POBLET PANTEÓN DE LA CORONA ARAGONESA HERÁLDICA SEPULCRAL ERIE ABACIAL. — Los Abades pevpetuos de Poblet, según el Pa¬ dre Finestres, historiador del Monasterio, son los siguientes: Año 1151, Esteban. —A. 1152, Vidal.— A. 1153, Ge¬ rardo. A. II54, Grimoaldo. — A. 1160, Esteban II de San — Martín.—A. 1166, Hugo.-A. 1180, Esteban III Droc.- A. 1185, Pedro de Talladell. - A. 1188, Esteban IV.-A. 1190, Pedro II de Massanet. A. 1196, Arnaldo Amalrich. —A. 1198, Pedro III de Con¬ — cabella.—A. 1204, Pedro IV de Curtacáns. - A. 1215, Arnaldo II de Eile- 11a. — A. 1221, Ramón de Hostalrich. — A. 1224, Ramón II de Cervera.— A. 1229, Arnaldo III de Gallart.— A. 1232, Vidal II de Alguayre. - A. 1237, Simón Gimeno o Semeno. — A. 1237, Ramón III de Sisear. — A. 1238, Ramón IV Donato.— A. 1241, Vidal III.—A. 1243, Domingo de Semeno. — A. 1246, Berenguer de Castellets. — A. 1254, Arnaldo IV de Prexens.— A. 1268, Arnaldo V de Uliola. — A. 1276, Bernardo de Cervera. — A. 1288, Guillermo de Estañol. — A. 1297, Egidio de Rosselló.— A. 1302, Pedro V de Alferich. — Andrés de Timor.— A. 1316, Poncio de Copons.— A. 1312, A. 1348, Bernardo II de Palacio (Palau?).— A. 1348, Arnaldo VI de Exa- mús. A. 1361, Guillermo II de Agulló. — A. 1393, Vicente Ferrer. —A. - 1409, Jaime Carbó. - A. 1413, Juan Martínez de Mengucho. — A. 1433, Guillermo III de Queralt. — A. 1435, Miguel de Roures. — A. 1437, Barto¬ lomé Conill.-A. 1458, Miguel II Delgado.—A. 1478, Juan II de Estañá. ACJmoundfiunafreiasts, la Sarcdófego DEL MONASTERIO DE POBLET — A. 1480, Juan III Payo Coello. A. 1499, Antonio Buada. — A. 1502, — Domingo Porta.—A. 1526, Pedro VI de Caixal. — A. 1531, Fernando de Lerín. A. 1545, Gabriel Forés. — A. 1546, Pedro VII Boqués. —A. 1564, — Juan IV de Guimerà. — A. 1583, Francisco de Oliver. — A. 1598, Juan V Tarros. A. 1602, Simón II Trilla (1). — Abades por cuadrienios. — Miguel Merola, a. 1628. — Domingo Quiles, a. 1632.— Miguel Mayor, a. 1636,— Jaime Pallarès, a. 1640.— Rafael Llo¬ bera, a. 1644. — *Jaime Pallarès, a. 1648. — *Rafael Llobera, a. 1652.— José Sanz, a. 1656. — Joaquín Arbolí, a. 1660. — Antonio Rosell, a. 1664. —José Reduá, a. 1668. -'-'Antonio Rosell, a. 1672.-José Serra, a. 1677. — "'"'An¬ tonio Rosell, a. 1680. - Vicente Prada, a. 1684.-José Tresánchez, 1688.— Pedro Virgilio, a. 1692. —Pedro Albert, a. 1696.-José Rosers, a. 1700.— "'José Tresánchez, a. 1704. — Francisco Dorda, a. 1708. — Vacante, prior: Baltasar Fontanilles, a. 1713. —José Escuder, a. 1716. - Baltasar Sayol, a. 1720.-"'Baltasar Fontanilles, a. 1724.— "'Baltasar Sayol, a. 1728. —Félix Genover, a. 1732.Baltasar Sayol, a. 1736. — Francisco Fornaguera, a. 1741. — José Antón Lladó, a. 1744. -'-'Francisco Fornaguera, a. 1748.— Pedro Perellada, a. 1752. - Miguel Cuyás, a. 1756. - Agustín Oliva, a. 1760. — "'Miguel Cuyás, a. 1764.—José Baldrich, a. 1768.—José Beltrú, a. 1772. -José Fibla, a. 1776. - José Güell, a. 1780. - Sede vacante, a. 1784 - José Salvadó, a. 1786.— A. Vázquez Varela, a. 1790.— Pedro Sarerols, a. 1797. -José Sabater, a. 1800. — Antonio Mas, a. 1804. — Joaquín. Casanovas, a. 1808.— José Barba, a. 1813.—Jaime Pamies, a. 1819. — Esteban Torrell, a. 1821 (depuesto). — Vacante. - "'José Barba, a. 1823.-*Esteban Torrell, a. 1825-1826. — José Queralt, a. 1831. — Sebastián Gatell, a. 1834. —Ex¬ claustración, a. 1835. A imitación del rey Alfonso II, muchos magnates de los siglos xii y XIII disponen su enterramiento en Poblet. Acompaña a la disposición tes¬ tamentaria un donativo cuantioso al Monasterio, de tierras, castillos, casas, villas, o derechos señoriales, de objetos, joyas y armas, o del caballo de ba¬ talla, como el del noble de Puigvert, o bien sencillamente en dineros. Las tumbas son sencillísimas: unas cajas pétreas, lisas, puestas en tie- (i) Finestres, obra citada, libro IV. 132 HISTORIA y ARQUITECTURA rra en el Cementerio, arrimadas al pie exterior del muro de la iglesia, con tapa de una sola vertiente, generalmente sin ninguna decoración ni inscrip¬ ción; o si acaso, ligeramente dibujada en talla la señal heráldica primitiva de la Casa o del alto cargo. Posteriormente algunas de estas cajas antiguas fueron colocadas sobre modillones escalonados, de piedra, en la pared de cerca más moderna del Cementerio, o bien los hicieron en el siglo xiii en la pared de la galería occidental del claustro, sobre unas medias columnas que les sirven de modillón, o, a principios del siglo xiv, sobre unas ménsu¬ las o escalones de la Galilea. En las capillas de la iglesia existían otras, abiertas en el suelo llano, como dicen las escrituras, también sin inscrip¬ ción, o bien con una señal heráldica o del cargo, lisamente entallada en el plano de la losa. En las ruinas que rodeaban al Cementerio se han encon¬ trado unos elementos de sepultura en tierra: son unos tambores pétreos, circulares, llanos, eregidos probablemente sobre un pequeño soporte: en una de las dos caras llanas del tambor o disco hay constantemente una cruz florenzada; en la otra, lisamente entallado un escudete heráldico, en forma apuntada generalmente, inscripción, como perteneciente al siglo xiv. o una Desde comienzos de siglo las tumbas pétreas en el Claustro, y este más en la iglesia, se hacen con mayor ostentación. Las urnas en los muros del Claustro se cubren de arenaciones, escudetes y hojas; en la iglesia se ven ya tumbas sobre pedestales o columnas, con estatua yacente, como la de Puigvert. Transcurrido el medio siglo, Pedro IV, hacia 1359, piensa en eregir panteones monumentales para los reyes de Aragón Alfonso II y Jai¬ me I y para el propio rey y las tres esposas que había tenido. En un prin¬ cipio con el maestro Aloy proyecta una disposición semejante a los pan¬ teones reales de Santes Creus, pero con dos edículos debajo de cada arco lateral del crucero; pero, no habiendo suficiente espacio, se piensa en cons¬ truir los arcos rebajados hoy existentes, dejando paso libre por debajo, y sosteniendo encima de estos arcos, todavía existentes, tres panteones rea¬ les por lado, esta' solución, o el hacerla monumental, al maes¬ y se encarga tro Castelló de Lérida (a. 1370). Estos panteones se hicieron con cajas de alabastro decoradas con arenaciones y figurillas numerosas y policromadas, simulando escenas funerarias, y sobre las cubiertas, con múltiples estatuas yacentes de los soberanos y de sus esposas, bajo doseletes de madera do¬ rados y policromados: hoy todo quemado, o trinchado y desaparecido. Los seis panteones no se completaron hasta los tiempos de Fernando el Cató- DEL MONASTERIO DE POBLET 135 lico, quien hizodestinar el último a sus padres Juan II y Juana Enríquez (a. 1498). Correspondían los seis sepulcros a los reyes Alfonso 11, Jaime I, Pedro IV, Juan I, Fernando de Antequera y Juan II. Son los últimos en¬ terramientos reales en Poblet. En época de decadencia de Cataluña, en el siglo xvii, la Casa de los Duques de Segorbe y Cardona, descendiente de la de Aragón por el prín¬ cipe Enrique, hijo de Fernando de Antequera, se constituyó en protectora de Poblet y tomó sitio debajo de los panteones rea¬ les para sus antepasados y para los despojos reales que no tenían sepultura. Hizo tapar con una deco¬ ración de cariátides, escudos y emblemas, esculpi¬ dos enalabastro, el hueco inferior de los arcos rea¬ les, dejando una puerta de paso en medio de cada uno, y después construyó al pie de los pilares sen¬ das sepulturas para Alfonso V, cuyo cadáver tras¬ ladó desde Nápoles, y para el príncipe Enrique, fundador de la Casa de Segorbe. Sin los registros de enterramientos que se lle¬ vaban en Poblet, copiados y recopiados, no ten¬ dríamos asignación posible para las tumbas de los la fosa, las con de Angle¬ armas sola, y en el anverso la cruz tri- insignes varones allí sepultados. Así han podido pomea (siglo xiv). llegar reconocidos hasta nosotros, si no sus ceni¬ zas, los sitios, los sepulcros en que descansaron largos siglos sus despojos mortales. El P. Finestres nos da un extenso resumen de todos y pormenores los entierros efectuados cada abadiato: en probable que estas notas estén es sacadas de otros registros anteriores, principalmente del Maestro Vallespi- nosa, Ltber de receptis tam ad sepulturam quam ad habitum, que cita varias veces. Comienza la serie de enterramientos la de los magnates numerosa de Alfonso II y de la minoría de Jaime I. Hay en esta primera serie una so¬ lución de continuidad en tiempo de la muerte de Pedro el Católico. Así como éste tenía dispuesto su enterramiento en nuestro Monasterio, y muer¬ to en Muret, fué recogido por los Hospitalarios y llevado a su iglesia de Tolosa y después al Monasterio de Jijena, fundado por la reina Sancha, madre del infortunado monarca, así también muchas familias de la época se ve que repugnaron llevar las cenizas de los suyos al Monasterio del Cis- 136 HISTORIA Y ARQUITECTURA ter, cuya Orden había dirigido la cruzada contra los Condes de Tolosa, ca¬ sados con las princesas hermanas del Rey, y contra el mismo Rey, que halló allí la muerte: en Tarragona, en San Benito de Bages, en el Estany... se encuentran sepulturas de los caballeros de aquellas guerras y de religiosos ex¬ patriados de aquellas tie¬ rras, señales de la Cruz de ÉZi iü Ê Tolosa, hueca y tripomea, insignia contra el león de los Monfort, originaria del santo cruzado conde Gui¬ llermo, soberano en aquella ciudad. Esta forma de cruz, Armas de Pedro de Soler y Ramón Arrufat, según sus sarcófagos en el Cementerio de los monjes (siglo xiii). Colores según las heráldi¬ emblema patriótico en tiem¬ cas catalanas. po de la construcción del Poblet románico, que se encuentra por doquiera en los monumentos, claus¬ tros y sepulturas de la época entre nosotros, parece que estuvo aquí pros¬ cripta: no se ve en lugar ninguno de nuestro Monasterio. No obstante, pasa¬ dos, lejanos los tiempos de la guerra, vemos al mismo Gui¬ llermo de Cervera, campeón de aquella pugna, fugitivo de Muret, organizador probable de los ejércitos vengativos de catalanes que abatieron a los Monfort, cobijarse en los últi¬ mos años de su vida bajo las bóvedas de Poblet, que había visto construir Arnaldo Amal- Armas de Jaime Bas y Juan de Espuny, según sus sarcófagos en el Cementerio de los monjes (siglo xiii). Colores según las herál¬ rich, inquisidor jefe de la cru¬ dicas catalanas. zada. La elección de sepultura en Poblet por Jaime el Conquistador, la erec¬ ción de los arcos y sepulcros reales por Pedro IV y la prosecución de la mis¬ ma idea por sus sucesores hasta Fernando Católico, completan el pensa¬ miento del Panteón real y nacional en Poblet, y lo cierran el de los sepul- DEL MONASTERIO DE POBLET 137 cros de la Casa de Segorbe y Cardona y del rey Alfonso V, y del príncipe Enrique en el siglo xvii. No obstante, fuerza es indicar que, fuera de los mentados, los grandes nobles no tienen ya desde el siglo xiv la afición que tuvieron sus antepasa¬ dos a disponer sepultura en Poblet: parece que huyan de la sombra de su los Panteones reales, tanto como sus gloriosos predecesores aspiraban a compartir el terreno de sus humildes sepulturas con las lisas y desnudas ca¬ jas en donde por más de ciento cincuenta o cien años reposaron los despo¬ jos de los conquistadores de reinos Alfonso II y Jaime I. Poblet como Panteón de la Corona aragonesa no tiene tampoco nin¬ guna representación desde el siglo xv. Allí son enviados desde lejanas tie¬ rras los despojos de los que hicieron ruda guerra a los catalanes con Juan II y la reina Juana Enriquez. Los Duques de Segorbe, protectores de Poblet, en los últimos tiempos habían tenido siempre representación principal en estas luchas, desde el infante Fortuna, general de Juan II contra los catala¬ nes separatistas del siglo xv, al lado del abad Delgado, y después virrey de Cataluña, hasta el último Pedro Antonio de Aragón, general de caballe¬ ría de Felipe IV contra los catalanes separatistas del siglo xvii. SEPULTURAS DE PRELADOS Pedro Albalat, obispo de Lérida y después arzobispo de Tarra¬ de gona, muerto en el Monasterio (a. 1251), sepultado en la iglesia, muro del brazo meridional del crucero, en sepulcro tapado con yeso y decorado con insignias episcopales. Ramón de Siscar, abad de Poblet y obispo de Lé¬ - rida, muerto en 1247, estaba depositado en caja de madera, cubierta de gra¬ na, en el mismo crucero. Jaime Sarroca, obispo de Huesca, canciller de - Jaime I, muerto en 1289, en sepulcro de alabastro sobre columnillas, deco¬ rado con imaginería y con estatua yacente de pontifical, en la Galilea, ca¬ pilla del Santo Sepulcro. - Jaime Giraldí, obispo de Segorbe y después de Barcelona, Nuncio y Legado de Calixto III, muerto en Poblet y ente¬ rrado sin señal en medio del presbiterio. — Juan Giménez Cerdán, monje de Poblet, obispo de Barcelona, muerto en el Monasterio (a. 1468), ente¬ rrado sin señal en la Galilea, capilla de la Virgen. - Francisco Roures, obispo de Nicópolis, auxiliar del de Tarragona, muerto en Poblet (a. 1558), 19 138 HISTORIA Y ARQUITECTURA enterrado bajo losa en el lado de la Epístola, con inscripción del crucero, nombre, títulos y data. - Francisco Dorda, monje de Poblet, obispo de Solsona, muerto en el Monasterio (a. 1716), sepulcro empotrado en el muro de la capilla de Santa Tecla, costeada por él. — Edmundo de la Cruz, doc¬ tor de la Sorbona, monje de Claraval y abad del Cister, muerto en el Prio¬ rato de Nazaret, de Barcelona, enterrado en la iglesia mayor, debajo de los escalones del presbiterio, sin señal exterior (a. 1604). NOBLES Y PERSONAJES ENTERRADOS EN POBLET Los registros de enterramientos en el Monasterio daban listas inter¬ minables de personajes cuyos restos descansaban en Poblet; pero las noti¬ cias no son bastante precisas para las personas ni para el lugar de la sepul¬ tura; se supone que muchas de ellas fueron sepultadas en tierra, sin señal exterior, en el Cementerio o bien debajo del enlosado o enladrillado o afir¬ mado de las galerías del Claustro. De aquellas de las cuales existía una in¬ dicación precisa, o más o menos vaga, del lugar de sepultura, han hecho los cronistas de Poblet, en especial el P. Finestres, largos estados: a veces con confusiones a las que contribuyeron los removimientos de las urnas desde el siglo xiv acá; en algunas, como en las de Mosén Castellvey y del notario Soler, es evidente el desapareamiento de cajas y tapas. No obstante, se pueden precisar algo más algunas. Cardona: Berenguer de Cardona, hijo segundo de los vizcondes Ra¬ món Folch Vil y de Isabel de Urgel (a. 1170), y Ramón Folch VIII, viz¬ conde de Cardona, hijo de Guillermo Folch, vizconde de Cardona, y Gerar- da de Jorba (a. 1243). Sepultados en uno de los sarcófagos grandes de piedra, lisos, del Cementerio, detrás de la capilla de San Bernardo. Cuando Luis Ramón Folch, duque de Segorbe y de Cardona, hizo la obra de los Panteones para su familia debajo de los arcos reales (a. 1660- 1662), la prosiguió, queriendo honrar la memoria de su antecesor, el céle¬ bre Ramón Folch X, vizconde de Cardona, gran Senescal de Pedro el Gran¬ de, compañero suyo en la conquista de Murcia y defensor de Gerona contra la invasión francesa de Felipe el Atrevido. Estaba éste sepultado en un se¬ pulcro de alabastro con estatua yacente (a. 1322), colocado en el crucero al lado de la gran escalera del Dormitorio. En el mismo sitio le hizo hacer su DEL MONASTERIO DE POBLET 139 sucesor otro sepulcro más grandioso, con pedestal, urna y estatua yacente, armada de todas armas, con muchas figuras, cariátides y otras imaginerías (a. 1669), actualmente destruido. Moncada: Guillermo Ramón de Moneada. Debe estar, según los re¬ gistros tumularios del Convento, en una de las sepulturas más an¬ tiguas del Cemente¬ rio, detrás de la capi¬ lla de San Bernardo. Una de las tumbas \ \ ^ I ® " Wm más antiguas y de atri- \ JÊW bución ignorada lleva \ // 11 jó en entallado una espa- da heráldica, señal del altn rarcrn rlp 'ípnpc Armas de Manresa y Ces Cases (siglo XIll) en sus sarcófagos en el Cementerio & de los monjes. Colores según las heráldicas catalanas cal de Cataluña, vin¬ culado en los Dapifer de la Casa de Moncada. La misma señal lleva en San- tesCreus la tumba de los Moncada muertos en la conquista de Mallorca; uno de ellos tenía también el cargo de Senescal. Llevaba éste la espada real alzada delante del mo- de personajes sepul- Armas de Queralt (siglo xiv) familias en y de Ponts (siglo xiii) en los sarcófagos de sus el Cementerio de los tados a fineS del si- monjes. Colores según las heráldicas ca- ~.1~ ^rr cpmín lr>c T?íí talanas. & All, begun IOS IVe- gistros. Este Guiller¬ mo Ramón de Moncada sería, pues, el gran senescal de Ramón Beren¬ guer IV, al que se atribuye haber negociado y llevado a término en la Corte de Ramiro II el Monje la unión de los Estados de Aragón y Cataluña me- HISTORIA Y ARQUITECTURA diante el casamiento de Petronila, hija de Ramiro, con el Conde de Barcelo¬ na (a. II37). Guillermo Ramón Da- pifer fué testigo en el testamento sa¬ cramental de Ramón Berenguer IV (a. 1162). Cervera; Ramón de Cervera, Se¬ ñor del Cudósy de La Espluga, dona¬ dor, Ramón Be¬ con renguer IV, de la me- dianería del Huerto | \ de Poblet en la fun- c— dación del Monaste- rio; muerto en 1172. Armas de los Cardona. De un bordado en el ropaje de la estatua yacente del sarcófago del vizconde Ramón Era hijo de Poncio Foicb X (a. 1322). Colores según las heráldicas ca¬ de Cervera y Almo- talanas. dis, hermana del prin¬ cipe de Aragón Ramón Berenguer IV, conde de Barcelo¬ na, habiéndose efectuado el casamiento por rapto de la prin¬ cesa. Dicho Ramón de Cervera está enterrado en una de las tumbas antiguas del Cementerio, últimos del siglo xii o principios del xin, puesta posteriormente sobre modillones escalonados de piedra en el muro Espada de los Monea¬ del recinto del siglo xiv. La caja da,como Senescales de Cataluña, en su recta, grande, de unos dos metros sepultura,en el Ce¬ menterio de los mon¬ de largo, tiene su parte anterior jes (siglo XII). decorada con cuatro ciervos, ence¬ rrados en sendos círculos esgrafiados en la piedra. registros de sepulturas que con él Dicen los estaban sepultados otro Ramón de Cervera, llama¬ do de Urgel, fallecido en 1186; su hijo Arnaldo y su esposa Inés (a. 1212), y Poncio de Cervera Armas de los Moneada, según el ^a. 1213). sarcófago de Leonor de Angleso- /• 1 1 /-j c'~ j ~ 11 la, esposade Gastón de Moneada, Amaldo de Cervera, Señor de Grananella, y muerta en 1348. en el Claustro, su esposa María de Cervelló, muertos en I 250, en- Colores según las heráldicas cata- i i* lanas. terraoos en el tercer sepulcro liso a contar desde DEL MONASTERIO DE POBLET 141 la puerta de la iglesia, en la galería occidental del Claustro mayor; tumba del mismo siglo xiii, sin inscripción ni señal de ninguna clase, como todas las de la misma galería. Se conoce la sepultura por los Registros de sepe¬ lios del Convento. GuiUertno de Cervera, hombre de Estado, compañero de armas de Pedro el Católico en las batallas de Calatrava y de Úbeda o de las Na¬ vas de Tolosa (a. 1212) y en la de Muret, de donde huyó (a. 1214); embajador cerca de Ino¬ cencio III para reclamar al rey niño, Jaime I; tutor y consejero mayor de éste en su juventud; casado en segundas nupcias con Elvira, condesa de Subirats, viuda de Ermengardo VIII, conde de Urgel, después monje en Poblet: muerto Armas de Raaión de Cervera, del sarcó¬ en 1245, fué sepultado en el Claustro y a fines fago suyo y de su Casa, en el Cemen¬ terio de los monjes (siglo xii). Colo¬ del siglo XIII o a principios del xiv trasladados según las heráldicas catalanas. res sus restos a un sarcófago liso, de piedra, que hay en la Galilea, a la derecha de la puerta de la iglesia; la parte anterior decorada con escudetes apuntados, con un ciervo sobre fondo esgrafiado. En el mismo sarcófago dicen los Registros de sepultura que se guar¬ daban los restos de Ramón de Cervera, Señor de Ju¬ neda; Guillermo de Cervera, llamado el Grtieso, y sus hijos Guillermo de Guardia y Ramón (años 1184- 1286). Guillermo de Guardia o Sa Guardia era com¬ pañero de Jaime I en la conquista de Valencia. Anglesola: Guillermo de Anglesola, Señor de Bellpuig, el Peregrino, muerto en 1150, y Bernardo de Aftglesola, Señor de Anglesola, muerto en 1181. Sepultura en el Cementerio, en la caja novena al ex¬ terior de la capilla del Santo Sepulcro. Hugo de An¬ Armas de Guillermo de Cervera en su enterramiento en la Ga¬ glesola, Señor de Miralcamp, muerto en 1265, y lilea (siglo XIV). Colores se¬ Berenguer de Anglesola, muerto en 1291, sepultados gún las heráldicas catalanas. en la Galilea, lado del Evangelio; sarcófago con es¬ cudetes centellados en faja. Ramón de Anglesola, Señor de Bellpuig, muerto en 1292, y su esposa Juana de Ulladoman (Vilademany?), muerta en 1295, y su hijo Guillermo de Anglesola, muerto en 1325, sepultados en el sarcó- 142 HISTORIA Y ARQUITECTURA fago sin inscripción ni señal, en la galería occidental del Claustro. sexto, Leonor de Anglesola, hija de Ramón de Anglesola, esposa de Gastón de Moneada, muerta en 1348, sepultada en urna-osario sembrada de escude¬ tes, en la galería meridional del Claustro, muro de la iglesia. Bernardo de Anglesola, Señor de Miralcamp, y su esposa Beatriz de Pinós, sepultados en urna-osa¬ rio muy decorada, sembrada de escudetes, en la gale¬ ría meridional del Claustro, en el estradós de la pared de la iglesia (a. 1357). Bernardo de Anglesola, Señor de Miralcamp, y su esposa Constanza de Anglesola, con su hijo Hugo de Anglesola, Señor de Miralcamp, Anglesola y Cabrera, con su esposa Sibila (a. 1401), sepultados en suntuoso sarcófago con estatuas yacen¬ tes, muy decorado, en la capilla de Santa Magdalena. Rib elles: Gombaldo y Arnaldo de Ribelles, muer¬ Armas de los Anglesola en el enterramiento de su casa en tos en 1x84 y 1216, sepultados en el sarcófago liso, la Galilea (siglo xiii). Co¬ lores según las heráldicas quinto del Cementerio. Gombaldo de Ribelles y su espo¬ catalanas. sa Violante de Cabrera, con un hijo, sepultados (a. 1396) en el séptimo sarcófago, sin señales, de la galería occidental del Claustro. Pons: Ramón Pons de Ribelles, primer Señor de Pons, muerto en 1228, sepultado en sarcófago decorado de círculos con puentes, en la Gali¬ lea, lado del Evangelio. • Alañá: Bernardo de Alañá, muerto en 1382, con su esposa e hijos, sepultados en sarcófago en la Galilea, lado del Evangelio. Ber¬ nardo de Alañá, de Montblanch, muerto en 1348, en urna-osario, primorosamente decorada, en la Armas de Alañá y Villafranca en la urna-osario de Bernardo galería norte del Claustro. de Alañá, muerto en 1348, en el Claustro. Colores según las heráldicas catalanas. Alcarraz: Guillermo de Al- hijo de Gerardo de Jorba, carraz, sepulcro segundo la Galilea, lado del Evangelio. en Boixadors: Ramón de Boixadors, muerto en 1184, y Berenguer de Boi- xadors. Señor de Savallà, fallecido en 1221, su esposa y un hijo suyo, en- DEL MONASTERIO DE POBLET 143 terrados(a. 1266) en tierra llana, sin designación de lugar, en la iglesia. Guillermo de Baixadors y Ramón de Baixadors, muerto en 1314, una hija y el hijo Bernardo de Baixadors, muerto en 1345, muy estimado de Jai¬ me II, Alfonso IV y Pedro IV, sepultados en el sepul¬ cro sin señales, el quinto de la galena occidental del Claustro. Castelloni: Nicolás de Castelloni, napolitano, de Penne en el Abruzo, caballero de San Juan, coronel del regimiento de Nápoles, muerto en Poblet el 21 de mayo de 1708, sepultado en el crucero de la iglesia, brazo de la Epístola, en sarcófago decorado de cruces de San Juan. Castro: Bartolomé de Castro, muerto en Poblet (a. 1393), sepultado en los claustros, sin indicación de Armas de los Copons en la urna-osario de esta familia lugar: era camarero mayor de Juan I. el Claustro (siglo xiv). en Copons: Felipe de Copons Colores según las herál¬ y su esposa, muerta dicas catalanas. en 1218. Guillermo de Copons, con su hijo, en 1273, Antonio de Copons y su mujer Aldonza, en 1305. Andrés de Copons y su esposa Constanza, en 1365. Sepultados en la urna-osario de los Copons, en el Claustro, al lado del Aula Capitular, por su pariente el abad Copons, muerto en 1348. Castellviy: Mosén Castellviy, sepultura de las más antiguas del Cementerio de Poblet. Ha de ser una de las grandes cajas de piedra lisas que allí se encuentran, probablemente la sexta de las que aho¬ ra están colocadas en modillones sobre el muro de defensa, que es más moderno. Tiene grabados en el paramento unos grandes castillos de carácter ar¬ caico. La tapa con inscripción está desapareada: es la de otra caja, la del notario Soler, de Lérida, en Armas de Gerardo de Grañena, la cual hay grabadas unas casas fuertes almenadas, muerto en 1163, según su se¬ pultura en la Galilea. Colores o sea unos salers o casas solares. Asberto de Cas¬ según las heráldicas catalanas. tellvell Castellvey fué, con un Moneada, testigo en o el testamento sacramental de RamónBerenguer IV (a. 1162). Grañena: Gerardo de Grañena, Señor de Grañena y del castillo de Milmanda, muerto en 1163: estaba sepultado en caja alta de piedra, en la 144 HISTORIA Y ARQUITECTURA del Santo Sepulcro. Cerca de éste Galilea, lado de la Epístola, ala del altar hay otro sarcófago de Guillermo de Grañena, su esposa Catalina y una hija. Guimerà: Francisco de Guimerà, con su esposa Brisinda, en la prime¬ ra sepultura de la galería norte del Claustro (a. 1315). Jorba: Gerardo de Jorba, Señor de Jorba, Mont- manéu, Odena, Rubinat, bienhechor de Poblet, y su es¬ posa Saurina, dados al Monasterio en el año 1153. Se¬ pultados en la Galilea, ala del Santo Sepulcro. Marta: Tomás Marta, mancebo rosellonés, escude¬ ro delpríncipe Juan (I), duque de Gerona, muerto en el Monasterio en 1360: sepultura segunda en el muro de la galería meridional del Claustro. Montpahó: Gitillermo de Montpahó, Señor de Ro¬ Armas de Tomás Marta, camora, muerto en 1198. Sepulcro sexto de los lisos en muerto en 1360, segun¬ el Cementerio, muro exterior de la iglesia. Había los res¬ do sepulcroen el Claus¬ tro. Colores según las tos de otro Guillermo de Montpahó, su esposa Blanca y heráldicas catalanas. su hija Saurineta (a. 1348): Pedro de Montpahó y otro de igual nombre, también del siglo xiv. Bernardo de Montpahó, Carlán de Valls y Señor de Vilallonga y Ribagorza, muerto en 1299, SU esposa y una hija. Sepulcro primero de los siete lisos en el muro de la galería occidental del Claustro. Montpaláu: Ramón de Montpaláu, y su mujer Ana de Beaumont, Señores de Belltall, y su hija. Sepulcro segundo de los siete lisos en el muro de la galería occidental del Claustro (a. 1293). Morell: Blas Morell, servidor de Alfonso IV y Pedro IV, muerto de la peste (a. 1348). Sepulcro tercero de los cinco en el muro de la galería norte del Claustro. Urna-osario decorada con escudos. de los Castellvy o Cas¬ Mur: Hugo de Mur Leonor, muer¬ Armas y su esposa tellvell el sarcófago del Ce¬ en tos en 1320 y 1331 ; Matmelde Massa y Mur, muerto menterio de los monjes (fines del siglo XII). Colores según en 1410, y su esposa Juana, muerta en 1413. Aicar- las heráldicas catalanas. do de Mur y su esposa Elfa de Mur, Señores del Albi y de Cervià, muertos en 1420; enterrados en tierra en la capilla de las Vírgenes Ursula y compañeras. Puigvert: Pedro de Puigvert, Señor de Puigvert, Piera, Barberà..., DEL MONASTERIO DE POBLET 145 muerto en 1164. Bernardo de Puigvert, Señor de Vinaixa, y su esposa Ma¬ ría de Bellvís, con dos hijos suyos, a. 1297, en el cuarto sepulcro de los lisos en el Cementerio, al exterior del muro de la iglesia. Berenguer de Puigvert, Señor de Prenafeta, Bellcaire, Montsuar, Figuerola, Miramiar, Montornès, Puigvert, Barella..., con su es¬ A AAA posa y dos hijos (a. 1280). Sepulcro segundo en el lado del Santo Sepulcro en la Galilea. El sarcófago era de j: Î alabastro, trabajado de imaginería, sobre seis colum- ULJLJULJM nillas y con estatua yacente. !]□□□[= Tnnnai:. Rebolledo: Rodrigo de Rebolledo, Camarlengo de los reyes de Aragón Navarra, barón de Montclús y y de otros veinticuatro lugares en Aragón y Cataluña, ascendiente de los Marqueses de Ariza. Servidor de Juan II y del príncipe Fernando el Católico. Muerto Armas de Blas Morell, muer¬ to 1348, según su sepul¬ en en Casbas de Aragón en 1479; trasladado a Poblet, el Cementerio. Co¬ cro en lores según las heráldicas puesto en caja de madera. Posteriormente, al hacerse catalanas. el sepulcro de Ramón Folch X de Cardona, se trasla¬ daron los restos de Rodrigo de Rebolledo a la tumba de aquel Cardona, en el crucero, brazo de la Epístola, con la estatua yacente del vizconde. Rocafort: Bernardo de Rocafort, Señor de Graelló, con dos hijos suyos; sepulcro liso, segundo en el muro de la galería occidental del Claustro, a. 1260. Bernardo de Rocafort acompañó al rey Jai¬ me I, a modo de guardia de corps, en sus primeras campañas y a la conquista de Mallorca. En la ba¬ talla de la Porrassa,la cual murieron los Mon¬ en eada, Bernardo de Rocafort custodió al Rey y no le dejó tomar parte en la lucha, según refiere la Crónica real; el Repartimiento de Mallorca sólo lo Armasde los Vallebrera, según los u T7 t? r sepulcros de su familia (a. 1348) nomora. Rn Rocatort. en el Claustro. Colores según las heráldicas catalanas. Sanahuja: Amaldo de Sanahuja y su esposa, ^j i » a. 1216; en la urna trabajada cuarta, en el muro de la galería meridional del Claustro. Senhero: Ramón Senhero, sepulcro en la Galilea, altar de la a. 1257; Virgen,con inscripción: Anno Domini MCCL VIL Idus Martii obiit Ray- mundus Senhero Nobilis Civis Ilerdœ, etc. 20 146 HISTORIA Y ARQUITECTURA Timor: Ramón de Timor, muerto en 1179; Arnaldo de Timor, Carian de Montblanquet y Señor del Albi, muerto en 1236, y Guillermo de Timor, muerto en 1281; en el sepulcro liso cuarto, en el muro de la galería occiden¬ tal del Claustro. Vallebrera: Martín de Vallebrera,Señor de Castellserà, muerto en 1208; en el quinto sepulcro del muro de lagalería norte del Claustro. Caballeros Valle- breres, en el cuarto sepulcro del muro de la galería norte del Claustro. Urna con de¬ coración ydivisas: a. 1348. Armas de Urgel Cabrera, sacadas del sello de Gerardo de Cabrera, y primer conde de Urgel, de la Casa de Cabrera (a. 1222-1228). Ar¬ Warthon: Felipe de chivo Histórico Nacional, Madrid. Impronta de la colección del autor. Colores según las heráldicas catalanas. Warthon, inglés al servicio del rey Jacobo, muerto en Poblet el 31 de mayo de 1731; Duque, Marqués y Conde de Warthon, Mar¬ qués de Malbursi y de Cacharloc, Conde de Rathfasnum, Vizconde de Wi- chindon. Barón de Trim y Caballero de la Jarretera: enterrado en la capilla del Santo Sepulcro en la Galilea. Zacirera: Guillermo de Zacirera y su esposa Elisenda, fundadores del Hospital de Riudeset en La Garriga, trasladados a Poblet (a. 13x0); sepul¬ tados en tierra en el Claustro, sin señalamiento de lugar. SEPULTURAS DE LOS CONDES DE URGEL, DE LAS CASAS DE BARCELONA Y DE CABRERA Ermengardo VIII, hijo de Ermengardo VII, de la Casa condal de Barcelona, y de Aldonza, hija de Ramón Berenguer IV y de la reina Pe¬ tronila, muerto en 1208, sepultado en urna de piedra, detrás del altar de los Santos Evangelistas, en la Capilla llamada de los Condes de Urgel. Pon¬ do de Cabrera, Vizconde de Ager, muerto en 1177, sepultado en tierra de¬ lante de la capilla de San Bernardo de Alcira. Pondo de Cabrera, Conde de Urgel, nieto del anterior, casado con la hermana de Armengol VIII, muer- DEL MONASTERIO DE POBLET i4y to en 1243, sepultado asimismo en tierra, en igual sitio. Aurembiaix de Moneada, hija de Ramón de Moneada, muerto en la conquista de Mallorca, y esposa del anterior, muerta en 1239; en sarcófago de alabastro, sobre co- lumnillas, decorado con escudetes, en la Galilea, par¬ te del Santo Sepulcro. María de Prades, segunda esposa del mismo, muerta en 1253, sepultada en tie¬ rra, delante de la capilla de San Bernardo de Alcira. Alvaro de Cabrera, Conde de Urgel, hijo del ante¬ rior, muerto en 1282, sepultado en su capilla. Leonor de Urgel, hija del anterior y de Constanza de Mon¬ eada,en la misma capilla. Sibila Folch de Cardona, esposa de Alvaro de Cabrera, vizconde de Ager, muerta en 1300, restos en la urna decorada con escu¬ dos, en el muro de la galería meridional del Claustro. María de Moneada, Condesa de Urgel, esposa de Pe-^ ^ Casa de Barcelona- Cabrera-Urgel, según el Nobi- dro de Aragón, nieto de Alfonso IV y Conde de líarío de Jaime Ramón viia Urgel, por retorno del Condado a la Cana Real, sepulcro en la Galilea con escudetes. Leonor de Ur¬ gel, hija del mismo Pedro de Aragón, Conde de Urgel, y de Margarita de Montferrato, y hermana del desgraciado Jaime, último Conde de Urgel, pre¬ tendiente a la Corona, y muerto en el castillo de Játiva, enterrada en la mis¬ ma capilla de los Condes, a. 1430. SEPULTURAS DE LOS DUQUES DE SECORBE, DE LAS CASAS DE ARAGÓN, ANTEQUERA Y CARDONA Desde la fundación de la Casa ducal deSegorbe para el Infante Enri¬ que de Aragón, hijo del rey Fernando de Antequera y hermano de los re¬ yes Alfonso V y Juan II, se depositaron los cadáveres de esta Casa en cajas de madera tapizadas y claveteadas, debajo de los arcos reales, en la iglesia de Poblet. Para las solemnes funciones habían regalado los Duques de Se¬ gorbe unos grandes paños de grana con sus armas, que se extendían sobre los féretros de los antepasados de la Casa y los ataúdes de príncipes y re¬ yes de Aragón que allí acompañaban. De esta manera estuvieron hasta que su sucesor Luis de Aragón, Folch de Cardona y Fernández de Córdoba, T48 HISTORIA Y ARQUITECTURA Duque de Cardona y de Segorbe, Marqués de Gomares y de Pallars, Con¬ de de Ampurias y de Prades, Vizconde de Vilamur, caballero del Toisón de oro, convirtió los sota-arcos en cámaras sepulcrales, tapiándolas con una de¬ coración rica de alabastro, de cariátides, urnas figuradas, escudos y escenas bíblicas, con puerta broncínea cobijada por una gran corona real, viniendo a convertir los arcos en pedestales de las tumbas reales superiores (a. i i6o- 1162). Allí estaban sepultados los príncipes y magnates siguientes: En el lado del Evangelio: El Infante Enrique de Aragón, primer dtique de Segorbe, muerto en 1445, y sus esposas sucesivas la Infanta Catalina de Centellas, hija del rey Enrique III, y Beatriz Pimentel, de los Condes de Benavente. A estos restos les hizo una rica tumba especial, con estatua orante y dosel, su otro sucesor Pedro Antonio de Aragón, al pie del pilar del crucero, lado de la Epístola (a. 1673); Guiomar de Portugal, esposa del segundo Duque de Segorbe (a. 1516); el Infante Fortuna Enrique II, Duque de Segorbe, ge¬ neral de Juan II en las guerras de Cataluña y Virrey en Barcelona en tiem¬ po de Fernando el Católico, muerto en 1522; su hijo Alfonso de Aragón y Sicilia, Diique de Segorbe y de Cardona por su esposa Juana, Duquesa de Cardona, también allí sepultada (a. 1562 y 1564); Luis Ramón Eolch de Cardona, de Córdoba y Aragón (a. 1596), con sus padre Diego Fernández de Córdoba, muerto en 1601, madre Juana Folch de Cardona y de Aragón, muerta en 1608, y esposa Ana Fnríquez de Cabrera, muerta en 1610; En¬ rique Ramón Folch de Cardona, Aragón y Fnríquez de Cabrera, Conde de Prades, hijo de los anteriores. Virrey de Cataluña, muerto en 1640, con su esposa Catalina Fernández de Córdoba, llevada a Poblet (a. 1661); A7nbro- sio de Aragón y Sandoval, hijo del Duque de Segorbe y Cardona y de Ma¬ riana Duquesa de Sandoval y Marquesa de Denia, muerto en 1659; Antonio de Aragón, hijo tercero del Duque de Cardona, del Consejo Real, Arcedia¬ no de Castro, canónigo de Córdoba y cardenal, hermano de Pedro Antonio de Aragón, llevado en 1662; el Duque Luis Ra^nó^i Folch de Cardona, Fer¬ nández de Córdoba y Aragón, muerto en 1670, autor de los sepulcros de su Casa de Segorbe, y el Duque Joaquín de Aragón, hijo suyo y de su tercera esposa Mafda Teresa de Benavides, muertos en 1670, llevados a Poblet en 1673; Francisco Pablo de Lacerda, Aragón y Sandoval, hijo del Duque de Alcalá y Medinaceli y de la Duquesa Catalina Antonia, propietaria de las Casas de Segorbe y Cardona, muerto en 1681. Armas de las casas ducales de Segorbe y Cardona en la sepultura existente debajo de los arcos de los sepulcros Reales en la iglesia mayor r i ps Iwi ^■i - v¿ tlíT* *."^ l- "íí^ ·»OC. ..i- .-'K *v DEL MONASTERIO DE POBLET El último miembro de Familia Real en esta cámara sepulcral fué el gran bienhechor de Poblet, Pedro Antonio de Aragón, hijo tercero de los Duques de Segorbe y Cardona Enrique y Catalina, antes citados, general de caballería en la guerra de Felipe IV contra los catalanes (a. 1640), em¬ bajador del Rey a los papas Alejandro VII y Clemente X, hijo del Prínci¬ pe Baltasar, virrey de Nápoles, presidente de las Cortes de Aragón, capi¬ tán general de artillería, capitán de la Guardia Alemana... y, sobre todo, colector de su magnífica librería, que regaló y conservó Poblet. Muerto en Madrid (a. 1690), fué llevado al Monasterio (a. 1691). En la cámara debajo del arco real del lado de la Epístola: Juan de Aragón y Sicilia, hijo del Infante Fortuna II, Duque de Se¬ gorbe, y de Guiomar de Portugal, muerto en 1490. Alfonso de Aragón y Cardona, hijo del tercer Duque de Segorbe y de Juana Folch, Duquesa de Cardona, muerto en 1550. Guiomar de Aragón, hermana del anterior, espo¬ sa del heredero del Ducado de Alba Fadrique Alvarez de Toledo, muerta en 1557. Marina, hija de los anteriores, muerta al nacer (a. 1557). Fran¬ cisco Ramón Folch de Aragón, Duque de Segorbe y Cardona, muerto en 1575. Angela de Cárdenas, hija de los Duques de Maqueda, esposa del anterior, muerta en 1576. Alfonso, Brianda, Magdalena y Francisca Fernández de Córdoba, Aragón y Cardona, hijos del Marqués de Comares y de Juana Duquesa de Segorbe y Cardona, muertos desde 1580 al 1601. Luis Ramón Folch de Cardona, Córdoba y A ragón. Conde de Prades, y su esposa A na Enríquez, con sus hijos Diego y Luis, muertos en 1610 y 1627. Catalina de Aragón y de Avila, hija de Pedro Antonio de Aragón y de su primera esposa la Marquesa de Povar, muerta en 1632. Vicente de Aragón, hijo cuarto de los Duques de Segorbe y Cardona, y su madre Catalina Fernández de Cór¬ doba, muerta en 1676. Ana Fernández de Córdoba, Duquesa de Feria, espo¬ sa segunda de Pedro Antonio de Aragón, muerta en 1679. Manuel de Ara¬ gón, hijo del anterior y de su tercera esposa Ana Catalina de La Cerda, muerto en 1682. Manuel de Aragón, de iguales nombre y padres que el anterior, muerto en 1685. Luis de la Cerda y Aragón, hijo del Duque de Cardona, Segorbe, Alcalá y Medinaceli, muerto en combate naval contra infieles en 1696. IMPORTANCIA SOCIAL DE POBLET ^ON la protección soberana de Ramón Berenguer IV y de Al¬ fonso 11 la posición social de Poblet crece rápidamente, se coloca en medio siglo a la cabeza de todas las corporaciones religiosas de Cataluña. Su agrandamiento territorial se ve incesante, acelerado, en la documentación antigua del Con¬ vento, actualmente en el Archivo Nacional, en sus voluminosos Cartularios conservados en Tarragona, y se resume en los reconocimientos y protección de las propiedades conventuales por las Bulas papales y por los decretos reales que los abades de Poblet instan y obtienen al principio de cada rei¬ nado. A las donaciones reales de territorio o de dinero por cada soberano, casi sin excepción aumentadas, se juntan las de los magnates, nobles de todas o de casi todas las Casas de Cataluña, las condonaciones de derechos o impuestos de la Iglesia, las cesiones de bienes de los grandes señores que se hacen monjes, donados o de la hermandad del Convento, o eligen en él sepultura, siempre acompañada de cuantioso donativo. A la primera, modesta y vaga donación del Hortus Populeti (a. 1149), adscribiéndole tantum spatitim terree, ubi bene possint facere Monasterium et Claustra et Dormitorium, ac Refectorium, et cunetas ojicmas eidem Mo¬ nasterio pertinentes, et Cœmenterium congruum per circuittim: et... ibidem terram laborationis, quanta sit necessària ad propriam laborem jam dicti Monasterii et ad necessitatem omnium Fratrum ibidem Deo servientium. MONASTERIO DE POBLET.—SECCIÓN' TRANSVERSAL POR LA BODEGA Y EL PALACIO DEL REY MARTÍN Sala Cámaras Reales Galilea Cementerio Sacristía nueva Granero Vestíbulo Lagares Bodega %: ÍÍ sr rfK' i* ■' '--sry·» * ton ^ <-rtA «- < r ^ ^ <^»spi^ •* ^ .tf^ ♦ -¿[^S v--^» fcJ^ -ii-^"" ft. •• -- ^'ís£>·*>S£g^. ^^■5Su V ^jí,,- .-í " >w5 - »« ,^ ' ,;r^VT 'mm. ^ - ^ "°—,«■ ^ ï.'^ #V •'=>"' , ,f. ■" '» ■£ '"^" " "■ - ^ II, "^at-"" -^ *- 'j. V. , % V ' - ''t', í 1-. "^- jí-V ^iS»Í. <> J ■«Av ^ >■• * ■».*»■ w r^ "■ ííïsi us-i - ' I í -» ■íá ' - "^1-- V p·'·'*- ■* "" ' "Sil, ' ^1 o --^f"■ "^'^=r " k. ,-"í*-*^"V ,*• — <-»% ■* < _ - ',->' jt^ ' — —- ^t- ' ' ''^"*· í _ " •^-· \s. "-i ~ -« -. _ S*^ 1 < ^ 1^ — ►_ -" ' .-=. ~ -s- " í' -A-ï- ~ r» A- I» .» .». ih * 3Í5^>»»dfc../*j5esS^^ 'Î. - -wpSKSCT^S^nfe ,,7,^- ^<7 p7'% "^ «.ja. "'t ~" ^^-íjTA»'- ¿n *-1=r 4;s« a#. » y. a*.-ji « e" _ a-*^ *"a.— _ *"* * * .. *» , , ■* — ^ ^ í "«-w i^"*"*- ,5í^ "^.r > 'W'* » —• -r-.:? «c-T3i ••■' í» --Sr 1 "pt-^fr-í ~'^- «ïj®í«>aS!:?.«fca*í«ír®èS« "** - .«*> J., *? * rí f tí^-a. .íí^^T" 'jr- "->,<■—- ■i f ^ -.y ~ j. ^ ídíaa,-.»- ^ ^ %Í^J^i» A Î" =í' - "t '~» r -St -a "s*"^ artf -<^ ■*•'" . r=» a „ "^ J- V. ■» *^ ■«*■ ■e''A~®Í _ - _ ^ X :r ,. •"'- =. 1C*V -í,-^- ^ — ^». V?. ""• ^ X *»•>»..«£ »í Tï. a.,-^ » ■*íy ^ ^ ^ i 5.? 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""e^'"^-* -'rt T Vi , ;r s« «><■ -fc-^- ^ ^ 1^ "S^-- - •«^.-aSÏo-ÏJ..^ a.^^. «r *W ^ í:S #• ■' ■' ■■■ -ay—Tpt^Trtp.—y ma 4 ^ _?s. ^t'Se'l^í®.» "■í·e'U^ iíLsí ""_ A_ jJfvj^|i|3^< > líA^ *i»ií _^ _?'ls^ ¿1 ' í&fe* % «^i!*stíh'*' 1 _ ^ vi Vs. fV? «. „4tJaM^»íte^_/_ f *'J_i»jri&i.Wj «fet t . __Í>Í .^.a®. ►*> 5Ífè?'_ ._3í^¿s4f...«iSj^_l - >-?«í^^s''_J]í^B!(gjà^^rJ DEL MONASTERIO DE POBLET 153 sigue otro documento, supuesto del propio Ramón Berenguer IV (a. 1150)^ limitando las propiedades anexas al Convento por sus contornos y confina¬ ciones, comprendidos ya los territorios de las cinco granjas, Mediana, Riu- dabella, Milmanda, La Pena y Castellfollit, que rodean al Monasterio. Y si: en derecho fuera dudosa la autenticidad de este documento, no lo es en. modo alguno el hecho, como el de muchos otros que le subsiguen. A los donativos y concesiones de Ramón Berenguer IV y Alfonso II acompañan y siguen, probados por documentos, los de la reina Sancha y de Pedro el Católico y los de las Casas casi reales de Urgel y Cervera, Ampu- rias, Cardona, Príncipes de Tarragona o Aguiló, Anglesola, Queralt, Ca¬ brera, Timor, Boixadors, Guardia, Jorba, Puigvert, Montpahó, Alcarraz^ Peguera, Berga, Vall-llebrera, Borde de Ribera, y muchas otras. La bula de protección de Honorio III (a. 1220) enuméralas principales propiedades de Poblet y nos lo muestran ya poderoso a los sesenta o setenta años de la. fundación: «El sitio en que está situado el Monasterio con todas sus perti¬ nencias: las granjas de Milmanda, Codós, Riudabella, Teillar, Castellfollit,. Mediana, La Pena, Dol-de-Llops, Sérveles, la Nueva o Ahumada, Ferrán, la Torre de Bernardo, Estopanyá, Viverol, Torredá, Figuera, Rocabert,. Barbens...» No hay lugar, villa o ciudad importantes de Cataluña en que nO' tenga dominio o derechos: «en Vimbodí, Vellusell, Avinyó, Montblanquet, Montsuar, Faneca, Vallmanya, Manresana, Avinganya, Torre de Orens, Torre de la Huerta de Balaguer, Rubioncel, Mas de Bas, Rufea...,» o casas y propiedades, como en «Lérida, Menargues, Balaguer, Alguaire, Albesa, Alfarràs, Tamarit, Albela, Barbastro, Monzón, Huesca, Fraga, Aytona, Tortosa, Montblanch, Espluga de Francolí, Cervera, Tàrrega, Anglesola, Camarassa, Alós, Agramunt, Berga, Gerona, Castellón de Ampurias, Villa¬ franca del Panadés, Tarragona, Vinaixa, Omells, de Tàrrega y de Nagaya, Guardia de Prats, Conesa, Vallclara, Terrés...» (i). Los cronistas cistercienses de los últimos siglos nos muestran, como- el analista general Manrique, a Poblet en sus dominios temporales en Ca- (i) En confirmación, y aun como ampliación, de lo antedicho, nos parece oportuno transcribir las siguientes apuntaciones de unmanuscrito que poseemos y cuyo título es: Memo¬ rial o sumario de las donaciones de ciudades, villas, lugares, jurisdicciones y rentas pertenecientes a la Real Hacienda, con los nombres de los Señores Reyes que las hicieron y donatarios, con los días de sus fechas, sacado del libro del Real Patrimonio y otros del Real Archivo por los Doc¬ tores Jerónimo Sentjust, Doctor de la Real Audiencia que sirve el oficio de Abogado fiscal del Real Patrimonio, y Gaspar Julian Pexb, asesor y abogado fiscal de la Bailla General de Cataluña,. 21 154 HISTORIA Y ARQUITECTURA taluña después del más grande Señor de ella, el Duque de Cardona, inme¬ diato a él, pero preferentes los abades del Monasterio a los marqueses, con- y como suplente el Dr. Amador de Mendoza, presbítero y Prior de Junqueras, en lo de febrero del año mil seiscientos veintisiete. Dicen así: «El señor rey Don Alonso II en 3 de las Nonas de abril del año 1285, en ejecución del legado o manda hecha por el señor rey Don Jaime I al Monasterio de Poblet, dió la villa de Fiera al dicho Monasterio con pacto que la pudiese recobrar dándoles otra equivalente cosa. »Y después, queriendo el dicho señor rey Don Alonso recobrarla, dió al dicho Monas¬ terio el Hospital de San Vicente de La Roqueta en la ciudad de Valencia y los castillos y vi¬ llas de Castelló y Quart, y esto confirmó el rey Don Jaime II en 14 de las Calendas de mayo del año 1295. »E1 señor rey Don Pedro III en 4 de las calendas del mes de setiembre 1343 vendió la jurisdicción del castillo de Verdú al Monasterio de Poblet por precio de 35.500 sueldos al quitar. Pero después el señor rey Don Juan I, en 21 días del mes de junio del año 1388, ven¬ dió el jus luendi de la dicha jurisdicción al dicho Monasterio de Poblet por precio de 27.500 sueldos. »En 15 de setiembre del año 1367 el señor rey Don Pedro III hizo incorporación a la Real Corona con expresa prohibición de infeudar del mero y mixto imperio y jurisdicción al señor Rey perteneciente en los términos del Monasterio de Poblet, los castillos, granjas, ma¬ sos, hombresy mujeres de los castillos y lugares referidos en esta margen. (Poblet y sus térmi¬ nos, Binvodí, Vinaxa, Los Homellons, Terrer, Fulleda, Cenan, Montblanquet, Verdú, Penya- feytá, Miramar, Figuerola, en esta veguería de Montblanch; La Joncosa, Sisquella, Torms, Ta- rrós, Solarans, Albases, en la veguería de Lérida; Granyadella en la veguería de Cervera; el Monasterio del Hospital de la Roqueta en Valencia. »Y después el señor rey Don Fernando I en 6 del mes de diciembre 1414 vendió al Abad y Convento de Poblet el mero y mixto imperio, y toda la jurisdicción al señor Rey per¬ teneciente en el Monasterio de Poblet, y del lugar de Llunasa, y toda la jurisdicción de los lu¬ gares de los Amells de Sarraga, de Terrés, de Senan, de Fulleda, de Montblanquet, de Pena- feyta de Montornès, de Miramar y del mas nombrado de Na Moxa, por precio de 1.500 ñori- nes de oro de Aragón que valen 16.500 sueldos barceloneses, con retención que siempre que el señor Rey habitara en dichos lugares tenga y ejerza el mero y mixto imperio en aquéllos. Y después, el primero de julio de 1416, el señor rey Don Alfonso IV renunció el pacto de re- trovendendo. »E1 señor rey Don Martín en 24 de febrero de 1410 dió al Monasterio de Poblet en fran¬ co alodio el mero y mixto imperio en el lugar y términos de Vimbodí y Granja de Cudós, ex¬ ceptuado caso de muerte natural, mutilación de miembros y muerte civil consistente en des¬ tierro perpetuo, con pacto que cada un año en dicho Monasterio el día de la fiesta de Santa Marta, que fué el día de su natividad, se le celebrase Misa solemne con mucho sonido de ■campanas, y esto durante la vida de dicho señor Rey, y seguida su muerte, se le dijese un ani¬ versario cada un año el día de su muerte, y lo mismo se hiciese por la señora Reina. »Y después en 24 de febrero de 1410 vendió al dicho Monasterio los casos reservados en dicha donación por precio de dos mil florines. »Y después en 15 de abril del dicho año 1410 dicho señor Rey declaró y dijo que en di¬ chas donación y venta arriba dichas fuesen comprendidos los términos dichos Torrella y Co- rregó, los cuales añadía a la dicha donación. »E1 señor rey Don Alfonso IV, el primero de julio de 1416, eximió y dió franqueza al DEL MONASTERIO DE POBLET des, barones los mismos obispos (i). Según Finestres (a. 1753), la ju¬ y a risdicción de Poblet se extendía a siete baronías que le tributaban diezmos y otros derechos y lo reconocían por señor absoluto. Las siete baronías eran: «I. El Abadiato con el lugar o territorio propio del Monasterio, con sus bosques y cinco granjas, llamadas Mediana, Riudabella, Milmanda,^ Castellfollit, y los lugares poblados de Vimbodí, Terrés, Senant, Montblan- quet, Fulleda, Vinaixa, Omellons, Pobla de Cérvoles, Velusell y Vallclara, y además de los términos de cada uno de estos pueblos, tres términos de lugares yermos, llamados Torrelles, Cudós y Corregó. II. La baronía de Prenafeta, que está a la entrada del campo de Tarragona, se compone del lugar que da nombre a la baronía y de los de Figuerola, Miramar, Mas den Cunill y Puigdespí, con los términos de este lugar y el de Montornès, que es lugar desolado. III. La de Segarra, formada por los términos, villas y lugares de Verdú, Granyanella, San domí, Solanelles, Puigdemages y La Portella. IV. La de Urgel abraza los lugares y términos de Castellserà, Fulio¬ la, Boldú, Tornabou, Bellcaire, Bellmunt, Buccenit y Montaló, y siete tér¬ minos de lugares desolados, que se llaman Tarrassó, Torms, Montsuar, Fi- lella. Penal, Torre de Aral y Almenara la baja. V. Lade Algerri consiste en los lugares de Algerri, Menargues, Boix, La Figuera y Tragó, con sus térmi¬ nos, y además tres términos yermos, llamados Torredá, Salavert y Canyelles. VI. La baronía de las Garrigas contiene los términos y lugares de Juncosa, Tormo, Solerás, Albagés, Cugul y Les Beces, y cinco términos despoblados llamados Montbellet, La Cova, Sisquelles, Hospital de Riudeset y Valide- Monasterio de Poblet y a sus lugares y granjas, que no hubiesen de pagar fogajes, quistias y otras imposiciones derechos reales. y »E1 señor rey Don Fernando I vendió al Monasterio de Poblet la villa de Menargas con toda la jurisdicción por libero y franco allodio, ítem las décimas de todos granos que el Conde de Urgel acostumbraba recibir en los lugares de Bellcayre, y de Monsuar, y en la torre de Arán, ítem las rentas de la cena que son 40 libras el año que dicho Conde de Urgel recibía sobre el lugar de Castellserà, ítem 60 sueldos jaqueses que recibía sobre el lugar de Torrada, ítem 60 sueldos que recibía sobre el lugar de Folíola, ítem toda la jurisdicción que el dicho Conde tenía en los lugares de Bellcayre, Monsuar, la torre de Arán, Castellserà, de Torrada y Folíola, ítem toda la jurisdicción de los lugares de Bellmunt, de Borsasuch, de Boldú, de la Fuliola de Urgel, de Tornabou, del Tarrós, y del mas den Guillot, del lugar de Montaló, del lugar deGranyanella, por precio de 23.500 florines de oro que valen estimados en el auto de la venta 148.015 sueldos. La cual venta fué hecha en 5 de setiembre del año 1414 al quitar. Y después renunció dicho pacto el señor rey Don Alonso IV el primero de julio del año 1416.» —N. del T. (i) Manrique, Anales del Cister, II, c. 18, c. 1153. 156 HISTORIA Y ARQUITECTURA reig. VII. La baronía de Valencia, de la cual el Convento desmembró la villa de Castellón de la Plana yel lugar de Montornès que vendió al rey Jaime II, eonsiste hoy en un espacioso término en la huerta de Valencia, los dos fa¬ mosos lugares de Quarte y Aldaya, con muchos censos con total señorío ■directo sobre dos molinos y diferentes casas y campos de la ciudad y huer¬ ta de Valencia.» Una bula de Honorio III (a. 1220) autorizó la formación de expedien¬ te declarando vere nullius el término de Poblet, encargándolo a los Abades de Cardona y Bellpuig y al Prior de Gualter. Éstos declararon indepen¬ dientes de parroquia el término y las granjas de Castro Soleto, de Cellario, de Rivo Apis, de Milmanda, de Servolis, de Fumata..., dando la sentencia en Poblet el día séptimo de las Calendas de abril de 1221 (i). Tiene Poblet participación para su mantenimiento en las explotaciones reales y de los grandes terratenientes. Derecho de pasto en los dominios reales de Cataluña, concedido por Ramón Berenguer IV (a. 1160), confir¬ mado por Alfonso II (a. 1170), extendido por Jaime I a las conquistas del reino de Valencia; el mismo derecho concedido en los puertos de Peguera {a. 1177) y enlos Estados del Vizcondado de Cardona (a. 1195) por los vizcondes Guillermo y Gerarda; en Estados sarracenos, concesión de 1222 (.!*)... Derecho de pesca en el estanque y mar de Castellón, acordado por Poncio Hugo y su madre Jusiana, condes de Ampurias; exclusivo en «1 estanque de Pineda y Salou por concesión de Alfonso H y Pedro el Ca¬ tólico (a. 1195 y 1202). Derechos sobre molinos de La Espluga por conce¬ sión de la Casa de Timor (a. 1204) y sobre los de Rocacorba y La Riba por Guillermo de Cardona (a. 1206); sobre la minería explotada en sus te¬ rritorios por diferentes concesiones de Pedro IV; sobre las salinas de Car¬ dona, derecho de extraer primero una carga de sal por semana, unos 12.500 kilos al año, para uso del Convento, cesión de Ramón, Guillermo, Guillerma y Ramón Folch de Cardona (a. 1151), después de toda la cantidad que se creyese necesaria (a. 1184). Derecho de extracción de piedra para las cons¬ trucciones del Convento (a. 1165 y 1188). A todo esto disfrutaba el Mo¬ nasterio de la exención de diezmos a la Iglesia, concedida a los cistercienses por el papa Urbano III {a. 1185-1186), y en los casos dudosos accedían muchas veces los reyes, como Pedro IV, como Martín..., y los obispos, como (i) Morera, Tarragona Cristiana, tomo I, apéndice 54 y pág. 644. ;.'.-,¿4¿^.. :.S^^^'«Vr- ^;^fa ««r --.lTwj:'fi^fc··^>'·3'?'* •'■•«'^ ''' âïirr'; DEL MONASTERIO DE POBLET 157 el de Tarragona Albalat, a que el importe de los diezmos se emplease en construcciones en el Monasterio. conquista de los Condes-Reyes señala a Poblet una filial: el Mo¬ Cada nasterio de Piedra en Aragón por concesiones de Alfonso II (a. 1186-1194); el de Cepolla o del Puig de Santa María, prometido por el mismo rey (año 1175), que no pudo cumplir por no haber continuado la conquista del reino de Valencia; el de Santa María la Real de Mallorca, por concesión de Jai¬ me I (a. 1232) y de su pariente Ñuño Sánchez, conde de Rosellón (a. 1239); el de Benifassà en el punto de unión de los tres reinos, fundado también por Jaime I (a. 1233) y construido por el mismo rey en expiación de haber cortado la lengua al obispo de Gerona. Tiene Poblet tres Prioratos depen¬ dientes suyos: San Vicente en Valencia, concesión de Alfonso III (a. 1287); Nazaret en Barcelona, en donde después estuvo Valldoncella, fundación de Sibila de Saga, viuda de Arnaldo de Cabrera (a. 1311); y el de Santa María del Tallat, a la vista del Monasterio, arriba de la divisoria entre Tarra¬ gona y Lérida, construido por Fernando el Católico (a. 1479) y cedido a Poblet (a. 1509). Los abades de Poblet no ejercen jurisdicción solamente sobre sus filia¬ les y prioratos; casi todos suelen ser vicarios generales, visitadores de la Or¬ den en todos sus Monasterios de la Corona de Aragón; en comisión del abad general del Cister hacen visita de inspección muchas veces a monasterios de Castilla y de Portugal, y el Capítulo general de la Orden les encomienda la de todos los monasterios cistercienses de España, como a los abades Egidio de Rosselló (a. 1297-1302), Guillermo de Agulló (a. 1361-1393), Miguel Rourés (a. 1435-1437), Bartolomé Conill (a. 1437-1458), Juan Payo Coello (a. 1480-1499), Fernando de Lerín (a. 1531-1547), Pedro Boqués (a. 1546- 1564), Juan de Guimerà (a. 1564-1583), Francisco de Oliver (a. 1583-1598), Juan Tarrós (a. 1598-1602) y Simón Trilla (a. 1602-1628). Algunas veces los Papas confían a abades o a monjes procedentes de Poblet misiones de universal importancia. El primer gran inquisidor y jefe de la Cruzada albigense, nombrado por Inocencio III, es el antiguo monje de nuestro Convento Arnaldo Amalrich, natural probablemente de Carca- sona o Narbona, prior en Poblet los años 1192-1196 y abad desde 1196 a 1198; sus adjuntos Randulfo y Pedro de Castellnou, asesinado en la Cru¬ zada, eran del Monasterio de Fuenfría, madre de Poblet. Martín V y el Con¬ cilio de Constanza encomendaron al abad de Poblet Martínez de Mengu- 158 HISTORIA Y ARQUITECTURA cho (a. 1418) la extinción de los residuos del gran cisma de Occidente. El abad no pudo lograr la renuncia de Benedicto XIII, pero sí la obediencia al nuevo Papa de los cuatro cardenales del papa Luna: Martínez de Muri¬ llo, antiguo monje de Poblet, Urríes, Carrillo y Fonseca. Los tratos para esta reducción se tuvieron en nuestro Monasterio, y desde él pasaron a Flo¬ rencia a reverenciar al nuevo Papa proclamado, Martín V (a. 1419). El pro¬ pio Papa confió al abad Mengucho el cargo de Superior de todos los Monas¬ terios cistercienses reformados de Castilla. El abad Delgado fué también co¬ misario pontificio diferentes veces para solucionar conflictos entre el alto clero por los papas Paulo II y Sixto IV (a. 1471 y 1474)- En la representación del país los abades de Poblet figuran a la cabeza de las Cortes catalanas. Repetidas veces son diputados de la Generalidad, lo que equiv^ale a ministros, y algunas veces toda la política del Principado gira en torno del diputado eclesiástico, abad de Poblet. El abad Delgado obtiene el cargo y es servidor, afecto decidido y agente de Juan II y de su Casa Real en Cataluña (a. 1475 y 1476). Al abad Payo Coello, «muy afec¬ tado al servicio nuestro,» como decía Fernando el Católico, le confía éste toda gestión política en las Cortes catalanas y la Generalidad (a. 1489- su 1491), y como a diputado le dice: «Y de vos quiero que en él continuamente miréis que os he puesto de mi mano.» El abad Francisco de Oliver ocupó dos veces el cargo en tiempo de Felipe II, con mucha influencia en la Corte del Rey (a. 1587-1589 y 1596-1598). También tenían derechos a la diputación en las Cortes del reino de Va¬ lencia por las casas y propiedades religiosas que allí poseían. El abad de Poblet Juan de Guimerà fué por tal causa diputado general al reino de Va¬ lencia en tiempo de Felipe II. El hábito blanco de los frailes de Poblet brilla en alto cargo en la apa¬ ratosa Corte de los reyes de Aragón desde los tiempos de Pedro IV. El Rey Ceremonioso concedió (a. 1375) a Guillermo de Agulló y a todos sus suce¬ sores en el Abadiato del Convento el cargo vitalicio de Limosnero mayor de la Casa Real y de los Reyes de Aragón sucesores, con facultad de nom¬ brar, cuando no pudiese estar en la Corte, dos lugartenientes limosneros reales que le substituyesen, también monjes de Poblet designados con con¬ sulta de los ancianos del Monasterio. Asigna el Rey en su decreto una re¬ tribución de siete raciones en su Curia para el cargo, y dos de tres raciones cuando no esté el Abad y lo substituyan los lugartenientes limosneros. El DEL MONASTERIO DE POBLET 159 limosnero mayor o sus lugartenientes siguen al Rey con su Corte hasta en las expediciones al exterior del reino, como a Alfonso V en la conquista de Nápoles. Estos limosneros son muchas veces consejeros y embajadores rea¬ les, especialmente ante el Papa, como en los negocios del reconocimiento de Alfonso V por rey de Nápoles lo fué Fray Bernardo Serra. A imitación del rey tienen a veces los infantes reales limosnero mayor de Poblet: Juan I, cuando era Duque de Gerona, a Fray Vicente Ferrer, después abad de Poblet; el Infante Martín, Duque de Montblanch, a Fray Arnaldo de Abella, después abad de Rueda; la Reina viuda del Rey Cató¬ lico, Germana de Foix, tuvo a Fray Antón Riquer, y el Príncipe de Viana a Fray Juan de Vinyoles, después abad de la Real de Mallorca, todos ellos monjes de nuestro Monasterio. Excusado es decir la influencia que daba el cargo en la Casa Real de Aragón y la manera cómo Poblet escogía el per¬ sonal que debía ocuparlo. En la conquista de Nápoles por Alfonso V lle¬ vaba éste a su lado como limosneros al ya citado Fray Bernardo Serra, a Fray Juan Jiménez Cerdán, después obispo de Barcelona, y más tarde a Fray Miguel Delgado, que le asistió en la hora de la muerte y que después fué agente muy afecto de Juan II en la Abadía de Poblet. Fernando el Ca¬ tólico se llevó a Castilla como limosnero en su Corte a Fray Antón Riquer, que después lo fué de la reina Germana y su capellán mayor, y finalmente abad de la Real de Mallorca. En muchos testamentos de los reyes de Aragón el abad de Poblet es uno de los albaceas. Poblet llega institución real, fielmente leal, casi sin excep¬ a ser una ción, al monarca. Cuando hay cambio de dinastía, ésta procura y logra ha¬ cerse suya casi siempre la dirección abacial de Poblet, que paga con favores reales. Así sucedió al advenimiento de la dinastía castellana: el abad Mar¬ tínez de Mengucho, hechura de Benedicto XIII y después de Fernando de Antequera, representa esta política: el abad Delgado es el consejero de Juan II y la reina Juana Enríquez, proveedor de dineros, materiales y gen¬ te de guerra para la sujeción de los catalanes en tiempo de la sublevación de éstos; el abad Payo Coello, otro de nombre gallego y castellano, es el apoderado de la política de Fernando el Católico en la Generalidad de Ca¬ taluña; cuando los monjes jóvenes de Poblet se sublevan y encarcelan al abad Pedro de Caixal, lo substituyen con otro de nombre forastero, Fer¬ nando de Lerín, y el emperador Carlos V se encarga de tener encarcelado 16o HISTORIA Y arquitectura hasta la muerte en su castillo de Játiva al abad destituido; el abad Fran¬ cisco de Oliver, diputado de la Generalidad, es también hombre de con¬ fianza real de Felipe II y pasa en la Corte de Madrid meses seguidos. El Convento de Poblet elegía libremente sus abades; no tenía obliga¬ ción sino de llamar presidir la elección al Abad de su casa madre de a Fuenfría delegado suyo, y después de la elección era presentado so¬ o a un lamente al Rey por el privilegio general de Pedro II. Posteriormente Fer¬ nando el Católico logró del Papa que la elección no necesitase la presiden¬ cia de la casa madre francesa, sino que el Convento de Poblet llamase para presidir la elección al abad de un convento cisterciense próximo. En cau¬ sas y pleitos los monjes de Poblet no juraban: se decidía solamente por su palabra, según privilegio de Alfonso II (a. 1183). El monje archivero de Poblet tenía atribuciones de notario real y escribano* público, concedidas por Pedro II (a. 1207). Todos los monjes, mientras actuase en el ámbito del Monasterio y de sus granjas, podían ejercer aquellas atribuciones, sien¬ do reconocidos como válidos en los dominios reales los testamentos, dona¬ ciones, compraventas cualesquiera otros contratos autorizados por la fir¬ y ma de alguno de ellos, si lo fuesen por notario público del país. como Las cosas muebles, inmuebles o semovientes, que pertenecían a Poblet, eran puestas bajo la protección de las autoridades como si fuesen de la Casa Real, y todos los hombres, rústicos y trabajadores, del Monasterio eran li¬ bres de prestar servicio forzoso a nadie, y de quistias, exacciones, alber- guerías y sivatas por ninguna razón ni causa. Las autoridades negligentes, tibias o remisas en el cumplimiento de estas órdenes reales eran responsa¬ bles con la misma pena del malhechor que las hubiese quebrantado por omisión suya, y tenían que restituir el importe doblado de los daños causa¬ dos. En todos los castillos, villas y lugares pertenecientes a Poblet, por vo¬ luntad de Jaime I (a. 1222) estaba ordenado que se pusiesen pendones con señal real para que nadie pudiese por ignorancia excusarse de la real pro¬ tección. Desde principio el país respondió rápidamente a la implantación un forastera del Cister y la adoptó francamente dándole escogido personal de su seno; ya en documento del año de la instalación del convento en el Mo¬ nasterio vienen inscritos por lo menos tres sacerdotes catalanes: Pedro de Sant Vicents, Fray Guillermo de Tarragona y Fray Berenguer de Conca¬ bella. Los reyes y magnates se declaran cofrades, se inscriben en la Her- DEL MONASTERIO DE POBLET l6l '• mandad de Poblet, como Ramón Berenguer IV, Alfonso II, Pedro e¿ Cató¬ lico, Jaime I..., como la Condesa de Tarragona y sus hijos (a. 1168),. ^ Ermengardo VIII de Urgel y su esposa Elvira (a. 1191), Guillermo de Cardona y su esposa Gerarda (a. 1195), Hermesinda de La Guardia (año 1198), Gerardo de Segura (a. 1177)..., o hacen vida conventual, donados adscriptos al Convento, como Guillermo de Cervera y su esposa Hermesin¬ da (a. 1163), Gerardo de Jorba y su esposa Saurina (a. 1153), Ramón de Joan (a. 1177), Pedro y Bernardo de Fulleda (a. 1179), Ramón de Boixa- dors, Guillermo de Guardia y Borde de Ribera (a. 1182), Arnaldo de Guerra y Guillerma (a. 1187), Berenguer y Guillermo de Puigvert (a. 1198 y 1203), Pondo de Santafé (a. 1203), Bernardo de Montpahó (a. 1204), Gerardo de Cabrera y Guillermo de Anglesola (a. 1205)..., todos con cesión de bienes o crecida donación monetaria al Monasterio; o bien profesan como monjes, como Pedro de Queralt (a, 1166), Vifredo de Rocabertí, primer abad de Piedra (a. 1154), el príncipe alarbe Hamet, después canonizado con el nom¬ bre de San Bernardo de Alcira (a. 1156), Esteban de Sant Martí, que fué abad de Poblet y obispo de Huesca (a. 1160-1181), Pedro de Talladell (a. 1181-1192), Pedro de Massanet (a. 1190-1195), Pedro de Concabella (a. 1198-1204), Pedro de Curtacans (a. 1204-1213), Arnaldo de Filella o de Vilallonga (a. 1215-1220); Ramón de Hostalrich (a. 1221), obispo de Elna (a. 1224); Ramón de Cervera, abad (a. 1224-1229); Guillermo de Cervera, célebre tutor y consejero mayor de Jaime I (a. 1230-1245); Arnaldo de Ga¬ llart, abad (a. 1229), obispo de Aix (a. 1231); Arnaldo de Verdú (a. 1229), Berenguer de Buccenit y Pedro de Montseré (a. 1230); Vidal de Alguayre, abad (a. 1232); Ramón de Vives y Ramón de Aspa (a. 1234), Guillermo de Gualter (a. 1235); Ramón de Sisear, abad (a. 1237) y obispo de Léri¬ da (a. 1238), Gerardo de Vallclara (a. 1241); Berenguer de Castellets, abad (a. 1245); Bernardo y Berenguer de Sant Martí (a. 1249 y 1253)... La se¬ rie sigue aumentando todo el siglo xiii y gran parte del xiv; en las listas de profesos compiladas por los cronistas del Monasterio (i) no se ven más que nombres con título señorial; por excepción hay alguno sin título. En las es¬ crituras muchos monjes y abades omiten el nombre de casa, firmando hu- / (i) Vallespinosa, Liber de receptis tam ad sepulturam quam ad habitum; Finestres, obra citada. Listas de monjes por cincuentena de años y por grandes escrituras: tomo III, pági¬ nas 3, 106, 108, 120, 173, r74, 202, 269, 310, 319; tomo IV, págs. 48, 72, 83, 105, 116, 128, 153, 184, 216, 228, 268. 22 y 102 HISTORIA Y ARQUITECTURA mildemente sólo con el nombre de pila. Esta afluencia de personal aristó¬ crata a la Orden del Cister la hacen notar también en sus Monasterios los historiadores de otras naciones. Entre los monjes profesos se ven confundidos los oblatos, nutritti, o niños ofrecidos y criados para monjes en el Monasterio. En Poblet los hay que por circunstancias especiales o singularidad de documentos vienen ex¬ presados claramente: tal es el caso del célebre Infante hijo tercero de Al¬ fonso II, Fernando, después abad de Montearagón, dedicado al claustro por su padre (a. 1194) y profeso (a. 1201) con permiso y asistencia de su madre la reina viuda Sancha; y el de Berenguer de Boixadors (a. 1265), dedicado al Monasterio por el testamento de su abuelo de igual nombre, al mismo tiempo que disponía que se le enterrase en Poblet con los corres¬ pondientes legados de dominios y dinero. A medida que avanza el siglo xiv las listas de profesos de Poblet se vienen democratizando, pero quedan aún muchos nombres señoriales, y los nombres vulgares son casi sin excepción de casas del país; hacia fines del siglo los nombres señoriales se van aclarando, los nombres de campesinos y obreros están en mayoría, aparecen ya nombres forasteros y por primera vez figura a la cabeza del Convento el nombre de un abad castellano o ara¬ gonés, Juan Martínez de Mengucho, en los comienzos del siglo xv (a. 1413). Este no es de elección del convento: es impuesto por el papa Benedic¬ to XIII y probablemente por el nuevo rey Fernando de Antequera. El Monasterio había ya perdido toda especie de independencia de elección. El último abad elegido en tiempo de Juan I era Vicente Ferrer, va¬ lenciano (a. 1393), según se cree, tío de San Vicente Ferrer, el parlamen¬ tario de Caspe. El papa Benedicto XIII veía con disgusto la opinión de Poblet, que parecía contraria al cisma: hasta gran número de monjes que¬ rían ir al perdón o jubileo de Roma (a. 1400). El papa Luna se valió del rey Martín para amenazarlos por carta hasta con la cárcel si persistían en sus propósitos (i). Hacia el año 1409, poco antes de la muerte del rey Mar¬ tín, el abad Vicente Ferrer, probablemente por coacción, renunció al car¬ go, pero no en manos del convento, sino del papa Benedicto XIII. Este cometió abuso de jurisdicción y nombró abad a Jaime de Carbó, sin con¬ sulta ni elección legal del Monasterio, e hizo apoyar el nombramiento por (i) Girona, Itinerario del Rey Martin, pág. 153. DEL MONASTERIO DE POBLET 163 cartas del rey Martín al prior y al convento. A la muerte del rey Martín (a. 1410), y mientras duran los parlamentos de Caspe, está al frente del convento el abad Carbó, impuesto por el Papa, defamilia afecta a Fernan¬ do de Antequera y que por él luchó. Las circunstancias debían ser en Po¬ blet difíciles; el Rey convocó al abad Carbó a Cortes en Barcelona (años 1412-1413), y éste no fué a ellas, sino que se dirigió a Tortosa, y allí, en manos de Benedicto XIII, que ilegalmente se la había dado, renunció la. Abadía. Éste, por otro abuso de jurisdicción, nombró a Martínez de Men- gucho e hizo aprobar la elección por el nuevo rey Fernando. Ambos, el rey y el abad, hicieron pagar debidamente las transgresiones de Benedicto XIII en la elección real en Caspe, y en cuanto a la elección abacial, los dos se encargaron más adelante de anunciarle su deposición como Papa y de ne¬ garle obediencia. En el reinado de Alfonso V, muerto el abad Mengucho (a. 1434), la institución catalana pareció renacer: se efectúa la elección de abad, que re¬ cae en Guillermo de Queralt, y de momento se le obliga a aceptar, pero muy pronto renuncia el Abadiato en manos del papa Eugenio IV, y éste inmediatamente nombró de suyo, sin elección, a Miguel Roures (a. 1435). Las discusiones del Concilio de Basilea con el Papa y de Eugenio IV con el rey Alfonso V no influyeron en que el nombramiento de abad no pasase adelante, pero murió en breve (a. 1437) y entonces volvió a tomar empuje la elección conventual de Poblet y los monjes eligieron uno de los abades más eminentes que haya tenido nuestro Monasterio, Fray Bartolomé Co¬ nill, antiguo médico de Blanca de Navarra cuando era esposa del Infante heredero de Aragón y rey de Sicilia Martín, el último retoño por línea masculina de la Casa Real de Barcelona. Del tiempo de Alfonso V y del abad Conill quedan dos documentos, uno de los comienzos del Abadiato (a. 1437) y otro de las postrimerías (a. 1456), en los que firman o constan todos o casi todos los monjes, y por ellos se puede formar idea de la composición y tendencia social del Con¬ vento. En el documento de 1437, de cuarenta y cuatro monjes, pocos más de media docena ostentan nombres señoriales, son de origen catalán proba¬ ble las cuatro quintas partes, y forasteros escasamente unos ocho o nueve nombres: Valero, Bolea, Vilar, García, Almansa, Fortea, Fernández, Mo¬ lina... En el documento de 1456 constan noventa monjes, cuarenta y cinco conversos, quince donados y cinco familiares. De los noventa monjes os- 164 HISTORIA Y ARQUITECTURA tentan título señorial unos diecinueve veinte, y tienen nombre forastero o unos diecisiete: Vilar, García, Sánchez, Fernández, Felices, Sevilla, Quarto, Pérez, Delgado, Ruiz de Moros, Jiménez Cerdán, Vera, Roiz, Mediavilla, Hurte, Costollán, Garcés... Los demás son nombres vulgares catalanes (i). La proporción sigue parecida en unos cuarenta y seis monjes entrados «n el abadiato de Miguel Delgado, hechura de Juan II, pero se nota que casi todos los monjes castellanos o aragoneses son los que figuran en car¬ gos superiores: Juan García, limosnero real; Delgado, limosnero, abad, con¬ sejero y confesor real; Jiménez Cerdán, obispo de Barcelona; Roiz, abad de la Real de Mallorca; Ruiz de Moros, prior y elector delegado de todo H Convento. Si se la acción patriótica, social, de Poblet en el siglo xiii, en compara tiempo de Jaime I, con la del reinado de Juan II, de la Casa de Castilla, se encuentra ésta absolutamente invertida. Al Poblet del siglo xiii lo viene a representar un gran hombre de Estado catalán, un Guillermo de Cerve¬ ra, consejero mayor del Rey: al Poblet del siglo xv lo representa un servi¬ dor castellano de la dinastía de Antequera, un abad Miguel Delgado, que combate a los catalanes en armas; en la institución, a la acción social, na¬ cional, ha sucedido la servidumbre realista, a los nombres nobles de mon¬ jes de la antigua aristocracia catalana han substituido vulgares nombres de payeses del país, casi sin excepción, y de forasteros: Velázquez, Martínez, Gutiérrez, Ramírez, Buitrago, Bardo, Cabrero, Vela, Coello, Egea, Congi- llos, Ortiz, Valdeverso, Guerrero, Molina..., todos hechos en tiempo de un solo abadiato, el de Payo Coello, el apoderado de Fernando el Católico. La gran institución nacional catalana ha muerto ya políticamente; la sucede la realista servidora o servil. La nueva dinastía quiso asegurarse. Después, asegurada la hegemonía castellana, todos los nombres forasteros fueron desapareciendo de Poblet para no quedar más que nombres vulgares de payeses y menestrales; la aristocracia catalana había asimismo desapareci¬ do. Aquéllos y ésta, desnaturalizándose, habían seguido, se habían acercado a la Corte Real, alejada, dispensadora de favores y propicia a la ostenta¬ ción; los monjes siguieron a sus clases sociales, acudieron a monasterios lo más próximos posible del poder real. Efectiva señal de decadencia es la lista de monjes profesados en el (i) Finestres, obra citada, tomo III, págs. 310 y 320. DEL MONASTERIO DE POBLET 165 Convento en los cuatro lustros del gobierno del abad Porta (a. 1502-1526); entre unos ciento veinte, apenas uno o dos nombres históricos mediana¬ mente conocidos, ningún otro que se pueda sospechar de la antigua aristo¬ cracia catalana del gobierno, del saber o de las armas. El tercer estado in¬ vade el Monasterio, raramente para santificarse o ilustrarse. Busca en él generalmente para los segundones o caballeros una manera de vivir asegu¬ rada a costa de un pobre dote; raramente van a él por vocación o por espí¬ ritu de sacrificio, sino para librarlos de las luchas de la vida que hacen hom¬ bres capaces de formar pueblos vivientes. Asombra aquí también ver la casi instantánea desaparición de las aris¬ tocracias catalanas, la extinción de personalidad directiva de un pueblo por falta de función en un gobierno propio en las instituciones nacionales. Muy pronto se constituyó en Poblet un foco de irradiación de cultura y de personal directivo de instituciones religiosas y sociales y de conseje¬ ros de empresas políticas. Desde los primeros años de la fundación de Po¬ blet — dice el P. Finestres — acostumbraba el Convento enviar monjes es¬ tudiantes al Colegio de San Bernardo en París: tenía en él preparadas dos celdas, señaladas con las propias armas del Monasterio. Y también iban monjes de Poblet a estudiar en otras escuelas, como el P. Magdalé a Tolo¬ sa, donde llegó a ser maestro y catedrático de Teología. Este sistema de instrucción y de comunicación con los demás estu¬ diantes del Cister duró hasta 1419, cuando el abad Mengucho obtuvo del papa Martín V que eximiese a Poblet de enviar sus monjes al Colegio de París, concediendo que se les pudiesen dar estudios en las ciudades de Barcelona o Valencia u otras Universidades más próximas al Monasterio. Al mismo tiempo se formaba en Poblet una Biblioteca que llegó a ser i mportantísima y se constituía un taller de excelentes copistas de libros. Del tiempo del abad Copons (a. 1316-1348) encontramos libros admi¬ rables, escritos por hábiles pendolistas y miniaturistas en los talleres del Monasterio. Un libro célebre, en su ejemplar mejor, la Crónica de Jaime /, actualmente en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona, está firmado en el colofón, en el honrado Pondo de Co¬ donde dice que «lo hizo escribir pons por la gracia de Dios abad del Monasterio de Santa María de Po¬ blet... y fué escrito en dicho Monasterio de Poblet de mano de Celestino Destorrents, y fué acabado el día de San Lamberto, a XVII días del mes de septiembre, en el año de MCCCXLIII.» i66 HISTORIA Y ARQUITECTURA Probablemente se referiría a ejemplar, o a otro parejo de él, este la carta del rey Pedro IV, de fecha de los propios mes y año, pidien¬ ii do al mismo abad de Poblet la Crónica de Jaime I que le había hecho co- piar(i). A fines del siglo xiv y a principios del xv la Casa Real continuaba ha¬ ciendo copiar libros a los talleres de Poblet: existen varias cartas desde Pe¬ dro IV al rey Martín, dirigidas al Abad, encargando copias de diferentes libros: un Paulo Orosio, un Breviario, un De Civitate Dei (a. 1318), un Lec- cionario Nocturnal {a.. 1408)... También reclama a veces la Casa Real libros suyos prestados a la Bi¬ blioteca de Poblet: el Catkólicon, que fué de Pedro IV; el De Meste Mun- di, regalo de Clemente VII a Juan I..., y alguna otra vez acude al Monas¬ terio como centro científico: por ejemplo, para pedirles una persona que entienda el manejo del astrolabio (2). Poblet poseía una riquísima Biblioteca, cada día aumentada por ejem¬ plares procedentes de las librerías privadas de los monjes, que se iban acu¬ mulando en el Monasterio. Esta Biblioteca estaba en correspondencia de libros con la de la Casa Real. Pedro IV pensó y tenía ordenado trasladar su propia librería a Poblet en local adecuado que hacía construir encima del Calefactorium o Barbería, con entrada desde el terrado del Claustro y quizás del gran Dormitorio, al que había estado vecina, entre éste y la par¬ te alta del Refectorio. Existen cartas dando las instrucciones para la cons¬ trucción y hasta para el rétulo. Pero ni en el local, actualmente en ruinas, ni en los documentos posteriores, se comprueba que el pensamiento se hu¬ biese realizado. Hay sí una escalerilla entre este local en piso último y lo que fué librería del Monasterio, inmediato en planta baja, que establece una relación asaz directa. Hay noticias de haber sido expoliada la Biblioteca de Poblet para pro¬ veer la de la Casa Real en tiempo de los Austria. Se conservan documen¬ tos del reinado de Felipe IV que así lo prueban. Finestres, a mediados del siglo xviii, dice que esta Librería antigua del Convento contenía, según una antigua relación, 3.680 volúmenes, pero (1) A. Rubio y Lluch, Documentos para la historia de la Cultura catalana medieval, tomo I, pág. 128. (2) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, 34; Rubió, Documentos, etc., tomo I, págs. 397, 398, 428, 433, 434 y 441. DEL MONASTERIO DE POBLET 167 que en su tiempo era mucho más crecida. Los libros de encuademaciones comunes estaban en estanterías de madera ordinaria. La Biblioteca de Poblet fué regiamente aumentada (a. 1673) por Pedro Antonio de Aragón, de la Casa de los Duques de Segorbe y Cardona, virrey de Nápoles. Esta famosa librería nueva, lujosamente instalada en sala apar¬ te, en armarios de ébano con cristales de Venecia, la formaban, según Fi¬ nestres, 3.750 volúmenes, o quizás 4.322, como dice más adelante, todos ellos encuadernados uniformemente en badana o cordobancillo bermejo, con el escudo dorado en la tapa, con cuarteles de las Casas de Aragón, Segor¬ be, Cardona... y el nombre del donador, y con punzones a mano dorados, de estilo italiano, aunque la encuademación parece catalana. Villanueva, a comienzos del siglo xix, hace un breve análisis de las dos librerías, antigua del Monasterio y nueva de Pedro de Aragón: el catálogo se conserva aún en la Biblioteca de Tarragona, con unos trescientos tomos; otra colección privada existe en Reus, de unos sesenta, y hemos visto mu¬ chos más en ricas ediciones o códices, esparcidos en otras librerías particu¬ lares. Los historiadores y panegiristas de Poblet insisten largamente en los personajes ilustres que salieron del centro de cultura del Monasterio, ex¬ pandiendo en el mundo social su ilustración. Arzobispos: Arnaldo Amalrich, abad de la Gran Selva, inquisidor ge¬ neral y arzobispo de Narbona, jefe de la Cruzada albigense (a. 1221); Ar¬ naldo de Gallart, abad de Poblet, arzobispo de Aix (a. 1231); Miguel Apa- rici, abad de Veruela, arzobispo de Sácer (a. 1441). Un cardenal: Juan Martínez Murillo, abad de Montearagón, cardenal del título de San Lorenzo in Damasco, por los papas Benedicto XIII y Martín V (a. 1419). Obispos: Esteban de Sant Martí, abad de Poblet, obispo de Hues¬ ca (a. 1166); Ramón de Vilallonga, obispo de Elna (a. 1209); Arnaldo de Filella y de Serrallonga, abad de Poblet, obispo de Elna (a. 1221); Ramón de Hostalrich, obispo de Elna (a. 1224); Simón Eximenis, abad de Poblet, obispo de Segorbe y Albarracín (a. 1237); Ramón de Siscars, abad de Po¬ blet, obispo de Lérida (a. 1238); Lorenzo Massa, obispo deGirgenti (a. 1440); Juan Jiménez Cerdán, obispo de Barcelona (a. 1465)... Abades de otros monasterios: Vif redo de Rocabertí, abad fundador de Piedra (a. 1194); Infante Fernando, abad de Montearagón (a. 1208); i68 HISTORIA Y ARQUITECTURA Juan, abad fundador de Benifassà (a. 1233); Arnaldo, abad fundador de la Real de Mallorca (a. 1240); Domingo de Ximeno, abad de Fuenfría (a. 1246); Bernardo de Sanromá, Arnaldo de Abella, Berenguer Poblet y Juan Gar¬ cia, abades de Rueda (a. 1402, 1418, 1433 y 1458); Miguel Delgado, abad del monasterio benedictino de Breda(a. 1458); Juan Magdalé, abad de Huer¬ ta en Castilla (a. 1459); Domingo Maynar, abad de Santa Fe de Aragón (a. 1446); Juan Martí, Francisco de Oliver, Jerónimo Gomar, Antón Gra¬ nera y Juan García, abades de Escarpe (a. 1571, 1574, 1585, 15997 1620); Carlos Bernardo Macip, abad de Labaix (a. 1607)... Ilustran la historia de Poblet en larga serie personalidades eminentes: principes y magnates, hombres de Estado y de armas, retirados al Monas¬ terio o gobernando desde él; consejeros y ministros reales; insignes maestros en ciencias y en letras humanas, filosofía y teología. Casi podría decirse que la teoría de hombres eminentes sigue cronológica el orden enumerado: la cierran, como corresponde, los cronistas e historiadores domésticos, hasta el siglo xviii: como si presintiesen terminada su misión. Nos es grato resumir lá serie con los más significados: a la cabeza el príncipe Fernando, oblato de Poblet, hijo del Rey Fundador, abad de Montearagón, pretendiente a la Corona, después consejero y colaborador de Jaime el Conquistador; Guillermo de Guardia, compañero de armas de Pedro el Católico de las Navas de Tolosa hasta Muret, el hombre de Es¬ tado que acude a reclamar del papa Inocencio III al rey niño que fué Jai¬ me I, el que lo saca de Monzón para sentarlo en el trono, consejero mayor, hasta morir, del Conquistador de Mallorca y de Valencia, como dice el mis¬ mo Rey; Ramón de Cervera, el abad de las Cortes de Barcelona que acor¬ daron la conquista de Mallorca; Pedro de Queralt, último retoño de la dinastía primera de los Santa Coloma, y Vifredo de Rocabertí, de los hom¬ bres compañeros de armas de Alfonso II, después abad fundador del Mo¬ nasterio de Piedra, de Aragón; Arnaldo Amalrich, abad general del Cister, primer gran inquisidor y general en armas en la batalla de las Navas, lega¬ do pontificio en las guerras de la cruzada albigense, y arzobispo, por fin, de Narbona; el abad Bernardo de Cervera, que acompañó al Conquistador en la hora de su muerte en Valencia y le vistió, según tradición de Poblet, la cogulla cisterciense, y fué uno de sus albaceas; el abad Pondo de Copons, gran constructor en Benifassà (a. 1311) y en Poblet (a. 1316-1348); Fray Jaime Despereres, tesorero mayor del rey Jaime II de Mallorca (a. 1306); DEL MONASTERIO DE POBLET Fray Guillermo de Ripoll, maestro en el Colegio de San Bernardo en la Universidad de París (a. 1330); Fray Jaime de Ricart, censor de los libros de Arnaldo de Vilanova (a. 1316); el abad Guillermo de Agulló, otro de los mayores constructores de Poblet, gran amigo de Pedro IV y albacea suyo, el primero de Poblet que fué limosnero real (a. 1361-1393); el abad Vicen¬ te Ferrer, maestro en Sagrada Teología, tío supuesto del Santo de igual nombre, limosnero del príncipe Juan, duque de Montblanch, y en cuyo tiem¬ po se construyó el Palacio del Rey Martín (a. 1393-1409); Martínez de Mengucho, el abad agente del papa Luna y de Fernando de Antequera en Poblet, después de Alfonso V en el Concilio de Constanza, más tarde agen¬ te del papa Martín V para reducir a obediencia a los cardenales de Bene¬ dicto XIII, acabando el cisma en Cataluña (a. 1413-1433); Fray Marginet,. el monje fugado del Monasterio, compañero de disolución del célebre rene¬ gado Fray Anselmo Turmeda, después anacoreta de áspero ascetismo y es¬ píritu protector de Poblet; el maestro Bartolomé Escuder, uno de los seis reformadores del Cister del año 1419; Fray Bernardo Serra, limosnero real en Nápoles, embajador de Alfonso V al papa Eugenio IV y al Concilio de Basilea (a. 1436-1438) para el reconocimiento o investidura del reino; el » abad Bartolomé Conill, médico famoso de la reina Blanca de Navarra, con¬ sejero de sus dos esposos el Infante Martín de Aragón, rey de Sicilia, y Juan, rey de Navarra, y del rey Alfonso V, constructor en nombre de éste de la hermosa capilla de San Jorge y de otras obras menores en los claus¬ trillos (a. 1437-1458); el abad Miguel Delgado, antes limosnero y confesor de Alfonso V, embajador del rey cerca del papa Calixto III, de la casa de Borja, después intermediario entre Juan II y el príncipe Carlos de Viana en sus discordias, finalmente partidario, consejero, agente y general de Juan II contra los catalanes sublevados, y, por último, diputado eclesiástico de la Generalidad, terminadas las guerras (a. 1458-1473). Juan II por este tiempo tiene una corte de monjes de Poblet: Fray Bernardo Cardona, con¬ sejero y capellán mayor real (a. 1469); Fray Jaime Roiz, lugarteniente de limosnero, consejero y albacea del Rey (a. 1475); Maestro Juan Ruiz de Moros, lugarteniente de limosnero (a. 1465); Fray Juan Jiménez Cerdán, también limosnero real, a quien hizo obispo de Barcelona (a. 1478), y, por fin, otro limosnero y confidente del Rey y del príncipe Fernando el Católi¬ co, Fray Juan Payo Coello, después abad de Poblet y el gobernante de con¬ fianza de los Reyes Católicos en la Generalidad de Cataluña (a. 1480-1498). 23 170 HISTORIA Y ARQUITECTURA En elRenacimiento, y con el alejamiento de la Corte a Castilla, pierde Poblet la importancia social y política. Sus grandes hombres, ya más esca¬ sos, sólo tienen importancia local; si alternan alguna vez con los Reyes, no es como directores, consejeros o jefes ejecutores de su política, sino como pretendientes de intereses y reformas, o defensores de derechos regionales; hombres de ciencia puramente especulativa o práctica, limitada al ejercicio limitado en sus comarcas. Los historiadores de Poblet mencionan algunos que conviene recordar: el abad Domingo Porta (a. 1502-1526), teólogo, cate¬ drático en la Universidad de Lérida, enviado por el convento a la Corte del papa Alejandro VI y apoderado del Cister en ella, a quien Fernando el Católico cedió el Santuario del Tallat construido por él, primer limosne¬ ro mayor de los Reyes de España, nombrado por el emperador, aunque pa¬ rece que ya no tiene el cargo sino carácter honorario; el desgraciado Pedro de Caixal, el abad que hizo construir el gran retablo de alabastro (a. 1526- 1531); el profesor de Derecho Gabriel Forés, abad en 1545 y 1546; Fray Juan de la Peña, médico famoso, que murió siendo monje de Poblet (año 1558); el abad Juan de Guimerà (a. 1564-1583), visitador general del Cister, rama de Claraval en España, encargado por Felipe II de construir un canal en Urgel, restaurador de la iglesia y autor de muchas obras hidráulicas en el Convento, en relación amistosa con el cardenal Cervantes, el arzobispo Antonio Agustín..., en torno del cual se formó un núcleo de estudiosos mon¬ jes; el abad Francisco de Oliver (a. 1583-1598), vicario general de la Orden en España, diputado en la Generalidad de Cataluña, que construyó el nue¬ vo Palacio abacial de Poblet, representante de Cataluña cerca de Felipe II, a quien recibió en su visita al Monasterio (a. 1585); los maestros en teo¬ logía escolástica, dogmática, moral..., abades Juan Tarrós, Miguel Merola, Domingo Quílez, Baltasar Sayol, José Escuder y Félix Genover, y monjes como Jaime Crosa, Andrés Novell, Agustín Vilar, José Queralt, Miguel Escuder, que fueron «maravilla y asombro de sus siglos;» el «doctísimo médico» Dr. Pablo Fernós, muerto en 1626..., y el que nos ha legado estas noticias de Poblet, el historiador minuciosamente documenta¬ y tantas otras do yconcienzudo del Monasterio, el maestro Fray Jaime Finestres y de Monsalvo, autor de la extensísima de Poblet en cinco volúmenes (i). (i) Con motivo de la controversia entablada entre los Monasterios de Poblet y Santes Creus sobre la precedencia o prioridad de su fundación, el P. Finestres, con la principal idea de defender y favorecer las pretensiones de su Monasterio, dió a las prensas el tomo I de su DEL MONASTERIO DE POBLET 171 En el largo camino de luminosa estela de civilización y obra patriótica dejada por el antiguo Monasterio hay también sombras y obscuras interrup¬ ciones. Los panegiristas pasan por ellas silenciosa y temerosamente. En Ios- tiempos del Parlamento de Caspe y de la entrada de la dinastía castellana, otro período sombrío en Poblet, dimite el abad Vicente Ferrer, tío del San¬ to que dirigió el Parlamento; el papa Benedicto XIII usurpa la elección a los monjes, impone un abad Carbó (a. 1409), hermano de Luis Carbó, par¬ tidario de Fernando de Antequera, quien se apoderó de la casa fuerte de la Condesa de Urgel en el sitio de Balaguer (a. 1413); el nuevo abad ha de dimitir el mismo año; el papa Luna impone otro de férrea voluntad y forastero, Martínez de Mengucho. En Poblet se produce una dispersión de monjes: se van a otros conventos o son expulsados; el papa Martín V in¬ terviene, pasa por las deserciones hechas a los otros conventos, y prohibe Historia el año 1746. He aquí su portada según la transcribe el historiador D. Eduardo Toda en sus Estudispobletans (Tarragona, 1925): «Historia de el Real Monasterio de Poblet. Ilustrada con dissertaciones curiosas, sobre la antigüedad de su Fundación, Catalogo Chronologico de sus Abades, y Progressos de sus Go- viernos. Tomo I. Que contiene la Antigüedad de su fundación. Compuesto por el R. P. M. Jay- me Finestres, y de Monsalvo, natural de Barcelona, Monge Cisterciense de dicho Real Monas¬ terio de Poblet, Cathedratico que fué de Artes, y de Theologia en los Insignes, y Reales Co¬ legios de Huesca, y Cervera; y en éste su Rector, y Regente de Estudios: oy Maestro actual de la Congregación Cisterciense de los Reynos de la Corona de Aragon, y Navarra, Examina¬ dor Synodal de los Obispos de Lérida, y Solsona, etc. Dedicado al mismo Real Monasterio de Poblet. Con privilegio. Barcelona: Por Pablo Campins, Impressor. Año 1746.» Decidida por Roma la cuestión a favor del Monasterio de Santes Creus, comenzó Fines- tres en 1753 la publicación de su segunda Historia, dividida en cinco volúmenes, en la si¬ guiente forma: «Vol. I. Que contiene el libro primero de la Fundación y Descripción de el Monasterio, y una Exposición de los Vaticinios de los Reyes de Leen, Castilla y Aragon, y Principes de Cataluña. Cervera: Por Joseph Barber, Año M.DCC.LHI. »Vol. H. Que contiene la primera parte de el libro segundo, esto es, la serie de Abades^ y los progresos que tuvo el Monasterio desde su Fundación hasta el año 1251. Cervera: por Joseph Barber, Año M.DCC.LHI. »Vol. HI. Que contiene la segunda parte de el libro II, esto es la serie de Abades, y los Progressos que tuvo el Monasterio desde el año 1254. hasta el de 1458. Cervera: En la Im¬ prenta de la Pontificia, y Real Universidad, por Manuel Ibarra, año M.DCC.LVI. »Vol. IV. Que contiene la tercera, y última parte de el libro H, esto es la serie de Aba¬ des, y los Progresos que tuvo el Monasterio desde el año 1458. hasta el de 1623. Cervera: En la Imprenta de la Pontificia, y Real Universidad por Manuel Ibarra, año M.DCCLVI. »Vol. V. Que contiene los libros HI y IV. de la Historia, esto es, la série de los Abades Quadrienales desde el año 1623. hasta 1752. y algunos Apéndices conducentes a la Histo¬ ria. Tarragona: Por Joseph Barbér, año M.DCC.LXV.»—N. del T 172 HISTORIA Y ARQUITECTURA ■que prosigan. En los tiempos de Juan II y Fernando el Católico hay aba¬ des de la Casa Real más que de Poblet: Miguel Delgado y Payo Coello. Muerto éste (a. 1498), en Poblet todo es confusión, se aplazan seis meses las elecciones: el hijo natural de Fernando el Católico, Alfonso, arzobispo de Zaragoza, quiere la Abadía como comendatario; el Rey ordena hacer elecciones: sale un abad Buada, indeciso, que no logra las bulas papales para tomar posesión. En este tiempo de confusión (a. 1499-1502) debió ocurrir en Poblet una obscura tragedia. En las noticias de sentencias de la Inquisición hechas por el archivero real Pedro Miguel Carbonell (i) hay dos relativas a nuestro Monasterio: un Fray Tomás Ramírez, monachus monasterii Populeti, reconciliado y senten¬ ciado a prisión perpetua en Tarragona, en 20 de diciembre de 1501, y en el mismo día y lugar condenado y entregado a la curia secular, o sea ejecuta¬ do a muerte; Fray Manuel Galcerán, «monje del Monasterio de Poblet, hereje famosísimo;» éste era sexagenario y decía «que había recibido el hᬠbito hacía XXXXVII años:» era verdad, correspondía al abadiato famoso de Bartolomé Conill, está firmado o citado en documentos. Un mes justo después moría abad el Buada, 21 de enero de 1052. «Aunque lo enterraron en la Aula Capitular, no lo pusieron en la línea de los demás abades, ni con lápida encima, sino al entrar en el Capítulo a mano derecha, cerca la primera columna, en tierra plana en hoya cubierta de yeso, que hoy día (a. 1756) nos acuerda estar allí sepultado (2).» El Convento salió del paso eligiendo abad al monje que tenía enviado a Roma, Domingo Porta, en donde fué consagrado por un cardenal y que DO volvió al Monasterio hasta muchos meses después: sus primeras firmas ■encontradas pertenecen al septiembre siguiente. Veinticinco años después hay en Poblet otra tenebrosa tragedia, la del abad Caixal, hombre enérgico, de poderosa energía, restaurador y reforma¬ dor, elegido en 1526, nombrado visitador general del Cister en Aragón {a. 1527) y. por el emperador Carlos V, del Monasterio de Bellpuig de las Avellanas (a. 1528); compra fincas en 1529 y establece otras; hace obras Utilísimas: la de cubrir de tejado la nave mayor de la iglesia que se des¬ truía; hornos y oficinas, instalaciones de aguas; por doquiera se encuentran (1) Bofarull, Colección de documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón, tomo XXVIII, págs. 150 y 151. (2) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 82. DEL MONASTERIO DE POBLET 173 ahora en azulejos de sus obras, con su señal o divisa. Hace ter- las ruinas . nos para los Oficios de difuntos y de pontifical, un relicario, y sobre todo contrata con el famoso escultor Damián Forment la obra a la romana del monumental altar mayor, hoy existente todavía, y todo en breve tiempo, en menos de cinco años. La parte baja del altar, que él debió ver y recibir, datada en 1529, es trabajo admirable y de excelente gusto de ejecución. El abad Caixal debía ser reformador enérgico; hacía cien años que se había re¬ clamado y obtenido por el abad Conill (a. 1437) la división del gran Dor¬ mitorio en celdas de aislamiento, en las cuales no se efectuasen reuniones ni se dejase entrar en cada una más que al fraile poseedor de ella: disposi¬ ción más favorable, dicen los cronistas de la Casa, «a la honestidad monás¬ tica.» En el Dormitorio grande debían cometerse abusos: hay noticia de uno gravísimo poco después (a. 1547). El abad Caixal indudablemente qui¬ so cortarlos y estableció las celdas aisladas en lugar de las sencillas corti¬ nas de separación de los lechos. Algunos creyeron que motivó la tragedia esta disposición «contra la observancia primitiva» de la Orden (i); pero la Regla establecía también que los lechos de los monjes jóvenes alternasen en los dormitorios con los de los ancianos, y en el dormitorio comün, en realidad, no quedaba sino la juventud y su maestro o vigilante: no tenía más nombre que el de Noviciado. Fuese por lo que fuese, no se sabe ciertamente, algunos monjes jóve¬ nes, movidos - dicen ellos — «del celo de la conservación de la Casa,» se sublevaron (junio de 1531) y «casi milagrosamente» encarcelaron al abad. Enviaron embajadores al abad general del Cister, al emperador, y obtuvie¬ ron de un tribunal compuesto de los abades de Santes Creus, Fitero, Vall¬ digna y Santa Fe, sentencia en la cual se declaró en términos generales: «que Don Pedro Caixal quedaba convencido de relajador de la Observan¬ cia regular y disipador de los bienes del Monasterio,» y fué condenado a «privación déla abadía» y a «reclusión perpetua» (15 de noviembre de 1531). Pedro de Caixal aceptó humildemente la pena, la ratificó el día siguiente y prestó obediencia al nuevo abad elegido, Fernando de Lerín. El Papa y el Emperador ratificaron la sentencia (a. 1533) contra las instancias de los pa¬ rientes del abad, pero ellos no se conformaron. Parece que en la noche de Navidad del mismo año asaltaron el Monasterio, entraron en él y fué muer- (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. iii. 174 HISTORIA Y ARQUITECTURA to en el asalto un converso, Fray Pedro Mas. Pero el abad Caixal no fué libertado; al contrario, el Convento y el general de la Orden, para pacifica¬ ción de la Casa, pidieron al Emperador que lo encerrase en el castillo de Játiva, donde solo y prisionero, resignadamente, murió años después el en constructor del gran retablo que todavía hoy se admira en Poblet, y reco¬ gieron piadosamente su cadáver los monjes cistercienses del Montsant (i). El gran foco de cultura se va extinguiendo mucho antes de morir po¬ líticamente la institución. Al entrar en el siglo xv la dinastía castellana, su abad en Poblet, Martínez de Mengucho, logra aislar los estudios de los monjes de nuestro Monasterio de los generales de la Orden en París; el papa Martín V lo decreta y el Cister admite la disgregación (a. 1419). Los monjes de Poblet habían de ir después a las Universidades de Barcelona o de Valencia, u otra dentro del país; pero se elige población de menor mo¬ vimiento social o político y de menos relaciones de cultura con el mundo científico, moralmente más recluida: Lérida. Allí se hace un colegio espe¬ cial, un plantel aislado de teólogos. En 1602, cuando la última elección de abad perpetuo en Poblet, de los cien vocales electores había treinta y uno graduados en teología. Eregidos en congregación los monasterios cistercienses de los reinos de la corona de Aragón (a. 1617) en Zaragoza, fué despojado Poblet de su (i) Mosén José Palomer, en su reciente y notable libro Estampas de Poblet (Barcelona, 1927), deja plenamente demostrado, con documentos coetáneos que posee D. Eduardo Toda en su Archivo del castillo de Escornalbou, que la reforma del Dormitorio, y no la dilapidación de caudales, fué la causa de la revuelta que terminó tan trágicamente con el abadiato del P. Caixal. Bastará traducir dos párrafos de una carta escrita por el monje Fray Arnaldo Folch al Abad de Fuenfría, en 20 de agosto de 1532, para sincerar al virtuosísimo Abad de la culpa que se le imputaba. Dice el uno: «Fué Fray Caixal ejemplar de bondad y santidad, y fué un buen Abad del Monasterio y un fiel cumplidor de sus leyes y de su buen gobierno. Y el vene¬ rable Fray Conill, de santa recordación, había querido por causas de honestidad y de buenas costumbres alejar los novicios y los conversos de los lugares de reposo..., y por muchos moti¬ vos no se hizo; y el malhadado Caixal lo hizo y de ahí las iras y los odios y las locuras de los jóvenes, quepor esto se sublevaron y encarcelaron al santo varón. Dios Nuestro Señor le remune¬ rará estesufrimiento. Y fué... juzgado malamente por otros abades, oh Padre mío, diciendo que había hecho mal uso de los caudales y empobrecido la Casa. Y Dios nuestro Señor sabe no ser cierto esto.i> Dice el otro párrafo: «Y los Abades que lo juzgaron lo hacían también apasio¬ nadamente por ambición de su gobierno y haber por puesto freno en sus monasterios.» Y otro monje de Poblet, Fray Simón Aliberch, escribía cincuenta años después de muerto el abad Caixal, a un amigo suyo. Fray Juan de Saint-Beraud, monje de Fuenfría: «Ya no existe aquel varón santo y magnánimo; aquel que jamás hizo 7nal uso de los caudales; aquel que reformó tantos monasterios.»—N, del T DEL MONASTERIO DE POBLET 175 supremacía, de susfiliales. Mientras vivió el abad Trilla, último perpetuo, resistióse, reclamó, protestó: el Populeus Hedor, como dice su epitafio, mu¬ rió indomable en 1623; crevit arista sicut, pero el Monasterio hubo de su¬ jetarse a la ley general. El colegio de la Congregación aragonesa se esta¬ bleció aún más recluido en una ciudad más fríamente aislada, más alejada del mundo de la cultura general: en Huesca. Quería también la Congregación centralizar los estudios de Poblet, sa¬ carlos de Lérida, llevarlos a Huesca. El vicario general de la Orden en Aragón, Miguel Escartín, lo ordenó en 1628. Pero el abad de Poblet, Do¬ mingo Quílez, se opuso, recurrió al general del Cister y obtuvo la continua¬ ción de los estudios de los profesos de Poblet en su casa de Lérida (i). Esta casa persistió largo tiempo aunque con graves accidentes. En la gue¬ rra de sucesión contra Felipe IV la casa de Lérida en que estaba estableci¬ do el Estudio de Poblet fué destruida, pero más tarde (a. 1685) fué recons¬ tituido este colegio, y con compra de casa propia (a. 1686) y concesión definitiva de Carlos H para sus estudios (a. 1687) pareció asegurada su subsistencia {2). No obstante, después de la guerra de Sucesión, Felipe V abolió la Universidad general de Lérida (a. 1717), como la de Barcelona, y concentró sus estudios en la nueva de Cervera. En 1730 quedaba esta nue¬ va Universidad consolidada con las concesiones papales considerables, y la declaración de cátedras vacantes y para proveer por oposición, establecida por Felipe V. El Colegio de Poblet en Lérida siguió los estudios genera¬ les en su traslación: en 1731 se organizaba de nuevo el Colegio del Monas¬ terio en Cervera y era nombrado rector el P. Finestres, autor que fué des¬ pués de la Historia de Poblet (3). Siguió el Colegio las vicisitudes de la Universidad de Cervera en la guerra de la Independencia, y poco tiempo después de aquélla y de las reacciones absolutistas del año 1814 y liberales del año 1820, lo encontramos suprimido: los monjes de Poblet van ya a es¬ tudiar al Colegio general de la Congregación en la ciudad de Huesca. Uno de los exclaustrados de Poblet, de 1835, nos ha conservado una ligera indicación de la vida que se hacía en el Colegio de Huesca, en los cursos, en los inviernos helados de aquella ciudad. Nos pinta a los estu¬ diantes de teología encogidos, acurrucados en torno del brasero, amodorra- (1) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 29. (2) Id., id., tomo V, págs. 128 y 130. (3) Id., id., tomo V, pág. 208. 176 HISTORIA Y ARQUITECTURA dos en aquellas soledades nevadas, teniendo que romper el hielo de los cán¬ taros para beber o lavarse, como condenados a prisión temporal y peniten¬ cia en aquella siberiana Tebaida (i), para ganar después como recompensa la crasa vida conventual... en las llanuras asoleadas, regaladas de aguas y frutas... Sus cofrades que casi infantilmente nos bosquejó en Poblet, triste es decirlo, no están vivamente equilibrados en superior criterio social: re¬ sultan como debilitados en una vida material, o fanáticos, o descreídos pro- testatarios. (i) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de i8ç6, pág. 189. LAS OBRAS PRIMITIVAS Y SU USO OBLET constituye por sí solo historia de las construcciones una monacales en nuestra tierra desde mediados del siglo xii al XIV. El plan de las construcciones claustrales, comenzado por Ramón Berenguer IV, no quedó completo hasta la época de Jaime II. Después siguieron nuevas construcciones indefini¬ damente, pero no ya fundamentales, sino de acomodación y agrandamiento. El plan primitivo de Poblet era ya grandioso. Lo señalan las medidas casi iguales del actual recinto de clausura, sus construcciones sueltas situa¬ das tocando a los límites de aquél: a la entrada, a poniente, la capilla de Santa Catalina; a levante el gran Dormitorio, hoy sin cubierta, convertido en patio llamado Juego de pelota en las postrimerías del Monasterio, y la capilla de San Esteban; al norte un pequeño edificio próximo al muro de aquella parte, antiguamente aislado, de planta baja y un piso al menos, de piedra labrada al estilo de las construcciones anteriores y que debió ser habi¬ tación del prior o de otro personaje: hoy está englobado en las ruinas de cons¬ trucciones del siglo XIV y modernas; al sur la Sacristía antigua y la gran iglesia conventual, comenzada probablemente, y según todas las tradiciones y datos existentes, en el mismo lugar de la que se atribuye a Alfonso II. Todas estas construcciones parecen obedecer a un sistema interino de pequeños edificios aislados dentro del común recinto: son de piedra caliza cortada en sillarejos regulares, inclusas las bóvedas. Éstas siempre apun- l8o HISTORIA Y ARQUITECTURA tadas, de cañón seguido, sin ninguna clase de arcos de refuerzo, absoluta¬ mente lisas como las paredes, todo lo más alguna imposta sencillísima. El gran Dormitorio primitivo, las capillas de Santa Catalina y de San Esteban, no tienen ábsides, son rectas. El trazado, los arranques, el estado actual de las construcciones, indican en su querida sencillez conocimiento completo del arte de construir: todo está previsto y ejecutado en detalle completo al levantar las fábricas; hay las credencias para los vasos y utensilios de la ce¬ lebración; en las ventanas estrechas, aspilleradas, sus arcos o dinteles rasga¬ dos; rebajos para las vidrieras en la sala dormitorio primitivo..., todo cons¬ truido a una con las paredes. No obstante la reserva de los documentos y de las obras, sin inscripción de autor, hay en épocas subsiguientes indicios de origen o tradición arqui¬ tectónica, y por suerte, nombres verdaderos de arquitectos o por lo menos de monjes o frailes obreros u operarii, que trabajaban en ellas y que muy probablemente serían los mismos que las dirigían o trazaban, confundién¬ dose en sus orígenes el monje obrero con el fraile arquitecto. Los primeros que llegaron de Fuenfría conocían perfectamente el tra¬ zado de las casas madres del Cister, y pusieron a maravilla los puntos car¬ dinales del edificio; las construcciones mayores cupieron después entre ellos muy holgadas y en orden, haciendo dudar al más entendido, a veces, si son sus obras del siglo xii o bien más modernas, imitando la antigua construcción cisterciense, incluidas de una tirada en la edificación general. La antigua £apilla de entrada, por una punta, a poniente; en el fondo, a levante, den¬ tro del huerto, el dormitorio, después celda enfermería con su capilla mor¬ tuoria; al sur, y en su lugar para permitir después desarrollarse a su tiempo las galerías y dependencias claustrales y la iglesia mayor, la sacristía, orien¬ tada para poder servir de iglesia provisional; al norte el calefactorio, y en ángulo recto, de frente a la enfermería, el locutorio; en el ángulo opuesto de lo que había de ser claustro, el paso a las cocinas y a \a.prioría. Con estos ele¬ mentos colocados en los puntos cardinales de nuestro Monasterio, podía constituirse ya el Convento con crecido número de monjes, e ir haciendo el edificio total y recogiendo novicios al mismo tiempo, aunque fuese preciso esperar, para reunir los medios y edificar la gran unidad total, un siglo o más todavía..., como sucedió realmente. De estas dependencias, si no de tiempo, de estructura primitiva, dos hay que muestran su prelación: la capilla anterior, llamada ahora de Santa DEL MONASTERIO DE POBLET Catalina, y el espacioso dormitorio posterior, ambas de la misma estructura, materiales y decoración, y con modillones escodados iguales en las cornisas. La capilla llamada de San Esteban fué sobrepuesta al Dormitorio; por den¬ tro y por fuera se ve la yuxtaposición de los extremos occidentales de sus muros sobre los del Dorñiitorio; uno de estos extremos de la capilla tapa una de las ventanas primitivas de la sala. Junto a esta ventana existe en el grueso del muro una escalerilla de piedra; su arranque forzado y con trozos del Renacimiento hace pensar que algún día la sala pudo servir de Refec¬ torio, o que cuando menos se hacían lecturas por el estilo que en aquél. En esta sala usada como dormitorio cabrían cómodamente hasta una cuaren¬ tena de camas: tiene treinta y siete metros de largo por unos nueve unos metros de ancho; podía, pues, esperar amplio desarrollo de la Comunidad conventual mientras se construía el gran Dormitorio definitivo, mucho más previniendo la Regla diversas salas para tal uso. El objeto de las construcciones primitivas de Poblet es conocido en lo posible por comparación con los Monasterios contemporáneos del Cister y por referencias de algún documento. La capilla de Santa Catalina, como hemos visto, es la de oraciones de entrada en la clausura; el edificio-habi¬ tación del norte, del Prior probablemente, ya que por allí subsistía en los últimos tiempos del Monasterio; la sala larga posterior, o de levante, debió ser dormitorio, después enfermería; la capilla de San Esteban oratorio par¬ ticular de esta sala, y después capilla funeraria en la que todos los días se ce¬ lebraba Misa de difuntos. Lacapilla llamada ahora de Santa Catalina, consagrada con esta advo¬ cación, de junio de 125J, por el arzobispo Albalat, debió estar dedicada a 20 anteriormente a la Virgen; dice el P. Finestres que se le decía diariamente allí una Misa, y la imagen llamada de los Cipreses, sacada de ella en el si¬ glo XVII por el abad Trilla, debió ser la primitiva de la capilla. Dedicada a la Virgen, se celebraba en los monasterios del Cister la Misa cuotidiana De Beata, citada en los Usus, instituida hacia el 1175 ó an¬ tes, a poca diferencia en los tiempos en que se introdujo en el Oficio la me¬ moria de la Santa Virgen. Se decía también en altar particular y no se omi¬ tía más que en los últimos días de Semana Santa, Pascuas, Pentecostés y Navidad, así como la de Requiem (i). (i) Usus, c. XXI. 184 HISTORIA Y ARQUITECTURA No sólo la advocación de Santa Catalina debió ser muy posterior a la erección de la capilla de Poblet, de mediados del siglo xii, sino que lo era el culto de la misma Santa en el Cister. Oponía granresistencia el Cister a introducir nuevos cultos de Santos en sus Oficios yCalendarios y a la canonización de monjes de la Orden: era precisa, aun para una simple conmemoración, la autorización del Capítulo general. La fiesta de Santa Catalina no fué decretada por el Capítulo hasta el 1215. Era, pues, hacia 1235 una celebración nueva a la cual sacrificó el antiguo culto el convento de Poblet, dedicándole la capilla erigida para la Virgen, que ya tenía entonces el culto principal en la iglesia mayor. Es probable que la capilla de San Esteban tuviese ya desde un princi¬ pio esta advocación y objeto mortuorio. Todos los días, incluso los domingos, se decía en los monasterios del Cister una Misa especial de Requiem en un altar particular, correspondiente al Oficio de difuntos, en sufragio de los religiosos y familiares de la Orden (x). La fiesta de la Invención del cuerpo de San Esteban es uno de los pri¬ meros cultos introducidos en los ritos cistercienses (2). También San Este¬ ban Harding, tercer Abad del Cister o Citeaux, fué muy venerado en la Orden, aun antes de ser canonizado: él fué quien organizó fuertemente la institución, vistió el hábito monástico a San Bernardo (a. 1113) y lo hizo abad de Claraval (a. 1115): convocó el primer Capítulo general de la Or¬ den (a. ÍI16 y II19), proclamó la unión de todas sus iglesias, y obtuvo la confirmación papal de las primeras Constituciones cistercienses (3). La condesa Elvira de Urgel y de Subirats, esposa primero de Ermen- gardo VIII de Urgel, y después del célebre Guillermo de Cervera, tuvo gran devoción a esta capilla de San Esteban, y por sus donaciones es cono¬ cido su uso mortuorio. En 1212 alude al legado de renta para mantener la lámpara, y en 1213 la propia señora hacía otra donación para el sustenta¬ miento de un sacerdote y dos ministros o acólitos para la Misa cotidiana de difuntos (4). Los cistercienses tenían en sus primeros siglos hábiles arquitectos en¬ tre ellos, pero parece inútil querer conocer ahora sus nombres. Se oponía a (1) Usus, c. Li y Lix. (2) Cabrol, Diccionario de Arqueología cristiana, Citeaux. (3) Galia Cristiana, IV, c. 985. (4) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 213. DEL MONASTERIO DE POBLET 185 ello larigurosa humildad impuesta por la Regla. «Si hubiese en el monaste¬ rio algún monje que supiese algún arte — dice — o tuviese especial habilidad, la ejercerá con toda la modestia y humildad posibles, con permiso del abad. Pero si se viese que se enorgullece, o se paga de su habilidad, o le parece que el convento le necesita, o tiene interés en sus obras, prívesele de su ejercicio y no se le permita trabajar en su arte sino cuando, arrepentido y humillado, se lo ordene el abad de nuevo» (cap. LVII). El trabajo manual lo hacía obligatorio la Regla (cap. XLVIII): mañana y tarde alternaba con las horas de rezar y de comer, y variaba según la duración de la luz del día: generalmente unas siete horas. 25 LAS CONSTRUCCIONES A FINES DEL SIGLO XII LA IGLESIA MAYOR plan de las construcciones monacales de Poblet hubo de ex¬ L playarse con más grandiosidad en tiempo del hijo de Ramón Berenguer IV. Alfonso II reconoció con su firma las dona¬ ciones de su padre, y hace constar, en su donación de Vimbo¬ dí al Monasterio, que Poblet era fundado y construido a cos¬ tas de Ramón Berenguer IV: supradicto Populeti Monasterio, quod Pater meus, felicis rnemoriœ, pro hereditate sua fundavit ad honorem Dei, et Beatœ Maries, et Or dinis Cisterciensis (i). Los cronistas de la época, los escritores de la Casa, el estilo y disposi¬ ción de la iglesia mayor, revelan el engrandecimiento de la construcción del Monasterio por el rey Alfonso. Parece que con razón se atribuía en el Convento el trazado definitivo y la construcción de la iglesia mayor de Poblet a los tiempos de Alfonso II (a. 1162-1196). La grandiosidad de los planos se aviene mal con la auste¬ ridad primitiva del Cister, con la parcidad de las primeras construcciones del mismo Poblet, con los medios limitados del país en aquel tiempo, con la especie del conocimiento y uso entre nosotros, en aquellos primeros tiem¬ pos, de ciertos elementos constructivos, tales como las bóvedas de crucería, (i) Finestres, obra citada, tomo II, apéndice iv. DEL MONASTERIO DE POBLET 187 que vemos ya en los colaterales y en la giróla de Poblet, aunque comenza¬ das quizás las plantas y pilares del edificio sin pensar más que en montar sencillas bóvedas de arista sin los arcos bordones de refuerzo o de cru¬ cería. Las Gesta Coinitum Barcinonensium, crónica contemporánea, llegan a atribuir la verdadera fundación de Poblet a Alfonso II: obiit in Domino Jesu Christo anno Domini MCXC VI et fuit sepultus in Monasterio Popule- ti, quod ipse fundaverat (i). El maestro Finestres, siguiendo a los demás escritores domésticos, le atribuye por lo menos la radical reforma y engran¬ decimiento de la iglesia mayor: «Comenzóla el Conde de Barcelona, Prínci¬ pe de Aragón; pero al entrar a reinar su hijo el rey Don Alonso, la amplió y mejoró de forma que apenas quedaron vestigios de lo que poco antes ha¬ bía sido (2).» Notas sueltas de las escrituras del Monasterio indican en esta época actividad constructiva: se encuentran consignados concesión y derechos de arrancar y extraer piedras y rocas del término de La Espluga para la fábri¬ ca del Monasterio y sus oficinas, como en la donación de Ramón de Cerve¬ ra (marzo de 1166), y donaciones de canteras en el propio término, como la hecha por Pedro de Castellfollit (febrero de 1188) (3). Por estos tiempos vemos intervenir en actos del Monasterio al abad Vidal, de la Abadía narbonesa madré de Fuenfría: la misma fecha de la en cesión de canteras de Ramón de Cervera (3 de marzo de 1166), consta que los abades Hugo de Poblet y Vidal de Fuenfría, y el obispo de Huesca Es¬ teban de Sant Martí, antiguo abad de Poblet, se encuentran en el Monas¬ terio recibiendo el testamento y dando el hábito de monje a Pedro de Que¬ ralt, Señor de Santa Coloma y otros lugares, y en julio de 1177 volvemos a encontrara los mismos abades Vidal, de Fuenfría, y Hugo, de Poblet, en una concordia de este Monasterio con el de Santes Creus (4). El rey Alfon¬ so visitó también continuamente estas tierras: en 1170 forzosamente fué lla¬ mado a ellas por la sublevación y expulsión de los moros de las montañas de Prades (5); en 1175 elegía su sepultura en Poblet y le daba así el carác- (1) Gesta Comitum Barcinonensium, cap. xxii; Marca Hispánica, col. 551. (2) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 273. (3) Id., id., tomo II, págs. 60 y 119. (4) Id., id., tomo II, págs. 58 y 66. (5) Zurita, Anales de Aragón, II, c. 30. i88 HISTORIA Y ARQUITECTURA ter soberano que hasta tenía Ripoll (i). Hacia 1190 la iglesia de¬ entonces bía estar acabada, si totalmente, en gran parte, o en uso: algunas dona¬ no ciones relacionadas con propiedades así lo indican: una del año 1191 por Esteban de Regafré prescribe que los réditos de unas casas que da, cerca de Montblanch, se apliquen a los ornamentos del altar; el rey Alfonso (año 1193) dispone que el día de San Nicolás de cada año se entregue a Poblet un quintal y medio de cera para que arda continuamente una candela ante el altar de Santa María de Poblet (2). Por tiempo las estancias de Alfonso II en el Monasterio se multi¬ este plican. En diciembre de 1190 le acompañaban en él su hijo Pedro, el arzo¬ bispo de Tarragona Berenguer de Vilademuls, y nobles aragoneses y cata¬ lanes: Artal de Alagón, Guillermo de Granada, Lope de Daroca, Miguel de Lusiá... El futuro rey Pedro elige también entonces sepultura. En julio si¬ guiente (a. 1191) vuelve a estar allí con Guillermo de Granada, Guillermo de Tapia, Ramón de Calders, Arnaldo de Erill y Guilleripo de Granada (junior)..., y más tarde (julio de 1194) (3) vuelve de nuevo con Dalmacio de Palou, Bernardo de Portella, Guillermo de Granada, Blasco Romeo, Guillermo de Guardia y Berenguer de Villafranca... Así consta de documen¬ tos allí datados. El rey, los nobles, los obispos, se afanan en honrar y enriquecer el nue¬ vo Monasterio con donaciones de fincas, de moneda, con concesiones de de¬ rechos, ya desde sus comienzos. Son innumerables las fincas rústicas, viñas, molinos, aguas, castillos, diezmos, dominicaturas, concedidos; rivalizan en ello con el Rey las Casas de Cervera, Anglesola, Cardona, Urgel, Puigvert, Queralt, Cabrera, Ampurias, Torroja, Ribelles, Boixadors, Ribera, Guardia, Bergadá, Peguera... (4). Hay concesiones curiosas. El Rey y los Vizcondes de Cardona conce¬ den a los rebaños de Poblet derecho de pastos en todos sus dominios (años ii70 y 1195) (5); Pon cío Huch y Jusiana de Ampurias el derecho de tener una barca de pesca en el estanque y en el mar de Castellón (6); los Vizcon- (1) Finestres, obra citada, tomo II, págs. 62 y 124. (2) Id., id., tomo II, págs. 125 y 126. (3) Id., id., tomo II, págs. 128 y 129. (4) Id., id., tomo II, págs. 47 y 130. (5) Id., id., tomo II, págs. 47 y 130. (6) Id., id., tomo II, pág. 61. Iglesia mayor: Nave lateral DEL MONASTERIO DE POBLET 191 des de Cardona toda la sal que minas necesiten los monjes o el Mo¬ de sus nasterio (i); Bernardo de Anglesola la posesión de la granja de Barbens y su acequia un día por semana, el miércoles (2); la Condesa de Tarragona una casa debajo del castillo de la ciudad para cuando quieran alojarse allí los monjes; el arzobispo de Tarragona Guillermo de Torroja, la antigua iglesia de San Pedro de la misma ciudad para que puedan celebrar en ella (3); el Rey, un esclavo sarraceno en Tortosa con su casa, y otra en Gerona tam¬ bién con sus bienes (4). Otra real concesión original: el abad y frailes de Poblet estaban dispensados de jurar en causas y pleitos, eran creídos por su palabra: así se lo concedió Alfonso II y se lo confirmó Pedro el Cató¬ lico (5). El testamento de Alfonso II consagra el carácter de monasterio y pan¬ teón real la iglesia de Poblet. El Rey, que se honraba con pertenecer a a la Hermandad cisterciense, hace cuantiosos legados a sus principales mo¬ nasterios, al patriarcal de Citeaux, a los de Fuenfría, Veruela, Santes Creus, Leyre, Rueda, Casbas..., y al de Poblet, además de mandas de bienes, le lega su cuerpo y su corona real, y aún más, le ofrece para monje su hijo, el príncipe Fernando, y el abad Pedro de Massenet lo recibe del propio Rey en el altar, con la mano del Infante en la suya y con la carta de ofrenda. Este infante Fernando fué después aquel célebre abad de Montearagón que tanto dió que hablar durante el reinado de su sobrino Jaime I el Con¬ quistador. Muerto el rey Alfonso II en Perpiñán el 25 de abril de 1196, fué tras¬ ladado su cuerpo a Poblet, en donde se le dió sepultura ocho días después, a primeros de mayo, «en una arca de madera decente, aunque improporcio¬ nada a tanta majestad (6).» Allí tuvo que esperar cerca de dos siglos a que su descendiente Pedro IV le hiciese un suntuoso sarcófago, el primero so¬ bre el arco del crucero, del lado de la Epístola, con dos estatuas yacentes que lo representaban a ambos lados, con hábito talar y coronado de laurel en uno, y con cogulla del Cister en el otro. El hábil arquitecto que trazó la iglesia mayor de Poblet demostró co- (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 103. (2) Id., id., tomo II, pág. xoi. (3) Id., id., tomo II, pág. 61. (4) Id., id., tomo II, págs. loi y 118. (s) Id., id., tomo II. (6) Id , id., tomo II, pág. 132. 192 HISTORIA Y ARQUITECTURA nocer no planos de la iglesia madre de Fuenfría, tal vez no termi¬ sólo los nada aún, sino la gran iglesia madre de Cluni, con cuyos elementos fun¬ damentales constituyó el de Poblet una sabia estructura arquitectónica, que si no es tan grande como aquélla, no es menos grandiosa y quizás ar¬ tística y mecánicamente aún mejor entendida. Este conocimiento completo del trazado de la iglesia madre de Cluni no es único Poblet en mostrarlo en nuestro país: hay otra iglesia que lo muestra de más cerca, la de San Juan de las Abadesas. La antigua iglesia de Cluni, situada en Francia, en el que ahora se llama departamento del Saona y Loira, fué comenzada en 1089, acabada en 1131, y anterior, por consiguiente, a la nuestra, cosa de medio siglo. Tenía cinco naves, la cen¬ tral con bóveda apuntada, de cañón seguido con arcos formeros, chorea o cabeza también de cinco absidiolos, pero elementos intermediados de la gi¬ róla o deambulatorio con luces directas exteriores; los elementos de cubier¬ ta de lagiróla de bóvedas por arista, y en los brazos del crucero y de eje paralelo a las naves también absidiolos, como en Poblet (i). La iglesia mayor de Poblet presenta todos los caracteres de trazado y estructuras de la segunda mitad del siglo xii en nuestro país. Es una cons¬ trucción grande, de 85 por 21 metros, de tres naves con siete tramos; cruce¬ ro alto y cabeza con giróla y siete capillas absidales. La nave central alta, 8*40 metros por 28 metros, de cañón seguido apuntado, con arcos formeros o de refuerzo transversales de igual apuntado, y formeros de medio punto, o mejor dicho, de grueso de las paredes altas, parte arriba de los colatera¬ les; los arcos dobles descansan en baquetones que arrancan de ménsulas, simples, resaltadas de los lisos pilares a alguna altura y recibiendo los ar¬ cos con capiteles también lisos; por el exterior tienen los muros contrafuer¬ tes muy poco resaltados. Las naves colaterales, de 4*30 metros de ancho por 18 metros de alto, están cubiertas con tramos completos de bóvedas por arista: se abren sobre la central, con arcos formeros, dobles, de medio punto, de sección cuadrada, y reciben luz por ventanas altas, largas, amplia¬ mente rasgadas, de arco de medio punto: la altura de los colaterales deja lugar en su parte superior a la iluminación de la nave central por medio de ventanas también largas, rasgadas, y de arcos de medio punto. Los ar¬ cos de los colaterales, dobles y formeros, descansan en gruesos pilares, (i) Monumentos históricos de Francia, III, 1. 5. DEL MONASTERIO DE POBLET 193 de 2'io metros, grandes baquetones, de bases jónicas y zócalos rectos^ con Esta estructura de nave central de cañón seguido y colaterales poc arista tiene antecedentes entre nosotros: la Seo de Urgel, San Lorenzo deis Piteus..., y más en Languedoc y en Provenza. Recordemos que Beren¬ guer 1V y Alfonso 11 eran soberanos de ésta y que las relaciones cultura¬ les en el siglo xii eran familiares entre Cataluña y aquellas regiones. Pero en la Seo y en San Lorenzo los colaterales por aristas no tienen aristeros salientes, es la arista austera como la romana; en Poblet se añadió, arran¬ cando de cualquier manera, el aristero de sección redonda: un gran bordón incluido el ángulo de arranque de las platabandas de arcos colaterales y en formeros: no está preparada esta solución en los pilares: es adoptada una vez construidos éstos, y es probable que el primitivo pensamiento fuese, como en la Seo, de aristas sin aristeros. Las bóvedas por arista primitivas de Poblet no tienen claves redondas: los baquetones se entrecruzan, se pe¬ netran solos. El apuntamiento de la nave central, el grueso en arcos de la pared alta por el interior, y por contrafuertes al exterior, el ser la bóveda aparejada, no ha impedido que, como en la Seo, pero aquí en grado menor, se presen¬ tasen desplomos hacia el exterior y deformaciones serias en la bóveda cen¬ tral, con fuertes inflexiones muy visibles. En la Seo, apenas construida, fué preciso añadirle bóvedas botantes exteriores, contrarresto de la bóveda cen¬ tral: aquí se aguanta mejor, no sin que por la parte del Cementerio moder¬ namente se pusiesen unos arbotantes de mampostería ordinaria. El colateral de la parte de la Epístola tiene una serie de capillas anexas, rectangulares, entre los contrafuertes. Las bóvedas de este colateral y las ca¬ pillas anexas fueron reconstruidas en el siglo xiv con arcos de crucería, me¬ nudamente moldurados, y unas pequeñas claves en el cruzamiento: en ellas se ve repetida la señal del copón cubierto con las tres serpezuelas que re¬ matan el pomo o pequeña bola de la tapa: es el escudo del abad Pondo de Copons (a. 1316-1348), que debió hacer la reconstrucción. También debe ser de esta época, o poco anterior, la abertura moldurada de la O, o gran ro¬ setón, que ilumina el testero de la nave central, sobre el frontis de la iglesia, y la Galilea o gran atrio de ésta. El trazado de la cabeza de la iglesia mayor de Poblet es de los más ele¬ gantes que se conocen de la Edad media. No se puede apreciar actualmente porque lo tapa el altar mayor del Renacimiento. Forman el ábside seis pi- 26 194 HISTORIA Y ARQUITECTURA ]ares cilindricos, cada baquetones adosados sobre zócalo co¬ uno con cuatro mún y bases jónicas; de los baquetones interiores, rematados por capiteles Jisos, arrancan el arco triunfal y unos aristeros en bocel que decoran el nicho terminal de la nave; los otros baquetones dan lugar a los arcos formeros del ábside, hoy tapados, y a los radiales de la giróla. Cinco capillas absidales, •cubiertas con nicho esférico, forman la corona y se compenetran magistral- mente con otras dos abiertas sobre el crucero: aquí también las aristas de los elementos de crucería de la giróla están reforzadas por gruesos bordo¬ nes, que parecen añadidos al trazado, arrancando del ángulo, entrando por el grueso de los arcos formeros y dobles; los bordones cruzados nb tienen tampoco clave aparente. Las capillas absidales estaban iluminadas cada una por tres ventanas aspilleradas, pero de gran rasgado, hoy substituidas por una abertura grande y un lucernario en la clave del nicho. El ábside cen¬ tral lo iluminaban ventanas altas, hoy tapiadas, parte arriba de las capillas absidales. Este trazado fastuoso aparta de los ábsides poligonales sencillos o se severamente rectangulares cistercienses; sigue la tradición de los absidales de Cluni, principalmente de la gran iglesia madre de esta Orden (i), y tie¬ ne entre nosotros bellos antecedentes: los ábsides con giróla de San Pedro de Besalú y de San Juan de las Abadesas, hoy malparado, y parecido al de San Savin de Vienne (2). La composición absidal de Poblet es digna de la Real Abadía eregida panteón nacional por un gran rey, pero se aparta bas¬ tante de la sobria severidad primitiva del Cister predicada por San Ber¬ nardo, y no obstante tuvo muchos constructores de la Orden que la siguie¬ ron o acompañaron, no ya en la Península, sino hasta en el interior de Ale¬ mania, como, por ejemplo, en la Abadía de Maulborn, cerca de Stuttgart. Los caracteres arquitectónicos de la iglesia de Poblet confirman los alegatos históricos o la tradición de los escritores domésticos: es muy pro¬ bablemente la comenzada por Ramón Berenguer IV en las postrimerías de su reinado y más ampliamente continuada y acabada por Alfonso II (a. 1162- 1196). Por haber tomado por nivel general del solar del Monasterio el de la entrada al Claustro, resulta la iglesia mayor más elevada, pero hundida aún en el terreno exterior, como se ve por sus salidas a los cementerios, y hasta (1) Monmnentos históricos de Francia, III, 1. 5. (2) Id., id., II, so. DEL MONASTERIO DE POBLET 195 en la actual entrada desde el exterior. Antiguamente se bajaba por siete es¬ calones «harto groseros» a la puerta de la iglesia, que «era tan angosta y tan común, que ninguno presumía fuese aquélla la puerta principal;» el abad Sayol (a. 1731-1735) la destruyó para comenzar la actual portada barroca (i). Las puertas de comunicación con el Claustro eran también pequeñas y pro¬ bablemente con arco de medio punto, como las de la época del edificio; el abad Pedro Albert (a. 1692-1696) las hizo ensanchar poniéndolas de dintel recto como están actualmente (2). No se conoce nombre de arquitecto en la iglesia de Poblet: ya hemos visto que la humildad del Cister primitivo, la observancia rigurosa de la Re¬ gla benedictina se oponía a la vanidad o a la gloria mundana de perpetuar los nombres de los hombres y menos de los artistas en los monumentos. Pero involuntariamente, para cosas de aseguramiento de propiedad, alguna vez es preciso hacerla certificar, afirmar por los técnicos, por los facultativos de la Casa, como diríamos hoy. La iglesia de nuestro Monasterio corresponde a los tiempos de su mayor actividad constructiva. Cuando se procuraba ase¬ gurar el uso de canteras, cuando acudían repetidamente a la obra en curso de construcción el abad Vidal, de la casa madre de Fuenfría, y el mismo Rey protector, hay un documento (a. 1168) en el que aparece un operarius, monje obrero probablemente, en funciones facultativas, en la fijación de tér¬ minos de la propiedad del Monasterio con el de Prades, en la parte de una granja llamada de Pagés o de las Avellanas. Acuden y levantan el acta de limitación el abad Hugo, el bodeguero administrador, que era el antiguo no¬ ble Pedro de Queralt, convertido en monje, y entre ellos un Bernardo de Portaregia, obrero: Anno 1168, etc.—dice el — affuerunt de Popúlelo Domnus Hugo Abbas ejusdem loci, et Bernardus de Portaregia operarius, el Petrus de Queraldo Cellerarius..,, quod factum est XV Cal. Septembris. Fi¬ nestres, que accidentalmente mienta la referencia, discutiendo fechas de la vida de San Bernardo de Alcira, traduce sencillamente Portaregia por Puerta Real, sin indicar la localidad a que pueda referirse. No obstante, este nombre parece enlazar aún más al Monasterio catalán con su matriz de Fuenfría. Porta Regia era un feudo narbonés establecido probablemente sobre el castillo llamado la Puerta Real de aquella ciudad. En 1067, en una es- (1) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 206. (2) Id., id., tomo V, pág. 142. igó HISTORIA Y ARQUITECTURA •entura entre el conde de Barcelona, su esposa y el vizconde Berenguer de Narbona, firma Aurelius de Porta regia, a quien los Maurinos suponen un feudatario del castillo (i). De donde vendríamos a deducir que el primer 'Operarius conocido de Poblet, Bernardo de Puerta Real, era narbonense. EL REFECTORIO Y EL CLAUSTRO Debía estar concebida y planteada en el tiempo de Alfonso 11 la ya ■disposición general de las construcciones y dependencias claustrales, pero lo cierto es que durante todo el siglo xiii estuvieron éstas en construcción. El •estilo, detalles y sistema de construcción del Refectorio, aunque no se hable de él en el curso de obras posteriores, lo suponen del tiempo de aquel Rey, así como algunas pequeñas dependencias anexas, del locutorio, cocina, pasa¬ dizos, etc. Es el Refectorio una nave, veintiséis metros y ancha de larga de unos unos diez, cubierta, como la de la iglesia, por un cañón seguido, nave mayor de arco apuntado, de aparejo de piedra labrada, con arcos de refuerzo arran- •cando de baquetones, sobre ménsulas altas y con capiteles lisos, todo, así como las altas ventanas, de estilo y detalles iguales a los de la misma igle¬ sia. El aspecto de la sala es grandioso, serio y apacible al par. Hay la tri¬ buna del lector sobre una peana poligonal, con escalerilla en el grueso del muro: es un bonito detalle; bancos de piedra al pie de las paredes, con me- •chinales de empotramiento de los respaldares de madera. Las mesas de co¬ mer debían estar en todo alrededor, y en medio se servía: queda aún el pilón w a , , .-1 . j , .1 4 4 44A44AAAAAAA AA4AA44444 AAAAaAA ·}-^-)'t-^-)'ï·í-m·^4->-'·^44-)4·^44-4-J4-44'i4-l a444aaaaaaa44aaajaaaa4aaaaaaaa 44AAAAA4 AAAAA aaa AA_I.AAA.AAA. aaa^_1.4a4.a 4A4AAA444A4AAA AAAAAAAAA 4 aAJAAAA A AA JAAJAAJ AAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAA AAAA A AAAAAA AA A AA AAA A aaaaaaaaaaaa —iaaaaaaaJAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaAaaaaaajaaaaaaaaaAaaajaaÍaaaaAaI aaaaaaa A A AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJAAAAAAAAAAAA4AA44AAAAAAAAAAAAAAAAAAJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, AAA4AA444444AA AaAAAAAA44 A4AAAAJAA4AAAAAAJJAAAJAAA4AAAAAAAAAA.AAJA.AAAA4 AAAAAAAAA 4AA4AAA4AA4A4AAAAAAAAAA44AAAAAAAA44AAAAA4JAAAAAAA4A4AA444A4A4A4AAAAA44AAA4JAA44A. ,va -4 aa aAA aAA-IAA a aajaaaajj Üfiiii A 4 A 44 A44 A4 A4 AA A AAAAAAAAAAAA AA A4 4 444 A A A AAA A4 AAAA AA A4 AAA AAAAAA aA-\AA4AAA_I_VAAA A AAA A AAA-JAAAA A 4 A À 4 A A^IA a A aa aaaa 4AAA4 AAAAAAAAAAAA A4 4 A ÍA 4 a a A 44 A . uuuuu uuuuu Galería del Claustro, Chocolatería Patio de entrada Puerta Real Atrio DEL MONASTERIO DE POBLET 209 conciencia ni humanidad, debió excitar muy enconosos recuerdos en nues¬ tro suelo en de la muerte del Rey en aquella lucha. No se ve al los tiempos rey Pedro en Poblet en los documentos; pero sí se le encuentra en Mont- blanch haciendo donaciones al Monasterio del estanque de Pineda en Salou (a. 1202); en Barcelona concediéndole diez morabetinos de oro anuales; otra vez en Montblanch (a. 1207) concediendo al archivero de Poblet prerroga¬ tiva de notario real y escribano público... Después lo vemos en la lucha de Castilla contra los sarracenos, en el campamento de Toledo, en las batallas de Calatrava y de las Navas..., y a ellas concurre también como guerrero y sacerdote el general del Cister Arnaldo Amalrich y los caballeros del Cister o de Calatrava (a. 1212); Arnaldo Amalrich ha dejado descripciones de aque¬ lla guerra, hechas a lo militar ( i ). Poco después el rey Pedro se declaraba abiertamente por sus cuñados los Condes de Tolosa y moría trágicamente en Muret (13 de septiembre de 1213). No se ve claramente cómo repercutió en Poblet este hecho. Hay en los historiadores de la Casa y en los generales del Cister una especie de misteriosa confusión en este punto. Sospechan dicen algunos que el abad Pedro de Curtacans murió y aun de muerte violenta y la Abadía quedó seis meses sin proveer. El cronista general del Cister dice del Abad que fué occiso y privado de la deseada sepultura: Anno die 16 mensis Malí occisus, opiata caruit sepultura si- muí cum vita (2). Finestres añade que las memorias documentales de Pedro de Curtacans en Poblet acaban el 15 de marzo último del año de la Encar¬ nación 1213; que «no sólo se halla confusión en el fin del abad Don Pedro de Curtacans, sino también en el principio del sucesor Don Arnaldo de Filella;» y que todas las escrituras de la Casa en esta época, hasta el 15 de abril de 1215, se dirigen a los frailes y al convento sin indicio de que hubie¬ se abad (3). Pedro de Curtacans y el arzobispo de Tarragona habían sido comisionados por el Papa (a. 1207) para examinar la acusación de algunos canónigos de Vich contra su obispo Guillermo de Tavertet, prelado que acompañaba y aconsejaba a Pedro el Católico en los viajes, tratos y embaja¬ das de la guerra de los Albigenses (4). (1) Galla Cristiana. (2) Manrique, Anales del Cister, tomo II, pág. 36. (3) Finestres, obra citada, tomo II, págs. 217-221. (4) Joaquín Miret y Sans: Itinerario del Rey Pedro I. 28 2IO HISTORIA Y ARQUITECTURA El rey Pedro tampoco fué enterrado en Poblet, como tenía ya dispues¬ to en vida de su padre: su cadáver fué recogido en el campo de batalla de Muret por los Hospitalarios y depositado en su iglesia de Tolosa; después lo trasladaron al Monasterio de Jijena, de esta Orden, fundado por la reina Sancha, madre del Rey. En los enterramientos de los magnates en este corto período se nota también como alejamiento momentáneo de Poblet. En San Benito de un Bages, por ejemplo, se encuentran de esta época numerosas sepulturas de familias de caballeros que habían ido o contribuido a la guerra de los Al- bigenses, alguna ostentando en gran tamaño la Cruz de los Condes de To¬ losa, vacía y tripomea. Esta señal patriótica se ve también en otros monas¬ terios o catedrales contemporáneos, en el Estany, en Santes Creus o en Tarragona; en Poblet no, por lo menos en el monumento propiamente dicho. Jaime I, el Monasterio se rehace y su influen¬ Ya entrado el reinado de cia y riqueza aumentan considerablemente en el abadiato de Arnaldo de Filella o de Serrallonga (a. 1215-1220). Donaciones y profesiones de mag¬ nates y su señalamiento de sepultura en Poblet, las compras de fincas por el abad, son numerosas. No faltan en las escrituras de donación alusiones a nuevas construcciones de Poblet: la más notoria es la de un Hospitalpara pobres que ya había^ fundado (a. 1207) Bernardo de Grañena, Señor de Montesquiu, aumentado por el testamento de éste (a. 1212) y dotado con bienes de Ramón de Vall-llebrera, monje del Monasterio (a. 1218) (i). Jaime I (a. 1222) no sólo confirmó, como sus predecesores, los dere¬ chos y propiedades del Monasterio, sino que los puso bajo la protección de su propia bandera real para que nadie pudiese alegar ignorancia: Volumus etiam et mandamus quod in Castris omnibus, et Villis, et Locis ad ipsum Monasterium pertinentibus, Pennones signi nostri ponantur, ut nullus de ignorantia se valeat excusare (2). También el papa Honorio III (a. 1220) le confirmaba protección y salvaguardia apostólica y exención de diezmos; en una de las bulas correspondientes se enumeran por sus propios nombres gran námero de fincas y derechos: además del propio Monasterio, tenía éste las granjas de Milmanda, Codós, Riudabella, Teillar, Castellfollit, Media¬ na, La Pena, Doldellops, Sérveles, Nueva o Ahumada, Ferrán, Torre de (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 226. (2) Id., id., tomo II, cap. xin. DEL MONASTERIO DE POBLET 211 Bernardo Estopañá, Viverol, Torredá, Figuera, Rocavert, Barbens...; dere¬ chos sobre los lugares de Vimbodí, Velusell, Avinyó, Montblanquet, Mont- suar. Faneca, Valmaña, Manresana, Avingaña, Torre de Greus, Torre de la Huerta de Balaguer, Rubioncel, Mas de Bas, Rufea...; casas y propieda¬ des en las ciudades y villas de Lérida, Menargues, Balaguer, Alguaire, Al- beca, Alfarràs, Tamarit, Albela, Barbastre, Monzón, Huesca, Fraga, Ayto- na, Tortosa, Montblanch, Espluga, Cervera, Tàrrega, Anglesola, Camara¬ sa, Alós, Agramunt, Berga, Gerona, Castellón de Ampurias, Villafranca, Tarragona, Vinaixa, Omells, Nagaya, Guardia de Prats, Conesa, Vallclara, Terrés, Fulleda, Verdú, Torres de Ramón de Cervera, Puertos de Cerdaña y posesiones y rentas de los Preixens... (i). Seguía en 1225 la importante construcción de los Claustros, y al Re¬ fectorio de los frailes, ya edificado, se acompañaba la obra de otro Refecto¬ rio para los Conversos. Era en este tiempo abad de Poblet Ramón de Cer¬ vera, de la gran Casa de este nombre, emparentada con el arzobispo Aspá- rrech de la Barca, con el consejero mayor o tutor del Rey, Guillermo de Cervera, y otros hombres de Estado. El joven rey Jaime I daba derechos y fincas, acudía al Monasterio, asistía entre los monjes al Aula Capitular y en ella hacía donación de doscientos morabetinos alfonsinos para ayudar al costo de la obra de los Claustros (2). Por otra parte, en la misma época, otro magnate, Arnaldo de Timor, legaba trescientos morabetinos para la obra del Refectorio de Conversos, disponiendo que se le enterrase en el Con¬ vento, al que habían de entregarse su caballo, sus armas y todo cuanto te¬ nía en el castillo de Montblanquet (3). Ignórase qué pieza de la casa debía ser este nuevo Refectorio. El rey Jaime I tardó en cumplir la donación, y los claustros tardaron aún mucho más en acabarse. En los cierres de las bó¬ vedas más modernas de ellos, las inmediatas al ángulo noroeste, y en la en¬ trada principal, hay en las claves unos escudetes de condados de la tierra en la forma triangular que tomaron entre nosotros en el reinado de Jaime H. Los moldurados de calados, la decoración de los últimos capiteles, arcos y pareja de los de la Sala Capitular, y las ménsulas del Dormitorio mayor, revelan igual época. Este Claustro estuvo en construcción todo el siglo xiii. En el ala más antigua, la del sur, se ven aún en algunos tramos los arran- (1) Finestres, obra citada, tomo II, pág. 236. (2) Id., id., tomo II, pág. 244. (3) Id., id., tomo II, pág. 241. 2 12 HISTORIA Y ARQUITECTURA ques de los arcos formeros circulares de bóvedas por arista al estilo romᬠnico, y cartelas o modillones para arranque de los arcos torales de dovelas de sección rectangular, pero se conoce que posteriormente se reconstruye¬ ron éstas y continuaron las bóvedas adoptando el sistema general de cruce¬ ría, es decir, de urdimbre de elementos rectangulares de bóvedas ordinarias góticas, con arcos diagonales de medio punto y arcos formeros y torales apuntados, con los aristones moldurados de tres bordones separados por filetes. La estructura del Claustro debía estar muy adelantada a mediados del siglo XIII, cuando el arzobispo de Tarragona Albalat (a. 1247) hacía im¬ portantes legados para las obras de las grandes salas que rodean al Claus¬ tro y nada decía de éste; pero al menos debían faltarle los calados de los claustros de levante, norte y poniente; las esculturas y molduras de sus ca¬ piteles, sus maineles, guardan mucha analogía de factura con los de las salas enumeradas como en obra por el testamento de aquel prelado. Otro docu¬ mento del Monasterio indica que el Claustro no estaba terminado aún en 1297, reinando Jaime II; el noble Berenguer de Puigvert hacía testamento DEL MONASTERIO DE POBLET 213 y moría en Poblet en febrero de aquel año, dejando dispuesto su enterra¬ miento y legando para la obra del Claustro y Dormitorio el castillo de Puig- vert, confirmando donaciones de otros castillos y villas para sustentar a trein¬ ta monjes más en el Convento ( i ). Forma el Claustro un cuadrilátero aproximadamente rectangular, de Capiteles del Claustro unos 40 por 35 metros, con galerías alrededor de unos cuatro metros de luz; en los lados más largos se abren siete arcadas al huerto central; en los cor¬ tos, seis; son de arcos escalonados concéntricos en las tres alas más moder¬ nas, los calados se mantienen sobre maineles sencillos, ochavados, con capi¬ teles en tronco de pirámide y ábacos de planta correspondiente, octogonal regular. En la galería sur, la antigua, los maineles son columnillas dobles, gemelas, y en el templete-lavabo de igual forma, pero sencillas. En los capiteles del Claustro, en los de la Sala Capitular, en las mén¬ sulas o modillones del gran Dormitorio, se ve la general predisposición a (i) Finestres, obra citada, tomo III, pág. io8. 214 HISTORIA Y ARQUITECTURA adoptar la forma lisa, escafoide; y en sus superficies llanas se entallan entre¬ lazados decorativos a modo de los entretejidos de las obras de cestería. Es indudable la alusión a la Orden de Cisteaux o Citeaux, que en nuestra tierra se traducía pordel Cistel, con cuyos cestos guardan también alguna analo¬ gía de forma los elegantes capiteles y ménsulas de Poblet. Al mismo tiempo se simboliza la parcidad severa de la Orden, el recuerdo de las antiguas cista de las Catacumbas, y decorándolos ingeniosa, delicadamente, se huía, no siempre del todo, de las fantasías y alegorías enfermizas de los bestiarios decorativos, tan duramente condenadas por el mismo San Bernardo. La división de las arcadas más modernas del Claustro y las subdivisio¬ nes y tracerías de sus calados, generalmente cuadrilobuladas, están hechas con pintoresca libertad. La galería de poniente es casi de distribución regu¬ lar en seis arcos semejantes de tres maineles cada uno. Las otras dos gale¬ rías tienen las arcadas desiguales: se procuró que una arcada mayor coinci¬ diese con el eje del Refectorio y Lavabo, y otra, la de la Sala Capitular..., y los tramos restantes se subdividieron en arcadas de medidas más o menos variadas y de calados desiguales en dibujo y en número de maineles. La transformación de la antigua bóveda de arista romana y románica, y la adopción de la de nervios de crucería, es general en Poblet, como he¬ mos visto; no así el sistema de contrarrestos por contrafuertes. Por doquie¬ ra siguen los muros lisos de grandes paramentos unidos, planos o con con¬ trafuertes apilastrados de poquísimo relieve, todo despiezado en sillares de alturas regulares, medianas, de 30 a 40 centímetros, con el grueso y masa de paredes sobrados para resistir los empujes de los arcos que puedan actuar en puntos aislados, en dondequiera. Este principio románico se perpetúa en Poblet, no ya en las construcciones claustrales de transición, sino aun en las góticas del Palacio del Rey Martín y otras menores. Los claustros de Poblet son de un efecto monumental escenográfico, no excedido por ninguna otra disposición arquitectónica. Las hiladas de mensulitas de las galerías, arcadas y calados, combinadas con las de la Sala Capitular, del Refectorio y del Lavabo, son de una variedad de bellos efec¬ tos, sorprendente para el menos aficionado a las cosas de arte. La interpo¬ sición de las masas de verdor, follajes y flores del jardín interior, en medio de las combinaciones arquitectónicas de las arquerías en múltiples términos, aumenta el efecto con sus coloraciones reflejas y notas cromáticas de varie¬ dad infinita. El rumor y el luminoso movimiento de los juegos de agua bajo DEL MONASTERIO DE POBLET 215 de la bóveda y en medio de las arcadas y calados del Lavabo, y de las fuen¬ tes en el jardin, aumentaban aún más el encanto y apacibilidad de la estan¬ cia en lugar. este En trabajos de ahora han aparecido trazos de la disposición primitiva que tenían las aguas en el Lavabo. Debían manar por arriba de un surtidor central de piedra; de él caían en un pilón grande, redondo o poligonal, llano, extenso..., sostenido en el aire por ocho columnitas románicas, cuyas liases se ven aún en su sitio; de allí, por multitud de picos, en chorros radiales, formaban el Lavabo propiamente dicho, dentro de un grande estanque re¬ dondo que definitivamente las recibía. El efecto de la disposición menos monumental del Lavabo de Santes Creus nos da pálida idea; el P. Fines- tres, para describirlo, se sale de su constante tono dogmático; «Enfrente de la puerta del Refectorio, y dentro de la luna del Claustro, hay otro surtidor y fuente tan copiosa, que arroja por treinta y un caños el agua de una taza de piedra de cincuenta y dos palmos — unos diez metros — de circunferencia, y cuando no bastan los caños a vomitar las aguas recogidas en la taza, so¬ bresalen por encima de sus labios y forman unas avenidas de olas bullicio¬ sas, que parecen un mar abreviado. Cubre a la fuente o surtidor una bóveda de piedra de sillería, formada de cuatro arcos cargados sobre cuatro pilas¬ tras, con sus columnas y claraboyas...» En el jardín interior del Claustro había alguna fuente, en los poyos alguna caja de piedra, vivero de plantas... Enterrada en el huerto se ha en¬ contrado una fuerte columna, perforada de abajo arriba, con escudete del abad Lerín: debió pertenecer a alguna de estas fuentes, semimonumenta- les, aisladas en el jardín... En los últimos tiempos se ve que todas estas cosas bellas estaban destruidas...; en lugar del hermoso pilón de los treinta ca¬ ños..., encima de un pilar informe, la caja larga, cuadrada, de una antigua tumba... Allí en aquel sepulcro caía el agua viva... Después el agua se ha retirado, ahora se queda fuera del recinto...; ni un pequeño hilo viviente bro¬ ta en parte alguna: en Poblet todo ha muerto. A mediados del siglo xiii llega Poblet al apogeo de su poder social en los reinos de Aragón. Ponderan los cronistas las riquezas que va acumulan¬ do; hacen públicos documentalmente las donaciones, los contratos de adqui¬ sición y permutas, las deudas y cargas que redime. «Con las muchas rentas, que iban cada día aumentando los devotos caballeros dice Finestres, — se — hallaba tan opulento el Monasterio de Poblet en tiempo del abad Don Ramón 2i6 historia y arquitectura de Cervera (a. 1224-1229), que gastó sumas considerables en diversas com¬ pras de posesiones útiles al Convento.» A continuación enumera varias, en¬ tre ellas la compra perpetua del castillo, villa y término de Verdú a Guiller¬ mo de Cervera, que ya los tenía pignorados al Monasterio con motivo de la jornada y expedición de Jerusalén. Los Abades de Poblet^ verdaderos magnates, pasan a menudo de aba¬ des 4 obispos, son hombres de Estado que dirigen la opinión en las Cortes más importantes, como, por ejemplo, en las de Barcelona para la conquista de Mallorca. El Rey va al Convento a consultar las empresas nacionales, a encomendarlas a Santa María de Poblet o a darle gracias por sus victorias; los magnates, el propio Rey hacen árbitros a los abades en sus pleitos y con¬ cordias, en sus arduas cuestiones entre la Iglesia y la Corona. El hombre de Estado nacional, el más grande quizás de su tiempo, Guillermo de Cervera, se hace monje de Poblet sin dejar de ser el consejero mayor de Jaime I (a. 1229). Había sido ya mucho antes compañero de armas y de gobierno del rey Pedro el Católico; lo vemos constantemente a su lado en los aconte¬ cimientos más solemnes y trágicos de aquel reinado, en la gloriosa batalla de las Navas o de Úbeda y en el desastre de Muret; en las combinaciones y embajadas diplomáticas como las de Jerusalén, la de Roma en donde re¬ clamó del Papa la entrega del rey-niño Jaime I; es después uno de sus tu¬ tores y va al castillo de Monzón para sacar al rey-infante del poder de los templarios y de sus directores; en los consejos para la conquista de Mallor¬ ca (a. 1228), en la educación del heredero de la Corona, y, después de ser monje, hasta su muerte (a. 1245), al lado del rey Jaime I en las grandes y victoriosas empresas nacionales (i). Casó primeramente con una dama pro- venzal, Laura de Saint-Julsain (?), de la que tuvo un hijo, Fulco de Pan- toves, y posteriormente con Elvira, condesa viuda de Ermengardo VIII de Urgel. Los bienes de Guillermo de Cervera pasaron al Monasterio; su ca¬ dáver fué sepultado primeramente en el Claustro, después (a. 1669) fué tras¬ ladado al sepulcro de los suyos en la Galilea, junto a la puerta de la iglesia: allí está aún el sepulcro con las armas de su Casa, vacío, destapado..., dis¬ persos los huesos y las cenizas. Las abadías y otras fundaciones filiales de Poblet crecen y se hacen im¬ portantísimas: a la del Monasterio de Piedra de Aragón, fundado en 1194, (i) Crónica de Jaime I, edición Aguiló, págs. 15-180; Finestres, obra citada, tomo II, págs. 248 ysiguientes. DEL MONASTERIO DE POBLET 219 inaugurada la nueva Casa (a. 1218), siguen: la del Monasterio de Benifassà (a. 1233), al que dió celebridad la penitencia de Jaime I por haber hecho cortar la lengua al obispo de Gerona y en expiación costeado las construc¬ ciones de la nueva fundación (a. 1246); la de Santa María la Real de Ma¬ llorca (a. 1240), el priorato de San Vicente en Valencia (a. 1287) (i), el de Nazaret en Barcelona... EL AULA CAPITULAR La Sala Capitular de Poblet tiene una forma que se hace clásica, no ya solamente los grandes monasterios del Cister, sino en otros institutos de en vida conventual. Está situada en la prolongación del brazo del crucero norte de la iglesia, próxima a la puerta inmediata de ella que sale a la galería co¬ rrespondiente del Claustro. De ésta se entra a ella por una grandiosa puerta, de arcos en degradación y columnillas en los ángulos entrantes y en el arco de intradós: en total unas veinte en toda la puerta, con sus archivoltas moldu¬ radas de bordones alternando con medias cañas. A ambos lados de la puerta ventanales bajos de igual forma, dando del Claustro a la Sala, con un doble mainel también de columnillas, dos arquecillos sobre ellas, y un calado sen¬ cillo cuadrado encima. El efecto de los tres rompimientos sobre la Sala des¬ de el Claustro, y de aquélla sobre éste, es monumental y de grandiosa pers¬ pectiva. Enfrente de los rompimientos sobre los claustros, en la pared exte¬ rior de la Sala, hay otros tres ventanales semejantes, éstos con calados góticos sencillos en una placa lisa de piedra, con rebajos para vidrieras. La combina¬ ción de ventanas y términos constructivos y de luces es altamente decorativa. Interiormente la Sala es cuadrada, de unos quince metros de lado. El techo dividido en nueve elementos de bóveda de crucería, sostenidos los arranques centrales por cuatro pilares o finísimas columnillas ochavadas en la caña, bases, ábacos, y largos capiteles piramidales: éstos decorados con entretejimientos de juncos, afiligranados, de ingeniosos trenzados y menu¬ dos follajes intercalados. Los nervios de las bóvedas arrancan en haz de ocho bordones, iguales, simétricos, radialmente, como ramas de palmera, de cada capitel y ábaco también ochavado y moldurado; se entrecruzan los ar- (i) Finestres, obra citada, tomo II, apéndice, pág. 268; tomo II, pág. 367; tomo III, pág. 68. 220 HISTORIA Y ARQUITECTURA ■cos, todo de igual radio, de sección de un gran bordón central y dos meno¬ res con filetes intermedios, en el sistema clásico, regular, de medias cañas y Ja bóveda de crucería, de diagonales de medio punto y formeros apuntados. La división general de los arcos resulta clara, tranquila, harmoniosa. El re¬ lleno de los paños de bóveda es de piedra aparejada, de juntas horizontales, resueltas con la menor irregularidad posible en las aristas reentrantes. El efecto total, el detalle, son de una composición estructural, arquitec¬ tónica, perfecta y bellamente pintoresca. Cuando vivía esta estructura, hoy abandonada; cuando las tres gradas de piedra que la rodean tenían como teatro los sitiales de brazos y respaldares de vieja madera, y en las paredes •cuadros o retablos, y las laudas esculturadas de las tumbas abaciales forma¬ ban el extenso enlosado de piedra, el golpe de vista debía ser imponente al ■entrar en la Sala por el alto rellano, bajando por la circular y ancha escali¬ nata; todos los frailes, silenciosos, con hábitos blancos, de imponente y ex¬ clusiva unidad, el abad y los viejos funcionarios en el fondo, perfilados en una contraluz de las blanquecinas grisallas de las vidrieras. Los caballeros..., el Rey, que penetraban en ella, policromados de sedas orientales, dorados y plateados de armas, debían, contrastando, parecer allí en medio hermosos y preciados juguetes del siglo exterior. En la última época del Convento corrían, alrededor de la Sala, los «tres órdenes de gradas con respaldos altos, sobre los cuales, en doce cuadros iguales, seis por parte,» estaban retratados «los cardenales, arzobispos y obispos hijos del Monasterio» (i). La fantasía popular supone que debajo de la Sala existe una gran crip¬ ta sepulcral de los abades. Una breve exploración efectuada por la Escuela de Arquitectura de Barcelona no lo ha confirmado (a. 1914). El carácter diverso de los elementos, dentro de la persistente unidad de plan, en la Sala Capitular revela la larga duración de la obra que ya he¬ mos visto anunciada por los documentos. A mediados del siglo xiii, cuando el arzobispo de Tarragona, Pedro de Albalat, condonaba los diezmos y pri¬ micias de los dominios de Poblet a beneficio de la obra del Aula Capitular y otras dependencias de la misma ala del Claustro (a. 1247), debían estar ■en construcción en ella: el muro exterior, con sus ventanales de arcos de medio punto, escalonados y con columnillas románicas, las paredes latera- (i) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 272. Capitulr Sala DEL MONASTERIO DE POBLET 223 Ies y la del Claustro hasta el arranque de los arcos de la puerta y ventanales. Las archivoltas de éstos señalan, por su moldurado fino y complicado, los comienzos del siglo xiv; las columnillas centrales de la sala con sus afiligra¬ nados capiteles, las bóvedas de crucería son coetáneas de ella o muy poco an¬ teriores, finales del siglo xiii; los calados de las ventanas exteriores también. Recordamos que en 1297 Berenguer de Puigvert legaba su castillo para la obra del Claustro y del Dormitorio superior a la Sala. La gran pared ex¬ terior del Dormitorio cruza por encima del segundo tramo de bóvedas de la Sala Capitular y de sus finísimas columnillas; un grande arco de descarga en el grueso de la pared superior protege, libre de su peso enorme, el casco de la Sala y sus ligeros elementos constructivos interiores. Fuenfría, la abadía madre de Poblet, tiene una Sala Capitular de dis¬ posición análoga, pero muy inferior en medidas y monumentalidad a la de nuestro Monasterio: lo mismo los Claustros. Estas construcciones son con¬ temporáneas en las dos abadías (i). Claraval (Clairvaux), la abadía fundada por San Bernardo, presenta esta disposición más grandiosa (2). Las aulas capitulares con cuatro o dos columnillas aisladas en medio de la sala y con sus puertas en arcos de degradación con los ventanales a los lados sobre el claustro, son muy comunes, como hemos dicho, en los con¬ ventos del Cister, y hasta en otras Órdenes existen ejemplos. En la Penín¬ sula las encontramos en Santes Creus, en Bellpuig de las Avellanas (pre- monstratense). Las Huelgas (Burgos), Carracedo (León, muy inferior), Arroyo (Palència), Osera (Orense, mucho más moderna), Veruela (Ara¬ gón), Oliva (Navarra, con dos columnas), Fitero (Navarra, mucho más re¬ ducida), Iranzo (Navarra, con dos columnas) (3). Poblet y Santes Creus son indudablemente superiores a todas estas construcciones. EL LOCUTORIO Y LA LIBRERÍA La pieza que da ingreso a la Librería es un pasadizo, cubierto de bó¬ veda apuntada de cañón seguido, que el P. Finestres denomina «Locutorio de los monjes, pasadizo al Claustro principal del Monasterio» desde el (1) Monumentos históricos de Francia, tomo V, 1. 41. Monografía de Viollet-le-Duc. (2) Viollet-le-Duc: Diccionario, tomo I, pág. 267. (3) Lampérez, Historia de la Arquitectura Cristiana Española, tomo II, págs. 417-475 224 HISTORIA Y ARQUITECTURA Claustro de San Esteban y el de las habitaciones de monjes ancianos (i). Es una obscura, como intermedia entre los dos pieza sin importancia y claustros, y no teniendo luz sino secundaria por los extremos y por debajo de las galerías de ellos. Toda la importancia en cabida que les sobraba como Biblioteca a las piezas inmediatas en el siglo xiii para la balumba que ha¬ cían los pocos libros que entonces podía tener el mejor convento, le faltaba como Locutorio de los monjes, una especie de sala de conferencias, lugar de discusiones de cultura, expreso para apartar del Claustro prin¬ teológicas y cipal toda conversación, «sin ocasionar ruido en el Claustro, donde la Co¬ munidad tiene sus principales ejercicios...» Los legados o donaciones desti¬ nados a las obras hacen de él mención en relación con la importancia que había de tener para su objeto. La condonación del arzobispo Albalat (año 1247) cita especialmente (2) el Locutorio como en construcción entonces; la pieza a que hoy se da este nombre parece de construcción anterior; podía ser que el Locutorio se hiciese extensivo en aquel tiempo a la parte inme¬ diata de lo que fué posteriormente Librería. Librería es una larguísima sala de construcciones de unos 55 x 13 metros: se desprende hacia el norte de las dependencias claustrales, a con¬ tinuación del crucero, de la Sacristía, del Aula Capitular y de un pasadizo... o Locutorio. En planta superior le corresponde la gran nave del Dormitorio. Es dudoso que originariamente las dos salas sucesivas que la forman estuviesen exclusivamente destinadas a Biblioteca. Hay construcciones anᬠlogas, casi iguales, en los monasterios del Cister. En Claraval el locutorio, pasadizo asimismo sin importancia, conduce a una sala de tres tramos, tam¬ bién situada igualmente y con columnillas, a la cual Viollet-le-Duc no sabe dar atribución (3). Este autor diferencia el locutorio, colloquii locus, inme¬ diato al claustro, del Aula, escuela, o mejor, lugar de reunión de los monjes, destinado a las conferencias usuales en la orden del Cister. «Estas conferen¬ cias dice eran verdaderos combates teológicos, en el tiempo en que ya — — la escolástica había entrado en el estudio de la teología.» El plan original de Claraval sitúa esta escuela en una larga sala nor¬ mal a la galería sur del claustrillo posterior, llamado de los copistas, y os¬ tenta la inscripción: Tkesim. p. pugnandi aula. (1) Finestres, obra citada, tomo I, págs. 268 y 270. (2) Id., id., tomo II, pág. 295. (3) Viollet-le-Duc, Diccionario, tomo I, pág. 268. ^..2Ía£r^'<--y -t,-.¿t » .^ . ..v.;;',-\.p'-*%;f'íí-'-ï-^vf^;»^''. "i jim¿? ^®iÉKa^iëfcl-p r^^jíte&^^s^s^feiÉISS «^sasasM^Bg^' sfs BM^lBBiÍMÍfete^i^^asafe^fe^BiwteMÍÍSgM^wSéh«a»» ii?:ï \m. tfeKSfe s| ti/£i j-V-^^'-'í. -MB -^ïB ■ »vj * íV^ \* •rt2.i í" v-i ^ ^ ■' -í^ .- *fn. .7- '" ' '.i:, L . ST--'- ; V ■ify,"i iv -/fv liti* <*8 Jf^H/^^'''^ ^-* ' 'Ir* j5Í*- ·-^- ^ f DEL MONASTERIO DE POBLET 225 Aparte de la librería había un lugar reducidísimo, como un armario, armariolum, abierto en la pared del Claustro inmediata al Aula Capitular y a la puerta de la iglesia: servía para depositar los libros de lectura religiosa de los frailes. En Poblet se corresponde con él el pequeño local que fué des¬ pués capillita, de estilo barroco. Parece que en el siglo xvii, cuando Pedro de Aragón, de la Casa de Segorbe y Cardona, regaló su biblioteca al Convento, el local que se le des¬ tinó por el abad Pedro Virgili (a. 1690-1692), es decir, la sala llamada Li¬ brería desde entonces, servía antes de granero (i). Los dos largos muros, fachadas laterales a levante y poniente, de la Librería, son de gran espesor, con paramentos de sillares de piedra caliza, lisos, y ventanas de medio punto, largas, con rasgaduras considerables, ba¬ jas al interior, con rebajos para vidrieras. Estos muros son románicos, si¬ guen el mismo orden de los del Refectorio, de eje paralelo a elloá. Deben pertenecer al plano primitivo, de fines del siglo xii; la estructura interior ha de ser mucho más moderna, muy adelantado ya el siglo xiii. Tienen una hilera de delgadas columnas, monolíticas, siguiendo el eje de la sala, cuatro en la primera, tres en la segunda, dividiendo el espacio interior en dos tra¬ mos o naves longitudinales, a la vez subdividides en cuadrados, en cada uno una ventana y cubierta de bóvedas elementales de crucería. La sala segunda tenía el piso más bajo que la anterior: había de haber dos o tres escalones en las portezuelas de comunicación. La construcción interior, de columnas y bóvedas, es sencilla, pero ele¬ gante de soluciones. Las columnas tienen bases jónicas con garras en los ángulos sobre un dado cuadrado; la caña delgada, de una pieza; el capitel largo, piramidal, circular en el collarino, ochavado en el ábaco, éste de mol¬ dura llana reducida; una media caña, un bordón y un plinto pequeños, separa¬ dos por filetes. Los arcos arrancan juntos de un prisma ochavado regular, pro¬ longación del equino, se despliegan radialmente, con iguales radios de cur¬ vatura, los diagonales de medio punto, los transversales y longitudinales cortándose apuntadamente. La sección de los aristones es llana, estrecha, son verdaderas nervadas llanas de las bóvedas de arista. En las paredes no hay formeros, la bóveda arranca crudamente; unas peanas, semipirámides, ochavadas, reciben los nervios diagonales y transversales. Los paños de (i) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 141. 30 226 HISTORIA Y ARQUITECTURA bóveda aparejados hiladas regulares, tal como vienen en las claves. por Es también una perfectamente resuelta, de simplicidad ele¬ estructura gante y agradable a la vista. En su interior tienen 26 por 10*30 metros la primera sala, y 24*70 por 10*20 metros la segunda. El P. Finestres nos ha dejado la descripción en los últimos tiempos del Monasterio...: «famosa Librería, que llamamos de Don Pedro de Aragón, por ser dádiva de Su Excelencia, cuyas armas se ven pintadas en escudo grande sobre la puerta... Tiene al oriente cuatro ventanas —las otras tapiadas — grandes con vidrieras, que la guardan del polvo y le franquean la luz. Dividen la cuadra en dos naves cuatro colum¬ nas de piedra, pintadas de jaspes a lo natural (!), así como lo están también los arcos y cruzados de la bóveda, quedando todo lo demás cubierto de yeso muy blanco (!).» Recuérdese que todo esto es de piedra labrada. «Entrelos cuadros'que adornan las paredes se miran los retratos del Excmo. Sr. Don Pedro Antonio de Aragón, y de su esposa Doña Ana Catalina de Lacerda, Duques de Segorbe y Cardona y singulares bienhechores del Monasterio, que entre otras memorias dieron los tomos de dicha Librería, que son en número de 3.750, todos de rica encuademación uniforme de un cordobancillo encarnado muy fino, con perfiles, rosetas, hojas, título del libro, escudo de armas y nombre de Su Excelencia dorados. Están los tomos repartidos en treinta estantes grandes de ébano, sentados sobre pedestales de la misma madera, con sus puertas y cerrajas, dádiva también de Sus Excelencias; y aunque los libros están encerrados en los estantes, pero como las puertas son de vidrios cristalinos de Venecia, permiten verlos y aun leer con distin¬ ción sus títulos. ))En medio del frontis de las dos navadas se mira una devota imagen de Cristo parecido a los estan¬ Crucificado, puesta dentro de un escaparate tes, y a sus dos lados las dos esferas en dos globos sentados sobre pedesta¬ les, y éstos sobre dos bufetillos. A la mano derecha hay una puerta muy ca¬ paz para entrar en otra librería contigua, que llamamos Librería antigua, la cual, aunque años atrás contenía solos 3.680 tomos, pero como en tiempos modernos se han añadido muchísimos a expensas del Monasterio, y se van añadiendo de continuo algunos otros de los despolios de los religiosos, van creciendo de cada día el número de los tomos. Están colocados en estante¬ rías ,de madera ordinaria, pintada de color de nogal, y sus encuademacio¬ nes, por lo general, son comunes. La pieza no es tan espaciosa como la so- DEL MONASTERIO DE POBLET 229 bre referida, y tiene dos ventanas que le franquean la luz...» (i), las otras asimismo tapiadas. En el inventario queel P. Finestres hace de los donativos de la Casa de Segorbe y Cardona al Monasterio (2) enumera lo que la Librería de Pe¬ dro de Aragón contenía: los armarios de ébano con sus cristales y cerraduras; 4.322 volúmenes encuadernados de encarnado, con dorados, escudo y nom¬ bre; un bufete de ébano, de 2*40 metros de largo por i'40 metros de ancho; dos globos de astros y mapas, y un Cristo grande de marfil en cruz de éba¬ no con cabos de bronce dorado. EL DORMITORIO Y EL ARCHIVO El Dormitorio de Frailes jóvenes es la dependencia más importante de Poblet: una sala única, nave de imponentes dimensiones, interiormente de 87 metros de largo por una anchura uniforme, de unos io'20 metros; pasa por encima, abraza la Sacristía antigua, la Sala Capitular, pequeñas depen¬ dencias de ellas, el pasadizo del Locutorio, las dos largas salas de la Biblio¬ teca. Todos los grandes conventos del Cister poseen dormitorios inmensos, dispuestos asimismo en ala interminable que arranca del crucero: éste es uno de los mayores. Vaux-de-Cernay, cerca de París, le excede aún en dos tra¬ mos de arcos: Poblet tiene diecinueve, Vaux veintiuno. Dentro de la iglesia mayor confronta con la cabeza del crucero del Evangelio: una amplia y larga escalinata de piedra, de un solo tramo, des¬ cubierta, arrimada a la pared, baja desde el Dormitorio a la nave. Ahora diríamos que tenía aspecto teatral; aún más si en la penumbra matinal vié¬ semos descender por ella en hilera un centenar de frailes, cubiertos con la blanca cogulla, cruzadas las manos, perdidas dentro de las largas mangas colgantes. Otra escalera también de piedra, pero dispuesta mucho más mo¬ destamente, baja directamente desde el centro de la sala, en ángulo recto, hacia la galería este del claustro, en el que desemboca por el lado del Aula Capitular. Es típica la estructura de esta nave del Dormitorio. Los muros de gran espesor, lisos, de paramentos hechos con sillarejos de piedra labrada, caliza, (1) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 269. (2) Id., id., tomo V, págs. 234-238, ndm. 15. 230 HISTORIA Y ARQUITECTURA de color de claro, adquieren tonos dorados pálidos cuando el sol, po¬ ocre niente saliente, los baña exteriormente, o penetra en la sala en largos y o amplios rayos espaciados por las altas ventanas. De muro a muro salen del liso paramento, apoyándose en grandes peanas elevadas, a manera de capi¬ teles empotrados, apoyados abajo por ménsulas en cuarto de esfera, los die¬ cinueve arcos de piedra labrada, en punta almendrada, ligeros, de perfil elegante y de aspecto atrevido, sin moldura, sólo un simple bordón en el canto. Forman la armazón, de larga perspectiva: la sala parece intermina¬ ble, más ancha, más alta de lo que es realmente. De un arco a otro, vigas siguiendo las pendientes de la cubierta; de tramos regulares de medida de las vigas ordinarias, unos 4*40 metros. Por el exterior rematan las paredes cornisas de arenaciones apuntadas, sobre modillones lisos; nada de contrafuertes exteriores, la pared lisa a la manera románica primitiva. La disposición como dormitorio es perfecta, grandiosa e higiénica. Un gran corredor central de cuatro metros de ancho; a ambos lados las celdas, de unos tres metros en cuadro; todas estas divisiones de tabiques bajos, des¬ cubiertas por arriba, disponiendo de la masa de aire común de la gran cavidad de la sala, y resguardadas, cerradas por abajo, independientes. Se ignora la primitiva disposición de estas celdas, pero es de suponer que fué proyectada para tabiques, como era común en otros dormitorios o enferme¬ rías de la época. No obstante, la más antigua noticia es que los lechos esta¬ ban separados por cortinas: data de tiempo del abad Caixal (a. 1526-1531), en cuyo abadiado, no sin que se considerase contra la observancia primitiva de la Orden, se construyeron los tabiques de separación. Pero ya en tiempo del abad Conill (a. 1437) el papa Eugenio IV había concedido que se pu¬ diesen hacer celdas en el Dormitorio, dividiéndolas con puertas y tabi¬ ques (i). Unas ventanas altas, espaciadas dos tramos, dan luz y ventilación a la nave general; otras, pequeñas, bajas y próximas, una en cada celda, dan a éstas luz y vista especial. Una que otra puerta daba salida a nivel a los terrados inmediatos encima de los claustros. Todas estas ventanas y puertas tienen sencillos lobulados de estilo ojival lanceolados. Son de fines del si¬ glo XIII. La única decoración ornamental de la sala la los ostentan grandes mo¬ fi) Finestres, obra citada, tomo IV, págs. no y iii. í DEL MONASTERIO DE POBLET 233 dillones de arranque de los arcos, toda de perfecto estilo románico. Son como medios capiteles, de gran ábaco cuadrado, decorado con follajes, tren¬ zados, rizos, palmetas, etc., de equino o copa cuadrada por arriba, semicir¬ cular por abajo, sobre una ménsula en cuarto de esfera; cubiertos como de un bordado de poco relieve, casi todos de entretejidos de juncos, perleados, finos, menudos, como de obra de cestería. Algunos recuerdan las lacerías árabes de estrellas, de cuadrados con entrelazos. En otros reaparece, faltan¬ do a las prescripciones del Cister, la fauna fantástica romana tan condena- tía, siglo atrás, por el propio San Bernardo: gruesos animales frente a un frente, grifos con cuerpo y garras de fiera, alas y pico de águila y orejas; dragones con cabeza de perro, cuello y cuerpo y garras de ave y cola de reptil; pavos reales, leones, osos... En la ménsula se ve rudimentariamente esculpida una barca con vela y dos tripulantes. Aun en la obra románica las ménsulas del dormitorio son excepcionales. Más tarde en Santes Creus, también del Cister, encontramos abusos, y en Poblet mismo verdaderas obs¬ cenidades. A raíz de terminado el Dormitorio, debió adosársele por el lado de le¬ vante la crujía del Archivo: larga y estrecha construcción que corre por encima de la antigua Sacristía, del tramo exterior de la Sala Capitular y del Locutorio. La cubierta sigue y prolonga la de aquella nave sobre unos me¬ dios arcos; seis ventanas, en arcos apuntados, en degradación, con calados góticos lanceolados y columnillas románicas, adosadas y en maineles, ilumi¬ nan la estrecha y larga sala subdividida en tres departamentos. Los capite¬ les escafoides y ochavados de estas ventanas, cubiertos de trenzados o de finísimas y complicadas lacerías de tradición morisca, son de los más hermosos de la Casa. Esta construcción debió hacerse en los primeros años del si¬ glo XIV, en el reinado de Jaime II. Las arenaciones de la cornisa exterior antigua de la nave del Dormitorio quedan intactas dentro del Archivo, en el rincón alto de la cubierta, atestando la posterioridad de esta construcción. Ya hemos indicado que la construcción de gran duración del Dormito¬ rio resultaba documentalmente datada. Estaba en construcción en 1243, se¬ gún el testamento de Poncio de Cabrera, conde de Urgel, que legaba qui¬ nientos morabetinos de oro alfonsinos en pura limosna al Monasterio de Poblet para la obra del Dormitorio que se estaba edificando. No debía estar mucho más adelantado cuatro años después, cuando la condonación de diez¬ mos por el arzobispo Albalat (a. 1247), ya que ésta se hizo no sólo para la 31 234 HISTORIA Y ARQUITECTURA obra del Dormitorio, sino también para las de la Sacristía, del Aula Capi¬ tular y del Locutorio, que son las piezas inferiores o de planta baja, debajo del mismo Dormitorio. Proseguía la construcción en 1249, ya que en este año Pedro de Guerra asignaba quinientos sueldos para el mismo objeto, y no estaba terminado aún en 1297, cuando Berenguer de Puigvert, enfermo de muerte en el Abadiado, dejaba para la obra del Dormitorio y del Claustro el castillo de Puigvert y confirmaba otras numerosas donaciones (i). Corresponden las tres primeras donaciones al reinado de Jaime I y abadiatos de Semeno y Castellots, y la cuarta al reinado de Jaime II y aba¬ diato de Egidio de Roselló. La terminación de la gran sala Dormitorio y la construcción del Ar¬ chivo anexo, que le es posterior, han de estar comprendidas entre el legado de Puigvert (a. 1297) y el advenimiento al abadiato de Poncio de Copons (a. 1316). Las construcciones del Dormitorio y del Archivo son, a pesar de algunos detalles, de franca generación románica, las del abad Copons; las bóvedas del colateral de la Epístola y las siete capillas de la iglesia mayor, el atrio de entrada al Claustro mayor, el comienzo del Cimborio, son de franca generación y detalles góticos, y además muestran repetidísimo el es¬ cudo de los Copons, que no se ve absolutamente en aquéllas. LOS LAGARES Y LAS BODEGAS Por el lado de poniente, separando la clausura del recinto exterior, se extienden en un ala continua, interrumpida sólo por el atrio del Claustro, las naves de los Lagares y de la Bodega. Con anterioridad a las fortificaciones de Pedro IV estas naves comunicaban directamente, formaban el fondo de aquel recinto exterior, y entre ellas había una especie de patio de ingreso a la clausura, que precedía a la puerta románica de entrada en el ángulo nor¬ oeste del Claustro mayor. Es una disposición común a todos los grandes Monasterios del Cister, y hasta de los de otras órdenes, esta ala exterior de los lagares, bodegas, graneros... Claraval tenía en este sitio bodegas y gran¬ jas; Citeaux las bodegas y, nótese bien, la habitación de los frailes conversos, «que de este modo no vivían en el recinto reservado a los frailes profe- (i) Finestres, obra citada, tomo II, págs. 391, 395, 396; tomo III, pág. 108. DEL MONASTERIO DE POBLET 235 SOS» (i). Pontigny, igualmente, granjas y alojamiento de frailes conversos; Vaux-de-Cernay, granjas... Podría ser muy bien que al principio de las construcciones del siglo xiii también esta ala estuviese destinada, en la parte sur de la entrada, a bode¬ ga, y, en la parte norte, a habitación de los conversos. Esta última parte, separada por el atrio, habría estado en disposición acomodada para tal ob¬ jeto, junto a la entrada, descubierta entonces, del Claustro y en fácil comuni¬ cación con la gran cocina del convento, situada entre ella y el Refectorio de los frailes profesos. Se conoce que en la primitiva disposición se daba importancia al Re¬ fectorio o habitación de los conversos y debía tener cierta independencia constructiva: hay legados y donativos especiales para ella, que hemos ya apuntado: Arnaldo de Timor (a. 1225), además de disponer que se le ente¬ rrase en Poblet, dejábale su caballo y sus armas y trescientos morabetinos para la obra del Refectorio de los conversos. Se ha atribuido también a la nave derecha del atrio el antiguo uso de cuadra para caballos, destinándose después a los lagares (2). A resultar cierto, sería éste un caso especial entre los Monasterios del Cister. Las paredes de la doble nave de la Bodega están paramentadas de si¬ llares y con anchos contrafuertes exteriores, pero de escaso relieve; son de suficiente grueso para sostener el empuje de una pesada bóveda románica de piedra. Las ventanas, de arcos de medio punto, de alta proporción y ras¬ gadas interiormente, son de estilo también románico. Es indudable que es construcción de fines del siglo xii o principios del xiii. Los cuatro pilares que dan apoyos centrales a las dos naves son de anchas bases cuadradas, des¬ cansando sobre un gran dado aparejado de piedra; la caña es ochavada, cor¬ ta, robusta; los capiteles pasan al cuadrado por chaflanes, y el ábaco, tam¬ bién cuadrado y robusto, lo forma un fuerte bocel como para recibir fuertes arcos de dovelaje cuadrado, dobles y formeros, y nada de aristones diagona¬ les de los que hay ahora. No obstante, la bóveda es francamente de cruce¬ ría, de la estructura llamada gótica. Es obra indudable del siglo xiii muy avanzado y contemporánea de la casi igual de la Biblioteca, hasta con ni¬ mios detalles, como los pequeños rosetoncillos entallados en la clave de in¬ tersección de los arcos diagonales. Como en la Biblioteca, los aristones de (1) Viollet-le-Duc, Diccionario, tomo I, pág. 270. (2) Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 245. 236 HISTORIA Y ARQUITECTURA arcos dobles y diagonales arrancan de las caras de un salmer octogonal re¬ gular, son planos y los ocho perfectamente iguales de cintra, resultando asi que los dobles de una y otra nave se intersectan en arco apuntado, y más arriba los diagonales a medio punto. Las bóvedas de relleno son tam¬ bién aparejadas de sillares en hiladas regulares, ganando las desigualdades en los cierres de las claves. Las mismas arcadas arrancan de los paramen¬ tos lisos de las paredes por medio de unos modillones o ménsulas pirami¬ dales. Para utilizar bodega esta dependencia se ahondó, se excavó el como terreno, dejando los cimientos de paredes y pilares al descubierto, arreglán¬ dolos groseramente; las ventanas quedaron altas, y por debajo de ellas co¬ rre, sobre arcuaciones adosadas a la pared, una gran canal de piedra labra¬ da, por donde, viniendo de la nave de los lagares, corria el vino para llenar las tinas o toneles emplazados en la parte inferior excavada de la gran nave doble. El efecto de esta sala, de unos 15 por 34 metros, vista desde la en¬ trada, que ahora resulta elevada, es grandioso, pintoresco, teatral, a pesar de lo grosera que es la obra de excavación inferior. Los excursionistas que visitan el Monasterio suelen hacer aún más teatral este efecto combinando iluminaciones artificiales de acetileno o de luces de bengala. Encima de esta planta alta, corresponde otra de iguales di¬ sala, en mensiones, con ocho arcos apuntados dobles de piedra, lisos, que sostienen un tejado de doble vertiente. Los arcos descansan alternados en los pilares inferiores y en las claves de los arcos dobles inferiores, apuntados; arrancan casi del suelo sobre base ochavada, lisa, y están muy rebajados. En los úl¬ timos tiempos del Monasterio, esta sala, dividida por tabiques, servía de habitación a monjes viejos o jubilados. Antiguamente debía tener la sala objeto inferior: así lo indica la pobreza de construcción de las paredes y lo rebajado del techo. No obstante, la sala resulta aún muy pintoresca. Quizás fué granero, pajar o desvanes, en una palabra, destinada a un fin puramen¬ te utilitario. La nave de los lagares es de construcción lisa, pero paramentadas de sillares lasparedes, también probablemente románicas, y cubierta de una sola bóveda de crucería gótica; de arcos dobles apuntados, rebajados, y dia¬ gonales también algo apuntados, todos ellos de dovelaje cuadrado y liso, con claves decoradas con pequeños rosetones salientes. En alguna se ve al- DEL MONASTERIO DE POBLET 239 gun escudete apuntado. El arco cae a raiz de las paredes lisas, directa¬ mente, sin ménsula ni moldura que prepare el arranque. Parece también obra de fines del siglo xiii o principios del xiv. El efecto es también gran¬ dioso y sencillo, pero actualmente lo aminoran los grandes lagares, de pa¬ red de mampostería, arrimados a la pared de poniente de la nave. Mide la nave total interiormente unos lo por i6 metros. Estas construcciones son las últimas de tradición románica, de transi¬ ción algótico, de Poblet: llegan hasta los primeros años del siglo xiv. Des¬ pués, ya entrado el siglo, en el abadiato de Poncio de Copons (a. 1316-1348), las construcciones del Monasterio tienen completo carácter ojival, están do¬ cumentadas, presentan dondequiera los escudetes de los abades que las emprendieron, de los reyes o magnates que las costearon, y su clasificación es fácil. Poblet es la obra de todo un llevada a término con uni¬ siglo, el xiii, dad de plan casi perfecta, con consciente, sabia persistencia, con tendencia constante a mejorar, a variar y a enriquecer el pensamiento de lo nuevo, conservando lo ya hecho y siguiendo el plan inicial. Los anónimos construc¬ tores no hacen obra personal, trabajan en la obra común de una institución secular, para una civilización, para las generaciones venideras, no para la suya contemporánea, que no pudo, que no debía llegar a vivir sino de modo fraccionario su obra admirable. DEPENDENCIAS SECUNDARIAS CLAUSTRALES Cocina. — Calefactorio. — Pasadizos al exterior. - Claustrillos En los dosespacios que entre ellas dejan las tres alas paralelas de la Bodega, el Refectorio y la Biblioteca, hay arrimados al Claustro la Cocina y el Calefactorio o Barbería, y al lado de cada una de estas dependencias un pasadizo que desde el Claustro comunica con el espacio exterior de las dependencias claustrales; estos pasadizos, ancho el de la Cocina y muy es¬ trecho el del Calefactorio, vienen cada uno enfrente del ala respectiva de poniente y de levante del Claustro, de manera que los ángulos de éste opuestos a la iglesia tienen salida independiente cada uno en los dos senti¬ dos de prolongación de las galerías, por el atrio y pasadizo de la Cocina 240 HISTORIA Y ARQUITECTURA el primero, y por el Locutorio y el pasadizo del Calefactorio el segundo. dependencias dice el P. Finestres: «que, comunicándose con De estas el Claustro, tienen sus salidas a otras partes, de manera que, sin ocasionar ruido en el Claustro, donde la Comunidad tiene sus principales ejercicios, se puede proveer todo lo necesario para su asistencia (i).» La Cocina tiene entrada independiente por el pasadizo inmediato, puerta en el Claustro y otra portezuela inmediata en el ángulo del Refecto¬ rio de los Monjes: es una pieza rectangular, de unos 8 por 14 metros, apa¬ rejada de piedra labrada, cubierta en su parte central por una bóveda de crucería, con aristeros salientes, achaflanados, y en los extremos completa¬ da la bóveda central por cortos cañones seguidos. En el lado más largo, el opuesto al Claustro, ancho arco apuntado atraviesa la pared y se un bajo y abre sobre el o campana de chimenea, que venía a tener unos cinco hogar o seis metros de frente por otro tanto de profundidad contando el grueso de la pared o del arco de cabeza. El Calefactorhim, llamado también en Poblet Barbería, era una pieza reducida que se encuentra o es de distribución casi obligada en los monaste¬ rios cistercienses. «Era en donde los religiosos, acurrucados después del canto de Laudes, a la salida del sol iban a retornarse al fuego y a engrasar sus sandalias (2).» Está Poblet inmediato al ángulo nordeste del Claus¬ en tro, entre el Refectorio la Librería y Locutorio. Es una pequeña pieza de y seis por ocho metros, construida de piedra labrada como las otras y cubierta por una bóveda de cañón seguido apuntado. La iluminan por el testero dos ventanas. En los últimos tiempos de Poblet el Calefactorio o Barbería, que tal uso entonces tenía, era lugar de refugio y conciliábulos de la gente joven del Convento. levante, detrás de la iglesia, la grande ala del Dormito¬ Por el lado de rio y de la Sala Capitular, los dos claustrillos, puestos uno a continuación del otro, angularmente, acaban las construcciones de tradición románica en Poblet y son probablemente su más moderna manifestación en el antiguo Monasterio. El más completo, llamado de San Esteban porque está adosa¬ do y por él se entra en la antigua capilla de la misma advocación, está con¬ tiguo a la muralla, a las habitaciones reales, del siglo xiv, y a la Enferme- (1) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 271. (2) Viollet-le-Duc, Diccionario, tomo I, pág. 268. Claustrillo del Locutorio y Habitaciones reales: Detalles DEL MONASTERIO DE POBLET 241 ría. Dice el P. Finestres que antiguamente servía a las habitaciones de Ios- monjes viejos o jubilados: era en los últimos tiempos del Convento lugar de esparcimiento de los frailes, en donde podían hablar de política y de cosas mundanas (1). El otro claustrillo anterior era más bien una galería, un paso cubierto^ que un verdadero claustro; prolonga el pasadizo del Locutorio al exterior, y adosado a la antigua sala románica, que fué quizás enfermería, o aula de controversias, y últimamente juego de pelota, con la bóveda caída, comuni¬ caba bajo cubierto con esta sala las dependencias del claustrillo de San Es¬ teban y el cementerio detrás del ábside de la iglesia mayor, dejándolo ais¬ lado y oculto. Reservan las tres alas de este claustrillo el patio o jardín que da luz al Aula o Sala Capitular. En las casas matrices del Cister, en Claraval por ejemplo, hay también^ como en Poblet, dos o tres claustrillos posteriores al mayor, secundarios, destinados también a las habitaciones de los forasteros distinguidos, reyes o magnates, y a los monjes viejos o enfermos, y uno de traspaso, en el que se abren las celdas llamadas de los copistas, el aula de controversias... La construcción primitiva de estos claustrillos en Poblet sólo es de planta baja, posterior a la de la grande ala de la Sacristía, Sala Capitular y de la Biblioteca y del Locutorio, en cuyos paramentos exteriores los arcos del primer claustrillo se apoyan sin trabazón. Las arcadas son pequeñas, estaban apoyadas en pilares de ángulo y en grupos de delgadísimas colum¬ nas aparejadas, por el estilo de los maineles de división de arcadas en el claustro mayor: el techo era de vigas de madera, apoyadas en modillones ordinarios de piedra. Las heladas y humedades desgastaron las columnillas aparejadas, y en tiempo del rey Fernando de Antequera (a. 1415) ya fué preciso cambiarlas por unos pilarcillos delgados, obra que costeó el propia Rey (2); pero se ven todavía algunas adosadas a los pilares de ángulo, y se encuentran fragmentos de sus fustes, capiteles y bases en las ruinas, y em¬ potrados en las construcciones más modernas. Las arcadas de medio punto^ finamente molduradas, se apartan completamente de los perfiles románicos aunque la caja general lo sea. El podio, las columnillas con sus capiteles y los pilares de ángulo parecen, por su estilo, del tiempo de Jaime II, fines del siglo XIII o primeros años del xiv; los arcos parecen posteriores: quizás (1) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, 1835, Florales de i8ç6, pág. 154. (2) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 245. 32 242 HISTORIA Y ARQUITECTURA son obra del tiempo del abad Poncio de Copons (a. 1316-1348), con cuyos moldurados tienen analogía. El gran Dormitorio, el Archivo y los claustrillos de San Esteban y el de paso posterior al Aula Capitular terminan el plan románico de las cons¬ trucciones de Poblet. Tiene el Monasterio, al finalizar el siglo xiii, unidad y organismo completos. El plan es de fines del siglo xii, del rey Alfonso II probablemente; la terminación, de Jaime II. Existen unas como intermitencias en la acción constructiva de los re¬ yes en Poblet. Alfonso II agranda el plan y lo hace institución y panteón- real; Pedro el Católico muestra por él dudosa atención: los tiempos, las lu¬ chas religiosas en que se encuentra complicado, su trágica muerte, apartan del Real Monasterio a él y sus restos. Jaime I lo pone a la cabeza de todas las instituciones religiosas de su tiempo, lo ata espiritual y materialmente a sus empresas, sus grandes consejeros se enclaustran en él, lo favorece con donativos y legados, algunos de ellos más nominales que efectivos; Pedro el Grande se aparta de él totalmente, nula es su acción, quizás negativa: ni cumplió los legados de su padre, acaso por la brevedad de su reinado; Jai¬ me II se descubre allí como en todo lo del país: su misión parece ser de -perfeccionamiento, de acabamiento; Pedro IV vuelve a hacer de Poblet una gran institución real y nacional de nuevo empuje y de nuevo estilo artístico. El apogeo de la obra románica lo señala el reinado de Jaime I; el mo¬ numento está comprendido en el ciclo de acción, en la obra nacional del gran Rey. Comienza ya a figurar en las concesiones y donaciones a Poblet en 1221; en tiempo del abad Ramón de Hostalrich pone el Monasterio y sus castillos y señoríos bajo la protección de los bailes y ministros reales para que los defiendan y protejan como si fuesen del rey, y en señal de la regia protección autoriza para que se ponga su bandera: Volumus etiam et 0nandamus, quad in Castris omnibtis, et Villis, et Lacis ad ipsum Monaste- rium pertinentibus, Pennones signi nostri ponantur, ut nullus de ignorantia se valeat excusare (a. 1222) (i). Lleva en su compañía en el sitio del castillo de Peníscola (a. 1225) al Prior de Poblet, Pedro de Tàrrega, y concede al Monasterio un sarraceno en la población y otro en Cervera, y que los reba¬ ños de aquella Casa puedan pacer en los términos de Peñíscola, Cervera, Chisvert, Polpiz y las demás tierras que fuese conquistando. Después va a (i) Finestres, obra citada, tomo II, doc. xii, pág. 41g. DEL MONASTERIO DE POBLET 243 Poblet: los cronistas de la dicen que asistió al casa Aula Capitular y allí hizo donación de doscientos morabetinos para la obra de los Claustros. A las Cortes de 1228, que en Barcelona resolvieron la expedición a Mallorca, llamó el Rey al abad de Poblet, Ramón de Cervera, junto con los obispos y arzobispos, y les prometió que, en caso de conquistar la isla, además del botín de guerra y reparto de tierras, concedería la fundación en la ciudad de una abadía filial de Poblet, que fué después La Real. Dicen los cronistas que las banderas para la conquista de Mallorca las llevó el Rey a bendecir a Santa María de Poblet, y no se cansan de ponde¬ rar las posesiones y confirmaciones de bienes concedidas, de las que dicen que podría formarse un libro; la privanza del consejero mayor Guillermo de Cervera, siendo ya monje del Monasterio, nombrado uno de los tutores y maestro del príncipe heredero Alfonso; la fundación de la Abadía de Beni¬ fassà, concedida también al Monasterio; y, por último, el testamento y muer¬ te del gran Conquistador, en los que Poblet ocupó lugar preeminente. Uno de los testamentarios es el Abad de Poblet, que da la coinciden¬ cia de ser otro Bernardo de Cervera, y entre los legados hay uno de cinco mil morabetinos para el Monasterio, y en los codicilos se encuentran otros de joyas y objetos de valor; su vajilla de plata y la capilla con dos retablos del mismo metal, de peso 800 marcos, el uno dedicado a la Virgen María, el otro donativo del Rey de Castilla; seis cálices, y anillos y piedras precio¬ sas estimados en 50.000 sueldos jaqueses; y, finalmente, un ceñidor o correa valorado en 30.000 sueldos y que tenía empeñado por 3.000. Dicen los cro¬ nistas de Poblet que el Rey en su última enfermedad quiso vestir el hábito cisterciense y recibió el de novicio de manos del abad Bernardo de Cerve¬ ra, prometiendo retirarse al Monasterio los días que le quedaban de vida. Dicen que se hacía conducir a él desde Alcira, pero que no pudieron conti¬ nuar el viaje por agravación de su enfermedad, yendo a-morir a la ciudad, por él conquistada, de Valencia. Allí vistió la cogulla del Cister y murió rodeado de los monjes que le acompañaban y auxiliado por su Abad, el 27 de julio de 1276. En todas las disposiciones testamentarias y en otros documentos man¬ dó Jaime I que lo enterrasen en Poblet, aunque otra cosa dispusiese otro día, y además encargó que el Monasterio pudiese reclamar y llevarse el cuerpo, muriese donde muriese. No obstante, la traslación solemne no se efectuó, desde la catedral de Valencia, en donde quedó depositado, hasta 244 HISTORIA y ARQUITECTURA Tinos dos años más tarde{1278); lo acompañaron, tres semanas después de Pascua, los prelados y ricoshombres de sus reinos y los reyes Pedro III de Aragón y Violante de Castilla, hijos suyos. «Quedó depositado su cuerpo — dice el cronista —en tumba de madera sobre el presbiterio, frente por frente ■de la del rey Alfonso, su abuelo, hasta que de allí lo trasladó su tataranieto Pedro IV de Aragón a los arcos reales y suntuosos sepulcros que para Sus Majestades hizo construir (i).» Pedró el Grande no cumplió los legados de su padre a Poblet, pero más tarde obtuvo éste en su lugar algunas compensaciones. Las construcciones del ciclo románico en Poblet, cerradas en tiempo de Jaime II, y cuyo apogeo coincide con el reinado de Jaime el Conquista¬ dor, forman en resumen: el conjunto claustral, todo él de planta baja, muy extenso, de unos 130 metros de ancho por otro tanto de largo; sobre la masa de las dependencias exteriores, las Bodegas y Lagares actuales; la Cocina, el Refectorio, el Calefactorio, todos locales relativos bajos, adyacen¬ tes a las alas de poniente y norte del Claustro; se elevaban al otro lado de éste las masas imponentes, altas, de la iglesia mayor y del Dormitorio; más allá asimismo, casi todo de planta baja, la sala grande primitiva y la capilla ■de San Esteban, y los más modernos claustrillos del Aula Capitular y de la Enfermería (2). Los siglos siguientes, para aumentar el local, fueron macizando los es¬ pacios vacíos entre las antiguas construcciones románicas y edificando sçbre muchas de éstas, generalmente de planta baja, dependencias superiores del estilo llamado gótico. Tampoco del siglo xiii existen noticias directas de arquitecto o cons¬ tructor de Poblet, pero sí indicios de frailes, probablemente cistercienses, que ejercían el oficio de directores o maestros en las grandes obras de la (1) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 47. (2) Del Monasterio matriz del Cister o Citeaux o Cisteau, situado en Chalons, Ecdesia íabilonensis, en Borgoña, la Gaita Cristiana (IV, o. 981) da las medidas de sus principales de· pendencias: Primario vero basilica, quce sola ex antiquis œdificiis superest, plnmbo ex parte co- operta, longa est ducentos octoginta duos pedes - 2 6'64 7ns., - lata sexaginta - i9'49 ms... - Vetus dormitorium longitudinis babel 168 pedes - 5s'57 ms., — latitudinis 50 - i6'24 ms., — qucelibet ala tnajoris claustri longa est 153 —49'7o 7tis., — cum dimldio, lata i6-5'20 ms. - Refectorimn ex- tenditurin longum 135 pedes - 43'85 ms., - in latum 58 - i8'84 ms.— Vetus aulainfirmorum cedium late patens est sexaginta pedibus - i9'49 ms., - longa 187 - 6o'74 tns. — Bibliotheca denique lon¬ ga est dumtaxat 72 pedes - 23*39 "" tata 24 - 7*80 ms., — sed miríim in tnodiwi dives est codi cibus manuscriptis. Et hœc quidem omnia loca, si claustrum excipias, concamerata sunt. DEL MONASTERIO DE POBLET 245 misma comarca en construía el Monasterio. En el necrologio de la que se Catedral de Tarragona figura como arquitecto de aquella catedral, muerto / en 11 de marzo de 1256, un monje; Frater Bernardus, magister operis (hu- jus) ecclesiœ {i ). (i) Villanueva, Viaje ¡iterario, XIX, lOT, Viferrer, Recuerdos y Be/lezas de Espatta, tomo de Catalwia, 1889, II, pág. 528. «í· f CONSTRUCCIONES DEL ABAD PONCIO DE COPONS (1316-1348) ATRIO. COLATERAL Y CAPILLAS MERIDIONALES. CIMBO¬ RIO. HABITACIONES SUPERIORES DEL CLAUSTRO N los Últimostiempos de Jaime II, Poblet, como toda Cataluña, recibe un impulso constructivo; las nuevas ideas y es¬ nuevo tructuras de crucería, los perfiles afinados, la decoración más naturalista y viviente, que ya habían creado en Francia las grandes joyas arquitectónicas de Reims, de Amiéns, de París, de Chartres..., penetran aquí para desarrollarse plenamente durante todo el siglo XIV, cuyo comienzo presiden entre nosotros el rey venido de Italia y su esposa Blanca de Anjou, venida de Francia y de Provenza, de las Casas reales de ambas naciones, tan emparentadas y tan en guerra con nosotros hasta entonces. La resistencia artística románica, la escuela nacional, queda de momento vencida; la escuela francesa entra triunfante y es adoptada para ser modificada, apropiada muy pronto a un espíritu nacional, ahora diríamos regional, renovado. La entrada en Poblet del estilo puramente de crucería, francamente oji¬ val, llamado gótico, la encarna una personalidad relevante, que gobernó lar¬ go tiempo el Monasterio: el abad Pondo de Copons (a. 1316-1348). El nue¬ vo abad era ya muy conocido en Poblet en tiempo de bien llevadas empresas DEL MONASTERIO DE POBLET 247 constructivas.Monje de nuestro Monasterio a fines del siglo xiii, asistió a la terminación de la gran nave del Dormitorio, del Claustro mayor y de mu¬ chas otras obras ya enumeradas. En 1299 figura en escrituras del Convento, en 1311 fué enviado de abad o elegido a Benifassà, el Monasterio filial: allí dejó, en cinco años, un grato recuerdo: construyó la Sala capitular. En 1316 volvió al Monasterio madre de Poblet, elegido abad por sus antiguos com¬ pañeros de claustro, llevando a él su enérgica iniciativa y una acción persis¬ tente en tres reinados: de Jaime II, Alfonso IV y Pedro IV. Sus obras se reconocen aún actualmente con facilidad por la introducción de una nueva costumbre en la casa: el marcarlas con la señal heráldica del abad construc¬ tor. Copons tiene sobre gules (rojo) un copón de oro con tres serpezuelas en la cubierta o tapa (i). Esta señal se ve esculpida en escudetes en los bordo¬ nes y claves de las bóvedas, especialmente en el gran atrio o vestíbulo del Claustro mayor entrando por la Puerta Real, en el colateral y capillas del lado de la Epístola en la iglesia, en el Cimborio nuevo sobre el crucero y en otras obras menos importantes. Parece que en aquellos tiempos se entraba directamente en la clausura interior por la puerta extrema de poniente del Claustro, desde un patio an¬ terior comprendido entre los Lagares y la actual Bodega. La puerta tiene todos los caracteres de haber estado en el exterior, inclusa la disgregación de la piedra producida por el agua y las heladas. Es una puerta de arcos de degradación con columnillas y bordones intercalados, de igual estilo y cons¬ trucción que las arcadas inmediatas del Claustro. El abad Pondo de Copons hizo construir un gran atrio o pórtico cubierto de bóvedas de crucería que abarca todo el antiguo patiecillo de entrada comprendido entre la Bodega actual, el muro exterior del Claustro con la puerta, y la gran nave de los Lagares. Posteriormente se construyó delante de él la actual Puerta Real fortificada, y al lado sur la escalera para subir a las nuevas habitaciones o Palacio Real, que no se terminaron. Se entra en el atrio por una puerta de arco apuntado: en las ménsulas de la archivolta campea el escudete del abad Copons. La bóveda interior se compone de dos elementos ordinarios de crucería. Los aristones están moldu¬ rados con bordones alternados con medias cañas; el bordón central, el más relevado, lleva siempre el filete saliendo de los perfiles mamelados. Las cons- (i) Vila, De Artnoria. 248 HISTORIA Y ARQUITECTURA trucciones del abad Copons son las primeras en Poblet que tienen este de¬ talle singular de los perfiles de bordones con filete apezonado. En las inme¬ diatas anteriores del Claustro, de la Galilea, del gran rosetón del templo, los bordones conservan aún la forma redonda lisa. Es, pues, una fecha fija de clasificación de monumentos de crucería por este detalle: aparece en Poblet en el primer tercio del siglo xiv, hacia fines del reinado de Jaime II, o en el corto reinado de Alfonso IV (a. 1327-1336). Hacia 1330 se construían las ca¬ pillas y las bóvedas del colateral de la iglesia que tienen también este detalle. En el atrio, entre los arranques de los aristones de las bóvedas, algo más arriba de las ménsulas en que descansa el arco toral mediano y los dos diago¬ nales, se ven dos escudetes largos, de lados paralelos y apuntados por el pie, con el copón y la cubierta terminada en tres lobulillos, signo del abad Copons que ya conocemos. Las claves centrales de las bóvedas, redondas, pequeñas y pendientes, ostentan escudetes triangulares con las barras o palos del Rey. Encima del atrio hay una sala a la cual se sube por ancha escalera de¬ recha de piedra. La sala tiene el techo de madera a tramos sobre arcos apun¬ tados de piedra; su chimenea o lar de piedra, y puerta apuntada sobre el terrado del Claustro: sobremóntala una pequeña ventana y está cubierta a dos aguas, mostrando haber estado independiente. En los últimos tiempos de Poblet denominaban a esta dependencia Chocolatería, y en ella se reunían voluntariamente para merendar y conversar los frailes compañeros, servidos cada cuatro por un criado. Cuando no estaba construida la Puerta Real, esta sala daba al exterior de la clausura, y desde sus ventanas, sobre la entrada del atrio, se dominaban las dependencias externas, y al fondo el campo y las montañas vecinas. Esta sala, por la simplicidad y seriedad de líneas, calados y moldurados, tiene conexión con el atrio interior: es también construcción del abad Copons, cuya señal heráldica se ve en las ménsulas de los arcos in¬ teriores. En el mismo rincón del terrado del Claustro, y formando ángulo con la anterior, hay otra sala parecida: se entra en ella desde el terrado por una puerta con calados altos y le ilumina el lado de ésta una ventana tam¬ bién con calados semejantes. El techo es de madera, montado también so¬ bre arcos apuntados de piedra. Está construida esta sala encima del pasa¬ dizo descubierto de planta baja entre la Bodega y la Cocina. En la peana de la archivolta exterior de la ventana se ve el escudete del abad Copons. Por el moldurado y por la galanura de los calados se ha de suponer que perte¬ nece a las postrimerías del abadiato. Habitación del abad Copons llamada «Chocolatería» 33 r i f I DEL MONASTERIO DE POBLET 251 La iglesia mayor de Poblet a fines del siglo xiii principios del xiv o a debía estar obrándose. En primerlugar encontramos el gran rosetón del pie de la nave mayor, hoy sin calados, que no corresponde por su gran medida a las soluciones románicas y cuyo moldurado de pequeños bordones y cabi¬ llos la acerca, más que a la construcción primitiva de la iglesia, a las de la terminación de la Sala Capitular, la parte más moderna del Claustro, el Ar¬ chivo... Las bóvedas de crucería de la Galilea revelan también soluciones parecidas de moldurado y deben atribuirse, si no toda la Galilea, también a esta época, en nuestro país, de transición entre el románico y el gótico, que llega hasta los últimos años del siglo xiii y los albores del xiv. Pero muy pronto se revela el nuevo estilo, muy adelantado ya de deta¬ lles en la reconstrucción, en la nave lateral de la parte de la Epístola de la misma iglesia mayor. El colateral de mediodía tiene los pilares, baquetones y cabezas inte¬ riores de los contrafuertes románicos como lo restante de la iglesia; las bó¬ vedas del mismo colateral y las siete capillas anexas son del tiempo del abad Copons; tienen, como hemos dicho, su escudo en claves y baquetones. Es probable que las bóvedas estuviesen ya hechas con aristas protegidas o no por bordones como la del colateral opuesto, y quizás había ya unas capillas de menos profundidad que las actuales; la construcción no debía ser bastan¬ te sólida; en el otro colateral las bóvedas por arista están contrarrestadas más o menos directamente por las del Claustro; aquí debía haber la sencilla pared y el pequeño contrafuerte formado por los baquetones adosados, y esto no era suficiente para el empuje de los aristones: debía haber graves desórdenes en las bóvedas, que obligaron a la reconstrucción, hecha con bó¬ vedas de elementos ordinarios de crucería y moldurado de la época, de bor¬ doncillos con filete saliente alternando con medias cañas o cabillos con sus filetes de tránsito, todo de piedra bien aparejada. El Cimborio encima del centro del crucero debió comenzarlo el abad Copons hacia fines de su gobierno. Era un proyecto de linterna lujosamente decorada, obra de platería; desgraciadamente no podemos formarnos como cabal concepto de él más que por los fragmentos de lo empezado, ya que el abad sólo llegó hasta el cierre de los elegantes ventanales dejándolo para siempre más inacabado, sin los calados, las puntas o cresterías y pináculos que prometían ser de rica elegancia y ligereza. Se eleva el Cimborio sobre un pedestal ochavado con contrafuertes salientes en los ángulos, todo ello 252 HISTORIA Y ARQUITECTURA revestido de arcuaciones apuntadas y lobuladas. El cuerpo alto, también ochavado, tiene en cada cara un elevado ventanal de alta proporción, con molduras preparadas para ponerles calados; en cada ángulo sube el pilar de triples contrafuertes fileteados de aristas, con fajas de gabletes o doseletes ricamente frondados. Sobre los ventanales se ve el comienzo o arranques de unos altos frontones triangulares o gabletes con tracerías que hubieran sido probablemente calados, y los fustes de los contrafuertes terminan en múlti¬ ples frontoncillos frondados, alternados con gárgolas, revelando el arranque de unos pináculos compuestos de grupos en cada vértice. Aunque hubiese rematado en este solo cuerpo, habría sido el linternón o cimborio de Poblet de una riqueza de que no dan idea los de las catedrales de Tarragona y Lé¬ rida, ni tan siquiera el del Monasterio de Vallbona de las Monjas. Desgracia¬ damente quedó inacabado: en el extremo superior de cada contrafuerte, en la cara externa, se ve el copón, coronado con las serpezuelas, del abad Copons, y de allí no se pasó. Esta esplendente obra debió suspenderse en trágicas cir¬ cunstancias. En el mes de julio de 1348 invadió la peste el convento de Po¬ blet y rápidamente casi lo extinguió: murieron en él treinta conversos y cin¬ cuenta y nueve monjes, ellos Poncio entre el abad de Copons el día 29 del mismo mes, y su sucesor, elegido el 8 de agosto y fallecido a los ocho días de la elección. Tres años después, abril de 1351, en un documento que se supone firmado por todo el convento, figuran solamente veintiocho monjes. Posteriormente, no se sabe cuándo, se cubrió el cimborio con una pe¬ queña galería de arcos apuntados hecha de ladrillo; modernamente, para conservarla, se le ha puesto un tejado de ocho vertientes, en cada una el seudo-escudo real o de una provincia, hecho con tejas de colores y dibujos que claman al cielo... Difícil es ahora determinar cómo había de ser el remate del linternón o aguja del cimborio de Poblet. Pueden darnos idea las obras de platería construidas en la época: los relicarios, piñas de cruces, tapas de copones o santos óleos, las puntas de los bordones procesionales... De todos modos, se ve en algún lado empezada, en la parte superior de los ventanales, una se¬ gunda galería, algo saliente del cuerpo inferior, que indica la idea de una terminación en forma total apiramidada, probablemente no muy peraltada. La actividad constructiva de Poblet en este tiempo no se limita a las tres obras importantes anteriores. Se ven en el recinto exterior y en las edi¬ ficaciones periféricas de las claustrales ventanas sueltas y otros fragmentos DEL MONASTERIO DE POBLET 255 metidos en fábricas ordinarias de piedra que son también de esta época, pero que no determinan importantes edificios ni nuevas formas arquitectó- ^ nicas: son de las comúnmente usadas en las obras civiles particulares de la época debían pertenecer a construcciones secundarias. En el lado norte y del Refectorio, entre éste y la muralla, hay una construcción de dos bóve¬ das, con puerta de abanico, con el escudete del abad Copons, y por el mis¬ mo lado de la nave de la Bodega, entre construcciones modernas, se ven los arcos apuntados de una nave o sala, hoy adyacente al muro de defensa, y entre las ruinas se han encontrado unos robustos capiteles de pilar ocha¬ vado, también con la señal del copón. Entre las dos construcciones se en¬ cuentra la grande balsa del molino. Estas construcciones revelan reformas y continuaciones de los abades Guimerà, Ferrer y otros: construcciones groseras, de albañil, posteriores, no permiten formar completa idea. En Poblet, en esta época, como siempre y endondequiera, la actividad constructiva es señal de otra acción más general, viva y poderosa. Nuestro Monasterio tiene en tiempo del abad Copons una vida social y nacional predominante entre los demás organismos religiosos del país. Al Convento de Poblet se le concede el primer lugar, la primacía entre todos los demás del país, cualquiera que sea su Orden. Cuando en 1339 se efectuó la cere¬ monia de la traslación de Santa Eulalia, en Barcelona, acudió el abad Co¬ pons con gran número de monjes; en la procesión le señaló el lugar pre¬ se ferente entre todos los abades «así blancos dice el cronista, como negros,» y de las tres Misas públicas que se dijeron al exterior de la iglesia de Santa ' María, dos las rezaron el arzobispo de Tarragona y el obispo de Lérida; la otra, en el cementerio que precedía al templo, la rezó el abad de Poblet. En las Cortes y Parlamentos de 1319, 1321, 1323, 1331... hasta 1347, figu¬ ra también nuestro abad a la cabeza de todos los demás. A los concilios provinciales acude voluntariamente, no por sujeción a órdenes del arzobispo de Tarragona, y así lo hace constar (a. 1333) el prelado infante Juan de Aragón, Patriarca de Alejandría, hijo del rey Jaime II, que administraba aquella metropolitana. Para la representación exterior de la alta jerarquía de Poblet el rey Pedro IV obtuvo del papa Benedicto XII (a. 1347) que el ^ abad pudiese usar insignias pontificales: mitra, anillo... (i). (i) Finestres, obra citada, tomo III, apéndice, c. 11, v. 256 HISTORIA Y ARQUITECTURA Toma asimismo Poblet parteimportante en la dirección intelectual de la Iglesia; un maestro de ella es Fray Guillermo de Ripoll, catedrático y re¬ gente de estudios hacia 1330 en el Colegio de San Bernardo de la Univer¬ sidad de París; el grande hombre de Estado, el infante Pedro, conde de Ri- bagorza, tiene para capellán y confesor a Fray Guillermo de Agulló, des¬ pués abad de Poblet; otro monje, Fray Jaime de Ricart, es designado para impugnar y expurgar los libros del célebre Arnaldo de Vilanova...; el abad Copons hace más que corregir: asiste con Jaime II, los infantes Alfonso, conde de Urgel, y Pedro, conde de Ribagorza, y los obispos de Valencia, Gerona y Tortosa, al auto de Inquisición de 1321 en Gerona, en el que se condenó a ser quemado por hereje a Durando de Buldach (i). La relación de Poblet con la Casa Real y con los magnates no puede ser más íntima y cordial, hasta familiar. En los grandes apuros el Monaste¬ rio les sirve de banquero, pero en cambio después recibe de ellos cuantiosos donativos. A Jaime II le dió subsidios para la expedición y gastos de la guerra de Cerdeña (a. 1331); a Alfonso I V, para el mismo objeto, 40.000 sueldos (a. 1322) y 50.000 el siguiente año, y le regalaron 3.000 sueldos más para gastos del matrimonio de su hija Constanza con el rey Jaime III de Mallorca (a. 1327); cuando el casamiento de Pedro IV con María de Navarra le regaló 6.000 sueldos barceloneses... Pero en cambio los donati¬ vos, reconocimientos de derechos y propiedades y privilegios reales cáenle como lluvia menuda; para enumerar solamente los de Pedro IV, dice el cro¬ nista, sería preciso un grueso volumen (2). Jaime II, Alfonso IV, Pedro IV, usan de Poblet como residencia pro¬ pia real cuando bien les parece. Hay varios documentos de Jaime II y del príncipe Alfonso despachados en Poblet (a. 1319 y 1320); Pedro IV pasa allí temporadas y cuida las propiedades como cosa propia; el verano de 1341 lo pasó casi todo en Poblet (3): llevó con él, encinta, a su primera esposa María de Navarra, que en el Monasterio dió a luz, con grave peligro, una infanta, Constanza, que fué después la esposa de Federico II de Sicilia. La reina pasó su convalecencia en el Monasterio, y dícese que, una vez res¬ tablecida, la víspera de San Jaime, bajó a comer al Refectorio de los mon¬ jes: escena curiosa la de esta dama en su primera juventud, interesante con (1) Diago, Historia de la Provincia de Aragón, I, c. xii. (2) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 147. (3) Zurita, Anales de Aragón, libro VIII, cap. iv. '^'^■^'^i0íi^·^·*'' :-^:f viw y^fcjfr^v t í*»**:^ii»»rwy:'.. MONASTERIO DE POBLET.—SECCIÓN TRANSVERSAL POR EL DORMITORIO DE NOVICIOS i ■ -«S «^■ .:;:-r//;-;;'íí L\-/--.y^ - í , ívl.,> Í;" íSi'í·í"®''^ íi": ^'"í 'J^ "íí. ^Z. V'Art ,íí''>'í"·íí sfí^ ^^Sa^àSírSSi^iíf.í^ ¿¡il* * «?^«»iJÉÍtrfí^Íf ' 'fV«Í^ ^éiüíMj èií'-íl·'íljíí .j'.'jfci i..L_íí¿. 1 V .l»..9V^*-_í!_i VT_^^*i_}__^ * *_. DEL MONASTERIO DE POBLET 257 la palidez subsiguiente al parto, alternando con los frailes blancos, viejos y jóvenes, convaleciendo en la sombra verdiclara del claustro, sonando entre los murmullos de las fuentes del Lavabo y del Refectorio las voces juveni¬ les de ella y de sus damas en el ambiente abrigado, silencioso y soleado, bajo de las pétreas bóvedas de la clausura. Entre tanto, su esposo, el rey Pedro IV, iba y venía a sus quehaceres, despachaba en Poblet negocios de Estado, o distraía sus ocios con el ejercicio de la caza. En una de sus sali¬ das lo han de encontrar camino de Valencia, cuando el peligro de la Reina. En el Monasterio recibió a los embajadores de su cuñado el rey Jaime III de Mallorca, visita de que el Convento sacó provecho, ya que el rey balear le envió cuarenta voluminosos libros, una riquísima púrpura y un donativo en metálico para que los monjes rogasen por las almas de sus padres y as¬ cendientes. De Poblet salió la orden eligiendo gobernador de la isla de Cer- deña a Guillermo de Cervellón, substituyendo a Bernardo de Boixadors, que había fallecido; desde aquí mandaba el Rey respetar la caza del bosque de Poblet, como lo habían ya hecho sus antecesores, «para que cuando Nos — dice — vayamos al Monasterio, al que solemos ir con frecuencia y residir en él, podamos encontrar caza en el referido bosque.» Pedro IV relevó a Poblet de la mitad del impuesto sobre el sello (a. 1341), prohibió al veguer de Montblanch hacer ejecuciones capitales de personas en el término y alrededores del Monasterio (a. 1345), y que ni para servicio real se hiciesen requisiciones de caballerías (a. 1365) (i). El dichoso bosque de Poblet, siempre envidiado de los vecinos y celo¬ samente defendido, daba por aquel tiempo mucho que hacer y serios disgus¬ tos. Harto reconocía el infante Pedro, nuevo conde de Prades, no tener ningún derecho (a. 1342) el guarda que en él tenía con señal de la y que Casa del Infante era de la propiedad conventual; mas para mayor respeto sus propios súbditos, como los de Ciurana, no dejaban de poner pleitos re¬ clamando el derecho de pastos y de cortar leña (a. 1344). Poco antes había sido mucho más grave el conflicto: en el bosque se encontraron muertos dos hombres de la villa de Montblanch (a. 1317): supusieron aquellos vecinos que los habían matado los guardas del Monasterio, y, amotinándose, ataca¬ ron al Convento, asaltando, robando y quemando granjas, trigos, molinos... Incendiaron La Pena y mataron al monje Fray Pedro de Basarot; se lleva- (i) Cartulario de Poblet, n.° 20, documentos 21, 22, 25 y 28; Morera, Tarragona Cris¬ tiana, tomo I, pág. 644. 34 258 HISTORIA Y ARQUITECTURA ron ganado, instrumentos, muebles... Jaime II envió un juez espe¬ arneses, cial, pero el abad Copons y sus monjes rogaron que no se infligiesen casti¬ gos sangrientos: todo se redujo a una indemnización en metálico pagada por la villa de Montblanch al Monasterio: 40.365 sueldos barceloneses. Los trabajos del abad Pondo de Copons en Poblet no eran en manera alguna agradecidos por igual por sus administrados, a pesar de que él invir¬ tiese su propia fortuna y donativos de sus parientes. Algunos monjes de Poblet y de sus filiales, de Nazaret en Barcelona y de Piedra en Aragón (a. 1333), acudieron al Papa contra él suponiendo que tenía devastados el Convento y sus filiaciones. Fué preciso demostrar el estado floreciente, el aumento del tesoro en 33.000 libras y 23.000 sueldos barceloneses; las com¬ pras de castillos, villas, lugares...; las cuantiosas obras hechas, los nuevos ornamentos adquiridos..., y se perdonó a los denunciantes. Dícese que eran riquísimos los ornamentos religiosos adquiridos por el abad Copons: cálices y otras piezas, y, sobre todo, dos imágenes de plata, una de la Virgen, de peso 88 marcos, y otra de Santa Colombina, de 58 marcos. Siendo infante, Pedro IV dió a Poblet un Lignum Crucis, una espina de la corona de Cristo, presente de Felipe IV de Francia (a. 1332) (i). El abad Poncio de Copons fué sepultado en la Sala Capitular, debajo de una primorosa lauda esculpida de piedra con su imagen entallada de cuerpo entero, llevando cogulla y báculo y las señales de su casa, con la ins¬ cripción: Anno Domini 1348 4 Calendas Augusti obiit Rev. Pontius de Copons, qui fuit XXIX Abbas Monasterii Populeti. A sus parientes, como grandes bienhechores del Convento, se les dedicó una sepultura especial en la pared del Claustro, cerca de la puerta del Aula Capitular. (i) Cartulario de Poblet, n.° 20, doc. 89; Morera, Tarragona Cristiana, tomo I, pág. 644. Escudo de Pedro IV en la Puerta Real OBRAS DE PEDRO IV Y DEL ABAD GUILLERMO DE AGULLÓ (1348-1393) SEPULCROS REALES. PAVIMENTOS. CÁMARAS REALES. LIBRERÍA. FORTIFICACIONES Y PUERTA REAL ONSERVA aún Poblet a mediados del siglo xiv todo el carácter de una institución social y nacional aristocrática del nacimien¬ to y del saber. El buen cronista hace un resumen de los nom¬ bres de los monjes del segundo siglo de existencia del Mo¬ nasterio (1250-1350), y en él figuran los nombres de las casas más ilustres de la tierra y los de muchos que llegaron por sus condiciones de hombres de Estado a consejeros reales en una forma u otra. Los nombres forasteros se encuentran por excepción alguna vez: no había de transcurrir otro siglo sin que estos forasteros dominasen en él en mayoría, mezclados con los más comunes y obscuros de la payesía y menestralía del país. En la segundá centuria encontramos aún los de las casas de Cervera, Miralles, Timor, Manresana, Cabrera, Besora, Montornès, Uluja, Rocafort, Alemany, Santmartí... y docenas de otros. Entre los centenares que constan en un siglo apenas hay un par o tres sospechosos de forastería. Pedro IV hace de Poblet una institución al servicio de la monarquía. Jaime I era, por ejemplo, afecto a Poblet hasta el extremo de vestir su hábito. Pedro IV hace que Poblet sirva de residencia suya, de fortaleza 26o HISTORIA Y ARQUITECTURA real; quiere llevar a él su biblioteca y lo elige para tumba de su familia; los hombres más probados de Poblet serán sus limosneros, de él y de los de su Casa. El Monasterio queda de hecho afecto a la Casa Real: lo llama sen¬ cillamente «nuestro Monasterio de Poblet» y en él da órdenes como en cosa propia; hay otra de la que dice, como la de la Librería, quani fieri volumus, y dice cómo, cuándo y con qué dineros suyos se han de hacer, y riñe y ame¬ naza cuando las obras no se hacen debidamente o a su tiempo; al mismo abad Agulló le advierte una vez como si fuese dependiente suyo: «Y paré- cenos que debéis considerar que esto que obraréis en dos o en tres años, que tengáis tantos picapedreros y carpinteros que sea honor de Dios y honor nuestro y placer vuestro» (20 de agosto de 1382). Si adscribe el Monasterio a su persona o a la monarquía, en cambio le da dentro de ella alta representación. De él es la consagración definitiva de Poblet como Panteón Real suyo y de sus descendientes; de él es también el curioso privilegio perpetuo de hacer Consejero y Limosnero mayor de la Casa Real de Aragón al abad de Poblet, y que este oficio lo pudiesen de¬ legar en dos monjes del Convento el mismo abad y los ancianos de la Casa. Estos vicelimosneros, lugartenientes del abad, debían residir en la Corte real, y para no ser gravosos al Convento disfrutaban de siete porciones el abad y tres los monjes para manutención a cargo de la Casa Real. Alfon¬ so V y Fernando el Católico, aun estando fuera del país, se hacían acompa¬ ñar por estos vicelimosneros. Alfonso V tuvo sucesivamente en esta dignidad a los monjes de Po¬ blet: Fray Bernardo Serra, que fué también su embajador; Fray Juan Ji¬ ménez Cerdán, después obispo de Barcelona, y Fray Pedro Delgado, que le asistió en sus últimos momentos y fué después abad del Monasterio. Fer¬ nando el Católico, desde que entró en Castilla hasta su muerte, tuvo de vice- limosnero a Fray Antón Riquer, que después lo fué de la reina viuda, Ger¬ mana de Foix, y su capellán mayor, y por fin acabó de abad en el Monaste¬ rio de la Real de Mallorca, filial de Poblet. A imitación del Rey tuvieron varios Infantes de la Casa de Aragón li¬ mosneros propios especiales, también monjes del Monasterio, especialmente los herederos de la Corona: Juan I, cuando sólo era príncipe heredero, du¬ que de Gerona, tuvo a Fray Vicente Ferrer, después abad de Poblet; el rey Martín, cuando era duque de Montblanch, tuvo a Fray Arnaldo de Abella, después abad de Santa María de Rueda; el príncipe Carlos de Viana, a Fray DEL MONASTERIO DE POBLET Juan de Viñoles; el rey Martín de Sicilia, a Fray Miguel Mari, a Fray Juan Martínez de Mengucho, después abad de Poblet, y a Fray Lorenzo Massa, después obispo de Girgenti (i). Las obras principales del abad Guillermo de Agulló en Poblet se pue¬ den dividir en tres grupos: primero, los arcos con los sepulcros reales en la iglesia mayor; segundo, las cámaras o habitaciones reales en las proximida¬ des de la primitiva capilla de San Esteban; y tercero, las fortificaciones gene¬ rales del Monasterio, incluso el monumento de entrada llamado Puerta Real. Al segundo grupo podría añadirse la casa o sala, que no sabemos si se llevó definitivamente a término, destinada a Librería Real de Pedro IV. LOS SEPULCROS REALES (1359-1386) El Convento de Poblet debió quedar muy abatido después de la epide¬ mia de 1348 de la muerte del abad Pondo de Copons, que tanto había he¬ y cho en el largo tiempo de su prelada. La restauración debió ser penosa: casi no habían quedado monjes. El abad reorganizador fué Arnaldo de Aixemús (a. 1348-1361). Se le encuentra recabando la propiedad y derecho exclusivo del bosque de Poblet que los vecinos de Validara, de Prades, de La Esplu¬ ga... vuelven a usar como bien común, acudiendo contra Berenguer de Jor¬ ba, cuyos criados asaltan la granja de Riudabella, queman los trigos y se llevan seis yuntas de bueyes y enseres de labranza. Establece, acensa y arrienda terrenos para facilitar los cultivos y sanear réditos; arregla cuentas con el Rey de legados anteriores e impuestos; conviene con el comendador del Temple en La Espluga, Fray Guillermo de Guimerà, que el permiso de extraer leñas y cortar árboles de Poblet no constituye posesión alguna... Ya en tiempo del abad Aixemús proyecta Pedro IV la construcción de panteones monumentales en Poblet. Existe una carta suya de abril de 1359 al maestro Aloy, arquitecto, a quien encontraremos en obras importantes en Barcelona, dándole las pedidas instrucciones para el emplazamiento, no cum¬ plido, de los panteones. Parece que éstos habían de ser cuatro: uno para el propio Rey; otro para sus esposas (había ya tenido dos, María de Navarra, Leonor de Portugal); otro para su mujer actual, y el primero, que ya estaba (i) Finestres, obra citada, tomo III, págs. 99-101. 202 HISTORIA V ARQUITECTURA hecho (a. 1359), dedicado al «Santo Rey Don Jaime conquistó Valen¬ que cia.» No se habla todavía de los arcos en donde se colocaron después. Pa¬ rece indicar que quería las sepulturas o tumbas colocadas en tierra, dos a dos, debajo de los arcos laterales del crucero, cada una con la cabeza en un pilar y dejando paso en medio: «Nos queremos que pongáis primero la se¬ pultura del Santo Rey Don Jaime que conquistó Valencia hasta el pie (pi¬ lar) del arco que sostiene la bóveda, de manera que dicha sepultura esté adosada a dicho pie del dicho arco, y que pongáis la dicha sepultura nues¬ tra frente de aquélla hacia el coro, de manera que la cabeza de dicha sepul¬ tura esté adosada al otro pie del dicho arco que sostiene dicha bóveda. Para que así entre dicha sepultura de dicho Santo Rey y la nuestra quede espacio para pasar; por lo que os ordenamos que al asentar y poner dichas sepultu¬ ras lo hagáis de dicha manera.» Habla después del modo de pagar lo que le adeuda de otras dos sepulturas: «de la reina Doña Leonor de Portugal y de la reina actual compañera nuestra,» Leonor de Sicilia. Habla también la carta en postdata de que el Rey pagará «el gasto que costará el cambio de la sepultura del Santo Rey» Jaime I, «para que a vos,» el maestro Aloy, «no os cueste nada» (i), lo que quiere decir que la obra estaba adelantada. Siete años después, el 20 de abril de 1366, daba órdenes, desde Calatayud, para que el abad Guillermo de Agulló contratase con el maestro Aloy y Castalls el montaje y trabajo de las mismas tumbas, lo que parece efectuó él el 4 de diciembre del mismo año (2). En la carta que al efecto dirigió a su tesorero, el Rey enumera las sepulturas «del Santo Rey Don Jaime de buena memoria, del rey Ildefonso (Alfonso H) y nues¬ tras sepulturas — dice — y de las Reinas, las cuales desde largo tiempo hemos ordenado que se hiciesen y construyesen en el Monasterio de Poblet, se ter¬ minen.» El modo de hacer pagar las sepulturas al Convento es legal, pero poco majestuoso. «Y por esto hemos ordenado que el abad de dicho Mo¬ nasterio mande hacer y acabar dichas obras, a las cuales hemos asignado decern mtllia solidos barchinonenses, de lo que debe pagar por su Monasterio y por sus individuos, por la décima bienal otorgada a Nos por el Padre Santo... (3).» (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, 65 y 66; Archivo de la Corona de Aragón, reg. 1164, f. 25. (2) Morera, Geografía general de Cataluña, Tarragona, pág. 610. (3) Coroleu, obra citada, 31; Archivo de la Corona de Aragón, reg. 1112, f. 90. DEL MONASTERIO DE POBLET 263 Mientras tanto, los cadáveres reales estaban la iglesia en sus cajas en de madera, insepultos. De algunos nos indican los cronistas el lugar don¬ de se guardaban: los de Alfonso II y de Jaime I, por ejemplo, estaban uno enfrente del otro a una parte y a otra en el presbiterio. La costumbre era conducirlos a Po¬ blet ceremoniosamente cuando habían estado años en sus enterramientos sepulturas provi¬ o sionales; se esperaba algún tiempo, cuando no «hedían,» es la palabra de los documentos, y se acordaba el traslado. Este solía hacerse so¬ lemnemente, con convocatorias previas de mag¬ nates, prelados, obispos, príncipes y de los sobe¬ ranos reinantes. Las cajas mortuorias, forradas de terciopelo u otras telas ricas, claveteadas de metales, eran las que servían en la iglesia de Armas de la Reina María de Navarra, Poblet de tumbas provisionales... o definitivas. primera esposa del Rey Pedro IV. Co¬ lores segiin las heráldicas catalanas. Cadáveres reales, de reyes, de reinas, de infan¬ tas, no tuvieron otra. La lista de los que asi se encontraban aún bajo de los arcos de los sepulcros cuando Pedro de Aragón, duque de Segorbe, los hizo tapiar en el siglo xvii con esculturas y escudos, es interminable: a su cabeza figura el último vás- tago de la dinastía catalana, el rey Martín. Se ve por una carta de Pedro IV que a veces las ca¬ jas estaban decoradas o acompañadas con escu¬ dos también de madera dorada y pintada. Y de las cajas de madera los sacó aún la profanación bestial de 1835. A Pedro IV, el hombre del orden, el orga¬ nizador por excelencia, el ceremonioso, le pre¬ ocupó durante todo su reinado la solución de los Armas de la Reina Leonor de Portugal, sepulcros definitivos dé sus pasados, y dispo¬ segunda esposa del Rey Pedro IV. Co¬ nerse el suyo, los de sus lores según las heráldicas catalanas. esposas, los de sus hi¬ jos. En el abad Guillermo de Agulló debió en¬ contrar el Rey un excelente colaborador. Guillermo de Agulló había sido capellán y confesor del célebre infante Pedro de Ribagorza, después conde de Prades, hijo tercero de Jaime II, y candidato a la Corona antes de pro- 264 HISTORIA Y ARQUITECTURA clamar sucesor de ella al infante y después rey Pedro IV, y proclamado éste, y en su reinado, el hombre más importante y considerado del reino, el orácu¬ lo y guía reconocido constantemente por el Rey Ceremonioso en su Crónica. El capellán y confesor del infante Pedro fué, pues, elegido abad de Poblet y allí no desmintió la escuela inteligente, activa, patriótica, fiel al Monarca, en que se había formado. Entre él y el Soberano hay frecuente correspon¬ dencia para grandes obras en Poblet, pero se ve que lo que más preocupaba a Pedro IV son los sepulcros reales. La disposición indicada por el Rey al maes¬ tro Aloy no debía ser muy factible. El espacio entre pilar y pilar del arco lateral del crucero no llega a siete metros. Se conoce que el Rey tenía presente la disposición de las tumbas reales de Pedro el Grande y de Jaime II en Santes Creus y las quería imitar doblando su efecto; pero no había suficiente lugar; dos sepulcros semejantes a los de Santes Creus debajo de cada arco ha¬ brían obstruido enteramente el paso al través del Armas de la Reina Leonor de Sicilia, crucero y no se quiso llegar a tal obstrucción, tercera esposa del Rey Pedro IV. que en el siglo xvii se hizo forzosamente. En¬ Colores según las heráldicas cata¬ tonces se pensó en la original y pintoresca solu¬ lanas. ción de poner los sarcófagos sobre arcos rebaja¬ dos y dejar paso libre por debajo. Esta idea se encargó de ejecutarla el maes¬ tro Jaime de Castalls para esculpir las estatuas de Alfonso II y Jaime I y para hacer «estribos o contrafuertes y otras obras para perfeccionar y fortalecer aquel arco, el cual el señor Rey o el Abad sobredicho (Guillermo de Agu¬ lló) para él mandó hacer y obrar.» El contrato supone hechos ya por el mismo Castalls los sepulcros para el cuerpo del Rey contratante «y de las señoras Reinas esposas suyas.» Para los nuevos trabajos hasta su termina¬ ción se asignan doscientas libras y el plazo de ejecución de un año que fini¬ rá por Navidad de 1371. Jaime de Castalls promete que en este tiempo no hará otra obra fuera de la de Poblet y que no se marchará del Monasterio hasta concluirla (i). En octubre de 1371 le faltaba indudablemente aún mucho y tenía que rehacer parte de lo ya acabado; el Rey escribía a Gui- (i) Antonio Rubió y Lluch, Documentos para la historia de la cultura catalana medieval, tomo I, pág. 226. DEL MONASTERIO DE POBLET 265 llermo de Agulló el día «Abad: Hemos recibido vuestra carta, y contes¬ 12: tamos que, puesto que la tumba que el maestro Jaime Castalls ha hecho para el cuerpo del rey Alfonso es demasiado larga, y no vendría al compás del arco sobre el cual, según orden nuestra, deben colocarse tres, se proceda a hacer otra de modo que quepan tres sobre el dicho arco, y que asimismo' nos place que dicho cuerpo se saque de la tumba en que está y se coloque en una caja de madera, como nos habéis notificado. Pero al sacar dicho cuer¬ po de la tumba, nadie lo toque sino vosotros, y hacedle en dicho día cele¬ brar aniversario, según corresponde.» Después se duele de no poder asistir al acto por hallarse lejos de la comarca: estaba en Tortosa; por tal motivo no quiere «que las obras sufran menoscabo (i).» En febrero de 1377 el maestro Castalls trabajaba o debía trabajar años en Poblet y parece que tenía al señor Rey muy disgustado: hasta quería hacerlo prender y llevarlo allí a la fuerza; pero no se trataba de las tumbas reales, sino de dos oratorios, si bien a las tumbas les faltaban por lo menos los doseletes, y escribía el Rey a un gobernador suyo en Tarragona: «Sa¬ bed que Nos hacemos construir dos oratorios en la iglesia del Monasterio de Poblet, oratorios que ha empezado y casi acabado el maestro Jaime de Cas¬ talls, quien, a pesar de haberle hecho decir muchas veces que fuese a termi¬ nar dichos oratorios, tenemos entendido que no ha querido ni quiere hacerlo a causa de algunas obras que hace en la Seo de Tarragona. Y como Nos tenemos mucho empeño en que dichos oratorios se terminen prontamente, os ordenamos, lo más expresamente que podemos, bajo pena de nuestra gracia y merced, que incontinenti hagáis partir al dicho maestro Jaime con su esclavo, que es apto para tales obras, para que vaya al dicho Monasterio de Poblet. Y si esto recusaba o tardaba en hacer,'enviadle preso, juntamen¬ te con su dicho esclavo (2).» Los doseletes de los sarcófagos fueron hechos con posterioridad a éstos, pero es muy probable que con sujeción al primitivo trazado del maestro Cas¬ talls, porque en la cornisa de piedra encima del arco hay ya dispuestos con mucha salida y decorados los modillones para apoyo de los pies de los mon¬ tantes. En 31 de enero de 1381, encontrándose el Rey en Zaragoza, dispo¬ nía que se hiciesen dichos doseletes de buena madera para cubrir cada una (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 32. (2) Id., id., pág. 32. 35 266 HISTORIA Y ARQUITECTURA ■de las tumbas reales, y el Abad contrataba al efecto con Bernardo Teixi¬ dor, carpintero de Vimbodí, por el precio de i.ooo florines, la realización de esta obra en el término de cuatro años después de la festividad de Pascua (i). En 20 de agosto de 1382 insistía el Rey en recomendar esta obra al Abad, ordenando, entre otras cosas, en una carta, que las sepulturas ya construi¬ das «se cubran conforme Nos (el Rey) hemos ordenado (2).» La obra era larga, el carpintero pedía cuatro años para terminar su parte; luego faltaba enyesarla, dorarla al agua y policromarla, trabajo asi¬ mismo muy largo; las tumbas también eran policromadas con fondo de vi¬ drio azul, con adornos dorados las figuras. Desde ,1382 al 5 de enero de 1387 en que el rey Pedro IV murió en Barcelona, es más que probable que no había podido ver acabada su obra, de la cual cuidó asiduamente durante su largo reinado de cincuenta y un años. La tenía ya en vías de ejecución, como hemos visto, el maestro Aloy en 1359, después de veintidós o vein¬ titrés años; le faltaban más de cuatro para terminarla. A los bárbaros de 1835 les bastaron unas horas o pocos días para triturar y quemar la obra admira¬ ble, primorosa, del gran artista y del gran Rey. El P. Finestres nos ha dejado de ella una corta, pero expresiva des¬ cripción; Laborde, en su viaje, un dibujo, aunque falto de carácter; pero los fragmentos trinchados dispersos, en Poblet, en Tarragona, en Barcelona, en el Louvre..., hablan, hacen llorar amargamente sobre la obra esplenden¬ te de la cultura catalana..., y de odio y desprecio para con la generación des¬ naturalizada que la destruyó. El P. Finestres decía de estas tumbas, que tenía a la vista: «Escogió el rey Don Pedro el puesto inmediato al presbiterio, a una y otra parte del crucero, donde levantó dos arcos de piedra de sillería de pilastra a pilastra, y sobre ellos asentó con elevación las reales tumbas, a las cuales sobre los mismos arcos se fueron añadiendo por su tiempo otros tres sepulcros reales hasta quedar llenos los arcos. >Son todos los dichos seis sepulcros de fino alabastro, labrados por uno y otro lado con mucha imaginería pequeña, que retratan las victorias de los mismos Reyes y la pompa funeral de sus entierros. Y en lo alto de los se¬ pulcros, sobre la cubierta de las tumbas, se representan los propios Reyes en estatuas, también de alabastro, tendidas, unas con vestido real, otras con (1) Morera, Geografía general de Cataluña, Tarragona, pág. 611. (2) Rubió, Documentos para la historia de la cultura medieval catalana, tomo I, pág. 300. DEL MONASTERIO DE POBLET 267 hábito de diácono, y otras con el hábito en que fueron sepultados, y en al¬ gunos de ellos están asimismo representadas las Reinas sus mujeres en es¬ tatuas tendidas al lado de sus maridos. Entre las imágenes y estatuas pusa el artífice diversos vidrios azules y dorados, que, simulando ser pavimento^ las hacen resaltar con más hermosura. Sobre los sepulcros de uno y otra lado y crucero están como pendientes de pilastra a pilastra unos cobertizos de madera, que sirven de dosel a los Reyes difuntos: son de escultura bien primorosa, dorados con alguna variedad de colores, y forman, por la parte superior, unos hermosos pináculos, y por la inferior rematan en tres arcos que, recogiendo la luz, la reparten con igualdad a los sepulcros que les están debajo. En la parte media o interior forman tres bóvedas o cielos azules con muchas estrellas de oro, y cada bóveda o cielo cubre el sepulcro que le está debajo.» Los sepulcros construidos hasta el tiempo de Pedro IV parece que no eran más que tres: el de Alfonso II, el de Jaime el Conquistador, y el de Pedro IV con sus tres primeras esposas: eran los más inmediatos al presbi¬ terio: uno, el de Alfonso II, en el lado de la Epístola, y dos, los de Jaime I y Pedro IV, en el lado del Evangelio. Los otros tres fueron luego: en el lado de la Epístola los de Juan I y de Juan III, y el tercero, en el lado del Evangelio, el de Fernando I. «En los referidos seis reales sepulcros — continúa el P. Finestres —es¬ tán enterrados los Serenísimos Señores Reyes de Aragón por el orden si¬ guiente:' en el primero y más inmediato al presbiterio por la parte de la Epístola yace el rey Don Alfonso II, que murió a 24 de abril del año 1196. Tiene sobre la tapadera del sepulcro dos estatuas o imágenes suyas de ala¬ bastro tendidas, una a la parte de la Capilla Real, vestida con hábito de diᬠcono, y corona de laurel en la cabeza (Alfonso II fué laureado poeta), y a la parte que mira al cementerio con cogulla cisterciense, hábito con que qui¬ so ser sepultado por la mucha devoción que tuvo a la Orden y a este su Monasterio. »En el sepulcro correspondiente a la parte del Evangelio yace el rey Don Jaime I, llamado el Conquistador, que falleció monje profeso de este Real Monasterio a 27 de julio de 1276. Míranse las dos estatuas de alabas¬ tro tendidas, la que mira a la Capilla Real vestida con todos los ornamentos reales, y la que mira a la Sacristía vieja o Dormitorio de Jóvenes vestida con la cogulla cisterciense. 268 HISTORIA Y ARQUITECTURA »En elsegundo sepulcro de la parte del Evangelio, inmediato al del rey Don Jaime, yacen el rey Don Pedro IV de Aragón, que murió a 5 de ■enero de 1387, y sus mujeres, la reina Doña María de Navarra, que falleció el año 1347; la reina Doña Leonor de Portugal, que murió en el siguiente 1348, y la reina Doña Leonor de Sicilia, que falleció en el de 1375. Miran¬ te sobre la cubierta del sepulcro cuatro estatuas de alabastro tendidas: la del Rey vestida con hábitos de diácono y con el puñal en la mano, y a su de¬ recha la estatua de la reina Doña Leonor de Sicilia, su tercera mujer, con •corona y demás ornamentos reales, ambas a la parte que mira a la Capilla Real; y a la parte que mira a la Sacristía vieja la estatua de la reina Doña María de Navarra, su primera mujer, inmediata a la del Rey; y luego la de ■la reina Doña Leonor de Portugal, su segunda mujer, todas con hábito y diadema de reina. »En el sepulcro segundo de la parte de la Epístola yacen el rey Don Juan I, hijo del dicho rey Don Pedro, el cual murió a 19 de mayo de 1396, y sus dos mujeres la Duquesa Doña Matea (Mathe d'Armagnac), que mu¬ rió año 1380, y la reina Doña Violante {Yolanda de Bar), que falleció en ■el de 1430. Sobre el sepulcro se miran tres estatuas de alabastro tendidas: la del Rey a la parte de la Capilla Real, con dalmática y corona en la cabe- zsi, y a la parte que mira a la Sacristía nueva se ve la estatua de Doña Ma¬ tea, su primera mujer, adornada de una guirnalda de flores en la cabeza (parece ser la insignia antigua condal de Barcelona, o de princesa, porque murió antes de reinar su esposo) y la corona de reina en las manos; y a la izquierda del Rey la estatua de la reina Doña Violante, su segunda mujer, ■con vestido y corona de reina. »En el sepulcro tercero de la parte del Evangelio había de estar ente¬ rrado el rey Don Martín, hermano del dicho rey Don Juan, a quien sucedió en la Corona de Aragón, y falleció a 31 de mayo de 1410, y viviendo había ■encargado a su hijo y heredero Don Martín, rey de Sicilia, que le fabricase allí su sepulcro igual a los de sus predecesores; pero por haber muerto an¬ tes su hijo, y sucedió el interregno, no cuidó el sucesor electo rey Don Fernando I de labrarle sepulcro: así que se quedó depositado en Barcelona hasta el año 1460, en que fué traído a Poblet y colocado debajo de los ar¬ cos reales, entre los Duques de Cardona, como veremos más adelante. Yace, pues, en dicho sepulcro el rey Don Fernando I, que sucedió al dicho rey Don Martín, y murió a 2 de abril de 1416, y sobre su sepulcro se mi- ij í'- }Î i Estatuillas procedentes de los Panteones reales. Museo Arqueológico de Barcelona JT DEL MONASTERIO DE POBLET 269 ran dos estatuas suyas de alabastro, de las cuales la que mira a la Sacristía o Dormitorio de losJóvenes está armada de punta en blanco, y la que mira a la Capilla Real está con hábito de diácono. Y se debe advertir que la es¬ tatua de la reina Doña Leonor (de Alburquerque), su mujer, no está su ca¬ dáver en el sepulcro, pues habiendo sobrevivido al Rey, su esposo, hasta el año 1435, falleció en Medina del Campo en un Monasterio de Religiosas de la Orden de Santo Domingo, llamado Santa la Real de las,Dueñas, qué ella había fundado; en el cual profesó y fué sepultada y no fué traída a Po¬ blet, como lo había dispuesto antes de hacerse religiosa, Y pensando el Rey Católico su nieto, que mandó fabricar el sepulcro, que la dicha Reina yacía en Poblet en tumba de madera, como el rey Don Fernando su abuelo, y que a su tiempo se pondrían en el sepulcro marido y mujer, mandó esculpir en él la estatua de la Reina su abuela. »En el sepulcro tercero del lado de la Epístola yace el rey Don Juan II... Murió el rey Don Juan a 19 de enero de 1479, y por haberle fabricado el sepulcro su hijo el rey Don Fernando el Católico..., fué en él sepultado al mismo tiempo que el rey Don Fernando I su padre en el suyo. Yace con él su segunda mujer la reina Doña Juana (Henríquez), que murió año 1468. Míranse dos estatuas del Rey tendidas, una a la parte de la Capilla Real, con manto talar de rey, guarnecido de mucha pedrería, y otra a la parte de la Sacristía nueva, con armadura de punta en blanco, y la estatua de la rei¬ na Doña Juana vestida muy a lo rico, y con diadema de reina, a la parte de la Capilla Real (i).» En los sepulcros de Juan I, Fernando I y Juan II se habían puesto también, por disposición real, osamentas de varios infantes, hijos o próxi¬ mos parientes suyos. Pedro IV, Juan I y Martín hicieron fabricar sepulcros pequeños para sus hijos o nietos que habían muerto en la niñez. Los de Pedro IV estaban en la pared de la capilla de San Benito; los de Juan I en la pared de la Sa¬ cristía vieja, y uno del rey Martín en la pared del crucero, del lado de la Epístola. A los primeros de estos sepulcros, todos iguales, según Finestres, debe referirse una carta de Pedro IV al abad Guillermo de Agulló, que dice: «El Rey. —Abad. Nos dentro de pocos días creemos estar ahí para la (i) Finestres, obra citada, tomo III, págs. 281-288. 270 HISTORIA Y ARQUITECTURA traslación de la Reina que Dios haya (Leonor de Sicilia, muerta en 1375), y hemos acordado de hacer llevar con Nos la osamenta de nuestro hijo pe¬ queño el infante Don Pedro, que Dios nos ha quitado ahora, y la osamenta del hijo del Duque que murió antaño. Por lo que os rogamos que hagáis ha¬ cer urgentemente dos sepulturas convenientes para los dichos hijos y nieto nuestros. Nos hemos dicho a Fray Guillermo Deudé (también monje de Po¬ blet) el lugar en que queremos que sean colocadas dichas sepulturas, y él os lo deberá decir por carta suya, y así hacedlo en conformidad a lo que os diga. Dada en Barcelona, bajo nuestro sello secreto, a XXIII de abril del año MCCCLXXIX. Rex Petras. Dirigitur Abbati Populeti (i).» — PAVIMENTOS DE LOS CLAUSTROS. BIBLIOTECA Y OTRAS SALAS. ALICATADOS Y AZULEJOS Hemos de atribuir al abadiato de Guillermo de Agulló los pavimentos de los claustros, de los que quedan en su lugar unos ladrillos cuadrados, de tamaño de unos 30 centímetros de lado, hechos de la obra a que llamaban los sarracenos de Granada alicatado, empleándose fragmentos de azulejos blancos y de varios colores: morados, azules, verdes amarillos. Aunque y sueltos, tienen estos ladrillos los mismos trazados de lacerías que los aliceres o arrimaderos de las salas de la Alhambra y están hechos indudablemente bajo su inmediata influencia e imitación, tal vez por artistas árabes o ense¬ ñados por ellos. Conocido es el protectorado que ejercían los Reyes de Ara¬ gón en este tiempo sobre el reino de Granada. Los ladrillos cuadrados de alicatado están aislados, formando combi¬ nación con un enladrillado común. El refregamiento de los pasos por ellos se ha comido el barniz de colores, pero por la forma de los recortes de pas¬ se ven claros los ta dibujos: son de estrellas, de lazos de dieciséis rayos sin cintas, más comúnmente de cintas blancas en pequeñas lacerias circunscri¬ o biendo estrellas de ocho puntas y cuadrados, o formando también lazos ra¬ diales en estrellas de ocho radios, en variadísimas tracerías, tantas como la¬ drillos hay de alicatado. De estos ladrillos de alicatado de Poblet los hay aún colocados en el (i) Coroleu, Doci0nen(os históricos catalanes del siglo xiv, pág. 33. o Cerraduras procedentes del Monasterio Azulejo alicatado del Monasterio de Poblet DEL MONASTERIO DE POBLET 273 Claustro, y arrancados en otros sitios, especialmente en el Museo Arqueo¬ lógico de Tarragona. No son, empero, exclusivos de Poblet: en un convento de Balaguer los hemos visto en el pavimento del presbiterio y en otros si¬ tios. Podría parecer que estos ladrillos alicatados viniesen ya hechos de An¬ dalucía, pero en realidad no es así. Hay unas cartas de Pedro IV que indu¬ dablemente se refieren a una obra igual de pavimento hecha en el país. Van dirigidas estas cartasal baile de Valencia pidiéndole que haga comprar y en¬ víe a Barcelona y Tortosa los azulejos que después de recortados o alicata¬ dos formaban estos pavimentos. Dice: «El Rey. — Como la obra de la cᬠmara de nuestro Palacio de Barcelona necesitará pronto los ladrillos, y Nos os hayamos ya dicho cuántos y qué ladrillos habéis de enviar a dicha ciudad de Barcelona: por esto os decimos y mandamos expresamente que en cuanto recibáis la presente enviéis dichos ladrillos a Barcelona. También os man¬ damos que prestamente hagáis hacer, si no los encontráis ya hechos, iiij. mil azulejos, a saber: mil blancos (servían para recortar las cintas), y DCCC mo¬ rados y DCCC azules, y quinientos verdes, y quinientos amarillos, los cua¬ les, todo lo más pronto que podáis, enviaréis al fiel obrero del castillo de Tortosa Pedro ça Costa, en beneficio de la obra de dicho castillo...» La fe¬ cha de la carta es del 5 de enero de 1370 y va dirigida a Francisco Marra- des, baile general del reino de Valencia. Los colores, blanco para las cintas, y para el fondo morado, azul, verde y amarillo, son exactamente iguales en tonos y proporción a los alicatados de la Alhambra. El obrero Pedro ça Costa, de nombre catalán, era induda¬ blemente el encargado de esta labor de alicatado, como bien claro se deduce de otra carta parecida a la anterior, con la cual le envió recomendado Pe¬ dro IV también muy probablemente a Valencia. Dice: «El Rey. - Os hace¬ mos saber que os enviamos a Pedro ça Costa, obrero de nuestro castillo de Tortosa, para que le hagáis fabricar vj. o vij. millares de azulejos de diversos colores, tal como él os dirá, los cuales queremos para pavimentar la cámara de nuestro palacio de Barcelona, conforme ya desde aquí os habíamos dicho. Por lo que os mandamos y rogamos que, vista la presente, hagáis fabricar vj. o vij. millares de azulejos de los colores, forma y manera que dicho Pe¬ dro ça Costa querrá, y todo lo demás que del arte de ladrillo sea. Y que aqué¬ llos hagáis venir franca y libremente hasta aquí. Ordenándoos además que si dicho Pedro ça Costa necesitase X o XV florines, que se los entreguéis 36 2 74 HISTORIA Y ARQUITECTURA mediante que él os haga ápoca de recibo...» Lleva la fecha de 22 de no¬ viembre de 1367 y la dirección ha desaparecido; la firma el Rey: Rex Pe- trus (i). Que los azulejos llamados de Valencia, blancos pintados de azul, se usa¬ ban al mismo tiempo que los alicatados del siglo xiv, lo dicen bien claro los ejemplares de alicatados sacados de Poblet, actualmente en el Museo de Ta¬ rragona. En los retazos de estos alicatados, vistos por el anverso, hay restos evidentes de vidriado blanco pintado de azul: son de ladrillos de esta clase, sin duda de desecho y utilizados para vidriarlos de color por detrás. Ya por estos tiempos debieron comenzar a usarse en Poblet los enla¬ drillados de azulejos blancos y azules, de Valencia, combinados con ladrillos ordinarios del país. Esta especie de enladrillados fueron de uso muy fre¬ cuente en nuestra tierra en los siglos xv y xvi, en todas las construcciones ya de cierta monumentalidad o importancia: en los retablos existen muchas representaciones de ellos. Casi no hay ruinas de estos tiempos en las cuales no se hayan encontrado estos azulejos blancos y azules, en formas cuadra¬ das, hexagonales, estrelladas..., de diversas medidas. La combinación con los ladrillos rojos ordinarios, largos o cuadrados, o de formas especiales, resulta muy vistosa y limpia de aspecto, aunque de poca duración en los pasadizos de puertas y salas muy frecuentadas. Los más antiguos de estos azulejos son de dibujos arábigos o arabizan- tes, imitaciones de caracteres cúficos o árabes vulgares, lacerías pintadas, rosetas...; los dibujos van tomando caracteres góticos o renacentistas. No se conservan en Poblet enladrillados de éstos, pero sí se han en¬ contrado entre las ruinas numerosos fragmentos y azulejos enteros de esta clase, algunos de carácter arcaico, de los de dibujo imitando caracteres arᬠbigos combinados con hojas y puntillados, y otros de pequeños nodos y cua¬ driculados, también de carácter antiguo (2). Hacia fines del siglo xv estos enladrillados adquieren carácter más fijo de época; entre los ladrillos de las ruinas de Poblet se encuentran muchos con el escudete de los abades que hicieron las construcciones. Los más an¬ tiguos son los del abad Payo Coello (a. 1480-1498). El escudo de este abad, muy repetido, conforme veremos, en sus obras, era un león rampante ban¬ dado de escaques, con bordura de cruces. En los azulejos blancos y azules (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 23. (2) Font y Gumá, Azulejos Valencianos y Catalanes, 64. DEL MONASTERIO DE POBLET 275 de SUS requería la sen¬ construcciones el escudo está simplificado conforme cillez del trabajo manual: es un leoncillo azul, rampante, liso, con bordura lisa azul y con una cruz en blanco a cada lado, arriba y abajo: encimado el escudete por el báculo y las ínfulas (i). De este tiempo deben ser también unos azulejos, de dos variantes, llamados del spéculum entre los coleccionis¬ tas, porque todos ellos llevan entre follajes dicha palabra en caracteres gó¬ ticos simplificados. Se han encontrado en el local del antiguo Archivo del Monasterio, y spéculum es el nombre que se daba a los índices de documen¬ tos de especie de colecciones (2). esta Losazulejos abaciales de Poblet pasan del abad Payo Coello al abad Porta (a. 1502-1526): son éstos abundantes y variados, como fueron exten¬ sas las obras de este abad. Del escudo del abad Domingo Porta, una puerta encimada por el báculo, existen por lo menos cuatro variantes en azulejos de Valencia encontrados en Poblet (3). Del abad siguiente, el desventurado Pedro Caixal, que gobernó apenas cinco años, siendo apresado y condenado a cárcel perpetua por sus monjes sublevados y magnates de la Orden, no obstante su breve gobernación (a. 1526-1531), se han encontrado abundan¬ tes ejemplares: trabajó mucho en breve tiempo. Su escudo consistía en un lobo apresando a una oveja y un perro guardián hincando a la vez en el lobo sus dientes. Las iniciales PO. del Monasterio y el báculo completan el es¬ cudo (4). De los abades Fernando de Lerín (a. 1531-1545) y Juan de Guimerà (a. 1564-1583) se han encontrado también azulejos en Poblet con sus res¬ pectivos distintivos: no así del abad intermedio, llamado Pedro Boqués, precisamente de origen valenciano y muy trabajador. Su escudo, que cono¬ cemos gracias a su sepultura, lo formaban tres herraduras. Los azulejos del abad Fernando de Lerín tienen el escudete abacial con el jarro de María con azucenas y las iniciales PO., y los del abad Gui¬ merà un escudete abacial semejante con dos fajas y las iniciales PO. Estos azulejos del escudo fajado son abundantes y se han encontrado, no sólo en Poblet, sino también en Verdú y otras posesiones. Dice el P. Finestres que el escudo del abad era en colores: de oro con dos fajas encarnadas; pero los (1) ¥ont y Guiai, Azu/ejûs Valencianos y Catalanes, pág. 127. (2) Id., id., pág. 105. (3) Id., id., págs. 172-173. (4) Id., id., pág. 210. 276 HISTORIA Y ARQUITECTURA ■especialistas aseguran que el escudo de la antigua casa Guimerà era blanco ■o plata con dos fajas de azur o azules, tal como se ve en los azulejos de Poblet (i). De los siguientes abades, desde el siglo xvii al xix, ora porque no se usasen ya en Poblet estos enladrillados, sino otros más lujosos, como los de alabastro y de mármol obscuro, ora porque los abades no hiciesen fabricar azulejos con sus escudos, o que se hayan perdido éstos, no se han encon¬ trado azulejos en las ruinas del Monasterio. LAS CÁMARAS REALES. LA LIBRERÍA DE PEDRO IV (1381-1382) Hemos visto quelos soberanos residían frecuentemente en Poblet, y no hemos encontrado hasta el siglo xiv que tuviesen estancias propias exclusi¬ vas. La misma reina María de Navarra, residiendo en Poblet, comía en cierta ocasión, convaleciente del parto, en el Refectorio de los monje.s. De¬ bía existir ya por la parte oriental, en el claustrillo de San Esteban o de la Enfermería, un lugar hacia el exterior del Convento, sobre el huerto llama¬ do mayor, alguna estancia retirada y en que el sol daba de lleno, que, cuan¬ do se presentara el caso, pudiese utilizarse para cámaras reales. El P. Fi¬ nestres dice que se alojó allí en 1375 el rey Carlos II de Navarra y en la correspondencia de Pedro IV se hace clara alusión a ello. Las cámaras reales propiamente dichas, que conservaban todavía su nombre en los últimos tiempos del convento, fueron edificadas en los últimos años del reinado de Pedro IV, cuando ya estaba terminada la obra de forti¬ ficación, en el muro oriental de la cual está apoyada la sarta de salas que las constituyen, actualmente en ruinas. Son estos emplazamiento y disposición muy parecidos a los del antiguo Palacio Condal de Barcelona, también sobre el muro oriental de la ciudad, a continuación de la Capilla Real de Santa Agueda, hasta el ángulo norte del recinto. «Fray Guillermo (Deudé, vicelimosnero real) nos ha dicho — escribía Pedro IV al abad Agulló el 20 de agosto de 1382 — que encima de la capilla de San Esteban habéis construido una hermosa cámara y de hecho conti- (i) Font y Gumá, obra citada, 211; Finestres, obra citada, IV, 180; Vila, De Armoria, tomo I, pág. 317; Linajes de Cataluña, 32, 10. DEL MONASTERIO DE POBLET 277 nuaréis VI arcos a nuestras antiguas cámaras, y encima construiréis vuestras nuevas habitaciones, por las cuales podremos ir al claustro superior, y espe¬ ramos de vuestra probidad que habréis terminado parte cuando Nos llegue¬ mos, viniendo de las Cortes generales, y parécenos que habéis de considerar que para construir esto en 11 o en 111 años, son necesarios tantos albañiles y carpinteros, que redunde en honor de Dios y en nuestro honor y agrado vuestro (i).» Estas cámaras, o grandes salas inferiores, construidas a tramos de en¬ vigados sobre arcos de piedra labrada arrancando de ménsulas con el escu¬ do real, subsisten en ruinas. Se prolongan siguiendo el muro oriental de la capilla de San Esteban hacia el norte. Son dos salas sobrepuestas, de unos seis metros de ancho por veintiséis de largo, conforme se estilaban en pala¬ cios y castillos habitados para alojamiento de la comitiva real. La inferior, sin luces laterales, estaba en el subsuelo por la parte del Monasterio y venia a continuación y comunicaba con la cámara subterránea de la capilla de San Esteban; la superior, en la superficie, seguía después del antiguo dormitorio románico y debía ser utilizada probablemente por los funcionarios y caballe¬ ros del séquito del soberano. Parece que se ponían en ellas lechos provisio¬ nales en el número preciso en caso necesario, y ordinariamente servían de lugar de reunión. Como dice la carta, las nuevas habitaciones reales estaban encima. Cuando el acompañamiento era muy numeroso y figuraban en él varios príncipes y magnates, solían alojarse el rey y los suyos en el Palacio abacial, y las Cámaras reales servían para los príncipes o altos funcionarios palatinos. Así se ve en las visitas a Poblet de los Reyes Católicos (a. 1493), de Felipe 11 (a. 1564), etc. En las postrimerías de su reinado muestra el rey Pedro IV intención seguida de llevar su librería a Poblet y construir un local ex profeso para ella. El lugar elegido es una estancia, al norte del Claustro, en el hueco que dejan la prolongación en ala del gran Dormitorio y los altos de la nave del Refectorio, encima mismo del Calefactorio, llamado modernamente Barbe¬ ría. Desde Zaragoza, en 30 de junio de 1381, concedía al abad Guillermo de Agulló quinientos florines para esta sala Biblioteca quam fieri volumus — dice el Rey - super calefactorium, et vocabitur ipsa domus Librería del rey Don Pedro (2). En una carta poco anterior, 7 de mayo de 1381, ya (1) Coroleu, obra citada, 34; Rubió y Lluch, Documentos, etc., tomo I, pág. 303. (2) Rubió, Documentos para la historia de ¡a cultura catalana medieval, tomo I, pág. 300. 278 HISTORIA Y ARQUITECTURA hablaba el Rey al Abad de esta Librería como cosa convenida y de haber enviado libros al Monasterio: «Nos creíamos — dice — que entre los otros li¬ bros que antaño hicimos enviar Poblet estaba el Pablo Orosio... Os roga¬ a mos que tengáis diligencia para que nuestra librería se termine cuanto antes, porque Nos queremos y hemos acordado que todos nuestros libros, donde¬ quiera que se hallen, sean en ella puestos y conservados (i).» Había transcurrido más de un año y el Rey daba todavía instrucciones para cubrir la sala y poner insignias reales e inscripciones al exterior, en el muro que da sobre el terrado del claustro mayor. Escribía al abad, en 20 de agosto de 1382, que la estancia había de tener «bóveda de piedra labra¬ da» para que «en ningún tiempo pueda menoscabarse, ni los libros se pue¬ dan estropear, y que hagáis poner — añade - en la parte del Claustro nues¬ tras armas con nuestro timbre (e¡ yelmo con cimera de dragón naciente), y que con letras claras y grandes se escriba: Esta es la Librería del Rey Don Pedro III (de Cataluña)..., y mandad construir buenos bancos con insignias reales y con muchas cadenas, con el fin de que Nos hagamos clavar los li¬ bros, y que se haga ante Nos antes de que partamos y hagamos venir los otros libros que se encuentran en Barcelona (2).» Si la Real Biblioteca se hizo en la forma dispuesta por el Rey y si de¬ finitivamente se instaló, no queda de ella gran cosa, ni trazas de haber sido construida. Actualmente aquella estancia alta es un lugar descubierto y arruinado sin señales de construcciones monumentales propias. Hay sí una puerta que da a ella desde el Dormitorio mayor y otra desde el terrado del Claustro, pero no se ve rastro de la bóveda ni del escudo e inscripción exte¬ rior dictada por el Monarca. Por el contrario, en la portezuela sobre el terra¬ do del Claustro hay el escudo del abad Payo Coello (a. 1480-1496). Lo que sí existe es una escalerilla que conduce directamente al local que fué gran Biblioteca inferior, situada en el pasadizo entre ésta y el Calefactorio. No obstante, podría muy bien ser que la obra de la galería del Claustro supe¬ rior, construido o terminado en tiempo del abad Fernando de Lerín (años 1531-1545), y hoy también destruido, al empotrar en aquel ángulo el pie del gran arco diagonal y los modillones y vigas del techo, hubiese hecho des¬ aparecer algunos detalles. Es de observar que el historiador de Poblet, el P. Finestres, entre las obras por que elogia el abadiato de Guillermo de (t) Coroleu, Docufnentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 34. (2) Id., id, pág. 34; Rubió y Lluch, obra citada, tomo I, pág. 303. vir".; AArnadtgoóeni ragona îdro DEL MONASTERIO DE POBLET 279 Agulló, no habla de la de esta Librería, ni la menciona en la descripción general del Monasterio. Pero podría ser también omisión, que no sería la única en la historia del erudito y concienzudo autor. LAS FORTIFICACIONES Y LA PUERTA REAL (1367-1382) El rey Pedro IV expone en 1367 el proyecto de hacer de Poblet una fortaleza con el objeto, según decía después (a. 1382),de que fuese «custo¬ dia de los huesos de los más gloriosos reyes que tuvo la Casa de Aragón.;^ Encargó la ejecución o dirección a Fray Guillermo de Guimerà, lugarte¬ niente y gobernador general de Cataluña, que pertenecía a la orden militar del Hospital; el mandato real exime a los vasallos de Poblet del impuesto de muros y fortificaciones de sus veguerías para aplicar aquella contribución a la obra de muros y fosos del Monasterio (18 de febrero de 1367). Los vasallos de Poblet respondieron y se comenzó la obra, pero con muchos entorpecimientos por parte de los vegueres de Lérida, Cervera y Montblanch, de cuyas jurisdicciones se sacaban obreros y subsidios para ella. Las órdenes reales sucedíanse: una hay del 7 de septiembre de 1369, otra del 12 de marzo de 1372; pero la obra adelantaba muy poco. La entra¬ da de las tropas castellanas en Aragón hizo temer la invasión de Cataluña, y entonces el rey Pedro, en 12 de octubre de 1374, ordenó a su lugarte¬ niente y gobernador general que, sin excepción de personas, todos los va¬ sallos de Poblet fuesen a trabajar en la construcción de los muros y demás fortificaciones del Monasterio y que no se moviesen de allí hasta haberse terminado totalmente. El Monasterio proporcionó herramientas, materiales y manutención a los trabajadores, y dice el P. Finestres que se acabó la fortificación en 1377, diez años después de comenzada (i). No debía estarlo totalmente cuando cinco años después, el 23 de mayo de 1382, el mismo Rey recomendaba desde Valencia al abad Agulló que hiciese acabar de prisa «las obras, del muro y fosos de nuestro Monasterio de Poblet,» encareciéndole la alta misión que cumplían de custodia de las osamentas reales y enumerando una por una las de los soberanos de más brillante historia en el engrandecimiento del país (2). El año anterior, 7 de (1) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 196. (2) Rubió, Documentos para la historia de la cultura catalana tnedieval, tomo I, pág. 300. 28o HISTORIA Y ARQUITECTURA mayo de 1381, ponía desde Zaragoza algún reparo al Abad sobre las obras efectuadas: «Nos hemos visto personalmente - decía — que vuestro Monas¬ terio flaquea por la parte de nuestras cámaras hacia el jardín mayor, de manera que podría perderse. Y Nos sospechamos, por algunas noticias que poseemos, que hogaño entrarán algunas compañías en nuestro país. Por lo que os rogamos y mandamos que, pues os son caros nuestro amor y el bien y la salvación de dicho Monasterio, hagáis fortificar dicho lado de manera que no pueda temerse ningún peligro; de otro modo, si alguno, lo que Dios no quiera, sobrevenía, sería por vuestra culpa (i).» No obstante, resultó tan fuerte y estratégica la defensa de Poblet, que el Rey dió disposiciones para evitar que se apoderasen de él aunque fuesen príncipes de su Casa, y en consecuencia dispuso desde Valencia, en 26 de marzo de 1382, que nadie, en ausencia del Rey y de los infantes, aunque fuese de la Casa Real, pudiese entrar en la fortaleza de Poblet con comiti¬ va que excediese de veinte personas: los condes que no fuesen de la Casa Real con más de quince, y los vizcondes, barones y nobles con más de diez, y que en caso de presentarse fuera de tales condiciones, no fuesen admiti¬ dos. En tiempo de las guerras de Juan II el Rey tiene allí constantemente guarnición y encarga al abad Fray Miguel Delgado que cuide mucho de la fortaleza, porque después de la de Lérida y Tarragona no tenía otra en Ca¬ taluña que más estimase (2). Es el de Poblet un recinto próximamente cuadrado, y orientado, con una pequeña inflexión, al lado de poniente, para dar entrada fuerte y monu¬ mental a la clausura, con la Puerta Real, única del recinto, y la segunda si contamos la de la iglesia mayor. En su recinto incluye de muy cerca las an¬ tiguas construcciones de los siglos xii y xiii, haciéndolo del menor períme¬ tro posible alrededor de la iglesia y su pequeño cementerio, la bella capilli- ta de San Esteban con sus claustrillos anexos, el gran Dormitorio y todas las construcciones del lado norte, cuyo centro común es el Claustro mayor. No obstante, como las construcciones tienen extensas salidas en ala, queda suficiente espacio libre entre éstas y el recinto para que todos los servicios interiores pudiesen quedar debidamente comprendidos. La línea del perímetro es de 608 metros, y el muro tiene ii'30 metros de altura por 2 metros de espesor. La obra es de mampostería: tenía toda (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 34. (2) Finestres, obra citada, tomo III, pág, 197. i^^xtctatyyyl#! A A A A A Fachada Puerta Real y Torres 37 DEL MONASTERIO DE POBLET 283 la muralla pasadizo superior con antepechos, almenas cuadradas rematadas en piramidiones, y las troneras correspondientes. Protegían doce torres sa¬ lientes, cuadradas o hexagonales, combinadas en los ángulos y en las tiradas de muro de modo que los protegiesen con tiros oblicuos. Las torres resaltan de los muros aproximadamente seis metros. Tenían estas torres sus respec¬ tivos nombres, ya por su situación, ya por el uso a que ordinariamente se las destinaba: las dos torres reales, la de la Enfermería, la de San Esteban, la de los Jubilados, la del Jardinero, la del Canciller, etc. Las torres y las murallas tienen la medida que podríamos considerar reglamentaria en las fortificaciones regulares de la Edad media, alturas de unos cincuenta palmos las murallas y de unos cien palmos las torres, o sea de diez y veinte metros respectivamente. En los espacios en que el recinto deja espacio libre al interior hay es¬ caleras de obra, derechas, adosadas al muro, para llegar rápidamente a la cima o pasadizo superior. La Puerta Real de Poblet es la mejor obra de arquitectura militar que actualmente tenemos en Cataluña. Rivaliza en monumentalidad y elegancia con las dos que nos restan del recinto de Valencia. Se abre la puerta, de medio punto, en un paramento plano de muro flanqueado por dos grandes torres ochavadas al exterior. Las torres y el muro son totalmente de piedra labrada en sillares de regular dimensión. El conjunto tiene de frente unos 24 metros, de los que corresponden unos 7 metros al lienzo central y unos 8*50 a cada torre. Las alturas eran las mis¬ mas de la muralla genera], unos diez metros para el lienzo central, y algo menos del doble para las torres. Por la parte exterior los paramentos son absolutamente lisos y cerrados: sólo tienen una pequeña imposta con go- terión a media altura del muro y 'una ventanilla de vigía en el chaflán exte¬ rior de la torre norte. Rematan el lienzo de muro central y la parte supe¬ rior ochavada de las torres firmes cornisas de barbacanas o matacanes, for¬ mados por modillones escalonados, sustentando en su cabeza arquecillos de medio punto, labrados cada uno en una sola piedra. Sobre las líneas de los arquecillos se levantan altos parapetos o defensas de gruesas losas de pie¬ dra con sus aspilleras largas y espaciadas: cuatro hay sobre la puerta y dos sobre cada lienzo de las torres. Por detrás de los matacanes se eleva un poco el paramento del muro formando antepecho; los defensores, segurísimos, podían arrojar sus proyectiles a voluntad por las aspilleras o ladroneras a 284 HISTORIA Y ARQUITECTURA distancia, y por los huecos de los matacanes o barbacanas al pie de los muros. La puerta tiene doble arco circular, escalonado, y altas dovelas forman¬ do abanico. El ancho del hueco es de unos 2*50 metros. En la gran clave tiene esculpido un escudo real, apuntado en arco y coronado, sostenido cen¬ tralmente por un ángel cuyos busto y alas le forman dosel: en la parte in- ferior, a ambos lados, hay sen¬ dos. leones tenantes, hermosa¬ mente esculpidos y de perfil elegantísimo. En los ángulos del paramento, entre el extra¬ dés del abanico, las verticales de las torres de flanco y la im¬ posta general; en cada una de las enjutas que estos elementos forman hay una placa cuadra¬ da, puesta de punta, empotra¬ da en el muro, con una hermo¬ sa escultura del timbre real de Pedro IV, el dragón na¬ o sea ciente sobre yelmo de los un de torneo, coronado y con su cubierta o lambrequin. El tim¬ bre real de gran tamaño cam¬ Escudo de Pedro IV en la Puerta Real del Monasterio de Poblet escudete trian- pea sobre un gular de las cuatro barras reales, terciado, en la punta baja del cuadrado, que está lobulado con finas arenaciones acoladas con follajes finísimos en los ángulos, que llenan totalmente la placa. Este escudo estaba repetido a uno y otro lado, mirando los timbres hacia la puerta. La placa del lado derecho se ha desgastado por la intemperie y ha caído casi toda a pedazos; la del lado izquierdo se conserva en gran parte: tiene roto algún relieve, pero muy fina aún la escultura general. En una faja horizontal que atraviesa el cuadri- lobulado y por detrás del timbre se lee en letra monacal, en forma muy com¬ primida y abreviada, la inscripción: Hoc : opus : incepit : tempore — Petri: Re¬ gis : Aragonum. En la parte alta de la torre, en cada lienzo de parapeto exterior, entre DEL MONASTERIO DE POBLET 285 aspillera y aspillera, campean placas con escudetes reales de las barras, trian¬ gulares, o cuadrados por punta, y en el parapeto central, encima de la puer¬ ta, hay otro real de las barras, y a cada lado, y algo más bajos, sendos escu¬ detes también triangulares en arco apuntado con la señal heráldica del abad Guillermo de Agulló, que es: cuatro losanges puestos por punta, uno-dos-uno. La escultura del timbre real de las placas cuadradas pertenece más bien al estilo, dibujo y factura de los artistas que a comienzos del siglo xv tenía el rey Martín en Poblet, que a la robusta y segada manera del maestro Cas- talls. Es de suponer que fueron sobrepuestas después de construida la puer¬ ta, y ésta debe datar de los últimos años del rey Pedro IV, hacia 1386, y terminada después de su muerte, en los últimos años del abad Agulló. Es de suponer que las torres que flanquean la puerta tendrían por la parte interior del recinto grandes aberturas de municionamiento. Actual¬ mente está tapiado el trasdós de las torres con una grosera mampostería, y sobre el lienzo central de la puerta, al exterior, se levanta también una pared de igual fábrica ordinaria con una ventana, que fué geminada, de ar¬ enaciones y calados en acolada, que denuncia el siglo xv muy adelantado. El cierre exterior de la puerta es doble: en el delantero existen las guías de una puerta corredera de arriba abajo: probablemente sería una reja de hierro, o ferrada; la segunda puerta era de dos hojas y debía ser la de cierre ordinario, reservándose la anterior para casos de peligro. Detrás de estas puertas queda un atrio, debajo de las cámaras superio¬ res, para defensa de la entrada. Por la parte interior tiene una sencilla puerta de grandes dovelas.