dbcposirión Iranr israna CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN FRANCISCANA PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN ARTÍSTICA Y LITERARIA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE EXPOSICIÓN FRANCISCANA 911 CENTENARIO DE Lfl MUERTE DE SAN FRANCISCO DE ASlS CATALOGO GENERAL ILUSTRADO MADRID, MAYO Y JUNIO, 1927 BIBLIOTECA FRANCISCANA JOSÉ VILAMALA S. FERMÍN DE LOS NAVARROS PROVENZA, 266-BARCEÍ.ONA CISNE, 12—MADRID, 10 COMISIÓN ORGANIZADORA Por los PP. Franciscanos: Tr. ¿Juan 5P. de Qegisima Tr. Tederíco Curieses Tr. IHanuefflandfn Por los PP. Capuchinos: Tr. Vaufino de Cerbafos Tr. Leonardo de Vera Por la Sociedad de Amigos del Arte: oír. ^Kargués de Confesa cjr. Conde de Cediffo 'Don floagufo Szguerra def'Bayo >, pátfs. 8 y s\>¿. (2) Colección de poemas relinioMit, publicadas en El Eco Franciscano, liarcclona, pág. I2-J. 26 los conventos que no fueron fundados por el favor real, deben su origen a la nobleza, y en la paz de las iglesias franciscanas buscaban la paz de su sepulcro los personajes de más rancia estirpe. Como Enrique IV hizo en el Alcázar de Segovía la Sala del Cordón — gabinete y despacho de reyes — que debe su nom- bre al motivo completamente franciscano de su decoración, así vemos que en las más antiguas y monumentales ciudades de Castilla, en Burgos, Valladolid, Toledo, etc., surgen soberbios palacios en cuya fachada campea como motivo decorativo principal el nudoso cordón de San Francisco; algunos blasones nobiliarios, como el soberbio de la casa de Quirós, aparecen humildemente pro- tegidos por el mismo cordón, porque los nobles españoles estaban convenci- dos de lo que en 1867 manifestaba el diputado Claros — que se gloriaba de ostentar este timbre de honor orlando sus armas — ante el Parlamento: «El humilde cordón de San Francisco puede, no solamente adornar las banderas pacíficas de un parlamentario, sino ilustrar la del más bizarro de nuestros regimientos». En 1390 el célebre Fr. Bartolomé de Pisa, hablando de la gran devoción de los fieles a la Orden Franciscana, demostrada por los magníficos conventos que le edificaban, por Jos muchos que acudían a pedir el hábito, por la prefe- rencia a escoger sepultura en sus iglesias, por las espléndidas limosnas de or- namentos, etc., añade: «Lo que principalmente demuestra esta devoción y el fruto que de ella resulta a los pueblos es la residencia de los religiosos en los palacios de personajes ilustres y notables. Observa a Francia, Alemania, In- glaterra, Gascuña, Aragón, España, Bohemia, Hungría, Austria, Lombardía, Sicilia y toda Italia, y verás que los reyes, los hijos, hijas y esposas de los reyes, los condes, duques, principes, barones y demás proceres del siglo tienen con- sigo, como confesores y consejeros, a los Frailes Menores. ¡Cuántos males se evitan por las predicaciones y consejos de los Frailes! Por lo que, aunque este trato sea algo peligroso para ellos por la distracción que supone, resulta, sin embargo, de gran utilidad para los hombres, provecho para las almas y mé- rito para los mismos Frailes ante el Altísimo. No creo que haya otra Orden alguna a la cual sean tan afectos los fieles como a ésta; lo cual es consecuencia del copioso fruto y provecho que Dios obra por medio de los Frailes... pues ao están allí para divertirse ni mezclarse en negocios seculares, sino para in- 27 formar en la virtud a los señores y demás personas, con las que viven, mediante la gravedad de su vida y costumbres» (i). Pero el centro de la acción y de la vida franciscanas fue el pueblo, el pue- blo trabajador, pobre, necesitado materialmente y miserable espiritual mente. «Si por democracia se entiende el amor al pueblo, el celo por su bienestar y prosperidad, el entrañable afecto a las clases menesterosas, el empeño de aliviar todas las miserias, y acudir en auxilio de todos los infortunios, el ansia vehemente de rehabilitar y dignificar la pobreza, y el anhelo generoso y nobi- lísimo de bajar hasta las últimas capas sociales para hacer llegar allí un rayo de luz y de esperanza, un hálito reconfortante de consolación y dulcedumbre, muy contados, rarísimos son entre los hijos de los hombres los que han pro- fesado la democracia en grado tan intenso, tan excepcional como el Seráfico Patriarca de Asís, que no se contentó con enaltecerla y encomiarla efusiva- mente, sino—lo que vale infinitamente más—la practicó y la vivió, si se me permite la expresión... Amó Francisco al pueblo como le amaron poquísi- mos en la sucesión de los siglos...» (2). Y ese mismo espíritu fue el que San Francisco enseñóe inspiró a sus hijos. Hé aquí como los presenta un moderno historiador alemán: «De dos en dos o de tres en tres marchaban con los pies descalzos y vesti- dos de túnicas viles, pero lleno el corazón de profundísimo amor a Dios y a los hombres. Su apariencia rara excitaba el desprecio y las persecuciones, pero con su angélica paciencia vencían a los adversarios y se grangeaban la admi- ración, el amor y la reverencia. Kl pueblo favorecía de buen grado a estos hombres sencillos y piadosos. Inmediatamente empezaron a edificarse orato- rios, iglesias y conventos para ellos, que todo lo fiaban de la limosna. En la idea de la pobreza absoluta había en verdad inmensas fuerzas recónditas. Pues siendo mendicantes, que no podían esperar ni perder nada en la tierra, que por consiguiente nada deseaban y nada temían, que sabían el pensamiento de los hombres de ínfima condición social y conocían sus necesidades, se hi- cieron amigos de /os pobres y de fas oprimidos, sus consoladores, sus abogados, (1) De LoitformiUite, en Analecta Framisc. IV 563. (2) C. LICHEC;ARAV, Discurso en el Congreso Franciscano de l'W <•« Santiago. < V SMS vengadores... Por tanto, muy pronto fueron considerados como bienhecho- res de una muchedumbre de hombres hasta entonces abandonados, los cuales debían al cuidado de los frailes la salud del cuerpo, y a su enseñanza y conse- jos la paz del espíritu» (i). La caridad franciscana era universal, como que era una proyección o una restauración de la genuina caridad de Cristo; abrazaba a todos, altos y bajos, monarcas y pordioseros, aunque con preferencia a los pobres y humildes, por- que en ellos encontraba más visible la imagen del Redentor pobre y anonada- do por amor de los hombres. Supuesto su ascendiente sobre la majestad real y la nobleza y conocido su amor al pueblo, se deja comprender el bien inmen- so que directa e indirectamente habrían de hacer los franciscanos en aquella época caracterizada por los excesos del feudalismo, inclinando los ánimos de los poderosos a sentimientos de moderación y suavidad y estrechando en un abrazo cristiano a señores y vasallos. El secreto de la popularidad de los franciscanos esta ahí, en que conocie- ron al pueblo y fueron conocidos por el pueblo; en que todo en ellos era popu- lar, humano y práctico, sin complicaciones dialécticas ni metafísicas, sin de- tenerse en largos razonamientos; sino dirigiéndose directamente al sentimien- to, a la voluntad, a la acción. San Francisco y los franciscanos se distinguieron por ser los portadores de la paz, donde quiera que se presentaban, en aquellos tiempos de luchas constantes e implacables. Eran saludados como ángeles de paz, y a su paso cesaban las discordias entre los príncipes, éntrelos pueblos y entre los bandos de una misma ciudad, constituyéndoseles unánimemente en arbitros impar- ciales que no tenían otro interés que el de la justicia, el de la caridad y el de la paz, la paz de las conciencias en primer lugar, y luego, como resultado, la paz ciudadana, y aun la paz interespecífica, digámoslo así, del hermano lobo con los vecinos de (íubbio. Hechos concretos de esta acción pacificadora del Santo Fundador mencionan varios los biógrafos: la paz de Asís en 1210 entre «majores» y «minores»; otras concordias similares en Arezzo, Perusa, Siena, etc. Kn nuestra Patria ya hemos visto que la tradición recxierda episodios de pa- (1) A. K0111, />ir ¡minuten A'ú'iifrla.^mtiírii dvr Miuoritru hi Rhcin^bívlr, Leizijí, 1W!, pAíí. 72. cificación en Lugo y en Pamplona. Respecto de esta ciudad se sabe que en efecto en el año de 121 j los barrios de la Navarrería, San Miguel, San Cemín y San Nicolás se habían levantado en armas, como tantas otras veces, siendo inútiles los esfuerzos del rey y del obispo para apaciguarlos, hasta que en agos- to de 1214 se tomaron ciertas providencias, cuyo resultado fue una paz que duró inalterable durante varios años. La coincidencia de este hecho con la fecha del viaje por España de San Francisco es indudablemente un dato que da mayor fuerza a la antigua tradición (1). La labor que los franciscanos desarrollaron en este sentido no puede ser historiada en estas breves líneas. Baste decir que heredaron el espíritu de su Fundador y que, según el encargo de éste, la paz era su lema: Doininvs det tibí pacem, era su fórmula de saludo; aPax hvic donwfa, eran sus palabras de introducción al entrar en una casa. POBREZA, TRABAJO Y AMOR Además el espíritu franciscano es eminentemente optimista y humano, y procura abrir en el hombre mismo tas puertas de la felicidad y de la fortuna. Con el ejemplo de una gran pobreza unida a una constante alegría, que se re- flejaba en sus semblantes, los franciscanos demostraban prácticamente al mun- do que es posible la felicidad sin lasriquezas,y eran una protesta viva contra la avaricia, manantial fecundo de inquietudes íntimas y de trastornos socia- les. Predicando la vida pobre de Cristo y de los Apóstoles como un verdadero bien, la pobreza dejó de ser despreciada por muchos y gran número de pobres se conformaron y contentaron con su suerte, los ricos se hicieron generosos y no pocos abrazaron la pobreza efectiva. San Francisco inculcó firmemente a los suyos el deber del trabajo, pero con la condición de que no había de extinguir el espíritu de la devoción. En consonancia con este espíritu se formó entre los frailes un hábito y un criterio de enseñanza, según el cual practicaban y propagaban el trabajo, pero evitan- do que el hombre se convirtiera en una máquina ni perdiera su vida espiritual que, como más excelente, debía ser atendida sobre todo. Para conseguir esto (:i) Cfr.J. IÍTAVO. Hl Poverello en Pamplona, puhi. en Vo: de Navarra, n. U15 (Octubre 5 de l, sin omitir tampoco a sus antecesores aragoneses (i). El ejemplo de los reyes se propagó rápida e intensamente a sus vasallos, formándose insensiblemente la Comisaría de Tierra Santa, cuyo centro nacio- nal radicaba en San Francisco el Grande de Madrid, del cual dependían las Comisarias provinciales repartidas por toda España y los cuestores de una y otras que iban de pueblo en pueblo y de casa encasa, pidiendo limosnas para los Santos Lugares e inflamando a todos en la devoción a los mismo Santos Lugares y a la Pasión del Señor. Enlazado con esto está la devoción del santo Viacrucis, que los francis- canos españoles propagaron en España reproduciendo los ejercicios que ha- cían en la Vía Dolorosa de Jerusalén, devoción que luego se propagó por toda la Iglesia, siendo en Italia su principal y primer promotor San Leonardo de Portomauricio, quien confiesa haber recibido la idea de los Franciscanos espa- ñoles de la Ambrosiana de Florencia (2}. (1) E. BOKE, Oella questioue sui Liwghi Sattcti, Malta 1850,34-5.-Cfr. P. S. ÜIJAIÍ, España en Tierra Santa, Barcelona, 1910, Id. Relaciones de España y Tierra Santa, Santiago, 1912. (2) S. LEONARDO, El Via Crucis explanado, tr. eap. del P. GASCUESA, 2 edic. pp. 98-9. LA V. ORDKN TERCERA Para extender esta devoción a los Santos Lugares, al Vía Crucis y en ge- neral al Nacimiento, Vida y Pasión del Señor, los Franciscanos se apoyaron principalmente en la V. Orden Tercera, a la que comunicaron su propio espí- ritu como hijos comunes que somos todos del mismo Padre. La Venerable Orden Tercera de Penitencia es una de las inspiraciones más geniales de San Francisco, y la institución que desde su origen se hizo más popular y querida del pueblo cristiano, participando esta predilección con las otras dos Ordenes Franciscanas. La difusión que alcanzó en España la Tercera Orden fue sorprendente, y sus miembros se extendían por todas las clases sociales desde el trono de nues- tros reyes hasta el último de sus vasallos, resultando que en San Francisco todos eran hermanos, igualados, en cierto modo, por el cordón nudoso y el humilde escapulario que todos ceñían. Ya en las Cortes de Soria de 1380 se habla de que «en los nuestro regnos ay muchos omes et mujeres que se han fecho et facen de cada día fraires de la tercera regla de San Francisco, et que se estau en sus casas et en sus bienes»; los cuales estaban exentos de ciertos gravámenes y tributos. Esta importan- cia fue aumentando con el transcurso de los siglos y dejando su huella en todas las manifestaciones de la vida española, dándose casos tan edificantes como el que refiere el P. Gutiérrez: «El católico y devotísimo Rey y Señor Don Fe- lipe III, habiendo convocado los Grandes de su Reino, para que tomasen ejem- plo de su Real Persona, recibió el hábito de esta Tercera Orden, y le dio la Profesión el Rdmo, P. Ministro General Fr. Benigno de Genova... (1) No insistimos en demostrar la gran difusión de la Tercera Orden, porque apenas había en España persona de algún relieve que no se alistara en esta milicia, formando en ella al lado de las más humildes personas del pueblo. Juntos altos y bajos se ejercitaban en los mismos actos de piedad, de mortifi- cación y de caridad, siendo este ejemplo de gran valor social a la par que re- ligioso. La beneficencia, durante los siglos xiv y xv, estuvo organizada'en nuestra (1) DiYct'totio de leí \ . O. 1 - Valencia J / ( ^ pp. 62-3. 42 Patria bajo el amparo de la Tercera Orden, inspirada y dirigida en esto y en todo por la Primera. Sus beateríos eran hospitales de enfermos y peregrinos, casas de expósitos y alivio y remedio de todas las necesidades. Desde el siglo xv las demostraciones del espíritu altamente social y humanitario de los Tercia- rios son incontables. Se multiplican los Montes de Piedad, los pósitos de gra- no para los labradores humildes, la enseñanza de los niños, las casas de arre- pentidas, los hospitales, los asilos de ancianos, la asistencia a las cárceles, etc. Baste decir que la institución de las Hijas de la Caridad, tan connaturaliza- da en nuestra patria, aunque nacida fuera de ella, brotó del corazón de un Terciario, San Vicente de Paul; y ese otro instituto, tan español y tan be- nemérito de la enseñanza cristiana, las Escuelas Pías, nació del alma de otro Terciario, San José de Calasanz. Y, por no hablar más que de Madrid, la Con- gregación de los Obregones, o siervos de los pobres; el Hospital de Antón Mar- tín; el convento y oratorio de Caballero de Gracia; el Colegio de Beatas de San José (hoy Concepcionistas); el Colegio de Recogidas de la calle de Hortaleza; la ilustre Hermandad del Refugio; la Congregación de la Concordia; la Con- gregación de Sacerdotes Naturales de Madrid; la Hora de oración del Oratorio de la Magdalena, y otras muchas obras de religión y caridad de la Corte deben su origen a fervorosos terciarios de la Congregación de San Francisco el Gran- de, que sintieron inflamado su corazón en el espíritu de su Seráfico Fundador y, como él, procuraron buscar a cada necesidad su remedio apropiado. Pero, además de esas obras debidas al celo personal de muchos terciarios, la V. O. T. de Madrid sostenía colectivamente muchas obras, en cuyo detalle no podemos entrar aquí, porque nos ocuparía demasiado espacio, sin embar- go, nos permitiremos insertar unos párrafos de una de las Memorias anuales, tomada al acaso, pues las noticias que encierran nos revelan admirablemente el espíritu que animaba a aquellos hijos de N. P. S. Francisco. «Han recluido el Háuito de nra. Orden desde primero de diciembre de 1701 hasta fin de este año (1702) 570 personas. Y desde 1 de junio de 1608, que se tiene razón en los libros de la Orden, han tomado el Hábito en ella hasta el dicho día fin de noviembre de este año: 49.094 personas. »Han fallecido desde fin de noviembre de 1701 hasta otro tal día de este presente año 389 hermanos, que recibieron el háuito y profesaron en esta Cor- te, y entre estos 30 a quienes se les dio el háuito en cama por la grauedad de sus enfermedades... Y entre los que han fallecido fueron el Excmo. Sr. Mar- qués de Santülana, Ministro que fue de nuestra Orden; los Sres. Lizenciados D. Miguel Seuillano, Coadjutor de Ministro, D. Thomás López, D. Alonso de San Martín, y el Sr. D. Francisco de Carbajal, discretos que fueron de N. Or- den, por los quales se dixeron cinco Misas cantadas con sus Vigilias y Respon- sos por la Comunidad del Conuento con la decencia que es costumbre; y por los Sres. discretos y ofiziales de la Junta de la Orden se ofrecieron, demás de los sufragios que en común se hacen todas las noches en los santos exercicios, la limosna para 56 Misas rezadas, 130 oídas, 157 limosnas, 50 partes de rosa- rio, 135 semanas de buenas obras, 80 responsos, 63 estaciones mayores, 65 visitas de altares, 19 comuniones, 220 oraciones del santo Sudario, 12 noc- turnos, 11 visitas de nra. Capilla y 1 Corona de nra. Señora. »Hánse continuado en la Capilla de nra. Orden en el discurso de este año los exemplares exercicios de oración, mortificaciones, corona de nra. Señora todas las noches, y en los lunes, miércoles y viernes el exercicio de la disciplina. »En los domingos de Septuagessima, Quaresma y Adviento ha salido nra. Orden a enseñar la Doctrina Christiana a las plazas. »Hase lleuado de comer a las Cárceles de Corona y Corte y Villa y a las mu- jeres de la Galera 30 días en los primeros domingos de mes, alternando las cárceles, y en otros días festivos señalados asi por nra. Orden como por otros deuotos, a cuyas expensas se hacen estas buenas obras... »Por tas quentas que se han tomado al Sr. Mayordomo de la Enfermería consta que ha reciuido 30.733 Rs., y que de ellos ha gastado 30.018 Rs., en las partidas siguientes: los 6.424 en el gasto Diario de los enfermos y en los doce meses referidos: S.436 en el gasto extraordinario de aues, aceite...; 11.554 Rs., en las raciones y salarios de todos los ministros ofiziales, y simientes de la Enfermería; y los 3.603 Rs., en el mantenimiento de las viudas de la funda- ción de la Sra. D.a Lorenza de Cárdenas... i>Han entrado a curarse 46 militares, y de ellos murieron dos; »Han entrado a curarse 57 hermanos, y de ellos murieron cinco; •Han entrado a curarse 89 hermanas, y de ellas murieron treze... nFundó también la misma señora vna Memoria para dar estado de religio- 44 sas a donzellas huérfanas, y al presente se halla novicia vna, y otra, a quien tocó la suerte, la renunció por su edad y achaques, y se ha vuelto a sortear; y los dotes para vna y otra están en las arcas de la Orden. »Asimismo fundó la misma señora vna Memoria para redimir cautivos y la dotó con uo.ooo Rs. de renta, los 70.116 de ellos en efectos sobre el Reyno de GaJizia a 8 por 100, cuyos réditos y principal están perdidos por la quiebra del dho Reyno; y los 39.884 Rs. en efectos de la Villa, quando estauan a 8 por 100; por cuya razón está reducida toda la renta de esta Memoria el día de hoy a 30.336 Rs. al año, y en este de 1702 se han cobrado 26.185 &s- < e * los quales se baxan 1.040 Rs. por pagados al convento de Carmelitos descal- zos de el Desierto de las Batuecas, en cumplimiento de la voluntad de la fun- dadora,.. »Mas se han pagado 1.580 Rs. al Sr. Limosnero para socorrer a algunos hermanos, por cuios achaques no son capazes de entrar a curarse en la Enfer- mería... »...i. 100 Rs. a la niña huérfana que, por la fundación de la Illma. Señora a D. Lorenza de Cárdenas, se mantiene en el Colexio de las Huérfanas de Tru- xillo, y 1.950 Rs. para los pobres de las Cárceles...» (1). Había además otras fundaciones benéficas, entre ellas, la de dar de comer y vestir todos los años el día de San José a un anciano, una mujer y un niño, fundada por el hermano Juan de Rebollín; la de dos dotes anualesde casada o religiosa, etc. Además «algunos caballeros de las Ordenes Militares tienen cedido el pan y agua que, como a tales, se les libra, a nra. V. Orden, algunos determinada- mente para la Enfermería, otros para el culto díuino, otros libremente a dis- posición de la Orden» (Junta General de 6 Julio de 1698). Después de lo que dejamos inserto, podemos afirmar con Mgr. Raymond, hijo de la preclara Orden Dominicana: «Puesto que Dios ha concedido a la Orden Seráfica el don del apostolado social, su Providencia la ha adornado para ello con especiales gracias: utilicé- moslas. Ya es tiempo de hacer saber que la Tercera Orden no está restringida (1) Arcli. de ¡a V. O. T. de Madrid, Gobierno, lib. 12 ís. <« ss. 45 a una aglomeración de almas piadosas. Tienen éstas en ella un puesto; pero dejan grande y espaciosamente abierto el que corresponde a todos aquellos que, gozando de la mentalidad franciscana, deben observar la misma manera de vivir en el mundo, para salvarse más seguramente salvando a los otros por medio de la caridad mutua. ¡A. ello, pues, para conseguir la restauración de la sociedad cristiana...!» I,A GRAN FAMIUA FRANCISCANA La fecundidad de la obra del Patriarca de Asís en sus tres formas primeras fue prodigiosa y debida a un constante deseo de mayor perfección y a su opor- tuna adaptación a las necesidades de cada país y de cada época. España fue el país en que más se manifestó la tendencia al rigor y aí ascetismo, sobrepa- sando a veces la austeridad establecida por el mismo Fundador. Además del movimiento de la Observancia, que fue necesario y general en la Iglesia, y que en España se inició a fines del siglo xiv, y se extendió y triunfó definitivamente en el xv dominando completamente a la Conventualidad— vida franciscana mitigada por privilegios—, hasta que ésta desapareció to- talmente del territorio nacional en el xvi; surgieron aquí varias reformas o modificaciones de la Orden en las que abundan prescripciones supererogato- rias de gran austeridad debidas al fervoroso espíritu de los VV. Fr. Juan Pas- cual, Fr. Juan de la Puebla, Fr. Juan de Guadalupe, San Pedro de Alcántara, etcétera; reformas que dieron lugar a la familia llamada de la Dsscalzez o Al- cantarina, que penetró incluso en Italia (donde fundó también una reforma de este género el B. Buenaventura de Barcelona), y se propagó rápidamente por América y Filipinas, en cuyos países y en Japón, Marruecos, etc., dieron muchos días de gloria a la Iglesia por medio de los incalculables frutos obte- nidos en sus Misiones entre infieles, y al Cielo muchos santos hermoseados con su propia sangre derramada por la fe. Fueron popularísimos en toda Es- paña y en sus colonias hasta que León XIII en 1897 los asimiló, con otras fa- milias franciscanas similares, al cuerpo de la Observancia, si bien por enton- ces era ya muy reducido su número a causa de la exclaustración del 1835. Cuando los Conventuales desaparecían de España empezaban a propagar- 46 se en ella los PP. Capuchinos, gran rama del frondoso árbol seráfico, que tuvo su origen humildemente en Italia en 1525 como un ansia de vida eremítica, a ejemplo de algunos discípulos de San Francisco, y que muy pronto tomó carta de naturaleza en el suelo hispano, donde son bien conocidos y popula- res por sus virtudes y por el celo de su apostolado, del que puede presentarse como ejemplar típico el B. Diego de Cádiz. Hoy comparten con los franciscanos los cariños del pueblo, y con éstos y los Conventuales el reconocimiento ofi- cial de la Iglesia como representantes legítimos de la Primera Orden de San Francisco, o de Frailes Menores. También las hijas de Santa Clara — la «Plantita de San Francisco», como ella misma se llamaba — han fructificado en variedad de matices. Desde el siglo XIII vienen coexistiendo las Clarisas de la -primera Regís, o Descalzas, y las Urbanistas, que deben su nombre a algunas mitigaciones que introdujo el Papa Urbano IV. A éstas se añadieron en el siglo xv las Colelanas, muy parecidas en el rigor a las Descalzas, fundadas en Francia por Santa Coleta con el favor de Bene- dicto XIII (Pedro de Luna), de las que hay algunos conventos en España. F,n Octubre del año último de 1926 S. S. Pío XI concedió los honores del culto eclesiástico a la B. Beatriz de Silva, fundadora, o más bien, iniciadora de una de las más bellas floraciones de la vida franciscana. Noble portuguesa, dama de honor de Isabel de Portugal — mujer de Juan II y madre de Isabel la Católica—, víctima de cortesanas intrigas, huyó un día de la Corte española y se trasladó a Toledo, donde en 1484 fundó un convento con el título de la Inma- culada Concepción, observando la Regla Cisterciense y sometido al Ordinario. Muerta£la fundadora y encargado el Cardenal Cisneros por autoridad apos- tólica de la reforma de las Ordenes religiosas, éste trasladó parte de las reli- giosas al convento que había sido de Franciscanos en la misma ciitdad de To- ledo (1501), les dio para su observancia la Regla de Santa Clara y las puso bajo la obediencia de las autoridades de la Orden Franciscana, siendo todo ello aprobado|por el Papa Julio II en 1511, y quedando de esta manera esta- blecida la Orden de la Concepción Franciscana, que a la muerte de! célebre Cardenal contaba ya con conventos en Torrijos, Maqueda (fundados ambos en 1507 por D.a Teresa de Cárdenas, «La Loca del Sacramento»}, Talavera, Ma- 47 drid (fundado en 1512 por Beatriz Galindo, «La Latina»), e IUescas, que fue la última fundación de Cisneros poco antes de su muerte, además de la casa- madre de Toledo. Por la devoción que España tuvo siempre a la Inmacula- da y por lo identificados que estaban en este punto españoles y francisca- nos, la Orden Concepcionista se extendió considerablemente por toda la pe- nínsula, América, Filipinas y Bélgica, ya en su forma primera, ya en la va- riante de Concepdonistas Descalzas, introducida por la V. M. María de San Pablo, a la que perteneció la celebérrima V. M. Sor María de Jesús de Agreda. Más tarde tuvo origen en Italia y se propagó en España la Orden de mon- jas Capuchinas, que son también Clarisas de la primera Regla. También profesan la primera Regla las Clarisas de la Divina Providencia, que, haciendo nacido no hace mucho en Cataluña, cuentan varias casas y se dedican a la enseñanza gratuita de niñas pobres. La Venerable Orden Tercera de Penitencia, por la amplitud y adaptabili- dad características de su espíritu, vio nacer en su seno multitud de institu- ciones que puede decirse corresponden a las diversas aspiraciones que suelen sentir las almas ganosas de perfección, y a las múltiples necesidades que tra- bajan la colectividad humana. Prescindiendo de las Ordenes y Congregaciones religiosas que, fundadas por Terciarios, se desarrollan con organización independiente (Compañía de Jesús, Escuelas Pías, Hermanos de San Juan de Dios, Mínimos de San Fran- cisco de Paula, Hijas de la Caridad, Sacerdotes de la Misión, etc.), se ofrecen desde muy antiguo dos corrientes fundamentales, la seglar y la monástica. La primera es la propia forma de la V. O. T. ideada por San Francisco y umver- salmente conocida. La segunda la encontramos plenamente organizada en España desde el siglo xrv en su rama de hombres con multitud de conventos, bajo un Ministro General propio y observando la Regla de la V. O. T. con las adiciones necesarias a la vida claustral. En el siglo xv formaban varias Con- gregaciones independientes, y en 1621 el Pontífice León X aprobó una Regla que sirviera para todos los Terciarios regulares. Todavía hoy tienen los Ter- ciarios Regulares una provincia con varias casas en las Islas Baleares, donde son muy queridos del pueblo de Raimundo Lulio. Fueron célebres en toda América los Betlentitas, Congregación Terciario- Regular dedicada a la beneficencia; y en España los Obregones, fundados en Madrid en 1566 por Bernardino de Obregón, de vida común mitigada, consa- grados al cuidado de los enfermos pobres. De reciente fundación son los Ter- ciarios Regulares Capuchinos, que dirigen reformatorios de niños. I,a Tercera Orden Regular femenina goza también de muy respetable an- tigüedad, pues en el siglo xiv existían ya en España en forma de beateríos, dirigiendo hospitales y otras casas de beneficencia y enseñanza. Muchas de estas beatas admitieron en el trascurso del tiempo los votos solemnes y no pocas se hicieron Clarisas o Concepcionistas. A las primeras corresponden, además de las que no admitieron más nombre que el de Tercianas Francisca- nas con el que aun son conocidas, las llamadas de Santa Isabel, quienes, to- mando como modelo y patrona a Santa Isabel de Hungría, se consagraban al euidado de los enfermos en los hospitales; lo mismo que las Ursulinas, funda- das por Santa Angela Merici. Actualmente unas y otras son religiosas de clausura. Muy difícil sería enumerar todas las Congregaciones modernas de Herma- nas de la V. O. T., y cada día aparecen nuevas a cual más fervorosas y activas. Citemos algunas de fundación española o que tienen casa en España: Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora, dedicadas a la enseñanza y a la caridad; Terciarias Franciscanas de la Inmaculada, de Valencia, espe- cializadas en la educación de niños anormales; Terciarias Franciscanas de la Concepción, de Cataluña, extendidas también por Marruecos, Argentina y Uru- guay; Terciarias Franciscanas de la Inmaculada, de Murcia; Terciarias Fran- ciscanas de la Natividad (Darderas); Franciscanas de los Sagrados Corazones; Franciscanas de Sania Cruz', Hermanas de la Caridad de Santa Ana; Francis- canas del Buen Consejo; Terciarias Franciscanas de Figueras; Franciscanas Misioneras de María, consagradas a las Misiones entre infieles; Terciarias Franciscanas francesas de la Enseñanza, etc., etc. Como se vé, el espíritu franciscano se diversifica para atender a todos a la acción y a la contemplación, a las necesidades espirituales y a las temporales, a los fieles y a los infieles, a los niños y a los ancianos. Se hace todo para to- dos, para ayudarlos a todos, para salvarlos a todos. Es el amor seráfico de Francisco de Asís que se difunde en bien de sus hermanos los pobres, los igno- rantes, los extraviados... 7 49 «Sucedió — dice Tomás de Celano — que un virtuoso clérigo español tuvo en cierta ocasión la dicha de ver y conversar con San Francisco; y hablando sobre los frailes de España, le hizo, entre otros, el siguiente relato, que consoló mucho su corazón: «Unos frailes de tu Orden (le dijo) que moran en nuestra patria en un pobrecito eremitorio, de tal suerte tienen distribuido su regla- mento, que la mitad de ellos se ocupan en las labores domésticas, y mientras tanto los otros se consagran a la contemplación. De este modo, los que se de- dican una semana a la vida contemplativa, pasan en la siguiente la vida activa... •Embargóse de júbilo el corazón de Francisco oyendo tal relato de la san- tidad de sus hijos, y desatando la lengua en alabanzas al Señor, al cual atri- buía la gloria de todo, dijo con gran emoción: «Os doy gracias. Señor, guía y santificador de los pobres, porque habéis regocijado mi corazón con estas no- ticias de mis frailes. Bendecid, os ruego, con abundantes bendiciones a aque- llos religiosos y a todos cuantos por sus buenos ejemplos hacen amable su profesión; llenadlos de dones celestiales.» (i). I,a bendición de Francisco de Asís no fue estéril. Fs. MANUEL BANDÍN, O. F. M. DR. KN F. Y h. (1¡ Vita secunda, III c. 135. PERSONAJES FRANCISCANOS ESPAÑOLES SANTOS, APÓSTOLES, MÍSTICOS Y ESCRITORES •AI, vez no ha pasado hombre alguno por la historia a quien se pueda aplicar con igual propiedad, como a San Francisco de Asís, las palabras que fueron dichas por Dios al Padre de las gentes: «Yo te llenaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está en la ori- lla del mar.» (Kxodo, cap. 22-v. 17). Porque el pobrecillo de Asís, con sus tres Orde- nes fundadas sobre las bases mismas del evangelio, ha logrado trocar el mundo en un templo magnífico bajo cuyas bóvedas se adora a Dios con sinceridad y sencillez franciscanas; y ha logrado el milagro estu- pendo de aprisionar al Planeta con el tosco cordón, llevándolo a Dios después de haberlo santificado. A partir del siglo xnr, la historia de todos los pueblos se honra guardando cariñosamente en sus páginas el nombre de innumerables franscicanos aureo- lados con los prestigios de la santidad, del apostolado y de la ciencia. Porque la Orden Seráfica «ha dado a la Iglesia, Pontífices; al pueblo, tribunos; a los al- tares, santos; a los estados, gobernantes; a la ciencia, precursores; a la Religión, mártires; a las dinastías, príncipes.» Empresa sería muy sobre nuestras fuerzas, y no tan propia de este lugar, el hablar de todos ellos; puesto que la Orden de San Francisco es — como alguien ha notado con valiente frase — «una institución imponente en la historia»; con ella influyó más San Francisco en el mundo que con su espada los cesares y los guerreros. Nos ceñiremos, pues, a enumerar someramente algunos de los prin- cipales, en nuestra Patria, con la mira modestísima de contribuir a la ilustra- ción histórica del presente catálogo. La historia española tan saturada está de franciscanismo que, a partir del siglo Xiii, no hay en ella hecho notable, ni hazaña culminante, ni página de gloria, ni hora alguna de angustia y dolor... donde el hábito franciscano no ten- ga su representación real y viviente, substancial o integral para ser la inspira- ción que ilumina, o el consejo que alienta, o el censor que corrige, o el paño de lágrimas dispuesto a recibir siempre las amarguras del corazón en horas tristí- simas de angustia y eu días luctuosos de calamidades y de sangre. Es indudable que la grandeza de un pueblo está siempre en razón directa con los esplendores de la santidad, con las luces derramadas en la senda del progreso y de la civilización por esos astros del mundo intelectual que llamamos sabios, y, sobre todo, por las grandes obras que, a las veces, cambian por en- tero la trayectoria de un pueblo, de una nación o de un continente, cual sucedió en el descubrimiento de América. Sin jactancia de ningún género, y sí con mu- chísima justicia, porque lo afirma la historia, podemos decir que nuestra Patria debe gloriarse de ser Madre fecundísima de santos, de sabios y de héroes, los cuales, con sus virtudes, ciencia y obras levantadas, lograron la gloria singular de que su Patria, España, fuera Señora del mundo entero, y cubriera con su regio manto tantas y tantas tierras que no logró ocultarlas a los vivificantes y continuos rayos del astro rey. Pues bien, para nadie es un misterio la parte principalísima que le cabe a la Orden Franciscana en estas glorias de santidad, ciencia y hazañas patrióticas. Lo veremos, aunque muy confusamente, echando un rápido mirar por el di- latado campo de siete siglos que han transcurrido desde el día memorable en que San Francisco de Asís santificó nuestro suelo con sus huellas seráficas, dejando en él la semilla y el germen de una generación incontable de santos, apóstoles, místicos, artistas v escritores de todas clases que se gloriaron de ceñir el burdo 52 cordón, pero se gloriaron mucho más, de haber cooperado al levantamiento y ornamentación de este suntuoso y magnífico edificio que llamamos Patria. SIGLOS xm Y xiv Dos grandes figuras franciscanas culminan en nuestra Patria durante estos dos siglos. San Antonio de Padua y Raimundo Lull, a cual más interesantes por su estilo. Llevan entrambas el sello de San Francisco: la santa impaciencia del apostolado, de la palabra y de la pluma, y la fiebre sagrada por la exten- sión del reinado de Dios en el mundo. SAN ANTONIO, discípulo de San Francisco de Asís, es el santo popular, el obrador de milagros, el consolador de todas las tristezas, el que remedia todo género de necesidades, el martillo de la herejía, y, por la ciencia divina de sus continuas predicaciones, fue llamado Arca del Testamento. Verdad es que Italia tiene la fortuna de poseer sus sagrados restos, y fue el campo preferente de su apostolado, pero con razón le consideramos como gloria nacional nuestra, por estar su cuna en la Península (Lisboa 110,5) y e n Ia provincia de España haber vestido el sayal franciscano. Hasta el pincel parece haber querido dar al Santo esta doble filiación Ita- liano-Española. Junto a Lorenzo Patinelli y a Strozzi están, con indiscutible ventaja, Murillo y Goya; el primero en su gran cuadro de la catedral de Sevilla, y el segundo en la cúpula de San Antonio de la Florida (Madrid) con menos unción religiosa, pero con ejecución admirable. San Antonio dejó varios tratados ascético-místicos y sermones de santos, cuaresma, etc. Padua le levantó suntuosa basílica. Su culto está extendido por todo el mundo, principalmente por las devociones de los trece martes y el pan de los pobres. Su fiesta se celebra el 13 de junio. RAIMUNDO O RAMÓN LULL, mallorquín (1232 ó 1235-1315) alma de fuego, mundano en su juventud, pero endiosado en la contemplación de las cosas divinas, a partir de sus treinta años de edad, y apóstol infatigable de la causa de Dios, tuvo siempre estos tres levantados ideales: i.° Sacrificar la vida por la conversión de los infieles; 2° escribir libros contra sus errores; 3.0 obtener la fundación de monasterios donde se formaran misioneros para la predicación. 53 Caballero andante del Gran Rey, su vida es algo que asombra por lo fecunda y activísima. Roma, París, Túnez, Mallorca, Montpellier, Genova, etc., etc., escucharon repetidas veces su cálida voz y admiraron sus fervores. Aunque en el «Cant de Ramón» (1299), superior en fuerza emotiva at mismo «Desconort», Lull evoca melancólicamente el fracaso de su vida con estas palabras: «Soy viejo, pobre, desgraciado y sin ayuda de nadie; he emprendido trabajo supe- rior a mis fuerzas; he recorrido gran parte del mundo; muchos buenos ejemplos he dado, y sin embargo, soy poco amado 5' conocido»... con todo, no podemos menos de escuchar en ellas el grito de un alma abrasada en fervores y santifi- cada por la humildad. También su gran Padre San Francisco de Asís decía al morir: «Hijos míos, empezemos ahora mismo el servicio de Dios, que nada he- mos hecho hasta el presente». La producción literaria de Ramón Lull es sencillamente admirable. Por algo en su testamento (1313) constituía su preocupación predominante la salvación de sus escritos. La mayor parte de sus obras están en latín; algunas en lengua arábiga; y lo más interesante de su producción, desde el punto de vista litera- rio, fueron escritas en catalán. Lull fue el primer escritor de su época que em- pleó en la Filosofía la lengua vulgar. Como teólogo, como poeta, y como filó- sofo Ramón Lull es indiscutiblemente una figura nacional franciscana. Catá- logos de 1311 y 1314 hacen subir sus obras a la respetable cifra de 156. Este número se aumentó considerablemente en catalogas posteriores. Los más im- portantes son los de Wadding (1650), Custurer (1700 y 1711), Salzinger (1721), Pascual (1778) y el de Littré-Hauréan en la Histoire Uttéraire de la France (1885). Se analizan en este último unas 200 obras auténticas de Ramón Lull. La biografía más importante del Santo terciario franciscano mallorquín es la «Vita coetánea cuyo texto latino se conserva en el manuscrito latino 15,450 de la Biblioteca nacional de París. El texto catalán fue últimamente publica- do (1915) en el Boletín de la Real Academia de Buenas Letras. SAN FERNANDO REY DE CASTILLA Y LEÓN ¡Terciario) Bien merece notarse como gloria franciscana en ios siglos xm y xiv, junta- mente con San Antonio y Raimundo Lull, a San Fernando Rey de España. Grande como Rey, grande como guerrero en las lides de la reconquista, grande como alma verdaderamente santa, miró siempre con verdadero celo por el es- plendor del culto divino; levantó catedrales magníficas y fue el padre y el con- suelo de los pobres. A todo eso, añadió el haber pertenecido, cual Terciario santo, a la Orden de San Francisco de Asís de lo cual la Orden tan legítimamente se gloria. San Fernando Rey de Castilla y de León nació en uo.9, y murió en Sevilla eJ 30 de mayo de 1252. FB. FRANCISCO EXIMENIS. — Franciscano catalán del siglo xiv, consejero de los Reyes de Aragón y uno de los hombres más insignes de su tiempo. Escribió muchísimas obras en catalán y en latín. Quizá sea el más fecundo de los escri- tores españoles de] siglo xiv. De él se han hecho recientemente estudios bien documentados por Massó y Torrens y por los PP. Pons e Ivans. ALVARO PELAGIO. —Obispo de Salves (Portugal). Autor de la célebre obra «De Planeta Eclesiae». FF. JUAN GIL DE ZAMORA. — Escritor fecundísimo del siglo xm, colabo- rador de Alfonso el Sabio en las Cantigas, maestro de Sancho IV el Bravo, y autor de innumerables obras de historia, filosofía, de asuntos predicables, de exposición de la Sagrada Escritura, etc., etc. Fue en el siglo xm lo que San Isidoro en su tiempo. FR. PEDRO GALLEGO. — Primer obispo de Cartagena; confesor de Sancho IV; escolástico notable. FR. GONZALO DE BALBOA.—Ministro (íeneral de la Orden. Notable pro- pulsor de la doctrina concepcionista, y gran favorecedor del Doctor Sutil Es- coto. SIGLO xv Tres grandes figuras histórico-frauciscanas resplandecen eu el cielo de nues- tra historia patria durante el siglo xv: Cisneros, Isabel la Católica y Colón. has tres se completan y esclarecen mutuamente, prestándose luz y calor para irradiarlos generosamente más allá de los linderos patrios, hasta horizontes y cielos que ellos mismos descubrieron para dibujarlos, con santo orgullo, en el mapa de España. 55 FRANCISCO JIMÉNEZ DE CISNEROS. — Cardenal de la Santa Iglesia, Primado de las Españas y político de gran altura, es una de las figuras más grandes de nuestra historia. Nació en Torrelaguna (Madrid) 1436, y murió en Roa (Burgos) en i5 r 9- Noble de origen, aunque sin fortuna, hizo sus estudios en Al- calá, Salamanca y Roma. Kn 1484 vistió el hábito franciscano en el convento de San Juan de los Reyes de Toledo cambiando el nombre de Gonzalo por el de Francisco. Por consejo del Cardenal Mendoza, Isabel la Católica eligió para confesor a Jiménez de Cisneros cuando éste contaba ya 56 años. Más tarde, fue elegido provincial de la Orden, y además de confesor, era el principal con- sejero de la Reina quien le consultaba los negocios más arduos. A la muerte del cardenal Mendoza, los Reyes Católicos consiguieron nombrarle arzobispo de Toledo triunfando de la obstinada resistencia del humilde franciscano. Si grande se mostró en las horas de tribulación, y grande practicando las virtudes en el claustro franciscano, no menos grande fue como primer repre- sentante del episcopado español, como fundador de universidades, como po- líglota y como regente de un reino tan poderoso por entonces como España. Alcalá, Granada, Toledo, Oran, guardan recuerdos inmortales de su prestigiosa grandeza. La superior energía de su alma y el interés singular por defender la justicia y los fueros nacionales, bien claramente aparecen en episodios como los siguientes: En 1509, septuagenario ya, intentó él mismo la conquista de Oran, reuniendo para la empresa, y a su costa, 20,000 hombres bien armados y municionados. Revisando las tropas para la expedición en la vega de To- ledo díjole Pedro Navarro, su lugarteniente, «pase V. S. Ilustrísima por estro- taparte que por esa le dará mucho el humo de la pólvora». «No se os dé nada, general, contestó rápidamente Jiménez de Cisneros, que el humo de la pólvora en ia guerra me huele tan bien como el incienso en la iglesia». Se atrevieron los magnates a pedirle, con cierta insolencia, les mostrase los poderes que tenía para gobernar. El enérgico Cardenal, de 80 años ya, abrió el balcón y mostrán- doles una compañía de soldados que le daba guardia, contestó: «Esos son mis poderes». Rl fraile, como despectivamente le llamaban sus enemigos, acabó por imponerse a todos. Se presentó al enérgico Regente un embajador de Fran- cisco I de Francia protestando con altanería de la anexión de Navarra a la Co- rona de Castilla y le anunció que su Rey vendría a apoderarse de Navarra, 56 luego de Castilla y hasta de Madrid. Al oír ésto llevóle el Cardenal a la estancia donde se guardaba el tesoro, mandó que dieran de cuchilladas a los sacos que lo contenían, derramóse el oro por el suelo, y tomando en sus manos el cordón que ceñía su hábito, respondió al embajador: «Decid a vuestro Rey que con este dinero y este cordón, si él trata de venir a Navarra, iré yo a darle la batalla a París». A nadie se le oculta la dificultad que tiene el hacer un resumen de la obra del gran Cisneros porque ella va unida a la época de mayor esplendor de nues- tra historia. Bastará con decir que influyó directa o indirectamente en cuanto se hizo en aquel período en España, y que en él encontraron los Reyes Católi- cos su más fiel y eficaz colaborador. La reforma del estado eclesiástico, la fun- dación de la Universidad de Alcalá de Henares donde concurrían hasta 7,000 estudiantes, y la publicación de la Biblia políglota..., esto sólo bastaría para inmortalizar la memoria del franciscano Jiménez de Cisneros. De gran interés para el conocimiento de la actuación política del Cardenal, son sus cartas de las que se han publicado dos colecciones: Cartas del Cardenal don Fray Francisco Cisneros, dirigidas a don Diego López de Ayala, por Pas- cual Gayangos y Vicente de la Fuente, Madrid, 1867, y Cartas de los secreta- rios del Cardenal don Francisco Jiménez de Cisneros durante su regencia en los años de 1516 y 1517, por Vicente de la Fuente, Madrid, 1875. I,a bibliografía de Cisneros es abundantísima. ISABEL LA CATÓLICA. — Reina de Castilla y de F^spaña, nació en Madrigal de las Altas Torres (Avila) el 22 de abril de 1451. El aspecto por el que nosotros aquí la miramos y en el que la historia le concede una intervención trans- cendental, es en el descubrimiento de América, y como sostén y apoyo que dio, juntamente con los franciscanos, al inmortal Colón, hijo tercero, a su vez, de San Francisco. Es opinión corriente que si Fernando el Católico rechazó, al principio, las proposiciones de Colón, Isabel las acogió favorablemente, influ- yendo en el ánimo de su real esposo para que pudieran ser realizadas. Sea como fuere, es lo cierto que Colón fue llamado al campamento de Santa Fe, cuando aún duraba el sitio de Granada y que allí se convino, a grandes rasgos, la em- presa más gloriosa que registra la Historia. Pletórica el alma grande de Isabel la Católica de aquel espíritu franciscano 8 57 comunicado a ella por Cisnetos y por otros confesores suyos, también hijos del Pobrecillo de Asís, explícase muy bien que influyera eficazmente en el descu- brimiento del Nuevo Mundo expoleada, más que por afanes de lucro, por miras altas de engrandecimiento patrio y, sobre todo, por el deseo santísimo de en- sanchar la gloria de Dios y de salvar las almas iluminándolas con las divinas claridades del Kvangelio. El amor grande, que, como buena Hija, tuvo a San Francisco y a su Orden, muéstrase, además de la protección dispensada siempre a los franciscanos, en su testamento donde dice estas palabras: «E quiero e mando, que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de Sant Francisco que es en el Alhambrade la ciudad de Granada, seyendo de religiosos o de religiosas de la dicha Orden, vestida en el hábito del bienaventurado pobre de Jesucristo Sant Francisco...» COLÓN. — Al hojear someramente la historia patria en las páginas consa- gradas a la gran epopeya de Colón y al descubrimiento de América, el alma siente vibraciones desusadas de entusiasmo singular, de admiración en los designios altísimos de la Providencia y, sobre todo, como piense el lector en franciscano y por la Orden del Pobrecillo de Asís tenga alguna predilección..., no puede ser por menos qxie se agolpen en su mente tan históricos nombres y tan franciscanos como la Rábida, Marchena, Juan Pérez, y otros, inseparables del gran acontecimiento histórico-franciscano-español del siglo xv de nuestra historia. Reproducir aquí, siquiera fuese a grandes rasgos, la biografía del gran ter- ciario fransciscano Colón, sería sobre prolijo e inoportuno, innecesario y baldío. Sólo nos importa consignar, por vía de recuerdo y como gloria franscicana, que el gran descubridor de América despreciado en sus colosales empresas por las cortes de los grandes y por las asambleas de los sabios, encontró eco muy claro y consolador en las penumbras de los claustros franciscanos. Y cuando todo parecía haberse obscurecido en el cielo de sus anchas ilusiones, y el último rayo de sus esperanzas palidecía como de muerte, entonces clareó de improviso el horizonte al penetrar por las puertas de una morada franciscana donde la hora de Dios le esperaba en la sencilla y austera figura de un fraile de la cuerda hijo del gran Francisco, para sacarle a flote en aquel golfo borrascoso de contrarie- 58 dades, presentarle, con éxito, ante los Reyes de España ya más benévolos y dispuestos a la decidida protección, y acompañarle, mar adentro, hasta pisar tierras americanas. Cuando atónitos, leáis las hazañas de Colón y la gloria que de ellas resultó para nuestra Patria; cuando os recuerden que España fue tan grande que en sus dominios no se ponía el sol; cuando os hablen de las gentiles hijas que Es- paña tuvo en otras tantas Repúblicas Americanas... pensad que toda esa epo- peya de gloria tuvo una primera nota lanzada a la historia en el silencio de un claustro franciscano que se llama la Rábida, y pensad que el alma y la inteli- gencia y el corazón y los labios que pronunciaron esanota primera fueron de un fraile franciscano que se llamó Juan Pérez. Por eso, la Orden Seráfica, parte principalísima en el descubrimiento, evan- gelización y colonización de América, considera cual timbre de gloria inmortal el haber así contribuido a la exaltación mundial de la Madre España. Y junto a ese pasado, pone el férvido deseo y la voluntad sincera de contribuir por igual, si necesario fuera, al esplendor del futuro en nuestra querida Patria. SIGLO xvi Las naciones y los imperios tienen sus épocas de florecimiento, como sus días de profunda decadencia. Igual la prosperidad que la abyección se exteriorizan en todas las manifestaciones de la vida nacional. En la historia de España, el siglo xvi significa la total eflorescencia de la vida nacional; es una riente pri- mavera de energías vítales, y un estío de sazonados frutos. Los reflejos de esa vida de afuera, llegó hasta la vida de adentro, hasta los claustros, y por tanto, hasta el franciscano, por entonces, extendido y popular como ninguno. La santidad, la mística, las ciencias en sus múltiples manifesta- ciones, todo se cultivaba con verdadero ardor entre los hijos del Pobrecillo de de Asís en España. En la imposibilidad de dar cabida en este modesto trabajo a cuantos franciscanos fueron gloria de la Patria en el siglo xvi, hablaremos solamente de los principales. SAN PEDRO BAUTISTA (Franciscano). —Nació en San Esteban (Avila) en 1546. Los primeros años los pasó en Oropesa y en Avila. A los 15 empezó sus 5J < estudios en Salamanca. Tomó el hábito franciscano en 1565 en el convento de San Andrés del Monte (Arenas). Ejerció su apostolado en Nueva-España y en Méjico. Más tarde fue nombrado Comisario y Superior de la expedición misio- nal de Manila (Filipinas). En 1593 es nombrado embajador de España en el Japón cerca de Taicoza- ma Emperador de aquellas tierras ante quien defendió los fueros de España con estas dignísimas palabras: «Señor, la Nación Española sólo al Dios del cielo y a su Rey dan obediencia y reconocen vasallaje, y no a otro ningún señor de la tierra». El 5 de febrero de 1597 fue martirizado en Nangasaki juntamente con otros 25 gloriosos confesores de nuestra santa fe. El Papa Urbano VIII le elevó a la dignidad de los altares en 1627. SAN MARTÍN DH LA ASCENSIÓN (Franciscano).— Natural de Vergara (Gui- púzcoa). Nació el 21 de septiembre de 1567. Profesó en la Orden Seráfica el 17 de mayo de 1586 en el convento de San Sebastián de Auñón y fue martirizado en el Japón el 5 de febrero de 1597. SAN FRANCISCO BLANCO (Franciscano). —Natural de Pereyro, partido de Monte-Rey, provincia de Orense. Se educó bajo la protección del conde de Monte-Rey. Muy joven, ingresó en la Orden de San Francisco. Hizo su novi- ciado y profesión en el convento de Villalpando siendo modelo de religiosos. En 1594 llegó a Manila en calidad de misionero. Fue martirizado en Nangasaki (Japón) en 1597. SAN FRANCISCO DIÍ SAN JIIÜUKI. (Franciscano-Lego). —Su pueblo natal es Parrilla, pequeñísima aldea a cuatro leguas de Valladolid. En esta ciudad vistió el hábito franciscano en calidad de hermano lego, fue martirizado en el Japón en 1597. SAN PEDRO DE ALCÁNTARA (Franciscano). —Fn la Villa de Alcántara (Ex- tremadura) nació este esclarecido varón en 1499. Hizo sus estudios mayores en Salamanca, y a los 16 años entró en la Orden Seráfica en el convento recoleto de los Manjerretes, una legua de Valencia de Alcántara. Ftic ordenado sacer- dote en 1524. Muy pronto le nombraron superior de varios conventos. Con gran fruto de las almas se dedicó al ministerio de la predicación, principalmente entre los pobres y humildes. Kn 1538 fue elegido provincial de su provincia, 00 consagrándose con verdadero ardor a la reforma de algunas costumbres. El mismo Papa Julio III le concedió facultad para fundar algunos conventos de mayor observancia, aunque sujetos al provincial de Castilla. Los dos primeros fundados, fueron los del Pedroso y Plasencia a los cuales se agregaron otros que formaban la Custodia de San J osé, sn especial patrono y devoto. Entre los hombres esclarecidos que se aprovecharon de la conversación y trato de este varón santo cuéntase el Beato Juan de Avila, Fiay Luis de Granada San Francisco de Borja, y, sobre todo, Santa Teresa de Jesús a quien ayudó grandemente en la reforma del Carmelo. Aprobó el espíritu déla Santa; le quitó los temores que le afligían por sus revelaciones; desengañó a los que la tenían por engañada; la defendió de los que la perseguían; la consoló en sus aflic- ciones, etc., etc., de tal manera que la autobiografía de Santa Teresa es una co- piosa fuente de información sobre la vida, trabajos, don de profecía y milagros de San Pedro de Alcántara. J,a virtud que más en él descolló fue la penitencia. Parecieron a algunos sus rigores temeridad, y aconsejábanle que los moderase a lo que respondió el Santo: «Hemos hecho un pacto mi cuerpo y yo, que mientras viva en este mundo nunca he de tener intermisión en el padecer; mas en llegando al cielo le dejaré para siempre descansar. «Fue también agraciado por el Cielo con un gran don de contemplación. Su paciencia fue invencible en los trabajos de cualquier parte qne le viniesen. En testimonio de sus virtudes y confirmación de su misión de reformador, obró Dios muchos milagros por su intercesión, y aún con sola su presencia. Murió San Pedro de Alcántara en 1562. Fue beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622, y canonizado en 1669 por Clemente IX. SAN LORENZO DK BRINDIS (Capuchino). —Nació en 1559 en la noble ciu- dad de Brindis cuando esta ciudad, con otras muchas de Italia, estaba sujeta a la corona de F,spaña. Desde muy niño vistió el hábito franciscano-capuchino, siendo en el claustro modelo acabado de todos los religiosos por su gran santidad. Ordenado de sacerdote, salió al inundo donde realizó notables empresas en bien de España. En 1608 y 1600, hallábase San Lorenzo en Aleruania en calidad de Comisario General. Los Príncipes Católicos celebraron dietas en Praga donde acordaron oponer un dique a la ola protestante valiéndose para ello del gran poderío del Rey Católico que, como Señor de casi toda Italia y Flandes, sería freno a la osa- día de los príncipes protestantes. Al enviar un Embajador al Rey Felipe III, no dudaron un momento en la elección; todos creyeron no haber sujeto más hábil y competente que el Santo Lorenzo de Brindis. F,n Septiembre de 1609 lle- gaba el Embajador capuchino a la corte de nuestros Católicos Monarcas con gran contento de Felipe III fervoroso hijo de San Francisco, y de su Augusta esposa doña Margarita de Austria a quien el siervo de Dios había dirigido desde muy niña en los caminos de la perfección cristiana. Fue recibido en la Corte con extremada bondad y agasajado con singular cariño, En el cumplimiento de su importante comisión, todos pudieron admi- rar las cualidades de prudencia, tino y celestial sabiduría con que Dios le ayuda- ba. El Católico Monarca, sobre todo, depositó en él tan grande confianza que le consultaba largamente los asuntos más difíciles de su Reino. Como prueba del cordial aprecio en que le tenía, le concedió más tarde, en el Real Sitio del Es- corial, el honroso título de Grande de España valedero para todos los Generales de nuestra Seráfica Orden franciscano-capuchina. Por los años de 1617 el Reino de Ñapóles hallábase en la mayor cons- ternación. Segunda vez fue elegido nuestro San Lorenzo de Brindis, embajador de Felipe III a quien se recurrió por mediación de este Santo Capuchino para el remedio de tantos males. En esta ocasión hallábase el Rey en Portugal a donde fue nuestro Santo para llenar los fines de su Embajada. Llegó, pues, a Lisboa, y a poco de estar con el Soberano, cayó gravemente enfermo pronosticando el fin de sus días. Sabedor Felipe III de la gravedad del Santo, resolvió visitarlo. Los grandes y ministros quisieron impedírselo, alegando que nunca los Reyes de España habían visitado a ningún embajador. Contestó el .Rey: eYo no voy a visitar a ningún embajador, sino a un santo, y esto no es indecoroso para un Rey.» Hospedábase San Lorenzo en el palacio del Marqués de Villafrauca. Cuando éste notificó al Monarca la muerte próxima del Santo capuchino, levantó los ojos al cielo, diciendo: «Cúmplase la voluntad de Dios: id, Marqués, y cuidad de su asistencia.» El 22 de julio de 1619 San lorenzo de Brindis entregaba su alma en las manos del Criador a los 60 años de edad y 45 de religión. Cuando el Rey hubo recibido la noticia del fallecimiento del Santo embaja- dor fue grande su sentimiento, y sin poder contener sus lágrimas, se retiró a su oratorio, donde permaneció largo tiempo. El santo cadáver fue trasladado a Villafranca del Bter¿o y depositado en el convento de la Anunciada, donde aún se veneran hoy sus sagrados restos. Fue beatificado por Pío VI en 1783, y canonizado por L,eón Xlíl en 1881. SAN PKDRO REGALADO. (Franciscano). —De Valladolid y de noble linaje. Nació en 1390. A la edad de 14 años fue recibido en la Orden Seráfica en su ciu- dad natal. Compañero inseparable del P. Villacreces, trabajó con él en la santa reforma de la observancia. Fue superior del convento de la Aguilera en 1415 y 1422. Premió el Señor sus virtudes concediéndole el clon de profecía y de mila- gros. Murió en la Aguilera el 30 de Marzo de 1459. Fue beatificado en 1684 por Inocencio XI, y canonizado por Benedicto XIV en 1746. SAN FRANCISCO SOLANO. (Franciscano)/—Nació en Montilla (Córdoba) en 1549. Profesó en la Orden de San Francisco en su patria en 1570. Murió en Lima en 1610. Su primera vocación ministerial fueron las misiones de Marrue- cos; pero la Providencia Divina le llevó a las de América. Arribó al Nuevo Mundo en 1589; Panamá recogió las primicias del Apóstol; catorce años pasó evangelizando los países del Tucumán y del Plata; siete los del Perú y Chile. Su obra evangelizadora fue inmensa. I*o que significa San Francisco Javier en las Indias Orientales, es San Francisco Solano en las Occidentales. «Francisco Solano — dice un moderno autor americano — es, sin duda, la figura de líneas más perfiladas y grandiosas... Cuando se escriba la historia de la Conquista con el criterio que inspira el amor a la verdad exacta, hemos de ver cómo se destaca sobre todos los demás apóstoles americanos ese hijo de la Orden Será- fica, encarnación de la madre España.» Cuando falleció San Francisco Solano, el pueblo le aclamó por santo. Casi todas las Repúblicas sudamericanas y las principales ciudades de las mismas le veneran como glorioso Patrono. El Papa Benedicto XIII le inscribió solem- nemente en el Catálogo de los Santos {1726). SAN DIKGO DE ALCALÁ. (Franciscano). — Se le da este nombre por haber muerto en Alcalá de Henares en 1463. Llámasele también San Diego de San Nicolás por ser este el pueblo en que nació, situado entre Cazalla y Constanti- na, diócesis de Sevilla. En sus primeros años hizo vida eremítica; pero más tarde, ansioso de mayor perfección, ingresó en la Seráfica Orden de San Fran- cisco. Fue fundador de la Orden en las Islas Canarias y guardián (aunque lego) del convento que edificó con Fr. Juan de San Torcaz. En 1450 hizo su viaje a Roma con Fr. Alonso de Castro. Vivió mucho tiempo en la ciudad Eterna, siendo eí ejemplo de todos por su acendrada caridad. Los últimos trece años de su preciosa existencia los pasó en Alcalá de Henares. Fue canonizado por Sixto V el 2 de julio de 1568 por el mucho empeño que puso en ello Felipe II rey de España, grandemente agradecido al Santo por un singular favor que de él obtuvo el año 1562. B. JUAN DE PRADO {Franciscano). — En la Diócesis y provincia de León arciprestazgo de Almanza, existe la pequeña villa de Morgovejo patria de nuestro Beato (1560). Vistió la librea franciscana en el convento de Rocamador (Extremadura) el 16 de noviembre de 1584. Los primeros años de su vida re- ligiosa los pasó en la práctica heroica de las más excelsas virtudes. Arrastrado por el celo de la gloria de Dios y salvación de las almas, consiguió, después de vencidas notables dificultades, el internarse en Marruecos para evangelizar aquellas gentes. Indecible es cuanto el Santo debió sufrir entre los infieles ene- migos de la fe cristiana. Fue martirizado de mil maneras, herido por el mismo Rey con una mortal cuchillada en el cuello, asaetado, arrojado en una hoguera, y de otras muchas maneras atormentado. Su muerte y gloriosísimo martirio fue acompañado de notables prodigios y visitas amorosas cuanto confortantes del Señor. Murió, por fin, destrozada su santa cabeza a fuerza de cruelísimos golpes el día 24 de mayo de 1631 a los 47 años de hábito y 68 próxima tímete de edad. MÍSTICOS Y ASCÉTICOS I,a mística franciscana del siglo xvi es verdaderamente admirable. No se nos oculta que los nombres de Teresa de Jesús y Juan de ía Cruz significan principado en este reino de la mística española, y con justicia son aclamados 64 como tales en el mundo entero. Pero cabe preguntar, hablando, sobre todo, de la Mística Doctora: ¿a cuáles fuentes fue a beber su purísima cuanto elevada doctrina? Ella misma confiesa haber sido sus verdaderos y casi tínicos maestros de la ciencia mística Pedro de Alcántara, Alonso de Madrid y Francisco de Osuna. Hablemos de ellos, añadiendo pocos más. KR. FRANCISCO DIÍ OSUNA: «Norte de los Estados» (1550)—«Abecedario espiritual» en seis partes, 1542 y siguientes. La más propiamente mística es la cuarta, que abarca el tratado de la «It/;, *Arte para aprender la misma lengua». 71 FR. GREGORIO MOVIU.A.: «Explicación de la doctrina cristiana por el Car- denal Belarmino, que está en lengua Timucuana de la Florida» (1631). «Modo de administrar los Sacramentos, en lengua de la Florida» FR. MIGUEL VAC: «Comparaciones varias de las dos lenguas castellana y mexicana». El autor murió en 1643. FR. BERNARDINO DF: VAU,A.DOLID: «Dioscórides cu lengua del Yucatán con adiciones». El autor murió en 1652. SIGLO xvnr El franciscanismo en España está representado y como encarnado en el siglo xvín en la gran figura del Beato Diego José de Cádiz misionero Capu- chino. Nació en Cádiz {1743). Murió en Ronda de Málaga et 24 de marzo de 1801 a la edad de 56 años. Le beatificó León XIII en 1894. Las obras principales del Beato son: «Sermones y alocuciones sobre Varios asuntos». «Aljaba mística y modo de visitar a Jesús Sacramentado». «Memorial al Rey con motivo de la guerra contra la República Francesa». «Colección de consultas graves», etc., etc. Nada puede dar mejor idea de lo que fue este gran apóstol como las memo- rables palabras que de él dice el insigne I). Marcelino Menéndez y Pelayo en su «Historia de los Heterodoxos Españoles». «Pongamos ante todos los oradores que difundieron por la península la luz de la cristiana enseñanza en el siglo xvín a Fr. Diego José de Cádiz, misio- nero capuchino y varóu verdaderamente apostólico. El fue en un siglo incré- dulo algo de lo que habían sido San Vicente Ferrer en el siglo xv y el Beato Juan de Avila, Apóstol de Andalucía, en el xvi. Desde entonces acá, palabra más elocuente y encendida no ha sonado en los ámbitos de España. Los sermones y pláticas suyas que hoy leemos, son letra muerta, y no dan idea del maravi- lloso efecto, que no bajo las bóvedas de una iglesia, sino a la luz del mediodía en una plaza pública o en un campo inmenso, ante treinta mil o más espectado- res, porque las ciudades se desploblaban y corrían en turbas a recibir de sus labios la divina palabra, producía con estilo vulgar, con frase desaseada, pero radiante de interna luz y calentada de interno fuego, aquel varón extraordi- nario, en quien todo predicaba, su voz de trueno, el extraño resplandor de sus ojos, su barba blanca como la nieve, su hábito y su cuerpo amojamado y seco. ¿Qué le importaban a aquel hombre las retóricas del mundo, si nunca pensó en predicarse a sí mismo? Para juzgar de los portentosos frutos de aquella elocuencia, que fueron tales como no los vio nunca el agora de Atenas, ni el Foro de Roma, ni el par- lamento inglés, basta acudir a la memoria y a la tradicción de los ancianos. Ellos nos dirán que a la voz de Fr. Diego de Cádiz {a quien atribuyen hasta don de lenguas) se henchían los confesonarios, soltaba o devolvía el bandido su presa, rompía el adúltero los lazos de la carne, abominaba el blasfemo su prevaricación antigua, y diez mil oyentes rompían a un tiempo en lágrimas y sollozos. Quintana le oyó y quedó asombrado, y todavía en su vejez gustaba de recordar aquel asombro, según cuentan los que le conocieron. D. José Joa- quín de Mora ensalzaba en estos términos la elocuencia del apóstol capuchino: «Yo vi a aquel fervoroso capuchino, timbre de Cádiz, que con voz sonora al blasfemo, al ladrón, al asesino fulminaba sentencia aterradora. Vi en sus miradas resplandor divino, con que angustiaba al alma pecadora, y diez mil compungidos penitentes estallaron en lágrimas ardientes. Le vi clamar perdón al trono augusto gritando humilde; «No lo merecemos,» y temblaban, cual leve flor de arbusto, ladrones, asesinos y blasfemos; y no reinaban más que horror y susto de la anchurosa plaza en los extremos, y en la escena que fue de impuro gozo solo se oía un trémulo sollozo.» EO 73 Orador más popular, en todos los sentidos de la palabra, nunca lo hubo, y aun puede decirse que Fr. Diego de Cádiz era en todo'un hombre del pueblo, así en sus sermones corno en sus versos, digno de haber nacido en el siglo sin y de haber andado entre los primeros hermanos de San Francisco». FR. JOSÉ TORKUBIA: «Aparato para la Historia Natural española» (1754, traducida al alemán en 1773) Véase su tratado de los fósiles. Uno de los primeros que afirmaron la especial configuración orgánica de éstos. FR. MELCHOR OYANGUREN: «Arte de la lengua japona, conforme al mé- todo del Arte latino de Nebrija, con algunas adiciones de los idiomas Xírno y Cami» {1738). FR. FRANCISCO CAÑES; «Gramática arábigo-española, vulgar y literal, con un diccionario arábigo española (1775), «Diccionario arábigo-español». F,n el prólogo de la gramática se menciona otra de Fr, p'rancisco González, que no hemos visto. FR. JOSÉ DE SAN PEDRO DK ALCÁNTARA CASTRO: «Apología por la teolo- gía escolástica» (1796). P. P. FK. RAFAEL v FR. PEDRO MOHEDANO: «Historia literaria de España» (1766 a 1791). I/is primeros días de este siglo fueron de luto para nuestro Patria. Manos usurpadoras quisieron arrebatar una corona y escalar un trono envidiados entre todos los del mundo. La Patria derramó un río de sangre, pero triunfó de todos sus enemigos envidiosos y cobardes. España ganó su legítima guerra de la independencia, y si debió sufrir quebrantos, no fueron pocos los que in- firió a los usurpadores. ¿Qué parte de gloria les pertenece en esta patriótica lucha a los hijos del Serafín de la Umbría? No lo vamos a recordar aquí, que no sería del caso; tan sólo queremos hacer notar que es muy dudoso se haya hecho la debida justi- cia, en este punto, a los religiosos franciscanos de las distintas ramas. Cuando efecto de las circunstancias anormales los pueblos se amotinaban amenazando entre los hermanos ríos de sangre ÍT8O8); cuando la ciudad de Cádiz está su- 74 blevada, y el pueblo pide a gritos por Gobernador al Guardián de los Capu- chinos, y debido a su prudencia y virtud, libra a la Ciudad de un cataclismo (1809); cuando los religiosos salvan los preciosos tesoros de los cuadros de Mu- rillo de la rapiña francesa {1810); cuando los franciscanos y capuchinos abren las puertas de sus conventos para dar asilo a los cabildos catedrales, y con ellos conviven en santa armonía (1812); cuando los religiosos comparten con el pueblo la alegría producida por la ausencia del enemigo, y son los primeros en el trabajo de restauración de aquellas cosas que por las fierezas de la guerra habían sido deterioradas (1812)... cuando, digo, todo esto y mucho más prac- tican los hijos del Santo Penitente de Asís, es porque su pecho estaba infla- mado de santo amor a la Patria y a su Rey. Son dignos de notarse como per- sonajes sobresalientes el Ilustrísimo P. Santander, obispo capuchino, y muy notable, sobre todo, por sus obras de predicación; y el Excmo. P. Martín (Ja- cinto) Obispo de la Habana también menor-capuchino. Las obras más nota- bles de este son s Vergós, Jaime Serra, etc.), Gallego-Leonesa, Castellana (el Maestro de Sisla, Jorge el Inglés, Pedro Berruguete, Antonio del Rincón, Fernando Gallegos, Yáñez de la Almedina, y otros). Aragonesa (Maestro de Daroca), Valenciana (los Jacomart), y Andaluza (Sánchez de Cas- tro, Pedro de Córdoba, Alonso de Baena, Bartolomé Bermejo, etc.), son po- quísimos los documentos existentes de iconografía franciscana. Con Antonio del Rincón, pintor de Cámara de Isal>el y de Fernando, y con Juan de Borgoña, que puede decirse que lo es del Cardenal Cisneros, se inicia en el paso de los siglos xv al xvi, una nueva modalidad en la pintura castellana, y de ello dejan buenas muestras, el primero, en San Juan de los Reyes y en Ro- bledo de Chávela y e! segundo en el gran retablo de la Primada y eti la capilla Muzárabe de la misma. A ello, sin duda, contribuyó poderosamente la permanencia de Rincón en Italia y su aprendizaje aí lado de Andrea del Castagno y de Ghirlandaío y el estudio que pudo hacer de las obras de los grandes renacentistas. (Algunos modernos investigadores ponen en duda, y aún niegan, la exis- tencia de Antonio del Rincón, afirmando que todos los documentos de la épo- ca hablan de Fernando, a quien Ceán hace hijo y discípulo de Antonio, y que trabajó con Felipe de Borgoña en el gran retablo mayor de la Catedral de Toledo). Señalemos ligeramente algunos anónimos interesantes del siglo xv. En el muy importante Museo de Valencia existen las siguientes pinturas en las que aparece la figura de nuestro Santo: En la sala donde está el famoso retrato de Portacoelli, en el paramento de ingreso, a mano izquierda, una ta- bla interesante de maestro Valenciano, de principios del siglo xv que repre- senta a San Francisco y Santa Clara. En la sala llamada del Piuturricchio, a a izquierda del retablo de la Puridad, hay un pequeño políptico de cuatro ta- blas, muy interesante, de escuela Valenciana del siglo xv; las tablas represen- tan a San Francisco, al Ángel de la Guarda, al Ángel Custodio del Reino de Valencia y a Santa Clara. En la. misma sala, a la derecha de la entrada, hay m una predella compuesta de varias tablas, de escuela Valenciana del siglo xv, una de las cuales representa a San Francisco. (Como no hemos visto el Museo de Valencia después de la ordenación que en él hizo el inolvidable Tramolleres, y no se ha publicado catálogo, debemos estas y otras interesantes noticias al joven y culto catedrático de Historia de aquella Universidad Marqués de I/i- zoya, querido amigo nuestro). En el hermoso y bien cuidado Museo de Sevilla se conserva una tabla de retablo dividida en ocho compartimentos, ocupando el primer lugar del lado de la epístola San Francisco en el acto de recibir el don divino de las llagas. Esta tabla, de autor desconocido, parece de fines de los siglos xv o princi- pios del xvi. En una reciente visita a la clausura del Convento de San Antonio, en Tole- do, tuvimos la fortuna de hallar una interesante y bella tabla del siglo xv. Está dividida en tres zonas verticales y cada zona contiene dos temas, remata- do cada uno por doselete gótico tallado. En la zona central están, en la par- te alta la Piedad, y en la baja San Miguel; en las cuatro laterales sendas efi- gies de Santos, siendo la superior derecha (izquierda del que mira) la que ocupa San Francisco. Por el examen que rápidamente y con muy poca luz pudimos hacer, nos pareció castellana del último tercio del siglo xv. También del siglo xv, aunque algo anterior, parece el retablo lateral de la Catedral de Tudela, en una de cuyas tablas se representa el Prodigio del Monte de la Verna. No mencionamos las tablas del xv y del xvi existentes en iglesias > en • colecciones particulares por no alargar demasiado este estudio. Si el caso de Rincón y algunos otros fueron hasta entonces verdaderas excepciones, comienzan en el siglo xvi bastantes artistas españoles a com- prender la conveniencia de cruzar el Mediterráneo y marchar a hacer sus es- tudios en Italia, contribuyendo a ello la circunstancia de pertenecer al Reino de Aragón casi toda la parte meridional de aquella península. Cuéutanse, entre bastantes otros: Yáñez de la Almedina, que alcanzó a estudiar con Rafael y más probablemente con Leonardo; Vargas, que trabajó al lado de Perino del Vaga; Juan de Juanes, que frecuentó la escuela de Rafael y de Julio Romano; el Licenciado Roelas, que estudió a Tintoretto; Navarrete el Mudo, discípulo indudable del Tiziano; Alonso Berruguett, Pedro de Cam- paña, Becerra, que estudiaron cerca de Miguel AngeJ; Céspedes, escolar de algún discípulo del Buonnarrota, etc. Y los que de allí regresaban, influirlos por aquel ambiente y por aquellos superiores ejemplos, comenzaron a pintar o esculpir numerosas representaciones de San Francisco. Citaremos entre ellas por excepción en nuestro cometido, por tratarse del gran pintor-escultor Alon- so Berruguete y por ser obra que bordea los linderos de la pintura, el hermoso retablo mayor de la iglesia de Santiago en Cáceres, en el que al lado de la epís- tola y en el tablero inmediato a la estatua ecuestre del titular, hay un relieve policromado que representa el Prodigio del Monte de la Verna. Después de Rafael comienza en Italia el periodo decadente. Y como San Francisco y decadencia son términos antitéticos, diametralmente opuestos, mientras allí empezaba el amaneramiento a interpretar esos temas en con- temporáneo del artista, no del Seráfico, en España, las buenas aportaciones artísticas de los maestros citados, y las obras excelsas de nuestros grandes escritores místicos, abonaron perfectamente el terreno para que pudiera ger- minar y florecer esplendorosamente la obra excepcional del inmenso Greco. El Greco y con él y después de él otros eminentes pintores y escultores, sintieron con tanto amor estos asuntos, que con verdad puede decirse que el espíritu artístico franciscano se desplazó, y, cruzando el Mare Nostrum, se hizo español. Domenico Greco, inquieto viajero por toda Italia, veneciano por educa- ción artística, llega a Toledo, y al respirar el ambiente místico castellano, utilizando los elementos de su técnica portentosa, realiza las más sorprenden- tes interpretaciones del espíritu religioso, y su ardiente temperamento se in- flama con el santo fuego del celeste Seráfico, y fue su representación uno de sus temas predilectos; y de su época a nuestros días nadie ha llegado a igualar algunas de sus maravillosas interpretaciones del abrasado en la Verna. Es muy curiosa y digna de estudio la circunstancia de que en Jas antiguas representaciones, pictóricas o escultóricas, de San Francisco, cuando el Santo no presenta las manos en actitud de éxtasis o de oración, suele tener en ellas o una sencilla cruz (símbolo del amor), o un libro (símbolo de la vida), o am- bas cosas a la vez. Es en el siglo xvi cuando se comienza a representarle con 90 la calavera (símbolo de la muerte), o en la mano (S. Francisco Hawlet) o cerca de él. Tal vez es el Greco el primero que emplea este símbolo, que luego repro- ducen con marcada frecuencia los artistas españoles en su iconografía fran- ciscana, costumbre que adoptan también desde esa época muchos artistas italianos, especialmente los de las Escuelas Boloñesa y Napolitana, quizás por influencia española. Sumando a los catalogados por el querido maestro Cossió en 1908 (sesenta y tres) los que después han ido conociéndose, se acercan quizás a la centena los San Francisco atribuidos al Greco. En unos el Santo aparece sólo, en bas- tantes otros con el hermano León, en varios con otro Santo y en algunos, como en el entierro del Conde Orgaz, en una numerosa composición. Ocioso es decir que muchos son de su taller, otros ele su hijo Jorge Manuel, gran número de sus imitadores, algunos de copias de originales, existentes o perdidos; pero, a pesar de este rápido espurgo, pasan de veinte los que son indudablemente de su mano, aunque no en todos la inspiración o la factura haya llegado al mismo nivel. Son muy buenos; el del Escorial (Salas Capitulares), el de los herederos de S. Moret (que hoy pertenece a D. Ramón de la Sota, en Bilbao), el del Señor Salvatierra, el del Hospitalillo de Mujeres, en Cádiz, el de las Capuchinas de Toledo y otros; y rayan a máxima altura: el pequeño de la colección Zuloaga, el del Museo Cerralbo, el de los herederos de Castro Serna (hoy propiedad de los Condes de Campo Giro) y alguno más, mereciendo también mención de ho- nor, por ser asunto franciscano, el bellísimo «San Bernardino de Siena», del Prado. Las representaciones iconográficas que el Greco hizo de San Francisco, verdaderamente originales, es decir, aquellas que no son duplicas o recuerdos de otras del mismo maestro, no tienen gran parecido fisonómico unas con otras, aunque conservan casi todos los caracteres del retrato descriptivo del Celanense; no son en unos y en otros la misma persona, pero son siempre, sí, el mismo espíritu, la misma llama viva envuelta en tosco sayal. Por eso cuando nos enfrontamos con un San Francisco atribuido al Cretense y no sentimos esc divino calor que del espíritu del cuadro irradia y nos emociona, o la obra 110 es del Greco... o no merece serlo. A partir del Greco pxiede decirse que no hay pintor español que no haya sentido el impulso de representar al Pobrecillo. Sí en Italia se continuó inter- pretando estos bellos temas por casi todos los artistas, el espíritu franciscano se había hecho español, como antes decíamos, y buena prueba de ello es que desde mediados del siglo xv son, en general, superiores las interpretaciones españolas del Seráfico a las italianas. Con algunas excepciones, casi todos los pintores españoles han interpre- tado a San Francisco. Vargas, Morales, Juan de Juanes, Navarrete, Céspedes, Roelas, los Ribalta, los Carducho, Orrente, Pacheco, los Herrera, Caxes, Ri- bera, Zurbarán, Pereda, Espinosa, Murillo, los Rizi, Valdes Leal, Carreño, Cabezalero, Cerezo, Claudio Coello, Viladomat, Bayeu, Mercadé, por no citar más que los muertos, y de ellos los más salientes, los más vulgarizados, aque- llos cuyos nombres están en todos los labios. Y de los extranjeros que en España pintaron: Tiziano, Rubens, Jordán, Ardemans, Tiépolo y otros. No tenemos tiempo ni espacio para estudiar la obra franciscana de todos y cada uno de estos artistas, pero no podemos dejar de apuntar, siquiera sea ligeramente, las principales. Quizás, después del Greco, el pintor español que mejor ha sentido e inter- pretado al Santo de Asís ha sido Francisco Ribalta. Son varios los cuadros suyos inspirados en estos asuntos, pero el del Santo enfermo confortado por un Ángel músico, en el Prado, y el del Cristo Crucificado abrazando a San Francisco, en el Museo de Valencia, son tal vez, y siempre excluyendo las obras del Greco, las más bellas interpretaciones del Seráfico que ha producido el arte pictórico español. ¿Será porque Ribalta, en la orilla occidental del Mare Nostrum, recibe más directamente las ondas que del Monte de la Venia cruzan el espacio? ¿Es su espíritu mediterráneo el que le hace sentir y comprender al de Asís mejor que los que nacen y viven tierra adentro? Mediterráneo era también José Ribera. Aunque marchó muy joven a Ita- lia y allí estudió, se formó y trabajó toda su vida, siendo uno de los dos fuer- tes pilares de la Escuela Napolitana, conservó siempre un sello imborrable de sentido español en su arte, y a esto quizás, más aún que a su nacionalidad 92 o a su corta estatura, debió el afectivo al par que honroso sobrenombre de «lo Spagnoletto»; y ese sedimento hispano de su pintura es lo que principal- mente diferencia sus obras de las del otro ilustre maestro napolitano Miguel Ángel Caravaggio. Cuadros suyos, con el Seráfico de Asís, guardan preciadamente la Galería Pitti y los Museos de Amiens, Dresde y el Ermitage. El Prado posee el San Francisco en Éxtasis, al que el ángel muestra la pureza del agua contenida en la redoma. Otro «Éxtasis» en la Sacristía de El Escorial. V parécenos induda- ble de Ribera un bellísimo y gran cuadro (muy deteriorado) en la Diputación Provincial de Gnadalajara, en el que el Santo recibe de un ángel los siete Pri- vilegios. En opinión del maestro Torno, que también lo atribuye a Ribera, este cuadro es el original de! que con idéntico asunto existe en el Palacio Blan- co de Genova, atribuido a Murillo. Del gran Velázquez se ha descubierto recientemente una obra de extraor- dinaria importancia. Tina Sección de la Comisión Organizadora de la Exposición Franciscana, compuesta de los Sres. Fray J. de Legísima, Ezquerra del Bayo y CastiUo Oli- vares, visitaba la Clausura del Convento de Santa Isabel en Toledo. Llamó su atención un bello retrato de Sor Jerónima de la Fuente, en hábito francisca- no, retrato que las religiosas tuvieron siempre por de Tristán. Traído el cua- dro al local de los Amigos del Arte, y al proceder a limpiarlo el restaurador Sr Seisdedos, encontró, con emoción indescriptible, que el cuadro está firma- do y fechado: Diego Velázquez f. 1620. La retratada (según larga inscripción que hay en el cuadro) religiosa de Santa Isabel en Toledo, partió en 1620 para Filipinas, donde fundó el primer Convento de Concepcionistas en Manila. No se conocen de Velázquez cuadros de devoción con asuntos franciscanos. Puesto de honor merecen también, en cuanto a este tema se refiere, otros dos maestros insignes: Zurbarán y Murillo. De Zurbarán existen cuadros con asuntos en que figura San Francisco, en los Museos de Munich, Lyon, Chartres, Besancon, y otros en el extranjero; en el provincial de Sevilla y en el de Cádiz (la Porciúncula). Este mismo tema representa un cuadro que se conserva en los Capuchinos de Jerez. En Madrid son varios los cuadros franciscanos atribuidos a Zurbarán. siendo los princi- pales: el del Museo del Prado, que le representa muerto, en el suelo, con tina teja por almohada, y el de la colección Beruete, arrodillado y en éxtasis (Ham- let.) Las interpretaciones de San Francisco por Muríllo son quizás las más po- pulares y mejor estimadas por el gran público. Sabemos de cuadros suyos con estos asuntos en los Museos de Cambrige, Edimburgo, Londres (Colección Wallace) y Ceno va, (Palazzo Bianco). En Cádiz, en la iglesia de los Capuchi- nos (donde sufrió la caída, de la que ya no curó, pintando en el retablo mayor, los Desposorios de Santa Catalina) hay dos bellos cuadros, San Francisco en pie orando, y otro en el que está de rodillas y extasiado; éste es de los mejores suyos. En el Prado, donde hay unos cuarenta cuadros atribuidos a Murillo, solamente hay uno en el que figura San Francisco: el Jubileo de la Porciúncu- la; y la Academia de San Fernando posee otro en el que el Seráfico, enfermo, es confortado por un Ángel músico. Pero el más famoso, aquel que instintivamente viene a la memoria cuando de San Francisco y de Murillo se habla, es el que custodia el Museo de Sevilla y en el que Cristo Crucificado desclava su brazo de la Cruz para abrazar al Serafín de Asís. V donde aun rayó Murillo, si cabe, a mayor altura, fue en las representa- ciones del frauciscano San Antonio de Padua, asunto que engranaba perfec- tamente en el dulce temperamento del artista sevillano. Es muy curioso el cuadro de Cabezalero: «San Francisco y el Conde Orlan- do» que, procedente de la Academia de San Fernando, está en el Prado. También debe hacerse especial mención, entre los felices intérpretes pic- tóricos de San Francisco, al muy notable artista burgalés Mateo Cerezo. Exis- ten bellos cuadros suyos franciscanos en Madrid, Burgos, Valladolid y otros sitios, siendo uno de los mejores de él la «Impresión de las Llagas», en las Salas Capitulares de la Catedral de Valencia. Después de Claudio Coello, Cerezo y Valdés Leal, comienza la decadencia de la pintura española, y esta decadencia, acentuada en el siglo xvm, alcanza a pintores tan estimables como Palomino, Maella, Bayeu y otros, siendo tal vez el único que de ella se salva el catalán y mediterráneo Viladomat. Veinte cuadros pintó este excelente artista referentes a la vida de San Francisco, que 94 cuidadosamente guarda la capital del Condado, además del existente en los Capuchinos de Sarria y del que se venera en la Capilla de los Dolores en Ma- taró. Y debiendo ya acercarnos al final de este trabajo, dedicaremos unas líneas al estudio del inmenso Goya en su relación con el tema franciscano. Goya es el Demonio de la pintura. Kl demonio, no en el sentido del condenado infernal, sino en el del genio indomable, rebelde a toda regla y disciplina, multiforme hasta el extremo de que, así como cada artista en sus más diversas evoluciones conserva siempre una norma, una trayectoria geométrica, la característica de Goya es la diversidad suma, es la de no parecerse a nadie, ni al mismo Goya. Fue otro formidable revolucionario en el Arte. No sólo veía e interpretaba la tierra y el mundo en que vivía, sino que sen- tía y pintaba el mundo fantástico de los sueños y de las quimeras. Pero no pudo penetrar en la región divina; y sus concepciones religiosas si son, como las del coloso Velázquez, asombrosas interpretaciones técnicas, carecen de sentimiento místico. Sus cuadros religiosos son desconcertantes trasuntos de la vida de la materia, pero no de la vida del espíritu. Supo pintar el Cielo por- que el arte de la pintura no tenía secretos para él; pero no supo interpretarlo. Y, sin embargo, ¿qué encanto especial tienen esas pinturas de Aula Dei. de San Antonio de la Florida, y del Museo del Pilar, que las conitemplamos con supremo deleite, con sincero arrobamiento, y no sabemos apartar los ojos de aquellas celestiales visiones? Para la iglesia de San Francisco el Grande, cuya reconstrucción por Ven- tura Rodríguez terminó en 1784, recibió Goya el encargo de pintar eJ cuadro de San Bernardino de Siena; los otros cinco compañeros fueron encargados a Calleja, Castillo, Maella, Ferro y González Velázquez y el del altar Mayor a Bayeu. Este cuadro grande, más bien que gran cuadro, alcanzó éxito y premio en su tiempo, y aunque tiene trozos pintados de mano maestra, la teatralidad del conjunto perjudica al espíritu de la obra. (Hay de él dos preciosos bocetos, con algunas variantes, que son propiedad de los herederos del Sr. Marqués de la Torrecilla). 95 liste cuadro y tas colas de San Antonio de la Florida, son las pinturas que con asunto franciscano ejecutó el soberano pintor Francisco Goya. En el siglo xix la influencia Davidiana, el período Romántico y la pin- tura de Historia, dejaron estrecho margen a los asuntos religiosos. Sin em- bargo, algunos cuadros se pintaron con temas franciscanos, pero ni por el mé- rito de la obra ni por la importancia del autor podemos recogerlos, sino con contadísimas excepciones, en un breve sumario como el presente. Cánovas del Castillo, al ordenar la restauración del templo de San Francis- co el Grande, encargó las pinturas murales a los más distinguidos autores con- temporáneos suyos, de los que citaremos por haber sido encargados de las partes principales, Coro y Altar Mayor, tratando asuntos franciscanos, a los notables pintores, ya fallecidos, Plasencia y Ferrant. A pesar de que, como hemos dicho, no era el del siglo xix ambiente apro- piado a la inspiración franciscana, Benito Mercadé, pintor también medite- rráneo, encontró inspiración y asunto en la «Traslación del cadáver de San Francisco de Asís» para crear una bellísima obra, digna de figurar en primera fila en la representación pictórica española de temas franciscanos. De este hermoso cuadro, que hoy es orgullo del Museo de Arte Moderno, decía en 1002 el ilustre crítico Balart que era «una de las piedras miliarias del camino recorrido por la pintura española de veinticinco años a la fecha», y agregaba, mitad en elogio y mitad en censura: «todo en este cuadro es francis- cano, desde la unción del sentimiento hasta la pobreza del colorido». ¡No sabía bien Balart la gran verdad que, sin querer, decía! En esa obra maestra de Mercadé, una de las joyas del arte pictórico espa- ñol, la aparente pobreza del colorido vale tanto como la unción del espíritu de ia obra, y es una de sus culminantes cualidades, pues allí los colores vivos y luminosos detonarían estridentemente, destruyendo el perfecto equilibrio y la maravillosa armonía del conjunto. Así, en este cuadro todo es sobrio, todo es bello, todo es bueno, todo es justo, todo es pobre en la exterioridad, en la forma, pero es riquísimo en la esencia, en el alma. Y éste es el espíritu franciscano. Ni atormentadas acritudes, ni dulzones empalagosos; la renunciación por amor a Dios, no por temor al infierno; por íntima alegría, no por miedo; bus- car el Cielo por contrición, no por atrición. Recorriendo en sentido inverso la trayectoria que hemos venido trazando, volveríamos a subir desde Mercadé, por España, hasta el Greco, y de allí, pa- sando a Italia, para encontrar a Rafael, remontarnos hasta Giotto y llegar al origen, a la fuente. Pues, por otro designio providencial, si Jesucristo, el Divi- no Imitado, es el principio de una Nueva Era, la Era Cristiana, con su excelso Imitador, San Francisco de Asís, nace al mundo un Nuevo Arte, El Renaci- miento . MARQUES DE MONTESA Madrid, Mayo 1927. NOTA —Al poner mifirmaen este modesto trabajo, compláceme tributar pública expresión de gratitud y sincero afecto a los PP. Franciscanos de San Fermín de los Navarros, y especial- mente a mis queridos amigos y compañeros en la Comisión organizadora Fray Federico Curie- ses, Fray Juan R. de Legísima y Fray Leonardo de Vera, Capuchino, por los dalos y elementos de estudio que, tan amablemente, me han facilitado, 97 APÉNDICE Relación sumaria de los principales artistas que en España han pintado obras referentes a San Francisco de Asís, y lugar donde ellas están o han estado: MAESTRO JACOMART, 1413 a 1461. Onteniente. — Colección don Luis Tortosa: San Bernardino de Sena y el donador. ANTONIO DEL RINCÓN, H46 a 1500. Toledo. — Pinturas en San Juan de los Reyes. JUAN DE BORGOÑA, en 1514. Toledo. — Conquista de Oran, en la Capilla Muzárabe. MAESTRO jACOME, en 1498. Valencia. — Pinturas en el Claustro de San Francisco. TICIANO VECELLIO, 1477 a 1676. Puebla de Sanabria. — Cuadros Franciscanos. Luis DE VARGAS, 1502 a 1668. Sevilla. — Santa María la Blanca: La Impresión de las Liagas. PEDRO DE CAMPANA, 1503 a 1580. Sevilla. — Catedral-Capilla del Mariscal: Una tabla con San Francisco y varios Santos. Luis MORALES, ]5O9? a 1686. Badajoz. — Catedral-Sala Capitular: Impresión de las Llagas. Toledo. — Santa Fe. En un ángulo del claustro: San Francisco. Sevilla. — Catedral: San Antonio. Valladolid. — Museo: San Francisco (Copia o escuela de Morales). Madrid. — Colección García Palencia: Un San Francisco. Venta Kaerman en 1869: Un dibujo San Francisco, a pluma y clarión, adquirido en 10 francos. EL BEATO NICOLÁS FACTOR (Franciscano), 1520 a 1583. Madrid. — Descalzas Reales: Cristo a la Columna. JUAN DE JUANES, 1523 a 1579. Madrid. — Prado: Coronación de la Virgen, con varios Santos y San Francisco. Valencia. — Convento de San Francisco: El Santo Titular. Valencia. — Convento del Carmen Calzado: Un San Francisco. 99 NAVARRETE (ti Mudo), I52fi a 1579. Cuatro cuadros sobre la vida de San Francisco. FR. NICOLÁS BORRAS, 15,10 a 1610. Cocentaina. — En los Franciscos Recoletos: Cuatro retablos. Gandía. — Convento de los Jerónimos: Un Retablo en la iglesia con San Francisco, San Bar- tolomé y San Antonio Abad. SÁNCHEZ COELLO, 1631 a 1G88. Madrid. — Prado: San Francisco y otros Santos. PABLO DE CÉSPEDES, 1E28 a 1C08. París, en la venta Kaennan en 1859, un dibujo: la Virgen, Jesús y San Francisco, fue adqui- rido en 10 francos. JACOBO PALMA, 1544 a 1028. Madrid.—Iglesia de San Pascua!, Altar de la primera Capilla: San Francisco con un Ángel mancebo. El, GRECO, 1,048 a 1614. El ilustre maestro Cossío, en su obra fundamenta! de 1902, catalogó sesenta y tres cua- dros, en los que figura San Francisco, sin contar la copia o duplica de la parte inferior del Entierro del Conde de Orgaz. Dos en el Prado (n.° 2124 1 y n.° 2124 ñ). (En el Catálogo de 1910, n.° 819 y 820.) Diez y siete en Madrid, en colecciones particulares (Castro Serna (dos), Cerraíbo (dos), Lá- zaro, Mendieta, Moret, Ordóñez, Quinto, Marqués de Pidal, Pida! (D. A.), Puigdollers, Rosillo, Salvatierra, Suárez, Duque de Valencia, Velasco). Dos en su Provincia. — Escorial (Sacristía) y Boadilla del Monte (Duque de Alcudia), • Nueve en Toledo (Catedral, Capuchinas, Hospital Tavera, San Nicolás, Santo Tomé, Museo Greco, Colegio de Doncellas (dos). Capilla de San José). Dos en su Provincia (Bargas y Burguillos). Trece en las demás provincias de España (dos en Valencia, dos en Bilbao, uno en Barcelona, Sevilla, Granada, Alhama de Granada, Cádiz, Logroño, Palencia, Monforte, Alcoy). Cuatro en ]a Colección Zuloaga (entonces en París y ahora en Zumaya, Guipúzcoa). Cuatro en París (Mrs. Cherfils, O'Rossen, Rouart. Stchoukine). Uno en Lille (Museo de Pintura). Uno en Berlín (H. L. Kribben). Uno en Atenas (K. Esteban Scouloudy). Uno enFiladelfia (Mr. J. Widner). Tres vistos, pero cuyo paradero ignoraba. Tres conocidos por citas o referencias. Posteriormente, el que estaba en Burguillos pasó a ser propiedad del Marqués de Santa María de Silvela (hoy de sus herederos). Los dos de la Colección Castro Serna pertenecen hoy, respectivamente, al Conde de Campo Giro y al Marqués de Oquendo. El de D. S. Moret es hoy propiedad de don Ramón de la Sota (Bilbao)- En el Prado hay otro San Francisco en Éxtasis, que en el catálogo de 1910 tiene el n.° 818. I.. Mayer, en la «Biblioteca d'Arte Illustrata», cita también los siguientes: Madrid. — Uno de la propiedad de la señora Viuda de G. Palencia. Monaco. — Barone A. von Lanna: un San Francisco. Dublin. — Galería Nacional: Un San Francisco. 100 Holanda. — Galería Bachstitz: Un San Francisco con otros compañeros. New-York. — Ehricli Galleries: Un San Francisco. También poseen actualmente en Madrid cuadros (con asunto relativo a San Francisco) atribuidos al Greco: El Conde de Heredia Spínola, don Luis Mac-Crohon, el Conde de Bar- bate, don Joaquín Larregla, el Marqués de Donadío, señora de Duran, el Marqués de Aimi- rrio, don Maximino Peña y otros. En Neguri (Bilbao) el señor Ara« Jáuregui. Y hemos visto uno pequeño, dudoso, en la clausura de las Capuchinas de Pinto. Es probable que algunos de estos cuadros estén en el Catálogo de Cossío perteneciendo entonces a otros propietarios, pues han transcurrido cerca de veinte años desde que aquél se publicó, y las obras del Greco son muy solicitadas en el mercado desde cuarenta años a la fecha, y ha habido cuadro que, en poco tiempo, ha cambiado varias veces de dueño. FRANCISCO RIBALTA, 1555? a 1628. Madrid. — Prado: San Francisco enfermo confortado por un ángel músico. Valencia. — Museo: Cristo crucificado desclava un brazo para abrazar a San Francisco. BARTOLOMÉ CARDUCHO, 1560 a 1608. Madrid. — Iglesia de San Jerónimo. — Capilla de San Francisco: El Prodigio del Monte de la Venia. Valladolid. — Iglesia del Convento de Franciscanos Descalzos: Impresión de las Llagas. ORÉENTE, 1570 a 1644. Murcia. — Presbiterio de San Francisco: Un buen cuadro. Fu. JUAN SÁNCHEZ COTAN, 1561 a 1627. Sevilla. — Merced Calzado: San Francisco con una gloria de ángeles músicos y Cristo y la Virgen en alto. Firmado en 1620. PACHECO, 1564 a 1654. Sevilla. —- Museo: San Francisco con un crucifijo en la mano. Sevilla. — Museo: San Francisco en oración. Sevilla. — Pinturas en el Convento de Santa Isabel. Sevilla. — Pinturas en el Convento de San Pascual Lora del Río. — San Francisco y San Pedro. TRISTAN, 1568? a 1G40. París. — Louvre: San Francisco en oración. HERRERA ET. VIEJO. 1676 a 1656. Sevilla. — San Buenaventura: Cuatro lienzos con escenas de la vida del Santo, con otros cuatro de Zurbarán. Sevilla. — Capilla de la Vera Cruz en el templo de San Francisco: Diez cuadros con asuntos y pasajes de su vida. VICENTE CARDUCHO, 1576 a 1638. Madrid. — Capuchinas: El gran cuadro del altar mayor con Cristo en gloria, San Francisco y Santa Clara. Madrid. — Convento de San Francisco, Sacristía: San Francisco arrodillado ante la Virgen Madrid. — Convento de San Francisco: La Porciúncula. Madrid. — Convento de San Francisco: En un corredor a la Sacristía: El Santo arrojándose a la zarza para mortificarse. Madrid. — Hospital de la V. O. T.: El Prodigio del Monte de la Verna. Madrid. — Hospital de la V. O. T.: San Francisco sacando ánimas del purgatorio. 101 Madrid. — Monjas de Constantinopla: Junto al Coro: Cuadro con dos Santos Franciscanos y un Dominico. Toledo. — Ermita del Ángel: La Virgen con San Francisco y otras figuras. Salamanca. —Iglesia de los Capuchinos: Gran cuadro en el altar mayor: Cristo con la Viigcn en gloria y San Francisco con otros santos. Torrelaguna. — Ermita del Ángel: Cuadro de composición con San Francisco. RUBENS, 1577 a 1640. Madrid. — Descalzas Reales, Coro: I,a Virgen entregando el Niño a San Francisco. Valladolid. — Museo: El Prodigio del Monte de la Verna. EUGENIO CAXES, 1G77 a 1642. Madrid. — Capilla del Obispo: Altar a los pies de la Iglesia; San Francisco sostenido por ángeles. Madrid. — San Francisco, Claustro antiguo: I,a Porciúncula. Madrid. — San Francisco, Claustro antiguo: San Francisco de pie, orando. Madrid. — Iglesia de Santa Cruz: Varios cuadros con asuntos Franciscanos. Madrid. — Academia de San Fernando: Tránsito de San Francisco (?). JUAN DEL CASTILLO, 1584 a 1640. Sevilla. — Convento de Monte Sión, escalera: Cristo crucificado, San Francisco y San Diego de Alcalá. RIBERA (el Spagnoleto), 1668 a lfi40. Madrid. — Prado: San Francisco en éxtasis y el ángel con la redoma. Madrid. — Convento de Santa Isabel: Cuadros con asuntos Franciscanos. Madrid. — Convento de San Pascual: Cuadros con asuntos Franciscanos. Escorial. — Sacristía: San Francisco en éxtasis. Cuadalajara. — Diputación Provincial: Ángel entregando al Santo la Regla de la Orden. (El señor Tormo opina que este cuadro es el original del que existe con idéntico asunto en el Palacio Blanco de Genova, como de Murillo. También lo cree de Ribera.) (Cean cita un San Francisco en el Buen Retiro y otro en el Palacio Nuevo.) Florencia. — Galería Pitti: Un San Francisco. Amiens. — Museo: Un San Francisco. Dresde. — Museo: El Santo en la zarza. Petrogrado. — Ermitage: San Francisco de Paula. FR. JUAN RIZI, 1595 a 1638. Madrid. — Prado: El Milagro de las Rosas. Burgos. — Catedral: Un San Francisco. Salamanca. — Catedral: Un San Francisco y un San Antonio. ZURBARÁN, 1598 a 1628. Madrid. — Prado: San Francisco yacente, con una teja por almohada. Madrid. — Colección Beruete: San Francisco Hamht. Madrid. — Marqués de Viana: San Diego de Alcalá. Madrid. — Don Segundo Cuesta: San Francisco. Madrid. — Don Luis Page: San Francisco. Madrid. — Herederos de D. L. Navas; San Francisco. Madrid. — Herederos de D. E. Martínez del Campo: San Francisco. Madrid. — Don Enrique Mansberger: San Francisco. Madrid. — Don Feliz Eguidago: San Francisco. Madrid. — San Francisco el Grande: San Jacobo de la Marca; San Buenaventura; San Fran- 102 cisco; San Antonio de Padua. Sevilla. — Museo: San Francisco de pie. orando. Sevilla. — San Buenaventura: Cuatro escenas de la vida del Santo, con otros cuatro de Herrera el Viejo. Sevilla. — Don Salvador Cumplido: San Antonio. Barcelona. — Museo Municipal: Un San Francisco. Barcelona. — Don Juan Bautista Jimenón: Cabeza de San Francisco. Cádiz. — Museo Provincial: La Porciuncula. Cádiz. — Don José Luis Sola: San Diego. Cádiz. — Colección Particular: San Francisco con otros Santos. Cortina, — Convento de Santa Clara: San Francisco (atribuido a Zurbarán por el señor Gó- mez Moreno). Coniña. — Convento de Franciscanas: San Buenaventura en éxtasis. Castellón. — Capuchinos: La Porciuncula. Jerez. — Capuchinos: I,a Porciuncula. Sanlúcar. - Herederos de la señora Viuda de Hidalgo: San Francisco (de medio cuerpo). — Munich. — Antigua Pinacoteca: San Francisco Hamht. Bonn. — Museo Provincial: San Francisco Bamlet. Dresde. — Real Galería: San Buenaventura y el Ange?. Berlín. — Frederich Museum: San Buenaventura recibe la visita de Santo Tomás. París. — I,ouvre: Dos cuadros con San Buenaventura. Lyon. — Museo: San Francisco en éxtasis. Chartres. — Museo: San Francisco en éxtasis. Besancon. — Museo: San Francisco en éxtasis. Londres. — Colección Berrymore: Santa Isabel de Hungría. PEREDA, 1599 a 1660. Madrid. — Prado: El Jubileo de la Porciuncula. Madrid. — Prado: El Milagro de las Rosas. Madrid. — Hospital de la V. O. T., Sala de Juntas: La Concepción. Valladolid. — La Virgen apareciéndose a San Francisco. VELAZQUEZ, 1599 a 1660. Toledo. — Convento de Santa Isabel: Retrato de Sor Jeróníma de la Fuente, religiosa de dicho Convento, que en 1620 partió para Filipinas donde fundó el primer Con- vento de Concepcionistas en Manila. El cuadro está firmado y fechado: Diego Velázquez f. 1620. DIEGO. V. DÍAZ, 1600 a 16R0, Valladolid. — Convento Franciscano, claustro: Varios cuadros con asuntos franciscanos, entre ellos *La Porciúnculai, su mejor obra. GIL DE MENA, 1600 a 1674. Valladolid. — Convento Franciscano: Escenas de 3a Vida del Santo. También las hay en Rioseco y en Cuéllar. ESPINOSA, 1600 a 1680. Valencia. — Museo: San Luis con hábito franciscano. Valencia. — Ayuntamiento: La Concepción (pintado en ]662). Valencia. — Convento de Franciscanos: Traslación de la Casa de Loreto. Valencia.—Parroquia de Ibi: Un cuadro con cuatro San Francisco! (A^í-s, Barja, Sales y Paula). 103 ALONSO CANO, 1601 a 1667. Madrid. — Academia de San Femando; I,a Visión del Carro de Fuego. Granada. — San Diego: San Francisco confortado por un ángel músico (Sacristía). Granada. — San Diego: San Francisco en un retablo lateral. Córdoba, — Santiago: San Francisco y el ángel con la redoma. Jerez. — Cartuja, Sacristía: San Francisco y el ángel con la redoma. Alcalá. — Capilla de San Diego: San Francisco. París en la venta Bonnemaison en 1827: Un cuadro «Impresión de las Llagas* fue adquirido en 2,000 francos. SEBASTIÁN MARTÍNEZ, 1602 a 1667. Córdoba. — Convento del Corpus Christi, en el retablo del altar mayor: San Francisco y otros cinco cuadros. ANTONIO CASTILLO, 1603 a 1667. Córdoba. — Convento de San Francisco: Un cuadro con el Santo Titular. Córdoba. — Convento de San Francisco: Bautismo de San Francisco (pintado en competencia con Alfaro). Córdoba. — Convento de San Pablo, Escalera: San Francisco, sentado. Córdoba. — San Diego de Arizaba: San Francisco. JOSÉ PE SARABIA, 1608 a 1669. Córdoba. — Convento de San Francisco: El Santo orando en San Damián. FRANCISCO RIZI, 1608 a 1668. Madrid. — Parroquia de la Cruz: San Francisco y Santo Domingo. {Este cuadro pereció en el incendio de la iglesia a principios del siglo xvm.) Madrid. — San Antonio de los Portugueses: Los frescos, con Carreño. Madrid.—San Francisco el Grande: Apoteosis de la Virgen, con San Francisco y San Antonio. Madrid. — Capuchinos del Pardo: Gran cuadro del Altar Mayor. Toledo. — Capuchinos: Gran cuadro del Altar Mayor. MATÍAS PRETTI (el Calabrés), 1613 a 1609. Madrid. — San Pascual: San Antonio librando a su padre del suplicio. LDO. PEDRO DE VALPUESTA, 1614 a 1668. Madrid. — Convento de Santa Clara: Seis cuadros sobre puertas con pasajes de la vida de la Santa. Madrid. — Convento de San Francisco, Coro: Un pasaje de la vida del Santo. Madrid. — Convento de la Latina: Pinturas Franciscanas. CARRERO MIRANDA, 1614 a 1685. Madrid. — San Pascual: Un San Francisco. Madrid. — San Antonio de los Portugueses: Los frescos, con Rizi. Madrid. — Monjas del Caballero de Gracia: San Francisco predicando a las aves y San An- tonio predicando a los peces. Madrid. — Hospital de la V. O. T., Escalera: Desposorios de Santa Catalina; en este cua- dro figura San Francisco. Otro cuadro, La Anunciación. Plasencia. — Capuchinas, sobre la reja del Coro: Un Cuadro con la Virgen, San Francisco y Santa Rosa de Viterbo. Otro cuadro con San Antonio. Paracuellos. — Franciscos Descalzos: San Antonio y San Pascual Baylón. Peñaranda. — San Francisco: Cuadros con Santa Isabel y San Buenaventura. MURILLO, 1618 a 1682. Madrid. — Prado: La Porciúncula. 104 Madrid. — Prado: Santa Isabel Reina curando a los leprosos. Madrid. — Prado: San Fernando orando. Madrid. — Prado: San Francisco de Paula. Madrid. — Prado: San Francisco de Paula de rodillas. Madrid. — Academia de San Femando: San Francisco confortado por un ¡mgel músico. Madrid. — Academia de San Fernando: San Diego distribuyendo la comida a los pobres. Cádiz. — Iglesia de los Capuchinos: San Francisco orando, en pie. Cádiz. — Iglesia de los Capuchinos: San Francisco orando, de rodillas. Sevilla. — Museo: Cristo Crucificado abrazando a San Francisco. Sevilla. — Museo: San Antonio de Padua. Sevilla. — Museo: San I^eandro y San Buenaventura. Sevilla. — Museo: San Félix de Cantalicio. Sevilla. — Museo: San Antonio y ángeles. Sevilla. - • Museo: Éxtasis de San Francisco (donativo del señor Abreu). Sevilla. — Catedral: San Fernando. Sevilla. — Catedral: San Antonio de Padua (gran cuadro, pintado en líifiti). Sevilla. — Regina Angelorum: I,a Virgen, San Francisco y otros Religiosos. Sevilla. — Capuchinos, Altar mayor: La Porciúncula. Otros cuadros Franciscanos. Sevilla. — Convento de San Francisco: Un cuadro en un ángulo del claustro. Sevilla. — Convento de San Francisco: Once cuadros en el claustro chico con escenas y pasajes de la Orden. Sevilla. — Capuchinos, en las tres Capillas de la izquierda: Crucifijo abrazando al Santo; San Antonio; la Concepción. Sevilla. — San Francisco: La Concepción con un religioso que escribe. Sevilla. — Señora Viuda de Maestre: Éxtasis de San Francisco. Sevilla. — Dos San Fernandos. Sevilla. — Un grabado de San Francisco. Sevilla (?). — Tres cuadros para el claustro chico de San Francisco, entre ellos el Tránsito de Santa Clara, estilo Van Dyck. Madrid. — Palacio de Fernan-Núñez: San Antonio con el Niño (medio cuerpo), París. — Louvre: La Cocina de los Angeles {milagro de San Diego). Toulouse. — Museo: Éxtasi? de San Diego, landres. — Colección Walace: La Virgen en gloria, y al pie, San Juan Bautista, Santa Justa, Santa Rufina y San Francisco. Londres (antes). — Ashburnham: San Francisco leyendo con un crucifijo en la mano. Cambridge. — Museo Fitzwilliam: La Virgen con ángeles en alto y San Francisco, Santo Domingo y San Santerio. Edimburgo. — Museo: El Niño Jesús echando pan en la alforja de San Francisco. Genova. — Palazzo Blanco: San Francisco de pie en éxtasis. Genova. — Palazzo Blanco: Un Ángel entrega la Regla a San Francisco. (Ef señor Tormo lo cree duplica del de Ribera, existente en la Diputación Provincial de Giiadnlajara.l Berlín. — Frederich Museum: San Antonio. Colonia. - - Museo Wallraf Riechartz: La Porciúncula. Dresde. — Real Galería: Tránsito de Santa Clara. Petrogrado. — Ennitage: San Antonio. New-York. — Sociedad Hispánica: San Francisco. New-Vork. — Colección Elknis: San Femando. New-York. — Colección Curtis: Las Rosas milagrosas de San Diego. Además, Murillo pintó numerosas «Concepciones», tema especialmente franciscano. 14 105 SKJÍA-VTIÁN HERRERA, 161Í) a K;T1. Madrid. — Agonizantes: Un San Francisco atribuido n este pintor por Palomino. HERRERA el Mozo, 1622 a 1686. Sevilla. — Catedral, Capilla de San Francisco: El Titular, en trono . Granada. — San Francisco: Pinturas en la escalera representando a San Francisco entre» - gando la Regla a Jesucristo y otros asuntos. PEDRO DK BAENA, 1630 (?): Vivía en Madrid hacia I «70. Convento de Capuchinos de la Paciencia, en un altar colateral: Transito de San Francisco, VALDES LEAIV, 1630 a 1705. Sevilla, Córdoba y otros sitios. — Cuadros franciscanos. LUCAS JORDÁN, 1632 a 1705. Madrid. — Iglesia de Capuchinos de] Pardo: Uu San Femando, en el Presbiterio. Madrid. — Iglesia de Capuchinos del Jesús: San Pedro Alcántara confesando a .Santa Teresa. Muchos cuadros y pinturas franciscanistas. CABEZALERO, 1633 a 1673. Madrid. — Prado: El Juicio de un Alma. Madrid. — Prado: El Conde Orlando donando el Monte de la Venia a San Francisco (?). (Este cuadro procede de la Academia de San Fernando.) Madrid. — San Francisco, Sala del De Profundis: Dos grandes cuadros que representan, uno a San Francisco Solano predicando, y otro a unos mártires, Madrid. — San Francisco: Capilla de la V. O. T.: Dos grandes cuadros a ambos lados del Presbiterio. Madrid, — Convento de Carmelitas Descalzos, en la pieza del Lavatorio: dos cuadros: fr Castillo (Antonio del). Dibujo a la plu- 81. SAN FRANCISCO, de rodillas, con la mano dere- ma* Número 303 del C. de Barcia. cha se hace sombra para amortiguar el res- Alt, 21 cms.; an., 15,5 cms. plandor de una luz celeste. Firmado por Biblioteca Nacional. Carreño Miranda. Lápiz compuesto y carbo- nilla. Número 264 del C. de Barcia. 9°- SAN ANTONIO DE PADUA PREDICANDO.—Dos di- Alt., 27,6 cms.; an., 21,9 cms. bujos a la aguada en sepia. Estudios de la Biblioteca Nacional. medía naranja de San Antonio de la Flo- rida. Alt, 0,36 ms.; an., 0,45 ms. 82. SANTO DOMINGO DE GUZMÁN y San Francisco Colección Castillo Olivares. de ASÍS amparando el mundo.—Por Cabeza- lero (?). Tinta china sobre aguada de sepia. Q¡ GRABADO DEL ÁRBOL FRANCISCANO.-—Comienza Número 205 del C. de Barcia. en San Francisco de Asís, que está al pie, Alt, 30 cms.; an., 21,2 cms. apoyado en el tronco. Termina coronado en Biblioteca Nacional. la copa por la Inmaculada Concepción. Alt, 1,95 ms.; an., 1,40 ms. 83 LA VISIÓN DEL CARRO DE FUEGO.—Autor anó- Monasterio de las Descalzas Reales. nimo español del siglo x v n . Dibujo a plu- JZ3Í ma sohre mancha de sepia. Número 586 del 92. LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS.—Grabado por C. de Barcia. Lucas de Leyde. Alt, 16,5 cms.; an,, 33 cms. Alt., 0,11 ms.; an., 0,85 ms. Biblioteca Nacional. Don Ignacio Bauer. 145 93- SAN PASCUAL BAYLÓN.—Aguafuerte de Juan SAN PEDRO ALCÁNTARA.—Escultura en made- Dominico. Tiépolo del cuadro de Juan Bau- ra, por Pedro de Mena. tista Tiepolo. Altura, 0,66 ms. Alt., 043 íns.; an., 0,29 ms. Col. Baucr. Biblioteca Nacional. SAN FRANCISCO DE ASÍS.—Escultura en made- 94. CHISTO románico bizantino.—Escultura en bron- ra pintada. De pie; las manos metidas en las ce dorado a fuego. mangas, por Pedro de Mena. Altura, 0,25 ¡ns. Altura con peana, 0,81 ms. Monjas, Santa Juana (Cubas). Convento de Concepcionistas (Blasco de Caray). 95. CRISTO de marfil •¿•O'JTC cruz de madera ne- gra.—Fue de la pertenencia de San Fran- SAN FÉLIX DE CANTAUCIO, capuchino.—Escul- cisco de Borja. Siglo xvi. tura en madera pintada. De pie. Escuela gra- Altura con cruz y peana, 1,65 por 0,88 ms. nadina. Altura del Cristo, 0,70 ms. Altura con peana, 0,65 ms. Monasterio de las Descalzas Reales. Convento de Don Juan de Alarcón. 96. SAM FRANCISCO DE ASÍS.—Escultura en made- SAN FRANCÍSCO DE Asís.—Escultura en made- ra pintada, de pie, sin peana. Escuela caste- ra pintada; cen las manos metidas en las man- llana. Tiene el ínteres histórico de haber es- gas. Atribuida a Pedro de Mena. Siglo x v n . tado en la capilla monumento de San Fran- Altura con peana, 0,83 ms. cisco e! Grande, conmemorativo de la estan- Convento de la Latina. cia del santo en la corte. Siglo xvi. Altura, 1,30 ms. SAN PF.IIKO DE ALCÁNTARA.—Talla atribuida a Mena. Siglo x v n . Altura, 0,75 ms. 97. Dos ÁNGELES de madera chapeados de plata. Don Luis de Zavala. Siglo xvi. Altura, 0,80 ms. SANTA CLARA.—Escultura en madera pintada. Convento de Sania Isabel, de Toledo. De píe. Sostiene con ambas manos la Custo- dia. Firmada por Pedro de Mena Medrano, 98. CRUCIFIJO en marfil. Fines del siglo xvi. Málaga, 1675. Altura, 0,27 ms. Altura con peana, 0,80 ms. Don Luis Sirabegne. Monasterio de las Descalzas Reales. 99. CRISTO yacente. Escultura en madera pintada y S « FRANCISCO DE Asís.—Escultura en made- policromada. Escuela castellana. Segunda ra pintada. De pie; las enanos metidas en mitad del siglo x v n . la.1? mangas, por Pedro de Mena. Largo, 0,62 ms. Altura con peana, 0,95 ms. Convento de Santa Juana, de Cubas. Convento de Don Juan de Alarcón. 100. SAN FRANCISCO DE ASÍS.—Escultura en ma- N1S0 JESÚS con el Mundo en la mano y vesti- dera pintada. De pie. En la mano izquier- do caprichosamente.—Talla en madera con da, una cruz, a la que contempla. Atribuida ptana. Fue rescatado en Larache el año 1692 a Alonso Cano. por la V. O. T., de Madrid. Altura, 0,66 ms. Altura, 0,80 ms. Don Juan Lafora. V. O. T. de San Francisco. ¡oí. SAN BENITO DE PALERMO, vulgarmente llama- SA:I FRANCISCO DE ASÍS.—Escultura en made- do el Sentó Negro. Escultura en madera pin- ra pintada. De pie; en la mano izquierda, una tada. De pie. En la mano derecha, el cru- cruz. Escuela granadina. cifijo, y en la izquierda, un corazón. Si- Altura, 0.60 ms. glo XVII. Señor Duque de Farcent. Altura con peana, 1,32 ms. Convento de Religiosas Capuchinas, de SANTA CLARA.—Escultura en madera pintada. Pinto. De pie; en la mano derecha la Custodia y en 146 la izquierda un báculo. Proba 1)1 emente de I2i. SAN ANTONIO DE PADUA con el Niño en bra- líon. zos. Escultura en madera pintada. De pie. Altura, 0,86 ms. Altura, 0,30 ms. Convento de San Pascual. Don Eduardo Torralba y Armendáríz. I22 BvsT0 de un 112. SAN DiEGo.-EscuItura en madera pintada. De ' franciscano.—Escultura en ma- pie; en la mano izquierda, un crucifijo, al \\ que contempla. Probablemente de Ron. Altura, 0,32 ms. Altura con peana, o,8 S ms. Marqueses de Torneros. Convento de San Pascual. ^ SAN. F R A N C I S C O D E A S Í S c o n l a s m a n o s meti. das en las mangas. Talla en madera pintada. 113. S w FRANCISCO DE Asís.—Escultura en made- Escuela castellana ra pintada. De pie; en la mano izquierda, un " Altura, 1 03 ms! crucifijo. Probablemente de Ron. Convento de San Pascual. Altura, 0,85 ms. Convento de San Pascual. 124. SAN FRANCISCO DE ASÍS.—Escultura en made- ra pintada. De pie; en la mano izquierda, una 114. SAN BUENAVENTURA.—Escultura en madera cruz, que contempla. pintada. De pie; en la mano izquierda un Altura, 0,49 ms. libro. Doña Consuelo Donderis de Sempere, Altura con peana, 0,63 ms. Convento de San Pascual. ^S- SAN FRANCISCO DE Asís.-Escultuva en made- ra pintada. De pie; en la mano izquierda, una — . -r. T^ T 1 cruz, a la Que contempla. Por Tose Salvador J 115. SAN ANTONIO DE PADUA.—liscultura en made- p ^ 0 ra pintada. De pie. La peana, con tres ánge- A I . , , , ' ,, „ , „, , - , i-i 1 1 1 - l i s u r a , u , / *¡ n i s . les dorados. Escuela castellana. '- p d Franciscan0Si Altura, 0,93 ms. Convento de San Pascual. ]2Ó SAN DIEGQ ^ ALCALA( ^ franciscano espa. r _ , ñol, apóstol de Fuerteventura (Canarias), cu- 11G. SAN ANTONIO.—Madera pintada. De pie. Es- y a s r e l i q u i a s s e conservan en Alcalá de Hena- cultura del siglo x v n . res.—Escultura en madera pintada. De pie; Altura con peana, o,68 ms. CO11 ] a s flores e n e ] r e g a í 0 _ a ] u d i e n d o a u n m ¡ . Don Antonio Weyler. h g r o 8uyO| E s c u e ] a g r a n a d i n a . Altura, 0,65 ms. 117. CRISTO de marfil sobre cruz de ébano y peana Señora Marquesa de Valleumbroso. de talla dorada. Siglo x v n . Altura, 0,32 ms. 127. RETRATO del Cardenal Cisneros.—Bajorrelieve Convento de los Padres Franciscanos de policromo con marco dorado. Siglo x v m . Arenas de San Pedro. Alt., 0,50 ms.; an., 0.35 ms. Don Vicente Castañeda. 118. SAN FRANCISCO DE Asís mirando la calavera. —Talla en madera policromada. Fines del si- 12S. ÁNGEL DE LA GCARDA con peana.—Talla en glo x v n . madera pintada. Siglo x v m . Altura, 0,36 ms. Alt., 0,85 ms. Colección Boix. San Fermín de los Navarros. c.v, T.\,*vrT=,-n m ;,~, 1, 1 i? 1. ^9J - SAN ANTONIO DE PADUA.—El santo sentado en lio S^N 1" KAN cisco mirando Ja cruz.—li-scultura •< » 1 J • , J c' 1 su celda, dormido, apoyado sobre "•"> ™ » ' _ . . , . ' „ „ , , . . tura en madera pintada que recuerda un mi- Dona Mana 1'rar.cisci Hohenlohe I j n - , a g r o i d s a l l t o Atribuid, a Porcel. gembur e . •A l t ^ o64 m s ; a n . , Op5 8 m s . S. M. el Rey. 120. Eccr HOMO.—Busto en madera pintada. Altura, 0,46 ms. 130. SAN PASCUAL BAYLÓN, lego franciscano espa- V. O. T. de San Francisco. ñol, Patrono de las instituciones eucaristicas. 147 Escultura de madera pintada. De pie; en la 141. CÁLIZ de plata dorada con aplicaciones de es- mano derecha, la Custodia. Por José Salva- malte y filigrana. Siglo x v n . Alt, 0,21 ms. A l t , 0,82 ms. Convento de Sania Clara, de Toledo. Padres Franciscanos de San Fermín de los Navarros. 142. CÁLIZ de plata dorada con esmaltes azules. Época de Carlos II. Año 1684. 131. LA VIRGEN entrega el Niño a San Francisco. Alt., 0,29 ms. Al fondo, San Miguel. En alto, ángel con Convento de la Encarnación, de Griñón. cruz. Grabado en marfil. Alt., 0,15 ms.; an., 0,08 ms. 143. HOSTIERO de plata dorada con esmaltes de Col. Castillo Olivares. colores y piedras. Siglo xvi. 132. SAN FRANCISCO Y SAN ANTONIO.—Azabaches. Convento de Santa Isabel de los Reyes, Siglo XVII. de Toledo. Alt., 0,24 ms. Señor Marqués de Valverde de la Sierra. 144. INCENSARIO de plata, estilo gótico. Convento de Santa Clara, de Toledo. 133. ROSARIO y medalla de San Francisco.—De aza- bache. Siglo xvii. [45. NAVETA de plata. Siglo x v n . Doña María Bruguera de Castillo Olivares Alt., 0,19 ms. Convento de Santa Clara, de Toledo. 134. URNA conteniendo un grupo en alabastro poli- 146. ARQUETA de filigrana dé plata de fines del si- cromado representando la visita del Papa a glo XVII. la momia de San Francisco de Asís. Alt, 0,20 ms.; an., 0,23 ms. Convento de San Juan de la Penitencia, Convento de la Encarnación, de Griñón. de Toledo. 147. BANDEJA de plata repujada con punzón, de 135. CUSTODIA de plata dorada con esmaltes azu- Córdoba, Ruiz y Martínez. 89. Siglo x v m . les. Siglo x v n . Convento de San Juan de la Penitencia, Alt., 1,04 ms. de Toledo. Convento de San Juan de la Penitencia, de Toledo. 148. CUCHARA y tenedor de oro, coral y cristal de roca. Perteneció al Cardenal Gsneros. 136. CUSTODIA de plata dorada con esmaltes azu- Convento de San Juan de la Penitencia, de Toledo. les y escudo de la Orden franciscana. Siglo 149. FRONTAL de bronces dorados a fuego sobre Convento de Santa Clara, de Toledo. espejos recuadrados por tallas policromadas. Fue mandado hacer por la Infanta Sor Ana 137. CUSTODIA de plata revestida de cristales de ro- Dorotea, hija del Emperador Rodolfo, re- ca tallados. Siglo x v m . ligiosa de este monasterio. Año 1653. V. O. T. de San Francisco Alt., 1,63 ms.; an., 0,95 ms. 138. CÁLIZ de plata dorada. Siglo xvi. Pertenecía Monasterio de las Descalzas Reales. al beato Navarrete. Altura, 0,15 ms. 150. Dos relieves de bronce dorados a fuego, que Convento de Franciscanos, de Santiago. representan una aparición de la Virgen con el Niño a una religiosa. Siglo x v n . Alt., 0,63 ms.; an., 0,46 ms. 139. CÁLIZ de plata dorada con medallones esmal- Monasterio de las Descalzas Reales. tados. Siglo xvt. Altura, 0.25 ms. 151. MARCO tipo relicario de bronce dorado a fue- Convento de San Antonio, de Toledo. go con aplicaciones de esmalte blanco y ne- gro y adornos de coral. Representa, en coral, 140. CÁLIZ de plata estilo gótico. Principios del si- un Cristo crucificado. Siglo x v n . glo XVI. Alt, 1,08 ms.; an., 0,85 ms. Convento de Santa Clara, de Toledo. Monasterio de las Descalzas Reales. 148 152. MARCO ochavado tipo relicario de bronce do- ÁNFORA de Talavera con escudo de San Fra rado a fuego con aplicaciones de esmalte cisco. Siglo xvn. azul y blanco y adornos de coral. Represen- Cl Bi ta, en coral, una escena del Calvario. Siglo 163. Dos LIBROS con encuademaciones conventua- Alt., 1,15 ms.; an., 0,77 ms. les con escudos franciscanos. Siglo x v m . Monasterio de las Descalzas Reales. Col. Boix. 153. LÁMPARA de bronce dorado con aplicaciones de 164. SOR JUANA DE LA CRUZ, fundadora del con- esmalte blanco y negro y decoración de coral. vento llamado de Santa Juana, en Cubas Fines del siglo xvn. {provincia de Madrid). Bordado en sedas de Alt., 0,80 ms. principios del siglo XVII. Monasterio de las Descalzas Reales. Alt., 0,45 ms.; an., 0,35 ms. Convento de Santa Juana, de Cubas. 154. SAN FRANCISCO. Hierro repujado y pintado. Siglo xvii. 165. FRONTAL de raso blanco bordado en plata y Doña María Bruguera de Castillo Olivares. seda de colores. Siglo x v n . Convento de Santa Isabel, de Toledo. 155. Dos URNAS conteniendo en cera asuntos rela- 166. FRONTAL de brocatel encarnado con bordados tivos a la vida de San Francisco y la Mag- dalena. Siglo XVII. en oro y sedas y ocho medallones; de ellos, siete representan Santos. Siglo x v n . Convento de Don Juan de Alarcón. Convento de Santa Isabel, de Toledo. 156. CRUZ relicario de ébano con la imposición de 167. FRONTAL bordado en sedas de colores y plata las llagas y escenas de la Pasión, en marfil. dorada, con flores y pájaros sobre damasco Siglo xvi.' blanco. Siglo x v n . Alt., 0,83 ms.; an., 0.37 ms. Monasterio de las Descalzas Reales. Don Carlos de Ojesto. 16S. TERMO DE RASO BLANCO bordado en oro y se- *57- ARQUETA policromada de madera y cristales das de colores. Siglo x v n . biselados del siglo x v n . Convento de las Capuchinas. Alt., 0,23 ms.; an., 0,27 ms. Convento de la Encarnación, de Griñón. 169. TERNO BORDADO, raso blanco, a sedas laxas, oro y coral, con decoración de animales y 158. ATRIL con portalibros doble de madera. Si- flores. Siglo x v n . glo XVIII. V. O. T. de San Francisco. Convento de Santa Juana (Cubas). 170. CASULLA BORDADA con sedas laxas, fondo azul. 159. MESA baja, de nogal, con tablero forrado de Siglo xvii. cuero, bufete de la venerable sor María de Convento de San Juan de la Penitencia, Agreda. de Toledo. Alt., 0,47 ms.; larg., 0,88; an., 0,53. Monasterio de las Descalzas Reales. 171. CASULLA DE TERCIOPELO ROJO, con tira bor- dada. Siglo x v n . 160. CUATRO MESAS de refectorio, de pino, con los Convento de San Antonio, de Toledo. tableros formados por azulejos de Talavera, marcados (T. 1 ), firmados M. Díaz y fecha- 172. MEDALLÓN BORDADO en sedas y plata, repre- chados 1745. Ostentan el escudo franciscano. sentando la Impresión de las Llagas a San Dos: larg., 2,42 ms.; an., 0,49 ms. Francisco. Siglo x v n . Dos: larg., 176 ms.; an., 0,49 ms. Convento de San Juan de la Penitencia, Convento de Capuchinas, de Pinto. de Toledo. 161. Dos ÁNFORAS de Talavera con escudos fran- 173. SEIS RELICARIOS, hechos sobre tisú de plata y ciscanos. Siglo x v n . oro, con piedras y vitelas centrales. Trabajo Altura, 0,50 ms. monjil del siglo x v m . Convento de la Encarnación, de Griñón. Doña María Bruguera de Castillo Olivares. 149 174- I>os BANDEJAS de tela con bordados en sedas PONTIFICAL ROMANO, en pergamino, con her- de colores. Trabajo monjil del siglo x v u i . mosa caligrafía, viñetas e iniciales ornamen- Doña María Bruguera de Castillo Olivares. tadas. Usado por el limo. D. Fr. Bernardo de Fresneda, O. F . M., confesor de Felipe 175. ALFOMBRA, fondo blanco, dibujos en negro. II, obispo de Córdoba y Cuenca y arzobis- Fabricación de Alcaraz. Siglo xvi. po de Zaragoza y electo de Toledo. Siglo Alt, 4,81 ras,; an., 2,55 ms. Convento de San Juan de la Penitencia, Alt, 0,31 ms.; an., 0,22 ms. de Toledo. Convento de Padres Franciscanos, de Nájera. 176. ALFOMBRA, fondo amarillo, con dibujos azu- les, negros y blancos. Fabricación de Alca- LIBRO AUTÓGRAFO con los diez primeros capí- raz. Siglo xvi. tulos de la Mística Ciudad de Dios y varias Alt, 4,10 ms.; anc. 2,05 ms. cartas escritas por la Venerable Sor María Convento de San Juan de la Penitencia, de Agreda y Felipe IV. de Toledo. Marquesa de Sil vela. LIBRO DE ACTAS de la V. O. T. de San Fran- 177. ALFOMBRA de las llamadas de Cuenca. Siglo cisco, de Madrid, de 1609 a 1656. Acuerdo Alt., 2,96 ms.; an., 2,04 ms. en que figura D. Pedro Calderón de la Bar- Convento (te San Juan de la Penitencia, Barca como discreto de la Junta y cronista de Toledo. general de la V. O. T. V. O. T. de San Francisco el Grande, de Madrid. 17S. SALTERIO, con numerosas iniciales historiadas miniaturas de página; entre éstas, una que BULA de Alejandro IV.—Dirigida a todos los representa a San Francisco con Santo Do- religiosos franciscanos sobre el rezo del ofi- mingo. Escuela de París, del siglo x t n . cio divino. Empieza: "Pío vestro collegio". Biblioteca Nacional. Dada en Anagni el 22 de junio de 1255. En pergamino. i?g. BREVIARIO FRANCISCANO. Con iniciales y or- Don Ignacio Bauer, las alusivas a la Orden franciscana. Arte Sie- nes. Final del siglo xiv. BULA de Alejandro IV.—Di 1 al 1 Biblioteca Nacional. genera! y a los pi itodios de la Orden franciscana concediéndoles las fa- 180. BREVIARIO ROMAXO, ton numerosas iniciales cultades de absolver y dispensar que goza- miniadas, de asuntos franciscanos. Arte bo- ban los arzobispos y obispos. Empieza: "Li- loñés. Siglo xiv. ect ail hoc". Dada en Anagni el 9 de octu- Biblioteca Nacional. bre de 1255. En pergamino. Don Ignacio Bauer, 1S1. FRAY FRANCISCO EXIMENIS, O. F . M. Libro del Cresñá. Escrito hacia 1417 para el ca- 1S9. BULA de Alejandro IV.—Dirigida a todos los ballero barcelonés Ramón Qavall. En la pá- religiosos franciscanos, en que confirma los gina primera, en que figuran los retratos del privilegios concedidos a la Orden por Gre- caballero y su esposa, hay también una re- gorio IX. Empieza: "Quid Ordinem ves- presentación de San Francisco recibiendo los intm". Dada en Lefrán el 28 de enero de estigmas. 1256. En pergamino. Biblioteca Nacional. Don Ignacio Bausr, 190. BULA de Alejandro IV.—Dirigida a los reli- 182. MISAL "RICO", hecho para el Cardenal Cisne- giosos franciscanos de Viena (Austria) con- ros por artistas españoles, en Toledo, de cediendo indulgencias. Empieza: "Cum ad '503 a 15 rS. Consta de siete tomos. pramerenda". Dada en Anagni el 11 dé julio Biblioteca Nacional. de 1256. En pergamino. Don Ignacio Bauer, 183. CÓDICE miniado, titulado "Era 1305", del via- je de un franciscano por España. 191. BULA de Pío IX.~Sobre la definición dogmá- Don Gregorio Marañon. tica de la Inmaculada Concepción, traducida 150 al vascuence por un padre franciscano. Vo- Otra, en marco labrado dorado: alt., 0,30 lumen encuadernado en cuero rojo con apli- metros; ana, 0,20 ms. caciones metílicas; ilustrado con dibujos a Otra, en marco de madera: alt., 0,30 ms,; pluma por M. Ordazgoiti. Regalo del muy ancho, 0,17 ms. reverendo padre Estarta a Isabel II y dona- Convento de la Latina. do más tarde por ésta a la provincia de Can- tabria. UNA CARTA autógrafa de la Venerable Sor Convento de Padres Franciscanos, de Zarauz. María de Agreda. En la parte superior del marco, otro pequeño, conteniendo un sello 192. HOJA DEL BREVIARIO de Santa Clara. pontificio en cera. Alt., 0,23 ms.; an., 0,16 ms. A l t , 0,30 ms.; an., 0,20 ms. Monasterio de las Descalzas Re ¡les. Convento de Capuchinas, de Madrid. 193. Dos RECIBOS del canon de los peces.—El ori- FOTOGRAFÍA de Isabel II con sor Patrocinio. gen de este canon de una cestilla de peces Convento de San Pascual, de Aranjuez. que el convento de San Francisco pagaba anualmente al monasterio benedictino de DESCENDIMIENTO.—Oleo sobre tabla. Princi- San Martín, de Santiago, se remonta a la pios de! siglo XVII. venida del Santo Patriarca, como se des- Alt., 0,64 ms.; an., 0,52 ms. prende del texto, que es e! siguiente: Doña María Bmguera de Castillo Olivares. "Reciuí del Religiosissimo y muí ¡Ilustre Convento de Nuestro Padre San Francisco, TRÍPTICO.—En el centro la crucifixión con San desta Ciudad de Santiago, extramuros, por Francisco y a derecha e izquierda San Ber- ulano de nuestro Reuerendissimo Padre el nardina y San Antonio. Maestro Fr. Francisco de Castro, Alt., 0,32 ms.; an., 0,45 ms. Fr. Manuel Rey, Guardián de dicho Don Agustín Peláez. Conuento vna cestilla de pezes, que dicho Glorioso Patriarca San Francisco se dignó RETRATO del limo. Dr. Fr, Francisco Ruiz.— prometer y pagar en cada vn año al Abad Uno de los primeros misioneros de Amé- Martino y a sus sucessores en la Abadía de rica, secretario y albacea del Cardenal Cis- San Payo de Ante-Altares, que aora es y se neros y Obispo de Avila. . trasladó a San Martín por los años mil du- Alt., 0,52 ms.; an., 0,37 ms. cientos y catorce, en reconocimiento de Convento de San Juan de la Penitencia. auerle concedido el sitio del Valle de Dios y del Infierno en que aora está fundado di- SAN FRANCISCO EN ORACIÓN.—Pintura sobre cho Conuento, y por ser verdad lo firmo cobre. Autor desconocido. En la parte in- en dicho Real Monasterio de San Martín a ferior parece que se ven restos de escritura o firma, pero completamente borrosos e ile- veynte y seis de julio de 1706. 21 de gibles. marzo de 1733.—Fr. M.° Fr. Pedro Ma- Alt-, 0,30 ms,; an., 0,24 ms. ñaga, Convento de Concepcionistas, de Agreda. Joseph González, Abbad de S. Martin (rub.)." E L SALVADOR.—Cabe2a pintada sobre tabla. Alt., 0,45 ms.; an., 0,30 ms. Autor desconocido. Existe la tradición, en Alt., 0,45 ms.; an., 0,36 ms. el convento, de que esta tabla se hallaba en Convento de los Padres Franciscanos, de una taberna, y que habiendo entrado un Santiago. fraile mendicante a pedir limosna, la cabe- za del Salvador le pidió que la sacara de 194. AUTÓGRAFO.—Carta de San Pedro de Al- aquel lugar, donde tantas blasfemias oía y cantara a la Infanta Doña María de Por- la ¡levara a! convento de la Concepción, de tugal, de la que era confesor. Agreda. Alt., 0,28 ms.; an., 0,20 ms. Alt., 0,36 ms.; an., 0,28 ms. Convento antiguo del Caballero de Gracia. Convento de Concepcionistas, de Agreda (Soria). 195. TRES CARTAS autógrafas de la Venerable Sor María de Agreda. LA PIEDAD.—Lienzo al óleo, pintado en Una, en marco liso dorado: alt., 0,30 1730 por Francisco Antonio Menéndez metros; ancho, 0,20 ms. (16S2 a 1752), autor, por encargo de Feli- 151 pe V, del proyecto de estatutos para la fun- CRISTO gótico, en madera pintada y policro- dación de la Real Academia de Bellas Ar- mada. Siglo xv. tes. Este cuadro fue regalado por la Reina Doña María Bruguera de Castillo Olivares. Isabel II a su letrado consultor D. José María Monreal, primer Presidente que fue CENA en madera tallada. Siglo xvi. de la Academia Matritense de Jurispruden- Alt, 0,70 ms.; an., 0,58 ms. cia y Legislación. Doña María Bruguera de Castillo Olivares. Alt., 0,83 ms.; an., 0,63 ms. Señor Marqués de Montesa. SAN' FRANCISCO.—Talla policromada y dora- da. Finales del siglo x vi 1. 204. FRAY Pedro de Alcántara.—Oleo sobre so- Altura, 0,85 ms. bre. Siglo x v n i . Convento de Clarisas, de Cíempozuelos. A l t , 0,50 ms.; an., 0,35 ms. Señor Obispo de Madrid-Alcalá. CÁLIZ de plata dorada, regalado a Cisneros. Siglo xvr. 205. IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS.—Cuadro (fe altar Convento de San Juan de la Penitencia, pintado por Bayeu para sustituir al que se de Alcalá de Henares. quitó, que era obra de Tiépolo. Convento de San Pascual, de Aranjuez. CRUZ de sobremesa, de bronce, con escudo de Cisneros. Siglo xvi. Convento de San Juan de la Penitencia, 206. RETRATO de Sor Patrocinio.—Oleo. Copia, por de Alcalá de Henares. Jesús Rodríguez. 1860. Alt., 0,98 ms.; an., 0,80 ms. CÁLIZ de plata dorada, regalo de Felipe IV a Convento de San Pascual, de Aranjuez. la venerable madre de Agreda. Tiene una inscripción de haber pertenecido a D. Alfon- 207. STELLARIUM IMMACULATAE COKCEPTIOXIS.— so Pérez de Guzmán. Grabado hecho en 1636 por Fr. Nicolás de Altura, 0,33 ms. Roma y dedicado al Cardenal Pedro Pablo Convento de Concepcionistas, de Agreda. Crescenzi. Representa en el centro la In- maculada rodeada de ángeles, portadores de COPA con su plato, de plata dorada. Regalo de símbolos y sentencias de los Santos Padres Felipe IV a la venerable madre de Agreda. y cartelas con música del Tota Pulcra; grá- Convento de Concepcionistas, de Agreda. fico de la coronilla de las doce Ave Marías; a los lados, San Francisco, San Buenaventura, San Antonio de Pádua, San Juan cíe Capis- JARRITA con bandeja redonda de plata dorada. trano, los Papas Sixto IV y Alejandro V, J. Regalo de Felipe IV a Sa venerable madre de Juan Duns Escoto y Fr. Francisco Mayrón Agreda. con las respectivas sentencias defensoras de Convento de Concepcionistas, de Agreda. la Inmaculada; al pie, dignidades eclesiásti- cas y seglares en actitud de adoración. Todo VINAJERAS con bandeja de plata dorada. Re- en una gran combinación de gloria y de flo- galo de Felipe IV a la venerable madre de res. Agreda. Convento de Concepcionistas, de Agreda. A l t , 0,65 ms.; an., 0,45 ms. Convento de la Concepción, de Toledo. RELOJ despertador de bronce. Regalo de Fe- lipe IV a la venerable madre de Agreda. 208. GRABADO histórico descriptivo de las grande- Convento de Concepcionistas, de Agreda. zas de la Orden franciscana y la estadística de las provincias en que está dividida. Dibu- CRUZ de hierro que la venerable madre usaba jado por J. de Ivala y dedicado al reverendo como silicio sobre el pecho y debajo de la padre Fr. José García, ministro general, por ropa. el padre Fr. Eusebio González de Torres, Convento de Concepciónistas, de Agreda. cronista de la Orden. Siglo x v m . Alt, 0,53 m.;an., 0,71 ms. CRUZ de ébano con incrustaciones de nácar, Convento de San Juan de la Penitencia, grabada, representando San Miguel y san- de Toledo. tos franciscanos. En el pie, la Concepción, y 152 a ambos lados, sor María de Agreda y el 232. Dos ARQUILLAS de concha. Siglo xvin. Padre Scoto, con nimbos o aureolas. Convento de las Úrsulas, de Alcalá de Altura, 0,59 ms. Henares. Convento de Conccpcionistas, de Agreda. 233- PILILLA de Talavera con escudo franciscano. BÁCULO que usó la venerable madre sor María Convento de las Úrsulas, de Alcalá de de Agreda cuando estuvo tullida. Henares. Convento de Concepcionistas, de Agreda. LA CONCEPCIÓN con San Francisco y el Pa- PIEDRA que usó para almohada la venerable dre Scoto. madre de Agreda. Convento de San Juan de la Penitencia, Convento de Concepcionistas, de Agreda. de Alcalá de Henares. CÁLIZ de plata dorada, con decoración de pía- CRUZ pectoral del Cardenal Cisneros. De ma- ta blanca, esmaltes y piedras finas. Regalo de " 3 5 " Isabel I I a la venerable madre sor Patrocinio dera, con reliquias. y de ésta a su confesor, el muy reverendo pa- Convento de San Juan de la Penitencia, dre Estaría, provincial de Cantabria. Patena en Alcalá de Henares. con el reverso, dibujado a punzón. 2 Altura, 0,32 ms. 3 " - V I D A DE SOR JERÓNIMA DE LA FUENTE, por el Convento de Franciscanos, de Zarauz. P. Franciscano Fr. Ginés de Quesada. P. P. Franciscanos de San Fermín de los SOR MARÍA DE AGREDA predicando a los in- Navarros. dios. Bordado a mano en seda de colores. Incrustaciones de nácar. 237. CONSTITUCIONES de la Orden Franciscana, he- Alt., 0,54 ms.; an., 0,40 ms. chas en Asís en 1354. Convento de San Pascual, de Aran juez. Original de los siete primeros capítulos. Don José G. de Arrnesto. CASULLA de terciopelo rojo labrado con tira bordada en oro. Siglo xvi. 238. VAJILLA de Talavera, compuesta de cincuenta Convento de Clarisas, de Cíempozuelos. y seis piezas, casi todas con escudos de la Orden. GUANTES del limo. Padre Fresneda. De seda V. O. T. de San Francisco el Grande. roja bordados en oro. Siglo xvi. Convento de Padres Franciscanos, de Ná- CRISTO en la Cruz abrazando a San Francisco. jera. Lienzo pintado al óleo, copia parcial en ta- CASULLA, manípulo, estola, corporales y paños maño muy reducido del cuadro de Murillo bordados por la venerable madre de Agreda. en el Museo de Sevilla, Convento de Concepcionistas, de Agreda. Alt., 0,45 ms.; an., 0,33 ms. Don José M.» Blanco. PUERTA de un zaguán con tallas de San Fran- cisco y San Cristóbal. L A VIRGEN, San Pedro Alcántara y San Jeró- Doña Carmen Sanz. nimo. Lienzo pintado al óleo. Autor anóni- mo; siglo XVIII. ARCÓN con decoración de chapa, con las ar- Alt., 0,36 ms.; an., 0,32 ms. mas de Cisneros y el cordón franciscano. Es- Señora Duquesa de Parcent. tuvo forrado de terciopelo. Siglo xvi. Señora viuda de López de A y ala. SOR MARÍA DE AGREDA en su bufete. Pintura sobre cobre; siglo XVIII. BASTÓN-BÁCULO de Cisneros, de ébano y mar- Alt., 0,23 ms.; an., 0,18 ms. fil. Siglo xvi. Señora Duquesa de Parcent. Convento de San Juan de la Penitencia, de Alcalá de Henares. SAN FRANCISCO EN ORACIÓN. Reproducción de un cuadro de Salvator Rosa, grabado por ARQUILLA de terciopelo rojo. Siglo x v n . Turner. Convento de las Úrsulas, de Alcalá de Alt., 0,50 ms.; an., 0,42 ms. Henares. Señora Duquesa de Parcent. 153 243- SAN FRANCISCO BENDICIENDO. Talla en niade- 250. DALMÁTICA de raso blanco bordada en sedas ra policromada. Tamaño mayor del natural. de colores, hecha de una colcha que pertene- Señora Duquesa de Parcent. ció a Carlos I I I . P. P. Franciscanos de Avila. 244. NIÑO JESÚS con el toisón. Talla en madera pintada y policromada. 251. CASULLA de terciopelo encarnado con aplica- Señora Duquesa de Parcent. ciones de tisú de oro. Siglo XVII. P. P. Franciscanos de Avila. 245. NIÑO JESÚS; talla en madera pintada y poli- cromada, con vestido de terciopelo verde pi- 2^2. CASULLA de raso verde con bordados en sedas cado. Siglo XVII. de colores. Fines del siglo XVII. Señora Princesa de Hohenlohe-Langcn- P, P. Franciscanos de Avila. burg. 253. CASULLA de seda encarnada bordada en sedas 245 bis. SAN FRANCISCO con hábito azul. de colores. Siglo x v n . Alfonso de Hohenlohe-Langenburg. P. P. Franciscanos de Avila. Convento de Franciscanos de Arenas de Alt., 0,10 ms. San Pedro. Cristian de Hohenlohe-Langenburg. PKOUEÑA tabla pintada. En el anverso, "La 247. NUESTRA SEÑORA DE LA PORTERÍA. Vitela pin- Impresión de las Llagas". En el reservo, tada al guach y pegada sobre tabla. Marco San Sebastián". dorado con espejos. Señora Vizcondesa de Palazuelos. Alt., 0,22 ms.; an., 0,15 ms. Doña Josefina Halcón. CAPILLO de capa pluvial, bordado en oro y se- das de colores, representando el Nacimien- 248. SAN FRANCISCO SOLANO. Escultura cu marfil to de Nuestro Señor. Principios del siglo xvi. pintado. Real Monasterio de Guadalupe. Alt, 0,40 ms. Don Eduardo de Laiglesia. CAPILLO de capa pluvial, bordado en oro y se- das de colores, representando la Coronación 249. FRAY LUIS DE SAN JOSÉ, fundador de la Ca- de la Virgen. Siglo x v n . pilla de la Portería en el Convento de San Real Monasterio de Guadalupe. Antonio de Avila. Lienzo pintado al óleo; 258. CUADRANTE cíe dalmática bordado en oro v se- autor anónimo español del siglo XVIII. das de colores, con el escudo de Guadalupe, Alt, 1 m.; an., 0,70 ms. Siglo xvi. P. P, Franciscanos de Avila. Real Monasterio de Guadalupe, ADICIÓN AL CATÁLOGO MUEBLES, CERÁMICA, TELAS Y OTROS OBJETOS DE DECORACIÓN SALA PRIMERA SILLÓN de caderas. Asiento y respaldo de terciopelo rojo. Siglo xvt. Don Luis Ruiz. ARCÓN tallado y policromado. Finales del Siglo xvr. Don Miguel Gómez Acebo. RECLINATORIO de terciopelo cortado. Siglo xvi. Señor Marqués de Val verde de la Sierra. CREDENCIA, en nogal. Siglo xvr. Don Apolinar Sánchez. MUSITA con cajonería. Siglo xvn. Don Pedro del Castillo Olivares. PASO de mesa ' salamanquino, bordado. Siglo xvn. Don Don Miguel Gómez Acebo. Pedro d e l Castillo Olivares. _ , . a • i i • J i BANQUETA forrada cuero policromada de Córdoba. ORZA de manises, renejo dorado, con pie de brase- ^\,r\0 xvl rilI B °- _ , D . Don Pedro del Castillo Olivares. Lol. rio íx. SALA TERCERA SALA SEGUNDA SILLA DE CORO, estilo barroco. Fines del siglo x v n Don Pedro del Castillo Olivares. MUEBLE tallado estilo español. Siglo xvn. Sres. Jiménez y Rodríguez. CUATRO SILLAS forradas con cuero de Córdoba poli- cromado. Finales del siglo xvn. MUEBLE tallado estilo español. Siglo xvi. Don Pedro del Castillo Olivares. Sres. Jiménez y Rodríguez. Dos BANCOS con medallones tallados. Dos SILLONES. Asiento y respaldo de cuero labrado. Don Luis Ruiz. Estilo español. Siglo xvi, Don Miguel Gómez Acebo. VITRINA de centro. Siglo xvn. Archivo Central de Alcalá de Henares. Dos SIILLONES. Asiento y respaldo de cuero liso. Si- Bl S A L A C U A R T A ° *"'• Don Miguel Gómez Acebo. BANCO de cuero almohadillado. Siglo xvn. TRES SILLAS, parte de coro. Siglo xv. Museo Arqueológico. Museo Arqueológico. 155 Dos SILLONES con zapatas, asiento y respaldo de cue- REFECTORIO ro. Siglo xvi. Señores . ,- ,. J i m é n e z y Rodríguez. RELQJ con e s c ü d o franciscano. siglo x v m . ,, r ... ,. Convento de Concepcionistas de San José. MESA, con patas forma de lira con hierros. Siglo x v n y silla de igual época. Aj . ACENA CQn d o s ^ s¡ b XVJJ Don Eugen.o Tero!. 'Don P e d ¿ de] CastiHo olivares. BANQUETA de pulpito. Siglo x v n . SALA DE LABOR Don Pedro del Castillo Olivares. MESA de costura. Siglo x v n . CUATRO bancos madera blanca. Siglo x v n . Convento de Capuchinas, de Pinto. Convento de Clarisas, de Ciempozuelos. PEQUEÑO ARMONIO. Siglo xvm. Convento de Úrsulas de Alcalá de Henares. CELDAS SEIS SILLAS, asiento paja. Siglo xvirr. Convento de Concepcionistas de San José. CRUCIFIJO de madera pintada. Siglo x v n . Don José Garnelo. U N SOFÁ, asiento paja. Siglo xix. Don Miguel Borondo. Dos MESAS. Siglo x v m . Don Eugenio Te rol. TRES SILLAS de labor, forradas de cuero negro. Si- glo xvn. MESA. Siglo x v n . Don Pedro del Castillo Olivares. ' Don Luis Ruiz. UNA BANQUETA de madera blanca. Siglo x v m . Oos PAÑOS hilo con encajes y bordado. Siglo xvn. Convento de Capuchinas, de Pinto. Don Pedro del Castillo Olivares. LÁMINAS SALA SEGUNDA SALA TERCERA INTliKIOK DliL LOCL'TOKIO -—"J N . ° < 4 DliL CATÁLOGO > X ' i " I.I-::.<_VI \ C R I S T O ROMÁNICO BIZANTINO CRISTO GÓTICO MONJAS.. SANTA JUANA i CUBAS) EXPOSITOR: DONA MARÍA BRUGUERA r N . ° 3 DEL CATÁLOGO LA PIIiDAD, SAN FliANCISCO Y SAN ANTONIO LAMINA X I V N . ° 4 DHL CATALOGO IiL SALVADOR, LA VIlíGHN Y SAN JUAN N . ° .') DEL CATÁLOGO L A VIRGEN CON EL NIÑO - TKÍPTICO EXPOSITOR. MONASTERIO Dli LAS DESCALZAS RBALES N . u 9 DEL CATALOGO EXPOSITOR: CONVENTO Dli CAPUCHINAS Lili PINTO (MADRID) N . ° 10 DFX CATALOGO SAN FRANCISCO HAMLET CON Fu. LKÓN H MONFOHTE (LUGO) LÍJIINA X V I I I N.° 11 DEL CATALOGO SAN FRANCISCO 1:X ORACIÓN N . ° 12 DEL CATALOGO SAN FRANCISCO liN ORACIÓN EXPOSITOR: CONVENTO DE CAPUCHINAS, DE TOL1ÍDO N.° 13 DEL CATAL. LA IMPRESIÓN D E LAS LLAGAS EXPOSITOR: SliN-ORES CONUES DE HEREDIA SAINÓLA N." 18 DEL CATALOGO SOU JHKÚNIMA I)]-: LA KUKKTE EXPOSITOR: CONVENTO DE SANTA ISABEL, DE TOLEDO SOR JliRÓNIMA DE LA FUKNTI- (MEMA F M RA) úiey - 1G2o EXPOSITOR; CONVENTO DE SANTA ISABEL, DE TOLEDO N . ° 18 DEL CATALOGO SOR JlfRÓNIUA DE LA FUHNTli (GUSTO) SOR MARGARITA DE L A CRUZ LA HMPliRATRIZ MARÍA EXPOSITOR: MONASTERIO DR LAS DESCALZAS REAL1 EXPOSITOR: MONASTERIO DE LAS DESCALZAS REALES LAMINA X X V Í N.° 21 DEL CATALOGO DOÑA JUANA DK AUSTRIA EXPOSITOR: MONASTERIO DE I.A& DESCALZAS REALES LAMIXA XXVIJI N . " '2~1 U]£L CATALOGO DO.N'A ISABI-L DE AUSTRIA EXPOSITOR: JIOXASTER1O DE LAS DESCALZAS REALES LAMINA X X I X N . ° 2b DEL CATALOGO SAN FRANCISCO RECIBIENDO LOS SIKTE PRIVILHCIOS EXPOSITOR: DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE GUADALAJA N . ° 34 DEL CATALOGO SAN FRANCISCO HAMLEl EXPOSITOR: COLECCIÓN BÍÍRL'ETE LÁMINA XXJÍI N . " 3ft UIÍL CATALOGO EL PRODIGIO D E L MONTE DE LA VERNA EXPOSITOR: HOSPITAL DE LA V. O. T. N . ° 4 0 DEL CATÁLOGO SAN FRANCISCO CONFORTADO POR UN ÁNGEL MÜSICO EXPOSITOR: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO LÁMINA XXXIV N . ° -14 DEL CATÁL DESPOSORIOS DE SANTA CATALINA EXPOSITOR; HOSPITAL DE LA V. O. T- N . ° 49 DEL CATALOGO SAN FRANCISCO CONFORTADO POR UN ÁNGEL MÚSICO EXPOSITOR: CONVENTO DE CAPUCHINAS LÁMINA XXXVI N.° 63 DEL CAT.U.OGO SAN PKDRO ALCÁNTARA EXPOSITOR: SU MAJESTAD EL REY LAMIKA XXXVII N . ° 66 DEL CATALOGO SAN BERNARDINO DK SIliNA TRl-DICANDO EXPOSITOR; SEÑORES CONDES DE TORRES ARIAS LAMINA XXXVJIi N . ° 70 DEL CATALOGO SAN FRANCISCO liN OKACIÓN EXPOSITOR: BIBLIOTECA NACIONAL i ff •' Y N . u 0 0 DEL CATÁLOGO MEDIA-NARANJA DE SAN ANTONIO DH LA FLORIDA EXPOSITOR: COLECCIÓN CASTILLO OLIVARES N".° 90 DEL CÁTALO", MEDIA-NARANJA DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA N." 95 DEL CATÁLOGO N.° 1 T DEL CATÁLOGO 3) CRISTO DK MARFIL .CrSTODIA Dli PLATA DORADA COX LSMALTOS EXPOSITOR: MONASTERIO Dli l-.- DESCALZAS REALE* A, DE TOLEDO N . ° 254 DFX CAT ÍLOGO CRUZ QUH USABA SAN PKDRO ALCÁNTARA Y AUTÓGRAFO DliL MIS.\JO CRISTO YACHNT1Í EXI'USITOR: CONVENTO Dli SANTA N . u ICO DEL CATÁLOGO K . " 103 DEL CATÁLOGO SAX FRANCISCO HN ORACIÓN SAX FRANCISCO EX KXTASIS EXPOSITOR: DON JUAN LAFORA EXPOSITOR: CONVENTO DE CONCEPCIOX1STAS BLASCO DE GARAY) LAMINA XLVI X . " JO:i DKL CATÁLOGO SAN FRANCISCO EN ÉXTASIS SAN FRANCISCO RECIBIENDO LOS ESTIGMAS EXPOSITOR: CONVENTO DE LA LATINA EXPOSITOR: BIBLIOTECA NACIOXAL LÁMINA XLVII N . ° 14« DEL CATALOGO CUBIERTO DliL CARDENAL CISNHROS EXPOSITOR; CONVENTO DE SAN JUA.V DE LA PENITENCIA DE TOLEDO N . ° 229 DEI. CAT W.OGO COFRE DEL CARDENAL CISNEROS EXPOSITOR; SEÑORA VIUDA DE LÓPEZ DE AYALA LÁMINA XLVHI N . ° 160 DEL CATÁLOGO MESA CON TABLHRO DE AZrLKJOS DE TALAYERA EXPOSITOR: CONVENTO DK CAPUCHINAS, DE PINTO N . ° 185 DEL CATÁLOGO Lllik'0 ACTÓGRAFO Dlí SOR MARÍA DK Ar.RKDA EXPOSITOR: MAKyURSA DE SILVEI.A N.° 219 DEL CATÁLOGO N . ° 215 DEL CATALOGO COPA CON SU PLATO R I X A L O DI-. 1ÜLIPI' IV CRUZ-CILICIO DK SOR MARÍA DE AGREDA EXPOSITOR- CONVENTO DIÍ CONCRKCIOI EXPOSITOR: CONVENTO DE COXCBPCIOÜISTAS. DE AGREDA N . " 22S DIÍL CATALOGO PUlíRTA TALLADA EXPOSITOK: D O S A CARMEN °oS SANTIAGO - CONVENTO DE SAN FRANCISCO - VISTA GENERAL TORDESILLAS - CONVENTO FRANCISCANO - PATIO ARAÜH TOLHDO - PALACIO DEL REY DON PEDRO - HOY CONVENTO DE SANTA ISA t CONVENTO DE LA RÁBIDA - VISTA GENERAL TOLliDO - SAX JUAN DE LOS RliYJiS - ÁBSIDE TOLKDO - SAN JUAN DE LOS HEVES - ÁNGULO DEL CLAUSTRO SANTIAGO DE COMPOSTliLA - IGLESIA DE SANTA CLARA - FACHADA inv-. t Cwiíjovhotw a moralfsTnoicía GETORG1VS FAC1EBAT 1^75 U 1 QJVUZ, - 7)c li¡6 <,if>e.\\ot «iíu)tmito Ro N.u 27 Jíl Catálogo. Facsímiles de las fin ñ-22.001