2O8 SEAI, MONASTERIO DE POBEET Visita de los Reyes Católicos De esta manera, que traducimos literalmente al castellano, cuenta un antiguo manuscrito la visita de los Reyes Católicos a Poblet. 1 El sábado, día 9 de noviembre del año 1453, a mediodía, llegó a Poblet la princesa D.® Isabel, hija del rey católico y de la reina D.® Isabel, viuda hacía pocos días por la muerte del príncipe de Portugal, su la cual entró toda cubierta, esposo, sin dejar ver su rostro, y se fué la Iglesia, y de aquí la torre a de las Armas, que era su aposento donde estuvo casi siempre retirada. Seis días antes habían llegado D. Juan y D. Fernando, hijos del rey moro de Granada, que se habían convertido al cristia¬ nismo.» El mismo día, las tres de la tarde, Uegaron el rey y a la reina. Revestido el abad CoeUo de pontifical, con sus socios diácono y subdiácono, cruz alta y agua bendita, saHó con toda la comunidad, que constaba de noventa y cuatro monjes, ocho novicios y ciento treinta y cinco frailes conversos, a recibir a los reyes, que acababan de descabalgar frente a la Puerta dorada, que abrió el abad, detrás de la cual había dos hermosos reclina¬ torios en los que sus majestades se arrodillaron y adoraron las reliquias que llevaba el abad. Después entraron bajo palio, que era llevado por grandes dignatarios de la Corte, y cantando el Tedeum llegaron hasta la puerta de la Galilea, precedidos por losmonjes jóvenes. Seguían a los reyes sus tres hijas las infantas Juana, María y Catalina, y al entrar en la Iglesia, dejó el órgano sentir sus acordes, hasta que estuvieron arrodillados en los reclinatorios 1. Biblioteca-Museo Balaguer, de Villanueva y Geltrú. 2. Durante su estancia en Poblettradujeron al español el célebre docu¬ mento árabe que se guardaba en el Archivo del Monasterio. REAI, MONASTERIO DE POBEET 209 que había preparados bajo las gradas del presbiterio, en donde, después de rezar algunas oraciones, les dió el abad la bendición. Terminada esta ceremonia, subieron los reyes al presbiterio y besaron las tumbas de sus padres; luego salieron por la puerta del claustro mayor, y, pasando por delante de la Sala capitular, del Refectorio y del Locutorio, se dirigieron a las habitaciones del abad, en donde tenían su aposento. Las tres infantas fueron la cámara de San aposentadas en Juan Bautista; el cardenal de España, las cámaras reales y en de Santa Ana; otro señor, en la de San Agustín; otro, en la de San Jerónimo; otro, en la de San Bernardo; otro, en la de San Gabriel; otro, en la torre de San Esteban. Había más de sesenta damas y quinientas mujeres de servi¬ cio de palacio, y estaba, también, el duque de Villaformosa, so¬ brino del rey. Al anochecer del mismo día llegó el príncipe D. Juan, hijo de dichos reyes, que había venido cazando, siendo recibido con la misma solemnidad que sus padres. Le aposentaron en la cámara Uamada de los conejos, cerca de sus padres. Había el abad procurado tener provisión de todo lo gran necesario, que no obstante la multitud de gente, eldía que llega¬ ron no fué menester más que pedir, pues a todo se acudió con abundancia. Pero el rey, viendo el gravamen que se haría al Monasterio por la mucha gente que venía en su comitiva y la que iba üegando, mandó al abad que no diese cosa alguna del Mo¬ nasterio, porque de ello se enojaría mucho; pero el abad le res¬ pondió que él no sabría mandar a los suyos que no diesen cuanto se les pidiera, porque así se acostumbraba en semejantes oca¬ siones. El rey muy agradecido de la respuesta del abad, pero quedó ordenó alguacües que no diesen cosa alguna y que hiciesen a sus cerrar las puertas de las oficinas. Viendo el abad que de allí en adelante no tomaron ya nada de lo que tem'a prevenido, mandó al día siguiente un gran presente a los reyes y a algunos de los grandes señores que le acompañaban. Las damas de la reina fueron aposentadas en la gran sala de los Arcos, que parecía un dormitorio de religiosas, bien provisto 14 210 REAL MONASTERIO DE POBLET de camas, colocadas unas junto a otras, separadas por corti¬ najes de seda, y era cosa, dice este manuscrito, de gran ejemplo ver tanto silencio entre tantas mujeres, pues había más de tres¬ cientas. La marquesa de Moya, con otras damas y señoras, se hos¬ pedó en la cámara de San Ambrosio. Y la multitud de gente, así de hombres como de mujeres, era tanta, que no cabía en el Monasterio, pues las puertas estaban abiertas para todo el mundo, y acudió durante la estancia de los reyes tanta gente de Barcelona y otras partes, que sería impo¬ sible contarlas, pues la casa estaba llena de día y de noche. Al día siguiente, que era domingo, el abad dijo la misa de pontifical, que el rey oyó en su capilla del presbiterio, con su hijo, y la reina, en la del otro lado, con las infantas. Sólo el cardenal tuvo sitial en el Coro. Después de comer, con poca y escogida gente, bajaron los reyes a la Iglesia a ver los cuerpos reales, y compareció, también, muy recatadamente, la princesa viuda. Quiso la reina ver el cadáver de su tía la Infanta D.a· Catalina, que tenía fama de haber sido muy hermosa, y tomando como recuerdo de la muerta al¬ gunos de sus cabellos, que se conservaban todavía muy rubios, los enseñó al rey, que le mandó que los dejara. El lunes se celebró misa general para todos los difuntos de la casa esta Iglesia, por los cuales, cada monje real que yacen en dijo, también, misa privada, y el resto del día lo pasaron los reyes y comitiva visitando las dependencias del convento, y al anoche¬ cer vieron la Sacristía, sus jocalias y reliquias y demás ornamen¬ tos de la Iglesia. El martes, habiendo resuelto partir, oyeron misa sus majes¬ tades en sus habitaciones, y comieron más temprano que los otros días, y antes de marchar, estando la comunidad en el Coro, a instancias del abad se sentaron los reyes en sillones colocados sobre las gradas del presbiterio y al lado de la reina el príncipe y las princesas, y Uegando los monjes, que iban saliendo del Coro uno a uno, arrodülados besaron la mano de sus majestades y altezas y se volvieron al Coro. El abad salió acompañando a los reyes hasta la Galilea, REAI, MONASTERIO DE POBEET 2X1 quedando la Iglesia todos los religiosos, y aUí le besó la mano en por despedida y se volvió a la Iglesia, y ni él ni monje alguno salió del Monasterio hasta que la Corte estuvo fuera. Cuando ya había montado a caballo, la reina se dió cuenta de los escudos de la Puerta real, y no habiendo nadie que de momento le descifrase la leyenda en eUos grabada, mandó que se quedase un doctor, que lo leyese y se lo llevara; dice así : Fué elegido a 14 de septiembre de 1640 abad 59, quinto de los cuadrienales, D. Rafael Llovera. Dice el manuscrito a que nos hemos referido anteriormente que «Desde lo qual any fins al de 1650 estigué lo present Principat fora del domini dels monarcas de España per males operacions dels ministres tenia en lo govern la magestad del Rey D. Phelip 4 de Austria, los quals apartà de si y tornà Cathaluña bax son domini, en dit any 1650, y lo de estigué lo present principat afligit de cruel Peste, que Nostre Señor, nos guardem. Felipe IV autorizó en 1640 al Monasterio de Poblet para acuñar monedas, que, según Morera (Tarragona Cristiana, vol. i, cap. XX, pág. 643), eran de plata, con las armas reales y las ini¬ ciales P. O. 202 SEAI, MONASTERIO DE POBEET La falta de respeto a las instituciones de este país por parte de las tropas castellanas, el desprecio a los privilegios a tanta costa y con tanto cariño defendidos y la enemiga cons¬ ganados tante y tenaz del conde duque de Olivares, hizo que los nobles hijos de esta tierra rompieran sus relaciones con Fehpe IV, 3'^ de nuevo se encendió en nuestras comarcas la guerra civil, gue¬ rra sangrienta y cruelduró más de diez años, durante los que cuales vióse Poblet en duros trances, ya teniendo que pagar res¬ petables cantidades al rey en concepto de donativos para sub¬ venir a los gastos de la guerra, ya por el embargo por parte de aquél de todos los bienes y rentas que el convento poseía en Va¬ lencia, ya por las represalias que, por su afecto al rey castellano, tomaban las tropas francesas y catalanas. A tanto Uegaron los quebrantos sufridos, que pasaban de 20,000 libras barcelonesas lo que había perdido el Monasterio durante la guerra, y tal fué su penuria, que en 1642 vióse obligado el abad Llobera a ven¬ der varias piezas de plata, de unas 60 libras de peso, del servicio de la Sacristía y del abad, para provisiones y sustento de la co¬ munidad. Visita del Conceller en Cap D. José Muntaner El día 30 de julio de 1644, de regreso de Lérida, a la que, con sus tropas y las francesas, había ido a auxüiar contra las tropas castellanas, llegó a Poblet el conceller en cap de Barce¬ lona, D. José Muntaner, permaneciendo en este Monasterio hasta el día 10 del siguiente mes de agosto. Durante su estancia en el convento fué muy agasajado y recibió el mismo trato que se daba a las personas reales cuando visitaban el Monasterio. El lunes, día i.° de agosto, lo pasó el consejero en la granja de la Pena, en compañía del prior, del consultor y algunos oficiales de sus tropas. El miércoles recibió la visita del conde Xavot, y al ano¬ checer llegó a sus manos una carta de D. Alejo de Semmanat» REAL MONASTERIO DE POBLET 263 maestro de campo, dándole cuenta de que habían acordado atacar de noche y por tres partes distintas a la ciudad de Tarragona, y en pEirticular el puerto; comunicó la nueva al abad y demás religiosos, que organizaron inmediatamente una procesión para impetrar del cielo un fehz éxito para las armas catalanas. Al otro día se celebraron en la Iglesia solemnes funciones rehgiosas con el mismo fin. Todos los días recibió visitas de los jefes de las fuerzas, tanto francesas como catalanas, que se preparaban para el asalto de Tarragona, y el domingo, 7 de agosto, día seña¬ lado para este hecho de armas, acompañado del prior y varios oficiales, subió a la Pena, y por lo alto del monte llegó hasta cerca de Castellfullit, y allí pasó la noche para oír el tiroteo del ataque de aquella ciudad. Después de descansar todo el día siguiente, partió del Monasterio en dirección a VaUs el miércoles, día 10 de agosto, festividad de San Lorenzo.* En vista de que, por impedirlo el estado de guerra del terri¬ torio, no había podido Uegar la terna formada por la congregación para que fuera elegido nuevo abad, convocó el abad Llobera, el día 2 de septiembre, a los padres ancianos, que eran en número de doce, y les dijo que debían celebrar elección el día 14 de aquel mes, pero que estaba impedido el paso de las ternas de la con¬ gregación, que había recibido cartas del gobernador y capitán general de Cataluña y hasta del mismo rey cristiam'shno, en que se le mandaba, bajo pena de embargo de las temporalidades, que no admitiese despacho alguno de los reinos de Aragón y Valencia, que movido del buen celo de que esta real casa no que¬ dase huérfana de prelado, atendiendo que el P. Matías Ricart, procurador del convento en Roma^ no había mandado el breve que había pedido a S. S. para que pudiera elegirse abad en tiempo de guerra a cualquier monje del Monasterio que reuniera las precisas condiciones, en la misma forma que se hacía antes de lo ordenado por Paulo V, había logrado del abad de Claraval, lugarteniente del general del Císter, sede vacante, facultad dé nombrar presidente para dicha elección y confirmación del elec¬ to, y que, en vista de ello, resohderan si se procedía a elección * Manual de Novells Ardits, vol. xiv, apéndice v, pp. 481 y siguientes. 264 REAL MONASTERIO DE POBI3T de abad, concurriendo a ella todos los monjes de Poblet que tenían las facultades que prescriben los sagrados cánones y estatutos de la Orden. Oída la proposición por los padres ancianos, opi¬ naron todos que así debía hacerse, y reunida inmediatamente la comunidad en la Sala capitular, dió su conformidad al acuerdo de la Junta de ancianos. Reunidos, pues, por tal autorización, el presidente nombrado por el abad y los vocales de Poblet, el día 14 de septiembre de 1644 eligieron ahad 60 y 6° de los cuadrienales, a D. Jaime Pa- Uarés, que ya lo había sido desde 1636 a 1640. Aparte del arreglo de pequeños asuntos interiores, nada notable hizo en esta su se¬ gunda Abadía el abad Pallarás. Por orden de Felipe IV, al objeto de reforzar la cindadela de Lérida, fué derribado, en 1646, el colegio que en esta ciudad tenía el Monasterio de Poblet, y aunque 8. M. ordenó que se abo¬ naran al convento 6,000 escudos como a indemnización de la casa, que era una de las mejores de Lérida, no llegó a manos de los monjes ni un solo maravedís. A los cuatro años fué elegido segunda vez D. Rafael Llobera, en la misma forma que su antecesor, más no con tanta libertad, porque, hallándose dominada casi toda Cataluña por los fran¬ ceses, se mezclaron en la elección los ministros del rey de Francia, amenazando que en caso de que no eligieran a D. Rafael Llobera, serían desterrados, no sólo el que hubiese sido elegido, sino todos aquellos que le hubiesen otorgado su sufragio, amenaza que cum¬ plieron con el P. Matías Ricart y varios otros que querían elevarle a la sUla de Poblet. Mientras duró la elección, estuvieron en la villa de Mont- blanch el gobernador de Cataluña, por parte del rey cristianísimo, con algunas tropas de caballería, y D. Pedro Sala, que se titulaba abad perpetuo de Santes Creus, aguardando a que fuera elegido el abad, para prenderlo y desterrarlo en caso de que no fuera D. Rafael Llobera, en vista de lo cual, deseando los electores mantener la casa en quietud y no exponerla a una total ruina, resolvieron elegirlo, y de hecho lo eligieron abad 61 de Poblet y j.° de los cuadrienales. Durante su mando, a pesar de la gran confianza de que go- REAL MONASTEMO DE POBLET 265 zaba de los ministros de Francia, simuló en varias ocasiones su afecto hacia los españoles o hacia los franceses y catalanes, según le convem'a intereses, a sus y admitiendo en el convento unas veces a la guarnición francesa yotras a la española, hasta que, por fin, se declaró abiertamente en favor de los castellanos, y al frente de una partida de más de quinientos hombres reclu- tados Vimbodí, Falset, Gratallops, Riudecañas y en el Mo¬ en nasterio, por su sobrino el fraile converso Pedro Llobera, que ejercía el cargo de baile general de las Baronías de Poblet, sitió a Ciurana y tomó la villa de Prades. En el sitio de Ciurana cayó prisionero de los franceses el baile de Vimbodí, Luis Jossa, que fué luego ahorcado en Reus. Pagó, también, este abad, de las rentas del Monasterio, por espacio de dos meses, una partida de voluntarios, para ayu¬ dar a las tropas castellanas en el sitio de Barcelona. Su sobrino, que gozaba de la confianza de los jefes de Feli¬ pe IV, fué comisionado una vez para detener al baile general de las Baronías de Poblet, padre fray Vicente La-Rea, que estaba refugiado en el Monasterio, y para lograrlo, una noche del mes de febrero de 1651, acompañado de una partida de cincuenta hombres, asaltaron el convento, haciendo prisionero al mencio¬ nado baile, apoderándose al propio tiempo de dos pistolas, una espada, otras armas y dinero. En otra ocasión en que los franceses tuvieron noticias de que el converso Llobera estaba en el Monasterio, mandaron un juez, acompañado de gente armada, para prenderle, pero aquel astuto guerrillero, al tener conocimiento de la presencia de la justicia, saltó las tapias del convento, seguido de sus perseguido¬ res, que no pudieron darle alcance, pero le hirieron de un balazo no tan gravemente que le impidiera llegar al bosque de Poblet, entre cuyas malezas pudo esconderse y burlar a los que iban dispuestos a prenderle. Esta conducta ocasionó al. convento considerables gastos y lamentables estragos en sus bienes, porque no tuvo fuerzas bas¬ tantes para impedir que el enemigo viniese diversas veces a talar los campos y llevarse las cosechas de granos, vino y aceite y más de dos mil cabezas de ganado, poniendo al Monasterio en tal 266 REAL MONASTERIO DE POBLET estrechez, que algunas veces llegó a faltar la comida de los reli¬ giosos. Entendiendo el Real Consejo de Cataluña que a este MonaSr- terio de Poblet le amenazaba alguna sorpresa de los enemigos, y que estaba expuesto a ser saqueado, atento al mayor servicio del rey y al beneficio común y particular de la provincia y defensa de este santuario, enviaron a Juan Francisco de Malgar, alguacil ordinario, con carta, al abad y convento, dada en Santa Coloma la Real, a 9 de noviembre de 1650, aconsejándoles que, sin dila¬ ción alguna, enviasen a Barcelona toda la plata, oro, joyas y orna¬ mentos más ricos de esta Iglesia, para ponerlo en cobro en nombre del convento en el sitio que pareciese más seguro, a cuyo trans¬ porte asistiría el alguacü con la escolta necesaria, que ya llevaba consigo, para convoyarlo todo con seguridad, hasta que se hi¬ ciese la entrega en Barcelona. Leída la carta, resolvieron conventuales ponerlo todos los en ejecución, y nombraron un síndico apoderado, que fuese a hacer la entrega de todo lo referido y lo depositase en el sitio que le pareciese más seguro; como, en efecto, lo practicó a satis¬ facción del convento. Todo lo transportado se guardó en aquella ciudad hasta el mes de noviembre de 1652, que, hallándose ya sosegada esta parte del Principado, se volvió todo al convento por medio del prior de Nazaret. Cuando, después de diez años de guerra, pensaba el convento comenzar a salir de sus ahogos, le sobrevino, como al resto del Principado de Cataluña, el castigo de la peste, que duró desde el año 1650 hasta 1652, y si bien no cogió tan de Ueno a este Mo¬ nasterio como en el año 1348, fueron, no obstante, heridos del contagio seis monjes, cinco conversos y dos donados, además de diez y ocho seglares, pereciendo todos, menos dos monjes y cuatro seglares. Al morir este abad en abril de 1668, fué enterrado en el suelo frente a la capilla del Sagrario, por haber pagado de su pecuho particular un armario para guardar las reliquias que es¬ taban en la capilla de San Salvador, frontera a aquélla. Durante este abadiato se quedaron a deber casi todas las provisiones, que tuvo que pagar el sucesor D. José Sanz, abad REAL MONASTERIO DE POBLET 62, 8° temporal. Estaba este abad en Valencia al tiempo de su elección, nombre se posesionó de la Abadía el padre y en su Francisco Boal, haciendo profesión de fe, prestando obediencia al general del Císter y recibiéndola de todos los religiosos, en fin, ■celebrando toda la ceremonia como si fuera el abad propietario, a excepción de que en vez de llevar puesta la mitra la osten¬ taba en las manos. A primeros de octubre llegó a Poblet el abad en propiedad, D. José Sanz, saliendo procesionalmente el convento a recibirle hasta la Puerta dorada, en donde se había colocado un sitial para el abad; entonóse un Tedeum, prosiguiéndole hasta el presbiterio, en donde recibió el nuevo mitrado la bendición acostumbrada. No quiso este abad hacer vida aparte, como era costumbre entre sus antecesores, y comió durante los dos años primeros en ■el Refectorio común, y en los dos últimos, en su aposento, te¬ niendo para su servicio tan sólo un converso y un criado. Era este abad natural de Valencia y anticatalán de corazón. Una vez en posesión de la Abadía, declaró guerra sin cuartel a su antecesor el abad Llobera, hasta que logró confinarle a la granja de Doldellops, cerca de Valls, con la pensión diaria de 25 céntimos (i real) para su sostenimiento. Por sus servicios, le restituyó Felipe IV el derecho que los abades de Poblet tenían antes de la guerra, de poder ser elegidos para los cargos de diputados por Valencia; por lo que el convento tenia merecido en su real servicio, según expresaba en la carta que en 13 de noviembre de 1652 escribió al duque de Montalto, virrey y capitán general de Valencia, y al elem.ento eclesiástico de aquel reino. También mandó el rey al abad que diera de nuevo posesión del cargo de bañe general de las Baronías del Monasterio al converso fray Pedro Llobera, cargo que había dejado durante la guerra de Cataluña para acudir a su real servicio, en que se habia portado con gran fidelidad. No pudiendo excusar el cumplimiento de esta orden, con objeto de saciar su venganza contra este converso y contra su tío, escribió a una persona de gran influencia en Madrid una larga carta denunciándole una porción de crímenes y andanzas de fray Pedro Llobera. Decía que éste había arruinado la granja 268 REAI, MWASTERIO DE POBLET de Doldellops, que había asesinado a unos gitanos en la feria de Verdú y apaleado a unos sirvientes de la cartuja de Escala- Dei. Añadía que en su granja se albergaban gente facinerosa y mujeres mundanas, que andaba de noche por Barcelona sin hábitos, con espada y pistolas, acompañado de otros hombres armados, siendo el escándalo de la ciudad, que sospechaba que fueran cómplices en el asesinato del vasallo Jaime Roselló, por¬ que había denunciado ciertos abusos y contubernios entre el ex abad Llobera y el baile de la Guardia de Montblanch, y, por fin, según afirmaba, también, el padre Costa, que fray Pedro Llobera, un día del mes de octubre de 1655, raptó en Tarragona a una muchacha de servicio de un sacerdote, y montándola en la grupa de su caballo, se la Uevó a la granja de Doldellops, para tenerla por compañera. Se abrió una esclarecer la verdad de estas información para acusaciones. Tío sobrino rebatieron los cargos que se les y hacían, y el Gobierno de Madrid dió fin al asunto con el siguiente decreto : «Encarga S. M. excuse la averiguación.^) Al terminar su mandato el P. José Sanz, marchó otra vez a Valencia, y fué elegido para sucederle abad 63, g.° cuadrienal, D. Joaquin de Arbolí, que había ejercido el cargo de maestro de novicios. Cedió este abad al convento de Santa Ana, de monjes cistercienses, de Madrid, unas reliquias de san Bernardo de Alcira, consistentes en una porción de hueso fémur, según atestigua¬ ban los padres Antonio GaUart, sacristán mayor, y José Viñas, secretario del convento, con auto del P. D. José Redua, notario real y archivero de Poblet. Entierro de D. Ambrosio de Aragón y Sandoval, duque de Lerma Durante la Abadía de D. Joaquín Arboh tuvo lugar el solem- m'simo entierro de D. Ambrosio de Aragón y Sandoval, hijo de los duques de Segorbe y Cardona; D. Luis Ramón Folch y D.» Ma- REAI< MONASTERIO DE POBLET 269 riana Sandoval y Rojas, siendo ya duque de Lerma y señor de los demás Estados de su madre y jurado sucesor inmediato de su padre; falleció en Madrid a los diez y nueve años de edad, el día 29 de diciembre de 1659, y su cadáver fué trasladado a Poblet en junio de 1660, con el siguiente ceremonial: Por encargo de D. Luis Ramón Folch, se trasladaron a Madrid los padres fray Antonio Rosell y fray José Reduá, y aRí el eminentísimo señor cardenal, D. Pascual de Aragón, tío del difunto, les entregó el cadáver en una caja de plomo, metida dentro de otra de madera, cubierta de terciopelo carmesí, guar¬ necida de galón de oro y clavos dorados. Una vez se hubieron hecho cargo del cadáver, emprendieron el camino de vuelta al Monasterio, acompañados de D. José Cisneros, ayo del difunto, a donde llegaron el día 30 de junio de 1660, dejando a su llegada depositado el ataúd, con los restos del duque, en la Iglesia de San Jorge. A la mañana siguiente tuvo lugar la traslación del cadáver con la mayor pompa que hasta entonces se había visto. Acudie¬ ron a eUa el arzobispo de Tarragona, con algunos canónigos y dignidades, y el abad de Santes Creus, con diez y ocho monjes de aquel Monasterio. Delante de la cruz que había al extremo del muro, en el camino de Lérida, se había levantado un altar con un Santo Cristo, bajo dosel de brocado morado y frontal correspondiente, rodeado de cuatro cuadros de plata representando la Pasión de Nuestro Señor, y delante del altar se dispuso un estrado cu¬ bierto de brocado con cuatro almohadones que llevaban borda¬ das las armas de Aragón. En la citada mañana del día T.° de julio pusieron el ataúd, custodiado por D. José de Cisneros y los dos monjes que lo tra¬ jeron de Madrid, en la carroza del arzobispo, y se trasladaron al sitio donde estaba el altar, seguidos del abad vestido de pon¬ tifical, de todos los monjes del convento y un sinnúmero de gente que había acudido de las ciudades y villas vecinas. Lle¬ gados allí, sacaron la caja, la depositaron sobre el estrado, y con las Uaves de plata que llevaban D. José Cisneros y fray José Reduá, la abrieron y quedó a la vista la interior de plomo, que tenía en 270 REAI< MONASTERIO DE POBEET SU parte superior un cristal, a través del cual se veía el cadáver. El ayo y los dos monjes juraron que era el cuerpo de D. Ambrosia de Aragón y Sandoval, duque de Lerma, que les había entregada en Madrid su tío el cardenal D. Pascual de Aragón. Hecho este juramento, y tomado solemnemente el auto de entrega con las ceremonias acostumbradas, entonó la capiUa un responso, y luego seis monjes se hicieron cargo del ataúd, llevándolo sobre unas andas cubiertas de brocado negro hasta la primera puerta del Monasterio; ahí entonó la capilla otro res¬ ponso y prosiguió la procesión hasta la Iglesia mayor. En la capüla real, o espacio que hay entre los panteones reales, se había alzado un túmulo octavado, de unas 10 varas de alzada, cubierto todo de negras bayetas, y en lo alto, descansando la cabeza en un almohadón con las armas del difunto duque, colo¬ caron el ataúd. Tres días duró el funeral, y cada día rezaron misa todos los monjes y capellanes, y a todos se dió una limosna y un cirio de 3 onzas. El primer día celebró misa de pontifical el abad de Santes Creus; el segundo, el abad de Poblet, y el tercero, que fué el día del entierro, la dijo el arzobispo de Tarragona. Acabada la misa y oraciones, fué puesto el ataúd debajo los arcos reales, al lado de sus ascendientes, y allí estuvo hasta el día de la traslación general, que tuvo lugar en 1662, acabados los suntuosos panteones de la casa de Segorbe y Cardona, que se habían comenzado este mismo año (1660) por orden de D. Luis Ramón Folch, padre del duque difunto. D. Antonio Rosell, que fué elegido ahad 64, 10 de los tempora¬ les, introdujo en Poblet el uso de coche para su servicio. El primero fué comprado, junto con un hermoso tronco de muías, por precio muy moderado, al barón del Albi. Al efectuar, en 1661, el abad Rosell, un viaje a Barcelona, se hospedó ya en el nuevo Priorato de Nazaret, sito en la Rambla. En 19 de abril de 1661, el limo. Sr. D. Pascual de Aragón, REAI, MONASTERIO DE POBI^ET -271 hijo de los duques de Segorbe y Cardona, llegó al Monasterio con los restos de su madre, que habían estado depositados desde su fallecimiento en el convento de Carmelitas descalzas de Zara¬ goza, porque quiso dejarlos en Poblet antes de partir para Roma, a donde iba por haber sido nombrado cardenal de Santa Balbina por el Papa Alejandro VII. El entierro se celebró con toda la solemnidad que se acostum¬ braban a celebrar en el Monasterio, y al ser trasladados los restos desde la capilla de San Jorge a la Iglesia mayor, los tomó en brazos el cardenal, y habiendo intentado el abad ayudarle, le dijo : Dc'je V. S., que hien la puedo yo llevar de aquí a la Iglesia, kabiéndome llevado a mí nueve meses en sus entrañas. Una vez celebrado el funeral, se colocó la urna junto a las demás de la familia en la parte del evangelio, y S. E. mandó a sumayordomo que distribuyese entre los monjes cierta can¬ tidad de doblones, y regaló al convento un repostero de terciopelo verde, ricamente bordado, con el escudo de Aragón y Sicilia, que su madre le había legado. Traslado de los restos de los nobles de la Casa de Cardona y Segorbe a las Cámaras Sepulcrales Al concluirse en orden del duque 1662 los panteones que por D. Luis Ramón Folch se estaban construyendo desde 1660, su hermano, D. Pedro Antonio de Aragón, dispuso el traslado* a ellos de los restos de todos los de su famüia, entre los cuales tenía tan allegados como su hija D.^· Catalina, su tío D. Luis de Córdoba, su padre el duque D. Enrique Ramón Folch, su sobrino D. Am¬ brosio, duque de Lerma, y su madre D.» Catalina. Como que el cuerpo de su hermano menor, el cardenal D. Antonio de Ara- * Durante las obras estaban depositados los cadáveres en la capilla de San Benito. RBAI, MONASTERIO DE POBEET gón, que había muerto en 8 de octubre de 1650, estaba depositado en el convento de Dominicos descalzos de Loeches, fué D. Pedro a dicha villa, y con las ceremonias acostumbradas lo sacó de aquel depósito en i.° de juho de 1662 y lo trajo este Monasterio. a Así que el abad Rosell tuvo noticia de que llegaba D. Pedro Antonio de Aragón con el cadáver del cardenal, salió a recibirlos con hábitos pontificales, acompañado procesionalmente de toda la comunidad, hasta el cabo del muro, camino de Lérida, donde D. Pedro entregó al abad y convento un arca cubierta de tercio¬ pelo carmesí, forrada de raso blanco galones de oro, tacho¬ con nada de clavos dorados, cerrada con llave, y encima de ella una almohada y un capelo carmesí, diciéndoles que en aquella arca estaban los restos de su hermano el cardenal; y colocada ésta sobre unas andas, Uevadas por cuatro monjes, volvieron todos en pro¬ cesión hasta la Puerta dorada. Antes de entrar en el atrio de dicha puerta abrieron el ataúd y vieron huesos humanos envueltos en un lienzo y algodón. Se dirigieron luego a la Iglesia mayor, y al llegar a la capilla real, donde se había dispuesto un túmulo en rodeado de treinta encerraban los restos de los ascen¬ urnas que dientes de la casa de Segorbe y Cardona y de los reyes e infantes que no tenían sepultura especial, se colocó sobre de él los restos del cardenal D. Antonio, y junto a ellos, una bandeja de plata con las llaves de los panteones. Dijo, con toda solemnidad misa de pontifical el arzobispo de Tarragona, D. Francisco de Rojas, asistido por el doctor 01a- guer, de Montserrat; el vicario Victorino de Lloreda, deán de la Santa Iglesia de Tortosa; el doctor José Fondevüa, canónigo de la Catedral de Barcelona; el doctor Pedro Juan Pons, canó¬ nigo de Lérida, y otros clérigos. Oyeron los divinos oficios D. Pe¬ dro de Aragón, junto al túmulo, y el abad, monjes y demás ecle¬ siásticos en el Coro, y al acabar, se rezó un responso y se distri¬ buyeron las urnas en los panteones, en el orden que al hablar de eUos tenemos dicho, y cerrando sus puertas de bronce, se entre¬ garon las llaves al sacristán mayor. En esta ocasión regaló D. Pedro al Monasterio el capelo que el Papa envió al cardenal, su hermano, que era escarlata, puesto en una bolsa de terciopelo carmesí, recamada de oro, y REAL MONASTERIO DE POBLET 273 dentro de la bolsa una caja de madera forrada interior y exterior- mente de tafetán carmesí. Dió, también, otro capelo con nueve borlas de seda, que mandó colgar en medio de la capilla real; trajo la espada del infante Fortuna, que se guardaba en el armario de las espadas de los' reyes; una banda de tafetán encarnado, bor¬ dada de ramos de plata; un estrado de lana morada y dos almoha¬ das de la misma tela. Después de esta visita, D. Pedro A. de Aragón acarició ya la idea de regalar a Poblet las muchas reliquias de mártires que poseía y colocarlas en ricos retablos a los lados del altar mayor, y para eUo escribía al abad con fecha 23 de febrero de 1663, que le mandase las medidas del ancho y alto de los arcos, para ver cuantas urnas de ébano y bronce con vidrieras para las reliquias santas cogerían, y, al mismo tiempo, le participaba que le man¬ daba bronce suficiente para acabar las rejas que su hermano el duque tenía mandado que se hicieran para colaterales de la capilla mayor. En julio del propio año volvía a escribir D. Pedro, desde Nápoles, pidiendo se le enviasen dos diseños de la obra que se tenía que hacer para la colocación de las urnas de los cuerpos de los mártires que tiene que mandar. Manda al mismo tiempo los tamaños de ellas y el de seis relicarios que está haciendo de ébano y bronce. A los 14 de septiembre de 1664 fué elegido abad 65, 11 tem- foral, D. José Reduá. Celebráronse durante esta Abadía solem¬ nes funerales por la muerte de Felipe IV, ocurrida en Madrid el día 7 de septiembre de 1665. Por la tarde del día 4 de octubre se cantaron vísperas, nocturno de difuntos y responso general, cuya oración dijo el abad vestido de pontifical. Con la misma solemnidad dijo el abad la misa al día siguiente, y los dos días consecutivos la dijeron el prior y el monje más antiguo del con¬ vento. Al fin de cada misa se cantó un responso general, con el acostumbrado toque de campanas, que a más se tocaron nueve días seguidos, tres veces al día, esto es, al salir el convento de Laudes, al mediodía y al anochecer, al toque de oración. Las campanas del Monasterio estaban en el cimborio, y las cuerdas para tañerlas pendían en medio de la capilla real, 18 274 ItEAI, MONASTERIO DE POBLET O frente al altar mayor, entre los sepulcros reales, cosa que sea no gustó al noble prócer y protector del cenobio, D. Pedro A. de Aragón, el cual, para subsanar tal anomalía, ofreció costear una torre en el sitio que eligiera el convento y pagar cuantos gastos ocasionase el traslado de las campanas. Acordó la comu¬ nidad aprovechar para tal obra una torre constraída en el brazo derecho del crucero, entre el espesor del muro y el Cementerio de legos, a la que daba acceso una puerta situada junto a la se¬ pultura de Rebolledo, y en cuyo interior hay una escalera heli¬ coidal que conducía a los tejados de la Iglesia y al cimborio. Sobre de esta torre levantaron un piso cubierto por un tejado de cuatro pendientes, rematado por una cruz. De piedra labrada fué construida esta parte superior de la torre o campanario, que es cuadrada, de 4*50 m. de lado, y sus paredes tienen un espesor de 1*30. Hay en cada cara dos ventanas de 5 m. de altura por i'50 de ancho, en cada una de las cuales había una campana. El coste total de esta obra fué de unas 1,446 libras, y como que D. Pedro A. de Aragón abonó ico doblones que le pidió el con¬ vento (unas 1,200 libras), el resto tuvo que abonarse de los fondos del Monasterio. Acabado el mandato de Reduá, se reunieron los monjes en capitular, ehgiendo abad 66, 12 temporal, a D. Antonio la Sala Rosell, que ya había ejercido este cargo con anterioridad. El día 8 de marzo de 1669 fueron sacados de su antiguo se¬ pulcro los restos de D. Ramón Folch de Cardona, el Prohom Vin- culador, para ser colocados en el nuevo panteón que le había mandado construir D. Pedro A. de Aragón, y dice una crónica de aquella época que, a pesar de haber transcurrido trescientos cuarenta y ocho años de su fallecimiento, hallaron el cadáver tan entero, que fué posible trasladarlo en brazos de cuatro sacer¬ dotes hasta la capilla real, donde permaneció hasta el 4 de abril, día en que los artífices dieron por terminado el nuevo sarcófago, al que, después de una solemne misa cantada con acompaña¬ miento de órgano, fué depositado el cadáver en presencia de todo el convento, sacerdote con capa pluvial, ministros, acó¬ litos, ciriales y hachas, cantando la capilla un responso y de¬ más ceremonias del caso. Dice la crónica que se midió la esta- REAI, MONASTERIO DE POBLET 275 tura de dicho cadáver, y resultó que tenía más de 9 palmos de altura. Al sepulcro que ocupaba D. Ramón Folch fué trasladado el cadáver de D. Rodrigo Rebolledo, que estaba depositado en un ataúd de madera. Entierro de los restos de Alfonso V, del Infante D. Pedro y de Beatriz reina de Hungría Llegaron a Poblet, conducidos por el obispo de Cassano, el día 23 de agosto de 1671, los restos del rey D. Alfonso V, los de su hermano el infante D. Pedro y los de D.^ Beatriz de Aragón, reina de Hungría, que habían estado, desde su fallecimiento, depositados en la Iglesia de San Pedro Mártir, de la ciudad de Nápoles (años 1438, 1458 y 1508, respectivamente). Curiosa por demás resulta la función celebrada para el reci¬ bimiento de los mentados cadáveres. El día 23 de agosto, a las cinco de la tarde, como decimos arriba, llegaron los restos a Poblet y fueron depositados en la capüla de San Jorge, que estaba ador¬ nada con colgaduras : en el centro había un túmulo, cubierto de brocado, y alrededor, seis candelabros de ébano, con sus hachas. Aquí permanecieron hasta el día 25. El día 24 se levantó en la capilla real un suntuoso túmulo, adornado de granas bordadas y cubierto con el célebre paño de difuntos, ricamente bordado, que trajo para este acto el obispo de Cassano, por encargo de D. Pedro A. de Aragón (hoy se guarda en la' Catedral de Tarragona). Mandó el obispo que para el recibimiento de los reyes se sacaran de las cámaras sepulcrales doce urnas de las personas más principales, sin que faltase la de D.» Juana Folch, por haber sido esta señora la que unió las casas de Segorbe y de Cardona. Fueron sacadas, pues, del panteón las urnas que contenían los restos del rey D. Martín el Humano; la del infante D. Enrique 275 REAt MONASTERIO DE POBLET de Aragón y de Sicilia, maestre de Santiago; los de su esposa la infanta D.^ Beatriz Pimentel; la del infante D. Enrique, duque de Segorbe; la de su mujer la infanta D.» Guiomar de Portugal- la del duque D. Alfonso de Aragón y la de su mujer, la duquesa de Cardona, DA Juana Folch; la de D. Luis, conde de Prades, y la de su esposa DA Ana Enríquez de Mendoza; la de D. Enrique Ramón Folch, duque de Segorbe y de Cardona, y la de su con¬ sorte Da Catalina Fernández de Córdoba, y la del cardenal D. An¬ tonio de Aragón, que fueron depositados sobre el túmulo para recibir a los que venian a hacerles compañía en aquella mansión funeraria. Así dispuesto el túmulo, a las cuatro de la tarde, después de vísperas y completas, el obispo se vistió de pontifical, y con toda solemnidad se dió principio a tres nocturnos de di¬ funtos, cantados con mucha pausa, y nueve responsos a canto de órgano, cuya función duró más de dos horas y media. El día 25, por la mañana, se preparó un altar al extremo del muro, junto al camino de Lérida, lugar donde se acostumbraba a recibir los cuerpos de las personas reales, y se llevaron ahí los tres cadáveres recién traídos de Nápoles. Salieron en procesión del Monasterio todo el convento presidido por el obispo, revestido de pontifical, y una vez llegados al mencionado altar, la capilla cantó un el obispo hizo entrega de los cadáveres al responso; abad y convento de Poblet, con las ceremonias de rúbrica, ante el escribano de Montblanch, D. Jerónimo Alba, y acompañando a los restos, que eran conducidos por monjes, volvieron todos hacia el Monasterio, cantando el psalmo In exitu Israel de Egipto, y de trecho en trecho, seis responsos a canto de órgano, hasta Uegar a la capilla real, donde colocaron los restos entre las doce urnas, y dióse principio a la misa, que dijo de pontifical el obispo, y cantó la capilla. Predicó el P. D. Jaime Reyner, monje de Poblet, y acabado el oficio, se colocaron de nuevo en el panteón de la casa de Cardona las urnas que había en el túmulo, y las de la reina D.» Beatriz y del infante D. Pedro de Aragón y de Siciüa fueron puestas en el de la parte del evangelio. El cuerpo del rey D. Alfonso fué sepultado en tierra llana, como era su volun¬ tad, entre las puertas de la Iglesia y del Coro, cubierta la sepul¬ tura con una losa que tenía grabadas las armas de Aragón, y REAI, MONASTERIO DE POBEET 277 allí permanecieron hasta el 17 de julio de 1673, que fué trasladado al nuevo y suntuoso sepulcro que le mandó levantar D. Pedro A. de Aragón. Con motivo del traslado de los restos del rey D. Alfonso V, regaló D. Pedro A. de Aragón al Monasterio de Poblet un rico temo negro, que se ha perdido; los candelabros de ébano, que se guardan en la parroquia de San Pedro, de Reus, y el magnífico tapiz bordado con el escudo de la casa de Cardona y Segorbe, que, como hemos dicho, está actualmente en la Sala capitular de la Catedral de Tarragona. D. José Serra ocupó la Abadía 67, 13 temporal. De su pe¬ culioparticular compró este abad, por 150 libras barcelonesas, la casa contigua al Priorato de Nazaret, de Barcelona, y pagó todas las obras necesarias para ser habitadas decentemente por el abad durante estancia su en esta capital y para residencia del prior, la sola condición de que el convento le concediese para con toda su vida la administración del Priorato, cosa que le fué otor¬ gada por decreto de 23 de agosto de 1676. En el mes de julio de 1673, terminados los panteones que D. Pedro A. de Aragón había mandado constrair para el rey Alfonso V uno, y para el infante D. Enrique, otro, se precedió a depositar en ellos los restos de los mencionados magnates, así como los de D.®' Catalina y D.® Beatriz, esposas del infante. Otro regalo valioso recibió el Monasterio durante la Abadía de Serra. El generoso protector del cenobio, el tantas veces men¬ cionado D. Pedro A. de Aragón, hizo donación de una rica cus¬ todia de oro, adornada de diamantes, y tres temos muy ricos, blanco uno, otro morado y otro carmesí. Durante el cuatrienio del abad Serra fueron sepultados en las cámaras sepulcrales los cadáveres de D. Luis Ramón Folch de Aragón y de D. Joaquín Folch de Aragón y Benavides. Siendo abad 68, 14 cuatrienal, D. Antonio Rosell, elegido por tercera vez, recibió el Monasterio uno de los más preciados dona¬ tivos de los muchos que le hizo el Excmo. Sr. D. Pedro A. de 278 RBAI, MONASTERIO DE POBEET Aragón, consistente en un sinnúmero de relicarios de ébano y cris¬ tal, sobre todo, y, su hermosa librería con treinta armarios repletos de libros lujosamente encuadernados, que llegaron a este convento en tres galeras con treinta y un cajones, que pesaban 338 Y» arro¬ bas, según detalla esta carta que acompaña al donativo: REAI, MONASTERIO DE POBEET 279 En febrero del año siguiente, el mismo magnánimo protec¬ tor mandó construir, para guardar las reliquias por él regaladas, a más de las que ya poseía el Monasterio, unos magm'ficos reta¬ blos, que luego no aprovecharon para el objeto a que habían sido destinados, por resultar insuficientes, y fueron colocados a los lados del presbiterio del altar mayor, cobijando sus nichos cuarenta y una imágenes de santos que tenía D. Pedro en su oratorio de Madrid. En 1685, el abad Roseü colocó en la capiUa de San Bernardo las preciadas reliquias, y cerró la capiUa con dos rejas de bronce, que D. Pedro mandó forjar en Barcelona. Pactó D. Pedro A. de Aragón, en 21 de febrero de 1678, con los artífices encargados de la construcción de la capilla y retablos, las siguientes condiciones: «Declaración de la fábrica de la Capilla en que se han de colo¬ car las Stas. Reliquias con que el Excmo. Sr. D. Pedro Ant.° de Aragón ha ilustrado el real convento de Poblet.* N. i.° Puerta de la Capilla tiene de alto 24 palmos y de ancho 14; ha de ser toda de piedra buena y escultura de alabastro donde se mide y señala en la planta; a la cual escultura se obliga al artífice que ha hecho el diseño del retablo y nichos incluyéndose el precio de otra escultura en el que pide por el otro retablo, si se le manda ejecutar. 2.° Tiene la capilla de entrada 20 varas y de ancho 12 fuera las paredes : se ha de pavimentar de losas de piedra y todas las paredes, alrededor de la capiUa, se han de guarnecer de azulejos el espacio de un estado. 3.° Tienen de grueso las paredes de la capilla 8 palmos, y todas han de ser de cantería. 4.° Tiene de alto la capiUa 18 varas. 5.° Todo lo reparado de la capiUa, pUastras, friso, resalto, capiteles y lo demás ha de ser de yeso menos las basas de las pi¬ lastras, que todas han de ser de piedra de lustre bien bruñidas. 6.° Ha de tener la capiUa cuatro vidrieras iguales, dos en cada pared de los lados de 10 palmos de alto y 7 de ancho. El * Este documento se conserva en la Biblioteca-Museo Balaguer, de Villa- nueva y Geltrú. 28o REAI, MONASTERIO DE POBEET retablo con sus nichos tiene de alto i6 varas, y de ancho 12 en el cual hay bastante lugar para todas las reliquias de su Excma- y para las que tenía ya el Convento; conque sólo se señala lo que son gradas, los puestos de los seis relicarios grandes de Evano, los del Santo Cristo de la columna y S. Francisco de bulto y las puertas para entrar a limpiar las urnas, y relicarios, como se mira en el diseño. Todas las hileras de los nichos, han de tener por las espaldas del retablo, sus corredores, y puertas, por donde se puedan limpiar más fácilmente las urnas, y relicarios; y se ha dispuesto en esta forma, así por el riesgo de que (habiendo de limpiarse por la cara del altar) no se rompan algunas piezas como por la indecencia de subir y bajar por delante de las santas reliquias. 6000 libras sueldos. El precio que se pide por parte del albañil son 6000 libras y ha de correr por su cuenta todo el per¬ trecho necesario para dicha obra, como también el portearle hasta el pie de la fábrica, menos la madera para cubrir la capilla. 3500 libras. El Escultor pide por el retablo, y por la escul¬ tura que ha de trabaxar de alabastro en la puerta de la capilla (como arriba se declara) 3500 libras. — Monta todo 9500 libras moneda barcelonesa, que son de plata doble 6786 Reales de a ocho.» El abad Rosell, cual nuevo iconoclasta, mandó fundir, por parecerle anticuadas, todas las imágenes de plata que de tiempo inmemorial se veneraban en los altares del Monasterio y cons¬ truirlas de nuevo al gusto de la época, que por cierto era bien poco recomendable. Al abad69, 1$ temporal, D. Vicente Prada, se debían los diez y ocho cuadros con los retratos de varones Uustres de Poblet, que había en la Sala capitular, un aposento que se añadió a la bolsería, la balsa del molino de harina, el facistol y la imagen de Nuestro Señor Jesucristo que había en el Coro y la cúpula del cimborio. La mayor parte del cuadrienio lo pasó en la mongía, en un aposento que estaba al lado de la enfermería, y como «era admi- REAL MONASTERIO DE POBLET raUe scrivá,i>, como dice un manuscrito que se guarda en la Bi¬ blioteca-Museo Balaguer, «a dexat algunes memorias de ma sua, com son les taules estan en la Iglesia dels enterros Reals y demes feu posar pintar los quadros de varons Illtres. de Capitol : y trau- y rer una muralla o parapeto que y avia de una a altre de les torres Reals que tapava tota la portalada. Compongué un llibre dels en¬ terros reals del qual escrigué dos copies la una envià al Excm. Sr. D. Pedro de Aragon y la altre quedà en esta casa entre los monjos.» Hablando de este libro dice Toda que el abad Prada, siendo secretario del Monasterio, escribió Palida Mors, del que se cono¬ cen tan sólo tres copias manuscritas; Escornalbou; otra, una, en en la Academia de la Historia, y otra, en la Biblioteca Nacional de Madrid. Las dos de Madrid llevan la fecha de 1678, y la que se conserva en Escornalbou, la de 1692. Esta obra es original, no según Toda, ya que en 1587, otro monje llamado fray Francesch Tolo había escrito una «Compren- diosa y curiossissima historia de les sepidtures deis serenissims señors Rey s de Aragó, persones nobles, barons y altres infinits cavallers, tots de celebre recordado, qui sepultats estan en lo sagrat monastir de Poblet», manuscrito catalán que se guarda en la Bibhoteca Nacional de Madrid. El padre Prada continuó la re¬ seña hasta cien años más tarde, y a su vez. Finestres sacó de ella las noticias de los enterramientos de Poblet, que da en el volu¬ men primero de su historia, aunque se calla la autoridad y la pro¬ cedencia. Se añadieron posteriormente a este libro los enterramientos de Nicolás Castelloni, coronel del Regimiento de Infantería de Nápoles, muerto en 1708, y el de D. Felipe Wharton. Contiene, además, este libro la vida de fray Pedro Marginet, escrita en verso latino porel doctor Joseph MarteU, asesor de Poblet, en 1657; unacarta-biografía de D. Pedro .Antonio de Aragón; una carta de pago de todos los obsequios que D. Pedro A. hizo al Monasterio de Pohlet, entre los años de 1662 y 1677, otorgada por el abad y convento delante del notario de Montblanch, D. Jeró¬ nimo Alba, el día 22 de septiembre de 1677, y, además, un índice alfabético de las rehquias de cuerpos santos enviados por el men¬ cionado Pedro de Aragón. 282 REA!, MONASTERIO DE POBEET En 1686, el abad yo, 16 temporal, D. José Tresánchez, compró, por 1,000 libras barcelonesas, una casa en Lérida, para instalar de nuevo el Colegio de Monjes, del que carecían desde que Feli¬ pe IV mandó derribar la casa que para eUo tenían en aquella ciudad; reformó la capilla de las reliquias, en la cual estaba antes el retablo de San Bernardo, que fué trasladado a la capilla del lado, primera de la Iglesia en la que primitivamente había el altar de San Martín, por lo cual se puso encima del retablo un cuadro de dicho santo a costas del abad, se rebajó un peldaño que se subía para entrar en la capilla y mandó construir la baranda de hierro con pomos de bronce, y enladrillarla con ladrillos de Valencia. Azotó, por este tiempo a Cataluña, una plaga de langostas, que asoló casi por completo los campos, contribuyendo el Monas¬ terio a su extinción, no sólo con plegarias, procesiones y bendi¬ ciones con las reliquias de santa Columbina y de san Agustín, como les pedían los pueblos atacados, sino con trabajos cor¬ porales prestados por sus monjes, mozos y personal todo del convento. Juntáronse los electores en la Sala capitular el día 14 de sep¬ tiembre de 1688 para designar abad yi, ly cuadrienal, a D. Pedro Virgili, que había ejercido el cargo de bolsero durante los dos cuadrienios anteriores. Falleció en Madrid, el día i.° de septiembre de 1690, el gran protector de Poblet, D. Pedro Antonio de Aragón, y su cuerpo fué depositado en el convento de Trinitarios descalzos. Al año siguiente, D.® Ana Catalina, cumphendo la voluntad su esposa, del difunto, tantas veces repetida, ordenó que su cadáver fuera trasladado al Monasterio, donde llegó el día 14 de mayo, colocado en una urna de ébano de Portugal, adornada con cantoneras, cerradura, llavey letrero de plata, y después de celebradas exe¬ quias extraordinarias que duraron tres días, a semejanza de las que tuvieron lugar cuando fueron traídos los restos de Alfonso V y de su hermano, fué depositado, junto a sus padres, en el panteón de la parte del evangeho. En 1701 se recibieron en Poblet las reliquias que acostumbra¬ ba llevar encima D. Pedro A., que eran una cruz o pectoral de reai, monasterio de pobeet 283 -oro con Lignum Crucisy siete óvalos con otras reliquias, todo colgado a una cadena de oro de 6 palmos de larga; otros tres relicarios de oro y uno de acero, incrustado de oro y plata, que «ncerraba la firma de san Ignacio de Loyola. Las grandes salas que se utilizaban para guardar granos y ■legumbres las destinó el abad Virgili para instalar la librería que regaló D. Pedro A. de Aragón, y, al efecto, mandó abrir la puerta que da al Locutorio, que, según cuenta el manuscrito que hemos mencionado varias veces, costó gran trabajo; hizo blan¬ quear las paredes y pintar, a imitación de jaspe, las columnas y arcos; colocar florones de madera tallada y dorada en las llaves •de las bóvedas, y luego, a lo largo de los muros, distribuyó los treinta estantes de ébano con sus correspondientes libros, y en el testero, entre las puertas que daban acceso a lo que se Uamó librería antigua, colocó el retrato de D.® Catalina de Lacerda, viuda del generoso donante D. Pedro, repartiendo por la sala los demás objetos que tenemos reseñados. Desde el día que llegaron a Poblet hasta el que fueron ins¬ talados en estos aposentos, los libros y los estantes estuvieron depositados en el refectorio de la carne. Aquí estuvieron, tam¬ bién, las santas reliquias, hasta que fueron trasladadas a la capi¬ lla de San Bernardo. Por iniciativa de este abad se enladrilló la era, se construyó un pozo de hielo junto a la granja Mitjana, se niveló el huerto, que estaba dividido en tres bancales, uno más alto que otro; se hizo una fuente al extremo del mismo y un corral para las ga¬ llinas, la escalera que del palacio baja al jardín o huerto y la «Oficina del cap de llá de ques necesitava molt per aver de exir fora los Srs Abats a proveir ses necesitats». Se arregló el aposento que se encontraba a mitad de la escalera, para poderse retirar los abades en las ocasiones que tenían que ceder sus habitaciones a personas principales que visitaban el Monasterio y no verse obligados a salir de palacio, como sucedía antes, que se iban a dormir a la gobernación o a la bolsería. Fué, también, en esta época que el Monasterio empezó a criar por su cuenta ganado lanar. Gobernaba el convento el abad 72, 18 temporal, fray Pedro Albert, cuando el arzobispo de Tarragona, D. José Llinàs, consa- 284 REAL MONASTERIO DE POBLET gró, en 13 de noviembre de 1695, la Iglesia mayor, en cuya memo¬ ria se colocó, en la parte derecha del crucero, sobre la puerta que comunica con la nueva Sacristía, una lápida que, en letras do¬ radas, decía : <* Tocaba a su término el abadiato de Güell, cuando una por¬ ción de monjes llamados reformistas, a cuyo frente figuraban fray Joaquín Casanovas y fray Antonio Mas^ de Poblet, los her¬ manos fray Juan y fray José Font, benitos de San Felío de Guí¬ xols, y mosén Jaime Puig, cura de Vich, patrociuaron una refor¬ ma de estatutos de las congregaciones monásticas de Cataluña. Reforma radical que transformaba en absoluto la manera de ser y de regirse los antiguos Monasterios. Con el fin de hacer pro¬ paganda de sus ideales y de que el rey aprobara los estatutos por ellos redactados, los mencionados padres salieron y perma¬ necieron, sin permiso del abad, largo tiempo ausentes del Mo¬ nasterio. El abad Güell mandó formarles proceso y los expulsó del convento. Largos fueron aquellos litigios, hasta que, en 10 de septiem¬ bre de 1781, el conde de Vallellano comunicó a Poblet que la Cámara había resuelto que «se declare que el Monasterio de Po¬ hlet es de Real efectivo Patronato de la Corona y se ejecuten, y en * Documento de nuestra colección. Lástima que no hemos podido hallar las otras cartas a que ésta hace referencia, que nos hubieran aclarado mente este embrollado asunto. completa¬ 3O8 RBAI, MONASTERIO DE POSEET otra comunicación de la misma fecha notificó al prior-presidente de Poblet, fray Francisco Ferrer, que da Cámara por decreto de i8 de julio, acordó que se la Real Noticia de S. M. que el pusiera a Convento de Poblet procediese por votos secretos a proponer tres monges para Abad de el y que fuesen de los mas dignos, de pro¬ bada cordura y prudencia, remitiendo a la Cámara la terna para por mi mano pasándola a la de S. M. nombrase al que fuese mas de su Real agrado)). Tampoco llegaron a un acuerdo, a pesar de esta orden, y la Abadía estuvo vacante hasta 1784, que fué elegido abad Ç3, jç cuadrienal, D. José Salvació, cuya primera medida fué lograr el perdón de los dos frailes castigados por el abad Güell. Dos años tan sólo empuñó el báculo el abad Salvadó. Continuaban las rencillas entre los monjes, y los altercados eran continuos, sin que fuera posible un acuerdo para nombrar sucesor, por lo que Carlos III, de Real orden, nombró abad Q4, 40 cuadrienal, a D. Agustín Vázquez de Varela, monje castellano de un Monas¬ terio de Valladolid. Uno de los primeros desaciertos del nuevo abad forastero fué que con la excusa de que no había estado nunca en Cataluña, no entendía su lengua, quería que en todos los actos se empleara la lengua castellana. Unánimemente pro¬ testaron de esta pretensión los monjes populetanos, y alguno de ellos se negó a cumplimentarla. Quisquilloso y amigo de querellas debía ser el abad Váz¬ quez cuando hasta con el arzobispo de Tarragona, el gran Ar- mañá, tuvo sus altercados sobre la ordenación de monjes. En virtud de la venta de unos censos hecha por el abad Güell, recibió Vázquez de Varela un requerimiento para que hi¬ ciera efectivas sus pensiones, a lo que respondió este abad, con fecha 23 de marzo de 1787, lo siguiente : «Muy Sr. mío : Ente¬ rado del contenido de la estimada carta de usted de 17 del co¬ rriente, debo decirle confidencialmente, y con la correspondiente reserva, que habiéndome plenamente informado de la corres¬ pondencia notable y trato continuado por muchos años del di¬ funto P. Maestro Güell con la señora Ignacia Torrent, y de lo mucho que defraudaron a este Real Monasterio, con este motivo, y constándome, asimismo, de la responsabilidad y obligación en reai, monasterio de poblet justicia de dicha señora a satisfacer el principal y réditos del censal que tomó a su cargo a favor de la obra pía fundada por los señores duques de Segorbe y de Cardona, de lo que ni esta general comunidad ni yo podemos exonerarla, es preciso que pro¬ cure cuanto antes le sea posible cumplir con esa pensión, sin dar lugar a recursos y providencias que podrán serle más gravosas y sensibles para todos, que es cuanto se ofrece decir en el asunto su atto. servidor que B. L. M. de V.» Esta letra viene a corroborar lo que decimos de la venta y traspaso de bienes del Monasterio por parte del abad Güell. Carecemos de noticias de cómo se resolvió este asunto, pero con los malos vientos que soplaban para Poblet, a buen seguro que lo perdió el Monasterio. Cuando la Asamblea nacional francesa decretó la supresión de las Ordenes monásticas, los trapenses se dispersaron, dirigién¬ dose unos, que llevaban consigo los restos del gran reformador de la Orden, Armando Raneé, a una cartuja llamada Valle Santo, cerca de la ciudad de Gruyeres, el cantón de Friburgo, en Sui¬ en za; otros se fueron a Alemania y se establecieron en ella. Cos¬ me III, el gran duque de Toscana, cedió a diez y ocho trapenses la Abadía Buon Solasso, cerca de Florencia. Otros, que se pro¬ ponían pasar al Canadá, se quedaron en Inglaterra, hospedán¬ dose en Lalwortdh Castle. Unos cuantos fundaron un nuevo convento de la Trapa en las salvajes riberas del Missisipí; otros pocos se establecían en medio de los arenales que se extienden entre Anvers y Tumhout, y el resto de la comunidad se dirigió a España, buscando hospitalidad en el Monasterio de Poblet, en donde les abrieron las puertas y estuvieron se recogidos mien¬ tras duraron las negociaciones para instalarse definitivamente en la granja de Santa Susana, distante unos tres cuartos de hora de Maella, diócesis de Zaragoza, por cesión del Monasterio de Escarpe y de su congregación de la Orden del Císter, como el de Poblet, del que aquél era hijo. Obtuvieron autorización con cédula real, firmada en 2 de noviembre de 1795, permaneciendo, no obstante, en Poblet hasta el día 4 de enero de 1796, que salieron presididos por su abad, primero en España, D. Jerónimo de Alcántara, para posesionares REAI, MONASTERIO DE POBLET de SU nueva residencia, a donde llegaron el día 12 del propio mes, fecha de la fundación en nuestro país del convento de Nuestra Señora de la Trapa. Los Monjes de la Trapa expulsados de Francia en Poblet Dos comisionados de los trapenses expulsados de Francia estuvieron en Poblet para logrardel abad, que lo era entonces fray Vázquez de Varela, autorización debida para que un nú¬ mero determinado de eUos pudieran residir en el Monasterio ínterin encontraran sitio adecuado para instalarse. Acogidos benévolamente, tanto por el abad como por toda la comunidad, a últimos de marzo llegaron los expatriados a Poblet. Fueron en seguida acompañados a la Iglesia, donde oraron largo rato, y luego pasaron a las habitaciones o recinto que se les había pre¬ parado, compuesto de una gran sala con camas, con tablas sólo, sin jergones, que tenía inmediatos una capilla, un cuarto para Sala capitular, otro para refectorio, otro para trabajar, con ima gran galería, y otro que servía de locutorio y estudio para el superior. Tenían, también, una cocina y un huerto con abun¬ dante agua, en fin, cuanto podían desear; establecidos como en un Monasterio. (Este sitio era la bolsería del Monasterio.) En los primeros días se ocuparon en remendar sus hábitos, que estaban rotos y viejos,, y apenas tenían con qué mudarse. Después se hicieron otros nuevos, y en breves días se hallaron sin ocupación. No permitió la comunidad de Poblet que fue¬ ran a leñar al bosque, como era su deseo, ni trabajar los campos, y no teniendo en qué ocuparse, les destinó la obediencia a con¬ ducir de un sitio a otro un montón de piedras y cascos y resti¬ tuirlos luego a su primitivo lugar. Después de una visita practicada al poco tiempo por el vica¬ rio general de la congregación, y eq vista de su recta conducta REAI, monasterio DE POBI^ 3" y manera de vivir, se determinó entablar negociaciones con el Monasterio de Escarpe, que tenía una granja o priorato llama¬ do de Santa Susana, inmediato a Maella y Fabara, que parecía apropiado al mencionado objeto. El Monasterio de Escarpe re¬ cibió con agrado la proposición, y cedió la granja. Seguidos de una porción de trámites con la Real Cámara, el rey y las autoridades eclesiásticas pudieron, en 1796, posesio¬ narse de su nueva residencia y establecerse en España, señalando el día 4 de enero de aquel año para el traslado. La víspera fueron todos los trapenses a despedirse del abad y comunidad de Poblet, dándoles las gracias por el generoso y cari¬ tativo hospedaje que para tan largo tiempo les habían concedido. El día 4, después de la despedida y celebradas misas, fueron en procesión hasta la puerta de la Iglesia, donde recibieron las reli¬ quias de san Bernardo de Claraval, que habían ellos mismos traí¬ do, y que les fueron entregadas por la comunidad de Poblet des¬ pués de celebrada misa de pontifical, despidiendo a los trapenses cantimdo el Tedeum y al son del órgano y repique de campanas. En posesión de las reliquias, y después de haber recibido la bendición del abad populetano, salieron los trapenses procesio- nalmente con cruz alzada cantando el Tedéum. Al Llegar a la ermita de los Torrentes cantaron una salve, y luego continuaron en la misma forma, con cantos y rezos, el camino con dirección a su nueva morada. Durante la revolución francesa acogieron en Cataluña in¬ se finidad de franceses, especialmente nobles y religiosos de todas clases y categorías, que huían de la terrible persecución de su país. Sólo en el mes de septiembre de 1792 entraron por Puig¬ cerdà ochocientos ochenta y dos sacerdotes, número mucho más crecido que en los meses de junio, julio y agosto, que habían pasado la frontera por el mismo sitio ciento setenta religiosos. Por todas las poblaciones fronterizas pasaban gran número de emigrados, que encontraron franca hospitalidad en los conven¬ tos y casas religiosas de Cataluña y resto de España. Montse¬ rrat y Poblet recibieron infinidad de fugitivos de la persecución francesa. 312 RBAt MONASTERIO DE POBEET Vió el abad Vázquez de Varela premiados sus sacrificios y su nombramiento de obispo de Solsona. obediencia real con el Fué consagrado en Poblet el día lo de noviembre de 1793. por el arzobispo de Tarragona, asistido por los obispos de la Seo de Urgel y el de Tortosa, y le apadrinó D. Antonio Venero, en re¬ presentación del duque de Medinaceli. Poco tiempo pudo gozar el Obispado, pues murió el 11 de febrero de 1794, a los setenta y un años de edad. Al cesar el abad Vázquez, ocupó la vacante, también por Real orden, D. Pedro Sererols, abad 95, 41 cuadrienal, natu¬ ral de Reus, que había vestido el hábito de novicio en febrero de 1749, y hecho profesión solemne el 31 de marzo del año si¬ guiente; estudió en la Universidad de Cervera, por haberse su¬ primido el Colegio que el Monasterio tenía en Lérida, distin¬ guiéndose siempre por su seriedad, asiduidad y constancia en el trabajo, tanto, que poco después de terminados sus estudios, era designado ya (1764) para ocupar el importante cargo de mayoral y presidente mayor del Priorato de San Vicente, de Valencia, cargo que el abad le encomendó con el fin de que pu¬ siera coto y acabara las interminables cuestiones suscitadas por la mala administración de las rentas del Priorato, la peor con¬ ducta de sus habitantes, los descuidos del culto y el asilo de malhechores, que se acogían en la Iglesia. No llevarían, a buen seguro, muy correcta conducta los ocho monjes que residían en el Priorato con sus cinco donados destinados a los quehaceres de la cocina, refectorio, sacristía, igle¬ sia y portería, como tampoco sería muy ejemplar la de los dos que ejercían los cargos de vicarios en las parroquias de Aldaya y Cuarte, dependientes, también, de Poblet, cuando el nuevo prior tuvo necesidad de presentar a su superior el abad de Po¬ blet unas nuevas ordinaciones que fueron aprobadas, en 4 de octubre del mismo año 1764, por José Baldrich, abad del Mo¬ nasterio populetano. El señor Toda, que guarda notable biblioteca estas en su ordinaciones, nos dice, en trabajo publicado en octubre un de 1926, que revelan claramente el estado de la casa valencia¬ na, y para demostrar el espíritu de orden del monje reusense. REAI, MONASTERIO DE POBI->-Y w v «■$. - J ^ ^ i. Î9 , > s <0 î 1 -f ^ i 'I I " H t ^ « 324 REAI, MONASTERIO DE POBEET En 1818, el abad Pàmies modificó, de acuerdo con los mon¬ jes trapenses de Santa Susana, un tanto las obligaciones del rezo por los hermanos difuntos, rebajándolas bastante por otras más análogas a las presentes circunstancias. Obligado el estado eclesiástico de España a contribuir con 25 millones a las cargas de la nación, reuniéronse todos los aba¬ des y priores de la provincia de Tarragona el día 20 de febrero de 1819, eligiendo al P. Cosme VaUs para que formara parte como vocal de la Junta de reparto. En octubre de 1819 fué nombrado abad loi, 4y cuadrienal, D. Esteban Torell, conocido por sus ideas absolutistas. Con ocasión de los desórdenes ocurridos en toda España por las luchas entabladas entre liberales y absolutistas, la subleva¬ ción o pronunciamiento de las Cabezas de San Juan al grito de ¡Viva la Constitución!, dado por Quiroga y Riego en 1820, la pérdida de las Colonias, la entrada de los liberales en el poder y votada la supresión de Monasterios y Ordenes religiosas, fue¬ ron desterrados a Poblet quince trapenses, con su abad, del con¬ vento de Caspe, y ahí vivieron en habitaciones de fuera de la clausura, ocupándose, dice Toda, más del movimiento político que se iniciaba que de sus deberes religiosos. Suprimido, también, el Monasterio de Poblet, se autorizó, empero, que la comunidad continuara allí reunida con el título de Monasterio suprimido de Poblet y Casa de reunión de ex mon¬ jes Bernardos. Al suprimirse el Monasterio, continuó al frente de la casa el abad Torell, pero a los efectos de la liquidación de la misma, fueron nombrados interinamente, por el jefe político de Cataluña, administradores fray Odón Bayona y fray Jaime Morató, con el encargo de que formaran el inventario de todos los bienes del convento, pero, ya sea que iban demorando el cum¬ plimiento del encargo recibido, o que la administración de los bienes no iba conforme a los deseos del llamado Crédito público, que daba continuamente órdenes de que los monjes nada toca¬ ran y tuvieran tan sólo los muebles para su uso individual, y de que se mantuvieran de sus pensiones, en febrero de 1821 fué nombrado administrador el comisario subalterno de Tarragona, D. Antonio Basora, que recibió de sus superiores un oficio que real monasterio de poblet 325 deda {(Según las facultades que le confiere el art. y.° de la instruc¬ : ción provisional de 4 de noviembre úUimo, releva de la adminis¬ tración, que les tenia interinamente confiada, de los bienes, rentas y demás pertenencias que fueron del Monasterio de Poblet, a los monjes fray Odón Bayona y fray Jaime Morató, dejándoles sola¬ mente el encargo de la formación de inventarios que deben presen¬ tar a la mayor brevedad. Previniéndoles con este mismo fin, que menos los documentos que les sean necesarios para la conclusión de estos inventarios, pongan todo lo demás a disposición de V. M., quien espero que en fuerza de su celo por los intereses del Crédito público de la nación, admitirá este encargo, cuidando de que no se entorpezcan el cultivo y conservación de las fincas procedentes de dicho Monasterio, y que se vigile por medio de los guardabosques que sean necesarios de que no se talen ni destruyan los bosques ni los edificios rurales que existen, para lo cual, y en virtud de las ins¬ trucciones que están comunicadas a dichos monjes y que V. M. re¬ cogerá entre los demás papeles de su administración, dispondrá V. M. reponer los guardabosques, que parece han despedido sin orden alguna para ello, avisándome el número de los que V. M. cott- ceptúe necesarios, al efecto del estipendio más económico que haya de señalárseles para mi aprobación.^ La Administración de Rentas mandó al propio tiempo otro oficio a los monjes, en el que, entre otras cosas, les comunicaba su destitución y que se quedasen El 28 de febrero, reconociendo Basora su incompetencia para hacer el inventario que se le confió, en vista de que los monjes no lo acababan la diligencia con el Crédito público desea¬ que ba, mandó una comunicación al jefe superior político de Bar¬ celona, en el que le decía «.que podia cometer este encargo al abad de Poblet, que por si o por monjes que alli residian, se evacúe con menos inconvenientes, por no ser (Basora) inteligente en pinturas y en historia.» Reserváronse, sin duda, los monjes objetos de valor, a lo 326 REAI, MONASTERIO DE POBEET que no se avino el gobernador político superior de Cataluña, por que se desprende de la lo orden conminatoria que dirigió al abad con fecha 30 de marzo de 1821. En eUa mandaba «que pusiera a la disposición del comisionado del Crédito público de Tarragona, o a la persona que éste delegase, todos los efectos pertenecientes a la nación, conminándole con hacer uso de los medios coactivos que la ley concedia a la autoridad, advirtiéndole que se quede con lo meramente útil a las necesidades privadas y personales de los monjes y al preciso servicio de las ofici¬ nas, materialmente de su uso propio dentro de la cerca del Mo¬ nasterio.» No bastaban los sobresaltos,disgustos y privaciones con que el Gobierno y sus subordinados obsequiaban a diario a aquella desamparada comunidad, sino que se añadieron los despojos y amenazas de las cuadrillas de salteadores que merodeaban por los alrededores. Una de eUas, compuesta de veinte hombres armados, se presentó en abril a robar en las propiedades del Mo¬ nasterio, de cuyo hecho se dió cuenta al capitán general de Ca¬ taluña y al comandante de las Escuadras de Valls, a pesar de lo cual continuaron los bandidos haciendo de las suyas por todas aquellas encontradas. El día 3 de mayo se dió la orden de que el abad entregase toda la plata labrada que quedó reservada y obraba en poder del monje mayordomo y no declarada al formar los inventarios primitivos los comisionados del Gobierno. El encargado, decía la orden, recibirá la plata bajo inventario, y se dice a los mon¬ jes que eUa está destinada a distribuirse entre los monjes a pro¬ porción de la cuota de las pensiones de su segundo trimestre, con arreglo a lo que decretaron las Cortes en 7 de noviembre. No dejaban, los monjes reunidos en Poblet, de celebrar con toda la pomba posible los oficios divinos, y esto aguzó el celo del administrador oficial, que el 8 de mayo comunicó al jefe su¬ perior pohtico que creía que en Poblet debía haber un fondo re¬ servado, por cuanto se habían celebrado las fiestas y funciones de Semana Santa sin que se sepa que ni el abad ni los monjes ni ningún particular haya concurrido a aquella pompa y suntuosidad con que han seguido celebrándose. Tras de esta comunicación REAL MONASTERIO DE POBLET 327 vino la orden, en 12 de mayo, de que se entregaran todos los cubiertos de plata que tuviera el Monasterio. De nuevo el 14 de mayo, catorce ladrones asaltaron la gran¬ ja de CastellfuUit, robando todo cuanto en ella había, después de haber dado muerte al aparcero que cultivaba las tierras. Tam¬ bién esta vez quedaron impunes. Después de tantos vejámenes y de tantas tiranías, acabó el Poder público de consumar su obra con la destitución del abad Torell. De momento, tanto éste como la comunidad protesta¬ ron de la intromisión del Poder en las cosas de régimen interior del convento, haciendo llegar su protesta hasta el ministro Ar- güeUes, ante las pero gubernativas, no tuvieron más amenazas remedio que sucumbir, y ToreU dejó la prelatura. Un mes aproximadamente después, el vicario general de Ta¬ rragona, sede vacante, D. Manuel Llopis, delegó a fray Manuel Valenciano, monje de Santes Creus, para que presidiera la elec¬ ción de abad de Poblet, que debía celebrarse el día 11 de junio de 1821. Reunidos en la Sala capitular los monjes, bajo la pre¬ sidencia del monje antedicho, y de hacer constar algunos de eUos su protesta por ser la forma en que se iba a celebrar la elección contraria a las órdenes y leyes del Císter, se procedió a la elec¬ ción, depositando todos su papeleta en una urna o vaso que es¬ taba sobre la mesa que presidía el citado delegado y los escru¬ tadores. Verificado el recuento, resultó que el Rdo. P. Barba había reunido veintidós votos de los cuarenta y un votantes, y siendo, por lo mismo, elección canónica formal, quedó elegido abad 102, 48 cuadrienal, D. José Barba, que ya lo había sido anteriormente. Obtuvieron catorce votos el ex abad Esteban Torell; un voto fray Esteban GraneU, y cuatro votos en blanco. No por haber cambiado de abad quedó tranquila la comuni¬ dad de Poblet; siguieron las requisas de joyas y ornamentos, quedando solamente en poder de los fraües lo que expresa este inventario, que el Crédito público les dejó en depósito para las necesidades del culto. 328 REAI< MONASTERIO DE POBEËT L Ét, /f(ÍdCuíM ^\j li. úJa) > J ! iWy^ fty A Xr« É A iictAo*.#* - we / /^ 4 c«^-' tJ-K^ J ¿^eÀH l/t* àJL JLcr^ch fê.l ù^r-e.^ ¿ /; .Í ¡/cJfi rm. L ^ (^rt^ *J ^ y-w/C-^í»^ f fûYrr'»- ■ d ^dedca^cA d-^dí'x A*f /a-rrt^y» d dí yg^cAA. JjL. 4'rtJLA¿¿' V ^A*d*iO. k ^íh• ûl,é ô-ffa £^d'^k d /eÂ^ ví^J«íC^<^ ûifA Cyr» \/f^S^. ^í/y ¿d /yt^ /f7C0yrf0^/L960^ . 0 /^ A^/ofé'. A ^ ^ ■ •rf$Ó^Cr0^ - pL ¿^yyyA Á. £. í./Í^C^ >^y|g>- k^ídf'P^ C^·-^·-- ^4ibyv_- ^(í. c,*te* REAI, monasterio DE POBEET 329 JL /a ^ Jir^ Â. Jjt, . O-^e^ ■fTx.^^C'*--^ ^-·• Cfi*^ Ccry ¿VM yi - CrttK. C^ ÉJL 9w*ACt/'A. . ^-A ^VACi ^VACJLV^ /'VAcJLtAiA rr^-A rre.y ^ 5^^ {' <^ fxiy^tte^ At^cvr iXt t/t C-*^5^ÍW- -/'" - <3^^ rrtAA^y ¿^- JL·. âJ^^v^fcvi-êf*eA**-*t/'e.y A/ ÛA^Â^/a vr jt,,/ f'e^A^ e^-fA «* /f^ 'jf. e^rcAÀi^JAV ^^e^nAC. y- VC >^e. CyflpO-r^ ^ J Ci*-»** .^^L^t-rà, ^ ¿^ycftVJL^ yít^U t. u-<»^ Algunos de los monjes trapenses del Monasterio de Caspe se sublevaron en la plaza del Monasterio al grito de \Viva el Rey y la Religión y muera la Constituciónl Reunieron un puñado de hombres, a cuyo frente se pusieron Antonio Marañón, fraile trapense; mosén Bautista de Prades,* y un tal Cabessa, de la ♦ Mosén Bautista de Prades era hijo de unos pequeños propietarios. Le llamaban Mantellina porque llevaba una pequeña capa de abrigo con ribetes de terciopelo. Al sublevarse en 1822 reunió una partida de unos cien o ciento cin- 330 REAL MONASTERIO DE POBLET Espluga y se lanzaron al campo, perseguidos de cerca por fuer¬ zas liberales, que les obligaron a traspasar las sierras vecinas e internarse en las Garrigas y Urgel, en donde se juntaron al ge¬ neral Romagosa, sublevado, también, en favor del rey absoluto. A los pocos días, las fuerzas liberales se Uevaron presos al resto de los monjes trapenses que no habían tomado las armas, y fueron luego desterrados a Mallorca. Al entrar en Montblanch la tercera división del ejército de operaciones en 26 de noviem¬ bre de 1821, los pocos monjes que había reunidos en Poblet aban¬ donaron el Monasterio. Pordisposición del comisionado de Hacienda de Tarragona se establecieron celadores en el portal de Poblet, mandando cerrar el convento y todas las casas de dentro de la cerca, y fueron trasladadas a Tarragona todas las joyas, ornamentos y útiles del culto. Poco después fué asaltado el cenobio, forzando las puer¬ tas principales del templo y cometiendo daños de consideración, por los vecinos de los pueblos de la comarca. Se hizo responsable de lo ocurrido al alcalde de Vimbodí. En esta invasión fueron respetadas las tumbas. Los libros de la notable biblioteca de D. Pedro A. de Ara¬ gón fueron cuidadosamente trasladados a Tarragona, con las alhajas y archivo del Monasterio, en bien dispuestos cajones, conducidos en nueve carros custodiados por una columna, al mando del coronel Lersundi. El traslado costó la suma de 2,243 reales y 3 maravedises. Las preciosas estanterías de ébano y cristales de Venecia sufrieron en época notables desperfectos, y tampoco resul¬ esta taron ilesas las preciosas reliquias que habían sido escondidas entre la bóveda y la techumbre de la Iglesia. La rapiña con¬ tinuaba durante este tiempo, no sólo en el Monasterio, sino en el bosque, y a tal atrevimiento llegaban los salteadores, que si cuenta hombres de Poblet. Antes de internarse en las Garrigas y Urgel hicieron una excursión o correría por el campo de Tarragona, llegando hasta mitad de ca¬ mino entre Cambrils y Viñols, donde tuvieron un fuego con los milicianos de Mont- roigy de Reus. Mandaba los milicianos de Montroig un guerrillero venido de la Habana, conocido por Quicu, y los voluntarios de Barberà los mandaba el barón de Barberà. Mosén Bautista murió beneficiado de la Espluga. Notas dadas por el P. Baltasar Sentís, exclaustrado de San Francisco de Reus. REAt MONASTERIO DE POBRËT 331 los guardas se oponían a sus fechorías, les agredían, y llegaron a quitar la vida a alguno de eUos; bien claramente lo dice Basora oficialmente al jefe de Tarragona al comunicarle que el día 4 de abril de 1822 fué asesinado por gente armada un guarda de Poblet llamado Juan Roig (a) el Plom, otro de los más valientes de la brigada de Poblet. Durante todo aquel año y gran parte del siguiente continuó abandonado o casi abandonado el Monasterio, y era objeto con¬ tinuo de la voracidad de las gentes poco escrupulosas de la co¬ marca y de otras de lejanos pueblos, que, atraídos por el botín, acudían a saciar sus insanos apetitos de rapiña. El comisario interino de Montblanch, Jaime Anüll, el día 11 de enero de 1823, daba conocimiento por escrito al comisionado subalterno del Crédito público de Tarragona que el día 9 del pro¬ pio mes, los vecinos de Vimbodí, acompañados de la milicia de aquel pueblo, con armas, entraron en Poblet, cometiendo exce¬ sos de consideración en el templo; destruyeron el órgano, robaron verduras del huerto, sülas, cerraduras de los portales y maltra¬ taron de obra al portero, y al día siguiente fué mal herido este mismo empleado, ñamado Jaime Font, por mujeres y niños de la Espluga, que, queriendo seguir el mismo rumbo que los de Vhnbodí, fueron a robar muebles y trastos. Eran tantos los salteadores, queUegaron a hacer frente a la tropa, según dice Basora, que vió cómo se transportaban a Vim¬ bodí varias imágenes, ropas de valor, alhajas y las mitras de pontifical, que fueron halladas en un escondrijo. Había en estos días gran rivalidad entre los pueblos y auto¬ ridades de Espluga y Vimbodí sobre jurisdicción de Poblet. El día 24 de marzo, Basora oficiaba a sus superiores que «Los malévolos o salteadores pegaron fuego a la Iglesia y convento de Poblet, y que habiendo acudido los destacamentos de Vimbodí y de Montblanch, con otras gentes a apagarlo, no pudieron con¬ seguirlo.» En este estado de abandono continuaron las cosas de Poblet hasta que en agosto del propio año 1823, caída la Constitución del 1820, anulada la Ley de 25 de octubre del propio año (por la que se extinguieron las comunidades religiosas y fueron ven- 332 REAT, MONASTERIO DE POBLET dides por el Estado todos sus bienes), reinstalados los frailes en Poblet bajo la dirección de D. Esteban Torell, repuesto en el cargo de abad 103, 4g cuadrienal, dieron principio a las obras de res¬ tauración, en las que, por cierto, estuvieron muy lejos de reinar el gusto, el arte y la magnificencia que en otras épocas y refor¬ mas habían dominado. Gastáronse en las obras de reparación muy cerca de 100,000 duros, de los que correspondieron 18,000 al arreglo del órgano. Finido el período revolucionario, fray Jaime Morató, sín¬ dico de Poblet, pidió que se hiciera un reconocimiento pericial para apreciar los daños sufridos por el Monasterio durante los tres años anteriores. En abrü de 1824, el alcalde mayor de Montblanch nombró a José Altarríba y a Antonio Andreu, al- bañiles; a José Rubio y José Miquel, carpinteros, y a Juan Es¬ trada y José Panadés, cerrajeros, fara que en los días y horas que más bien les acomode, sin dilatar el hacerlo, satisfechos, empero, de sus correspondientes salarios, se confieran personalmente en dicho Real Monasterio, y puestos allí, vean, miren y reconozcan todo lo violentado, fracturado, destruido y arruinado en los edificios y accesorios que forman e integran el susodicho Real Monasterio, durante los tres años de la exterminada revolución, y mediante ju¬ ramento, relación hagan en poder del presente tribunal del estado en que se halla el propio Real Monasterio, calculando lo que impor¬ tará reedificarlo en el ser y estado en que se hallaba antes del aten¬ tado cometido. Empezó luego la comunidad el trabajo de hacer restituir al convento todo lo que durante el tiempo del abandono había desaparecido, y con gran trabajo y no pocos disgustos lograron que fuera devuelto una pequeñísima parte de lo robado, pues los que lo poseían se negaban a devolverlo, y se tem'a que acu¬ dir para ello a la justicia. No lograron, empero, resarcirse del tesoro que al abandonar el Monasterio había hecho esconder en apropiado sitio el abad Torell. Sobre de este hecho, escribe nuestro malogrado amigo canónigo Dr. Barraquer (q. e. p. d.), que el M. I. Sr. Canónigo Dr. D. Benito Vidal y Gimbernat le contó que «El superior, al despedir a sus monjes, dió una cantidad a cada uno, parece si REAIv MONASTERIO DE POBEET 333 de unos 40 duros, para atender a su manutención y necesidades. El restante tesoro lo quiso guardar yesconder. A este fin llamó a uno de sus mayordomos o encargados de fincas rústicas, y con él enterraron lá cantidad. El aldeano, no por ruin querer, sino movido de vanidad de la completa confianza merecida, explicó el caso a su mujer. Esta, hija de Eva, aguijada de la curio¬ sidad, preguntó por el lugar del soterramiento, logrando saberlo de la boca del hijo de Adán... La mujer soltó la noticia a los oídos de un su hermano. Ignórase después lo que pasó, pero se sabe que el tesoro desapareció.» En caso de ser verdad esta noticia, opinamos que no debía ser de mucha importancia lo escondido, si tenemos presente que se repartió cierta cantidad a los monjes al salir del Monasterio, y que éste no podía contar con grandes reservas después de los malos tiempos que venía atravesando y de las expoliaciones de que había sido objeto. El Rdo. P. Fr. José Queralt fué elegido, en septiembre de 1826, ahad 104, 50 cuadrienal. Ocupóse principalmente este abad en continuar la restauración de la casa y haciendas de Po¬ blet. Como él, persiguió con ahinco a los que poseían cosas u objetos que habían sido substraídos del convento, y como él, acudió en más de una ocasión a las autoridades superiores del Principado, logrando alguna vez el apoyo de ellas. En diciem¬ bre de 1827 alcanzó que el capitán general de Cataluña, conde de España, mandara por oficio al señor baile del término de Poblet que le devolviera las diez y seis armas que tenía depositadas, y que pertenecían al Monasterio. En virtud de estos pleitos y el del bosque, en el que había aumentado de una manera desenfrenada la tala del mismo, por la falta de amparo de las autoridades, a eUas tenía que acudir reiteradamente el abad para que pusieran freno a tan escanda¬ losa expoliación, Uegada a tal extremo, que una vez «los guardas consiguieron prender treinta y dos leñadores con sus bestias de carga, que fueron llevados al Monasterio, donde los hombres recobraron la libertad, mas no las bestias, decomisadas por el abad para ser vendidas en pública almoneda». (Toda.) D. Sebastián Gatell, natural de Vallmoll, fué el último abad, 334 KEAI, monasterio de POBEET con el número 105, 51 cuadrienal, elegido en el año 1831. Hom¬ bre bueno, sí lo era este abad, pero débil de carácter, pusilánime y sin energía alguna para dominar los exaltados ánimos de las dos fracciones o bandos en que se habían dividido los monjes del Monasterio. Carlistas unos y liberales otros, sus luchas eran continuas, y tenían en constante desasosiego al infeliz abad, que no sabía qué partido tomar. No bastaban estas luchas intestinas, habíanse que añadir las extemas. El día 5 de diciembre dé 1832 hubo en el bosque una acalorada lucha entre los guardas y muchos vecinos de Vim¬ bodí, de la que resultaron muchos heridos por ambas partes y muerto uno de Vimbodí. El 27 de noviembre de 1833, el alcalde mayor de Montblanch, en vista de los partes del bañe de Poblet y de los guardas del bosque, mandó una porción de tropa armada, que hizo retirar a unos cien vecinos de Vimbodí que devastaban el bosque en las inmediaciones del Monasterio. El.4 de diciembre siguiente, el comandante de armas de la Espluga envió los Mozos de la, Escuadra, quienes sorprendieron otro gmpo, de los que arrestaron ocho o diez, y los condujeron, con sus caballerías y cargas, a la disposición del mismo alcalde. Todo era en vano; envalentonadas aquellas gentes por la impimidad en que queda¬ ban sus fechorías, al día siguiente volvían a las andadas. El abad GateU, en un largo y razonado documento, pedía, en 21 de febrero de 1834, amparo al subdelegado de Fomento, dándole cuenta de los vejámenes sufridos por la comunidad y empleados del Monasterio y de los daños causados en el bosque por gentes de Vimbodí. Al mes siguiente (12 de marzo), el bañe de Poblet dirigía al mismo subdelegado una denuncia con¬ tra el dueño del Mesón de la Caña, de Vimbodí, por haber cor¬ tado uno de los árboles más corpulentos del bosque, llevándo¬ selo arrastrado por cuatro caballerías, que utilizó para hacer lo que vulgarmente se Uama una verga, para un molino aceitero, y que, a fin de que nadie le estorbara, se hizo acompañar por cuatro hombres armados. A los dos días se le vió conducir en un carro otra pieza igual a la anterior. Acabó el cuadrienio el P. GateU, y a causa de la guerra y des¬ órdenes de la comarca, no pudo celebrarse la elección de nuevo REAL MONASTERIO DE POBLET 335 abad, encargándose de la dirección del Monasterio el prior pre¬ sidente D. Ramón Bertrán. Poco, muy poco deseable era en aque¬ lla época la jefatura del cenobio populetano, porque, además de la hostilidad de las gentes de los alrededores, hacía tiempo que a causa civil se veían los monjes a menudo asediados, de la guerra tanto por unos bandos como por otros, amenazados y castiga¬ dos unas veces por creerles complicados con los carlistas, como sucedió el día de Viernes Santo del año 1835, que «se presentó al Monasterio de Poblet D. N., comandante de Miqueletes, con su compañía, por la mañana, habiendo tomado antes de entrar al Monasterio una libra y media de aguardiente. La comuni¬ dad, mirando, no obstante, a este pájaro de mal agüero, conti¬ nuó sus actos, y cuando el aguardiente empezó a fervorizarle, llamó a la comunidad, que estaba entonces en el Coro, y los ministros, que, según costumbre, cantaban el Passio en el pres¬ biterio, continuáronlo solos. «Teniendo a la comunidad reunida en la sala de la bolsería, empezó a hablar todo aquello que el espíritu de vino le dictaba, y conociendo los monjes el espíritu de su elocuencia, se marcha¬ ron unos tras otros al Coro, quedando el Rdo. P. Prior Presi¬ dente, el Rmo. P. M. Fr. D. José Queralt, ex vicario general, el R. P. M. Fr. D. José Roca, el R. P. Fr. D. Francisco Camín, lector; el R. P. Fr. D. Francisco Pallerola, síndico, y los con¬ versos fray Antón Serra y fray Francisco Mariné, a quienes dió orden de partir dentro cuatro horas al Monasterio de Rueda, en Aragón, donde fueron desterrados.» (Manuscrito del P. José Riba, en poder de los monjes de Ballbona.) Otras veces eran molestados por los carhstas, que aseguraban que en el convento había una fracción que había tomado la defensa del partido li¬ beral. No estabadesprovista de fundamento esta opinión de los carhstas, pues se dió el caso que al llegar alMonasterio a prime¬ ros de juho de 1825, una partida de unos seiscientos a setecien¬ tos hombres, mandados por el cabecilla conocido por El Llarch de Copons, encontraron seria resistencia que ofrecían desde el cimborio en donde se habían hecho fuertes «una docena de mon¬ jes mozos, resueltamente apoyados por alguno de los antiguos y 33*5 RHAL, MONASTERIO DE POBEET sin por esto abandonar su claustro, insensatamente cubrieron el cerquillo con una gorra de miliciano; ciñeron el blanco hábito con la negra canana; y sus manos destinadas a cálices y discipli¬ nas empuñaron un fusü en defensa de la reina Cristina». (Barra- quer). Esta actitud dió lugar a una serie de negociaciones, que terminaron con la rendición de los monjes liberales y la entrega de las armas que poseían los amotinados, así como también para su defensa poseía el Monasterio, y a cambio del perdón exigió El Llarch de Copons una crecida suma, que el padre bolsero se vió imposibilitado de aprontar, pero, en vista de la actitud ame¬ nazadora del cabecilla carlista, los monjes, reunidos en la Sala capitular, acordaron que se le entregara la cantidad menor que fuese posible. De este acuerdo se levantó acta y se libró, por el secretario de la comunidad, un certificado al padre bolsero. No tenemos noticia de la cantidad que por último se entregó al cabecilla. Providenció el reverendísimo vicario general, el M. Torregro- sa, el nombramiento de prior presidente, eligiendo al ex abad P. Fr. D. Sebastián GateU. Reinando la discordia los pueblos vecinos, con las luchas con intestinas que estaban en su período álgido, debido a las ideas modernas de algunos de sus monjes, las matanzas de religiosos en Madrid el 17 de julio de 1834, en Zaragoza el 3 de abril y 6 de juUo de 1835 y en Murcia el 6 de abril del mismo año, y la exaltación de ánimos en todos los ámbitos de la nación con mo¬ tivo de la inacabable guerra civil, nada tiene de extraño que no se disfrutara en Poblet de aquella paz y aquel sosiego nece¬ sarios en una casa moradores se dedican a la penitencia, que sus a la oración y al culto divino. Llegó el malhadado 22 de julio de 1835, día en que en Reus, con preparación meditada, se lanzaron a la calle las turbas, y con loco frenesí hicieron víctimas a los frailes de los descala¬ bros que ha poco había sufrido un destacamento de urbanos de Reus en la ribera del Ebro, al ser sorprendido por los carlistas. En aquella infausta noche mortalmente heridos y per¬ cayeron dieron sus vidas una infinidad de religiosos de San Francisco y Carmelitas descalzos de aquella ciudad, y fueron pasto de las O h3 y// ■ir/y?zw'Zj2^ÛMâfJ!.v ■ /rz-^ ¿■ÍZJÀ.ÓY'· \/^xzyí7er,fZk¿.a'jiA! UÍ de la Corona de Aragón (Barcelona). » del Real Patrimonio ( Barcelona). » Municipal (Barcelona). » Histórico de la Ciudad ( Barcelona). » de Escornalbou (de don Eduardo Toda). » Parroquial de Prades. » Espluga de FrancoU. BibiioTECAS : Mmsêo Balaguer (Villanueva y Geltrú). » de la Universidad de Barcelona. » de Catalunya ( Barcelona). » Arús (Barcelona). » Escuela de Arquitectura (Barcelona). » Provincial de Tarragona. I) del Monasterio de Vallbona de las Monjas. Armengoi, y de Aymerich, Antonio de, Cathalogo de los Varones Illus¬ tres en Santidad y Letras que han florecido en el Real Monasterio de Ntra. Sra. de Poblet, desde el año de su fundación que fué el de 1150 del Nacimiento de Christo. (Manuscrito.) Aeegret, Adolfo, El Monasterio de Poblet. Anuaris de l'Institut d'Estudis Catalans. Aragón Fernández, Antonio, El Real Monasterio de Poblet. Aragonés, Francisco, Los frailes franciscos en Cataluña. Arco, Ángel, Restos artísticos e inscripciones sepulcrales del Monasterio de Poblet Argaiz, p., La perla de Cataluña. Baeaguer Víctor, Las ruinas de Poblet. » » Los frailes y sus Conventos. i> » Historia de Cataluña. » » Las calles de Barcelona. » » Cuatro perlas de un collar. » » Historia de los trovadores. 356 reai, monasterio de pobeet Bargadâ, Mn. Francisco, Compendio histórico del Real Monasterio de Vallbona de las Monjas. Bargadá, Mn. Ramón, Memoria histórica de la imatge de Ntra. Sra. del Tallat. I) » » La Virgen del Tallat. Barraquee, Cayetano, Las Casas de religiosos en Cataluña. » » Los Religiosos en Cataluña. Barrera, Mn. Jaime, Artículos periodísticos numerosos sobre Poblet, y Me¬ morias de la Real Academia de Buenas Letras (Barcelona). beuter, Pedro Antonio, Crónica general de España. Beaumont, Fr. Jaime, Historia de los Monasterios del Císter. Boades, Mn. Bernat, Llibre dels feyts darmes de Catalunya. Boix, Vicente, Xàtiva cristiana. BoFARU.r,E, Andrés, Poblet. BoFARUEE, Antonio, Historia de Cataluña. Bofaruee, Jaime, Una Biblia de Poblet a Escornalbou. BofarueE, Próspero, Los Condes de Barcelona vindicados. » » El Parlamento de Caspe. Bruniquer, Fsteban, Rúbrica. Butlletins de l'Associació Excursionista de Catalunya. I) del Centre Excursionista de Catalunya. Camós, Fr. Francisco, Jardín de María en el Principado de Cataluña. CarboneeE, Pedro Miguel, Crónica de España. Carreras Candi, Francisco, Geografia General de Catalunya. Chía, Julián, Bandos y Bandoleros. COCK, Henrique, Relación del viaje hecho por Felipe II, en 1585, a Zaragoza, Barcelona y Valencia. CorolEU, José, Dietarios de la Generalidad. » » Documents històrics catalans del segle xiv. Cortada, Juan, Historia de España. DESCEOT, Bernardo, Historia de Cataluña. Desdevises du Dezert, G., Barcellone et les grands sanctuaires catalans. Diago, p. Francisco, Crónica de España. Domènech y Muntaner, Duis, Historia y arquitectura del Monasterio de Poblet. Estudis Universitaris Catalans. FEEÍu de EA PeSa, Narciso, Anales de Cataluña. FERRER, Raimundo, Barcelona cautiva. Finestres, Jaime, Historia del Real Monasterio de Poblet. FXórez, Merino y Dacanae, España sagrada. Gaeeis.4., Duciano, De vita et scriptis Josephi Finestres et A. Montalvo. Gebhart, Víctor, Historia de España. Gras v Eíi.ías, Francisco, Historia de las hermitas del Arzobispado de Ta¬ rragona, reai, monasterio de pobeet 357 Jaime I, el Conquistador, Crónica de... Janer, Florencio, Compromiso de Caspe. Jornet, I