LAS tpi IGLE5IA5 DEL ANTIGUO MADRID LAS IGLESIAS DEL ANTIGÜO MADRID NOTAS DE ESTUDIO LAS IGLESIAS DEL ANTIGIO MADRID NOTAS DE ESTUDIO POR D. ELÍAS TORMO Catedrático de la Universidad, Miembro del Patronato del Museo Municipal 1.° de los 2 Fascículos MADRID Imprenta de A. Marzo San Hermenegildo, 32 dup®.—Tel. 31225 19 2 7 a las damas y señoritas que le acompañaron en là tarea, Y POR TODAS, A LA CONDESA DE CERRAJERIA, dechado de fe, cultura y gentileza, dedica estas notas EL AUTOR ElfLICMIOlS A IDO i PRiLOliO La elaboración, a la vez muy larga (de muchos años) y muy precipitada (de po¬ cas semanas) de este estudio y de este libro, dará ai lector benévolo la explica¬ ción de su contextura, hija de las circuns¬ tancias. Conviene explicarlas abreviada¬ mente para comprenderlas bien; acaso bastarla con decir aquí que obedeció a las conferencias-visitas a los templos sub¬ sistentes del antiguo Madrid, dirigidas por el autor en un día (el miércoles, salvo dos forzadas excepciones) de cada una de las dieciocho semanas consecutivas, sin faltar ninguna, que han corrido en 1927 entre apellidó la que eclesiásticamente se semana de sexagésima y la del Corpus. Quiso las «Notas» de cada excursion La Lectura Dominical, para irlas publicando desde un principio también semanalmente, y el libro, con ellas, llevando las cajas a tirada aparte, quedaba virtualmente he¬ cho, tal cual lo fueron solicitando muchos de los asistentes al cursillo, contados por centenares siempre. Los limites de là Revista no comporta¬ ban mayor extensión, y aun fué milagro que consintieran la que alcanzaba, aun en estilo semitelegráfíco, la información his¬ tórica, artística y bibliográfica de cada templo. Toda explanación, disertación o explicación tuvo el autor que olvidarlas en el texto, después de haberlas dado de pa¬ labra; anécdotas, especies legendarias, relato histórico, razonamiento iconográfi¬ co, análisis estilístico, todo se sacrificó, y aun algo más: la misma claridad de la frase, constreñida al minimum inverosímil de las palabras, para no dejar de decir to¬ das las notas y para no dejar de mostrar toda la consistencia del andamiaje prepa¬ ratorio del estudio. No tiene, en consecuencia, en la mano el lector un libro de lectura, que le habrá de ser enojosa por fuerza, escabroso el es- iilo. Son notas para redactarlo y no un Ubi o en puridad. Es, si, un Vademécum, un «oen conmigo^ que el autor pone en la mano, en edición de bolsillo, de dos clases de personas tan solamente: los visitantes de las iglesias y los rebuscadores de su historia, desconocida todavía; gula para ver (sabiendo lo que se sabe, para juzgar y para gozar de las obras, según el gusto de cada cual, cual catálogo seco de Mu¬ seo), y también gula para investigar lo todavía no averiguado de la historia de cada monumento; nunca libro de ninguna amenidad. El cursillo ha sido eso mismo, en el pro¬ pósito de su director: visiteo para los cen¬ tenares de las oyentes y los oyentes más bien; educación o consejos y orientaciones de investigadores, más bien, para las alum¬ nos y alumnos universitarios del doctora¬ do, en la sección de Historia, de la Facul¬ tad Central de Filosofía y Letras. La du¬ plicidad del objetivo hizo creer al autor en el seguro fracaso; por fortuna, el mismo exceso de la concurrencia contagió el en¬ tusiasmo y lo mantuvo vivo hasta el final de las visitas, sin desfallecimiento; y aca¬ so, interesando en verdad bastante menos a los unos los otros los problemas de y a la incertidumbre científica de la Historia, no regatearon al profesor la bien por su parte agradecida atención y calurosa con¬ currencia. cuando trataba de hacerles ver con sencillez la verdad y el error, la deri¬ vación y la desvirtuación de las noticias, io conjetural separado de lo categórico y lo meramente verosímil de lo cierto. Era T - 9 — que el visiteo tenia que orientarse, aun pareciendo una noble distracción, ai aiec- cionamiento verdaderamente universita¬ rio, ei que exige imperiosamente la rigu¬ rosa disciplina científica, sea en el orden que sea. Ei autor había de obedecer además, en el caso concreto de estudios madrileñis- tas. a un precedente personal que le obli¬ gaba escrupulosamente, y que tiene ahora que recordar. Es éste: que en el curso de 1ri21-2 había tenido la iniciativa, en el único año que resultó de ensayo de auto¬ nomía universitaria, de crear en la Univer¬ sidad de la corte y exoHcar quincenalmen¬ te la <ícátedra de Historia de Madrid», que resultó extraordinaria y acrecentada- mente concurrida: del aula de la Diplomᬠtica, el segundo día, por no caber en ella, se pasó a la vieja del preparatorio, y de ella, después, a la de Física o antiguo pa¬ raninfo, y eso con haberle dado carácter de rigurosa apreciación histórica, rom¬ piendo con todo lo que no fuera o na le pareciera la verdad estricta demostrada o la probabilidad histórica, razonándola como meramente tal. El curso, a la pleni¬ tud y totalidad de la información (para la cual hubo de necesitar la ayuda y el con¬ sejo y opiniones de los especialistas, pre¬ historiadores, historiadores, medievalis- t: s, los de instituciones, tos arqueólogos, los filólogos), no pudo alcanzar a más que a catorce lecciones de ímproba prepa¬ ración, alcanzando desde el Madrid pa¬ leolítico al Madrid de los Reyes Católicos, inclusive. Como a pesar del acuerdo de ¡a Diputación Provincial de la corte, a pre¬ puesta del a la sazón diputado por los so¬ cialistas y catedrático D. And'·és Ovejero, de publicar el curso y a todo gasto, el autor nunca ha tenido tiempo de redactar sus palabras y ordenar de nuevo y apro¬ vechar sus cumplidísimas notas, va a de¬ jar en nota en esta otra publicación ma- É dríleñista la memoria al menos de aque¬ llas inoestigacíones quincenales. Aun fracasada tan luego (y desdichada¬ mente, en cuanto a lo cultural y pedagógi¬ co) ¡a autonomía unwersílaria, durante distintos cursos recibió el autor constantes súplicas, incluso de la Junta de la Facultad, para que continuara estudiando en confe¬ rencias públicas la Historia de Madrid desde ei reinado del Emoerador, a lo cual, viéndose inferior al empeño (pues desde los A US trias es imposible aquella inexcu¬ sable plenitud de la información, exigencia científica de lo universitario, a no dejar por algún año o años abandonadas otras tareas), el autor había contestado, ofre¬ ciendo reanudar la Historia de Madrid el día y el año en que se celebrar-a. la largo tiempo proyectada y tantas veces aplazada «Exposición del Antiguo Madrid». i Ai llegar el día 21 de diciembre de 1926, gracias a D. Félix Bolx y a otros ilustres consocios de los Amigos del Arte, se inau¬ guraba la «Exposición del Antiguo Ma¬ drid», con grandísimo éxito del mérito e igual éxito de la atención del público! Ei autor, algo mohíno, a la vez que contentí¬ simo ante el notable suceso, vióse cogido en sus palabras, ¡cuando no habla dedica¬ do, ya no un verano (que había pensado), pero ni un solo día a la indispensable lec¬ tura y anotaciones de los historiadores de reinados, de instituciones, viajeros y aun costumbristas y poetas, para al menos dar breve cursillo del Madrid de los Austrias, 'estableciéndose al momento cronológico de la suspensión de sus ya trasnochados trabajos de Historia de Madrid! Y, discu¬ rriéndose una especie de salida, ofrecióse'e a la vez desde el primer momento la invi¬ tación a dar una conferencia, que vino a ser la inaugural de las doce o catorce que han venido a darse, también con gran atención del público en el viejo «Hospicio», asiento hasta estos días de la Exposición y asiento futuro (futuro perfecto) del nuevo Museo del Viejo Madrid. La tal conferen¬ cia, casi sin pensarlo, y más que nada, fué un llamamiento al visiteo de las viejas iglesias—a lo que también le obligaba el final del cursillo de otoño (¡92b) de i-La Historia del Crucifijo en el Arte Cristiano», en el cual (sobre las seis conferencias doc¬ trinales) se hablan visitado, si, los más no¬ tables Crucifijos de los Museos y colec¬ ciones; pero no aún los de los templos - . La concurrencia extraordinaria al llama¬ miento, juntamente con la petición del Di¬ rector de La Lectura Dominical, el ilus¬ tre sociólogo y académico D. Alvaro Ló¬ pez Niíñez, son, pues, los mayores causan¬ tes de este libro, el cual hasta va él escrito sin otro orden, sino el casi estrictamente cronológico de las visitas cuyas notas lo vienen a integrar. En diecisiete o diecinueve conferencias (según como se cuenten) quedaron visita¬ dos y estudiados y luego en la Revista pu¬ blicadas las notas del estudio de todos los templos subsistentes del antiguo Madrid. Se contaron más de cincuenta, aun apu¬ rando la lista de todos los que sobrevivie¬ ron a las más o menos revolucionarias demoliciones del siglo XIX, tomando por limite el año 1835, de la expulsión de los frailes y la consiguiente desamortización, para no incluir a ninguno de los edificados o reedificados posterioridad a ese li¬ con mite. A base de algún buen dato estadís¬ tico (nunca preciso deltodo) serian 158 los templos en el antiguo Madrid, por ejemplo en lòOO ó 1808, antes de los primeros de¬ rribos de José Napoleón: la tercera parte (en lo numérico, no en la calidad) es lo subsistente. Las dos terceras partes, lo de¬ molido, ya se compensan y se cancelan hoy, fecha de 1927, en que, a base de otra estadística todavía menos precisa y preci- sable. son cosa de 25') los templos católi¬ cos de la metrópoli cortesana. — 12 - La entidad de lo perdido, en lo arqui¬ tectónico y lo característico, ya se ve por la cifra del centenar que es consi¬ derable, y que se liaría palpable si se pudiera hacer aquí su estudio, en algún modo posible: a base de planos, planos con vistas perspectivas, descripciones y en algunos casos vistas, dibujos, graba¬ dos, litografías, óleos y aun acuarelas y fotografías. Pero la vieja estadística de Arte si que es considerablemente dolorosa y la actual absolutamente nada compensadora, si de lo arquitectónico pasamos al recuento de las pinturas, imágenes, retablos y mo- , biliario: en todo eso extraordinariamente peor el parangón de los siglos, pues las iglesias antiguas de Madrid (las perdidas y las subsistentes) ofrecian todo un gran museo, el hoy casi totalmente descabalado en cuanto a las cincuenta conservadas y hoy casi totalmente perdido en cuanto a las ciento derribadas La importancia numérica de los templos de Madrid no había sido del todo una im¬ provisación, aunque fuera, como fué, cati- dalosamente acrecentada cuando la mo¬ desta villa medieval pasó a ser la villa y corte de los Austrias de España. Precisa¬ mente un dato hay, vivo y parlero hasta hace menos de cien años y sin embargo tío aprovechado por los escritores madrile- ñistas, para autorizar remotamente ia im¬ portancia del Madrid eclesiástico de los primeros siglos de su reconquista. Es el de que en el gran cabildo catedral de Tole¬ do, diocesano suyo, tuvieta, seguramente que por la mayor antigüedad, el «-Arcedia¬ no de Madrid» el primer lugar entre los Arcedianos sufragáneos, es decir, el in¬ mediato después del Arcediano de Toledo y la tercera silla canonical; eran tales al¬ tas dignidades capitulares en un principio delegaciones episcopales para las pobla¬ ciones eclesiásticamente más importantes - 13 - o ¡as comarcas populcsas, con luego atro¬ fiada jurisdicción, y en genera! de dest no ausentista, residiendo en la ciudad de ta catedral con la mayor frecuencia- El mismo Arcediano de Talavera tenia menos prerro¬ gativasque el Arcediano de Madrid, villa ésta que al fin, desde su reconquista, al menos desde el siglo XII, tuvo dies parro¬ quias además dentro de sus estrechos mu¬ ros, y desde luego dos en sus arrabales. Desde igual fecha lejana tuvo monasterio de monjes benedictinos y desde principios dçi XIII, ei primer convento de monjas (Santo Domingo) y ei primero de frailes (San Francisco ei Grande). Pero es verdad que en ei resto de la Edad Media se acre¬ cen/ó poco (con un convento de monjas y uno de jeróniw.os) ei carácter monacal que luego bajo ios Austrias resultó predomi¬ nante y muy principal, pues ai asentarse ta Corte en Madrid por 1560, ocurrió en la villa lo propio que lo que ocurría en las ciudades en que se afianzaba y brillaba la fama de una Universidad: que luego se agrupaban con ella, por lo menos, un con¬ vento y colegio de cada una de las nume¬ rosas Ordenes y Congregociones de mon¬ jes, frailes y clérigos regulares. Como en ei caso de Salamanca, el de Alcalá y otros, al llegarse al pleno siglo X VII, era Ma¬ drid un enjambre de religiosos, una gran Confederación de conventos, una apretada constelación de casas monásticas, mostrán¬ dose a la vista aqtiel régimen social y po¬ lítico castizo que definia D. Juan Valera cuando en el Reino (con ser tal cual fué la Monarquía de predominante, y con tener tanta, tan inmensa importancia política la Grandeza) señalaba la nota esencial di¬ ciendo que España fuera más que otra cosa una «democracia frailunay>. Madrid al me¬ nos aparecía, mucho más que como capital monárquica y cortesan a, como una ciudad esencialmente conventual, y, por tanto, con tocas las consecue netas en el ramo del 14 - celoso ciihioo de las Artes al calor de la Religión. EL antiguo Madrid careció de aspecto verdaderamente monumental en los edifi¬ cios civiles. Los monarcas de la casa de Austria no tuvieron, como sus rivales los reyes de Francia y tantos otros soberanos y principes, ta idea del poder sugestivo de la Arquitectura en la política, y el pueblo mismo calificó de despilfarro loco el coste de un palacio tan modesto como el del Buen Retiro, hoy ¿Museo de Artillería. Sólo los termas, padre hijo, significaron una e tendencia distinta bajo Felipe III. Fn los siglos de lo castizo, si Madrid, apenas con palacios de la nobleza, tuvo grandeza en algún modo ciudadana, fué por el nú¬ mero y aun por la importancia de los tem¬ plos, en los cuales se pudo ver el desarro¬ llo de nuestro Arte del Renacimiento y del barroco y una espléndida, hoy tan perdi¬ da, antes cumplidísima, serie de obras maestras de la Pintura y aun de la Es¬ cultura. El número, en las fábricas, perjudicó a la calidad, faltando una catedral o una co¬ legiata. Fn la Edad Media en toda Casti¬ lla son demasiado numerosas y poco ex¬ tensas, y, por tanto, pobres las parro¬ quias. Fn ¡Madrid, desde el siglo XIII, hubo 13, todas mezquinas, y sólo las de arrabales vinieron a engrandecerse más tarde. Pero en los dos siglos de los Aus- t'ias, sobre los escasísimos templos me¬ dievales de frailes y monjas, que se renue¬ van entonces, se construyen otros en nú¬ mero extraordinario. Ellos fueron, más que los magnates y que la misma corte, los prácticos y eficaces Mecenas del Arte madrileño, y las iglesias de aquella época que todavía subsisten, y entre ellas las po¬ cas conservadas intactas, son los únicos testigos que mantienen viva la impresión del carácter de aquella cultura' y aquella clviliziclón. Pueden servir de ejemplo más — 15 - los conventos de monjas que los desiruí- dos o transformados de los frailes expul¬ sados en el siglo XIX; citemos las Carbo¬ neras, la Encarnación, San Plácido, San- ta Isabel, las Mercenarias de Don Juan de Alarcón, las Calatravas, las Góngoras, las Comendadoras, etc. De los frailes, el ■ ' Carmen Calzado, más que el Descalzo: de las iglesias penitenciales, la de la Or¬ den Tercera de San Francisco; de los hos¬ pitales, la del Refugio o los Portugueses. Y por no haber su frido apenas cambios, sino en el presbiterio, y muy felizmente, la Iglesia del Colegio Imperial, hoy Cate- j,_ dral provisional de San Isidro, tan inte¬ gramente conservada, y su viejo patrimo¬ nio de cuadros, imágenes y retablos; sien¬ do castizos del siglo XVII todavía otros conjuntos, como el de las Trinitarias de Cervantes, y de verdadero interés además algunos de los templos del siglo XVIII; San Justo (hoy Iglesia pontificia), el Sa¬ cramento, las Salesas, Capilla Real, San Marcos, etc. El estudio de conjunto revela la trans¬ formación del arte, en etapas, que repre¬ sentan los más significativos arquitectos del viejo Madrid: Toledo, Gómez, Mora, Sor,a. Crescendo, los frailes Bautista (Je- IP suita) San Nicolás (agustino recoleto). y Cano, Herrera el Mozo, herrera Bar- nuevo, Pedro de la Torre, Donoso, José Olmo, José Churrlguera. Ardemáns, Ga¬ briel Valenciano, Pedro Ribera. Sachetti, Bonavia, Cartier, Moradillo, Cabezas, Ven¬ tura Rodríguez, Miguel Fernández y Juan de Villanueva (el trio neoclásico), Saba- tini. Arnal, Silvestre Perez, Cuervo... ■ Este libro no pudo aspirar a ensayar si¬ quiera una síntesis de la historia de la Ar¬ quitectura madrileña; pero acaso sea útil como preparación, de despojo meramente erudito, para 'que persona de sólida com¬ petencia intente realizar el todavía difícil y nada maduro empeño. Baste que sirva 16 - esto de preparación y contribución ade¬ cuadas. Otra modesta aspiración trae la obra: la de, con el recuento de los meritorios trabajos de investigación madrileñista de varias cgeneracionesi) de estudiosos alum¬ nos de ia cátedra de Historia dei Arte de la Universidad (de aquellos que rebusca¬ ron en la de Madrid, no en sus provincias respectivas,que fueron los más en núme¬ ro), ofrecer el acicate y la orientación y un elenco y la solicitación de temas para los trabajos de investigación de los nue¬ vos alumnos de ios cursos consecutivos. Repasando estas c-Notas de estudio^), fᬠcilmente les aflorarán uno y muchos temas para sus rebuscos y ensayos y práctica para hacerse investigadores de Historia a los futuros doctores de Historia. El autor del l'bro vería colmada su ya vieja carre¬ ra universitaria si, llegando a hacer una segunda edición, en ella aparecieran re¬ novadas, colmadas de lagunas y revela¬ doras de novedades las nuevas futuras in¬ vestigaciones de los doctorandos de His¬ toria. ANOTACIONES PRELIMINARES I El primer curso de Historia de Madrid. En el Prólogo se ha tenido que hacer alusión al precedente del primer curso, discurrido y dado por la Facultad de Fi¬ losofía y Letras, de Historia de Madrid, en el año (que resultó único) de auto¬ nomía pedagógica universitaria. Lo dió el .autor de este libro, tan sólo a cambio de la hora semanal de su clase de Histo¬ ria del Arte que con programa especial y en cursillo complementario daba a sus alumnos el profesor auxiliar Dr. Sán¬ chez Cantón acerca de la Bibliografía y Literatúra del Arte español. Las conferencias en la Universidad fue¬ ron acompañadas de copiosísima infor¬ mación gráfica, muy especial y de propó¬ sito preparada y al aparato de proyeccio¬ nes. Se ordenaron además varias excur¬ siones-visitas, como al estudio del mosai¬ co romano todavía en su lugar en la finca que fué de la emperatriz Eugenia en Ca¬ rabanchel, al Archivo y a la colección de antigüedades del Ayuntamiento, y a la torre de Santa Cruz al examen del re¬ cinto histórico del viejo Madrid medieval. Las conferencias doctrinales, de las que dieron algunos resúmenes los peródicos del día o días consecutivos, fueron las siguientes: ~ 18 — 4 de febrero de 1922: Conferencia pre¬ liminar, plan, método, resumen. 8 de febrero: Los historiadores de Ma¬ drid. 15 de febrero: Prehistoria de Madrid, edad paleolítica. 22 de febrero: Continuación; la prime¬ ra nota de arte enla Historia de Madrid. 8 de marzo: Miaco y los manúcicos (Madrid romano). 15 de marzo: Visita al mosaico romano de Carabanchel. 22 de marzo: El Madrid de la alta Edad Media: su seudohistoria eclesiástica. 5 de abril: Madrid árabe, su asiento y recinto: Almedina y Almudena. 19 de abril: La reconquista de Madrid. 3 de mayo: Conferencia-visita al arca de San Isidro, al códice de su vida y mo¬ numentos en su honor. ? de mayo: En el siglo XII: el Fuero de Madrid. ? de mayo: Visita al Archivo y Colec¬ ción arqueológica del Ayuntamiento. 10 de mayo: La villa de Madrid del si¬ glo XIII al XV. ? de mayo: Las imágenes del Madrid medieval (Vírgeríes de Atocha, de Santo Domingo, de la Flor de Lis y de la Al¬ mudena). II Las visitas del cursillo de iglesias. Con el precedente de otras, menos sis¬ temático ni en circuito total, que, dirigidas asimismo por el autor, autorizaron hace años los prelados Sres. Salvador y Melo, en la ocasión del tema de este libro tuvo la bondad de otorgar su permiso el señor Obispo de Madrid-Alcalá, excelentísimo e ilustrisimo señor D. Leopoldo Eijo. Al caso se publicó el primer número de en marzo Diócesis del "Boletín Oficial de la de Madrid-Alcalá" el siguiente edicto: — 19 - "Don Elías Tormo, catedrático de His¬ toria del Arte de la Universidad Central y profesor que fué de Arqueología sagra¬ da del Seminario de esta diócesis, ha ex¬ puesto a S. E. I. el señor Obispo de Ma¬ drid-Alcalá su deseo de dedicar en el presente curso académico de 1926-27 un cursillo en la cla^e pública de los miér¬ coles al estudio del Arte en las iglesias de Madrid, visitándolas al efecto, con sus alumnos y agregados a sus enseñanzas, dichos días, en las primeras horas de la tarde, mientras no se celebren cultos, y poniéndose previamente de acuerdo con los señores rectores de las iglesias. Su Excelencia Ilustrísima el señor Obispo se ha dignado acceder a tan simpática propuesta, y, a ruegos del Sr. Tormo, ha decretado, además, que por parte de los señores párrocos, rectores y encargados de los templos se den toda suerte de fa¬ cilidades, no solamente para el examen de cuantas curiosidades artísticas e histó¬ ricas contengan los monumentos que se visiten y sus dependencias, sino para que se puedan hacer las consiguientes inves¬ tigaciones históricoartisticas en los Ar¬ chivos, y aun procurando la información oral de las noticias tradicionales (de tras¬ lados y mudanzas de retablos, imágenes, cuadros, etc.) que puedan recogerse para el mayor esclarecimiento de todos los an¬ tecedentes. "Madrid, i de marzo de 1927.—Dr. Ben¬ jamín de Arriba, canónigo-secretario." El director del cursillo tributa aquí ren¬ dido homenaje al señor Obispo, como, por las bondadosas facilidades, a todos los señores párrocos, rectores y capella¬ nes encargados de cada una de las igle¬ sias, que no se visitaban sin previo solici¬ tado acuerdo. Igualmente se debe el re¬ conocimiento al excelentísiino e ilustrísi- mo señor Patriarca de las Indias, muy de años benemérito de los alumnos ma- - 20 — drileños, el Sr. Muñoz; e igualmente, en cuanto a las iglesias exentas y palatinas, también a los señores mayordomo mayor c intendente del Real Palacio y secretario de Su Majestad, señores duque de Miran¬ da, conde de Aybar y marqués de las Torres de Mendoza, además, como que, (1 señor condeQrove, honraron .el del cursillo con su presencia. En la Universidad se hizo preciso es¬ tablecer inscripción previa (gratuita) para l;i asistencia al curso, y en la Prensa hubo necesidad de no seguir diciendo las igle¬ sias que cada miércoles se iban a visitar. Como hubo quejas de personas, muy res- petables, por tales acuerdos, daremos aquí, l)or vía de explicación y justificación, un texto de "El Debate" del día 29 de fe¬ brero, de redacción exclusivamente pe¬ riodística, en la información general del día y con el título particular "Visita a las iglesias antiguas": "Ayer tarde se giró a las viejas igle¬ sias de Madrid la primera visita de la serie organizada por el catedrático de la Central D. Elias Tormo, como comple¬ mento del curso breve de conferencias que sobre dichos templos inició con la pronunciada anteayer en la Exposición del Aíadrid Antiguo. "Asistieron unas 250 personas, entre ellas muchas señoras y algunos caballe¬ ros de respetable edad. El resto del grupo lo componían alumnos del conferenciante, en su mayoría. "Visitaron las iglesias de la Encarna¬ ción y de San Marcos, que datan, respec¬ tivamente, de los siglos XVII y XVIII, en cada una de las cuales dió el señor Tormo una erudita y amena conferencia sobre los orígenes riqueza artística. y "En ambas iglesias fueron solícitamen¬ te atendidos los visitantes, y el párroco de la de San Marcos, iluminada profu¬ samente para facilitar la labor del se- — 21 — ñor Tormo, puso a disposición de éste numerosas fotografías de las pinturas y esculturas del templo. "El paso porlas calles de tan inusita¬ da manifestación causó sorpresa en los vecinos. El propio Sr. Tormo, que no con¬ taba con tanta concurrencia, prometió no dar publicidad a las convocatorias de las I visitas sucesivas, ya que el exceso de , oyentes dificultó en gran manera sus ex- , plicaciones. " Notas pintorescas se ofrecieron otros ! días, particularmente los barrios bajos, en í al paso de la "inusitada manifestación". V. ' III [ Las iglesias estudiadas y las no estu- j' diadas. En la Introducción se ha explicado el i modo de formación de este libro, publi- I cadas las notas de las visitas semanal- mente en "La Lectura Dominical", des- ; pues de pocos dias. Por razón de està ; formación de las cajas tipográficas del libro, éste se ofrece "redactado" desde luego consecutivamente en distintas fe¬ chas, con la consiguiente desigualdad, y, lo que es más visible, con el consiguiente desorden, pues no se ha venido a la or¬ denación de los §§, capítulos del mis¬ mo, en general, sino por el mismo or¬ den de las visitas, por fuerza distinto, cuya marcha no había de obedecer siempre ni siquiera a la procurada proximidad en¬ tre sí de los varios templos a que se ácu- día cada semana. La conferencia invitatoria o inaugural fué el 22 de febrero, en la Exposición .del Antiguo Madrid. La segunda, el 23 de febrero, con la vi¬ sita a la Encarnación y San Marcos (ele¬ gidas por su belleza típica, y por razones de particulares facilidades, no habiéndose V 22 — publicado todavía a la sazón en el "Bole¬ tín Oficial de la Diócesis de Madrid-Al¬ calá" el ya concedido permiso del señor Obispo las conferencias-visitas). para La tercera, el 2de marzo, a San An¬ drés, capilla del Obispo Carvajal y San Pedro el Real o el Viejo. La cuarta, el g de marzo, a San Caye¬ tano, las Catalinas y Escuelas Pías de San Fernando. La quinta, el i6 de marzo, a la iglesia de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, la de la Enfermería de la mis¬ ma Tercera Orden y los Irlandeses. La sexta, el 23 de marzo, a San Frail¬ esco el Grande y el Sacramento. La séptima, el 30 de marzo, a la hoy Pontificia, Santiago y San Nicolás. La octava, el de abril (no en miérco¬ 4 les, sino en lunes de Pasión, y a templos en que ver los retablos, en tales semanas mayores cubiertos, fuera más fácil por el escaso volumen y corto número de los velos litúrgicos), a San Antonio de la Florida y la Virgen del Puerto. La novena, el 16 de abril. Sábado San¬ to (único día en el año en que es posible la visita de estudio a templos de Cuarenta Horas perpetuas), a las Carboneras (que las tienen) y a la' capilla del Real Palacio. La décima, el 20 de abril, a la Catedral y a la que fué capilla de la Concepción, en el mismo Colegio Imperial. La undécima, el 27 de abril, a las Des¬ calzas (visitada la primera del dia por ur¬ gencia particular), San Ginés y Porta¬ celi. La duodécima, el 4 de mayo, al Car¬ men (no posible de visitar el miércoles anterior), San Luis Obispo, el Caballero de Gracia y las Calatravas. La décimatercera, el 11 de mayo, a D.on Juan de Alarcón, Espíritu Santo, San -Antonio de los Portugueses y San Plᬠcido. - 2,5 - La décimacuarta, el i8 de las mayo, a Capuchinas, Comendadoras, Montserrat, Salesas Nuevas, Maravillas y San Ilde¬ fonso. La décimaquinta, el 25 de mayo, a las Salesas Reaies, Góngoras, Recogidas, Sari Antón, Arco de Santa María y el hoy San José. La décimasexta, el i de junio, a San Jerónimo, Tririitarias, San Sebastián, su¬ biendo después a la torre de Santa Cruz al estudio panorámico de varias de las iglesias ya conocidas, y además a la que fué capilla del Ayuntamiento. La décimaséptima, el 8 de junio, a An¬ tón Martin, los Desamparados (imposi¬ ble la visita a Santa Isabel por coincidir con entierro de monja asuncionista; se vi¬ sitó, en cambio, la capilla del Hospital general, aunque no antigua) ; además San Lorenzo, y finalizando en lo más alto de la torre modernista del Circulo de Bellas Artes, para ella acabar el repaso y en estudio a lo panorámico de las cúpulas, torres y buques y capillas del antiguo Ma¬ drid. La décimaoctava, el 15 de junio, a San¬ ta Isabel (porla razón dicha, retrasada). Y la décimanovena, de propina, la visita a la galería del Real Palacio, para gozar, en ocasión de la cuelga para la procesión de la Octava del Corpus, en el estudio de las .soberbias tapicerías que tal día (como en el de la Candelaria) se hallan expues¬ tas por breves horas. Salvo esta última, todas las restantes conferencias-visitas fueron a las tres de la. tarde, hora sin culto en las iglesias, puntuales en su comienzo: no en su ter^ miijación tan puntuales, pues en la parte final de la serie, por agobiar el tiempo restante antes de las vacaciones veranie¬ gas, tuvieron que ser como visitas dobles^ ya no de dos, sino hasta de tres., hot;as,-de — 24 - conferencia, aunque deambulante y movi¬ da y ajetreada. No se visitaron, aunque aquí se inclu¬ yen las notas, y en su lugar casi topogrᬠfico de colocación, templos modestos, en algún modo olvidados antes: las Servitas, la capilla de Caballerizas, la ermita de San Isidro (sobre la pradera), las parro¬ quiales anexas de la Casa de Campo y la Moncloa, finalmente. La iglesia que fuera del Hospicio se vió en la Exposición. Es decir, excluyendo meros oratorios particu¬ lares, todos los templos subsistentes del antiguo Madrid se vieron y se dejan aquí anotados; también excluidos los que han sido reedificados: la Buena Dicha, el Cristo del Olivar, San Pascual, Santa Cruz (donde antes Santo Tomás) y el Co¬ razón de Jesús y San Francisco de Borja (casi donde antes el Rosario). Es que el criterio ha sido, como se ha dicho en el Prólogo, el siguiente: incluir en el estudio, en el visiteo y ahora en el libro los templos edificados o reedificados antes del 1835, es decir, antes de la ex¬ pulsión de los frailes, fecha que marca (con la subsiguiente desamortización ecle¬ siástica, etc.) el verdadero cambio de la fisonomía ciudadana de los templos de to¬ das las ciudades españolas; más tarde, en otras etapas "liberales" revolucionarias o sucesivas (y aun nada revolucionarias ni "liberales", a veces), se han seguido de¬ rribando templos, arruinando la riqueza arquitectónica castiza y borrando las no¬ tasmás elocuentes del pasado histórico, dando lugar al ensanche de plazas y calles y al barullo de los negocios y de lo prosai¬ co. Más tarde, bastantes más años después del de 1835, acaso más que en ciudad algu¬ na, se han levantado en Madrid muchísi¬ mas iglesias en los ensanches, pero tam¬ bién en el viejo casco: malas o medianas, o aun buenas (las de mayores empeños, imi¬ taciones de estilos medievales o barrocos). — 25 - están fuera del cuadro general de este estudio, aun aquellas, por ventura, reple¬ tas de viejas imágenes y aun de viejos retablos, como el nuevo Cristo del Oli¬ var, el nuevo San Fermín de los Nava¬ rros, el nuevo Cristo de la Salud, el nuevo Santo Domingo el Real, etc. Debería qui¬ zá hacerse un complemento; pero el plan de este estudio, al menos, tenia que de¬ jarlas aparte. Todo punto cronológico, todo criterio de tales separaciones, es siempre discuti¬ ble, y aquí lo será; pero pareció mejor el año 1835 para la discriminación que no el 1800 o el 1808, aunque a primera vista se ofrecían como fechas de mayor rotun¬ didad, o secular o histórica (respectiva¬ mente). Y ni que decir tiene que algún caso particular ofrecía duda de fecha y titubeo (a veces rebelde) de inclusión, por tanto, o exclusión, y el autor lo sintió ante San Ildefonso (del que adivinó la fecha antes de poderla comprobar), ante las Servitas y alguna otra construcción de fines del reinado de Fernando VIL En cuanto a San Pascual, puede haberse equi¬ vocado en la exclusión, en sentido contra¬ rio, porque tiene su reedificación como posterior al 1835. Han quedado, por otra parte, excluidas del libro las iglesias del antiguo Madrid desaparecidas, naturalmente. Merecen aqui alguna explicación esas otras exclusiones, sin embargo, porque si no se podían vi¬ sitar, bien que mal se hubieran podido estudiar. Fuera rico el autor de este libro, o hu¬ biera tenido editor para él, y sobre con¬ cebirlo y escribirlo y publicarlo muy de otra manera, no hubiera desde luego pre¬ terido el examen de los viejos templos de¬ rribados, ciertamente. Aparte los textos históricos y las con¬ sabidas notas descriptivas de Palomino, de Ponz, etc., no falta, al menos en abso- — 26 — luto, la información gráfica,ya que el Tei- xeira y algún otro plano de Madrid, en total o en parcial perspectiva caballera, ofrecen la silueta de muchos templos, de otros el modelo de Madrid del Museo de Ingenieros (construido en el reinado de Fernando VII, antes de la fecha "clima¬ térica" de la expulsión de los frailes), ya que de la planta arquitectónica se tienen croquis y muchas veces bastante detalla¬ dos y escrupulosos en varios planos, par¬ ticularmente los de 1769 y de 1849, y ya que de muchas vistas de fachadas o si¬ luetas escorzadas de los buques de los templos derribados hay grabados del si¬ glo XVII y XVIII, litografías y acuare¬ las del siglo XIX (primera mitad) y al¬ guna que otra fotografía del promedio del mismo siglo. Aislando al reproducirlas to¬ das esas reproducciones, pero luego agru¬ pándolas monumento por monumento (que asi es como las unas ilustran a las otras), y juntándolas el texto y los datos histó¬ ricos correspondientes, fácilmente se lo¬ graría (la Exposición del Antiguo Madrid lo demostraba cumplidamente) una verda¬ dera ideal resurrección de lo totalmente perdido. Pero tal libro era caro, y éste, por haber de ser todo lo contrario que" costoso, se publica no sólo sin plantas, al¬ zadas, vistas ni elemento gráfico ninguna (menos que necesario cuando el templo todavía subsiste y se puede visitar, lle¬ vando el libro por mudo "cicerone"), sino hasta con la modestia confesada y la mezquindad misma de haber de aprove¬ char la composición de la revista para la tirada aparte, hasta con la circunstancia de que, publicándose "La Lectura Domi¬ nical" en caja tinográfica a dos colum¬ nas, una de ellas, tan estrecha, forzaba, con la consideración del destino del libro, guia de bolsillo, a la rareza del formato estrechado demasía, estirado o alarga¬ en do, cual los impresos de la propaganda " '27 — turística. Su autor suspiraría, eso sí, por poder dar, en las condiciones apuntadas, un nuevo liliro, bien cumplido de datos gráficos, el que se habría de titular, cual complemento de éste, " Las iglesias del antiguo Madrid: las desaparecidas"; oero no confia nada en que las correspondien¬ tes almacenadas papeletas sean llamadas a la elaboración consiguiente. Que la información daría casi totalmen¬ te el tema ahora preterido aquí por tales razones, lo comprueba un hecho (acaso se debiera decir que una ley histórica) que no es del todo inoportuno el recordar aquí: Que en Madrid (como en el resto de España, en siglos) no se admitía, ni de hecho ni de derecho, fácilmente, que el solar de un templo derribado se convir¬ tiera en solar de casas. Se sentía escru¬ pulosamente que la consagración o bendi¬ ción del templo apartaba el inmueble de¬ finitivamente del comercio humano, y que donde eucaristicam^nte viviera Cristo, Dios humanado, cual en vivienda propia, no cabía ya después una vivienda hu¬ mana. Por tal sentimiento, si en Madrid tantas ermitas y oratorios en el antiguo régimen pasaron a ser local de parro¬ quias, de templos de convento, viceversa no solía ocurrir, sino por casos rarísimos, que un templo desapareciera sin que otro templo en el mismo local le sustituyera. En las aludidas únicas excepciones (re¬ pito que me refiero sólo a los siglos y mi¬ lenario del antiguo régimen) era rigurosa costumbre dejar el solar en plazuela y eri¬ gir en ella una cruz, y no sé si en el mi.s- mo lugar del sagrario precisamente. Sirva de ejemplo, ya olvidado, el de la plazuela del Angel, donde una cruz señaló el san¬ tuario desaparecido de la iglesia de ora- torianos de San Felipe Neri, con habei sido derribada cuando, en época tocada de enciclopedismo, se expulsó a los jesuítas y se dió, mejorándolos mucho, a los ora- - 28 — torianos una de las iglesias jesuíticas va¬ cantes (la de la Casa profesa, a la plaza de Herradores). La cruz (después trasla¬ dada a un cementerio) la labró en 1773 Ventura Rodríguez. La misma cruz de Puerta Cerrada, en cambija o arca de agua, y monumento arquitectónico que es del mismo Rodrí¬ guez, no deja de ser recuerdo de la situa¬ ción allí del más "viejo" templo de San Pedro, aunque desde el siglo XIV trasla¬ dado más adentro, en la vecina calle del Nuncio. Por tales usos, sentimientos y leyes (de la imprescriptibilidad y radical apartamiento del comercio humano de las cosas sagradas y de las santas, cemente¬ rios inclusive), y por el fervor religioso y la riqueza dotacional de nuestras insti¬ tuciones, puede decirse que todos los tem¬ plos del antiguo Madrid, o poco menos que todos, subsistían íntegros cuando se grababan planos en el siglo XVIII, y que todos llegaron al siglo XIX, al año 1808, en que José Napoleón, "el Rey plazuelas" (por vengativo remoquete que le pusieron los castizos), derribó San Gil, San Juan, Santiago, Santa Clara, San Martín, San Ildefonso, Sant,a Ana, Santa Catalina, el Jesús; es decir, todavía menos de lo que vino a derribarse cuando la expulsión de los frailes y en las etapas revolucionarias posteriores. Porque quizá sea del caso, tema de cu¬ riosidad, hacer aquí el anunciado recuen¬ to estadístico, que es expuesto a errores por la dificultad y la necesidad de deslin¬ dar los templos de los oratorios, en du¬ das cada vez respecto de los públicos, los semipúblicos, los de institución, los me¬ ramente particulares, en escala de impor¬ tancia decreciente. Un texto estadístico podemos aprove¬ char: el del librito "Paseo por Madrid", anónimo, de la imprenta de Repullés del año 1815. Posterior en cosa de un lustro a - 29 — los derribos de José Napoleón, cuenta y suma y cifra 146 templos en Madrid, a sa¬ ber: 23 del Clero secular (una colegiata, 18 parroquias; 2 anexos de parroquia y 2 castrenses: la de Palacio y la del Buen Suceso, sucedánea de la derribada Casa del Tesoro), 33 de monjes y frailes (in¬ clusos g de varias suertes de clérigos me¬ nores), 31 de monjas (incluso 4: 2 de Hermanas de la Caridad y los de los Arrepentidas y las Recogidas), 6 de hos¬ picios, 13 de colegios, 16 oratorios y ca¬ pillas, 6 ermitas y 18 de hospitales y hos- pitalillos. Hoy no es posible decir pun¬ tualmente si de esos 146 templos de 181S, que, sumándoles los derribados por José Napoleón, darían la cifra de 155, subsis¬ ten precisamente 50 ó 52; en suma, la ter¬ cera parte tan sólo. Verdad es que, en cambio, en el Madrid de 1927- hay mu¬ chos más nuevos que otros tantos que los perdidos, al multiplicarse su extensión, su población y también la fertilidad religiosa 3' benéfica de las fundaciones, 3'a que, re¬ curriendo a listas tan incompletas como las del "Calendario religioso" vigente, su¬ ma, poco más o menos, 30 parroquias, una palatina, 3 filiales, 44 de religiosos (iglesias y residencias), 59 de religio¬ sas (ídem id.), 78 asilos, casas de salud, colegios, hospitales y patronatos y 27 igle¬ sias, capillas y oratorios públicos no con¬ ventuales; suma total (nada depurada, re pito), 242: entre los cuales, muchos tem¬ plos provisionales, es verdad. En resu¬ men: podríamos decir, hablando por cin¬ cuentenas, que de tres de viejas iglesias que tenía el Madrid del antiguo régimen, conserva una cincuentena y perdió dos cincuentenas, y que, a cambio de estas dos, tiene ahora cuatro cincuentenas de nuevas casas del Señor. PRIMERA PARTE LAS IGLESIAS SUBSISTENTES AL SCR Y OESTE § I La Encarnación. La pareja más devota de monarcas de las Españas, Felipe III y Doña Mar¬ garita de Austria-Stiria, crearon el con¬ vento, y el rey lo construyó a todo em¬ peño en recuerdo de su amadísima es¬ posa, muerta poco después de la pri¬ mera piedra, solemnísimaraente puesta en 1611. Las fiestas finales, en 1616, fueron acaso lo más solemne de la vi¬ da madrileña de aquellos siglos. Fué y es convento de agustinas des¬ calzas, alma de cuya reforma de des¬ calcez, nacida en Castilla la Vieja tam¬ bién (como antes la carmelitica), era Sor Jesús María Ana de San José (na¬ ció en Alba, 1568 1628), la aquí tam¬ bién fundadora y priora, una "Santa Teresa de Jesús" en esta Orden, que tuvo a su vez en el Beato Orozco su 3 — 34 - "San Juan de la Cruz". Yace en la casa en olor de santidad. San Agustín dió regla en el siglo V a las vírgenes consagradas. Desde muchos siglos la siguen los canónigos y canonesas agus- tinianos (nunca representados en Ma¬ drid), y desde el siglo XIII, aparte otras Ordenes, la de los frailes y mon¬ jas agustinos (en el Madrid histórico, en San Felipe el Real y doña María de Aragón, colegio), y desde el 1600, la de los agustinos descalzos recoletos. El convento e iglesia son del arqui¬ tecto Juan Gómez de Mora segura¬ mente, uno de los escurialenses, el se¬ gundo de los sucesores de Herrera; parece sin excusa de razón la duda alu¬ siva a un desconocido trinitario des¬ calzo. De las notables labores de los años 1611 a 1616 es el convento y el templo, intacto éste al exterior; en la portada, en el noble compás, además de los escudos de la soberana, un nota¬ ble relieve de la Anunciación, mármol que puede atribuirse a Miguel Angel Leoni, el hijo y nieto y sucesor de Pompeyo y de León. El interior, que era severo y dórico de orden, fué admirable y nobilísima- mente por Ventura Rodrí¬ revestido guez los pintores y escultores neo¬ y clásicos del tiempo, con retablos nue¬ vos, y en ellos los tres lienzos princi- — Só¬ pales dos imágenes de los primitivos. y Ello sería en 1755 a 1767 y acaso en muchos después (1788), por empeño de la ilustre priora, Madre María Teresa de Jesús (profesa en 1756, aun prelada en 1788), autorizando el Rey Fernan¬ do VI la venta de propiedades (juros) para las lindas labores, y todo (conje- turalmente se tiene que creer) por con¬ sejo y sugestión de un capellán mayor Pignatelli, hermano del tan merecida¬ mente famoso canónigo de Zaragoza y académico de San Fernando. Es, con la armonía de lo clásico severo del 1600 y lo neoclásico del siglo XVIII, la más bella iglesia de la corte, sin faltar ni sobrar detalle. La nave los lienzos siguien¬ ostenta tes: dosizquierda: San Agustín y a el Niño que milagrosamente mues¬ tra el imposible humano de la penetra¬ ción del misterio de la Trinidad (el pozo en la arena de la playa), de Gre¬ gorio Ferro, y San Agustín dando a los necesitados los tesoros de la Igle¬ sia, de José Castillo; y dos a derecha: San Agustín mostrando la verdad or¬ todoxa contra los donatistas ante el tribunoMarcelino, delegado del empe¬ rador Honorio, en disputa por el santo solicitada, de Ginés Aguirre, y la Muerte de San Agustín, sitiada nipona por los vándalos de Gensericr., . — 36- = ' ■ ■ - de Francisco Ramos: los cuatro, he¬ chos como a competencia, similar y casi coetánea con la de los siete de San Francisco el Grande. . Los frescos de las bóvedas comple¬ tan el ciclo histórico; en la nave, por mano de Luis González Velazquez, San Ambrosio deteniendo al Empera¬ dor Teodosio (?), el Bautismo de San Agustín y su hijo y amigo por San Am¬ brosio, y el Sacrificio de Manoéh (??). En las pechinas, el Angel de la Guar- ■da y Miguel (izquierda) y Rafael y Ga¬ briel (derecha), los tres arcángeles "canónicos"; los cuatro restantes, so¬ bre los brazos del crucero, y en la cú¬ pula, una Gloria de Santos, y en ella San Agustín ante la Trinidad, de An¬ tonio González Velázquez. El fresco sobre el presbiterio, de San Agustín a la doble aparición del Crucificado y la Virgen Maria, de Francisco Bayeu. Los estucos del friso de la cúpula, con ni¬ ños, son de Francisco Gutiérrez ; los de las ventanas del crucero, de Isidro Carnicero; los medallones sobre las tri¬ bunas, de Antonio Primo ; las armas reales al interior del ingreso, de Ma¬ nuel Arévalo Pacheco. En los tres únicos retablos, son de Vicente Car- ducho, obras más nobles, aun¬ y sus que dejuventud, los lienzos de la su Anunciación (principal). San Felipe, -dir — apóstol (izquierda), y Santa Margarita, ^■¡rgeu y mártir (la del 20 de julio, (derecha). También de lo primitivo, las imágenes, bellamente policroraadas, de San Agustín y Santa Mònica su ma¬ dre, documentadas como de Juan Mu¬ ñoz, el de Valencia (año 1616), dis¬ cípulo de Gregorio. Fernández, el de Valladolid, a quien se atribuían. La eje¬ cución material la encargó a Juan Gon¬ zález. Lo arquitectónico está labrado en jaspes y mármoles riquísimos españo¬ les y en bronce dorado; excepcional el tabernáculo, obra maestra del arquitec¬ to. En éste, las estatuitas de los San¬ tos Doctores son de Isidro Carnicero, como el relieve del Salvador en la puer- tecita; las de los ángeles, de Manuel Al¬ varez. Las estatuas de ángeles del re¬ tablo de San Felipe son de Juan Pas¬ cual Mena, y las del de Santa Marga¬ rita, de Felipe de Castro. Bellos los Sagrarios, con Ruth y los Explorado¬ res de Canaán. En la antesacristía el modelo del re¬ tablo mayor, y en sacristía uno de los importantes lienzos y más típico de la escuela de Madrid (cuyo modelo en dibujo, que se modificó mucho, se guar¬ da en la Biblioteca Nacional), obra fir¬ mada por Bartolomé Román, del que se conservan otras en la casa. Acaso es única conocida representación, apro- 33 - piadísima para un vestuario de sacris¬ tía, de la parábola de los convidados a las bodas (cap. XXII del Evangelio de San Mateo, que lee la Iglesia el do¬ mingo XIX después de Pentecostés). En la cripta hay sepulcro de algún prelado de Santiago, al que, como ca¬ pellán mayor de Jos reyes de León, compete la jurisdicción del templo y el convento. Este ostenta invisibles rique¬ zas de arte. Fuentes de estudio. Es la capital in¬ formación histórica (y artística) el li¬ bro interesantísimo de Luis Muñoz "Vida de la V. M. Mariana de San José". íiladrid, 1645. [Signatura en la Biblioteca Nacional, 2/37.970.] Para las obras del siglo XVIII, el Ponz, to¬ mo V, año 1776, y el "Elogio de don Ventura Rodríguez", de Jove Llanos, de 1788. Análisis arquitectónico en el Otto Schubert. Noticia documental (la citada) en Pérez Pastor, tomo II. de "Noticias y Documentos" (1914), pᬠginas 147, 50, 54, 61. Copian copiosa¬ mente las fuentes : Capmany (con al¬ gún dato inédito), en el "Efemérides o Museo Histórico", tomo II, y la "Guía histórícodescriptiva de la Encarna¬ ... ción", de D. José García de Armesto, Madrid, 1616 (al III centenario de la Iglesia y con algunos datos más) ; las e.xtractan otros escritores. De la jnte- — 39 - resantísima clausura monacal, aparte Ponz (en la tercera, no en la primera edición), el estudio, E. Tormo: "Visi¬ tando lo no visitable. II. La clausura de la Encarnación", en el "Boletín de la Sociedad Española de Excursiones", tomo XXV (1917), y con "Apéndice..." en el mismo tomo. § 2. San Marcos, parroquia. plano de 1656 ya se llama calle En el de San Marcos a la hoy llamada de San Leonardo y donde se pintaba ya una ermita : hecha en 1632. La convirtió en parroquia filial de la de San Mar¬ tín el abadazgo benedictino exento de todo este Noroeste de Madrid a me¬ diados del siglo XVIII, labrando muy bello templo, no muy grande, recordán¬ dose y conmemorándose que el día de San Marcos (1707) se diera la batalla de Almansa, que afianzó en España a los Borbones. Es "parroquia"" des¬ de 1836. El arquitecto elegido, joven todavía (de treinta y dos años), fué don Ventura Rodríguez, ya clasícista, pero tadavía algo "rococ«", con gentileza graciosa y con el capricho de suprimir la línea recta, aun en la planta, formada con cinco elipses desiguales. Suya es toda la decoración, la total y la de re- — 40 — tablos,y aquí se le enterró (hoy reposa en la capilla de los arquitectos en San Sebastián). La fecha de las obras, de 1749 a 1753. Probablemente escogerla él los artistas, pintores y escultores;, al menos, todo armoniza en el conjunto. En 1925 (11 de mayo) un incendio des¬ truyó el retablo y la imagen del Cora¬ zón de Jesús, la más antigua y la más importante de todas las de Aladrid de esa invocación sobre : fotografia una la ha "copiado" ahora el escultor Fran¬ cisco Font. En los dos retablos primeros a iz¬ quierda y a derecha, imágenes de San Benito y de su hermana Santa Esco¬ lástica (notable la primera), de Juan Pascual Mena, y lienzos en lo alto de Luis González Velázquez. Del primero, la de San Marcos en el altar mayor y los dos ángeles a los lados, siendo los rentados en lo alto de Felipe de Cas¬ tro ; de Roberto Michel, los demás es¬ tucos de ese y de los otros dos retablos principales. Las pinturas murales (restauradas o, mejor, limpiadas por Manuel Arpe después del incendio), firmadas por Luis -González Velázquez, representan en las pechinas, seguramente, aunque no se haya sabido hasta ahora, a San Bernardo y a San Ildefonso, a la iz¬ quierda, y a la derecha, a San Ruperto - 41 Abad y a San Anselmo de Cantorbery, G sea a les cuatro doctores "marianos" de los benedictinos. De la misma mane¬ ra se ve que las pinturas de la cúpula representan ; la Predicación de San Marcos (a cabeza), la confirmación de su evangelio por su maestro San Pedro (a derecha), el intento de los paganos de Alejandría, milagrosamente fraca¬ sado (por tempestad) de quemarle una en pira su después del martirio cuerpo (a izquierda), y la citada batalla de Al- mansa (hacia los pies), con el duque de Berwick y de Liria, el antepasado de los de Alba, en blanco corcel. Ofrece novedad el Cristo yacente, imagen a la que se le ha arreglado la barba (antes de pelo natural), y el cua¬ dro de su fondo (San Juan, Dolorosa y Magdalena), antes invisible. Son imᬠgenes excelentes las principales y al¬ gunas pequeñas de varios de los altares. La restauración, discretísima, después del incendio y en sólo diez meses, se debe al párroco D. Paulino celo del Corrales. Arquitecto de ella, D. Fran¬ cisco García Navia. Coste, 76.500 pese¬ tas, ¡ de las que se deben todavía 24.000 ! En la sacristía, noble lienzo de los Evangelistas escribiendo, todos alrede¬ dor de una mesa. Fuentes de estudio. Ponz, "Viaje de España", tomo V, de 1776, y Jove Lla- - 42 - nos, "Elogio de don Ventura Rodrí¬ guez", del año 1788: escasos párrafos uno y otro. Los demás escritores los copian o extractan (Ceán y Llaguno- Ceán inclusive). Añade datos Eguren en el Madoz. Análisis arquitectónico (entusiasta), planta (curiosísima de ver así), y secciones en el Schubert, "Die Barock Art in Spanien", y la traducción castellana (Saturnino Calleja, 1924). § 3- San Andrés (parroquia). En el primer Apéndice, de 1202, al Fuero de Madrid, es ya una de las diez parroquias (la segunda en orden) den¬ tro de la población murada; pero aun conservamos testimonio más antiguo, en pocos o en muchos años, en la Vida de San Isidro (Santo de cronología algo indecisa, dudosísimas las supues¬ tas fechas 1082 a 1172, pero muerto en el siglo XII), que fué feligrés de la parroquia y cuyo cuerpo junto a ella fué enterrado. De ello trajo su mayor gloria. Ocupa el templo el lugar mismo de su origen, y sería acaso el de la mez¬ quita principal de la' "Almedina", al Sur de la barranquera de la calle de Segovia, junto a la mejor fortificación allí (la torre albarrana de la casa de los - 43 - Lassos de Castilla), mientras que al lado opuesto, cerca del Alcázar, en la "Almudena" misma, estaría la conver¬ tida en María, y muy cerca, en Santa racimo, otras cinco parroquias. Estuvo la iglesia (que sería medio mudéjar, medio gótica) orientada, y ahora está contraoríentada, desde el si¬ glo XVII. A los pies la que fuera ca¬ becera, ostenta todavía la bóveda gó¬ tica (i fines del siglo XV?) del presbi¬ terio medieval. A él, y su lado del evan¬ gelio, quiso adosarse la capilla del Obispo de Plasència, ahora indepen¬ diente y como del todo aislada. La parroquia venció canónicamente al Obispo, cual obligada guardiana del cuerpo de San Isidro, que rescató en el siglo XVI; pero solemnísimamente beatificado el santo labrador en 1619 y canonizado muy luego en 1622, hubo natural empeño en labrarle o nuevo templo (cerca), o gran capilla (al lado), o bien renovar la parroquia, dignifi¬ cándola adecuadamente para el sepul¬ cro del patrono de Madrid. No cabe aquí la historia de la alternativa de pro¬ yectos y los recursos y de las.obras. Los proyectos definitivos del arqui¬ tecto Pedro de la Torre no se iban rea¬ lizando (a pesar de una solemnidad de primera piedra en 1642) cuando en 1656 se arruinó el viejo templo. Mientras de 1657 a 69 se labraba, al fin, la capi¬ lla, tan magnífica en su barroquismo, por la junta especial, debió de recons¬ truirse la nave de la iglesia, a costa de su "fábrica", en estilo severo; y se ha¬ ría el sencillo campanario. El retablo mayor de ésta fué a cuenta de aqué¬ lla, y los dos buques, en algún modo equivalentes, se juntan en ángulo rec¬ to, con poca armonía y enlace artís¬ tico. Alingreso, puerta única a la nave parroquial, es de Manuel Pereira la estatua pétrea de San Andrés ; dentro, en el primer espacio, un pequeño se¬ pulcro a derecha (en alto) del niño José de Silva Salm-Salm, de la casa del Infantado, invención del arquitecto Pe¬ dro Arnal y labor del escultor Alonso Vergaz. En los altares de la nave, al¬ gunas imágenes curiosas, como (frente por frente) dos de santos mercenarios ; la de Santa Florentina, acaso de Pa¬ blo González Velázquez. En capilla os¬ cura y en la diminuta sacristía, algu¬ nos lienzos curiosos. Encima de ésta, una tribuna, reproducción de la que tuvo el viejo templo, con paso alto (a través de la calle) desde la casa de los Lassos de Castilla,—que fué donde ha¬ bitaban en Madrid los Reyes Católicos, y Cisneros y Adriano VI (antes de ser — 45 - Papa) cuando conjuntamente ejercían laregencia ambos. En el poste a derecha del altar ma¬ yor, es de Juan Pascual Mena la es¬ cultura de Santa María de la Cabeza. Las del retablo mayor son de Pereira, singularmente hermoso el San Pedro de Alcántara y aun la Santa Teresa de Jesús. Lo arquitectónico del mismo es proyecto de Alonso Cano, pero redu¬ cido y transformado, pues se había di¬ bujado (hoy en la Biblioteca Nacional) para retablo más importante, que con¬ tuviera, además de San Andrés, como titular, la misma arca de San Isidro. La capilla, creída al edificarse como una maravilla, es interesantísima y muy bella en magnificencia y policro¬ su mia, significando en su fecha el ins¬ tante y ocasión del triunfo del barroco en el arte de la corte, después de sus avances en Sevilla, y la base de su afir¬ mación en América, donde había de constituir el gran arte colonial. Se construyó, no sólo a costa de Madrid y de la Corte, sino de las ciudades to¬ das de la corona de Castilla y de los virreinatos de América. La realización de los planes de Torre (triunfantes en 1642 sobre los de Gómez Mora, de 1629, y otros también de distin¬ guidos arquitectos) se fueron realizan¬ do por José de Villarreal (al que co- — 4(3 - rresponderá lo todavía severo de las partes bajas), Juan Beloso y Sebastián de Herrera Barnuevo, secuaz de Alon¬ so Cano (del que sólo se puede reco¬ nocer de estilo personal el baldaquino del altar). Se usaron en las obras már¬ moles y jaspes. El modelo, que seria de bulto, lo labró previamente el capu¬ chino Fray Diego de Madrid. (1657). La idea misma del baldaquino debió de sugerirla el jesuíta hermano Fran¬ cisco Bautista, y él y el recoleto Fray Lorenzo de San Nicolás, la de la cú¬ pula sobre "encamonado", es decir, de oculta armadura de madera, recurso madrileñisimo que ellos inventaron, y merced al cual, aminorándose las pre¬ siones o empujes laterales, se hizo aquí posible la extraordinaria gallardia del conjunto al exterior y al interior. Además del gran arco de enlace con la iglesia (excesivo, y al fin sin una gran verja), tiene la capilla cuatro puertas, discurridas para la circulación del gen¬ tío devoto en las grandes solemnidades, alrededor y por dentro del monumento. Carlos III. un siglo justo después de la obra, arrebató el arca de plata del San¬ to para la iglesia de los expulsos jesuí¬ tas, hoy la Catedral. La aiitecapilla tiene lienzos a izquier¬ da, de Francisco Ricci (de 1666), San Isidro en el milagro del pozo y en la — 47 — batalla de las Navas, y a derecha, de Juan Carreño, de la fuente de San Isi¬ dro y del cuerpo del Santo reconocido por el de su misterioso conductor por el vencedor de las Navas, Alfonso VIII. Los angelotes de las cornisas son de Eugenio Guerra. Los adornos de esca¬ yola de ambas piezas los labraron los' flamencos Carlos Blondel y Francisco de la Viña. En uno de los dos altares postizos, qüe son de la Esclavitud, el Crucifijo de las Injurias, notable, acaso el de Juan Ron o el de Raimundo Ca¬ puz. El baldaquino lo realizó Juan Lo¬ bera: en él simplificóse algo el primer proyecto, que dibujó Herrera Barnuevo (en la Biblioteca Nacional). Las ocho alegorías de Virtudes, en alto, las hizo Juan Sánchez; los ángeles, Asensio del Alto, y la Fe de la cúspide y ángeles inmediatos, Eugenio Guerra. Carlos III llevóse también las estatuas de las hor¬ nacinas: sus letreros subsistentes no corresponden, por tanto, a las imáge¬ nes aqui traídas de varios conventos en su tardía sustitución, de las que es in¬ teresante alguna que otra. Los diez lienzos de la Vida de la Virgen son de Francisco Caro, discípulo de Alonso Cano. De Alonso del Arco serán los tres restantes. La imagen de San Isi¬ dro, puesta donde estuvo el arca de sus - 48 - reliquias, ia encargó Carlos III a Isidro Carnicero. En el exterior de tanmagnífico efec¬ to arquitectónico de la capilla, es la de Pereira la estatua de San Isidro de¬ vuelta de la Catedral, la de la Virgen, y imitada de Alonso Cano (al E.). Las dieciséis de la cúpula (apostolado, Jesús y tres Padres de la Iglesia) son de Juan Cantón. Fuentes de información. De antiguo, en las "Vidas" (ii8.', 120.°, 168.°, 172.°, 148.°, 186.' y 195."), de Palomino. La documentación, de cuentas, de la Ca¬ pilla de San Isidro, en una parte (hoy extraviada), fué resumida por Llaguno (en capítulos LXI y LXII), y en la parte conservada en el Ayuntamiento (actas de la Junta), ofrecida confu¬ samente por Ciria en artículos de "La Semana Católica" de mayo y junio de 1897, y mejor y con textos, por trabajo universitario de Macho Ortega (Archi¬ vos de la Facultad), publicado en ex¬ tracto en el "Boletín de la Sociedad Es¬ pañola de Excursiones" de 1918. Sobre tales elementos y alguna corrección y más estudio, dos informes académicos, ambos de Tormo, en la Academia de San Fernando, "Boletín" 1925, y dis¬ tinto, mucho más abreviado, en la de la Historia, "Boletín" (y tirada aparte, con cinco bellos grabados), 1926. Ponz, — 49 — Ceán, Madoz y otros, casi sólo tenían repeticiones; el estudio, entusiasta, de Otto Schubert "Historia del Arte ba¬ rroco enEspaña" (edición española, 1924), conplantas y vistas, desconoce los más de los datos documentales, así como los dibujos de la Biblioteca Na¬ cional. Lampérez mismo, "Boletín de la Sociedad Española de Excursio¬ nes", 1898-99, olvidóse del Llaguno sólo atentó al Ciria. §4- Capilla del Obispo (de Plasència). "¡Averigüelo Vargas!" es frase co¬ rriente que hace más de cuatro siglos repetia Isabel la Católica en los casos peliagudos, refiriéndosé a un su conse¬ jero, D. Francisco de Vargas, de la es¬ tirpe de los Vargas "amos" de San Isi¬ dro Labrador en el siglo XII. Era de otros de los unos u Vargas toda la gran manzana de casas donde está la parroquia de San Andrés, y D. Fran¬ cisco (que comenzó su capilla en 1520) tenía la suya al Norte, sobre la plaza de la paja y la cuesta de San Andrés: el solar que se destinó para gran capi¬ lla (acabada en 1535), dependencias, et¬ cétera, el hijo de D. Francisco y por Obispo de Plasència, D. Gutierre de Carvajal y Vargas fissó). Aspiraba, y 4 -so¬ lo logró sólo temporalmente (1535-55),. a en la capilla que "reedificaba", tener como adjunta al presbiterio primitivo de la parroquia de San Andrés, el cuer¬ po del Santo. Vencido el empeño de los Vargas, quedó sin él y casi sin comu¬ nicación (ahora cerrada) con la parro¬ quia, enriquecida con indultos pontifi¬ cios en cambio. A fines del siglo XIX el patronazgo familiar cedió el uso de la capilla y la mansión al primero de los Círculos Católicos de Obreros de Madrid y a la Junta organizadora de todos ellos. Entonces la capilla, que a consecuencia del terremoto de 1755 ha¬ bía sufrido daños y obras postizas, se restauró cuidadosa y demasiado siste¬ máticamente, con notables excesos, y a cambio de enajenar retablos laterales platerescos y algunas otras curiosida¬ des (estatuas de la cornisa). El muy bello rincón de sus dos fa¬ chadas ennoblece la plaza (hoy "del Marqués de Comillas"); interesante la galería alta y las cornisas; los hierros de rejas y balcones son muy recientes. Sobre la escalinata, batientes de puer¬ tas con niuy bellas labores, todo del es¬ tilo plateresco o del reinado de Car¬ los V, como todo; éstas, con cabezas de Santos y la Anunciación, Oración del Huerto y Sacrificio de Isaac. El — 51 - claustrillo, sencillo, se convirtió en fea salón de actos. Los batientes de las puertas de la ca¬ pilla de los más hermosos de Es¬ son paña en el arte plateresco, en sus par¬ tidos de decoración y en la escultura en talla de la misma: arriba, Adán y Eva arrojados del Paraíso; en lo bajo, la batalla contra los amalecitas, con Moisés orando en el monte, y la de Josué contra los gabaonitas, la pa¬ rada del Sol y los cinco reyes colgados después de la victoria (Josué, XX). Se puede atribuir toda la obra a Francis¬ co de Villalpando. El interior de la magnífica capilla es de altas y complicadas nervaduras gó¬ ticas ; a cargo de la restauración (dé los arquitectos Olavarría y García Que- reta, por el Obispo Cos, en 1895), el pintado, dorado... y toda la tribuna, vidriera (dibujo de A. Mélida), etc. Pe¬ ro la notable bóveda de la tribuna es antigua. A derecha, el excesivamente magni¬ fico y complicado sepulcro del Obispo fundador, con su estatua orante y las de sus familiares, siendo el principal de los tres el capellán mayor Barragán. Además, alegorías, niños de coro, re¬ lieve de la Oración del Huerto y mil gentilezas del plateresco más rico y es¬ pléndido. Labrado todo en alabastro. — 52 - como lossiguientes, por escultor-des- conocido, que puede ser el mismo au¬ tor del retablo, Francisco Giralte. Los sepulcros del padre, D. Fran¬ cisco de Vargas (f 1523), y de la ma¬ dre, doña Inés de Carvajal (f 1518), a los lados del presbiterio, son del mismo autor, igualmente ricos y primorosos, y de mayor gentileza, por su más deli¬ cada unidad arquitectónica y de toda la composición, también con las esta¬ tuas orantes. De los tres sepulcros fal¬ ta documentación (habiéndola de otros muy posteriores, 1594, que no se llega¬ ron a labrar en realidad). Se hicieron en vida del Obispo. El retablo (... 1551 ...) es uno de los más bellos y grandiosos del Rena¬ cimiento español, todo escultórico y arquitectónico : madera, pero dorado en y estofado admirablemente. La poli¬ cromía la puso Juan de Villoldo el Mo¬ zo, quien lo contrató enteramente, pero que dió, al parecer (?), la labor escul¬ tórica a Francisco Giralte, de Falencia, el que había sido más principal entre los. colaboradores de Alonso Berru- guete enlas tareas toledanas del Maes¬ tro y el de más fama. Giralte y Villal¬ pando le salieron fiadores a Villoldo en los tratos con la capilla. Las escenas principales son de Epifania, Virgen de piedad y Anunciación, en el primer — 53 — cuerpo (lo que mejor se goza); de Cir¬ cuncisión, Azotes y Santo Entierro; de Cruz a cuestas, Navidad y la Crucifi¬ xión, y del Calvario, en lo alto, con el Padre Eterno. Además un Apostolado completo ySantos, y todos los otros lindos y primorosos y lozanos capri¬ chos del plateresco. A la derecha entrando, en retablo, San Francisco de Asís y ángeles, pin¬ tura de Eugenio Caxés. A la izquierda, un trágico y fuerte Crucifijo, junto al paso a las piezas de la casa. En éstas hay techumbres de armadura, puertas y otros detalles de la época plateresca. Del pintor Juan de Villoldo guarda la capilla enormes sargazos, lienzos "de anjeo", pintados con Juicio final y veinticuatro escenas más al claro-oscu¬ ro (descripción en Ceán) para la cubri¬ ción del retablo, paredes y techos en las semanas mayores. Se hacían para cubrir la desnudez, antes que el reta¬ blo y sepulcros, en 1547- 48. Fuentes de estudio: Aparte noticia errónea en Palomino, la información única en Ponz, "Viaje", V, por estudio y por extractos que le comunicaron del hoy extraviado archivo, que se apro¬ vecharon con algún mayor detalle por Ceán (en las biografías de los mismos artistas citados por Ponz). Los demás - 54 — escritores extractan o repiten. A la fe¬ cha de la restauración se publicó por D. Francisco Belda, hoy marqués de Cabra, una breve Memoria histórica, reflejada en articulo de Lampérez en el "Boletín de la Sociedad Española de Excursiones", año VI (1898-99). §5. San Pedro el Real. La parroquialidad la tenia ya en el siglo Xíl (consta y en el tercer lugar en Apéndice al Fuero de Madrid, el de 1202), única, además de la de San Andrés, al Sur de la barranquera de la hoy calle de Segovia. Un documento de 1512 fija, sin embargo, la prueba de haber estado primero San Pedro "el Viejo" en otro lugar, a saber, y cerquí- sima: en la plazuela de Puerta Cerra¬ da, entre Cava Baja y Nuncio. Es ve¬ rosímil la especie legendaria de la pe¬ drea entre niños moros y cristianos, que en el siglo XIV (acaso bajo Al¬ fonso XI) baria perderse una parte in¬ terior de "la Moreria" y una mezquita, donde se labraría el actual San Pedro de la calle del Nuncio, diciéndose que por Alfonso XI y en recuerdo de la toma de Algeciras (134S). Puede ser del siglo XIV la torre mu- déjar, tan única en Madrid ; pero la - 55 — tan legendaria medieval está campana sustituida por una grande de 1801. A los pies, junto a ella, portadita del Re¬ nacimiento, acaso por 1525 (?). Toda¬ vía del siglo XV, la cabecera nervada, gótica, de una de las naves, la de la epístola, y en la portadita, al Sur, los únicos escudos reales madrileños ante¬ riores a los Reyes Católicos. La cabecera principal y las tres mo¬ destas naves obedecen a una casi total reconstrucción, que parece probable sea de la primera mitad del siglo XVII, en decoración severa y no mucha altura. En el presbiterio, el retablo, del es¬ tilo de José Churriguera, grandiosote, tiene dos estatuas de Manuel Gutié¬ rrez,el imaginero del siglo XVII : San Pablo y San Mateo. El lienzo, copia de Güido Reni : Crucifixión de San Pedro. En las naves,retablos con algunas pinturas curiosas, como las cuatro en retablo del siglo XVIII, a los pies, a izquierda, y también algunas estatui- tas ; estilo de Gregorio Fernández, la Inmaculadita. A la cabecera de la nave izquierda, gran capillón, que fundó el general de la Armada de Felipe II D. Francisco de Luxán. El bulto sepulcral orante, en alabastro, de su hermano el Obispo de Mondoñedo Fray Antonio de Lu¬ xán, ya muchos años arrinconado en — 56 — subterráneo y del todo olvidado, ahora estudiado (en un trastero), va a ser devuelto a la vista: es de bellas labo¬ res, sobre todo en las figuras de san¬ tos de la capa pluvial, pues las de la cabeza están algo destrozadas. Sub¬ sisten en la capilla imágenes de los Apóstoles, San Pedro sedente, San Pa¬ blo y San Andrés, del 1600. A izquier¬ da, en retablo trasladado, gran lienzo de Antonio Palomino: la Sagrada Fa¬ milia. Es típica la sacristía. La parroquialidad "de San Pedro" cambió de asiento y de feligresía desde fines del siglo XIX: hoy está en la Pa¬ loma. Filial en algún modo de la iglesia fué la famosa Cofradía de Presbíteros naturales de Madrid, que pasaron a te¬ ner templohospital aparte, en otro y tiempo en la calle de la Torrecilla del Leal. En lo que va de siglo, el nuevo "San Pedro de los Naturales" está en la parte extrema de la calle de San Bernardo, allí aposenta además a la y nueva parroquia de los Dolores. Mien¬ tras tanto, "San Pedro el Real" es sim¬ ple ayuda de la nueva parroquia del Buen Consejo. Fuentes de estudio: Escasas. Leyen¬ das en los historiadores de Madrid; datos de obras de arte (en parte per¬ didas) en los biógrafos de artistas :, Pa- — 57 — lomino ("Vidas", i68.', 171.°, i76.*...), y, tras del "Viaje", de Ponz, Ceán (a los nombres de los pintores y esculto¬ res citados Ponz). Resumen de por casi todo ello, en Capmany, "Efeméri¬ des o Museo histórico", tomo I, págR nas 588 y 597 a 601. § 6. San Cayetano (hoy San Millán, parroquia). Como en París, no se establecieron los teatinos en Madrid hasta el año 1644, con ser los clérigos regulares más an¬ tiguos, fundados en 1524 por San Ca¬ yetano de Tiene, y por Caraffa, que lle¬ gó a ser Papa con el nombre de Pau¬ lo IV. En Italia, confusamente, se lla¬ maron teatinos a otros clérigos regu¬ lares. Fueron de creación posterior los jesuítas, oratorianos, menores, camilos, escolapios, paúles, redentoristas, de to¬ dos los cuales hubo o hay casas en Madrid. Los teatinos tenían por misión la acción reformadora sobre el clero y la sociedad, sobre todo por la virtud del ejemplo. Confiados a la Providen¬ cia, eran pobres y no podían pedir; en los mayores apuros de hambre tañían una campana tan sólo. Lograban en Madrid grandes protec¬ tores y gran popularidad de barrio por — 58 — sus extraordinarias limosnas, y trata¬ ron de construir el que, aun incom¬ pleto, es el más grandioso templo de Madrid, edificado donde antigua er¬ mita de la Virgen del Favor y San Marcos (de 1612). La extensión del solar agrandaba en 1689, y tam¬ se bién en ignorándose el comienzo 1723, de las obras, antes de 1700. Terminóse el templo hoy subsistente, solemnemen¬ te inaugurado, en 1761. Pero a los pies se ven sepulturas ya de 1737 y 1745, y los bellos herrajes del ingreso los firma en 1730 el herrero Juan Antonio Gon¬ zález. En 1774 la princesa esposa del fu¬ turo Carlos IV hizo voto, si le nacía varón (y nació infanta), de pagar la ampliación grandiosa, de la que iba a encargar al arquitecto Villanueva (aca¬ so Diego, el mayor, malogrado luego). Pero lo construido, por José Churri- guerra(f 1727), Pedro Ribera (t 1724) y un tercer arquitecto que no sabemos quién fué, acaso Moradillo, ofrece, aun viéndose lo provisional de su cierre de cabecera, una admirable planta, que se sospechó traída de Roma, acaso sin razón, y que es de extraña contextura bizantina, extremadamente personal y lógica: en cuadrado, con cinco cúpulas, pero en aspa las cuatro secundarias, cuando los brazos de la cruz griega. — 59 - mucho más altos que ellas, son de la acostumbrada bóveda cilindrica, con lunetos puntiagudos, gallardeando mu¬ cho la gran cúpula central. Cree el se¬ ñor Gutiérrez Moreno que acaso se pensó en cuatro, en vez de las dos to¬ rres que tiene, y en presbiterio muy hondo. Como la planta hubiera consen¬ tido acaso otro reparto de cúpulas y bóvedas, no se sabe a quién atribuir la singularidad feliz. Las conocidas ge¬ nialidades de carácter de Churriguera no son para hacer pensar en una su¬ misión a plano que le fuera impuesto, y lo probable es que sea suyo y su obra maestra, como suya es la portada, cu¬ yas esculturas de Pedro Alonso de son los Ríos ("¡"en 1700). De Ribera nada se ve en la bella decoración del interior, posterior, seguramente, a su muerte; es obra fina y bellisima, de detalle armó¬ nico, e influida por el "rococo" y por la relativa severidad de la escuela del Real Palacio, al menos en las cuatro cúpu¬ las de ángulo, y aun en la cruz y gran cúpula, éstas de tradición artística más madrileña, pero de gusto ya depurado. La luminosidad es la nota todavía más seductora en el conjunto. El Patronato del Rey en el gran tem¬ plo lo ejercitaba el Real Consejo de Hacienda. Rivalizaban las señoras Gran¬ des de España en proteger la casa (mu- — Bo¬ chas de ellas llamaban "Cayetanas" se de segundo nombre de pila), cuando en 1822 se decretó por el Gobierno liberal doceañista mandar los religiosos a Za¬ ragoza, donde otra iglesia de teatinos, Santa Isabel, de casa más importante, repite la planta de la madrileña. Fer¬ nando VII, al año, en la reacción, dió ésta provisionalmente a los gilitos fran¬ ciscanos, mientras les construía magno convento en la plaza de San Marcial. Expulsados 1836 todos los frailes, en solamente en 1869 se trasladó a San Cayetano, provisionalmente iglesia fi¬ lial, la parroquialidad de San Millán, y con ella el retablo mayor de la enton¬ ces derribada parroquia (a la plaza de la Cebada). El cual es obra maestra del Arte del siglo XVIII (promedio, de antes de 1776), de arquitecto desconocido, del fin del barroco y con muy notables es¬ culturas de Roberto Michel (Isaías y David, Moisés y Elias), medallón de San Millán "matamoros" (batalla de Simancas y "voto de San Millán", co¬ mo el "de Santiago"), que será de Juan P. Mena, estando en San Andrés el Crucifijo de Ron Capuz, por estar o allí la Esclavitud de "las Injurias" que costeó para'él el retablo; sustituyele la Virgen del convento de la Merced. En los lados del presbiterio, re- — 61 — gias tribunas (del Consejo de Hacien¬ da) y pinturas que, como las puestas a los pies de la iglesia, son de la de¬ coración en San Millán del presbiterio, o sea de la dicha Esclavitud, relatán¬ dose, popularizada por modesto artista, la historia madrileña del Cristo de las Injurias. Además, al circuito del templo, un número extraordinario de retablos de diversa procedencia variedad de es¬ y tilo, de los siglos XVIII y XIX. Son de artistas conocidos las imágenes si¬ guientes (de izquierda a derecha) : de Luis Salvador Carmona, la Divina Pas¬ tora (de los gilitos) ; de Salvador Pᬠramo, el San Ramón; de Francisco de P. Mendoza, los cuadros de los Sagra¬ dos Corazones; de Pedro Alonso de los Ríos (?), el San Andrés Avelino, hoy Beato Marinoni, aislado en el áb¬ side de la izquierda; de Sánchez Ara- ciel, la copia del Prendimiento, de Sal- zillo, donación de D. Eugenio Alon¬ so ; de Páramo, el grupo la Virgen de la Saleta y la Virgen del Carmen pequeña. Las pechinas fueron pintadas por Luis González Velázquez con tea- tinos (San Andrés Avelino, San Caye¬ tano, Paulo V, Caraffa y el Beato Ma¬ rinoni). Entre las obras anónimas, las de más interés son la Inmaculada "de Piedad", en busto; el retablo tras del - 62 — Prendimiento (Madonna, pintura, y es¬ cultura de Patriarca), la imagen de un San Millán, la Virgen de Angustias, y delante el busto de "Ecce-Homo", con las imágenes de los teatinos Beatos Arezzo y Tomassi, todo en la nave de¬ recha, y el Cristo del pilar (izquierda), que es de cartón, procesional. Se desconocen cuáles sean las escul¬ turas hechas porApezteguía y los re¬ tablos encargados por el Prepósito Ruiz, probablemente los dos centra¬ les de los cruceros y los de San Caye¬ tano y San Millán, también frente por frente. En la sacristía, típica, gran Cena, re¬ tablo de San Millán "matamoros", aca¬ so de Ruiz de la Iglesia, y ático de San¬ tos Justo y Pástor, y Virgen de Desam¬ parados, pinturas interesantes, y frag¬ mentos "rococos" de un gran Relica¬ rio. En dependencia, lienzo de Naza¬ reno y Verónica, no el de Antonio Cas¬ tillo (?). Fuentes de información.Recogidas y algún dato documental, raros, por los alumnos Olbés y Gavira (Archivos de la Facultad de Letras: Memorias que se publicaron en el "Boletín de Exc." y del "Archivo de Madrid"). Son ya in¬ útiles (perdidas las obras) las noticias de Palomino ("Vidas" 93.°, 98.', 122.°, y negativa 200.°), reduciéndose a casi na- - 63 - da lo dicho por Ponz (incluso en San Millán) y repetido por Ceán y Llaguno- Ceán y por Ossorio Bernard. Las notas históricas de los analistas de Madrid las recogió, con bastantes anécdotas nue¬ vas, Capmany en "Efemérides. Museo Histórico", II, 140-43. Análisis arqui¬ tectónico, sin plano esta vez ni dibu¬ jos, por Schubert (pág. 207 de la edi¬ ción española). De Páramo y de Hie¬ rros, Memorias de los alumnos Cariazo y García Bellido (Archivo de la Facul¬ tad), ya publicadas en la revista "Arte Español" (1926 y 1925). § 7- Santa Catalina de Sena. Segunda de las Comunidades de do¬ minicas de Madrid, ocupa su ya cuarto emplazamiento : el primero (aun eran beatas), fundación de doña Catalina Téllez, en 1510, estuvo por donde ahora el teatro Real; el segundo, en 1574, por los Mostenses (profesando ya monjas) ; el tercero, en 1610, llevadas definitiva¬ mente por el privado duque de Lerma a la manzana de sus casas, con otras Comunidades, ypuente sobre la por desembocadura de la calle del Prado, aprovechando para ellas vieja iglesia del hospital general al alto de la plaza de las Cortes (por eso hay detrás, toda- — (4 — vía, la "calle de Santa Catalina") ; y el cuarto, por su sucesor, duque deun Medinaceli, dándoles, ya entrado el si¬ glo XIX, al haberles derribado los franceses convento e iglesia, una nun¬ ca explicada noble mansión, ya cons¬ truida en 1752, entre la calle de Emba¬ jadores y la del Amparo (donde se ve la fecha), haciéndose dentro, y de un gran salón, modesta iglesia. En ésta es sólo interesante el reta¬ blo dado por los Lermas, algo incom¬ pleto, con bellas imágenes de la Vir¬ gen del Rosario, Santas Catalina de Sena, Inés de Montepulciano (?) y Ro¬ sa de Lima, y Santos Jacinto y Vicente Ferrer .(todos dominicos), obras atri- buibles al taller de Manuel Pereira, co¬ mo el Crucifijo seria del mismo (en que altar colateral a izquierda), igual de si¬ lueta y tipo que el de Lozoya en Se¬ govia, que es de la misma escuela y no de Alonso Cano. De Manuel Virués (n. 1700 ;-f- 1758) eran(Ceán) las imágenes de Santo Do¬ mingo de Guzmán y Santa Catalina de Sena, no las subsistentes. Antigua, una devota pequeña (medio metro) de la virgen de la Luz. Fuentes de información. Reducidas a breves palabras de los historiadores y analistas de Madrid... Alvarez Baena, - 65 - ... Ponz. Plano de la mansión, todavía sin historia, en el de Madrid de 1849. §8. San Fernando (Escuelas Pías). Con ser español su fundador San José de Calasanz, los clérigos regu¬ lares escolapios pusieron muy tarde su pie en Madrid, en el siglo XVIII, pero con merecida popularidad y bienhecho¬ res poderosos, .lograda por su celo por la extensión de la enseñanza popular. A poco tiempo tenían dos casas, las únicas de religiosos (como por toda España) sistemáticamente respetadas por los Gobiernos y por las leyes revo¬ lucionarias, La de San Fernando (1729) precedió algunos años a la de San An¬ tón, y ambas se situaron junto a los dos barrios del Avapiés y del Barqui¬ llo : los entonces populares por exce¬ lencia, los de "chisperos" y "mano- Ios". precedente de pequeña igle¬ Con el sia del Pilar(de aragoneses), la iglesia nueva del Colegio del Mesón de Pare¬ des fué gran empeño de los Padres y sus bienhechores, realizado, de 1763 a 1791, por un arquitecto escolapio, el hermano Gabriel Escribano, murciano, que, tendiendo al neoclásico, usó de li- libertad aun en los detalles (capiteles a lo Hermano Bautista), y singularmente a — 66 — en la planta, curiosamente formada por una (aunque se pensó en tres, nave creo que por el arquitecto de los pla¬ nos primeros, Carlos Valcárcel), cual anteiglesia a los pies, y una rotonda más amplia y con alto ático y elevada cúpula a la cabecera, cuya luminosidad y amplitud se acentúan vista desde la primera pieza. El interés mayor lo ofrece la serie de los retablos y sus esculturas, todas labradas a la vez, y poniendo como en competencia a los escultores de Madrid y aun de Valencia y Cataluña. Ello, tras de un curioso, relacionado suceso con la el siglo XVIII internacio¬ en nal disputa acerca de la superioridad de la Escultura o de la Pintura, cual fué el acuerdo de los escolapios en 1789 de que todo fueran imágenes : la excep¬ ción única en pintura, y por voluntad del Rey donador del retablo mayor, es el lienzo de Ramón Bayeu. También es curioso que fuera echa¬ da a la suerte en Palacio, solemnemen¬ te (en 1791), cuál de los tres Santos de la devoción de los Borbones de España, él pintados ante la Virgen en del Pilar, había de figurar en el centro y como titulár de la iglesia y colegio. Re¬ sultó favorecido San Fernando sobre San Luis y San Carlos. Sólo, con ésta, hay pinturas, de Mariano Sánchez, en — 67 - los altos(los cuatro Santos Padres "la¬ tinos" y los cuatro españoles), y pare¬ ce de Vicente López la del tornavoz del pulpito. Los escultores llamados a labrar las imágenes de los altares fueron : unos, de siempre conocidos, como Alonso Vergaz, murciano; Juan Adán, arago¬ nés, de Tarazona; José Esteve Bonet, el más famoso de los valencianos de entonces; José Piquer y Francisco Ló¬ pez, valencianos también; Julián San Martín, burgalés, y José Guerra, cas¬ tellano; pero otros, casi igualmente dignos de recordación, no nos son co¬ nocidos todavía sino por las obras y documentos de esta iglesia: el galle¬ go José Rodríguez, alias "Sócrates": Francisco Amich, catalán (?), y Pablo Cerdá, valenciano. De izquierda (entrando) a derecha (saliendo), las imágenes son las si¬ guientes: Beato Pompilio (en pedes¬ tal), de Salv. Páramo (en 1890 firmada, pero no acabada a su muerte) ; Santa Bárbara, de Rodríguez; Virgen de las Escuelas Pías, de Vergaz, y Santos Joa¬ quín y Ana, de Esteve; San José, de Adán; San Juan Nepomuceno, de Es¬ teve. En el retablo mayor (además de la pintura), San Pedro y San Pablo, de Francisco López, y Crucifijo, Dolorosa - Ü8 — y Evangelista, de Amich. En los án¬ gulos, cuatro ángeles de Vergaz. Vir¬ gen de Piedad, de Adán ; San Nicolás, de Esteve; el Bautista, más antigua, de Pereira (Ceán), pero restaurada en¬ tonces; San Antonio de Padua, de Cer¬ dà; San José de Calasanz, de Vergaz, y Angel de la Guarda y Santa Casilda, de San Martín, y San Ignacio de Lo¬ yola, de Vergaz. De éste, los ángeles (estuco) del escudo. De Amich, los de los dos retablosprincipales de la ante¬ capilla. La policromía de las imágenes la dieron Jacinto Amich (a las de Fran¬ cisco Amich, de Rodríguez y de Pe¬ reira), Manuel Crespo (a todas las de Vergaz), Roberto Albors (a las de Es¬ teve y de Cerdá) y José Maea (a las de Piquer) : los tres primeros, desconoci¬ dos, salvo por estos datos. En la cripta y sacristía, varias pintu¬ ras y esculturas interesantes; el Cruci¬ fijo grande es imagen de José Guerra. Son piezas, como gran parte del Cole¬ gio, del propio arquitecto Hermano Gabriel Escribano. Fuentes de información. Impresas, y son las más circunstanciadas y deta¬ lladas que se conocen respecto a mo¬ numento alguno de España, por basar¬ se en libros de cuentas minuciosísimas. Primeramente, con muy curiosas diser- - 69 — taciones arquitectónicas y vocabulario al caso,publicó en 1791 (Sancha), anó¬ nimo, el muy docto P. Luis Mínguez, una "Descripción sencilla del nuevo templo..." Pero el'P. Francisco Vesga, en 1919, en sus "Noticias breves y cu¬ riosas de su iglesia", ha añadido a lo que de Mínguez tomaba un número considerable de aprovechamientos más detallados de los documentos. Alguna parte de Mínguez ya la aprovechó Ponz en nota de sola la tercera edición del tomo V de su "Viaje". En las tres, no¬ ticias de esculturas no conservadas (al parecer) de Juan P. Mena. Algún dato inesperado en Diaz Cassou, comentado atinadamente por Saquero, "Catálogo de los profesores murcianos", 1913. § 9- Capilla del Cristo de los Dolores, de la V. O. T. Creados los franciscanos y las clari¬ sas, quiso San Francisco de Asís ex¬ tender a los seglares la vida de peni¬ tencia, y creó, se supone que en el año 1222, la "Tercera Orden", reci¬ biendo primeramente en ella al Beato Luchesio y a su esposa la Venerable Bona. Junto a los conventos de "me¬ nores" vino a haber siempre una Ve¬ nerable Orden Tercera franciscana, y — To¬ siendo en Madrid el mayor de los de sus frailes el de San Francisco "el Grande", mayor importancia tuvo su Tercera Orden desde hace muchos si¬ glos, hoy día con unos diez mil her¬ manos cofrades. Desde 1617 quisieron tener otra capi¬ lla especial, aislada de las del templo conventual, todavía entonces el medie¬ val. En 1623, por nuevas adquisiciones, cedidas también por los frailes (el local del Comisariato franciscano de Indias), y en 1638 y 1662 redondearon el solar de la actual "capilla", número i de la calle de San Buenaventura, que, por fortuna, quedó en buen enlace con el nuevo San Francisco el Grande, al re¬ construirse éste totalmente en el si¬ glo XVIII, y con el los pór¬ paso por ticos de una de las galerías laterales del mismo, de las construidas enton¬ ces por Sabatini. La capilla, verdadero templo inde¬ pendiente, es la más típica iglesia en Madrid y la más sencillamente bella de las del reinado de Felipe IV, por su ar¬ quitectura y por su decoración, dentro del arte prebarroco o, mejor, proto- barroco. Fué su arquitecto el jesuíta hermano Francisco Bautista, murcia¬ no, y su creación más personal, con se¬ vera gracia en el juego y detalle de las bóvedas y la variedad armónica de las — 71 — consabidas de cañón con Innatos pi¬ cudos (nave), cúpula y pechinas (cru¬ cero) y bóveda baida (presbiterio). La construcción se realizó esta vez en vida y a la vista del arquitecto, en los años desde 1662, por el alarife Mar¬ cos López (fiador, su colega Andrés Simón), y firmando los planos, con el jesuíta, el colega suyo y pintor y es¬ cultor Sebastián de Herrera Barnuevo. La Hermandad impuso a López la co¬ laboración de Luis Román, que, con Juan Delgado, fueran sus concursan- 'tes. A Marcos sucedió en la obra Ma¬ teo López, acaso hijo La cerra¬ suyo. jería parece que se acabó de labrar en 1665, por Mateo López (?) y Mateo Páez. Del mismo hermano Bautista fué también el proyecto del baldaquino del altar mayor, sobre jaspes, en madera, bello y jugoso de composición, y aún todavía clásico en sus elementos ar¬ quitectónicos. Este templete lo realizó en 1664 el carpintero "de lo blanco" Juan Ursularre Echevarría. La obra de estos mármoles y jaspes, de Baltasar González mismo e Ignacio de Tapia, fué justipreciada por los dos famosos arquitectos el recoleto Fray Lorenzo de San Nicolás y Sebastián Herrera Barnuevo, asistiendp éste a Juan Ruiz de Heredia. — 72 — EI Cristo ele Dolores abrazado a la cruz (acaso según la idea de una apa¬ rición) es imagen algo anterior, de des¬ conocido escultor, y se sabe que fué po¬ licromada en 1643 pof el pintor Diego Rodríguez. Las imágenes grandes en los ángulos del presbiterio, de cuatro san¬ tos terciarios franciscanos (de izquier¬ da a derecha siempre) : Santos Marga¬ rita de Cortona, Luis, rey de Francia; Isabel, reina de Portugal, y Roque, las labró (1664-68) el desconocido imagi¬ nero Baltasar González, policromía de Juan de Villegas; de un imitador tardío de Gregorio Fernández, y de antes, dos de las de los machos de la cúpula, o sean San Luis otra vez y Santa Isabel, y de un notable escultor barroco del pri¬ mer tercio del siglo XVIII (¿acaso uno de los Ron?), las otras dos, de Zaca¬ rías e Isabel, padres del Bautista, de apasionada inspiración y bella policro¬ mía. Tras del altar, puede ser de Villa- brille Ron (el más notable de la misma casi desconocida escuela escultórica) la cortada cabeza de San Anastasio, en una urna. Interés grande (que se creyó excep¬ cional, al punto de llevárselos Napo¬ león al Louvre) tienen los cuatro gran¬ des lienzos, dos bajo la bóveda y dos en el presbiterio, con la Lanzada en el Calvario y el Ecce-Homo, primero, y - 73 — con la Crucifixión (el mejor) y la Caí¬ da camino del Calvario: las obras (1667 a 1668) de más empeño del pintor Juan Martin Cabezalero (n. 1633; 1673), uno de los honrados pintores de la es¬ cuela de Madrid, tan influida por los flamencos después de la muerte de Ve¬ lazquez. Ya churriguerescos son los cuatro retablos de la nave; pero las irnáge- nes no son siempre de la fecha (fines del siglo XVII), aunque todas intere¬ santes, especialmente la Inmaculada y el San Francisco, dudándose si éste es el labrado en el siglo XVIII por Julián San Martin, o el del siglo XIX por Páramo. De influencia granadina, la Virgen del Rosario y el San Antonio de Padua. En la antesacristia, tras del presbite¬ rio, algunos lienzos de escuela castiza cual la de Cabezalero: San Francisco, El Redentor victima y un Descendi¬ miento. La sacristía, muy típica e interesante, construida al mismo tiempo que la igle- sita, o acaso después y por Ardemáns, tiene del mismo pintor y arquitecto Teodoro Ardemáns el fresco de la bó¬ veda con el Arrebato de San Erancis- co; de todos los textos pero, a pesar (desde el de Palomino), no pueden ser de Cabezalero los lienzos de la Pasión, - 74 - sino de muy entrado el siglo XVIII, y aquellos o en aquello que esté intacto, pues se repintaron algunos en parte y totalmente otros en el siglo XIX, por Barcia Pabón (por ejemplo: intactò, el Lavatorio, y de Barcia, totalmente, la Oración del Huerto). Fuentes de información. Palomino ("Vidas" ... 140.", 172° ...), para algu¬ nas pinturas; los demás copian. de las La arquitectura fué del todo descono¬ cida (por raro caso, explicable por lo escondido del buque del templo) para Llaguno-Ceán y, por consecuencia, pa¬ ra Otto Schubert (!). La documenta¬ ción de los Cabezaleros la estudió la alumna señorita Alonso Anareta, y to¬ do el resto de las obras de arte y la construcción arquitectónica, el alum¬ no José María Castrillo, en trabajos (Archivos de la Facultad de Filosofía y Letras) que se vinieron a publicar, con comentario del profesor (en lo de Cabezalero), en la "Revista de la So¬ ciedad Española de Excursiones", años 1915 y 1918. Madoz (Eguren) mezcló confusamente notas de las dos capillas de la V. O. T. al hablar de la enferme¬ ría. Lo de Barcia es noticia recogida de sus labios. — 75 - § 10 Enfermería de la V. O. T. La Venerable Orden Tercera de San Francisco el Grande, casi apenas hecha su iglesiacapilla del Cristo de los o Dolores, inició la obra de un verda¬ dero hospital para los hermanos en¬ fermos, situándolo en la próxima veci¬ na calle de San Bernabé, en el solar de las del famoso casas magistrado Gil Imón de la Mota (del reinado de Fe¬ lipe III), y donde (en el de Felipe IV) pasó larga prisión el "grande" Osuna, el más famoso de los virreyes de Ná- poles. Las compras de solares, en 1677 a 1679... El coste de lo que es enfer¬ mería (y al W. del templo) fué de 624.000 reales, labrado el hospital por el alarife Luis Román y por sus hijos Diego y Matías Román. Se saben los nombres de los oficiales todos; por ejemplo: los de los fontaneros Gaspar Romo, Juan Suárez..., de herreros, can¬ teros, etc. El techo de la magnífica escalera está pintado todavía por Teodoro Ar- demáns (tenía a la sazón diecinueve años, en 1683). En 1686 se inauguró la casa. En el siglo XIX, y por el arquitecto José Maria Guallart, se hizo, con otras re¬ formas, el cuerpo de edificio al Este — 76 - deltemplo (planos de 1865). Hasta me¬ diados del siglo XIX sirvieron viudas el hospital; después, hermanas paulas, y ahora, hermanas auroras (terciarias). Corresponden a la escalera (ahora descolgados por obras) cuatro lienzos muy interesantes: entre ventanas, un retrato de cuerpo entero, muy bueno, de un caballero santiaguista (acaso don Iñigo López de Zarate, que falleció en 1669), de lo mejor pintado por discípulo personal de Velázquez, ha¬ cia 1640. Enfrente, en la pared más amplia, un gran cuadro de la Mujer adúltera, acaso de Cabezalero, y dos admirables lienzos de lo más grato de color de toda la escuela de Madrid, co¬ nocidos de antiguo (desde Palomino) como obras de Carreño de Miranda; la Anunciación, una de sus obras maes¬ tras, ylos Desposorios de Santa Cata¬ lina (San Francisco y San José acom¬ pañan), que se asemeja algo al estilo de Cerezo y es brillantísima nota de co¬ lor. En la hornacina, el busto, tan co¬ nocido, de San Francisco, de Querol, en bella réplica (¿variada?). En la sala de juntas, de aspecto to¬ tal bien interesante, el busto en már¬ mol (hasta hace pocos años en la dicha hornacina) de Don Juan de Austria, el hermano de Carlos II (?), mármol qué se ha podido pensar que sea de Nicolás — 77 — Busi, y un buen número de lienzos de distintas procedencias, como los de las piezas inmediatas, casi todos de lega¬ dos o donaciones de hermanos ter¬ ciarios: Inmaculada pequeña, de Juan Sánchez Cotán; una grande de gran¬ dioso efecto decolor, firmada por An¬ tonio Pereda en 1657, en la presiden¬ cia (puede, con todo, ser obra de ta¬ ller) ; retrato en otra edad del citado López de Zarate ; u'no de 1874 del du¬ que de Abrantes; un tapiz de José y María no logrando hospedaje en Be¬ lén, acaso salmantino (?), de tipo fla¬ menco; lujosa silla presi¬ preciosa y dencial, estilo Carlos IV ; mesas del mismo tiempo; otra, central, del si¬ glo XVIII... Algunos de los demás lienzos, riberescos de estilo, buenos. ' En la sala inmediata, busto napoli¬ tano de Ecce-Homo, terracotta pintada, de fines del siglo XVII. En una pieza próxima, con vajilla talaverana que for¬ ma colección en vitrina, una vieja silla de manos para la' conducción de en¬ fermos. En otra, un San Antonio de Padua, firmado en el siglo XVII por Luis Bonifaz. En una de las salas de enfermos, Inmaculada, imagen poli¬ cromada que para el altar mayor se en¬ cargó a Ñapóles fines del siglo XVII, a y en otra pieza, Inmaculada de tipo - 78 — absolutamente distinto, de un díscipu- lo deGregorio Fernández (hacia el año 1640). La obra de la iglesia de la enferme¬ ría se contrató con José Arroyo en 1693, al parecer por planos de Teodoro Ardemáns y previo un concurso. Muer¬ to Arroyo (1695), la prosiguió su con¬ cursante el arquitecto de los duques del Infantado, Felipe Sánchez. En el traspaso y transacciones previas y otros momentos dictaminan, justiprecian o de otra manera intervienen los arqui¬ tectos P. José de Valdemoro, clérigo menor, con gran autoridad; Eugenio de Camarena, Teodoro Ardemáns, Ma¬ nuel García, Juan de Pineda, José Ro¬ dríguez, Francisco de Mingo, Diego ■Román y Matías Román. El aspecto del templo es grato, sin complicacio¬ nes ni lujo, y bien típico. La cúpula tiene más típicos óculos, cuya penetra¬ ción es aovada. Son yamás barrocos los altares de la nave, con pinturas de algún interés las del lado izquiefdo : San Miguel y una extraña a primera vista, en realidad fondo de escultura desconocida (Salva¬ dor Virgen), o con los^ Evangelistas Juan y Lucas a los lados y el Espíritu Santo en lo alto. Mayor belleza ofrecen los dos lienzos fronteros del lado de¬ recho, sobre todo la Asunción, de muy — 79 — bellos pelotones de ángeles, acaso del sevillano del siglo XVIII • Domingo Martínez, y la Muerte de San José (de 1700), obra conocida (desde Palo¬ mino) como creación de Pedro Ruiz González, de empeño, pero con paleta menos ticianescaque en otras obras suyas. Ante los lienzos, algunas pe¬ queñas imágenes de interés. Bajo de la cúpula hay en retablo un San Isidro, imagen policromada del promedio del siglo XVII; y al lado del presbiterio grupos de San Rafael y del Angel de la Guarda; éste es una copia de original de Alonso Cano, del cartagenero Porcel más probablemen¬ te. El Crucifijo es donación de gran su José López (en 1782), obra autor perdida en las guerras napoleónicas y que se pudo recobrar (en 1818) del es¬ cultor Hermoso, a cuyas manos había ido a parar. El retablo muy clásico, lo mayor, realizó a fines del siglo XVIII Patri¬ cio Rodríguez, por proyecto del arqui¬ tecto Príancisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez. Se saben los do¬ radores pero no el escultor del gru¬ , po de la Inmaculada, tan vistoso, y de las estatuas y bustos. Tampoco el del relieve, (Je aquel tiempo, apoteosis de San Pedro Al- - 80 - cántara" (boceto de obra de empeño) en el lavabo de la Sacristía. ■Fuentes de información. Apenas una mención o noticia en los escritores de Madrid o en los biógrafos de un pin¬ tor (Palomino, "Vidas" 74.", 172.° y 218.°, para los Orrentes perdidos, y el Ruiz González y los Carreños, enton¬ ces en la otra iglesia de la V. O. T.; Ceán trae lo de Sánchez). Pero los in¬ teresantes datos documentales del bien llevado archivo de la Hermandad fue¬ ron recientemente aprovechados por la alumna Eloísa Torán trabajo toda¬ en vía inédito y con algunas fotografías (Archivos de la Facultad de Filosofía y Letras). Uno de los Carreños fué llevado a la Exposición de Arte espa¬ ñol de 1920-21 en Londres (Catálogo del Sr. Sánchez Cantón, núm. 95), y no los alcanzó a conocer Beruete sino después de escritos sus libros. El "Pe¬ reda", en lo inédito del "Pereda", "La obra", de Tormo. M. Moreno hizo al¬ gunas más fotografías de cuadros de la enfermería. § II. Iglesia de Irlandeses, hoy de Gracia. Como en Valladolid y en Salaman¬ ca, pero por iniciativa particular, se fundaron en Madrid casas de irlande- — Si¬ ses y de escoceses en los siglos en que Inglaterra perseguía a los católicos. La de irlandeses de Madrid, primero hos¬ pital, también colegio (para formar, en la Península clero irlandés católico), se debió, al menos como colegio, a la ini¬ ciativa del "venerable" Teobaldo Sta- pleton, su primer rector, en el año 1629 (?). Otro irlandés, el Dr. Deme¬ trio O'Brian (1635), dió el solar en la calle del Humilladero y frente a la "de Irlandeses". La iglesia "de San Patri¬ cio", subsistente, aunque no lo pa¬ rezca (por la sobriedad decorativa), se sabe (Llaguno-Ceán) que la construyó el famoso Pedro Ribera, el más "chu¬ rrigueresco" de los arquitectos madri¬ leños, y sería, por tanto, en el primer tercio del siglo XVIII. Hacia 1761, amistosamente con Inglaterra, el Go¬ bierno español privilegió la hospitali¬ dad, extendiéndola para britanos en ge¬ neral. En 1903, constreñida por el Ayunta¬ miento, derribó la propia Cofradía de la Vera Cruz y Nuestra Señora de Gra¬ cia (y se dijo, equivocadamente, que regaló el solar al Ayuntamiento) la más. típica iglesia penitencial, de fines del siglo XVII, que tenía propia, con inte¬ resantes obras de arte, en el lugar del antiguo humilladero, entre la plaza de e — 82 - la Cebada y Puerta de Moros, que que¬ daron ensanchadas. Después de instalarse temporalmen¬ te, llevando sus imágenes, en la capilla de San Isidro en San Andrés, pudo instalarse en 1913 cual dueño, y previa una obra considerable, en la vieja igle¬ sia de Irlandeses, cuando la ya trans- plantada parroquialidad de San Pedro se pudo instalar, a su vez, en la nueva iglesia de la Paloma, más en el centro de su nueva feligresía. La Cofradía de Gracia nació en San Francisco el Gran¬ de; en el siglo XIII, dicen. Con portada reciente, del arquitecto Pedro Mathet, que restauró el inte¬ rior, es éste el antiguo, con los reta¬ blos y las imágenes transportados (sal¬ vo el mayor, que es el de Irlandeses)». Entre las segundas, tienen considerable importancia el Crucifijo (de la Her¬ mandad de Gracia) que desde muchos años (desde Ceán a Orueta) se ha te¬ nido, equivocadamente, por obra de Pe¬ dro de Mena Medrano, cuando es pos¬ terior, barroco, de menos acierto en el desnudo, pero de efecto admirablemen¬ te punzante la expresiva cabeza, obra acaso de Alonso Villabrille y Ron, y también (de Irlandeses) las imágenes de San Joaquín ySanta Ana, a los la¬ dos del altar mayor, dignas de Juni, y que son del primer tercio del si- — 83 - glo XVTII, obras de otro de los es¬ y cultores de apasionada y fuerte inspi¬ ración, Pablo González Velázquez (el padre de los pintores). Los pasos de Semana Santa valen poco, con ser famoso el mejor, de la Oración, del que se grabó vieja es¬ tampa. Las dos Marias (derecha del crucero) son también interesantes. La Virgen de Gracia, titular (altar mayor), tiene rico manto para las festividades. En la sacristía, curiosos espejos. ■ Fuentes de información. Casi reduci¬ das a las que recoge Madoz (Eguren) ; y de las obras de los artistas citados, leves noticias en Ponz (Gracia), Ceán, Llaguno-Ceán, Orueta..., referentes, en parte, a las obras perdidas (de Gracia), algunas en el último y aludido derribo y las enajenaciones consiguientes. § 12. San Francisco el Grande. Fué en los siglos XIII, XIV y XV el único convento de "frailes" en Ma¬ drid, y se tenía por fundación perso¬ nal, en 1217, del mismo San Francis¬ co de Asís, que es cierto que peregrinó por España, y en Santiago parece que decidió la división de sus discípulos en conventos. En la iglesia medieval, núcleo de un arrabal, y sus capillas. — 84 — tuvieron enterramientos las familias madrileñas, los famosos Rui González de Clavijo, D. Enrique de Villena y la reina Doña Juana (notables sepul- xros), etc. En los siglos siguientes se aumentó la importancia del convento, con la Obra Pia de Jerusalén de Tie¬ rra Santa, el Comisariato general de Indias, etc. Se habla de cierta reno¬ vación del templo en 1617, reuniendo muchas pinturas (hoy perdidas, salvo alguna conservada en la Academia) de los tres pintores de cámara, compañe¬ ros y rivales de Velázquez joven. Car- ducho, Caxés y Nardi, y también,, más tarde, de Matias de Torres. Todo vino abajo, perdiéndose los se¬ pulcros (¡veintidós estatuas!) y todas las memorias sepulcrales al acordarse en 1760 una reconstrucción total de la iglesia y la casa. La reconstrucción se concibió mag¬ nánimamente. Con muchas limosnas y ayuda de la corte (del Ayuntamiento casi un millón), lo principal de las im- pensas fueron 18 millones de reales, que el Pontífice consintió al fin (1776) que se aplicaran a la iglesia, de los 36 qjie ya había ocultamente capitalizado la Obra Pia en 1752, tan favorecida siempre en toda España y por sus mo¬ narcas; Fernando VI había llegado a decretarle legados forzosos. Todavía no se ha explicado bien có¬ mo se rechazó, con escándalo "de los críticos,' la notable planta de iglesia que Ventura Rodríguez hizo, previo encargo, en 1761, de tipo absolutamen¬ te distinto de la que se realizó, conce¬ bida, también en i/ói, por un arqui¬ tecto valenciano, el lego franciscano Francisco Cabezas. Los frailes se opu¬ sieron a aquélla,les relegaba el que coro a un como largo apéndice tras del presbiterio, y claro que sin posible retablo a la española, y el Ayuntamien¬ to, previo dictamen de Sachetti, jefe de Ventura Rodríguez en el Real Palacio que entonces construían, regateó el avance a la calle del templo, conce¬ bido algo aunque poco más alargado. Intervinieron con Sachetti los otros técnicos arquitectos municipales Eu¬ o genio Moradi, Francisco Pérez Calvo y Francisco Prieto, al dar ya en 1762 a los planes de Cabezas una parte de vía pública de la que se negara ante¬ riormente, en 1761, al proyecto de Ven¬ tura Rodríguez, y, muerto en 1764 Sachetti, Francisco Moradillo y Fran¬ ciscoPrieto en 1765 intervinieron en las comprobaciones sobre el terreno. La principal razón de una tan co¬ mentada preferencia hay que adivi¬ narla en la idea, tan propia en la Obra Pia de Jerusalén, de desear una gran - 86 - cúpula y forma redonda en tipo orien¬ tal, pensando en el Santo Sepulcro y el Temple de Jerusalem: el hermano Cabezas, en grande, hizo en ello lo que los templarios en la Edad Media. Con resistencias de la Academia, tan autoritaria entonces, y reparos oficiales de su en ella poderoso rival, pero am¬ parado al fin por otros arquitectos (mayoría apenas en junta de cuatro, presidida por Hermosilla), comenzó Cabezas^ y levantó los muros hasta la cornisa (1768), retirándose vencido al fin y viejo a su tierra al paralizarse la obra (murió en Valencia en 1773). Ventura Rodríguez (ya había muerto Sachetti en 1764) logró entonces en la Academia, tras de difícil polémica y previa censura en cuanto a la solidez de los primitivos planos de Cabezas, que se rechazaran también (1769) los proyectos de Diego Villanueva, que añadía columnas y pilastras a los ar¬ cos, y más fácilmente otras ideas de Juan Tami, Elias Martinez y Alvarez Sorribas, y también de Antonio Pío y Comín, del que se ha dicho siempre, desde Ceán, que alcanzó a cerrar la cú¬ pula antes de 1776. Hubo, sí, refuerzos de los ahora exageradamente enormes apoyos entre capillas por las porfías de Ventura Rodríguez, sabiéndose por ellas que la construcción, en general — 87 - en ladrillo, en ellos tenía de mampos- tería el núcleo, pero todo por Pío, en¬ cargado de la obra en 1770, previo dic¬ tamen a él favorable de dos arquitectos aragoneses al caso traídos a Madrid: Julián de Yarza y Pedro Zeballos. La Comunidad pidió después, y de¬ cidió Carlos III en 1776, frustrando las últimas ilusiones de Ventura Ro¬ dríguez, encargar de la terminación de las obras a Sabatini, quien dirigió todo lo en lo que no hay deta¬ decorativo, lle ninguno del estilo personal de Ca¬ bezas, y que labró después todo el extenso y magnifico convento. La bó¬ veda de la iglesia dicese que la cerró Miguel Fernández en 1784 (?). Mide 33 metros de diámetro, excediéndose mucho a las dos más famosas que la precedieron en el mismo siglo : la de los Inválidos de París, de Hardouin Mansart, de 24 metros, y la de San Pa¬ blo de Londres, de Wren, de 31 me¬ tros (la del Panteón de la Roma impe¬ rial, 43,40 metros; la de Miguel An¬ gel, de 42 metros) ; la pocO' posterior, del Panteón de París, de Soufflot, de 27 metros. La cúpula del proyecto de Ventura Rodríguez, en crucero de una iglesia alargada de tres naves, imitación de la del Vaticano, se reducía a 11,50 me¬ tros de diámetro. Es del todo proble- - 88 - mático que fueran para San Francisco el Grande plantas de Ventura otras Rodríguez que conservamos, de tipo con cúpula central, salvo si son de des¬ pués de la ausencia de Cabezas, sobre la idea y la obra tan avanzada por éste. José Napoleón quiso convertir el templo en Salón de Cortes, según pla¬ nos notables de Silvestre Pérez, con¬ servados, y Ruiz Zorrilla en Panteón Nacional (1870-74), y lo llegó a ser, cumpliendo viejo decreto de las Cor¬ tes de 1837. Cánovas decidió en 1878 decorarlo espléndidamente, a costa de la ya más secularizada y opulenta Obra Pía. Las obras,consiguientes (de i88i a 1885) parece que costaron 28 millo¬ nes de pesetas. En 1926 se ha decre¬ tado que vuelvan al templo los fran¬ ciscanos, que ahora se van a hacer cargo de él por el Ministerio de Es¬ tado, extinguiéndose el Cabildo de Ca¬ pellanes, paulatinamente. La colección, en número casi ago- biador, de las obras de arte de San Francisco el Grande, perdidas todas (o poco menos) las anteriores al derri¬ bo, se agrupan por distintas proceden¬ cias : Primera, de artistas setecentistas : las de los del siglo XVIII. encargos Siete grandes lienzos de los retablos encargados a competencia al inaugu- — 89 - rarse eltemplo (1781-83) a Francisco Bayeu, Maella, Goya, José Castillo, Gregorio Ferro, Calleja y Zacarías González Velázquez (hoy reunidos en sólo dos capillas y la escalera) ; escul¬ turas decorativas (ángeles) de Adeva y Vergaz, junto a las altas ventanas, y además treinta lienzos homogéneos de temas franciscanos para el claustro grande del convento, hechos hacia el año 1790 por Zacarías González Veláz¬ quez (diez). Carnicero (seis). Cama¬ rón Bononat (seis) y Manuel de la Cruz (ocho). Segunda : de artistas de siglo XIX (de 1881 a 1885), como despilfarro de mecenazgo y encargo a gran precio a "todos" (¡falta una mitad!) los pres¬ tigiosos pintores y escultores de un mal momento del arte español, el seu- dohistórico, y con absoluta equivocada orientación para los conjuntos: Car¬ los Luis de Ribera, como director ge¬ neral además (cobró en total 208.000 pesetas), y José Marcelo Contreras, como director de lo más estrictamente decorativo (¡cobró otro tanto, y otro cuanto el arquitecto Simeón Avalos!), pintaron mucho, pero también Fiasen- cía, Casado del Alisal, Alejandro Fe¬ rrant, Domínguez, Germán Hernández, Jover, Martinez Cubells, Muñoz De- grain, Moreno Carbonero, Oliva, Amé- — go¬ ngo..., pintores (todo, incluso las bó¬ vedas, ¡al óleo, en lienzos!), y los es¬ cultores Suñol, Samsó, Ricardo Bell¬ ver, Agapito Vallmitjana, Elias Martín, Gandarias y Mariano Benlliure, los mo¬ deladores del Apostolado, en realidad labrado muy libremente en Italia; ade¬ más, y todavía más industrialmente, Vancells, Algueró, Molinelli, Nicoli, San Marti y un malogrado notable en¬ tallador, Antonio Varela. La vidriería, tan absurda en tal templo, es de Mu¬ nich, sin estilo, con proyectos de pin¬ tores españoles en ello noveles : Ame¬ rigo, Guinea, La Plaza, En marmo¬ listas(aparte algún encargo a Lyon), los y proyectando, Cachavera citados, y Amador de los Ríos... La metaliste- ria parece que fué toda del taller de Juan González. Del ceramista Zuloa- ga, completando lo traído del Palacio de Cadalso, es el zócalo de la primera capilla. Del siglo XX, sólo unas labores precisas de repintado, nada insignifi¬ cantes, que ha hecho, al fresco en par¬ te, José Garnelo, y la cúpula, que se había dejado de "testigo" de la primi¬ tiva sobriedad decorativa del gran tem¬ plo, la ha pintado Menéndez Pidal. El tercer fondo, por último, adventi¬ cio para la casa, es el de obras reunidas ocasionalmente : las sillerías del Pa- f — 91 - rral y (dos) del Paular, de principios del siglo XVI, notables dos y más no¬ table otra, en parte restauradas y aun completadas en el siglo XIX por Gui- rao y desordenadamente distribuidas; cuadros (con cartelas siempre, que co¬ mentaremos) procedentes del Museo Nacional de la Trinidad, italianos, y castizos, del siglo XVII, y los flamen¬ cos de Bosco y Crayer; envíos, final¬ mente, del Ministerio de Estado de pensionados de la Escuela de Roma, copias de dos obras insignes y un ori¬ ginal) de cuatro jóvenes pintores: Pradilla, Plasència, Ferrant y Silvela, y de tres de los escultores citados, to¬ davía también jóvenes a la sazón. Sin decir los asuntos a no ser pre¬ ciso, abreviadamente se dirá la obra de cada'cual. En la gran rotonda, son de Contreras los veintidós medallones de pintadas cabezas de santos, en la total decoración suya, y los doce ángeles so¬ bre los seis arcos menores; de Ferrant, los doce profetas o reyes, sobre las cornisas (de lo más interesante) y las doce sibilas ; en el campo ya de los seg¬ mentos de la cúpula. El resto de los cuales es de Plasència (los tres a la cabecera), de Jover (los más laterales, de santos españoles), de Domínguez (los dos hacia los pies) y de Martinez • Cubells (el de los pies). El Apostolado — 92 - (de izquierda, volviendo, a derecha), de Adoltó (dos), Benlliure (San Mateo), Gandarias (Tadeo), Bellver (el notable San Bartolomé), Suñol (San Pedro y San Pablo, de mucha mejor vista si es¬ tuvieran cambiados), Bellver (San An¬ drés, otra obra notable), Samsó (San Juan, interesante) y Moltó (los dos res¬ tantes). Los ventanales son de Munich, por cartones de La Plaza (los de la iz¬ quierda) y Amérigo (los de la dere¬ cha) ; los ángeles de escultura, de Ade- va y Vergaz, y otras obras ochocentis¬ tas de Piquer y de Arévalo. Los grandes cuadros de las siete ca¬ pillas (y las cúpulas) siguiendo siempre por la izquierda a la derecha, son: pri¬ mera, de Zacarías G. Velázquez, Goya (Predicación de San Bernardino), Ca¬ lleja (y la cúpula, de Menéndez Pi- dal) ; segunda, de ' Casado (ejecución de Manuel Ramírez), el mismo Casado (Batalla de Clavíjo, típica) y Contre- ras (y la cúpula, de Martínez . Cubells) ; tercera, de Domínguez (Virgen del Carmen, famosa), Plasència (la Orden de Carlos III, espléndida de mancha) y Oliva (y la cúpula, de Plasència, bien digna de aprecio); cuarta, de Ferrant y Domínguez (el retablo mayor, iz¬ quierda y derecha, respectivamente, y • en el cuadro central, la Virgen de Do¬ mínguez y el resto de Ferrant), y de — 93 — Molinelli y San Martí, las estatuas de evangelistas (todo lo de las bóvedas, de Contreras) ; quinta, de Muñoz Degrain, Hernández (el Calvario, en estilo "na¬ zareno", tan opuesto al de todos los otros) y Moreno Carbonero (y la cú¬ pula, de Ferrant, con Muñoz Degrain y Moreno Carbonero), y de Contreras la decoración general, creyéndola bi¬ zantina; sexta, de C. L. Ribera todo (cuadros y decoración) en la capilla de las Mercedes; séptima, de Ferro, Mae- Ila (Inmaculada) y J. Castillo (y la cú¬ pula, de La Plaza), finalmente. En el ámbito del templo todavía, la cancela, al interior, es de Rosado y Molinelli; las pilas, de Vancells y Al- gueró; las tres puertas al atrio, y tam¬ bién las cuatro laterales en él, de Va¬ rela; los relieves sobre aquéllas (¡yeso patinado!), de Molinelli y San Martí, por dibujos de C. L. Ribera. Los púl- pitos dentro, de Nicoli (proyecto de Amador) ; el tabernáculo, hecho en Lyón, dibujo de Cachavera. Alrede¬ dor del mismo presbiterio, una parte considerable, con veintiséis figuras en relieve y doselete plateresco de la no¬ table sillería alta del Parral (en otras partes conservada en el Museo Arqueo¬ lógico Nacional), labrada en 1526 por un casi desconocido Bartolomé Fer¬ nández. - 94 - Coro. Sus bóvedas son de Contreras (la gloria), Garnelo (al fresco, el Eter¬ no y el gran ruedo de ángeles), y de C. L. Ribera (composición y dibujo) y Plasència (colorido) la escena funeral de San Francisco. La sillería, todavía gótica, con muy grandes y muy bellos relieves de cuarenta y cuatro santos, admirables algunos (alguno moderno), es profesos de la Cartuja del Pau¬ la de lar; del mismo monasterio, las capri¬ chosas tallas de vulgar "rococo" del pupitre corrido. Proyecto de Guinea, las vidrieras. La escalera del coro es, en local estre¬ cho impropio, un pequeño museo. Al e ingreso, para subir, tres nada bien cata¬ logados cuadros de "Tristan", "Ribal¬ ta" y "Zurbarán", y de los de uno González Velázquez. En lo bajo, entre yesos "patinados" de modelos muy co¬ nocidos, los originales, igualmente pa¬ tinados, de Bellver (Entierro de Santa Inés), de Moltó (Triunfo de David), de San Martín (el sacrificio de Isaac). Ya casi en lo alto, y en bronce, ala¬ bastro y serpentina, pequeño relieve de San Francisco y el ángel de la redoma, del siglo XVII. En lo más alto de la caja de la escalera, los cuatro cuadros de Gaspard Grayer, digno coetáneo de Rubens y Van-Dick, que pintó en Ma¬ drid y en Burgos, de donde proceden: - 95 - SanAgustín, San Antonio de Padua, el Bautista y Santo Domingo de Guz- mán; se pintarían en 16307 están firma¬ dos. Véanse también los cuatro cuadros "zurbaranes", que fueron laterales en lacapilla de San Diego en su convento de Alcalá de Henares : sólo de Zurba- rán (firmado)admirable el San Ja- y cobo de la Marca, y casi suyo, pero no auténtico, el San Buenaventura; de Alonso Cano es el San Francisco de Asís, y de Alonso Cano, pero acabado o pintado por Bartolomé Román, el San Antonio de Padua. No es de Cra- yer, sino de madrileño flamenquista (fines del siglo XVII) el llamado San Macario, ni tienen fundamento, ni si¬ quiera verosimilitud, las atribuciones a Cerezo, Sánchez Coello, Francisco Ric¬ ci, Gentileschi, Carraci y Mengs. Son muy probables (y sólo probables) la del grande de Herrera el Viejo, tan fuerte, en lo no repintado; la del Pa¬ checo, tan curioso y realista, y la del Bosco que parece copia de discípulo, buena. El Francisco Bayeu (¡recortóse de los lados!) el que fué del altar ma¬ yor. También es excelente el Jordán. Entre el presbiterio, envolviéndole, y la sacristía y las dependencias, una cua¬ tro veces quebrada amplia crujía, como de claustro, conserva, cual pasillos de museo, hasta treinta y dos cuadros del — 96 — claustro conventual: de Zacarías G. Ve¬ lazquez, Cruz, Camarón y Carnicero ; la parte baja del fresco inmortal de la Disputa del Sacramento, de Rafael, co¬ pia de Pradilla (una mitad) y Ferrant (la otra), y un sector, el del Profeta Isaías, del fresco del techo, estupendo, de la Sixtina, de Miguel Angel, copia, también al óleo, de Plasència. De Ger¬ mán Hernández, el Entierro de Cristo, y de Silvela, San Francisco limosnero. De cuadros de escuela castiza del si¬ glo XVII, varios (ninguno de Claudio Coello, ni de Van Loo); de interés, el de Vicente Carducho de Pontífice San¬ to y escenas al fondo. La antesacristia, con tallas de una si¬ llería barroca, también procedente del Paular, guarda imagen vigorosa de Crucifijo, 110 el de Pedro A. de los Ríos, que había de ser el procedente (cual pocas, otras dos de los altares) del viejo San Francisco, el derribado en 1760. La puerta de la izquierda (a la colecturía) tiene tallas de figuras de la mejor sillería del Paular. A la derecha, la sacristía tiene otras mu¬ chas, auténticas e imitadas, y la Vir¬ gen de la Escuela, piedra hallada en el cuartel, antes convento, tapiada, y co¬ pias del Apostolado de Ribera el Es¬ pañólete. El paso a la "capitular" y toda ésta, muestran tallas, en gran par- — 97 - te de las citadas sillerías ya : principal¬ mente en la última pieza : tableros de la del Paular de legos, con el doselete gótico del prior del Paular, y, además, tablero debajo de él del martirio de San Vicente y la Trinidad (con Cris¬ to crucificado), de tipo muy distinto y de mayor interés (fines del si¬ glo XV). La fachada de ingreso es a todas lu¬ ces creación de Francisco Sabatini, de quien es el convento vecino, hoy cuar¬ teles y prisiones militares. A su car¬ go, pues, el raro y pesado trasdosado de la bóveda del coro y las torres cha¬ tas, imitadas sin gracia, por unirse a otra gran cúpula, de las del Panteón de Roma ("las orejas del burro", de Bernini), o de las de Carlier en las Salesas Reales ; también a su respon¬ sabilidad, el excesivo alto de las dos alas laterales de ventanas, que ocul¬ tan las cúpulas secundarias, salvo sus linternas; y el feo contrafuerte que sale de las torres. Los otros contrafuer¬ tes no las ocultarían a irle logrando el distancia; y al Municipio perspectiva amplia, ensanchando enfilada la Carre¬ ra de San Francisco, se adivina fácil¬ mente el carácter oriental que concibió el P. Cabezas de las cúpulas^ que, cual valenciano, pensaría acompañarlas zá de altas torres qui¬ (cual a las mezquitás 7 - 98 — de Estambul los minaretes) y en poli¬ cromarlas admirablemente de teja azul, con nervios blancos o dorados, como las "medias naranjas" de Valencia. Las seis estatuas de lo alto se encargaron a la misma Casa Mayer, de Munich, en Londres, que hizo las vidrieras. Fuentes de información. Sobre el ori¬ gen del convento, los historiadores de la Orden y del Santo, citados en parte considerable, y aprovechados, y traba¬ jos modernos, por Calabuig. Sobre el viejo templo, en lo material, corto di¬ bujo en Teixeira y escasos textos: los de Palomino sobre obras de arte ("Vi¬ das" 65.", 73.', 102." y 221.°, y ahora, también, "Vidas" 98.' y 152.°) y Jove- Llanos (Elogio). De la historia del nuevo templo, breves notas, muy sig¬ nificativas, en Ponz y Ceán y en Lla- guno-Ceán : ahora renovada por noti¬ cias en el libro de Calabuig, en su ca¬ pítulo XIV de la parte 3.°, y texto de documentos (no todos los que aprove¬ cha) en nueve de sus quince apéndices. De las obras del siglo XIX, algunas notas en Ossorio y Bernard (2.° edición, de 1883-84), y completas en libro espe¬ cial de Manuel Mesonero Romanos, y antes en los folletitos especiales que se vendían en la iglesia; pero aporta, al menos, muchísimas curiosas cifras de los pagos el citado Calabuig, "El Real