San Lorenzo de El Escorial SAN LORENZO de EL ESCORIA'L el monasterio el palacio real la casita del principe guIa desoriptiva y artística por D. ZURBITU, S. I. 0 editorial «razón y fe» madrid, 1929 lIBRERlA "FERNANDO FÉ" PUEKTA DEL SOL 15 ■ IMPRIMI POTEST: Emmanuel Sanchez Robles, S. i. PRAEP. PROV. TOLET. NIHIL OBSTAT: constantinus bayle, s. CENS. ECCL. IMPRÍMASE: Madrid, 26 de julio de 1929. Dr. J. Francisco Moran, T. VIO. GEN. 19 2 9 IMPRENTA PALOMEQUE. Ronda de - Atocha, 23 - MADRID Friso de la Biblioteca. INTRODUCCION El nombre de inmediatamente la figura de El Escorial evoca Felipe II. En aquellas enormes murallas grises, en la masa impo¬ nente de su conjunto, en la severa y melancólica grandeza de sus lineas, ha quedado como un reflejo de la personalidad de su regio fundador, de su espiritu austero e inflexible, pero también gene¬ roso y magnánimo. No es posible volver los ojos al Escorial sin que saiga al paso la noble y perseguida memoria del hijo de Car¬ los V. La injusta con Felipe II. El odio de sus ene¬ Historia ha sido migos, que no se calmó ni con su muerte, ha continuado persi¬ guiéndole más allá del sepulcro con las armas de la calumnia; y los que mientras él vivió raras veces salieron victoriosos en sus empresas, en ésta de envilecer su recuerdo han logrado absoluta victoria. En torno de la persona del Rey Prudente han logrado crear la más negra leyenda, le han presentado como un personaje •siniestro y repugnante, friamente sanguinario, hipócrita y egoista. Nada más ajeno de la verdad. Los que vivieron intimamente con él, ios testigos de sus obras y de su vida, aun aquellos que con entera imparcialidad reconocieron los defectos del Rey y los cen¬ suraron acerbamente en sus escritos, nos hacen de Felipe II un 8 INTRODUCCIÓN retrato totalmente distinto. Pero esto no importa. Contra todas- ias leyes de la crítica, que aconseja recibir con prevención ios in¬ formes del enemigo, porque pueden ser inspirados por el odio, la mayor parte de ios juicios que durante mucho tiempo se han formado ios historiadores sobre ia persona del fundador de El. Escorial, proceden de sus más encarnizados tado ha sido que enemigos. El resul¬ ia Historia se ha cebado en él sin con una ferocidad ejemplo. Ni siquiera como protector de las artes y como generoso e inteligente coleccionista de las obras maestras de ia pintura de su tiempo ha merecido el respeto de ia posteridad. ia verdad se va abriendo Hoy, poco a poco, camino, y nadie ignora ya que las obras más notables de ios principales artistas del siglo xvi, que enrique¬ cen nuestro Museo del Prado, se deben a ia personal iniciativa de Felipe H. La descripción del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial nos dará ocasión para conocer este interesante de su fundador. Aiii está aspectO' reflejado su espíritu; aiii ha quedado profundamente grabado el sello de su iniciativa personal. Yo no he acertado jamás a veren Ei Escorial aquella siniestra austeridad, aquella sequedad y adustez que ciertos de prejuicios han espíritus llenos querido ver en él. Sus dimensiones ciertamente son enormes; ia sobriedad en ios adornos ia no puede Pero ser mayor. proximidad de ios montes atenúa de tai manera sus proporcio¬ nes y el color plomizo de su mole se funde tan perfectamente con el paisaje circundante, que ia obra resulta llena de armonía y las elegantes agujas de las cuatro torres angulares acaban por impo¬ ner su nota de gracia en ia imponente severidad del conjunto. A ia parte posterior del ábside del templo, alrededor de un modesto patio de reducidas dimensiones, el fundador reservó para si unas pocas estancias. Con sus paredes encaladas baldosados y sus arrimaderos de y sus pisos em¬ azulejo taiaverano, las habita¬ ciones reales tienen más bien el aire de una celda monacal. Ailr está ia humilde mesa de pino donde trabajaba el Rey Prudente;, en aquellos sillones fraileros se sentaba; aun se ve el escabel en que apoyaba su pierna enferma. En esa alcoba, al llegar su última hora,, debieron acompañarle los recuerdos de su azarosa fos de Flandes y la ruina de la vida, los triun¬ Armada y la muerte de la dulce reina Isabela de Valois: sus horas de triunfo y de desgracia. Allí SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 9 conoció cómo el fin de todas las cosas sobre la tierra es inmensa¬ mente triste, y tuvo con su heredero un último coloquio sereno y tranquilo mientras llegaba el instante de entregar su alma al Creador. Enterrado su cuerpo en el Panteón de Reyes, en el segundo sepulcro al lado del Evangelio, su memoria, sin embargo, llena todo el amplio recinto del Monasterio. La grandeza de la obra habla mejor que nada de la grandeza de su alma, y no hay más clara apología de las hazañas y vicisitudes de su vida que la visita minuciosa y el recuento de la riquezas acumuladas allí por su in¬ discutible entusiasmo por las artes (1). (1)La mayor parte de los datos que nos han servido para este libro han sido sacados de la obra del P. Fr. José de Sigüenza, Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo (Madrid, 1605); este libro, junto con las Memorias de Fr. Juan de San Jerónimo y las de Fr. Antonio de Villacastín, son autorizadas, pues los tres autores fueron testigos presen¬ las fuentes más ciales de la construcción de El Escorial. Hemos aprovechado también, entre otros, la historia de Fr. Fiancísco de los Santos y el libro monumental de Rotondo, Historia descriptiva, ariistica y pintoresca del Real Monasterio de San Lorenzo, comúnmente llamado del Escorial. (Madrid, 1863.) Ha tenido el famoso Monasterio la notable fortuna de tener por custodios a religiosos agustinos, que, como tan aficionados a las letras, han escudri¬ los ñado atentamente todos los rincones de su historia y han dado a luz sobre ella un buen número de libros y gran cantidad de artículos en su docta Re¬ vista La Ciudad de Dios. En estos libros y artículos, y particularmente en ios que lleva publicados el P. Fr. Julián Zarco Cuevas, hemos podido espigar también no pocas noticias interesantes. Para la descripción e historia de la Biblioteca nos han servido principalmente los eruditos trabajos del P, Fr. Guillermo Antolín, que dirigió muchos años la Biblioteca escuria- lense. Batalla de San Quintín. I Los primeros pasos Era el verano de 1557. Acababa de empuñar Felipe II las rien¬ das de sus Estados, la abdicación de su padre el Emperador, y por andaba en tratos para concertar con Francia una paz estable y duradera, cuando llegó la noticia de que los franceses, sin respeto ninguno a las capitulaciones, preparaban un ataque contra Flandes. Decidióse, desde luego, la resistencia; juntóse un gran ejército a las órdenes de Manuel Filiberto, Duque de Saboya, y amagando primero un ataque a la Champaña, luego, de pronto, en un rápido cambio de frente, el ejército español invadió a toda prisa la Picar¬ dia y el 2 de agosto se presentó frente a los muros de San Quintin. De la primera embestida quedó por suyo el arrabal del Norte. Pero a la noche siguiente el almirante Coligny logró penetrar en la plaza con tropas de refuerzo y levantar el ánimo de los sitiados para que resistieran mientras llegaban las tropas francesas de socorro. Lle¬ garon éstas frente a San Quintin, a las órdenes del Condestable de Montmorency, el 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo. Decidie¬ ron inmediatamente forzar el paso del Somme, y una parte de las tropas, mandadas por Andelot y protegidas por las fuerzas del Condestable, ganaron efectivamente la orilla; pero con tan poca fortuna, que casi toda la gente pereció bajo el fuego de los arcabu¬ ceros españoles. Quiso entonces retroceder el Condestable; pero ya era tarde. Nuestras tropas pasaron rápidamente el rio, y cortán¬ dole la retirada le obligaron a presentar batalla. Al primer choque cedieron los franceses y rindióse a discreción la infanteria alemana. Llegó en esto la artilleria del Duque de 12 LOS PRIMEROS PASOS Saboya, y aquello consumó el desastre. Más de seis mil hombres quedaron tendidos en el campo; otros seis mil cayeron prisioneros, entre ellos el mismo Montmorency con su hijo menor, los Duques de Montpensier y de Lon- gueville, el Principe de Mántua y lo más florido de la nobleza francesa. Tres después estaba dias Felipe 11 frente a San Quin¬ tin, para alentar con su presencia a los sitiadores, y el 27 del mismo mes se tomaba la plaza por asalto. La memorable batalla ganada por las tropas es¬ pañolas el día de San Lo¬ renzo tuvo para toda la política exterior de Feli¬ pe II las más favorables consecuencias. Por devo¬ ción, pues, al Santo Már¬ tir, a cuya intercesión creia el Rey deber tan señalada victoria, formó ya desde entonces la resolución de dedicarle un templo que prolongara en el decurso de los siglos la memoria de su agradecimiento. Juntᬠbase con esto el deseo que tenia de cumplir la volun¬ tad del Emperador, su au- Fig. 1.—pantoja de la Cruz; Carlos V gusto padre, quien al tiem- a los 49 años. Fot. Moreno. po ^ de SU abdicación le ha- bia dado el encargo de pre¬ parar honrosa sepultura para su cuerpo y el de su esposa la Em¬ peratriz Isabel. Así, el templo que pensaba dedicar a San Lorenzo había de ser al mismo tiempo digno sepulcro para los despojos mortales de los Reyes de España. 13 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL Aun pasaron, sin embargo, cinco años antes de que el Rey pudiera dar cumplimiento a su piadoso deseo. Y no es ciertamente que descuidara su ejecución. Había ya resuelto que la proyecta¬ da iglesia estuviera servida por religiosos de la Orden de San Je¬ rónimo, y tan pronto como, des¬ embarazado de los negocios de Fiandes, volvió a España, en 1559, púsose desde luego a buscar el sitio oportuno para la construcción del Monasterio. Elio había de ser en paraje «que estuviera fuera y aun iejos de pobiado, donde ios reiigiosos no tuviesen quien los es¬ torbase la quietud de su contem- piación, y cuando él quisiese re¬ tirarse del bullicio y ruido de su Corte, el lugar '° mismo le ayudase ' anterior. del cuadro Fíg. 2.—Fragmento a levantar el ánimo en santas meditaciones, de que no tenía poco ejercicio y gusto» (Sigüenza). Parece que suprimera elección recayó en ei Monasterio de San Jerónimo de Guisando. Algunos años había pasado en él la Semana Santa, y era muy de su gusto la agreste soledad de aquellas mon¬ tañas. Parecióle, sin embargo, que la aspereza del sitio no podía domarse fácilmente, ni había llano ni suelo en toda aquella sierra donde cupiesen sus designios. Pensó también en aquellas últimas estribaciones del Guadarrama donde se asienta el Real de Manza¬ nares; luego dudó si seria mejor buscar sitio en Aranjuez; pero ni en una ni en otra parte se halló cosa que satisficiese. Ayudábale en esta elección una Junta de arquitectos, médicos y canteros, y ai fin, después de largas pesquisas, ellos fueron los que inclinaron su elección en favor de un cierto recodo de la sierra, a media distancia entre Guisando y el Real de Manzanares, en el lugar donde hoy vemos asentado el Monasterio. No se contentó Felipe II con la relación que ie dieron sus comisionados; quiso él mismo verlo y considerarlo; y así, aprovechando las jornadas que hacía para retirarse a Guisando, iba y venía por el sitio elegido, hasta que se convenció de que era ei más acomodado a su propó¬ sito. 14 LOS PRIMEROS PASOS Pasáronse en esto otros dos años. Era bien entrado el de 1561 cuando, vísperas ya de emprender su soñada construcción, se en dirigió Felipe 11 a la Orden de San Jerónimo, rogándola recibiese Fig. 3.—L. Giordano; Batalla de San Quintín. (Friso de la escalera.) elMonasterio que tenia pensado fundar. Aceptado el regio ofreci¬ miento, al terminar la Semana Santa del año siguiente de 1562, cuando el Rey volvía de Guisando, tuvo ya en el mismo Escorial reunión de los comisionados tratar de la inmediata ejecución para de designios; estuvieron presentes el arquitecto Juan Bautista sus de Toledo, que ya trabajaba en los planos hacia tiempo; Pedro de Hoyo, Secretario del Rey, y el futuro Prior, Fray Juan de Huete, con su Vicario, Fray Juan de Colmenar. Por fin, a principios de abril comenzaron a desmontar y quitar la jara de todo aquel con¬ torno, y a los pocos dias, vuelto de nuevo el Rey, quedó ya en su Fig. 4.—L. Giordano: Batalla de San Quintin. (Fragmento del anterior.) SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 15 presencia ei sitio acordelado y plantadas las estacas donde habían de abrirse ios cimientos. Ya para entonces el arquitecto real, Juan Bautista de Toledo, tenia trazada la planta y las par¬ tes principales del edificio, aun¬ que por indicaciones del^^Rey, que no dejaba de intervenir constan¬ temente, se iba siempre puliendo y mejorando. Preparáronse en se¬ guida los trabajos de explanación y comenzaron a juntarse peones y oficiales canteros, albañiles y carpinteros. Al frente de todo, como veedor y contador de toda la fábrica, fué puesto Andrés de Almaguer, a quien para llevar la cuenta y tener los libros ayudó, de orden del Rey, el P. Fray Juan Fig. 5.—Pantoja de la Cruz: Felipe II, viejo. Fot. Moreno. San Jerónimo. Para dirigir la de los y ala medas vino de la Murta, de Bar- celona. Fray Marcos de Cardona, , 1 , Fig. 6.—Fragmento dei cuadro y, finalmente, por obrero mayor, anterior. debajo de cuyo gobierno se habla de ejecutar todo, «vino, o trájole Dios», como dice Sigüenza, el que habla de ser alma principal de toda la obra y brazo derecho del arquitecto: Fray Antonio de Villacastin, religioso corista, profeso 16 LOS PRIMEROS PASOS de la Sisla de Toledo, el mismo que en otro tiempo había dirigido las obras de las habitaciones destinadas a Carlos V en Yuste. Por de prisa que se llevaron los trabajos de explanación y la fábrica de los cimientos, hasta un año después (abril de 1563) no pudo ser colocada la primera pie¬ dra; pero ya desde enton¬ ces los trabajos siguieron con maravillosa activi¬ dad. Por tratarse de una obra de tan descomunales pro¬ porciones, es interesante conocer la manera cómo aquel Rey prudentísimo organizó los múltiples tra¬ bajos que se realizaban si¬ multáneamente en la cons¬ trucción y enriquecimiento del famoso Monasterio. Al frente de todo puso el Rey una Congregación cíe la Fábrica, compuesta por el Prior, el Veedor y el Contador, de quien depen- Fig. 7.-Juan de Herrera, arquitecto. resolución de todoS Fot. Moreno, los asüntos importantes. En esta Congregación, por orden expresa del Rey, entraba siempre el lego Villacastin. Los obreros estaban repartidos en cuadrillas; tenia cada una su sobrestante, quien, previo juramento, se comprometía a llevar las listas de cuantos trabajaban bajo su inspección, y según estas listas y la cuenta que en ellas aparecía de las faltas y asistencias, se pagaba los sábados a todo el peonaje. Ganaban los peones, de dos atres reales diarios. Era también oficio de los sobrestantes pre¬ venir los materiales con tiempo, de suerte que jamás por falta de ellos tuviera que interrumpirse el trabajo, y cada noche acudían a preguntar a los aparejadores dónde y en qué había de trabajar su gente al otro día. La provisión de víveres para tanta muchedumbre corría a cargo 17 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL del Prior y el Contador, y ellos fijaban el precio de cada cosa, sin que se pudiera vender con otra tasa que la suya; ningún obrero ni ■empleado de la obra podia vender comestibles a los demás. Las horas de trabajo eran las siguientes: desde la Cruz de mayo hasta la Cruz de septiembre comenzaba el tajo a las seis y duraba hasta las once; se reanuda¬ ba a la una hasta cua- y después des- canso la puesta tem- de tra- y de una a Las cuentas se llevaban escrúpulo- so cuidado. El libro de in- i-V^H gresos y gastos estaba re- '._A iB petido, y tenía una copia el Veedor y otra el Conta- dor, con obligación de con- frontarlos con frecuencia, y otro tercer ejemplar de \ lo mismo se guardaba den- lE?" tro del arca del dinero. Tres eran también las lia- ^'8- 8.-Fray José de s¡|üen^.^^^^_ ves de esta arca, las cuales tenían el Prior, el Contador y el Veedor, y era necesario que los tres estuvieran presentes cada vez que el arca se abría. De los pintores que se empleaban en la decoración de las dife¬ rentes estancias y en los lienzos de los altares, unos estaban al ser¬ vicio habitual del Rey, y tenían salario fijo; otros eran llamados según la necesidad, y se íes hacían encargos circunstanciales. La Congregación les proporcionaba a todos los lienzos y los colores. Cuando la obra estaba terminada, la Congregación, por su parte, nombraba un perito pintor, que, previo juramento, tasaba la obra; el autor de la pintura nombraba otro por su parte, y ambos, pasa¬ dos los días que juzgaban necesarios para acertar mejor en su tasa- •ción, la entregaban al Alcalde mayor de la villa de El Escorial. Si 2 18 LOS PRIMEROS PASOS cualquiera de las partes disentía de la tasación propuesta por la otra, el Alcalde nombraba un tercer perito tasador, y la decisión que éste daba era cumplida sin apelación posible. Los pintores que estaban a servicio del Rey y tenían salario fijo, recibían, con todo, íntegra la cantidad fijada en la tasación. De la misma manera se apreciaban y pagaban los trabajos de los copistas e ilumina¬ dores de libros. A pesar de todo, y siendo por lo ge¬ neral bien cumpli¬ dos los salarios con que se remuneraban los trabajos, siempre ha causado maravi¬ lla ver cuán poca fué la costa de la obra, si se tiene en cuenta su extraordi¬ naria grandeza. La Fig. 9.—Silla de Felipe II. ' ^ . Fot. Moreno, razon de esta econo¬ mia hay que buscar¬ la indudablemente la en rigurosa administración que se llevó en todo momento; sorprende la minuciosidad con que se lleva cuenta hasta de los más mínimos gastos: la compra de unos clavos, el arreglo de una carreta, lo que costó afilar unas tijeras para cortar el boj, no quedaba lugar para el más pequeño despilfarro . Además, todas las cuentas pasaban por la inspección cuidadosa de Fray Antonio de Villacastin, hasta el punto de que no se hizo pago que él no examinara y autorizara. Aunque no fuera más que por este cuidado, bien agradecida tenia que estar al humilde lego la fábrica de San Lorenzo. Adorno de un manuscrito persa. Vista general desde Poniente. II Mirada de conjunto «En la ladera de esta sierra (Carpetana), junto a una pequeña poblaciónque se llama El Escorial, en aquella parte por donde mira más derecha al Mediodía, siete leguas de Madrid (36 kilóme¬ tros), muy a su vista a !a parte del Poniente, se descubrió una lla¬ nura o plaza suficiente para una grande planta». Con estas palabras designa el historiador del Monasterio Fray José de Sigüenza el sitio elegido por el Rey para la construcción del Monasterio. Las comodidades no podían ser mayores. En la vecindad muchas fuentes de buen agua, sin las gargantas y arroyos que bajan de la sierra y gran abundancia de hermosa piedra cárdena para la cons¬ trucción. Por el contorno, grandes pinares: el de Balsain, hacia Segovia; los de Quejigar y Navaluenga, del lado de Avila, y otros no menos frondosos por la parte de Cuenca. Más próximas atin dos dehesas de gran frescura y arboleda, que en tiempo del P. Sigüenza estaban «acomodadas de caza, pesca, jardines y leña para el servi¬ cio del convento». La una, que se llama La Herrería, tan cercana que linda con las paredes del convento, tiene un contorno poco menos de una legua, y está tan verde y frondosa, que «mirada des¬ de el mismo convento parece una mata de albahaca en el verano, que es gran alivio de la soledad y de la vista». La otra se llama La Fresneda, algo más apartada del Monasterio, aunque también a su vista, distancia de una media legua escasa. 20 MIRADA DE CONJUNTO Protegido como está el paraje por los contrafuertes de la sie¬ rra al Norte y al Poniente, su clima es en general templado y seco; hácese más crudo en ciertos dias de invierno en que soplan vientos V ^hiril·i "uT-mTrjg FT Fig. 10.—Plano del Monasterio. huracanados propios de la altura de 1.028 metros a que se halla el Monasterio. Forma el edificio un paralelogramo rectangular, cuyos lados mayores (fachadas de Poniente y Levante) miden 207 metros de 21 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL longitud, y los menores (fachadas Norte y Mediodía) poco más de 161. La altura del edificio,hasta la cornisa, es algo más de 17 metros, y las torres de los cuatro ángulos se elevan unos 56. El ma¬ terial de la construcción es todo él granito gris, y los tejados son de pizarra azulada, a excepción de algunas partes, más preciosas, que se han cubierto con planchas de plomo. Predomina en la estructura y adorno el estilo dórico, que, como más pesado y robusto, es el único usado en los pisos inferiores, dejando algunos elementos del jónico para las partes superiores. Parece seguro que el arquitecto quiso figurar, en la forma general de la planta, unas parrillas invertidas, que recuerden el martirio de San Loren¬ zo, a quien está dedicado. Los pies se figuran en las cuatro torres de los ángu¬ los, y las habitacicnes rea¬ les, que sobresalen de la fachada, a espaldas de la iglesia, pueden muy bien representar el mango. Para que las bellas pro¬ porciones del edificio pue- , ._F^,ente del Seminario, dan apreciarse en toda su í'of. Laurent^ hermosura, el Monasterio se halla completamente aislado por sus cuatro lados, sin obstáculo ni aditamento de ninguna clase que estorbe la vista. Por las facha¬ das de Norte y de Poniente cercan el edificio dos grandes plazas o lonjas, de 36 metros de anchura la del Norte y 52 la de Ponien¬ te, con el suelo repartido en fajas enlosadas de granito, que co¬ rresponden a las pilastras y salientes de las fachadas. Por la parte exterior, la lonja está cerrada por un pretil, como de un metro de altura, de piedra bien labrada, con adornos de pilastras y bolas y fuertes cadenas de hierro para cerrar los nueve portillos que des¬ de la calle dan acceso a la lonja. Alrededor de éstas, y separada de ellas por la anchura de la calle, corre una serie de hermosos edificios de granito, iguales todos y de la misma factura que el Monasterio, aunque de más sencilla construcción. Son las llamadas Casas de Oficios y de Ministerios 22 MIRADA DE CONJUNTO al lado Norte, y las de Infantes y Reina al Oeste. El edificio que se ve a continuación, en este mismo lado, es el que antiguamente se llamó Compaña, en el cual hoy está instalada la Universidad de Padres Agustinos. Comunica con el Monasterio por una galería en forma de pórtico cubierto, que cierra la lonja de Poniente. La Casa de Oficios tiene también comunicación directa con el lado de Palacio por medio de un pasadizo subterráneo, construido en tiem¬ pos de Carlos 111. A los lados del Mediodía y de Levante, en lugar de las lonjas. Fig. 12.—Vista general.—De un grabado antiguo. se extienden dosamplios jardines, de 27 metros de anchura, cons- truidos terraplén sobre arcos de cantería. El jardin está con¬ en un servado a la antigua usanza española, con cuadros de boj, recor¬ tados en diferentes dibujos, y tiene doce fuentes que embellecen el paraje y alegran la vista. Los que en diferentes tiempos se han ocupado en hacer la des¬ cripción minuciosa del edificio han contado las diferentes partes de que consta, no sólo por cierta natural curiosidad en obra de tan desusada grandeza, sino también porque ese recuento da la mejor SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 23 idea de la importancia de ia obra. He aquí, pues, algunos de esos números: Hay, en diferentes partes del Monasterio, 15 claustros, 16 pa¬ tios, 14 zaguanes, 5 refectorios principales y 2 en la Compaña, 13 oratorios, 300 celdas, 86 escaleras, 9 torres, 9 órganos, 232 li¬ bros de coro, incluidos los 11 menores y los 3 para el canto de la Pasión, 73 estatuas, más de 1.600 pinturas, 11 aljibes, 88 fuentes (contando las del Monasterio y Palacio con las de los jardines y Fig. 13.—Vista del Monasterio desde las alturas de Poniente. Compaña); hay, además, un manantial en la Compaña, otro en el Palacio y varios que nacen debajo del piso de la iglesia y se han encauzado por cañerías hasta un estanque de la huerta. Finalmente, los que han contado las puertas y ventanas repartidas por todas partes, dicen que son 2.673 las ventanas y 1.200 las puertas. Otros curiosos pormenores queremos poner aquí, porque ser¬ virán para conocer con cuánta costa se hicieron las obras princi¬ pales de esta que se llamó la octava maravilla del mundo. El dinero que se empleó en las diferentes obras, hasta la muerte de Felipe H, apenas llegó a 6 millones de ducados (16.500.000 pe¬ setas), cantidad increíble por pequeña, si el diligente historiador ■de la Orden, Fray José de Sigüenza, no asegurara que la comprobó 24 MIRADA DE CONJUNTO minuciosamente teniendo a la vista «las cédulas y recibos de los contadores y pagadores». Con este dinero quedó edificado no sólo el Monasterio, sino también la Compaña y las Casas de Oficios; entra también en la cuenta toda la pintura al óleo y al fresco, las sedas y brocados de los ornamentos, los salarios de los bordadores y el precio de compra de La Fresneda, Campillo, Las Radas, Mo¬ nasterio y El Quexigar, que se añadieron a la casa, con sus estan- Fig. 1 4.—Fachada de Mediodía y huerta de los frailes. ques, cercas, plantíos y edificios. Pero'hay que advertir que mu¬ chas de las pinturas fueron regaladas a Felipe, y que después de su muerte se han hecho en el Monasterio obras muy costosas. Las partidas más importantes son las siguientes: los materia¬ les empleados en el templo, mármoles, bronce, plomo, oro, piedras, madera, ladrillo, etc., ascendieron a 3.200.000 rs. (800.000 ptas.). Los jornales de toda la cantería para el templo, lás dos torres y la cúpula principal, costaron 5.512.154 rs. y 15 mrs. (1.378.038 pe¬ setas). Todas las pinturas de la iglesia, óleos y frescos, 291.270 (72.817 ptas.). La del claustro bajo costó 419.883 rs. (104.970 ptas.). El decorado de la biblioteca, contando el oro que se gastó, 199.822 (49.955 ptas.). El retablo del altar mayor, tabernáculo y enterra¬ mientos reales, 5.343.825 y 12 mrs. (1.335.956 ptas.). Las seis es- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 25 tatúas del Patio de los Reyes, 196.180 (49.044 ptas.). La de San Lorenzo, de la fachada principal, 17.070 (4.267 ptas.). La coloca¬ ción de los andamios, 7.150 (1.787 ptas.). Los nueve órganos, 295.997 y 28 mrs. (74.000 ptas.). Las rejas, barandillas y balaustres de la iglesia, 556.828 rs. (138.471 ptas.). La librería del coro, la cajonería para guardarla y el facistol, sin contar los bronces y ma¬ deras, 568.592 (142.148 ptas.). La estantería de la biblioteca, 140.000 (35.000 ptas.). Los ornamentos de la sacristía pueden ta¬ sarse aproximadamente en unos 4.400.000 (1.100.000 ptas.). El monumento para Semana Santa, 53.013 y 26 mr. (13.253 ptas.). En 1671, un incendio redujo a cenizas gran parte del edificio. En ia reparación de los daños causados por el fuego se trabajó durante ocho años y se gastaron 11.620.091 rs. y 4 mrs. (2.905.022 pesetas). i Difícil es que por solas estas cifras pueda el lector hacerse cargo ' del coste de tan inmensa fábrica, sobre todo si se trata de compa¬ rarlo con nuestros tiempos costaría una edificación se¬ io que en mejante. Era en el siglo xvi mucho mayor el valor adquisitivo de la moneda: pagábanse a los obreros jornales mínimos en compara¬ ción con los actuales, y con ellos, sin embargo, podían adquirir sobradamente cuanto para su vida necesitaban. Quien desee, por consiguiente,formarse una idea de lo que en realidad costó Escorial, según el El aprecio que hoy hacemos del f dinero, compare ios precios antiguos con los actuales pre¬ cios y aumente conforme a esta comparación el valor de j ; los dos. seis miliones de duca- Como base paraeste cálcu¬ Fig. 15.—Patio interior de la Compaña. lo puede servir una lista en que el erudito Agustino P. Zar¬ co Cuevas ha reunido los precios que entre 1563 y 1598 regían para la adquisición de ciertos artículos de primera necesidad. I Ei jornal de un peón era de dos reales; el de los oficiales llegaba a veces hasta cuatro. Hoy, un peón de albañil gana ocho pesetas. 26 MIRADA DE CONJUNTO Un buey costaba de 13 a 15 ducados (de 36 a 41 ptas.). Hoy cuesta de 600 a 800 pesetas. Un puerco, cuatro ducados (11 ptas.). Hoy cuesta de 90 a 150 pesetas, según la edad. Una ternera, cinco ducados (14 ptas.). Hoy cuesta entre 300 y 450 ptas. Un carnero, ducado y medio (4 ptas.). Hoy, entre 40 y .50 ptas. Una gallina, de dos a tres y medio reaies. Hoy vale de 5 a 7 ptas. Cien huevos se compraban por un ducado (cerca de 3 ptas.). Hoy valen de 16 a 20 ptas. La arroba de aceite costaba 12 reales (3 ptas.). Hoy cuesta de 80 a 90 ptas. Según esta comparación; los precios de algunos artículos han aumentado 16,21 y hasta 25 veces respecto de lo que se pagaban en el siglo xvi; en otros ha sido menor el aumento, de 6, 7 y 10 ve¬ ces. Tomando, pues, un término medio, no andaremos lejos de la verdad si suponemos que el valor adquisitivo de la moneda de Fe¬ lipe II era doce veces mayor que el de la moneda actual, y, por consiguiente, los seis millones de ducados que costó la obra del Escorial equivaldrían en la actualidad a cerca de 200 millones de pesetas. Bien sabe el lector que estos cálculos no pueden ser exactos; pero también estamos seguros de que éste es el único camino para llegar a una idea aproximada del verdadero coste de la fábrica del famoso Monasterio. La construcción del edificio principal duró cerca de veintidós años, desde abril de 1563 hasta septiembre de 1584, fecha en que fué colocada la última piedra. Arcón de Felipe II. Vista de El Escorial por el Sur. III Las cuatro fachadas y el Patio de los Reyes La fachada principal del Monasterio es la de Poniente, y en su centro se halla la entrada al patio central y a la iglesia. Tiene algo más de 200 metros de largo por 20 de alto, y está flanqueada por dos torres de 75 metros, coronadas por chapiteles en forma de pirámide con cubierta de pizarra, remates de bola y veleta y cruz en el ápice. El adorno de esta inmensa superficie no puede ser más sobrio ni acertado: un zócalo de una vara de altura en la base, una sencilla cornisa sostenida sobre canecillos en lo alto y una simple faja o imposta a poco más de la mitad de la altura total de la fachada. El efecto seria con todo, de una inevitable monoto¬ nia si no fuera por la acertada disposición de las tres puertas, que animan la rigidez de las lineas y distribuyen armoniosamente los espacios. La puerta principal, colocada en el centro, forma un amplio resalto de unos 40 metros de altura por poco menos de anchura. El conjunto de la portada está dividido en dos cuerpos y decorado en dos órdenes de arquitectura: dórico el inferior y jónico el su¬ perior. Decoran la parte baja ocho medias columnas distribuidas dos a dos, cuatro a cada lado de la puerta, con nichos y ventanas en los intercolumnios. Encima de la puerta fórmanse tres recuadros, de los cuales el central es una ventana, y los dos laterales llevan esculpidas unas parrillas; finalmente, sobre los capiteles de las 28 LAS CUATRO FACHADAS columnas corre una ancha faja compuesta de arquitrabe, friso y cornisa sostenida por modillones. Sobre este cuerpo dórico se levanta el superior, en estilo jónico, compuesto por cuatro columnas adosadas lo mismo que las de abajo, sobre las cuales descansa el frontón triangular en que re¬ mata toda la portada. A las cuatro columnas extremas del cuerpo inferior, dos a cada lado, corresponden en el superior cuatro bases Fig. 16.—Fachada de Poniente. prismáticas rematadas pirámides de mediana altura. En el por intercolumnio central en la parte baja un escudo con las se ve armas reales labradas de relieve, y encima de él, colocada en su nicho, la estatua de San Lorenzo, vestido de diácono con un libro en la mano izquierda y unas parrillas doradas a fuego en la derecha. Es una hermosa estatua de más de cuatro metros de altura escul¬ pida por Juan Bautista Monegro enpiedra berroqueña, a excep¬ ción de las manos, pies y cabeza, que son de mármol blanco. Todo este sistema de cuerpos y columnas sirve para encua¬ drar lapuerta, que es una de las principales del Monasterio y tiene seis metros de alto por tresde ancho. Con ser ella de tan crecidas dimensiones, todas las piezas de que está formada (jambas, dinte- 29 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL Íes ysobredinteles), son enterizas yfueron cortadas de un mismo traerlas de la cantera fué me¬ bloque, y ellas eran tales, que para nester armar un carro muy fuerte, del que tiraban cuarenta pares de bueyes, y aun trayéndolas de una a una fué cosa de mucho trabajo. Las otras dos puertas laterales forman también un resalto de siete metros sobre la linea general de la fachada, y aunque su de- II I i îîîîiiîî^îf. lllliiillMlllllllii 1111111111111111 uTTTiTr 1 IJ B ■ I ■ I ■ 111111 n n 111 m I»1IÍIÍIIII1IÍII1(II^ Fig. 17.—Fachada del Mediodía. coración es la casi nula y no puede compararse con de la puerta central, con ser sobria, sin embargo, en ella tan la elegancia severa de sus amplios ventanales de medio punto y de los áticos en que rematan, está, sin duda, uno de los secretos de la hermo¬ sura de esta fachada. De las otras tres, la del Norte es la que ofrece menos interés y la que a la vista presenta aspecto menos agradable, pues por ser la parte más batida por los vientos anduvo el arquitecto muy parco en quedó el lienzo desairado y pobre abrir ventanas en ella y de lineas. La fachada de Levante, la primera que se presenta al viajero, tiene varios resaltos, correspondientes a unas torres pro¬ yectadas que no llegaron a construirse y a las habitaciones de Fe- 30 LA3 CUATRO FACHADAS lipe II. A esta partecae también la parte posterior de la iglesia, y como es tan alta y desnuda de todo adorno, tampoco hace muy buena vista. En cambio, la fachada del Mediodía, aunque despro¬ vista de portadas y de todo otro elemento decorativo, es, sin em¬ bargo, la más hermosa de las tres por la sencillez y armonía de sus lineas, no interrumpidas en toda la longitud del edificio. Su mejor adorno son los jardines, que se extienden a lo largo de ella; Fig. 18.—Fachada Sur y jardín. añádele también no poca hermosura la linea de un estribo que se dibuja en talud sobre la faja verde de los bojes, estribo tan robusto y macizo como era menester para sostener, por aquella parte, la mole ingente del Monasterio. Ofrece, además, esta fachada la particularidad de que en ella fué colocada la primera piedra del edificio hacia la mitad de este lienzo, en el sitio que hoy cae debajo de la silla prioral del refec¬ torio. La piedra llevaba escrita, en la cara superior, esta inscrip¬ ción: Deus O. M. operi aspiciat. (Dios Omnipotente mire por la obra.) 32 LAS CUATRO FACHADAS En un lado; Philippns II hispaniarum Rex afundamentiserexit. (Felipe II, Rey de las Españas, lo levantó de planta.) En el otro lado: loan. Baptista Archítectus IX Kal. Malí (Juan Bautista, Arquitecto, a 9 de las kalendas de mayo.) Volviendo ahora a la fachada de Poniente y a su puerta principal, éntrase por ella en el zaguán que da acceso al Patio de los Reyes. Fig. 20.—Fachada de Levante.—El mango de la parrilla. Tiene este zaguán 23 metros de largo por ocho de anchura, y en la perfección con que está labrada su bóveda de cantería y los arcos y pilastras de las paredes se puede ver una buena muestra del cui¬ dado con que se llevó la construcción de todo el edificio. El zaguán sirve de entrada, por la izquierda, al Colegio; por la derecha, al Convento, y en particular a la Biblioteca; al frente ábrense tres grandes arcadas sobre el Patio de los Reyes, así llamado por las seis estatuas que desde la fachada frontera de la iglesia atraen la mirada tan pronto como se penetra en el patio. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 33 Es éste un rectángulo de 64 metros de largo por cerca de 38 de ancho; las paredes laterales están adornadas de pilastras de poco relieve y cuatro serles de ventanas con rejas en las dos inferiores y antepechos de balaustres en la superior. Unos 11 metros antes de llegar a la puerta de la iglesia comienza una escalinata de siete gradas que ocupa toda la anchura del patio y forma en lo alto como una gran meseta para pedestal de la fachada. Consta ésta de dos cuerpos de orden dórico, y aunque no se le puede negar cierta grandiosidad, hay que reconocer, sin embargo, que dada su grandeza y disposición es de las partes menos acerta¬ das en el edificio y no corresponde a la importancia y grandeza del templo, cuyo acceso prepara. El cuerpo Inferior lo componen seis columnas, entre las cuales y las torres de los ángulos se abren cinco arcos de cerca de cinco metros de anchura por más de siete de altura. Entre estos arcos y la faja que divide los dos cuerpos se ven cinco enor¬ mes ventanas, con baran¬ dillas de hierro, y sobre ellas se extiende al arqui¬ trabe, con sus metopas y triglifos propios del estilo. A plomo, sobre las seis co¬ lumnas, se levantan seis grandes pedestales de tres metros y medio de altura, y sobre ellos descansan las seis estatuas de Reyes del Antiguo Testamento que dan nombre al patio. La idea de colocarlas en 21,-Patio de ios Reyes.-Fachada. este lugar debióse al gran escriturista Arias Montano, de cuya erudición hacia tanto apre¬ cio el fundador del Escorial, y las inscripciones grabadas en los pedestales indican que fueron colocadas a la puerta de este templo por la parte importante que tuvieron en la cons- 34 LAS CUATRO FACHADAS trucción del de Jerusalén y en el restablecimiento del culto deí Señor. Comenzando por la izquierda del espectador, los Reyes y las- inscripciones son las siguientes: JOSAFAT Lucís ablatís legem propagavit. (Taló los bosques sagrados y propagó la Ley.) Lleva en la mano un hacha o segur, de bronce dorado, de dos arrobas de peso. EZEQUÍAS Mandola domo phase celebravit. (Purificó el templo y celebró la Pascua.) Para representar los sacrificios del Templo lleva en la man» una naveta de bronce, y al lado un macho cabrío. DAVID Operis exemplar a Domino recepit. (Recibió de mano de Dios ei modelo del Templo.) Recogido el manto por un lado, descubre la empuñadura de un alfanje gigantesco de bronce dorado, que pesó más de cinc» arrobas. El arpa en que se apoya pesó 14 arrobas y 16 libras. SALOMÓN Templum Domino aedijicatum dedicavit. (Dedicó al Señor el Templo que habla edificado.) Está representado joven e imberbe y lleva en la mano un libr» símbolo de su extraordinaria sabiduría. JOSÍAS Volumen legis Domini invenit (Halló el volumen de la Ley del Señor.) Lleva el cetro en la izquierda, y en la derecha el libro de laa Ley, que es de bronce y pesa más de dos arrobas. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 35 MANASÉS Contritas altare Domino instauravit. (Arrepentido, restauró ei altar dei Señor.) Trae en la pegia de bronce, y a sus pies se mano un compás y ve una pesada cadena despojos de cautivo, para re¬ con ropas y cuerdo de ia cautividad que sufrió en poder de sus enemigos. Todas estas estatuas, de magnifico estilo, fueron labradas en granito por el escultor toledano Juan Bautista Monegro, lo mismo que el San Lorenzo de ia fachada, y tienen, como aquél, las manos, pies y cabeza de mármol blanco. Las coronas son de bronce dorado y pesan cada una de tres a cuatro arrobas, lo cual no es de admi¬ rar si se tiene en cuenta que las estatuas tienen cerca de cinco me¬ tros de altura. Es tradición que las siete fueron cortadas de un mismo bloque de granito, que aun se muestra en un prado del vecino pueblo de Peralejo, y tiene grabada esta especie de ins¬ cripción: «Seis Reyes y un Santo Salieron de este canto Y quedó para otro tanto.»; En lapared de la izquierda, según se mira a la iglesia, encima de la octava ventana, contando desde la fachada de los Reyes, se ve una piedra señalada con una cruz negra a la que corresponde en el tejado otra cruz grande de pizarra. Esta fué ia última piedra que se colocó en ia fábrica, con la cual quedó completamente ter¬ minado el edificio. De las dos torres que coronan la fachada, en la de la derecha está el reloj y las campanas que señalan las horas de los oficios divinos. Se la designa con ei nombre de la Torre de las Campanas. En la de la izquierda, que se llamó la Torre de ¡as Campanillas, exis¬ tió hasta 1826un órgano de 31 campanas, cuyos tañidos se goberna¬ ban por medio de un teclado. Era obra flamenca, enviada al Rey Carlos II por ei Conde de Monterrey, D. Juan Domingo de Haro, siendo Gobernador de Flandes. Un incendio ia destruyó y no ha vuelto a reponerse desde entonces. L. Giordano: Fundación de El Escorial.—Friso de la escalera.—Lado Este. IV El templo Entre los intercolumnios de la fachada y los ángulos del patio contiguos a ella ábrense cinco grandes arcadas que dan acceso al vestíbulo del templo, amplia galería de 38 metros de largo por cinco de ancho. A estas cinco arcadas corresponden otras tantas en la pared interior, tres de las cuales sirven para entrar en el temple y las dos de los extremos se abren sobre dos patinillos que hay a los lados del coro. El interior, adornado de pilastras y nichos, fajas y lunetos, es obra de singular primor arquitectónico, como convenia a la entrada de tan famoso santuario. También las puertas corres¬ ponden a la suntuosidad del recinto, y están iabradas de finísima ácana (1) con tableros de encina y preciosos llamadores de hierro forjado. La central se abre en toda su altura hasta la clave del arco; en las dos laterales es fijo el medio punto, y en el tímpano formado por él queda lugar para dos medallones de mármol negro con letras de bronce dorado, que dicen así: El de la derecha: D. Laurent. Mart. Pliilipp. omn. Hisp. Regn. utriusque Sicil. Hieru. etc. Rex huius tempti prímum dedicavit íapidem D. Bernardí sacro die anno MDLXIII Res divina fieri in eo coepta pridie Festum D. Laurentii anno MDLXXXVI (1) Madera de color rojizo oscuro, muy sólida y dura, que sólo con e! frote adquiere hermoso pulimento. Es árbol de tierras tropicales. 38 EL TEMPLO (A honra de San Lorenzo Mártir, Felipe II, Rey de todas las Españas, de Jerusalén y de las Dos Sicilias, colocó la primera pie¬ dra de este templo el dia de San Bernardo del año 1563. Celebrᬠronse en él por vez primera los divinos oficios la vigilia de San Lorenzo del año 1586.) El de la izquierda: Pliilipp. II omnium Hísp. Regnar, utríiisque Sicil. Hier. etc. Rex Camilli Caiet. Aíexandr. Patriarchae Nuntii Apost. ministerio hanc Basilicam S. Chrismate consecrand. pie ac devote curavit die XXX august, anno MDXCV (Felipe II, Rey de todas las Españas, de las Dos Sicilias, de Je¬ rusalén, etc., dispuso piadosa y devotamente que esta Basilica fuese consagrada con el Santo Crisma por ministerio del Patriarca Camilo Cayeta¬ no, Patriarca de Alexan¬ dria, Nuncio Apostólico, el dia 30 de agosto del año de 1595.) Estas mismas inscrip¬ ciones aparecen también en el interior del templo, en dos lápidas cuadradas encima de las puertas. Por cualquiera de las tres que hemos señalado en el vestíbulo se entra en el coro bajo, que viene a ser, en pequeño, una imita¬ ción del templo. Tiene 16 metros en cuadro, y forma a entrambos lados cuatro capillas, dos de las cuales sirven de cancelas y las otras dos están dedicadas a San Blas y Sixto y a San Cosme y Damián. En ellas decian misa los clérigos forasteros. Los técnicos han admirado 39 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL en todo tiempo la bóveda de este recinto, pues estando construida de piedra y siendo muy grande la abertura entre los pilares de sos¬ tén, la bóveda aparece enteramente llana; cosa tanto más de admirar cuanto que sobre ella descansa todo el peso del coro alto, que no es poco. Muchos visitan¬ tes, al llegar al coro, se colocan a media distan¬ cia entre el facistol y la silla prioral, y dan¬ do en el suelo un golpe con el pie lo sienten cimbrearse y vibrar en toda su extensión (1). Todavía antes de penetrar en el templo propiamente dicho hay que pasar el llamado Coro de los Seminarios, donde antiguamente cantaban los seminaris¬ tas todos los dias la mi- 23.-Luisy de Leandro. San Isidoro Sancarvajal; sa de alba, a las cinco Fot, Moreno. de la mañana; desde aqui, por cualquiera de los arcos cerrados con magníficas rejas (1) bóveda corre ya de antiguo una conseja que, Sobre esta singular aunque tiene fundamento ninguno histórico, vamos a recordar aquí. no Cuéntase que cuando Felipe 11 vió la bóveda cerrada y se acordó del peso que debía sos+ener, temeroso que se viniera abajo mandó al arquitecto Juan de Herrera que colocara en el centro una columna.. Cumplió Herrera de mala gana el encargo; pero puso la columna de suerte que en realidad no llegara a de la bóveda. Algún tiempo después, a fuerza de insistencia, tocar la clave logró el arquitecto que el Rey le permitiera quitar aquel inútil apoyo. Pero antes de hacerlo, y en presencia del mismo Monarca, hizo pasar una hoja de papel entre la bóveda y la columna, para dar a entender al Rey cuán in¬ necesario había sido aquel sostén y cuánta era la seguridad de su obra. Esto, sin embargo, no pasa de ser una fábula ingeniosa. 40 EL TEMPLO de bronce que separan el coro de la iglesia, se entra en el grandioso templo de San Lorenzo el Real. Nada hay comparable la con impresión majestuosa y severa que produce en el ánimo la vista del inmenso recinto. El arqui tecto supo darle una especie de grandiosidad divina que sobrecoge el espíritu. Nada hay alli deriqueza que sor¬ prenda; nada de ador¬ nos en capiteles ni cor¬ nisas. Las sencillas ca- neladuras de las pilas¬ tras parecen los largos pliegues de austeras ta¬ picerías. Pero la sabia disposición de lineas y masas, la proporción de partes y la maravillosa unidad de todos los ele¬ mentos, dan al conjun¬ to una sublime belleza espiritual, la verdadera belleza austera y ma¬ temática de la arqui¬ tectura. Considerado el tem¬ plo en su totalidad e incluyendo los acceso- Fig. 24.—SANCHEZ COELLO: San Pablo, primer rios que lo rodean, tie- ermitaflo, y San Antonio Abad. , , , , Fot. Moreno. "6 de largo, desde la fachada de los hasta la pared del Reyes ábside, poco más de 100 metros por 64 de ancho. Pero la iglesia propiamente dicha es un cuadrado de 50 metros de lado. La materia es también aqui de piedra berroqueña, la más blanca y fina que se halló. El centro de la fábrica lo forman cuatro tortísimos machones cuadrados de ocho metros de grueso cada uno, colocados a 15 nie- tros de distancia unos de otros, a los cuales corresponden otras ocho pilastras adosadas a las paredes. En cada uno de los macho- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 41 nés se forman dos pilastras de un pie de resalto, estriadas en los lados que miran a la nave central y lisas en los que corresponden a las naves menores. En cada cara del pilar se abren dos nichos, uno sobre otro; los bajos destinados a los altares y los altos vacíos, excepto los del lado Sur, en los cuales hay dos órganos de los que llaman realejos (1). Sobre estos cuatro machones y los cuatro arcos grandes del cru¬ cero, redondeado el espacio por medio de unas pechinas, se asienta un pedestal circular de seis metros de alto, so¬ bre el cual descansa la pesada mole del cimbo¬ rrio, de 18 metros de diámetro con un grueso de mamposteria de cer¬ ca de cuatro. Abrense en él ocho ventanas de medio punto, flanquea¬ das a y otro lado uno por dos pilastras resal¬ tadas. Sobre esta pri¬ mera faja se apoya la gran cúpula de media naranja, dividida en segmentos por 16 fajas resaltadas, y sobre su clave se levanta una graciosa linterna parti¬ da por ocho ventanas de unos cinco metros de altura Sobre el remate Flg. 25.—diego de Urbina: santa María Mag¬ dalenay Santa Marta, de esta linterna se ve al Fot. Moreno. exterior una pirámide estriada de ocho metros, y en el vértice de ella sienta una gran bola de bronce, que tiene más de dos metros en su diámetro mayor (1) El realejo era un órgano antiguo de pie o portátil, que solía tener un flautado y otros registrillos en octava y quincena, más otro de lleno. 1 enla ordinariamente dos fuelles pequeños. 42 EL TEMPLO y pesa 136 arrobas. Sigue luego el barrón largo de la cruz, que tiene cuatro metros embutidos en el remate de la pirámide y se eleva todavía unos cinco por encima de la bola; pesa 73 arrobas y es de hie¬ rro, lo mismo que el ar¬ pón o veleta, de casi tres metros de largo. Hacia la mitad de la pirámide estriada de que antes hemos habla¬ do se ve con buena luz una mancha brillante que parece de oro. Es una plancha de cobre de regular tamaño, do¬ rada a fuego, en la cual, por encargo del Rey, se grabaron al terminar la obra una cruz y algunas oraciones. Esta placa señala el sitio en que Felipe 11 mandó colo¬ car en una cajlta de Fig. 26.—Luis de Carvajal: Santos Antonio madera forrada de plo- de Padua y Pedro Mártir. ^ Fot. Moreno. mo varias reliquias que, en Intención del piadoso Rey, debían proteger su obra contra la fuerza destructora de los rayos. Por esta razón, sin duda, colocó, entre otras, una reliquia de Santa Bárbara. El vulgo ha Inventado sobre esto una conseja, segiín la cual, para acallar las murmuraciones de los que decían que Felipe 11 se habla empobrecido para construir el Escorial, el Rey, en un alarde de riqueza, mandó colocar en este sitio un adoquín de oro. Los altares quehay repartidos por el templo son 43, sin contar •el de lacapilla mayor. Tienen buenas pinturas al óleo, de los me¬ jores pinceles de la época, sin más adorno que un marco de talla dorada y un sencillo frontispicio en arco. Los frontales, de esca- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 43 yola, fueron hechos en 1829 por D. José Marzal, y las mesas de los altares, de piedra berroqueña, descansan sobre un poyete de már¬ mol pardo. Las pinturas de los altares, empezando desde junto al pulpito del Evangelio, son las siguientes: 1. San Pedro y San Pablo, pintados por Juan Fernández Navarrete, El Mudo. 2. Enfrente: San Felipe y Santiago, por el mismo. El artista murió sin terminario, y lo acabó Diego de Urbina. 3. Altar de las reliquias: La Anunciación. Es obra de Federico Zdccaro; pero este pintor, que vino de Italia precedido de gran fama, no acertó en ninguna de sus obras: el Rey encargó a Juan Gómez que las retocara, y quedaron aceptables. 4. Capilla: Santa Ana, por Lu¬ cas Cambiaso, Luqueto. 5.Capilla: San Juan Bautista predicando en el desierto, por el mismo. (En el tránsito de esta capilla está enterrada, interinamente, la Reina Doña María de las Mercedes, primera mujer de Alfonso XII). 6. San Juan Evangelista y San Mateo, por Juan Fernández Navarrete, El Mudo. 7. Enfrente: San Marcos y San Lucas, por Juan Fernández Nava¬ Fig. 27.—Retrato del pintor Juan rrete, El Mudo. Fernández Navarrete, El Mudo. Capilla: San Ildefonso y 8. San Eugenio, Arzobispos de Toledo, por Diego de Urbina. 9. Capilla: San Miguel, luchando con los ángeles rebeldes, por Peregrin de Peregrini, Tlbaldi. 10. Capilla: San Isidoro y San Leandro, hermanos. Arzobis¬ pos de Sevilla, por Luis de Carvajal. 11. Santos Fabián y Sebastián, por Diego de Urbina. 12. Enfrente: Los sanios niños Jnsío y Pasíor, por Alonso Sán¬ chez Coello. 13. Capilla: Martirio de San Mauricio y la Legión tebea, por 44 EL TEMPLO Rómulo Cincinnato. Para esta capilla fué pintado el cuadro del mismo asunto que hoy se enseña en la Sala Capitular, obra del Greco. Aunque el encargo habla sido hecho personalmente por el Rey, luego, al ver la pintura,no le agradó y mandó al Cincinnato que pintase la que se venera en esta capilla. 14. Capilla: San Ambrosio y San Grego¬ rio, Papa, por Diego de Urbina. 15. Enfrente : San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo, por Luis de Carvajal. 16. Capilla: San Basilio V San Atana- sio, por Alonso Sánchez Coello. 17. Enfrente: San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, por Luis de Carvajal. 18. Capilla: San Jerónimo y San Agus¬ tín, por Alonso Sánchez Coello. Fig. 28.—Altar del Relicario. 19. Altar e ima¬ de talla, de Nues¬ gen, tra Señora de la Consolación, patrona de la Orden de San Agustín. 20. San Pablo, primer ermitaño, y San Antonio, Abad, por Alonso Sánchez Coello. 21. Enfrente: San Lorenzo y San Esteban, mártires, por Alonso Sánchez Coello. 22. Bajocoro: Santos Sixto, Papa, y Blas, Obispo, por Luis de Carvajal. 23. Bajocoro: Santos Cosme y Damián, por Luis de Carvajal. Dibujo de Juan Fernández Navarrete, El Mudo. 24. Santas Marta y María Magdalena, por Diego de Urbina. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 45 25. Enfrente: Santos Vicente y Jorge, por Alonso Sánchez Coello. 26. Capilla, altar e imagen, de talla, de Nuestra Señora del Patrocinio. 27. Capiiia: Santas Leocadia y Engracia, mártires, por Luis de Carvajai. 28. Capilla: Santas Clara y Escolástica, por Diego de Urbina. Fig. 29.—Techo de la Capilla del Relicario. 29. Capiiia: Santas Agueda y Lucia, mártires, por Diego de Urbina. 30. Capilla: Santas Cecilia y Bárbara, mártires, por Diego de Urbina. 31. Capilla: Santas Paula y Mónica, viudas, por Diego de Urbina. 32. Capilla: Santas Catalina e Inés, mártires, por Alonso Sán¬ chez Coello. 33. Altar del Cristo de la Buena Muerte: Crucí/ijo de talla, de tamaño natural. 34. Santos Martin y Nicolás, Obispos, por Luis de Car¬ vajal. 46 EL TEMPLO 35. Sanios Antonio de Padiia y Pedro Mártir, por Luis de Car¬ vajal. 36.Capilla: Santos Domingo y Francisco de Asís, por Luis de Carvajal. 37. Capilla: Martirio de las Once mil Vírgenes, pintado en cola¬ boración por Peregrin de Peregrini, Tibaldi, y Juan Gónrez. Aquél trazó el dibujo y éste le dió el colorido. 38. Capilla: Santos Benito y Bernardo, Abades, por Alonso Sánchez Coello. 39. Santos Bartolomé y Tomás, Apóstoles, por juan Fernández Navarrete, El Mudo. 40. Enfrente: Santos Bernabé y Matías, por el mismo. 41. Altar de las reliquias: San Jerónimo en el desierto, por Federico Zúccaro, tan desgraciado como la Anunciación del otro altar de las Reliquias, hubo de ser retocado por Juan Gómez. 42. Santiago y San Andrés, Apóstoles, por Juan Fernández Navarrete, El Mudo. 43. Enfrente: Santos Simón y Judas, Apóstoles, por el mismo Costaron todos estos cuadros 72.765 pesetas. Las ocho bóvedas que se forman en torno del cimborrio fueron al tiempo de la construcción estucadas de blanco, con fajas y es¬ trellas azules. Pero ni ésta era decoración digna de tan suntuoso templo, ni el estado de ennegrecimiento en que la hablan dejado los años y el incendio podia decentemente permitirse por más tiempo. Esto al menos creyó Carlos II, decidido protector del Esco¬ rial, y deseoso de que la pintura de aquellos techos correspondiese a la belleza de la arquitectura, encargó a Lucas Jordán que empren¬ diese el trabajo de su decoración. Jordán, pintor de gran fantasia y valiente dibujo, se puso desde luego al trabajo; y si hemos de creer lo que dicen las historias de su tiempo, en siete meses lo dió por ter¬ minado, dejando en aquellas bóvedas una de las más preciosas jo¬ yas de pintura de este Monasterio, que tantas posee. Daremos idea de los asuntos que representan, por el mismo orden en que fueron pintados por el artista. La primera, que corresponde sobre el altar de la Anunciación, en el ángulo izquierdo segtín se mira al altar mayor, representa el Misterio de la Encarnación. Se ve porla parte de Oriente la Mujer del Apocalipsis, vestida del sol, calzada de la luna y coronada de estrellas, ante la cual se postra el Arcángel que la trae la celestial LORENZO DE EL ESCORIAL 47 SAN embajada de su elección para Madre de Dios. El Espíritu Santo la cubre con su sombra; el Padre Eterno y el Hijo divino la miran, complacidos, y humildemente la acompaña San José. Al lado de¬ recho está representada la Adoración de los Reyes, y al izquierdo la lucha de San Miguel contra Lucifer y los ángeles rebeldes. En los cuatro ángulos están las figuras de las Sibilas, que de alguna ma¬ nera predijeron el adve¬ nimiento del Redentor. Lástima que algunas go¬ teras descuidadas en la cubierta han dejado fil¬ trar la humedad y el fres¬ co ha quedado bastante maltratado. En la bóveda central de la nave menor de la izquierda se representa el viaje del pueblo de Is¬ rael por el desierto y el paso del Mar Rojo. Moi¬ sés, desde un lugar eleva- do,extiende el brazo para señalar el paso abierto en medio de las aguas, que comienzan ya a pre¬ cipitarse sobre los egip¬ cios, tragando sus carros, caballos y soldados. Ma¬ ría, la hermana de Moisés, Fíg- 30.—Altar de la Buena Muerte, acompañada de otras mu¬ jeres, entona desde otra altura su famoso cántico. Sobre las venta¬ nas están pintados los artifices que trabajaron en la construcción del Tabernáculo y del Arca de la Alianza, y en el testero, a los la dos de la ventana, se ve a una parte la lluvia del maná y a otra Sansón con el león que acaba de desquijarar. La bóveda la más cercana a la inferior de esta misma nave, puerta, figura el triunfo dela Iglesia. En figura de matrona y con ornamentos pontificios es llevada en espléndida carroza, con gran cortejo de hermosísimas doncellas, que representan las virtudes y 48 EL TEMPLO ciencias humanas y divinas. La carroza, empujada por los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, arrolla en su paso triunfal a los más famosos herejes de la Historia: Arrio, Nicolao, Lutero y otros. En el centro de la bóveda la Gracia, vestida de blanca estola, tiende la mano a otra figura que sale de entre las nubes, para significar la unión de Dios con la criatura por la Gracia, cuyos dones están representados por flores y frutos que los ángeles tejen en festones y guir¬ naldas. La siguiente corres¬ ponde al centro de la Iglesia, delante del al¬ tar mayor, y representa la Resurrección de la carne. Vénse cuatro án¬ geles que, tocando las trompetas, llaman a los muertos a juicio. En el centro, sobre majestuo¬ so trono de nubes, está sentado Jesucristo con corona y cetro. A la derecha, la Virgen Ma¬ ría, .Madre de pecado¬ res, y alrededor los doce Apóstoles forman elTri- bunal de aquel supremo Fig. 31.—Altar de la Buena Muerte. juicio. Viene por el aire. La Dolorosa. Moreno. entre ángeles y nubes, la cruz del Redentor. Por todas partes ábrense sepulcros y se levantan muertos, los cua¬ les, guiados por ángeles o empujados por demonios, van a cumplir su eterno destino. A los lados de las ventanas cuatro figuras repre¬ sentan Asia y Europa, Africa y América. La quinta bóveda, en el ángulo inferior de la derecha, está dedi¬ cada a la pureza de Maria Santísima. Vestida de blanco y azul, sobre un carro de triunfo y rodeada de un numeroso coro de vír¬ genes, se adelanta vencedora acompañada de su Hijo, que está SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 49 representado en la delantera del carro en forma de Agnus Dei. San¬ tas vírgenes y mártires empujan la carroza, el Amor Divino las guia, grupos de ángeles niños disparan flechas a las doncellas, y por todas partes se ven las figuras de las más ilustres mujeres del Anti¬ guo Testamento: Maria, hermana de Moisés; Dé- bora, Rut, Rebeca, Ra¬ quel, etc. La siguiente bóveda, que corresponde al cen¬ tro de la nave menor de la derecha, figura la victoria de los israelitas sobre los amalecitas. En medio de los enemigos, revueltos y en derrota, aparece Josué a caballo, mandando al sol que se detenga y le dé tiempo para completar su de¬ rrota. Sobre un monte, Moisés, con los brazos en alto, está orando por la victoria de su pueblo. Encima de las ventanas puso el artista las figu¬ ras de algunos de los Fig. 32.—San Juan. más notables Jueces de Moreno. Israel. En el mediopun- to de la ventana del testero está a un lado el profeta Elias, cuando debajo del enebro comió el pan con le confortó el ángel, y al que otro, David recibiendo del sacerdote Achimelec los panes de la proposición. La séptima bóveda, a la derecha de la capilla mayor, sobre el altar de San Jerónimo, representa el juicio del Santo. El fondo es una gloria con diferentes coros de ángeles y bienaventurados. A un lado aparece un ángel que señala al Santo en actitud de acusarle por su desmedida afición a los autores clásicos, en los que quiso aprender la pureza de lenguaje. En las cuatro pechinas están las 4 50 EL TEMPLO figuras de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia, la de San Jeró¬ nimo acompañada del león, púrpura y librería que suelen caracte¬ rizarle. La última bóveda, delante del altar mayor, reproduce la muer¬ te, sepultura y Asunción de la Virgen Maria. Está la Virgen colocada en un lecho de flores, rodeada por los Apóstoles. Algunos ausentes Fig. 33.—L. Giordano: Fresco de la bóveda.—Las Virtudes. vienen por el aire, según la tradición, traídos por ángeles. San Joaquín, Santa Ana y San José son también testigos del tránsito. En otro lado se ve el sepulcro y los Apóstoles que lo contemplan, admirados al ver que los ángeles han trasladado ya al Cielo el Cuerpo purísimo. Aun se ve por el aire la estela de resplandores que han dejado en su camino. Completan la pintura algunas figuras de la Antigua Alianza, que están relacionadas con la Madre de Dios: José y Josafat, Abraham e Isaac, en el acto del sacrificio, a un lado; Josias y Ezequias y la Escala de Jacob, al otro. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 51 Al lado de estasmagníficas pinturas apenas merece citarse la de la bóveda de la capilla mayor, pintada al fresco por Luquete, y por cierto con bien poca fortuna. Representa la Coronación de la Virgen y los cuatro Profetas Mayores al lado de los lunetos de las ventanas. Delante de esta misma capilla cuelga una enorme lámpara de bronce dorado a fuego, que nada tiene de notable como no sea su Fig. 34.—l. Giordano: Fresco de la bóveda.—Grupo de ángeles. excesivo coste. Hiciéronla en 1833 en Madrid los plateros D. Nico- lás Cervantes y D. Manuel García, y costó la cantidad fabulosa de 85.000 pesetas, sin contar el cordón de donde cuelga, que es de seda, pesa siete arrobas y costó cerca de 2.000 pesetas. L. Giordano: Batalla de San Quintín.—Friso de la escalera.—Lado Norte. V Capilla mayor Al extremo de la nave central está colocada la capilla mayor. Súbese a escalinata de doce gradas de mármol sanguí¬ ella por una neo, al final de las cuales se forma todo a lo ancho de la nave una meseta con solado de mármoles, embutidos de diversos colores. La anchura de este presbiterio es de 14 metros y la longitud hasta la ventana que está detrás de la Custodia, de 19 metros. A los dos lados de este plano se hallan los Oratorios y Enterramientos reales. Todavía desde aquí suben cinco gradas más del mismo mármol sanguíneo, y en el centro de una meseta cerrada con barandilla de bronce dorado se levanta el altar sobre una peana de dos escalones. La mesa, aislada por los cuatro lados, es de taracea de mármol, con dibujo de lacerias, y la cubierta es una rica piedra de jaspe, toda de una pieza, consagrada como ara. Tiene la mesa tres metros y me¬ dio de largo por 1,25 de fondo. Detrás de este altar se levanta el retablo, que es una maravilla de riqueza, de arte y de suntuosidad. Todos sus materiales son pre¬ ciosos, jaspes finísimos, metales y bronces dorados a fuego. Tiene 48 columnas, 15 estatuas de bronce y ocho cuadros originales. Cubre casi todo el fondo de la capilla, con una altura de 26 metros y una anchura de 14. Costó muy cerca de un millón de pesetas, que para el tiempo en que se hizo es dispendio verdaderamente regio. Sobre el segundo plano donde está el altar se levanta un zócalo de casi tres metros de alto, extendido por todo el ancho de la nave, con su friso y cornisa; es de jaspe sanguíneo, con recuadros de 54 CAPILLA MAYOR jaspe verde, correspondientes a ios intercolumnios de arriba. Dos puertas que se abren a los lados del altar conducen al Sagrario o Custodia, que ocupa el centro del retablo. Sobre este zócalo se ele¬ van seis columnas dóricas de Jaspe sanguíneo, de 70 centímetros de diámetro por casi cinco metros de altura. Detrás tienen pilastras cuadradas con bases y capiteles de bronce dorado, como las de todas las columnas del altar. Los triglifos y gotas de este primer cuerpo son de bronce y las metopas de jaspes diversos. En el fondo del intercolumnio central se abre un suntuo¬ so arco de jaspes, donde está colocada la Custodia. En cada uno de los inter¬ columnios laterales hay dos nichos de jaspe verde, el uno sobre el otro, ocu¬ pados por cuatro estatuas de bronce dorado que re¬ presentan a los Doctores de la Iglesia figuras de en Fig. 35.—Altar Mayor.—Retablo. tamaño natural; San Jeró¬ nimo tiene el león al pie y un crucifijo en la mano; los otros tres están vestidos de pontifical, con sus báculos y mitras. En los intercolumnios próximos a la Custodia hay dos cuadros que ocupan todo ei claro, y represen¬ tan en figuras algo mayores del natural el Nacimiento del Señor y la Adoración de los Santos Reyes; ambas son obra de Peregrino Tibaldi. El segundo cuerpo es jónico, y corresponde en todo al anterior. También aquí las seis columnas forman otros cinco claros como los de abajo. En los cuatro nichos de los intercolumnios exteriores están los cuatro Evangelistas con sus figuras simbólicas, también en bronce dorado y tamaño algo mayor del natural; en los otros tres 55 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL intercolumnios hay tres cuadros, y son: en medio, San Lorenzo en el tormento de las parrillas, por Peregrin Tibaldi; a loslados. La flagelación La Cruz acuestas, de Federico Zúcaro. y El tercer orden escorintio, y sólo tiene cuatro columnas porque la anchura de la cornisa no dejó sitio para las dos extremas y se pusieron en su lugar dos pirámides de jaspe verde. Entre éstas y las columnas hay dos estatuas: Santiago el Mayor, a la derecha; San Andrés, a la izquierda. Los cuadros de los intercolumnios son: •en medio, La Asunción de Nuestra Señora, y a los lados. La Resu¬ rrección del Señor y La escena de Pentecostés. Los tres son obra de Federico Zúcaro, y no muy perfecta, por cierto. El cuarto y último cuerpo es de orden compuesto. Sobre dos columnas de jaspe sanguíneo, como las demás, descansa un bello frontispicio triangular con que remata todo el retablo y sirve de fondo a un hermoso crucifijo con la Virgen y San Juan a los lados. Todavía a una y otra parte se asientan sobre dos pedestales otras dos estatuas de San Pedro y San Pablo, con las cuales son cinco las figuras de este último cuerpo del retablo, de dos metros v medio de altura cada una. Todas estas 15 estatuas del altar son obra de León Leoni y Pompeyo Leoni, su hijo. Eran éstos dos artistas milane¬ ses, juzgar por las muchas y y a bellísimas obras que nos han deja¬ do, ellos se conservaba pura la en tradición gloriosa de los mejores tiempos del Renacimiento. El com¬ promiso para fundir las estatuas para el retablo del Escorial le contrajo Pompeyo en 1579, y para Fig. 36.—El pintor Federico Zúccaro. que la obra saliera más perfecta, propuso al Rey la idea de mode¬ larlas y fundirlas en Milán al lado de su padre y ayudado por su consejo y experiencia. Accedió el Rey a su deseo, y a principios de 1590 regresó Pompeyo a España, trayendo consigo las estatuas; tan pronto como las llevaron al Escorial, fueron presentadas a Fe- 56 CAPILLA MAYOR lipe II; hallólas de su agrado y mandó se hicieran en seguida los preparativos para su colocación, ordenando que la Cruz del Cristo fuese de la misma madera de la quilla del navio portugués Cinco Llagas (1), de que tenía pensado fuese su ataúd. A nadie debe maravillar esta devoción del Rey, pues esta ima¬ gen de Cristo crucificado es una de las más valiosas joyas artísti¬ cas que guarda el Escorial. Dentro de las normas clásicas, dentro de cierta grandiosidad miguelangeles- ca, tiene la majestad del dolor di¬ vino, triunfador de la muerte y del pecado. «El Cristo de Leoni en el Escorial—dice Tormo—, es Cristo de majestad, uno de los más admi¬ rables de la historia del Arte, de los sublimes». Púlpitos.—Al comienzo de las gradas de jaspe que suben a la Capilla mayor, y adosados a los FIg. 37.—Fernando VII. dos pilares más próximos al altar, se ven, uno a cada lado, dos púl¬ Q-) ^ pitos de primoroso trabajo y no¬ table riqueza; pero que disuenan & en absoluto de la grandiosidad y Firma de Fernando VII. severidad del lugar en que han sido colocados. Hizolos D. Manuel de Urrlza por encargo del Rey Fernando Vil, y la mayor parte de sus materiales proceden de otro púlpito que había en Parraces (2), (1)Cuando Felipe II fué a tomar posesión del reino de Portugal halló en el puerto de Lisboa, arrumbado y desarmado hacia más de veinte años, el galeón portugués llamado Cinco Chagas (Cinco Llagas). Su quilla era un mag¬ nífico tronco de cierta madera preciosa de color rosado, procedente de la In¬ dia, que llaman alli ángel o angelim. Agradóle sobremanera al Rey y lo hizo trasladar al Escorial; de él quiso que se sacaran las tablas con que habla de hacerse su ataúd, y un pedazo de este leño sirvió también, por expresa vo¬ luntad del Monarca, paia el crucifijo de bronce, fundido por Leoni para ei ai- tar mayor. (2) Abadía de ia provincia de Segovia, queen tiempo de Felipe II fué anexionada a El Escorial. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 57 cuyas piezas fueron aserradas a lo largo en dos, para que bastaran a la construcción de los dos pulpitos. Son de mármoles y alabastros finísimos, con columnas, pasa¬ manos y relieves de bronce dorado al fuego. El de la derecha, se¬ gún se mira al altar, tiene cuatro medallones con los Doctores de la Iglesia y el escudo del Monasterio; el de la Izquierda, los cuatro Evangelistas y las armas del Rey. Los tornavoces, de bronce, en forma de cúpula, están sostenidos por cuatro columnltas de metal dorado muy ligeras, y en lo alto de las cúpulas están: a un lado, la Fe, y al otro, la Religión, tam¬ bién de bronce. No puede negarse que estos púlpltos son en si elegantes y vis¬ tosos; pero colocados donde están, de nadiepueden merecer apro¬ bación. NI sus formas, demasiado ligeras, están en consonancia con aquel conjunto tan robusto y grandioso, ni el colorido chillón de sus mármoles y bronces puede armonizar con las tonalidades gri¬ ses y obscuras de los objetos que los rodean. Sagrario y Tabernáculo. — En el zócalo del retablo mayor he¬ mos dicho que se abren a uno y otro lado dos puertas chapeadas al exterior de hermosos jaspes con guarniciones y molduras de bronce dorado y recubiertas de caoba al Interior. De cada una de estas puertas parten dos escaleras gg Tabernáculo, para subir al Sagrarlo o Custodia, que es un arco grande de metro y medio de fondo, abierto en el macizo de la pared. Corresponde enfrente una gran ventana que recibe la luz por el patio de las habitaciones reales, y el espacio comprendido entre la meseta y el arco está decorado con cuatro frescos de Peregrin Tlbaldl, alusivos a la Sagrada Eucaristía: 58 CAPILLA MAYOR I. Los israelitas cogiendo ei maná en el Desierto. II. La cena pascual de los judíos. III. Abraham dando a Melchisedech ei diezmo del botin de sus victorias. IV. El profeta Elias recibiendo del ángel el pan que le sustentó hasta el Monte Oreb. En la parte alta del medio punto hay pintado un arco iris, y todo ei resto de la pared está revestido de mármoles y jaspes. ; Ei Tabernáculo es una de las más preciosas joyas que en su género existen en ei mundo. Es un templete redondo, de bellísimo estilo corintio, colocado en el arco que se abre entre las dos co¬ lumnas centrales del primer cuerpo del altar. Sobre un zócalo de jaspe de diversos colores, enriquecido con filetes y guarniciones de bronce dorado se levantan ocho columnas de diaspro sanguíneo, veteado de blanco, piedra finísima y de hermoso pulimento; pero tan dura, que «ninguna herramienta ni acero tan bien templado se halló—dice el P. Si¬ güenza—que pudiera domarla ni ven¬ cerla», y hubo de ser torneada a punta de diamante (1). Las bases y capiteles de estas columnas son de bronce do¬ rado, estos últimos tan artificiosos y tan hábilmente fundidos que cuando en 1827, al restaurar el Tabernáculo, muy maltratado durante la invasión francesa, hubieron de hacerse dos nue¬ vos que hablan desaparecido, no se halló en Madrid artifice que se atre¬ viera a fundirlos de una sola pieza, y Fig. 39.—jácome Trezzo. hubo que hacerlos por partes, que des¬ pués fueron soldadas con cuidado. capiteles descansa la cornisa con sus canecillos Sobre estos florones y demás adornos de bronce. Rodean estas columnas un cuerpo cilindrico, en el que se señalan cuatro puertas a los cuatro puntos cardinales; las dos laterales, que corresponden al Norte y al Mediodía, están cerradas con tableros de alabastro; las de Le- (1) Este diaspro sanguíneo, que es de lo más singular que habrá en e! mundo, procede de una cantera de Aracena (Huelva), que fué comprada por el Rey en 800 ducados (2.200 pesetas). SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 59 vante y Poniente están abiertas y protegidas con cristales; ia de Poniente de cara al pueblo, para que por ella pueda verse la Cus¬ todia interior, donde se guardan las Sagradas Especies, y !a de Levante de cara al Sagrario de que antes hemos hablado, para que por ella se pueda llegar hasta el Sacramento cuando la Liturgia lo requiera. En los cuatro intercolumnios que quedan libres se forman otros tantos nichos de media concha, donde van colocadas cuatro figu¬ ras de apóstoles bronce, y en¬ en cima de la cornisa, sobre un podio con ocho resaltos, correspondientes a las ocho columnas antedichas, los otros ocho que faltan hasta completar el Apostolado. Sobre este podio se levanta la bóveda, rica- ' ^ ^ Fig. 40.—Lucas Cangiasi o Cam- mente decorada en el interior de bríaso, Ei Luqueto. piedras de diversos colores y rema¬ tada al exterior con una linterna con su cupulita, sobre la cual se asienta figura de Jesucristo que hace juego con el Apostolado. una En el interior del zócalo, bajo la ventana que da sobre el altar, hay grabada una inscripción latina que, traducida, dice así: A Jesucristo, sacerdote y victima, Felipe II, Rey, dedicó esta obra, que hizo Jacobo Trezzo con piedras españolas. En el mismo zócalo, debajo de la puerta que se abre hacia el Sagrario, otra inscripción parecida dice: Para custodia de la que es prenda segura de la salud humana Felipe II, Rey, dedicó esta obra de Jacobo Trezzo, de diversos jaspes españoles. Por último, para recordar también la restauración hecha en 1827 por el artifice madrileño D. Manuel de Urriza, se grabó en el tablero de alabastro de la derecha la siguiente inscripción: Este Sagrario dedicado a Jesucristo, destruido en la invasión de los franceses, Fernando VII piadoso y augusto lo restauró en 1827. 60 CAPILLA MAYOR medio. Fué Tiene de altura el Tabernáculo cuatro metros y dibujado por Juan de Herrera y labrado por Jácome Trezzo, que tardó siete años en su construcción. En su interior iba otra custo¬ dia menor, labrada por el mismo artifice, de oro y riquísimas pie¬ dras. Pero tanto esta Custodia como un topacio «del tamaño de un puño de hombre# fS/güenzaJ, que colgaba del florón del Ta¬ bernáculo, desaparecieron en manos de los invasores franceses. L. Giordano: Batalla de San Quintín VI Los enterramientos reales La intención del regio fundador del Escorial fué que el Mo¬ nasterio sirviera de sepulcro para guardar los restos funerarios de los Reyes de España. Por esta razón, una de las partes princi¬ pales del templo es la destinada a los enterramientos reales. A los dos lados del primer descanso del presbiterio, allí donde dijimos que terminaban las doce gradas de mármol sanguíneo, óbrense dos arcos de la misma forma y proporciones que los de las naves laterales; y en el grueso de estos arcos, que tiene cerca de tres metros, están, en la parte baja, los oratorios, y encima, los enterramientos. Los oratorios aparecen al exterior como un zócalo de unos tres metros y medio de alto por toda la abertura del arco. Al nivel del mismo plano del presbiterio se abren a cada lado tres puertas hechas de ácana, enriquecida de marcos de bronce y tableros de jaspe, con jambas, dinteles y capirotes de mármol verde. De estas tres puertas, la primera, más apartada del retablo, conduce al re¬ licario correspondiente del respectivo lado- Las otras dos forman los oratorios reales. La puerta más próxima al retablo da paso a una capilleta, con su altar, donde se decían misas particulares a los Reyes, mientras que la del medio les servia de tribuna para oir misa y asistir a los oficios de la Capilla mayor. La del lado de la Epístola corresponde a la alcoba donde murió Felipe II. Esta disposición se repite por igual en ambos lados, e igualmente sun¬ tuoso es también el revestimiento interior de mármoles y jaspes. 62 LOS ENTERRAMIENTOS REALES Sobre estos oratorios se levantan los enterramientos reales. Apoyadas sobre la cornisa del zócalo surgen dos columnas estriadas a las cuales corresponden en lo interior dos pilastras igualmente de mármol, todas con bases y capiteles de bronce. Sobre las co¬ lumnas corre un riquísimo arquitrabe adornado de triglifos y gotas de bronce, con las metopas de jaspes de variados colores. Fórmase Fig. 41.—Leoni: Enterramiento de Carlos V. de esta manera en el grueso del arco una especie de capilla reves¬ tida toda de finísima piedra negra (1). En los intercolumnios del medio, a una y otra parte, hay colo¬ cadas cinco estatuas de las personas reales, de bronce dorado a fuego y en tamaño mayor que el natural. En el lado del Evangelio, la primera es del Emperador Carlos V, armado y revestido de manto imperial, en el cual, como imitando un rico bordado, está formada un águila de dos cabezas en piedra del color del ave. A su (1) Fué sacada de una cantera de Anda, a cinco leguas de Miranda de Ebro, y costó 4.537 pesetas. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 63 derecha está la Emperatriz Isabel, madre de Felipe II; detrás, su hija Doña María, también con manto y águila imperial, y des¬ pués. Doña Leonor y Doña María, hermanas del Em¬ perador, Reina de Francia la primera y de Hungría la segunda, todas de rodi¬ llas y con las manos jun¬ tas, como en oración. En la pared de enfrente se lee este epitafio, en letras de bronce dorado sobre már¬ mol negro: D. O. M. Carolo Imper. V. Roman. Augusto hor. Regnorum Si- cil. et Hierusalem Régi Arcliiduci Austr. optimo parenti Pliilippus Filius P. lacent simul Elisabetha uxor, et Maria filia impé¬ ratrices; Eleonora et Maria Sorores, illa Franc, haec Ungariae Regina. (En honor de Dios om¬ nipotente. A Carlos V, augusto Emperador de los romanos, Rey de estos reinos, de Sicilia y de Je* Fig. 42.— Fragmento del anterior, rusalén, Archiduque de Estatua del Emperador. Austria, su excelente pa¬ dre, dedicó (este enterramiento) su hijo Felipe II. Yacen aquí con él su esposa Isabel y María, su hija (1), Emperatrices; Leo- tí) La Emperatriz Doña María está enterrada en las Descalzas Reales, de Madrid. 64 LOS ENTERRAMIENTOS REALES nory Maria, sus hermanas, Reinas aquélla de Francia y ésta de Hungria.) En el espacio más próximo al altar dice: Hunc locum si quis posterorum Caroli V, habitam gloriam rerum gestarum spíendore superaveris ipse solus occupalo; coeteri reverenler abstinete. (Si alguno de los descendientes de Carlos V sobrepujare la glo¬ ria de sus hazañas, él sólo ocupe este lugar; los demás, absténganse con reverencia.) En el testero que está allí junto dice: Caroli V Roman, imperaioris stemmata gentilicia paterna, quot locus cepit angustior suis gradibus distinct a et serie. (Blasones del linaje paterno de Carlos V, Emperador romano, cuantos cupieron en este angosto lugar, distribuidos por sus grados y dignidad.) Por último, detrás del Emperador, hacia la parte de la iglesia, dice: Provida posteritatis cura in liberorum nepotumque gratiam atque usum relictas locus post longam annorum seriem, cum debitum naturae persolverint, occupandus. (El providente cuidado de los descendientes deja este lugar para que lo ocupen los hijos y los nietos cuando vividos muchos años pa¬ guen la deuda natural de la muerte.) SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 65 En el testero de esta parte dice lo mismo que en ei otro, pero refiriéndose a ios blasones maternos. Sobre este cuerpo se eleva otro de dos columnas que sostienen un frontis triangular, remate de todo el monumento. Entre las dos columnas está el escudo de las de Carlos armas V, sobre el pecho de un águila de dos cabezas. Los blasones y campos Fig, 44,—Estatua de la Emperatriz Fig. 45,—Estatua de Doña María, Isabel. hija del Emperador. •de este escudo están hechos con bronces y piedras buscadas con gran diligencia y esmero de modo que en sus tonos correspondan a ios •colores heráldicos. Las estatuas del otro entierro al lado de la Epístola corres¬ ponden en todo las del anterior. La primera es la de Felipe II, a armado con manto y armas reales y descubierta la cabeza. A su derecha, la Reina Doña Ana, su cuarta y Ultima mujer, madre de Felipe III; detrás, la Reina Doña Isabel, su tercera mujer; a la 5 66 LOS ENTERRAMIENTOS REALES derecha de ésta, la Reina Doña María, Princesa de Portugal, su primera mujer y madre del Príncipe Don Carlos, que está detrás de su madre. El epitafio de este lado dice asi: D. O. M. Philippus II, omnium Hísp. Regnar, ütríusque Síciliae, et Hierus' Rex Cathol. Arcliidux Aiistr. in hac sacra aede, quant a fundam. extruxit sibi V. P. Quiescunt simul Anna, Elisabeiha, et Maria, uxores, cum Carolo Principe filio primo gen. (En honor de Dios omnipotente. Felipe II, Rey Católico de Fig. 46.—Armas de Carlos V. Fig. 47.—Armas de Felipe II. todos los Reinos deEspaña, de las Dos Sicilias y de Jerusalén, Archiduque de Austria, vivo aún se lo mandó construir en este sagrado templo, que edificó de planta. Descansan junto con él, Ana, Isabel y María, sus mujeres, y el Príncipe Carlos, su hijo pri¬ mogénito.) SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 67 En el espacio de junto al altar, la inscripción dice asi: Hic locus digníori ínter posteros, tilo, qui uítro ab eo abstinuít vir- tutis ergo asservatur: aliter immunis esto. (Este lugar queda reservado por quien voluntariamente se Fig. 48.—Leoni: Enterramiento de Felipe II. abstuvo de ocuparlo para el más digno en virtud entre sus descen¬ dientes. Si asi no fuese, permanezca vacío.) En el hueco más próximo a la iglesia: Solerti liberorum studio posteris post diutina spatia ad usum desti- natus locus Claris, quum naturae concesserint monumentis decorandus. 68 LOS ENTERRAMIENTOS REALES (Lugar destinado con especial diligencia de los hijos, para que los esclarecidos descen¬ dientes, cuando muriesen después de larga vida, le adornen con monu¬ mentos.) Por último, en el tes¬ tero de junto al altar: Philippi Regis Catholici stemmala gentilicia pater¬ na, quot locus cepit angus¬ tiar suis gradibus distinc- Fig. 49.—Cabezas de Don Felipe y Doña Isabel de Valois. (Blasones del linaje'paterno del católico Rey Feiipe cuantos cupieron en este angosto lugar, por sus ramas y grados.) Por esta inscripción, igual en un todo a la de Carlos V, se ve que en estos testeros se pensó po¬ ner los blasones de padres y abue¬ los paternos y maternos. Los bla¬ sones no llegaron a colocarse, aun¬ que los diseños para ellos fueron pintados por Pantoja de la Cruz, en cuatro cuadros que se guarda¬ ron en la iglesia vieja. Hoy, por tanto, estas inscripciones no tie¬ nen sentido (1). , ,, , Fig. 50.—Cabeza de la estatua Corresponde también en el se- de Dona Ana. gundo cuerpo de este entierro un escudo de armas reales, formado de las mismas materias que el (1) Los dibujos de Pantoja se guardan hoy en una galeria contigua a las habitaciones de la Infanta Isabel Clara Eugenia. 69 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL del Emperador; pero las piedras son aqui de mucho mayor precio. Las estatuas de ambos enterramientos son obra de Pom- peyo Leoni, de indiscutible belleza. Por su trabajo y el de los escudos recibió la suma de 335.000 pesetas. Fig. 51.—La Reina María de Portugal y el Príncipe Don Carlos. Peregrin, Tibaldi: Salomón y la Reina de Sabá.—Friso de la Biblioteca. vu Los Panteones reales Los enterramientos que acabamos de describir son simples cenotafios. Los cuerposde los Reyes descansan de hecho en el Panteón construido bajo el pavimento del altar mayor, cuya mesa coincide con la clave de la bóveda subterránea. En el paso de la iglesia a la sacristía, junto a la escalera lla¬ mada del Patrocinio, se abre la puerta del Panteón. Entrando por ella se bajan 12 gradas en dirección a Oriente, hasta llegar a un descansillo iluminado por una ventana. Aqui la escalera se bifurca: la de la derecha, hacia el Panteón de Infantes; la de la izquierda, hacia el de Reyes. Volviendo, pues, sobre este lado, se bajan otras 13 gradas de granito como las anteriores, y se llega a otro des¬ canso en que está colocada la portada. Es de orden compuesto y está trabajada en mármoles de San Pablo de los Montes (Toledo) y bronces dorados a fuego. Sobre dos zócalos, adosados a la pared, asientan dos columnas embebi¬ das en las jambas en dos tercios de su relieve. Tienen bases y capi¬ teles de bronce dorado, lo mismo que los modillones en que vuela la cornisa y los demás adornos de este cuerpo. Sobre aquélla hay una lápida de mármol negro de Italia, en la que, con letras de bronce dorado, se lee la siguiente inscripción; 72 LOS PANTEONES REALES D. O. Ai. Locus sacer mortalitatis exuviis Catholicorum Regum a restaiiratore vitae, cujas arae max. Austríaca adhuc pietate subiacent optatam diem expectantium. Quam posthiimam sedem sibi et suis, Carolas Caesarum Max. in votis habuit; Philippus II Regum prudentissimus elegit; Rhilippus III vere plus inchoavit; Philippus IV, dementia, constantia, religione magnas. auxit, ornavit, absolvit anno Dom. MDCL·IV. Que, en castellano, quiere decir: «A Dios Omnipotente y grande. Lugar sagrado destinado por la piedad de ios Principes austríacos a ios despojos mortales de ios Reyes católicos, que bajo el altar mayor están esperando el deseado dia de manos del Restau¬ rador de la vida. Carlos V, el más Fig. 52.—Felipe IV. esclarecido de los Césares, deseó este lugar de supremo reposo para sí y para ios suyos; Felipe 11, el más prudente de ios Reyes, lo designó; Felipe 111, Monarca sinceramente piadoso, dió principio a las obras; Felipe IV, grande por su clemencia, constancia y SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 73 religiosidad, ie aumentó, embeiieció y terminó e! año de Señor 1654.» Desde esta portada hay que bajar todavía 34 gradas con tres descansos. Toda esta escaiera es de preciosos jaspes de Tortosa y mármoies de Toiedo, tan bien ensambiados y unidos que parecen una soia pieza. En ei primer descanso, a uno y otro iado, hay dos eiegantes puertas de caoba y ébano, que no son más que de adorno, con jambas, dinteies y sobredinteies. Bajando otras 13 gradas se liega a otro descanso se.rejante al anterior, excepto que las puertas dan entrada, ia de ia derecha, ai pudridero de Reyes, y ia de ia izquierda, ai de Infantes. Aquí quedan depositados y tabicados ios cuerpos muertos hasta que ia acción dei tiempo en treinta o cuarenta años ios deja completa¬ mente secos y en disposición de ser trasladados ai Panteón defini¬ tivo, sin peligro de que inficionen ei ambiente con sus emanaciones. Desde este descanso bajan todavía otras siete gradas, a cuyo linai se halla una reja de ia misma materia, forma y beiieza que la de ia entrada; pasada ésta, ei visitan¬ te se encuentra ya en ei Panteón. ir La planta de éste es un octó- I gono de 10 metros de diámetro por cinco y medio de alto, y su decoración pertenece ai orden Fig. 53.—Felipe III. compuesto. Todo éi está cubierto de mármoies de Tortosa y jaspes de Toiedo, bruñidos con singu¬ lar cuidado, y abundan por todas partes, tai vez con dema¬ siada profusión, toda ciase de adornos y molduras de bronce. 74 LOS PANTEONES REALES La clave de la bóveda está adornada de un círculo de riquísi¬ mo jaspe, con un gran florón de bronce en el centro, del cual pende una preciosa araña, obra del artista genovès Virgilio Fanelli. Tiene esta araña en su parte inferior una como asa, figurada por cuatro serpientes enroscadas; más arriba se ven los cuatro Evangelistas de medio relieve, apoyados cartelas; siguen después 24 cornucopias, repartidas en tres órdenes circunferencia, sostenidas ''unas por otros tantos niños alados, sen- ! 'IBI^WÍIÍB^ÍÍmK tados en el borde de la arandela; mISÍrbSmmPH^ apoyadas otras en ángeles arrodillados , sobre las volutas de unas cartelas que ' sirven de cadenas, y otras, por fin, sobre las cabezas de unas cariátides puestas en pabellón con unas águilas detrás. Todo este conjunto remata en una corona real con globo y cruz, y en unas figuras abrazadas que forman el asa (1). Tanto el altar como el retablo son de kaH^BpSSI^H gran precio. La peana y mesa del altar ■ -.fe son de mármol negro de Vizcaya, con ' molduras y follajes de bronce, y en Fig. 54. medio del frontal un bajorrelieve del Puerta del Panteón. entierro de Jesucristo, hecho en bronce dorado por Fray Eugenio de la Cruz y Fray Juan de la Concepción, legos jerónimos de este Monasterio. Sobre la mesa del altar se levantan dos columnas estriadas que sostienen una cornisa y un frontispicio cortado con un tarjetón en la escotadura y una letra que dice: Resurrectio nostra. Entre las dos columnas se forma un arco con un gran tablero de pórfido en fondo, y sobre él un crucifijo de bronce, obra de poco valor el artístico, del italiano Domenico Guidi. De los ocho lados del octógono, dos están ocupados por el altar (1) Despues de haber colocado esta araña en el panteón, pasó Fanelli a Toledo, donde hizo el trono de Nuestra Señora del Sagrario que está en aquella Catedral. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 75 y la puerta, y los otros seis restantes contienen los féretros de los Reyes. Corresponden a cada ochava cuatro nichos de mármol ne¬ gro, puestos uno sobre otro, con molduras de bronce y una car¬ tela del mismo metal a cada extremo. Con los dos que hay sobre la puerta son 26 nichos, donde están colocadas otras tantas urnas sepulcrales de mármol pardo. Están sostenidas por cuatro enormes garras de león, de' bronce dorado, y tienen en el centro un tarje- Fig. 55.—Panteón de Reyes. Lado del altar. tón de lo mismo, donde se Inscribe con letras negras de relieve el nombre del Rey o Reina cuyas cenizas guarda. Comenzaron a ocuparse por las más próximas al altar y de alto a bajo; los reyes, al lado del Evangelio; la reina, madre del Prín¬ cipe heredero, en el de la Epístola, siguiendo el orden cronológico, que es el siguiente: A la derecha del altar, primera ochava: El Emperador Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Segunda ochava: Carlos II, Luis I, Carlos III y Carlos IV. 76 LOS PANTEONES REALES Tercera ochava: Fernando Vil, Isabel II, Alfonso XII y Fran¬ cisco de Asís, Rey consorte. A la izquierda del altar, primera ochava: la Emperatriz Doña Isabel, única esposa de Carlos V; Doña Ana de Austria, cuarta Fig. 56.—Panteón de Reyes. Puerta de entrada. mujer de Feiipe II; Doña Margarita, única mujer de Felipe III; Doña Isabel de Barbón, primera mujer de Felipe IV (1). Segunda ochava: Doña María Ana de Austria, segunda mujer de Felipe IV; Doña María Luisa de Saboya, primera mujer de Fe- (1) En la serie de los Reyes que han venido sucediéndose en España, desde el Emperador, faltan aquí Don Felipe V y Don Fernando VI, con sus esposas, a quienes se hicieron enterramientos particulares, al primero, en el Real Sitio de San Ildefonso, y al segundo, en el Convento de las Salesas Reales de Madrid. En la de las Reinas, quiso Felipe IV conceder a sus dos es¬ posas la gracia de ser enterradas en las urnas; de modo que una de ellas ocupa el lugar de una de las esposas de Carlos II, aunque en ninguna tuvo su¬ cesión. 77 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL îipe V (1); Doña María Amelia de Sajonia, única mujer de Car¬ los III; Doña María Luisa de Borbón, única esposa de Carlos IV (2); Doña María Cristina, cuarta mujer de Fernando VII. Panteón de infantes.—Volvamos otra vez a la escalera general, y en el punto donde se bifurca, tomemos por la derecha hasta llegar a la entrada del Panteón de Infantes. Sobre la puerta, en una lápida de mármol gris, se lee una anscrlpción que, traducida ai castella¬ no, dice así: «A Dios Omnipotente y Máximo. Isabel II, siguiendo piadosamente las huellas de sus predecesores, em¬ pezó a construir, con ia esplendidez que en S. M. resplandece, este túmulo, ei cual, para honra del augusto pa¬ rentesco y descendencia de ios Reyes, se dedica a inhumar ios restos de las Reinas consortes que mueren sin hijos principes y de ios Príncipes e I Infantes. Alfonso XII, Principe de ánimo valeroso, por quien toda Es¬ Fig. 57.—Araña del Panteón. paña iiora entristecida, io iievó ade¬ lante religiosamente, aunque, sor¬ prendido por ia muerte, no pudo concluirlo. Reinando Alfonso XIII, que mucho tiempo viva, su prudentísima madre María Cristina, ínclita Regente, por su hijo, del Reino de ias Españas, continuán¬ dolo santamente, con ia ayuda de Dios, io completó, perfeccionó y terminó con toda felicidad ei año del Señor 1886.» Preparó ei diseño ei arquitecto de Palacio, D. José Segundo de Lema. Los heraldos de ias esquinas son obra de Ponzano y el (1) Esta señora ocupa el lugar que corresponde a la esposa de su hijo Luis I, que murió en Francia sin sucesión. En este Panteón sólo se da lugar a las Reinas que dejan sucesión. (2) Aun se lee, muy visiblemente, en el lado derecho del tarjetón dorado de esta urna, el nombre Luisa, que esta misma señora grabó con unas tijeras. 73 LOS PANTEONES REALES resto de las esculturas y adornos hizolos en Carrara el Italiano Baratta. La obra no quedó terminada hasta el 1 de marzo de 1888. Costó ua millón ciento setenta y cinco mil pesetas^ más lo que luego s& gastó en hacer los. sepulcros de las her- manas de Alfon¬ so xm. Pasada la puerta del Panteón, en la última meseta hay Fig. 58.—Panteón de Infantes. Entrada. UUU ventana a la izquierda y una puerta a la derecha, que da a un pudridero, donde se hallan los restos de una Infanta, hija de Maria Eulalia y Antonio de Orleans,, nacida muerta en 12 de marzo de 1890, y la Infanta María Cris- tina (1833-1902). Las cámaras sepulcrales son nueve: cinco debajo de la sacristía, otra debajo de la celda prioral y tres debajo de las Salas Capitula¬ res. Los pavimentos están solados de mármol blanco y gris, lo mis¬ mo que las paredes, y todas las cámaras tienen su altar corres¬ pondiente de mármol. Cámara primera.—El retablo del altar lo constituye un cuadro de C. Cagliari del Descendimiento de la Cruz. Tiene marco de már- mol y baquetón de pórfido. 1.° infanta Maria Josefa de Borbón, hija de Carlos III. 2.° Infanta Luisa Carlota de Borbón, hija de los Reyes de las Dos SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 79 Sicilias(1804-1844). Sobre este sepulcro hay una estatua orante de Isabel II, de tamaño natural, en bronce dorado, obra de Ponzano. 3.° Infanta Luisa Fernanda, hija de Fernando VII (1832-1897). 4.° Infante Antonio de Orleáns, duque de Montpensier(1824-1890). 5.° Infanta Cristina de Orleáns, hija de los anteriores (1852-1879). 6.° Infanta Amalia de Orleáns, hermana de la anterior (1851-1870). Sobre estos dos últimos sepulcros se hallan colocadas dos hermo- Fig. 60.—Sepulcros de Doña Amalia de Orleans, Doña Luisa Fernanda, Don Antonio y Doña Cristina de Orleans. sas estatuas yacentes de mármol de Carrara, en tamaño natural. 7.° María de las Mercedes, Princesa de Asturias, con estatua ya¬ cente y un angelito de mármol blanco. Cámara segunda.—Tiene doce sepulcros vados. Cámara tercera.—El retablo es demármol de los Pirineos; el marco, de mármol de Aragón, y el frontal, de mármol de Granada. 1.° Infanta María del Pilar, hija de Isabel II (1861-1879). 2.° Infante Cayetano, yerno de Isabel II (1846-1871). 3.°Infanta Luisa, Duquesa de Sessa, sobrina de Carlos IV (1824-1900). Cámara cuarta.—Es la pieza más suntuosa del Panteón de 80 LOS PANTEONES REALES Infantes, por la magnifica tumba levantada en el centro para ente¬ rramiento de los Infantes Fernando de Borbón y Maria Teresa de Baviera. Tal vez, sin embargo, el monumento es demasiado grande para las reducidas dimensiones de la cámara. Cámara quinta.—Sepulcro de Don Juan de Austria, hijo natu¬ ral de Carlos V (1547-1578). Ocupa el centro de la cámara, y está adornado de una estatua yacente de tamaño natu¬ ral, vestida con armadura compieta, el Toisón al cue¬ llo y la espada entre las manos; es obra del escultor italiano Giuseppe Galleoti. Tienen también sepultu¬ ra en esta capilla los hijos bastardos de Felipe IV Juan José de Austria y Francis¬ co Fernando. Cámara sexta.—Ocupa el centro la Rotonda o Mau¬ soleo depárvulos, polígono de veintelados, de mármol blanco de Carrara, con zó¬ calo de mármol oscuro. Tiene 60 nichos, 36 ocu¬ pados ya por infantes e infantas muertos en la primera infancia. Fig. 61.-Panteón de Infantes. llisimo cuadro de la Sagra¬ da Familia, obra de Lavinia Fontana. El Niño Jesús está dormido en brazos de su Madre, y San Juan, niño también, hace señas de que no le despierten. Cámara séptima.—1.° Luis, Rey de Etruria (1773-1803). 2.° Infante Antonio, hijo de Carlos 111 (1755-1817). 3.° Luisa, Reina de Etruria (1782-1824). 4.° Infante Fernando, nieto de Car¬ los IV (1832-1854). 5.° Infante Sebastián, bisnieto de Carlos 111 (1811-1875). 6.° Princesa Antonia Maria, primera mujer de Fernan¬ do Vil (1784-1806). 7.° Reina Isabel, segunda mujer de Fernán- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 81 •do Vil (1797-1818). 8.° Reina María Josefa Amalia, tercera mujer de Fernando VII (1803-1829). ri^os má^m^ bronces^ aUar de 1.° El Principe Carlos, hijo de Felipe II (1545-1568). 2. Maria, Sepulcro de Don Juan de Austria. Flg. 63.—Rotonda de párvulos. primera mujer de Felipe II (1527-1545). 3.° Wenceslao, Archi¬ duque de Austria (1561-1578). 4.° El Principe Diego, hijo de 6 LOS PANTEONES REALES Felipe 11 (1575-1582). 5.° Manuel de Saboya (1586-1605). 6.° Car¬ los, Archiduque de Austria (1590-1624). 7.° Carlos, hijo de Fe- Fig. 64.—Felipe V. Fig. 65.—El Príncipe Don Carlos. lipe III (1607-1623). 8.° Príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV (1629-1646). 9.° Maria Ana de Neuburg, segunda mujer de Car¬ los 11 (1667-1740). 10.° Isabel de Valois, tercera mujer de Felipe 11 (1546-1568). 11.° Leonor, Reina de Francia (1498- 1558). 12.° María, Reina de Hungría (1505-1558). 13.° Principe Fernando, Firma de Felipe V. hijo de Felipe 11 (1561-1578). 14.° Mar¬ garita, hija de Felipe 111 (1610-1617). 15.° Filiberto de Saboya (1588-1624). 16.° Infante-cardenal Fer¬ nando, hijo de Felipe 111 (1609-1641). 17.° Luisa, primera mujer de Carlos 11 (1662-1689). Peregrin, Et Tibaldi: Concilio de Nicea. (Biblioteca.) VIII Sacristía La antesacristia es una pieza de ocho metros en cuadro, con las paredes pintadas de almagre hasta la cornisa; desde aquí la bóveda tiene una hermosa pintura al fresco de Gránelo; es una primorosa composición de grutescos, en cuyo centro se abre un trozo de cielo, por donde desciende un ángel con un jarro y toalla en las manos. El solado es de mármoles blancos y pardos iguales a los del templo. Enfrente de la puerta de la igle¬ sia hay otra semejante que con¬ duce a la sacristía, y en el lado de Poniente otra de igual tamaño que sale al claustro principal. En medio de la pared de Oriente una fuente de mármol pardo sirve para las abluciones de los Sacerdotes antes de la misa. La pila de esta fuente, toda de una pieza, tiene cuatro metros y medio de largo. Sobre la pared, entre seis pilastras dóricas, se forman cinco nichos, a cada uno de los cuales corres- 84 SACRISTÍA ponde una cabecita de ángel de bronce dorado, que arroja el agua por la boca. Lo res¬ tante de la sala está guarnecido de asien¬ tos con respaldares de nogal, que sirven al propio tiempo de arcas para guardar ropas. De entre los cua¬ dros que adornan las paredes, los más no¬ tables son: un tríp¬ tico del Martirio de San Felipe, por Mi¬ guel Coxcie; un San Juan Bautista, del Tiziano; Jesús con la cruz a cuestas, de Ouido Reni; dos tí¬ picos Floreros, de Seghers, y otros de menos importancia. Debajo de los cua¬ dros unas tablas con marco contienen las concesiones pontifi¬ cias de las indulgen¬ cias que pueden ga¬ narse en esta iglesia. Sacristía. —■ Por la puerta de la ante- sacristia hace que frente a la de la igle¬ sia, se entra en la Fig. 67.—El Greco: San Pedro. sacristía, pieza gran¬ de y clara, de sun¬ tuosa decoración, que mide 30 metros de largo por ocho de ancho y otros tantos de alto hasta la clave de la bóveda. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 85 De sus catorce ventanas altas y bajas que miran a Oriente, cin CD son rasgadas has¬ ta el suelo y alternan con cuatro alacenas de ricas maderas, donde se custodian los vasos sagrados, y otras nueve que¬ dan en lo alto sobre la cornisa, a las cua¬ les, en el lado de Po¬ niente, correspon¬ den otros tantos ni¬ chos o ventanas fin¬ gidas. Todo el lienzo de la mano derecha ocúpalo una rica y elegante cajonería, compuesta de dos cuerpos y primoro¬ samente labrada en ácana, caoba, ébano, terebinto, cedro, boj y nogal. Su exterior está guarnecido de molduras, embuti¬ dos y ensamblajes, trabajados con ad¬ mirable perfección; y hasta para el uso de la enorme cajone¬ ría del cuerpo infe¬ rior se ha montado cada pieza sobre rue- decillas, de modo que los pesados cajones pueden abrirse sin el menor esfuerzo. p¡g 53—gL greco: San Eugenio. 86 sacristía En el segundo cuerpo, sobre un podio labrado en las maderas di¬ chas, se levantan columnas de ácana estriadas, sobre las que des¬ cansa el arquitrabe, friso y cornisa, con canecillos de boj, todo en el orden corintio y labrado con asombroso primor. Los tableros de los intercolumnios son puertas de otras tantas alacenas donde se guar¬ dan los vasos y ornamentos sagrados. En el centro luce un bellísimo espejo ochavado, con marco ta¬ llado de cristal de roca, suntuoso regalo de la Reina Doña María de Austria, madre de Carlos II, y a suslados hay otros seis más pequeños, con marcos labrados en chapa de plata, obra del lego jerónimo Fray Eugenio de la Cruz. El piso es de mármoles par¬ dos blancos, enteramente y iguales a los de la iglesia; las pa¬ redes están de blanco hasta la cornisa, pero la bóveda va pin¬ tada al fresco por Gránelo y Fa- bricio. Figúranse en ella varias fajas que la cruzan y dividen, imitando las figuras que llaman puntas de diamante. Los espa¬ cios que dejan estas fajas van decorados en estilo grutesco con figurillas de anímales y de hombres, artesonados, grecas, follajes y florones de gran re¬ lieve. En otro tiempo lucíanse en esta pieza un buen número de cua¬ dros de grandes maestros; muchos de ellos fueron trasladados al Museo del Prado, en Madrid; aun quedan, sin embargo, algunos muy notables, que merecen bien la atención del visitante. San Jerónimo agarrado a una cuerda para incorporarse, por José Ribera, El Españólelo ; San Antonio da Padua recibiendo al Niño Jesús en los brazos, atribuido también a Ribera; Job en el muladar, por Lucas Jordán; San Francisco de Asís en oración, por Ribera; San Eugenio, Arzobispo de Toledo, por Domenicos Theo- tocopoulos. El Greco; San Pedro en la cárcel, por Ribera; Cristo EL ESCORIAL 87 SAN LORENZO DE crucificado, por El Tiziano; Entierro del Señor, por Ribera; San Pedro Apóstol, por El Greco; San Onofre, por Ribera; Jael matando a Sisara, por Lucas Jordán; Escena mística, por Miguel Coxcie; La Anunciación, de Bartolomé Carducci; La Oración en el Huerto, por el Tiziano; Adoración de los Magos, por Lucas Jordán; Martirio de Santa Inés, por Juan Gómez; San Juan Bautista, por Sebastián Herrera; Escena mística, por El Tintoretto. Hay además, entre otros cuadros de menos impor¬ tancia, dos copias de la Transfiguración, de Rafael; un San Pedro, de la escuela de Lucas Jordán; La Vir¬ gen dando el pecho al Niño Jesús, escuela de Van Dyck; dos San Jerónimo, de Ribe¬ ra; La Inmaculada, copia de Quellin; El Padre Eter¬ no y El Espíritu Santo, del Veranes; La Asunción de Nuestra Señora, copia de Becerra; La Perla y otra Sagrada Familia, de Rafael, copias; La Cena, copia de Coxcie; Adora¬ ción de los Magos, de Car¬ los Veronés; San Pedro, copia del Guercino, y una Sagrada Familia, de Pa- F'g- 70.—El greco: Cabeza de san Eugenio blo Cagliari, El Veronés. Esta visita a la sacristía del Escorial puede ser particularmente instructiva para conocer y penetrar las características del arte de Ribera. Nada mejor que aquel San Jerónimo penitente, o el San Pedro en la prisión, para sentir toda la fuerza de su tealismo «he¬ roico, popular, simplista y ascético, que hace de él el intérprete del Cristianismo de la era de los mártires y de la era de los eremitas», como le llama Tormo. Algunos se han empeñado en ver algo de repulsivo en ese estilo de Ribera, a veces truculento y casi feroz; 88 SACRISTÍA pero esnecesario tener el espíritu muy negado a toda emoción artís¬ tica,para no reconocer la hermosura y la potencia colorista de la obra del pintor valenciano. Podrá ser discutido el acierto en la elec¬ ción de los asuntos; lo que no puede en manera alguna discutirse es que Ribera, como dice el Insigne critico antes citado, «es el pintor de factura más apretada, de más vibrante pincelada, cuya mano nO' llevó nunca el pincel a la tela sin un nerviosismo, sin una Inquietud,, sin una honradez». También los dos cuadros del Greco que se guardan en esta sa¬ cristía se prestan a luminosas com¬ paraciones. El San Pedro y el San- Eugenio debieron ser pintados en la fase final de la vida del pintor y en fechas muy próximas proba¬ blemente. Ambos coinciden en la factura; el predominio del bo¬ es rrón, en el que el efecto sintético- de colorido que buscaba el autor ha sido obtenido mediante la yux¬ taposición de tonos. La figura gi¬ gantesca de San Pedro aparece en¬ vuelta en amplio manto amarillo, que sólo deja al descubierto en el hombro Izquierdo un poco del cuello de la túnica azul. Está er¬ guido en actitud de firmeza, con las llaves simbólicas en la mano. Fig. 71.—Bordado de una capa. recortada la figura sobre el azul intenso del cielo, sobre el cual se destaca como aislada del ambiente por una ancha faja de azul cla¬ ro, trazada a brochazos valientes y nerviosos. Es Interesante, sobre todo, el cromatismo de las diferentes partes. La unidad de tono- aparece lograda por una extraña mezcla de tonalidades diferentes. Asi, en el manto amarillo hay toques recios de azul y de rojo; el azul del cielo tiene golpes de rojo, de verde y toda una rica gama de grises. El colorido pardo de la roca en que el santo se apoya es el resultado de una lluvia de brochazos de todos los colores. Es, en SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 89 una palabra, una de las pinturas en que más definidas aparecen las características del Greco. guiado la mano del pintor en su cuadro de La misma técnica ha San Eugenio. La cabeza, tratada en aquella su manera suelta y simplista, presenta, sin embargo, una extraña expresión de misti¬ cismo tal vez acentuada por el pre¬ dominio de los tonos carminosos y cárdenos de la carnadura. Las diferentes piezas de los ornamen¬ tos tienen un aspecto de riqueza y suntuosidad logrado, sin embargo, por los procedimientos más sim¬ plificados. Asi, el efecto de la cali¬ dad en el forro de seda rosa lo ha logrado a grandes brochazos des¬ unidos. Por el mismo procedimiento simplificado ha conseguido la cali- V2.—Capillo bordado, dad en la rica mitra sedeña, reca¬ mada de oro y bordada en colores; las manos, enguantadas de blanco, son una maravilla de vida y realismo en la simplicidad de la factura. Apenas parece posible que se puedan lograr tales efectos de imitación con recursos tan alejados de la realidad. Mucho habría que decir también de los riquísimos ornamentos guar¬ dados en esta sacristía. Un buen nú¬ mero de ellos, los más preciosos sin duda, faltaron después de la Invasión francesa; pero aun en los que fueron desdeñados o escaparon a la codicia extranjera, quedan bien claras las Fig. 73.—Capillo bordado. señales de la esplendidez del reglo fundador. Telas hay que en aquella época costaron a 140 pesetas la vara; consérvase, entre otros, un temo de valor inapreciable; sobre campo de tela de plata con frisos y cenefas de oro, aparecen magníficamente bordadas varias histo¬ rias de la vida del Salvador, y está todo labrado con tanto primor. 90 SACRISTÍA que más parece pintura que bordado en seda. Dice el P. Sigüenza que el procedimiento de esta clase de bordado es invención espa¬ ñola, pues el bordado en hilos de oro nació en Ciudad Rodrigo. Estos que se admiran en el Escorial son obra de los mismos legos bordadores y otros artifices bajo su dirección, y fueron labrados según dibujos originales de Peregrin, Navarrete y otros pintores. Fig. 74.—Altar de la Sagrada Forma, sin el cuadro. El P. Quevedo, bibliotecario que fué del Monasterio, tuvo la buena ¡dea de conservar estos dibujos. Reunió cuantos pudo {nadie tenia hasta entonces noticia de elios) y los mandó encua¬ dernar y colocar en la biblioteca, como hoy pueden verse todavía picados a la aguja y con las señales de haber sido pasados a las telas por medio de una muñequita de polvo de carbón. Para que pueda el lector formarse alguna idea de la riqueza que Felipe II acumuló en el Escorial en esta materia de ornamentos sa¬ grados, haré un rápido recuento de los que existían en tiempo del P. Sigüenza, que asistió a la fundación. Ornamentos blancos y amarillos: doce temos completos; y es de SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 91 saber, como advierte el mismo historiador, que cada temo com¬ prende: «casulla, dos dalmáticas, frontales, frontaleras, paños de facistol y manga de cruz». Ornamentos todos blancos: ocho temos. Ornamentos colorados: doce ornamentos. Ornamentos de color verde : «De este color no hay más de cinco ■ornamentos o temos, como los llaman nuestros sacristanes». Ornamentos de color morado: seis temos. Ornamentos de color negro: «De estos ornamentos hay ocho o nueve». Añadiendo a éstos los que se usaban para los demás altares, saca ■el P.Sigüenza la cuenta de que habla: capas de brocado y otras se- •das y telas, doscientas tre¬ ce; casullas, mil doscientas; mangas de la cruz, velnti- siete. Altar de la Santa For¬ ma.— Tanpronto como el visitante penetra en la sa¬ cristía, llámale desde luego la atención, en el testero frente a la puerta de entra¬ da, un magnífico retablo de bronces dorados, már¬ moles y jaspes. Forman el retablo cuatro columnas enteras de 2,80 metros de alto, con pilastras, bases y capiteles de bronce, ador¬ nados con pámpanos y es¬ pigas. En el hueco se for- L'. ' ' ma una capillita transpa- Hfry rente, de dos metros y me¬ dio de ancho y cinco y F¡g. 75.—Altar y cuadro de la sagrada Forma, medio de alto, que rompe toda la cornisa del primer cuerpo y toca a lo alto del segundo. La luz de esta capilla transparente se halla interceptada en los días ordinarios por un soberbio lienzo de Claudio Coello, cuya des¬ cripción haremos después más despacio. 92 SACRISTÍA A cada lado del retablo hay una preciosa puerta, labrada en ma¬ deras finas con aplicaciones de concha y bronce. Desde el dintel de las puertas hasta la cornisa se forma a cada lado un nicho en medio Fig. 76.—SANCHEZ CoELLO; La Sagrada Forma. punto, decorado cada uno con un bajorrelieve de mármol blanco alabastrino; el de la izquierda del espectador representa al Empe¬ rador Rodolfo II en el acto de venerar la Santa Forma; en el de la derecha aparece Felipe II recibiéndola asimismo con profunda veneración. Sobre la clave de estos dos nichos se ven dos águilas 93 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL con las alas extendidas y los eslabones del Toisón pendientes dalos picos. Corona todoel retablo un serafín de mármol blanco, el cual figura sostener un tarjetón de bronce con esta inscripción, de gusto bien discutible, por cierto: En magni operis míraculum, intra miraculuni mundi coeíi miracu- ío consecratiim. (He aquí el milagro de una obra grande, consagrada dentro de la maravilla del mundo al milagro del cielo.) Sobre la cornisa de la pedestales, con puerta se yerguen cuatro otros tantos niños de de mármol blanco, que sostienen flameros bronce. En medio de ellos campean dos medallones de medio re¬ lieve en el mismo mármol alabastrino. En el de la izquierda se re¬ presentan los ultrajes inferidos por los herejes a la Sagrada For¬ ma (1); en el de la derecha, uno de los impíos, arrepentido de sus culpas, toma el hábito de San Francisco. El dibujo del altar es obra del arquitecto de Carlos II, D. José del Olmo, y los bronces fueron modelados y fundidos por el italiano Francisco Fillppini. El frontal y la grada son de cobre repujado y dorado al fuego, obra flamenca del siglo xvi, retocada y acomo- (1) autorizados por ei limo. Sr. César Speciano, Consta de testimonios Nuncio Apostólico y Legado de S. S. en Alemania, la autenticidad del hecho milagroso en cuya memoria se erigió este altar. En la Catedral de Gorcum (Ho¬ landa), algunos herejes zuingiianos entraron violentamente y arrojaron ai suelo esta Santa Forma, y la pisotearon sacrilegamente repetidas veces, ha¬ ciendo en ella tres roturas, de las advierte hoy cuales brotó la sangre que se como en aquel momento. Arrepentido uno de los herejes refirió ai Deán, que lo era Juan Van den Dclpht, este milagro, quien recogió con gran reverencia la Santa Forma y la llevó a Malinas, donde por mucho tiempo fué venerada en un convento de SanFrancisco, cuyo hábito recibió, abjurada la impiedad, ei hereje arrepentido. De aquel convento pasó a Viena, y luego a Praga, hasta que Felipe II la obtuvo del Emperador Rodolfo en I.IQZ. Cuando la invasión francesa, la ocultaron los monjes en una cantina o subterráneo de los muchos que hay en la casa, y el día 28 de octubre de 1814 fué restituida a su altar, celebrándose una fiesta devota y solemne con asistencia del Rey y toda su corte, que quiso imitar en este acto la piedad de sus antecesores. Sin embargo de haber pasado un transcurso de tiempo tan largo, se ve hoy la Santa Forma en la misma integridad que si se acabase de consagrar, sin conocerse alteración alguna en los accidentes. 94 SACRISTÍA dada al sitio en que ha sido colocada. Es lo único de verdadero gusto ■miiiiiiiiiiMnf Fig, 77.—Sanchez Coello: La Sagrada Forma.—Parte central del cuadro, que se ve en el altar, donde el arquitecto anduvo más generoso ea prodigar la riqueza que inteligente en acertar con la belleza. 95 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL Algo hay, sin embargo, en el retablo digno de todo elogio, y es el magnífico lienzo de Claudio Coello, que ocupa ordinariamente el centro del altar. La historia de esta pintura, sin cuyo conoci¬ miento es imposible entender su significado, es como sigue: El 19 de octubre de 1684 mandó celebrar Carlos II una función extraordinaria en El Escorial, en acción de gracias por haber que¬ dado Viena libre del peligro turco que la habla amenazado grave- Fig. 78.—SANCHEZ CoELLO: Figura del P. Santos. mente; con esta ocasión ordenó que se trasladara la Sagrada Forma, del altar de la Anunciación, donde se hallaba con las otras reli¬ quias, al de la sacristía, que desde entonces se llamó altar de la Sagrada Forma; organizóse para ello una solemne y devota pro¬ cesión, a la que acudieron el Rey con su Corte, la Comunidad del Monasterio y otras muchas personas. La llegada de esta procesión a la sacristía y la bendición que el Prior da a los presentes con la Sagrada Forma, es lo que representa el cuadro de Claudio Coello, «el mejor que pintó en su vida, y acaso también el mejor de la es¬ cuela madrllefla», ha dicho de él un critico moderno. 96 SACRISTÍA EI cuadro representa la sacristia vista desde el pie del altar; pero el pintor, para dar mayor belleza a los efectos del claroscuro, ha supuesto que la luz penetraba por los lunetos que caen sobre la cajonería. Fuera de esta libertad, el cuadro reproduce con minucio¬ so realismo todo lo que desde allí se veía en tiempo de Coello. «Todo lo que se ve en el cuadro—escribe el crítico antes citado— es vivo yreal y se halla representado con exactitud y maestría; no hay allí figura que tenga otro lugar ni haga otro oficio que el que Fig. 79.—Sanchez Coello: Los cantores. lecorresponde tener y hacer en la realidad; no hay persona, ni tela, ni adorno, ni cuadro, ni dibujo, ni objeto, ni utensilio, ni porme¬ nor, que no sean un traslado fiel y un retrato cabal; hasta las ven¬ tanas, y eso que no están en su sitio. Allí, sobre la peana del altar, que está alfombrada, se levanta de pie y de medio perfil la figura del P. Fray Francisco de los Santos, Prior XXVII de este Real -Monasterio, vestido con las vestiduras de sacerdote y capa pluvial, su campo de ella es de oro y plata frisada y las cenefas de oro ma¬ tizado con historias de la vida del Salvador. Tiene el Prior sobre el pecho un pectoral preciosísimo, con cinco diamantes, ocho esme¬ raldas, cuatro rubies y cinco perlas, tan grande una de ellas como SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 97 €l huevo de paloma. Sobre los hombros le cae un finísimo velo una humeral, deja ver el contorno de los brazos y manos, con las que cuales empuña la hermosa custodia que regaló Carlos II para el servicio de la Sagrada Forma, y que ha sido fiel guardadora de •entonces acá de esta milagrosa Hostia, en cuyo centro se ve la imagen del Redentor y a sus lados las tres motitas de sangre que brotaron al ser pisada por el pie del sacrilego profanador. A la iz¬ quierda del Preste está el Diácono, con las manos juntas por las palmas y apoyadas sobre el pecho; el rostro vuelto al Sacramento y los ojos posados en •él con tan singular arrobo, que encanta; y a la derecha el Subdiácono, con las manos caldas en ac¬ titud suplicante y con los ojos puestos también en el Sacra¬ mento con mucha ternura; ambos es¬ tán revestidos con dalmáticas y colla¬ res que hacen juego con la capa del Prior. A la derecha del al¬ tar se hallan retrata-- p¡g_ so.—Sanchez Coello: El Rey con su acom- dos: Coello, de perfil pañamiento. escribiendo las obras con que enriqueció a la Iglesia; un án¬ gel toca a su oído la trompeta Fig.83.—El facistol. del Juiclo, que, según decía ef Santo, creía estar constante¬ mente oyendo, por la asidua memoria que tenia del Juicio finaL En una lejanía se le ve haciendo penitencia en el yermo. Al otro lado está el Santo Doctor, explicando la Biblia a sus monjes. En el último término se figura su muerte y cómo le llevan a enterrar sus compañeros de hábito. Asi encima de los balcones de los lados como sobre los arcos de entrada en el coro, hay ocho figuras pintadas Lucas Cam- por biaso, Luqueto, de poco valor artístico, como la mayor parte de sus SAN LORENZO DE EL ESCORIÀL 105 obras. En el lado del Mediodía se representan, en figuras de matro¬ nas, ia Fe y la Iglesia, y al Norte, la Prudencia y ia Justicia. Sobre ios arcos I hay también unos nichos ¡ figurados sobre fondo de oro, en que están puestas de pie la Caridad y ia Es¬ peranza, en uno, y la For¬ taleza y la Templanza, en otro. En el testero, entre las ventanas, están San Lo¬ renzo, de diácono, soste¬ niendo las parrillas, y San Jerónimo, en hábito de re¬ ligioso. Estas son las mejo¬ res figuras que, según ei juicio de los críticos, salie¬ Fig. 84.—Mecanismo del facistol. ron de manos de Luqueio. En cambio, anduvo muy poco afortunado al decorar la vuelta del arco sobre la cornisa, con las figuras de la Anunciación, ia Virgen a un lado y el ángel a otro de la gran ven- tana que alli se abre. En la bóveda del coro quiso Luqueio re¬ presentar la Gloria, am¬ bicioso pensamiento pa¬ ra ios mezquinos recur¬ sos de su técnica. Así, la obra resultó de una pobreza y monotonía tal, que afea notable¬ mente el recinto del coro. Como dato curio¬ puede verse a ia so, Fig. 85.—Planta del facistol.entrada, por el lado izquierdo según se mira al altar mayor, ei retrato de Fray Antonio de Viliacastin y el del 106 CORO Y ANTECOROS mismo pintor, en actitud de entrar en la Gloria. «Piegiie a Dios se vea ya dentro de ella—dice maliciosamente el P. Sigüenza—; Fig. 86.—EI facistol visto de trente. (De un dibujo antiguo.) algún miedo tengo; se dió mucha prisa a ganar dineros, y más a •dejárselos por acá». Del centro de la bóveda pende una magnifica araña de cristal de Toca, que pesaba primitivamente 35 arrobas. Cuando ia invasión SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 107 francesa quedó bastante falta de adornos y se redujo a 20 arrobas de peso; con todo, aun puede contener 28 luces. Está hecha en Milán, y fué regalo del Marqués de Astorga a Carlos II, el cual, a su vez, la regaló al Monasterio y la mandó colocar donde está en septiembre de 1676. Facistol.—-Entre las primeras sillas del coro bajo, sobre un hermoso cuadro de jaspe embutido de mármol blanco, que le sirve de peana, se levanta un fa¬ cistol de dimensiones ver¬ daderamente monumenta¬ les. Sostiénenle cuatro pi- lastrones, que forman cua¬ dro, de bronce dorado a fuego, y en ellos se apoyan unos barrones de hierro, que se unen en ei árbol del centro. Su cuerpo principal es una enorme pirámide de base cuadrada, y cada uno de los lados de la base tiene 2,80 metros de largo. Sobre la cornisa en que termina este cuerpo prin¬ cipal, sobre un pedestal de maderas finas con filetes y embutidos, reposa un ele¬ gante templete, que sirve Fig. 87.—Libro de coro. de remate. Es singularmen¬ te notable el primor y exactitud con que fué labrado este precioso mueble, tan perfectamente nivelado que un niño de seis años lo mueve sin ningún esfuerzo. De aqui procede la conseja popular de que su eje está montado sobre diamantes. No pasa de ser una fábula, sin más fundamento que la facilidad con que gira su enor¬ me mole. Librería del coro.—Detrás del antecoro que corresponde a la parte del convento hay una sala de 22 metros de largo por siete de ancho, dividida en tres secciones iguales por dos arcos apoya¬ dos en sus machones, los cuales dividen también la bóveda en tres compartimentos. Recibe la luz por un solo balcón, que da al Patio 108 CORO Y ANTECOROS de los Reyes, y en uno de los ángulos está la puerta excusada del coro, junto a la cual hemos dicho que está la silla de Felipe 11. En esta sala y en los dos antecoros ya descritos guárdase en hermosas cajonerías de maderas ricas la espléndida colección de los libros de coro. Es ésta una de las cosas más notables de la casa. Todos los li¬ bros son de igual forma y tamaño; abiertos en el facistol tienen 1,67 metros de ancho por algo más de un metro de alto; las ho¬ jas, que cada una es de una ter¬ nera o macho cabrio, son todas muy iguales y blancas; la letra es hermosa, limpia, y tan igual y uniforme que parece de molde, y está dibujada con tanta claridad que, estando los libros en el fa¬ cistol, se alcanzan a leer desde la silla prioral. Asi, no es extraño que para el servicio del coro existan 218 de estos libros, porque en las pági¬ nas que tienen canto, con ser tan amplias, no caben más de cuatro lineas y diez en las que sólo tie¬ nen la letra de los Salmos. Mu- Fig. 88.—Capituiario.chos de estos Cantorales tienen riqueza de orlas e además gran iluminaciones, en las que trabajaron largo tiempo los jerónimos Fray Andrés de León y Fray Julián de la Fuente el Saz, ayudados por los dos hermanos Ambrosio y Juan de Salazar y otros maestros en el arte de miniar. Las cubiertas son de recias tablas forradas de baqueta, y llevan en cada tapa cinco bullones con labores y lazos, más los broches o manecillas para cerrarlos, todo de bronce dorado. Pusiéronles además dos ruedecillas en el canto de las ta¬ pas, para que, rodando sobre ellas, se los pudiera mover con alguna facilidad. Las pieles, que aproximadamente componen un total de 17.000, fueron traídas 14.000 de Valencia, y de ellas hace mención Felipe II al Prior de aquel .Monasterio, en carta del 29 de julio de 1572, di- 109 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL ciendo haberle parecido bien. Costaron a 11 reales unas con otras, y las traídas de Flandes a cerca de 20. Crucifijo del trascoro.—A espaldas de la silla prioral, a todo lo ancho de aquel testero, se forma un tránsito dentro del macizo de la misma pared, con tres ventanas grandes que dan al Patio de los Reyes. Frente a la de en medio hay un altar con un precioso Crucifijo de már¬ mol blanco, fijado en una cruz de mármol negro de Carrara, que se embutió en otra de madera, para ma¬ yor seguridad. Por debajo de los pies se lee esta ins¬ cripción: Benvenuius Zeli- nus, civis florentinus facie- bat 1562. La historia de este Cru¬ cifijo del famoso cincelador florentino, obra única de su clase en el mundo, pue¬ de seguirse poco menos qut diaTpor dia. En 1562, «habiendo con¬ cluido del todo mi Crucifijo de mármol—escribe el mis¬ mo Benvenuto—, fué vo¬ luntad de Dios que llegase a noticia del Duque y de la Cristo de Ceiimi. Duquesa (de Toscana); de suerte, que, a su regreso de Pisa, sus Excelencias Ilustrisimas, con toda la nobleza de su Corte, vinieron inesperadamente un dia a mi casa sólo por ver dicho Crucifijo, el cual plugo tanto, que el Duque y la Duquesa no cesaban de decirme infinitos loores...» Quiso Cellini regalarlo al gran Duque, el cual admitió el ofre¬ cimiento; pero con la condición, que no llegó a cumplirse, de pagar su valor. No consta exactamente el año de la entrega ni el día en que se verificó su colocación en el palacio Pitti; pero, a juzgar por 110 CORO Y ANTECOROS un documento escrito por el mismo Ceilini, debió ser el mismo año 1562. En el palacio Pitti estuvo colocado el Crucifijo, hasta que en 1576 fué regalado por el Duque a Felipe II. Hallábase éste en El Pardo al recibir el aviso de su llegada, y «con fecha 9 de noviembre avisó para que fuesen a traer un Crucifijo de mármol que le rega¬ laba el GranDuque deToscana; y en cumplimiento de este mandato partió Bautista de Cabrera con cincuenta peones, que llegaron a El Pardo en el mismo dia y estu¬ vieron de vuelta el día 11, tra¬ yendo en hombros y en proce¬ sión, como había venido desde Barcelona, el nunca bastante pon¬ derado Crucifijo de mármol, obra de Benvenuto Cellini; entonces,, quiso Felipe II que se colocase en ia Sala capitular en el lienzo de la puerta, hasta que otra cosa se determinase». Desde la Sala capitular fué trasladado al altar del trascoro, y aunque no parece el sitio más acomodado para obra de tanto precio, alü continúa todavía tal como fué colocado en tiempo del fundador, acompañado de dos figuras de la Virgen y San Juan, que pintó para aquel sitio Fer¬ nández Navarrete, El Mudo. Y no es que la escultura no hubiese sido apreciada en todo su valor. Consta que Felipe II la consideraba como una de las más valiosas joyas del Escorial; y el P. Sigüenza escribía: «Aunque todo él es divinísimo, hace la cabeza conocida ventaja a lo c'emás, y vísela yo alabar a nuestro Mudo, que tenia singular voto en esto». 114 EL CONVENTO.—LOS CLAUSTROS sitio determinado, otra persona colocada junto a la pared opuesta oye con toda claridad lo que se dice, como si hablaran a su lado. Antiguamente estuvo colocada en este sitio La Trinidad, de Ri¬ bera, que hoy se ve en el Museo del Prado, y de ahi le vino el nom¬ bre de Sala de la Trinidad, con que se la conoce. Los cuadros que hoy la adornan son de menos interés: cuatro Alegarlas, de escuela italiana; un Descendimiento, de C. Cagliari, y un San José, de Gue¬ rrero Tovar, con otros de menor im¬ portancia. Desde esta Sala de la Trinidad, por la puerta situada en el lienzo de la dere¬ cha, se sale al claus¬ tro principal, que rodea el famoso Pa¬ tio de los Evangelis¬ tas. Las costumbres de la Orden de San Jerónimo, como las Fig, 91.—Claustro grande. de la mayor parte Fot. Moreno. de religiosos claus¬ trales, consideran el claustro bajo como una prolongación de la iglesia; asi se explica por qué en sus paredes se prodigaron los más costosos recursos de la decoración. Es el patio en su conjunto una espaciosa galeria casi cuadrada de 56 metros de lado. Cada una de las alas está dividida en doce arcos, por medio de 24 pilastras que señalan en la bóveda otras tan¬ tas fajas resaltadas, todo de piedra berroqueña. Los arcos, por la parte que mira al patio, son abiertos y están protegidos por venta¬ nas encristaladas; en la parte correspondiente al muro forman como unas capilletas, decoradas al fresco con varios pasajes del Evangelio. Además de estas pinturas, que son en total 41, sin con¬ tar las cinco de la escalera principal, en cada uno de los cuatro án¬ gulos se han formado dos capillas o estaciones, una en cada pared, con un gran retablo en forma de díptico. Abiertas las dos hojas vése el fondo pintado al óleo sobre tabla, lo mismo que las dos puer- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 115 tas, tanto al interior como al exterior; y aunque las puertas no se abren sino en ciertos dias más solemnes, no por esto queda inte¬ rrumpida la serie de las historias evangélicas que representan, pues las puertas por de fuera llevan pintado el mismo pasaje que va reproducido dentro. Expondremos aqui brevemente la serie de los asuntos representados en los frescos y en las estaciones. Comenzando por el ala del Norte, por la puerta de las Procesio¬ nes, hacia la izquierda, el orden de las pinturas es el siguiente: Lienzo del Norte.—1.° La Concepción de la Virgen. 2.° La Nati¬ vidad. 3.° La Presentación en el templo. 4.° Desposorios de la Vir¬ gen y San José. 5.° La Anunciación del Arcángel San Gabriel. 6.° La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel. En las capillas del ángulo, la del lado Norte representa en la tabla principal el Nacimiento del Señor ; de las puertas, una tiene la Aparición de los ángeles a los pastores y la otra La Circuncisión. En el exterior de las puertas está, como hemos dicho, el mismo paso del Nacimiento, pero con distinta composición. La capilla contigua en el lado de Levante tiene pintada la Adoración de los Magos; en las puertas, el Bautismo de Cristo en el Jordán y las Bodas de Cana. Los dos dípticos son obra de Luis de Carvajal. Lienzo de Oriente.—9.° La Purificación de Nuestra Señora. 10. La huida Egipto. 11. La degollación de los inocentes. 12. La a Sagrada Familia. 13. El Niño perdido y hallado en el templo. 14. Je¬ sucristo en el desierto. 15. La vocación de los Apóstoles. 16. La resu¬ rrección de Lázaro. 17. Cristo arroja a los mercaderes del templo. En las capillas del ángulo, la primera está dedicada a la Trans¬ figuración del Señor. En las puertas, la Samaritana en el pozo de Jacob y la escena de la Mujer adúltera. La segunda capilla representa la Ultima Cena del Señor. En la tabla interior pintó el artista la Institución de la Eucaristía y en las puertas la Entrada de Cristo en Jerusalén y el Lavatorio de los pies a sus discípulos. En la parte exterior de las puertas aparece la Cena pascual del cordero simbólico, tal como la describe la Escritura, con los báculos en las manos y a punto de ponerse en camino. Estos dos dípticos son debidos al pincel de Rómulo Cincinato» y en este claustro, donde tanto abundan las pinturas mediocres, estas tablas, tratadas en un estilo amplio y grandioso tan perfecto 116 EL CONVENTO.—LOS CLAUSTROS de composición y de dibujo como acertado de coiorido, constitu¬ yen una honrosa excepción que merece ser notada. Lienzo de Mediodía.—20. La Oración del Huerto. 21. El pren¬ dimiento de Cristo y el beso de Judas. 22. Jesucristo en casa de Anás. 23. Caifásen el Sanhédrin. 24. Cristo burlado por Herodes. 25. Jesu¬ cristo, azotado en casa de Pilatos. 26. La coronación de espinas. 27. Jesús presentado al pue¬ blo judío por Pilatos. 28. Pilatos lavándose las manos. 29. Cristo con la cruz a cuestas. ■ El primer díptico del ángulo es la Crucifixión del Señor. Es una gran compo¬ sición iiena de dramatismo y de fuerza de expresión. De las puertas, una figura el acto de clavar al Señor en la Cruz, y la otra, la es¬ cena del Descendimiento. el segundo díptico En pintó la Resurrección del se Señor. Una de las puertas representa el momento de colocar el cuerpo del Señor en el Sepulcro, y la otra. Fig. 92.—Patio de los Evangeiistas. la entrada del Señor, resu- (Fot. Moreno.) citado, en el Limbo. Todas las pinturas de este ángulo son de Peregrin Peregrini, El Tibaldi, y también es de lo más apreciable que se encuentra en este claustro. Lienzo de Poniente.—Reproduce todas las apariciones del Se¬ ñor después de resucitado. 32. Aparición de Cristo a su Santísima Madre. 33. Las Marías buscan al Salvador en sn sepulcro. 34. Apa¬ rición del Salvador a sus discípulos, cerradas las puertas y estando presente Santo Tomás (t). 35. Aparición a los Apóstoles San Pedro y San Juan. (1) En El Escorial llaman a este fresco El Cristo de los Pastores, porque SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 117 En el ángulo, la primera capilla es la de la Ascension del Señor; en las puertas se ven dos distintas apariciones de Cristo resucita¬ do a los Discípulos. En la siguiente capilla, el fondo es la Venida del Espi¬ rita Santo sobre el Colegio Apostólico. En una de las puer¬ tas aparecen los Apóstoles imponien¬ do las manos a los nuevos bautizados, para darles el Espí¬ ritu Santo, y en otra, San Pedro predican¬ do ai pueblo de Jeru- salén el dia de Pen¬ tecostés. Son obra de Miguel Barroso. Lienzo Norte.— 38. Tránsito y muerte de Nuestra Señora. 39. La Asunción de Maria a los Cielos. 40. LaSantisimaTri- nidad. 41. El Juicio final. Si se exceptúan seis de los ocho díp¬ ticos cuyos autores quedan citados en su p¡g_ 93^—Templete de ios Evangelistas, lugar, el fresco seña¬ lado con el número 6 y dos de los que están en la escalera, que son obras de Lucas Cambiaso, todos los demás fueron dirigidos y dibu- cuando estos campesinos iban por la mañana a llevar leche al convento, adquirieron la costumbre de besar un pie del Salvador; por eso se le ve casi borrado. 118 EL CONVENTO.—LOS CLAUSTROS jados por Peregrin Peregrini, El Tíbaíclí, hombre de gran fantasía y segura técnica y uno de los más aventajados discípulos de Miguel Angel, de quien hay bastantes reminiscencias en estos frescos. El P. Sigüenza asegura haber oído a Tibaldi quejarse de la pri¬ sa que le daba el Rey, pues no tenia tiempo para corregir los de¬ fectos de los frescos; si fué asi, en verdad es cosa lamentable, pues lo que pudo ser una grandiosa galeria, quedó convertido en vulgar colección de pinturas, de escaso mérito en su mayoría. Patio de los Evangelistas.—En el centro del claustro principa! que acabamos de describir se forma este hermoso patio. Es una de las partes más bellas y armoniosas de la casa, donde el estilo un poco árido de Juan de Herrera consiguió, en medio de su acostumbrada sobriedad, crear un conjunto gracioso y elegante digno de compa rarse con las mejores obras del Renacimiento. Forma este patio un cuadrado perfecto de 46 metros de lado; 1 as airosas arquerías de las cuatro fachadas están distribuidas en dos órdenes, dórico el inferior y jónico el superior, y lo mismo en estos arcos que. en el antepecho abalaustrado que corre por lo alto todo alrededor, no se sabe qué admirar más, si la elegancia del tra¬ zado o el primor y delicadeza de la ejecución. El recinto del patio está dividido en cuadros guarnecidos de boj y recortados en diver¬ sas figuras de escudos y cifras; cuatro estanques de mármol pardo con graderías a los lados reciben el agua de otras tantas fuentes que brotan del templete central. Este templete, adorno principal del patio, es una de las más geniales creaciones de Herrera, y merece ser descrito con particular cuidado. Es de planta octogonal, en su exterior de granito y en lo inte¬ rior revestido de mármoles y jaspes de diversos colores, con embu¬ tidos, cuadros, fajas y cornisas. Su arquitectura es dórica, y está labrada con exquisito primor y perfección. En los cuatro lados mayores hay cuatro portadas, que corresponden a las calles abiertas entre los bojes del jardin, y por ellas a las puertas grandes del claustro. Sostienen estas portadas dos columna enteras, con su friso, arquitrabe y cornisa, rematada en una balaustrada. Dentro de ella se levanta un zócalo circular y sobre él asienta la media naranja, que remata en una llnternllla adornada de nichos. Sobre esta cupulita está colocada una cruz de piedra tan artificiosamente tallada, que sirve al mismo tiempo de clave para el cerramiento de la bóveda de la cúpula. 120 EL CONVENTO.—LOS CLAUSTROS En las cuatro ochavas menores, en otros tantos nichos, colocó Herrera cuatro estatuas de dos metros de alto. Representan a los Evangelistas (de ellas tomó nombre el patio) y fueron esculpidas porJuan Bautista Monegro en mármol de Genova, blanco como la nieve, sin la menor veta de color. Delante de cada estatua corres¬ ponde el símbolo respectivo, y en un libro abierto algunos textos del Evangelio, en el idioma que originalmente los escribió cada Evangelista y traducidos al latín de la forma siguiente: San Mateo, una plana en hebreo y otra en la¬ tin.—Euntes ergo docete omnes gentes baptizantes- eos ín nomine Patris et Filii etSpiritus Sancti. (Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.)' San Marcos, en latín en ambas planas. — Qui crediderit et baptizatus fuerit, salvaserit; qui vero non crediderit, condemna- bitur. Signa autem eos, Fig. 95.—Plano del templete. qui credideríut, Haec se- quentur. In nomine meo demonia eiicient, etc. (El que creyere y fuere bautizado, salvo será; el no creyente, se condenará. Las señales que acompañarán a los que crean serán' éstas; En mi nombre lanzarán los demo¬ nios, etc.) San Lucas, en griego y en latín.—Ego autem baptizo vos aqua,, veniet autem fortior me: Ipse vos baptizabit Spiritu Soneto et igne. (Yo os bautizo con agua; vendrá otro más fuerte que yo; éste os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.) San Juan, en siriaco y en latín.—Amen, amen dico vobis: nisi quis renatus fuerit ex aqua et Spiritu Soneto, non potest introire in Regmim Dei. (En verdad os digo que el que no renaciere por el agua y el Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.) Las figuras simbólicas que los distinguen, y que están a sus SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 121 pies, son el águila, el león, el becerro y el ángel, labrados en igual' clase de mármol. Delante se extienden los estanques de mármol pardo antes mencionados, que se llenan con el agua que constante¬ mente vierten cuatro caños, uno a los pies de cada estatua. En suma; las bellas proporciones de la arquitectura, los cuadros de¬ flores siempre frondosos y el canto perenne de las fuentes, hacen de este patio uno de los lugares más apacibles y hermosos para el re¬ poso del espíritu. Adorno de un manuscrito persa. Tintoretto: Lavatorio de los pies. Fot. Moreno. I XI Salas Capitulares A lo largo del ala meridional del claustro bajo, y comunicando con él por una puerta situada en el centro de la misma, se extien¬ den las Salas Capitulares, amplias, llenas de luz y decoradas con inusitada riqueza. Son tres habitaciones consecutivas, de las cuales la primera, que sirve de antecámara o zaguán, ocupa el centro y las otras dos, que se extienden a uno y otro lado, son las llamadas pro¬ piamente Capítulos, «donde se juntan los monjes—dice el P. Santos, i historiador del Monasterio—de ocho a ocho dias, según la Consti- L tución que profesan, y donde dicen sus culpas y se las reprenden I y castigan para que siempre esté en pie la observancia», j El zaguán tiene nueve metros de largo por ocho de ancho, y está ^ iluminado por tres grandes ventanas rasgadas hasta el piso. Las paredes hasta la cornisa no tienen más adorno que el de los cua¬ dros que mencionaremos después; pero desde la cornisa para arriba toda la bóveda está pintada en estilo grutesco de gran suntuosidad. En el centro de la bóveda figúrase un gran claro de cielo con nu¬ bes, entre las cuales se ven bajar algunos ángeles con coronas de laurel en las manos, «para coronar—dice el P. Sigüenza—a los que ' sufrieren con paciencia por sus culpas o sin ellas y por el amor de ; la obediencia y penitencia, cuyo estado profesan, las reprensiones 124 SALAS CAPITl'LARES y castigos que en aquellos Capítulos Ies dieren los prelados». Sobre laspuertas y ventanas, en doce nichos fingidos, están representa¬ das las figuras de Job (en lugar preeminente) y otros once profetas en medio de una gran profusión de fajas y follajes, que enriquecen la bóveda con la fantasía de la composición y la galanura del colorido. Entre los cuadros que adornan las paredes llaman principal¬ mente la atención una Sagrada Famil.a, copiada de Rafael por Fig. 96.—Salas Capitulares. Zaguán. Poussin; La Anunciación de la Virgen y el Nacimiento del Señor, por Miguel Coxcie; algunas tablas españolas del siglo xv y dos tríp¬ ticos con una hermosa tabla de la Coronación de espinas, obra de Jerónimo Van Aken, llamado comúnmente El Bosco. Esta última tabla es de lo más característico en la escuela flamenca de la época. Por una parte, el pintor pensó tratar dignamente un asunto pia¬ doso, y dió a la figura central una expresión tal vez algo artificial, pero en definitiva dolorosa y paciente, como reclamaba el asunto. Mas, por otra parte. El Bosco no podía olvidar fácilmente su ordi¬ naria afición a las jocosidades y a las sátiras, en las que tantas ve- 126 SALAS CAPITULARES ces había empleado su pincel realista como intérprete del alma po¬ pular flamenca; y asi, en las figuras de los verdugos, de los escri¬ bas y fariseos, surge otra vez la vena satírica, triunfa su tendencia a la caricatura. Yo no sé hasta qué punto esta pintura puede en¬ trar en los dominios del arte religioso. Por lo menos, sus tenden¬ cias estéticas son una singularidad que merece atención. Hay todavía en el mismo zaguán otros cuadros menores; Miil- Fig. 100.—Sala Capitular. tiplicación de los panes, escuela de Patinir; Tentaciones de San Antonio, en el estilo satírico y grotesco de El Bosco; un boceto de Rubens para el cuadro de Los Discípulos de Emmaus, y un Bode¬ gón, de Van-Son. El ángel de bronce dorado que se ve a la entrada del zaguán sirvió en otro tiempo de atril para cantar el Evangelio desde la tribuna de la iglesia, y es obra del flamenco Juan Simón, fundida en Amberes en 1571. Capítulos.—Las dos salas contiguas a la anterior a uno y otro lado, llamadas Capítulos, tienen 22 metros de largo por nueve de ** SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 127 ancho y están iluminadas por catorce ventanas, siete rasgadas- hasta el suelo y siete solamente hasta la cornisa. La sala de la dere¬ cha o capitulo del Vicario tiene en el testero un altar en el hueco de una puerta figurada, con una magnifica pintura de San Jerónimo^ de El Tíziano; «Figura de grande relieve y fuerza, una carne tos¬ tada, magra, enjuta, tan natural cual el mismo Santo nos dice que ia tenía... El risco, árboles, león, fuentes y los demás paños y ador- Fíg. 101.—Sala Capitular. nos del cuadro tan redondos y tan fuertes, que se pueden asir con la mano» (Sigüenza). En los medios puntos de los cuatro testeros, dos por cada Capitu¬ lo, formáronse unos recuadros con marcos dorados, en cuyo centro se ven unos medallones de pórfido con figuras de bajorrelieve. Dos de ellosrepresentan la cabeza del Salvador y los otros dos a la Virgen con Jesús en brazos. Debieron ser regalo de algún principe el Niño de Italia, y sabemos que el Rey Felipe 11 los apreciaba en mucho y por su orden fueron colocados en este lugar. Arias Montano compúso¬ las elegantes aunque sibilíticas inscripciones que los acompañan. 128 SALAS CAPITULARES En la sala de la izquierda, que llaman Capitulo Prierai, en el testero de Levante: Hic lapis offensas feriet feretque ruinam, Hic el inoffensus petra salutis erít. (Ofendida esta piedra (Cristo), daña y acarrea ruina; respetada, ■es causa de salud.) Fig. 102.—Decoración del techo. Fot. Moreno. Enfrente, sobre la puerta, bajo el medallón de la Virgen: Hanc haec mirandani tibí protutit unía gemmam; Auctori chara est atraque petra Dea. (Esta piedra preciosa produjo en tu obsequio esta maravillosa perla; ambas piedras son muy gratas a Dios, su autor.) En el testero extremo de la sala de la derecha, bajo la otra ca¬ beza del Salvador. lesa Christo diviní tempti tapidi praeslanlissimo D. (Dedicado a Jesucristo, la piedra más valiosa del templo divino.) SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 129 Sobre la puerta de enfrente bajo la otra imagen de Nuestra Señora: Abrahamicae lapidicinae specimini duplici incomparabili S. (Consagrado a las dos muestras incomparables'de la cantera de Abraham.) La pintura de las bóvedas en ambas salas capitulares es del Fig. 103.—Grutescos del techo. Fig. 104.—Angulo del techo. (Fot. Moreno.) (Fot. Moreno.) mismo estilo que la del zaguán, más rica tal vez y más elegante. Consiste, hablar con las palabras del P. Sigüenza, «en follajes para de yeso y resaltes de claro y oscuro, artesones con florones y vaci- netas de lo mismo; y por dentro de estos marcos van corriendo por sus listas y compartimientos mil bizarrías y caprichos de grutes¬ cos, donde se ven animales raros, aves extrañas, paños de diversos colores colgados, tendidos unos, plegados otros, pedazos de arqui¬ tectura, frontispicios, cornisas, cimborrios sustentados falsamente sobre palillos y otras cien monerías propias de esta suerte de pin¬ tura, que no pretende más que deleitar la vista con esta vagueza». SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 131 Toda esta fantástica decoración obra de los es hijos del Berga- masco: Gránelo y Fabricio. Como si ésta no fuera todavía bastante riqueza, las paredes de las dos salas están materialmente cubiertas de cuadros de gran valor, que constituyen por sí solos una de las más ricas galerías de pintura. Saía Vicarial (derecha).—La Anunciación, de Pablo Cagliari, Fig. 108.—Escuela de Patinir: San Cristóbal. Fot. Moreno. El Veronés; Los hijos de Jacob presentando a su padre la túnica en¬ sangrentada de José, por Velázquez. Este cuadro lo pintó Veláz- quez en Roma durante su primer viaje y lo envió a España en unión de un autorretrato que regalaba a su suegro y maestro. Pacheco, junto con el cuadro de Las Fraguas de Vulcano (Museo del Prado); y efectivamente, todo en este cuadro recuerda la fac¬ tura de Las Fraguas. Jacob guardando el ganado de Labán, por Ribera; La Ultima Cena, de El Tiziano; el Martirio de San Lo¬ renzo, por Fernández Navarrete, El Mudo; Martirio de Santiago SALAS CAPITULARES Fig. 109.—Los hijos de Jacob.—Fragmento. Fot. Laurent. Fig. 110.—Los hijos de Jacob.—Fragmento. Fot. Laurent. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 133 Andrés Vaccaro (1598-1670), pintor napolitano, discípu¬ lo de Caravaggio y del Dominiquino; pocos le han iguala¬ do en la brillantez de la factura. Fig. 111.— Lot huyendo de Sodoma con sus hijas. Fot. Moreno. % Fig. 112. —Cabeza de Lot. Fig. i 13.— La^mujer de Lot. 134 SALAS CAPITULARES Apóstol, por el mismo; San Mauricio y los mártires de la Legión Tebea, por Do- menicos Theotocopoulos, El Greco; La Adoración del Nombre de Jesús, que antes llamaban La Gloria, del mismo; dos San Francisco de Asís, también del mismo; San Jerónimo en oración, por El Tiziano; Santa María Magdalena, de Jordán, según un original de El Tiziano; San Pedro de Alcántara, de escuela española del siglo xvii; El Profeta Balaam, de Jordán; Adoración de los pastores, dos, de Ribera. Uno de ellos tiene la firma siguiente: «Giuseppe de Ribera, español valenciano de la ciudad de Játlva, académico Roma¬ no, F. 1640». La Santísima Trinidad, de Ribera; copla del retrato de Inocencio X, de Velázquez; El Nacimiento de la Virgen, de Valdés Leal; La Virgen con el Niño, de Van Dyck; Esopo, de Ribera; Crisipo, del mismo. Los que siguen son cuadros más pequeños y de menos Importancia: Retrato de Felipe IV, de Antonio Arlas; Retrato de Doña Mariana de Austria, del mismo; San Agustín escribiendo, de Barto¬ lomé Vicente; Nuestra Señora amaman¬ tando ai Niño Jesús, copla hecha por Carvajal del origina! de El Parmesano; San Bernabé, de Sebastián Herrera; Martirio de Santiago, copla de El Mudo; San Juan Bautista y San Juan Evange¬ lista, de El Mudo. Sala Prioral (izquierda).—Cinco gran¬ des pinturas de El Tintoretto, a saber: La Adoración de los pastores. La Magdalena, Esterdesmayada delante de Asnero, Lava¬ torio de los pies a los Apóstoles y Conversión Fig. 114,—CoxciE-, Díptico de la Magdalena; Descendimiento de la La Anunciación. Fot. Laurent. Cruz, por Rogerlo Van-der-Weyden; SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 135 crucificado, con San Juan Nuestro Señor y la Virgen,pintura en tabla del mismo; Entierro de Cristo, por El Tintoretto; San Jerónimo, por Palma, El Joven; Lot em¬ briagado por sus hijas, por El Guercino; Lot huyendo de Sodoma con su familia, ■de Vaccaro; Noé embriagado, por Jordán; Aparición de Cristo resucitado a su Madre Santísima, por Pablo Cagllarl, El Veronés, y Nuestra Señora de ios Dolores, por Máximo Stanclonl, llamado El Caballero Máximo. A éstos pueden añadir gran número se de cuadros menores; cuatro retratos de señora, atribuidos a Rosalba Garriera; Retrato de caballero desconocido, de Rafael Mengs; El Profeta Isaías y la Sibila Eritrea, • de escuela florentina; La Virgen con el Niño dormido en brazos, de Alonso Cano; La Magdalena en oración, de El Tizlano, copiado por Jordán; San Jerónimo escri¬ biendo, escuela de Ribera, copla de El Caballero Máximo; Virgen junto a la cuna, de escuela veneciana; Descendimiento de la Cruz, escuela florentina; San Bartolomé, anónimo; Los Desposorios de Santa Cata¬ lina, copla de el Correggio; La Anuncia¬ ción, de Rlzzl; varios Floreros, del jesuíta Seghers; Fruteros, de Heem; Noé levan¬ tando el altar, de Vaccaro, y un Ecce Fíomo, de El Tintoretto. Terminada esta sumarla enumeración de los cuadros que se custodian en los Capítulos, Invitamos al lector a que vuelva sobre sus pasos, y ya que no le sea posible analizar minuciosamente cada uno de ellos, detenga al menos su atención Fig. 115.—CoxciE: Díptico. sobre algunos que merecen particular El Nacimiento. ■estudio. Fot. Laurent. 136 SALAS CAPITULARES Miguel Coxcie, Felipe II le tu¬ célebre pintor vo en mucho- flamenco naci¬ do en Malinas aprecio y ie- en 1497, muer¬ nombró su pin¬ to en Amberes en 1592. tor de cámara. Fig. 116.—Detalle. Lo que más fama dió a Coxcie fué su gran habilidad de copista. Por encargo de Feüpe II hizo una copia del Cordero místico, de Van Eyck, que según los contemporáneos difícilmente se distin¬ guía del original. En sus pinturas originales se ve muy clara la influencia de Rafael, cuyas obras estudió detenidamente en Italia. Fig.l 17.—Detalle. Flg. 118.—Detalle. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 137 Fig. 119.—Ribera: Jacob guardando el rebaño de Labán. Comencemos por La Ultima Cena^ de El Tizíano, Representa la escena que se desarrolló en el Cenáculo poco antes de comer el Cordero Pascual, cuan¬ do, lavados ya los pies a sus discípu¬ los, anunció en términos velados el Salvador que uno de ellos le habla de vender. Apenados por aquella traición, todos iban dirigiendo al Se¬ ñor la misma pregunta: «¿Soy, por ventura, yo. Señor?» Este es el mo¬ mento que escogió Tiziano para su cuadro. La escena pasa en un gran salón, enlosado con mármoles de color, con cuatro columnas estriadas al fondo, entre las cuales, por un amplio ventanal, se descubre un paisaje de hondas lejanías, ilumina¬ do de lleno, pese a la verdad histó¬ Fig. 120.— Detalle del anterior. rica de los Evangelios, por un es¬ pléndido sol. En el centro, una mesa larga, cubierta con mantel blanco, recién desdoblado; delante de ella un lebrillo metálico con 138 SALAS CAPITULARES fuentes y copas, en las que pica una perdiz posada en el borde del lebrillo; al lado, un canasto de mimbres con panes y serville¬ tas; bajo la mesa, junto a Judas, un perro royendo un hueso, con ojos de desconfianza. Sobre ^"3, la fuente con el Cordero Pascual; otras fuentes, cuchi- líos, panes, frutas y copas; en el centro de la mesa y del Á cuadro, como cabeza y jefe de aquella familia, descuella Jesucristo, con la mano dere- en da sobre la espalda de San ■ Juan, con ademán cariñoso, a la derecha del Salvador está Fig. 121 .—Un Apóstol.—Autorretrato c n j i del Tiziano. San Pedro, con las manos en alto, como retirándose espan¬ tado, que responde muy bien al estado de ánimo del Apóstol. A la izquierda del Salvador está San Juan, con los brazos sobre la mesa y la cabeza calda sobre la mano derecha; sigue a continuación un Flg. 122.—Tiziano; La^Ultlma Cena. grupo formado por los demás Apóstoles, que hablan entre si o meditan preocupados, como el último a la derecha, que tiene la mano sobre la boca; a la izquierda de éste se pintó a si mismo SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 139 El Tiziano; es una soberbia figura, de frente espaciosa y surcada de arrugas, ojos vivos y barba larga y blanca, llena de distinción y elegancia. Es conjunto una magnífica composición y puede contársela en entre las grandes obras del maestro veneciano. A pesar del aparente desorden de la escena, la atención se concentra desde luego sobre el Fig. 123.— Fragmento de la Cena. personaje central. Las actitudes variadas y de gran movimiento tra¬ ducen muy bien al exterior el sentimiento de congoja y ansiedad que agita los espíritus, pero sin que las figuras, fuertes y bien formadas, pierdan nada de aquella majestad caballeresca, casi heroica, que las hace aparecer como pertenecientes a una humanidad su¬ perior. Sobre todo esto, un torrente de luz dorada se derrama por el ancho ventanal y tiene la fuerza mágica de dar corporeidad vigo¬ rosa a los objetos, envolviéndolos juntamente, suavizando los con¬ tornos, ligando las figuras, esfumando las lineas, en aquella especie de polvillo luminoso, que es uno de los mayores encantos de El Tiziano. 140 SALAS CAPITULARES De Doménicos Theotocopoulos, llamado comúnmente El Greco^ son varios los cuadros que merecen detenida visita. Esmno de los más singulares el que representa el Martirio de San Mauricio y la Legión Tebea, «valiente explosión en estética y en técnica de una personalidad que se siente ya original y fuerte y que hasta enton¬ ces sólo se había ido manifestando fragmentariamente».' En rea- Fig. 124.— Fragmento de la Cena. lidad, en San Mauricio es donde por primera vez aparecen ya en pleno desarrollo las singularísimas características del pintor cre¬ tense. La historia del Santo Centurión y de sus compañeros, que- aceptan el martirio antes que renegar de su fe, está tratada en epi¬ sodios y dividida, como otros cuadros de El Greco, en dos escenas,, una terrena y otra celestial. En la escena principal a la derecha, aparece San Mauricio, hablando con sus compañeros, con el índice en alto, como si quisiera indicar que sólo a un Dios único se debe adoración y sacrificio, mientras con la mano izquierda rechaza la 141 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL invitación al dos distintos epi¬ paganismo (1). A la izquierda seven sodios. En un último ondean el término los legionarios cristianos -estandarte de la cruz y van alegres al martirio ante las fuerzas armadas del César; más cerca, en otra escena, el verdugo va cor¬ tando las cabezas, y San Mauricio las recoge, animando con su valor a sus compañeros de martirio. En lo alto, dos figuras angé¬ licas brindan a los mártires la corona y la palma, y un grupo de ángeles músicos acompaña con sus cánticos la entrada de los ven¬ cedores en la Gloria. A pesar de lo sangriento de la escena, se ve que el artista ha huido de todo ges¬ to trágico; aquí, como en la mayo¬ ría de sus cuadros, y sobre todo en los retratos de su me¬ jor época, le ha preocupado sobre todo la fuerza de la vida interior, lo que un crítico ha llamado «la tran¬ quila intensidad del espíritu». A ningún aficio¬ nado medianamen¬ te observador se le escaparán sin duda los atrevimientos anatómicos del grupo prin¬ cipal, que no son sólo alargamiento de figuras, sino verdaderas desproporciones. Por otra parte, estos errores de anatomía no pue¬ den achacarse a ignorancia o descuido; basta examinar un momen¬ to ia perfección exquisita que brilla en los episodios de la izquierda y en el cuadro entero. Si las figuras no han salido más perfectas, no es porque el artista ignore la anatomia o desconozca el dibujo de la figura humana. El dibujo y la anatomia son admirabels en (1) La figura de barba rubia que asoma la cabeza, a la izquierda de Satr Mauricio, mirando a un lado, como distraído, suponen algunos, con poco fun¬ damento, que es el autorretrato del autor. ( 142 SALAS CAPITULARES otras partes del cuadro. Si aquí no lo son, alguna razón tendría el gran cretense para estas alteraciones, que tan directamente Fig. 126.—Cabeza del Señor. Fig. 127.—Un Apóstol. afectan a la sustancia de la obra. Recurrir, como algunos han hecho, a alguna anormalidad visual del pintor, no explica nada y es, además, una suposición gratuita que no se apoya en motivo ninguno razonable. He aqui el enigma de El Greco en toda su fuerza. Es precisa confesar que estas genialida¬ des obedecen a las conviccio¬ nes estéticas de El Greco, para quien la composición pictórica no debía seguir los módulos de ningún canon ni sujetarse a reglas matemáticas; las for¬ mas no eran para él sino un medio libre de expresión del Fig. 128.— Un Apóstol. espíritu, elementos de una ar¬ monía que debían acomodarse al efecto decorativo del conjunto. De todos modos, y como quiera que se interpreten estas libertades anatómicas, todo el cuadro re- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 143 bosa solidez y vida. El colorido es de una brillantez rutilante y de- una riqueza cromática originalisima. Banderas carmesíes, blancas,. Fig. 129.—El Greco: Martirio de San Mauricio yla Legión Tebea. azules; mantos amarillos, sobrevestas verdes, capas de color na¬ ranja, por todas partes veladuras y tornasolados al estila venecia¬ no, y todo esto salpicado con los tonos dorados metálicos de las empuñaduras y guarniciones y los grises acerados de las alabar- ! 144 SALAS CAPITULARES das y las espadas. La armonía cromática tiene una suntuosidad maravillosa. Para que resalte más por la fuerza del contraste, ponga un momento sus ojos el visitante en el vecino cuadro de San Francisco, Fig. 130.—El Greco: San Mauricio.—Parte inferior. también de El Greco, el tipo clásico del asceta español, enjuto, lúgubre, anacorético, y pase después al siguiente, conocido con el nombre de La Gloria, al cual otros llaman El sueño de Felipe II, y pies. El Maestro divino levanta la cabe- za hermosa y resplandeciente para mirar a Pedro y decirle que si no se deja lavar no tendrá parte en su reino. Entre Jesucristo y Fig. 147.—Una pastora. Fig. 148.—Una pastora. San Pedro se halla San Juan, en figura de joven'de rostro lampiño y expresión muy dulce; tiene en las manos un jarro y sobre el SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 155 brazo derecho un paño bianco, como si quisiera ayudar a Jesús en su trabajo. Los demás apóstoles, unos están sentados a la mesa, hablando entre si o admirados de lo que ven; otros se descalzan para prepa- Fig. 149.—Tintoretto: El Lavatorio.—Fragmento. Fot. Moreno. rarse al Lavatorio; uno ayuda a otro a descalzarse, y con tanta fuerza tira, que el otro tiene que agarrarse al banco para no resba¬ lar. En el fondo oscuro del ángulo derecho se entrevé la Cena;, pero es muy poca la luz, y sólo se distingue vagamente el conjunto. Mucho hay que alabar y admirar en esta magnífica pintura. Pero más que cuanto pudiéramos nosotros decir, ilustrará al visi¬ tante lo que sobre ella escribió nuestro gran Velázquez, al dar cuenta a Felipe IV de los cuadros que por orden suya se habian 156 SALAS CAPITULARES ■colocado en Capitulares. (1) «Vaya en segundo lugar, pero· las Salas no como (a La Perla, de Rafael), el lienzo del Lavatorio de inferior Cristo a sus discípulos la noche de la Cena. Excedióse a si mismo aquí el gran Jacobo Tintoretto. Es de excelentísimo capricho, y en la invención y ejecución admirable. Dificultosamente se persuade el que lo mira a que es pintura; tal es la fuerza de sus tintas y Fig. 150.—El Lavatorio: Fragmento. •disposición de perspectiva, que juzga poderse entrar por él y su caminar por su pavimento enlosado de piedras de diferentes colo¬ res, que disminuyéndose hacen parecer grande la distancia en la pieza, y que entre las figuras hay aire ambiente. La mesa, asientos y un perro que está echado, son verdad, no pintura. La facilidad (1) «Memoria de las pinturas que la Majestad Católica del Rey Nues¬ tro Señor Don Felipe IV embía ai Monasterio de San Laurencio el Real del Escurial este año de MDCLVI (1656), descriptas y colocadas por Diego de Sylva Velázquez.» SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 157 y gala con que está obrado causará asombro al más despejado y práctico pintor, y, por decirlo de una vez, cuanta pintura se pusie¬ re junto a este lienzo se quedará en términos de pintura, y tanto más él será tenido por verdad». Este lienzo, pintado primero para la Escuela de Santa Márcela, •en Venecia, fué luego propiedad del Rey Carlos I en Inglaterra, Fig. 151.—El Lavatorio.—Fragmento. gran coleccionista de pinturas italianas y flamencas. A su muerte vendióse en Londres en pública almoneda, y allí lo adquirió con otros muchos nuestro Embajador, D. Alonso de Cárdenas, de orden de Felipe IV, que quería enriquecer con ellos el Monasterio del Escorial. Terminemos esta visita a las SalasCapitulares haciendo una incomparable Descendimiento, de Roger Van-der- estación ante el Weyden. Felipe II se consideraba dichoso de poseer este cuadro, y 158 SALAS CAPITULARES tenía razón para ello, pues para muchos críticos esta es la más preciosa joya que guarda El Escorial. Debió ser pintado hacia el año 1435, cuando su autor estaba al¬ rededor de los cuarenta de edad; tal vez en otros cuadros supo su el artista flamenco dar a sus figuras más fuerza o más riqueza; pero esta es la obra de la armonía consumada y el perfecto equilibrio. Fig. 152.—Van-der-Weyden: Descendimiento. Fot. Laurent. Ocupa el centro el cuerpo de Cristo muerto, recién desciavado y sostenido por José de Arimatea, que está de pie deiante de la cruz, en forma de tau (T). A su derecha, la Virgen, desfaiiecida de dolor y apenas sostenida por San Juan y ias piadosas mujeres, cae en un desmayo tan nobiemente ritmico que bien se advierte ser el cuerpo el que se rinde, mientras el alma conserva toda su entereza. A la izquierda, Nicodemus sostiene por ias piernas el santo cuerpo, junto a la Magdalena, que está también medio desfaiiecida de amargura, y otro personaje que presenta un bote con ungüento SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 159 Cuando se examina la obra en su conjunto se hace creíble la idea de los críticos, que tienen a Van-der-Weyden por discípulo de los imagineros de Tournay, su patria. Es un caso efectiva¬ mente singular el de este pintor, que cuando el arte ha dado un paso decisivo en la disposición de los fondos y lejanías, hace alarde de ignorar lo que han hecho sus inmediatos predecesores y da un salto atrás, no para buscar la rudeza pri¬ mitiva (el Descendimiento es obra de gusto refinado) sino para dar a su trabajo un sello personal más reli¬ gioso y sobre todo más patético. Van-der-Weyden ha sentido evidentemente una marcada tendencia al realismo; las figuras del Descendimiento lo están di¬ ciendo bien alto; y, sin embargo, en el orden total de la composición se le ve alejarse resueltamente de cuanto pueda dar a la es¬ cena un sabor realista. Efectivamente, Van-der- Weyden parece desconocer la importancia de los ade¬ lantos de Van Eyck en la Fíg. 153.—Descendimiento.—Parte central, perspectiva, y el Descendi¬ miento, con sus figuras destacadas sobre fondo de oro, sin profundi¬ dad ninguna, dispuestas casi simétricamente y tan estrechamente agrupadas que dificiimente podrían moverse, presenta todo el as¬ pecto de un bajorrelieve; hasta la misma disposición del marco, rozando la cabeza de las figuras, recuerda los relieves de altar agrupados bajo arcadas, que tallaban por aquel tiempo los ima¬ gineros de Tournay. Un maravilloso sentido del efecto lineal ha dispuesto las masas, ya verticales, ya oblicuas o encorvadas,, con una ponderación maravillosa. Pero lo verdaderamente admirable, son las caras. No es la ver— 160 SALAS CAPITULARES ■dad realista de los rostros lo que sorprende, sino la belleza espiri¬ tual de su expresión. Aquí Van-der-Weyden se aparta del camino Tealista iniciado por Juan Van Eyck y resucita el profundo liris¬ mo del siglo xin. Sus figuras no son retratos; tienen, es cierto, un Fig. 154.—Descendimiento.—Desmayo de la Virgen. sello de verdadrealista; pero aquellos rostros tan hondamente emocionados quedan a pesar de todo tranquilos, con una especie de serenidad clásica. Nada de violencias, nada de arrebatos; . sino una emoción interior contenida, y por esto mismo más SALAS CAPITULARES 162 Fig. 157.—Descendimiento. Fig. 158.—Descendimiento. Detalle. Detalle. conmovedora. Un crítico alemán ha dicho que los personajes del Descendimiento «se sorben las lágrimas hacia adentro». Fig. 159.—Descendimiento. Fig. 160.—Descendimiento. Detalle. Detalle. historia de este famoso cuadro. Estuvo primero Es curiosa la en Notre-Dame-hors-les-Murs, de Lovaina, fué propiedad de los SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 163 ballesteros de la ciudad. Estos la cedieron a la Reina María de Hun¬ gría, que a su vez lo regaló a Felipe II. Cuando venía camino de España, el barco que lo traía naufragó, y el cuadro quedó flotando Fig. 161.—Descendimiento. Detalle. sobre las olas. Afortunadamente venía cuidadosamente embalado, y se salvó sin que la pintura tuviera apenas que sufrir. En Lovaina quedó una copia hecha por Coxcie; a él se atribuye también una, por lo menos, de las dos que posee nuestro Museo del Prado.