tenia fuera de los retratos o porque natural¬ mente era muy detenido en el pintar, y más viendo que no con¬ seguía todo lo que quisiera, detúvose mucho más de las seis sema¬ nas. El Rey, que, sin duda, se las debió de contar, le preguntaba cada vez que subía que cuándo acababa. Y él iba dando largas, de suerte que ya el Rey, enfadado, no le preguntaba nada, hasta que un dia le dixo a otro que pintaba allí: ¿Este hombre es fla¬ menco o flemenco? Respondióle el tal: Señor, de todo tiene un poquito. ¿Poquito? (dixo el Rey), no sino muy mucho. Señor (dixo el compañero), como es para el servicio de V. Majestad, él qui¬ siera adelantarlo cuanto fuera posible. ¡Pero dixo (replicó el Rey) * Es el núm. 2.525 del Museo del Prado; firmado en 1680. que acabaría aquella pintura en seis semanas! A que respondió el compañero (por no ponerle en mal con el Rey) : Señor, puede ser que no se hayan cumplido, y el Rey dixo tan aprisa: ¿Hombre, estás loco? ¿Son las semanas de Daniel? Que hubo el compañero de comerse la risa de ver la prontitud y agudeza del Rey, alu¬ diendo a que nunca se cumplían aquellas semanas en el sentir de los judíos. Concluyó finalmente Vanchesel esta pintura; pero mejor se desempeñó en otra que hizo en el mismo sitio, cuando Siquis, des¬ parecido el Palacio, se quedó desconsolada en im desierto po¬ blado de fieras y vestiglos, en que pintó algunos leones, tigres y otras fieras, con im buen pedazo de país. Pero habiendo muerto la Reina nuestra Señora Doña María Luisa no se atrasó por eso la fortuna de Vanchesel, pues continuó en la gracia de la Serenísima Reina nuestra Señora Doña Mariana de Neoburg, a quien retrató diferentes veces, como también al Señor Carlos Segimdo, después de cuya muerte se fué en asisten¬ cia de la Reina viuda a Toledo, donde hizo muchos retratos, y después de haberse pasado a Bayona de Francia esta Señora, se vino Vanchesel a Madrid, donde logró la ocasión de retratar al Rey nuestro Señor Don Felipe V, aimque no con tanto acierto como se esperaba, o por causa de la turbación o de su poca salud, de que adoleció, de suerte que de allí a poco murió por el año de mil setecientos y ocho, a los sesenta y cuatro de su edad. CCXVIL—7/DA DE DON FRANCISCO PEREZ SIERRA Don Francisco Pérez Sierra, natural de la ciudad de Nápoles y vecino de esta Corte, fué hijo de Don Martin Pérez, español y natural de Gibraltar, el cual, sirviendo a Su Majestad en la mi¬ licia, fué a parar a Nápoles, donde casó con una señora hija del Gobernador de Calabria, de cuyo matrimonio tuvo, entre otros hi¬ jos, a el dicho Don Francisco, el cual salió en extremo inclinado a la pintura, y aunque en Italia tuvo algunos principios con An- nelo Falconi, para las batallas, a que fué muy aficionado, la asis¬ tencia a su amo, Don Diego de la Torre, Secretario de el Consejo de Santa Clara de Nápoles, a quien servia de paje, no le dió lu¬ gar a adelantar todo lo que quisiera y su genio admitía; pero habiéndose venido a España con dicho su amo, que en esta Corte 397 — — fué Secretario de Italia, continuó su aplicación a las batallas con Juan de Toledo, que a la sazón estaba en Madrid, y habiendo aprovechado superiormente, dexó la ocupación de servir y se apli¬ có a pintar batallas con excelencia y gran manejo, y asimesmo otras historias de Cabañuelas, Nochecillas y cosas semejantes. Ca¬ sóse con Doña Mónica de los Ríos, y continuó algimos años en este exercicio y también en el de otras historias, como lo mani- ñesta la de San Francisco de Paula, cuando pasó el mar con el compañero sobre su manto, que está en el convento de la Victoria de esta Corte, a la entrada del refectorio, hecho con tanto acierto,, que por sólo este cuadro merece este lugar. Pintó al fresco y al temple y ayudó en algxmas obras a Ca¬ rroño y Rici, especialmente en la Huerta de Sora, camino del Pardo, que fué del Excelentísimo Señor Marqués de Heliche, y también son de su mano dos ñguras de las Marías que están a los lados de la capilla del Santo Sepulcro, a los pies de la iglesia del Convento de San Plácido, de esta Corte, al temple, con todo lo restante del ornato de la hornacina y capilla, excepto las de¬ más figuras de la bóveda y medio punto de sobre la rexa de el coro baxo, que son de mano de Rici. También son de mano de Pérez los cuadros antiguos de la capilla de Don Diego de la To¬ rre, en que hay algunas copias del Españólete y otros de la in¬ vención de D. Francisco, la cual capilla está en la iglesia del Con¬ vento de los Angeles, en esta Corte, jimto el altar mayor, donde también pintó un monumento, que permaneció hasta estos años,, aunque muy deteriorado, y en él se ayudó de Matías de Torres y Mantuano. También hizo un célebre altar de prespetiva para la canonización de Santa Rosa de Lima, en el Real Convento de Santo Domingo, de esta Corte, y asimismo un carro triunfal muy célebre para la fiesta de la Canonización. También pintó otro al¬ tar de prespetiva para la fiesta que hacen los mercaderes en el Convento de nuestro Padre San Francisco, en obsequio de este glorioso Patriarca, y esto con extremado primor y acierto, de que yo vi varios despojos en su casa. Después le pareció a Don Diego de la Torre darle ocupación de clase, y fué la de Agente general de los presidios de Es¬ otra paña, en que se ocupó algunos años, pero nunca dexando del todo el empleo de su afición. Y últimamente, habiéndose suspendido algo dicha Agencia, se aplicó a pintar flores y frutas por el na- 398 — — tural (con ocasión de xm muy piilido jardín tenía que en su casa), que era en la calle de las Infantas, más abaxo de los Capuchinos de la Paciencia, y las llegó a hacer con tan superior gusto, que parecía poderse adelantar. A cuyo intento Don Diego de Ná- no xera (agudo ingenio castellano), escribiéndole un romance, tan cé¬ lebre como suyo, entre otras coplas (aludiendo a las flores), dixo la siguiente: Foí, por quien duda la vista, Cuando curiosa os contempla, Si en el jardín o en el lienzo Las producís más perfectas. También aplicó a pintar algunos bodegoncillos, con diferentes se baratijas, hechas por el natural, y algunas legumbres y hortali¬ zas, colocadas con tanta arte y buen gusto, que era un milagro. Hizo también un retrato de Nuestra Señora de la Soledad en su mismo camarín, la cual dexó a los Capuchinos de la Paciencia, junto con su retrato; además de otros dos cuadros de San Bue¬ naventura y San Félix, también de su mano, que están en la sa¬ cristía. Ultimamente llegó a tiempo, con la edad de más de setenta años, que ya no podía pintar, así pasó algunos, manteniéndose y decentemente con su sueldo que le quedó y hacienda, que tenia bastante. Murió de accidentes de perlesía, ya fatuo y casi de¬ mentado, el año de 1709, a los ochenta y dos de su edad, y se enterró en el Convento de los Capuchinos de la Paciencia de esta Villa de Madrid, y dexó heredero por a aquel Santísimo Christo, para sus festividades y descubiertos. CCXVIII.—DOiV PEDRO RUIZ GONZALEZ Don Pedro Ruiz González, natural y vecino de esta villa de Madrid * aprendió el arte de la Pintura, ya en edad crecida, en la escuela de Juan Antonio Escalante, y aunque ya endurecido el genio, adelantó muy bien y le imitó mucho a su maestro en los principios, aunque después se aplicó a la comunicación de Carre- * Nadó en Arandilla (Cuenca) en 1640. — 399 ño, y con efecto, se mejoró mucho, como lo acreditan diferentes cuadros particulares que yo he visto suyos. En la iglesia de la enfermería de la Venerable Orden Tercera de esta Corte hay uno a el lado de la Epístola, del Tránsito de San José, de su mano, en que se conoce su habilidad y buen gusto, y no menos en los tres que hizo para irnos pilares de la iglesia de San Justo y Pas¬ tor de esta Corte, con gran capricho y buena composición, que el imo es del Nacimiento de Christo Señor Nuestro, otro de San An¬ tonio Abad y otro de San Blas. Y también son de su mano los cuatro cardenales que están en la sacristía del Colegio Imperial *. Como también otros tres cuadros que hizo para la Iglesia Parro¬ quial de San Millán, uno sobre la puerta de la sacristía y otros dos en el presbiterio, que todos tres perecieron en el incendio las¬ timoso de el año de 720, día 16 de marzo. Otro cuadro tiene de la Procesión del Santísimo sobre la puerta del costado de la ca¬ llejuela, en la Parroquial de San Luis. Y también un estandarte muy caprichoso de la Congregación de San Millán, y otro de la Venerable Orden Tercera de Nuestro Padre San Francisco. Fué hombre, especialmente en el pensar y componer, muy ca¬ prichoso y erudito, porque en sus primeros años estudió la gra¬ mática, y si lo digerido fuese como lo pensado, hubiera sido el primor hombre del mundo, porque verdaderamente sus borronci¬ llos lo parecían. Yo vi uno del Pretorio de Pilatos con Christo Señor Nuestro cuando le iban a poner la Cruz acuestas, que ver¬ daderamente parecía de Pablo Veronés. No sé si lo executó en Granada. Otro vi del Sepulcro de Christo, que aseguro parecía de Ticiano; aunque no corresponde la execución en lo grande, como se ve en el cuadro, para que lo hizo, que está en la sacristía de la Parroquial de San Ginés. Tiene un cuadro muy bueno en un án¬ gulo del claustro chico del Convento de la Merced de esta Corte del martirio del Beato Fray Serapio, de esta Sagrada Religión, y otros retratos en la antesacristía. Era hombre de lindo humor, discreto y habiéndole y chistoso, prestado un real de a cuatro un amigo pintor del Rey, di- suyo, xéronle a Don Pedro en una conversación que si él era pintor de Su Majestad. Respondió que no, y otro que estaba presente, ami¬ go suyo, dixo: Aunque el Señor Don Pedro no es pintor del Rey, * Donde se conservan. Son retratos de los jesuítas Belarmino, Toledo, Lugo y Nithard. 400 — — no debe nada ningún pintor del Rey. Y entonces dixo él: Con a licencia de vmd., que a Don Fulano le debo cuatro de plata. En¬ contró un día a Don Juan de Laredo y le preguntó si tenía mu¬ cho que pintar. Y como Laredo asistía en los teatros del Retiro, le respondió: Que él ya no tenía que hacer ni sabía dónde vivía el imprimador de los lienzos. Volvióle a encontrar otro día con im mozo cargado con dos talegos de dineros, y díxole Don Pedro: Amigo, como vmd. sepa dónde vive ese imprimador, no le dé pena de no saber dónde vive el otro. Estaba un día en casa de Carreño a tiempo que éste hacía un retrato del Señor Carlos Segimdo, de cuerpo entero, y para plantarle a su gusto se puso Carreño en la planta, y le dixo a Don Pedro que hiciese un apuntamiento, para gobernarse por él. Hízolo Don Pedro, según veía el natural (el cual era muy mal trazado de pies y piernas), y le pareció tan mal a Carreño, que le dixo a Don Pedro se pusiese en la planta, que él lo dibujaría (era Don Pedro más bien dispuesto que Carreño). Hízose así, y Carreño dixo: Vea vmd. ahora si es todo uno. Y respondió Don Pedro:. No, señor, no es todo uno, que yo hice lo que veía, y no tengo yo la culpa de ser más bien trazado que vmd. Tuvo gran facilidad en hacer dibujos de cualquier asimto, y así dexó hechos innumerables; pero al mismo paso tenía tal ñuxo de firmar, que aunque fuese una mala figura de Academia o un mal rasguño, no había de quedar sin firma. Y así no hay pintura suya grande ni pequeña que no esté firmada. Y motejándole este exceso algún amigo, decía que sus defectos no quería que se los atribuyesen a otro. Fué muy virtuoso y exemplar, y asistió mu¬ chos años a la Escuela de Christo y siempre se portó con grande estimación y decencia, no obstante que en los últimos años pasó gran trabajo por la falta de pulso y vista para pintar. Murió úl¬ timamente a los setenta y seis años de su edad, en el de mil sete¬ cientos y nueve * y se enterró en la Iglesia Parroquial de San Mi- llán de esta Corte. CCXIX.—DOY JERONIMO SECANO, PINTOR Y ESCULTOR Fué Don Jerónimo Secano natural de la ínclita ciudad de Za¬ ragoza, y desde su niñez muy inclinado a el arte de la Pintura, y ♦ Murió el 3 de mayo de 1706. 40I — — habiendo tenido en aquella ciudad algimos ligeros principios de esta facultad, pasó esta Corte, donde con el trato y comunica¬ a ción de los eminentes pintores que había entonces, el estudio de las Academias y copiar excelentes originales, en que gastó algu¬ nos años, se hizo consumado artíñce, hallándose dueño del dibujo y experto en el colorido, en que tuvo singular gusto. Volvióse con esto a Zaragoza, donde hizo muchas y excelentes pinturas, como lo acreditan los cuadros de la capilla de San Mi¬ guel, de aquella ciudad, y su cúpula, pintada a el fresco de .su mano con superior gusto. Hallándose, pues, nuestro Secano con más de cincuenta años de edad, se aplicó a la escultura, en que logró con facilidad el sa¬ lir eminente (que con el estrecho vínculo y vecindad de estas dos ilustres facultades, fácilmente se encuentra el pasadizo, y aun muy de ordinario habitan en una misma casa). Habiendo, pues, logrado Secano este nuevo empleo, executó, entre otras estatuas, las de la capilla de San Lorenzo de aquella ciudad con muy sin¬ gular acierto. Murió en ella de edad de setenta y dos años, por el de 1710. CCXX.—DON LORENZO MONTERO, PINTOR Don Lorenzo Montero, natural de la ciudad de Sevilla, fué muy buen pintor a el temple, y con especialidad en arquitectura, adornos y tarjetas; pero, sobre todo, en frutas, ñores y países. Bien lo acreditó cuando vino a esta Corte, por el año 1684, ma¬ nifestando su grande habilidad en las ocasiones que se ofrecieron, así de jerogliñcos, en funerales y entradas de Reina, como tam¬ bién en algunas capillas, y, sobre todo, las mutaciones de las co¬ medias que se hacían en el Coliseo del Buen Retiro, a que asistió siempre, por lo bien que se desempeñaba en todo, y especialmente en mutaciones de arboleda, jardín u otras donde hubiese algunos festones de ñores, jarrones o guirnaldas, era una maravilla, y mu¬ cho más el ver la facilidad con que lo hacía, el silencio y la mo¬ destia, con una aplicación incansable e inseparable de su trabajo. Pintó una capilla que está a los pies de la iglesia de San Je¬ rónimo en esta Corte. Y también todas las tarjetas que están re¬ partidas en diferentes sitios del cuarto de Indias de este Real Con¬ vento de N. Seráfico Padre San Francisco, junto con el ornato de 26 4°^ — — la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México, donde se- conoce bien su eminente habilidad en esta materia y el superior gusto en los adornos y flores. No fué tan sobresaliente nuestro Montero en las figuras; pero tan modesto ingenuo en el proprio conocimiento, que cuando se: e le ofrecía alguna cosa de importancia se valía de persona de sa¬ tisfacción que le desempeñase; lo que no hacen muchos ignoran¬ tes, que no atendiendo a su crédito ni a su conciencia, a todo embisten, y salga lo que saliere, en grave perjuicio de los pobres dueños de las obras, que dexándose llevar del nombre de pintor (que indignamente usurpan muchos, que no lo son), discurren que sabrán hacer cualquiera cosa que sea pintura, y después se halla burlada su confianza, cuando no lo pueden remediar. Murió, pues, nuestro Don Lorenzo en esta Corte por el año de setecientos y diez, y a poco más de los cincuenta de su edad,, con grande exemplo de su mucha virtud y cristiana disposición, y se enterró en la Parroquial de San Sebastián. CCXXI.—DOiV MATIAS DE TORRES, PINTOR Don Matías de Torres fué natural de Espinosa de los Mon¬ teros y vecino de esta Corte, donde aprendió el arte de la Pintura en casa de un tío suyo llamado Tomás Torrino, pintor vulgar y de tienda. Siguió en sus principios aquella mala escuela, pintando adocenado, atendiendo sólo a el vil interés, sin corrección alguna. Después, con la comunicación de Don Francisco de Herrera, el maestro mayor, y la asistencia a las célebres Academias de aquel tiempo feliz y el trato de los pintores insignes que produxo aquella edad, mudó de estilo y entró en corrección, de suerte que llegó a ser por su camino uno de los eminentes de esta facultad. Era hombre de mucho punto y vergüenza, y así la misma hon¬ ra le hizo aplicarse y llegó a tener gran facilidad en el inventar,, y también hizo países, historiejas y batallas muy bien, y no me¬ nos historias de magnitud, de que hay muy excelentes cuadros suyos de la historia de Josué en el Palacio de Boadilla, dos le¬ guas de esta Corte, sin otras muchas en sitios públicos y casas particulares. Y especialmente en el Real Monasterio de San Je¬ rónimo de esta Corte hay mucha pintura suya, como lo es el cua¬ dro de San Matías, con el Señor Emperador Carlos Quinto (su devoto) adorándole, que está en el crucero de la iglesia a el lado. 403 — — I I i del Evangelio. También el cuadro de la Purificación, que está a el mismo lado en el Pilar, junto a la rexa, y debaxo el de San Je¬ rónimo y Santa Paula adorando a el Niño Jesús, cuyo pesebre vi¬ sitaron en Belén. Y asimismo todo el Apostolado de el coro alto y otro cuadro del Máximo Doctor, a la entrada; sin otros mu¬ chos en el claustro alto y baxo. Era de genio muy altivo, y su¬ cedió que habiendo comprado un caballero unas batallas suyas, de las que sacaban a vender en Palacio; preguntó dónde vivía el artífice, porque quería otras. Dixéronselo, y fué a buscarle, y ha¬ biendo preguntado si vivía allí uno que pintaba batallas, salió él y dixo: Señor mío, yo no pinto sólo batallas, que también pinto historias, Santos y retratos, aunque sean del demonio, y retrataré a vmd. si gustare. Lo cierto es que tuvo habilidad para todo, aun¬ que de muy poca fortuna. La pintura de la capilla y nicho del Santísimo Christo de la Paciencia, en el Convento de Capuchinos de este nombre, es suya j también, como lo son los dos cuadros de San Francisco Solano, j que están a los lados de la escalera grande del Convento de Nues¬ tro Padre San Francisco, de esta Corte, que, cierto, son cosa ex¬ celente y de figuras del tamaño natural; también el cuadro del San Diego, que está en im pilar de la iglesia de la Victoria, junto a lacapilla del Santísimo Christo del Amparo. Dos cuadros que están en el pasillo de la sacristía del Convento de Trinitarios Des¬ calzos de esta Corte, el uno San José con el Niño Jesús dormido, y el otro de San Pedro en la prisión, cuando le libertó el Angel; sin otros muchos en casas particulares, así de Concepciones como de historias de la Vida de Christo y de su Madre Santísima, San José con el Niño Jesús, y otros Santos, de que he visto muchos y buenos cuadros. Pintó muy bien a el temple nuestro Torres, como lo manifestó en diferentes ocasiones de entradas de Reinas, funerales, monumentos y altares de perspectiva, especialmente en el de la Canonización de Santa Rosa de Lima, y en fiesta de los Mercaderes en el Convento de Nuestro Padre San Francisco, de que yo alcancé algunos fragmentos, cosa excelente; como se re¬ conoce un altarico fingido a el temple que está en la en capilla (que llaman) del Obispo, contigua a la Parroquial de San Andrés, a el lado del Evangelio, junto a la puerta del costado de d'cha capilla, con Santa Agueda y Santa Bárbara en los intercolxmios, y en el nicho Santa Lucía. i — 404 — Afectó nuestro Don Matías con grande extremo la templanza del claro y obscuro, siguiendo el estilo de Herrera, de suerte que en tocando de luz en ima parte de la historia, aunque no fuese en la figura principal del asunto, lo demás se lo dexaba a escuras demasiadamente rebaxado. Y asi el cuadrito que dixe de San Die¬ go, en la iglesia de los Mínimos, sucedió una cosa graciosa; está un pobre en primer término tocado de luz solamente en un bra¬ zo, y todo lo demás tan rebaxado, que como la iglesia estaba en aquel tiempo algo obscura por aquella parte, a poca distancia no se veia más que aquel brazo que está tocado de luz. Y hallándose alli un dia Don Francisco de Solis (pintor de crédito en esta Cor¬ te), preguntóle un su amigo qué Santo era el de aquel cuadro. A que respondió Solis que era San brazo. Respuesta que aunque tuviese algo de mordacidad, tiene mucho de documento, porque a la verdad la figura principal del asunto o el héroe de la historia debe gozar de la luz y dominar a todo, de suerte que luego se haga por ella manifiesto el argumento de la obra, como diximos en el tomo I, lib. i, cap. 8, § i. Tuvo gran curiosidad nuestro Torres en hacer de miniatura especialmente para privilegios, títulos, executorias y cosas seme¬ jantes. Para lo cual tuvo Un hijo llamado Don Gabriel, a quien impuso muy bien en ello, y lo executaba con primor; pero su pa¬ dre le hacia siempre los dibujos, en que tenia singular gracia y facilidad, ¡y asi dexó hechos innumerables! Llegó, pues, a tiempo nuestro Don Matías que habiendo sido hombre de gran fausto, muy bien portado, respetuoso y de linda traza, se fué aplanando de modo con los infortunios de los hijos y su mala estrella o mala conducta en la edad mayor, que se vió en suma miseria. Enviudó, y también se le murieron dos hijas que tenia casadas, las cuales tuvieron la habilidad de pintar laminitas, y esto después de haberse descamado para dotarlas, de suerte que se quedó sin más que su habilidad, que ya con la decadencia de los años habla declinado mucho, y asi totalmente llegó a no pin¬ tar. El hijo, asi, por su parte, como por la de su mujer, se portó muy mal con él, y alguna vez no faltó quien le dixo que había de experimentar el castigo del Cielo. Y asi fué, porque murió con harta miseria mucho antes que su padre. Con que quedó el buen Don Matías tan solo y desamparado, que apenas le mantenían las obras de la commiseración de sus amigos. Y últimamente llegó 405 — a habiéndole albergado de caridad un su ami¬ postrarse tanto, que go abridor de buril, el motivo (además de la caridad) de los con dibujos que le había hecho para algunas cosas; se trató de que le recibiesen en el Hospital General de esta Corte, en la sala que llaman de los Carracos (porque el pobre mozo que le tenía en su casa, así por sus cortos medios como por ser solo y forastero, no podía suplir im todo), y ni aim este linaje de alivio llegó a lograr,^ pues estándose tratando murió consumido de la misma laceria,^ necesidad, senectud y pobreza, a los ochenta años de su edad, en el de mil setecientos y once, y se enterró en la Parroquial de San Luis, de esta Corte. ¡O fuerza de un destino fatal! CCXXII.—FRANCISCO LEONARDONI, PINTOR Don Francisco Leonardoni, natural de la ínclita ciudad de Ve- necia, aprendió en ella el arte de la Pintura, y habiendo aprove¬ chado mucho aquella eminente escuela, y especialmente en los en retratos, se le ofreció un disgusto tan pesado, que le fué forzoso dexar su Patria. Y así, transmigrando por diferentes provincias de Europa, vino a parar a España, y a esta Corte por los años de 1680, con poca diferencia, donde hizo pie y donde comenzó a mostrar su habilidad en diferentes retratos de personas de todas clases con tan superior acierto, que no parece se pueden adelantar. Y aseguro que yo he visto algunos que caliñcan bien esta verdad, y especialmente una cabeza, retrato de su misma persona y mano, que no parecía en lo deñnido y regalado sino de mano de Lucas de Holanda. También los hacía pequeño con singularísimo primor, de en los cuales yo vi algunos, superior cosa, especialmente de Sus Ma¬ jestades. Pero no fué tan limitada su habilidad a los retratos, que no se extendiese también a las historias, si bien no en grado tan su¬ perior; perosiempre mostrando una gran manera, franca y de mucho relievo, por las buenas plazas de claro y obscuro. De su mano son los dos cuadros colaterales que están en la capilla de San José, en la iglesia del Colegio de Atocha, en esta Corte, de los Desposorios y Tránsito de este Glorioso Patriarca. También es de su mano un cuadro de la Encamación, que está en el re¬ mate del retablo de Nuestra Señora de Guadalupe, en la iglesia — 4O6 — de San Jerónimo el Real de esta Corte, y el cuadro principal de la capilla mayor de la iglesia de Leganés. Murió, finalmente, en esta Corte, en el Buen Retiro por el año de 1711, y a los cincuenta y siete de su edad. Y en dicho Pa¬ lacio tuvo cuarto lo más del tiempo que vivió en España *. Fué hombre de todas maneras grande, porque su estatura fué desme¬ surada de lo común, pero con gran proporción, y a el mismo res¬ pecto era gruesísimo, de suerte que parecía de estatura gigantea, y era de trato muy amistoso, apacible, galante, bizarro y muy ca¬ balleroso, porque aseguran que en su patria lo era, y a la verdad lo calificaban sus honrados y desinteresados procederes. CCXXllL—JUAN CONCHILLOS, PINTOR Juan Conchillos Falcó fué natural de la ciudad de Valencia y de muy ilustre familia, así por el apellido de Conchillos en Cas¬ tilla como por el de Falcó en Valencia. Tuvo los principios del arte de la Pintura en la escuela de Esteban Marc, pintor insigne, especialmente en las batallas; pero de raro y extravagante humor (como diximos en su vida), por cuya causa pasó muchos trabajos Conchillos en su sólo su bondad los hubiera aguantado, casa, que en que hubo algunos lances preciosos, de que hicimos mención, aunque se omitieron otros muchos fx)r indecorosos. Salió, pues, nuestro Conchillos muy adelantado en el arte de la Pintura, y especialmente en el dibujo, y después de algunos años pasó a Madrid, las eminentes obras a ver y tratar los gran¬ des hombres que entonces había, detuvo una buena en que se temporada, y con esta ocasión comunicó a Don José García, pin¬ tor, como paisano y condiscípulo que había sido de Conchillos, y respecto de que éste se hallaba desocupado, y García entonces, en el auge de su fortuna, le dió que hacer a Conchillos algunos cuadros de su cuenta, y entre ellos fueron dos bien grandes e historiados de la Vida de San Eloy, que están en la sacristía de la Parroquial de San Salvador, de esta Corte, en los cuales, no obstante que García, por hacer del maestro, los retocó (en que no les hizo merced alguna), todavía se conoce muy bien que son * En 17 de junio de 1694 fué nombrado pintor del Rey (p. no de mi libro Los Pintores de Cámara, 1916). — 407 — de Conchillos y descubren su grande Ingenio y capricho en la in¬ vención y composición armoniosa de lo historiado, con mucho fimdamento de dibujo. Volvióse, pues, Conchillos a Valencia muy mejorado en el co¬ lorido y no menos en el dibujo, porque asistió con gran frecuen¬ cia a las Academias que entonces hubo en esta Corte con grande formalidad, y a copiar las mejores pinturas que pudo, sin olvidar el estudio de las célebres estatuas de Palacio. Y así lo continuó toda su vida, de suerte que procuró establecer la Academia en Valencia, y aun la tuvo muchos años en su casa, con hallarse ya en edad muy adelantada, sin faltar a ella noche alguna, haciendo una figura de carbón cada noche, de suerte que eran innumera¬ bles las que tenia, y asi, para cualquiera invención que se le ofre¬ ciese, sacaba un legajo de figuras de Academia y con facilidad encontraba lo que habla menester y lo acomodaba a su intento, y componía su historia con muy buenos desnudos y galantes ac¬ titudes. En este tiempo hizo Conchillos aquellos dos célebres cuadros de más de veinte palmos de alto: el uno de la milagrosa venida del Santísimo Christo de Berito, contra la corriente de aquel río Turia. Y el otro de los martirios y lanzada que unos bárbaros in¬ fieles de aquella región executaron en dicha santa imagen, a cuyo golpe salió tanta sangre, que recogida en diferentes vasijas, des¬ pués de muchos prodigios, se enriquecieron con ella las santas iglesias de Oriente y aun de toda la cristiandad, como diximos en el tomo primero, que son de lo mejor y más bien historiado que hizo, los cuales están colocados a los lados de el coro de la iglesia Parroquial de San Salvador de dicha ciudad. Hizo tam¬ bién otro de la Concepción Purísima para el Convento de Reli¬ giosas Franciscas de la Puridad, ¡cosa excelente!, aunque él que¬ dó disgustado con este cuadro, porque habiendo gastado mucho tiempo y estudio en gran tropa de Angeles alrededor de la Vir¬ gen, todos gentilmente dibujados y en diferentes coros de música y gloria, puesto el cuadro en su distancia, se confundían, de suer¬ te que se perdían. Esto fué a tiempo que yo estaba recién ido a Valencia, por el año de 1697, y para la visura de la obra de San Juan del Mercado, y con este motivo se había traído el cuadro a su casa, y habiéndole yo ido a ver y consultádome la confusión en que se hallaba y de que deseaba saber en qué consistía, viendo — 4o8 — yo su ingenuidad las veras con que me lo significaba, le dixe y con la misma, consistía en la falta de contraposición, la cual, que especialmente en las distancias, es indispensable, para despegar unas cosas de otras. Cierto que me dió exemplo su gran modestia, ¡pues no sólo lo estimó mucho, sino que aún quería que yo lo retocase! A lo cual me excusé diciendo que los demás pintores lo conocerían y que no le estaría bien a su crédito, y así lo executo él con mucho acierto. ¡Tanta era su humildad, ingenuidad y mo¬ destia! Hizo también dos muy grandes lienzos de la historia y vida delglorioso Patriarca San Benito para el Real Monasterio de Val- digna, de la Sagrada Religión del Cister, los cuales vi yo, tran¬ sitando por aquel célebre valle, camino de Gandía, y cierto que son cosa excelente, y están colocados en el presbiterio de aquel magnífico templo, que es de los mejores que he visto en aquel reino. Hizo también otro gran cuadro de la vida de San Luis Bel- trán para el lado derecho de la escalera del Convento de Santo^ Domingo de la ciudad de Murcia. Y también hizo el lienzo prin¬ cipal de San Antonio, para el altar mayor del Convento de Ca¬ puchinos de dicha ciudad, a expensas del Conde del Valle de San Juan. Y otros para el claustro de San Sebastián en la ciudad de Valencia, Convento de los Mínimos. Tuvo gran facilidad en hacer dibujos de aguada de cuanto se le ofrecía de algún sitio caprichoso que hubiese visto. Y así su¬ o cedió, cuando yo fui a Valencia el dicho año de 1697, que ha¬ biendo salido Dionis Vidal (discípulo mío) a recibirme hasta la. Venta de Chiva, cinco leguas de Valencia, quiso también Con¬ chillos hacerme la honra de ir en su compañía, y habiéndose exe- cutado a la vista de dicha venta toda la función, pasamos a Va¬ lencia aquella tarde, y a el otro día me enseñó Conchillos un di¬ bujo de aguada de todo el recibimiento, con las calesas, la venta y el pozo y pilar que hay enfrente, con todas las demás circuns¬ tancias del país, y a mi discípulo abrazándome, y todos los de¬ más, y él mismo con tal propriedad, que en las acciones y el traxe se conocía quién era cada uno. Lo mismo executó en otra caminata hicimos hacia Villa- que Real, a visitar el cuerpo de San Pascual Baylón y otros santua¬ rios por aquel paraje (cosa que por allá se hace con gran frecuen¬ cia), en cuya ocasión hizo Conchillos diferentes dibujos, ya del 409 — — < célebre Castillo de Murviedro y las ruinas de su anfiteatro (don¬ de fué la antigua y memorable Sagunto), ya de otros sitios y er¬ mitas que visitamos, y sobre todo de im fracaso, en que se volcó la galera donde iba Conchillos con otros amigos, y entre ellos im religioso y un clérigo, y era de ver el dibujo con la gracia tan extremada que estaba hecho, que convertía en placer el susto de la caída, pues un galerero sofrenaba las muías, otro estaba sa¬ cando la gente de la galera, otros salían a gatas, el religioso ha¬ ciendo espantos, el sacerdote echando absoluciones, y yo también andaba en la fiesta ayudando a sacar la gente, y el criado tenien¬ do el caballo de mi silla volante; de suerte que estaba todo con tal propriedad en sitio, adhérentes y circunstancias, que cada vez. que se veía el dibujo parecía que estaba sucediendo el caso. Ultimamente le dió a los últimos años un accidente de perle¬ sía que le dexó baldado e inútil, tanto, que vino a cegar y verse en grandes trabajos, y más con los contrastes de aquel reino des- , de el año de cinco en adelante. Y finalmente murió en el de 1711, j en el día 14 de mayo, a los setenta de su edad. Fué verdadera¬ mente hombre amabilísimo, hmnilde, modesto y exemplarmente virtuoso y honrado y de una masa de ángel. Dexó innumerables dibujos, que heredó su hijo Juan Antonio, con todo lo restante de su estudio y hacienda, siguiendo la misma profesión que su padre. CCXXIV.—DOY VICENTE VICTORIA, PRESBITERO, Canónigo y pintor Don Vicente Victoria fué natural de la ciudad de Valencia, donde cursó las letras y algunos ligeros principios de la Pintura, a que fué notablemente aficionado. Pasó a Roma a pretender al¬ guna congrua eclesiástica para poderse ordenar, y en este tiem¬ po se aplicó mucho a la pintura en la escuela del insigne Carlos Marati, donde aprovechó mucho, y en especial en los retratos y en la buena inteligencia de la simetría y anatomía, en que era muy observante. Obtuvo allí un canonicato de la Santa Iglesia de Xàtiva (hoy San Felipe), mediante lo cual se ordenó de Sacerdote, y con eso se volvió a Valencia, donde de ordinario residía (des¬ pués de haber tomado posesión de la prebenda), y siempre ex¬ tramuros de ella, por lograr su apetecida quietud estudiosa y al- É 4IO — — gún desahogo de jardín y cercanía del campo, a que era muy afi¬ cionado. Hizo en Valencia diferentes retratos, de los cuales vi yo algu¬ nos, que asi en lo parecido como en lo bien pintado, no se podían adelantar, porque en esto, con especialidad, y en todo lo que era contrahacer el natural, fué verdaderamente insigne. Y asi vi en su estudio algunas travesuras de esta calidad que me pusieron ad¬ miración, pues totalmente me engañaron, teniéndolas por natura¬ les, hasta que él mismo me dió motivo al reparo; como son, una tabla fingida en un lienzo, sobre la cual pendían algimos papeles, dibujos y otras baratijas, ¡que yo confieso con ingenuidad que me engañé! Como también un trozo de librería fingido para llenar un vacio de la que tenia muy selecta, que yo, no hallando diferencia entre la fingida y la verdadera, pues una y otrá estaban tocadas de tma misma luz y con un mismo relievo; ¡la juzgué toda una! Y a este tenor tenia otras muchas cosas de su mano executadas por el natural, grande observación y puntualidad. con Era muy curioso y aficionado a los libros, y asi tuvo muchos y buenos, y especialmente de la pintura, nunca he visto tantos juntos. Pintó también algunas historias, aunque no con tanta ex¬ celencia y buen gusto como lo referido, según se ve en la sacristía de San Francisco de aquella ciudad. Y también pintó al fresco la cúpula de la capilla de San Pedro de la Seu (que la demás pin¬ tura es de mi corta inteligencia) ; también la cúpula de la capilla de la Purísima en la Casa Profesa. Fuá muy espléndido y liberal y amigo de sus amigos, portándose con gran garbo en las oca¬ siones. Escribió un libro, que sacó a luz en toscano, intitulado Observazioni sopra il libro della felsina pitrice, donde muestra bien su erudición, inteligencia en el arte y en todas buenas letras y la nobleza de su genio en la defensa de Rafael, Aníbal y sus escuelas, y en que calificó bien su grande habilidad en grabar de agua fuer¬ te, como lo muestra la empresa ingeniosa de las manos cortando la pluma:. Ut scribal, non ut ferial. Y en otras muchas cosas que grabó, y en especial una estampa de Rafael con la Virgen arriba, y abaxo San Juan Bautista, sin otras muchas cosas. Y otro libro escribió en el mismo idioma, que le intituló Hisloria Pilloresca, que no he podido saber si lo sacó a luz en Roma, a donde se vol¬ vió por el año de setecientos con ese ánimo y de gozar de las de¬ licias de su afición, asi en la pintura como en otras Academias y 411 — — Arcadias pastoriles que allí fomentaban, donde concurría nues¬ se tro Victoria con otros célebres ingenios, y donde se hacían grandes poemas y discursos de alta erudición, según los asuntos que se les repartían, y a que era sumamente aficionado nuestro Don Vi¬ cente, y a todo género de buenas letras, especialmente de Huma¬ nidad y de Historia, y sobre todo grande anticuario y observador de las lápidas, medallas, monedas y otros monumentos antiguos; prendas todas que constituían un sujeto verdaderamente recomen¬ dable y digno de la fama pòstuma. Y así fué nombrado por anti¬ cuario del Papa, con salario señalado. Supo con gran perfección la lengua italiana, en cuyo idioma y el castellano hizo muy bue¬ nos versos y otros discursos de mucha erudición. Y así mereció un elogio, que se imprimió en Roma en el Libro de las Pinturas del Sepulcro de Ovidio, que está en medio de la planta de dicho edificio, que dice asi: Li disegni di quest Opera cavati da gli anti- chi originan, si riirovano nella, Libraría déll Illustrissimo Signiore Canónica D. Vicenzo Vittoria Spagnolo Nobile di Valenza; le cut generóse qualité, si stendono ancora nel eruditione delle antiche memorie, con le quali si rende celebre il suo nobilissimo genio: II cui elevato ingegno risplende non meno nella chiarezza de natali, che nella cultura de suoi eruditi studii, si nel pennello, comme ne la penna. Murió finalmente en Roma por el año de 712, y a los cincuenta y cuatro de su edad. Tuvo título (que vi yo) de pintor del Serenísimo Señor Gran Duque de Toscana, en cuyo Museo hizo este Príncipe colocar su retrato por hombre eminente, y como tal mereció de aquella ilustre Academia muy repetidos elogios, y especialmente un anagrama de suma agudeza e ingeniosidad, con que cerraremos este discurso, y con un soneto que hizo nuestro Victoria en elogio de la Pintura, en que se califica la eminencia de su ingenio en todo. PROGRAMMA Don Vincentius Vitoria, Canonicus, Setabensis, Excellentissimus Pictor. 412 — — ANAGRAMMA Is in Orbe Unicus. Credo coniuncti sunt in isio. Apelles, Seuxis, ac Timantes. CRISIS A, B, C, D, E, I, L, M, N, O, P, R. S, T, V, X. 3, I, 5, I, 6, 9, 2, I, 7, 4, I, 2, 8, 5, 5, i. Omnes 61. DISTICHON Dogmata Pythagoroe, ni ¡allant, Seuxio, Apelles, Sunt, ac Timantes, corpore quippe tuo. Petrus Joannes Bogart. SONETO DEL MISMO CANONIGO D. VICENTE VICTORIA EN ELOGIO DE LA PINTURA Emula del Criador, arte excelente. Misteriosa deidad, muda canora, Sin voz sirena y sabia encantadora. Verdad fingida, engaño permanente; De el alma suspensión, sombra viviente. Erudita y no gárrula oradora, Libro abierto, que más enseña y ora Que el volumen más docto y elocuente. Cuanto el juicio comprende, ama el anhelo. Se advierte en ti, y en tu matiz fecundo Otra naturaleza halla el desvelo. ¡Admiro en ti casi un criador segundo! Pues Dios de nada crió Tierra y Cielo; ¡De casi nada tú haces Cielo y Mundo! 4'3 — — CGiXV.—GASPAR DE LA HUERTA, PINTOR VALENCIANO Gaspar de la Huerta fué natural del Campillo de Alto-Buey, de donde vino a Valencia (no sé por qué accidente) cuando ape¬ nas tenía seis años, y acomodóse en casa de Jesualda Sanchiz, pintora y viuda de Pedro Infant, también pintor, y con ella apren¬ dió Gaspar aquellos primeros rudimentos de el arte que le pudo suministrar la corta pericia de su maestra. Y después él, con su buen natural y gran genio (que a la verdad le tuvo, jimtamente con mucha honra y punto), por no ser menos que otro, se aplicó de suerte a el estudio de la pintura, que llegó a lograr la primera estimación del arte en aquella ciudad, porque su manera de pin¬ tar (demás de tener suficiente dibujo) era de muy grato colorido. Y así se llevó en su tiempo todo el aplauso popular, de suerte que apenas hay templo en aquella ciudad y reino de Valencia donde no haya pintura suya. Pero las más señaladas son: en el Con¬ vento de Nuestro Padre San Francisco, el lienzo del retablo prin¬ cipal, y en el presbiterio un lienzo de San Carlos en el primer cuerpo de un colateral, y otro de los Santos Cosme y Damián en el segundo. También en la capilla de la Concepción de dicha iglesia el lienzo principal, y otros cuatro a los lados son de su mano, como también en la de San Antonio el cuadro principal y el del Sagrario. En la Parroquial de Santo Tomás Apóstol, dos lienzos grandes que hay el coro (asuntos del Santo), y el de la capilla mayor en (que es cuando tocó las Llagas de Christo Señor Nuestro) y el Salvador del Sagrario, son suyos. Y en la Parroquial de San Mar¬ tín el Salvador del Sagrario y dos Angeles de cuerpo entero en las dos puertas del camarín, son también de su mano, y las pin¬ turas de las puertas del órgano. También lo es el cuadro que cu¬ bre el nicho de la portentosa imagen de Nuestra Señora de los Desamparados, y otros que hay en la sacristía de aquel célebre santuario. Fué hombre verdaderamente digno de inmortal memo¬ ria, pues lo debió todo a su estudio y virtuosa aplicación, diri¬ gida de un gran genio. Porque llegar a ser eminente un hombre que ha tenido por maestro otro tal, gran cosa es, pero no lo tengo por gran maravilla. Pero que aquel a quien la fortuna le negó el su¬ fragio de un eminente maestro llegue a colocarse en la eminencia 414 — — del arte, ¡esto sí que es maravilla! ¡Y a éste sí que con más justo título se le debe el inmarcesible laurel de la fama! Fué tan curioso nuestro Huerta, que tenía anotado cuanto ganó a pintar el discurso de su vida, y pasaba de 35.000 pesos, que en para ser en Valencia y sin más obras que las de el caballete (por¬ que él jamás pintó a el temple ni a el fresco), ¡fué buen ganar!; pero lo empleaba mejor, porque más de la mitad daba de limosna, y especialmente a los Religiosos de mi Padre San Francisco hacía mucho bien, y a el que le faltaba breviario se lo compraba. An¬ duvo siempre con el santo hábito exterior de la Tercera Orden de Penitencia, donde gastó mucho y adelantó aquel Santo Instituto en aquella ciudad. Fué casado con hija de la dicha Jesualda San- chiz, su maestra. Murió en dicha ciudad a 18 de diciembre de 1714, y a los setenta y tres años de su edad, y se enterró en el Convento de N. P. S. Francisco de dicha ciudad. CCXXVI.—DOY JOSE DE MORA, ESCULTOR DEL REY Don José de Mora, natural de la ciudad de Granada y de muy ilustre familia, aprendió el arte de la escultura en dicha ciudad, en la escuela del racionero Alonso Cano, y hallándose ya muy adelantado en ella, pasó a esta Corte, donde continuó en la es¬ cuela de Don Sebastián Herrera (insigne escultor, pintor y ar¬ quitecto), y aprovechó tanto en ella, que sus obras se equivoca¬ ban con las de Don Sebastián. Bien lo acredita una imagen de la Concepción Purísima que en este tiempo está en poder de los here¬ deros o testamentarios del Señor Marqués de Mancera, Don An¬ tonio Sebastián de Toledo, pues no sólo la imagen, pero los niños, totalmente parecen de mano de Herrera. Comenzó su crédito viviendo en esta Corte, en la calle de Em- baxadores, a los principios del reinado del Señor Carlos Segundo, quien atendiendo a la mucha habilidad y buenas partes de Mora, le hizo su escultor, con el goce de gajes y emolumentos correspon¬ dientes a el empleo, y en este tiempo sirvió a Su Majestad en di¬ ferentes eñgies de su devoción con singular acierto y primor, y para el público hizo muchos, y en especial la eñgie de la Concep¬ ción Purísima, que está colocada en la capilla de Doña Isabel de Tebar, inmediata a el crucero a el lado del Evangelio, en la iglesia del Colegio Imperial de esta Corte. Y los dos Angeles y niños de 415 — — Pasión que están en la capilla de Nuestra Señora de los Siete Do¬ lores, el Real Colegio de Atocha, ¡cosa superior! en Volvióse a Granada después de algrmos años, abandonando el goce de su plaza por el interés de su salud, donde vivió más de treinta años, portándose en su persona y casa como un Príncipe. Hizo muchas y excelentes obras de escultura para dentro y fuera de Granada, y especialmente para el Sagrado Monasterio de la Cartuja de aquella ciudad, así de la Purísima Concepción como de San Juan Bautista; otro del Glorioso Patriarca San José con el Nñio Jesús en las manos; dos del gran Patriarca San Bnmo; una del tamaño del natural, que está en la capilla del Sagrario de dicha casa, y la otra de vara y media de alto en la Sala de Capítulo, ¡todas cosa superior! Y también hizo ima célebre esta¬ tua de San Pantaleón, mártir, para la Congregación de los médi¬ cos y cirujanos de aquella ciudad. Es también de su mano ima eñgie de Christo Crucificado que se venera en la iglesia de los Padres clérigos menores, con el título de la Salvación. Y otra ima¬ gen de Nuestra Señora que tienen dentro de la clausura las Ma¬ dres Capuchinas, que le llaman la Maestra. Son también de su mano otras dos efigies de medio cuerpo,, que son Ecce Homo y Mater Dolorosa, que se veneran en los co¬ laterales de la iglesia de la Santísima Trinidad, de Calzados de aquella ciudad. También hizo para la sacristía o capilla del eminentísimo Señor Cardenal Salazar, en la Santa Iglesia de Córdoba, ocho estatuas de diferentes Santos de la devoción de Su Eminencia, del tamaño del natural, que están en el recinto de aquella gran fábrica (del eminente ingenio de Don Francisco Hur¬ tado, insigne arquitecto). Y sobre todo, otra del mismo tamaño de Santo Tomás de Aquino para la misma iglesia, en la capilla del Doctor Don Alfonso de Nava, ¡cosa superior! Yo le conoci y traté mucho a este artífice cuando estuve en Granada el año de doce (a pintar la célebre capilla del Sagrario de aquella Santa Cartuja, esmero primoroso del dicho Don Fran¬ cisco), y verdaderamente era hombre amable y muy caballeroso y honrador de los artífices, pacifico, honesto, casto y en todo li¬ naje de virtud muy aprovechado, y me aseguraron que cuando mozo había sido lo mismo. Nunca se dexó ver trabajar, ni aim sus amigos sabían a donde estaba el taller, ¡teniéndole en su propia casa! Y culpándole yo — 4 |6 — un día estaesquivez, cuando yo no me recataba de que me viese pintar, dixo: Si yo pudiera exercitar mi profesión con una pa¬ me leta y unos pinceles sin hacer más ruido del que vmd. hace cuando pinta ni usar de otros instrumentos, con gran gusto me dexaría ver obrar. Y no había forma de sacarle de este dictamen, y por esto dicen trabajaba de noche, de día se paseaba. Y, sin embargo, y era tanta la estimación que hacia del arte, que para mostrar a los dueños cualquiera obra (aunque estuviese sólo desbastada), la po¬ nía sobre rm bufete grande, que para este fin tenia cubierto de terciopelo carmesí, con lo cual sus obras fueron muy bien paga¬ das y estimadas, porque además de su perfección, su gran porte y modo las sublimaba mucho. Y aunque vive en dicha cuidad este año de 1724 y en los 86 de su edad, con poca diferencia, me ha parecido escribir su vida por haber muerto para el mundo, a cau¬ sa de estar totalmente privado de la razón *. * Fué bautizado en la Iglesia mayor de Baza el i." de marzo de 1642, y enterrado en el convento de San Antonio de Granada el 25 de octubre de 1724. Para su vida y sus obras consúltese la excelente monografía de A. Ga¬ llego Burin, José de Mora. Granada, igzj. FINIS INDICE DE PERSONAS CITADAS 1.° Los nombres de artistas van impresos en versales; los demás, en versalitas. 2.° Se prescinde de los nombres mitológicos, los de personajes antiguos y los de Santos en sus representaciones iconográficas.—3Los números de las páginas correspondientes a las VIDAS de los artistas se imprimen en cursiva.—4.° Abre¬ viaturas; A., arquitecto; E., escultor; G., grabador; O., orfebre; P., pintor; Trat., tratadista. Abadía (Pedro de la). Alberro (P. Martín). 292. 55. ACISCLOS. Alcalá (Duque de). P.—211. 118. ADRIANO, donado Carmelita (El Alcázar (D. Luis y D. Melchor). hermano). 149. P.—P7-5. Afán Ribera Alejandro VI. de (Don Payo). 9. P.—354. AGÜERO (Benito Manuel de). ALEXANDRO. P.—223-4, 306. V.; MAYNER (Alessandro). Alarcón y Covarrubias, Obispo de Alfaro (Dr. D. Enrique de). Córdoba (D. Francisco de). 4, 318. P.—260, 267. Alforo (D. Francisco). Alba (Duque de). P.— 19. 210, 259. 31, 34. 107. Alba (Dr. ALFARO Y GAMEZ (D. Juan de). Miguel de). 189. P.—4, 191, 196, 208, 257, 25P- I 63, 318. ALBERT: fLeón Bat). Trat.—147. i ALG.ARD: (Alessandro). Albert: (Romano). ! E.—167, 182. A. Trat.—147. ! Almansa, madre de Cano (D.' Ma- Alberto (Archiduque). 1 ría de). 105-10. 244. — 41^ — Almirante Enríquez de Cabre¬ Arce, regidor de Madrid (D. Pe¬ ra (El). dro de). 262-3, 264, 268, 283, 286, 291. 261, 262, 291-2. Allende-Salazar (Juan). ARCO (Alonso del). 242. V.—346-8. AMANATO (Bartolomé). Arcos (Duque de). E. A.—72. 89, 158. AMAZURINO (Nicolás). -Arcos (D. Luis de los). G.—297. 361, 362. Angulo, veedor de las Reales Ca¬ ARDEMANS (D. Teodoro). ballerizas (Don Diego de). P. A.—309, 332. 120. ARELLANO (Juan). .\ngusciola (Amilcare). P.—227-2, 337. 31. Arellano (Juan de). ANGUSCIOLA (Ana). 221. P.—33. ■Ares (Fr. Antonio de). Angusciola (Asdrúbal). 23-7. 31. Abetino (Pietro). -ANGUSCIOLA (Europa). 34. P.—35. -ARFE (Antonio de). ANGUSCIOLA (Lucia). O.—52. P.—33. ARFE (Enrique de). -\NGUSCIOLA (Minerva). O.—52. P.—31. -ARFE (José de). -ANGUSCIOLA ÍSofonisba). E.—200. V.—31-3. ARFE (Juan de). -ANTOLINEZ (Don José). E. O. y Trat.-^, 27, 52-3, 200 P.—240-2, 280. 352. Argenville (D')- ANTONIO (Pedro). vn. P.—211, 239-40. AQUILIS (Giulio d'). ARGUELLO (Andrés Alonso). P.—77-2. P.—337. Araujo ¿'algado (Pedro de). -ARIAS (Antonio). 196. P.—98. ARBASIA (César). ARIAS (Hija de Antonio). P.—(54, 86. P.—275. AA/T0(-//VÊ E. e-C & CO OCHO A. ?. S. s 2.-1 419 — — ARIAS FERNANDEZ (D. Antonio BAGLIONI. de). P. y Trat.—146. 7.-274-5. Baleares (Marqués de los). Arias Montano (Benito). 273. 71. Baltasar Carlos (Príncipe). Arlegui (D. José). 157, 160, 246, 249. 242. BANDINELLI (Baccio). ARMENINI (Giov. Bat.). E.—12. Trat.—147. Baras (Francisco de). ARNAU (Juan). 115. 7.-336-7. Bárbaro (Daniello). Arnolfo (D." Antonia de). 147. 262. Barberino (Cardenal Antonio). Artier (Don Francisco). 166. 295. Barberlno (D. Francisco). ARREDONDO (Isidoro). 155. P.—279, 316, 357-Ç. BARCO (Alonso del). ARROYO (Diego de). P.—2S0. P.—75. Barrientos, Carmelita (P.). Ascargorta, Arzobispo de Granada 315. (Don Martín de). 250. BARROSO (Miguel). P.—47. ASENSIO. 7.-356. Barragán (D." Lucía), esposa de Solís. Astorga (Marqués de). 272. 269. BASSANO. ATANASIO (Pedro). P.—114, 355. V.: BOCANEGRA. Batevilla (Barón de). Austria. 188. V.: Nombres propios. BAUSA (Gregorio). Ayala (Don Antonio de). P.—750. 256. BECERRA (Gaspar). Baca de Alfaro (Dr. D. Enrique). P. E.—20, 21-7, 47, 51, 59. 191. Beitia, Secretario del Despacho Baeza (Salvador de). (D. José de). 259. 298. 420 — Béjar (D." Teresa Sarmiento, Du¬ Borgia, Duque de Valentinois (Cé¬ quesa de). sar). 239, 310. 9. BELTRAN (El Hermano Domingo). Borja y Velasco (Cardenal Don A. E.—49-50. Gaspar). 161. BELLINI (G.). P.—34. BOVADILLA (Jerónimo de). V.—258-9. BELLORI. Trat.—107. BRU (Mosén Vicente). P.—-359-60. Bembo (Cardenal). 34. BUONARROTTI. Vide: MIGUEL ANGEL. Benavente (Conde de). 39. 330. 331. Brandano. Oficial de la Secretaría del Papa (Ferdinando). BEN AVID ES (D. Vicente). 167. P.—273, 360-1. BURGOSMATILLA (Franciscode). P.—98. Benavides (Patriarca Sr.). 291. BUSI (D. Nicolás). E.—393-4. Benítez, franciscano (Fray Juan). 257. BUTRON (Juan deV Trat.—4. BERDUSAN (Vicente). P.—289. Caballero (Tomaso del). 67. BERGAMASCO (El). V.: CASTELLÓ (G. B.). CABRERA (Jerónimo deV P.—51. BERNINI íLorenzoV E.—167. CABEZALERO (Juan Martín de). P.—232-3, 240-1. 388. BERRUGUETE (Alonso). P. E. A.—11, 12-3, 15. 21, 50. CAJES o CAXES (Eugenio). P.—63. 101, 104, 111-3, 114. BOCANEGRA (Pedro AtanasioL 120. 121. 137. 138. 149. 212, P.—255, 307-10, 338. 336. Bocángel (Gabriel). CAJES o CAXES (Patricio). 103, 163. P. A.—74, 85, 111. BORGHINI (Rafaello). Calderón (D.° Ginesa). Trat.—147. 196. 421 — — Calderón de la Barca (D. Pedro). CARDUCHO (Bartolomé). 262, P.—ix, 71-3, 83, 99. Calvete de Estrella (Juan Cris¬ CARDUCHO (Vicencio). tóbal). P. y Trat.—vn,ix, 4, 19, 26, 15. 62, 67, 73, 85, 93, 95, 96, C.\LVO (Lázaro). 99-102, 113, 115, 121, 130, 165. 134, 135, 136, 140, 149, 222. Camilo (Domingo). C.arignano (Princesa de). 228. 157. CAMILO (Francisco). Carlos V. P.—98, 124, 202, 203, 215, 228- 11. 14, 17, 18, 27, 34, 36, 37, 31, 233, 387. 39, 51, 73, 194. 274, 365-6, CAMPAÑA (Pedro de). Carlos II, P.—13-4, 27, 43, 45. 162, 200, 220, 227, 290-1, 297 CANGUIASO "Luqueto" (Lucas). 298, 314, 317, 322, 330, 351, P.—40-7, 60, 376, 362, 363, 364, 374, 385, 394, 395, 396, 400, 414. CANO (Alonso). P. E. A. —4, 110. 137. 196, y Carlos, hijo de Felipe II (Prínci¬ 204. 211, 212, 226, 234, 244- pe Don), 55, 257, 307, 333, 334, 343, 45, 49, 79, 414, Carlos, hijo de Felipe III (Infan¬ CANO (Miguel), te Don). A,—244, 149. CANO DE ARÉVALO (Juan). Carlos Estuardo, Príncipe de Ga¬ v.—339-41. les y después Rey. Caramuel (D, Juan de), 38, 106. 109, 150. 177. 299, CARO (Don Francisco). CARAVAGGIO (M. A. Merissi da), P.—204-5. P,—126, 146, 194, 270, Carpió (Marqués del). CARBAJAL (Luis de). 150. P.—57-2. CARRACCI (Anibale), CARDENAS (Bartolomé de). P.—96. 294. P.—(54-5, 83. Cárdenas, Duque de Nájera (Don Carranza, prior de la Vereda (Don Jaime Manuel de). Pedro). 107. 164. 210. Cardona Lusiguiano (D, Nicolás de) CARRASCO (Rodrigo). 161. A.—302. 422 — — Carrasquilla, mujer de Valdés Castrillo (D. Garcia de Avellane¬ Leal (D.' Isabel de). da), Conde de. 318. 177. Carreño de Miranda (Juan). Castro (D. Leonardo Antonio de). P.—vm, 4, 98, 124, 136, 137, 228. 178, 179, 181, 204, 223, 231, Castro (El Arzobispo Don Rodrigo) 232, 235-6. 277, 278, 284 49. 285, 286-92, 300, 326, 330, 355, 384, 385, 388, 397, Cat.alano (G.). 398-9, 400. 33. Castel-Rodrigo (Marqués de) Catalina, mujer de Juan III de 150. Portugal (Doña). 17. GASTELO (Félix). V.—130-1. CEAN BERMÚDEZ (Juan Agus¬ CASTELLÓ tín). (Fabricio). P.—-20. Trat.—v, vi, 4. CASTELLÓ (Giovan Battista). CELLINI (Benvenuto). A. P.—20, 26, 59. E.—64. CEREZO, padre. CASTELLÓ (Gránelo). P.—235. P.—20. CEREZO (Mateo). CASTILLO (Fulano del). V.—235-8. P.—252. CERONI (Juan Antonio). CASTILLO (Agustín del). E.—705. P.—97, 110, 206. CESPEDES (Pablo de). C.\STILLO (Antonio del). P. E.—3, 4, 43, 64, 66-71, 85. P.—91, 206-11, 213, 240. 257, 86. 98, 102. 120. 135, 262. 259. 260. 263. Céspedes, racionero (Pedro de). CASTILLO (Juan del). 67. P.—770, 198. 206. 244, 293. CIEZAR (D. José de). Castillo (D. Juan Antonio del). V.—338-9. 298. CIEZAR (Miguel Jerónimo de). Castillo, jurado de Córdoba (To¬ P.—255, 257-8, 338. más del). CIEZAR (D. Vicente). 319. P.—339. . CASTREJON (Antonio). CINCINATTI (Rómulo). V.—312-3, 337. P.—20, 26, 62-3, 85, 91, 148. — 423 — Cobos "el Simple". ! Cortes, Duquesa de Alcalá (Doña 107. Juana). -COELLO (Claudio). I 46. P.—129, 232, 240. 279. 300. i CORTONA (Pietro Berrettini da), 302-3, 308, 313, 314, i P.—167, 364, 387. 324-33, 3S7, 364, 384. ¡ Córvete (D. Pedro). COELLO (Faustino). 321. Br.—324. CORREGGIO (Antonio Allegri da). COLONA (Miguel). P.—2S, 70, 166, 247, 294, 363, P.—166, 177-81, 182, 217, j 377. 290, 348. ! CosTELA (D. Simón de). COLLANTES (Francisco). I 309. v.—133-4. CRESCENCIO, Marqués de ia To¬ ' CON CHILLOS (Juan). rre (Juan Bautista). p._141, 360, 393, 406-9. A. P.—108, 142, 151, 215, 216. CONCHILLOS (Juan Antonio). I Crescencio (Cardenal). P.—409. 108. 142. 215. I CONTRERAS (Antonio de). ; CRISTOBAL DE UTRECHT. P.—Í20. v.—17. Contreras (Don Antonio). CUEVAS (Eugenio de las). 204. P.—98, 203-4. CONTRERAS (Manuel de). CUEVAS (Pedro de las). E.—725. P.—95, 124, 203. 215. 228. 270, CoRCUERA (D.* María de). 272. 286. 304. 221. ^ cumberl.'^nd (R.). "córdoba y Figueroa (D. Gómez de) vni. 208-9, 210. CUQUET (Pedro). CÒRDOVA (Don Fernando de). P.—134. 198. 123. CHAGAS (Fr. Felip» das). CÒRDOVA (Don Diego Ignacio de). Trat.—^vn. 303, 331. Chavarri (Dr. Pedro de). CORTE (Francisio de la). 189. P.—337. Chaves, madre de los Rici (Doña CORTE (Gabriel de la). Gabriela de), P.—312, 337. i 238. CORTE (Juan de la). CHIRINOS (Juan de). P.—142. P.—65. 83. 4-24 - - DELEITO (Andrés), Enríquez (D.' Mariana). v.; LEITO. 343. Delgado (Don Lorenzo). Enríquez de Ribera, Duque de Al¬ 265. calá (Don Femando). 91. DELGADO (Manuel). E.—203. Equicola de Albeto (Mario). 150. DIAZ DEL VALLE (Lázaro). Escalante (D." Francisca). 3, 59, 187-8. 224. Diericx (Adriano). ESCALANTE (Juan .Antonio de). 214. V—224-5, 270, 278, 398. DOMENICHINO. ESMIT (Andrés). P.—127. P.—167. Domínguez Bordona (Jesús). ESPINOSA (Jacinto Jerónimo de). 3. P.—266, 299. DONOSO. F.ALCONI (Aniello). V.: XIMENEZ DONOSO. P.—197, 396. F.AMON (Juan). Dorla (Principe). 335. P.—320. F.arnesio (Cardenal .Alejandro). Dorla (Andrea). 49. 165. F.ATTOR (Fray Nicolás). Duran (D.* Juana). P.—41-3. 304. F.aures (T). Luis). DURERO (Alberto). 326. P. y Trat.—12. 14-5. 147. Federico Gonzaga, Duque de Man¬ DYCK (.■\ntonio van). tua. P.—38. 181. 198. 260, 291. 293, 34. 294. 395. Felipe II. Eminente (Don Francisco). 15. 17. 18, 26. 28. 34. 35. 36,. 295. 297. 37, 38. 40-1. 44, 45. 47-8. 50, Encin.a (Don Femando de la). 52. 60-2. 66, 72, 73, 74, 79, 200. 88, 107. 157, 175. 274, 365. Enrique VIII. Felipe. III. 9. 38, 73, 74, 85, 151. Enríquez, Obispo de Málaga (Fray Felipe IV. Antonio). 26, 92, 105. 119. 132. 14-1 150, 343, 344. 152, 153. 158. 159. 161-2, 174, 175-3, 180, 186-7, 192, ' Fernando, hijo de Felipe II Infan¬ 195, 202. 205, 218, 224, 227, : te Don). 229, 245. 246. 249, 253, 269, | 38, 149. 271, 279, 281. 290. 394. Fernando de Austria (Cardenal In¬ Felipe V. fante). 386, 389, 390, 396. 108, 149, 159. FELIPE DE BORGOÑA (Maestre). . E.—12. I FERRER (Jerónimo). E.—172. Felipe Próspero, hijo de Felipe IV (■príncipe). FILIPIN (D. Francisco), Relojero. 185. 284. FERNANDEZ (Francisco). FINELLI (Giuliano). P.—775, 300. E.—125, 182. FERNANDEZ (Gregorio). Firmico (Giulio). V.: HERNANDEZ. 187. FERNANDEZ (Jerónimo). FLORES (Antonio). E.—57. V.: FRUTET (Francisco). FERN.VNDEZ DE NAVARRETE el Mudo florís (Franz). (Juan). P.—14. V.—28-31, 40, 60. FERN.ANDEZ Fonseca (Alonso de). (Luis). ¥.-120-1. 224. Fern.áxdez .\rias FONSECA Y FIGUEROA (D. Juan (Bartolomé). 774. do). Trat.—149. Fern.áxdez Bermúdez, mad^-e de Carreño (D.* Catalina). Fr.acastorio. 286. 34. FERNANDEZ MACHUCA (Juan). , FRANCISCO (Manuel). P.—198-9. i P.—211. Fernando I de Leó.n. Fe.ancisco Eseorza, Duque de Mi¬ 3. lán. 34. Fernando V de Aragón. 3. 7. 8. Francisco María, Duque de Ur- bino. Fernando, rey de Romanos. ■54. 34. Fernando III (Emperador). FRUTET (Francisco). 156. " I P.—75-4, 45. — 426 — Fuensalida (D. Bernardino López GAUDIN fP. Luis Pascual). de Ayala, Conde de). Y.—84. 175. GAÜRICO (Pomponio). Fuensalida (D. Gaspar de). Trat. 12. 190, 191-2. Gavirîa (Don Cristóbal de). GALEAS (P. Francisco). 185. Y.—77-8. GENTILESCA (Sofonisba). GALVAN (Don Juan). V: GENTILESCHI (Artemisia). Y.—135. Galverz (P. Carlos). GENTILESCHI (Artemisia). 199. P.—^viii, 45. GALLEGO, o Gallegos (Fernando). \ GIL DE MENA (Felipe). Y.—14-5. Y.—234-5. Gallego Burin (Antonio). GILARTE ÎD." Magdalena). 349, 416. P.—-355. GAMBERA (Lactancio). GILARTE (Mateo). P.—166. P.—354-5. Garci-Fernández, emisario de Fe¬ lipe II. GIORGIONE da Castelfranco tG.). 36. P.—34. GARCIA (Jerónimo). Goicorretea fMarqués de). P. Y..—196. 237. G.arcia (Juana). GOMEZ (Jerónimo). 221. E.—335. GARCIA (Miguel). GOMEZ (Juan). P. Y.—196. P.—60. 66. GARCIA HIDALGO (D. Josó). Gómez Moreno González (Manuel) P.—312. 357, 406. 199. 255. I ! García Rey (Verardo). Gómez Moreno-Martínez (Manuel) : 50. 22. 256. GARCIA REYNOSO (Don Anto¬ Góngora Argote (Don Luis y de). nio). 149. Y.—256-7. GONZALEZ (Bartolomé). GARCIA SALMERON (Cristóbal). P.—74. P.—199. González, Presidente de Indias GASSEN (Francisco). (José), Y.—134-5. iI 243. 427 — — González Dávila (Gil). Heredia, mujer de Alfaro (D.° Isa¬ TI, ISO, 172-3. bel de). 260. GONZALEZ DE LA VEGA (Don Diego). HERNANDEZ (Gregorio). v.—341-3. E.—74-7. Granvela (Cardenal). HERNANDEZ (Jerónimo). 17, 18, 40. ¥,.—115-6. GRECO (El). ¥.—86-91, 116, 110, 146. Hervás, madre de Arias (Juana). 274. Gregorio XIII. 48. HERRERA "el Rubio". P.—132. Guardia (Marqués de la). 302. HERRERA BARNUEVO (D. An¬ tonio de). Guebario (GasparL E.—226. 100. Herrera (D. Francisco de). GUERCINO. 205. P.—155, 351. HERRERA "el Mozo" (Francisco GUERRA (Eugenio). de). E.—226. P.—131. 132, 238. 280-5, 202, Guicho Conde de). 316, 328, 330, 382. 402. 404. 184. HERRERA "el Viejo" (Francisco GUIRRO (Francisco). de). P.—.75.7. P.—757-5, 144. 244. 280. Gusi (P. C.). Herrera (Don Gaspar de). 238 263. Herrera D. Ignacio de). GUTIERREZ ("Manuel). E.—504. 227. Herrera ÍSebastián de). GUTIERREZ DE TORICES TFr. 208. 260. Eugenio). P.—54.5-0. HERRERA BARNUEVO D. Se¬ bastián de). Gutiérrez de Torices (D. .:uín). P. k.—226-7. 281-2. 288. 200. 340, 414. GUZMAN (Fray .Juan de). Hierro Don Francisco de). V. : S.antísimo Sacr-amento. 265. ITeliche (Marqués de). Hipólito (Monseñor Abad). 128. 160. 180. 181. 271 . 167. - 428 — HORFELIN (Antonio de). Isabel de Borbón, mujer de Feli¬ P.—137. pe IV. 160, 172. HORFELIN de PouLTiESS (Pe¬ dro r). Isabel Clara Eugenia (la Infanta). P.—137. 105-10. Hornachuelos (Conde de). JIMENEZ DE ILLESCAS (Ber¬ 210. nabé). P.—225, 266. HUERTA (Gaspar de la). P.—240, 413-4, JORDAN (Lucas). P.—vill, 35, 88, 162, 173, 176, HURTADO IZQUIERDO (Don 292, 308, 309, 332, 333, Francisco). 363-87. A.—41S. Hurtado JOVELLANOS de Mendoza (D. Diego). Trat.—vi. 34. Juan III de Portugal. H YUANS (David). 17. 20. IP. Juan de Austria, hijo de Carlos V Ignacio de Loyola (San\ ^8. (Don). 44. INFANT (Pedro). Juan José de Austria, hijo de Fe¬ P.—413. lipe IV (Don). Infantado (D. Juan Hurtado de 204, 291. 300. 334, 355-6, 394. Mendoza. Duque del). Juana la Loca (Doña). 14P-S0. 25. Inocencio X. Juana, princesa de Portugal (Doña). 164, 167. 38, 47, 79. iñiguez de .Abarca, abad de Ron- JU.\NES (Juan de). cesvalles (D. .Tesé). P.—53-6, 265. IRI.ARTE JuÁNEZ DE Echalaz, oidor (Juan). (Ignacio de). .-4. V.—2S0, 2P9. Isabel Julio II. de Portugal (La Empera¬ 34, 171. triz), 38. JULIO. V.: AQUILIS (Giulio d'). Isabel de Valois, mujer de Feli¬ pe lll, JULIO ROMANO. 23. 31-2, 45. 69. 429 — — JUNCOSA (Fray Joaquín), LEON LEAL (Diego de), P.—JP2-J. P,—304, LEON LE.'^L (D, Simón de), JUNI (Juan de). E.—32, 74-7. P,—98, 204-S. LEONARDO (El P, .\gustin), JusTi (Cari), 58, P,—98, 204-2. LEONARDO (Jusepe), KESSEL, P,—98, 124-2, 149, V,: VANCHESEL, LEONARDO DONI (D, Francisco), LABRADOR (Juan), P.--402-Ó. P.—S6-7. LEONI (Leone), Lafuente (Enrique), E,—64, 238, LEONI (Ponpeo), E,—51, 62-4. LANCHARES (Antonio), P.—104-S, 121, 124, Lerma (Duques de), LANFRANCO, 64, 65, 161, P,—146, LIAÑO (Felipe de), P.—84-2. L.apilla id. Femando Ruiz de Con¬ Liche (Marqués de), treras, Marqués de la), 161, 168, 217, V.: Heliche, L.\RED0 (D, Juan de), LOMAZO (Paolo). P.—222-.?, 361, 400. Trat,—41, L.áynez de Cárdenas (D, AlonsoV López (CristóbalL 120. P,—20, LE.\L íSimón de"), LOPEZ CAR,0 (Francisco), V,; LEON LEAL, P,—793-4, 204, LEDESMA (José de), Losa (Canónigo), P.—222. 299, LEGOT (Pablo), Lovini (Conde de), P,—110, 184, LEITO (Andrés de), LUCAS DE HOLANDA, P,—237, P,—405, Leiva (Antonio de), LUCENA (Don Diego de), 34, P.—117-8. León y Hermosilla (D," Manuela de), Ludoviso (Principe), 343, 166, — 430 — Ludoviso Bolonia I de (Cardenal Ni¬ MARCH (Miguel). colás). ISS. I v.—222-3. Margarita de Austria (Reina D.*). Luis XIV. 90, 107. 188, 191, 386. Margarita, hija de Felipe IV (Em¬ LÜQUETO. peratriz) . V.: CANGUIASO. 174-6, 185. LL.\NO VALDES (Don Sebastián Mari Barbóla. de). 175. P.—245. María de Inglaterra, mujer de MACIP o MASIP, Felipe II. v.: JUANES. 18. MACHUCA Pedro). María, Reina de Hungría, hija de P. A.—198-9. Felipe III. 156. MAINO (Fray Juan Bautista). P.—90, 11Ç, 151, 238, 24c*. María Luisa Gabriela de Saboya. 390. Malagón (Marqueses de). 80. María Luisa de Orleans, mujer de Carlos II. M alpica (Marqués de). in. 291, 305, 313, 314, 315, 328, 331, 388, 395. Mangera (D. Pedro y D. Antonio Sebastián de Toledo, Mariana de Austria, mujer de Fe¬ Marqueses de). lipe IV (La Reina). 308-10. 414. 164, 172, 176, 180. 186. 219, 220, 227, 245, 253, 331. 335, Manrique, limosnero mayor (Don 384. 394. Luis). 28. Mariana de Neoburg (La Reina Doña). MANRIQUE (D. Miguel). 26, 316, 331. 332, 358-9. 390 P.—343. 396. MANTUANO (Dionis). Mariano, carmelita (Ambrosio). V.—272-3, 278. 360, 397. 79. M.ARATTI (Cario). María Teresa, hija de Felipe IV. P.—305. 313, 409. 157, 184, 188-9, 191. MARCH (Esteban). MARINAS (Enrique de las). v.—140-1, 222, 231, 393, 406. v.—265-6. — 431 — MARIO NUZZI. I Mayer (A. L.). P.—221, 337. i 14, 113. Harona (R. P. M.°). Mayner (Alessandro). 299. P.—11-2. MARTINEZ (Ambrosio). MAZO (Juan Bautista Martínez del) V.—234. P.—183, 219-20, 223. MARTINEZ (Fray Antonio). ; Médicis (Lorenzo de). V.—269-70. 8, 9. MARTINEZ (Jusepe). Médicis (Pietro de). V.—269-70. 9. MARTINEZ (Sebastián). Medina, viuda de Carreño (Doña v.—205-6, 256, 258. Maria de). 292. Martínez Arias (D." Juana). 310. Medina (Ana de). 212. MARTINEZ DEL MAZO. V.: MAZO. Medina Torres de las (Duque de). 185. MARTINEZ MONTAÑES (Juan). E.—110-7. MENA (Alonso de). E.—333. Mascaren as (D.* Leonor). 79. MENA (Pedro de). MATEIS (Pablo de). E.—196, 250, 255, 333-6, 350. P.—387. MENA (Las hijas de Pedro de). Mateo (Lorenzo). E.—336. 211. Mena y Villavicencio (Doña Te¬ Matías, maestro de armas (Don). resa de). 242. 350. Matilla, dominico (Fray Pedro). Méndez de Haro (Don Luis), 332. 171, 185. Mauricio de Sajonia. Mendieta (Don Juan). 107. 203. Maximiliano II. Menéndez y Pelayo ÍMarcelino). 34. vn, IX. Máximo (Monseñor Camilo). MERCELI. 166, 167. E.—186. MESA (Alonso de). Monstrua, Eugenia Martínez I'alle- V.—212. jo (La). 291. MES.A (Gregorio de). Y..—356-7. Montalvo (Marqués de). 308. Mexí.4 (Don Diego). 107. Mónteselo (Marqués de). 343. Mezcorta (D. Francisco). 314. Monteleón (Duque de). 323. Micael Angelo, barbero del Papa. 167. MONTERO (D. Lorenzo). P.—407-2. MIGUEL ANGEL. P. E. A.—8, 9, 12, 20, 21. 24, MONTERO DE ROJAS (Jua.n). SI, 57, 59. 65. 67, 73, 90. P.—98, 225, 270. 155. 166, 168. 171. 294. MONTERSOLI (Fra Angelo de). MIGUEL ANGEL DE LAS BA¬ E.—165. TALLAS. P.—197. Monterrey (D. Domingo de Haro, Conde de). millesti (Nuncio Don Sabo). 351. 291. Monterrey (D. Manuel de Zúñiga MINGOT (Teodosio). y Fonseca. Conde de). P.—57. 155. MISERI.A (í'ray Juan de la). Montufar (Juan de). V.—78-81. 133. MITELLI (.Agustín). MORA (José de). P.—166. 177-81, 348. E.—196, 247. 414-6. Modena (Francisco III. Duque de). Morales (Don Juan de). 157. 166. 263. MOHEDANO (Antonio). Morales el Divino (Luis de). P.—59, 85-6, 118. P.—45-4, 54, 56-7. 194. Moles (D. Vicencio). MOREI..LI (Giov. Bat.). 189. E.—182-4. MOLINA (Fray Manuel de). Moreno (Fray Cristóbal). P.—256. 255. 42. MONEGRO (Juan Bautista). MORENO (José). A. E.—vm. 50-1. P.—254. 433 — — MORENO (Melchor). Neve (Don Justino de). A. (?).—211. 297. MORO (Antonio). Niebla (D. Gaspar de Guzmán, v.—17-9, 47. Conde de). 187. Moya. 147. Neeremberg (P. Ensebio). 199, 214. Moya, de la Compañía de Jesús (P. Mateo de). Nieto Velazquez (José). 262. 176, 188. MOYA (Pedro de). NIÑO DE GUEVARA (D. Juan). P.—110, 198-9, 307, 337-8. P.—252, 255, 343-3. MUDO (El). Niño de Guevara (Don Luis). V.: FERNANDEZ DE NAVA- 343. RRETE. Nithard (P. Juan Everardo). MUÑOZ (D. Sebastián). 199, 305. P.—J13-7, 332. 389. NUÑEZ (Pedro). MURILLO (Bartolomé Esteban). P.—121. P.—110, 211. 259, 280. 293-9, NUÑEZ DE VILLAVICENCIO 320. 345. 351, 352. (Don Pedro). Murillo (D. Gaspar de). P.—331. 297, 298. Obregón (Contador). Murillo (D. José). 111. 294. OBREGON (Don Marcos de). N.\RDI (Angelo). G.—134. P.—102. 139-40, 149. OBREGON (Pedro de). NARDUCK (Juan), P.—134. v.: MISERIA. OCHOA Y ANTOLINEZ (Licdo. Narros (Marqués de). D. Francisco). P.—332-3. 181. Olivares (Conde-Duque de). N.ava (Dr. D. AlLnso). 106, 108, 114, 149, 150, 155, 156, 415. 158, 160, 245, 283. Navas y Collantes, mujer de Al- faro OLMO (Don José del). (D.* Manuela de). A.—381. 264. N.áxera (D. Diego de). Ontañón (D. Cristóbal). 398. 261, 308, 333, 361, 365. — 434 — OÑATE (Conde de). Paulo III. 166, 18S, 222. 34. Orgaz (D. Gonzalo Ruiz de Toledo, Pedroso (Marqués del). Conde de). 296. 87. PEÑALOSA (Juan de). Orueta (Ricardo de). P.—98-9. 336. Peñaranda (D. Gaspar de Braca¬ ORRENTE (Pedro). monte, Conde de). P.—114, 140, 199, 200, 201, 393. 290. PABLO (Micier). Peñaranda (Un hijo del Conde de). T.~137. 149. PACHECO (Francisco). PEREDA (.\ntonio). P. Trat.—vn, 4. 12. 16. 20, 21, P.—98, 215-8, 346. 26, 27, 45, 54, 56, 57, 64, 66, Pereti (Abad). 70-1, 77, 84, 85, 88. 90-1. 95. 166. 97, 116, 118, 119, 121-3. 131, 132. 133. 138. 144, 147. 244. Pereyra, Caballero de la Orden de Pacheco Cristo. (D.* Juana). 161. 147. PEREYRA (Manuel). PALACIOS (Francisco). V.—243. P..-202-3, 220. Pamphili Pereyra (Don Bartolomé). (Cardenal Astali). 203. 166, 167. PEREZ (D. Bartolomé). P.^NTOJA DE LA CRUZ (Juan). P.—323-4. P.—73-4. pérez (Doña Clara). Paravicino (Fray Hortensio). 203, 228. 89-90. pérez (Don Francisco). PAREJA Quan de). 285. P.—167, 218-9. pérez (D. Martín). PAMIGIANINO. 396. P.—166. PEREZ DE .\LESIO (MateoV Parrilla (Miguel de). P.—45-6. 57-8. 228. pérez de Bustamante (Doña Ma¬ P-ASTRA\.4 (Duque de). riana). 92. 217-8. 435 - - pérez de Guzman, Patriarca de las PONTONS (Pablo). Indias (D. Alfonso). v.—201. 190. Porta (Gio. Bat.). pérez de Montalbán (Dr. Juan). 147. 99, 138. PORTA (G. delia). PÉREZ Pacheco (Juan). E.—168. 123. Portero, escribano (Alonso). PEREZ SIERRA ID. Francisco). 124. V.—396-8. portoc.arrero (Cardenal). PEROLA (Juan y Francisco). 88. V.—59-60. PoRTt'GAi, (Don Fadrique del PERTUS. 23. V.—356. PoTENKiN (Pedro Ivanowitz). Pertusa ÍDon Juan). 291. 182. POUSSIN (Nicolas). Pertusato (Nicolasico). P.—167. 175. PRADO (Blas de). Pescara (Marqués de). 7.-15-6, 92. 34. 38. Pier María PRETTI (Mattía). de Cremona, médico. P.—167, 351. 33. Priego (Conde de), PÍO IV. 210. 31-3. PLANO Pulido Pareja (D. Adrián). (Francisco). P.—.?5d. 158. POLO. PuNZONA, madre de Sofonisba An- 356. gusciola (Blanca). 31, 33. POLO ÍDiego). 7.-58-9, 124. Quevedo (Don Francisco de) 58. 161. POLO el Menor (Diego). V.—124. (JuiÑONES (Ana). POMERANCIO. 92. ?.—146. Quiroga (El .Arzobispo Don Gas¬ PONCE (Roque). par de). P.—312.. 49. 87. — 436 — RABIELLA. RICI (Antonio . v.—356. P.—238. RAETH (El hermano Ignacio). RICI (Francisco). v.—199. P.—99, 179, 181, 204, 224, 240, 241, 276-9, 287, 290, 301, RAFAEL DE URBINO. 323, 324-5, 330, 341, 357, 21, 27, 47, 54, 58, 96, 97, 145, 358, 360, 384, 397. 155, 165, 167, 294, 363, 477, 387. RICI (Fray Juan Andrés). 7.-238-9, 276. RAMIREZ (Dr. Don José). V.—299-300. RIDOLFI (Garlo). Trat.—5, 35, 40. R.ATES (José). A.—219. RINCON (Antonio del). 7.-7-8. Rey, camarista (D." Juana). 314. RINCON DE FIGUEROA (Fer¬ nando del). REINA (Francisco). P.—7-8. P.—194. RIOJ.\ (Domingo de la). REINOSO (D. Antonio). E.—125, 172. P.—206, 340. RIOS (Francisco Alonso de los). REÑI (Guido). E.—353. P.—146. Ríos, mujer de Pérez Sierra (Doña REVENGA (Don Juan de). Ménica de los). 'E.—275-6. 397. RIBALTA (Francisco). los). RIOS (Pedro Alonso de 7.-95-7, 126. 130. 266, 35< E.—304, 353. RIBALTA (Juan). Rivadeneyra (P. Pedro de). P.—P5-7. 48. Ribera (El Patriarca y Arzobispo RODRIGUEZ ÍEl hermano Adria¬ Don Juan de). no). 42. 7.-214. Rodríguez de Silva ÍJuan). Ribera (Anastasio Pantaleón de). 117-8. 143. RIBERA (Jusepe). ROELAS (Juan—erróneamente lla¬ P.—97, 126-30, 146, 166, 363. mado Pablo—de las). 133, 193, 194, 31? 377, 387, 397. RICALDE (Juan de). Rojas (Beato Simón de). 164. P.—98. 437 — " Rojas y Contreras (Don Fran¬ RUIZ DE LA IGLESIA (Francis¬ cisco). co Ignacio). 172. P.—231, 282, 301, 308, 317, 387-92. Rojas y Sandoval (D. Cristóbal). 67. RUIZ GONZALEZ (D. Pedro). E.—398-400. ROLDAN (D." Luisa). E.—350, 361-3. RUIZ DE SARABIA (Andrés). P.—213. ROLDAN (Pedro). 'E.—349-50, 361. Sacheti (Cardenal Giulio). 154. ROLDAN, hijo (Pedro). E.—350. SADELER (Rafael). G.—213. ROMAN l'Bartolomé). v.—136, 286. Salamanca (Don Miguel de). 287. ROMANI (José). V.--268-9. Salazar (Cardenal). 68. ROMLLO. v.: CINCINATTI (Rómuio). Salcedo de Coronel (Don García). 160. ROMüLO (Diego de). V.—91-2. S.aldaña (Conde de). 150. ROMULO (Francisco de). P.—92. Salgado (Doña María). 215. Rosa, mujer de Solimán. 34. Salinas (Don José de). 190. Rubens ('.\lberto). 106. Salinas, Regidor de Valladolid (Don Rubens Pedro). o Rubenio ÍFilipo). 236. 105. Salizanes (Fray .Alonso). RÜBENS (Pedro Pablo). 206. 264, 335, 350. P.—4, 68. 105-10, 137, 148, 152- 3, 181, 213, 220, 260, 293. Salvatierra (Conde de). 294, 338, 343. 128. I RUBIALES (Miguel de). j San Cleme.nte (Conde de). E.—357. 137. Rueda (D.' Teresa de). I San Romín (Francisco de B.). 338. ; 117. — 43® — SÁNCHEZ, madre de Sebastián He¬ Santoyo, Secretario de Felipe II. rrera (D.* Sebastiana). 29. 226. SARABIA (José de). SANCHEZ BARBA Quan). P.—206, 213-4, 260. E.—220-1. Sarmiento (Menina Doña María SANCHEZ COELLO (Alonso). Agustina). P.—20, 38, 47-9, 73, 79, 84, 157. 175. 324. SARTO (Andrea del). SÁNCHEZ CoTÁN (Bartolomé). P.—12. 92. SCOREL (Jan van). SANCHEZ COTAN (Fray Juan). P.—17. P.—92-5. SCUT (Comelio). SANCHIZ (Jesualda). v.—243. P.-^13. SCUT el Viejo (Comelio). SANDRART (Joachin de). G. P.—243. Trat.—293. SCHUT (Comelio). Sanguineto, Regidor de Madrid V.: SCUT. (D. Rafael). 249. SECANO (D. Jerónimo). P. E.—400-1. San Miguel (D. Francisco de Men¬ doza, Marqués de). SECHERS (Daniel). 349. P.—199. Santa Cruz Sena (Conde de). (Marqués de). 166. 215. S.antiago ("Marqués de). Sessa, embajador en Roma (?) (Du¬ 295, 347. que de). 33. SANTISIMO SACRAMENTO (Fray Juan del). SEVILLA ROMERO (Juan de). P.—265. 266-8. I P.—308, 337-8. Santisteban (Conde de). '■ SIGÜENZA (Fr. José de). 386. Trat.—^vii, 28, 41. 60, 63. SANTO DOMINGO (Fray Vicen¬ te de). Silva, Obispo de Guadix (Fray Die¬ P.—28. go de). 238. Santo Tomás, Obispo de Málaga (Fray .Monso de). I SIMONELLI. 251, 334, 344. P.—387. 439 — Sixto IV. TENIERS (David). 34. P.—394. Sixto V. Teresa de Jesús (Santa). 48. 79-80. SN YD ERS (Franz). Terranova (Duque de). P.—106. 177, 182. Soliman, emperador de les turcos. THEOTOCOPULI. 34. V.: GRECO (El). SOLIMENA (Francesco). THEOTOCOPULI (Jorge Manuel). P.—387. P.A.—90. SOLIS (D. Francisco de). TIBALDI DE BOLONIA (Pere¬ P.—vn, 234, 271-2, 404. grin). P.—28, 60, 62, 66-7, 71. SOLIS (Juan de). P.—221, 271. TINTORETTO (Jacopo Robusti). P.—1S3. 1S4, 16S. 220, 22S, 363, SOTO (Juan de). 387. P.—83. Tirado de Leiva (D. Bernardino). SOTO (D. Lorenzo de). 171-2. v.—306-7. Titi (Filipo). SOTOMAYOR (Don Antonio de). 69. 283. TIZIANO. SOTOMAYOR (Luis de). P.—vitl, S, 19, 28, 29, 30, 33-40, v.—231-2. 48, S8, 81. 86, 87, 88, 97, Spada (Cardenal Baltasar). IOS, 106, 107, 124, 1S4, 167, ISS. 17S, 181, 220, 22S, 260, 291, 292. 293. 294. 363, 377. Spínola,Marqués de los Ralbases (Ambrosio). TOLEDO (Juan Bautista de). 1S3. 164. 3S1. A.—vni, SO. TOLEDO (Juan de). SuRio (Laurencio). 34, S6. V.—196-8, 3S4, 397. Toledo (Miguel de). Tabara (Marqués de). 187. 196. Tebar (Doña Isabel Tormo (Elias). de). 247, 414. 23, S8, 63. 233. 23S, 238. Tejada, oidor (Don Francisco). Torre (D. .Andrés de la). 21S. 278. 440 - Torre, Secretario en Ñápeles (Don Urbano VIII. Diego de la). 92, 151, 155. 396, 397. UssEL (Jacoba). TORRE (Marqués de la). 128. V.; CRESCENCIO. UTANDE ("Gregorio). TORRES (D. Gabriel de). P.—288. P.-^04. VACARO (Andrea). TORRES (Matías de). P.—261. P.—308-9, 328, 337, 397, 402-5. VAGA (Perin del). Torres (Don Pedro de). P.—45. 172. VALDES LEAL (Juan de). Torres Ltñán (Don Francisco de). P.—213. 297, 317-22, 350. 210. VALDES fD. Lucas, D.' Luisa y TORRIGIANO (Pietro). -D.* María). E.—S-íí. P.—321-2. TORRINO (^Tomás). Valenzuela (Don Femando). P.—402. 291. Toscan.4. (1630) (Gran Duque de). VALPUESTA ("Lícdo. Pedro de). 156. P.—■272. Tramoyeses (Luis). 266. Valpuesta, Agente de negocios (Pe¬ dro de). Trejo Paniagua (Cardenal). 212. 92. Valverde (Dr. Juan de). TRISTAN (Xuis). 21. P.—83. 90. 116-7, 146. VANCHESEL (D. Juan). TRTUNFI CFlaminia). V.—394-6. P.—167. VANKESSEL el Viejo. UcEDA ("Duque de). P.—394. 150. UDTNE fGiov. VAN DER HAMEN LEON (Juan). d'). P.—11. V.—138-9, 235. ÜLLOA (T).' Marcela de). Vanela (T).' María). 175. 221. Unco (DiegoV Vanderte (Catalina). Restaurador.—262. 214. 441 ~ — VARELA (Francisco). VELASCO (Matías de). v.—133. P.—102. VARGAS (Andrés de). Velasco (Don Pedro de). V.~233-4. 204. VARGAS (Luis de). VELAZQUEZ (Diego). V.—45-6, 57, 77, 110, 118. P.—viii, 3, 4, 38, 108, 117, 123, 124, 125, 132, 136, 138, Vargas, médico (Nicolás de). 143-93, 205, 218, 243, 259, 213. 260, 262, 269, 287, 290, 293, VASARI (Giorgio). 311, 312, 318, 326. 3. 8. 11, 31, 147, 180. Velazquez (Doña Jerónima). Vasto 143. (Marqués del). 34. Vélez de Guevara, 150-1. VAZQUEZ (Alonso). P.—86. 118-9, 122. Venturi (Adolfo). 11. vázquez, Arcediano de Carmona (Mateo). CABEZA DE VACA 111. VERA (Don Francisco de). VEEN (Otto van). P.—555-5. P.—105. VERONES (Paolo Cagliari). Vega (Lope de). P.—105, 139, 153. 165, 181, 220. 30. 49. 100. 112, 121. 133, 138. Ves.alio (Andrea). Veguillas (D.* Maria). 147. 358. Viana (Don Rodrigo Pimentel, Mar¬ VEJARANO (Juan de). qués de). E.—725. 204. VELA (Don Antonio). VICENTE (Bartolomé). P.—242-5. P.—555. VELA (Cristóbal). VICTORIA (D. Vicente). P.—103, 135-6, 206. 242. v.—409-12. Velasco, mayordomo mayor (Don VIDAL (Dionis). Iñigo). P.^08. 339. \TG-\RNI (Felipe). Velasco (Menina D.' Isabel de). v.: FELIPE DE BORGOÑA 175. (Maestre). — 442 — VIGNOLA. XiMÉNEZ, madre de el Mudo (Doña. A. Trat—85, 147. Catalina). 30. VILA (Lorenzo y Senén). P.—JPJ-4. I XIMENEZ (Don Francisco). P.—207. VILLACASTIN, el Obrero (Fray Antonio de). XIMENEZ DONOSO (Antonio). -A.—41, 62. P.—300. ViLLACis (D. Nicolás Alonso de). XIMENEZ DONOSO Qosé). 310. P. A.—vii, 115, 232, 278, 300-3„ VILLACIS 308, 326, 327, 328, 329, 388, (D. Nicolás de). 389. P.—370-2. YAÑEZ DE LA ALMEDINA (Fer¬ Villa-Manrique (Marqués de). nando). 20g, 320. P.—55. VILLA-REAL (José de). ZAMBRANO (Juan Luis). A.—188, 189. P.—702-5. Villa-Toro (Don Diego de). Zarco fP. Julián). 275. 220. Villegas (Alonso de). ZAYAS (D. Miguel de). 42. E.—336. VINCI (Leonardo de). ZARIÑENA (Cristóbal). P.—64, 165. P.—55. VIONDO (M. A.). Trat.—147. ZUCARO ÍFederico). vitelli (Paulo). P.—50-2, 65-6, 67, 69, 71. 147.. 9. 155. VOS (Pedro de). ZUREARAN (Francisco). P.—106. v.—194-6. 206. 213, 244. 258. , INDICE DE LOCALIDADES Aguilar. Almeida. Convento.—267-8. 290. Alba de Tormes. Amberes. Castillo del Duque.—12. 19, 109. Carmelitas.—278, 342. Andilla. Alcalá de Guadaira. 96. 122. Andújar. Alcalá de Henares. Capuchinos.—256. 49. Aniago (Cartuja de) Magistral.—-102, 113. 76. San Bernardo.—140, 202. Capuchinos.—230. Anteqltera. Clérigos menores.—230, 85. Colegio de la Compañía.—SO, 108, 139-40. 341. Aranda de Duero. San Diego.—136, 247, 362. 77. Magdalena.—216, 241, 278. 288. Recoletos agustinos.—271. Aranjuez. Trinitarios descalzos.—198. 288. 35, 183, 223, 377 Archivo.—230. Astorga. Alcalá la Real. Catedral.—22, 110. Avila. Alcázar de Consuegra. Catedral.—53. 92. Alcorcón. Badajoz. 290. 43, 44, 56. Alhendín. Baena. 333. 98. Almagro. Baeza. 59. 21. — 444 — Barcelona. Cazalla. 35. Cartuja.—78. Agustinos.—135, 337, 353. Cento. El Carmen.—198. 155. San Francisco de Paula.—135, 198, 337. Cintra ? Santa Maria del Mar.—337. 23. Bayona de Titulcia. CoGOLLA (San Millán de la). 88. 239. Boadilla. CÓRDOBA. Palacio.—269, 271, 402. 67-71. 91. Catedral.—53, 59, 64, 68-71, 86, Bolonia. 101, 103, 114. 136, 206. 257, 27, 34. 165-6. 415. Bosque de Segovia. Convento de la Arruzafa.—99, v.; Valsaín. 209. 213. Casa de los Señores Acevedos.— Bruselas. 129. 27, 35. Hospitalico de los Santos .Acis¬ clo y Victoria.—136. Buj alance. San Francisco.—120. Agustinos.—103, 129. 135, 243, 268, 338. Burgo Os-ma. de Capuchinos.—2 57. Catedral.—76. Santa Clara.—69. Carmen Calzado.—318. Burgos. 234. Hospital de la Caridad.—209, 243. Catedral.—22, 239. Carmelitas descalzos.—97-, 260, San Pablo.—53. 267. Miraflores.—202. Sta. Catalina.—43. 69. 83, 102. San Juan CMonasterio de).—239. Hospital de Ntra. Sra. de la Con¬ CÁDIZ. solación.—91. 209. 110. 296, 298. Corpus Christi.—205. San Francisco.—O], 213, 260, Calatayltd. 318. 335. Santa Maria.—356. S. Felipe Neri.—210. Cambridge. Ntra. Sra. de la Fuensanta.— 265. 117. Inquisición.—208. Carcagente. Sta. Isabel de los .Angeles.—208 96. Hospital de Jesús Nazareno.— ■Casarrubios de Monte. 207. 317. 389. Convento de los Mártires.—103. 445 — San Pablo.—91, 195, 207, 240. Getafe. Convento de Regina.—242-3 361. La Ribera.—213. Granada. Portada de la Puente.—10. Trinitarios descalzos.—350. 7, 110. Convento de la Victoria. — 99, Catedral.—9, 249-50, 307, 335. 214, 297. Alhambra.—11, 13. San .Agustín.—344. corella. i El Angel.—250, 258, 297, 334. Monjas benitas.—225, 301, 329. ¡ San Antón.—234. Capuchinas.—415. Cremona. i Capuchinos.—250. 31. El Carmen.—234. Cuenca. Cartuja.—92-5, 297. 307, 415. Sta. Catalina.—250. Catedral.—233. La Compañía.—63. Colegio de la Compañía.—307, San Francisco.—200. 233. 338. Hospital del Corpus.—258. Chelva. Sta. Cruz.—251. Convento.—42. San Diego.—250. San Feilpe Neri.—338, 415. Escorial. S. Francisco.—197. 20. 28-30, 36, 38-9, 40, 41, 44. , Ntra. Sra. de Gracia.—198, 307. 47. 48, 50-1, 52, 58, 60-1. 62- S. Jerónimo.—234, 338, 3. 64. 65-6. 71-2. 73, 85, 88, i Trinidad calzada.—415. 105, 124. 128. 129, 142, 152, 156. 177. 226, 279, 284, 292. Guad.alajara. .530. 349. 362, 364. 365-77. i 7. 387. i Palacio del Infantado.—62. Estrella ("Monasterio de la). Guad.allte. 28. 30. 377. Ferrara. 154. Hiniesta. 233. Fraga. 159. Illescas. La Caridad.—88. Fuensald.aña. 109. Jaén. Catedral.—205, 350. Fuente de Cantos. Compañía.—205 194. 195. S. Francisco.—258. Fuenterrabía. játtva. 188-9. 126. — 446 Jerez de la Frontera. S. Pablo.—-180.—S. Bruno.— ' 110. 221. Agonizantes.—221, 226, 236. Leerija. Agustinos Recoletos. — 74, 223, 245. 226, 236, 271, 282, 302. León. Almudena.—386. 52, 53. S. Andrés.—202, 241, 325. Convento de los Angeles.—275, lerida. 278, 397. 159. Hospital de Aragón.—282, 284. Antón Martín. — 125, 203. 231, Loeches. 268, 346, 385. 106, 159. San Antonio de los Portugueses. Logroño. 101, 112, 202, 287, 384. 28. i Atocha.-^2, 65, 83, 88, 129, 139, 197, 217. 230, 238, 268, Londres. 270, 281. 284. 290, 306, 316, Apsley House.—145. 382, 405, 415. Ayuntamiento.—277. Lorca. Sta. Bárbara de Mercedarios \ 196. descalzos.—101. Convento de la Baronesa.—386. Loreto. Los Basilios.—300, 301. 155. San Bernardo. — 113, 221, 276, 347, Lucena. ^ Hospital del Buen Consejo.— 228. 212, 222, Iglesia mayor.—86. 205. j Buena Dicha.—157. Caballero de Gracia.—287, 302, Madrid. j 15, 20, 329, 385. 45. 47, 50. 51. 52. 53. i Calatravas.—388. Alcázar. —13. 20, 26, 35. 47-8, ! 51. 58, 63, 73, 85, 107, 115, Capuchinas.—101, 216, 287. ; 121. 124, 125. 131. 157. 163, ■ Capuchinos de la Paciencia.— 131. 233. 271. 276. 398. 403. 164. 17'2. 176. 177, 180, 183, ; 184. 200. 220. 229, 246, 271, Capuchinos del Prado o de San Antonio.—217. 305, 326, 247. 273, 278, 287, 313-4, 328, ^ 385. 331, 358, 382, 387, 395, Casa del Tesoro,—177, 227, Cárcel Real.—226. Buen El Carmen.—101, 139, 200, 217, Retiro.—114, 119. 125, 128. 134, 142, 156, 160, 164, I 221, 224, 225, 295, 304, 313,. 195, 215-6, 315, 357. 224, 226, 241, ¡ 273. 279, 316, 339, 358, 360, i Carmelitas descalzos de S. Her¬ 364, 376, 378-80, 389, 390, ; menegildo. — 79, 139, 230, 400. 401, 406.—Ermita de i 281, 342. 388. Hospedería de ía Cartuja.—202, ' 212, 301, 341, 347, 353, 388, 230. 397, 401, 403. Casa del Duque de Alba (co- San Gil.—100, 101, 246, ; 289, mienzos del xviii).—12. ' 292, 329. Casa del Almirante. — 216. 232, ; San Ginés.—101, 246, 274, 278, 241, 262, 268, 286. 288, 301, 313, 330, 387, 389, Casa de Campo .^195. 399. Casa Profesa.—104, 214, 229, ' Virgen de Gracia.—313. 278, 335, 387. ^ San Hermenegildo.—V. : Carmeli¬ Real Casa de los Desamparados. tas descalzos. 98. Hospicio.—385. Jardín del Marqués de Helíche, Hospital.—347. cerca de S. Joaquín.—180, í Hospital de Aragoneses. — 389, 278. 390. Huerta de Sota, del mismo, en Inclusa.—305. el Camino del Pardo.—181, Inquisición.—235. 397. S. Ildefonso.—287. Casa de los herederos de Don Santa Isabel. — 129, 224, 236, Juan de Montúfar.—133. 326. Casa del Marqués de los Ralba¬ Iglesia del Colegio Im|>erial o ses.—271. 360. San Isidro,—25, 43, 50, 199, Casa del Conde de Priego.—210 202. 214. 226, 243, 247, 261, San Cayetano.—133, 137. 271, 277, 282, 300. 327, 328, Santa Clara.—212. 335, 341, 387, 399, 414. Concepción Francisca.—212. Capilla de San Isidro.—204, 277, Constantinopla.—282. 358, 389. 289, 347. Corpus Christi. — 43, 96, 101, Italianos.—268. 283. San Jerónimo.—38, 44, 48, 73, Santa Cruz.—101. 112. 121. 134, 226, 347. 401, 402, 406. San Juan,—288, 326. 221, 278, 302, 326, 353. 360. Don Juan de Alarcón.—197, 270, Descalzas Reales.—22, 42. 64, 342. 114. San Justo.—139. 283, 303. 399. Sto. Domingo el Real.—99. 113. Niñas de Leganés.—347. 397. Niñas de Loreto,—216, 301. Encamación.—99, 136, 210. San Luis.—303. 331. 385. 399. Espíritu Santo de Clérigos me¬ Santa María.—124. 246. nores.—225. Colegio de D.* María de Aragón. San Felipe el Real.—73, 97, 100, 74. 88, 96, 112. 137, 286. 111, 229, 274, 281. 313, 353. San Martin.—112, 202, 239. 287, Gradas de San Felipe.—150, 221, 302, 328, 336, 353. 277. Merced Calzada.—81. 101. 104. San Felipe Neri.—389. 111, 121. 124. 131. 134, 181. S. Francisco. —100. 113, 139, 182. 217. 221. 224. 230. 232, 448 — 239, 270, 342, 346, 357, 385, 236, 277, 301, 339, 360, 386, 399. 397 403 404. , , Mercedarias descalzas.—339. Monjas Valleras.—230, 287. S. Miguel.—101, 212, 216, 225, Museo del Prado.—38, 54, 73, 246, 272, 312. 74, 87, 88, 100, 119, 125, 128, San Millán.—301, 399. 134, 156, 164, 205, 219, 224, Montserrat.—253. 246, 261, 272, 281, 289, 326, San Nicolas.—232, 302, 329. 351, 395. Noviciado de la Compañía.— Málaga. 276, 282, 304, 305. Capilla del Obispo de Plasència. Catedral.—251, 334, 344. 16. 112. 403. S. Francisco.—344. Orden Tercera.—100. 114. 139. Sto. Domingo.—334. 232. La Victoria.—344. 241. 268, 290, 399. La Compañía.—335. Panadería.—302, 327. San Pascual Bailón.—129. La Caridad.—343. San Pedro.—16r 277. 282. 304. S. Pedro de Alcántara.—345. San Pedro de los Naturales.— Marchena. 262. Sto. Domingo.—272. San Plácido. — 157. 202. 232. 276. 325. 397. Martos. Premostratenses.—304. 257. Puerta de Guadalajara. — 219. Marruecos. 245, 306. 15. 16. Recogidas.—286. El Rosarico.—100. 202. 231.330. Medina de Ríoseco. El Salvador.—262. 277. 314.341- 53. 2. 347, 358. 406. Santa María.—76. Santiago.—246. 276. San Francisco.—76, 235. Comendadoras de Santiago.— 385. Mejorada (La). S. 12. Sebastián.—101, 347. Sta. Teresa. Carmelitas descal¬ Mérida. zas.-—289, Pinturas en los acueductos—12, Colegio de Santo Tomás.—101, 223, 226. 282. 302. 330. 357, Modena. 386, 388. 166. Trinidad de calzados.—100. 112, Montserrat. 138. 239. 277. 300. 238-9. Trinitarios descalzos.—230. 234. 272, 304. 346, 403. Monte-Alegre (Monasterio de Bar¬ La Victoria y Capilla de la Sole¬ celona). dad.—23. 43. 101. 112. 115. 84, 392. 449 — — Monte Casino. Pardo (El). 239. 7, 13, 19, 20, 26, 35, 40, 49, 51, 73, 74, 83, 85, 99, 113, 194, Murcia. 220. SO. Convento.—75, 229, 271. 276, Capu chinas.—393. 347. Capuchinos.—393, 408. Torre de L Parada.—106, 159. La Concepción.—114. Zarzuela.—291, 351. La Compañía.—197, 354. Sto. Domingo. — 312, 354, 393, Paredes de Nava. 408. 12, 13. San Francisco.—114, 393. París. Sta. Isabel.—393. Louvre.—117. La Madre de Dios.—393. Trinidad Calzada.—311. Parma. 166. Murta (La). 114. Pastrana. Namur. Carmelitas descalzos.—79, 81. 109. Paular (Cartuja del). xápoues. 94, 100. 104. 138, 230, 232, 236,. Catedral.—127. 249, 300, 327, 353. Palacio de los Virreyes.—127. Peñar.anda. San Martín.—127. 195, 290. N.ava del Rey. placenza. 76. 31. Xavalcarnero. Pontevedra. 241. 75. Olivares. Porrino. 81. 82. 123. 233. Orgaz. Puebla de Sanabria. 92, 290. San Francisco.—35. Pallarès. Robledo de Chávela. 195. 7. Pamplona. Roma. 220. Trinita dei Monti.—22, 69. Trinitarios.—289. San Lorenzo.—92. Villa Medici.—155. Paracuellos. Panteón.—167. 288. Palacio de Torre Borgía,—9. - 45° — Sahagún. Cárcel.—11. S3. Casa Profesa.—70, 82, 111. La Caridad.—296, 318-9, 350. Salamanca. Cartuja de las Cuevas.—77-8, 14, 23. 84, 111, 122, 350. Catedral Vieja.—14, 76. San Clemente el Real.—122 Agustinas de Monterrey.—129. S. Francisco.—86, 118, 293. Clérigos menores.—230. S. Hermenegildo.—-122, 132. Universidad: Capilla de S. Jeró¬ Santa Inés.—131. nimo.—15. Santa Isabel.—122. Capuchinos.—100. San Isidoro del Campo.—82, 111. S. Esteban.—105, 119, 332. San Jerónimo.—10. San Vicente.—239. San Lorenzo.—27. Santa María Santa Maria la Blanca.—350. de Jesús, cerca de Valencia Merced Calzada.—82, 110, 118, (Convento de). 42. 122, 132, 133. 194. 245. Mercedarios descalzos.—195. Santiago de Compostela. Monte Sión.—244. 53, 300. San Pablo.—27, 46. 111. 116, 195, 350. Scala-Dei (Cartuja de). Santa Paula.—245. 84. S. Pedro.—82. Segorbe. Portaceli.—111. 301. Casa de Pilatos.—118, 122. Puerta de Carmona.—243. Segovia. Regina.—350. Catedral.—76. Colegio de Sto. Tomás.—82. Alcázar.—73. Los Venerables.—296. Capuchinos.—289. San Vicente.—133. Santa Cruz.—289. S. Francisco.—204. 235. sis.ante. La Fuencisla.—230. 362. Congregación de Santos Justo y Talavera de la Reina. Pástor.—230. Sta. Catalina.—28. Sevilla. T.ardou (Desierto del). 14, 45, 69, 194. 79. Catedral.—27. 43. 45, 46, 53, 57, 70. 8?, ilO. 116, 118. 195. Toledo, 200. 281. 295. 297. 349. 15. 30. 50-1. San Alberto.—122, 132. 195, 244. Museo.—119. Colegio de las Becas.—350. Catedral.—12-3. 16. S3. 87, 89. San Bernardo.—131. 113. 114. 225. 326. 336. 380. San Buenaventura.—132. 105. 387. Capuchinos.—296. Catedral: Capilla de la Virgen del Sagrario.—101, 113, 277, S. Esteban.—266. 287. S. Felipe Neri.—299. Hospital de Afuera.—88. S. Felipe de Carmelitas descal¬ Agustinos calzados.—304. zos.—130. San Bartolomé.—90. S. Francisco.—410, 413. Puerta del Cambrón.—13. S. Juan del Mercado.—140, 359, Capuchinas.—305. 407. Capuchinos.—231, 247, 277. S. Julián, agustinas.—54. El Carmen calzado.—274. S. Martín.—96, 413. Casa Profesa.—87. Merced Calzada.—301. Sto. Domingo el Antiguo.—88. S. Miguel de los Reyes.—58, 96. San Juan de los Reyes.—7. Orden Tercera.—222. La Merced.—104. S. Nicolás.—55, 266. San Pedro Mártir.—117, 119. Colegio del Patriarca.—96. Convento de la Reina.—87, 114, Portaceli.—248. 117. El Puig.—201, 264. La Sisla.—88, 116. La Puridad.—407. Sto. Tomé.—87. La Ribera.—248. Puerta de Visagra.—13. El Salvador.—407. San Sebastián de mínimos.—54. Torrente. 408. 96. Trinitarios Calzados.—130, übeda. Sto. Tomás.—413. Casa de Cobos.—11. La Valdigna.—408. Hospital de Santiago.—11. Valde Cristo.—182. Urbino. Valsaín. 60. 29. Valdecristo. Valladolid. 301. 53. Catedral.—237. Valdemoro. San Agustín.—72. 329, 341. San Andrés.—72. Valencia. Las Angustias.—77. 41-2, 58. La Antigua.—76. Catedral.—54, 114. 410. S. Bartolomé.—237. S. Agustín.—54. S. Benito.—12 El Carmen.—54. Carmelitas Calzados.—75. Sta. Catalina.—96. Carmelitas Descalzos.—64, 75. Agustinas de S. Cristóbal.—222. Sta. Catalina.—75. 231. Colegio de la Compañía.—75. Casa Profesa.—55. 410. Descalzas Reales.—102. Capilla de los Desamparados.— San Diego.—72. 102. 413. S. Francisco.—65, 76, 235. 237 II ITO AMATLLER HISPÁNICO 452 Las Huelgas.—75. villarrubia de los ojos. Inquisición.—235. 271. S. Lorenzo.—75, 237. Villanueva y Geltrú. S. Martín.—76. 119. Mesón de los Reyes.—77. S. Nicolás.—75. Viso del Marqués. Niñashuérfanas.—49, 235. Palacio.—59. San Pablo.—64, 65, 75, 102. Palacio.—102. Vitoria. Puerta delCampo.—75. 49. Santiago.—77. Museo.—19, 22, 109. Yecla. 306. Vallecas. 277. Zamora. Venecia. 76. 34, 40, 165. San Jerónimo.—22. S. Marcos.—153. San Francisco.—22. Palacio Ducal.—153. Zaragoza. Ventosa (Lugar de la). 220. 13. La Seo.—135, 201. Agustinos descalzos.—137, 355. Viana. 271. Cartuja de Aula-Dei.—357. Carmelitas calzados.—201. Vn-lagarcía. Jerónimos.—269. La Merced.—195. San Lorenzo.—401. Colegio de la Manteria.—313, Villanueva de los Infantes. 329. Iglesia.—59. San Miguel.—401. Dominicas.—271. Universidad.—3 55. INSTITUTO AMATLLER DE ARTE HISPÁNICO N.° Registros ¿ Signatura: Armarlo Estante