Carducci; Disputa de San Agustín. XII Celdas p r i o ra I e s . — G1austro alto. Escalera principal Celda prierai alta.—A continuación de las Salas Capitulares y bajo ia torre del ángulo Sureste, está la que de antiguo se llamó Celda prioral baja, destinada durante el verano para habitación del Prior. Tiene un hermoso techo, pintado por Francisco de Urbino, quien no dejó en El Escorial otras muestras de su arte por haber muerto poco después de terminada esta pintura. En ei centro está representado el Juicio de Salomón, encuadrado entre adornos de grecas y follajes. A los lados se figuran unos encasamentos ocupa¬ dos por figuras de profetas y símbolos de las virtudes teologales y morales, y en los cuatro ángulos, en unos madallones con imita¬ ción de relieve metálico, ios cuatro Evangelistas. Las paredes están adornadas con algunos retratos de personas reales: Carlos II, niño, por Carreño; Carlos III, át Mengs; La Rei¬ na Doña Maria Ana de Austria, segunda mujer de Felipe IV, por Carreño; La Reina Doña Maria Amalia de Sajonia, esposa de Car¬ los III, por Ouillermo Anglois; Carlos III, por el mismo; María Josefa y María Luisa, hijas de Carlos III, por Mengs; María Te¬ resa, hija de Felipe IV, por Pedro Mignard; dos Floreros, del je¬ suíta Seghers, y cuatro, de Mario Fiori. 166 CELDAS PRIORALES Desde 1856, esta celda, que hasta entonces habla estado poco· menos que abandonada, a pesar de su inmejorable posición y de la excelente luz de que goza, se convirtió en una especie de museo- singular valor. para la exposición de algunos objetos artísticos de Al presente se exhiben en vitrinas varios temos lujosos del si¬ glo XVI, bordados en sedas y oro en el mismo Monasterio; un fron¬ tal procedente de las monjas leandras de Sevilla, bordado tam¬ bién en gran relieve; una mitra delicadamente bordada en plumas de varios colores, trabajo mejicano del siglo xvi; una arqueta de cobre del siglo XIII, con esmaltes; un al- tarcilloportátil que probablemen¬ te es el que acompañaba a Carlos V en sus campañas; tiene forma de retablo, con multitud de columni- tas y estatuillas en plata y esmal¬ tes; un díptico del siglo xiv, en marfil, repartido en ocho cuadros con otras tantas escenas de la vida, pasión y muerte de Jesucristo; una Crucifixión de plata; un relicario en forma de libro, con cinco meda¬ llones cincelados en el interior, re¬ galo del Arzobispo de Tréveris-a Felipe II; un San Lorenzo de coral y oro translúcido, del siglo xvi; un Fig. 162.—E! pintor Mengs. San Juan Bautista de mármol, es¬ cuela española del siglo xvi; un portapaz plateresco, con la marca de Becerril en el punzón; un San Jerónimo de mármol, obra de Fray Eugenio de Torices; una colección encuadernada de los dibujos que sirvieron para los bor¬ dados de los ornamentos; un Descendimiento, labrado delicada¬ mente en marfil, obra de talla minuciosa y sumamente expresiva, de estilo Renacimiento, y unas vinajeras de filigrana, de tiempo de Carlos II. Desde un principio esta celda estuvo comunicada por una esca¬ leraparticular con la Celda prloral alta, habitación amplia y clara aunque no tan suntuosamente decorada como la Celda baja. La pared, sencillamente encalada, tiene por único adorno un alto arri- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 167 madero de azulejos, encima de los cuales se exhiben varios cua¬ dros, en su mayoría copias de originales famosos; una Virgen con el Niño y San Juan, copia de Leonardo de Vinci; una Piedad, copia de Rubens; La Perla y otra Sagrada Familia, de Rafael; una Sa- Fig. 163.—Vida, pasión y Fig. 164.—Vida, pasión y muerte de Cristo.—Dípti- muerte de Cristo.—Dípti¬ co en marfil. CO en marfil. grada Familia, que se atribuye a Poussin; la Conversión de San Pablo, de Lucas Jordán; Jesús en el desierto, del mismo; un mag¬ nifico retrato de! célebre erudito Arias Montano, que se dice ser de Zurbarán; La Reina Doña Mariana de Austria, de Carreflo; la Cari¬ dad romana (un viejo prisionero, a quien, para evitar que se muera de hambre, alimenta su hija con la leche de sus pechos); final- 168 CELDAS PRIORALES mente, varios retratos de monjes notables de la orden de San Jerónimo. Desde esta pieza se pasa ai Oratorio y cerca de él también está la Sacristía del Coro o Sala de Capas donde en una estante¬ ría colocada en todo el contorno se guardaban las capas de los Cantores. Tiene en el testero un altar y en él una escultura no¬ table de la Roldana (Luisa Rol- dán), escultora de Carlos II. Iglesia vieja.—Conócese to¬ davía con este nombre una am¬ plia habitación de 29 metros de largo por nueve de ancho, que sirvió de iglesia mientras se edi¬ ficaba la principal. Tiene el pa¬ vimento de mármol blanco y pardo y la bóveda compartida en tres secciones por dos arcos resaltados sobre otras tantas pilastras de piedra berroqueña. Sobre el asiento que en el coro correspondía al Prior hay una tabla española del siglo xvi, que representa a Jesús con la cruz a cuestas. Consérvanse to¬ davía los tres altares del teste¬ ro; en el mayor hay un cuadro original de £/ Tiziano, de gran¬ des dimensiones, que represen¬ ta el Martirio de San Lorenzo; en el del lado del Evangelio, una Adoración de los Reyes, que Fig. 165.—Descendimiento de la Cruz. también Original de El Ti- ziano, y encima, en un frontis¬ picio que corona el altar, otro más pequeño del Ecce Homo, copia del mismo; en el de la Epístola, una copia del Entierro del Señor, cuyo original está ahora en el Museo del Prado, y una Dolorosa, copia también de El Tiziano. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 169 En la bóveda que se forma bajo el altar mayor fué donde al principio se colocaron los cuerpos reales, mientras se construía el panteón definitivo en la iglesia y se los trasladaba a las urnas en que hoy descansan. Claustro principal alto.—Es, en cuanto a su estructura, en todo igual al claustro bajo, pero los fondos de las arcadas no están como •en aquél pintados al fresco, sino dados sencillamente de blanco. De los cuadros que adornan sus paredes citaremos solamente los principales. Comenzando al lado de la es¬ calera principal, la Sagrada Fami¬ lia, la Flagelación del Señor, el Na- -cimiento, San Jerónimo y La apari¬ ción de Cristo resucitado a su San¬ dísimaMadre, los cinco de Juan Fernández Navarrete, El Mudo. San Fernando en oración, pintura de colosales dimensiones, de Lucas Jordán. La Anunciación, copia de El Allori de un original de El Giotto; La vocación de San Andrés, por Fe- ■derico Barrocci; un Martirio de San Lorenzo, de escuela española . . ^ , Fig. 166.—Altar lateral de la Iglesia del Siglo XVI11, atribuido general- vieja.—copias de £1 Tiz/ano. mente a Goya; de Bartolomé Car- ducci hay una serie de cuadritos sobre la vida de San Lorenzo, que son apreciados por los entendidos, y otra parecida de la vida de San Jerónimo, de Juan Gómez, de mucho menos interés ar¬ tístico; una copia de Santa Margarita, de El Tiziano, y otros de menos importancia. Aula de moral.—En el ángulo Nordeste del claustro alto se abre una puerta que conduce al Aulilla o Aula de moral. gran ■«Allí—dice el P. Santos, historiador del Monasterio—se lee a los religiosos cada día una lección de Escritura Sagrada o alguna materia teológica, conforme a la disposición del Concilio de Tren¬ te, y se controvierten los casos morales y puntos cuya noticia sirve para la dirección de las conciencias». En el lienzo norte tiene un altar; a su derecha una cátedra para el Lector o Maestro; por CELDAS PRIORALES 170 todo alrededor corre un escaño o banco de madera, con respaldar labrado de maderas finas, en el cual, frente al altar, dos sillas con un trozo de arquitectura, señalan el lugar de la presidencia. Entre las pinturas de esta aula merece atención en primer lugar la del altar, que es de Miguel Coxcie y representa a San Joaquín cuando fué arrojado del templo por los ju¬ díos. Hay además una copia de la Santa Margarita, de El Tiziano). San Juan predicando en el desierto,. original de El Veronés; la Curación de la hija de Jairo, atribuida a Je¬ rónimo Muciano; una copia de la Adoración de los Reyes, de Rubens, y otra del Martirio de San Pedro, de Caravagglo. Camarín.—Fué en otro tiempo una de las habitaciones más pre¬ ciosas por las reliquias y riquezas que en ella se guardaban. Gran parte de aquellas preciosidades desaparecieron cuando la invalsón francesa y otras han sido distribui¬ das por diversas partes de la Casa Fig. 167.—Luisa Roldan: San Miguel. y enviadas al Museo del Prado. Tiene un altar con su retablo do¬ rado, donde estuvo en otro tiempo parte del altar portátil llamado de Carlos V. En uno hay una urna de los nichos de la ventana romana del siglo i o ii, que fué regalada a Felipe II como cosa preciosa, por creerse que era una de las que sirvieron para el mila¬ gro de las Bodas de Caná. En el libro cuarto de los llamados Libros de entregas, dice asi: «Una hidria que parece de piedra, de hechura de tinaja, con dos asas, puesta sobre una peana de piedra suelta, que es una de las del milagro en que Nuestro Señor Jesucristo con¬ virtió el agua en vino en las bodas del Arquitriclino, que envió a S. M. el Marqués de Almazán, metida en una funda de tafetán colorado y caja cubierta de cuero negro y un testimonio escrito en pergamino en lengua latina, por el cual consta habérsela SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 171 dado el Emperador Maximiliano al dicho Marqués, la cual fué sacada de una capilla de Lagen- burg, cerca de Viena, en el Estado del archiducado de Austria, donde estuvo con mucha veneración la dicha hidria». No es necesario ad¬ vertir que esta tradición carece to¬ talmente de fundamento. Escalera principal.—^En el ala de Poniente del claustro bajo apa¬ recen cinco abiertos; los dos arcos extremos dan paso a los claustros menores; los tres del medio corres¬ ponden a la escalera principal, la cual, por la grandiosidad y elegan¬ cia de su estructura, puede ser con¬ siderada como una de las partes Flg. 168.— Cabeza de san Miguela más acertadas y de mayor belleza de este Monasterio. Fué ideada por Juan Bautista Castelló, el Ber- gamasco, hombre de mucho ingenio, y ejecutada por Juan Bautista de Toledo. Tiene la caja de esta escalera, desde la entrada hasta el testero, que podemos llamar lo largo, 1& metros, 11 de ancho y 23 de eleva¬ ción. A los trece escalones se forma una meseta y a los otros trece un ancho plano, que ocupa toda la caja y está adornado con nichos y bancos, para que se pueda gozar desde aquel sitio el bellísimo con¬ junto de la escalera. Desde aquí se divide en dos tramos o brazos, eí uno sobre la derecha y el otro so¬ bre la izquierda, los cuales suben, sin descanso hasta tocar en el claus¬ tro alto. Las gradas o escalones tie¬ nen cada uno 3,40 metros de largo; son de una sola pieza, y 172 CELDAS PRIORALES lo mismo que los costados y pasamanos, están perfectamente labrados y con fajas sencillas por adornos. A la altura del pavimento del claustro alto corre por todo el -contorno de la caja una imposta de un pie de ancho, sobre la que Fig. no.—Giordano: Batalla de San Quintín. .asientan 14 pilastrones, apoyo de otros tantos arcos, tres de cada lado en las bandas de Oriente a Poniente y cuatro en las de Norte y Mediodía. Las tres de Poniente y el primero así del lienzo del Flg. 171.—Fragmento del anterior. Norte como del Mediodía, están cerrados; los otros nueve, abiertos y adornados con grandes antepechos de una sola pieza, excepto Jos dos extremos de la parte de Oriente, que dan paso al claustro. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 173 Fig. 172.—Batalla de San Quintín.—Fragmento. Fig. 173.—Batalla de San Quintin.—Fragmento, 174 CELDAS PRIORALES Fig. 174.—Batalla de San Quintín.—Fragmento. Fig. 175.—Batalla de San Quintín.—Fragmento. Sobre estos descansa el arquitrabe, friso y cornisa, que corre arcos a la altura de 14 metros; tres metros más arriba corre otra corni¬ sa, dejando entre las dos un friso de 2,50 metros de ancho. Desde 175 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL aquí arranca la bóveda, que es grande y espaciosa y sube hasta la altura de 23 metros, recortada sobre la última cornisa por 14 Fig. 176.—L. Giordano: Felipe II dirige las obras de El Escorial, (Friso de la escalera.) ventanas con sus lunetos, que aumentan considerablemente la luz y contribuyen a la hermosura del conjunto. Frescos de la escalera.—Completan la belleza de esta escalera las pinturas al fresco que la adornan. En los cinco arcos cerrados Fig. 177.—Fragmento del anterior. hay otros tantos pasajes del Nuevo Testamento, que siguen la serie ya enumerada en el claustro bajo. Lienzo de Mediodía.—A la izquierda, subiendo: San Pedro y San Juan. Lienzo de Poniente.—Aparición del Salvador a María Magdalena. Aparición del Señor a las santas mujeres. Aparición a los discípulos. 176 CELDAS PRIORALES Fig. 178.—L. Giordano: La Gloria.—Bóveda de la escalera.—Fot, Moreno. Lienzo del Norte.— A la derecha, subiendo: Aparición a diez de los Apóstoles. El friso que arriba hemos indicado entre cornisa y cornisa, asr como la bóveda, están pintados por Lucas Jordán en tiempo de Carlos IL SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 177 Representa aquél en tres de sus lados la célebre batalla, asedio y rendición de San Quintin. En el lienzo de Mediodía expresó Jordán con gran vigor el choque de los ejércitos, entre el fuego y humo de la pólvora, la turbación de la infantería francesa, ei Fig. 179.—La Gloria.—Parte central. desorden de ia caballería y la prisión del Condestable Montmoren¬ cy, general del ejército enemigo, con su hijo y una buena parte de ia nobleza de Francia. Ei lienzo de Poniente figura los preparativos para el asedio, la colocación de las baterías y el asalto de la plaza de San Quintin, con sus torres y edificios incendiados, y ei estrago y fuga precipi¬ tada de ios vencidos. En este fresco y en el ángulo derecho hay un 12 178 CELDAS PRIORALES Fig. 181.—Las Virtudes. joven tambor con coleto y chambergo, pintado con tal relieve que parece salirse del cuadro, y un poco más al centro, sobre una de las piedras, se lee la firma de Jordán en grandes letras. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 179 En el friso del Norte se ve ai Almirante gobernador de la plaza conducido con otros prisioneros a presencia del Duque de Saboya, general del ejército español; el Almirante prisionero va delante, a caballo, pero con la cabeza descubierta y desarmado. Un pormenor infantil suele llamar la atención de los visitantes inteligentes poco en pintura. En la parte superior del cuadro, en el último tercio hacia la derecha, se figura un desgarrón del lienzo colgando hacia abajo, y está con tal propiedad, que son muchos los que se enga- Fig. 182.—Las Virtudes. flan. Fué ocurrencia de de los uno discípulos de Jordán, quien, cuando lo vió, quiso que no se borrara. En el lienzo de Oriente se representa la fundación del Real Monasterio. Felipe II examina los planos de la obra, que le presen¬ tan los tres principales arquitectos, Juan Bautista de Toledo, Juan de Flerrera y el célebre Fray Antonio de Villacastin, lego de la Casa, que cooperó mucho en la fábrica. Allí está también a la dere¬ cha del Rey el célebre bufón de Felipe II, Miguel de Antona. La edificación aparece ya comenzada, y se ven varios jornaleros que abren cimientos, arrastran piedras y las suben a los andamios con grúas, tornos y otros aparejos. CELDAS PRIORALES 180 Encima de la segunda cornisa comienza la pintura de la bóveda. Es una fantásticacomposición de grandes vuelos, tratado con aquel brío impetuoso, con aquel soberano dominio de la técnica que ca¬ racteriza las obras de Lucas Jordán. Representa en su conjunto La Gloria. En lo más alto se ve a la Santísima Trinidad, sobre su trono· de nubes, rodeado de ángeles; junto al Hijo divino, rodeada de lu ces y cambiantes apacibles, descuella la Cruz triunfal en medio del cortejo formado por la Virgen Santísima y una turba de espíritus Fig 183.—Las Virtudes. angélicos con los signos de la pasión. Más abajo, San Lorenzo, ves¬ tido de diácono, con los emblemas del martirio. De la otra parte, varios príncipes y reyes que alcanzaron la santidad, a saber: San Hermenegildo y San Fernando de España; San Enrique, Empera¬ dor de Alemania; San Eusebio, Rey de Hungría, y San Casimiro, Príncipe de Polonia. Tras éstos, el Emperador Carlos V, vestido de manto la de Alemania imperial, ofrece a la Trinidad dos coronas: y la de España; acompáñale San Jerónimo, como para enseñarle el camino de la Gloria, y detrás se ve a Felipe H, siguiendo a su padre en los propósitos y llevándolos a glorioso cumplimiento. En los cuatro ángulos están representadas las virtudes cardinales. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 181 acompañadas de todas las demás virtudes en forma de bellísimas -donceilas. En medio de los grupos en que están repartidas, sobre¬ salen en figura de matronas, sobre regios estrados, la Majestad Real, a la banda del Mediodía, y en la del Norte, la Iglesia Católica, ■como sosteniéndose y auxiliándose mutuamente. Finalmente, en ■el lienzo de Poniente se finge una balaustrada, a la cual se asoma Carlos II explicando a Doña María Ana de Neubourg, su esposa, y a la Reina madre el significado de la bóveda, que mandó pintar a susexpensas. Los retratos son de un parecido sorprendente. He aquí una brevísima idea de io que contiene aquella famosa pintura. Increíble parece, si no io dijeran las historias de la época, que en esta obra, colosal aun por su dimensiones materiales, no em¬ pleara Jordán más de siete meses, y aun parece más increíble que, habiendo procedido con tan milagrosa rapidez, la obra, sin embargo, alcanzara tanta perfección. Facistol de las parrillas. Carducci.—Las escuelas de los filósofos. XIII Biblioteca La regia magnificencia del fundador del Escorial, que en todo momento se mostró generosa con su Monasterio, para dotarlo de toda clase de riquezas, parece que quiso excederse a si misma cuando llegó la Biblioteca. En la decoración y adorno del local a gastó sumas de dinero que, aun hoy, con estar tan mudadas las circunstancias, nos parecen enormes. Y esto es lo de menos. Por¬ que el verdadero tesoro de la Biblioteca son los libros preciosos y raros, los códices antiquísimos, los manuscritos de incalculable valor, que la han hecho famosa entre las famosas de todo el mundo. Bien merece, pues, una minuciosa visita. Está situada sobre el zaguán del Patio de los Reyes, y su entra¬ da es por la derecha del mismo zaguán. En el piso tercero de los claustros menores, en el ángulo de Norte y Poniente, se halla una bonita portada de maderas finas, compuesta de dos columnas es¬ triadas en espiral, sobre las cuales descansa un frontispicio abierto, y en medio de él una lápida negra ovalada, con el texto de la ex¬ comunión fulminada por los Sumos Pontífices contra todo el que retuviese cualquier objeto de esta librería. Hállase instalada la Biblioteca en un espacioso salón de 54 me¬ tros de largo por nueve de ancho. Su colocación en esta parte del edificio de Norte a Mediodía es muy adecuada, y, como dice el Padre Sigüenza, «no viene mal con el consejo de Vitruvio, teniendo la luz de la mañana, tan importante al estudio, y la de la tarde, cuan- 184 BIBLIOTECA do ya se puede tornar a los libros, gastada la comida, que estorba». La estantería, construida toda de maderas finas—caoba, ácana, ébano, cedro, naranjo, terebinto y nogal—fué tallada por el italiano José Flecha, ayudado por Gamboa, Serrano y otros maestros de talla, según dibujos de Juan de Herrera. El solado es de mármoles pardos y blancos. Adornan el centro de la sala cinco mesas de mármol pardo, con barandillas de bronce apo¬ yadas sobre zócalo y pilas¬ tras también de mármol con embutidos de jaspe;en los lados tienen unos hue¬ cos como plúteos, llenos de libros. Alternan con estas mesas dos veladores ocha¬ vados de pórfido, sobre pies de madera imitando bron¬ ce, regalo de Felipe IV, y al fin de ellas, en la misma linea, una gran esfera ar- milar de madera, según el sistema de Ptolomeo, sos¬ tenida por un pie en forma de cuatro sirenas. Los ta¬ bleros de estas mesas se han convertido en vitrinas cerradas con cristales, den- Fig. 184.—Vista de la Biblioteca. tj.Q (jg cuales suelen abiertos algunos exponerse códices preciosos, de los muchos que hay en esta Biblioteca. La estancia recibe luz abundantísima por cinco balcones de dos me¬ tros de ancho por tres y medio de alto, rasgados hasta el suelo y con antepechos de hierro, a los que corresponden encima otras cinco ventanas con antepechos de piedra. La estantería es de orden dórico muy elegante y vistoso, y toda ella se levanta sobre pedestal de un pie de alto en jaspe sanguí¬ un neo. Sobre éste se apoyan otras pilastras cuadradas, con sus bases, capiteles y molduras, encima de ias cuales descansa una mesa de nogal, que sirve como de arquitrabe a este primer cuerpo. El hueco SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 185 #aTutgyi3^* .-ts'iid IÇ33Í NBKÍ!lÍ*^<Í'á¿«»'Ti«^ >it-Mwrtíyi>iro nfy' unidas; en cada una de las len¬ guas separáronse luego los impre¬ >ií!£¿i^^íStifyi\ sos de los manuscritos, y, por último, fueron agrupándose los libros por las diversas ciencias y facultades, en número de 64, cuyo orden, títulos y distribución quedó expuesto en un índice que toda¬ vía se conserva. Encargado luego de la Biblio¬ teca el P. Sigüenza, se trasladaron los libros a ia llamada ahora Bi¬ blioteca Alta, mientras se con¬ cluían las magnificas galerías don¬ de debían Fig, 216.—Manuscrito persa. quedar definitivamente colocados. Termináronse las obras en 1593, y entonces, el mismo Padre Sigüenza colocó en la sala principal todos los impresos; en otra contigua, que ocupaba casi la mitad de ia fachada norte del Patio de ios Reyes, ordenó los manuscritos, y en ia Biblioteca Alta dejó los duplicados y prohibi¬ dos, por ser los de menos uso. Felipe III, al heredar la corona de su glorioso padre, heredó con ella su amor al Monasterio de El Escorial y continuó protegiendo su ya copiosa Biblioteca. Asi, en 1606, envió a ella ios libros del Licenciado Alonso Ramirez de! Prado, que hablan pasado a poder del Rey por la aplicación de los bienes de D. Alonso a su Real Fis- 208 BIBLIOTECA CO; y, posteriormente, en 1614, entregó también a El Escorial la famosa biblioteca árabe de Muley Zidán, Emperador de Marrue¬ cos, compuesta de 3.000 volúmenes, el más precioso botín que re¬ cogieron nuestras galeras, mandadas por D. Luis Fajardo, al ven¬ cer a las del Sultán en aguas del Estrecho. Casi todos estos últimos libros, con otros muchos de su clase, que se custodiaban en la pieza contigua al salón grande, perecieron años más tarde en el incendio de 1671, que duró quince dias y causó terribles estragos en aquel mag¬ nifico edificio. En este mismo si¬ niestro o en las depredaciones de que fué objeto El Escorial durante la francesada y los años siguien¬ tes de abandono, debieron pere¬ cer gran parte de las obras musi¬ cales, muchas de ellas manuscri¬ tas, de las que estaba muy bien provista la Biblioteca de El Es¬ corial. De los grandes autores del siglo XVI, Luis de Victoria, Fran¬ cisco Guerrero, Juan Navarro, Diego del Castillo, Fernando de las Infantas, Miguel Gómez Ca- Fig. 217.—Manuscrito persa. margo, Diego Ortiz y Pedro Pe- riáñez, eran muchas las obras allí conservadas (1). Hoy, desgraciadamente, apenas quedan algunas muestras dispersas; tal vez por esto mismo más preciosas. ¿Con qué fondos contaba la Biblioteca de El Escorial para la conser\-ación y aumento de sus tesoros? No se contentó la genero¬ sidad de Felipe 11 con entregarle sus mejores libros y procurárselos de otros por diferentes caminos. Comprendió desde un principio que la Biblioteca necesitaba rentas fijas para sostenerse y aumen¬ tarse, y asi, por Real cédula de 15 de julio de 1573 destinó para la Biblioteca y Sacristia los productos del Nuevo Rezado (2). Algún (1) El P. Soler formó de ellas un nutrido catálogo que ocupa tres volú¬ menes (2) A 23 de mayo de 1577 otorgó Felipe 11 una Real Cédula por la cual ■se prohibía que nadie, fuera de aquellos a quienes el Rey concediera este de- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 209 tiempo después, Felipe IV aumentó esta consignación, señalando mil ducados anuales, destinados también, por mitad, a los gastos de Biblioteca y Sacristía, y aun añadió 300 ducados sobre la renta de Indias, que debían emplearse exclusivamente en la compra de libros y en su encuademación. Puede, por consiguiente, calcularse en unos 2.000 ducados (cerca de 6.000 pesetas) la consignación anual señalada para la conservación y enriquecimiento de la Bi¬ blioteca. Diósele, además, el privilegio de recibir gratis un ejemplar de todas las obras que se imprimiesen en los dominios de España, y a principios del siglo xvii se recomendó a los Virreyes de Nápoles, .Milán, Sicilia, Flandes y otras provincias de la Corona, que urgiesen el cumplimiento de dicha obligación. Pero este privilegio, por des¬ cuido de los encargados, fué cayendo en desuso, hasta perderse por completo. A pesar de todo, con las adquisiciones primitivas, los donativos de los Reyes en tiempos posteriores, la cesión en época descono¬ cida de ios manuscritos del Conde-duque de Olivares y la entrega en 1876 de la llamada Biblioteca del Seminario, que tenia unos 5.000 volúmenes, la librería de El Escorial llegó a ser una de las más apreciadas en el mundo erudito. Consta hoy de unos 40.000 impresos, 1.900 manuscritos árabes, 2.090 en latín y lenguas vul¬ gares, 72 hebreos y 580 griegos. Pocas bibliotecas del mundo se pueden comparar con ella en esta materia de manuscritos. recho, pudiera imprimir Breviarios ni Misales con el Nuevo ¡tezado o rezo que acababa de imponer a la Iglesia universal la Santidad de! Papa Pío V, ni pudiera introducirlos ni venderlos en parte ninguna de España ni de las Indias. Al mismo tiempo, y en la misma cédula, concede «privilegio al Prior, frailes y convento de San Lorenzo el Real, de la villa de El Escorial, de la Orden de San Jerónimo, para que ellos, o quien su poder hubiese, y no otra persona alguna, pudiesen imprimir, meter y vender en estos reinos y pasar a las provincias de 1^ Indias los dichos libros y venderios en ellas»... 14 L. Giordano: Batalla de San Quintín.—Friso de la escalera.—Lado Norte. XIV Palacio Desde que todo el edificio del Monasterio quedó terminado y habitable en ios últimos años de su fundador, después, en tiempos de Felipe III, y mucho más todavía durante el reinado de Feli¬ pe IV, El Escorial fué el Sitio Real por excelencia, y en él pasa¬ ron largas temporadas los Reyes y sus Cortes con todo el aparato y esplendor que en aquellos tiempos llevaba consigo la majestad real y todo el estrépito de fiestas y regocijos que acompaña a la vida cortesana. Y aun cuando más tarde las reales preferencias hubieron de dividirse, además de El Escorial, entre El Pardo, La Granja y Aranjuez, nunca, sin embargo, los Reyes de España de¬ jaron de ocupar con complacencia aquellas estancias escurialenses de tan gloriosos recuerdos (1). Para habitación de los regios huéspedes estaba destinada desde un principio una cuarta parte del edificio, la que se llama Palacio, y ocupa todo el ángulo Nordeste hasta la mitad de cada una de las (1) A título de curiosidad, vamos a copiar aquí una violenta diatriba escrita por algún cortesano a quien, por motivos que no es fácil conjeturar, fué particularmente odiosa la estancia en El Escorial. «De todo esto tiene, sin duda, la culpa esta tierra descortés, ese pueblo y vando maldito del Escuriai, pueblo sin comedimiento, montaña desgraciada, sitio sin afaviiidad, a donde, sacando el edificio y las cosas santas de aquel Monasterio, todo lo demás es horrible, todo aborrecible, todo abominable... Es sierra que, con estar en valles, es tan estéril de yerba, que de una poca que 214 EL PALACIO REAL fachadas contiguas. En la actualidad las habitaciones de Palacio no desmerecen ni de la majestad del resto del edificio ni de la dig¬ nidad de las personas a que se destinan. Las paredes están cu¬ biertas de riquísimos tapices españoles, flamencos, franceses e ita¬ lianos, en número de cerca de 300; todas la salas, a excepción de las habitaciones llamadas de Felipe II, están amuebladas en estilo Imperio, con magníficas sillerías tapizadas de las mismas telas y colores que los cortinajes; abundan en todas ellas las mesas y con¬ solas de mármoles preciosos, que sostienen la más variada colec¬ ción de relojes artísticos; en una palabra: por todas partes se han acumulado riquezas y preciosidades, que han hecho de aquellas habitaciones un verdadero museo del arte español. En la imposibilidad de describir uno por uno todos los objetos en ellas encerrados, daremos una rápida y somera descripción de los principales, deteniéndonos en aquellos que pueden tener par¬ ticular interés para el visitante. Tiene el Palacio tres diferentes entradas: la del centro de la fa¬ chada septentrional, que suele estar abierta y por la cual comienza ordinariamente la visita; la del extremo izquierdo de dicha facha- nace entre los árboles, está cerrada la puerta porque no se pise. Allí los cerca¬ dos nada producen, sino que, por apariencias, unas piedras están cercadas con otras. En este triste Escurial no se da vino ni se coje pan; las plantas no medran; los árboles no crecen; las frutas se yelan; los frutos se apedrean, y lo que de la niebla, del yelo o del granizo escapa, es comido de venados. Las aguas son allí crudas; los vientos, penetrantes; el frío, insufrible; el calor, into¬ lerable; las flores, sin olor; las mujeres, sin color, sin gracia, sin donaire; los hombres, desaliñados, groseros, rústicos; que aun el mismo Rey, por la fatal constelación de la tierra, como olvidado de su grandeza, duerme allí en una cama de paño pardo; el Príncipe se viste de mezcla, y no aprende allí bien su gramática; la Señora Infanta y las Damas pierden allí su hermosura, hacién¬ doseles las tezes ásperas, como a pastoras; los de la cámara y los secretarios andan en hávito de monteros; los cortesanos, como vaqueros; los pretendientes parecen estudiantes del Seminario; los frailes viven aburridos; los negociantes, desesperados, y los criados de Palacio más querrían dos cohombros de este Egipto de Madrid, que el maná de la comida que Su Majestad les da en aquel destierro... En la Iglesia tanto es como haver entredicho perpetuo, pues para entrar en ella no os vale la Bulla de la Cruzada. Los santos se conocen por relación que todos están tan altos y tan lexos, que apenas se alcanzan con la vista. Los famosos pintoreshan olvidado allí su arte y perdido el dibuxo, el aire, ei movimiento que en otras partes solían dar a las imágines; y los que acá daban SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 215 da, que mandó abrir el Rey Carlos IV para mayor comodidad de los coches, y otra a la parte izquierda del vestíbulo del templo, que, pasando por un patinejo y varias galerías, conduce hasta el Palacio. Esta es la que solia usar Felipe II para llegar hasta sus habitaciones. Comencemos, pues, la visita, como se ha dicho, por ia puerta central de la fachada Norte. Entrase lo primero en un amplio zaguán, en el cual se abren las puertas de ia cocina y de sus depen¬ dencias y la entrada de la mina o galeria subterránea construida en tiempo de Carlos 111 para poner en comunicación el Palacio con las Casas de Oficios por debajo de la Lonja. Dejando a un lado el patio de coches, que tiene gran parecido con ei claustro principal del Convento, ei visitante debe buscar el acceso de la escalera prin¬ cipal que está en la galería Norte. Los cuadros que la adornan son en su mayoría de escasa importancia. Hay dos de Lucas Giordano: Minerva y Aracne y el Sátiro Marsias; varios Paisajes, de Cres¬ cendo de Onofrio, Dughet, Maiwef, Momper y Cornelio Moiaener; algunos Fioreros del jesuíta Seghers, una Cabeza de estudio, copia hecha de El Tiziano, por J. Madrazo, y varios otros de menos interés. Al terminar la escalera se llega a un recibimiento o antecome- casi vida figuras, allí rezivieron la muerte en sus personas. ¡Qué puedo a sus dezir de loshombres, si aun los mismos libros se hazen allí salvajes y huien de la vista de los hombres, escondiéndose por aquellos encantados caxones de la invisible librería!... qué lástima es ver a un pobre negociante vajar del Sitio sudando por O aquella cuesta, renegando de la paciencia porque no le despachan, y quando llega a la posada halla la casa por barrer, la olla por cocer, la comida medio comida; el agua, caliente; el vino, binagre; la mesa, coxa; los manteles, sucios; los platos, quebrados; la copa, vernizada con grasa, y lo uno y lo otro hir- biendo de moscas; y cuando se va a dormir le saltan de improviso tantas pul¬ gas y chinches, que nunca fué tanto el número de los mili millones de gente del Exercito de Xerges. No lo pasan mexor los que quedan en el Sitio, porque para cualquiera parte ai tres leguas de mal camino: todo anda rebuelto, todo mezclado, todo confuso; a un mismo tiempo se oye bramar el ciervo y gemir la dama, aullar el lobo, suspirar el fraile, rebuznar el asno, murmurar el pretendiente, mugir la baca, quexarse el negociante, gruñir el puerco, renegar el soldado, graznar el ansar. regoldar el privado...» (Se ha sacado esta copia de un papel escrito a mediados del siglo xviii: cuya cubierta, de letra, al parecer de Gayoso, archivero del de Estado, dice, «8 de agosto 1591. Pintura del Escorial quando le habitaba su fundador, Phelipe II»). 216 EL PALACIO REAL dor, con muebles de azul y blanco y tapices flamencos según carto¬ nes de Anglois y Teniers. Comedor.—Es una amplia sala decorada con tapices españoles yflamencos y sillería de damasco encarnado. Dos de los tapices flamencos son de Anglois, escuela de Wou- wermans; uno de ellos representa un Soldado flamenco, bebiendo a Fig. 218.—Goya: Ei baile a orillas del Manzanares.—Tapiz. Fot. Laurent. la puerta de un mesón. El otro, un Herrador, herrando un caballo asustadizo. Otros dos son de David Teniers: Niños jugando al chito(1) y El ciego y el lazarillo con un perro, bailando al son de la zampoña. Los restantes, hasta doce, son de escuela española; uno, de autor incierto. El Paseo de las Delicias, que suele atribuirse a Cas- (1) El chito es una pieza cilindrica, de madera o caña, sobre la cual se ponen unas monedas. Los que juegan tiran con unos tejos, y aquel cuyo tejo quede más cerca de las monedas caídas, es el que gana. SAN tORENZO DE EL ESCORIAL 217 tillo; cinco de Bayeu: Merienda de campo, Una florista, Ei horcha¬ tero, Merienda en la Venta del Cerero y El Puente de Santa Isabel en la pradera del Canal. Por último, dos de Goya. De los dos de Goya, el uno es una sobrepuerta de cortas dimensiones; 1,41 me¬ tros de alto por 1,14 de ancho. Es el titulado Los leñadores, y representa a tres hombres cortando leña de un árbol. Fué tejido en 1789, costó 2.922 y reales y 6 maravedises. El segundo, titulado El baile a orillas del Manza¬ nares, es un grantapiz de 3,62 metros de ancho por 2,80 de alto. Las figuras tienen cerca de un metro. Es el segundo cartón que pintó Goya para la Real Fábrica de Santa Bárbara, y duróle el trabajo de pin¬ tarlo desde 30 de octubre de 1876 hasta 3 de marzo de 1877. Al entregar en la fábrica el cartón termina¬ do, lo tasaron en ocho mil reales de vellón. Al año si¬ guiente fué tejido en estofa L 1 _i iz. Fíg.219.—Goya: La maja y los embozados, fma y en telar de alto Tapiz. llzo (1) y costó tejerlo Fot. Laurent. 14.835 reales. El tapiz re¬ presenta dos parejas de majos bailando seguidillas a orilla del rio, al son de una vihuela que toca un hombre acompañado de dos mucha¬ chos, de los que el uno tañe la bandurria y el otro lleva el aire tocan- (1) En la técnica de los tapices distinguen dos clases de telares y dos se modos de tejer el tapiz. El telar de alto tizo tiene los hilos de la trama vertíca' les; el telar de bajo tizo los tiene horizontales. En cada uno de estos telares el procedimiento para reproducir el cartón es diferente y también son diferentes 218 EL PALACIO REAL do palmas con las manos. A lo lejos se ve un militar, una mujer y varias otras figuras. El fondo representa la orilla del Manzanares, por debajo de San Antonio de la Florida. Enfrente se ven las tapias de la Casa de Campo, a la izquierda un puente y ia obra de la iglesia de San Francisco el Grande, entre andamiajes. Antesala de Embajado¬ res.—Es sala de gran apa¬ rato, amueblada con sille¬ ría de raso amarillo y tres mesas, dos de serpentina y una de jaspe, con relojes y jarrones. Los tapices, fuera de uno Castillo, El de Paseo de las Delicias, que es repetición del que hemos visto en el comedor, y otro de Bayeu, Los juga¬ dores de naipes, son todos de Goya, y algunos son de Fig.220.-OovA:Lacometa^-^Tap¡z^.^^ ,^3 ^3,^0305 ¿e la colección. La maja y los embozados, que otras veces se iiama Un paseo en Andalucía. Ancho: 1,92; alto: 2,75. Bajo una espesa arboleda se ve en una maja de rumbo, que parece invitar a un torero a el centro que se ie acerque. Viene embozado y con montera granadina. Bajo la capa recogida a un lado se le ve que lleva debajo del brazo an- los resultados. En el telar debajo liza, el obrero tiene los hilos de la trama extendidos horizontalmente delante de sí; el ejemplar o dibujo que se copia queda debajo de los hilos, de modo que el obrero, para verlo durante su tra¬ bajo, separa con la mano los hilos. Como el tapiz se teje siempre por el re¬ verso, que es donde se hacen los nudos, y el ejemplar está de cara, el dibujo resulta invertido. En el telar de altolizo^ el obrero tiene a su izquierda los hilos de la trama verticales y a su derecha el cartón del modelo. Y como también teje por el revés, resulta el revés del tapiz enfrentado con el modelo, y, por tanto, visto de cara aparece en el mismo sentido que el original. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 219 •cha espada de taza y gavilanes. A la izquierda se ve otra figura con sombrero de picador, capa y espada; está embozado hasta los ojos, y a juzgar por lo torvo de la mirada, parece acechar a la pareja enamorada con intenciones poco pacificas para con el amante preferido. Dos hombres, y más Jejos, hacia la derecha, — dos mujeres, esperan el desenlace del drama que parece fraguarse entre los primeros. .Algunos han que¬ rido reconocer en la maja a la Duquesa de Alba, Doña Teresa Cayetana de Silva, y suponen que la ■escena alude a alguna de sus supuestas aventuras amorosas con los toreros Pepe Hillo, Romero o Cos¬ tillares; pero esto es una -suposición sin fundamento -alguno, pues cuando Goya pintó este original, la fa¬ mosa Duquesa era apenas una niña. El cartón de La maja y los embozados es el tercero de los que pintó 'Goya, y debió pintarlo muy •de prisa, porque el dibujo ■esta .. .4 'j j Fig. 221.—Goya: El cacharrero.—Tapiz, muy descuidado y Fot. Laurent. ■defectuoso y con muy poca -atención al modelo. Fué tejido en 1799, y costó 7.766 reales. La cometa.— Es de los tapices grandes. Mide 2,74 de alto uno por 2,85 de ancho. Representa a tres majos que vuelan una cometa ■en el Cerrillo del Rastro. En primer término, dos hombres sentados, .uno fumando y otro tirando una rodaja por el cordón de la cometa. -A lo lejos, una señora y un petimetre conversando; al fondo se ve la obra de San Francisco el Grande. Pintó Goya el cartón de este tapiz en la segunda mitad del año 1777, y fué tejido dos años más tarde. El coste de fábrica fué de 11.150 reales. 220 EL PALACIO REAL Muchachos cogiendo fruta.—Alto; 1,19; ancho: 1,21. Un chicuelo a gatas en el suelo sostiene sobre su espalda a otro muchacho que va cogiendo fruta de un árbol y arrojándosela a dos compañeros que la reciben. Fué pintado por Ooya en 1777. El cacharrero.—Otro de ios más famosos de Goya. Sus medi¬ das son: aito: 2,60; ancho: 2,22. Un cacharrero valenciano, con loza expuesta sobre una manta, está tratando de la venta de una taza con dos señoras y una anciana. En segundo término, dos mi- iitares sentados de espaidas sobre un montón de ruedos de felpu- ® ® ® ® Fig. 222.—B.weu: El juego de la vaquilla.—Tapiz. Fot. Laurent. do y con un perro perdiguero al lado, parece que están mirando a una hermosa dama que va sentada al vidrio de un coche, con dos lacayos y un volante a la zaga. El fondo es una plaza con casas y un pintado por Goya en 1778 y tejido en torreón arruinado. Fué ia Real Fábrica de Santa Bárbara en 1781, por 8.300 reales. El niño del árbol.— Mide 2,62 de aito por 0,40 de ancho. Un niño vestido de azul, agarrado a una rama y en actitud de saltar. Al lado, otro niño con una cesta. Pintado en 1779 y tejido en 1789,. por 1.796 reales. El balancin.—Es un sobrebalcón de 0,80 de alto por 1,67 de ancho. Dos niños jugando ai balancin, montado cada uno ai ex¬ tremo de un madero colocado por su mitad sobre ei tronco de un árbol derribado. Junto a ellos, un niño que llora, y más lejos otros 221 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL dos en conversación. Fué pintado por Goya en 1788 y tejido en 1793, por el precio de 1.995 reales. Las lavanderas.—Mide 2,58 de alto por 1,66 de ancho. La escena que representa está llena de frescura y de vida. Cinco lavanderas están lavando a la orilla del rio. Dos están sentadas; otra, recostada en el regazo de una compañera, juega con un cordero. Más lejos se Fig. 223.—Dormitorios.—Sala 1.» Fot. Laurent. ve otra, también sentada, y al fondo, en un tendedero, se divisa una moza con un cesto de ropa blanca en la cabeza. Fué pintado por Goya junto con otros diez cartones para el dormitorio de ios prin¬ cipes en el Palacio de El Fardo, desde 20 de julio de 1779 hasta 24 de enero de 1780. Le pagaron por los once cartones 22.000 reales. El tapiz de Las lavanderas fué tejido en bajo lizo en 1789, y costó 6.127 reales. Las gigantillas.—Es una sobrepuerta de 1,37 de alto por 1,04 de ancho. Representa a cuatro muchachos jugando a las giganti¬ llas; dos de ellos están de frente, el uno montado a horcajadas sobre 222 EL PALACIO REAL los hombros del otro; el de abajo sostiene con las manos las piernas- del que está encima, y asoma por entre ellas la cabeza. El de encima va cubierto con ancho sombrero, y en el gesto de los brazos abier¬ tos y en la sonrisa de su cara demuestra bien el placer que el juego le proporciona. En segundo término, a la derecha, se ven otros dos- muchachos de espaldas y en la misma actitud. A la izquierda se ve otro niño subiendo por un ribazo. El cartón fué pintado por Goya en 1778, pero la Real Fábrica no lo tejió hasta 1793; costó 2.030 reales.. Fig. 224.—Rubens: (?) Neptuno calma la tempestad. Tapiz de la serie del Telémaco. Foi. Moreno. En ninguna parte tal vez mejor que en esta sala se puede ad¬ mirar en su conjunto la obra de Goya en los cartones de sus tapices. Las más famosas creaciones de aquellos quince años fecundos que van desde 1776 hasta 1791, están aquí representadas en toda su prodigiosa variedad. Cuarenta y cinco fueron ios modelos para tapiz pintados en estos años por Goya para ia Real Fábrica de Santa Bárbara; la vida y la luz de esta admirable colección, su sentido realista, caricaturesco a veces, a veces hondamente social, ha hecho de estos cartones una de las más características manifestaciones^ del arte goyesco y del arte español en general. A veces, el dibujo, trazado sin duda con aquella impaciencia febril tan propia del ge- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 223 nio exuberante de Goya, es incorrecto y hasta francamente defec¬ tuoso. Un académico hallaría seguramente muchas tachas que po¬ nerles. Pero todo se perdona en gracia de aquel sentido tan le humano de la vida, de aquel sano realismo que tan acertadamente refleja la visión penetrante y pintoresca del artista. Allí está admi¬ rablemente retratada la alrededores en vida de Madrid y sus el último tercio del siglo xviii; aquellas escenas son el más acertado comentario gráfico a los saínetes de aquel otro gran Fig. 225.—Cacería del jabalí.—Porcelana de Capodlmonte. Fot. Moreno. contemporáneo de Goya, el popular sainetero D. Ramón de la Cruz. Los tapices de niños merecen un estudio especial. Nada ha pin¬ tado Goya esta su primera época—dice Cruzada Villamil—con en más amor y acierto que los niños. En los muchos lienzos que com¬ puso reproduciendo sus juegos y travesuras, rebosa la gracia y la están expresadas con tanta verdad y alegria de la infancia, y ellas cariño que sólo quien profesaba a los pequeñuelos un verdadero- afecto podia acertar con aquellas delicadezas de gracia infantil. Los biógrafos de Goya han referido muchas veces que con frecuen¬ cia el pintor aragonés se hallaba en los alrededores de su casa a 224 EL PALACIO REAL orillas delManzanares, rodeado de chiquillos, a quienes entretenía jugando con ellos, contándoles historias, dándoles cuartos y aun permitiéndoles que entrasen en su huerto a correr, jugar y trepar a los árboles; seguramente la vista de sus Inquietos amlgultos le debió más de una vez proporcionar asunto para los tapices que por entonces traía entre manos. Salón de Embajadores.—^Tlene una suntuosa sillería de seda blanca. En la chimenea y en las cinco mesas Iguales de estilo Impe¬ rio que se ven ado¬ sadas a la pared hay una colección mag¬ nífica de porcelanas de Sevres. El techo está pintado al óleo por Felipe López. Los siete tapices que adornan las pa¬ redes son de Bayeu. La noche de Na¬ vidad representa la escena familiar de la Nochebuena en la cocina de una fa¬ milia de buena po¬ sición. El juego de la vaquilla, unos muchachos de los barrios bajos de Madrid, jugando al toro. La tabernera dando de beber a un arriero segovlano. El jardinero asturiano, está ofreciendo un tiesto de claveles a una señora y un caballero. El juego de bochas; majos bebiendo y ju¬ gando. El juego de naipes; majos jugando en una taberna cam¬ pestre. El más famoso de todos es el titulado El choricero, que otros designan con el titulo de El tío Rico, y representa a un celebrado choricero de Carlos IV, natural de Candelario, llamado Pedro Rico. Este tapiz ha sido atribuido por algunos equivocadamente a Goya. Saleta del oratorio.—Los tapices grandes de esta sala pertene¬ cen a la serle del Telémaco y fueron todos tejidos en la fábrica de Madrid, aunque su factura es tan perfecta que algunos los han SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 225 tomado por Gobelinos. Dos de ellos, los que representan el encuen¬ tro de Telémaco y Mentor, náufragos, con Calipso, en la playa de su isla, debieron formar en un principio un solo tapiz, que luego fué dividido por conveniencias del lugar en que se los colocó. El autor de los cartones fué el pintor de Felipe V, Miguel Angel Houasse, artista francés que trabajó para el Rey en 1734. El pro¬ pósito del artista era, sin duda, completar toda la serie; pero su salud delicada no le consintió terminar su trabajo, y éste •debió ser el único cartón de la serie. Los otros tapices salieron tam¬ bién, a lo que parece, de ia fábrica de Madrid, y fueron tejidos por cartones franceses, probablemente de Rubens. Los tapices menores, tiras y sobrepuertas, tienen di¬ bujos de Teniers y de Bayeu. Dormitorios—Desde esta saleta del oratorio hay acceso a otras seis habitaciones de gran suntuosi¬ dad que se designan comúnmente con el nombre de dormitorios, aunque seguramente nunca han tenido tal aplicación. Sala primera.—Tiene sillería de seda roja y techo pintado por Felipe López. Los tapices son de la serie del Telémaco por cartones pintados probablemente por Rubens. Son ciertamente flamencos, tejidos en la primera mitad del siglo xviii por Urbano Leyniers, tapicero de Bruselas. Uno de ellos representa a Neptuno arrastrado por unos tritones, en actitud de calmar la tempestad que pone en peligro de naufragio ia nave de Telémaco. Este debió ser el primero de la serie. Otro de ellos representa un baile de ninfas en un bos¬ que. Otro, el banquete de Calipso a ios recién llegados, etc. Las tiras y cenefas de las sobrepuertas son de Bayeu: Jabali y Aves muertas. Sobre una de las varias mesas de estilo Imperio que adornan esta sala, puede admirarse una curiosa pieza de porcelana que me¬ rece especial atención. Es un relieve de regular tamaño, encerrado 15 EL PALACIO REAL 226 en una urna de cristal con filetes de madera dorada y bronceada, y representa una escena de caza con todo el movimiento de monte¬ ros, guardabosques, perros y caballos, que reclama una composi¬ ción de este género. Vese a un lado un grupo de robles, de cuyas ramas entrelazadas pende un cortinón adamascado que sirve de dosel a un grupo formado por el Rey Fernando IV de Nápoles, su Fig. 228.—Dormitorios.—Sala 4.» Fot. Laurent. esposa, Principe niño, Francisco, y otro per¬ la Reina Carolina, el sonaje, que algunos conjeturan debe ser D. José Acton, favorito- de la Reina. El grupo aparece colocado en una especie de meseta formada entre piedras, por cuyas grietas brota exuberante la yedra. A los pies de la Reina, y medio sentado en tierra, hay un hombre que con gran trabajo contiene dos perros; están en actitud de sal¬ tar un arroyo que corre entre peñascos para lanzarse en persecu¬ ción de la presa. Delante de ellos, otros dos perros, estirados en urt supremo esfuerzo para alcanzar a la fiera, concentran toda la aten- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 227 ción del que mira sobre el jabalí, que con las fauces abiertas y el cuerpo en tensión por el Impetu del salto, trata de alcanzar un ma¬ torral que ocupa la derecha de la composición. Detrás de él, y lle¬ nando toda la parte central de la figura, se ve un grupo caza¬ de res a caballo, uno de los cuales, el más adelantado, con un venablo en la mano está a punto de herir al jabalí. A los pies de éste se ve Fig. 229.—Goya; La siega.—Tapiz. Fot. Laurent. un perro, que én la refriega contra la fiera ha sido herido de muerte por ella y ha caldo por tierra patas arriba. En el ángulo de la dere¬ cha y al pie de un grupo de árboles, por los que han trepado unos muchachos curiosos, se ve sentado un personaje con traje de cor¬ tesano y un lápiz o buril en la mano derecha, como en actitud de dibujar algo sobre una gran tabla que sostiene apoyada sobre las piernas. Alguien ha pensado que puede ser Saverlo Grue, Director de la fábrica de porcelana de Capodlmonte (Nápoles), donde segu¬ ramente fué fabricado el relieve de la cacería que estamos descrl- 228 EL PALACIO REAL biendo. Tiene a sus pies un perrillo faldero y a su derecha se ve otro personaje de bigote y chambergo, apoyado en un caballo que sostiene por las bridas. El fondo del paisaje es una extensa colina cubierta de arbolado y más __ . lejos otras montañas desnudas que se pierden en la lejanía. Aunquehasta hace poco tiempo se creyó que la Cocerla del jabalí era obra de la Real Fábrica de porcelana del Re¬ tiro, hoy está averiguado que fué traída de Nápoles en 1782 y regalada al Príncipe de Asturias, D. Carlos, que fué más tarde Rey con el nombre de Carlos IV. De todos modos, aparte del mérito de la obra, tiene el interés de ser una prueba evidente de las rela¬ ciones que existían entre la fábrica de porcelana que había fundado en Nápoles Carlos III y la que, al venir a España y ocupar su trono, estableció en el Retiro, con directores, obre¬ ros y hasta materiales napo¬ litanos. segunda.—Las paredes Sala están cubiertas con tapices de asuntos de caza, grandes mon- Fig. 230.—Goya: La siega. , > ,• j i Fragmento. tenas aparatosas, lo mismo de Fot. Laurent, gamos y jabalíes que de liebres perdices. Los cartones son de y Anglois, escuela de Wouwermans. Una de las sobrepuertas repre¬ senta un Aguila desgarrando una liebre, y la otra Una zorra devorando un conejo. Sala tercera.—Suele designársela comúnmente con el nombre de Sala Pompeyana, por el estilo de los tapices que cubren entera¬ mente sus paredes. Todos ellos proceden de la Real Fábrica de Santa SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 229 Bàrbara y fueron tejidos por cartones de estilo pompeyano, que estuvo muy en boga en nuestra Corte en las postrimerías del siglo XVIII y comienzos del xix; basta recordar la frecuencia con que se usa en las decoraciones pinta¬ das de aquella época, par¬ ticularmente en los techos de las casitas reales del Labrador, del Príncipe y de Arriba. En esta manera de pintura se distinguie¬ ron artistas como Gómez, Duque y otros. En el caso de nuestros tapices, nise puede señalar la fecha de su composición ni el autor de los cartones. Sabemos únicamente que en la Corte española arraigó lo pompeyano mucho antes que en otras partes, por el influjo y gusto personal del Rey Carlos III, que habla sido en Nápoles entusiasta descubridor y divulgador de las riquezas artísticas de las enterradas ciudades del Vesubio, y al venir a Es¬ paña trajo consigo ei en¬ tusiasmo por las nuevas formas de decoración. El estilo clásico de estos tapi- Dg. 231.—TeniebS: Fumadores de pipa, ees está ciertamente muy ' foí. Moreno. en armonía con las tenden¬ cias estéticas de su pintor de cámara, Antonio Rafael Mengs, que fué en su tiempo el director de todas las empresas artísticas, incluso de la regia tapicería. Sabemos también, y es dato que puede dar luz en esta materia, que en 9 de agosto de 1776 la Real Fábrica 230 EL PALACIO REAL de Tapices se hizo cargo de muchos cartones decorativos «imitando las pinturas de Ercolano, de Josef del Castillo». De Mengs, pues, o de Castillo debieron ser los cartones de estostapices pompeyanos. En algunas de las figuras centrales el relieve está tratado con tal maestria que parecen de bulto. Sala cuarta.—^Tiene sillería y cortinajes azul celeste y una buena colección de tapices de Goya, dos de ellos universalmente recono¬ cidos como obras maestras en su género. La riña en la Venta Nueva.—Mide 4,60 metros de ancho por 2,80 de alto. Un calesero, dos mozos, un murciano y cuatro arrie¬ ros riñen y se golpean, por una discusión de naipes, a la puerta de la Venta Nueva. El murciano tiene sujeto a uno por el cuello y a otro por una oreja; un arriero tira de él para hacerle soltar la presa, al mismo tiempo que otro amenaza al arriero con una estaca. A un lado luchan dos, caídos en el suelo, con tanta furia, que ei de enci¬ ma muerde al de debajo en un brazo. Más a la derecha el calesero tira al grupo una pedrada. Al otro lado el ventero recoge los dineros de la mesa de juego; un caminante, pistola en mano, se apea del caballo; sale gritando a la puerta la ventera y varias personas llegan corriendo por la derecha a poner paz entre los contendien¬ tes. Al fondo, la calesa desenganchada; a la izquierda, la venta con la muestra en una banderola: Venta Nueva. Tardó Goya pintar este cartón desde marzo a agosto de 1777, en y diéronle por él 17.000 reales. Fué tejido en telar de alto lizo el año 1779 en la Fábrica de Santa Bárbara, y costó 18.525 reales. El agosto, o La siega.—Todavía mayor que el anterior. Mide 6,45 metros de ancho por 2,80 de alto. Figura un grupo de labra¬ dores y segadores descansando y bebiendo vino en la era, en compa¬ ñía de sus mujeres e hijos. A la derecha, un grupo de pie, cuyo cen¬ tro ocupa un segador muy destrozado de ropas, con un vaso de vino en la mano, gesto vacilante y risa estúpida de borracho. A la izquierda, montones de gavillas y una carreta cargada con dos muchachos encima de la carga, como si la arreglaran con las hor¬ cas que tienen en las manos. Al centro, en segundo término, una mujer dando papilla a su niño. Al fondo y a la derecha se distin¬ guen las casas del pueblo, y en lo alto, el castillo de la Alameda de Osuna. Desgraciadamente, el tapiz no puede verse completo, por hallarse doblado o cortado por la estrechez del lugar. Trazó Goya este cartón, siendo ya pintor del Rey, en 1786. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 231 Fué tejido en bajo lizo dos años más tarde, y se pagó por él a la Rea! Fábrica la suma de 25.080 reales. El niño del cordero.—Es una sobrepuerta que representa un niño montado por juego sobre un cordero. Fué pintado en 1791. El niño del pájaro.—Tira decorativa de 0,40 de ancho por 2,62 de alto. Figura un niño con montera y redecilla, que, sentado de Fig. 232.—Dormitorios.—Sala 6.» Fot. Laurent. espaldas al espectador, juega con un pájaro que tiene en la mano. Arboles en el fondo. Fué pintado por Goya en 1779 y tejido diez años más tarde, en 1789. Elgaitero.—Sobrepuerta de autor desconocido. Los pescadores, Los cazadores, una Vista del Jardin de la Isla (Aranjuez) más una sobrepuerta de menos Importancia, son de Bayeu. Sala quinfa.—Sillería de raso amarillo. Hay un tapiz de Wou- wermans Caza con halcón, y dos de Bayeu El pescador de caña y El cazador. 232 EL PALACIO REAL Sala sexta.—Sillería de cerda negra. Hay una sola sobrepuerta de Goya, que figura dos Perros atraillados. Los otros cinco tapices son flamencos, por cartones de David Teniers^ Juego de bolas, Juego de cartas, Los bebedores^ Fumadores de pipa. Tres campesinos. Salón de recep¬ ciones. — Volvamos otra vez a la saleta del oratorio, donde hemos comenzado la visita de los dormi¬ torios, y entremos en el llamado Salón de Recepciones, que, porel fin a que|es- destinado, es fli^Ë de los más amplios y más ricamente adornados. Los mue- bles son de formas ^ góticas, tal vez poco mIBI y sstán itapizados ^de seda blanca y amarilla. ' gC-- 1 Tiene dos j grandes tapices de Bay eu Fig. 233.—Teniers; Fumadores de pipa.—Parte merienda y El centrai del tapiz. Fot. Moreno. puente del Canal,' y •' cuatro no menos im¬ portantes de Goya. La vendimia.—Mide 2,75 metros de alto por 1,90 de ancho. Figura un caballero y una señora, sentados en una terraza y tra¬ tando de comprar uvas a una vendimiadora que lleva un cesto cargado de ellas en la cabeza. La pareja ofrece un racimo a un niño, que, de espaldas al espectador, se empina para cogerlo. Al fondo, grupo de trabajadores vendimiando. El cartón fué pintado en 1786 y tejido en 1789, por cerca de 9.000 reales. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 233 El militar y la señora.—Mide de alto 2,63 metros por 1,01 de ancho. Representa a un militar que lleva de paseo, asida por la mano, a una señora. Esta se ha detenido para saludar a otras dos que, acompañadas por un caballero, pasan por un pretil que do¬ mina la calle. Fué pintado en 1786 y tejido en 1788, por 3.741 reales. El toro del aguardiente.—Tiene 2,59 metros de altura por 1,40 de anchura. Cuatro mozos están capeando un novillo en la plaza de Carabanchel Alto, cuya iglesia puede reconocerse perfec¬ tamente. Los mozos dibujan ante el toro diferentes quiebros y suertes. Por encima de una tapia se ven asomar varias cabe¬ zas de curiosos. Fué pintado por Goya con el grupo de los once de que habla¬ mos al describe el de Las lavanderas, en 1779, y tejido diez años más tarde, por 5.274 reales. Además está repetido el Paseo de Andalucía, antes descrito. Piezas de maderas finas.—Se designan con este nombre cuatro· habitaciones, puertas, ventanas, paredes, muebles y pavi¬ cuyas mentos fueron enriquecidos con artísticas labores de maderas em¬ butidas. El trabajo de ebanistería, prolijo y delicado como pocos, está hecho con maderas preciosas de diferentes colores: hurunday, pará, palosanto, lapacho, cedro, palorrosa, ébano, terebinto, etcé¬ tera, y el efecto del dibujo, realzado por los tonos diversos de la madera, es de una riqueza decorativa que puede compararse con la más suntuosa tapicería. Fueron comenzadas en tiempo de Car¬ los IV, y aun se dice que el propio Rey, hábil ebanista, trabajó per¬ sonalmente en la obra; pero no quedaron terminadas hasta 1831, EL PALACIO REAL 234 bajo la dirección de D. Angel Maeso. Todos los herrajes, bisagras, de hierro bruñido con embutidos de fallebas, picaportes, etc., son oro, y fueron trabajados por D. Ignacio Millán. Costaron en con¬ junto estos trabajos de decoración la enorme suma de 28 millones •de reales. Despacho del Rey.—Es la primera de este grupo de habitacio¬ nes, y sin duda alguna la más suntuosa de todas. El techo es de JVtaella; las paredes están tapizadas de seda azul perla, y de este mismo tono son también los muebles, aunque aqui las telas están realzadas con bordados. Debajo del entapizado, hasta el pavimento, •corre un arrimadero de maderas finas embutidas con dibujos de flores y lazos, jarrones, guirnaldas y diferentes cenefas y aplicacio¬ nes de moldura dorada. También el pavimento es de maderas em¬ butidas, que, combinando sus colores en cuadros, grecas y fajas, forman como una alfombra de la más lujosa fantasia. En el mismo ■estilo están decoradas las puertas, ventanas y muebles; pero a to¬ dos aventaja en riqueza y hermosura la mesa de despacho del Rey, cuya delicada labor de taracea está enriquecida con aplicaciones de metal y relieves de historias diversas en bronce dorado. En las paredes y en los huecos de las ventanas cuelgan varios paisajes pin¬ tados por Bartolomé Montalvo. Retrete.—Su decoración es en todo semejante a la del despa¬ cho, aunque con otros motivos ornamentales. También aqui el techo es de Maella. El entapizado es de seda anaranjada. Anterreclinatorio.—Está decorado como las anteriores habita¬ ciones; pero el ebanista tuvo aqui el capricho de trazar, con los dife¬ rentes colores de las maderas embutidas, verdaderos paisajes, al¬ gunos en el estilo de la pintura china de biombos y lacas, que son tina maravilla de habilidad. Los muebles y las paredes están en¬ tapizados de seda pajiza. El techo es de Gálvez. Reclinatorio.—Esta fué la primera de las habitaciones que se ■decoraron con maderas embutidas. En el friso del arrimadero la taracea imita jardines y grecas de follaje. La tela del entapizado ■de muebles y paredes es un tisú de plata de fondo blanco, bordado con dibujos de verde y oro, que remedan una parra. Frente a la puerta hay un espejo de gran tamaño, acompañado de dos cande¬ labros de bronce con la cifra de Carlos IV y Maria Luisa. El reclinatorio, de maderas finas como todos los muebles, sus¬ tenta un crucifijo de marfil con cruz de ébano. Aquí, en lugar de los SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 235 países de Montalvo, que se ven en las anteriores habitaciones, hay ■cuatro cuadritos de excepcional valor: Virgen de la silla, de Guido Reni, copiada en pizarra por Cisneros; relieve en marfil del Bau- ílsmo de Jesús; Sagrada Familia, copia de Rafael, en miniatura; Cristo en agonía, pintado a la aguada, sobre vitela, por Fontales. Adorno de un manuscrito persa. L. Giordano: Batalla de San Quintin XV Sala de Batallas Llámase con este nombre una hermosa galería de 55 metros de largo, 5 de ancho y 7 de altura hasta la clave de la bóveda, en la que se han representado las más famosas batallas ganadas por las tropas de España en diferentes épocas de su historia. Las diez ven¬ tanas que tiene a la parte del Norte forman nueve entrepaños, que los artistas aprovecharon para pintar en ellos diferentes batallas y episodios militares; pero el fresco principal es el que está en el lienzo del Mediodía, que, como corresponde a la pared de la igle¬ sia, no tiene puerta ni ventana, y asi pudo ofrecerse en él ancho campo a los pinceles para que se extendieran a su sabor por aquella inacabable muralla. Esta pintura mayor reproduce la batalla de La Higueruela (1431) y tiene una historia en extremo curiosa. En unos arcones viejos, arrumbados en el Alcázar de Segovia, hallóse, por el mismo tiempo en que se hacia El Escorial, un larguísimo lienzo de 130 pies, en que estaba representada al claroscuro y con bastante buen gusto, aten¬ dida la antigüedad de la pintura, la famosa batalla que Don Juan II de Castilla ganó a los moros granadinos el año de 1431, en el lugar denominado La Higueruela, paraje de Sierra Elvira muy cercano a Granada. «Mostraron el lienzo al Rey nuestro Fundador—dice el P. Sigüenza—, y contentóle; mandó le pintasen en esta galeria. Y es cosa muy de ver la extraña diferencia y géneros de trajes y hábitos, las varias formas de armaduras y armas, escudos, celadas, adargas, paveses, ballestas o ballestones, lanzas, espadas, alfanjes. 238 SALA DE BATALLAS cubiertas de caballos, banderas, pendones, divisas, trompetas y otras maneras de atabales y atambores y tantas diferencias de jarcias en unos es¬ cuadrones y otros, que hacen extraña y apacible vista. En una parte se ve la gente de pie, puesta por sus hi¬ leras; en otra, la de a_^caballo en sus es¬ cuadrones concer¬ tados. En otra se ven los unos y los _ otros revueltos en la lid, unos caldos. Fig. 235.—Fabricio y Gránelo: Sala de batallas. a+rnnpIIprtoR heri- Batalla de La Hlgueruela.—Fragmento. atropeiiauos, neu Fot. Laurent. dos, muertos, re¬ volcándose en su sangre, atravesados de las lanzas, caballos sueltos sin dueño, co¬ rriendo por el cam- nada. Parécense Flg. 236.—Batalla de La Hlgueruela.—Fragmento. , , . , Fot. Laurent. las moras subidas por las cuestas y por las torres, vestidas al propio con sus hábitos cortos y alma¬ lafas. Como aquí en la galería está colorido lo que en el lienzo SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 239 original no es más que de aguadas en claro y oscuro y las sedas, ropas, lienzos y almizares y los sayetes y sobrevestas de las armas son de tan varios colores y están tan al natural y tan bien imitados, todo hace una hermosísima vista. Crecieron también un poco más las figuras de como están en el original, y asi se goza todo bien y Fig. 237.—Batalla de La Higueruela.—Fragmento. Fot. Laurent. es de mucho entretenimiento considerar tantas maneras de postu¬ ras, acciones y movimientos y afectos, tantos tropeles de gentes encontradas a pie y a caballo; unos a la brida, otros a la jineta, unos con arneses enteros y armas dobles, otros de más ligera arma¬ dura, otros medio armados y otros medio desnudos. Todo esto figu¬ raba aquel lienzo con sólo los claros y oscuros, harto propiamente en los pedazos que estaban más enteros, porque en otros estaba comido, roto y gastado, por el descuido de los que lo habían de te¬ ner más guardado». 240 SALA DE BATALLAS Trabajaronen esta pintura Gránelo y Fabricio, y sin duda para que aquel aparente desorden, que tan acertadamente expresa en su pintoresca descripción el P. Sigüenza, no turbase la contemplación del visitante, dividieron la composición en tres partes, figurando tres grandes lienzos colgados con sus correspondientes escarpias. Comenzando por la izquierda, en el primer lienzo se ve primero el campamento cristiano, y a la derecha los dos ejércitos en orden de combate, mandados los castellanos por el Rey Don Juan y su famoso Condestable D. Alvaro de Luna. En el lienzo de en medio se pinta io más duro del combate, cuando el Rey y su Ministro se mezclan como simples soldados entre los combatientes de uno y otro bando. En el tercer lienzo se ve ia fuga de los moros en derro¬ ta, acosados por sus perseguidores hasta los muros mismos de Gra¬ nada. En ios dos testeros del salón están pintadas las dos expedicio¬ nes que con tanto éxito hizo a las Islas Terceras la armada de Felipe II. Finalmente, en los nueve paños de la pared del Norte, se repro¬ ducen otras campañas victoriosas del Rey Prudente, sobre todo las de la jornada de Picardia, que motivaron ia construcción del Monasterio. I. Trabajos preliminares para ei sitio de San Quintín. II. Batalla de San Quintin. III. .Asalto y toma de la plaza. IV. Ren¬ dición del fuerte de Chatelet. V. Salida de San Quintin del ejército vencedor. VI. Incendio de Han y toma de su castillo. VII. Toma de Noyon. VIII. Batalla ganada por el Duque de Alba al Prior de Ocrato, pretendiente al trono de Portugal. IX. Alarde y revista de tropas'en presencia de Felipe II en la dehesa de Cantillana, en 13 de junio de 1580. La bóveda es de estilo grutesco y de singular belleza por la gran variedad de fantasías, nichos, templetes, pedestales y co¬ lumnas, aves y animales, plantas y flores, que acumularon los ar¬ tistas en toda ia extensión del techo. ; cÇa *• <► L. Giordano: Fundación de El Escorial.—Friso de la escalera.—Lado Este. XVI Habitaciones de Felipe il Después de haber estado largo tiempo abandonada esta parte de Palacio, sin que apenas nada recordara al glorioso fundador del Monasterio y a su hija la Infanta, que primitivamente la ocupó, hace ya algunos años hizose en ella una sabia y respetuosa restau¬ ración, para devolver, en lo posible, a aquellas habitaciones el ca¬ rácter que tuvieron en vida de sus primitivos moradores. Gracias a esto y a los recuerdos personales de Felipe II que allí se han re¬ unido, estas estancias tienen hoy un gran poder de evocación, y nadie las visita que no sienta revivir toda en su severa grandeza los recuerdos del pasado. Este conjunto de habitaciones puede dividirse en tres grupos: 1. Habitaciones de la Infanta Isabel Clara Eugenia. 2. Salón del Trono. 3. Habitaciones de Felipe II. Habitaciones de laInfanta—Desde la Sala de Batallas antes descrita, bájase escalera de piedra, y pasado un claustro, por una adornado con cuadros de las genealogías de los Reyes, se llega por fin a las estancias que ocupó la hija predilecta de Felipe II. A lo largo del lado Norte hay una habitación corrida con dos alcobas. Junto a éstas, dos oratorios ricamente adornados de mármoles, permitían acercarse al presbiterio del altar mayor y podían en cier¬ tos casos servir de tribuna reservada. Por fin, la tercera habitación era el dormitorio. Hoy, una cama antigua de nogal, con sus corti- nones y sobrecielo de estilo oriental, y algunos otros muebles de 16 242 HABITACIONES DE FELIPE II Fig. 238.—Habitación de ia Infanta Isabel Ciara Eugenia. Fot. Laurent. época, crean en la habitación un ambiente histórico que no debe ser muy diferente dei que tuvo en ios buenos tiempos de ia Infanta. Contri¬ buye también para este mismo efecto un ciaviórgano que perteneció a Car- ios V, un Crucifijo de marfil y un Ora¬ torio antiguo de ta¬ bla en forma de tríptico, de escuela de Colonia, que re- Fig. 239.—Escuela de Colonia: La Virgen con ei presenta a La Virgen Nmo.—Tríptico. pgt_ Laurent. María Con el NíñO en medio de un coro de ángeles y santos. Entre ios demás cuadros que adornan las pare¬ des hay algunos de notable mérito: una Virgen con el Niño, de SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 243 Fig. 240.—Escuela de Colonia: La Virgen con ei Niño.—Parte centrai dei tríptico. Fot. Laurent. escuela alemana, y otro del mismo asunto, de escuela flamenca; flamenco es también otro cuadro singular que representa a San Lucas pintando el retrato de la Virgen, según la tradición medie¬ val; una Sagrada Familia, del Parmegianino, y una Virgen con el Niño y San Juan, de Porde- none. Encuadran también perfecta¬ mente con el carácter de la habi¬ tación los retratos de familia que en ella se han reunido. Hay un Busto de Felipe II, anciano, que se atribuye a Pantoja de la Cruz; un retrato de la Infanta Doña Juana, hermana de Felipe II, de Fig. 241.—Felipe II, viejo. Sánchez Coello; la Infanta Isabel Clara Eugenia, de Bartolomé González, y su hermana la Infante Catalina Micaela, de escuela española antigua. 244 HABITACIONES DE FELIPE II Salàn del Trono.—Al Salón del Trono precede una antesala que està en comunicación con la habitación de la Infanta, anterior¬ mente descrita. El objeto que más llama la atención en esta ante¬ sala es la litera o hizo su último silla de manos en que Felipe II viaje de Madrid a El Escorial, cuando vino a morir en el lugar que había escogido para su descanso. Es una pieza sencillisima, que Fig 242.—Escuela española; Retrato de la Infanta Isabel Clara Eugenia. Fot. Moreno. recuerda en de los sillones llamados fraileros, sin todo la factura otra diferencia que la de tener prolongadas sobre el cabezal las varas del respaldo a la misma altura de otras dos que suben por la parte delantera. Todavía se ven en estos varales las clavijas metᬠlicas en que se sujetaba el toldo de lona o cuero, única defensa que protegia al Monarca de los rigores de la intemperie. cuadros que adornan las paredes merecen citarse: Entre los Piramo y Tisbe, de Lucas Giordano; Nacimiento y Coronación de espinas, de El Bassano; Aparición de Cristo resucitado a Maria SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 245 Magdalena, Alegoría de las Artes y Escena mística, de Fra Barto- lomeo; Descendimiento de la Cruz, de escuela alemana, y David y Goliat, de Coxcie. Desde esta antesala se pasa al Salón del Trono, amplia habita¬ ción iujüsamente decorada con tapices flamencos pertenecientes a la colección llamada de Monos o Grotescos, mandada tejer por encargo de Felipe II en lana y seda con hilos de plata y oro. A este suntuoso adorno de las paredes corresponde en el suelo, a guisa de alfombra, una hermosa pieza de cuero labrado que llaman gua¬ damecil (1). Los muebles son to¬ dos de carácter antiguo, aunque de reciente construcción. Son en su mayoría sillones de alto respal¬ dar, tapizados de terciopelo gra¬ nate con franjas de telas antiguas. Del tiempo de Felipe li no se con¬ serva más que un sillón de cuero negro con una banqueta de lo mis¬ mo, en la que el Rey, aquejado por los dolores de la gota, solia descansar su pierna enferma. De la misma época, o tal vez más anti¬ Fig. 243.—Fragmento del anterior. guo, pues se dice haber pertenecido a Carlos V, es un sillón sin respaldo, en la forma de las sillas enru¬ les de los romanos, y de muy rica labor, que está colocado en el puesto de honor sobre una tarima, bajo ei dosel que preside ia sala. Junto a este mismo dosel, sobre una chimenea adornada también con tapicería antigua, se ve un retrato de Garios V, de medio cuerpo, hecho por Fantoja de la Cruz. Es copia bastante deficiente de un original de El Tiziano. (1) El guadamecil o cordobán estuvo muy en uso en el siglo xvi, y a veces rivalizó con el tapiz, aunque nunca llegó a tener tanto precio. El gua¬ damecil preparaba del modo siguiente: Descarnadas y curtidas las pieles se de becerro, cabra o cordero, se juntaban y cosían unas con otras, para formar piezas grandes. Se les daba entonces un fondo de plata y sobre ese fondo se doraban y pintaban, después de lo cual se les daba ei relieve, por medio de moldes a presión y en caliente. 246 HABITACIONES DE FELIPE II Desde esta sala hasta la habitación de Felipe II hay que pasar dos claustros, cuyas paredes están adornadas con cuadros de exi¬ guo mérito, que representan las batallas ganadas por las tropas españolas durante el reinado del Rey Prudente. Una buena parte de ellos, son copias hechas por Fabricio y Gránelo de los que cu¬ bren los muros de la Sala de Batallas; representan la batalla de Fig. 244.—Escuela española: Retrato déla Infanta Catalina Micaela. Fot. Moreno. San Quintín y las operaciones militares que inmediatamente la siguieron en el asedio y asalto de Han y Chatelet. Otros varios re¬ producen las victoriosas campañas de las tropas de Farnesio, Prín¬ cipe de Parma, tales como la conquista de Grave y de Ardrés, los sitios de Calais y de Cambray y las batallas de Newport y de Ni- mega, de Yuri y de Balduc... Hay también varias vistas de Am- beres, una de ellas con la pintura de un combate de la infanteria contra las naves enemigas, en aguas del Escalda. Varios de estos cuadros son de escuela flamenca. Finalmente, para conmemorar SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 247 la rota de la Armada turca en aguas de Lepante por la escuadra de la Liga mandada por D. Juan de Austria, Lucas Cambiase, El Luquelo, pintó seis grandes lienzos que reproducen ios prepara¬ tivos y diferentes fases de la célebre batalla. Habitación deFelipe II.—Más parece celda de monje, que mo¬ rada de rey. No hay en ella cosa alguna que recuerde la grandeza sin igual del soberano que preparó para si este retiro. Aunque en otras partes de la casa se han pro¬ digado los solados de mármoles y las decoraciones murales, aquí el pavimento es de ladrillo y las paredes están sencillamente enca¬ ladas. Todo respira modestia; en todas partes resplandece aquel se¬ llo de austeridad que tuvo en sus últimos años la vida de Felipe 11. La habitación corresponde al lado del Mediodía. Es un cuadrado de nuevemetros de lado; un tabi¬ que la divide primero en dos par¬ tes casi iguales, y todavía la que corresponde al interior está parti¬ da en otras dos menores por un tabique perpendicular al primero; 245.—Detalle del anterior. una de ellas era el dormitorio. La sala mayor tiene cerca de cinco metros de anchura, y sus tres grandes ventanas rasgadas hasta el suelo hacen de ella una estancia amable, de acogedora intimidad. Enlucida de blanco desde el suelo hasta la bóveda no tiene más adorno que un friso de azu¬ lejos de Talavera. La mesa, de modesta apariencia, el sillón frai¬ lero con su banqueta para la pierna enferma y la estantería con sus libros, son casi los únicos recuerdos personales del glorioso Mo¬ narca. Crucifixión de plata repujada, Guárdase también allí una dentro de templete de ébano curiosamente labrado, con sus cc- un lumnitas dóricas, bases y capiteles de plata. Entre los recuerdos de Carlos V, se conserva una gaveta de acero cincelado, con meda¬ llones y relieves dorados, obra de algún cincelador renacentista, probablemente italiano. 248 HABITACIONES DE FELIPE II En ta antecámara de la celda hay un retrato de Felipe II por Antonio Moro que merece detener la atención del visitante. Re¬ presenta al Rey de pie, la cabeza descubierta y armado con cota de malla y coselete; lleva calzas blancas y botas altas de cuero con espuelas. La mano izquierda la apoya en el puño de la espada, que es de las llamadas de lazo, y con la derecha sostiene el bastón de mande. Lleva sobre el pe¬ cho el Toisón de Oro, pen¬ diente de un lazo encarna¬ do; y el coselete cincelado y damasquinado es de tal riqueza que bien se ve que sólo un Rey puede usar ar¬ madura de tanto precio. Sobre la blanca golilla riza¬ da se yergue la cabeza con barba y bigote enteros y rubios como el cabello. La cara es de expresión enér¬ gica, grave y hasta algo adusta, muy diferente, sin embargo, de la que se ve en los retratos más tardíos de Pantoja de la Cruz. De los cuadros que ador¬ nan las paredes citaremos un Oratorio, de escuela ale- Fig. 246.—Silla de manos de Felipe II. mana, del siglo XVi; un Fot. Moreno. Tríptico, de Holbein; dos bustos de Carlos V y su esposa la Emperatriz Isabel, de escuela de Cranach; un Descendi¬ miento de la Cruz, de El Bassano, pintado en cobre; las Tentacio¬ nes de San Antonio y \os Pecados capitales, de El Sosco; un Cristo crucificado, de El Tlzlano, y un curioso grabado en seda amarilla, reproducción del Martirio de San Lorenzo, de El Tlzlano, con otros cuadritos de menos importancia. Contiguo a esta sala hay un cuarto de paso con un altar, y en él una copia antigua del Cristo con la cruz a cuestas, de El Tlzlano; a continuación está el dormitorio del Rey, que por una puerta co- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 249 Fig. 247.—Salón del Trono. Fot. Moreno. munica con el altar mayor de la iglesia. En él se conserva la cama y una pililla de agua bendita con las iniciales de Felipe II en bronce dorado. Todo en aquel austero recinto recuerda los últimos días de aquel gran Monarca, que llenó su siglo. Martes, 30 de junio de 1598, había llegado a El Escorial, re¬ costado en una litera, agravadas sus ordinarias dolencias y compli¬ cadas con otras nuevas, que ha¬ cían temer por su vida. Desde ia cama, que ya no pudo abandonar, continuó todavía despachando los asuntos de su gobierno, hasta Flg. 248.—Puerta del salón del Trono. que a las tres semanas la fiebre Fot. Moreno. 250 HABITACIONES DE FELIPE II y la debilidad ie obligaren a de¬ jar todo trabajo. Destruidas por completo sus fuerzas, corroído su cuerpo y llagadas sus carnes, su¬ frió por espacio de cincuenta y tres dias, sin que de sus labios saliera una queja. El dolor, que asiduamente le habla visitado durante los últimos años de su vida, se cebó ahora en él sin des¬ canso, purificando su espíritu y elevándolo de los cuidados de este mundo a las esperanzas del otro. Cuando la inutilidad de los es¬ fuerzos de los médicos le dieron la convicción de que su vida se Fig. 249.—Pantoja de la Cruz: acercaba al fin, una gran sereni¬ Carlos V.—(Copla del Tlzlano.) Fot. Moreno. dad descendió sobre su alma. Era ya tiempo de prepararse a morir. Despidióse de los negocios y pidió la Extremaunción. Diéronsela, con gran devoción suya, el primer día de septiembre, y terminada la piadosa ceremonia, mandó que salieran todos, y a solas con su hijo y sucesor, el Principe Don Felipe, tuvo con él aquel famoso coloquio que nos han conservado todos los historiadores: «He que¬ rido que os hallásedes presente —le dijo—, para que veáis en qué vienen a parar los reinos y los señoríos deste mundo y sepáis qué cosa es muerte, aprovechándoos dello, pues mañana habéis de co¬ menzar a reinar.» Y tras esto, fuéle dando sus consejos y enco¬ miendas para el recto gobierno de su vida y la justa adminis¬ tración de sus Estados. pig. 250.—Fragmento del anterior. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 251 Desde aquel día ya no pensó más que en la eternidad, que sen¬ tía llegarsepor momentos. Quiso ya desde entonces tener a su vista las reliquias de más devo¬ ción que había preparado para el trance de su muer¬ te; pidió también el Cruci¬ fijo con que había muerto su padre el Emperador; dispuso cómo había de ser su ataúd, y mandóle traer a su vista, y ultimado todo, esperó con el alma tran¬ quila la llegada de su últi¬ ma hora. El viernes, 11 de sep¬ tiembre, dos días antes que muriese, las dos luces de sus ojos, el Principe Nues¬ tro Señor y su hermana, la Señora Infanta, entraron a despedirse de su padre y a que les diese su bendi¬ ción.» (Sigüenza). También aquí, fuera de los senti¬ mientos de padre, tan na¬ turales en aquel trance, las palabras del moribundo fueron ante todo consejos para que en el lugar en que Dios los colocase defendie¬ ran la fe de Cristo y su ' Iglesia santa y mirasen siempre que habían de dar a Dios estrecha cuenta de iremóZ'""' " sus actos. ■P'o'· Moreno. Al día siguiente, los médicos, cumpliendo anteriores mandatos del Rey, hiciéronle saber que, según su ciencia, la hora de su muerte era llegada. Aprove¬ chó todavía el tiempo que se prolongó su vida en repetir una y 252 HABITACIONES DE FELIPE II muchas veces la protesta de su fe y que quería morir como hijo fiel y sumiso de la Iglesia Católica. Hacia la madrugada del dia si¬ guiente, que era el 13 de septiembre, leyóle la reco¬ mendación del alma el Prior del Monasterio. Vol¬ vió a besar devotamente el moribundo el Crucifijo que tenia en las manos; desde entonces su vida se Fig. 252.-EL Bosc^o:^Las^ tentaciones de apagando pOCO a pOCO, Fot. Moreno. y gn las primeras horas de la mañana entregó el mori¬ bundo su alma al Creador. «Durmió en el Señor el gran Felipe II, Fig. 253.—Habitación de Felipe II. 253 SAN LORENZO DE EL ESCORIAL îiijo del Emperador Carlos V, en la misma casa y temple de San Lorenzo que había edificado, y casi encima de su misma sepultu¬ ra, a las cinco de la mañana, cuando el alba rompia por el Oriente, trayendo el sol la luz del domingo y estando cantando la misa de alba los niños dijo por su vida del Seminario, la postrera que se y la primera de su muerte, a 13 de septiembre, en las octavas de la Natividad de Nuestra Señora, vigilia de la exaltación de la Cruz, el año 1598.» (Sigüenza). Tintero de Santa Teresa' de Jesús. Vista de El Escorial por el Sur. XVII Casita del Príncipe A la parte oriental del Monasterio y casi en lo más hondo del valle, rodeada de un magnifico parque de espesas arboledas, se halla la llamada Casita del Principe, que a veces, por su situación, se designa también con el nombre de Casita de Abajo (1). Fué edi¬ ficada en 1772 por Carlos IV, cuando era Principe de Asturias, y de supeculio personal fueron pagados los gastos de la obra. Por cierto que es bien curiosa la historia de este edificio. Parece que el primer pensamiento del Principe fué construir en aquel paraje un palomar, en cuyo cuidado pensaba hallar honesta diversión. Pero luego, de repente, sin que pueda fácilmente saberse la causa de este cambio, mudó de pensamiento y decidió que el nuevo edificio fuese una plaza de toros para su personal entretenimiento. Cuando es- (1) En el mismo Real Sitio del Escorial, a la parte superior del pueblo y al lado del antiguo camino de Avila, se mandó construir el Infante D. Gabriel, hermano del Principe D. Carlos, otra casita parecida a la de éste, y que por su posición se llamó Casita ae Arriba. Es de un solo cuerpo, planta cuadrada y piedra berroqueña. Ni en objetos de arte ni en cuadros contiene nada de notable este pequeño chalet; lo único digno de atención es el jardin que lo rodea, que fué trazado por encargo de la Reina Doña Maria Josefa Amalla de Sajonla, tercera esposa de Fernando VII. Trajo expresamente para este caso un jardinero alemán, y encargó además a las más remotas reglones las semillas de las plantas exóticas que se han criado en él y constituyen uno de sus prin¬ cipales atractivos. 17 258 CASITA DEL PRÍNCIPE taba ya terminada la explanación y comenzaba a levantarse et redondel, llegó el proyecto a noticia del Rey su padre. Enojóse en extremo contra este capricho del Principe. Entonces éste, para no contrariar los deseos del Rey, mandó deshacer lo que se habla comenzado del circo y echar en seguida los cimientos de un pala¬ cete. Cuando a los pocos dias elSoberano pasó por aquel lugar, ya no vió más que un casino comenzado. Mide la fachada principal de la Casita 27 metros de largo, y está orientada hacia el Norte. En su forma general es una torre Fig. 254.—Casita del Príncipe.—Fachada. Fot. Laurent. cuadrangular, de la que salen tres brazos, uno por cada lado, a Levante y Poniente, y otro por detrás, hacia Mediodía. Es senci¬ llísima en su estructura exterior; una fachada lisa de granito gris, sin otro elemento de adorno que un elegante pórtico de cuatro co¬ lumnas dóricas, que protegen la entrada. Sobre este pórtico se ha formado un balcón cercado con barandilla de hierro y encima de este balcón se levanta otro cuerpo cuadrado de edificio con tejada de pizarra y remate de aguja. De todos modos, no es la estructura material de la fábrica lo que interesa al visitante en ¡a Casita ciel Príncipe, sino la riqueza de sus decoraciones interiores y la inmensa cantidad de objetos SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 259 de arte y de costosas curiosidades acumuladas en su interior. Cuando pororden de Fernando VII se hizo la tasación pericial de la Casita y de sus alhajas, se halló que el edificio, con sus tierras y bosques Fig. 255.—Vestíbulo. Fot. Laurent. y las preciosidades que encierra, valia ciento cincuenta millones de reales, según consta en el Archivo de la Administración Patri¬ monial de San Lorenzo. Recibimiento.—Pasada, la puerta el visitante halla lo se pri- 260 CASITA DEL PRÍNCIPE mero en un vestíbulo o recibimiento, saleta cuadrada cuyas pare¬ des y muebles están tapizados de raso blanco con flores moradas. De la misma tela son los cortlnones que adornan puertas y venta¬ nas. El techo, como todos los de la Casita, es una obra maestra de decoración en el estilo pompeyano, pintura delicada y minuciosa, que demuestra a la vez el gusto exquisito del pintor y su dominio Fig. 256.—Sala Encarnada. Fot. Laurent. de la técnica decorativa. Este techo del recibimiento fué pintado por Duque. Las paredes están adornadas con los cuadros siguientes; El Tránsito de Nuestra Señora y la Presentación del Niño Jesús en el templo, de Lucas Giordano; un óleo grande de San Juan Bautista con un cordero, de Caraccl; cuatro Floreros, de Parra, pintor va¬ lenciano discípulo de Vicente López, que en la pintura de flores no tuvo rival; dos Guirnaldas, de Espinós, y un Bodegón, de Me- néndez. Sala Encarnada.—Ha tomado su nombre de la tapicería de pa¬ redes, muebles y cortinajes, que es de raso carmesí con flores blan- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 261 cas. El techo es obra de Jacinto Gómez Pastor. En las paredes hay nueve cuadros alóleo, que representan diferentes vistas de Aran- juez; son cuadros pintados en colaboración por Fernando Brambila, que puso la perspectiva, y Manuel Miranda, que trazó las figuras. Gabinete de la Reina.—El techo se debe al pincel de Gómez. Las tapicerías, colgaduras y taburetes son de raso blanco con ce- Fig. 257.—Sala del Barquillo. Fot. Laurent. nefas de colores rosa y verde. Los cuadros que adornan las paredes no son en mayoría de gran valor. Citaremos los más notables. su Dos paisajes de Ruinas, de escuela italiana; dos interiores de Tem¬ plo gótico, de Peter Neefs; un San Jerónimo leyendo, de escuela flamenca; otro San Jerónimo, copia de un original de Hans Holbein; dos interiores de Pannini, uno de la Galeria del Louvre y otro de Santa Maria la Mayor, de Roma. Hay asimismo dos copias de Rafael, una Sagrada Familia y la Virgen de la Silla; una Virgen, de escuela de Guido Reni; otra Virgen, de Francisco Preciado; la Santísima Trinidad, de Romo; un Paisaje, de Brueghel; una tabla de Garófalo, que representa una Escena mística; dos Sagradas Fa- 262 CASITA DEL PRÍNCIPE milias, de Casto Velázquez, y una Inmaculada en porcelana, de José Camarón. Sala del Barquillo.—La tapicería es de raso azul, y esta es la Fig. 258.—Sala de Alberto Durero. Fot. Laurent. razón por la cual se designa también esta sala con el nombre de Salón azul. El techo es también de Gómez. Los cuadros son en su mayoría de escuela italiana y española, y algunos de ellos pueden digna¬ mente figurar al lado de los mejores ejemplares de los museos. 264 CASITA DEL PRÍNCIPE Hay, entre otros, dos tablitas pequeñas de Go'ya: Fundición de balas y Fábrica de pólvora, que pertenecen a la mejor época del pintor aragonés y son una maravilla de colorido y de figura. De Lucas Giordano pueden admirarse tres excelentes pinturas: Sansón derribando el templo; Muerte de Hércules y Píramo y Tisbe. De Corrado hay toda una colección: San Isidro, San Ildefon¬ so, La Astronomía, La Victoria, San Hermenegildo y va¬ rias escenas y perso- najesdeiaMitoiogía. Sala de Alberto Durera.—Pusiéronla este nombre por ha¬ berse guardado en eiia en otro tiempo una colección de doce cuadritos de ia Vida y Pasión de Jesucristo, debidos al pincel del famoso maestro alemán. Las paredes, sillas y cor¬ tinajes son de raso encarnado, y el te¬ cho fué pintado por Fig. 261.—Guido Reni: Santa Catalina. un discípulo de Fot. Moreno. Gó¬ mez. En ella pueden admirarse los siguientes cuadros: Naturaleza muerta (frutas), de Menéndez; Combates de Caballería, por El Borgoñón; Paisajes, de Van Ostade, Teniers, Dughet y Brueghel; Monos jugando a los naipes, de Teniers; La aldea a la luz de la luna, por Bamboccio; Estadio de perfil, de Bagiione. Comedor.—Es una de las piezas más suntuosas de la Casita del Principe. Las colgaduras, tapizado y muebles son de raso verde. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 265 y el techo es de estuco en relieves dorados, de mucho gusto, obra de Ferroni. Del centro pende una riquísima arafla de cristal y bronce dorado con cuarenta y ocho luces. Pero la pieza más pre¬ ciosa de toda la habitación es, sin duda, la mesa de caoba y már¬ moles españoles, sos¬ tenida por quince graciosas columnas corintias de maderas finas y capiteles de bronce dorado. La parte inferior del tablero va también decorada con un curiosoartesonado, que no podria ad¬ mirarse si no fuera porque en la plata¬ forma inferior se ha colocado una serie de espejos para re¬ flejarlo. También los cua¬ dros corresponden en su mayoría a la suntuosidad del Co¬ medor. En el centro de los dos lados ma¬ yores campean en todo su esplendor dos magníficos lien¬ Fig. 262.—Guido Reni: Santa Cecilia. zos de Lucas Gior¬ Fot. Moreno. dano: La muerte de Juliano el Apóstala y la Conversión de San Pablo. Son excelentes modelos para estudiar la manera movida, un poco aparatosa, pero siempre llena de vida y valiente de dibujo, propia del gran Jordán. Citemos también otras dos joyas de la pintura italiana: Santa Cata¬ lina, de Guido Reni, y Santa Cecilia, de El Domlniquino. Aparte de estos cuatro grandes cuadros, que por sí solos llena¬ rían la sala, merecen citarse otros ocho, de Lucas Giordano: Faetón, 266 CASITA DEL PRÍNCIPE muerto por Júpiter, Pintón y Proserpina, La Magdalena, Europa, Asia, Africa, América y Semiramis combatiendo. De Corrado pue¬ den verse la Oración del Huerto, La Flagelación, El Calvario, La Coronación de espinas, dos Alegorías del Comercio y de la Abundan¬ cia y varios otros de asunto mitológico: Ceres, Adonis, Apolo y Dafne. Hay también otros tres, que re¬ cuerdan mucho el estilo de Andrea del Sarto: Santa Catati- na. La Presentación y el Nacimiento de la Virgen. Sala Ovalada.— Es la última que se visita en el piso bajo. Tiene, como su nom¬ bre indica, forma ovalada, y en cua¬ tro nichos que se forman en la pared, entre las puertas y ventanas, hay colo¬ cados cuatro bustos de mármol, que imi- Fig. 263. — Guido Reni: Santa Catalina. . , , ,. Pormenor. fa" estatuas anti- Fot. Moreno. guas de emperado¬ res romanos. El te¬ cho y las paredes son de estuco blanco, con figuras de relieve y adornos de oro, obra de los hermanos Pablo y Mateo Bril. Sobre un velador colocado en el centro del óvalo se exhibe un templete de alabastro, primorosamente labrado, con el busto de Fernan¬ do VI1 en el centro. Escalera.—Es toda de mármoles y jaspes bellísimos, con baran¬ dilla de hierro ybronce dorado a fuego. Las paredes de la caja y los techos están pintados por Maella; en el frente, la Defensa de Tarifa por Guzmán el Bueno; a un lado, la Batalla de Clavijo, a otro, la de Las Navas de Tolosa, y en el frente opuesto, Guerreros en mar- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 267 cha. En el techo figúranse las Alegorías de la Fama y de España, que tremola en el aire el estandarte real. Piezas de maderas finas.—Son tres salas consecutivas que se hallan en la primera meseta de la escalera, y se llaman así por sus primorosos embutidos de maderas preciosas de diferentes colores. Todos los herrajes en fa¬ llebas, cerraduras, escudos y tiradores son de hierro bruñido, algunos ricamente damasquinados de oro, y fueron labrados bajo la di¬ rección de D. Ingacio Mi¬ llón. Los techos son todos de estuco, con relieves do¬ rados, obra de Ferroni. Sala de retratos.—Es la primera de las tres salas antescitadas, y toma su nombre de los veintidós re¬ tratos de la Familia Reai de ios Bordones que en ella se han reunido. La colec¬ ción alcanza desde Car¬ los IV, que está pintado de Fig. 264.—Guido Reni: Santa Cecilia. Pormenor. espaldas, hasta el último Fot. Moreno. hijo varón del Infante Don Francisco de Paula, incluidas las ramas de las Casas de Nápoles y de Etriiria. Diez y siete de estos retratos fueron pintados por La- coma, cuatro por Baucil y uno es anónimo. Segunda sata.—Tiene el techo estucado, como el anterior, y no ofrece por io demás más cosa que merezca particular mención. Tercera sata.—Tiene el techo pintado por Maella, quien en un recuadro entre los estucos de la parte central representó el Rapto de Ganimedes por Júpiter. La tapicería, sillas y cortinajes son de seda azul listada. Pero la verdadera maravilla de esta sala son treinta y siete relieves en marfil, montados en marcos de ébano, que representan diferentes asuntos mitológicos y escenas de la His¬ toria Sagrada. Sobresalen entre los demás cuatro de mayor tamaño: Moisés salvado de las aguas, Susana y ios viejos, Sacrificio de Abra- 268 CASITA DEL PRÍNCIPE ham y Sueño de Faraón, todos ellos labrados con tan exquisita per¬ fección, como si la dureza del material y lo menudo de las figuras no fuera dificultad para el artista. Sobre la mesa, y dentro de una vitrina, se ha colocado, por su excepcional hermosura. El juicio de Salomón, y encima, en la pared otro cuadro también bellísimo de la Adoración de ios pastores. Pero las piezas más notables de esta va¬ liosísima colección son dos estatuitas talladas también en marfil y colocadas a los dos lados de la vitrina mencionada. Una de ellas Fig. 265.—Pozzi: Adoración de los Pastores.—Relieve en marfil. Fot. Moreno. representa a una mujer cubierta con un velo finísimo, y es realmente maravilloso el efecto de trasparencia conseguido por el artista, de suerte que a través del velo se dibujen las formas y las facciones. La otra es una figura varonil, barbada, envuelta en una red por la travesura de un amorcillo, que vuela a la derecha de la figura.Tam- bién aqui es admirable el primor con que ha sido cincelada la red, cuyas mallas e hilos aparecen calados con prodigiosa perfección. Muchas conjeturas se han hecho sobre lo que estas figuras pueden- representar. Creen algunos que son el Principe y Princesa de San Severo. Otros las toman como personificaciones del Error (la figura varonil envuelta en la red) y la Verdad (la figura femenina desnu- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 269 da bajo el velo trasparente). Otros, en fin, y tal vez son los que mejor aciertan, creen que se trata de meras figuras de capricho con especiaies dificultades técni¬ cas que el artista se propuso superar para hacer alarde de . su habilidad. Ei origen de esta^preciosa ■'X colección de marfiles nos es perfectamente conocido. Es JÀ 'É|^R cosa averiguada que la Real k ^ Ç '$ Fábrica de Porcelana, estable- ^ ^ cida por Carlos 111 en el Buen Retiro con el nombre de La China, además de la porcela¬ na, producía bronces, mosai¬ cos y marfiles, trabajados casi exclusivamente por artistas c- occ o .. j . 4. • Fig. 266. — Fragmento del anterior, italianos. Ei obrador de tallar La virgen. marfiles púsolo el Rey bajo la dirección de Andrés Pozzi, a quien, según consta en una nómina de 1764, se pagaban 3.960 reales al mes. Y efectivamente, la firma de Pozzi aparece en la ma- Fig. 267. — Fragmento del anterior. ' San José. Hacia la mitad del corredor está la redes están recub^ertas jaspes, COn adornos embu- tidos de diferentes colores. El techo es obra de Duque. puerta de la Sala del Pasillo, di llamada también Sala de la Torre por levantarse independiente 270 CASITA DEL PRÍNCIPE encima del pórtico de entrada. También el techo de la sala fué pintado por Duque, aunque más modernamente ha sido restau¬ rado. Toda la tapicería, muebles y colgaduras es de seda matizada de verde. En el centro cuelga una — soberbia araña de treinta y dos mecheros. Los cuadros, por tratarse de una de las mejores habitaciones de la Casita, son en general de Fig. 269.— Cabeza de la estatua anterior.—Marfil. gran valor artístico. Hay una In¬ maculada y una Anunciación, de Lucas Giordano. Otros cinco son c c Fig. 268.—Princesa de San Seve- de Vaccaro: Degollación ® de los ro (?)—Marfil. Inocentes, la Templanza, la Cari- Fot. Laurent. Religión, la Pureza. Dos preciosas tablas de San Agustín y Santa Mónica son obra del pincel de Guido Reni. Hay ade¬ más cuatro Paisajes, de Montalvo, pintados sobre cartón, y una Huida a Egipto, de Gómez. A la izquierda de la puerta de entrada y bajo una vitrina de cristales y bronce dorado a fuego, que remata en una alegoría del SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 271 Tiempo, guárdase una estatua de Carlos IV, en mármol de Carrara, como de 80 centímetros de altura. Es obra del escultor Adam. Salas de maderas jiñas.—Sálese otra vez al pasillo, y al extremo de él se halla una escalera decorada conlienzos de Maella, que re¬ producen el Desembarco de las tropas españolas en Mahón, el Sitia puesto al castillo de San Felipe, en Menorca, y su Entrega al Duque de Crillón. Por esta escalera, a las pocas gradas, se llega a otras tres nuevas salas de maderas finas. Sala de bordados.-—Es la pri¬ mera de las tres. No se le puso el pavimento ni las molduras: pero el entapizado de las paredes, de raso blanco con elegantes borda¬ dos en sedas de colores, es de lo Fig. 270.—Príncipe de San Seve¬ ro (?)—Marfil. Fot. Laurent. más rico de toda la Casita. El te- ■ cho es de estuco blanco y orna- ' i - iK'ffJ mentos dorados,obra de los her- 'A IBÜt, manos Bril. ...o.,, ^ ^ , Fig. 271.—Cabeza de la estatua Sala del costurero.—El solado anterior.—Marfil. es un precioso mosaico de made¬ ras embutidas. El entapizado es de raso blanco; pero sobre el fondo de la tela llevasobrepuestos treinta y tres recuadros pequeños, rodeados de galón y guarniciones de hilillo de oro, a modo de marco. Son otros tantos paisajes maravillosamente bordados eu 272 CASITA DEL PRÍNCIPE sedas de colores por Juan de Robledo López, en 1797; y apenas pa¬ rece concebible que pueda con la aguja conseguirse tanta perfección en el dibujo y tanto acierto en el colorido. Los taburetes son tam¬ bién de raso blanco con cenefas bordadas en oro, y es buen indi¬ cio del interés que los Reyes tenían en el adorno y enriquecimiento de este Palacete, el hecho de que la tapicería de uno de dichos tabu- Fig. 272.—Sala del Pasillo. Fot. Laurent. retes fuera bordada personalmente por la Reina Doña Maria Josefa Amalla de Sajonia, tercera mujer de Fernando VII, para que sir¬ viera de modelo a las demás. El techo es de estuco tallado y dorado por Ferroni. Sala de porcelanas.—Es la tercera y última sala de maderas finas. Tiene también el pavimento de embutidos, el techo de es¬ tuco, por los hermanos Bril, y la tapicería de raso azul celeste con franjas bordadas. Pero el principal adorno de esta sala y aun de toda la Casita, es la colección de 226 placas o cuadritos de porce¬ lana, trabajados en la Real Fábrica del Buen Retiro, que cubren casi por completo las paredes. Muchos de ellos son de asunto mito¬ lógico; otros reproducen bustos en estilo de medalla, paisajes, flo¬ res, pájaros, figuras caprichosas de genios, ninfas y amorcillos, etcé- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 273 Fig. 273.—Sala de bordados. Fot. Laurent. tera, y está todo modelado con tal perfección, que apenas puede concebirse cosa más acabada. Todos están trabajados en lo que llamaban pasta tierna o biscuit, en blanco puro, y pertenecen indu¬ dablemente a la primera época de la Real Fábrica, durante la cual Fig. 274.—Sala de porcelanas. Fot. Laurent. IS 274 CASITA DEL PRÍNCIPE la manufactura alcanzó la mayor perfección. La mayoría de las figuras, si no todas, debió ser obra del famoso Italiano José Gricci, el mejor modelador de la Fábrica. Anterretrete.—Descendiendo de nuevo a la planta baja, a la de¬ recha de la escalera, está el anterretrete. Paredes, sillas y colgadu- Fig. 275.—Disco de un velador.—Porcelana del Buen Retiro. Fot. Laurent. ras son de raso amarillo; techo de Pérez. Entre los cuadros tiene dos Bodegones, de Enguldanos, pobres de composición pero de gran fuerza realista; varios lienzos de Flores, de Espinós y de Parra, am¬ bos valencianos; una copla en cobre de EL Jardín del Amor, de Rubens, y dos tipleas Cocinas, de escuela flamenca. SAN LORENZO DE EL ESCORIAL 275 Sala de Tortillones.—^Techo pintado por Duque; paredes, tabu¬ retes y colgaduras de raso azul celeste con flores blancas. En las paredes se ven cua¬ tro Paisajes de Aranjuez, por Brambila, y otras cuatro placas de porcelana del Buen Retiro. Salade Japelí—Ha tomado el nombre delpintor Japeli, a quien se debe la magní¬ fica decoración del techo. El entapizado es de raso blanco con flores menudas. Cuadros: dos vistas de Los Baños de la Isabela y otra de los de Solán de Cabras, en cuyas aguas es fama que tuvo mucha fe la Reina María Josefa Amalia de Sajonia. pig. 276.—Velador. Sala de las Loggias.— Por un corredor cubierto se pasa a estas últimas salas, situadas en el pabellón de Fig. 277.—Sala de Tortillones. Fot. Laurent. la derecha. La primera es la de las Loggias, nombre que ha toma- 276 CASITA DEL PRÍNCIPE do de los 35grabados iluminados que reproducen ia famosas Log¬ gias, de Rafael, en el Vaticano. La tapicería, sillas y cortinajes, de raso verde. Techo, de Pérez. Sala Azul.—Toma el nombre del color de sus paredes, colga¬ duras y banquetas. Llama la atención en esta sala la colección de 32 escenas de la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo, pintadas a la aguada sobre vitela por Guillermo J. Baur (1610-1640). El te¬ cho es de Pérez. Sala de color de caña.—También esta habitación recibe su nom¬ bre del entapizado de paredes, sillas y colgaduras, que es de raso de color de caña. Tiene 14 estampas iluminadas de las Loggias de Rafael. El techo es también obra de Pérez. Aquí termina la descripción de la Casita del Principe. En sus reducidas habitaciones acumuló la esplendidez y munificencia de Carlos IV tesoros y curiosidades que por si solas hubieran bastado para llenar uno de los más copiosos museos del mundo. Se ha dicho que se conocía bien la estirpe italiana de aquellos reyes, en su entu¬ siasmo por las artes. La verdad es que, sin buscar ejemplos fuera de la Monarquía, bastábales seguir la tradición que en esta materia les hablan dejado los Reyes españoles desde los tiempos de Fe¬ lipe II. F I N INDICE Páginas. introduccion t.—Los primeros pasos II.—Mirada de conjunto III,—Las cuatro fachadas y el Patio de ios Reyes 27 IV.—El templo V.—Capilla mayor VI.—Los enterramientos reales VII.—Los panteones reales "^1 VIII.—Sacristía IX.—Coro y antecoros 161 El Convento: X.—El convento.—Los claustros 113 XI.—Salas Capitulares 123 XII.—Celdas priorales.—Claustro alto.—Escalera principal 165 XIII.—Biblioteca 133 EL PAL.A.CI0 REAL: XIV.—Palacio 213 XV.—Sala de Batallas 237 XVI.—Habitaciones de Felipe II 241 Casita del Principe: XVII.—Casita del Príncipe 257 INDICE DE GRABADOS Páginas. 1.—pantoja de la Cruz: Carlos V a los cuarenta y nueve años.. 12 2.—Fragmento del cuadro anterior 13 3.—L. Giordano: Batalla de San Quintín (Friso de la escalera). 14 4.—L. Giordano: Batalla de San Quintín (Fragmento del an¬ terior) 5.—Pantoja de la Cruz: Felipe II, viejo 15 6.—Fragmento del cuadro anterior 15 7.—Juan de Herrera, arquitecto 15 8.—Fray José de Sigüenza 1'^ 9.—Silla de Felipe II 18 10.—Plano del Monasterio 20 11.—Fuente del Seminario 21 12.—Vista general. (De un grabado antiguo.) 22 13.—Vista del Monasterio desde las alturas de Poniente 23 14.—Fachada de Mediodía y Huerta de los Frailes 24 15.—Patio interior de la Compañía 25 16.—Fachada de Poniente 28 17.—Fachada del Mediodía 29 18. Fachada Sur y jardín 30 19.—Sección del edificio de Norte a Sur, pasando por el Patio de los Reyes 31 20.—Fachada de Levante.—El mango de la parrilla 32 21.—Patio de los Reyes.—Fachada 33 22.—La iglesia, vista desde el coro 38 23.—Luis de Carvajal: San Isidoro y San Leandro 39 24.—Sánchez Coello: San Pablo, primer ermitaño, y San Anto¬ nio Abad 40 25.—Diego de Urbina: Santa María Magdalena y Santa Marta. 41 26.—Luis de Carvajal: Santos Antonio de Padua y Pedfo Mártir. 42 27.—Retrato del pintor Juan Fernández Navarrete, El Mudo. 43 28.—Altar del Relicario 44 29.—Techo de la capilla del Relicario 45 30.—Altar de la Buena Muerte 47 280 ÍNDICE DE GRABADOS Páginas. Fig. 31.—Altar de la Buena Muerte.—La Dolorosa 48 — 32.—San Juan 49 — 33.—L. Giordano: Fresco de la bóveda.—Las Virtudes 50 — 34.—L. Giordano: Fresco de la bóveda.—Grupo de ángeles.... 51 — 35.—Altar mayor.—Retablo 54 — 36.—K1 pintor Federico Zúccaro 55 — 37.—Fernando VII 56 — 38.—El Tabernáculo 57 — 39.—Jácome Trezzo 58 — 40.—Lucas Cangiasi o Cambriaso, El Luqueto 59 — 41.—Leoni: Enterramiento de Carlos V 62 42.—Fragmento del anterior.—Estatua de! Emperador — 63 — 43.—Estatua de Carlos V. Cabeza 64 — 44.—Estatua de la Emperatriz Isabel 65 — 45.—Estatua de Doña María, hija del Emperador 65 — 46.—Armas de Carlos V 66 — 47.—Armas de Felipe II 66 — 48.—Leoni: Enterramiento de Felipe II 67 — 49.—Cabezas de Don Felipe y Doña Isabel de Valois 68 — 50.—Cabeza de la estatua de Doña Ana 68 — 51.—La Reina María de Portugal y el Príncipe Don Carlos 69 52.—Felipe IV 72 — ■— 53.—Felipe III 73 — 54.—Puerta del Panteón 74 — 55.—Panteón de Reyes. Lado del altar 75 — 56.—Panteón de Reyes. Puerta de entrada 76 — 57.—Araña del Panteón 77 — 58.—Panteón de Infantes. Entrada 78 59.—Sepulcro de Doña Luisa Carlota de Borbón 78 — — 60.—Sepulcro de Doña Amelia de Orleans, Doña Luisa Fer¬ nanda, Don Antonio y Doña Cristina de Orleans 79 — 61.—Panteón de Infantes 80 — 62.—Sepulcro de Don Juan de Austria 81 — 63.—Rotonda de párvulos 81 64.—Felipe V 82 — — 65.—El Príncipe Don Carlos 82 — 66.—Espejo con marco de cristal de roca 83 — 67.—El Greco: San Pedro 84 — 68.—El Greco: San Eugenio 85 — 69.—El Greco: Cabeza de San Pedro 86 — 70.—El Greco: Cabeza de San Eugenio 87 — 71.—Bordado de una capa 88 72.—Capillo bordado 89 — — 73.—Capillo bordado 89 — 74.—Altar de la Sagrada Forma, sin el cuadro 90 — 75.—Altar y cuadro de la Sagrada Forma 91 ÍNDICE DE GRABADOS 281 Páginas. «Fig. 76.—Sánchez Coello: La Sagrada Forma 92 — 77.—Sánchez Coello: La Sagrada Forma. Parte central del cuadro 94 — 78.—Sánchez Coello: Figura del P. Santos 95 — 79.—Sánchez Coello: Los cantores 96 — 80.—Sánchez Coello: El Rey con su acompañamiento 97 — 81.—El coro 102 — 82.—Araña del coro 103 — 83.—El facistol 104 — 84.—Mecanismo del facistol 105 — 85.—Planta del facistol 105 — 86.—El facistol visto de frente. (De un dibujo antiguo) 106 — 87.—Libro de coro 107 88.—Capitularlo — 108 — 89.—El Cristo de Cellini 109 — 90.—Cabeza del Cristo 110 — 91.—Claustro grande 114 — 92.—Patio de los Evangelistas 116 93.—Templete de los Evangelistas — 117 — 94.—Corte vertical del templete 119 — 95.—Plano del templete 120 — 96.—Salas Capitulares: Zaguán 124 — 97.—El Bosco: Coronación de espinas 125 — 98.—Detalle 125 — 99.—Detalle 125 — 100.—Sala Capitular 126 — 101.—Sala Capitular 127 — 102.—Decoración del techo 128 — 103.—Grutescos del techo 129 104.—Angulo del techo — 129 105.—Velazquez: Los hijos de Jacob presentan — a su padre los ves¬ tidos de José 130 — 106 y 107.—Fragmentos del cuadro anterior 130 — 108.—Escuela de Patinir: San Cristóbal 131 — 109.—Los hijos de Jacob. Fragmento 132 — 110.—Los hijos de Jacob. Fragmento 132 — 111.—Lot huyendo de Sodoma con sus hijas 133 — 112.—Cabeza de Lot 133 — 113.—La mujer de Lot 133 — 114.—Coxcie: Díptico. La Anunciación 134 — 115.—Coxcie: Díptico. El Nacimiento 135 — 116.—Detalle 136 — 117.—Detalle - 136 — 118.—Detalle 136 — 119.—Ribera: Jacob guardando el rebaño de Labán 137 — 120.—Detalle del anterior 137 282 Indice de grabados Páginas» Fig. 121.—Un Apóstol. Autorretrato del Tiziano 138 — 122.—Tiziano; La Ultima Cena 138 — 123.—Fragmento de la Cena 139 — 124.—Fragmento de la Cena 140 — 125.—Fragmento de la Cena 141 — 126.—Cabeza del Señor 142 — 127.—Un Apòstol 142 — 128.—Un Apóstol 142 — 129.—El Greco: Martirio de San Mauricio y la Legión Tebea.... 143^ — 130.—El Greco: San Mauricio. Parte inferior 144 — 131.—San Mauricio. Parte superior 145 — 132.—San Mauricio. Fragmento 146 — 133.—San Mauricio. Fragmento 147 — 134.—San Mauricio. Cabezas del grupo principal 147 — 135.—Detalle del anterior 148- — 136.—Detalle del anterior 148 — 137.—Detalle 148 — 138.—Detalle 148 — 139.—El Greco: San Francisco de Asís en éxtasis delante de Cristo crucificado 149- — 140.—El Greco: Fragmento del cuadro anterior. Cabeza de San Francisco 149 — 141.—El Greco: Adoración del Nombre de Jesús 150 — 142.—Fragmento del anterior 151 — 143.—Fragmento de La Gloria: Felipe II 152. — 144.—El Veronés: Adoración de los pastores 152 — 145.—El Veronés: Adoración. Grupo de los pastores 153 — 146.—Cabeza de la Virgen 154 — 147.—Una pastora 154 — 148.—Una pastora 154 — 149.—Tintoretto: El Lavatorio. Fragmento 155 — 150.—El Lavatorio: Fragmento 155 — 151.—El Lavatorio: Fragmento 157 — 152.—Van-der-Weyden: Descendimiento 158 — 153.—Descendimiento: Parte central 159 — 154.—Descendimiento. Desmayo de la Virgen 160- — 155.—Descendimiento. San Juan y las piadosas mujeres 161 — 156.—Descendimiento. La Magdalena 161 — 157.—Descendimiento. Detalle 102 — 158.—Descendimiento. Detalle 102 — 159.—Descendimiento. Detalle 102 — 160.—Descendimiento. Detalle 162 — 161.—Descendimiento. Detalle 103 — 162.—El pintor Mengs 106 — 163.—Vida, pasión y muerte de Cristo. Díptico en marfil 167 — 164.—Vida, pasión y muerte de Cristo. Díptico en marfil.... 167 % * ÍNDICE DE GRABADOS 283 Páginas. Fig. 165—Descendimiento de la cruz (Marfil) 168 — 166.—Altar lateral de la iglesia vieja. Copias del Tiziano 169 — 167—Luisa Roldan: San Miguel 170 — 168.—Cabeza de San Miguel 171 169,—Goya (?); San Lorenzo — 171 — 170—Giordano: Batalla de San Quintin 172 171.—Fragmento del anterior — 172 -— 172.—Batalla de San Quintín. Fragmento 173 — 173—Batalla de San Quintín. Fragmento 173 — 174—Batalla de San Quintín. Fragmento 174 — 175—Batalla de San Quintín. Fragmento 174 — 176.—L. Giordano: Felipe II dirige las obras de El Escorial. (Friso de la escalera) 175 177—Fragmento del anterior — 175 — 178—L. Giordano: La Gloria (Bóveda de la escalera) 176- — 179.—La Gloria. Parte central 177 — 180.—Bóveda de la escalera. Fragmento. Las Virtudes 178 — 181.—Las Virtudes 178 — 182.—Las Virtudes 179 — 183.—Las Virtudes 179 — 184.—Vista de la Biblioteca 184 — 185.—La estantería 185 — 186.— Escuela italiana: La Fe 186- — 187—Escuela italiana: La Astronomía 186- — 188.—La Aritmética 186 — 189.—La Dialéctica 186 — 190.—Tibaldi y Carducci: Biblioteca. Testero Sur: La Teología. 187 — 191.—Tibaldi y Carducci: Testero Norte. La Filosofía 188 — 192.—Tibaldi: Bóveda de la Biblioteca. La Retórica 189- — 193.—Tibaldi: Píndaro y Horacio 190 — 194.—Carducci: Cicerón defiende a C. Rubirio 191 — 195.—Tibaldi; La Dialéctica 192 — 196.—Carducci: Disputa de San Agustín 192 — 197.—Tibaldi: La Aritmética 193 — 198.—Carducci: Salomón con la reina de Sabá 193 — 199.—Boecio 194 200.—Arquitas — 195 — 201.—Tibaldi: La Música 196 — 202.—Tibaldi: Apolo y Mercurio 197 — 203.—Mercurio 198 204.—Apolo — ; 198 — 205.—Tibaldi: La Geometría 199 — 206.—Tibaldi: La Gramática 200 — 207.—Manuscrito del Apocalipsis 201 — 208.—Devocionario de la Emperatriz Isabel 201 — 209.—Devocionario de Felipe II 202: 284 ÍNDICE DE GRABADCS Páginas. . 210.—Crónica troyana 202 211.—Códice áureo 203 212.—Códice áureo 204 213.—Libro de las Cantigas 205 - 214.—Libro de las Cantigas 206 • 215.—Libro de juegos 206 • 216.—Manuscrito persa 207 • 217.—Manuscrito persa 208 . 218.—Goya: El baile a orillas del Manzanares. (Tapiz.) 216 219.—Goya: La maja y los embozados. (Tapiz.) 217 • 220.—Goya: La cometa. (Tapiz.) 218 • 221.—Goya: El cacharrero. (Tapiz.) 219 • 222.—Bayeu: El juego de la vaquilla. (Tapiz.) 220 • 223.—Dormitorio: Sala primera 221 . 224.—Rubens (?): Neptuno calma la tempestad. (Tapiz de la serie del Telémaco.) 222 • 225.—Cacería del jabalí. (Porcelana de Capodimonte.) 223 • 226.—Salón pompeyano 224 • 227.—Tapiz pompeyano 225 • 228.—Dormitorios: Sala cuarta 226 • 229.—Goya: La siega. (Tapiz.) 227 - 230.—Goya: La siega. Fragmento 228 • 231.—Teniers: Fumadores de pipa, (Tapiz.) 229 - 232.—Dormitorios: Sala sexta 231 • 233.—Teniers: Fumadores de pipa. Parte central del tapiz 232 - 234,—Salón de recepciones 233 - 235.—Fabricio y Gránelo: Sala de Batallas. Batalla de La Higue- ruela Fragmento 238 - 236.—Batalla de La Higueruela. Fragmento 238 - 237.—Batalla de La Higueruela. Fragmento 239 - 238.—-Habitaciones de la Infanta Isabel Clara Eugenia 242 . 239.—Escuela de Colonia: La Virgen con el Niño. (Tríptico.).. 242 ■ 240.—Escuela de Colonia: La Virgen con el Niño. (Parte central del tríptico.) 243 - 241.—Felipe II, viejo 243 - 242.—Escuela española: Retrato de la Infanta Isabel Clara Eugenia 244 243.—Fragmento del anterior 245 - - 244.—Escuela española: Retrato de la Infanta Catalina Micaela. 246 - 245.—Detalle del anterior 247 - 246.—Silla de manos de Felipe II 248 - 247.—Salón del Trono 249 - 248.—Puerta del Salón del Trono 249 - 249.—Pantoja de la Cruz: Carlos V. (Copia del Tiziano.) 250 - 250.—Fragmento del anterior 250 - 251.—A. Moro: Felipe II en su juventud 251 ÍNDICE DE GRABADOS 285 Páginas. Fig. 252.—El Bosco: Las tentaciones de San Antonio 252 — 253.—Habitación de Felipe U ■ 252 — 254.—Casita del Principe: Fachada 258 — 255.—Vestíbulo 259 — 256.—Sala Encarnada 260 — 257.—Sala del Barquillo 261 — 258.—Sala de Alberto Durero 262 — 259.— Comedor 263 — 260.—L. Giordano: .Muerte de Juliano el Apóstata 263 — 261.—Guido Reni: Santa Catalina 264 — 262.—Guido Reni: Santa Cecilia 265 — 263.—Guido Reni; Santa Catalina. (Pormenor) 266 — 264.—Guido (Pormenor) Reni: Santa Cecilia. 267 — 265.—Pozzi: Adoración de ios pastores. Relieve en marfil 268 — 266.—Fragmento del anterior: La Virgen 269 — 267.—Fragmento del anterior: San José 269 — 268.—Princesa de San Severo (?) (Marfil) 270 — 269.—Cabeza de la estatua anterior. (Marfil) 270' — 270,—Príncipe de San Severo (?) (Marlii) 271 — 271.—Cabeza de la estatua anterior. (Marfil) 271 — 272.—Sala del Pasillo 272 — 273.—Sala de bordados 273 — 274.—Sala de porcelanas 273 — 275.—Disco de un velador. Porcelana del Buen Retiro 274 — 276.—Velador 275 — 277.—Sala de Tortillones 276 -H hmfyàivMïl^Sfíi cf :i p?çr« |4priè^■ li^-plí ' i Mi etil fWipf r·í'.- jí':v iveflSr"• iSÍf|í7t: píj^fi. d TfK'r·?."vj,-í 3ií'^H*;■ M ;fiÇ [{« ;.r; i i·L» ^Liï%î«p^5P!ÎÉ'8¥»ÍIP1|: K?»C ,^.«Àm·r'{ î',3li-.tÎH!{;v£hcf t ^w!i.t;|»4í:S-s®>lo§, '·VJ.f• yi-íril■ ;!íS isív gij |r:-il';îf}Kv■ íi:^!v·p;.>lV