- 99 Templo basilical de San Francisco el Grande" (239 páginas, 17 grabados úti¬ les), Valencia, 1919; pero con mucha literatura. Crítica acerba, que pasó por donosa, en Federico Balart (seis artícu¬ los), recogida en "Impresiones", de 1894. Planta del templo (incluso, sin darse cuenta, el de la V. O. T.) y estu¬ dio arquitectónico en el Schubert (pᬠgina 408, traducción española), y pu¬ blicando a la vez la planta y la fachada, tan famosas siempre como poco cono¬ cidas, de Ventura Rodríguez. En la Ex¬ posición del Antiguo Madrid, dos dibu¬ jos (núm. 1.04g) de Ventura Rodrí¬ guez; pero el uno no es sino de gran palacio-kiosco de campo : se dicen de la pertenencia de otro que no de su due¬ ño, Sr. Weissberger; el marqués de Casa Torres tiene otros, también creí¬ dos de San Francisco el Grande, de Ventura Rodríguez. Hay monografías modernas de arquitecto, de Pulido este y Díaz, de Sabatini, de Sixto Ma¬ y rio Soto. La Virgen del Olvido (ter¬ cera capilla izquierda) tuvo su sermón impreso, en 1742, de Garay, y en 1754 se publicaron Constituciones de la Cofra¬ día. Eguren, Capmany y otros dan ño- tas breves. Algunas pinturas, hoy aquí, las estudió Cruzada Villamil (Catálo¬ go Museo... Trinidad, págs. 91, 128, 140, I, 428). La obra de Zurbarán, en sus mo- - 100 - nografías y Catálogo de su Exposición de 1905. La de Goya, en sus biógrafos, singularmente Zapater, con cartas de Goya sobre ello, con toda la emoción consiguiente al concurso. Las sillerías, Pelayo Quintero; dos veces, en el "Bo¬ letín de la Sociedad Española de Ex¬ cursiones", tomos XV y XVI, y des¬ pués en su libro "Sillas de coro", 1908, páginas 72, 82 y 84, respectivamente, y fototipias en las páginas 46, 74 y 82, errando en la hipótesis de la proce¬ dencia de Santo Domingo. Además de las postales, muchas viejas fotografías dé Laurent de las pinturas y esculturas. Sobre la técnica de las pinturas mura¬ les, Garnelo en "Por el Arte", 1903. Para la historia del Panteón Nacional, basta con lo detallado por Fernández de los Ríos en la "Guía", 1875. § 13- El Sacramento. -Monasterio de bernardas recoletas, fundación 1616, junto a su entonces en comenzado palacio, hoy de los Conse¬ jos, del duque de Uceda, primogénito y sucesor, incluso en la privanza y el gobierno, del duque de Lerma : con¬ vento antiguo en buena parte, pero iglesia que por pleitos con la casa du¬ cal no se planeó sino en el reinado de Carlos 11. Fué ello en una junta de tres arquitectos, en que intervinieron, en fecha no precisada, el jesuíta her¬ mano Francisco Bautista (•j-1679), Ma¬ nuel del Olmo (cuyas otras fechas co¬ nocidas son de 1657, 85 y 90) y el desco¬ nocido Bartolomé Hurtado, planteándo¬ la entonces con mucha menos grandio¬ sidad que la de antes concebida por el fundador. En 1671, rectificado el solar con el Ayuntamiento, se comenzaron las obras. Se acabó (es lo más proba¬ ble) o se acabó de renovar (dudas; por' texto de Ponz, 1776, lo segundo) en 1744, con frases algo dudosas, alusi¬ vas, en un texto que parece referirse a 1651 (y acaso a plano de Madrid), a "planta moderna de D. Martín Verdu¬ go", y en otro, independientemente, que parece referirse a las tareas finales de la obra, a un artífice, Andrés Esteban (en Alvarez Baena), que uno y otro, serían maestros o arquitectos descono¬ cidos. Los frescos, por referidos a los hermanos de Antonio González Velaz¬ quez y antes de su vuelta de Italia, son'de 1753, lo más tarde. La noble portada muestra ya en el detalle sobriedad elegante y castigada, pero con lineas y masas barrocas de un arte o estilo desconocido. Relieve en ella, apoteosis de San Benito y San Bernardo. En el pórtico, fresco con án¬ geles. En la nave y crucero, de tam- - 102 - bien castigado barroco, de buen gusto y grata policromía, cúpula sobre ma¬ chones achaflanados y de tambor cie¬ go, pero con luminosa linterna. El mis¬ mo personal estilo del arquitecto An¬ drés Esteban vese en la sacristía y en el bajo, que es posible lograr ver coro desde la iglesia. Las pinturas del techo, al fresco, son todas de Luis G. Velázquez y de su hermano Alejandro (del primero las figuras). Desde el ingreso, representan a Santa Isabel, abadesa ( ?) ; Santa Ca¬ talina de Suecia (?) y Santa Gertrudis la Magna (?), en la nave; Santa Um- berina (izquierda) y Santa Escolásti¬ ca (derecha), y Santos Benito y Ber¬ nardo, en las pechinas trapeciales, jun¬ tamente con cuatro Virtudes alegóri¬ cas ; en el tambor, Sansón, el Salvador, el Bautista y un paisaje; Santa Esco¬ lástica, finalmente, sobre el presbiterio. En el neoclásico retablo mayor, es de Gregorio Ferro, el gran lienzo con los dos patriarcas ante el Sacramento. En las naves, otros retablos neoclásicos, en uno (segundo de la derecha) Santo Toribio de Mogrovejo, de los leoneses. Pero son de singular gentileza barroca o de raro "rococo" los dos colaterales del mayor, bajo la cúpula, y de interés sus lienzos anónimos de los áticos. Fuentes de información. Lo princi- — 103 — pal, por rara y copiosa información se¬ guramente documental, en Capmany, "Efemérides", tomo II, páginas 328 a Frase sospechosa de errada y bien 335. poco más, en Ponz. Noticia del final de las obras y del artifice de ellas, Andrés Esteban, en una apostilla de letra del tiempo a uno de los manuscritos de los inéditos Anales de León Pinelo. Ape¬ nas nada en Ceán, en Madoz (Eguren) y nada en absoluto, por caso raro, en Llaguno-Ceán, y, por consecuencia, en Otto Schubert. Sobre la muy intere¬ sante clausura y sus riquezas, y sin es¬ tudio precedente ninguno. Tormo, en el "Boletín de la Sociedad Española de Excursiones", con reproducciones (más fotografías inéditas, en la casa Mo¬ reno). § 14- Iglesia pontificia de San Miguel (antes San Justo) Entre las diez parroquias del si¬ glo XII, dentro de murallas, según el testimonio del año 1202 (Apéndice i." al Fuero de Madrid), figuran la de Santos Justo y Pastor (los santos ni¬ ños de siete y nueve años, mártires de la vecina Alcalá de Henares bajo los romanos) y la muy próxima de San Miguel de los Octoes, que estaba junto a la muralla y cuyo solar es hoy mer- - 104 — cado de San Miguel. Eran pequeñas, pero sus campanarios eran románicos, más típico el de San Justo, de tres pi¬ sos de a dos ventanas en cada uno de los cuatro lados. De San Miguel de los Octoes se sabe de capillas adyacentes, labradas en 1430 y 1446, y de varias obras de arte, apenas alguna salvada, que se perdieron en el incendio famo¬ so de 1790 acaecido en la plaza Ma¬ yor; después de lo cual se agregó la parroquialidad a la de San Justo. De ésta hay noticia de un voto a San Pe¬ dro en 1438, y que ostentaba el escudo real el viejo templo, que se demolió para construir luego otro lujoso, ga¬ nando solar al Sur. La parroquialidad siguió doble en él hasta el arreglo pa¬ rroquial (hacia 1890) que le asignó a San Justo, trasplantándola, al barrio y la-iglesia de Maravillas, y a la de San Miguel a otro barrio (Leganitos), pri¬ mero, y a los pocos años, de otro sal¬ to, a otro más lejano barrio, al sur del puente de Toledo. El templo setecen- tista de la todavía llamada calle de San Justo se dió en 1892 a la Nunciatura apostólica con carácter de iglesia pon¬ tificia; el escudo pintado del Pontífice reinante se renueva cada nuevo pon¬ tificado, como en las iglesias romanas. Fué ello en compensación de la ha¬ cia 1885 ( ?) derruida iglesia del hospi- — 105 — tal de Italianos, de la Carrera de San Jerónimo, lo alto de la manzana al en oeste Congreso. Las obras de de la del arte de los Italianos se guardan, sin embargo, en parte, en el colegio de Santa Isabel, y en la pontificia más bien las de San Justo. La Nunciatura dió en 1892 a los Padres redentoristas (clérigos regulares de la fundación de San Alfonso María de Ligorio en el si¬ glo XVIII) la iglesia que había sido de San Justo, santo del que sólo se reza en España, dándole de titular ya único a San Miguel, de culto mante¬ nido en toda la Iglesia sin excepción. Ardemáns proyectó una iglesia algo similar, pero más corta que la que se vino a realizar por el arquitecto Giá- como Bonavía. Se sabe que la costeó el Cardenal-Infante D. Luis de Bor- bón y Farnesio, Arzobispo de Toledo, cuyo pontificado fué en los años 1734 a 1754 (fecha en que, no siendo sacer¬ dote, se secularizó). Ya en 1745 se pin¬ taba la bóveda. Al mismo tiempo pa¬ rece que construyó D. Luis el palacio arzobispal adjunto, el que hoy es "epis¬ copal", al haberse creado diócesis en Madrid, segregación de la de Toledo. El arte de Bonavia es de un capri¬ cho "rococo", que se traduce en la planta, con curvas cóncavas y conve¬ xas en la nave, crucero y en la facha- - lOti — da misma, y las bóvedas muestran ca¬ pricho similar, especialmente en las dos apaineladas y ciegas del crucero y del centro. El efecto de imaginario en¬ grandecimiento es habilísimo, y es fino todo detalle. El cruce de arcos en as¬ pa caracteriza la singularidad de la bó¬ veda y obliga a la planta, muy única; es, t%l cruce, nota que Bonavía tomó, muy libremente, del teatino Guarino Guarini, el más genial de los arquitec¬ tos barrocos del siglo XVII, quien, a su vez, la tomó, seguramente, en Es¬ paña, enamorado de las bóvedas his¬ panoárabes: como en Francia se había enamorado de las construcciones gó¬ ticas. Al principio se ofrecieron los reta¬ blos reducidos a simulación mural de pintura, Alejandro González Ve- por lázquez; al fin del siglo XVIII pero se labraron los más de los actuales (aca¬ so todos) : de carácter muy arquitectó¬ nico, en unidad de estilo y cierta armo¬ nía con conjunto, aunque casi neo¬ el clásicos; todos con imágenes (escultu^ ras policromadas) de Luis Sal¬ clásicas vador Carmona, Juan Pascual Mena, Julián San Martín, José Ginés, Dionisio Sancho, y, ya en el siglo XIX, de uno de los Bellver ("el Sordo", ¿Francis¬ co?). Ya en 1763 había proyectado un retablo mayor Ventura Rodríguez. — 107 - La policromía general de la iglesia ha sido variada en el siglo XX; pero las bóvedas principales ya se pintaron por Bartolomé Rusca en 1745, y por los hermanos Antonio, Luis y Alejandro González Velázquez poco después de 1753, fecha de la vuelta -de Italia del primero. Ingresados los redentoristas en el templo, se incorporaron en él algunas imágenes cuadros procedentes de los y Italianos, saliendo, en cambio, otras para Santa Cruz, y para depósito en la Nunciatura las de Castillo y los de Cas- trejón y (¿ ) Valpuesta, y se renovó el lienzo y después todo el altar mayor, y más tarde se doró excesivamente y retocó el prebisterio todo y el templo, perdiendo algo de su carácter español y completándose las pinturas de las bó¬ vedas. Los artistas, entrado el si¬ glo XX, han sido, aparte Alejandro Fe¬ rrant, los escultores Celestino García Alonso, y Llantada, y el pintor vasco Hastoy. En la portada, convexa, más visible lo alto de lejos (¡desde San Andrés!), toda de la época del Cardenal-Infante, las esculturas de la Fe y Esperanza (altas), Caridad y Fortaleza (bajas), la segunda de Michel, y de y tercera son Carisana la primera y la cuarta; del segundo de ellos es el relieve del mar- — 108 — tirio de Santos Justo y Pastor, y en lo alto, el escudo, que, como en la bóve¬ da de Rusca, es el del Cardenal-Infan¬ te, no las armas del Rey. En el interior los temas de las bóve¬ das obedecen al doble sistema. De Bar¬ tolomé Rusca (1745) es el platillo al centro de la nave, apoteosis de los dos santos niños, y en las pechinas, suyas también, representaciones de virtudes o santas: la Fortaleza (o Santa Bár¬ bara) la Virginidad (o Santa Cristi¬ y na), a izquierda, y ángeles y la Ino¬ cencia (o Santa Inés). En los tramos anterior y posterior, de Hastoy, los pro¬ fetas Elias y Jeremías, y Daniel e Isaías. A los lados del crucero, simu¬ lados medallones de los exploradores de Canaán y de Ruth ; a los lados del presbiterio, los arcángeles Barachiel, Gabriel y Jehudiel, a izquierda, y Uriel, Rafael y Sealtiel, a derecha, de Plastoy. En la cúpula del crucero, escenas del martirio de Santos Justo y Pastor, y sobre el altar mayor, los mismos niños ante el tirano, de los hermanos Gon¬ zález Velázquez (después de 1752), y parece suyo (retocado por la restaura¬ ción) el Padre Eterno, pintura al fres¬ co; va sobre el lienzo al óleo de San Miguel, obra interensante de A. Fe¬ rrant: que costeó León XIII, pidiendo — 109 — por devoción el artista cantidad muy exigua. Son de interés también las escultu¬ ras clásicas, anónimas varias (grandes y chicas), el Hecce-Homo, pro¬ como cedente de los Italianos, la Inmacu¬ lada, la Virgen del Carmen (de 1827), etcétera. Son de autores conocidos (dando siempre la vuelta de izquierda a derecha) : San Antonio de Padua, de J. P. Mena; Corazón de Jesús (desdi¬ chadamente repintado), de Bellver "el Sordito"; Crucifijo, de Luis Salvador Carmona. Los Santos Pedro y Pablo son de Llantada, los redentoristas y Santos Gerardo Majella y Alfonso Li- •f gorio, de Celestino García Alonso. Los ángeles del retablo mayor son de Her¬ moso; la Santa Librada crucificada, obra bella, es de Luis Salvador muy Carmona, y a.éste se le quiere atribuir ! también el San Pascual Bailón puesto delante de ella ( ?), que puede ser el supuesto San Pedro Alcántara, de Jo¬ sé Ginés (i ?). El San José, de Celes¬ tino García Alonso, finalmente. L·asacristía, bella, tiene noble cajo¬ nería del siglo XVIII, adornada con seis cuadros en lujosos marcos de con¬ cha. En la de la segunda pieza, incor¬ poradas a otra- cajonería, estatuas de Santo Domingo y San Francisco; la Virgen entre Santos Ignacio y Javier, - 110 - en la primera, es cuadro de interés. En el oratorio de la clausura, cual camarín, ya aislado, del altar de la Virgen del Perpetuo Socorro, es de Hastoy el in¬ teresante cuadro de San Alfonso Li- gorio. Los redentoristas, con haber sido postulado San Alfonso, resistiéndolo el fundador, para Arzobispo de Palermo por nuestro Carlos III, no llegaron a España bajo el antiguo régimen: hoy tienen una (dos en Ma¬ doceiia de casas drid), dedicadas del todo al apostola¬ do, pues les está prohibida toda otra actividad, incluso la de la enseñanza. Vive en esta casa, ciego, ya cincuenta y tres años en Madrid, con ochenta y cinco de edad, su celoso propagador en la Península, P. Cagiano de Acebedo. Fuentes de información. De toda la historia moderna, la palabra y memo¬ ria del P. Acebedo. En cuanto a lo an¬ tiguo, sólo como trabajo de conjunto, dos páginas (137-139) del tomo II del "Museo histórico", de Capmany, resu¬ men y buena crítica. En los analistas de Madrid, apenas una noticia aprove¬ chable en el manuscrito de León Pine- lo; otra Alvarez Baena... Las obras en de arte en San Justo y San Mi¬ citadas guel de Octoes por Palomino ("Vidas" 218.' aquí, y en San Miguel, entre otras varias "Vidas", la 181.°), y por Ponz, - Ill — no subsisten, salvo las del siglo XVIII del segundo en San Justo y los lienzos de Castrejón y Valpuesta, de San Mi¬ guel, recién retirados de la iglesia pon¬ tificia. Unico estudio arquitectónico, en el Otto Schubert (páginas 358 a 361, ■ figuras 217 a 219, de la edición espa¬ ñola), con muy bellos dibujos, del mis¬ mo, de planta, sección y fachada, y ba¬ sado en la noticia del arquitecto que ya dió escueta Ceán en el Llaguno (¡sin registrarla el final!). Teixeira dibuja en las torres románicas y los leves buques orientados de las dos viejas parroquias. El proyecto de Ardemáns, del que no había noticia, se conserva firmado en la Biblioteca Nacional; pero en la Expo¬ sición del Antiguo Madrid (núm. 1.025) se catalogó mal además otro proyecto de iglesia de cúpula, diciendo, por error, que era de San Justo (núm. 1.009). De los escultores y pintores hay mención en Ponz (consúltense, aquí, las tres edi¬ ciones para la cronologia de algunos retablos), en Ceán y Ossorio, y en el "Páramo", de Carriazo. Buen resumen en Madoz (Eguren). En el "Boletín de la Sociedad Española de Excursio¬ nes", reproducidas esculturas de Mi¬ chel y Carisana, en estudios de Serra¬ no Fatigati y de Sánchez Cantón, to¬ mos XVII y XXV. — 112 — § 15- Parroquia de Santiago. En el siglo XII (en 1202 el testimo¬ nio: Apéndice i.° del Fuero de Madrid) existían ya apiñadísimas cerca del Al¬ cázar, las seis parroquias de Santiago, San Juan, San Miguel de la Sagra, San Nicolás, Santa María y el Salvador. Los "historiadores" de Madrid narran las fantasías de que la de San Juan la fundó un emperador romano y que fué de los católicos cuando Santiago de los godos arríanos ( ! !). Aquélla la recono¬ cen consagrada por Roberto, obispo de Silves, en 1254 ó 1224; de Santiago, un dato de dos diáconos en documento de 1.257, y otro de voto a Santos Cosme y Damián en 1438. Las dos inmediatas pe¬ queñas iglesias, de altas torres de cha¬ pitel del tiempo de los Felipes, fueron derribadas, con muchas otras manza¬ nas de casas, por José Napoleón, y sólo se reconstruyó Santiago : desde 181 por el arquitecto Juan Antonio Cuer¬ vo, refundiéndole la parroquialidad de San Juan, en cuyo suelo (su solar es hoy plaza de Ramales) yace, ¡sin una mala memoria!, el pintor Diego Ve- lázquez. Ni la fachada ni el interior, roton¬ da, con brazos de cruz ciega, cúpula ciega, con linterna y deambulatorio — 113 - incompleto, tienen interés, aun dentro del neoclasicismo de su fecha. En el retablo mayor, el gran lienzo de San¬ tiago "Matamoros" es el del templo anterior, obra de las más significativas de Francisco Ricci. En el presbiterio, a derecha, deambulatorio izquierdo, y la imagen repetida de la mercedaria Beata Mariana de Jesús, hija de bau¬ tismo de la parroquia (n. 1562; •{• 1624), como lo fué también el mártir Pedro Torres de Miranda (n. 1587; -[■ tín Ar¬ gel en 1620), son de Julián San Mar¬ tín. Los lienzos de los altares de los cua¬ tro ángulos, ahora colgados encima (de ellos es de Maella el San Julián), se sustituyeron por imágenes: la de la Virgen de la Esperanza (a derecha, más a la cabecera) es de Francisco Bellver; de Páramo es la Virgen de la Fuencisla, con sus ángeles (a derecha, más a los pies), y de José Bellver, her¬ mano de Francisco, la sedente de la Virgen de la Vida, de tipo renacentis¬ ta (en el crucero derecho y a la dere¬ cha). De Angel Zamorano, los Sagra¬ dos Corazones. El sagrario y el tem¬ plete son bellos, y la portezuela tiene relieve del Buen Pastor. En la sacristía, algún lienzo antiguo, un San Francisco de Asís de Alonso Cano ; pero el interesante de verdad es 8 — 114 — el de Carreño, del Bautismo de Cristo j (procede de San Juan), que se conser- i va en la salita a la derecha del ingre- > so. Custodia moderna (1923), de Agraz con esmaltes de Cejalbo. I Fuentes de información. La pápele- ; ta más cumplida sobre San Juan, en el ; "Museo histórico", de Capmany, to- [ mo I, páginas 515-517, recordando las I fantasías históricas de los historiado- de Madrid j res (el viejo lábaro, como en Segovia, sería románico). Fáltanos [■ otro texto similar para el viejo San¬ tiago. Lo gráfico de ambos, en Teixei- ra, no reconociéndose arábiga "atala- J ya" la torre de San Juan, y una idea de i las plantas de los dos templos en el pla- no de 1769, donde la de San Juan mues- | tra muretes interiores, cual ruinas (?), : raros. En Pinelo, la noticia de 1438, de | Santiago. De obras de arte, el manus- j crito inédito de Díaz del Valle, hacia X 1657 a 1661, cita otro Cano, hoy en la Academia de Bellas Artes el Ric¬ (?), y ci; en Palomino, "Vidas" 152.°, 168.°, 172.° y 186.' Nota breve en Ponz, con lo de Castro, y en Madoz (Eguren), con la reconstrucción. El conocido re¬ trato de Goya de Cuervo nos da el pla¬ no de Santiago en la mano del arqui¬ tecto (véase en el "Goya", edición Calleja). De los escultores modernos, en el Ossorio, y el "Páramo", ya publi- — 115 — cado, del alumno Carriazo (Archivo de la Facultad de Filosofía y Letras). § i6. San Nicolás (hoy de los Servitas). Fué hasta 1806, desde el siglo XII, una de las diez parroquias del recinto murado de Madrid (Apéndice al Fue- ro, 1202) de las seis apifiádas contra y el Alcázar. La fantasía de los historia- i dores la supuso del 382 (¡en vida de I San Nicolás, en Asia!). En 1806, ere- 1 - . . yéndola ruinosa, se unió la parroquiali- ^ dad a la precisamente rival del Salva- ; dor; unidas las feligresías y titulares, la- recobró en 1842, para hacia 1890 saltar I a establecerse en otro barrio y con otra feligresía en la iglesia de Antón Martín (hoy parroquia "del Salvador y San Ni- ■i- colás"). Pero ya desde 1825 se había ! dado como en propiedad a los herma¬ nos terciarios servitas (antes en Forta- j cœli), que la afianzaron y la decoraron ; ' en ella siguen. En Madrid no hubo nunca frailes de esa Orden, consagrada al culto pasionista desde sus siete san¬ tos (siglo XIII), fundadores florentinos i propagadores del culto de la Virgen de i Dolores; pero hay, sí, monjas servitas (iglesia frente a San Marcos). De to- 1 dos ellos procede el hábito negro "de - 116 — los Dolores". En esta iglesia fué bau¬ tizadoErcilla, el famoso poeta épico. El viejo buque del templo aparecía como tres naves, siglo XVII, sobre macizos viejos muros, cual si fueran agregadas las segundas con aboveda- miento tipleo; pero la cabecera (áb¬ side central) es gótica, con las nerva¬ duras complicadas de fines del si¬ glo XV. La torre aparece mudéjar (sólo vis¬ ta por dentro) y aunquizás como el alminar de una mezquita con restos de pretil alto, sobre el cual va la par¬ te moderna de las campanas. Examinado, sin embargo, el templo, ■trepando por sus alturas, buhardillas y ocultas techumbres, sorpréndese al reconocerle como único en Madrid por varios conceptos. La nave central, apar¬ te la cabecera, conserva integra, aun¬ que estropeada y por encima de las bó¬ vedas, una armadura mudéjar, en cu¬ yos extremos del almizate hay bella labor de lazos árabes, pero cuyos pares de tirantes van sobre canes labrados con eses del Renacimiento, marcando el siglo XVI toda esa cubierta de car¬ pintería de lo blanco, aunque morisca. La torre se confirma como minarete moro, con tres lado de ar¬ zonas por querías ciegas, de cuatro y de tres y tres arcos, de herradura los altos y lo- - 117 - bulados otros, todo en ladrillo. Desfi¬ gurada está en lo alto, al exterior por un revoque hecho por 1910 (?), des¬ pués de un incendio. En el retablo mayor, la Dolorosa, bien interesante del siglo XVIII: mu¬ cho más que la Soledad de vestir, que es donación del propio escultor de cᬠmara de Fernando VII Valeriano Sal¬ vatierra (primera capilla a la derecha). Un Ecce-Homo (a la cabecera de la nave derecha), en hornacina, recuerda a Busi. Encima, delicada Sagrada Fa¬ milia, de lo mejor de pintura en la se¬ gunda mitad del siglo XVIII. A los pies de la nave central. Crucifijo con Dolorosa y el Evangelista, sin retablo, que son de la Escuela de Cristo de la derribada Santa Catalina de los Dona¬ dos. En la antesacristía, una Inmacu¬ lada, escultura de discípulo de Alonso Cano, y un Niño Jesús del siglo XVIII. Un Crucifijo, y dentro, notable Ecce- Homo, pinturas de coetáneos buenos de Goya. Fuentes de información. Escasas (disputa fantástica de la antigüedad del templo en los "historiadores" de Ma¬ drid; Pinelo, año 382, etc.), y la nota más extensa, en "Las calles", de Pe- ñasco-Cambronero (1889); antes en Madoz ("Parroquia del Salvador y San Nicolás"). De las perdidas obras de i - 118 - arte, Palomino ("Vidas" 140.°, 175.", 186.°, y 218." negativa) y Ponz (enaje¬ nación), en Ceán (Ron, Salvador Car- mona) y en Ossorio (el exvoto de Sal¬ vatierra). § 17- San Antonio de la Florida. Primero hubo cerca de la Puerta de San Vicente un humilladero de ta- pión de la Virgen de Gracia, devoción de los guardas del Resguardo de la Puerta vieja de San Vicente (a mitad de la con la imagen que reto¬ cuesta), có en 1773 el pintor Francisco Miran¬ da. Por uno de los guardas de las Ren¬ tas reales, construyó, parece que al pie de la cuesta, el-arquitecto Juan (¿errata por José?) Churriguera, en 1731, una verdadera capilla y con altar colateral para un San Antonio que después man¬ dó hacer al "célebre escultor José Vi¬ llanueva" (¿errata, por Juan, el padre de los arquitectos?), imitada de una pintura, en San Ildefonso, de Pedro de Valpuesta. En 1768, al abrirse la nueva carretera o arrecife de Castilla, al que corresponden a cinco kilómetros la Puerta de Hierro y a seis el puente de San Fernando, hubo de derribarse; pero en 1770, por Carlos III, constru¬ yó la tercera nueva capilla, ya de San - 119 - Antonio por la muy general devoción, el arquitecto Francisco Sabatini. Pero como Carlos IV redondeara los jardi¬ nes que fueran antes la Florida y la Moncloa (de las casas de los príncipes Fío de Saboya y duques ,de Alba, con¬ des de Monclova), se derribó en 1792 el templo, ya muy popular, eligiéndose si¬ tio más apropiado y ameno, cada vez más al Norte, para la actual iglesia. La construyó luego el arquitecto italiano Francisco Fontana, de quien no se tie¬ ne otra noticia. El propio rey puso la primera piedra y sufragó toda la obra, terminada en 1798 o algún año antes, fecha en la cual ya tenía -nueva ima¬ gen del santo, obra celebradisima lue¬ go, del escultor valenciano José Ginés. Del mismo artista, todos los estucos de la capilla. El mismo año, después de la inauguración, Carlos IV encargó a Go¬ ya la pintura de todas las bóvedas y netos altos de los brazos de la cruz griega concúpula central, con linter¬ na, que, apeando sobre pilastras corin¬ tias, forma el lindo templo. Las pintu¬ ras (de Jacinto Gómez Pastor, Inmacu¬ lada con San Fernando y San Carlos, y San Luis con San Isidro) de los dos re¬ tablos del crucero son poco posteriores. La hermosa lámpara central, de bronce dorado, con grupo de tres ángeles, siempre uno invitando al devoto al in- — 120 — greso en el templo, la encargó Car¬ los IV al célebre orfebre Urquízar, acomodado su estilo al neoclásico, que domina todo detalle, estableciendo la unidad. Don Alfonso XIII hizo hacer a Félix Grandaréplica de la misma pa¬ ra la iglesia de Nueva York vecina de la Sociedad Hispánica, cuya edifica¬ ción ha patrocinado el hispanófilo Hun¬ tington. San Antonio de la Florida, del Real Patrimonio, parroquia palatina exenta, fué cedida por aquél usufructuaria¬ mente para instalar la parroquia ma¬ drileña nueva, a petición del arzobispt de Toledo, en 1881. Formalizado el arreglo parroquial, extiende jurisdic¬ ción a dos tercios del alto barrio de Argüelles, además de las riberas. A base de suscriciones de los amantes del Arte, se está edificando una repe¬ tición de la ermita ochocentista, para¬ lela a ella, por el arquitecto Juan Moya (hiy suspendidas las obras, agotados los recursos), para que en la nueva se realice el intenso culto parroquial, ya que por los humos de incienso y cirios se están considerablemente estropean¬ do los "frescos" de Goya. Los restos mortales del más genial, el más esplén¬ didamente dotado por Dios, de los pin¬ tores del mundo, enterrados a su muer¬ te en 1828 en el panteón de los Goicoe- — 121 - cheas en Burdeos, y trasladados en 1900 al cementerio madrileño de San Isidro, han sido adecuadamente in¬ humados en 1919 en este lugar sa¬ grado, el más digno indicado para e ellos, aun no labrándosele sepulcro. Sin dejar de ser ermita, ni perder la visita anual de la famosa verbena, po¬ drán examinarse en condiciones de es¬ tudio y goce las pinturas, en su género únicas en el mundo. La causa principal del peligro de su ruina es imputable a Goya, que no usó sólo el procedimiento solidísimo del fresco, sino como mera preparación, y que quiso dar a la técnica, amén de tonos claros, blancos, oros..., matices geniales, frescura de color, transparen¬ cias y primorosas delicadezas de ejecu¬ ción, imposibles en el verdadero fresco. Usó de templas muy varias, ligeras, y deleznables para toda limpieza, y aun recurrió a novedades de su invención, como el pintar como lavando, a espon¬ ja, además de usar brochas de peine y largas de ástil. Pintó seguido, día por día, salvo los de fiesta (total, ciento veintedías), de i de agosto a 20 de di¬ ciembre del año 1798, en momento ex¬ tremadamente feliz en su larga vida y obra, y seguro de si mismo y del aplauso de la Corte, de la grandeza y del pue¬ blo, que a la sazón tenían el vecino pa- — 122 — seo de San Vicente como el de moda en su solaz cotidiano. En elconjunto maravilloso se dis¬ tingue la seguramente primera labor, más en la tradición ya acostumbrada del artista, en la cúpula, y la del res¬ to, posterior, libre, sin un solo prece¬ dente en la historia del Arte, portento de gracia y maravilla de seducción en todas y una de sus partes, aun a cada veces solamente esbozadas. En la cúpula, en su alrededor bajo, - se representa al pueblo de Lisboa asis¬ tiendo al trance en que San Antonio, instantáneamente transportado desde Padua, ante la noticia de la calumnia de homicidio de que iba a ser victima judicialmente su padre, Martin Bu- lloens, despierta un momento a vida el cadáver del asesinado para que pro¬ clame la inocencia del acusado. A la escena de animación popular y lo tremendo del lance del santo taú- maturgo se contrapone, con el pequeño absurdo de pintarse en zona más baja, todo el único conjunto de los ángeles niños y las angélicas figuras maravillo¬ sas ("majas" divinas) que adoran el símbolo de la Trinidad entre cortina¬ jes y riquísimas estofas y cojines, nun¬ ca imaginados para representaciones de cielo, y sólo acaso excusable la no¬ vedad iconística si, cual se habla de — 123 — "Jesusalem celeste", imaginamos un también "celeste" campamento, acaso al recuerdo del de las tiendas o "taber¬ náculos" del pueblo de Israel atrave¬ sando el desierto, en el Éxodo. Sin fal¬ tar un punto al decoro del templo, aun se puede decir que Goya hizo la más bella decoración profana que palacio ninguno haya alcanzado a tener. Desde el coro alto puede gozarse más el detalle, y habrá necesidad, con todo, de instalar en su día algunos es¬ pejos oblicuos, y aun convendrá hacer ver a la vez las copias grabadas. Fuentes de información. Historia y noticias de las ermitas precedentes y arquitectos y escultores, etc., en el li- brito anónimo, en prosa y verso (sig¬ natura en la Biblioteca Nacional, nú¬ mero 3/31.642), "Noticia de la funda¬ ción de San Antonio de la Florida", con la Vida y Gozos del Santo y grabado de la imagen (Madrid, Josef Herrera, 1798), sin nada de lo de Goya, poste¬ rior. La noticia de las obras de éste, en sus biógrafos y (con las del pintor Gó¬ mez) en el Ossorio. Los "frescos", ad¬ mirablemente grabados en veintidós lᬠminas, formando libro, por Galván. Con motivo de la declaración de mo¬ numento nacional (discrepante la Aca¬ demia de la Historia), con la de los problemas de la conservación de los •» — 124 - .frescos, último enterramiento de Goya, construcción de otro templo para la parroquialidad e incidencias, copiosísi¬ mos textos en toda clase de prensa. Los precedentes consiguientes dictᬠy menes académicos, en el "Boletín de la Academia de San Fernando". Año 1915, página 105 (lo principal), y 1910, pᬠgina 49; 1911, pág. 39;- 1917, pág. 152, etcétera. Inéditos, varios documentos en el Real Palacio. El análisis' mejor de las pinturas, en el tomo II, pági¬ nas 74 a 84 (y seis láminas), del "Goya" de Beruete, reproduciendo la detalla- disima cuenta de los materiales que gastó el pintor. De la arquitectura y del arquitecto Fontana, ni cita alguna en Ceán, Llaguno-Ceán, ni Otto Schu¬ bert, ni en Ossorio. § 18. La Virgen del Puerto. En el año 1725 (8 de marzo) otor¬ góse escritura fundacional de las cape¬ llanías y obras pías de la ermita que, por devoción particular (traída de Pla¬ sència) a la Virgen del Puerto, ya ha¬ bía construido, con sus dependencias, un ya anciano marqués de Vadillo, don Francisco Antonio de Salcedo, corre¬ gidor de Madrid y consejero de Indias, que, presidiendo el Ayuntamiento, ha- — 125 — bía hecho hacer paseo nuevo en el mis¬ mo Campo de la Tela y Campo del Moro. Del templo, como de las fuen¬ tes, puertas monumentales (las de San Vicente) y el paseo todo, fué arqui¬ tecto el la vez favorito del a marqués, Pedro Ribera, el más extraño y exage¬ rado de los churriguerescos, sobre todo en lo decorativo, pero gran construc¬ tor y muy a la madrileña. Por el mis¬ mo marqués, había sido ya él quien la¬ bró el puente de Toledo, e hizo también el cuartel del Conde-Duque. Años más tarde, sin duda al desviarse por la cues¬ ta de las Perdices la nueva carretera de Castilla, bajo Fernando VI, se hizo el camino Alto de la Virgen del Puerto, arrecife de dicha carretera nueva, y en él la escalinata doble de bajada a la ermita; en ella y en las casas que en¬ volvían el pequeño templo hizo las ha¬ bitaciones nuevas hacia 1780, el arqui¬ tecto Juan Durán. Una dudosa restau¬ ración en el siglo XX, cambiándole a la cúpula las pizarras típicas por moderno cinc, la ha dirigido un maestro de obras. Subsiste el Patronato parte de sus y rentas, manteniéndose la institución en su primitivo destino. El conjunto arquitectónicoes el de un interesante ambiente típico y de las primeras obras conocidas de Ribera, pues se inauguró en 1718 (10 de se- — 126 - tiembre), y esa fecha llevan los tam¬ bién interesantes herrajes, del herrero Juan Cuadrado. Sus elementos de de¬ coración son los ya en la ar¬ conocidos quitectura madrileña de antes ; pero la combinación y habilidad para lograr grandeza en lo en realidad pequeño, casi autorizan para perdonar la frase de Schubert, que pone el monumento a las primeras creaciones la altura de artísticas de la época, celebrando la planta, la agrupación de elementos y la elegancia de las lineas. El arquitecto Ribera erigió en 1729 la tumba del famoso corregidor y fun¬ dador, del que se guarda en el cama¬ rín (ahora más guardado) un intere¬ sante retrato de Meléndez. Los retablos obedecen seguramente a proyecto del mismo Ribera. Los late¬ rales tienen dos cuadros de la todavía, en parte, castiza, aunque decaída, es¬ cuela de Madrid; tan poco estudiada la del primer tercio del siglo XVIII, ofrecen esta vez noticia, por raro caso segura,de sus autores, por lo demás desconocidos. De Manuel Santos Fer¬ nández firmado en 1719, es (a izquier¬ da) el castizo cuadro de San Francis¬ co y San Antonio, los santos del fun¬ dador. El cuadro (a derecha) de San Francisco Javier, también firmado en 1719, ya influido del arte de Houasse, — 127 — es de Juan Delgado. Curiosos los tres frontales. La Virgen titular, sedente y dando el pecho al Niño, de talla (¡pero vestida!), será copia de imagen del si¬ glo XVI, primera mitad, pero parece¬ ría un muy bello original de aquel si¬ glo. En el coro y camarín, lienzos cu¬ riosos, singularmente un exvoto de niña, de 1719, muy gracioso. El efecto del templo al exterior, muy típico y muy personal de Ribera, fué sacrificado al dejarlo hundido cuando se hizo el arrecife de la carretera de Castilla, hoy paseo Alto de la Virgen del Puerto. Fuentes de información. Del origen, fundación, bienes, patronato, organiza¬ ción, sin apenas, una noticia de arte (la escalinata), en el libro anónimo (sig¬ natura de la Biblioteca Nacional, nú¬ mero 2/12.919) "Fundación de la ca¬ pilla de Nuestra Señora del Puerto" (Sancha, Madrid, 1788). Noticia escue¬ ta del arquitecto y sus otras obras en los alrededores, por Ceán en Llaguno- Ceán, tomo IV, páginas 106 y 107, y años antes, de los dos pintores, en el Ceán (a sus respectivos apellidos). Ma- doz (Eguren) y otros, copian. Otto Schubert dió el primero, con gran ala¬ banza, la planta y alzado del monu¬ mento. Lo estudió Laredo en confe¬ rencia no publicada. De Gutiérrez Mo- - 128 — reno, en prensa, una conferencia espe¬ cial sobre el monumento y su arqui¬ tecto en la Exposición del Antiguo Madrid. En ésta (núm. 12), el plano parcial de Madrid del arquitecto José Alonso Arce, de 1734, con las obras de toda la zona de la Vega, reformada por Pedro Ribera, de la que es sólo resto el paseo, "bajo" ahora, de la Virgen del Puerto. § 19. Las Carboneras, del Corpus Christi. La Orden de los Jerónimos, la más estrictamente española de todas (sólo existió en las tres monarquías de Cas¬ tilla, Aragón y Portugal), creada en elsiglo XIV, no extendió sistemática¬ mente, ni aun voluntariamente, su ac¬ tividad a la creación de una segunda Orden, de monjas; pero se fueron o creando algunos conventos, siempre co¬ mo aislados, y son lo que subsiste, ex¬ tinguidos los frailes; ahora se trata de resucitarla, y ya hay novicios, y quizá algún profeso, en El Parral, de Se¬ govia. Tampoco existieron frailes je- rónimos "descalzos"; pero un brote de descalcez hubo coetáneo de los de las otras Ordenes, y sólo al crearse al¬ guno de los conventos de monjas, y — 129 — ése es el caso de Madrid con las que, existentes de las jerónimas "cal¬ antes zadas" de la Concepción-, fundación de "la Latina" doña Beatriz Galindo, vino a fundar en 1607 una condesa de Cas¬ tellar, doña Beatriz Ramírez de Men¬ doza (t 6n 1926, de setenta años) : con templo y comunidad dedicados al Cor¬ pus Christi, de la que fué prelada y primera patrona su hija Sor Juana Za¬ pata. El nombre común y usadísimo de "las Carboneras" lo llevan las mon¬ jas de esta casa por una devota In¬ maculada (segundo retablo a izquier¬ da), pintura que se halló en una car¬ bonería, según dicen los historiadores, y que les entregó un famoso Fr. José de Canalejas. El culto eucarístico, con privilegio de Cuarenta Horas cotidia¬ nas (segunda comunidad que lo logró en Madrid, hacia 1897), es lo principal, y ello hace difícil, salvo el Sábado San¬ to, el examen de las interesantes obras de arte y del aspecto del templo : uno de los más típicos e intactos de Madrid. Es del primer tercio del siglo XVII (sencillamente loca la fecha de 1768 [! !] de Peñasco Cambronero, en "Ca¬ lles", pág. 162), sin otra mayor deter¬ minación de fecha que la dicha, indu¬ cida del estilo de la iglesia y de sus tres retablos de la cabecera, que siempre en Madrid solían hacerse a la vez, y los 9 — 130 - tres cara a los pies de la nave. Ignórase igualmente el arquitecto, que será Fray Lorenzo de San Nicolás (por el estilo de la decoración de la bóveda del pres¬ biterio), y los escultores y pintores: sólo se sabe el del cuadro principal, aparte lo de Herrera. En la portadita a la pocos años hace más típica plazuela del Conde de Mi¬ randa (antes del reciente derribo del palacio condal, con sus salvajes y con el arco), un relieve de artista clásico, discípulo de los Leoni: la Eucaristia, adorada por los santos patronos de los Jerónimos, San Jerónimo y Santa Pau¬ la, viuda, ermitaños, en el Portal de Belén, casi mil años antes de la crea¬ ción de los Jerónimos españoles. En el interior, en la alta capilla ma¬ yor y lados de un arco de paso, tres bellos retablos del estilo Mora, o rei¬ nado de Felipe III; pequeños los la¬ terales, de San Jerónimo y Santa Pau¬ la, con pinturas, y complicado cual el de El Escorial (en escala chica) el ma¬ yor, con esculturas, además de las pin¬ turas. al centro, se sabe La de la Cena, que la pintó Vicente Carducho (no está firmado), no siendo exacto que sea imitación directa de la de Ribalta en el Colegio del Corpus Christi de Valencia, aunque le pareciera tan se¬ mejante el recuerdo a Palomino, ni 131 — siendo, por después tanto, necesaria la inventada especie del viajeValencia, a para copiarla, del pintor de cámara, re¬ celoso rival de Velázquez. Pueden ser de diseño de Carducho las esculturas, escuela deJuan Muñoz (discípulo de Gregorio Fernández), pues se sabe de otras intervenciones parecidas : repre¬ sentan el Crucificado, Dolorosa y Evan¬ gelista Juan, San Jerónimo (de carde¬ nal) el Bautista, todas excelentes. El y San Miguel y el Angel Custodio son de otro artista. Del arte de otro (?) maes¬ tro, más pintor, las demás pinturas de los tres retablos, de San Jerónimo (y ante él, copia marmórea de la Virgen siciliana de Trápani) y la Anunciación, en ático (a izquierda), y Santa Paula con el Niño Jesús en Belén, e Inmacu¬ lada (a derecha), y pinturitas en lo bajo de ambos, de San Juan, Asun¬ ción y San Sebastián, y del Bautista, Resurrección y Santa Inés, respectiva¬ mente. En el mayor, además de la Ce¬ na, cuadritos de' Santa Teresa ante Cristo a la columna y San Francisco de Asís ante el Buen Pastor, y varios santos en lo lateral de las estilobatas o pedestales. Los dos retablos a los pies (hacia 1660) son muy típicos y con esculturas al centro, de interés; en el de la izquier¬ da lo tienen mayor los cuadritos (los — 132 — pequeños, meros bocetos o borrones), de Francisco Herrera el Mozo, de muy franca factura y muy bello colorido; San José y Santa Ana, San Agustín y el niño del misterio de la Tjinidad y San Martín con el pobre. Sobre el paso a la sacristía, todavía debe citarse el gran cuadro de la Vir¬ gen del Rosario con las comunidades dominicas. En lo alto de las pare¬ des decoran bien seis lienzos (de iz¬ quierda a derecha) Reyes Magos, Ni¬ ño perdido y Anunciación, Noli me tángere. Cristo con la Samaritana y Oración del Huerto. A los pies, pintu¬ ra del cadáver de la fundadora y su lápida laudatoria. En Cuaresma se saca de clausura una tabla de Nazareno, a lo Morales (no suyo), que la condesa fundadora dió y que fuera por ella recibido de los Gracián Dantisco y por el P. Gracián heredado de su confesada Santa Te¬ resa de Jesús, memorable en varias es¬ cenas místicas de su maravillosa vida. Fuentes de información. Escasísimas las literarias, y'tardías, y sin la menor rebusca moderna de Archivo. La fun¬ dación monástica va anotada en los "historiadores"'madrileños y muchísi¬ mos más datos en forma inesperada (fuera del ciclo cronológico de su obra y como reparando olvidos de sus pre- — 133 — cursores,los historiadores Jerónimos Padres Sigüenza y Santos) en el Pa¬ dre Núñez, "Quinta Parte de la His¬ toria de la Orden de San Jerónimo", manuscrito inédito, en El Escorial (véase Tormo, "Los Jerónimos", pᬠginas 65 a 71). De las obras de arte, sólo noticias (copiadas por Ponz, Ceán, etcétera) en Palomino ' ("Vidas", 65.', y más detalle la 61.*; la 171.°, prete¬ rida, por raro descuido, en el Ponz, y la 20.°). Don Vicente de la Fuente ha¬ bló del extravio definitivo (?) del li¬ bro de Cartas desconocidas de Santa Teresa de Jesús, también por Gracián y por la fundadora recibidas por la Co¬ munidad cuando el cuadro del Nazare¬ no. Los hierros, sin fecha, estudiados por García Bellido (Archivo de la Fa¬ cultad de Letras y publicado en "Arte Español", 1925). § 20. Capilla del Real Palacio. El incendio de la Nochebuena de 1734 y días siguientes destruyó, con el viejo alcázar y palacio de Madrid, la cum¬ plidísima Capilla real que en él estaba situada, entre el patio grande y el pa¬ tio de las Covachuelas (las de los Mi¬ nisterios). En la iglesia, como en el resto del alcázar, se perdieron obras — 134 — de arte excepcionales y en gran nú¬ mero, yparticularmente en ella mu¬ chas joyas de toda especie, como reli¬ carios con reliquias insignes. Al re¬ construirse la regia mansión, en los planos y también después, se variaron ideas sobre la capilla. Se ha creído que no era definitiva la planta realizada, suponiéndose que se pensó entonces y seguramente que se pensó después, y hasta gastar cuantiosas sumas, en com¬ pletarla con un cuerpo avanzado hacia el Norte, al centro de la fachada sep¬ tentrional, también en piso principal. Para tales ideas, terribles el desni¬ por vel enorme, y que hubieran privado' al palacio de la sublime majestad que tiene visto desde la montaña del Prin¬ cipe Pío, hubiera sido la actual capilla sólo como el ingreso o pies de la que se pensaba desarrollar. La historia integra, al parecer, es la siguiente ; En los planos del grandiosísimo pa¬ lacio proyectado por Juvara para los altos de Leganitos (por el actual Buen Suceso), una gran cúpula señalaba la importancia de la capilla proyectada (en planta, similar a la de San Ca¬ yetano y cuadrado de Í30 pies), y otra igual y paralela se destinaba a biblio¬ teca. En los planos de Sachetti del año 1738, por los cuales salió ya de ci- - 135 — mientes el actual palacio en el lugar del antiguo alcázar, se pensaba una rotonda donde hoy el salón de Guar¬ dias, con grandiosa tribuna real al Oeste y el retablo justamente al Este, según la tradición cristiana. En los nue¬ vos planos del propio Sachetti, de 1742, la capilla se situó ya donde se ha he¬ cho; pero habría sido algo menos am¬ plia en su antecapilla, estrecha, y en su rectángulo principal, que era casi cuadrado; su cúpula había de ser apun¬ tada y sobre tambor con galenas, la orientación al Norte, y el estilo deco¬ rativo muy en la tradición del barroco madrileño, castigado y depurado. Que no se pensó en prolongar la planta fue¬ ra del gran rectángulo del palacio lo demuestra, además de los planos (y contra opiniones hoy todavía corrien¬ tes), el hecho de que su exterior al Norte se labrara como definitivo, pues tiene las lujosas armas de Fernando VI, y además se ven la prosecución de los nombres de los Reyes visigóticos y de Asturias y León los pedestales de en las estatuas sobre la que bajᬠcornisa, ronse bajo Carlos III, y singularmen¬ te los dos relieves de San Andrés y Santiago (?), los patronos de la Casa Real. Fué mucho más tarde de reali¬ zada y bendecida la capilla actual, y pensando respetarla íntegra y tomar - 136 — rigurosamente su orden arquitectónico como tipo, cuando ya por Sabatini y en los planos de más de duplicación de la planta del Palacio por el Norte, con otros dos grandes patios, cuando se concibió por entre ellos una como nave de capilla grande, enlazada débilmente con la cúpula existente y para poner en el fondo el coro "canonical". El largo de Sur a Norte hubiera sido de 250 pies, de los cuales sólo 97 corres¬ pondieran a lo actual y 157, en cambio, al inesperado apéndice. Este había de ser de bóveda más baja y con coro alto en el enlace y sobre el paso. El mayor desnivel exigía tres pisos por debajo (el primero, de museo de esta¬ tuas) y una subconstrucción de arcos apuntados todavía más abajo. Esta se llegó a labrar, a costa de enorme gas¬ to, y hoy queda oculta y subterránea en la plaza del Cocherón de Caballe¬ rizas. El total palacio se construyó, con rapidez admirable, en veintiséis años (el Escorial, en veintiuno), de 1738 a 1764, y de la actual capilla, comen¬ zada en 1749, sabemos la fecha de la colocación, muy solemne, de la cruz de un cerrajero que doró el platero Juan de Figueroa sobre su cúpula el año 1757. Por ese tiempo seguía siendo único - 137 - arquitecto director Sachetti, que comen¬ zó y que acabó, aunque achacoso, todo el inmenso monumento, hecho por sus planos, a base de los de su maestro el difunto abate Juvara. Tenia a sus órde¬ nes a arquitectos delineadores, y fué el principal Ventura Rodríguez. El estu¬ dio de las características ha llevado al Sr. Duran al convencimiento de que la Real Capilla es de Ventura Rodrí¬ guez principalmente. Pero no se la cita ni se la alude como suya en las copio¬ sísimas listas que él mismo redactara de todas sus obras, ni sus acalorados pero escrupulosos panegiristas (sobre todo Jove-Llanos) aludieron a ello, con estar a la fecha de los Elogios fú¬ nebres ya libres de reservas, por ha¬ ber muerto su maestro el arquitecto italiano y otros émulos extranjeros de Ventura Rodríguez. Será de éste más seguramente el detalle ornamental ar¬ quitectónico, con arcadas abocinadas y con casetones; si bien el de todos los adornos de las bóvedas se sabe, al me¬ nos, que lo dibujó o proyectó el pintor de ellas, Corrado Giaquínto. Pero la si¬ tuación de la capilla obedeció a la idea de Sachetti, enamorado de la perspec¬ tiva total del gran palacio, por lo que sería inverosímil en vida suya toda idea de prolongación de la capilla por fuera de él, y ha de ser suya, en general, la — 138 — planta, obediente a ese prejuicio, suya a la vez incluso la duplicidad de las naves. Estas, además, tienen explica¬ ción llana, pues la adyacente es la del público, siempre admitido en el uso de Palacio, y la principal es la de las clases de etiqueta que la llenan, abiertas en filas, según el Protocolo, para que desde la tribuna de las personas reales se vea el presbiterio y todas las cere¬ monias. Lo que fué provisional en la obra y quedó definitivo, sin embargo, es el uso de los estucos en los paramentos, en vez de mármoles, y el solado y pul¬ pito, pobres, etc. Ya definitivas las co¬ lumnas de mármol negro manchado de blanco, de Mañaria (Durango, vi- n lia donde trabajó Ventura Rodríguez) : ni los capiteles y bases son de bronce, sino de estuco, dorados como, con ex¬ ceso, otros miembros. Es, con todo, gracioso bello todo detalle y de efec¬ y to bien magnificente. En la capilla parece como si concu¬ rrieran los principales creadores de la entonces naciente Academia de San Fernando; además de los arquitectos, Olivieri, Roberto Michel y Felipe de Castro, escultores, aún graciosamente "rococos", sin quererlo, y después los medio siglo posteriores, más neoclási¬ cos, José Ginés y Esteban Agreda. A — 139 — la vez pintores Corrado y Mengs. los De Castro son los ángeles sobre el in¬ greso y los querubines de las pechi¬ nas; de Michel, frente a la entrada, el león y los niños, y los del cuerpo ático y las claraboyas de la cúpula; de Oli- vieri, los dos ángeles mancebos sobre el altar mayor, todo en estuco. Los que sostienen dos lámparas son de Agreda ; de Ginés son los cuatro Evangelistas en la nave de ingreso; de Juan Samsó (segunda mitad del siglo XIX), el Co¬ razón deJesús y el de María. Todas las pinturas al fresco de las bóvedas son de Corrado Giaquinto, an¬ tes de1761, en que salió de Madrid el famoso pintor napolitano (excepción la poco visible bóveda del Padre Eter¬ no en el transagrario, que es de Mae- Tla). Representa la principal o de la cúpula la Gloria con la Inmaculada, el Bautista y legiones de santos, mu¬ chos de ellos españoles. En las pechi¬ nas (de izquierda a derecha), Santa María de la Cabeza, San Isidoro hoy (¿antes San Dámaso y cambiadas las insignias?), San Hermenegildo y San Isidro^ Labrador. En el platillo de la nave de ingreso, la Batalla de Clavi- jo, y en la tribuna del órgano y mú¬ sicos, la alegoría de la Religión, la más gaya de todas estas brillantes decora¬ ciones. En los retablos, la Anunciación — 140 — es obra de gran empeño de Mengs, pintada (y no acabada) poco antes de su muerte en Roma (en 1779). Su al¬ tar es posterior al del titular y más neoclásico. En el altar mayor, es co¬ pia de un Jordán del Buen Retiro, hoy perdido, el cuadro de Ramón Bayéu, de San Miguel. Es el arcángel el titular de la capilla y de la parroquia exenta, porque el viejo alcázar estaba en la jurisdicción parroquial de San Miguel de la Sagra (por la calle de Requena), iglesia que Felipe III convirtió en la conventual de San Gil, y que ha sido una de las diez parroquias del si¬ glo XII dentro del recinto medieval y de las seis al amparo de la gran for¬ taleza. En la antesacristía, y, más, en la sa¬ cristía (a la derecha del ingreso al templo), varios cuadros interesantes y nunca catalogados. En aquélla, Sansón, de un napolitano ; Reyes Magos, de la escuela de Felipe III; Adoración de los Pastores, acaso veneciano por 1600; los cuatro Doctores latinos, acaso ve¬ neciano por 1750, y la Venerable Ma- falda (?), reina de Castilla. En la sa¬ cristía, el mayor de todos, los Angeles sirviendo a Jesús después de la tenta¬ ción, parece obra, y capital, de escuela sevillana, o de Francisco Herrera el Viejo, o de discípulo suyo. De lo me- - 141 — jor de Lucas Jordán es el del Misterio de la Inmaculada con la lucha (cara a cara) de San Miguel y Luzbel; de Luis Madrazo (1859), el gran cuadro de Santa Isabel ; parece de Ribera el An- gel San Francisco (?) penitente; de y un imitador (¿italiano?) de Rubens, el Martirio de San Andrés, y de artista madrileño influido por Cano y Veláz- quez, el Crucifijo. El Papa Pió VIII (1829-30), cuerpo entero, está firmado por Inocencio Borghini, español, pro¬ tegido de Fernando VIL Hay además bastantes esculturas. La única grande, Inmaculada, estuvo en el altar lateral en el XVIII (Ponz). Del mismo siglo, varias pequeñas, aca¬ so de Porcel el gracioso grupo de San Antonio dormido y el Niño Jesús. Tam¬ bién del siglo XVIII, igualmente poli¬ cromada, la Dolorosa sentada. En mar¬ fil, varios crucifijos (el más interesan¬ te no el jansenista), y sobre todo es el grupo de la Caida del Calvario, seis figuras, sobre la mesa central, del si¬ glo XVIII. En la sala o sacristía de los capella¬ nes, cuatro cuadros que parecen napo¬ litanos en cuatro momentos de la es¬ cuela (Vaccaro, Mattel, Solimena, et¬ cétera): San Jenaro, la Vocación de San Mateo (¿o será de La Calleja?) y — 142 — el Prendimiento (grandes) y David pastor. En piezas altas, riquísimos temos bordados del siglo XVIII. El relicario, en varias piezas al Oes¬ te del ingreso de la capilla, guarda, en el tránsito, la Soledad, de Piquer (y un San Eernando sedente de la vieja Ar¬ mería) lápida de San Félix de las ca¬ y tacumbas de Trason (Roma). En la pequeña pieza principal e inmediata, bello (techo del arte clásico hacia 1800, y en el altar, un relieve en plata oxi¬ dada de San León deteniendo a Atila, de Algardi, reducción del famoso gran relieve de la capilla de la Madonna délia Colonna, en el Vaticano. Hay otros relieves y angelitos excelentes, en plata oxidada también. Se guardan en vitrinas muchas reliquias, y mucho mo¬ biliario religioso, y algunas estatuitas. El arcón grande, curioso, es de Feli¬ pe V y de su primera esposa. En la última pieza del relicario, mu¬ chas más riquezas, tampoco cataloga¬ das. A izquierda, soberbia cruz de cris¬ tal de roca, y en arca forrada de azul, los restos de la almohada (siglo XIII) y de otros objetos del sepulcro de San Fernando III. En la vitrina central, un diminuto relieve en oro sobre la- pizlázuli de la Adoración de los Ma¬ gos; relicario templete (columnas de - 143 - malaquita) del Lignum crucis del Papa Pío IX; otro Lignum crucis es el de los indultos de Viernes Santo; el san¬ to clavo (salvado del incendio de 1734 y recobrado del robo de 1858) está en lujosísimo relicario, de Antonio Piz- zala. Además, los tres cálices con co¬ rona de la ofrenda regia del 6 de ene¬ ro, el pequeño de las ofrendas anuales de cumpleaños, la pila de los bautizos que apadrinan los reyes, una "rosa de oro" y varias otras curiosidades simi¬ lares. Entre los pequeños relicarios colgantes hay varios de interés artís¬ tico. De los cuadros, son de Lucas Jor¬ dán los del Juicio de Salomón, de Da¬ vid ungido por Samuel y de la Profe¬ tisa Débora (?) ; de estilo de Caravag- gio, el de San Pedro penitente. La urna del Monumento del Jueves Santo es de cumplida riqueza. En el alto coro y dependencias, no¬ tabilísimo archivo de música, e instru¬ mentos famosos (algunos atribuidos históricamente a Stradivarius y Amati). Fuentes de información. Ni existe monografía del palacio, ni de la capilla, salvo la síntesis de lo arquitectónico en reciente conferencia del arquitecto Mi¬ guel Durán, todavía inédita (que se va a publicar en la revista "Arquitectu¬ ra"). La Exposición del Antiguo Ma- - 144 — cirid ofrece la serie (incompleta en cuanto a losubsistente) de los planos y secciones (de la Biblioteca Nacional), no los planos de Juvara y de Sabatini (en Palacio). Los meros resúmenes de cuentas de Fernández de los Rios no aluden concretamente a la Real Capi¬ lla : de la que nada se dice (con cuatro grabados) en el texto del conde de las Navas del tomito lindísimo de las edi¬ ciones (Thomas) de la Comisaría del Turismo. En serie de trabajos ti¬ una tulada "Guia Palaciana", editada por Manuel Jorreto, una de las más fraca¬ sadas "monografías" (la entrega 34.") es la de "La Capilla Real y la Salve de Atocha", 1901, que parece será de Mariano Calvo Martin, útil en lo de ceremonias. Todavía lo más aceptable es la descripción del Ponz; pero nada de lo por él citado en la sacristía (sal¬ vo el Jordán) y dependencias se man¬ tiene en ellas (y buena parte en el Mu¬ seo del Prado). De relicarios, etc., no hay nada publicado, sino un trabajo de Mullé de la Cerda en la "Ilustración Española y Americana" (año 1891-I) sobre el Lignum crucis y el santo Clavo. De los artistas de las esculturas ypin¬ turas de la capilla no hay monografía alguna (salvo de Mengs, "Mengs en Es¬ paña", conferencia aún inédita de Sán¬ chez Cantón y el libro de Voss "Male- 145 - rei des Barock im Rom.") ; sus noticias, en Ceán y en Ossorio. El libro de Fran¬ cisco José Fabre (1829), circunstan¬ ciadísimo, sobre las pinturas de las bó¬ vedas del Palacio, tantísimas en nú¬ mero las pintadas (como en ningún otro monumento del mundo ( ?), no al¬ canza a describir (!) las bóvedas de la capilla, del todo preteridas. La biblio¬ grafía sobre la Real Capilla como ins¬ titución canónica, ritos, ceremonial, et¬ cétera, y en quince números, véase en el Espasa, tomo 49 (segunda columna, mitad baja, de la página 1047 y 1048). Para lo de música, lo en Espasa tam¬ bién citado de García Marcellán, 1919. § 21. Capilla de las Reales Caballerizas. Rechazada, lo visto, la idea mag¬ por na de doblar y aun triplicar el Real Pa¬ lacio (y con él la Real Capilla) al Nor¬ te del construido con los proyectos de Sabatini, debió de encargar a este ar¬ quitecto y general de Ingenieros Car¬ los in las edificaciones, no del todo heterogéneas, que llenaron aquellos so¬ lares, a saber; las Caballerizas; enfren¬ te de ellas, la casa que se llamó de Sa¬ batini (dejando libre la "calle nueva 10 - 146 - regalada", hoy lo más al Norte de la de Bailén, que debió de llamarse "re¬ galada" porque la regalaría el monarca al Municipio), y sobre todo el Pala¬ cio de los Ministerios, para el que fuera primer ministro. En las Caballerizas (donde el edificio del cocherón lo hizo Custodio Moreno, bajo Fernando VII) Sabatini hacia también ( ?) el modesto oratorio público, al centro y al fondo del gran patio claustral, reducido a es¬ trecha y baja nave de bóveda carpanel, y más elevada y de arista sobre el retablo mayor. Es éste clásico, a lo 1820 ( ?) más que a lo 1800, y tiene bue¬ na imagen anónima del tiempo del ti¬ tular, San Antón. Fuentes de información. De la igle- sita. nulas. § 22. Capilla del Ayuntamiento (hoy despacho del alcalde). El actual Ayuntamiento tuvo, natu¬ ralmente, su capilla, pero en piezas in¬ cluidas normalmente en su edificación general, que se decidió en 1629, con planos de Juan Gómez de ' Mora del año 1640, en pláticas en 1643 todavía, contratada en 1644, no pintada en el Teixeira de 1656, sucediendo a Mora 147 — José de Villarreal desde 1648 hasta su muerte en 1660 (no pareciendo que ha¬ ya intervenido nunca Alonso Carbo¬ ne!, ni que se oyera antes, hacia 1640, a Rutilio Gazi, Crescenci y Tomás de Angulo, como pidió un vecino), y des¬ conociéndose el sucesor en el encargo por bastantes años, hasta que se ve en él, 1690 (?), en Teodoro Ardemáns a (nacido en 1664) con Miguel Arredon¬ do... Desde luego son de Ardemáns las portadas a la plaza, torres y, entre otras piezas, las de la capilla, cuando hacia 1693-96 se ultimaba la tan tardía obra total bajo los auspicios del famo¬ so corregidor Ronquillo. El cuadro del Calvario, firmado por Francisco Ricci 1662, que guarda el en Ayuntamiento, correspondería al orato¬ rio de la instalación provisional del Ayuntamiento antes de tener casa pro¬ pia. En el propio ángulo noreste y más ostensible del Ayuntamiento se desti¬ naron dos piezas abovedadas (con cú¬ pula la más al Sur) para la capilla, en la cual basta Carlos III (que los tras¬ ladó a la nueva colegiata de San Isi¬ dro) se guardaron los restos de Santa María de la Cabeza, en arca interesan¬ te, con los de otro santo romano. Pero la titular del oratorio era la Inmacu¬ lada, cual lo expresan las pinturas mu- — 148 — rales quellevan todas las superficies, y que trabajó a todo empeño Antonio Palomino, cobrándolas en 1696 (18.000 reales vellón). En la pieza a los pies (al Norte), re¬ presentó en los paramentos los Cua¬ tro Santos Doctores latinos entre si¬ muladas arquitecturas, las tres Virtu¬ des teologales y tres escenas de la Vida de San Isidro y Santa María de la Ca¬ beza, su esposa; además los retratos de Carlos II y su segunda esposa, y los de su abuelo y padre Felipe III y IV. En la pieza de cabecera (más al Sur), todo también dePalomino, la Asun¬ ción de María en la bóveda, y en las pechinas, cuatro Virtudes; en la cabe¬ cera, el Padre Eterno y la Inmaculada exenta de pecado ; en los paramentos, la correspondiente visión apocaliptica de San Juan y el Abrazo de Joaquin y Ana (o Concepción de María, al modo iconístico antiguo), y en medallones, San Isidro y Santa María de la Ca¬ beza. Los zócalos fueron de azulejería talaverana. Los admirables frescos han sido limpiados y restaurados, en 1732, por Nicolás Zorrilla, y sobre todo, en el año 1872, por Antonio Lanzuela. Las imágenes que tuvo la capilla (hoy des¬ pacho y antedespacho del alcalde), en¬ tre las cuales eran de Juan Pascual - 149 Mena una Santa Ana, se destinaron la mayor parte (1861) al Colegio de San Ildefonso. Guarda el Ayuntamiento un gran lienzo de San Dámaso (imagina¬ rio hijo de Madrid), probablemente de Palomino y notable, y sobre toda pon¬ deración, lo es la magnífica custodia eucarística, obra maestra del platero del siglo XVI Francisco Alvarez, del tipo de las del tercero de los Arphes y digna de rivalizar con ellas : se labró en 1568. Era la principal del Corpus, por 110 tener catedral Madrid, y recuér¬ dese a la vez que su Ayuntamiento contribuyó excepcionalmente a las so¬ lemnidades de la fiesta eucarística, pro¬ tegiendo con tan singular empeño y constancia la literatura dramática de los "autos sacramentales", lo más tí¬ pico lo más genial de la es- y a veces ■ pañola, y que en buena parte se cons¬ truyó el Ayuntamiento para ofrecer balcón a la Corona para aquellas festi¬ vidades. Fuentes de información. Había in¬ formación de la custodia (Ponz, Ceán, Llaguno-Ceán, etc.), pero no de la obra arquitectónica, salvo conjetura equivo¬ cada, respecto de Alonso Carbonel, de Otto Schubert (que adelantó la plan¬ ta). El conde de Polentinos dió en el "Boletín de la Sociedad Española de Excursiones" (1912) la monografía con — 150 — todos los datos documentales, siempre incompletos, y reproducciones de con los frescos, cuadros, custodia y planos arquitectónicos. Trabajos de alum¬ nos (Archivo de la Facultad), editado en el mismo "Boletín" (.1918); el de Cayetano Alcázar sobre Alvarez y la custodia, e inédito el de Rosario In- gunza repasando sólo la documenta¬ ción en lo particular de la capilla. §23. Catedral de San Isidro (antes Colegio Imperial). Fundada la Compañía de Jesús en 1534-40, en 1560-pusieron los jesuítas su pie en Madrid (tardíamente, su tri¬ gésima casa en España), para fundar Colegio, precisamente en parte del so¬ lar de la actual iglesia, que les pro¬ curó doña Leonor de Mascarenhas, aya de Felipe II y del príncipe Don Carlos; m.ás tarde tuvieron además Noviciado, donde ahora la Universi¬ dad, Casa profesa entre plaza de He¬ rradores y calle de Bordadores, y Se¬ minario de Nobles, donde ahora los Laboratorios del Material de Ingenie¬ ros, calle de la Princesa... La vieja igle¬ sia, dedicada a San Pedro y San Pablo, fué pequeña, pero al parecer muj' lin- - 151 — da, como obra del jesuíta P. Bartolo¬ mé Bustamante, el ilustre arquitecto del Hospital de Tavera, en Toledo: la planeó en 1562 y la inauguró Felipe II en 1567. La emperatriz Maria, hermana ma¬ yor de Felipe II, al morir en 1603 re¬ cogida en las Descalzas Reales de M.a- drid junto a su hija pequeña, monja, dejó desde sus testamentos de 158.1 y 1594 cantidades grandes (hoy mismo restan en lo de enseñanza cosa de cua¬ tro-millonees de pesetas) para el acre¬ centamiento del Colegio, con miras a influir culturalmente en la misma Ale¬ mania católica, ardiente enemiga como fué Doña Maria del avance protestan¬ te. Compañía, aun antes de ir fa¬ La lleciendo los archiduques usufructua¬ rios del caudal, debió pensar (1620) en construir la magnifica iglesia del Co¬ legio, ya "imperial". En 1622 puso Fe¬ lipe IV la primera piedra. Se dedicó a San Francisco Javier, como la iglesia del Noviciado a San Ignacio, los dos primeros santos jesuítas, canonizados aquel año, y después la Casa profesa a San Francisco de Borja, beatificado en 1624 y canonizado más tarde. La consagración, en 1661, la hizo el nun¬ cio Julio Rospigliosi: el dia de San Ig¬ nacio. La Fundación imperial, resueltos por 152 - laudo arbitral de i6og los pleitos, con¬ sintió que los estudios se inauguraran en 1625. En 1768, Carlos III, expulsa¬ dos los jesuítas de sus estados en 1767, dividió el edificio en tres partes : una, para viviendas; otra, la conventual, pa¬ ra transformar el Colegio en los "Es¬ tudios Reales de San Isidro", de bri¬ llante historia, con cátedras de Cien¬ cias y Letras, base principal de las ac¬ tuales Facultades; pero después en el local quedó en ella sólo el Instituto de Segunda Enseñanza (1844-51, la crea¬ ción), llamado "de San Isidro", y la Biblioteca de la Facultad de Letras, y además la Escuelade Arquitectura; la tercera parte, la iglesia, para borrar el recuerdo mismo de los jesuítas, la dedicó a San Isidro, trayéndose (1769) su cuerpo desde la capilla del santo en San Andrés, y de la del Ayunta¬ miento el de la esposa, Santa María de la Cabeza; a la vez renovóse el presbi¬ terio en estilo neoclásico, y transformó¬ se el Cabildo de los capellanes en Cole¬ giata, de historia prestigiosa, y a la vez sospechosa, pues pasaron por janse¬ nistas sus canónigos, entre ellos Mar¬ tinez Marina, el más ilustre. La igle¬ sia y el Colegio los recobraron por Fernando VII los jesuítas, restableci¬ dos en 1816-17 y 1823, volviendo los ca¬ nónigos y catedráticos en 1820 y 1835. 153 — La Colegiata se elevó a Catedral (pro¬ visional) al crearse la diòcesis de Ma¬ drid-Alcalá en 1885. La última estan¬ cia de los jesuítas fué trágica, pues en los sucesos revolucionarios de 1834 (17 de julio) penetró la masa, fanati¬ zada por las sociedades secretas con la calumnia del envenenamiento de las aguas, por la iglesia y por sus tribunas, y alcanzadas las víctimas en los trán¬ sitos y en la sala capitular, resultaron catorce jesuítas muertos y cinco heri¬ dos graves. El primer obispo, Martí¬ nez Izquierdo, fué asesinado en las gradas del pórtico de la nueva Cate¬ dral por un desmandado clérigo loco, al venir a oficiar el domingo de Palmas de 1886. En 1678, en las propias gradas, vió Madrid la pujanza de la autoridad ecle¬ siástica en la tremenda ceremonia de absolución por el nuncio. Melini y pe¬ nitencia pública y solemnísima de los que dentro del Escorial, violando el fuero, habían hecho preso en nombre del rey al ministro Valenzuela. En 1808 (22 de diciembre), en la iglesia, solem- nísimamente, dijo José Bonaparte al pueblo las más nobles y verídicas pala¬ bras suyas, garantía lograda de la in¬ tegridad de la Monarquía, al recobrarle Napoleón I la capital. En el templo ya¬ cen los restos del P. Nieremberg, el — 154 — prosista, y del poeta príncipe de Esqui- lache, de Jerónimo Rospigliosi (muei*- to 1647), sobrino del Nuncio y del en luego Papa- Clemente IX (1667-69), y delpríncipe marroquí Muley Xeque (y ya no, los del Venerable P. Láinez, se¬ gundo general de la Compañía, de Saa- vedra Fajardo, de Daoiz y de Velarde). En 1842 se estableció en la iglesia un anejo parroquial de la de Santa Cruz, que fué elevado a parroquia nue¬ va del Buen Consejo en el arreglo pa¬ rroquial total de 1891, ocupando la ca¬ pilla : hasta que le deje todo el templo "la Catedral" cuando se traslade a la nueva de la Almudena. Es tradicional la idea de que en par¬ te del solar de la iglesia, sirviendo .San Isidro a los Velas, había abierto uno de los pozos que se suponen obra del santo. Se ha creído y dicho (Espinós) que los planos los dió el jesuíta hermano Francisco Bautista, compuestos o rea¬ lizados por los alarifes Juan Díaz y Juan de Granda. En realidad se ha ve¬ nido a saber que los planos fueron del también jesuíta hermano Pedro Sán¬ chez, excelente dibujante proyectista, y el hermano Bautista estaba en Al¬ calá cuando se puso la primera piedra en 1622 y cuando se empezó la obra de la iglesia en 1626. El hermano Juan de - 155 - Haro, albañil, ayudaba al P. Sánchez en 1623. De Alcalá pudo venir en 1626 el hermano Bautista al acabarse aquel templo del Colegio de allá, y se encar¬ garía del de Madrid desde luego por los achaques del hermano Sánchez, y sobre todo desdé 1633, en que murió este último. Pero cuando a su vez mu¬ rió el hermano Bautista (1679) la obra total estaba de años terminada (1664), y aun se habían hecho obras nuevas o suplementarias, y así el elogio fúnebre (latino) decía que, salvo los cimientos, todo era obra de Bautista: "lo vasto, la hermosura, esplendor, simetría, ma¬ jestad, trabajo y pulidez, bastando el templo imperial para que nunca que¬ dara su nombre sepultado". En 1664 se imprimía en libro del recoleto Pa¬ dre San Nicolás, "Arte y uso de Ar¬ quitectura", la noticia de haberse in¬ ventado por el hermano Bautista el modo de hacer cúpulas no pesadas ni caras de entramado de madera, las re¬ vestidas de ladrillo al interior y tras- dosadas de pizarra y plomo, y que fué la grande de esta iglesia la primera (y varias del P. San Nicolás, las segun¬ das). En la obra general le ayudaron los madrileños hermanos Pedro Fe¬ rrer, Juan de Haro y Andrés Sánchez, albañil, carpintero o cosa semejante. Aparte los méritos estrictamente constructivos, usó el primero el her¬ mano Bautista de las libertades barro¬ cas enpuntos caracteristicos : un dó¬ rico (con el precedente de Scamozzi) alargado y con capitel "toscano", pero con filas corintias de hojas de acanto; el empilamiento de ventana sobre ven¬ tana y sobre puerta, y que en todas ellas sus marcos tengan como "orejas" en su trasdosado, etc. Con tales libertades, en juego libre, dió grandiosidad a la gran portada con su pórtico y sus torres, que no llega¬ ron a coronarse con cúpulas que pro¬ yectó, y al interior, éste de magnas pro¬ porciones, con mucha luz del alto y con cornisas no exageradas para no cercenarla. Parece recordarse San Vi¬ cente de Lisboa y el Gesú de Roma. El error de la oscuridad de lascapillas está a cargo del plano del hermano Sánchez y la exigencia del progra¬ a ma de las iglesias de colegios con tan¬ tas tribunas obligadas, aquí incluso en dos pisos sobre las capillas pequeñas; éstas, obedeciendo al plano, alternan con las grandes. La capilla del Buen Consejo no se concibió al principio con crucero y cúpula; pero ha de ser de Bautista también por sus fechas, de 1660 a 1665 (no la decoración), y asi¬ mismo la ovalada, hoy de la Soledad, de 1671. La sacristía y sus antesacris- — 157 - tias las hizocon su peculio, o sea sus ganancias profesionales fuera de la Or¬ den. Dudoso, pero probabilísimo, pa¬ rece que el convento, hoy Instituto, sea del mismo arquitecto. En la portada, rejas antiguas con el escudo de Doña María; en la horna¬ cina son de Juan Pascual Mena las estatuas de Santos Isidro y Maria de la Cabeza (lo de la primera, también seguro: 3." edición del Fonz). La decoración de la nave y crucero del templo (desgraciadamente, lo que en él únicamente está a buena luz) es de arte pobre las pinturas y escul¬ en turas, del tiempo mismo del hermano Bautista, y lo postizo, de talla dora¬ da "rococo", no de 1685, sino del si¬ glo XVIII, es malo; todo de ninguna gracia. Las pinturas de la cúpula (San¬ tos Pedro y Pablo, Lucas y Juan evan¬ gelista, Fernando e Isidro, Elena y Mò¬ nica (?), Pablo ermitaño y Antón, Inés y Catalina, Lorenzo y Esteban, José y el Bautista, y en las pechinas los cuatro Padres de la Iglesia latina) y las de las naves, cruceros y cabece¬ ra (Navidad, Circuncisión y Reyes; Pentecostés y Resurrección; no la Co¬ ronación de María) deberán atribuirse, respectivamente, a los dos jesuítas flamencos pintores hermano Ignacio Raeth, en esta casa pintando de 1660 - 158 - a 1622 (en Flandes en 1664), y el her¬ mano Adriano Dierix, o "Rodríguez", en ella de 1648 a 1654 ( -j-1669) ; pero hoy no se conocen ya otras obras au¬ ténticas del uno ni del otro para com¬ parar el estilo respectivo. Lasesculturas (los restantes once apóstoles, además de San Bernabé, aparte San Pedro y San Pablo, y seis santas vírgenes) en los machones son imágenes de mano del hermano Bau¬ tista. Excepción el bello San Felipe, muy superior, que Felipe IV encarga¬ ría acaso a Pereira. La dotación de obras de arte, sobre todo pinturas, y también esculturas, de los retablos de la iglesia jesuítica y adorno de las sacristías, se ha man¬ tenido integra, único caso en Madrid en cuanto a las grandes iglesias. Ofre¬ cen en lo religioso la más cumplida representación del arte castizo del si¬ glo XVII como ningún museo, al me¬ nos en cuanto a la escuela de Madrid (y la de Granada). Sólo se perdió el cuadro del ático del altar mayor, que era de Francisco Ricci, cuando el cam¬ bio general del presbiterio por Car¬ los III. Fué arquitecto de esa transforma¬ ción (1767-69) Ventura Rodríguez, que en él y en el mismo retablo respetó todas las masas y elementos de la cons- — 159 trucción del hermano Bautista; pera le cambió en absoluto la decoración toda, sin respetar ni el decorado de una sola moldura: era su novedad aquí la más escrupulosa sumisión a lo clᬠsico y grecorromano. A la vez apro¬ vechó, pero pintándolas de blanco, las diez esculturas de santos labradores, labradas para la capilla de San Isidro en San Andrés por Vasco Pereira, el mejor escultor de Madrid bajo Feli¬ pe IV : cuatro (Santos Alejandro y Elíseo, arriba; Eustaquio y Orencio, abajo) se pusieron en los intercolum¬ nios del retablo, y seis en los de las pi¬ lastras (a izquierda, Adán y Santos Si¬ meón y Esteban ; a derecha, Emeterio, Lamberto y Galderico) al ingreso de la capilla mayor, algunas muy bellas. También aprovechó las de San Pedro y San Pablo del alto de aquél (pintán¬ dolas igualmente), como respetó los escudos. Lo demás es del siglo XVIII. Mengs pintó la Trinidad con Santos Lorenzo, Dámaso y otros, del ático, en sustitución del San Francisco Javier de Ricci. El arca del santo, obra maes¬ tra y muy bella de madera chapada en plata, bronce y oro, de los plateros de Madrid en 1620, encierra la muy rica y muy notable (no de filigrana de pla¬ ta) dada por la reina Orleáns (?) en 1682 ( ?), de San Isidro, que contiene — ItO — su cuerpo incorrupto y procer; el arca más baja es de la santa. El trono de ángeles con la estatua de San Isidro es de Juan Pascual Mena; la de la Fe, de Manuel Alvarez; la Humildad, de Francisco Gutiérrez; los relieves de la Caridad (a izquierda) y la Esperanza (a derecha), del mismo. De Isidro Car¬ nicero, la escultura de los órganos, de dibujo general del mismo Ventura Ro¬ dríguez. Los cuadros de los Sagrados Corazones, de José Méndez. El sagra¬ rio de plata sobre la aislada mesa de altar es liudísima obra reciente de Fé¬ lix Granda Buylla. Lascapillas (desde la izquierda, en circuito, a la derecha), todas del siglo castizo, ofrecen variedad de decora¬ ción, recargada la del refuerzo barroco de dos o tres de ellas. Primera de la iz¬ quierda: gran lienzo de San Miguel triunfante, la obra maestra de Alfaro (poco visible nunca), con Paso de la Calda, copia (1909) del famoso Salzillo en Murcia, por Sz. Araciel. Tercera ca¬ pilla (parroquial) la decoró Sebastián : de Herrera Barnuevo, pintando su te¬ cho y la bóveda y crucero pequeño que añadió el hermano Bautista a la plan¬ ta general del templo; pero se recargó todo el adorno, modificándolo en el siglo XVIII (¿primer tercio?). Al in¬ greso, son de Alonso Cano la bella — 161 Madonna y, también de busto, el San Ignacio. El de Dudas de S. José, nunca estudiado, parece obra maestra pre- rrafaelista ( ?) ; después en la peque¬ ña nave, cuatro lienzos de floreros de Arellano. Cuarta: cuadros de santos fundadores de Ordenes religiosas, de Antonio González Ruiz (siglo XVIII) Quinta capilla de la izquierda: el reta¬ blo con las pinturas del ático (Coro¬ nación de María) y de las estilobatas (Santos Estanislao, Joaquín, Niño Je¬ sús, Ana y Bernardo), de Alonso Cano y su taller (antes de 1658). El cuadro, central de Cano, está hoy en la sa¬ cristía, sustituido que fué por otro de su escuela pintado para fondo de la Inmaculada de escultura de su más ex¬ celente discípulo, José de Mora, por exigencia del patronato familiar de la capilla. Pasó esta en el siglo XVIII a la Congregación de seglares Hijos de Madrid, que añadió las estatuas de santos "madrileños", las de San Isidro, Santa María de la Cabeza y San Dáma¬ so (¡madrileño!), de Luis Salvador Carmona, la después agregada de la y Beata Mariana de Jesús, a su beatifica¬ ción en 1783 (?), de Julián San Mar¬ tín (?). Las pinturas laterales. Vida de la Virgen, serán( ?) las de Pedro de Val- puesta y procederán del incendiado San Miguel. Crucero de la izquierda: obras 11 — 162 — muy hermosas de F. Ricci en el reta¬ blo de San Francisco de Borja, el no¬ table cuadro del titular, invisible siem¬ pre y totalmente por adosada ima¬ gen y de grande sol (de rayos) del Corazón de Maria. En las estilobatas, Santos Tomé, Martirio ( ?), Bartolomé, apóstol ( ?), Esteban, Buen Pastor (en el sagrario), Lorenzo, apóstol (?), La¬ deo, Justo con Pastor y apóstol (?) ; en los lados, San Pedro y San Pablo, gran¬ des, y en el arco, cinco ángeles. La ar¬ quitectura, del hermano Bautista. La capilla absidal izquierda, de cú¬ pula ovalada posterior y quizá no por fuera de los planos del hermano Sánchez (hoy de la Soledad), fué de¬ dicada a San Ignacio de Loyola por los Borjas de la casa principesca de Esquilache y labrada en 1671, fecha de la canonización del santo Borja, y re¬ cargada de más rica decoración en 1736, muy tipicamente barroca y cual la de las salas del palacio de los otros Bor¬ jas en Gandia. La nueva titular es la en el siglo XVI y siguientes celebérri¬ ma Soledad (es de vestir), de la reina Isabel de Valois, labrada, no sin por¬ tento, para la Victoria, por Gaspar Be¬ cerra, acogida aquí (y luego olvidada) al derribo del convento de los mínimos: desdichadamente fué su encarnación renovada y como charolada en el si- — 163 — glo XVIII o XIX. Los brillantes fres¬ cos de la bóveda son de la tan acos¬ tumbrada colaboración de José Jimé¬ nez Donoso y Claudio Coello : triunfo y la vida de San Ig¬ cuatro escenas de nacio y las cuatro Partes del mundo a que extendió su apostolado la Compa¬ ñía de Jesús. No de ellos la pintura que oculta las suyas (¿subsistentes?) de la linterna. Los dos grandes cuadros apaisados a los lados de la capilla mayor, de la Conversión de San Pablo (notable) y de San FranciscoJavier bautizando, son de LucasJordan, traídos de Italia antes de venir el pintor a España (1692). Crucero derecha: de F. Ricci, todas las pinturas, también muy notables, del retablo de San Luis Gonzaga, y tam¬ bién su muy hermoso cuadro grande (el titular ante la imagen de la Virgen del Buen Consejo, precisamente la de este Colegio), obra maestra, oculto por la imagen reciente del Corazón de Je¬ sús (San Luis fué paje de la empera¬ triz fundadora en el viaje de Doña Ma¬ ría a España). En estilobatas, Santos Ignacio, Rosalía, Felipe, Santiago me¬ nor (?), Catalina, Ecce-Homo (sagra¬ rio), Inés, Tomé, Andrés, Lucía y Francisco Javier. A los lados, grandes, el Bautista y San Juan Evangelista; en - 164 - el arco, cinco ángeles. Lo arquitectó¬ nico, del hermano Bautista. Quinta capilla de la derecha: todas las pinturas y el retablo mismo de la Sagrada familia son del escultor, ar¬ quitecto y pintor Sebastián de Herrera Barnuevo, y la decoración total, de su tiempo. En las estilobatas, Niño Je¬ sús (sagrario), San Ildefonso y San Bernardo, San Francisco y San Anto¬ nio y los Evangelistas ; los mártires del Japón, en el ático. Jesús, María y José, en el gran lienzo, la mejor obra del artista. Cuarta de la derecha : En el retablo, de Herrera el Mozo, Santos Antón y Antonio ; las paredes llenas de cua¬ dros (bustos) de santos, de Pablo Per- nicharo y Juan Peña (bajo Felipe V). Tercera de la derecha (malhadadamen¬ te oscura) : en recargada decoración del XVII todas las obras de arte, con¬ siderables, excepto el Crucifijo tutelar, obra maestra de la escultura de Casti¬ lla, del jesuíta hermano Domingo Bel- trán (bajo Felipe II), acaso el prece¬ dente de los de Montañés. De Pedro de Mena Medrano, las imágenes de la Dolorosa, Magdalena y Juan que le acompañan, bien que sin igualarle en belleza, y (?) la de Ecce-Homo. De F. Ricci, los dos cuadros grandes de la Pasión (Nazareno y Ecce-Homo) y los 165 — dos óvalos (San Pedro penitente y ia Verónica). Los adornos de las paredes fueron pintados en unprincipio por Dionisio Mantuano. La cúpula, pinta¬ da (después, en 1673) Por Claudio Coe- Ilo, con ángeles con los instrumentos de la Pasión, y en las pechinas, profe¬ tas (?). El retablo parece de discípulo del hermano Bautista, algo más barro¬ co que el maestro. Primera capilla de la derecha: gran cuadro del pintor clérigo Diego Gon¬ zález de la Vega, de los tres mártires japoneses jesuítas, Pablo Miki, Juan de Goto y Santiago Kisai (el dibujo, en la Biblioteca Nacional) ; y delante, copia por Sánchez Araciel ( ?) del Paso de Salzillo de la Santa Cena, donado (como el otro y el de San Millán) por D. Eugenio Alonso (1918). Elcoro alto es un postizo del si¬ glo XX y sólo para la música. El púlpito tiene de tornavoz una curiosa "cúpula", calada, como de tem¬ plete, probablemente el del altar ma¬ yor, y seguramente obra maestra del hermano Bautista y muy similar a la suya del edículo de la V. O. T. de la calle de San Buenaventura. Los bellos herrajes de las puertas son de 1651, firmados por Erancisco Priv... - 16d — Antesacristías. Primera: decoración policromada mny típica; cuadro del Venerable Láinez rechazando la tiara, de Ruiz Gonzalez (?). El cuerpo ha sido trasladado a la nueva casa profesa (calle de la Flor). Segunda (bajo Fe¬ lipe V) ; techo al fresco de Antonio Pa¬ lomino, con gloria o apoteosis de San Francisco Javier; suyas también, seis pinturas al óleo (las de San Pedro y San Pablo sólo visibles). Sacristía. Construida también por el hermano Bautista y de su peculio, o sea de los agradecimientos que logra¬ ba fuera de la Compañía por sus tra¬ bajos de arquitecto, y repleta de obras de arte, tres de ellas notabilísimas (pe¬ ro ¡muy oscura!). Sobre el ingreso, Adoración de los Magos, espléndida obra atribuida a Ticiano (Ponz),. tam¬ poco de Bonifazio de Pittati, nunca es- tiKÜada. Cuatro Cardenales jesuítas: Nithard, (izquierda), Belarmino (?), Toledo, y Lugo (derecha), interesan¬ tísimos, de Pedro Ruiz González. Gran¬ des cuadros (de izquierda a derecha) : San Francisco Javier dando la Comu¬ nión, de Donoso; la Inmaculada, de¬ liciosísima, de Alonso Cano, y San Ig¬ nacio dando la Comunión ante Santa Teresa, de Palomino; San Ignacio di¬ ciendo misa, de (1663); la Donoso Muerte de San Francisco Javier, y otra - 167 - escena del santo recibiendo la cruz, una u otra de Francisco Santos. En el fondo, tabla, acaso la mejor'obra del divino Morales: San Pedro arrepen¬ tido ante Cristo a la Columna; enci¬ ma, de escultura. Crucifijo, Adán, Eva, etcétera (¿marfiles?). El techo está pintado por Claudio Coello (escena de San Ignacio ante el Nazareno, al centro) y por Donoso (las dos restantes) ; del primero, el fres¬ co sobre el ingreso, y habrá de ser tam¬ bién el del fondo : todos de escenas de los dos santos. En la sala (apenas corredor) de los canónigos, varios cuadros : caravagies- co el visible de San Sebastián. En la sala capitular alta, muchos, de los cuales es de Goya el retrato de Flo- ridablanca, no el de Carlos III. Fuentes de información. Docta y hu¬ manista la Orden, los jesuítas redacta- ••on y elaboraron su propia historia, en papeles en ge^, muy significativos de la total atención prestada, por ejemplo, en la reproduc¬ ción (frecuentemente total) de las ins¬ cripciones de lápidas y aun de cuadros, y una rebusca extremada de las firmas y fechas de éstos. La extensión de las — 215 — descripciones confirma, con menos éxi¬ to, iguales hábitos serios en el trabajo. Por lo cual, y por si se aplaza aún más la edición oficial de tales inventarios de tantas provincias (entre los cuales bay discernir las mayores y las que menores calificaciones), vayan de ejem¬ plo del laudable cuidado puesto en el "Catálogo de Madrid" las notas que ahora voy a poner aquí y al final del segundo fascículo (igualmente ya im¬ preso casi todo), todas tomadas del di¬ cho inventario. Las ordeno por el or¬ den de mis capítulos, y las páginas tendrán (todavía es posible) llamada en los índices, completándolos en las pruebas. § I. Encarnación. — Vicente Cardu- cho firma (1616) el retablo mayor. Bar¬ tolomé Román (1628), el cuadro de la sacristía. § 3. San Andrés. — Retablo mayor, ejecución de Juan de Ocaña y Juan de Lobera. El San José (retablo segundo a la derecha) sí será de Luis Salvador Carmona. Capilla a los pies, con lá lᬠpida fundacional (de Juan Briceño de Aguilar), en 1615.—Fuentes: "Relazion de la fábrica de la capilla de San Isi¬ dro..." (Biblioteca Nacional, manus¬ crito 12.964). § 4. San Pedro. — Fuentes: Docu¬ mento de 1194 (15.° de los publicados por el P. Fita, "Boletín de la Academia de la Historia", tomo VIII, pág. 78), referente a las diez parroquias de Ma¬ drid. Reconstrucción del templo, a la primera mitad del siglo XVII, que hizo el arzobispo de Brindis D. Lorenzo — 216 — Reinoso (según letrero de su retrato de edad de cincuenta y cuatro años, conservado en habitaciones junto a ia sacristía). Lápidas sepulcrales (copia¬ das) de 1591, del.siglo XVII (varias), del XVIII, e indicaciones fundaciona¬ les (incluso entrega de la Inmaculada del retablo mayor). § 7- Santa Catalina.—-Tuvo imáge¬ nes' devueltas al nuevo Cristo del Oli¬ var. § 8. Escuelas Pías de San Fernan¬ do.— En nave oculta lateral, lienzo de San José de Calasanz de Lorenzo Qui- rós, y lápidas sepulcrales (copiadas) de los condes de Lalaing (con pinturitas al temple) y de una condesa de Salva¬ tierra. De uno de los Lalaing, retrato de Maella en el Colegio. También re¬ trato goyesco del arzobispo de Manila Sancho de Santa Rufina (f 1787). Otro del obispo Nóvili (f 1772), escuela de Mengs. Otros muchos retratos : de Ba- ronio, el fundador de la casa P. Gar¬ cía de la Concepción, el arquitecto Pa¬ dre Escribano ( 1790, de cincuenta y tres años) ; del paliógrafo P. Merino, y cosa de treinta más. En la sacristía, la pintura titular de la derribada iglesita de la Portería (citada en el § 53). § 14. Pontificia. — En la capilla se¬ gunda de la izquierda, lápidas sepul¬ crales y fundacionales (copiadas) de Manuel de Orleáns ( 1740) y de su padre, Juan Luis de Orleáns, duques de Charni, generales de España. § 15. Santiago.—Gato de Lema res¬ tauró el Ricci en 1872. La imagen de San José procede del viejo San Juan. - 217 § i6. San Nicolás.—Supone de Ami- cpni la procedente del Salvador, la y Madonna, último retablo de la nave de la izquierda. [Ceán; ¡que la cita, no en la parroquia, sino en el Oratorio del Salvador (!)]. [ 19. Carboneras. — La fundadora, según la letra del retrato yacente, fa¬ llecida en 1626. § 23. Catedral. — El Donoso, Misa de San Francisco, firmado en 1683; el Tránsito de San Francisco Javier, fir¬ mado por Manuel Santos Fernández en 1715; el San Francisco Javier re¬ cibiendo del Salvador las tres cruces (los tres votos), firmado por Juan Del¬ gado en 171g (dudosa la fecha) : son los tres cuadros a contraluz en la sa¬ cristía. En la sala capitular, firma A. Polanco la copia del retrato de la emperatriz, dado por la hija en 1624. § 25. San Ginés.—El lienzo del re¬ tablo mayor es de José San Martin, tomado del boceto del incendiado. Sí serán de Antonio Castrejón los dos lienzos de la capilla cuarta de la dere¬ cha, de Niño perdido e Inmaculada. Dice firmada por Nicolás Fumo el Cru¬ cifijo de su capilla (?). Dice de Pedro Ruiz González el Santo Entierro en colateral de la capilla. § 26. Descalzas. — De Antonio de Herrera, en 1621 (Pérez Pastor), la imagen de la Inmaculada. De Manuel Castellanos (dato documental), los dos grandes retratos del presbiterio, imi¬ tando los incendiados de Pantoja de la Cruz. § 27. Portaceli.—Restauración en el — 218 — interior de 1853. De Alonso de los- Ríos cree las imágenesdel presbiterio. Supónese de Francisco López (discí¬ pulo de Carducho) el Santo benedicti¬ no, cuadro alto al lado del Carreño. Si serán (Ceán) de Pedro de Calabria, dis¬ cípulo de Lucas Jordán, las pechinas y el cuadro grande al alto del crucero- de la derecha. InJice del Fascículo i.° Páginas. Dedicatoria s Explicaciones a modo de prólogo 7 Anotaciones preliminares: I. El primer curso de Historia de Madrid 17 II. Las visitas del cursillo deiglesias. 18 III. Las iglesias estudiadas y las no estudiadas 21 Las iglesias subsistentes al sur y oeste, hasta san cayetano, san ginés y san marcos; § i. La Encarnación 33, 200 y 215 § 2. San Marcos, parroquia.... 39 y 201 § 3. San Andrés, parroquia 42, 201 y 215 § 4. Capilla del Obispo (de Plasèn¬ cia) 49 y 202 § San Pedro el Real.... 54, 202 y 5. 215 § 6. San Cayetano (hoy San Millán, parroquia) 57 y 202 § 7. Santa Catalina de Sena 63, 203 y 216 § 8. San Fernando (Escuelas Pías). 65, 204 y 216 § 9. Capilla del Cristo de los Dolo¬ res, de la V. O. T 69 10. Enfermería de la V. (J. T. 75 y 204 - 220 - II. Iglesia de los Irlandeses, hoy de Gracia 8o y 205 § San Francisco el Grande.. 83 y 12. 205 ; § 13. El Sacramento 100 y 205 § 14. Iglesia Pontificia de San Miguel (antes San Justo) 103, 205 y 216 1 § 15. Parroquia de Santiago 112, 207 y 216 § 16. San Nicolás (hoy de los Servi- ■ tas) i 115, 207 y 217 §17. San Antonio de la Florida. 118 y 207 § 18. La Virgen del Puerto.. .. 124 y 20S § 19. Las Carboneras, del Corpus Christi 128, 209 y 217 § 20. Capilla del Keal Palacio. 133 y 209 § 21. Capilla de las Reales Caballe-y rizas ^ .' 145 y 210 § 22. Capilla del Ayuntamiento (hoy despacho del alcalde).. 146 y 210 § 23. Catedral de San Isidro (antes Colegio Imperial) 150, 210 y 217 § 24. Capilla de la Congregación de la Purísima del Colegio Impe¬ rial 172 § 25. Parroquia de San Ginés. 176, 212 y 217 § 26. Las Descalzas Reales. 184,212 §27. Portacoeli, hoy parroquia cte'' SanMartín 192, 213-y 217 Adiciones y correcciones 200 Más adiciones 214