COLECCION DE DIFERENTES PAPELES CRITICOS SOBRE TODAS LAS PARTES DE LA ARQUITECTURA REMITIDOS POR UN PROFESOR DE este Arte fuera del Reyno, a otro establecido en una de nuestras Provincias DALOS A LUZ D. DIEGO DE VILLANUEVA, DIRECTOR de Arquitectura en la Real Academia de S. Femando [Grabado con alegoría de la Arquitectura firmado: Didacus Villanueba inven. — Emml. Montfort fecit, Vale·n.'^ J/dd] CON LAS LICENCIAS NECESARIAS En Valencia: Por Benito Montfort, año 1766 130 — — A QUIEN LEYERE Habiendo llegado a mis manos diferentes papeles sobre asuntos de Arquitectura, y otras Artes, y especialmente entre ellos una correspondencia de un profesor Arquitecto residente en Paris, con otro de nuestras Provincias que pueden ser de alguna utilidad a los jóvenes que se dedican a este Arte he re¬ suelto publicarlos, sin que me sirva de rémora lo expuesto que es en nuestro Pais dar al público obras de esta naturaleza, por¬ que juzgo que muchos se imaginarán agraviados; este respeto no ha de dejar en un continuado error así al público, como a los aplicados a este Arte ; ya es tiempo de deshacer con las lu¬ ces de la verdad, a imitación de otras Naciones, las espesas nieblas de nuestras preocupaciones, condenadas por la falta de una juiciosa crítica quehiciera conocer al público lo bueno y malo de las obras que para él ejecuta [ron]... Firme en este propósito, publicaré cuanto en el asunto lie- ^ gue a mis manos; los profesores que quieran incluirse en este trabajo podrán hacerlo... remitiéndome todo lo que hallen, lo que se publicará con el nombre del Autor, o Anónimo, a su elección ... Con el parecer de algunos Amigos se ha determinado darlos sueltos [estos papeles], podrá cada uno ligarlos como le parez¬ ca ... No puedo asimismo prefinir tiempo a la publicación de cada uno... TABLA de los artículos que están en estado 'de imprimirse... {Enumera diez cartas y cviatro artículos; de aquéllas se publi¬ caron nueve, más una no anunciada; y de éstos no salió el úl- r timo. A continuación anuncia: Delineación de las órdenes de Arquitectura... y que "se están trabajando, y están recogidos materiales para" otros diez artículos, que especifica.] NUMERO I Muy Sr. mío y venerado Amigo, llegó el tiempo de cum¬ plir los deseos de vmd., remitiéndole algunos papeles sobre la | Arquitectura... Aqui Amigo se hacen y se han hecho cosas muy malas y contrarias en todo a los verdaderos principios de la 131 — — Arquitectura,como en todos los Países; pero ha habido hom¬ bres sabios amantes de lo hermoso, que con libertad se han opuesto al descamino general en que estaban la mayor parte de los Profesores de este Arte. Sus juiciosas críticas han produ¬ cido el efecto deseado, hoy sabe todo hombre sensato distinguir el mérito de una obra... Los papeles que remitiré a Vmd. los he extractado (como me parece convendrán mejor) de obras recibidas con estimación de los inteligentes ... En muchos no aguarde Vmd. una traduc¬ ción literal en todas las partes... He apartado los ejemplos y comparaciones en muchos, porque dudo si tendrán conexión con los de ese Pais ... Debo a Vmd. tenga tiento en enseñar a muchos prevenir Profesores lo que enviaré a Vmd. pues no están enseñados a oir censurar las obras del arte... si se encuentran con ellos y sus un grito terrible contra Vmd. y obras han de levantar contra mi ; por mi parte estoy muy distante para temerlos, a Vmd. pueden de más cerca llegarle los golpes, pero cuando esto sea envíelos Vmd. a ver las Obras que citaré más ade¬ lante y hallarán mucho más; pero, mientras, creo bastarán estas tres : por el P. Laugier, en Paris año Emayo de la Arquitectura 1745, segunda impresión... Memorias críticas de Arquitectura, en Paris año de 1711. Casa de Saugrain. Colección de algunos papeles concernientes a las Artes ex¬ tractados de los "Mercurios de Francia", Paris año de 1747. [Fol. i.] CARTA I [Sobre la elección de Arquitectos para las obras.] Muy Sr. mío: Hallándose Vmd. en el ánimo de construir una Casa para su habitación, pide los medios con que podrá me hacerlo, sin ser su dinero y paciencia víctimas de la mala fe, o ignorancia del Profesor que la construya, obedezco gustoso; pero prevengo a Vmd. que cuanto diga lo reserve de todo Albañil (pues no quiero enemigos) y solo sea para su instrucción... Los embarazos, o dificultades que se hallan para la cons¬ trucción de un Edificio, i.° No dirigirlo un buen Arqui¬ son: tecto. 2.° La mala calidad y empleo de materiales. 3."° La as¬ tucia y mala fe de los Obreros. Lo primero se remedia con la elección de un Arquitecto hᬠbil y desinteresado, que tenga otros estudios que los de un sim¬ ple Albañil... La pura práctica no ha hecho hasta ahora un me¬ diano arquitecto... Un Albañil, por muchas obras que cons¬ truya siempre será un Albañil y no más ... Examinemos lo que se puede sacar de unos hombres veni¬ dos de una aldea, cuya crianza ha sido ruda y miserable. Lle¬ gan a la Corte sin vestidos, camisa ni zapatos ; con este equi¬ paje empiezan sus estudios de Peones, llevando un cubo de agua, esporteando, matando cal, haciendo mezcla y amasando yeso, etc. los que levantándose al salir el sol para el trabajo no tienen más ideas ni reflexiones que ver como han de tra¬ bajar poco hasta que puesto el Sol se retiran a descansar en cualquiera rincón sin molestarse ni de los vientos ni otras in¬ comodidades de semejantes sitios; ya acostumbrados a sin cesar subir y bajar por los escalones de los andamios, les parecen los demás suaves, aunque tengan una cuarta de altura... con el alivio de poner en cualquiera parte su pobre ropa, les es difícil figurar otra especie de hombres que necesiten de guardarro¬ pas, u otras comodidades propias de su estado. Be esta vida tan miserable y rústica salen por lo regular a Oficiales y de estos a Maestros de obras cómo se puede pedir a hombres ... semejantes que comprehendan que una alcoba sea clara y con ámbito? que los lugares comunes estén retirados de toda co¬ municación? que los edificios deben ser dispuestos según la di¬ ferencia, calidad y destinos de los hombres?... semejantes hom¬ bres jamás pueden tener cosa de Arquitectos ni tampoco se... podrán comparar con aquellos que a una buena educación ... agregan un ingenio superior, uniendo en si la excelencia del gusto fundado en la lectura y observación una extensión de ima¬ ginación capaz de producir dichosas ideas felices y todo con proporción a la comodidad, firmeza y hermosura, tres partes que constituyen el verdadero mérito de una Obra... [p. 6.] En la construcción de un edificio no puede haber falta lige- r —133 — ra; un mediano descuido cuesta mucho tiempo y dinero el re- ^ pararle... Por la elección de semejantes hombres no se ven en las fᬠbricas que se construyen en el día sino muy poco juicio y or¬ den, poca conducta en cuanto se hace, ninguna delicadeza ni precisión en cuanto se fabrica, cuantas fábricas sin solidez ni distribución !... [p. 8.] CARTA II [Sobre el mismo asunto...] Muy Sr. mió: En respuesta de mi antecedente me dice Vmd. hallarse muy embarazado con mis reflexiones en la elec¬ ción de un Arquitecto para su obra, mayormente habiéndole f propuesto algunos amigos, dos de ellos por hábiles y Vmd.... se halla inclinado a uno de los dos en vista de los buenos diseños que le ha presentado. Pido a Vmd. suspenda su asenso y consi¬ dere que estos hombres tienen solo talento para trazar pilastras, P frontispicios, guirnaldas, festones los frisos, cargando las cla¬ en ves de los arcos de con otras menuden¬ mascarones y cartelas cias, sin propiedad ni elección, no son arquitectos capaces de construir cosa alguna con perfección El principio primordial ... de la instrucción de la Arquitectura, nó' son los ornamentos sino la sabia distribución de las partes de un Edificio según su des¬ tino y calidad... Por lo regular, la mayor parte de nuestros jó- ^ venes dibujantes no tienen más principios que una ligera ins¬ trucción en la Geometría, sin otras de las matemáticas... con i • lo cual y copiar a Viñola u otro autor, con cuatro composicio¬ nes copie del Maestro, ya se llama Arquitecto... los libros que para estas gentes son inútiles, lo uno por no entenderlos por la ignorancia de los idiomas y lo otro porque muy pocas veces han oído hablar de ellos a sus Maestros, y así no hay otras gtiiais que las estampas por lo que no son buenos sino para delinear ... ideas ajenas Al asunto contaré a Vmd. lo que un dia me ... • pasó con D. N., amigo de Vmd. Mostróme un diseño para una casa que pretende fabricar; no he visto cosa mejor dibujada, nada más bien sombreado, la tinta de China gastada con pri- — 134 — mor, una exactitud en el orden de Arquitectura que era co¬ rintio, exacto... pregunté al amigo si pensaba después de cons¬ truida la Casa por este tan bello diseño liabitarla durmiendo y comiendo en ella? Cuya pregunta le sorprendió y admirado de ello dijo; Si Sr. que lo pienso asi; yo en ella he de dormir, comer y ha de servir para los demás usos asi mios, como de mi familia. Pues si esto es así (le respondí) haga Vmd. que su Arquitecto en vez de estas gentilezas... disponga alcobas cómo¬ das, cocinas y demás piezas en sus respectivos sitios, porque ... aquí no los hay, y colocados éstos estudie su construcción ... y puede después pensar en llenarla de adornos, como quiera ... ; le hice ver la falsa distribución que se hallaba detrás de tan bello aspecto, con lo que desengañado tomó sus diseños con ánimo de hacerlos componer suspendiendo el asenso que tenía dado en vista de la perfección de lo dibujado; lo mismo pido aVmd. haga con los dos que le han presentado, examinándolos menudamente sin fiarse en la hermosura de sus diseños, pues esto se queda en el papel... NUMERO II Representación hecha a los Plateros Cinceladores Ador¬ nistas de los interiores de nuestras habitaciones y AR¬ quitectos, por una Sociedad de Artistas. Se ha hecho ver humildemente a estos señores, que aun¬ que la Nación francesa ha hecho de algún tiempo a esta parte los esfuerzos acostumbrar su razón a los des¬ posibles, para caminos de la ha podido conseguirlo entera¬ imaginación, no mente; por lo cual se suplica a estos señores, que en lo veni¬ dero observen ciertas reglas, que aunque simples, son dictadas por el juicio, cuyos principios no podemos desarraigar de nues¬ tro espíritu... [p. 14.] Se suplica a los Plateros que cuando sobre la tapa de unas vinagreras, una olla, o tarima de mesa, o en cualquiera otra pieza ponen por asa una alcachofa, o tronco de apio del tamaño regular, digo natural, no hagan a su lado una liebre de un dedo — 135 — de extension; una alondra asimismo del natural con un faisán de la cuarta o quinta parte de su natural tamaño; niños tan grandes como una hoja figuras supuestas del natural de parra, sentadas sobre hojas de adorno, sin doblarse pue¬ que apenas den sostener un ligero pajarillo; árboles cuyos troncos son igua¬ les al de sus hojas y otras innumerables cosas bien fuera de razón. Les daríamos infinitas gracias si no mudasen el destino a las cosas y tuvieran presente, por ejemplo, que un candelero debe ser recto y perpendicular y no torcido, como si alguno lo hubiera violentado; que las arandelas deben ser concavas para recibir la cera y no convejas, como tazón de fuente y otros mu¬ chos primores no menos disparatados ... [p. 15-] También se ruega a los señores Tallistas, tengan a bien en los trofeos no poner una hoz más pequeña que un reloj de are¬ na, un sombrero, un tamborcillo de gaitero mayor que un vio¬ lón, una cabeza de hombre más pequeña que una rosa; una po¬ dadera o almocafre igual a un bieldo: con harto sentimiento nos vemos precisados a suplicarles sugeten su genio a las leyes de proporción por simples que parezcan ... ... procuraremos con todo esto no reprender agriamente el gusto que reina en la decoración interior de nuestros edificios. Somos bastante buenos ciudadanos para que por nuestros jui¬ cios se vean reducidos a la mendicidad tantos hombres de bien, cuya capacidad no alcanza a más ni tampoco queremos pedirles se abstengan de tantas palmas que hacen nacer con abundan¬ cia en nuestras habitaciones, sobre chimeneas, alrededor de es¬ pejos contra las paredes y generalmente en todas partes, por¬ que sería privarles del último recurso. Pero, a lo menos podre¬ mos esperar que cuando las cosas puedan ser rectas y cuadra¬ das no las hagan tortuosas, que cuando los remates puedan ser en medio punto no destruyan este contorno con tantas S que parece haberlas tomado de la plana de un maestro de niños y que hoy se usan en los planos de los edificios, las que todos llaman jormas, debiendo añadir el epíteto de malas tan insepa¬ rable de ellas. No obstante lo dicho consentiremos gustosos pro¬ vean de esta tuerta mercaduría a las Provincias extranjeras... [p- i;-] Les pedimos consideren que abasteciéndoles de hermosas y rectas maderas nos aniquilan montes y dineros haciéndolas la¬ brar con los contornos tortuosos y irregulares en las puertas... en lo que muestran un gasto mucho mayor, que si las hicieran rectas, sin utilidad conocida, pues igualmente entramos por una puerta cuadrada, como por las ¡circulares o en figuras estrava- gantes; en cuanto a que las paredes de las habitaciones sean curvas, hallamos la comodidad de no saber donde colocar las sillas, ni otros muebles. Se les ruega a estos Señores la verdad crean con que les hablamos y que no tenemos interés alguno en su engaño; que las figuras cuadradas, redondas y ovaladas regulares adornan tan magníficamente mejor gusto que todas sus invencio¬ y con nes y que como su exacta y puntual execución es más difícil que todos sus follajes y alas de murciélago y otras menuden¬ cias muy comunes esto hará honor a sus talentos. [p. i8]. Si les pedimos muchas cosas de una vez, concédannos a lo menos una gracia y esta sea que desde hoy en adelante la mol¬ dura principal, de ordinario atormentan y corrompen... la que hagan recta... en este caso les permitiremos la libertad de cu¬ brirla con sus queridos adornos por todos lados, teniéndonos por menos desgraciados, porque un hombre racional y de buen gusto en poder de quien recaiga semejante habitación podrá quitar con un escoplo o formón semejantes drogas y encontrará las molduras simples que formarán una decoración exacta, ele¬ gante y de buen gusto. Todos conocen muy bien que la mayor parte de lo que de¬ jamos dicho a los Señores Tallistas, con más razón podemos aplicarlo a los Arquitectos, pero, la verdad es que no nos atre¬ vemos a tanto; estos Señores no se manejan con tanta facili¬ dad, no se halla uno que dude de su talento y que no lo exajere con una entera confianza. No tenemos vanidad de nuestro cré¬ dito con ellos, para lisonjearnos que aun mediante las mejores y más eficaces razones poder conseguir su conversión ... [P- 19-] Con la sinceridadposible les suplicaríamos... nos concedie¬ ran que las malas formas, así en los planos como elevaciones en que han convenido formar los cuerpos anteriores de nues¬ tros edificios en ángulos obtusos y agudos... son irregulares y de mal gusto... a la verdad perderíamos los salones octágonos; pero, ¿porqué un salon cuadrado no sería más hermoso?... [p. 20.] Asimismo lessuplicaríamos respetasen la hermosura de las piedras de las canteras, las que son derechas no echán¬ que sacan dolas a perder con ridiculas formas... Les pediríamos también nos libren de la fastidiosa repetición de ver en todas las casas las ventanas y puertas circulares desde el piso de tierra hasta el cubierto de tal modo que parece se han juramentado no ha¬ cerlas de otra forma... [p. 22.] Cuantas gracias tendríamos que darles si... quisieran con¬ cedernos alguna en lo que no nos queda esperanza y sí solo... el consuelo de desear y suspirar en secreto, que con sus in¬ venciones se cansen a sí mismos, cuyo tiempo parece se acerca, pues no vemos otra cosa que una errada repetición, por lo que [con] el deseo de hacer algo de nuevo, renacerá la Arquitec¬ tura antigua. [p. 22-3.] [Sin título, awnque m la "Tabla" dw:] CARTA III Sobre una antigüedad de Arquitectura descubierta poco tiempo ha por un hábil profesor. Habrá cosa de dos años, poco más o menos, y por no andar en menudencias tres, que un Profesor de los más distinguidos de esta Corte encontró una antigüedad de Arquitectura, la que - 138- ha tenido guardada del publico hasta pocos días, que con un ^ aplauso común la vemos con el destino y colocación conveniente al juicio de su sabio descubridor; esta ha sido empleada para un altar' principal de una de las mejores iglesias de la Corte, tanto por su forma no común, como por la celebre pintura al fresco del grande Jordán y de otros no menos excelentes pin¬ tores españoles Rici y Carreño [p- .24-5 •] [Desaribe las partes 'del r¡etabla.] Esto es cuanto contiene esta preciosa antigüedad, dejando su pormenor en cada parte...; el juicio que de ella han hecho los críticos españoles, que nada les gusta por idólatras de la an¬ tigüedad V. para su diversión... voy a exponer a Empecemos antigüedad... en qué tiempo haya sido por su construido este precioso monumento no han podido concordar los que creen ser inteligentes en esta materia; ellos dicen que í si se atiende a los antiguos monumentos de los griegos... ja¬ más mezclaron enun orden dos ordenaciones diferentes. Entre los romanos no hallan tampoco un ejemplo semejante: nuestro amigo Anselmo corta esta dificultad, diciendo, que... pudo ser hecho por alguna colonia romana establecida en nuestra Es¬ paña por el siglo diez y siete o cerca del diez y ocho, la que enfadada de la esterilidad de los antiguos... quiso dar... un apoyo a los que habían roto los límites que el poco genio de los antiguos había puesto a la Arquitectura, sirviendo en lo su¬ cesivo de modelo y autoridad... [p. 27.] Les aumenta más la duda, para averiguar la antigüedad de este monumento, los dobles pedestales... [p. 28^] La opinión más plausible y que tiene más partidarios es la ' No cabe duda de que se trata del altar que para San Antonio de los Portugueses (calle de la Puebla) hizo D. Miguel Fernández, arqui- f tecto que, por cierto, sucedió al autor de la dura critica en la dirección de arquitectura en la Academia (t en 1786). (Véase Ceán: Apéndice a Llaguno, cap. XIX, t. IV, pág. 272.) 139 — — de los que juzgan que esta antigüedad en sus primeros tiempos fué compuesta de diferentes pedazos de algunas otras obras que unieron y acomodaron ; lo que quieren probar, lo primero con el ornamento compuesto de dos diferentes perfiles uno que corres¬ ponde a las columnas y el otro sobre las pilastras y entrepaños que forman la ornacina lo que les causa una desunión propia de obras hechas a pedazos que no se halla en las antiguas y lo segundo con los dos pedazos de frontispicios puestos sobre las columnas... que su uso fué en parajes descubiertos y así no ... solo juzgan un delito sin absolución emplearlos en lugares cu¬ biertos, sino también rotos y en diferentes formas, las que han sido condenadas por los mayores arquitectos ; esta antigüedad desvanece todas estas razones; su autoridad basta a hacer ca¬ llar la crítica más severa. Asimismo se ha movido una fuerte cuestión entre los anti¬ guarlos con el motivo de la escultura empleada en esta her¬ mosa antigüedad : el Angel, Fama o como quieran llamarlo, que a mi no rne importa, dicen pertenecen más sus desnudos a los tiempos góticos, mas amantes de lo extravagante que de lo na¬ tural ... [P- 30.] ... pieza de escultura ha hecho sospechar que en otro Esta tiempo esta antigüedad sirvió de depósito al cadaver de algún Heroe y colocado en algun subterráneo, lo que confirman a su parecer con la abertura que vemos debajo del arco interior por el cual se iluminaba ; una inscripción o medalla sacaría de estas dudas a los apasionados de la antigüedad y tendrían la satis¬ facción de dar a este monumento una época fija; ¡qué dolor no poderlo conseguir! [P- 31.] ... Los Artes como V. sabe no deben sujetarse por su anto¬ jo ... a las leyes ... dictadas por la razón y naturaleza ... [P- 32.] ... si pintores y escultores teniendo el antiguo y la natura¬ leza que imitar, han abandonado estas vejeces buscando otra — 140 — nueva a su fantasía, ¿porqué la Arquitectura no podrá tener el ^ mismo privilegio...? Ya para facilidad de nuestro siglo y de nuestra nación esta antigüedad justifica el ejemplo de los frontispicios rotos colo¬ cados en todas partes... asimismo la escultura según y como se presenta a la imaginación ; el uso de muchos pedestales unos sobre otros y la variación de la ordenación de un mismo orden, no quedándonos que desear sinó la continuación de tan hermo¬ sos descubrimientos, lo que creo podamos esperar con confianza respecto de otra no menos preciosa que se acaba de exponer al público por el mismo docto Profesor, de que hablaré a V. en oyendo a los inteligentes. [p- 35-] CARTA IV Sobre la conveniencia en los edificios ... La conveniencia en los edificios es ... la que muestra en¬ teramente la capacidad talentos de y un arquitecto y es la que enseña a colocar todas las partes que componen un edificio en los lugares que natural y necesariamente les conviene. [P- 36.] Un... ejemplo seria medio más eficaz para expresar a Vm. mis pensamientos y cuatro o cinco descripciones de algunos edi¬ ficios expresarían más que muchos volúmenes ; pero, ¿ donde estan estos? Yo a la verdad no hallo alguno que proponer por modelo de verdadera arquitectura y en el que generalmente una se hayan guardado las leyes de la conveniencia... Quisiera por política contenerme de hablar en este asunto; pero la fuerza de la verdad y la amistad de V. me obligan a abandonar la adula¬ ción y complacencia; y asi desearía me mostrasen un edificio construido modernamente en el cual se halle observada la con¬ veniencia y regularidad relativa a las tres partes... y cuando me f puedan señalar una quedo obligado a demostrar con la razón y autoridad una infinidad de extravagancias y ridiculeces, que — 141 — no tienen otro apoyo que la ignorancia crasa, el ningún estudio que para ello hace y que cuanto se ejecuta es opuesto por la se mayor parte a la conveniencia y es una falsa arquitectura; por los exteriores juzgo cual pueden ser los interiores; cuando más, se delinea un plano, que carece por lo regular de una distribu¬ ción y si alguna vez se ve en ellos alguna comodidad parti¬ ... cular respecto al sujeto es dispuesta por el mismo dueño... puedo añadir para instrucción de V. haber visto algunos sin escala para medirlos, como los de los retableros de las provin¬ cias que con un diseño ejecutan un ciento de altares En los exteriores y puertas sin proporción con el todo del edificio lle¬ nas de estravagantes y ridiculas molduras en sus gambas y lin¬ tel ^ ; frontones cortados como techos arruinados ^ ; repisas y consolas de capricho ^ que nada sostienen ; multitud de frutos, legumbres y flores '^, alas de murciélagos, con otra infinidad de adornos torcidos, de los cuales el Profesor que dirige la obra no tiene conocimiento alguno fiado en el tallista o escultor que los ejecuta; Yo digo como Despreaus: "Un gato es gato; lo bueno, bueno y lo malo es malo" ; fundado en esta regla digo a V. que en cuanto veo fabricado no hallo un ejemplo que pue- ' \Noia del autor.] Como no he estado en Francia, y otros países no sé la verdad que en esta parte merece el autor de estas cartas entre nosotros. Yo he visto muchos pudiendo deponer, entre otros, haber te¬ nido unos para los adornos de unas puertas y ventanas... de un edificio de bastante consecuencia que carecían, no solo de escala pero aun de proporción con el sitio [se] debían ejecutar. en que ' [Nota del autor.] A estas molduras llaman bragetones, los que son hechos con muchos contornos así rectos como circulares. Obra por todas partes de una perfecta inutilidad y que solo sirve para conocer la práctica del cantero que las labra sin naturalidad ni hermosura: te¬ nemos de ellos mucha abundancia, véanse las portadas de la Casa de la Villa, Santa Cruz, etc. ' [Nota del autor.] Véanse las portadas de San Luis y otras : este género es muy abundante, siendo en esta parte unos verdaderos imita¬ dores de los italianos. * [Nota del autor.] Entre los adornos que proveen nuestras necesi¬ dades son las cartelas o consolas las más comunes. En los antiguos solo tuvieron uso alguna vez en la clave de los arcos, o en alguna puerta jónica y corintia: hoy las vemos en todas partes y en donde menos se pudiera esperar. " [Nota del autor.] En esta casta de adornos absolutamente contra¬ rios al buen gusto de la arquitectura fue singular D. Pedro Rivera, véanse para testimonio de esta verdad las célebres portadas del Hospi¬ cio, San Sebastián y Monte de Piedad. 142 — da ser en el todo modelo de la conveniencia en im edificio y por consiguiente una verdadera arquitectura [p. 41.] ... puede V. desde luego, condenar por malo cuanto vea se liace en un edificio fuera de su verdadero lugar. Cuando un profesor por seducir la vista del que lo manda trabajar carga sus dibujos de adornos torcidos y estravagantes y coloca figu¬ ras fuera de su verdadero lugar y destino... cuando por igno¬ rancia o malicia se ejecutan muchas cosas que obligan a dife¬ rentes mutaciones que siempre son costosas. Cuando coloca es¬ caleras a mano izquierda sin comodidad, luz y pendientes sin otras muchas irregularidades ... La desunión, más claro, el defecto de relación de las partes con el todo y de éste con el verdadero uso del edificio también es una de las señales de una falsa arquitectura... [p- 44-] ...¿cómo se podrá situar una exposición comoda sin un co¬ nocimiento de los aires que corran en el sitio elegido? ¿Cómo se situarán escaleras, cocinas y caballerizas etc. si nada se en¬ tiende de la variación y mala calidad de los vientos? ¿Cómo se podrá dar luz a los interiores no conociendo los. embarazos que podrán causar las sombras de los edificios contiguos para pro¬ porcionar las ventanas ?... con otra infinidad de circunstancias que hacen las habitaciones enfermas e inhabitables por mal si¬ tuadas, defecto que vemos repetido en muchos edificios por ca¬ recer los profesores de principios de física... [P- 45-] CARTA V Sobre los estudios y conocimientos que debe tener el arquitecto [Al fin de la carta, en hoja plegada: Plan de las materias que debe saber un arquitecto.] ^ [Nota del autor.] Si esto se dice en Francia de las obras, en donde hay estudios y premios propios a dispertar la emulación y genio más dormido ¿qué se pudiera decir de nuestras obras, pues carecemos de premio y estudio? 143 — — [P- 53-] CARTA escrita a Don N. sobre una pesada representación que ha permitido imprimir, hecha a diferentes profesores de las Bellas Artes por una sociedad de arquitectos, que aunque ellos no son de la Academia, no por eso dejan de ser de un mérito y representación conocida. Muy Sr. mió: Hemos quedado sorprendidos viendo que un hombre de entendimiento y tan buen paisano como Vm. baya permitido publicar escrito tan satírico, como el que acaba de un dar al público no intentándose en él nada menos que el ridicu¬ lizar la bella Arquitectura moderna y destruir la confianza que el público da a los arquitectos de moda;... nos es muy extraño... que no se contuviera en publicar una obra satírica contra los profesores de un arte que de algún tiempo a esta parte hace las delicias de la Patria, como asimismo la de los Países Estran- jeros que cuasi han adoptado nuestro gusto con una singular actividad. Fácilmente la parte de donde se producen estas conocemos ideas ... conjuración formada de algunos artistas ... con es una mucho fundamento sospechamos que a estos profesores se ha¬ brán unido algunos pintores célebres (infelices de ellos si los descubriéramos). Ya han podido conocer nuestro enojo; por habernos provocado alguna vez hemos suprimido en todas nues¬ tras decoraciones las plazas capaces de contener grandes cua¬ dros de historia; por la bondad de nuestros genios y especial gracia les habíamos dejado sobrepuertas y ventanas; pero aun de este último recurso los arrojaremos, reduciéndolos a los ex¬ tremos de no pintar más que cuadritos de moda como camafeos. No pueden olvidar poseemos la invención de los barnices y dorados y el público con su brillantez, cuando nuevos no se cansará jamás de su poca duración y mala vejez y así a su des¬ pacho todo será barnices y más barnices, dorados y más do¬ rados ... [p- 56.] ... mientras nuestros camaradas pierden su tiempo admiran¬ do estos tristes desechos de la arquitectura griega y romana 144 — — nosotros nos hemos aplicado a derramar por todas partes nues¬ tras alegres agradables producciones. y Nuestros paisanos nos deben infinitas obligaciones, pues co¬ nociendo teníamos que tratar con una Nación alegre en todas partes hemos esparcido lo grato y lo festivo: Oh, buen tiempo antiguo en que se creía que las Iglesias debían presentar un aspecto grave y majestuoso como casas de Dios y en las que las i>ersonas, aun las más distraídas no pudieran entrar sin llenarse de ideas serias y reposadas. Todo lo hemos trocado de manera que hoy no se encuentra gabinete o tocador más her¬ moso que las iglesiasy capillas que adornamos y si aun en ellas hacemos algún sepulcro le doramos y adornamos tan ge¬ neralmente que le quitamos todo lo lóbrego de su destino y aun a los confesonarios les damos un aire de galantería admirable. Por los progresos que hemos dado al arte ¿a qué extensión no la hemos llevado? Hemos multiplicado el númerode arqui¬ tectos llegando ya a innumerable;... la experiencia diaria hace ver que el albañil más ignorante de las reglas del dibujo, pro¬ porción y buen gusto en estando bajo de nuestra mano ya se halla en estado de declararse Arquitecto... y para nuestra glo¬ ria y la de la Patria los estranjeros han empezado a gustar de nuestro método y hay apariencias de que vendrán en tropas a perfeccionarse entre nosotros ; aun los ingleses celosos de nues¬ tra superioridad en las artes, lo han abrazado con tal pasión, que han abandonado a su Iñigo Jones y la pesada costumbre de icopiar al Paladio; lo que en algún modo pudo causarnos alguna desazón fué la imprudencia que se ha tenido permitien¬ do se grabasen algunas decoraciones de nuestras puertas, ven¬ tanas, chimeneas, etc. que excitaron la risa de algunas perso¬ nas inteligentes ... [p- 59-] Tuvimos la precaución de manejarnos con tiento, no opo¬ niéndonos groseramente a unos conceptos recibidos... esponién¬ donos a ser silbados El famoso Oppenor^ en estos principios ... nos sirvió con mucho celo y felicidad ... usó con abundancia nuestros adornos favoritos, acreditándolos y estendiéndolos por ' Gilles-Marie Oppenord u Oppenhord (1672-1742), hijo de un eba¬ nista holandés, estudió en Roma y fué discípulo de Mansart. Publicó con modelos para orfebres un Livre de legumes inventées et dessinées. — 145 — todas partes y aun nos sirve con mucha utilidad pudiendo con¬ tar en ei número de los nuestros todos los que se valían de sus modelos ;... encontramos una protección más solida en los ta¬ lentos del famoso Meissonier ^... como sabiamente había prefe¬ rido el gusto del Borromini al fastidioso del antiguo se unió a nosotros, porque el Borromini ha hecho a la Italia los mismos servicios que nosotros a la Francia introduciendo en ella una arquitectura independiente de las reglas que antiguamente lla¬ maban buen gusto... [p. 6i.] Meissonier empezó destruyendo las líneas rectas... las curvó, haciendo correr las cornijas de todas maneras,... desterró la si¬ metría y no hizo en adelante los dos lados de un vaciado o en¬ trepaño iguales el uno al otro... Nada más admirable que el ver como obligaba las cornijas aun de los más duros marmoles a doblarse con docilidad a las bizarrías ingeniosas formas que daba a los balcones. Las ram¬ e pas de las escaleras no tuvieron más libertad de seguir su ca¬ mino recto... Las materias más duras se hicieron blandas como cera bajo el poder de triunfante. El fué quien dio su mano fama a los hermosos contornos S En fin, se puede decir en ... que no hemos producido nada después de él, de lo cual no se halle la semilla en sus obras ... En vano el célebre German ^ quiso oponerse contra el to¬ rrente y apoyar el gusto antiguo que en la cuna había apren¬ dido ... Con todo, lo creerá Vm., este mismo Meissonier aun no fué enteramente nuestro heroe, con demasía estaba imbuido de aque¬ llo que llaman gran manera a lo que añadió la imprudencia de permitir se grabasen algunas obras suyas se desacreditó y le ... abandonamos al instante... ' Juste-Aurélie Meissonier nació en Turin en 1695, murió en París en 1750; fué arquitecto, dibujante de cámara de Luis XV y uno de los inventores del estilo rocaille, juntamente con Thomas Germain y Oppe- nord. R. Schneider (Hist, de l'Art, d. por A. Michel, t. V, 2." parte, 11) escribe de este proyectista: "un monumento, un hotel, hasta una iglesia, los trata como un centro de mesa". ^ Thomas Germain, de la familia famosa de orfebres, nació en Pa¬ rís en 1673 y murió en 1748. Fué arquitecto. — 146 — [p. 64.] Al fin tuvimos el Heroe que deseábamos, este fué un es¬ cultor que no pudo corromperse en Roma, pues aunque había corrido y visto muchos países no había estado en ella, creció y estudió entre nosotros y de tal modo se le había pegado nues¬ tro modo de decorar que le fastidiaban las reglas antiguas con extremó y así nada podría detener ni poner limites a la abun¬ dancia de genio; entendía medianamente la arquitectura an¬ su tigua pero la disfrazó con tanta sutileza que alcanzó el mé¬ ... rito de la invención... aligeró todas las molduras y todos los perfiles en que Oppenor y Meissonier habían querido conser¬ var un carácter que ellos llamaban masculino, tratándolos con tanta delicadeza que cuasi los hizo perder de vista... para siem¬ pre abandonó regla y compás; la simetría ya lo estaba... A los medios de los arcos de puertas y ventanas que antiguamente re¬ presentaban las claves del arco adornadas, sustituyó pequeñas cartelas enriquecidas de mil gentilezas, puertas de lado, y cuya perpendicular estaba a- la otra parte del edificio. A él es a quien se debe el uso abundante de las palmas... estableció el uso de suprimir los cielos rasos haciendo que varios escultores cons¬ truyesen a vil precio hermosos y pequeños encajes de bajo re¬ lieve que agradando tanto se tomó el partido de abandonar las cornijas de las habitaciones para poner en su lugar tan her¬ mosas y agradables invenciones... Aun sentimos la pérdida de este grande hombre, la que nos hubiera sido más sensible a no haber tenido pronto una multitud de escultores que reempla¬ ... zaron sus talentos maravillosos ; a él somos deudores de la su¬ perioridad que hemos adquirido... [p. 67.] Siguiendo absolutamente sus principios hemos arrojado muy lejos de nosotros estos antiguos y fastidiosos cielos rasos car¬ gados de pinturas y dorados que, a la verdad, respiraban mag¬ nificencia y contra los cuales no podemos decir otra cosa que no son de moda... [p. 68.] En este destierro deben entrar algunos escultores de figu- k 147 — — ras ... Nuestro Escultor favorito nos dejó mil arbitrios para no haberlos menester... estableció... en los medios de-los cielos rasos un florón o una rosa de lo cual se cuelgan las ararías... [p. 70.] ... Sus mayores gritos fueron contra nuestras decoraciones exteriores, porque se hallaban la vista de todos; en lo cual a tuvimos el cuidado de introducir grandes huecos de venta¬ ... nas, cuya mercaduria tuvo una salida muy buena, pues es in¬ finitamente agradable tener en un cuarto tres o más ventanas ... esto, es verdad, causa más frió en invierno y más calor en ve¬ rano, pero ¿qué nos importa?... [p- 71-] ... y asi estos señores del antiguo que no saben decorar otra cosa que los macizos jia no encuentran lugar para ello... a el inconveniente que nos pudiera resultar de estas voces hemos ocurrido con levantar las ventanas hasta la altura de los te¬ chos; no hay cosa más divertida que ver un pobre arquitecto que viene de Italia a el que se le da una semejante jaula para decorarla... [p- 72.] ... nosotros no hemos abandonado ... los frontispicios de que los antiguos usaban... aunque nos gustaemplear ciertas termi¬ naciones de platería, que es nuestro fuerte ;... hemos a poca falta desterrado las columnas... y no las restableceremos hasta que hallemos el modo de desfigurarlas, de suerte que no ten¬ gan alguna semejanza con las antiguas;.... [P- 73-] ... Las pilastras hemos admitido y las usamos con frecuen¬ cia disfrazándolas con capiteles alegres;... pero, en lo que ha triunfado nuestro genio enteramente ha sido en las bordadoras de las partes superiores de las puertas, podiendo alabarnos de haberlas variado al infinito, de lo que los pintores nos maldicen porque no saben como componer los asuntos con las incursio¬ nes que nuestros adornos forman sobre sus lienzos; pero el mal es para ellos;... ¿hacemos nosotros tan escesivo gasto de — 148 — genio? ¿porqué ellos no pueden también aplicarse? son unas es¬ pecies de cabos de rimas que les damos para que los llenen... [p. 76.] ... hallamos muchos obstáculos nuestros proyectos, maldita a sea esta arquitectura antigua seducción de la que no se y su puede apartar cuando una vez se ha caído en ella ;... para qué sería ir a buscar lejos lo que podemos hallar entre nosotros cuando divertimos instruyendo? ¿No se puede formar un ex¬ celente gusto con la vista de nuestros diseños de salas, alcobas, guardarropas, pabellones a la turca y gabinetes a la chinesca? ¿Es alguna cosa más agradable la desmesurada iglesia de San Pedro... ? Otro embarazo hallamos a nuestros adelantamientos y es que en los asuntos de las Academias Reales parece nos quieren ex¬ cluir enteramente... [p. 80.] Si Vm. conoce a estos señores artistas que se atreven a vi¬ tuperarnos aconséjelos Vm. que en lo venidero sean más re¬ tenidos, pues sus críticas son supterfluas ; el público nos estima y le tenemos acostumbrado a nuestro modo;, estamos apode¬ rados de la mayor parte y no se si digamos de todas las comu¬ nidades, de los mayordomos de fabricas de todas las Parro¬ quias, de todos los administradores de Casas los que tienen he¬ cha una alianza ofensiva y defensiva con nosotros con mutuos intereses; en fin, estén seguros que nosotros y nuestros amigos siempre seremos en mayor número. , [p. 81.] CARTA VI Sobre el arte de fabricar y fraudes de los obreros [p. 99.] Discurso sobre la arquitectura del Conde Algarotti... ^ ' Sobre el conde Francesco Algarotti véase lo dicho en la introduc¬ ción a este tratado. Sus Saggi sopra le belle arti se publicaron en 1769; hay edición de obras completas en 17 tomos ; Venecia, 1791-4. Alga¬ sus rotti pero 110 del todo(1713-64), por R. Sánchez Mazas; en "Cruz y raya", febrero 1936; semblanza y extractos de la parte más viva de sus asertos artísticos; p. ej.: "Presagio de la arquitectura racional" [Emsayo sobre la Arquitectura, 1756] "Educación del Pintor" [Emayo sobre ta Pintura. Bolonia 1763], 149 — — [p- 137-] CARTA VII Extracto de una memoria de Mr. Divers sobre una anti¬ güedad de arquitectura Mr. Diver da cuenta en esta memoria de una antigüedad descubierta, cavando los fundamentos de una fábrica de consi¬ deración. Es una especie de vaso de madera adornado de bajos relieves y figuras de esculturas trabajadas y labradas con mucha delicadeza. Fué hallado bajo de unos montones de piedras pe¬ queñas, que parecían ser las ruinas de algún grande edificio. En la descripción que forma de este vaso se vale de una comparación algo trivial ... la compara con el mortero o almi¬ rez para moler sal. En efecto es una especie de medio tonel de mayor diámetro que ninguno de los que están en uso; su ter¬ minación es a modo de remate de lámpara. Las figuras que lo decoran, y que representan virtudes cristianas, dejan lugar para creer que estaría destinado a algún uso religioso. La difi¬ cultad está en adivinar cual fuese aquel uso. Algunos... han pretendido que fuese una cátedra para predicar. Diciendo, sin apariencia alguna de verdad, que esta máquina estaba encla¬ vada en el aire sobre alguna columna y que se subía a ella va¬ liéndose de una escalera, como en efecto se encuentra parte de su redondez interrumpida, cuya interrupción pretenden era la entrada para el predicador. A tal extrefiio llegó su creencia, que creyeron que algunos fragmentos esculpidos en madera, también de forma redonda y convexa, que se encontraron en el mismo lugar, eran una esfiecie de tapa que se ponía encima, la que encerraba el vaso cuando el predicador no estaba en él y la que se podía elevar mediante unas máquinas para dejar al orador el espacio necesario; entonces, dicen, servían como para rechazar la voz impidiendo que no se perdiese en el vacio de la iglesia. Y en fin, para apoyar su errada opinión aseguraban, que una estatua gigantesca de madera... y la que no tenía propor- Seguramente, nombre inventado por Villanueva para continuar su ' D. Miguel Fernández. (Véase antes, critica de las obras del arquitecto pág. 138.) — ISO — ción alguna las figuras del contorno del vaso, estaba colo¬ con cada en esta y la servía como de remate. tapa Mr. Diver desprecia todas estas extravagantes ideas... \E\ntre bromas y v.eras analiza las condiciones que dahlera tener im pulpito y rimestra cuánto el descrito se aparta de ellas.] [p. 144.] Para abreviar, Mr. Diver prueba que era una pila bautis¬ mal y hace remontar su antigüedad hasta el tiempo en el que el Bautismo por inmersión estaba en uso... [p- 145-] CARTA VIII Sobre una antigüedad de Arquitectura Muy Sr. mió: Prometi dar cuenta del juicio que los inteli¬ gentes formarían de la antigüedad que anunciaba a Vm. en mi carta antecedente, voy a cumplir lo prometido. con Dejando como cosa inútil el modo y sitio de su descubri¬ miento, su destino ha sido aplicarla a la decoración de un altar mayor en la iglesia de unas monjas Carmelitas de esta Corte Se compone esta antigüedad de una mesa de altar en forma de urna sepulcral, a la que acompaña un zócalo o pedestal... Sobre este hay un otro... sobre el cual está colocado el tabernáculo de figura circular con cuatro columnas que sostienen el orna¬ ... mento, sobre que asienta un zócalo que sirve de basa al cim¬ borio, o media naranja que le termina. Sobre el zócalo... de la grada se eleva otro tercer pedestal que es el propio del orden con las salidas o netos correspondientes, para recibir los plintos de las columnas... A cada lado de estos netos y a su parte ex¬ terior hay otros asimismo salientes que sirven de apoyo a dos estatuas con adornan los lados del altar. Sobre este mis¬ que se mo pedestal sientan dos columnas, que dejan lugar a un arco ' El de Maravillas ; habla de él Ceán en el lugar citado, elogiándolo : "todo adornado con buen gusto", dice. — isi — que forma nicho o abertura en que se halla colocada la imagen, asunto columnas están acom¬ de la dedicación de la iglesia. Las pañadas de pilastras antas... Sobre el ornamento y en sus dos extremos se ven colocados dos pedazos de frontispicios, parte sin duda del entero que completaba el orden, cuya falta suple un sol radiante. En el alquitrabe sobre el arco se ven algunas ca¬ bezas de querubines y unos festones de laurel... [p- 147-] Esto es cuanto antigüedad dejando sin contiene esta preciosa tocar perfiles y otras cosas menores, basta que se entienda que los inteligentes a quienes he oido la hacen hermana de la pri¬ mera y aun de un propio autor... [p. 148.] Su antigüedad la hacen subir al medio del décimo octavo siglo ;... quieren haya sido para puerta de entrada de ciudad. [p- 152-] ... colocada y es muy buena; sólo de¬ La escultura está bien sean los semejantes asuntos más naturalidad. inteligentes para Los mismos hallan esta antigüedad más regular y sin tanto ca¬ pricho como la antecedente, aunque se halla cambiado el destino para que fué construida, no dejando por eso de ser apreciable, tanto por su regularidad como por la materia de que es hecha... [p- 153-] CARTA IX Sobre la Arquitectura en España y autores que han escrito de ella Muy Señor mió: Voy a cumplir con lo que V. me insinua y su deseo; este es tener una noticia de los autores españoles que han escrito en nuestra lengua, tanto de la arquitectura ge¬ neral como de sus partes particulares;... este util y lucroso arte es uno de los más desatendidos en España. Los romanos nos dejaron hermosos monumentos; por los 152 — — que la comodidad pública ha conservado se puede saber cuales serían los particulares de los cuales ni de su método de cons- ' trucción nada nos dejaron... Los godos enemigos hasta del nombre romano arruinaron la mayor parte, sustituyendo en su lugar los solo admiramos por su ejecución. Los árabes que .... introdujeron un gusto en la decoración más ligero, sólo muy exacto en la construcción, pero apartándose siempre del gusto griego y romano, la construcción de sus edificios aunque nos suspende, imitamos, ni hasta el presente no tenemos donde no instruimos de su práctica. Pudiera en tiempo de los Reyes Ca¬ tólicos y sucesivos hasta los de Felipe II la arquitectura haber vuelto a parecer con todo su esplendor pues tuvimos arquitec¬ tos que procuraron salir del gusto árabe p>ero, con los que ... ... trabajaron en San Lorenzo del Escorial y otras- obras murió la arquitectura dejándonos por herencia algunas traducciones ... pero nada de nuestras obras ni en su construcción ni como¬ didad ;... no tenemos de sus tiempos ni de los anteriores nada por donde estudiar prácticas. sus La primera obra que hallarnos, y que podemos numerar en- • tre las originales, fué la que dió a luz en Sevilla año de 1533 Diego Lopez de Arenas sobre la carpintería, quedándonos en vacio de más de cien años, que en el de 1675 ^ Juan de Arfe y Villafañe nos dió su Füiría Com.emura>cióm, poco después Don Juan de Garamuel imprimió en Vegeven año de 1678 su exce¬ lente obra de la Arquitectura Civil; en este mismo siglo nos dió Juan de Torija tratado de las medidas de las bóve¬ un das y otro sobre las Ordenanzas de Madrid y poco tiempo después dió a luz Fray Lorenzo de San Nicolas... su obra de Arquitectura y acabó el siglo dándonos en castellano los ele¬ mentos de Arquitectura de Enriquen Woton no teniendo desde este tiempo una obra que podamos contar por original. La falta de documentos por donde instruirnos de la de los romanos, godos y árabes no se puede atribuir a ignorancia en las partes que son necesarias para una buena proporción y cons¬ trucción no se pueden hallar otras causas que la pérdida de ... estas doctrinas, o que los árabes se llevaron estos connocimien- tos; lo cierto es que desde su salida de España así como vol¬ vimos a ver alguna luz de la arquitectura griega y he¬ romana mos, conforme nos apartamos de ellos, perdido no se si diga en- > ' Véase Fuentes, t. I, págs. 261 y sigs. La primera edición es de 1585. 153 — — ^' teramente la exacta y en sus obras. sabia construcción que ellos emplearon Se puede sospechar con algunaprobabilidad que esta ruina vino en gran parte introducido pintores y escultores, de haberse y especialmente los primeros, a formar pro3'ectos de las obras de Arquitectura;... cuando más estarían instruidos en la pro¬ porción de los órdenes, con lo cual se atrevieron a formar de¬ coraciones que llenaron de líneas y adornos despiadados y ri¬ dículos que la ignorancia pública miró como milagros del arte, ... fiándose en lo demás de cualquier constructor en la ejecución de las obras, cuyos malos ejemplos han arraigado el mal gusto, el abandono al estudio y a mirar la docta antigüedad como ri¬ dicula y fuera de moda y a sus construcciones, como produccio¬ nes de bárbaros, siendo asi que una tapia de tierra no sabemos fabricarla como ellos las hicieron. hallaron en el .célebre Viñola, pues La facilidad que todos su obra solo con la vista comprende, acabó de arruinar el se estudio de la Arquitectura ;... con ella los altares, palacios y otras cosas semejantes extranjeras... [y] ... un poco de lim¬ pieza en el diseño ya es arquitecto famoso, como lo fueron la mayor parte de los que Vm. encontrará al fin del Tratado da los L ordemmzas de Madrid -de Don Theodoro Ardemans ... [P- 159-] Otra del atraso de la Arquitectura viene de los mis¬ causa mos dedican a este arte, que debenios dividir en dos cla¬ que se ses : Los primeros son los nuevos construétores, gente por lo re- ; guiar miserable y pobre, faltos de educación y principios... [p. i6o.] Lossegundos son los puros delineadores, estos con algo de dibujo de la figura, haber copiado al Viñola, tener presentes las obras estampadas de Micael Angel, Bemino, Borromino, etc., poco o nada de Matemáticas; Física, ni por metro; antigüedad, no es de moda ya se tiene por famoso ;... entre mil se puede ... conjeturar, sin temeridad, no habrá uno que aun conozca la Ar- 1^ quitectura por su definición. Estas dos clases de profesores con sus mutuas guerras arrui¬ nan este arte ... 154 — — [p. i6i.] Por lo dicho hasta aquí conocerá Vm. que no fué sin fun¬ damento lo que dije al principio: que la Arquitectura era una arte poco cultivada en España ; voy a probarlo enteramente con las obras que tenemos en nuestra lengua: if Vitruvio se tradujo por Miguel de Urrea y se impri¬ mió enAlcalá, año de 1582; esta traducción por su estilo es confusa y poco inteligible a jóvenes principiantes; aumenta esta dificultad la falta de exactitud en las figuras que son toscas y poco seguras; y aunque se entendiese con claridad esta obra no produciría un solo arquitecto si no se acude a otros libros; pues él solo señala las partes de que debe estar instruido el ar¬ quitecto, que él no enseña; no obstante, sería de desear que, a imitación de otras Naciones, se reimprimiera y corrigiera y así andaría en manos de todos, pues boy se empieza a encontrarle con dificultad. Antes de esta traducción nos dió 2." Diego de Sagredo parte de la obra de Vitruvio con el titulo Medidas del antiguo Rofuano, impreso en Lisboa año de 1542 y en Toledo año de 1564. Esta obra comprende solo la proporción que a los órde¬ nes dió este principio de la Arquitectura y algunas otras cosas aunque ligeras; las figuras son muy rudas y mal hechas. 3.° La traducción de los diez libros de Leon Bautista Al- berti, en Madrid, a costa de Francisco Lozano Maestro de obras, año de 1582, quedó aun más confusa que lo estaba en el original a lo que ayuda no poco la falta de láminas... 4.° Del Paladio hay en castellano el primer libro de Ar¬ quitectura, traducido por Francisco Praves, arquitecto de S. M. impreso en Valladolid, año de 1625 ;... seria muy util tuviéra¬ mos toda la obra completa: Paladio, y con razón, en todas las naciones está tenido por el primer arquitecto de los modernos. 5.° Tercero y cuarto libro de Arquitectura de Sebastiano Serbo traducido por Francisco Villalpando, arquitecto, en To¬ ledo, año de 1552. Este libro pudiera ser de mucha utilidad reimprimiéndole, juntando en él todo lo demás del original y haciendo sus láminas exactas e inteligibles. 6.° Carpintería de lo blanco y tratado de alarifes por Diego López de Arenas, maestro de dicho arte en Sevilla, año de 1633. 155 — — . Es obra tan confusa en las voces con que se explica... que no puede servir de utilidad su lectura. Las voces usadas en su tiempo no han llegado a nosotros y nada deshacen esta dificul¬ tad las figuras... pues son sumamente rudas y aun muchas letras fuera de su verdadero lugar. 7.° Varia c\ommme Aritmética, Geometria y Arqui- 13. I tectura por el Licenciado Don Bartolomé Ferrer, en Madrid año de 1719 esta obra tiene algunas prácticas buenas, pero ... sin pruebas de su certeza. Las figuras de las láminas son mal — is6 — hechas, defecto repetido en la mayor parte de nuestras obras. 14. Omdenansas de Madrid por Don Teodoro Ardemans, arquitecto y tracista mayor de Obras Reales y Maestro mayor de Madrid, año de 1720, en Madrid. Es una obra que sirve mu¬ cho en las tasaciones, reconocimientos y demás asuntos perte¬ necientes a la policía y arreglo de las causas de los pleitos entre vecinos ... Escuela de Arquitectura Ciml por Atanasio Gesnero, 15. impreso en Valencia año de 1738. Esta obra es más extensa que la que publicó el Padre Tosca en su compendio matemático, al tomo V, de quien fue discípulo el autor; hay en ella poca imitación de la antigüedad copia al celebre Viñola sin alte¬ ... ración No obstante ... ha tratado con claridad ... y método el asunto y las láminas son muy buenas. 16. Verdadera práctica de las resoluciones de la Geometría sobre las dvmensiones para un perfecto arquitecto, con una total resolución para iiiedir y din la p. lóp, y en la misma comienza la nota final:] Basta ya de Papeles Críticos que unos llaman sátiras y otros desvergüenzas. Los primeros por su ignorancia, los se- 157 — — f gundosni por mala voluntad hada mi y a unos por mis obras; ni por los interrumpirá la obra empezada mien¬ los otros se tras mi amigo y favorecedor Don Manuel Montfort baga la im¬ presión y baya sabios de primer orden que aprueben mis ta¬ reas. Mi fin no es ni será jamás otro que la instrucción de la juventud, haciéndoles ver... que hay que estudiar mucho para poder llamarse arquitecto... Al principio del n.° I convidaba a mis sabios compañeros a partir con ellos mis tareas en la instrucción pública... impri¬ miendo cuanto me remitieran ;... pero me veo desengañado, que jamás verá el público cosa suya... [p. 172.] Tabla de los artículos contenidos en estos primeros Papeles. f El Arte de pintar, del eruditísimo D. Gregorio Mayans, no puede ser enjuiciado como escrito por un especialista, ni siquie¬ ra como intento cumplido de un aficionado; en rigor, no pasa de ser un discurso académico sin pulir y hasta sin acabar. Por si fuera poco, el texto, impreso casi un siglo después y a costa y merced a pariente—que Menéndez y Pe- los cuidados de im layo conjetura que fué el Conde de Trígona^—, está lejos de merecer plena confianza en cuanto a la literalidad de su tras¬ lado, vistos los groseros errores que se descubren en el nombre de algunos artistas: Canuto por Camilo, Corregia por Carracci, Antonio, por Alonso Berruguete, etcétera, etc. El autor de la Historia df los ideas estéticas en España (tom. Ill, vol. 2°, 1886, págs. 404-5) caracteriza certero el li- brito del polígrafo valenciano: "Mayans no era pintor de pro¬ fesión ni siquiera aficionado y conocedor en el grado en que lo fueron Azara y Jovellanos, aunque sea cierto que llegó a reunir bastantes cuadros. Su Arte de pintar es obra de erudito, sacada mucho más de los libros que de la observación personal de las obras de arte, y a pesar de la fecha que lleva [1776] está (como todas las obras de Mayans) dentro de la tradición española castiza, pudiendo considerarse en gran parte como un atinado compendio del Carducho, del Sigüenza, del Pacheco y del Pa¬ lomino, acrecentados en la parte histórica con muchas noticias derivadas de incansable y curiosa lectura". Líneas antes hace resaltar la independencia del autor ante los dogmatismos de Antonio Rafael Mengs. ' Se da como seguro en la Bibliografía académica: Notas para un Catálogo de las memorias y otros documentos publicados por la Real Academia de San Carlos desde 1757 hasta el día. "Archivo de Arte Va¬ lenciano", I, 191S, pág. 114. El título de Conde de Trígona fué creado en 1830. — 102 — Apenas precisa añadir nada, como no sea para corroborar lo que está magistralmente dicho, pedir que se comparen los pᬠrrafos dedicados al Bosco con los que escribió el P. Sigüenza (Fuentes, t. I, p. 426-32) ; que se vea en las páginas 187-92 de este tomo cómo se nos revela el bibliófilo y el erudito y en la 203 y siguientes el amante y el conocedor de su región. Para huir de repeticiones inútiles en el extracto no figura más que aquello que contribuya a caracterizar el momento y la ocasión en que seescribia el Arte. El prólogo del anónimo edi¬ tor los esj)ecifica: elegido Mayans en 1772 académico de ho¬ nor en la de San Carlos de Valencia, fué encargado de pro¬ nunciar la oración inaugural del curso de 1776, amplió el de¬ signio la aspiración de que, a la vez, sirviese para texto de los alumnos; primero los achaques, y la muerte después, dejaron inconcluso el escrito. más original y valiosa es la consagrada a historiar La parte la escuela valenciana de pintura con noticias de primera mano y observaciones id-e visu en las páginas 207 a 218 de este volumen. El último humanista valenciano había nacido el 9 de mayo de 1699 y murió el 21 de diciembre de 1781. ARTE DE PINTAR OBRA POSTUMA DE D. GREGORIO MAYANS Y SISCAR, Bibliotecario de S. M. y autor de los Orígenes de la lengua cas¬ tellana y de otras muchas obras. PUBLÍCALA UN INDIVIDUO DE SU FAMILIA. VALENCIA ; IMPRENTA DE JOSÉ RIUS^ CALLE DEL MILAGRO, NÚM. II 1854 Advertencia. preciosos manuscritos que forman parte de la selec¬ Entre los tabiblioteca del Sr. D. Gregorio Mayans y Sisear merece cierta¬ mente los honores de la preferencia en ver la luz pública el arte de pintar. Los lectores no tendrán por inoportuno que se digan los motivos que impulsaron a su autor a escribir su obra y los que hubo para que en su época no se publicase. Favorecido el Sr. Mayans en el año 1774 con el nombramien¬ to de académico de honor de la de nobles artes de S. Carlos, tuvo encargo en el de 1776 de escribir la oración que de costumbre se pronunciaba anualmente en la junta pública. Persona de tan alto renombre, de tanta capacidad, de tan vastos conocimientos en todos los ramos del saber humano y con mucha afición e inteli¬ gencia en las bellas artes, no quiso limitarse a componer un dis¬ curso académico y empezó a escribir su arte de pintar no sólo para leerlo en la Academia cumpliendo su honroso cometido, sino también con el objeto de presentar una obra elemental de pintura que sirviera como de texto a los discípulos de la misma academia. Emjiero la pérdida de su esposa, los achaques consiguientes a una edad avanzada, y a poco su muerte impidieron la realización de susdeseos : el borrador de su manuscrito, no limado todavía, fué con todos los demás a nieto de su mismo nom¬ poder de su bre, que en la menor edad entonces y entregado después a una vida enteramente retirada, se limitó a conservarlos. En manos hoy de otro descendiente del célebre literato ha parecido a éste que podría prestar un servicio a las letras y a las artes desenterrándolo del olvido en que yacía. Cap. i. Naturaleza de la Pintura. [p- 15]- Esta naturalrepresentación de las partes ocasiona que el dies¬ tro pintor las contraponga restituyéndolas a su colocación natu¬ ral, que es la contraria, para lo cual traslada a cada uno los acci¬ dentes del original, como las berrugas o lunares, y así otros, se¬ gún diestramente lo ejecutaron los pintores que fielmente se re¬ trataron a sí mismos, como Apeles, Cargino, Carducho, Cottan, Velázquez, Ticiano, Escalante, Murillo, Jordán y Leonardoni. [p- 17]• Por Miguel Angel Boqarrota, viendo a un español que, eso llevado de entusiasmo, fué a Italia a estudiar las estatuas anti¬ su guas tan famosas, le preguntó : ¿hay hombres y animales vmos en España? Y respondiéndole aquel que sí, le manifestó que este estudio natural era el primero a que debía inclinarse. Verdad es que el estudio de la naturaleza no se opone a la imitación, ni a las ideas compuestas en la imaginación, ni a la de las pinturas de los más insignes artífices, ni a la de sus copias ... Del mismo modo, el pintor digo, no el retratista, si ve una hermosa pintura, debe procurar mejorarla, imitando la perfec¬ ción de la naturaleza, y enmendando los defectos que en ella en¬ cuentre. Por eso muchas pinturas de Ticiano, imitadas por Ru¬ bens, son mejores que las originales. [p. 18]. Otros más modestos se contentaron con copiar solamente; pero de manera, que sus copias se equivocan con las pinturas originales, las de Andrés de Vargas, con las originales de como Francisco Camilo; las de D. Juan Bautista del Mazo, con las de Velázquez; las de Alfaro, con las de Vandihc. También Pedro Núñez de Villavicencio, natural de Sevilla, copiaba en Malta con tanta maestría las pinturas de Matías, conocido por el Caballero Calabrés, que no se distinguían de sus originales; y lo que es más, muchas pinturas de Lucas Jordán parecían de José de Ri¬ bera, aunque se tenían por inimitables. [p. 20]. Antiguamente los dibujos de Parrasio fueron considerados como muy perfectos, y los artífices que los imitaban sacaban par¬ tido de ellos. En estos últimos siglos hasta el nuestro, que me he propuesto por término de comparación en mi razonamiento, los más aventajados en el dibujo han sido Miguel Angel Bona- rrota, Rafael de Urbino, Andrea del Sarto, Perín del Vaga, el Parmesano, Polidoro de Caravagio, Peregrin de Peregrini Bolo- nio, Teodosio Mingot, catalán; Mateo Pérez de Alesio, D. Luis Pascual Gaudín, Juan de Peñalosa, Gerónimo Hernández, Luis Tristán, Alonso Vázquez, Francisco Herrera el Viejo; D. Diego Velázquez de Silva, Antonio del Castillo y Saavedra, D. Antonio Pereda, Miguel March, Luis de Sotomayor, Alonso Cano, Don Franco Rici, D. Juan de Valdés, Antonio García Reinoso, Don Nicolás de Villacis, Juan Niño de Guevara, mosén Vicente Brú, Senén Vila y otros muchos. De la excelencia y nobleza del dibujo escribió Bautista Franco una obra práctica adornada con figuras. Pablo de Matéis, del arte de diseñar; y Gerardo Lainsa, de los principios del diseño. [p. 21]. F1 maestro Pedro Juan Núñez escribió en latín una eruditísi¬ ma disertación, explicando seis géneros de colores para mejor inteligencia de los autores griegos y latinos y aplicando a cada uno los nombres que hoy tienen especialmente valencianos. Poseo esta obrita manuscrita, e impreso el libro de los colores que pu¬ blicó en Basilea el año 1545 Antonio Filerio, que, aunque muy breve, es útil para los pintores, como también los diálogos de Lu- dovico [Dolce] que tratan de la cualidad, diversidad y propiedad de los colores, impreso en Venecia en 1565. [p. 24]. Cuando los colores se ponen en una obra encendidos, o muy vivos, con una discordancia desapacible, y tal que están teñidos y cargados de mucho cuerpo, el dibujo queda ofendido, de ma¬ nera que las figuras, antes parecen embutidas de aquel color, que expresadas con el pincel, el cual bien manejado las realza y — IÓ; — asombra, y las hace parecer de relieve y naturales. Fué admirable en el relieve Rafael de Urbino; y asimismo su discípulo maese Pedro Campaña, cuyas pinturas, aun miradas de cerca, parece que sean de relieve. José de Ribera le dió tanto a sus cuadros, que en él excedió a los pintores más aventajados de su tiempo. Se valía de la os¬ curidad de la noche para dar aquella fuerza a las pinturas. Fran¬ cisco Herrera, llamado el Viejo, también fué insigne en el relieve. [p. 26]. En el uso de los colores fué eminente Rafael Sancio de Urbi¬ no, que se captó la universal admiración en el colorido asi al óleo como al fresco, y al fresco mucho más. A Ticiano Vecelio se debe la gloria del perfecto colorido, la cual no alcanzó ningún antiguo. Procuró imitar a la naturaleza, y así todas sus figuras parece que sean vivas, y que se muevan, y que sus carnes tiemblen. No mostró en sus obras hermosura vana, sino la conveniente propiedad de los colores: no adornos afecta¬ dos, sino la solidez del maestro; no crudeza, sino lo pastoso y tierno de lo natural. Y en sus pinturas la luz y las sombras se pierden y se disminuyen de un modo idéntico al de la naturaleza, y se conoce claramente que nació pintor; siendo finalmente en la pintura admirable y singular. Leonardo de Vinci, varón en todo escelente, lo fué también en el colorido. Mereció morir teniendo reclinada la cabeza sobre las manos de Francisco, rey de Francia, que fué a visitarle; mos¬ trando aquel principe valeroso y amigo de las letras que era in¬ signe protector de los profesores de las artes y ciencias. Antonio Corregió en el colorido se grangeó una fama inmor¬ tal, logrando la palma en la belleza y dulzura. Pablo de Céspedes, natural de Córdoba, además de haber sido muy buen observador de la anatomía, diligente en las expresiones, firme en el claro y oscuro, solícito en la perspectiva y gracioso en la fisonomía, añadió a sus pinturas la excelencia en el colorido, habiendo seguido la manera de Antonio Corregió. Miguel March, natural de Valencia, hijo y discípulo de Este¬ ban March, fué insigne dibujante y tuvo gentil manejo en los colores. José de Ribera, que pintó al natural y fué uno de los más insignes maestros de la pintura, llamado por sobrenombre el — i68 — Españokto, pintó las figuras de manera que parecen vivas, de¬ biéndose esta maravilla a su gran práctica en los colores. Francisco Camilo, natural y vecino de Madrid, hijo de Do¬ mingo Camilo Florentin, usó de escelente colorido, fresco y dulce. Fray Juan Guzmán del Santísimo Sacramento, natural de la Puente de Don Gonzalo, en el reino de Córdoba, y carmelita descalzo, empastó muy bien sus pinturas, y con singular manejo les dió muy agradable colorido, imitando felizmente la manera de Rubens y de Vandihc. Don Juan Carreño, natural de la villa de Avilés, en Asturias, pintor de cámara del Sr. D. Carlos II, mereció mucha celebridad entre los profesores de la Pintura, por su exquisito colorido. Don Pedro Atanasio, discípulo de Alonso Cano, fué muy so¬ bresaliente en el gusto y dulzura del colorido, ayudándole para esto las pinturas de Pedro de Moya, con la manera de Vandihc, a que se inclinó y aplicó muchísimo y con felicidad, logrando de aquella suerte el aplauso común. Don Diego González de Vega pintó con esquisito gusto y be¬ lleza de colorido. Bartolomé Vicente fué pintor de hermoso colorido, imitando la manera de Basan. Don Bartolomé Esteban Murillo, natural de la villa de Pilas, cerca de Sevilla, quizá intención de ganar el aplauso popu¬ con lar, suavizó más las tintas y disminuyó la fuerza del oscuro ; pero con tan estremado gusto, que en esta parte ningún español ni extranjero le hizo ventaja; y por este género de colorido mere¬ ció una fama singular. [p. 29]. Modernamente, D. Francisco Herrera, el Mozo, se esmeró muchísimo en la observación de las luces. los han de cortar de ma¬ Las últimas líneas de los cuerpos nera, que su redondee, y es lo que se llama es¬ corte los realce y carzo; y la figura, mdmd&ada y escorzada. Habilidad en que so¬ bresalieron Miguel Angel Bonarrota, José de Ribera, José de Ledesma y algunos, aunque pocos. [p- 30]. Si la mayor habilidad de un pintor es ser muy buen dibujan- — 109 — te, y es también necesaria la de buen coloridor, el que tendrá ser una y éstos, pues, deben otra, será eminente en su arte. Entre contarse los siguientes: Diego Polo, D. Luis Pascual Gaudín, monje de la cartuja de Scala Dei; Antonio Moedano, admirador de la escuela de Pablo de Céspedes, Agustín del Castillo, natural de Sevilla y vecino de Córdoba; Pedro Orrente, discípulo de Basan; D. Diego de Silva Velázquez, Mateo Cerezo, natural de Burgos ; Alonso Cano, Juan de Valdés, natural de Sevilla ; Alonso del Arco, sordo y mudo de nacimiento, natural de Madrid y dis¬ cípulo de D. Antonio de Pereda, Lucas Jordán y otros pocos. Cap. II. Objeto de la pintura. [p- 32]. La pintura de los animales pide esencial estudio en su pro¬ porción, y en suspropiedades espuestas a la vista, como lo ad¬ virtió muy bien Francisco Pacheco, erudito y diestro pintor, tra¬ tando del león, toro, águila y caballo; y son muy notables y es- celentes las descripciones que hicieron de dichos animales Virgi¬ lio, Columela y otros insignes escritores. Por eso ha sido dignamente celebrado Jacobo Ponte, común¬ mente llamado Bazán, que pintó animales escelentísimamente. Don Melchor Maldonado expresó escelentemente un gato maullando sobre las aguas del diluvio. No sé si Marco Séneca aprobaría como decorosa tal pintura en aquel estrago universal. Juan Fernández Giménez de Navarrete, conocido por el Mudo, copió en un cuadro la riña de un gato y un perro, y pintó tam¬ bién una perdiz, de la cual dijo el mismo artífice que, si llegase a cogerla, volaría. [p- 33]- A Ludio debe atribuirse la amenísima invención de los países que representan las campiñas, cuyo género de pintura ha sido muy válido entre los flamencos, entre quienes fué muy celebrado Paulo Bril, hombre de mucha invención y caudal y de alegre colorido. Fn Italia alcanzó grande fama Gerónimo Muciano, cuya ma¬ nera escelentísima entre todos siguió diestramente César Arba- da; y de él lo tomó Antonio Moedano, que fué estremado en pintar frutas y flores. Blas de Prado, discípulo de Antonio Berruguete, también 170 — — pintó la fruta con grande acierto; y asimismo su discípulo Fray Juan Sánchez Cottan, después cartujo, y Juan de Vánder-Hamen, con fuerza y arte, y mucho mejor los dulces, aventajándose en este objeto de la pintura a las figuras y retratos que hacía; lo cual, sin pretenderlo él, dió más celebridad a su nombre. Juan Sadson que realmente fué también célebre, imitó las frutas a las mil maravillas. Alonso Vázquez manifestó grandemente su habilidad en el célebre lienzo de Lázaro y del Rico Avariento, donde en un apa¬ rador de vasos de plata, vidrio y barro colocó mucha diversidad de frutas, y un frasco de cobre puesto en agua a enfriar. Todo pintado con mucha destreza y propiedad; pero hizo lo que no practicaron otros pintores de frutas, pues dió a las figuras igual valentía que a las demás cosas. En España se esmeró en pintar flores en sus hermosos países D. José de Ciézar; y antes que él también las pintaron con emi¬ nencia Juan de Vander-Hamen, D. Juan Bautista Crescencio, Juan de Arellano, Francisco de Herrera, el Mozo; Paulo Ara¬ gonés, D. Bartolomé Pérez y D. Lorenzo Montero, y otros mu¬ chísimos. Juan de Toledo fué gran pintor de batallas. Esteban March se dedicó especialmente a pintarlas, por sin¬ gular inclinación de su genio fogoso, rara habilidad y destreza en este asunto. Francisco Ricci pintó maravillosamente la batalla de las Na¬ vas de Tolosa, y otras muchas, con gran manejo y acierto, don Francisco Pérez Sierra, natural de Nápoles. Juan Cano de Arévalo, natural de la villa de Valdemoro, pin¬ tó muy bien abanicos. Nuestro paisano Bonai tuvo especial habilidad para hacer paí¬ ses y representar con viveza las fiestas de toros Otros se aplicaron con variedad a diferentes asuntos, como Benito Manuel y su discípulo D. Lorenzo de Soto, ínsinnes paisis¬ tas, a cuya especie de imitación son innumerables los que se apli¬ caron con felicidad, como Mohedano, Collantes, Sebastián Mar¬ tínez, Velázquez, Agüero^, Antolínez, Alfaro, Barco, Iriarte, ' ¿Aludirá Joris Van Son (1623-1667)? a ' Francisco Bonay, según el Barón de Alcahalí (Diccionario 67-8), fué principalmente paisajista. Murió en Portugal. ' Es el mismo Benito Manuel que cita al comienzo del párrafo. 171 — — Ciézar, Pertús, Bartolomé Vicente y en lo historiado Murillo. [P- 35]- Nadie igualó a Alonso Vázquez en la imitación del terciopelo carmesí. Francisco de Zurbarán, natural de la villa de la Fuente de Cantos, discípulo del divino Morales, y después de Pablo ^ de las Roelas, hizo una excelente pintura de San Pedro Nolasco, que se colocó en el claustro del convento de la Merced calzada de Se¬ villa,en la que demostró con general admiración, que siendo los hábitos de los religiosos todos blancos, se distinguían y parecían diferentes unos de otros, según el grado en que se hallaban; que es lo sumo a que en este género de pinturas de ropas puede lle¬ gar el arte. Cap. III. Pintura del hombre. [P- 39]- Eufranor, entre los antiguos, tuvo habilidad para pintar ca¬ bellos; y el divino Morales, entre los modernos; el cual hizo ca¬ bezas de Jesucristo con tanta sutileza y primor, que aun a los más curiosos en el arte de la pintura, ponía en deseo de soplar¬ los para que se moviesen : tal eran su naturalidad y sutileza. Imi¬ tó a Morales en el peleteado de los cabellos de la barba de Nues¬ tro Salvador, el delicadísimo pintor Vicente Franco. Pero se aven¬ tajó a todos el insigne Rafael de Urbino en el célebre cuadro de Nuestra Señora del Pez, en donde pintó el cabello del Niño Dios de un color castaño muy claro; el de Tobías, algo parecido al ru¬ bio; el del arcángel San Gabriel, su guía, bruno o negrizco, que llamamos castaño; el de Nuestra Señora, algo más oscuro que el del Arcángel, y el de San Gerónimo, cano. [p 41]- Cuando conmueve a muchos un afecto idéntico, aunque los ojos sean diversos, conviene que expresen todos aquella misma pasión. Scipion Gaetano pintó a Jesucristo con la cruz a cuestas, ' Repite el error de Palomino : llamábase Juan. — 172 — manifestando admirable semejanza en los rostros de Nuestro una Señor y Santísima Madre; pero sobre todo, la de sus ojos de su era tal, que Francisco Pacheco, que fué uno de los que celebra¬ ron tan insigne pintura, llegó a decir que, según su parecer, no se habían pintado cosas tan vivas, y que de ningún otro pintor había visto ojos que tanto le admirasen. La boca también sirve para señalar los afectos. Si está abier¬ ta, ayuda a manifestar la alegría del ánimo. Dispuesta en línea recta, levantando los extremos y haciendo arco hacia abajo, y re¬ levando e inclinando los carrillos y las mejillas, y tal vez mostran¬ do los dientes, significa la risa, la cual expresó admirablemente José de Ribera en San Juan Bautista, mancebito, que se ve abra¬ zado al cordero, con tan natural y graciosa propiedad, que hace reír a cuantos le miran ; cuya pintura existe en el Real Monaste¬ rio del Escorial. La boca abierta denota también al que ora o al que enseña. Si alguno pone la mano sobre la boca de otro, es para mandarle que calle. Si aplica el índice a la propia, teniéndola ce¬ rrada, significa lo mismo. Si con el pulgar y el índice aquieta sus labios, aconseja el silencio o le impone. Polignoto, según Plinio, añadió un grande adorno a la pintura; porque enseñó en ella a abrir la boca y mostrar los dientes, y a variar el semblante del antiguo rigor. [p. 42]. En un retablo que hicieron en Gante Huberto y Juan Van- Eyck, o de Encina, pintaron más de trescientos rostros, sin que ninguno fuese parecido a otro; con lo cual dieron una prueba de su fecunda imaginación, especialmente Juan, que se cree que ha¬ biendo muerto su hermano Huberto, perfeccionó aquella insigne pintura. [p. 44]. Tratando de esto prácticamente Juan Martínez Montañés, na¬ tural de Sevilla, que vivió a mitad del siglo xvii, y fué considera¬ do en su tiempo por príncipe de los pintores ^ de España, hizo una cabeza y unas manos de San Ignacio de Loyola, tan perfectamen¬ te acabadas, que dijo Francisco Pacheco, que a pesar de la en¬ vidia, se aventajaban a cuanto había en este género. ' Sic. — 173 — Don José Donoso, adelantado discípulo de D. Juan Carreño, y célebre pintor, hizo unos retratos de los generales de la orden de los mínimos, y de muchos venerables y señalados varones, que se colocaron en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Ma¬ drid, y especialmente en la espresión de las cabezas fué maravi¬ lloso. Don Bartolomé Estévan Murillo, entre otras insignes habili¬ dades, tuvo la de saber hacer perfectísimas cabezas. Antonio de Castillo y Saavedra pintó a San Francisco de me¬ dio cuerpo ; y en su cabeza y manos se excedió a sí mismo. Pedro Roldán fué muy diestro en hacer cabezas de niños, y también fué el primero que las formó con graciosa compostura del pelo; porque antes todas se pintaban, según el uso, común, con tres moñitos, arriba y dos a los lados. uno Francisco Camilo, pintor muy virtuoso, hizo admirables efigies de María Santísima y de otras santas. [p- 45]- Saavedra, en el San Francisco que pintó Antonio del Castillo y , en formó con admirable primor y agra¬ Córdoba, de medio cuerpo, do la cabeza y manos, y fué lo mejor que pintó en su vida. Doña Luisa Roldán, insigne escultora, hizo unas manos y pies maravillosamente ejecutados, y que aprovecharon mucho a pin¬ tores y escultores. Fn la antigüedad fueron muy celebradas las piernas del esta¬ tuario Gragilio ; modernamente una que hizo Gaspar de Becerra ; y Rómulo Cincinato pintó con admiración una pierna y un pie F1 doctor Juan Bautista Coratjan, mi íntimo amigo mientras vivió, siempre respetable en mi memoria, en la parte cuarta de su Sagrada Matemática, trató inteligentísimamente del movimiento de los animales. La pintura de la carne pide grande habilidad, en cuya perfec¬ ción aventajó a todos los pintores Miguel Angel Bonarrota; y se en Fspaña fué insigne Juan de Valdés. La carne tiene un poco de lustre, como se ve en la rnano puesta delante del sol, que pa¬ rece más encarnada y resplandeciente. " En La circwncisián de la Academia de S. Fernando llamada el cuadro "del zancajo". — 174 — Cap. IV. Del movimiento de las figuras. [P- 51]- Para imitar mejor las distintas especies de acciones que cau¬ san los movimientos, conviene mirarlos y observarlos bien a lo natural, como lo practicó con mucho acierto, para instrucción de los pintores, grabadores y escultores Aníbal Corregió re¬ presentando en ciento y catorce estampas diversas posturas, accio¬ nes y artificios de la gente popular, las cuales publicó en Roma año de 1660. Cap. V. De los efectos representados en las figuras. [p- 53]- José de Ribera, queriendo hacer concebir el tormento de Ixion y el estremo dolor que padecía en el infierno, según las descrip¬ ciones que hicieron los poetas antiguos, y especialmente Virgilio, le pintó atado a una rueda que continuamente le atormentaba. Y para espresar la fuerza del sufrimiento, la representó con los de¬ dos encogidos. Existia este cuadro en casa de Jacoba de Ufelt, en Amsterdam; y hallándose preñada por entonces, se poseyó de tanto horror, que parió un niño con los dedos encogidos, por cuya causa aquella pintura fué trasladada a Italia, y después, con tres compañeras y otras muchas, se envió a Madrid y se colocó en el palacio del Buen Retiro [P- 54]- En el año 1713 Mr. Le-Brun hizo imprimir en Amsterdam una conferencia sobre la expresión general y particular de las pa¬ siones figuras grabadas por B. Ricart. con En la vida de Don Quijote de la Mancha, impresa en Londres por J. y R. Tonson, año 1738, hay insignes láminas que admira¬ blemente representan varios afectos ; y después, en Haya, año de 1746, se publicaron las aventuras de Don Quijote, representadas ' Por Carraci. ' Lo refiere Palomino : Fuentes t. IV p. 128. en figuras por Antonio Coypel, Picard le Romain y otros hábiles maestros, con las explicaciones de treinta y una láminas de aque¬ lla magnífica colección. Cap. VI. Del decoro. [p- 57]- Es contraria a las costumbres, así morales como sociales, cual¬ quier pintura deshonesta. De Enmaro Ateniense leemos que dife¬ renció los sexos; en lo cual, no sé si fué más digno de alabanza por la expresión de lo natural, de vituperio por ir las más ve¬ que ces contra la honestidad ; a por falta del dehido de¬ la cual ofendió coro, Patricio Cages, que en el palacio del Pardo, en la galeria de la Reina que mira al cierzo, pintó la historia de José el Casto y de la mujer de Putifar, la cual injuriosamente manchó la mereci¬ da opinión de costante castidad que gozaba José el Justo, cuyo asunto desagradó a D. Antonio Palomino, quien dijo que aquella elección no debió haberse hecho en una galería destinada a se¬ ñoras. A la civilidad se oponen muchas pinturas contrarias a la po¬ lítica, como la que hay en cierta ermita de este reino de Valen¬ cia, en la cual Santa Teresa de Jesús está a la derecha de San Judas Tadeo. Omito innumerables ejemplos de falta de decoro. En laspinturas de los misterios de la religión cristiana, como son alegóricas, se suele ir muchas veces contra la verdad histó¬ rica, como en una que hizo maese Pedro Campaña que represen¬ tó la Circuncisión de Nuestro Redentor, confundiéndola con la Purificación, cuyo cuadro se puso en el convento de San Pablo de Sevilla, en una capilla junto al Capítulo. Para guardar en todo el decoro, es necesaria una suma eru¬ dición. Por esto es muy conveniente ver y observar, como lo prac¬ ticaron los más eruditos, especialmente en los asuntos sagrados, en los cuales fué insigne maestro el Dr. Benito Arias Montano, sabio intérprete de las divinas letras, y muy instruido en todo gé¬ nero de literatura, comolo es el conocimiento de las ciencias, y de las artes liberales y mecánicas y de la antigüedad. Y así, los pintores deben observar de qué manera guardó el decoro en los dibujos que hizo, y que se grabaron en láminas en sus dos exce¬ lentes obras ; es, a saber : Los Memoriales da la salud hunuma, y en su David, cuyas escenas principales de la vida representó. [p- 59]- Cap. VII. De la imitación. [p. 6i]. Imitaron, pues, a lo natural, los tres principales renovadores de la pintura Miguel Angel Bonarrota, Rafael de Urbino y Ticia- no Vecelliò. Imitaron a Bonarrota el mismo Rafael, el venerable siervo de Dios Fray Nicolás Factor y Peregrin de Peregrini; su mayor imitador hasta que se desdeñó de serlo. Vicente Joannes, quizá siendo ya pintor muy famoso, fué imi¬ tador de Ticiano, que vino a España en el año 1548 por orden del señor emperador Carlos V, que en Bruselas le armó caballero del hábito de Santiago, y después fué pintor del Sr. D. Felipe II, y dejó en España muchos y muy aventajados discípulos, que fueron grandes maestros de pintura. Antes que viniese ya era muy céle¬ bre pintor y sus pinturas muy famosas Eray Nicolás Borràs, jerónimo, imitó a su maestro Joannes. Erancisco Pacheco, que nació en Sevilla año 1554^, y murió en 1654, imitó a Rafael de Urbino. A Erancisco Ribalta imitaron su hijo Juan, cuyas pinturas pa¬ recen de su padre ; Gregorio Bausá, mallorquín, vecino de la ciu¬ dad de Valencia, escelente pintor, y Jacinto Jerónimo de Espino¬ sa, valenciano, pintor dignamente acreditado por haber sido tam¬ bién imitador de lo natural. Don Diego Velázquez lo fué de su suegro y maestro Erancisco Pacheco, ilustre escritor de la pintura y muy práctico en ella. A Velázquez imitó su discípulo Juan de Pareja, célebre retra¬ tista. El licenciado Pedro Balpuesta, natural de Burgo de Osma, escelentepintor, imitó a sucélebre maestro Eugenio Cages, equi¬ vocándose sus pinturas. Andrés de Vargas, natural de Cuenca, a su insigne maestro Francisco Canuto cuyas pinturas también son entre sí muy pa¬ recidas. Mateo Zerezo, natural de Burgos, y larguísimo de manos, como ' Son errores tanto la venida de Tiziano a España como su imita¬ ción por Juanes. ' 1564. ' Sic, por Camilo. — 177 — lo fueron Ticiano, Basan, Tintoreto y el Veronés, imitó a don Juan Camaño', su maestro. Francisco Palacios, natural de Madrid, a Velázqúez, de quien fué discípulo. Don José Ramírez, natural de Valencia, fué jjerfectisimo imi¬ tador de Jacinto Gerónimo de Espinosa. Don Francisco Ochoa y Antolinez, natural de Sevilla, imitó a Esteban Murillo, que hizo mucho aprecio de él. El canónigo D. Vicente Vitoria a Carlos Marata. Otros famosos pintores no se contentaron con imitar a uno solo, sino a muchos, para extender su imitación y perfeccionarla más, eligiendo de muchos lo mejor de cada uno ; y este juicio de la mejoría no ha de nacer, ni de la rudeza de un aprendiz ni de la pasión de algún consejero, sino de la fama que haya acreditado al pintor en varias ciudades. Asi Gaspar de Becerra siguió la manera de pintar de Miguel Angel Bonarrota, y fué también imitador de Rafael de Urbino. Hizo la pintura del Pardo en compañía de Rómulo Cincinato. Cristóbal de Zariñena, natural y vecino de Valencia, fué dis¬ cípulo de Joannes, a quien imitó, y estudió también en Italia en la escuela de Ticiano. Pablo de Céspedes fué imitador de Miguel Angel Bonarrota y de Antonio de Cerezo^. Francisco Ribalta, de Rafael y de Joannes; y cursó también en la escuela de Aníbal Carache. Don Diego Velázqúez de Silva imitó a Luis Tristán,. su maes¬ tro, a Dominico Greco y a Miguel Angel Carabacho, de quien re¬ cibió el renombre que le dieron, porque contrahacía sus obras. Don Sebastián de Herrera Barnuevo, natural de Madrid, imi¬ tó a Ticiano, Jacobo Tintoreto a y a Pablo Veronés. Lucas Jordán, a Rafael de Urbino, a Jacobo Tintoreto y a José de Ribera, cuyas obras y las de otros muchos imitó perfectisimamente, hasta llegar a equivocarse las suyas con las de otros, de manera que su genio fué universal en la imitación, como el de Enmaro Ateniense. Otros son imitadores de los pintores de cierta escuela, como Cristóbal de Zariñena de la de Ticiano; Francisco Zurbarán de la de Carabacho; Simón de León Leal de la de Vandik. A la clase de los imitadores deben referirse los copiadores, no ' ' Sic, por Carreño. Sic, por Corezo, forma muy extendida en España de Correggio. - 178- algunos insignes pintores, como habiéndose desdeñado de serlo ' Rubens de Tici^mo;Francisco Ribalta de Fray Sebastián del Plomo; Pedro Núñez de Villavicencio del caballero Matías, y así otros. Finalmente, como la mayor excelencia de la pintura, consiste en el dibujo, en el colorido y en lo historiado, en el dibujo se ha de imitar principalmente a Miguel Angel Bonarrota; en el colo¬ rido a Céspedes, y a otros muchos de que tengo formada Pablo de una lista, como también de los mejores dibujantes; y en lo histo¬ riado, gracia y composición de las figuras, bizarría de trajes, de¬ coro y propiedad, a Rafael de Urbino. [P- 65]). Cap. VIII. Ultimo esfuerzo de la imitación que llega a engañar a la vista. [p. 66]. í Don Diego Velázquez de Silva, famosísimo pintor y nunca bas¬ tantemente habiéndole alabado, hizo un retrato de Inocencio X ; y acabado, y de la ante¬ estando el retrato en una pieza más adentro cámara de aquel palacio, entró el camarero del Papa, y viendo el retrato, que estaba a escasa luz, pensó que era el original. Luego salió a pie quedo, diciendo a diferentes cortesanos que estaban en la antecámara, que hablasen bajo, porque Su Santidad estaba en la pieza inmediata. El mismo Velázquez, en de el año 1636, hizo el famoso retrato Don Adrián Pulido flota Pareja, capitán general de la armada y de Nueva-España; y habiéndole acabado en palacio, en donde le pintó, le colocó en punto en que había poca luz ; y habiendo baja¬ do el rey Don Felipe IV, como solía, para ver de la suerte que pintaba, hallando el retrato que le parecía ser el original, le dijo con extrañeza : ¿Todavía estás aquí? ¿No te he despachado ya? Y extrañado el rey que ni le había hecho la debida reverencia ni le respondía, se volvió a mirar a Velázquez, que modestamente disi¬ mulaba, y le dijo Os asaguro que me mgañé. Admirable inge¬ nuidad, y más en un rey que sabia pintar. Hizo Velázquez aquel y retrato con pinceles y brochas que tenia de astas largas, de que usaba algunas veces, para pintar a mayor distancia y con más valentía. De suerte que la pintura de cerca no se comprendía, y 179 — — de lejos parecía milagro del un arte. Velázquez tuvo tal satisfac¬ ción de aquel retrato, que se firmó autor de él, cosa que no solía practicar. La mujer de Don Antonio Pereda, natural de Valladolid (que primeramente fué discípulo de Pedro de las Cuevas, hombre insig¬ ne habilidad en saber enseñar, y que por eso fué tnaes- por su rara trode muchos y muy insignes pintores, y después fué discípulo de Don Juan Bautista Crescencio, escelente pintor y arquitecto de mucha fama), se preciaba de muy gran señora, y deseaba tener dueña en su antesala. Pereda le dijo que le daría gusto ; y le pintó una dueña con mucha propiedad en una mampara, sentada sobre una almohada, con sus anteojos, haciendo labor, y como que se volvía a ver quién entraba. De manera, que sucedió a muchos ha¬ cerle cortesía y comenzar a hablar, hasta que se desengañaban, tan corridos de la burla, cuanto admirados de la imitación de la verdad. Don Antonio García Reínoso, habiendo pintado en un cuadro el baño de Santa Susana, después de haberle acabado, le puso en un patio para que se enjugase; y un gorrioncillo, viendo desde un tejado el país, el agua y el estanque, diferentes veces intentó po¬ nerse en los bordes del estanque, quedando siempre burlado, con admiración de los circunstantes, que observaban la propiedad con que estaba pintado. Don Juan de Valdés, natural de Sevilla, pintor, escultor y ar¬ quitecto, en un cuadro que pintó del Triunfo la Cruz, hizo un geroglífico de la muerte, y retrató un cadáver, corrompido y medio comido de gusanos, causando horror y espanto al mirarlo, por pa¬ recer tan natural ; de manera, que refiere Don Antonio Palomino, que muchos al verle inadvertidamente, o se retiraban temerosos, o se tapaban las narices, temiendo ser contaminados del mal olor de la corrupción que imaginaban. Don Nicolás de Villacis, pintor, de Murcia, en el convento de la Santísima Trinidad de religiosos calzados, fingió un retablo con hermosa arquitectura y perspectiva, y sobre las cornisas un gran tarjetón, donde pintó la Santísima Trinidad; y fingió la arquitec¬ tura con tal arte, que los pájaros que casualmente entraban por las ventanas, iban a ponerse sobre los vuelos de la cornisa, y so¬ lían caer revoloteando hasta las gradas del altar ; cuyo engaño ce¬ lebró Don Antonio Palomino, justo apreciador de tan grande ha¬ bilidad. Don Bartolomé Murillo pintó de perspectiva un bufete, y so¬ bre él un búcaro con azucenas, tan a lo natural, que un pájarc trabajó para ponerse sobre él y para picar las azucenas. Cap. IX. De la invención. [p. 69]. La invención, o es propia, como la de Miguel Angel Bonarrota, o loablemente extraña, como la de José de Ledesma, o ridicula¬ mente caprichosa, como la que refiere Claudiano, libro I, contra Eustropio, o extravagantemente ingeniosa y maravillosa, como la de Jerónimo Bosco, a cuyas pinturas llamaron los disparates da Bosqu-e, porque se compone de partes en sí jierfectas al parecer, amontonadas disparatadamente, pero en realidad inventadas, y con relación al intento de la pintura seriamente ingeniosa, digna de saberse y admirarse. Jerónimo Bosco pensó, que si iba por el camino ordinario de la pintura, no llegaria a la eminencia a que subieron Miguel .A^n- gel Bonarrota, Ticiano Vecelio y Rafael de Urbino. Y asi quiso abrir! una senda estrecha, por la cual se encumbró a lo sumo del arte en lo que toca a la invención. Consideró al género humano, muy viciado, y consiguientemente dignísimo de ser reprendido con amargas sátiras, las cuales sobresaltan más oponiendo lo bueno a lo malo, las virtudes a los vicios, lo misterioso a lo profano. Sus pinturas, pues, son diferentes. O representan cosas que ex¬ citan la devoción, como la adoración de los Santos Magos; o la piedad, como la Pasión de Nuestro Redentor, cuando iba con la Cruz a cuestas. En la primera pintura expresa el afecto piadoso y sincero de los sabios y virtuosos, en donde no se ve ninguna mons¬ truosidad, ni cosas que puedan decirse disparates. En la otra pin¬ tura muestra la envidia y rabia de la falsa sabiduría, que no pára hasta quitar la vida a la misma inocencia, que es Jesucristo; y asi, se ven los escribas y fariseos con rostros airados y fieros; y en sus acciones se observa el furor de las pasiones de que están do¬ minados. Otras veces representó las tentaciones de San Antón (y este es elsegundo género de la pintura de Bosco), por ser un asunto en que podía descubrir extraños afectos. En una parte se ve aquel santo Patriarca de los ermitaños con rostro sereno, devoto y con¬ templativo, ánimo pacífico y sosegado ; en otra parte se descubren - i8i — innumerables fantasmas y monstruos horrendos, que Satanás le presenta la vista para inquietar, trastornar y turbar aquella alma a piadosa y constante en el amor de Dios. Y para la representación de todo esto, finge el pintor animales, fieras, quimeras, monstruo.s, fuegos, muertes, víboras, leones, dragones, aves extraordinarias y espantosas, que causan horror a quien las mira. Todo lo inventa para mostrar que un alma, ayudada de la divina gracia, y llevada de su mano poderosa a semejante manera de vida solitaria, aunque en su fantasía y fuera de ella le represente el diablo, lo que le puede distraer del amor de Dios y de su contemplación, para cau¬ sarle un vano deleite en lo que piensa o en lo que ve, y para des¬ ordenarle los afectos bien regulados, no será parte para arrancarle del firme y constante projwsito de servir a Dios. El mismo Bosco varió esta su invención muchas veces, y cada una con maravillosa novedad. Pintó también un escelente cuadro, en cuyo medio, y como en el centro, en una circunferencia de luz y de gloria, puso a Nuestro Redentor ; y en el contomo otros siete círculos, y en ellos los siete pecados capitales con que los hombres ofenden a su Creador, sin advertir ni considerar que Jesucristo, que ha de ser su Juez, está mirando las acciones más interiores de sus entendimientos y vo¬ luntades. Luego puso en otros siete cercos los siete Sacramentos de laIglesia Católica ; el Bautismo, que abre las puertas de la Iglesia militante; la Confirmación, que da fuerza a los que deben pelear con los tres enemigos del alma ; la Eucaristía, que da al alma del cristiano el alimento más saludable; la Penitencia, que retrae y recoge a los descaminados ; la Extrema-Unción, que recrea a los medio-muertos ; el Orden Sacerdotal, que da ministros de las cosas sagradas a la santa congregación de los fieles, y el Matrimonio, que aumenta el número de éstos para servir a Dios y aprovechar al prójimo, fiel o infiel. Allí se ve al papa, los obispos y sacerdotes ; unos celebrando órdenes; otros bautizando, y éstos confesando y administrando los Sagrados Sacramentos. Sin estos cuadros hizo otros muy propios de su elevadísimo in¬ genio, y de mucho provecho para los que saben comprender su invención moral. El pensamiento y artificio de ellos está fundado en aquel pregón que Dios mandó a Isaías que hiciese, dando vo¬ ces y diciendo a los de Jerusalén, y consiguientemente a los de¬ más hombres : Tada carne es yerba, y toda su gloria corno la jlor del campo; sécase la yerba, cáese la jlor; porque el vieinto de Dios sopla mi ella. Y también se fundó ení lo que dijo David : Como la yerba son los días del hombre; como la flor del campo, así florece; que pasó el viento por ella, y pereció, y sic lugar no la conoce más. Uno de estos cuadros tiene por asunto principal un carro cargado de yerba heno, y encima sentados los deleites de la carne, seca o la fama y la ostentación de su gloria y alteza, todo figurado en unas mujeres desnudas, tañendo y cantando. Y la fama, en figura de demonio, alli junto, con sus alas y trompeta, que publica su grandeza y sus regalos. El otro cuadro tiene por sujeto una flore- cilla y una fresa, que apenas se gusta cuando ya es acabada; y para que se entienda mejor la idea de Bosco, conviene saber el orden con que está dispuesta y pintada. Entrambos tableros for¬ man un cuadro grande, con dos puertas que se cierran. En la pri- inera de las puertas pintó la creación del hombre, puesto por Dios en el Paraíso, lugar ameno, lleno de verdura y muy deleitoso, he¬ cho señor de sus acciones y de todos los animales de la tierra, pe¬ ces del y aves del aire, a quien manda en §eñal de su fe y ejer¬ mar cicio de obediencia, que no coma de la fruta de cierto árbol ; y su después representa cómo le engaña el demonio en figura de ser¬ piente : cómo come y traspasa el precepto de Dios ; de que se sigue la dejgradación del feliz estado en que le crió, y el destierro del paraíso. En el que se llama carro de heno está la idea con más carro sencillezrepresentada. En el del madroño hay mil fantasías muy considerables por su moralidad. Y esto, en cuanto a la primera parte o puerta. En el cuadro grande que luego se sigue están pintadas las ocu¬ paciones del hombre desterrado del paraíso y puesto en este mun¬ do: y enseña el pintor, que se emplea en buscar una gloria de heno y de paja, o yerba sin fruto, que hoy y mañana se echa en el horno, como lo dijo el mismo Dios. Y asi, por medio de figuras instructivas, descubre las vidas y ejercicios vanos de los hombres, sus sensualidades, sus deleites pasajeros, su soljerbia, ambición y codicia. Tiran de este carro de heno, sobre que va la gloria humana, siete bestias fieras y monstruos espantosos, y van pintados hom¬ bres medio leones, medio perros, medio osos, medio lobos, medio peces, símbolos de la soberbia, de la ambición, de la avaricia, de la impiedad y de todos los vicios propios de la malignidad de los hombres. - I83- E1 fin y está pintado en la puerta paradero de todos los males } pòstrera, en donde se representa el infierno espantoso por sus tor¬ mentos, y por los horribles monstruos, que son los demonios, se¬ pultados en fuego eterno, y en una funestísima oscuridad. Y para dar a muchos que entran en el infierno, y entender el pintor los que ya no caben más, finge que se fabrican nuevas estancias; y las piedras que se destinan para la fábrica son las almas de los miserables condenados, convertidas en instrumentos de su propia pena : y aunque esto habla a los sentidos materialmente, más que al entendimiento, no por eso deja de conturbarle. En el mismo carro del heno se ve un Angel custodio, junto al que está sobre el carro, encenagado en sus vicios, rogando a Dios por aquel miserable; y se ve a nuestro Señor Jesucristo con los brazos abiertos y sus llagas manifiestas, que está esperando la con¬ versión para recibir a sus ofensores y perdonar sus pecados. La otra tabla de la gloria vana y del breve gusto de la fresa y de su olorcillo, que apenas se siente cuando ya ha pasado, es sumamente ingeniosa y digna de que algún erudito la ilustre, como f se hizo en la artificiosa tabla del filósofo Cebes. En la suya re¬ presentó Bosco, con admirable propiedad, lo que simbólica y mo- ralmente representaron los profetas debajo de las imágenes de mu¬ chos animales para denotar los vicios. Tales son los mansos, bra¬ vos, crueles, para carga y trabajo, para fieros, perezosos, astutos, el gusto y recreación, todos símbolos de los vicios que buscaron los hombres, en los cuales parece que se convirtieron. Y lo mismo debe decirse de las aves, peces y animales reptiles, de que también hablan las divinas letras en el mismo sentido. Esto baste en defensa de la invención de Jerónimo Bpsco, que si en algo mereció ser culpado, fué en ser demasiadamente inge- nioso y fecundo en amontonar representaciones simbólicas y de raras figuras. Pero nada pintó contra la religión cristiana, contra cuya censura le defendió fray José Sigüenza, historiador piadoso y docto. Cap. X. De la disposición. [p- 74]- j bida colocación de todas las perfección La disposición, que es otrafiguras de la pintura, es la de¬ y personas de que consta la pintura. Anfión, que fué escelente en ella, mereció la admiración — 184 — de Apeles. Este género de disposición depende del conocimiento en las medidas, en que fué insigne Asclepiades. Y omitiendo algu- P nos pocos en el siglo pasado, también lo fué Fr. Agustín Leonardo, que en un cuadro grande del refectorio del convento de Nuestra Señora de la Merced, de Toledo, representó el milagro de los peces y los panes con tanta multitud de figuras, variedad de trajes, dis¬ tancias y términos, que acreditó noblemente el gran ingenio de su autor, su singular pericia y admirable habilidad. Cap. XI. De la mezcla de los colores. [p- 75]- En la mezcla de los colores fué muy atinado Don Juan Garre- ño, queeligió una tinta admirablemente agradable entre la de Ti- cíano y Vandik. Filostrato, en la vida del emperador Apolonio , Tianeo, refiere que Ceusis, Polignoto y Eufranor expresaron divi- I namente las sombras, y casi dieron alma a las pinturas, teniendo especial habilidad en retirar y hacer sobresalir las cosas según convenía. Esto es decir que supieron usar bien de las sombras y de •' la luz. Nielas, ateniense, discípulo de Eufranor, hermanó muy bien la luz y las sombras, y cuidó muchísimo de que las cosas que pin¬ taba sobresaliesen de las tablas. Esta fué la mayor habilidad de Miguel Angel Bonarrota, que supo pintar los desnudos de manera que parecían estar fuera de la pintura. Y en esta perfección hizo ventaja a todos. En España D. Francisco de Herrera, el mozo, fué singularísimo en el uso de las luces y sombras. Cap. XII. En que se diferencia la pintura de las otras artes de figuras visibles. ■ [p. 76-84]- Cap. XIII. De las perfecciones del pintor. [p. 85]. Del ingenio naturalmente perspicaz y observador de las cosas visibles, y de fantasía fecunda retenedora de las especies que una se le presentan, suele nacer el genio, que llamamos de pintor, esto es, cierta inclinación a imitar los objetos del sentido de la vista, cuyo deseo no se halla en los animales irracionales, sino únicamen- - i8s - te en el hombre, capaz de observar la proporción de las partes P de que se compone un todo físico, y de discurrir los medios de imitarle. Este genio es el que tenia Juan Pareja, esclavo de Don Diego Velázquez de Silva, que a hurtadillas de su amo procuraba pintar, y mereció que el Sr. D. Felipe IV mandase a Velázquez que le diese carta de libertad. El que no tenga semejante afición no profese la pintura, porque de otra suerte será semejante a Or- baneja y a otros pintores necios. De Orbaneja refiere el graciosísi¬ mo Miguel de Cervantes Saavedra, que cuando le preguntaban qué pintaba, respondía : lo que' saliere; y si por ventura pintaba un gallo, escribía debajo: éste es gallo; porque no pensasen que era una zorra. Refiere Ebano en su varia Historia, que los pri¬ meros pintores solían añadir a sus pinturas: esto es buey; aqué¬ llo, caballo; esto, árbol. \ [p. 86]. ^ El estudio debe preceder y acompañar al ejercicio del arte. Y '' en esto fué Apeles eminente, porque además de que fué eruditísi¬ mo y escribió de su arte, tuvo la perpetua costumbre de no dejar pasar día alguno, por ocupado que fuese, sin que a lo menos tirase una línea, de donde vino el proverbio o refrán : ningún día sin lí¬ nea. Modernamente le imitaron en el estudio y ejercicio Pablo de Céspedes, Pablo de Robles ^ y otros pocos, porque aun entre los escelentes pintores, han sido más los que han pintado por afición que por estudio y aplicación. Pero lo uno y lo otro fué lo que hizo a Apeles rey de los pintores, y por eso mandó en un edicto Ale¬ jandro Magno, que ninguno le retratase sino Apeles, ni le esculpie¬ se sino Pirgoteles, ni otro le vaciase su bulto de metal sino Lisipo, • acreditando con ello a los artífices y a las artes. En la elección de los asuntos fué singular José de Ribera, que prefería aquellos en que mejor podía ejecutar sus nobilísimas ideas. Si la invención es de una figura que determinadamente repre¬ senteotra, se ha de retratar a lo natural ; en lo que fué insigne maestro D. Diego de Velázquez y otros muchos, de que haremos a su tiempo mención. ^ Si ha de ser figura generalmente representativa, el ingenioso " Error por ¿Roelas?; ¿Rubens? — i86 — artífice imitará la gentileza de cuerpo de una, los brazos y manos de otra, el movimiento de aquélla, y asi lo demás de lo que ve y pintado, como lo hacia Francisco de Ribalta, imitador de muchos pintores ; y si busca todo esto en lo natural, mucho mejor. Si la invención es historiada, en ella fué, Rafael de Ur.bino el más insigne maestro ; y el modo de imitarle es estudiar y observar sus pinturas, advertir en los asuntos las cosas que elegia y las que omitía, y cómo observaba el orden de los tiempos, las dignidades de las personas, el decoro de éstas, y en todo lo demás las cir¬ cunstancias que más enseñan y deleitan. Muchas veces la invención es de las acciones : y el ingenioso pintor manifiesta su grande habilidad cuando elige las más ilustres, como lo practicó Nadal Coipel pintando la distribución de trigo, que hizo en el pueblo el emperador Alejandro Severo, y la pública audiencia que dió el emperador Trajano a todas las naciones del imperio [p. 88]. Miguel Angel Bonarrota fué muy celebrado por su invención propia y pronta. Hablo en las obras regulares, porque la de su Juicio universal pedia profunda y larga meditación : y cuanto ma¬ yor fué ésta, tanta mayor atención y conocimiento debe tener el que la ha de observar dignamente; y por eso no hay muchos a quienes a primera vista no agrade ; pero cuanto más se reconoce, tanto más se admira, y para esto es menester tener ojos de pintor, cuales dice Eliano que los tenia Nicostrato. Cap. XIV. Virtudes personales del pintor [p. 89]. [p. 90]. La devoción es la madre de estas y de otras virtudes. Por de¬ voción entiendo una inclinación muy pronta y espedita para todo lo que sea del servicio de Dios. Tal era la que tenia el venerable P. Fr. Nicolás Factor, que dedicado a cosas que sirviesen a la re¬ ligión, en el tiempo que le quedaba de los oficios de caridad, se ' El francés Noël Coypcl (1628-1707) pintó este cuadro en Roma cuando dirigía la Academia francesa de Bellas Artes, desde 1672. 9 - I87 - empleaba en escribir libros de coro, como escelen- los hay suyos, ^ tísimos, en el Real monasterio del Escorial, y en el convento de Santa María de Jesús, de franciscanos de la observancia, fuera de los muros de esta ciudad, en donde se admira una pintura suya de claro y oscuro, ejecutada en la pared del ángulo del claustro de dicho convento, en que maravillosamente representó la batalla de San Miguel con Lucifer y sus infelices compañeros. Fué devotísi¬ mo de la Virgen María, y pintó muchas imágenes suyas; y a ¡as que hallaba pintadas, añadía algunos epigramas en loor de Nues¬ tra Señora. Imitó su devoción Vicente Joannes, gloria inmortal de los pintores valencianos. Debe también contarse entre los devotos. Morales, el que me¬ reció el renombre de Divino, porque sus pinturas siempre fueron de cosas sagradas que inspiraban devoción. Compitió con estos Francisco Camilo, pintor admirablemente devoto. Asimismo lo fué Fr. Juan Fesulano que nunca se puso a pintar sin que antes hiciese oración, y sabiamente decía que el que pintaba a Cristo había de estar con Cristo ; y en efecto, llora- {> ba siempre que pintaba a Cristo crucificado. Es cosa digna de ob¬ servación que los pintores más devotos regularmente han sido muy eminentes en su arte. C.·m'. XV. Defectos de muchos pintores [p. 92]. [P- 93]- siguió la escuela de Leonardo de Vinci, Rafael de Urbino, que Miguel Angel Bonarrota, Julio Romano, Peregrin de Peregrini y otros insignes pintores, no practicaron el colorido, y por eso care¬ cieron de esta noble perfección. Maese Pedro Campaña, natural de Bruselas, que fué discípulo de Rafael, tuvo el mismo defecto, ha¬ biendo nacido en España con aquel estilo seco que entonces Ita- bia en Flandes. Antonio del Castillo y insigne Saavedra, aunque pintor, sintió tanto que Bartolomé Esteban Murillo, entonces jo¬ ven, le llevase ventaja en el colorido, que murió de tristeza. Sebastián Martínez pintaba tan aniebladamente, que a veces era menester aplicar sus pinturas a la vista para reconocerlas bien, j y hacerle la justicia de que era pintor de mucho mérito. ' Fra Angélico. canónigo Vitoria, en algunas pinturas, paclecia el defecto El de porque tal vez sus colores no eran vivos. Muchas languidez, veces no lo son, porque la distribución de ellos r^ es la que debe ser: necesario es que sea tal, que los unos hagan eclipsar o resal¬ tar a los otros. El gran Bonarrota, en su estupendo Juicio, atendió más a cada figura de por sí, que a la disposición de lo historiado, y por eso se le ha notado que usó de pocas diminuciones y apartamientos. Pero másreprensible fué en haber faltado al decoro ; pues re¬ presentando un artículo de fe divina, como lo es el juicio final, pintó la barca de Carón, pasando éste las almas a la otra parte del río Aqueronte ; y por el gusto de imitar a Virgilio y a Dante, estampó una mentira en un asunto dogmático. Cap. XVI. Pintores moralmente malos [p. 97]. [p. 98]. Pero Bartolomé Leonardo de Argensola, segundo Horacio, aragonés, después de Propercio, muy a lo cristiano, y en español, en la epístola que escribió a D. Ñuño de Mendoza que estaba en la Corte, con mucho desenfado le escribió así : Convídale otro a visitar los senos Desta gran población, de seda y oro, Y de pinturas admirables llenos. Que a ley de ingenio valen un tesoro, Y la de Dios él sabe lo que cuesta : en Leda en el cisne, Europa sobre el toro; Venus pródigamente deshonesta. Sátiros torpes. Ninfas fugitivas ; Diana entre las suyas descompuesta Que las tendría figuras vivas por Quien juzgarlo a sus ojos permitiese. Tanto como las juzga por lascivas ; Mas ¿ qué ni un cortés pámpano creciese El favor del pincel, ni otro piadoso. Velo, que a nuestra vista estorbo hiciese? Cap. XVIII. Algunos escritores de pinturas. [p. lOO]. Muy pocos han sido eminentes en las nobles artes sin haber es¬ tudiado, pero mereció esta gloria D. Antonio Pereda, natural de Valladolid, discípulo de Pedro de las Cuevas, y después de Don Juan Bautista Crescencio. Para ser, pues, gran pintor es menester leer, reflexionar y meditar. [p. 102]. De José de Ribera, pintor eminente, se imprimieron en Madrid Prhmpws para estudiar 7 se ha continuado hasta el tomo XV, mediante el cual su autor D. Antonio Ponz ha encontrado modo compendioso de promo¬ un verlas despreciando libremente todo lo malo que se le ha puesto delante en dicho viaje, y alabando lo bueno, y regular, particu¬ larmente en materia de Arquitectura. En dicha obra curiosa e instructiva, por los varios ramos que comprende, da noticia el autor de muchos artífices de mérito que ha descubierto, sin que hubiese noticia de ellos en Palomino, ni en otro escritor, y debe¬ mos esperar verla concluida cuanto antes. HABITACION DEL PRINCIPE [p- 157-] Observa en aquella fachada aquellos cartones que Rafael de Urbino díbuxó para texer los tapices que en el Vaticano de Roma suelen verse, y que mejor conserva la casa del Excelentísimo se¬ ñor Duque de Alba en Madrid. Mira la bella disposición de sus asuntos, la natural expresión de sus figuras, el decoro y nobleza con que Ira tratado los casos que representa. La inteligencia de sus desnudos carnosos, variados y hechos sin afectación de ana¬ tomía. El gusto maravilloso de sus pliegues y paños; el enlace de sus grupos, la expresión de los afectos, la variedad de sus ca¬ bezas, y sobre todo admira aquella gracia, que con abundancia supo siempre esparcir sobre el todo y partes de sus obras, que siendo dote del cielo no pudo negársela alguno, y solamente el Coregio, y aun el Parmesanino lograron gran parte de este be¬ neficio. [P- 159-] Aquellos dos que miras a un lado son Jerónimo Hernández, escultor sevillano, que no sabia explicarse de otro modo, que con 235 — — el lapicero en la mano, y Claudio Coello, a quien los españoles tienen por su Anibal, y cuyo mérito conocen los que en la sacris¬ tía del Escorial admiran su cuadro de las sagradas formas. [p. 174.] SEGUNDA PARTE DE LA ARCADIA PICTÓRICA, Y ACADEMIA EN SUEÑO, EN QUE SE TRATA DEL COLORIDO DEL PARRASIO TEBANO, PASTOR ARCADE Después de un breve descanso en que nos había divertido la tropa de jóvenes que pasaban al Claustro de la Pintura, pedí a mi Genio que me acompañase, pues deseaba yo desde luego no perder tiempo en el asunto, y emplearlo en observar el Claustro en tanto que se abriesen las aulas y se comenzasen los estudios. Con mucho gusto me dixo el compañero: "Te guiaré; pues te lo he prometido", y así entramos por una bella galería adornada de bellísimas pinturas coloridas con grande magisterio por varios artífices, y preguntándole a mi guia por quiénes eran hechas, me satisfizo señalándome unas de Ticiano, otras del Goregio, de Ru¬ bens, de Vandick, su discípulo; de Pablo Veronés, de Tintoreto, de Guido Reni y del Caravagio, las cuales cubrían las paredes de la galería. Después me mostró otras que seguían, y me dixo ser de Velázquez, de Murillo, Alonso Cano y del Canónigo Roelas, con otros muchos, que por brevedad omito. [p. 192.] Joaquín Sandrart, artífice erudito y escritor de las artes y de las vidas de sus compatriotas, estudió para perfeccionarse, en Roma, como lo consiguió igualándose a los que florecían en su — 236 — tiempo, y así fué elegido por D. Diego Velázquez para hacer un cuadro de doce que encargó a los mejores pintores, que conoció cuando estuvo en aquella Corte enviado por el Rey D. FelijDe IV, y aunque fué uno de los últimos nombrados, él supo distinguir¬ se entre los primeros en su Séneca desangrado. Los demás pinto¬ res fueron Guido Reni, el Guerchino, Joseph de Arpiño, Pedro de Cortona, Valentino Colombo, Andrés Saqui, Lanfraneo, Do- miniquino, Pusino, el Cavallero Masimi y Orado Gentilesqui, cuyas obras llevó a su Corte el dicho Velázquez para Su Ma¬ jestad. [P- 193-] Con todo, dixe yo entonces a mis compañeros : tengo enten¬ dido que en la misma Roma es muy celebrado mi compatriota D. Diego Velázquez, y lo es también Bartolomé Murillo, por haber obras de uno y otro, en que se conoce el mérito de rada uno en el colorido, y lo serían también los cj^ue he visto aquí re¬ tratados, si se viesen sus obras. No hablo del Españoleto, Joseph de Rivera, que los napolitanos quieren que haya nacido en aquel reino, según, la vida que le escribió el de Dommkis entre las de otros pintores, pues desde muchacho fué a estudiar a Roma!, donde, baxo la dirección del Caravagio, siguió la naturaleza con un estilo de pintar y usar el color tan admirable, que decía Car- ios Marati que sería feliz el pintor que lo supiese manejar como él y el Velázquez. [p. 196.] La novedad que en su gusto observó Lucas Jordán cuando, viniendo a Roma, lo vió pintar [a Pietro da Cortona] la sala referida del Palacio Barberini, fué causa que abandonase la ma¬ nera de Joseph de Rivera por seguir la del Cortona, que le pa¬ reció proporcionada a su genio. Mucho debéis vosotros los españoles al celo de vuestros últi¬ mos monarcas, que conociendo la falta de estos estudios los fo¬ mentaron con la erección de la Real Academia de San Fernando. El magnífico Felipe V puso las primeras piedras de este edificio, y viendo su pacífico hijo Fernando VI el aprovechamiento de sus vasallos, estableció las leyes con que se gobierna y las rentas que para mantenerlo creyó convenientes, poniéndola bajo la pro- tección del glorioso y Sto. Rey San Fernando, y coadyuvando mucho al celo de los ministros, en particular de D. José de Car¬ vajal y que determinó Lancaster, el enviar pensionados a estu¬ diar en Roma para llevar con su adelantamiento mayores luces a los que no logran la dicha de haber estado en ella, y estudiado en su escuela. Yo puedo añadir a cuanto has dicho, le respondió el joven Estudio, c^ue no menos deben los españoles al gran Carlos III, que felizmente reina, y al celoso ministro Conde de Floridablan- ca,que con sumo celo y generoso corazón han enriquecido la misma Academia de vaciados ejemplares de yeso por las más selectas estatuas, que se admiran en Roma, para que los jóvenes vasallos estudien y tengan siempre a la vista aquellos célebres monumentos antiguos griegos y romanos y puedan, con verlos y dibujarlos, suplir en parte a la falta de no poder pasar a Roma, donde existen los originales para la admiración de tantos foras¬ teros estudiosos que pasan los Alpes por estudiar por ellos, y adelantarse en la escuela romana ; pero como decían los antiguos, no a todos es permitido el pasar a Corinto. AULA PRIMERA Máximas y preparación al- colorido e\n general. [p. 208.] sirvieron muchos pintores con bello De estas estrechas luces se efecto, como el Caravagio, nuestro Zurbarán y Diego Velázquez en sus principios, y el Rembrandt con otros muchos que siguie¬ ron, disponiendo los objetos de aquella manera que a su genio les parecía más ventajosa para lograr lo que deseaban. AULA III Países. [P- 254-] Las fábricas en general son de grande ornamento en el pais, aunque sean góticas, o parezcan inhabitables y medio arruina- — 238 — das : elevan el pensamiento por el uso a que se imagina que fue¬ ron destinadas, como nos sucede viendo aquellas antiguas torres, que parecen haber sido habitación de encantados, y que sirven ahora de abrigo a los pastores y vaqueros. El Pousino y Claudio Lorenés han pintado en sus obras fᬠbricas romanas de elegante gusto, y el Bourdon fábricas góticas que no dejan de dar un aire sublime a los paises. [p. 279.] Dixome entonces la noble Pintura : mucho debéis vosotros los españoles a vuestro monarca y a sus celosos ministros, pues han procurado y solicitan el adelantamiento de los aplicados con la fundación de una respetable Academia, donde con grande esmero se fomenta todo el estudio necesario para que la juventud) se adelante exercitándose en sus respectivas facultades con que se hacen dignos del premio aquellos que procuran distinguirse. La Real Academia de San Fernando será siempre una glorio¬ sa memoria de sus fundadores, y una escuela, en donde los apli¬ cados lograrán siempre baxo el celo de sus preceptores el ade¬ lantamiento; y aquellos que la gobiernan el honor de la propa¬ gación de las Artes por todo el reino, de las cuales depende el gusto en todas las producciones, con que es ennoblecen las ciu¬ dades y se acreditan de cultos los nacionales. Las luces que D. Antonio Rafael Mengs adquirió con el es¬ tudio y conocimiento de las estatuas antiguas, le llenaron de un gran deseo de adquirirlas con no poco dispendio propio y la obli¬ gación y gratitud, que conoció debía al rnonarca Carlos III, que tanto se dignó en apreciar mérito, fué causa que él ofreciese su con justo motivo todas lastenía a su real disposición, y re¬ que sultó el haberse enriquecido la Academia con tan bellos monu¬ mentos, que serán causa sin duda del mayor adelantamiento de vuestros compatriotas. Y, pues, deseas verlo todo en esta Arca¬ dia, sigúeme, ya que te acompañan esos jóvenes, y verás la nue¬ va Aula que voy a abrir, acaso con admiración de muchos, a quienes llegará de nuevo el método de pintar, que se explicará en ella. [p. 281.] Yo, segúni los distingo, veo que son Apeles, Timantes, Parra- — 239 — sio, Protogenes, Apolodoro y Zíusis, que salen a recibir la Pin¬ tura paraintroducirla en el Aula, y aquel que está con ellos sin la vestidura griega será el preceptor, que naturalmente deberá hacer el discurso, con que enseñará a los discípulos que concu¬ rren el modo de pintar según aquellos antiguos maestros, que vemos. El Genio dixo entonces : "Acaso será D. Vicente Pequeño, que es el que ha procurado instruirse para enseñar ahora el modo antiguo de pintar con la cera al encausto. [Acaba p. cw el verso de Horacio: "Omne tulit punctum, qui miscuit utile dulcí."] APENDICE I OBRAS DE LOS SIGLOS XVI AL XVIII QUE NO SE EXTRACTARON EN EL LUGAR CORRESPONDIENTE 16 FEDERICO ZUCCARO RELACION DE UN VIAJE AL ESCO¬ RIAL, ARANJUEZ Y TOLEDO I S 8 6 Ha de resolverse por la afirmativa la duda suscitada acerca de la procedencia de insertar en este apéndice- la Relación escrita en mayode 1586 por el pintor Federico Zuccaro para referir sus trabajos en el Escorial y contar la excursión que, invitado por Felipe II, hizo a Aranjuez y a Toledo. El curioso escrito fué copiado por D. Jesús Domínguez Bor¬ dona en la Biblioteca Vaticana y publicado con el título: Federico Zuccaro m España, en el núm. VII de Archivo (1927). Redactado con ciertas pretensiones literarias—^pues Zuccaro fué también tratadista en su Mea éR scultpri, pitfoiri Cid arclritefti (1607)—y en lenguaje no siempre fácil, el texto impreso en ita¬ liano, ha pasado inadvertido en España y fuera, ya que ni lo recogió Adolfo Vcnturi en la Síwia ïleil' arte italiana (t. IX, par¬ te V, págs. 837 y sigs., año 1938). Si a esto se agrega la rareza de relatos como éste, en el que un artista famoso habla de sus obras, explica sus trabajos y anota sus impresiones "turísticas" sobre sitios tan nombrados como Aranjuez y Toledo, la decisión de incluirlo en nuestras Fuentes [larece harto justificada. Por no romper la uniformidad y para la más cómoda lectura se ha vertido al castellano, procurando la mayor exactitud, aun con detrimento de la elegancia. Se han omitido partículas innece¬ sarias, porque su profusión resulta insufrible en nuestra lengua. El Sr. Domínguez Bordona agrupó las noticias de la venida a España de Zuccaro, a quien Fray Juan de San Jerónimo, el primer cronista escurialense, eco de las esperanzas cortesanas ci- — 246 — iradas llegada, calificaba nada menos de "el más principal eu su ^ pintor de toda Italia". No hay, por tanto, que repetirlas aquí, ni siquiera los donosos párrafos con que el P. Sigüenza narra la decepción, que no tardó en ocasionar su arte frío y convencional a los ojos expertos de Felipe II (Fuentes, t. I, pág. 400). El fmcaso del artista en la corte de España—¡ él, que había logrado éxitos resonantes en las de Erancia Inglaterra !—fué comuni¬ e cado a Rodolfo II por su embajador en Madrid Klevenhüller, frustrándose así, tal vez, algún ventajoso encargo imperial. Por otro despacho del mismo diplomático se viene en cono¬ cimiento de la fecha exacta de la vuelta del pintor a Italia : 11 de diciembre de 1588. Había permanecido en Castilla durante tres años (según documentos extractados por A. Veníuri, oh. y lug. citados). Las "negociaciones"—sobre un personaje como Zuccaro no j cabe emplear palabra más llana—para su venida al Escorial se iniciaron por Pompeo Leoni en 3 de enero de 1583, proseguíanse en junio todavía en 9 de octubre habla el pintor, estante en Lo¬ y reto, de una visita que, al caso, le había hecho el embajador de Felipe II. En cuanto a su llegada consta, por carta del prior de Sian Lorenzo al Rey, que estaba ya en el monasterio el 20 de enero de 1586; si bien quizá hubo de retrasarse esta comunica¬ ción, porque los documentos utilizados por Venturi señalan la salida de la expedición para España en diciembre anterior ; en ella venia, y quizá fuera el amigo aludido al principio de la Rí-lcHón, !- el boloñés Antonio Rizi, pintor y padre de los pintores Fray Juan y Francisco. Llevaba, pues, el "importante artista" pocos meses en Casti¬ lla cuando el Rey le invitó para la excursión a Aranjuez y a To¬ ledo, que tanto hubo de complacerle, a juzgar por la Rdúcián fechada el 29 de mayo. No consta a quién va dirigida; de su final se deduce que era persona de su intimidad al declararse i "come fratello suo". En los primeros renglones hay una referencia incomprensible. — 247 — a menos las palabras "nostro Marchiano" ^ deban de inter¬ que pretarse "nostro Marchiggiano", indicación de que Zuccaro, na¬ cido en las Marcas, escribe a un paisano suyo. El pedir noticias de "La Valette" bace presumir que el corresponsal del pintor residia en Malta. Marchiano, según los diccionarios, significa "grande, excesivo, des¬ ' comunal", que no hace sentido en el texto. Relación ue Federico Zuccaro acerca del Escorial, de Aranjuez y de Toledo. Muy magnifico y siempre Su gratísima del 24 de [señorj : marzo me ha dado mucho bienestar y placer, enterándome de su del de los amigos ; y al mismo tiempo de recibirla tuve una del señor Juan de Herrera, arquitecto de esta fábrica y muy privado de S. M. que, en nombre del Rey, me llamaba a Aranjuez y To¬ ledo, a holgarme un poco y a recrear el espíritu, de las fatigas continuas, con ver aquel bellísimo sitio, que para mi fué recrea¬ ción y favor grandísimo. Asi que hemos estado aqui el señor Fulvio, mi cuñado, Biagio y yo, con otro amigo nuestro, doce días de esparcimiento ; en cuyo lugar hubiese querido, para colmo del placer, tener a V. S., nuestro "Marchiano" ^ : lo uno. por liaberme podido holgar más agradablemente con un fiel amigo en tan bello sitio ; y lo otro, por haber podido corresponder más dignamente a las debidas ceremonias y acogedores cumplidos de aquellas mujeres de Toledo, tan lindas y tan hermosas; por más que yo de tal cosa poco testimonio pueda dar, porque andan ta¬ padas de manera que apenas se [les] ve medio ojo; mas, por ello se puede deducir son gentilísimas, ingeniosas a maravilla, pues motejan tan graciosamente a todos. Con ocasión de conversar asi un poco con vos, conforme al deseo que mostráis de tener relación de las co.sas de aqui, os quiero describir el bellísimo sitio de Aranjuez con sus calles y jardines y haceros participe del placer y recreo tenido ; después, vendremos a Toledo, ciudad roqueña y a su grande y hermo¬ sísima Iglesia, con el Alcázar del Rey y el bellísimo artificio de Gianello, nuestro excelentísimo ingeniero italiano. Pero, me hago cargo que antes querréis queros diga algo de esta gran fábrica del Escorial, llamada San Lorenzo el Real, y donde yo resido y donde S. M. tiene todos sus mayores contentos, como santo y religiosísimo Principe que es. Esta fábrica, pues, de San Lorenzo el Real está situada en las faldas de estos montes que dividen Castilla la Nueva de la Vieja y se encadenan con los Apeninos \ Este lugar dista de Madrid ' Probablemente quiere decir natural de las Marcas, conterráneo del pintor, por lo tanto. ' Es un poco excesiva la amplitud del sistema orográfico para Zuccaro. — 250 — siete leguas, justamente lo Tivoli de Roma; parejamente, que Madrid está sita en una llanura desarbolada, como Roma ; gran pero con aire saludable y grato, circundada por este contorno de montes de la parte de tramontano y de levante ; a medio día y a Poniente hay llanuras sin fin para la vista. Por tanto el Esco¬ rial tiene bellisima vista hacia Madrid, que queda en esta dicha llanura, y detrás las cumbres de estos montes donde habita Eolo, ço'n toda su compañía en todo tiempo, lo teníamos [tam¬ pero bién ?] de mucha recreación y divertimiento, máxime ahora, que la hermosa y gentil primavera serena el cielo y alegra la tierra con su hermoso y gentil aspecto haciendo germinar lindas y deliciosas flores y rosas, recreando los sentidos con suavísimos aromas, vistiendo la tierra de gratísima verdura con bosquecillos alegres y amenos prados, que allí en torno hacen grata y alegre la residencia y donde teníamos tres lugares especiales para lindas ninfas, deleitosísimos y alegres, dedicados al gran silvano : el uno llamado la Herrería, el segundo el Castañar, el tercero la bella Fresneda ; los dos primeros en un bellisimo bosque contiguo, en el seno de estos montes, donde Diana, Pomona 3^ Baco hacen alegre mansión; en el tercero, más amena y gentil estancia, se ve siempre reír a Flora y sus compañeras, todas enguirnaldadas con lindas rosas y flores aromáticas están siempre de fiesta y en juegos ; allí también Neptuno con sus tritones se ve a veces hacer lindo triunfo y fiesta a su bella Galatea en dos grandes estanques, en medio de uno de los cuales se ve artificiosísimo jardín. Están todos estos sitios próximos y cómodos para poder ir en media hora, y se dominan con la vista desde esta hermo¬ sísima fábrica. El edificio de este monasterio de San Lorenzo el Real, es verdaderamente fábrica regia y digna de tal nombre y de su autor, y así como él es el ina}mr Rey del mundo, así puede de¬ cirse que es la ma3'or fábrica que se vea de un solo cuerpo y de una sola bolsa costeada y de un solo primer autor acabada. En su interior tiene una iglesia; toda la fábrica está divi¬ gran dida en cuatro cuartos alrededor de esa iglesia; esto es: de un lado, hacia mediodía, hay el cuarto grandísimo del monasterio, muy capaz para trescientos y más frailes, de la orden de San Jerónimo; el otro cuarto, a poniente, es un colegio grandísimo y singular ; los otros dos de la otra parte, el uno es la casa y de¬ partamento del Rey, a levante, y el otro, de la Reina, a norte;, amplísimos y grandes como a tanta realeza conviene. 2SI — — Ell una esquina de este último tengo mi departamento con bonísimas habitaciones, sala y salón de trabajo y a donde S. M. a menudo se complace en venir a ver pintar y a hacerme mil fa¬ vores. Advierto que querréis saber abona algo de lo que yo haya hecho y haga cuatro tablas grandes para dos altares de los : son relicarios, en forma de puertas de órganos, esto es, para abrir y cerrar, pintadas por una y otra parte, por dentro y por fuera, altares dedicados el uno a la Anunciación y el otro a San Jeró- nico y S. M. quiere que el mismo misterio, o santo, se vea dentro, cuando se abran y muesten las reliquias (que son en cantidad grandísima, y singulares) y estando cerrados, por lo cual me he decidido a hacer dos Amm·ciacmies y dos San J'&ró- m-mos y los he variado de esta manera : que en la Ammciación que relicario, se ve nuesra Señora un tanto asustada está al abrirse el y turbada al entrar el Angel ; en la parte de fuera pinto cuando da su consentimiento y dice Ecne aiiAlla Dmnim. El San J&róninw exterior, en penitencia, mas de manera muy diferente de la ordi¬ naria, pues no se representa sólo la simple penitencia, como todos los demás han hecho siempre, sino que junto con ella la fe y la esperanza que se han de tener en Dios, sin las cuales toda absti¬ nencia y penitencia es vana y, asimismo, el amor de caridad y filial temor, con que debemos estar siempre unidos a Dios y al jmójimo; y éstos finjo juntos en un grupo como presentes en la idea a San Jerónimo, donde represento delante un Cristo vivo en la cruz, en la agonia de la muertê, para dar mayor dolor y con- ti'ición al penitente, y las tres Virtudes teologales a los pies de la Cruz, todas en una nube. En el interior figuré en las dos puer¬ tas San Jt&ránmw; de una. parte, como doctor de la Iglesia, que está escribiendo y si en el exterior figuré la penitencia tal como debe ser, aquí me he complacido en figurar el estudio y los medios y el término de ella: de este modo: lado, dicho San Jerónimo a un en acción de escribir, aunque en éxtasiscontemplación, acom¬ y en pañado por tres ángeles, uno de los cuales le sostiene el tintero, el otro el libro (éste por el amor, y aquél por la perseverancia en los estudios, sin los cuales ni se adquiere ciencia ni se puede lograr fruto alguno) ; el tercer ángel está al oido de San Jeró¬ nimo, en acción de imprimirle en el entendimiento todo lo que piensa y escribe, le señala en la otra parte de la puerta de en frente todo aquel concepto supradicho [que] trata, y está escri¬ biendo. Esto he puesto allí por el Angel de la Guarda y por 252 — — aquella inteligencia e idea que hace escribir y obrar todas las cosas, y esto me he ingeniado para representarlo incorpóreo, como espíritu y transparente, cosa usada de pocos por su dificultad. En la puerta de enfrente he figurado todo el concepto de dicho San Jerónimo, el cual finjo que como santísimo teólogo y grandísimo doctor de la Iglesia, escribiendo sobre la pasión del Salvador, está meditando la causa particular movió a Dios Padre a enviar que a su Unigénito a la tierra redimir con tanto padecer a la para humana naturaleza. En esta meditación figuro que se le presenta delante la Caridad en acción y gesto de decirle: Eo soy aquella que movió a Di-os e hizo descvnáer .a Cristo del cielp a la tieirro, así esta figura [está] en hábito de matrona honesta y santa con una mano al pecho (mostrando que dice: Yo soy aquella ...), con la otra señala un Cristo muerto llevado por algunos ángeles, en el aire, como idea y representación metafórica del concepto ; pero, lo que aquí es de mayor misterio y grato de ver, y de gusto sin¬ gular para S. M. y para todos los que lo ven, son los tres amor¬ cillos de la Caridad, jugando a sus pies, infantilmente, con el león de San Jerónimo, que está aquí muy al propio: y está tan amansado tan fiero león por estos niños que, depuestos su furor y ferocidad, se deja manosear y cabalgar por los amores y él mismo, complacido, los lame y acaricia, demostración muy clara de que nuestro Dios no es Dios de ira y venganza, sino de amor, de paz y de caridad y de gracia. Todos los cartones y diseños para estos asuntos los hice este invierno y hasta ahora tengo coloreada y en perfección cabal la primera Ammwiaeión y el San Jeróvimo csoi'ibiendo, y entre manos, la Caridad ; y todo se bace con gusto de S. M. Dios sea loado ; y acabado esto quiere S. M. C(ue ponga mano al retablo del altar mayor, donde van ocho gran¬ des cuadros, también al óleo ; pero, en lienzo, pues los referidos están pintados sobre tablas. Este retablo tiene un adorno de mármoles y bronces singularí¬ simos, con dieciocho columnas en tres órdenes de cerca de vein¬ tidós pies de alto; mas, lo que es allí de notable admiración y, se puede decir, una de las cosas más principales y notables que en tal género se hayan hecho jamás, es la custodia del Santísimo Sa¬ cramento labrada por el muy excelente señor Jacopo del Trezzo, ' Muy disimulado era Felipe II, y en este caso, poco perspicaz el pintor, pues apenas hubo marchado, descontento el Rey de ambos reli¬ carios, "mandó que los remendase un Juan Gomez, pintor español y al fin están mejor que antes": lo cuenta el P. Sigüenza. V ~ -S3 " » dc; bronce, de jaspes y de las joyas más preciosas que piedras y se ven, con ocho columnas de diaspro finísimo, de seis a siete pies de alto, labradas todas a fuerza de puntas de diamantes. Esta custodia es un templete redondo, semejante al de Bramante en S. Pietro [in] AIontor[i]o ; su altura, de cerca dc dos ¡camnc ' ; que realmente nunca se hizo más digna y singular obra ; y en el in¬ terior de esta custodia hay otra pequeñita, asimismo de singular belleza; el costo de esta [custodia] con el retablo solo pasa de 400 m. escudos. coro [costaron] 100 m [il] [escudos], miniados Los libros de con magnificencia. Si quisiese entrar a decir de los objetos gran de oro, y de plata y telas y bordados para la sacristía no acabaría en una semana ; igualmente de los particulares de la fábrica ; mas, por abreviar, pues me queda mucho que hablar de Aranjuez, le diré sólo que este edificio tiene catorce patios, o espacios grandes, y presto se veránfuera los diseños - i^ara común satisfacción. La fábrica es en cuadro, como hemos dicho, y en cada fa- ^ chada pasan de cuatrocientas las ventanas, con cuatro torres, o pabellones en las esquinas, y en el centro del cuerpo de esa mᬠquina florece la cúpula de la iglesia, con dos campanarios. Ahora voy a describiros el bellisimo palacio de Campo y jar¬ dín de Aranjuez distante de aquí catorce leguas, y de Madrid, siete. Está en un amenísimo valle regado cuanto sea posible por diversos riachuelos y, especialmente, por dos grandes ríos, uno llamado el Schiarama [Jarama], que viene de la parte de Ma¬ drid y el otro, el Tajo, y rio famosísimo ; estos dos se juntan en el fondo del valle. El Tajo conserva el nombre, y el otro lo pierde, y así engrosado serpentea plácido la amenísima campiña y pasa por los asientos de Toledo y por toda Castilla la Nueva y llega a Portugal, va a parar a Lisboa y de allí_, al mar; acaba su curso distante de aquí más de cien leguas, en el camino con el vario tributo de diversos ríos ensancha de manera que no le bastan tres leguas de orilla a orilla. Aranjuez tiene de circuito de seis a siete leguas; todo jardi¬ nes, plantaciones, bosquecillos de frutales con árboles altísimos, con calles, o digamos caminos bellísimos y anchos, y tales que tienen de largo una legua ; hay uno entre árboles, llamado la calle ' de Alpages, que tiene doce mil árboles a sus lados, grandísimos ' Cañas. ¿Medida? ' Las láminas de Herrera, grabadas por Pedro Perret. 254 — — y bellos que llegan a las estrellas, no le falta a su savia más que nutrirse y salir por encima de las nubes ; más hermosos que éstos nunca los vi. En medio de este amenísimo sitio e.stá la Casa Real de la que hasta ahora no se lia hecho más que la cuarta parte, pero de perfecta belleza y comodidad, con jardín secreto dentro del palacio y toda la demás comodidad; es una cons¬ trucción que será otro Escorial. Aquí hay, como allí, infinito numero de hombres que trabajan h Antes de llegar a este lugar se pasa un gran puente de ma¬ dera sobre el Schiarama [Jaramaj y junto al puente se descu¬ bren cuatro grandes caminos cubiertos todos de árboles grandí¬ simos, como dije, que proporcionan vista y frescura admirables, excelentes para cabalgar ; por uno de ellos se arriba al puente levadizo de la Isla, y por otro se pasa, de igual modo, a la Casa real, a buen espacio de caminó todavía ; por uno de los lados baña los cimientos de la Casa real el dicho Tajo hacia levante; a poniente un brazo grueso de este río forma la citada Isla que es más que dos veces la de San Bartolomé en Roma. Esta Isla es bellísima, y es la principal delicia de este sitio el jardín de la Isla, dentro del cual hay diversos compartimientos y jardines de sencillas flores y otras cosas con piezas para verter el agua, y sitios para gallinas y otros animales extravagantes, pesquerías, y, en suma, el sitio más hermoso y delicioso que en otra parte se vea, en Roma y fuera, con fuentes, grutas, secretos y burlas para remojar damas y señores, porque no le falte cosa alguna a este lugar; donde hay también dos estatuas de bronce, anti¬ guas, muy buenas. De la Casa real a. esta Isla se pasa el río por un puente leva¬ dizo y por otro, el brazo dicho; y de aquí, a otro jardín grandí¬ simo lleno de todas las clases de frutas que se puedan imaginar, llamado lu Guurta [jfcj de las Sgiimtas [4íV] que quiere decir: donde se juntan los dos ríos. En el extremo de este jardín hay un cenador, o pabellón bellísimo y bajando muy pocos escalones, podéis coger con ambas [manos] de una y otra agua. A aque- ' Es sabido que, como en El Escorial, el palacio de Aranjuez fué encomendado a Juan Bautista de Toledo, y a su muerte siguió :1a obra Juan de Herrera. Trabajaba activamente en esta obra desde I57t- La afirmación de Zuccaro rectifica ilo dicho por Llaguno (II, pág. 131) : que antes de 1586 quedó en suspenso la edificación hasta los días de Feli¬ pe V ; a no ser que la multitud de obreros trabajase entonces en Ja Casa de Oficios y sus pórticos, que Herrera había trazado en 1584. 255 — — lla hora una venía clara y la otra turbia, por lo que vimos mejor su mezcla. Desde este lugar pasamos a los huertos y jardines llamados las güeí'tas de' isottopielus cam los plcifiMes [sic]. Este es, de igual modo, un sitio grandísimo donde hay también innumerables frutales y "les pla\nteles" son las plantas jóvenes que sin número se ven de todas clases para transplantai- donde se necesite por falta de alguna planta seca de frutos, u otras y por aumentar siempre la plantación como hacen, y, en suma, man¬ tenerlo en orden. Después entramos en la calle y plaza de Sotto- pelas donde hay, asimismo, árboles y calles anchísimas y de allí, a la "Casa de Vacas" donde se ceban "las terneras"; esto es un establo, donde se tienen vacas para engordar becerras para la mesa particular del Rey; y, contiguos, sitios para cebar gallinas y pavones de la India y toda suerte de pollería también para la mesa de S. M. y con su particular de alimentar gusanos para la seda, de que gustan la Señora Infanta y [la] Emperatriz. Y aquí se hizo una parada y dado al cuerpo lo necesario y toma¬ do a la vez tranquilo reposo entre aquellas frescas sombras, hasta que se pasó la hora enojosa del día. Después reemprendido el camino por aquellas frescas aveni¬ das llegamos a "la plaza de las doce calles" y a la "calle larga". Esta "plaza de las Doce calles" es cosa notable y bellísima y acaso no vista en otra parte. Es una plaza redonda, circundada también de árboles en la cual terminan doce estradas, que desde el medio de ella se ven todas con alegre vista, arboladas todas con dos o tres dobles filas de árboles, como son todas las demás; y en este gran sitio y entre estas larguísimas calles hay aquí y allá diversas plazas, término de la vista y para descanso y recreo, para cuadradas, redondas, ovaladas y de varias formas, donde, ordi¬ nariamente se ven cuatro estradas que en ellas acaban, como en nuestros "alto cantoni" de Roma; pero, ésta tiene, singularmen¬ te, "doce calles", esto es, doce estradas que todas se refieren al centro de esta plaza, en medio de la cual por centro de ella hay un árbol muy alto y bello, que con no poca dificultad lo van protegiendo, por ser todavía nuevo, para mantener su fuste de¬ recho y dirigido a las estrellas. Y estas doce estradas no imagi¬ néis que están atajadas y acotadas por caminos; sino que son calles anchas como nuesti-a estrada del Populo ; y la más corta de ellas será como desde el arco de Portugal a la puerta del Po¬ pulo; asi que podéis imaginar cuán bella vista será ver doce — 25Ó — avenidas de este porte, que en vez de casas y palacios se guar¬ necen con anchos pórticos y doble fila de columnas de madera, que son los hennosisimos árboles que todo alrededor se ven por aquellas galerías, [y] ver [desplegarse] en torno huertos, jar¬ dines y prados bellísimos llenos de frutas delicadísimas, que son tantas y tan abundantes que su producto l)asta para el gasto y coste de este sitio y cuando antes requería treinta mil escudos ])ara sostenerse, ahora se mantiene por sí mismo y además da con sus propios frutos buena y crecida renta para la edificación y para recreo y alimento del Rey y de toda su Corte. Por lo cual éste es verdaderamente un lugar de esparcimiento y placer ; no de interés; pero, sí de utilidad y contento. Y desde aquí tomamos la calle más corta y retornamos al regio alojamiento, porque Febo había partido de nosotros, y ter¬ minamos la primera jornada todos a caballo, que de otra manera este gran lugar no se puede ver, acompañados siempre por el mayordomo y gobernador del sitio; que.habiendo marchado S. M. el día antes a Toledo dejó orden para que yo fuese obsequiado noblemente como lo fui, con toda mi compañía, y con toda suerte de cortesía por dichos señores. A la mañana siguiente, de nuevo montados a caballo, con la misma guía de dicho Señor, entramos por la calle de Alpagies [j/c[ que dicen que tiene doce mil árboles, larga de una legua; ésta por su longitud es más ancha que todas las demás vez y media, y se centra con o, mejor dicho, comienza en Palacio y se dirige hacia levante, cubierta de fresquísima sombra, como todas las otras, por sus propias plantas. En el principio de esta calle vimos la "Güerta de arriva" [.rfc] que es también jardín y huer¬ to grandísimo con varias flores y frutas. Después, a gran distan¬ cia de ésta, pasamos a la "Güerta de las Moredas" [ímt] que es lugar tan lindo, tan fresco y tan hermoso cuanto se pueda ima¬ ginar. Aquí vimos infinito número de pavones de todas clases, y gallos, gallinas, gallináceas del nuevo Mundo y de la India ex¬ travagantísimas, entre las cuales hay dos dignas de ser notadas: una de las cuales se llama Carcambe, semejante en la forma a la cigüeña, con el cuello largo de grulla, tiene el plumón de la ca¬ beza negro, como velludo; las orejas como de perro de caza parte rojas y parte blancas, el pico, de gallina ; el cuello, las alas [y] el pecho pardos; la punta de las alas, parte leonada y parte blanca; la cola, negra; muslos y patas semejantes a la cigüeña, negros ; anda con una gravedad admirable ; tiene en la cabeza 2S7 — — una cresta de rayos de oro, todos de cordoncillo^ retorcido, que parece, mismamente, una diadema. La otra es, llamada Pauris, es de cuerpo y forma semejante a una oca grande de color os¬ curo, negruzco ; tiene en la cabeza una cresta azulada y dentro de ella una piedra como un gran huevo de color ceniciento ; el pico, rojo y grueso, como la corneja. Aquí tomamos gran recreo por la frescura del sitio, y repa¬ rado y alimentado el cuerpo con buenas provisiones, después de mediodía, salimos a caballo y pasamos a un lugar que llaman So- tcmayor, donde hay bosquecillos y praderías bellísimas y número muy grande de gamos, venados y cabras que están, también, es¬ parcidos por todos los sitios [ya] mencionados; muchas veces se veían manadas y rebaños de cientos y millares, tan mansos y domesticados por no habérseles molestado nunca, sino a veces para recreo del Rey, que andábamos entre ellos y apenas se apar¬ taban. El señor que me guiaba, para divertirme, hizo, avanzar dos servidores montados en caballos españoles, c[ue en esta gran campiña volaban, hacia un gran escuadrón de gamos, disper¬ sándolos y poniéndolos en fuga por aquí y por acullá; que era gracioso de ver. Pero, cuando se dieron cuenta de que no se les quería hacer daño alguno, después de una corta carrera y vuelta se detuvieron, todos juntos y casi mo.straron tomarnos a burla, como nosotros a ellos. Al salir de aquí fuimos a ver el mar de Antigola [jfc] que es un estanque muy grande escondido entre unas colinas, no muy distante; al andar flanqueamos aquellas colinas y montecillos y llenos de conejos, cpie es la cosa más graciosa del mundo ver tanta multitud de tan lindos animalitos saltar aquí y acullá con su rabito blanco. Subimos la cuesta y visto el estanque, que está lleno de buenos y grandes pescados, estando ya el sol bajo vol¬ vimos por la fresca al albergue, todos alegres. En suma, éste es un sitio el más delicioso, y el más bello, y el mayor que creo tenga señor alguno en el Mundo, y si bien los haya bellísimos en Italia y fuera y en cualquier parte muchos comparables; sin embargo, éste por la extensión es apreciado por el parecer de cuantos lo ven, sin duda, tanto como el mayor, cuanto como el más bello; puesto que en él sólo hay todo lo que pueda haber en todos los demás. Y para colmo de esparcimiento y deleite, además de fuentes, y jardines de varias flores, y huertos de frutales, y prados, y bosquecillos, y caza doméstica, como ya sabéis, hay, además, bosques salvajes poco distantes y jabalíes y 17 — 258 — fierassemejantes, para remate de cuanto conviene a una casa de campo y jardín para recreo de pasatiempo y ejercicio de ^ grandes príncipes y señores. Este no es lugar que se pueda ver todo en dos ni en cuatro dias, sino estar semanas y meses, y cada día variar de pasatiempos. lugar y El deseo de encontrar a Su Majestad en Toledo, y ver ciertas fiestas que la ciudad había preparado hacerle para recreo del Príncipe y de la señora Infanta, hizo que nos detuviésemos en Aranjuez más de dos días; a la mañana siguiente, después de haber visto otros dos estanques próximos, en el camino de Toledo, y otros lugares de alrededor, con doce camellos que tienen allí, y hecha la colación partimos, llegando a Toledo por la tarde y haciendo la entrada con Su Majestad, habiéndole alcanzado en el camino, pues se había detenido aquellos dos días en "a Zecca" [w por Aceca], otro sitio suyo entre Aranjuez y Toledo, lugar de recreo también, sobre el Tajo. La ciudad de Toledo está distante de Aranjuez seis leguas y sita sobre un monte aislado, a semejanza de Orvieto, y el Tajo lo circunda casi todo en derredor. f En esta ciudad hay tres cosas notables. La Iglesia, catedral primada, la primera del mundo después de S. Juan que es acaso y de San Pedro de Roma, puesto que tiene de ingresos ocho¬ cientos mil escudos y casi un millón ; el Arzobispo tiene de ellos cerca de trescientos mil, el resto los canónigos y racioneros y ca¬ pellanes y otras dignidades que hay en esta Iglesia; todos son señores y príncipes y como prelados mayores de la Corte de Roma. El arzobispado vale treinta mil escudos [ifc]; se oficia en la Iglesia muy noblemente, con música y capilla, con toda ceremonia y grandeza, para lo cual tienen por clérigos cuarenta y más jovencillos vestidos de rojo y con birrete rojo exactamente como cardenales, que parece cosa extravagante ; pero, lo que más extraño parece [es] que allí viésemos en la Misa y las vísperas regias una costumbre muy antigua : que en las fiestas y solemni¬ dades principales hacen aparecer en la Iglesia doce gigantes y dos enanos danzando, tocando algmios sus timbales y tambores ante el Corpus Domini y, asimismo, por toda la Iglesia. De igual modo ocho muchachillos vestidos ridiculamente haciendo "mo- vesca", bailando y danzando también por toda la iglesia ; al prin¬ cipio nosotros que no estábamos acostumbrados a ver tales danzas 1 en la iglesia nosdió algún enojo; pero, comprendiendo después que es cosa muy antigua y consueta a las solemnidades princi- — 259 — pales y que por tal cosa se hace para mantener con tal masca¬ rada representando casi la danza de David delante del Arca de la Alianza, os parece después soportable y no extravagante. Lo mismo, también, [se puede decir de] una misa, llamada "maza- bin" [jir, pof mozárabe] que a diario se celebra en una capilla especial, a usanza de la primitiva Iglesia, con modos y formas muy diversos del modo y rito romano ordinario; porc^ue están tres, o cuatro, [clérigos] en el altar que responden lo mismo y lo que va al principio lo dicen al fin, cosa en suma muy notoria y digna de ver. Detrás de la Iglesia está el palacio real en forma de fortaleza, llamado el Alcázar, construcción antigua de muchos años y gran¬ de, en el punto más alto de Toledo, que por si mismo desde lejos ixirece un castillo. Lo tercero es el artificio de Gianello, nuestro italiano, cre- monés, que enmateria de relojes, molinos y máquinas semejantes y en cosas matemáticas ha sido excelentísimo: hemos visto en Toledo en la cámara de S. M. dos relojes de su mano, que dicen que son los más bellos y artificiosos que jamás se hayan hecho; muestran todos los planetas y movimientos del cielo, y dicen que hay en él doce mil ruedas ; es máquina de casi dos palmos. Ha hecho este Gianello en esta ciudad el ingenio, que antes cité, para conducir agua al Alcázar real y dar de beber a la ciudad, que dentro no tiene oti-a agua. Es cosa extravagantísima de ver este ingenio, tanto por su grandísimo artificio, como tam¬ bién por su tamaño que casi asciende a media milla de alto, cogiendo el agua del Tajo, que pasa al pie del monte. Es un mecanismo ordenado de tal modo con ciertos calderos de hoja¬ lata unidos por artefactos de manera que un caldero vierte el agua en otro y así alternativamente, número tanto que sube un infinitos de calderos, de los cuales siempre ocho están llenos y otros ocho vacíos en cada orden, que son muchos ' y muchos ; y toda esta máquina se mueve por cuatro ruedas que están en el fondo del Tajo cuyo movimiento la corriente del agua hace girar por si misma, perpetuamente y está regulado con tal arti¬ ficio en el fondo que la crecida del río no lo puede impedir, cosa en verdad de grandísimo artificio, ingenio y arte. Lo que me queda por deciros ahora será de las costumbres de la ciudad y de las mujeres de Toledo, que tienen fama de ser las más bellas, gentiles y corteses de toda Castilla; mas, por an¬ dar tapadas, como dije, con un velo negro que las cubre del todo, üo puedo de tal cosa dar muy segura afirmación; bien que al¬ guna campesinota que por los caminos vecinos a la ciudad en¬ contramos—que no van tapadas—eran graciosas y bellas, de lo cual parece se pueda deducir que lo sean en mayor grado las de la Ciudad; las cuales tienen tanta soltura, como dije, por andar tapadas y encerradas de aquella manera, que les es lícito decir lo que más le place a cada una y a cada uno; y lo que es gra¬ cioso y extravagante, que acometen a quienquiera que sea, ya fo¬ rastero, ya conterráneo, gentiles hombres o señores y al Rey mismo y le dicen veinte mil cosas de risa y de burla con tanta gracia y prontitud que es un asombro. Algunas se aproximaron a la donde estaban el carroza en Rey, la Infanta y el Príncipe (que es un niñito de siete a ocho años muy garbosillo) y saluda¬ ron al Rey, a la Infanta y al Príncipe, dándoles la bienvenida con tanta gracia y prontitud que el Rey y la Infanta y todos reian con mucho gusto el traje y la soltura y libertad, que aquí de otra suerte no se dejan Por lo demás, son honestísimas y de bien, conocer. puesto que esto lo hacen no sólo las mujeres del pueblo sino tam¬ bién las distinguidas y las señoras por capricho ; y conservan esta soltura y traje. Si hubiese tenido más práctica de la que tengo en lengua española, al menos habría gustado algo de sus conversacio¬ nes ; aunque no faltaron, tampoco, las que reconociéndome extran¬ jero me motejasen con mucho garbo; a lo que yo, no sabiendo decir otra cosa que darle las gracias de la merced y favor que me hacían, les supliqué que si querían hacerlo del todo me des¬ engañasen de una opinión que había formado, que todas las mu¬ jeres de Toledo eran tuertas y tenían algún defecto en el gran rostro, pues todas andaban tapadas así si eran sin tacha, ; pero, graciosas y bellas, como tenían fama, que algunas usasen con¬ migo, como forastero, tanta merced y favor que se descubrie¬ sen, para que no me quedase tal error en la mente; mas todo era en vano mi decir, porque no me entendían ; ni yo podía verlas. Estuvimos dos días allí por la fiesta de la Ascensión y des¬ pués con el Rey retornamos a Madrid, y de allí al Escorial para la fiesta de Pascua rosada por Pentecostés]. He sido más extenso de lo que pensaba ; conservaos sano y saludad a to¬ dos los amigos y dadme pronto noticia vuestra y de las cosas de la Válete. De San Lorenzo el Real... 29 de mayo de 1586. Todo vues¬ tro como hermano. Fed.° Zuocharo. FRANCISCO PACHECO LOS PROFESORES DE ARTE DE LA PINTURA RÉPLICA A MONTAÑÉS (1622) Escrito singular indole y por tratar de un grandísimo por su artista es alegato que redactó Pacheco en defensa de los de¬ el rechos de los pintores lesionados por Juan Martínez Montañés en un importante contrato de talla dorada y policromada. Las disputas profesionales entre artistas no han llegado a nosotros más que a través de los folios de los pleitos, o de las alusiones de los tratadistas : en aquéllos, exacerbadas por la vi¬ rulencia del litigio; en éstos, desvanecidas por el tiempo, que todo lo redondea. Faltaban entonces la mera "información pe¬ riodística"—pues en los "avisos" rara vez se mientan los ar¬ tistas—y la crítica inmediata. De aquí que resulte curiosa y hasta fructífera la lectura del pliego impreso en 1622, escrito cm "ira et studio" por Fran¬ cisco Pacheco. La ocasión hubo de ser levantó en Sevilla la el ruido que noticia de que Juan Martínez Montañés había contratado en seis mil ducados, el 6 de noviembre de 1621, el gran retablo de Santa Clara. Extenderíase" por la ciudad, causando envidia y enojo entre los maestros pintores, la condición contratada que de "todo el dicho retablo, así de samblaje, como de talla y es¬ cultura, dorado, estofado, y encarnado ha dé ser obligado el Maestro escultor y arquitecto a quim tádo él s