CATALOGO a DE LA EXP90C1011 a ^ORFEBRERÍA CIVIL E/PAÑOLA^ CATALOGO DE LA EXPOSICIÓN DE ORFEBRERÍA CIVIL ESPAÑOLA S O C I E D A D E S P A Ñ O L A D E A M I G O S D E L A R T E CATALOGO DE LA EXPOSICIÓN DE ORFEBRERÍA CIVIL ESPAÑOLA POR PEDRO MG. DE ARTÍÑANO MADRID MATEU, Artes e Industrias Gráficas Piseo del Pndo, 34 1925 COMISIÓN ORGANIZADORA EXCELENTÍSIMA SEÑORA MARQUESA DE ARGÜESO EXCELENTÍSIMO SEÑOR MARQUÉS DE PONS D. JULIO CAVESTANy D. JOSÉ FERRÁNDIZ D. PEDRO M. DE ARTÍÑANO Secretario, D. JOAQUÍN ENRÍQUEZ S UNA GRATA OBLIGACIÓN manifestar mi agradecimiento a las mu- chas personas y entidades que con su intervención contribuyeron a esta Expo- sición, aportando ideas, ejemplares o no- ticias, y de un modo muy señalado a mis amigos y compañeros de Comisión, muy sinceramente a la Excma. Sra. Marquesa de Argüeso y de un modo muy especial al Excmo. Sr. Marqués de Pons y a D. Julio Cavestany, a cuya labor e iniciativas se de- ben una gran parte de los aciertos que se lograron, ejecutados con el mayor esmero y criterio por D. Joaquín Enríquez. De igual manera he de hacer constar que debo a la cooperación entusiasta de D. José Ferrándiz, del Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Mu- seos, también de la Comisión, un número considerable de ideas, de soluciones, de elementos, que, gracias a su inteligencia y vo- luntad, se reunieron, siendo en todo momento su documentada intervención de un valor y una utilidad insustituible. PREÁMBULO A HISTORIA DE LA ORFEBRERÍA CIVIL EN España y en todos los países es poco menos que des- conocida, porque, a través de las vicisitudes de los tiempos, los ejemplares se transformaron en otros de tipo sucesivamente contemporáneo; la circunstancia de tener un valor intrínseco considerable y un interés sentimental o histórico, rara vez proporcional a su co- tización, en el mercado, sobre todo cuando los ejemplares se distancian más de dos generaciones; la imposibilidad práctica de tener en servicio piezas de gusto anticuado, el costo relativamente pequeño de la transfor- mación en otros de tipo moderno y de valor material indiscutible a base de las mismas piedras y metales, las épocas difíciles por las que pasaron sus propietarios a través de los años o de los siglos, catástrofes tanto más devastadoras cuanto menos debían traslucir su existencia al exterior, fue- ron los crisoles en que se fundieron los ejemplares de nuestra orfebrería civil, sin contar con las guerras, los robos, la avaricia o la ignorancia, que sufrieron o alimentaron los pueblos y los ciudadanos. La Sociedad Española de Amigos del Arte, interesada en el estudio de la cultura de nuestra España en los tiempos que nos precedieron, ha considerado necesario dedicar su atención al estudio de la orfebrería ci- vil, organizando esta Exposición, porque el trabajo de los artistas que labraron sus piezas, porque la clase de los materiales, porque las circuns- tancias todas que rodean a las producciones de orfebrería, fueron en todos los tiempos la representación más sublime y perfecta del arte, la glorifica- ción de las modas, de los motivos ornamentales, de la ampulosidad de las formas, de la geometrización de las líneas, de la sobriedad de los detalles o de los conjuntos, en una palabra, de la civilización de su tiempo; pero esta fue la más pura, la más completa, la más intensa, porque así como las artes industriales en general nos enseñan cuál fue la cultura media de la nación en cada época, y el estudio de los tejidos, de la cerámica, de los hierros, es la representación de lo que el pueblo vive en aquel mo- mento, la orfebrería, y, más concretamente, la orfebrería civil es la re- presentación del límite a que llegaron los artistas de cada tiempo. OMIENZA NUESTRA ORFEBRERÍA CIVIL EN los siglos remotísimos del neolítico, en los que la in- dustria de los metales es ejercida por mercaderes co- lonizadores, fenicios, que explotan libremente nues- tros yacimientos de metales ricos, en medio de un pueblo que no los codicia porque ignora sus aplica- ciones. La diadema de la Cueva de los Murciélagos es la pieza única y excepcional de una época en la que los colonizadores no dejaron metal en nuestro suelo, cambiándolo por mercaderías que apa- recen abundantes en los enterramientos de entonces, donde ni por ca- sualidad se encuentran ejemplares de oro o de plata. Quizá por esta circunstancia, por la de pertenecer a una época en la cual los primeros mercaderes llegados a España no dejaron en nuestro suelo pieza ninguna de metal, objetos fundamentales de su especulación, tiene mucho más interés esta diadema de la Cueva de los Murciélagos, hallada en una corta mina explorada por unos pobres trabajadores, donde se encontraron tres esqueletos, uno de los cuales ceñía esta diadema de oro puro de 24 quilates, que alcanza 56 centímetros de largo, lisa, ensan- chada en el centro y disminuyendo gradualmente hacia los extremos, pre- sentando orificios por los que debieron pasar hilos o tiras de cuero que ser- virían para sujetar la diadema. La joya corresponde a la época del neolítico medio, es decir, a la edad de la piedra pulimentada, y su hallazgo, relacionándolo con los distintos yacimientos españoles del mismo tiempo, da la sensación de que en Espa- ña el oro se encontró y se trabajó en estado nativo, es decir, puro, vinien- do a dar mayor fuerza a esta consideración el que no aparezcan ni plata ni cobre en estos yacimientos, lo que establece una franca diferencia con los hallazgos equivalentes orientales. Sin embargo, la forma del ejem- plar, es decir, las diademas metálicas, constituyen una aproximación entre nuestra civilización y la de Oriente (Troya), pues el oro y las dia- demas son las características más singulares de los descubrimientos de Schlieman. Las diademas, por otra parte, no son entre nosotros ejemplares únicos. El hallazgo de esta diadema en un yacimiento definido como neo- lítico demuestra cómo el primer metal usado en España fue el oro, que por sus características químicas seguramente se encontró en estado na- tivo, mientras que el trabajo de otros metales, la plata y el cobre, supo- nen una metalurgia que en el caso de nuestra civilización ibérica hay la seguridad casi completa de que se aprendió de los fenicios. Seguramen- te que éstos establecieron su comercio más o menos regular con España, como centro de explotación de sus metales, el oro nativo, la plata, el plo- mo, el cobre y, también, muy especialmente, el estaño. En el final del eneolítico presenta la metalurgia del cobre una curio- sa particularidad, que ha podido estudiarse y definirse concretamente en Almizaraque (Almería). Los minerales recogidos en los restos de las edificaciones de aquellos tiempos son argentíferos, mientras que los objetos metálicos hallados en los mismos yacimientos no tienen plata prácticamente apreciable (1). Además, se encuentran minerales de plomo argentífero y aun plomo argentífero fundido, mientras que estos meta- les no existían en los mobiliarios fúnebres, y ello nos hace suponer fun- dadamente que se explotaban para el comercio de exportación, mucho más teniendo en cuenta que estas particularidades sólo se dan hasta que comienza la civilización llamada del bronce, época en la cual los objetos de plata aparecen en las necrópolis de un modo permanente, lo cual da la impresión de que continúan los procedimientos metalúrgicos desarro- llándose en España, pero con ausencia completa de mercaderes exóticos y, por lo tanto, sin la exportación de la época anterior, que en este mo- mentó cesa de una manera brusca, habiéndose supuesto para justificar este fenómeno que los invasores, atraídos por las riquezas de la Penínsu- la, se establecen en ella, la toman como su segunda patria y cesa la ex- plotación como colonia. Diodoro de Sicilia, en un pasaje sobre el comer- cio de los fenicios en España, dice que las minas de plata de los iberos son las más bellas que se conocen, siendo de gran rendimiento para quien las trabaja; habla de los grandes bosques que hay en España, recogiendo la leyenda de un incendio del que reciben nombre los montes del Pirineo, incendio a cuyo calor se funde el metal de los yacimientos, corriendo por entre los montes arroyos de plata pura, cuya existencia y cuyo empleo ignoraban los naturales hasta que lo aprendieron de los fenicios. En esta época, agotadas las minas de Oriente e intactas y fáciles las de España, constituye su explotación la determinante de la navegación fe- nicia. Es preciso notar que los fenicios pudieron sacar la plata de los mine- rales de plomo argentífero, pero esta es operación, aun en los momentos actuales, larga y complicada, si bien debe tenerse en cuenta que aun des- conociendo los fenicios esta metalurgia se explica su colonización; exis- ten yacimientos de plata pura, como el explotado en la actualidad por Si- ret en Almería, y es natural que en el momento de la llegada de los feni- cios estos afloramientos fuesen mucho más abundantes que después de la serie de siglos transcurridos en constante explotación de estos metales. Después de la diadema de la Cueva de los Murciélagos, las piezas de metales preciosos más antiguas de las encontradas en España son las que corresponden al hallazgo hecho en Montilla, provincia de Córdoba, en un despojo funerario, componiendo un lote formado por una diadema, dos lá- minas de oro, un puñal de cobre y cuatro puntas de flecha. Fueron encon- trados estos ejemplares en la primavera de 1917, y después de haber sido vendidos en Córdoba los adquirió definitivamente D. Juan Cabré y hoy se conservan en el Museo de Barcelona; su fecha se remota a la primera Edad del Bronce. La diadema pesa más de 25 gramos, mide 44 centímetros de longitud por 3 1/2 de ancho en el centro y 2,4 en los extremos; está hecha de una lámina muy delgada, completamente lisa y sin ninguna decoración. No puede ser más sencilla ni guardar una relación más cercana con la de la Cueva de los Murciélagos. Seguramente que se obtuvo la lámina lo más delgada y pulimentada que se pudo por batido del oro en estado natural sobre la superficie lisa de un pedernal pulido, y luego, con un instrumento cortante, se dibujó el perfil de la diadema, que no es horizontal, ya que en los dos extremos se nota un arco de unos siete milímetros de abertura. Los instrumentos de corte o la mano del artífice no fueron demasiado perfec- tos o suficientemente hábiles, pues se notan numerosas rectificaciones en el tallado. En los extremos existen unos pequeños agujeros que debieron servir para fijar la diadema en la cabeza, mediante un hilo metálico o una tira adecuada. Las dos láminas de oro que completan el hallazgo son del mismo grosor y técnica que la diadema; una tiene 14 centíme- tros de largo y puede ser el fragmento central de un brazalete; la otra tiene 11,7, es un poco más ancha que la anterior, menos por un extremo, tiene cinco agujeros y restos de color rojo. Tal vez las dos láminas for- maron en otro tiempo un solo ejemplar. Después del hallazgo de Montilla, procede hablar de la Quinta de Agua Branca, donde fue encontrada una diadema formada por una sen- cilla lámina rectangular de 60,2 centímetros de longitud, 4,1 a 4,7 centí- metros de ancho y 1/2 milímetro de espesor. En los extremos tiene agu- jeros como la de Montilla, pero se diferencia de las anteriores en que presenta una doble línea de puntos como ornamentación. Se considera este ejemplar como contemporáneo del de Montilla. En Braga en Sambento fue encontrada otra diadema en una sepul- tura de losas y, junto a ella, cuatro puntas de flecha. Sigue la diadema de plata encontrada por Siret en Fuente Álamo, cuyos dos extremos terminan en una especie de ganchos para la debida sujeción. Casi con ello puede darse por terminada la primera serie de joyas españolas, en las cuales las diademas, de una sencillez extraordinaria, dan una idea segura de la cultura de los pueblos que las labraron, fijan- do de este modo automáticamente la fecha en que se hicieron. Durante el transcurso de la Edad Antigua dos pueblos influyeron po- derosamente en la cultura de las costas españolas: el fenicio y el griego. — 12 — El pueblo fenicio no era un pueblo creador, pero recogía los ideales ar- tísticos de los pueblos orientales que trasladaba al Occidente, y el pue- blo griego, heredero de la cultura oriental, se expansionaba por las cos- tas del Mediterráneo y desarrollaba su benéfica influencia hasta el país más occidental del Mediterráneo: España. Del pueblo fenicio conocemos, en primer lugar, sus colonias, perfec- tamente estudiadas, en las que encontramos los restos de sus civilizacio- nes, y en segundo lugar hallamos también hasta dónde llega la influen- cia que desde las costas marcha hacia el interior; como demostración del primer caso podemos presentar en España dos ejemplos importantes: Cádiz e Ibiza, Cádiz era una ciudad comercial muy propia para recibir elementos colonizadores, que habían de defenderse de los posibles ataques de los indígenas; es solamente Cádiz una factoría comercial. La orfebrería ga- ditana ocupa un gran papel primordial entre los hallazgos fenicios de España. Se ha estudiado, gracias al esfuerzo de D. Pelayo Quintero, que durante varios años realizó minuciosas excavaciones, de las cuales, rela- ciones minuciosas fueron publicadas en "Arte Español" y por la Junta Superior de Excavaciones, que últimamente se deben también al esfuer- zo del conservador del Museo Arqueológico provincial, D. Francisco Cer- vera, a quien la suerte acompañó en sus excavaciones. El lote de joyas de Cádiz que estuvo expuesto en esta Exposición procede de los hipogeos descubiertos a orillas del mar y se conservan actualmente en el Museo Arqueológico de aquella ciudad y en el Museo Arqueológico Nacional. Los objetos encontrados son principalmente .anillos con chatón de escarabeo egipcio, pendientes de diversas formas, cuentas de collar de oro y piedras diferentes y algunos dijes con decoración oriental. Ibiza ocupa un lugar de gran interés histórico, porque, dada su posi- ción central en el Mediterráneo, recibe a todos los colonizadores de Orien- te y podía ser muy bien un centro militar que defendiese las posiciones de las costas mediterráneas. En Ibiza se ha encontrado también una serie de joyas en las que se da la misma técnica y cronología que las de Cádiz. La mayor parte de éstas - 13 — son propiedad del catedrático D. Antonio Vives, que fue quien realizó científicas excavaciones en los hipogeos de Ibiza. Entre todas las joyas descuella, por su carácter artístico, una gran arracada con decoración de flores de loto, muy parecidas a las del tesoro de la Aliseda, aunque de com- posición un poco más pesada. Además de estas dos colonias fenicias perfectamente caracterizadas, se sabe que estos colonizadores establecidos en las costas de España co- merciaban con las gentes del interior, y resultado de estas convivencias con los indígenas del país es el hallazgo en las necrópolis ibéricas de una cantidad de joyas de influencia fenicia. Son muestras de lo que de- cimos, las joyas de Tútugi, encontradas por los Sres. Motos y Cabré, que hoy se conservan en el Museo Arqueológico Nacional y que fueron pre- sentadas en esta Exposición, y las de Tugia, que también posee el mis- mo Museo. Lo característico de estas joyas es la forma de los pendientes en racimos de uvas, formadas por una serie de esferitas que van en dismi- nución de arriba a abajo. Otro hallazgo importante que tiene influencia fenicia está constituí- do por el hallazgo de Tivisa, donde se encontraron varias arracadas, tam- bién en forma de racimo de uva, pero con distinta técnica a las anterio- res, seis colgantes de collar con adorno de filigrana de oro, dos brazale- tes, etc. El tesoro más importante, de gusto fenicio, es el de Aliseda; fue en- contrado este tesoro al cavar con un pico un muchacho, con objeto de ex- traer tierra para un tejar, tropezando con una vasija y una porción de pulseras y cadenas de oro. Tras las muchas vicisitudes por que atrave- saron estas joyas (1), se conservan hoy en el Museo Arqueológico Na- cional; componen el tesoro más importante encontrado en España, no sólo por su excepcional importancia artística, sino por su variedad, por- que contiene ejemplares de toda clase de joyas. Artísticamente, los obje- tos de más interés son las arracadas y el cinturón, formadas aquéllas por un aro que engruesa en su parte central, de la que irradian una serie de flores de loto separadas por palmetas y buitres. La labor de granulado y (i) Véase José Ramón Mélida: Tesoro Ae Aliseda: Notkú - 14 — el hábil trabajo en sus minuciosos detalles, hacen que este par de joyas estén a gran altura en la orfebrería antigua. La diadema, joya eminentemente española, presenta la novedad de hacer resaltar su labor mediante piedras de distintos colores. Es la pieza más ibérica de todo el tesoro. El cinturón está compuesto por una gran cantidad de piezas peque- ñas, que aparecieron en el hallazgo totalmente revueltas y que gracias a un estudio minucioso se pudo reconstruir. Tiene esta importante alhaja una íaja central, lisa, y a sus dos lados se forman otras dos fajas de igual anchura, compuestas por una serie de pequeñas chapitas, en las que se representa la lucha del hombre con el león. Los broches se forman de análoga manera, en tres fajas horizontales, compuestas por análogas pla- cas, en las que se representan esfinges. Lo más interesante del cinturón, aparte de la dificultad material, es la que supone la confección del granulado; cada una de las piececillas está hecha a troquel, y el fondo, relleno de esferitas microscópicas unidas a la lámina por una pasta, hoy cristalina y quebradiza, de un color muy poco distinto al del metal; los brazaletes, de labor calada, figurando una serie de grecas, acaban en forma de palmetas de estilo asirio, con ornamentación también granulada. Se han encontrado igualmente multitud de piezas de collar, todas ellas sueltas, y con las cuales se han formado varios hilos. Son en su mayoría estuches de talismán, de formas oblongas, medias lunas en conjunción con Venus y algunos con cabezas de animales sagrados. Completaba el ajuar encontrado, un gran aro formado por un tubo sin soldadura disminuido hacia sus extremos y con ellos vueltos en for- ma de bellotas, una multitud de sortijas, algunas con ornamentaciones completamente egipcias, especialmente en lo que se refiere a sus chato- nes, que son en su mayoría escarabeos que tienen en su parte plana moti- vos egipcios. Lo que realmente define como época y civilización este interesantí- simo hallazgo de Aliseda es un vaso de vidrio, de casi medio centímetro de espesor, que fue bárbaramente destruido por sus descubridores, y más tarde ha podido en parte recomponerse y estudiarse, por lo que afecta a su inscripción y decoraciones, casi en su integridad; por ello ha podido dedu- cirse que es un vidrio necesariamente de trabajo egipcio, que revela un apogeo de técnica máximo y que nos presenta una serie de inscripciones con las que podemos asegurar su filiación. Se trata, pues, en el tesoro de Aliseda, de un conjunto de joyas que corresponden a culturas egipcias, fenicias, y algunas, la diadema, por ejemplo, con carácter ibero, y constituye el lote más completo de esta época histórica, en la que todas estas civilizaciones se desarrollan simul- táneas en nuestra Patria, La técnica de los orfebres fenicios que nos dejaron estas obras es muy varia. Utilizaron el repujado, el fundido, el cincelado, la filigrana y el granulado. De todos estos procedimientos, el que más avalora su arte es el granulado antes descrito y que hoy mismo asombra a los joyeros contemporáneos. Después del pueblo fenicio, España se ve influida por otro gran pue- blo que heredó la cultura oriental: el pueblo griego, y en las costas del Mediterráneo especialmente se conservan hallazgos interesantes de este período; todo el arte ibérico del Levante español se halla fuertemente im- pregnado del gusto griego, mezclado con el sabor indígena y oriental. La escultura nos lo confirma; la célebre dama de Elche, la primera gran escultura española, es, sin duda alguna, una prueba de esta triple influen- cia. Las esculturas del Cerro de los Santos, aunque más impregnadas de orientalismo, tienen muchas de ellas un carácter helénico; la cerámica le- vantina quiere imitar las formas clásicas, y si en la forma lo consigue ple- namente, en el estilo pictórico lo remeda solamente, dando lugar a un arte peculiar y propio de la Península. No es extraño, pues, que toda la orfebrería anterromana del Levante tenga una gran influencia griega. De todo este núcleo podemos hacer no- tar por su perfección el hallazgo de Jávea, conservado en el Museo Ar- queológico Nacional, que fue expuesto también en la Exposición presen- te. Se descubrió, casualmente, en 1904, cuando estaba cavando Francis- co García y tropezó con una vasija de barro, dentro de la cual había una serie de alhajas de oro y plata, que son las que nos ocupan. La joya más interesante es la diadema, compuesta de tres partes: — 16 - una faja central y dos extremos triangulares, que se apoyaban en los tem- porales; su fabricación se hizo con un fondo de oro, sobre el que con un hilillo se ha hecho la decoración o a veces por medio del granulado. La aplicación de esta decoración debió hacerse dibujando lo primero con un punzón sobre la placa lisa y después se colocaba el cordoncillo en este surco. Como quiera que esta labor de punción a veces era demasiado pro- nunciada, ha dado lugar a que la placa de oro que constituía el fondo de la diadema se llegase a cortar enteramente y se ha ido abriendo en trozos, por lo que hoy da aspecto de una labor calada. Los motivos de decoración están dispuestos en fajas horizontales, siguiendo el sistema grecoorien- tal y están formados por ondas, tallos, serpientes o rombos; toda esta la- bor es idéntica a la que presentan algunas diademas de las que se ven en las figuras del Cerro de los Santos, especialmente en la del núm. 7.510. En la ornamentación de los triángulos laterales descuella un motivo de pal- metas, de carácter indiscutiblemente griego, además de otra ornamenta- ción compuesta por roleos, hojitas de vid, etc. Quizá completaba la dia- dema unas cadenillas que pendían de sus extremos, cadenillas que se pueden ver en el busto de la dama de Elche o en muchas esculturas del Cerro de los Santos. En el hallazgo de Jávea se ha encontrado una de la que pende una especie de fíbula, que serviría para sujetarla con objeto de que no estorbase al rostro en los movimientos. Hay otra cadenilla más corta y gruesa, que pudo servir, en opinión del Sr. Mélida, para sujetar la diadema a la cabeza enlazándose con otra cadena hasta anudarse en la nuca. También se encontraron un par de collares de oro, formados con alambre en espiral, de suma delicadeza. Las piezas de plata del hallazgo de Jávea corresponden al grupo grecorromano del Levante español. Muchos de estos objetos son frag- mentos y sólo alguno puede examinarse a pesar de su gran oxidación. El único completo es un brazalete que figura una serpiente, que tiene su cabeza admirablemente cincelada. Guarda gran analogía con este hallazgo otro bastante interesante encontrado en la huerta de Safa, término de Cheste, que poseyó hasta su muerte D. José de Llano. Este lote, encontrado con algunas monedas an- — i? - teriores a la dominación romana en España, de Ampurias, Arce-Gadir y de Cartagonova, es un lote prerromano que conserva, como el de Jávea, toda una influencia helénica. De oro se conserva un torques con tres pa- sadores y una fíbula; el torques está formado por tres alambres cuadra- dos retorcidos en espiral, que adelgazan hacia los extremos del collar. De este modo tiene una mayor flexibilidad. Caracterizan este objeto los tres colgantes que lo adornan con cabezas de serpientes, formadas por chapas que se sujetan al collar por sendas abrazaderas. La labor geomé- trica con que se adornan, formando triángulos y rombos, aunque en su origen es oriental, su ejecución parece ibera. La fíbula está formada por una circunferencia sobre la que voltea un grueso arco; tiene la misma labor que el torques, demostrándose su próximo parentesco. Entre las alhajas de plata, podemos estudiar un brazalete, cuyos extremos figuran cabezas de serpientes, formadas por una chapa, en que la cara exterior se adorna con un trazado de rombo y círculo, más las cabezas de serpiente de los extremos, de labor punteada, como las joyas etruscas, que debió colocarse entre el codo y el hombro y debió servir de amuleto. Los aros de plata son de espesor desigual y algunos son más gruesos por un extremo que por el otro; sus terminaciones acaban por enlazarse y formar un círculo. Orfebrería hispanorromana L PERIODO ROMANO ES FRANCAMENTE UNA época colonial; el oro y la plata de nuestros yacimientos, como el trabajo de nuestros artífices, eran para la metrópoli, y los pocos ejemplares que, tal vez por casualidad, quedaron en nuestro suelo, como los del tesoro de Mogón, son de un gusto y demues- tran una habilidad para el repujado que hoy difícilmente se alcanza; pero nuestra industria vive de Roma, y las piezas, las más vulgares como las más importantes, reflejan las modas y la civilización del Imperio, cuyo poder y decadencia escribieron sus artistas en las piezas sucesivas que fa- bricaron. El llamado Disco de Teodosio es una demostración de lo dicho. Los objetos de orfebrería de la época romana son bastante escasos, no sólo en las provincias, sino aun en la misma metrópoli; los textos clási- cos aluden repetidas veces a la escasez de la plata en Roma durante los dos primeros siglos de nuestra Era. Esto se explica fácilmente, ya que este metal no se daba en Roma y había que importarlo, y por esta razón, a partir del siglo III y a consecuencia de las conquistas de España y Áfri- ca, abunda la plata y se desarrolla una gran afición a las vajillas lujosas y a las joyas, que se prodigan hasta la exageración durante el Imperio. Las joyas que más abundan en la época romana son las phalere, me- dallones con piedras engastadas, que se daban en premio a los soldados; torques (collares de alambre de plata retorcida), armillae (brazalete), et- cétera. Estas joyas relativamente abundan bastante en Roma y en las pro- vincias; en cambio, son más escasas las grandes piezas de vajilla de plata, por las razones dichas, pues los romanos trabajaron con más frecuen- cia el bronce. Brilla en su esplendor la orfebrería romana con los tesoros de Ber- nay, Hildeshein, el Vaso de la Apoteosis de Hornero, en Erculano, y las copas de los Centauros de Pompeya; aparte de esto, apenas queda mues- tra de la orfebrería romana. En España, sin embargo, se han conservado algunos objetos de singular importancia, en los que el gusto romano está realzado por la robustez del gusto ibérico. Del estudio de estas piezas conservadas, parece deducirse que la orfebrería romana se deriva de la alejandrina, que se modifica al llegar a Roma y refleja el espíritu de este pueblo en piezas ejecutadas con una solidez excesiva, como si hubieran de durar eternamente, y en las cuales las líneas y ornamentaciones pre- sentan un aspecto marcadamente escultórico, con predominio de la figu- ra humana y del ornato vegetal. Otra característica es la exuberancia de ornamentación, un tanto iló- gica, hasta el punto de que muchas piezas son poco menos que inservi- bles para el uso a que habían de destinarse, y aun se añade a veces, en los últimos tiempos de Roma, la costumbre de engarzar gruesas piedras en los platos y objetos de vajilla, costumbres que después constituyeron la característica principal de las joyas bizantinas y bárbaras. La técnica de las piezas de orfebrería romana es muy característica. - 19 - Los ejemplares se componen de dos planchas, una que forma el emblema y otra su montura. El emblema era la parte que se repujaba y trabajaba y constituía el fondo de los platos o la superficie exterior de los vasos, y la montura era la otra plancha, que formaba el reverso de los platos o inte- rior de las copas y no se trabajaba, sino que era lisa; emblema y montura se ajustaban por medio de un grueso nervio, y como entre ambas piezas quedaba un hueco, debido al repujado del emblema, para evitar abolladu- ras se rellenaba este hueco con una pasta o con una substancia metálica, que quizá era estaño y que explica que estas piezas tengan menos peso del que les correspondería si fueran macizas. Respecto a la disposición decorativa, sobre todo en los platos, había, por lo general, un asunto central, que era el principal y ocupaba el fondo del plato, y otros asuntos secundarios, divididos en compartimientos por sectores circulares. Así se observa, por ejemplo, en la pátera iberorroma- na del tesoro de Santisteban del Puerto. Esta disposición no se sigue, sin embargo, de un modo absoluto, como se ve en muchas piezas de los teso- ros de Bernay y de Hildeshein y en las dos piezas más importantes de la época romana encontradas en España: el plato de Otañez y el disco de Teodosio. El estudio de la orfebrería hispanorromana abarca dos grupos; uno integrado por las dos piezas anteriormente citadas, de las cuales el disco es casi seguro que no fue trabajado en España, siendo ejemplar impor- tado en aquellos lejanos tiempos, y un segundo grupo, en el que incluire- mos todos aquellos hallazgos que son romanos, y que, además, verosímil- mente debieron ser hechos en España. Comenzaremos por el primer grupo. La pátera de Otañez fue descubierta hacia los años 1798 a 1800 en cier- tas ruinas que D. Antonio María de Otañez poseía en el valle de su nom- bre, cerca de Castro-Urdiales (Santander). Mide 21 centímetros de diá- metro y se encuentra en buen estado de conservación; sigue la misma técnica romana, componiéndose del emblema y su montura, y su asunto indica claramente que se trata de una pátera votiva, pues se refiere al culto local prestado a un manantial de aguas medicinales; la inscripción que en letra dorada corre junto al borde, indica cuál era la ninfa que per- sonificaba este manantial ("Salus umeritana", la salud de Umeri). Esta ninía se halla representada en la parte inferior en la actitud característica de los dioses de las aguas; en la mano derecha sostiene una rama de plan- ta medicinal y con la izquierda sujeta un gran vaso del que sale agua en abundancia, que se deposita en una especie de estanque; junto a éste hay un muchacho arrodillado, que recoge el agua con una copa para ver- terla en un recipiente mayor; algo más arriba, a la derecha, se ve un viejo que, apoyándose en un cayado, deposita una ofrenda en un ara, y debajo, un esclavo sirve un vaso del agua salutífera a un enfermo recos- tado en un sillón; a la izquierda, un sacerdote, en pie, vestido con la tú- nica pretexta, purifica el agua, vertiéndola sobre un ara cilindrica y, por último, en el registro inferior, un esclavo vierte el agua con un ánfora en una gran cuba montada sobre un carro del que tiran un par de muías. En el reverso se lee, grabada con letras formadas con puntos, la inscrip- ción: "L. P. Cornelimi P. III. III", que declara el nombre del oferente y el peso (pondus) de la pieza. El emblema está repujado y cincelado con bastante habilidad, siguiendo la costumbre de los plateros decoradores de la época; muchos detalles están realzados con un revestimiento de laminillas de oro; por ejemplo, el agua, las túnicas del joven que toma el agua del estanque y del esclavo que ofrece el vaso al enfermo, el manto de la ninfa, la franja de la toga del sacerdote, el agua que éste vierte en el ara, la que cae del ánfora a la cuba, etc., con la particularidad de que el tono del oro varía en los diversos detalles. Desde el punto de vista artísti- co, es notable la originalidad de la composición, que se desarrolla libre- mente en todo el campo del plato, como exige la índole del asunto, de ca- rácter descriptivo, que es el propio de los romanos, generalmente más ami- gos de lo utilitario que de lo estético. El mérito del artista se ve en la co- rrección del dibujo, en la perfección del modelado y en el acierto en que están caracterizados los personajes, tratados al propio tiempo con cierta sobriedad. Descuellan, por su acierto, las figuras del enfermo y las de los tres esclavos, sobre todo la del que aparece arrodillado. Hubner opina que esta pátera no puede ser anterior a Augusto ni posterior a Septimio Severo. Mélida, concretando más, la considera hecha en la segunda mitad del si- glo I o en la primera del II. Otro ejemplar de la orfebrería romana y encontrado en España es el conocido con el nombre de Disco de Teodosio; se encontró el año 1847 en Almendralejo, pueblo de la provincia de Badajoz, distante cuatro leguas de Mérida. El hallazgo lo verificó casualmente un labrador, que, hallán- dose ocupado en sus faenas, tropezó con el disco de plata doblado y dos pe- queños vasos del mismo metal. Noticiosa la Academia de la Historia de la importancia del hallazgo consiguió adquirirlo y encargó su estudio a don Antonio Delgado, quien publicó una interesante Memoria, base de todas las investigaciones posteriores, sobre tan notables objetos arqueológicos. La pieza es circular, de 73 centímetros de diámetro, y se compone de em- blemas repujados y montura lisa, unidas ambas por medio de robladura. El emblema representa a Teodosio con sus hijos Arcadio y Honorio y guar- dia de honor en el momento de nombrar a un magistrado de provincia en los quindecenales de su Imperio, celebrados el año 393. El Emperador y sus hijos aparecen sentados ante un pórtico formado por frontón triangu- lar, sostenido por cuatro columnas corintias, de las que las dos centrales sostienen un arco semicircular peraltado. Teodosio ciñe su cabeza con dia- dema nimbada, viste túnica de larga manga y clámide con adornos de púrpura, abrochada al hombro derecho con una fíbula. En la mano tiene un rollo que entrega al magistrado, el cual, vestido de clámide, se acerca para recibirlo. Arcadio y Honorio, sentados a derecha e izquierda, respec- tivamente, de su padre, llevan los emblemas de su autoridad: Arcadio, ce- tro y globo, y Honorio, globo solamente. En los extremos del pórtico apa- recen a cada lado dos soldados con lanzas y grandes escudos ovales, que dan guardia a los augustos personajes con la cabeza descubierta, como correspondía en una ceremonia de corte. Debajo del exergo que forman las gradas del trono hay una alegoría de la Abundancia en figura de mujer recostada, coronada de laurel, des- nuda del torso y las piernas, cubierta con un manto, llevando en la mano una cornucopia llena de flores y frutos. A su alrededor, entre espigas de trigo, hay otros tres amorcillos o geniecillos alados, que con los dos que se ven en el frontón parecen aludir a los cinco años que componían el quinquenal. Alrededor de la composición principal hay una leyenda que dice: D. N. THEODOSIUS PERPET. AUG. OB D1EM FELICISSI- MUM XV. Esta leyenda completa el sentido del asunto representado qué, como dijimos, se refiere al momento solemne en que el Emperador entre- ga a un magistrado el volumen que contiene las instrucciones para el go- bierno de su provincia. Grande es el interés artístico de esta obra, pues pertenece por su estilo al momento de transición del arte clásico al bizantino. Este se manifiesta en el convencionalismo del plegado de los paños, en la rigidez y falta de expresión de las figuras, en la amalgama de elementos arquitectónicos y en la falta de perspectiva; el clasicismo, en cambio, se acusa en la elección del dibujo, sobre todo en las figuras de los Césares, en la alegoría de la Abundancia y los geniecillos, de reminiscencia pagana. Respecto al uso de este disco hay que decir que debió ser un misso- rium o bandeja de recuerdo y regalo, o un clipeo, como los que se coloca- ban pendientes en los muros de los templos o tribunales como exvotos o emblemas de autoridad y de justicia. No hay datos suficientes para asegurar si este interesante ejemplar de la orfebrería romana se hizo en España o fue importado; Delgado se pro- nuncia por la segunda opinión y cree que fue construido en Constantino- pla, porque allí residía Teodosio y era donde únicamente podía fundirse y grabarse, pues allí estaban los empleados encargados de su fabricación. Su fecha la da el mismo disco, pues los quindecenales de Teodosio, a que alude la inscripción, se celebraron el 19 de Enero del año 393. El segundo grupo de la orfebrería romana está formado por aquellos objetos, que indudablemente fueron fabricados en España, y para demos- trar con seguridad la existencia de artífices peninsulares se puede citar la lápida sepulcral encontrada en Valencia, en la que se guarda la memoria de un Julio Apolausto, fabricante de vasos de plata, a cuyo recuerdo su mujer, Tetia, dedicó la siguiente inscripción funeraria: DM L • 1VL • APOLAV5 TO • ARGENT VASCLARIO • F ETTIA • VALEN TINA • MARI TO • ÓPTIMO D(is) M(anibus). L(ucio) IVL(io) APOLAVS/TO Argent(ario) Vas- clario f(ecit) (T)ettia Valen/tina mari/to Óptimo. Los hallazgos más interesantes hispanorromanos son: el de Santiste- ban del Puerto (Jaén), el de Mogón y el de Córdoba. El tesoro de Santisteban del Puerto se compone de gran número de piezas de plata. Su hallazgo fue casual, al labrar tierras en una finca lla- mada de Pedrotito, y sus descubridores se repartieron todos los objetos encontrados; por esta circunstancia, es muy probable que no se conser- ven todas las piezas del hallazgo. El hallazgo fue únicamente de piezas de plata, no se encontraron monedas y siendo esta la razón de que resulte más difícil marcar su fecha exacta; la creemos de los últimos tiempos de la República romana o primeros del Imperio por el carácter artístico de sus objetos. El objeto más importante es la pátera, en la que se ve claramente el arte grecorromano ejecutado por un ibero. Su técnica ya la hemos defini- do anteriormente, su ornamentación responde a la regla general de la época romana, formada por un medallón central en alto relieve, figurando a Hércules niño ahogando a las serpientes, llevando su cabeza cubierta con la del león ñemeo; rodean el medallón dos zonas historiadas en bajo- rrelieve, figurando pequeños amorcillos cazadores repartidos en nueve escenas de caza, separados por Hermes; la segunda zona, separada de la anterior por una faja ornamental de rosario, presenta nueve figuras de centauros y centauresas, corriendo en bacanal, llevando vasos de sacricio y tocando instrumentos músicos. Esta pátera debió ser toda ella dorada, acaso falta la chapa que constituía la parte exterior y a la que se uniría el fondo liso por robladura sobre el borde. El arte de esta decoración es ele- gante y gracioso en ambas zonas de relieve y algo más tosco y arcaizante el trabajo del medallón, lo que nos hace creer con más motivo que es obra indígena. La parte más normal del tesoro está compuesta por una colec- ción de copas de forma de cono invertido y sin asas; todas, además, care- cen de punto de apoyo, siendo utilizables para sostenerlas en la mano hasta que se hubiese acabado el líquido contenido. La mayor y más importante se separa un poco de la generalidad; es oblonga y tiene pie; además, presenta junto al borde una moldura en el in- terior y una faja o entrada dorada con un motivo de tallos serpeantes y flo- res en el exterior. El pie se decora también con elegantes palmetas en ligeros relieves y conserva restos de haber estado dorado. Otros muchos vasos, un brazalete en figura de serpiente, una pulsera que no acaba de cerrar, una chapa circular, quizá el cierre de algún vaso, y dos fíbulas terminadas en la figura estilizada de un caballo completan este interesante hallazgo. El tesoro de Mogón se encontró casualmente en una vasija de barro rojizo, que estaba cubierto por una torta de plata fundida y rodeado su cuello por tres torques de plata. Además de las joyas que formaban su contenido, se ha encontrado también con él una importante colección de monedas, todas ellas pertenecientes a la República romana y correspon- dientes las más modernas al año 89 antes de Jesucristo, época muy próxi- ma a la que debió ser enterrado el tesoro. La diadema, conservada fragmentariamente, se decora con tallos ser- peantes y cruzados confloronesentre dos fajas de ondas griegas. Es una pieza decorativa hecha por algún indígena que copió un motivo clásico de ornamentación seguramente, con menos finura y delicadeza a como lo hubiera hecho un artista griego. Sigue en elegancia una placa, que pudo ser vaina de puñal, decorada en dos cuadros, de labor repujada, figurando animales corriendo hacia la derecha, un caballo con un ave encima, un ciervo y un pez. Los relieves debieron hacerlos golpeando sobre un molde de piedra, procedimiento que los iberos imitaron de los pueblos orientales. En el tesoro de Mogón.—La "hebilla" es francamente interesante por la figura del ave (de 0,08) que le adorna y, tal vez, por su simbolismo, si es que puede admitirse la suposición de que los elementos que la componen tuvieron una significación religiosa. El Sr. Sandars, considerándolos como meramente decorativos, cree que el ave representada es un ganso. Se íunda para ello en lo alargado de su cuello, pero la forma del pico no es la característica de dicha ave. Si, dada la imperfección de la figura, se puede aceptar la conjetura de que se quiso en ella representar a una pa- loma, cree el Sr. Mélida si podrá ser el conocido y bien antiguo símbolo de Venus, tan repetido en los cultos orientales y cuya influencia se dejó sentir en la Península. El ave debió aparecer volando (y no como lo está hoy, arreglada y unida, por un platero moderno, a la media luna, la cual se ve decorada con ondas griegas, hojas picudas, zigzag y circuitos). Pa- loma y media luna pudieran haberse aquí empleado como símbolos de Astarté, la Venus fenicia, de carácter sideral y naturalista. El Sr. Sandars está acertado en cuanto a lo que piensa respecto de la disposición primitiva de esta hebilla, pues entiende que la cola del ave debió tener juego a lo lar- go y alrededor de la barra que une los picos de la luna. El "brazalete" o pequeño collar, es semejante al torques y está for- mado por una barrita curvada, que lleva en el comedio adornos resaltados consistentes en cuatro grupos de filetes anulares y en los intermedios otros filetes en zigzag. Dos " pulseras ", formadas por sendos alambres gruesos, cuyos ex- tremos montan uno sobre otro, y figurando dichos extremos en uno de los ejemplares cabezas de serpiente. Dos finas y largas láminas, a modo de cintas, con ligeros filetes resal- tados. Dos piezas o accesorios de adorno personal, que el Sr. Sandars llama "alfileres o pendientes", que consisten en pequeños torques, con un re- mate, hoy desprendido, en forma de gruesa y alargada bellota de plata maciza, de 130 gramos de peso. Medallón de Medusa. — Reproduce el tipo del conocido mármol de la colección Rondanini, obra debida al arte helenístico; es una bella joya producto de la industria grecorromana del siglo II, antes de Jesucristo, y puede creerse que importado a la Península. Debió ser centro de una pátera. La cabeza de Medusa aparece sobre la égida. En las inmediaciones de Mogón se encontraron dos pulseras, un bra- zalete y una placa de cinturón, que fueron donados por D. Horace San- dars al Museo Arqueológico Nacional. Otro tesoro análogo al de Mogón se encontró en Córdoba. Lo poseyó D. Francisco Cabrera y ahora obra en poder de Mrs. Hildburg, quien lo ha estudiado recientemente. En Portugal abundan también los productos de la orfebrería roma- na, destacándose los vasos de Chaon de Lamas (Museo Arqueológico Nacional) y la pátera de plata con incrustaciones de oro encontrada en Al- varelhos (Portugal). Todas estas piezas se ajustan en los detalles de fabricación a lo dicho anteriormente, siendo indiscutible que si en las representaciones simbóli- cas pudo intervenir la tradición y el sentimentalismo local, los procedi- mientos de ejecución fueron comunes para todos los pueblos sometidos a la civilización de Roma. ON LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO NACE sobre sus ruinas una nueva civilización inspirada tan sólo en la grandeza aparente del conjunto y en la ostentación del valor intrínseco del ejemplar, que por esta razón se trabaja en íorma tal que produzca la sensación de que las dimensiones de las piezas pa- rezcan mayores de lo que realmente son, buscando efectos llamativos por la interposición de vidrios de colores y de piedras, que tienen por finalidad dar un conjunto de color más llamativo, más ade- cuado que otro cualquiera para producir un efecto, en inteligencias ape- nas nacidas a los refinamientos de la cultura y del Arte. Parece ser que en las piezas más antiguas de orfebrería bárbara, y de las que existe un interesante lote en el Museo del Ermitaje, de San Pe- tersburgo, de colecciones que fueron cedidas a la Academia Imperial de Ciencias el año 1728, aparece una riqueza y una profusión ornamental muy propias de las artes orientales, estando dispuestos casi siempre estos elementos decorativos sobre un eje de simetría y con una tendencia muy marcada a la representación zoomórfica. Los ejemplares españoles evidentemente no corresponden a este mo- mento, que es anterior a la llegada de sus ejércitos a la Península. Aleja- dos los bárbaros de Siberia, las tribus que más tarde habían de venir a Es- paña vivieron largo tiempo sobre las orillas del Mar Negro en contacto con el Imperio bizantino, donde aprendieron a intercalar en sus joyas las piedras y los vidrios en sustitución de los camafeos, pero usando siempre elementos de materia extraña, que al mismo tiempo que enriquecían el ejemplar le daban un contraste de color y de vida, solución en el fondo francamente oriental. En esta época española, sin embargo, hicieron nue- vamente más simétrica su decoración y tomaron de la civilización heléni- ca motivos clásicos que enlazan con los asiáticos, tradicionales para ellos. Los ejemplares encontrados en Petrosa, Diócesis de Buzeo, hacia el año 1864, país donde los godos se establecieron en dos ocasiones distin- tas, primero invadiendo el territorio y después rechazados a él por la inva- sión de los hunos, es una demostración evidente de que en su origen la mayor parte de las joyas bárbaras debieron tener un carácter marcada- mente zoomórfico. Las fíbulas, en forma de gavilán, otras en forma de aves, los vasos, cuyas asas están formadas por leones, demuestran con toda claridad la tendencia antes indicada. Los ejemplares españoles, como se ha dicho, son posteriores a esta época, pero con toda seguridad son una reminiscencia de esta moda; de un modo marcadísimo, las fíbulas en forma de palomas que figuraron en la Exposición y que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, piezas seguramente de carácter litúrgico, encontradas dos de ellas cerca de Calatayud, y una tercera, que perteneció a D. Antonio Vives, hallada no lejos de Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo, y que correspon- de quizá al mismo yacimiento visigodo de Carpió del Tajo, de que habla- remos próximamente. Fuera de estos ejemplares, en los que no cabe la menor duda de que el artífice ha tenido la idea concreta de presentarnos una ave, no existe en todas las joyas visigodas españolas una sola manifestación zoológica, en contra de lo que ocurre en los ejemplares que se conservan en todos los países del Norte, donde constantemente, incluso la serie de lacerías y ornamentaciones, tiene una tendencia definida a evolucionar los elemen- tos decorativos para representar animales, con frecuencia reptiles en for- ma embrionaria y en donde los elementos de ornato pretenden recor- dar la forma del rostro humano, formando con círculos o botones los ojos, y entrelazando cintas o listones que terminan en cabezas de anima- les monstruosos, más o menos imperfectas. La falta de todos estos elementos decorativos zoomórficos comple- mentarios y que pudiéramos llamar auxiliares, no sólo en las fíbulas de paloma del Museo Arqueológico Nacional, trazadas con una sencillez — 30 — extraordinaria, sin complicación de líneas y tan sólo como si fuese una elemental silueta que el artífice recubre de pedrería, sino en todas y cada una de las joyas visigodas españolas, demuestra que nuestros ejemplares corresponden a una época posterior y tan sólo algunas piezas pueden ser una supervivencia de las decoraciones zoomórficas empleadas por los bár- baros en su primera época, simplificadas y estilizadas más tarde, cuando, lejos del contacto de Bizancio, se establecen en nuestra Península tras lar- gos años de peregrinación y de bandidaje, para comenzar una nueva historia en cada una de las artes aplicadas que la nueva monarquía desarrolla. Debieron ser producidos en una época muy próxima, y, desde luego, corresponden a la misma técnica, un cierto número de broches de cintu- rón, de los que existían tres en el Museo Arqueológico Nacional, dos procedentes de la colección de D. Antonio Vives y uno que perteneció al Sr. D. Antonio Zabala y que fue encontrado en la villa de Cubas, en la provincia de Madrid; más recientemente han sido hallados varios en la necrópolis de Carpió del Tajo en las excavaciones costeadas por S. M. el Rey. Estos ejemplares suelen ser constantemente de formas geométricas elementales, con mucha frecuencia de tipo rectangular, casi siempre de bronce, donde el cobre, oxidándose a través del tiempo, ha restado a la pieza el efecto interesante que debió tener el original, porque el metal empleado para esta fabricación suele ser una aleación formada por cua- tro partes de cobre y una de estaño, permitiendo un pulimento muy inten- so, lo que hizo a los objetos adquirir un tono agradable, no precisamente de plata, pero sí de un metal casi argentífero de una tonalidad caliente (1). La ornamentación de estos ejemplares, como la de las fíbulas de palo- ma, está obtenida por la incrustación de piedras, macizando el total de la superficie y rellenando los alvéolos o cantones simétricamente colocados, que se forman, por la serie de tabiques que cubren toda la superficie en los broches, y menos geométricamente distribuidos en las fíbulas, dando los conjuntos la impresión de una pieza de color; son en realidad una tosca imitación de los esmaltes bizantinos, pero que más bien lo que recuer- (i) Esta aleación parece ser cjue viene citada por Hornero £11 la Ilíadu. — 31 — dan es los ejemplares esmaltados fabricados en épocas mucho más remo- tas en Egipto, solamente que aquí los cantones o departamentos no dibu- jan una figura y tan sólo en los broches llegan a componer distribucio- nes geométricas, cuando no vienen colocados formando simples filas que rellenen el conjunto de la superficie. Es curioso el recordar que, de los elementos decorativos, los más usa- dos en esta época son los granates rojos, muy abundantes en la región Ura- loaltaica y que indiscutiblemente es también esta una solución que en Es- paña sustituye los esmaltes bizantinos, con la diferencia de que los colores vivos, más tarde no sólo son sustituidos por piezas de granates, sino que el sistema se generaliza a turquesas cortadas en frío, a perlas y, por fin, a vi- drios o pastas coloreadas. Ciertamente, en la última época de la denominación visigoda es cuan- do la orfebrería toma en España un carácter más personal y característi- co. En este tiempo aparecen elementos decorativos propios, aunque conce- bidos de una manera muy elemental, usando para ello elementos florales que indiscutiblemente estaban en España en la moda y en el ambiente de su tiempo, como lo demuestra el que se encuentran repetidos en la orna- mentación arquitectónica de sus construcciones y que persisten a través de los años y de las alteraciones que supone la invasión, hallándose como elementos decorativos también en las obras de los primeros siglos de la Reconquista. En las coronas encontradas en Guarrazar, estos elementos florales aparecen constantemente formando fondos y orlas de flores cuadrifolias, como resultado de círculos y semicírculos que se enlazan y se cortan for- mando elementos, como los que más adelante encontramos en el reverso de la Cruz de la Victoria, de Oviedo, en San Miguel de Linio y en otros ejemplares o monumentos asturianos; en palmetas dispuestas en cruz, en aspa, en una disposición parecida a las que más tarde se repiten en Santa Cristina de Lena, en los funículos que forman el perímetro de los aros de las coronas, en los florones y en las flores cuadrifolias, en las hojas de follajes serpeantes, en los rosetones y otros elementos florales, tratados siempre de una manera sencilla, casi esquemática, como los pudiera dibu- jar un niño, pero que a pesar de ello constituyen una nota característica - 32 - de nuestra orfebrería visigoda, siendo de notar que ni por casualidad se encuentra nada de todo esto en los ejemplares del Norte de Europa ni en los ejemplares franceses, con los que se ha querido relacionar este arte nuestro. En la mayor parte de las piezas encontradas en las excavaciones de Carpió del Tajo, en la provincia de Toledo, cuando se necesita obtener una superficie plana suficientemente grande y que por esta razón no puede quedar sin decoración, se recurre al trabajo de fundición, que en algunos casos se retoca a cincel y que la mayor parte de las veces se completa en- garzando en sus remates los granates o piedras a que antes hacíamos refe- rencia; pero con exclusión, en absoluto, del repujado propiamente dicho, que tiene en la orfebrería visigoda una misión muy curiosa y característi- ca, de que trataremos a continuación. Es también una solución visigoda, que se perpetúa en los años prime- ros de la Reconquista, la de decorar esas mismas superficies lisas por in- crustaciones de líneas de metales distintos, esto es, por nielado o damas- quinado, del que nos quedan curiosos ejemplares, como el bocado de ca- ballo llamado de Vitiza, que se guarda en la Armería Real. Recluida a una silueta la representación de la fauna, y aun esto por excepción, se comprende que no se dé una importancia grande a la mo- dulación de la forma en ejemplares donde la "figura" no existe; el repu- jado, tal como lo entendieron los romanos, no existe, y no trabajándose las piezas por repujado y obteniéndose por fundición piezas de espesor sensiblemente constante, más que modulaciones de superficie, se preten- de tan sólo producir dibujos lineales sin relieve; pero, cuando a los obje- tos se les ha querido dar la impresión de una riqueza que fuese conse- cuencia de un considerable espesor, se ha recurrido a una estampación en repujado, pero no en su concepto artístico corriente, sino un repuja- do sencillo, obtenido por la repetición de un punzón de un trazado ele- mental y geométrico, que, como decimos, no tiene más finalidad que la de dar a la plancha la sensación de un espesor que en realidad no existe, o acusar un motivo decorativo floral que monótonamente se repite. Por esta razón, y buscando tan sólo los efectos de una riqueza aparen- te, es muy usado en esta época el empleo de planchas finas o gruesas ar- — 33 — madas unas sobre otras, algo parecido el emblema y la montura de las pie- zas romanas, aprendido seguramente de los ejemplares del Imperio, for- mando un cuerpo de cierta consistencia, que generalmente está hueco y algunas veces relleno de pasta, para dar la necesaria consistencia, es decir, repitiendo su técnica. No deja de estar relacionado con esta finalidad de ostentación y de amplitud de volumen el empleo de piedras preciosas de di- versos tamaños, unas veces en sus formas nativas y otras cortadas en frío, engastadas de varias maneras. La aplicación de laminillas de jacintos o cornelinas, dispuestas a modo de taracea; el empleo alternado de vidrios de colores en capacidades o chatones regulares constituyendo, en unión de las piedras, la base principal de la decoración y del enriquecimiento de la pieza; las incrustaciones de jaspes, de cristal de roca, etc., usados al mismo fin, son una característica de nuestros ejemplares. Estos elemen- tos vienen colocados sobre láminas relativamente poco gruesas, en las cua- les se ha producido el relieve por medio de patrones o punzones que pu- dieran ser de hierro, siguiendo un diseño geométrico, siempre sencillo, pero que aun as!, distribuido a mano, sin una habilidad demasiado riguro- sa, comunica a los conjuntos una sensación agradable de personalidad y de ejemplares únicos. Estos punzones fueron usados asimismo para la estampación de las inscripciones o letreros, hechos letra a letra por troqueles que reproducen el signo en relieve, y que en algunos casos, por falta de pericia o distrac- ción del obrero, resultan escritos en sentido inverso. Claro está, que todo ello supone talleres en los que se practique el laminado, repujado, calado y soldadura, indispensables para la confec- ción de los conjuntos, si bien, respecto a las soldaduras, es preciso hacer constar que con mucha frecuencia las planchas se unen por redoble de los bordes, lo cual da la impresión de un escaso dominio de los recursos técnicos por parte de los obreros que los ejecutaban, al mismo tiempo que recuerda una vez más la técnica romana. Parece deducirse de la documentación de la época, y muy especial- mente de las etimologías de San Isidoro, que la organización del traba- jo en la época visigoda fue, en realidad, una continuación del régimen existente durante los últimos años del Imperio romano, componiéndose — 34 — los talleres de esclavos y libertos, con la casi certidumbre de que los se- ñores de siervos los empleaban desde la niñez en toda clase de artes, su- biendo el precio del esclavo a medida que era mayor su habilidad o des- treza. Existieron durante la época visigoda ergasterios, ergástulos y gimnecios y otros talleres donde se trabajaron todas las manufacturas. Seguramente, las iglesias poseyeron siervos, y, desde luego, la exis- tencia de la dignidad de Conde de los Tesoros Reales en la Corte visi- goda parece justificar la importancia que en ella pudo tener la orfebrería. En las etimologías de San Isidoro, libro XVI, capítulos XVII, XVIII y XIX, nos hablan del conocimiento que se tenía en su tiempo de todos los metales ricos, clasificándolos en metales amonedados, metales en masa y metales labrados. El capítulo XXI habla del hierro, y en el libro XIX, capítulo XXX, se vuelven a mencionar los objetos labrados, desde el punto de vista de sus aplicaciones en la Corte. No es de extrañar, después de lo que acabamos de decir, el desarro- llo a que debieron llegar las artes suntuarias, y muy especialmente la orfe- brería, al final de la época visigoda y de la que dan cuenta no solamente nuestros críticos, sino más especialmente los árabes (1), conformes to- dos en afirmar la extraordinaria importancia que tienen en la conquista los tesoros acumulados durante las últimas épocas visigodas. Los guar- dados por Amalarico en Toledo, que bien pudieran ser de fabricación de su época; la corona que Recaredo dejó como ofrenda sobre el sepulcro de San Félix, en Gerona; los montones de riquezas halladas por los maho- metanos en la invasión, las coronas y diademas de pedrería abandona- (i) Ebn< AJwarQi, P^rla op las maraTíllas ú€l lufisst, en su (jeogratia, TÍOS dice, que ! Y encontró cu ella 0^ ciudad de Toledo) grandes tesoros, entre ellos i?t> coronas de perlas y rubíes y piedras preciosas." Y en otro lugar, el mismo autor de La Perla de las Maravillas: Y otra puerta que al ser derribada por los lanceros con sus lanzas le muestra a Thariq vasos de oro y de plata, cuanta no puede abarcar descripción y halló en ella la mesa que había sido del profeta de Dios, Salomón, hijo de Da- vid y era, según se refiere, de esmeraldas verdes, y esta mesa no se había visto cosa más hermosa que ella, y sus vasos eran ele oro y sus platos de una piedra preciosa verde y otra salpicada de blanco y negro." Bayan Almoghreb, parte I, p. 3i, escribe; Que dice en el vulgar romance: "Cuando conquistó Thariq a Toledo halló en ella el aposento de los Reyes y lo abrió y en íl encontró el Psalterio de David (1^ salud sobre el) en íiojas de oro escritas con agua de rubí di suelto. De más de las palabras ya transcritas de Ebn. Alwardi, leemos respecto de la mesa de Salomón: "Y era la mesa de oro mezclado con algo de plata y ceñida en derredor con tres collares, uno de rubíes, otro de esmeraldas y otro de margaritas." (Bayan Almoghreb: Edición de Leiden, I, 29). — 35 — das, los treinta carros cargados de objetos de plata y oro que lleva Muza en el momento de partir para Damasco llamado por el Califato, demues- tran evidentemente que la orfebrería visigoda llegó a tener en nuestra Patria un desarrollo considerable, y apenas por los poquísimos ejempla- res que de aquella época se conservan llegamos a conocer los diferentes grados de evolución por que debió pasar la orfebrería visigoda. _| UPONE UNA VIEJA TRADICIÓN QUE DURANTE el período de la conquista de España por los musul- manes, los cristianos trasladaron una parte de los te- soros almacenados en Toledo a las cumbres de las montañas del Cantábrico, y tal vez sea una confirma- ción material de esta leyenda la pieza superpuesta que aparece en la tapa de la "caja de las ágatas", de la Catedral de Oviedo, de una técnica y de un gusto bien diferente al res- to del conjunto, posiblemente visigoda. Parece lógico que en los primeros años de la Reconquista, los cristia- nos, recogidos en el Norte, apenas debieron dedicar su atención a otras co- sas que a su propia defensa y a la obtención de los productos indispensa- bles para la vida; pero antes de terminar el siglo nos encontramos con pie- zas de orfebrería de un interés tan extraordinario como la Cruz de los An- geles, construida el año 808; la de la Victoria, un siglo exactamente des- pués, y la de Compostela, en el intermedio de estos dos ejemplares; lo que supone una organización de trabajo que produce ejemplares sucesiva y sistemáticamente, en talleres, es decir, una evidente demostración de que la orfebrería era industria practicada de una manera corriente en los pri- meros siglos de la Reconquista. Como es natural, heredan los reinos cristianos toda la tradición vi- sigoda; los ejemplares se proyectan a base de superficies geométrica- mente sencillas, y estas superficies, casi siempre planas, se decoran con cabujones conteniendo piedras preciosas de distinta coloración, perlas o vidrios, pero con la particularidad de que ahora se rellenan en todos sus espacios disponibles por líneas de filigranas, que constituyen un nuevo elemento de decoración, desconocido por completo de los visigodos. - 37 — Es de notar, en estos primeros ejemplares, la distribución geométrica de los cabujones, dispuesta con una elegancia extraordinaria, algo muy distinto del amontonamiento de piedras de que hace ostentación apara- tosa el arte visigodo. Esta distribución geométrica de las piedras o de los vidrios, cuidadosamente clasificados por tamaños más que por colores, unas veces aparece como elemento decorativo fundamental repartido so- bre la superficie disponible, que luego se rellena con filigranas simulan- do estilizaciones florales de líneas, como en el Evangelario de Jaca, de la reina Felicia, y en otras a la inversa, es decir, dando la filigrana la orna- mentación fundamental, matizando las superficies llenas, con roleos tam- bién de filigranas y siendo las piedras tan sólo un complemento de la deco- ración trazada por la filigrana. Esta aparición de la filigrana sobre tipos que conservan constante- mente más o menos las proporciones y las formas bizantinas, constituye la característica más sensible de este período, en el cual, además, y en los momentos en que en el resto del Occidente se desconoce por comple- to la decoración de esmaltes, ésta aparece también en España, cuando, no ya en Limoges, sino en las escuelas del Rhin, que les precedieron, se desconoce por completo este sistema de decoración, porque además re- sulta que estos esmaltes nuestros no proceden de Bizancio y son, por lo tanto, algo independiente, de técnica española perfectamente documenta- da, porque existe la certidumbre de que uno de los ejemplares más intere- santes, el de la Cruz de la Victoria, fue trabajado en España, precisamente en el castillo de Gauzón, el año 908. Paralelamente a la moda de la filigrana, se desarrolla el repujado de la plancha, que aquí ni en sus ejemplares más antiguos recuerda los modelos de Guarrazar. Aun cuando ciertamente existe un buen número de analogías, debemos distinguir dos escuelas: la del Califato, que fabri- ca la arqueta del tesoro de la Catedral de Gerona, y la cristiana, que hace elementos tan interesantes como la de la Catedral de Astorga y la de San Isidoro, de León, unidas por el ejemplar intermedio de la arqueta de la Catedral de Oviedo, para terminar en ejemplares tan maravillosos como la destruida Cruz de Cuenca, ya absolutamente románica y de la que figuraron elementos aislados en la Exposición. - 3 8 - La caja de la Catedral de Gerona está inspirada seguramente en los trabajos de decoración general a las obras del Califato, y muy en especial a las de marfil, lo más conocido y estudiado para nosotros, de entre sus artes industriales, quizá lo más delicado y, desde luego, contemporáneo de su construcción. La posición que ocupa la inscripción cúfica, así como la ornamenta- ción de atauriques, recuerda por completo las arquetas clásicas de mar- fil de la escuela del Califato, y, tal vez por haber aplicado a la plata una traza que no es adecuada a la materia, resulta con menos gracia e in- ventiva; los relieves dan una modulación de claroscuro muy distinta a la que se obtiene con la talla profunda del marfil, y el conjunto, aunque rico y aparatoso, resulta monótono de entonación y de dibujo. En cambio, es curioso hacer constar que quizá el artífice pretendió recordar más que imitar la técnica cristiana de filigranas y cabujones, hasta el punto de que la línea que dibuja y que limita los espacios circula- res que contiene la decoración pretende ser o recordar una filigrana, in- cluso con el aparente punteado que resulta en las filigranas trenzadas. Las piedras en sus cabujones, también se recuerdan curiosamente, y el conjunto, por lo dicho, más parece de un artista secundón en una deca- dencia que de un genio en un florecimiento. Ello no quiere decir que la filigrana haya tenido que ser en nuestra Patria técnica necesariamente cristiana, porque en la Sierra de Elvira ha sido encontrado un sencillísi- mo dije del tiempo del Califato, cuya decoración es de filigrana, y donde, en un espacio casi circular, con una piedra o cabujón, se desarrollan otros cuatro núcleos irregulares, completando la superficie pequeños círculos de relleno. Esta joya tiene la importancia y la curiosidad de señalar el uso de la filigrana entre los artífices musulmanes de la época del Califato. El trabajo de la arqueta de Gerona no ha sido una excepción; en primer lugar, puede considerarse como una continuación de los repuja- dos visigodos, de que hablamos antes, pues la decoración se obtiene por un troquelado, que se repite monótonamente, llenando una superficie, y, en segundo lugar, porque encontramos un cierto número de trabajos que, desde el punto de vista técnico, tienen con ella una relación muy definida. En Sevilla, no mucho después de la conquista, se manda hacer un relica- - 39 - rio, las tablas llamadas alfonsinas, formadas por un plano con sus dos puertas, forrado completamente de hoja de plata troquelada en castillos, leones y decoraciones de rectángulos y estilizaciones, que, como procedi- miento, está relacionado íntimamente con la caja de Gerona. En el Insti- tuto de Valencia de Don Juan se conserva una arqueta troquelada de un modo parecido; en iglesias del Norte de España se encuentran algunos ejemplares parecidos; ciertamente que estos trabajos se hicieron en los últimos tiempos del románico, y algunos de ciertas iglesias, ya en estilo gótico; pero el que no hayan llegado hasta nosotros piezas intermedias no justifica el que los conocidos hasta ahora se consideren como ejempla- res aislados, estando tan claramente relacionados entre sí como sistema y hasta la mayor parte como composición y como arte. Prescindiendo de las cruces, ejemplares de orfebrería religiosa, es- tudiadas minuciosamente por varios autores, los ejemplares de arte civil que nos quedan de aquellos tiempos son las arquetas, seguramente la- bradas para el uso particular de los Grandes y de los Reyes y que, cedi- das más adelante por éstos a las iglesias de su devoción y a las catedrales, se han conservado en ellas hasta la época presente; son, en general, ejem- plares maravillosos, como la caja de la Catedral de Astorga, legado de Alfonso el Magno; la que Ordoño II donó en Santiago el año 911; la de San Isidoro, de León; la de la Cámara de Oviedo, etc., etc. Estas arque- tas cristianas presentan como característica fundamental el que son esencialmente arquitecturales, y así como las de marfil del Califato son de sección circular, de tapa esférica, y cuando son de sección rectangu- lar tienen su tapa plana, aunque no siempre (la de la Catedral de Pam- plona), son las cristianas de sección rectangular con la tapa atumbada. En todas ellas, cada una de las superficies se divide a su vez en departa- mentos, unas veces sencillamente tales, como en la de las ágatas, de San Isidoro, y otras figurando construcciones con arcadas de medio punto, como en las de Astorga y Oviedo, o de arcos de herradura, como en la misma de San Isidoro, pero siempre, más o menos, con un criterio arqui- tectural, pretendiendo dar la sensación de la fachada de un edificio. Estos ejemplares suelen ser de madera recubierta de chapa de plata, algunas veces de oro, y con más frecuencia, doradas. — 40 — La caja de Astorga, que se adorna con incrustaciones de vidrio azul, rojo y verde, presenta, como todas, un conjunto recordando una cons- trucción y tiene su particularidad más característica, por lo que se refiere al repujado, en que el tema y la técnica tiende a buscar una simplifica- ción infantil. Tal vez en ella se particulariza el momento en el que se intenta co- menzar a realizar las decoraciones repujadas, no solamente marcando el perímetro por línea, sino por la modulación de las superficies, y da la sen- sación de que el artífice no es aún capaz de repujar y modelar una superficie y resuelve el problema por el trazado de líneas paralelas de relleno; es de- cir, el volumen se logra por la repetición de motivos lineales, curvos o rec- tos, como si fuese un dibujo o un grabado, pero con la habilidad de buscar en los pliegues de los vestidos, en las plumas de las alas, en las cenefas o en las arcadas, una disculpa para la repetición de las líneas, para que, dando a la superficie la sensación del relieve por medio de este rayado, aparezca la línea más o menos justificada. Es el último grado evolutivo de este sis- tema el fondo de la caja de las ágatas de la Catedral de Oviedo; en ellas, la Cruz y las figuras de los cuatro evangelistas están también trazadas a base de multiplicar las líneas, pero ni se ha exagerado el sistema de raya- do proporcionalmente a la figura, ni cada línea es tan profunda como en los tipos anteriores, presentando, en cambio, superficies que aparecen des- plazadas todas ellas del plano de la plancha; el conjunto de la figura repu- jada es de gran relieve y la línea, discretamente multiplicada, más bien modula una superficie repujada, que da la sensación de repujado en una superficie que no se ha querido desplazar del fondo. Por fin, la arqueta de San Isidoro, de León, en el Museo Arqueoló- gico Nacional, y que figuró también en nuestra Exposición, es otra caja semejante, hecha, como todas, de madera de pino, recubierta la superficie en ónice, encuadrada por una armadura de plancha de plata gruesa, cince- lada, nielada y dorada, de arte francamente mozárabe, donde el repujado se combina con el modulado a cincel; las arquerías, en arco de herradura, y los tirantes, a manera de cintas, que forman la armadura, completan la obra presentando un conjunto armónico. Es posible que no resulte exacto que el artífice pretendió dar a estos - 41 — ejemplares una sensación de policromado, pero es curioso hacer constar que este resultado se logró de un modo quizá inconsciente, porque en la caja de la Catedral de Astorga, de Alfonso el Magno, aparecen decoran- do los elementos arquitectónicos, incrustaciones de vidrios azul, rojo y verde; en la caja de la Cámara Santa de Oviedo, los vidrios incrustados se sustituyen por pedrería menuda, pero se llega a una sensación calien- te de color y vida por los tableros de ónice pulimentado, que dieron a esta arqueta el nombre de caja de las ágatas; y, por fin, en la de San Isidoro, de León, tal vez de algún taller musulmán, la tradición de los cabujo- nes y de las piedras no se conserva; pero la sensación de color, de la que no se puede prescindir, se pretende y se logra, como en la caja de las ága- tas, con piedras e incrustaciones de ónice. L DESARROLLO DE LOS REINOS CRISTIANOS durante los siglos que sucedieron a las campañas de Al- manzor, da, como consecuencia, a su vez, en los años del pe- ríodo románico, la evolución de cada una de las tendencias antes marcadas: la filigrana, los esmaltes y el repujado. El estudio de los ejemplares se inspira cada vez más en la representa- ción de la figura humana, ejecutada de una manera más perfecta, como es natural, a medida que pasa el tiempo. Es raro la joya o la pieza en la cual no aparece un Padre Eterno, un Cristo crucificado o la representa- ción de santos; las superficies se rellenan de cabujones, que van, sucesi- vamente, perdiendo en importancia, mientras adquiere cada vez mayor el conjunto de la decoración que se pretende realizar en el ejemplar, progre- sivamente más aparatoso, más efectista, más recargado, es decir, que mien- tras las piedras y los vidrios van perdiendo su importancia intrínseca y pasan a ser elementos de segunda categoría, el trazado de la decoración que dibuja la filigrana, el repujado o el esmalte, adquiere progresivamen- te mayor importancia, y en los conjuntos aparecen anchas cenefas recar- gadas de motivos ornamentales y sin que todavía se haya llegado a la va- lentía de presentar superficies lisas de metal, ostentando toda su belleza intrínseca. El problema del repujado adquiere una importancia cada vez más grande. Las figuras destacan de su plano en magnitudes extraordinarias, llegando al medio relieve y en algunas ocasiones superando estos límites. Es un ejemplo el Padre Eterno que figuró en la Exposición, donde los grandes relieves y contrastes se obtienen de la plancha, cuyos motivos se desplazan francamente del plano principal de la lámina, y muy espe- cialmente la cabeza de la figura, que resulta casi independiente de la su- perficie primitiva. Esta precisión de repujado exigía manos muy hábiles, aun en el caso de tratar una materia, generalmente plata, de una maleabilidad conside- rable, condiciones todas que no reúne con demasiada frecuencia todo artis- ta y de lo que es un ejemplar interesantísimo el Padre Eterno, de la Expo- sición, piezas que en estos años del románico no constituyen rarezas demasiado excepcionales. Resulta también, por otra parte, que en este tiempo, localizada la fabricación en los monasterios e industrializada la producción en proporciones que crecen rápidamente durante el período románico, se busca la solución curiosa de colocar sobre figuras apenas repujadas, y hasta con mucha frecuencia completamente planas, con fon- dos o con figuras decoradas en color por esmaltes, una cabeza fundida in- dependiente, trabajada a cincel en los ejemplares más cuidados y que es el término último a que conduce la industrialización de aquellos maravi- llosos repujados en plancha. Por este tiempo, se encuentran seguramente, trabajando de una ma- nera regular en España, talleres de esmaltación. La recomposición de la arqueta de marfil que se guarda en el Museo de Burgos y que perteneció al monasterio de Santo Domingo de Silos, en donde aparece reproducida la imagen de Santo Domingo; las guarniciones de la arqueta que se conser- va en el Museo Arqueológico Nacional; las características del retablo de San Miguel in Excelsis y de Burgos, procedente también de Silos, etcéte- ra, dan lugar a suponer, muy fundadamente, que todos estos ejemplares son españoles, procedentes de monasterios donde funcionaron talleres de esmaltadores, sucesores de los que hicieron la Cruz de la Victoria en 908 y trabajando de una manera normal en los años que sucedieron a la caída del Califato de Córdoba. Ciertamente que estos ejemplares nuestros españoles, en esmaltes opa- cos, siguen, en líneas generales, la evolución que se marca en las produc- ciones de Limoges, cosa que no tiene nada de particular, porque nuestras civilizaciones y nuestras personas, muy especialmente las de mayor cate- goría y en especial las de la Real Familia, se hallaban en relación tan ínti- ma, que es muy difícil llegar a marcar en este momento una división carac- terística entre las producciones de los dos pueblos, si en ellas no se descu- briesen detalles de ornamentación germánicos para las producciones del Norte, o musulmanes para las nuestras. Durante los primeros tiempos del románico, los esmaltes suelen presentar figuras labradas en color sobre fon- do de oro, primero lisos y más tarde decorados a cincel, para luego invertir los términos en el siglo XIII y al industrializarse las producciones, dar co- lor a los fondos, en tonos de gradación sucesiva, dejando las figuras en reserva, solamente reforzadas por las líneas que señalan los pliegues o las partes del cuerpo y, en uno y otro caso, siempre con cabezas fundidas inde- pendientemente, cinceladas o no, según la importancia del ejemplar, y en los trabajos más antiguos en nuestra Patria, con los ojos de las figuras es- maltados en negro, recordando los ojos de azabache de aquella escuela de marfiles del tiempo de Fernando I y Doña Sancha, que sucedió a los mar- files del Califato. AS COSTUMBRES DE LOS MAGNATES DE AQUELLOS tiempos nos las relatan las crónicas; así, por ejemplo, la cró- nica del Cid, al hablar del convite dado en Requena por el rey Don Alfonso VI, dice que "non obo ninguno que co- meré si non en plata e el Rey e los altos ornes comían en escudillas ó en tajaderos de oro fino", pero al terminar el románico, la orfebrería, en su conjunto, camina de un modo intenso hacia los ejemplares exclusivamente religiosos. Se acentúa en un instante la obsesión constructiva que ha de ser la característica del período gótico que le sucede, y por una rara curio- sidad, los artífices, que hasta ahora son monjes, trabajando en talleres esta- blecidos siempre en los monasterios, y que desde ellos labraron piezas de arte civil para recreo de los señores feudales y de los Grandes de su tiempo, se secularizan, y el oficio insensiblemente pasa a manos de gentes del pue- blo; pierden en importancia los talleres de los monasterios y se abren los de las ciudades, y cuando los artífices sólo piensan en hacer ejemplares que recuerden las construcciones religiosas góticas de su tiempo, los arcos apuntados, los pináculos y los botareles de las catedrales, y el arte civil casi puede decirse que desaparece y que sólo trabaja en tipo religioso, porque los ejemplares civiles se inspiran nada más que en la arquitectura de la Catedral, es cuando el arte ha pasado por completo a los artífices se- glares, cuando el trabajo se regulariza entre la gente del pueblo y aparecen los gremios, aristocracia social que progresivamente ha de adquirir cada día más influencia y categoría, hasta el punto de ser el dique que conten- ga y neutralice el feudalismo. \ A ORFEBRERÍA GÓTICA EN ESPAÑA NO SE desarrolla de un modo progresivo y se implanta con un evidente retraso a como evolucionan las artes ma- yores y muy en especial la arquitectura. Es decir, que durante toda la segunda mitad del siglo XIII y alguna parte del XIV siguieron labrán- dose por nuestros artífices ejemplares que en la ac- tualidad se clasifican como obras pertenecientes al arte románico y se juz- gan como ejecutados uno o medio siglo antes de lo que realmente lo fueron. Este hecho de que se continuase desarrollando temas clásicos del románico, dio lugar a que cuando artífices nuevos, nacidos dentro de los gustos y de las construcciones góticas, empezaron a trabajar sus obras siguiendo la manera de su tiempo, lo hicieron en un estilo que había llegado a su pleno desenvolvimiento y en el que habían sido ya resueltas todas las cuestio- nes de detalle; y como resultado, al aceptar la nueva moda, no se produ- cen ejemplares de transición como los encontramos en la arquitectura o en las otras artes, sino que en todos los casos los trabajos se desarrollan y se definen sin vacilaciones y sin recuerdos o reminiscencias del gusto anterior. La característica que desde el punto de vista técnico define más en absoluto los ejemplares del gótico, es que en todos los casos las piezas se desarrollan formando conjuntos arquitecturales; siempre el ejemplar que se ejecuta es un edificio gótico, y más concretamente, es un detalle de capi- lla gótica y una remembranza de la catedral. Pero dentro de esta idea primaria, que define en líneas generales las proporciones y el perímetro de la pieza, se desarrollan múltiples temas secundarios con independencia del conjunto y hasta absolutamente distintos entre s!. Cada uno de estos te- mas secundarios es una obra de arte y de orfebrería considerado en sí; un motivo floral naturalista, desarrollado por perímetros angulosos curvilí- neos dentro de las normas y proporciones generales del gótico, pero con vida independiente del conjunto, trazado con un detalle y un esmero que no guardan la menor relación ni con el conjunto ni con las proporciones de la obra, y resulta curioso que para la ejecución de cada uno de estos te- mas secundarios no se haya tenido en cuenta su importancia dentro de la totalidad del trabajo, dando la impresión de que el artista supone que debe ser examinado parcialmente con una lente y a una distancia a la que sería imposible abarcar el conjunto de la obra. Cuando en ésta, precisamente por su concepción arquitectural, estos motivos secundarios de masas y pe- rímetros sensiblemente iguales se repiten en un mismo ejemplar y de un modo sincrónico, de un modo regular, cada uno de ellos se ejecuta de una manera igual por lo que a técnica se refiere, pero diferente en dibujos, composición y distribución de masas y, aunque con frecuencia realizados por el mismo artífice, como nos consta, por ejemplo, en trabajos religio- sos construidos en los finales del siglo XV, los detalles florales y naturalis- tas, de perímetros angulosos curvilíneos, que podríamos definirlos exacta- mente con las mismas palabras, porque responden dentro de la obra a una misma finalidad, son esencialmente distintos unos de otros; no son las mis- mas flores de acanto, no se curvan en el mismo sentido, ni se desarrollan en igual número de ramas; los perímetros angulosos se revuelven en sen- tido opuesto, las curvas se cortan en sectores distintos o se desarrollan tangentes donde antes se encontraron en ángulo. Estudiado el detalle de cada uno de estos temas secundarios, son esencialmente diferentes, y vis- tos a una cierta distancia, a la indispensable para poder apreciar el con- junto de la obra, donde ellos son temas secundarios, todos aparecen igua- les; es que resulta la sensación, tal vez inconscientemente, de que es una obra colectiva, donde un número de inteligencias se subordinaron a un fin, y la variedad que necesariamente tiene que resultar de la forma como eje- cutaron su labor cada uno de los individuos, se subordinó a un conjunto donde estos temas secundarios tienen un papel y colaboran a una finali- dad genérica, de igual manera que los hombres que formaron el gremio, - 4 8 - distintos y diferenciados entre sí, integraron una potente colectividad, con actuación y vida colectiva perfectamente definida. Porque la característi- ca del arte gótico, en cuanto se relaciona con el orden social, fue la falta ab- soluta de personalidad, principalmente en sus comienzos. Dejamos dicho que durante el período románico artísticamente considerado, los talleres se hallaban establecidos en los monasterios, donde monjes o legos, y tal vez seglares admitidos o tolerados para este fin, ejecutaron obras que su- ponían la preponderancia y la personalidad del monasterio, pero no del artista que individualmente las trabajaba; al secularizarse el oficio, con- tinuó en el mismo ambiente impersonal de los siglos del románico, mu- cho más si tenemos en cuenta que es el momento en que se organizan los gremios y el Colegio o la Cofradía de Plateros es lo que, hasta cierto pun- to, sustituye el taller del monasterio del siglo anterior. Resulta, de lo dicho, que estas obras góticas dan la sensación de traba- jos de conjunto, aun sin serlo quizá en ningún caso, y en ellas predomina la minuciosidad del detalle, sin que desaparezca lo que pudiéramos lla- mar concepción genial del conjunto, desarrollada por un artista solo, pero con una marcada tendencia a la concepción impersonal. Tal vez ésta sea una de las razones de que en los ejemplares del arte gótico se pierda de una manera absoluta un sistema de trabajo que fue el más genial de la época romana: "el repujado". Aquellas figuras que se levantaban de la plancha con sus ropajes y sus cabezas, desplazadas del plano general, con una riqueza de modulación y de vida, que fueron el asombro de los artis- tas del Renacimiento y sigue siéndolo de los nuestros actualmente, des- aparecieron por completo en los ejemplares góticos; la imitación de las ca- pillas o catedrales, que es el tema constante de toda labor de este tiempo, no permite la interposición de figuras repujadas, cuyas proporciones habían de desentonar necesariamente con las de la iglesia en miniatura que repro- duce el ejemplar, y claro está que en el caso de pretender realizar a escala dichas figuras, resultan detalles de unas proporciones diminutas, si el con- junto no logra proporciones excepcionales, que tan sólo en algunos ejem- plares de finales del siglo XV se llegaron a establecer; el repujado, por lo tanto, es sistema de trabajo que se excluye del arte gótico. Esto no quiere decir que no se trabaje con planchas, porque los conjuntos son verdaderas construcciones de planchas de plata en las que se intercalan piezas fun- didas, y cuando se pretende llegar a una delicadeza y minuciosidad gran- de, se resuelve el problema terminando a cincel lo que la fundición no ha sido capaz de perfilar. Por fin, otra técnica que desaparece en los ejemplares góticos y que constituyó también uno de los elementos fundamentales del arte anterior, es la de los trabajos de filigrana. Aquí las superficies que representan siem- pre los muros de la iglesia o de la catedral, que no siempre se recubren; cuando lo hacen, se decoran a base de trazados geométricos, en arcos apuntados o en círculos lobulados, de traza gótica; y estas composiciones, que figuran desarrollos sobre muros, hechos en planos distintos, con espe- sores diferentes, se obtienen, en general, en la orfebrería gótica por la su- perposición de una plancha calada en recortes geométricos sobre otra de superficie lisa, que puede ser laminada o sencillamente fundida. En gene- ral, este es el elemento que sustituye a los roleos florales trazados con hilo de oro o de plata, que constituyeron los trabajos de relleno de las superfi- cies, hechos de filigrana en el románico, labor que aquí, como queda dicho, desaparece por completo. Dos características contradictorias se encuentran asimismo en las pie- zas de orfebrería de arte gótico: la carencia de color y el cromatismo. Estos ejemplares, realizados por el amontonamiento de temas secun- darios, con una cantidad de detalles minuciosos, y cuyos conjuntos, más que verdaderas obras concebidas como tales, son una reproducción arqui- tectural, suelen con mucha frecuencia adolecer de la falta de cromatismo. Son masas monocromáticas, sin grandes contrastes de luz y sombra, un amontonamiento de pequeños detalles que se pierden al examen en el con- junto, pero que no dan la sensación de distribución de masas y en muchos casos sólo dan la sensación de grandes núcleos erizados de detalles. En contraposición a esto, las piezas de orfebrería de arte gótico suelen venir con mucha frecuencia matizadas de esmaltes, medallones simétricamente colocados, distribuidos en el conjunto, que en esas reproducciones de templos, que son constantemente el ideal de la orfebrería gótica, recuer- dan las vidrieras de la catedral, y que dentro del conjunto monótono, da destellos de luz, de color y de vida a los conjuntos; pero, además, su era- pleo es de más transcendencia, resultando de su interposición una subdi- visión de masas, no sólo por ser un núcleo de color, sino porque el esmal- te en estos trabajos góticos, corta la línea del ejemplar, estableciendo una distribución de superficies y de masas que contribuye grandemente a la belleza de la pieza; durante la segunda mitad del siglo XIV y todo el siglo XV se trabaja sobre masas vitreas, en las que casi siempre se ha su- primido el estaño; los vidrios resultan translúcidos, y como se colocaron las pastas sobre láminas de oro o de plata perfectamente pulidas, la luz, al atravesar la masa vitrea, se refleja sobre la plancha metálica que le sirve de base y da una sensación de transparencia y de color completamente distinta a los esmaltes opacos de los siglos XII y XIII, que decoraron las figuras o los fondos en las arquetas y en los retablos del románico; estos son los elementos que contrastan sobre las masas monocromáticas de la orfebrería gótica. Los ejemplares realizados en esta época se desarrollan dentro de un idealismo religioso, que fue otra característica social de su época, traba- jando dentro del ambiente colectivo, que determinó los gremios, que na- cieron y se desarrollaron al amparo y bajo las bóvedas de cada catedral. Esto está en perfecta armonía con la forma de interpretar la figura humana, siempre como elemento decorativo auxiliar dentro de los con- juntos arquitecturales que fueron su única labor, y claro está que el idea- lismo religioso en que se desarrolla el arte hace que la figura se realice con una absoluta carencia del desnudo, que en la orfebrería gótica no se cono- ce ni como excepción. Hemos visto que en el gótico desaparece el repujado, que en susti- tución de esta técnica se adopta la fundición, obteniendo ejemplares que luego se roblonan al conjunto, y que las figuras deben ser ahora repro- ducción de las esculturas que adornan o que se veneran en la catedral y, como consecuencia, son piezas casi siempre corpóreas, independientes, es decir, figuras solas, desarrolladas en esculturas completas, no trazadas so- bre la plancha, no repujadas sobre una superficie, sino de bulto y aisladas de toda otra superficie o volumen, como pudieran ser los santos o las figu- ras de piedra que se colocaron en las hornacinas de sus portadas, de sus altares o en los templetes de sus claustros. UEDAN MUY POCOS EJEMPLARES DE LOS trabajos árabes de orfebrería que puedan realmente considerarse como ejecutados por nuestros musul- manes españoles. Resulta curioso el que una de las técnicas seguidas por ellos sea continuación de los procedimientos de la época romana, construyendo piezas de un considerable espesor aparente, formadas por dos chapas como el emblema y la montura de la técnica romana, re- llenando el espacio intermedio por una pasta que pretende dar consisten- cia al conjunto para evitar su deformación. Por lo tanto, los ejemplares están construidos con la tendencia de producir volúmenes, mejor que superficies decoradas, es decir, que sus ejemplares tienden siempre a las formas corpóreas, distintamente de los trabajos, generalmente planos, que se realizan en los reinos cristianos. Se emplea constantemente el repujado, pero así como en el arte ro- mánico este sistema se aplica para reproducción de una figura o para la ejecución de un emblema principal solamente en el centro, o en una parte de la superficie que se trabaja, en las labores árabes se usa para decorar toda la pieza, frecuentemente por troquelado, con motivos geométricos florales, de atauriques o de lacería, que se repiten absolutamente sobre toda la superficie. Resultan, como consecuencia, las obras árabes maciza- das de decoración, con un detalle y una minuciosidad abrumadoras, sin grandes concepciones de conjunto, pero con una labor admirable de deta- lle y una elegancia y riqueza, quizá algo monótona, pero siempre curiosa y atrayente. Esta multiplicidad de decoración se aplica constantemente; así, por ejemplo, los collares y anillos se hicieron por múltiples piezas, cada - 5 3 - una de las cuales puede considerarse como una obra de orfebrería inde- pendiente. Trabajaron la filigrana de una manera parecida a como se apli- ca en los reinos cristianos en lo que se refiere a técnica, pero no en lo que se refiere a trazado, porque, de acuerdo con lo ya dicho, rellenan siempre la totalidad de la superficie con dibujos cada vez más menudos, con moti- vos o con inscripciones que se repiten sistemáticamente, dando la sensa- ción de una gran cantidad de trabajo y de una laborfinapero atormentada. Las obras más bellas que se conservan son las decoraciones de las ar- mas, de los últimos tiempos del reino granadino: puñales y espadas, donde acumularon la totalidad de los elementos suntuosos de que disponían, trabajando sobre plata y oro con esmaltes y con filigranas, contrastando con superficies de marfil de una talla minuciosa y compleja. De todos modos, estas empuñaduras suelen presentar una silueta agradable y mo- vida, composición de múltiples elementos geométricos con distribuciones de masas armónicamente compensadas. Los trabajos árabes en filigrana, formando gruesas cuentas de colla- res ampulosamente decorados, aunque exentos de una espiritualidad y una idea genial en su trazado de conjunto, continuaron realizándose en España durante los siglos que sucedieron a la conquista del reino de Gra- nada y durante los últimos años de la Casa de Austria, y aun en la misma época de los Borbones, en Salamanca, en León, en Astorga, donde se hicie- ron collares y medallones para Cofradías y Hermandades, que son una herencia evidente de los trabajos medievales de nuestros árabes españoles. URANTE EL REINADO DE FERNANDO E Isabel llegan a España dos orientaciones distintas, mientras en Europa entera se divulgan los gustos del Renacimiento. Como consecuencia de nuestra actua- ción política en el Norte de Italia y en el centro de Europa, pero más especialmente en Italia, se impor- tan un número considerable de ejemplares y segura- mente se establecen aquí un cierto número de artistas, aunque sus nom- bres no llegaron a la categoría de los alemanes, que, traídos por los Reyes Católicos, trabajan o importan obras de gusto lombardo, inspiradas en el más puro Renacimiento, trabajos en los que se pretende llegar a una re- presentación idealizada de la Naturaleza, con volutas de flores y guirnal- das, de composición compleja, realizadas en labores constantemente me- nudas, trabajadas casi siempre en medio relieve, rara vez con figuras des- nudas, y procurando adaptarse a la superficie que ofrece la pieza como consecuencia del uso a que se destina la misma. Algunas piezas que se conservan, de autenticidad indiscutible, que fueron de uso particular de la Reina Católica y que se guardan en la Catedral de Granada o se transfor- maron posteriormente, en fecha y en condiciones conocidas, en ejempla- res de uso litúrgico aunque fueron en su origen piezas de uso civil, están labradas y concebidas dentro de este estilo, y son de una finura y delicade- za extraordinarias, de una elegancia exquisita, de una labor precisa y de- liciosa. Paralelamente a esta invasión del arte renacentista, llegan a España un número de artistas alemanes que toman carta de naturaleza entre nos- otros. Se establecen definitivamente en España y hasta modifican su ma- -55 - ñera de concebir y de trabajar con arreglo al ambiente en que aplican sus actividades. Desarrollan su labor estos artífices interpretando los últimos destellos del arte gótico alemán, más florido y más ornamental. La interpretación de la flora con que decoran todos sus trazados cons- tructivos resulta de un realismo amanerado. Los conjuntos se complican exageradamente, se entrelazan los elementos decorativos tomados de la Naturaleza, y en las más curiosas de sus obras, en las de Enrique Arfe, que pueden considerarse como prototipo, las composiciones, que debieron resultar, como consecuencia de lo dicho, de una pesadez y monotonía grandes como resultado del amontonamiento de elementos decorativos, resultan, por el contrario, de una transparencia y de una ligereza incompa- rables. Entre los distintos procedimientos de ejecución seguidos en aquellos momentos y que, aunque viejos, se pueden considerar como novedad com- parados con los anteriores, tenemos los trabajos de detalle hechos a la cera perdida, sistema de fundición para plata y oro, que por la fidelidad con que reproduce el modelo y por permitir en ésta los contra-arranques, que en el sistema de fundición por despiezo son poco menos que imposi- bles, da a los elementos obtenidos de esta manera una ligereza y una flexi- bilidad en la distribución de masas y en las inclinaciones de las superficies que modela, que hacen del ejemplar algo de una esbeltez y naturalidad en- cantadora. No se trabajan por este procedimiento grandes piezas, y se emplea tan sólo para elementos decorativos auxiliares, que se añaden al conjunto por soldaduras o mecánicamente, y una de las particularidades del pro- cedimiento es que las superficies, abrillantadas por el pulido en determina- das partes, mientras se conservan otras intactas de fundición, con su ca- racterística coloración mate, cinceladas algunas, producen en el conjunto unas variantes de color o, mejor dicho, de luz, que dan casi la sensación de una obra discretamente matizada, sin llegar nunca a las durezas que pudie- ran resultar de un policromado; su color es una fiesta de los ojos (1). Estos trabajos de influencia alemana en un gótico florido, recarga- (1) Los Affrs: F. D. Sánchez Cantón.—Editorial Calleja, 1920. — 58 — do y complejo, utilizan en proporciones cada vez mayores las figuras como elementos de decoración, hasta el extremo de que una de las custodias de Enrique Arfe, la de Toledo, tiene 260 figuras, sin contar, como es natural, las que aparecen en las orlas y en las decoraciones de frisos y cenefas. Estas figuras van evolucionando desde las concepciones casi heráldicas y místicas, siempre vestidas, del gótico, a los desnudos libres del Renaci- miento. Como procedimiento, además de lo dicho, reaparece el trabajo de la plancha repujada, que se había abandonado durante toda la época gótica, con figuras cada vez en relieve más pronunciado, y marcándose una evo- lución hacia las composiciones pictóricas, es decir, a obtener por repuja- do, no una figura, sino la reproducción de una escena dentro de un paisaje, dispuesta y ordenada con el mismo criterio que se hubiera adoptado para dibujar un cuadro. Ciertamente que a este resultado no se llega hasta mediar el si- glo XVI, pero no cabe duda que es tendencia que se inicia desde los prime- ros años y que evoluciona en este sentido hasta llegar a composiciones per- fectas en tiempos de Juan de Arfe, pudiendo citar como ejemplo las pla- cas que decoran el basamento de la custodia de la Catedral de Avila. Es curioso que en este tiempo pierda en importancia el trabajo en esmalte, que se utiliza mucho menos que en épocas anteriores y que tan sólo se aplica como elemento decorativo auxiliar. Las piezas en esmalte que se producen en España, que valga la pena de considerar, son piezas que tienen una personalidad independiente. Son esmaltes, fundamental- mente esmaltes, pero no piezas de orfebrería en las que las decoraciones de esmalte se puedan considerar como algo esencial del conjunto: o tienen una importancia insignificante o son el todo. La fusión de los dos elementos que entonces se desarrollan en Espa- ña, el arte lombardo renacentista y el gótico alemán florido, dan ejempla- res cuya composición es de una belleza incomparable, en los cuales, la ma- yor parte de las veces, las líneas generales, la arquitectura, por así decirlo, del ejemplar, es gótica o es renacentista, y los detalles de ornamentación que vienen labrados sobre esas composiciones arquitecturales, son, res- pectivamente, renacentistas o góticas. Así, encontramos trabajos cuya — 57 — concepción de conjunto es rigurosamente gótica y donde cada una de las orlas o de la cenefa está integrada por faunos y guirnaldas, y jarrones y bacantes, donde, entrelazados entre sí todos estos elementos, siguiendo un criterio que resulta francamente gótico, en forma tal que la primera im- presión del conjunto es igual al de las cenefas de cardiñas y de monstruos de los más clásicos capiteles de la arquitectura gótica, pero donde encon- tramos que, analizadas cada una de las figuras, resultan elementos abso- lutamente renacentistas. Muchas veces, estas composiciones, de un idealismo y de una fanta- sía exuberante, se encuentran en ejemplares destinados al culto, estando cada figura dentro de su idealidad, desarrollada con un naturalismo abso- lutamente independiente del gusto religioso de su época y concebido a tra- vés de un criterio clásico y pagano completamente distinto de las inter- pretaciones góticas que les precedieron. Es consecuencia de todo ello la importancia intrínseca que adquiere la figura y hasta el desnudo, que llega a tener valor, no como elemento de- corativo del conjunto, sino por sí mismo, hasta con independencia de la pieza donde fue labrado. • Estos ejemplares vienen afectados por dos tendencias locales, que aparecen en un cierto número de ejemplares, sin que esto quiera decir que sean características que dominen en todos los trabajos de la época. Son éstas, en primer lugar, la educación que produjo en el gusto de aquellos artistas los trabajos mudejares, minuciosos y repetidos, muy conocidos, como es natural, por los españoles de entonces. Esa labor monótona que sistemáticamente cubre la totalidad de una superficie, con su labor de en- caje, menuda y detallada, tan definida por los trazados de lacería, las com- posiciones estalactíticas y las yeserías mudejares, inclinan a los artífices de esta época a rellenar de decoración menuda y compleja la totalidad de la superficie disponible, hasta poco menos que considerar un delito conser- var una superficie lisa. Las características anteriores del arte lombardo y del arte alemán, al fusionarse en elementos renacentistas sobre trazados generales de arte clásico, dieron esa labor menuda que cubre la totalidad de las superficies, que rellenan de decoración todos los elementos disponibles, tanto o más — 58 — que el arte mudejar, y que ha recibido posteriormente en arquitectura la denominación de estilo "plateresco". Otra característica que aparece en un determinado número de piezas, como en un cierto número de edificios de aquella época, es una tendencia exageradamente naturalista, que no estiliza los modelos y hasta en algu- nas ocasiones se complace en reproducir alguna de sus incorrecciones, como demostración de un naturalismo absoluto e intransigente, saliéndose del plano de la decoración clásica. Esta forma de trabajo, que en España y en Portugal hace un cierto número de ejemplares, recibió en Portugal el nombre de estilo "manuelín" y tuvo en España un número de artífices que lo siguieron e interpretaron. De gusto marcadamente italiano, aunque realizadas por los artífices españoles, se conservan algunas joyas de esta época, casi siempre figuras esmaltadas, reproduciendo una nave, un delfín, un dragón o un Cupido, sostenidas por cadenas de dos ramas, con eslabones de aljófar y con perlas colgadas de la cadena o del ejemplar. Son pequeñas esculturas, trabajadas a cincel, de un primor y una belleza extraordinarias, de las cuales queda un número grande de dibujos originales en el Libro de Pasantía del Gremio de Plateros de Barcelona y algunos ejemplares que se conservan con toda la veneración y aprecio que supone una reliquia y una joya. Los trabajos que se realizan después de mediar el siglo, son, en ge- neral, trabajos en los que se ha llegado a las formas de expresión más bellas y a las proporciones más equilibradas. Todavía en algunos casos parece que es indispensable rellenar por completo de decoración la tota- lidad de las superficies disponibles; los conjuntos muchas veces tienden a ser cada vez más arquitecturales; se preocupa el artista de la elegancia del perímetro y se vuelven a usar los esmaltes para animar la superficie con el color; una suprema distinción reparte los grutescos y los adornos, pero sin el entrelazamiento que resultaba del criterio gótico que le precede. Años después, quizá como consecuencia del cansancio que produce aquel amontonamiento de decoración que llena la totalidad de las super- ficies, se buscó una solución industrializada en que las piezas que se tra- bajan y que tienen superficies labradas según el criterio anterior, en vez de cubrirlas de decoración, la mayor parte de las veces se repujan tan sólo en parte, por ejemplo, las cenefas, estableciendo orlas de ancho suficiente para dar la sensación del enriquecimiento de la pieza; y las superficies lisas que se producirían por esta repartición de la decoración en el ejem- plar, se trabajan a cincel con decoración de línea grabada, trabajo mucho más ligero, mucho más fácil y que contrastando con el relieve del repuja- do de las cenefas, establece un equilibrio de masas, la mayor parte de las veces de una gran elegancia. Por esta época comienza a trabajarse, principalmente en Toledo y después en el resto de España, un número de jarras que se hicieron den- tro de unas proporciones poco distintas, relativamente pequeñas, de poco más o poco menos de un palmo de alto, de cuerpo casi siempre cilindrico, terminadas en semiesfera, con pie redondo, torneado; con pico muy exa- gerado, en donde, por repujado, aparece muchas veces un mascarón, mejor o peor hecho, con asa frecuentemente compuesta por rectas y arcos de círculo, cubierto el ejemplar de decoración, unas veces de línea, con me- nos frecuencia repujada, y en las que a menudo uno o dos aros en relieve se trazan sobre el tercio o el cuarto superior de la altura y un número de nervios que parten de la base como dando fuerza o sustentando a la jarra, completan la decoración y son, a la vez, elementos constructivos y motivos ornamentales. Muchos de los ejemplares tienen el punzón de Toledo; con menos frecuencia de otras localidades y otro cierto número de piezas tie- nen un punzón hasta este momento no documentado, que reproduce el úl- timo eslabón y el cordero del collar del Toisón de Oro; tal vez, objetos la- brados para uso exclusivo de la Casa Real. Durante el último tercio del siglo XVI se produce una reacción, lo mis- mo en arquitectura que en orfebrería, contra la exuberancia de motivos ornamentales de que hicieron gala los artífices del plateresco. Tal vez las circunstancias políticas por que atraviesa España, la severidad que se per- sonaliza en el Monarca, la pedantería humanista de aquella época; todo ello hace que los trabajos del tiempo de Felipe II sean piezas casi exentas de decoración, concebidas para ser contempladas a distancia, ejemplares donde la belleza se pretende obtener por la adecuada disposición del pe- rímetro y por la repartición de masas, de una severidad fría, Claro está que no en absoluto se puede prescindir de la decoración, sobre todo en algunos ejemplares que deben ser contemplados de cerca y que suponen el uso personal directo, y entonces, conservando todo lo dicho, se decora princi- palmente por líneas grabadas y la repartición de masas a que antes alu- díamos se sustituye por la repartición adecuada de la decoración sobre la superficie disponible. Con frecuencia, en estos casos, cuando las dimensio- nes de la pieza no permiten esta distribución de masas, se produce el efec- to de contraste de una manera artificial, distribuyendo sobre la superficie lisa que exige el uso del ejemplar, una serie de medallones, muchas veces elípticos, trabajados en relieve y, hasta cuando se quiere acentuar más la diferencia, abrillantados con esmalte. Es frecuente, en piezas trabajadas por entonces, esta serie de medallones de esmalte opaco, repartidas sobre las superficies lisas de una bandeja, de una jarra o de un candelabro, que no dibujan una figura, ni un grutesco, ni un jarrón, ni una guirnalda, que son composiciones geométricas en distintos colores, que sin llegar a las lacerías que se hubieran realizado un siglo antes, son algo que llena su misma fina- lidad dentro de un criterio neoclásico. Las decoraciones grabadas en línea, que algunas veces se desarrollan sobre las superficies planas, repre- sentan cartelas y cintas entrelazadas, de una procedencia italiana las pri- meras y tal vezflamencalas últimas, aunque seguramente que los entrela- zamientos de cintas, de haberse desarrollado en color, nos hubieran tal vez recordado las célebres encuademaciones que en aquellos mismos años mandaba hacer para sus libros, en mosaico de cuero, el bibliófilo Grolier. A ORFEBRERÍA EN ESPAÑA NO PUEDE DECIRSE que se desarrolla en este tiempo gracias a la protección ofi- cial. El considerable número de pragmáticas que se vie- nen promulgando contra el lujo de la Corte son una demos- tración de que únicamente la iniciativa particular o la de los Cabildos o Catedrales, para piezas de culto, contribuyó en España a su desenvolvi- miento. En los finales del siglo XVI, el 19 de Mayo de 1593, se promulgó una pragmática, quizá la más absurda de toda la serie de disposiciones que le - 61 — precedieron. En ella se prohibe a todo platero y a cualquier persona, que pueda hacer, vender ni comprar bufetes, escritorios, arquillas, braseros, chapines, mesas, contadores, rejuelas, imágenes, ni otras obras guarneci- das de plata. Dice Sempere y Guarinos en su "Historia del lujo": Que "para ex- pedir una ley, que infaliblemente iba a destruir un crecidísimo número de artistas útiles, sin duda debió haber una causa sumamente poderosa y ur- gentísima. Nada de esto. La gran razón de aquella ley fue que, no sabien- do los compradores el peso de la plata, podían padecer engaño en la com- pra de semejantes piezas. Razón, por cierto, digna de la política económica de aquel siglo. Si porque los vendedores pueden engañar a los comprado- res en el verdadero precio de los géneros comerciables, se hubieran de prohibir éstos, era menester cerrar los talleres y las tiendas y reducir a los hombres a un estado puramente pasivo, privándoles del más poderoso estímulo del trabajo y dejándoles sumergidos en el letargo de la indolen- cia y de la ociosidad, antes de tolerar que los compradores pudieran pade- cer engaño en la compra de semejantes piezas". La petición 17 de aquellas Cortes de 1593 es extraordinariamente cu- riosa, dando la medida de la cultura de su época y el estado del comercio en aquellos días (1). Poco después, el 2 de Junio del año 1600, se continúa con el mismo criterio anterior en la célebre pragmática en la que, después de regular minuciosamente todo lo que se refiere al traje y a las telas y paños usados (!) "En las Cortes de 48 d& Valladolid se suplicó a V. M. no entrasen en estos reinos las bugerías, vidrios y mu- ñecos, cuchillos y otras cosas semejantes, que entraban de fuera de ellos, para sacar con estas cosas, inútiles para y de poco precio, en estos tiempos ha llegado a ser una gran suma de oro y plata la que estos reinos pierden, metién- doles cosas de alquimia y oro bajo de Francia, en cadenas, brincos, engarces, filigranas, rosarios, piedras falsas, vi- vuelve a vender a subido precio; y asi, toda la vida hay que comprar, y en qué gastar infinito dinero, y a! cabo todo ello no es nada, ni vale nada, y sacan con ello el oro y plata, que con tanto trabajo se adquiere y va a buscar a las Indias y partes remotas del mundo. Suplicamos a V. M. se sirva de mandar no entren estas mercadurías en el reino, ni se dé lugar a que buhoneros franceses y extranjeros las vendan en tiendas de asiento, ni por las calles, ni anden en estos reinos con estos achaques, y porque so color de esto y de andar vendiendo alfileres, y peines, y rosarios, hay infinitas espías y quitan la ganancia a los naturales. "A esto vos respondemos: que mandamos que se haga, guarde y cumpla como en esta vuestra petición me supli- cáis, sopera de haber perdido lo que asi metieren en estos reinos y vendieren en ellos de las cosas en esta dicha petición contenidas, con otro tanto de su valor, aplicado lo uno y lo otro, por tercias partes, Cámara, Juez y Denuncia- dor. Y así mismo mandamos se guarde, cumpla y ejecute lo que está ordenado por el capitulo de las Cortes del año 1552," para la casa, incluso los doseles para las camas y los cobertores de ellas, en las sillas, etc., establece que: "Igualmente se prohibe el hacer ni intro- ducir joyas algunas que tuvieren esmaltes ni relieves, y que sólo pudieran llevar los joyeles y brincos una piedra, con sus pendientes de perlas, per- mitiendo a las mujeres traer libremente cualesquiera hilos y sartas de ellas y que se pudieran traer collares y cinturas y otras cualesquiera joyas para mujeres, de perlas y piedras, con tal que cada pieza de ellas no llevase más de una sola calidad de piedra ni fuera de solos diamantes, sino que lle- vara a lo menos otras tantas de diferente calidad. Que los hombres pudieran traer cadenas, cintillos de oro y aderezos de camafeos y perlas en las gorras y sombreros. Que no se puedan hacer piezas algunas de oro, plata ni otro metal con relieves y personajes, excepto las que se hicieren para beber, con tal que no pasaran de tres marcos, y las que se destinaran para el culto divino. Que no se pudieran hacer braseros ni bufetes de plata, de cualquier hechura que fuesen, excepto braserillos de hasta cuatro marcos y no más. Se permiten sillones de plata, con tal que sean lisos, sin relieves, per- sonajes, ni otra labor ni guarnición, sino sola una a los cantones, y que las gualdrapas de ellos pudieran tener chapería de plata, como no fuera de personajes ni relieves. Todo lo labrado contra esta pragmática se permite usar hasta que se acabe, venderlo, y trocarlo, con que no se mude la forma que tenía al tiem- po de la promulgación y registrándose ante las Justicias del Distrito en donde se encontrara". UBLICADA EN SEVILLA EL AÑO 1585, APARECIÓ una obra que tiene por título "Varia conmensuración para la escultura y arquitectura", escrita por Juan de Arfe y Vi- llafané, "natural de León, escultor de oro y plata". Dícese que la obra está destinada a los plateros y a su arte, pero es más bien un tratado de erudición general, donde, empezando por conocimientos mate- máticos, principalmente de aplicaciones geométricas, se deriva al estudio - 63- de módulos y proporciones, del cuerpo humano y de los animales, para llegar a una serie de definiciones sobre los órdenes arquitectónicos, ence- rrándolos en proporciones rígidas y definidas, que indudablemente dan a la pieza que por ellos se construye una belleza prestada y artificial, res- tándole toda la espontaneidad que hasta ahora tuvieron en general los tra- bajos del Renacimiento. Las últimas páginas de la obra están destinadas a definir las proporciones de un cierto número de piezas que pudieron tra- bajarse en oro y plata, estudiadas desde un punto de vista arquitectural, prescindiendo de la manufactura y del oficio. Representa este título II de la obra apenas un 12 por 100 del trabajo total, y más que el estudio de la belleza del trabajo son una serie de defi- niciones rígidas en las que se establecen las proporciones absolutas de los ejemplares que se estudian. Las figuras que decoran estas mismas defini- ciones, con mucha frecuencia la mitad dibujada por perímetros rectilíneos envolventes del conjunto y la otra mitad desarrollada dentro de aquel pe- rímetro con arreglo al gusto de su tiempo, demuestran bien claramente lo que representó la distribución de masas y la elección de proporciones en los finales del siglo XVI y en los comienzos del siguiente. i UE UNA REACCIÓN VIOLENTA LA PRODUCIDA EN el siglo XVII sobre las composiciones frías de superficies lisas, de masas recortadas por trazados geométricos, que fueron la característica del tiempo de Felipe II. Los ejempla- res se llenan de una ornamentación exagerada, sobre modelos todavía de tipos clásicos, pero con frecuencia atormentados; esta ornamentación es algo completamente opuesto al modo de componer de aquellos artífices lombardos que trabajaron un siglo antes, en tiempo de los Reyes Católi- cos. Es una ornamentación ampulosa, de una gran exageración de forma, en la que no se destacan los grutescos o las guirnaldas, que siguen un rit- mo armonioso y definido sobre el ejemplar, porque ahora la hojarasca re- llena toda la superficie que se decora. Es un empedrado de decoración que maciza las superficies, dando a los conjuntos una falsa sensación de sun- - 64 - tuosidad y de riqueza, con la característica de que muchas veces este exce- so de ornamentación se circunscribe a un cuadrado o un rectángulo, que se repite a lo largo de la pieza, que resulta como rellena de cuarterones que incluso pueden dar la sensación de postizos. Estos ejemplares, de una gran apariencia, de un relieve desproporcionado, con un repujado algo exuberante de decoración y con afectados contrastes, están hechos sobre la pieza, la mayor parte de las veces de un espesor desproporcionadamen- te fino y dan la impresión de un esfuerzo supremo para producir la sensa- ción de una falsa riqueza. Está inspirada esta manera de interpretar la decoración, en que du- rante el siglo XVII no se reconoce un valor positivo al arte; se ha llegado a una saturación de armonía en las proporciones y en la decoración, y ante la necesidad de hacer algo nuevo, más se pretende emocionar por el exceso de valor intrínseco, aunque sea ficticio, que no por la acertada disposición artística del conjunto. La escultura, como reproducción de la figura humana, desaparece casi por completo. Se trabajan mascarones, cariátides y monstruos de formas ampulosas y exageradas, revueltos en volutas asimétricas, completando la misma impresión artificial de riqueza; pero la figura humana o los faunos y ninfas que en líneas perfectas y clásicas adornaron los trabajos del pla- teresco, no decoran los ejemplares del siglo XVII. Como consecuencia de todo lo dicho, se comprenderá perfectamente que sean muy raras las piezas en las cuales aparezcan los trabajos del cin- cel depurando curvas y modulando superficies; en cambio, se extiende mucho más que en la época anterior y se vulgariza el empleo de los esmal- tes, casi siempre opacos, rara vez interpretando figuras o composiciones y casi siempre formando medallones o superficies geométricas que cons- tituyen dentro de los conjuntos contrastes de color, que a su vez están in- tegrados por una serie de combinaciones geométricas en colores distintos, alguna vez, pero muy pocas, con estilizaciones florales, y en composicio- nes que admiten el empleo de un número grande de colores alternados y opuestos para dar una nota brillante sobre la superficie labrada de oro o de plata. El carácter monumental de la pieza, basado en las proporciones arqui- — 65 - tecturales, que quedó académicamente definido en la obra de Juan de Arfe, se pierde la mayor parte de las veces en los trabajos del siglo XVII, donde los perímetros se alteran por el exceso de labor, pero las incrustaciones de piedras de colores o de esmaltes, se disponen sobre el ejemplar formando líneas, unas veces concéntricas, otras veces distintas del perímetro gene- ra! y donde siempre se altera el buen gusto por el exceso de labor y por ia ostentación que pretende justificar un exceso de precio. Falta decir que en esta época, en Córdoba principalmente, en Sala- manca y en Astorga después, y en algunas otras regiones de España con menos intensidad, reaparecen las labores de filigrana que habían sido poco menos que olvidadas durante los siglos que les precedieron; pero así como antes estos trabajos fueron una decoración de línea sobre las su- perficies planas de los ejemplares románicos, ahora constituyen el cuerpo del ejemplar. Tienden a formar un tejido que sustituya la superficie que modula la pieza y por la variación de su articulación propia, por el tipo de ligamento que se adopta para cada parte de la superficie de la pieza, se obtiene una variante de transparencia o de color, que forma parte de la decoración, que se completa por elementos mismos de la filigrana, arro- llados en espiral, unas veces, desplazados de las superficies, otras, buscan- do la serie de combinaciones que tolere la resistencia del objeto que se construye, dando variantes de transparencia, relieves y macizos que sus- tituyen en superficies sencillas a las variaciones de perímetro. La ampulosidad de decoración, que es la nota más saliente de todo este tiempo no es, ni mucho menos, sinónima de la exuberancia de imaginación que caracteriza a nuestros artífices del siglo XVI. En las obras del plate- resco son los temas de ornamentación consecuencia o producto de una imaginación brillante, porque en cada una de las columnas o de las distin- tas partes de un friso, en los elementos que arquitecturalmente se repiten en un ejemplar, cada uno de los motivos de decoración son esencialmente distintos, aunque guardando un conjunto de simetría, un equilibrio de pro- porciones de figuras y de detalles, que tal vez en un principio harían su- poner que las decoraciones se repiten en cada basamento, en cada capitel o en cada cornisa. Pero ahora, en el siglo XVII, cuando se pretende dar la sensación de que se tiene una exuberancia de imaginación, de trabajo y de arte, ocurre, con mucha frecuencia, todo lo contrario. Ciertamente que no es fácil llegar al análisis de la decoración que recubre cada trabajo, porque ésta es compleja y abrumadora; pero comparados los distintos ele- mentos que integran un conjunto, nos encontramos con que la decoración se repite simétricamente en todos ellos, o por lo menos de un modo rítmico y, por lo tanto, que la composición no ha sido más que una multiplicación de un detalle o de un motivo, que monótonamente decora cada uno de los elementos del ejemplar. Las joyas durante el siglo XVII se construyen siguiendo la misma norma que se siguió para la fabricación de los objetos de uso y de ostenta- ción en plata y oro. Empiezan a desarrollarse los motivos ornamentales rellenando una superficie, la mayor parte de las veces, de perímetros geo- métricos sencillos, óvalos, rectángulos o círculos, sobre los cuales se en- garzan las piedras más o menos grandes, ampliadas aparentemente por la montura que se prolonga en planos oblicuos pulidos hasta llegar al cuer- po de la pieza, y las piedras colocadas sobre una malla formada de decora- ción, como pudiera concebirse un encaje de motivo menudo y con bridas, labrado a la aguja. Los esmaltes se emplean muchas veces sobre estas superficies geomé- tricas de triángulos de rombos o rectangulares, que encierran la inicial o el atributo de una Orden o Cofradía, resiguiendo las bridas que unen entre sí las decoraciones florales y rellenándolas algunas veces, para dar al con- junto un aspecto de policromía que tal vez tenga su origen en los trazados de aliceres árabes, de siglos ya muy distantes. La obsesión de satisfacer los gustos fastuosos de la época, hace que se fabriquen piezas enteras cubiertas de piedras, sin que ni el oro ni la pla- ta casi aparezcan para nada. Hasta ahora la piedra se había considerado como un accesorio más o menos interesante de una composición cincela- da, pero sin sacrificar a sus relieves el motivo principal de la composición y mucho menos a los perímetros. Las joyas de este tiempo, por el contra- rio, sólo dan importancia al amontonamiento de pedrería, en el que la com- posición de conjunto carece absolutamente de interés. En general, sólo se usan los brillantes o las perlas, y los ejemplares son una superficie monocroma, y tan sólo hacia mediados del siglo XVIII se entremezclan a las brillantes piedras de colores que dan un poco más de espiritualidad a los macizos de pedrería de los tipos anteriores; pero es moda que desaparece rápidamente, sin que vuelva a estar en uso de un modo franco hasta mediar el siglo XIX. S EL TRABAJO DE PLATA DEL SIGLO XVI11 UNA repercusión del arte de la orfebrería en Francia. Las deco- raciones asimétricas de un barroquismo francés, se impu- sieron como elementos decorativos de nuestros ejemplares, en los que no se trabaja con el amontonamiento de ornamentación y el exceso de relieve del siglo precedente; los motivos y composiciones se distribuyen sobre todo el ejemplar, pero con mucha mayor discreción y mucho menos relieve, y, en general, la pieza tiene formas y proporciones independientes, hasta cierto punto, de los motivos que integran la deco- ración. Así, por ejemplo, una bandeja puede tener marcada una cenefa, que se acusa por una diferencia de altura de plano sobre el conjunto de la pieza, y la decoración puede ser un motivo que, adaptándose a su pe- rímetro de suaves ondulaciones curvilíneas dentro del trazado geomé- trico total, no imponga 1.a necesidad de rellenar absolutamente de relie- ve toda la cenefa, como tampoco todo el fondo del ejemplar es necesario repujarlo, dejando superficies lisas sobre las cuales se destacan los moti- vos principales, que, por contraste, resultan ahora más bellos y su distri- bución da masas mucho más equilibradas. Estos gustos franceses, que traducen al temperamento español las modulaciones de la Corte de los Luises, tiene una reacción al mediar el siglo, parecida y tan enérgica o más que la que pudieron tener nuestros trabajos platerescos en la auste- ra Corte de Felipe II, iniciándose una moda derivada de los trabajos de estilo pompeyano, que se vulgarizan en esta época. En Salamanca, en As- torga, en Barcelona, pero muy principalmente en Córdoba, adquiere la orfebrería en esta época un interesante desarrollo. Cristóbal Sánchez y Soto, Damián de Castro y José Francisco de Valderrama llegan a tener un renombre muy merecido. Sin embargo, en general, la orfebrería se halla en - &— s una evidente decadencia, y así, por ejemplo, nos encontramos con que en Toledo, donde en todas las épocas la platería tuvo un notable desarrollo, se inicia una marcada decadencia desde el tiempo de Carlos II; en esta pro- vincia, durante el reinado de Felipe V, a pesar de los esfuerzos de este Mo- narca, no pasan de veintiséis los artífices que trabajan en plata en la capi- tal y cuatro los que trabajan piezas de oro, y en el mismo tiempo había en todo el partido de la provincia otros ocho plateros: uno en Yébenes, otro en La Puebla de Montalbán, otro en Torrijos, otro en Pinto y varios en Al- calá, Talavera y Ocaña (1), estadística que demuestra lo poco que se traba- jaba en oro y plata. "La notable decadencia a que llegó la platería en el reinado de Fernando VI obligó a sus individuos a pensar los medios de su restablecimiento, siguieron el ejemplo de otros artistas y pensaron poner remedio a sus atrasos por medio de unas Ordenanzas que presentaron al mismo Monarca para su aprobación. Esta la obtuvieron por Real cédula de 15 de Julio de 1754." Pero el estado de la industria de la plata y el oro en España al termi- nar el siglo XVII nos la pone de manifiesto Larruga en sus "Memorias Po- líticas y Económicas" al decir que: "En notoria infracción de estas leyes, eran casi comunes, así en naturales como en extranjeros, la malicia y abu- sos por todo el siglo pasado, en que apenas se vendía alhaja alguna que no estuviese adulterada de algún modo; y como este vicio era más paten- te en Madrid, estimó el Gobierno para su remedio dar una Ordenanza, su- jetando a ella a todos los artífices de la corte; fue aprobada por Real cé- dula de 5 de Diciembre de 1695." En realidad, la orfebrería, por el contrario, debía haber llegado en España a un grado de desarrollo superior al que pudiera tener en otros países, si se tiene en cuenta la cantidad enorme de primeras materias, oro y plata, que durante el siglo XVI y el XVII se recibieron de América; pero nuestra legislación gremial, exageradamente rigurosa, imponía un criterio durísimo y obligaba al fabricante a que sus producciones sean absolutamen- te perfectas y a que las primeras materias constantemente guarden la ley establecida, sin tener en cuenta que con ello se favorecía la competencia (i) Urrnga: Memorias Políticas y Ecmémicw de los extranjeros, que produciendo ejemplares más o menos vistosos, pero sin ninguna de estas características, e introduciéndolos de contra- bando, los pudieron vender a precios mucho más económicos, arruinando a las fábricas y a los productores nacionales; en aquellos tiempos, en cam- bio, se toleró el curioso comercio de los "corredores" (1), nombre que se les da en unos pueblos, y en otros, el de chomberos, y cuya ocupación es adquirir noticias de quién venda platas y oros en poca o mucha cantidad". Es de la mayor curiosidad e interés cuanto con este oficio se relaciona, porque demuestra de qué manera se perdió aquella inmensa riqueza de metales finos que durante tres siglos recibimos constantemente de Amé- rica. "El fin por que buscan estos metales es por la utilidad que les dan por onza varias personas dedicadas al contrabando o extracción de estos me- tales. Estos extractores aceptan cuanta plata les llevan; acostumbran a fundirla, aunque sea en la oficina de un latonero, u otros que saben derre- tir la plata, la reducen a tejos pequeños, y así la sacan del Reino. Los tales chomberos no se paran en examinar si la alhaja que compran es mal habi- da, y ellos saben muy bien burlar, como educados en el oficio, las más ex- quisitas diligencias de la justicia. Sobre este perjuicio que hacen a la fe pública, hacen otros, como son el que muchas veces las casas de moneda se hallan escasas de platas, trascendiendo también a las oficinas de las demás artes que las necesitan. No hay duda que si estos extractores saca- sen las platas y oros en rieles, tejos o moneda fuera de registro, se expon- drían a que los ministros del resguardo lo impidiesen y se les comisasen; y as!, para evitar este caso, saben ya los extranjeros que tienen este desti- no, reducir los metales a piedras imitando el alumbre u otros colores, o hechos agua de color de leche, verde, azul y dorada, que pueden salir con el nombre de agua de quitamanchas, y como en las Aduanas no hay inteli- gentes en estas operaciones, podrá ser muy bien que se les despache en ellas engañados con tales apariencias, así como también reducidos dichos metales a escoria de herreros y latoneros, las que como materias desprecia- bles las recoge la embarcación prevenida, como que son para servir de las- tre. Las barras de estaño entran y salen por las puertas y Aduanas como ta- co Larruga: Memorias Políticas y Económicas. les, y muy bien puede ser su corazón de plata. Así como ha sucedido ven- der los extranjeros barras de oro y plata, siendo su interior cobre o hierro blanco; como se dirá cuando se trate en general del comercio de los me- tales". (1). Al terminar el siglo XVIII, el número de individuos que trabajan en plata en Madrid llega a unas ochocientas personas entre maestros, oficia- les y aprendices, de los cuales apenas veinte eran los que podían comprar con su dinero las partidas de oro y plata vieja, surtiendo a sus compañe- ros pobres y hasta haciendo con ellos un negocio, pues les cobraban un real de vellón más del valor que según la ley se debía pagar por onza. En aquellos finales del siglo XVIII había en Madrid unos 115 maes- tros plateros de oro, llamados vulgarmente diamantistas; 119 maestros plateros de plata y 450 oficiales, entre cinceladores, forjadores, vaciado- res, bruñidores, pulidores, lapidarios y abrillantadores; pero, según dice el mismo Larruga, muchos son los que no tienen trabajo continuo y los más viven en la miseria, así por esta desgracia como por carecer de los mate- riales para las obras y faltos de los utensilios y las herramientas que les se- rían de primera necesidad para la manufactura. Durante la primera mitad del siglo se inicia la industrialización de la producción y se establecen en Madrid un cierto número de fábricas o ta- lleres de relativa importancia para fabricar objetos de platería, entre ellos parece ser uno de los más notables el de D. Tomás Buenafuente, natural de Soria, asociado con un extranjero de Frisburgo, llamado Bartolomé Balmet, quien a la muerte de Tomás Buenafuente no se decide a continuar la fabricación, adquiriéndola un tal Francisco Novi. Esta parece ser que fue una de las primeras instalaciones que trabajan con máquinas, haciendo por troquelado hebillas de plata, medallas y otras piezas obtenidas por estampación. La máquina trabajaba mediante volantes que accionaban troqueles, tallados en acero con el mayor cuidado, y el éxito obtenido dio lugar a que D. Antonio de Espinosa, grabador de la Casa de la Moneda de Segovia, acabara por establecerse también en Madrid con un volante para acuñar medallas; de todos modos, el negocio no debió ser demasiado (i) Larruga: Obra espléndido, porque Novi dejó Madrid al extenderse a otros las franqui- cias concedidas a su fábrica por el Decreto de 18 de Junio de 1756, esta- bleciéndose en el Puerto de Santa María. Poco después, el año 1772, aparecen los hermanos Gaudines también con una máquina, que no solamente es un troquel de volante, sino que, a juzgar por la descripción que ha llegado hasta nosotros, obtenía la estampación por la caída de un mazo, es decir, por un martillo-pilón, el cual en cuatro golpes terminaba la pieza, que, a juzgar por las referencias de la época, quedaba perfecta, pudiéndose dar a la venta sin necesidad de bruñirla. Esta máquina, más adelante, fue adquirida por la platería de Martínez y aparece en el taller de éste, modificada. También por aquel entonces se inicia en la corte la talla de las piedras preciosas. Al mediar el siglo no se encontraba en Madrid quien supiera hacer esta operación, excepto dos hermanos, Carnay, franceses, que traba- jaban únicamente para la joyería de Palacio y tenían buen cuidado de no tener español alguno en sus obradores. Como consecuencia de la enferme- dad de uno de ellos fue llamado de París su sobrino Juan Bautista de Says, quien trabajó primero con ellos y más adelante y por muerte de los dos Carnay quedó sirviendo la plaza con el sueldo de cien doblones anuales; pero poco después aparecieron dos molinos que trabajaban en la corte, uno de Lorenzo Silva, en la Puerta de Guadalajara, y el otro en la Cava de San Miguel, dirigido por Juan Maturino, el primero con aprendices españoles. Los dos molinos los había costeado un tal Lorenzo Mengües y trabajaban por su cuenta. Poco a poco la industria fue adquiriendo cuerpo de natura- leza y desde entonces la talla de las piedras preciosas se vulgarizó en Ma- drid y en España. Pero la fundación más interesante fue la de D. Antonio Martínez, pensionado por el rey Carlos III en París y en Londres, que llegó a la corte en 1778 después de haber trabajado en Zaragoza y en Huesca, donde había hecho la custodia de plata para la iglesia de Angües, estableciendo la fá- brica a expensas de la Casa Real, "obligándose a enseñar la construcción de alhajas finas y comunes de oro, plata, similor plata y acero con esmal- tes, y embutidos, y sin ellos, y las máquinas e instrumentos que facilitan y perfeccionan la buena ejecución, con lo demás perteneciente al conoci- — 72 — miento mecanísimo y uso de este ramo de industria", según Real cédula de 29 de Abril de 1778. Se instaló la fábrica en la calle de Francos, desde don- de pasó a la calle de Alcalá, en la esquina de la actual calle del Barquillo, donde su instalación es ya de gran importancia y donde la producción adquirió un considerable desarrollo; pero desde este sitio se le hizo repen- tinamente mudar el taller el año 1787 a la calle de las Infantas, a un local de peores condiciones, lo que hizo indispensable el reducir los talleres y la producción. Posteriormente se construyó un edificio para esta fábrica en la terminación de la calle de las Huertas, entre ésta y la del Gobernador, frente al Jardín Botánico, construyéndose un notable edificio que ha lle- gado casi hasta nuestros días, empezado el año 1792 con sujeción a un proyecto de Francisco Ribas, completado más adelante por el ingeniero militar Carlos Vargas (1). "En esta fábrica se trabajaban obras de oro, similor y plata. En oro se hacen espadines, hebillas, cajas, alfileteros, puños de bastón, broches, co- llares de señoras, toisones, veneras de todas Ordenes, sellos, botones y todo lo que viene de fuera, que es de moda. Estas piezas se labran de va- rios gustos, unas con sobrepuestos de oro, de varios colores, hechos en la fundición para su permanencia, sin que por la liga de otros metales que lleva falte a la ley; otras con varios esmaltes; otras, caladas; otras, tornea- das en diversos gustos, imitando aguas y lentejuelas, a semejanza de la obra extranjera. "En similor se trabajan muchos géneros de dijes, y particularmente cuando viene alguna moda de fuera del Reino, la que se procura imitar lue- go, como se hizo hará seis años con las cruces llamadas chanetas; las que inmediatamente vieron los mercaderes que salían las de esta fábrica con más equidad y perfección las prefirieron y fue preciso ocupar en esta ma- nufactura muchos oficiales. "En plata se labran escribanías, bandejas, mancerinas, vinajeras, azu- careros, saleros y otros varios artículos; todo hecho de martillo, con varios sobrepuestos estampados en diversas máquinas con troqueles de acero, grabados en fondo, y mucha parte de su adorno calado en diferentes la- bores en otras máquinas, a imitación de la obra inglesa; asimismo se hacen hebillas de filetes, cabos de cuchillo, cubiertos, escudos, medallas, botones y todo género de dijes, y todo a martillo. Para que estas piezas entren en las máquinas que {acuitan sus labores es necesario que al mar- tillo se les dé su primer forma. Esta operación es de bastante dificultad, tanto por el forjado, grabado de troqueles y riesgo que llevan de quebrar- se la primera pieza que así se trabaja, como por el mucho coste de las máquinas en su primer construcción y en haberlas de mantener co- rrientes." (1). Es curioso conocer que esta fábrica, una de las empresas industriales más interesantes de Carlos III, tenía un taller de obras de oro, taller para modelar, cincelar y grabar en oro, plata y acero, taller para esmaltar, taller para obras de plata, formar y soldar las piezas, taller de fundición, taller para el forjado a martillo, taller de! estampado en máquinas, taller de afi- naciones, taller de tornos y calados, y de maquinaria, herrería y carpintería. Salieron de sus talleres un número considerable de discípulos, que fueron los que durante los comienzos del siglo XIX difundieron por Espa- ña los procedimientos y la técnica del taller de Martínez; así, entre otros: Nicolás Roche y Juan Nivel, que pusieron tienda en la calle de Ca- rretas. Domingo Conde, pensionado por el Señorío de Vizcaya. Inocencio Eloria, por la provincia de Álava, donde trabajó luego obras de bronce. Ignacio Macazaga, que más adelante se especializó en fabricar tro- queles y punzones. Antonio de Nieva, de la provincia de Málaga. José Martí, que sufrió no pocas contrariedades al pretender estable- cerse en Barcelona, como José Rovira, Cayetano Farsult, Francisco Mo- liner, que trabaja después en Zaragoza, y otros y otros cuyas obras son lo más serio y lo más importante de la producción española del siglo XIX. Los trabajos de Martínez constituyen una reacción sobre el gusto de las obras que les precedieron. Están inspirados todos ellos en las obras (i) Larruga: Obra citada. pompeyanas, que se pusieron en moda en Europa pocos siglos antes de establecerse la fábrica en Madrid Desde luego, las piezas construidas en estos talleres recuerdan, en general, los ejemplares griegos de gusto más perfecto y depurado. La perfección del perímetro, la corrección de formas y la distribución de masas, buscando siempre una elegancia depurada, es constantemente el ideal de toda pieza que se trabaja en el taller. La deco- ración es nada más que un complemento, un accidente que presenta el ejemplar, es algo que distrae un instante la vista para indicarnos, por la minuciosidad de la labor, lo perfecto de la mano de obra; pero, en general, las piezas buscan la belleza en lo agradable del conjunto, reapareciendo como consecuencia las superficies lisas de plata bruñida o de oro, que ostentan su belleza intrínseca sin necesidad del amontonamiento de relie- ves y de hojarasca que les precedieron. Son, en general, las piezas que vulgarmente se conocen con el nombre de ejemplares de la época del Im- perio, y muchas obras de la fábrica de Martínez y de sus discípulos y de su gusto diseminado por toda España son anteriores al siglo XIX. Algo des- pués se recurre con frecuencia al agallonado y, como derivación, a las su- perficies estriadas, pero estas mismas disposiciones dan la impresión de que se respeta en el ejemplar las proporciones y la línea y casi puede de- cirse que se pretende dar una decoración sin darla. Cuando, más tarde, en la fábrica de Martínez trabajaban sus herede- ros; cuando en España labraban sus discípulos; cuando, después de la guerra de la Independencia, los gustos de la época romántica se imponen en la sociedad española, vuelven a recargarse los ejemplares de un modo progresivo, con decoraciones cada vez más importantes. Las superficies lisas estriadas o agallonadas alternan con generatrices de perlas de plata o de metal, con mucha frecuencia de diámetro progresivo, dando al ejem- plar un aspecto de mayor riqueza y de mayor precio que los trabajados en los finales del siglo XVIII. Algunas piezas construidas en arte gótico o Renacimiento, como re- cuerdo de tradiciones y leyendas, completan los trabajos de esta época ro- mántica, en la que la orfebrería española sigue en líneas generales los ca- minos trazados por los artistas ingleses y franceses, sin una personalidad característica que los clasifique con independencia de los demás países. ON MOTIVO DE LA E X P O S I C I Ó N DE Orfebrería Civil Española, se reunieron un cierto nú- mero de punzones o marcas de localidad, que se con- sideraron como elemento fundamental para el estu- dio y clasificación de cada pieza, y esta es la razón de que se publiquen todos los que llegaron a nuestro conocimiento, aun en el caso de que no figurasen en los ejemplares presentados; utilizamos para ello algunos de los reunidos en los comienzos del siglo actual por la Condesa de Valencia de Don Juan, de los coleccionados por H. P. Mitchell, del Museo Victoria y Alber- to (S. Kensington), de Londres; de los publicados por M. Gudiol en el "Anuari del Instituí d'Estudis Catalans" y de los facilitados por los seño- res Gómez Moreno, Ángulo y Ferrándiz, a todos los que damos desde estos renglones las más sinceras gracias. No pretende esta relación reproducir todas las marcas españolas, o aun algunas hoy extranjeras que directamente se relacionaron con él, pero si dar una primera serie, que seguramente completará en muy poco tiempo el entusiasmo y la diligencia de muchos aficionados y profesiona- les que hasta ahora prescindieron de este detalle, tan interesante para el estudio de nuestra orfebrería española. Las reproducciones de las marcas se hicieron con el mayor cuidado, repitiendo numerosas veces y por distintos dibujantes aquellas que ofre- cían dificultades de interpretación, que fueron muchas; cuando se ha po- dido, se ha completado un trazado con los elementos tomados de dos o tres ejemplares marcados con el mismo punzón; pero as! y todo, es posible que alguno de nuestros dibujos requieran alguna ligera modificación, cosa que podrá hacerse cuando se puedan examinar nuevas piezas, hoy desco- nocidas o que por diferentes razones no se encontraron a nuestra disposi- ción para su estudio. - 7 7 - ALCALÁ DE HENARES.-Céliz del siglo XVI que se conserva en Alcalá de Henares. ASTORGA.— Cruz menor y portapaces de Astorga; siglo XVI. ASTORGA.—Cáliz de Castrotierra, provincia de León; comienzos del siglo XVII. AVILA.—Cáliz de plata dorada con medallones de es- maltes, guardado en el Convento de las Tri- nitarias, de Madrid; siglo XVII. AVIÑON.—Céliz de finales del siglo XIV, en la Iglesia parroquial de Caspe. Época del antipapa Luna. BARCELONA.—Ejemplar gótico, en el Museo de Vic- toria y Alberto, de Londres. BARCELONA.-Placas del retablo de Gerona del si- glo XV. BARCELONA.—Cruz de Geltrú del siglo XVI. BARCELONA.—Cruz de Vallformosa del siglo XVI. BARCELONA.—Custodia de Ejulve; siglo XVI. BARCELONA.—Busto de San Andrés, de In parroquia de San Gil, en Zaragoza; siglo XV!. BARCELONA.—Jarro de plata repujada do! Marqués de Arcicollar; siglo XVII. BARCELONA.-Cruz de Menorca del siglo XVII. m __ffff W ML I BARCELONA.—Cruz de Riudecolls; segunda mirad BILBAO.—Ejemplares anteriores al siglo XVIII. BILBAO.—Ejemplares posteriores al siglo XVIII. BURGOS.—Cáliz existente en Daroca; siglo XV. BURGOS.—Viril gótico de la Iglesia de San Hipólito, de Palencia. BURGOS.—Bandeja repujada del siglo XVII. CÁDIZ.—Ejemplares posteriores al siglo XVII. CALAHORRA.- Cruz del siglo XV que figuró en la Ex- posición de Burgos del año 1921. CALATAYUD.—Portapaz del Pilar de Zaragoza del siglo XVI. CASTELLÓN DE AMPUR1AS.—Cruz procesional, en la Iglesia de Cadaqués; siglo XVI. CERVERA.—Cruz provisional de Cardona; siglo XV. CERVERA.—Cruz procesional de Tarraga, de fines del siglo XVI. CERVERA.—Cruz procesional de Vilagrasa del si- glo XVII. CÓRDOBA.—Jarra de plata del siglo XVII. CÓRDOBA.—Ejemplares anteriores al siglo XIX. CÓRDOBA.— -Marca conservada en el Ayuntamiento de la ciudad. CÓRDOBA (?).— Ejemplares del siglo XVIII. Pudiera ser Zaragoza. CÓRDOBA. — Marca conservada en el plomo del Ayuntamiento de Córdoba. CÓRDOBA (?).— Pudiera ser Zaragoza. Ejemplares del siglo XVII y XVIII. CÓRDOBA (?).—Pudiera ser Zaragoza. Ejemplares del siglo XVIII y XIX. CÓRDOBA.—Punzón que se conserva en el plomo del Ayuntamiento de la ciudad. CÓRDOBA.—Punzón que se conserva en el plomo del Ayuntamiento de la ciudad. COSUENDA. Cruz procesional de Cosuenda del si- glo XV. CUENCA.—Paz de Uclés de la ciudad de Ciudad Real; siglo XVI. DAROCA.-- Cruz de Albalate del Arzobispo; siglo XV. DAROCA.— Cruz de Herrera del siglo XVI. GRANADA.—Cruz que se conserva en la Catedral de la ciudad; siglo XVI. GRANADA.—Marcas en ejemplares posteriores al si- glo XVI. GRANADA.- Vinajeras de la Catedral de Granada en los finales del siglo XVIII. GRANADA.-Ejemplares del siglo XVIII al XIX. GRANADA.—Ejemplares del siglo XVIII al XIX. GERONA.—Cruz de oro de la Catedral de Gerona de comienzos del siglo XVI. GUADALUPE.—Ejemplar del siglo XVI que se supone fabricado en el Monasterio de Guadalupe. HUESCA.—-Marca interpretada en ejemplar de época mal definida. HUESCA.—Díptico portátil del año 1657. HUESCA.—Mazas de la antigua Universidad de Hues- ca; siglo XVIII. JAÉN.—Custodia de la Catedral de Jaén del siglo XVI. JAÉN.—Pie de cruz gótica con detalles platerescos; siglo XVI. LEÓN. —Ejemplares posteriores al siglo XVIII. LÉRIDA.—Ejemplar gótico del Museo de Victoria y Alberto, de Londres. LÉRIDA.—Cruz relicario de la Iglesia de San Pedro de Ager; siglo XV. LÉRIDA.—Cruz de Castellón de Farfanga en el si- PEB glo XVI. LÉRIDA.—Cruz procesional de Torres del Segre de comienzos del siglo XVII. LÉRIDA.—Platillo repujado de la colección del Mar- qués de Arcicollar; siglo XVI. LOGROÑO.—Candelabros del siglo XVIII, de Santa María de la Redonda, en Logroño. LUGO.—Ejemplar estilo imperio de finales del si- glo XVIII. MADRID.-Ejemplares del siglo XVII. MADRID.- Ejemplares de comienzos del siglo XVIII. MADRID.—Piezas del siglo XVIII. MADRID.-Piezas del siglo XVIII. MADRID.—Ejemplares de la segunda milad del siglo XVIII y del siglo XIX. MANRESA.—Marco gótico de la colección Nogués. MANRESA. — Cruz de Villar de Castellbell del año 1599. MÉJICO.—De la colección de ln Condesa de Valencia de Don Juan. MÉJICO.—Salvilla repujada del siglo XVII. MONTBLANCH.—Cruz procesional de Glorieta; si- glo XV. MONTBLANCH. -Cruz procesional del Museo de Barcelona, del siglo XV. MORELLA. — Cruz procesional de Linares, del si- glo XV. MORELLA.—Custodias de Tronchón y de Cuevas de Cañart. MONZÓN.—Cáliz de la Iglesia de Forfanete; siglos XV al XVI. MURCIA.—Bandeja de plata repujada del siglo XVIII. MURCIA.- Ejemplares del siglo XVIII. OVIEDO.—Ejemplar del Museo de Victoria y Alberto, de Londres. PALENCIA. Andas do la Custodia de la Catedral de Palencia; siglo XVII. PALENCIA.—Cruz parroquial de Valdespina del si- glo XVI. PALMA DE MALLORCA.-Ejemplar gótico del Mu- seo de Victoria y Alberto, de Londres. PALMA DH MALLORCA.—Cruz parroquial del pue- blo de Villanueva de la Cuerza. PAMPLONA.—Bvangelario de la Catedral de Pam- plona. PAMPLONA.—Un salero en plata del siglo XVIII. PAMPLONA.—Candeleros y cubiertos de finales del siglo XVIII. PAMPLONA.—Plata de mesa de comienzos del si- glo XIX. PERPIÑAN.— Cruz parroquial de la Iglesia de Perala- da en el siglo XIV. REUS.—Cruz parroquial de la Iglesia de Riudecols; comienzos del siglo XIX. SALAMANCA.—Cruz de plata sobredorada del Con- vento de Agustinas de Salamanca; comienzos del siglo XVI. SALAMANCA.—Bandeja de plata del Instituto de Va- lencia de Don Juan; siglo XVIII. ## SALAMANCA.—Bandeja de plata repujada del Insti- tuto de Valencia de Don Juan; siglo XVIII. SANTIAGO. —Aguamanil de la Catedral de Santiago; siglo XVII. SANTIAGO.—Ejemplares del siglo XVII, en la Ca- tedral. SANTIAGO.—Ejemplares del siglo XIX, en la Catedral. SBGOVIA.—Patena gótica, regalo de D. Beltrán de la Cueva a la Catedral de Segovia. SEGOVIA.—Custodia gótica de Segovia. SEVILLA.—Portapaz de comienzos del siglo XVI. SEVILLA.—Portapaz de la Catedral de Zaragoza, del siglo XVI. SEVILLA.—Portapaz de la Ascensión y de la Resurrec- ción, de la Catedral de Sevilla. SEVILLA.—Portapaz de la Iglesia de Santa Ana. SEVILLA.-Ejemplares del siglo XVIII. SEVILLA.—Ejemplares de los siglos XVIII y XIX. TARRAGONA.—Cruces procesionales de Falset, Po- baleda y Puebla de Ciervols; siglo XV. TARRAGONA.—Cruz procesional del Museo de Bar- celona; siglo XVI. TARRAGONA.—Cruz procesional de la Cofradía de la Luz, en Montblanch; año 1628. TERUEL.—Piezas góticas, en la Catedral. TOLEDO.—Hostiario gótico con la doble marca, la primera indicando Toledo y la torre ciudad. TOLEDO. -Bandeja de plata del siglo XVII de la co- lección Nogués. TOLEDO.—Custodia de la Catedral de Toledo, TOLEDO.—Del pie de la custodia de la Catedral; de 1702 a 1739. TOLEDO.—Cuchara del siglo XVIII de la colección Marqués de Arcicollar. TOLEDO.—Bandeja repujada y nielada del siglo XVIII. ¿TOLEDO?—Jarro de plata de comienzos del siglo XVII, del Palacio Real. Jarro de plata del si- glo XVI, del Instituto de Valencia de Don Juan. Tal vez sea marca de platero de la Casa Real. UBEDA.—Ejemplar del siglo XVIII de colección par- ticular. VALENCIA (?). Ejemplar del siglo XVII de colec- ción particular; pudiera ser Lisboa. VALENCIA (?). —Ejemplar del siglo XVIII de colec- ción particular; pudiera ser Lisboa. VALLADOLID.—Ejemplares góticos de comienzos del siglo XVI. VALLADOLID.-Ejemplares del siglo XVI. VALLADOLID.—Ejemplares del siglo XVII de colec- ción particular. VALLADOLID.—Ejemplares de los siglos XVIII y XIX. VICH.—Cruz procesional de la Catedral de Vich del año 1394. VICH.—Cruz procesional de San Hipólito de Voltregá del año 1577. ZAMORA.-Ejemplares del siglo XVIII. ZARAGOZA (?).—Pudiera ser Córdoba. Cáliz del Se- minario de Zaragoza; siglo XVIII. J> ZARAGOZA.—Palanganero de plata de la Seo de Za- ragoza. ZARAGOZA.—Cruz procesional del pueblo de Munie- sa del siglo XV. ZARAGOZA.—Cáliz de la Iglesia de San Pablo de Za- ragoza; siglo XV. ZARAGOZA.—Bandeja repujada del siglo XVII, de la colección Nogués. ZARAGOZA.—Portapaz de Belchite del siglo XVI. ZARAGOZA.—Cáliz del Seminario de Zaragoza; si- glo XVIII. ZARAGOZA.—Cruz procesional del pueblo de Lece- lílü ra; siglo XV. Cruz procesional de Mataró del año 1611. Cruz procesional de Mataró del mismo año de 1611. Cruz procesional de Castellón de Ampurias. Ejemplar del siglo XVI. CATALOGO CATALOGO Núm. 1. Núm. S. Diadema de oro, lisa, que disminuye gradual- Par de arracadas fenicias, de labor calada, mente hacia los extremos. Se encontró en compuestas de flores de loto alternadas Albuñol, en la cueva de los Murciélagos. con palmetas asirías; aparecen figurillas Pertenece a la época neolítica. afrontadas del buitre sagrado egipcio; tie- Colegio de la Cartuja de Granada. nen gancho y cadenilla de suspensión. Procede de Aliseda. Núm. 2. Museo Arqueológico Nacional. Idoio de oro. de forma de caja de violín, con diadema como las de El Argar y brazos y piernas muy estilizadas. Recuerda los ído- Par de brazaletes, de labor calada, fenicia, for- los de Troya y Creta. Procede de Játiba. mando doble festón de ondas, y 'en los D. Juan Lafora. extremos, palmetas de estilo asirlo con fondo granulado. Procede de Aliseda. Núm. 3. Museo Arqueológico Nacional. Diadema afiligranada, compuesta de muchas piezas articuladas, formando una faja de Núm. 7. rosetas y festones, con bolitas pendientes de cadenillas y terminada por los extre- Piezas de collar, fenicias; son 56, y se han mos en sendas placas triangulares para agrupado formando tres hilos; son estu- adaptarla a la cabeza sobre los tempora- ches de talismán y deben faltar piezas. les. Procede de Aliseda. Longitud, 20 Proceden de Aliseda. centímetros. Peso, 6 0 gramos. Musco Arqueológico Na onal. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 4. Cinturón compuesto por 61 piezas; dos pla- Aro formado por un tubo redondo que va en cas corresponden al broche, cada una for- disminución hacia los extremos, los cua- mada por tres unidas por una parte; les, encorvados, se enlazan cerrando el las 50 restantes corresponden al cintu- circulo y terminan en sendas bellotas, rón- El trabajo es repujado sobre molde hoy aplastadas. Debió sujetar el velo so- de piedra y fondo granulado. Procede de bre el peinado. Procede de Aliseda. Aliseda. Museo Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. 95 - Núm. ». Núm 17. Ciento noventa y cuatro piezas de Inbor de ti- Sortija cuyo aro está adornado con espirales po fenicio, ornamentales, formando pal- enlazadas y el chatón, oval, lleva graba- metas sobre un canutillo; debieron servir do un jinete. Procede de Aliseda. para festonear una tela. Procede de Ali- Musco Arqueológico Nacional. seda. Musco Arqueológico Nacional, Núm. 18. Núm. 10. Ptato de forma circular ligeramente cóncavo, liso y abollado. Procede de Aliseda. Dos cadenillas con un festón ondulado, para Museo Arqueológico Nacional. sujetarlas como borde de aplicación a una tela. Procede de Aliseda. Núm. 1!). Musco Arqueológico Nacional Brasero de plata, cartaginés, circular, ligera- Núm. 11. mente cóncavo con reborde plano, en el cual, por el reverso, conserva el arranque Sello en forma de escarabeo, tallado en ágata de un asa. Procede de Aliseda. roja, montado en oro; gira sobre un se- miaro de chapa. Procede de Aliseda. Museo Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 20. Núm. 12. Sello compuesto de un escarabeo tallado en Sello en forma de escarabeo, tallado en jaspe amatista y montura de oro, giratoria, so- obscuro, montado en oro; gira sobre un bre un grueso aro ondulante con canutillo semiaro de chapa. Procede de Aliseda. de suspensión. Procede de Aliseda. Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. Núm 13. Núm. 21. Sortija cuyo aro remata sus extremos con un Diadema compuesta de una faja central y dos motivo de palmetas de labor calada y extremos triangulares; el fondo de las tres cuyo chatón es doble. Procede de Ali- son otras tantas placas de oro, sobre las seda.. cuales se han hecho los adornos con hili- Museo Arqueológico Nacional. llo y granulado, Procede de Jévea. Musco Arqueológico Nacional Núm 14. Sortija cuyo aro termina por sus extremos en Núm. 22. motivos de volutas; el chatón, doble, esta Cadenilla de oro, que debió pender de uno de formado por dos escaraboides. Procede los extremos de la diadema; en un extre- de Aliseda. mo, una especie de fíbula, que la suje- Musco Arqueológico Nacional. taba al hombro. Procede de Jévea. Nún 15. Museo Arqueológico Nacional. Sortija cuyo aro termina en volutas y el cha- Núm. 23. tón está formado por cuatro rostros hu- manos rellenos de pasta vitrea. Procede Cadenilla de oro, más corta y gruesa que la de Aliseda. anterior; debió servir para sujetar parte Museo Arqueológico Nacional. del aderezo. Procede de Jávea. Musco Arqueológico Nacional. Sortija de aro cilindrico, en disminución hacia Núm. 24. los extremos, y chatón oblongo que lleva Dos collares formados por alambres de oro en grabado un motivo egipcio. Procede de espiral, más gruesos en el centro que en Aliseda. los extremos. Proceden de Jévea. Masco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional Núm. 25. zadas en S, centradas de puntos y encua- Brazatete de plata oxidada, figurando una ser- dradas por ligeras trenzas de hilo de oro, píente con su cabeza muy bien cincelada. con granulado en su interior. Procede de Jávea. Musco Arqueológico de Cádiz. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 34. N ü m - 2G- Colgante central, en forma de sencillo cordón, Dos anillos funerarios, de chapa de oro sobre qU e suspende a cuatro abrazaderas. olma de cobre y otro de electrón, con cor- MlfSI,o Arqu,oUgko dc Cádiz. nulina giratoria los tres. Museo Arqueológico dc Cádiz. Núm. :15. Dos anillos de electrón con piedras ovales &\- Nnm, 27. ratonas. Gran anillo funerario con reducido escarabeo Museo Arqueológico dc Cádis. de aspecto cristalino. Mide 42 mms. Musro Arqueológico de Cádiz. Núm. íjfl. Restos de un collar, compuesto de 10 cuen- í l ü m - 28- tas de pasta amarilla alterada y dos cilin- Par de aretes, con el hilo de oro anudado a dros d e ágata los extremos, dibujando sencillas curvas. Musco ArqilC0¡ógiCQ dc cádiz Mide 22 mms. Musca Arqueológico de Cádiz. Núm. :i7. Dos anillos de la acostumbrada forma de fíbu- Núm * 39- la, con pieza decorativa de elegante fili- Par de pendientes con filigrana, granulado y grana en forma de SS pareadas, cuyos ex- circulo, que debía llevar esmalte en el ex- iremos circulares forman agrupaciones de tremo. Mide 1 7 mms. de diámetro. cuatro volutas, cada una con botón cen- Museo Arqueológico de Cádiz. tral y otro mayor enlazando a los cuatro. Nüm. 30. "">"' ^V"°«»J>'<> ¿' Ctd¡=. Tres piezas de oro, alargadas dos de ellas y Núm. :¡H. más esferoidal la otra, que debieron for- Lazo marinero. Mide 2 0 mms. mar parte de algún collar, MH3eo Arqueológico de Cádiz. Museo Arqueológico dc Cádiz. Núm. Hit. Núra. 31. Cuatro pendientes lisos, de oro, forma usual. Collar de 1 2 cuentas desiguales y dos piezas Midiendo todos ellos 16 mms. tubulares de oro, más 2 0 pequeños cilin- Musco Arqueológico de Cádiz. dros de ágata de muy diferentes dimen- siones, que debió llevar estos tres pen- Núm. lu- dientes de oro: 1.°, un jarroncito sin Tres fragmentos de distintos anillos; dos de asas; 2.°, placa circulnr pendiente; 3.°,ca- electrón y uno de cobre. beza de carnero. Musco Arqueológico de Cádis. Musco Arqucolóíjico de Cádiz. Núm. 41. Núm. Ü2. Par de pendientes desiguales, de tipos ante- Collar de 1 2 grandes cuentas de oro y otros nórmente expuestos. 10 cilindros de ágata de proporcionadas Musco Arqueológico dc Cádiz. dimensiones. Num Musco Arqueológico dc Cádiz. * 42* Anillo o fíbula de electrón, muy deteriorados Núm. 33. sus bordes. Dos abrazaderas o fíbulas con filigrana enla- Musco Arqueológico de Cádis. Núni. 4¡í. ratono, en armazón de oi"o, do marco Trozos de anillos o fíbulas d ecobre. dentado. Tres trozos, uno de anillo de Musco Arqueológico de Cádiz. electrón y otro de fíbula de hierro y un remate cónico de cobre. N í m . 44. Ml(scn Arqueológica de Cádiz. Fragmento de collar, reducido a dos cuentas xrtm completamente cilindricas, de ágata, y - fí4< tres piezas alargadas, de oro, sencillas. Collar de 4 8 cuentas de la mismo perla nmo- r Musco Arqueológico de Cádiz >" a ' m ^ s ^ o s ^ e ágata y una de oro. Musco Arqueológico de Cádiz. Núm. 45. N ú m Anillo funerario, de cobre, con pieza vitrea, y " fl5> fragmento de otro Collar femenil con 1 7 cuentas de oro, 16 de á ata Musco Arqueológico de Cádiz. g y u n colgante en forma de rosa, de 21 mms. de diámetro. Núm. lti. Musen Arqueológico de Cádis. Pendiente de oro. ,, ,, . . , - , , . Núm. lid. Musco Arqueol orneo de Cádi- Collar formado de dos esférulas huecas de Núm. 47. oro, un objeto del mismo melnl, que lo Fragmento de collar, formado por dos cuen- componen dos cilindros unidos lateral- tas cilindricas de ágata y dos piezas de mente, cinco cilindros de ágata y un tro- zo oro alargadas. de huesecillo. M Musco Arqueológico de Cádiz. "-"'" Arqueológico de Cádiz. Núm. 48. Núm. SI. Anillo o fíbula de oro. Mide 25 x 13 mms. Collar formado por seis cuentas desiguales de Musco Arqucolóíñco de Ct'idi- reducido tamaño y un colgante también pequeño, que representa el sol y la me- Núm. 4». d¡ a ] u n a . Pendiente de oro, fenicio. Mide 2 0 mms. Musen Arqueológico de Cádiz. Museo Araueolóuico de Cádiz Núm. 58. Núm. 50. Resto de collar, compuesto de dos cuentas de Dos cuentas esféricas desiguales, de pasta ágata, un cilindro de oro y una cuenta de verdosa, decoradas con círculos concén- pasta amarilla en su interior y obscura al trieos. exterior y con decoración de círculos con- Musco Arqueológico de Cádiz. céntricos. Museo Arqurulóqico de Cádiz. Núm. 51. Dos piezas de oro, una de ellas alargada y Núm. ñf». otra más esferoidal, que debieron formar Arete de cobre, incompleto. Diámetro, 2 0 mi- parte de un collar. límetros. Museo Arqueológico de Cádiz. Museo Arqueológico de Códis. Núm. r,2, Núm. «0. Tres pequeños amuletos de la misma pasta, Anillo o fíbula de oro. Diámetro, 1 mm. que recortan la silueta de esfinges estili- Musro Ar<¡uci>lágica de Cádiz. zadas y tienen tres orificios de suspen- N Ú m lión. - 6K Zarcitl Masco Arqueológico de Cmlic. ° d e ° r 0 ' d e ÍOrma a^° o b l o n S a V c o n el hilillo de oro estrechamente anudado a Núm. 53. sus extremos. Una piedra oval cristalina, que debió ser gi- Musco Arqueológico de Cádis. N ú m . «2. Nfim. 7 1 . Fíbula en figura de abeja, de filigrana y oro Dos zarcillos de oro. Tamaño, 1 7 X 1 6 mms. macizo. Pesa nueve adarmes. Tamaño, Musco Arqueológico de Cádiz. 24 x 24 mms. N ú m 72 Musco Arqueológico de Cádiz. " " Pieza de oro lisa arrollada en espiral. Tama- Níim. G:Í. ño, 2 9 X 6 mms. Cilindro hueco de oro formando un estuche Museo Arqueológico de Cádiz. de talismán, rematado cori una delicadi- Nte sima cabeza de gavilán. Tamaño, 3 9 X 5 > - ?3- milímetros. Alambre de oro retorcido formando collar y Musco Arqueológico de Cádiz. sosteniendo un cartuchito de lámina de oro con una roseta de arte asino- N ú m tíi - - Musco Arqueológico de Cádiz. Estuche cilindrico de talismán con cabeza de N á m carnero. Mide 38 mms. - ™- Museo Arqueológico de Cádiz. Anillo de oro macizo con un escarabeo que, engarzado en un marco de oro, gira so- Ntim. «5. bre los dos extremos del aro. Mide 2 8 Estuche cilindrico de talismán con cabeza de milímetros. león. Mide 37 mms. Museo Arqueológico de Cádiz. Museo Arqueológico de Cádiz. Núm. 7Í>. Ni'im. (M¡. Anillo signatario sumamente oxidado; al pa- Estuche de talismán que parece representar recer, de estaño y plata. Mide 25 mms. un obelisco, y según otros tiene como re- Museo Arqueológico de Cádiz. mate una pirámide. Mide 24 mms. N Musco Arqueológico de Cádiz. * m - ?«• Estuchito amuleto cilindrico, de cobre, con Núm. 67. j o s r e m a t e s de oro y al extremo una pie- Espiral de oro de 1 2 mms. y con prolonga- dra de ágata. Mide 38 mms, ción de sus extremos como para colgar Musco Arqueológico de Cádiz. de ella la triada anteriormente citada y el obelisco. Núm. 77. Musco Arqueológico de Cádiz. Colgantito circular de oro. Mide 1 5 mms. Museo Arqueológico de Cádiz. Sortija sigilar de oro, de carácter femenil, en- Nfim. 78. coi.tr.cU en un» urna cineraria: es hueca Cua[ro t¡p¡cos co] tes d e marcado carécter y tiene una piedra de ágata oval, en la fen¡do que se ve grabado un Hermes de pie. ^ ^ ^ .„ ¿r CM¡t Musco Arqueológico de Cádiz. N Ú m Núm. «9. - "• D s fíbulas d e o r o d e carácter femcio Miden Dos zarcillos de oro con dos pequeñas cuen- ° - 2 m m s tas del mismo metal y otra de vidrio azu- ° ' lado Museo /Irqticolórjico de Cádis. Musco Arqueológico de Cídiz. ^ ^ Núm. 70. Cinco piezas de oro semejantes a las ya des- Dos anillos de oro. Tamaño 2 5 X 2 6 mms. critas, con ligeras variantes. Museo Arqueológico de Cádiz. Musco Arqueológico de Cádiz. Núm. 81. Núm. 8 i). Ocho anillos de oro rellenos de cobre, con en- Anillo funerario, de menor tamaño que los an- garce de forma ovalada para piedra gira- teriores. toria. Museo Arqueológico de Cádiz. Musco Arqueológico de Cádiz. Núm. 90. Niim. 82. Dos pendientes en forma de aretes, de des- Seis piezas de oro anulares, formada, cada igual tamaño, cuyos extremos, reducidos una de ellas, por dos aros cilindricos uni- a un hilo de oro, se tuercen en el lado dos por una faja que lleva labores de fili- contrario; tienen alma de bronce. grana y granulado. Museo Arqueológico de Cádiz. Museo Arqueológico de Cádiz Núm. 91. Nüm. 83. Dos abrazaderas o fíbulas desarrolladas en dos vueltas de espiral. Cuatro colganlitos de oro arrollados en círcu- Museo Arqueológico de Cádiz. los y unidos por sus extremos adelga- zados. Núm. 02. Musco Arqueológico de Cáthr Dos sortijas iguales, como para dedo peque- Núm. 84. ño de mujer, que se desarrollan también en espiral. Colgante de oro, para collar, en forma de me- Museo Arqueológico de Cádiz. dallón, con una rosécea de filigrana. Mide 17 mms. de diámetro Núm. fííf. Museo Arqueológico de Cádiz. Dos sortijas más pequeñas, de la misma fac- tura que las anteriores. Núm. 85. Museo Arqueológico de Cádiz. Pendiente, arete o ajorca de filigrana, de di- bujo calado y marcado carácter oriental, Núm. ÍH. cuya técnica y gusto artísticos son pare- Collar compuesto de ocho cilindros de ágata cidos a los de la diadema de Jávea. Mide desiguales, dos cuentas de oro huecas 49 mms. bordeadas de puntos en sus orificios ex- Musco Arqueológico de Cádiz. tremos y tres plaquitas de oro, sin duda alguno, pendientes. Núm. 8fi. Musco Arqueológico de Cádiz. Resto de collar de cuatro piezas desiguales: una, rectangular; otra, cilindrica, y dos, Niim. !>5. esféricas, decoradas con círculos concén- Restos de anillos cuyo diámetro es 38 mms. trici Museo Arqueológico de Cádiz. Museo Arqueológico de Cádiz. Núm. Otí. Núm. 87. Dos anillos, uno mayor con piedra oval y otro Pequeña chapita que, sin duda, perteneció a sin ella. la decoración del alguna joya; tiene repu- Musco Arqueológico de Cádiz. jada un ave. Núm. !>7. Musco Arqueológico de Cádiz. Dos anillos funerarios de oro con piedra oval. Nüm. 88. Miden 30 mms. en marco dentado. Museo Arqueológico de Cádiz. Dos anillos funerarios con anchura suficiente para dos dedos. Núm. !ÍK. Museo Arqueológico de Cádiz. Amuleto egipcio con el frente roto; es, al pa- — 100 recer, de estaño y plata oxidados. Altura,Núm. 108. Arete de bronc©, recubierto de oro, en forma Musco Arqueológico de Cádiz, de morcilla, de corte rectangular. Proce- dente de las tumbas fenicias de Cádiz. Núm. !)!>. Musco Arqueológico Nacional Cuatro anillos, dos con cornalina y dos con piedras blanca y verdosa, descompuestas- Núm. 109. Musco Arqueológico de Cádiz. Arete de oro de forma de morcilla, mayor que el anterior, Cádiz. Núm. 100. Musco Arqueológico Nacional. Sortija de filigrana con curvas de hilo de oro y rosetón giratorio central, que debió alo- Núm. 110. jar alguna piedra. Fragmento de oro decorado con granulado. Musco Arqueológico de Cádiz. Cádiz. Museo Arqueológica Nacional. Núm. 101. Cuatro pendientes de oro de típico arte fe- Núm. 111. Fragmento de collar formado por tres piedras. Musco Arqueológico tic Cádiz. Cádiz. Núm. 102. Musco Arqueológico Nacimwl Cuatro anillos ensamblados. Num. 112. Museo Arqueológico de Cádia. Par de zarcillos de forma de morcilla. Cádiz. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 103. Doce varillas o flejes de cobre, curvados en Núm. li;i. forma de cuatro, que se acentúa más o Sello de cornalina en forma de escarabeo en- menos en sus extremos como restos del garzado en oro y que gira sobre un aro atado de alguna costura. del mismo metal. Cádiz. Musco Arqueológico de Cádiz. Musco Arqueológico Nacional. Núm. HH. Núm. 114. Seis campanillas o esquilas de cobre con sus Doble pendiente de oro en forma de morcilla. correspondientes badajos, que debieron Cádiz. estar pendientes de dos orificios practica- Musco Arqueológico Nacional. dos en la parte superior. jlfiíjco Arqueológico de Cátlir Núm. 115. Pendiente de oro en forma de morcilla. Cádiz. Núm. 103. Musco Arqueológico Nacional. Dos aretes de bronce recubiertos de oro; le faltan los ganchos. Cádiz. Núm. llfi. Musca Arqueológico Nacional. Cinco sellos engarzados en oro, que giran so- bre aros de] mismo metal. Núm. lOfi. Musco Arqueológico Nacionr.l Sortija de oro con chatón grabado. Procede de Cádiz. Núm. 117. Musco Arqueológico Nacional. Escarabeo grabado, con montura de oro. Cádiz- Musco Arqueológico Nacional Núm. 107. Sello de amatista engarzado en oro, que gira Núm. 118. sobre el aro, de oro también. Procede de Sello sin engarce, que gira sobre un aro de las tumbas fenicias de Cádiz. oro. Cádiz. Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. - 101 Núm. 119. Niim. 130. Botón de plata en forma de cazoleta, con re- Sello con anillo de suspensión. Mide 1 2 X 9 borde. Mide 1 mm. milímetros. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 120. Núm. 131. Colgante de plata en forma de bellota con su Fragmento de placa de plata repujada. caperuza. Mide 4 mms. ü. Antonio Vive. D. Antonio Vives. Núm. 1112. Núm. 121. Amuleto de plata en forma de columnita, con Caperuza suelta de una bellota; plata. agujero de suspensión. Mide 19 mms. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 122. Núm. 133. Armadura de escarabeo en forma de aro gran- Chapa con un adorno. de de plata. Mide 4 7 mms. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. ^ 134 Niim. 12:1. Disco lenticular de plata, con anilia de sus- Cuatro amuletos en figura de Udja, en placa pensión. Mide 12 mms. D de piala siluetada. - Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 135. Aro de Nüm. 121. P1»'»- D Cuatro sortijas de plata, armaduras de otros ~ A"'""w VrJ "- tantos escarabeos. Núm. 1¡¡(¡. D. Antonio Vh'es. Treinta y cuatro sortijas de plata, lisas y de Cható Núm. 125. " P' a n °- . , , !). Antonio Vives. Arete de plata con enchufe muy oxidado. Mide 15 mms. Núm. 137. D. Antonio Vives. Chatón de una sortija de plata. D. Antonio Vives. Núm. 12 tí. Objeto de plata en forma de marmita con tapa Núm. 138. cerrada. Mide 21 ,< 25 mms. Diez aretes de oro de forma de morcilla, pro- D. Antonio Vive;,. cedentes de Ibiza. D Antonio Vives. Núm. 127. Aro de plata, formado por una serpiente que Núm. 13». se muerde la cola. Mide 4 mms. Arete de plancha de oro, procedente de Ibiza. D. Antonio Vives. O. Antonio Vives. Núm. 128. Núm. 140. Aro de plata con una punta enchufada. Mide Cuatro aretes de oro de forma de morcilla, 26 mms. procedentes de Ibiza. Ü. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 129. Núm. 141. Tres aros de plata, más pequeños que el an- Placa de oro que figura el fragmento de una terior. cara. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. — 102 — Núm. 142. Núm. 154. Arete de forma de morcilla. Ibiza. Arete de forma de morcilla, del que irradian D. Antonio Vives. cinco flores de loto estilizadas. D. Antonio Vives. Núm. 143. Arete de plancha de oro. Ibizi Núm. 155. D. Antonio Vives. Arete de forma de morcilla formado de hilos cordelados. Ibiza. Núm. 144. D. Antonio Vives. Arete de forma de morcilla. Ibiza. Núm 15tí D. Antonio Vives, C u a t r Q a r e t e s d e fo morc¡]la Ib¡za D Núm. 145. - Antonio Vives. Plaquita de oro que figura un fragmento de Núm. 157. cara. Ibiza. Armadura de cscarabeo, de oro. Ibiza. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 14tí. Par de arracadas de hilo de oro. Ibiza. Armadura de escarabeo, de oro. Ibiza. D. Anlotiio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 147. Núm. 15!). Aretes en forma de morcilla. Ibizn. Dos aretes de forma de morcilla con adornos D. Antonio Vives. en sus extremos, de hilo de oro en es- piral. Núm " 14fi " D. Antonio Vives. Dos pares de anillos con las falanges en las nuc iban colocados, Ibiza. Núin. l(>0. 1). Antonio Vives. Tres aretes de forma de morcilla. Ibiza. D. Antonio Vives. Núm. 110. Seis aretes de forma de morcilla. Ibiza. Núm. ltíl. D. Antonio Vives. Arete de oro con £ran bordura formada por palmetas ahornando con flores de loto. Núm. I J O . | i s u n a arrHCH d a m U y interesante por su Dos areles de forma de morcilla. Ibiza. parecido con las de Aliseda. ü. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 151. Núm. 1G2. Dos aretes de forma de morcilla, con adorno Siete aretes de forma de morcilla. Ibiza. de hilo de oro en espiral en los extremos. jy Antonio V D. Antonio Vives. Núm. 1(13. Nüm 15a - " Arete de oro muy bíen trabajado. Ibiza. Mide Cuatro aretes de forma de morcilla. Ibiza. 26 mms. D. Antonio Vive o. Antonio Vives. Núm. li»:!. Núm. Ki4. Arele de forma de morcilla muy abultado- Arete de forma de morcilla con colgante pla- lbiza. lb no. Ibiz ü. Antonio Vires. D. Antonio Vives. - 103 - Núm. 165. Núm, 177. Tres aretes de oro de forma de morcilla. Ibiza. Arete de oro de forma de morcilla. Ibiza. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 166. Núm. 178. Aro de hilo de oro. ibiza. Aro de bronce recubierto con gruesa chapa 1). Antonio Vives. de oro. Mide 4 8 mms. Ü. Antonio Vives. Núm. 1(>7. Núm Arete de forma de morcilla. Ibiza. * 17!í" D Antonio Vives Arete de oro de forma de morcilla, con sus extremos adornados con un hilo de oro Núm. 168. en espiral. Aro de hilo de oro. Ibiza. o. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 180. Núm. 169. Disco colgante de collar, de oro repujado, con Cinco aretes de forma de morcilla. Ibiza. asa de suspensión. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 170. Núm. 181. Seis pequeños aretes de forma de morcilla. Armadura de escarabeo de oro y escarabeo Ibiza. de cornalina. D. Antonio Vives. O. Antonio Vives. Núm. 171. Núm. 182. Arete de chapa de oro con cierre de espiral. Colgante en forma de estucho de talismán. Mide 1 8 X 5 mms. D. Antonio Vives. D. Antonio Vives. Núm. 183. Núm. 172. Fragmento de collar con cuentas de oro y pie- Arete de oro con un adorno de forma esférica dras y anforita colgante. del mismo metal. Ibiza. D. Antonio Vives D. Antonio Vives. Núm. 184. Núm. 173. Colgante estuche de talismán, rematando en Arete de oro de forma de morcilla. Ibiza. D. Antonio Vi su D. Antonio Vives. P a r t e superior con una leona. N ú m Núm. 174. - 1M- Tres aretes de plancha de oro con adorno Armadura de oro, sobre la que gira una cor- nalina central. Ibiza. " D Antonio Vives D. Antonio Vives. "' " ' " " " ' " I ¿ " J ' Núm. 186. Núm. 175. „ , , _ i j r J 'ii TI.- Colgante circular de oro, que figura una ro- Dos aretes de oro de torma de morcilla. Ibiza. * . * D. Antonio Vives. " " ^ D Ántmio yivcs Núm. 176. Nlim . 187. Disco colgante de collar, repujado; le falta el Colgante circular de oro, que figura una ro- asa. Mide 27 mms. sácea, parecido al anterior. D. Antonio Vires. D. Antonio Vives. — 104 — Núm. 188, Núm. 201. Arete de forma de morcilla y corte plano; lie- Dos fragmentos de oro bajo, que parecen te- va grabado una Tanit. ner forma de hoja. Tugia. D. Antonio Vives. Musco Arqueológico Nacional Núm. 181). N ú m . 202. Otro igual al anterior. Collar de cuentas de oro y piedras, con gran D. Antonio Vives. colgante central granulado. Tugia. Núm. 190. Afusra Arqueológico Nacional. Cornalina engarzada en marco de oro. Núm, 203. D. Antonio Vives. pend¡ente d e oro en forma d e m o r c i l [ a , Con Núm líH adorno de hilo de oro en espiral en sus Hilo de oro arrollado. extremos. Tugia. Musc0 D. Antonio Vives. Arqueológico Nacional. Núm. 204, Núm. 132. Dos sortijas de oro con chatón liso. Pendiente de oro en forma de morcilla muy D. Antonio Vives. abultada. Tugia. Musco Arqueológico Nacional Núm. 193. c- .. , • - , .j . N ú m . 20i>. bortija de oro con chatón de vidrio. Ü A nio Vives Pendiente de oro en forma de morcilla, con ribete central de cadenilla de oro. Tugia. Núm. 194. Musco Arqueológico Nacional Sortija de bronce con chapa de oro. Ibiza. J ,, , , - . . . Núm. ílOíí. I). Antonio Vives. Arete de plancha de oro. Tugia. Núm. 195. Musco Arqueológico Nacional. Pequeña sortija de oro de chatón liso. Ibiza. D. Antonio Vi^. " ú m . 207. Arete de forma de morcilla, adornado con Núm. líítí. cuatro cadenillas de oro. Tugia. Pequeña sortija de oro con una palma graba- Musco Arqueológico Nacional. da en el chatón. N Ú m D Antonio Vives - 3Ü8* Pendiente de oro de forma de morcilla muy Nüm. J!>7. abultada. Tugia. Espiral de hilo de oro. Ibista. Musco Arqueológico Nacional D Antonio Vives Núm. 209. Nüm. 198. Brazalete de plata de pequeño diámetro, muy Tres aretes de oro de forma de morcillas. oxidado. Tugia. Ibiza. Musco Arqueológico Nacional. D. Antonio Vives. w; Núm. 210. Núm. 190. Arete de oro de forma de morcilla, decorado Plaquita de oro. Ibiza. con tres racimitos de uva, Tugia. D. Antonio Vives. Museo Arqueológico Nacional. Núm. '-'00. Niím. 211. Tres aretes de oro en forma de morcillas. Seis pendientes de oro terminados en racimo Ibiza. de uva, de carácter fenicio. Tutugi. D. Antonio Vives. Museo Arqueológico Nacional. - 105 - Núm. 212. Núm. 223. Cinco pendientes de oro de forma de morci- Diadema de oro formada por una lámina con lia, fenicios. Tutugi. lebores repujadas; la ornamentación es Musco Arqueológico Nacional. geométrica, dividida en cuatro recuadros, siendo el dibujo de los dos centrales de Núm. 313. rosetas de seis hojas y las de los oxtre- Pendiente de hilo de oro. Tutugi. mos de labor trenzada; termina la lámina c o n Museo Arqueológico Nacional. dos presillas de hilo de oro. Procede de Ribadeo. Núm. 214. Musro Arqueológico Nacional. Tres pendientes de forma de morcilla. Tutugi. Musco Arqueológico Nacional. ' '" ' , , . . . Diadema de oro del mismo tipo que la ante- Núm. 315. rior. Pequeña sortija de cordoncillo de oro. Tutugi. ^. Juan Lofora. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 225. Núm. 216. Diadema de oro del mismo tipo que las dos r-. . J ít i r - - T anteriores. Dos colgantes de collar de oro, fenicios. Iu- tugL "• >'"' «--«"• Museo Arqueológico Nacional. Núm. 22tí. Broche de oro cuadrado con dos rosetas de filigrana en el fondo; el recuadro está for- Pendiente de oro de forma de morcilla. Tu- m a d o e n ,os ,ados m ó s |Hrgos p o r u n t u b o tu ^'' de labor trenzada y de puntos, y los cor- Musco Arqueológico Nacional. t0S( d e h ü o d e o r o Procede d e Ribadeo. MluC0 Núm. 318. Arqueológico Nacional. Pendiente de oro terminado en racimo de uva, Núm. 327. estilo fenicio. Tutugi. Brazalete de oro, rígido, con decoración de Musco Arqueológico Nacional. líneas formadas de puntos. Galicia. Musco Arqueolónko Nacional Núm. 219. Dos pendientes de oro de forma de morcilla. Núm. 228. Tutugi. Dos diademas de oro, lisas, disminuidas gra- Musco Arqueológico Nacional. dualmente hacía los extremos, que son hilo de oro. Galicia. N ü m - 22°- Museo Arqueológico Nacional. Fragmento de cadenilla formada por cuentas de oro y piedras. Tutugi. Núm. 220. Musco Arqueológico Nacional. Brazalete de oro con múltiples anillas de oro colgantes. Galicia. Núm. 221. Museo Arqueológico Nacional. Colgante de collar decorado con trabajo de granulado. Tutugi. Núm. 2JJ0. Museo Arqueológico Nacional. Cinco pequeños brazaletes de hilo de oro en espiral. Galicia. Núm. 222. Musco Arqueológico Nacional. Cinco hachuelas votivas de oro. Alcalá del Río (Sevilla). Núm. 231. Museo Arqueológico Nacional. Dos torques funerarios, lisos, de corte circu- lar, con los extremos en forma de doble intermedios otros en zigzag. Procede de cono, unidos por la base. Galicia, Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 232. Núm. 210. Torques funerario, liso, de sección circular, Dos pulseras formadas por sendos alambres terminado en sendas bellotas. Galicia. de plata, cuyos extremos montan uno so- bre otro, y figurando dichos extremos ca- Musco Arqueológico Nacional. bezas de serpientes en uno de los ejem- Núm. 233. plares. Procede de Mogón. Torques funerario, de sección circular, con la Musco Arqueológico Nacional. parte central decorada con cordoncillos Núm. 241. de oro; termina en sendas bellotas. Ga- Dos finas y largas láminas de plata a modo de licia. cinta, con ligeros filetes esmaltados. Pro- Musco Arqueológico Nacional. cede de Mogón. Núm, 234. Musco Arqueológico Nacional. Pequeño brazalete de oro, plano, formado por Núm. 242. una serie de anillos concéntricos unidos Dos adornos de plata compuestos de un largo por una plancha en sus extremos. Galicia. vastago ornamentado terminado en be- Museo Arqueológico Nacional, llota. Procede de Mogón. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 23ti. Brazalete de oro, cilindrico, formado por una Núm, 243. serie de anillos superpuestos y unidos por Placa triangular de plata repujada, que debió los extremos. Galicia. servir de revestimiento a una vaina de Musco Arqueológico Nacional. puñal; consta de dos partes, una trape- zoidal con un corcel galopando y un ave Núm. 23fi. de rapiña, y la otra un ciervo corriendo, Brazalete de oro, rígido, con arista central. un pez y un ave pequeña. Procede de Galicia. Mogón. Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 237. Núm. 24-1. Torques funerario, de sección cuadrangular, Hebilla de plata formada por una figura de ave unida a una media luna, en donde des- con los extremos en forma de bellotas. cansa la cabeza. Procede de Mogón. Galicia. Real Academia de la Historia. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 238. Núm. 245. Fragmento de diadema (?) de plata dorada Brazalete de oro de arte prerromano con ex- con labores repujadas representando ta- trema ornamentación. Se cree que proce- llos serpeantes y cruzados con florones de de la provincia de Badajoz, donde fue entre dos franjas de ondas griegas. hallado en 1872. Mogón. I). Ignacio Baikr. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 239. Núm. 246. Brazalete o pequeño collar formado por una Medallón de plata dorada y repujada, que re- barrita de plata curvada que lleva al co- presenta la cabeza alada de la Gorgona medio adornos realzados, consistentes en Medusa rodeada de serpientes. Mogón. cuatro grupos de filetes anulares, y en los Museo Arqueológico Nacional. Núm. 247. llos serpeantes y flores; el pie se decora Tres torques rígidos de plata. Mogón. con palmetas de estilo grecorromano. Ai use o slyqiicoloQico i\ aci ofitil Procede de Santisteban del Puerto. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 248. Torques de plata, roto, encontrado en una va- Núm. 257. sija; esté formado por tres tubos de plata Dos copas del tipo del conocido vaso de Cas- retorcidos en espiral. Mogón. tulo, de forma de cono invertido. Procede Musco Arqueológico Nacional. de Santisteban del Puerto. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 249. Torques de plata en cinco pedazos. Mogón. Niim. 2r¡H. Musco Arqueológico Nacional. Brazalete formado por una cinta de plata de cinco vueltas en espiral; figura una ser- Núm. 250. piente y su cabeza esté grabada. Procede Placa de cinturón, de plata, festoneada de una de Santisteban del Puerto. línea en zigzag. Mogón. Musco Arqueológico Nacional. Musca Arqueológico Nacional. Núm. 259. Núm. 251. Pulsera formada por una placa en circulo, que Torques de plata. Mogón. Mide 20 cms. no acaba de cerrar. Procede de Santiste- ban del Puerto. Museo Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 252. Núm. 260. Dos brazaletes de plata. Mogón. Dos fíbulas de arco, que se revuelve sobre sí Museo Arqueológico Nacional. mismo y termina en la figura estilizada Núm. 253. de un caballo. Proceden de Santisteban del Puerto. Dos pulseras formadas por una cinta de plata Musco Arqueológico Nacional. en espiral. Mogón. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 261. Dos copas de plata, semiesféricas, sin pie. Núm. 254. Proceden de Santisteban del Puerto. Caja que contiene monedas de la República Museo Arqueológico Nacional. romana. Musca Arqueológico Nacional. Núm. 262. Torques o collar de plata de labor trenzada. Núm. 25.5. Esté formado por tubo y cadenita de pla- Pátera repujada, de arte grecorromano, con ta y termina en presillas. Procede de detalles de gusto ibérico; el medallón Menjíbar. central representa a Hércules niño aho- Musco Arqueológico Nacional. gando las serpientes; le rodean dos zonas historiadas en bajorrelieve, una con figu- Núm. 2H;l. ras de amorcillos cazadores y otra con Brazalete de plata, deformado, que por sus centauros músicos. Procede de Santiste- dimensiones es indudable que debió usar- ban del Puerto. se como brazalete. Procede de Menjíbar. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 256. Núm. 264. Gran copa de forma oblonga, semiovóidea, Dos brazaletes de plata, deformados, cuyos con pie; presenta una moldura en su par- extremos terminan en largas perillas. Pro- te interior, y a su exterior, una zona do- ceden de Menjíbar. rada, que lleva grabado un motivo de ta- Musco Arqueológico Nacional. Núm. 265. Núm. 27',. Fuscínuia o tenedor con dos dientes ondula- Grifo (í) de plata, que debió ser pie de algún dos. El mango termina en cabeza de ca- vaso. Mide 33 mms. bailo. Procede de Menjíbar. Musco Arqueológico Nacional. Musro Arq«eMgico Nacional. ^ ^ 2j|j Níim. 2<¡)>, Placa oval de plata con una inscripción en le- Siete aretes de plata de forma de navecilla. tras capitales grabadas en dos líneas. Proceden de Menjíbar. Mide 45 X 84 mms. Musco Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 2«7. Núm. 277. Vaso de plata, en perfecto estado de conser- Vaso de plata formado de dos cuerpos: el ¡n- vación, que presenta reborde en la boca. ferior, esférico truncado, y el superior, Procede de Menjíbar. troncocónico. Musco Arqueológico Nacional Musco Arqueológico Nacional. Núm. 2<¡8. Núm. 278. Sciphus o taza de plata. Procede de Menjíbar. Vaso de plata, de tipo de cuenco, con reborde. Musco Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 2fi!). Núm. 27!). Dos coladores de plata en forma de cuenco; Vaso de plata, de tipo de cuenco y base pun- su calado de puntos es de meandros, es- tiaguda, con orla doble de labor resaltada. trellas y otras labores finamente hechas. Está restaurado. Musco Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 270. Núm. 280. Simpulo o cacillo de plata, cuyo mango ter- Torques de plata formado por el trenzado de mina en una cabeza de cisne. gran número de hilos metálicos, que le Musco Arqueológico Nacional. dan una gran flexibilidad, rematando en ambos extremos por dos cabezas de león Niim. 271. c o n anillos para sujetarlos. Fíbula de plata, de tipo ibérico, con una es- Musco Arqueológico Nacional. cena que representa una cacería; le falta la sujeción. Procede de Caudete de las Núm. 281. Fuentes. Dos torques de plata trenzados, terminados D. Juan Lafora. e n anillas para prenderlos. N ú m _ 272_ Musco Arqueológico Nacional. Fíbula de plata, de tipo ibérico, muy parecida Núm. 282. a a ai) enor. Tres | O r t . u e s ¿e plata, lisos. Musco Arqueológico Nacional. , - - , , - , Musco Arqueológico Nacional. Núm. 873. Cabeza femenil de plata repujada. Mide Fíbula d e 5 X 7 X 4 cms. Plata- Museo Arqueológico Nacional Musco Arqueológico Nacional. Núm. 274. Núm. 284. Amorcillo de plata con remates, que sirvió de Dos sortijas de plata que llevan engastada en asa de un vaso. Mide 4 5 X 6 5 mms. el chatón una piedra grabada. Museo Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. ~ 109 — Núm. 285. bellotas de labor incisa. Procede de Llano Vaso de plata, ibérico, en forma de cono in- de Lamas. vertido, con reborde en su cara interior. Musco Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 291. Núm. 28)!. Ombligo de escudo, de placa de plata, con la- Cuatro torques o collares de plata de labor bor de cuerda y ondas griegas alrededor trenzada. del botón dorado. Procede de Llano de Musco Arqueológico Nacional. Nlím. 287. Musco Arqueológico Nacional. Dos torques de plata, de labor trenzada con Nlím. 20.1. nudo en el comedio; sus extremos, en Torques de plata, de labor trenzada. Procede forma de ganchos, permiten cerrarlos. de Llano de Lamas. Musco Arqueológico Nacional. Musco Arqueológico Nacional Núm. 288. Núm. 2fl«. Cuatro aros de plata con labores caladas y Fragmento de torques de plata, de labor tren- unas placas pendientes. zada. Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. Ni'tm. 28!). Núm. 207. Vaso de plata en forma de cuenco cónico; Disco de bronce, romano, decorado con bajo- ofrece la particularidad de llevar una cruz rrelieves que representan un nacimiento de brazos iguales formados por dos lámi- de agua mineral; asunto de la misma na- nas de oro aplicadas. Procede de Los Vi- turaleza que la pátera de plata de Ótanos. I). Juan Lafora. Musco Arqueológico Nacional. Núm. 208. Núm. 290. Disco de plata repujada, hallado en Almen- Torques o collar de plata, de labor trenzada; dralejo, que representa a Teodosio sen- sus extremos, perfectamente conserva- tado bajo un frontispicio y entregando a dos. Procede de Los Villares. un lugarteniente la delegación de su man- Musca Arqueológico Nacional. do. Arte romano-bizantino del siglo ív. íieul Academia de la Historia. Núm. 201. Dos vasos de plata repujada, de boca y panza Núm. 20. quelado. Ejemplar hecho en el estilo de Collar de filigrana de oro, formado por cinco los finóles del siglo xm o principios pusadores oblongos de remate esférico, cuatro colgantes piramidales, un pasador D. Juan ¡.afora. cilindrico y un colgante plano. Siglo xiv o xv. Procede de Ventarique (Almería). ' ' '" Museo Arqueológico Nació,. ' rlanctia de plata repujada; repujado y cince- lado en muy alto relieve la cabeza y par™ Núm. -¡27. te del cuerpo de la figura del Salvador, Dos ajorcas de oro repujado, con decoración que aparece sentado en el acto de bende- formada de lineas de punto que dibujan cir, con la Cruz y los Evangelios sosteni- diversas composiciones. Siglo xiv o xv. dos con la mano izquierda; pieza que Procede de Ventarique (Almería). pudo servir para decorar el centro de una Musco Arqueológico Nacional. superficie que seguramente formaría un conjunto. Trabajo ejecutado en el centro Núm. 328. de España, siguiendo la escuela francesa Sartal de aljófares, con colgante plano de oro de la época, seguramente durante el si- con esmalte. Siglo xiv o xv. Procede de glo xii. Alto, 44 /, 35 cms. Ventarique (Almería). L). Juan Lafora. Museo Arqueológico ATachual. Núm. 32». Núm. .'Í29. Resto de collar de filigrana de oro con esmal- Tres sartales de aljófares, con colgante plano te; arte árabe granadino del siglo xiv o xv. de oro. Siglo xiv o xv. Procede de Venta- Procede de Mondújar. rique (Almería). Musco Arqueológico Nacional. Museo Arqueológico Nacional. Xiím. 321. Núm. íliíO. Treinta y un alamares de filigrana de oro. Si- Dos sartales de aljófares, con pasador oblon- glo xiv o xv. Procede de Mondújar, go de oro. Siglo xiv o xv. Procede de Museo Arqueológico Nacional. Ventarique (Almería). Musco Arqueológico Nacional. Núm. 322. Colgante de collar, piramidal, de filigrana de Núm. 331. oro. Siglo xiv o xv. Procede de Mon- Tres sartales de aljófares, con pasadores ci- dújar. líndricos de filigranas de oro. Siglo xiv Museo Arqueológico Nacional o xv. Procede de Ventarique (Almería). Musco Arqueológico Nacional. Dos fragmentos de adorno, de oro. Siglo xiv Níim. ¡Í:Í2. o xv. Procede de Mondújar. Medallón de oro, con decoración grabada en Musco Arqueológico Nacional. ambas caras, representando a la Virgen, nimbada; le rodea un cordoncillo de oro, Núm. 324. q u e o n | a p a n e s u p e r i o r f o r m a ¿Q8 r o i e o s Fragmento de adorno, de oro, con esmalte. y cuelga de un asa lisa. Siglo xm. Siglo xiv o xv. Procede de Mondújar. ¡} José jjizaro. Museo Arqueológico Nacional. Núm. 333. Núm. 325. p l a c a c u a d r a d a j decorada con filigrana, con un Veintinueve piezas de collar, de oro. Siglo xiv medallón central de esmalte opaco acan- o xv. Procede de Mondújar. tonado que realiza pequeños circuitos Museo Arqueológico Nacional. de esmalte. La cenefa, con inscripción — 112 — árabe repetida; el centro, decoración de tos o circunscritos sobre cuatro circunfe- filigrana, al parecer de época algo poste- rendas, resultando una labor que, siendo ñor. Trabajo hispanoárabe de finales del simétricamente distinta en cada una de siglo xiv. sus partes, se repite en los ángulos opues- D. Juan Lafora. tos; labor imitando la doble plancha ca- lada. En el centro de una de las tapas, Núm. 334. u n a i m Q g e r i de Cristo, y en el de la otra, Espada con su vaina, decorada con cuatro zo- u n e s c u d o con las armas del Cardenal ñas de ornamentación geométrica y pie- Cervantes. dras de diversas clases; los gavilanes son ,-. . , , ¿ •, posteriores y se pusieron en tiempo de Carlos V. Se atribuyó a San Fernando. Núm. 340. La espada es del siglo xm. Espada con escudos de águilas y leones es- S1. M. el Rey. maltados sobre plata en el pomo, brocal, Núm 335 contera y en las abrazaderas brocaladas _ , . , ... , . que decoran la vaina, revestida ésta de Espada con su - . ; el mango es clmdnco y fino tctci lo rojo u empuñadura es e n carece de g«v,l.n<». La trsd.cKm la atn- ^ s m ^ ^ ^ d e )os o b r M a d e r a s buye a Boabdi . 1 rabaio granadino del si- , .,. , , , , J B ' tiene dos anillas y chapas de plata que la g XV- sujetaban al tahalí. Esta espada es conoci- Musco de Artillería. d a p o r ]fi d e Antequera- F u é p r i m e r amen- te Núm. 1(36. atribuida al conquistador de Toledo, o J i - • • Alfonso VI. Espada; le acompaña su vaina con primoroso trabajo de oro y esmaltes. Se atribuye a Catedral de tolcdo. Boabdil. Trabajo granadino del siglo xv. Núm. 341. Museo de Artillería. Sello matriz, redondo, de plata. Estilo de fines Núm. 3.-J7. del siglo xv. Espada; el mango es de marfil calado, y la de- D. José Láaarc ialtada; se halla deteriorada xíi en algunas partes. Se atribuye por tradi- Piezas en forma de tmteros ción a Aliatar. Trabajo granadino del si- «Imáneos, de pla- J ¡o x v ta dorada, estilo gótico florido, influido Museo de Armería, ^ mudejarismo. Fin del siglo xv 1). José Lázaro. Núm. 338. m Puñal con su vaina, que presenta decoración " de oro en la punta y en la parte superior. Pi™ en forma de tintero, de plata dorada, c o n seis Se atribuye a Boabdil. Trabajo granadino contrafuertes, entre los cuales del siglo xv. aparecen otros tantos ventanales góticos Sr. Marqués de Viana. floridos. D. José Lázaro. Núm. 339. N ú m Encuademación gótica, formada por dos ta- - ri44* pas, constituidas por una cenefa con de- Broche de cinturón, de plata, gótico, influido coración gótica, resultante de dos series por el estilo mudejar. Siglo xv- encontradas, de medios círculos tangen- D, José Lázaro. tes y una bordadura interior, de peque- ñas hojas unidas por el tallo, mediana- Núm. :H5. mente conservadas; el fondo lo constitu- Armazón de plata, prismático, poligonal, con ye un conjunto de elementos góticos que torres en los ángulos, dos cuerpos y bó- rellenan la superficie rectangular, inserí- vedas; las superficies, caladas y repuja- das, recordando el trabajo en hierro, en deados de adornos del Renacimiento- Si" doble plancha calada. Siglo xv. glo xvi. Sr. Conde de las Almenas. D. José Lázaro. Xúm, 346. Núm. 354. Dos mazas de autoridad, de plata fundida y Bandeja circular, de plata dorada y repujada, cincelada, con adornos foliados y masca- con abultado tetón central, figurando te- rones y soportes del Renacimiento- Fina- jido de juncos; orla grabada en ei fondo les del siglo xvi. de la bandeja y borde repujado con de- Ü. José Lázaro. coración estilo del Renacimiento, con su jarro cilindrico y asa elíptica decorada Núm, 347. con esmaltes; punzón de Córdoba, de Al- Bandeja redonda con gran tetón y una flor faro y de A/9. Diámetro, 47 cms- grabada en el centro; el adorno es de pi- Doña Dolores de los Ríos. nas fundidas y cinceladas. Comienzos del siglo xvi. Núm. 355. D. José Lázaro. Bandeja de plata dorada y repujada, disco central adornado con hojas de acanto, Núm, :M8. orla en el fondo de la bandeja, en la que Bandejita de plata fundida, con gran tetón en alternan flores y palmetas; análoga deco- cuyo centro hay una concha rodeada de ración en el reborde; punzones ilegibles. una franja con ocho botones. Comienzos Diámetro, 57 cms. del siglo xv,. Catedral de Toledo. D. José Lázaro. Núm. 356. Núm. 349. Bandeja con medallón central repujado y de- Jarro de plata, dorado, relevado y cincelado; coración grabada y gran cenefa repujada llamado vulgarmente de Jaime, el Con- con cartelas, figuras y frutos; punzón de quistador, aunque es del siglo xvi; pun- Ais y Alfaro, de Córdoba. Mediados del zón de Zaragoza. siglo xvi. Catedral de Zaragoza. Sr. Marqués de Sania Cruz de Aguirre. Núm. 3.50. Núm. 357. Jarro castellano, de plata dorada, con masca- Bandeja de plata fundida, de tres planos y rón en el frente, cinturón de relieve y gran tetón con escudo nobiliario. Si- banda grabada en la parte inferior Si- glo xvi. glo XVI. D. José Lázaro. D. José Lázaro. Núm. 358. Núm. 351. Jarro castellano, sobrio, dorado, con masca- Plato con escudo en el centro. Siglo xvi. rón en el frente, cinturón con botones a D. José Lázaro. los lados; grabado. Siglo xvi- D. José Lázaro. Núm. 352. Bandejita de plata, con tetón, en cuyo centro Núm. 35!t. se ve un busto de mujer. Siglo xvi. Dos palanganas de plata dorada, de forma do- D. José Lázaro. decagonal y labor plateresca; punzón de Zaragoza. Siglo xvi. Núm. .153. Seo de Zaragoza. Bandejita de plata dorada, con tetón, en cuyo centro se ve un busto, y otros cuatro bus- Núm. ;í7. Sr. Marqués de Camarasa. Bandeja redonda, de dos planos, con tetón N u m dorado, grabada. Fines del siglo xvi. - 4l>6- D. José Lázaro Bandeja y jarra castellana, de plata dorada, tipo modelo dentro de su clase y estilo, Núm. 3í>S. decoración grabada y medallones esmal- Disco de plata fundida y cincelada, con un tados en azul. La jarra con doble nerva- escudo nobiliario en el centro. dura en la base, decoración grabada, asa D. José Lázaro. curvilínea recta; punzón repetido; Girar- Núm. 3¡)ft. D. Carlos de Urcola. Bandeja redonda, de dos planos y tetón dora- do, fundida y grabada; en el tetón, escu- Núm. 407. do nobiliario. Fines del siglo xvi. D o s can deleros de base circular, pie formado D. José Lázaro. d e s e c c iones múltiples de diámetros dis- N , ,na tintos; punzón de Méjico, durante la do- ' , - , - -. , minación española; González. Trabajo del Frasco de cristal pintado, con guarnición de t¡empo d e ^ r]_ MiQ ^ ^ plata dorada. D_ Jos¿ Lázart}_ Sres. de Sarolla. Núm. 401. Núm. 408, Jarro castellano, de plata repujada, con un Sonajero representando una sirena tocando mascarón en el frente y un cinturón en el una trompeta; plancha recortada y escul- centro. Fines del siglo xvi. turada, dorada en parte. Siglo xvi. ü. José Lázaro. D. Fabriciano Pascual. N ú m . 40¡». N ú m . 417. Sonajero en forma de esfinge alada, con plan- Salero doble, de sección plana y elíptica, de- co repujado, hueco, sostenido por doble coración grabada; punzón de Segovia. cadena. Fines del siglo xvi. Primer tercio del siglo xvn. Mide 1 1 1 / 2 Srrs. Marqueses de Urquijn. centímetros. D. José A. Weissbergcr. Núm. 410. N ü m Dos cubiertos, cuchillo y cuchara con decora- "418' arra ciones nieladas, esmalte y plancha cala- J castellana, de plata fundida, con masca- r o n e n el da. El puño del cuchillo termina en cris- frente, cinturón en el centro y fl a tal de roca. Comienzos y mediados del f j grabada en el fondo. Comienzos del S¡ ID siglo xvi la cuchara y cuchillo. & *VII. D Srta. Beatriz Lafora. - J°sé Lázaro. Núm. 411. N ú m . 419. Jarra ;•málo£ Dos candeleros de base circular, pie de sec- ciones múltiples de diámetros distintos; sin punzón, Comienzos del siglo xvn. N ú m . 420. Alto, 37 cms. Jarra i*náloí Srcs. de Sorolla. Núm. 412. Núm. 421. Farol de plata repujada sobre armadura de Jarra ianálot madera, sección octogonal. Comienzos „ . ' L'- del siglo xvn. D. Luis Rut. Núm. 422. Bandejita de plata repujada, con tetón foliado, m * ' dividida en gajos que terminan en una Tintero y salvilla de una escribanía, en bronce corona de flores. Siglo XVII. dorado, sección cuadrada; en la cartela Q J0$^ L¿V(tra central, la cruz de Santiago. Época, co- mienzos del siglo xvn. Núm. 423. !). José A. Wcissbergcr. Plato con escudo en el centro, sostenido por un balaustre que le sirve de pie. Núm. 414. D_ Jos¿ Látaro Arqueta con guarnición de plata calada y gra- Nüm bada. Comienzos del siglo xvn. Altura, * 42i- 21 cms. Caja pequeña con armadura de plata y tapas Sra Marquesa de Argücso planas de concha. Siglo xvm. D. Julio Cavestany. Núm. 415. Bandeja con medallón central y orla, decora- . . , . . • j j i -j Dos candeleros de cristal de roca y plata, en ción repujada de cartelas repetidas; pun- . , . , , , J i • J i, , i ' i . i c-T parte dorada, aislando los trozos de la zon de Madrid. CSiglo xvn. u Mide 57 cms. ^ ' , „ . . roca filigrana dorada. Catedral de Toledo. D. José Lázaro. Núm. 416. Núm. 42G. Caja de concha, con asas, guarniciones y de- Bandejita de plata con tetón de oro en el cen- coraciones en plata calada. Comienzos tro, de dos planos, grabada en estrella en del siglo xvn. Altura, 14 cms. el plano inferior. Siglo xvn. Sr. Marqués de la Torrecilla. Sr. Conde de las Almenas. - 118- Núm. 427. Sandoval, hija del Duque de Lerma. A la Bandeja de plata fundida y cincelada, con es- izquierda de la cerradura, y en una placa maltes opacos y un tetón de esmalte de plata, aparece el nombre del conde, y translúcido. Estilo del siglo XVII. a la derecha, el de la condesa. Siglo xvu D. José Lázaro. o principios del xvm. D Núm 428 °"a rrinidad Vsatorrc de Méndez Casa!. Candelero de plata dorada con adornos Rena- Núm. 433. cimiento. Siglo xvii. Sonajero en forma de sirena, recortado en D. José Lázaro. plancha grabada; pequeño medallón en N ú m , 420# . Marqués de Via na. Sr. Marqués de la Cenia. Núm. 431. N " m - 438. Encuademación de terciopelo con broches y Jarra castellana, tipo recto, cenefa de decora- cantoneras de plata. Siglo xvu. ción grabada; punzón de Valladolid y de D. José Lázaro. Alonso Grez y de Andrés Alonso. Si- glo XVII. Núm. 4H2. Sres. de Baüer. Arqueta de concha y plata. Perteneció a los Condes de Lemos, D. Pedro Fernández Núm. 439. de Castro (al cual dedicó Cervantes el Jarra análoga a la anterior. Quijote) y doña Catalina de la Cerda y Srcs. de Baüer. JVúm. 440. bordura y fondo portátil de cobre; sobre Marco de cuadro o relicario, de sección cua- éste se apoya otro brasero con cenefa de drada, con ángulos redondeados, con un decoración grabada y asas monumentales cordón que recorre su perímetro y cuatro repujadas con pandóles o badila en forma pequeños adornos en los lados sobre el de concha. Trabajo mallorquín de media- cordón. Siglo xvn. dos del siglo xvn. Diámetro exterior, 8 0 Sra. Marquesa de Argneso. centímetros. Sres. Marqueses de la Romana. Núm. 441. Jarro de tipo castellano, de plata dorada, de- Núm. 448. coración grabada y asa lobulada; punzón Dos candeleros de tres brazos, base y fuste de Zaragoza. Siglo xvn. repujados. Alto, 25 cms. Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. .SV. Marqués de la Cortina. Núm. 442. Núm. 449. Jarra de tipo español y con forma de cariátide, Centro de mesa sobre bandeja giratoria de mango recto en sección semicircular; sin sección cuadrada para la colocación de punzón, Trabajo español, siglo xvn. Alto, ocho piezas secundarias, y un centro ter- I 5 cms. minado en palillero. Ejemplar curioso de Sr. Marques del Riscal. mediados del siglo xvn. Sr. Conde de las Almenas. Núm. 44:t. Jarro con tapa, tipo español, decoración aga- Núm. 450. llonada. Siglo xvn. Alto, 11 cms. Estatuilla que representa un santo. Estilo ga- ü. Francisco Ahnarche. llego del siglo xvn. Alto, 1 5 cms. /;. Pedro del Castillo Olivares. Núm. 444. Salero circular cóncavo, sobre armazón cilin- Núm. 451. drico, apoyado en tres pies, con decora- Dos broches curvos, rectangulares, con floro- ción de mediados del siglo xvn; plata do- nes en la parte central; trabajo en plata rada; punzón poco legible, al parecer, de del siglo XVII. Córdoba. D. Ramiro Rufo. Sr. Marqués de la Torrecilla. Núm. 452. Núm. 445. Caja de concha, con guarniciones y asas de Candil muy pequeño, de ocho brazos sobre plata, con ornamentación grabada. Tra- base octogonal; sin punzón. bajo español del siglo xvn. Altura, 23 cen- Sr. Marqués de la Cenia. tímetros. Sres. Condes de Caudillo. Núm. 446. Bandeja frutero de plata dorada, con orna- Núm. 453. mentación calada en forma de puntos. Arqueta de concha, guarniciones de plata, Mediados del siglo xvn. con decoración grabada. Trabajo del si- Sra. Marquesa Viuda de Caslriüo. glo xvn. Altura, 13 cms. Sres. Condes de Caudilla. Núm. 447. Núm. 454. Brasero de plata de gran tamaño; la tarima o soporte está formado por dos pisos de Marco relicario formando rosetas de poca den- sidad. Trabajo del siglo xvn, Alto, 5 1/2 Sr. Marqués de Tot '-Herí Núm. 455. Esenciero del siglo xvn, de forma esférica, gallonado. Sria. Concepción Borondo. Núm. 45(1. Núm. 464. Bandeja redonda, fundida, cincelada, en par- Marco de plata repujada, con rayos ornamen- te dorada, de dos planos y tetón; los seis tados, con piedras de colores sobre cabu- bustitos que la rodean quieren represen- jones. Época de Carlos II. tar guerreros. Estilo del siglo xvn. Sr. Marqués de la Torrecilla. D. José Lázaro. Núm. 4(i3. Núm. 4S7. Arqueta de concha, tapa semicircular, guar- Marco circular de filigrana perlada, represen- niciones de plata. Finales del siglo xvn. tando róeles superpuestos; pequeño co- Tamaño, 1 4 x 7 cms. pete calado. Estilo del siglo xvn. Alto, Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. 9 1/2 cms. Srcs. /- J de r -,-,1 Condes J Caudillo. Núm. 466. Encuademación terciopelo rojo con cantone- Núm. 458. ras, broches y medallón central de plata Sonajero en forma de sirena, lámina escultu- repujada. Época de Carlos II. rada, cadena de diverso tipo. Mediados ]). Gaspar Diez de Rivera. del siglo xvn. N u m > 4 anillo sostenido por seis brazos dobles sobre un vastago central que sirve de Núm. 484, unión a la cadena. Arqueta de madera con guarnición de plata 1). Félix Rodrigues Rojas. calada. Época de Felipe V. Tamaño, 31 X I6cms. N u m . 4.<>. D.Luis Landecho, Sonajero en forma de sirena tocando una trompa, sostenida por triple cadena de Núm. 48<>. eslabones planos y repujados. Finales del Estuche de servicio para afeitarse, de sección siglo xvn y principios del xvnt. rectangular, decoración floral simétrica, Srcs. Marqueses de Urquijo repujada y cincelada; punzón de Madrid. Época de Felipe V. Núm. 477. Sres. dc Baüer. Urna de votaciones, de forma casi esférica, Núm con asa y tapa, decoración grabada. Fi- * 486- nes del siglo xvi o comienzos del xvn. Sonajero en forma de sirena, plancha recorta- da Ayuntamicnto de Madrid. Y grabada, cadena de tipo Wokingson, de eslabón de alambre. Comienzos del Núm. 478. s ig[ o x v l l l Marco pequeño octogonal. Trabajo de finales Srcs. Marqueses de Urquijo. del siglo xvn y principios del xvni. Alto, Núm 5 1.2 centímetros. ' '18T" D.José A. Wcissberger. Marco de plata, ligeramente repujado y gra- bado, decorado por rosetones y líneas de Núm. 479. piedras, completando una decoración Pequeña bandeja cóncava, con fondo decora- Luis XV, que remata en una diadema. do en motivos geométricos. Siglos xvn Trabajo español de la época de Fernan- al xvm. Diámetro, 18 cms. do VI. Sra. Marquesa de Caieedo. Sr. Marqués dc la Torrecilla. — 122 — Núm. 488. Núm. 496. Caldero, con la parte superior lobulada, diver- Jarra lisa de tipo español, cariátide en el picó, gente, decoración grabada a punzón, asa asa Luis XV; punzón poco legible. Prime- trilobulada. Época de Fernando VI. Alto, ra mitad del siglo xvm. Alto, 18 cms. 23 X 25 cms. de diámetro. Sres. Marqueses del Riscal. Sres. de Sorolla. Núm. 407. Núm. 489. Atril de plata, de plancha repujada, con deco- Vaso de plata, borde lobulado, asa de líneas ración floral y la cruz de Calatrava. Tra- macizas y curvilíneas, del tiempo de los bajo del año 1726, mandado hacer por Luises; punzón de Zaragoza- Hecho por D." María Antonia Portocarrero y María Alvarez. Época de Fernando VI. Alto, 24 Ignacia. centímetros. D. Pedro del Castillo Olivares. D. Generoso González. Núm. 498. Núm, 4ftO. Catador de vinos de plata repujada, con ocho Cajita plana de sección lobulada; decoración formando un marco estilo Luis XV, con vocales- Siglo xvm. composición de figuras en la cartela cen- D. José Lázaro. tral. Época de Fernando VI, Núm. 49Í>. 1). Pedro del Coslilh Olivares. Dos mazas de plata dorada. Trabajo intere- Núm. 4Í»1. sante de mediados del siglo xvm. Bandeja oblonga con decoración formada por Ayuntamiento de Madrid. cuatro cornucopias de estilo Luis XV y Núm. .700. un medallón central. Época de Fernan- do VI. Tamaño, 64 X 44 cms. Joyero en forma de zueco holandés; decora- S. M. el Rey. ción grabada con una ágata en la tapa. D. Félix de Sirabcgne. Núm. 492. Sopera con su tapa, tipo Luis XV, agallona- Núm. ¡301. da, sin decoración especial; punzón de Esenciero formado por dos casquetes semies- Toledo. (Águilas.) Época de Fernan- féricos; decoración grabada, lisa, radial. do VI. Época, siglo xvm. Srta. Javiera Armada. D. Félix Rodrigues Rojas. Núm. 493. Núm. 502. Bandeja repujada en líneas gruesss, estilo Sonajero en forma de pez, curvilíneo, de fili- Luis XV, trabajada en España durante el grana, con cinco borlas también de fili- reinado de Femando VI. Tamaño, centí- grana, sustituyendo cascabeles- Media- metros 51 X 38. dos del siglo xviii. Sra. Marquesa Viuda de Villavcrdc de Limia, Sres. de Cabrcjo. Núm. 494. Núm. 5- Encuademación de plancha calada y repuja- Núm. 515. da, con armas en las dos tapas, broches Marco de plata, de sección ligeramente trape- y rectángulos en el lomo. Ejecutoria del zoidal, con decoración rococó. Mediados apellido Luque. del siglo xvm. Sr, Conde de Leyva. Sra. Marquesa de Argüeso. Núm. 507. Núm. 516. Copa de estilo castellano, completamente lisa, M a z a del Cabildo de la Catedral de Toledo, con asa Luis XV y pico en forma de ca- t r a b a jo de plata repujada sobre una sec- riátide. Siglo xvm. c j o n constantemente triangular, con gran- Sr. Marqués de! Riscal. des figuras, cartelas y volutas de una de- coración exuberante rococó de mediados N u m . 508. j i • i del siglo xvm. Copa derivada del tipo castellano, con borde Catedral de Toledo ondulado, repujado en la base simulan- do hojas, asa Luis XV. Trabajo del si- Núm. «17. glo xvm. Encuademación del Kempis en plata repuja- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. d a ; trabajo del siglo xvin. Tamaño, centí- Núm 509 metros 1 5 X 7 . _ , Sra. Duquesa Viuda de Valencia. encuademación en terciopelo con adornos de plata repujada. Siglo xvm. Num. 518. D. José Lázaro. pequeño marco de filigrana de doble águila Núm 510 coronada; posiblemente de Córdoba. Tra- _, . , . bajo del siglo xviii. Altura, 9 cms. encuademación de terciopelo encarnado con n y r 'd adornos de plata repujada. Siglo xvm. D. José Lázaro. Núm. 513. Cajita de plata dorada representando un borre- J Núm. 511. . „ j , . gmto con un collar de pedrería y un cen- Sonajero en forma de sirena esculturada, ca- cerro. Siglo xvm. dena Wokingson, de alambre. Mediados D Jgsé h&2arQ, del siglo xvin. D. Vicente Castañeda. Núm. 520. N ' m 512 Catador de vinos de plata grabada. D e ' ° J • J - J°sé Lázaro. sonajero de sirena, recostada, con espejo en la mano, eslabones lisos y calados alter- Núm. 521, nativamente, campanilla en vez de la ca- Marco d e sección compuesta y lisa, con can- dena central. Mediados del siglo xvm. toneras y pianchas cen trales repujadas, Srcs. de Cabrejo. fundidas y cinceladas; punzón de Méjí- c o Núm 513 ^ u r a n t e ' a dominación española. Me- _ . , diados del siglo xvm. Sonajero de bronce dorado, sirena recostada, „ ,, ... , , ,..,, , , r. . . . , Sra. Marquesa Viuda de Villavcrde de Limxa. con espejo en la mano derecha, eslabo- nes calados. Mediados del siglo xvin. Núm. 522. Srcs. Marqueses de Urquijo. Marco de madera con incrustaciones de con- cha, bordura exterior e interior y canto- zón de localidad- Hecho por Campos. neras de plata. Mediados del siglo xvin. Altura, 1 6 cms. Sr. Marqués de la Cenia. D. Isidoro de Pedrasa. Núm. 523. Núm. 531. Marco de concha con aplicaciones de plata Bandeja cóncava, en forma de doble concha, repujada. Mediados del siglo xvni- con decoración de conchas en la bordu- Sr. Marqués de la Cenia. ra; sin punzón. Sr. Marqués de ¡a Cortina. N ü m . 524. Núm. 532. Marco rectangular, de sección compuesta y lisa, con cantoneras, placas centrales y Salero con dos tapas, repujado, con decora- ción Luis XV, base cónica. Época de copete ligeramente repujado. Mediados Carlos III. del siglo xvni. Sra. Marquesa de Moret. Sra. Marquesa de Arpüeso. Núm. 533. N ú m . 525. Dos cucharas de pala plana, mango corto; sin Brasero de plata, sin decoración alguna, con punzón. Siglo xvm. reborde liso- Tarima de nogal y limon- D. Pedro del Castillo Olivares. cillo, sostenido por patas en estípite. Tra- bajo de mediados del siglo xvni. N ú m . 534. Sr. Marqués de la Cenia. Lente con armazón de plata, decoración gra- bada. Época de Carlos III. Núm. 52fi. D.José A. Weissbergcr. Estatua de plata representando a San Miguel, repujada y cincelada, pie de madera con Núm. 535. frentes, canteras y apoyos de plata repu- Atril de plata repujada, decoración Luis XV, jada. Siglo xvm. hecho por García de Sevilla. Mediados Sr. Marqués del Llano de San Javier. del siglo xvm. Sr. Conde de la Revilla. N ú m . 527. Núm. 53tí. Mancerina en forma de concha, agallonada; punzón de cuatro cuarteles, Mediados Bandeja de sección lobulada, repujado central representando un león, con el fondo de del siglo xvm. decoración Luis XV; punzón de Córdoba; Sra, Marquesa Viuda de CaslriUo. Aranda, seguramente, en sus primeros N ú m 528. tiempos. Mediados del siglo xvm. Tama- ño, 5 0 X 3 6 cms. Bandeja lobulada con decoración gruesa; tipo Doña Dolores de los Ríos. Luis XV- Mediados del siglo xvm. Tama- ño, 51 X 3 6 cms. Núm. S37. Doña María Luisa Bascarán de Machimbarrcna. Bandeja rectangular con cenefa repujada y ca- lada y dos asas de plancha recortada y calada; el fondo, grabado; punzón de Sa- Palmatoria circular agallonada, con mango lamanca, por P. Téllez. repujado, con decoración Luis XV; hecha Sr. Duque de Andría. por Molina en Valencia. Época, segunda mitad del siglo xvm. Núm. 538. Sra. Marquesa de Pozo-Rubio. Fuente rectangular, lobulada, de fondo cónca- vo, ligeramente agallonada, decoración Núm. 530. grabada; punzón de Méjico, por Gonzá- Jarro con su tapa, perfil Luis XV prolongado; lez. Mediados del siglo xviii. cuerpo, basa y tapa, estriadas; sin pun- Sr. Duque de la Unión de Cuba. — 125 Núm. 539. Núm. 547. Bandeja circular con decoración central de un Salero, sección oblonga, decoración repujada. ciervo y paisaje; punzón de Salamanca. Estilo Luis XV, base divergente. Mediados del siglo xvni. Diámetro, 36 P. José A. Weissbcrgcr. centímetros. Núm. 548. Sr. Conde de Cabarrús. Caja rectangular, decoración grabada con pe- Núm. 540. queño rebajo lobulado. Época de Car- los III. Tamaño, 5 I'2 X 4 cms. Bandeja circular con cenefa Luis XV, mujer D. Pedro del Castillo Olivares. sobre fondo de paisaje; punzón de Sala- manca. Mediados del siglo xvm. Diáme- Núm. 54!). tro, 3 7 cms. Espadín de tiempos de Carlos III, con empu- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. ñadura de plata facetada imitando brillan- te y con adornos de oro y esmaltes. Núm. 541. Museo de Artillería. Bandeja de sección elíptica, lobulada, decora- ción Luis XV, repujada con cornucopia Núm. 550. central; punzón de Córdoba; hecha por Dos pistolas {cada una tiene su pareja, que no Aranda el año T 769. Tamaño, 53 X 38 figuran por ser iguales a las presentadas). centímetros. Trabajo curioso de final del siglo xvm. !). Salvador García de Pruncda. Srrs. de Baücr. N ú m . 55J. Núm. 543. Caja rectangular; decoración grabada. É p o c a Bandeja de sección casi rectangular, repujada de Carlos III. Tamaño, 7 X 5 cms. con elementos de decoración Luis XV; D. Pedro del Castillo Olivares. punzón de Córdoba; hecha por Aranda. Época, mediados del siglo xvm. Tama- N ú m . 552. ño, 39 X 30 cms. Tabaquera rectangular plana, fondo rayado Sres. de Baücr. plano; tapa decoración Luis XV. Finales de Carlos III. T a m a ñ o , 8 1 / 2 X 5 cms. Núm. .543. D. Pedro del Castillo Olivares. Fuente cóncava, alargada, lobulada; punzón N ú m . ór,!í. de Córdoba de T782. Sr. Marqués de Camarasa. Marco de concha con cantoneras y copete en plancha de plata repujada; estilo Núm. 544. Luis XV. Tamaño, 7 1 / 2 X 1 7 cms. Dos mancerinas elípticas, con cenefa y arma- Sr. Marqués de la Torrecilla. zón de plancha calada; punzón de Ma- Núm. 554. drid de 1 7 8 7 . Marco rectangular, de sección lisa y compues- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. ta; copete terminado en corona, con orna- mentación Luis XV. Época de Carlos III. N ú m . 545. Tamaño, 8 X 16 cms. Caja rectangular; decoración Luis XV. Época Sr. Marqués de la Torrecilla. de Carlos III. T a m a ñ o , 8 x 6 cms. Núm. 55,1. Ü. Pedro del Castillo Olivares. Bandeja lobulada, sección casi elíptica. Épo- Núm. 546. ca de Carlos III. Tamaño, 40 X 29 cms. Sres. Marqueses de la Romana. Cajita casi plana, perímetro lobulado, cene- fa ligeramente repujada, decoración Núm 556. Luis XV; cartela central, composiciones Salero con su tapa, agallonado, recto, con mitológicas. Época de Carlos III. tres patas. Época de Carlos III. D. Pedro del Castillo Olivares. Sr. Marqués de Figueroa, Núm. S57. Núm. 566. Bandeja oblonga, sensiblemente rectangular, Bandeja circular con decoración Luis XV, me- decoración por sectores recordando moti- dallón central con corazón atravesado; vos Luis XV. Tamaño, 4 0 X 3 0 cms. punzón de Salamanca. Sr Du ue dc Arión Sra. Marquesa de Argücso. - 1 - N ú m Núm. 558. - 56T* Bandeja rectangular, decoración Luis XV; Bandeja de plata repujada con un peregrino sobre punzón de Córdoba; Aranda. Época de PaisaJeí P u n z o n ' a P e n a s v i s i b l e - d e Carlos III. Tamaño, 4 6 X 3 3 cms. Salamanca. _ „ . , , . . . -Sr. Duque de Anón. D, Francisco dc Lmglesia. Núm. 568. , Bandeja circular, lobulada, con cenefas circu- Acetre de sección cilindrica, asa trilobulada, ^ repujadas c o n raotivoflora,. pimzon cuerpo cilindrico acanalado; sm punzón. dg Córdoba Labor española del tiempo de Carlos III. ^ $ e de jr¡¿n Tamaño, 24 cms. de altura y 23 cms. de diámetro. Núm. 569. Sr. Conde dc tas Almenas. Bandeja circular con medallón central con el a v e Fénix Nüm. 560. ' orIa estiI ° Luis X V ; PU n z ó " d e r, , . j i , Salamanca. Palmatoria de planta octogonal y mango rec- c r [)umc ¿c Ari'n to prolongado, cadena con espabiladera; punzón de Avila. Época de Carlos III. Núm. 570. Sr, Marqués dc ¡a Torrecilla. Tabaquera de sección rectangular lobulada, Núm. 561. con decoración floral, cubriendo la super- ficie de una manera homogénea. Trabajo Dos candeleros de base semiesférica lobula- cincelado de mediados del siglo xvm. da; punzón de Córdoba; platero, Castro. tipo francés. Época de Carlos III. Alto, 24 cms, Sres. de Baiier. Sra. Marquesa Viuda dc Castritto. Núm. 571. Núm. 562. bandejas rectangulares, de cenefa recto D o s Palangana lobulada; punzón de Córdoba, de inclinada; la decoración esté formada por Castro y Campos. Época de Carlos III. las armas de Toledo con los dos reyes; Tamaño, 3 9 X 9 cms. punzón de Toledo, hechas por T. Pérez Srcs. de Sorolht. y Menches. Ultima mitad del siglo xvm. Tamaño, 48 X 3 3 cms. Ayuntamiento dc Toledo. Bandeja oblonga, lobulada, con decoración floral, con motivos Luis XV. Núm, 572. Sr. Duque de Arión. Bandeja repujada, circular, con decoración Luis XV; punzón de Salamanca, por Cas- N ü m - M1- tro. Diámetro, 32 cms. Bandeja circular, con cenefa lobulada y gran ^rcs_ Marqueses de la Romana. tetón central, motivos de trazo grueso es- tilo Luis XV; punzón de Méjico. Núm. 573. Sr Duque dc Arión Escribanía formada por cinco piezas, con de- coración agallonada curvilínea y bandeja Núm. 565. plana con bordura lobulada; punzón de Bandeja oblonga con medallón central repu- Barcelona, por Juan Angelí. Estilo fran- jado, cés de la época de Luis XV. Sr. Duque dc Arión. Sr. Marqués de la Torrecilla, Núm. 574. entrelazados; cadena Wokingson. Época Bandeja elíptica, repujada la parte central y isabelina, finales del siglo xvm. la orla; gruesos motivos de la época de Sra. Marquesa de Argüeso. Luis XV; punzón de Barcelona. Segunda mitad del siglo xvm. Tamaño, 53 cms. Num. 583. Sonajero en forma esférica, con mango de D. Adriano M. Lanusa. nácar y punta en forma de silbo. De fina- Núm. 575. les del siglo xvm. Bandeja de sección elíptica, repujado grueso I). Pedro del Castillo Olivares. en sencillos motivos Luis XV; punzón de Núm. 584. Córdoba. Época, última mitad del si- glo xvm. Escopeta de miquelete, de cañón de hierro for- f). Adriano M. Lanusa. jado, con incrustaciones de oro; tiene llave a la española, caja chapeada de pla- Núm. 576. ta labrada con incrustaciones de piedras Dos candeleros estilo Luis XV, base lobulada, preciosas. Siglo xvm. decoración helicoidal, hechos en Cádiz Museo de Artillería. en 1787. Alto, 25 cms. Núm. 585. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Torre de plata repujada, que perteneció a las Núm. 577. capillas de los establecimientos de Arti- Bandeja elíptica, motivo central con atributos; llería de Santo Domingo y Cuba. punzón de Córdoba del año 1 785, Repi- Musco de Artillería. so. Tamaño, 40 X 27 cms. Núm. 586. /;. Pedro dd Castillo Olivares. Espada de ceñir, con empuñadura, guarda- Núm. 578. mano y pomo de plata labrada, y la vaina Bandeja de sección elíptica, lobulada, decora- de cuero con boquilla y contera del mis- ción central y orla repujada, iniciado el mo metal. Fines del siglo xvni. agallonado; punzón de Córdoba del Museo de Artillería. año T778; hecho por el platero Ruiz y Leiva. Tamaño, 46 X 30 cms. Núm. 587. O. Francisco de Laiglcsia. Chofeta o braserillo semiesférico, liso; pun- zón de Córdoba del año 179T. Diáme- Núm. 579. tro, 8 cms. Bandeja de sección rectangular, decoración Sra. Marquesa de Bcrmejillo del Rey. Luís XV; trabajo de Córdoba. Segunda mitad del siglo xvin. Tamaño, 45 X 34 Nüm. 588. centímetros. Mancerina circular, lobulada. Fines del si- D. Pedro del Castillo Olivares. glo xvm. D. Julio Cavestany Núm. 580. Chocolatera de plata sostenida por tres pies y Núm. 58». con pico agallonado; punzones ilegibles. Mancerina de forma elíptica; borde liso; pun- Sr. Marqués dr Viana. zón de Madrid. M. coronada. Fines del siglo xvm. Núm. 581. D. Julio Cavestany. Dos platos de vajilla, lisos, con bordura y pe- Núm. 590. rímetro lobulado; punzón de Madrid. Si- glo xvni o principios del xix. Salvilla circular con borde lobulado, fechado Sr. Marqués de Viatia. en 1789; punzón de Córdoba; platero, A. Ruiz. Está grabada con la palabra Núm. 583. «obrero». Campanilla, mango formado por dos delfines D. Julio Cavestany. Núm. 591. Núm. S99. Palmatoria, base lobulada; punzón de Córdo- Dos catadores de vino, plata repujada, decó- ba, 1 7 8 9 ; Ruiz. ración sencilla; asa doble. Fines del si- D. Julio Cavestanv. glo xvm. D. Pedro del Castillo Olivares. Núm. 5!»2. Jarro Renacimiento, con decoración repujada Núm. 600. dentro de una ornamentación Luis XV, Jarro de perfil liso, asa prolongada en cabeza asa en forma de pez alado con cabeza de animal; sin punzón. Fines del si- humana; sin punzón. Trabajo del si- glo xvm. Altura, 2 8 cms. ¡) glo xvm. - -'"/"«« Franco. Sr. Conde de la Rcvilla. jfúm. 601. Núm i>»3. Bandeja y jarro, la primera lobulada, de sec- Bandeja polilobuiada con medallón central ción elíptica, agallonada; el jarro, agallo- nad repujado, hecha en Córdoba por Aranda ° . de sección aplanada; presentan el año 1771. Dimensiones, 5 2 X 3 8 marcas grabadas comunes, a pesar de lo cua centímetros ' ' a bandeja está hecha en Córdoba, or Sr. Duque de Andría. P Aranda, a fines del siglo xvm, y el jarro, por Castro, a fines del mismo siglo. Núm. 594. gres. Condes de Torre-Arias. Campánula, mango forma de delfines, con N ú m cadena. Siglo xvm. - (i02* D Julio Cavesíany Salero doble, con tapa en forma de concha; sin punzón. Fines del siglo xvm. Núm, 595. Sr. Marqués de Caso-Torres. Bandeja repujada, de forma oval con borde Núm lobulado, dibujo Luis XVI, un canastillo * tío:í- D o s de flores en el centro y medias perlas y cuadros elípticos, repujados, de asunto otras flores completando su decorado; religioso. Trabajo interesante de princi- punzón de Córdoba; firmada por A. Ruiz P i o s d e l siglo xvm. D Gustavo Morcno en 1 7 8 9 . Tamaño, 4 9 X 34 cms. - - Doña Pilar Bastida de Cavestany. N ú m . G04. Núm. 596. Salero doble, estilo Luis XV; punzón poco vi- . . . . . , . . . . . sible. riñes del siglo xvm. Velón de cuatro luces; presenta la originan- ,-. if ^ar ., ¡a „ ) m dad de estar marcado con un punzón que fue creado para la exportación de las pie- Núm, (¡OÍ). zas extranjeras que accidentalmente estu- Palmatoria de base achaflanada, con espabi- vieron en París. Fines del siglo xvm. ladera; mango largo; punzón de Barcelo- ü. Alfonso Franco. na, hecho por Angelí. Fines del siglo xvm. D. Alvaro Cavestanv. Núra, 597. Estatua de Santiago, en plata repujada. Tra- Núm. (¡06. bajo gallego de fines del siglo xvm. Alto, Dos mancerinas repujadas, circulares, con ra- 1 6 cms. dios unidos por arcos; armazón de plan- D, Adriano M. Lanusa. cha calada y grabada; sin punzón. Ultima mitad del siglo xvm. Núm. 598. D Adrkn0 M LanusQ Dos catadores de vino de plancha repujada: el pequeño, más que semiesférico, de 6 1/2 Núm. B07. centímetros; el mayor, polilobulado, con Plato de vajilla, liso, con bordura; perímetro medallones circulares hundidos y repuja- lobulado; punzón de Madrid. Fines del dos. Fines del siglo xvm. siglo xvm o principios del xix. .SVÍI. Marquesa de Argüexo. Srla. Javiera Armada. Núm. «08. Núm. «1«. Salero partido, repujado, de base diverge Mancerina circular, lobulada; punzón de Lugo estilo Luis XV. Fines del siglo xviu. (un cáliz), hecha por López y Pérez. Fi- I). Pairo del Castillo Oliva nes del siglo xviu. S. A. la Duquesa de Talavera. Nú (iOfl. Núm. «17. Dos saleros dobles; punzón desconocido. Es- Seis mancerinas de planta circular, perfiles tilo francés de la época de los Luises. borde lobulado, hechas por B. Garro. Fi- Tamaño, 1 2 X 4 cms. nes del siglo xvm. Sres. Marqueses dr 1Q Romana. S. A. la Duquesa de Talavera. Núm. «1(1, Núm. «18. Bandeja de filigrana de plata, decorada en Bandeja con decoración central con atributos; forma de hojas en disposición radial, con punzón de Córdoba; Aranda. nervios macizos de lámina plana y orla Sra. Marquesa Viuda de Casirillo. homogénea de motivo lobulado. Si- glo xviu. Diámetro, 53 cms. Núm. 619. .SV. Duque de la Unión dr Cuba. Bandeja rectangular, lobulada, florón central; punzón de Córdoba; Aranda. Fines del Núm. «11. siglo xvm. Tamaño, 42 ••< 31 cms. Taza con tapa, cenefa grabada, asa del gusto I). Frandseo tic Laif/lesia. de Luis XV; sin punzón. Fines del si- Núm. «20. glo xviu. Bandeja de sección elíptica, lobulada; punzón D. Adriano M. Lanusa. de Córdoba del año 1 7 8 4 . Tamaño, Nám. «12. 3 8 X 2 7 cms. Srcs. Marqueses de la Romana. Dos candeleros de base ancha, cuadrada y achaflanada, de sección compleja, fuste Núm. (¡21. delgado y complejo; punzón de Córdoba, Bandeja, sección elíptico, florón central repu- por Aranda. Ultimo tercio del siglo xviu. jado; punzón de Córdoba. Fines del si- Alto, 24 cms. glo xvm. Tamaño, 49 X 33 cms, Sra. Marquesa Viuda de Vülaverdc de IAmia. D. Pedro del Castillo Olivares. Núm. «13. Núm. «22. Bandeja circular, decorada por repujado de Sopera en forma de cuenco elíptico con dos cenefas circulares acanaladas en sentido asas florales, cuatro pies también florales radial. Fines del siglo xviu. Diámetro, y con tapa rematada en una piñu; punzón 28 1/2 cms. de Madrid, de Urquiza. Sra. Viuda de Villegas. Sr. Marqués de Viana. Núm. (¡11. Núm. «2¡í. Bandeja repujada, oblonga, borde lobulado, Salero doble, con tapa, decoración repujada decoración barroca; punzón de Córdoba, tipo Luis XV, base ligeramente divergen- de Aranda. te; punzón de Córdoba, hecho por Martí- Srcs. de Baücr. nez en 1 7 9 3 . Sr. Marqués del Riscal. Núm. «24. Marco de sección octogonal alargada, con co- Núm. «15. pete y remate floral recordundo algo las Mancerina circular, lobulada; punzón de Cór- decoraciones Imperio; plata dorada. Épo- doba. Platero, Ru¡z. Fines del siglo xvm. ca de Carlos IV. Tamaño, 1 5 X 2 7 cms. S. A. la Duquesa de Talavera. Sr. Marqués déla Torrecilla. Núm. «25. Núm. 634. Dos bandejas rectangulares con florón central Marco relicario de plata repujada, formado el repujado; punzón de Córdoba; hechas copete por tres cabezas de ángeles. Épo- por Martínez el año 1 7 9 3 . ca de Carlos IV. I). Pedro del Castillo Olivares. D. Félix de Siraheqnc. Núm. (¡33. Núm. 62(i. Brasero sobre cuerpo de madera con incrusta- Bandeja de plata repujada con decoración flo- ciones de hueso, cenefa en forma de láu- ral en el centro y perímetro lobulado; rea con dos asas formadas por dobles ro- punzón de Córdoba del año 1 7 9 3 . leos. Ultima mitad del siglo xvni. Sr. Duque de Andria. Sr. Marqués de la Cenia. Xúra. 627. Núm. (¡:(G. Puño de espadín, trabajo a cincel de tipo Pila de agua bendita, de plata repujada, estilo francés, hecho en la Platería Martínez el rococó. Mediados del siglo xvm. año 1785. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. .SV. Marqués de la Torrecilla. Núra. 637. Núm. B28. Placa de plata dorada inspirada en La Piedad, Bandeja, medallón central repujado; punzón de Miguel Ángel; la firma Martínez, con de Córdoba. Época de Carlos IV. Tama- punzón especial usado por él personal- ño, 4 4 X 3 4 cms. mente. Fines del siglo xvm. Sr. Duque de Andria. Doña Saleta Cabrero. Núm. (¡2Í>. Núm. <í38. Bandeja lobulada; florón central repujado; Placa de plata repujada y dorada represen- punzón de Córdoba. Época de Carlos IV. tando a la Sagrada Familia, y San Juan Tamaño, 4 0 X 2 7 cms. en marco de plata blanca con medallones Sr. Duque de Andria. dorados y copete de flores; procede de Núm. (¡30. Platería Martínez. D. Enrique Podadera. Bandeja lobulada; medallón central repujado; punzón de Córdoba, contraste de Martí- Núm. «íí». nez. Época de Carlos IV. Tamaño, centí- Marco con placa de plata repujada represen- metros 40 X 26. tando una medalla de proclamación de Sra. Duquesa Viuda de Valencia. los Reyes Carlos IV y María Luisa. Época de Carlos IV. Núm. G:il. Sr. Marqués de Torre-Hermosa. Bandeja de perímetro lobulado, medallón cen- Núm. (¡40. tral repujado con atributos; punzón de Córdoba. Época de Carlos IV. Dos candeleras; punzón de Sevilla «No Made- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. jado». Época de Carlos IV. Alto, 25 cms. D. Luis Felipe Satis. Núm. G32. Núm. 641. Espabiladera de caja rectangular, mango lobu- Doce braserillos o chofetas. Fines del si- lado. Época de Carlos ¡V. glo xvm a T83O. D. Adriana M. J.anusa. D. Julio Cavestany. Núm. (¡S.I. Núm. 642. Tabaquera plana, sección elíptica, decoración Dos catadores de vino, lisos, con el borde si- grabada. Época de Carlos IV. Tamaño, nuoso y dos asas en forma de S. Comien- 8 X 4 1/2 cms. zos del siglo xix. D. Pedro del Castillo Olivares. D. Platón Páramo. Núm. 643. Núm. 652. Barco de filigrana representando una galera Bandeja oblonga con motivo central represen- con una línea de cañones. Trabajo de fili- tando un jarro con flores, repujado sobre grana de comienzos del siglo xix. un medallón que constituye todo el cen- Sres. de Bnücr. tro; punzón de Salamanca del año 1 8 0 2 . Tamaño, 4 7 X 3 6 c m s . Núm, 644. Jarro de tipo Imperio, orlas grabadas en la D. AdTidTiQ M. Lafiuza. base, tapa colocada a charnela; punzón Núm. 653. de Córdoba, por F. Martos. Comienzos Cuatro catadores de vino, con sus asas de del siglo xix. Alto, 29 eras. plancha recortada; uno de sección octo- Sres. Marqueses de la Romana. gonal y otro cilindrico. Comienzos del Núm. 645. Juego de cubiertos para postre, con mango D. Pedro del Castillo Olivares. de nácar y canto dorado, con labor cin" Núm. 654. celada en su estuche. Época, comienzos del siglo xix. Bandeja elíptica con cenefa calada; punzón Sría. Javicra Armada. de Madrid de 1805. Diámetro, 34 cms. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 646. Especiero cilindrico, decoración estriada; pun- Núm. «5». zón, al parecer, de Salamanca. Comien- Cuatro fuentes (una circular y tres elípticas) zos del siglo xix. de vajilla de mesa; punzón de Madrid D. Adriano M. I.anuza. de 1805. Sr. Marqués del Riscal. Núm. «47. Dos bandejas elípticas, repujadas, formando Nüm. 656. un medallón central y sectores con deco- Palmatoria circular, de borde calado, mango ración floral; punzón poco legible. largo con cadena y espabiladera; punzón ,S>. Marqués de la Cortina. de Barcelona, hecho por Angeli. Comien- zos de Fernando VII. Núm. 648. Ü, Alvaro Cavesíany. Jabonera esférica con escudo repujado y gra- bado; punzón, apenas visible, de Sa- Núm. 657. lamanca. Comienzos del siglo xix. Escribanía formada por tintero, salvadera de D. Adriano M. Lanuza. cuerpo cilindrico acanalado y otro pico central; sin punzón. Comienzos del si- Núm. 649. glo xix. Polvera de sección semiesférica y tapa plana; D. Alvaro Cavesíany. Platería de Martínez. Época de Fernan- do VII. Núm. 6.38. Sres. de Cabrqo. Sonajero en forma de león coronado, con Núm. 650. trompeta en la boca, rota en sus comien- Chofeta de forma de barca, sostenida por dos zos; la cola termina en forma de flor de niños con cuerpo de sátiro; hecha por lis. Comienzos de Femando VII. Ruiz en Burgos. Época de Fernando VII. D. Félix Rodríguez Rojas. Sr. Conde de Lcyva. Núm. 659. Núm. «51. Dos candeleros de base plana circular, vasta- Grupo de torero y toro en la suerte de matar; go comeo invertido, terminado en doble una inscripción dice: «El Duque de Osuna cabeza, sosteniendo una copa semiesfé- a D. Francisco Goya, el año 1804.» rica; sin punzón. Comienzos del siglo xix. D. Adriano M. Lanuza. Sra. Viuda de Villegas. Núm. 660. ma de columna estriada; punzón, M. co- Mancerina circular, con decoración lineal ra- ronada. Época de Fernando VII. Alto, dial; punzón de Madrid. Comienzos del 1 8 cms. siglo xix. ir. Conde de Tepa. 5". A, la Duquesa de Talavcra. Núm. 661. Dos saleros agallonados, rectos, circulares, es- Jarro de tipo clásico, asa de sección circular tilo Imperio; sin punzón. Época de Fer- terminado en cabeza alada; punzón de nando VII. Diámetro, 9 cms. Madrid del año 16; Platería de Martínez. Sr. Marqués de Figucroa. Srcs. de Cabrcja. Núm. 669. Núm. 662. Estuche conteniendo bacía, jarro y jabonera. Fuente en forma de cuenco apuntado; pun- Piezas de tipo Imperio, hechas en Cádiz zón de Madrid del año 16; Platería de por Díaz, el año 1 8 1 8 . Martínez. Sr. Conde, de la Rcvilla. Srcs. de Cabrt'jo. Núm. 670. Núm. 66:f. Escribanía formada por tres piezas cilindricas, Mancerina forma elíptica y el soporte figura bandeja rectangular con bordes redon- hojas de acanto; punzón de Martínez, deados y pequeña barandilla calada; pun- año T816. zón de Madrid del año 19. Platería de D. Julio Cavestatty. Martínez. Sr. Marqués de la Torrecilla, Núm. 664. Fuentes-fruteros, de píe alto, de plata dorada Núm. 671. con decoración de plata oxidada; base Dos saleros en forma de barco con cabezas circular con decoración grabada; el fuste, de carnero, decoración a cincel; punzón de pizarra, cuadrado, invertido, con ca- de Madrid del año 1 820, de la Platería bezas de carneros sosteniendo guirnal- Martínez. das; cuatro águilas en la base sostienen D. Adriano M. Lanuza. una cadena; punzón de Madrid del año 1816. Real fábrica de Martínez. Nún 672. Tamaño, 43 X 19 cms. Dos pequeños saleros de forma de barco con S, M. el Rey. asas en cabezas de carnero; sin punzón. Núm. 665. Época de Fernando VII. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Caja con pie y tapa de sección rectangular, con los lados mayores lobulados; fondo Núm. 673. y tapa con secciones semiesféricas; sin Portasopera y sopera con su fondo y tapa; asa punzón. Época de Fernando VII. formada por un niño apoyado sobre un D. Luis Felipe Sanz. delfín, asas laterales en doble varilla, ter- Núm. 666. minadas en delfines; con punzón de Ma- Estatua ecuestre con traje de emperador ro- drid; hecha por Espinosa en 1 8 2 1 . D, Luis Landccho. mano, con pedestal de piedra azulada; punzón de Cádiz de T8T8. Platero, Núm. 674. M. Díaz. Alto del conjunto, 49 cms.; de la estatua, 26 cms. Dos cubreplatos de forma semiesférica, estilo D. Enrique Punce!. Imperio, con dos platos lisos; punzón de Madrid del oño 2 1 , hecho por Espinosa. Núm. 667. Diámetro, 27 cms. Dos candeleros, basa cuadrada, fuste en for- D. Luis landccho, Núm. 67.5. en doble varilla; hecho en Madrid en Mancerina, con su bandeja plana y su rebor- 1823. Longitud, 34 cms. de calado; hecha en Madrid, en la Plate- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. ría Martínez, el año 1 8 2 1 . Núm. «84. Sra. Duquesa de San Pedro de Galatinu. Sopera con fondo, de sección elíptica con los Núm. «76. extremos levantados; asas de sección ci- Salero elíptico, de recipiente dividido, con lindrica doble; punzón de Madrid del cuatro patas; sin punzón. Época de Fer- año 2 3 , de D. Arias. Estilo Imperio. Ta- nando Vil. maño, 36 X 24 cms. D. Vicente Castañeda. Sres. Condes de Torre-Arias. Núm. 677. Nüm. 68Í>. Sopera con su fondo, dos asas dobles y con Chofeta de sección elíptica, apoyada en base tapa rematada en un asa; punzón de Ma- plana por dos grifos; punzón de Burgos, drid de 1822; Platería Martínez. por el platero Ruiz. Sr. Marqués de Via na. Sra. de Parrclla. Núm. 678. Núm. 686. Polvera semiesférica, tapa plana, terminada Bandejita en forma de barco con cenefa cala- da; punzón de Barcelona. Época de Fer- en cisne, decoración Imperio; sin punzón. nando VII. Época de Fernando VII. Sr. Marqués de Casa-Torres. Srcs. Condes de Torre-Arias. Nüm. 687. Núm. 678. Candelero doble en forma de velón, regula- Jarro de tipo Imperio, con asa de (razos recti- ble de altura a lo largo de un vastago; líneos y sección de media caña; punzón punzón de Madrid; Platería de Martínez, de Madrid del año 22, de lo Platería de año 1824. Martínez. Alto, 32 cms. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Srcs. Condes de Torre-Arios. Núm. 68S. Núm. 680. Chofeta Luis XV; punzón de Bnrcelona; he- Chofeta o braserillo circular con tres pies, pe- cho por Sopal. queña cenefa decoración Imperio; pun- Srcs. Condes de Torre-Arias. zón de Madrid del año 1822. Diáme- tro, 9 1/2 cms. Núm. 68'.i. Sra. Marquesa de Bennejiüo del Rey. Bandeja alargada, hecha por Nriye; punzón, época de Fernando VIL Nám, «¡81. i). Adriano M. Lanusa. Chofeta circular sobre base plana mayor, asas en madera curvilínea; punzón de Martí- Núm. 600. nez, sin fecha. Época de Fernando VIÍ. Vinagreras con la armadura en líneas que ini- Sra. Marquesa de Argücso, cian la decoración góticoisabelina; pun- zón de Madrid, de la Platería de Martí- Núm. 682. nez, del año 1827. Palangana lisa, con bordura Imperio; pun- Sres. Condes de Torre-Arias. zón de Madrid; hecha por Martínez el ano 1822. Diámetro, 32 cros. Núm, 6Í)1. Sres. Condes de Torre-Arias. Dos candeleros, fuste y basa curvilíneos li- sos; punzón de Madrid del año 1 8 2 7, de Núm. fiS.'t. la Platería de Martínez. Alto, 2 5 cms. Sopera en forma de barca, con fondo; asas Srcs. Condes de Torre-Arias. IS'úm. (i!>2. Núm. 700. Espabiladcia con depósito circular; asas en Dos candeleros, decoración grabada estilo Im- forma de delfines, terminada en corona p e r i o , usada en los últimos tiempos de de perlas. Época de Fernando VII. Fernando VII. Alto, 2 4 cms ÍS. Condes de TorrcAri Srcs. Condes de Torrc-Ari Nlim - -ino, tipo semiesférico, asa Núm. 6Í>9 doble. Grupo de toro y torero en la suerte de matar; D julio Qavcstanv el toro está montado sobre rodillos para poder avanzar. Juguete del tiempo de Núm. 708. Fernando VII. Dos saleros dobles, de cuerpo cilindrico, cala Srcs. dc Baüer. dos, decoración Luis XVI, troquelados; - 135 — pirámide central apoyada y terminados ta dorada, decoración Imperio; las tapas, en bola. terminadas en palomas, trabajadas a cin- D. Julio Cavestany. cel. Punzón de Martínez, de 1 8 2 2 . ,S>. Duque de Alburqucrque. l H N ú m . 709. Caja partida, de sección elíptica, con tapa do- Niim. 719. b!e y asa, borde perlado. Cajita, decoración grabada. Época de Fer- D. Julio Cavestany, n a n d o VII. T a m a ñ o , 5 X 2 1 / 2 c m s . D. Pedro del Castillo Olivares. Nütti. 710. Dos candeleras Imperio con ligera cenefa en Núm. 720. la base; punzón de Barcelona, del píate- Mancerina, con su bandeja de perímetro lobu- ro Aruni. Alto, 22 cms. lado; punzón de ciudad ilegible; de Amat Sr. Marqués de Casa-Torres. Y d e Gamo. Sro. Duquesa de San Pedro de Galaiino. Núm. 711. Escribanía forma canapé estilo Imperio; pun* zón de Oviedo, por B. T. E. Mancerina, con su bandeja circular gallonada; n r i- r punzón de Madrid, de B. Salazar y de Muñoz. Núm. 712. Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. Joyero en forma de copa, estilo Imperio. N ,m 7 2 3 D jul¡o Caveüan , Mancerina formada por tres hojas con bandeja repujada; punzones ilegibles. Núm. 713. Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. Esenciero en forma de copa, tapa y bordura N Ú m calada, remate de cono. Alto, 9 cms. ' 723' D J V C ve n • Chofeta o braserillo forma aquillada, con ho- jas cinceladas en la base; punzones ile- Núm. 714. gibles. Grupo escultórico con desnudos de mujer; Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. trabajo del tiempo de Fernando VII. D. Félix de Sirabegne. * Ú m " 724* Chofeta o braserillo semiesférico, con tres pies Núm. 715. terminados en cabeza de ave, de cuyo Mancerina de sección elíptica alargada, arma- pico pende un asa; punzón, Rodríguez. zón lobulado para la taza; punzón de Sa- Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. lamanca; artífice, P. Román. - , _ , . Núm. 72.1. Sres. de Cabrejo. , , . , , - Mancerina, con su bandeja, plana, de perime- Núm. 716. tro lobulado; sin punzón. Mancerina en forma de concha, en plata re- Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. pujada; punzón de Avila (?), de Juan de j-j . Núm, 72B. D Generoso Gómale." Mancerina de perímetro lobulado; punzón de Valencia (?). Núm. 717. sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. Caja-tarjetero forma de concha. Época de Fernando VII. «»• '«• D Félix de Sirabegne Mancerina, con su bandeja de perímetro lobu- lado; punzón de Córdoba; hecha por Mar- Núm. 718. tínez> Aguamanil con palangana y jabonera de pía- Sra. Duquesa de San Pedro de Galatino. Núm. 728. Núm. 734. Tabaquera en forma de cilindro aplanado, de- Chofeta o braserillo en forma de barco con corada en fajas y ornamentación menuda; barandilla calada, apoyado en dos delfi- punzón de González, de Córdoba. Hecha nes; punzón de Córdoba. Época de Fer- por G. León. Época de Fernando VII. nando VII. Sra. Marquesa de Caiccdo. Sra. Marquesa de BermejUlo del Rey. Núm. 72!). Núm. 73.5. Tres broches formados por un medallón y dos Braserillo semiesférico, con tres patas en for- palmetas de estilo Imperio, de la época de ma de garra; punzón de Córdoba. Época Fernando VIL 18 cms. de luz el conjunto. de Fernando VIL /). Fabñciano Pascual. Sra. Marquesa de Bcrmejülo del Rey. Núm. 730. Núm. 736. Espejo de tocador, de forma romboidal, con Sonajero de filigrana, formado por un eje o marco de plata calada, sostenido en dos vastago sobre el que pueden girar dos ángulos opuestos por pilastras terminadas cuerpos formados por casquetes esféri- en dos Hermes; tiene en su parte superior cos, orlados de cascabeles. Tiempo de corona real y descansa sobre una canas- tilla de flores; estén repetidas las inicia- Fernando VIL les A. M. coronadas. D. Félix Rodrigues Rojas. S. M. el Rey. Núm. 737. Núm. 7JII. Veintitrés mancerinas, bandeja plana lobula- Dos jarrones campaniformes, decoración per- da; punzón de Palma de Mallorca. lada, con dos asas en varilla cilindrica, Srcs. Marqueses de la Romana. de sección variable, terminadas en dos Núm. 738. florones. Época de Fernando VIL Alto, 2 0 cms, Dos mancerinas de bandeja ligeramente lobu- 5. M. el Rcv. lada; sin punzón. Srcs. Marqueses de la Romana. Núir Juego de tocador, formado por dos copas con Núm. 739. su tapa, dos cajas rectangulares, dos ci- Dos saleros elípticos, de vidrio azul de La lindricas, dos ovaladas, una pieza en for- Granja, con decoraciones en oro, arma- ma de sopera, de tapa calada y, además, zón de plata, estilo Imperio; hecho en una bandeja rectangular conteniendo tres Córdoba por Vega. Época de Fernan- tenacillas y tres pequeños cepillos, y dos do VIL bandejitas portatenacillas y espejo de D. Félix de Sirabegnc. mano, todo ello en plata sobredorada con decoración de plata oxidada, trabajada a Núm. 740. cincel; decoración de paloma sobre las Sonajero en forrna de león coronado, con trom- asas y de guirnaldas sobre las superficies peta, cadena de eslabones lisos y calados, lisas; punzón de Martínez. Época de Fer- alternos. Época de Fernando VIL nando VIL /;. Félix de Simbcgne. S. M. el Rey. Núm. 741. Núm, 733. Mancerina circular, cenefa y armazón calado; Cuatro copas con su tapa de plata dorada, con punzón de Madrid del año 1827. 4 «coración de plata oxidada, terminando .V. A. la Duquesa de Talavcra. en figuras de niños esculturadas, trabaja- das a cincel; Platería de Martínez. Núm. 742. S. M. el Rey. Campanilla con mango, que representa a un 137 — niño clavando una flecha a un delfín; pun- punzón de Cordey (punzón de localidad zón de Madrid, T828. apenas visible); hecha por A. Irabando. Sra. Duquesa Viuda de Falencia. S. A. la Duquesa de Talancr- Núm. 743. Núm. 752. Chofeta semiesférica, con tres patas; hecha Escribanía formada por una bandeja rectangu- por F. Martos en Córdoba en T828. lar, cuatro piezas circulares rectas, acha- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. flanadas; punzón de Madrid del año 1829; hecha por Vicente Perati. Tamaño, centí- Núm. 744. metros 23 X 16. Chofetas semiesféricas, decoración Imperio, Sra. Duquesa Viuda de Valencia. con guirnaldas; hechas por F, Martos en Núm. 7Sil. Córdoba en 1828. D. José A. W eissbenjer. Sopera estilo Imperio, tapa piaña, asa de do- ble varilla cilindrica; hecha por Suárez en Núm. 74ó. Madrid en 1829. Mancerina forma de barco, con cenefa calada Sra. Duquesa Viuda de Valencia. y grabada en forma de volutas, armazón Núm. 754. de hojas curvadas; punzón de Madrid, Chofeta en forma de barco o lóbulo; cuatro 1828. cabezas de pájaros prolongadas forman 5". A. la Duquesa de Talaveru. los apoyos; punzón de Madrid del año 30. Núm. 74(!. Construido por Martín. Srcs. Marqueses de Urquiju. Pistero en su estuche. Trabajo de principios del siglo xix. Núm. 755. S. M. el Rey. Mancerina oblonga, decoración de cenefa Im- perio, armazón calado de arcos góticos, Núm. 747. sencillos, entrelazados; punzón de Madrid Jeringa de plata, con el mango del émbolo de de 1830. Platero, Casabón. marfil; punzón de Madrid. Época de Car- S. A. la Duquesa de Talavera. los IV. 5. M. el Rey. Núm. 7fi<¡. Dos saleros formados por un casquete esférico Núm. 74S. independiente y un armazón formado por Dos candeleros; punzón de Madrid del año 2Q, dos aros y cuatro patas terminadas en Platería Martínez. Alto, 18 1/2 cms. garras. Estilo Imperio. Alto, 6 1/2 cms. .SV. Marqués de la Torrecilla. Sra. Viuda de Villei/as. Núm. 743. Núm. 757. Dos candeleros análogos a los anteriores, pero Candelabro de dos luces, pie polilobuiado. con ligeras variantes en la ornamentación Siglo xvn. Tal vez compuesto en época y el cuerpo cilindrico; punzón de Madrid posterior. D. Isidoro de Pedrasa. de ios años 29 y 30, por D. Arias. Srcs. Marqueses de Urquiju. Núm. 758. Mancerina de base elíptica, armazón sostenido Núm. 750. por ángeles, decoración Imperio; punzón Jarro con su tapa, de forma clásica; punzón de Madrid del año 1 83O. Platero, J. Do- confuso, al parecer, de Córdoba, hecho por A. Ruiz. Alto, 26 cms. .V. A. la Duquesa de Talavera. S. ,!, ¡a Duquesa dr Talavera. Núm. 759. Núm. 751. Dos mancerinas, sección rectangular, lados Bandeja forma de barco con cenefa calada; menos prolongados y curvilíneos sustitu- yendo las asas, decoración calada, arma- Núm. 7((7. zón en hojas de acanto alabeadas; punzón Dos ta?.as desiguales, cilindricas, con la boca de Madrid; Platería de Martínez, T83O. divergente. Fines de Fernando VII. S. A. la Duquesa de Talonera, 5". A. la Duquesa de Tafanera. Núm. 7(ifl. Núm. 768. Palmatoria de sección circular, estilo Imperio, Dos candeleros estilo Luis XV, cincelados con sosteniendo al candelero un grupo de decoración fina; punzón de Madrid poco cuatro niños; el asa, en forma de dos ser- visible; platero, Perali. Alto, 14 cms. pientes enlazadas; hecha por el platero Sr, Conde de Leyva. Huidobro en 1830. D. Félix de Sirabegnc. N ú n 7(>9. Dos candeleros estilo Imperio, hechos en Cór- Núm. 7G1. doba por Vega. Fines de Fernando VII. Dos candelabros; punzón de Valencia. Época, Alto, 1 8 cms. final de Fernando VII. Alto, 32 cms. D. Adriano M. Lanusa. Srcs. de Cabrcjo. Núm. 770. Núm. 762. Dos candeleros cincelados y grabados; base Taza con su tapa, de plata lisa con borduras circular, fustes, tronco de pirámide cua- decoradas; dos asas de varilla circular con drada invertida, con cabeza de carnero en florones; un pato, como asa de la tapa. el extremo, decoración Imperio; sin pun- Fabricación madrileña de fines de Fer- zón. Época de Fernando VII. Alto, 22 nando VII. centímetros. Sr. Duque de Andria. Srcs. Condes de Torre-Arias. Nüm. T(í:t. Núm. 771. Taza con su tapa y bandeja; por asas, dos cis- nes; punzón de Barcelona, construido por Dos chofetas semiesféricas, sostenidas por tres Baxs. Época de Fernando VII. delfines, decoración Imperio, base plana; sin punzón. Época de Fernando VII. Sr. Marqués de la Cenia. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 701. Xúm. 773. Dos soperas con su tapa y Fondo de sección Chofeta forma de barca, con cuatro patas for- poligonal «poyadas en cuatro garras, con madas por cariátides y terminadas en co- asas en cabeza de león y base plana poli- lumnas curvilíneas. Época de Fernan- gonal; punzón de Barcelona, J. Marti y do VII. Llopart. Época, fines de Fernando VII. Srcs. Condes de Torre-Arias. Altura, 45 cms.; diámetro, 34 cms. Srrs. Marqueses de la Romana. Núm. 77;t. Chofeta semiesférica, con tapa calada y una Núm. 765. sola asa; sin punzón. Época de Fernan- Sopera estilo Imperio, forma de elipsoide, con do VII. tapa casi plana terminada en águila; asas Srcs. de Cabrejo. de doble varilla circular. Portafuente elíp- tica de acero, para la misma, de 50 cen- Núm. 774. tímetros; punzón de Madrid, Platería de Chofeta oblonga, lisa, de borde lobulado, apo- Martínez. Época de Fernando Vil. yado en dos serpientes sobre basamento Sr. Conde de la Revilla. cuadrado achaflanado en arco; sin pun- zón. Época de Fernando VII. Núm. 7tití. D. Adriano M. Lamen. Seis tazas de plata, cilindricas. Fines de Fer- nando VII. Núm. 77.r>. i \ A. la Duquesa de Talazera. Polvera semiesférica, con tapu plana, prolun- gada; termina en un niño con delfín; sin trica, armazón calado y curvo. Hecha por punzón. Época de Fernando VII. J. Dorado. Madrid, 1 8 3 2 . Sra. Viuda de Villegas. S. A. la Duquesa de Tolmera. Nüm. 776. Núm. 785. Reproducción, en plata, de un monumento de Braserillo sección octogonal, barandilla recta, Daoiz y Velarde. Época de Fernando VII. acanalada; cuatro patas troqueladas; he- c n 0 Sr. Marqués de Torre-Hermoso. P o r Martínez, en Madrid, en 1 8 3 2 . Sra. Marquesa de licrmejiüo del Rey. Núm. 777. Chofeta de recipiente esférico, con bordura Núm. 786. Imperio y águilas en el arranque de las Chofeta o braserillo de sección elíptica; pun- asas; punzón, al parecer, de Barcelona. zón de Bilbao, hecho por el platero Villan Época de Fernando VII, Oloiza. Época de Femando VII. Sra Sra. Marquesa de Argüe so. - Marquesa de BcrmejÜlo de! Rey. N ú m Núm. 778. - 787- Jarra de tipo clásico de plata dorada, decora- Tabaquera cilindrica, aplanada, con cenefa y ciones en la base de plata calada y cince- decoración Imperio y dos rosetones gra- lada, dorada también. Época de Fernán- bados; punzón de Córdoba del año 1833. do VII. Alto, 2 8 cms. $™- Marquesa de Cakcdo. s M el - - *o'. xúm . 788. Níim. 779. Espabiladera con su estuche vertical, estilo Seis mancerinas elípticas, con cenefa clara; Imperio; punzón de Madrid del año 34; punzón de Madrid; Platería de Martínez. Platería de Martínez. s S. A la Duquesa de Tolmera. ">- Marquesa de Caicrdo. Nóm. 780. Núm. 789. Garapiñera de plata lisa, asa recta. Platería Chofeta o braserillo de sección rectangular, Martínez, año 1 8 3 0 . Época de Fernán- achaflanado, sostenido por cuatro grifos; do VII. Alto, 37 cms. punzón de Madrid del año 1 8 3 5 , hecho S. M. el Rey. por Z. R. Sra. Marquesa de Argüesn. Núm. 781. N ü m Chofeta en forma de pétalos lobulados abier- - Tl)01 tos; doble »sa; punzón de Madrid. Cons- Chofeta de dos asas; borde puntillado; dos traído por Santtllana Diámetro 10 cms palomas en la unión de las asas; sin pun- zó &,. t . Marqueses de Urquijn. " ' E P o c a áe l s a b e l "• D¡*™tro, 12 centímetros. Núm. 782. Sres. Marqueses de Urquijo. Velón de cuatro luces y píe plano, ligeramen- te agallonado. Alto, 9 6 cms. Sr Du ue de Andría Chofeta de sección elíptica; borde calado; apoya en una base plana y calada sobre Núm. 783. dos grifos; punzón de Burgos, Construido Juego de bandeja, taza y tapa de plata lisa, por Ruiz. Época de Isabel II. con ligera decoración Imperio; punzón de Sres. Marqueses de Urqutjo. Madrid del año 3 2 , de la Platería Mar- N ú m 7 9 2 tmeZ ' „ ,, _, , o Bandeja rectangular, terminada en medios pun- jres Marqueses de la KomanQ. , . i . tos, repujada con motivo central y orla; Núm. 784. punzón (cuatro cuarteles). Mancerina alargada, forma irregular y simé- &• Adriano M. Lanuza, - 140 — Núm. 793. en Madrid, en la Platería de Martínez, Palangana Imperio, lisa, con borde de pal- en 1 8 3 6 . metas. Época de Isabel II. Diámetro, 3 5 Sra. Duquesa de Sun Pedro de Galalino. centímetros. , , Núm. 802. Srtas. de r Lavestany. c Dos tazas de perfil, de forma divergente, lisas. N*m. 794. Época de Isabel II. Bandeja y jarro de plata dorada, decoración S. A. la Duquesa de Talavcra. Imperio. Hecho por L. Pecul, en Madrid, N ú m en 1 8 3 6 . - 803- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Dos candeleros de tres luces, vastago cilindri- co acanalado y palmatoria lobulada di- Núm. 79.». vergente; Platería de Martínez. Comien- Palmatoria de sección circular, mango prolon- ZOs de la época isabelina. gado, decoración Imperio calada, cadena $. /¡_ ¡a Duquesa de Talavc.ra. con espabiladera; punzón de Barcelona; platero, F. Roca. Comienzos déla época Núm. 804. isabelina. Jabonera esférica, tapa calada; siri punzón. Sr. Marqués de la Torrecilla. Época de Isabel II. D. Adriano M. Lanuza. Núm. 79tí. Chofeta en forma de casquete esférico, con Núm. 805. barandilla calada en forma de círculos en- Dos saleros en forma de barco, con asas en- lazados, pies de varilla curvilínea; sin garzadas sobre cabezas de carnero; he- punzón. Tiempo de Isabel II. c hos por el platero Huidobro en 1 8 3 8 . Sr. Marqués de la Torrecilla. Sra. Marquesa de Bcrmejillo del Rey. Núm. 797. Núm. 80«. Dos copas con tapas estilo Imperio, forma de Salvilla, plata dorada, con decoración lobula- semiesfera alargada, pie agallonado, tapa d a y o r n a m e r i t a c i ó n g r a b a d a . Díáme- casi plana; sin punzón. Comienzos de la t r o 22 cms época isabelina. ' " ^ c ión Borond(¡ Sr. Marqués de la Torrecilla) Núm. 807. Núm. 798. , , Candelabro de tres luces, base de sección Jabonera esférica, de c o r n i z o s de lo época ^ . ^ en , l o n e s c ó n c a v o s . v d s t a g u ,¡. isabelina; sin punzón. Diámetro, 9 cm s . ge ramente cónico, acanalado cóncavo; D. Pedro del Caslilh Olivare, condoleros divergentes y lobulados; pun- l "NiSrn " i*\ zón de Madrid, 1 o 3 o , con estuche de • r i J su época; Platería de Martínez, Mancerina forma de barco, cenefa calada, ar- Y • Sra mazón en forma de palmetas curvadas. - M*W*B 'le Morct. Época de Isabel II. N ú m 808< S. A. la Duquesa de Talen Bandeja de sección rectangular con ángulos Núm. 800. curvilíneos, repujado en gruesas lineas, c o n Mancerina circular, de bronce dorado, cenefa medallón centros, gruesos lineas de floral y armazón tipo Imperio. Época de mazón decoración floral. Isabel II. S. A. la Duquesa i , Tdavera. ^ ^ g(¡g Nüm. «01. Chofeta sección elíptica, barandilla en forma Chofeta o braserillo con base circular, hecha de cinta, grabada; punzón de Madrid, con fecha confusa. Comienzos del reina- Guzmánen 1840. Tamaño, 10 1/2X8 do de Isabel II. centímetros. Sres. Condes de Torre-Arios. Sra. Marquesa de Hermejillo del Rey. Núm. 810. Núm. 818. Chofeta con su pie y basamento adornado Palillero en forma de carro de Neptuno, tirado por un corro de niños con guirnalda, de- por dos caballos y terminónos en cola de coración Imperio; sin punzón. Época de delfines; concluís formando el cuerpo del Isabel II. carro; hecho en Madrid por José Almur- Sres. Condes de Torre-Arias. za en 1841. i). Ramiro Rufo. Núm. Mil. Chofeta sin asa, en forma de copa divergente, Núm. 819. sobre base cuadrada de madera; sin pun- Bandeja rectangular, con barandilla calada y zón. Comienzos de Isabel II. dos asas. Época de Isabel II. Tamaño, Sra. Marquesa de Argüe so. 14 X lOcms. .SV. Marqués de Fiyueroa. Núm. 812. N ú m . 820. Palangana y jarro con asa en forma de esfin- Caja, decoración paisaje. Comienzos de Isa- ge; decoración Imperio; el cuerpo del bel II. T a m a ñ o , 7 X 3 cms. jarro, grabado a cincel. Hecho por Carre- ros en Barcelona. Comienzos de Isabel II. !). Pedro del Castillo Olivares. D. Adriano M. Lanuza. Núm. 821. Núm. 813. Tabaquera decorada en estrechas fajas de gusto Imperio. Hecha por Mora, en Cór- Brasero o chofeta con su tapa calada y asa, doba, en los comienzos de Isabel II. cuerpo esférico agalionado; sin punzón. Sra. Marquesa de Caicedu. Época de Isabel II. Sr. Marqués del Riscal. Tabaquera con decoración en fajas estilo Im- Núm. «14. perio. Época, comienzos de Isabel II. Reloj sobre marco circular, cincelado, esfera Sra. Marquesa de Caiecdo. calada, sostenido por dos columnas con guirnaldas, péndulo oscilando sobre una Núm. 823. lir Dos candeleros de alabastro decorados con .SV. Marqués del Mano de San Javier piedras de Francia, estilo Luis XVI, base circular, npoyados sobre tres bolas. Núm. 815. S". M. el Rey. Tres bandejas rectangulares, con barandilla calada y cuatro patas. Época de Isa- Núm. 821. bel II. Palangana y jarra de plata dorada, decoración S. A. la Duquesa de Talavera. en plancha calada de plata oxidada. Diá- metro de la palangana, 37 cms., por 18 Xúm. 810. de alto, y 47 cms. de alto el asa de la Palangana y jarro tipo Imperio, asas de lámi- jarra. Punzón de Martínez. na plana, doblada sobre sí misma; cuer- S. M. el Rey. po central del jarro agalionado; decora- ción Imperio. Hecho por Martínez, 1 8 4 2 . Núm. 82JJ. I). Adriano M. Lanuza. Cuatro bandejas de plata dorada, dos elípti- cas y dos rectangulares, barandilla cala- Núm. 817. da con decoración de plata oxidada. Épo- Chofeta o braserillo de sección oblonga, apo- ca de Isabel II. yada en cuatro patas, hecho por León 5\ M. el Rey. Núm. 82«. Jarro liso, de boca ancha, base lobulada, asa Bandeja rectangular, lobulada, decoración en forma de lámina Platería de Martínez, grabada imitando la época de Luis XV. del año 42. Alto, 23 cms. Época isabelina. T a m a ñ o , 4 5 X 3 1 cms. Srias. de Cavcstany. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 827. Núm. H:¡G. Chofeta de sección cuadrada en losange, lo- Bandeja de sección cuadrada, lobulada, deco- bulada, decoración romántica, inspirada ración grabada; punzón confuso. Época en las decoraciones Luis XV. Época isa- isabelina. 30 cms. de lado. belina. ¿Va. Condesa de Viüamonle. Doña María Luisa Bascarán de MacJmnbarrena. Núm. 837. Núm. 828. Jabonera, tapa ligeramente calada, terminada Arqueta joyero, de sección rectangular y tapa en una paloma; punzón de Madrid del semicilíndrica. Trabajo isabelino. año 1842. Platería de Martínez. SV. Marqués de la Cenia. .S". A. la Duquesa de Talavera. Núm. 82!l. Núm. 838. Caja plana tetralobulada, de filigrana. Trabajo Chofeta en forma de copa, sostenida por un de la época isabelina. delfín, dos asas estriadas, planas, curvi- .SV. Marqués de la Cenia. líneas. Época de Isabel II. D. Alvaro Cavesiany. Núm. 830. Tabaquera, sección elíptica, labor geométrica Núm. 8;ü). menuda homogénea; punzón de Madrid Chofeta oblonga, con pie circular, bordura en de 1842. forma de cordón, decoración de guirnal- Sra. Marquesa de Cakcdo. das grabadas; sin punzón. Época de Isa- Núm. 8¡íl. bel II. Chofeta, de sección elíptica, terminada en Sres. Condes de Torre-Arias. crestería gótica, apoyada sobre dos grifos Núm. 840. en base plana; punzón de Madrid del Chofeta con bordura forma de hoja, sostenida año 42; trabajada por J. Dorado. por columna de plancha repujada repre- SV. Duque de la Unión de Cuba. sentando indios y follaje. Época de Isa- Núm. 81(2. bel II. .SV. Marqués de Casa-Torres. Bandeja plana, rectangular, con cenefa y cala- do y asas caladas sobre la cenefa; punzón Núm. 841. de Madrid de 1842; Platería de Martí- Salvilla decorada por lóbulos lisos repujados, nez. Tamaño, 49 X 33 cms. bordura de perlas; sin punzón. Época de S. A. la Duquesa de Talavera. Isabel II. Núm. 8!t;{. D. Adriano M. Lanuza. Joyero de filigrana, de sección octogonal con- Núm. 842. vergente y divergente. Trabajo de fili- Bandeja de sección rectangular, con decora- grana del tiempo de Isabel II. ción grabada; punzón de Isabel II. Tama- .SV. Marqués de la Cenia. ño, 44 X 30 cms. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 8JJ4. Bandeja rectangular con cenefa calada, aná- Núm. 843. loga a la anterior. Época de Isabel II. Ta- Joyero de filigrana en forma de cíeivo, sobre maño, 31 X 18 cms. plata, elíptico. Época de Isabel II. .9. A. la Duquesa de Talavera. Sres. de Baiier. Núm. 844. agallonada curvilínea, recordando el es- Bandeja de sección elíptica, con medallón cen- tilo Luis XV. Trabajo de la época isabeli- tral repujado; punzón de Córdoba del na en estilo francés. año 1 8 1 3 . Tamaño, 42 X 27 cms. D. Alvaro Cavestany. Sres. Marqueses de la Romana. Núm. 853. Núm. 845. Palillero en forma de pájaro, decoración gra- Chofeta con asa doble, apoyo digital y base bada. Época isabelina. cilindrica, sencilla decoración radial en D. Félix de Sirabegne. los bordes; punzón de Madrid del año 4 3, Núm. 854. por Sellan. Diámetro, 1 4 cms. Tetera de sección circular agallonada, sobre Srcs. Marqueses de Urquijo. tres patas Luis XV; punzón de Madrid Nú 846. de 1 8 4 5 ; Platería de Martínez. Estilo Dos candeleros forma de pirámide octogonal, isabelino. pie gallonado, recto; punzón de Ma- S. A. la Duquesa de Talavcra. drid, 1 8 4 3 ; Martínez. Alto, 16 cms. Núm. 855. D. Julio Cavestany. Jarro y palangana; la parte recta del jarro, de Núm, 847. sección lobulada, convexa; fondo agallo- nado, boca ancha y base con cenefa Im- Sopera en forma de cuenco elíptico, con asas perio, como el borde de la palangana, agallonadas; punzón de Madrid, 1 8 4 3 ; que es lisa; punzón de Madrid del año 4 5 , hecha por Martínez. Tamaño, 3 0 X 3 0 de J. Sellan. centímetros. D. Félix Rodrigues Rojas. • Sr. Marqués del Riscal. Núm. 8ü«. Núm. 848. Cubiertos de plata estilo Luis XV, hechos en Dos candelabros para dos o tres luces, base la época romántica; punzón de Madrid plana circular agallonada; cóncava; pun- de 1 8 4 5 , de la Platería Martínez. zón de Madrid de 1 8 4 4 ; Kechos por Se- llan. Alto, 3 9 cms. Sra. Marquesa de Sofraga. D. Enrique Cavestany. Núm. 857. Chofeta de la época romántica, sostenida por Salvilla de plancha calada, recordando los un perro, con dos asas en plata labrada; trabajos de filigrana; lóbulos apuntados, punzón de Madrid del uño 46; fabricadas dorados, añadidos. Época de Isabel II. por el platero R. Espuñes. D. Gustavo Moreno. Sr. Conde de la Reviila. Núm. 850. Núm. 858. Bandeja de filigrana en forma de festón, con Dos candelabros de cuatro luces, base circu- cenefa calada. Época de Isabel II. lar recta, agallonada, cóncava; palmato- Sra. Marquesa de Argües». rias análogas y divergentes; fuste cónico, ' curvilíneo, acanalado, cóncavo; punzón de Madrid de 1 8 4 6 , de la Platería de Armazón de vinagreras sobre base rectangu- Martínez. lar, estilo Imperio, de transición a la épo- Sra. Duquesa Viuda de Valencia. ca romántica. Época de Isabel II- Núm. 859. D. Adriano M. Lanuza. Espabiladeras sin estuche, formando la caja Nú 852. una concha y completando las asas una Escribanía formada por bandeja cuadrada, lo- decoración perlada. Época isabelina. bulada, y cinco piezas, con decoración Sra. Marquesa de Caiccdo. — 144 Núm. 860. Núm. 869. Tabaquera alargada, sección elíptica achata- Tabaquera en forma de libro; las cantoneras, da; decoración combinada entre gótica decoración Luis XV. Época isabelina. y Luis XV. Época isabelma. D. Félix de Sirabegnc. D. Ramiro Rufo. Núm. 870. Núm. 861. Juguete defiligrana,con bandeja, botella y 10 Caja joyero con su tapa rectangular, perfil de sección complejo; punzón de Madrid, A\ A. R. la Infanta Doña ¡sabe!. 1816. Platería de Martínez. Núm. 871. 5". A. la Duquesa de Talavrra. Dos candeleros de base circular sobre cuatro Núm. 862. bellotas; el fuste formado por un tipo de Espabiladera con su estuple vertical, cuyo mesa romana con guirnaldas, Alto, 26 vastago es ligeramente cónico poligonal, centímetros. estriado; punzón de Madrid, 1846; Pla- S1. M. el Rey. tería de Martínez. S. A. la Duquesa de Talavcra. Núm. 872. Caja rectangular de plata dorada. Época de Núm. 8(>3. Isabel II. Legumbrera circular, con tapa, decoración de V. Pedro del Castillo Olivares. asas y borde acanalado; punzón de Ma- drid, 1846. Platería de Martínez. Núm. 87^. Sr. Marques del Riscal. Espabiladera con su estuple vertical; hecha por Griñal, en Madrid, el año 1 8 4 8 . Núm. 8Í¡4. D. Alfonso Franco. Tabaquera con decoración de cenefas de labor geométrica menuda. Hecha por P. Gó- Núm. 874. mez, en Madrid, en T847. Candelero con cenefa calada en forma de cin- Sra. Marquesa de Caiccdo. ta entrelazada, sección circular; punzón de Madrid de 1 8 4 8 ; hecho por J. Pérez. Núm. 8 (¡5. Época de transición al romanticismo. Cajita rectangular, decoración de trofeos y Sr. Marqués del Riscal. paisajes sobre fondo dorado granular. Época isabelina. Núm. 875. D. Pedro del Castillo Olivares. Jarra de tipo clásico, decoración ampulosa, repujada; asa en forma de lámina; hecha Núm. 866. por Martos, en Córdoba, el año 1849. Escribanía en forma de péndola, dibujo Transición del Imperio al romántico. Alto, Luis XVI; punzón de Córdoba; Martos. 33 centímetros. D. Julh Cavestany. Sra. Marquesa de Caiccdo. Núm. 867. Núm. 876. Relicario elíptico, tapas ligeramente convexas, Tabaquera cilindrica, aplanada, decoración grabado a cincel; iniciales y corona. romántica- Época de Isabel II. D. Julio Cavestany, Sra. Marquesa de Caiccdo. Núm. 868. Núm. 877. Tabaquera de filigrana; decoración formando Tabaquera de forma rectangular, plana, deco- cuadrado; flores lobuladas; trabajo, qui- ración floral isabelina. Trabajo colonial zés, cordobés, de tiempo de Isabel II. del tiempo de Isabel II. D. Ramiro Rufo. Sra. Marquesa de Caieedo. Núm. 878. coración Luis XV y floral exuberante; Medallón de nácar con marco de esmeraldas, punzón de Madrid del año 1852. Alio, rubíes y diamantes sobre decoración en 27 eras, oro y cadena de eslabones doblados. D. Adriano M. Lanuza. Época isabelína, Ním 887 Sra. Marquesa de Arifúeso _. . . . , , , . , espabiladeras con su bandeja; punzón de Núm. 879. 'Córdoba, J 8 5 2 ; platero, Martos. D Abanico dorado, de filigrana, con corona real - ^ulio Cavestan- y decoración de palmetas. Trabajo de la xúm 888 Dos candeleros; punzón de Madrid del año 5 3, .9. A. K. la Infama Doña IsaWl. ¿e | a ^ ^ Martín^ Núm. 880. Sr. Marqués de Casa-Torres. Dos candelabros de cinco brazos, transición Núm. 88!). del Imperio al romanticismo; punzón de n .. , .. . ,. Caí ta J yer Madrid del año 1859, d e la Platería d e ' ° ° ' d e S e C C l o n r e c t < ^ u l o r ' «ibie- ta por piedras azulas iguales, colocadas Martínez. Época de Isabel II. simétricamente cubriendo toda la superii- Sra, Viuda de Villegas. cíe. Época de Isabel II. Núm. 881. Sni. Marquesa de Cakedo. Cuatro candeleros de decoración Imperio en Núm. 8í>0. su última época; punzón de Madrid del . . . . . __ , , , , , , ,, ni Arqueta rectangular, con tapa semicircu ar; año 50, de ia Platería Martínez. Alto, 2 3 e n ». d e ^ ,^he][n¿ centímetros. m Sr. Marqués de Casa-Torres. ' Núm. S91. Núm. 882. P, . _ , , ,-. Abanico de juguete, de filigrana de plata, ar- Dos pirones con «ores, todo de filigrana. Epo- c o n " • " b o l í n . . Alto, 33 cm s . de Isabel 11. S. M. el Key. y A R ¡a ¡nfmla ,)llíla ¡¡llbd Na »- 88:i- Ním. 892. Joyero de forma de fruta, de grandes dimen- B a n d e j a d e m¡,TI¡nñi docorac¡ón „„„, sin ,„„. siones, agallonado y repujado. Fie» de do .meda,]ones ds¡e s m a l t e v e r d e decora . mediados de] siglo xlx, recordando las d o s c o n ]¡nea d e p|aca Epoca d e ,sa piezas del siglo xvn. be ,„ Alwra 2 g c m s Sr. Marqués de la Cenia. iVij Marquea ic Caiced^ Núm. 881. N ú m . 8 9 Í . Bandeja octogonal, con asa de 23 cms. de Cesta de filigrana de plata, forma cónica, con diámetro, trabajo en filigrana. Epoca isa- Ü S a ; decoración en volutas repetidas. belin». Epoca isabelina. Altura, 8 cms. S. M. el Rey. Srll Marquesa de Cakedo. Núm. 885. Kfim. 894. Cajita rectangular de filigrana, con medüllo- Cesta de sección cuadrangular, con ángulos nes alargados. Epoca isabelina. achaflanados en arco; labor de filigranas, Sr. Cande de la Rcvillit. decoraciones de esmaltes azul y verde, recortados sobre fondo de filigranas. Tra- " * • " • 8 8 «- • bajoisabelino. Dos candeleros fundidos y cincelados, con de- -V. .1. It. la luíanla Doña Isabel. Niim. 8S5. Núm. !)O:Í. Varios juguetes de plata en blanco y sobredo- Dos cepillos elípticos alargados, con sus ban- rada, figurando piezas para el servicio de dejas elípticas de cenefa calada, montu- comedor, de tamaño muy reducido- Si- ra de plata dorada con decoración floral glo xix. cortada en plata oxidada. Época de Isa- .S\ A. R. la Infanta DoTia Isabel. bel II. S. M. el Rey. Núm. 8!)(¡. Salero doble, de corazones atravesados por Núm. í>04. una flecha; punzón de Madrid del año Dos platos de vajilla lobulados; hechos por 1855, hecho por J. Sellan. F. Moya. Diámetro, 23 1/2 cms. S. A. la Duquesa de Talavera. Sra. Duquesa Viuda de Valniaa. Núm. 897. Núm. 905. Mancerina de base rectangular; punzón de Dos platos de vajilla, sección circular lisa; he- Madrid del año 1856- chos por H. Adrada en Córdoba. Diéme- S. A. la Duquesa de Talavera. tro, 23 cms. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 808. Salero doble; dos corazones atravesados por Núm. OOtí. una flecha; punzón de Madrid del año Juego de cuchara, tenedor y cuchillo; punzón 1857, por Sellan. de Martínez- Sr. Marqués del Riscal. .S>. Marqués de ¡a Torrecilla. Ni'tm. 899. Núm. 007. Dos candelabros para dos luces, formados por Tenedores, cucharas y cuchillos; punzón de cabezas de águila y terminados en som- Madrid; platero, Marquina- Siglo xix. brillas chinescas Trabajo de la época D. José Lázaro. isabelina. Alto, 7 cms. S. M. el Rey. Núm. 008. Águila de oro con piedras- Núm. 900. Sr. Marqués de Valverdr de la Sierra. Catador, de forma cilindrica, decoración isa- belina; sin punzón. Tamaño, 7 cms. Núm. 909. D. Pedro del Castillo Olivares. Mancerina de filigrana, de bronce dorado, sección circular, decoración de hojas en Núm. 901. lámina grabada; trabajo isabelino, al pa- Dos candelabros de dos luces, de base circu- recer, de Córdoba. lar, el fuste constituido por haz de fle- S. A. la Duquesa de Talavera. chas, el arranque de los brazos con figu- ras de runos esculturadas, y pequeño i— a Núm. 910. rrón central. Trabajo en plata dorada y Palillero en forma de pájaro. Época isabelina. plata oxidada de los comienzos de los D. Julio Cavejtiany. tiempos de Isabel II. Platería de Martínez. S. M. el Rey. Núm. 911. Plato de plata dorada, con cenefas circulares Núm. 902. de filigrana; trabajo ¡sabelino, posible- Dos grandes copas agallonadas con su bande- mente de Córdoba. ja plana circular, asas en cariátides termi- Sr. Marqués de la Torrecilla. nadas en concha y tapa plana y agallona- da terminada en mariposa- Época isabe- Num. 912. lina. Alto, 33 cms. Vinagreras de armazón circular, de plancha S. M. el Rr\. recortada, ligeramente repujada, formada 147 - por dos leones sosteniendo el escudo de Núm. 921. España; en el centro, una torre circular Jarrita con tapa, gallonada; punzón de Ma- terminada en flor de lis. Época de Isa- drid, 1857; Griñán. Alto, I 4 cms. bel II. D. Julio Cavestany. S. M. el Rey. Núm. 922. Núm. 913. Jarra de la época romántica, con asa y tapa, Candelabros de tres brazos; punzón de Ma- decoración combinada de elementos fran- drid del año T857, de la Platería de ceses del siglo xvm; punzón de Madrid Martínez. del año 1862. Altura, 25 cms. Sr. Conde de Tepa. Sr. Marqués de la Torrecilla. Núm. 914. Núm. 923. Chocolatera de plata con mango de madera; Encuademación de concha y plata con el es- hecha por Sellan el año T857. Alto, 22 cudo de España en el centro; regalo de centímetros. Isabel II. Siglo xix. S. A. la Duquesa de Talavcra. D. José Lázaro. Núm. 924. Núm. 915. Bandeja de sección lobulada, sensiblemente Chofeta o braserillo de base circular con dos rectangular; decoración floral repujada en asas. Época de Isabel II. el centro; hecha en Sevilla en 1 8 6 2 . Ta- Sra. Marquesa de BermejiUo del Rey. maño, 6 3 X 43 cms. Núm. 916. S. A. R. la Infanta Doña Isabel. Sonajero en bronce dorado, en forma de ca- Núm. 925. ballo; eslabones calados, ormamentados con cascabeles. Época isabelina. Plato de vajilla en forma circular, sin decora- ción. Trabajo del siglo xix. Diámetro, 22 Sra. Marquesa de Argüeso. centímetros. Núm. 917. Sra. Marquesa de Sofraga. Sonajero de bronce dorado, presentando la Núm. 926. Virgen sobre un óvalo de rayos rectos y Palillero isabelino, representando un frutero, flameados; eslabones en forma de coro- hecho en alambre de plata; base cuadra- nas lanceoladas. Época de Isabel II. da achaflanada; sin punzón. Mediados D. Vicente Castañeda. del siglo xix. D. Gustavo Moreno. Núm. 918. Sonajero en forma de jarrita, de cuatro asas, Núm. 927. de alambre retorcido. Época de Isa- Chofeta semiesférica, con tres patas Luis XV. bel II. Época romántica, mediados del siglo xix. Sra. Marquesa de Mantealegre. Sra. Duquesa Viuda de Valencia. Núm. 919. Núm. 928. Esenciero en forma de bellota; decoración Daga construida en Madrid, en 1847, por grabada. Época isabelina. Zuloaga, arcabucero de S, M.; la guarni- D. José A. Weissbergcr. ción y la vaina están muy bien trabaja- das a buril e incrustadas en oro. Núm. 920. Museo de Artillería. Alfiletero cilindrico, de filigrana; decoración floral de esmalte verde, azul y rojo. Épo- Núm. 929. ca isabelina. Puñal, imitación de otro antiguo; la empuña- D. Ramiro Rufo. dura, los gavilanes, vueltos hacia la hoja, y la vaina son de hierro, con fondo dora- brería valenciana, gallega y charra. Si- do; construido en Madrid por Zuloaga. glos xvn al xix. Musco de Artillería. Sres. de Sorolla. N ú m Núm. 930. - !í38' Daga, reproducción de otra antigua; el guar- Vitrina con alhajas. Siglos xvi, xvu y xvm. damano, calado, y la vaina, cincelada y Srta. de Borondo, dorada; construida en la fábrica de Tole- NUIÜÉ íiJíK do en 1850. Musco de Artillería. Anillo de oro con chatón grabado. Época ro- mana. Núm. 931. D. José A. Weissberger. Estatua ecuestre del general Espartero, dedi- cada por la villa de Madrid en T84O. ' Musco de Artillería Pequeña bola de filigrana de plata dorada. Trabajo hispanoárabe del siglo xni al xiv. Núm. 932. Srta. Teresa Vegue. Mancerina circular en forma de bandeja, con armazón en forma de hojas laminares, ' ' , A iU c grabadas en pequeño escudo de armas " ° ° " """ 8™" ^ e r a l d a V '"bajo en or0 : e 0 xvl repujado. Mediados de] siglo XIX. - "' ' D Juan L.afora. S. A. la Duquesa de Talavcra. Núm. 942. Pelícano de plata con cristal de roca. Siglo xvi. Bandeja para joyero, de filigrana. Trabajo de c ,, , TJ .. ... , . . . ~ _ T_ Ares. Marqueses ac urqutjo. mediados del sigJo xix. l amano, i / cen- tímetros de diámetro. Núm. 943. Sr. Marqués de la Cenia. Pelícano con diamante y perla colgante, res- tos . „„_. de esmalte, pieza pequeña. Siglo xvi. _. , , . .. , , Sres. Marqueses de Urquijo. Dos candeleros de cuerpo cilindrico sostenido por tres grifos, decoración Imperio; fabri- Núm. 944. cados en Madrid por M. Chermeroy el Collar de oro esmaltado y aljófar; representan- año 1 8 2 6 . Alto, 24 cms. do águilas y medallones alternados. Si- Srcs. Marqueses de Urquijo. glo xvi. N ü m > BSB Sr. Marg.es de Vnlvcrd, de ¡a Sierra. Copa cilindrica de pico tipo español, sin ner- Niim. 945. vios radiales en el fondo, base plana lo- Pelícano de plata dorada con cristal de roca, bulada, asa posterior; sin punzones, pero Siglo xvi. con marcas, una de las cuales permite Sres. Marqueses de Urquijo. leer la palabra André. Comienzos del si- N ú m glo xvm. - »*«• D Custavo Morena Centauro de oro, cuerpo de perla, restos de esmalte. Siglo xvi. Núm. 936. Sres. Marqueses de Urquijo. Colección de 1 5 3 sortijas con interesantes , cv i • N ú m . 947. ejemplares. Siglos xvu, xvm y comienzos j e | X1X Serpiente cono decoracióncompletada con la- conchas escamas, de oro formando Sra Ma HCM de Caicedo bor de oro granular de tipo ibéricofenício. Núm. !>;f7. Labor del siglo xvi. Dos marcos vitrina con ejemplares de orfe- Doña María Regordosa de Torres. Núm. 948. piedras; ejemplar documentado en el Ar- Colgante en forma de Cupido; trabajo en es- chivo de Simancas. Segunda mitad del si- malte de influencia italiana. Siglo xvi. Éfl° XV1- Duna María Regordosa de Torres. I-'»"" María Regordosa de Torres. Núm. 949. Núm. 959. Relicario conteniendo un conjunto de boj es- Medallón oblongo, oro y esmaltes. Trabajo culturado, oro con esmaltes opacos y mallorquín de finales del siglo xvi. translúcidos, documentados en el Archivo Doña María Regordosa de Torres. de Simancas como piezas del siglo xvi. Nllm Doña María Regordosa de Torres. - Joya colgante con incrustación de perlas y al- Núm. 950. jófar. Finales del siglo xvi. Amuleto en forma de mano con anillo de oro Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. y esmaltes. Labor del Noroeste de Espa- Núm. 961. ña en los mediados del siglo xvi- Doria María Regordosa de Torres. Colgante en forma de gallo, sobre ornamen- tación, con rubíes y azófar- Finales del Núm. 951. siglo xvi. Caballitos de oro con remates translúcidos. La- Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. bor de mediados del siglo xvi. Doña María Regordosa de Torres. ™" Once broches de oro esmaltado y piedras. S¡- Núm. 952. glo xvi al xvu. Rueda formada por un topacio blanco con al- D. Juan ¡.afora. Núm. 9(¡3. Colgante en forma de negrito, en esmaltes Núm. 95:!. opacos y translúcidos. Labor de comien- zos Broche pectoral con piedras. Época, siglo xvi. del siglo xvii- Do a Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. " María Regordosa de Torres. Ni'im. 954. Núm. 964. Centauro esmaltado, colgante. Siglo xvi. Colgante y cadena de eslabones esmaltados. Sra Marquesa Viuda de Castrillo Trabajo de finales del siglo xvi y comien- zos del xvii. Núm. 955. Doña María Regordosa de Torres. Pequeño pelícano esmaltado de aljófar con Nlim oro esmaltado. Siglo xv.. - 9fi/í" Sra Marquesa Viuda de Castrillo Pendientes de oro y aljófar. Trabajo español de comienzos del siglo xvn. Núm. 956. ¡)nña María Regordosa de Torres. Colgante en figura de lagarto, de oro esmalta- do, con diamantes. Siglo xvi. ' uni* ' Sra Marquesa Viuda de Castrillo Colgante en forma de barco. Trabajo de es- cuela francesa de comienzos del siglo xvn. Núm. 957. Doña María Regordosa de Torres. Centauro de plata dorada. Siglo xvi. NÚm Sra. Marquesa Viuda de Castrillo. * "07* Relicario de oro esmaltado y eglonisé. Co- Ni'un. 958. mienzos del siglo xvn. Colgante en forma de sirena con esmaltes y Doña María Regordosa de Torres. -- 150 — Núm. í)(¡8. Núm. !>77. Pelícano de oro esmaltado en verde, con per- Cruz de topacios blancos y oro esmaltado. Si- las en las patas y perlote centra! colgan- glo xvn. te, pequeña figura broche. Principios del .S>. Marqués de Valverde de la Sierra. si g'°*™- .. Núm. 978. i es. arq se . Marqués de la Cenia, - «- Relicario elíptico, de oro esmaltado, con eglo- Núm, 971. nisé. Época, siglo xvit. Cruz de esmalte, relicario, con pequeños Sres. Duques de Visiahcmwsa. círculos representando escenas de la vida Num de Jesús; pertenece a la orden de Malta. * 981> Siglo xvn. El collar se describe en el nú- Relicario de oro esmaltado. Siglo xvi. mero 1.018. Sr. Marqués de Valverde de h Sierra. Sr. Morques de la CenU N ü m })8Í¡- Núm, 972. Colgante de perlas y granates. Siglo xvn. Collar y broche de pensamientos en plata es- • ^'ar(lucsa " c Caucdo. malteda con amatistas y topacios. Si- N ú m 983 gl XV1K ° Relicario de cristal d e roca. Principios del si- Sra. Marquesa de Caicedo. g l o XV1U Srcs. Marqueses de Urquijo. Núm, !)7:¡. Lagarto colgante, de brillantes, piedras y nljó- Num. 981. far1 preciosa joya del siglo xvn. K.eíicario de cristal de roca y oro esmaltado, D. Gustavo Moreno. con perfil complejo. Siglo xvn. D. Juan Lajora. Núm, 374. Cruz de diamantes tablas y esmalte en el re- Num. !>8o. verso. Siglo xvii. Medallón con topacio grande y marco de pla- to Sreí de Cabrcjo calada. Siglo xvn. Srcs. de Sorolla. N Ú m ' 975- Núm. »86. Pectoral de oro esmaltado y topacios blancos. Seis e s ] a b o n m d e oro esma ]t!ldo con p¡edras S 'S'° " " • verdes. Siglo xvi. Srcs. de Baiier. ? j . Marqvf* de Valverde de la Sierra. Núm. !)7<í. Núm. 987. Dos pendientes de oro esmaltado y aljófar. Pequeño marco rectangular esmaltado. S¡- Epoca, siglo xvn. glo xvll. Sra. Princesa Mn.r HohciüolK-l.antjenburcj. Sr. Marqués de Valverde de h Sierr-. Núm. 988. Núm. 999. Marco de relicario de oro esmaltado, en for- Colgantes con piedras de aljófar. Trabajo del ma de colgante. Siglo xvn. centro de España en el siglo xvn. D. José A. Weissberger. Doña María Regordosa de Torres. Núm. 989. Núm. 1.000. Relicario de oro esmaltado y jacintos, en for- Pendiente de oro y esmaltes. Influencia bo- ma octogonal. Siglo xvn. landesa del siglo xvn. Sra. de Cabrejo. Do-a ^ ^ Rcgordosa de Torrcs^ Núm. 990. Pelícano de plata con piedras verdes. Si- ¡o x v n Placa grabada en cristal de roca con marca de Sres. Marqueses de Urquijo. esmaltes opacos. Siglo xvn. Doña María Regordosa de Torres. Núm. 991. Núm 1 002 Pelícano, relicario de plata. Siglo xvi. - - - Sr. Marqués de Torre-Hermosa. Pequeño dedal de oro y esmaltes opacos y translúcidos; labor española de finales del Núm. 992. s i g] o XV1 , Relicario de oro esmaltado. Siglo xvn. Doí¡a María Regordosa de Torres. Sr. Marqués de Valvcrde de la Sierra. Núm. 1.003. Joyero de cristal de roca, decorado con fili- Pelic.no de diamante», esmeraldas colgantes. grana d e p]ata dorada y piedras Trabaj(J cordobés del siglo xvu. Doña María Rcgordosa de Torres. Núm. 991. Núm Cruz de oro nielado y esmaltes blancos; cris- * 1 " 0 0 '*- tal de roca policromado, aljófar. Si- Amuleto de marfi! con armadura de oro, es- glo xvn. maltes y piedras- Trabajo madrileño del Doña María Rcgnrdosa de Torres. siglo xvu. Doña María Regordosa de Torres. Núm. !)9Í>. N ú m Relicario de sección elíptica, oro y esmaltes - 1-oos- opacos y translúcidos; trabajo a cincel del Broche de oro y diamantes. Trabajo del cen- sigjlo xvn. tro de España en el siglo xvn. Doña María Regordosa de Torres. Doña María Rcgordosa de Torres. Núm. 996. Núm. I.00G. Colgante en forma de pelícano, esmaltes opa- Cnjz d e topacios tablas. Siglo xvn. eos pintados, aljófar. n ~ M ! i? A J T * uoiiCi ¡vi aria ¿\etforaosa. ae i orrvs. Doña María Regordosa de Torres. Núm. 997. Núm. 1.007. Pequeños pendientes de oro y esmaltes. In- Relicario grueso, elíptico, con esmaltes sobre fondo verde fluencia alemana del siglo xvn. - Si8l° x v » ' Doña María Regordosa de Torres. •*«• Carquesa Viuda de Castrillo. Núm. 998. Núm. 1.008. Estatuita de San Antonio, de boj, con aplica- Relicario con marco esmaltado y eglonisé- ciones de oro y esmaltes. Siglo xvu. Siglo xvii. Doña María Regordosa de Torres. Sra. Marquesa Viuda de Castrillo, — 152 — Núm. 1.009. oro. Finales del siglo xvu. (Véase el nú- Relicario de oro esmaltado, con eglonisé. Si- mero 9 7 1.) glo xvu. Sr. Marqués de la Cenia. Sra. Marquesa Viuda de Cas trillo. m ± Núm. 1.010. Colgante y broche de diamantes tablas; pre- cioso Relicario de plata, elíptico, con aplicaciones trabajo de finales del siglo xvu. de esmalte- Siglo xvu. Sra. Marquesa de Montcalegrc, Sra. Marquesa Viuda ie Caslrillo. N ü m 1(>¡¡0. Núm. 1.011. Paloma de diamantes y esmeraldas. Finales d e l si xv Broche representando una Virgen sobre deco- g'° »- ración de aljófar y rubíes- Siglo xvn- Sres. de Cabrejo. Sra. Marquesa Viuda de Castritlo. N ú m - 1M21. Núm. 1.012. Broche con piedras y esmaltes. Finales del S1 Relicario elíptico, de oro, con figuras esmalta- 2l0 xvn - D José A das. Siglo xvn. - - Weissberger, Sr. Marqués de Valverde de la Sierra. Núm. 1.022. Núm l 013. Pelícano con las alas extendidas, de plata, _ , , diamantes y topacio. Finales del si- Lollar de plata dorada, eslabones de sección , xv]j cilindrica, bolas perladas de filigrana, ' Sra. Marquesa de Catecdo. gran colgante de casquetes esféricos. Si- glo xvn. Núm. 1.023. Sra. Marquesa de Argüeso. Pelícano esmaltado con perlitas de aljófar pendientes. Fines del siglo xvn. reS C Collar de eslabones de sección cuadrada y ' °f° °" bolas perladas con filigrana, gran colgan- Núm. 1.024. te casi plano. Siglo xvu. T*res broches de plata. Final del siglo xvii. Sra, Marquesa de Argüeso. Srta. Teresa Vcgue. Núm. 1.015, Núm. 1.025. Collar de eslabones de sección cuadrada y Relicario de forma elíptica, de plata dorada. bolas de filigrana, gran colgante de cas- Época, finales del siglo xviu. quetes esféricos. Labor salmantina del Srta. Teresa Vcgue. siglo xvu. ., ,. , . .. Núm. 1.026. Sra. Marquesa de Argüeso. Par de pendientes de diamantes montados en Núm. 1.016. plata. Comienzos del período isabelino. Collar de tipo salmantino, de eslabones de Srcs. de Cabrejo. Núm> 1 027 ramos ¡olor cilindricos y bolas perladas; plata - * en su color. Sra. Marquesa de. Argüeso P flr ^ e Pendientes de forma de carro colgan- te. Finales del siglo xvu. Núm. 1.017, r> o ñ a Carmen Bacza de Florit. Broche formado por un topacio con marco de Nunl< 1 028 piedras de color. Finales del siglo xvu. - " S a M re uesa d C 'cedo Broche en forma de lazo y colgante de dia- mantes sobre plata. Final del siglo xvn o Núm. 1.018. principios del xviu. Collar de eslabones dobles, de filigrana de Sra. Marquesa de Caicedo. Kúm. 1.02!». dos, sobre doble cadena de eslabón sen- Collar en forma de rosario, de cuentas de cris- cilio. Comienzos del siglo xvm tal, con pequeños eslabones intermedios Doña María Rcgordosa de Torres. de esmalte blanco y lazos separando las Nflm U 3I decenas. Época de Felipe V. - ° >- Sra Condesa de Casal Adorno de cabeza, de plata con diamantes. Época, siglo xvm. Núm. 1.030. Srcs_ i)1lqucs dr Vistaiiennosa, Colgante formado por gran topacio y otro en Nflm forma de pera colgante. Época de Fe- * 1'°'í0' Upe V. Joyero en forma de pera, de filigrana en plata Sra Marquesa de Caiccdo dorada y blanca. Srcs. de Baner. Núm. 1.031. ,- ,, ,. ,. , Núm. 1.041. Collar con diamantes y rubíes montados so- Venera c o n GSmeraldas al ofar bre plata y plata dorada. Trabajo del Y J - Mediados d e l si l XVI tiempo de Felipe V. ÉT ° «- Sr. Duque de la Unión de Cuba. Núm. 1.032. „ , , - • _ , r, Núm. 1.012. Broche elíptico, de gusto portugués. Princi- ,,,,,. , o • • c- -r L . , ' s del siffl Medallón con el bspintu santo. 1 rabajo de o r o cmce a D M uel Tar i n ' do de mediados del siglo xvm. Sra. Duquesa de la Unión de Cuba. Núm. 1.033. N Ú m 1 Dos broches distintos, de oro y diamantes '*0i3* Marco d e con relicario central. Comienzos del si- filigrana con piedras y esmalte es- gloxvi... pañol. Siglo xvm. Sra Sra. Marquesa Viuda de Caslrtllo. ' Mar. chas y carcaj. Epoca de Carlos III. Pelícano de oro cubierto de aljófar. Siglo xvin. Sra. Marquesa de Argüeso. Sres. Marqueses de Urquijo. Núm. 1.070. Núm. 1.080. Broche en forma de lazo y cruz colgante. Me- Marco de filigrana con grandes piedras; tipo diados del siglo xvm. rectangular- Trabajo de finales del si- Sra. Marquesa de Caiccdo. glo xvni. Sra. Marquesa de Caicedo. Núm. 1.071. Núm Colgante o medallón de crisólitos. Ejemplar * 1*081' muy interesante de influencia portugue- Relicario de oro esmaltado, tipo mallorquín. sa. Siglo xvm. Finales del siglo xvm. Sres de Cabre Sra. Marquesa de Caicedo, - J°- NÚm Núm. 1.072. - 1-082' BrOche c n esmaltes Broche de gruesa filigrana perlada. Siglo xvm. ° V Piedras d e coIor Fína" ies deI sigl n - r R «r m v ° * vlIIi Dona Carmen Bacza de Flont. ^ Mar(¡uesa de Cakeáo, Núm. 1.073. Nüm 1083 Dos arracadas en forma de disco alargado en Fragmento de collar formado por varias bolas racimo. Trabajo popular salmantino del d e fil¡grana. Finales del siglo xvm. si 10 x v m * " Srta. Teresa Veguc. Sra. Princesa Max Hohenlahe-Langenburg. Núm. 1.084. Núm. 1.074. Pequeño corazón en forma de broche de jer- Par de pendientes de brillantes montados en gones. Comienzos de Carlos IV. plata, de forma circular, con colgante en Sres. de Cabrejo. el centro. Sra. Marisa de Sofraga. ™ m . 1.085 _ Par de arracadas con diamantes. Hnmera epo- Núm. 1.075. cadeCarlosIV. Sra de Par de pendientes charros. Trabajo de Sala- - Cabrejo manca del siglo xvm. Núm im{ , Sres. Marqueses de UrqtUjo. A n ¡ , l o CQn d i a m a n t e s t a b | a s m o n t a d o s a gram- . -_ 6 pas- Época de Carlos IV. Par de pendientes y broche de diamantes ta- ^ dc Caveslany (D- Alvaro)- blas montados en oro. Finales del si- Núm. 1.087. glo xvm. Par de pendientes de diamantes y perlas. Sra. Marquesa de Monlealegrc. Fina labor del tiempo de Carlos IV. Srta. Elisa de Calonje. Núm. 1.077. Nüm Broche de diamantes y ensaladilla. Trabajo - 1-088- del último tercio del siglo xvm. P a r d e pendientes con diamantes y esmeral- das E o c a d e C a r l o s IV Sra Marquesa de Caicedo - P ' Sres. Marqueses de Urquiju. Núm. 1.078. Par de pendientes con diamantes y topacios. £ ™ ¡ ^ m t e s de t ¡os E d e Car _ Ultimo tercio del siglo xvm. los IV Sra, de Caveslany (!). Alvaro), Sra ¿c Cavestany (D. Julio). Núm. 1.07!». N ú m . 1.090. Broche de oro y piedras de color. Trabajo de Broche en forma de pequeño ramo de diaman- la segunda mitad del siglo xvm. tes. Época de Carlos IV. Sra. Marquesa de Caicedo. Srta. Belén Morenas y de Arteaga. - 186 - Ñúm. 1.091. Ntai- 1.104. Grandes pendientes de diamantes y esmeral- Par de arracadas de la época de Carlos IV. das, del tiempo de Carlos IV. Sr. Conde de la ReviUa. Sra. Marque id Sala,. ^ ^ Núm. 1.092. Broche elíptico de strass. Época de Carlos IV. Par de pendientes con ensaladilla. Época de Sra. de Cavestany (D. Alvaro). Carlos IV. N u m Sra. Marquesa dc Caiccdo. - l-l»*- Par de arracadas de strass montadas al aire. Núm. 1.093. E p o c a d e Car]os IV. Broche elíptico de plata y piedras. Estilo Car- Sra dc cavetfan\ (D Alvaro) los IV. Núm. 1.105. Núm. 1.094. Pendientes de pequeños brillantes en flor de Cadena de oro con medallón de nácar, mon- cinco pétalos. Epoca de Carlos IV. tado en oro y piedras; cadena de la épo- ^ ERsa de C c , v ca de Carlos IV. Sra. Marquesa de Argües". Núm. 1.106. *' Collar con colgante de plata sobre piedras y Núm. 1.095. rubíes. Epoca de Carlos IV. Anillo de porcelana del Retiro. Sra. Marquesa de Caiccdo. D Manuel Taramona. Núm. 1.107. Núm, 1.09«. Broche circular de diamantes y ensaladilla. Broche con trabajo iniciado en oro, de la épo- Epoca de Carlos IV. ca de Carlos IV. Sra Marque™ de Caícrdo I). Manuel Taramona. Núm. 1.108. Núm. 1.097. Collar de strass con colgante. Ultima época Broche con colgante de diamantes tablas. de Carlos IV. Epoca de Carlos IV. f) Manuel Taramona. Sra. Marquesa dc Caiccdo. Núm. 1.109. Núm. 1.038. Broche de piedras sobre plata, lazo y meda- Par de pendientes de forma de arco con pie- llón colgante. Finales de la época de Car- dras verdes. Trabajo castellano de fin del los IV. D siglo xviu. - Manuel Taramana. Srla Teresa Vegue. J Núm. 1.110. Núm, 1.09!). Broche de plancha de oro repujada en forma Dos pendientes con topacios colgantes. Epo- de coleante decreciente. Trabajo gallego ca de Carlos IV. de comienzos del siglo xix. Sres.de. SoroUa. ])t,ña María Adalid, Viuda de R. Huidobro. Núm. 1.100. Núm. 1.111. Par de pendientes de strass. Epoca de Car- Colgante de oro, decoración Imperio. Epoca los IV. de Fernando VII. Sra. dc Cavestany (O. Alvaro). D. Generoso González. Núm. 1.101. Núm. 1.112. Aderezo con decoración Luis XV sobre piedra Dos broches alargados, de plata dorada y es- azul. Epoca de Carlos IV. pejuelos. Epoca de Fernando VIL Srcs. de SoroUa. Sra. Marquesa de Argüeso. — 157 — Núm. 1.113. Núm. 1.124. Medallón de oro, lapislázuli y porcelana del Par de pendientes montados en pinta. Finales Retiro. Época de Fernando VII. de la época del Imperio. i). Manuel Taramona. .Sra. de Cavcslany (Ü. Julio). Núm. 1.114. Núm. 1.125. Collar de perlas finas con broches de brillan- Collar de perlas y brillantes. Época de Fer- tes. Mediados del reinado de Fernan- nando VII. do Vil. Srta. luisa de Cahnje. ¿VÍI. Marquisa de Martí. Núm. 1.126. Núm. 1.115. Par de pendientes, forma de ramo, en voluta Cruz, pendientes y collar de granates, con doble. Tipo popular de fines de Fernan- montura de oro y pequeñas rosetas de al- do VII. jófar. Época de Fernando VII. S. //. fi. la Infanta Doña ¡sabe!. Doña María de Leguina. Ni'im. 1.127. Núm. 1.11(1. Cruz de topacios, del tiempo de Fernan- Broche en forma de ramo, de diamantes ro- do VII. sas, y par de pendientes, labor de 1 8 3 0 Sra. Marquesa de Cakedo, a 1840. Sra. de Cawstany (D. Julio). Núm. 1.117. Esenciero de diaspro sanguíneo. Época del Núm. 1.128. Imperio. Par de pendientes de brillantes. Comienzos /;. José A. Weissberger. de la época isabelina. ¿V«. de Creas (1). Gonzalo). Núm. 1.118 Collar y pendientes con hilos de perlas. Ulti- Núm. 1.129. ma época de Fernando VII. Broche en forma de cesto con flores y meda- Sres. de Cabrejo. llón colgante. Trabajo de los comienzos de Isabel II. Núm. 1.119. Sra. Marquesa de Cateado, Dos pares de pendientes de oro con aljófar. Época de Fernando VII. Núm, 1.1.10. Sres. de Sor olla. Collar y pendientes de camafeos rojos con bordura y cadenilla de oro. Trabajo de es- Núm. 1.120. cuela italiana de comienzos de Isabel II. Broche con decoración azul y piedras strass. D. Luis Landeeho. Época de Fernando VII. Sr. Conde de la Revilla. Núm. I.lili. Par de pendientes de topacios en tres pisos Núm. 1.121. decrecientes. Comienzos de Isabel II. Estuche con objetos de plata para escritorio. Sra, Princesa Max iiolieiiloIir-Laiu/mburg. Época de Fernando VII. Sra. Marquesa de Cakedo. Núm. 1.132. Aderezo completo de perlas menudas. Época Núm. 1.122. de Isabel II. Broche de plata calada, Imperio. Srta. P.lisa de Cahnjr. Srta. Teresa Vcgue. N ú m . 1.1I1.Í. Núm. 1.133. Broche de brillantes con tres ramas colgantes. Tres broches Imperio, de plata sobredorada. Época de Isabel II. D. Fabriciano Pascual. Srta. Elixa de Calonje. Núm. 1.134. Núm. 1.145. Broche de aguas marinas y brillantes. Trabajo Collar de diamantes y esmeraldas. Época isa- isabelino de su primera época. belina. S'ra. Marquesa de Caiccdo. Sra. Marquesa de Argüeso. Núm. 1.135. Núm. 1.146. Collar de strass y piedras de color. Época Broquelillos de oro con diamantes. Estilo isa- isabelina belino. Sra. Marquesa de Argüeso Sra. de Caveslany (D. Alvaro). Núm. 1.130. Núm. 1.147. Par de grandes pendientes con amatistas so- C o , , a r d e turquesas Época de Isabel II. bre oro; ornamentación isabelina de gus- ^ Margueses de ^ ^ Sres. Marqueses de Urquijo. Núm. 1.148. Núm i i:¡7 Aderezo de oro y esmalte. Época isabelina. Sr Par de arracadas de brillantes y rubíes. Epo- «- Marquesa de Anjueso. ca ¡sabelina. Núm l 149 Sra. Marquesa de Montcdegrc. ' Pulsera con esmaltes y corona condal, meda' Núm. l.lüfi. Hón con miniatura. Época isabelina. Dos agujones de aljófar. Isabelinos. Srla. Elisa de Calonje. S™.dfS»rollc. M m l t m Núm. 1.1 ;if). Cadena con eslabones intercalados de oro y Dos agujones valencianos con espejuelo. esmalte negro y blanco, Época isabelina. Sra. /Marquesa de C'akedo. Sra. Marquesa de la Guardia, Núm. 1.1-10. Núm. HZl. Broche o alfiler con diamantes, montura sobre Par de pendientes con brillantes. Isabelinos. plata y plata dorada. Época isabelina. Srla Juricra Innada Srrs.ieC^o. ^ . ^ Núm. 1.141. Par de pendientes con esmeraldas. Época isa- Broche en forma de rama, de diamantes rosa; belina. montura de la época isabelina. Sra. Marquesa de Caiccdn. Sra. Marisadedted,. N a m . ,.,„„. Núm. 1.14a. p a r de pendientes de amatista y oro. Isabe- Broche en forma de doble voluta, en plata y linos. piedras. Época isabelina. Srla. misa de Calonje Sna. F.H.,a é< C«L,,,,, x ( m í¡¡¡4 Núm. 1.143. Cruz con esmeraldas montadas sobro oro. Par de pendientes con jacintos sobre oro. Trabajo isabelino. Tipo popular valenciano de los tiempos Srrs. de Sornüa. de Isabel II. Nflm Srrs. de Soralh. * 1'15/i- Par de pendientes de oro y topacios Nlim - l'144- Sr,a. Elisa dr Clonjc. Par de pendientes de brillantes y diamantes. N ú m lir>ii Época isabelina. - - Srtu. Elisa de Calonje. Juego de pendientes, broche y pulsera, dia- mantés rosas y brillantes, sobre esmalte Núm, 1.1(17. verde. Época ísabelina. Aderezo formado por collar, piedras marinas, Srla. luisa tic Calonje. turquesas, etc., sobre oro troquelado en alto relieve. Trabajo isabelino en su épo- M m ' Ial"- ca más clásica. Pulsera con granates. Época ¡sabelina. $rta pnsa ¿e Calonie Srtas. de Cavestany. Núm. 1.168. Núm. 1.158. . , Aderezo formado por piedras verdes y viole- Pulserah n o be reloj, de oro con piedras. Trabajo isa- t 8 / m o n t a d o s o b r e decoración en volutas. b h ' Época isabelina. Sres, Condes de Caudilla. SfCS_ Condcs dg Caudina_ Núm. 1.159. Núm. 1.1G9. Cruz de piedras rojas montadas sobre oro. n .. ... , ... — . , .. Collar de medallones rectangulares, de hli- epoca isabelina. , . , . _ grana, con borlas de oro colgantes. Epo- Sra. Marquisa de CaiccJo. M ¡sabel¡na. Núm. 1.160. Srta. Belén Morenas y de Artcaga. Medallón en forma de rombo y corona real N ú m de diamantes y oro. Época isabelina. - 1A7°- Sra. Marquesa de Cakcdo. Collar de oro, troquelado con pequeñas jarras graduales. Época isabelina. Núm. 1.181. Srta. Belén Morenas y de Arteaga. Par de pendientes de oro y aljófar. Época isa- belina. Núm. 1.171. S. A. R. la Infanta Doña Isabel. Par de pendientes de filigrana. Trabajo caste- llano isabelino. Núm, 1.162 .V A R la Infanta Doña Isabel. Par de pendientes de filigrana y aljófar. Isabe- linos. Núm. 1.172. Sres. Marqueses de Urquijo. p a r ¿e pendientes de aljófar, de tipo valencia- Núm. 1.163. no. Isabelinos. rCS ar Par de pendientes de oro y filigrana, decora- ' Queses e rqm} dos con perlitas. Época isabelina. Núm. 1.173. Sra. Marquesa de Cakcdo. p a r ¿e pendientes de oro y diamantes. Epo- isabelina Núm. 1.184. " " ,.. , , . , f... , . , Sni, Marquesa de Argüeso. Pulsera de amatistas sobre filigrana, trabajada en mil granos. Época isabelina. Núm. 1.174, Sra. Marquesa de Caiecdo. p a r d e per ,dientes de filigrana. Época de Isa- bel Núm. l.ltiS. "" , , , T , . . , S A R la Infanta Doña Isabel. Aderezo de oro con amatistas. Irabajo isabe- ' ' Núm. 1.175. Sres. de Cabrejo. ni i i n,. i L i- Par de pendientes de filigrana. Isabelinos. Núm. 1.166. Doña Carmen Baeza de Florit. Par de pendientes de amatista montados so- N ú m bre oro, con pequeñas perlas. Época isa- " 1*176* belina. Collar de metal blanco perlado. Isabelino. Srta. Elisa de Calonje. Sra. Marquesa de Cakcdo. — 160 — Núm. 1.177. Núm. 1.187. Corazón de oro afiligranado- Época isabelina. Broche elíptico, de diamantes, figurando un 5. A. R. la Infanta Doña Isabel. canastillo con flores. Primera mitad del siglo xix. Núm. 1.178. sra. Viuda de Laiscca. Par de arracadas de tipo popular, de plancha Núm t i88 troquelada y bellotas colgantes. Trabajo castellano isabelino. Peineta de plata con dibujo grabado. Sra Sres. Marqueses de Urquijo. - Duquesa Viuda de Falencia. Núm. 1.189. _. Peineta valenciana de plata sobredorada con Aderezo de filigrana de plata Trabajo ,sabe- u n C u p i d o r e p u J B d o e n e, c e n l r o lino. „ ., , ., S Doctor Perera. "- * ° ' » " " " * ü ' « " ' " ' • Núm. 1.190. Núm. 1.180. Peineta de plata con dibujo grabado figuran- Dos agujones de filigrana. Época de Isabel II. do un canastillo. Doctor Perera. Srcs. Marqueses de Urquijo. Nú Núm. 1.181. ™- 1 1 ! ) 1 - Botón con trabajo de filigrana. Isabelino. Peineta de bronce dorado a fuego, decorada c0 c S. A R la Infanta Doña Isabel. " °™ l e s - Doña Pilar Bastida de Cavestany. N ú m - '-182- Núm. 1.192. Dos pares de pendientes de plata, filigrana. peineta d(jroda decorada ^ ^ ^ d(¡ ^ Época ,s=bel,na. m = esfér¡ca S. A. R.la Infanta Doña Isaiel. Srta. de AUende. Núm - '-183- Nüm. 1.193. Broche de granates y oro esmaltado Época peineM d e m ¡ g m n a dorada c u y a s¡,ueta figu. isa e ina. ra una corona con(]ai Sra. Marquesa de Argürso. Doña pjlar fíasfida d¡, Cavcslany_ Núm. 1.184. Núm. 1.194. Broche de agua marina y piedras de colores. Peineta de acero, decorada con dos camafeos. Trabajo de escuela escocesa, hecho en Sft Concepción Borondo tiempos de Isabel 11. / • Srrs. Condes de Caudillo. Núm. 1.19S. Peineta de acero con roseta de porcelana del Núm. 1.185. Ret¡rOf figurando u n amorci]lo. Collar de diamantes y rubíes. Final del si- ^ra ¿e puncei glo xviu o principios del xix. Sres. de Cabrejo. Núm. 1.196. Peineta con chapa dorada sobre concha y Núm. 1.186. adorno central. Collar formado por medallones de plata y oro, Sra. de Cabrejo. unidos por triples cadenitas de plata y aljófar, con colgante grande centra! que Núm. 1.197. figura un florero. Siglo xvm. Peineta alta de filigrana de plata en blanco. Sres. de Cabrejo. Sr. Conde de Cabarrús. — 161 — Núm. 1.198. Núm. 1.209. Peineta de acero, decorada con rosetas de por- Peineta decorada con esmaltes sobre montura celana del Retiro. Estilo Luis XVI. dorada. Sra. de Punce!. Srta. Concepción Borondo. Núra, 1.199. Núm. 1.210. Peineta de bronce, piedras verdes y perlitas. Peineta de plata, de plancha calada, con esfé- Estilo Imperio. rulas colgantes. Srla. de Castillo. Sra. Marquesa de Montealegre. Núm. 1.200. Núm. 1.211. Diadema de bronce y corales. Peineta de plata sobredorada, con ornamenta- D. Gustavo Moreno. ción floral y corazones en el centro. Esti- lo Imperio. Núm. 1.201. Doña Pilar Bastida de Cavestany. Diadema decorada con piedras de Francia. Sra. de Cobre jo. Núm. 1.212. Diadema de filigrana con piedras de Francia. Núm. 1.202. D. Gustavo Moreno. Dos peinetas de bronce con decoración de co- Núm. 1.213. rales- Estilo Imperio. D. Luis Landecho. Peineta de plata, formando ondas, con col- gantes esféricos. Núm. 1.203. Doña l'ilar Bastida de Caivsiany. Peineta estilo Imperio, decorada con turque- Núm. 1.214. sas y strass- 5. M. la Reina Doña Victoria. Peineta decorada con strass. Sra. Marquesa de Montealegre. Núiu. 1.204. Diadema de bronce dorado con camafeos de Núm. 1.215. coral Estilo Imperio. Peineta de acero. Época de Carlos IV. D. Luis Landecho. Paila Pilar Bastida de Cavestany. Núm. 1.205. Núm. 1.216. Peineta alta de filigrana de plata. Peineta de plata sobredorada, dibujo grabado Sra. Marquesa de la Guardia. con motivo floral. D. Gustavo Moreno. Núm. 1.206. Diadema de filigrana dorada y strass. Núm. 1.217. Sra. Marquesa de Arqücso. Peineta de plata sobredorada, dibujo grabado con motivo floral. Núm. 1.207. Sres. Marqueses de Urqvijn. Diadema Imperio, decorada con piedras ama- rillas. Núm. 1.218. Sra. de Cabré je. Peineta de plata grabada, decorada con pie- dras sobrepuestas- Núm. 1.208. Doña Pilar Bastida de Cavestany. Peineta Imperio figurando una rama, de bron- ce y corales. Núm. 1.213. Srta. Concepción Borondo. Dibujo de la fachada de la Real Fábrica de - 16 Platería de Martínez, hecho por el arqui- Conde Ureña y Marqués de Peñafiel, tecto D. Casto Fernández Shaw. Virrey de Ñapóles. En Sevilla, en la im- Sociedad de Amigos del Arte-, prenta de Andrea Pescidin y Juan de León, T585- Este ejemplar perteneció Núm. 1.220. al propio Juan de Arfe y fue anotado Plano del solar que ocupó la Real Fábrica de por él, marcando las erratas de esta pri- Platería de Martínez; firmado. Año 1 8 4 8 . mera edición. Nota de D- José de Igual, /.). Fernando de Ahumado. a quien perteneció el ejemplar; fue cedi- do por él a su poseedor D. F. Boix. Núm, 1.221. D. Félix Boix. Plancha de grabado y prueba de la Real Fá- brica de Platería de Martínez. Núm. 1.227. D. Fernando de Ahumada. Varia conmensuración para la escultura y la Núm. 1.22:2. arquitectura, por Jvan de Arphe y Villa- fañé. Madrid, Francisco Sanz. 1 6 7 5 . Colección de proyectos de alhajas y de obje- D. Julio Cavestony. tos de platería- Sr. Vizconde de Güell y D. José Lázaro. Nüm. 1.228. Núm. 1.223. Real Cédula con las «Ordenanzas que Su Magestad (que Dios guarde) y su Real Vicente Polero. Libro de dibujos de alhajas Junta Genera! de Comercio y de Moneda de los siglos xvi al xvn, y de retratos. da a la Congregación, Comercio y Arte Sm. Marquesa de Argürso. de Plateros de la ciudad de Barcelona, Núm, 1.221. para su régimen y govierno>. Sevilla, 8 Agosto T732. Libro manuscrito miniado, de la Congregación de naturales y originarios de Castilla y I). Pedro M. de Artiñano. León, 17 50, encuadernado en terciope- Núm. 1.22!). lo rojo, con ángulos y medallón central de plata. Punzón de Madrid de escudo «Real Despacho de Ordenanzas aprobadas coronado. Punzón 42 B. L. H. por Su Majestad a consulta de la Junta D. Félix BÍÚX. General de Comercio y Moneda para to- das las Platerías de estos Reynos; y par- Núir 1.225. ticulares para el Colegio de San Eloy, de Libro llamado Quilatador de la plata, oro y Madrid? a diez de Marzo de mil setecien- piedras, compuesto por Juan Arfe de tos setenta y uno.» Villafañé, natural de León y vecino de i). Fernando dr Ahumada. Valladolid, impreso en Valladolid por Ni'im. 1.230. Alonso y Diego Fernández de Córdoba, impresores de S. M. Año 1 5 7 2 . Retrato de D. Antonio Martínez, célebre pla- D. Félix Boix. . tero, fundador de la Real Fábrica de Pla- tería. Por F- Bayeu. Núm. 1.226. Ihnia Saleta Cabrero de Van drr Bride. Libro de }uan de Arfe y Villafañé, natural de León, escultor de oro y plata, de varia Núm. 1.2:il. conmensuración para la escultura y ar- Cuadro de la familia del platero D. Antonio quitectura, dirigido al Excelentísimo se- Martínez. PorJ- Espalter. ñor D. Pedro Girón, Duque de Osuna, Doña Sálela Cabrero de Van der linde. F I N D E L C A T Á L O G O LAMINAS SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE natalaciones de la Edad Antigua SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE La plata del Renacimiento SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Cama de plata y orfebreri* española en el siglo XVIII SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Comedor de la época romántica SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Joyas de influencia fenicia y egipcia, de Aliseda SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE exKisiciÓN DE ORFEURKHIA Joyas fenicias de la necrópolis de Cádiz SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE S- 3$ SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DET, ARTE EXPOSICIÓN DE ORFEHKERÍA Disco del Emperador Teodosio y c SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Orfebrería de loa últimos t i e m p o s visigodos primeros de U dominación árabe y de la Reconqui SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE EXPOSICIÓN PE ORFEBRERÍA SOCIEDAD ESPA5JOLA DE AMIGOS DEL ARTE dentea de Mondüjar y Bentari SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE orfebrería de la pri- SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Trabajos repujados y labrados de los siglos XVI 7 XVII SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Laboi de los siglos XVI y XVII SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAROLA DE AMIGOS DEL ARTE ¡¡miento en España SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AHOGOS DKL ARTK SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPASOLA DE AMIGOS DEL ARTE Mesa con tabl ero de plata repujada del Reí [cimiento italiano y patas rdobeaes, propiedad del Exci o. Sr. Marqués de Viana SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE de filigrana, siglo; SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Joyas de los siglos XVII y XVIII SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE gada de trabajo mallorquín SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Trabajos en labor calada y cincelac SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE pujados del siglo XVIII S0C1KDAD KSPAÑOI.A ÜE AMIGOS DEL ARTE ion del siglo XVIII SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE miemos del siglo XIX SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Platería del siglo XIX SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE ligio X V I I I ,iElo X I X SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE Ejemplares de los siglos XVIII y XIX (U6)