i SEPULTURAS DEL TIEMPO DEL ABAD GUILLERMO DE AGULLÓ Y DEL REY JUAN I (1387-1396) ioBREVivió el abad Guillermo deAgulló al rey Pedro IV; muerto éste en los primeros días de 1387, el abad de Poblet fué uno de sus albaceas y recibió del rey Juan I la confirmación de los privilegios, derechos, propiedades y salvaguardia real del Monasterio (25 de febrero de 1387 y 4 de agosto de 1388). A 8 de diciembre de 1389 se encontraba Juan I en las Cámaras reales nuevamente construidas en Poblet. Dícese que fué en esta ocasión cuando encargó al abad que hiciese construir para él y para sus esposas, Marta de Armañac, muerta en 1380, y Violante de Bar, que le sobrevivió muchos años, un sepulcro parecido a los tres construidos por su predecesor (i). No resulta muy claro de las cartas de Pedro IV si eran ya éstos tres o cuatro, pero sólo quedó destinado uno para él y sus tres primeras esposas, y el Rey hablaba (a. 1376) de que «nuestras sepulturas, y de las Reinas, las cuales ha largo tiempo hemos ordenado sean hechas y construidas en el Monasterio de Poblet, lleguen a su término;» y en carta, muy anterior, al maestro Aloy (a 1359) hablaba de hacerle «pagar lo que se os debe de la sepultura de Doña Leonor de Portugal, que fué esposa nuestra. Y que asimismo os hagamos pagar lo que se os debe por la sepultura de la Reina actual compañera nues¬ tra muy querida;» y como que, aparte de esto, hablaba también del sitio a designar para «su sepultura» y las «de Alfonso II y Jaime I,» resulta asaz (i) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 209. DEL MONASTERIO DE POBLET 287 confuso el número de sepulcros del tiempo de Pedro IV^ y las remociones o apropiaciones que después se hicieron (i). En la misma ocasión dice el historiador de la Casa que Juan 1 ordenó que se hiciesen cuatro sepulcros pequeños para sus hijos que habían muerto infantes: Juan, hijo de Marta de Armañac, y Jaime, Fernando y Leonor, hijos de Yolanda de Bar, y que los hicieron iguales a los ya construidos para los hijos y nietos de Pedro IV, poniéndolos en el crucero, encima de la puer¬ ta de la Sacristía antigua. Parece que en 1390, por lo menos, estaban terminados cuatro de los sepulcros reales, y a Juan I no se le había ocurrido efectuar el traslado del cadáver de su padre, por más que ya en noviembre del mismo año 1387 tra¬ taba de ello en carta a su secretario Pedro ça Costa, al que ordenaba «que de noche secretamente reconozcáis si el cuerpo del señor Rey nuestro padre hiede aún, y en qué estado se encuentra. Y esto lo decimos por el traslado que ha de efectuarse (2),» Como éste iba dilatándose, el abad Guillermo de Agulló dice que deci¬ dió, sin duda con asenso, pero sin asistencia, del Rey, colocar en los sepul¬ cros reales los cuerpos de reyes e infantes que se encontraban en cajas de madera en la iglesia de Poblet, y así se efectuó con los cadáveres de Alfon¬ so I en el primer sepulcro del lado de la Epístola; de Jaime I en el primero del Evangelio; de las tres esposas de Pedro IV, María de Navarra, Leonor de Portugal y Leonor de Sicilia, en el segundo del mismo lado, y de Marta de Armañac, esposa que fué de Juan I, cuando sólo era duque de Gerona, en el segundo del lado de la Epístola. Los de los cuatro hijos infantes de Pedro IV se colocaron en sus sepulcros en la capilla de San Benito, y los de Juan I encima de la puerta de la Sacristía antigua. De la misma época es el sepulcro de la infanta Juana, condesa de Am- purias, puesto aún actualmente en el crucero, parte del Evangelio, junto a la entrada de la giróla o deambulatorio absidal. Es un sepulcro del mismo estilo y composición que los reales, pero labrado en piedra caliza ordinaria. La infanta Juana era hija de Pedro IV y de María de Navarra, casada con Juan conde de Ampurias, hijo del infante Ramón Berenguer y nieto del rey Jaime II. Nacida en 1344, casada hacia 1356, y fallecida en 1384: hizo tes¬ tamento disponiendo que la enterrasen en Poblet, cerca de su madre María (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, págs. 31, 32, 65. (2) Id., id., pág. 105. 288 HISTORIA Y arquitectura de Navarra, vistiendo el hábito del Cister, y legando al Monasterio doscien¬ tossueldos censales para aniversarios, una cruz de plata, y los mejores or¬ namentos de su capilla. Los albaceas, que fueron los reyes de Aragón y de Navarra, los infantes Juan y Martín, y el abad de Poblet, debían cuidar de la sepultura a cargo del Pedro IV, padre de la difunta. Enterrada en rey Barcelona, supone el P. Finestres que el abad Agulló hizo hacer la sepultu¬ ra y el traslado del cadáver al Monasterio; pero lo cierto es que todavía el rey Martín reclamaba repetidamente el cadáver, primero, de Juan de Am- purias (a. 1397), y después de Pedro de Ampurias (a. 1400). Un curioso sepulcro pertenece a la época del abad Agulló. Fray Gui¬ llermo Tost, lego o converso del Monasterio, era guardián, o tenía cargo en la granja de Castellfollit, en el bosque de Poblet (a. 1366), El viernes pró¬ ximo a la Ascensión fué a Prades para reclamar justicia contra hombres de la villa que causaban daños en el bosque de su cargo; al regresar, los acu¬ sados le asaltaron y lo mataron. La tradición dice que, amenazado de muer¬ te en Prades, había vuelto a ella esta vez por mandato del Abad a pesar de la amenaza. La obediencia que le acarreó la muerte valió al cadáver honro¬ sa y ejemplar sepultura en el Claustro mayor, en tierra, en la galería de le¬ vante, con una lauda en que está representado con escapulario corto, capilla y capa de converso. En la pared inmediata vese la inscripción en catalán, sin duda para que los legos la entendiesen, que, traducida al castellano, dice: «Aquí yace Fray G. Tost, que por pedir justicia y en defensa del bosque de Poblet, por hombres de Prades fué muerto. Cujus anima requiescat in pace. Amen. Anno M.CCC.LXVI.i) El abad Guillermo de Agulló murió el 13 de julio de 1393. Enterrado en el Aulacapitular, su lauda lo representa con cogulla, báculo y su escudo, de cuatro losanges, según lo inserta Vila. La inscripción de la lauda dice: ^Hic jacet Dommis Guillelmus Agulló qui XXXII abbasfuit Populeti, obiit XIII die mensis Julii anno Domini MCCCXCIII.!> Por fin, después de muchas instrucciones dadas y suspendidas, llegóse a fijar el traslado del cuerpo de Pedro IV a las tumbas reales que tanto le habían preocupado en vida (a. 1394). Ya había fallecido el abad Guillermo de Agulló: gobernaba el convento un valenciano, el abad Vicente Ferrer. Tenía prescrito el Ceremonioso el hábito real que había de vestir su cadáver: camisa romana, anillo, estola, manípulo, tunicela y dalmática conforme usan los cardenales cuando el Papa celebra; medias y zapatos de terciopelo como I r I DivnsxHO ? f aoHxiaiovao ^aMiaNxaaio joaasiv KVAOH QvaaHiv vNxionv qvAvao )^;yMVHvs aaa 30XONS ^"aoiNxo jvavDïo aal ^jvHXiN jpvaixvoiçN ^-axaoxoaio 37vnsxH0 ^avnsxHO Qvaaajv aaa ^avnsxHO jHioH aaa [\ioniíos a sn avisv ^aoiKxo íoHxi^iovao 'i > < gíMpm. «iSí^S^gsTC :'^á|ríí- r II III ■«■^^-A-At..-^-,.!'» 'é^mm "'" ''iimiKiií.;' .-f ■ . sSíT Písala rr^5^%·í'*< -••v>i^í^^.V«·i·.>?·;·:0"^ tí&SsisS f^'s'í: i íi' i -• r^f>!;Sáí3S! ^mm IT^aW •f:Tír*r-v/í/V'Í''S*?aaS«SÍ*Ííga^!¿ivV!T®^'*^f^ ;-.->£^"2f .-?j^j^9 *r7*SPf®^ fea ■' ' -^îaàist SgivT^AJ® S*í®s Élfcég K*# Zi^'^ffiw'-^ '■ ■ '"' "^''^^^^^^^^^^^^^^^''i^l í*f't'i '" "- " "^' sa -i.:, '^-m FÍS&bsííW^ jrÍ^P _*. fJT ^ ^ „ _ „ _ -m. aaSW^S®2áSS!K^i«^^§?^í>¥í3^K5a«PSS^-2píii%WAtcw^afc'»-"5'»ic^«*:í^íVr.rv^r.>ví-\^ '—^8 |3«» ;'rs ', ;"^^\ r' - ^íág"""^ Vi. ^éúi^ "' ííí^I^íí'ía ' h " DEL MONASTERIO DE POBLET 289 los de la coronación; corona real de plata sobredorada con pedrería imitada en cristal, cetro en la diestra la izquierda, también de plata dora¬ y pomo en da ambas piezas, y al lado espada semejante a la de la coronación, y los de¬ más ornamentos de seda y lino; una tarja y el timbre de sus armas encima de su túmulo para perpetua memoria. También tenía preestablecido lo que debía hacerse en los escudos enci¬ ma de las tumbas: «Os mandamos — decía el Rey desde Poblet a su teniente de armas Pedro de Palau, 15 de julio de 1384 - que incontinenti nos enviéis nuestro escudo pintado de oro y de encarnado con signo real, que solíamos tener en las armas en nuestra juventud. Y mandad hacer dos semejantes acabadamente, que sean bellos y grandes, como los que queremos poner en la sepultura de los Reyes predecesores nuestros que en este Monasterio yacen. Y uno de dichos escudos sea por la parte interior hecho de azur todo él, con una cruz blanca en un ángulo (señal llamada de Aragón antiguo). Y el otro sea por su parte interior acuartelado, y el primer cuartel sea encar¬ nado con águila de oro volante de dos cabezas. Y el otro cuartel sea verde todo él, sin otra señal... (i).» El traslado debía ser solemne, del modo que al mismo Pedro IV hu- biesé satisfecho. En 10 de abril de 1394 lo disponía el rey Juan para el 25 de mayo, dirigiéndose al Abad de Poblet: «...Incontinenti haya pasado la fiesta'de la próxima primera Pascua, dejados de lado todos los otros asuntos, trasladaos personalmente a Barcelona, en donde encontraréis a nuestro te¬ sorero, y juntamente con él y con Bernardo Buçot, que tiene el memorial de las cosas necesarias para dicho traslado, con soberana diligencia compréis y deis buen destino a ellas, y cuando esté todo listo, regreséis a dicho Mo¬ nasterio y enviéis a dicha ciudad de Barcelona los monjes que os parezca que hayan de acompañar a dicho cuerpo, y visitéis al Abad de Santes Creus, al cual Nos escribimos que asimismo envíe algunos frailes de dicho Monas¬ terio a la dicha ciudad, llamados los obispos de Barcelona y de Lérida y otros prelados, si los hay, y los concelleres de Barcelona y todos los del Consejo y Casa nuestra que estén aquí, y con la mayor solemnidad que po¬ dáis hagáis sacar dicho cuerpo de allí donde está y de dicha ciudad, y vos con el abad de Santes Creus, después que hayáis salido de aquélla acompa¬ ñando dicho cuerpo, lo llevéis a la villa de Montblanch, y cada día, en el (i) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 35. 38 290 HISTORIA Y ARQUITECTURA lugar donde paséis la noche, dicho cuerpo sea colocado y velado por los di¬ chos monjes, y partido de aquél, en la iglesia del lugar donde estéis, y cuan¬ do estéis en la villa de Montblanch, poned dicho cuerpo en la iglesia mayor y en la iglesia de los frailes menores de dicha villa. Y sea velado en la for¬ ma arriba dicha y allí permanezca hasta que Nos personalmente estemos si llegáis antes que Nos, y vos entre tanto, mientras dispondréis las cosas arri¬ ba dichas y os ocuparéis en ellas, haced proseguir las obras del Monasterio necesarias para dicho traslado.» La carta está firmada en Valencia en la fe¬ cha citada; Rex Johannes (i). Dice el P. Finestres que la solemnidad se efectuó en la forma ordena¬ da: los abades acudieron a Barcelona con gran número de monjes: toda la ciudad oficial tomó parte en la ceremonia; acompañaron al cadáver hasta la primera cruz de término todos los ciudadanos, y hasta la otra todos los con¬ celleres; dos de éstos, los obispos de Barcelona y Lérida y otros prelados siguieron el camino hasta Poblet. «Llevaban el cadáver en unas andas, cu¬ bierto del paño de oro de la ciudad, con mucho aparato de luces y lutos, velándole de día y de noche los monjes, a los cuales había mandado el Rey que nunca lo perdiesen de vista (2).» Pintoresco espectáculo esa larga teoría de monjes blancos y portantes de ciriales rodeando el alto féretro, cubierto con el paño de oro, presididos por los obispos y abades mitrados; precedidos de maceros, seguidos de con¬ celleres y caballeros enlutados, yendo de jornada en jornada por los cami¬ nos, por entre los bosques de verdes pinos, de glaucos olivos, de verdes sembrados y viñas, los ribazos matizados de flores, por las tierras asolea¬ das, bajo el cielo azul, esplendente, luminoso, del campo de Tarragona en el mes de mayo; entrando en los pueblos llenos de curiosidad, iluminadas las iglesias por las noches en torno del real cadáver de aquel Rey de memo¬ ria temida, implacable, imponente de rigor, de autoridad, de sabiduría. «En esta forma continúa el cronista llegaron a la villa de Mont¬ — — blanch, donde encontraron al rey Don Juan con toda su Familia y Casa; y de aquella villa salieron todos en solemne y lúgubre procesión que, además de los monjes, formaban el clero y religiosos de Montblanch, y habiendo llegado a la entrada del término de Poblet, donde aguardaba toda la Comu¬ nidad, incorporada ésta con los demás recibió el Real cadáver, y siguiendo (1) Coroleu, Documentos históricos catalanes del siglo xiv, pág. 105. (2) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 116. DEL MONASTERIO DE POBLET 293 inmediatamente el rey Don Juan con los concelleres, prelados, nobles y ca¬ balleros, vino a pie desde allí hasta la iglesia de Poblet, donde por especial orden del Rey ofició la Misa de Pontifical y entierro el abad Don Vicente Ferrer, y colocó el cuerpo del difunto rey Don Pedro en el Real suntuoso sepulcro que se había ya fabricado en vida, y en que estaban ya sepultadas sus tres primeras mujeres, las reinas Doña María de Navarra, Doña Leo¬ nor de Portugal y Doña Leonor de Sicilia.:^ Dos años justos después, en 19 de mayo de 1396, murió el rey Juan, que debía presidir esta ceremonia; pero, aunque lo asegura el bien docu¬ mentado historiador, la ceremonia fúnebre parece que no se celebró hasta el siguiente reinado, cinco años después. No mostró Juan 1 gran afición a Poblet. Su mismo entierro en el Mo¬ nasterio fué muy discutido por los monjes de Montserrat, a los que había encomendado su sepultura. El pleito que se originó, aunque ganado por Po¬ blet, pone más en duda que el rey Juan se hubiese hecho construir realmen¬ te sepultura, y hace sospechar si se, aprovechó para él alguna de las de Pe¬ dro IV, que documentalmente resultan excesivas. Dice que, a raíz de celebrados los funerales de Juan 1 en Barcelona, comparecieron los procuradores de Poblet y de Montserrat a reclamar el cadáver, alegando éste la promesa del Rey de hacerse enterrar en su Monas¬ terio. Requeridos los embajadores y síndicos de la Corona, y ausente el rey Martín, el cadáver del rey Juan I fué dejado en depósito y custodia de la Catedral de Barcelona y allí quedó colocado en el presbiterio (a. 1396). Lle¬ gado de Sicilia el rey Martín, no le valió la voluntad de efectuar el entierro en Poblet ni con la dispensa de la promesa hecha a Montserrat que obtuvo del papa Benedicto XIII. El rey Martín trataba de efectuar el traslado de los cuerpos de Pedro IV, Juan I y de la Condesa de Ampurias por el año 1397. Con este motivo escribía el 12 de junio a su sobrino Juan de Ampu¬ rias que, para más honrar la memoria de su madre la Condesa y ahorrar gastos y hacer mayor la solemnidad, hiciese que su cuerpo pudiese acompa¬ ñar al de su padre y hermano en el traslado desde Barcelona al Monasterio. El encargado del traslado era el abad Fray Vicente Ferrer: «amado Consejero y Limosnero nuestro,» llámale el Rey. Con este motivo dice también que «los huesos de los cuerpos de los muy altos señores reyes Don Pedro, de loable memoria, padre nuestro muy querido, y de Don Juan, nuestro hermano..., se hallan actualmente... en la 294 HISTORIA Y ARQUITECTURA Seo de Barcelona,» y que los sepulcros de Poblet se los habían hecho cons¬ truir para ellos; «en el Monasterio de Poblet, en el cual dichos señores Re¬ yes, en su vida, hiciéronse construir sus solemnes sepulturas.» En 20 de julio de 1400 no se había efectuado aún el entierro de la Con¬ desa de Ampurias en Poblet; el Rey reclamaba de Pedro de Ampurias que entregase el cuerpo al abad Vicente Ferrer (i). Parece que tampoco el traslado de los cuerpos de Pedro IV y de Juan I se efectuó hasta el 2 de mayo de 1401, o septiembre del mismo año: había invitaciones de abril de 1401 para efectuarlo, y pago de gastos para el trans¬ porte al monje Fray Jaime Carbó, que fué abad de Poblet, de 18 de mayo de 1401 (2). El P. Finestres dice que, presentes en la Catedral de Barcelona el abad de Poblet Vicente Ferrer, su procurador y vicelimosnero real Fray Jaime Carbó y el procurador de Montserrat, el 13 de abril de 1401, el Cabildo de la Catedral protestó de los daños que le pudiesen sobrevenir por la entrega del cuerpo del rey Juan, sin sentencia firme del pleito, dada por juicio com¬ petente; y la ceremonia de la sepultura en Poblet dice el P. Finestres que se suspendió hasta el 15 de septiembre del mismo año, cuando ya estaba fallado el pleito a su favor. Con gran ceremonia, parecida a lo dispuesto para Pe¬ dro IV, fué conducido el cuerpo a Poblet y colocado en el sepulcro real se¬ gundo del lado de la Epístola, en donde yacía el de la primera esposa del Rey, Duquesa Marta de Armañac. Poblet y la obra sin terminar del rey Martín es un símbolo o represen¬ tación palpable de la vida moral del país interrumpida con la muerte del úl¬ timo rey catalán y de nuestra dinastía. En medio de la cultura, del progreso artístico que aquélla representa, queda detenida la evolución de las artes: el Renacimiento no florecerá en Cataluña, será una mera acción forastera o re¬ fleja, sin valor ni fuerza. Los despojos de la Familia Real catalana, así como nuestra tierra, pa¬ garon la falta de decisión en proveer e imponer la sucesión del Rey dentro del país y en dejarla abandonada a la acción corrompióle o siempre corrom¬ pida de cuerpos deliberantes. Al Panteón de Poblet fué a parar el último retoño masculino de la Di¬ nastía catalana. El Príncipe niño, Pedro Federico de Sicilia, hijo del infante (1) Girona, Itinerario del Rey Martín, págs. 96 y 156. (2) Id., id., págs. 161, 162 y 163. DEL MONASTERIO DE POBLET 297 de Aragon y rey de Sicilia Martín y de la reina María, muerto a los cinco años de edad, fué sepultado en él (a, 1401). Su abuelo, el rey Martín, le hizo construir un sepulcro semejante a los de los hijos, fallecidos niños, de Pe¬ dro IV y de Juan I. La reina María de Luna, muerta en 1406, fué llevada también a Poblet, pero su cadáver quedó insepulto: dentro de una caja de madera lo dejaron debajo de los arcos de los sepulcros: allí fué a hacerle compañía, hasta el día de la violación de las tumbas reales, el cadáver del propio rey Martín. Ha¬ bía dispuesto él en su testamento que su hijo le hiciese sepultura en Poblet: muerto éste en Sicilia sin sucesión legítima (a. 1406), y el Rey en el año 1419, quedó depositado el cadáver en la Catedral de Barcelona: allí estuvo abandonado cincuenta años; después fué llevado a Poblet (a. 1460) y deja¬ do debajo de los arcos. Entre tanto, la joven Reina viuda da mucho que ha¬ blar. Refiere el cronista de Poblet la historia novelesca, relacionada con la Orden del Cister, del monje de Santes Creus, que fué después en el mundo Juan Jerónimo de Vilaregut, mayordomo de Alfonso V, hijo secreto de la Reina viuda, Margarita de Prades, y del cortesano Juan de Vilaregut. Es la historia de los amores truncados de la hermosa doncella al casarse con el Rey valetudinario buscando sucesión que no vino; amores reanudados se¬ a la muerte del Rey, sin cretamente perder ella el carácter y pensiones de Reina viuda, esperando en el atrio del convento de Valldoncella el velo de religiosa; el Abad de Santes Creus, confidente del secreto, educa al niño fruto de estos amores, lo hace monje con nombre supuesto y en la hora de la muerte le descubre el secreto. El fraile sale del convento, considera anu¬ lados los votos, pide dispensa al Papa, se casa y vuelve a la Corte real con el nombre de su padre: novela histórica propia de folletón, fin triste y epílogo trágico-cómico o quizás de opereta (i). (i) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 231. OBRAS DEL REY MARTÍN (1396-1414) L rey Martín mostró decidida afición a Poblet y a llevar a él artistas renombradísimos en sus especialidades. Se distingue lo por él construido por el buen gusto arquitectónico y por la preciosidad en la factura de las esculturas ornamentales y de figura; las primeras, de un saber dibujar y esculpir exquisito; algunas de las segundas, figurillas ornamentales, de naturalismo y expresión no conocidos en la Edad media por nosotros hasta entonces. Recién llegado de Italia (a. 1397), decide construirse en Poblet un ver¬ dadero Palacio y consigna para el coste de la fábrica las décimas que du¬ rante algunos años debía pagarle el Monasterio, en virtud de privilegio del Papa. Comienza la obra por una hilera de grandes salas altas, edificadas en¬ cima de la gran nave de los Lagares y de la Galilea de la iglesia, a lo largo del terrado de la galería de poniente del Claustro mayor, a continuación, pero a más alto nivel, de las estancias construidas por el abad Copons. A estas salas conducirán anchas, largas y rectas escalinatas establecidas en el espacio libre entre la nave de los Lagares y el amurallamiento inmediato a la Puerta Real; transpuesta ésta, sin penetrar en la clausura, podrá subirse directamente. El Palacio será independiente: un muro con una puerta limi¬ tarán y darán a voluntad paso a las Escaleras Reales. La puerta, a la de- •.w»V y. J' tÍMBBMBeL'J.J!ffilJli,Li^J JJM *1... .Minit"''»' ••"^""VÇWN*- ""III Impostas de las VENTANAS DEL PALACIO DEL REY MARTÍN ■ îSt& ;?»M ïiíp"%' w»| í;i ÍÜ^1"v'VS;·:;Î?Ï:r<•!®*sœ .,' "•' V:t ,- SufL&íK?j tfi ,<♦ ■■ /■'!"• ^ .4 -'■' mi • i wœi¡ ^ fHÍIJ• f Í'MT s Í■ „ y-S„. ,» î!s^iMKŒ«ra:'v%fÀ Í mlf i®l MSÊÎIW^ iw^ §^;Íi n,' t'í wlA ,cfi l i\>lfm!SíJ S«^Wá8® ifK!lÍB^,v-'r•. S IíW^wMmjJíÍWi;?fAv¿/'<^y "■ /f« './«•■ Sif/IHí' iJ.\ y/Vil j'vrÍJCpKkiYl Mefi M iW 'f WI w ^i tJ iríMA>W ^i>- S'fn .1 Ï i mM -i ,' -íí í'' í1 -«- Î' *i •# ' i ét* jI n»í Wm 5 'i.f f" im I I »»* m¡^ %' í/ iíií ^ H.' U>4"î'^ï i^'^ W¥ím ^ I ·'i.-rH^·í n• ?jíS í » \ ¡\i «rïî *-4 if' H I '>/ -I V %1 't K'ji· V'■ if j. i >« "™íia » c f • « K i wm '' 4'' i V t ^1 'i i ■■ im ' vV iC í¿'■ v1 41' V W-^wIk jwi 1 iS J'k '- , wíj' »t 't "i ' 'C t .i 1 í lK t .4' lK Wií-"í «■H* Ε ' K // efPí , « « 44• ■L*¡ í i k'i^V' ^ 'I ¥\'í f * «' -í» i ·liíV 'ótj T^'i t è mm ~ lïài«'Wi V|» 'i' ^ ^ 4'r vV^ t ' iV t\ A '¿í t > 'î'l ^ \ w -f-f >/í4V ?> /f 1'*¿ 'i ,íi!<¡ DEL MONASTERIO DE POBLET 301 recha, entrando en el atrio del Claustro, tiene arcos de medio punto, mon¬ tantes e intradós del arco finamente moldurados; capitelitos de los baqueto¬ nes de dos órdenes de hojas de col rizadas; bases alargadas y delgadas, de toros y zócalos ochavados; las dovelas se prolongan lisamente por fuera del moldurado, formando ancho abanico, característico después entre nosotros; la clave tiene un escudo cuadrado colocado de punta, con las barras reales, dentro de un cuadrilobulado decorado confrondas. Las escaleras, actual¬ mente sin baranda, caída la bóveda de una, formaban dos tramos, uno enfrente del otro: la primera, de la derecha, subía directamente a las habi¬ taciones reales: tres o cuatro salas encima del rincón del Claustro y la Ga¬ lilea inmediata. La puerta de entrada a estas habitaciones, como la de entrada a las salas de recepción, desde las escaleras, son hermosísimos ejemplares de nues¬ tro arte cuatrocentista; recuerdan la factura de otras obras maestras de Bar¬ celona: la puerta de nuestra Casa consistorial, por ejemplo, parece de la misma mano. De circular, con una ligera imposta la de las habitaciones, arco con imposta las archivoltas o pestañas de ambas, ampliamente decoradas con frondas en cuadrado deliciosamente esculturadas, montantes y arco de intradós finamente moldurados, con sus largos capitelitos y pequeñas bases ochavadas en cada baquetón. La imposta superior de la archivolta frondada se prolonga y se expande por arriba en una gran alcachofa o pella de hojas de col rizadas; sobre de ella campea en la pared, en un cuadrilobado apun¬ tado, el timbre o yelmo real de justar, con su cimera del dragón naciente y el lambrequin cuadrado de Aragón; la tarja real de dos barras es igual a la que ostenta la figura ecuestre del rey Martín en su gran sello majestático. La segunda escalera conduce directamente a las salas de recepción: una antesala de entrada y un grande y elevadísimo salón que había de ser de tres tramos de envigados sostenidos por las paredes exteriores y dos arcadas de piedra intermedias. Las paredes exteriores hasta la elegante cornisa de arenaciones con tracerías flamígeras se construyeron, así como las arcadas interiores que habían de sostener el techo: la cubierta quedó sin hacer. La composición arquitectónica de las dos salas de recepción que domi¬ na el Claustro mayor por encima de la galería occidental es regia. Un grande, elevado, liso muro de piedra caliza, hoy dorada por el sol naciente, perfectamente construido con sillares regulares. Remata el muro la rica y trabajada cornisa de arenaciones flamígeras con peanitas de cabezas huma- 302 HISTORIA Y ARQUITECTURA nas de damas, caballeros,quizás retratos de vivos... y calaveras: abajo, las ventanas y la imposta de de sus archivoltas o pestañas, nada más. arranque Pero las ventanas, tres por el lado del Claustro, otra por el patio de las es¬ caleras, son cada una una preciosidad de diferente trazado, estilo y dibujo, y tal vez de distinta mano. La ventana que está enfrente de la puerta de la antecámara de recepción es grande, en arco apuntado, con calados flamíge¬ ros, sobre dos maineles, formando un trigeminado en el hueco exterior. Las dos ventanas del gran salón, encima del terrado del Claustro, son rectangu¬ lares, trigeminados también los huecos por dos maineles y con calados en la parte superior, debajo de la pestaña cuadrada. Los calados y decoración de las dos ventanas son completamente diferentes y de distinta mano sus escul¬ turas. Una tiene un friso de calados circulares con cuadrilobado interior, sobre los arquecitos trilobados y en acolada del trigeminado: el cabillo de tres la pestaña superior, recto, está decorado con figurillas enfrentadas, volando, tendidas, con alas y ropajes recortados, flotantes: son seis, y tocan diversos instrumentos: clarinetes, vihuelas o bandurrias de siete cuerdas, y violines de dos: estas figurillas tienen los ropajes naturalistas muy bien plegados y cortados, los peinados en largos rizos, las caras redondeadas, hinchadas, la frente estrecha, poco naturalistas; los capitelillos de los maineles e impostas son redondeados y de follajes; las mensulillas de arranque de la pestaña, figurillas cortesanas perfectamente trazadas. La otra ventana tiene calados en forma de frontoncillos y pináculos y largas arcuaciones; en los capiteles de los maineles e impostas hay figurillas de rostros naturalistas, de expre¬ sión justísima, de fisonomía relevante, las mejores de todo Poblet, y de lo mejor de su época; son figuras de fantasía: un genio guerrero, con manto y borgoñota, blandiendo un alfanje, embrazando un escudo con una gran ca¬ rátula; otra figura semejante, de espaldas, también con manto; en los capi¬ teles de los montantes, un genio ideal, cubierto de llamas y arrebujado en el manto, parece dictar a otro genio alado, con diadema, que toca un vio¬ lin de cinco cuerdas; en el otro montante, en cambio, un asunto escabroso: una especie de judío de larga barba desgreñada se agacha, arremangándose con la mano el vestido por detrás, mostrando el ano a un fraile que con una ampolleta en la mano izquierda señala o unta con el índice de la diestra la parte que enseña. Todo envuelto en follajes frondados o de col rizada. Estas figurillas son gemelas de las del arranque de la pestaña de la ven¬ tana de la antecámara antes descrita. Representan éstas el busto de un frai- DEL MONASTERIO DE POBLET 305 le y otro de un anciano, de larga y despeinada barba, leyendo: parecen ver¬ daderamente retratos naturalistas. Interiormente la gran sala de recepción forma, por medio de dos arcadas traveseras de piedra, los laterales se abren las dos ventanas tres tramos: en descritas: tienen por el interior a cada lado, en el grueso del muro, festeja¬ dores o asientos de piedra, anchos; cómodamente pueden sentarse cuatro personas, dos a dos, frente por frente. Desde aquí se domina el Claustro con su huerto interior y el templete del Lavabo, el crucero de la iglesia, el cim¬ borio, la gran nave del Dormitorio... y una gran extensión de cielo. En el tramo central, entre las dos ventanas, en el grueso del muro hay la boca de ancho hogar o chimenea de piedra, con faldón de arco rebajado, de poca al¬ tura: enfrente de ella, en la parte opuesta del salón, dando al patio de las escaleras, otra gran ventana: ésta de arco apuntado y de calados flamígeros, de hermosa tracería, formando un hueco trigeminado por dos maineles. Al mismo patio se abre una ventana de la antecámara real, rectangular, pareci¬ da de dibujo y calado a una de la sala mayor. El salón de recepción, terminado, habría producido hermoso efecto; pero no llegó a estarlo. En cada ménsula o modillón pétreos de los que sos¬ tienen el arranque de las arcadas de los tramos interiores hay dos genios alados que sostienen un escudo cuadrado puesto de punta, timbrado con la gran corona real calada: en estos escudos alternan las barras o palos de la insignia real, y el creciente y la punta de escaques de la casa de la reina María de Luna: esto hace suponer que la obra debía hacerse en tiempo del matrimonio del rey Martín, antes de morir aquella Reina (a. 1397-1406). Hacia fines de 1402 las obras del Palacio del rey Martín en Poblet, o sea «nuestras cámaras,» como él las llamaba, debían estar adelantadas, por¬ que el Rey pretendía alojarse en ellas cuando fuese a las Cortes de Mont- blanch que pensaba convocar así que hubiese acabado las de Valencia, que entonces se celebraban. Al efecto escribía al Abad que hiciese «arreglar y acelerar tanto como podáis la obra de nuestras cámaras que hacéis ahí, a fin de que, si es posible, estén terminadas cuando estemos ahí y nos podamos alojar.» Al propio tiempo escribía y ordenaba al maestro de la obra, 4 de noviembre de 1402, que «incontinenti» fuese al «Monasterio para proseguir y acabar dicha obra,» dándole seguridades de pago: «porque Nos vos satis¬ faremos y os dejaremos contento de cuanto por Nos hayáis hecho.» La obra no se terminó, pero la carta escrita desde Valencia nos da el nombre del 40 3o6 historia y arquitectura maestro, aunque sin señalarnos su residencia: se llamaba Berges: Dirigitur Berges magistro domorum ( i ). A comienzos de 1402 decidía el rey Martín hacerse enterrar en Poblet y encargaba al abad Fray Vicente Ferrer que le hiciese construir su sepul¬ cro: «Hemos deliberado le decía —yacer y ser puesto y enterrado en ese - Monasterio de Poblet, en el cual están enterrados y reposan los cuerpos del señor Rey Don Pedro, padre nuestro, y la mayoría de nuestros predecesores Reyes de Aragón, de gloriosa memoria. Y como queremos que se nos haga ahí una tumba según corresponde a nuestra decencia real, conforme se le hizo a dicho señor Rey, nuestro padre..., os rogamos afectuosamente que en el lugar por Nos ya designado y a Nos enseñado cuando estuvimos ahí, ha¬ gáis empezar y construyáis sin interrupción una hermosa tumba para nues¬ tro enterramiento...» Así escribía desde Malien el 12 de enero, y el 23 de febrero, desde Castellón de la Plana, insistía en el encargo diciéndole que había visto una imagen o estatua, en una tumba que hacía construir en el Monasterio de Roda Fray P. Fernández Dixer, de una piedra blanca muy bella y que quería que se le hiciese de ella su monumento, y por tanto que enviase a ver la cantera, que estaba allí cerca, «al maestro (no dice el nom¬ bre) que construye dicha tumba nuestra,» por si le parecía buena y el tama¬ ño que podía extraer (2). Este sepulcro no se sabe si llegó a hacerse o si fué comenzado y lo hizo acabar después el rey Fernando de Antequera: el rey Martín no llegó a ser sepultado en él. (1) Girona, Itinerario del Rey Martin, pág. 184. (2) Id., Revista Arqueológica de Barcelona, año 1909, pág. 188. I pfe: 'swfeaSg^^^lë ■-'r^A'l fe® fegaàasfeàFhi^sw;^ SËSiSi&âB^âK í It CONSTRUCCIONES EN TIEMPO DE LA DINASTÍA CASTELLANA DE ARAGÓN (1413-1498) GOBIERNO Y CONSTRUCCIONES DEL ABAD MARTÍNEZ DE MENGUCHO (1413-1434) o se distinguió el Monasterio por su afecto a los Papas de Avi- ñónen el gran Cisma de Occidente. De nada servía que el rey Martín y el papa Luna, Benedicto XI11, pusiesen o hi¬ ciesen poner a su frente personas afectas a sus Casas. El rey Martín escribía, en 21 de febrero de 1400, al abad de Poblet Fray Vicente Ferrer, muy enfadado porque gran número de mon¬ jes de su Convento querían ir al «perdón» o jubileo de Roma: se asombraba de que él los dejase ir con tan grandes audacias, «porque todos están exco¬ mulgados con excomunión papal,» tanto más cuanto que el Papa le había escrito al Rey que lo mismo ganarían el perdón en Roma que en su Monas¬ terio. Dícele que les mande que no vayan y que a los que se resistan los ponga presos y los castigue para ejemplo de los demás (i). Bien quiso Benedicto XI11 asegurarse del Monasterio, rompiendo por todo y poniendo por sí mismo al frente de Poblet, sucesivamente, dos aba¬ des muy adictos; pero hasta el último le abandonó. Tampoco el Real Monasterio se señala patrióticamente en los momen- (i) Girona, Itinerario del rey Martin^ pág. 153. r 3IO HISTORIA Y ARQUITECTURA tos del Parlamento de Caspe. Se encontraba poco antes de abad en él un valenciano, Vicente Ferrer, tío supuesto, y de igual nombre que el del Par¬ lamento. Se había formado en la Corte como limosnero del rey Juan cuando no era más queDuque de Montblanch. El mismo año (1409) de la muerte del rey de Sicilia Martín el ¡oven, heredero de Aragón, sin-dejar hijos, re¬ nunció el abadiato Fray Vicente Ferrer en manos del «pretenso» papa Be¬ nedicto XI11, y atento éste a no perder ocasión de dominio, nombró por sí, sin elección del Convento, a Jaime Carbó, otro monje cortesano, lugarte¬ niente de limosnero real, albacea de la Condesa de Foix y negociador de la renuncia de su antecesor. Fué el primer nombramiento amañado fuera del Capítulo, «como quien dice que le negociaron la Abadía,» dice el P. Fines- tres. Jaime Carbó era hermano de Luis Carbó, partidario de Fernando de Antequera, a quien veremos apoderarse de la casa fuerte de la Condesa de Urgel en Balaguer (a. 1413). No hay recuerdo notable personal del Abadiato de Fray Vicente Ferrer en Poblet: todo lo absorben en él las obras efectuadas por el rey Martín de las nuevas cámaras o Palacio Real. No obstante, enumera el P. Finestres algunas joyas adquiridas o mandadas hacer por el Abad: un relicario con Lignum Crucis que había pertenecido a la infanta Juana, condesa de Foix, hija del rey Juan I, comprado por cien florines de oro, y dos cetros de plata dorada, muy bien obrados, con mucha imaginería y algunas piedras, señala¬ dos con las armas en esmalte del abad Ferrer: una herradura atravesada por el báculo abacial. Subsistían estas varas o cetros en tiempo del histo¬ riador de Poblet y los usaban los cantores en días solemnes. Fray Vicente Ferrer, cargado de años, continuó viviendo otros dos en las Cámaras abaciales en compañía del nuevo Abad sucesor suyo y como consejero superior del Convento. Murió en 13 de julio de 1411, y por no ser ya Abad, no fué enterrado en la Sala capitular, sino delante de su puerta de entrada: resta aún la lauda sin nombre, sólo con esta oración: Miserere mei. Deus, secundum magnam misericordiam tuam. Los cuatro años y medio del abadiato de Fray Jaime Carbó (a. 1409- 1413) no dejan rastro en Poblet. Muerta la reina María de Luna en 1406, y el infante Martín, rey de Sicilia, en 1409, sin sucesión, no tenía el Rey de Aragón, solo, enfermo, sin familia legítima, aliciente para continuar las obras de un Palacio que ni a los suyos habría de servir. Los tiempos teme¬ rosos del Cisma, después el porvenir incierto del reino, el abad Carbó sin DEL MONASTERIO DE POBLET 31I más autoridad que la dimanada de su nombramiento impuesto por el anti¬ papa Luna, la comunal voluntad, no daban ocasión para emprender no de otras obras. Pasócomo pudo el Parlamento de Caspe, y nuestro Abad reci¬ bió la convocatoria para presentarse en Cortes del nuevo rey electo, Fernan¬ do de Antequera (19 noviembre de 1412). Dícese que el Abad advirtió en¬ tonces que no tenía la autoridad debida y se fué a encontrar a Benedic¬ to XIII en Tortosa y en sus manos renunció también el abadiato el 6 de abril de 1413. Al advenimiento déla dinastía castellana, y recién entrada ésta (a. 1413), renunciaba el abadiato en manos del propio Benedicto XIII y éste lo entregó inmediatamente a un forastero, otro afecto suyo, Juan Martínez Mengucho, también fraile cortesano, que había sido limosnero del infante Martín en Italia. No tuvo el Abad empacho para comprar al rey Fernando de nuevo Antequera, en nombre de Poblet, la villa y los dominios de Menargues, confiscados cínicamente a Leonor, la desdichada hermana del vencido Con¬ de de Urgel, facilitando con los dineros de Poblet las campañas del nuevo Rey, alas que no habían ayudado por inconvenientes o excusas las Cortes de Cataluña. Así contribuyó el Monasterio a la desaparición de aquella glo¬ riosa Casa de Urgel, a la que tanto debía. Poco tiempo después el Rey y el abad Mengucho (a. 1415), ambos hechuras de Benedicto XIII, iban a Nar- bona para exigir a éste, junto con el emperador Segismundo, la renuncia del Papado, y mandaban que ninguno de sus vasallos obedeciese ya a Pedro de Luna, «que se hacía llamar Benedicto XIII.» La pobre Leonor de Urgel, despojada de todo cuanto poseía por el nuevo Rey, vino a morir muy cerca de Poblet. A una legua del Monasterio había reparado una antigua ermita de San Juan, y en ella vivió descalza, vestida de cilicios... La última mise¬ ria, la peste infecta, acabó con la descendiente legítima de nuestros Reyes (a. 1430). Una antigua tradición de Poblet aseguraba que su alma fué vista remontarse al cielo en manos de los ángeles: su cuerpo descansó por fin al lado de sus antecesores, «en tierra llana,» al lado izquierdo de la capilla lla¬ mada de los Condes de Urgel, en la iglesia mayor del Monasterio. El ca¬ dáver de su perseguidor, Fernando de Antequera, reposaba también allí, en el crucero, en caja provisional de madera, desde 1416. Martínez de Mengucho, el abad forastero de Poblet, impuesto por el papa Luna, no es solamente el primero en negarle obediencia, sino que es agente decidido contra él en el Concilio de Constanza y disolvente de la pe- 312 HISTORIA Y ARQUITECTURA quena Corte papal que le quedó después de los acuerdos para terminar el Cisma. Fué a Constanza como acompañante y probablemente consejero del Conde de Cardona, embajador de Alfonso V de Aragón. Después de la elec¬ ción de Otón de Colonna como Papa con el nombre de Martín V, Martínez de Mengucho el encargado por el Concilio de persuadir la renuncia a Be¬ es nedicto XIII. No la logró, pero sí aislarlo de sus Cardenales: Martínez de Murillo, antiguo monje de Poblet, cardenal de San Lorenzo in Damaso; Carlos de Urries, diácono cardenal de San Jorge; Alonso Carrillo, diácono cardenal de San Eustaquio, y Pedro Fonseca, diácono cardenal de San An¬ gelo. Fueron éstos a hospedarse en Poblet y de aquí partieron (a. 1419) para Florencia a prestar homenaje y adoración al nuevo papa Martín V, que les reconoció y confirió nuevamente sus cargos. Fuerte con la protección papal por sus servicios en Constanza, Men¬ gucho impone a Poblet ideas extrañas al carácter catalán, el apartamiento de las ciencias europeas, y el estrecho ascetismo de las ásperas, enjutas, in¬ digentes mesetas castellanas. Los monjes le hacen resistencia: la abstinencia en las comidas, en la carne, que ya había caído en desuso, la encuentran ex¬ tremada, dura... Los menos fervorosos no sienten simpatía por el estrecho / rigor religioso, simulan motivos para pasarse a otras Ordenes o Monasterios menos rigurosos, abandonan Poblet sin licencia o fingiéndola. El Abad no puede contener la deserción y acude al legado apostólico Alamando Adima- rio para que imponga la retención, que no puedan pasar a otro convento sin expresa licencia del Abad general del Cister...; a los ya salidos los da por bien huidos y aprobados en su tránsito. Pero, temeroso del porvenir, se vale de los cardenales amigos, del Papa agradecido, para imponer su obra ascé¬ tica a Poblet especialmente, ya que no pueda imponerla a los demás que no la usaban. Un caso vivido de estas huidas del Convento, de francachelas después enel mundo... y de arrepentimiento y de ascetismo extraño, extraviado, en medio de las más repugnantes miserias humanas, fué el de la vida de Fray Marginet, monje fugitivo del Monasterio en aquellos tiempos. Parece la del venerable Marginet una antigua historia sacada de una tabla medieval del siglo xv, con representaciones de pecados y virtudes y diabluras, sucias, burlescas, infantiles, contrahechas, de pequeños monstruos, Precede a la parte mística una vida ordinaria: Marginet es un muchacho campesino en Vallclara, jurisdicción del Monasterio: instruido, adoptado, he- k''>- ••-■-■■■ •■'■-.t.n.v -""■ V'' 1 V. >i «v î. ¿-;.r . "S?"' •■^. -•îfiîv ■- ■-. •■ "UâV 1 i»t* I < ■ "-f m +v '# , ^ .v Jï-i . ■ "i J , ■-pi' t ' r •V iî >~ >1 - .-' •'■' '•> ' ï.'i! -'i I» *'♦ fl M .^rTîfmh ♦ ** In n: ,1^ ■£ ^ * '«S'A :^î: d;:.-'-K ^i~~ .1 • *r ff i-i't 1. ' " . . 1 .1 / -v f**- >- • ^ -* u i 1^ if >'«4lJií'Síaí--« K¥ * -u. ' V » « . j ' ¿«-i mf-m B-. iWî% -4«á ^ "■" 1- .V' ,.J(^' ■...,{ » ,15.' * ' Í s, ■■ ^ '.V w "-V- r-'i ' Iv-v i^S _/ C » I» > .i-'s - kH'V- ■"O- % V l'w.* ' ** l.-i. ; «, ^^ •V *• - «V •.. j :«■ "■' 'í - ■>. .-'.-fí-'. -. .• \*«f - U ' » VA '* * 'u , At -» J v'~ ■i"* «.-'-,1 « -S — > iV,«-s.,' • n'r ' " ^v. SSÏÍ^Í^ • » u" "'r • -u'" " • ■i A'.'ïítf· í' . ' ** * * ** ■»■ n.*V» > m " ijr fr .'•• 'i \- ''-<. *" «iv* 4 1 DEL MONASTERIO DE POBLET 313 cho monje por Poblet. Luego asciende en conocimientos y aptitudes, dirige el. Hospital de Pobres, la administración de las Bodegas, después la Bolsería, lleva la administración general, la Tesorería de la Casa. En este cargo, bas¬ tante externo, contrae amistad con un talento positivo, pero descarriado: el moralista y desmoralizado célebre Fray Anselmo Turmeda, fraile de San Francisco en el vecino convento de Montblanch. Convenidos los dos, un bello día salen errantes los caminos, cuelgan los hábitos, por van por el mun¬ do la ventura, entregándose a toda suerte de francachelas, «a todo a género- de vicios y pecados,» dice el antiguo cronista cisterciense. F1 escándalo es- mayúsculo. La Comunidad se conmueve, los persigue, el abad Mengucho- ordena públicas rogativas, y Fray Marginet empieza a confundirse, a arre¬ pentirse, abandona a Fray Anselmo y se va, pero no solo, sino acompañada de dos mujeres descarriadas por él, camino del Monasterio; vuelve a Vall¬ clara entre sus padres, llorando les recomienda las perdidas compañeras, y la víspera de la Asunción se presenta a las puertas de Poblet, vestido aún a la bandolera; pregunta por el Abad, y penetra en el Claustro tras del por¬ tero. Fn el Coro resuenan las últimas notas del canto de Prima; salen los monjes yel Abad hacia el Aula capitular a proclamar en comunidad la fies¬ ta de Nuestra Señora. Apenas constituida la Comunidad, el bandolero atro¬ pelladamente penetra hasta el centro de la sala, confiesa quién es, sus peca¬ dos en voz alta, con grande llanto, dándose fuertemente en el pecho, cerra¬ do el puño, con una piedra. La Comunidad queda azorada. F1 Padre Men¬ gucho hace un sermón de circunstancias, ordena al Prior que lo encierre en la prisión, aquella prisión tan temida en Poblet, porque Fray Marginet es indigno de volver entre los suyos; y Fray Marginet lo acepta, obedece en si¬ lencio, y en la prisión ayuna, hace penitencia... Su arrepentimiento llega al corazón de todos: es perdonado, absuelto, reconciliado con la Iglesia; única¬ mente en el Refectorio dejará la mitad de la ración diaria para los pobres.,., pero voluntariamente va cubierto siempre de cilicios, ceñido de aros, de apretadas cadenas de hierro: se disciplina, duerme y come solamente lo pre¬ ciso... y no se cambia la ropa; «sufriendo las sabandijas que criaba su cuer¬ po, como ministros de la Divina Justicia,» solía decir que «aquellos anima- litos en atormentarle cumplían la voluntad de Dios...» Pasado un año. Fray Marginet vuelve al mundo exterior. Esta vez va con superior licencia; recorre uno a uno los pueblos que había escandalizada can sus francachelas, y va por calles y plazas, convoca a gritos a los veci- 41 314 HISTORIA Y ARQUITECTURA nos, declara quién es, sus grandes faltas y su penitencia; se desnuda hasta la cintura y ante todos se disciplina sin piedad hasta brotarle sangre viva... Cuando se acercan a él para contenerlo, ruega, implora que le dejen sufrir aquella pena temporal...: quizás así la Divina Misericordia le perdonará la pena eterna. Finida la dolorosa peregrinación, vuelve al áspero régimen en el Con¬ vento; después suplica, logra que le dejen hacer vida de penitente anacore¬ ta. En una cueva del bosque, cerca de la granja La Pena, vive de hierbas y con duras penitencias; duerme sobre una tabla, espera el primer resplan¬ dor del día para la Misa. En los días festivos acude siempre al Monasterio y sigue los actos conventuales, y en las Vísperas pide al Abad que le dé su bendición y vuelve a las soledades de los montes, a las penitencias, algunas de ellas rarísimas. Una vez asa en las brasas un gran pedazo de carnero: cuando más quema, birviente, lo toma, se lo friega por el desnudo pecho, por los costados, por la espalda..., se produce espantosas quemaduras: así— decía da al cuerpo aquella carne que tanto le placía. La piedad popular — recuerda de él infantiles prodigios. Fray Marginet, aún en el mundo, vive ya vida sobrenatural. Cuando los monjes bajan a Maitines en la obscuridad del templo, por la amplia escalera de piedra del crucero, al resplandor de la lámpara, entrevén ya al penitente postrado en oración en la primera gra¬ da del presbiterio... y en el Convento todo está cerrado, puertas y rejas. La curiosidad tienta a algunos frailes: ellos sabrán el prodigio de la entrada; lo verán, ocultos, desde el púlpito: a hora fija, sin ruido de cerradura ni de puerta, sin pisadas. Fray Marginet aparece postrado en las gradas del pres¬ biterio... y pavoroso rumor de voces de ultratumba llena la obscuridad del templo: Teniers habría encontrado asunto para sus cuadros: por las colgan¬ tes cuerdas de las campanas, en el centro de la iglesia, suben y bajan cater¬ va de figuras diabólicas, de rarísimas formas humanas, de niños...; para inte¬ rrumpir las oraciones salvadoras del santo hombre. El espanto se apodera de los temerarios curioseadores: en su ciega huida, caen, se rompe una pier¬ na uno, se descalabra otro: Fray Marginet tiene que socorrerlos. Otro día, a la hora de Maitines, Fray Marginet no está en su sitio: por juguetona diablura, los malos espíritus lo han montado a caballo de la elevada barra que sostiene la lámpara del altar...: no precisa bajarlo; mal que pese al tra¬ vieso vestiglo, al sonar la primera señal del Oficio, el penitente aparece en su sitio. Mas las burlas son por mitad, y Fray Marginet las adivina y las DEL MONASTERIO DE POBLET 315 devuelve a veces a los malos espíritus: una vez se le presenta uno transfor¬ mado en asno, otros en segadores... Así se introducirán, estropearán las co- ^ sechas, concitarán con conjuros diabólicos los pedriscos. Fray Marginet su¬ jeta el ceñidor de correa; aún haría las más duras faenas del asno con su campo si un mozo no se hubiese descuidado de aflojarle la santa atadura... y quizás no habría habido en aquellos campos más cosechas si no hubiese tocado a tiempo la esquila a la hora prescrita por el penitente... Fray Marginet, en vida, recibe y es sujeto de visiones sobrenaturales: ve a los ángeles cómo se llevan al cielo la pobre alma encogida de la prin¬ cesa Leonor, mártir de Urgel..., y Dios le concede que se presente mila¬ grosamente a su antiguo compañero de crápula. Fray Anselmo Turmeda, en el momento en que el renegado predicaba el Corán, allá en Túnez, lo¬ grando convertirlo en sus postrimerías. En vida y en muerte vela por su Monasterio, aconsejando vivo, avisando... difunto, cuando amenaza o se acerca una calamidad. Una carta hace que Guillermo de Queralt acep¬ suya te el cargode abad en tiempos difíciles... (a. 1434): desde su tumba, allá en j tierra, al fondo de la extrema capilla absidal, cuando el peligro común se i acerca al descuidado Convento, su descarnada mano llama, fuerte, formida- ble, debajo de la losa...: es la peste que llega implacable a destruir el Con- I vento; el arzobispo de Zaragoza, hijo natural del Rey Católico, que quiere ¡ extinguir la autonomía del Monasterio haciéndose su comendatario (a. 1507), o el abad Pedro de Caixal, que dilapida, malversa o entrega a los suyos los bienes de la Comunidad (a. 1531). Y la tumba es levantada del suelo, cubierta con un damasco rojo... Los severos Visitadores apostólicos del Convento (a. 1611), los abades Alvar, del Monasterio de Veruela, y Zamora, del de Piedra, disponen, quisieran que se hiciese al mortal despojo «un sepulcro de mármol o de jaspe con la ma- yor grandeza y majestad que pudiere;» que en libros expresos se propaga¬ sen la vida y los milagros de Fray Marginet, y que en la cueva en donde vivió se colocase puerta y fuese lugar tenido con la reverencia y veneración i que se merece. El abad Martínez de Mengucho fué edificante, pero no constructor; ! murió después de veinte años de gobierno (a. 1433), y en Poblet no se ve ^ en ningún sitio escudo o divisa suyos, ni siquiera lauda que señale su ente¬ rramiento en el Aula Capitular; «acaso-dice el P. Finestres —por su gran¬ de humildad... ordenó que no se la pusieran para que fuese más pronto en- 316 HISTORIA Y ARQUITECTURA tregado al olvido.» No obstante, dice el historiador que el rey Fernando de Antequera, a ruegos del Abad, consignó mil florines de oro de Aragón para reparar el claustro de San Esteban y la Enfermería, que estaban muy de¬ rruidos (a. 1415); que en efecto se reformaron Claustros y Enfermería, de¬ jándolos como estaban en su tiempo, y que en memoria de esta regia mag¬ nanimidad se veían en varias partes del edificio las armas reales de Aragón ■combinadas con el león y el castillo (i). La reforma del claustro de San Esteban consistió en substituir las del¬ gadísimas columnillas geminadas con sus capiteles por placas o pilares del¬ gados de piedra, lisos, sin capiteles, dejando los mismos arquecillos antiguos. La parte superior es toda de mampostería, con las primorosas ventanas geminadas que en aquella parte del edificio existen, destrozadas, en el piso superior: parecen en su mayoría del tiempo del abad Conill, cuyo escudo, muy bien dibujado, se ve en la escalera que a él conduce. Los pilares lisos de los claustrillos de San Esteban estropearon el as¬ pecto artístico de aquella construcción. Es muy probable que las delgadas columnillas geminadas de piedra caliza ordinaria, usada en Poblet, con las humedades y heladas se tuviesen que reponer al contar ya un siglo, con ma¬ yor razón si se trataba de que sostuviesen nuevas construcciones superiores. Se podían cambiar, como se acostumbraba entonces, con otras semejantes de caliza más dura y resistente, conservando los claustrillos su elegante lige¬ reza; pero es también cierto que las tiras de losa que ahora sirven de pies derechos estaban más conformes con la severa austeridad y ascetismo del abad Martínez de Mengucho. Dos breves abadiatos siguen como paréntesis entre la ruda acción del abad forastero y la persistente, culta y afinada del sabio abad originario del país. Fray Bartolomé Conill. Llenan este paréntesis los abades Guillermo de Queralt (a. 1434 y 1435) y Miguel de Roures (a. 1435-1436); el primero renunció la elección y después el abadiato por vejez y enfermedades, y el segundo murió en 15 de enero de 1437, después de breve, pero activa ges¬ tión administrativa, y de algunas iniciativas artísticas. De su tiempo fué la primera construcción del coro de los monjes en la nave mayor de la iglesia. Talladas las sillas en madera (a. 1436), eran lisas, según dice un cronista del Renacimiento, y costaron ochocientos florines; pero desgraciadamente (i) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 245. DEL MONASTERIO DE POBLET 317 se incendió todo lado, el llamado del Prior, parte de la Epístola (a. 1575), un y el abad Guimerà la rehizo a estilo de la época, con esculturas, y poste¬ riormente, sobre el lado restante del Evangelio, llamado del Abad, añadió adornos parecidos el abad Sayol (a. 1734). Los incendiarios de 1822 y 1835 las destruyeron todas: si algo quedó, ha desaparecido de su sitio. GOBIERNO Y CONSTRUCCIONES DEL ABAD CONILL EN TIEMPO DE ALFONSO V (1437-1458) Alfonso V, heredero del reino de Aragón a los veinte años de edad, estuvo en el Monasterio un mes con motivo de la celebración de las exe¬ quias de su padre en tiempo del abad Mengucho, 12 de abril de 1416. Se¬ gún documentos, se encontraba en Poblet o en La Espluga desde el 13 de abril al 22 de mayo de 1416. Como distracción en momentos de ocio, debía dedicarse a la caza en aquellos bosques; el día 3 de mayo escribía desde el Monasterio: «Como Nos mañana, que será lunes, hemos pensado salir a caza de jabalí...» A fines de noviembre de 1424 se encontraba allí también; por cierto que parece que por aquellos días fué víctima de un atentado en Tarra¬ gona; pero tanto en este viaje como en los de mayo de 1429 permaneció so¬ lamente dos o tres días ( i ). En los consejos y embajadas diplomáticas que acompañaron a Alfonso V en la conquista de Nápoles figura un fraile de Poblet, Fray Bernardo Se¬ rra, limosnero y consejero, embajador por el Rey cerca del papa Euge¬ nio IV para negociar la investidura del reino de Nápoles, después en el Concilio de Basilea para el mismo asunto (a. 1436), y, finalmente, otra vez ante el Papa para recabar el cumplimiento de las treguas que su legado a látere había roto (a. 1438). Por esta época era elegido en Poblet (a. 1437) el nuevo abad Bartolo¬ mé Conill, persona muy grata a la Familia Real de Aragón, según las car¬ tas dirigidas al Papa para que le obligase a aceptar el cargo, y al propio Monasterio por las reinas Blanca de Navarra y María de Aragón, el rey Alfonso V y la infanta Catalina de Castilla, esposa de Enrique, hermano del Rey. Antes que monje de Poblet había sido el abad Conill médico de la (i) Giménez Soler, Itinerario de Alfonso V, págs. 2, 70 y 91. 3i8 historia y arquitectura reina Blanca de Navarra cuando era del infante Martín de Aragón, esposa rey de Sicilia, Poco antes de morir éste, habíase retirado al Monasterio, figurando en uno de sus documentos ya en 1409. Ausente de Poblet cuan¬ do la elección, probablemente cerca de la Familia Real, se resistió a aceptar el cargo hasta que le compelieron a ello las bulas del Sumo Pontífice. Por las obras que dejó el abad Conill en Poblet se conoce que el buen gusto artístico del soberano tenía en él un inteligente colaborador. Admi¬ nistrador recto, celoso y apto, multiplicó con éxito la ordenación y mejora de todos los derechos y propiedades del Monasterio, y su ciencia como mé¬ dico, que practicaba en él y en los pueblos con crédito general, hicieron pensar si era aquélla don divino de obrar milagros. Amante del orden y de la justa observancia, reguló las relaciones entre monjes y conversos, man¬ tuvo la abstinencia y, contra la voluntad y mandatos del General del Cister, de las casas madres de la Gran Selva y de Fuenfría y del mismo Papa, la conservación del hábito tradicional en el Monasterio desde su fundación. En los tiempos difíciles de las de Italia el abad Conill actúa de guerras hombre de Estado directamente o medio de sus representantes al lado por de la Familia Real en el largo período de ausencia de Alfonso V de Aragón y de la regencia de la reina María. A las convocatorias de ésta a Cortes y Parlamentos asiste el abad personalmente, constando en las de Barcelona (1438), Tortosa (1440 y 1442), Barcelona (1446), Perpiñán (1450) y Barce¬ lona (1450). En correspondencia con el Rey, tuvo siempre cerca de él en Nápoles representantes inteligentes, frailes de Poblet, que le pudiesen acon¬ sejar, como Fray Bernardo Serra, limosnero y embajador; Fray Lorenzo Massa, limosnero real y después obispo de Girgenti (a. 1440); Fray Juan García, limosnero y después abad de Rueda (a. 1456); Fray Juan Jiménez Cerdán, limosnero y después obispo de Barcelona (a. 1465), y Fray Miguel Delgado, limosnero y después abad de Poblet. Esta relación y colaboración en las empresas del Rey forzosamente re¬ fluían, a pesar de la ausencia del soberano, en que Poblet prosperase y en que Alfonso V, agradecido, quisiese dejar en él recuerdos permanentes. Dice el P. Finestres que, conquistado el reino de Nápoles, el Rey, en acción de gracias, ordenó, entre obras pías, que se construyese a su costo en Po¬ blet la iglesia de San Jorge (a. 1443). Ya por aquel tiempo (a. 1442) consta que trabajaba en Poblet, en el sepulcro que el Rey dedicaba a su padre y antecesor Fernando de Anteque- iiii xntjir i -H j4 jí JSCoaadprgilnee Doyrad Puerta DEL MONASTERIO DE POBLET 321 ra, el escultor Pedro Oller (i). El concienzudo historiador de Poblet tiene en este punto un pequeño olvido: dice que el cuerpo del rey Fernando que¬ dó en caja de madera hasta que su nieto, Fernando el Católico, le hizo cons¬ truir el suntuoso real sepulcro al que lo trasladó; pero más tarde, en docu¬ mento que el propio historiador transcribe, da este sepulcro como «ya ante¬ riormente fabricado» (2). La capilla de San Jorge estaba aún en construcción en 1452. Fn 23 de agosto escribía el rey Alfonso V desde Nápoles: «Recordamos que días pa¬ sados os remitimos ciertos memoriales conteniendo las cosas que queríamos que se hiciesen... y en la construcción de la capilla que en honor de la glo¬ riosísima Virgen María y de los bienaventurados San Miguel y San Jorge, protectores nuestros, hacemos en ese Monasterio de Poblet edificar (3).» Así esta capilla como los pequeños fragmentos que se encuentran en Poblet o en el Museo de Tarragona, supuestos del sepulcro de Fernando de Antequera, son verdaderas joyas de ejecución y de buen gusto de la época: delicado, afiligranado, el único defecto que se les puede achacar es la debi¬ lidad de la finura. La iglesia o capilla de San Jorge está casi íntegra, aunque sin el rico mobiliario interior, el retablo y los ornamentos, dos grandes baú¬ les de ellos, que el Rey envió desde Nápoles; el retablo subsistía cuando Finestres imprimió el tomo III de su Historia de Poblet (a. 1756); las alha¬ jas habían desaparecido ya, consumidas por la voracidad del tiempo (4). Del sepulcro, que era el tercero del lado del Evangelio, «a la derecha del altar mayor y más próximo a la silla prioral,» restan en su sitio, rotas y agujerea¬ das, la caja y cubierta interiores de piedra ordinaria: toda la decoración apli¬ cada exterior, esculturada en alabastro, y las estatuas superiores yacentes de los reyes Fernando de Antequera y su esposa Leonor de Alburquerque han desaparecido. Del rey Fernando había dos estatuas: una, que miraba a la nave central, vestida de diácono; la otra, del lado del Dormitorio de los jóvenes, figuraba armada de punta en blanco, y a su lado se veía la de la reina Leonor, que no fué sepultada allí, sino que, fallecida en Medina del Campo (a. 1435), en el Monasterio de Santa María de las Dueñas, por ella fundado, fué en él enterrada. (1) Palau, La Cuenca de Barherá, pág. 106. (2) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 248, y tomo IV, pág. 80. (3) Giménez Soler, Itinerario de Alfonso V, pág. 276. (4) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 326. 42 322 HISTORIA Y ARQUITECTURA La iglesia o capilla de San Jorge, emplazada al sur del camino, a la dere- cha, antesde la puerta de entrada al segundo recinto de Poblet, era el lugar en donde descabalgaban y aguardaban las comitivas reales o de personajes importantes. Viene a ser un oratorio anteriora la puerta, así como la capilla primitiva de Santa Catalina es el oratorio de entrada en el interior de ésta. La capilla de Alfonso V tiene el eje casi de norte a sur para presentar la puerta al camino. Es una pequeña nave de unos cinco metros de ancho por nueve de largo en el interior, de ábside ochavado, con bóveda de cru¬ cería en estrella en la nave y de nervios radiales en octágono en el ábside. En los cruzados de los nervios de estrella tiene bonitas claves esculturadas. En cada ángulo exterior tiene un robusto contrafuerte, desmochado. Toda la capilla es de piedra caliza, perfectamente labrada y aparejada en sillarejos. La corona un ancho friso de tracerías a compás, flamígeras, resguardado por una cornisa volada de carácter renacentista. La puerta está delicadamente compuesta: es de arco de medio punto, con fina moldura en el intradós, dovelas lisas y guardapolvo o archivoltas, con frondas exterio¬ res y grande acolada, que se prolonga en un tallo, explaya en fina alcachofa de hojas rizadas, sobre las que descansa un yelmo de frente, con el timbre real de Aragón, el dragón naciente, de alas extendidas, y un flotante lam¬ brequin adosado al paramento, con una tarja lateral. A ambos lados de los montantes flanquean la puerta, adosados a la pared, juegos de pináculos que llegan a la altura del timbre central. Entre el tallo de encima de la acolada y los pináculos hay dos escudos sostenidos por genios alados: a la derecha de la puerta el escudo de las barras, a la izquierda el personal de Alfonso V, según se adivina por lo poco que de él queda: era una combinación de las barras rea¬ les, las fajas de Hungría, las lises con bordura de Anjou-Nápoles, y la cruz potenzada con crucecillas del reino de Jerusalén. Debajo de la acolada, en la clave de la puerta, un escudete con un conejo sentado, con tenantes de genios y en la parte superior el báculo, señal del Abad constructor. El abad Conill debió intervenir activamente en arreglos de las cons¬ trucciones altas de los claustrillos de San Esteban y del ala norte del claus¬ tro mayor. En la escalera de subida a aquéllas se ve su escudete muy bien dibujado, y esparcidas en los pisos hay varias ventanas con impostas que son delicias de proporción y dibujo sencillo y elegante, metidas en los mu¬ ros de mampostería de la Enfermería y en las cámaias superiores sobre la Cocina en el terrado del Claustro mayor. DEL MONASTERIO DE POBLET 323 La acequia o canal mayor, obra de piedra labrada con sillares, con bó¬ veda también de piedra, que conduce el agua a diversas oficinas del Con? vento, contribuyendo a hacer gratos el servicio y la estancia en él, era tam¬ bién construcción del abad Conill. Encima de la puerta de entrada a la ace¬ quia, enfrente de la Enfermería de los monjes, se veía esculpido el blasón del Abad. Murieron Alfonso V y el Abad de Poblet el mismo año 1458, el Rey en Nápoles el 27 de junio, y el Abad en el Monasterio el 3 de octubre, cuando se preparaban días durísimos para Cataluña con el heredero del rei¬ no, Juan II, y sus desavenencias y de la reina Juana Henríquez con el des¬ graciado Carlos, príncipe-duque de Viana. Intervenía ya entonces el limos¬ nero de Alfonso V, el monje de Poblet Fray Miguel Delgado, en estas cuestiones, con la autoridad que le daba el haber sido consejero, confesor y albacea del difunto Rey, que falleció en sus brazos. Dispuso Alfonso V que fuese trasladado su cuerpo a Poblet: comunicó¬ lo Fray Delgado desde Nápoles al abad Conill, diciéndole que como alba- cea del Rey y monje de Poblet le habían entregado el cadáver para que lo trasladase; pero no ofreciéndose entonces oportunidad para ello, el fraile se vino a Cataluña, metido en los asuntos de la Casa Real, y el cadáver quedó depositado en San Pedro Mártir de Nápoles, de donde no lo trasladaron a Poblet hasta el año 1671, después de dos siglos, a pesar de ser abad del Monasterio de Poblet Fray Miguel Delgado, desde su llegada en 1458 has¬ ta 1478, veinte años. El abad Conill tiene su sepultura con lauda sin inscripción en el Aula capitular: está en ella representado con el hábito del Cister y báculo y la insignia del escudete con el conejo sentado. POBLET EN TIEMPO DE LOS ABADES DELGADO (1458-1478) Y PAYO COELLO (1480-1498) El P. Finestres obligado a hacer un apéndice especial de los se cree ^Servicios de el abad Don Miguel Delgado y Convento de Poblet hechos al Rey Don Juan II de Aragón en las guerras de Cataluña» (i). Es este abad (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 25. 324 HISTORIA Y ARQUITECTURA agente principal de concordia entre el príncipe Carlos de Viana y su ma¬ drastra la reina Juana Henríquez, después cumplidor exacto de las órdenes reales, acudiendo a recibir órdenes doquiera que lo llaman, faltando en las solemnidades mayores en el Convento, sirviendo intereses del Rey para contener a los catalanes (i). Sólo permanece indiferente cuando éstos eligen por rey al de Castilla; después, en las luchas con el Condestable de Portu¬ gal, con el buen rey Renato, el abad de Poblet es acérrimo guerreador de Juan II, tiene tropas suyas en el Convento, asiste a los consejos reales, y a las acciones de guerra, manda alguna personalmente, y la gente armada dependiente del Monasterio es llamada por el rey Juan II al sitio de Barce¬ lona y a la expugnación del Ampurdán. Finida la guerra, convocadas Cortes para la reorganización del país, el abad Miguel Delgado asiste a ellas como agente real: el Príncipe Lugar¬ teniente, Fernando el Católico, le escribe para que posponga los intereses de su Monasterio a los reales y que se acaben las Cortes con pronta vota¬ ción. Le dice: «Al venerableReligioso, amado Consejero y Limosnero Mayor nues¬ tro el Abad de Poblet. El Rey de Castilla, de León, de Sicilia y de Portu¬ gal, primogénito de Aragón, etc. Venerable Religioso Abad, amado Con¬ sejero y Limosnero Mayor nuestro: Entre los otros que han recibido daños~ en las turbaciones passadas de esse Principado, sois Vos y esse Monasterio vuestro, y aun havéis Vos servido de tal manera que sois digno de premio y remuneración: mas si todo se huviese de emendar y satisfacer entera¬ mente, Vos veis que sería impossible. Y porque estas dichas cosas embara¬ zan especialmente la conclusión de la Corte de esse Principado, en la qual consiste gran parte de el Estado de el Rey mi Señor y Padre nuestro, y el be¬ neficio, tranquilidad y reposo de dicho Principado, os rogamos y encarga¬ mos quan más afectuosamente podemos, que pospuesto qualquiera intéressé vuestro y de vuestro Monasterio (lo qual, si no en todo, se satisfará a lo menos en alguna parte, concluida la Corte), queráis trabajar en concluir por todas las vías que mejor os parecieren, como la dicha Corte tome votiva y presta conclusión. Y en esto queremos conocer la voluntad y deseo que tenéis de servirnos, certificándoos que no podríais hacernos mayor ni más acepto servicio, de el qual en su caso y lugar tendremos tal memoria, que co- (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 30. Azulejos del Monasterio de Poblet con las armas de los Abades: i, Payo Coello; 2, Lerín; 3, Guimerà; 4, Caixal DEL MONASTERIO DE POBLET 325 noceréis havernos sido bien acepto. Dat. en Burgos, a 25 de agosto de el año 1475. — Yo el Rey. Ariño Secret.» — Al año siguiente, 22 de julio de 1476, le tocó al abad Delgado el oficio de Diputado eclesiástico de Cataluña, por suerte... muy bien vista y acepta a la Casa Real, que le instó para que no lo renunciase en modo alguno. Los tiempos del abad Fray Miguel Delgado fueron muy difíciles, y en veinte años que gobernó hízose muy poca cosa en el Convento; una capillita en la granja de Riudabella, una capillita de la Piedad en el Claustro, y dícese que comenzó el atrio de la Puerta Dorada y en memoria se puso un escudete suyo acompañando los grandes escudos reales; pero este atrio tiene ya en los arranques de los arcos los escudetes del abad Payo Coello (a. 1480-1498). Tenía el abad Delgado en su escudo dos torres acercadas con un lobo pasando por ellas: así lo pusieron en Poblet con el del abad Payo Coello en¬ cima de la Puerta Dorada en recuerdo de haberse comenzado en su tiempo. Debió comenzar también el abad Delgado el sobreclaustro o galería alta en las alas meridional y occidental; dícese que elementos de esta galería se sa¬ caron del castillo condal de Urgel en Balaguer: doble obra desgraciada des¬ hacer un monumento para estropear otro con una adición que le restaba as¬ pecto y proporción. Se ve que intentó proseguir las obras de las nuevas Cᬠmaras reales del rey Martín; en las cámaras más interiores, sobre la Gali¬ lea, hay un arco con ménsulas de escudo de las dos torres y el lobo o tigre pasante. Tocóle también al abad Delgado liquidar, como deshechos que estaban, los depósitos de cadáveres reales que existían en la Catedral de Barcelona para llevarlos a Poblet y almacenarlos allí insepultos, debajo de los arcos reales, en sus ataúdes de madera, por mandato de Juan II. El rey Martín, que tanto había hecho por Poblet, fué llevado de este modo. Su encargo de que le esculpiesen un sepulcro, para el cual se había hasta escogido piedra, quedó fríamente incumplido. Dícese que como no se le había hecho antes, ni se transluciese disposición alguna para ello, su real cadáver fué arrinconado, en tumba de madera cubierta de terciopelo negro, debajo de los arcos reales. Treinta monjes del Monasterio habían ido a re¬ cogerlo a la Catedral de Barcelona (a. 1460), junto con el de la reina Yo¬ landa, esposa que fué de Juan I. Ésta fué colocada en la tumba de su es¬ poso. Al cadáver del príncipe Carlos de Viana le cupo suerte parecida. Es- 326 HISTORIA Y ARQUITECTURA tuvo once años depositado en la Catedral de Barcelona, y en 1472 también su padre ordenó que lo llevaran a Poblet en igual embalaje: le hicieron una caja de madera forrada exteriormente de terciopelo negro, y honras de Prín¬ cipe heredero, y lo dejaron debajo de los arcos. Allí fué a parar en forma semejante, honras de Reina, caja de madera y amontonada debajo de los arcos reales (a. 1468), la reina Juana Henrí- quez, según orden de su esposo. No le sirvió haber dispuesto en su testa¬ mento de mil sueldos anuales para una Misa perpetua en la capilla de su enterramiento en Poblet y que se terminasen los ornamentos de brocado que para aquélla se hacían. Hasta 1499 estuvieron insepultos, uno enfrente del otro, los ataúdes de la madrastra y del perseguido Carlos de Viana; los incendiarios y explotadores de tumbas del año 1835 esparcieron los despo¬ jos, manos piadosas los recogieron; continúan insepultos todavía, confundi¬ dos con todos los otros reales de Poblet, en caja de madera, en un camaran¬ chón de la Catedral de Tarragona. No se hace memoria, en los manuscritos domésticos del Monasterio, de que el Juan II, ni rey las piadosas ceremonias de traslado y funerales de en su antecesor,de su propio hijo Carlos, ni de su esposa, ni de una hija, la in¬ fanta Marina, fuese a Poblet (i). El abad Delgado, en medio de todos los honores oficiales, entre ellos el de consejero de los Reyes de Aragón y de Castilla y de diputado eclesiás¬ tico de Cataluña, gozando «de la singular estimación que Sus Majestades» Juan "yj uana Henríquez «hicieron siempre de su persona por su conoci¬ da fidelidad,» falleció y fué enterrado lejos del Convento, en Barcelona (año 1478), en el Priorato de Nazareth (Valldoncella), entonces dependiente de Poblet. Mientras tanto, el relajamiento, la extenuación por la guerra, la falta de recursos, la desunión, han entrado en el Convento. Para substituir al abad Delgado no pueden los frailes llegar a un acuerdo. El rey Juan II en¬ vía a presidir la elección a los abades de Santes Creus y de Escarpe, elimi¬ na a la casa madre de Fuenfria: la elección, dice el cronista, resulta divoluta, es decir, no dan los electores señal de concordia. Entonces convienen en que el Prior, otro forastero. Fray Ruiz de Moros, designe por sí al nuevo abad; éste nombra a Juan Estanyá, y se reserva que éste lo hará nombrar a él (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 10. DEL MONASTERIO DE POBLET 327 mismo por el Papa: todo está arreglado, cuando, muriendo Juan II y subien¬ do al solio real Fernando el Católico, éste se mete en la elección, niega el derecho de designación al Prior y al Papa, y exige que se reintegre la elec¬ ción al Convento, pero eliminando resueltamente a la abadía madre, Fuen- fría, ya completamente francesa. El elegido es otro castellano, natural de Zamora, Fray Juan Payo Coello, heredero de rica casa, antiguo militar, des¬ pués doctor en teología, limosnero y confidente del Rey Católico, ya en tiempo del abad Delgado. En los nombramientos de diputados de la Gene¬ ralidad de Cataluña que hace directamente el Rey, mandando que aquella vez no los sorteasen, el abad Payo Coello entra como diputado eclesiástico. Con la correspondencia del Rey a Payo Coello se ve que éste repre-* senta principal papel en la política real en Cataluña; lleva, como dice, el mismo Rey a la Generalidad, y si todos hubiesen hecho como él, habrían holgado las reprimendas de Fernando el Católico, «mostrando sentimiento de la mucha negligencia con que eran y son tratadas las cosas del Gene¬ ral» (i), ¡ya entonces! La Real Abadía, como un faro antes de extinguirse, revive esplenden¬ temente bajo la influencia del Rey Católico: se efectúan obras; Fernando e Isabel la honran con una larga visita, con corte numerosísima, con toda su familia: un cronista anónimo del Convento, tal vez el propio Payo Coello, dejó de ella detallado relato. Es poco después de la toma de Granada y del descubrimiento de América, en noviembre de 1493: los Reyes salen de las Cortes de Barcelona, encaminándose a Poblet. Precédenlos con sus precep¬ tores los nuevos infantes Juan y Fernando, hijos cristianados de Boabdil el Rey Chico, destronado de Granada: dos jóvenes de veintidós a vein¬ son ticuatro años: uno de ellos, Fernando, traduce la carta árabe primitiva de Poblet. Después llega, 9 de noviembre de 1493, con su Corte, la primogé¬ nita de los Reyes, la princesa Isabel, de veintitrés años, entonces enlutada ■viuda del príncipe Alfonso de Portugal, pero que se casó después (a. 1497) con el rey Manuel el Afortunado: oculta en su duelo estuvo en Poblet la Princesa, con cuyo enlace comienza la epopeya de los descubrimientos he¬ chos por Portugal del Cabo de Buena Esperanza y de tantas comarcas del África, del Brasil..., con mano de una grandeza incomparable... En ella y en su hijo iban a reunirse voluntariamente en una sola corona toda la antigua (i) Carta del Rey, desde Écija, año 1490. 328 HISTORIA Y ARQUITECTURA Iberia con América, África, las Indias... para desvanecerse con inesperadas muertes tan inmenso sueño. En la tarde del mismo día entran en Poblet los Reyes Católicos, Fer¬ nando e el esplendor de gloria y de poder: les siguen sus otras Isabel, en tres hijas: Juana, la que fué después pobre Reina inconsciente de tan gran¬ des dominios, entonces princesa de catorce años; María, de once años, la que, muerta su hermana Isabel, se casa con el rey viudo Manuel; y Catali¬ na, de ocho años, después princesa de Inglaterra con Arturo, y nobilísima Reina desgraciada con Enrique VIH. • El acompañamiento es «de gran número de prelados, grandes y damas,» entre ellos «el Arzobispo de Toledo, Cardenal de España y Patriarca de Alejandría, que llevaba a la Reina del brazo izquierdo; los arzobispos de Sevilla y de Càller, y el obispo de Mallorca. Entre los grandes, el infante Don Juan de Aragón, duque de Villahermosa, sobrino del Rey, el Comen¬ dador mayor de Santiago, el Adelantado de Murcia, el ayo, el maestresala, y el camarero de la Reina; y entre las damas había sesenta hijas de duques, marqueses y condes, y entre ellas las amas del Príncipe y de las Infantas, y de más a más quinientas mujeres de servicio de palacio.» La antigua Crónica conservaba los nombres de los nobles acompañan¬ tes: ni un nombre catalán; y los de las damas principales de la Reina y de la princesa Isabel. Los hay de toda España, de Portugal, de Aragón...; pro¬ cedentes de Cataluña casi ninguno, quizás un par de nombres de casa, los de Beatriz e Isabel de Cabrera y la Marquesa de Moya: todas las damas son hijas de las casas de los Manríquez, Mendoza, Pimentel, Velasco, Valencia, Ayala, Guevara, Estúñiga, Enríquez, Híjar, Vegas, Ulloa, Castro, Zapata, Vileña, Portugal, Toledo, Quiñones, Acuña, Robles, Soria, Bazán, Dávalos, Aragón, Rojas, Fonseca, Figueroa, La Cueva, Vivero, Manuel, GuZmán, Venegas, Paredes, Rivadeneira, Silva, Melo... Salen a recibir a los Reyes el abad Payo Coello, de pontifical; lo acom¬ pañan socios, diácono y subdiácono, la Cruz alta y el hisopero; les sigue el Convento: noventa y cuatro monjes, ocho novicios, treinta y cinco conver¬ sos... Van hasta la nueva Puerta Dorada, debajo del gran arco circular de piedra; recientemente esculpidos, borda el sol los escudos de las barras, de Sicilia, de los Reyes de España; más abajo los escudetes del abad Delgado, un tigre o un lobo pasante entre dos torres..., coronando los grandes mata¬ canes, las almenas de fortificación, todo finamente labrado, nuevo, en la DEL MONASTERIO DE POBLET 329 blanca piedra. Formando chaflán y plaza, la Capilla, minuciosamente escul¬ pida, de San Jorge, casi nueva, de una treintena de años. Allí descabalgan los Reyes; la Puerta Dorada se abre; se arrodillan los Reyes en bien dispuestos estrados; el Abad les presenta un relicario para que lo adoren, y los nobles principales empuñan las varas, levantan el palio: debajo de él avanzan Fernando e Isabel, seguidos de las Infantas, hacia la puerta de la iglesia mayor: el coro y el órgano entonan el Te Deum laudamus, siguen hasta el pie del presbiterio, se arrodillan en oración, los bendice el Abad, besan las tumbas del rey Juan II, de Juana Henríquez. Al anochecer llega también el príncipe heredero, Juan, un jovencito de quince años, con lucido acompañamiento; ha venido cazando durante todo el camino. Se le recibe con igual ceremonia. De la estancia real en Poblet quedan curiosos pormenores. El Abad cede su Palacio, a la entrada de la clausura: allí se alojan los Reyes; cerca de ellos el príncipe Juan, las Infantas; en las habitaciones contiguas la prin¬ cesa viuda Isabel. En una gran sala de arcos, detrás del albergue de los Re¬ yes, se alojan en dormitorio común no menos de trescientas damas, «y ad¬ vierten los Manuscritos que fué cosa de grande ejemplo tanto silencio entre tantas mujeres, que más parecían religiosas en dormitorio que damas en pa¬ lacio.» Se ve que la reina Isabel tenía mucho orden en su casa. El cardenal, los obispos, los grandes señores, moran en las llamadas Cámaras Reales, allá lejos, en el fondo de la clausura, adyacentes a la muralla posterior, oriental. El domingo, 10 de noviembre, día siguiente al de la llegada. Misa so¬ lemne de pontifical: el Rey y el Príncipe la oyen a un lado, solos en una ca¬ pilla; la Reina y las Infantas al otro lado, en otra capilla. El canto de los monjes en el Coro abstrae, encanta a la reina Isabel, el Credo especialmen¬ te. Hace que saquen copia de la música, sus cantores lo aprenden, en la Real Capilla es conocido por el Credo de Poblet. En la semiclaridad empañada de la tarde de noviembre, Fernando e Isabel vuelven a la iglesia solitaria; pocos son los que les acompañan: la In¬ fanta viuda aparece también furtivamente...: van a las Tumbas Reales: mu¬ chas de ellas son sencillos féretros de madera, cubiertos de terciopelo, de ropas claveteadas: depositados debajo de los arcos que sostienen en el espa¬ cio calados doseletes, los sarcófagos de Alfonso II, de Jaime I, de Pedro IV...; quieren ver los cuerpos reales, se les abren las cajas: la reina Isabel se fija 43 33° HISTORIA Y ARQUITECTURA en el cadáver de una tía suya, la infanta Catalina, que fué hermosísima: to¬ davía sus cabellos, muy rubios, doran las sienes de la calavera: la Reina corta un rizo, quiere conservarlo, lo enseña al Rey... «El Rey mandó que los de¬ jase,» dice el viejo cronista. Los soberanos van de un lugar del féretro al otro, baja, secretamente, con «notable humanidad;» hablan con los pocos monjes que les acompañan: la Reina confía las infantas a dos o tres de los monjes para que las aparten de los cadáveres, temerosa de que se asusten: después se reúne con ellas en el Coro: con su propia mano baja el asiento de una silla enfrente del órgano, se sienta, conversa muy familiarmente... Es un verdadero cuadro el que nos ha dejado el viejo manuscrito. El siguiente día, lunes, día de San Martín, obispo. Misas para todos los difuntos de la Casa Real, dichas por todos los monjes. Los Reyes asisten a ellas, luego recorren el Convento, al anochecer admiran en la Sacristía los relicarios, las joyas, los ornamentos... La Reina regala unos riquísimos: casulla, dalmáticas, estolas y manípulos, dos capas, frontal, paños para el facistol, tres albas «muy buenas, todo digno del mayor aprecio por ser obra de las reales manos de la Reina Católica, que con sus damas había bordado parte durante el sitio de Granada, y parte después de ganada la ciudad...» ¡Ahora todo perdido, acabado!! El martes, 12 de noviembre, despedida, besamanos en el templo. Los Reyes, sentados en sillas, sobre las gradas del presbiterio; el Príncipe, de pie al lado de su madre; las Infantas a continuación. Los frailes, uno a uno, salen del Coro, van hacia los Reyes; se arrodillan para besarles las manos; los Reyes hablan, dicen alguna cosa a cada monje, uno tras otro... Después salen, se van: el Abad los acompaña hasta el exterior del atrio del templo. El Monasterio se deshace en preparativos, en cumplidos para esta vi¬ sita; pero los Reyes prohiben en absoluto que su numerosa comitiva admi¬ ta nada de lo mucho que hay preparado; ordena a sus alguaciles que se cie¬ rren todas las oficinas de provisiones del Convento; no quiere ser gravoso al Monasterio. Para demostrar su buena voluntad envía éste sendos gran¬ des presentes al Rey y a otros magnates: son aceptados, y basta. El abadPayo Coello representa capital papel en la reorganización de la Generalidad de Cataluña, que Fernando el Católico quiso sacar del visi¬ ble desconcierto en que había caído. Las cartas en catalán y en castellano del Rey a Juan Payo Coello, transcritas en parte por el P. Finestres, indican que el Abad de Poblet era el hombre de confianza, quizás el único, con que DEL MONASTERIO DE POBLET 333 el Rey podía contar para poner orden en tan capital asunto para Cataluña. A las instrucciones, comunes a todos los diputados, que da el rey Fer¬ nando para la reforma de la Generalidad, añade otras especiales al Abad: «Pues que vos-termina diciendo — sabéis mi intención, afección vos tengo y demuestro, quiero que en todo el beneficio dejéis muestra tan buena, que todos vean lo que Yo tengo del beneficio y bien del Principado, que os en¬ cargo mucho. De todos en el General y de Vos quiero que en él continua¬ mente miréis que os he puesto de mi mano. — Vo el Rey.J Cuando enferma el Abad, espera el Rey que se cure e inmediatamente le encarga que vuel¬ va a Barcelona a entender en las cosas de la Diputación y que se haga en¬ señar todas las cartas por él escritas al Consistorio durante su enfermedad. Lo hace el Abad y da cuenta de ello al Rey. Le agradece éste «que haya tomado memorial de todo lo que en vuestra absència havemos manda¬ do ejecutar sobre el redrezo de el dicho General y reparo de los desórdenes de la Casa; y porque especialmente lo esperamos de Vos, vos encargamos procuréis en nos dar entera razón de la ejecución de cada cosa de las que escrito havemos; y si no se ficiere lo que se deve, nos avisad cuya es la culpa.» Continuamente le pide noticias, y se las agradece, sobre los negocios de la Generalidad y del país, prometiéndole absoluto secreto sobre lo que le comunique. Cartas para el Consistorio en general se las envía cerradas en forma que las pueda abrir y leer anticipadamente, haciéndole notas espe¬ ciales para conducción de los asuntos pendientes. Cuando Payo Coello quie¬ re volver junto al Rey, le escribe: «En vuestra venida nos parece debéis sobreseer, porque dañaría mucho al General vuestra ausencia.» Hay una carta del Rey, de 30 de enero de 1490, que pinta la confianza del Rey en Payo Coello y la absoluta desconfianza en la administración pú¬ blica catalana. Está dirigida: «Al Venerable Religioso y amado Consellero e Almosnero nuestro el Abad de Poblet, Diputado de Cataluña, El Rey,» y le dice: «Venerable Abad. Vimos vuestra carta de 9 de el passado, y poco antes havíamos recibido otra vuestra en que mostrávades alguna admiración por las Cartas que al Consistorio havíamos escrito, mostrando por ellas senti¬ miento de la mucha negligencia con que eran e son tratadas las cosas del General; e como quier que nuestro escrivir fuesse general a todos, bien de- víades pensar que no era razón vos entendiéssedes en él, porque si todos los otros lo ficieran como Vos fasta aquí lo havéis fecho, de otra forma estuvie- 334 HISTORIA Y ARQUITECTURA ra hoy el redrezo del General. Plügonos saber la luición fecha de las 3.000 libras e de el crédito que decís ha cobrado esse General, e deel fruto que nuestras Cartas han fecho. Y pues ya seréis tornado a Barcelona, devéis dar mucha prisa en lo que queda a facer: que bien somos cierto que tanto el negocio havrá buen despacho, quanto seréis presente en ello.» La Puerta Dorada, entrada al recinto de Poblet, con su atrio y depen¬ dencias inmediatas, es la construcción principal del abad Payo Coello; pero hay otras muchas en el Monasterio, especialmente la Bolsería o Tesorería y otras dependencias exteriores; el escudete del león rampante, bandado de escaques, con bordura de crucecitas, abunda en impostas de arcos, en cla¬ ves de puertas, en restos de azulejos. La Capilla de la Virgen de los To¬ rrentes, cerca construida por él (i). del Monasterio, también fué Han de ser del tiempo del abad Payo Coello las principales construc¬ ciones del que fué después Priorato del Tallat, en la cumbre de la sierra, a unas dos leguas de Poblet. Encontrada o hecha una imagen en mármol de la Virgen, y una capilla que le erigió Ramón Berenguer de Llorach, Señor de Solivella, el Monasterio envió un monje sacristán (a. 1475). Juan II concedió que para esta fundación pudiesen recogerse limosnas en sus domi¬ nios, y Fernando el Católico de sus rentas reales encargó al mismo Señor de Solivella que le hiciese construir casa y capilla. El abad de Poblet, que tenía un sacristán en el Tallat y gran privanza con el Rey, no dejaría de in¬ fluir en esta obra. Muerto Ramón Berenguer de Llorach, el rey Fernando (a. 1506) hizo donación absoluta de aquel edificio a Poblet, constituyéndose un Priorato que persistió hasta 1822 (2). El abad Payo Coello murió en 1498; la lauda de su sepultura en el (1) Segiín el P. Fray Narciso Camós {Jardín de María plantado en el Principado de Ca¬ taluña, Barcelona, 1657), el abad Payo Coello edificó esta ermita en 1484, «hallando la santa Imagen al pie de unas cañas, donde ahora corre un arroyo, que se divide en otros más peque¬ ños.»—N. del T (2) Vendidos la propiedad y en diferentes lotes el edificio, quedó abandonado y fué arrui¬ nándose; la parte más interesante, la galería gótica de siete arcos, se arruinó allá por el año 1890. Los propietarios libraron de los rebuscadores de antigüedades los elementos escultóri¬ cos, que ocultaron en la cisterna. Adquiriólos y los trasladó de allí a una granja suya de Reus D, Pablo Font de Rubinat, quien los vendió posteriormente, por intervención mía, a D. Ramón de Montaner. Fué reconstruida la galería gótica, con los arcos bajos que la sostenían, tal como estaba en el Tallat, en el castillo de Santa Florentina de Canet de Mar. Todas las ventanas lobuladas y angreladas de la parte nueva de este edificio, una imagen de la Virgen, y el escudo de los Reyes Católicos, que en él se ven, proceden también de aquellas ruinas. DEL MONASTERIO DE POBLET 335 Aula Capitular lo representa con cogulla, báculo y escudo de armas; la ins¬ cripción recuerda que encontró deteriorada la Casa por la guerra y que la ^ embelleció más de lo que había sido; dice: Hoc sub lapide D. Joannes Payo Coello Populeti Abbas XL dormit, qui nobili nat us genere, secularem mili- tiani pro Monachatu ^nutavit. Ante à fratribus electus, cassatam bello Do- mum pulchriorem fecit. Tandem spiritum reddidit Creatori. El sepulcro del rey Juan II y de su segunda mujer, Juana Henríquez, fué también obra del Abadiato de Payo Coello, labrado probablemente por el maestro Egidio Morlá: el sepulcro debía estar terminado al morir el abad (a. 1498), por cuanto en carta de I2 de abril de 1499 decía el rey Fernando el Católico a los monjes de Poblet, sede vacante, que habiendo escrito al Abad difunto lo mucho que deseaba que los reales cadáveres de los reyes Fernando, su abuelo, y Juan II y Juana, sus padres, fuesen colocados en los nuevos sepulcros, sabía que aún no se había cumplido su deseo, y que tan pronto como fuese elegido el nuevo abad, se hiciese la ceremonia co¬ rrespondiente. Tan luego como fué elegido abad Fray Antonio Buada, procedió a efectuarse el real encargo, extendiéndose acta oficial, que se envió al Rey; ^ había transcurrido no un mes todavía. Dice el acta: «Deseando el Prior y Convento del Monasterio de Po¬ blet, presente el Rdo. Fray Antonio Buada, Abad electo de dicho Monaste¬ rio, efectuar el enterramiento de los cuerpos de los Serenísimos Reyes Don Fernando, Don Juan y Doña Juana, y de la infanta Doña Marina, abuelo, padres y hermana respectivos del Don Fernando, ahora felizmente rei¬ rey nante, conforme a la intención de Su Majestad; el día de sábadx) 4 de mayo de 1499, llamado, presente e interviniendo yo Pedro Des Clergue, por la real autoridad notario de la villa de Montblanch, y presentes como testigos los muy magníficos Ramón Berenguer de Llorach, Señor del castillo y lu¬ gar de Solivella, Mateo de Medianilla (?), domiciliado en la villa de la Es¬ pluga de Francolí, y el maestro Egidio Morlá, obrero de los Reales Sepul¬ cros, a los que han de ser trasladados dichos cuerpos: celebrada la Misa de Pontifical por el Rdo. Fray Bernardo Llorens, abad del Monasterio de Be¬ nifassà, y hechos por el Prior y Convento de Poblet todos los demás Ofi- 4 cios de difuntos, el Rdo. Fray Miguel Gastó, Prior, en nombre suyo y de todo el Convento, por manos de los monjes y del maestro Morlá colocaron honorífica y devotamente los cuerpos de dichos Serenísimos Reyes, Reina e HISTORIA Y ARQUITECTURA 336 Infanta en sus el del rey Don Fernando en el Regios Sepulcros: es a saber, sepulcro ya antes construido a la derecha del altar mayor, más próximo a la Sede Prioral, y los cuerpos del rey Don Juan, de la reina Doña Juana y de la infanta Doña Marina, en el sepulcro últimamente construido, a la izquierda de dicho altar, y más próximo a la Sede Abacial: de todos los cuales actos el dicho Prior pidió se hiciese Instrumento para perpetua memoria... (i).» La infanta Marina, hija de Juan II y de la reina Juana Henríquez, murió a los cinco o seis años de edad. Revestido de esculturas y sepulcro del rey arquerías de alabastro, el Juan y de su segunda esposa tenía en la cubierta tres estatuas yacentes: en la parte de la nave mayor figuraban el Rey con manto real talar, adornado de mucha pedrería, y la reina Juana, ricamente vestida y con diadema real: en la parte de la Sacristía antigua estaba el mismo rey Juan con armadura de punta en blanco. (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 8o. , éi LAS OBRAS DEL SIGLO XVI (1502-1598) EL ABAD DOMINGO PORTA (1502-1526) RAVE caída sufren los monasterios principios del siglo xvi: los a reyes imperialistas de la época se han adueñado de ellos con sus patronatos. No puede elegirse abad sin propuesta del Papa, que no concede las Bulas para tomar posesión sino a persona grata, por él indicada, o que considere digna. Los cronistas monacales lo lamentan, añoran los tiempos en que cada monje, en el fuero de su conciencia, sin .presión extraña ni superior, elegía para Abad suyo al más apto. Consecuencia de lo anterior, cae otra plaga sobre los mo¬ nasterios, la de los abades comendatarios. Se dan las abadías comendatarias a cardenales o a otrosprelados como una fuente de producción, sobresueldo o gratificación, para que absorban las rentas. Así vemos caer otro gran mo¬ nasterio benedictino de nuestra tierra, el de San Cucufate del Vallés. Al morir el abad Payo Coello, el Monasterio de Poblet se ve cohibido por estas causas en la elección del nuevo abad: una larga vacante es su con¬ secuencia, de medio año, desde noviembre de 1498 hasta mayo de 1499. La rica abadía de Poblet es apetecida por grandes personajes, que quieren ser Comendatarios. Entre los pretensores abriga grandes esperanzas el infante Alfonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, hijo natural de Fernando el Ca¬ tólico, entonces reinante. Los monjes, perturbados, no se atreven a elegir 44 338 HISTORIA Y ARQUITECTURA otro; pero el Rey Católico rompe, corta vigorosamente la dificultad con una carta terminante: «A los devotos Religiosos bien amados nuestros los Monges e Con¬ e vento de el Monasterio de Poblete. El Rey. Religiosos devotos e bien ama¬ dos nuestros. Sabido havemos la muerte de Don Fr. Payo Coello, Abad de esse Monasterio, que Dios perdone, de la qual sin duda havemos ovido gran enojo, porque era persona digna, e religiosa, e muy afectada al servicio nuestro. Plega Dios lo reciba en su gloria. E assí bien havemos sabido que assí el ilustre Arzobispo de Zaragoza, nuestro muy caro e muy amado hijo, como otros algunos, con Bulas o Reservaciones Apostólicas han aceptado o quieren aceptar el dicho Abadiado para tenerlo in Commendam: lo qual nos sería muy molesto, y por todas las cosas de el mundo no daríamos lugar a ello, antes queremos, y es nuestra voluntad inconmutable, que la dicha Aba¬ día sea conferida a Religioso digno y bien mereciente de tal dignidad. E por tanto vos encargamos, e mandamos, que no obstante qualquiera aceptación e otros actos por virtud de Bulas .A.postólicas fechos, como Nos seamos Pa¬ trón e Fundador de dicho Monasterio, e sólo a Nos pertenezca la presenta¬ ción de dicho Abad, en nombre de Nuestro Señor, con buena concordia e unanimidad fagades vuestra elección de nuevo Abad según las Reglas o Definiciones de Orden, que sea persona digna, e tal que Nuestro vuestro Señor Dios sea servido, y el dicho Monasterio bien regido y governado. E fecha la dicha elección e nominación, nos la embiedes para que podamos es- crivir e suplicar a Nuestro Santo Padre de la provisión e confirmación de aquélla. Haviendo en esto solo respecto al servicio de Nuestro Señor Dios, e bien de el dicho Monasterio, toda passión posposada, según de buenos Religiosos se espera. Dada en Valladolid a 23 de Noviembre de 1498. Yo el Rey. — Clement. Protonot.» Sorprendió a los monjes la clara opinión del Rey y le dieron gracias. Procedieron en seguida a la elección; mas, siguiendo los reales consejos, la hicieron como para abad trienal con el fin de evitar imposiciones reales pos¬ teriores de Comendatarios, haciendo así sólo transitorias las elecciones. Pero ni el abad elegido. Fray Antonio Buada, ni el mismo Rey, pudieron obte¬ ner de Alejandro VI, el Papa Borgia, que despachase las Bulas correspon¬ dientes: ni así, ni convirtiendo la elección del abad Buada en perpetua, que¬ dó sencillamente como electo desde el año 1499 al 1502, en que falleció. Eligieron entonces al propio enviado que tenían cerca del Papa, a Fray DEL MONASTERIO DE POBLET 339 Domingo Porta, y él mismo logró inmediatamente las Bulas, incluso para nombrar Abades trienales, y fué consagrado o bendecido en Roma el 13 de abril de 1502. Doctor en Teología, catedrático en Lérida, y diplomático in¬ teligente, le confió el Abad general del Cister el Vicariato general de la Or¬ den en España y Procurador de ella en la Corte Pontificia. Grandes acontecimientos conmovieron al mundo en el largo abadiato de Fray Domingo Porta (a. 1502-1526), pero el centro de vida y de las con¬ mociones se había alejado de Poblet y de Cataluña: llegaban allí apagadas, como ecos que recibía pasivamente, que su voz no excitaba ni respondía: el antiguo motor era pasivo, alejado, era casi extraño al movimiento. Murió Isabel la Católica (a. 1504); cambió la dinastía; estuvieron a punto de sepa¬ rarse nuevamente de España Cataluña y los reinos de Aragón y de Navarra; murió el Archiduque de Austria y rey de España Felipe el Hermoso (año 1506); volvió a encargarse del gobierno supremo Fernando el Católico, de nuevo vuelto a casar con Germana de Foix: nacióle de ésta un hijo, el prín¬ cipe Juan, concebido como heredero de la Corona de Aragón y que moría a poco de nacer (a. 1509), y el Rey Católico moría a su vez (a. 1516), y venía el joven soberano de dinastía forastera, y asumía Carlos de Austria el imperio casi mundial (a. 1519). En Roma cambiaban rápidamente grandes Papas: al papa Borgia Alejandro VI sucedía un Piccolomini, Pío III (año 1503); a éste un Delia Róvere, Julio II (a. 1503); después un Médicis, León X (a. 1513), el maestro de Carlos V, Adriano VI (a. 1522), y otro Médicis, Clemente VII (a. 1523); y al mismo tiempo héroes españoles con¬ quistaban continentes allende los mares..., y Poblet y Cataluña permanecían retraídos como indiferentes a aquel gran movimiento universal. Era como el entumecimiento precursor de la muerte social. El abad Porta, de grandes facultades, según dice la tradición del Mo¬ nasterio, las usaba aumentando las rentas, las propiedades de la Casa; la descargaba de deudas; construía, para cercarla mejor, la pared almenada más exterior que va desde la Puerta de Prades al monumento de San Ber¬ nardo de Alcira y sus hermanas mártires; la bóveda y canal de piedra desde la fuente principal, por la huerta del Convento, y muchas obras interiores de reparación. Los azulejos con el escudo o signo del abad Porta son los que más abundaban en las ruinas del Convento: tienen un portal con el báculo saliendo por arriba. De cuando en cuando llegaba al Convento un recuerdo o testimonio... 340 HISTORIA Y ARQUITECTURA O algún desecho de aquel gran movimiento exterior. Conservaba el abad los honores de Limosnero real: el último efectivo del Rey Católico, Fray Antón Riquer, pasó a serlo de la reina viuda Germana de Foix, casada des¬ pués el otro Fernando de Aragón, duque de Calabria, heredero deshe¬ con redado y desterrado por la conquista del reino de Nápoles... Llegaba un día...: enviaban a Poblet el cuerpo de aquel infante Juan que debía ser nue¬ vo Rey independiente de Aragón (a. 1510), u otros, frutos caídos de las ra¬ mas menores de la antigua Casa Real: los de la infanta Guiomar de Portu¬ gal (a. 1516) y de su esposo el infante Fortuna Enrique de Aragón, duque de Segorbe (a. 1522)...; pero los reyes y príncipes ya no iban a Poblet per¬ sonalmente: hasta estas reliquias llegaban solas o acompañadas de recomen¬ daciones y de pequeños presentes: que no permitiesen tocar el cadáver, ni abrir la caja de la princesa de virtuosa decencia, cerrada en doble ataúd, fo¬ rrada de grana el uno, de blanco damasco el otro... Los cuerpos de los grandes Reyes no fueron ya llevados ceremoniosa¬ mente a Poblet; el antiguo Monasterio ha dejado de ser Panteón Real. Las teorías, las reales procesiones fúnebres, se dirigirán a nuevos y apartados confines: Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, Felipe el Hermoso y Jua¬ na la Loca descansan en sus magníficos sepulcros esculturados de mármol en la Capilla Real de Granada... Para Poblet no más que un recuerdo en su testamento: «Dejamos al Monasterio de Nuestra Señora de Poblet, donde están sepultados el Rey y Reyna nuestros Señores —Juan II y Juana Henrí- quez, — que en gloria sean, el ornamento y brocado raso carmesí y otro de damasco blanco alcarchofado con todos sus complementos...» El lacónico cronista de la decadencia de Poblet se conmueve en la cons¬ ciència de la caída nacional en el siglo xvi; evoca fatídicamente la prodigiosa campana de Velilla —dice que sin impulso de alma viviente tocó por sí sola vaticinando la muerte del Rey Católico (a. 1516): — «pareció ahora clamo¬ rear con obscuras voces y pregones funestos la cercanía de el fin de la Dig¬ nidad Real y Corte de estos Reynos y Baronía Española... (i).» El abad Porta murió a los ochenta y cuatro años, en 1526, no sin haber sufrido tentativas de algunos de sus monjes, el maestro Menorca, de subs¬ tituirlo o suplirlo en vida mediante provisión apostólica, a la que el empe¬ rador Carlos V hubo de oponer su voluntad. En la Sala Capitular se ve aún (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 90. DEL MONASTERIO DE POBLET 341 la lauda del anciano Abad, con la figura entallada, de pobre gusto, sin nom¬ bre, solamente el escudo del portal encimado por el báculo, y la inscripción de una plegaria: Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam et secundttm multitudinem miserationum tuarum. EL ABAD PEDRO CAIXAL Y EL ALTAR MAYOR O RETABLO DE ALABASTRO (1526-1531) La obra más importante del Renacimiento en Poblet, quizás la única de verdadero carácter artístico que de esta época tiene el Monasterio, es el altar o retablo mayor, que, destrozado y despojado, queda hoy en su lugar todavía. En su y trágica prelacia de cinco años lo hizo esculpir el abad corta Pedro Caixal: contratólo con el célebre escultor Damián Forment, autor de los altares mayores del Pilar de Zaragoza (a. 1512), de Huesca (a. 1520) y de Santo Domingo de la Calzada (a. 1539). Elegido Pedro Caixal abad el 4 de junio de 1526, debía ser relativa¬ mente joven; había entrado en el Convento en el abadiato anterior. Antes de finalizar el primer año de su gobierno, el 2 de abril de 1527, se concer¬ taba mediante escritura con Damián Forment la construcción del nuevo altar. La obra contratada difiere completamente de las demás de Forment, de tradición o transición gótica; ésta es pura obra del Renacimiento, sin nin¬ guna reminiscencia medieval de ornamentación ni factura. El contrato pres¬ cribe el estilo a la romana; se diría que es obra italiana o italo-hispana, del Centro o Mediodía de la Península. El tiempo de ejecución, dos o tres años, dice asaz claramente que no es obra de un solo artista, sino de un gran ta¬ ller o de varios, en los cuales trabajasen muchos de ellos. Además es de un estilo y factura muy puros y adelantados dentro del Renacimiento, compa¬ rado con lo que aquí se hacía a comienzos del siglo xvi, dentro de aquel estilo. La obra, concertada mediante esbozo previa en dibujo o croquis, o traza es complicadísima, verdaderamente atiborrada de concepto. Es un encasti- llamiento de cinco pisos, de recuadros, de nichos aconchados y rematados con flameros y ángeles; de órdenes de pilastras y columnillas, entablamentos y cornisas, en cada piso, y con retorno sobre todas las pilastras, y ante cada 342 HISTORIA Y ARQUITECTURA una de ellas su estatuilla suelta de santo o emblemática. La imagen de la advocación principal del altar, la Virgen María, se pierde a la vista entre tan¬ ta complicación. Las pilastras de los pisos altos no se corresponden, no coin¬ ciden con las de los pisos inferiores, más afinados y proporcionados, decora¬ tivamente de excelente ejecución. Las esculturas son muy desiguales de téc¬ nica y mérito artísticos. El piso bajo, de basamento, es puramente ornamental; los lados, her¬ mosas puertas de paso al trascoro: encima de cada una, coronada de frutas, una tarja a la italiana de la forma que denominan allí «cabeza de caballo,» con la señal o empresa del abad Caixal, parlante y conceptuosa: el lobo que hace presa en una oveja, y un mastín que le muerde y lo abate a un tiempo: encima de la tarja las iniciales PO. del Monasterio, y a los lados sendas ovejas que salen a mirar la escena inferior. Esta señal complicada la encontramos muy repetida en azulejos, blan¬ cos y azules, de pavimentos del Monasterio. Dícese que se le aplicaba el lema: Attendite vobis, et universo gregi vestro. En el recuadro central del basamento vese la inscripción: Anno Domi¬ ni 152g, régnante in Hispania Carolo Rege, ac Romanorum Imperatore, Don Retro Caixalhtijus insignis Monasterii Abbate existente hoc Retabulum factum fuit. Los cuatro pisos altos del altar o estats del contrato son todos de ima¬ ginería dentro de nichos aconchados, recuadrada de pilastras y entabla¬ mentos, todos decorados de follaje, frutas y grutescos. La imaginería del piso inferior representa la Pasión de Jesús en cinco escenas: la Oración del Huerto, el aprisionamiento, el azotamiento, el Pretorio, y la primera caída en el Calvario; delante de las pilastras debía haber las imágenes de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Samuel, San Pedro obispo, San Roberto abad, San Lorenzo y San Vicente. En el segundo piso, en medio, presidiendo en un nicho mayor, la Vir¬ gen María, titular del Monasterio, de tamaño mayor que las demás figuras: llevaba corona imperial, una azucena en la mano izquierda, y en el brazo derecho al Niño Jesús: a cada lado tres nichos con las imágenes de los San¬ tos Matías, Bernardo y Guillermo, y de las Santas Colombina, Ursula y Florentina. En los nichos del piso, misterios de Gozo y de Gloria de la Vir¬ tercer gen: Anunciación, Nacimiento de Jesús, Adoración de los Reyes, Aseen- DEL MONASTERIO DE POBLET 343 sión del Señor, Resurrección de Cristo, Venida del Espíritu Santo, Muerte y Asunción de María... En las pilastras: San Juan Bautista y San Benito, y las Santas Tecla, Eulalia, Inés y Escolástica. En los seis nichos geminados del piso más alto: los Apóstoles de dos en dos, y en el centro Jesús en la Gloria, bendiciendo. Remata el retablo, en lo más alto y en medio, el Calvario con Jesús en cruz, las Marías y San Juan; delante de las pilastras, San Esteban y San Sebastián. A los lados, crestería de conchas semicirculares alternando con candelabros flameantes. A ambos lados del altar, grandes guirnaldas colgantes de angelillos y frutas alternados. Las figurillas de Santos, delante de las pilastras y de los ni¬ exentas chos del piso tercero, han desaparecido todas: quedan dos o tres fragmen¬ tos de los Profetas del piso bajo y una figura truncada del tercero; de los Apóstoles faltan dos: como están tan altos, no han podido cogerlos. Es muy probable que muchas de las figuras que faltan existan aún, re¬ cogidas o robadas. La imagen principal, de la Virgen María, subsiste, pero rota: le falta parte de la cabeza y la corona, el brazo izquierdo, la cabeza, brazos y pies del Niño Jesús. Dícese que el capitán general de Cataluña Van Halen envió una colec¬ ción de las estatuillas del altar mayor de Poblet al país de sus ascendientes, a Bélgica... En nuestra tierra algunos particulares intelectuales poseían o poseen fragmentos, cabecitas o manos, como curiosos pisapapeles, en las mesas de sus despachos... Otros pequeños fragmentos se ven en Tarragona, en el Museo... Como en las Tumbas Reales, se necesitarían las trompetas del Juicio Final reunir los fragmentos y reconstituir el altar de Poblet. para El trato en 1527 concedía a Damián Forment tres años para firmado entregar su obra: el altar tiene en la inscripción la fecha de 1529. El precio convenido, 4.060 ducados, equivalentes a 4.862 libras barcelonesas, y una borrica o mula para el maestro. El altar se acabó trágicamente para el Abad y de muy triste manera para el Forment. Los frailes jóvenes (a. 1531) se sublevaron, pu¬ maestro sieron preso al Abad, fué juzgado, condenado a cárcel perpetua, y aprobada la sentencia,yWfífí? ordinis, por los superiores, se ejecutó. Los cronistas del Cister no saben exactamente el por qué de tan cruel sentencia; el P. Fines- tres opina que el acta de la sentencia lo dice con harta claridad: por disipa¬ dor de los bienes del Monasterio y relajador de la Observancia regular. 344 HISTORIA Y ARQUITECTURA Al maestro Forment, cuando sobrevino la revolución monacal y la de¬ posición condena del Abad, le faltaban cobrar del precio convenido 1.200 y libras. Los frailesencontraron pretextos para evadir el pago. Forment les puso pleito (a. 1536): se estaba actuando todavía cuando murió el maestro (a. 1540), y sus herederos quisieron proseguirlo aún en 1570 (i). Mal se avienen los rigores de la Orden para la obediencia absoluta con la sublevación de los monjes de Poblet: parece que debían tener otros me¬ dios legales más respetuosos si la razón les asistía. Por otra parte, el rigor de la condena hace dudar de la justicia. Del estrecho rigor, vigilancia y obediencia al Convento hay noticias sueltas que indican graves roturas de la estrecha malla desde tiempos rela¬ tivamente antiguos en que hay documentación algo completa en su Ar¬ chivo. Una vez,años después de la condena del abad Caixal, se encon¬ pocos tró entre a una mujer haciendo vida comunal. El hecho lo re¬ los novicios fiere el propio cronista de Poblet, Finestres. Era en 1547- La doncella ha¬ bía recibido el hábito de manos de Pedro Boqués, abad del Monasterio, atribuyéndose el nombre de Juan Bartolomé de Vilarroja. Después de mu¬ chos meses, temiendo ser descubierta por sus connovicios, «por los señales propios del sexo, que ya no podía ocultar por más que se recatase de ellos,» se presentó al Abad para que la despachase secretamente, y así lo hizo, «por impedimento legítimo.» La nota antigua de Poblet escribe el caso para que sirva de aviso a los venideros y miren y examinen si los que pretenden el hábito «saben latinidad» (2). En la temporada subsiguiente inmediata a la prisión del abad Caixal, de setenta novicios admitidos al hábito salieron o se despidieron treinta: tal sucedió en el abadiato de Fernando de Lerín (a. 1531-1545) (3). Debía ser el abad Caixal hombre de grandes iniciativas y de entera confianza de la Orden. Elegido por el Convento (a. 1526), al siguiente lo nombraba el General de la Orden Visitador o Inspector de todos sus con¬ ventos de España y Comisario general, pudiendo convocar y presidir los Capítulos provinciales y establecer leyes de observancia y disciplina. El (1) Tramoyeras, El Retablo mayor de Poblet, en La Vanguardia, de Barcelona, de 12 de enero de 1911. (2) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 154. Ò) Id., id., tomo IV, pág. 125. DEL MONASTERIO DE POBLET 345 emperador Carlos V lo comisionó también personalmente para inspecciones semejantes. En el Convento también debió querer poner orden. Es muy sig¬ nificativo que desde los tiempos del abad Conill, uno de los Prelados más eximios que ha habido en Poblet, se hubiese indicado al Papa, y concedido éste (a. 1437), la necesidad de dividir en celdas el gran Dormitorio, fuese por causas de moralidad, o de quietud ordenada, o por lo que fuese, y que en cerca de un siglo no se hubiese podido realizar la tal reforma «más a pro¬ pósito... para la honestidad religiosa.» El abad Caixal lo hizo, y precisa¬ mente de este Dormitorio de jóvenes surgió la sublevación, insurrección o revolución que lo encarceló y lo hizo deponer del cargo y condenarlo a re¬ clusión perpetua, que se cumplió rigurosamente. En cinco años de su gobierno, aparte de la obra moral, hizo el abad Caixal las obras más útiles y espléndidas que Poblet hubiese visto. La nave de la iglesia debía tener las bóvedas al descubierto, como era costumbre pri¬ mitivamente: las lluvias entraban; él las hizo cubrir totalmente con tejados; construyó hornos, oficinas, conducciones y surtidores de aguas, joyas, reli¬ carios, y ropas de culto espléndidas, e hizo construir y esculpir en alabastro el gran retablo o altar mayor de la iglesia, la obra de arte más importante de todas las hechas en Poblet. Al mismo tiempo se encuentran de él com¬ pras y establecimientos de fincas. Tales trabajos y obras costaron, natural¬ mente, mucho dinero. Sea realmente que se considerasen estos gastos prodigalidades, o .que por parte del Abad hubiesen «deseos de aumentos propios y de sus parien¬ tes,» y demasiado rigor, o, al revés, relajación de la Observancia regular, intrigas, mezquindades y egoísmos de unos, o verdadera disipación de bie¬ nes del Monasterio por él, «u otros accidentes, que, cuando no los haya, puede levantarlos la emulación» (i), la momia de Fray Marginet, el ex ban¬ dolero y el ex apóstata, se indignó desde su sepulcro y llamaba desde el inte¬ rior de la tumba a manera de aviso, y dícese que lo oyeron y lo interpretaron un médico que corría por el Convento, Juan de la Peña, natural de As¬ turias, y unos frailes «de mucha virtud...» Por tanto, «algunos monjes jóve¬ nes, movidos del celo de la conservación de la Casa,» se sublevaron y «casi milagrosamente» aprehendieron a su Abad, lo metieron en la cárcel, y en contra del preso un jurado de otros abades subditos suyos, después de cinco (2) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. iii. 45 340 HISTORIA Y arquitectura meses {15 de noviembre de 1531), dictó sentencia y por «relajador de la Observancia regular y disipador de los bienes de el Monasterio, en pleno Capítulo fulminaron sentencia de privación de la Abadía, y de reclusión perpetua.» El Abad constructor del gran retablo de Poblet, el hombre de las energías organizadoras, dicen que aceptó con toda humildad, y ratificó el día siguiente, el fallo, haciendo acto de obediencia al nuevo Abad, ele¬ gido el mismo día, Fernando de Lerín, ante los Comisarios sentenciadores. A los parientes de Pedro de Caixal les debió parecer esto muy fuerte: recurrieron. El Rey y el Papa impusieron silencio perpetuo (enero de 1533); pero ellos, ayudados probablemente por gente mercenaria, un día de Navi¬ dad atacaron y asaltaron el Monasterio con graves daños. El abad Lerín re¬ cibió un fuerte susto y pidió al emperador Carlos V que tuviese prisionero a su ex superior en el castillo de Játiva hasta el fin de sus días, y allí murió años después, resignado y dicen que con «reconocimiento» (i). No había para menos. Después el abad Lerín, no se adivina si para conservar o para ocultar la obra magaña O de Pedro de Caixal, hizo' unas inmensas cortinas con su di- visa, un jarro con azucenas, para «guardar la preciosa pieza» del altar de Poblet. LAS CONSTRUCCIONES DEL ABAD LERÍN (1531-1545) Convento de Poblet, el 18 de junio de 1531, explican en El Prior y carta emperador Carlos V, la sublevación y sus motivos al Patrón Real, el contra el abad Caixal; dos frailes, Pedro Raurich, abad después de la Real de Mallorca, y Pedro Boqués, orador, que fué también abad, muchos años más tarde, de Poblet, van a la Corte a dar explicaciones. El General del Cister envía a Poblet los otros abades de la misma Orden, de Santas Creus, Fitero, Valldigna y Santa Fe, como jueces en causa, y en pleno Capítulo dieron la sentencia el 15 de noviembre del mismo año 1531, declarando con¬ victo al abad Caixal de relajador de la Observancia regular, y disipador de los bienes del Monasterio, condenándolo a privación de la Abadía y reclu¬ sión perpetua. Delitos concretos, especificados, no justifican las calificacio- (i) Finestres, obra citada, tomo III, pág. 119. DEL MONASTERIO DE POBLET 347 nés ni la dura sentencia. A la mañana siguiente, i6 de noviembre de 1531, en pleno Capitulo presidido por Fray Bernardino Tolrá, abad de Santes Creus, fué elegido Fernando de Lerin para abad trienal de Poblet. Comunicada la elección a Carlos V, que se encontraba en Ratisbona, su Consejo encontró extraña y perturbadora esta elección provisional o in¬ terina, fundada en unas Bulas pontificias caducadas o no empleadas hasta esta ocasión. Informaron los Reales Concejos de Aragón y Castilla que les parecía más nociva la temporalidad que la perpetuidad de los Abades, y que los abusos de éstos en gastar despóticamente las rentas del Convento po¬ dían impedirse con un Decreto pontificio que hiciese guardar las Constitu¬ ciones de la Orden y Estatutos del Monasterio, y prohibiéndoselos adminis¬ trar sin intervención y consejo de los ancianos. El Convento admitió entonces al abad Lerín como perpetuo, y despachadas las Bulas por el Papa, tomó posesión el 14 de enero de 1533. Antes de finir el año, el día de Navidad, asaltó el Monasterio una partida de bandoleros, probablemente acompañan¬ do a los parientes del abad Caixal, que querían libertarlo. La carta del Emperador en que un año después, el 12 de diciembre de 1534, asiente a recluir perpetuamente al ex abad Caixal en el castillo de Já- tiva, resulta también vaga, y misterioso que el Emperador se aviniese a po¬ ner un castillo real al servicio de una condena de una Orden religiosa. «Con Fray Miguel Torres havemos recivido una letra de 8 de octubre junto con otra de vuestro General, para que la persona de D. Pedro de Caixal esté en el Castillo de Játiva: lo qual, vistos los respectos que a ello os mueven a supli¬ cárnoslo, se ha proveído y escrito, como allá lo entenderéis de dicho vuestro mensagero; y assí en esto, que toca a la pacificación de essa Casa, como en lo demás que sea bien y reposo de ella, nos placerá haveros siempre por recomendados...» A Fernando de Lerín se le encuentra después ocupado en el Real ser¬ vicio en Navarra y otros lugares, y, afecto al Emperador, le concede el Con¬ vento una contribución de 600 escudos el año 1544 «para defender al Prin¬ cipado de las inquietudes que le ocasionaban algunos sediciosos y alborota¬ dores de la propia nación (i).» Es época la de Fernando de Lerín de visitas de obispos forasteros al Monasterio y de concesiones de numerosas indulgencias a sus altares. Nin- (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 123. 348 HISTORIA y ARQUITECTURA guna visita ni enterramiento reales. No hay noticia de que el emperador Carlos V, en todo su largo reinado y en sus continuos viajes, pasase una vez por Poblet. El abad Lerín sigue la costumbre de sus antecesores desde el siglo xiv de señalar con escudo propio especial las construcciones hechas en su tiem¬ po en el Monasterio. Es la señal del abad Lerín un símbolo religioso cono¬ cido por la Jarra de María, que se encuentra mucho en los monumentos de Castilla, y que fué emblema o empresa de la Orden de caballeros de la Jarra^ fundada por Fernando de Antequera y continuada por sus hijos los reyes Alfonso V y Juan II; es una jarra con dos asas, de la que sale un ramo de azucenas. A ambos lados de la Jarra de María, en el escudo de Fernando de Lerín, hay las iniciales PO. de Poblet, encimando el escudo el báculo abacial. Están marcados la señal de Fernando de Lerín: el con pórtico de la primera puertade ingreso al Monasterio, y al lado de ésta el abrevadero ex¬ terior con tres grandes caños de agua; y en el interior la puerta del antiguo Almacén de granos del Convento. Todas estas construcciones son de piedra labrada y relativamente sencillas, escasas de arte y de cierta grandiosidad. Sobre el arco de la puerta de entrada hay un nicho decorado, con una ima¬ gen de la Virgen María, Patrona del Monasterio. Queda el escudo de Fernando de Lerín en uno de los pilares de ángu¬ lo de los arcos diagonales existentes todavía hoy, el del sudeste, que fueron del Claustro alto o galería que corría todo alrededor, por encima del Claus¬ tro mayor románico-gótico de Poblet. Era una construcción baja, de peque¬ ños arcos escarzanos, montados sobre sencillos pilarcillos, de baquetones, encima de la baranda de piedra maciza aún subsistente: los pequeños capi¬ teles, en forma de piña, de follajes góticos del siglo xv. Dice Monfar que estos pilares se sacaron del Castillo-Palacio de los Condes de Urgel, derrui¬ do en Balaguer (i). Caída hoy toda la pequeña galería, quedan solamente los pilares de ángulo y sus arcos diagonales, y los pilarcillos y capitelitos esparcidos por las ruinas. En las paredes de alrededor: de la Iglesia, Noviciado, Palacio del Rey, Chocolatería, etc., se ven los modillones lisos de piedra que soste¬ nían el envigado y el tejado, con pendiente hacia el huerto central. Era (i) Monfar, Historia del Condado de Urgel. DEL MONASTERIO DE POBLET 349 una construcción poco sólida y de efecto general desgraciado. Una especie de paseador cubierto, inmediato a las celdas del Dormitorio de los jóvenes y de comunicación con la Chocolatería o construcciones altas del ángulo nor¬ oeste del Claustro del abad Copons, que tapaba las luces de la nave lateral de la iglesia, de las celdas del Dormitorio, interrumpía los calados de su puerta y tapaba con su tejado toda la vista desde el Claustro de las hermo¬ sas y serias construcciones que lo rodean, cortándolas de cualquier modo por la parte baja, desfigurándolas. Dice el P. Finestres que en su tiempo servían aún para tapar el reta¬ blo mayor de la iglesia en temporada de Cuaresma las grandes cortinas en que estaban pintadas las armas del abad Lerín, y en otro lugar, que rema¬ taba el altar mayor, pintado en la pared, un grande escudo de las Armas Reales de España, sostenido a ambos lados por las águilas imperiales, «sin duda para denotar haverse aquella magnífica y grande obra concluido en tiempo de el Rey Don Carlos Primero de España y Quinto entre los Em¬ peradores de Alemania (i).» Este escudo, que debía estar, en el nicho, de¬ bajo del arco triunfal, no se ve ahora; debía estar bien decorativamente y hasta como adulación al soberano terrenal.,., pero en lugar asaz impropio, arriba, dominando el altar. Murió el abad Fernando de Lerín el 24 de noviembre de 1545; su lau¬ da en la Sala Capitular lo representa yacente con cogulla y báculo, a un lado sus armas y alrededor la inscripción: Credo quad Redemptor meus vivit et in novissimo die de terra surrecturus sum et in carne mea videbo Dewn Salvatorem meum. 1545. FELIPE II Y EL ABAD PEDRO BOQUÉS EN POBLET (1546-1564) Dos abadiatos se siguen casi inútiles para las obras artísticas en Po¬ blet: uno, muy corto, de Gabriel Forés (a. 1545-1546); otro, largo y agita¬ do, pero de actividad relacionada con los privilegios de Poblet, las regalías de la Corona, y de organización de otros Monasterios del Cister, bajo las órdenes de Felipe II, en pugna a veces con los propios Generales de la Or- (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 125, y tomo I, pág. 276. 350 HISTORIA Y ARQUITECTURA den. El agente de esta obra real, imperialista, es el abad Pedro Boqués (a. 1546-1564). Dicen que el abad Boqués era valenciano, bajo de estatura, vivo de ingenio, atrevido, acérrimo de los privilegios de su Monasterio y afecto al Rey y a darlo a conocer. Se puso en pugna con Fernando de Aragón, arzo¬ bispo de Zaragoza, antiguo abad de Veruela, quien quería para su antiguo Monasterio y el abad sucesor suyo, Lope Marco, la Comisaría general de la Orden en los reinos de Aragón. Por sorpresa la obtuvo del General del Cister, venido a Zaragoza para el casamiento de la infanta María con el archiduque Maximiliano (a. 1548). Los abades y abadesas que el prín¬ cipe Felipe, lugarteniente de los reinos, quería reducir, se pusieron de parte del Arzobispo, pero toparon con los privilegios de Poblet; hicieron Prior de Las Franquezas, dependiente de nuestro Monasterio, a un monje forastero nombrado por el General del Cister. Sin duda el abad Boqués acudió al Príncipe, y éste, como Patrón de Poblet, se encaró con el General de la Orden, mandándole, en carta de 22 de septiembre de 1548, que revo¬ case el nombramiento y que se abstuviese de tratar fuera del Monasterio de Poblet nada de lo que a éste perteneciese, y que aun dentro del Convento no lo hiciese sin que asistiese en representación del Patronato Real un Juez designado por el Virrey de Cataluña. No quiso rebajarse el General en sus atribuciones, y regresó a Francia, dejando a Poblet en libertad de acción. Más tarde, Felipe II, ya rey, quiso reducir a obediencia y poner en orden los Monasterios de España, y desde Flandes acudió al entonces Ge¬ neral del Cister (a. 1558), pidiéndole que nombrase Comisario visitador de los Monasterios que le convenía que fuesen visitados a Fray Pedro Boqués, abad de Poblet. Obtenida y aceptada la comisión, el abad Boqués, con po¬ deres de la Infanta Gobernadora del reino Juana de Portugal, hermana del Rey, e instrucciones del Dr. Jerónimo May, comisionado real, cumplió va¬ lientemente el encargo, a pesar del arzobispo de Zaragoza Fernando de Aragón y de la nueva Comisaría concedida a éste por el mismo General del Cister. Los abades procesados por Fray Pedro Boqués se acogieron a la protección del Arzobispo, y éste, para detener al Abad de Poblet, le mandó comparecer ante su Tribunal y quiso ponerlo preso. No se presentó el Abad, ni le reconoció jurisdicción, pero se retiró a su Monasterio y desde allí ex¬ plicó al Rey los resultados y vicisitudes de su comisión. Reclamó Felipe II de la informalidad del General, y por fin, convocado el Capítulo provincial DEL MONASTERIO DE POBLET 351 de los monasterios de estos reinos, examinaron y aprobaron todos los pro¬ cesos formados por el abad Boqués y éste continuó durante todo su Aba¬ diato la Real comisión de visitar y reformar los Monasterios del Cister en España. Explica la Infanta Gobernadora, en su primera carta conocida al Abad de Poblet, los motivos morales que informan la corrección deseada por Fe¬ lipe II para el Cister español: «que se reformen algunos Prelados y Religio¬ sos de la mucha soltura y mal ejemplo que dan con su mala vida...» Dice que las instrucciones del Dr. May se dirigían solamente contra dos abades y una abadesa, pero la cuestión honda es la de la intervención real o la re¬ galía que Felipe II de hecho impone como Patrón de los monasterios de sus reinos de Aragón y Castilla. Si no en calidad, no decrecíacantidad el Monasterio en estos aba¬ en diatos. La decadencia se acentúa el número creciente de novicios que con acuden a Poblet. En el abadiato de Fernando de Lerín entraron setenta, en los pocos meses del de Gabriel Forés trece, y en el de Pedro Boqués seten¬ ta y nueve. En éstos se especifica en las listas del Convento la procedencia: predomina en un noventa por ciento el origen rural; de casas nobles, ningu¬ no; de caballeros, algún hijo natural, como Francisco de Oliver; de fuera de Cataluña, muchos valencianos, quizás un veinte por ciento: la invasión cas¬ tellana cesa; apenas uno o dos por ciento, y aun de localidad secundaria, de Cuenca, por ejemplo. Felipe II en sus viajes por Cataluña quiso honrar con su visita al Mo¬ nasterio que le era tan afecto. El austero monarca fué a hacer los ejercicios de la Semana Santa de 1564 en las soledades del claustro del Cister, entre los bosques de las montañas de Prades. Un monje anónimo de la época dejó escrito un relato. Salía el Rey de las Cortes de Barcelona hacia Valencia. En Tarrago¬ na dispuso que continuasen el viaje los Archiduques y su numeroso séqui¬ to, y él se encaminó a Poblet, adonde llegó el miércoles 29 de marzo por la tarde. Los monjes acudieron solemnemente a recibirlo: doce de los más an¬ cianos y venerables se adelantaron hasta la primera puerta exterior: el Rey entró a caballo: dos de los monjes tomaron las bridas; a pie, a cada lado, guiaron el caballo; los otros diez los acompañaron a ambos lados. Llegó la comitiva al bajador de la Capilla de San Jorge, delante de la segunda puer¬ ta, de la que se habían dorado de nuevo, expresamente, las planchas de me- 352 HISTORIA Y ARQUITECTURA tal que la cubrían. El Rey se apeó del caballo y se abrieron las áureas hojas de la puerta; detrás de ella, en el atrio, apareció, de gran ceremonia, el Con¬ vento en pleno: el Abad de pontifical, con socios, ministros y cantores con capas pluviales y cetros: el alto palio preparado, el atrio ricamente ador¬ nado... Felipe II entró, fué a arrodillarse en el reclinatorio de brocado allí dispuesto, y adoró el Lignum Crucis que le presentó el Abad: después se adelantó el palio, llevado por seis monjes: el Rey entre el Abad y los so¬ cios se colocaron bajo de él, y por la plaza de entrada se encaminaron a la Galilea de la iglesia mayor, entonando el coro el Te Deum laudanms: al son nutrido de los cantos y de los órganos, procesionalmente penetraron por la nave, subieron al presbiterio, hasta terminarse el sagrado himno. Después se arrodilló el Rey en otro reclinatorio de brocado: siguieron las oraciones, que recitó, y la bendición, que dió el Abad. Levantado el Rey, se sacó la mitra el Abad y se arrodilló en el suelo a sus pies; rogóle que permitiese que todo el Convento le besase la mano. Dicen que el Rey, con el sombrero sacado, miró al Abad y le escuchó aten¬ tamente. Sentado junto a los Sepulcros Reales, del lado del Evangelio, reci¬ bió el rogado homenaje, pero... dicen que los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, sentados en aquel mismo sitio, rodeados, en pie, del Infante y de las Infantas que fueron después soberanas de grandes pueblos, recibieron allí en sus días igual homenaje, teniendo para cada monje una palabra o una pre¬ gunta agradable... Felipe II los recibió de original manera: no quiso dar ni sacar las manos de debajo la capa; los monjes y novicios fueron todos a be¬ sarle la mano... por encima de la ropa. El Rey se hospedó en las Cámaras abaciales, aparejadas ricamente para tal ocasión. Ya allí tuvo de oponer un fundado reparo: había visto en la iglesia el altar mayor descubierto, esplendente, adornado con todas las reli¬ quias, los Sepulcros cubiertos con ricas ropas, para solemnizar la real recep¬ ción... El agradecía la buena voluntad del Convento, pero era Semana San¬ ta y ordenó que en seguida cubriesen el retablo, quitasen los adornos, como requería el tiempo de Pasión. Al obscurecer, volvió Felipe II a la Capilla Real, a las oraciones de Maitines y Laudes, y mandó distribuir a cada monje del Coro un cirio de los que había llevado consigo en la recámara, para que se viese mejor. El Jueves Santo por la mañana volvió, al Oficio, y acompañó a colocar en el Monumento el Santísimo, llevando personalmente una vara del palio. Ter- DEL MONASTERIO DE POBLET 353 minadas las Vísperas, con todo el Convento en comunidad, revestidos los ministros y la Cruz alta, el Rey pasó por los Claustros al Refectorio. El diᬠcono entonó el Evangelio Ante diem festuin Paschce, y llegado al punto Possuit vestimenta sua, Felipe II se sacó sombrero, capa y espada, se ciñó una toalla y lavó los pies a trece pobres y les dip de comer después, sirvién¬ dolos él personalmente: terminado el acto, hizo presente a cada uno de ellos de once reales, de paño morado para una capa y de tela para dos camisas. Al anochecer volvió a Maitines con igual distribución de cirios. El Viernes Santo hizo llevar a la iglesia una cruz propia, ricamente adornada, y con su Lignum Crucis, para la adoración en el presbiterio. El Rey fué el último en adorar, después de los monjes y demás eclesiásticos. También tomó parte en el acto de sacar el Santísimo del Monumento, y volvió a oración de Maitines y al reparto de cirios como en los días ante¬ riores. El Sábado de Gloria confesó y comulgó el Rey en la antiquísima Ca¬ pilla, bajo la bóveda maciza y lisa de piedra, de San Esteban, y de allí pasó a la iglesia mayor, haciendo llevar un gran cirio que tenía ya dispues¬ to para cirio pascual, y oyó todo el Oficio del Exultet, Misa y Vísperas. Después de comer dispúsose a partir del Monasterio: bajó a despedirse de la iglesia, y brevemente preguntó Felipe II... «qué Reyes eran los que estaban allí enterrados.» El tiempo y el día la contestación... El anciano monje eran cortos para no nos ha transmitido la contestación del Abad...; pero a la pregunta de su descendiente por línea materna debió estremecerse la gigantesca osamenta del Conquistador y debieron abrirse aún más las vacías cuencas de los ojos de los grandes políticos que fueron Alfonso II, Pedro IV, Martín^/ Huma¬ no, Juan II..., allí yacentes. El Convento y el Abad despidieron al Rey en la Galilea; el Abad le besó la mano y dícese que le recomendó aquella Santa Casa como Patrón que era de ella. El real servicio y las visitas de los otros monasterios tuvieron ocupadí- simo y no dejaron tiempo bastante al abad Pedro Boqués, en su largo go¬ bierno de diez y ocho años, para acabar obras notables en su Convento. Ade¬ lantó solamente una fábrica de la Cocina y otra del pozo de la primera plaza para tiempo de sequía, y quiso emprender la construcción de un suntuoso Colegio para los monjes de Poblet en la Granja de Riudabella: quedó de la 46 354 HISTORIA Y ARQUITECTURA tentativa larga, elevada, lisa pared de piedra labrada, con puertas y ven¬ una tanas... Nadie pudo o quiso proseguirlas. Del tiempo del abad Boqués se encontraron azulejos, blancos y azules, en Poblet, pero no con sus armas o señales, sino solamente con las de Po¬ blet: las barras reales cortadas por una faja blanca con una PO. y encima¬ das con el báculo abacial. El escudo del abad Boqués, que se veía pintado en algún techo del antiguo Palacio abacial, era una tarja con tres herra¬ duras. Sipudo el abad Boqués hacer grandes construcciones, procuró en¬ no riquecer el Monasterio con fincas y elementos decorativos: compró la colec¬ ción de tapices o trapos de Arras de la historia de Sansón, cortinajes de seda encarnada para la iglesia, cobertores de paño lujosos para las tumbas de los Duques de Segorbe y Cardona; mandó hacer una custodia de plata dorada, candeleros, jarros, etc. Desde los tiempos de los Reyes Católicos dejó de ser Poblet Panteón real y nacional; el último Príncipe real sepultado en el Monasterio fué el malogrado hijo de Fernando el Católico y Germana de Foix, el presunto heredero de los reinos de Aragón. Después de los Príncipes reales renun¬ ciaron a sus enterramientos en Poblet los magnates; extinguidas sus fami¬ lias o alejadas, disfrazados sus nombres de casa antigua y fuerte en el país con otros nombres huecos o forasteros, o ahogados por casamientos en los ufanosos de otras casas cortesanas. Sólo de tanto en tanto algún Prelado que se retira o enferma en el Monasterio, ordena su sepelio: tal sucede con el obispo de Nicópolis, auxiliar de Tarragona, el dominico Fray Francisco Roure, enterrado en el crucero, del lado de la Epístola, bajo lauda con su figura entallada y la siguiente inscripción: Hic jacet Reverendissimus Domi- nus Fr. Franciscus Roure Ordin. Prcedicatorum, Episcopus Nicopolitanus: qui se et sua Populeto dicavit. Obiit 24 mensis Maii anno 1558. No obstante la bella tradición de Panteón de la Casa Real, el abando¬ no de otros magnates hace que se pueda considerar Poblet como lugar de enterramientos vacante, que una rama secundaria de la Casa de Antequera se apropia, convirtiéndose el antiguo y grande Monasterio de los Reyes de Aragón en Panteón familiar de la Casa de los Duques de Segorbe y Car¬ dona. Venían estos Duques de Segorbe del tercer hijo, Enrique, del rey Fer¬ nando I, llamado de Antequera. El segundo Duque de Segorbe, de nombre también Enrique y de apodo «el Infante Fortuna,» dispuso la sepultura de DEL MONASTERIO DE POBLET 355 SU Guiomar de Portugal (a. 1516) y la suya propia en Poblet (a. 1522), esposa y de aquí siguieron las de sus descendientes. Y como su hijo Alfonso se casó con Juana, la mayorazga de los Duques de Cardona, y la hija de éstos con un Fernández de Córdoba, vinieron a reunirse en esta familia los nombres de las Casas de Aragón, de Sicilia, de Cardona y de Fernández de Córdo¬ ba, y los títulos de los Ducados, Marquesados y Condados correspondientes de Segorbe, de Prades, de Ampurias, de Cardona, de Pallars, de Vilamur, de Entenza, etc. Correspondieron al abadiato de Fray Pedro Boqués algunas sepulturas de estafamilia, cuyos cuerpos quedaban depositados generalmente debajo de los arcosreales, sin los revestimientos decorativos de alabastro, que no se pusieron hasta 1662. Fueron estas sepulturas las de Alfonso de Aragón y Cardona (a. 1550), Guiomar de Aragón y una hija suya, Marina Alvarez de Toledo y Aragón (a. 1557), Alfonso de Aragón y Sicilia (a. 1562), y Juana Folch de Cardona, esposa del anterior (a. 1564). Después de dieciocho años de abadiato murió Fray Pedro Boqués el 26 de octubre de 1564. Su lauda en la Sala Capitular lo representa en en¬ talladura de piedra, y alrededor lleva la inscripción: Hic jacet Dominus Pra¬ ter Petrus Boqués, qui ¿qq. fuit Abbas Populeti, et regnavit 18 annis. Obiit 7 Cal. Novemb. Anno isóq. CONSTRUCCIONES DE LOS ABADES GUIMERÀ (1564-1583) Y OLIVER (1583-1598) Después de nuevos trámites y discusiones para establecer el régimen de abades temporeros trienales, valiéndose de la Bula de Alejandro VI, la opo¬ sición formal de los monjes del Priorato de San Vicente de Valencia, que formaban parte del Convento de Poblet, obligó a la elección de Abad per¬ petuo, 5 de noviembre de 1564. Uno de los escasísimos monjes de familia de caballeros del país, Juan de Guimerà, hijo del carlán del próximo fuerte de Belltall, hermano de otro militar en activo servicio y pariente de los Se¬ ñores de Ciutadilla de aquel tiempo, fué el elegido. Era hombre de letras, había tomado en la Universidad de Barcelona (a. 1565) el doctorado en Teología y mostró durante su gobierno afición decidida a las artes y a las empresas de obras públicas. La Orden y el rey Felipe II le confiaron la 356 HISTORIA Y ARQUITECTURA inspección o visita de los Monasterios del Cister en el reino de Aragón y, en ocasiones, de algunos de Navarra. Felipe II quiso encargarle la ejecución de un pensamiento de obra pú¬ blica importante, el Canal de Urgel, que no se ha realizado hasta tres siglos después. Se conserva la carta; «Al Venerable Religioso y amado Limosnero Mayor nuestro el Abad de Poblet. El Rey. Venerable y devoto Religioso. Al Prior Don Hernando de Toledo, nuestro Lugarteniente general, have- mos ordenado que de camino os diga lo que de él entenderéis acerca la Ace¬ quia de agua que se trata de sacar de el río de Segre, para regar el Campo de Urgel: Encargamos y rogamos que saliéndose a hablar, donde os orde¬ nare, y dándole entera fe y creencia en todo lo que acerca de ello os dijere, hagáis por vuestra parte la demostración que de Vos se espera: para que cosa que ha de ser en tan evidente y notable beneficio público de este Prin¬ cipado, y particular vuestro, no deje de ponerse por obra, que en ello nos haréis muy acepto placer y servicio. Dat. en Aranjuez a 15 de Mayo de 1577. — Vo el Rey. — Gassol, Secret.» El Abad y el Lugarteniente general conferenciaron en Bellpuig y con¬ vinieron el plan de ejecución. Los interesados en la acequia contribuyeron con lo necesario: Poblet aportarla una fuerte suma y haría que interviniesen sus vasallos de la localidad. Pareció bien el plan al Rey y confió la dirección al Abad, expidiéndole los reales despachos correspondientes. Éstos llegaron a Barcelona y de aquí no pasaron: el Abad no los recibió y el proyecto quedó sepultado. Cuando Felipe II quiso ir a las Cortes de Monzón (a. 1578), también confió al Abad de Poblet el abastecimiento del numeroso personal que de¬ bía reunirse para sacarlo del campo de Urgel, en donde el Monasterio tenía grandes propiedades. Relatan los manuscritos de la Casa visitas de personajes notables a Poblet: entre ellas, dos atraen la atención: la del cardenal Cervantes (año 1573) y la del quinto Duque de Segorbe y Cardona D. Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Comares y Alcalde de los Donceles, esposo de Juana Folch de Aragón y Cardona (a. 1575). La ceremonia de recepción y los funerales celebrados en Poblet por el último son muy parecidos a la re¬ cepción y función religiosa hecha a Felipe II en el Monasterio (a. 1564), al cual le valió la visita la entrega de los legados hechos por el Infante For- DEL MONASTERIO DE POBLET 357 tuna, segundo Duque de Segorbe, al Monasterio. El año siguiente (1576) los recibió y debían ser regios: un temo de brocado carmesí; la casulla y las dos dalmáticas con escudos reales, capa pluvial y un paño para el facis¬ tol del diácono; dos retablos de plata, el uno con la imagen del Salvador rodeada de serafines, y otro de la Virgen con Jesús en los brazos; dos imᬠgenes de plata dorada de San Juan Bautista y San Andrés, a las que ha¬ bían precedido otras dos semejantes de San Pedro y San Pablo. Después, en 1580, envió todavía un Ligmim Crucis engarzado en oro y un riquísimo frontal de seda y oro. Como el Infante Fortuna murió en época de gusto artístico depurado, debían ser verdaderas preciosidades. El abad Guimerà, por su parte, contribuyó al aumento del Tesoro y tapices de Poblet: hace constar su cronista del siglo xviii que, marcados con su escudo — dos fajas de gules (rojo) en campo de oro — había en Po¬ blet: cuatro cálices de plata dorada, muy bellos; una Cruz para apoyar la Sa¬ cra; dos candeleros de plata para los acólitos; unos ornamentos de brocado blanco y otros más sencillos para los sábados en que se celebraba a la Vir¬ gen María; reposteros para tapizar, y muchas otras alhajas para el servicio del Convento. Juan de Guimerà fué unode los abades constructores, o mejor dicho, decoradores de Poblet, parte poriniciativa propia y parte por graves cir¬ cunstancias fortuitas que le obligaron. No dejó de hacer obras de utilidad material: la renovación de la muralla exterior, una distribución general de aguas a todas las oficinas del Convento, el pozo grande, los abrevaderos de la primera plaza, la restauración del castillo de Verdú y de las granjas de Riudabella y Milmanda... Al abad Guimerà se debió sin duda una gran sala de arcos destinada probablemente a Bodega, que subsistía aún en ruinas cuando la primera excursión de la Escuela de Arquitectura a Poblet (año 1884): ahora sólo restan unos trozos de pared de mampostería y alguna pie¬ za de piedra dispersa; un montante de puerta con escudo de Guimerà y al¬ gún capitel de pilar ochavado con sencilla decoración de racimos y pámpa¬ nos. Se entraba en la nave desde la avenida de la Puerta Real por un pór¬ tico, y atravesando después la calle lateral, venía enfrente la puerta lateral de aquella nave. Estaba la Sala orientada de levante a poniente, y sobre una hilera de pilares ochavados centrales tenía cuatro órdenes de dobles arcos formando cinco tramos: las medidas totales eran de unos 9 metros y fracción por lo'so metros. Pero la obra decorativa es más importante: apar- 358 HISTORIA y ARQUITECTURA te de la Cruz depiedra delante de la Porteria, y la decoración de la Puerta con clavos y planchas de bronce con sus armas, se vió obligado a obra mu¬ cho mayor: restaurar completamente toda la iglesia. Una noche de noviembre de 1575, refiere un cronista del Monasterio, se habían retirado los monjes al Dormitorio. Rumores desconocidos, sones y ruidos extraños, como salidos del grande órgano de la iglesia, llegaron hasta el Dormitorio, despertaron a los monjes: uno a uno, admirados, alar¬ mados, se levantaron, acudieron a escuchar, a mirar por la puerta alta de la escalera del crucero... Las siluetas doradas de los Sepulcros Reales vagaban en una nube rojiza; la nave de la iglesia, llena, negra de humo espeso y de rojas llamas, se les apareció; el órgano ardía, toda la andana de las sillas del Coro llamada del Prior o de la Epístola estaba encendida...: dieron por per¬ didas la iglesia, las Tumbas Reales... El pánico fué inmenso, el esfuerzo contra el fuego también, y quedó dominado, después de destruida toda la andana de cincuenta sillas del Prior y el órgano... La iglesia, el altar mayor, las Sepulturas Reales..., la argentería del altar, todo negro uniforme, desco¬ nocido... El culto quedó interrumpido en la iglesia; lo trasladaron al Aula Capitular. El Abad estaba ausente; fué preciso ir en su busca: en las casas de Barbens lo encontró el monje enviado...; por su azoramiento el Abad adivi¬ nó un desastre: con horror creyó quemadas las Tumbas Reales. La fatalidad reservaba estos horrores a las generaciones venideras que voluntariamente lo provocaron. El fuego fué detenido, llegó cerca de las Tumbas Reales, dejando antes sin quemar dos sillas de una hilera y tres de la otra. Juan de Guimerà acudió a reparar la desgracia. Hizo extender acta ofi¬ cial de que las sepulturas y los cuerpos reales estaban íntegros, y la remitió al Rey; en seguida hizo limpiar, restaurar el retablo mayor, los sepulcros, y repicar toda la iglesia, especialmente la nave central, negra y requemada. Con este motivo es probable que se abriesen las grandes ventanas de las capillas absidales, antiguamente iluminadas por ventanas aspilleradas a la manera románica, de las que quedan algunas cerca de los ángulos entrantes exteriores: no lo dicen los cronistas de Poblet, pero mandó hacer las vidrie¬ ras de estas ventanas. A los pocos días del incendio acudieron a Poblet dos artistas: uno, res¬ taurador; el otro el maestro Ramírez, escultor tallista. El Abad los contrató a ambos: al primero le hizo restaurar el altar, tumbas reales y piezas de ar- DEL MONASTERIO DE POBLET 359 gentería; al segundo le encargó hacer de nuevo y esculpir el lado de sillas destruidas, pero en lugar de hacerlas lisas como antes, e iguales a las del otro lado, las contrató esculpidas en bajo relieve, con columnillas al lado de cada respaldo, por el precio de diez libras barcelonesas cada silla (i). El otro lado quedó liso como antes hasta ciento cincuenta años después, cuando el abad Sayol, en su tercer cuadrienio de gobierno (a. 1732-1736), hizo cambiar los respaldos, poniéndoles, como en el otro lado, relieves de imágenes de Santos, columnas y doseletes. El P. Finestres nos ha dejado una detallada descripción de este Coro y del órgano que lo dominaba: «En medio de la iglesia está el Coro, que con¬ tiene cien sillas hermosamente labradas, en cuyo arrimadero se ven de medio relieve las figuras de Cristo, de la Virgen María, de los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, Fundadores de las Religiones, y Vírgenes insignes, cada ima¬ gen entre dos columnas con sus bassis, cornijas, y capiteles, y sobrecielo de primorosas labores, todas uniformes en ambos lados. La puerta de el Coro, que mira a poniente, está labrada de piedra muy fuerte con primorosos re¬ mates, y en lo claro, sobre la puerta, están esculpidas en medio las Armas Reales de Aragón, y laterales las divisas de el Abad Don Francisco Oliver, que gobernava por los años de 1584. Sobre la nave de la parte de la Epís¬ tola, de pilastra a pilastra, está el órgano, obra de mucha escultura, de for¬ ma mayor, y de gran lleno, que por la divisa de el referido Abad denota haverse ya construido por aquel tiempo: y como hoy día tiene añadidos mu¬ chos registros modernos, es sin exageración uno de los mejores de Catalu¬ ña. Lo hermoso de la fábrica de la iglesia campea con singularidad desde el Coro hasta el Altar mayor, en cuyo distrito se mira el pavimento enladrilla¬ do de blancos alabastros y jaspes negros de palmo en quadro... A los dos lados los Panteones de los Duques de Segorbe y Cardona, y encima los Se¬ pulcros Reales... que son el más vistoso adorno de la Iglesia (2).» El único altar que queda ahora en Poblet, además del mayor, es el construido en la Galilea, lado de la Epístola, por el abad Guimerà, dedi¬ cado al Santo Sepulcro. Es una arcada toda de mármol blanco fileteado de o ro, la bóveda encasetonada, con su bien proporcionado y decorado entabla- mento, sostenido por dos columnas exentas, y coronado por un frontón cor- t ado y en medio de él el escudo de armas de Guimerà cuartelado con el de (1) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 180. (2) Id., id., tomo IV, pág. 274. 360 HISTORIA Y ARQUITECTURA Poblet. En los basamentos de las columnas se ve esculpido el mismo es¬ cudo. En el fondo del nicho que forma la arcada, también de mármol, esta¬ ba esculpido el Santo Sepulcro con el Señor yacente, y las figuras de las Santas Marías..., hoy rotas. Enfrente del altar, a sus pies, está la sepultura de su fundador. El abad Guimerà está representado en la lauda de mármol con sus armas y la inscripción: Hic jacet D. Fr. Joannes à Guimerano Abbas Populeti, qui obiit pridie Non. Jamiar. auno 1^83. Juan de Guimerà se preparó digno sucesor en la Abadía de Poblet. Había en el Monasterio un monje hijo natural del vizconde Luis de Oliver, ep quien, por su conducta en sus doce años de permanencia en el Convento, se tenían fundadas esperanzas. La condición de ilegitimidad de nacimiento le impedía obtener dignidades eclesiásticas. El que fué después Francisco de Oliver acudió al Papa pidiendo dispensa del defecto de legitimidad; fué conferida la causa al cardenal Carlos Borromeo, después canonizado como santo, y éste la sometió a Juan de Guimerà, abad de Poblet. La informa¬ ción fué favorable: Gisberto de Guimerà, Señor de Ciutadilla, y Hugo de Guimerà declararon (a. 1568 y 1569) que habían conocido a Luis de Oliver, vizconde de Castellbò, en estado de soltería, amancebado con una mujer, de cuya unión nació el que después fué monje de Poblet, conocido también de ellos en estado seglar. El abad Guimerà pronunció sentencia declarando a Francisco de Oliver y Boteller, monje de Poblet, habilitado para cualquiera dignidad que fuese, excepto la suprema de abad de Citeaux, General de la Orden. Poco después Felipe H lo presentaba para la Abadía de Escarpe (a. 1574), y al morir el abad de Poblet, Juan de Guimerà, fué elegido para sucederle Francisco de Oliver, entonces ya Doctor en Sagrada Teología por la Universidad de Lérida y abad de Escarpe, 14 de enero de 1583. Hombre enérgico y organizador, el Capítulo general del Cister (a. 1584) le concedió decreto para eregir en el Priorato de San Vicente, de Valencia, dependiente de Poblet, un Colegio costeado por los Conventos de la Corona de Aragón, con iguales Regla y Constituciones que el de San Bernardo, de París, y para construir en Poblet un Dormitorio especial para monjes jóve¬ nes (no sacerdotes), separado de los que tuviesen este orden sacerdotal, en donde fuesen gobernados e instruidos por un maestro anciano ejemplar. Poco después de la elección de Francisco de Oliver volvía Felipe H a Poblet (a. 1585). Era con ocasión de las Cortes de Aragón y Cataluña y del Altar del Santo Sepulcro en la Galilea DEL MONASTERIO DE POBLET 361 casamiento de la Infanta Catalina, hija del Rey, con Carlos Manuel, Duque de Saboya. Venían juntos el Rey y los Príncipes desde Zaragoza a Barce¬ lona y resolvieron detenerse en Poblet, escribiendo al efecto el Rey y en¬ viando a su criado Pedro del Yermo y a su aposentador el Conde de Chin¬ chón, caballero de la orden de Santiago, adscripta al Cister, para que el Abad hiciese arreglar los caminos para los carruajes y carros del servicio real y acomodase los aposentos según las órdenes de los enviados. También escribió el Conde de Chinchón indicando el itinerario para que el Abad cui¬ dase de que se pudiera pasar en carruaje desde Arbeca, para ir a comer a Terrés, volver al camino del Monasterio, y después, saliendo de éste, para ir a Santa Coloma por Sarreal y Rocafort de Queralt. El 13 de abril de 1585 entraba F"elipe II en Poblet, acompañado esta vez por sus hijos el Príncipe y las dos Infantas y su yerno, el Duque de Saboya. Iban al Mo¬ nasterio a celebrar la Semana Santa, como lo había efectuado Felipe II, casi solo, veintiún años antes. El retiro del Monasterio y la solemnidad de las ce¬ remonias religiosas le atraían de nuevo. El recibimiento fué parecido o igual: procesionalmente, al son del órgano y a los cantos del Tedeum, fueron acom¬ pañados el Rey y los Príncipes al altar mayor, adoraron la Veracruz e hicieron sus oraciones. Después suplicaron los monjes besamanos: tampoco accedió a ello el Rey: tuvieron que contentarse con ir de uno en uno al presbiterio, sa¬ ludarlo y besarle la ropa. El Jueves Santo hicieron el Rey y los Príncipes la ceremonia del Man¬ dato: dieron de comer y lavaron los pies a los pobres, en el Refectorio ma¬ yor Felipe II y el Duque de Saboya, y en el claustro de San Esteban las Infantas. Cuadraban perfectamente para fondo déla escena la grande, seve¬ ra, lisa nave pétrea del Refectorio; a la austeridad del acto y del poderoso monarca, las mesas alrededor, el surtidor de agua en medio; ante él el Rey y el Duque, poniendo el Príncipe real el agua en el barreño para lavar los pies a los pobres... Dícese que, enredándose con la toalla, el Real Infante cayó al suelo. La comida de los pobres imponderable..., inagotable..., treinta y un servicios: seis de frutas, quince de pescado, diez de postres... El Jueves, Viernes Santos y Pascua, solemnísimos cultos en la iglesia. Monumento, adoración de la Cruz, procesión de ramos..., con sermones por los mejores oradores de la Casa: el Padre Abad el Jueves, Fray Tarrós (después también abad) el Viernes, Fray F"errer el día de Pascua. Dícese que este domingo dió el Abad una gran cena a las Infantas en el huerto del 47 362 HISTORIA Y ARQUITECTURA Prior. En él se sirvieron platos, principalmente de dulces y volate¬ sesenta ría. El segundo día de Pascua salió de Poblet la Real Comitiva: iban treinta y un caballos de tiro para el Rey y el Príncipe; cuarenta y cuatro jacas para > las Infantas, setenta caballos de armas y tres sillas «de oro picado.» Era el abad Oliver hombre entendido de gobierno y de política. Como tal lo consideraba el Rey en asuntos delicados. Cuando se presentaron las discordias en el Monasterio de Montserrat y efectuó la visita como juez el Obispo de Vich, en nombre del Papa, se dirige el Rey desde San Lorenzo el Real al Abad de Poblet confiándole a los «Religiosos naturales de estos reinos,» que fuesen sacados en penitencia de aquel Monasterio, recomen¬ dándole que los reciba y trate caritativamente conforme a la Orden. Más tarde le consulta la licencia que pide el General del Cister por mediación del Nuncio para visitar o inspeccionar los Monasterios de su Orden en los reinos de España. El Rey desearía saber si de la licencia «resultarían algu¬ nos inconvenientes, y de la consideración y consecuencia que serían,» qué antecedentes tenían estas visitas, resultados que habían de seguirse de ellas y si convendría excusar la venida del General. La respuesta del Abad es mesurada, ponderada, elevada de miras. Las Congregaciones de los reinos de Castilla escapan a esta inspección, se han hecho en cierto modo indepen- dientes o autónomas respecto al General de la Orden; los monasterios de los reinos de Aragón y Navarra dependen, han de depender de él todavía: es de alta conveniencia, en los tiempos de Reforma y herejías que invaden el mundo, que los directores de la Religión reúnan los Capítulos generales para estatuir y convenir guía segura de conducta y reforzar la autoridad de los abades conservándoles la perpetuidad de gobierno: «porque, como son perpetuos, no están sujetos a la pusilanimidad y temores de los trienales, y con haver justicia y paz no puede dejar de servirse a Dios: mas, con todo, en ningún tiempo ha convenido la venida de el General tanto como en este que estamos, porque haviendo las herejías removido toda cosa de su pro¬ pio fundamento y perturbado el orden de proceder, con que las Religio¬ nes se han conservado y conseqüentemente la comunicación que se hacia en los Capítulos generales, tan necesaria, conviene sumamente tratar de la con¬ tinuación de dichos Capítulos y de el lugar donde se celebren, y si será bien trasladar el assiento de el General a otro lugar, para poder con la libertad an- tigua, sin el rezelo e impedimento que las guerras causan, tratar de las cosas ordinarias de el govierno, y sobre todo de la conservación de la unión de 1 DEL MONASTERIO DE POBLET 363 toda la Religión,como más principal artículo y escudo para resistir a la di¬ visión que causa la herejía.» Continúa el informe ponderando la personali- » dad y experiencia del General y la seguridad que a las deliberaciones con él daría el tenerlas en los reinos del Rey por ser católicas decididas las per¬ sonas concurrentes, el medio y la vigilancia oficial para la conservación de la fe; recuerda finalmente que el Monasterio principal y cabeza del Cister era fundación y panteón de la Casa de Borgoña, a la cual el Rey pertenecía, y las destrucciones que había resistido en defensa de la fe, y enaltece los servicios hechos a la Religión por la célebre Orden. El informe está fechado- en Madrid el 7 de octubre de 1594. No era la primera vez, ni había de ser la última, que el Abad de Po¬ blet acudiese a Madrid para negocios de Estado: en el mes de julio de 1587 le había tocado en suerte a Francisco de Oliver el cargo de Diputado ecle¬ siástico en la Generalidad de Cataluña. Dice que las Juntas dieciochenas usurpaban el gobierno del Principado, dejando a los diputados sin la auto¬ ridad precisa para el ejercicio de su cargo. El Abad de Poblet no pasó por ello: interpuso pareceres de letrados, recursos al Virrey y Real Audiencia, y no logrando nada, acudió personalmente al Rey a Madrid en mayo de ^ 1588. Felipe II prometió remediarlo, y el Abad manifestó al poderoso so¬ berano que no volvería a ejercer el cargo de Diputado hasta que la autori¬ dad real hubiese cortado aquellos abusos. Y así lo hizo, retirándose al Mo¬ nasterio hasta que el decreto de 7 de febrero de 1589 vino a poner nuevo orden en los asuntos de la Generalidad. Por segunda le tocó al Abad de Poblet el oficio de diputado ecle¬ vez siástico de Cataluña (a. 1596). Desplegó entonces grandes energías en di¬ versos asuntos: el de las invasiones de cargos o dignidades por forasteros, en la defensa de Cataluña por la entrada del ejército francés por el Rosellón (a. 1598), y el de la construcción de la parte o nuevo Palacio de la Genera¬ lidad en Barcelona. Es muy discutible si esta obra de Pedro Blay vino a desfigurar la antigua Casa del General, muestra de bella composición y de buen gusto, y si era conveniente para la ciudad la invasión enorme que hizo sobre la antigua plaza o cementerio de San Jaime. Fuera de esto, es el plan a la moda clásica de su época, aparatoso y frío al interior, de disposición en ^ un gran vestíbulo abajo, y arriba una gran sala, de uso indefinido los dos, casi de pasos perdidos; y de ordenación correcta y ponderada por fuera: nada más. La construcción encontró en la ciudad opositores decididos. El macizo 364 HISTORIA Y ARQUITECTURA 2Ócalo dfcese que fué denunciado al rey Felipe II como obra que podía ser¬ vir de fortaleza en tumultos y sublevaciones. El Rey pidió explicaciones al Consistorio, el Abad puso por delante el testimonio de su fidelidad, escribió al soberano y le representó la Diputación enviando en comisión al doctor Sentís, canónigo de Lérida, y al arquitecto de la obra, que llevó los planos y dió explicaciones al Rey. Por fin dió éste el Real beneplácito y la obra fué terminada como persiste actualmente. Aumentó también el Abad el tesoro y tapicerías del Monasterio. En tiempos del P. Finestres quedaban: cuatro grandes fuentes y otras piezas de plata, un repostero grande de terciopelo carmesí bordado en sedas y oro, con una gran inicial O, y otros reposteros de grana y paños de colores con sus armas y el báculo abacial. Murió Fray Francisco de Oliver y de Boteller en Barcelona ejerciendo ■el oficio de diputado eclesiástico, el 17 de mayo de 1598. Su cadáver fué lle¬ vado a Poblet y sepultado en la Sala Capitular, debajo de una lauda subsis¬ tente en la actualidad, con una figura yacente entallada en la piedra, su es¬ cudo y la inscripción: Hic jacet D. Fr. Franciscas Oliver à Boteller, 46 Abbas Populeti. Obiit Barchinone DepiUatus Catalonice 16 Kal. Junii anno iSgS. Requiescat in pace. Amen. El abad Francisco de Oliver y de Boteller dejó en Poblet muchas obras: en la iglesia, el trascoro, todo de piedra labrada, con cornisas y molduras clᬠsicas; el grande órgano, hoy destruido, y otras obras menores en las que campea su escudo: dos olivos y dos zapatos. La obra capital del abad Oli¬ ver en Poblet es el Palacio Abacial, que dejó sin terminar. El corto abadiato de Fray Juan Tarrós (a. 1598-1602) no se distingue por ninguna obra notable en el Monasterio, más bien por obras pobres y des¬ graciadas. De él eran la cornisa de la capilla de San Jorge y el ático de obra intentado en el Palacio no terminado del rey Martín, con muy buen acierto derribado modernamente. Envejecido en su cargo, orador y teólogo, el abad Tarrós fué Vicario general de la Orden en Aragón y Navarra. Dejó hechos en el Tesoro los cetros de plata de los cantores, y de indumentaria unos or¬ namentos de damasco blanco y tres paños grandes de grana con escudos para cubrir las cajas de los Duques de Segorbe en días solemnes. Fué sepultado el abad Tarrós en la Sala Capitular, debajo de lauda subsistente hoy día, con figura abacial entallada en la piedra, con su escudo (tres terrones y un pájaro) y sin inscripción. i I ,■ Procesión de Semana Santa presidida por Felipe II y el abad Oliver. ; Tabla de Poblet. Museo Provincial de Tarragona î, b i I Î ! EL GOBIERNO Y LAS OBRAS DE LA DECADENCIA ARTÍSTICA EN POBLET CONSTRUCCIONES DE LOS DUQUES DE SEGORBE Y CAR¬ DONA LUIS Y PEDRO ANTONIO DE ARAGÓN (1660-1690) s tarea ingrata la de historiar las postrimerías, sin arte ni glo¬ ria, de instituciones delanteras de esplendentes civilizaciones pasadas. Pero pueden sacarse de ella tristes experiencias, lec¬ ciones y escarmientos útiles para el porvenir de los pueblos. Fuente de enseñanza es admirar cómo las instituciones nacen, crecen, alcanzan gloriosa y fecunda vida para la Humanidad y para la Patria, y lo es también ver y llorar cómo se pierden por desidias, vicios, delitos y egoísmos de los naturales mantenedores de ellas. Sin esta consideración, con¬ vendría cortar aquí la historia artística del gran Monasterio del Cister. Po¬ blet ha muerto para el Arte con las modestas tentativas de los abades Cai- xal, Guimerà y Oliver para llevarlo a vivir en las regiones espléndidas del Renacimiento. Todo lo hecho después, y que queda ahora, no vale la pena como arte: obras muertas de pobres, mezquinos artesanos, o de humildes artistas locales imitadores de las escuelas fastuosas, afinadas o grandiosas de grandes señores y cortes reales, escuelas que no dominan ni entienden en el espíritu y técnica artísticos que las anima, ni tienen medios para aplicarlas. Pasaremos por ellas penosa y ligeramente, y cederemos a menudo la pala- 366 HISTORIA Y ARQUITECTURA bra, para describirlas, a los que creían en las magnificencias de Poblet de los siglos xvii y xvm. La reforma de los monasterios del Cister en la Corona de Aragón a principios del siglo xvii, constituyéndolos en Congregación, vino a herir de muerte el predominio de Poblet y se realizó también entre graves perturba¬ ciones. El abad de esta época, Simón Trilla (a. 1602-1623), gobernó en con¬ tinua tribulación: revueltas y conspiraciones contra la autoridad de Poblet so¬ bre sus filiales y otros monasterios, y sediciones dentro mismo de su casa. La substitución de los abades perpetuos por abades cuadrienales acabó de restar autoridad a las personalidades del Monasterio y al Monasterio mis¬ mo, ayudando a los movimientos anarquizantes interiores de la Comunidad. El abad Trilla combatió enérgicamente estas innovaciones. Los envi¬ diosos de Poblet y de las atribuciones de su abad, so capa de celo religioso, acusaron al Monasterio de relajación porque no tenía ningún derecho a ins¬ peccionarlo, o visitarlo, según decían entonces. Concedió la visita el Nuncio del Papa, se opuso Poblet, y por fin la autorizó el Rey, sin ningún resultado depresivo para el Convento. Protestó también Poblet del establecimiento de la Congregación y se apartó de ella, pero fué desposeído de su autori¬ dad, y el Congreso de Zaragoza, haciendo caso omiso de su oposición, y el Capítulo general del Cister, aprobaron las nuevas ordenaciones. Una parte de monjes del Convento se desmandó, escribió, envió me¬ moriales en contra del régimen y del Abad, hizo causa común con los sedi¬ ciosos de otros Monasterios. El abad Trilla reprimió el movimiento: prohi¬ bió a sus monjes las correspondencias clandestinas bajo pena de excomu¬ nión mayor y seis meses de cárcel; hizo perseguir al fraile Marco Antonio Guimerà, que se había escapado de la cárcel del Convento; depuso de sus cargos a otros; desterró a unos de unos conventos a otros; pero no pudo evi¬ tar el derramamiento de sangre en estas luchas intestinas (i). El régimen de los abades perpetuos de Poblet y su hegemonía sobre la orden del Cis¬ ter en Cataluña, y a veces en España, acabó en medio del escándalo a la muerte del abad Trilla. La lauda de su tumba tiene una inscripción algo pe¬ dantesca, que lo compara, probablemente por estas luchas, al Héctor de la guerra de Troya, y dice que creció como espiga, jugando con el nombre Trilla y con el escudo o divisa del abad: una gavilla de trigo bajo de un sol (i) Finestres, obra citada, tomo IV, pág. 246. DEL MONASTERIO DE POBLET 367 radiante: Reconditur hic noster Simon Populeus Hector cognomme Trilla. Crevit arista sicut: Obiit anno 162J. La entrada en Poblet del sistema de Congregaciones, imponiendo ter¬ nas de abades desde fuera del Convento por las autoridades superiores, y la elección dentro de aquéllas de abades cuadrienales, no se hace sin luchas, ni mucho menos de acuerdo procedimientos y en el juicio de los resulta¬ en dos. Los escritores domésticos partidarios del nuevo sistema imperialista y mudable encuentran que se cortaron desórdenes económicos e inveterados vicios despóticos; los otros, con el P. Finestres, creen que la falta de crite¬ rios permanentes en la dirección del Monasterio, y la variabilidad y necesi¬ dades de acomodarse a las exigencias de los más numerosos y vulgares, que daban los votos, y de los más altos, que hacían el encasillado de las ternas, empequeñeció, redujo, mató las iniciativas grandiosas, permanentes, y la amplia acción de la institución, fuerte antiguamente por su unidad, indepen¬ dencia y perpetuidad de gobiernos. La trajesen los tiempos o la organiza¬ ción interior, o ambas cosas a la vez, la decadencia social es positiva, la desaparición pudo preverse con un siglo de antelación por lo menos. Las estratagemas, violencias, burdas imposiciones, coacciones y falsifi¬ caciones de los sufragios populares debieron entrar muy pronto en Poblet. En las elecciones de 1700, por ejemplo, los frailes partidarios de la conti¬ nuación en el poder del abad Rosers dícese que se opusieron por fuerza a la entrada en el Monasterio del Comisario de la Congregación; sin él, que debía presidirla, no podía haber elección, siguiendo en el cuatrienio siguien¬ te el Abad anterior. Entonces los monjes partidarios de la candidatura de un nuevo abad, Tresánchez, acudieron a Montblanch a buscar soldados de la fuerza pública para apoyar la elección legal... (1)0 imponerla. Las obras de los siglos xvii y xviii en Poblet tienen carácter artístico muy inferior: las más de ellas son de albañiles, sin carácter arquitectónico; las hay grandiosas, como la Sacristía nueva, la capilla de San Bernardo de Alcira, frías, sin originalidad ni carácter; otras escultóricas, la fachada nue¬ va de la iglesia, los panteones de Segorbe y Cardona, de Alfonso V y el infante Enrique de Segorbe, de objetivo aristocrático, ricas en detalle y en material..., pobres de concepción y menestralas de ejecución, obras de arte imitativas, ejecutadas por gentes de oficio más que por verdaderos artistas. (i) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 150. 368 HISTORIA Y ARQUITECTURA Hacia 1Ó32 se intentó la terminación del Palacio del Rey Martín para dedicarlo a Felipe IV; se comenzaron unos áticos, unas paredes de mampos- tería; la desgraciada sublevación de los catalanes de 1640 tuvo la fortuna relativa de interrumpir estas obras. Hacia 1656 se edificó la capilla de San Bernardo de Alcira, en el colateral de la Epístola, al pie de la iglesia: una vez terminada, se pensó en aprovechar su capacidad para depósito de las innumerables reliquias, aumentadas con los donativos de la Casa de Segor- be (a. 1690). Siendo abad Fray Antón Rossell, reelegido varias veces, se terminaron los panteones de la Casa de Segorbe y Cardona, y se trasladaron a él los cadáveres (a. 1663). Cedamos la palabra al admirador de aquéllos, que pudo admirarlos íntegros: «El Excmo. Señor Don Luis Ramón Folch de Cardona, duque de Se¬ gorbe y Cardona, viendo que por debajo de los arcos sobre que están coloca¬ dos los Sepulcros Reales, y debajo de los cuales estaban en tumbas de made¬ ra algunos de sus ascendientes, expuestos al tránsito común, le pareció que sería mayor decencia impedir aquel paso, levantando unas paredes desde el pavimento hasta los Reales Sepulcros, que, al mismo tiempo que impedi¬ rían el tránsito, servirían de pedestales a los sepulcros; y como lo ancho de las pilastras en que estriban los arcos es harto capaz para que entre pared y pared quede harto espacio para muchas tumbas, determinó levantar dichas paredes en forma de pedestales, labradas de alabastro, y tan suntuosas, que simulando ser el basis propio de los Sepulcros Reales, son en realidad mag¬ níficos panteones a los difuntos de su Excelentísima Casa. El panteón, pues, del lado del Evangelio (que se destinó para los duques, duquesas y sus pri¬ mogénitos) tiene, por la parte que mira al crucero, tres tercios, que dividen cuatro estatuas de alabastro, que, puestas sobre sus pedestales, sirven de pilastras, y cada tercio tiene esculpida una grande urna, sentada sobre dos leones, y cubierta con corona real, que todo significa estar allí dentro depo¬ sitadas las cenizas de aquella Excelentísima Familia. Por la cara que mira a la Capilla Real forma cinco divisiones, de las cuales la del medio consiste en unas puertas de bronce coronadas con una grande corona real, y las dos inmediatas indican los sujetos allí sepultados, por dos grandes escudos de armas, propias divisas de la Casa; y las otras dos divisiones retratan en la¬ boriosa escultura al profeta Jonás que a vista de la ciudad de Nínive sale del buche de la ballena; y al profeta Ezequiel predicando las verdades de la DEL MONASTERIO DE POBLET 369 resurrección a los huesos áridos que el Espíritu de Dios animó para oírle. El otropanteón del lado de la Epístola (que se hizo para los hijos segun¬ dos y demás parientes de la Casa) es en todo semejante al referido, con sola la diferencia que, en vez de los misterios de Jonás y Ezequiel, retrata las milagrosas resurrecciones que hizo la Majestad de Cristo resucitando en la ciudad de Naím, por compasión de una madre viuda, a su hijo difun¬ to, y en el castillo de Betania, movido de los llantos de María y Marta, a su hermano Lázaro. Y toda esta tan bella fábrica se concluyó, desde el año 1660 hasta el 1662, por Juan y Francisco Grau, escultores de la ciudad de Manresa, y costaron sus hechuras 5.500 libras moneda barcelonesa. Y para mayor adorno de dichos panteones hizo enladrillar todo el pavimento, desde el coro al altar mayor, de blancos alabastros y jaspes negros de pal¬ mo en cuadro: obra que costó tres mil libras moneda barcelonesa.» Casi al mismo tiempo, o poco después, pagaba Pedro de Aragón, de la misma Casa de Segorbe, el campanario puesto sobre el brazo sur del cruce¬ ro. Hasta entonces pendían las cuerdas de las campanas en medio de la igle¬ sia, y no había otro campanario especial, exceptuado el Cimborio, que la espadaña sobre el Dormitorio. Los Usus del Cister prohibían los grandes campanarios. Quedó terminado el nuevo campanario, con sus campanas co¬ locadas, en 1666 (i). Por estos tiempos se hacía para el antiguo prohombre de la Casa de Cardona, defensor de Gerona en la invasión francesa del siglo xiii, el nue¬ vo panteón de alabastro, con estatua yacente, en substitución del antiguo, de hermosa estatua de piedra ordinaria. Le pareció al duque Luis de Segor¬ be que la antigua tumba no era digna del personaje y le hizo otra mayor, más elevada y ostentosa, en el brazo norte del crucero, adosada a la escale¬ ra del Dormitorio, de iguales autores y defectos de concepción y ejecución que la obra nueva de los Panteones Reales. «El sepulcro, que labraron tam¬ bién los dichos escultores de Manresa Juan y Francisco Grau, por precio (1) Don Eduardo Toda, que posee la cuenta de construcción del campanario en 1666, 1667 y 1668 (se terminó, por tanto, en este último año), hace Estudios Pobletanos (Ta¬ en sus rragona, 1925) la observación siguiente: «El donativo de D. Pedro Antonio de Aragón, que, como hemos visto, fué de cien ducados, no llegó a cubrir los gastos. Al cambio de la época, estos cien ducados se convertían en unas 1.200 libras catalanas. El coste de la obra, según la suma total de la cuenta, fué de 1.446 libras, 4 sueldos y 6 dineros. La bolsa de Poblet tuvo que abonar esta diferencia de 246 libras, con la cual se pagó la gran mejora de su nuevo cam¬ panario.»—A'l del T 48 370 HISTORIA Y ARQUITECTURA de 1.800 libras barcelonesas, comienza en el pavimento del crucero del lado del Evangelio, y se levanta más de cuatro varas entre pedestal, urna y es¬ tatua tendida; el pedestal, adornado de muchas figuras y primorosas labo¬ res. Sobre la rodeada de medios cuerpos grandes y mucha imaginería, urna, se mira la estatua del Vizconde, de estatura agigantada, vestido de todas armas.» antiguo sepulcro, deshecho y desfigurado, fué trasladado al brazo El sur del depositándose en él los restos de Rodrigo de Rebolledo, el crucero, camarlengo que fué de Juan II. Dicese que el Vizconde, muerto en 1320, fué sepultado primeramente en tierra y después en el sepulcro de piedra or¬ dinaria, hermosa obra del siglo xiv, y que alrededor de este sepulcro se leía el dístico: Conditus hic sum Raymundus cognotnine Folchus Regibus ecce Comes, Rex Comitique fui. Este conceptuoso epitafio, impropio de la época que se le supone, esta¬ ba además parafraseado en unas pobres cuartetas puestas en una tablilla, junto a la tumba: A quien esta Tumba esconde Por ser Varón de su Ley, Entre los Reyes es Conde Y entre los Condes es Rey; Por hazaña señalada Ganó el Conde esta Corona Por dó queda coronada La Real Casa de Cardona (i). No era inferior en vana ostentación, impropia del austero personaje, la larga inscripción del nuevo sepulcro, muy propia de la época decadente de Carlos II: D. O. M. Indytos inter Viros máximo D. D. Raymundo Folch XVII Cardonœ Vice Comiti: inter magni nominis Imperatores dexterrimo: inter giganteœ virtutis Milonis Alcidi: ínter natura mentis Catones Numce: inter atatis sua Dynasias Heroi antonomasticl proclamato: Alfonsi Principis pro Patre Regni Gubernatoris Coadjutori destinato: Petri Aragonia Regis cum Siculo Carolo in duellum venturi electo Propugnatori: Gerunda contra Pontificis, Galliaque Regis in- sultus Defensori invicto: ejusdemque ab Hostium dominatu Vindici fortunato: Huic in belli alea (i) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 302. DEL MONASTERIO DE POBLET 371 Marti: in pads otio Mercurio: in Tetnplis pietatis Antesignano: in compone^idis inter Reges suos discordes amicitiisConfederatori: in pads tesserum noti seniel oppignerato: in expeditione Murcica expugnationis Authoris. Huic Cardoniorum Propugnatori: in gratitudinis, et honoris obsequium postera ejus propago nobilissinta hoc Bustum struit Excellentissimus Dux D. D. Ludovicus de Aragón, Folch, et Cardona (olim Fernandez de Cordova), Dux de Cardona, et de Segorbe, Mar- chio de Comares, et de Pallars, Comes de Ampurias, et de Prades, Vice-Comes de Villamur, Eques Aurei Velleris, cui Ordini nomen daturi Caroli Secundi Hispaniarum Regis Torquem Aureumpropria manu collo admovit, tantis Cineribus debittan anno MDC.LXIX. D. C. S. En el propio año 1669 de la inscripción, siendo abad de Poblet Fray- Antón Rossell, se efectuó el traslado del cadáver del viejo Vizconde a la nueva tumba y la de Rebolledo a la antigua (i). Dos años después, 1671, logró Pedro de Aragón, virrey que fué de Ñᬠpeles, el traslado de los restos del rey Alfonso V desde aquel reino a Espa¬ ña y los llevó a Poblet. Vinieron los restos de Alfonso V acompañados de los de los Infantes Pedro, hermano suyo, muerto en el sitio de Noto, y de Beatriz, reina de Hungría, nieta del propio Rey. Poblet les hizo ostentoso recibimiento, e inmediatamente (a. 1672) la Casa de Segorbe y Cardona dis¬ puso construir panteones especiales para el rey Alfonso V y su hermano Enrique, primer Duque de la Casa de Segorbe: el año siguiente (1673) que¬ daban terminados y se efectuaban suntuosamente los entierros (2). De estos dos sepulcros, adosados al pie de los pilares del crucero, in¬ mediatos al Coro, no queda casi nada en su sitio: algún detalle, como el me¬ dallón-retrato de Alfonso V, copiado de la medalla del Pisano, se conserva en el Archivo Nacional y está reproducido en la Iconografía de Carderera: todo lo demás fué hecho añicos en la época de abandono del Monasterio. El Maestro Finestres los describe del siguiente modo: «Inmediato a los Sepulcros Reales de la parte del Evangelio, y arrima¬ do a la pilastra, levantó el Excmo. Sr. Don Pedro Antonio de Aragón, her¬ mano del dicho Duque de Segorbe (Luis)..., un sepulcro de hermoso ala¬ bastro, con mucha y primorosa imaginería, para el dicho rey Don Alonso, que murió en Nápoles el 28 de junio de 1458, cuya estatua, vestida de corte, se mira sobre la urna, puesta de rodillas sobre una rica almohada, y en ella el cetro y corona real, todo debajo de un dosel carmesí y dorado...» La inscripción grabada en la lápida del pedestal decía: (1) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 100, (2) Id., id., tomo V, págs. 104-115. HISTORIA Y ARQUITECTURA 372 Alfonsus V Aragoniœ, et Neapoüs, Rex Serenissimus, ob exitnias bellicce virtutis dotes, cognomento Magnanimus, in subacta Neapolis decessit XXVIIIJunii, Anno M.CD.LVIII. cu- jus Corpus ad B. Petri Martyris aram deponi, et in Regium Beatœ Mana de Poblet Avitum Sepulcrum asportari ex Testamento mandavit. Regium Imperium per CCX anno tntermissum D. Petrus Antonius de Aragon, Segorvide, et Cardona Dux, Neapolis Prorex, ad Clementem X Legatus, Catholicorum Regum Decretis insistens, Pontificioque impetrato Diplomate, per Cassa- num Episcopum tandem exsolvit XXV Augusti Anno Domtni M.DC.LXXI. Tanti Regts, acRe¬ gina Maria conjugis Ossa Apostólica dispensatione, quo splendiori ornarentur cultu, idem pien- tissimus Dux, novo lapide contegens parentavit. Se nota en todas estas ceremonias de traslado y edificación de panteo¬ nes la ausencia del Rey... heredero de los reinos de Aragón y de Nápoles, origen desu poder. Tan poco los tenía en cuenta, entre tantos que tenía y comenzaba a perder. de Alfonso V, de la cual habla la inscripción, La reina María, esposa nunca estuvo sepultada en Poblet, sino en Valencia, en el Convento de la Trinidad, en lujosa tumba especial, que se conserva todavía. «Frontero a este sepulcro — prosigue el P. Finestres — levantó el mismo Don Pedro Antonio de Aragón otro del todo semejante para el infante Don Enrique de Aragón, gran Maestre de Santiago, Conde de Ampurias y pri¬ mer Duque de Segorbe, hijo del rey Don Fernando Primero, y de la reina Doña Leonor, hermano del dicho rey Don Alfonso... Falleció el dicho In¬ fante a 19 de mayo del año 1445, y a 15 de julio del mismo fué depositado debajo de los Sepulcros Reales, de donde, en el de 1673, fué colocado en el nuevo magnífico sepulcro con sus dos mujeres. Doña Catalina, Infanta de Castilla, hija del rey Don Enrique III (i), y Doña Beatriz Pimentel, hija del Conde de Benavente. Tiene encima de la urna su bulto, vestido de gala, arrodillado sobre almohada, y debajo dosel, como su hermano el rey Don Alonso, y en el pedestal se lee esta inscripción: yiEnricus Aragonia Infans, Ferdinandi let Eleonora Aragonia Regum generosa Propago, Segorvidensium Ducum inclyta Origo, ab Alfonso V Magnánimo Aragonia Rege, ac fratre, Se- gorvidensi Ducatu, et Comitatu Ampurias donatus, Magnus ,D. Jacobi Ordinis Magister; Bilbi- lis obiit, in Regioque Beata Maria de Poblet Serenissimum Aragonia Regum Sarcophago condi- tus XVJulii anno Domini M.CD.XLV, cujus ossa, cum Catharina, et Beatrice Serenissimis Vxoribus, hue iranstulit IV, ex ipso Nepos D. Petrus Antonius de Aragon, Segorvida et Car¬ dona Dux, Neapolis Prorex, ad Clementem X, pro obedientia Caroli II. Regis nomine prastan- da Legatus, aternamque máximo minimus precatur felicitatem. Anno M.DC.LXXIII.'ò (i) Esta infanta Catalina es la tía de Isabel la Católica, que pasaba en su tiempo por hermosa dama, y de cuyo ataúd quiso sacar la reina Isabel un rizo de rubios cabellos. ? f r Don Pedro Antonio de Aragón, duque de Segorbe y de Cardona (Grabado de la época) del monasterio de poblet 373 También fueron sepulcros ejecutados por los escultores de Man¬ estos resa Juan y Francisco Grau, por el precio de cuatro mil libras barcelone¬ sas ( i). Tenía Poblet un sin fin de reliquias de Santos y Patriarcas Bíblicos: el P. Finestres las principales, por centenares, en un Indice alfabéti¬ enumera co interminable, de las más raras y peregrinas, de A a Z, desde los frag¬ mentos de las varas de Aarón y Abraham... hasta los huesos de Santa Zeno- nea (2). Había también reunido gran copia de ellas Pedro Antonio de Ara¬ gón y quiso regalarlas al Monasterio. Al efecto hizo construir de alabastro dos grandes relicarios de encasillado, altos, anchos, de toda la magnitud de los arcos laterales del Coro, junto al crucero: mas erarf tantas las reliquias recogidas, que no cupieron en sus casillas, y entonces «se aplicaron aquellos retablos para laterales del altar mayor, llenando los nichos cada cual con su figura de Santo muy primorosa, que todo junto añade al altar principal no poca gracia (3).» Las reliquias fueron destinadas a la capilla mayor de la iglesia, la que nuevamente se había construido para dedicarla a San Bernar¬ do de Alcira (4). El primero de septiembre de 1690 falleció el gran protector de Poblet, Pedro Antonio de Aragón. No fueron solamente esculturas, construcciones, libros a millares y reliquias lo que legó al Monasterio, sino también, en número imponderable: ornamentos, temos, paño mortuorio, palio, tapices y reposteros; imágenes de plata; servicios de altar, grandiosos, de ébano y bronce; frontales, relicarios numerosos de plata, custodia de oro y pedrería... El P. Finestres nos ha dejado de ello un minucioso inventario, del que ad¬ juntamos un pequeño extracto, entre algunos otros de la misma Casa de Se- gorbe y Cardona (5). (1) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 291. (2) Id., id., tomo V, págs. 254-261. (3) Id id., tomo I, pág. 276. , (4) Id., id., tomo V, pág. 131. (5) Los legados de la Casa de Segorbe y Cardona al Monasterio, según el inventario del P. Finestres, son los siguientes: Reposteros, tapicerías y alhajas de los Duques de Segorbe y Cardona 1. A. 1542. Seis reposteros de terciopelo carmesi, bordados de escudos en oro y plata. 2. A. 1610. Trapo de tapicería tejido de seda, oro y plata: estimado en dos mil du¬ cados. 374 historia y arquitectura Poco tiempo después de la muerte del magnate, sepultado en Poblet con gran ceremonia, disponía el abad Pedro Virgili (a. 1690-1692) conver¬ tir la grandiosa nave del entonces Granero en Biblioteca para colocar el es¬ pléndido donativo de la Librería. De las riquezas regaladas a Poblet por Pedro Antonio de Aragón muy 3. A. 1660. Repostero de terciopelo verde, bordado de escudos de oro. 4. A. 1662. Capelo del Cardenal P. A. de Aragón, espada del Infante Enrique (en el ar¬ mario de las espadas reales), y cien ducados para la torre de las campanas. A. 1671. Gran paño mortuorio de terciopelo negro bordado en oro y sedas. 5. A. 1671. Aderezo de ébano y bronce dorado; Crucifijo, dos facistoles grandes y dos 6. pequeños, seis cetros, dos ciriales, un Crucifijo pequeño, una silla para el Pontifical con asien¬ tos de tela de oro, y cuatro taburetes. 7. A. 1673. Santo Sepulcro, historiado y decorado. 8. A. 1673. Ecce Homo en escaparate de ébano. 9. A. 1673. Cristo en la columna en escaparate de ébano. 10 11. A. 1673. Niño Jesús. 12. A. 1673. San Juan. 13. A. 1673. Dieciséis ángeles grandes de bulto. 14. A. 1673. Cuarenta y un Santos de bulto. 15. A. 1673. La Librería con sus armarios de ébano, vidrios y cerraduras. 4.322 volú¬ menes encuadernados de rojo, con dorados, escudo y nombre. Un bufete de ébano de 2*40 por i'4o metros de ancho. Dos globos de astros y mapas. Un Crucifijo de marfil en cruz de ébano con cabos de bronce dorado. 16. A. 1673. Un reloj grande de hierro, pesante unos 360 kilos. 17. A. 1678. Un palio color de ante, con franjas de oro y varas doradas. 18. A. 1690. Legado de dieciséis reposteros de Bruselas con escudos de armas. (Finestres, obra citada, tomo V, págs. 232-238.) Ornamentos dados por la Casa de Segorbe v Cardona 1. A. brocado carmesí, con escudos reales de Aragón y Sicilia, borda¬ 1522. Temo de dos en oro. Frontal de oro y seda, bordados del Nacimiento y Adoración; entregado en 1575. 2. A. 1671. Temo de difuntos, muy completo, de terciopelo negro bordado en oro. 3. A. 1673. Temo blanco de tela de oro, con ocho capas, casulla, dalmáticas, etc. 4. A. 1673. Temo morado, completo, con puntas de oro. 5. A. 1673. Temo encarnado y oro de ocho capas, casulla, dalmáticas, etc. 6 a 40. Pontificales del cardenal Pascual de Aragón, legados a Poblet en 1675, muy completos: blanco, carmesí, morado y negro. 41 a 44. Libros pontificales. Cuatro muy bien encuadernados. 45 a 49. Ocho mitras de varias clases. 50. Un báculo pequeño y dorado. 51 a 68. Ornamentos que corresponden a los Pontificales del Cardenal de Aragón: blan¬ cos, carmesí, morados y negros. (Finestres, obra citada, tomo V, págs. 238-245.) del monasterio de poblet 375 poca cosa resta. De la Librería de volúmenes quedan el catálogo y 4.322 unos trescientos libros en la Biblioteca de Tarragona; las preciosidades bi¬ bliográficas acumuladas por el inteligente y generoso donador; Crónicas de Joyas regaladas por los Duques de Segorbe v Cardona 1. A. 1522.Cuatro imágenes de plata dorada y bultos de tres Santos con reliquias. 2. A. Dos imágenes del Salvador y de la Virgen. 1522. 3. A. 1522. Cruz de oro con Lignum y atril de plata. 4. A. 1575. Legados y limosnas. 5. A. 1610. Ovillos de hilo, hilado por la Virgen, en hermoso relicario. 6. A. 1671-1677. 7. Urna de plata y coral para el Jueves Santo. Corporales guarnecidos de oro. Cendal grande, trepado y bordado en oro y plata. 8. Urna grande para guardar la anterior. 9. Frontal para el altar mayor, de plata, bronce y lapislázuli y jaspe, con figuras de San¬ tos y escenas, de plata. 10. seis medianos. Ocho blandones grandes de plata y 11. Cruz y Cristo, de i'6o metros de altura. Dentro una Ve¬ Oratorio; peña de plata con rónica; con Querubines, nubes, atributos de la Pasión, y estatuillas de Santos y Virtudes. 12. Custodia de oro, sostenida por un ángel; con diamantes (1.500 en el viril), rubíes y turquesas. Valorada en 50.000 ducados. 13. Relicario grande de plata, con la Santa Espina. 14. Relicario de Santa Ana; de plata y cristal de roca. 15. Relicario de San Eustaquio; de bronce dorado. 16. Relicario de Santa Ana; de bronce dorado. 17. Relicario de San Andrés y San Lucas, con pinturas atribuidas al Santo; de ébano y bronce dorado. 18. Seis relicarios ángeles de bronce dorado. grandes de ébano y 19. Dos relicarios grandes de ébano bronce. y 20. Marcos de ébano y bronce con cristal; con cartas autógrafas de San Carlos Borro- meo, San Felipe Neri, San Francisco de Borja, Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aqui¬ no y Santo Tomás de Villanueva. 21. Setenta y dos relicarios pequeños de ébano y bronce dorado; todos iguales. 22. Setenta y una urnas de ébano y bronce, iguales, con cuerpos de Santos Mártires. 23. Dos urnas de ébano, con el birrete y el manteo de San Felipe Neri. Vasos de vidrio con reliquias. 24 a 29. Doce urnas con reliquias, algunas con figuras; todas de ébano y bronce. 30. A. 1687. Sol de cristal de roca, con piedra central, conteniendo el Capelo del Car¬ denal San Ubaldo. 31 a 38. 1700 y siguientes. Seis relicarios de plata con figuras. Imagen de Santa Bár¬ A. bara y una torre. Crucifijo de plata. Crucifijo de marfil con cruz de ébano y relicario de vidrios pintados. Relicario de San Carlos Borromeo; Angel de plata sobre peana de bronce, sostenien¬ do un corazón de cristal de roca, con retrato del Santo grabado. Seis relicarios de palosanto. Relicarios personales de Pedro Antonio de Aragón: cruz pectoral de oro y muchos relicarios pequeños. (Finestres, obra citada, tomo V, págs. 246-254.) 376 HISTORIA Y ARQUITECTURA Tomîch, Carbonell, Jaime I, Pedro IV, Muntaner, Cottsulado de Mar..., códices en pergamino, adquiridos como otras reliquias, de Livio, Salustio o Curcio..., todos perdidos o diseminados. Algunos particulares han podido reunir algunos: Pablo Sala, Font de Rubinat, Eduardo Toda en Reus; Bro- cá y otros en Barcelona, como la Crónica de Jaime I en la Provincial Uni¬ versitaria... objetos suntuarios se encuentran: el Crucifijo de talla con pe¬ De los destal de incrustaciones de marfil, en la iglesia de La Espluga; los cande¬ labros de ébano con aplicaciones de bronce, en San Pedro de Reus; el fa¬ moso paño mortuorio con blasones de Segorbe y Cardona, y de las cuatro órdenes militares, en la Catedral de Tarragona... OBRAS DE LOS ABADES DE LOS SIGLOS XVII Y XVlll Mientras de fuera recibía el Monasterio ostentosas limosnas, en su in¬ terior las obras de albañilería, las paredes de mampostería de lisos revoques, las puertas y ventanas hechas sencillos agujeros rectangulares, las vigas cua¬ dradas y las bovedillas, van invadiendo sin sistema ni pensamiento las be¬ llas y meditadas construcciones y estructuras antiguas de piedra labrada. Por doquiera las cruzan, aparedan sus arcos y aberturas, cubren la piedra labrada con blanqueamientos y pinturas jaspeadas; pasan por en medio de sus patios y sistemas generales de planos y estructuras nuevos muros, des¬ truyendo su sabia ordenación. No se tiene ningún respeto ni consideración al pensamiento, al saber tradicional; a los sentimientos de belleza de las lí¬ neas y de sus agradables combinaciones; a los efectos de concentración del espíritu, de grata meditación y de contemplación que producían las antiguas disposiciones monásticas con sus claustros y galerías, reclusas exteriormen- te, abiertas por arriba hacia el cielo, en los huertos cerrados y con sus ven¬ tanales hacia los horizontes lejanos; domina un espíritu grosero y pedantes¬ co de grandeza desnuda, de ostentación de medidas y riqueza de materiales y de trabajo complicado. El ingenio es substituido por el trabajo, la ejecu¬ ción del pensamiento propio por la copia grosera de lo hecho fuera. Estas obras son tales que no se mide por ellas la inteligencia que las ha concebi¬ do: lo mismo puede haberlas hecho un Herrera que un albañil ignorante, o un fraile ingenioso que de aquel o de otros anteriores las copiase: no hay Galería del Palacio del Abad: Detalle DEL MONASTERIO DE POBLET 379 afinamientos ni ingenios que las distingan. Cuando llegó su tiempo, cuando cayó la institución, la barbarie de las luchas políticas inconscientes lo rom¬ pió, lo incendió, lo arruinó, lo minó todo...; las antiguas y sabias estructu¬ ras, el viejo esqueleto de piedra de la construcción primitiva aguantó, resis¬ tió...; lo nuevamente añadido, sin alma ni nervio constructivo, cayó; era ma¬ terial sin espíritu, y para material sirvió; nadie echa de menos su desapari¬ ción, y aún se deplora, después de casi un siglo, lo del antiguo Monasterio destruido y se admira su sabia antigua osamenta, por inspiración creadora concebida y organizada, más claramente manifiesta hoy, quizás más respeta¬ da en su ruina y despojos, que en los tiempos de decadencia del Convento... y de los revoques y aparedamientos de la hermosa estructura venerable. El abad Rossell impulsó obras en la Bolsería y la construcción de la Balsa del molino harinero, dentro de la clausura, en la parte norte del recin¬ to (a. 1680); se construyeron los lagares en la antigua nave anterior de la clausura, y los corrales de Riudabella por el abad Rosers (a. 1696-1700); se reconstruyó el Hospital de los Pobres... (a. 1708) y la ermita de los To¬ rrentes (a. 1717); se hizo por el abad Sayol el larguísimo pasadizo entre el nuevo Palacio abacial y la clausura, el obelisco de los Santos Mártires, y se comenzó, por fin, la Sacristía nueva (a. 1731-1736). Es ésta la obra magna del siglo XVIII en Poblet; nuestro cronista la describe tal como era cuando nueva, no amueblada aún, hacia el año 1753: «También es grande la Sacristía, que de nuevo se ha construido obra en el crucero de la Epístola; su portada es harto espaciosa, fabri¬ de la parte cada de piedra jaspe (.^), y remates de escultura de madera pintada y dorada. Sobre pedestales están arrimadas a los lados la estatua del venerable Don Bartolomé Conill, abad de Poblet, a la derecha, y la del venerable Fray Pedro Marginet, monje de Poblet, a la izquierda, y en medio, sobre la puer¬ ta, la del rey Don Jaime I, llamado el Conquistador, monje también de Po¬ blet (?), vestido con cogulla, como los dos sobredichos, con el cetro en la mano derecha, y corona real en la cabeza. Es la Sacristía obra recia de cal y canto, con gran parte de piedra de sillería en claraboyas y cantoneras. Su figura es perfectamente cuadrada de cien palmos en claro, y ciento cincuen¬ ta de elevación hasta la cornisa, sobre la cual tienen los cuatro lienzos cada uno con su claraboya redonda muy grande, con vidriera, que da mucha luz a la pieza. En las cuatro esquinas resaltan unos veinte palmos unas pilas¬ tras adornadas de varios nichos, y primorosas molduras, que disminuyéndo- 38o HISTORIA y ARQUITECTURA le al gran lienzo los dichos veinte palmos, no sólo sirven de estribo a la me¬ dia naranja, sobre la cual remata un cimborio de figura ochavada, que por ocho vidrieras franquean la luz a la pieza, sino que a ésta la hacen también más proporcionada, dejándole no más que unos ochenta palmos en claro (i).» Se dice que el decorado, añadido posteriormente, era espléndido. U na ancha cómoda de nogal recorría los lados en toda su extensión, sólo inte¬ rrumpida por el paso de la puerta. Encima de la cómoda se alzaban los ar¬ marios, grandes, cerrados con vidrios de Venecia, con marcos esculpidos de medallones y alegorías. En medio de la sala, otra anchísima cómoda, de planta poligonal. Los nichos abiertos en los ángulos entrantes de la obra guardaban imágenes de Santos Cistercienses, y los extensos lienzos de pa¬ red que quedaban delante y a los lados de la puerta, los cubrían tres cua¬ dros de grandes dimensiones, obras de Viladomat (?), Flauger y Fray Bar¬ tolomé Juncosa... Una fuente de mármol, destinada a su uso peculiar, com¬ pletaba el mueblaje de la Sacristía (2). El abad Rossell, reelegido varias veces, impulsaba, mientras tanto, las grandes obras de paredes de mampostería. Al mismo tiempo ordenaba que deshiciesen las imágenes argénteas del tesoro y se rehiciesen a la manera barroca de la época. Eran las antiguas imágenes artísticas «muy antiguas, que si bien... de buen peso, eran de hechuras menos hermosas de lo que conduce a la devoción,» y dispuso el Abad «que se labrasen otras de mode¬ lo correspondiente a nuestros tiempos» (a. 1677-1680) (3). ¡El buen fraile creía sin duda que las imágenes barrocas de últimos del siglo xvii eran más bellas e inspiraban más veneración y religiosidad que las medievales y del primer Renacimiento! ¡Es el peligro de dejarse llevar en arte por las modas nuevas, sin respeto al antiguo y universal pensamiento de otras épocas! Al hermoso y severo ritual cisterciense le pasaba lo mismo; también por esta época se rehacía y se adoptaba en Poblet: en el cuatrienio sede va¬ cante de 1680-1684 el Monasterio compró, para implantar la reforma, nue¬ vos Salterios, Graduales, Procesionales... Las antiguas salas claustrales eran también decoradas a la moderna de entonces. El abad interino, Vicente Prada, hacía pintar dieciocho retratos para la Sala Capitular; las bóvedas de piedra, por lo menos las de la Bibliote- (1) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 277. (2) Eduardo Toda, Poblet, págs. 65 y 66. (3) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 121. DEL MONASTERIO POBLET DE 381 ca (a. 1690-1692), eran recubiertas de yeso muy blanco; los pilares, columnas y arcos y crucerías, también de piedra labrada, eran coloridos de pinturas «de jaspes muy al natural.» Algún fragmento que ha quedado es realmente de jaspe salvaje. Sobre este fondo se contraponían muebles y cuadros de marcos obscuros y dorados, de ébano y aplicaciones de bronce. La iglesia era también rejuvenecida, se hacían mayores y más cuadradas las puertas, se consagraba de nuevo por el arzobispo Sanchiz (a. 1695); el abad Sayol la «restauraba» aún más (a. 1731-1735). Suprimía los escalones de la entra¬ da, la agrandaba: las antiguas vidrieras «de vidrios muy gruesos y cargados de pintura,» otras de «una piedra blanca,» eran destruidas... Apena tanta destrucción, y la románica estructura, disfrazada de siglo xviii, debió quedar hecha una lástima... Quizás más que ahora. El autor doméstico del mismo siglo se extasía ante la nueva portada de la iglesia, construida en estos tiempos por los abades Sayol y Fontanilles (a. 1720-1724): «Portada suntuosa de buena escultura sirve de hermoso frontispicio a la plaza. Sobre la puerta está en proporcionado nicho una grande imagen de María Santísima en ademán de su sagrada Asunción, y laterales, entre columnas, la de San Benito a la derecha y la de San Bernar¬ do a la izquierda, todas de bulto, labradas de buena piedra; y otros adornos laterales a manera de retablos de piedra jaspe, que por medio de unos óva¬ los permiten luz al atrio de la iglesia.» Los coloridos y ordenación de estos mármoles lo ocupan aún en otro lugar. «Las puertas están todas cubiertas de planchas de bronce, labradas con mucho primor y sostenidas por unos listones y florones del mismo metal, que sirven de clavos (i).» Excusado es decir que puertas tan ricas de material han desaparecido... Sólo resta el gran marco de la portada, quizás salvado a causa de su insignificancia artística. Obra de más finos gusto y ejecución era, según parece, el trasdós del altar mayor. «Es una capilla arrimada a las espaldas del altar mayor, en la cual, conforme es estilo de la Orden, está la reserva del Santísimo Sacra¬ mento: mandóla fabricar el abad Don Félix Genover por los años 1730, y aunque es muy pequeña, porque no la permite mayor la estrechez del pues¬ to, es igual, si no excede, en hermosura... — omitamos las comparaciones, que aquí huelgan; —es el retablo de diversos jaspes, y alabastro con muchos embutidos, que lo hacen resaltar hermosamente. El frontal todo de alabas- (i) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 266, y tomo V, págs. 206 y 207. 382 HISTORIA Y ARQUITECTURA tro muy bien labrado y de primorosa imaginería;la pieza más rica es pero un cuadro que tiene esculpida de finísimo relieve la Cena del Señor, que estando debajo del nicho o sagrario, viene a servir de sacra mucho más rica que si fuera de plata. La portada de la capilla es también de jaspe, con embutidos de alabastro en pilastras y remates, la cual, sirviendo de antepe¬ cho a la capilla, impide la entrada sin embarazar la vista del retablo (i).» De los restantes altares, casi todos los de las diecisiete capillas de talla dorada, poco o nada dan como notable los antiguos domésticos. Los bárba¬ ros de los años 1822 y 1835 los quemaron... Finestres se limita a indicarnos sus advocaciones, comenzando por la capilla mayor, de San Bernardo de Al- cira, al pie del colateral de la Epístola, siguiendo hacia levante y dando la vuelta hasta la Galilea: i, San Bernado de Alcira; 2, San Andrés Apóstol; 3, San Nicolás Obispo; 4, Santa Magdalena; 5, las Vírgenes; 6, la Concepción; 7, San Benito; 8, San Vicente Mártir; 9, San Miguel; 10, de las Reliquias; 11, San Juan Bautista; 12, San Pedro y San Pablo; 13, Santo Cristo; 14, San¬ ta Tecla; 15 (Galilea), la Virgen de los Angeles; 16, Santo Sepulcro; y 17, San Bernardo Abad. Las vicisitudes públicas arrastraron a Poblet a la acción política: era to¬ davía suficientemente rica e importante la institución para que permaneciera olvidada en obscura neutralidad. En la sublevación de los catalanes contra Felipe IV, Poblet se declaró francamente por la causa real y acudió abier¬ tamente a hechos de armas con sus sujetos, como, por ejemplo, a la expug¬ nación de Prades con los abades Pallarès y Llobera (a. 1646 y 1649). Re¬ ducida Barcelona a la real obediencia del monarca central, el abad Sanz pasó oficialmente a felicitar a Juan de Austria por el real triunfo Barcelona para (a. 1652) (2). Sufrió el Convento las consecuencias de su partido: los suble¬ vados quemaron varias veces los campos del Monasterio y saquearon sus pro¬ piedades; le fué preciso al Convento impetrar la protección de Barcelona, en donde fueron depositadas las joyas de Poblet desde 1650 a 1652. En cam¬ bio Felipe IV le hizo diversas concesiones, una de ellas la de acuñar mo¬ neda propia del Monasterio, de plata, con las armas reales y las iniciales PO (3). Pero también lo expolió en ocasiones, una de ellas ordenándole la cesión de libros de la Biblioteca, que daba pena oír desclavar... y que después (1) Finestres, obra citada, tomo I, pág. 276. (2) Id., id., tomo V, págs. 59 y siguientes. (3) Morera, Geografia de Cataluña, Tarragona, pág. 620. DEL MONASTERIO DE POBLET 385 de desencajonados perdieron miserablemente abandonados..., y hacién¬ se doles ceder a propiedades como la del Priorato de Nazareth, de los frailes Barcelona, a las monjas de Valldoncella. En la guerra de Sucesión Poblet tomó partido por el Archiduque, des¬ pués emperador Carlos IV. Temiéndolo ya desde un principio el gobierno de Felipe V, se opuso a que el abad de Poblet, Fray Francisco Dorda, fue¬ se elegido Vicario general de la Congregación aragonesa. Comenzada la lu¬ cha entre los Borbones y los Austrias en España, el abad Dorda fué nom¬ brado limosnero del archiduque Carlos (a. 1706) y superintendente de la Casa Real de Carlos de Austria. El Archiduque visitó personalmente Po¬ blet, y fué allí recibido como soberano, el 5 de julio del mismo año. El Mo¬ nasterio fué refugio, mientras duró la guerra, de monjes, de frailes de otros conventos que no tenían bastante seguridad. Pero los tiempos se hicieron difíciles para los partidarios de la Casa de Austria, y a su turno Poblet sufrió las consecuencias de las alternativas de la guerra. En 1713, en los tiempos del sitio de Barcelona, los bandoleros entraron en el Monasterio; más tarde, en 1714, llegaron a él en son de gue¬ rra tropas de Felipe V, mandadas por Jerónimo de Solís. En Poblet encon¬ traron un hospital de sangre del Archiduque, apresaron al médico y al ci¬ rujano y quisieron ejecutarlos... El abad Escuder corrió en su auxilio: su presencia de ánimo, sus reconvenciones y súplicas detuvieron a la soldades¬ ca (i). Pero, una vez finida la guerra, Felipe V se puso de nuevo en relacio¬ nes con el Monasterio, aunque, según parece, mostrando alguna desconfian¬ za a sus monjes (2). (1) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 158-178. (2) Id., id., tomo V, pág. 189. so LA BIBLIOTECA Y LOS LIBROS DE POBLET (i) OBLET, con todagrandeza, no disfrutaba en sus últimos tiem¬ su pos de una construcción hecha expresamente para Biblioteca, con todo y poseer una de las más notables colecciones de libros de Europa. Ocupaba dos hermosas salas en la planta baja de parte de lo que en el piso superior constituía la be¬ llísima sala llamada Dormitorio de novicios. Son dos salas abovedadas, todas de piedra, formando dos navesapoyadas la una en cuatro columnas y la otra en tres, de 26 metros de largo la primera y de 24 la segunda, y de un ancho de 10 metros, con ventanas laterales. Finestres describe largamente estas piezas tal como estaban en su épo¬ ca (1753), con las paredes revocadas de blanco yeso, y las columnas, arcos y cornisas pintados Aç. jaspe al natural. La puerta de entrada y la de comuni¬ cación son sencillas y construidas al tiempo de instalarse allí la Biblioteca. Pero estas salas no fueron construidas para Biblioteca. Estaban primi¬ tivamente destinadas a graneros. Al tiempo de la construcción del Convento, para instalar los libros que poseyera bastaría sencillamente un armario. La primera Biblioteca de Poblet de que se tiene noticia fué la mandada construir por Don Pedro III, llamado del Punyalet, según así se desprende (i) Ha escrito el presente capítulo, con que enriquecemos la edición castellana de la His¬ toria y Arquitectura de Poblet, nuestro querido amigo el conocido bibliógrafo reusense don Pablo Font de Rubinat. ARdFBPuoeaibnls.t,PDBrinrdeadltogotóercia ETscoornadlbau, Eduaro Bib. ldliuoareoss de Tapas DEL MONASTERIO DE POBLET 387 de las cartas del Rey al Abad, que se conservan en el Archivo general de la Corona de Aragón en Barcelona. Son del año 1381 y 82 y por demás cu¬ riosas, como casi todas las del Rey Ceremonioso, que todo lo prevé y no olvida ningún detalle. Ruega y manda el Rey al Abad que le haga construir una librería, cerca de las habitaciones reales, que estaban al lado de la capilla de San Esteban, que fos acabada de volta de pedra picada, que fos honor de Deii é nostra qui la fem fer à decoració daqueis monastir. E com ho tingam fort á cor, pregam vos é encarregam que ab sobirana cura é diligència hi façats entendre. E per res no mudets que no sia de volta, per ço que null temps pusca venir á menys, neis llibres nos poguessen consumar, é que façats fer vers la claustra ab nostre timbre é que ab bones letres égrosses sia escrit: Aquesta es la librería del Rey en Pere. \ \\. en diferencia dels Reys altres qtii han nom Pei'e, é fets hi fer bells banchs ab senyals Reyal é ab moltes cadenes, á fi que Nos hifaçam cla¬ var los llibres é devant si posen abans quen partescam e hi façam venir los altres llibres qui son á Barchinona. Como se ve, el rey seguía la Cronología del Condado de Barcelona, aunque como rey de Aragón era el cuarto. Dice después el Rey que se ha enterado de la habitación que se cons¬ truye junto a la capilla de San Esteban y la continuación de unos arcos in¬ mediatos a las habitaciones contiguas, encima de las cuales se construirían habitaciones nuevas per las quals podrem anar per la claustra sobirana. El Rey vuelve a ocuparse en otras cartas de la construcción de la Librería. No puede ponerse en duda que la construcción se realizara. Pero hoy de ella no queda otro rastro que los recuerdos, y no es cosa fácil averiguar dónde estaba situada. Del tiempo de Don Pedro III existe en Poblet una bella construcción paralela al Dormitorio de novicios, encima de la parte posterior de la Sala capitular y del pasadizo que servía de comunicación entre el claustro mayor y el locutorio de los monjes jóvenes. Es lo que se llamaba en sus últimos tiempos Archivo. No es de creer que para Archivo se hiciera tan hermosa y grande construcción y con tan hermosos ventanales, y es posible, y hasta probable, que fuera la Biblioteca del Rey Don Pedro. Y se podría dar por seguro si su puerta, la puerta donde debía ponerse la inscripción ideada por el Rey, hiciera cara al claustro en lugar de abrirse en el muro del Dormi¬ torio de novicios, si bien frente casi a ella y dando al claustro existía otra. Podría ser que esta pieza se comunicara en lo antiguo con las habitaciones 388 HISTORIA Y ARQUITECTURA reales por medio de los corredores del primer piso del claustro del locuto¬ rio. Un examen minucioso hará descubrir tal vez una entrada posible por aquella parte. Si lo que se llama Archivo no fué la Biblioteca del Rey, es difícil encontrar por aquella parte del Monasterio ni tan solamente el re¬ cuerdo de donde estaba. Y no es concebible que una cámara de tan reco¬ mendada solidez en la construcción como ordenaba el Rey haya venido tan a menos que hoy ni sus restos existan. Ribera en su Real Patronato de la Merced consigna la fundación de la Biblioteca Real en Poblet en 1380, y habla de uno de sus libros: Liber vitœ Sancti Regís lacobi, in Latino, in volumine uno. También Serra y Postius, al ocuparse de la Biblioteca de Poblet, con más inteligencia, aunque con me¬ nos extensión, que Finestres, menciona este libro. Dice Serra y Postius en Prodigios y Finezas de los Angeles en el Principado de Catahiña (Barcelona, 1742), que una de las cosas grandes y Reales de Poblet es el tesoro de sus libros, cuya librería está dividida en cuatro distintas piezas. La primera la del coro, donde había ochenta cuer¬ pos de libros manuscritos todos, treinta manuales para las procesiones y los ■otros cincuenta grandiosos. La segunda, formada en su mayor parte de manuscritos, compuesta de cuatrocientos, entre los cuales figuraban muchos originales de los monjes del Monasterio. Dice Serra que entre éstos estaría la que dió a Poblet el rey Don Pedro. Olvidó decirnos Serra y Postius dónde estaba situada esta librería. Es probable que estuviera en la primitiva Biblioteca, después Archivo. La tercera, compuesta de casi tres mil cuerpos de libros, todos impre¬ sos y todos selectos. Tampoco nos dice dónde estaba instalada, pero es evi¬ dente que es la que después estuvo en el segundo granero, llamado Biblio¬ teca antigua. La cuarta es la que dió al Monasterio Don Pedro Antonio de Aragón, hijo de los Duques de Segorbe y de Cardona, descendiente por su madre de la dinastía de los reyes de Aragón (de la antigua Casa de Barcelona), por el conde de Prades, hijo de Jaime II y de Blanca de Anjou, y de la nueva (Castilla) por el Duque de Segorbe, hijo de Fernando de Antequera. Por línea varonil pertenecía a los Fernández de Còrdova. Sus libros, en número de 4.322, fueron enviados a Poblet en diferentes remesas. La últi¬ ma lo fué por su viuda, nieta de su hermano mayor. Los libros de Don Pedro de Aragón, de los cuales sólo se conocen hoy ARdFPBeuaobinsl.t,PDBraniedbgtdlooótreica BMarocenlotaner, dJoaqeuín Bib. ldliboareoss de Tapas DEL MONASTERIO DE POBLET 389 un veinte por ciento, existirán muchos más, están hermosa y sólida¬ y no mente encuadernados. Aún hoy, después de tantos años y de tantas injurias sufridas, se conservan en general con toda su belleza y con las articulaciones de sus tapas, puntas y extremos del lomo, en perfecto estado. El bloque mayor que se conoce es el que se guarda en la Biblioteca Provincial de Ta¬ rragona, donde se guarda también el Catálogo manuscrito hecho por los monjes a últimos del siglo xvni. Los libros de Don Pedro están todos cubiertos de tafilete rojo, probable¬ mente procedente de Marruecos, con los cantos dorados, cabezadas con los colores de Cataluña (Aragón), y las tapas y lomos con adornos dorados y las armas del posesor: Cataluña (Aragón), partido de Castilla, cortado de León, timbradas de corona ducal sostenida por dos ángeles. Este es el tipo más general (láminas de las págs. 166 y 278). Otro tipo que abunda también, aunque no tanto, tiene la corona sos¬ tenida por dos delfines. En éstos la ejecución es más perfecta (lámina de la pág. 386). Se conocen algunos ejemplares con encuademaciones, ejecutadas pro¬ bablemente del 1670 al 1671, en que Don Pedro se tituló Duque de Segorbe y de Cardona (títulos dejados después de una transacción del pleito que sos¬ tuvo con su sobrina), que ostentan en las tapas el gran escudo de la Casa: terciado y cortado: i.° Cataluña (Aragón); 2.° Castilla, cortado de León; 3.° Catahiña, flanqueado de Sicilia (Sicilia); 4.° Cataluña, flanqueado de Cardona y de Anjoti (Prades); 5.° Catahiña, flanqueado de Urgel (Urgel); 6.° Pallars. Sobre el todo Fernández de Córdoba hecho con más o menos propiedad: a veces las tres fajas y el rey moro, y otras uno solo de estos cuar¬ teles (lámina de la pág. 388). Hay también tipos con el escudo puro de Cataluña (lámina de la pági¬ na 278), y alguno adornado del toisón (lámina de la pág. 166). Igualmente hay ejemplares decorados con gran riqueza, que probable¬ mente son dedicados a Don Pedro por sus autores. Pocas veces llevan el es¬ cudo organizado con propiedad (lámina de la pág. 390). Estos libros son siempre libros impresos en Italia durante la permanencia de Don Pedro en Roma y en Nápoles. De los ejemplares del primer tipo (lámina de la pág. 166), los hay con el escudo impreso a bloque (escudo, ángeles y corona). Tienen menos mérito, y en general están ejecutados con menos perfección. Se podía pensar que los 39° HISTORIA Y ARQUITECTURA demás estaban hechos en Italia y éstos imitados en Madrid, después del re¬ greso de Don Pedro de Roma y de Nápoles, en donde fué embajador y vi¬ rrey: pero hay algunos ejemplares de libros impresos después de su muerte, y que fueron sin duda hechos encuadernar por su viuda, que tienen unos el escudo formado por pequeños hierros y otros por un bloque entero. Tam¬ bién sería posible que estas encuademaciones estuvieran hechas en Poblet con los hierros que remitiera la viuda. Figuran en la Biblioteca de Don Pedro libros que pertenecieron a su hermano, que le premurió, el cardenal Don Pascual, con su escudo y atribu¬ tos cardenalicios en la tapa (lámina de la pág. 388). También los hay de su otro hermano, que también fué cardenal y tam¬ bién le premurió, Don Antonio. No se conoce sino por su nombre puesto en la portada. El gusto de la encuademación de los libros de Don Pedro de Aragón es el romano, severo y elegante, muy usado en España. Consiste en el cua¬ dro ejecutado a la rueda con florones interiores y el recuadro con la misma u otra rueda y en el ángulo exterior castillos y leones. No hay biblioteca, no hay bibliófilo que no quiera poseer alguno de estos hermosos libros. En España los más numerosos bloques son, además del de la Biblioteca Provincial de Tarragona, los de la biblioteca Font de Rubinat en Reus (74) y de la de Toda en Escornalbou (55). En la Biblio¬ teca del Seminario de Tortosa existen 27, todos manuscritos, y en la de Casa Carreras de Barcelona (Virreina), 13. En los Estados Unidos de América, en Inglaterra, en la República Argentina, los hay en muchas bibliotecas, pero se cuentan por unidades. La Biblioteca de Don Pedro Antonio se instaló en la primera sala en treinta armarios de ébano con cristales venecianos. Mandó Don Pedro para montarla a un criado suyo de oficio ebanista. Fueron construidos en Nápo¬ les, enviados a Madrid y después a Poblet. Algunos cristales llegaron rotos, pero Don Pedro ya había previsto que se podían romper y envió algunos de repuesto. Pero no bastaron, y para mandar otros pidió las medidas al Abad, a, quien se le extraviaron y hubo de pedirlas de nuevo. El proceso de la oferta y remisión de la librería a Poblet es por demás interesante y dió origen a una larga correspondencia epistolar entre Don Pe¬ dro y el abad Rosell. Las cartas de Don Pedro son en extremo curiosas, casi tan curiosas como las de su antecesor el rey Don Pedro, circunstancias de Pablo Don Bib. Aragón RdFueobeninstat, APnedtoderio de Bldiibabreos ldoes Tapas ^Éi *'v* 'Víï-y i" \ DEL MONASTERIO DE POBLET 391 tiempo e idioma aparte. También Don Pedro Antonio era minucioso y pre¬ visor. La correspondencia entera medió sobre este asunto la posee don que Eduardo Toda en su castillo de Escornalbou, parte original y parte copia¬ da de la que, procedente del archivo de Poblet, se encuentra hoy en el Ar¬ chivo Histórico Nacional. En estas cartas consta todo: el número de cajas, el número de carros en que se hizo la hasta el nombre de los carreteros que los condu¬ remesa y cían, el itinerario a seguir y las partes de camino que se tuvieron que re¬ componer para que las galeras llegaran al Monasterio sin accidentes ni tro¬ piezos. Asi entraron los libros en Poblet: todos sabemos cómo salieron y cómo el núcleo principal fué llevado a Reus por el secuestrador de bienes nacionales D. Jacinto Pla (a) Xafarruchs ^ conservados en un lagar. Entre los ejemplares conservados en la Biblioteca Provincial de Tarragona y en¬ tre los demás esparcidos por el mundo, los hay con manchas de barro, con manchas producidas por el fuego y hasta con manchas de sangre. Pero la encuademación muestra en general su fortaleza. Es el libro en su interior que no ha podido resistir la defectuosa instalación en un desván de la Di¬ putación provincial, donde la polilla va dando cuenta de ellos, con más o menos rapidez, según el interés que el bibliotecario muestra en su conserva¬ ción. Ahora el mal está contenido en todo lo posible por el inteligente bi¬ bliotecario D. Fernando Valls y Taverner, que los tiene a su cargo como director del Museo Arqueológico. Años atrás, a principios del siglo actual, perjudicó también algo a los libros de Don Pedro Antonio otro enemigo, que los autores que tratan estas materias incluyen entre los enemigos del libro: el hombre. Desaparecie¬ ron de los armarios cosa de una docena de libros de una manera y en forma por demás curiosa. Es una historia bien conocida de nuestros bibliófilos. Donde estén ahora mostrarán su procedencia por el sello de la Biblioteca, que en la época en que se estamparon consistía en un sello de azul cobalto que nada puede hacer desaparecer, muy al contrario de las tintas de anili¬ na usadas después en aquella y en otras bibliotecas, que el ácido menos ofensivo hace desaparecer fácilmente. LA DESTRUCCIÓN DE POBLET os siglos enteros se arrastró Poblet en decadencia social. Los frailesvegetaban allí sin positiva influencia social, ni moral siquiera; mirados y temidos con rencor por unos como deten¬ tadores de las propiedades comunales y obstáculo al progreso de la sociedad y del país; tolerados por los otros como una barrera moral inerte que contiene el desorden social, o institución temporal, ya sin utilidad, sin porvenir, condenada a desaparecer por extinción natural propia. Entre tanto, la Comunidad, abundantemente, sin pena ni gloria, guardando en lo posible cierto orden externo, vivía del viejo patrimonio, acabando de perder el secular tradicional impulso. Se convierte en una espe¬ cie de asilo para segundones de casas acomodadas: un pequeño dote de tres mil libras catalanas, mil seiscientos duros, y quedan arreglados por toda la vida dentro de la antigua institución, de grandiosas miras iniciales, de mez¬ quina existencia, de pequeneces de desocupados en sus postrimerías. El Convento, no obstante, conserva alta dignidad externa: se presen¬ tan sus prelados, sus monjes, con porte señoril. El abad Fray Antón Ros¬ sell creyó conveniente la adquisición de un coche para presentarse en públi¬ co (a. 1661); en el siglo siguiente (a. 1724-1728) se compró servicio de plata para la mesa abacial; era proverbial en las comarcas de Cataluña la majes¬ tad de los monjes, el rozagante holgado ropaje y finura de sus blancos hábi¬ tos, la arrogante bondad de sus monturas y el lujo vistoso de sus atalajes..., la abundante selección de sus mesas y reposterías, bodegas y corrales... DEL MONASTERIO DE POBLET 393 Un exclaustrado de 1835, un secularizado, nos refiere la vida interna en los dltimos tiempos, de una insignificancia precursora de la desaparición,.. Es un segundón campesino, endiablado y saltador como un jabalí; al acabar la infancia, un día lo montan a una mula, con un fardo de ropa, dos talegas de cincuenta onzas en las alforjas, y lo llevan a Poblet, sin vocación ni co¬ nocimiento del mundo. En organismo representativo, inestable, de temporada, no podían este faltar los pretendientes a substitución en el poder, con sus peñas, partidos e intrigas consiguientes. La idea madre, fundamental, perenne, directiva, de la elevada acción social debía resentirse de ello: las luchas de ideas exte¬ riores, temporales, debían transparentarse, traspasar los muros del Monas¬ terio y servir de excusa y de bandera en las internas. El exclaustrado del año 1835 refiere las más minuciosas, mezquinas, triviales, de chiquillos ma¬ yores. Hay liberales y realistas, los más y más antiguos. Las ideas de los negros o liberales se manifiestan en la forma de llevar las barretinas negras de punto que cubrían la afeitada cabeza: terciada, la borlilla inclinada al lado. Los absolutistas, con la barretina estofada, dere¬ cha, engomada. Los avanzados se compran pañuelos de bolsillo estampados con inscripciones constitucionales, un «¡Viva Cristina!,» por ejemplo, y se los ostentosamente, desplegándolos por cualquier motivo como un sacan banderín de combate... Las discusiones en el Capítulo se envenenan, en los claustrillos exteriores más todavía. Después la guerra civil estalla en el exterior, y al Convento no le bas¬ tan yalas ideas ni los trapos alegóricos: introduce armas verdaderas, fusiles ingleses. Los frailes liberales poseen una docena, introducidos no se sabe cómo, ocultos en sus baúles: si la facción llega al Convento, se defenderán. Y llega el caso: un guerrillero, el Llarch de Copons, Manuel Ibáñez, se diri¬ ge al Monasterio: al verle los monjes liberales jóvenes, escasamente una docena, se sublevan, sacan de sus escondrijos los fusiles, se proveen de ví¬ veres, y se refugian, se hacen fuertes en la parte superior del Cimborio. La guerrilla entra en el Convento; la Comunidad interviene, implora, parlamen¬ ta, convence al Llarch de Copons y a los frailes sublevados: todo ello dura veinticuatro horas de ansiedad: se restablecerá la paz, todo quedará como antes, nadie será molestado, y los frailes sublevados descienden de su en- castillamiento. El Llarch de Copons pronuncia un discurso patriótico y reli¬ gioso, improvisado, pintando a brochazos los peligros que se corren para SI 394 HISTORIA Y ARQUITECTURA •defender a las Comunidades, la ingratitud y perdición de los frailes libera¬ les... Todo sembrado de palabrotas e interjecciones ordinarias. Y por el momento recobra el Convento la quietud, no sin un epílogo ridículo el día siguiente. El Prior impone al cabeza o jefe de los frailes liberales un casti¬ go...: la privación del segundo plato de la comida por un día..., y los compa¬ ñeros de causa envían al castigado sus criados en plena mesa con otros pla¬ tos de perdiz, pollo, postres..., verdaderas chiquillerías de colegial..., mien¬ tras el Lector de semana ensartaba sentencias de los Santos Fundadores referentes a la obediencia monacal, apropiadas al caso. La caída y destrucción de Poblet es la más baja vergüenza de los go¬ bernantes que la provocaron y consintieron: de toda una nación sin senti¬ miento histórico ni de raza, sin sentido político ni moral, ni de conserva¬ ción, que la toleró; de los frailes que abandonaron sin dignidad el edificio guardador de todos sus grandes recuerdos históricos de nuestra raza, que se les habían confiado, como habían abandonado anteriormente las altas vir¬ tudes de sus predecesores, y, más bajamente que todo, de los pueblos em¬ brutecidos, bestializados en todas las más canallescas concupiscencias e ig-^ norancias, que perpetraron la larga serie de atentados que consumaron la •expoliación y ruina del centenario Monasterio y Panteón nacional de los fundadores de nuestro pueblo y de los que lo condujeron en sus momentos de grandeza. Dejemos que los hechos hablen. La guerra entre constitucionales y ab¬ solutistas estaba encendida: la casi totalidad de los frailes y conventos era ciegamente partidaria del absolutismo. En la revolución liberal, el año 1820, fueron desterrados a Poblet unos quince frailes de la Trapa procedentes del Convento de Caspe: estaban alojados en el recinto de entrada, fuera de la clausura. Allí conspiraban con la contrarrevolución y la Regencia de Urgel del Barón de Eróles y la sublevación de Queralt. El 3 de mayo de 1822 se formó en Poblet y en La Espluga una partida realista: a su cabeza se pusie¬ ron los trapenses Griñón, mosén Bautista de Prades y un paisano. Cabeza, de La Espluga. Los somatenes de Reus, Valls, Barberà y Vimbodí salieron en su persecución y se apoderaron del Monasterio, expulsando a los mon¬ jes, viviendo de los recursos monacales, llevándose lo que quisieron. Des¬ pués abandonáronlo, dejándolo solitario e incendiado. Se atribuye al soma¬ tén liberal de Vimbodí el haber incendiado el pajar exterior, los altares, el órgano, el coro...: la iglesia estaba convertida en verdadero horno: suerte de DEL MONASTERIO DE POBLET 395 la sòlida construcción de piedra. El Palacio del Abad fué también incendia¬ do. El gobierno liberal se limitó a apoderarse de las joyas o tesoro, deposi¬ tándolo en Tarragona, y abandonó el Convento a la rapacidad y latrocinio' de los pueblos vecinos. Dos años duró la expoliación. Los monjes fueron repuestos en Poblet durante la reacción, en 1825. Allí emprendieron la provisional restauración del edificio con pobres mate¬ riales y más escasos medios; reivindicaron de los pueblos vecinos los objetos robados, los diezmos, el dominio del bosque, las tierras vendidas u ocupa¬ das...; procuraron restablecer el orden interior, la observancia, como ellos declan, pero muy menguada. Un exclaustrado del año 1835 ha dejado un relato de la vida íntima del Convento en esta época: causa pena (i). Las persecuciones, asesinatos e incendios de los Conventos, en julio del año 1835, encontraron al de Poblet en desorden interno y en justificado pᬠnico. El día 24 se recibió un aviso de Vimbodí: se tramaba el asalto; muchos monjes estaban preparados para la huida, algunos llevaban siempre debajo del hábito el traje completo de paisano, atadas al cuerpo la gorra y las alpar¬ gatas. El día de San Jaime, 25 de julio, el pánico y la desmoralización es¬ tallaron; algunos frailes no acudieron al coro, se quedaron en el Claustro discutiendo el partido que debían tomar; al salir del Oficio se les sumaron otros... Un grupo de los jóvenes, liberales los más, decidieron la huida: en pelotón se presentaron en el Palacio abacial: el abad, Gatell de Vallmoll, les exhortó, quiso detenerlos, les quiso inspirar confianza en la protección del Gobierno...; vacilaron..., pero huyeron escaleras abajo y al exterior. Los restantes monjes se dieron por perdidos: aquella misma noche dur¬ mieron en La Espluga: de día se encaminaban al Convento, lo desamuebla¬ ban, se llevaban lo de más valor, ocultaban cuanto podían, los carros iban y venían...; los restos de los tesoros de Poblet se diseminaron, confiados a Dios sabe quién...; algunos se vendieron luego, se perdieron para siempre más. El panegirista de las Casas de Religiosos de 1835 en Cataluña explica, veladamente, sin quererlas precisar, estas pérdidas: «Los vecinos... registraron y escudriñaron los suelos, las paredes, los. techos, los altares, y hasta las tumbas y los huesos de sus padres. Así sin duda desapareció el rico depósito hallado por un viejo que en su lugar nom¬ braré...; el pueblo, viendo desautorizados e indefensos ante los tribunales a (i) Ramón y Vidales, Narraciones de Poblet, Juegos Florales de iSgó, págs. 146-164. 396 HISTORIA Y ARQUITECTURA los religiosos..., la terrible tentación de negarles todo depósito...; el padre en en cuyas manos algunas joyas fueron depositadas, guardó la fe prometida, sus hijos la quebrantaron... Así, pues, se perdió el ya indicado tesoro, así el que arrancó de Poblet el hermano del P. Juncosa, según explicaré en su día; así otros de los cuales se sabe que fueron después negados a los monjes por sus depositarios...; así otros dieron cuenta en bailes y teatros; así otros, tími¬ damente escondidos en silos, lagares y subterráneos, pararon en la polilla, el moho y la podredumbre de la humedad; así otros, ocultando cuidadosa¬ mente su procedencia, sirven al Señor en iglesias del Cister, pues me cons¬ ta, o en otras...; así quizá otros, y especialmente metales y piedras preciosas, mediante venta debidamente autorizada {?), servirían para el preciso alimen¬ to de tanto monje viejo, impedido...; así quizá aún hoy yacen ignoradas bajo tierra... (1).» Mucho se ha hablado de este tesoro de Poblet, parece que exagerada¬ mente. El más moderno, barroco, procedía, principalmente, de los donativos de la Casa de Segorbe y Cardona, que ya conocemos. Pero adviértase que el tesoro del Convento en 1835 había pasado por la monetización de alhajas religiosas decretada por los gobiernos provisionales de la Guerra de la Inde¬ pendencia, por la acción destructora de casi dos siglos, por las renovaciones de imágenes y joyas, tapicerías y temos, a la moda, como la del abad Fray Antón Rossell... El P. Finestres recuerda, cita en cada abadiato los donativos reales de joyas y ropas a Poblet, pero ya no los da como existentes en su tiempo {a. 1753), sino como consumidos por la acción de los siglos. Al final de su historia recapitula lo que quedaba existente (a. 1765) de todo lo antiguo, o sea anterior a los grandes donativos de la Casa de Segorbe y Cardona, de fines del siglo xvii. Es una lista corta: «Una cruz de oro con Lignum. — Pectoral y trece anillos de oro y pie¬ dras finas, y dos pectorales esmaltados. — Báculo de plata dorada, con figu¬ rillas y pedrería. — Jarro y cuatro jofainas de plata dorada. — Cáliz y vinaje¬ ras de plata dorada, de mucho trabajo. — Mitra rica en pedrería para Ponti¬ ficales. — Dos cetros de plata dorada para los cantores y dos de plata para los subcantores. Cruz de plata con Ligmim para la adoración del Viernes — Santo. —Cruz mayor procesional de plata dorada, con figuras. — Cruz menor (t) Cayetano Barraquer, Las Casas de Religiosos en Cataluña, tomo I, pág. 279. DEL MONASTERIO DE POBLET 397 procesional de ejecución parecida. — Figuras de Santos y de la Virgen, de plata. — Figuras de medio cuerpo, de plata, con reliquias de Santos. — Taber¬ náculo y andas, cubiertos de plata, para llevar la Custodia o Imágenes. — Dosel de plata para el altar mayor, para la Custodia o Imágenes. — Custodia de plata. — Cuatro cálices de plata dorada y las vinajeras correspondientes. — Relicarios de plata y otros materiales para todas las reliquias (i).» Como recuerdo, por documentos, no ya de vista, cita: los grandes lega¬ dos de la capilla y joyería de Jaime I, que tanto dieron que hacer a los Re¬ yes sucesores y al Convento; la dalmática del rey Jaime de Mallorca (año 1341); la cruz de plata y ornamentos de la infanta Juana, Condesa de Am- purias (a. 1384); la reliquia de la reina Margarita de Prades (a. 1424); el re¬ tablo y los grandes ornamentos de Alfonso V (a. 1444); los ornamentos riquísimos de brocado carmesí de la reina Juana Henríquez; casulla, dalmᬠticas, capas, frontal, gremial, toalla del facistol y tres albas, todo llevado al Monasterio cuando la visita de los Reyes Católicos (a. 1493); el legado de ornamentos de brocado carmesí y de damasco blanco alcachofado de Fer¬ nando el Católico (a. 1516); y los cuatro tapices de Arras con historias del Credo y Profetas, y un dosel de brocado para cubrir la sepultura del infante Enrique, primer Duque de Segorbe, muerto en 1445 (2). El 2Ó de julio de 1835 el Convento quedó sin frailes; solamente algunos mozos, quizá bajo la vigilancia de un monje; la Biblioteca, el Archivo, los Sepulcros Reales..., todo abandonado; las ropas del culto, temos, alfombras, tapices, ocultos en un sotabanco muerto del Noviciado. Así transcurrieron unas semanas. Un autor (3), que ha recogido en la localidad las tradiciones orales, dice que hasta el 8 de septiembre; otro (4) supone que la segunda quema de Po¬ blet fué el día 15 de agosto, Asunción de la Virgen, Patrona del Convento... Parece lo cierto que era Vimbodí, y la turba, mujeres, muchachos, fiesta en saliendo de allí, se encaminó al abandonado Convento, encontró en él sola¬ mente seis guardabosques sin armas ni uniforme; contemporizaron éstos, en¬ tretuvieron a los invasores con tortas y vino: los chiquillos, empero, entra- (1) Finestres, obra citada, tomo V, pág. 261. (2) Id., id., tomo V, págs. 232-234. (3) Eduardo Toda, Poblet. (4) Cayetano Barraquer, Los religiosos en Cataluña en la primera mitad del siglo xix, tomo II, pág. 316. 398 HISTORIA Y ARQUITECTURA ron en-la iglesia, rompieron a bastonazos lo que podía romperse, las lámpa¬ ras, por ejemplo... Después regresaron a Vimbodí refiriendo a todo el mundo el desamparo del Monasterio: podía irse a robar, a destruir, a incendiar im¬ punemente, y las hordas salvajes acudieron a él el día siguiente. Debía ser por la Virgen de septiembre; la obra de la bestialidad recomenzó: prendieron fuego de nuevo al pajar, a todo lo combustible: altares. Coro, órgano, Ar¬ chivo, Biblioteca, revestimientos de madera, y en las dos Sacristías, arma¬ rios, cómodas, cuadros, tapices, alfombras...; a martillazos rompieron las es¬ culturas: adonde no alcanzaban las herramientas llegaban disparando los fu¬ siles... Y entre tanto se consumaba el saqueo: de los vecinos pueblos y gran¬ jas acudían diariamente con animales de carga:los llenaban de muebles, de maderas, de vino, de libros, de todo cuanto podía hacerse servir, o venderse, no importaba el precio por bajo que fuese. Al segundo día del saqueo les tocó el turno a las campanas: las campa¬ nas de afinadas notas de Poblet, arrojadas de arriba abajo. Eran ocho, de nombres conocidos: Mayor o Bernarda, Salvatierra, Colombina, Valenciana, del Capítulo, de los Frailes, Pequeña nueva y del Garrañau (i). Noche y día resonaron los martillos en ellas para poder destrozarlas y llevarse luego el metal... Después acabó el saqueo por las Tumbas Reales, rotas, desfondadas, en busca de joyas, armas, restos de trajes... Finalmente la profanación de los muertos, los cadáveres de nuestros gloriosos Reyes y héroes, destroza¬ dos, arrastrados, alineados en posturas sacrilegas... Y allí, solo, abandonado, quedó el gran cadáver de la Institución del Cister en Cataluña, y la obra persistente, construida de siglos, de una civi¬ lización de alta moralidad y trascendentales miras, destruida en horas o en pocos días por modernos bárbaros y bandosidades fanáticas y sacrilegas. Quedó el edificio destartalado; las órbitas negras de sus rosetones y venta¬ nas, desiertas, vacías de claridad y de luz interior, mirando de hito en hito, piadosamente, al cielo. Unos señores de los alrededores, compradores de los bienes del Con¬ vento, o provincianos de Tarragona, maniáticos de la antigüedad o román¬ ticos de objetos antiguos, los rectores y sacerdotes de la comarca, reclamaron (i) Según D. Eduardo 'Yoáñ,{Estudios Eoídetanos), poseía además Poblet otras tres cam¬ panas: la Pequeña del Dormitorio, la del Refectorio del Claustro, y la de Pan y Vino, única que pendía del Cimborio y se tañía durante la Elevación.—N. del T. DEL MONASTERIO DE POBLET 399 humildemente de las ilustres autoridadesgobernantes que se retirasen de en¬ tre las ruinas los libros, los documentos que quedaban, los venerables restos insepultos de nuestros reyes, magnates y sabios hombres de Estado; y las autoridades, bonachonas y tolerantes, permitieron el traslado de los docu¬ mentos y libros, primero, a Tarragona, luego en gran parte a Madrid, a la Academia, al Archivo Nacional últimamente. Losdespojos reales, restos mezclados de los cadáveres de Alfonso, el primer Conde-Rey de Aragón, de los últimos reyes catalanes Pedro IV, Juan y Martín, de los primeros castellanos Fernando I y Juan II, de Alfon¬ so V, el conquistador de Nápoles, de las reinas sus esposas, de los Infantes, llevados por caballerías en pobres embalajes de madera blanca, recogidos como de limosna, fueron a la Catedral de Tarragona: yacen allí todavía, en una gran caja oculta cerca de la Salar Capitular, insepultos. La momia de Jaime I el Conquistador, más entera, fué objeto de una procesión pública, funeraria, cívico-religiosa; las autoridades lucieron en ella uniformes y hábi¬ tos de pieles y púrpuras, y le construyeron un sepulcro de lance con frag¬ mentos de las tumbas de los Duques de Segorbe, antiguamente costeadas en Poblet, en tiempos de decadencia, por Pedro de Aragón, Señor de aque¬ lla Casa. ' ' 1 -íT 1, ^-4 . - • :'- ■"• ■••■". • jr-s ■.•r '-•■ ffi' "^tí'Ssr I Î"* •<» *tc ^ - - ifí -i-_It? -s. íf- •" t%."Cjr â- -- - "K? . !f - I- &'.:••• ií*.í»á¿5fc«-':í-" ••.\^c®.::-í:v:r^. ' - >• : ' —O^-—- ••-•i*î^-«-*^ '^. Kv •nw·.-- * ' ^4í®Sè- "-r "2 i.-ïïSSíííï^w^íí • - - * "S't^" ^gg.- - r- -í?» ,f.5í6íÍJU¿ííl;?¿ 1$^í -Jlsí^ ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS Páginas Prólogo.. I.—Fundación y emplazamiento Fundación. 3 Emplazamiento. 12 IL—Organización general Las granjas . 19 Los recintos conventuales 29 La fortificación. 33 El abastecimiento de aguas 35 Construcciones claustrales 40 La hospitalidad y sus dependencias 47 III.—Organización conventual Organización social de la vida monástica en las dependencias claustrales 55 La vida conventual. 66 Las comidas y la abstinencia 72 Los hábitos .... 77 El culto y su suntuosidad 82 El canto litúrgico . 99 52 É I 402 índice de los capitulos Páginas 102 De los enfermos y moribundos.—Los cultos funerarios.—Las exequias reales 122 Reyes y Príncipes sepultados en el Monasterio 130 Poblet Panteón de la Corona aragonesa. Heráldica sepulcral. 137 Sepulturas de Prelados 138 Nobles y personajes enterrados en Poblet 146 Sepulturas de los Condes de Urgel, de las Casas de Barcelona y de Cabrera Sepulturas de los Duques de Segorbe, de las Casas de Aragóñ, Antequera 147 y Cardona 152 Importancia social de Poblet IV.—Las construcciones 179 Las obras primitivas y su uso 186 Las construcciones a fines del siglo 186 La Iglesia mayor 196 El Refectorio y el Claustro 200 Las tumbas Las construcciones del siglo 208 El Claustro 208 219 El Aula Capitular 223 El Locutorio yla Librería . . . . 229 El Dormitorio y el Archivo 234 Los Lagares y las Bodegas Dependencias secundarias claustrales: Cocina, Calefactorio, Pasadizos al 239 exterior, Claustrillos Construcciones del abad Pondo de Copons (1316-1348) 246 Atrio. Colateral y Capillas meridionales. Cimborio. Habitaciones superio res del Claustro. . 246 259 Obras de Pedro IV y del abad Guillermo de Agulló (1348-1393) Sepulcros Reales. Pavimentos. Cámaras Reales. Librería. Fortificaciones y Puerta Real 259 261 Los Sepulcros Reales (1359-1386) Pavimentos de los Claustros. Biblioteca y otras salas. Alicatados y azulejos 270 276 Las Cámaras Reales. La Librería de Pedro IV (1381-1382) 279 Las fortificaciones y la Puerta Real (1367-1382) 286 r, Sepulturas del tiempo del abad Guillermo de Agulló y del rey Juan I (1387-13%) .■ Sf iV Obras del Rey Martín (1396-1414) 298 Construcciones en tiempo de la dinastía castellana de Aragón (1413-1498) . 309 Gobierno y construcciones del abad Martínez de Mengucho (1413-1434) . 309 Gobierno y construcciones del abad Conill en tiempo de Alfonso V ( 1437- 1458) 317 ; ) iíl INDICE DE LOS CAPITULOS 403 Páginas Poblet entiempo de los abades Delgado (1458-1478) y Payo Coello (1480-1498) 323 Las obras del siglo xvi (1502-1598) 337 El abad Domingo Porta (1502-1526) 337 El abad Pedro Caixal y el altar mayor o retablo de alabastro (1526-1581) 341 Las construcciones del Abad Lerín (1531-1545) 346 Felipe II 3' el abad Pedro Boqués en Poblet (1546-1564) .... 349 Construcciones de los abades Guimerà (1564-1583) y Oliver (1583-1598) . 355 El gobierno las obras de la decadencia artística en Poblet y .... 365 Construcciones de los Duques de Segorbe y Cardona Luis y Pedro Antonio de Aragón (1660-1690) 365 Obras de los abades de los siglos xvii y xvni 376 La Biblioteca y los libros de Poblet 386 La destrucción de Poblet 392 k i ÍNDICE DE LOS GRABADOS Páginas Don Luis Domènech y Montaner III Sello del fundador de Poblet, el Conde-Rey Ramón Berenguer IV. 5 Planta general 8 Armas de los Cardona 9 Cruz terminal en la entrada del Monasterio 12 Mapa general del Monasterio de Poblet, año 1798 14 Sello de Alfonso II de Aragón 20 Castillo de Milmanda: Torre de entrada y muralla 20 Castillo de Milmanda: Detalle de la puerta de entrada 23 Castillo de Milmanda: Detalle de la Galería 28 Perspectiva general 80 Planta baja 34 Templete del lavatorio y reconstrucción de su fuente 37 Planta superior 40 Claustro 42 Cocina con su hogar 45 Sección por las dependencias 50 Perspectiva parcial 60 Claurtro 68 Hábito de los monjes de Poblet, según la lauda sepulcral del abad Poncio de Copons 79 Sección transversal por el Dormitorio de Novicios 84 Capiteles del Claustro 89 Paño mortuorio 96 Armas del abad Guillermo de Agulló 103 Armas del abad Bartolomé Conill 103 Escena de las exequias 109 Sección longitudinal por el Claustro 112 Restos de las cabezas de las estatuas yacentes de 119 l^s Reyes de Aragón. . 1 k ÍNDICE DE LOS GRABADOS 405 u Páginas Situación de los enterramientos en los Panteones Reales 122 ^ Estatuas yacentes de los sarcófagos de las Infantas 123 Armas del sarcófago de la Infanta Juana, condesa de Ampurias.. ... 125 r; Armas de Doña María de Luna, esposa del rey Martín 125 ' ' Estatuas yacentes de los sarcófagos de los Infantes 127 M Sarcófago dç la Infanta Juana, condesa de Ampurias 130 Ik;. Perspectiva del crucero y sepulturas reales 133 ® Tambor de los enterramientos en el cementerio, con las armas de Anglesola. > 135 I* Armas de Pedro de Soler y Ramón Arrufat. . 136 t Armas deJaime Bas y JuandeEspuny 136 Armas de Manresa y Ces Cases 139 Armas de Queralt y de Ponts 139 Armas de los Cardona 140 lili' Espada de los Moneada como Senescales de Cataluña 140 Armas de los Moneada 140 Armas de Ramón de Cervera 141 Armas de Guillermo de Cervera 141 Armas de los Anglesola 142 Armas de Alaña y Villafranca 142 Armas de los Copons 143 Armas de Gerardo de Grañena 143 Armas de Tomás Marta 144 Armas de los Castellvy o Castellvell. 144 Armas de Blas Morell 145 Armas de los Vallebrera 145 Armas de Urgel y Cabrera 146 Armas de la Casa de Barcelona-Cabrera-Urgel 147 Armas de las casas ducales de Segorbe y Cardona 149 Sección-transversal por la bodega y palacio del rey Martín.. 152 Palacio del Rey Martín: Fachada 156 Tapas de los libros de la Biblioteca de Don Pedro Antonio de Aragón. . . 166 Dormitorio de los Monjes 180 Iglesia mayor: Nave lateral 189 Refectorio de los monjes: Vista general 192 Escalera y tribuna del Refectorio 197 Planta del Claustro 201 Sección por las torres, vestíbulo y claustro 208 Capiteles del Claustro 212 Capiteles del Claustro 213 Templete del Claustro 217 Sala Capitular 221 Claustrillo del Locutorio y habitaciones reales: Detalles 224 I i:( iy I ! h 406 ÍNDICE DE LOS GRABADOS Páginas Biblioteca. 227 Capitel del Archivo 231 Dormitorio de Novicios 284 Bodega 237 Claustrillo del Locutorio: Detalle 240 Habitación del abad Copons llamada «Chocolatería» 249 Plantas del Cimborio. 253 Vista posterior de la iglesia, Sala Capitular y Dormitorio de Novicios. . . 256 Escudo de Pedro IV en la PuertaReal 258 Armas de la reina María de Navarra 263 Armas de la reina Leonor de Portugal 263 Armas de la reina Leonor de Sicilia , . . 264 Estatuillas procedentes de los Panteones Reales. ....... 268 Cerraduras y azulejo alicatado 271 Azulejos procedentes de Poblet 274 Tapas de los libros de la Biblioteca de Don Pedro Antonio de Aragón. . . 278 Puerta Real y Torres 281 Claustrillo de San Esteban y escalera de las habitaciones reales. ... 284 Escudo de Pedro IV en la Puerta Real del Monasterio de Poblet. ... 285 Sección transversal por el Claustro y Refectorio 288 Puerta del Palacio del Rej^ Martín 291 Puerta del Palacio del Rey Martín 295 Impostas de las ventanas del Palacio del Rey Martín 299 Palacio del Rey Martín: Ventana 303 Palacio del Rey Martín: Ventana 307 Palacio del Rey Martín: Ventanal 312 Puerta Dorada y Capilla de San Jorge 319 Azulejos con las armas de los abades Payo Coello, Lerín, Guimerà y Caixal.. 324 Panteones Reales: Reconstrucción 331 Azulejos con las armas del abad Porta 336 Altar mayor de la iglesia de Poblet 344 Altar del Santo Sepulcro en la Galilea 360 Tabla representando la procesión de Semana Santa presidida por Felipe II y el abad Oliver 364 Don Pedro Antonio de Aragón 372 Galería del Palacio del Abad: Detalle 377 Puerta de la Galilea 383 Tapas de los libros de la Biblioteca de Don Pedro Antonio de Aragón. . . 386 Tapas de los libros de la Biblioteca de Don Pedro Antonio de Aragón. . . 388 Tapas de los libros de la Biblioteca de Don Pedro Antonio de Aragón. . . 390 • ÍÍ. Acabóse de imprimir la presente obra, dirigida por D. Félix Domènech y Roura, hijo del autor, y publicada bajo EL ALTO PATRONATO DE LA ExCMA, DIPUTACIÓN Provincial de Barcelona, en los talleres DE LA EDITORIAL MoNTANER Y SiMÓN, de dicha ilustrísima ciudad, el día 15 de Octubre del año del SeÑOR MCMXXVII »^5>. 'i*- n'açrt^t.a·sara »y»wpyh*He|ropvi|i™HHca»|||H|g^eç|g|™|pgw™p™ieng*H|gg™i«*g^SgeL .. -Xif- •4- ._ ■ -?'.. ■_ . .' y'^^Jr- ^ - ■■"'iff ■' .. !k, .. ■ ■ V'C'^'ÍU - V'V'- / \¿ ■ í(.V4gi^>~:-',: ,. ■ " li-j L4 i. ;-•: t ¡9^ c ■ í -c K'. ' H^l -Î- r X. ■í'·iCi^·is, -.1. ••. ' v.v¿c-.- -ir-. "VVÍ?'^ V "A s'T s"i^ . h í" íí^V j ·.-,v\^v>^^ > VVí"' M", '• Í>«iws •» -'Î r <.-«»■' , l" ' -t TStJ^ -is- ï' . ■■■ : '- .'rA-s.^ ; ^ .rT"«·>S'ï«í>% :v.>.'-" v"' < V ¿f** ^ - ■'íS^' J't /"^ ' " » KlhA f ••:^íS •?. ■ • .•Aífí. V i&- :^tffy¡^iR^z.'>^i■ **í?. ■$"" k w' í<1 íi líi i.f ». -fevj*