;- ',' CAPITULO VII (as marcas lapi�arias be la Sec Al tratar de la historia de la Catedral no debemos pres­ cindir de un pormenor, íntimamente relacionado con la obra de su construcción y en estrecha conexión, sin duda, con sus principales operarios. Nos referimos las a marcas o signos 'lapidarios que apa- recen trazados en cada uno de los sillares que componen la , fábrica y que muy bien pueden ser tenidos como verdaderos documentos 'históricos cuya significación merece estudiarse; porque algo de curioso e instructivo han de decirles al investi­ gador y al critico estas marcas tan general y sistemáticamente empleadas por los antiguos lapicidas. La lapidaria es realmente un documento histórico marca anejo a la propia arquitectura de la Catedral, inseparable de ella, que arranca de sus cimientos y va siguiendo todo el curso' policentenario de su construcción. A la luz de este documento, la fábrica catedralicia nos habla, aunque con lenguaje mndo, por sí misma. Sus paredes y vetustos sillares son como sus las páginas de un códice que nosdicen mil curiosas leyendas y nos representan, gráfica­ mente escrito sobre piedra, algo de la historia de su arqui­ tectura. Cada una de estas marcas es como la cédula de identidad de uno d'e aquellos antiguos obreros de la piedra labrada que, con elnombre de piquers, picapedreros o lapicidas, llenan los Llibres de l'ObTa de la Seu y que, del trabajo de sus manos Y' de las mara villas de sus martillos y cinceles, no nos dejaron otro recuerdo que el de signos extraños, que esos como son la rúbrica, cifra de toda gloria. su Quien pretenda estudiar la Seo tortosina, no en su gran­ dioso conjunto, en toda la magnificencia de su arte y en sus líneas princípales, sino en los pequeños pormenores, hallará, a poco que repare, esos signos extraños, trazados en cada uno * �>< �. 92 . de los sillares que forman su total estructura, signos alíabéti- cos, geométricos y cabalísticos de mil diversas formas, espar­ cidos a granel por bóvedas y arcadas, pináculos y arbotantes y en toda su extensión, desde el ábside primitivo hasta bien cerca de la tramada inmediata a la fachada, donde dichos signos desaparecen por entero. De estos signos hemos tenido la curiosidad de copiar una gran porción, los más importantes y más típicos, tomados de todos los contornos, extremos y tramadas del exterior de la fábrica, recorriendo los pasos de ronda¡ que circundan los tejados de las naves superiores e inferiores. Ellector puede ver dichos signos, representados el en gráfico adjunto y en la proporción que aparecen diseminados por todos los silla­ en res de Ios diferentes compartimientos del plano general de ia ' Seo. Cada sillar lleva grabado alguno de estos signos, verda­ deras marcas o contraseñas de los picapedreros, lapicidas o piquers, como se les designa, en los libros de obras, a los obreros dedicados al trabajo de cantería y tallado de la piedra. El de uso lapidarias es antiquísimo, anteriora la marcas era cristiana. Algunas pueden. verse en construcciones de la época romana; y cabe citar, como ejemplo, varios de los silla­ res de la muralla do Tarragona, levantada sobre el primitivo muro ciclópeo, que se hallan marcados con signos, que bien pueden considerarse como precedentes y preludio de la cos­ tumbre, más tarde establecida y generalizada, de signar toda la piedra labrada en las construcciones ele la Edad media. Esta autiquisima costumbre de signal' las piedras, que dejó rastro en las murallas de la vieja Tarraco, desapareció durante ellargo período en que el sillar, mal trabajado, .fué la única obra de cantería usual en la construcción. Hace observar Puig y Cadafalch, que aquella costumbre reapareció a últimos del siglo XII, adquiriendo verdadero ca­ rácter y estilización las marcas propias de la arquitectura de la Provenza (1). De aquí seguramente la razón porque el uso de las (1), «L'Arquitectura Romànica en Catalunya». Vol. III pago 66, 67 Y 68. Puig i Cadafalch. 93 '-- mismas llegase a su apogeo durante el tiempo en que predo­ minó el estilogótico en la arquitectura. ¿Qué significan estas marcas? ¿Qué particularidades espe ciales ofrecen las marcasde la Catedral tortosinas Estas marcas, sin duda alguna, fueron la contraseña par­ ticular de los lapicidas, algo así como la firma distinguía que el trabajo de cada Tales marcas lapidarías debieron ser ul}o. individuales y significativas, por las diversas formas que afectan, del nombre de cada lapícida o quizás de la profesión, aficiones, religión, familia, asociación u otra circunstancia per­ sonal característica. Pudo bien ser que hubiera alguna marca de significación colectiva, de familia o gremiaL Desde luego las había, como hace notar Lampérez en su «Arquitectura Cristiana Española", de carácter familiar, que se heredaban de padres a hijos, y representativas de logias o asociaciones masónicas, ('�) verda­ deros gremios de obreros, 'que en la edad media constituye­ ron una clase social dedicada especialmente a la construcción de las grandes catedrales. catalán Oadafalch, antes ci­ El célebre arquitecto Puig y tado, las divide y clasifica también en marcas gremiales, co­ lectivas e indíviduales. las familiares, de ca­ Las marcas gremiales fueron, como rácter hereditario. Entre las que llevamos señaladas en el gráfico, las hay algunas, entre ellas la más sencilla, la alfa bética A, pongamos a alguna logia o asociación por caso, que debieron pertenecer la multitud de sillares con ellas señalados gremial, así por como por la época diferente en que se emplearon. Muchas de las otras marcas debieron de ser de uso parti­ cular individnal, pues figuran no repetidas tan y aparecen em­ pleadas, por su localización, en un lapso de tiempo limitado, el tiempo comprensivo de la vida profesional de un cantero determinado. Muchas de las marcas lapidarias, signadas en los. sillares de la Oatedral tortosina, figuran también en los sillares de \ *) Es preciso nolar que estas asociaciones, llamadas masónicas, no la finalidad anti­ tenían el carácter de las actuales del mismo nombre, ni el secreto de las mismas. rreligiosa y revolucionaria que constituye 94 otras catedrales y de notables edificios ci viles de distintas po­ blaciones de Cataluña y mediodía de Francia, contemporá­ neos de nuestra Seo o poco más antiguos (1). Ello puede indicar que algunos de los lapicida s que tra­ bajaron aquí, venían desplazados de otras obras similares, bien de las marcas del país o del extranjero. ¡ Respecto ele las grafías o signos lapidarios, hay que ob, servar que algunos de estos signos aparecen representados por simples letras alfabéticas. Abundan, por ejemplo, las letras A, P, S, M, R, etc. No será caprichoso pensar que la letra A puede responder a Ja abreviatura de nombres de conocidos lapicidas, que se sabe trabajaron en la Seo de Tortosa, como Anglés y Arnau; la P a Pujol o Pedro de la Cuesta; la S a Segrera o Sciciliá; la M a March; la R a Rabat o Lorenzo Raxals, et sic de cœteris. Otras marcas, la inmensa mayoría, aparecen representa­ das por signos simbólicos del trabajo, por el hacha y la azuela; signos religiosos como la cruz, en sus variadas formas ele Tau, de cruz latina y cruz griega; signos astronómicos, en forma de estrella, de sol, de glo bo terráqueo, . signos guerre- ros, representando flechas, ballestas, etc., etc. Una particularidad hay que anotar. Las marcas de los la­ picidas, además de su carácter distintivo, debieron ser signi­ ficativas de las aficiones e ideología de.aquellos obreros ... ; Dentro de la variedad geométrica de aquéllas" abundan casi por igual las dos líneas fundamentales de.Ia gráfica: la recta y la curva .. Entre las, combinaciones resultantes del uso de la .línea recta, aparece muchas veces el trazo de la cruz, bien en forma latina o en forma de aspa, rematando la marca, o en cualquier otra traza y combinación. El uso de la cruz, formando el mo­ tivo principal de la marca, añadida o accidentalmente a ella, indica bien las claras la a significación y profesión cristiana de propietario. su Se emplea algunas veces la línea curva, afectando la forma de media luna, y es sabido que en aquel tiempo, cuan­ do se edificó la mayor parte de nuestra Catedral, en Tortosa (1) Pueden verse en Poblet y en las catedrales de Barcelona, Lé­ . rida, Tarragona, etc. t .. � 95 I habitaban muchos moros de los que quedaron naturalizados en nuestro país, después de la reconquista hecha por Ramón Berenguer, y consta por los Llibres de l'Obra de laSeú que mores trabajaron a sueldo de los Mestres algunos de estos de dicha obra C). No de extrañar que los moros lapicidas, por imperati­ es vo de la raza y reminiscencias de religión, empleasen en sus contraseñas Ia línea curva, que les recordaba la media luna de sus lábaros. ¿,No pudo ser tàmbien, como se nota en algunas , marcas, que aquellos que emplearon combinadas Ia línea curva.y la cruz fueran mores más o menos auténticos? Se hallan real­ mente marcas que son combinaciones de la cruz y la media duna. Esto era algo así como una mezcolanza de religiones. Es de presumir que los piquers que emplearon esta' clase de marcas eran los mores convertidos, aquellos que, pr:opter a Mahoma, meium, traicionaron públicamente que más tarde fueron conocidos conel nombre de moriscos y que, en reali­ dad, nunca se convirtieron de verás. Otra observación puede hacerse respecto de las renom­ bradas de los 'canteros tortosinos, y es que el uso de marcas ellas desapareció antes de terminarse las obras de la Catedral. A medida que iban adelantando dichas obras, desde el ábside hasta la fachada principal, que es el curso seguido en su ejecución, s'e nota una disminución progresí va en el uso de las marcas, hasta llegar a la última tramada, compren­ dida entre la capilla de San José y el Irontispício, donde des­ aparecen por entero. Al parecer, los obreros, alejados de la y to­ antigüedad cados ya del nuevo ideario de la civilización contemporánea, que se avecinaba, empezaron a renunciar a sus tradiciones castizas y a sus prestigios profesionales, para lanzarse al des­ peñadero de las grandes convulsiones del obrerismo actual. Con vienead vertir que el uso de las marcas no fué cos­ tumbre exclusiva de los lapicidas tortosinos. La misma cos- , (*) En muchas de las rúbricas de los libros de administración, exis­ tentes en el Archivo Capitular, se hallan de pago de jornales a partidas obreros moros, y como a tales se les cita y nombra. En otros capítulos de la obra, se registran algunas de dichas partidas. 96 tumbre observaron los obreros de todas las antiguas catedra­ les y edificios civiles de España, como puede verse en las magnificentes fábricas de Barcelona, Tarragona, Palma de Mallorca, Segovia y otras que fuera prolijo enumerar. Hay que advertit', además, que el uso de las marcas vino importado de las regiones del Norte, que se impuso con las magnificencias del estilo gótico. Pueden observarse aquéllas en las catedrales de Estrasburgo, Nuremberg, Maguncia, Zurich, Colonia; y desde la Germania, donde florecieron leis grandes maestros del arte, pasó el uso de las marcas a Reims, Chartres, Avignon y a todo elmediodía de Francia, cuyas so­ ciedades de obreros trashumantes fueron recorriendo toda la Europa occidental y propagando .la sublime barbarie artística, nacida en el sombrío, hiperbóreo país de los teutones. y el mismo enlace de estilos arquitectónicos, que se obser­ va en toda la ruta del goticismo, puede verse en las Iorrnas de las marcas lapidarias, cuyas semblanzas denuncian un en­ cadenamiento de dinastías obreras, que fueron transmitiéndo­ se de generación en generación sus usos, sus costumbres y su común ideología artística. , CAP I TUL O V I II liecursos para la obra Para una empresa de la importància y colosal magnitud de la Catedral, que repr-esentaba un gasto fabuloso, cuantiosi­ simas sumas de millones, nuestros padres, con los señores obispos y el Cabildo a la cabeza, debieron contar con grandes recursos y fiar el éxito de la obrn no s610 a las propias posi­ bilidades económicas, sino que además hubieron de recurrir a todos los posibles esfuerzos, poniendo a contribución los más ingeniosos arbitrios quo, el celo poe la C8Sfl òe Dios, les sugiriese para la con venicntc aportación de los necesarios caudales. Debieron pensar en que la empresa, por ellos valiente­ mente acometida, debía ser obra de siglos, destinada, por lo mismo, proseguida por las venideras generaciones; y a a ser este propósito tanto habían de contar con el-propio como con el ajeno entusiasmo yen l'os estímulos de aquella f'e que tras­ lada las montañas. y en efecto, nuestros padres prodigaron fe y entusiasmo a raudales; y es de ver y admirar la fuerza de voluntad que pusieron en la empresa de obra tan insigne y gloriosa. Ningún medio lli recurso dejaron de apurar, tocando todos los resortes y poniendo en práctica todas las formas y maneras de aportación, con el fin de poder atender a los cuantiosos gastos que imponían obras de tan extraor-dinaria trascend encia. Para que la empresa fuera la empresa de todos, no deja­ ron puerta por tocar, y con celo admirable de apóstoles y en­ tusiasmo de buenos patriotas, obispos y capitulat-es, requirie­ ron el auxilio de lo alto y las expensas de las entidades y per­ sonas de buena voluntad, consiguiendo, con la bendición de Dios.run feliz éxito en la demanda de los necesarios recursos. Así los guerreros defendieron como legendarios antaño 98 sus lares, y forjaron el edificio patrio, con la plegaria en los Jabios y con la tizona en Ja mano, nuestros ilustres prelados y beneméritos canónigos acudieron al, alzamiento de la gran­ diosa Catedral, fiando en Dios, en la propia generosidad y en el desprendimiento de las almas buenas, puesto todo a contri­ buoión con eficacia realmente maravillosa. empresa Iué, como hemos dicho, empresa de La gran todos, obra colectiva, religiosa y social a la vez, obra de Tor­ tosa y de todos los pueblos de su obispado. Al grito de ¡adelante! despertaron todas las generosida­ des ya una aportaron su concurso el clero y el pueblo, los obispos y los ca pitulares, 'los magnates y los vasallos, Jos ricos y Jos pobres. Para dar una idea del ayuntamiento de voluntades y de la prontitud con que todo el mundo asocióse a Ja voluntaria contribución, a merced de la cuál había de realizarse el mila­ gro de la grandiosa obra, no \13y más que ver el espléndido resultado que dieron los mil ingeniosos medios puestos en juego para la captación de recursos. Al objeto de no hacemos .interminables en Ja enumera­ ción de los medios arbitrados, nos limitaremos a condensar­ los en lin índice abreviado, sacado de los libros de adminis­ tración ele la obra', copiando brevemente de las rúbricas, co­ rr-espondientes a los recibos de ingresos, los más usuales de dichos medios ele captación. principal Iundamento del presupuesto de la obra ca­ El tedralicia, o lo que podríamos calificar de fuente del Haber ele este presupuesto, fueron las cuantiosas sumas que el Ca­ bildo y la Mitra destinaron a la fábrica, ele los propios fondos, sin desatender por ello Jas otras sagradas obligaciones de culto y clero. Además de los fondos de la Mitra y de Ja Mensa capitu-. Jar, se destinaron a la fábrica un sin fin de arbitrios y colec- tas, sistemáticamente nes eventuales. En los libros de organizados, la administración y el producto se citan de aportacio- muchos de ¡ estos arbitrios, traducidos en ingresos ordinarios, producto de perpetuos, instituídos a favor de la obra, de anatas censos y medias anatas, de beneficios vacantes, de captaciones orga­ nizadas en todas .las iglesias de la diócesis" de testamentos y • I 99 legados, de donativos de la Universidad (1), de subscripción nacional, debidamente autorizada, de venta de casas y ha­ ciendas propiedad del Capítulo, de dispendios de reyes, de obispos y otros magnates y de sendas aportaciones por el I estilo (2). I El obispo, los canónigos cio de los donativos de carácter y los demás clérigos, sin perjui­ I extraordinario, que muchos de ellos solían hacerpara contribuir a las obras de la fábrica, tenían impuesta una contribución especial, según se despren­ de de la siguiente rúbrica que copiamos, tomada del Llibre 34, correspondiente al año 1549: «Rúbrica de les rebudes que la fábrica de la Beu fa del senyor Bisbe, pabordes, canonges, en dues pagues, una a San Miguel de septembre y l'altra per Pascua. Lo senyor Bisbe 40(1 sous en dos vegades. Lo Prior Majó 8. L'Ardiaca 8. Lo Canonge Carnerari 7. Lo Canonge Sa­ cristá 5. Lo Tresorer 4. Lo Prior- Claustral 4. Lo Decano 4. Lo Precentor 4. L'Hospitalari 4. Los Ardiaques de Corbera, Oulla y de Borriol 4 quiscun ... '> Continúa la lista de los demás canónigos, comensales, no comensales, diáconos, etc. En otro Ingar de los Llibres de l'Obra, las cantidades con (I) En el «Llibre de I'Obra» número 35, (Archivo Capitular) se lee la siguiente nota: «La ciutat dona 200 lliures cada any. Cada mes XVllliu­ res, XIII sous, IV dinés.» 1 (2) Los pr iucípales ingresos para la fábrica pueden reducirse a los 1 siguientes, anotados en los libros de la administración, que lomamos en " su pre pia forma léxica, sin corrección de estilo y de ortografia: "Censals per-petuals, inst itu its a favor de la fábrica. Anates y mijes anures de tots , los beneficis vagants del Bisbat. Dinés trets de la caixa, que estava da­ vaut l'altar major de lu Seu pera lo recolliment d'almoines. Acaptes or­ ganitçades en totes les iglesies del Bisbat. Testaments y llegats a benefici de l'obra de la Seu. Rebudes de dons gratuits. Almoina recullida en los baçins, destinats al objecte totes les parroquies. Ofertes dels ciuta­ en dans de Tortosa y la seva Universitat per a Ia obra. Impetres fetes en les. ermites del Bisbat en romeries y aplecs. Drets de professons de canonjes en I 'enterro de algunes persones. Aniversaris, misses y mesions. Dons de Reis, de bisbes y de magnats, DOllS de lu Generalitat de Catalunya. Acaptes nacionals. Acaptes organitçades per carrés. Vendes de bens del Capitul. Contribució de canonges, comensals y atrcs clergues. Llegats de bisbes, de canonjes y de fam ilies principals. Ii !, I, '" 100 II' que contribuían el obispo y el clero Catedral, aparecen clasi­ ficadas en la siguiente forma: El obispo daba seis sueldos por libra, según la tasa con­ forme a décima. Eran también destinados a la obra de 'la Catedral los de­ I� rechos de posesión correspondieutes al Obispo y al Prior tu Mayor. Los canónigos que tenían dignidad, administración u oficio, daban dos pagas al año, la cuarta parte de la dé­ o sea esto es, seis sueldos por libra en dos términos: cima, por Pascua y San Miguel. canónigos no dignidades, dos florines todos los años, Los en dos plazos. también. II Los clérigos comensales, (diáconos y presbíteros) medio jl Ii florin en dos plazos. Los subdiáconos, (que eran seis en número) dos sueldos en dos plazos. II Los demás beneficiados de dentro de la ciudad y de los. II suburbios, daban, en los dos plazos, la décima de una décima de sus frutos, según la tasa. presbíteros que cantaban beneficie de ausente, la dé­ Los cima parte de lo que devengaban por cada' función. I' Para Í)oder apreciar el importe total de las cantidades con que anualmente contribuía el Clero Catedral con sus ads­ Il critos y presbíteros beneficiados, no comensales, encargados I: de la cura de almas en los suburbios de la ciudad, es preciso " recordar que por aquel entonces los partícipes directos de la Mensa Capitular y sus agregados, rebasaban el número de I: cien, y ordinariamente se contaban por el orden siguiente: : Doce dignidades, que respondían a los títulos que a con­ expresan: Prior, Arcediano Mayor, Camarero, , tinuación se , Sacrista, Tesorero, Prior Claustral, Deán, Capiscol, Hospitala­ rio, Enfermero, Arcediano de- Culla y Arcediano de Borriol. (En algunos libros de distribuciones, a éstos se agrega al Sub­ II' capiscol, que debía corresponder al Sochantre actual). Veintí­ seis comensales, seis subdiáconos y cincuenta y seis presbíte­ ros, beneficiados, no comensales. Ii I� Ii I! 101 /I /I ([attó be 5ábrica Entre los cajou es dol armario gótico del Archi \'0 Ua pitu­ de éstos rotulado con la siguiente signatu­ lar, aparece uno ra: «Caixó de Fábrica». Tratando de estudiar la historia de las obras de la Cate­ deal, hubimos de registrar minuciosamente los documentos interesante con que allí se contienen, seguros de hallar algo relación a la materia de que tratamos. Yefectivamente; lo primero que atrae nuestra atención, entre los documentos catalogados, es un códice en peegamino, cuya cubierta loo ol titulo: «Cartel muy bien conservado, en se do la obra de la Seu». La de esto códice data del pontificado dol publicación obispo Torrelles. I Este obispo de los tres que promulgaron consti es uno tución, aplicando a favor de la fábrica de la Catedral las anatas de los beneficios vacantes. Poco después de dictada la r-espectiva constitución apareció dicho cartel, entre los años 1370 y 1379. El cartel está bellamente escrito en letra gótica monacal y el texto fué dirigido, a modo de pastoral, a los fieles de la diócesis. En dicho documeuto el obispo dispone que il (1610-1614) 1691 hizo donación y Salvador Pruñorosa, Camar-ero, que' eh de cuantiosísima cantidad para la continuación de las obras. Escribimos estas líneas en momentos difíciles para la discusión los bá­ Iglesia sepañola ell que, puestos a principios sicos del orden religioso social y atacados en sn raíz todos los îundamentos del derecho natural y- del derecho escr-ito, jurídicos, amenazan­ parecen desviarse los verdaderos cauces do la ola revolucionaria con Ull trastorno en las icleas sobro las leyes propiedad privada, que así afecta a la individual de la como a particular de las corporaciones. la Cuando la revolución tur-bulenta, venga de donde venga, de la callo o de los altos poderes clel Estado, pretenda atentar contra la propiedad sagrada de la Iglesia, a título de considerar la de ésta como bienes nacionales, con la historia en la mano, podremos señalarles a los detentadorcs el verda­ clero origen de la propiedad eclesiástica. Propiedad intangible contea la que no podrá atentarse sin que, ante la razón y la justicia¡ el detentador quede exento del sambenitode latrocinio. CAPI'J'BLO xr fa pintura en la Seo Nuestra excelsa Catedral Basílica, que es, sin duela, la más alta expresión artística ele Ja ciudad y, al propio tiempo, glorioso jalón que señala, en la historia del ade indígena, el paso de los grandes Mestres d'obra y cuatrocen­ trecentistas tistas, que invadieron, desde el mediodía de Francia, là marca catalana, no es sólo una mara villa de arquitectura, cn sí con­ sider-ada, sino un conjunto de mar-avillas en qllO se contienen y dan la mano todas las bollas artes. Así en como continente y conjunto', magnífico relicario, estudiamos someramente nuestra Seo y compilamos nuestras humildes observaciones en un trabajo monográñco, que Jué laureado años atrás en público 'certamen literario, y no entra­ ña, por lo mismo -ahora, nuestro propósito, el deseo de limi­ tarnos a la ponderación sintética de sus bellezas y filigranas, como ejemplar típico de arquitectura gótica. Mas bien, en este ensayo de historia, nos hemos pro­ puesto, al generalizar el estudio de todos los aspectos artísti­ cos de la Catedral; descender al pormenor de cada uno de éstos; y es llegado el caso de discernir lo que, en materia de arte pictórico, el buen gusto, la devoción y la esplendidez del Capitulo y de piadosos donantes, aportaron, a través de los siglos, en forma de retablos, de frescos y de lienzos. Hemos de sincerarnos de antemano, por si alguien' en­ tendiera que entraba en nuestro ánimo el intento de presen­ tar nuestra Seo como una pinacoteca de altos vuelos. En tal a exageración no hemos de incurr-ir por estima a la verdad y a la justicia. Desde este punto de vista, la Catedral tortosina no puede ser presentada como un modelo. En valores pictóricos se caraoteriza en general por una relativa modestia, aunque tal vez estamodestía no deviene de histórica ascendencia, ni es propiedad suya consuetudinaria, supuesto que existen mo­ tivos para creer que, en otro tiempo, Iué nuestra Catedral rico 125 m USf'O de valiosas ta blas, hoy extintas a dispersas, según puede comprobarse por reí'erencías de las actas capitulares. En la actualidad, a que vamos a ceñirnos, los restos de arte pictórico, que se guardan en la Basílica, pueden clasif'í- s " ::: r carse en pinturas murales, lienzos, tablas, cobres y algunos vidrios. Los hay de autores antiguos modernos; de autores y conocidos y de. autores desconocidos, a dudosos por· lo ' menos; de autores indígenas y de autores extraños. En cuanto a su valía importancía pueden enumerarse e algunas pinturas, verdaderamente notables por �u mérito in­ trínseco, aunque la mayor parte tienen un valor relativo, o bien por razón de la época a que pertenecieron o por otras -atendíbles circunstancias. k Para dar algún orden a estos ligeros apuntes, empeza- reinos por anotar los varios géneros de pintura acopiados en la Real' Capilla de la Cinta. ',Lo que principalmente llama la atención, en esta capi- lla, es la pintura mural, la única en su de género que puede hacerse mención en la obra de la Seo. , . Por el estilo y factura de 'esta descubre pintura, se .desde luego corresponde que distintas manos, lo cual hemos a tenido ocasión de . comprobar con 'el descubrimiento do clos de 'los pintores que trabajaron en Ia ca pilla, El' Cabildo ajustó la obra con el pintor valenciano Dio­ 'nisio Vidal, disci pulo del célebre Palomino, y se inauguró ésta en 1715, según acta dell O de marzo del mismo afio. : Vidal murió' en 1721, pesar de los seis años transen­ y a rridos, el trabajo quedó inconcluso, a poco más de la mitad, I' o comprendidas la rotonda y parte quizás de las bóvedas. Al morir Vidal encargóse de la continuación de la obra , r , uno de los discípulos, José Medina; venido de Valencia, con el maestro, en calidad de auxiliar. La circunstancia de haber sido varios los autores, ex­ plica las diíerèncías de estilo y de mérito que, a simple vista, pueden observarse on las pinturas murales al Iresco de la mencionada capilla, La mejor de ellas es la parte correspon­ diente a la rotonda, ejecutada por Vidal, el pintor primitivo. Lo más sobresaliente en la capilla, es la píntura al óleo. Hay en este género dos grandiosos lienzos, representando la A nunciación de la Vi1'gen y la Adomción de los Reyes, que cubren los dos primeros entrepaños ele la nave, copias arreqladae ,de los dos cuadros de Mengs, existentes en el Palacio Real y en el Museo del Prado, hechas por Vicente • López, el pintor de cámara de Fernando VII. Hizo donación de estos dos cuadros, el Deán Guerra, en 17'99, para sustituir los dos telones de brocha actualmente gorda, que recubren las paredés de Ia capilla de la Sacristía, donde, está reservada la reliquia mener de la Santa Cinta. 127 Del tortosino Dolç, padre, son los cuadros de pintor la Preseniacionen el Templo y del Nacimiento, que Iiguran en los restantes entrepaños .. Son de autor desconocido las dos grandes cornucopias del crucero. No sabemos con qué fundamento; el ilustrado cronista de la ciudad las atribuye al pintor' valenciano Espí­ nosa. A raíz de la construcción de la capilla ele la Cinta, dominó nuestra Catedral, la escuela valen­ singularmente, en su pintor favorite, ciana, y fué el renombrado López cuyos son también los excelentes cuadros de San Rulo y San Agus. tin, titulares de los respecti vos altares. Lienzo prócer, muy ponderado, de colorido, finísimo también, es la quizás demasiado acromado, de Vicene López del Carmon, que se conserva en la Sacristía mayor. Virgen De más remota t'poca guarda nuestra Catedral una in­ finidad de cuadros, esparcidos por sus capillas y otras depen­ dencias, de escaso mérito artístico en su mayoría, todos de asunto religioso a excepción de cuatro o cinco retratos, reti­ rados en capitular, Merecen, el Archivo no obstante, de entre pictórica, muy especial atención -esta farragosa vulgaridad tres o cuatro lienzos que, en nuestro concepto, se salen del rasero común y pueden ser reputados como de buena escuela, y quizás originales de insigne y determinada personalidad artística. El lienzo de más carácter de nuestra Catedral es, indu- dablemente, el Cristo yacente, momentos después del descen­ dimiento, que está encuadrado del trascoro, y tué en la pared donado a la Seo, en 1822,' por e-l Deán Guerra. La única refe­ rencia .que se hace de él, en cuanto al autor del mismo, en era obra de-um. renombrado pinier, No sa­ acta capitular, es que bemos con qué razón alguien lo atribuyó a Juan de ,T uanes, opinión que no resiste el más ligero asomo de la crítica, ate­ niéndonos nada más al estilo de la obra, opuesto a las mane­ ras del citado pintor. El autor indudable del Entierro de Cristo, (así le deno­ minamos en Tor-tosa), es Ribera, el Españoléto. Para el que conozca el estilo de Ribera, la verdad de esta atribución es de este autor otros tres cuadros incontrastable. Se conocen decir iguales, al de nuestra 'Catedral, muy semejantes, por no • 128 existentes en el Museo del Prado, en el Escorial y en el Louvre de París. El motivo de los cuatro lienzos cs el mismo, los personajes los mismos, la la escena misma; y sólo se nota alguna variante la posición de las lo en figuras, cual aleja la idea de que uno de los cuadros pueda ser una copia servil de, alguno de los otros. Todos cuatro son obra de la misma mano, :v hay que observar, si acaso, que el de mayor mér-ito entre ellos es el n uostro, según opinión de los inteligentes. Do doride se sigue que, negándole la paternidad dol cuadro al pintor valenciano, habríamos de atribuida 'a pintor de más Justo y en vengad u ra que el propio Espoñoleio, La mayor sorpresa que, en punto a atribución artística, podemos brindarles a nuestros lectores, es repr-oducir aquí lo que en un trabajo monográfico escribimos años atrás acerca las pinturas (le la Catedral, ' ) , Transcr-ibimos el 1)::1[,1'af0 que hace a nuestro propósito: «iUN REiVIHRANT!-La Decapitación de San Juan, cua­ dro que está actualmente en la capilla del Rosario, frontero al sepulcro del' Canciller Girona, ¿es en realidad obra ele Rernbrantr Do la autenticidad de este cuadro quizá du­ se pueda dar; pero hemos de formular Ulla observación muy significa tinl. En la colección completa ele las obras de Rembrant, publicada dos tomos, que forma parte de una en galería de autores clásicos, editada en Leipzic, figura un (/{jUafue1':le que représenta la decapitación de San Juan, de grandísimo, por no decir exacto, parecido con el cuadro de nuestra Seo. Et Iondo del cuadr-o, las figuras pr-incipales que de él se destacan, la disposición ete estas figuras y la actitud der Santo if delverdugo, se corresponden perfectamente en el ' cua-tro y el aguafuer-te. en ¿,Alguno ete los disc] pulos o imitadores etel maestro fla­ meneo le tomó la idea, y aun los detalles, reprqduciendo el modelo con alguna ligera modificación? , Es Lo indudable que Ia idea y las trazas posib\e. es son de Rembrant. La escuela no miente, es flamenco por sus cuatro costados.» y allá va ·otra sorpresa. Morales tiene también excelsa representación en nues- 129 tra Catedral. De su escuela, por lo menos, es el cuadro de la Asunción de María, que figura en la Sacristía. , I Antiguo retablo de Nuestra � eñoru de los Angeles (Borrnsá) 10 130 Oorresponde a la segunda época del pintor divino, cuan­ do ya éste, curado del goticismo y de sus concomitancias con el Greco, barrunta las formas sensuales, pletóricas, del Renacimiento. Testimonio de autenticidad no podernos ofrecer otro, de momento, que el de que ese cuadro aparece en la colec­ ción de las obras de Morales; y por la marca y sello de época no parece éste una copia, antes al contrario; tiene todas las características de un original mondo y lirondo . . * * * De intento,aun a trueque de alterar la cronología, he­ mos reservado para lo último el hablar de la pintura clásica catedralicia, que remonta sus orígenes a la época gloriosa de los grandes maestros del arte catalán, a quienes, por fin, se .les ha tributado la merecida, justicia; reivindicando el mé­ rito de sus producciones inmortales. Vergós, Borrasá, Huguet, Serra y quizás algún otro de su escuela, dejaron aquí rastro luminoso de su ingenio y - des- treza, en forma de retablos. La época esplendorosa del retablo la tuvo nuestra Ca­ " tedral, recogiendo en su recinto la rica herencia de los cuatro­ centistas; pero, desgraciadamente, el fruto artístico de aquella época quedó extinto en las postremerías del siglo XVI, a raíz de una disposición del obispo Punter, (que justificarían sin duda convenieneias de momento), en virtud de la cual hubie­ ron de desaparecer los antiguos retablos que guarnecían las capillas absidales. Oon esto quedó desterrada de la Oatedral gran parte de la pintura cuatrocentista, para' abrirle paso al barroquismo escultural renacentista, Los retablos fueron diseminados por conventos y parroquias. Al convento de Santa Clara fué a parar el bellísimo retablo de Nuestra Señora de los Angeles, . obra de Pédro Borrasá, del que algunos valiosos restos fueron enajenados por las religiosas clarisas, con el fin de dedicar su importe a reparar parte del convento, amenazado de ruína. Otro retablo, menos notable, fué instalado en la ermita del barranco de San Antonio, y de otros se ignora el parade­ ro, aunque es de presumir que figuren en algún museo 131 arqueológico o en poder de algún �oleccionista de antigüe­ -dades. Mejor que el citado de San Antonio, aunque de época El Retablo de In T'ransfiguración más reciente, es 01 de San Sebastián, que está en ra capilla del Baptisterio corresponde y su factura a uno de los Desis. En la Catedral se conserva, afortunadamente, el más espléndido de los clásicos retablos, el de la Transfiguración, 132 guardado como oro en paño y convertido en altar de la Re­ serva. Del fundador y patrono de este retablo, Pedro Ferrer, I I' así ha escrito como de su paternidad artística y de largo y tendido y la crítica ha dicho, en concepto sus excelencias, se nuestro, la última palabra acerca de todos estos particulat-es. En lo que hay unanimidad de pareceres es en que se trata de una de las obras más ricamente soberbias del arte cuatrocen­ tista catalán. .. Alguna duda se ha suscitado respecto del autor, atri­ buyéndolo unos a Pedro Borrasá, otros a Huguet, pero lo j más seguro y tal vez lo indudable, es que fué obra del pincel de Vergós. Para convencernos de que realmente es de Vergós (1) el .precitado retablo, basta ver la identidad de sus figuras con las del retablo de San Esteban de Granollers, que se halla ex puesto en el Museo de la Ciudadela de Barcelona (2). Otra obra de buena época,' que llama justamente ra atención de los inteligentes, es el frontal del Cristo yacente, tabla temple y también atribuída a Vergós. Lástima pintada al que en algúntiempo fué restaurada y se les quitó el carácter a fas figuras del grupo central. Conservan la pátina y la forma primitiva, dos figuras, laterales, por donde puede apreciarse la prístina factura de la, tabla y su mérito arqueológico. . , Para la historia del arte y de la arqueología, ofrecen algún interés las pinturas que aparecen en el reverso de los postigos del retablo políptico del altar mayor. Recuerdan las maneras de los cuatrocentistas de la escuela italiana, aunque hay que advertir que una de las dos puertas pequeñas íué re­ pintada desastrosamente, siendo sustituídas las antiguas figu­ ras por unos monigotes indecentes. Es también de escuela clásica, la Verónica de la Virgen. que se conserva en el Sancta Sanctorum, entre las reliquias y orfebres del tesoro catedralicio. La supuesta santa faz de la Virgen Marja figura pintada, sobre una tablilla, en forma de (1) Los Vergós forman dinastía de pintores, continuándose sus. nombres por el orden siguiente: Jaime, padre, y sus dos hijos Jaime y Rafael. Acerca de este retablo puede verse el folleto, que tiene publi­ (2) cado el e ilustrado abogado Don joven Cristóbal Graciá, y en el que aparece nimia y sabiamente descrita la notable pintura cuatrocentista. 133 ostensorio, y copia de la que se conserva, �'bhre vitela, en es la Oatedral de Valencia, sacada, como otr:âS IÜu;chas, por el pintor catalán Serra y ordenación del Rey dQn,J�Üî1e.' Resta, para terminar, hacer mención. la Cinta; notable cuadro de Dolcet, hijo, 'dW ��s,�enso .. de la saeris­ existê;�:������ :ii �.�:·!��';t'�1:��! .. . , J , tía del Sagrario, y del Cristo, pintado en lienzo, de género muy aceptable, obra de Juan Desi, el más notable de los artis­ tas tortosinos de su apellido 'T la más alta representación de la pintura sexcentista en nuestra ciudad. Se conserva este Cristo en la Sala Capitular. e A PIT DL o X I I fa tnwasión ·�el. jaspe, o"�:" . j, en lo �atebral • "l."_,,,' .... ',_"" miento Coni i�i�i�'lAtrùsi¿nes, artísti�amente' heréticaadel Renaci­ e1):)à: Catedral, un.lapso degusto degene­ que, marcan, rado en �� qbra y trastruecan la marcha del primitivo proyec­ to, del más: puro estilo .. ojival, coincide la invasión, en Ia Seo, de los célebres jaspes de la cantera indígena, llamada de la - Cinta. � Enhorabuena que el rico jaspe tortosino le diera a nues­ tra ciudad muy justo renombre y merecida fama, en la época esplendorosa de su difusión, entre las principales urbesde la península. Estaba muy bien que de nuestras ponderadas can­ teras se extrajeran centenares de bloques, con destino a la capilla angélica del templo del Pilar de Zaragoza, al convento­ de la Encarnación de Madrid, al panteón de reyes del Esco­ rial y a otros monumentales edificios de España; 'pero non, erai hie locus, no era nuestra Catedràl .Ia "que ,hec¡esltaba el complemento del jaspe, para' dar mayor rea;lc�",.a sq. fábrica. Rabian de verse juntos el jaspe' y la piedra a'r:\3ni§,ca;;,np tanto, por la mescolanza, cuanto por la inoportunidad�Jrdn_ que el jaspe' vino aInterrurnpír y entreverar la inarch� ,;,'6Íliforme .. y severa gótico con sus :dotas discoi-çlantes y del misticismo chillonas, truncando asî'el pensamiento capital d�jo� maestros . , primitivos.' Los,primeros asomos del jaspe aparecerr moteando la fachada principal, en forma dé columnas, timpancs, 'jhmbas y dinteles, en las puertas y en la obra conjunta de los nichos­ y ventanas superiores del primer cuerpo del, interrumpido, frontispicio. En el promedio de los siglos XVI y XVII, durante el pon­ tificado de Punter, hizo su aparición el jaspe en el interior del templo, cuando a iniciativa de dicho prelado se levantó la cé-­ lebre verja del coro, verdaderamente monumental por sus. proporciones, pero desdichadamente lamentable por el mate- 135 rial, de su construcción. Por fortuna desapareció allá por el año ochenta del pasado siglo. La recordamos todavía y sus restos, de mármoles y jaspes, se conservan aún en las traste­ ras de la Catedral. El mayor peligro invasor del jaspe lo corrió nuestra Seo con el proyecto acariciado, en vias de y ya ejecución, de sus­ tituir el actual vetusto retablo del altar mayor por otro de jaspe, encargado a Espinal por el citado Obispo Punter. El encargo no se llevó a término Gaspar" y fué maravílla que tan desatinado proyecto se frustrase. Ya, después de estas iniciales manifestaciones de la inva­ sión novadora, el jaspe prodigóse sin tasa por todo el interior" de la Oatedral, culminando en las dos grandiosas capilla!' del Sagrario, la Real de la Santa Cinta y Sacristía mayor. y no sólo la general y típica arquitectura de la fábrica hubo de sufrir el ataque y la suplantación, por parte del nuevo material de construcción, sino que el arte suntuario, retablos y mueblaje, hubieron de ceder el paso 'a la tentativa de susti­ tución, que se inicia últimamente con los altares de San Ruío­ y San Agustín; amenaza francamente revolucionarla y formi­ dable, que venía a romper con todo el orden primitivo de la Oatedral, incluso con su sello de antigüedad y pátina caracte­ rística. Afortunadamente la profanadora intrusión quedó da las detoní- en capillas de los dos citados altares; porque hubiera sido de ver, y de lamentar, lo que iba a ocurrir de haber pro­ seguido la proyectada suplantación de todos los altares por otros de jaspe, con el consiguiente enjalbegamiento de las. respectivas capillas. Para muestra de lo que hubiera ocurrido, con la total la­ mentable transformación, basta observar el contraste que hoy ofrecen las capillas de San Rufo y San Agustín enjalbegadas, junto al vetusto patinado del resto del templo. Ooincidente con la intrusión del jaspe, otra más funesta herejía artística iba a profanar y a ponerle sello de mal gusto y de novedad presidiable a la vetusta fábrica, con el en­ calado, que había de privarla de su prestancia secular y de aquel carácter de antigüedad, que denuncian los tonos sobrios de la pátina. tan acordes con la solemne mística obscuridad de los templos góticos. 136 Fué verdaderamente una amenaza de profanación gene­ -ral de la Seo, el ensayo de encalamiento, verificado en las capillas d'e San Agustín y San Rufo. Profanación y anomalía, porque francamente anómalo fué el hecho de simular la sillería con un rayado sobre la eal, que borraba las líneas de la sillería auténtica. Un ejemplo de transformación, consecuencia de lo que, en la época renacentista hubo de ser calificado de horror al gótico, tenémoslo en la catedral de Valencia, perdida comple­ tamente para el arte ojival por el morboso afán de acabar, con una supuesta barbarie, por donde se venía a incurrir en otra real y 'más funesta barbarie. Detúvose a tiempo, en nuestra Oatedral, la corriente re­ formadora, aunque con mengua suficiente para poder apre­ dar el gravísimo peligro que corrió tan airoso templo, y pro­ vechosa lección en que hincar saludables propósitos de en­ mienda, En honor de la verdad, sin embargo, hemos de confesar, noble y paladinamente, que la prodigalídad en el empleo del Catedral jaspe y la reforma del estilo artístico de la si, en conjunto, ha sido para ésta un evidente perjuicio, en cambio cabe anotar favor, ella la .alguna ventaja parcial a su y es re- sultante de la construcción de la Real Capilla, que, difiriendo y todo de la fábrica catedralicia, en orden arquitectónico y en material constructivo, es una añadidura espléndida, de sobe­ rana belleza, que realza los méritos de nuestra Seo, como una piedra preciosa realza el valor de un orfebre de riquísimo metal. y váyase lo uno por lo otro. Lo que perdió la Catedral con la invasión inoportuna del jaspe, en el interior y en algu­ nos de los cuerpos, restituyólo de algún modo con la gloriosa erección de la capilla de la Santa Cinta, que es como una va­ liosa perla engarzada a nuestra insigne Basílica. Ii CAPITULO XIII y se ordenen, sus '.. documentos, ¡cuántas noticias curiosísimas y qué inmenso . . ') " Catedral d e Tortosa: El órgano caudal de datos para la historia patria veremos surgir del fondo de la arcaica estantería! Los inventarios y repertor-ios nos dan una idea de los '1 tesoros excelsos que se han custodiado 'en Ia Catedral. Ya es dé ahora el hallazgo de un viejo inventario, correspondiente al siglo XIV, en el que figura la relación de las reliquias que en aquel entonces poseía el Cabildo, entre las cuales se men': 13 178 -oiona la Santa Cinta; documento de valor inapreciable por ser un testimonio autentico, probatorio de antigüedad a.íavor de Jos orígenes de Ia devoción de Tortosa a su Patrona. , El protocolo de antiguos manuales notariales, y los libros : -de actas del Capítulo, nos revelan la historia artística de la ·Catedraly de sus .suntuosas dependencias y ponen al descu­ bierto los nombres de los arquitectos que la I proyectaron y prosiguieron sus obras; los canteros y picapedreros (lapicidœ) I ! que labraron los sillares; los escultores, tallistas y pintores, exóticos o indígenas, que intervinieron en la , ejecución de las fachadas, pináculos, altares y retablos; los orífices, plateros y i !. or[ebres que construyeron los relicarios, ostensorios, urnas y otros útiles Y' artefactos propios del culto. Las bulas pontificias, las cartas reales (1) y la correspon­ dencia de príncipes, magnates, obispos, abades y de autorida­ des en general relacionadas con la concesión de privilegios, régimen de la iglesia, ·conruJios provinciales, establecimiento àsa el tiempo y la vieja Catedral de la ciudad augusta dertosana, estática mantiene su grandeza, 'erguida junto al Ebro soberana. Prodigio de arte, de la tierra orgullo, arranque y expresión de fe cristiana , . es su conjunto, armónico y sublime, un cántico ideal, glorioso hosanna. Hosanna de la piedra eterizada, que en forma de arquivoltas y de ojivas por entre sus floridos botareles, cual mística oración al cielo alzada,' llega al trono de Dios, en ansias vivas, aromada de rosas y laureles. 'g. Wafamoros. '. IN O I e E / PÁG. El Altar Mayor 137 Altares secundarios 142 . El Coro . 152 El Organo 158 Las Campanas 162 . El Archivo Capitular. 167 El Tesoro de la Catedral. 179 La Capilla de la Santa Cinta. 190 El camarín en proyecto . 199 Apéndice. 202 La Catedral monumento nacional 218 La Catedral (soneto) . 220 .- - _,_ -, II li " Ii • , l,- . �'" 'NsnTuro AMA TLLEk D'E ARTE HiSpAN/Ca I M'-jGCB) , 1oy.),- , R �.z1O �'M-.\�" , " • , .. ,. • , I l \ \' I" I ' t \ i . , /