SliGHiZ castos füistbi lrfssasias pisa u histokia dslütb ísf4soi. FUENTES LITERARIAS PARA LA historia del arte español CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS INSTITUTO DIEGO VELAZQUEZ FUENTES LITERARIAS PARA LA H I S T O R I A DEL ARTE ESPAÑOL POB F. J. SÁNCHEZ CANTÓN TOMO V Y ULTIMO P. INTBElAN.-r. DE CASTRO.-P. XIMBNEZ.-PEEOIADO DB LA VEGA.-D. VILLANUEVA. - MAYANS. - .4/>£.VZ>/C£S'. ZÜCCAHO.-PACHECO.-P. LA FAILLE.-UZTAEBOZ Y LAS- TANOSA.-P. LA CHICA.-P. ARANDA.-TEXTOS LITERA¬ RIOS O HISTORICOS (SIGLOS XII AL XVIH). MADRID I 9 4 I CONTENIDO DE ESTE TOMO Con este V volumen se da por acabada la serie de Fuentes LITERARIAS PARA LA HISTORIA DEL ArTE ESPAÑOL, COnsiderálldo- 80 cumplido el programa que se trazó al publicar el I en 1923. Y cumplido con creces, ya que entonces no se proyectaba más que la edición en tres tomos de los textos precedentes de las Vidas de Palomino, si bien se preveía editarlas también; como, en efecto, se ha hecho en el volumen IV. El que ahora sale de prensa comprende extractos de escritos posteriores al Museo pk- tórico del tratadista pintor, pero que por su espíritu y su forma pueden agruparse con los anteriores. El cambio transcendental en la manera de hacer la Historia del arte español se presenta con la generación que pudiéramos llamar neo-clásica o "europeizadora"—si la palabra no malso¬ nase— : la venida España de Mengs ; el impulso dado a los es¬ a tudios por Jovellanos; el Viage de España, de Ponz..., que moti¬ van las obras de Llaguno, de Ceán Bermúdez, de Posarte: en suma, la historia del arte basada en el estudio directo de las obras y en la documentación. Algunos de los tratados que aquí se extractan son de fecha harto avanzada: cuando ya pintaba Mengs en Madrid y cuando el abate Ponz había sacado varios tomos de su inapreciable Viage, pero se han incluido, porque obedecen a una concepción en cierto modo arcaica de los estudios artísticos. En cambio, se ha prescindido de la importante serie de folle¬ tos quecontienen las actas de las fiestas de la Academia de San Eernando, tan ricos en noticias, a partir de su Abertura solem¬ ne el día \del 'de ... mes junio \de 1752 hasta el último, salido en 1832; incluirla en nuestra colección exigiría, al menos, un vo¬ lumen completo, excusable por no ser de excesiva rareza las edi¬ ciones originales. Por otra parte, la homogeneidad de la serie impedía cortarla, y si se extractaba integramente, obligaría a pe¬ netrar en fuera de los linderos marcados. campo A quien echase en falta el capítulo correepondiente al libro de D. Celedonio Nicolás de Arce y Cacho Cmwersacimies sobre la Escultura, com.pe\n\dw histórico, teórico y práctico de vila (Ma¬ drid, 1786) se advertirá que no obedece su exclusión tanto a su fecha avanzada, ni a su forma, pues conserva la tradicional del diálogo, ni al fondo de sus conocimientos, que son loe clásicos y recibidos, como a la carencia casi total de noticias históricas apro¬ vechables. En nota registran las que pueden serlo se Dos palabras sobre el contenido de este V y último volumen de Fuentes. Se extractan en él loe textos siguientes: ' Pág. 113: "Oiga un pasage que a mi me ha sucedido. Un Caba¬ llero de la orden de Calatrava, vecino de esta Corte, tenía una Venus- de escultura hecha en cera tan deshonesta como primorosa ; estaba co¬ locada en su gabinete entre otras preciosidades... pero habiendo visto a un criado muy divertido culpablemente con ella, .le despidió de su servicio al punto y quería... que se la transformase yo en la penitente Magdalena. Estaba con su guarnición en especie de quadro con bastante relieve, por ser la figura casi aislada, lo que execute con gran gusto, vistiéndola con su estera y demás atributos correspondientes, ocultando lo conveniente con lo que quedó a su satisfacción y a la mía". Págs. 126-7 ; "Planta es una disposición de lineas geométricas que concuerdan unas con otras; con facilidad las encontrarás formándola sobre un ángulo obtuso por la parte de adentro, lo qual llaman los buenos Profesores comunmente planta espadachina; es bella aptitud y disposición para hallar en ella la perfecta contraposición. El gran Cano, el insigne Pe- reyra y mis dos paisanos Barba y Manuel Gutierrez, cuyas obras te he enseñado tantas veces en esta Corte, con las de Pedro Alonso y Gre¬ gorio Hernández, seis excelentes Profesores del siglo' pasado, usaban mucho della..." Págs. 327, 331 y 351, sobre el canon escultórico en Es¬ paña, discute el aconsejado por Arfe. Pág. 372: "quizá pecará de seco y duro, como le sucedió a Berruguete en los baxorelieves que hizo en San Benito el Real de Valladolid, en el trascoro [ííc] de la catedral de Toledo y otros, como observará el facultativo". Pág. 498: "un pasage que me contó nuestro insigne escultor de Camara, Felipe de Castro que le sucedió con Don Antonio Rafael Mens, su amigo que le reco¬ ... mendó un joven dándole a entender que era dócil, con talento pero ... que era muy pobre de espíritu, pusilánime e irresoluto; a que respon¬ dió aquel filosofo de la pintura : "Bueno está, basta, que las primeras partidas que Vm. me propuso eran excelentes, pero las otras son malas para el caso, en tanto grado que nunca será buen Profesor ; y asi do¬ blemos la hoja que no gusto de genios afeminados para ninguna de estas grandiosas Artes". Pág. 515 : al repetir las sabidas honras hechas a los artistas por .los Reyes incluye la mención de "el grande escultor Maure [ííc por Moure] conocido por el gallego, que hizo los baxorelie¬ ves de la sillería de la Catedral de Lugo y una medalla del Sepulcro de Christo que está en el Monasterio de Monges bernardos de Sobrado en Galicia que es un primor del arte..." XI I.—Fray Juan Interián de Ayaia: El pintor cristiano y erudito (1730). II.—D. Felipe de Castro: Prólogo a su versión de la Lección que hizo B. Barqui (1753). IIL-—Fray Andrés Ximénez: Descripción del Escorial (1764)- IV.—Francisco Preciado de la Vega: Carta a G. B. Ponfredi sobre la pintura española (1765). V.—D. Diego de Villanueva: Colección de diferentes papeles críticos sobre todas las partes de la Arquitectura (1766). VI.—D. Gregorio Mayans y Sisear: Arte de pintar (1776). VIL—Francisco Preciado de la Vega: La Arcadia pic¬ tórica (1789). En sendas advertencias preliminares se da idea de las cir¬ cunstancias y del valor de cada uno de estos tratados. Siguen tres Apéndices, que suman mayor número, de páginas que los extractos. El I y el III los ocupan seis escritos que por no ser conocidos a la sazón, o por ignorarlos el colector, no se incluyeron en los lugares que les correspondían : I.—Federico Zuccaro: Relación de viaje al Esco¬ un rial, Aran-juez Toledo (1586). y II.—Francisco Pacheco: A los profesm-es del arte de la pintura. Réplica a Montañés (1622). III.—P. Juan Carlos de la Faille: Tratado de Arqui¬ tectura (1636). IV.—D. Juan Andrés de Uztarroz y D. Vincencio Juan de Lastanosa: Descripciones de la Casa de Lastanosa Huesca (1650 ?—1662). en V.—Fray Juan de la Chica y Olmo: Iconología o tra- iado de imaginería, de escultura y pintura (1722). VI.—P. Gabriel de Aranda: El artífice perfecto (1696). Con ellos ascienden a cuarenta y cuatro los escritos íntegra- XII mente publicados, o extractados en estos cinco volúmenes, cose¬ cha que, con ciertas fallas, es mayor de cuanto ee imaginaba. En¬ tre las fallas ha de confesarse una lamentable : Menéndez y Pela- yo, en su Historia de las ideas estéticas, cap. XI (nota a la pᬠgina 428 del t. II en la Edición Nacional, 1940), escribió: "El señor D. José de Salamanca poseía un tratado inédito de pintura del P. Matías de Irala". Fué fraile mínimo (1680—1753), pintor y grabador de láminas. Nadie había vuelto a mencionar su libro cuando, en la primavera de 1936, mi compañero D. Jesús Do¬ mínguez Bordona lo encontró en la Biblioteca de Palacio, que entonces dirigía ; y hubo de enseñármelo : es un manuscrito en 4.° de pocas hojas, caligrafiado cuidadosamente; a primera vista, no contenia noticias históricas. Ocupaciones de momento me obliga¬ ron a aplazar el estudio del tratado, A poco, la gueri-a impidió la consulta de la Biblioteca, c^ue desalojada hubo de almacenarse en el Prado; llegada la victoria se reinstaló, con rapidez ejemplar; mas, cuanto empeño puso la actual Directora, Srta. Matilde Ló¬ pez Serrano, para facilitarme el libro no catalogado del P. Irala resultó, hasta ahora, infructuoso; el recuerdo de la ligera ojeada, en mucho decepcionadora, disminuye el sentimiento de su pérdi¬ da, que no ha de ser definitiva. Restan por encontrar otros manuscritos de que hay referen¬ cias; asi el De pictura veteri, de D. Juan de Fonseca y Figue- roa, que fué uno de los protectores en Madrid de Velázqqez; la vida de éste, por Juan de Alfaro; el Libj-adcl Arte de la Pintura, de Hernando de Avila ; el Poema de Céspedes, sólo fragmenta¬ riamente conocido ; los escritos del Greco... : programa goloso para un continuador futuro de esta colección. El Apéndice II está formado por unos quinientoo textos suel¬ tos, recogidos al azar en lecturas muy dispersas, literarias e histó¬ ricas. Es un avance, sin pretensiones de completo, ni alardes de nutrido', para poner en circulación noticias olvidadas, o precisar ' Dificultades de última hora impidieron colocar en su sitio textos como los referentes a Velazquez que constan en La Carta del navegar pitorcsco, de Marco Boschini (Venecia, 1660), pág. .s6, y en el libro de Sandrart Teutscher Akademie (Nurenberg, 1675), pág. 9. El primero, curiosísimo, en dialecto veneciano, dice así ; L'ano mile siecento, e cinquent'un Fu Don Diego Valasques gran sugeto. Del Católico Rè Pitor perfeto. xiii con sus propios términos bastantes tergiversadas al transmitirse. En casos, el texto, no se publica íntegro y no escasean las meras referencias, ora porque cuando se hacía la lectura se omitió la co¬ pia, ora porque ya se intercaló en otro lugar de Fuentes, o se In sta Citá; non ghe dubio nissun El fu manda da quela gran Corona, Per aquistar dei quadri a forza d'oro, Caualier, che spiraua un gran decoro, Quanto ogn'altra autoreuole pe[r]sona. Prima el fú a Roma, e fece de so'man Papa Inocencio, nostro gran Pastor; Retrato veramente de valor, Fato col uero colpo Venetian. L'amaua sti Pitori molto forte, Tician massimaniente, e'l Tentoreto, Con uero cuor, con purità d'afeto. Vn zonio in gran Consegio el se stupiua A contemplar quel Paradiso degno... Quel solo quadro a imortalar bastaua Qual se vogia Pitor ; cusi el diseua El compré cinque quadri solamente : Perche no'l ghe ne posse hauer de più Do de Ticiano, e do del Veronese El quinto fu el model del Tentoreto Del Paradiso, che fu el so'dileto Dodese mille scudi in tuto el spese El torné a Roma : che'l volse operar Diuerse cose per quela corona. Daspo esser zonto la, fu una persona Che un so'pensier ghe volse domandar Co'l dir : caro signor per cortesia Cosa diseu del nostro Rafael? Se haué visto in Italia el bon, e'l bel ; No giudicheu che questo el megio sia? Lu storse el cao cirimoniosamente, E disse : Rafael (a dirue el vero ; Piasendome esser libero, e sinciero) Stago dir, che noi me piase niente. per Tanto che (repliché quela persona) Co'no ve piasa questo gran Pitor ; In Italia nissun ve dà in Tumor : Perche nu ghe douemo la Corona. Don Diego repliché con tal maniera : A Venetia se trova el bon, e'l belo : Mi dago el primo Rogo a quel penelo ; Tician xé quel, che porta la bandiera. xiv menciona en la Biografia pictórica valentina, de Marcos Anto¬ nio de Orellana, que publico Xavier de Salas (Madrid, Ministe¬ rio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1930) bajo el título de la colección de Fuentes y como un volumen, sin numerar, dentro de ella. Los textos de este Apéndice II requerirían anotación más circunstanciada de la que llevan, y, desde luego, mayor que la de los tratados, tildada de exigua por varios lectores. Evitar la profusión de notas, labor gustosa y no difícil, ha sido norma man¬ tenida para no hacer más larga la serie, de suyo dilatada, y para dejar más ancho margen a los estudiosos en el aprovechamiento de los textos. _ Ante los volúmenes publicados a lo largo de más de veinte años—en 1920 se llevó a la imprenta el original del primero— se ve realizado un empeño provechoso para los que trabajan en la historia de nuestro arte. Así lo han estimado quienes dieron noticia y recensión de los tomos España y fuera de ella, pese en a nuestra deñciente comunicación con el Extranjero, motivo, por ejemplo, de que no se registre en el magistral libro de Julius Schloeser : La Letteratura artística mamiak deík fanti della staria dell'arte moderna (Firenze, 1935). El servicio que pueda prestar la colección pagará con esplen¬ didez la tarea. Madrid, setiembre de 1941. FRAY JUAN INFERIAN DE AYALA EL PINTOR CRISTIANO Y ERUDITO I 7 3 o (TRADUCCION PUBLICADA EN 1782) Es chocante que la iconografía sagrada haya logrado tan escasos tratadistas y aficionados en España, donde los temas bíblicos, evangélicos y hagiográficos constituyeron la inspira¬ ción máxima para los artistas plásticos. Redúcense los antece¬ dentes más de los capítulos a muy poco consagró al tema que Pacheco en su Arte de la pintura, sesudos noticiosos. Quizá y no sea osado achacar esta penuria a que los textos huelgan cuando las nociones y las formas están vivas en los espíritus ; ) y para los españoles devotos—¿quiénes en lo pasado no lo eran?—, los aciertos y los errores en la representación pictó¬ rica o escultórica de los asuntos religiosos resaltaban a los ojos de casi todos, sin necesitar de críticos que se los señalasen : era el pueblo de las procesiones, de los romances a lo divino, de los Autos saci amentales, de las comedias de santos. Se explica que cuando sobrevino la decadencia se advirtiese la falta de un tratado especial de iconografía sagrada, y en 1730, en la imprenta de la Orden de la Merced, se sacó de molde el Pictor ckristianus ertiditus, del Padre Maestro de la misma re- '· ligión Fray Juan Interián de Ayala. Fué exigua la trascenden- ' cía de este libro para las artes; apenas habrá habido pintor o escultor que intentase hincar el diente al temeroso infolio de 439 páginas, y en latín; ni el doctísimo mercedario había caído en la candidez de esperar tal género de lectores; su espinosa tarea dedicóla teólogos y moralistas, a quienes confiaba la corrección a de impropiedades y dislates hijos de la ignorancia. ^ Pasado medio siglo, el Presbítero D. Luis de Durán y de Bastero vertió el libro al romance, y en limpia impresión de Iba¬ rra lo sacó en dos tomos, año de 1782. Todavía hay otra edi- 1 ción de escaso porte y nada correcta que salió en Barcelona en 1883 (dos tomos en unvolumen). El momento enque se editó en castellano era propicio por¬ que estaba en florecimiento el arte neoclásico, bajo el mecenazgo de Carlos III y la férula de la Academia. Sin embargo, hoy, apenas intentado el estudio de los temas en el arte español, y menos respecto a los dos últimos siglos, no puede medirse la influencia que la traducción de la obra del P. Interián haya logrado. Que tuvo aceptación se prueba, además, porque se cita una edición parisiense de 1765, que no alcanzó a ver Palau, según declara, quien registra un extracto italiano titulado: Istruzi-om al Pittor christimio. Rútretto dell'opera latina fatto de L. N. Cittadella can note estariche ed artistiche (Ferrara, 1854). Vemos por todo esto que los desvelos del P. Interián no fue¬ ron perdidos. Y porque pienso que no está lejano el día en que los estudios iconográficos se cultiven en España con mayor aplica¬ ción que hasta ahora, extractaré con cierta amplitud las obser¬ vaciones y los juicios del Pintar cristicuno y eritdito. Menéndez y Pelayo valora la obra como superior a todas las que sobre la misma materia se han escrito, y aduce los elogios de Benedicto XIV en su clásico tratado De la beatificación y canonización de los Santos; pero le reprocha "muy escaso sen¬ tido de la poesía cristiana tradicional e ingenua" cuando re¬ prueba "las representaciones del Niño Jesús con un cordero, con un pájaro sujeto de un hilo, o bien en juegos con el pre¬ cursor Bautista". En efecto, el P. Interián era muy pcx:o amigo de estas representaciones, tan del gusto de Murillo, artista al que no menciona, pero a cuyas obras alude con transparentes cen¬ suras. Señala por fruto probable de su influjo el libro del Marqués de Ureña: Reflexiones sobre la arquitectura, ornato y música del templo (Madrid, 1785). También es de Menéndez y Pelayo la mención de un escrito que, si existió, pudo servir de antecedente al del docto mer- cedario: Tratado de los errores qua se cometen en las pinturas sagradas, el santiaguista madrileño D. Gregorio de Tapia por y Salcedo, segtín la Bibliotheea Nova fechadoen 1661 ; el autor murió diez años más tarde. Es el caso que nadie ha visto ejem¬ plar del Tratada, y hasta es problemático su hallazgo, pues don José Pellicer de Salas y Tobar, en el vclumen 70 de su Biblia- theca, declara que lo hizo preceder de un Discurso del origen de la pintura y sus excelcyicias, que tampoco se sabe dónde para. Dada la escasa probidad de Pellicer, puede aceptarse hasta la hipótesis de que el escrito de Tapia no se escribió nunca. No hay que decir cuánto celebraria que, rectificada mi suspicacia, se enriqueciese la bibliografía artística española con estas dos piezas. El olvido en que sela figura preclara del P. Interián tiene a invita a dar algunos de su vida y obras : nada me¬ pormenores jor, al caso, que transcribir como apéndice unos párrafos del Prólogo a la traducción que después se extracta. "En el libro en que se escriben los Religiosos Mercedarios que mueren en la Provincia de Castilla, se halla la siguiente noticia : "El R. P. M. Fr.Juan Interián de Ayala, fué natural de Ca¬ narias: hijo de Hábito del Colegio de Alcalá: Colegial, Lector y Rector del Colegio de Salamanca: Doctor Teólogo de dicha Uni¬ versidad: Catedrático Jubilado de Sagradas Lenguas: Predicador de S. M.: Teólogo de la Real Junta de la Concepción: Vicario Provincial in Capita de esta Provincia: Varón verdaderamente eminente en Sagradas y humanas Letras : dió a la prensa muchos y muy eruditos libros: murió el año de 1730." El R. P. M. Fr. Ambrosio Arda y Mujica en su Biblioteca Mercedaria, escri¬ ta en Latín, que se conserva en el Archivo del Convento de la Merced de Madrid, al principio del tomo II, en la letra I, trae varias noticias de nuestro autor, y habiéndomela franqueado con la mayor urbanidad los RR. PP. Mercedarios de esta Corte, de allí he sacado lo siguiente: El M. R. P. M. Er. Juan Interián de Ayala, oriundo de las Islas Canarias, nació en Madrid el año de 1656. Ya desde muchacho descubrió una muy buena índole, un gran talento, un ingenio feliz y un ánimo dado a la piedad. Hallábase estudiando en Alcalá en el Colegio de Santa Catalina, y a los quince años de edad resolvió dejar el mundo y abrazar el estado Religioso, lo que con efecto practicó, entrándose en la Orden de Nuestra Señora de las Mercedes, en el Colegio de PP. Mercedarios de dicha Ciudad, donde profesó el año siguiente de 1672. Siguió después con mucho ardor sus estudios en Sala¬ manca, en cuya Universidad se graduó de Doctor en Artes y en Teología; pero no ciñéndose su elevado ingenio a lo que debe saber precisamente un Filósofo y un Teólogo, dióse al estudio de las Lenguas Latina, Griega y Hebrea, dedicóse a las bellas Letras, instruyóse en las Historias antiguas y modernas, y no sólo nacionales, si también extranjeras, labrando su ingenio la¬ borioso con el conocimiento de todas aquellas ciencias en que debe estar bien instruido un verdadero sabio. Regentó luego por algún tiempo en la Universidad de Salamanca la Cátedra de Fi¬ losofía y la de la Lengua Griega, hasta que habiendo vacado ¡a Cátedra de la Hebrea, y hecha a ella su oposición, la consiguió, con común aplauso de toda la Universidad ; y después de haberla regentado todo el tiempo prescrito por sus Estatutos, y satisfecho plenamente todos sus cargos, se le concedió la Jubilación. Ade¬ más fué condecorado con el honroso título de Rector del Colegio de Vera-Cruz. Adornado con tales prendas, y juntándose en él todas aquellas partes que deben resplandecer en un Prelado, fué elegido por su Orden Vicario Provincial de la Provincia de Cas¬ tilla, la que gobernó con mucho acierto, desempeñando perfec¬ tamente los cargos de un Prelado celoso y laudable, sabiendo juntar las letras con la prudencia y piedad. Después de haber conseguido tantos y tan distinguidos honores en la Universidad de Salamanca y en su Orden, se vino a Madrid, donde manifestó ser un Teólogo consumado, un gran Orador y Poeta, y lumbrera de toda España, de suerte que de todas partes acudían a él como a un Oráculo. En vista de tan relevantes circunstancias como concurrían en él, fué nombrado Predicador de S. M. y Teólogo de la Real Junta de la Concepción, cuyas obligaciones desempeñó cumplidamente. Ilustró a toda la Nación con escritos doctísimos, con los cuales admiró y llevó tras si los ánimos de los eruditos, por la elegancia de sus expresiones, por la gravedad de sus sen¬ tencias, por la excelencia de su recóndita erudición y por la pers- picuidad de su ingenio. La Real Academia Española le nombró también por uno de sus Individuos, y en ella trabajó infinito para perfeccionar la grande y vastísima obra del Diccionario de la Lengua Castellana, habiendo sido él uno de los Académicos que más se distinguieron en este útilísimo trabajo. Finalmente, después de haber impreso varias obras en Latín y en Castellano, que harán perpetuo honor a su Autor, a la ilustre Religión de Nuestra Señora de las Mercedes y a toda España, a los sesenta y cuatro años de su vida laboriosa, que fué el de 1730 del Naci¬ miento del Señor, murió en Madrid a 23 de Octubre, y se fué, como es de creer, a gozar del premio de sus trabajos. Los libros que nos dejó escritos son éstos : Vida de Santa María de Socós, de la Orden de Nuestra Se¬ ñora de las Mercedes. ' Salamanca en 1695. Descripción de las Exequias que en memoria de la Augustí¬ sima Señora Doña María de Austria celebró la Universidad de Salamanca. Salamanca, en cuarto, año de 1696. Varios Sermones, distribuidos en dos tomos en cuarto, de los cuales el primero se imprimió en Salamanca en 1703, y el segundo en Madrid en 1720. Aclamación festiva de la Universidad de Salamanca por el nacimiento de Luis I, Principe de España, y el Sermón que so¬ bre el mismo asunto predicó el mismo sagrado Orador, con otros versos y Panegíricos. Salamanca, en cuarto, año de 1707. Noticia de la enfermedad, muerte y exequias de la Serenísima Señora Doña María Luisa Gabriela de Saboya, Reina de España. Madrid, año de 1715. Oración fúnebre de Luis el Grande. Madrid, año de 1715. Catecismo de Fleury, traducido de Francés en Castellano. Dos tomos en octavo, impresos en Madrid eñ 1718. Examen diligente de la verdad. Demostración Histórica del Estado Religioso de S. Pedro Pascual de Valencia, Obispo de Jaén, Glorioso Mártir de Cristo y Doctor ilustrisimo. Madrid, en cuarto, año de 1721. Oración fúnebre de Luis I, Rey de España. Madrid, 1725. Oración fúnebre del Excelentísimo Señor Marqués de Villena. Año de 1725. Oración fúnebre del Serenísimo Señor Duque de Parma. Ma¬ drid, en cuarto, año de 1728. Humaniores, ataque amoeniores ad Musas excursus, sive Opuscula Poética. Matriti in 8.°, anno 1729. Pictor Christicmus eruditus, sive de erroribus qui passim ad- mittuntur circa ping endos, atque effingcndas Sacras hnagvnes. Matriti in fol., anno 1730. Dejó algunas obras inéditas, pero que estaban ya próximas a imprimirse, y son de no poca utilidad para la gente estudiosa, a las cuales había determinado poner los títulos siguientes: Psoitis Egregias, sive de Usu, e ahusu Cantus Ecclesiastici. Agatarchia, sive de Optimo ac Christiano regimine. Cleandria Hispánico, sive de Viris illiistribus Hispaniae, non quidem omnibus, sed iis tantum, qui vel primi in dignitate aliqua adipiscenda, vel invento aliquo praeclaro, ataque utili, sese poste- ritati commendaverunt. Cuyas obras, con otras muchas Oraciones Latinas, Arengas y elogios de varios, asi en prosa como en verso (lo que es muy apreciable), se conservan en el Archivo general del Convento de la Merced de Madrid." EL PINTOR christiano^ y erudito^ o tratado de los errores que suelen cometerse freqüentemente en pintar y esculpir las Imágenes Sagradas. dividido en ocho libros, con un apendice. Obra Util para los que se dedican al estudio de la Sa¬ grada Escritura, y de la Historia Eclesiástica escrita en latin Por el M. r. p. M. Fr. juan interian de ayala... y traducida en castellano Por d. luis de durán y de bastero. Presbítero, Doctor en [Theologia y en ambos Derechos, del Gremio y Claustro de la Pontificia y [Real Uni¬ versidad de Cervera, Examinador Sinodal delObispado de Urgel [y Aca¬ démico de la Real Academia de Cánones, Liturgia, Historia y [Disci¬ plina Eclesiástica de esta Corte madrid. m.dcc.lxxxii Por D. JOACHIN IBARRA, Impresor de Cámara de S. M. Con las licencias necesarias se hallará en Madrid en casa de D. Felipe Alverá, Carrera de [S*. Geronmw, en la de Pe¬ dro Martines, calle de las Carretas, y en la de Fermín Nicasio [Calle del Arenal y en Barcclana en la d-e Francisco Ribas, Plagúela de S. Jayme. [La necesaria brevedad de los extractos de esta obra, muy dis¬ tante casi toda ella de la exposición concreta de datos histérico- artísticos, obliga a no copiar los encabezamientos de los libros y capítulos, como con otras se ha hecho, y sólo traitscribirlos como referencia obligada de los párrafos que se publiquen.] libro primero Cap. i. Qué se entiende por Imágenes Sagradas, y por erroresque se cometen en pintarlas. [P- 3-4]- Yo he visto varias veces Cir¬ pintada con mucha variedad la cuncisión de Nuestro Salvador, no sino solamente por un Pintor, por varios, y excelentes ; pero siempre de modo que se represen¬ taba hacerse la ejecución de dicha ceremonia en un Templo sos¬ tenido de gruesas y hermosísimas columnas, por Simeón vestido de Sumo Sacerdote, acompañado de Ministros sagrados, y asisti¬ do de jóvenes con túnicas y sobrepellices, que estando de rodi¬ llas alumbran con velas encendidas ; y a este tenor otras cosas ridiculas, capaces de causar náusea a cualquiera que estando me¬ dianamente instruido las esté mirando. He visto también pintada esta misma Historia por un Pintor no más que mediano; pero sin los defectos y faltas referidas : pues en ella se nos represen¬ taba dicha sagrada ceremonia ejecutada no en el Templo, como en la antecedente, sino en el portal de Belén. [P- 4]- También he visto Abraham por un Pintor de no pintado a poca fama, en el mismo hecho de sacrificar a su hijo, a quien le pintaba muy pequeñito, y a lo que representaba la pintura no pasaba de diez, o lo más de doce años : siendo así que he visto ejecutado el mismo paso por una mano regular, y no tan diestra, figurándonos a Isaac, no como muchacho (a quien por apellidarle la Sagrada Escritura con el nombre de Puer, de aqui tomaron ocasión los Pintores de caer en el error que vamos notando, y lo demostraremos en su lugar), sino como un robusto joven, que es como debe pintarse dicha Historia. [p- 7]- ¿Cómo te atreves tú a criticar y a condenar por defectuosas las Pinturas de un Miguel Angel, de un Rafael de Urbino, de un Jacobo Tintoreto, de un Pedro Pablo Rubens y de otros se¬ mejantes o iguales Héroes en el Arte de la Pintura, si es que los hay? Afirmo, constantemente y sin la menor duda, que sus obras ... son primorosísimas y casi divinamente executadas ; pero que son falsas, y que están llenas de errores por lo que mira a la Historia. Cap. H. Que a los principiantes, rudos ... y a algunos m.\LisiM0s Artífices ... se les debe prohibir el pintar y esculpir Imágenes sagradas. [p. II]. Ciertamente, en una de nuestras poblaciones, que es bastante famosa, y de donde salen hábiles Artífices, hay también muchos de los que vamos vituperando ; de suerte que la calle de aquella Ciudad [Valladolid], que es bien conocida, y que llamamos nos¬ otros la de Santiago, está llena de tiendas de malísimos Pintores. [p. 12]. Esto mismo seriamente, y con mucha razón, se debería ad¬ vertir a estos insignes Pintores, que practicaran en sus Pinturas ; pues se ven cuadros Imágenes de cosas, frecuentemente en sus que nada menos lo que ellos se han representan a la vista que propuesto. Así vemos a San Martín montado sobre un caballo, que más que caballo parece un jumento: y lo que es mayor tor¬ peza, vemos pintado a Jesucristo en figura de cordero; pero tan mal pintado, que los que le miran pueden pensar, con razón, si por ventura es un perro. Cap. III. Que con pretexto ... de Imágenes Sagradas no se deben pintar aquellas historias que puedan ser peligrosas a la vista ... [P- 17]• Dos artífices hubo en el siglo próximo pasado, ambos exce¬ lentes, cada cual por su término, a quienes dejo ahora de nom¬ brar, porque no quiero alabarlos. Uno de ellos emprendió pintar en Italia, no solamente con el pincel, si también con la pluma, y con los adornos de la Retórica, algunas Imágenes Sagradas: con colores tan vivos, aunque con una elocuencia tan mal aplicada, que no parecían las cosas escritas, o referidas en un papel, sino verdaderamente pintadas en una tabla. [p. 18]. Tal la de Susana, cuando se estaba y otras de este lavando; género; y también pintar, antes estas mismas son las que quiso que otras decentes y honestas, un célebre Pintor Español (que es el otro de los dos, de quienes, sin decir sus nombres, hice poco hace mención), con mucha valentía del pincel, aunque malísima- mente aplicada : y lo que es de admirar, o mucho más, de sentir, que si alguna vez pintaba otros hechos o historias, se echaba de menos en ellas aquel primor y delicadeza del Arte, que resaltaba en las antecedentes. Cap. IV. Que no solo se han de evitar las pinturas de cosas torpes y deshonestas, si que se han de excusar tambien ... toda indecencia y desnudez en las imágenes Sagradas. [p. 25-6]. Quisiera, sí, seriamente, que se pusiera límites y freno a cier¬ to escandaloso modo de pintar. Porque, pregunto, ¿qué utilidad se puede sacar de las Imágenes, no solamente de Santos y Santas, sino también de las de la Santísima Virgen, que vemos a cada paso, así en las casas, como en los Templos, en las cuales se de¬ berían cubrir y corregir muchas cosas, si hiciéramos el debido aprecio de la santidad y pureza?... Se ven también a cada paso, y se contemplan muchachos ya grandecillos pintados enteramente desnudos, que, según la mente y voluntad de los Pintores, representan ser unos Angeles; mas, sin embargo, por el mal e inmodesto abuso que hacen de su Arte, no parecen sino unos provocativos y deshonestos Cupidillos. Ve¬ mos igualmente con bastante frecuencia Imágenes de la Sacratí¬ sima Virgen; esto es, de aquella Señora, que es ejemplar de toda pureza y castidad ; y que fué tal (como pía y elegantemente escribió San Ambrosio), que su vida es la enseñanza de todos: vemos, digo, muchas de sus Imágenes no enteramente desnudas (que no ha llegado a tanto la audacia y desenfreno de los Pinto¬ res Católicos), pero sí pintadas caído su cabello rubio, desnudo su cuello y hombros y aun sus purísimos y virginales pechos, y otras veces con los pies enteramente descubiertos; de suerte, que ninguno podrá persuadirse que sea éste un ejemplar y dechado, perfectísimo de Vírgenes y de todo pudor virginal ; antes bien, creerá que es un retrato de alguna Diosa de los Gentiles, y aun que es la misma Venus de Gnydo. Pero ¿para qué me canso? Es tan constante que al mismo Cristo, como de edad de dos o tres años, le vemos todos los días pintado y esculpido enteramente desnudo, que seria necedad que¬ rer manifestarlo con ejemplos. Qué cosa haya en esta desnudez que mueva a piedad y edificación, véanlo los inteligentes ; yo, por lo que a mi toca, nada encuentro en esto que pueda excitar la piedad y devoción ; antes sé muy bien que este modo de pintar y de esculpir sirve no pocas veces de tropiezo a los débiles y flacos. ¿ Para qué me he de cansar yo ahora en referir varias Imáge¬ nes de Santos Mártires y de Vírgenes ? ¿ Quién no echará de ver cuánto hay en ellas que corregir y que enmendar? Pintó un in¬ signe Artífice a dos Mártires cuando les llevaban al suplicio, cuya pintura, entre otras muchas y excelentes (pues nada finjo), se guarda en un célebre lugar. En ella se presenta a dichos Márti¬ res de un talle regular y proporcionado, pero desnudos, como suele decirse, de pies a cabeza. [P- 27]. Lo cierto es que en una famosa Ciudad de Italia, un célebre Pintor (no nombraré en mi obra al que no quiera alabarle) pintó al Mártir San Sebastián: si enteramente desnudo o no, no lo puedo asegurar; pero colores tan vivos, que no parecía sí con sino una carne tersa y pura, con la frente tan despejada, el sem¬ blante tan risueño y de tan bello parecer, que habiéndose averi¬ guado que este retrato servía de tropiezo a muchas mujeres, man¬ daron los Superiores quitarle de la Iglesia. Pero todavía es más, y casi increíble, lo que me refirió un sujeto muy veraz, y de sin¬ gular probidad y autoridad. Este me contó haber visto él mismo en una célebre Ciudad de nuestra España, y en un magnífico Templo, a una Santa Virgen y Mártir, Tutelar de aquella Iglesia, clavada en la Cruz en la postura (lo que es más de extrañar) que describe Lipsio, y en la que vemos comúnmente al Apóstol San Andrés; esto es, cruzados los palos a manera de la letra X. Pero ¡con qué vestidura! No os escandalicéis, ojos ni oídos: enteramente desnuda. ...¡Y que esto se vea, no en los Palacios profanos de los Príncipes, sino las mismas casas sagradas y en los Templos! en Ojalá esté siempre en su fuerza y vigor el Decreto del Santo Concilio de Trento, el cual, en el lugar citado antes, manda que en las Imágenes Sagradas se quite toda deshonestidad; de mane¬ ra que no se pinten ni adornen Imágenes de provocativa hermo¬ sura. Cap. V. Qué desnudez ... se puede permitir en las Imágenes Sagradas. [p. 28]. ... Muchas hay, dirá luego alguno, que no sólo permitan cosas en lasImágenes Sagradas la desnudez, sino que de su naturaleza la exijan. Así ha pintado siempre desnudos la antigüedad a nues¬ tros primeros Padres, y así los pintan aún hoy los Pintores sabios y timoratos. Y que esto no lo hayan reprendido los Ilustrísimos Señores Fr. Angel Manríquez y Fr. Joseph de la Cerda, Teólo¬ gos doctos y gravísimos, y que regentaron la Cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Salamanca, a quienes seriamen¬ te se les consultó sobre este punto, lo atestigua un Autor de bas¬ tante nota Además, que si a los Mártires no se les pinta desnu- " Sobre esto véase Palomino (Fuentes, III, ps. 267-9). dos, no se pueden bastantemente manifestar las penas y tormen¬ tos que por Jesucristo. Y padecieron últimamente las Imágenes de los Santos de ambos sexos, que hicieron penitencia en los desiertos; como piden que se les pinte pálidos y macilentos, así exigen también que se nos representen con alguna desnudez y desabrigo. [p. 40]. Sabido es Padre S. Benito, el cual (como más lar¬ lo del gran gamente lo refiere el Santo Escritor de su vida), siendo un día vehementisimamente tentado del demonio a lujuria, arrojóse des¬ nudo en un horrible espinar, donde se revolvió hasta tanto que despedazado su pellejo y derramando mucha porción de sangre, consiguió por este medio, con los agudísimos dolores que sintió y por esta maceración de la carne, apagar la concupiscencia del apetito. ¡Noble hazaña, y digna de la piedad cristiana!, la que el R. P. Fr. N. ^ Ricci, Monje Benedictino, hermano del célebre Pintor Francisco Ricci (cito a entrambos por el honor que se merecen), representó varias veces con primoroso pincel ; pero con tal habilidad y destreza, que sin embargo de representársenos aquel purísimo Joven enteramente desnudo entre las espinas, nada se deja ver que ofenda a la modestia cristiana. Cap. VI. Que en las Pinturas Sagradas deben evitarse las invenciones ridículas ... [p- 47]- Fs antigua y detestable costumbre de nuestros Poetas Cómicos representar en el Teatro a manera de Comedia (tal o cual ella es) las vidas e Historias de los Santos, con mucho aplauso de los es¬ pectadores insensatos. Los Santos, cuyas Comedias se represen¬ tan, son por lo común varones muy santos de alguna Religión. Hasta aquí no es mucha la indecencia, y aun fuera de algún modo tolerable. Porque el que en estas Comedias se finjan los hechos de los Santos, mezclados y casi unidos con otros detestables, como desafíos, homicidios y amores profanos; de propósito no ' Llamábase Juan. No se conoce cuadro suyo de este asunto. — i6 — me detengo en esto. Sólo paro la consideración (lo que es más propio de mi asunto) en que siempre dan al Santo por compañero un Fraile Lego, a quien le condecoran con el nombre verdadera¬ mente jocoso de Fr. Mortero, Fr. Golondro, o de otro semejante, el cual en toda la Comedia hace el papel de gracioso y de truhán. ¿ Pero qué papel éste ? ¡ Santo Dios ! El de tragador, el de es borracho, el de lujurioso, el de hipócrita o el de todos juntos. Y lo que por falta de orden y colocación sucede en la Poesia, que es una Pintura que habla ; lo mismo, a pesar nuestro, vemos acon¬ tecer algunas veces en la Pintura, que es una Poesía muda. Yo mismo he visto varias veces pintado a un Varón santísimo, su¬ perior a las mayores alabanzas, con el semblante sumamente flaco y casi extático, al paso que a su compañero, que le está mirando, le pintan, no sólo con semblante risueño, sino también muy gordo y rollizo. Lo que, ya se represente en el Teatro, ya se vea pintado en un lienzo, no solamente no cede en alabanza de Dios ni de sus Santos, sino que se convierte en deshonor y descrédito de las Religiones y de las cosas Sagradas. [p. 49]. Nadie ignora cuán vulgar y frecuente es pintar al Niño Jesús, que a lade los demás muchachos, está jugando con un manera pajarillo, teniéndole atado de un hilo. Pero esta Pintura ha des¬ agradado a los hombres de mejor juicio, y con mucha razón. [P- 50]. Pintó un Artiñce, por otra parte bastante célebre, la comida y el alimento de Cristo Señor nuestro, después del ayuno de los cuarenta días, para la cual consta por la Sagrada Escritura, que se acercaron los Angeles y le servían. Pero entre otros Angeles pintó a dos, que, como muchachos, estaban llorando amargamen¬ te, por habérseles quebrado sin pensar un plato de barro Y nadie imagine que me he forjado este caso. [p- SI]- Viéroínse algunas veces (dice un grave Escritor, tomándolo " Ignoro a qué cuadro pueda referirse. Sobre este punto véase E. La- fuente : La vida de un tema iconográfico en la pintura andaluza (Archi¬ vo, 1937). — 17 — de otro, de quien no tengo bastante noticia) em lugares domde no correspondía, imágenes de Santos, parecidos en el semblante a hombres, que aim vivían, para lisonjear debajo de este velo la persona de aquellos a quienes amaban. ¡ Execrable modo de pin¬ tar, que "a juicio de todos los timoratos, debe ser reprehendido y desterrado; pues no es otra cosa, sino un incentivo de pensa¬ mientos halagüeños y perniciosos! [P- S3]- Ciertamente, mismo, siendo todavía mozo, vi a un insigne yo Artifice cera la cara de San Pedro, valiéndose para esculpir en esto del original de un venerando viejo lleno de arrugas, calvo por la parte anterior de la cabeza, y que tenía los nervios y músculos levantados, moreno el cutis o tostado del Sol ; pero tan bien y perfectamente, que no cabía más en el Arte. Otro Pintor, teniendo que pintar la Imagen de un Santo mozo para remitirla a otros países, procuró retratarle a semejanza de un joven reli¬ gioso muy modesto, y recatado del cual a fuerza de repetidas ins¬ tancias, pudo recabar que lo consintiese. Cap. vil Que las Imágenes Sagradas que dan ocasión a los rudos de algún error peligroso, deben quitarse ... [P- 55]- Es grande desatino y un monstruo intolerable, reprobado un mucho tiempo ha de los hombres piadosos y sabios (de que tra¬ taremos más largamente en su propio lugar), la Pintura que al¬ gunos Pintores la vista de la Santísima Trinidad, nos ponen a uniendo de tal manera un conjunto de cosas, que en una sola cara se dejan ver tres narices, tres barbas y tres frentes con solos cinco ojos, cuyo extravagante modo de pintar lo he mirado siem¬ pre con enfado e indignación. Cap. IX. ... errores que no tocan a las Imágenes en lo substancial ... como son anacronismos ... [p. 70]. Abraza en sí unos errores bastante parecidos a los que come- - iS- tió un Pintor, por otra parte hábil en su arte, pero negligente y poco instruido, el cual, para darnos una idea de los escuadrones Griegos peleando sobre Troya, pintó a los soldados, como sucede hoy, a unos jugando a los dados sobre el tambor, a otros jugan¬ do a los naipes y a otros, finalmente, fumando con largas pipas aquella hierba de Indias, o más presto americana, que llamamos Tabaco. Lo que, junto con las cosas que antes he referido, me hace venir a la memoria cierta Pintura, que he visto yo muchas veces con mis propios ojos ; en la cual, representándose a aquel Santo, piadosísimo y valeroso Rey Fernando III, Rey de Casti¬ lla y de León, como está peleando para apoderarse de Sevilla, se ven también soldados armados con escopetas y con mecheros para arrojar granadas, pegando fuego a la pólvora, sin embargo de que la invención de ésta es casi siglo y medio posterior al asalto y entrega de Sevilla, habiendo ésta acontecido en el año de 1248, como afirman comúnmente nuestros Historiadores. Cap. X. Que en las Imágenes Sagradas es lícito pintar algunas cosas ... aunque no sean tom.\das claramente del Evangelio ni de la Sagr.\da Escritura ... [p. 89]. Vi yo mismo en Huete, siendo aún mozo, una Pintura de Cristo, según pude conjeturar, era de buen pincel, y nada que vulgar. En ella se representaba el Cuerpo de Cristo muerto, ten¬ dido sobre una piedra, y que los Profetas y Patriarcas antiguos, fijando los ojos en él, unánimemente exclamaban, como se echaba de ver por un letrero: Perieramus, nisi periissemus; esto es: A no haber perecido, hubiéramos perecido. [p. 90-1]. Yo mismo he oído referira un Varón de grande autoridad y muy digno de toda fe, hallándose él en aquel magnifico y que verdaderamente Real Templo de S. Lorenzo del Escorial, cerca¬ do de gentes de bastante distinción, uno de estos le preguntó de esta manera: Señor, suplico a Vm. me diga, ¿este S. Lorenzo Mártir, Monje Gerónimo, en qué tiempo (adviértanse las pala¬ bras) le martirizaron los Moros ? Sonrióse el Caballero al oír una 19 — pregunta tan ridícula y extravagante, que no era capaz de ha- ceida lavieja más delirante. Ni S. Lorenza Mártir (le respondió) fuéjamás Monje Gerónimo, ni pudo serlo, ni tampoco pudo ser martirizado por los Moros. ¿Pues qué?, dijo el otro: ¿No se ve¬ nera en el Monasterio de la Orden de S. Gerónimo? LIBRO SEGUNDO Cap. III. Que está recibido ... el pintar a Dios en figura de un venerable anciano ... [p. 112]. Ni dexa tampoco ninguna duda a nuestra imaginación, aun¬ que débil enferma, otra laudable Pintura de la Santísima Tri¬ y nidad, obra de un excelente Artífice, cuya imagen he contempla¬ do yo muchas veces, y está en nuestro Convento en una sala, que, por rezarse en ella antes de comer algunas preces por los Difun¬ tos, la llaman regularmente la Sala De projmidis. En ella se ve pintado el Padre Eterno en figura de un gravísimo y venerado anciano, que está sosteniendo con ambas manos el Cuerpo muer¬ to de Jesucristo, y sobre las dos Personas, está el Espíritu Santo en figura de càndida paloma, despidiendo rayos de luz por todas partes. Y aunque esto abiertamente lo reprueba un Escritor de estas materias bastante sabio y piadoso; sin embargo, soy de parecer que dicha Imagen respira piedad, y que tiene rasgos de una erudición acertada y oportuna. Cap. vil De los otros cuatro Arcángeles ... [p. 150]. No quiero ahora, ni posible omitir aquí, que ha más me es de cincuenta años que en un Templo de Alcalá de Henares, es¬ tudiando yo la Dialéctica en aquella Ciudad, vi pintados por un excelente Pintor a dichos siete Angeles con sus nombres y seña¬ les : cuya Pintura examiné con mucha atención, en cuanto permi¬ tía lo tierno de aquella edad ; y no pongo la menor duda en que subsiste todavía en Alcalá dicha Pintura. — 20 — LIBRO TERCERO Cap. V. De las Pinturas de la PIuida de Cristo a Egipto ... [P- 239]- Tal es[pintor] que reprehendió un Sabio Cardenal [Pa¬ el leóte] el cual hace descripción de una pintura en que se repre¬ senta a la Sagrada Virgen, que tomando un vaso en la mano, va sacando agua de un río para dar a beber a su Hijo y S. José que está cogiendo frutas de un árbol para presentarlas también al Divino Niño Son estas cosas casi diría ridiculas, en pueriles, burlescas y que caen los Pintores, que se dejan arrebatar demasiado de su fantasia e imaginación. Ni pretendo con esto que en nada se de¬ rogue la autoridad de varones graves, que confirman con su tes¬ timonio haber acontecido dos cosas en Egipto con la venida del Salvador: la primera, que entrando Cristo en Egipto cayeron los ídolos ; y la segunda, que cuando iba acercándose el Señor a la ciudad de Hermópodis un árbol muy grande y elevado, como tributándole reverente obsequio, se baxó e inclinó. Cap. VI. De las pinturas de la infancia del Salvador ... [P- 243]- Vemos pintadomucha frecuencia a Cristo, como Niño, y con aún como grandecillo, divirtiéndose en juegos pue¬ muchacho ya riles: por ejemplo, cuando le pintan que está jugando con un pajarillo, teniéndole atado con un hilo y llevándole en sus manos ; o cuando le pintan montado a caballo sobre un cordero, o de otros modos semejantes. Todo esto, y otras cosas a este tenor, son meras necedades y bagatelas, como ya lo advirtió un grave Autor, y de eminente dignidad. ' "La Madonna della Scodella", de Correggio, en la Pinacoteca de Parma. Cap. IX. De las vestiduras y adornos de Cristo Señor nuestro. [p. 277]. Mas, sobre de qué partes constaban las vestiduras de Cristo, dejando ahora aparte algunas investigaciones sobradamente es¬ crupulosas; este es mi Primeramente, que usó de túnica parecer. interior, que nosotros llamamos camisa... De la túnica hace expresa mención el Evangelio, diciendo de ella: La híni-ca era sin costara, tejida toda desde arriba. Esta, pues, como dicen expresamente las, palabras referidas, no estaba cosida, aunque tenía también sus mangas, como acostumbraban los Hebreos, a manera de las que usamos hoy; sino que estaba tejida por todas partes : lo cual, aunque algunos quieran atri¬ buirlo a milagro, pero no fué así. Pues este género de túnicas las hacían frecuentemente los Judíos con telar, y aún vemos hoy que se hacen en Europa. En efecto, como en los Países Bajos hay Oficíales industriosos, diligentísimos investigadores de todo gé¬ nero de Artes y manufacturas, inventaron pocos años ha los ho¬ landeses el modo no poco ingenioso de tejer de arriba abajo los vestidos: sobre que escribió un libro entero Juan Braunío. Cap. X. Del Bautismo de Cristo ... de sus tentaciones en el desierto ... [p. 297]. ... Dos cosas las Pinturas del Bautismo de Cristo, que hay en es menester observar y advertir ; y la una de ellas, confieso inge¬ nuamente que me desagrada en extremo. Esta es, que cuando los Pintores representan a Cristo, que está recibiendo el Bautismo de manos de su Precursor, no le pintan, como era debido, metido algún tanto profundamente dentro del agua; sino sólo el talón o, lo que más, hasta la mitad de la espinilla. Es esta una cosa inepta, y casi diría ridicula, aunque vemos que así la han pintado artí¬ fices peritos en su Arte, y de mucho nombre. Porque, en primer lugar, no era tal el rio Jordán, donde recibió e instituyó Cristo Señor nuestro el Bautismo, como es (para explicarme así) el río Manzanares de Madrid, donde algunas veces apenas corre — 22 — agua; sino tal, y lo es todavía (aunque no muy grande y que era caudaloso), podían meterse los hombres con bastante profun¬ que didad, sin apartarse mucho de la orilla. Además: porque, según explican comúnmente los Intérpretes, exponiendo aquellas pa¬ labras de San Mateo : Y él les bautizaba en el Jordán; no de otra manera les bautizaba el Bautista, sino metiéndoles, y tal vez no una, sino dos otres veces, en el Jordán, sacándoles después y po¬ niéndoles su mano sobre sus cabezas, o echándoles agua sobre ellas. Es, pues, una cosa ridicula el pintar a Cristo Señor nuestro en su Bautismo, llegándole el agua no más que basta el talón, o lo que más, basta la mitad de las espinillas ; y no pintarle (como era razón, y como lo be visto pintado mejor) metido en el agua basta el pecho. Cap. XV. De las pinturas ... de lo que hicieron contra el Señor, antes de pronunciar ... la sentencia ... [P- 396]- Casoes este muy digno de toda consideración : mas por lo que mira la Pintura, es un error, en que cayó, según nos refiere el a citado Francisco Pacheco, un Pintor por otra parte hábil y exce¬ lente, el pintar, a Cristo en este lance sin la corona de espinas ; diciéndonos expresamente lo contrario el Evangelista con estas palabras Salió, pues, Jesús llevando la corona de espinas, y la : vestidura de grana. Pero no puede tan claramente condenarse de error, el que se le pinte sin llevar la caña en su mano; por lo que se puede excusar de algún modo a Pablo de Céspedes, por haberle pintado asi: con todo, no debe tolerarse. Cap. XVI. De las pinturas de Cristo ... llevando la Cruz ... [p- 398]- Mas sobre si llevó o no la corona de espinas cuando iba al lugar del suplicio, no lo dicen los Evangelistas : y ha habido un Pintor de primera clase, que pintó a Cristo en este acto sin dicha corona. Pero la pía y universal sentencia de los Autores, y la misma costumbre de los Pintores, es el pintar a Cristo coronado de espinas llevando la Cruz a cuestas. — 23 — Cap. XVII. De las pinturas de la Crucifixión del Señor ... [p. 429]- Establecida ya la Crucifixión de Cristo con cuatro clavos, y además, aquella tablilla o escabel debajo de sus pies, conforme me ha parecido más verosímil, sólo me resta advertir a los Pintores y Escultores de Imágenes Sagradas, disparatada, y ser una cosa que se aparta mucho de la Jesucristo no sólo verdad, el pintar a en el semblante, sino también en lo restante de su cuerpo (según suelen hacerlo regularmente), como que no le hubiesen maltrata¬ do, o atormentado, con un rostro de buenos colores y lleno de carne, y con lo que los Pintores llaman morbidez, que es cierta blandura y suavidad. Apártese semejante consideración de un ánimo poco reflexivo. Cristo Señor nuestro no estuvo así pendien¬ te de la Cruz, como le pintan por lo común, sino que estuvo pendiente de ella para darnos ejemplo de su amor y paciencia, despedazadas y abiertas sus carnes, y lastimado con heridas, lla¬ gas y cardenales: lo que no es menester confirmarlo y manifes¬ tarlo ahora a la larga, particularmente, si se hace una seria con¬ sideración sobre los muchos y horribles tormentos que padeció el Señor antes de su Crucifixión. [p. 430-1]. Enera de las murallas del Lugar de Alba, junto al río Tor¬ mes, hay Monasterio, que, según dicen y es constante, fué an¬ un tiguamente de Padres Canónigos Premonstratenses, pero que muchos tiempos hace, es de PP. Gerónimos; entre otras muchas, y excelentes Imágenes que allí se veneran, hay una de Jesucristo Crucificado, de una estatura casi regular, y labrada con mucho primor : la cual no sólo nos representa al Señor abiertas sus lla¬ gas, su sangre como que va corriendo, la crueldad de los azotes, descarnadas las rodillas, y otras cosas a este tenor; sino tam¬ bién las heridas y cardenales de los golpes en todo su cuerpo: de suerte que a los que la miran, no sólo les mueve a efectos pia¬ dosos, si que también les llena de un santo horror, pasmo y estu¬ por. Este es el modelo que desearía yo siguiese todo Pintor y Escultor Cristiano, cuando se propone representar al vivo la Imagen de Cristo Crucificado. Cap. XVIII. Sobre otros errores que se deben de ver ... acerca de la crucifixión ... [P- 438]. Lo que es muy ridículo es lo que yo he observado alguna vez contemplando una Pintura que parecía de buen pincel. En ella se veía pintado a Jesucristo cón un lienzo, que tapaba aquellas par¬ tes que el pudor y la decencia prohiben descubrir : por el contra¬ rio, los Ladrones estaban totalmente desnudos, aunque con no poco artificio, pues no se representaban a la vista dichas partes. Pero esto, como digo, a mí por lo menos, me parece una cosa necia y ridicula. Porque en cuanto a la verdad del hecho, no menos Cristo que sus compañeros en el suplicio, fueron expuestos totalmente desnudos y por lo que toca al escándalo que podría : ocasionar esto a los ojos, ninguno de ellos debe pintarse de aquel modo indecoroso e indecente : aunque no se puede negar que este modo deshonesto de pintar en Cristo Señor nuestro por su excelencia y majestad, se ha de mirar como una cosa mucho más indigna. Pero antes de pasar adelante, me parece muy del caso advertir aqui de qué manera o en qué postura se ha de pintar el cuerpo de Cristo crucificado. Pues supuesta la sentencia mucho más probable, o la que absolutamente es la verdadera, de que JesuCristo fué crucificado con cuatro clavos, y que el Señor tenía en la Cruz debajo de sus pies aquella tablilla de que hablamos antes; he advertido algunas veces, que de dos maneras nos lo ponen a la vista los Pintores. El uno, representándonos entera¬ mente tendidos los brazos cuanto se puede (pues de esto se duda en especial) sobre los ángulos rectos de la Cruz ; y el otro, alar¬ gando y extendiendo extrañamente sobre la cabeza los brazos y las manos, cuyo modo de pintar han seguido dos insignes Fla¬ mencos, Vandik y Rubens. Pero yo, que en estas cosas, como en otras muchas, jamás he gustado de extremos, y en especial cuan¬ do son sobradamente afectados, aconsejaría al Pintor erudito que tuviera presente aquel sabio aviso: Medio tutissimus ibis. [p- 452]. Me era muy fácil poner todo esto a la vista con los caracteres propios de dichas lenguas; pero estos (tales van nuestras cosas) apenas se hallan ya en nuestras Imprentas; y si, después de mu¬ cho trabajo, se encuentran en alguna parte, puede mirarse como uno de lostrabajos de Hércules el lidiar con los Impresores, para que los manejen y coloquen como corresponde [el INRI]. Cap. XX. De las Imágenes de la Resurrección ... y de su Ascensión ... [p. 476]. Seria muy difuso el que quisiera notar lo mucho que se ofre¬ cía decir acerca del Juicio final del Mundo, cuya pintura, aun sin ser exacta, no es de cualquier pintor el representarla, sino del más sobresaliente en su Arte. Con efecto, como la pintura de este Juicio, que hizo Miguel Angelo, a juicio de los inteligentes, sobrepuje a cuantas ha habido, hay y habrá, no sólo por lo que toca a la pericia del Arte, si también por lo que mira a la erudi¬ ción de las cosas pintadas, deberánla tener siempre presente los que quieran emprender tan grande obra. Otra pintura hay tam¬ bién memorable sobre el mismo asunto, hecha por Juan Cousin, pintor francés, que la hizo el Christianisimo Rey de Francia para Luis XIII, la que sin embargo fué causa de que algunos se ofen¬ diesen de ella, de suerte que fué delatado al Obispo, como a reo de haber violado la Fe, y despreciado la Religión, por haber pin¬ tado a algunos de los que habían de quedar condenados a eternos tormentos, con las insignias, o de una gran dignidad en la Iglesia, o con el distintivo de algún hábito religioso. Pero quedó libre de ésta, que no tanto era acusación, como calumnia, diciendo que deseaba él con las mayores veras, que ningún hombre colocado en dignidad, o que hiciera profesión de santidad, se condenara; pero que dudaba mucho que ello fuese así, temiendo que habría no pocos (lo que es prueba de la mayor miseria) que cuanto más resplandecieron, y fueron visibles en la tierra por sus dignidades, y por un género de estado, y profesión más santa, tanto había de ser mayor su ruina en el infierno. Baste ya sobre esto. TOMO SEGUNDO LIBRO CUARTO Cap. i. De las Imágenes de la Santísima Virgen... [p. 2]. Primeramente, ¿quién habrá que no haya visto imágenes de la Bienaventurada Virgen hechas por excelentes artífices, pinta¬ das o trabajadas con cierta hermosura afectada y poco decente? ¿Quién habrá que no haya visto a las mismas, no a la verdad desnudas, sino vestidas en gran parte con poca decencia y no según' correspondía majestad y honestidad tan elevada? a una ¿ Sin tapar su cabeza con algún velo, suelto el cabello y tendido por su blanco cuello, descubierta su cerviz, y lo que es más, sus pechos castísimos exponiéndolos a la vista de todos; sus pies, por fin, o enteramente desnudos, o calzados con ligeras sanda¬ lias? Cap. VI. Apéndices sobre las pinturas de la Natividad ,. Circuncisión y otras ... [p- 42]- No he visto yo nunca cierta pintura (pues no afirmaré teme¬ rariamente, o con mentira, haber visto lo que no he visto) ; pero sí la han visto hombres doctos, en la que se representa a la Bea¬ tísima Virgen enseñando a deletrear en una cartilla al Niño Jesús aún pequeñito. Pues hombres hay, no malos, a la verdad, pero imprudentes, que acostumbrados a discurrir en las cosas según la regla de sus pensamientos sobradamente débiles, pintan los hechos del mismo modo que los conciben. [P- 44-7]- Lo que ahora voy a lo tocaria, a no constarme bien, decir no que hay hombres muy doctos y píos, que lo reprueban, como también otras muchas cosas, que adopta la piedad indiscreta de hombres rudos. Pero ¿ qué cosa es ésta ? Dirélo en pocas palabras. Pintan con mucha frecuencia a la Beatísima Virgen, después de haberle ya quitado y enterrado a su Hijo, vestida de la misma manera que en tiempo de nuestros antepasados se adornaban las viudas más nobles. Allí se ve todo el cuerpo de la Virgen cu¬ bierto con vestidos negros, y sobre ellos, velos de lienzo muy fino ; de suerte que no sólo desde el cuello liasta el pecho, se echan de ver dichos velos, si también en los brazos, que están cubiertos con mangas apretadas, juntas las manos ante el pecho y cruzados unos dedos con otros ; tapan finalmente la cabeza con un velo de seda más espeso, que llega hasta los pies, a que se agrega el rosario colgado del cuello. Ciertamente, no son cosas éstas de que (ni aun por sueño) sea lícito chancearse a los que seriamente, como es razón, y con la debida reverencia tratan estas materias ; pero vean a lo menos las tonte¬ los más eruditos (pues no me paro en rías del vulgo), cuán ajeno es sólo de la fe y ver¬ todo esto, no dad de la historia, si también cuán poco se conforma con la pie¬ dad sólida, y la dignidad, que se merecen los mismos hechos. Pero de este modo (dicen) se representa más a la vista la tristeza de la Virgen Madre y la aflicción de su alma, por haber perdido y estar ya sepultado su Hijo; la que no se compara mal con la tristeza de una viuda que siente y llora de veras la pérdida de su marido y esposo. Yo no siento así ; y para que no parezca que todo se nos va en palabras, apelo a la misma pintura de un artífice de no poco nombre. He visto y observado muchas veces la Imagen de la Virgen en este lance, pintada con un semblante grave y lleno de majestad, pero que al mismo tiempo demuestra tristeza, hinchados los ojos por las muchas lágrimas y respirando por su sagrada boca el grande desconsuelo de su alma. En la cabeza tiene un velo, aunque de color azul, extendidas las manos a una y otra parte, y cerca de ellas instrumentos de la Pasión : los clavos, la corona de espinas, y junto a ella, ángeles en figura de niños llorando tan amargamente que les van cayendo las lᬠgrimas por sus mejillas. ¿Por ventura no es ésta una imagen / — 28 — que respira más decoro y dignidad que la que vemos con íre- ^ cuencia entre el vulgo piadoso? Lo es! sin duda, Pero yo no quiero detenerme más en una cosa que, como parecerá a algunos, les suministra abundante materia para aumento de la piedad que ellos profesan a la Sacratísima Virgen. Ningún hombre pío podrá duda en que la Santísima poner Señora, reinando ya Jesucristo el Cielo, resplandeció en toda en la Iglesia como vivo modelo de religión y perfectisimo ejem¬ plar de todas las virtudes, a quien todos reverenciaban y admi¬ raban. Por lo que, dedicada totalmente a la contemplación de las cosas celestiales, recibió también (y tal vez todos los días) bajo las especies sacramentales, la fuente de toda gracia y santidad, esto es, el Cuerpo de su Hijo Santísimo, a quien antes había recibido en su seno purísimo y virginal. Tengo yo esto por tan cierto como lo que más. Pero deseara que los pintores (bien que en esto temo parecer sobradamente prolijo y molesto a algunos) tuvieran presente que no se usaba entonces el dar la Comunión del mismo modo que, con mucha alabanza, han introducido des- > pues la Iglesia y sus Pastores, en la acción y administración de este Sacramento, el más santo y excelente de todos. Vi yo mismo, estando en Salamanca, una pintura de grande nota y de buen pincel, en que se representaba este hecho tan pío; pero de la misma manera que si hubiera pasado de pocos años a esta parte y no en el primer siglo de la Iglesia y en los tiempos apostólicos. Allí se ve un altar con velas encendidas, resplandeciente con una cruz de oro en están engastadas piedras preciosas, cubierto que con lienzos y manteles muy blancos y adornado magníficamente por el frente. En una palabra : adornado todo él del mismo modo que se ve esta pintura en el templo de unas nobles y piadosísimas religiosas, donde se conserva. Vése también el Evangelista San Juan, que está celebrando y da a la Virgen la Sagrada Comu¬ nión, vestido con todos los ornamentos sacerdotales, en nada distintos de los que usamos en el día. Son cosas éstas piadosas, si, yo lo confieso; pero ninguno, por medianamente instruido que sea, dejará de confesar también que demuestran una grande ig¬ norancia. / 29 — — libro quinto Cap. i. Algunos avisos ... sobre las imágenes de los Santos. [p- 58]. No puedo menos a mi amigo D. Antonio Pa¬ de alabar aquí lomino de Velasco, a quien, habiéndole mandado pintar para la iglesia de Córdoba, a aquellos dos jóvenes dignísimos de toda alabanza, ambos Patronos de la misma iglesia, e invictísimos mártires de Jesucristo; a saber, a S. Acisclo y a S. Pelagio, pro¬ curó con mucho cuidado y diligencia, representar al primero con coraza y en traje de un soldado romano, y al segundo en traje de árabe o morisco. Cosa en que se hubiera descuidado otro pintor menos diligente, vistiendo a los dos o con aquel género de manto que usan los árabes, y que ellos mismos llaman Alqiiizel, o, a que y más me inclino, pintando a ambos con coraza y calzado a la ro¬ mana, para que asi todo fuera ridiculo. [P- 59]- Vi yo mismo, en pintura por otra parte bastante hermo¬ una sa y de buen pincel, representaba la pasión y victoria en que se de San Lorenzo Mártir; a un Capitán que mandaba a los demás soldados, el cual había desmontádose ya de su caballo, que lo traía enjaezado con adornos, que se usan en el día de hoy y son más propios nuestros del tiempo de los romanos. Pero no que paró en esto. Oye, lector mío, otro disparate de mayor estofa : facinus rnajoris abollœ. El mismo caballo, al que tenia por el freno un criado, estaba aparejado, no como acostumbraban los romanos, sino con una silla del mismo modo que hoy la usan los militares. Pero ¿qué más? En la parte anterior de la silla, en aquellas fun¬ das o cañoneras, estaban colocadas las que nosotros llamamos Pistolas, de suerte que quien contemplase aquella pintura antes se movería a risa por el adorno del caballo que se conmovería por la pasión y constancia de San Lorenzo. Pero esto de paso, » vamos a otra cosa : Cuando se representan los mismos tormen¬ tos, seria del caso tener bien conocida la forma que tuvieron los instrumentos del martirio: cuales fueron los azotes, las uñas. — jó¬ los peines, las láminas encendidas, que aplicaban muchas veces a los costados desnudos de los mártires y que sólo estaban arma¬ dos de paciencia. Cap. III. De las imágenes de ... San Vicente ... [p- 79]- Por lo que toca a su martirio, hay en Salamanca en el Altar mayor de la iglesia del Mártir San Vicente, a quien está dedica¬ da aquella casa de PP. Benitos, que es famosísima y digna de las mayores alabanzas, pues que ha producido tantas y tan esclare¬ cidos hombres la República literaria y al mundo todo. Hay, a digo, en Salamanca, una insigne pintura, y muy grande, que di¬ cen ser de Vicente Carducho, en que se representa echado a San Vicente sobre las parrillas encendidas, con tal propiedad y elegancia, que no cabe más, y que pediría mucho tiempo el des¬ cribirla y elogiarla. Cap. IV. De las imágenes de S. Ildefonso ... [P- 83]. Mayor defecto es, según a mí me parece, y por decirlo más claro, es error crasísimo, el que he observado en una imagen bastante célebre de San Ildefonso, que muchas veces he admira¬ do y contemplado, la que hizo en Flandes un pintor de bastante fama. En dicha imagen se ve pintado el glorioso Prelado (en el mismo acto de que hablaremos luego, a saber, cuando recibió de la Virgen la dádiva o vestidura celestial fabricada por manos de ángeles para que se sirviera de ella cuando dijese Misa) vestido con alba, manípulo y estola, pero desnudos totalmente los pies, lo que no puedo aprobar. Porque aun dado que así hubiese an¬ dado el Santo alguna vez (lo que tengo por muy dudoso y aun por falso, singularmente siendo ya Prelado de Toledo), debiera sin embargo, pintarse calzado, cuando iba o estaba para celebrar, como se le representa en dicha imagen, particularmente en aquel tiempo en que ya estaban recibidas las sagradas y siempre ve¬ nerables ceremonias de la Misa. — 31 — Cap. V. ... de la pintura de S. juan Crisóstomo ... [p. 98]. Paréceme ahora del caso decir algo aquí de la pintura de aquel gran prelado San Juan Chrisóstomo, así porque fué gran venerador y admirador de San Pablo como porque se celebra su fiesta al tercero día de la Conversión del Apóstol. Ni tocaría aquí nada de ésto acordarme haber visto en otro tiempo con a no mucho gozo una pintura de este Santo, que está, o estaba a lo menos, en la ciudad de Segovia en el Convento de PP. Carmeli¬ tas Descalzos. Veíase pintado descubierta la cabeza, el pelo algo tendido, la barba espesa y bastante larga. Y con razón ; pues no acostumbraron los Prelados, singularmente los griegos, cortarse enteramente el pelo ni hacerse la barba. Represéntase vestido con túnica talar, de color, que tira a morado, y sobre ella un género de balandrán velloso y con mangas que llegaba a sus pies, cara alargada, los ojos muy vivos, sentado en su silla y escri¬ biendo aquellas Homilías admirables que Santo Tomás, al ver la ciudad de León de Francia, juzgó que una sola de ellas era digna de mucho más aprecio que aquella magnífica y opulenta ciudad. Cap. VI. De las imágenes de S. Julián Obispo de Cuenca y ... de ... San Pedro Nolasco. [p. loi. San Julián], Dan testimonio de ésto, además de la común y recibida tra¬ dición ya desde muchos siglos en toda aquella provincia de Cuen¬ ca,las imágenes antiguas, de las cuales se ve una trabajada con bastante primor y artificio en el Convento de mi Orden de Huete, que representa al Santo Prelado juntas sus manos ante el pecho mirando al Cielo, y junto a él cestos de mimbres, unos acabados ya y otros empezados. Cap. vil De las pinturas de los Santos Mártires San Ig¬ nacio, S. Blas y Sta. Agueda. [p. III. San Ig\naci-o mártir], Y yo me acuerdo haber visto otra Toledo la en en iglesia de Religiosas Carmelitas, en la cual, mientras los leones están des¬ pedazando al mártir [S. Ignacio], se presenta, a causa de una herida, abierto y patente su corazón, donde se ve esculpido aquel santísimo nombre, también con letras de oro. Cap. IX. De las pinturas... de Sto. Tomás, S. Gregorio y S. Leandro ... [p. 125. 5. Rosmid\o]. El mismo día primero de este mes [marzo] se celebra en Es¬ paña la fiesta de San Rosendo, Varón grande, y que fué Abad y Obispo. Rara acontecerá, según pienso, el pintar la imagen vez de este Santo; pero por si viniese el caso, será conveniente ad¬ vertir que no haría bien el pintor que le representase de estatura muy alta, ni aun regular, por colegirse de su misma historia que fué dicho Santo de una estatura de cuerpo muy mediana o que ni aun llegó a el Monasterio de Celanova del Orden tal ; pues en de San Benito, que él mismo fundó y que yo he tenido mucho gusto en verlo, hay en el huerto una Capilla muy pequeña, o como solemos decir, un Oratorio, donde, según tradición, medi¬ taba el Santo las cosas celestiales y celebraba allí mismo el Santo Sacrificio de la Misa. Pero es tan angosto dicho Oratorio, y (por lo que hace al caso) es tan bajo de techo, que apenas podría ser¬ virse de aquel lugar, no sólo quien fuese alto de cuerpo, pero ni el que fuese de una estatura regular. A no ser que digamos que los santos y hombres dotados de una verdadera grandeza, acos¬ tumbraron reducirse a lugares muy estrechos, cuando otros, que (por no decir nada más) no son tan grandes, apenas caben en palacios espaciosos, sublimes y elevados LIBRO SEXTO Cap. II. De las pinturas ... del Buen Ladrón. [p. 172]. Añado también que no parecería mal el pintarle saliendo de ' Es notoria exageración, pues en la diminuta y primorosa capilla mozárabe cabe un celebrante sin incomodidad. Mide : 8,50 X 3,85 X 6,00. 33 — — su boca estaspalabras; Domine memento mei, lo que quitaría toda duda; además, que siempre debe pintársele sin corona de espinas, que es otro distintivo de la imagen de Cristo Crucificado. A que parece atendió diligentemente el insigne pintor Antonio del Castillo, natural de Córdoba, cuando pintó esta imagen, como lo nota muy al caso mi amigo D. Antonio Palomino. Cap. III. De las pinturas ... de S. Marcos ... [p. 174]. En muchos lugares, algunas ciudades de España, y aun en entre las cuales no es la última la que llamaron los romanos Arx Julia, y que nosotros, por haberse corrompido esta palabra, llamamos Truxillo, hay establecida una Hermandad, o Cofradía, que celebra la memoria y solemnidad de San Marcos con aman¬ sar milagrosamente (como ellos pretenden) a un ferocísimo toro, al cual la víspera del Santo le obligan con exorcismos y oracio¬ nes a asistir en la iglesia a Vísperas y en el día de la misma fes¬ tividad todo el tiempo de la Misa Mayor, que por lo común se celebra siempre con Sermón. Esta escena (que así quiero llamar¬ la) pasa de este modo : Los Hermanos de dicha Cofradía, acom¬ pañados de otros, poco antes de las Vísperas, salen en procesión, precediendo los Acólitos con el que lleva la Cruz, y al último el Sacerdote vestido con las vestiduras sagradas de Alba o sobre¬ pelliz, estola y Capa Pluvial ; y ya que han llegado a la manada de los toros (que el que corre con ello hace que no esté muy dis¬ tante del lugar), el Hermano Mayor, o Prefecto de la Herman¬ dad, descubriéndose la cabeza, llama al toro diciéndole: Marcos, te mamdo en nombre de Dios, y de San Marcos, que gustoso, y obediente, asistas en el Templo a su Festividad. A esta voz se acerca el toro, que ya está señalado del año antecedente, que¬ dando ya tan manso y domesticado como una oveja. Rocíale luego el Sacerdote con agua bendita, y recitando sobre él no sé qué preces u oraciones muy buenas y pías, conforme lo indican las palabras, encaminan derechamente a la iglesia, siguiendo se el toro, a quien con una vara va tocando el Alcalde ligeramente en el pescuezo. Sigue inmediatamente una multitud inmensa de ambos sexos, que van apretando al toro, de conformidad que no tanto se diría que anda un toro o un buey castrado, sino que va andando el miás manso cordero; de suerte que no sólo Circimi pueri inuptceque puellœ. 3 — 34 — sirio que promiscuamente unos y otras adornan con coronas y fio- resal toro, en cuyas astas atan y lian cintas de seda; además ' como los muchachos son naturalmente inquietos, van pellizcando al toro con los dedos y tocándole con las palmas de sus manos, todo lo cual tolera y sufre la fiera, hecha ya mansa, como si de mucho antes estuviera acostumbrada a cosas semejantes. Al lle¬ gar a en tierra junto al Altar o a sus gradas, la iglesia póstrase y alli inmóvil todo el tiempo que se celebran los Di¬ permanece vinos Oficios, los que concluidos, haciendo señal con la campana para que todos los del lugar se retiren a sus casas, mandan salir al toro, el cual, volviendo a su innata ferocidad, lo ejecuta al instante y se va derechamente a la vacada. Y lo que hacen en la víspera del Santo lo ejecutan del mismo modo al otro día en la misma fiesta de San Marcos Cap. VI. De las pinturas ... de Sto. Domingo de la Calzad.^, S. Pedro Regalado y S. Isidro Labrador. » [p. 206: 5". Isidro], Basten estas, aunque cortas alabanzas, en honor y reverencia de tan ilustre Patrono, a cuyos méritos atribuyo mi larga vida r (¡ ojalá que la que se me ha concedido la hubiera empleado me¬ jor!), pues conforme me refirieron los que podían informarse so¬ bre este particular, como yo (cuando aún no había cumplido cua¬ tro años) hubiese caído en una peligrosa enfermedad y me con¬ tasen ya en el número de los muchos, Quos dulcís vitcE exortes, et ab ubere raptos Abstidit atra dios, et fimero mersit acerbo; i- ofreciéndome mi madre a este piadosísimo y poderosísimo Patro¬ no, no sin admiración, convalecí casi de repente, en testimonio de lo cual, y en cumplimiento del voto, se colgó una tablilla con mi retrato en la Ermita del Santo, la que acaso ha subsistido hasta estos tiempos en que, por la diligencia y cuidado de un Señor Excelentísimo, se ha ensanchado y renovado a su costa la anti¬ gua Capilla, dándole otra estructura más decente y hermosa. l ' Sobre esto léase tarabiéu a Zapata en su Miscelánea ("Memorial histórico", t. XI, pág. 273). 35 — — Los demás hechos y milagros de este Santo los describió ele¬ gantemente ü. Francisco Ricci, pintor del Rey, en la magnifica y verdaderamente Real Capilla que dedicó a San Isidro Feli¬ , pe IV, Rey de España, y está unida a la nfisma igiesia parroquial de San Andrés Apóstol \ en cuyo cementerio estuvo enterrado por espacio de cuarenta años, conservándose tan entero e inco¬ rrupto como si ya estuviera revestido de la inmortalidad. Entre estas pinturas hay pintada la célebre batalla, una en que se ve que unidos entre sí todos los reyes de España, tuvo D. Alfonso Rey de Castilla, en la llanura que llaman las Navas de Tolosa, contra el formidable ejército de los moros; y junto a los comba¬ tientes está pintado San Isidro, vestido en el traje vulgar y acos¬ tumbrado de labrador, al cual le pintan en esta ocasión por ha¬ ber creído muchos y divulgado que aquel rústico desconocido, que dudando mucho los nuestros penetrar por lo más escarpado del monte, les enseñó el camino (de quien hace mención un es¬ critor antiguo que asistió en la misma batalla, D. Rodrigo Ximé- nez. Arzobispo de Toledo); no fué otro que nuestro San Isidro Labrador, el cual, benévolo y agradecido para con su Patria, quiso socorrer al Rey, que peleaba a favor de ella y de la Reli¬ gión. Sobre lo cual, aunque muchos autores, y los más graves, nada nos hayan dejado escrito; esto no quita que otros muchos, llevados de su piedad y devoción, lo crean y afirmen. Cap. X. De l.as pinturas ... de S. Onofre ermitaño, de S. An¬ tonio de Padua ... [p. 236]. En cuanto a sus imágenes (ya que vamos a tratar de ellas), no puedo omitir aquí el que en esta Corte, en la célebre iglesia que está junto a la Real Casa que llaman de San Antonio de los Portugueses, se ven pintados los ilustres hechos de este Santo por manos de insignes pintores, deleitando la vista y excitando a devoción a toda la gente pia y a admiración a todos los peritos en el Arte. Allí se ve cómo obliga Antonio con su imperio a que un bruto, olvidado del hambre que padecía, adore al Santísimo Sacramento; cómo él mismo aparta una furiosa tempestad de la ' Destruida en julio de 1936; los cuadros de Ricci y de Carreño fueron quemados. — 36 — muchedumbre de ; cómo en la orilla del mar está su auditorio predicando a mudos, que le oían con mucha atención, y los peces otros muchos milagros. Con efecto, apenas hay otro Santo cuyas imágenes sean más frecuentes y obvias. Pero entre todas ellas, la más conocida y común es aquella en que se representa al Santo teniendo en su mano o junto a sí un ramo de cándidas azucenas y al Niño Jesús ya sentado sobre su libro, ya teniéndole con reverencia en sus purísimas manos o bien estando en pie sobre una mesa junto a él ; pues es constante que le vemos pin¬ tado de todas estas maneras, según las varias imaginaciones de los pintores. ',[p- 238]. Es cierto que no pasó la vida de San Antonio de treinta y seis años; pues que habiendo nacido el año de Cristo de HQS) murió el año de 1231. Pero esta edad no se representa bien pin¬ tando a un mozo con barbas, sino representando a un hombre de edad verdaderamente varonil ; a más de que, fatigado por ios muchos trabajos de su predicación y casi extenuado por los ayu¬ nos y áspera penitencia, no es conforme a razón que se le pinte mozo y cual le describimos arriba. Con efecto, el excelentísimo y eruditísimo Sr. D. Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena y Duque de Escalona, de quien hago honrosa mención, sin que jamás se me borre de la memoria el respeto que le debo como testigo ocular que era, me contó haber visto él mismo, es¬ tando en Italia, una imagen de San Antonio que decían ser su verdadera eñgie, en la que no se le veía pintado mozo, sino como hombre hecho, y no muy blanco de semblante, sino moreno, y que aunque macilento, tenia sin embargo un aspecto grave y dig¬ no de un Varón Apostólico. Cap. XII. Sobre las imágenes del ... Precursor cuando muchacho ... [p. 276]. Nada más frecuencia que las pinturas de San Juan se ve con cuando niño, jugueteando de mil maneras extrañas y ridiculas con Cristo Señor Nuestro también niño; a saber, ora cogiendo con su mano a un pajarillo atado con un hilo, ora poniendo al viento para que la mueva una veleta de papel o un relíete, ora (cosa verdaderamente ridicula) montado a caballo sobre un cor¬ dero. Todo ésto, sobre ser un juguete ridículo-y ajeno de la gra¬ vedad de las cosas sagradas, es totalmente falso o representa co¬ sas falsas improbables, pues conforme demostramos arriba con e la mayor claridad, jamás se verificó que Cristo en la edad pueril estuviese junto con su primo y precursor San Juan, el cual nunca conoció de vista a Cristo, ni se vieron mutuamente, hasta que el Señor se fué a él para que le bautizara. Por lo que ya no puedan quitarse enteramente, o por la piedad del pensamiento, o por la excelente pericia de los artífices, aquellas pinturas en que se representan amigablemente juntos la Sacratísima Virgen con Jesús, el Bautista, y su madre Isabel, y además José y Zacarías, deberán sin embargo entenderse en algún sentido pió. Cap. XIII. Las Pinturas de S. Juan y ... ... S. Pablo y las de S. Pelayo ... [p. 285: S. Relayo]. Y así, por lo que imágenes y pinturas, puedo respecta a sus decir que he visto tiene duda que hay muchas, pocas, aunque no como antes he advertido. Una de éstas es la que vemos en la insigne y magnifica capilla del Real Colegio del Espíritu Santo de la Ciudad de Salamanca, que en la Iglesia de Padres Jesuítas edificaron los piadosísimos Reyes D. Felipe III y Doña Marga¬ rita: sobre lo cual puede también verse el escritor que poco ha citamos con elogio: pues allí se ve labrada con mucho primor la imagen hermosísima del santísimo joven Pelayo; pero (tal es la ciencia de los pintores y escultores de imágenes) no con otro vestido, sino a la romana, esto es, con corazas, mando militar y con grevas; sin embargo de que debía pintarse a la manera de los Arabes o (como vulgarmente decimos) de los moros : de suerte que en lugar del calzado militar, debía pintarse con aquel calza¬ do encarnado de que usan los árabes; en lugar del peto, con aquel género de capa, que los moros llaman alquicel, y asi de otras cosas : sobre las cuales si alguno quiere enterarse más, le aconsejara que viese la pintura dispuesta por mano e ingenio de mi amigo D. Antonio Palomino, que está en el altar mayor de la Catedral de Córdoba, donde se ve observado todo esto con tanta puntualidad, que puede servir a los pintores eruditos o, a lo me¬ nos, no inhábiles, de exactísimo modelo. LIBRO SEPTIMO Cap. IV. De las imágenes de ... Santo Domingo ... [P- 332]. Mas puede pasar en silencio otro modo bastante común no se de pintar al Santo Patriarca. Todos saben por los historiadores de su vida, que el Santo solia disciplinarse cruelmente tres veces al día. Píntanle, pues, con unos ásperos azotes y puntas en sus extremidades, o con una cadenilla de hierro, descargando fuerte¬ mente sobre sus espaldas delante de un crucifijo, con tales mues¬ tras del mayor dolor y compunción, que bastaría para ablandar los duros corazones de los que merecerían con mucha más razón experimentar en sí mismos semejantes mortificaciones. Estas pin¬ turas las vemos con mucha frecuencia ; pero de cuantas he visto, la más hermosa de todas es la que se ve en el noviciado del gran conventode esta Orden, que hay en la Ciudad y Universidad de Salamanca (Universidad, cuyo nombre sólo lleva consigo el elo¬ gio) trabajada con mucho primor por un pintor (según dicen) re¬ ligioso de la misma Orden En este Convento, digo, se ve dicha imagen ; y yo añado, que no está allí ociosa, ni inútilmente : pues suele excitar en gran manera los ánimos de los religiosos jóvenes, que se ejercitan siempre en obras de santidad y de penitencia, como lo demuestran claramente las señales impresas en las pare¬ des. Y supuesto que esta imagen bastante famosa, se echa de ver a cada paso, ya puse arriba el epigrama que compuse en otro tiempo sobre este asunto, y por no repetir lo dicho, allá remito al lector ' Fray Juan Bautista Maino (?). ° Es el que se encuentra en el Cap. V del Libro primero, titulado : A Santo Domingo, que con una mano se está disciplinando y en la otra lleva la corona de la Virgen que llaman Rosario. Cap V. De las pinturas ... de ... los Santos M.-vrtires Hipólito y Casiano. [p- 343]- Quede, pues, sentado ser verdadera la pintura del mártir Hi¬ pólito arrastrado por los caballos ; cuya pintura me acuerdo liaber visto pintada en Salamanca por un excelente pintor. Cap. VI. De las pinturas de ... S. Agustín. [p. 362]. Otra pintura hay todavía más frecuente y celebrada de pintar o representar a S.Agustín, cual vemos en el grande Convento de Padres Agustinos de Salamanca, en su mismo altar mayor (de cuyo convento, como también de la santidad y erudición de sus moradores, no me atrevo a decir nada, sin protestar antes mi profundo respeto y reverencia) esto es, el pintar arrodillado al Santo Padre, elevado su pensamiento en Dios, tendidas las ma¬ nos y contemplando a un lado a Jesucristo crucificado, y al otro a la Sacratísima y dulcísima Virgen alimentando con su sagrada y celestial leche al tierno Niño Jesús, con aquel lema que se ve particularmente en sus estampas. Cap. VIH. Las pinturas de la Degollación del S.anto Precursor ... [p. 366]. Paso en silencio el que en la cena de Herodes se representan los convidados, no echados o recostados en sus camas, como era debido, sino sentados en sus sillas, o bancos, lo que hizo también el excelente pintor Rubens. Pues esto, conforme he notado mu¬ chas veces, contiene error en los ritos y costumbres, aunque sola¬ mente lo advierten los que han puesto mucho cuidado y diligencia en tener conocimiento de la antigüedad. [p. 368]. Sobre que me acuerdo de haber leído una historia muy opor- — 40 — tuna para lo que vamos' tratando. Un emperador de los turcos, ^ muy aficionado al arte de la pintura, mandó llamar a un pintor veneciano, que engañarme, se llamaba Belino. Este, a más a no de otras cosas hizo por su Orden, le regaló la pintura de la que cabeza del Precursor, que a su parecer estaba trabajada con mu¬ cho primor. El sultán, alabando no poco en todo lo demás su ar¬ tificio, solamente advirtió a Belino, que aquella cabeza no estaba conforme, ni proporcionada a lo que exigía la naturaleza. ¿No ves (le dijo) que ese cuello ha quedado mucho más largo de lo que pide la verdad del hecho y el orden de la naturaleza? ¿No lo confiesas? Callaba el pintor, sin atreverse a chistar delante de un señor tan soberbio. Pero el Sultán, para que te enteres (prosiguió) por tus propios ojos, que es como yo digo, trae, dijo (volviéndose a uno de sus colaterales) cualquiera de los cautivos, y preséntalo aqui al instante. Obedeció el otro: traen luego al infeliz, mán- danle ponerse de rodillas, y en postura de cortarle la cerviz: eje¬ cutó al momento lo que se le mandaba. Entonces el feroz sultán, que casi tiene por cosa agradable y deliciosa jugar impunemente 0 con las vidas y cabezas de los hombres, dijo sin titubear, volvién¬ dose al verdugo: Tú corta a éste la cabeza, y sepárasela de sus hombros. Hízolo el verdugo con un fuerte golpe de cuchilla : y al instante presentó al pintor la cabeza cortada, contraídos por to- das partes los nervios y muy corto el cuello, para que la examinara con atención. Miróla el pintor, pero con tanto temor y temblando tanto, que apenas tenía palabras para alabar la pericia del gran emperador. Lo que advirtiéndolo el sultán: Vete, le dijo; man¬ daré a mi visir que te despache cuanto antes, para que otra vez no pases en mi presencia igual miedo. Cap. X. Las imágenes de ... nuestra Señora de las Merce¬ des ... de los Mártires San Cosme y Damián ... [p. 402. La Virgm de las Mermdes], Pero con ser esto así, no han faltado algunos, y no del vulgo, que no han seguido el mismo rumbo, como me acuerdo haberlo advertido muchas veces en Salamanca, y en este convento de Ma¬ drid, en una imagen que está bastante a la vista ; donde se re- | presenta a la Soberana Virgen con majestad ciertamente decen¬ te ; pero adornada con vestidos de color verde y carmesí : pintura V. — 41 — ^ que hizo un excelente artífice por cierto, pero en cj^ue se alejó de¬ masiado de la verdad. Pues, además de la desproporción del ves¬ tido y del hábito, este buen pintor (pero sobradamente engañado en esta parte) puso en el pecho de la Soberana Reina el blasón o escudo de dicha Orden, que todavía no existia, y sobre cuya fun¬ dación representaba a la Sagrada Virgen tratando el asunto con S. Pedro Nolasco. Vense, finalmente, otras imágenes de dicha re¬ velación y aparición, en que se describe mejor y más propiamen¬ te la verdad del hecho : teniendo en su mano esta piadosísima Ma¬ dre de Dios y de los hombres aquella parte del vestido que llama¬ mos escapulario, y como que lo está entregando al gran patriarca Nolasco. [p. 404: Santas Casme y Dammn], Mas, lo que respecta a sus imágenes, justamente sería te¬ por nido yo por injuriador y traidor a la verdad, si no hiciera men¬ ción aquí de un absurdo, que me acuerdo haber observado ya cuan¬ ta do muchacho. Vi entonces, no en un solo lugar, las pinturas e imágenes de estos insignes mártires, del modo siguiente : Tenían la cabeza con un pequeño sombrerillo, adornado con una borla de color de oro o amarillo, y cubiertos sus hombros con aquel capu¬ cho, que en castellano llamamos capirote, que era también de seda y amarillo: a la manera que en nuestras Universidades, los cate¬ dráticos y doctores de Medicina llevan las insignias de doctor. No me paro en esto; porque, si bien estas insignias de los doctores son mucho más modernas que la edad en que florecieron los ilus¬ tres mártires S. Cosme y S. Damián ; sin embargo, los pintores, particularmente los que no pasan ni por doctos, ni por eruditos, no se ernbarazarán por eso, y fácilmente responderán: que con este modo de pintar, sólo pretenden significar que los santos Cos¬ me y Damián fueron médicos ; que en cuanto a lo demás, no les toca a ellos. Pero no para aquí el absurdo. Pues a uno de ellos le pintan llevando en la mano aquel instrumento que los boticarios llaman paleta, o con una palabra más vulgar, espátula, en ademán de hacer una cataplasma para un enfermo. No quiero condenar esto, pues no es cosa indecente, y no ignoro que los antiguos mé¬ dicos, aun en los tiempos heroicos, se dieron mucho más a la Ci- I rugía que a la Medicina que los profesores de esta Facultad llaman racional. Pero ¿quién podria mirar con indiferencia el que a uno de ellos, aun en los mismos altares, le pinten llevando un orinal V. 42 — — lleno de orina encendida, cual suele ser la de los calenturientos? ^ ¡ intolerable ! ¿ Es po¬ Oh delirio de quien está soñando, y absurdo sible que para significar a un Santo Mártir excelente en la Fa¬ , cultad de la Medicina se ba de pintar (aun en los mismos altares, como decia) una cosa, que la gente de buena crianza y educación no se atreven a nombrarla claramente en sus conversaciones? ¿Una cosa digo, de cuyo la llaman los médicos; indicante, como esto es,de la orina (según me acuerdo haberla oido a excelentes profesores de esta Facultad; pues yo, poco o nada entiendo en estas cosas) hicieron poco o ningún aprecio los médicos antiguos, y aun los príncipes de la Medicina? Otro rumbo, pues, debieran t0mar los pintores para significar que uno de estos santos fué médico de profesión. [p. 408; San Jerónimo], Pero ¿ por le ba de pintar tan desnudo, y algunas veces qué se tan indecente puede esto fundarse en la verdad de ? ¿ Por ventura > su Historia, o en ciertas noticias eclesiásticas más recónditas? Porque de este modo pintaron a S. Gerónimo los más famosos pintores de nuestro Arte. Con efecto, aquel Jacobo, a quien los italianos llamaron Tintoreto (que ciertamente pintaba con el ma¬ yor primor los cuerpos viejos), pintó muchas veces a S. Geróni¬ mo; pero siempre con tal desnudez, que no podia convenir a un hombre y doctor gravísimo, y que yo no quiero describir exacta¬ mente, por no caer, al paso que no lo apruebo, en el mismo ab¬ surdo que estoy reprendiendo. Y así, según mi dictamen, será lo mejor, que el pintor modesto y erudito ponga freno a su ingenio y habilidad sobre estas cosas, de que hablamos mucho en su pro- pío lugar. [p.'qio]. al adorno de sus pinturas, me he reído muchas Por lo que toca veces, o deplorado la ignorancia o estupidez de los pintores, los cuales, por habér oído o leído que el santo murió muy viejo, y que fué muy dado a la lectura y al estudio, le pintan con anteo¬ jos. Ignoran ellos que esta maquinilla útilísima y casi necesaria i para los viejos, a fin de coadyuvarles la vista, es una invención casi mil años posterior a S. Gerónimo. 4. LIBRO OCTAVO Cap. IV. Las pinturas ... de Todos los Santos ... [p. 446]. Tal es aquella excelente y proporcionada como la que más, de aquel peritísimo artífice, a quien por ser de Luca, noble ciudad, y República de Italia, llamaron comúnmente Luqueto b Repre¬ senta dicha pintura la gloria de los santos, en el real y magnífico coro del convento de S. Lorenzo del Escorial, con tal variedad y hermosura, que apenas se puede figurar cosa más excelente. Refiriéndose algunos dichos de los que la han visto, que si quisie¬ ra ponerlos aquí, acaso se deleitaría el lector : pero no es mi áni¬ mo escribir cosas jocosas o donaires, sino solamente cosas gra¬ ves y serias. Cap. vil Las imágenes de Santa Lucía. [p. 460]. de imágenes, opongamos a las falsas otras Y ya que tratamos pinturas verdaderas racionales. En el convento de Madrid, que y llaman de la Pasión, que sirve de hospedaje a los padres Domini¬ cos, he contemplado repetidas veces la imagen de una santa mon¬ ja de dicha Orden, teniendo en un pequeño plato los ojos, que ella misma se sacó ; asimismo he oído frecuentemente ser esta imagen la de Santa I.ucía de Bolonia, monja de la misma Orden de Predicadores, que ejecutó aquella gloriosa hazaña, que por una crasa ignorancia de los hechos se atribuye a' Santa Lucía Mártir. Cap. IX y último. Imágenes de S. Esteban ... [p. 470]. Porque, sobre verse esto con mucha frecuencia en sus prin- ' Interpretación errónea : Luquetto es diminutivo de Lucas ; era genovès. — 44 — cipales imágenes y pinturas, como se echa de ver en una insigne que hay en el gran convento de Padres Predicadores de Salaman¬ ca (obra de Claudio Coello, pintor del Rey), puede unirse con bastante oportunidad con lo que poco antes había dicho el sagra¬ do historiador, refiriéndonos la historia, pasión y martirio de San Esteban. DON FELIPE DE CASTRO DEDICATORIA DE LA LECCION DE B. VARCH! t7S3 Porque contribuyen diseñar el ambiente artistico español a en los años que vieron el academismo, se extractan aqui nacer algunos de los párrafos de los preliminares que puso el escultor D. Felipe de Castro al editar en castellano la Lección que hizo el humanista Benedetto Varchi en la Academia florentina sobre la primada de las artes y cuál sea más moble, la Esciiltitra o la Pmtnra. Antójasenos hoy harto inocente e inútil discutir la preemi¬ nencia de un arte sobre otro. A lo largo de los textos recogidos en estas FUENTES, varias veces asomó el tema para prueba del interés y quizá también de los "intereses" que le dieron im¬ pulso y calor. Como la disputa entre aniiguos y modernos—más honda, fundada y trascendental—surgió en el siglo xvi. Casti- glione, en su Cortesano, dió la primacía a la pintura, y el histo¬ riador y poeta mediceo Varchi (1502-1565) explayó la cuestión profusa y doctamente en 1546. Miguel Angel, en carta a Varchi, resolvió la contienda en esta juiciosa frase: "Naciendo la Escultura y Pintura de una misma inteligencia, se podrá conseguir que hagan entre sí una buena paz y dexar tantas disputas, porque se gasta más tiempo en ellas que en hacer figuras". Para arribar a tan razonable sentencia se pensará que no era preciso el aparato de argumentos y citas montado por Varchi, y una y otra vez impugnado o enriquecido; mas los puntos tocan¬ tes a la nobleza profesional nunca estuvieron faltos de susten¬ tadores esforzados; Léese un resumen claro y documentado de la cuestión trata¬ da por Varchi, y de sus precedentes y consiguientes, en J. Schlos- ser-Magnino : La Letteratura artística (Firenze, 1935), libro im¬ portante, si bien no muy enterado de la bibliografía española. -48- Ha de agradecerse al escultor que inició el neoclasicismo español esta versión del famoso escrito de Varchi, ya que con él continuaron los escultores su propia bibliografía, interrum¬ pida al comenzar, más de siglo y medio antes, con la Varia cmi- nmn^itraaión, de Juan de Arfe. Se verá en los párrafos extractados cómo Castro preparaba un Trataép sobre las execlenc'ias de la Esciilt-um que no se cono¬ ce; y tiempo no le faltó para escribirlo, pues todavía vivió vein¬ tidós años. D. Felipe de Castro nació en Noya (Galicia) en 1711 ; apren¬ dió allí su arte, se perfeccionó en Santiago, Lisboa, Sevilla, em¬ barcándose en Cádiz el año de 1733 para Roma, en conqmñía de Preciado de la Vega. En 1739 obtuvo el primer premio en la Academia de San Lucas; llamado por Fernando VI, regresó a España, y durante su reinado y gran parte del de Carlos III fué el más afamado escultor en la Cone. "La escultura—escri¬ bió Ceán—recobró en España su esplendor con las obras, celo y aplicación de este profesor". Murió el 25 de agosto de 1775. Castro fué hombre culto, varón de iniciativa y consejo, buen organizador de enseñanzas y talleres; en suma: el artista-tipo, cuando Mengs era el prototipo. LECCION QUE HIZO BENEDICTO BARQUI en la Academia Florentina el tercer Domingo de Quaresma del año 1546 SOBRE LA PRIMACIA DE LAS ARTES y, que sea más notable, la Escultura 0 la Pintura CON UNA CARTA DE MICHAEL ANGELO BUONARROTI y otras de los más celebres Pintores y Escultores de su tiempo sobre el mismo assumpto. TRADUCIDAS DEL ITALIANO POR DON PHELIFE DE CASTRO, primer Escultor de Cantara de S. M Director principal de la Escultura del Nuevo Real Palacio, Director de 'la Academia d^ S. Pernamdo de las tres bellas Artes Académico Romaaio y Flo¬ rentino y entre los Arcades de Roma Gallesio Libadico QUIEN LO DEDICA AL EXCmo. SEÑOR DON JOSEPH de Carvajal y Lancaster etc. Con licencia. En Madrid. En la Imprenta de Don Eugenio Bieco. Año 1753 - so - {Dedicatoria] Al Excmo. Señor D. Joseph de Carvajal y Lancaster caba¬ llero de el insigne Orden del Toyson de Oro, gentilhombre de Cámara de S. M. con exercicio, Ministro de Estado y Decano de este Consejo, Gobernador de el de Indias, Director de la Real Academia Española y Protector de la de San Fernando de las tres bellas Artes, etc. Excmo. Señor Señor : Habiendo yo traducido de el idioma toscano en nuestro cas¬ tellano esta pequeña obra que escribió el docto florentino Bene¬ dicto Varqui sobre la disputa de la preeminencia entre la Escul¬ tura y Pintura con el parecer de los primeros escultores y pinto¬ res de Italia y de su siglo y entre ellos de el insigne Micael Angel Buonarrota, me corría precisa obligación de ampararla con el glorioso nombre de V. Exc. por ser V. Exc. dignísimo protector de estas nuestras bellas Artes y legítimo juez en esta monarquía de tan antigua y reñida disputa. La de esta traducción. Señor Excelentísimo, ha sido el causa ver a los pintores de nuestra nación opinar contra la Escultura sin otro fundamento que haber leído en Francisco Pacheco, Vin- cencio Carducho, Don Juan de Jauregui, Don Juan Butrón y Don Antonio Palomino que la Pintura es más digna que la Es¬ cultura los cuales trataron esta materia por los pareceres de las cuatro Cartas de los Pintores, que el Varqui pone a lo último de esta disputa ; y tomando de algunas cartas de los Escultores mu¬ chas razones para confutarlas a su modo, añadiendo Palomino aquel nuevo invento de los cuatro puntos histórko, filosófico, ma¬ temático y teológico con los cuales quiere y presume demostrar que aun el ser la Escultura hermana menor de la Pintura le ven¬ drá muy ancho; pero con malicia y ocultando siempre la carta de Micael Angel, que decide esta cuestión en favor de la Escul¬ tura, y a cuya decisión, despues de discurrir filosóficamente, se refiere el Varqui ; lo que también callan dichos autores, afirman¬ do Palomino que aunque muchas veces esta cuestión se ventiló, siempre se decidió en favor de la Pintura, citando para esto al — SI — Vasari, al Marino y otros, sin hacerse cargo que entre todos los Pintores y sus apasionados no pueden hallar uno de igual valor al de Micael Angel; esto es, que entienda tanto de una facultad como de la otra y que sea tan excelente en ambas para que per¬ fectamente conozca sus dificultadesy cual a cual exceda y merezca la preferencia... Advirtiendo yo esto y el gran silencio de nuestros escultores españoles en esta materia quise manifestar al público con esta tra¬ ducción (antes de sacar a luz un Tratado que de esta y las demás prerrogativas y excelencias de la Escultura tengo trabajado) que la Pintura jamás ha tenido preferencia sobre la Escultura; antes ésta en sentir de muchos y graves autores y en particular en sen¬ tir de Micael del Varqui tiene la preferencia sobre la Angel y Pintura; añadiéndose a esto que la Noble academia del diseño de Florencia hizo erigir un soberbio sepulcro de marmol al celebre Micael Angelo por insigne escultor, pintor y arquitecto, man¬ dando a tres famosos escultores que esculpiesen sobre él tres es¬ tatuas de la misma materia que representasen la Escultura, la Pintura y la Arquitectura, como se executo y de orden de la misma Academia se le dió asiento a la estatua de la Escultura en medio de las otras dos estatuas ... habiendo hecho el diseño de estesepulcro y dirigídole Georgio Vasari ... todo lo cual existe hoy día dentro del sumptuoso y magnífico templo de Santa Cruz de Florencia, en donde le vi y admiré ; y aunque Carducho dice que la Academia florentina determinó que se pusiese en medio la Escultura, como aquella arte que Micael Angel había exercita- do más, es siniestra su relación, porque en Roma que es donde más tiempo asistió Micael Angel, solo hizo tres estatuas de mar¬ mol, que son: el grupo de la Virgen con su Hijo muerto en los brazos ^ que está enel templo de San Pedro en Vaticano, el Cris¬ to de la iglesia de la Minerva y el Moisés de San Pedro Ad- víncula; pero, de Pintura solamente en la capilla Sixtina y la Paulina del Palacio Vaticano pasan de millares de figuras y todas mayores del tamaño del natural ; y por esto con razón Benve- nuto Cellini ^ en su docto Libro de Escultura dice que, a propor¬ ción, Micael Angel por cada estatua de marmol hacía ciento de ' [Nota del Autor.] La estatua de bronce de Nuestra Señora de los Dolores, que se venera en el altar mayor de la Capilla de los Jardines del Buen Retiro, se vació por este original de Micael Angel. ' [Nota del Autor.] De este autor es el Crucifijo de mármol del ta¬ maño del natural que está en el trascoro del Escorial. _ 52 - Pintura; y que no por otra cosa lo hacía, sino porque la Pintura no estaba obligada a la dificultad de tantas y tan varias vistas que el relieve imitar un para mismo natural necesita por cuya razón, dice, puede concluir, que esta dificultad no procede en se la Escultura por causa de la materia solamente, pero si por res¬ pecto de mayores estudios que para conseguir tal arte se necesita hacer y las muchas reglas que acerca de ella se deben observar; y que por esto la Escultura con mucha distancia se aventaja a la Pintura. Y aun pasa este autor a otra consideración ... Dice tiene por cierto, todos aquellos artifices, que entendiesen me¬ que jor por razón de escultura el modo de hacer un cuerpo humano, con sus proporciones y medidas, serán mejores arquitectos... y no por esto quiere afirmar, que quien no es grande escultor no pueda ser buen arquitecto, porque Bramante y Rafael y otros muchos que fueron pintores, se ve que obraron con gran juicio y gusto en dicha arte ; pero no llegaron a aquella excelencia que se ve haber llegado nuestro Bonarroti... Por estas y otras muchas convincentes razones. Excelentísi¬ mo Señor, Federico Zucaro, pintor y fundador de la insigne Academia de el Diseño de Roma, con todo que llama a la Pin¬ tura primogénita del Diseño, se vió forzado a confesar que estas tres artes son iguales entre si mandando en los estatutos que ... ... no se debe tratar en ella de preeminencia entre estas Artes y a ... este propósito trae un madrigal que dice asi : "Tres prácticas unidas y una ciencia son nuestra inteligencia ; aquel que separarlas solicita al sol sus luces quita ; sea de hoy más una cadena aquesta de ojos, de manos y de pies compuesta." Por la misma razón ... eligió la más bella y expresiva empre¬ sa, formando el cincel, el pincel y el compas un triángulo con equilátero y el mote aequa potestat ... y da asiento primero en sus juntas, después de los que tienen empleo en ella al que ... primero fué admitido académico sea escultor, pintor o arquitec¬ to; no la nombran Academia de Pintura, Escultura y Arqui¬ ... tectura, sinó la hisigne Academia dd Diseño de Roma de las tres Bellas Artes, y cuando se ven precisados a nombrar correlativa¬ mente estas tres artes juntas, como es preciso dar prioridad de nombre a alguna de ellas se la dan a la Pintura, no porque sea esta más digna, sinó porque los profesores de ella exceden en número a todos los profesores juntos de la Escultura y Arquitectura. En los estatutos que hizo para ella el dichoZucaro, impresos en Pa¬ via el año de 1604, suman cuarenta y un pintores, cinco escultores y cinco arquitectos ; y cuando fui yo admitido académico romano se componía el total de los académicos de mérito de sesenta y cuatro, de los cuales treinta y cinco eran pintores, trece esculto¬ res y dieciseis arquitectos Dexo las otras muchísimas autori¬ ... dades de los mejores escritores [dkho después de citar a Séneca, Lactancio y Cicerón] en favor de la Escultura y sus profesores que tengo juntas para dar a luz, baxo la protección de V. Exc. ... Por todo lo dicho. Excelentísimo Señor, y por la distinta protección que la Escultura siempre ha merecido y merece en los ánimos de los grandes principes y monarcas, a quien esta facul¬ tad sabe inmortalizar con sus obras mejor que otra alguna, de¬ dico a V. Exc. esta Disputa, respecto que siendo V. Exc. digní¬ simo ministro de Estado de esta gran monarquia de España, es V. Exc. los ojos y las orejas de nuestro Monarca soberano que subordinando baxo la feliz protección de V. Exc. nuestras Bellas Artes esperan con semejante Mecenas una amigable unión col¬ mada de los premios y felicidades que su Magestad tiene destina¬ dos por medio de las liberales manos de V. Exc. a los que de ellos fueran dignos merecedores. ... [Siguen:] Censura del Señor Don Ignacio de Luzán ... i.° de sep¬ tiembre de 1753 Licencia del Ordinario ... Aprobación deDon Agustín de Montiano y LuyaÑdo ... 10 de agosto de 1793 Licencia del Consejo. 17 de agosto de 1753 fe de erratas Proemio del Barqui [p. i.] Disputa primera [p. 11] Disputa segunda [p. 74] Disputa tercera y última fp. 122] Cart.as[p. 137] de Vasari, Bronzino, Pontormo, Taso, San Gallo, Tribolo, Cellini y Micael Angel. Fr. ANDRÉS XIMÉNEZ DESCRIPCION DEL ESCORIAL i764 Que EI Escorial, desde su fundación, atrajo al visitante y al estudioso se comprueba con su riquísima bibliografía, hasta ahora no reunida con el designio de presentarla completa. En nuestra serie, los extractos de cuatro de las obras que le tienen por asunto llenan muchas páginas de los tomos I, II y V. La norma de prescindir en Fuentes de las historias y descripciones particulares de ciudades ^ monumentos no cabía aplicarse a El Escorial, magna empres i arquitectónica, además de tesoro de pinturas y de libros. La ti ascendencia de la obra escurialense fué advertida al iniciarse y es ejemplo raro de un monumento que cuenta para su historia con cronistas que se suceden y completan, a la ma¬ nera de los cronistas regios, o de los cronistas de Indias, que tuvieron gajes y titulo; con dos diferencias: que los de El Es¬ corial carecieron de unos y otro y su misión fué más efectiva y con mayor escrúpulo ininterrumpida. Fray Juan de San Je¬ rónimo y Fray José de Sigüenza en el siglo xvi. Fray Fran¬ cisco de los Santos en el xvii y Fray Andrés Ximénez en el XVIII, constituyen una serie con tal carácter de continuidad en las sucesivas tareas, que el aprovechamiento del que a cada cual precedió se realiza a la letra y sin citarle. Los datos pre¬ cisos del primero, los primores de estilo, tan personales, del se¬ gundo, vense refundidos por el tercero y pasan al cuarto, con¬ servando, con frecuencia, todavía su nitidez y precisión. Sin embargo, hay, desde luego, numerosos cambios y adi¬ ciones. La Crómca escurhlemse, en la pluma de los cuatro mon¬ jes jerónimos, va mostrando, junto con las novedades que cada Rey costea o proyecta en el edificio, las mudanzas en el gusto artístico, si bien se observa cierto retraso en el último, al de¬ dicar a Carlos III una Descripción henchida de entusiasmo en pro del barroquismo del camarín y del citar de la Santa Forma y de las pinturas de Jordan, cuando ya el neoclasicismo disfru¬ taba de auge cortesano y hacia tres años que Mengs pintaba en Madrid. Se explica este retraso en quien, como el P. Ximénez, no era un conocedor, apenas un aficionado. Se sabe poco de su vida, seguramente apacible: el malogrado Fray Julián Zarco, mártir de la vesaniaroja, en el documentado apéndice M m jes notables a su Discurso de recepción en la Real Academia de la Historia (iP de junio de 1930), que tiene por tema: Los Jerónimos de San Lorenzo el Real de El Escorial, no dice más que fué natural de Alcázar de San Juan, jubiló en la cátedra de prima en que se 1772 y que murió el 29 de diciembre de 1808. A esto se añade cuanto consigna en el prólogo de su Des\cripción- al explicar o, mejor, al disculpar la elección que de él se hizo para escribirla, fundada en su "inclinación a los rudimentos y principios de al¬ gunas curiosas facultades que tienen grt^n conexión, y aun mu¬ chas de ellas son el espíritu con que alienta la Pintura y la Ar¬ quitectura". Como se ve, la presunción es corta; la realización no la desmiente. LaDescripción del P. Ximénez es libro de lectura sabrosa en repite a los cronistas precedentes, y provechosa en todo cuanto lo que los completa. Sería crueldad entrar a parangonarle con el P. Sigüenza, gran prosista y certero conocedor de las bue¬ nas pinturas ; ni siquiera con el P. Santos, que probablemente recogió juicios y comentarios de Velázquez. Era el P. Ximénez más dado a leer que a mirar; embute ei su libro párrafos y no¬ ticias sin comprobar si las obras de que habla seguían o no co¬ locadas en donde las describen sus predecesores ; y hay casos en que cambia de lugar o duplica las referencias; en suma, tra¬ bajador de gabinete, más que amigo de andar y ver, incluso den¬ tro de su propio Monasterio. Fué, pese a todo, un útil continua¬ dor de la Crónica escurialense. Su texto nos da noticias de los cuadros y alhajas ingresados — 59 — en San Lorenzo en el siglo xviii ; de las pinturas decorativas que con posterioridad a la última edición del libro del P. Santos se ejecutaron—las poco afortunadas de las bóvedas del Colegio; obras de un endeble discípulo de Jordán, Francisco Llamas—; del incendio de 1763, etc., etc. Innovación curiosa es el al final, de los ar¬ Catálogo, que puso tistas que trabajaron en el Monasterio, o de los que se guar¬ daban allí producciones importantes ; confiesa sin rebozo que aprovecha el libro de Palomino para las breves biografías; pero algo agrega de propia minerva; por ejemplo; la rectificación del error en que cayó este tratadista al creer que el arquitecto Juan Bautista Toledo y el escultor Juan Bautista Monegro eran una misma persona. También biografía por primera vez a Fray Eu¬ genio de la Cruz y a Fray Juan de la Concepción, jerónimos g orfebres y broncistas, y suministra datos nuevos del miniaturista Fray Julián de la Fuente-El-Saz ; etc., etc. La Descripción del P. Ximénez se imprimió en Madrid por Antonio Marín 1764; el libro salió excelentemente presen¬ en tado y lo avaloran dieciocho grabados que reproducen las lámi¬ nas que publicó primero Herrera, se grabaron asimismo, con va¬ rias nuevas, para el P. Santos, más nueve abiertas ex professo y un retrato de Carlos III. Conviene añadir que nofué el P. Ximénez el último cronista jerónimo de El Escorial, si bien sus libros se apartan ya eje los ^ modelos seculares, y por la fecha en que se publicaron caen fuera de los límites de nuestra serie. En 1820, Fr. Damián Cor¬ nejo sacó a luz una Descripción artística del Real Manasterio de San Lorenzo del Esconial y sus preciosidades después de la- invasión de los franceses; y en 1849, jerónimo exclaustrado Fray José Quevedo publicó la Historia del Real Monasterio de San Lorenzo. DESCRIPCION DEL REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL su magnifico templo, panteon y palacio compendiada de la descripcion antigua y exornada con nuevas vistosas Láminas de su Planta y Montéa aumentada con la noticia de varias grandezas y Alhajas con que han ilustrado los Católicos Reyes aquel Maravilloso Edificio y coronada con un tratado apendice de los Insignes Profesores de las Bellas Artes Estatuaria, Arqui- [tectura y Pintura, que concurrieron a su Fundación y despues lo han enriquecido con sus Obras POR EL R. P. M. Fr. ANDRES XIMENEZ del Orden de San Gerónimo, Profeso del mismo Real Monasterio de San Lorenzo, y Cathedratico de Vísperas en su Colegio quien la dedica al rey NTRO. señor don carlos tercero (que dios guarde) en madrid: en la imprenta de antonio marin Año de mdcclxiv — 62 — {Retrato en óvalo de Co/rlos III.] [Dedkatoria.] Señor : Amparada a la sombra de la Real diadema, respira dichosa desde su primera infancia esta Maravilla del Mundo... Desde el feliz día en que la Monarquia española tuvo la dicha de rendir veneraciones a V. Majestad no se ha proporcionado... ocasión en que esta Comunidad de San Lorenzo no haya expe¬ rimentado a su favor la regia liberalidad de V. Majestad Bue¬ ... na prueba de este declarado patrocinio nos ofrece el último in¬ cendio, padecido la noche del día ocho de octubre ; en donde V. M. ademas de haberse mostrado ilustremente benéfico con los que activos y celosos procuraron apagarle y generosamente compa¬ sivo con los que experimentaron en sus bienes los furores del estrago, se ha dignado realzar estos cristianos efectos de su grandeza volviendo a su antiguo esplendor y hermosura este mag¬ nifico edificio a costa de crecidas sumas ... Estas poderosas razones han sido el imán que me ha traído a tan elevado trono este corto obsequio, con y aunque por indivi¬ duo de una Comunidad tan altamente favorecida, deba tributar las más rendidas veneraciones, hallo en mi multiplicados los mo¬ tivos de agradecimiento por haber debido a la dignación de V. R. M. me nombrase para las Cátedras de Artes y Teologia de este su Colegio ... Todos los altos pi-eceptos de las Bellas Artes se hallan verifi¬ cados en este portento de nuestro Real Patronato y siendo V. M. un héroe de gusto delicadísimo y sentimientos nobles en todo lo que produce el delicioso jardín-de las letras no puede hallar Me¬ cenas más proporcionado una descripción en donde tienen las pri¬ meras sillas aquellas tres discretas hermanas Escultura, Arqui¬ tectura y Pintura ... Resplandece en V. R. M. una particular noticia de las nobles Artes y Ciencias y una inclinación noble a protegerlas ... Notorio es a todos el benévolo inñuxo V. M. va re¬ con que sucitando en este siglo de oro la erudición y nobles Artes, aumen¬ tando premios en las Academias y mirando a los profesores con benigno aspecto. Ha espendido V. M. con generosa real muni- — Ò3 — ficencia copiosos caudales para sacar del sepulcro del olvido todos los primores de la antigüedad venerados de los romanos y grie¬ gos. Gemian enterrados en las entrañas del Herculano muchas de aquellas preciosas antigüedades ... vemos con admiración y exemplo a la serenisima augusta ... real familia de V. M. (que Dios guarde) dedicada al ilustre exer- cicio de las nobles Artes y Ciencias de modo que hoy los reales ... aposentos se ven hoy día transformados en una ilustre Academia de personas Reales ... Dígnese, pues, V. M. de recibir este Ijreve diseño de sus glorias y corto feudo de mi gratitud ... Prologo. Imprimir huellas en ajenas estampas, sin borrar su imagen, es difícil y no menos arduo introducir borrones entre deli¬ asunto cadas lineas de elocuencia sin desfigurar su buena dirección y hermosura. Con alto estilo y facundia inimitable delineó las gran¬ dezas de esta maravillosa máquina de San Lorenzo, el Rmo. P. Fr. Josef de Sigüenza ... Procuró imitar a este escritor famoso en la hidalguía del len¬ guaje novedad de frases el Rmo. P. Fr. Francisco de los San¬ y tos ... ahora para no defraudar al público en los justos deseos y de una nueva impresión [de la Desa-ipción del P. Santos] me veo precisado por la obediencia a deslustrar el bien limado estilo de estos insignes varones introduciendo mis balbucientes cláusu¬ las entre sus elocuentes periodos. Echan menos los discretos en la descripción antigua muchas particularidades de consideración que se han aumentado... o se han variado porque en ella no se hace mención alguna del mag¬ ... nifico retablo, camarín y transparente de la Santa Forma que se venera en esta sacristía ; ni se da noticia del artificioso diseño donde se mira la Reina Doña María Ana de Neoburg con todos sus ascendientes de la casa Palatina, que es un bello trozo de arquitectura y escultura sembrado de piedras preciosas y nevado de exquisita filigrana, que tiene su situación en la real Biblioteca de esta Casa. Falta al mismo tiempo la relación de un gran nú¬ mero de pinturas, de galante y bizarra execución, que adornan el Palacio, de mano de Lucas Jordán, Jusepe Ribera y otros fa¬ mosos profesores ; ni se hace mención de los lienzos hermosea- -64- dos de diversos asuntos con que nuevamente se mira el paseo del Colegio ennoblecido, que aunque no es pintura del mayor espíritu en el dibujo, a lo menos es unhistoriado de gran variedad, mu¬ cha hermosura y gratos coloridos ; sin otras pinturas de maestros de buen gusto y maestría que se gozan repartidas por la Casa, de que me es preciso hacer mención, respecto se omiten en la Des¬ cripción antigua, o tienen al presente situación diversa, por ha¬ berse mirado a su conservación y mayor lucimiento. Mándaseme juntamente reducir a más breve margen los acer¬ tados rasgos del Rmo. Santos, compendiando aquellos discursos que trata con mayor extensión : añadiendo al mismo tiempo algu¬ nas particularidades concernientes a la obra... Es cierto ha reinado siempre en mi una especie de inclinación a los rudimentos y principios de algunas curiosas facultades que tienen gran conexión y aun muchas de ellas son el espíritu con que alienta la Pintura y la Arquitectura... pero ha sido ninguno mi aprovechamiento; aunque en realidad de verdad antes de en¬ trar en las faenas escolásticas de la cátedra empleé muchos ra¬ tos... en la lección de varias curiosas noticias que ahora... puede ser me den alguna luz para que sean menos los borrones con que salpique- esta obra... Para hablar con algun acierto en este asunto es indispensable a lo menos una leve tintura de muchos singulares; porque si se ha de hacer anatomia de un de arquitectura se encuentra cuerpo una infinidad de miembros que le organizan, cada uno con diver¬ so nombre y estructura diferente, y no puede hacerse juicio de su perfección sin percibir el orden que deben decir las partes entre si y comparadas con el todo, en que consiste la buena sime¬ tria, y sin penetrar el respecto que dicen al módulo que les da la ¿^roporcion y medida justa. Mucho tienen también que considerar las bizarras execucio- nes de la Estatuaria en sus hermosos bultos; pero, la Pintura, que parece tiene su trono en esta maravilla, ofrece sin compa¬ ración más dilatado campo... Tiene esta facultad por materia propia todo el teatro del Mundo, de modo que aun lo que goza exenciones de invisible no se exime de las jurisdicciones del di- buxo y colorido. No hay suceso sagrado, profano o fabuloso que no pueda verse delineado con viveza en el preparado lino, o superficie de una ta¬ bla y sin alguna noticia de las divinas letras y un leve baño de ... -65- especies mitológicas y humana Historia ni se percibirá el asunto y mucho menos podrá hacerse juicio de la acertada colocación y distribución del historiado, en que consiste la buena Economía de la Pintura. Si se ha de dar noticia de las bizarrías de la exe- cución preciso desenvolver los senos de muchos términos fa¬ es cultativos y saber que el escorzo consiste en la degradación de un cuerpo regular o tuberoso cuya longitud se reduce al breve espacio que le prescriben las leyes de la perspectiva; que el Re¬ lieve no es otra cosa que aquel bulto y resalto que imaginamos en las figuras, que parece se salen del lienzo mediante la briosa contraposición del claro y obscuro ; que la Esbelteza es la gallarda y galante estatura en los personajes y la Acción, Actitud o Mo¬ vimiento aquella positura y diversidad de perfiles con que se pre¬ sentan a la vista y se significan los afectos y exercicios de cada figura; que el Debuxo es aquella artificiosa delincación que en debida forma nos significa y pone delante los respectivos objetos que representa, cuya perfección no puede calcularse por quien no penetre lo acertado de la execución de cada fijgura, en la aj lis¬ tada circunscripción de sus contornos, en la exacta observancia de la simetria y prolixa conmodulación de la anatomía, que es lo que pertenece al dibuxo. Asimismo, la buena Perspectiva con¬ siste en la acertada degradación en las distancias y términos en las arquitecturas rectilineos; y, finalmente, la Gracia y cuerpos o Buena Manera es aquel aspecto venusto, que no consiste pre¬ cisamente en la hermosura en razón de fisonomía, pues se halla esta gracia en pinturas de objetos nada hermosos, sino en una oculta especie de belleza y donaire que, aunque se percibe, es dificultoso el definirla. No quiero molestar con otra infinidad de términos que usan los profesores ; aunque este breve diseño no me ha parecido aje¬ no a este Prólogo.... Tabla de los Capítulos ... [P. i], Introducción a la obra ... [P. 7], : A T; Descripción de la situación y planta ... ... La hace vecindad un hermoso paisaje, que descubre la vis- s — 66 — ta, de frondosas arboledas, copia de flores y abundancia de gran pastos, que sin especial cultivoproduce la naturaleza ... } Críase en estas dehesas gran copia de ganado y mucha caza ... mayor y menor que sirve de recreo a la Personas Reales que se divierten en batidas y monterías de venados, gamos'jy jabalíes, en los tiempos que se retiran a este Santuario... [P. ii]. Capitulo segundo. De la declinación de esta Casa y breve digresión en que se demuestra de donde se toma y en que consiste la declinación de cualquier edificio. {Estudia la orientación buscada para el edificio]. [P. 17]. Capítulo tercero. En que se describe lo particular de cada una de las fachadas. [P. 21]. Como este hermoso edificio, en su interior y exterior, goza la perfección de que todos sus ángulos sean rectos y por consi¬ guiente todas sus lineas paralelas ... [P. 22]. ... preciso dar alguna noticia [Jp la lámina] y de las demás es que se han aumentado a esta Descripción, que son en todas nueve. En las cuatro se ven delineadas algunas piezas de particular arte y hermosura; que son: la escalera principal, el cuerpo de Ar¬ quitectura de la Casa de Neoburg, el retablo de la Santa Forma y cinco son pertenecientes al todo de el facistol del Coro; las otras esta gran fábrica que juntas con la estampa antigua que está al principio del libro, dan mucha luz para formar concepto de tan magnífica obra... Los dibuxos de estas seis, que pertenecen a la fábrica, son del insigne arquitecto Juan de Herrera, que las delineó en tiem¬ po de la fundación, aunque aquí van ceñidas a más breve mar¬ gen y reducidas a más diminuto pitipié, por lo cargado de lámi- -67- nas grandes que estaba este libro y lo improporcionado que que¬ daba. [P. 22-3]. [La primera piedra y su epígrafe]. Parte primera de la descripción de San Lorenzo el Real en que se hace división del cuadro en sus partes princi¬ pales y se describe el patio de los Reyes con todo lo per¬ teneciente a la banda del convento. [P. 27]. Capitulo I. [P. 30]. En la [torre] que está a la parte del convento están las cam¬ panas ... ellas está el relox, que es muy grande y bella¬ y con mente arreglado, obra de Don Francisco Filipini caballero ita¬ liano. Fn la otra torre hay otro orden de campanas que remitió desde Flandes al Señor Carlos Segundo el año de mil seiscientos y setenta y cuatro el Excelentísimo Señor Don Juan Domingo de Haro y Guzrnán, Conde de Monterrey, gobernador de aque¬ llos Países: son en todas treinta y una de lindas y bien templa¬ das voces, baxos, tenores, contra-altos y tiples con sus bemoles y diferencias y estan colocadas en tal disposición que se tocan con teclas como los órganos y alegran con su harmonía a cuan¬ tos las oyen y regocijan mucho los días festivos. Tienen graba¬ do de relieve a un lado las armas reales y al otro las del Conde gobernador. El artifice que las fundió en Flandes se llamaba Melchor de Hace. [P- 43]. Capitulo segundo ... en que se trata de la Portería, reci¬ bimiento y general entrad.a para la clausura del mones- terio. Recibimiento. Adórnase con algunas pinturas y con especialidad tiene una — 68 — que basta para ennoblecer este tránsito... Es un gran lienzo co¬ locado en el testero de enfrente, sobre un altar que ocupa el me¬ dio de el arco, en el que significa con gran viveza la historia de Abraham, cuando recibió en su tabernáculo los tres ángeles que adoró como uno, el dibujo y labrado es de nuestro insigne español Juan Fernandez, el Mudo que parece dió habla a las figuras ... El anciano Patriarca se representa debaxo de un árbol fron¬ doso, adorándolos rendido como derribándose en el suelo... Sara Se divisa detras de una puerta risueña y anciana... Es esta his¬ toria de los últimosoriginales que pintó el Mudo ... [Esta pieza] no ha podido usarse de algunos años a esta parte por haber sido custodia del Monumento desde el día dos de septiembre de mil setecientos y cuarenta y cuatro Cjúe de las pavesas que quedaron ocultas de una centella se quemó la ha¬ bitación de la Compaña en donde estaba y no se halló otra pieza más decente y segura para guardarlo ; mas, habiéndose ya reedi¬ ficado se podrá de aqui adelante gozar de este decente Recibi¬ miento ... [P- 47]- Capítulo tercero en que se describe el claustro principal del CoNVENTO. [Signe en todo al P. Santos, aunque algún po-r- añade a veces menor, Templo" p. ej., en "la Presentación de la Virgen en el subraya:] "dos pobres desnudos, que pedían limosna junto a las gradas en lo que muestra [el pintor] lo que alcanzó en el arte y lo bien entendida que tenía la anatomia y commodulación de los miembros del cuerpo humano". P. 55. Ceinsura haber represen¬ tado Peregrin Tibaldi desmayada a Marta al pie de la Cruz; "cayó en este defecto por variar el dibuxo y llevado de muchas pinturas antiguas y modernas", etc., etc. [P- 58]. Capítulo cuarto de la escalera principal. [Descríbense los frescos de Lucas Jordán como ya lo había — 69 — hech-o el P. Santos en la ed. de i6p8 de su lib\rp: véase Fuentes, t. II, p. 292.] [P. 68]. Los dibuxos de esta lamina {la esealera] y de las otras nueva tres la fábrica... se fiaron al buen acierto y que no pertenecen a gusto de Don Lázaro Gomez, natural de Badajoz y vecino de Madrid, quien dibuxó todo lo perteneciente a Arquitectura y Don Juan Ramirez de Arellano, natural de Zaragoza, también residente en Madrid que con gran puntualidad y manejo de bello estilo copió todo lo respectivo a Pintura, desempeñándose con acierto. [Sigue la explkacíón del procedimiento empleado en la representación gráfica, que es el llamado orthografía geométrica.] [P. 70]. Capitulo quinto. Del claustro alto principal del Convento. [Como en la descripción del claustro bajo, agrega muy pocas particularidades a las que escribieron los PP. Sigüenza y Santos; copia ya al uno, ya al otro, sin el menor empacho. En el claustro se habían hecho cambios, asi: de las ocho pinturas del Mudo des¬ critas por el P. Santos faltaban tres: "La Asimción", "S. luán evangelista" y el "Martirio de San Felipe"; en cambio, se hallan la "Vocación de S. Andrés y S. Pedro", de Barrocio—que antes estaba el tránsito del Coro; Fuentes, II, p. 2yi—; la "Apa¬ en rición de Cristo resucitado a su Madre", procedente del Capítulo del Prior—ob. cit., p. 248—y hace notar el P. Ximénez que Ma¬ ría está representada en la edad convenmvte, "cosa en que yerran muchos pintores", y, en fin:] [P- 73]- en este mismo ángulo [tercero, al lado Ocupa el otro testero, del "San lerónimo" del Míido] una celebre copia de aquella fa¬ mosa pintura de la Anunciación de nuestra Señora, obra de Ben- venuto Garofalo, que en Florencia la muestran y guardan debaxo de tantos velos, como dias tiene la semana ; puede estimarse por original grande, porque es en todo muy prodigiosa ; la Virgen y el — 70 — angel hermosísimos y de tal honestidad y compostura, que ponen temor y reverencia: el colorido y labrado de mucha blandura y todo recibe un particular lucimiento con unos dorados resplan¬ dores que ilustran las dos bien executadas personas de esta his¬ toria. Es labrada por Alexandro Alorrio [.tjV], florentino... [P. 75]- Además de estas ocho pinturas grandes, hay en este claustro otras menores dignas de consideración : sobre las puertas de la entrada del coro se ven dos de noble y bello rasgo; la una es imagen de "San Jerónimo" de que se ve en hábito monacal muy devoto y contemplativo... como suspenso al eco de la trompeta del Juicio, tiene la pluma en la mano sobre el libro y el león a los pies; la otra es "Santa Paula" matrona romana en hábito de religiosa jerónima; está en una suspensión admirable, abier¬ tas las manos, mirando al cielo;... el colorido de ambas, de mu¬ cha gracia; la figura de la Santa es del natural y la del Santo algo menor, pero, ambas indican muy bien en el buen gusto, que > son de mano de Jordán. Sobre las puertas del aula del [jár] Moral, hay un cuadro de "la Magdalena", del mismo tamaño; vese la Santa vertiendo lágrimas, con los ojos en el cielo y un semblante que muestra - bien su arrepentimiento; el lugar es un desierto bien significado con un celaje de buena imitación, de pintura copiada por el Jor¬ dan de un original del Ticiano. En los testeros de los dos cañones que abrazan la escalera principal hay otros dos cuadros que son un "Ecce Homo" y una "Nuestra Señora de la Soledad" ... son ambas del célebre Ti- ; ciano... I En medio de uno de estos dos cañones tránsitos se ve una o "Nuestra Señora con el Niño" es hermosísima en extremo y el tierno infante pintado con mucha gracia; tiene la madre un manto azul de bella elección y en los brazos con un delicado lien¬ zo al divino hijo, a quien aplica su rostro con gran ternura y ambos están ceñidos de hermosas coronas: es pintura moderna, pero muy devota y de gran dulzura. [P- 76]. ^ Capítulo sexto. Del patio de los Evangelistas. [Describe más menudamente la arquitectura que el P. Naníoí]. V — Tí — [P. 8i]. Capítulo séptimo. En que se describen las salas de los Capítulos. [Respecto a las pinturas del atrio no Iiay cambios sobre la des¬ cripción del P. Santos en i6ç8—fuentes, II, p. ppj—. En cada capítulo registra el P. Sant{os en 1657 dieciséis cuadros, y el P. Ximónez, veintiuno; pero éste copia en todo la edición de i6q8; las alteraciones levísimas son poco felices, asi: p. 8y, "original de Rubens—31 añade—o Rubenes, como dicen otros". P. 8ç, al hablar de la "Coronación de espinas" de Van Dyck, n." 1.474 del Prado, escribe: "Es obra de Van Dyk y algunos inteligentes la tienen por pintura de Rubenes". No cabe registrar aquí todas las variantes entre los textos; sólo se recogerán algunas adicio¬ nes. Del "San Jerónimo" y el "San Bernabé" que el P. Santos dice únicamente que san originales muy buenos, advierte el P. Ximé- nez, p. g¡: "el del Doctor Maximo de Dominico [ric por Giován Francesco] de Centi, vulgarmente llamado Guarcino y el del San¬ to Aposto! parece de mano de Don Sebastian de Herrera". P. loi, encuentra "nada agradable" el colorido del "San Eu¬ genio" del Greco.] [P. 108]. Capítulo octavo. Descríbese la Iglesia antigua con sus pinturas y adornos. ... tiempo de la fundación tuvo tres altares y esos mismos En conserva, muy mejorados en la materia por Felipe Cuarto... El altar es grande, formado de marmol pardo, el frontal con caldas y frontaleras de jaspe y los flecos de bronce dorado a fuego... Los retablos de unos y otros se forman de pilastras de jaspe con embutidos de marmol resaltados con proporción y en lo alto su frontispicio y coronación de la misma materia ... [También se hicieron muchos cambios en los cuadros de esta pieza después de la descripción del P. Santos; por ejemplo: falta el "San Mauricio" del Greco y figura "la Virgen del Pez" \de Rafael, que antes estaba en el Aída .de Moral, etc., etc. P. 116: debe recogerse la afirmación que son de Juan Pantoja los seis — 12 — cuadros de las armas reales y con los grupos de los sepulcros re- ^ gios, así como Ips retratos de Carlos V y Felipe II (p. iii). El P. Santos no indicó quién fuese su autor.] [P. I,i6]. Capítulo nono. Del aula del Moral con otras piezas ... [Fuera de los cambios en los cuadros cuyas descripciones y juicios copia siempre el P. Xinnénez d\el P. Santas, hay que tranif- cribir lo que dice del camarín contiguo al Aula, p. 120.] Frente de una ventana rasgada que tiene al Mediodía hay un altar... con una gradería en la que se miran colocadas con sime¬ tría y buena proporción muchas de estas preciosidades El ... medio ocupa un prodigioso templete de plata sobredorada, obra de Fray Eugenio de la Cruz, religioso lego de esta Casa; es de buena arquitectura de dos varas de alto con ocho colunas que sustentan una especie de cúpula bien executada ; tiene distri¬ buidas diversas reliquias de San Lorenzo que se miran por unos cristales y en el medio un crucifixo de plata de una tercia, con una cruz dorada del mismo metal que está fixa sobre un gran pedestal de ébano preciosamente guarnecido. En la cabeza de la cruz está engastado un trozo de Lignum Crucis de seis dedos de largo y cerca de uno de ancho y debaxo un gran to¬ pacio de dos dedos medio y en cuadro. A los pies del Santo Cristo una piedra preciosa de una pulgada, muy brillante y cris¬ talina, dudase si es diamante y en los remates de la Cruz tres rubies muy grandes y peregrinos ... Guárdase aqui también una hidria de las mismas ... en que Cristo, Señor nuestro, hizo el Milagro de convertir el agua en vino en las bodas de Caná. Estuvo antes en una capilla del Cas¬ tillo de Lagenburg el archiducado de Austria, a donde San en Alberto duque de Austria la traxo al volver de su peregrinación de los Santos Lugares, en que gastó siete años. ...Una parte del Lignum Crucis, en una cruz de oro, que tiene la especialidad de haberse jurado en ella los Príncipes de España, hijos de Felipe II y es la misma que lleva el prior y adoran las Personas Reales cuando hacen entrada pública en esta Casa... Libros originales de Santos : uno de San Amadeo, otro de San Juan Crisóstomo y los de la Santa Madre Teresa de Jesús y otros... [P. 122]. Los primores del arte que aqui se encierran son también, en su linea, cosa admirable. Junto al altar hay un "Nacimiento" pintado en tabla del celebre Micael Angelo Bonarrota. La bi¬ zarría del manejo de este autor y valentía de pincel es notoria y se divisa bien su pintura noble. Correspóndele al rasgo en esta otro lado una Reyes" de Michel Angelo Ca- "Adoración de los ravaggio, tratada también con magisterio y lindo gusto. De Aní¬ bal Caracci hay repartidas cuatro láminas pintadas en ágata que son: un "Crucifixo", "Cristo difunto en los brazos de María Santísima", un "San Jerónimo" y un "San Antonio de Padua", merecen estar en tan preciosa materia por lo bien executadas. Otra "Adoración de los Reyes" en marfil de Antonio Spano napolitano, executada con particular artificio; míranse también de frente dos láminas de una misma proporción en las que está representado un "Salvador" y "Nuestra Señora", retratos de medio cuerpo, son hermosísimos y de un estilo gallardo, de mano de Morales, a quien el hipérbole atribuye el nombre de Divino porque en el rasgo del pincel parece su numen más que hu¬ mano. Del famoso Rafael de Urbino hay también tres láminas. En todas ellas se mira María Santísima, el Niño y San Josef con aquella frescura, buen dibuxo y espíritu que dió a todas sus pinturas este artifice. De mano del gran Ticiano hay también un "Crucifixo" pequeño pero admirable; y enfrente se mira otro en el que se nota el prodigio de haber estado en el mar y haberse borrado toda la pintura excepto el Cristo y tiene un letrero de oro. De Don Julio Romano, que también es príncipe en el arte, hay cuatro cuadros pequeños que son: "Cristo difunto", "San Juan mancebo", "El triunfo de David" y "Martirio de los ino¬ centes", son también muy vistosos y de ingenio. En vitela hay también diez o doce láminas de iluminación de mano de Fray Andres de Leon y de Fr. Julian de Fuente-Elsaz profesos de este Monasterio, muy delicadas y de buen gusto y colorido. Sería nunca acabar el querer referir todo el conjunto de preciosidades que aquí se contiene, pues además de pasar de se¬ tenta las pinturas y láminas labradas de distintas maneras y con particular artificio, gozan también muchos primores de delicada 74 — — escultura en cera, marfil, piedra y otras materias en que tienen ^ los curiosos mucho que considerar. [P. 123]. Saliendo de este santuario precioso y caminando hasta el ángulo donde junta la fachada del mediodía con esta de se oriente, se encuentra la celda [alta] del Prior que es una vis¬ tosa pieza... El adorno de esta cuadra es de grave y religiosa composición y las pinturas muchas... En 1.'. banda del medio diase miran seis cuadros: ocupa el medio una "Nuestra Señora de Belen" muy buena; debaxo un "Crucifixo" en tabla de una tercia de ancho y el alto pro¬ porcionado original de Carlos Verones. A los lados hacen com¬ pañía dos retratos de cuerpo entero, el uno de Carlos V y el otro de Felipe II de mano de Juan Pantoja, estan muy biza¬ rros y delineados con lindo aire. En los extremos una "Con¬ cepción" copia de la de los Capítulos y otra "Nuestra Señora sentada en una silla, con el Niño en los brazos" hermosísima, es copia de la imagen de Nuestra Señora de Vigo. En el lienzo de frente hay seis pinturas algunas de ellas muy particulares. En el centro se mira un "Martirio de San Lorenzo" con un conjunto grande de figuras, muy bien his¬ toriado: vese el Santo en las parrillas todavía vivo con mucha propiedad y una infinidad de ministros que le cercan atizando las llamas y administrando leña. Por el aire baxa un ángel en figura de niño bello movimiento y ts de lo mejor que tiene con este cuadro. Tráele al Santo una palma y una corona de flores, algo distante se alcanza a ver un ídolo y todo está signiflcado con bastante propiedad. Tiénese este cuadro, que es un lienzo ^ grande, por original de Carreño. A los lados están dos retratos de medio cuerpo del Rey nuestro .señor (que Dios guarde) y de nuestra Reina (que esté en gloria) Doña María Amalia de Saxonia. Son de mano de Guillelmo Anglois, de muy buen colorido y decente manejo. Tienen debaxo dos láminas de mucha consideración; son ocha¬ vadas con cercos de plata tachonados de guarnición sobredo¬ rada. La una es "Nuestra Señora con el Niño, San Juan y San Josef" de estilo delicado y que dicen es de la escuela de Aníbal ' Caracci. La otra es también de "Nuestra Señora con el Niño sobre un globo de nubes a quien una santa monja presenta una flor y la Virgen la abraza" todo indicado con propiedad. Es lámina excelente de la moda romana. [P. 125]. [Habla de un "San Je^-ónimo an la Panitancial' de Rubms y de "la Gloria" del Greco, que cl P. Santos describió m. la Sa¬ cristía del Panteón, y, com,o m ot\ros casos, acentúa Id censura.] [El P. Santos juzga el cuadro "de lo mejor que él pintó aunque siemprela desazón de los colores, más aquí tiene con disculpaque para pintar la Gloria de Dios no es fácil hallarlos acá acomodados" [Fuentes, II, p. 287], y el P. Xinmiex, "de lo mejor que él pintó, aunque siempre con desmayo en las flgu- ras y poca gracia en los colores".] En medio de la banda de poniente hay un "Santo Cristo" de bronce dorado con una Magdalena a los pies, también del mismo metal. A la parte de arriba una "Nuestra Señora con el Niño en pié, San Juan y unos ángeles" copia bien executada de Leonardo de Vinci. A los lados, "la resurrección de la hija del Arcliisinagogo", está Nuestro Señor dándola la mano, la madre hincada de rodillas y el padre suplicando por la hija con mucha propiedad, los apóstoles de buen dibuxo y acertadas actitudes Es pintura de Jerónimo Muciano. Corresponde a este un "Descendimiento" también grande seis figuras del natural distribuidas con arte, pintura majestuosa labrada por Carlos Caliari. En los extremos se ve un "S.'.n Francisco" sobre la puerta corresponde una "Nuestra .Señora sobre nubes" que y se parece de la moda flamenca, abraza con una mano al Niño y con otra a Santa Catalina. Debaxo de este hay un retrato téle- bre del Reverendísimo Sigüenza. No está acabado, pero es obra executada con gran magisterio, y no hay cosa en él que no de¬ muestre el alto talento de su artífice ; se ignora quién fué, aun¬ que algunos lo atribuyen al Greco en su primera manera de pintar y otros a Alonso Sanchez ^ ; no es dudable es obra de al¬ gún autor famoso. En el lienzo de frente se mira en el medio una "Oración del huerto" de Basan, o de su hijo Francisco Basano; está el Señor de rodillas en expresión de gran tristeza; el rostro divino y ' Lo segundo es imposible, porque es posterior a su muerte. Quizá lo pintó Pantoja. — 76 — como mirando al ángel que tiene inmediato, vese la luna entre ^ una obscuridad de nubes todo con bella imitación. A los lados hay dos cuadros grandes: el uno de "San Juan evangelista en la isla de Patmos" sentado en el suelo con un libro sobre las rodillas; el otro de "San Juan Baustista" en pie con el cordero y cruz.Son ambos del natural y de manera bizarra labrados con todo acierto por Don Sebastian de Herrera. En los extremos hay dos más pequeños: el uno un "Marti¬ rio de San Lorenzo" de buena invención en las figuras; el otro una "Circuncisión" de gran dibuxo y colorido en la que se mi¬ ran nueve figuras con bella respiración y desahogo; está obrada con cuidado y es copia del Parmesano. [P.128]. Piezas de la habitación alta del Prior. Subiendo desde aquí [celdabaja] se encuentra una decente < pieza Sirve como de recibimiento, con sus pinturas muy bue¬ ... nas y entre ellas dos de "San Juan niño" que se dice ser de mano del señor Felipe IV Enfrente de la ventana está el altar ... con retablo de talla, labrado con mucha diferencia y adorno y en medio una imagen de Nuestra Señora de la Concepción her¬ mosísima, de escultura admirable, en trono de ángeles que causa grande amor y devoción En el contorno por las paredes hay ... muchas láminas y cuadros pequeños pero de grande estimación. Al lado del Evangelio hay tres repartidas hasta la puerta. I.a primera es una célebre tabla de Rafael de Urbino. Vese en ella la Virger que tiene el Niño abrazado, que también echa el bra- cito sobre el de Nuestra Señora con mucha gracia y San Juan, también niño les hace compañía, por lo que toca a la execución no hay que decir, que bien notoria es aquella alta manera, buena invención, dibuxo y colorido de este autor. Sigúese una pin¬ tura de "San Lucas escribiendo el Evangelio" también buena, después una "Crucifixión del Señor" en tabla. Nuestra Señora se significa como desmayada y con semblante sumamente afli¬ gido y las Marías llorosas. Todo muy excelente; es de Alberto Durero. Frente de estas hay otras tres tablas de igual belleza: la primera junto al altar, una "Nuestra Señora con el Niño t dormido en pié" muy gracioso, como que se cae de sueño ori¬ ginal de Leonardo de Vinci, pintura hermosísima, llena, agra- — ■77 — dable; tiene a San Juan y tres ángeles en figura de niños con acciones muy significativas y alegres y de ingenioso gusto... [El nsto del párrajo es popia del P. Sanios: Fuentes, t.°- II, P- 253-4-] A este mismo lado, pasada la puerta, hay otros tres : una "Resurrección de Lázaro" de Alberto Durero. La invención buena, el asunto atado con ingenio y todo de buena armonía. Sigúese otra muyvistosa y apacible en c^ue se representa "Nues¬ tra Señora" sentada con el Niño echado en el regazo durmien¬ do y caiao con mucha gracia el un brazo, San Juan con el dedo en la boca está en una acción muy natural, San José como ab¬ sorto y todos mirando al Niño. El rostro de la Virgen de mu¬ cho agrado y blandura; es copia de Micael Angelo de bello gusto. [P. X30]. Terminase esta banda con una lámina grande y de noble es¬ tilo del "Descendimiento" con los dos ladrones al lado; es un grupo de historia organizado altamente en el que se ve una in¬ finidad de figuras distribuidas con linda economia y desahogo; las posturas muy naturales, los movimientos ingeniosos ; en fin, lámina muy acabada y perfecta de la escuela del insigne Rafael. Corresponde de la otra parte una "Nuestra Señora de la Soledad" contemplando en los clavos y corona de espinas, pin¬ tura obscura pero muy decente y bien tratada. Después una cé¬ lebre tabla de la "Adoración de los Reyes" bastantemente gran¬ de, está compartida en tres historias que se miran en très in¬ geniosos compartimientos de arquitecturas. La una parece la consulta de Herodes con los Magos, y la otra la venida de la reina Sabá a Salomón con dones. Ambas bien acabadas y ex¬ presivas. En el compartimiento del medio se ve la Virgen y el Niño adorado de los Reyes, historia muy airosa de linda y ma¬ nejo. Es original de Lucas de Holanda. Junto a este, una lᬠmina ochavada de una tercia de diámerro guarnecida de plata es la "Coronación de Nuestra Señora" de muy buena vista y consideración y en el testero, a un lado de la ventana un "Ecce- Homo" del Mudo, muy devoto. Sobre la cornisa corren otras diez o doce láminas y pintu- -78- ras menoresdelicadas y vistosas; sobre las puertas se miran dos ^ mayores y de particular consideración. La una de "Nuestra Señora aplicando el rostro al divino Niño" en una acción ex¬ plicada con bello espíritu ; es copia de Corezo y a correspon¬ dencia otra gran pintura también de la "Virgen, San Josef y el Niño" qiie se representa muy gracioso jugando con el cor- de;ro, y la Virgen como echando la mano al Niño, en un ade¬ mán muy galante y bizarro, es del famoso Leonardo de Vinci. Sobre la ventana una "Adoración de los Reyes" también estimable, obra de Alberto Durero, excelentemente acabada. A los lados, dos laminitas pequeñas: "Nuestra Señora de la Con¬ cepción" sobre una nube hermosa y la c.tra también la "Virgen con el Niño y dos querubines arriba entre nubes", ambas muy brillantes y de linda luz : son de la escuela de Chicho h [P- .134]. Sacristía del coro [£« la breve descripción de esta pieza el P. Santos sólo men- cioína- el Martirio de San Pedro Mártir, copia del Tiziaro. El P. Ximémz ommera bastantes pinturas:'\ A los lados del altar se ven dos cuadros de buena propor¬ ción que son: el uno la "Magdalena y Marta a los piés de Cris¬ to" que se mira en pie con San Pedro, está bien executado y es de Carlos Veronés. El otro, "Nuestra Señora con el Niño en los brazos" y alli en su compañía unas mujeres con sus hijos y algunos hombres -, pintura bien repartida, de buen colorido y luces, también de mano de Carlos Veronés. Sobre la cornisa en el medio punto hay tres : ocupa el medio una del Bazan en ' que se ve significada "La creación de! Mundo" con aquel es¬ tilo y buen gusto de este autor; cuadro bien historiado y de in¬ vención agradable. A un lado, una "Nuestra Señora con el Niño" en pié, dor¬ mido muy gracioso San Juan y unos ángeles, copia de la que hay en el oratorio de la celda prioral, de Leonardo de Vinci; correspóndele al otro lado otra en que .se ven delineadas dos santas vírgenes que parece son "Santa Inés y Santa Catalina" j * FrancescoSolimena, llamado el Abate Ciclo. ■ Seguramente, "La familia de la Virgen". — 79 — a quienes les baxa un angel dos palmas, es de mucha hermo¬ sura y gran colorido. En e" testero de frente en la parte de arriba hay una "Nues¬ tra Señara dolorosa" en una especie de frontispicio, pintura antigua, debaxo de esta un cuadro grande del "Descendimiento de Cristo" tiene gran número de figuras del natural. Nuestra Señora se representa dolorida y triste, las Marias con afectos muy naturales y bien significados y todo el asunto se mira his¬ toriado con buena inteligencia. El original de Micael Cocien A los lados, una "Coronación de espinas" ^ bien executada, copia del Ticiano y una ' Adoración de los Peyes" en tabla, cuadro grande bien tratado y distribuido. La banda de Poniente se mira también exornada con algu¬ nas pinturas: el medio ocupa la "Historia del Centurion" en la que está expresado con majestad Cristo, bien nuestro, y la Mag¬ dalena a ¡os pies, lavándolos con sus lágrimas; es copia de Tin- toreto. A los lados, dos cuadros iguales donde se mira "La Crea¬ ción del Mundo" en figuras algo pequeñas, pero de gran va¬ lentía, y el historiado aunque numeroso repartido con acierto; son ambas de mano de Basan. Sobre las ventaras en buena propo-ción se ven dos copias del grande Antonio Corezo, la una del "Sacrificio de Abraham", represéntase al patriarca levantando la espada con buen aire y naturalidad y el inocente Isaac con mansedumbre para recibir el golpe La otra "Nuestra Señora coi el Niño" de gran be¬ lleza, sentada en el suelo al pié de una palma que inclinan unos ángeles y San Josef se ve cogiendo dátiles para presentarlos a la Virgen. Es pintura de mano bizarra, aunqué se conoce no está labiada por el mismo Corezo. En los extremos un "San Juan mancebo" alegre y risueño con e! cordero en los brazos, copia de la famosa pintura de Josef de Ribera que está en los Capítulos. Correspóndele un "San Lorenzo" de la misma pro¬ porción y de muy buen gusto. En la banda de enfrente hay cinco pinturas, que es preciso mencionar, aunque de paso, im "San Juan evangelista" de bue¬ na execución ; la "Aparición de Cristo a la Magdalena cuando la dixo A^'Oll me tang-ere obra bien tratada y de buena compo¬ sición de la escuela del Ticiano. La "Historia del Eunuco de ' No, sino copia de Van der Weyden; hoy en el Prado, núm. 1.893. Es el núm. 115 del Prado. ' — So¬ la reina Candace" que está representado en el acto de recibir el bautismo. Un cuadro de "La Creadon" correspondiente a los otros del Basan también de su mano y, últimamente, un "San Jerónimo escribiendo" con linda propiedad. Hay también aqui una gallarda estatua de "San Miguel" con espada de fuego en la mano y a sus plantas él soberbio Luzbel. Represéntase el arcángel muy hermoso y de la estatura natural de hombre, levantando el brazo con buen aire; la un posición y movimiento de la figura muy bizarra y todo el simu- l,acro de extremada belleza. Es obra de Doña Luisa Roldán escultura {sic, por escultora] de Carlos II... [P- 137]- Capítulo décimo. De los claustros pequeños del Convento. [P. 140. Al hablar da "la Cma" ¡de Tiziano e,n el Refec¬ torio dice que "hízosele un marco heimoso de orden del rey Carlos II."] [P. 142. En el oratorio de la Enfermería mencioma: un "Ecce-Homo" y un "Sepulcro de Cristo" copias excelentes del Ticicma y una copia de la "Virge\n del Pez" de Rafael, con otras pinturas sin nombre de autor.] Pinturas de los claustros menores.—No falta tampoco el ornato de pinturas decentes a estos claustros pequeños; mí¬ rase repartida por los baxos mucha parte de la "Historia de .San Jerónimo" con diferentes pasajes de su vida de mano de Juan Gomez, español, tratada con acierto, bien colocadas las figuras y todo muy proprio. En los claustros altos es mayor el número en lo largo de sus lienzos, áng^ulos y testeros donde se ve gran diversidad de ellas que recrean la vista y despiertan a devoción el alma. Hay once cuadros de la "Vida de San Lo¬ renzo", los ocho labrados por Bartolomé Carducho, de muy buena invención, sin otros muchos También hay pintadas en ... medio de los cielos rasos de los ángulos y encrucixadas varias virtudes con unos curiosos circuios de una vara de diámetro en donde se ven sentadas figuras de hermosas doncellas y en matronas, sobre vistosos globos, nubes y otros asientos de ar¬ tificio con diferentes insignias e instrumentos de mucha varie¬ dad en sus manos y diversas inscripciones y documentos mo¬ rales muy del caso. Son estas figuras iconológicas de gran gusto — 8i — para por el ingenio con que nos representan las los discretos cosas aqui lo liacen con mucha viveza y propiedad invisibles y Son pinturas modernas, de mano de Francisco Llamas Tie¬ nen vistosos celajes y lindos toques de luz; las figuras airosas, los ropajes bien imitados y todo de buena invención... PARTE SEGUNDA ... EN QUE SE TRATA DE LA FÁBRICA DEL CoLEGIO, SEMINARIO y Palacio con todas sus par-es y adornos Capítulo primero. Del Colegio y Seminario [P- 147-51]- \Háoes de arquitectura donde se miran colocados con simetría y bella distribución los ascendientes de la Reina Doña María Ana de Neoburg de la ilustre casa Palatina. Dé¬ bese esta exquisita prenda a la generosa liberalidad de la Reina madre nuestra Señora (que Dios guarde) pues aunque en su ^ último testamento dexo la expresada Reina Doña María Ana de Neoburg mandada una alhaja para este Real Monasterio, no se hallódespués alguna que correspondiese a las cláusulas don¬ de la mencionaba y nuestra serenísima Reina Doña Isabel Far- nesio... mandó en el año de mil setecientos y cincuenta y seis se traxese ésta, excede en hermosura y precio a las más ce¬ que lebradas que pueden hallarse. [Sngue la detmidisima descrip- cián y accmnpaña ademán urna lámina plegada con las firmas: "Lasarns Gomes dero, mucho más lo liabría sido si hubiese hecho memoria de todos aquellos de quienes escribe la vida Don Antonio Palo¬ mino pintor eruditísimo y que después de Giordano trabajó mucho en Madrid, Valencia, Burgos, Zaragoza y. Segovia al fresco y al oleo. Este pintor escribió y dió a la estampa dos libros en folio sobre la Pintura: el primero intitulado La Teó¬ rica, y se encuentra en la librería Casanattense en la Minerva ; el segundo, intitulado La Práctka, y este no se encuentra tan fácilmente en Roma. En el tomo segundo añadió las Vidas de 233 profesores de las tres Bellas Artes, no sólo españoles sinó también de los extranjeros que en España permanecieron, pero, estos no son muchos. Estos dos tomos que antes, en vida del autor, obtuvieron poco aplauso, hoy son raros y se buscan a precio caro, así por la pureza de la lengua con que están escritos, como por la eru- djción, por las noticias y buenos preceptos que en ellos dá el autor, el cual nació y se dedicó a las letras en Córdoba y ya adulto se dió a la pintura y se encontraba en Madrid cuando llegó allí Giordano. Tuvo mujer, e hijos que hicieron la carrera de las letras en Derecho civil y canónico y, habiendo enviudado, se hizo sacerdote ; siguió trabajando en la pintura con mucho crédito y fama y con el carácter de pintor de Cámara del Rey. No he hablado de los escultores—entre ellos Don Pedro Rol- dán que Sevilla e hizo allí muchas grandes obras, floreció en que a M. Fremin, quien creía que había es¬ agradaron mucho tudiado en Italia—y merecerían que se hiciese memoria de ellos ; pero, seria demasiado largo. Lo mismo digo de los arquitectos porque he tenido la mira puesta solamente sobre los pintores y creyendo ahora haber sa¬ tisfecho a la obligación que con V. S. contraje en esta mate¬ ria, no dejo, sin embargo, de reconocer la que tengo de ser servidor de V. S., etc. Roma el 20 de octubre de 1765. í DIEGO DE VILLANUEVA COLECCION DE PAPELES CRITICOS SOBRE LA A^^QUITECTURA l766 Por ser primeras piezas, si no la primera, en el una de las proceso abierto por el espíritu académico contra el churrigue¬ rismo; por su buen sentido dominante y no mal estilo, y por su rareza, reclama la inserción en nuestra serie de textos el ex¬ tracto de una obrita de Don Diego de Villanueva, que fué ar¬ quitecto, como su hermano Don Juan, la figura máxima del arte neoclásico en España. La rareza del libro es tan grande que el propio Menéndez y Pelayo (Ideas estéticas, III, 2." vol., 1886, p. 429) no sólo cita su título con inexactitud, nombrándolo Cartas críticas sobre los errores de las jábricas que en Madrid se construían, sino que altera el carácter del escrito, pues, según habrá de verse, el autor procuró encubrir sus censuras trasladando a Francia el campo de operaciones combativas, refiriéndose muy pocas veces expresamente a la capital de España. Ceán Bermúdez, en su Apéndice al libro de Llaguno (t. IV, cap. XVII, p. 270), menciona el de Villanueva con palabras que, probablemente, dieron origen a la referencia de Menéndez y Pe- layo. Tampoco Caveda, en. sus Memorias para la historia de la Real Academia de San Fernandio (1867, t. I, p. 176), muestra que hubiese manejado los Papeles críticos de Villanueva; la men¬ ción que de ellos hace hubo de salir, es casi seguro, de la de Ceán Bermúdez. A pesar de lo que se finge en el "A quien leyere", cuanto se publicó en los Papeles críticos nació de la minerva de Villa- nueva—excepto, claro está, el Discurso del Conde de Alga- gotti ^ —, y no pasa de recurso retórico, nada original por cier- ' Famoso veneciano, hombre de mundo, cortesano de Federico el Grande, autor de 11 Newtonianisino per te dame. En la crítica de arte se adelantó a Winckolmann. Nació en 1712-murió en 1764. Es autor leído modernamente. — 120 — to, darlo en parte como cartas de un arquitecto estante en Pa¬ ris y el resto como anónimo. No se publicaron más ocho "papeles", que unidos, con que paginación corrida, portada y tablas, constituyen un lindo to- mito (Valencia, Benito Monfort, 1766), con un grabado alegó¬ rico que firma Manuel Monfort en el mismo año^. El ejemplar que he utilizado perteneció a Cánovas y hoy se guarda en la Biblioteca del Instituto Diego Velázquez. Para disminuir los riesgos del personalismo en las críticas, Villanueva apenas concreta sobre ejemplos españoles; no cita a más arquitecto que a D. Pedro de Ribera y dedica dos cartas al análisis de sendas obras de D. Miguel Fernández, sin dar su nombre. Los edificios de otros arquitectos censurados aumen¬ tan en dos la exigua lista. Que, pese a tantas cautelas, los cri¬ ticados hubieron de ocasionar molestias y perjuicios al crítico, basta leer la nota que puso al pie del octavo papel. Sin em¬ bargo, no se conocen las réplicas de los vapuleados por sus bur¬ las y sarcasmos. La moda académica pronto se generalizó, al menos en las clases directivas, y la campaña contra el churri¬ guerismo no tardó en decidirse. Es probable que las arremetidas de D. Diego produjesen, más que contestaciones por escrito, ataques solapados de maes¬ tros de obras y proyectistas, eficaz resta de obras y encar¬ con gos, pues muy pocos son los que registra Ceán Bermúdez : el de mayor entidad, el arreglo y nueva fachada de la casa de Goyeneche, en la calle de Alcalá, a la sazón estanco de tabaco, para adaptarla con destino a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, edificio que, por juego de la Fortuna, había construido Churriguera. Las demás noticias biográficas de Villanueva se reducen a que era hijo del "honrado escultor Don Juan", que estudió ' Una señal más de cuanto escasea está en que no menciona este grabado J. Gil Calpe en su Noticia biográfica de D. Manuel Monfort ("Archivo de Arte Valenciano", 1934, págs. 81 y sigs.). — 127 — ^ Matemáticas la escuela de los caballeros pajes del Rey; que en fué el primer joven que se presentó en la Junta preparatoria de la Academia para dibujar; que logró en 1746 la pensión de Roma, pero no salió de España por entrar como delineante de Sachetti en las obras del Palacio Nuevo. En la Academia de San Fernando fué Teniente Director de Arquitectura, Director en 7 de noviembre de 1756 y Director de Perspectiva en 16 de enero de 1772. Murió dos años después, a 25 de mayo. A juzgar por lo que se declara en su portada, la interven¬ ción de Villanueva en la Regla de las cinco órdenes de Arqui¬ tectura de Jacmne de Vigñola, edición madrileña de 1764^, se limitó a delinear las láminas, reduciéndolas de tamaño para, aba¬ ratar el libro. Menéndez y Pelayo, que sospecho no llegó a con¬ sultarlo, pues no transcribió, según costumbre, la portada, dijo I de él que "arrinconó para siempre la antigua [versión] de Pa¬ tricio Caxesi". Oficina de Dn. Juachin Ybarra. A cosía de Dn. Gabriel Se¬ ' En la gura,director de la Compañía de los Cinco Gremios Mayores en Cádiz y de Dn. Maní. Rodríguez Abridor de Láminas. Se hallará en la librería de Cuesta, frente a las Covachuelas. Delineado por Dn. Diego de Villa- nueva Director de Arquitectura de la Rl. Academia de San Fernando. Año de 1764. 30 láminas. En las páginas impares desde ,1a tercera va el texto correspondiente a cada una; a la portada grabada siguen dos pᬠginas de prólogo. Consta en éste que se ofrece al público "con la nove¬ dad (porque su precio sea más cómodo) de haberla reducido la conocida habilidad de Don Diego Villanueva... al tamaño que demuestra". Hay ejemplares que no llevan en la portada la indicación del lugar en donde se vende. I