CATALOGO •se ÍÍÍ W feXP O SI CI ON «DEL EXPOSICIÓN DEL ANTIGUO MADRID CATÁLOGO GENERAL ILUSTRADO SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL A R T E EXPOSICIÓN ANTIGUO MADRID CATÁLOGO GENERAL ILUSTRADO MADRID, 1926 EDIFICIO DEL HOSPICIO Fototipias Haaser y Meneí. COMISIÓN ORGANIZADORA D. Félix Boix. » Francisco Ruano. Sr. Conde de Casal. D. Joaquín Ezquerra del Bayo. Sr. Marqués de Valverde de la Sierra. D. Julio Cavestany. » Miguel Velasco. Sr. Conde de Polentinos. D. Luis Bellido. » Manuel Machado. » Manuel Marín Maáallón. » Miguel Ortiz Cañavate. * José Pérez de Barradas. SECRETABIO D, Joaquín F-nríquez. OBJETO Y FINES DE LA EXPOSICIÓN L A celebración de una Exposición del Antiguo Madrid, que hace años figura en el programa de las que organiza la Sociedad Española de Amigos del Arte, ha venido siendo demorada por resultar insuficiente el local de que la Sociedad dis- pone para instalarla con la amplitud que requiere. La reciente adquisición hecha por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid del antiguo Hospicio de San Fernando — así salvado de una probable desaparición—y el entusiasmo con que aquella Corporación acogió la idea de celebrar la Exposición en el referido local, prestando generosamente para ello su ayuda material y moral, han resuelto la dificultad y permitido que la Exposición tenga lugar, en las mejores condiciones que pudieran desearse, en aquel amplio local, que proporciona marco y ambiente adecuados al objeto, y cuya típica fachada es preciosa muestra del arco barroco en Madrid en el período churrigueresco. Las importantes obras de consolidación, arreglo y adaptación del vetusto edificio, llevadas a cabo con actividad por el Ayuntamiento, pero que por su especial índole requerían algunos meses para su completa realización, han motivado que la Exposi- ción no haya tenido lugar en la primavera, según costumbre de nuestra Sociedad, habiendo sido preciso aplazar su apertura hasta el presente. Para formar la Exposición, ha procurado su Comisión organizadora reunir y presentar cuantos objetos, datos y documentos de carácter gráfico ha podido allegar y que de algún modo contribuyan a dar idea de los aspectos que ha ofrecido la capi- tal de España en las diferentes etapas de su continua evolución, tanto en lo que con- cierne a su constitución material y topográfica, esto es, a su apariencia externa, como en lo que atañe a sus tradiciones, hábitos, artes y costumbres. Este acopio de elementos de juicio, necesariamente incompleto, habida cuenta de 5 la irreparable desaparición de muchos y de la imposibilidad de hacer figurar en la Exposición otros todavía existentes, si no alcanza más que de modo incompleto aquel propósito, ha de contribuir eficazmente al logro de los fines que la Sociedad se ba propuesto conseguir al organizaría, y que no son otros, aparte del ya señalado, que fijar la atención ¿el público y despertar su interés por aquellos recuerdos y testi- monios del pasado, procurando de este modo la conservación de los que aun restan y esperando que tal interés promueva la creación de un verdadero museo madrileño, que, bajo los auspicios del Ayuntamiento y abarcando los múltiples aspectos seña- lados, realice de un modo permanente los propósitos que la Exposición iníciaj con- servando, agrupando y sistematizando en el referido museo los objetos y documentos que han de constituirle y que de otra suerte correrían riesgo de perderse. Los ahora reunidos temporalmente y que sumariamente se describen en el pre- sente catálogo comprenden pinturas, esculturas, dibujos, retratos, estampas, vistas, planos, modelos, producciones de las industrias artísticas madrileñas y objetos diver- sos, sin que la Comisión organizadora, al reunirlos, ordenarlos y seriarlos en lo posible, pretenda presentar el cuadro del conjunto de la historia y desenvolvimiento de Madrid, lo que requeriría, no sólo completar las series fragmentarias que en la Exposición figuran, tarea de imposible realización por el momento, sino también adicionarlas, aportando una documentación que sólo puede ser útilmente estudiada en los archivos y bibliotecas. Por ello, y aunque las secciones en que se han agrupado los objetos expuestos puedan parecer demasiado extensas y comprensivas, se han adoptado a los fines de ordenar la catalogación de aquéllos, aspirando, aunque sin pretender lograrlo, a que la reunión de los números comprendidos en cada una de aquellas agrupaciones &¿ idea lo más exacta posible del aspecto de la vida madrileña a que la sección se refiere. La época que la Exposición comprende, y que no está precisada en su comienzo, se encuentra limitada en su término, salvo alguna excepción, por el período com- prendido entre la Revolución de 1868 y la Restauración. Tal período ha sido adop- tado como final, no porque corresponda a un cambio repentino en el aspecto y vida de la población madrileña, que, como toda variación, se produce de un modo conti- nuo y evolutivo, sino porque el período indicado, alejado ya del momento actual en mas de medio siglo, y en el que se produjo el derrocamiento y nueva entronización de instituciones seculares que tan grande influencia ejercieron en la vida nacional y en la de la población en que tenían su asiento, marca el comienzo de una profunda transformación de aquélla, no tan sólo en el orden material, sino también en el de las ideas y costumbres. La transformación entonces iniciada, y mucho más acentuada después, obedeció al progreso de los tiempos y a la intensificación de las comunicaciones con pobla- ciones extranjeras, y su influencia en la madrileña ha dado por resultado que esta última ofrezca en la actualidad aspectos y caracteres muy diferentes de los que pre- sentaba en épocas anteriores a los años señalados. E n el medío siglo desde entonces transcurrido, la fisonomía y modo de ser de Madrid se han alterado profundamente, tendiendo a tomar, con su población y extensión crecientes) el tipo cada vez más pronunciado de gran urbe europea, con ventaja indudable para su progreso material y bienestar de sus habitantes, pero con notoria mengua del mucho más característico y nacional que ofrecía en épocas anteriores y que va perdiendo al adoptar usos y costumbres que la acercan cada vez más al patrón cosmopolita y algo uniforme de gran población moderna. La presente Exposición tiende a conservar la memoria de aquellas épocas pre- téritas, no porque sus organizadores pretendan que las ventajas materiales logradas se subordinen a la conservación de elementos y usos arcaicos incompatibles con el actual progreso, sino por entender que cuanto mayores sean los adelantos materiales logrados en una población, tanto más interesante debe ser perpetuar el recuerdo de sus modestos orígenes y de las diferentes etapas por las que ha pasado. La comparación de las condiciones en que la vida madrileña se desarrollaba en aquellos tiempos ya remotos con las que en la actualidad la caracterizan, no ha de ofrecer un mero interés de curiosidad, sino que, sin impedir, y, antes al contrario, estimulando el logro de mayores adelantamientos, debe, en cuanto sea compatible con éstos, inducir a la conservación de los recuerdos y restos históricos y artísticos que nos legó el pasado y que constituyen verdaderas ejecutorias de un abolengo que precisa rememorar y enaltecer, por cuanto dan a las poblaciones que los poseen per- sonalidad y fisonomía especiales, que, a pesar de la tendencia a la uniformidad antes señalada, las diferencia de las rápidamente creadas e improvisadas obedeciendo a necesidades y conveniencias puramente comerciales e industriales, y que por ello ca- recen de lo que pudiéramos llamar solera histórica. Todas las grandes poblaciones europeas, obedientes a aquella consideración, han creado y fomentan con celo extraordinario museos históricos locales en los que tienen cabida cuantos datos y recuerdos conciernen a la población; y aun las de creación relativamente moderna y de rápido desenvolvimiento, como muchas de las americanas y especialmente las de los Estados Unidos, sienten la necesidad de conservar casi reli- giosamente el recuerdo de sus cercanos y primeros orígenes en museos especiales que perpetúen las aun recientes memorias de sus fundadores y primer establecimiento, así como de las rápidas etapas atravesadas hasta alcanzar su florecimiento actual. Madrid, población de rancio abolengo, capital de la nación que extendió su do- minio por ambos continentes y que dio vida, sangre y lenguaje a tantas otras, con las que le unen lazos cada vez más estrechos de confraternidad espiritual, puede y debe crear un verdadero museo de su historia local, del que, como antes dijimos, la presente Exposición quiere ser iniciación y esbozo. Si, como es de esperar, el fin expuesto se logra, la Sociedad Española de Amigos del Arte habrá cumplido con éxito uno de los que más pueden enorgullecería. La Exposición ha podido realizarse gracias al concurso de las entidades y parti- culares que figuran en la relación de expositores, a la cabeza de la cual apare- cen S. M. el Rey y Real Familia, que, como siempre, han prestado el más decidido apoyo a esta Sociedad. El Ayuntamiento de Madrid es digno de la especial mención que queda hecha, y las demás entidades oficiales y eclesiásticas, secundando éstas el interés demostrado por el Sr. Obispo de Madrid, así como los particulares han prestado también toda clase de facilidades, desprendiéndose temporalmente de los objetos, casi todos valio- sos, que forman la Exposición, cuyos organizadores cumplen, en nombre de la Sociedad, el deber de agradecer tan inestimables aportaciones, así como el importan- te auxilio material prestado por el Estado para organizar e instalar la Exposición. FÉLIX BOIX PLANOS DE MADRID L A relación de los planos conocidos de Madrid fue inserta por primera vez en el líbro publicado en 1840 por D. Fermín Caballero con el título de Noticias Topográficas Estadísticas sobre la Administración de Madrid, y reproducida y com- pletada en la Guía de Madrid de D. Ángel Fernández de los Ríos. En la F-xposición figuran ejemplares de la casi totalidad de los planos reseñados en ambas obras; pero sólo nos ocuparemos en las presentes notas de los más impor- tantes y curiosos, comenzando por el más antiguo, no incluido en las mencionadas listas. EL PLANO MÁS AN- TIGUO DE MADRID E L interesante plano a que nos referimos, y del que se exponen dos ejemplares en diferentes estados, corresponde a los últimos años del reinado de Felipe III o a los primeros del de Felipe IV, como lo comprueba el hecho de figurar en el mismo el palacio del Duque de Uceda —hoy los Consejos—, la estatua ecuestre de Felipe III, colocada en la Casa de Campo en l6l6 — actualmente en la Plaza Mayor—, y no aparecer en él el Retiro, la Cárcel de Corte — hoy Ministerio de Estado — ni el Ayuntamiento, lo que permite fijar su fecha entre los años 1620 y 1630, y asegurar, en todo caso, fue dibujado antes de finalizar el primer tercio del siglo XVII. La es- cala de reducción en que está trazado es aproximadamente la de 1 por 4.500. En este primitivo plano, como en el posterior de Texeíra, se representan los edi- ficios en perspectiva caballera, viéndose completamente de frente las fachadas orien- tadas a Mediodía. En los ejemplares coloreados en la época de su publicación, como lo están todos los antiguos que conocemos, salvo el existente en el Ayuntamiento de Madrid, que figura en la Exposición, las techumbres de las edificaciones estén real- 9 zadas con aguada roja, y las cercas y fachadas con tonos rosados o ligeramente ver- dosos, lo que da especial vistosidad a estos ejemplares. Lo encabeza en la parte superior el siguiente rótulo grabado en letras mayúsculas: La Villa de Madrid, Corte de los Reyes Católicos de Espanna. Muchos de los princi- pales lugares y edificios, singularmente los de carácter religioso, están señalados con números que corresponden a una relación de nombres de aquéllos que figuran en la parte inferior. Tanto estas referencias como las indicaciones de otros edificios, plazas, calles, etc., grabadas en el mismo plano en el lugar correspondiente, estén, redactadas en un español bastante incorrecto, lo que induce a creer que su autor era extranjero, supuesto confirmado por la circunstancia de que el primer editor del plano que nos ocupa fue F. de Wit, establecido en Amsterdam en los comienzos del siglo XVII, y especializado en el comercio y publicación de vistas de poblaciones, planos de las mismas y mapas confeccionados por cartógrafos de la época. En la parte superior izquierda del plano aparece el escudo de Madrid con el oso y el madroño rodeados por las siete estrellas, y en la de la derecha el ángel de la Fama, de cuya trompeta penden banderolas con las inscripciones latinas His sistit gloría mundí y Non suítícit una, alusiva esta última a las múltiples coronas, dos de ellas cerradas, que, pendientes de una cinta, sostiene con la mano izquierda el mismo ángel de la Fama. El plano fue grabado en dos planchas de 370 milímetros de ancho y 470 de alto cada una, y las dos hojas que lo constituyen están muy cuidadosamente unidas y forman una sola apaisada de doble tamaño. Las escalas o Pitipiés — conforme a la antigua denominación, que es la que tienen en el plano—, en varas y pies castellanos, van contenidas en una cartela que queda en blanco en los ejemplares que, como el expuesto iluminado de época y el existente en la Biblioteca Nacional, debieron ser estampados los primeros antes de grabarse las indicaciones de escala dentro de la cartela y de editor en la parte inferior derecha de la plancha, que fueron añadidas después y que aparecen en el ejemplar sin ilu- minar perteneciente al Ayuntamiento de Madrid, estampado con las planchas en su segundo estado. Después de las antiguas tiradas de este plano, efectuadas en la época de su publi- cación, en el siglo XVII, las planchas cambiaron de propietario, y muy bien conser- vadas sirvieron para una tirada posterior, hecha probablemente en el siglo XVIII, de la que existen ejemplares en papel verjurado de mucho cuerpo, en los que en la car- tela figuran, además de las escalas, los nombres de los nuevos editores en la siguiente inscripción en francés: A Amsterd&m chez Jean Covens et Corneílle Mortier. Los ejemplares antiguos se encuentran casi siempre con señales de haber sido 10 plegados para incluirlos en tomos de mayor tamaño. El de la Biblioteca Nacional está encuadernado en un volumen evidentemente posterior que lleva el título Illus- triorum Hispaniae urbium tabalee, etc., y que pertenece a una de las publicaciones hechas por Juan Janson a mediados del siglo XVII aprovechando planchas mucho más antigu&Si como lo prueba el hecho de figurar en el tomo las vistas de España de Hoefnagel, fechadas algunas en 1564 y que sirvieron para la conocida obra de la que con el título de Civitates Orbis Terrarum se publicaron varias ediciones a fines del siglo XVI y principios del XVII. Este curiosísimo plano fue conocido por Mesonero Romanos y por él descripto al final de su libro El Antiguo Madrid, siendo de presumir lo estudiase en el ejemplar de primer estado de la Biblioteca Nacional, que carece de escala y nombre de editor, como ocurre en el citado por el cronista de Madrid. A pesar de sus imperfecciones, este plano, anterior en más de un cuarto de siglo al de Texeira, es muy interesante, pues permite formar idea aproximada del Madrid de Felipe III, así como de la estructura y aspecto exterior que entonces tenían muchos de sus principales edificios. COPIAS REDUCIDAS DEL MISMO PLANO E STE mismo plano, muy reducido, fue años después publicado en algunas obras, entre las que debe citarse el Itinerario de España y Portugal, de Martín Zeiller, también titulado Monarcbia Hispánica, del que existe una edición latina de 16S6 y otra holandesa de 1659, publicadas ambas en Amsterdam. N o puede caber duda alguna de que el plano inserto en la obra citada es copia reducida del antes descrito, porque sus detalles son por completo idénticos, salvo la consiguiente reduc- ción, y en ella se conservan todas las erratas y faltas ortográficas del original. El ejemplar que de esta reducción figura en la Exposición, acompaña a la edición holandesa de 1659 de la obra de Zeiller. En el libro de Cambronero y Peñasco, publicado en 1889 con el título de Las Calles de Madrid, se reproduce este plano reducido atribuyéndole una importancia y extrema rareza de que carece, sin duda por no haber estudiado los autores del cita- do libro el plano original, del que hacen una vaga mención, e ignorar la inserción en la obra de Zeiller del plano que reproducen y califican de ejemplar único. En el artículo de la Enciclopedia Espasa, dedicado a Madrid, se inserta este plano tomado del libro de Cambronero. En la Exposición figura también otra reducción planimétrica del plano primitivo editado por Wit, con la variante de que los edificios que forman las calles aparecen en planta y no en perspectiva caballera, salvo algunos de los principales, copiados del citado plano. Lleva una descripción en holandés y las mismas sesenta y siete referencias numeradas del plano primitivo. Esta reducción, editada por G. Bodenehr, parece haber formado parte de una colección de planos de poblaciones publicada en Amsterdam. PLANO DE TEXEIRA DE 1656 E L plano más exacto e importante de Madrid publicado en el siglo XVII, es el de Texeira, dibujado en escala aproximada de 1 por 1.85o y del que se expone uno de los rarísimos ejemplares antiguos, perteneciente al Ayuntamiento de Madrid. Este plano ha sido popularizado por la excelente reproducción que en su mismo tamaño publicó en l88l el Instituto Geográfico y Estadístico. El autor del plano parece ser el cosmógrafo portugués D. Pedro Teixeira Alber- nas, al servicio de Felipe IV, que en 1630 terminaba La Descripción de las cosías de España, y que posteriormente trazó los mapas de Aragón, Cataluña, Reino de Va- lencia y Portugal, Fue caballero del hábito de Cristo y falleció en Madrid, según la partida de defunción citada por M. Fernández Navarrete en la Biblioteca Marítima Española. Según las indicaciones que ofrece, el plano que nos ocupa fue dibujado por Texeira en 1656 (*), grabado en Amberes por Salomón Saury y publicado en dicha población por los editores Juan y Jacobo van Veerle. El examen de este importante plano excusa toda descripción del mismo, ya hecha por Mesonero Romanos, por lo que nos limitaremos a señalar que, a diferencia del plano anterior, en éste aparece no sólo el Retiro, sino toda la población completa- mente cercada por la tapia mandada construir por Felipe IV en Cédula de 9 de enero de 1625 con el propósito de remediar los males que, según aquel documento, ocasio- naba en Madrid la libre entrada y salida. Conforme hace notar Mesonero, esta tapia de manipostería señaló durante dos siglos los límites de la capital del reino, puesto que con ligeras modificaciones se con- servó hasta muy entrado el XIX, y aunque sin fines defensivos y únicamente fiscales y de policía, contuvo la extensión de la población en aquel dilatado período- De este plano se hizo una reducción en cuatro hojas publicada por el estampador Santiago Ambona y grabada en Madrid al aguafuerte el año 1683 por Gregorio Fosman, que resulta bastante menos clara que el original por la disminución de escala. (') El apellido Teixeira aparece españolizado en el plano Últimamente el Instituto Geográfico Ka editado una reducción de la reproducción antes mencionada, y recientemente también, D. Luis Martínez Kleiser ka incluido reducidas diez y ocho de las veinte hojas de que consta el plano y el conjunto del mismo en su publicación titulada Guía de Madrid para el año 1656. PLANOS DERIVADOS DEL DE TEXEIRA A si como el plano editado en Amsterdam por F. de Wit a fines del reinado de Felipe III sirvió de base a los copistas para la publicación durante el siglo XVII de planos reducidos de Madrid, el de Texeira, más o menos completado y desfigurado, fue utilizado por los cartógrafos y editores de colecciones de planos de poblaciones que vieron la luz a fines del siglo XVII y en la primera mitad del siguiente para la formación del de Madrid que se incluía en aquellas colecciones. Puede servir de ejemplo el plano que en escala aproximada de 1 por 7.500, e ilumi- nado en su época, figura en la Exposición, con indicaciones bastante incorrectas de calles, plazas y edificios, en francés y español. Está publicado en Nuremberg y lleva en la parte inferior cuatro vistas: una del Alcázar; otra, por demás inexacta, de la Plaza Mayor, con una corrida en la que simultáneamente se lidian a pie y a caballo siete toros; la tercera del conjunto del Buen Retiro, y la última de Aranjuez. Tiene el plano algún otro adorno, y entre ellos un grupo de tres personajes con el tipo caricaturesco del espadachín matamoros con el que se ridiculizaba en el extran- jero a los españoles en la segunda mitad del siglo XVII. Una reducción de este mismo plano en la que se copian todas las indicaciones incorrectas del original fue publicada en París el año l7o5 por N . de Fer, que se titula: Geographe de Monseigneur le Danphin, y forma parte de una colección de vistas y mapas dedicada a Felipe V. PLANO DE 1706, POR N. DE FER U N año después, en l7o6, el mismo N . de Fer, que ya se titula Geógrafo del Rey de España, editaba en París, dedicándolo al Duque de Alba D. Antonio Martín de Toledo, Embajador extraordinario de Su Majestad Católica cerca de la Corte de Francia, otro plano de Madrid, con indicaciones en castellano de calles, pla- zas y principales edificios, algunos de los cuales aparecen en perspectiva. Lleva este plano como adornos el escudo de Felipe V con las lises borbónicas y el 13 collar del Saint Esprit y el de la casa de Alba, y debajo del de Madrid una disertación en francés acerca de las excelencias de la capital y de su falta de limpieza. El geógrafo D. Tomás López crítica este plano como falto de exactitud, por no haber estado jamás su autor en la capital — según dice — y omitir la declaración de los documentos que tuvo a la vista para formarlo. El plano del año l7o6 fue servilmente copiado, algo reducido, para ser incluido en una colección de planos de ciudades. 1.a copia que también figura en la Exposición lleva los mismos escudos de España y de MadrU que el original, y ofrece la particularidad de que debajo del mismo se ha grabado, muy reducidaj la vista de Madrid publicada en el siglo XVII por F. de Wít, de la que en otro lugar nos ocupamos, con todos los errores que aquélla contiene, y entre ellos el de cambiar el nombre del río Manzanares por el del Jaiarna. A la izquierda de la vista se representa otra de una supuesta plaza de Palacio — que es, en realidad, la de Lisboa, tomada del libro de Álvarez Colmenar —, en la que dos caba- lleros rejonean un toro. A la derecha aparece Felipe V, joven, recibiendo el homenaje de las diferentes partes del mundo. PLANO DE LOS COMIENZOS DEL REINADO DE CARLOS III E N l76l, y, por tanto, muy en los comienzos del reinado de Carlos III, grababa en París M. Chalmandier un plano de Madrid, en cuatro hojas y escala apro- ximada de 1 por 3.6OO, titulado: Plan geométrico e histórico de la Villa de Madrid y sus contornos, con las indicaciones y referencias en francés y en español y adornado con los retratos en medallones del mismo Rey y del Príncipe de Asturias, Carlos Antonio. Aunque también por el cartógrafo Tomás López se ha tachado este plano de falta de exactitud, por suponer, no sabemos con qué fundamento, que las distancias habían sido medidas por pasos, el plano en cuestión es bastante interesante, no sólo por su excelente grabado y por estar los principales edificios representados en perspectiva, lo que permite apreciar su aspecto exterior, patios y estructura general, sino también porque fija el estado en que se encontraba Madrid al comenzar el reinado del Mo- narca que tanto hizo por la mejora y embellecimiento de la capital. La comparación de este plano con los posteriores, de los que después nos ocupa- remos, muestra los progresos logrados por la iniciativa de Carlos III en lo concer- niente a las mejoras de la población. En él aparece por primera vez el Palacio Nuevo construido en el emplazamiento del incendiado Alcázar, y de cuya apariencia exterior y composición general puede 14 juzgarse en su perspectiva! cuidadosamente grabada. También figuran el actual Minis- terio de la Gobernación, edificación comenzada en la fecha del plano; la Plaza de Toros vieja, inaugurada en 1759, y el puente de Toledo, terminado en 1722. N o apa- rece, como es natural, la reforma del Prado, posterior a la fecha del plano, ni la Fá- brica de la Cbina del Retiro, cjue se emplazó en el lugar que ocupó la ermita de San Antonio de los Portugueses, que se ve muy claramente en el plano, y en el que en la actualidad está erigida la estatua del Ángel Caído. E n este plano se han figurado jardines en el Campo del Moro y algunos otros sitios, conforme a proyectos que no llegaron a realizarse, al menos por completo. PLANO DE ESPINOSA, DE 1769 E N el año 1769, D. Antonio Espinosa de los Monteros y Abadía, individuo de la Real Academia de San Fernando, dibujó y grabó, por orden del Conde de Aranda, un gran plano de Madrid dividido en nueve hojas y en escala de 1 por 1.900 aproximadamente, que dedicó al referido Ministro, y en el que se representaron las obras entonces en construcción y hasta alguna de las proyectadas. Para la formación de este plano se tuvieron presentes los minuciosos trabajos rea- lizados en cumplimiento de la Cédula Real que dispuso se hiciese la visita general para la Regalía de aposento, labor que, comenzada en l75o y repetida en 1766, lleva- ron a cabo cuatro arquitectos bajo la dirección de D. Nicolás de Churriguera, por quien están autorizados los planos de las 557 manzanas, en escala de 1 por 300, a las que entonces se dio numeración, que por primera vez aparece en el plano de Espinosa. Particularidad curiosa de este plano es la de que en él se figura trazada la gran plaza exterior de Palacio, que no llegó a realizarse en la forma grandiosa represen- tada. También se marca como efectuada la gran reforma del Prado en sus tres seccio- nes de Recoletos, San Jerónimo y Atocha, la que comenzada en l768 distaba de estar terminada en la fecha de publicación del plano, que, en una cartela especial, in- serta la planta del referido paseo tal como estaba antes de acometerse las obras. Al año siguiente al de la publicación del plano de Espinosa, D. Juan Francisco González, basándose en la reciente división en cuarteles y barrios, publicó un libro titulado Madrid dividido en ocho cuarteles con otros tantos barrios cada uno, con 64 láminas, una por cada barrio, cuya descripción va impresa enfrente de la lámina co- rrespondiente. Según se indica en la última, están grabadas al aguafuerte por D. An- tonio Espinosa en 1769, y el plano de éste, al que acabamos de referirnos, sirvió de base para esta nueva publicación, que además de los números de las manzanas tiene también señalados los de las casas. 15 Las láminas de este plano fueron copiadas en el publicado en forma análoga en l8OO por D. Fausto Martínez de la Torre y D. Josef Asensio, con el título de Plano de la Villa y Corte de Madrid en sesenta y cuatro láminas. Lleva, además, un plano de conjunto en el que están señalados con números los diferentes barrios, índice alfa- bético de calles y relación de edificios religiosos, oficiales, puertas, fuentes, etc. PLANO DE LÓPEZ, DE i785 E N el año 1785, D- Tomás López, Geógrafo de S. M., que fue uno de los pensio- nados en París para el grabado por Fernando VI y Carlos III, publicó bajo los auspicios del Conde Floridablanca un Plano Geométrico de Madrid, dedicado al úl- timo Monarca citado. En este plano, dibujado en escala de 1 por 5.800 aproximada- mente, recogió su autor todos los trabajos de los anteriores, poniéndolo al día de la fecha de su publicación. Contiene la numeración de las manzanas y numerosas referencias de las calles, plazuelas, monumentos, edificios civiles y religiosos, fáciles de encontrar, pues cada una de acuellas referencias va acompañada del número y letra que precisan su situa- ción en la cuadrícula en que está dividido el plano. Su comparación con el de CKalmandíer muestra los progresos realizados durante el reinado de Carlos III, no apareciendo todavía el edificio del Museo del Prado, construido por Villanueva para Museo de Ciencias Naturales. P L A N O DE LEZCANO, DE 1812 E N el año 1812, el geógrafo D. Juan López, heredero y sucesor de D. Tomás, publicó un Plano de Madrid dividido en diez Ruárteles, dibujado por D. Pedro Lezcano y Salvador y grabado por Fonseca. Con respecto al plano de 1785 ofrece entre otras novedades la de figurar ya cons- truidos el Observatorio y el actual Museo del Prado. Vuelve en él a indicarse como proyecto el de Sachettí para el cierre de la plaza de Palacio en la forma monumental que no llegó a realizarse y que también figuraba en el de Espinosa. Otra particularidad digna de notarse en este plano es la de que en él aparecen ya los espacios libres producidos por los derribos ordenados por José I, a la sazón reinante, que por este motivo fue apodado e7 Rey Plazuelas. Entre aquellas demoli- ciones son de notar las muy importantes de dependencias de Palacio y antiguas casas que dejaron la que en el plano se denomina Plaza Oriental de Palacio — en la actua- lidad plaza de Oriente —; la del convento de Santa Catalina, que dio lugar a la actual plaza de las Cortes, y la de la iglesia de los Premonstratenses para la amplia- ción de la plaza de los Mostenses. 16 De este plano se hicieron en 1835 y 1846 ediciones modificadas y puestas al día por D. Pedro Martín de López. Para la última, que lleva al pie tres vistas de Madrid y ha sido reproducida en los talleres del Instituto Geográfico, se publicó un folleto con índice de las calles, descripción sumaria de los distritos y algunas noticias. También en el año 1846 se publicó por D. Juan Fernández Castilla, y grabado por él mismo, un Plano topO¿ráíico de Madrid, en forma manual, compuesto de 16 hojas, al pie de algunas de las cuales se representan monumentos de Madrid. PLANO DE COELLO, DE 1849 A partir de esta época abundan los planos de Madrid, entre los que es digno de especial mención el muy conocido publicado el año 1849 por D. Francisco Coello y D. Pascual Madoz para acompañar al Diccionario Geográfico del último. Este plano, delineado en escala de 1 por 5.000, es copia reducida del perteneciente al Ayuntamiento de Madrid y que formaron desde l84l a 1846 los ingenieros de Cami- nos D.Juan Merlo, D. Francisco Gutiérrez y D. Juan Ribera. Reducción de este plano es el publicado el año 1866 por D. J. P. Morales, en escala de 1 por 10.000, del que se hicieron varias ediciones hasta el año 1875, y que, en menor tamaño, se incluyó en las Guías de Forasteros de los años 1870 a 1873. PLANO PARCELARIO DEL INSTITUTO GEOGRÁFICO F INALMENTE, y precisamente en los últimos años del período que cierra la Exposi- ción, se hicieron en los de 1872 a 1874 los trabajos para el Plano Parcelario de Madrid, publicado en 16 hojas, en escala de 1 por 2.000, por el Instituto Geográfico, bajo la dirección de D. Carlos Ibáñez. Este plano, notable por su claridad y minuciosa exactitud y que señala el estado de Madrid en los comienzos de la Restauración, precisa la altimetría por curvas de nivel trazadas de metro en metro, y en la parte planimétrica tiene marcadas todas las casas, con sus patios y número de pisos y detallada la planta principal de los edificios públicos. OTROS PLANOS DE MADRID A DEMÁS de los planos a que acabamos de referirnos, se han publicado otros muchos en escalas reducidas para acompañar diferentes obras y trabajos referentes a la capital. Tales son el muy lindo tirado en negro y rojo y realzado en 3 17 colores que va insertado en ciertos ejemplares de lujo de las Guías de Forasteros de la época de Carlos III, formado por D. Tomás López y corregido por D. Ventura Rodríguez; el incluido en el tomo V del Viaje de España, de D. Antonio Ponz; el análogo del Manual de Madrid, de Mesonero Romanos, y otros muchos cuya enu- meración sería interminable. Como plano curioso, dibujado a mano con aguadas de colores, merece citarse el formado con fines estratégicos en tiempo de la ocupación francesa, que se titula Plan de Madrid et de ses environs, en el que se figuran solamente los principales itinerarios en el casco de Madrid que pudieran servir para el movimiento de tropas y las fortifi- caciones del Retiro y Montaña del Príncipe Pío, que se realizaron en parte. El plano se extiende hasta Chamarían punto en el que se señala la residencia de Napoleón con la mención de Q" G'1 de S. M. l'Empr et Roi. Además de éste, figura en la Ex- posición otro en mayor escala, perteneciente a la Real Biblioteca, indudablemente de la misma mano y que comprende solamente el Retiro fortificado. FÉLIX BOIX VISTAS DE MADRID GENERALIDADES SOBRE LAS ANTIGUAS VISTAS L AS antiguas vistas de Madrid que mayor exactitud ofrecen desde el punto de vista topográfico y monumental son, como es lógico y así ocurre para todas las poblaciones, las trasladadas directamente del natural por artistas coetáneos, siendo preferibles en aquellos aspectos las representadas con minuciosidad por dibujantes atentos a la realidad, a las debidas a los que, dejando volar su fantasía, tratan de embellecer aquélla aunque la alteren profundamente. E n lo que concierne a vistas grabadas por sus propios autores o por grabadores profesionales, las coetáneas ofrecen garantías de veracidad si proceden de originales obtenidos del natural, pues frecuentemente ocurría que editores extranjeros de colec- ciones de vistas de poblaciones encargaban su dibujo o grabado a artistas desco- nocedores de la localidad que pretendían representar, y que al copiar, no siempre con exactitud, otras vistas antiguas y tratar de completarlas valiéndose de referencias y noticias más o menos exactas, daban a luz producciones que distaban mucho de corresponder a la realidad. Por lo que se refiere a Madrid, hay en la Exposición abundantes ejemplos de unos y otros casos. En el presente ensayo comentaremos brevemente las vistas más interesantes, dibujadas o grabadas, del conjunto de la población y las colecciones de vistas grabadas, sin ocuparnos, salvo alguna excepción, de las vistas locales aisladas grabadas, dibujadas o pintadas, sumariamente descritas en el Catálogo y que no re- quieren examen especial. VISTAS DE CONJUNTO DIBUJADAS LAS DOS VISTAS DEL SIGLO XVI DEL CÓDICE DE VIENA / / / L A vistas del conjunto de Madrid más antiguas directamente tomadas del natural, S y que por ello ofrecen singularísimo interés, son dos incluidas en un códice que se conserva en la Biblioteca Nacional — antes Imperial — de Viena, y cuyas repro- ducciones fotográficas figuran en la Exposición merced al celo y diligencia del señor Duque de Amalfi, hasta hace poco ministro de España en aquella capital. El códice lleva el título Win&aerde, Vilks d'Espagne, 1563-1570. Según Justí, que publicó la vista del Alcázar contenida en el mismo códice — que también se ex- Kibe —, en algunas de las vistas aparece el nombre de Wingaerde y en otras el de Hoefnagel. N i las dos de Madrid ni la del Alcázar tienen nombre de autor, pero por su factura parecen del último. El Wingaerde a quien se refiere el título del códice, es el pintor flamenco Antonio van den Wingaerde, conocido en España por Antonio de las Viñas, que llegó a nuestro país con su familia en l56l y entró por entonces al servicio de Felipe II. Este Monarca, en cédula circular de 8 de agosto de l57o —dada a conocer por Sánchez Cantón en su libro Los pintores de Cámara de los Reyes de España —, ordena a las autoridades de los reinos y señoríos de Castilla presten toda clase de auxilios al refe- rido pintor, al que ha mandado a pintar la descripción de essos pueblos principales. Las dos vistas que nos ocupan son seguramente anteriores a la fecha de la cédula, y a pesar de la indicación del códice, más bien puede señalárseles, singularmente a una de ellas, la de l56l, fundándonos para opinar así en la circunstancia de que en ambas aparece el Alcázar sin asomos de la construcción de la Torre Dorada, que debió ser edificada antes de 1565. De ser exacta esta presunción, una de las vistas sería coetánea de la traslación de la Corte a Madrid, dispuesta por Felipe II en el referido año l56l, pudiendo serla otra algo posterior por las razones que después ex- Ambas vistas ofrecen el conjunto panorámico de Madrid observado desde la margen derecha del Manzanares, opuesta a la en que se asienta la población. Parecen de la misma mano; pero mientras una de ellas, la que estimamos como más antigua y llamaremos la primera, está solamente dibujada a pluma, la segunda ha sido real- zada en el original con aguadas en colores, habiendo sido tomada desde lugares más altos que la otra. El aspecto de Madrid en estas interesantísimas vistas, que son los documentos gráficos más antiguos que existen acerca del conjunto de la población, es por com- pleto diferente del que ofrecen todas las dibujadas y grabadas en época posterior, según puede comprobarse en la Exposición. La impresión de ciudad medioeval que en éstas produce Madrid es debida al recinto amurallado que encierra la parte anti- gua de la población que se ofrece al espectador, recinto constituido por lienzos y cubos almenados, bastante bien conservados en algunos trayectos y con señales de ruina en otros. En ambas vistas aparecen a la izquierda, y muy en primer término, los edificios de la Casa de Campo, en la margen derecba del Manzanares. En la orilla opuesta, y en la altura que domina al río, se alza el Alcázar, del que se ven las fachadas de Occidente y Mediodía. La primera de éstas se ofrece casi de frente y presenta cuatro torres semicirculares, con escasos huecos, coronadas por agudos tejadillos que comprenden tres lienzos intermedios con tres órdenes de ventanas y balcones. La fachada meridional aparece tal como quedó en tiempo del Emperador, con una parte central, en la que se abría el ingreso, flanqueada por dos macizas torres cuadradas, con un solo hueco una de ellas y sín ninguno la otra, en la que se ha trazado un reloj de sol. La muralla, que primitivamente comprendía el Alcázar dentro de su recinto, ha desaparecido delante de la fachada occidental de aquél, pero a continuación de la torre del ángulo Noroeste se ven algunos cubos y lienzos que forman la vuelta de la misma hacía la Puerta de Balnadú. Del lado meridional del Alcázar, la muralla arranca por debajo de la torre del ángulo Suroeste, sigue las inflexiones del terreno, sube hasta la Puerta de la Vega, delante de la que aparece una cruz, baja algo derruida hasta la Puerta de Segovia y desde ésta asciende casi en línea recta, con sus lienzos y cubos bastante bien conservados, sobre todo en la primera vista, hasta la Puerta de Moros, defen- dida por una obra saliente que marca el límite extremo de la población amurallada por el lado Sur. En las dos vistas se aprecia muy bien la muralla que encierra la población por la parte oriental opuesta al río, distinguiéndose la Puerta Cerrada flanqueada por dos torreones. En la primera vista la coronación de la muralla del lado oriental coincide sensiblemente con la línea de horizonte; pero en la segunda, tomada, como dijimos, desde un punto de vista más alto, se divisa claramente el caserío constituido por los arrabales que más allá de la muralla extienden la población hacia Oriente, distin- guiéndose entre otras barriadas el arrabal de San Martín, Antón Martín con su hos- pital y los llamados Barrios Bajos. DETALLES INTERESANTES DE LAS VISTAS DEL CÓDICE DE VIENA E NTRE las numerosas particularidades que estas curiosas vistas presentan, seña- laremos algunas dignas de especial mención. En las dos se marca, con alguna exageración en la primera, la depresión que forma el barranco por el que corre el arroyo de Leganitos, que separa la altura en que se asienta el Alcázar y comprende también las llamadas Vistillas del Río, después de Doña María de Aragón, de la gran eminencia que posteriormente había de contener la Huerta Florida del Cardenal D. Bernardo de Rojas y Sandoval, posesión después de los Marqueses de Castel Rodrigo y finalmente del Príncipe Pío de Saboya, del que tomó su moderno nombre de Montaña del Príncipe Pío. En la primera vista se ven claramente los pasos y puentecillos sobre el arroyo, que desagua en el río enfrente de los edificios de la Casa de Campo, situados en la margen opuesta. Entre el Alcázar y la Puerta de la Vega se representa en las dos vistas un gran edificio con elevada torre, casi adosado a la muralla, que es la Casa de Guevara, edi- ficada a mediados del siglo XVI por D. Felipe de Guevara, en parte de la cual se instaló después el Real Colegio de Pajes de S. M. En el extremo del recinto amura- llado opuesto al Alcázar, esto es, en el inmediato a Puerta de Moros, se ha dibujado con prolijidad de detalles, especialmente en la primera vista, el grupo de edificaciones que comprende la Capilla del Obispo, la iglesia de San Andrés y la casa palacio de D. Pedro Laso de Castilla, más tarde propiedad de los Duques del Infantado. Muy cerca, dentro del recinto, pero al otro lado de la barrancada de la calle de Segovia, se eleva la torre de San Pedro, que domina este típico rincón madrileño rodeado por la muralla, que vuelve después hacia Puerta Cerrada. El antiguo Puente de Segovia, anterior al existente en la actualidad, construido por Herrera hacia 1584, aparece en la primera vista con trece arcos y un acceso por la margen derecha del río, formado por dos muros en vuelta, mientras que en la segunda este acceso ha desaparecido y el número de arcos es menorj como si los extre- mos de la obra hubiesen quedado destruidos o soterrados en las arenas. Esta circuns- tancia y la de apareeer las murallas en peor estado de conservación en la segunda vista, induce a creer que ésta es algo posterior a la primera. Fuera ya del recinto amurallado, y cerca de Puerta de Moros, se ve una iglesia cuya situación parece ser la misma que la que después ocupo el Humilladero de Nuestra Señora de Gracia. Desde ella hasta el río, separada de la población por la estribación de las Vistillas, se extiende una barriada que desciende hasta el Manza- nares y en cuyo extremo se señala en ambas vistas, con indicación escrita, el convento y templo de San Francisco, uno y otro rodeados de una cerca. 22 El convento es el quej según la tradición, fue fundado por San Francisco de Asís por los años de 12l7 en un luáar junto al río que le fue cedido por los moradores de Madrid. Su situación en estas vistas se Halla de completo acuerdo con la tradición; pero es mucho más baja que la que ocupaba el convento e iglesia del mismo nombre en el siglo XVII, según puede comprobarse en el plano de Texeira. Próximas al convento se ven en la primera vista dos de las cruces del Vía Crucis que dio nombre a la calle del Calvario y que desde el convento se dirigía hacia el olivar de Atocha. Este calvario se encuentra señalado en el plano de las sucesivas extensiones de Madrid, publicado en el conocido libro de Álvarez Baena titulado Compendio histórico de las grandezas de la coronada villa de Madrid y que ha sido repetidamente copiado en publicaciones posteriores. Más aguas abajo del río se dibuja en la primera vista un puente, que corresponde al camino de Toledo. Parece ser de fábrica, y probablemente arruinado después, sería sustituido por el de madera existente en el siglo XVII. Un curioso detalle de la misma vista es la figura de un hombre de armas, con pica alabarda, croquízado en primer término y que tiene todo el empaque de un sol- dado de las postrimerías del reinado de Carlos V. LAS DOS VISTAS DEL SIGLO XVII DEL CÓDICE DE FLORENCIA U N siglo posteriores a las vistas de que acabamos de ocuparnos, y dibujadas, como aquéllas, directamente del natural, son las dos incluidas en otro códice existente en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, en el que se relatan los viajes por Europa de Cosme III, Duque de Toscana y Príncipe de Etruría, realizados en 1668 y 1669, poco tiempo antes de suceder a su padre, Fernando II. El códice, ilustrado con excelentes dibujos, ha sido descrito por Bandini (Catálogo III, pági- nas 344 y siguientes), y en su primer volumen contiene el viaje por España y Por- tugal, que permanece inédito en la parte que se refiere a nuestro país. Según la descripción de Bandíní, el Duque de Toscana, acompañado de los caballeros floren- tinos Dante de Castiglione, Paolo Falconeri, Marqueses Filíppo Corsini y Verio Guadogni y el ilustre escritor Lorenzo Maáalotti, salió de Florencia el 18 de sep- tiembre de 1668, desembarcó en Barcelona en 24 del mismo mes y llegó a Madrid el 24 de octubre de 1668. De las ochenta y seis vistas de poblaciones españolas que contiene el códice, dos de las más importantes son de Madrid. Su fecha de ejecución puede considerarse comprendida entre los últimos días del referido mes de octubre de 1668 y los prime- 23 ros de noviembre siguiente, puesto que el Duque, después de visitar diferentes pobla- ciones, como la de Toledo, de la que existe en el códice una importante vista, y reco- rrer aran parte de Andalucía, recogiendo otras de diferentes poblaciones, entre las que se cuentan Granada y Sevilla, entraba en Portugal, por Elvas, después de pasar por Badajoz, en 20 de enero de 1669. LA VISTA DE LA PARTE OCCIDENTAL DE MADRID DEL CÓDICE DE FLORENCIA S EGÚN puede comprobarse por las reproducciones fotográficas que figuran en la Exposición, una de las vistas, titulada Madrid dalla parte del Rio, es la que puede llamarse el panorama clásico de la Villa y Corte, puesto que ofrece el aspecto general de la población que ha sido preferido por todos los artistas, observado desde la margen derecha del Manzanares, desarrollándose el referido panorama desde la Montaña del Príncipe Pío hasta más allá de las Vistillas de San Francisco, y que, aunque tomado desde diferente punto de vista, es también el que aparece en el fondo del cuadro de Goya La romería de San Isidro. De izquierda & derecha comienza la vista en la Montaña del Príncipe Pío, vién- dose una parte de la Casa de Campo, y presenta después una detallada perspectiva del Alcázar en sus fachadas de Poniente y Mediodía, unidas por la famosa Torre Dorada. Debajo se extiende el Parque del Palacio con su cerca escalonada, que sigue las inflexiones del terreno, separándolo del Campo de la Tela, que queda compren- dido entre aquel cerramiento y el acceso del lado de Madrid del Puente de Segovia, obra que, minuciosamente detallada, aparece en primer término en la parte central de la vista. Extiéndese después el caserío a uno y otro lado de la gran hondonada de la calle de Segovia, en el fondo de la cual se ven los dos huecos de entrada de la antigua puerta de aquel nombre. Más allá las edificaciones escalan los altos de las Vistillas, detrás de los que aparece el convento de San Francisco. En la parte derecha e inferior de la vista el artista ha dibujado el escudo de España, bajo dosel, sobre el que un león coronado sostiene los atributos de la Mo- narquía hispana, cuyas glorias proclaman los ángeles que hacen sonar sendas trom- petas de la fama. Otros dos ofrecen laureles, y todos encuadran un basamento y cuerpo arquitectónico sobre el que destaca el escudo. Es en extremo interesante la comparación de la vista que acabamos de describir con las anteriores del códice de Viena. Media un siglo de distancia entre unas y otra, y en este lapso de tiempo se inicia y acentúa la decadencia de la Monarquía hispana. 24 El Madrid de Felipe II, cuando en él fija el Monarca la residencia de la Corte, que es el representado en las vistas de Viena, ofrece aspecto muy diferente del que presenta el de los comienzos del reinado de Carlos II a que se refiere la de Florencia. La configuración y accidentes del terreno no han cambiado; pero la apariencia de la población es muy distinta, a causa principalmente de la completa desaparición de la antigua muralla. El Alcázar aparece modificado por la construcción de la Torre Dorada y transformación de su fachada Sur, y al cambio de aspecto contribuyen también el nuevo Puente de Segovia y las edificaciones que se extienden y prolongan la población hacia el Sur, fuera del desaparecido recinto amurallado. LA VISTA DE LA PARTE ORIENTAL DE MADRID DEL CÓDICE DE FLORENCIA L A segunda vista del códice de Florencia, de la misma fecha que la primera, es igualmente interesante. Está tomada desde las proximidades del cerro de San Blas y reproduce el aspecto de la parte oriental de la población. Toda la porción derecha de la vista está ocupada por el Retiro, cuya arboleda, limitada por la cerca, se ofrece en primer término, así como el convento de los Jerónimos, dominado por su iglesia, que carece de las actuales torres. Más allá se eleva el Palacio del Buen Retiro, con sus cuatro torres, y el Casón, separado del convento por el patío del Caba- llo, cuya balaustrada se divisa perfectamente. En el extremo de la derecha sobresalen por encima de la arboleda varias de las construcciones diseminadas en el parque, y entre ellas las ermitas de San Bruno y de San Antonio de los Portugueses. Las edificaciones del Retiro y del convento ocultan la parte central del Prado conocida con el nombre de Prado de San Jerónimo, e inmediatamente a su izquierda se ve la entrada de la Carrera de San Jerónimo y la huerta del Duque de Lerma, siguiendo a continuación todo el Prado de Atocha, dominado por el caserío en el que se destaca la calle de las Huertas. La vista termina a la izquierda hacia la entrada de la calle de Atocha, y en el extremo de aquel lado el autor del dibujo ha vuelto a repre- sentar el escudo de España campeando en el cielo, sostenido por dos ángeles trompe- teros de la fama, con la inscripción: Madrid dalla parte del Retiro. Es también curiosa la comparación de estas dos vistas, que, como hemos dicho, están dibujadas a fines del año 1668, con el plano de Texeira, formado doce años antes, pues las perspectivas en que en el último están representadas las edificaciones, permiten comprobar la coincidencia de aquéllas con las que aun más detalladas aparecen en las dos notables vistas de que acabamos de ocuparnos. 25 VISTAS DE CONJUNTO GRABADAS LA VISTA DE MADRID EDITADA EN AMSTERDAM A MEDIADOS DEL SIGLO XVII L A más antigua de las vistas ¿rabadas que ofrece panorámicamente el conjunto . de Madrid, es la dada a luz por el editor de Amsterdam Federico de Wit, espe- cializado en publicaciones cartográficas, ¿rabada por Julio Mulhusser a fines de la primera mitad del siglo XVII, y que presenta el aspecto de la capital de España visto desde la orilla opuesta del río Manzanares, que erróneamente se designa con el nombre de Xaratna. La vista propiamente dicha, de la que figura en la Exposición una reproducción fotográfica perteneciente al Ayuntamiento de Madrid, está compuesta de cuatro hojas grabadas en planchas de cobre, cuidadosamente reunidas, y adicionada en la parte superior con una tira en la que, estampada xilográficamente, en letras capitales reser- vadas, en blanco sobre fondo negro, aparece la inscripción: Mantua Carpetanorum Vulgo Madrid Totius Híspanla Regia Totoql Orbe Celebérrima Delíneata. En la parte inferior de la vista se ha añadido otra franja más ancha, que contiene un texto impreso tipográficamente en latín, francés y holandés, redactado en términos ditirámbicos, que ponderan las grandezas y riquezas del Alcázar, y en el que se dice que Madrid es la más célebre, feliz y fértil población del mundo. El conjunto forma en el original una gran tira de dos metros de largo por 0,59 de altura, forrada en tela y que se pliega en seis partes. Su fecha de publicación puede fijarse entre los años 1645 y l65o, puesto que en el texto se hace referencia al reciente fallecimiento de Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, ocurrido en 1644. En primer término aparece el río, que, como antes dijimos, se designa con el nombre de Xarama, cruzado por el Puente de Segovia, y en la orilla opuesta a la en que se supone colocado el observador, se desarrolla el panorama de la población, detallándose bastante los principales edificios que aparecen visibles, entre ellos el Alcázar, del que se aprecian bien las fachadas occidental y la principal al Mediodía, y otros varios, hasta llegar a las construcciones que casi en el extremo opuesto aparecen más allá de las Vistillas de San Francisco. Debe notarse que muchas de las indicaciones que señalan la situación de los edificios son erróneas y otras no corres- ponden a los sitios en que se las coloca, lo que prueba que el artista autor de esta vista no conocía la población. 26 A pesar de tales errores, la vista, que por lo demás está artísticamente ¿rabada, ha sido reiteradamente reproducida en épocas posteriores, existiendo numerosas copias reducidas e imitaciones publicadas en Francia e Inglaterra en el siglo XVIII, dándose la circunstancia de Víue El Monniíerio de la Visitación, de Madrid ($»U¡; Rtaks), por «1 Conde de Polentinos. 103 EDIFICIOS PARTICULARES A L trasladarse a Madrid Felipe II, en el siglo XVI, había muy pocas casas, sola- res, solamente las propias de la nobleza genuinamente madrileña, como las familias de los Gatos, que tenían su casa contigua a la torre de San Salvador; la de los Luzón, que estaba en la calle del mismo nombre; los Bozmedianos, después de Malpka; los Herreras, desde el siglo XV, frente a la iglesia de San Juan; los Lujanes, en la plaza de San Salvador, y los Lasos de Castilla, enfrente de la iglesia de San Andrés, con un pasadizo que comunicaba por encima de la calle con la tribuna de la iglesia, construido cuando se aposentaron en dicha casa los Reyes Católicos Don Fer- nando y Doña Isabel (l). Desde el siglo XVI fueron construyendo más casas los nobles, y en el XVII, cuando el definitivo traslado de la Corte a Madrid por Felipe III, y con el objeto de aposentar a todas las personas que acompañaron al Rey en su nueva Corte, se siguie- ron construyendo con el objeto de que tuviesen los nobles lugar digno y apropiado donde vivir según su rango. Del siglo XVI son la casa de los Cuevas, frente a los Consejos, después palacio de Abrantes; de los Acuña, en la misma calle Mayor; la de los Duques de Osuna, construida sobre la primitiva muralla; la de D. Felipe de Guevara, después casa de Pajes, en la plaza del Alcázar; las dos del Conde de Barajas, de la familia Zapata, una de ellas conocida por la de los Salvajes, por dos hombrones de piedra que tenía a uno y otro lado del balcón encima de la puerta de la fachada principal, que estaba en la plaza del Conde de Miranda y comunicaba por medio de un pasadizo, también encima de la calle, con otras casas del Mayorazgo de Cárdenas; la de Oñate, cuyo M En dicha 104 balcón y portada son del siglo XVII, y la de las Siete Chimeneas, atribuida a Juan de Herrera, que estaba en la calle de las Infantas, separada por una cerca de la huerta de los frailes del convento de San Hermeneáildo y en cuya casa se alojó el Príncipe de Gales cuando vino a Madrid, y más tarde tuvo lugar junto a ella el motín de los chambergos contra Squilache. Después fueron construyéndose la llamada de las Conchas, de D. Diego de Alfaro; la del Marqués de Siete Iglesias, en la calle de San Bernardo, de donde salió para ser degollado en la Plaza Mayor, hoy reedificada y perteneciente a la Duquesa de la Conquista; la construida por el Duque de Lerma cuando solamente era Conde de Denia, y que andando el tiempo se transformó, después de la reedificación en el siglo XVIII, en el palacio de Medinaceli, que ha llegado hasta nuestros días y en cuyo solar se ha edificado modernamente el Hotel Palace. La de Oñate, así como la de Perales y de loa Marqueses de Miraflores, de típicas portadas del barroco madri- leño; la mandada construir a Gómez de Mora en la calle Mayor por el Conde de Uceda, hijo del Duque de Lerma, y que hoy ocupan los Consejos. El palacio del Duque de Béjar, en la calle de Alcalá, más conocido por el palacio de Alcañíces, que tenía una típica torre completamente madrileña. Los de Villafranca, en la calle de Don Pedro; Infantado; Osuna, en las Vistillas; Frías, en la plaza de su nombre, cerca del convento de Góngoras, y las casas de Garnica y de Barrionuevo y el palacio del Almirante. En el siglo XVIII se construyeron el palacio de Monteleón o del Parque, donde perdió la vida pintando unos frescos el pintor Bartolomé Pérez, de quien tantos cuadros de su mano se conservan en colecciones particulares y Museos, y que después, siendo Parque de Artillería, fue teatro, en 2 de mayo de 1808, de cruenta lucha entre franceses y españoles; y además, los del Conde de Atanda, que estaba donde hoy el Supremo Tribunal de la Hacienda Pública; Saceda, en la calle de Alcalá; y en esta misma calle los del Marqués de la Torrecilla, de portada también barroca; Pinoher- moso, al lado de la Academia de Bellas Artes de San Fernando; Campo Alange, frente al de Alcañices; Floridablanca, al costado del Espíritu Santo, en la hoy plaza de las Cortes; la casa de Heros, antes almacén de cristales, fundado por el Infante Don Sebastián, y, por último, las casas de la Marquesa del Valle, entre las calles del Turco y Florín, y las de Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo y Moratín, que estaban en las calles de Cantarranas, Huertas, Francos, San Juan, esquina a la de Santa María, y la calle Mayor (l). Han llegado a nosotros, y de ellos hay planos y diseños en esta Exposición, los (1) Mutkaa de estas cosas son dil siglo XVII, no del XVIII. palacios de Altamira, en la calle de la Flor, y de Liria, en la de la Princesa, construi- dos los dos por el célebre arquitecto D. Ventura Rodríguez, así como los que se hicieron para D. Leandro Fernández de Moratín y Duque de Villahermosa por planos de Silvestre Pérez; la casa del Consejo de la Inquisición, en la calle de Torija; el Seminario de Nobles, entregado por Felipe V a los jesuítas para la educación de los jóvenes, de cuya época es también el cuartel de Guardias de CorpSj de aran por- tada, en la calle del Conde Duque; el hoy Ministerio de Gracia y Justicia, antes de la Marquesa de la Sonora y antiguamente del Marqués de la Regalía, y la casa de la calle de la Villa, donde el maestro López de Hoyos tenía los famosos estudios en que fue uno de los discípulos el inmortal D. Miguel de Cervantes Saavedra- EL CONDE DE POLENTINOS LOS PATRONOS DE MADRID Y OTROS SANTOS M ADRID, aparte de sus tres Vírgenes verdaderamente madrileñas, tjue son: la Almudena, Atocha y la Paloma, tuvo en sus conventos e iglesias varias de- vociones, no solamente a imááenes de la Virgen, sino también a algunos santos y san- tas que alcanzaron en distintas épocas gran culto y veneración; varios de ellos han sido expuestos en una pequeña sección en la EXPOSICIÓN DEL ANTIGUO MADRID, con el título que encabeza estas líneas. Dejando a un lado las aseveraciones de sus panegiristas, diciendo que tanto la Virgen de la Almudena como la de Atocha son muy antiguas, atribuyéndolas a una y otra el mismo origen, el haber sido pintadas por San Lucas Evangelista, con la sola diferencia de ser el introductor de la primera en Madrid, Santiago, y de la segun- da, unos discípulos de San Pedro, lo único que se sabe es que las dos son muy anti- guas en la villa y corte y solamente se puede hablar de ellas desde su invención o hallazgo. La de la Almudena fue hallada en un almudín o depósito de trigo al ser con- quistado Madrid por Alfonso VI, lo que hace suponer que fue traída y escondida por cristianos después de la primera conquista por Ramiro II para que no cayese en poder de los moros invasores. Desde entonces ha sido la principal en el culto de los madrileños, compartido en ocasiones con el de la de Atocha. Don Juan de Vera Tarsis la describe así en su libro Historia de la Almudena: «Es su posición — dice — en pie y calzada; aunque con toda honestidad, cela sus divinas plantas el airoso ropaje; eatá firme sobre una pequeña peana de dos dedos de alto. Su aspecto es majestuoso y de profunda gravedad, con que mueve a cuantos la ven a debida reverencia. El rostro es más que redondo prolongado y el color trigueño, aunque con la mucha antigüedad parece algo amortiguado. Tiene la santa imagen los ojos grandes y rasgados que 107 tiran a zarcos, siendo con honestidad majestuosos. Son sus pobladas cejas en arco y de singular proporción; la nariz no la tiene menor, aunque es aguileña con modera- ción. Es la frente espaciosa y descubierta, pequeña la boca y los labios floridos de purísimo carmín. Las mejillas con aquella hermosura mezcla de color candido y rubicundo, aunque hoy parece algo moreno. El cuello es levantado y como hecho a torno. Las manos son llenas y largas y los dedos de la misma proporción. Los cabe- llos son rubios, aunque demuestran alguna luciente oscuridad, y los tiene caídos sobre el cuello a lo nazareno. El manto es realzado de oro y azul, imitando varias flores, con una faja por el extremo de oro y piedras preciosas. La túnica es de carmesí y oro, no muy escotada, sino modestamente vestida. Cine su honesto talle una cinta dorada, de suerte que demuestra por el ropaje que Su Majestad se vestía al uso romano.» Alfonso VII y Alfonso X la tenían gran devoción; del primero se dice que llevaba sobre su pecho una imagen de esta Virgen, y el segundo que concedió a su iglesia un privilegio, fechado en Sevilla en 1265, por el que «eximía de todo pecho e de todo pedido a los clérigos, racioneros prestes, diáconos y subdiáconos, y que se excusen sus paniaguados, sus yegüeros e sus pastores e sus hortelanos, e estos excusados que sean de la quantía que lo son los caballeros de Madrít» (l). Todos los demás Reyes la enriquecieron con donaciones y otros privilegios, y en el reinado de Felipe IV, este Monarca y su esposa, Doña Isabel de Borbón, que tenían gran veneración por esta Virgen, empezaron a vestirla con ricos mantos, costumbre que aun perdura, y no sola- mente en ésta, sino en otras imágenes, ocultando con las telas las bellezas escultóricas. La Virgen de Atocha está sentada en una silla de madera con un rodapiés a modo de tarima, de cuatro dedos de alto, donde se asientan los pies y remata el ropaje del manto y vestido; esta imagen se la llamaba en griego Theotoca, y también se la designó antiguamente con el nombre de Nuestra Señora de Antioquía. Respecto a su nombre, según algunos, se deriva del de Antioquía; según otros, del de Theoto- cos, y también se dice se la llamaba por el lugar donde estaba, que era un atochar. Tuvo dos ermitas, la primera en la parte alta del campo que baja de San Jerónimo, y la segunda, la labrada por el caballero García Ramírez en el sitio en que apareció la imagen entre unas matas, habiendo faltado de su primitiva ermita y cerca de un lugar a orillas del arroyo llamado Valnegral. Este caballero García Ramírez fue el que se dice que degolló a su mujer e hijas para que no cayesen en poder de los moros, y que después de haber abandonado éstos el asedio de la villa, al encomendarse a la (i) TIMOTEO DOMINI AlmuJena. 108 Virgen, se encontró a su mujer e hijas vivas y solamente con señales en los cuellos, como de un collar de sangre. En 1162 puso esta capilla bajo la jurisdicción de la Abadía de Santa Leocadia el Arzobispo de Toledo, y en 1523, fray Juan Hurtado de Mendoza, dominico y antes caudillo en la guerra de Granada y gran amigo de Carlos V, erigió en el mismo sitio donde estaba la ermita de la Virgen un suntuoso monasterio de su orden de pre- dicadores. La Virgen de Atocha ha tenido adoración y gran devoción de los madrileños, desde el Santo Labrador Isidro hasta los diferentes Monarcas que se han sucedido en la historia, y en su camarín se han depositado, como homenaje a la Reina de los Cielos, espadas, banderas y trofeos de Generales caudillos y Monarcas. También tuvieron gran culto en Madrid, la Virgen de la Flor de Lis, que se dice hizo pintar Alfonso VI y que se encontró en 1624 detrás del retablo del altar mayor de la iglesia de la Almudena, al quitar unas tablas, pintada en un nicho en la misma pared con dos columnas a los lados. Tiene vara y cuarto de alta; el rostro moreno, más aguileno que redondo; el pelo cortado a usanza ¿e los reyes antiguos de Cas- tilla; está sentada con el niño en brazos, sin toca en la cabeza y sí con diadema. Hoy se conserva en un altar de la cripta de la catedral nueva. Nuestra Señora de Loreto, traída de Roma el año 1577 por fray Juan García de Jesús, religioso de la Orden Tercera de San Francisco, y que estuvo colocada hasta el incendio en la Puerta de Guadalajara y después en el Colegio de niñas de su nombre. Bajo la advocación de los Remedios había dos imágenes: la una, encontrada dentro de un árbol en una isla de las Indias, al querer matar un caimán que en ella había D. Alonso de Montalván, Aposentador de los Reyes Católicos, quien la trajo a Madrid en 1522, colocándola en una capilla a los pies de la iglesia en la de San Ginés, y con ella el caimán relleno de paja (l), y la otra, que fue venerada en la Isla de Zelanda en un templo cerca de la villa de Ramua basta 1572, siendo después com- prada por un soldado español a un luterano en real y medio, haciéndole formal ofre- cimiento, si volvía libre a España, de darla a los religiosos de la Merced; primero estuvo en Cuenca, y de allí fue traída a Madrid al Convento de Mercedarios, que estaba en lo que hoy es plaza del Progreso. La de la Caridad estuvo primero en Campo del Rey (2), bajo la advocación (t) LEÓN PlNElO: Anules de Madrid. (2) El Hospital de Campo de! Rey estaba en el campo de iu nombre, al Occidente del Alcázar, entre la montaüa del Principe Pío. la Puerta de U VeSa y ribera del Manzanarei. La ¡íleaia del hospital «taba a la entrada de la Armería Real y al lado de la Cala de Paje». £1 kospital tenía doce carou pata curar mujeie». Jerónimo de Quintana atribuye «u tundición a Garci Alvarez de Toledo. Contador Mayor de Don Juan II y Enrique IV. 109 de la Purísima Concepción, en una Congregación de Caridad fundada por Don Juan II, en ¿onde permaneció hasta el reinado de Felipe II; estuvo después algún tiempo en el hospital de Antón Martín, y en 1590 compraron sitio para labrar capilla a los píes de la iglesia de Santa Cruz. La primitiva imagen de la Caridad estaba muy estropeada en l76o, y como pensasen que al restaurarla se estropearía más, la dieron a la iglesia de Villagordo, en Cáceres, y fue hecha una nueva por el escultor Juan de Mena. Esta Congregación tenía por obligación casar tres huérfanas cada año, dando a cada una veintitrés mil maravedíes de dote, y enterrar a los muertos que se encontra- ban en las calles y en el campo y asistir en los últimos momentos a los ajusticiados y darles sepultura, y se conoce hoy día con el nombre de la Paz y Caridad. Nuestra Señora de Madrid, preciosa talla del siglo XIII, que fue regalada por San Fernando a las monjas del Monasterio de Santo Domingo el Real. E n el convento de mínimos de la Victoria había una imagen de la Soledad hecha por el escultor Gaspar Becerra de un tronco medio quemado que sacó de la lumbre y tomando por modelo una imagen traída de Francia por la Reina Isabel de la Paz. La de las Maravillas estaba en Rodas Viejas, provincia de Salamanca, y en tal estado, que la autoridad eclesiástica mandó retirarla de la veneración pública, lo que no pudo cumplir el párroco por haberse amotinado el pueblo, consiguiendo que se la dejasen tener en su casa a un vecino del pueblo; que andando el tiempo, después de la muerte de Juan González, que así se llamaba el que la tenía en su casa, ocurrida en 1622, y trayéndola consigo su hijo al trasladarse a Madrid, después de mil vicisi- tudes, vino a poder de un escultor llamado Albornoz, quien la arregló las manos, restaurándola hábilmente. En vista de los repetidos milagros que hacía la Virgen, se recomendó por el vicario eclesiástico se confiase su custodia a un convento, y echadas suertes sobre la elección del templo, le tocó ser el beneficiado al beaterío de Nuestra Señora de Villaviciosa; al trasladarla al beaterío fue seguida por una blanca paloma. Esta imagen, que se llamaba de las Maravillas, por las muchas que había hecho, dio nombre al convento desde que fue entregada la santa imagen en l7 de enero de 1627. La Virgen de Nuestra Señora de Gracia se hizo en l54O por devoción del caba- llero D. Francisco Ramírez, instalándose en la iglesia de la Vera Cruz, que estaba al lado de Puerta de Moros, dando nombre a una Congregación de las personas más nobles de la villa (l). La de Belén, que se venera en la capilla de los Arquitectos, en la iglesia de San (1) PEDBO DE RÉPIDE: Imiienet de Madrid. 110 Sebastián, y que mejor debiera llamarse de la huida a Egipto, fue ideada y trazada por Manuel Alvarez y concluida por Julián de San Martín. Las imágenes de Nuestra Señora de la Luz, la del Mayor Dolor, la del Amparo y Buena Muerte y la de la Leche se exponían al culto en las iglesias del Colegio Imperial, San Luis, Loreto y San Antonio (capuchinos del Prado). Representaciones del Señor Crucificado eran: el Santo Cristo de la Oliva, que en tiempos de Felipe II, en el año 1564, le arrastraron, azotaron y despedazáronle en un olivar; se veneraba en un humilladero antiguo de Nuestra Señora y donde per- maneció hasta íjue le colocaron en la ermita del Ángel; este sacrilegio fue cometido por unos herejes ingleses; el Santo Cristo de la Oración del Huerto, en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, y la imagen del Jesús del Perdón y Nuestra Señora del Mayor Dolor, en Antón Martín, que debió de hacerse por Domingo de Rioj'a. Las imágenes de San Agustín, en San Felipe el Real, que estaba en el altar ma- yor de la referida iglesia; un San José, dibujado por José Ximeno, que se exponía a la adoración de los fieles en la iglesia de San Andrés; el famoso Cristo de San Ginés, que mereció tanta censura a Ponz en su libro Viaje por España; las de San Cosme y San Damián, en el Monasterio de San Basilio, de Madrid; el San Antonio de Padua, en su iglesia, al lado del palacio de Medínaceli; la Santa Casilda, escul- pida por Joaquín Altili para el convento del Espíritu Santo, y, para terminar, los grabados de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, copia de las innume- rables esculturas que hay de dichos santos en nuestra villa y corte, completan esta sección, en que faltan muchas devociones, y entre ellas la de la Virgen de la Paloma, de tradición verdaderamente madrileña y que modernamente tiene muchos más de- votos entre los hijos de Madrid que las tradicionales de la Almudena y Atocha, EL CONDE DE POLENTINOS PASEOS LA CALLE MAYOR L A costumbre de reunirse para pasear en los sitios más céntricos y concurridos de la población es algo característico de España, cuyos habitantes no aman un ejercicio prolongado ni solitario. Desde el siglo XVI ya tenían predilección por el trozo de calle comprendido entre la muralla, donde estaba la puerta de Guadalajara, y la calle de la Almudena, llamada luego Mayor. Desaparecida dicha puerta en lS7o, se prolongó el paseo hasta la Puerta del Sol en el siglo XVII, desuñándose entonces ese ir y venir de las damas en carrozas de seis asientos tiradas por cuatro muías de colleras, a caballo los más apuestos galanes y a pie o en calesas o carricoches el resto de los mortales, con la palabra ruar. Ese ver y ser visto, objetivo primordial de la concurrencia, se cumplía a maravilla en espacio tan reducido y que forzosamente había de recorrerse lentamente por la acumulación de tránsito y el entorpecimiento producido por