DOMlMEOH Dsi: I MONASTERIO DEP05LET !%=5!ss:ssssaaá2aESíí2^^ P iíl pr«5K> 'T^'-^'TSS^.' m [•- v^ /-K' V-r ' . '...Vi K.'-■'!." * fj . ••. 1 -•.i \m R .'^V , , •r-·-^-·T^ /ol': ' » wV* >* -taci^ c ^5Ï íffi'* ^ ^ 'Vkj Í--J ^ « fc·.·íl· -»-«>« ** # 4 HISTORIA Y ARQUITECTURA DEL MONASTERIO DE POBLET INSTITUTO AMATLLER ^T^ISPÁNICO TIRADA DE LA PRESENTE EDICION En papel Imperial Japón (numerados) iS En papel hilo Holanda (numerados) 2p En papel Plantin g6o HISTORIA Y ARQUITECTURA DEL MONASTERIO DE POBLET POR LUIS DOMENECH Y MONTANER Edición costeada por i.a EXCMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE BARCELONA para conmemorar la augusta visita de S. M. EL REY DON ALFONSO XIII (Q. D. g.) al Real Monasterio el día 25 de octubre del año 1926 BARCELONA.-MONTANER Y SIMÓN ANO M.CM.XXVII PRÓLOGO L día 25 de Octubre de 1926 —uno de hermosos días del esos otoño levantino, todo diafanidad y todo luz —las ruinas del histórico Monasterio de Poblet, sumidas durante casi un siglo en aterradora soledad, se estremecieron de júbilo al notar que al pie de sus vetustas murallas renacía otra vez el bullicio que, en aquellos sus pasados tiempos de esplendor, había en tantas ocasiones anunciado la proximidad de una visita real. Para quienes supieran de la pompa protocolaria usada allí en trances tales, refulgente de poderío, ostentación y riqueza, había de inducirles cier¬ tamente a incredulidad la triste y pobre desnudez de aquellos muros que, ante el anuncio de tan fausto suceso, no supieron ni pudieron hallar otro atavío que el que les prestaba la secular elegancia de sus líneas y su prover¬ bial legendaria grandeza. Con todo, el feliz augurio tuvo pronta y completa confirmación; pues antes de mediar el día llegaba a los umbrales de la Capilla de San Jorge, acompañado de sus Augustas hijas las Serenísimas Infantas Doña Beatriz y Doña Cristina, S. M. el Rey Don Alfonso XIII. ■ Ni clarines, ni atabales anunciaron la llegada; ni acogieron su presen¬ cia las alegres voces de las campanas del viejo Monasterio, por desgracia desaparecidas; ni le precedió tampoco el vistoso acompañamiento procesioi VI PRÓLOGO nal de la blanca Comunidad que ya no existe... Y sin embargo, pese a su aparente sencillez, la entrada de nuestro Rey en el anchuroso patio de Po¬ blet impresionó hondamente a cuantos la presenciamos. Y es que el solo hecho de estar allí nuestro Monarca, resumiendo en su altísima representación las gloriosas tradiciones y los sagrados recuerdos que viven y alientan en todas las almas patriotas, actuó como siempre de mági¬ co conjuro, despertando por doquier emoción, respeto y simpatía; y al verle pisar el maravilloso Claustro Gótico y transponer el recinto del inacabado Palacio del Rey Martín, nos pareció que un hálito de nueva vida iba a ini¬ ciar, desde aquel instante, la milagrosa resurrección de aquel gigantesco cuerpo inerte, que comenzó su agonía en 1835 al furioso empuje de turbas enloquecidas, y que hubo de sufrir, después, el lento y angustioso martirio a que le sometieron, a un tiempo mismo, la general indiferencia del pueblo y el abandono inexplicable y suicida de los poderes públicos. La noble y generosa iniciativa que allí le llevó, a impulsos de su cora¬ zón de Rey, amante como nadie de las cosas de su Patria, no se vió cierta¬ mente defraudada, ya que el entusiasmo que en él provocó la magna obra fué creciendo a medida que, una tras otra, recorrió las múltiples dependen¬ cias del renombrado cenobio: la Sala Capitular, la Biblioteca de los Monjes, el Dormitorio de Novicios, la Iglesia....-, y junto a su admiración, espontánea y reiteradamente expresada, no pudo menos de asomar un sentimiento de punzante amargura cuando, al llegar al Crucero, hallóse en presencia de las Tumbas de sus gloriosos antecesores, los Reyes de Aragón, medio derrui¬ das y villanamente profanadas. Fué aquél día para Poblet; la visita del Rey constituirá en su un gran historia un inolvidable y trascendental acontecimiento. Convencida de ello, la Diputación Provincial de Barcelona formó el propósito de perpetuar el recuerdo de aquella regia jornada; y ha creído que en ninguna forma podía mejor hacerlo que dando a la publicidad la presente edición de la obra que sobre Poblet escribiera el insigne arquitecto catalán D. Luis Domènech y Montaner. Vulgarizando el conocimiento de PRÓLOGO VII lo que es y de lo que representa aquel inmenso tesoro artístico, cree la Corporación contribuir a que las nobles ansias de restauración que sintió el Augusto Señor al visitar el Monasterio, hallen en el general sentir el am¬ biente propicio y entusiasta que asegura siempre el éxito a cuantas empre¬ sas tienen, por coincidencia feliz, la fortuna de asociar a la voluntad real los anhelos del pueblo. Barcelona, Octubre de 1927. JOSÉ M.'' MILÁ Y CAMPS Conde del Montseny Presidente de la Diputación Provincial db Barcelona. FUNDACIÓN Y EMPLAZAMIENTO 2 FUNDACIÓN AMÓN Berenguer IV, Conde de Barcelona, Príncipe de Aragón, y Marqués de Lérida y Tortosa, en i8 de Enero del año de 1 la Encarnación 1149, XIII del reinado de Luis Joven, ! daba a Santa María de Fuenfría, al venerable abad Sancho ' y a todos los frailes que allí servían a Dios, tanto presentes cuanto venideros, el lugar llamado Huerto de Poblet para construir en él un «Monasterio para el servicio divino y remedio de las almas de sus pa¬ dre y madre;» disponía que tuviese allí espacio de tierra en el cual conve¬ nientemente se «pudiesen edificar Monasterio, y Claustro, y Dormitorio, y Refectorio, y todas las oficinas al Monasterio pertenecientes, con el debido cementerio a su alrededor;» daba también «cuanta tierra de cultivo fuese ne¬ cesaria para los trabajos propios del Monasterio y para el sustentamiento de todos los frailes allí servidores de Dios.» Firman como testigos déla dona¬ ción los magnates: Arnaldo Miró, Conde de Pallars, Arnaldo Berenguer de Anglesola, Bernardo de Belloy, Guillermo Ramón (de Moneada), Ramón de Cervera, «quien por amor de Dios la medietatem del Huerto lauda, define y de propia mano confirma al Santo Salvador.» Finestres, el concienzudo historiador y monje de Poblet, transcribe una copia auténtica del documento de Fuenfría (i); la Gallia Christiana hace a él referencia en la biografía del (i) Jaime Finestres, Historia del Real Monasterio de Poblet, tomo I, año 1753, pág. 122. 4 historia y arquitectura abad Sancho de aquel Monasterio: Raim^lnd^ís quoqiie Barcinonœ comes eidem sequenti— iiqq — xv cal. Febr. territorhmi nuncupatum hortum anno PopuLETi adœdificandum monasterium concessit (i); y los Benedictinos en su Historia general de Languedoc, sacándolo de los archivos de aquella Abadía, confirman que dio religiosos suyos a Ramón Berenguer IV para fundar la célebre Abadía de Poblet, el i8 de Enero de 1149, año décimotercio del rei¬ nado de Luis el Joven (2). Por tiempos Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y Prín¬ estos cipe de Aragón, era también Marqués Regente de Proven2a(3) y estaba en íntima relación con los Vizcondes de Narbona y los Señores de Montpeller. Su prima hermana Ermengarda, Vizcondesa de Narbona, a la cabeza délas tropas de su dominio, su tío Berenguer, abad de Grassa, después arzobis¬ po, y Guillermo VI, Señor de Montpeller, le habían ayudado personalmente en el sitio de Tortosa (a. 1148) y habían obtenido de él dominios en aquella ciudad {4). Caía Tortosa en poder de Ramón Berenguer IV y de sus aliados a fines del año 1148, y en el mes de Enero de 1149 de la Encarnación hacía el Con¬ de de Barcelona donación del Huerto de Poblet al Abad de Fuenfría, y en el mes de Julio siguiente su compañero de armas, el antiguo cruzado Gui¬ llermo VI de Montpeller, era ya fraile de la misma orden del Cister en la Granselva, del obispado de Tolosa. (1) Galio. Cristiana, VI, año 1739, c. 200. (2) Historia general de Languedoc, 1. XVII, c. lxxv. Id., nota 126. (3) Por testamento de su padre Ramón Berenguer III y como hijo de Dulcía, Condesa de Provenza, fué Ramón Berenguer IV Conde de Barcelona y de Tarragona, Besalú, Vallespir, Fenolleda, Perapertusa, Cerdaña, Conflent, Carcascna y Razés: muerto su hermano Berenguer Ramón, Conde de Provenza (a. 1144), y casada su viuda con el señor de Alais, el Conde de Barcelona rigió toda su vida soberanamente la Provenza por su sobrino, también de nombre Ramón Berenguer, a quien crió y mantuvo en su Corte de Barcelona. Historia general de Lan¬ guedoc, libro XVII, cap. xvi y lxii; libro XVIII, cap. Liii (4) La Vizcondesa de Narbona, Ermengarda, era prima hermana de Ramón Beren¬ guer IV; su abuela Mahalta se había casado primero con Ramón Berenguer II Cabeza de Es¬ topa, y, muerto éste, con Emerico I, Vizconde de Narbona. Del primer matrimonio tuvo a Ra¬ món Berenguer III, Conde de Barcelona; del segundo a Emerico II, Vizconde de Narbona, padres respectivos de Ramón Berenguer IV y de Ermengarda. En tiempo de las primeras construcciones de Poblet era Arzobispo de Narbona Berenguer I (a. 1155-1162), hijo también de la Condesa Mahalta y del Vizconde de Narbona: venía a ser tío de Ramón Berenguer IV. El año 1158 la Vizcondesa Ermengarda reconoció la soberanía del Conde de Barcelona sobre sus Estados. Hlst. gen. de Lang., libros XV-XVIII. Galla Cristiana, VI, c. 52-54. del monasterio de poblet Fuenfría, a dos leguas y me¬ dia de Narbona, fué la abadía en donde tenían sus sepulcros los Viz¬ condes de aquella ciudad: se había sometido a la orden del Cister y dependía desde 1143 de la Gran- selva (i). Todas estas relaciones debieron influir en la nueva insti¬ tución del Cister en Cataluña. Ra¬ món Berenguer IV, en 1150, épo¬ ca de la fundación de Poblet, se hallaba en Provenza y en Narbona para arreglar sus contiendas con las Casas de Baus y Trencabell, que se redujeron a su obediencia y soberanía (2). Es muy probable que el trato con el abad Sancho de Fuenfría para la construcción de Poblet y la delimitación de sus tierras se perfeccionase con oca¬ sión de encontrarse el Conde en ciudad próxima tan y relacionada con aquella Abadía. No obstante su dependencia de Fuenfría, fuéle Poblet muy su¬ perior en obras materiales y socia¬ les, como decía el cronista gene¬ ral del Cister: De Prole, Populehivi Fontis frigidis germen, tato orbe Sello del fundador de Poblet, el Conde-Rey Ramón Beren¬ guer IV, a. 1131-1162. Arch. Hist. Nao., Madrid. Leyen¬ christiano nulU secundum (3). Las da: Anverso: Rcíiniundus Serengarii Comes Barchi- construcciones del monasterio de nonensis. Reverso: et Princeps Regni Aragonensis. Ta¬ maño natural. Impronta de la Colección del autor. Santa María de Fuenfría, en gene¬ ral, no son tampoco anteriores a las del Monasterio de Santa María de Poblet (1) Historia general de Languedoc, III, libro XVII, capítulos lxxii-lxxvi. (2) Esteban de Zurita, Anales de la Corona de Aragón, 1. II, cap. xi. Diago, 1. II, cap. 159. (3) Angel Manrique, Anales de la Orden del Cister, libro II, cap. 19. 6 HISTORIA Y ARQUITECTURA La Abadía de Santa Maria de Fuenfria, fundada por los benedictinos antes de 1097, afilióse a mediados del siglo xii (a. 1145) a la orden del Cis- ter. La iglesia, de fines del siglo xii, contemporánea e inferior a la de Po¬ blet, consta de una nave de cinco tramos con colaterales de medio cañón se¬ guido, crucero y ábside poligonal. En el colateral sur hay una capilla del si¬ glo XV. El claustro, bien conservado, es del siglo xiii, de la misma época que el nuestro. Las galerías se componen de pilares y entre ellos cuatro arcadas sostenidas por columnillas geminadas de mármol blanco con capiteles escul¬ turados. La sala capitular anexa al claustro es notable por la bóveda soste¬ nida sobre cuatro columnas con capiteles de mármol blanco (i). La disposición de las alas sur y parte de la del este y poniente del claustro y de la sala capitular son semejantes en Poblet; los capiteles pare¬ cen más modernos; la sala capitular tiene las bóvedas con los arcos formeros planos y los diagonales de sencillos baquetones. Las bóvedas de la iglesia son; la central de cañón seguido apuntado con arcos formeros o de refuerzo de igual forma; las colaterales tenían dispuestos los pilares para arcos de refuerzo circulares. Los arcos formeros son asimismo apuntados; el ábside y el crucero son sencillos, de crucería y mal dispuestos. Se ve que la disposi¬ ción del dormitorio del noviciado era también semejante a la de Poblet. Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón, y sus magnates siguieron el movimiento general de los soberanos de las nacio¬ nes vecinas introduciendo en Cataluña la orden del Cister con los progre¬ sos organizadores que esta institución en sí llevaba. Se estableció el Cister con dos fundaciones, célebres después, en las tierras de Cataluña nuevamente conquistadas: una en Poblet, la otra en Santes Creus (a. 1150 y 1152). Anteriormente se habían fundado o adherido al Cister muchas otras instituciones religiosas dentro de la Península: Osera en Galicia (a. 1140); Barcena, cerca de Tuy (a. 1142); Meyra, cerca de Lugo, el mismo año; Armentera, cerca de Compostela (a. 1144); Río Seco, obispado de Burgos; Tóldanos en León, y Espina (a. 1142), Sandoval y Valdeiglesias (a. 1149): a los cuales siguieron los monasterios de Belmonte, San Claudio de Gali¬ cia, Huerta, Valbuena (a. 1151), Palazuelos, Matallana, Bonaval y Aguilar, todos en tiempo de Alfonso VII el Emperador, cuñado del Conde de Bar¬ celona. En Portugal, en la misma época, el rey Alonso Henríquez había (i) Monumentos históricos de Francia, París, tomo V, p. 6,1. 41. Planos de Viollet-le-Duc. DEL MONASTERIO DE POBLET 7 establecido los monasterios cistercienses de Las Aguilas (a. 1145) y de Al- cobaza, a los que siguió el de Salceda (a. 1154) (i). Los dos soberanos de Castilla-León y de Portugal estuvieron en correspondencia con San Ber¬ nardo con motivo de sus fundaciones (2). Ramón Berenguer IV había ya contribuido al establecimiento del de Veruela en Aragón (a. 1146), y de la Oliva en Navarra (a. 1148) (3), y más tarde contribuyó al de Rueda (a. 1152). En los tiempos de la fundación de Poblet vivía aún el gran propaga¬ dor del Cister, San Bernardo, nacido en 1091 y muerto en 1153; pero no se sabe que interviniese en ella. En la fecha de aquella fundación y primeras construcciones, inauguradas justamente el mismo año de la muerte de San Bernardo, estaba él moralmente a la cabeza de la Iglesia universal y grave¬ mente enfermo. La enormidad de su trabajo reformador y crítico de la polí¬ tica religiosa no le debía permitir fijarse mucho en otras de las fundaciones nacidas de sus (4). doctrinas por centenares Las discusiones y establecimiento de ritos y leyes; sus propias funda¬ ciones de iglesias nuevas o reformadas, unas ciento sesenta; los consejos y consultas con sus discípulos elevados a los cargos superiores de la Iglesia, debían ocuparlo muy de otro modo. Ce^itumet sexaginta Ecclesias partim de novo condidit, partim ad leges et ritus Cistercienses instituït, eo felici successu, ut ex iisdem alumnis, quos informaverat, viderit apostolicce Petri catedrce prcesidentem Eugenium III, cardinales sex, archiepiscopis quinqué, episcopos viginti tres et multo plures (5). Se ignora la fecha fija de la toma de posesión del Huerto de Poblet por los monjes de Fuenfría, el lugar en donde de momento se constituyeron y las obras que desde su principio emprendieron. En la fundación de Poblet no faltan tradiciones novelescas ni leyendas: la imaginación y la piedad, enamoradas de intervenciones sobrenaturales, se ejercitaron como en otras fundaciones. Se señalaba como predecesor de los monjes un asceta solitario llamado Poblet, tolerado y favorecido por un Almirá Almominiz, rey microscópico y de conseja en la población y casti¬ llo de Ciurana. En virtud de la milagrosa transmigración de aquel ermitaño (1) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 28 30. (2) San Bernardo, Opera. (3) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 32 y 33. (4) Historia literaria de Francia, tomo XIII, pág. 143. (5) Galia Cristiana, IV, c. 797. 8 HISTORIA Y ARQUITECTURA desde la cárcel mora a su ermita o cueva llamada de Lardeta, le habría hecho en documento el rey moro donación de todas aquellas tierras. El supuesto en lengua y caracteres arábigos se guarda actualmente documento en la Academia de la Historia, de Madrid, y de él existían en Poblet dos distintas traducciones, ambas sin aspecto de fidelidad ni carácter. Según parece, el falsificado documento es un simple permiso para apacentar los rebaños de Poblet en tierras de los sarracenos, fechado con todas sus letras el año de la Hègira 614, a 20 de la luna de Rabí, fecha co¬ rrespondiente al 26 de Julio de 1217, por consiguiente muy posterior ala fundación de Poblet. La traducción literal se halla en las Memorias de la Real Academia de la Historia (i). Los monjes venidos de Fuenfría habrían ido a habitar interinamente la supuesta ermita de Lardeta, que después se llamó Granja o Masía Me¬ diana. Entre tanto, el Conde Ramón Berenguer IV hacía construir tres iglesias en el Huerto de Poblet, porque así era costumbre en los monaste¬ rios del Cister. Dice la leyenda que las tres serían para conservar la tradi¬ ción de la aparición milagrosa de luces que, descendiendo del cielo proce- sionalmente los sábados, día dedicado a la Virgen, se veían en tres distintos lugares del Huerto: una en el emplazamiento de la actual Capilla de Santa Catalina a la entrada del Monasterio, dos en el lugar de la Capilla que fué de San Esteban, en el fondo de la clausura, y otras tres en el mismo sitio del altar de la iglesia mayor actual, dedicada a la Virgen María. Esta le¬ yenda sobrenatural se conservaba en Poblet en tiempo del historiador del Monasterio Finestres. «Y en memoria de tan notables maravillas — dice- ha sido siempre inviolable costumbre de este Monasterio, y se continúa hoy día, que cuando en el Oficio Divino se canta en el Coro la Antífona Salve Regina se encienden en dicho altar mayor tres luces (2).» También era tradición de laque vinieron de Fuenfría para fun¬ casa darla monjes; pero, en realidad, los derechos o constituciones del nueve Cister (a. 1134) prevenían que para fundar un nuevo monasterio habían de ser los monjes doce y el Abad: Dtwdecim Monachi aim Abbate t7'edecim ad Cœnobia nova transmittantur; y que habían de disponer de edificios para instalarse: casas, oratorios, refectorio, dormitorio, celda para huéspedes y (1) Tomo VI, págs. ( 11-120 (Madrid. 1853), Documentos del Archivo del Mon. de Poblet. (2) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 93. PAÍ Ares Tejan» PlAZA M^yor BolserU SU C^ine PaIacÍü ahKjuo del At^Aci «rcrií y csi-pijiteri sto«'^o 0 o o ¿(J O^uentc de í^^ Benito K c?oo\° Fuente de Son Eei·"^"'' MoünO Monasterio de Poblet. — Planta general DEI, MONASTERIO DE POBLET 9 portería (i): Nec tamen ilhtc destinentur (Monachi) doñee locus libris, Do- mibus, et necessarius aptetur: libris dumtaxat Missah, etc. Donubus quoque, Oratoriis, Refectorio, Dormitorio, Celia hospitum, et Portaria necessariïs etiani temporibus, etc. El primer documento positivo que indirectamente acredita la estancia de monjes en Poblet es la donación de una carga de sal cada semana del año, hecha por el Vizconde Ramón de Cardona, su hermano Guillermo, la Condesa Guillerma y su hijo Ramón Fulco «a Santa María de Poblet, a todo el convento del mismo lugar y a los frailes temerosos de Dios que allí habitan y habiten mientras dure el mineral de Cardona.» Co¬ rresponde la fecha al 6 de Mayo de 1151 y son testi¬ gos Ramón de Boixadors, Bernardo de Rocafort y Pe¬ dro Poncio de Falchs (2). La venida de los monjes del Cister a Poblet se ha de poner, pues, entre la do¬ nación de tierras del 18 de Enero de 1149 y el 6 de Mayo de 1151. Fija más el establecimiento de los monjes del Armas de los Cardona, firman¬ tes del primer documento jus¬ Cister en Poblet una nueva donación o confirmación tificativo de la estancia de los de propiedad de este lugar hecha por Ramón Beren¬ monjes en Poblet.—Escudo procedente de la sepultura de guer IV a 18 de Agosto de 1151. En ella se cita ya los Cardona, siglo XIV. Colo¬ el nombre del abad de Poblet Esteban como allí pre¬ res según las heráldicas ca¬ talanas. sente con sus cofrades, a los cuales el Príncipe llama también meis confratribus, y confirma otra donación de la Granja de Avin- gaña hecha anteriormente por Gerardo de Jorba: liFacio — dice el Príncipe — kanc ckartam donationis Deo et Sanctœ Marice Populeti, et vobis Stephano Abbati ejusdem loci, omnibiisque tuis fratribus, et meis confratribus ibidem Deo famulantibus, prcesentibus et futuris, locum nominatum ipsius Abbatice cum omnibus sibipertinentibus et cum suis terminis et afrontationibus, sicut in vestris chartis continentur... Grangiam de Avingana cum omnibus suis ter¬ minis et afrontationibus, quam vobis donavit Gerardus de Jorba... (3).» El abad de Fuenfría en este tiempo era aún el de la donación prime¬ ra, Sancho, que figura en aquella Abadía en los años de la fundación de (1) Manrique, Anales de la Orden del Cister, 1134, I, cap. 6 y 12. (2) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 146. (3) Del Real Archivo de Poblet, según Finestres, obra citada, tomo I, pág. 205. 3 10 HISTORIA Y ARQUITECTURA Poblet desde el 1146 al 1152, o sea hasta los idus de Enero del año de la Encarnación 1151 (i). Una Bula del papa Eugenio III, con data de 30 de Noviembre de 1152, toma bajo su protección el Monasterio y reconoce las propiedades de Poblet: está dirigida a un nuevo abad de nombre Vidal (2). Hay un abad Vidal que rige el Monasterio de Fuenfría poco tiempo des¬ pués, desde 1156 a 1177 (3). Lo volveremos a hallar en Poblet (a. 1166 y 1177). Era tradición constante del Monasterio que aun en este tiempo (años 1149-II52) no vivían los monjes en el actual emplazamiento, sino que fue¬ ron o se trasladaron a él, o lo dedicaron, el 7 de septiembre de 1153, bajo el gobierno de un abad Gerardo cuya existencia confirma una donación de Guillermo de Cervera, del mismo año, siendo de advertir que en ella figu¬ ran ya como testigos frailes catalanes: G. de Tarragona y Berenguer de Concabella (4). Poblet pagaba a Fuenfría una especie de tributo en dinero, de unos 4.000 sueldos, convenido en 1295; pedía permiso para la venta de tierra a su casa matriz (5), y el abad de ésta, o un delegado suyo, presidía las elec¬ ciones de los nuevos abades de Poblet, hasta que Fernando el Católico obtuvo del Papa que Poblet pudiese sustituir esta sujeción llamando al efecto al abad de un monasterio vecino perteneciente al Cister (a. 1480) (6). La estancia de los monjes sigue muy de cerca a la reconquista con el país en pie de guerra. Aún por el mes de Abril de 1154, a. XVIIregni Ludovici minoris, sitiaban los magnates y parientes de Ramón Berenguer el cercano castillo y villa de Ciurana, al mismo tiempo que organizaban las comarcas de Poblet: en una donación para establecer molinos en La Esplu¬ ga, Poncio y Ramón de Cervera firman en el sitio de Ciurana, in obsidione Siurance, y fijan el plazo de un año para el establecimiento de los molinos a contar desde el día en que Ciurana sea tomada, ab ipso die quo Siurana erit capta. La carta puebla de Abimbudi o Vimbodí es también de este tiempo (a. 1153), otorgada por Ramón Berenguer IV, y en ella se cita ya el término de las Ermitas, ad temninujn de Eremites, produciendo una con- (1) Galia Cristiana, VI, c. 200. (2) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 213 y siguientes. (3) Galia Cristiana, VI, c. 200. (4) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 223. (5) Documentos de Poblet en la Biblioteca de Tarragona, legajo IV, n.° 7, 96. (6) Morera, Tarragona Cristiana, I, 649-653. DEL MONASTERIO DE POBLET fusión con los de Poblet. La carta puebla de la villa de Prades lindante con el Monasterio es más moderna todavía, año 1159, y los sarracenos que que¬ daron aquellas montañas dieron mucho que hacer hasta el año ] 170 (i). en Unantiguo poemita (2) canta la misión cultural de un nuevo monaste¬ rio de San Bernardo en un valle salvaje, el de Clairvaux (Claraval), asimis¬ mo aplicable a Poblet: «Entonces este inculto valle de maldades era asilo de fieras indómitas; no producía sino silvestres frutos, no había en él viña¬ dores ni labradores. Sin hogares humanitarios, era antigua espelunca aco¬ gida de ladrones: nadie podía arriesgarse en su camino. Cuando tú, Ber¬ nardo, llegaste a él con tus frailes, súbitamente tomó todo nuevos aspec¬ tos: lo que fueron asperezas trocaste en fertilidades. En medio del valle edificas celdas para los frailes que gobiernas, e iglesia consagrada a Cristo: enseñas en la tierra la vida de los ángeles y a cantar día y noche la plega¬ ria divina.» Adelantemos desde ahora que las más grandes construcciones románi¬ cas hoy existentes Poblet no estaban hechas, ni probablemente comen¬ en zadas, el año II53. Las que positivamente restan de la época de Ramón Berenguer IV son relativamente pequeñas, de unas sobriedad y parcidad extremadas, y no constituyen la gran unidad del edificio, sino que están, como fragmentos, dispersas en el recinto en varios y distantes lugares. (r) Códices de Poblet, doc. CCXXVII, f. 148, y doc. CCCXXXIV, f. 219. Archivo de Reus, arm. 11. Morera, Tarragona Cristiana, I, p. 428, ap., p. xxi y xxvi (2) Nicolás Hacqueville, De laudibus Sancti Bernardi, etc. Obras de San Bernardo, 3.® edición, tomo VIII, pág. 385. EMPLAZAMIENTO EMONTANDO el curso del Francolí y la antigua vía general ro¬ mana y medieval que desde Tarragona conducía a Lérida y desde allí a Huesca y al paso del Pirineo por Jaca I (i), a unos treinta kilómetros al noroeste de Tarragona y a ocho kiló- I ' metros a poniente de Montblanch, se encuentra, inmediato al término de La Espluga y dos kilómetros al sudoeste del pueblo, el Mo¬ nasterio de Poblet. Forman los afluentes del Francolí en aquella comarca un anchísimo valle elevados montes, denominado Cuenca de Barberà, entre y hacia el lado de poniente de ella, en la extensa y suave vertiente o falda baja de la sierra de separación con el Campo de Tarragona, se eleva el primitivo Mo¬ nasterio del Cister en Cataluña. Desde la estación del ferrocarril a La Es¬ pluga, a unos tres kilómetros, se ven sus aún extensas construcciones, res¬ guardadas por las azuladas y obscuras montañas del fondo, dominando el valle. Habían emplazado el antiguo Monasterio en la parte baja de sus ex¬ tensas posesiones, en la confluencia de dos rieras, el río de Pruners, que separaba sus tierras de las de La Espluga, y el Rioseco de Milans, que compartía aguas con las del término de Vimbodí. Hacia arriba los dos ríos o rieras y los dominios de Poblet se iban extendiendo hasta las divisorias de las aguas en la cumbre de la sierra; hacia el lado de poniente llegaban por el llano las posesiones contiguas hasta siete u ocho kilómetros. (i) Kiepert, s. Coello: Hispaniae pars orientalis, f. ii, en Hübner: Corpus inscript. lat., II, sup., Berlín, 1892. DEL MONASTERIO DE POBLET 13 El ser aquellas tierras nuevamente conquistadas permitió al Conde donante conceder esta extensión considerable para que pudiese desarrollar su actividad organizadora la nueva y grande institución cisterciense, sin di¬ ficultades de concesiones o propiedades preestablecidas. Hay, no obstante, en el acta de donación condal la cesión por Ramón de Cervera de la medie- tatem del huerto, y en actas posteriores las cesiones parciales de los nobles Bernardo de Grañena y Gerardo de Jorba, que completan o aseguran la posesión del primitivo lugar de emplazamiento. Una supuesta escritura del 18 de agosto de 1150 confirma y define la donación del lugar de Poblet, locum de Poblet. Debió hacerla el mismo Ra¬ món Berenguer IV, que se titula «Conde de Barcelona, Príncipe de Ara¬ gón y Marqués de Tarragona, Tortosa y Lérida,» en nombre de Dios Om¬ nipotente, a Santa María y al mismo abad de Fuenfría, de nombre San¬ cho, y a sus frailes, para constituir y conservar en él la orden de Cistells, señalando los términos de la propiedad, que eran: «por la parte de oriente el agua del río de Pruners, de una y otra ribera, tal como el agua pluvial en ellas desciende y tal como dicha agua de Pruners baja hasta el Rioseco y desde Rioseco se sube a la Portella, y de la Portella derechamente hasta el río de Milans y de aquí subiendo por la sierra más elevada que está en¬ tre el torrente de Milmanda y Embodí, y tal como por la misma sierra pueden bajar las aguas al mismo torrente de Milmanda, y sube hasta la cima de la montaña Carbonera, con los prados, fuentes, pastos y bosques. Y de aquí por el lado austral tal como el agua pluvial desciende de Esca- mel por las sierras hasta el río de Pruners.» Firma la escritura el Conde Ramón y la confirma después su hijo Alfonso II; son testigos Gofredo, obispo de Tortosa; Guillén Ramón Dapifer (Moneada), Ramón de Pujalt, Guillermo de Castellvell, Gerardo de Jorba y Bernardo de Belloy. Los límites de propiedad de la Mota alrededor del Monasterio eran los mismos en la segunda mitad del siglo xviii, si se exceptúa el cambio de algunos nombres locales por los modernos: La Riera (Rioseco), La Ber¬ nardina (Portella), Vimbodí (Embodí) y Montagudell (La Carbonera) (i). Un plano o mapa existente en la actualidad en el monasterio de Vall¬ bona de las Monjas, hecho en los últimos tiempos del Monasterio por An¬ tonio Verdaguer, que se titula pintor y arquitecto, discípulo de la Acade- (i) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 125-129. 14 HISTORIA Y ARQUITECTURA niia de San Fernando, y más que él la descripción del P. Finestres, nos indican lo que fué y es todavía la antigua posesión. En su límite de la par¬ te de levante, lindando con el término de La Espluga, hay las construccio¬ nes del Monasterio: la misma tapia del Huerto cerrado es la divisoria; por el mediodía rodea al Monasterio una gran viña, y más allá de ella la cuesta de la montaña, muy poblada de grandes arboledas, robles, encinas, fresnos, pinos y malezas, «en donde se embosca la caza de cabras salvajes;)) un ca¬ mino por entre la arboleda sube al monte hasta la cumbre; a los tres cuar¬ tos de subida una Granja o masada. La Pena, con aguas abundantes, de las que el Monasterio estaba también deliciosamente provisto. Por el norte y por la parte de poniente una extensísima faja de tierras de cultivo allana¬ das, de dos a tres kilómetros de ancho por siete u ocho de largo, cruzadas por el Rioseco de Milans y por los torrentes y las rieras afluentes; regula¬ dos los riegos por una gran balsa redonda, «muy capaz para recoger las aguas para regar toda la posesión;)) cuatro grandes granjas o masadas de explotación y esparcimiento de los monjes, pintorescamente situadas den¬ tro de la posesión: la de Milmanda al norte, encima de una altura; la de Riudabella elevada hacia el noroeste, y las de Castellfollit y La Pena al sudoeste y al sur, en la montaña, todas con sendos oratorios; con grandes campos de siembra, nogales, olivares, viñas y frutales la primera; la segun¬ da con viñas y olivares, tierras de cultivo, abundantes dehesas y prados para pasto de los rebaños; la gran casa con espaciosas salas y una gale¬ ría a mediodía de «más de veinte de largo;)) y alrededor grandes co¬ varas rrales para el ganado; las tercera y cuarta granjas, la de Castellfollit y La Pena, destinadas a la guarda y explotación de los bosques de las montañas vecinas. Pondera el P. Finestres, monje e historiador del Monasterio (a. 1753), la excelencia de esta situación: «Paraje apacible muy y alegre, porque, como en cuantas montañas descubre, conservan sus árboles el verdor de sus hojas todo el año, sirve su frondosidad de agradable objeto a la vista. En los campos comarcanos descubre viñedos y olivares, y en las dehesas más cercanas al monte muchas arboledas acomodadas para emboscarse la caza el ganado cabruno. Pero la más principal excelencia que y apacentarse tiene este sitio y comarca de Poblet es la bondad y perfección del clima, que es de los más acomodados a la conservación de la vida humana; por¬ que sus aires son saludables, el cielo alegre, sus influjos templados, y aun- DEL MONASTERIO DE POBLET 15 que su temperamento es en los inviernos muy frío, pero la abundancia de buenas leñas, que ofrecen tan a mano los bosques, lo hacen menos sensi¬ ble, y en los veranos se logra la conveniencia de no padecerse aquí la pe¬ sadez de las noches que suele molestar grandemente en otras partes. Rara vez falta la lluvia necesaria para lograr como mediana cosecha, así de tri¬ gos, cebadas y legumbres, como de vino, aceite, y otros frutos, que se co¬ gen casi alrededor del Monasterio (i).» Anchos caminos rodean el recinto del Monasterio e irradian de él, con¬ ducen por todo a las granjas, a los pueblos vecinos: el de la montaña, «muy delicioso por las arboledas;» los de entrada a la Abadía son anchos, hermo¬ sos paseos, rodeados de álamos blancos y de olmos en dos o más hileras, largas de novecientos y de mil pasos. Circula por allí una hermosura de aguas: las del río de Pruners, saltando dentro del mismo huerto del Monas- O ' terio, pasaban y se repartían por él. La vista se extiende desde el Monasterio hacia levante sobre la vecina villa de La Espluga y el Francolí; al norte está la granja castillo de Mil- manda; a poniente el Santuario de la Virgen de los Torrentes, la villa de Vimbodí, el lugar de Vallclara y las granjas de Riudabella y Castellfo¬ llit; más cerca, aun cuarto de hora, la granja Mediana, y hacia el mediodía el monte con la granja de La Pena, a tres cuartos de distancia, sobre el Monasterio. Más allá de lo que la vista abarca hay aún los lugares de do¬ minio, los pueblos llamados del Abaciado, de jurisdicción de Poblet; La Guardia de Montblanch, Sarreal, Lfllés, Forés, Beltall, Piera, Solivella, Blancafort y otros, y en el horizonte, encima de una montaña, a dos horas, el Santuario del Tallat, también del mismo dominio. (i) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 252. 1 LAS GRANJAS ejemplo, quizás actualmente el más completo, de los OBLET es edificios de una gran institución cisterciense cuya unidad de plano ha perseverado sistemáticamente a través de las cons¬ trucciones de seis o siete siglos, revelando a la vez las vici¬ situdes y cambios de ideas y de severidad de la orden de San Bernardo según las épocas y las influencias sociales y políticas que atravesaba. Va anexa a la fundación de la institución religiosa de Poblet la idea del cultivo ejemplar de una nueva zona del Estado en formación. Esta idea de cultura material es común a las instituciones madres del Cister que poco antes precedieron a la nuestra y a las más contemporáneas. En todas ellas vemos la división de los terrenos de cultivo en granjas agrícolas o indus¬ triales, dirigida cada una por un monje «con la familia correspon¬ diente,» conversos, mozos para el trabajo agrícola, guardas... Así en Poblet los establecimientos de las granjas de La Pena y Castellfollit destinadas a la guardería y explotación del bosque; la de Milmanda de tierras de secano, sembrados, viñas, olivos, nogales...; la de Riudabella de tierras de secano, de regadío y de grandes pastos. Hay también indicios de explotaciones mineras en las montañas de Poblet, en el barranco de las Fargues, en las minas de plomo objeto de reclamaciones documentadas y noticias que son de establecimientos propiamente industriales, como, por ejemplo, el de un horno de vidrio contratado por el abad Esteban, año 1189. Las minas de 20 HISTORIA Y ARQUITECTURA Poblet motivaron disposiciones de Pedro IV prohibiendo efectuar calicatas y buscar venas, de antimonio, cobre, plomo, estaño y hierro, a media hora alrededor de tierras del Monasterio (a. 1355); más tarde (a. 1367) cedió al convento todas las minas allí abiertas, cualquiera que fuese su producto, y finalmente (a, 1383) estableció que de la producción de las minas allí explo¬ tadas por el Monasterio se hi¬ ciesen seis partes, cinco para los trabajadores, y la sexta partida en tres, dos para el convento y una para el Rey. En el reconocimiento y salvaguardia de propiedades de Poblet dado por Alfonso 11 (a. 1183) se enumeran otras granjas alejadas de la propie¬ dad (i), y en la bula de con¬ firmación de Inocencio III, a comienzos del siglo xiii, se citan todavía las grangiam Mediam; grangiam de Penna; grangiam de Castelfolit;gran¬ giam de Cetliar; grangiam de Sello de Alfonso II de Aragón (a. 1186), confirmador de los privi¬ Riudavella;grangiam de Mil- legios de Poblet.—Archivo Municipal de Barcelona.—Tamaño manda; natural. Impronta de la Colección del autor. grangiam de Benaies; grangiam de Dolare Luporum (Dol de grangiam de Servulis;grangiam de Novellam;grangiam de Orcheia; grangiam de Avingania; grangiam de Viveral; grangiam qui dici- tur Turris Bernardi de Santo Paniano; grangiam de Tarreiana; grangiam de Barbenys; grangiam de Racavert cum amnib^;s pertinentiis earumdem (2). La organización y funcionamiento de la vida de trabajo de las granjas se explica en una especie de égloga monástica que nos ha dejado un viejo monje de Claraval en la descripción de los lugares y vida de su convento, aneja a las obras de San Bernardo: Claree sunt valles, sed claris vallibus abbas. (1) Morera, Tarragona Crisiiana, tomo I, pág. 641 y ap. 53. (2) Id., ídem, tomo I, pág. 643. DEL MONASTERIO DE POBLET 21 Allá y aquí el sitio y la existencia son muy semejantes, e iguales las reglas de vida monástica. El valle fértil en viñas de una parte, de sembra¬ dos en otra, «alegres a la vista, proveyendo a las necesidades; el pan de la vida, la sed satisfecha y calor para el trabajo. En la parte alta de los mon¬ tes, in summis montium, el bosque; los frailes trabajan en él en agradable tarea y plácida quietud; recogen las viejas ramas, las atan en haces, para quemar; arrancan la broza, revuelven las tierras, destruyen y hacen perder, como decía Salomón, las bardas de madreselva que traban las frondas, no dejan crecer los árboles y ahogan las raíces, para que pueda el rígido roble subir a la cima de las alturas a saludar las estrellas; extender el suave tilo sus ramas; el fresno fósil y flexible ascender con libertad, y la haya frondo¬ sa dilatarse en torno.» Las granjas del llano no se creería que fuesen senci¬ lloalbergue de conversos trabajadores: «parecen claustros de monjes, si no fuesen los yugos de las parejas y los arados y. toda clase de instrumentos del rústico trabajo que nos dicen quiénes son sus moradores y por qué cau¬ sa entre ellos no se ven libros.» Los edificios bien situados, hermosos y su¬ ficientemente capaces. La granja de Riudabella, en el conjunto de propiedades anexas a Po¬ blet, dedicada a Jesús Niño, era: «Casa de gran recreo y de hermosas vis¬ tas, porque está en un alto que domina al valle y descubre hacia oriente no sólo al Monasterio, sino también algunos lugares de la Cuenca de Barberà. Tiene su era y pajar, y muy cercanos tres corrales para parte del ganado del Monasterio. La habitación es harto capaz, no sólo para el religioso que la habita, de ordinario, con familia correspondiente, sino también para el Abad, que con la suya pasa a veces a dicha granja a recrearse; porque, de¬ más de que tiene buenos aposentos, hay también salones harto espaciosos, y una galería a la parte de Mediodía de más de veinte varas de largo. Su fábrica de cal y canto, muy elevada toda y suntuosa.» En el siglo xvi el abad Bouqués comenzó en ella un gran colegio para los monjes, pero no construyó más que un gran frontis, inmensa pared de piedra labrada, con sus ventanas. A medio camino de Poblet tenía la granja una gran balsa circu¬ lar, «muy capaz para recoger las aguas para el riego de las posesiones:» está indicada en el plano del siglo xviii trazado por Verdaguer. La granja de Milmanda, a media hora al norte de Poblet, tenía por edificio central un antiguo castillo cedido por Gerardo de Grañena a Arnal- do de Montpahó (a. 1148), retornado después a los Grañena y cedido al 22 HISTORIA Y ARQUITECTURA convento cuando murió yfué sepultado en Poblet su primitivo poseedor (a. 1163). El castillo, situado sobre una altura, cerca del río de Milans, fué reconstruido por el abad Copons (a. 1316-1348), con murallas almenadas y una gran torre cuadrada, con defensa de aspilleras que la taladran totalmen¬ te. A principios del siglo xviii el abad Genovés la reconstruyó convirtién¬ dola en cómoda estancia veraniega, con capilla, anchas salas, cisterna y una galería de tres arcos orientada a Levante. Una porción de pequeñas masías completaban el sistema de explota¬ ción de las tierras, y la principal de éstas era la Masía Mediana, a veces denominada Granja, que se supone que fué la primitiva estancia del con¬ vento mientras se construía el Monasterio. Lagranja forestal de La Pena era también de extensas dimensiones; solían subir a ella en el mes de Julio catorce o más monjes en la primera quincena, y otros tantos en la segunda. Esta estancia era conocida por veda de los frailes. El resto del año sólo había el monje director de la explota¬ ción del bosque con la «familia» correspondiente para los trabajos. Estaba dedicada la granja a Santa Magdalena y tenía en sus alrededores un pozo para conservar la nieve, una cueva de penitente, que habitó el célebre Fray Marginet, y alguna ermita, como la de la desgraciada Leonor de Urge). La granja de Castellfollit es menos famosa, y el lugar dentro del bos¬ que parece más descaminado: bajo la advocación de la Virgen de los Des¬ amparados, cuidaba en ella del bosque otro monje, también con la «fami¬ lia» correspondiente. Algunos pequeños edificios de carácter religioso se establecieron aisla¬ dos en las tierras cultivadas por las granjas. La más celebrada de estas pe¬ queñas fundaciones fué la de la Virgen de los Torrentes por el abad Payo Coello (a. 1484), puesta en una reducida ermita a media hora del Monaste¬ rio y a un cuarto de hora de Vimbodí. Las granjas tienen vida autónoma religiosa dentro del organismo con¬ ventual. El Capítulo general del Cister había establecido que los monas¬ terios pusiesen en ellas oratorios o capillas; el papa Inocencio IV concedió a Poblet, al abad Berenguer de Castellet (a. 1246-1252), que en estas ca¬ pillas de las granjas y casas dependientes de Poblet se pudiesen celebrar los divinos Oficios (i). (i) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 397. v/i" Castillo de Milmanda. Detalle de la puerta de entrada / DEL MONASTERIO DE POBLET 25 El estado próspero de las granjas, de las grandes explotaciones agrí¬ colas de Poblet, no sirven solamente de ejemplo: son la envidia constante, desde muy antiguo, de los magnates propietarios, de los payeses y lugare¬ ños vecinos. Continuamente necesita su la fuerza material de protección, los oficiales del convento, las disposiciones y reprensiones del monarca con¬ tra los malhechores, las excomuniones de los Papas... De todo hay en los ataques a las propiedades conventuales: asaltos y robos de cosechas, incen¬ dios de trigos y derrame de vinos... hasta por tropas de nobles; reyertas y muertes de los guardas y de los frailes jefes de las explotaciones. Especial¬ mente el gran bosque de Poblet es escenario permanente, secular, de estas fechorías de los pobladores vecinos. A veces los de la Espluga Alta, como en tiempo de Jaime I (a. 1248)^ en su devastación del bosque, llegan a mano armada hasta el convento, des¬ mandándose contra los monjes y los conversos, hiriendo a algunos de ellos; Ramón de Moneada, lugarteniente del rey, sentencia a los vecinos de La Espluga a que sus bienes queden en poder del Abad hasta que hayan pa¬ gado quinientos ducados de oro y jurado no tocar nunca nada más del con¬ vento; se ven obligados a intervenir el arzobispo Pedro de Albalat impo¬ niendo multas y excomuniones a los contraventores, y el Legado del Papa levantando la excomunión en el acto del juramento de enmienda (i). Otras veces son los de Prades: cierto que Jaime I (enero de 1235) había dado sentencia declarando que el bosque pertenecía exclusivamente al Mo¬ nasterio, por lo cual se les prohibía entrar en él a cortar y extraer leña baja pena de veinte sueldos si la sacaban a cuestas y de cien sueldos si la saca¬ ban en caballería; pero nada importaba la orden real porque en mayo del mismo año los delegados de jueces apostólicos excomulgaban a los vecinos de Prades y ponían interdicto a la villa por el mismo delito como contra cosa eclesiástica, y no les absolvieron hasta diciembre de 1237, convictos y confe¬ sos de su mal obrar y jurando no causarle más daño en lo sucesivo (2). Pero los buenos propósitos duraban poco y el hermoso bosque era una tentación. A mediados del siglo xiv Prades era Condado de la Casa Real: era señor suyo el Infante, respetado por su saber y rectitud, y el bosque continuaba siendo . asaltado: los monjes van a pedir justicia a su señor en su propia villa: el men¬ sajero, un converso, guardián de la granja de Castellfollit, es asesinado en (1) Finestres, obra citada, t. II, pág. 396. (2) Id., id., tomo II, pág. 265. 20 HISTORIA Y ARQUITECTURA el camino por hombres de la villa (a. 1366); el abad Guillermo de Agulló lo hace enterrar honoríficamente en el claustro: aún existe la lauda con la figura del fraile vistiendo hábito corto, y en la pared próxima la lápida converso, con esta inscripción en catalán: «Aquí yace fray Guillermo Tost, que por ha¬ ber pedido justicia y defendido el bosque de Poblet, por hombres de Prades fué muerto. Cujus anima requiescat in pace. Amén. Anno MCCCLXVI.J> Los de Montblanch le tienen declarada aún más guerra: una vez (año 1377) dos hombres de la villa son muertos en el mismo bosque por los guar¬ das; en la noche del 21 de diciembre suben a él los de Montblanch a mano armada, entran en la granja de La Pena, matan al fraile guardián Pedro de Bascrot, incendian la capilla, el edificio, bajan al Monasterio, incendian las granjas vecinas: trigo, molinos, aperos, y se llevan los animales; el rey acu¬ de al convento, condena a Montblanch a pagar una indemnización de 40.375 sueldos barceloneses. Los de Vimbodí acompañan a las depredaciones un pleito...; hay luchas, encarcelamientos, hasta que "son reducidos al dominio de Poblet (a. 1172). Las luchas en el bosque acabaron cuando desapareció de Poblet la Comunidad; tras de ella desapareció también el bosque: los pue¬ blos lo invadieron y lo talaron sin dejar de él rastro. Ahora se procura reha¬ cer penosamente y a mucha costa por el Estado lo que guardaba Poblet y se malbarató en un momento o en muy breve tiempo. Los del otro extremo social, los nobles, los grandes señores, cuyas casas formaron los bienes de la institución con sus donaciones, invaden también frecuentemente las granjas lejanas, las bodegas..., o las dejan saquear por sus súbditos... Después se les ve retornar sumisos al Monasterio en peni¬ tencia: es un Pedro de Anglesola, que para comenzar su peregrinación a Santiago de Galicia va antes a las puertas del Monasterio a pedir perdón por haber entrado violentamente en la villa de Verdú, del señorío de Poblet (a. 1233); el Priora las puertas del convento, en presencia de muchas perso¬ nas, del abad Vidal de Alguayre, lo reconcilia públicamente y le recibe ju¬ ramento de no volver a hacerle daño. Otro, Guillermo de Cardona, por pa¬ recidas fechorías, va personalmente a pedir perdón al Prior (a. 1257), o el Conde de Urgel, que saca violentamente a los monjes de Poblet de su cas¬ tillo de Golifars y se apodera del trigo y de otras cosechas que allí tenían (a. 1237) (1). Lo que enmienda Poncio de Cabrera, probablemente el mis- (i) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 329. DEL MONASTERIO DE POBLET 27 mo Conde, en su testamento (a. 1243): hace un legado de quinientos mo- rabetinos alfonsinos para la obra del Dormitorio y es enterrado el año si¬ guiente en la capilla de su casa en Poblet, que era la de San Bernardo de Alcira (i). Los Templarios, por algún tiempo señores de La Espluga, eran asimis¬ mo turbulentos y más difíciles de conmover. El arzobispo se ve obligado a en¬ viar un delegado para prohibirles que corten como en cosa propia en el bosque de Poblet (a. 1280), pero los de la villa se envalentonan, embisten a pedra¬ das y a garrotazos al Prior y a los monjes hasta Milmanda, y los injurian de palabra duramente... Se hace preciso excomulgar a toda La Espluga, cerrar su templo, imponer fuertes multas y juramento de enmienda a sus habitan¬ tes, aun a los niños de catorce años (2). A las veces, en los primeros tiempos del convento, no se trata ya de disputar a la fuerza la explotación, sino la propiedad conventual. La loma de Codós, situada entre el término del convento, de La Espluga y de Vim¬ bodí, es invadida por las gentes de La Espluga, capitaneadas por su carlán Ramón de Torroja: el convento protesta, se celebra un juicio de magnates y ha de ser el propio rey Alfonso 11 quien dé personalmente nueva pose¬ sión al Abad (a. 1177), lo que no impide que, ausente él, vuelvan los de La Espluga, echen a la fuerza a los trabajadores del Convento hiriendo a uno de una hozada, y cuando éstos quieren retornar, amparados por el Prior y algunos monjes, los vuelven a echar rompiéndoles las azadas y otros ape¬ ros, estropeándoles dos animales y llevándoseles los arados o vómeres. El Rey ha de formalizarse escribiendo enérgicamente a Poncio de Cervera y a Ramón de Torroja ordenándoles que entreguen aquellas tierras y nombren a Gerardo de Jorba para que tercie en la contienda, de lo contrario sus hom¬ bres de Tarragona, Montblanch y Prades los arrojarán de ellas por fuerza para restituirlas al Convento. El papa Alejandro III se lo ordenó también por mediación de los obispos de Tarragona y de Urgel (a. 1179), y por fin en 1187 dictó sentencia el obispo de Barcelona con intervención de Gaya, esposa de Ramón de Torroja, hija de la condesa Almodis y de Poncio Hugo de Cervera, y prima del rey, con ocasión de partirse a las Cruzadas aquel magnate, Ramón de Torroja, con hombres de La Espluga y Vimbodí. Los autores de los atentados tuvieron que ir a Poblet descalzos y ofrecer doscien- (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 391. (2) Id., id., tomo III, pág. 66. 23 HISTORIA Y ARQUITECTURA tos sueldos a pies del altar de la Virgen, quedando después braceros de los las tierras bajo el señorío del Monasterio (i). Los grandes señores no desdeñan poner mano en cosas menores del Monasterio si de momento les sirven. Un Galcerán de Pinós toma una mula de la granja de Barbens; Guillermo de Boxadors, cincuenta ovejas de un ve¬ cino de Vimbodí, señorío del Convento; Gerardo de Alentorn, un macho en el mismo término de Poblet... El rey Jaime I ha de obligarles a dar satis¬ facción (a. 1241) y ha de dar nuevas órdenes a sus vegueres, bailes y lu¬ gartenientes, para que nadie detenga, tome ni impida las cosas o bienes de Poblet, obligando a devolverlos bajo multa de doscientos morabetinos (año 1242) (2). (1) Códices varios de Poblet, según Morera, Tarragona Cristiana, tomo I, pág. 638. (2) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 389. "'ÍS-'- '■ Scí 'i¿> Î .'íí'-JT-íTvi/ :.i 3K;í^._.·';ïíi:j.-V--·-"í' í|i->-ry Ú·&· •ÍSí ' L f f;-; ^4". -» tó>?c>>%'fí' tí!, '5l raiWTiifi ^lïïiîr^'ii r r II r Tii^ r^im I 'En Ianimabus LOS EGÚN la RECINTOS CONVENTUALES Regla de San Benito, todo trabajo necesario material del Monasterio nécessitas monachis eorum. se el Monasterio de Poblet a ha de hacer dentro de él, ut vagandi foras, quia omnino non la vida propiamente dicho hay las oficinas, las dependencias centrales de la extensa explotación forestal y agrí¬ non expedit cola; los silos, lagares y bodegas, las cuadras y establos... en contacto con el exterior en un primer recinto o en el limite de la clausura, precediendo al claustro, centro de la vida conventual religiosa, y a las más retiradas oficinas de trabajo intelectual: las extensísimas bibliotecas, el archivo, las salas de los copistas y de estudio, la enfermería... Es una repetición corregida del Cister (Citeaux), de Claraval (Clair- vaux), de Morimond, Pontigny, Vaux, Cernay, Fuenfría...; sigue en conjun¬ to las sabias prescripciones del primer capítulo general del Cister (a. 1119), tenido por Hugo de Mácon, San Bernardo y diez abades más de la Orden: «El monasterio será construido, a ser posible, de manera que reúna dentro del recinto todas las cosas necesarias, es decir: el agua, un molino, un jardín, obradores de diferentes oficios, con el fin de que los monjes no salgan afue¬ ra. La iglesia será de gran sencillez. Las esculturas y pinturas serán exclui¬ das; las vidrieras, blancas de color, sin cruces ni adornos. No se erigirán to¬ rres de piedra ni de madera, de elevación inmoderada, para las campanas, que i 30 HISTORIA Y ARQUITECTURA estarían en desacuerdo con la sencillez de la Orden... Todos los monasterios se pondrán bajo la advocación de la Santa Virgen... Granjas y masías se repartirán por el terreno poseído por la Abadía: su cultivo será confiado a il los frailes conversos, ayudados por mozos... Los animales domésticos se cria¬ rán por razones de utilidad...; los rebaños de ganado mayor y menor no se alejarán a más de una jornada de las granjas, que no se construirán a mayor distancia de dos leguas de Borgoña una de otra (i).» Hay, naturalmente, las variantes impuestas por las circunstancias de lugar, de clima, topográficas y geológicas, de la cultura o industria a que debían dedicarse. Los monjes de Pontigny, por ejemplo, convierten un te¬ rreno desierto y de aguazales en uno de los valles más fértiles de Francia; plantan las viñas de Chêblis, de Pontigny, de Saint-Bris; hacen hermosos prados, grandes bosques, molinos, tejares... Convierten, en cambio, Fonte- nay en un gran establecimiento industrial; retienen las aguas de un valle sil¬ vestre en caudalosos estanques; con ellas mueven los ingenios de molinos, de tenerías, de sierras, de fraguas. El monasterio no es solamente escuela y nú¬ cleo de intelectuales, directores morales, religiosos, políticos, del país: es es¬ cuela experimental y ejemplo de agricultura, de cría de ganado, de talleres industriales, de introducción de adelantos de otros países, con los que se en¬ cuentra en íntima y continua relación por sus casas en ellos establecidas, por su Institución de carácter internacional. Poblet concepto, por la organización, por sus edificios, puede en este muy bien codearse con las grandes instituciones madres del Cister: del mismo Citeaux (2), de la Abadía de San Bernardo, Clairvaux o Claraval (3), y sobrepujar a su propia matriz, Fuenfría (4), y a todas las demás estableci¬ das en la Península (5). Poptdehim... ¿oto orbe Christiaro milli secundum (6). El tipo de disposición general de las construcciones en los monasterios del Cister es tan uniforme, que una descripción resumida de Poblet, por ejemplo, sin nombres ni accidentes locales, o datas, se confundiría fácilmente con la de Citeaux o con la de Claraval o de otro aún más apartado, como el (1) Viollet-le-Duc, Diccionario razonado de la Arquitectura francesa, tomo I, pág. 269. (2) Id., id., tomo I, pág. 271. (3) Id., id., tomo I, págs. 266 y 267. > (4) Monumentos históricos de Francia, tomo V, pág. 6, 1. 41. (5) Vicente Lampérez, Historia de la Arquitectura Cristiana Española, t. II, p. 416-477. (6) Anales del Cister, t. II, o. 19. Galia Cristiana, t. VI, p. 199. MONASTERIO DE POBLET.—PERSPECTIVA GENERAL fe-a® DEL MONASTERIO DE POBLET 31 de Maulbronn, allá las profundidades de Wurtemberg (i). La planta de en un monasterio del Cister se distingue, a primera vista, de la de otra orden cualquiera. Son siempre los dos recintos amurallados sucesivos. Se llega a la puerta única del más exterior por anchas vías entre árboles alineados; en los entrecruzamientos y recodos de estos paseos de acceso o de entrada, plazas pequeños monumentos religiosos; corrientes de agua y pequeños con saltos naturales de ella, surtidores, fuentes, abrevadero, flanquean los cami¬ nos de entrada, a disposición de las cabalgadas que llegan al Monasterio o pasan por delante de él. Una de piedra precede a la entrada del monasterio: en Citeaux cruz había una al embocar el paseo de entrada (2); en Poblet, dos, una en el paseo frontero a la puerta, en el primer recinto, y otra en una plaza en el paseo que conducía a la gran reja por donde las aguas del río Pruners salían del huerto cerrado que rodea al monasterio (3): esta reja para dar salida al agua se ve también en los dibujos de Citeaux. Modernamente se había añadido otro monumento religioso exterior precediendo a los anteriores en los caminos o paseos inmediatos a la entra¬ da de Poblet: estaba dedicado a la memoria de San Bernardo de Alcira, monje de la Casa, antiguo príncipe legendario sarraceno, que, según la tra¬ dición, debió ser muerto por su hermano al regresar de la Corte, a la que había ido a convertir a dos hermanas suyas. Quedan aún restos del monu¬ mento en la plaza de confluencia de los antiguos caminos de Milmanda, de Vimbodí y del Riusech con los paseos de entrada o circunvalación del Mo¬ nasterio, a un millar de pasos de la entrada llamada Puerta de Prades. Era el monumento a modo de altarcillo con un pedestal que sostenía las tres figuras en piedra de San Bernardo de Alcira y a los lados las de sus her¬ manas Zaida y Zoraida, convertidas en Santa María y Santa Gracia: cobi¬ jaba al monumento una cubierta sobre cuatro columnas. Una lápida con larga inscripción recordaba la leyenda tradicional y la data de erección del monumento (a. 1736) (4). El muro poligonal del recinto exterior de Poblet era de unos cinco metros de altura y forma un perímetro de unos 1.650 metros, que se creía (1) Lübke, Historia de la Arquitectura, pág. 368. (2) Viollet-le-Duc, Diccionario, tomo I, pág. 271. (3) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 258. (4) Id., id., tomo I, pág. 257. 32 HISTORIA Y ARQUITECTURA reducido todavía para lo cual se había co¬ las necesidades interiores, por menzado otro tres veces más extenso. Una sola puerta: encima, labrada en piedra, la Virgen María, la tutelar de la Casa: Idcirco decernimus, ut om- n nes Ecclesiœ nostrœ, ac successorum nostrorum, in memoriam ejusdem coli ' et terree Reginœ Sanctce Mariez fundentur, et dedicentur (i). Junto a la puerta las tres pilas grandes de piedra con sus tres chorros de agua co¬ rrespondientes. Por la parte interior, un pórtico de piedra, obra del abad Fernando de Lerín, que hizo poner sus escudetes (años 1531 y siguientes): encima del pórtico la habitación del monje portero. El recinto parece, según la Regla, con una sola puerta, adportammonasterii. San Isidoro de Sevilla precisa más diciendo que no ha de tener sino una gran puerta al exterior y una pequeña para el jardín interior de la clausura. El recinto ha de conte¬ ner un pozo, molino, jardín, horno: Monasterium atitem, si fieri potest, ita ; debet construi, ut omnia necessària, id est aq^ia, molendtnum, hortus, pistri- num, vel artes diversee intra monasterium exerceantur (2). Un hombre de edad y de virtud probada, senex sapiens, ha de guardar la puerta. Era cos¬ tumbre o regla en el Cister dar el Deogratias, como agradeciéndola llega¬ da, al forastero; el portero abría y se arrodillaba a los pies del viajero pi¬ diéndole que le bendijese: Benedicite; después iba a prevenir al Abad. i (1) Manrique, Anales del Cister, año 1134, c. vi. (2) San Benito, Regula, c. Lxvi. r LA FORTIFICACION NCONTRAMOS en Poblet un nuevo elemento extraño organis¬ a los mos monacales del Cister: el Recinto fortificado del siglo xiv, que estrecha rigorosamente y de muy cerca las dependencias claustrales de largas alas, que habían de extenderse libre¬ mente en grandes huertos ceñidos por la amplia cerca, recinto general del Monasterio. Al salir de la plaza o avenida de los edificios hos¬ pitalarios se encuentra otra mayor en la que hasta el siglo xiv sobresalían el frontis de la iglesia mayor, el atrio y puerta de entrada del claustro y las grandes alas de un solo piso de las naves de los lagares y de la bodega, en¬ tonces quizás Habitaciones y Refectorio de Conversos. Ahora se ve una fortificación de cuatro lados, con su Puerta Real, úni¬ ca, monumental, pero estratégicamente concebida, con muros transitables por arriba para la defensa, y torres de flanqueo, seisavadas las de los ángu¬ los, rectangulares las de defensa de los lienzos de muro. Responde esta fortificación a un cambio o modificación importante en el programa u objeto social del Monasterio. Pedro IV, que la hizo construir,, tuvo el pensamiento de convertir el convento en una institución real y pan¬ teón suntuoso déla Iglesia para los reyes de Aragón de su dinastía; se am¬ pliaron considerablemente las cámaras de habitación para el rey, y trató formalmente de construir un local para trasladar a él su biblioteca y hacerlo· lugar de estudio personal ( i ). (i) J. Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, 65, 31-35 (Barcelona, 1889). 6 34 HISTORIA Y ARQUITECTURA Las habitaciones reales, el palacio del soberano, la existencia en la iglesia del Panteón de la Casa Real Aragonesa, en aquellos tiempos de re¬ vueltas y de invasiones por el ejército del rey de Castilla Pedro el Cruel, el paso de las compañías extranjeras que iban a invadir Castilla, sugirieron la idea de convertir Poblet en una fortaleza, «custodia de los huesos de los más gloriosos reyes que tuvo la Casa de Aragón (i).» Parece quelas fortificaciones de Poblet se activaron por temor a las Compañías blancas de Duguesclin que el rey Pedro IV hizo pasar por Cata¬ luña para arrojarlas contra Pedro el Cruel de Castilla y en favor de Enrique de Trastamara. Eran compañías de gente revoltosa y aventurera, de lasque tuvieron que defenderse con armas los subditos de los Monasterios de Po¬ blet y de Vallbona. En 1371 el rey los indultó de aquella resistencia (2). La fuerte muralla que cierra los edificios monacales de Poblet es de cuatro lados de defensa y afecta la forma general de un recinto orientado, con el ángulo sudeste achaflanado y el lado de poniente con una marcada inflexión de salida, como si al construir las murallas se hubiese añadido al rectángulo fundamental a modo de nesga. El circuito total del muro era de unos 660 metros, según Finestres; el recinto actual tiene una longitud de unos 140 metros por una anchura media de 100 metros. La muralla tenía unos doce metros de altura por dos metros de grueso, hecha de mamposte- ría. Todavía se ven en sus ángulos las torres seisavadas; son ochavadas las de la puerta, y rectangulares las intermedias, en total en número de doce. Era en su tiempo obra fuerte, construida desde 1367 a 1382 por el abad Guillermo de Agulló y el rey Pedro IV; tenía en su parte superior un paso con antepechos, troneras y defensas. La fortaleza de Poblet desempeña su papel en las guerras civiles de los tiempos de Juan 11, Felipe IV..., afecta a la Casa Real. Estas fortificaciones han sido reparadas y rehechas en algunos sitios en épocas mucho más modernas, siglos xvi y xvii, y las cámaras interiores de las torres aprovechadas para usos distintos, habiéndoles quedado la deno¬ minación más o menos auténtica de su uso: cárcel, torre de los locos, de las hostias, etc. (1) Archivo de la Corona de Aragón, registro 1102, f. 185. Antonio Rubió y Lluch, Documentos para la historia de la Cultura catalana medieval, tomo I, págs. 300-291. (2) Cartulario de Poblet, núm. 20, doc. 41 y 43. Morera, Tarragona Cristiana, tomo I, pág. 645. wdlljes jubilados, labltaçjomeî ■orre de la6 wablr^clittts tscala pçvr itûrpie càpceu ^puerta real Monasterio de Poblet. - Planta baja EL ABASTECIMIENTO DE AGUAS N buen fraile de Claraval dedica inacabable loor al agua co¬ rriente, vida de todo el monasterio, incansable en el trabajo y pródiga de fertilidades. «Entra tanta cuanta la compuerta, portera fiel, permite: se precipita al molino, impulsa las palas de la rueda, mueve las pesadas muelas y traquetea el fino cedazo, separando la harina del salvado. Más allá, en la casa vecina, llena la caldera y se somete al fuego del lar para cocer el alimento cotidiano, y si la vendimia estéril no responde a los trabajos del cultivo, faltando la san¬ gre de la uva, ella la suplirá con la bebida de su canilla. No se da reposo. Acude a los batanes, que la llaman, después del molino; aquí, solícita, traba¬ jará para vestir a los frailes, como allí para mantenerlos; con mucha pena alza y abaja alternativamente los pesados pies estrujadores, los pisones o mazas de madera. Don del Señor agua, que no pide otra recompen¬ es esta sa que correr otra vez libre y espumante, más suave que antes, después de efectuada la labor. Y todavía se detendrá en la tenería a ablandar materiales para calzar a los frailes, y después se dividirá en hilillos múltiples buscando por doquiera diligente el trabajo en cada oficina: cociendo, cribando, rodan¬ do, batiendo, regando, lavando, moliendo y ablandando, sin contradicción, obsequiosa. Y por postrera gracia, perfeccionamiento de su obra, arrastra las inmundicias, dejándolo todo limpio detrás de ella (i).» (i) Obras de San Bernardo, 3.® edición, tomo VIII, pág. 389. 36 HISTORIA Y ARQUITECTURA Muestra el cisterciense amor inefable por las corrientes. El an¬ aguas ciano monje de Claraval nos lo dice. No las recoge por mera utilidad, por el placer también de verlas correr en placentera calma por el huerto; de deslizarse sobre ellas en la barca pescadora por el lago; contemplar al tra¬ vés de sus ondas cristalinas cómo se mueve el pez metálico esmaltado de co¬ lores, o reposar a su rumor suave bajo del templete en que mana la fuente a la luz rosada del sol naciente; encerrarlas después en el refrescante acue¬ ducto de piedra para soltarlas en surtidores, fuentes y hervideros en los claustros y piscinas interiores de las salas del convento; puras como eran, guardarlas del mundo exterior, y no manando sino en clausura para los santos. Y con tanto amor habla aún en el siglo xviii de las de Poblet el monje Finestres. Y en verdad que son recreo del ánimo las aguas que quedan en Poblet actualmente, las que corren por las pobedas que rodean el recinto del viejo convento y saltan en cascada delante de su entrada. La comarca es rica en fuentes de todas clases. Tocando a Poblet exis¬ ten hoy establecimientos de aguas medicinales, magnesianas, ferrugino¬ sas, y fuentes deliciosas de aguas potables (i). Del lado de la antigua granja de La Pena vienen las más abundantes; las del río Pruners entra¬ ban en el recinto del convento por una puerta con reja fija, regaban los huertos, y salían, junto con las demás sobrantes, por otra puerta con reja. Las de la abundante fuente de Nerola entraban más arriba por un ca¬ nal, se extendían en una gran balsa circular, toda de piedra, de unos ochen¬ ta metros de circunferencia, y desde allí unos canales también de piedra labrada las conducían a los molinos de harina y de aceite. Además de estas aguas había otras, una potable que procedía del venero, y de riego para los huertos con sus pozos y zafareches, y una fuente principal, la de Nerola, cuyas aguas saludables, por debajo de bóveda y canales de piedra, obra del abad Domingo Porta, con su escudo (a. 1502-1526), eran para abastecimien¬ to del Monasterio. En las más de sus «oficinas y plazas —dice el P. Fines- tres hay sus fuentes o surtidores, que al tiempo que sirven de vistosa her¬ — mosura conducen agua abundante a todos los barrios de la gran Casa.» Ya en la parte exterior del recinto encontraba el viajero tres caños de agua con sus pilas de piedra, en donde, «sin haber de entrar en el Monaste¬ rio, podían los pasajeros abeverar sus caballerías.» Eran obra del abad Le- (i) Eduardo Toda, Poblet. Recuerdos de la Cuenca de Barberà, Barcelona, 1883, pág. 159, 1 DEL MONASTERIO DE POBLET 39 ( rín (a. 1531-1545); en la plaza de entrada a la Clausura había un gran pozo de piedra de talla, «muy abundante de agua de buena calidad,» y di- 1^ versas pilas, abrevaderos de piedra, obras del abad Guimerà, con sus ar¬ mas (a. 1583). El Palacio del Abad estaba abundosamente provisto de agua: en su «hermoso jardín... un bullicioso surtidor daba recreo a la vista y riego a las flores:» en el Refectorio de los monjes se ve aún la pila ocha¬ vada del «muy donoso surtidor,» de donde salía el agua «por diversos ca¬ ños,» y frente por frente de la puerta de aquella sala, debajo del templete- lavabo, en medio del jardín del claustro había «otro surtidor y fuente tan copiosa, que arroja por treinta y un caños la agua de una taza de piedra de cincuenta y dos palmos de circunferencia,» unos diez metros, «y cuando no bastan los caños a vomitar las aguas recogidas en la taza, sobresalen por encima de sus labios y forman unas avenidas de olas bulliciosas, que parece un mar abreviado.» Quedan restos dispersos de estos sistemas de conduc¬ ciones de piedra, pilas y abastecimiento general. Las obras de conducción de aguas conocidas en Poblet son de los si¬ glos XV y xvi; las debía haber anteriores, pero no de la importancia de es¬ tas construcciones, debidas principalmente a los abades Conill, Porta, Le- • rín y Guimerà. Del abad Conill (a. 1437-1458) databa el canal mayor de conducción al huerto llamado de las Aguas, de donde se repartían a las di¬ versas oficinas del convento: obra de piedra labrada en bóveda muy capaz. Sobre el arco frontero de la Enfermería de los monjes había la señal del Abad. La conducción de la fuente principal por dentro del huerto del con¬ vento, en bóvedas y canales de piedra, era obra del abad Porta (a. 1502- 1526). Los abades Lerín (a. 1531-1545) y Guimerà (a. 1564-1583) hicie¬ ron los abrevaderos exteriores e interiores, el gran pozo de piedra de la plaza de entrada y la distribución interior o canalización de las aguas por todas las oficinas del Monasterio. CONSTRUCCIONES CLAUSTRALES AS construcciones claustrales de Poblet dan el tipo de disposi¬ ción de los grandes monasterios del Cister. Las construccio¬ nes principales comunes se agrupan alrededor del claustro mayor y forman con él y la iglesia un conjunto harmónico: detrás de esta agrupación hay otras especiales menores o va¬ riadas, desprendidas del orden principal, secundarias, alrededor de otros claustrillos o a lo largo de galerías. El agrupamiento principal del claustro mayor no sigue la forma clásica benedictina. En ésta, como en la cisterciense, la iglesia mayor forma el lado norte o sur, según los casos, del claustro; pero las demás dependen¬ cias claustrales, sacristía, sala capitular, refectorio, oficinas..., forman cru¬ jías periféricas, paralelas a las otras tres galerías del claustro, sencillas o dobles. En Poblet y en los demás grandes monasterios cistercienses dos lar¬ guísimas alas paralelas, generalmente de doble o triple crujía en planta baja, arrancan de la iglesia mayor, normales a una de las paredes laterales de ella, la del norte en Poblet, en Vaux-de-Cernay, Moreruela, Huerta, La Oliva..., o la del sur en Santes Creus, Cister, Claraval, Pontigny, Fonte- nay (i), Veruela, Rueda, Las Huelgas, Carracedo, Osera, M eirá, Fite- ro (2)... Entre estas dos alas, una a continuación del crucero y la otra del atrio de la iglesia, está comprendido el claustro con sus galerías, general- (1) Viollet-le-Duc, Diccionario razonado de Arquitectura, tomo I, pág. 274 y sig. (2) Lampérez, Historia de la Arquitectura Cristiana Española, tomo II, pág. 417 y sig. . ti'/vfM' i-i il "î'"VXiSft/ 1^ «V »#v cV- (K'Jí i' f-'^■.¿■¡ s • m umim lÀím ïfci"ï t >f * »/tt'Lc»mvâ\ >y"if4FAm!à>».^-H'tij 'P Vw i»- r *|M-(i ^iVftmr ■{ * , W'-í if-V AVi i''¡"i.--*/•3M"nii'Tn^·tfi-"r^íWI■?ïMfíTr Ar 'HSfw· /m XiV ¿'i. if íi' ,'i i*' - í''í - 'S- kf DEL MONASTERIO DE POBLET 41 mente cuadrado; pero las alas exceden del claustro, van mucho más allá de la galería de éste opuesta a la iglesia. Esta galería viene a ser entonces la arteria principal de la circulación de la vida claustral; resulta que, normal¬ mente, arrancan de ella a un lado y a otro, como en espina, todas las grandes crujías de dependencias conventuales. En Poblet se entra de cara por el vestíbulo general de la clausura; después vienen sucesivamente a uno y otro lado: los Lagares y las Bodegas; el Claustro con el templete del lavabo y frente a él el Refectorio con las Cocinas y demás dependencias; la Sala Capitular con sus dependencias y la extensísima doble Biblioteca...; des¬ pués la galería se prolonga todavía más allá y conduce a las agrupaciones especiales o extraclaustrales. Con esta disposición se va directamente desde la puerta de entrada a cualquiera de las grandes dependencias. La disposición normal de las cru¬ jías en esta galería del claustro permite dar a las dependencias gran longi¬ tud y alternarlas con largos patios de luces intermedias. Esta sabia disposi¬ ción mixta de claustro y de espina es claramente distintiva de los grandes monasterios del Cister. Permitía refectorios, dormitorios, bibliotecas... para centenares de persona.s, sin extremar la magnitud de los Claustros. Otra ventaja es la alternación que da la disposición de salas de gran nave con las más reducidas de servicio de las mismas, por ejemplo, la Cocina al lado del Refectorio, o entre dos Refectorios, el de los Monjes y el de los Conversos, como primitivamente debía estar en Poblet. Es de notar que por esta disposición se puede dar fácil y excusada sa¬ lida desde el Claustro directamente a los huertos o espacios exteriores por cortos y más o menos estrechos pasadizos descubiertos entre las dependen¬ cias principales. En Poblet existen en el claustro tres de estos pasos direc¬ tos al exterior: uno inmediato a la entrada, de unos cinco o seis metros de ancho, que por el lado de la cocina conducía a las despensas y dependen¬ cias de ésta, a los molinos de trigo y de aceite y principalmente a la Habi¬ tación del Prior, que al fin de él y a un lado formaba un primitivo pabe- lloncito independiente. Otro, muy estrecho, de unos dos metros, que inme¬ diato al ángulo nordeste del claustro conducía por el lado de las Bibliotecas a una galería exterior de paseo y a un pabellón de habitación construido por los abades Copons (a. 1316-1348), Guimerà (a. 1546-1564), Ferrán,.., inmediato a un gran zafareche rectangular y a jardines dentro del recin¬ to amurallado, y finalmente, el tercero, llamado Locutorio, que prolongan- 7 42 HISTORIA Y ARQUITECTURA do la galería norte del claustro conducía primitivamente al espacio des¬ cubierto casi enfrente de la puerta de la antigua Enfermería, con su capilla de San Esteban, que quedaban, antes de construirse la fortificación y las Cámaras Reales del siglo aisladas en la parte del huerto xiv, enteramente más extensa dentro de la gran cerca general. Forman, en resumen, las construcciones propiamente dichas del Mo¬ nasterio: La Iglesia mayor, gran construcción de piedra de sillería con trazado de fines del siglo xii, de unos 90 metros por 40; de tres naves: la central, de cañón seguido apuntado con arcos formeros o de refuerzo, y colaterales bajos de bóvedas de crucería; crucero alto con bóveda de arista debajo del cimborio, de brazos salientes, también de cañón seguido apuntado. Ábside de nicho esférico con baquetones salientes, giróla o deambulatorio, los pila¬ res redondos de cuatro baquetones adosados, las bóvedas de crucería, las capillas absidales cubiertas con cañón y nicho terminal; la composición de la corea con las capillas del crucero es magistral. Precede a la nave una ga¬ lilea o atrio con tumbas, de fines del siglo xiii o principios del xiv. A los lados de la iglesia, como prolongación de los brazos del crucero, sendas sa¬ cristías: la antigua, al norte, de bóveda de cañón seguido apuntado; la nue¬ va, gran construcción de mampostería del siglo xviii, con cúpula sobre plan¬ ta cuadrada, de cruz, de unos 20 metros de lado. Alrededor externo del ábside y al sur de las naves el estrecho Cementerio con algunas cajas de piedra, adosadas a los muros, que son casi todas de magnates de los si¬ glos XII y XIII, algunas con sus signos heráldicos. El Claustro, al norte de la nave de la iglesia mayor, próximamente rectangular, de unos 35 metros por 40, con galerías alrededor, de unos cuatro a cinco metros de ancho; los arcos apuntados y de sección escalona¬ da, sobre pilares en degradación con columnillas interpuestas y calados so¬ bre maineles de columnillas. Tiene un templete-lavabo, seisavado, próximo a la galería norte, enfrente de la puerta del Refectorio. Las bóvedas son todas de elementos sencillos de crucería. La galería más antigua es la de la lectura, adosada a la iglesia; el templete del Lavabo es de época igual; las demás galerías, más modernas; el claustro estuvo en construcción todo el siglo XIII. Saliendo sobre el paramento de los muros que rodean el claustro hay sarcófagos de piedra sobre modillones y columnillas adosadas, unos ro¬ mánicos del siglo XIII sin signos heráldicos, otros del xiv y más modernos CPlaoubst-lreot. Modnasteerio DEL MONASTERIO DE POBLET 43 con escudetes. El Claustro y todas las construcciones claustrales son de piedra caliza de grano fino, de los yacimientos próximos, finamente labrada. La Sala o Aula Capitular adyacente a la galería de levante, con puer¬ ta y dos ventanales en degradación abiertos en la pared de ésta, y tres ven¬ tanales semejantes enfrente, que dan a un claustrillo. La bóveda, de nueve elementos iguales de crucería, descansa en medio sobre cuatro columnillas aisladas. Alrededor tiene gradas de piedra dispuestas para recibir los sitia¬ les de madera, y escalones para bajar al centro desde la entrada. En el pa¬ vimento las laudas sepulcrales de abades perpetuos de los siglos xiv al xvi. La construcción de la sala es del siglo xiii. La Escalera de piedra para subir al Dormitorio mayor está en el lado norte del Aula capitular. El Locutorio y las dos Bibliotecas o Librerías forman la prolongación exterior en ala a continuación de las dependencias claustrales de levante. El Locutorio cubierto con cañón seguido apuntado; las Bibliotecas con una nave doble de elementos de crucería sobre columnillas centrales, semejan¬ tes a las de la Sala capitular, pero más lisas: hermosa construcción del si¬ glo XIII, de unos 50 metros por 10 metros, interiormente. Las iluminan a ambos lados largas ventanas, con arco de medio punto y divididas. En piso alto, por encima de toda esta serie de salas bajas, desde la Sa¬ cristía antigua hasta el fondo de las Bibliotecas, corre una larga sala única: es la nave del Gran Dormitorio, de unos 87 metros de largo por unos 10 metros de ancho, construida por arcos traveseros apuntados, de piedra, sos¬ teniendo tramos de viguería de cubierta a dos aguas, con medidas ordina¬ rias de vigas de 4 a 5 metros. Unas ventanas grandes, altas, espaciosas, dan luz general a la nave; otras pequeñas, bajas, cercanas a distancia de pequeña cámara, daban luz a cada espacio entre cama y cama, o a cada celda. La Sala dormitorio es construcción de fines del siglo xiii y quizás principios del xiv. Una ancha escalera de piedra, de un solo tramo, situada en el brazo derecho del crucero, totalmente descubierta, desciende del dor¬ mitorio a la nave de la iglesia mayor; otra escalera es la desciende di¬ que rectamente desde el interior de la sala al claustro, por el lado del Aula Capitular, entre ésta y las salas de vida ordinaria claustral. Locutorio, Bi¬ bliotecas, Calefactorio, Refectorio... El Calefactorium o Barbería, el gran Refectorio y la Cocina son las dependencias adyacentes a la galería norte, que además tiene los dos pasa- f 44 HISTORIA Y ARQUITECTURA ■dizos extremos, de salida a los huertos el primero, al Palacio del Prior y y molinos y dependencias de la Cocina el segundo. Los pasadizos y el Cale- factorio, cubiertos con bóveda de cañón seguido apuntado, parecen ser de ^ lo más antiguo del claustro, como también el Refectorio, con bóveda seme- , jante a la de la iglesia mayor, cañón seguido apuntado con arcos formeros o de refuerzo, arrancando de columnillas adosadas a la pared: es probable- ^ mente de fines del siglo xii. Es una hermosa nave de unos 8 por 33 metros, iluminada a un lado y a otro por ventanas largas con arco de medio punto y divididas, tipo común de las románicas en Poblet. Un postigo en semi- eírculo es la única comunicación directa con la Cocina inmediata. Es ésta una pieza de unos 7 por 14 metros, cubierta con una bóveda de crucería con •clave anular para salida del humo, protegida por una pequeña cubierta a cuatro vertientes sobre arcos apuntados; el hogar, exterior de la pieza, se abría a ella por un arco escarzano muy bajo, transitable solamente a la al¬ tura de un hombre. ^ El atrio de entrada al claustro, construcción de principios del siglo xiv, y en el mismo lado la Nave de los Lagares y la doble de la Bodega, del si¬ glo XIII, forman las dependencias adyacentes a la galería de poniente del claustro y su prolongación. Es probable que primitivamente fuesen éstas j» las habitaciones y el Refectorio de los conversos. LA HOSPITALIDAD Y SUS DEPENDENCIAS A recepción de los huéspedes en el Monasterio es cuidadísima en la Regla de San Benito: «como si fuesen personalmente Cristo.» Se les ha de honrar externamente conforme al ca¬ rácter y al estado. A los pobres y viajeros se les ha de cui¬ dar obsequiosamente, porque con ellos se acoge principal¬ mente al Señor (cap. LUI de la Regla). Ha de haber en el Monasterio co¬ cina reservada para el Abad y la hospedería, con monje o monjes encarga¬ dos de su servicio y los ayudantes que sean precisos. A los monjes que comen con los forasteros o convidados se les hacen determinadas dispensas, siempre dentro de las prescripciones generales religiosas. En Poblet estos preceptos se cumplían ampliamente. Había desde el siglo XV dos puertas sucesivas: una vía con árboles conducía desde la de entrada a la de recepción: la Puerta Dorada. En el espacio lateral del paseo de unión entre ambas puertas se desarrollaban verdaderas calles con las de¬ pendencias de los payeses, mozos, guardas, y de los conversos: cuadras, es¬ tablos, cochería, almacenes, todo para los servicios exteriores de las propie¬ dades de la casa. Muchas dependencias de ésta eran del siglo xiv acá, ahora muchas derruidas o aprovechadas para usos de los nuevos propietarios del convento. Estas construcciones están totalmente derruidas y han servido de can¬ tera para las actuales inmediatas: quedaban hasta hace poco los restos de 48 HISTORIA Y ARQUITECTURA una sala de arcos, y aún se ven entre las ruinas sobrepuertas con el escude¬ te del abad Guimerà (a. 1546-1564), y algún grande capitel con pámpanos y racimos... Cuando el visitante del persona de alguna distinción, el convento era Abad dejaba sus ocupaciones y acudía a recibir al recién llegado; se pros¬ ternaba también a sus pies y lo conducía al oratorio, una capilla inmediata a la entrada: allí rezaban; después lo recomendaba al fraile hospitalario (i) o lo alojaba en las estancias propias de su palacio abadial. En Poblet había "dos de estas capillas de entrada: una al lado exterior de la Puerta Dorada, dedicada a la Virgen del Rosario, a San Miguel y a San Jorge; otra al lado interior de la misma puerta, dedicada a Santa Catalina: ésta, de piedra, muy severa y sencilla, era la primitiva, construida en tiempo de Ramón Beren¬ guer IV, completada después con puertas y pórtico accesorio. La exterior o de San Jorge la construyeron Alfonso V y el abad Bartolomé Conill: cam¬ pea su escudete debajo de los reales de Aragón y de Nápoles. Es una pe¬ queña construcción regia, toda de piedra muy y bellamente esculturada: te¬ nía un retablo primoroso y hermosos ornamentos enviados por el Rey desde Nápoles (a. 1442): diariamente se decía Misa. Frente a ella descabalgaban las comitivas de los magnates en espera de la recepción. La plaza de entrada de Poblet tenía a la derecha un pozo de piedra la¬ brada, con mucha abundancia de agua, y a la izquierda unas pilas de piedra o abrevaderos para las caballerías, obra del abad Juan Guimerà, según los es¬ cudos que ostentan (a. 1583): al fondo se abre la puerta de recibo, monu¬ mental, seria y majestuosa. La denominaban Puerta Dorada porque con motivo de una visita del rey Felipe II (a. 1564) doraron las planchas que la cubrían. De medio punto el arco, grande, de piedra caliza, encuadrada toda, coronada por barbacanas sobre modillones escalonados, con antepecho aspillerado; en el paramento, sobre el arco, tres grandes escudos reales: de las barras, de Sicilia y de los Reyes Católicos en medio, y otros tres peque¬ ños debajo: de los abades Delgado (un lobo o tigre pasante por entre dos torres juntas) y Payo Coello (un león bandado de escaques con bordura de cruces, a. 1460-1498), y del Monasterio con las iniciales PO. Detrás de la puerta había el correspondiente atrio; en las paredes estaba pintada la le¬ yenda del ermitaño Poblet y la entrega del Monasterio a los frailes por Ra¬ li) Viollet-le-Duc, Diccionario razotiado de Arquitectura, tomo I, pág. 270. DEL MONASTERIO DE POBLET 49 món Berenguer IV. En este atrio eran recibidos procesionalmente por la Comunidad los reyes, príncipes, obispos y otros personajes, después de ha¬ berse apeado del caballo frente de la capilla de San Jorge. Finestres hace constar las recepciones de los Reyes Católicos Fernando e Isabel (a. 1493) y de Felipe II (a. 1564 y 1585). Las dependencias de hospedería se continuaban después de la PuertOr Dorada de recepción: formaban una ancha avenida o plaza que precedía a la de la iglesia mayor. Había a derecha la Hospedería propiamente o sur dicha y el Palacio Abadial antiguo, juntos, dispuestos para recibir a grandes comitivas: a izquierda o norte el Hospital de los Pobres; al lado de éste la Bolsería para administración del convento: en la esquina nordeste la capi¬ lla primitiva, ya citada, para las oraciones de entrada, del tiempo de Ra¬ món Berenguer IV (a. 1150-1162), dedicada después a Santa Catalina (a. 1251), toda de piedra labrada con bóveda apuntada de cañón seguido y ventanas de aspillera. Detrás de ésta había otra capilla moderna (a. 1604) dedicada Virgen primitiva, llamada de los Cipreses, antigua imagen a la medieval que se sacó de la capilla anterior, atribuyéndola leyendas de ha¬ llazgo y milagros (i). En la capillita moderna, con un ciprés a cada lado, se veía el escudete del abad Simón Trilla (a. 1602-1623). La Hospedería y el Palacio Abadial antiguo formaban una larga línea, en conjunto de más de setenta metros: eran construcciones principalmente de los siglos XIV y xv: quedan trozos de frontis y ruinas de la Sala de los arcos, extensa nave de unos 27 por 7 metros, destinada a alojar, como gran dormitorio común, a multitud de personas. Era esta sala de arcos apuntados de ladrillo moldurado, arrancando en penetración de las paredes de mam- postería: están todavía enteros el último arco y los arranques de otros dos. Los techos que los arcos sostenían y las paredes laterales, caídos; del extre¬ mo oriental de la sala queda una ventana central apuntada con restos de calados, todo de piedra, pero en pared de mampostería. Dícese que la puer¬ ta era una que subsiste en la bodega moderna inmediata, puerta de me¬ dio punto, de vano, con escudete del abad Payo Coello en la clave (años 1480-1499), y en las impostas escudetes del mismo abad, de las barras rea¬ les y de Sicilia. Una narración escrita, contemporánea de la visita de los Reyes Cató- (i) Fray Narciso Carnós, gardtn de María plantado en el Principado de Cataluña (Barce¬ lona, por Jaime Plantada, 1657), pág. 18. 8 50 HISTORIA Y ARQUITECTURA lieos al Monasterio (a. 1493), nos enseña lo que eran, en el ejercicio de la hospitalidad,estas construcciones y el convento. La comitiva se compone de centenares de personas; la reina Isabel lleva en su compañía unas tres¬ cientas damas; la princesa Isabel, las infantas Juana, María y Catalina, el príncipe Juan, los príncipes convertidos hijos del rey de Granada, Juan y Fernando, llevaban todos numeroso séquito. Son muchas de ellas personas de alta jerarquía: el arzobispo de Toledo Cardenal de España, los arzobis¬ pos de Sevilla y Càller, el obispo de Mallorca..., Juan de Aragón, duque de Villahermosa, sobrino del rey, el Comendador de Santiago..., muchas per¬ sonas de la alta nobleza y del real servicio, setenta hijas de duques, mar¬ queses y condes... El manuscrito pone una larga lista de las principales Casas de Castilla y de Aragón, casi ninguna de Cataluña. Los reyes, la princesa Isabel, las infantas, con sus comitivas, se hospe¬ dan en las cámaras abaciales; el príncipe Juan en el dormitorio más próxi¬ mo al de los reyes, y, en fin, más de trescientas damas fueron aposentadas en el Salón de los Arcos, que estaba a espaldas de las Cámaras abaciales, en donde se hospedaban los reyes: advierten y los manuscritos que fué cosa ejemplarísima tanto silencio con tantas mujeres, «que más parecían reli¬ giosas en dormitorio que damas en palacio (i).» El cardenal, los arzobispos y obispo y los magnates se hospedaron en las Cámaras Reales, al fondo de Ta clausura. Dicen los manuscritos que fué preciso de nuevo 118 lechos «muy aderezados.» parar «Había el Abad provisto de todo en grande como convenía, y no obs¬ tante la multitud de hombres y mujeres el día de la llegada, no tenían más que pedir para ser servidos con abundancia. Pero el rey, atendiendo a lo gravoso que sería para el Monasterio por la mucha gente de su comitiva y de la que iba acudiendo, ordenó al Abad que no hiciese dar nada del Mo¬ nasterio porque se enfadaría mucho; respondió el Abad que él no sabría mandar a los suyos que no diesen lo que se les pidiese, porque así era cos¬ tumbre en semejantes ocasiones. »Quedó el rey edificado de la contestación y ordenó por sus alguaci¬ les que no se diese nada del Convento y que se hiciesen cerrar las ofi¬ cinas. Visto por el Abad que no tomaban ya nada de lo que tenia provis¬ to, el siguiente día por la mañana envió un gran presente a los reyes y (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 67. MONASTERIO DE POBLET,—SECCIÓN POR LAS DEPENDENCIAS Torre de la Puerta Real Dependencias Dormitorio Habitación Cocina Refectorio Calefactorio o Barbería Paso Dormitorio de Novicios Bodega, antes Refectorio de los Conversos Paso Muralla Enfermería Vieja Dependencias al Priorato Biblioteca de las Cámaras Reales K/tV- . ¿^>v ^s; sil .m^^W ::'t'l =íí^'K] ;'th. • íínr^miMH • f''h -I-. ••' - ; ^····'>· '-'-,v " 'C-T'C' i~^¿55 ^^trefy5HS^^<<5^5S£i ;• 'í-TÍi- -efS-S?T !i'·ScU ;--f'-'. ;.-':i··i'ï.-ïí■ .,,.;ti ■-'4- tfïk "' ■ ^íívr^ &''i P^:. ·^'i·'·í i■" mm^ ?t·^f'HHI .» > \^»&iSl\\ficiei!i£i/&aB^ ETRA ED OCINAPSIH OÎUTITSNI RELLTAMA DEL MONASTERIO DE POBLET gI a los principales señores para acreditar el deseo que tenía de servirles.» Vivíaen la Hospedería un religioso de obediencia que cuidaba de asis¬ tir a los huéspedes ordinarios o usuales o accidentales del Convento. Frente por frente de la Hospedería había en la plaza de recepciones el Hospital de Pobres, en que se acogía lo mismo a los pasajeros que a los criados enfer¬ mos del Monasterio. En todos los grandes monasterios del Cister era aten¬ dida cuidadosamente esta institución puesta a las puertas del Convento a disposición de los caminantes y forasteros pobres. La asistencia y el amo¬ roso cuidado de los enfermos los recomienda el capítulo XXXVI de \a. Re¬ gla de San Benito como si se tributasen «a la persona de Cristo, excusando repugnancias, pequeñeces y molestias con ejemplar paciencia.» En Poblet el Hospital de Pobres es una de las instituciones que se encuentran prime¬ ramente establecidas: ya del año 1207 constan donativos de Bernardo de Grañena para su construcción, en 1212 legados del mismo magnate y asig¬ naciones de la herencia del monje Fray Ramón de Vall-llebrera (a. 1218) para el mismo objeto (i), y el año siguiente, 1219, Arnaldo Hostaler hacía legados para mantener en él perpetuamente encendida una lámpara (2). Cui¬ daba de la dirección un monje con cargo de enfermero de los pobres, y los enfermos, por disposición del abad Guimerà, eran asistidos caritativamente hasta la completa curación y convalecencia. Hay noticia de médicos de Po¬ blet muy entendidos, uno de ellos el célebre abad beato fray Bartolomé Co¬ nill (a. 1437-1458), médico antes de ser monje y amigo de las Familias Rea¬ les de Navarra y de Aragón, que le hicieron aceptar el cargo abacial. Se decía de él que no se sabía si «curaba los enfermos por la ciencia médica... o si la salud era efecto de su virtud e intercesión con Dios, que se traducía en todas sus obras.» Otro facultativo célebre estaba en el Convento ya antes de ser monje, el Dr. Juan de la Peña, «médico famoso y varón ejemplar que... por los años de 1556 tomó el hábito y murió en gran opinión de santidad.» Del antiguo Hospital son quizás aún el arco de piedra del pórtico en¬ trada común con la capilla de Santa Catalina y la puerta de medio punto del fondo del mismo pórtico; todo lo demás está derruido. Restan unas pa¬ redes, insignificantes arquitectónicamente, de las construcciones modernas. En el siglo xvi el abad Oliver (a. 1583-1598), que ocupaba el alto cargo político de Diputado en el Gobierno general de Cataluña, patrocina- (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 226. (2) Id., id., tomo II, pág. 225. r t 52 HISTORIA Y ARQUITECTURA dor del proyecto del arquitecto Pedro Blay para el nuevo edificio de la Di- I putación en Barcelona, emprendió la construcción de un nuevo Palacio j Abacial, aislado en el huerto del Convento, por el mismo lado sur del anti- ^ guo, pero más retirado; grandioso y severo edificio, de monumental escale¬ ra, salas amplias, lisas, y una galería al exterior con columnas y capiteles con ménsulas dobles superiores; palacio de estilo Renacimiento con jardi¬ nes independientes, que responde a las ideas de los grandes conventos de la época, pero que no se aviene mucho con los organismos anteriores y objeto social primitivo del Cister. El edificio, que no es parte integrante de las cons¬ trucciones antiguas, quedó sin terminar, y para corregir su aislamiento se creyó preciso, en el siglo xviii, unirlo artificialmente con las dependencias claustrales por un largo corredor cubierto que atravesaba los huertos. Vienen a constituir las dependencias de hospitalidad la Bolsería y el Palacio Abacial, la relación del Monasterio con el mundo; el cabeza de la institución, representante exterior de ella, el Bolsero, administrando sus rentas, haciendo sus ventas y compras; el Hospital y la Hospedería cum¬ pliendo sus deberes de caridad para con el prójimo; los obreros y sus talle¬ res de carpintería, herrería y cerrajería... y los payeses a las órdenes direc¬ tas del Monasterio para trabajar las tierras. - ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LA VIDA MONÁSTICA EN LAS DEPENDENCIAS CLAUSTRALES A sabia disposición de estas salas responde la ordenada orga¬ a nización de la vida social monástica. Este pequeño Estado exigía una multitud de cargos, de trabajo especial, de direc¬ ción, administración, economía, beneficencia, instrucción, particularmente del canto... Todo este organismo se arte, regía rigurosamente por la primitiva Regla de San Benito (i). Aun en los últimos tiempos de la disolución, en el siglo xix, el primer libro que se pone en manos del novicio de Poblet para comenzar la instrucción es la Regla. Al frente del organismo había un poder elegido libremente en princi¬ pio por todos los monjes profesos y revestido después de toda clase de auto¬ ridades morales, gubernativas y económicas: era el Abad. «Sobresaliente en méritos de virtud y sabiduría, aunque sea el más moderno de la casa,» lo pide la Regla (c. LXIV); si los monjes se conviniesen para la elección con miras a que se les consintiesen abusos, los obispos y abades vecinos deben oponérseles. Es cargo del que el Señor ha de exigir recta y severa cuenta, más de provecho ajeno que de preeminencia propia. Ha de ser «docto y versado en leyes divinas, civiles y eclesiásticas, con caudal suficiente de ins¬ trucción para sus subditos en doctrinas antiguas y modernas... De pura y sana intención, templado y misericordioso, más inclinado a la piedad que al (i) San Benito, nacido en Nursia (Umbría), vivió entre 480 y 542. 56 HISTORIA Y ARQUITECTURA rigor... Perseguidor de toda clase de vicios en sus monjes, pero queriendo fraternalmente a sus personas. Mesurado en las correcciones; no se propase o precipite por celo...; ha de tener presente la propia fragilidad... Mas por templanza y moderación no ha de permitir vicios, los ha de cortar prudente y caritativamente en ocasiones oportunas, conduciendo a sus súbditos con mansedumbre, afabilidad y cariñosamente, no con aspereza, severidad o miedo. Ni inquieto ni apocado, ni nimio ni miedoso, ni mezquino, caviloso ni sospechoso... Próvido y muy mirado en resoluciones espirituales y tempo¬ rales. Ejemplo de prudencia y discreción, madre de las virtudes: ha de re¬ partir el trabajo espiritual y corporal de los monjes con tales circunspección y prudencia, que los fuertes y robustos lo deseen, y los delicados y enfermi¬ zos no lo rehusen.» El encargo mayor, más importante, que se le confía es el mantenimiento de la observancia puntual de la Regla, ley superior del Convento. Elpoder del Abad es vitalicio y absoluto; nombra a sus oficiales o mi¬ nistros y puede destituirlos. Manda directa o indirectamente en todo lo del Monasterio; tiene el derecho y la obligación de castigar, de excomulgar, de expulsar del Convento a los rebeldes y mal creyentes; entre los castigos alude la Regla a los corporales (caps. II y XXIII), y claramente señala para los incorregibles las penas de excomunión, de ayuno y de azotes (capí¬ tulos II, XXV, XXVIII y XXX), aludiendo a la de separación absoluta, equivalente en la práctica a encarcelamiento (caps. XXVI y XXVIII). La pena mayor es la de expulsión del Convento. También en el castigo recomienda la Regla al Abad grandes mira¬ mientos. Es el médico, no el juez implacable del alma enferma del peni¬ tenciado; imitando al buen Pastor, ha de buscar y conducir sobre sus hom¬ bros a la oveja descarriada, prefiriéndola entre cien a las noventa y nueve sanas. Experto e ingenioso, se ha de valer de monjes ancianos, circunspec¬ tos, que sean o se hagan amigos del sentenciado y le inspiren confianza, consuelo y arrepentimiento, volviéndolo al buen camino (cap. XXVII). El Abad vive con cierta independencia en relación con el exterior, en casa o palacio aparte, a la entrada de la clausura: es la representación ex¬ terna y el poder regulador del Convento. El gobierno menudo, interior, del Convento está delegado en un Prior o Prepósito. El poder absoluto del Abad está templado por la obligación de tomar consejo en todo, resolviendo después a arbitrio suyo y a mayor convenien- DEL MONASTERIO DE POBLET 57 eia del Convento. Si los asuntos a resolver importantes, ha de convocar son a todos losmonjes y proponérselos a consulta, escuchando a viejos y a jó¬ venes con igual atención y deferencia, «porque Dios suele revelar también al más joven lo más acertado.» Cuando los negocios sean de menor importancia, bastará que los con¬ sulte con ancianos discretos, experimentados y juiciosos (cap. III). Hacia fines del siglo xv amenazó a Poblet el peligro de los Abades co¬ mendatarios; el pretendiente más temible fué el Arzobispo de Zaragoza, hijo natural de Fernando el Católico; pero por una decisión del mismo rey logró Poblet librarse de él. A principios del siglo xvii, a pesar de haber resis¬ tido a anteriores tentativas y de la obstinada oposición del abad Simón Tri¬ lla, dejó de ser el Abadiato cargo perpetuo o vitalicio; se convirtió en cua¬ drienal, pero susceptible de reelección. El régimen electoral por períodos, representativo y hasta parlamentario, se introdujo en el Aula Capitular de Poblet: las discusiones eran en los últimos tiempos acaloradas. La inestabi¬ lidad de los cargos nombrados o confirmados por el Abad en cada cuadrie¬ nio y las restricciones en la administración económica quitaron gran fuerza al Abad, que vino a ser un personaje decorativo. Cada monje fué indepen¬ diente, con su congrua o peculio particular, que era en Poblet de setenta y cinco libras al año y la mitad de lo que le producían las misas o trabajos personales; el Abad ya sólo ordenaba y disponía pagos menores de cuaren¬ ta libras; si eran mayores, pasaban a aprobación del Cabildo: fueron, dice un autor moderno, «los peores abusos que podían entrar en los monasterios. Pervirtieron el espíritu, trabucaron la disciplina, abrieron la puerta a los des¬ órdenes y provocaron una decadencia precoz (i).» La antigua organización de este pequeño Estado tiene mucho de repú¬ blica patriarcal bajo el gobierno paternalmente absoluto del Abad. Los car¬ gos son muchos, más o menos subdivididos según los tiempos, necesidades o criterios de los Abades y del Convento. Aconseja la Regla, para evitar bandos y discordias, que no haya más cargo electivo que el Abad y que se le reserve, con el gobierno total del Monasterio, el nombramiento de sus oficiales. Lo mejor sería que se rigiese todo por decanos, es decir, un supe¬ rior para cada agrupación de diez o más monjes; pero si la organización complicada lo requiere, ha de haber oficios diversos. En Poblet, según los (i) Cabrol, Diccionario de Arqueología Cristiana, tomo II, pág. 667. 9 58 HISTORIA Y ARQUITECTURA tiempos, encontramos enumerados muchos y variados: Prior o Prepósito, Subprior, Sacristán, Sotasacristán, Portero, Bodegueros mayor, mediano y menor. Bolsero, Obrero, Pitancero, Hospedero, Enfermero de monjes y de pobres. Maestro de novicios. Cantor, Subcantor, Archivero y Notario real... De los cargos muestra repugnancia la Regla por el de Prior, si no hay de él absoluta necesidad; dice que muchas veces se imaginan ser segundos Abades, especialmente si son elegidos por la Comunidad, y que de su orgu¬ llo provienen envidias, disputas, detracciones, odios, desórdenes, bandos y la ruina del convento. Por esto se le ha de imponer especial rigor en el des¬ empeño del cargo: si el Prior es «desarreglado u orgulloso, se le advertirán sus yerros secretamente hasta cuatro veces; si continuase después de las cua¬ tro amonestaciones, se le aplicará la disciplina regular; si perseverase per¬ tinaz, será depuesto del cargo, y si, una vez depuesto, fuere inquieto, revol¬ toso o desobediente, se le expulsará del Monasterio» (cap. LXV). Algún caso misterioso veremos en Poblet de estos bandos del Prior, el más tras¬ cendental el del célebre Arnaldo Amalrich, que después de Prior fué por breve tiempo Abad cismático de Poblet, y, después de sacado del Abadia¬ to, enemigo y destructor de nuestra tierra como jefe de la Cruzada de los Albigenses, en cuales luchas halló la muerte el rey Pedro el Católico. Tiene el Prior en nuestro Monasterio domicilio propio e independien¬ te, inmediato a las oficinas de servicio ordinario: molinos, cocinas y despen¬ sas o almacenes interiores. Era una casa o palacete aislado, hoy en ruina, a continuación del ala de la Bodega, dentro de la muralla del lado del norte, con su huerto especial. En las ruinas se distinguen aún las primitivas cons¬ trucciones de piedra labrada, probablemente del siglo xiii. Era una agru¬ pación de tres o cuatro salas o dependencias con plantas baja y alta, de me¬ didas de habitación ordinarias. Noespecifica la Regla otro cargo mayor que el de Bodeguero o Ma¬ yordomo (cap. XXXI), al que se puede dar auxiliares si el Convento es numeroso. En Poblet este cargo se divide y subdivide, especialmente, en Bodeguero propiamente dicho, o mayordomo, y en Bolsero, o cajero admi¬ nistrador. Quiere la Regla que el Bodeguero sea obediente al Abad y no se propase, ni burle el cumplimiento de sus órdenes; como el Bolsero, ad¬ ministrador de las rentas y bienes temporales del Convento, ha de ser sa¬ bio, reposado, templado, y no ha de ser altivo ni glotón, inquieto, esquivo, roncero, mezquino ni pródigo, y si afable, como padre que es de todos. No DEL MONASTERIO DE POBLET 59 ha de disgustar a sus hermanos negándoles lo que les ha de dar, y si pidie¬ ren contra razón superfinamente, ha de negárselo, pero sin remoques, sino o afablemente, sin dejar resentimientos, porque «más se estima una buena respuesta que la más preciosa dádiva.» Lo que se ha de pedir o dar ha de ser en hora a propósito, no en las destinadas a cosas de mayor importancia. El Bodeguero ha de guardar las alhajas y utensilios del Monasterio, proporcionalmente como vasos sagrados; no ha de tener nada en poco, por pequeño que sea; no ha de ser avaro, regatón, ni ha de cercenar lo que dé a los Monjes, ni malgastar excediéndose, sino gastar con prudencia y dis¬ creción en los alimentos, vestuario y demás necesidades y costumbres. El Abad puede echar mano de monjes para recaudar y guardar rentas, escrituras, enseres, utensilios y alhajas, de los cuales han de dar cuenta y razón según inventario (cap. XXXII): de aquí provendría en Poblet la sub¬ división de cargos que hemos señalado. La Bolsería se considera en Poblet como dependencia semiexterior; está inmediata a la Puerta Dorada, por la parte interior, y en comunicación con las dependencias y almacenes del primer recinto, habitaciones de obre¬ ros, guardas, conversos, etc., y enfrente de la Hospedería y Palacio Abacial. La manifestación más justa de la acción e infiuencia social de Poblet ya en el siglo xii es el número y calidad de los que se adscriben personal¬ mente con diferentes títulos a aquella acción. Tres grados señalan los do¬ cumentos a esta adscripción: primero, el de una simple Hermandad; segun¬ do, el de los Donados o Laicos, hombres y mujeres, sujetos al Monasterio, y tercero, el de verdaderos frailes con sujeción a regla y residencia claustral. Las adscripciones conocidas por escrituras se han conservado porque iban adjuntas a ellas donaciones de propiedades. Los más altos personajes: el rey Alfonso, la condesa de Tarragona y sus hijos, los vizcondes de Cardo¬ na, los condes de Urgel..., se honran con el título de la Hermandad. Per¬ sonajes ilustres en el siglo se sujetan como Donados a la Regla de Poblet: mencionemos a Guillermo de Cervera y a su esposa Ermesinda (a. 1163), a Pedro y Bernardo de Fulleda (a. 1179), a Ramón de Boixadors, también señor de Fulleda y de Terrés (a. 1183), a Borde de Ribera, a Guillermo de Guardia, hijo del célebre Ramón de Cervera, y a otros... en el solo reinado de Alfonso II. Muchos monjes o frailes son de familias, o lo fueron ellos, ilustres en hechos militares o políticos. Allí se retiró Pedro de Queralt, úl¬ timo de la primera dinastía de tan noble Casa; allí van a perseguirlo sus 6o HISTORIA Y ARQUITECTURA acreedores; una disposición real protege a él y a Poblet contra esta perse¬ cución (a. II66): allí vemos de abades a Esteban de San Martín (años 1160-1166), después obispo de Huesca; a Pedro de Talladell (a. 1185), a Pedro de Massanet (a. 1190), a Gofredo o Jofre de Rocabertí, que sale de él para ir a fundar un nuevo monasterio en el castillo de Piedra de Aragón (a. 1194)..., y a muchos otros, indudablemente, que ocultan bajo el nombre humilde del fraile, sin apellido de procedencia, ascendencias de magnates. Tres categorías principales de frailes se observan en la documentación de Poblet: primera, los Monjes profesos tras de un largo noviciado de prue¬ ba y de instrucción; segunda, los Conversos, frailes de obediencia, dedica¬ dos al trabajo, al Convento, ya en edad adulta, sin instrucción ni medios; y tercera, los Oblatos, menores de quince años, dedicados al claustro por sus padres o familias y educados e instruidos para monjes, nutritti, en el Con¬ vento. Según la Regla primitiva, el seglar que acudía al Convento para ha¬ cerse monje era recibido con dificultades, probándosele la paciencia, ponién¬ dole obstáculos y ponderándole las penas que tendría que sufrir. Si insistía, era recibido en la Hospedería, en donde perseveraba como huésped unos cuantos días en reflexiones semejantes. Si insistía aún, era admitido en el Noviciado, en el que había de estudiar, comer, dormir y hacer sus ejerció cios a las órdenes y lecciones de un maestro que le hacía aprender y le ex¬ plicaba la Regla de San Benito. A los dos meses se le conminaba para que manifestase su voluntad de observar como ley de toda la vida aquella Re¬ gla, o si no se sintiese con fuerzas bastantes para cumplirla, se volviese al siglo. Los seis meses siguientes eran de prueba en el ejercicio de la vida conventual en observancia, humildad y obediencia; probadas éstas por los monjes, y no desistiendo él, se le daban aún cuatro meses de reflexión, y finalmente venían la profesión y los votos solemnes públicos y. escritos de propia mano. Precedía a la profesión la renuncia o disposición de todos los bienes que pudiese tener el novicio en favor de los pobres o del propio convento. El profesante era despojado en la iglesia de su traje seglar, que se guardaba en depósito en la Ropería, por si algún día, por «sugestión del demonio,» desertase o fuese expulsado del convento con los propios vesti¬ dos con que entró (cap. LVIII). «Lo detestable de propiedad» se ha de arrancar del monje de cuajo: no ha de tener, ni hablar nunca de tener, nada suyo, por insignificante que sea (cap. XXXIII). 5 » V > ' ' jrí i /* 'rl^f·^Pj ^Ssís?'íííiáiífe#'pí» |^Ífe«fe^¥a;ïíSftïí: ^jl?.:-.'!"'^- -••.' vrv fTSgHÇ W0^ S iri "' - ,'4^.^ -^^ÎJg^-- ..* -; ■ y- •■ ■■- -* 4«i " 1.^ •* *C'V? \'Zf^ " 1 i' ♦. «-i ti* *" - > 1 --— (F^A. .;íAv,ív\¿V^r- ^ *•/* ' "? ' -W -B •■ y.f JT" ~iV Í ^ •,,? ? tatti j^-# ■'"i' ri . ^ '-^ S:KS»C4r%lSM»»,-j3K«Mï«b S3 v't- Vxw J¥i«,>4 ;i'5T DEL MONASTERIO DE POBLET 6x En los últimos tiempos continuaban en el noviciado de Poblet los seis meses prueba rigurosísima de cumplimiento de la Regla; después se in¬ de gresaba en el Noviciado propiamente dicho, que duraba cuatro años y eran de enseñanza de latín y filosofía. La instrucción continuaba después: los profesos jóvenes eran enviados en invierno al Colegio de la Orden en Pa¬ rís, Tolosa, Lérida, Cervera..., a Huesca en el siglo xix, en donde apren¬ dían moral, teología y otras asignaturas de facultad mayor (i). La promesa o voto solemne de la profesión se hacía pública y solem¬ nemente en la iglesia «en presencia de Dios y de sus Santos,» prometien¬ do «su perseverancia en el Monasterio, conversión de sus costumbres y obediencia;» de esta promesa hacia «petición por escrito poniendo por tes¬ tigos a los Santos'Titulares y al Abad del Monasterio; y había de ser es¬ crita de propia mano,» o bien, si no sabía escribir, de mano ajena, «pero al pie tenía que hacer señal de su propio puño.» Después «ponía la escritura de profesión sobre la mesa del altar y de allí la tomaba el propio Abad, ha¬ ciéndola guardar en el Archivo del convento (2).» Los Conversos de que nos hablan los documentos de Poblet son indu¬ dablemente laicos o legos sin instrucción monacal, servidores religiosos del Convento con su trabajo manual. No son los conversos o postulantes pre¬ parándose para la profesión monacal que vemos en otras instituciones; pa¬ recen más bien criados, obreros o payeses (3). Son de la clase de aquellos de quienes decía la Abadesa del Paracleto, la célebre Heloisa, que se admi¬ tían porque por debilidad o faltas de hábito no sabían los monjes profesos cultivar las tierras de que había de vivir el convento: Religionis erat de cultu terrai'iim et labore propria vivere: sed quia ex debilitate non possumus, admittimus conversos et conversas, ut qiiœ per nos administrari non permittit rigor religionis, per eos adimpleatur. Ya desde un principio debieron ser muy numerosos los Conversos de Poblet, puesto que se les dispuso extensa y monumental habitación apar¬ te. Hay donativo y testamento de Arnaldo de Timor (a. 1225) para el Re¬ fectorio de Conversos, que se supone era la actual Bodega. Dice el histo¬ riador de Poblet «que en aquel tiempo no comían con los monjes.» Otro testamento parecido era el de Guillermo de Guardia, que dejaba también (1) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, pág. 150. (2) Regula. {3) Ducange, Glossarium, voz Conversi. 02 HISTORIA Y ARQUITECTURA expresamente cincuenta morabetinos la misma obra (a. 1234) (i). para Estas habitaciones distintas para los Conversos tienen claro su objeto desde el principio. «En la época aquella, llenos los monasterios de religio¬ sos de raza noble, los frailes conversos venían a ellos de las payesías o de la gente de oficios... Eran una especie de servidores que los cistercienses podían tomar con permiso del diocesano (2).» Cuando estos monasterios se democratizaron en el reclutamiento de monjes, no existía motivo para la separación de mesas, el Refectorio de los frailes fué común y se utilizarían los antiguos refectorios de los conventos para usos acomodados a su situa¬ ción semiexterior, para granjas o bodegas especialmente. Parece que la promesa o profesión de obediencia de los Conversos se hacía con diversas ceremonias: «Unos prometían su obediencia rodeándose al cuello la cuerda de la campana; otros poniéndose alguna moneda encima de la cabeza; otros, finalmente, reclinando la cabeza sobre el ara del al¬ tar (3).» Los abusos que cometían los Conversos saliéndose muchas veces de la religión o dando malos ejemplos en el mundo y en el trabajo hicieron que el Capítulo general del Cister (a. 1275) quisiese suprimir en varias pro¬ vincias este nombre, substituyéndolo con el de hermano o fraile: quod Con¬ versi nostri Ordinis in Provincia, et Wasconia et ultra, non Conversi, sed Fratres nominentur, eo quod nomen illud in dictis provinciis abominabile ha- beatur propter hœreticam pravitatem (4). En los últimos tiempos de Poblet los Conversos habían sido substitui¬ dos por verdaderos criados: cada cuatro monjes tenían uno a sus órdenes tanto para el servicio de mesa cuanto para los demás manuales {5). De los Oblatos se encuentran desde la fundación de Poblet continua¬ dos ejemplos: uno de los primeros y más importantes es, en el siglo xii, el del niño príncipe Fernando, hijo de Alfonso II, dedicado por el rey a la vida monástica en nuestro Convento; otro es un Boixadors, otro el del ve¬ nerado Fray Marginet en el siglo xv. El testamento del rey Alfonso II (di¬ ciembre de II94) contiene la cláusula dedicatoria: Alium vero filium meum (1) Finestres, obra citada, tomo II, págs. 241 y 261. (2) Viollet-le Díic, Diccionario, tomo I, pág. 264, (3) Fr. Mecolaete, Vida y milagros de San Benito, año 1733, pág. 199. (4) Ducange, Glossarium, voz Conversi. (s) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, pág. 155. DEL MONASTERIO DE POBLET 63 minorem Fernandtim nomine offero Deo et beate? Manee ut sit monachus in Monasterio Populeti (i). El ofrecimiento del príncipe Fernando y la obla¬ ción se efectuó, y llegó a ser Abad de Montearagón, no sin que hubiese te¬ nido veleidades de apoderarse o de heredar la corona en la minoría de Jai¬ me I, de quien fué después consejero y guía en importantes empresas. La Regla de San Benito pone por menudo las circunstancias y maneras de la Oblación (cap. LIX); dice; «Cuando algún hombre rico quiere ofrecer al Monasterio un hijo suyo, si éste fuese muy niño, el padre hará la petición de profesar en la forma acostumbrada para los monjes, prometiendo en nom¬ bre del niño estabilidad o perseverancia, conversión de costumbres y obe¬ diencia. Esta petición escrita y firmada la pondrán los padres en la mano diestra del niño, y en la otra una hostia y una vinajera con vino para la oblación de la Misa; y envolviendo con el mantel del altar la mano del niño teniendo la cédula escrita, lo ofrecerán a Dios.» Han de jurar en la pro¬ pia escritura que ni por sí ni por tercera persona, de ningún modo o con ningún pretexto, le darán al niño parte alguna de su hacienda, ni ocasión ni motivo de que pueda tener nada contra la pobreza que han prometido. Si quisieren ceder la porción de herencia correspondiente al niño, podrán ha¬ cerlo a favor del Monasterio a título de limosna o remuneración por haber¬ lo recibido, haciendo donación ya en vida por escritura o reservándose el usufructo. Diversas veces alude la Regla af régimen de los niños oblatos en el Convento, especialmente a sus correcciones, disponiendo, por ejemplo, que nadie pueda enojarse contra ellos inconsideradamente o reñirlos con as¬ pereza (cap. LXX); que entre ellos hayan de guardar orden y grado de an¬ tigüedad en la mesa y en el coro con modestia, cortesía y sin confusión (ca¬ pítulo LXIII); o que en las comidas se les dé menor porción que a los adultos, con prudente sobriedad (cap. XXXIX), y considerando la debilidad de fuer¬ zas, se les trate benignamente en materia de alimentos y se les permita al¬ morzar y comer antes de las horas regulares (cap. XXXVII). Un capítulo especial (el XXX) trata de la corrección y castigos de los niños, proporcio¬ nados a la edad y entendimiento, eximiéndoles de la pena de excomunión y poniéndoles privaciones de comer o buenos azotes en pena de travesuras que hiciesen. El régimen ha de ser igual para todos, sea el que fuere su origen familiar (cap. II). (i) Bofarull, Los Condes de Barcelona vindicados, tomo II, pág. 225. 64 historia y arquitectura Un enclaustrado del año 1835 hace del ingreso en el monacato de Poblet en los últimos tiempos una pintura exacta para la mayoría de casos: todos los conocemos semejantes en nuestras familias. «...Hijo de una de las prin¬ casas de esta villa — Vimbodí, dice, — y siguiendo la rutina y la vieja cipales costumbre establecida entre las familias acomodadas de nuestra tierra de de¬ dicar al claustro uno de los hijos caballeros, desde mis primeros años, mi pa¬ dre, catalán de abolengo, que tenía una voluntad de hierro para llevar a tér¬ mino todo cuanto se proponía, acarició aquella idea... Terminada la primera enseñanza, y habiendo llegado ya a la edad crítica de elegir profesión o ca¬ rrera, mi padre, sin consultar mi voluntad y contando por delante, como siem¬ pre, con mi ciega obediencia al imperio de sus órdenes siempre severas...,» hizo preparar la ropa... «Y quieras que no, a Poblet tuve que ir sin atrever¬ me a contrariarle. Era una madrugada del mes de septiembre. A la entrada de casa el mozo tenía ensilladas las dos muías, y bajando mi padre con dos car¬ tuchos de cincuenta onzas de oro cada uno — en total ocho mil pesetas, — que metió en las alforjas para hacerme el dote de tres mil libras barcelonesas necesario para ingresar en el Convento, nos encaminamos a Poblet. Aquel mismo día se cerró tras de mí la Puerta Dorada, y después de entregárse¬ me un cuya portada se leía Regla de monjes que escribió el Patriar¬ librito en ca de todos San Benito para que me empapase bien con su lectura de las dis¬ posiciones contenía, quedé instalado en una celda del noviciado (i).» En que cada grupo de frailes, profesos, conversos y oblatos o nutridos, había su gra¬ do, grada o gradación; en primer lugar, el de la categoría que llevaba el ejer¬ cicio de los cargos con su autoridad respectiva delegada del Abad; en segun¬ do lugar, el de antigüedad en el claustro, «de manera que el recibido en el Monasterio, por ejemplo, a la segunda hora del día, de cualquier edad o dig¬ nidad que sea, sepa que ha.de tener grada inferior y es más nuevo que el que entró a la primera (2).» «Los más modernos deberán tratar con respeto y honor a los más antiguos, y éstos corresponderán con muestras de paternal amor a los más nuevos. Mas no sea permitido que en el trato haya vulgar franqueza, llamándose unos a otros por el nombre solo, sin aditamento; y así los más antiguos darán a los más modernos el tratamiento de Herma¬ nos, y éstos a los más antiguos les llamarán Nonnos, que es lo mismo que Padres reverente s.l> En España este tratamiento de Nonni, o mejor dicho, (1) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, pág. 149- (2) Regula, cap. lxiii. DEL MONASTERIO DE POBLET 65 de Domni, cayó endesuso en los frailes negros y en los cistercienses, sus¬ tituyéndolo por el de Fray, Frater o Fra. Siempre que dos monjes se encontraban, decía el más moderno, mo¬ desta y cortésmente, Benedüite. Cuando pasaba uno antiguo por delante de uno moderno que estuviese sentado, éste tenía que levantarse y ofrecer el sitio, y no podía volver a sentarse hasta que el más viejo se lo ordenase, pero éste tenía que ordenarlo en seguida (cap. LXIII). Dícese que en los últimos tiempos de Poblet los monjes antiguos votaban la admisión para profesar de los novicios, y que alzar inmoderadamente la vista bastaba para que le ne¬ gara el voto quien lo notase ( i ). (i) Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 271. LA VIDA CONVENTUAL STABA estrechamente regida por la Regla la distribución del tiempo entre el rezo a las horas canónicas, el trabajo manual y el descanso. Se consideraban el día y la noche, cualquiera que fuese su duración, divididos respectivamente en doce ho¬ ras cada uno, largas en verano las del día y cortas las de la no- » che, y al revés en invierno. Las horas de rezo eran siete, distribuidas en las diurnas: eran las siete horas canónicas, más una después de la media noche, con las correspondientes oraciones de Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas; la nocturna era la de Maitines. Tenía así cumpli¬ miento el salmo CXVIII de David: «Siete veces al día te he alabado,» y el otro (salmo LXII) de la oración de la noche: «En el silencio de la noche de¬ jaba el lecho. Señor, para alabarte.» En el cumplimiento estricto de la Regla, desde las Calendas de No¬ viembre hasta Pascua de Resurrección, tenían que levantarse los monjes a la octava hora de la noche e ir al Coro a cantar y rezar las oraciones de Mai¬ tines. Como la duración de la noche de invierno es variable, y la Regla dice que los monjes han de descansar hasta después de la media noche para que vayan al Coro satisfechos de dormir y bien despiertos (i), fueron varias las interpretaciones según las órdenes y localidades: a las doce unas, a la una y media otras, a las dos de la madrugada las más de Benitos de España (2). La (1) Regla, cap. viii. (2) Fr. Mecolaete, Vida y milagros de San Benito, pág. 179-183. DEL MONASTERIO DE POBLET 67 Regla supone que los Monjes después de los Nocturnos se han de ocupar hasta que apunte el día en estudios del Salterio u otras lecturas convenien¬ tes. En verano, mejor dicho, según la Regla, desde Pascua de Resurrección hasta Noviembre, tiempo de noches cortas, tenían los monjes que levantar¬ se a Maitines también de noche, dejando breve espacio entre el rezo noc¬ turno y el de Laudes, que se comenzaba siempre, en verano e invierno, a punta de día. Prescribe minuciosamente la Regla las oraciones y lecturas, los núme¬ ros de los Salmos, que se han de rezar a cada hora canónica, así a Maitines y a Laudes como a las horas menores: Prima, Tercia, Sexta y Nona; a Vísperas y Completas, en días ordinarios, dominicas, feriales, fiestas de Santos... (i). Prohibe la Regla la ociosidad, enemiga del alma (cap. XLVIII). Pres¬ cribe el trabajo manual alternando con el estudio o lección: fija las horas de trabajo, desde Resurrección a Calendas de Octubre, es decir, en verano, de equinoccio a equinoccio, desde Prima a la hora cuarta por la mañana, y por la tarde, desde Nona, tres de la tarde, a puesta de sol; lo restante del año desde Tercia a Nona. A medio día, en verano, después de Sexta, se puede ir a descansar en la cama una hora y media; el que quiere leer o estudiar durante este tiempo puede efectuarlo en silencio. Los domingos se aplicaban, como es de razón, solamente a obras espi¬ rituales, estudio y lectura, exceptuando a los monjes que tuviesen oficio in¬ compatible con el recogimiento interior. Cerraban el trabajo y los rezos del día las Vísperas y Completas. Al caer la tarde convocaba la campana a la oración de Vísperas; seguía des¬ pués la cena vespertina; terminada ésta, hecha siempre con luz de día, sin luz artificial (cap. XLI), se reunían todos los monjes en una sala; uno de ellos en voz alta leía conferencias vidas de oPadres, u otra lectura edifican¬ te, pero no de las difíciles de entender o complicadas de enumeraciones o alegorías. En este espacio se desembarazaban de sus trabajos materiales los monjes de oficio, y al obscurecer acudían todos al templo al rezo de Com¬ pletas, que al iniciarse la noche cerraba, completaba los Oficios divinos. Después silencio absoluto: «ya nadie podrá decir palabra a otro» en el con¬ vento sin grave castigo; sólo por necesidad de acogimiento de huéspedes, (i) Capítulos IX a xviii. 68 HISTORIA Y ARQUITECTURA por orden del Abad en cosa que no admita espera, se podrá decir lo indis¬ pensable, brevemente, en voz muy baja (cap. XLII). Terminada la vida conventual del día, todos se retiraban a sus cámaras o dormitorios. La horasubsiguiente de dormir, por la noche, la queda o recogida, se anunciaba por tres campanadas; el novicio de turno descendía por la gran escalera hacia el crucero, con un farol; abajo, la iglesia sumida en la obscu¬ ridad; arriba, el resplandor exterior dibujando vaga, borrosamente, en la ne¬ grura de la bóveda, los vidrios grises de los ventanales; una lámpara, colga¬ da como un péndulo, proyectaba vislumbres sobre los sepulcros del crucero, las sombras recortadas de sus calados doseletes sobre los muros. Al sonar la hora de queda, de recogida la denominaban en el siglo xv, esperada al pie de la escalera, el novicio daba pausadamente tres tirones a la cuerda, luego un repiquete seguido. En la jerga conventual se llamaba el toque del Garrañán: su campana expresa estaba colocada sobre el fastigio del crucero y del dormitorio, en una espadaña todavía subsistente. Al toque de ella cesaban todo rumor, toda señal de vida en el convento. Losmonjes dormían siete horas seguidas en invierno, y las mismas, repartidas entre noche y siesta, en verano (cap. VIII). AI comenzar la hora octava de la noche, de doce a dos de la madrugada, nuevamente la campa¬ na convocaba al Coro. En Poblet, antes del primer intento de exclaustración del año 1822, a media noche tocaba a Maitines el Garrañán; los frailes se levantaban, vis¬ tiendo la blanca cogulla; por la alta escalera del dormitorio descendían al crucero, al Coro, y entonaban en él, saludando al nuevo día, su oración ma¬ tinal; después regresaban silenciosamente, escalera arriba, a sus celdas. Dícese que esta interrupción del sueño, esta diversión de los sentidos y de temperaturas, resultaba muy pesada: iban quedándose solos los novi¬ cios, forzosamente. Se comenzó por dispensar un día por semana a los frai¬ les de más de diez años de profesión, dos a los de veinte, y todos los no so¬ lemnes a los de cuarenta. Después del retorno al Convento en 1822, hasta su destrucción en 1835, se suprimió esta fatiga; los Maitines del día se can¬ taban la víspera por la noche. Dispone el cap. XXII de la Regla que cada monje tenga su cama, pero todos, a ser posible, han de dormir en una sola habitación; si no, de diez en diez, o de veinte en veinte, en habitaciones especiales, cada una con su De¬ cano, alternando los lechos de los viejos con los lechos de los jóvenes. To- DEL MONASTERIO DE POBLET 69 dos han de dormir vestidos y ceñidos, a punto de levantarse y salir al Coro. Nada pueden tener que parezca armas, ni siquiera cuchillos ni navajas. Toda la noche hasta la mañana del día siguiente ha de arder constantemente una lámpara en el Dormitorio. En vez de lecho, dice la Regla (cap. LV), basta con una estera, un jergón, una manta y una almohada. Se vivía en Poblet en celda aparte en el noviciado, pobremente amue¬ blada, todas uniformes; un lecho de tablas y bancos con jergón de paja de centeno; sábanas, almohadas y fundas de lana; una caja, una silla, un candil con una aceitera y un cajoncillo de salvado para enjugarse los dedos des¬ pués de haber arreglado la luz. La nave dormitorio está, como hemos visto, dispuesta para contener celdas, con sus ventanillas bajas propias y un gran espacio arriba común a todas ellas en la nave alta, indivisa, de la sala. Pero, según las primeras no¬ ticias que se conocen del uso de esta sala, los lechos o estancias de los frai¬ les jóvenes estaban meramente separados por cortinas, siguiendo la Obser¬ vancia antigua de la Orden, hasta que en tiempo del abad Conill (a. 1437) el papa Eugenio IV concedió un breve a los abades de Poblet para que pudiesen construir celdas en el Dormitorio, dividiéndolas con puertas y ta¬ biques, novedad que no se introdujo hasta después de cien años, en el aba¬ diato, terminado trágicamente, de Pedro Caixal (a. 1526-1531), no faltando quien pensase que al encarcelamiento, deposición y condena de este abad pudiese contribuir la tal reforma de la distribución en celdas, «harto peque¬ ñas y bien proporcionadas a la estrechez de la Observancia regular, pero más a propósito que las cortinas para honestidad religiosa (i).» En Poblet, en los últimos tiempos, son los novicios los únicos que tie¬ nen celdas en dormitorio común. Los monjes, después de los cuatro años del noviciado, viven cada cual en su habitación particular, servidos por sus criados y en libertad de discurrir por la clausura. En los últimos tiempos, fuera del Coro, el tiempo era asaz libre; lo ocupaban, a voluntad, el estudio, la escritura, la predicación, la confesión, las conversaciones y discusiones, limitadas al claustro de San Esteban..., cultivos, distracciones, juegos corporales, cría de canarios. En los diez pri¬ meros años las salidas se limitaban al recinto del Monasterio; desde los diez a los quince se podía salir en compañía de un monje jubilado; a los veinti- (i) Finestres, obra citada, tomo IV, págs. no y iii. 7° HISTORIA Y ARQUITECTURA cinco, por parejas con monjes de igual antigüedad; a los cuarenta años de profesión la salida era libre; el monje jubilado podía salir solo. Las escapatorias se pagaban caras, pero las había entre la gente joven. Las correcciones en el Monasterio las hacían primero los ancianos con amonestación privada una y dos veces; si no hay enmienda, procede la co¬ rrección pública por el Abad. En caso grave de reincidencia, sin hacer caso de correcciones, se aplica la excomunión, o separación del trato de los de¬ más monjes, y si fuese protervo, se le castigará con pena corporal. La exco¬ munión se gradúa por la culpa: cuando es leve, el castigo es privación de la mesa conventual; mientras dura la pena no debe el monje entonar salmos, antífonas, ni leer la lección en el Coro. Comerá solo y fuera de las horas: si la comida común es a Sexta, comerá a Nona; si es a Nona, a Vísperas. En culpas graves la excomunión se extiende a privación del Refectorio y del templo: nadie le hablará, ni se le acercará, ni le saludará, ni dará la ben¬ dición a él ni a su alimento. Éste será tal y cómo y cuándo disponga el Pre¬ lado. Quien se atreva a tratar con el excomulgado sin misión expresa del Abad, sufrirá igual castigo (i). A los excomulgados incorregibles, si no se enmendaban, se les aplicaban los castigos de azotes o de disciplinas, y si por fin no se corrige por la excomunión, ayuno ni varas, procede la oración general de la Comunidad para su corrección, y si no se obtiene, viene la expulsión del Convento como miembro podrido que no perjudique a los de¬ más (cap. XXVIII). Para este caso se guardaba constantemente la misma ropa, los propios vestidos seglares que vestía al entrar en el Convento (ca¬ pítulo LVIII). No obstante, sea la salida del Convento por huida o expul¬ sión, se tolera la vuelta a él con enmienda una, dos y tres veces: al cuarto regreso encontrará cerradas las puertas del Convento (cap. XXIX). Los penitenciados, por grave culpa privados del Refectorio y del templo, siem¬ pre que se celebraba Oficio habían de estar postrados a la puerta del Coro, con la cara puesta en tierra, «para que lo pisoteasen los que entrasen o sa¬ liesen.» Llamado a capítulo por el Abad, debía postrarse también en pre¬ sencia de todo el Convento hasta obtener perdón a petición de éste, pero aún quedaba privado del canto y rezo en alta voz, y al final de cada hora canónica debía postrarse frente al lugar que se le designaba en el Coro hasta que el Abad también le ordenase que no siguiese (cap. XLIV). (i) Regla de San Benito, caps, xxiii-xxvii. DEL MONASTERIO DE POBLET 71 Uno de los exclaustrados refería travesuras suyas, pero de inocente ob¬ jeto, según decía: él y un compañero suyo de noviciado muchas noches de verano se escapaban de las celdas y se descolgaban por la ventana del ex¬ tremo del Dormitorio... para ir a bañarse en la balsa del molino...; dice que el baño era una de las privaciones más rigurosas de la Regla de San Beni¬ to... A los enfermos se les ofrecían baños domésticos si eran convenientes, pero a los buenos y jóvenes alguna o rara vez (i). Menos mal si en sanos y las salidas furtivas no se quebrantaba la Regla por otras partes. En verano cada fraile tenía quince días de licencia para visitar a su fa¬ milia o pasarlos en sitio conocido, y otros quince para estarse en la granja de La Pena, lugar de esparcimiento en la montaña en el bosque de Poblet. La Comunidad subía ella en dos tandas; a en los alrededores se daba a esto el nombre de veda de los frailes. (i) Regla de San Benito, cap. xxxvi, LAS COMIDAS Y LA ABSTINENCIA iSPONE elcapítulo XXXV de la Regla que los monjes se sirvan unos a por turnos semanales en la cocina, con los ayu¬ otros dantes que la posición y necesidades del Convento permitan o pidan. El servicio de semana lleva como final la limpieza general de la cocina el sábado, el lavar los paños, toallas y manteles con que se enjugan los monjes, y así el entrante como el saliente tienen la obligación de lavar los pies a los demás monjes, de rendir cuentas al bodeguero y de entregar enteros y limpios la vajilla y los enseres. El anuncio de los que estaban de turno se hacía en el Coro el domingo por la madrugada después de Latides; el saliente decía el Benedichís es, Domine De^^s meus, qui adimisti me, et consolatus es me: contestaba el coro tres ve¬ ces con una oración, y el que entraba de servicio invocaba también la ayu¬ da del Señor; Deus, in adjutorium meum intende: Domine, ad adjuvandum me festina. Se dispensaba este servicio por motivos de salud o por serios quehaceres del Convento. La abstinencia de carne la prescribe la Regla (cap. XXXIX) para to¬ dos los que no están muy débiles o enfermos. Tasa la cantidad de alimento: dos comidas con dos platos cocidos y otro plato de verdura, fruta o ensala¬ da que haya en el huerto del Monasterio; una libra de pan por monje, y un vaso de vino, aproximadamente un cuarto de litro de ahora (cap. XL). Si puede abstenerse de éste, mejor. Prudencialmente el Abad puede alterar DEL MONASTERIO DE POBLET 73 estas prescripciones en cantidades y en calidad para ancianos, niños, enfer¬ mos y en caso de trabajo excesivo. Las horas de las comidas habían de ser con luz del día: a Sexta, me¬ diodía, regularmente la comida; la cena a puesta de sol. En los días de ayu¬ no la comida a Nona o las tres de la tarde, sin cena (cap. XLI); en tiempo de Cuaresma después de Vísperas, pero siempre con luz de día. rezar El abad Martínez de Mengucho introdujo nuevamente en Poblet, y, autorizado por el nuevo papa Martín V, luchó para implantar en todos los conventos cistercienses de España, un riguroso ascetismo místico, enfermizo más que religioso. No fué la privación voluntaria antigua de los abusos, déla brutalidad de los apetitos del hombre fuerte, sano y robusto, que hallaba en la frugalidad y orden austero de la vida monástica el equilibrio del cuerpo y del espíritu, para que las fuerzas morales se pudiesen desarrollar equili¬ bradas en servicio de la ciencia, de la moral y de la caridad humana; era el nuevo ascetismo, la conversión del hombre débil, vicioso y refinado; forma pareja con los excesos y los placeres sensuales rebuscados, afeminados, so¬ ciales de la época. La privación en que más se empeña es la estrecha observancia de la abstención completa de comidas de carne; la propuso primeramente por cuatro años, después quiso consolidarla a perpetuidad. Al efecto obtuvo del nuevo papa Martín V una bula expresa, en aquel tiempo en que en todas las congregaciones del Cister la tolerancia en las comidas estaba ya de hecho establecida, y todos los monjes y conversos que quedaron en Poblet se obli¬ garon por acta firmada a observar por siempre la abstención rigurosamente.. La Constitución papal de la abstinencia para Poblet es curiosa: prohi¬ be a perpetuidad al Abad y a los monjes, aunque sea en cámara no comu¬ nal o fuera del Monasterio, que coman clase alguna de carnes ni caldos, pulmenta, cocimientos de ella; solamente en caso de enfermedad o de debi¬ lidad justificada se podrá conceder excepción por el abad, o el prior o pre¬ sidente en caso de ausencia, y ésta no más en la Enfermería, cocidos la carne o el caldo en su cocina especial, y dividida y administrada por manos de los enfermeros. Si de otra manera o sin autorización entrara o se condimentara carne en el Convento, será decomisada y se llevará al Hospital del Monasterio para los asilados en él o los monjes realmente enfermos. Si algún monje o con¬ verso faltaba a la abstinencia, debía castigárseles con penas de las acos- II 74 HISTORIA Y ARQUITECTURA tumbradas la Orden, al arbitrio del abad; pero, por en cada falta de absten¬ ción o de negligencia en hacerla observar, el delincuente, dice, sin remisión ni dispensa, será obligado a ayunar un día a pan y agua. El rigor estrecho y las privaciones ascéticas motivaron huidas y rebe¬ liones de gran parte de los monjes... «Los fervorosos, dice el Padre menos Finestres, como no abrazaban voluntariamente aquel rigor estricto de reli¬ gión, fingían motivos para pasarse a otra religión, o a otro monasterio de la misma menos observante, de manera que algunos de ellos se marcharon de Poblet, o sin licencia alguna, o con indultos subrepticios.» El abad Men- gucho acudió al Papa contra la deserción, el Papa aceptó los hechos consu¬ mados, los que se habían ido quedaron fuera, y les confirmó el tránsito o expulsión, y para más adelante estableció que no se pudiesen mudar de monasterio u orden sin expresa licencia del abad del Cister. Juan de Guimerà, hijo del país y de su tiempo, no insistió en las me¬ didas ascéticas extremadas, restablecidas o impuestas de nuevo por el abad Mengucho. Ya de tiempo habían caído éstas en desuso en la orden del Cis¬ ter, y repetidas disposiciones de sus Concejos y autoridades superiores ha¬ bían establecido la tolerancia, especialmente en las abstinencias de comer. Sixto IV (a. 1475) autorizó al Capítulo general del Cister, y, a falta de éste, a los abades en sus monasterios, para conceder dispensas en la absti¬ nencia a las personas de la orden, presentes o futuras, siempre que lo creye¬ sen necesario, según su discreción y conciencia, para comer carne dentro o fuera del Monasterio. El Capítulo general de 1481 aplicó estas dispensas estableciendo que, además de los días marcados las por prescripciones ge¬ nerales de la Iglesia, fuese obligatoria la abstinencia de carne para todos los monjes los lunes y los miércoles, el Adviento y la Septuagésima. Otro Concejo reunido en París (a. 1493) volvió a restringir las dispensas aña¬ diendo a los días de abstención la Sexagésima y todas las solemnidades llamadas de Sermón y en las Rogativas. La abstinencia absoluta se encuentra ya modificada en Poblet en 1567. El abad Guimerà parece que reguló para Poblet estas dispensas, establecien¬ do que se comiese de carne por semanas interpoladas con las de abstinencia y que el domingo de Quincuagésima y el jueves antes del Adviento cenasen de carne todos los monjes. Con el mejoramiento de comidas y con las nuevas mesas que el Abad mandó hacer, el Refectorio debió quedar modernizado. En los últimos tiempos se conoce, por el relato del viejo exclaustrado. DEL MONASTERIO DE POBLET 75 que los frailes de Poblet tenían sensibles debilidades por la buena mesa. El Monasterio, que sostuvo absoluta la abstinencia de carne hasta el si¬ glo XVII, cuando por todo la había aligerado o dispensado la misma Orden, se dejó dominar después por la gula. La pena de las faltas, cuando no era de reprensión, solía ser de niño goloso: la privación de parte de un plata selecto de la comida. La abstinencia se redujo a comer de pescado los vier¬ nes, variante agradable de la comida ordinaria. En Poblet, en los últimos tiempos, se hacían dos comidas diarias: la comida a las once y media, y lamedia en el Refectorio;, cena a las siete y pero se intercalaban a costa del peculio particular de cada uno, porque te¬ nía bolsa aparte, almuerzo y merienda: el chocolate del Monasterio estaba muy acreditado, y había local expreso para estas golosinas en la estancia existente entre la Puerta Real y el Claustro. Solían añadirse a estos choco¬ lates, tomados en cuadrillas de frailes compañeros, servidos por un criado,. presentes de fuera, generalmente de alguna señora de la vecindad o de al¬ gún transeúnte aristócrata en la Hospedería exterior del Convento. Era original: estos presentes de dulces, frutas, lacticinios, eran depositados en una fuente en la Galilea, en la entrada pública de la iglesia..., en medio de los sepulcros de los Cervera, Anglesola, Ribelles, Guimerà... Allí los iba a buscar el criado, que retornaba la fuente limpia y las gracias a la gentil do¬ nante..., a la que tenían después presente en sus oraciones los agradecidos frailes (i). En los primitivos tiempos estaba absolutamente prohibido en la Regla (cap. LIV) recibir cartas, regalos ni presentes, sin expresa licencia del Abad, aunque fuesen de padres o parientes, seglares o monjes. Si sus padres le enviaban alguna cosa al monje, éste pedía permiso; si le ordenaba que la admitiese, la recibía y después podía el Abad darla a quien le pare¬ ciese... El quebrantamiento de esta ley tenía su castigo. La comida del Convento era igual para todos los frailes jóvenes, pero podía hacérseles, a su costa particular, algún extraordinario, entrante o re¬ quisito, si avisaban previamente al cocinero. La comida ordinaria consistía en sopa de gallina, la pitanza o cocido, y cuatro onzas de carne, o capón asado otra ave, a razón de una por cada cuatro comensales. También cada u cuatro tenían su criado para servirles a la mesa. El abad, los jubilados, tenían casa propia, con sus criados y su servicio privado. (i) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, pág. 155. 76 HISTORIA Y ARQUITECTURA En la el silencio absoluto mesa es obligatorio. Sólo ha de dejarse oír la voz del Lector. Los servidores lo han de tener todo prevenido y a punto para que nadie tenga que pedir nada: si es necesario pedir algo, se hace por señas, nunca verbalmente. Ni comentario, ni observación, ni pregunta aunque sea relativa a lo que se lee. Solamente el prelado, generalmente el prior, que preside, puede hacer una breve plática edificante, si lo cree con¬ veniente. El Lector actúa una semana, pero no por turno, sino entre los que tengan capacidad para ello. También el domingo en el Coro, después de la Misa mayor, invoca el auxilio divino para el oficio semanal que va a comenzar: puesto en medio del Coro, dice tres veces el versículo Domine, labia mea aperies: et os meutn annunciabit laudem tuam. El coro le res¬ ponde. Modernamente el Prior presidía la mesa e imponía castigos gastronó¬ micos. Al fraile delincuente se le servía el plato escogido con el cuchillo atravesado: quería decir que no podía comer más que la mitad de su conte¬ nido; la mitad restante se sacaba ceremoniosamente del Refectorio y se lle¬ vaba a alguno de los pobres que esperaban a la puerta del Convento. Cuan¬ do el motivo del castigo era popular, los compañeros de causa suplían con creces el cercenamiento de ración: sus criados atravesaban por el centro de la sala llevando pomposamente exquisitas ofertas al castigado... La vieja Comunidad volvía a su infancia. Y mientras tanto, desde el pulpito el monje de semana hacía resonar la antigua y severa bóveda de piedra con las austeras palabras y preceptos de los antiguos ascetas. Sobre los monjes sentados a las mesas, en torno de la sala, los servidores en medio, caían aquellas palabras distraídas, monóto¬ nas, ya sin sentido, en el silencio obligado, entre el rumor de agua del sur¬ tidor y el discreto retiñir de los cubiertos y de la vajilla de estaño bruñido, limpia, brillante, conservada con amores de gastrónomo, pulida más que fregada con fina paja de arroz venida expresa, especial, de Valencia (i)... San Bernardo habría con seguridad escrito otra carta furibunda contra esta vida... asaz curiosa, si hubiese podido preverla. (i) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, págs. 147-164. LOS HÁBITOS N capítulo, el LV, dedica la Regla de San Benito al vestido y calzado de los frailes. No repara en el color, o en el teñido, ni en la calidad de ellos: han de ser los que se fabriquen en la misma localidad y lo más baratos posible. - El hábito del monje ha de variar según el clima y el país. En tierras templadas le bastarán al monje la túnica exterior, túnica, y dos cogullas, cûculœ, una peluda o forrada para invierno, y otra usada o del¬ gada para verano: además se le dará un escapulario para cuando tenga que trabajar. Según esta explicación de la Regla, el escapulario, scapulare, viene a ser en sus principios un delantal de trabajo. Sólo permite la Regla que se tenga otro hábito nuevo para mudarse o cambiarse si se ha de lavar; los ya muy usados se han de dejar al ropero para los pobres, así como el calzado viejo y todo lo demás ya usado. Para salir del Monasterio daba el ropero co¬ gullas y túnicas bien tratadas, más nuevas que las de uso casero, y calzonci¬ llos, todo lo cual se había de devolver después de lavado. A cada monje le corresponden dos juegos de vestidos, es decir, dos túnicas y dos cogullas, tanto para poderlas lavar, como porque habían de dormir con ellas. Los cistercienses del tiempo de San Bernardo dormían vestidos y ce¬ ñidos: vestiti jaceamus et cíncti (i). (1) San Bernardo, Opera: Adquid venistí, cap. x. 78 HISTORIA Y ARQUITECTURA En resumen, las prendas de vestir los pequeños instrumentos de uso y ordinario, que da el Abad, son, según la Regla: cogulla, túnica, medias (pedulce) y calzado (caligœ), escapulario y calzones (femoralia), y como ins¬ trumentos: cuchillo, estilo para escribir, mesitas, aguja y pañuelo o servilleta. En tiempo de la fundación del Cister todos los benedictinos de Occi¬ dente habían adoptado los hábitos absolutamente negros: los cistercienses, desde un principio, los cambiaron en absolutamente blancos. De aquí vino la distinción en frailes negros o benedictinos y en frailes blancos o cister¬ cienses, a pesar de que otras órdenes religiosas usasen también estos dos colores. San Bernardo reprende vivamente el lujo que en su tiempo usaban en sus hábitos los monjes clunistas, entonces los más socialmente elevados. «No se compra, como ordena la Regla, lo que se puede encontrar más or¬ dinario, qmd villus comperaripotest, sino lo más hermoso y de más vanidosa ostentación.» Supone que llevaban vestidos de Galabrú y de Ise^nbríi, san¬ dalias o calzado para montar de doscientos sueldos de oro, cubrecamas de piel de gato y mantas de Bjiracá de colores variados. Efectivamente, Pedro el Venerable, de Cluni, en su estatuto XVI prohibe que «ningún religioso pueda llevar vestidos de Gallebrú o de Isembrú,» porque dice que hay quie¬ nes se visten, como los hombres de mundo, con «ropas de seda negra o gris o de diversos colores;» en el estatuto XVII prohibe también los cubreca¬ mas de «pieles de gatos salvajes de España,» pero permite los de marta, vero o de comadreja, de piitois ou de visons. En una carta atribuye el propio San Bernardo a los clunistas que, «desdeñando las pieles de gatos de Fran¬ cia, se hacían cubrecamas de pieles de gatos de Numancia o de Zamora (i).» El estatuto XVIII del mismo Pedro el Venerable, abad de Cluni, contem¬ poráneo de San Bernardo, prohibe a sus religiosos «llevar ropas de color escarlata, de Buracao del buriel preciado que se fabrica en Ratisbona.» De más graves vicios acusa al clero secular en su indumentaria el tra¬ tado De Consideralione, dedicado al papa Eugenio III. La ostentación de los colores variados — dice — descolora o deshonra a los hombres del santua¬ rio, ylas enormes aberturas de sus vestidos ponen al descubierto todas sus formas, fissura enormis peene inguina nudat (2). Los arzobispos viéronse obligados a prohibir a los clérigos «el uso de vestidos abiertos, rayados, (1) San Bernardo, Apología, cap. x, y Carta primera. (2) Id., De Consideraíione, libra III, cap. v. mm DEL MONASTERIO DE POBLET 79 cortados...» y los trajes de colores encarnados, verdes o azules (i ). Los monjes se hacían cortar sus cogullas de la misma pieza de ropa que servía para hacer las capas de los caballeros: Miles et monachus ex eode7n patmo partiuntur sibi cucullm7i et chíamydem (2), y los prelados, «como las damiselas, se jactaban de sus bor¬ dados y pellizas más que de sus obras,» y lle¬ vaban las sagradas manos rodeadas y el pe¬ cho abrigado de armiños rojos a que llama¬ ban güelles, pieles de Armenia que sacaban de una especie de rata del Ponto y teñían de púrpura. Todo este lujo vicioso venía, dicen los comentaristas, de la entrada de la alta noble¬ za en el clero, al que muchas veces la lleva¬ ban sus gustos y ostentaciones y no su vo¬ cación. La imposición del hábito blanco, y todo de lana, venía a cortar el abuso de esta ostentación de coloridos y de las telas labra¬ das orientales y de lujosas pieles raras. El cambio del hábito negro benedictino en el blanco del Cister atribuye a Alberico, se segundo abad de Citeaux (a. 1099-1110) (3). Desde el siglo xiv al xvii encontramos en Poblet laudas de abades perpetuos con su traje propio. La túnica es larga hasta los pies y holgada, la cogulla afecta la forma de es¬ clavina, es decir, cubre puramente los hom¬ bros, pecho y espalda: cae por ésta, dejando siempre la capucha al descubierto la cabeza. La cabeza y la cara aparecen afeitadas, ex¬ ceptuando el círculo bajo de los cabellos, el ( i) Notas de Horstius a las Obras de San Bernar¬ do, tomo II, pág. 636. Hábito de los monjes de Poblet, según la (2) San Bernardo, Apelaba, cap. x. laada sepulcral, en la Sala Capitular/del (3) Galia Cristiana, tomo IV, cap. 981. abad Poncio de Copons, muerto ën 1384. I 8o HISTORIA Y ARQUITECTURA y un mechón aislado sobre cerquillo, la frente, el clavo. Las mangas de la túnica cubren totalmente las manos y sobresalen mucho de ellas, quedando colgantes; llevando caldos los brazos, debían casi llegar al suelo, con las ma¬ nos cubiertas, ocultas dentro. El hábito de los monjes de Poblet era enteramente de lana blanca. Los conventos catalanes seresistieron hasta a cambiar el escapulario también blanco por el negro, única pieza de este color que los demás del Cister ha¬ bían ya adoptado sobre el antiguo hábito blanco. «El Capítulo general del Cister celebrado el año 1434, siendo abad... Juan VIL.., había ordenado a los abades de la Gran Selva y de Fuenfría, casas matrices de los Monaste¬ rios de Santes Creus y de Poblet, que compeliesen con censuras de la Orden a nuestro Monasterio y a otros de la Corona de Aragón, para dejar los es¬ capularios blancos principios de sus fundaciones y que usaban desde los tomasen los demás monasterios cistercien- los negros para conformarse con ses que ya comúnmente los usaban; «pero —dice el P. Finestres —no en¬ cuentro que aquellos abades comisarios ejecutasen su comisión con nuestro abad Guillermo de Queralt, que entonces gobernaba el Monasterio de Po¬ blet (í) » La lucha por mantener el uso del escapulario blanco en Poblet contra el abad general de Citeaux o del Cister continuó largo tiempo. El papa Eugenio IV conminó otra vez con letras gravísimas a los abades de la Gran Selva y Fuenfría para que hiciesen cambiar de blanco en negro el color de aquella ropa (a. 1443); el general del Cister visitó personalmente Poblet y trató de imponer aquella reforma; los monjes acudieron a la reina regente María, ésta al Papa, y él mismo relevó y absolvió del cumplimiento de la reforma, medida que ratificó el papa sucesor, Nicolás V (a. 1447 y 1451): «con que se consiguió la deseada quietud, y se prosiguió en el rigor de la observancia (2).» Blancos eran y son aún los mantos de las órdenes militares dependien¬ tes o formadas por la general del Cister, como las de Calatrava, Alcántara, Montesa .., ostentando en él su cruz respectiva. cada una Un fraile exclaustrado de 1835 nos ha transmitido pormenores íntimos del hábito de Poblet al ingresar en el Convento. «Me vistieron — decía — con camisa de lana, calzoncillos y medias de lana, pantalones de lana de color de pasa que se abrochaban con un botón de cuerno, de un tejido tan fuerte y (1) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 317. (2) Id., id., tomo III, págs. 317-319. DEL MONASTERIO DE POBLET 8l ordinario que se sostenían tiesos, y me pusieron el hábito. Este era también de lana blanca con manga perdida y capucha por detrás para resguardar la cabeza, aunque nunca la levantábamos a pesar de llevarla toda afeitada, con cerquillo a los lados y detrás, y un mechón de cabellos en medio de la fren¬ te (i),» llamado el clavo. Otros ingresados en el convento en los liltimos tiem¬ pos añaden más pormenores. El hábito «de lana ceñido a la cintura y esca¬ pulario, y en el Coro lo cubría todo la cogulla o capa grande y también blanca, con cola y mangas largas que casi arrastraban... Los legos o conversos... no usaban la cogulla, y su hábito estaba teñido de color obscuro (2).» La calidad de las ropas era ordinaria, de lana basta en el noviciado y muy fina después de la profesión. (1) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de 1896, pág. 150. (2) Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 271. 12 EL CULTO Y SU SUNTUOSIDAD % L culto de los cistercienses es una verdadera reforma, compues¬ parte de restauración, en parte de supresión de usos ta en antiguos y de establecimiento de usos nuevos, según el pro¬ pio criterio de los magnates de la Orden en Capítulo general, criterio que contemporáneos de San Bernardo combatían por racionalista. Por encima de todo pusieron el cumplimiento estricto de la Re¬ gla de San Benito; aunen los últimos tiempos de Poblet afectaban los monjes una observancia de ella que estaba muy lejos de la práctica; pero el primer libro de instrucción de los últimos novicios era aún en nuestro Monasterio la Regla de San Benito (i). El curstis benedictino, el rito galorromano de la Misa de la Provincia de Lyon, el breviariuni de San Roberto y un Salterio, sacados de Molesmes, fueron los fundamentos de los libros litúrgicos cister¬ cienses; para establecer un correctorio de la Biblia recurrieron al texto he¬ breo y a los rabinos judíos; el resultado de la corrección es la llamada Biblia de San Esteban, hoy en la Biblioteca de Dijón. Para reformar el canto litúr¬ gico tomaron de Milán el texto y canto de los himnos ambrosianos prescri¬ tos por la Regla de San Benito y un famoso Antifonario de Metz (2). La Charta Charitatis que contiene las bases fundamentales de la Or¬ den, copiadas en la bula aprobatoria del papa Calixto III (a. 1119), estable¬ ce la unidad absoluta de los cultos en todos los monasterios cistercienses, de (1) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de Barcelona, año 1896, (2) Trilhe, en Cabro], Diccionario de Arqueología cristiana, tomo III, 1781. DEL MONASTERIO DE POBLET 83 manera que en todos sus actos no haya ninguna diferencia, sino una sola ca¬ ridad, una regla y una vida de costumbres similares. Volumus ut inores et cantum et omnes libros ad horas diurnas et nocturnas et ad inissas necessaries, secundum formant morum et librorum novi monasteriipossideant, quatenus in actibus nostris nulla sit discordia, sed una caritate, una regula, similibusque vivamus moribus. Estas reformas quedaron fundamentalmente establecidas éntrelos años 1115 y 1118; recopiladas formaban un grueso volumen que servía para copiar y guiar el régimen en cada monasterio: el ejemplar más antiguo conocido es el manuscrito tipo de la Biblioteca de Dijón, escrito en¬ tre 1173 y 1191. Comprende: partes I, II y III, unos Breviari, leccionario para todos los días del año; IV, Epistolare, lecciones de la Misa; V, Textus Evangeliorum, todos los textos que el abad y el presbítero habían de leer o cantar fuera del altar; VI, Missale; VII, Collectaneum, al que precede un Calendario propiamente dicho; VIII, Kalendarium, o martirologio de Usuar- do; IX, Regula de San Benito, necesaria en los Oficios porque da la distri¬ bución de los salmos y lecciones para el rezo del cabildo; X, Consuetudines, o Libro de los Usus, Institutos del Capítulo general y Usus de conversos, con los detalles del servicio divino y de los ritos monásticos; XI, Psalte- rium; XII, Cántica deprivatis dominicis et festis diebus; XIII, Hymnarium; XIV, Antiphonarium cum sua prœfatione; XV, Gradúale cum sua prœfatio- ne. Los últimos seis libros contienen las notaciones para el canto. Los Usus cistercienses del siglo xii debieron ir aumentándose y corri¬ giendo con los institutos, acuerdos o disposiciones posteriores del Capítulo general, y de ellos se hicieron recopilaciones sucesivas hasta la colección de 1350 que se denominó Novelice definitiones. Para aplicar todas estas pres¬ cripciones de los Usus e Institutos fué precisa la formación de una guía ge¬ neral de los ritos eclesiásticos, denominada Ordinario, complemento de los Usus y obligatoria como éstos en todos los conventos. Este Ordinario fué, naturalmente, copiado, corregido, e impreso muchas veces. Se conocen de él varios manuscritos latinos y una sola traducción, en catalán, hecha en Po¬ blet en 1586 por un monje que firma con las iniciales F. B. D. L. y el títu¬ lo: Comença lo Ordinari segons la Església del sagrat Orde de Cistells; con¬ tiene además la Regla de San Benito, en catalán, precedida de una Tabla perpetua para saber las fiestas movibles cada año, y acaba con cuatro tablas indicando el Número áureo y las Epactas para los años 1582 a 2300. Este manuscrito procede del Monasterio de Valldigna y de la Zaidía de Valencia 84 HISTORIA Y ARQUITECTURA y se encuentra actualmente en la biblioteca de la Abadía de Santa Maria del Desierto (i). Los primeros cistercienses hacían expresamente pobrísimo su culto; cru¬ ces de madera pintada, excluidas las de oro y de plata; en el altar un solo can- delero de hierro; incensarios de hierro o de cobre; casullas de lana o de lino, albas también de lino y usaban capas pluviales, dalmáticas ni ropas lisas; no de seda, reservada ésta para la estola y el manípulo. El oro y la plata, pro¬ hibidos: sólo el cáliz y la patena eran de plata dorada, a ser posible. Los man¬ teles del altar sin bordados, y las vinajeras de cristal liso; la casulla de un solo color. En los días festivos se encendían dos blandones o hachas en el al¬ tar (2). Andando el tiempo, a instancia de los Papas y por propia determi¬ nación, los cistercienses fueron haciendo más ostentoso el culto. En 1226 permitió el Capítulo general el uso de casullas de seda, mientras fuesen re¬ cibidas de limosna; a los abades, que no usaban capa sino el día de su bendi¬ ción, se les autorizó (a. 1257 y 1258) para que la llevasen en las procesiones, bendiciones de novicios y otros actos en que usasen báculo; a los diáconos y subdiáconos se les dejó llevar dalmática y túnica en las grandes solemnida¬ des y adornar los altares con cortinas de seda. En las fiestas de sermón se ex¬ ponían en la Misa mayor, encima del altar, las reliquias del Santo, y en su ho¬ nor se permitió encender dos cirios más (3). Podría ser que se refiriese a estas primitivas costumbres en los cultos del Cister el encendimiento de tres luces en el altar mayor de Poblet cuando en el Oficio se cantaba en el Coro la an¬ tífona Salve Regina en honor de la Virgen Patrona del Monasterio (4). La austeridad del culto cisterciense primitivo se transparenta en los do¬ nativos para establecerlo en Poblet. El mismo rey Alfonso II se sujeta a ella: para la iluminación del altar de Santa María señala no más la donación de un quintal y medio de cera al año para que ardiese en él continuamente una candela, que debía ser para el único candelero de hierro que los Usus cistercienses ponen en el altar (noviembre de 1192). Dos años después (oc¬ tubre de 1194) añadía otro quintal y medio de cera anual para el mismo ob- (1) Cabrol, Diccionario de Arqueologia cristiana, tomo III, 1787. (2) Id., id., Citeaux, 1794; Guignard, Exord. Cisf, cenobii, c. xvii; Us. Mon. prim, de la Regla Cisterciense, pág. 73 y sig. (3) Cabrol, Diccionario de Arqueología cristiana, c. 1803; Inst. capit, gen., dist. I, c. vil y viii; dist. III, c. 11; dist. I, c. ix. (4) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 93. '^'^■^'^i0íi^·^·*'' :-^:f viw y^fcjfr^v t í*»**:^ii»»rwy:'.. MONASTERIO DE POBLET.—SECCIÓN TRANSVERSAL POR EL DORMITORIO DE NOVICIOS i ■ -«S «^■ .:;:-r//;-;;'íí L\-/--.y^ - í , ívl.,> Í;" íSi'í·í"®''^ íi": ^'"í 'J^ "íí. ^Z. V'Art ,íí''>'í"·íí sfí^ ^^Sa^àSírSSi^iíf.í^ ¿¡il* * «?^«»iJÉÍtrfí^Íf ' 'fV«Í^ ^éiüíMj èií'-íl·'íljíí .j'.'jfci i..L_íí¿. 1 V .l»..9V^*-_í!_i VT_^^*i_}__^ * *_. DEL MONASTERIO DE POBLET 85 jeto, cumpliesen debidamente las órdenes, su hijo Pedro el Ca¬ y como no se tólico señaló(a. 1202) que se diesen 130 libras de cera sobre la bailla de Ta¬ rragona, y más tarde (a. 1209) que se añadiese quintal y medio de cera para otra candela anual con cargo a las entradas de Lérida (i). El encendimien¬ to de uno o dos cirios solos en la grande y severa nave de Poblet, queman¬ do en pequeñísima llama tan reducida cantidad de cera al año, dejaría como perdidas una o dos chispillas de luz en una inmensidad de tinieblas. Debían, no obstante, emocionantes los oficios u oraciones de Maitines, cantados ser a media noche en la obscuridad, o los de Laudes o Completas resonando, en el vislumbre del apuntar o del extinguirse el día, bajo de las altas bóvedas de piedra y por entre los macizos pilares de la iglesia mayor, inmergidos en un mar de sombra. A estas sencillas donaciones de pequeñas cantidades anuales les da se ceremoniosa importancia, como de cosa trascendental y altamente honrosa, en escrituras que firman como testigos los príncipes y magnates de la Cor¬ te, los mismos hombres que detuvieron poco después la invasión sarracena o de los almohades en la batalla de las Navas, o desafiaron el poder de Francia y del Papa en la guerra de los Albigenses, y repusieron, en contra de su poder, a los Condes de Tolosa en sus Estados; el condestable Guiller¬ mo Ramón de Moneada, Delmiro de Crexell, Sancho, Conde de Rosellón, Ermengardo de Urgel, Guillermo de Cervera, Pondo Huch, Assalit de Gudal... La sencillez primera de ornamentos del altar y su enriquecimiento al comenzar el siglo xiii, la revelan también los documentos. En 1191 Este¬ ban de Regafré destinaba a ello los réditos modestos de unas casas vecinas de Montblanch, que donaba al Monasterio; pero ya en 1200 Gimeno de Ar- tusella, señor de Salou, para los ornamentos del altar solo de San Bartolo¬ mé donaba doscientos sueldos y prometía aumentar la donación cuando fuese necesario, y los condes Ermengardo y Elvira de Urgel (a. 1203) asigna¬ ban para el de Santa María de Poblet, anualmente, cien sueldos barcelone¬ ses, censuales de la ciudad de Lérida (2). Contrastaba la austeridad adoptada por el culto cisterciense con los ex¬ cesos de lujo de los objetos litúrgicos de su época. San Bernardo nos habla «de las reliquias de los Santos encajadas en oro; de imágenes de Santos (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 126. (2) Id id., tomo II, págs. 125 y 197. , 86 HISTORIA Y ARQUITECTURA decoradas que inspiran más respeto por la belleza que por la santidad; de grandes coronas de luces que por sus dimensiones parecen ruedas decoradas de gemas, con lámparas alrededor, cuyas pedrerías preciosas no brillan me¬ nos que sus llamas; de candelabros, verdaderos árboles de bronce, trabaja¬ dos con arte admirable, que no deslumhran tanto por la luz de los cirios de que están cargados, cuanto por las piedras preciosas que los decoran.Pedro el Venerable prohibe que los cirios de las «grandes y bellas coronas de bron¬ ce, de oro o de plata, que están suspendidas en medio del Coro por una fuerte cadena,» se enciendan si no es en las cinco fiestas principales del año. Todo este lujo, según San Bernardo, se dirige más a excitar la admiración que la compunción de los penitentes. «Refulgente la iglesia en las paredes, es miserable para los pobres; viste de oro sus piedras y abandona desnudos a los necesitados. Los bienes de los pobres se gastan para complacer las mi¬ radas de los ricos. Los curiosos encuentran en la iglesia lo que les deleita, y los pobres no encuentran lo que les sustente.» «Las imágenes de los Santos se prodigan hasta en pavimentos que se pisan; a veces nos encontramos es¬ cupiendo a la boca de un ángel, y los pies de los transeúntes se arrastran por las caras de los santos. ¿Para qué decorar lo que has de ensuciar en se¬ guida? ¿Para qué pintar lo que se ha de pisar? ¿Qué valen los primores de forma si se Ips ha de comer el polvo siempre?» Las ideáis primitivas del Cister en cuanto a las esculturas decorativas en las construcciones monacales eran terminantes: San Bernardo compren¬ de la decoración para producir efectos auxiliares del culto en las iglesias pú¬ blicas; pero de ninguna manera en las de los monasterios, y menos aún en las dependencias claustrales destinadas exclusivamente a hombres de vida espiritual. «En las destinadas — dice — a los sabios y a los necios hay que re¬ currir a los ornamentos materiales para llevar a la religión a un pueblo car¬ nal, ya que no pueda lograrse con cosas espirituales. Pero nosotros que nos hemos salido del pueblo... ¿qué fruto queremos sacar? ¿La admiración de los tontos o las ofrendas de los simples? Porque estemos mezclados con la gente, ¿hemos de imitar sus obras y hemos de guardar también su culto por sus esculturas?» «Y para hablar claramente, todo se hace en esto por avaricia, que no es más que idolatría, y no buscamos un fruto espiritual, sino los donativos. Si preguntáis cómo, os diré que de un modo admirable. Hay un arte de me desparramar el dinero para multiplicarlo. Se gasta para aumentarlo y se DEL MONASTERIO DE POBLET 87 echa para acopiarlo. Porque a la vista de las suntuosidades y vanidades ad¬ mirables se excita a los hombres más a la ofrenda que a la oración. Asi la riqueza llama a las riquezas y el dinero atrae al dinero, porque yo no sé por qué motivo, en donde más abundan las riquezas es donde se ofrecen más gustosamente.» Comprende aun el reformador las bellezas en la iglesia, «en donde no pueden dañar a las almas sencillas y devotas;» pero no en las dependencias monacales. «¿Qué significan en vuestros claustros — pregunta, — en donde los frailes hacen sus lecturas, aquellas ridiculas monstruosidades, admira¬ bles, pero deformes hermosuras, y hermosas deformidades? ¿Qué hacen allí los monos inmundos, los fieros leones, los monstruosos centauros, los semi¬ hombres, los tigres manchados, los soldados combatientes, los cazadores tocando los cuernos? Se ven muchos cuerpos con una sola cabeza, y, al re¬ vés, un cuerpo con muchas cabezas. Campea aqui un cuadrúpedo con cola de serpiente, alli un pez con cabeza de cuadrúpedo. O una bestia, caballo por delante, cabra por detrás, o un animal cornudo por la cabeza y caballo por detrás. Tan grande y variado y admirable es el número de estas repre¬ sentaciones, que más se prefiere leer en los mármoles que en los códices y ocupar todo el dia admirando esto que meditando en la ley de Dios. ¡Por Dios! Si no avergüenzan estas frivolidades, ¿por qué no sabe mal su coste?» La adopción del culto austero cisterciense es, pues, una reacción con¬ tra el afeminamiento y el lujo y la vanidad de los religiosos, principalmente de los clunistas. La Apología de San Bernardo, al criticarlos, ilustra clara¬ mente el espíritu que inspiraba en ese particular a la reforma cisterciense primitiva, seguida en muchos puntos, o precedida, por las prescripciones y prohibiciones de Pedro el Venerable en la misma orden de Cluni. Las construcciones y el culto en Poblet siguieron muy poco tiempo en aquella austeridad primordial del Cister; en vida de Ramón Berenguer IV y en tiempo de la muerte de San Bernardo (a. 1153), las construcciones de nuestro Monasterio, las capillas después llamadas de Santa Catalina y San Esteban, la antigua Enfermería, quizás el Refectorio de los monjes, obede¬ cían a la austeridad predicada por el Santo Abad de Claraval; pero las construcciones y el culto desde Alfonso II (a. 1162-1196) volvían a las ideas grandiosas de Cluni, con la iglesia mayor y las demás dependencias claustrales, sin salirse por esto de una severa dignidad monacal. Criticaba San Bernardo «la inmensa elevación... de los oratorios, la 88 HISTORIA Y arquitectura longitud inmoderada, la arñplitud supervacánea, los pulimentos suntuosos, las curiosas pinturas, cuyo resultado es desviar a los fieles hacia el aspecto e impedir el afecto» o recogimiento. La iglesia mayor de Poblet no está to¬ cada de afeminamientos decorativos, es severa, pero tampoco está privada de la grandiosidad que parece excluir el Santo reformador. Las salas y dependencias del siglo xii en nuestro Monasterio no tienen decoración escultórica, ni menos ostentan señales de policromía, que el uso de sillares en el interior, sin revoques, parece ya intencionadamente excluir, fiando la monumentalidad a la sola estructura. Los capiteles, impostas y ménsulas de las capillas de Santa Catalina y San Esteban, de la Enferme¬ ría antigua, del Refectorio, del Calefactorio y de los pasos del Locutorio y del Priorato o Cocina, no tienen la más pequeña decoración: solamente en la iglesia hay un ligerísimo intento o prueba de un como pequeño bordado sobre el equino escafoide de algún capitel, prueba quizás posterior a la cons¬ trucción de la nave, pero que de todos modos no se prosiguió. A pesar de la severidad de la construcción, Poblet, como las casas ma¬ trices del Cister: Citeaux, Clairvaux, Pontigny, Morimond, La-Ferté, por la grandiosidad del plan general y de las dimensiones materiales, por la piedra toda labrada y aparejada aun en las últimas dependencias en nuestro Monasterio, por la nobleza de las estructuras hechas de bóvedas sabiamen¬ te aparejadas, es construcción carísima y soberbiamente monumental, ya desde el primitivo trazado. Está por encima, pero muy extremadamente, de la pobreza que predicaba a sus compañeros San Bernardo, y hasta de las celdas, «oprobio, por su precio de cien piezas de oro, de la pobreza mo¬ nacal:» opprobrium centum solidorum a cellis pauperum, de que abominaba Guillermo de Claraval. Totalmente limpias, como estaban en sus comien¬ zos, de toda decoración ornamental, pintada o esculturada, eran las cons¬ trucciones de Poblet y las demás del Cister en Cataluña muy superiores en precio, grandiosidad y monumentalidad arquitectónica a todo lo que an¬ teriormente habían hecho los Benedictinos sencillos y los mismos Clunis- tas. Se conoce que al Santo Abad de Claraval y al abad Guillermo los de¬ jaban sus compañeros predicar y no les seguían en modo alguno en lo que social y religiosamente consideraban más conveniente para los altos objeti¬ vos de la Orden. Hacia finales del siglo los últimos años, o a principios del xiii, xii, en aparece en Poblet la ornamentación escultórica en la obra del Claustro. fe- í m f^. fc:-'S í= làtea?- fc Pp fc% Is fel DEL MONASTERIO DE POBLET 91 Hermano éste, en su parte más antigua, de los de Fuenfría y de la Cate¬ dral de Tarragona, nada el último, de fauna fantástica ni real, ni usa, como de formas humanas, en la decoración, pero sí follajes y entrelazados, todo sacado de formas vegetales o geométricas, y con estudiada sobriedad limita la ornamentación a los cuerpos escafoides de los capiteles en maineles e im¬ postas, y a las ménsulas de arranque de los arcos de las nuevas bóvedas de crucería. Es esta ornamentación de filas de hojas imbricadas, de troncos tejidos, entrecruzados en lacerías, adscriptos a la forma escafoide del cuer¬ po del capitel, sin salidas en volutas, si no es en algún ejemplar para apo¬ yar los cuernos de los ábacos cuadrados o impostas. Se siguen, pues, toda¬ vía las doctrinas de San Bernardo excluyendo de la decoración los mons¬ truos, animales y figuras humanas. A medida que el siglo xiii avanza, en la obra del mismo Claustro, en las de la Sala Capitular, del gran Dormitorio, del Archivo, en los claustrillos posteriores, la decoración escultórica va to¬ mando un carácter propio, genuino y singular en Poblet. Los capiteles y ménsulas presentan intencionadamente las formas y la decoración trenzada de troncos o juncos de la cista o xíct'), cesto alegórico dibujado y repetido en las pinturas y bajos relieves de las Catacumbas y primitivos monumentos cristianos, y que figura en las representaciones eucarísticas para contener los panes y el vino, en las del descanso de los Apóstoles y de los cestos mila¬ grosamente llenos, en la multiplicación de los panes, o bien llenos de flores como en un epitafio del cementerio de Calixto (i). Los tejidos figurados de los cestos ofrecen en nuestro Monasterio una riqueza imponderable de mo¬ tivos de lacerías, cuadrados, en estrella, solos o combinados con follajes, de inacabable variedad y buen gusto, que progresan con el tiempo: los de fines del siglo XIII, o tal vez de principios del xiv, en el Dormitorio y en el Ar¬ chivo son de una finura e ingeniosidad de combinaciones geométricas no excedidas ni por la ornamentación arábiga. Indudablemente estas formas decorativas de cestería tienen una do¬ ble alegoría: la religiosa, como recuerdo de la Cista, llena de provisión ce¬ lestial,y la del recuerdo del nombre de la Orden llamada de Cistells (ces¬ tos) en los antiguos documentos catalanes (2), traducción literal de Cisteaux o Citeaux, Cistercium, Cistex, nombre local del monasterio cabeza de la (1) Cabrol, Diccionario de Arqueología cristiana, c. 1731. (2) En Castilla se llamaba indistintamente Cister o Cistel.—N. del T. 92 HISTORIA Y ARQUITECTURA Orden, que viene a significar lo mismo en el antiguo francés de Borgoña (i). Como el motivo de las Cista estárepetido por doquiera en el Monas¬ terio, en las obras de todo un siglo o más, casi exclusivamente, contribuye poderosamente a la unidad de aspecto inconfundible y singular que presen¬ tan las construcciones de Poblet. Hacia fines del siglo xiii reaparecen en muchas de las grandes ménsu¬ las de arranque de los arcos, en el Dormitorio, la fauna fantástica y real y las figuras humanas de la antigua decoración benedictina, tan recriminada por San Bernardo. Son gruesos palomos, pavos reales, íbices, grifos y dra¬ gones afrontados o enroscados, leones y osos, hombres conduciendo una barca con vela, que alternan con las formas de tejidos de cestería para la decoración de aquellas ménsulas, todas ellas de forma general muy seme¬ jante. Y ya desde aquí en adelante los artistas, generalmente laicos, que trabajan en Poblet no se abstienen de estas especies de decoración hasta llegar al abuso. Las Cámaras Reales nuevas o Palacio del Rey Martín, de fines del siglo xiv, tienen en los capiteles, impostas y pestañas de los ven¬ tanales, en las acoladas de las puertas y ventanas, en los tenantes de los escudos reales y abaciales, y en las mensulitas de las arcuaciones de la cor¬ nisa, una serie de cabecitas de damas, caballeros, frailes, calaveras... de gran variedad; bustos de frailes barbados y afeitados, cubiertos con la co¬ gulla, leyendo libros; damas nobles, o la propia Reina, con su diadema flo¬ reada, siguiendo admiradas los dictados de un genio alado, o tocando en la vihuela o viola de cinco cuerdas una armonía que parece dictarles otro ge¬ nio envuelto en ardientes llamas, o dando comida a una especie de ardilla que encadenada y con su collar tiene una de ellas arrimada a la cara, encima del hombro izquierdo. Los genios tañendo instrumentos forman colección; en una pestaña recta, al exterior de una ventana del que había de ser gran sa¬ lón, existen media docena formando friso, tocando chirimías o clarinetes; el rabel, violin de dos cuerdas; el laúd o mandolina de siete cuerdas; y en la acolada de la puerta de entrada al mismo salón hay otro genio tocando también un laúd... Al lado de éstos vienen los excesos imaginativos: genios guerreros con cuerpo de águila o de león, con borgoñota en la cabeza y es¬ cudo con mascarón al brazo, blandiendo el alfanje o lanzando armas arroja¬ dizas..., y, lo que es peor, un fraile que cura el seso, descubierto, a una (i) Ducange, Glossarium, voces Cista, Cisíex; Littré, Dictionnaire, voces Giste, Cistercien, DEL MONASTERIO DE POBLET 93 especie de judío barbudo, agachado, en una imposta... Hay tenantes de escu¬ dos de todas clases: genios alados, dragones, leones, caballeros salvajes... La riqueza de los objetos del servicio litúrgico se desarrolla paralela¬ mente a la de las construcciones, distanciándose muy aprisa de la pobreza primitivamente predicada por San Bernardo y dispuesta por los primeros Capítulos generales del Cister. Ya el testamento de Alfonso II lega a Santa María de Poblet su co¬ rona real, probablemente de oro y pedrería, como era costumbre, para que fuese colgada encima del altar (a. 1194). El legado suntuario de Jaime I el Conquistador a Poblet (a. 1276) habría elevado el culto al mayor grado de riqueza que pudiese alcanzar en su país: a él habían de ir a parar la vajilla real de plata; la capilla entera, en la que había un retablo de la Virgen María y otro que fué presente del Rey de Castilla, con un peso total de 800 mar¬ cos; seis cálices de plata dorada, anillos y piedras preciosas valuados en 50.000 sueldos jaqueses, y un cinto o correa valorada en 30.000, pero con la obligación de retornar 3.000 sueldos en que el Rey la tenía empeñada (i). Estos legados dieron que hacer a los nietos del Conquistador, los reyes Alfonso III y Jaime II, porque parece que el hijo Pedro el Grande no cum¬ plió dichos legados, pero en la hora de la muerte renunció la deuda y dispuso que fuesen pagados, y aquéllos tuvieron que hacer al efecto definiciones, condonaciones y compensaciones para cumplir los más o menos estrictos. Entre los objetos legados por Jaime I parece que había, según escri¬ tura de su nieto Alfonso III, la vajilla o colección de vasos de plata, desti¬ nada para hacer un retablo al altar de Santa María de Poblet: de omnibus vasis argentéis, quœ vobis — al Abad y al Convento — legaverat ad faciendum retabulum ad Opus Altaris Sanctce Marice, y el cinto o correa de gran pre¬ cio y de mil sueldos que se tenía que dar al Monasterio en cambio de un anillo que al Monasterio había dado él mismo: et de una corrigia magm pretii, et valoris, et de mille solidis, quos mandavit dari eidem Monasterium in recompensationem unius annulli, quem eidem Monasterium dederat dictus Dominus Avus Noster (2). Retenía también la Casa Real un portapaz del legado de Jaime I, que empeñó Jaime lla Gerardo de Cervelló, y que el abad Pedro de Alferich rescató por 5.000 sueldos barceloneses (3). (1) Finestres, obra citada, tomo III, págs. 44, 48, 51. (2) Id., id., Apéndice, tomo III, pág. 357. (3) Id., id., tomo III, pág. 121. 94 HISTORIA Y ARQUITECTURA Además, también entre las mismas joyas legadas por Jaime I figura¬ ba una cruz de oro capmasio mayori, que su nieto Jaime II declara cum haber empeñado a Gerardo de Cervelló por 5.000 sueldos que el Abad dió para rescatarla (i). Todos estos legados y cambalaches indican el retorno a una esplendi¬ dez o lujo sin límite en el culto y en los objetos litúrgicos de Poblet al final del siglo XIII. Finestres (a. 1753) sólo nos conserva noticia de un altar antiguo de Poblet, y aun no de la iglesia mayor, sino de la capilla de la Granja Me¬ diana, pero suponiéndolo copia del primitivo de los monjes de Fuenfría aposentados en aquella granja mientras se construía el Monasterio en tiem¬ po de Ramón Berenguer IV. De todos modos, el altar parece posterior a la época de concesión del culto a las capillas de Poblet, hecha por Inocen¬ cio IV al abad Berenguer de Castellots (a. 1243-1254), y el asunto poco podía parecerse al primitivo, según la descripción, ya que entran pinturas de Santos de la Orden, canonizados en el siglo xiii; «un altar solo de pie¬ dra, y el retablo antiguo de madera lisa. En medio del retablo está pintada sobre la madera una imagen muy devota de María Santísima bajo la invo¬ cación de la Humildad, escrita en letras muy antiguas: a su lado derecho las imágenes de nuestro Padre San Bernardo, y de San Guillermo, arzobis¬ po bituricense, y al izquierdo las de nuestro Padre San Roberto y de San Pedro, obispo de Taranto, vestidos los cuatro con cogullas blancas muy a lo antiguo, y sus nombres escritos de letra gótica. A los pies del retablo corre una tabla lisa, en que se ven retratados nueve monjes cistercienses, todos con cogullas blancas, del mismo modo que las de los Santos (2).» Esta tabla representaría la tradición que dice que fueron nueve los monjes venidos de Fuenfría hacia 1150 para fundar Poblet, y había desaparecido de su lugar ya en tiempo del mismo historiador (3). La enumeración que hace el antiguo historiador de Poblet (a. 1753) de las joyas y ropas litúrgicas tiene todo el aspecto de ser de cosas en casi su totalidad modernas y tan abundantes y ricas de precio material como de gusto menos que dudoso. Ya en dos o tres lugares apunta en su obra que (1) Cartulario de Poblet, n. 20, doc. 6 y 75 Emilio Morera, Tarragona Cristiana, tomo I, página 644. (2) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 96. (3) Id., id., tomo I, pág. 98. DEL MONASTERIO DE POBLET 95 las vicisitudes del tiempo, que todo lo consume, habían acabado con el le¬ gado litúrgico medieval, y que en los últimos tiempos, de decadencia, se ha¬ bían fundido las antiguas imágenes de plata porque eran de modelo anti¬ guo (a. 1677), en tiempo del abad Rossell. «A las grandezas del templo —dice en la descripción del Monasterio — será razón juntar las colgaduras y ornamentos, que, por ser tantos y no caber en la Sacristía antigua, motivaron a fabricar la nueva que acabamos de referir; y porque aún faltan en ella los cajones y armarios para los or¬ namentos, están parte de ellos en la Sacristía antigua, y la mayor parte en diversos armarios del Dormitorio de los jóvenes. Las colgaduras unas son de invierno, otras de verano: parte de aquéllas son de grana colorada, con variedad de bordadoras, y parte son paños de raso — tapices de Arras, — primorosísimos, que con figuras muy a lo natural representan varias histo¬ rias y misterios del Antiguo y Nuevo Testamento, y en algunos de ellos se ven los escudos de armas de sus dueños, que, habiéndolos mandado hacer para su servicio, después, para que lograsen mejor fortuna, los ofre¬ cieron para el ornato de esta iglesia. Las colgaduras de verano son de bro¬ cados, brocateles, terciopelos bordados de oro, con hermosura y variedad igualmente rica y primorosa. Hay diversidad de alfombras para cubrir todo el suelo del presbiterio y Capilla Real hasta el coro, de manera que, pues¬ tos todos los dichos ornamentos, sobresale tanto la grandeza del templo, que llega a ser admiración de la vista. »Los frontales, capas pluviales, casullas, dalmáticas, gremiales, estra¬ das, mitras, paños de túmulo y púlpito, y demás aderezos con que se sirven los pontificales y otras funciones de iglesia, sería muy cansada prolijidad: bastará decir que entre ellos se hallan brocados, espolines de oro, lastras, terciopelos, felpas, rasos de flores, damascos, y otros géneros de galas con relieves y bordadoras de oro, siendo en algunos tan grande y rico el relie¬ ve, que compite con lo rico lo artificioso, sin que pueda determinarse si es la forma o la materia lo más estimable... »... El temo para Difuntos — donativo de Pedro A. de Aragón a me¬ diados del siglo XVII, ricamente bordado de oro de grande relieve, consta — de ocho capas, tres casullas, dos dalmáticas, cuatro estolas, seis manípulos, tres estolas anchas, una almohadilla, una toalla de tela de oro con una cruz grande en medio bordada de oro, un gremial, un frontalico para la creden¬ cia, una bolsa de corporales y paño de cáliz, todo bordado, y un frontal QÓ HISTORIA Y ARQUITECTURA grande para el altar mayor, trepado y bordado de oro de gran relieve, y un terciopelo negro detrás de la trepadora. El aderezo, de ébano y bronce do¬ rado, consta de doce blandones grandes para el rededor del túmulo y seis blandoncillos para el altar mayor, un Santo Cristo de bronce dorado en cruz de ébano, portátil, y dos ciriales correspondientes para la procesión, dos facistoles grandes y dos pequeños, seis cetros, una silla de ébano con su asiento de tela de oro, y cuatro taburetes, todo de ébano y remates de bronce dorado; un paño para el púlpito, asimismo de tela de oro, y otro paño túmulo, de terciopelo negro, de treinta y cuatro palmos de largo y veinticuatro de ancho, bordado todo de oro con grandes relieves y en me¬ dio un escudo muy grande de las armas de la excelentísima Casa de Segor- be y Cardona.» Esta pieza, la más notable del temo, se conserva en la actualidad en la catedral deTarragona. «El sagrados, cálices oro en vasos y custodias, no tiene precio; la plata en los aderezos del altar, imágenes de Santos, relicarios, blandones y can- deleros es tanta, que parecería exceso de la ponderación el individualarla: esmeraldas, zafiros, turquesas y otras piedras preciosas y de valor inesti¬ mable hacen tal variedad en los adornos del oro y de la plata, que llegan a fatigar la vista. En sola una joya, dádiva del referido Duque de Segorbe y Cardona, son innumerables los diamantes y rubíes: esta joya es una custodia de oro, mantenida de un ángel sobre una peaña, guarnecido todo de alto abajo, la custodia, ángel y peaña, de diamantes, rubíes y turquesas. Es también dádiva suya un peñasco de plata con su cruz y Cristo, que tira ocho palmos de ancho y trece de alto, y cuatro de entrada, con su cerradu¬ ra y llave, y dentro una santa Verónica milagrosa con su cristal y cortina de oro carmesí. Adornan a trechos el peñasco catorce estatuas de Santos, Ángeles y Virtudes, y catorce Querubines en correspondencia, todo de pla¬ ta. Y, en fin, un frontal para el altar mayor, de diversas piezas de lapislᬠzuli, jaspes finos y ágatas, dividido en tres tercios, guarnecido de plata y bronce dorado. El tercio de en medio tiene una imagen de plata, de medio relieve, de la Concepción de Nuestra Señora, con ocho atributos diferentes de plata alrededor. En el tercio de la mano derecha tiene tres figuras de plata de medio relieve, una de San Benito, otra de San Pedro y otra de San Pablo, con ocho tarjetas de plata, alrededor, de la vida de San Benito; y en el tercio de la mano izquierda tiene dos figuras de plata de medio re- Paño mortuorio procedente del Monasterio de Poblet. Catedral de Tarragona DEL MONASTERIO DE POBLET 97 lieve, de San Bernardo y otra de Nuestra Señora, una con otras ocho tar¬ jetas de plata de la vida de San Bernardo. »Son innumerables los preciosísimos relicarios de oro, plata y ébano, que ocultan inmortales cenizas de diversos Santos y en que se adoran has¬ ta divinas prendas de Jesucristo y de su Sacratísima Madre, recopilado en breves urnas lo más sagrado de los instrumentos de su Pasión, vestidos y pasajes que con su presencia, contacto y singulares obras nos dejaron en este mundo. Los patriarcas antiguos, los santos Apóstoles y Evangelistas, el precursor Bautista, los discípulos de Cristo, los fundadores de las reli¬ giones, los doctores de la Iglesia, mártires, vírgenes y penitentes, todos tienen aquí algunas de sus reliquias, y muchas de ellas son tan insignes, que solas bastarían a llenar la devoción. Entre ellas se venera el cuerpo entero de la gloriosa Virgen Mártir santa Columbina, y en su compañía sesenta y y seis cuerpos enteros de Santos y Santas Mártires, cada uno en su propia urna separado de los otros, esto es, la cabeza, canilla y demás huesos prin¬ cipales del cuerpo, junto a los cuales está la auténtica o certificado; grande¬ za que, fuera de Roma, no será fácil se encuentre en otra iglesia (i).» Estas aparatosas riquezas escénicamente expuestas en una gran cons¬ trucción expresa de más de veinte metros de lado; tapices de figuras, sede¬ rías, pañerías de oro y alfombras que, puestas en la «grandeza del templo..., llegan a ser admiración de la vista;» los temos de brocados y bordadoras en los cuales «compite con lo rico lo artificioso sin que se pueda determinar si es la forma o la materia lo más estimable;» el oro en vasos sagrados «que no tiene precio;» la plata que parecería «exceso de ponderación» enumerar¬ la; la pedrería que «llega a fatigar la vista;» la «grandeza» de las reliquias de Santos, «que, fuera de Roma, no era fácil encontrar en otra iglesia;» es¬ tán muy lejos, en tiempo, pensamiento religioso y misión social, de las ideas generadoras del Cister, la Orden de los altares pétreos con un sencillo man¬ tel liso, un solo candelero de hierro, sin oro ni plata más que en el cáliz, el lino por única ropa del temo...; la Orden que rechazaba decoraciones de colores y de esculturas y grandezas del templo, que se oponía a que fuesen canonizados sus Santos... y que por boca del abad general Godsevin, des¬ pués canonizado, prohibía desde la tierra a su San Bernardo que hiciese nuevos milagros desde el cielo. (i) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 278-281. 14 98 HISTORIA Y ARQUITECTURA En la guerra de la Independencia contra Napoleón I (a. 1808-1814) una parte de la plata obrada del Monasterio fué destinada a la acuñación de moneda para la defensa nacional; otra fué trasladada a Mallorca, en don¬ de tuvo que sufrir también grandes mermas por causa semejante y disposi¬ ciones de los gobiernos centrales (i). En la guerra civil entre liberales y absolutistas (a. 1822) fué destacado a Poblet el coronel Lersundi (primero de junio) para recoger las alhajas del Monasterio abandonado (2). En un inventario más moderno se suponían aún en Poblet las sufi¬ cientes joyas litúrgicas para el culto ordinario: «Un pectoral y trece anillos de oro y pedrería fina, y dos pectorales de oro esmaltado. — Tres pectorales de plata dorada. — Un báculo de plata dorada, muy trabajado y adornado de ricas piedras. — Un jarro y cuatro bandejas de plata. - Un cáliz y vinajeras de plata, y una mitra muy rica, para los oficios de pontifical. — Dos cetros de plata dorada para los cantores, y otros dos lisos para los subcantores.— Una cruz de plata de más de cuatro palmos, ricamente trabajada. — Cuatro imágenes macizas de plata, de seis palmos de altura, de la Virgen, San Be¬ nito, San Bernardo y Santa Columbina. — Dos bustos, de tres palmos, de las Santas Candía y Verena. — Un tabernáculo forrado de hojas de plata para lle¬ var el Santísimo. Un dosel de plata para el altar mayor. — Una custodia de — plata con el viril cubierto de diamantes. — Y, para terminar, citemos aún cua¬ tro cálices de plata dorada, cuatro vinajeras, cuatro incensarios, dos facisto¬ les, dos palmatorias, ocho candeleros, una lámpara, una calderilla y una linterna, todo de plata dorada con ricos trabajos de calados y adornos (3).» En sus últimos tiempos brillaba aún el culto en Poblet por su esplen¬ didez y solemnidad; en las grandes fiestas, en el Oficio pontifical, dícese que «servían al Abad en el altar, entre sedas, oro y riquísimas piedras, de dieciséis a veinte monjes,» según relación recogida de uno de los menores oficiantes (4). (1) Ferrer, Barcelona cautiva, págs. 140-141. Cayetano Barraquer, Los Religiosos de Ca¬ taluña, tomo I, pág. 133. (2) Cayetano Barraquer, obra citada, pág 803. (3) Eduardo Toda, Poblet, pág. 73. (4) Cayetano Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 270. F I > > f Ci' EL CANTO LITÚRGICO AN Bernardo mismo nos ha dejado concentrada en una carta la idea que tenían los fundadores del Cister de lo que había de ser el canto litúrgico. «Cuando se le pone en un Oficio ha de ser lleno de gravedad, que no suene a lascivo, o a molicie ni a rusticidad. Suave, pero no ligero, agradable al oído para mover los corazones. « Que disipe la tristeza, mengüe la ira, no se salga del sentido de la letra o de la palabra, sino que la fecunde y le dé vida. No pier¬ de poco la gracia espiritual cuando la ligereza del canto distrae del sentido útil de la letra, y cuando en el espíritu se insinúan más las voces que el sentido de las cosas cantadas:» Cantus ipse, si fuerit, plenus sit gravitate ; nec lasciviam resonet, neo rusticitatem. Sic suavis, ut non sit levis: sic mul- ceat aures, ut moveat corda. Tristitiam levet, iraní mitiget; sensum litterce non evacuet, sed fecunde t. Non est levis jactura gratiœ spiritualis, levitate cantus abduci a sensuum utilitate; et plus si mavis intendere vocibus quam insinuan- dis rebus (i). El litúrgico es celosamente cuidado por los reformadores del canto Cister. La Regla benedictina (cap. XIX) decía que debía cantarse con tan¬ ta devoción y sentimiento del alma como lo que con la lengua se pedía, de¬ lante de Dios y de sus ángeles. Remontaron los cistercienses sus estudios hasta los antifonarios atribuidos a San Gregorio, el de Metz, por ejemplo, ^ y no se contentaron ni de ellos. San Bernardo mismo fué el encargado de (i) San Bernardo, Carta CCCXCVIII al abad Guido... de Montier Ramey, Œuvres, tomo II, pág. 40. Ed. París, 1877. lOO HISTORIA Y ARQUITECTURA revisar los libros corales y reclamó entonces el auxilio y los conocimientos de los religiosos más entendidos y hábiles en la teoría y en la práctica del canto. Coleccionados diversos antifonarios, compusieron ellos otros nuevos, que San Bernardo consideraba irreprensibles. Aplicaron los más rigurosos principios o reglas de composición de los tratados musicales de la época a corregir los cambios de tono, y dentro de cada uno limitaron la escala mu¬ sical; el espacio entre las notas extremas lo fijaron en diez notas, alegando que todos los cantos conformes a naturaleza pueden ser escritos en ocho, diez o a lo más en once notas. Los libros corales clásicos de los cistercien- ses «se salen de la pura tradición religiosa, pero su canto no se aparta en modo alguno de las reglas de la tonalidad gregoriana y tiene un particular carácter de severa grandeza y de armonía serena (i).» Trilhe da noticia de la publicación moderna de los libros corales cis- tercienses del siglo xii, editados en la Trapa de Westmalle (Bélgica). Son: Gradual (a. 1899), Antifonario (a. 1903), Hiimtario (a. 1909) y Procesio¬ nal (a. 1910) (2). Un antiguo cronista de Poblet, probablemente el abad Payo Coello (a. 1480-1499), dice que cuando los Reyes Católicos visitaron esta Casa (a. 1493), la reina Isabel quedó tan agradada del Credo cantado el domingo 10 de noviembre en la Misa de pontifical, que ordenó a uno de sus canto¬ res que lo transcribiese para cantarlo en la Real Capilla, por cual motivo era llamado el Credo de Poblet (3). Sería probablemente el conocido con el nombre de Credo de San Bernardo, del que se elogia aún la tierna gra¬ vedad. En los últimos días del Convento se cultivaba el canto litúrgico extre¬ madamente; la mayor parte del rezo canónico, de las siete horas, se canta¬ ba conacompañamiento de órgano, tocado por dos hábiles ejecutantes, y se trataba de convertir lo restante del rezo, semitonado, en canto. Algunos exclaustrados de Poblet y Santes Creus del año 1835 eran solicitados y admirados en las iglesias de Barcelona y Tarragona en el canto litúrgico: dirigido por uno de ellos, el P. Manuel Astort, se cantaba en San Jaime, de Barcelona, el Credo de Poblet en las grandes solemnidades, y en Tarra- (1) Trilhe, en Cabrol: Diccionario de Arqueología cristiana, c. 1807. (2) Cabrol, obra citada, III, 1807. (3) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 71. DEL MONASTERIO DE POBLET 10 [ gona, en la iglesia del Puerto, los aficionados músicos de la época iban a ella a escuchar los cantos sagrados de los antiguos monjes Figuerola y Rovira. Decíase que para oír una Salve en Poblet podía irse de rodillas desde Barcelona al Monasterio (i). (i) Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 270. T i DE LOS ENFERMOS Y MORIBUNDOS.—LOS CULTOS FUNERARIOS.—LAS EXEQUIAS REALES A descripción de Claraval nos señala con evidencia que la an¬ tigua Enfermería de los monjes era en Poblet la sala actual¬ mente derruida, llamada vulgarmente Juego de pelota, inme¬ diata a la capilla de San Esteban, también de estructura primitiva. Este grupo de la sala y la capilla estaba aislado en el Jardín mayor, dentro del recinto general del Monasterio, enfrente de la salida del Claustro conocida después por Locutorio. Las construcciones posteriores, de los Claustrillos, de la fortificación y de las Cámaras Reales con sus salas de arcos, englobaron la antigua Enfermería y su capilla anexa, llamada de San Esteban, en el conjunto de las construcciones conventuales. Al leer la descripción de la Enfermería de Claraval parece que se re¬ fiera exactamente a la antigua de Poblet y a su primitivo emplazamiento: «Detrás de la Abadía se extiende — dice — amplia llanura: un muro cie¬ rra una buena parte, y con ella la Abadía, en vasto circuito. En el recinto muchos y variados árboles, fértiles en frutos de toda especie, forman un jardín semejante a un bosque. La celda enfermería le está contigua, y no poco consuelo para los frailes enfermos el vasto espacio del jardín para ; es y pasearse y descansar a la sombra, en verano, suavemente reclinados. Sen¬ tados encima de la verde hierba, mientras la inclemencia canicular quema la tierra y seca t las flores, ellos con seguridad, ocultos en la enramada, sien¬ ten templar la ardencia solar bajo de los árboles frondosos, y se calman DEL MONASTERIO DE POBLET ro3 sus dolores aspirando las olorosas emanaciones de los sembrados. Satisfa¬ cen los ojos en el ameno verdor de los herbajes y arboledas, y ven cómo crecen colgantes las deliciosas frutas... Los cantos de las pintadas avecillas recrean el oído con suaves modulaciones, y para re¬ medio de una enfermedad la piedad divina procura muchos consuelos: hace sonreiría serenidad del aire, respirar la fecundidad de la tierra, y para delicia de ❖ los ojos, oídos y sentidos prodiga los colores, cantos y perfumes. » Donde fine el jardín comienza el huerto, cor¬ tado en pequeños bancales por arroyuelos de aguas corrientes que, aunque parezcan dormidas, hacen su perezoso curso. Bello espectáculo ofrecen a los frai¬ les enfermos cuando, sentados en las verdes márgre- ^ Guillermo de Agullo, muerto en 1393. Escu- nes, ven debajo del agua cristalina jugar a los pece- do en su sepultura y en las obras cilios y pasar nadando como si desfilasen en militar parada (i).» El asiduo cuidado de los monjes enfermos es objeto especial de un ca¬ pítulo de la Regla, el XXXVI. Ante todo y sobre todo —dice ha de cuidárseles obsequiosamente como — a la persona de Cristo. El principal cuidado del go¬ bierno del Abad ha de ser que no les falte nada, ni haya en tal punto el menor descuido. Han de tener sala separada de las demás oficinas y monje enferme¬ ro diligente, solícito, temeroso de Dios y de caritativa asistencia. Nada de abstinencias ni privaciones si así conviene a los enfermos: todo lo que al monje en sa¬ lud le está vedado, o estrechamente limitado, les es Armas del abad Bartolomé Co¬ permitido: caldos, baño..., todo lo conveniente carnes, nill, muerto en 1458. Escudo a su alivio o curación, lo establecen como excepción en su sepultura y en las obras por él hechas. Colores según los diferentes capítulos de la Regla relativos a obser¬ las heráldicas catalanas. vancia y abstenciones. Cuando la esperanza de curación se acaba, cuando aparecen los signos de agonía, se conmueve todo el convento en tétrica solemnidad. (i) Obras de San Bernardo, Ed. París, 1877, tomo VIII, pág. 300. I04 HISTORIA Y ARQUITECTURA La administración a los monjes moribundos, primero de la extremaun¬ ción, y después del Viático, era imponente. Convocada la Comunidad al golpeteo de unas tablillas, acudían todos los monjes rezando en alta voz el Credo. En Poblet se anunciaba la muerte o agonía con golpes dados sobre un tablón que había en el claustro (i). El moribundo, de una estera o un lecho de paja, era extendido en el suelo en la Enfermería sobre un cilicio y cruz de ceniza. Terminadas las oraciones, se salmeaba el salmo ClI, Be- nedic, anima mea, seguido de versículos y de seis bellas oraciones. La reco¬ mendación del alma era en forma de letanía, y después se recitaban los sal¬ mos penitenciales. Después de la muerte se cantaba el Subvenite y el primer responso; se llevaban el cadáver, lo lavaban y lo volvían revestido del hábito monacal. Seguía un segundo responso y lo conducían a la iglesia cantando el Libera. Colocaban el cuerpo en medio del Coro y le rezaban el último responso o commendatio; al lado del difunto no había más que un cirio, la cruz y el agua bendita. Alrededor los monjes, sentados, salmeaban el salterio sin interrupción. Al fin de cada salterio cantaban el Oficio de difuntos y se le decía la Misa cantada lo más pronto posible. Entre las oraciones y res¬ ponsos se hisopeaba e incensaba el cuerpo y después lo llevaban al Cemen¬ terio cantando los salmos In exitu, Co7ifitemini, etc. Colocado el cuerpo, sin ataúd, al sur dela fosa, le decía el sacerdote las oraciones semejantes a las de la Enfermería, mientras el coro seguía el canto de los salmos. Hi¬ sopeaba el celebrante la fosa y el cuerpo, incensaba éste y hacía incensar la fosa por el que descendía a ella para recibir el cadáver: puesto ya en el fondo, volvía el celebrante a hisopear y el sepulturero a incensar el cuerpo, y lo tapaba. El sacerdote echaba la primera palada de tierra, y los sepultu¬ reros terminaban el enterramiento. Luego entonaba el coro los antiguos Chortis angelorzim y Clementissime, decían después tres veces Domine, mi¬ serere superpeccatore, y el Pater, y retornaban a la iglesia salmeando. Los enterramientos de los monjes en Poblet debían hacerse precisa¬ mente sin señal exterior en el Cementerio común. De tiempo en tiempo, por excepción, se concedía tumba especial a alguno por su santidad o vir¬ tud extraordinaria, por su sacrificio por la Comunidad, por las de su causas muerte... Así se veía la tumba del monje anacoreta Fray Marginet en la (i) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 182. DEL MONASTERIO DE POBLET 105 capilla de San Salvador de la iglesia, la del monje-médico Juan de la Peña en el suelo también en la iglesia, y se ve aún la del converso Fray Guiller¬ mo Tost, con su imagen entallada en la lauda, arrimada a la pared, en la galería oriental del claustro, con la inscripción conmemorativa de su muerte en defensa del bosque de Poblet... Los abades perpetuos solían ser enterrados en el subsuelo de la misma Aula capitular donde habían presidido los destinos del convento. El ente¬ rramiento se hacía también simplemente en plena tierra; no había en el Aula de Poblet nada de obra subterránea que protegiese los cadáveres de su pronta vuelta al polvo terrenal. Solamente desde principios del siglo xiv se comenzaron a poner sobre los enterramientos de los Abades en el Aula capitular unas grandes laudas de piedra conmemorativas, con la figura del prelado con su báculo, signo de su autoridad, esculpida en talla general¬ mente de mucha profundidad y relieve, pero dispuestas siempre de manera que se pudiese pasar y pisar por encima. Así se encuentran aún en el Aula capitular de Poblet, aunque removidas de sus primitivos asientos, las lau¬ das de los siguientes abades: Pedro de Alferich, muerto en 1311, repre¬ sentado con cogulla y báculo y teniendo en la cabeza de la lápida la ins¬ cripción: Hic jacet Dominus Petrus de Alferich qui XXVII Abbas extitit Populeti. — Yo'^cio de Copons, muerto en 1348, figurado con cogulla y bᬠculo y ostentando su escudete de un copón con tapa coronada por tres ser- pezuelas, con la inscripción: Anno Domini 1348, 4 Calendas Augusti obiit Rev. D. Pontius de Copons qui fuit XXIX Abbas Monasterii Populeti. — Guillermo de Agulló, muerto en 1393, figurado con cogulla y báculo y con sus armas: cinco losanges dispuestos en cruz, y la inscripción: Hic jacet Dominus Guillelmus Agulló qui XXXI1 Abbas fuit Populeti, obiit XIII dies mensis Julii, anno Domini MCCCXCIII. — Vicente Ferrer, que renunció al Abadiato en 1409, muerto retirado en 1411; su lauda, sin figura, nombre ni escudo, está puesta en el claustro, a la entrada del Aula capitular, con la inscripción: Miserere mei, Deus, secundum magnam mise- ricordiam tuam. Bartolom.é Conill, muerto en 1458, enterrado — bajo de lauda en el Aula capitular, con figura de cogulla y báculo, y escudetes: un conejo sentado; no tiene inscripción alguna. — Juan Payo Coello, muerto en 1498, figurado con cogulla y báculo y con escudo: un león bandado de escaques, con bordura de cruces, y la inscripción: Hoc sub lapide D. Joan¬ nes Payo Coello Populeti Abbas XL dormit, qui nobili natus genere secutare is I06 HISTORIA Y ARQUITECTURA militiam pro Monachatu mutavit. A nte à fratribus electus cassatam bello Domum pulchriorem fecit. Tandem spiritum reddidit Creatori. — Porta, muerto en 1526, enterrado con lauda de figura con cogulla y báculo y sin nombre, pero con sus armas: un portal atravesado por el báculo, y la inscripción: Miserere jnei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam et secundum multitudinem miserationum ttiarum. — Fernando de Lerín, muer¬ to en 1545, figurado cogulla y báculo abacial, y al lado sus armas: la jarra con de María con y las iniciales P. O., y alrededor la inscripción: Cre¬ azucenas do quod Redemptor meus vivit et in novissimo die de terra surrecturus sum et in carne mea videbo Deum Salvatorem meum, 1545. — Pedro Boqués, muerto en 1564, lauda con figura de cogulla y báculo, escudo con tres he¬ rraduras, e inscripción: Hic facet Doininus Frater Petriis Boqtces, qtd 44 fuit Abbas Populeti et regnavit 18 annis. Obiit y Kal. Novenib. anno 1^64. — Francisco de Oliver, muerto en 1598, lauda con figura de cogulla y báculo, escudo con tres ampolletas e inscñyición: Hic facet D. Fr. Francis- cus Oliver à Batelier, 46 Abbas Populeti. Obiit Barchinone Deputatus Ca- taloniœ 16 Kal. Junii anno 1598. Requiescat in pace. Amen. — Ta- rrós, muerto en 1602, lauda con figura de cogulla y báculo, y escudete con tres terrones y un pájaro; sin inscripción. — Simón Trilla, último abad per¬ petuo de Poblet, muerto en 1623; lauda con figura de cogulla y báculo; es¬ cudete con una gavilla de trigo y el sol, e inscripción alusiva a las luchas por el mantenimiento de los Abadiatos perpetuos y las primacías de Poblet, extinguidas por la Congregación de los Monasterios de la Corona de Ara¬ gón: Reconditur hic noster Simon Populeus Héctor cognomine Trilla. Cre- vit arista sicut. Obiit anno 162J. Los abades cuadrienales que sucedieron a los perpetuos no tuvieron en Poblet tumba especial, y aun es de notar que de los perpetuos no los hay anteriores al siglo xiv, y de éste en adelante faltan en el Aula capitu¬ lar los enterramientos bajo de lauda de muchos de los mismos abades per¬ petuos. Unos, como Andrés de Timor, muerto en 1316; Bernardo de Pa¬ lau, muerto en 1348; AndrésAixemús, muerto en 1361, que se supo¬ de nen enterrados en el Aula sin lauda por falta de costumbre bien establecida o por otros motivos; otros por haber renunciado al abadiato y muerto sim¬ ples monjes, como Jaime Carbó (a. 1413) y Pedro de Queralt (a. 1435) y Juan de Estanyá (a. 1478); o por haberlo exigido personalmente por humildad, como se supone lo hicieron Juan Martínez de Mengucho, muer- DEL MONASTERIO DE POBLET 107 to en Miguel Roures, muerto en 1437; o por haber muerto ale¬ 1433, y jados del Monasterio, como Miguel Delgado (a. 1478), enterrado en el Priorato de Nazaret o Valldoncella, en Barcelona, y Pedro Forés, muerto en el Priorato de San Vicente de Valencia, año 1546; o por no haber obte¬ nido confirmación papal del cargo, como Antonio Boada, muerto en 1502, o por haber sido privado de él, como el infortunado Pedro Caixal (a. 1571), y sacado en prisión perpetua fuera del Convento, muerto y sepultado en Játiva. Finalmente, se da el caso del abad Juan de Guimerà, por gracia especial de la Orden sepultado en la Galilea enfrente del altar del Santo Sepulcro, por él construido, bajo de lauda con su figura pontifical, escudo con dos fajas, e inscripción; Hic jacet D. Fr. Joannes a Guimerano, ^5 Abbas Populeti, qui obiit pridie Non. Januar. anno 1583. Ha quedado un ceremonial de enterramientos de personajes reales en Poblet, procedente del propio Monasterio. Es un cuaderno del siglo xv o comienzos del xvi, en tiempo de Fernando el Católico, de quien habla va¬ rias veces como príncipe reinante, y se titula: Las exequias de los Reyes de Aragón (i). No es que este ceremonial se haya cumplido, porque desde su época a la de la destrucción del Monasterio no hubo en éste ningún otro enterramiento real; pero, cotejándolo con las instrucciones dadas por Juan I para el traslado a Poblet del cadáver de su padre, Pedro IV, aunque tam¬ poco consta que se cumpliesen, y sobre todo comparando la descripción minuciosísima por Pedro Miguel Carbonell de las ceremonias fúnebres de¬ dicadas a J uan 11 con las Funeralies, se adquiere la convicción de que ellas, si no practicadas totalmente en Poblet, resumían prácticas allí seguidas y a las que se unían otras que contemporáneamente se hacían fuera del con¬ vento. Muerto el rey, acudían los monjes de Poblet a la ciudad en donde es¬ taba expuesto el real cadáver. Debían ser en «número razonable:» al en¬ tierro de Juan II concurrieron veinticuatro, con el abad y sus ministros. Salían procesionalmente de su posada, precedidos de la Cruz alzada, acom¬ pañada de dos candelabros de plata, y alineados de dos en dos, con sus blancos hábitos y puestas las majestuosas cogullas; en medio dos monjes con capas de coro de terciopelo negro llevando «sendos báculos de plata;» (t) Bofarull y Sartorio: Les Funeralies deis Rey s de Aragó, /eles et ordenades per hun mon¬ ge del Monestir de la Verge Maria de Poblet, maestre en theologia, quis diu Maestre Miquel Lon¬ gares. Io8 HISTORIA Y ARQUITECTURA detrás de todos el abad «de pontifical,» con la mitra puesta, y a sus lados un diácono con el báculo y un subdiácono con el libro. Con dirección al pala¬ cio real, atravesaban la ciudad conmovida, al son fúnebre de las campanas parroquiales y de los monasterios, entre los gritos y llantos de los caballe¬ ros que «corrían las armas,» y los ladridos de los perros y toques de boci¬ na de los monteros que los acompañaban. Extraño espectáculo el de «correr las armas» en las pompas fúnebres. Las Funeralies lo prescriben por tres veces en la recepción del cuerpo real en el Monasterio; en la Puerta Real y en la iglesia, en las Vísperas mortuo¬ rias y antes de empezar la Misa de difuntos. Pedro Miguel Carbonell lo describe dos veces en los funerales de Juan II. Precedidos por dos heral¬ dos o reyes de armas, a caballo, vistiendo las dalmáticas blasonadas de Ca¬ taluña-Aragón y Sicilia, salen ocho caballeros montados, con sus cotas de armas respectivas, seguidos de los monteros reales conduciendo atraillados los canes o perros de caza. Caballeros y monteros llevan sobre las brillan¬ tes vestiduras las márragas, una especie de capa con capucha de ropa bas¬ ta, sin teñir, áspera, peluda, como de saco, parecida a la de los pastores del Pirineo: ropa de tribulación y tristeza. Cuatro de los caballeros enarbolan las banderas reales: antigua de Aragón, azul con la crucecita blanca en el lado derecho; de Navarra, encarnada con las cadenas de oro y demás sig¬ nos; de Sicilia, acuartelada en sotuer, de las barras y del águila negra en campo blanco, y de Cataluña-Aragón, con las cuatro o dos barras. Los otros cuatro caballeros llevan los escudos de iguales divisas, vueltos a la funera¬ la, la punta en alto, la cabeza abajo. La cabalgata se encamina a la sala mayor, en planta baja, del palacio, o a la iglesia en donde está depositado el real cadáver, puesto en el catafalco cubierto de paños de oro y márragas debajo, majestáticamente vestido el cuerpo de dalmática regia, la corona en la cabeza, las manos cruzadas en el pecho sobre el puño del estoque adornado de las coronaciones. A la cabecera brilla la cruz esmaltada de la Ca¬ tedral, alrededor los ciriales encendidos, los blandones y los antorcheros; junto a las paredes de la cámara se levantan altares en que se dicen Misas: la Familia Real ora ante ellos. La comitiva entra, sin descabalgar, en la sala o en la gran nave de la iglesia. Un alto funcionario palatino, el camarlengo, la recibe desde el lado derecho del real cadáver. Uno de los heraldos se adelanta, por tres veces lanza grito: pregunta el su por rey muerto que en ningún lugar del mundo DEL MONASTERIO DE POBLET 109 se al tercero increpa por su nombre al camarlengo para que le encuentra, y diga qué ha sido del rey. Por otras tres veces contesta el camarlengo y re¬ plica el heraldo: «El rey ha muerto, ha muerto; he aquí, caballeros, a vues¬ tro rey que yace muerto...» Entonces los cuatro caballeros de las banderas, a los gritos de «pues el rey ha muerto, nuestro señor el rey ha muerto,» se lanzan al galope alre¬ dedor del catafalco, dando grandes voces, bajando las banderas tras de ellos, arrastrándolas por el suelo; por tres veces rodean, volteando, el real cadáver. Detrás de ellos los caballeros de los es¬ cudos,a su turno, dan gri¬ voltean alrededor del tos, cadáver; arrastran, arro¬ jan y rompen sus escu¬ dos,se dejan caer encima de ellos... Por fin llegan los monteros, con sus pe¬ rros atraillados, excita¬ dos, que ladran- y aullan, volteando también alrededor del los gritos de los servidores rea¬ muerto a les: «... ha muerto, nuestro señor el rey ha muerto.» Sale la cabalgata el rey por las calles: en cada plaza se repiten los gritos, los llantos de los hombres, los ladridos y aúllos de los perros, las carreras de los caballos, las banderas boca abajo, arrastradas; los escudos arrojados, rotos... La procesión de los monjes de Poblet penetra a su turno en la gran sala mortuoria: como las otras comunidades religiosas locales, van allí a su vez a cantar responsos, los cantos lúgubres. Al día siguiente, o al otro, vol¬ verán con igual ceremonia y el abad dirá solemne Misa cantada de difuntos. La salida del cadáver real de la sala mortuoria se efectúa con gran solemnidad y concurrencia. Reúnense la Familia Real, funcionarios de to¬ da clase, nobleza, corporaciones, comunidades de parroquias y conventos con sus cruces alzadas, con grande iluminación de cirios, blandones y an¬ torchas. Al pie del catafalco mortuorio se levanta un yunque, y junto a él se ve al camarlengo. La ceremonia comienza «estando toda la muchedum- no HISTORIA Y ARQUITECTURA bre de aquella gente en la dicha sala atentamente y con gran silencio.» El camarlengo mayor hace uso de la palabra: levantando el brazo derecho, muestra el sello real a la multitud; «¡Oh caballeros y gentilhombres, y vos¬ otros todos los aquí presentes!, he aquí el sello del Rey nuestro señor. Este es el sello secreto del señor Rey: muerto ha el Rey nuestro señor: lloremos, pues, todos, ya que ha muerto el señor Rey, y sean rotos aquí sus sellos, pues dicho señor Rey no los puede utilizar;» y poniendo el sello en el yun¬ que, levanta en la mano diestra un gran martillo y lo deja caer «dando grandes golpes» sobre el sello hasta hacerlo pedazos. Y va cogiendo los demás sellos, destrozándolos igualmente. Después suben uno en pos de otro al catafalco alguaciles y ujieres, cubiertos de márragas, con sus varas de autoridad real, y uno a uno van rompiéndolas y dejándolas a los pies del cadáver. «Y la gran procesión... comienza a ponerse en movimiento.» En Bar¬ celona la preceden los ocho caballeros de las banderas y escudos, que co¬ rren las armas, cubiertos ellos y los caballos «hasta las orejas» de márra¬ gas, con los capirotes puestos, los escudos «al revés y punta arriba,» las cuatro «banderas reales arrastrando;» después sigue «grande y muy bella iluminación» de «dos mil quinientos cirios o blandones,» de cinco o más li¬ bras de peso, y en cada uno «sobre negro las armas» del magnate o la cor¬ poración que lo dedica; puestos en bancos y blandoneras los llevan a cues¬ tas ganapanes y otros hombres; detrás vienen las cruces, «todas de plata dorada, muy ricas y de nueva obra hechas, y esmaltadas con diversos her¬ mosos esmaltes:» a cada una acompañan «dos candelabros de plata,» y de¬ trás de ella va la comunidad respectiva, catedral, parroquial o conventual, de Santa María, del Pino, de San Pedro, de San Justo, de San Miguel, de San Jaime, de San Cucufate, de Santa Ana, de la Merced, del Carmen, de los Agustinos, Predicadores y Franciscanos, cada una presidida por el presbítero, diácono y subdiácono, «con capas de coro... de terciopelo negro obradas de brocado de oro..., de damasco y de raso, bordadas de oro y de plata.» Por en medio de la procesión van ordenando y entonando los clé¬ rigos o monjes o canónigos, vestidos con capas de terciopelo negro, mona¬ guillos y frailes «con hermosos turíbulos de plata,» incensando el curso, y presidiendo de pontifical el Obispo con tres asistentes, todos con capas de terciopelo negro, llevando el diácono el báculo, y precedidos los cuatro de «un gremial o palio de terciopelo brocado de oro.» Detrás de ellos los chan- DEL MONASTERIO DE POBLET III tres, capellanesmonaguillos de la Capilla real, con gramallas y capirotes y de paño negro, cantando «con acompañamiento de órgano y contrapunto con grande y consonante melodía... como si estuviesen en la propia capilla del señor Rey.» «Y en seguida... venía el cuerpo de dicho señor Rey..., el cual... yacía y reposaba dentro de dos cajas hechas de madera de ciprés, una de las cuales estaba revestida de paño de grana, y esta caja iba dentro de otra caja de ciprés cubierta de terciopelo carmesí, y estaba el cuerpo del señor Rey dentro de la primera caja, embalsamado y vestido con un jubón de raso carmesí, y encima una ropa de damasco negro, y llevaba puestas unas cal¬ zas de grana y en los pies unos zapatos de paño de terciopelo, y en cada pie calzada una espuela muy dorada, y al lado ceñida una espada con pomo, travesado y contera, muy dorada, y sobre todo esto llevaba vestida una ca¬ misa, y sobre la camisa una dalmática de damasco blanco y sus estolas y manípulo, y en la cabeza un bonete negro, y sobre el bonete una corona de oro, en la mano derecha un cetro de oro, y un pomo del mismo metal en la izquierda. Y estas dos cajas, esto es, una encerrada en la otra, iban coloca¬ das sobre una hermosa litera de madera, la cual tenía más de cuatro canas de largo modo de una escala, y ésta cubierta, y toda la dicha litera iba cu¬ a bierta de paño de grana, y estas dos cajas, una dentro de la otra, que un estaban sobre dicha litera, iban cubiertas de una media tumba, y la media tumba iba cubierta de un rico y muy suntuoso palio de velludo aterciopela¬ do negro brocado de oro y de nueva obra, todo nuevo y muy soberbio, adornado el palio en todo su alrededor de diversos escudos de armas reales, esto es, de las armas de Aragón, de Navarra y de Sicilia. Y sobre este pa¬ lio, esto es, a la cabeza de litera, había un almohadón brocado de oro, esta y sobre el almohadón real, un cetro y un pomo de oro, y enci¬ una corona ma de la litera había una dalmática real, manípulo y estola, todo muy sun¬ tuoso y de gran valor, y además tendida la espada del señor Rey.» Debajo de la litera doce criados vestidos de paño negro la llevaban a cuestas, y en torno de ella, por la parte exterior, simulando llevarla, iban veinticuatro entre concelleres, caballeros y ciudadanos, todos vestidos de márragas con sus capirotes de la misma ropa, y delante de ellos, con igual traje, el camarlengo mayor, y en los cuatro ángulos otros tantos canónigos de la Seo con capas de fino paño forradas de pieles de vero, grises negro, y blancas. 112 HISTORIA Y ARQUITECTURA Detrás de la litera real tres reyes de heraldos, cubiertas las armas o cabezas y vestidos de márragas, y sobre ellas llevaba cada uno su cota de armas: de Aragón, Navarra y Sicilia. Seguía un noble a caballo, todo él y la montura cubiertos de márragas, «y sobre el yelmo llevaba un bello timbre ricamente dorado, en el cual había una corona real rematada por el murciélago divisa de los Reyes de Aragón, muy bien labrado y dorado, y sobre el hombro izquierdo llevaba una lanza de la que pendía espaldas aba¬ jo un rico guión o estandarte vulgarmente denominado estandarte de las armas reales, oriflama, y en el brazo izquierdo llevaba un real escudo con las predichas armas.» Venían después, también vestidos de márragas, cua¬ tro «ujieres de armas» del Rey llevando cada uno en el brazo respectivo los escudos «oriflamas» de Aragón nuevo, de Navarra, de Aragón antiguo, azul con crucecita blanca en un ángulo, y de Sicilia, y seguía todo el per¬ sonal de la Casa Real, cubiertos cabeza y cuerpo asimismo de márragas. Finalmente llega el duelo propiamente dicho, largo, interminable, pre¬ cedido por tres Concelleres de la ciudad con sus maceros; princesas y prín¬ cipes, hijos naturales del rey, las autoridades superiores, arzobispos, lugar¬ tenientes de gobernadores, diputados, prohombres, abades, alcaldes reales, cónsules de mar, y toda clase de oficiales del rey y de la ciudad: todos de gran luto, vestidos de márragas los barones, y de negro luto las princesas. Al final del duelo las damas nobles, precedidas de veinte parejas de hombres servidores cubiertos de márragas, y ellas de dos en dos, vestidas asimismo de márragas o «con mantos y alberinas y velos negros.» La tétrica procesión hace su largo curso por las calles de la ciudad, en su camino atraviesa por el interior las iglesias, como la de Santa María del Mar en Barcelona, y por fin va a depositar otra vez el cadáver en la Cate¬ dral en la «capilla ardiente.» La «capilla ardiente» era el edículo provisional de pies derechos o co¬ lumnas y una cubierta totalmente erizada por arriba de centenares de ci¬ rios encendidos (seiscientos en el de Juan II), que se ponía sobre el cata¬ falco en que se exponía, así en la Catedral de Barcelona como en la iglesia de Poblet, el ataúd o el cadáver real. A los cuatro ángulos colocaban los varios escudos y banderas reales, debajo de la cubierta un rico pabellón que solía ser de terciopelo labrado azul «con grandes orlas de follajes, alcar¬ ehofas y cardos de oro fino,» y en el centro un grande escudo de armas rea¬ les «oriflama.» De cada uno de los cuatro lados de la cubierta pendían sen- MONASTERIO DE POBLET.-SECCIÓN LONGITUDINAL POR EL CLAUSTRO Claustrillo Archivo y Tesoro Gran dormitorio Iglesia mayor Palacio Real Escalera y FalacioiRsal Torre Cámaras Reales Enfermería antigua de la Enfermería Sala capitular Claustro Nave de los lagares iíb la Puerta Real Capilla funeraria de San Esteban Cripta con pudridero m ^-is ?il ■ ' 'S^^i^asS Mí .OíSl^/·ss·h :- ■p'í^í·í··^ ^?i^, . -. aBf3^«^i}iâfcètiâ6»i^.i.^âÈKÎ^Hfc»'*6îàà'âèày: ,-__-^>~snrii»:j«»·m,»=>«íító-';:V:tSliOí4.·4SiS.i,>«|Ç·*VS3>·-5·-5c"JSiU··^^' -• ' T>·"'.·ix.JiiVV. -ii Í-^ü Ki^ m^i W ^^psiS-stS fegssa 1^^- .:jg^ -^É DEL MONASTERIO DE POBLET dos paños también de terciopelo labrado de oro con los escudos de la Casa Real flanqueados de los de las casas soberanas con ella emparentadas: en el de Juan II había los del Imperio, Castilla, Francia, Inglaterra, Hungría, Provenza, Nápoles, Portugal, Borgoña, Bretaña, Ferrara y Montferrato, al lado de los propios, o sea de Aragón-Cataluña, Navarra, Sicilia y antiguo de Aragón. Los Oficios de cuerpo real presente en la Catedral solían ser largos: los dedicados a Juan II duraron desde el sábado 30 de enero de 1478 has¬ ta el jueves 4 de febrero: Oficios de pontifical, largos sermones de oradores sagrados, responsosy salmos, visitas de magnates, velas de canónigos y pro¬ hombres... Finalmente, en otra procesión solemne, semejante a la de con¬ ducción a la Catedral,el cuerpo del Rey llevado hasta la puerta de la era ciudad y allí se hacía la entrega del real cadáver al Abad y a la Comunidad de Poblet. Presididos porla Cruz alzada, el Abad con báculo y mitra y los monjes esperaban el cadáver, cuando la entrega se hacía en Barcelona, en la iglesia y puerta de San Antonio: allí llegaba la procesión ciudadana, con las numerosas cruces procesionales, reales banderas y escudos, lumina¬ rias en bancos y en blandoneras, y la multitud de la Casa Real, clero y toda clase de oficiales y cortesanos. Ante todos públicamente, con acta notarial, el Heredero y los Alba- ceas reales dicen al Abad y monjes que les «entregan aquel cuerpo que es de tal rey o reina,» y si el Abad así lo manifiesta, «han de mostrarles ocu¬ larmente el cuerpo,» y asimismo han de entregar las banderas y escudos, el estandarte y el timbre reales, el estoque de coronación y la caja en que yace el cuerpo con el paño de oro para cubrirla en Poblet, y tener dispues¬ tos un centenar de hombres que de doce en doce, cada cuarto de hora, se vayan relevando para llevar a cuestas, todo el camino, el cuerpo real, ro¬ deado de su luminaria, hasta el Monasterio. Entonces por jornadas se emprendía también ceremoniosamente la a Poblet en forma de solemne conducción cabalgada. Precedían a la litera con el cuerpo real los frailes de Poblet con su Abad, y a veces también los de Santes Creus, de la misma Orden cisterciense: todos vestidos con sus finos hábitos y cogullas, blancos, dedos en dos, todos a caballo, enarbolan- do el primero la cruz procesional delMonasterio, salmeando continuamente ya unos, ya otros. Alrededor de la litera mortuoria debían ir las banderas reales alzadas, detrás del ataúd y sobre su cabecera un paje ha de enarbo- 16 114 HISTORIA Y ARQUITECTURA lar el estandarte llamado tallamar y el timbre o yelmo con la cimera real. Cuatro ujieres de cámara han de llevar los cuatro paveses o escudos reales, como siempre: de Aragón-Cataluña, de Navarra, de Sicilia, y el de la cruz blanca en un ángulo del campo azul, supuesto antiguo de Aragón. Todo el personal portador de las insignias ha de ir vestido de márragas. En la ca¬ balgada funeraria de Juan II iban delante del féretro dos gentileshombres a caballo «que llevaban dos grandes linternas, y detrás de esta litera iban otros dos a caballo que llevaban otras dos linternas,» con sus «blandonci- llos» en el interior encendidos. Detrás de todo el duelo, también a caballo, príncipes, obispos, abades, nobles y grandes funcionarios palatinos. En los cortos ybrumosos días primeros de febrero nos señala seca¬ mente Carbonell el liltimo viaje del cadáver de Juan II con la fúnebre ca¬ balgada de frailes blancos encapuchados, de príncipes y nobles vestidos y encapirotados de márragas, con cruces, banderas y escudos y tallamar, con linternas a caballo y ciriales en torno: de las puertas de Barcelona al mo¬ nasterio de Valldoncella, de aquí a Martorell, Villafranca, Vilarrodona, Montblanch..., a Poblet. Se ve la obscura cabalgada tétrica pasando el Llo¬ bregat en la barca, triscando en la bruma por la sierra de Ordal, pasando en la obscuridad, como aparición de leyenda, en plena lluvia, por barrancos de «muchas aguas,» entrando en Villafranca «muy tarde ya de la noche...,» o subiendo en mitad del día las escarpadas soledades de Coll-de-Cabra. Al paso por las poblaciones tañen las campanas, salen la cruz y la cle¬ recía y funcionarios en procesión de gran duelo, con gran luminaria, a re¬ cibir el cadáver real, a rendirle honores y a salmear oraciones. En las vi¬ llas donde se detiene o descansa el duelo, es conducido el cuerpo real a la iglesia, puesto en un catafalco rodeado de ciriales, banderas e insignias. Abiertas toda la noche las puertas, iluminada la iglesia, a cada uno de los cuatro ángulos del catafalco salmea en alta voz un fraile encapuchado... Cada mañana, antes de reanudar la marcha, se reza o canta solemne Oficio de difuntos, a veces con oración fúnebre... El camino de conducción de Juan II duró desde el 4 al 10 de febrero. A la llegada a Poblet otra solemne procesión espera el cadáver real, al pie de la Cruz, en la primera entrada del Monasterio. El arzobispo de Ta¬ rragona y patriarca de Alejandría, Pedro de Urrea, presidía la que recibió el cadáver de Juan II, vestido de gran ceremonia, acompañado de ministros DEL MONASTERIO DE POBLET 115 llevando los atributos: figuraban en ella todos los monjes, frailes conversos, donados, nobleza, funcionarios, concurrencia de la comarca... Cubierto el cuerpo real con el «gran palio de brocado de oro,» entre cantos funerarios y tañendo todas las campanas, entra en el Monasterio y es llevado a la iglesia: allí, entre el coro y el altar mayor, en el centro del crucero y de las tumbas reales, hay dispuesto un gran catafalco: nobles y gentileshombres su¬ ben a él el cadáver, alrededor se colocan las banderas, los escudos, el talla- mar en la cabecera. La iglesia, el catafalco, la «capilla ardiente» están pro¬ fusamente iluminados. Las Funeralies insisten en que «el Heredero,» rey o manumisor, ha de ser espléndido en este particular: citan como ejemplo que cuando el infante «Fortuna» llevó el cadáver de su padre el infante Enrique, hermano de Juan II, a la sepultura de Poblet, «llevó de su parte paso de mil cirios,» y si así lo hizo un simple Infante, mucho más debe ha¬ cerse por un rey. «Y si sucediere — dicen las Funeralies el día que el cuerpo llega¬ — que se a Poblet no estuviese hecha la capilla ardiente ni se pudiese decir Misa, entonces aquel día diga el Convento Vísperas solemnes de difuntos, y di¬ chas aquéllas, cántese un responso allí donde esté el cuerpo, y el abad res- ponsee. Mientras se rezan las Vísperas de difuntos, el camarlengo con los ujieres han de colocarse en dos sitios dentro del Monasterio, esto es, el pri¬ mero en la parte de la Cocina del Convento, el segundo a la Puerta Real, la cual ha de cerrarse, y los que están dentro preguntar a los que están fuera si han visto al Rey, y aquéllos contestan que no. Los de dentro les pregun¬ tan qué es del Rey. Responden los de fuera que ha muerto, y entonces abran la puerta y salgan arrastrando las banderas. Y de aquí se dirigirán a las plazas y harán lo mismo, correrán y arrastrarán las banderas reales y romperán los escudos, y los monteros con algunos perros harán la ceremo¬ nia y duelo acostumbrados. Y terminado que esté el responso de las Víspe¬ ras, entren a pie con las banderas reales dicho camarlengo y los demás con los escudos, y los monteros con los perros, en la iglesia por la puerta de la Galilea, la cual estará cerrada cuando vayan a entrar, y hagan allí mismo lo que hicieron en la Puerta Real, y así entren arrastrando las banderas y rompiendo los escudos, y hagan los monteros su duelo acostumbrado, cada uno de éstos haga lo que ha de hacer en orden y como le corresponde. Asimis¬ mo los dichos camarlengo y ujieres, al día siguiente, antes que comience la Misa, correrán y arrastrarán banderas y romperán escudos, y los monteros HISTORIA Y ARQUITECTURA harán su duelo con los perros en los lugares ya dichos y en la iglesia, y esto hecho, comiéncese la Misa y prosígase el Oficio y sermón. Mientras el Ofi¬ cio y las exequias se hacen, los criados del difunto deben situarse alrededor del cuerpo, vestidos de márragas... El mismo día, cuando el Convento haya rezado Completas, el cantor ha de hacer que algún monje diácono, sin re¬ vestirse, vaya donde está el cuerpo, con la Cruz alzada, y se sitúe cerca del catafalco, y otro que lleve el agua bendita, y el convento esté en el coro en la parte de la Misa y el cantor entone un responso o Libera me. Domine, o lo que le parezca, y dicho aquél lentamente y no muy alto, sino a media voz, el Abad hisopee el cuerpo con agua bendita, y lleve una estola sobre de la cogulla, y dichos Kyrie eleyson y Pater noster por el convento, haga su res¬ ponso y diga las Colectas que le parezca, y hecho esto, dé el Abad el agua bendita por este orden: que la tomen primero el Rey y la Reina y el Prín¬ cipe y todos los hijos e hijas del Rey presentes, y si hubiere algún Carde¬ nal o Arzobispo, éstos, después de haber tomado el agua bendita, colóquen- se cerca del Abad y entonces salga el convento y suban todos al dormito¬ rio. Y después tómenla los otros seglares, y todo esto hecho, aquella noche, cuando hayan tocado a recogida, el sacristán haga tocar todas las campanas solemnemente. Si el que ha de enterrarse es Rey, haga tres toques; si fuere Reina, haga dos toques, pero procure que entre los toques haya una pausa razonable. Y asimismo haga tocar de madrugada antes del día... »E1 siguiente día, que es el día en que ha de enterrarse el cuerpo..., cuando el sacristán comprenda que sea hora de comenzar el Oficio, haga tocar a Misa solemnemente todas las campanas tres veces..., y hecho esto, enciéndase toda la iluminación de la iglesia. Y llegado el Rey a la iglesia, a la cual ha de ir vestido de márragas con el capirote en la cabeza, con todos los grandes, colóquese en la capilla que le haya sido dispuesta...: que no haya paño de oro ni de ningún color, ni se le ponga sitial de brocado ni de seda, sino que se cubra dicho sitial de márragas..., y no estarán con él sino... dos príncipes, o, a falta de ellos, dos barones... Y semejantemente venga la Reina con el manto en la cabeza y vestida de márragas, y todas las demás que vengan con ella, y métase en su capilla así acompañada: que no haya con ella sino su capellán mayor y dos princesas o damas, y la capilla dis¬ puesta como la del Rey. Todos los otros prelados, barones y ciudadanos estén abajo del presbiterio y por las gradas del catafalco, cada cual en su grado. Y si allí se encontrasen algunos nietos o sobrinos del Rey que sean DEL MONASTERIO DE POBLET 117 mancebos, deben colocarse en el catafalco cerca del cuerpo, vestidos con márragas, y alrededor del catafalco deben estar los criados del rey vestidos con márragas, con los capirotes en la cabeza... » Venidos el Rey y la Reina y toda la demás gente a la iglesia, el sa¬ cristán haga encender toda la luminaria de la iglesia, y entonces el cantor comience la Misa de Requiem, y el Abad, vestido de pontifical con los me¬ jores ornamentos de difuntos del Monasterio, y con sus ministros, vaya al altar mayor y prosiga su Misa y hágase solemne sermón; en esta Misa el Rey ofrece mil sueldos o más, los cuales han de llevarse en un plato de plata con cuatro antorchas encendidas, que han de llevar cuatro pajes del Rey vestidos de márragas con los capirotes en la cabeza, y dicho plato ha de llevarlo algún hombre de los principales de la Casa del Rey. Y además deben ofrecer cuatro platos grandes de candelas gruesas de cera, las cuales lleven cuatro hombres todos vestidos de márragas con los capirotes en la cabeza; los platos en que irá dicha ofrenda no son de la Sacristía, sino que se restan al Rey. Y mientras la ofrenda se hará, los monteros con sus pe¬ rros hagan el duelo acostumbrado. Es, empero, muy de notar que si al ser el Rey o Reina que se entierra llevado a Poblet, en donde ha sido guarda¬ do hasta dicho día, no se le hizo en Poblet la capilla ardiente, en tal caso en esta Misa se le debe hacer la capilla ardiente, y dicha la Misa, enterrarlo según abajo diremos... »Acabada la Misa, deje el Abad la casulla, vístase una capa y el diᬠcono tome la cruz, el subdiácono el hisopo, y un monje la caldereta del agua bendita, y otro el incensario, y póngase el Abad en su sitio con sus ministros y ceroferarios, y estando el convento en el coro, y los frailes en las sillas bajas, cante el convento los tres responsos que se acostumbran a los muertos, y a cada responso se diga Kirie eleyson, Pater noster, y las Co¬ lectas que al Abad y al cantor parecerá, y acabados dichos responsos ento¬ ne el cantor el responso Chorus angeloruni, y algún monje entone hi exihi Israel de Egipto, y digan todos aquellos salmos que decimos cuando sepul¬ tamos algún muerto. Mientras se dicen dichos salmos, los mayores barones que allí se encuentren tomen el cuerpo del catafalco y llévenlo allí donde está la sepultura, y cuando estará a la puerta de ésta, cuatro monjes diáconos re¬ vestidos con dalmáticas, los que el Abad ordene, tomen el cuerpo de allí donde está, y hecho por el Abad lo que ha de hacerse, así en rezar oracio¬ nes como en otras cosas, llegada la hora los dichos monjes coloquen el n8 HISTORIA Y ARQUITECTURA cuerpo dentro de la sepultura y pónganle el cetro en la mano diestra si es rey, y ciérrenla inmediatamente. Y hecho todo esto, y acabados los salmos por el convento, entone el cantor Chorus angelorum y después Cle77ieiitissi- 77ieDo77íine, y el Abad diga luego las Colectas acostumbradas. »E1 dicho día, efectuado el dicho entierro, el limosnero del Rey no ponga en olvido la limosna de los pobres, antes, así que estén termina¬ dos las exequias y el entierro, dé limosna a todos los pobres que se en¬ cuentren en el Monasterio, esto es, que les haga dar comida razonablemen¬ te y a cada uno dé limosna en dinero para que rueguen por el alma del di¬ funto...» El cronista Carbonell extiende se algo más al relatar la entrega y se¬ pultura de J uan 11 ; pero, como buen predecesor de los actuales periodistas, dice algo que no podía ser muy cierto, como es que colocasen el cadáver en la tumba a los pies de la de Fernando de Antequera, sobre el arco real, por¬ que la tal tumba de Juan II no estaba entonces construida, ni lo fué hasta veinte años más tarde (mayo de 1499), después de serias comunicaciones de Fernando el Católico, quien, por otra parte, nunca se acercó a presenciar el sepultamiento de sus padres y hermana, ni ordenó hacerles grandes cere¬ monias, constando en el acta que se le envió que no estaban presentes más que la Comunidad, algún testigo vecino y el maestro Morlán o Morlá de los sepulcros reales. Para la entrega del cuerpo real a Poblet parece que mediaba un acto de reconocimiento previo del cadáver. El camarlengo Rodrigo de Rebolle¬ do, que hizo la entrega del cuerpo de Juan II, manifiesta en presencia de la alta concurrencia al Abad electo, Juan Estanyá, que por su cargo y como manumisor del Rey ha llevado el cadáver para que sea colocado entre los de los otros gloriosísimos Reyes de Aragón. El Abad contesta que no pue¬ de recibirlo, ni dar crédito ni fe, ni dar cuenta de ello al Rey, ni tener el cuerpo por recibido, sin que se les muestre y lo atestigüen los presentes; «Mostrádnoslo, y visto que lo hayamos, lo tendremos por recibido, y no de otra manera.» Mosén Rodrigo de Rebolledo hace abrir las cajas y muestra el cadáver; pero como ya estuviese muy descompuesto, el Abad, volvién¬ dose hacia las ilustres personas y los prelados y nobles de la Casa Real, les ruega y requiere que digan si saben que el cuerpo presente es del rey Juan. Con la afirmación y confirmación de todos los presentes, manifiesta que recibe el cadáver en nombre del Convento, levantando cartas públicas Restos de las cabezas de las estatuas yacentes de los Reyes de Aragón: i, 2, 3, Museo Provincial de Tarragona; 4, en el Monasterio DEL MONASTERIO DE POBLET 121 mosén Guarino de Novellis, presbítero del cabildo de la Seo de Gerona, notario y secretario de este Obispado. De lo que dicen las Funeralies se deduce que el cadáver quedaba en depósito en una cámara con puerta y cerrada perfectamente, en donde de¬ bía podrirse antes de poner la osamenta en los sepulcros dentro de la igle¬ sia. Una carta de J uan I a Pedro Sacosta, uno de sus secretarios, revela la misma costumbre en la Catedral de Barcelona; habiendo resuelto llevar el cadáver de Pedro IV a Poblet, le ordena «que de noche secretamente reco¬ nozcáis si el cuerpo del señor Rey nuestro padre hiede aún y en qué esta¬ do está. Y esto lo decimos — añade - por el traslado que se ha de efectuar.» Pedro IV murió a primeros de enero de 1385 y la carta es del 19 de no¬ viembre de 1387. También Juan I dió varias veces instrucciones para ha¬ cer esta hasta Finestres, fundado en ellas, la describe como traslación, y hecha el día señalado, 25 de mayo de 1394; pero tampoco ésta se realizó en sino hasta mucho después; el rey Martín trataba aún de hacer la sepultura de Pedro IV en Poblet 1397 y 1400, junto con las de su hermano el rey en Juan I hermana Juana, condesa de Ampurias (i). y su En la Catedral de Barcelona y en Poblet hay cámaras subterráneas con bóveda gruesa a propósito para estos depósitos provisionales de podredura: en la Catedral de Barcelona debajo del coro, en Poblet debajo de la capilla de San Esteban, inmediata a la antigua Enfermería, capilla a la que ya atri¬ buyen carácter funerario documentos del siglo xiii. La cámara debajo de ésta es doble, se puede aislar una parte de otra tapiando una puerta, y la sección mayor tiene un respiradero exterior por el grueso de la muralla, hacia ,el exterior de los huertos. En lacapilla primitiva de Poblet, llamada de San Esteban, se celebra¬ ba la Misa cotidiana de difuntos prescrita por el Ritual cisterciense. Elvira, condesa de Subirats, primero esposa de Ermengardo VIII de Urgel, y des¬ pués de Guillermo de Cervera, el célebre conceller de Jaime el Conquista¬ dor, dejaba en 1212 renta para mantener la lámpara encendida en esta ca¬ pilla, y poco después, en 15 de marzo de 1213, cedía la granja Funcada para mantener al sacerdote y dos ministros que habían de celebrar la Misa cotidiana de difuntos en la capilla, con la condición de que se le dijese una Colecta en la misma Misa (2). (1) Coroleu, Docu7nentos históricos, 105-106; Girona, Itinerario del Rey Martin, 161-163 (2) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 213. 17 122 HISTORIA Y ARQUITECTURA REYES Y PRÍNCIPES SEPULTADOS EN EL MONASTERIO En los Panteones Reales ocupaban los cadáveres los lugares siguientes: En el lado del Evangelio: I. Jaime I el Conquistador, muerto en 1276, solo; encima de la caja, por el lado de la nave, estatua yacente majestàtica; por la parte de la Sa¬ cristía estaba con hábitos del Cister. II. Pedro IV, 1387, muerto en y sus esposas sucesivas: María de Na¬ ■ varra, muerta en 1347; Leonor de M o> VS Portugal, muerta en 1348, y Leonor S 2S de Sicilia, muerta en 1375. Encima de la tumba las majestáticas del estatuas >• e sS 2S Rey y de la reina Leonor de Sicilia por A a. g el lado de la nave, y en la opuesta las otras dos reinas. as III. Fernando I Anteque¬ de ■—5 » » Sobre ez3 aa (b ra, muerto en 1416. la caja las estatuas yacentes del Rey, armado de ■H ■ INKiailE DE SEGORBE ■ punta en blanco, en la parte de la Sa¬ Situación de los enterramientos cristía, y otra con dalmática real y co¬ en los Panteones Reales rona, en la parte de la nave: al lado de ésta habla la de su esposa la reina Leo¬ nor de Alburquerque, que murió y fué enterrada en Medina del Campo (^- 1435) y nunca aquí. En cambio, en este sepulcro hizo depositar Fernan¬ do el Católico los restos del Infante Pedro, hijo de Pedro III Grande y de Constanza de Sicilia, muerto en 1296; de la Infanta Juana Constanza de Ribagorza, esposa del célebre infante Pedro y nuera de Jaime II, y de diez Infantes más de Aragón, de nombres ignorados. En los Sepulcros Reales del lado de la Epístola: 1. Alfonso II, fundador del Monasterio, muerto en 1196. Sobre la tapa, del lado de la nave, estatua yacente con dalmática real y corona de laurel, como trovador que fué, y del lado de la Sacristía nueva, otra estatua con hábitos del Cister, a cuya Hermandad el Rey pertenecía. Estatuas yacentes de los sarcófagos de las Infantas: i, Restos en el Monasterio; 2, Colección Junyent DEL MONASTERIO DE POBLET Ï2S II. Juan I, muerto en 1396, y sus esposas Marta de Armañac, muer¬ ta en 1380, y Violante de Bar, muerta en, 1430, y una hija del primer matrimonio, la Infanta Juana, Condesa de Foix. Sobre la urna las esta¬ tuas majestáticas del Rey y la reina Violante por el lado de la nave, y en la de la Sacristía la de Marta con diadema floreada en la cabeza y corona real en las manos, como simbolizando que fué esposa de príncipe real, pero que no llegó a reinar. III. J uan II, muerto en 1479, con su se¬ gunda esposa Juana Enríquez, muerta en 1468, padres de Fernando el Católico, y la Infanta Marina, su bija, muerta siendo niña. Tres es¬ tatuas yacentes: dos del Rey, una armado de Armas del sarcófago de la infanta Juana, condesa de Àmpurias, muerta en 1384. punta en blanco y otra con manto real, y la de Colores según las heráldicas catalanas. la Reina con rico vestido majestático. Debajo de los arcos reales había depositados, en cajas forradas de ter¬ ciopelo, o de otras ropas, y claveteadas, otros despojos de reyes y príncipes. En los días de grandes solemnidades religiosas se cubrían estos féretros con tapices o con paños de grana que en los últimos tiempos llevaban las armas de la Casa de Segorbe, que los había regalado. Debajo del arco de la parte del Evange¬ lio había los despojos reales siguientes: Rey Martín, muerto en 1410; Reina María de Luna, su esposa, muerta en 1406; la Reina de Hungría Beatriz de Aragón, bija de los reyes de Nápoles Fernando e Isabel, y nieta de Al¬ fonso V de Aragón, muerta en 1508, traslada¬ da a Poblet en 1671; el célebre Príncipe Car¬ Armas de Doña María de Luna, esposa del Rey Martín, en la Sala del Pala¬ los de Viana, muerto en Barcelona en 1461, cio Real. Colores según las heráldi¬ cas catalanas. trasladado en 1472; de su cadáver se tenía sepa¬ rado en santa veneración un brazo en la Sacris¬ tía, y un dedo en el Priorato de San Vicente, de Valencia; y el Infante Pedro, Duque de Noto, en Sicilia, hermano de Alfonso V, muerto de un balazo en el sitio de Nápoles (a. 1438), trasladado a Poblet en 1671. 126 HISTORIA Y ARQUITECTURA Debajo del arco real del lado de la Epístola; el Príncipe Juan de Ara¬ gón, hijo de Fernando el Católico y de su segunda esposa, Germana de Foix, presunto heredero de los Estados de Aragón, muerto luego de naci¬ do (a. 1509); el Infante Alfonso de Aragón, hijo natural de Juan II y de Leonor de Escobar, Maestre de Calatrava, Conde de Ribagorza y primer Duque de Villahermosa, muerto en 1485. En diferentes lugares de la iglesia había: en el brazo derecho del cru¬ cero o del Evangelio, en un sepulcro hoy subsistente, de forma igual a los sepulcros reales, con estatua yacente de hábito cisterciense, la Infanta Juana de Aragón, Condesa de Ampurias, hija de Pedro IV y de María de Navarra, su primera esposa, muerta en 1384; en los muros de la capilla de San Benito, en sendos sepulcros pequeños, habla otros cuatro hijos del mismo rey, o sea: el Infante Pedro y la Infanta María, del primer ma¬ trimonio con la sobredicha María de Navarra, y los Infantes Pedro y Al¬ fonso, del tercer matrimonio con Leonor de Sicilia; en el muro de la Sa¬ cristía, al fondo del brazo derecho del crucero, había otros cuatro sepulcros pequeños correspondientes a otros tantos hijos de Juan I, o sea: el Infan¬ te Juan, hijo de su primer matrimonio con Marta de Armañac; los Infan¬ tes Jaime y Fernando y la Infanta Leonor, de su segundo matrimonio con Violante de Bar, y en el brazo opuesto del crucero, o de la Epístola, otro sepulcro semejante mandado hacer por el rey Martín para su nieto el Infante Pedro Fadrique de Sicilia, hijo del rey de Sicilia e infante de Aragón Martín el Joven y de la reina María de Sicilia. La serie larga, el depósito de despojos reales, queda interrumpida en el siglo xv y comienzos del xvi: la cierra el traslado del Infante nacido Juan, hijo de Fernando el Católico y de Germana de Foix, último retoño de la Casa de Aragón y motivo de una de las últimas mudanzas del Rey Católico para seguir la división ibérica y la vida independiente de los Esta¬ dos levantinos: con él se entierra la antigua y gloriosa historia. Ciento se¬ senta años más tarde tienen los enterramientos reales de Poblet una especie de epílogo. Pedro Antonio de Aragón, de la Casa de los Duques de Segor- be, virrey de Nápoles, logra en 1671 conducir a Poblet los despojos del Rey Alfonso V de Aragón, muerto en aquella ciudad (a. 1458). Al pie del pilar del crucero inmediato a los sepulcros reales, del lado del Evangelio, había hecho construir una lujosa tumba de alabastro, con estatua orante, de atributos reales, bajo de dosel dorado y carmesí, hoy casi totalmente des- DÈL MONASTERIO DE POBLET 12g aparecida. En el pilar simétrico, del lado de la Epístola, hizo construir el mismo magnate Pedro Antonio de Aragón otra tumba semejante, también con estatua orante y dosel, para su antepasado el Infante Enrique de Aragón, primer Duque de Segorbe, hermano de Alfonso V, y como él hijo del rey Fernando de Antequera y de la reina Leonor, muerto en 1445 y colocado en esta nueva sepultura, hoy también totalmente destruida, el año 1673. 18