JUNTA DE ICONOGRAFÍA NACIONAL CASAS REALES DE ESPAÑA RETRATOS DE NIÑOS I FELIPE V Y SUS HIJOS POR F. J. SANCHEZ CANTON MADRID.-J. COSANO, 1926. CASAS REALES DE ESPAÑA RETRATOS DE NIÑOS - - j JILNTA DE ICONOGRAFÍA NACIONAL CASAS REALES DE ESPAÑA RETRATOS DE NIÑOS I FELIPE V Y SUS HIJOS POR F. J. SANCHEZ CANTON MADRID IMPRENTA DE JULIO COSANO 1926 Junta de Iconografía Nacional comienza la La publicación de una serie de estudios sobre retratos de Reyes y Príncipes de España. En realidad, no hace más que seguir el camino emprendido al sacar a luz, en 1917, los notables libros de D. Elias Tor¬ mo y Monzó En las Descalzas reales, que aguar¬ da y exige inmediata prosecución, y Las viejas series icónicas de los Reyes de España que agota el asunto en el aspecto de la iconografía represen¬ tativa, independiente con frecuencia de la auténtica y segura. Razones claras motivan y aconsejan elegir este tema. Las familias reinantes fueron muchos siglos el más genuino índice de los pueblos, y aun distan¬ tes del criterio tradicional de Ver la Historia como una galería biográfica de Reyes, no cabe negar que el estudio de las estirpes soberanas suministra en¬ señanzas provechosas. Sobre todo si, dejando a un lado la faz externa, militar y política, se penetra en el hogar, para sorprender la intimidad. Suele desdeñarse hoy día por algunos graves — Vlil — varones la investigación de las minucias familiares y aunque toda exageración es vitanda, va siendo hora de afrontar los anatemas y rehabilitar la anéc¬ dota como elemento vital en las historias. La vida es un tejido de cuadros muy diversos, y entre las grandes escenas de hechos memorables, bullen, tra¬ bándolas y, con frecuencia, explicándolas, las menu¬ das acciones cotidianas y se dibujan los trazos hu¬ mildes, donde reside la diferenciación, ya que en los grandes rasgos y en los caracteres primordiales todos los tiempos se asemejan. Y esto, que es notorio cuando se intenta cono¬ cer un personaje, es asimismo cierto al estudiar una época. Si los Goncourt pedían un abanico para de¬ finir un período, es porque los trajes, los juegos, las cartas íntimas enseñan más historia que las cró¬ nicas de guerras y de públicos negocios. Todo esto es sabido, pero suele olvidarse. Junta de Iconografía Nacional cree cumplir La sus fines propios al emprender el estudio de los re¬ tratos infantiles de Reyes y Príncipes de España, y no oculta que este propósito surgió al conocer el acertado acuerdo de la Sociedad Española de Ami¬ gos del Arte, de celebrar en 1925 la Exposición de Retratos de Niño en España, que alcanzó tan se¬ ñalado éxito. Estaría aquí fuera de lugar una disertación so- bre el Niño en la Historia y en el Arte; baste decir que es su más puro adorno. Por ser la intimidad único ambiente de la infancia —aun entre Príncipes—, estudio nos introduce en su el hogar; y por carecer el niño de intereses y fic¬ ciones, nos descubre ingenuamente misterios históri¬ cos, y denuncia sin artificios a quienes lo manejan. El artista, al pintar un niño, prescinde también de convencionalismos, se contagia a veces de sen¬ cillez y el cariño sublima la maestría en muchos casos. Comiénzase la serie por la Casa deBorbón, por¬ que la de Austria en buena parte está comprendida en el citado libro del Sr. Tormo, y porque el estu¬ dio de los tiempos anteriores requiere materiales de muy difícil acarreo; mas todo habrá de hacerse, si es bien acogido este intento. Retratos de Reyes y Príncipes niños de la Casa de Borbón constará de tres partes, separa¬ das, pero uniformes: Felipe V y sus hijos, por F.J. Sánchez Cantón; Los hijos de Carlos III, por J. Ezquerra del Bayo, y Los hijos de Carlos IV, por J. Allende-Salazar. Hay que consignar que en la elaboración de estos estudios han intervenido y ayudado a los firmantes los Vocales de la Junta de Iconografía Sres. Marqués de Casa-Torres y don Asterio Mañanós. FELIPE V Y SUS HIJOS PRELIMINAR Cerca de medio siglo llenan los dos reinados de Feli pe V. No abundan períodos más interesantes en nuestra historia. Se liquidó la herencia política y social de los Austrias, y con la introducción de usos e ideas de fuera se preparó el florecimiento de los tiempos de Fernando VI y Carlos III. El estudio de los niños de la real familia en la primera mitad del siglo xviii es instructivo y grato por más de un concepto. Quisieron la Fortuna e Isabel de Farnesio que'de los ocho hijos quede Felipe V se lograron, tres fueran Reyes de España; uno de éstos, además, de las Dos Sicilias; el cuarto, Príncipe soberano de Estados en Italia; una. Reina de Portugal; otra. Reina de Cerdeña, y otra, Delfina de Francia, y el único que no ocupó tronos fué Cardenal y Arzobispo a la vez de Toledo y de Sevilla, antes de cumplir los doce años. Para encontrar un plantel semejante de Reyes y Reinas, hay que retroceder en Castilla a las bodas de Felipe el Hermoso y Doña Juana la Loca. Actores importantes en el escenario histórico de Euro¬ pa fueron los niños que en las páginas que siguen Vamos a sorprender en la intimidad de sus juegos, y de sus ilusio¬ nes, y de sus tristezas, y de sus enfermedades. Y, cual en un teatro de marionetas, para explicarnos los más difíciles movimientos, fiemos de ver cómo mueven los hilos una Reina, niña también, y, sobre todo, otra tam¬ poco vieja, que tuvieron en grado heroico los arrestos que faltaron siempre a Felipe V, por mala adulación llamado el Animoso. Buena parte del trabajo ingrato de rebusca de noticias de este período está insuperablemente realizado en dos magistrales monografías de D. Alfonso Danvila, tituladas; Luisa Isabel de Orleáns y Luis 1 (1902) y Fernando VI y Doña Bárbara de Braganza (1905). A ellas ha de acudir quien desee mayor esclarecimiento de extremos que en este ensayo se apuntan meramente, en cuanto sirven para ilustrar la iconografía infantil de los primeros Borbones españoles. Otro aspecto merece consideración al emprender un estudio sobre retratos de la primera mitad del siglo xviii: la influencia francesa en nuestras artes. El cambio de dinastía fué más bien en un principio la absorción por Francia—si no llegó a ser total, débese a las dos Reinas de Felipe V—; pruébanlo los tratos internacio¬ nales, las medidas de gobierno, las modas...; hasta los In¬ fantes nacidos en Madrid se escribían en francés. No en todo puede reprocharse de funesto aquel exage- - 5 — rado galicismo. En muchas esferas, el genio español estaba agotado. En ninguna—y no sin motivo—es esto más pa¬ tente que en Pintura. Poco antes de acabar el siglo xvii murieron Carreño, Valdés Leal y Claudio Coello. De Italia había venido Lucas Jordán, y allá Volvió 1702, en y Feli¬ pe V, al llegar, se encuentra con Ardemans, Ruiz de la Iglesia, Miguel Jacinto Meléndez y otros ilustres descono¬ cidos; una excepción: Palomino, no bastaba a compensar la falta en Madrid de Rigaud, Largillière, un un un Qobert, siquiera. ¿Cómo sorprendernos de que Felipe V llamase pintores franceses a su servicio, o, tal vez, que Luis XIV —que con tanta decisión había aceptado o impuesto su tutela sobre el nieto y sobre España—no se los enviase? Así, salvo contados casos, los retratos regios en la España del siglo xviii no son obras de pinceles nacionales. Al advertir cómo, de un lado, el ambiente y la tradición de España modifican paulatinamente a los retratistas inmi¬ grados, y, de otro, cómo sus obras hayan podido influireu nuestra pintura, se plantean los dos problemas de mayor interés para la historia artística de aquellas décadas. Varios hilos, por tanto, sujetarán la atención del lector en esta serie de estudios. FELIPE V I. -DUQUE DE ANJOU La Gazette de! 20 de diciembre de 1683 anunció que, desde ei día anterior, la Casa de Francia contaba un nuevo Príncipe. Era el hijo segundo de Monseñor el Gran Delfín y de María Ana Cristina de Baviera. Sólo las buenas hadas que asistieron al natalicio pudieron adivinar que a aquel niño estaba reservado el solio de España y ser tronco de una dinastía. Según costumbre de la familia, no fué bautizado hasta que pasaron varios años (1): tres y un mes alcanzaba ya cuando recibió el bautismo solemne en la capilla del Palacio de Versalles, y fueron sus padrinos Monsieur (2) y Made¬ moiselle; pusiéronle Felipe, nombre reservado en la familia (1) No se crea que se aventuraban a que las criaturas muriesen sin cristianar. Este sacramento en la Casa de Francia constaba de dos actos: llamaban al primero ondoiement, y era el bautismo propia¬ mente dicho, administrado en Palacio, fuera de la iglesia, aunque con cierta pompa, y a los pocos días de nacer. El segundo acto tenía lugar en la iglesia, con toda ostentación, cuando el Príncipe tenía tres o cuatro años (Cavanés, Enfances rodales, IV, ps. 120 y ss.). (2) El hermano del Rey Felipe de Orleáns, que falleció en 1701. al segundón desde hacía tres generaciones, en memoria de Felipe IV de España; llevó el titulo de Duque de Anjou. El retrato conmemorativo del bautizo es la estampa firmada por Lochon: viste el regio niño de armiño, collar de perlas, el Saint-Esprit, y se toca con un gorrito con lazos; está sentado (1). Coetáneo será uno de pincel, del que se conservan ejemplares en Versalles y en el Pra¬ do (2), y que es fragmento de la gran composición de Fierre Mignard: Retrato en pie del Gran Detfín Luis de Fran¬ cia, su mujer y sus hijos, que Le Brun Dalbonne data de 1686, y que hoy se guarda en el Louvre (3). Aparece el Frincipito sentado en un almohadón carmesí, jugando con un perrillo negro y ostenta el Saint Esprit. (Lám. I.) Es atractiva la infantil figura de rizada cabellera y Cán¬ dida expresión, algo parada y tan poco alegre como lo fué siempre. Dos libros, de consulta imposible en Madrid, nos da¬ rían idea de los primeros meses y de la educación de Fe¬ lipe de Borbón: Mollière, = valet de chambre de Monsei¬ gneur le duc de Bretagne», escribió en 1708 una memoria que en 1907 publicó M. H. de la Grimandière con el titulo Autour du berceau d'un Enfant de France; y Antoine Charma es autor del que se denomina De l'éducation (1) Reproducido por Cavanés, Enfances royales, p. 193. (2) Identificado en Retratos del Museo del Prado, por J. Ailende- Saiazar y F. J. Sánchez Cantón. 1919, ps. 248-9. (3) Nicolle, La Peinture française au Musée du Prado, p. 67, cita, además, dos copias y un retrato. París. Perrin, 1925. Lámina I. Pierre Mignard.—(Palacio de Versalles y Museo del Prado.) donnée aux... petits-fils de Louis XIV (1). Pero, aun sin conocer estos tratados, podremos vislumbrar muchos deta¬ lles en otro muy conocido y extractado, ya que la educa¬ ción probablemente no habría evolucionado mucho desde que para la infancia de Luis XIV, y por sugestiones de Ana de Austria, se habían escrito las Ma.vimes d'éduca¬ tion et direction puérile, des dévotions, moeurs, actions, occupations, jeux.. de Monseigneur le Dauphin jusqu'à l'âge de sept ans; donde se preceptúan ocho horas de sueño nocturno y una de día, con luz encendida, para que los espectros y fantasmas no actúen; y ya que «la propreté est bien recommandable à un jeune Prince > cuando se acabe de vestir se le dará para que se laVe las manos una toalla mojada en agua de la fuente... No olvida las comidas, los juegos, los castigos, condenando los azotes, que, sin em¬ bargo, consta se usaban en la Corte de Francia. Desayuno: caldo o pan, poco de carne y nada de manteca, ni huevos frescos; a la comida: carne cocida o asada. De ejercicios: la pelota, la danza, la pesca, la caza, la equitación, la es¬ grima, la natación... La música y el teatro, pero a condi¬ ción de que no se convierta el Principe en actor, como Ne¬ rón, Galba o Catilina (2). No debieron de ser los juegos muy del gusto de nues¬ tro futuro Rey; decían de él que había sido «prévenu de (1) Publicado en la Imprimerie impériale, 1865, 20 ps. (2) Citado por el Dr. Cavanés en sus Moeurs intimes da passé {yilime série). Enfances royales de Charles VI à Louis XIV. Pa¬ ris, 1923. 2 - 10 - gravité dès le ventre de sa mère»: hablaba poco, y cuando lo hacía, «lourdement, lentement». Madama lo achacaba a que: «i! a l'air autrichien, la bouche toujours ouverte; je lui en fait l'observation cent fois; quand on le lui dit, il la fer¬ me, car il est bien docile; mais, dès qu'il s'oublie, il la tient ouverte de nouveau» (1). Algunas estampas francesas nos muestran a Felipe de Anjou con sus hermanos; en una aparece jugando al «jeu des fortifications»; en otra, en fin, de otras, al «trie trac»; Trovain, de 1690, figura a Luis XIV jugando al billar con sus nietos. El gran Rey estaba tan orgulloso de ellos, que un día de 1695, durante una comida, hizo constar que, desde que había Reyes en Francia, no se había dado el caso de que hubiese un abuelo, un hijo y tres nietos en edad de gobernar... Dados la Luis XIV, hubieron previsión y el cariño de de buscarse para los regios niños preceptores de fuste, y fueron designados Fenelon y el Duque de Beauvillier, y varios subpreceptores, entre ellos el Duque de Louville, que el nuevo Rey. vino a Madrid con El Duquesito de Anjou resultaba una personalidad un poco indecisa, aun entre sus hermanos; entre ellos tenía el carácter más acusado el de Borgoña, que quería muy (1) Les petits fits da Grand Ro\\ por E. d'AIençon (París, 1890), citado por el Dr. Cavanés en Moeurs intimes da passé (VIsé¬ rie) Education des Princes {París, k. Michel). HI. Comment furent élevés les petits fils du Grand Roi (ps. 90 y ss.). poco al de Berry, y con frecuencia mediaba el bondadoso Felipe para apaciguar las discordias infantiles (1). Criábanse sanos y robustos; un escrito de 1696 descri¬ be sus comidas y sus deportes, y afirma que jamás se quejan de la menor incomodidad y nunca han sido sangra¬ dos ni purgados. La instrucción abarcaba la geografía «la esfera», mucha historia, fábulas, un poco de anatomía y nociones de pintura, escultura y fortificación; se prescin¬ día de las lenguas vivas por la razón especiosa de que no Viajaban, y todos los que acudían a la Corte sabían el fran¬ cés y el latín: detalle en que Penelon no se acreditó de profeta. (1) El Duque de Beauvilüer contaba a Mme. Du Noyer: «il fal¬ loir que le duc d'Anjou fut toujours occupé à raccommoder les que¬ relles de ses frères». IL-REY DE ESPAÑA El testamento del Rey la Corona HechizadoWdxnd^di a a su sobrino el Duque de Anjou. El 1de noviembre murió Carlos II, y el 16 era reconocido Felipe por Rey de España en Fontainebleau, y en Madrid, el 24. Para hacerse grato a sus subditos, empezó por vestirse a la moda españo¬ la, y en aquellos días le retrató Rigaud de negro y golilla, con el Toisón y el Saint Esprit (1). En Le livre de raison del pintor aparecen registradas no menos de veinte réplicas de este lienzo. Considérase el mejor ejemplar el de cuerpo entero del Louvre, firmado y fechado en 1700 (2). En Es¬ paña son excelentes versiones la del Prado (núm. 2.337, firmada en 1701) y la del Palacio Real, ambas de la propia mano de Rigaud (3). (1) Mém. inédites... de VAcadémie royale, II, 118 y ss.; trata de las circunstancias del encargo. Citado por Nicoiie. (2) J. Roman, Le livre de raison du peintre Hyacinthe Rigaud, París, 1919, ps. 85 y ss. (5) No copia, pero sí inspirado en este lienzo, es el beliísimo gra¬ bado de Dufios, con Versos franceses y castellanos; éstos dicen así: «De la Majestad del retrato El mundo a de conocer. Que el augusto original Encierra sangre real.» De este tiempo sería también el muy bello grabado que firma Edelinck: Felipe V, niño, a caballo, rodeado de figuras alegóricas y latinos emblemas y motes. Hay ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid., - 13 - En 1700 también, y respondiendo a una concepción di¬ ferente, dibujó y grabó S. T. Thomassin una espléndida estampa, en la que se figura al nuevo Rey armado; la re¬ gularidad y belleza de sus facciones justifican las flores que en aquellos años le prodigan sus afectos. Hay, sin embargo, una blandura en el gesto que traduce su carác¬ ter, nunca revelado por rasgos de energía ni de firmeza; Véase cómo años después le pintó, implacable, el Duque de Saint-Simon: «Une grande paresse d'esprit et une plus grande en¬ core de volonté et de sentiment est peut être ce qui défini¬ ra mieux le Prince, si difficile à l'être» (1). Ya antes el Mar¬ qués de Louvilie había profetizado: «C'est un roi qui ne regne et qui ne régnera jamais» (2). Es probable que el primer retrato que se le hizo en España fué el que grabó Joseph de Ahumada en Granada para una relación de las fiestas que allí se celebraron cuan¬ do su venida; el Rey se muestra a caballo, con gran som¬ brero; fondo de batalla; escaso el parecido y de mal arte. (1) Tablean de ¡a Cour d'Espagne en 1721, p. 555 de Papiers inédits du Duc de Sainl-Simon. Paris, Quantin, 1830. (2) Baudrillart, Philippe V, 1, p. 49. III.-MARÍA LUISA GABRIELA Para este Monarca adolescente se buscó una novia de doce años. María Luisa Gabriela de Saboya había nacido en Turin el 17 de setiembre de 1688. El matrimonio se efectuó por poderes el 11 de setiembre de 1701, y en per¬ sona, en Figueras, el 3 de noviembre. Muy pocas Reinas gozaron de mayor simpatía entre sus subditos, ni fueron más lloradas en muerte. Regente a los trece años, en me¬ dio de los azares de la Guerra de Sucesión, presta ánimos al contra toda fama débil Felipe V; llena de gracia y espí¬ ritu la Corte española, entenebrecida por los recuerdos del Rey Hechizado; escribe a Luis XIV para descansar de las arduas tareas del gobierno, entremedias del juego de la gallina ciega y el de «la compagnie vous plait-elle...» Es una figura deliciosa, en la que se alian la ingenuidad infan¬ til, al aplomo y la serena inteligencia, que en ciertos niños revisten extrañas formas de sesuda madurez. Del año de la boda hay un excelente grabado de busto en óvalo, que firma Nemesio (1). De entonces- será tam¬ bién el pintado por Miguel Meléndez, del que hay ejempla¬ res en las colecciones Lázaro, Casa-Torres y Cerralbo, pa¬ ti) La Condesa de Cerrajería cita uno de Mignard en el Quiri- nal, que publica Perey en su libro Une Reine de douze ans- De ser exacta la noticia, como Pierre Mignard murió en 1695, sería el más antiguo retrato de María Luisa Gabriela. — 15 — reja de un Felipe V (1); el Sr. Marqués de Casa-Torres posee un dibujo de los dos, acaso de Meléndez, muy in¬ teresante (2). Poco tiempo transcurriria desde que se pinta¬ ron éstos hasta el de Juan García de Miranda, que posee el Prado; está de pie, es de cuerpo entero, y viste de azul flordelisado. No revelan estos retratos las cualidades de aquella niña Reina, que admiraban a los políticos y diplomáticos que la conocieron. «Marie-Louise de SaVoia—escribía el Duque de Ora- mont a M.""® de Maintenon el 14 de junio de 1704—n'était point ce qu'on est convenu d'appeler une beauté; elle avait les yeux médiocrement grands et peu vifes, le teint pâle, les dents mal rangées, mais la petitesse de sa bouche, la fi¬ nesse de sa taille, la noblesse de son air, la grâce de ses manières et de son sourire, la rendaient digne de plaire à tout homme de goût» (3). Y el mismo Duque, al hacer en 1705 feroces retratos (1) El de la Col. Lázaro fué de Carderera; estuvo en la Exposi¬ ción de retratos de mujeres, 1918, Cat. núm 27, y lo publicó Sente- nach en la Pintura en Madrid (p. 178) como de Leonardoni. El de Cerralbo se expuso también por los Amigos del Arte, núm. 28, como retrato de Isabel Farnesio, pintado por Luis Martínez, artista que quizá no existió (2) Este pintor dice en un memorial que «desde el año de 1700, en fué V. M. dignamente colocado en el Real Solio, logró la for¬ que tuna de copiar las perfecciones de V. M , y así mismo de la Reina» (10 mayo 1712). Archivo de Palacio, expediente personal. Vid. mi estudio Los Pintores de Cámara de ¡os Reyes de España, Madrid, 1916, p. 118. (3) Apud Baudrillart, I, p. 87. de los personajes de la Corte, escribió de la Reina: «a de l'esprit au dessus d'une personne de son âge. Elle est fière, superbe, dissimulée, indéchiffrable, hautaine, ne pardonnant jamais. Elle n'aime à seize ans, ni la musique, ni la comédie, ni la conversation, ni la promenade, ni la chasse..., elle ne Veut que maîtrisser souverainement, tenir le Roi son mari toujours en brassière» (1). La talla de Maria Luisa Gabriela era excepcional. Mu¬ chos trazos de su figura quedaban ocultos y mal compren¬ didos en su tiempo; sólo la Historia última ha sabido juz¬ garla. (1) Baudrillart, I, p. 6S6. LOS HIJOS DE FELIPE V L-LA DESCENDENCIA DE LA SABOYANA Cuatro hijos tuvieron Felipe V y María Luisa Gabriela; D. Luis, D. Felipe, D. Felipe Pedro y D. Fernando. Del segundo no se conocen retratos, y no ha de extra¬ ñar, pues sólo vivió seis días; nació el 2 de julio de 1709, antes del tiempo necesario para la perfecta formación, al decir del P. Flórez (1). El tercero, que Vino al mundo el 7 de junio de 1712, no se bautizó, siguiendo el uso familiar, hasta el 25 de agosto de 1716; fué apadrinado por Luis XV y murió el 29 de diciembre de 1719 (2). Se ha podido identificar un re¬ trato suyo en la Bib. Nacional; es un medallón pequeño, pareja del de D. Luis; los pintó Miguel Jacinto Meléridez. En la ficha de la Junta, firmada por el venerable D. Angel (O Reinas Catholicas, II, p. 389. (2) El mismo historiador, ob, cit, II, p. 392, dice que mientras vivió este Infante, resolvieron los Reyes «alterar una ley fundamen¬ tal del Reyno sobre la sucesión de los hombres, dando antelación al Varón descendiente del Rey antes que a sus nietos... La Reyna, ena¬ morada de sus hijos, tomó con empeño este negocio.» María de Barcia, se le confunde con otro Infante D. Feli¬ pe, el hijo de Isabel de Farnesio (1). La pintura ha de ser muy poco anterior a la muerte, pues representa alrededor de seis años; ostenta la cruz de Saint-Esprit; de su vida fugaz no queda otro recuerdo que este retrato. (Lám. II.) En cambio, y para compensación, de los otros dos hi¬ jos, D. Luis y D. Fernando, abundan las memorias, y es rica su iconografía; como es sabido, los dos reinaron en España. El primogénito de Felipe V y Maria Luisa Gabriela nació entre rumores calumniosos esparcidos por los carlis¬ tas de entonces. Para desvanecerlos, presenciaron el par¬ to, «en el modo más decente posible», el Cardenal Porto- carrero, los Embajadores, los Presidentes de los Consejos y hasta el Nuncio, que pudieron adverar que en 25 de agosto de 1707 nacía el Príncipe D. Luis; se bautizó el 8 de diciembre, apadrinándole quien había de ser su suegro. La dependencia de nuestra Corte de la francesa se hizo más notoria a la sazón; pues, para la crianza del Príncipe, se elevaron a París innumerables consultas. Juráronle los Reinos en San Jerónimo el Real el 7 de abril de 1709 (2). El primer retrato de D. Luis conocido debe de ser el (1) No hay que esforzarse en probarlo; la fisonomía de O. Feli¬ pe, Duque de Parma, es bien conocida; además, la moda de traje y peinado y el ser pareja de D. Luis imposibilitan que sea un niño nacido en 1720. (2) P. Flórez, ob. cit., 11. lamina il Don Felipe Pedro Gabriel. Infante de España. Miguel Jacinto Meléndez. - (Biblioteca Nacional.) Wf. i ^ t 2 .H'v^ <íC%¿ .'M: :.f:'A'iTl:- '^^iíSlIÍAÏ J -jij?ii4'isÇ'j#··j^i· '» í^. C s r : .v^^'v; A"Vi::st:>.>^,v-v,!'. ■i···f^^^^'·--' I ^k' s *■ a.» f^ t S ^ íL. "v ^*^«· ro k ·«?'»^^r-;·4,5^«í^·.■ v·íií· ■fe' ■ÍV-ií%í V: pSif í''%.<^ X*Í y-^-J , ^ * ; "'(> .if. J'-..·> ■ 'i--' ' jJítK pr A 1 ?, ïSy- ?V 'í¿ ¿ . Tv.'t -'. tfctí i/' T •*- ":a. ^'!ÍS Ï3^ KÏiSí I ■> ^ w » *■ - <- ■> -A."" í j? >jf 'K •'■.i - í •^F Itewr V, 'ML^y ' S que figura en una estampa firmada M. Melendez, I. B. Ha¬ vanais Scalp. Matriti 1711, en la cual aparecen, en sen¬ dos medallones, los Reyes y el Principe; éste, sentado, de casaca y con peluca, empuña una espada sobre un libro que está encima de una mesa. En la misma fecha se grabó en Roma por Hub. Vincent un grupito con los bustos de los Reyes y D. Luis; éste sin peluca. Hay que mencionar a seguida el también grabado en París, «chez Peilly à Benoist», probable reproducción de algún lienzo enviado a Luis XIV (1). Representa D. Luis alrededor de los seis años: viste chupa, sombrero bajo el brazo, guantes en la mano izquierda y con la diestra señala la corona sobre un almohadón, encima de una rica mesa; al fondo, arboledas. (Lám. 111.) No debió de pasar largo tiempo entre este grabado y el medallón pintado por Meléndez, compañero del retrato del malogrado Infante D. Felipe Pedro; se conserva en Pala¬ cio Real. En agosto de 1717 se hizo el más bello retrato que de D. Luis se conoce: es, a la vez, una de las mejores pintu¬ ras ejecutadas en España en el primer tercio del si¬ glo xviii; guárdase en el Prado, y su autor se conjetura, por buenas razones, que es el pintor francés Michel-Ange (1) Antes le retrataron otros pintores, ya que Valero triarte ale¬ ga en un memorial que «vino a Madrid en 1711, por haber sido el con más acierto retrató al Príncipe en Zaragoza». Doc. del Archivo de Palacio, Los Pintores de Cámara, p. 186. A juzgar por las pintu¬ ras conocidas de Valero triarte, hay que compadecer a quienes aventajó... — 20 - Holiasse. Todas las exquisiteces del arte cortesano de Francia—refinada y degenerada herencia de Van Dyck— se templan en este elegantísimo retrato, con una sobrie¬ dad de colorido muy madrileña, explicable por la luz nues¬ tra y los grises finos, plateados, de los pintores de los Austrias en el siglo xvii. La simpatía que irradia el mo¬ delo la ha fijado el pintor en el lienzo, envolviendo la frᬠgil y esbelta figura en un ambiente lleno de melancolía. (Lámina IV.) Houasse merece un estudio que todavía no se le ha consagrado. No se sabe cuándo llegó de Francia; según Cean, al regresar su padre en 1710, mas no consta que René haya estado en España. La primera noticia docu¬ mental en nuestra Corte se refiere a 1723, pero, aparte del retrato del Príncipe, hay en el Prado dos cuadros de baca¬ nales, firmados en 1719 y 1720, de gran interés y belleza, y una vista de El Escorial, que será probablemente de 1725, pintada con una concepción del paisaje muy moderna y muy castiza a la vez. En La Granja se conservan varios cuadros de asuntos similares a los que Goya había de tratar después para los tapices: El juego de la gallina cie¬ ga, La merienda en el campo, El columpio, La era, etc. Cultivó flouasse también el género religioso; en el Prado hay una Sagrada familia, fechada en 1726, y en la Univer¬ sidad Central, una serie de lienzos del retablo que fué del Seminario de Nobles. Algún día pienso estudiar la influencia que Houasse tuvo en la dirección costumbrista que culmina en el Goya da los tapices. Lámina III. Don lùiis Fcnnando rrinsipe_JcAjluitas 'h- f'iltfe A'c'i* , según cantó Gerardo Lobo (1). Dos retratos importantes se conocen de D. Luis como Rey. Uno, quizá perdido, pero del que hay estampa: aparece en pie y cuerpo entero, armado, con manto que porta un ne¬ grito, bengala en la izquierda, y la diestra sobre el yelmo; lo pintó Rigaud y lo grabó Drevet; hay ejemplar en la Na¬ cional. El segundo, de gran aparato también, de más de medio-cuerpo, con la corona cerrada sobre un bufete, lo pintó Ranc, y se guarda en el Museo del Prado (2). Mas, aunque haya que conceder algo a la natural voluntad de agradar en el artista, muéstrase en este lienzo Luis 1 como un gallardo y fuerte mancebo; no es ya retrato de un niño. Tampoco es infantil su figura en el cuadro La familia de Felipe V. (Lám. VIL) De este lienzo de Jean Ranc precisa hacer algún estu¬ dio. No se conserva; en el Prado se ve el boceto, que hace deplorar la pérdida de la obra definitiva, nunca acabada. Represéntase en él la famlia real de España en 1724, puesto que aparece Luis 1 y no figura María Ana Victoria. A la izquierda, en un balcón, se ve un eclesiástico con (1) Soneto a la muerte de Luis /, Rivadeneyra, LXI, p. 23. (2) Una repetición o copia del número 2,339 es el 2.398, deposi¬ tado en la Embajada de España en Londres. - 55 - hábitos episcopales; por el mismo lado sale una azafata portando un juego de chocolate; siguen el Infante D. Fer¬ nando, con un perro al pie; Felipe V, sentado; a su derecha, D. Luis, de pie, como el pequeño D. Felipe, que se apoya en su madre, la cual señala con su mano izquierda no se sabe si al retrato de Luisa Isabel de Orleans (l)-que, como se dijo, será el enviado antes de la boda—, o a su hijo mayor, tan querido, D. Carlos, que cierra por la de¬ recha la composición. El lugar de la escena es un salón de palacio indeterminado y suntuoso. Tiene el boceto ambien¬ te y colorido grato, aunque un tanto sordo. La composi¬ ción, dentro de la tiesura cortesana, resulta graciosa, por los personajes secundarios — obispo, azafata y servidor que sostiene el retrato de Luisa Isabel—; el grupo de Re¬ yes e Infantes está dispuesto con elegante sobriedad, des¬ contados el barroquismo y el empaque propios del tiempo y del tema. ¿Cuándo se pintó? Sin duda, la intención de la fecha no puede ser otra que 1724; la ejecución fué posterior. En 4 de octubre de 1727 se disculpa de no haber podido ir a La Granja a pintar el retrato de la Princesa para el cuadro de la Familia, y en enero de 1729 todavía le faltaban dos me¬ ses de trabajo en el lienzo. No lo acabó, y sufriría en el (1) En el boceto parece indudable que ella es la representada, pero quizá en el lienzo definitivo hubo de cambiarse por el retrato de María Ana Victoria, porque un memorial de Ranc, de que des¬ pués se hará mención, se disculpa, en 4 de octubre de 1727, de no haber podido ir a La Granja a retratar a la Princesa. incendio de 1754, ya que en el Inventario de 1772 se re¬ gistra en el estudio de la Calleja: «maltratado, sin concluir, arrollado». En el boceto conservado se encuentran los retratos de D. Fernando, D. Carlos y D. Felipe, iguales a como aparecen en tres lienzos de Raric: dos en el Prado y uno en Ríofrío; cambia sólo el fondo y algún detalle; las pos¬ turas son idénticas. El de D. Fernando deja ver, a la derecha, un parque con una fuente; juega con el mismo perro que en La Fa¬ milia, y por su esbeltez y simpatía justifica las frases que le consagró Saint Simon: «L'Infant D. Fernand... rassem¬ ble fort à l'Infante [Maria Ana Victoria] mais il es bien plus beau et promet beaucoup en toutes manières par l'esprit, la vivacité, les reparties...» (Lám. VIII.) Don Carlos es el que más cambió el pintor al retratar¬ le aislado; lleva unos jazmines en la izquierda y tiene la diestra sobre un libro, que está encima de una rica conso¬ la de su cuarto de estudio. Contaba el Infante ocho años, y por entonces se quedaba sin su primera novia—Made¬ moiselle de Beaujolais, hermana de Luisa Isabel, con quien fué enviada a Paris al saberse que Francia iba a devolver¬ nos a María Ana Victoria—. De Mademoiselle de Beaujo¬ lais parece que no quedó retrato en España. AI deshacer¬ se el matrimonio no había cumplido once años; murió, sin casar, en 1734. (Lám. IX.) El retrato de D. Felipe repite la postura que tiene en el grupo, y que aquí resulta razonada, porque a su derecha I LA JUNA VIII. Fernando VI. Jean Ranc.—(Museo del Prado.) LAmin'a IX, Carlos lli. Jean Ranc.—(Museo del Prado.) Lamina X. Don Felipe, Duque de Parma. Jean Ranc.—(Palacio de Ríofrío.) está la jaula del canario, que coge con la mano izquierda. Nació D. Felipe el 1.° de marzo de 1722 (1). (Lám. X.) Estos tres lienzos, más que estudios, se pintarían des¬ pués del grande. Si en el boceto resultan mejor pintados, débese al defecto cardinal de la escuela, que para Ranc era motivo de orgullo: «finir extraordinairement» las obras. Acabáralas demasiado o no, era un pintor nada vulgar; falto de los últimos toques el mencionado retrato de Luisa Isabel de Orleáns, es un hermoso lienzo; y a pesar de su técnica minuciosa y apretada, es una obra maestra el Fer¬ nando, ya Príncipe de Asturias, con la diestra sobre un casco, firmado en 1725 (núm. 2.335 del Prado) (2). La gama, un poco agria, de otras pinturas de Ranc se cambió para ésta en suave armonía de tonos; las carnes están pintadas con blandura y morbidez: es el mejor cuadro del artista. Los demás retratos del que había de ser Fernando VI caen fuera de los términos de este estudio (3). El último retrato de D. Carlos que se ha de reseñar es el que pintó Ranc poco después del anterior (núm. 2.338), de calidad no tan excelente. En los siguientes, Fernando y Carlos son ya adolescentes. La Familia de Felipe V, de Ranc, marca una verdade- Una réplica, propiedad del Duque de Pinohermoso, estuvo (1) en la Exposición de retratos de niño, número 57. (2) Una réplica, propiedad del Conde de Santa Coloma, estuvo en la Exposición de retratos de niño, número 56. (3) Salvo el ecuestre, con fondo de guerra, hermosamente dibu¬ jado por el fraile mínimo P. Mathias de Irala, grabado en 1727. — 36 - ra divisoria. Meses después de ser concebido y proyecr tado e! solemne lienzo moría Luis I, y los Reyes Viejos re¬ tornaban al Trono de derecho—ya que de hecho Isabel de Farnesio no dejó nunca de mangonear en la gobernación de las Españas. Sin salir de la niñez hubieron de buscar tres novias para D. Fernando: en 1721 se pensó en la conveniencia de casarlo con la hija mayor del Emperador de Austria; des¬ pués hubo ideas de unirlo con la de Orleáns, viuda de Luis I; y aun Isabel de Farnesio intrigó para que casase con Mlle, de Beaujolais —prometida, como se. recordará, de D. Carlos—. Ello se tramaba al tiempo en que se le ju¬ raba Príncipe de Asturias (25 noviembre 1724), con pocas esperanzas de que reinase, pues no era fuerte ni alegre. A tantos proyectos vino a dar inesperada solución el regreso de París de María Ana Victoria, desdeñada para Reina de Francia por demasiado niña, y la marcha de Ma¬ demoiselle de Beaujolais con su hermana la ex reina viuda: ocurría esto en la primavera de 1725. Aun no había salido nuestra Infanta de París, ni siquie¬ ra la de Orleáns de España —que se devolvió antes—cuan¬ do Juan V de Portugal, Rey fastuoso y rico, forjó la idea de aprovecharse del rompimiento de las Cortes de Madrid y Versalles, aceptando para esposa de su primogénito a la ex novia de Luis XV, y ofreciendo, en cambio, para Princesa de Asturias a su hija María Josefa Teresa Bárbara, nacida el 4 de diciembre de 1711. La Infanta, decía nuestro Em- Lámina XL D.^ Bárbara de Braganza, mujer de Fernando VI. Dupra.—(Museo del Prado.) bajador, «ha quedado muy maltratada después de las vi¬ ruelas, y tanto, que afírmase haber dicho su Padre que sólo sentía hubiese de salir del Reino cosa tan fea, por lo que quisiera antes de adelantarse la materia tuviesen nuestros amos un fiel retrato de dicha Señora». El diplomático, que era el Marqués de Capicciolatro, fué a Ver a un pintor sa- boyano, que era el único afamado que había en Lisboa: re¬ puso éste que precisaba alguna sesión, pues sólo de verlos al paso na respondía del parecido; recurrió el Embajador al Secretario del Estado, mas éste se hizo el sordo—según dice Danvila - . Extrañado Capicciolatro, averiguó que se había puesto en tratamiento a la Infanta para igualar los hoyos de la cara y curar un humor de los ojos. En 25 de junio logró enviar a Madrid una miniatura y un lienzo me¬ diocre, pero no obras del Saboyano, que por fin pudo re¬ tratarla—como asimismo al Principe, lienzo hoy en Pa¬ lacio—. Antes de que el Embajador viese ei retrato de doña María Bárbara pintado por el Saboyano, hubo de enterarse que «no estaba nada semejante, porque además de encu¬ brir bastante las señales de las viruelas, favorecía mucho a los ojos, nariz y boca; figurándola también de mayor corpu¬ lencia y edad». (Lám. XI.) De junio de 1725 son estas noticias que fechan con exactitud la pintura del Prado, número 2.550, y que con indiscreta puntualidad documentan. Llamábase el pintor saboyano Doménico Dupra o Duprat, y nacido en Turin en 1689; murió en 21 de febrero de 1770; que no era un Apeles pruébalo el retrato de la favorecida Infanta que - 58 - juega con un perrito, y rígida y envarada se muestra en este lienzo tan duro y poco seductor. El contraste con el de D. Fernando, por Ranc, no puede ser más expresivo. Se explica que el Príncipe no quisiera enseñar el retrato de la novia. Las bodas del Príncipe se concertaron en el tratado de 1.° de octubre de 1725, pero el matrimonio en persona no se realizó hasta el 20 de enero de 1729. Isabel de Farnesio tuvo la segunda de hijas el 11 sus de junio de 1726; pusiéronle los nombres de María Teresa Antonia Rafaela; fué menos precoz que sus hermanos en casarse, pues no se concertó su boda hasta el 13 de di¬ ciembre de 1744, ni se consumó hasta el 23 de febrero de 1745. Fué su esposo el Delfín, hijo de Luis XV, que no reinó. Murió de su primer parto el 22 de junio de 1746. Dos retratos suyos infantiles guarda el Prado: uno en óvalo y ancho marco pintado, obra de Ranc, de hacia 1752, pa¬ reja de un D. Luis Antonio (núms. 2.266-7), que es cuadro de escaso interés, del final del artista, endeble ya y ama¬ nerado, y otro (num. 2.394), que probablemente se pintó algo más tarde, para hacer juego con el retrato de María Ana Victoria—(núm. 2.336 del Prado)—, ejecutado varios años antes. En los dos aparecen las Infantitas de medio cuerpo, detrás de una baranda, en un jardín y con flores. (Láminas XII a XIV.) El desmayo del colorido, si da gra¬ cia, quita brío al retrato de María Ana; mientras el de María Teresa, siendo más minucioso y de factura esmal¬ tada, resulta de mayor Vigor. No se ha logrado armonizar Lámina XII. La Delfina María Teresa Antonia. Jean Ranc.—(Museo del Prado.) lamina XIII. La Delflna Doña Maria Teresa Antonia. Jean Ranc.—(Museo del Prado.) Lámina XIV. María Ana Victoria, prometida del Príncipe del Brasil. Jean Ranc.—(Museo del Prado.) — se¬ en el primero el azul del traje, el carmesí del manto y el amarillo violento del sillón. A principios del año 1729 se puso la Corte de España en movimiento para ir a Badajoz, y desde allí a Elvas; so¬ bre el río Gaya, que sirve de divisoria entre Portugal y Es¬ paña, se edificó una construcción, donde se celebraron las entregas de Maria Ana Victoria, que iba a ser Princesa del Brasil, y María Bárbara, que venía a ser Princesa de As¬ turias. A la suntuosa ceremonia asistió Ranc, que proyectaba un gran cuadro conmemorativo, que no debió de acabarse. Los informes de los testigos presenciales no pueden ser más duros al tratar de la fealdad de D." Bárbara; se explican los obstáculos opuestos hacía cuatro años para obtener un retrato veraz de la novia. El inglés Keene es¬ cribe: «Me puse ayer de modo que noté perfectamente la entrevista de las dos familias, y pude observar que el ros¬ tro de la Princesa, aunque se hallaba su Alteza cubierta de oro y diamantes, desagradó al Príncipe, que la miraba como si creyera que le habían engañado. Su boca enorme, sus labios gordos, sus carrillos mofletudos y sus ojillos diminutos no forman un conjunto agradable; lo único que tiene la Princesa de bueno es la estatura y el noble por¬ te» (1). Dulce, aficionada a la música, bajo su exterior desapacible encerraba uno de los espíritus más bondado- (1) Danvila, Fernando VI, p. 95. sos y de España. D. Fer¬ delicados que ocuparon el trono nando pudo comprobar con los años los tesoros de bondad y de ternura de aquella novia fea y marcada de viruelas. Seguramente, con ocasión del matrimonio, se grabó la mediocre estampa en que aparece D.^ Bárbara en pie, te¬ niendo sobre una consola el retrato de D. Fernando; lleva el letrero declarando quién es la representada, y, a pesar de ello, en la Biblioteca Nacional se tiene por la Saboya¬ na; ni la fisonomía ni el rótulo autorizan la rectificación; pero, emparejado con el escudo además, el que detrás y del Príncipe español haya uno que en abismo lleva las quinas portuguesas desvanece toda duda. El último hijo Varón de Felipe V nació el 25 de julio de 1727; en los nombres de el mismo día se le bautizó con Luis Antonio Jaime. Contaría unos cinco años cuando le retrató Jean Ranc jugando con un perro, en un óvalo ya citado, pareja del que reproduce la imagen de la Delfina. (Lámina XV.) Viste D. Luis casaca, y tócase con peluca blanca y luenga. Poco después cambió de traje: el 9 de setiembre de 1755 fué promovido a la silla arzobispal de Toledo, y en 19 de diciembre del mismo año se le otorgaba la púrpura cardenalicia. Este venerable cardenal de ocho años está retratado por van Loo, en el número 2.426 del Museo (lám. XVI) (1); ostenta el Toisón y el Saint-Esprit, Retrato análogo se expuso por los Amigos del Arte en 1925, (1) número 40, del Conde de Santa Coloma. Hay grabado de lejana se¬ mejanza, con hábitos también y anónimo. Be. Nao. ? LAmin'a XV, El infante cardenal D. Luis Antonio. Jean Ranc,—(Museo del Prado.) à Lámina XVI. El Infante Cardenal D. Luis Antonio. Louis Michel Van Loo.—(Museo del Prado.) -41- y con la diestra coge la birreta que está encima de una lujosa consola. La pintura, simpática por el tema, es tan agria y cruda como casi todas las de este sucesor de Ranc, más dueño del dibujo que del colorido. Las vicisitudes del Infante Cardenal no son de este lugar, baste el recuerdo de que en 1741 fué nombrado Arzobispo de Sevilla, que en 1754 renunció a sus dignidades —no llegó a ordenarse—, y con el titulo de Conde de Chinchón, casó se en 1776, muriendo en 1785. De niño practicó el dibujo: en el Inventario de las pin¬ turas que Isabel de Farnesio poseía en 1746 en el Real Si¬ tio de San Ildefonso, se registran: «cinco estampas [serán dibujos] pegadas en christal de mano del Serenissimo Se¬ ñor Infante Cardenal, las que regaló a la Reyna nra. se¬ ñora: de a media Vara y seis dedos de alto y otra media de ancho». El séptimo y postrer parto de la Reina Farnesio puso en el mundo a la Infanta María Antonia Fernanda, nacida en Sevilla—cuando la larga estancia allí de la Corte, des¬ pués de las dobles bodas con Portugal—el 17 de noviem¬ bre de 1729; fué bautizada en el mismo día. Sin ser bella, era agraciada, como la Delfina; su tipo era muy español. Un retrato se conoce de su niñez: de algo más de medio cuerpo, en un jardín con flores. (Lám XVII, Colección Vi- llagonzalo.) Representa algo más de los seis años, de los que no podía pasar si esta pintura fuese obra de Ranc, que 4 — 42 - murió poco después del 18 de enero de 1735. No se puede atribuir tampoco a Van Loo, que la retrató años después en el enorme lienzo de La familia de Felipe V, firmado en 1743. Doña María Antonia no se casó hasta la primavera de 1750 con Víctor Amadeo, Duque de Saboya, desde 1775 Rey de Cerdeña; murió en Mont Cailer el 19 de se¬ tiembre de 1785. El triunfo de los desvelos de Isabel Farnesio por sus hijos celébrase en una curiosísima estampa firmada L. F. Q. B. del. 1734.—P. Lange Scalp. 1739; unos versos rezan: «Reine heureuse, mère féconde, J'assure à mes enfants un sort digne de moi Et suis les délices d'un roi Qui fait par sa vertu las délices du monde.» Isabel aparece sentada, señalando a un retrato del Rey, al que acompañan los de Luis XIV, el Gran Delfín, Ale¬ jandro Farnesio y Paulo 111. Al lado de Isabel, sus hijas la Delfina y la de Saboya; enfrente Marianina con un ángel, que le trae las armas de Portugal. En bajo, al centro, Car¬ los mostrando una corona; a la izquierda, D Felipe, a quien dos angelitos le dan la Cruz de San Juan, y D. Luis, arro¬ dillado y de Arzobispo, recibiendo la mitra que le da un ángel ante la Iglesia, mientras otro le porta el báculo. No puede darse estampa que más complaciera a la Farnesio, ni que mejor defina su misión en estejmundo. (Lám. XVIII.) Es difícil encontrar una Reina más ansiosa por lograr lamina xviii. El triunfo de Isabel de Farnesio. Grabado.—(Biblioteca Nacional.) — 43 — buen acomodo a sus hijos; sin embargo, ninguno de los menores sustituyó en el corazón maternal a D. Carlos y D. Felipe; fueron los amores de Isabel; quizá prefería y mimaba más al segundo. D. Carlos, a los diez y siete años, obtuvo el Ducado de Parma, y en 15 de mayo de 1735, el Reino de las Dos Sicilias, con el nombre de Carlos VII, y en Nápoles per¬ maneció hasta que en 1759 heredó a Fernando VI. Casó en 1738 con María Amalia de Sajonia, que tenía catorce años. D. Felipe, al crecer, mostró raras dotes de belleza física y despejo intelectual, junto con un gusto exclusivo por todo lo francés; era aficionado a las matemáticas y a las lenguas, y muy dado a galas y riqueza en el vestir; llamᬠbale Totón su madre, y decían de él que era una especie de Niño Jesús con el Saint Esprit al cuello. Su amor a Francia hacía que dijese que quería a Luis XV «-comme une maîtresse aime son amanta. Reunió los títulos de Gran Prior de Castilla en la Orden de Sanjuan, Almirante de España e Indias y Conde de Chinchón. Tenía diez y nueve años cuando se concertó su casamiento con la hija de su amado Rey de Francia. No llegaba a los trece Luisa Isa¬ bel, pues había nacido el 14 de agosto de 1727. Era una niña muy desarrollada; se distinguía por su belleza; more¬ na, expresiva y original; el rostro era agradable, cuando no lo estropeaban algunas rongeurs, de que nunca se vió libre; la nariz, un poco pronunciada, y los ojos, grandes y hermo¬ sos, protegidos por espesas cejas, denotaban carácter — 44 — enérgico, voluntad decidida (1). Diez y siete años tenía cuando la retrató Van Loo; pero, a no estar fechado el lienzo, se supondría de mayor edad, por su exuberancia de formas. La figura se repite en el mismo año en el cua¬ dro de la Familia. Louis Michel Van Loo fué llamado para suceder a Ranc; tomando una frase irónica del P. Sigüenza, podríamos decir que Ranc a Houasse. El des¬ le sustituyó tan bien como censo es notorio. Llegó a Madrid en 15 de enero de 1737 y regresó a Francia cargado de honores en 1752. De su estancia, la mayor memoria queda en el enorme lienzo del Museo del Prado, que firmó en 1743. (Lám. XIX.) En él aparecen Felipe V de España e Isabel de Farne- sio rodeados de hijos, nueras y nietos. Es cuadro de apa¬ rato y artístico. El centro de de mayor valor histórico que la composición es la Reina, que lo era también de la Corte y del Gobierno. La atención de todos, hasta del perrillo, se concentra hacia adelante, viendo algo que suspende y com¬ place, baile o representación teatral, que los músicos acompañan desde la tribuna. Fué decidido empeño del pin¬ tor detallar trajes y joyas, no logrando dar calidades. Con¬ siguió, en cambio, caracterizar hondamente las fisonomías,, y así, este cuadro enseña más historia que muchos libros. ReVélanoscómo fueron; Felipe V, de voluntad enfermiza...; Fernando VI, bien intencionado, sin doblez ni genio; Car¬ los 111, tenaz y personal; Isabel de Farnesio, calculadora, (I) Danvila, I-ernando VI y Bárbara de Braganza, p. 193. PVFelip. dLor.—ae(Musol.) dfameila La VMicahnel Louis famila L.de La Fernado.) VFdeliep. Sd(LVMAocaa.—emnn.i Dibuio — 45 — ambiciosa, dominante... No hay por qué hablar del colorido ni de la luz, problemas que no interesaron a Van Loo (1). Se conserva un dibujo para este gran lienzo en la Aca¬ demia de San Fernando; presenta algunas variantes; la esencial es que no figura más que una de las niñas y el perrillo. Es curiosa la ascendencia de este detalle en la composición: procede directamente del análogo cuadro La Familia del Gran Delfín, de Rigaud, que antes hubo de mencionarse y que a su vez está inspirado en el lienzo de Veronés, La cena fin Emaus, del Museo del LouVre, donde en primer término, al centro, dos niñas juegan con un perro. (Lám. XX.) En Versalles se guarda un boceto del cuadro de Van Loo (2). También Louis Michel van Loo hubo de modificar su paleta en España. Posee el Marqués de Lema un excelente retrato del humanista D. Gregorio Mayans y Sisear, firma¬ do en 1748, donde la sobriedad en la composición—sen¬ tado ante la mesa de escribir, se vuelve apoyándose sobre el respaldo de la silla—y la carencia de detalles vistosos, se juntan a un colorido de tonalidad gris y parda, sin una nota agria: es uno de los lienzos más gratos de ver de aquel tiempo, y Valioso argumento para la tesis de la influencia ejercida por nuestro medio sobre los pintores franceses que sirvieron a Felipe V. (1) Véase mi opúsculo Salas de Pintura francesa, Madrid, 1925, página 16. (2) Lo cita Nicolie, ob. cit. - 46 - Vemos al fin de esta excursión histórica e iconográfica que de ios once hijos procreados por Felipe V en sus dos matrimonios, tan sólo de dos no podemos dar su retrato, y el motivo es obvio: vivió el primer D. Felipe seis días, y D. Francisco, un mes; no eran términos hábiles para que se hubiese pensado en pintar ai uno ni ai otro. De ios de¬ más quedan registrados varios retratos: de ios hijos de la Farnesio, por lo menos, dos, ya que tres años antes de la muerte de Felipe V pintó a ios Reyes Van Loo entre sus hijos y sus nueras. INDICE DE PERSONAS CITADAS * Los nombres de quiénes se estudian retratos infantiles van en versalitas; los de artistas, en cursiva. Ahumada (]osé à.&) 13 Ana de Austria 9 Bárbara de Bragavza (D.^ María).. 36-8, lámina XI, 39- 40 Barcia (D. Angel) 17- 8 Baudrillart 13, 15 y 16 Beaujolais (Mlle, de) 30, 34 y 36 Beauvillier (Duque de) 10 y 11 Berry (Duque de) 10 y 11 BonnartfR.) 30 Borbón. V. nombres propios. Borgoña (Duque de' 10 Brunet 26 Calleja (Andrés de la) 34 Capicciolatro (Marqués de).. 37 Carlos II 12 Carlos III 24, 30, 33, 34, lám. IX, 42 y 43 Casa-Torres (Marqués de) IX,''14y 15 Cavanés (Dr.) Passim. Cerrajería (Condesa de) 14 Cerralbo (Marqués de) 14 Cossa (Diego de) 23 Charma (Antoine) 8 Danvila (Alfonso) 4y Passim Pujíos 12 y 30 Duprá (Doménico) 37-8, lámina XL Edeíinck 12 — 48 - Pâgs. Farnesio (Alejandro^ 42 Felipe \' 7-11, Passim, lámina I. Felipe de Orleans 30 Felipe de Borbón, hijo de María Luisa Gabriela 17 Felipe Pedro (El Infante D.) 17-8, lám. II, 19 Felipe, Duque de Parma (El Infante D.) • ■ 18, 33, 34, lᬠmina % 42 y 43 Fenelón 10 y 11 Fernán Núñez(Duque de) 81 Fernando VI. 17, 18, 21-2, 24, 31, 33, 34, lám. VIII, 35, 36-8, 39 y 40 PVancisco, hijo de Isabel de Farnesio (Infante D.) 24 García de Miranda (Juan) 15 Giudice (Cai'denal del) 23 Goncourt viii Goya 20 Gramont (Duque de) 15 Grimandière (AI. H.) 8 Houasse (Alichel Angel) 19-20, 29 y 44 Houasse (René) 20 Irala (Fr. Alalias de) 23 y 35 /ríarte (Valero) 19 Isabel Farnesio 15, 22, 23- 45 Juan V de Portugal 86 Keene 89 Lange (P.) 42 Largilhère tNicolás) 29 y 30 Lázaro ijosé) 14 y 15 Le Brun Dalbonne 8 Lema (Alarqués de) 46 Leonardoni 15 Lobo (Gerardo) 32 Lochon 8 Louville (Duque de) 10, 13 y 24 Luis XI V 9, 10, 14 y 42 Luis XV 17 y 30 Luis de Francia, hijo de Luis XV 38 - 49 — Págs. Luis 1 17-22, láms. III y IV, 24, 25-6, 29, 31- 2 Luis Antonio (Infante Cardenal D.) 40-1, láms.XV y XVI, 42 Luisa Isabel de Qrleáns 25-8, lám. V, 33 y 36 Luisa Isabel de Francia, Princesa de Parma 43- 4 Maintenon (Mme. de) 15 Manan ís(D. Asterio) ix María Amalia de Sajonia 43 María Ana Cristina de Baviera 7 María Ana Victoria (Infanta Reina). 24, 30-1, 32, 33, 34, 36, lám. VI, 38, lám. XI V, 39 y 42 Marl-v Antonia, Duquesa de Saboya (Infanta D.^).. 41-2, lámina XVII, 43 Marí a Luisa Gabriela de Saboya..' 14-6, 23 y 40 Marí.a Teresa Antonia (La Infanta Delfina D.38, lámi¬ nas XII y XIII, 42 Marline^ (Luis) 15 Mayans y Sisear (D. Gregorio) 46 Melénde^ (Miguel Jacinto) 5, 14, 15, 17, lám. II, 19 y 31 Mignard (Pierre) 8 y 14 Mollière 8 Nemesio 14 Nicolle(Marcel) 8 y 30 Nolhac (P.) 30 Noyer (Aladame du) 11 Orleáns. V. nombres propios. Palatina (Madame) 26 Paulo III 42 Peraté 30 Perey 14 Pinohermoso (Duque de) 35 Populi (Duque de) 23 Ranc (Jean), 28-9, 30,31, 32-6, 38, 39, 41 y 44 Ravanals (I. B.) 19 Regente (El). V. Felipe de Orleáns. Rigaud (H.) 12, 28, 29, 32 y 45 Román (J.) 12 Saint Simón (Duque de) 13, 24, 25 y 27 Págs. Santa Coloma (Conde de) 35 y 40 Santa Cruz (Marqués de) 26 Sigüenza (Fr. José de) 44 T/iomassin {S. T.) 13 Tormo (E.) vii Trovain 10 Ursinos (Princesa de los) 22 Van Loo (Louis Michel) 40-5, láms. XIX, XX. Víctor Amadeo, Duque de Saboya 42 Villagonzalo (Conde) 41 Vincent (ihih.) 19 Watteau 21 ÍNDICE DE LAS ILUSTRACIONES Págs. Felipe V. —J. Ranc, tricromía en la cubierta. Luis I.—AI. A. Houasse, tricromía delante de la portada. Lám. 1.—Felipe V.—P. Mignard 8 — II.—D. Felipe Pedro Gabriel.—M. J. Meléndez 18 — III.—Luis I. —Grabado francés 20 — IV.-LuisI.-M. A. Houasse 22 — V.—Luisa Isabel de Orleáns.—J. Ranc 26 — VI.—María Ana Victoria.—Largillière 30 —• VIL—La Familia de Felipe v.—J. Ranc 32 — VIII.—Fernando VI.—Ranc 3^1 — IX.-Carlos III.-Ranc 34 — X.—D. Felipe, Duque de Parma 34 — XI.—Doña Bárbara de Braganza 36 — XII y XIII.-La Delfma D.^ María Teresa.-J. Ranc. 38 — XIV.—María Ana Victoria.—Ranc 38 — XV.—Infante Cardenal D. Luis Antonio,—Ranc 40 — XVI.—Infante Cardenal D. Luis.—Van Loo 40 — XVII.—D.^ Alaría Antonia, Duquesa de Saboya 41 — XVIII.—El triunfo de Isabel de Farnesio.—Grabado. 42 — XIX.—La familia de Felipe V.—Van Loo 44 — XX.—La familia de Felipe V (dibujo).—Van Loo... 45 y»IM. . •v^>í· ^%4§^sWr t-Si, " " ft ^ jí'T--'.,r' •·Tj tKís .|c " ^ - *? / 4^ *54 . f. M .... :ír- V •jñ'^' -í" ■-^sst,.,.,.. ^ •*». ? ASÍí·ff.,''?^^^^'' i^ív.,.; feír iïfí. ,. iítX*^K -ai- «,-t - ^y INDICE GENERAL Págs. Prospecto vii Preliminar 3 Felipe V: I.— Duque de Anjou 7 II.—Rey de España 12 III.—María Luisa Gabriela 14 Los hijos de F"e]ipe V; I.—La descendencia de la Saboyana 17 II.—Isabel de Farnesio y sus hijos 23 INSTITUTO AMATLLER DE ARTE HISPANICO BARCELONA v- SANCHEZ CANTON, P.J. N." Reg.9404 "Casas Reales de España, Felipe V y sus hijos" FECHA NOMBRE Y APELLIDOS D. N. I. i I í 'A ? ICOMOfeftCSXl'A. ? qQOV y ■Àïsi. ■i%;: ■^mi' W ' '^=- 'tj_ , tmm rjái^F' Î8ti^.> î- T a^M-;': -.i' . '"•* , $ÈCài'L^:í2; í^gjpirs' ' 1^'ir ■í*^ f#îP^ f!S!?i