JUNTA DE ICONOGRAFÍA NACIONAL CASAS REALES DE ESPAM RETRATOS DE NIÑOS II LOS HIJOS DE CARLOS III POR JOAQUÍN EZQUERRA DEL BAYO MADRID.-J. COSANO.-1926. JUNTA DE ICONOGRAFÍA NACIONAL CASAS REALES DE ESPAÑA RETRATOS DE NIÑOS II LOS HIJOS DE CARLOS III POR JOAQUÍN EZQUERRA DEL BAYO MADRID IMPRENTA DE JULIO COSANO 1926 LOS HIJOS DE CARLOS III I EN ITALIA El Infante D. Carlos, primogénito del segundo matri¬ monio del Rey Felipe V, fué desde su infancia el móvil principal de las ambiciones de su madre, la inteligente D.^ Isabel de Farnesio, siempre afanosa para conseguirle un trono. Presentóse esta ocasión con la sucesión de los Ducados de Parma, Plasència y Toscana, pertenecientes a la Casa de Farnesio, disputados por el Austria, y apro¬ vechándola, tras repetidas gestiones y convenios, se con¬ siguió fuera reconocido el Infante como presunto sucesor de su tío abuelo el Duque Antonio, a cuyo objeto se des¬ pedía en Sevilla de sus padres y hermanos en octubre de 1731, y embarcaba en Antibes para arribar felizmente a Liorna a fines del mes de diciembre, siendo nombrados para componer su casa y servidumbre: el Principe de Cor- sini, sobrino del Papa, Caballerizo Mayor; el Conde de San Esteban del Puerto, Ayo, y Sumiller de Corps, el Duque de Tursis. Poco después, por causas que no es de nuestra misión - 6 — detallar aquí, tras la victoriosa batalla de Bitonto, en la que el Conde de Montemar se cubrió de gloria, y la toma de la plaza de Gaeta por el mismo Infante, le fueron cedi¬ dos los reinos de Nápoles y Sicilia, coronándose en Pa¬ lermo, con toda magnificencia, el 3 de julio de 1755, con el nombre de Carlos Vil. No pasaron dos años sin que se pensara en la conve¬ niencia de que contrajese matrimonio, para asegurar la descendencia de un Soberano que tan rápidamente había sabido captarse la simpatía y cariño de sus subditos, por la solicitud con que atendía a sus necesidades y la justi¬ cia en mantener sus leyes. La elección parecía recaer en la Princesa María Amalia Walburga, hija del Elector de Sajonia Augusto III, Rey ya de Polonia, y de María Jose¬ fa de Austria, hija, a su vez, del Emperador José y de su esposa Guillermina Amalia. Encargóse de negociar este enlace el Conde de Fuenclara, Embajador de España en Viena, y por la correspondencia íntima del futuro esposo con sus padres, se manifestaba la impaciencia de que se sentía dominado por que se verificase prontamente, dicién- doles, en carta de 17 de diciembre de 1757, haber enviado a Fuenclara su retrato, copia del pintado por Molinaret- to (1), que había salido a maravilla, asegurándoles, por el recibido de su futura, que le parecía ésta cada vez más bonita y estaba cada día más contento de su próximo ma¬ trimonio. (I) Giovanni Molinari (1721 t 93), discipulo de Claudio Beau¬ mont. Wi8 'J^'"- - -í^^vv -« w. -■= -ííí ^ , »*«4'»''ír^í''* ,"'i-s>.' El Caballero Bernardo, noble veneciano, y el Conde de Fuenclara nos la describen muy alta para su edad (había nacido en 24 de noviembre de 1724), robusta, color claroj de buen genio, criada en prácticas de religión, virtud y piedad, hablando francés e italiano, siendo aficionada a las Bellas Artes, pues dibujaba bien y gustaba de la músi¬ ca, de la equitación y mucho de la caza. El retrato de ella enviado por Fuenclara, con carta de 4 de marzo de 1738, era de medio cuerpo y de gran parecido, sólo que «tenía más color que la Reina, sin querer esto decir que fuese pálida» (1). (I) Este retrato de medio cuerpo de que hablaba Fuenclara pa¬ recía destruir la suposición del Sr. Tormo, recogida en la página 260 de la obra Retratos del Museo del Prado, de los Sres. Allende-Sa lazar y Sánchez Cantón, de que sea el cuadro número 2.358 del ca tálogo del mismo, representando a la princesa María Amalia de cuerpo entero, el pintado con motivo de su boda por Luis Silvestre, el Joven, primer pintor de Cámara de la Corte de Dresde en aque¬ lla fecha. Tratando de inquirir el nombre del autor del retrato de medio cuerpo, recurríla bondad del Sr. Qómez del Campillo, jefe de la a Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional, donde radica la carta de Fuenclara citada; mas nada pudo añadirse a lo sabido; en cambio, se encontraron los datos siguientes, relativos al retrato de cuerpo entero, entre los cuales no se cita el nombre del artista, sin duda, por no concederle importancia a ese extremo: El retrato de la Reina María Amalia qiíe reproduce la 'lámina I, número 2.358 del Catálogo del Museo del Pra¬ do, es al que se refiere la nota como pintado en marso de 1738 en Dt esde, cuando la Princesa, entonces prometida esposa, sólo contaba trece años y cuatro meses de edad. Se celebraron las bodas por poder en Dresde, el 9 de mayo de ese año, y la nueva Reina se puso en camino, viéndose objeto de agasajos y fiestas en las ciudades de los Estados italianos por donde pasó, distinguiéndose entre todos el Pontífice, que envió para cumplimentarla a doce Cardenales. El Rey Carlos la esperaba en Portella, último lugar de sus Estados, donde se había construido un precioso pabe¬ llón, y donde se vieron por primera vez el día 19 de junio, y pasando a Gaeta, se celebró el vínculo sagrado con los más vistosos regocijos. El día 23 llegaron a Ñapóles de secreto, y el 3 de julio fué la entrada pública, que se veri- E1 Pardo, 27 enero \7^.-Minuta a Fuenclara. El Rey deseaba tener un retrato de la... futura Reina. Dresde, 1." marzo \TòS.—Fuenclara a Cuadra. ...que deseando los Reyes uh retrato...,me mandanSS.MM. procure enviarle de cuerpo entero con la mayor brevedad, sobre que diré a V. S. lo he encargado ya, y luego que esté hecho lo enviaré. Dresde, 24 marzo \Tò%.—Fuenclara a Cuadra. ...El retrato se está haciendo, y luego que esté acabado se lo remitiré a V. S. Dresde, 9 abril \7Zi.—Fuenclara a Cuadra. Este extraordinario lleva el retrato de la Reina de las Dos Sicilias que los Reyes me mandaron procurara enviar, y estos Monarcas han querido ejecutarlo por sí, pero me lo han en¬ viado para que lo Viese, y puedo aseverar a V. S. es suma¬ mente parecido y está hecho de la misma estatura de la Reina. Al pintor que me lo trajo le regalé con 30 doblones de oro por parecerme preciso. ficó con extraordinario lucimiento y contento del pueblo, por verse con Reyes propios, después de tantos años de es¬ tar sometido al Gobierno de Virreyes españólese alemanes. Queriendo el Rey perpetuar el recuerdo de tan fausto acontecimiento, instituyó, al día siguiente, la Orden de Caballeros de San Jenaro, cuya vestidura era hábito blan¬ co y manto encarnado, sembrados de flores de lis de oro, y tenía por insignia, banda igualmente encarnada, con la efigie del santo patrono. Aquella misma tarde, la Reina le Visitó en su capilla y le ofrendó una cruz de brillantes de gran valor. En el reparto de gracias, con motivo de la boda, hubo 8 mayo 1738.—Cuadra a Fuenclara. ...que llegó el retrato bien acondicionado, que SS. MM. han tenido gran satisfacción y gusto con él, por la hermosura, ga¬ llardía y espíritu que descubre concurren en el original, ma¬ yormente cuando V. S. dice es sumamente parecido. Que hizo bien y aprueban SS. MM. el regalo que hizo al pintor que se le llevó a enseñar. Fué traído a España el retrato por D. Gaetano Farinachi, Caba¬ llero de la Orden de Cristo, Capitán y Correo mayor del Rey de Po¬ lonia. En otro legajo se encontró también la mención del regalo hecho por Felipe V a su futura nuera, María Amalia, consistente en un aderezo de brillantes, compuesto de collar, cruz y pendientes, cons¬ truido por el joyero Francisco Sáez, que costó 145.456 pesos y seis y medio reales de plata. Isabel de Farnesio, por su parte, le envió un lazo y piocha de las mismas piedras, de las que acusa recibo el 3 de mayo de 1738, desde Zaragoza, el Duque de Atrí, Capitán ge¬ neral de Aragón, que había sido nombrado para llevar las joyas a la Reina de Nápoles. - 10 - una que merece consignarse, por indicar el aprecio en que se tenían ya ios servicios de D. Bernardo Tanucci, Secre¬ tario de Estado y del despacho de Gracia y Justicia, al que se concedió el Marquesado de su apellido, aprecio cada vez creciente, y al cual supo él corresponder con una lealtad y honradez dignas del mayor elogio. Por Mayordomo Mayor, desde antes de su casamiento, tenía nombrado el Rey al Duque de Sora; para el servicio de la Reina se concedió a la Princesa viuda de Colom- brano el titulo de Camarera Mayor, y con bastante ante¬ rioridad al nacimiento de los Príncipes, el de Aya de los mismos, a No se la Marquesa de San Marcos CaVaniglia. hizo, sin embargo, esperar mucho el primer descendiente, pues tras una enfermedad de viruelas sufrida por S. M., dolencia muy extendida entonces, y a la que sucumbieron numerosas personas de la familia real, se presentaron los síntomas de fecundidad, y el 6 de septiembre de 1740 dió a luz la Reina Amalia una niña, a la que se bautizó con el nombre de María Isabel el 19 de noviembre, dia de Santa Isabel, para duplicar de ese modo los motivos de festejo, pues era el santo de la Reina de España, su abuela, quien, además, fué la madrina, representada por la Princesa de Colombrano, siendo Felipe V el padrino, y en su lugar, el Cardenal Aquaviva. Esta Princesa subió al cielo en 31 de octubre de 1742, y recibió sepultura en la Real Iglesia de Santa Clara de Nápoles. (Lámina 11.) Lámina II.—María Isabel, hija primogénita, por Ami- coni. Museo del Prado. lamina il S. A. la Infanta María Isabel. Oleo, por Amigoni. Número 14 del Catáloao del Museo del Prado. p*a«ës»a» > '^'i/ lí^Bpsíiiiii* ^1, Mf vv-"/-^ , U- '■ ^ ¡·í< i'^ai-"« ü-sí'w»)>" / "T# ^ . iï, 1 -t ftfi.'- .J::®^: J' H' • 'f'ii·mT.'M'sÈ ■ >- 4m»^l i *' *,* Z "-ÉZhl ' ■«,V,í>Í!WS.:í<-;.j<.Wja,í ïs^?. . f,. £;■*'■" " - N ^ If iV ^íigS!^ >■ f " '^i,« t-? i~î8ëΩM r Í'Ít' ^ í ^ 1^ rír^ > "í^/ kJif K gí^v .í'. tSW-'* 'm¡íiíip.'"v. Oí-»» ítíSt -^¿v'í^'Ak ■■ ^ ' m"" ' A^·'' ^ " <-ji 5' • .¿.¿«íS' 5%: !fA"PS-' A#^ , ',Av§® V- «V. . ._ .^_ f .'/ r 'i.i 1^ .i,Z'fi^.Z.^^ii s; ^ s |?McJ.,.Í...Í^V,.^..,..--w. ■> A ^ i* vF'^ ^'4-^ ' ^ ■ y >. y íé«m^Éá\ ^"f 'tí|®|Sà:^l '«sJíírií? .3' }p ; 'V J í- ■'■^^^^^&#^SÍf®;^:^ " '*";;[v' • 'X'-"-,•••.- ÍV ^ - T >vW'' * ^"-Zyv* "■ ÍÍ'ï ""' -^ 1^#f )s< Vi" ^ >í^ S'®-y'' S5 T-> xáfVf F -Í5 f |;f '^■'^ ^'¿¡L·i^.. . " «í^'' * ^ >f- fet ^ ^'Ï.XÍ, 41 ^ i-'vw.íMia».. --■■ --r·>»&/:?L%X'·x^'i::."·ïtí.v^^'''<;?v·!·;· • f^í f^i· f, s 1s« 1 J, - >, /wT * í. 5àfe«. *í^»* Î! vif-.r, • Tjí- " -s V»/V « --íF- •y- l· v; 'físT Pí** ^if ^'· T. H AA-C.-^X, > ,^'t^'M'Áiy m f •"«.^. rví V v"- ? V X t i/' "#'ï tüf '^"%^*''í*C ^ |! í ^ ' "^í Igrfj j: . , . .,í ''íl Í.Í. ^ .■■* • .iteii'íf; ïifes fl-^líVfel^·- ,HÍ ,^. ■*! SSISM9B9Í)! Lámina III. S. A. R. la Infanta D.'' María Isabel ? Oleo, por Giuseppe Bonito. - 11 - Meses antes de este triste suceso, en 20 de enero de 1742, había tenido lugar ei nacimiento de otra hembra, a quien pusieron de nombre María Josefa Antonia, y sólo vivió hasta el 3 de abril del mismo año. En 30 de abril de 1743 vino al mundo otra Princesa, como para aliviar la pena de la pérdida de sus dos herma- nitas, a quien bautizaron, en recuerdo de la primogénita, como María Isabel, figurando por padrinos sus abuelos los Reyes de España. Esta niña falleció en 17 de marzo de 1749, faltando, por tanto, poco más de un mes para cum¬ plir seis años (1). (Lámina 111 ) (I) En el cuadro de Luis Van Loo representando a la familia de Felipe V, número 2.283 del Catálogo del Museo del Prado, figuran dos niñas en primer término jugando con un perro, que dicen ser las Infantitas María Isabel, hija del Rey de Nápoles, y María Luisa, del Duque de Parma- Como fueron dos las hijas de Carlos 111 que lleva¬ ron el nombre de Isabel, la primera, fallecida en octubre de 1742, y la tercera, nacida en abril de 1745, cabe la duda de cuál pueda ser, ya que el cuadro está firmado en este último año, sin precisarse el mes, como es natural. Al pronto parece tratarse de la tercera, por la fe¬ cha, pero acaso sea más acertado pensar en la primera, porque la retratada no es una criatura de cuatro a cinco meses, y es necesario contar que el pintor, en España, hubo de Valerse de uii estudio hecho con alguna anterioridad por algún artista napolitano. Pero si tanto una como otra pudieran ser, la otra Infantita, la hija del Duque de Parma, se nombraba Isabel, María, Luisa, Antonieta, nacida en 31 de diciembre de 1741, casada en 1760 con el Emperador de Alemania José II. Diez años menor fué su hermana Luisa María Teresa, espo¬ sa de Carlos IV. Lámina III.—María Isabel, segunda de tal nombre entre las hijas de Carlos III. No hay ir^ás dato seguro para. - 12 - Estando el Rey Carlos al frente de sus tropas, con mo¬ tivo de la guerra de Italia, el año 1744, su esposa se puso en camino para Gaeta, haciendo cortas jornadas, acompa¬ ñada de sus damas, por encontrarse encinta de otra In¬ fanta, que nació en dicha ciudad las diez de la mañana a del día 16 de julio, y fué bautizada allí por el Cardenal Spinelli, con los nombres de María Josefa Carmela. Ter¬ minada gloriosamente la campaña, volvió el Rey, saliendo a recibirle a la raya María Amalia, y entrando juntos en Nápoles el 7 de noviembre. Cuatro días después lo hicie¬ ron la Infantita María Isabel y la recién nacida María Jo¬ sefa. (Lámina IV.) ' De ésta nos dice Fernán Núñez era pequeña y contra¬ hecha y de cara no desagradable; pero, sin duda, se refe¬ ría a cuando vino a España, siendo ya una muchacha de más de quince años. Entonces tenía bastante parecido la atribución, que la edad en que murió, seis años escasos, y portanto, sólo podría confundirse con su hermana Ma¬ ríaLuisa, distinguiéndose de ella por el corte de la cara, más ancha y aspecto de mayor robustes. Cuadro de Giu¬ seppe Bonito en un salón del Palacio Real. Lámina IV.—Nació en Gaeta el 16 de julio de 1744. Murió en Madrid en 8 de diciembre de 1801. Este retrato es una pequeña miniatura sobre marfil de cuando era atín poco frecuente empleat esa materia. Sin duda es de algtín artista italiano de mérito v ejecutada, por su forma de corasón, para llevarla en una joya, probablemente para su madre. En tiempos de la Reina Gobernadora debieron de quitarla de su primitivo broche de pedrería, pues a tal época corresponde el bisel de bronce donde hoy día se con¬ serva en el Palacio Real. lamina IV. S. A. la Infanta María Josefa Carmela. Miniatura. },. %""' '-^ ' <31 * V f V ^ í^%^ ^*!jí ''*' ■i· S.* ^ ? rffsAS* ^ ^ % ^¿ »>j.o/i^*^ 1 . -i ^ , A--^ ■Ç··^' í·' í- V^v^jf «jftf ^ v-v&2 •.. 3^ .^. IC" ^'íl^sípj^ k^i^Ai #1#^ ^ ¿^3 r r ^ H- * w. < •!;--'vd -vV--;"d^ í'' ^ .t -'■■V·a,··-··®··-^·'""·-;^v ..,„ „.. ... .. .. ...,.r.V.,/^............... ... v.w ia;A^.,«-S'.^.;5 -.¿siri '.J? ■"fíí'jtííj?"-. vty '> â^g "> ?s#:-T. i»-V...:i M-®®v% - ^ t^/t'·^ s' ■rK':}:s.t^^:ísSfía gs»,wíí»®*A« &y?-íí! - 13 - con su padre en la nariz prolongada y la boca pequeña, y es de suponer que en la niñez aun le haría mejorar la ex¬ presión de inocencia, que tanto embellece esa edad. El 24 de noviembre de 1745, día de su cumpleaños, dió a luz la Reina en Nápoles su quinta hija, a la que se bau¬ tizó un año después, siendo sus padrinos los Reyes de España, representados por su Embajador extraordinario, el Marqués del Hospital, y la Princesa Colombrano, ponién¬ dosele por nombres María Luisa Antonia. Esta niña, bien constituida, fué siempre sana y robusta. (Láminas V y VI.) Llegó, por fin, el momento de que consiguieran los Re¬ yes de Nápoles sucesión Varonil en el Real Sitio de Porti- ci el 13 de junio de 1747, viviéndoles entonces solamente las Infantas María Josefa y María Luisa. Se le bautizó con los nombres de Felipe Pascual Antonio, y los Reyes de España Fernando VI y D." Bárbara de Braganza, que por muerte de Felipe V habían subido al trono el año anterior, queriendo demostrar la unión existente entre ellos y su hermano Carlos, declararon al nuevo vástago Infante de Lámina V.—Nació el 24 de noviembre de 1745115 de mayo de 1792. Es algo dudosa la atribiición de este lienso de Bonito, pero comparándole con otro que también se re¬ produce, no cabe dtida ser la misma niña, aunque de me¬ nos edad. Existe en el palacio de Riofrío. Lámina VI.—No ofrece este retrato la diida que el an¬ terior, también de Bonito, pues por ser de edad un poco mayor, tener la cabesa de frente y el peinado semejante, recuerda el pintado al óleo por Mengs, siendo ya mujer, que figura con el 2.199 del Catálogo de nuestro Museo del Prado. - 14 — España, con la pensión anual de 40.000 duros, y deseando apadrinarle, enviaron en su representación, como Embaja¬ dor extraordinario, al Duque de Medinaceli. La ceremonia tuvo lugar el 4 de febrero siguiente, y al recién nacido, por ser primogénito, se le dió el título acostumbrado de Duque de Calabria. (Lámina VIL) Para el amante corazón de su padre fué este niño el más amargo torcedor de su vida, por ser conocida su completa imbecilidad, que, según cuentan, no era congè¬ nita, sino causada por haberle dado de mamar su nodriza después de una acalorada disputa, a consecuencia de lo cual empezaron a sobrevenirle accidentes epilépticos. Cuando, tras frecuente mutación de amas, se consiguió una cuya leche parecía mejorarle, tuvo la ocurrencia de irse con su marido, y por más atenciones y ofrecimientos que se le hicieron, hasta ponerse el Rey de rodillas, no se Lámina VIL—Nació en el Real Sitio de Portici en 13 de junio de 1747, y como primogénito, llevó el titulo de Duque de Calabria. Se le declaró incapas por su estado de imbecilidad y falleció en Ñapóles el 19 de septiembre de 1777. Este retrato lo pintó Giuseppe Bonito en 1748, según indicación del conservado en el Palacio Real, pues existe una réplica propiedad de los Sres. Duques de Plasència, que figuró en la Exposición de Retratos de Niño organi- sada por la Sociedad Amigos del Arte en 1925, en donde nada se consigfiu. La fecha de 1748 da la autenticidad al personaje, pues su hermano Carlos, quele segtiía en edad, ■ nació precisamente ese año, por lo cual es imposible que sea. Lámina VIL S. A. R. el infante primogénito D. Felipe Pascual. Oleo, por Giuseppe Bonito. - 15 - la pudo disuadir; entonces exclamó dolorosamente S. M.: «Que se vaya, pues que nada le basta; pero que no le ha¬ gan ningún mal». Palabras bien en consonancia con su mᬠxima favorita; «primero Carlos que Rey»; es decir, que debía ser hombre antes de todo. Esta desgraciada criatu¬ ra debía de tener épocas y momentos algo lúcidos, cuando en los gastos de su cuarto, presentados por el que fué Go¬ bernador del mismo D. Agnello Filangieri, Mayordomo de semana, figuraban caballeriza y oratorio, con varios mú¬ sicos y cantantes. Según Fernán Núñez, amaba mucho la música, y una de sus diversiones consistía en ponerse bastantes guantes, que llamaba la manona, los que otras veces se echaba al hombro como un fusil. Transcurrió poco más de un año del nacimiento del primogénito cuando vino al mundo, en 12 de noviembre de 1748 otro varón, que había de ser, por fin, el que empuñara el cetro de España. No hay contemporáneo que nos lo des¬ criba físicamente en su niñez; pero basta ver sus retratos para juzgar de su fuerte complexión, que con los años y los ejercicios corporales se vigorizó. El P. Coloma (1), teniendo, sin duda, presente alguna pintura de cuando con¬ taba este Príncipe veinticinco años, escribe: «era bien hecho, ancho, robusto y de grandes fuerzas corporales, que ejercitó mucho en la caza y en oficios mecánicos, a que se mostró siempre aficionado. Su rostro, en que se hermanaba la bondad con la vulgaridad suma, era muy en- (1) Retratos de antaño, tomo I, pág. 290. - (6 - candido, y resultaba pequeño, así como la cabeza, cuya gran peluca empolvada disimulaba, en parte, este defec¬ to.» (Lámina VIH.) A este Príncipe sucedió una niña, nombrada María Te¬ resa, nacida en Portlcl, que sólo vivió cinco meses, de 2 de diciembre de 1749 a 2 de mayo de 1750. Vino después un varón, Fernando, el 12 de enero de 1751, qulea heredó de su padre el trono de Ñapóles el 6 de octubre de 1759. (Lámina IX.) En seguida otro, en 11 de mayo de 1752, estando su madre en Portlcl, que se llamó Gabriel Antonio, y fué bautizado por el Nuncio de S. S., y en el mismo Real Si¬ tio, una Infanta, a quien se puso el nombre de María Ana, cuya vida duró de 3 de julio de 1754 a 11 de mayo de 1755. En 31 de diciembre de 1755 tuvo lugar el alumbramien¬ to en Caserta del Infante D. Antonio Pascual, y en 17 de febrero de 1757, en Nápoles, el del número trece de los hijos, D. Francisco Javier. Tan crecida descendencia de los Reyes en menos de diez y siete años, de los cuales hay que descontar algún tiempo, pues cuando contrajeron matrimonio aun no era Lámina VIII.—Este cuadro de Bonito, se conserva en el Real Palacio y por muchos detalles puede afirmarse es retrato de D. Carlos, Principe de Asturias. lámina IX.—Este retrato fué encargado por Carlos III cuando salió de Nápoles, y está firmado en 1760, teniendo entonces D. Fernando poco más de nueve años. Nació en 18 de enero de 1751, f el 8 de enero de 1825. Se conserva en el Museo del Prado con el número 2.190. 1,AMINA Carlos IV. Oleo, por Giuseppe Bonito. ,ír'"^ ' ^«^'<4" --rtió ^ ~4 ''->t'«· ^ ^' "' g t, <1 " i^Wi'·rí'·* •■'ilKÍC •- r ."•■^· '"^ -5 îf^ r¿4^ 1.4îeftt .ts^x-.i.-,^*^i.-y'S^y-.f^'t jr.'.'.'jîAitv. 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Crióse des¬ de los seis años en el Monasterio de Monserrat, donde aprendió música, órgano y composición, y salió tan ade¬ lantado, que, mediante oposición, obtuvo el magisterio de capilla de la Santa Iglesia de Lérida, hallándose allí Fray Sebastián de Victoria, Obispo de Urgel, Prior que había sido del Monasterio de San Lorenzo. Este señor le ordenó de epístola, y preguntándole si habría algún chico que in¬ clinase a ser religioso en El Escorial y fuese organista, respondió que allí estaba él, que deseaba retirarse del mundo y tomar el hábito, lo que verificó en 25 septiembre 1752. Era tanta su afición a la música, que era incansable en el estudio del órgano y composición, no gustándole sa¬ lir al campo ni a diversión alguna, logrando por su habili¬ dad y mérito ser conocido por toda la Europa. Daba lec¬ ción de clave al Infante D. Gabriel todas las jornadas que vino la Corte a El Escorial, y le compuso a S. A. mucha música especial, a juicio de los inteligentes, como corres¬ pondía a una persona real, y que lo habían de ver y oír tantos facultativos, por cuyo trabajo le daba S. A. todos los años 25 doblones para sus urgencias religiosas. Fué muy amante de la celda, no saliendo de ella más que los momentos más precisos; no le gustaba la conversación y dormía poquísimo, de doce o una de la noche a cuatro o cinco de la madrugada, en que se levantaba a decir misa. Solía repetir con frecuencia lo primero que oía o le conta¬ ban, sin pen-sar el fin particular que llevaban, malicioso o lisonjero, ni advertir quiénes eran; pero en cuanto conocía - 46 - se había excedido en alguna acción o palabra, ai punto pe¬ día perdón. Cumplió treinta y un años de hábito, que es bastante, dado al mucho encierro y estudio de día y de noche, pues aunque bajaba a la granja, lo hacía a la fuerza y llevaba las cosas necesarias para escribir y trabajar. Deseando complacer al Infante D. Gabriel, emprendió la ejecución de un instrumentilio pequeño, cuadrado, con su secreto o teclas y cuerdas de clave correspondientes, al que llamó Afinador o Templante, cosa que habían em¬ prendido más de una Vez en Italia, y parece que también los franceses e ingleses, sin éxito, pero pues consistía en hacer demostrable y exactísimo el tránsito de un semitono menor, mayor y la distancia de un tono, dividiéndole en 20 décimas partes y dándole precisamente a cada uno pun¬ tualmente lo que le correspondía, aunque imperceptible a nuestro oído, pues dividido un tono en nueve partes o co¬ mas de que consta, no hay oído tan fino que pueda afinar¬ lo, ni menos distinguirlo, y, por tanto, a juicio de los inte¬ ligentes, era un imposible o raya en ello; mas su gran apli¬ cación e investigación infatigable hizo que saliese con ello y se tuviese por original. Dejó dos concluidos: uno, que conserva el Sr. Infante, y el otro, el Excmo. Sr. Duque de Alba. Fué su tránsito a 20 de diciembre de 1783.» Este documento bien claro nos pone de manifiesto la parte que tomó el P. Soler en la poco conocida educación - 47 — musical de D. Gabriel, quien, siendo ya hombre, interpre¬ taba, acompañado de otros aficionados, como el Duque de Alba y de profesionales, las composiciones que el Maes¬ tro de Capilla le dedicaba, conservadas aún en el Archivo del Monasterio, en la Casita llamada de Arriba, que, como la conocida con el nombre de Abajo o del Príncipe, cons¬ truyera para D. Gabriel y D. Carlos, respectivamente, el arquitecto Juan de Villanueva por los años 1768 a 72, don¬ de anteriormente existían unas barracas, utilizadas para gallineros. La disposición en la Casita de Arriba de su sala central abovedada, con divanes para los oyentes, y de las pequeñas habitaciones con ventanas a ella y al jardín, en el piso superior, donde se colocaban los ejecutantes, demuestran el destino para que fué hecho ese edificio, de tan elegantes líneas dentro de la sencillez clásica, evoca¬ dor de las agradables tardes que transcurrirían allí entre el encanto del concierto y los refinamientos de la merienda servida en la mesa de piedra, que todavía, en la actualidad, desafía los ultrajes del tiempo. Muy diferentes fueron los goces a que se entregaban sus hermanos (1), siéndoles preferidos los ejercicios corpo¬ rales en los variados talleres de la Casa Real para la cons¬ trucción de muebles y otros objetos; en la equitación, en¬ comendada a maestros y picadores competentísimos en la antigua escueia española, que tan gallarda muestra dieron (1) De Carlos IV escribe Qoya A. Zapater que en una Visita que le hizo, después de saludarle y preguntarle por su hijo, se puso a tocar el violin. - 48 - dê bizarría en las fiestas de parejas que en diferentes oca¬ siones se Verificaron en Aranjuez, siendo dirigidas por el Caballerizo Mayor y diestro jinete el Duque de Medina Sidonia (1), y en las cacerías casi diarias de su padre en los Sitios Reales, a donde le acompañaban desde que tu¬ vieron edad para hacerlo. Su Ayo, el Duque de Béjar, para complacerlos, organizaba también, con alguna frecuencia, batidas en una finca suya inmediata a El Pardo, denomina¬ da La Moraleja, que, por no estar cercada, solfa servir de refugio a las reses acosadas con encarnizamiento en aquel monte, recordando que su padre tenía igual costumbre, como lo demuestra un lienzo de bastante tamaño, hasta hoy olvidado en una antesala de las habitaciones de la planta baja del Palacio Real. Según inscripción pintada en el cuadro, esa cacería se efectuó el 7 de octubre de 1729, y a ella concurrieron Fernando VI, en aquel entonces Prín¬ cipe de Asturias, de diez y seis años; el Infante D. Carlos (Carlos 111), de trece; Marianina, de once; el Infante don Felipe, de nueve; el Duque de Béjar y su hijo Belalcázar y Varios invitados, entre ellos la Duquesa de Osuna, pró¬ xima parienta. En la Gazeta de 1.° de marzo de 1768, con su estilo protocolario, se inserta el relato de una de las cacerías de Béjar. Dice así: (1) Una de ellas, verificada en la primavera de 1773, es el tema del cuadro de Paret y Alcázar, que con el número 1.044 se conserva én el Museo del Prado- - 49 - «Cuenta de una de las fiestas campestres cele¬ bradas en La Moraleja.» «Continuando los Príncipes nuestros Señores y ios Se¬ ñores Infantes e Infanta, sus hermanos, en dar pruebas al Duque de Béjar, Mayordomo Mayor del Príncipe, y Ayo de los Señores Infantes, del honor y estimación con que le distinguen, pasaron el día 13 de febrero al Sitio y Casa de La Moraleja, propio del Duque, en el que luego que el Príncipe y el Señor Infante D. Gabriel se retiraron de la batida y ojeos que estaban prevenidos para la diversión de la caza (que lograron SS. AA. en grande abundancia), se dió principio a un bayle, que duró hasta las siete de la no¬ che, con asistencia de un crecido número de Señoras y Señores Grandes y Embajadores, que convidó el Duque para que le acompañasen a este Real obsequio. Concluido el bayle, cenaron SS. AA. en la espléndida y delicada mesa que estaba dispuesta; y a las ocho en punto se restituyeron al Real Sitio de El Pardo, dexando al Duque poseído del ma¬ yor gozo y satisfacción con las honras y agradables expre¬ siones que SS. AA. le dispensaron. »AI mismo tiempo que cenaron SS. AA. lo hicieron las Damas, Gentiles hombres y demás personas que vinieron y debían volverse con SS. AA., y después los Señores y Señoras convidados en otras varias mesas prevenidas, en que también se admiró la abundancia y buen gusto, reti- 4 - 50 — rándose todos muy satisfechos de tan plausible concurren¬ cia y de las atenciones del Duque.» Cuando tuvo lugar esta cacería, ya hacía dos años y medio que el Príncipe de Asturias había contraído matri¬ monio, el 4 de septiembre de 1765, no contando aún diez y siete, con su prima hermana María Luisa de Parma, que a la sazón no había cumplido los catorce. Para formar la Casa del Príncipe habíanse nombrado, en 6 de abril ante¬ rior, al Duque de Béjar, Mayordomo Mayor; al de Uceda, Sumiller de Corps; al de Medinasidonia, Caballerizo Ma¬ yor, y al Marqués Dusmet, Primer Caballerizo. Béjar, sin embargo, continuaba con su antiguo puesto de Ayo de los tres restantes Infantes, al que añadió, en 29 de sep¬ tiembre de 1766, el de Superintendente general de rentas de encomiendas de la Orden de Alcántara, de la cual había sido nombrado Gran Maestre el Infante D. Antonio Pas¬ cual, y el mismo cargo en la Orden de Calatrava, por ser Gran Maestre de ella el Infante D. Francisco Javier, por cada una de las que cobraba 11.000 reales en recompensa al mayor trabajo. Se juzgó, sin duda, conveniente, dada la aplicación demostrada por D. Gabriel, que en Madrid continuaba es¬ tudiando el clave, cuando Béjar dice a 3 de julio de 1765:. «Para el clavicordio chico del Sr. Infante D. Gabriel se necesita una cubierta de damasco carmesí guarnecida de oro...», el poner junto a él y su hermano D. Antonio Pas¬ cual un literato y humanista de reconocido mérito, y a ese Lámina XVII. h- S. A. el Infante D. Antonio Pascual. Oleo, por Mengs. Número 2195 del Catálogo del Museo del Prado. EBBÍWS&^fl·J'KKw.·kW'···if·'J-<»i^JW®!8i'-- '>ívV K^-s^ jís^^r-·'.·iV. ·- »> •»■>:' '/ r. «• - «i,- <^e- •^.ú^M^-fmMitmh ,v * m^B. "n \tr*^f..ty«.»itjej?r*fVpt,sW >4 '"ia. ¿^*C'£«-4 j ,í b ^ -,.•.» ...■.-·i·i*f;·j··. fí )" T ^ ^ 1 /f ^ ^ r V, 4 ç» ÎV -< ^ . i- £-- J -'•T -* 46 „ \ "Î u í-'T -> > •. » -tt ^ » •if- -Vt o »*■ * T * í' i-' T. k LAA i í ¿S,?^ ^ ^ «■ <. 4 ^ -L ^ — 51 - fin se designó en 7 de agosto de 1767, como preceptor, al sabio canónigo y dignidad de Toledo D. Francisco Pérez Bayer, que ya había desempeñado la cátedra de Hebreo en Salamanca, y varias comisiones, tanto en el Archivo de la catedral de Toledo y en la Biblioteca de El Escorial como en Italia, para atesorar códices, monedas, inscrip¬ ciones y otros objetos antiguos. Se le señalaron, como alimentos, veinticuatro mil reales (doce' mil por cada uno de los Infantes), treinta y tres reales diarios de mesilla en las jornadas, y para los viajes, un coche de seis muías de collera, tres de paso y tres acémilas, y diariamente un co¬ che con cuatro muías por la Real Caballeriza. Parece que, a pesar de su buen deseo, no podía con¬ seguir resultado alguno del Infante D. Antonio Pascual (láminas XVII yXVlII), y para quejarse de su desaplicación, acudió al Rey Carlos III, quien, sin responder al preceptor en derechura, dijo; «Cuando yo era muchacho, mis maes¬ tros, que veían mi poco amor ai estudio, me amenazaron repetidas veces con que se lo dirían al Rey, mi padre; casi siempre surtía buen efecto la amenaza, pero duraba poco la enmienda; así, determinaron, por fin, quejarse al Rey, y hubo orden de llamarme a su presencia. Dicho se está que yo llegué temblando y del todo sobrecogido. Mi padre, al verme, dijo a mis ayos con grave ademán, que aumentó mi temor: ¿Con que el Infante no quiere estu¬ diar? No, señor—respondieron ellos.—Paessi no quiere estudiar, que no estudie. Con esto, volvió la espalda y se fué. Yo, que tal oí, di dos zapatetas en el aire, y desde - 52 - entonces no Volví a abrir un libro,» El Obispo Taviva con¬ taba esto a propósito de lo difícil que era en España la educación de Príncipes e Infantes (1), y anadia que Pérez Bayer, que había trabajado con fervor hasta allí en educar a los Infantes, se enfrió y les dejó después hacer su vo¬ luntad. Ese juicio de incapacidad y desaplicación no debía al¬ canzar a D. Gabriel, pues a pesar de maliciarse nó haría solo la traducción de Salastio (2), publicada en Madrid, en la imprenta de Ibarra, el año 1772, con notas de Pérez Bayer, ya que a los veinte años no es posible se haga un trabajo semejante, hay que suponerle una cultura poco co¬ mún en el solo hecho de intentarlo. Por entonces, de orden de S. M., emitió Pérez Bayer su parecer favorable sobre la Gramática latina en verso castellano, que quería publi¬ car D. Juan de Iriarte, dedicada a Sus Altezas, la que fué costeada por los Infantes D. Gabriel y D. Antonio. Ignoro cuándo cesó Pérez Bayer en su cargo de Pre¬ ceptor; pero, según distintos autores, recibió por sus tra¬ bajos muchas recompensas de Carlos III, entre ellas la de nombrarle, en 14 de octubre de 1783, su Bibliotecario ma¬ yor, al fallecimiento de D. Juan de Santander. También le hizo Caballero de la Orden de su nombre, regalándole el Infante D. Gabriel la cruz correspondiente, con una ama¬ tista y brillantes pendientes de una cadena de oro, la cual (1) Villa-Urrutia,/.as mujeres de Fernando VII, págs. 12 y 13. (2) Alcalá Qaliano, Historia de España, tomo V, pág. 309. - 55 - colocó por su mano, en 24 de mayo de 1792, sobre el pe¬ cho del busto de Santo Tomás de Villanueva, de la cate¬ dral de Valencia. Pesan sobre el Infante D. Antonio Pascual, como ya hemos visto, los más severos calificativos de ineptitud, a pesar de no haberse podido ensayar en su real persona, para Ver si daba fruto, la máxima pedagógica, tan en boga en aquella época, de «la letra con la sangre entra». Si su inteligencia no era muy despierta, por lo menos no le gus¬ taba estar ocioso, dando empleo a su tiempo, además de en la caza, en trabajar al torno, bordar, como cuando estuvo con su sobrino Fernando VII en el cautiverio de Valencey, y hasta ocuparse de ciencias, sobre todo de química, para cuyo fin organizó y sostenía en Palacio un laboratorio, donde se practicaron numerosas experiencias y se dieron conferencias por los farmacéuticos más emi¬ nentes, a las cuales invitaba el Infante a la familia real y a las personas de mayor relieve de la sociedad madrileña. En una biografía de Fernando VII (h) se dice que a D. An¬ tonio le había conferido la Universidad de Alcalá el grado de Doctor, y que desde entonces, para ridiculizarle, no le nombraba aquél de otra manera que mi tío el doctor. Aunque esta referencia no la he visto consignada en otra parte, nada me extraña sea cierta. De su pretendida com¬ petencia en química no es prueba la obra que algunos autores le atribuyen, Análisis de las aguas minerales y (1) Enciclopedia Espasa, tomo 25, pág. 865. - 54 - termales de Sacedón, que se hizo cuando pasó a tomar¬ las el Srmo. Sr. Infante en el mes de julio ^ agosto de 1800 con toda su servidumbre.—Madrid.—Imprenta de D. Fernando Villalpando, año 1801», pues la generali¬ dad opina ser del Farmacéutico de Cámara D. Pedro José Bermúdez, que le acompañó (1). Tanto el Infante D. Gabriel como D. Antonio no tuvie¬ ron consignación fija para los gastos de su bolsillo secreto hasta enero de 1776, en que se dispuso lo fuera de 30.000 reales mensuales, con lo que habían de suplirse las limos¬ nas, diversiones, suministro a los criados enfermos, propi¬ nas, refrescos y aun el vestuario de la gente de campo y los ojeadores, cantidad que, por lo que respectaba a don Gabriel, debía entregarse a su primer Gentilhombre de Cámara, y en caso de ausencia, al segundo, y por lo to¬ cante a D. Antonio, a su Teniente de ayo. Del Infante D. Francisco Javier (láminas XIX y XX), el menor de los hijos de Carlos III, apenas hay mención hasta después de su fallecirrriento, ocurrido en Aranjuez el 10 de abril de 1771, a los catorce años de edad, lo que produjo a su padre tan vivo dolor, que no encontró lenitivo hasta el nacimiento de su nieto Carlos Clemente, primogénito de los Príncipes de Asturias, que tuvo lugar en el mes de septiembre. A la muerte de D. Francisco Javier importaba la nómina de sus criados 265.800 reales, y en ella estaban (1) Véanse Apuntes para una biblioteca española, por Maffey y Rua Figueroa, tomo II, pág. 287, y Bibliografía Hidrológico-Médica española, por Leopoldo Martínez Reguera. Madrid, 1892. Dos tomos • Lámina XIX. S. A. el Infante D. Francisco Javier. Pastel, Escuela de Tiépolo. (Museo del Prado.) Lámina XX. S. A. R. el infante D. Francisco Javier. Pastel, Escuela de Tiépolo. (Museo del Prado.) - 55 - incluidos el Duque de Béjar, con 30.000; el Duque del Par¬ que, como Teniente ayo, con 42.000, y entre los de menor categoría, el peluquero Marán Bien, con 10.000, y el ayuda de éste, Florentin Noblet, que por los tres Infantes tenía 6.000 reales, y correspondían, por tanto, 2.000 a D. Fran¬ cisco Javier. Todos estos sueldos ordenó el Rey se satis¬ ficieran por su Casa mientras no tuvieran reemplazo o se les dieran otros destinos. ídablemos ahora un poco de las mejoras desarrolladas por Carlos III, tanto respecto al aseo como del embelle¬ cimiento de las poblaciones, principalmente de Madrid, así como de su Vida artística. Para llevarlas a término, contó más con los elementos traídos por él del extranjero que con los nativos en España. Palermitano era Sabatini, segundo director de là obra del palacio de Caserta, a las órdenes de su suegro, el célebre Luis Wanvitelli, que lo trazó y dirigió, y al cual se deben las útiles reglas para el alumbrado, los pozos negros y el adecentamiento de las calles, que, por rebeldía en acatarlas, hizo exclamar a Car¬ los III: «Mis súbditos son como los niños, que lloran cuan¬ do los asean». Hizo también Sabatini muchas obras de arquitectura, que aun hoy son modelos de buen gusto, se¬ cundándole los españoles Juan de Villanueva, Ventura Ro¬ dríguez y Hermosilla, teniendo, por este afán de construir del Monarca, justificación la frase atribuida por unos a Squilace, y a Tanucci, por otros, de que el mal de piedra arruinaba al Rey. En pintura, la escuela francesa, hasta entonces prepon- derante, pues Felipe V y Fernando VI habían protegido a Luis Miguel Van Loo, Juan Rancy Miguel Angel Houasse, fué sustituida por la italiana con Mengs, que hizo Venir, en 1761, Carlos III, pues si este pintor no había nacido en la bella Italia, en ella se había formado, copiando los modelos de la escultura clásica. Lo mejor que de él nos queda son, precisamente, la serie de retratos de la familia real, pues al pintarlos se atuvo al modelo, olvidando su falso hele¬ nismo. Poco más tarde, en julio de 1762, llega a Madrid, para trabajar en el nuevo Palacio, el veneciano Juan Bautista Tiépolo, brillante colorista, al que no debe poco D. Fran¬ cisco Goya, en compañía de sus hijos Domingo y Lorenzo. Al mayor se le ha atribuido la paternidad de los pasteles de tipos y costumbres populares madrileñas, existentes en el Palacio Real, ejecutados de manera primorosa, y, en buena lógica, habría de atribuírsele también la de los re¬ tratos de los hijos de Carlos III que, por dicho procedi¬ miento, guarda el Museo del Prado. Pero ocurre que existen (1) documentos firmados por Lorenzo, cuya copia debo a mi buen amigo el Sr. Méndez Casal, en que, al solicitar el año 1768 plaza fija en Pala¬ cio, hace presente que desde 1762 ha servido a 8. M. I *, -»4 "X. <;. %'^i. '^- vVv. 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