CATÁLOGO DE LAS PINTURAS DEL INSTITUTO DE VALENCIA DE DON JUAN Ejemplar núm, 65 CATÁLOGO DE LAS PINTURAS DEL INSTITUTO DE VALENCIA DE DON JUAN POR F. J. SÁNCHEZ CANTÓN SUBDIRECTOR DEL MUSEO DEL PRADO M ADRID-MCMXXIII El catálogo de las pinturas'del instituto do Valencia de Don Juan No requTeí'e algunas explicaciones previas. son las obras del arte pictórico elementos esenciales del Instituto, que, es notorio, se concibió principalmente para lugar do estudio de la historia de las artes industriales españolas, y, sólo en segundo plano, p^ara centro de conocimiento de las demás modalidades de nuestro pasado. Sin embargo, el puesto de los cuadros —en especial de los retratos— que posee, estfi claramente definido, y presenta aspectos merecedores de señalarse. X^AS pinturas que aqui se estudian forman parte de un Museo —de los que no van pareciendo invención arcaica y realidad ya muerta—. Pertenecen a un Insti¬ tuto que por la propia voz declara voluntad, no ya de ser, sino de vivir; pues su raiz significa tanto como «permanecer en pie»: afirmación primordial de activi¬ dad. El mismo titulo de la fundación da noticia de lo que se instittii/e. Valencia de Don Juan es un condado leonés de la Corona de Castilla, que poseyó en vigésima- cuarta sucesión Doña Adelaida Crooke y Guzmán de Osma, cofundadora del Instituto. Se establece así desde el nombre, la existencia actual y perdurable de una realidad histórica, y, (con independencia de las mudanzas que pueda tener en loporvenir el titulo nobiliario, contiinnindose en ollas su historia propia), cristalizó aqui, para ser estudiada, la foi·inación social que condensa un gran linaje español. No se debe, sin duda, a indeliberado detalle de programa arbitrario, el que así resulten como encerradas dentro de marco común y unificadas en el ambiente de la fundación las series de- su Museo, de su Archivo histórico y de su Biblioteca. Pudieron ser parte ello asociaciones indeclinables; pero más que nada se nos a antoja una sugestión inmanente en el concepto mismo del Instituto y que tomaba CATÁLOOO DE PINTURAS tt X PRÓLOGO cuerpo con él. No setrataba meramente de nutrir colecciones artísticas, sino de constituirlas en crisol de actividades. Lo reunido aquí ha de proseguir evocando y sugiriendo a su vez. No son cosas muertas expuestas en lugar no vivido. Tampoco se pretende galvanizarlas, mediante ningún artifício de falseada reconstrucción. No habrá de extrañar a los que visiten el Instituto el no encontrar en él aquella suerte de «reconstitución histórica» al uso. Hoy, por huir del Museo- galeria, se suele ir a parar a unos «estilo antiguo», que de resucitar aposentos en nuestros antepasados, juzgarianlos trufas de embaidores, cuando no mendaces tes¬ timonios levantados al aderezo de sus viviendas. No tiene el Instituto de Valencia de Don .luán apariencias de hogar de dos o tres siglos de fecha, y aun siendo núcleo piñncipal de su mobiliario una buena parte del paramento y ajuar de una gran casa española, no hay en él pieza dispuesta en la convencional manera de los modernos interiores antiguos. ¿Cómo se ha intentado, entonces, dar vitalidad a las series documentales y artísticas cuya suma forma el Instituto? Es ardua la respuesta, como es difícil defi¬ nir la vida. En cifra pudiera decirse que la nota característica de lo vital es la organización; y el Instituto de Valencia de Don .luán viene a ser un organismo armónico. Cada serie constituida en él podrá ser un sistema con funciones propias, y todas a la vez nos aparecen como subordinadas al principio formulado en el titulo de la fundación, que, al razonaida, la vivificó y hace fecunda. Una familia prócer átase por la sangre a otras de su alcurnia, da brazos para la guerra, voluntades para la gobernación de la república, servidores leales a los Reyes; dota monaste¬ rios, construye templos y palacios, y a lo largo de siglos derrocha oro y energías que dejan huellas. La crónica familiar resume en cierto modo la historia nacional. Los documentos, al parecer, más inconexos, los recuerdos suntuarios menos afines, cuanto en los ámbitos de lo que fueron" las Españas puede allegarse, cabe sin vio¬ lencia bajo las ramas del árbol genealógico de una estirpe. A la luz de esta consi¬ deración se ve clai'o cómo el estudio de las memorias de un linaje puede dar claves de conocimiento para la historia del pueblo. Y, por otra parto, queda asimismo patente que obras y recuerdos, testigos veraces de tiempos idos, hallarán anibiente propicio donde presida esta amplia visión de una historia familial'. Lo dicho es aún más evidente cuando no se trata de descendencias directas y continuadas, sino de títulos, cual el de Valencia de Don .luán, que por haber recaído en hembras con singular frecuencia, fué a través de los tiempos, en la descendencia de D. Martin Vázquez de Acuña y de Doña Maria de Portugal, dic¬ tado de diversos apellidos. Escrito lo que precede, es fácil declarar las características de la serie de pin¬ turas del Instituto estudiando su origen, primero, clasificándolas después y, por fin, delimitando su papel en el organismo total de la Fundación. A ésto habrán de seguir las normas a que se ha ajustado la elaboración del Catálogo. prólogo xi Con mucha diferencia, la mayoría de las pinturas que se estudian en este Cata¬ logo son parte de las que poseía a su muerte, en 1840, el XXII Conde de Valencia de Don Juan, Don Diego Isidro de Guzmán. La enumeración de sus apellidos y títulos ahorra todos los argumentos que se juzgaran precisos para demostrar en este caso la confluencia en una estirpe de la vida histórica de España. En los do¬ cumentos oficiales de su Casa se titula, al año 1805, «D. Diego Isidro Guzmán y de laCerda, Fernández de Córdoba, Manrique de Lara, Vélez Ladrón de Guevara, Fernández Manrique y Tasis, Enriquez, Porras Sotomayor, Muxica, Figueroa, Lasso de la Vega, Niño, Silva, Guevara, Spinola, Colona, Ligny, Bracamonte, Barroso de Rivera, Aguilar y Velasco, Ibáñez de Moxica, Téllez Girón, Benavides, Gonzaga, Mendoza, Manuel, Vázquez de Acuña, Luxán, Ayala, Rivera, Sandoval, Faxardo, Cardona, Castro y Quiñones; Marqués de Montealegre, de Aguilar de Campóo, sus unidos y agregados, de Quintana y de Guevara; Conde de Oñate, de los Arcos, de Castañeda, de Castronuevo, de Añover de Tormes, de Villamediana y de Campo Real»; juntó a todos éstos, desde la muerte de su madre en 1811, los títulos de Conde de Paredes de Nava y de Treviño, Duque de Nájera y Conde de Valencia de Don Juan. Al morir D. Diego Isidro, y surtiendo ya efectos las leyes desvinculadoras, dis¬ locáronse aquellos estados y títulos. En apéndice especial se anotan las particio¬ nes de sus bienes muebles, por cuya virtud vinieron porciones de. ellos a parar al Instituto. A las pinturas procedentes de la de Oñate han casa se juntado aquí las varias adquiridas por D. Juan Crooke y Navarrot, padre de la XXIV Condesa, algunos retratos de familia del fundador del Instituto, D. Guillermo J. de Osma, y cuadros modernos que han quedado en las salas y estancias del edificio a titulo de recuer¬ dos de la generación última pasada, por decorar desde hace muchos años las que fueron habitaciones del vivir diario, y por ser obras de artistas no solamente con¬ temporáneos, sino casi todos ellos amigos personales de los fundadores. La clasificación de las pinturas no suscitó dudas, la imponen los asuntos: 1. Retratos de Reyes y Principes.—II. Retratos de personajes varios.—III. Retra¬ tos de ascendientes de los fundadores del Instituto.—IV. Cuadros de diversos géneros. Dentro de cada una de estas secciones las pinturas se ordenan cronológi¬ camente; salvo en la IV, las de pintores del siglo XIX, que se ponen por orden alfabético de autores. Fué siempre gustoso poseer retratos de Monarcas. En el siglo XVII, por no siempre contenerse esta afición dentro de los límites del respeto más apurado, ori¬ ginó dos acuerdos de la Sala de Alcaldes de la Audiencia de Madrid: que en 1633 XII PRÓLOGO mandaron «que no se hiciesen retratos de Personas Reales no siendo muy pareci¬ dos y con ávito decente», y en 1679 ordenaron que los pintores no vendiesen retra¬ tos de Personas Reales «sin que fuesen aprobados por el de Cámara». Hay noticia de series más o menos cabales en casas de la nobleza. Recuérdese, por simple ejemplo, el inventario de la de los Marqueses de Poza, en 1605; y explicase sin diñcultad esta costumbre. Era el Rey para los nobles no sólo dispensador de mer¬ cedes—titules, hábitos, gobiernos, virreinatos...—, sino natural señor en cuyo servicio la hacienda y la vida se han de dar. Y asi, aun Carlos II pudo ser imán de voluntades. Los ricos-homes audaces y levantiscos de nuestra Edad Media, en los siglos modernos se convierten, lima¬ das las garras, en perfectos cortesanos. El añejo respeto truécase en culto hasta sin fe. La colección de retratos reales en la casa de un magnate solia significar memoria de honores y privilegios; mas rara vez entrañaria el sutil concepto del valor histórico de evocación. Ha de señalarse que, en esto como en otras cosas, aparece la Casa de Oñate cual patente excepción. En tiempo no difícil de limitar, uno de los titulares —pro¬ bablemente el octavo Conde, D. Iñigo Vélez de Guevara, el mismo que a media¬ dos del principales de su mayorazgo en la calle siglo XVII reedificaba las casas Mayor— tuvo ideas ni entonces ni ahora vulgares, y quizá sintiendo la trascen¬ dencia del retrato como significado de cosas más altas que -el mero recuerdo personal, trabajó por reunir verdadera serie y colección de ellos. Desde luego no se halla completa en el Instituto la que formaran en el palacio de la calle Mayor los retratos de Reyes. Falta aquí —entre otros que constan en los inventarios— el Emperador Carlos V; y se echa también de menos de la Casa de Austria, el Felipe III; y luego, de la de Borbón, solamente figura Carlos III. Siete de los retratos provienen, al parecer, de la serie que se pintó para el Bosque de El Pardo, a seguida del incendio de 1604; si es que no formaron parte de la propia serie palatina, como parecen abonarlo, de un lado, su técnica, y de otro la circunstancia de perderse el rastro de aquélla a partir del inventario del Palacio hecho en 1614, donde por última vez se detaliaron. A.l revisar la sorprende hallar en ella serie de retratos de personajes varios, algunos de hombres insignes en las letras. Es esta una verdadera singularidad, porque ni en las colecciones palatinas se encuentran tantos retratos de escritores. Al estudiar las magnas galerías de pinturas de nuestros Reyes, se ve que los retra- PRÓLOGO XIII tos son en su casi totalidad de familia; dándose al concepto la amplitud que precisa, cuando se habla de un linaje regio. No faltan los de capitanes ilustres y algunos hay de grandes señores, pero es difícil topar con un artista o un literato. Esto explica que en todo el Museo del Prado —heredero de las colecciones reales- apenas haya poetas y artistas, prescindiendo de autorretratos, que a buen seguro se adquirieron por su valor artístico, haciéndose caso omiso de su interés iconogrᬠfico. En oposición con ejemplo tan calificado, la Casa de Oñate poseía retratos de Quevedo, Lope de Vega, Pedro de Valencia, Arias Montano, Garcilaso, Fray Hortensio, Góngora, Padre Suárez, Ariosto, Bernardo Tasso... demostrando de este modo un empeño meditado, por extraño, más laudable, lái al Conde D. Iñigo se debe la idea de tal galeria de hombres ilustres, tendría ello fácil motivo; en sus andanzas ¡ludo conocer las famosas de Paulo Jovio y del Archiduque Feniando del Tirol. En España fué célebre en el siglo XVI el Museo iconográfico formado ])or Ai'gote de Molina en su casa de Sevilla. De los retratos de familia nada se ofrece decir, como no sea hacer constar que se incluyen en esta Sección del Catálogo algunos no identificados. Hizose asi, porque el conocimiento de los inventarios antiguos convence que no era acostum¬ brado poseer retratos de extraños. Por ende, no siendo de estirpe real ni de nom¬ brados varones —fácilmente reconocibles—, hay grandes probabilidades de que sean recuerdos afectivos muchos de los retratos anónimos. De esta guisa quedan con un asomo de clasificación que puede servir de punto de partida para ulteriores esclarecimientos, que se lograrán, por el prurito de rectificar, que toda hipótesis despierta. CyOKTO es el número de las pinturas de asuntos varios y entre ellas son pocas las de antiguo origen. Salvo un lienzo del Greco, las más importantes pinturas del Instituto en esta sección fueron adquisiciones posteriores a la dispersión de la gale¬ ria de los Condes de Oñate. Í/S tema que pide alguna meditación el señalar el papel que en el funciona¬ miento armónico del Instituto de Valencia de Don Juan desempeñan las pinturas cuyas secciones quedan enumeradas. Para mayor desembarazo del pensamiento se debe dar de lado provisional- XIV PRÓLOGO menteelpurovalorartistico .de las pinturas, no porque carezcan de él las que aqui se estudian, sino porque la apreciación de las calidades pictóricas cae fuera de los linderos del Instituto; ello tiene en otros centros adecuado lugar. Descartados los elementos técnicos han de considerarse aqui las pinturas como representaciones y como documentos. En ambos conceptos cumplen los cuadros fun¬ ciones especiales y señaladas en nuestro Instituto. Retratos, cuadros religiosos, pinturas profanas concretan —lo mismo que tapi¬ ces y reposteros, armas, libros y pergaminos— el ambiente de la Fundación. Son los retratos la nota artística de más vivo recuerdo.—Cuando este Rey nacia, España se alzaba sobre toda grandeza; estos otros abrieron la sima en que pudo hundirse; aquel caballero armado fué ágil guerrero y prudente Virrey; esta monja, nieta de un Papa y tia de un Santo; aquella damita fué la más rica here¬ dera de Castilla; y luego Quevedo Lope, monstruos de ingenio, y Arias Montano y y Pedro de Valencia abismos de saber. — A estas sombras augustas acompañan las familiares, y unas y otras son a manera de los hilos —oro, seda, lino y lana— que tramaron el tapiz de nuestra Historia. Son evocaciones que hacen actual lo pasado. Las pinturas religiosas y profanas son representaciones vivas también: nos hablan, ya de las ideas y sentimientos permanentes, ya del carácter propio de cada época; los Palacios de nuestros Reyes cazadores, las composiciones de ani¬ males a la plácida moda de Flandes, la complicada alegoiáa henchida de acadé¬ mica preceptiva, el paisaje romántico, la escena de costumbres... Ha menester la Historia de estas viñetas que animen la seca sucesión de nombres y fechas. En la compleja organización del Instituto son los retratos a modo de agonistas de cuanto les rodea, y las demás pinturas a manera de comentarios vibrantes de su vida. El conjunto asi concebido mantendrá hermanadas las diversas series, tan dificiles, si no, de reducir a la unidad, que es aspii'ación del Instituto. En sus Salas resulta natural que el retrato de Felipe IH niño acompañe a las postreras labores de los moriscos, en visperas de su expulsión, y el de Carlos IH a los productos de las Reales Fábricas del Retiro, que implantó. PERO, dicho queda, que las pinturas, además de representaciones, son documen¬ tos; y este carácter más prosáico y humilde les asigna también función valiosa en el Instituto. Retrátanse en las pinturas telas, armas, joyas, muebles, solerías y paramentos; todo aquello, en suma, que según principios se ha de estudiar en nuestra institución. Son los cuadros ejemplos claros para la historia de las artes suntuarias, y por su indole vital y estética completan de suerte singular el cono¬ cimiento suministrado por los objetos mismos, siempre un tanto inertes. Este con- prólogo xv cepto utilitario de la servidumbre de las obras pictóricas, si bien prescinde un tanto de su mérito cuanto realizaciones de en belleza, ensancha su significado histórico y acentúa asimismo la diferencia cardinal que separa al Instituto de una galería de pinturas. Las normas a que se ajustó la elaboración de este Catálogo son simples conse¬ cuencias de los principios expuestos. Se echará de menos, en el encabezamiento de las papeletas, la atribución, o por lo menos la clasificación, por escuela y fecha. De lo que queda declarado se deducirá que tales definiciones no son requeridas por la naturaleza del Insti¬ tuto. Museos y Galerías hay que en este punto hinchen las medidas: los Museos, porque deben ser guias de los estudiosos de la historia de la Pintura; las colec¬ ciones particulares, porque el marbete puede avalorar la propiedad privada. Nin¬ guna de las dos eireunstaneias se dan en el Instituto; ni la primera, obedeciendo a su concepción inicial, ni la segunda, porque estos cuadros quedaron adscritos perpetuamente a la Fundación, y estando toda venta fuera de los limites de posi¬ bilidad, el valor comercial que tendrían o dejaren de tener no hace al caso. Pero, la supresión en el encabezamiento de toda definición p.v cathedra de autor y de fecha, no excluye que en las papeletas figure el juicio del autor del Catᬠlogo; juicio ((ue el lector es dueño de refrendar, contradecir, o no leer. La descon¬ fianza que en muchos espíritus avisados va despertando la llamada critica téc¬ nica y estética — cuya falta de objetividad y certeza no hay que encarecer, puesto que suele tener por único cimiento el gusto personal—, ha impulsado más bien a procurar en todos los casos recoger los que puedan ser indicios, donde no haya documentos, y ponerlos por encima del parecer que arraigue en mera impresión. En definitiva, las notas que estudian cada pintura, aspiran a guiar al visi¬ tante, desentrañando datos que estuvieren escondidos y suministrando, en suma, premisas a su inteligente atención. (Kl texto de este Prólogo fué revisado y corregido por el fundador del Institido D. Guillermo J. de Osma.) Num. ] RETRATO DE FELIPE I DE ESPAÑA, LLAMADO «EL HERMOSO» Lienzo: alto 1"'24, ancho O"'97 Felipe el Henno.so, hijo del Emperador Maximiliano I y de Maria de Boi'goña, nació llrLijas el 23 de junio de 1-178. Fué creado Caballero el 9 de mayo de 1481 en y Conde de Flandes en 1494. Casó con Juana de Castilla el 18 de octubre de 1496. Estuvo dos veces en España Fué Rey de Castilla, desde la muerte de Isabel la Católica (25 de noviembre de 1504), hasta la suya ocurrida en Burgos el 25 de setiembre de 1506, «a medio dia, en las Casas del Condestable» De su hermosura se hacían lenguas los coetáneos: una balada brabanzona decía de él : «Sa face redonde cler, pure et monde, comme le soleil, liourciuoy tout le monde ayine sa faconde et son appareil» ® y el Almirante de Castilla y su madre decían a los Reyes Católicos, que «era mancebo hermoso, dispuesto, gentilhombre, animoso, de muy buenas costum¬ bres»^»'). El continuador anónimo de la Crónica de Pulgar hace de Don Felipe este retrato: «Era... dado a los juegos, y holgaba de fablar y tractar con mujeres; no le (1) La primera eu 1.501 cuando vino con Doña Juana a ser jurados Principes de Asturias, viajo contado en Antonio de Lalaing. (Gachard: Voí/ar/es des Sou¬ ia interesantísima reiación de verains des Pays-Bas. Bruselas, 1876, tomo I); la segunda, cuando la muerte de ia Reina Católica. (2) Anales breves del Dr. Galindez do Carvajal (Biblioteca de Autores Españoles, LXX, pág'iiiix 556). (3) liecueü de Ballades de la Bibliothèque Royale de Bruxelles. (Exposition de la Toison d'or: Brujas, 1905, pág. 34.) (4) Rodriguez Villa: Doña Juana la Loca, estudio histórico. Madrid, 1892, 4 CATÁLOGO DE PLSTUKAS pareciíi cosa mejor que los gentiles gestos de mujeres. Comía e dormia bien... Era blando a todos, y apacible, y mucho noble, más que jiinguno deseador de justicia, muy a])arejado ])ara todas virtudes» Y el P. Mariana le describe asi: «Fué de estatura mediana, rostro blanco y colorado... belfo, ojos medianos, cabello largo: toda la composición de su cuerpo muy honesto y muy amal:)le, el ánimo muy generoso, la condición IVicil... enemigo de negocios y aficionado a deportes» (-b Calló el F. Mariana lo que no ocultó el mentado continuador de Pulgar: «Otros afirmaban acerca de su muerte, que con mal regimiento deste siglo al otro habla pasado. Dexémoslo al juicio de Dios» (•'). ❖ Muéstrase Don Felipe en este retiaito digno de la fama ipie acompaña a su nombre, (lue suelen no confirmár muchos de los que por ahi corren, xáparece en él de más años ([ue en ningún otro de los conocidos: realzan su apostura la riqueza del traje y del tocado, la gentileza de la actitud y el fondo de paisaje. Es figura de im'is de medio cuerpo: de tres cuartos hacia la derecha. Larga la cabellera, tocada de birrete rojo, encima la gorra de terciopelo con broche y bar- bicacho de galón dorado: camisa blanca fruncida con entredós ahuesado, jubón de raso verde con galoncillos paralelos de las oro, mangas como acuchilladas, los ])uños de la camisa escarolados; ropón de terciopelo brochado con vueltas de piel de marta. En la diestra los guantes y al cuello el toisón. Por la ventana se divisa l)aisaje con arbolado y una iglesia. La bella composición del lienzo inexi)licable pintor es en (lue no tuviese muy estudiados los lienzos venecianos, singularmente la Emperatñz Imhel, de Tiziano. De aqui, que se haya de deducir, que el prototi])o del retrato de Don Feli))e del Instituto de Valencia de Don Juan fué pintado con i)osterioridad a su muerte. Fruto de investigaciones, continuación que a se exjionen, se ha ])odido llegar a la conclusión, de que el lienzo que aqui se estudia, es el original, o una copia antigua, del retrato de Felipe el Hermoso, pintado ])or Juan Pantoja de la Cruz, ])ara la galeria iconográfica del Palacio del Pardo. La exposición de los antecedentes encierra la ])rueba: En el Palacio del Bosque Real del Pardo —rendez-cous de caza— habia una (1) Biblioteca de Autores Españoles, LXX, pág. 5'24. (2) Historia de España, libro XXVIII, cap. XXIII. (3) Loe. cit. I. —KKTKATO.S DE HEVES Y I'HÍXCIHE.S ñ serio de retratos de familia (iiic se inventarió en 1561 y ([ne en ló82 catalogaba Arg'ote de Molina (->. Era grande el nt'tmero de retratos —no menor de cnarenta y tres en la primera de las fechas citadas—, y por extraño qne p¿irezca no se enu¬ mera entre ellos el del m¿irido de la Reina Loca. Al decir de Argote: «Son todos estos retratos de vara y tei'cia de grandeza, qne descubren el cner])o entero poco menos que hasta la rodilla». En 1(104, un violento incendio destruyó parte del Palacio del Pardo y jiocas de las innturas pudieron salvarse. Felipe III, rey cazador, iicudió con interés a la restauración. En 21 de enero de 1(114 se hace nuevo Inventario de las Plntinais del Palacio ññ en la Bala de Letratoii treinta y se ennmeran ocho de la familia de nues¬ tros Reyes a juirtir de Fernando el Católico, y entre ellos ligura en cuarto lugar el de Felipe I, subsanándose asi el anterior olvido o la deliberada jn-eterición. Enca¬ beza la lista una nota: Eato.^ retratos hizo Joan l'antoja de la f los 35 y los demás serán cargo dejo. La serie habia de reconstituir y comiiletar la quemada. Juan Pantoja de la Cruz nació en Madrid hacia 154'J: declara en su testamento que estudió la Pintura Sánchez Coello, a quien al i)arecer sucedió en el cargo con de pintor de Cámara. La primera fecha conocida de su vida es la de 5 de setiem¬ bre de 1593, en la que aparece ya casado y en Madrid. En 1595 está fírmado un admirable retrato de agustino de la colección de los Duques de Valencia en Madrid; es pintura suscita problemas, pero que es obra maestra. Fué el más solicitado cpte de los pintores de la corte, logrando ser propietario y hacendado. Por alguna gra¬ ve enfermedad testó en 23 de julio de 1599. Faltábanle, sin embargo, sus mayores triunfos, conseguidos en el siglo XVII con las ricas modas del tiempo, pues su arte minucioso y detallista se ¡(restaba a la jñntura de joyas y brocados. Murió en Madrid el 26 de octubre de 1608. Como discípulo y sucesor de Sánchez Coello, el retrato fué el género predilecto de Pantoja; y aunque no dejó de cultiviir la pintu¬ ra religiosa, el Ajar en el lienzo a la familia real y los ¡(ersonajes de la corte, fué empleo casi constante de pinceles. Supo dar distinción a las ílguras, y en el sus colorido ])rodigó tonos gríseos, muy gratos a los ojos modernos. ¿Qué suerte corrieron aquellos retratos? En 26 de setiembre de 1703 se acaba el Inventario de las Pinturas del Pardo hecho a la muerte de Carlos II y al llegar a la Sala de Retratos se mencionan en un solo asiento ti'einta y ocho lienzos. Carlos III dispuso una nueva decoración del Pardo, que cubrió sus muros de tapi- (1) Inventario de las cosas que al presente están en la Casa del Pardo: 31 de setiembre de 15(54; inédito en el Archivo de l'alacio. (2) Descripción del Bosque del Pardo: introducción ;il Libro de Monteiia de Alfonso XI; tomo IV de la Biblioteca Venatoria. Madrid, 1882, pág. 108. (3) Madrazo; Viaje artístico. Barcelona, 1884, pág. 83. (4) Inventario inédito en el Archivo dts Palacio. (5) Inventario inédito en el Archivo de Palacio. (i CATÁLOGO DE PINTURAS ees inventaria cuadro alguno en este Palacio. Las pinturas y en 17í)4 ya no se que a la sazón lo decoraban pasaron a la Quinta del Duque de Arco, en su mayor y mejor parte, y a otros Sitios Reales; pero entre ellas ya no figura la serie icono- giaifica de nuestros retratos regios. De éstos, que eran obias de Pantoja de la Cruz, queda ya perdido el rastro. ¿Los regalaron los Reyes a nobles o leales ser¬ vidores? ¿Hizose de ellos almoneda, según fué costumbre? Hasta ahora no habla razón más que de uno sólo, conservado en el Prado —tal vez i)or su firma . Hoy, bien por ser los originales —que es muy probable—, bien por viejas y exce¬ lentes copias, creemos poder asegurar que se conocen hasta siete, guardados en el Instituto de Valencia de Don Juan (uno de ellos éste, del Rey Don Felipe el Her¬ moso); otro en casa del Conde de Villagonzalo y otro (Felipe III) propiedad de los Condes de Crescente, que fueron ambos, asimismo, de los Oñates Mas se preguntará: ¿es posible que Felipe H, contando con una colección sin igual en el mundo, no tuviese el retrato de su abuelo laiterno y su hijo necesitara (jue se pintase uno? No uno, sino sois, poseía la Corona de España en 1600, según demuestra el Inventario del Alcázar de Madrid (5). He aqní los asientos donde se describen, e de averiguar cuál fué el que importa aducirlos: primero, para ver Pantoja eligió para modelo, y después, para ir formando un estudio acerca de los retratos de Felipe el Hermoso, hasta hoy ai)enas intentado ("b Prescindiendo de uno de plata —¿en medalla?— que de momento no interesa, menciona el Inventario —en que, por cierto, era tasador Pantoja - , los siguientes: «Vil retrato en tabla, al ollio, del Rey don Phe. el primero, de medio cuerpo, siendo mozo, con collar del tusón, y un bordón en la mano derecha, y vn rosario en la izquierda y en el sombrero una venera... de alto dos tercias menos dedos y de ancho media vara escasa: tasado en cincuenta reales.» ( 1 ) Miiflnizo: Viaje ai Ustico, pág. 262. (2) Museo del Prado: Carlos V, lirinado Joannes l'aiitoja de la j ejus iraducfor, 1605 [mini. 927 del Catáloi/o extenso]. En las liabitaeioiies de Felipe II en El Escorial hay otro ejeiiqilar. (o) Retrato del Principe Don Carlos; luiin. oO do la KxIMition of SpaiiLsli Art. Burlington House: Londres, 1920-21. Este cuadro estuvo en el palacio do los Condes de Oñate, en la calle Mayor, hasta el año 1911. La Condesa do Castañeda, última de las hermanas del último Conde de Oñate que vivió aquella casa, lo legó (cláusula de su testamento do 30 do julio de 1910) al Conde de Villagonzalo. (4) Podria ser ésta también luia colección de retratos regios costeada por un magnate, como la encargada por el Marqués de Cañete en 1621 al jniitor Pedro do Salazar, que había do constar de trece lienzos y comprender a Carlos V, Felipe II, Doña Ana, Felipe III, su mujer, hijos y yerno y nuera (Pérez Pastor: Documentos, núm. 799, pág. 156), (5) Guárdase cu el Archivo de Palacio. Lo publicó Rudolf Beer en el Jalirbuch der Kunst liistorischen sanliimmgen des atler hochsten Kaiserhauses. Viena, 1891. (6) Sanpere Miquel: Portraits de Phitipjye le Beau et de Charles V; Arts anciens de Flan¬ dre, m, fasc. II, pág. 85. EL EJIPEKADOK JÍAX1 JULIANO I Y SU FAJIILIA, pov B. Strigel l (Museo de Viena) FELIPE I EL HERMOSO REY DE ESPAÑA ( 1478-1506) hi -' s ¿. ===' ' " ef"" í*!??íí.. .. J^\*» aiüai ám§ , ..■ : .. : ' -Ém -í;·■ ■ '■ '^M A., V / x^-' |·^'í®;·t;í*:-;;v 4, .■ - V ■ *^^T" 5s "·í-"í'eW^Sí *4 » "^i«W' tMÇTí w m..- í v> *<¿K* 'Ctr lifSSs I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 9 «Otro retrato de pincel, al ollio tabla, del Rey Don Phe. primero con ropa colo¬ rada con vn cordón que le baja del cuello en que tiene puesto vn dedo de la mano derecha y otra cinta al cuello que remata debajo do la camisa, con gorra negra y vna medalla en olla: de medio cuerpo arriba: tiene de alto vara y tercia y de ancho poco más o menos de una vara.» «Otro lienco de pincel al ollio... de medio cuerpo arriba con gorra y en ella vna medalla y vn dedo de la mano derecha asida de botón del sayo.» vn «Vn lienco de pincel al ollio en que están los retratos del Emperador Maximi¬ liano, con ropa colorada forrada en lobos y collar de tusón, que tiene en los braços al Emperador Ferdinando y a su lado al Emperador Carlos quinto con collar del tusón, y junto a él el Rey Don Phe. primero padre, con collar del tusón y la su reina Doña Juana su mujer y la ynfanta Doña Maria con marco de madera negro con las molduras doradas: que tiene de alto una vara y de ancho una menos sesma.» La descripción de la primera partida recuerda el del Museo del Louvre. De la segunda se conservan dos réplicas o copias: una en el Prado y otra en la Colección del Marqués de Cerralbo —superior en técnica a la del Museo—; mas no fué éste el utilizado por Pantoja para original del que pintara para el Pardo; y procedió cuerdamente, demostrado está que no es retrato de Felipe el Her¬ pues moso, sino de su cuñado Filiberto el Hermoso de Saboya (2). La tercera partida quizá describe una repetición o pareja del de Filiberto. De la cuarta, obra de Bernard Strigel, se conocen por lo menos dos ejemplares: el original, en la Kaiserlich Gemalde-Dalerie de Viena (nú¬ tabla, guardado en mero 1.425) y una copia antigua en la Real Academia de Bellas Artes de San Feimando í-t. De esta pintura, indudablemente, sacó Juan Pantoja de la Cruz el retrato del Rey Hermoso, copiándola puntual, con idéntica gorra, con el mismo joyel: varió un tanto el vestido, onduló el pelo, hizo el rostro de más ttrmes fac¬ ciones, e invirtió la figura (que en el cuadro de Strigel mira hacia la izquierda). El fondo del paisaje que por la abierta ventana del fondo divisa, hubo de ser se inspirado también a Pantoja por la tabla de Strigel. Aunque posterior a la muerte de Felipe el Hermoso el grupo de familia del pintor alemán, tenia una circunstan¬ cia que tal vez fué la determinante que decidiera a Pantoja para tomarlo ])or modelo; es, a saber: el letrero que autentica la identificación. No podia escaparse (1) Catdlofjo de 1920, iiiiin. 1.921: se publicó como reti'cato de Felipe el Hermoso, por F. J. Sán¬ chez Cantón, en Los Pintores de Cámara de los Beyes de PJspaña. Madrid, 1916, págs. 22^23. (2) J. Allende-Salazar y F. J. Sánchez Cantón; Betratos del Museo del Prado. Madrid, 1919, páginas 4-5. Ya io iiabía diciio Hniin de Loo en sn Catalogue critique de la Exposition de Bru¬ ges, 1902, págs. 92-98. (8) Publicado, entre otros, por Lothar Brieger en sn Altmeister deutischer Malerei. Ber¬ lin, 1918, i)ág'. 65, y la copia por Sentenacii como anónima en el Boletin de la Academia de Bellas Artes (1922). CATÁLOGO DE PINTURAS 2 10 CATÁLOGO DE PINTURAS a SU perspicacia la iiisoguridad de los restantes retratos del Aicázai- tenidos como de Don Felipe. Por otra parte, en el de Strigcl es donde aparece menos aniñado su i'ostro, y todavía el pintor castellano acentuó los rasgos de su íisoiiomía, dán¬ dole más varonil hermosura. tí: rj; Aclarado asi, hasta dondç alcanzamos, el origen y iirobable historia del lienzo del Instituto; réstanos enumerar los demás retratos conocidos de Don Feliiie, y son, a saber: 1.° Doble retrato de Felipe el Hermofto, a los diez y siete años, con Doña Mar¬ garita, su hermana, o Doña .Juana, en la Colección Agnew, de Londi-es: supuesta obra de Juan Perrcal, que estuvo en la Exposición de los Primitifs français, en Paris, 1904 O). 2." En el Museo Imperial de Viena existe retrato muy semejante, aunque no réplica, del de la Colección Agnew ('2). á." lín la portezuela izquierda de un tríptico, del que es centro el Juicio Final, obra de un maestro brabanzón do hacia IñOO —sin fundamento ])ublicado como obra de Jacques Van Lathem, pintor de Cámara de Don Felipe—. Se le lepresenta en pie y cuerpo entero, armado y con manto. El cuadro se pintó para la Casa Comunal de Zierikzee y se guarda en el Museo de Bruselas 4." En la portezuela del trii)tico de la Colección Masure-Six, en Tourcoing, se le representa orante detrás de Cristo con la Cruz: obra de pintor in'obablemcnte bruselés, de hacia 1500 O). 5." Retrato de medio cuerpo, representando unos veinte años, con bonetillo en la cabeza: en el Museo del Louvre, obra de pintor desconocido G." Una buena réplica del anterior, con variantes: en Windsor Castle (''b (1) Exposition des primitifs français au Palais du Louvre, Paris, 1904, iiùni. 14.9, pᬠgina G4. (2) Da noticia de él cl Dr. Dsw. Rubbreciit: Tiorigine du type familial de la Maison de Ilashoury. Bruselas, 1910, pág. 110. Aunque desde un punto de vista particular, el Doctor Rubbreclit escribió un ensayo de la iconografia do P'olipo el Hermoso, sirviéndose como do fuente más importante de bis publicaciones bochas a raiz do la Exposición del Toisón do Oro. (9) Exposition de la Toison d'or, lám. XIII, págs. 27-28; Maeterlinck: Ix triptique mutilé de Zierikzee en la lievue de l'Art anden et moderne, setiembre, 1909; Fierons Gevaort: IjO.s primi¬ tifs Flamands. Bruselas, 1910, tomo III, pág. 210. Antes lo dió a conocer Royncn; Un triptyque historique. Ambcrcs, 1887. (4) K.rposition de la Toison d'or, lám. XIV, i)ágs. 29-90. Cf. Maeterlinck: loc. cit. (5) Exposition de la Toison d'or, lám. XV. (G) Op. y loc. cits. I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 11 7.° Un retrato i)ro[)ieclad del Uiuiue de Anhaalt, que a juicio del Dr. Fried- líinder es una buena copia, del sigdo XVI 8." Con Toisón y ropa de martas, en el folio 5:3 del i\I. S. 5.616 de la Biblioteca Nacional de Pails Ketrato-miuiatura, de Jlaestre de la Orden del Toisón, en el códice tífafua du Thoinon, que ])or donación de S. il. la Emjjei'atriz Eui·'enia se conserva en el Instituto de Valencia de Don Juan. 10. Con el hábito asimismo del Toisón, en el códice de las Constituciones de la Orden, ])roi)iedad de M. Porgés, de Paris (''b 11. En el «Sin Statuten-buch des Orden von Goldenin Vliess», obra, al pare¬ cer, de Simón Benning, de hacia 1530 (Jarhbuch de Viena, tomo V, pág. 263). 12. Justi (Zeitschrift für hildende Kumt, 1895, pág. 199) cree retrato de Felipe el IfermoHO, uno del Museo de Amsterdam que pasa por ser del Almirante Felii)e, bastardo de Borgoña, indudablemente no lo es. que Wauters niega que sea Felipe I de España (La España Moderna, 1913, pág. 146). 13. Consta que a Felipe el Hermoso le retrató su pintor Juan Mostaert; tal vez esta tabla es la que describe el Inventario de los bienes de su hermana en 1524: «Une auctre tablean de la portraiture de feu le Roy don Philippe de Castille ayant vestuz one robe de velour cramoisy fourrée de martre sable, le collier de la thoison d'or desús, pourtant une bonnet de velours cramoisy» '-ñ. Este retrato nos lo ha trasmitido un grabado de Pedro de Jode con la fantasía y libertad estiladas ])or los grabadores de la escuela de Rubens ®. 14. Figura retratado en la serie iconográfica del Alcázar de Sevilla <6); aun¬ que no en la de Esculturas del de Segovia <'>. 15. Estatua yacente en su sepulcro de Granada 16. En estatua, i'epresentando un San Jorge, en la iglesia del mismo Santo, en Brujas (1) Kiibbrccht: ob. cit., pág. 110. (2) IHbliotliéque Nalionale: Album de Portraits, pai- C. Coudorc. Píirls (s. a.), pág. 64, lámina CXIJII. (3) Ex2)osition de la Toison d'or. (4) Publicado por Laborde: Revue Archéolof/ique (íSbO)-, y en el Boletín de la Sociedad Bspa- ñola de Excursiones, tomo I, 1914. (5) Reproducido en el libro do Sander Pierron, /.es ^[ostaert. Bruselas, 1912, pág. 60. (6) Tormo: Series icónicas, pág. 30. El códice do Hernando de Avila, con los retratos del Alcázar de Segovia, documentado por Sánchez Cantón en Los Pintores de Cámara (pág. 56), se ha encontrado en la Biblioteca del Museo del Prado. (7) Tormo; ob. cit., pág. 33. (8) Ubra do Fcincolli; cf. Justi; Miscenalleen. (9) Dr. Rubbrocht; loe. cit, o CATÁLOGO DE PIÍNTUKAS 17. Otra, representando a 8an Adrián, i)ropiedad del Dr. ÁVint Robert, de Lille 'lb 18. Escultura en los Relicarios de la Capilla Real de Granada. ' 19. 8e representa en las vidrieras de la iglesia de Rrou y en alguna de Ainbe- res y Lierre •20. Medalla, en el anverso su retrato con corona y cetro, y en el reverso jine¬ te en caballo i)aramentado para justar, con el oi'gulloso mote Qui volet 21. Medalla de Felipe el Hermoso: en el Jarlibuch de Viena, III, pág. 55. 22. En una caja de nácar, frente a Garlos V, con un exageradísimo i)rogna- tismo. (Gabinete de Medallas del Estado), de Bruselas 2o. En la maravillosa serie de tapices de la Corona de España, llamada de los Paños de oro, aparecen varias escenas alusivas a unas dobles bodas, que muy vero¬ símilmente son representación de las de Don Felipe con Doña Juana y de Don Juan con Doña Margarita <»>. 24. Medio cuerpo con la inscri))ción; En imperiales (niim. 10 del Catálogo de la Colección Engel Gros. Paris, Junio, 1921. 25-29. A estos retratos han de sumarse los cinco grabados que cataloga A. Bar¬ cia en la Sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional. (1) Dr. Riibbrecht: loe. cit. (2) Noclet: L'Eglise de Brou. Paris, 1911, pág. 17.—]2Art flamand et Hollandais, tomos IX y X (1908). (3) Descríbela Arnaud: Les médailleurs ilaliens, tomo III, pág. 212 Itubbrccht, ob. cit., habla de dos medallas que estuvieron eu la Exposición de Brujas, que reputa reconstituciones del siglo XVI o del XVII. (4) Rubbreclit: ol). cit.. 111. (5) Tormo y Sánchez Cantón: Los Tapices de la Casa del Rey N. S. Madrid, 1919. Núm. 2 RETRATO DE DOÑA JUANA «LA LOCA», REINA DE ESPAÑA Lienzo; alto l'"24, ancho O"'97 Doña Juana, hija de los Reyes Católicos, nació en Toledo, en las Casas del Conde de Cituentes, cuatro horas antes de mediodía el 6 de noviembre de l-lTd. Semejábase tanto en rostro y IMaría Euríquez, gestos a su abuela paterna Doña que la Reina Católica llamábala «señora suegra». Tratóse su boda con el Archidu¬ que Don Felipe, al tiempo que la de su hermano Don Juan con la hermana de aquél. Doña Margarita; acabáronse los conciertos en 31 de marzo de 1495; y fueron las bodas el 19 de setiembre del siguiente año. La locura comenzó a turbar su inteligencia hacia 1502, exacerbándola las dilatadas separaciones de Don Felipe y el nacimiento de Don Fernando. El 23 de junio de dicho año escribian los médi¬ cos al Rey Católico; «la disposición de la Señora es tal, que duerme mal, come poco y a veces nada; está muy triste y bien liaca. Algunas veces no quiere hablar». En 1504 quiere escapar a Flandes y sale sola de la Mota de Medina. En otra ocasión pasa la noche desnuda en el patio del mismo Castillo. Consérvase un autógrafo suyo que no se puede leer sin emoción: «.Si en algo usé de i)asión» —dice— «y dexé de tener el estado que convenia a mi dignidad, notorio es que no fué otra la causa sino celo; y no sólo se halla en mi esta pasión, mas la Reina, mi señora, a quien Dios dé gloria... fué asimismo celosa, más el tiempo saneó a su Alteza, como placerá a Dios que hará a mi». No es de este lugar la narración de su vida, ni siquiera la de aquellos últimos años trágicos, en Todersillas, llenos de alucinaciones y tal vez tocados de luteranismo. Murió el 11 de abril de 1555 ñ). Más de medio cuerpo, la diestra enguantada cogiendo el remate de una silla, pañuelo de lienzo en la mano izípiierda. Ropa de tercioi)elo con i)uños de piel, ori¬ llos de galón de oro, descote cuadrado. Toca negra, forrada de lienzo blanco, con (1) Kodrig'ueK Villa: Doña Juana la Loca, estudio histórico, Madrid, 1892, 11 CATÁLOGO DE PINTURAS bordara de abalorios dorados, sujeta por una cinta con joyel: broche en el pecho con la perla Peregrina colgante—por singular anacronismo—, cadena de oro lisa. Ciñe la ropa un cingulo de cuentas de oro y piedras alternadas: la saya es de bro¬ cado de plata sobre fondo carmesí. El sillón de cuero con guarniciones doradas, la cortina roja. De todos los retratos de Doña Juana conocidos, con el (lue más intimamente se relaciona el del Instituto es, desde luego, con el del Museo del Prado, (nú¬ mero 1.280) ñ). Difleren: en la tela de las ropas, en que en el del Instituto coge la Reina con la diestra el remate -del sillón, mientras en el del Museo apóyase simple¬ mente en él; se ha hecho más perfecto el óvalo del rostro en nuestro lienzo, y los ojos se han oscurecido y achicado. Ambas pinturas parecen copias de un origi¬ nal de muy avanzado el siglo XVI —nótese que ostenta Doña Juana la famosa perla Peregrina, comprada por Felijie II muchos años después de la muerte de su abuela ®— o ya del siglo XVII. Tamaño y disposición llevan a pensar—lo mismo que respecto al retrato de Don Felipe—, en la Galeria real del Pardo, reconstituida después del incendio de IGOI. .Si extraño parecia que de Felipe I no hubiese retrato en la serie familiar del Pardo en el siglo XVI —falta compensada con los seis que habia en el Alcázar de Madrid—, más habrá de extrañar que de Doña Juana ni lo hubiese en el Pardo hasta después del incendio, ni en el Palacio de Madrid. Se inventaría uno en IfiOO: se consigna como figurando en el grupo de la familia de Maximiliano I por Bernard Strigel; pero es el hecho que en esta pintura no es Doña Juana la que se retrata, sino Doña Maria de Borgoña. Fn el enorme número de retratos regios catalogados en los Inventarios Palatinos no se encuentra otra mención de Doña Juana que en el muy tardío —año 1700 del Generalife, donde se asienta, al lado de uno de Don Felipe. Difícil es encontrar exiilicación a falta tan significativa. No existiendo, al parecer, en Palacio retrato alguno de Doña Juana ¿qué ori¬ ginal pudo servir para pintar el cuadro del Pardo? Todos los retratos hasta hoy identificados, que jjuedau ser contemporáneos, la rei:)resentan más joven; el del díptico Masure-Six es anterior a su viudez; y los tristes años de Tordesillas no eran muy propios para retratarse. Ignórase, en suma, cuál pudo ser el mo¬ delo utilizado. F1 más bello retrato de Doña Juana conservado en Fsjiaña es el que guarda la Colección del Duque del Infantado; se ha reproducido repeti- (1) Procedo do la Colección Carderora. Boroqui: Adiciones, II, 3.°, pág. fiO. Hoy depositado 011 la Embajada de Espafia cii Londres. (2) Beroqni: Adiciones y correcciones al catálogo del Museo del Prado, 2.°, II, 1911, pági¬ nas 53 y siguientes, y 2.", III, pág. 97; Allciidc-Salazar y Sánchez Cantón: ob. cit., pág. 154, (3) Inventario inédito en el Archivo de Palacio. DOÑA JUANA LA LOCA DE ESPAÑA (1479-1555). I.—líETRAïOS DE REYES Y PRÍNCIPES 15 das Aceces; Don Valentín Carderera, en 1877, lo atribuía a Maestre Michel El del Museo del Prado que antes se citó, tal vez sea más fiel reproducción del del Pardo que la copia del Instituto; tiene más carácter de antigüedad, y lo minu¬ cioso, aunque malo, de la factura, está más próximo de la manera de hacer de los retratistas do la Corte, de tiempos de Felipe III. No se hace en esta papeleta, cual en la dedicada a Don Felipe, enumeración de los demás retratos conocidos de Doña Juana, por ser esta tarea realizada ya, aunque con vario éxito, jior Madame Louise Roblot-Delondre en sus Portraits d'Infantes (París-Bruselas, 1913, págs. 1-12). Años hace, publicóse también un ensayo sobro la iconografía de la Reina Loca en el Bidletín de la üommision d'histoire, de Bruselas (año XIV, 1875, pág. 171). Carece de novedad el capitulo dedicado a Doña Juana en el antes citado libro del Dr. Rubbrecht. (1) Catálogo y descripción sumaria de. retratos antiguos da personajes ilustres españoles y extranjeros. Madrid, Tollo, 1887. Lo publicaron Seiitenaeh en lia Pintura de Madrid, pág. 15; y M. Roblot; Portraits d'Infantes. Parls-Bruselas, 1913, lám. 6; además de Carderera en su Iconografía española, tomo II, lám. LXIII. Num. 3 RETRATO DEL EMPERADOR EERNANDO I, HERMANO DE CARLOS V Lienzo: alto 1™24, ancho O™97 Hijo de Felipe el Hermoso y de Doña .Juana Ja Loca, nació Don Fernando en Alcalá de llenares el 10 de marzo de 150.J; y fué bautizado con solemnidad f^rande, referida por el Obispo Sandoval J'b Fué el único de los hijos de Doña .luana que nació castellano, y castellana fué su desij?- educación, habiendo tenido por ajms, nados por la Reina Católica, a dos Guzmanes: el clavero Don Pedro y el Obispo Don Diego. Mozo de ingenio agudo —aficionado a las Bellas Artes—, hubo de des¬ pertar simpatías, y a punto estuvo de formarse un partido que le llevase a ocujiar el trono de España. Regente lo nombraba Fernando V en su penúltimo testa¬ mento. Quizá, de h,aber sido Rey de España Don Fernando, no se hubiese desviado nuestra Historia. Casó a los diez y siete años; fué pronto, por su mujer. Rey de Hungría y de Bohemia, y en 1531 se le elegia Rey de Romanos, designándosele por futuro Emperador; murió, siéndolo desde 1558, en 15G4 De más de medio cuerpo: casi de frente. El brazo derecho, apoyada la mano en la cintura, la izquierda sobre la cabeza de un perro. En pelo. Camisa al parecer de tafetán de lino; jubón de terciopelo rojo con bordura de encaje sin puntas; ropa de terciopelo verde con vueltas de armiño y bordura como la del jubón. Cinturón de cuero. Collar de gruesos eslabones con joyel de oro, piedras y perlas. Abundan sus retratos de edad madura y no escasean los juveniles. No parece llegar a los veinte en el lienzo del Instituto, que cual el retrato de Felipe el Her¬ moso está pintado después de la fecha que acusa la edad del retratado. Ha de (1) Historia de Cartas V. (2) Tormo: Hn las Descalzas Reales. Madrid, 1915-17, pág's. 233-6. FERNANDO I EMPERADOR DE ALEMANIA ( 1503-1564 ) ' ^\£w^ - r W^À®, Üv t^arT « ' '!^r ■'t -jg -'ïí. - f" y-^W' <3^^ - V» ír ■ <'..i>i'".••«T"- ••.-«ivxwj r • , v^m~'- ^fs^ fe.íft-íwf^'íi.lA'íy > -^5-^ '^V-* / lV"ÍÍ«Í.ÍV •- . \ - ■' ^ 'X ÍS® . ' & % 1^ r^ -ít "ipR-- Í?%ç"í >/ ""^ ''.'íí í?'^ ^«'^A)»*»«#^«»t«^i.-'• i-,v-.-v'- ...■ II lli 11 iiniiiiiiiim 'ii'T^^ I I ^^8 l^íÉÉ' -^t ísSP S&'.·*. u .íto&Í^-3S»'S4«^í I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 17 creerse obra también de Pantoja, para la serie del Pardo. La apostura y aire del retrato, desusados en 1520, encajan a maravilla en el estilo de los retratos del último tercio del siglo: el mismo perro, sobre el que apoya la mano izquierda el Emperador, se parece mucho al Baylan, el perro de Doña Margarita, repetida¬ mente retratado por Pantoja. Cuelga de los hombros del Principe un joyel muy semejante al que ostenta la misma Reina en el lienzo núm. 10 del Instituto. En suma, es un arreglo análogo al del retrato del Rey Hermoso, y un arreglo muy bellamente hecho: es pintura de huen efecto, aunque flaquoa en detalles —manos, pliegues, pieles...— El colorido muy rojo, caliente. Da arrogancia y majestad al conjunto la amplitud de los ropajes. ;.De qué pintura se sacaría el retrato? No es imposible se haya tomado, como el de su padre, de la tabla de Strigel, acusando los rasgos y haciéndole más hom¬ bre ñ). Sin embargo, quizá el retrato donde sus facciones recuerdan más al del Instituto es el que figura en el tapiz de la traslación de Notre Dame de. Sablons, donde aparece llevando las andas delante de su hermano Carlos V A los diez y siete años lo retrató Hans de Schawrz, pero es retrato que difiere del ]íuestro a pesar do ser do los mismos años '■"'K Burkhardt (Le. Cicerone, II, pág. G40 de la ed. francesa) menciona dos retratos de Fernando I, que cree de mano de Bernhard Strigel, fechados uno en 1524 (en los Uffizi) y otro en 1525 (Galería de Boninge). .luvenil es también su busto en barro, del Museo de Middelbourg, atribuido a Conrado Meyt W). Veintiocho años contaba cuando G. Penz le retrató; guárdase esta pintura en el Museo de Stockholmo Recuérdense también el grabado de Bartel Beham de 1531 y el retrato pintado por este mismo artista El más divulgado de los retratos de Fernando I es el de Tiziano; de él se con¬ servan copias en el Musco del Prado (núm. 45:l) y en las Descalzas Reales y (1) Cf. la papeleta del retrato de Don Felipe I. (2) En Bruselas, en el Museo del Cincuentenario. Vid. Catalogue, (1912), por J. Destrée. (3) Museo Imperial de Viena, publicado en la lám. .82 del libro cit., lám. 79. Réplica en los Uffizi de Florencia. (4) Lám. 81, ExjJosition de le Toison d'or. (5) G. Gothe; Notice descriptive des tableaux du Musée National à Stockolm, 1910, núm. 1.391, página 260. (6) Reinach: liepertoire de jjeintures. Paris, 1910; III, pág. 125. La pintura os el mim. 1.432 dol Museo Imperial de Viena, reproducido por Gluk, Jahrhuch (XXV, pág. 246), y E. Ritter ^·on Engerth, Bartel Beliain'ss des Konigs Ferdinand I in der Kai.se.rlichen. (7) Cf. Allende-Salazar y Sánchez Cantón; ob. cit., págs. 48 y 49. Tormo reproduce la copia de las Descalzas Reales en su ob. cit., pág. 61. CATÁLOGO DE riNTITRA.S 3 18 CATÁLOGO DE PINTURAS por cierto que, a pesar de tan conocido y de llevar nn rótulo que declara quien ser es el retratado, en un libro reciente se publica como eíis'ie del Almirante don Fadriquo Enriquez (1) Calvo: líe.tmtos da personajes es2)añolas relacionados con la Historia Militar de España del siglo JCTT Madrid, 1919. Núm. 4 RETRATO DE DOÑA ISABEL DE PORTUGAL, MUJER DE CARLOS V Lienzo: alto 1™24, ancho O™97 Hija de Don Manuel o Venturoso y de Doña María, nieta como el Emperador, por tanto, de los Reyes Católicos, nació Doña Isabel en Lisboa el 25 de octubre de 1503; casó con Carlos V el 30 de abril de 1526: fué su vida virtuosa y oscure¬ cida, sin intervenir apenas en la gobernación del vastísimo Imperio español; sus diversiones, ni muchas, ni bulliciosas; vivió casi siempre separada del Emperador, entretenido fuera de España —cuyos linderos jamás traspasó Isabel— en conti¬ nuos negocios belicosos. Dedicada a sus hijos pasó los últimos años de su vida corta, pues murió en Toledo el 3 de mayo de 1539 ñ). De más de medio cuerpo; sentada, con un libro entreabierto en la mano derecha. Sencillo y sin joyas el peinado. La camisa de seda, fruncida en cuello y puños: jubón de tercioi)elo forrado en raso carmesí, con ancha cenefa de encaje negro metálico dorado, las mangas perdidas y abiertas con prendedores a trechos. La saya de brocado de oro. Al cuello una sarta de perlas con broche de piedras y la l'eregrina. No nos quedan minuciosas descripciones de cómo fué la Emperatriz y hasta el retrato de Ticiano —milagro del pincel— no se hizo del natural, sino copiando los rasgos y facciones de una mala pintura hoy perdida y de autor ignorado. Tal vez el único retrato de los hoy conservados hecho en vida de Doña Isabel, es el dibujo que se guarda en la Biblioteca de Arrás El lienzo del Instituto reproduce, invertida, la figura de la Emperatriz tal como la pintó Ticiano en el cuadro núm. 415 del Museo del Prado: la copia es defi¬ ciente y simplificada —suprimense la ventana y el paisaje del fondo. (1) P. Flóroz; liej/nas Catholicas, tomo II, y Sánchez Cantón: Doña Leonor de Mascarenlias y Fray Juan de la Miseria (Madrid, 1918). (2) Roblot Delondre: ob. cit., lám. 25. 20 CATÁLOGO DE PINTUKAH Ell 5 de octubre de 1541 estaban acabados ya en el taller del Ticiano dos retra¬ tos de la Emperatriz O): uno, el del Prado —copiado en el del Instituto—, otro, tal vez quemado en'el incendio del Pardo, del que son recuerdo varias copias y un grabado de P. de Jode, sin razón alguna, creídos reproducciones del cuadro que sirvió de modelo a Ticiano, dis])aratadamente atribuido a Mánchez Coello ¡que al morir la Emperatriz andaba en los siete u ocho años! Nada se puede asegurar acerca de quién sea el autor de la copia del Instituto; el estar invertida la fígura pudiera llevar a pensar si se sacó de un grabado desco¬ nocido. Es obra mediocre y seca. Quizá sea uno de los treinta y cinco retratos que, como de mano de Pantoja —aunque seguramente ejecutados por varios pin¬ tores—, sirvieron para renovar la serie del Pardo, después del incendio de 1004. Presenta la copia del Instituto la particularidad de ser la única antigua que conozcamos sacada del retrato que hoy está en el Museo. Sobre la iconografia de Doña Isabel se ha escrito mucho y con ¡¡oco acierto. M."'e Koblot Delondre, puede decirse, hizo de este estudio motivo para un libro, el ya citado de Fortmitfi d'Infantes, por creerse en posesión del prototipo del lienzo de Ticiano. (1) Aparto la mención de la carta en que asi consta, se inventarían estos dos distintos retra¬ tos y como obra de Ticiano entre las pinturas que trajo de 44andcs para su retiro de Yusto el Emperador. (Gacliard: Retraite et mort de Charles V. Paris, 18.Ó6, tomo II, págs. SO y sig-uientes.) (2) Para todo esto véase J. Allende-Salazar y F. J. Sánchez C¿intón: ob. cit., págs. .44-6; rectifiqúese lo que en la pág. 35 se escribe de que el retrato del Instituto copia el perdido do Ticiano. DOÑA ISABEL DE PORTUGAL MUJER DEL EMPERADOR CARLOS V ( 1503-1539 ) Num. 5 RETRATO DE EELIPE II, REY DE ESPAÑA Lienzo: alto 1"22, ancho O™98 Hijo del Emjíerador Carlos V y de Doña Isabel de Portugal, nació en Vallado- lid el martes 21 de mayo de 1527: fué bautizado por el magno Arzobisjjo de Toledo Don Alonso de Fonseca, pero sin pompa, por haberse sabido en acpiellos mismos dias el saco de liorna. En el monasterio de San Jerónimo de Madrid a 19 de abi'il de 1528 le Juraron Principe. «Su temperamento sanguineo —de mediana mixtura de melancólico para moderar el altivo movimiento de la sangre— le dió: larga vida, seiipril presencia, agudeza de ingenio, gran memoria, inclinación a lo justo, íiel, magnifico, impresión fácil de la virtud, alegría y atracción de ánimo... Dióse al real ejercicio de la caza para divertirse y ser alentado y fuerte... La buena disposición, aunque no grande, le disponía, y la natural fortaleza (jue nace del corazón fuerte... Tenia la frente señoril, clara, espaciosa; los ojos grandes, des- l)iertos, garzos, con mirar tan grave que ponia reverencia el mirarlos...; la forma del cuerpo conveniente a su dignidad, con partes con cierta gracia y perfección entre sí y con el ánimo correspondientes... Tuvo perfecta vista y en el oir sutileza tanta, que no sabiendo música, ni qué término de voz tenia —porque jamás cantó— juzgaba en ella advertidamente... Hizo maravillosas pruebas de gran memoria... Fué en decir, grave; en responder, pronto y agudo; en percibir, fácil; advertir, en claro; en las cosas arduas y difíciles, cauto, agudo, detenido, y ])ara todos los casos y ejercicios, como si hiciera su fortuna» d'. Así le pintó Cabrera de Córdoba, su cronista, y el retrato no difiere gran cosa de los que diseñaron los sagaces Embajadores de la República de Venecia; y ya que la historia jiolitica del reinado no es de este lugar, extractaremos sus informes acerca de la figura y carácter del Rey Prudente, y recogeremos también lo que escribió el ílamenco Sarracín. El Embajador Juan Micheli escribía en 1551: «El Rey Felipe es la imagen, el retrato fiel del Emperador su padre...: tiene la misma boca, el mismo labio colgante, con todas sus otras cualidades físicas, pero (1) Cabrera de Córdoba; Historia de Felipe II. Madrid, 1876, tomo I, págs. 3-6. 22 CATÁLOGO DE PINTURAS es de menor sin estatura, la del Emperador era mediana y la suya pequeña; es, embargo, muy bien hecho y muy dispuesto...; además recuerda mucho al Empe¬ rador en sus maneras, imitando lo mejor que puede la benevolencia y afabilidad de S. AL Imperial» <'). Federico Eadoaro, de regreso a Venecia en 1557, pintaba asi a Eeli))e II: «Es pequeño, sus miembros son delgados, la frente ancha y bella, los ojos azu¬ les y nariz bien ])roi)orcionada, la grandes, las cojas es})esas y jioco separadas, la boca grande y cabellera rubia, lo el labio inferior grueso..., la piel blanca, y la que le hace parecer flamenco, pero su aire es altivo porque tiene maneras espa¬ ñolas... Su complexión es débil, su alma un poco timida...; en lo que concierne a la templanza hace uso inmoderado de ciertos manjares, sobre todo de pasteles. Es muy dado a las mujeres» <2). De los últimos años de la vida de Felipe II escasean las relaciones: aún sobre¬ vivió diez y seis años a la de D. .luán Sarracín, abad de San Vaast, qúe en 1582 escribía: «La barbe tosque plus large et longue que ne portent les Italiens ni les Espag¬ noles... la couleur grise tellement meslée avec ce qui peult rester de la premier couleur qui estoit fort blond, que peu excepté elle paroit entièrement blanche como aussy la perruque ou chevelure la quelle semble un petit prématurée» Baste añadir que casó cuatro veces, y que no contrajo quintas nupcias porque su sobrina Alargarita, la monja de las Descalzas, se obstinó en no ceñir la Corona de España Murió Felipe II, entre horribles sufrimientos físicos y espirituales, en El Esco¬ rial el 1.3 de setiembre de 1598 Queden ahí esas noticias para ilustrar su retrato, que no hay para qué entrar en el juicio del Rey, ni del hombre: con somliras se lia pintado su figura desde Antonio Pérez recientemente se ha pretendido adararla más de lo justo en un vigoroso claro-oscuro, hasta hoy mal ensayado, estará la verdad. ;\i :i: (1) Gacliai'd; A'e¿«íío»í>' des ambassadeurs vénitiens. Bruselas, M. Hajez, 1856, pàgs. L-LI. (2) Gachard: ob. cit., pág. 36-7. (3) Gachard; ob. cit., pág. LXXI. (4) Acerca de esto curiosisimo episodio, coiisiiltese Tormo En las Descalzas Reales. ¡Madrid, 1915-17, piig's. 173 y siguientes. (5)Véase la descripción de los últimos momentos, escritii por el P. Sigüenza en la Historia de la Orden de Ran Jerónimo, II, Disc. XXI. (6) En sus Relaciones publicadas en Paris con el seudónimo do Rafael Peregrino. De los mis¬ mos años es la famosa Apología de Guillermo el Taciturno, donde se dice asesinó a su tercera esposa, mató a su hijo... (7) Las obras de Fernández Montaña. FELIPE II REY DE ESPAÑA ( 1527-1598 ir 4 f jr I ! I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 23 Más de medio cuerpo, apoyando la mano Izquierda en un bufete cubierto de brocatel de fondo bermejo con labras de oro y azul. El traje es de terciopelo encar¬ nado con cuello y puños de encaje de puntas, al parecer posterior a la fcclia del retrato si se juzga por la edad que representa el Rey. Manto de armiño: toca bor- goñona con beca larga. De unos cincuenta años aparece en el retrato del Instituto, vistiendo el hábito de la Orden del Toisón de Oro. No es como pintura, si atentamente se examina, una obra maestra, pero tiene interés iconográfico, pues no abundan los retratos de Felipe II de esta edad; y con el hábito de la Orden mentada sólo otro retrato se conoce —bien que bastante distinto y menos conformo a los modelos de las consti¬ tuciones—, obra de Ticiano de hacia el año 1.550 O). La forma del traje que viste en el retrato del Instituto es la del que usaban los Maestres del Toisón según los varios Códices de Statuten (2). Traje semejante, pero más rico, vcstialo en el juramento del Reino de Portugal (Lisboa, 16 de abril de 1.581) «L1 vestido del Rey era sotana de tela de oro y ropa de brocado, aforrada en la misma tela con el collar y tusón y gorra de rizo.» Nada se puede aventurar acerca de la procedencia de esta ]nntura: los inven¬ tarios palatinos no describen retrato alguno de Felipe II con el Inibito del Toisón. Ln las colecciones reales no escaseaban en verdad retratos de Felipe II; nada menos que 27 se catalogan a su muerte en el Alcázar de Madrid. Está por hacer un estudio sobre la iconografia de Felipe II. (1) Titien de l.i Col. Les Classiques de l'art. P.arís, Ilacliette, 1911, pág. 1.36. (2) El ya citado M. S. do la Col. de M. Forgés. (3) Relación publicada en el tomo YII de Documentos inéditos para la Historía de España . Madrid, 1845, pág. .347. Nútn. 6 RETRATO DE DOÑA ANA DE AUSTRIA, CUARTA MUJER DE FELIPE II Lienzo: alto 1™23, ancho O™99 Doña Ana, hija del Maximiliano II y de la Emperatriz Doña Maria, hermana de Felipe II, nació en Cigales (Valladolid) 1." de noviembre de 1549; casó con en su tio en el otoño de 1570 ñ). Un gentilhombre veneciano que i'ormaba en el séquito del Embajador Tiépolo, la describe asi: «No puede ser más modesta, tiene los cabe¬ llos rubios y la piel de extremada blancura; su figura es menuda, su talla poco crecida. Sus costumbres son de una regularidad perfecta, y su vida ejemplar. Es muy amada por el Roy su marido... Vestía de terciopelo negro con mucha elegan¬ cia; su tocado adornábase de piedras finas de muy gran precio...; llevaba al cuello a guisa de cadena una cinta de pedreria de un valor inestimable» Y en la relación que extracta el P. Elórez se habla del capotillo de terciopelo carmesí, bordado de oro a la «moda bohemia». De sus cinco hijos sólo se logró Felipe III. Murió el 20 de octubre de 1580. ^ ^ De más de medio cuerpo, apoyando la mano izquierda en una mesilla con tapete cannesí. El vestido es de raso blanco, sembrado de pliegues cortos perpendiculares fijándolo al forro. Los adornos son redondo sin puntas, de encaje de hilo do oro siguiendo las lineas principales: doble manga: cuello y puños de puntas de Flandes. Collar y cinturón do pedrería en grandes eshibones. La delantera de la saya cerra¬ da con lazos en zig-zag. Capotillo o gorra de terciopelo con pluma blanca. Al fondo cortina de damasco. Con muchas variantes reproduce —quizá fuera más exacto decir que está ins¬ pirado— el lienzo del Instituto, el original firmado por Moro en 1570, hoy en el Museo Imperial de Viena. De éste o de otra réplica debió de sacarse el núme- (1) P. Flói'pz: Rcyiuis Catholican, II, pág's. 891 y siguientes. (2) Gaehard; ob, cit., pág. 1(J7. I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 25 TO 1.141 del Prado —obra que los Inventarios han probado es de Bartolomé Gonzíl- lez— en el que aparece Doña Ana con la misma cara que en el de Viena, pero destocada; el del Instituto quizá esté relacionado intimamente con el que describe así el Inventario del Palacio de Madrid en 1600: «un retrato de pincel en lienzo de la Reina Doña Ana, vestida de blanco, con gorra y plumas blancas» '2). El cuadro del Instituto ha sido reproducido en el cuaderno I, lám. 3.''', núm. 170 de Retratos de personajes españoles de la Junta de Iconografía Nacional, confun¬ diendo a la retratada con su nieta Ana Mauricia. Madame Roblot Delondre, en sus Portraits d'Infantes, págs. 121-6, ensaya un estudio iconográfico de Doña Ana: trabajo plagado de es errores; por ejemplo, el retrato que publica en la lám. 63 no puede ser de Doña Ana. Publica la misma escritora uno indudable de Doña Ana (lám. 62), que supone, ignoramos con qué fundamento, obra de Pantoja (de la Colección Lobkowits. Bohemia), que se relaciona bastante con el del Instituto en el que aparece algo más vieja. (1) Catálogo del Museo del Prado, ed. 1920. (2)Vid. para todo esto, Allende Salazar y Sánchez Cantón: ob. cit., págs. 87-8; en la lámi¬ na XXII se reproducen los retratos de Madrid (Prado) y Viena. CATÁLOGO DB PINTITRA.S 4 Núm. 7 RETRATO DE ¿ISABEL DE AUSTRIA, REINA DE FRANCIA? Lienzo: alto O*"61, ancho O'"47 Isabel, hija del Emperador Maximiliano II y Doña Maria, hermana de Felipe II, nació el 5 de junio de 1554; se casó con Carlos IX de Francia y murió retirada en un convento de clarisas en Viena en 1592. Branthome es¬ cribió de ella largamente. No es segura la identiflca- ción, pero si probable. El tipo conviene con el de las hijas de la Emperatriz Maria; no es, con seguridad, Doña Ana, cuarta esposa de Feli);e II, ni Doña Margarita, profesa en las Descalzas Reales de Madrid: Seméjase bastante a la Reina de Francia. Este retrato teníase en la Casa de Oñate por el de Blan¬ ca Capello, noble veneciana de novelesca vida, esposa en secreto de Francisco de Médi- cis, Gran Duque de Toscana; más tarde hecho público el ca¬ samiento, fingió tener un hijo, y hasta el veneno, según cuentan, fué arma de su ambición. Nació en 1542 y murió en 20 de Octubre de 1587, al dia siguiente de su marido: la voz pública difundió la especie de que ambos murieron envenenados por el Cardenal Fernando de Médicis, hermano de Francisco. Su fama hizo que sus retratos, auténticos unos y supuestos los más, figuren en numerosas colecciones. I.—RETRATOS DE REYES Y PRINCIPES 27 Ni con interrogante puede aceptarse la identiticación tradicional de este bello retrato. No es italiano el traje, y si el usual en las cortes de Esjiafia y Austria. En nada recuerdan sus rasgos ñsonómicos a los de la célebre aventurera veneciana. Hasta seis retratos de Blanca Capello han jiodido estudiarse para dilucidar este punto. IMas ha de hacerse constar que entre los cuatro más autorizados tam])oco hay identidad, tíon indudablemente la misma mujer los bustos de la galerías Pitti y de los Ufttzi, obras ambas de Angelo Bronzino —pintor olicial delosMédicis—, y, por tanto, la atribución da fuerza a la identiflcación. Por mucho que se conceda a la liliertad de interpretación artística, no cabe sean la misma persona la retratada en el Instituto y la que retratan las pinturas que antes se citan. Los otros dos retratos son; uno de los Ufflzi también, obra de Alessandro Allori, y otro de la iñnacoteca de Lucca, atribuido a Bronzino; el primero de medio cuerpo y el segundo de las rodillas arriba; comparados con los anteriores apenas ofrecen semejanza. El de Allori relaciónase un tanto con el nuestro; lo suficiente para que, tal vez ])or recuerdo, o por un grabado, sehaya hecho la identiflcación. Tal es el resultado de un minucioso examen de las fotografías de los cuadros referidos. En la Colección del Duque de Alba hay un retrato que se dice de Blanca Capello y obra de Veronés, núm. 118, viste cuello con armiños y se parece más que a los de Bronzino, a los de Allori. En la venta de la Colección del Marqués de Victoire de Heredia (junio, 1912), figuró (núm. 5 del Catálogo, lám. I) un retrato supuesto de la Duquesa de Toscana, que, en efecto, parecía una mala versión del de Bronzino de los Ufflzi. En el Semanario pintoresco español, 1838, 21 de octubre, se publicó un grabado con el retrato de Blanca Capello y una romántica relación novelesca de episodios de su vida. Su historia en la primera mitad del siglo XIX dió asunto a colecciones de estampas, dramas, cuentos... ^ ^ ^ Es retrato de menos de medio cuerpo. Viste de terciopelo encarnado cubierto ])or trencillas negras paralelas y sembrado de flores bordadas con hilo de oro y perlas o abalorios blancos; cuello de puntas de Flandes. Es pintura muy cuidada: su fecha alrededor de 1575-80. A Doña Isabel la retrató Clonet cuando su boda. Hay un retrato suyo de cuerpo entero en las Descalzas Reales; con dudas se identificó otro en el Museo del Prado (núm. 527). Núm. 8 RETRATO DEL ARCHIDUQUE ALBERTO DE AUSTRIA Lienzo: alto O'"60, ancho O""46 Hijo de Maximiliano y de Doña lilaria, hei'mana de Carlos V, nació en Reustat el 13 de noviembre de 1559, crióse en la corte de España, fué caballero del Toisón, Prior de Ocrato, quinto In¬ quisidor general, primer Vi¬ rrey de Portugal y Cardenal de la Iglesia Romana del tí¬ tulo de Santa Cruz en Jeru- salén (ñ, creado por Grego¬ rio XIII en la cuarta promo¬ ción, del 3 de marzo de 1577 O); Arzobispo de Toledo desde el 7 de noviembre de 1594, renunció el arzobispa¬ do y la ptirpura antes del 8 de Julio de 1598 para ca¬ sar con su prima hermana Isabel Clara Eugenia, que llevó en dote los estados de Flandes: celebróse la boda el 18 de abril de 1599: go¬ bernantes prudentes, bien quistos de sus subditos, su reinado fué tiempo de paz. En el Prado abundan los (1) Noticias do Rodrigo Móiidez Silva en su Catálorjo real y genealógico de España. Madrid, 1656, págs. 149-50. (2) Eubcl; líierarchia catholica medii oevi. Munster, 1914, III, pág-, 50. (3) Ob. cit., parte III, pág-. 385. I. —EETKATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 29 cuadros en los que aparecen los Archiduques mezclados con el pueblo en flestas alegres (D. Murió en Bruselas el 15 de Julio de 1621. :}; tj; Viste de Cardenal el Ai'chiduque en el retrato del Instituto; es de rojo moaré su muceta, encendida la carnación, rubio el pelo y azules los ojos. Son frecueiites los retratos del en traje militar y cortesano, mas no en hábito eclesiástico; Archiduque los tres que conozco están intimamente relacionados. El del Instituto diriase repe¬ tición, con escasisimas variantes —supresión del bonete, menor la prolonga¬ ción del busto y la mirada menos adusta y torva—, del retrato pintado iior Cris¬ tóbal de Velasco en 1598 para el episcopolio de Toledo. No dista de ellos mucho el grabado por Heinrich Urich, núm. 118 de la Biblioteca Nacional Matri¬ tense (3). No es demás retratos del Archiduque; si sólo de men¬ lugar este de estudiar los tar, el que atribuido con escaso fundamento a Porbus W), legó la Condesa de Valen¬ cia de Don Juan, juntamente con el de Doña Isabel Clara, al Museo de Bruselas: obras con toda pimbabilidad españolas, no muy desemejantes de los firmados por Villandrando, que fueron de la casa de Osuna ®. (1) Los números del Catálogo 1.434, 1.439, 1.442, etc. (2) Documentos del Archivo de la Catedral de Toledo, colección Zarco, pnldicación de F. J. Sánchez Cantón. Madrid, 1916, II, pág. 306. En 1." do diclemhrc do 1598 se pagan 30 duca¬ dos a Cristóbal de Velasco por el retrato que ha pintado. • ■ (3) A. M. Barcia: Catálogo de retratos de personajes españoles de la Biblioteca Nacional. Madrid. (4) Reproducido en Les Arts, mini. 87. (5) Publicado en el álbum de la venta y por Scntenach en La Pintura en Madrid. Num. 9 RETRATO DE DOÑA MARGARITA DE AUSTRIA, MUJER DE FELIPE III Lienzo: alto 1™21, ancho O™96 Hija del Archiduque Carlos de Stiria y de su mujer y sobrina Maria de Baviera, nació Doña Margarita en Gratz el 25 de diciembre de 1584; fué hermana de otras ocho princesas, las cuales casi todas lograron brillantes matrimonios. Cuéntase que recibió la noticia de que Felipe II la elegía para nuera estando en un hospital haciendo las camas a los pobres: declinó en un principio el honor que se le hacia, mas convencida por razones familiares, aceptó al fin; acompañada por el Archi¬ duque Alberto y con lucido séquito embarcó en Génova para España el 10 de febrero de 1599 9). De las fiestas con que en Valencia fué recibida el 18 de abril, cuentan y no acaban las Eelaciones del tiempo; Felipe III —escribian— «volvió muy contento de la hermosura, buena gracia y discreción de la Reina (2), y a los madrileños pareció «muy hermosa y de las partes que se requieren para ser Reina de España» ®. Su religiosidad y virtud eran grandes, placiale sobre todo visi¬ tar conventos y fundó alguno tan famoso el de la Encarnación como en IMadrid; tuvo ocho hijos, de los que se lograron cinco. El i'dtimo fué Don Alfonso, llamado el Caro, porque costó la vida de su madre, que pasó de este mundo el 3 de octubre de 1611 con general dolor de la Corte y el pueblo. Felipe III le sobrevivió diez años, sin conocer otra mujer W'. ^ ^ ^ De igual composición que los anteriores. La diestra en el resjjaldo de una silla de cuero con guarniciones doradas. Viste de tercioi)elo blanco labrado con imbri¬ caciones —ti])o de Génova—. Galón de oro y lazos por adornos. Gran gorgnera y (1) P. Flórez: Reynas Catholicas, II, págs. 914 y siguientes, (2) Cabrera de Córdoba: lielaciones, pág. 15, (3) Cabrera: ob. cit., pág. 48, (4) Fióvez: loe. cit. â' ' .M - -■ ;^,:;«:,.,}f i, ; ..:. ,i ¡■■■.'^> ." -li-a í::Ví;ii"'-,:-' «■■ ■ /,,i;-,4i/-i m 'í'Si'V; ' ■ ■\^^,mi:·· '■ i-fi ■■■ hásrnm-^ ê'ëv--: ■ '•^- .'.-v .iV-< ïïf^'5p te- ■ '"r*?: . i - m "i-- m <;-'X'7 V TVSA*) > *4 fc ' > ^:£iËira»j!e«lâLâ I.—RETRATOS DE REYES Y PRINCIPES 31 puños de puntas de Flandes. Cadena y cinturón de gran riqueza: ostenta joyel rico y diadema de gruesas perlas. Abanico cerrado en la mano izquierda. De los varios retratos que de Doña Margarita se conocen, es éste del Instituto uno de los en que con más dulces agraciadas facciones y se representa a la virtuosa compañera del Pió Filipo. Seméjase más que a ninguno al núm. 716 del Museo del Prado —que se atidbuye a Bartolomé González—. Son iguales la gran diadema y la gola: difieren en el traje, y en que en el del Museo apoya Doña Margarita la diestra sobre el perro Baylan y lleva en la izquierda un pañuelo. Ostenta el del Instituto el joyel rico, formado por el diamante famoso llamado el estanque y la perla peregrina. Es pintura hecha con la minuciosidad acostumbrada los últimos en pintores de la escuela de retratistas de la Corte. Y aunque tal vez es algo arbitraria la atribu¬ ción a Pantoja o a Bartolomé González de todos los retratos de este tipo —en época en que abundaban los pintores en Madrid—, se ha de pensar que eran los más directamente a servicio de Palacio, y los suyos los únicos nombres que mencionan los inventarios de las colecciones reales. Bartolomé González Lebraco o Serrano nació en Valladolid en 1504: fué discí¬ pulo del italiano Patricio Caxesi. Desde 1608 le utilizó Felipe III en su servicio, pero hasta el 31 de julio de 1617 no le nombró su pintor —postergando al hacerlo a un artista de mucho más empuje que González: al sevillano- Roelas—. Casó Bartolomé González en noviembre de 1611. Su vida fué casi por completo corte¬ sana, y parece murió en Madrid en 1627. No se conocen pinturas suyas ni rastro de su existencia anterior a 1600. La documentación confirma lo que sus pinturas dicen: que era un ayudante de Pantoja y sucesor en sus encargos. La distancia que hay entre Sánchez Coello y Pantoja, análoga la es a que hay entre éste y Bartolomé González, que, en opinión de Tormo: «No tuvo el genio de Moro, ni el modelado de Coello, ni siquiera el empaste de Pantoja.» Es, sin embargo, de interés histórico su pintura, por ser la que vino a arrinconar Velázquez. Num. 10 RETRATO DE DOÑA MARGARITA DE AUSTRIA, MUJER DE FELIPE III Lienzo: alto 2"" 10, ancho I™30 Aparece la devota Reina de cuerpo entero y tamaño natural; representa alguna más edad que en el anterior retrato; apoya su diestra sobre la cabeza de su perro favorito, el famoso Baylan (Vaillant) —sogiín los viejos inventarios «lebrel islan¬ dés»—, el abanico en la mano izquierda: tocado de perlas y el joyel rico formado \iov al estanque, y peregrina. Es retrato conocido por varias versiones: una de ellas no firmada, pero atri¬ buida a Pantoja de la Cruz en la clausura de la Encarnación, presenta como variante más clara, que en lugar de abanico tiene en la mano izquierda un pañuelo. (Véase lo dicho por Tormo en Bol., 1917, págs. 129 y 180, donde se publi¬ can los asientos de los inventarios.) Este retrato seria pareja de uno de Felipe III; el de la Encarnación lo descri¬ ben asi en 1G16: «el rey nso. Sr. cuerpo entero, vestido de pardo; bohemio negro, forrado de martas; con el collar del tusón y botones de oro y espada dorada, en pie, y la mano derecha afirmada sobre un bufete, con sobremesa de terciopelo carmesí y en él una gorra aderezada y en la izquierda unos guantes: dos varas y media, y vara y tercia.» Puede atribuirse, aunque con dudas, a Bartolomé González; en vista del retrato por él firmado que hay en el Palacio Real de Madrid; aparece apoyando la diestra en una silla y con pañuelo en la mano izquierda. Las incorrecciones en la factura obligan al interrogante en el nombre del autor. «■^^PdííN Núm. 11 RETRATOS DE FELIPE IV Y DE ANA MAÜRICIA, REINA DE FRANCIA Lienzo: alto 1"44, ancho I™ 18 Ana Mauricia, liija de Feli])e III y de Doña Slargarita de Austila-Stiria, nació en Valladolid, en las casas del Conde Duque de Benavente, ])oco antes de las dos de la mañana del sábado 22 de setiembre de 1601. «Nació la Infanta tan crecida que paresce de hermosa..., de que S. M. y toda esta Corte están un año y muy muy contentos, si bien fuera mejor el regocijo siendo Príncipe» O). Fué bautizada el 7 de octubre (2). Iniciadas ya en vida del Bearnés las negociaciones para los dobles enlaces de Felipe y Ana Mauricia con Isabel y Luis de Francia, se firmaron las En 1615, a capitulaciones en Madrid y en París el 22 y el 25 de agosto de 1612. 25 de noviembre, se verificó en Burdeos el enlace Cuando el Duque de Mayena vino por Embajador de Erancia para acompañarla, su belleza fué encomiada de los caballeros franceses ñ), y más tarde. Madame de Motteville, en sus Memorias, esciábia: «Me pareció más bellatodas las damas que la rodeaban; se peinaba, que según la moda, con peinado redondo... y se ponía polvos...; no tenía el color deli¬ cado y hasta tenia el defecto de una nariz gruesa y de ponerse, según uso de España, demasiado colorete, pero era blanca y no hubo nunca un cutis tan bello como el suyo; los ojos eran perfectos, reunía en ellos la dulzura y la majestad; su color, que tendía al verde, hacia más vivas sus miradas; su boca era pequeña y bermeja...; tenía el óvalo del rostro bello y la frente bien hecha» Todo disculpa (1) Cabrera de Córdoba: lielaciones, pág. 113. Por la esperanza de que la Iteliia había de dar un hijo, cuenta el mismo cronista que el Consejo dispuso se llamase a Doña Ana Infanta y no Princesa. (2) P. E. Flórez: Memorias de las Reynas Catholicas. Madrid, 1761, II, pág-, 911. Describe la solemnidad la «Relación verdadera de lo que se hizo en el baptismo de la Serenlssima Infanta Doña Ana..., impreso con licencia del. Dr. Liéuana, teniente mayor de Sevilla», folio 2. (Gallardo: Ensayo de una biblioteca de libros raros o curiosos, I, nfim. 410.) (3) Dussieux: Genealogie de la Naison de Bourbon. Paris, 1872, pág. 89, (4) Cabrera: oh. cit., pág. 480. (5) Ed. Charpentier, CATÁLOGO DE PINTUKAS las locuras de Buckingham, «que tal vez íué para ella lo que el audaz Villame- diana para su cuñada Isabel». Tuvo dos hijos, el mayor Luis XIV. Fué Regente de Francia durante la minoi'idad de su hijo. Acusáronla en su viudez de amores con el Cardenal Mazarino, llegando a sostenei'se que tuvo de él un hijo, el misterioso Máscara de hierro, y hasta de haberse casado en secreto. Murió en el Louvre el 20 de enero de 1666: está enterrada en Saint-Denis y su corazón en Yal-de- Gráce d). * ^5 íj: Felipe IV nació a las nueve y media de la noche del Viernes Santo 8 de abril de 1605 en Valladolid. Cuenta asi su nacimiento Cabrera de Córdoba: «Estando (la Reina Doña Margarita) muy descuidada, viendo con el Rey desde una ventana de Palacio salir la procesión..., a las seis le sobrevi)iieron ciertos dolorcillos..., y como a las nueve y media de la noche i)arió un hijo... ha nacido un Principe muj^ crecido» Coincidió el nacimiento de Felipe IV con la paz de Inglaterra y la venida del Almirante Howar, sucesos cantados en el soneto burlesco de Góngora: «Parió la Reyna, el Luterano vino...» Túvose por feliz augurio; pero desde los seis meses, tercianas y otros alifafes hiciéronle encanijado y débil. El 29 de mayo fué bautizado con ai)arato superior a todos los precedentes Fué jurado el 13 de enero de 1608. Toda su niñez estuvo afligido por enfermedades; la más grave salteóle cuando se la prima¬ dirigía, en vera de 1610, a Lerma, a ser padrino de su hermana Margarita; los médicos llega¬ ron a preocuparse seriamente «por la mucha flaqueza y enfermedad de tantos meses en sujeto tan flaco» O). Hu matrimonio con Isabel, hija de Enrique IV de Francia, se acordó en agosto de 1612, mas no se consumó hasta el 25 de noviem¬ bre de 1620; viudo desde el 6 de octubre de 1614, casó en segundas nui)cias con su sobrina Doña Mariana de Austria, Armándose las ca])itulaciones el 2 de abril de 1647. Murió el 17 de setiembre de 1665 ®. Salvo su decidida ])rotección a Velázquez, la grandeza de su reijiado está com])endiada en aciuellos versos de Quevedo; (1) Dussieux; ob. cit., pág. 90. (2) Cabrera: ob. cit., pág. 238, y Pinheiro: La Fasiigiiiia {«lio\othi (le la Sociedad Castellana de Excursiones».) (3) Cabrera: ob. cit., pág. 246, y Pinheiro: ob. cit. (4) Cabrera: ob. cit., págs. 406-9. (5) Flórcz: ob. cit., págs. 9-34, 937 y 942. I.—KETEATÜS DE KEYES Y PRÍNCIPES 37 «Grande sois Felipe, a manera de hoyo quien más quita al hoyo más grande lo hace.» La identificación de estos retratos es clara, pues las fisonomias de Felipe IV y de Ana Mauricia, son de sobra conocidas í}í ÎÎÎ Hí De cuerpo entero: en pie. El Principe viste media armadura de tipo de Mihín damasquinada, dejando libres zonas de acero pavonado: gorgnera ancha de ])im- tas de Flandes como los puños: medias calzas de ante, los gregüescos blancos con galón dorado. En la diestra bengala de general y la izquierda sobre la espada. Doña Ana Mauricia viste traje de brocado de oro sobre fondo blanco, bordura de galón de oro múltiple siguiendo las lineas del vestido; puntas de Flandes en gorgnera y puños; diadema, cinturón de orfebreria, botones de lazo de hilo de oro, doble manga: la mano derecha cogiendo la cruz colgante sobre el ])echo y en la izquierda el pañizuelo con puntilla, que pudiera ser española. La delantera de la basqniña con lazos en zig-zag. Al pie, un mono. Este lienzo y los dos siguientes, ya que no los mismos, han de estar intima¬ mente relacionados con los que describe asi la Relación de las pinturas que quedan en la Guarda joyas... del Palacio de Madrid en 1621 «Tres lienzos, en que están retratados los siete hijos del Rey nuestro señor que está en gloria, vestidos de blanco: en el uno, el Rey nuestro señor presente y la Reyna de Francia; en el otro, el Infante Don Carlos y Doña María, y en el otro, Fernando, Alonso y Margarita: de la quenta de Bartolomé Gonzalez, ])intor.» En 1636 se inventarían también. La diferencia que en el último se notará, impide identificar la serie del Instituto con la de Palacio; pero, que en lo demás se semejarían, no cabe duda alguna. Como el estilo confirma la atribución del inventario, ha de considerarse este lienzo obra de Bartolomé González, pintada seguramente en 1612. (t) Allende Salazar y Sánchez Cantón: ob: cit. (2) Inédito en el Archivo de Palacio. Núm. 12 RETRATOS DEL INFANTE DON CARLOS V DOÑA MARÍA, REINA DE HUNGRÍA Lienzo: alto l'"4S, ancho l'"14 Nació la tercera hija de Felipe III en el Escorial el 18 de agosto de 1606, y al bautizarla el 8 de setiembre se le ])uso el nombre que habla llevado la segunda, muerta de pocos meses: Doña Maria. Fué objeto de los amoi-es y de la romántica venida a Madrid del Principe de Gales: deshecha esta boda, el o de setiembre de 1628 se Armaron las capitulaciones para su matrimonio con Fernando, Rey de Hungría O). El Embajador de Fernando II de Médicis retrata en breves palabras a Doña María a la edad de nueve años —13 de abril de 1615—: «Vestia traje negro de terciopelo brocado de oro; su tocado era más lindo que su vestido. Tiene un rostro de ángel..., piel muy blanca, cabellos rubios, más bien tirando al blanco que al oro..., la barbilla un poco saliente... Contestóme amable, pero con tal pres¬ teza, que apenas pude comprender una palabra.» El 26 de diciembre de 1620 salió para Hungría, a donde la condujo el Duque de Alba; se unió a su marido en 1631. Fué madre de Doña Mariana, segunda mujer de Garlos II. Murió siendo ya Emperatriz en Linz el 13 de mayo de 1646 Don Carlos nació el sábado 15 de setiembre de 1607; «nació blanquecino y rodeada la vid al cuello; y por esto y porque no se tenia por de dias, le echaron lue¬ go agua de bautismo y le pusieron por nombre Carlos, el cual mejoró y tomó el pecho, y después acá ha mamado y llorado y se dice que está bueno» o). En efecto, el diarista a los pocos dias hace relación del bautismo solemne, que fué el 14 de octubre. La vida de este Infante fué oscura, sin acontecimientos que le hagan memorable; casi pudiera decirse que si no llega a pintar Velázquez su retrato (1) P. Flórez: ob. cit., II, págs. 913-14. (2) Texto aducido por Justi en Diego Velázquez y su siglo (La España Moderna). (3) P. Flórez: ob. y lug. cits. (4) Cabrera de Córdoba: ob. cit., pág's. 814 y 317. (5) Catálogo del Museo del Prado, núm. 1.180, I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 39 del todo se le hubiera olvidado —tenia ribetes de poeta; véase en este Catálogo un soneto dedicado al Conde de Añover, Don Luis, en la papeleta de su retrato—. Murió joven, pues pasó de este mundo el 30 de julio de 1G32 O). Identifícanse los retratos contenidos en este lienzo, por el asiento de la Relación de 1621 que en la anterior papeleta se copia, y porque Doña María presenta ya bien acusados los rasgos de su rostro —tan conocido por los retratos velazque- ños—(-). Innegable es que el retrato del Infante sólo por exclusión se hubiera podido identificar con Don Carlos. Aun contando con la endeble constitución de Felipe IV niño, extraña lo que le aventaja en estatura su hermano, en dos años menor: fué Don Carlos de los hermanos el que tuvo más oscuro el pelo, y en este retrato es el que más claro lo tiene. Pero el documento citado, el ser desde luego Doña María la que figura en el lienzo, y el no poder en manera alguna identi¬ ficarse con Felipe IV, ni con el Cardenal Infante, son razones suficientes para desvanecer toda duda. Tal vez parte de las extrañezas que el examen del lienzo sugiere, tengan por causa el haberse pintado después de los otros dos, sus compa¬ ñeros, llevando su fecha a 1613 ó 1614. Viste el Infante a lo galón dorado: bohemio de terciopelo galán: de blanco con gofrado color violeta oscuro, forrado en igual tela, pero blanco-plata: cuello y puños de puntas de Flandes. La mano derecha cogiendo una venera colgada de larga cadena, y en la izquierda la gorra de terciopelo con cintillo de abalorios dorados. El traje de la futura Emperatriz es también de terciopelo blanco gofrado con adornos de galón blanco y botones. Diadema, cadena y cinturón gruesos. Lleva una rosa en la mano derecha y en la izquierda el abanico. (1) Plórez: ob. cit., II, pág'. 914. (2) Museo del Prado, nvim. 1.187, y vid. adeniAs Allendo-Salazar y Sánchez Cantón; obra cita¬ da, pág'S. 153, 165, 168, 210-12. Num. 15 RETRATOS DE DON ALEONSO «EL GARO» Y DE DOÑA MARGARITA Lienzo: alto l'»44, ancho 1™18 En Lorma, a las doce de la noche del 24 de mayo de IGIO, «alumbró Dios a la Reina Nuestra Sra. de una hija...; S. M. y la recién naeida est;m muy buenas» —escribia Cabrera—; salió su hermano el Principe para servirle de padrino y enfermó en el viaje como se ha dicho, teniendo a la Infanta en la pila el Duque de Lerma. «Fué criatura de las más hermosas que se han visto: mas por lo mismo, la quiso el cielo para sí, llevándola en 11 de marzo de Kill.» (2). H' îH Don Alfonso —llamado el Caro, porque su nacimiento costó la vida de su madre- nació en el Escorial el 22 de setiembre de IGll; murió su madre el 3 de octubre, y él no vivió más que un año, pues finó el 16 de setiembre de 1G12 Así lloró la musa de Bartolomé Argensola en una larguísima elegía: «Con feliz parto puso ael heredero séptimo en los confines de la vida, la gran consorte del monarca ibero.» Da el Inventario antes citado la identificación de los dos niños retratados; pero nótese que en dicho documento se describe un cuadro distinto, el lienzo por cuanto guardado en el Alcázar de Madiád, además de los retratos de Don Alfonso y Doña Margarita, contenía el del Cardenal Infante. ;.Por qué falta en la serie del Instituto Don Eernando? íSeria un lienzo aparte"? Hoy por hoy tienen que quedar incontestadas estas preguntas. No caben dudas acerca de quienes puedan ser los retratados: los otros cuadros de la serie fuerzan la conclusión. Asi se identificaron por el Conde viudo de Valencia de Don Juan cuando se envió el lienzo a la Expo- (1) Cabrera: ob. cit.. pág's. 406 y 409. (2) P. Flórez: ob. cit., pág'. 91.5. (3) P. Flórez: ob. y lugs. cits. DON ALFONSO EL CARO INFANTE DE ESPAÑA (1611-1612) Y DOÑA MARGARITA INFANTA DE ESPAÑA (1610-1617) I.—RETIUTOS DE REYES Y PRÍNCIPES 41 sición de Retratos (1902), núm. 99G; se publicó en láminas, asi como el do Felipe IV y Ana Mauricia, atribuyéndolos con interrogante a Bartolomé González. De Doña Margarita, un poco mayor que en esto lienzo, hay un retrato de cuerpo entero y en pie en la colección de los Condes de Villagonzalo: figuró en la Exposición de Retra¬ tos de Mujeres (1918), identificada como Isabel Clara Eugenia y atribuido a Pan toja de la Cruz ( ¡ ! ). El núm. 1.282 del Prado reiiresenta a Doña Margarita de pocos meses en un carretón semejante al en que aqui está sentado Don Alfonso: es lienzo que perte¬ nece a otra serie de retratos de los hijos de Felipe III, asentada también en los Inventarios reales. El Infante, de cabeza y manos grandes y rostro poco inteligente, aparece en un sillón de niño; en la diestra un chupador de plata, cadena al cuello; del cinturón cuelgan varios juguetes, entre ellos un sonajero. Delantal blanco y traje de bro¬ cado, agóbiale ancha gola de puntas. Con graciosa gravedad su hermana, al lado y en ])ie, le coge de la mano izquierda; viste como Doña Ana y Doña Maria; su traje es de raso blanco plata brochado. Gruesas cadenas y cinturón. IMedalla con un J H S. Está iieinada con moño inciinente. CATÁLOGO DE PINTUIíAS 6 Num. 14 RETRATO DE EELIPE IV DE ESPAÑA Lienzo: alto l'"20, ancho 1"30 Felipe IV, de pie, cuerpo entero y tamaño natural, viste traje de corte color pardo y oro. Capa, gregüescos y medias calzas, cuello de plato o golilla: larga cadena con venera, además do otra enorme terciada sobre el hombro derecho, de las (]ue llamaban cabestrillos; en la diestra un pliego: sombrero negro de alta copa guarnecido de plumas, sobre un bufete, en el que apoya la mano izquierda. Lla¬ man la atención las enormes ligas do «gran balumba», como aquellas que usó Lazarillo, y del género de las que se burló Don Estado Gironella en una sátira en redondillas (ñ. Debe sor retrato del comienzo de su reinado: quizá algo posterior a 1021, pues representa alrededor de veinte años. De la misma época que este retrato, año más año menos, son el núm. 1.254 del Musco del Prado, obra de Rodrigo de Villandrando, y el que figura en la serie del Generante (Granada). La atiibución es muy dudosa; la época que va de Pantoja (t 1008) a la llegada de Velázquez (102,3), es de las más desconocidas y llenas de problemas de la historia de nuestra pintura. (1) Vid. L. Redonet: Escarceos y brochazos, págs. 110-12. FELIPE IV REY DE ESPAÑA (1605-1665) Num. 15 RETRATO DE DOÑA ISABEL DE BORDÓN, PRIMERA MUJER DE FELIPE IV Lienzo: alto 2™ 20, ancho I™ 30 Isabel de Francia nació en Fontainebleau el 22 de noviembre de 1003; fueron sus padres Enrique IV y Maria de Médicis. Ya en vida del Bearnés se habían dado los primeros pasos para que contrajese matrimonio con el Principe de España: se firmaron las capitulaciones en agosto de 1612: Isabel no habla cumplido los nueve años, su prometido andaba ¡en los siete! De niña era muy bella, su tez «de un color trigueño gracioso, y en todo hermosísima, y cada perfección del rostro acabada; que con las gracias que Dios se ha servido darle, es su alteza muy alabada de los que la conocen». En 1615 fueron en Fuenterrabia las mutuas entregas, yéndose a Francia Ana Mauricia, y viniendo a España Isabel. Cinco años se esperó para que estuviesen los novios en sazón de matrimonio: el 22 de noviembre de 1620 hubo gran fiesta en el Pardo para celebrar el cumpleaños de la Princesa... y por pri¬ mera vez calzó chapines y danzó la antorcha; el 25 del mismo mes y en el mismo Palacio se consumó el casamiento. Los hijos, los patentes desvíos del Rey, las con¬ trariedades continuas, avejentaron antes de tiempo a la gentil: «flor, la flor de lis, la Reina do las flores... » Murió a los cuarenta y un años, el 6 de octubre de 1644. ^ :i: Es este retrato pareja del anterior. Figúrase en él a la Reina, de cuerpo entero, en pie, la diestra sobre el respaldo de una silla, y en la izquierda el pañizuelo adornado de puntas de encaje. Viste a la moda de la Corte de Felipe III, con gran gorgnera, que revela la fecha anterior a la pragmíitica suntuaria de 1623: joyas ricas en el pelo, en el ])echo y en la cintura, además de pendientes y sortijas. Mangas ajustadas y sobremangas perdidas: talle extremado, cota recamada de larga cotilla y saya de alcuza: la tela parece terciopelo, brocado en oro, y con adornos de anchas borduras de galón dorado. Acerca de la atribución de este lienzo, téngase por repetido cuanto se dice de su compañero. Nüm. 16 RETRATO DE DOÑA ISABEL DE BORBÓN, PRIMERA MUJER DE FELIPE IV Lienzo: alto 2™05, ancho 1™30 Alfto más joven que en el anterior retrato aparece en éste la ])riraera mujer de Felipe IV. La iclentifícación es segura y está apoyada por la serie, crecida ya, de retratos juveniles de Doña Isabel. Representa en éste menos de veinte años. Acerca de la iconograíia de Doña Isabel se hallan reunidos los datos que se conocen en un libro reciente ñ); antes de su ])ublicación tan escasos eran los retratos conocidos de esta Reina, que hasta se buscaba exiilicación de su rareza en el carácter modesto y retraído de Doña Isabel, y se aducía un texto contemporáneo acerca «de que no se dejaba retratar de buena gana». En el Museo Arqueológico flguró este lienzo ® con la siguiente sugestiva iden¬ tificación: Retrato de la Condesa de Villamediana. La historia —o la leyenda— es muy sabida. Aquel osado y aturdido maldiciente segundo Conde de Villamediana, y Don Juan de Tassis y Peralta, puso sus ojos en la Reina; el hecho parece a todas luces cierto; lo que la historia seria no confirma es que la Reina correspondiese al Conde. Su muerte misteriosa, debida según Góngora a impulso soberano, ocurrió, el 12 de agosto de 1622; herido mortalmente en la calle Mayor, expiró en el Palacio de Oñate de su primo carnal el Conde Don Iñigo Vélez de Guevara, la mujer del cual heredó el titulo de Villamediana (S'. En la casa de Oñate se guardaria el lienzo, y corriendo dias, contundidos los recuerdos, las memorias de los amores inlaustos (1) Todo lo quo se escribe en est£i papoietíiy en la anterior es extracto de las pág's. 149-167 del libro cit.. Retratos del Museo del Prado. (2) A los retratos de Doña Isabel que en el libro mencionado so citan, hay que añadir uno muy bello firmado: Vülandrando, hasta hace poco en el almacén del Museo del Prado y hoy ya en su Catálogo con el mim, 1.234'^. (3) Sobre los amores de Villamediana y la Reina, consúltense: C. A. de la Barrera: Catálogo... del teatro antiguo español. Madrid, 1860, pág's. 479 y siguientes, y E, Cotarelo; El Conde de Villamediana. Madrid, 1886, en 8,°, 343 págs. 1.—REÏKATOS DE KEYES Y PRÍNCIPES 45 llevaron a convertir cl retrato ciel «amor de Villamedlana» en una Condesa del mismo titulo; donoso juego del tiempo fué éste. No se puede señalar autor a este lienzo. Muchas pinturas de esta época —nada des])reciables— siguen anónimas. Fuera de Bartolomé González y de Villandrando, apenas se conocen retratos firmados del tiempo. Num. 17 RETRATO DE FELIPE IV, REY DE ESPAÑA Lienzo: alto O™93, ancho O""54 Para la biografia, vid. el núm. 11, En este retrato de busto prolongado viste Felii^e IV cuello blanco, ropa negra y de plato o golilla. Representa andar en los cuarenta años de edad. su Es retrato velazqueño y de no muj^ diestra mano; en manera alguna obra de Carreño, pintor al que se atribuyó en el Inventario de depósito en el Museo Arqueo¬ lógico y en la cartela que alli ostentaba. Es copia —o procede de un mismo original— de cuadro conocido: el Felipe IV de cuerpo entero, sombrero en la mano izquierda y un papel en la diestra, en el que se lee la ])alabra Señor, de la colección Huth, de Londres (ñ. Como es muy verosimil que el retrato de Isabel de Borbón, primera mujer del Rey, que posee el mismo Sr. Huth ®, sea compañero del de Felipe IV —la diferencia de medidas no destruye la convicción a que llevan las demás analogías-, puede, con gran proba¬ bilidad de acierto, señalarse la fecha del retrato Huth y del del Instituto. Sabido es que Isabel murió en octubre de 1644, y como la edad que ambos representan conviene con la que obliga esta fecha máxima, en 1644 puede fijarse Ni el Sr. Beruete, ni la edición alemana del Velázquez, de la colección de Clásicos del Arte, aceptan como obra de Velázquez el retrato de la colección Iluth; la fran¬ cesa si, mas sin dar razón alguna. Ha de considerarse, por tanto, como eco o arre¬ glo de un Velázquez perdido. Relaciónase intimamente con uno del Ermitage y es casi idéntico en composición y detalles —difiriendo, sin embargo, mucho en la (1) Publicado en el Velázquez do Calvert y en el de Les Classiques de l'Art (Paris, 1914, pág-, 70). Procede de la colección Luis Felipe, a donde fué desde una particular madrileña. Char¬ les B. Curtis: Velázquez and Murillo. London, 1883, pág'. 50. (2) Calvert, pág-, 122, y Classiques de l'Art, pág'. 62. (8) Tal vez, si con escrupulosidad se examina la cuestión, habrá que adelantar algunos años la fecha. Vid. Allende y Sánchez Cantón: oh. cit., pág. 165. (4) Considerado copia en la edición alemana del Klassiker der Kunst, pág. 125, I.—RETRATOS DE REYES Y PRÍNCIPES 47 cabeza por representársele de más avanzada edad— al de Pedro de Villafranca, modernamente identificado en el Museo del Prado (núm. 1.232) (1) Es el retrato en que Felipe IV aparece más anciano —exceptuando el horrendo del Hos¬ pital de la Orden Tercera, de Madrid, donde se le representa en el ataúd—. El del Prado lo grabó Villafranca al frente de la Descripción de El Escorial, del Padre Santos. Madrid, 1657 Vid. Aliende-Salazar y Sánchez Cantón; oh. cit., págs. 233-5. Num. 18 RETRATO DE CARLOS II «EL HECHIZADO», REY DE ESPAÑA Lienzo: alto O™55, ancho O"70 Hijo do Felipe IV y desegunda mujer Doña Mariana. Nació Carlos II el O do su noviembre do 1G61, murió el 1." de noviembre de 1700. La sangre de Carlos II —en la juntar después de infinitos cru¬ que so vinieron a ces, estigmas de toda laya y gloriosos antecedentes, que si de algo sirvieron fué pai-a agudizar la degeneración— muy pronto comenzó a mostrar sus vicios oilgi- narios. El nacimiento fué presagio de dichas que no llegaron, ])ues «vió la luz... hermosísimo de facciones, cabeza grande, pelo negro y algo abultado de carnes». El cambiar constante de nodrizas—hasta quince se cuentan—hubo de ser i)artc en las enfermedades que le afligieron en la niñez ñ). El resto es bien sabido; el des¬ arrollo no se logró normal, y su vida fué un incesante sufrir. Es evidente la derivación de este retrato; procede de un prototipo de Carroño de Miranda de hacia 1680, que ignoi-o dónde para: no es muy distinto del 646 del Jluseo del Prado, que si bien no es trasunto adulador al modo del pintado por Claudio Coello en el cuadro de la Sagrada Forma, ya muestra patentes los rasgos que los años acentuaron brutalmente, sin embargo, aún hay en su fisonomia cierto destello de espiritualidad y gracia, del todo perdido en esta copia antigua. Aunque poco disfavor podia hacerse a las perfecciones físicas del Rey Hechizado, no ha de negarse que en el retrato del Instituto se acentúan hasta lo inverosímil los estigmas de su degeneración fisiológica. Retratos como éste hacen ¡lensar en la sabiduría de aquellos acuerdos de la Sala de Alcaldes de Madrid, que versan «sobre que no [se] hiciesen retratos de Personas Reales, no siendo mui parecidos y con <ávito decente...» o «sobre que no se vendiesen retratos de Personas Reales sin que fuesen aprovades por el (pintor) de Cámara» acuerdo éste de fecha no lejana de la do nuestro retrato, i)ues fué tomado en 1679. Maura Gamazo, Carlos II y su Corte.—Madrid, 1911, II, págs. 34 y 288. (1) Archivo Histórico Nacional, Consejo.—Libro índice de los Acuerdos de la Sala de (2) Alcal¬ des.—1.011, fol. 467.—Año 16.3.3. (3) Véase la nota anterior; año 1679, fol. 205. CARLOS II EL HECHIZADO REY DE ESPAÑA ( 1661-1700) "VA-ti 'ÍP m pf^'■ : mms, ■"'ííW ■r^áítep-ti'ítí e6*(saVíSI^»»®ií'^^»§ I. <,'-^ - L ./^îw i»;»t«ú»«Á«SBÍ«!SWís«.^^ m ísf.VvíSíi iSi^g8?g3'?m·..· Num. lí) RETRATO DE CARLOS'III, REY DE ESPAÑA Lienzo: alto l'"24, ancho O'"96 Iliio de Felipe V y de su seg'uiula mujer Isabel de Farueslo, nació Carlos en Madrid el 20 de enero de 171C; murió en la noche del U de diciembre de 1788. Fué in-imei'o Rey de Ñápeles, donde dió i)ruebas de su buen g'obierno y amor a. las ciencias y las artes; casó alli el h de marzo de 17;>8 con IMaria Josefa Amalia, de Sajonia. La muerte de Fernando VI le trajo al Trono de España, ipie rioió desde octubre de 1709. Supo rodearse de i)oliticos inteligentes, y recogió los frutos del gobierno ])acífico y ])ingüe de Fernando VI, circunstancia que se suele olvidar más de lo que se debiera. Protector de las artes, llamó a su servicio a los dos más grandes artistas euro- lieos de su tiempo: Antón Rafael i\lengs y Juan Rautista Tiépolo. De un original del jirimero jirocede este lienzo. Es retrato aparatoso, viste traje encarnado, peluca empolvada, cetro en la diestra y se adorna con la banda de la Orden de su nombre, el Toisón, el Saint-Esprit y el San Jenaro. Representa unos sesenta años, edad que tenía cuando Mengs marcha a Italia (fines de 177(:). Abundan los reti'atos de tipo análogo en departamentos oficiales. En alguno puede reconocerse la mano de Andrés de la Calleja. La cabeza, algo más avejentada, repi'oduce puntualmente la del cuadro núme¬ ro 2.200, del Prado, obra de Mengs; no asi el cuerpo, pues en el del Museo visto armadura. Tampoco está copiada la composición del mismo; la del lienzo del Ins¬ tituto parece más bien inspirada en algún retrato de Ranc, que no alcanzó el rei¬ nado de Carlos III. CATÁLOGO DE PINTUKAS Num. 20 RETRATO DE LA REINA MARÍA LUISA, MUJER DE CARLOS IV Lienzo; alto O™84, ancho O™40 María Luisa nació en Parraa el 9 de diciembre de 1751; se casó el 4 de setiem¬ bre de 17G5; mui'ió en Roma, a las diez de la noche del sábado 2 de enero de 1819. Fué hija de Felipe, Infante de España, Duque de Parma, y de Luisa Isabel de Francia: la sang're ga¬ lante de su abuelo materno Luis XV, influyó en su temperamento más que la herencia de rigidez y aus¬ teridad de su abuelo pateiaio Carlos III de Esi)aña. Fué madre de Fernando VII d Deseado. Viste de maja, mantilla negra, ñores en el pelo, blusa blanca, muy ñna, desnudos los brazos, falda negra de tul: eu la mano derecha un abanico plega¬ do, en la iziiuiei'da un ramo de ñores: paisaje. Firmado: .1. D. Mene.SES, fecit año 1S04. Llamábase, el miniaturista, .losé Delgado Mene- sesñ); habla nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1775, y murió en Madrid de más de ochenta años. Fué favorecido con encargos regios, y pintó al óleo y miniatui-as; de la misma Reina posee una ñrmada en 1803, el Marqués de Valdeol- mos en la que ai)arece vestida de nn'iscara, con turbante. (1) Ezquerra del Bayo, Exposición de la Miniatura Betrato en España. Catálogo g-eiioral. Madrid, Mayo-Jiinio, 1910. Vid. además, ¡M. Ossorio Bernard; Artistas españoles del siglo XIX, II, edieión 1888, pág. 179. (2) Núm. 624 del Catálogo de la cit. Exposición. El núin. 625 es nna María Lnisa, de Maja, propiedad del Marqués de la Torrecilla; atriijuida por Ezquerra a Delgado Meneses. Num. 21 RETRATO DE LA REINA MARÍA LUISA, MUJER DE CARLOS IV Lienzo: alto 0"'S4, ancho Viste la madre de Fernando VII en esta miniatu¬ ra traje Imperio blanco; apoya el codo izipiierdo en una columna, medio cubierta ])or el manto o chai rojo que con la mano izquierda recoge. Muy escota¬ da, peinado alto con ñequillo rizado, y bucles sobre la nuca. En la diestra, caida con abandono, un ])lie- g'o, en el (pie se lee: tí. J/. la Renna A. C. IL 1'. ^ tíi(¡)lica /i." Firmada: .1. D. Meneses, fecit año 1804. La exjiresion del rostro, sin llegar a revelamos el fondo de su tem)»eramento con la lidelidad im- ]dacablc de los j-etratos goyescos, muesti'a a las claras la manera de ser de Maria Luisa, en (piien ¡a educación, ni siipiiera el trono, fueron trabas para sus ))asiones, *. Ï 11 RETRATOS DE PERSONAJES VARIOS Num. 2'ï *' RETRATO DE FRAY FRANCISCO RUIZ OBISPO DE ÁVILA Y SECRETARIO DEL CARDENAL CISNEROS Tabla: alto O"42, ancho O""28 Fi'ay Francisco Ruiz nació en Toledo por los años 1476 (ñ. Fué Fray Francisco Ruiz personaje de vida singular; su adhesión a Cisneros, y su amor a las obras de arte, le hacen digno do un estudio hasta hoy no intentado. He aqui unas cuantas notíis (jue dan a conocer algunos rasgos de su persona: Electo provincial Cisneros «tenia necesidad de algún religioso mancebo que anduviese con él a pie —porque anduviera siempre en una bestia menor y muchas vezes a pie— y que tuviese buena péndola para desjTachar los negocios de la orden: estando en el monesterio de San Francisco de... Alcalá de Henares... enco¬ mendó [al guardián] que si supiese de algún frayre para que anduviese con él, que se lo hiciese sabei'. El dicho Padre Guardián le respondió: «Padre, avrá »VIII dias que hizo aqui en esta casa professión un mancebito, de hedad de »XVII o XVIII años, que es de Toledo, y estuvo en aquella Santa Yglesia en el »Choro por uno de los seyses, muy bonito, de muy linda voz y cantor y de muy «gentil pluma, un Sanctico que creo le contentará a vuestra reverencia» <-). Y así eran los viajes del que habla de gobernai- a España por tierras de Casti¬ lla visitando conventos: jinete en un asno, al que llamaban Benitillo, a pie como de espolique Fray Francisco Ruiz. «Lo que avian de comer lo pedían por el amor de Dios. Y infinitas veces acontecía [a Cisneros] con cualquier ración de pan que le diesen, aquello tomaba poco o mucho y se venían a la posada: de manera que el Padre Fray Francisco Ruyz... como era mancebo y muy gracioso no le dexava ir a demandar y le dezia muchas veces: «Vuestra Reverencia no nasció para »])edir, quédese en la posada, que yo lo iré a demandar». Y ansi el m;ís tiemjw (1) Dediicese (ledo que dice Jiiau do Vallojn: Memorial de. la Vida de... Cisneros. Madrid, «Junta para aiupllacióu de Kstudloa», 191:!, pág. 6. (■2) Juan de Vallejo: ob. eit., pág-s. 6-7. òè CATÁLOGO DE PÍNTCÍiAS demandava la limosna Fray Franeiseo Ruyz i)or las calles en alta boz, en canto, ])orque la tenia muy agraciada» En 1002 pasó Fray Franeiseo con otros religiosos de su Orden a Indias a evan¬ gelizar a los indígenas: allí la vida activa en demasía y el clima probáronle mal y estuvo en Aniériea siempre enfermo, regresando antes de cumplirse el medio año de su estancia. Trajo presentes raros de aquellas tierras para los Hoyes y para Cisneros y le acompañaron a España, unos indios Al regreso volvió a sus olieios de secretario del Cardenal, siendo su m.ás intimo lamiliar, designándole como emisaiáo para ((ue en su nombre se inescntase a Feli])e el Hernioso. En láüá se le dió el obispado de Ciudad Rodrigo a 18 de noviembre <•", y ocupó la sede hasta el 14 de julio de 1514. Aeompañó al Cardenal en su entrada en Orán en lóoá cabalgando en mula En los escritores del tiempo hay menciones de Fray Fi'aneiseo. El donosísimo Dr. Villalobos escril)ia el 7 de julio de 1517: «el Cardonal [Cis¬ neros] y el Obispo de Avila... desjmés de Dios me pueden hazer y deshazer» Y el maldiciente cronista D. Franeesillo de Ziiñiga le retrata: «tuvo iior compañero [el Cardona,1 Cisneros] en su gobernación vida al Obispo y de Avila, don fray Franeiseo Ruiz, hombro muy experto, muy gi'an servidor do su IMagcstad; el cual Oi)ispo ])aree¡a mortero de mostaza, o tinajón de anchovas en Bilbao» Estuvo en Italia, adonde fué con el Papa Adriano y al que aeompañó hasta su muerte, 14 de setiembre de 1523. En 1524 estaba en Oénova contratando su sepultura Bajo su pontificado se hieiei'on en la Catedral de Avila obras admirables de escultura y decoración por Vasco de Zarza: se acabó el trasaltar con el sei)ulero del Tostado, la decoración del bai)tisterio que en lo alto ostenta sus armas, la (1)Juan de. Vallejo: ob. cit., p.ág. 7. (2)Juan do, Vallejo: ob. edf., i):ig. 42. lid) Eubel: Hierarchia mtholica medii oeri. Mnnster, líllO, tomo III, pág. 104, diciendo: con eiTor era dominico. Galindez Carvajal, en sus Anales ftrcrc.? (Biblioteca de Autores Españoles, tomo LXX, pág. 5.58), escribe en los de 1510: «el obispado de Ciudad-Iíodrig'o se dió a Fray Fran¬ cisco Rui'/,, criado dei Cardenai Ar/obisi)o de, Toledo». (4) Galindez Carvajal: ob. cit. (5)Algunas obras del Dr.... Villalobos (Bibliófilos españoles. Madrid, 1886, pág. 14). (6)D. Franeesillo de'Zññiga: Crónica, cap. I (Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXXVI, página 9.) (7) Karl Jnsti: Miscellaneenn: Los Aprile de Carona, |)ágs. 106 y siguientes del tomo I de la traducción española B.sfudios de Arte español. Madrid, I.a España Moderna. lí.—RETKAïOS DE PERSONAJES VARIOS 57 puerta de la sala capitular, la preciosa custodia de alabastro del altar mayor, portada de la sacristía, pulpito y altares del crucero En San Juan de la Penitencia de Toledo, fundado en 1514 por el Cardenal Cis- neros, construyó Fray Francisco Ruiz la capilla mayor, según declaran la ins¬ cripción que rodea el aiTocabe y los escudos del alfarge riquísimo que cubre la bóveda <2). Fué, en suma. Fray Francisco Ruiz uno de aquellos obispos edificadores y Mecenas de nuestro Renacimiento. ^ ^ La tabla del Instituto es un admirable retrato: represéntase en ella sin insig¬ nias episcopales, sobre hombros el estolón de Apóstol de Indias; viste el sayal sus franciscano; al pie, entre sus escudos, se lee en el marco: FRANCLSCVS RVIZ ANTISTFS ABVLFNSIS en el campo de la tabla y a los lados de la cabeza dos disticos: II vius consilius Agra expúgnala repente Ft Granata libens flvmina, sacra tvlit. Hic fidei celo fervens tranavit ad indo Franciscvs presvl nobilitate sva. Sin necesidad del rótulo que lo declara, hubiera podido identificarse el perso¬ naje, porque de él se conocen otros dos retratos: Fn la parte baja, lado de la Epístola, del retablo mayor de San Juan de la Peni¬ tencia, se le representa de pontifical y orante —en el lado del Evangelio y en anᬠloga disposición está el retrato de Cisneros—. Aunque de perfil y más delgado se le reconoce claramente. Fs este retablo obra mediocre de la escuela de Juan de Borgoña. El segundo retrato —y éste consta se hizo en'vida, y seguramente del natu¬ ral— está en su sepulcro, que se admira en la capilla mayor de San Juan de la Penitencia. Queda anotado que Fray Francisco estuvo en Italia durante el pon- (1) Justi: ob. cit., menciona las obras construidas bajo el pontilicado de Fray Francisco con algunos errores, que corrige, en lo concerniente a Avila, M. Gómez Moreno, en su estudio Vasco de la Zarza, escultor (Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, tomo IV (1909), pági¬ nas 149 y siguientes). (2) Inscripción en la capilla mayor de San Juati de la Penitencia (Palazuelos: Guia de Toledo. Toledo, 1890, págs. 1.036 y siguientes). CATÁLOGO DE PINTURAS 8 58 CATÁLOGO DE PINTUEAS tificado de Adriano, y allí permaneció algún tiempo después de la muerte del Papa. Estando Gènova contrató su sepulcro en el taller de escultura más glo¬ en rioso a España tenia más íntimas relaciones: el de los Aprile la sazón y que con de Carona; en 5 de junio de 1524 se ñrmó el contrato entre el (3bispo de Avila y .Juan Antonio Aprile y Pedro Angel de la Scala. En la primavera de 152G estaba en condiciones de ser enviado a España; costó 825 ducados. Con adiciones de estilo de Covarrubias se armó en Toledo. «La cabeza muy notable del viejo prelado —escribe .Justi—, que fué modelada en Génova del modelo vivo, recuerda la del viejo Goethe» ñ). Aunque de más edad, seméjase en gran manera a como se figura en la tabla del Instituto. ¿A qué pintor atribuirla? Un nombre se impone al contestar esta pregunta: el de Juan de Borgoña. El ser de su arte, cuando no de su mano, las obras de pintura que guarda San Juan de la Penitencia —los tres retablos de la Iglesia y los de las estaciones en el Claustro— es un indicio que la técnica de la tabla confirma por completo. Conocemos de Borgoña buen número de retratos, fantásticos los más, de los Arzobispos toledanos hasta D. Alfonso de Fonseca: y en ellos son patentes las cualidades que realzan la tabla del Instituto, más cuidada, como obra hecha con un gusto que no podria tener al pintar la cansada serie del episcopolio. Apa¬ rece Juan de Borgoña en Toledo en 1494 —fecha del documento más antiguo que habla de obras suyas—, y a partir de este año interviene en todas las tareas de pintura realizan en la Primada, siendo como la cabeza de la escuela de que se Toledo hasta 1533,fecha del último documento en que figura Probablemente, el retrato del Instituto procede del citado convento de iSan Juan de la Penitencia, donde se conserva una copia moderna (1) Descríbelo e histórialo Justi: loe. cit. (2)Documentos de la Catedral de Toledo (Col. Zarco del Valle, publicación y notas de F. J. Sánchez Cantón). Centro de Estudios Históricos. Madrid, 1916, tomo I. (3) Noticia de D. Manuel Gómez Moreno, que estudió las obras de arte de la Clausura de San Juan de la Penitencia. Núm. 25 RETRATO DE DON FERNANDO DE AVALOS Plata dorada: 0,11 X. 0,9 cms. Fernando de Avales, II Marqués de Pescara, nació en 1490 y murió en 1525, de familia española afincada en Ñápeles desde tiempos de Alfonso V. Se distinguió desde 1512 en las guerras de Italia contra los franceses; culminando su actuación en la batalla de Pavia. Fué uno de los mejores soldados de su tiempo. Estuvo casado con Vittoria Colonna, la famosa poetisa italiana, amiga de Juan de Valdés y de Miguel Angel. Pescara cultivó también las letras, pues fué autor de un bello Dis¬ corso delV amove, dedicado a su esposa. Viste de guerrero, con armadura y casco, de perfil. Retrato de menos que medio cuerpo. Pintura de escaso valor artístico, aunque de gran curiosidad por la técnica y por el interés iconográfico. Identificase por el rótulo que grabado en bellísima cartela en el dorso dice asi: «D. FERDINAND • D ■ AVALOS • MAKCHESE■I•ET• DI • PESCARA• I» Conócense dos medallas del Marqués de Pescara (Armand: ob. cit., tomo II, pág. 107, números 4 y 5, los describe): busto mirando a la izquierda, armado y con casco, Num. 24 SANTA ISABEL, REINA DE HUNGRÍA, Y DOÑA ISABEL DE BORJA Lienzo: alto 1"'40, ancho O'"60 Que la santa es Santa Isabel, land;^Tavesa de Turingia, llamada Reina de Ilun- gria, lo prueba la corona de realeza, pues Santa Clara no se acostumbra a repre¬ sentar más que con nimbo. La abadesa arrodillada muestra también su regia extir¬ pe en la corona. Y ¿qué abadesa clarisa de sangre real hubo en España en la época a que corresponde el lienzo que aqui se estudia? No recordamos ninguna en la Corona de Castilla. En Aragón se cuentan dos: La primera fué Leonor Manuel de Villena, hija natural del famoso Don Enri¬ que —el autor del Arte cisoría—. Nació en 1430 en Valencia; a los quince años entró monja, tomando el nombre de Isabel de Villena: en 1463 fué nombrada aba¬ desa y murió en 1490: escribió en valenciano Vida Christi (impreso en 1487), inte¬ resante libro escrito con gran elegancia e imaginación. Mas, es identiflcación improbable: no parece posible se retratase con corona real a quien era hija natu¬ ral de Don Enrique y que tan distante estaba del trono regio. La segunda, creemos ha de ser la retratada. Doña Isabel de Borja, hija de Don Juan, que murió en Roma asesinado ]wr su hermano César Borgia, y de Doña María Enriquez de Luna, prima hermana del Rey Católico: era, por tanto, nieta del Papa Alejandro VI. Por su familia, entonces en la cumbre de toda fortuna, no puede sorprender que el artista la pintase coronada. Doña Isabel de Borja nació en Gandia a 15 de enero de 1498; aprendió el latin siendo niña, y habiendo entrado un dia con su madre en el convento de las Claras de Gandia, no quiso salir ya, y consagrada a Dios no se logró por medio alguno volverla al mundo: se cuenta que profetizó la santidad de su sobrino el Marqués de Lombay. Compuso unas Exhortaciones espirituales dirigidas a sus religiosas. Eué abadesa. Fundó en 1552 el convento en Casa de la Reina (Rioja). En setiembre de 1557 se trasladó a Valladolid y desde allí presidia la fundación que en Madrid hacia la Princesa de Portugal Doña Juana, del que habla de ser famosísimo con¬ vento de Descalzas Reales, y aunque murió antes de habitarlo, y en Valladolid, el 28 de octubre, se la considera como primera abadesa de la célebre casa. II.—KETKATOS DE PERSONAJES VARIOS 61 Hallándose el que. fué después San Francisco de Borja en Granada, al traslado del cadáver de la Emperatriz (1555), recibió una carta de su tía la abadesa de las Claras, en la que le decia que le veía «contemplar el denegrido cadáver y conven¬ cerse de cuán vanas eran las cosas del mundo». Fué tal vez esta carta determi¬ nante de la resolución del Marcpiés de Bombay. Fué mujer, al decir de Xímeno, «de aspecto angélico, de una conversación afable; en las acciones, comj)uesta; en el ingenio, excelente; en el consejo, sagaz; en lostrabajos, pacientísima». Adennis de las citadas Exhortaciones, que originales se conservan en las Des¬ calzas de Madrid, se guardan varias cartas familiares de la ilustre abadesa. A sus instancias compuso el venerable Agnesio su Ofpcium horarium acl Sacratissi- nium cor Domini Nostri Jesuchristi, en verso latino. (Vide. Serrano Sauz: Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas. Madrid, 1903, I, págs. 166-7.) ^ ^ ^ La santa abadesa franciscana aparece en pie con corona real y nimbo de san¬ tidad; viste el hábito de clarisa, el báculo abacial se apoya en su diestra y en el hombro y en la mano libro con un texto en latin: ante ella está izquierda tiene un arrodillada y con las manos abadesa, de sangre real a juzgar ])or la juntas una corona que ciñe sus sienes. El fondo es rojo intenso: zócalo castaño con crestería gótica, góticos también son los báculos. Solado de azulejos valencianos rojizos los lisos y blancos y azules los decorados, precisamente análogos a los que, proceden¬ tes del palacio de Gandía, posee el Instituto. Los caracteres de la pintura (sobre lienzo pegada a tabla, sin iireparación de yeso, con imprimación pardusca) llevan su fecha a los primeros años del siglo XVI, bien que será obra de artista retrasado en gustos, pues no se declaran influencias renacientes en la arquitectura, ni la orfebrería. en tíin embargo, el estudio del lienzo lleva a la convicción de que es obra valen¬ ciana, aunque extrañe la falta de elementos nuevos, que en Valencia, desde antes de mediar el siglo XV, eran conocidos. Num. 25 RETRATO DE UN ESCOVEDO (¿?) Tabla: 0,35 X 0>28 cms. Es un caballero apuesto, con barba, gorra con pluma, ropa negra y gola de lienzo; todo minuciosamente hecho. En lo alto, complicadas armas nobiliarias. El marco es del mismo tiempo que la pintura; en la parte superior la fecha 1Ò69; en la inferior, jEtatis suae 27. En el reverso de la tabla: n.° 20, Es de los Escovedos, en letra vieja. Sin la indicación de la edad que lleva el marco, creeriase más viejo el retra¬ tado, que (nacido en 1541-2) a pesar del escudo y del letrero del reverso no pudo ser identificado hasta ahora. No se ha logrado conocer el escudo de los Escovedos, y consultadas las armas que la tabla ostenta al docto genealogista D. .luán Carlos de Guerra, resultan los «cuarteles primei'os coiTespondientes al apellido guipuzcoano González de Andía y el ajedrezado a los Toledos». «Pudiera resultar el incógnito caballero D. Fran¬ cisco de Andía, casado con Doña Blanca de Toledo, caballero santiaguista el año 1605 y primer Marqués de Valparaiso en 16:12; murió en 1659; pero entonces no pudo tener en 1569 veintisiete años, a no ser un fenómeno de longevidad» O). Del apellido González de Andia hay un libro de Braulio de Lana: Descripción de las casas rj solares de González de Andia, Madrid, 1620 (núm. 1.665 del folio 2." de la Bibliografía Madrileña de Pérez Pastor), que es preciso consultar Queden aqui tan vagas indicaciones, tal vez algún día pistas, de identifieación de la interesante pintura. Descripción del escudo: Escudo partido, coronado ])or un casco, lambrequines de hojas de roble. Mitad izquierda: castillo de oro en campo de gules y león de oro sobre blaneo; águila negra explayada sobre fondo plata ¿suavia? debajo; flores de lis y dos cruces de extremos florenzados sobre campo verde o azul. Mitad derecha, dos partes: pri¬ ll) Informacióu de 28 de junio de 1920. (2) Pérez Pastor; ob. cit. II.—RETRATOS DE PERSONA.JES VARIOS 63 mera, gran número de escaques de oro sobre campo verde-azul; segunda, en lo alto banda negra, en campo plata, en mantel castillo con bordura roja; en bajo, cruz de plata con cinco lobos pasantes negros en sus brazos; en los ángulos, alter¬ nando, una cruz sobre fondo de gules y tres clavos unidos en la punta sobre fondo verde-azulado. La atribución es muy dudosa, sólo puede anotai'se: y que no son en Es])aña vul¬ gares retratos de la segunda mitad del siglo XVI en este tamailo; estilábanse en¬ tonces, ya los de tamaño natural, ya los pequeños - naipes—; pertenece a tipo usual en Flandes, y sobre todo en Franela, donde hubo una escuela de la que fué cabeza Cornelio de la Haya, llamado también de Lyon por haber residido largo tiempo en esta ciudad, que se empleó casi siempre en retratar con análogas pro¬ porciones. Puede atribuirse a esta escuela el retrato núm. 1.9.58 del Prado. Técnicamente, son claras las i'claciones de esta tabla con el arte de Antonio Moro; acaso es obra de un discípulo español suyo; más, desde luego, que no Sán- CATÁLOGO DE PINTURAS chez Coello. Adviértase que no hay obras conocidas de un pintor flamenco de estos tiempos que sirviendo a Felipe II gozaba de más crecidos gajes que el mismo Moro, y que se llamaba Antonio Populer o Pupiler U). (1) Sánchez Cantón: Los pintores de Cámara de los Reyes de España, págs. 36 y 184. Num. 26 RETRATO DE DON FERNANDO ÂLVAREZ DE TOLEDO, TERCER DUQUE DE ALBA Lienzo: alto O"37, ancho O""26 "2 Hijo de D. García Alvarez de Toledo y de Doña Beatriz de Piraentel, nació en Piedrahita (Avila) el 29 de octubre de l.óOT. A los diez y seis años asistió al Sitio de Fuenteia-abía y fué nombrado Gobernador de la plaza. Mayordomo de Carlos V, ayo de Felipe II, de los Consejos de Estado y Guerra, Capitán general de Castilla y Aragón en la conquista de Portugal, Gobernador lugarteniente y Capitán gene¬ ral de Milán, Virrey de Ñápeles y Gobernador de Flandes. De Flandes fué llamado en 157:5 y, caldo de la gracia del Rey, estuvo preso en Uceda. Salió de la prisión por conquistar a Portugal; murió en Lisboa el 11 de diciembre de 1582. Está ente¬ rrado en moderno sepulcro en San Esteban de Salamanca. Es una de las mayores figuras de nuestra Historia. Es el retrato que aquí se cataloga una copia reducida, quizá de mano de don Valentin Carderera, del soberbio lienzo que se guarda en el palacio de Liria, obra de Tiziano, que describe asi D. Angel María Barcia «Representa unos cuai'enta años. Tez morena, cabello oscuro, entrecano el bigote, y la barba que corta por los lados termina en larga perilla. En medio de la entereza que revela la fisonomía, la expresión no está exenta de bondad y la mirada... es noble y serena. Apoya ambas manos, empuñando en la diestra el bastón de mando en un antepecho almohadillado de terciopelo rojo. Lleva arma¬ dura negra con labores de oro, gorgnera estrecha, baiada roja y collar del Toisón. El original mide 0,99 por 0,81 metros y carece del rótulo, que en la copia se lee. (1) Núm. 2 del Catálogo de la Colección de Pinturas del Excmo. Sr. Duque de Berwick y de Alba, por Angel María Barcia. Madrid, 1911. CATÁLOGO DE PINTURAS 9 Num. 27 RETRATO DE DON DIEGO MESIA DE OVANDO Y VELAZQUEZ DE ÁVILA PRIMER CONDE DE UCEDA Lienzo: alto l'"24, ancho 1™00 Don Dieiço Volázquez de Avila —o mejor, Mesia de Ovando, apellidos habi- qne tualraente usaba- nació en Avila on 1539 9); fueron sus padres el santiaguistar Juan Velazquez Dávila, que en sus años maduros se retii'ó a hacer penitencia a Nuestra Señora do Guadalupe, y Doña Teresa de Bracamonte. Fué primogénito y l)or ello, entre sus numerosos hermanos, heredó el vinculo, con pingües rentas, afincado en Càceres, de su abuela paterna. Doña Isabel Mesia de Ovando, razón de que usase tales apellidos. Fueron sus bisabuelos paternos Juan Dávila, ayo del Príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos, y Juana Velazquez de la Torre, que en admirable sepulcro de alabastro yacen en capilla propia que heredó don Diego, en Santo Tomás de Avila. Casó dos veces Doña D. Diego: la primera con María Sarmiento, de la que no hubo sucesión, y la segunda con Doña Leonor de Guzmán y Ribera, hija de los Condes de Olivares, de la que logró un hijo, D. Juan, por los años de 1574. Por Real cédula de 2 de febrero de 1572, le hizo el Rey mer¬ ced del hábito de Alcántara; contaba a la sazón treinta años y «era hombre sano y dispuesto para ejercer la Caballería». También consiguió que Felipe II le crease Conde de Uceda. De que realizase grandes hechos no hay noticia en las historias, ni lo aducen los declarantes en las informaciones para el hábito de su hijo. Vivia de asiento en la Corte y pasaba temporadas en Avila, C;iccres y en Toledo, en casa de un primo suyo. Arcediano de la Primada; a fiesar de un vivir tan tran¬ quilo y sosegado al parecer —ejemplo claro del de los nobles ricos y devotos de los (1) Todas las noticias de la vida y familia de D. Diego están sacadas de su expediento para el liábito de Alcántara (Arcli. Hist. Nac. Alcántara, núm. 968) y del de su liijo para el de Cala¬ trava (Arch. Hist. Nac. Calatrava, núin. 2.754). (2) Tormo: Avila. Cartilla excursionista de 1917. II.—RETKAÏOS DE PEK,SONA.JES VARIOS 67 Últimos años de Felipe II—no alcanzó dilatada edad, puesto que en 1590, en las pruebas para el hábito de Calatrava de su hijo, hablase de él como muerto. El retrato nos lo jiresenta unís avejentado que viejo. Es un hermoso lienzo so¬ brio, diriase mejor sombrío, pero vigoroso y lleno de sentimiento y nobleza; sobre el obscuro fondo se destaca apenas el vestido negro, en el que la cruz verde lige¬ ramente se diseña. La cabeza jiálida, exangüe, como la mano izquierda, que coge laespada, contribuye a dar la imiiresión de señoril recogimiento. La pincelada es decidida y amplia; denota la mano de un artista español, que es difícil señalar cuál sea. Basta considerar este lienzo como obra española de hacia 1590, muy clara¬ mente relacionada con la escuela toledana. A primera vista diriase estar ante una pintura de Luis Tristán, que floreció, como se sabe, años después de haber sido pintado este retrato ñ). ^ ^ Por si sirviera para explicar el camino por donde este lienzo pudo venir a la Colección de los Condes de Valencia de Don .Juan, se ha de anotar: que la madre de la segunda mujer de D. Diego Mesia se llamaba Doña María Niño. La razón de la identificación la da un antiguo letrero en la parte superior izquierda del cuadro, que dice: D DP VELÁZQVEZ / DAVILA, CONDE DE/ yZEDA. (1) Tormo, olí. cit., da noticia do un retrato Armado por Antonio Stella en 1.590, que se guarda eii la capilla de S¿iii Segundo de la Catedral de Avila; su espíritu y técnica no está muy distanto del do D. Diego. Núm. 28 RETRATO DE TORCUATO TASSÓ Lienzo; alto 0'"62, ancho 0"'45 Hijo del poeta Bernardo Tassó di Bergamo y de Porcia Rossa, nació el gran épico en Sorrento el 11 de marzo de 1544; murió en 1505 a 25 de abril, en Roma. Su más gloriosa obra es la Gerumlemme liherata. No abundan los retratos antiguos de Tasso. La identiflcación del lienzo del Ins¬ tituto de Valencia de Don Juan la da hecha letrero un viejo y la confirma el retrato grabado por N. de Launay que dibujó C. P. Harillier, frontis de la edición de la Gerusalemme de Lyon y París, 1843 (Blanc y Hervier editores); viste el poeta en el grabado la misma lechuguilla encañonada. Retrato coronado —dibujado por Ortego—, en la pág. 543 del tomo III, 1838 del Semanario Pintoresco, 29 abril (1) Otros retrcatos: Bullart: Académie de sciences et d'arts, 1995, 2.°, pág. 355; L'Art, 1879, pág. 250, de E. Delacroix, grabado por Leop Flanieng·, citados con varios también modernos en la pág. 1.419 del Portrait index-A. L. A. Library of Congress. Wáshington, 1906. Núm. 29 RETRATO DE CABALLERO Cobre: 5 Y2 X ^'10 cms. Es retrato de un caballero de unos cuarenta años, liarba y pelo rubios y ojos azules; viste ropa oscura y g'ran cuello blanco semicircular. No es ti])o español, ni su traje se estiló entre nosotros, pues el cuello difiere grandemente de los de pJato usados en España en tiempos de Felipe IV. Todo induce a pensar que es un retrato inglés de fines del siglo XVI o comienzos del XVII. Es pintura de extraordinaria delicadeza y perfección. Relaciónase evidentemente con el retrato del Barón Edwar Herbert de Cherbury, pintado Isaac Oliver por y con las demás miniaturas de este artista, por ejemplo, las publicadas por Ch. Holme y H. A. Kennedy en Earl/i english portrait miniatures in the collection of the Buhe of Buccleuch (Londres, The títudio, 1917). Isaac Oliver fué un gran artista —en el género del retrato pequeño— de ]n'0- bable origen francés, aunque él mismo se consideraba inglés; se cree nació en 1.551, murió entre el 4 de junio y el :10 de octubre de 1617; fué el pintor de moda en la Corte inglesa, y sus obras, numerosas en Inglaterra, son raras en el continente. (Vid. Bryan, Dictionnary of painters. London, 1910, vol. IV, págs. 36-7.) El retrato fechado en 1614 que publica Bryan se relaciona también con el del Instituto, Num. 50 RETRATO DE BENITO ARIAS MONTANO Lienzo: alto O"'61, ancho O"47 Benito Arias Montano nació en 1.526, murió en 1.508; humanista, escriturario y jioeta. El haber dirigido la edición de la Biblia poliglota regia de Amberes es su más alto titulo de gloria. Doc¬ tor, fraile en la Orden de San .luán y Capellán de Felipe II. En sus últimos años se retiró a Campo de Flores, cerca de Se¬ villa; alli cantaba a la soledad gravemente: «Quien la.s graves cniigojas liuir desea, de que está nuestra vida sieiiipro llena, ame la soledad quieta y amena donde las ocasiones nunca vea.» La identifícación en un en Bosch seo en con clones iguales a las del cua¬ dro; y en el reverso, desnudo corriendo llevando en la mano la Poliglota y la pala¬ bra EYPIíKA; dice la inscripción: Bened. Arias Montano, jE t. 43 — 756.9 ñ). (1) Publicada por D. Adolfo Herrera en la Revista de Archivos (marzo, 1902, páginas 168-70). II.—RETRATOS DE PERSONAJES VARIOS 71 Más joven que en este lienzo se representa a Arias Montano en el retrato pin¬ tado en el taller de Rubens hacia 1633 por 24 florines para Baltasar Moreto. Se ve en la Sala II del Museo Plantino en Amberes. Es un lienzo de 62,.5 de alto por 48,.5 de alto; busto de tres cuartos, cabellos negros y cortos cayendo sobre la frente, la barba cerrada. Visto de eclesiástico con la cruz de santiaguista : en la mano izquierda tiene un libro. El rostro, el cuello, la cruz, la mano y el libro con reto¬ ques magistrales de Rubens Erancisco Pacheco elogió a, Arias Montano en su Libro de. loa Eetratos: y le retra¬ tó, además, a pincel en una buena pintura que poseen los herederos de D. Aure- liano de Beructe y Morct, en la que alguien ha creido ver pinceladas de Velázquez adolescente Se relaciona con el del Museo Plantino el grabado de Juan Vierix (Revitita de A7'cMvos, junio de I90I) que se conserva en la Biblioteca Nacional. Asimismo, seme¬ jante al grabado por C. Alvarez, publicado con la biografía escrita por L. Villa- nueva en el Semanario phitorenco, 1844 (pág. 185). El del Instituto parece copia de no gran maestría, y fuera aventurado juzgar de la pintura original; sería obra probablemente española, de las que se suelen clasi¬ ficar como escuela de los retratistas de la Corte. (1) Uoproduciilo por Max Roosoá cii su Chrixtoplie, Plantino imprimeur Anversoiít. (2) Publicado eu el núiii. 245, láin. III del cuadoriio 1 del Indice, de refrcdo.t de. Pe.raona.jes españo/es de la Junta de Icouog-i'afía Nacional. Num. 31 RETRATO DE PEDRO DE VALENCIA Lienzo: alto O"62, ancho O" 46 El croiñstá Podro de Valencia nació en Zafra a fines de 155.5; casi niño se tras¬ ladaron sus padres a Córdoba y oyó Artes en el Colegio de la Concepción; in.ás tarde cursó Teologia, oponiéndose pero sus ]>adres a que fuese sacerdote lo envia¬ ron a Salamanca a estudia)' leyes. Alli ti-ató a Cornelio Bonardo y al Bimcense, api'cndió el griego y se gi'aduó. .loven aún volvió a Zafra a vivir de su «i'entcci- 11a», ein])leando el tiempo en el estudio de los clásicos y cu ejercer su profesión gratuitamente. Siguió en su retiro a Aiñas Montano, que lo enseñó el hebreo y trabó con él amistad estrecha. Pedi'o de Valencia compuso el epitafio del gran esci'itui'ario. En 1.587 casó con una pidma y tuvo cuati-o hijos y una hija d'. La «i-entecilla» al ci'Ccer la familia alcanzaba a poco por «la carestia de las cosas, que pasamos necesidad —escribía en 8 de setiembre 1516—, y que vamos gastando cada año algo del capital de nuestra haciendilla» Es figura interesante en la historia del humanismo español: hombre bueno y sabio, se contentó eon vivir oscurecido sin bullir en la Corte ni en las Universidades como sus colegas. Su ciencia era vastísima y su diligeneia suma. En veinte días escribió su Academia, sive de judicio publicó en 1596 ergavertim —que se De esta obra decía el Padre Sigüenza (-t); «quien quisiere saber más desto [historia de la Filosofia] lea el libro que eseiibió nuesti-o Pedro de Valencia..., varón insigne, no sólo en la .Jurispim- dencia, sino en la Filosofía y Letras Sagradas, acompañado de singular noticia de la lengua griega, de la latina y hebrea..., donde en pocas hojas verá cosas muy recónditas acerca destas dos escuelas [estoicos y académicos] y entenderá por él lo que son las qüestiones Académicas de Tulio...; y dándole Nuestro Señor vida... (1) Serrano Sauz: Revista de Archivos, marzo-abril, 1899. (2) Epistolario español (Biblioteca de Autores Españoles, tomo LXII, pág's. 43-45). (3) Serrano Sanz: loe. clt. (4) Fray José de Sigüenza; Historia de la Orden de San Jerónimo, II. Discurso X. (Edición de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, tomo II, pág". 579.) II. —RETRATO.S DE PERSONA.IES VARIOS 73 nos ha de dexar grandes frutos de sus trabajos e ingenio eon admiración de las naciones extranjeras que lo estimarán en más, poi'que conocerán mejor estas cosas, pues España, aunque y tan ex- ccicntcs, parcee que los indi- los Aunque honor de ser nombrado ero- nista del Reino por Felipe IIT, con 80.000 mrs. de sueldo. Escribió, además, Lúculo, de historia de la Eilosolia, dos Discursos de - jos y stis maleficios, obra de es- ^ piritu abierto y moderno. un no ráeter y no defrauda la idea que de sus escritos nace cuan¬ do nos lo (pieremos imaginar cómo fué en vida. Con razón escribe Serrano y Sanz: «en el semblante duro y anguloso se i'efleja, claramente aquella lógiea inflexible que domina en sus escritos la serenidad de espíritu con que resolvió algunas cues¬ y tiones sociales que hoy mismo preocupan tanto o más que en pleno siglo XVI». (f) Lo rp.pi'odujo Serrano y Sair/ en la Revista de Archivos, 1900, 2.", pág. 44.Ó, con ocasión (le publicar el Seyundo Discurso acerca de los brujos. CATÁLOGO DE PINTURAS 10 Num. 32 RETRATO DE DON JUAN ALFONSO DE PIMENTEE OCTAVO CONDE Y QUINTO DUQUE DE BENAVENTE Lienzo: alto O™91, ancho O'"78 Don Juan Alfonso de Pinientel, hijo del VI Conde —aquel a quien el Obispo Gue¬ vara dirigía cartas, encabezándolas: «muy illustre señor y mayor Conde de Espa¬ ña» (ñ— y de Doña Luisa Enríquez, fué bautiziido en la iglesia de San Miguel de Villalón, villa de los estados de Benavente, el 29 de junio, dia de San Pedro y San Pablo, del año 155:P'^b Por Real cédula de 9 de julio de 1.5G7, se le hizo merced del hábito de Santiago'-", Orden en la que llegó a ser Trece y Comendador de Castro- toi-at. Por haber muerto sin casar su hermano D. Luis*-", heredó el título en 1.57G. Sus dotes, ayudando a lo ilustre de su linaje, lleváronle a pertenecer al Consejo de Estado, a presidir el de Italia, a los virreinatos de Valencia y Ñápeles, y a ser mayordomo mayor de la Reina Doña Isabel de Borbón, primera mujer de Feli¬ pe IV. Sucedió en Nápoles al Conde de Lemos, D. Fernando, hizo su entrada e en la ciudad en albis, 6 de abril, de 1603. Su gobierno justificó las espe¬ la dominica in ranzas en él puestas: fué justiciero, diligente en el despacho y amigo de las artes. Procurando el ornato de la ciudad, hizo construir una hermosa fuente con estatuas de mármol, reedificó puentes, decoró el Palacio, y erigió puertas, donde inscrip¬ ciones latinas conservaron su memoria. «Se fece venerare e temere», tal es el jui- (1) Epístolas familiares, mim. XXXVI (Biblioteca de Autores Españoles). De este Conde hay medalla con su efigie, fechada en 1.562; la describe Armand, Les medaiUeurs italiens, tomo III, pág. 283. (2) Se encuentra la partida en las pruebas del hábito de Santiago de su hijo D. Manuel (Arch. Hist. Nac., Orden de Santlag-o, núm. 6.474). Es expediente de Interés para la biografía de D. Luis de Requesens, abuelo materno de D. Manuel. (3) Arch. Hist. Nac., Santiago, núm. 6.46.5. (4) Como a sucesor de los estados paternos le dedicó cuando contaba siete años los Colloquios satíricos Antonio de Torquemada Mondoñedo, 1553. (Menéndez Pelayo; Orígenes de la novela, tomo II, pág. 485.) I- DON JUAN ALFONSO DE PIMENTEE VIII Conde y v Duque de Benavente (1553-1621) >- II.—RETRATOS DE PERSONAJES VARIOS cío de los historiadores napolitanos. Halló de Ñapóles el 11 de Julio de 1610 Quizi'i fué causa i)ara dejar el virreinato, al^Tnia grave enfermedad: Cabrera de Córdoba en sus Relaciones escribe en Madrid a 22 de setiembre de 1612; «Ha llegado aqui el Conde de Benavente, con salud, aunque todavía falto de memoria, ponpte trueca las palabras y se le olvidan muchos vocablos; y asi dicen que pide licencia para retirarse y mirar i)or su salud, pero no i)ara salir de la Corte; el cual anda vestido de hábito de tercero de Han Francisco» (-b Los acluupies de la vejez llegarónle antes que los muchos años, el retrato es fehaciente testigo, pues no contaba más de cuarenta y siete cuando se pintó. Poco después, el 17 de noviembre, refiere Cabrera ('"ñ los festejos con que el Conde acompañado de sus hijos recibió al Rey en su villa de Cigales. Las fiestas tuvieron ])or resultado —dice el diarista— (]ue «salió luego voz, que hacían Presi¬ dente de Italia al de Benavente». l\Iurió D. Juan Alfonso el 8 de noviembre de 1621 ñ). Estuvo dos veces casado; la primera con Doña Catalina Vigil de Quiñones, IV Condesa de Luna; las capitulaciones fueron aprobadas por cédula de 26 de diciembre de 1569; de este matrimonio nació el IX Conde D. Antonio®. En segun¬ das nupcias se unió con Doña Mencia de Zúñiga Requesens, Marquesa viuda de y los Vélez, desde 1579, y que estaba en posesión de las baronías de Martorell, Han Andrés y Rosanes ®. ^ La razón jiara la identificación del retrato es la siguiente: Como «retrato de un Conde de Benavente^'figura inventariado en la entrega de las pinturas de la Casa (1) Parrino: Teatro eroico, de'goveiiii de'Vicere del liegno di Napoli; tomo II, Ñápeles, 1692, pág's. 33 siguientes. En la Sección ele manuscritos de la Biblioteca Nacional hay un tomo de y Uelaciones del Gobierno de Ñapóles, sig. 6.722; del fol. 174 al 190 ocupa la minuciosa historia del virreinato de I). Juan Alfonso; es manuscrito inédito de importancia, de los primeros años del siglo XVII. Es la relación del gobierno de D. Juan Alfonso, la última del tomo. (2) Luis Cabrera de Córdoba: Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España desde JÍÒ9U hasta 1614. Madrid, 1857, pág. 494. (3) 01). cit., pág. 499. (4) Claret: Los Condes Duques de Benaccnte {Revista de Historia y Genealogía española, setiembre-octubre, 1917). (5) Claret: loe. cit. Claret: loe. cit. y expediente de D. Manuel en la Orden do Santiago, antes mencionado. (6) Del segundo matrimonio hubo I). Juan Alonso por lo menos cuatro hijos varones: D. Alonso, Marqués del Villar (Arch. Hist., Santiago, 6.473); D. Manuel (idem, id., 6.474); D. Rodrigo (idem. Alcántara, 1.182), y D. Jerónimo, Capitán general de la Caballería en Lombardía (ídem, Calatrava, 2.035). De una joven de Mayorga tuvo en sus mocedades otro hijo nuestro Conde, llamóse Enrique Pimentel y Gallega, y se cruzó alcantarino en 1606 (idem, Alcántara, 1.179); fué Ministro del Tribunal de las Ordenes. Acerca de los Condes de Benavente puede consultarse, además, Domingo Ascargorta: Genealogia de los C. de B. (Biblioteca Nacional, manuscritos Y 17i 7(1 CATÁLOGO DE PINTURAS dejiositadas en el Museo Arqueológico Nacional; y, dada la fecha en tiue se i)intó, ningún otro personaje de los que llevaron el titulo puede ser más que D. Juan Alfonso. El retrato grabado que publica Parrino, en la obra que al pie se cita, con ser posterior en cuidado e inñel como algunos años al del Instituto y tan poco suelen los de dicho libro, confírma en los rasgos esenciales la identifícación. Viste D. Juan Alfonso en el grabado, ropa labrada con gran gola y ca])a; el rostro demacrado y las mejillas hundidas danle aspecto de muy crecida edad que no tenia. Figúrase al Conde en el lienzo, de algo más que medio cuerpo; viste armadura y cumplida gola de lienzo encañonado, lleva en la diestra la bengala de general; el casco con cimera está a la izquierda sobre un bufete carmesi. Detrás una columna, y la cortina descubre celajes. Correcto de dibujo, que a medio correr cálido de color, revela a un artista nada vulgar. La fisonomia del Conde, prema¬ turamente envejecido, expresa un carácter tenaz y severo. Nadie diria, a no estar firmado, que es obra de pintor, al que hasta ahora, sólo con dudas, se le atribuye un retrato. Léese en el plinto de la columna; Pascuale Ccíti, f. 1599. Nació Cati en Jesi en 1519, murió en Roma en 1()21 (ñ. L1 1." de noviembre de 1577 ingresó en el gi'emio romano de pintores, de 8an Lucas. Infinido por el arte de Miguel Angel, pintó gran número de frescos en iglesias y palacios. Sus obras más notables son los episodios de la vida de la Virgen, que decoran la capi¬ lla del Cardenal Altemps en Santa María «in Trastevere» Se le atribuye, por algunos críticos, el retrato del arquitecto Martino Longhi el Viejo (t en 1591) ¿Dónde se pintó el lienzo? Problamente en Valencia: en febrero de 1599 estaba Benavente de Virrey, y con grandes fiestas recibía a Felipe III, que fué a aquella ciudad a esperar a su desposada Doña Margarita y en octubre del mismo año continuaba en Valencia, aunque se decia le traerían pronto a Madrid para mayor¬ domo de la nueva Reina De la estancia de Cati en España no habla hasta ahora noticia. En San Isidoro del Campo (Sevilla) hay un San Pedro firmado por Cati. (1) Andrea Corna: Dizionario della sioria dcM' arte in Italia (,1'iacenza, ¿ 1915?) (2) Bryan: Dictionary of Painters and Knyravers. Ijondon, 1915. (3) Thieme: Allyemeines Le.rikon der Bildende Knnstter. Leipzig, 1907, (4) Cabrera de Córdoba: ob. cit., pág. 8. (5) Cabrera de Córdoba: ob. cit., pág. 45, i- Nil m. 35 RETRATO DE DON FRANCISCO DE SANDOVAL Y ROJAS, DUQUE DE LERMA Lienzo: alto O""75, ancho O*"56 Hijo de Francisco de San¬ doval, Marqués de Denia y tercer Conde de Lerma; nació en 1552 Fué nom¬ brado por Felipe II caballe¬ rizo mayor del Principe, cargo en el que logró adue¬ ñarse de la débil voluntad del futuro Felipe III, fuente de su rápido y decisivo en¬ cumbramiento. Duque de Lerma desde 1599, su talen¬ to, su maña en la intriga, su ambición, codicia y venali¬ dad llenan capítulos en la historia del reinado del Fio Felipe. Despilfarro, inmo¬ ralidad y desgobierno fue¬ ron las notas de su i)olitica. Viendo el ñn triste de don Rodrigo Calderón y los constantes peligros pidió el capelo; sin embargo, en 3 de octubre de 1618 perdió la privanza, sucediéndole en ella su hijo y enemigo Uceda. Murió el 17 de mayo de 1625 (1) Para su nacimiento véanse las pruolias de santiag'uista de Sandoval j Borja (Francisco de), Marqués de Denia, Virrey y Capitán general del Reino de Valencia, Comendador de Mérida, Tordesillas, 1589. Y las de su hijo D. Juan, en Calatrava, num. 2,378, (2) Sangrador; Historia de Valla,dolid. ■r iL 78 CATÁLOGO DE PINTURAS Casó con Doña Catalina de la Cerda, que murió en 1603, y cuando llevaba va¬ rios años viudo estuvo a ])unto de contraer nuevas nui)cias con Doña Juana, Con¬ desa viuda —aunque sin haberse consumado el matrimonio— de Valencia de Don Juan O); los cortesanos del tiempo creyeron en la seguridad de la próxima boda, y los diaristas asegural)an cpie los madui'os novios habian pedido dispensa de sus votos '2); mas la boda se deshizo. El donoso ])ortngnés Piniieii'o da Veiga escribía del Duque de Lerma: «He homem bem apessoado, gentil-homem e bem acondicionado, cpie ninguem vem nunca descontente da sua pessoa e presenca, e lera adorado, se nao lora tao iiiacessivel no dar das audiencias, porque he necesario ander dons e trez mezes para Ihe poder fallar» Refiere cómo habla logrado el Duque que sus enferme¬ dades, y aun las leves indisposiciones, fuesen fuente de crecidos ingresos. La identificación del retrato, aparte los datos iconográficos clarísimos, la indica un rótulo en la parte superior, que reza: 1). Franc, de Roxas i Sandoval Dvq de Lerma Gran gola encañonada, traje negro con botones; de una cadena cuelga la venera santiaguista; pelo ralo, sana la color, negros el bigote y la perilla. Repre¬ senta alrededor de cincuenta años. Era Lerma muy aficionado a las Bellas Artes, en jtarticular a la Pintura; por ello al mandar Vicente de Gonzaga, Duque de Mantua, a Rubens en 1603, le hacia portador de cuadros para el Privado. En setiembre y octubre pintó Rubens el retrato ecuestre del Duque Este gran lienzo se inventaría en Valladolid en el siglo XVII entre las pinturas de la Casa Real. Fué devuelto en 1635 a la familia. Según Cruzada Villaamil ® se conservaba en Denia, y según J. Rousseau í''' lo po¬ seían los Duques de Medinaceli, hoy lo guarda el Conde de Valdelagrana en Madrid y ha sido sagazmente estudiado por D. Félix Boix. En el Inventario de Valladolid de 1615 se asienta un retrato del Duque por Doña Juana de Peralta, copia tal vez del Rubens perdido G). Otros reti-atos suyos son: la estatua sepulcral orante, obi-a (1) Véase la papeleta del retrato do D. Manrique do Lara. (2) Cabrera de Córdoba: Relaciones citadas antes. (.3) Fastigimia. Colección de manuscritos inéditos da Bib. IMunicipal do Porto. Porto, lílll; 20 de mayo de 1605, pág. 59.—N. Alonso Cortés, Boletín de Excursiones de Valladolid, publicó traducida esta singular producción, arsenal do curiosísimas anécdotas de la corte de Felipe III. (4) Max Kooses: L'oeuvre de P. P. Rubens, Amberes, 189, tomo IV, pág. 202. Menciona ade¬ más dos dibujos, uno del Louvre y otro de Weimar, de un guerrero con coraza, a caballo, que podria ser un estudio para el perdido retrato de Lerma. Y en la i)ág. 316 cataloga, núrn. 1.146, uno de la Colección del Conde de Portarlington, que estuvo en la Exposición de Maestros anti¬ guos de Londres, 1882, niim. 163, y (jue se relaciona con los dibujos; mide 1,86 por 100, (5) Rubens diplomático, Madrid. (6) L'Art, 3 de marzo de 1878, pág. 206. (7) Archivo de Palacio. IL—KETR^TOS DE PERSONAJES VARIOS 79 de Leoni, hecha para el regio panteón que, émulo de El Escorial fundó en San Pablo de Valladolid, hoy en el Museo"*, y un grabado en la Sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional El lienzo del Instituto no es pintura técnicamente importante; su grande inte¬ rés estriba en que con verosimilitud es el último retrato —ni la estampa, ni el ecues¬ tre, ni la escultura, le aventajan en carácter— del venal politico, que «Se vistió de colorado por no moi'ir ahorcado» Los inventarios de las Colecciones reales catalogan los siguientes retratos del Duque: Valladolid, 1015.—la galería haxa: «Vn retrato del Duque de Lerma a caballo, de (|uatro baras de alto, guarnecido con marco de pino, dado de oro y negro, original de Pedro Kebines.» En el quarto apoítento: «El retrato del Duque de Lerma, armado en jiie, guarnecido, de dos baras y media, de de Doña .Joana de Peralta.» mano Valladolid, ITOü: Se asienta el de .luana de Peralta. Roproduoido por Martí Monzó, I'ltfudio.t hintórico-artíMicoíí, Vall.adolid, jaig-inas 2GG-7, (1) aeorea ])atern¡dad de las esculturas de los Lerin.as. Vid. J. Paz: Et de las cuestiones sobre la Monasterio de San Pablo de Valladolid, 1897, folleto; la citada obra de Marti; Pérez Pastor, Revista de Archivos, mayo de 1921, y F. J. Sáucliez Cantón: Los Arfes, Madrid, 1920, pág". 7G. (2) Catálogo de Barcia. (3) Versos muy divulgados en Castilla cuando pidió la púrpura cardenalicia. Nú 111. 34 RETRATO DE LOPE DE VEGA Lienzo: alto O'^'íO, ancho 0™77 Loiie Félix do Vega Carpió, nació eii Madrid el 2.') de noviembre de 1562, en la Puerta de Guadalajara, y murió, en la misma coronada villa, el 27 de agosto de 1666; fueron sus padres Félix de Vega y Francisca Fernández Flores, naturales del Valle de Carriedo en la jMontaña. No es ocasión de biografiar al Fénix de los ingenios, vida, es la suya tejida de aventuras amorosas y de peripecias de todo género, que en todo fué verdadei'o monstruo itr hi naturaleza En lo alto del lienzo se lee: Lope Feliz de. Vega Carpió, J^rotofriscal de. la Cámara Apostólica, rótulo escusado, pues los rasgos de su pergeño son bien conocidos. Viste talares ropas, es sanguinea, y de cre¬ de más de medio cuerpo, carnación cida edad, a juzgar por lo canoso del pelo y bigote; casi blanca la perilla. Apoya la diestra en un bufete sobre el que aparecen unos libros; en sus tejuelos se lee: Finias sacras (•''), Tm Dorotea <■**, Guerra de Gerusalem (-"'b Permiten los libros fechar la pintura con pequeño error: La Dorotea se publicó en 1632, muy a los fines; pues es del 14 de setiembre la suma de privilegio y la tasa. Es, por tanto, la efigie del poeta tal como era en los últimos años de su agitada vida; nótese, sin embargo, lo saludable y enérgico de su continente, y la arrogancia de su apostura. Por ello creo este retrato de 1633; en el año siguiente sufrió Lope dos terribles disgus¬ tos que al decir de Montalván «le tenian casi reducido a una continua pasión (1) Véanse; la Nueva biografía de /.ope de Vega, i)or Ca3'etano Alberto de la Barrera, tomo I de las obras de Lope, de la edición de la Academia, dirigida por Menéndez Pelayo. Madrid, y Vida de Lope de Vega, por H. Renncrt y A. Castro, Madrid, 1919. (2) Üic en el rótulo. (3) Rimas sacras. Madrid, 1614. (4) La Dorotea (acción en prosa). Año 16.32. Madrid en la Im])rentade Juan de la Cuesta. (5) Jerusalem conquistada (epoj)e,va trágica). Madrid, 1609. ir.—RETRATOS DE PERSONAJES VARIOS 81 melancólica», (tal voz la muerte de su hijo y desde luego el rapto de Antonia Clara —su hija tan querida, fruto del repugnante adulterio de Doña Marta de Nevares—). El cargo que acompaña al nombi-e de Lope en el rótulo del lienzo, no es el que se indica literalmente: «Hacia fines de IGIO, obtuvo, por influencia del Duque de Hessa, el cai'go de procurador flucal do la Cfunara Apostólica en el Arzobispado de Toledo» (ñ. Fué Lope un buen aficionado a la pintura y hasta parece que no fué del todo ajeno a su ejercicio; sus obras abundan en menciones de artistas; y, lo que más es, han podido escribii'se unas interesantes notas acerca de La visualidad y lo pictó¬ rico ® en sus escritos. Amigo de CaiMuchO, al publicar éste en lGo3 los Diálogos de (1) La Barrera: ob. cit., pág". 244; anotan Rennert y Castro, que, recibía Lo|)e todos los hono¬ res y cargos eclesiásticos en unas de las ó|)ocas más borrascosas de su irregular vida. (2) A. Castro; ob. cit., págs. 427-31. CATÁLOGO DE PINTUKAS 11 82 CATÁLOGO DE PINTUBAS la Pintura, pidió y laudatoria silva, y en 1628 dióle por obtuvo del poeta una escrito parecer en el pleito sobre exención del arte. Tal vez esta amistad, expli¬ su que, el que entre tantas menciones de artistas contemporáneos recogidas en Lope, no se haya registrado ni una de Vehiquez, pues sabida es la enemiga de Carduciio a D. Diego. Varios son los retratos de Lope conocidos 6); quizá el más antiguo es el que se atribuye a el Ermitage de San Petersburgo, sigue después el grabado Tristán en de P. Perret, en 162.5, en el que apai'enta más años de los que en retratos más tar¬ díos i-epresenta, lo cual con buenas razones supone D. E. Tormo, es causado, por darnos a conocer el retrato que Ribalta hizo del poeta a poco de salir de una enfer¬ medad (2); oti'o retrato hay en la colección Lázaro <•", no se con qué motivo, a nom¬ bre de Eugenio Cajés. El poeta se autoretrató en el soneto: «Pregónane el poeta porque no se halla a si mismo», cejas mal poblado, y de elegante «... do delata lanariz, de ojos dormido, despejado de boca, y mal ceñido <■•>.» La atribución de la pintura del Instituto es incierta; por la fecha y circunstan¬ cias de amistad y trato cu aquellos años, habla, de jjensarse en Vieencio Cai'ducho; más no encuentro claras y precisas sus caracteilsticas. (1) Vid. además de lo que aquí se dice, Kl Averigua dar, 1871, pág's. .822, 3.37 y .372. (2) E. Tormo: Tm educación de liibalta padre fué en Castilla (Revista critica hispano-ameri- cana, 1916, pág, ,30);reprodujo también al frente del citado libro de Rennert y Castro. se (3) Reproducido las Referencias fotográficas, Lacoste. Madrid, 1913. en (4) Rimas de Tomé de Pturguillo. Apud, Bol. Bib. M. P., Ill, 1921, p.ág, .324. Niitn. 55 RETRATO DEL ILMO, SR. D. DIEGO DE CÜVARRUBIAS Lienzo: alto O^'SS, ancho 0™43 Un rótulo declara quién es el eclesiástico retratado: mas ¿qué fe merece la \deja identificación? El único D. Diego de Covarrubias famoso, fué el gran teólogo y jurisconsulto toledano —nacido en 25 de junio de 1512, muerto el 27 de setiembre de 1577, una de las glorias españolas en Trento, Obispo de Ciudad-Rodrigo y de Segovia (ñ. Mas que éste no puede ser el retratado en la pintura del Instituto está bien a las claras; porque, no sólo es posterior en más de medio siglo a la muerte de don Diego, y su pergeño e indumento impropios de Obispo del siglo XVI, sino tam¬ un bién porque conocemos por un lienzo del Greco el verdadero reti'ato de D. Diego de Covarrubias y Leiva y en nada se parece a nuestro personaje Hay, por tanto, que pensar, o que el letrero es apócrifo, o que se ti-ata de un eclesiástico del siglo XVII, homónimo del prelado toledano. Para ilustrar la segunda hipótesis no se ha logrado hallar noticia alguna í®. El lienzo es un excelente retrato: la clasificación que en el Inventario de Depósito en el Museo Arqueológico se hacia puede quedar subsistente; juzgábase de «escuela de Velázquez», y, en efecto, es patente su filiación en los retratos que, teniendo por precedentes las obleas de su suegro Pacheco, pintó Velázquez en la primera época (el Suárez de Ribera ("ñ, el Góngora Estuvo este cuadro en la Exposición de Retratos (Madrid, 1902), núm. 990. (1) Murió nombrado Obispo de Cuenca; Caídos V le babia propuesto para Arzobispo de Santo Domingo. Fué Presidente de Castilla. (2) Cossío: El Greco, lárn. 134, págs. 444 y 582; el Greco no debió de retratarlo del natural, sino tomar su efigde de un retrato anterior de estilo de Sánchez Coello, hoy en el Museo del Greco, de Toledo. (8) Cotarelo y Mori: El Lic. Sebastián de Horozco y sus obras. Boletín de la Academia Espa¬ ñola, II, 1915, pág's. 643-95. Reúne muchas noticias referentes a los Covarrubias; no menciona ningún D. Diego que pudiera ser el retratado. (4) En San Hermenegildo de Sevilla. (5) Sobre el Góngora véase Allende-Salazar y Sánchez Cantón: Retratos del Museo del Prado, págs. 172-4). Num. 56 RETRATO DE DON FRANCISCO DE QUEVEDO"» Lienzo: alto 0'"60'5, ancho O"48 No es lugar este de escribir la biografía del personaje i'etratado, ni de analizar su ingente labor literaria. Nació Quevedo en Madrid y fué bautizado el 26 de setiembre de 1580. Caballero de la Orden Militar de Santiago desde 1617, murió en su Torre de Juan Abad el 8 de setiembre de 1645. Se describió él mismo, sin halagarse, en el texto tan conocido: «Es hombre de bien, nacido para mal; hijo de algo, hombre de muchas fuerzas y de otras para ser tantas flaquezas; es de buen entendimiento,pero de no buena memoria; es corto de vista como de ventura; hombre dado al diablo, prestado al mundo y encomen¬ dado a la carne, rasgado de ojos y de conciencia, negro de cabello y de dicha, largo de frente y de razones» La cortedad de vista le obligaba a continuado uso de lentes grandes. El Duque de Lerma, contestándole a un soneto en que pedía una esfera y un estuche de ins¬ trumentos matemáticos, escribió: «Lisura en verso y en jTrosa, don Erancisco, conservad. Ya que vuestros ojos son tan claros como un cristal.» Podrían multiplicarse las referencias a su físico, jmes él fué pródigo en autoca- iñcaturas y sus enemigos nada parcos en burlas e invectivas. Nos quedan del gran satírico excelentes retratos, en pintura y en escultura F'"". Es artísticamente el mejor el que aquí se cataloga. ^ 'A- (1) El texto de esta papeleta fué revisado piiiitiialmcnte por D. Guillermo J. de Osma, que con laudable criterio dejó eu dudas las que eran convicciones en el ánimo del autor. (2) En la lista de estudiantes con voto en la Universidad de Valladolid (abril de 1605), 6<;-ura Quevedo, «barvirrojo, cojo». (R. Alonso Cortés, Noticias de una corte literaria, págs. 48 y sigs.) (3) El busto en l)arro conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, obra anónima de gran carácter y fuerza, reprodiTcese en la Guia de la fliblioteca Nacional, publicada en la Kevista de Archivos, II.—KETKATOS PE PEK«ONAJES VAHIOS 85 •Sobre un fondo sienoso se destaca el busto de Quevedo. Viste ropa negra con botones, capa sobre el hombro izquierdo, como terciada; cuello blanco estrecho de golilla; en lo negro del vestido vibra el rojo de la Cruz de Santiago. La cabeza de fírmes trazos maravillosamente encajada, tiene ex])resión compleja; miran los ojos fíjamente tras los cristales de los quevedoa, y hay en los labios apenas percepti¬ ble un rictus de ironia. El pelo largo no atusado, con abundantes canas, anuncio de calvicie en la frente desmesurada; el bigote y la mosca poblados y casi sin hebras blancas. La edad que representa será unos cincuenta años; se pintaría, por tanto, el cuadro después de 1630. Birlase que está por acabar el retrato o estudio. Es fluida la pintura; en ciertas partes las pinceladas apenas recubren la imprimación. Todo está hecho sin apurar detalles; conseguida la realidad por toques definitivos, no repasados, y modelado con color. Es lógico proceder a relacionar este lienzo con el texto de Palomino; «Otro retrato hizo Yelázquez deD. Francisco de Quevedo Villegas, Cavallero del Orden de Santiago y Señor de la Villa de la Torre de Juan Abad, de cuyo raro ingenio dan testimonio sus Obras Impresas... Pintóle con los anteojos puestos, como acos¬ tumbraba de ordinario traer...» ('b En el siglo XVIII, el viajero inglés Richard Tiviss, que estuvo en Portugal y en España en los años 1772 y 1773, menciona un retrato «original de Quevedo iñntado por Velazquez », que vió en la colección de B. Francisco de Bruna, en Sevilla <2). Bice que el retrato lleva lentes; y añade que de dicho retrato se habia publicado un hermoso grabado por Carmona en el tomo IV del Parnaso Español (1) Museo pictórico y escala óptica. Tlieoria de la pintura [Madrid, 171.5-24], tomo III, .3.3.3. (2) Travels through Portugal and Spain, by Richard Twiss (London, 1775). Dice: «After having yiowcd the public edifices I went in search of pictures: Murillo, Velasquez, and de Val- des, three of the best Spanish painters, vere born in or near Sevilla, so that I expected to lind many of their pictures here, and I was not disappointed. I first waited on Don Francisco de Bruna, to whom I brought an introductory letter: that gentleman began in- showing me his own collection of pictures, among which the foliowing are worthy of notice. A picture representing the Adoration of the Three Kings... This picture is one of Velasquez's best pieces... Anoriginal portrait of Quevedo, with spectacles, by the same Velasquez. A fine engraving, by Carmona, of this picture is inserted in the fourth volume of the Spanish Parnassus.» (3) Parnaso Español. «Colección de poesías escogidas do los más célebres poetas castellanos», por D. Juan José Sedano. Madrid, 1768-1779. El tomo IV, que contiene con efecto el grabado de Carmona, se inipriinió en Madrid el año 1776, 8fi CATÁLOGO DK l'INTLKAS Dicho cuadro de la algún tiempo a Inglaterra, colección de Bruna, llevado en lo pioseia en 1841 Lady Stuart. De esta señora lo ad(iuirió en aquel año el Duque de Wellington, en cuya célebre galeria de Apsley House se conserva. Figuró en la Exposición de Londres en 1855, y en la de 1913-14 en las Grafton Galleries. En el Catálogo de las Obras de Velázqmz, de Curtis, impreso en 1883, ya se sen¬ tenciaba que el cuadi'o de Apsley House ora el mismo retrato mencionado ]wr Palomino ñ), y el Dr. Cari Justi, por aquel mismo tiemi)0, dió por averiguado que así era: extrañando únicamente que los grabadores anteriores a Carmona no hubiesen conocido, al parecer, ese «original de Velázquez», descrito por viajeros, y que hasta el siglo XIX no habla salido de España La noticia, que a la sazón parecía admitida sin disputa por los ciáticos de más nombre en Europa, de que el original pintado por Velázquez y descrito por Palo¬ mino era el de los Duques de Wellington, fué sin duda parte - con otros naturales miramientos— a que el retrato que hoy es del Instituto de Valencia de Don .luán, cuando se llevó a la Exposición Histórico-Europea de Madrid en el año 1892, figu¬ rase en Catálogo sin que sus dueños dieran nombre de autor Empero, en años sucesivos, hubo de advertirse que Curtis, al afirmar que el cuadro de Apsley House era indudablemente el mismo a que se referia Palomino, escribía en todo caso sin tener a la vista ni muy presente aquel retrato; pues taxa¬ tivamente dice que el pei'sonaje retratado lleva en el pecho la Cruz de Santiago, que en el lienzo de Apsley House no se puso. También aparece que duda, decirle que Car- al viajero Sr. Twiss pudieron, sin mona habla la grabado el retrato de Quevedo decolección Bruna, mas no veria él mismo la estampa que pondera, por cuanto antes se imprimió su Viaje que el tomo del Parnaso, que contiene el retrato con la insignia de Santiago. Como quiera que la cruz —que la tuvo Quevedo desde 1617— se vela también en un grabado antiguo, de Amberes, se acudió, para ex])licar la diferencia, al soco¬ rrido argumento de adición puesta a cuenta del grabador, sin reparar en que es (1) Velasquez and Murillo, by Cliarles B. Curtis (London, 1883), pág. 78: «Don Francisco de Quevedo Villegiis, 1580 1645. Duke of Wellington. Bust, with abundant grayish frizzled hair, a narrow linen colhir, a huge pair of spectacles on his nose, and the cross of Santiago on Ins breast. Life size. Formerly belonged to Don Francisco Bruna at Sevilla. Mentioned in R. Twiss, Travels through Spain, etc. London, 1775, pag. 308. This is doubtlecs the portrait spoken of by Palomino (III, 333) ill which the poet is represented with glasses which ho was accustomed to wear. (2) Velasquez and his Times, by Carl Justi [Traducción inglesa. Londres, 1889, pági¬ na 278]. (3) Al reseñar aquella Exposición, la Gazethe des Beaux Arts (1893, pàg. 42) dice única¬ mente: «Dans la belle collection de M. la Comte de Valencia se trouve un très remarquable por¬ trait du célèbre poète Francisco de Quevedo: oeuvre d'un grand caraetère. DON FRANCISCO DE QUEVEDO ( 1580-1645 ) II.—RETRATOS DE PERSONAJES VARIOS 87 mucha coincidencia que la misma adición naciera en las mentes dé todos los gra¬ badores, pues no más: aunque pudo hay estampa antigua donde no aparezca. Es muy bien ignorarlo Justi, D. Valentín Carderera —cuya autoridad en punto a ico¬ nografía y retratos históricos españoles es tanta— poseyó él mismo un retrato do Quevedo, y en su Catálogo consigna que es «copia antigua», y menciona que «tiene cosida en el jubón la Cruz de la Orden de Santiago» Don Aureliano de Beruete padre, que tuvo ocasión de visitar la galería de Apsley House, consideró perdido el original de Yelázqucz ® a que aludiera Palo¬ mino; y no necesitó aquilatar el detalle de la cruz de Santiago, que no aparece en aquel lienzo. Aparte lo inverosímil que se estime que el pintor del original hiciese caso omiso de tan significada presea, y que en cambio la suplieran, generaciones más tarde, todos los grabadores del mismo retrato, es el hecho que si se quisiera con¬ trastar el cuadro del Instituto de Valencia de Don .Tuan con el célebre de los Duques de Wellington —y aun de un mismo autor—, nunca cuando hubiesen de ser liabrian de apreciarse dos ediciones de la misma labor, sino en todo caso relación do boceto o estudio de primera intención a obra muy acabada Podria decii'sc, con efecto, que son características respectivas de los dos lienzos lo cuasi inacaliado del uno y lo minucioso de la factura del otro. No desconoció esta cii-cunstancia el Dr. .Justi, que aun considerando el retrato de A])slcy House como original del gi-an impresio¬ maestro, apunta, sin embargo, que «faltan los i'asgos sueltos del nismo, sin los cuales parece que no so puede celebrar a Vehizqucz». Cabe, en ver¬ dad, que eso del «impresionismo» -en profecia— sea el sello inconfundible de Velázquez; y si no fuese reprochable extremar el argumento, acaso pensaríamos que en cualquier pintura pudo Velázquez velar o disimular su técnica caracteris- (1)Catálogo y descripción sumaria de Retratos antiguos de personajes ilustres..., coleccio¬ nados por D. Valentín Carderera (Madrid, 1877, peág. 4.8). (2) «Outre la perte de ce portrait [Madame de. Chevreuse]... il faut déplorer celle de deux autres originaux de Velazquez; representant deux personnages non moins célèbres; le poète Que- vedo et le Cardinal Don Gaspar Borja. A vrai dire, il y à Apsley House un portrait en buste du grand poète, attribué a Velazquez, mais on ne peut y voir qu'une bonne copie de l'original perdu. Il y manque, en effet, la griffe du maître... Ma maniere de voir est partagée por un con¬ naisseur d'une compétence reconnue, M. Bonnat, en compagnie duquel il m'a été donné d'exa¬ miner cette toile (Velazquez, par A. de Beruete. Paris, 1898, piig. 89). (3) D. Aureliano de Beruete hijo, ilustre y malogrado Director (jue fué del Museo del Prado, en nota inédita al Catálogo de la Exposición de 1913, escribió: «De este retrato de Quevedo ya se ha dicho por el padre todo lo que liabia que decir. A mi me sigue pareciendo una buena copia. En los pelos parecen toques de Mazo, de esos de imitación de Velázquez, poro más gordos; todo ello es más liso y menos corpóreo que Velázquez.» D. Juan Allende-Salazar cree tpie el retrato de. Apsley House puede ser obra de Vicencio Carducho. 88 CATÁLOGO DE PINTURAS tica, menos en el retrato de aquel que con extraña clarividencia para su tiempo deflnió asi la manera de pintar de D. Diego: «... Ansi animar lo hermoso ansi dar a lo mórbido sentido con las manchas distantes que son vei'dad...» y siendo esas «manchas distantes» la genial adquisición de la técnica vclazqueña, quede consignada aquella observación a sus efectos i)ropios entro las notas que aqui se recogen. Con vista también del retrato que i-eseñamos, podrá cada lector formar el juicio personal que le corresponda. Hí ❖ Hí Es mera coincidencia la do que escribiera Quevcdo soneto para el enterra¬ un miento de la Condesa de Valencia de Don .Juan, Duquesa de Nájera, mujer del Duque de Maqueda, Virrey de Sicilia, que murió cu 1G27, pues las casas de Valen¬ cia do Don .Tuan y de Oñate, aun cuando ya fueran emparentadas, no so refundie¬ ron hasta más tarde. Acaso merezca más oportuno recuerdo la circunstancia de haber tenido Don Diego de Silva Velázquez relaciones de ])orsonal amistad y de trato, en cierto modo familiar, con el VIH Conde de Oñatc, D. Iñigo Vélez de Guevara, y tam¬ bién con su here¬ hija, la IX Condesa, casada (en segundas nupcias y teniendo ya dero de su primer matrimonio) con el Duque do Medina de las Torres. Consta que Velázquez, en su segundo viaje a Italia, tuvo en 1640 que ir a Nápoles a presen- tarse al Virrey, Conde de Oñate, «el qual tenia orden de Su Magostad para asis¬ tirle larga y profusamente de todo lo necesario para su intento». Y luego nos dice Palomino cómo diez años más tarde, cuando en 1659 vino a Madrid de Embajador del Rey de Francia el Duque de Grammont, le sirvió de guia artistico D. Diego de Velázquez, y el Embajador «tuvo mucho que admirar en las casas que visitó, y singularmente en la... del Duque de iMediim de las Torres y Condes de Oñate, que tienen excelentísimas pinturas originales». * * * El lienzo del Instituto de Valencia de Don .luán perteneció —al parecer desde la propia generación del personaje retratado— a los Condes de Oñate. Con los demás cuadros, tapices y palacio en la calle Mayor, lo poseía el muebles de su XIV Conde, D. Diego Isidro de Guzmán (XXII Conde de Valencia de Don .luán), desde que en el año 1805 heredó el vinculo de su casa. A su muerte, en 1849, quedó entre los bienes que, a titulo ya de libres, pasai'on a ser de su hijo mayor, D. Car- Tí.—RTÍÏlUtOS DÉ PElíftOXA.TKíí VARIOS 89 los de Gruzináii, XV Conde de siguió viviendo, en unión de sus iienna- Oñate, que nos no casados, ei palacio de la calle ílayor. Consta que hacia los años 1860 a 1865, el retrato estaba en las habitaciones del segundo piso, donde sólo conocerian su existencia, sin Ajarse mayormente en ella, los familiares de la casa. Murió el Conde D. Carlos en 1880, y en 188-1 la Condesa Doña Maria .Josefa de la Cerda, su viuda, legando ésta a sus hermanos políticos cuanto en sucesión universal le habla dejado a ella su marido. En cumplimiento de disposición testamentaria se ven¬ dió —en almoneda, que en primer término fué entre los individuos de la familia- una parte del mobiliario del palacio. En dicha almoneda tomaron los Condes de Valencia de Don .Juan, con otros veinte cuadros, el retrato de Quevedo, siendo luego computada la tasación de dichas pinturas en pago de su parte de la heren¬ cia a la Condesa Doña Adelaida de Guzmán, madre de la XXJV Condesa co-fun- dadora de nuestro Instituto. catAlooo de PINTUUAS 1'2 Num. 37 6RUP0 DE TRES RETRATOS: UN NIÑO DE FRAILE CARMELITA Y SUS PADRES Cobre: alto O™08, largo O'"II Sobre un fondo rojo liso se destacan fuertemente las tres figuras diseñadas con maestria. Visten el padre de amarillo con gran cuello de encaje, de gris plomizo y peídas la dama, y el niño se disfraza de fraile carmelita; rubios los tres y tipos no españoles; probablemente fia'nencos. Recuérdese la pujanza que tuvieron los carmelitas en Flandes cuando el gobierno de los Archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. Pero por los trajes es obra muy posterior. El delicioso grupo es un buen trozo do pintura por su distinción; tal vez haya que pensar en Peeter der Eacs, llamado Lely, discípulo de van Dyck (nació van en .Soest, Westfalia, el 14 do octubre de 1G18, murió en Londres en 1080). Num.38 RETRATO DE UN CABALLERO JOVEN Cobre: 0,7 X cms. Es una bella pintura por el cuidado en la ejecución. Retrato en busto de un hombre de unos veinticinco años, con gran cuello, pelo largo. Ni por el traje, ni por el tipo es español. El estilo de los miniaturistas de Elandes y de Inglaterra que se inspiraron en van Dyck, es patente en este pequeño retrato. Nú ra. 39 RETRATO DE HOMBRE Lienzo: alto O"*38, ancho O"27 Larga y rizada la peluca, arrogante la actitud y la expresión de hombre satis¬ fecho y suficiente. Al cuello chorrera de encaje. Todos los detalles convienen para clasificarlo con retrato de un personaje fran¬ cés ¿tal vez pintor? de tiempos de Luis XIV, al final de su reinado. Es lienzo apreciable por la corrección del dibujo y lo bien entonado del color. Nütti. 40 RETRATO DEL CARDENAL DE ROHAN Lienzo: alto O"'95, ancho O*"81 ArnicUido-Gastóii-Maximiliano de Rohan Soubise, nació en París en 1671. Era hijo de Francisco de Rohan y de Ana Chabot. A los diez y seis años era Canónigo en Strasbnrgo; de la rapidez de su encumbramiento se hace lenguas el Duque de Saint-Simon ñ). Obtiene el título de alteza serenisima; en 1701 Obispo titular de Tiberiades y auxiliar de Strasbnrgo; en 1704 propietario de la Sede. En el mismo año, sin haber escrito una linea, la Academia Francesa le llama a su seno. Abad de Foigny, Sant Vaast y la Chaise-Dieu. Cardenal desde 1712 y gran limosnero en 1713; del Consejo de la Regencia en 1722; tocado de molinismo tomó i)arte activa en las cuestiones religiosas del tiempo, siempre con espíritu conciliador. Amante de los libi'os logró una soberbia colección. Aficionado a las artes ordenó construc¬ ciones lujosas. Murió en París en 1749®. Saint-Simon le retrata asi: «Le Cardinal de Roban etoit né avec de l'esprit naturel que paroissoit au triple l)ar les graces de sa personne, de son expression, du monde le plus choisi dont le commerce l'avoit formé, par les intrigues et las liaisons où M."'® de Soubise l'avoit mis de fort bon heure. Son naturel etoit bon, doux, facile et sans l'ambition et la nécessite qu'elle impose, il etoit né honnete homme et homme d'honneur d'ailleurs d'un accès charmant, obligeant, d'une politesse generate et])arfaite... Il etoit assez grand trop gros, le visage du fils de l'Amour, et outre la beauté singulière, un ))eu son visage a voit toutes les graces possibles; mais les plus naturelles, avec quelque chose d'impossant et encore ¡dus d'interessant, une facilité de parler admirable et un désinvolte merveilleux pour conserver toutes les aventages quiil pouvoit tirer de sa princerie et de sa pourpre, sans montrer ni affectation ni orgueil, et n'em¬ barrasser ni lui-meme ni les autres» (P Monoires du Duc de Saint-Simon. Paris, Ilachotc, 1881, tomo It, pág. 309 310, (2) Grand Enciclopèdic. (•'i) Saint Simon; ob. cit., tomo X, págs. 28-30. 94 CATÁLOGO DE l'INTURAvS Fué, en suma, el Cardenal de Rohan uno de aquellosprelados cortesanos y galantes de la Francia de los Luises. Aunque apenas residió en sus diócesis, se publicó a su nombre el Bituale argenfinense (Strasburgo, 1742). Da hecha la identificación el rótulo que se lee detrás de la pintura: Consta que le retrató Hyacinthe Rigaud et Ros (1659-1743), pintor i'osellonés. nacido poco después de haber dejado de pertenecer a España su patria; sus padres fueron súbditos de nuestros Reyes. Data el retrato de Rigaud de 1710 ñ), de no ser toda via Cardenal y a pesar Armando de Rohan, ya aparece en él vestido de púrpura. Costó 1.000 libras la pin¬ tura, y se registra en las cuentas de 1710 en Le Livre de Raison del pintor. Como (1) Para todo lo que sigue so consultó Le Livre de Raison du peintre II. R., publié avec une introduction et des notes par Román. Paris, Henri Laurens, 1919, pág-s. 150, 165, 166, 170 y 179. II.—KETKATüS DE PERSONAJES VARIOS 9r> de costumbre, Rigaud multiplicó este retrato, y por sus cuentas consta lo repitió cuatro veces en I7I2 (una para el Cardenal Albano y otra para Versalles); en ITIB se copió por Bailleul otras dos veces, y otra, quizá por Lapenate —siempre en el taller de Rigaud— en I7I5. Fué grabado en busto por L. Cars hijo, por María Hor- temels y por un anónimo, y mirando hacia la izquierda por P. Drevet en I7IG, y con adornos y adiciones por P. Dupin (sin fecha). Considéranse originales los que se guardan en Versalles, Nancy y en Casa del Duque de Beauffremont. Es imposible afirmar cuál de las réplicas hechas en el taller de Rigaud de este retrato es la que posee el Instituto; tal vez la techa indica responde al pri¬ que mero de los registrados en Le Livre de Raison. Nú in. 41 RETRATO DE JOVEN FRANCESA Cobre: 0,7 x 0,6 cms. Busto. JMujer deveinte años, agraciada, cabellera empolvada y con lazos unos rojos: cinta roja también por gargantilla. G ran deseóte. Viste traje azul con flores do lis. Es pintura francesa de tiempos de Luis XV. Las lises del vestido hacen pensar en si será una dama de la Casa de Francia. Los rasgos convienen en ])arte con los de «Madame Infante», hija mayor de Luis XV —véase el reti-ato por Xattier en Versalles— y en parte con los de la Princesa de Beauvau Sofia Carlota de la Tour d'Auveigne, reti-atada al pastel ])or Nattier en 17-1(1 (Fierro de Nocliae, XutHer. Pai'is, 1910, p.áginas li¡8 y 225). Núm. 42 RETRATO DE SEÑORA Sobre marfil: 0,5 X 0,4 cm. Busto de una señora Joven: rubia, la cabellera suelta. Viste traje azul celeste escotado. Miniatura quizá inglesa a Juzgar por la elegancia y por el tipo de la dama re¬ tratada. Puede lecharse hacia 1790. CATÁLOGO DE PINTriiA.S 13 Núm. 45 RETRATO DE MR, ARCHER MILTON HUN6TINT0N FUNDADOR DE LA «HISPÀNIC SOCIETY OF AMERICA» Y PATRONO DEL INSTITUTO DE VALENCIA DE DON JUAN Lienzo: 0,77 x 0,60 cin. Es Mr. Archer M. Huiigtinton el extranjero a quien más debe España. A nues¬ tro pasado dedicó rauclios años de constante estudio y buena ])arte de sus grandes caudales. Que no le satisface el mero ])apel de Mecenas lo probó cumplidamente con su edición, traducción y estudio del l^oe.ma del (Tul, que en tres tomos publicó en 1897, 1902 y 1903. Su obra magna es la Hispanic Sociefy of America; fundada en 18 de mayo-.TO de Julio de 1904. Los Estatutos llevan la fecha de 17 de noviembre del mismo año. Fué su núcleo inicial la colección do libros, manuscritos, mapas y monedas que desde iiacia imís de catorce años venia reuniendo el prócer norte¬ americano. De cuanto significó y significa para el conocimiento y la difusión de la lengua, las letras y las artes españolas la Hispanic Society, no es ocasión de hablar. La labor htepanista de Mr. Archer M. Hungtinton no se reduce al sostenimiento de la Hispanic Society: no hay vez que se invoque sin fruto su ayuda para cualquier empresa cultural. Por circunstancias que no son del caso reseñar, estuvo a punto de ser cofundador del Instituto de Valencia de Don .luán, del que es Patrono. España le cuenta como el mejor entre sus amigos extranjeros. Es caballero Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII, y la Universidad de Madrid ha acordado conce¬ derle la investidura de Doctor honoris causa en la Facultad de Filosofia y Letras. ;i: í; Retrato de busto: sobrio y de mucho carácter, pintado con técnica muy moderna y amplia factura. Es obra de un gran artista: está firmado en el ángulo infeidor derecho: P Troubetzkoy 1919. II. —KI'yUKATOS DE PEKSONA.IES VARIOS íl'.t Por donación de i\ír. Archer M. nungtinton ])osee España esta interesantísima pintura, obra del famoso escultor Paul Troubetzkoy, uno de los más grandes artis¬ tas contemporáneos. Hijo del princijie ruso Pedro Troubetzkoy y de una norteamericana, nació el célebre escultor en Intra (a orillas del Lago Mayor) en 1866; de niño quiso ser ¡Antor, pero habiéndose dedicado a la Pintura un hermano mayor, aprendió el arte de la Escultura. A los treinta y dos años marchó a Moscú, trató a Tolstoi y creó su soberbia estatua ecuestre, que en la Exposición Universal de Paris le dió el triunfo, y fué adquirida por el Luxemburgo. Los años de la gran guerra los pasó 100 CATÁLOGO DE PINTURAS en los Estados Unidos; en 1021 volvió Paris hizo a e una Exposición de sus obras revelando que se halla en el dominio pleno de su arte. Para un critico francés «nin¬ gún escultor ha comprendido mejor sus modelos, ni ha traducido con más fidelidad a la vez el espíritu la fuerza». Son maravillosas estatuas de y sus bailarines, por la expresión del movimiento (1) J. Bremontier: Paul Trouhetzkoy. Pevite de l'Art anden et moderne, 1921, enero, pág. 63 y siguientes. Ill RETRATOS DE ASCENDIENTES DE LOS FUNDADORES DEL INSTITUTO Núru. 44 RETRATO DE SEÑORA JOVEN Tabla; 0™14 x O^ll «/a No hay elementos para identificar este bello retrato, preciosamente ejecutado y hondamente sentido; no parece una dama de familia reinante y es muy probable sea del linaje de los Duques de Nájera, en el sigdo XVI preeminente. Como se indica en el Prólogo, se incluyen en esta sección de Ascendientes de los fundadores del Insfifuto vai'ios retratos do personajes desconocidos, que verosimilmente por estar de antiguo en la casa de los Condes de Oñatc lian de ser recuerdos familiares; en las papeletas que siguen, más de un caso análogo se encontrará, repitiéndose y i'el'orzándose con razones la hi])ótosis. Retrato de busto de una señora, de veinte a treinta años, ricamente vestida. Rubia la cabellera, el tocado con joyas; cuello de puntas de encaje y aderezo de granates: el traje, bordado con piedras preciosas y galón de oro, es de terciopelo labrado y el corpiño interior de raso blanco fruncido. De autor, tampoco puede precisarse nuls que está claramente hilado en la escuela que representan en la Corte de Felipe II, Antonio Moro y Sánchez Coello. Es uno de los nnis bellos ejemplares conocidos de retratos pequeños de aquel tiempo; no se relaciona con el estilo de Cornelio de La Haya, llamado de Lyon por los franceses, especialista en retratos de cortas dimensiones y del que queda hecha referencia en la papeleta mhn. 25. Num. 45 RETRATO DE UN CABALLERO ARMADO ¿DON IÑIGO DE GUEVARA QUINTO CONDE DE OÑATE? (D Cobre: 0,6 X 0,5 cm. No hay otro fundamento para la identificación que el de convenir edad e indu¬ mentaria; y lanzada la hipótesis, se abre camino a la rectificación, como en el Prólogo queda dicho. Es retrato de un hombre joven, de no más de treinta y cinco años, bigotes y mosca vigorosos. Viste armadura damasquinada y enorme gola o fresa de lienzo encañonado. La techa puede fijarse en la última década del siglo XVI. La pintura es de mano diestra, correcto el dibujo y cálido el colorido, y análoga a las que sin fundamentarlo suelen ponerse bajo el nombre de Felipe de Liaño, «el pequeño Tiziano», así llamado por su maestria en pintar retratos diminutos en naipeíi y cobres. (1) Para la biografía del V Conile de Oñate, consúltese Salazar y Castro: Casa de Lara, libro viii, tit. ii, pág's. 91-3. Num. 46 RETRATO DE DON MANRIQUE DE LARA, CONDE DE VALENCIA DE DON JUAN Lienzo: alto O™61, ancho O™47 Hijo del Duque de Náje- ra D. Manrique y de Doña ^María Girón, nació en Osu¬ na el 2 de agosto de 15r).5 <ñ; llevó el título de Conde de Valencia, como lo había lle¬ vado su padre antes de lie- ]'edar el Ducado, que él no llegó a disfrutar, pues mu¬ rió antes del Duque viejo. Asistió al juramento del Pi'íncipe Don Felipe, cele¬ brado en Madrid el 11 de noviembre de 1584. Fué va- i'ón de raras dotes, tanto que Felipe II le dió el vi¬ rreinato de Cataluña. Su carácter agrio y violento p rodó jóle el mayor pesar de su vida. Las enfermeda¬ des, en particular la gota, martirizáronle largos años cuando estaba pleni¬ en la tud de ia edad, y pasó encamado mucho tiempo: a pesar de ello, «por el deseo de continuar su grande casa, se desposó la mañana del martes de Carnaval, ."1 de enero de 1.592, con su tia Doña Juana Manrique, dama de Doña Isabel Clara Euge- (1) Salazar y Castro; Casa de Lara, tomo II, pág. 200. CATÁI.OGO DE PISTUUA.S 14 106 CATÁLOGO DE PINTURAS nia». Mas «estaba el Conde tan impedido de su enfermedad, que no pudo, ni para la boda, dejar la cama, y talleció sin consumar el matrimonio» O). Por razones que la Historia cela tuvo un tuerte altercado con su padre, causa de continua separa¬ ción y de enconado odio, que no terminó, como se verá, ni con la muerte del hijo; escribe asi Cabrera de Córdoba el fin de D. ülanriquo «Acabó la entermedad larg'a de D. Manrique —el 14 de mayo de 1593— y en el dia antecedente el bendición, dicién- Duque de Náxera, su padre, entró a darle su dole el hijo tiernamente: «sólo para partirse desta vida la esperaba». El Duque le respondió; que aunque no le habla visitado, siempre le amó como a su hijo primo¬ génito y le encomendó a Dios y su salud, pues quedaba encargado de lo que le podia dar cuidado, y princiiialmente de la Condesa: bendíxole y salió... Murió don Manrique en el aposento donde se habla desacatado con él. Depositaron su cuerpo en el Monasterio del pie de la Cruz.» De pasar lo que Cabrera cuenta, faltó sinceridad a la reconciliación: muchos años desiiués su hermana Doña Luisa, en memoria testamentaria, ordena se cum¬ pla la cláusula ordenada por el Duque «en quan to a no juntar con sus huesos los del Sr. D. Manrique» La viuda de D. Manrique, pasado largo tiempo, estuvo a punto de casarse con el Duque de Lerma; asi lo cuenta un diarista de la época «Tiénese por muy cierto —Madrid-julio de 1610— el casamiento del Duque de Lerraa con la señora Condesa de Valencia, y que para efectuarlo solamente se espera él y de castidad de ella; la cual es la dispensación del voto de religión de señora de muchas partes y hermosura aunque ha engordado, como pasa de los cuarenta, y si bien fué casada con el Conde de Valencia su sobiáno..., por estar muy enfermo cuando se casó —se entiende que no pudo llegar a ella y siempre ha sido muy estimada por su discrepción— y dicen que tiene 14.000 ducados y grande recámara de cosas muy ricas y curiosas... » Mas, la boda se deshizo; era el sino de Doña Juana morir doncella (2 marzo de 1631). D. Manrique dejó una hija llamada Mariana, que fué monja en la Concepción de Torrijos. * * * Identificase el retrato por el rótulo antiguo que en la parte superior ostenta: edad e indumentaria no lo contradicen. (1) Salazar y Castro: loe. cit. (2) Cabrera de Córdoba: Felipe II, Iley de España (Madrid, 1877), IV, pág. 91. (3) Salazar y Castro: ob. cit., tomo IV, págs. 345-6. (4) Cabrera de Córdoba: ¡{elaciones, pág. 412. III.—RETRATOS DE ASCENDIENTES DE LOS FUNDADORES DEL INSTITUTO 107 Viste ropa labrada, gran gorgnera de lienzo con encaje y banda roja y oro de general. Es retrato de enérgica individualidad. La dureza del gesto declara la violencia de su carácter. Sin embargo, de su humor guarda, tal vez, memoria un Cuento recogido por D. .Juan de Arguijo, que dice asi: «El Conde de Valencia encargó a un amigo ... que le buscase una dueña. Kes- jiondió: hallaba sino una; mas, que era tuerta y coja de una pierna. Res¬ que no pondió el Conde: —En todo caso se me envie luego, porque en mi vida he encon¬ trado con dueña que tenga menos faltas que esas.» ñ) Por la edad que últimos tiempos representa, ha de fecharse la pintura en los de la vida de D. Manrique, hacia 1590, por tanto, fecha con la que conviene la anchura y riqueza del cuello. No hubo por aquellos años otro personaje del mismo nombre en la familia con el que pudiera confundirsele. Es lienzo, en el cual no se acusan los caracteres del pincel de Pantoja; mas no se puede negar que cae dentro del circulo de su arte. (1) Paz y Melia: Sales españolas, 11, 183. Núm. 47 RETRATO DE ¿DOÑA LUISA MANRIQUE DE LARA QUINTA DUQUESA DE NÁJERA, CONDESA DE VALENCIA DE DQN JUAN? Tabla: O-"91/2 X 0">6 V2 Dona Luisa, hija de D. Manrique, IV Duque de Nájera, y de Doña Maria Girón, nació en Valencia de Don Juan el 8 de enero de 1558 fué dama de Doña Ana de Austria, en su servicio estaba cuando en ai de enero de 1580 fué capitulado su casamiento con I>. Dernardino de Cárdenas, III Duque de Maqueda, que fué Virrey en Cataluña y en Sicilia y que murió en Palermo el 17 de diciembre de 1601. Fué la Duquesa Doña Luisa mujer de recio temple acreditado en continuos pleitos por mayorazgos y patronatos a los que consiguió ver fín. Murió en 1627; tuvo diez hijos en su matrimonio (-L ❖ Aparece en el pequeño retrato de más de medio cuerpo, la mano diestra al pecho —por cierto que los dedos están colocados como en el famoso retrato del Greco—, tocado de perlas, como los pendientes y los bordados del traje oscuro. Enorme gola de encaje en modo alguno anterior a 1600: representa unos cuarenta años, que son los que contaba cuando la moda de los grandes cuellos comenzó a extenderse. Tiene interés el fijar claramente la fecha del retrato por la identificación probable. Donó este retrato al Instituto el erudito palentino D. Francisco Simón y Nieto, acompañado de la siguiente nota: «Doña Luisa de Acuña, mujer de D. Manrique, III Duque de Nájera, fué hija única y sucesora de D. Enrique, IV Conde de Valencia de Don Juan; se casara antes de 1." de junio de 1528: «tuvo ilustres virtudes de pi-udencia, piedad y gran- (1) S.alazar y Castro: Historia de la Casa de Lara, libro VIII, cap. IX, págs. 184-7 del tomo II. (2) Ob, cit., libro VIII, cap. XIII, págs. 202-6, tomo II, III.—RETRATOS DE ASCENDIENTES DE LOS FUNDADORES DEL INSTITUTO 109 deza de ánimo. Se retii'ó a acabar sus días en Calabazanos por la santa comuni¬ cación de las religiosas de aquel ilustre monasterio, y en la misma villa falleció el 10 de octubre de 1570.» Con tales fechas se demuestra que no puede ser la retra¬ tada, y que la identificación propuesta fué fácil error por confundirla con su nieta, de igual nombre y que llevó los mismos títulos. Núm. 48 RETRATO DE JOVEN Tabla: 0n·22 x O^IS »'2 Retrato de las rodillas arriba, de una joven, casi niña. Viste traje cortesano de terciopelo verde con rayas sembradas brochadas en plata, bordui'a y lineas gene¬ rales de galón múltiple de plata; en las mangas rosetas de abalorios, al parecer metálicos; gran cuello de puntas de encaje de Flandes, como los puños; dobles mangas; cadenas con joyel al pecho; en la mano izquierda coge un pañuelo con puntillas. El indumento es análogo al de varias hermanas de Doña Margarita de Austria, mujer de Felipe III, en retratos conservados el Museo del Prado. Su fecha es en seguramente muy próxima a 1600. Su autor, relacionado con el estilo de Pantoja de la Ci'uz. Será retrato familiar, y no deja de presentar una vaga semejanza con la retra¬ tada en el núm. 47: ¿quizá madre e hija? Núm. 49 RETRATO DE UN CABALLERO DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA QENTIL-HOMBRE DE SU MAJESTAD ¿D. PEDRO MANRIQUE DE LARA, SÉPTIMO CONDE DE PAREDES? Lienzo; alto O ® 62, ancho O 47 La orden militar y la llave convienen con la edad y traje del retratado para suponer que sea don Pedro Manrique de Lara, VII Conde de Paredes de Nava, único que en aque¬ llos ailos llevó en las Casas de üñate y de Valencia de Don Juan (Nájera), el hábi¬ to de Alcántara y la llave de la Cámara Es, por tanto, una identificación, aunque basada en indicios, con tuerza suficiente para su enunciado. Nació D. Pedro en los primeros meses del año 1507; era segundo hijo de D. Enrique, VI Conde de Paredes, y de su prima her¬ mana Doña Inés Manrique de Lara; nieto, por III Duque de Nájera, tanto, de D. Manrique, y de Doña Luisa de Acuña, V Condesa de Valencia de Don Juan. (1) Véase la lista que flg-ura en la pág. 579 del tomo III de la Historia de la Casa de Lara, de Salazar. ll-_> CATÁLOfiO DR PtNTi'RAS Hubo largos pleitos eon su tío el Duque de N;ijera. Gozando de la encomienda de las Casas de Plasència la Orden de en Calatrava, fué mejorado por Felipe III al heredar el trono, quien le concedió la encomienda de la ^Magdalena en la Orden de Alcántara de más pingües rentas. «Por esta dejó el Conde el hábito de causa Calatrava y recibió el de Alcántara: el Pontíflce Clemente VIII, por Breve dado en Roma a 4 de enero de 1600, le dispensó para que, sin embargo, de no ser pro¬ feso, pudiesse gozar, desde luego, los frutos de aquella encomienda»; en 2 de abril de 1607, le dió el Rey la encomienda de Portezuelo en la misma Orden. Por estos años se enredó en nuevo pleito con su prima Doña Luisa, retratada en el núm. 47, por la herencia de los estados de Nájera; litigio que perdió. Estuvo en la jura de Felipe IV Príncipe heredero —13 de enero de 1608— y asistió a la jornada a como Guipúzcoa 161.5, cuando las entregas reales. Honró después Felipe III la pru¬ en dencia del Conde, con el gran empleo de Ayo del Principe, su hijo, desde la mar¬ cha del Duque de Lerma —4 de octubre de 1618—. Los achaques y desengaños lleváronle a renunciar el cargo de y huir las fatigas de la Corte y aun del cuidado de sus propios bienes; hizo donación de su casa y estados, y se retiró a su villa de Paredes, donde murió el 7 de febrero de 16.36, y fué sepultado en el Convento de San Francisco cuya capilla mayor habla reedificado a su costa en 1610. Casó en 1592 con Doña Catalina Fermindez de Córdoba, dama de la Infanta Isa¬ bel Clai'a Eugenia, matrimonio (|uo no logró sucesión ífí íj! íj: Es un buen retrato por la interpretación del personaje, ya que técnicamente carezca de primores; su clasificación fácil, en cuanto a la escuela —indudable obra de un pintor cortesano próximo a Pantoja de la Cruz— es aventurada en cuanto se pretenda indicar un nombre. Representa alrededor de cuarenta años; barba y cabellos negros, duro el gesto y poco franca la mirada; viste de negro con botones de oro ricos, cadena al cuello de sencillos eslabones, do la que cuelga la venera de la Orden de Alcántara; puños y cuello de puntas de encaje; en la diestra la llave de oro de gentil-hombre de Su Majestad. La indumentaria fecha esta pintura en los primeros años del reinado de Fe¬ lipe III, anterior a las grandes gorgneras de sólo encaje, que se ven en cuadros posteriores a 1615. (1) Biografiado en las págs. 234-7 del tomo II del citado libro de Salazar y Castro.