f. layna serrano
El Monasterio
de Ó VIL A
NUEVAS GRÁFICAS -
Rodrigues San Pedro, 5l-Madrid
MCKfl AXX"
El Monasterio
DE
O VILA
(Monografía sotre otro monumento español expatriado)
POR
rancisco l
X^ayna oerrano
Médico
Con 3ò ilustraciones •
PRIMERA EDICION
P^sr/juío AÍ.'iajller
I DE ARTE HlSHANICO
Madrid Enero
- ^ i
^52
PREÁMBULO
Como un gigantesco esqueleto· abandonado en el campo,
yacía el viejo monasterio' en medio del riente valle de Ovila;
la hermosa vega que en tiempo'S antañones perteneciera al
convento, se adornaba en primavera con el verde variado de
los cultivos, las veredas cuajábanise de florecillas silvestres,
gorjeaban los jilgueros y ruiseñores en las umbrosas alame¬
das cercanas acompañados del rumor de las fuentes y poco
más allá murmiuraba fraseo
ininteligible y monótono el río
su
Tajo. En torno al arrumbado cenobio, la Vida se,guía tejien¬
do y destejiendo su tela la legendaria Penélope, mien¬
como
tras en el recinto de aquél todo era silencio, soledad y ruina;
silencio no'ble y augiusto apenas turbado de vez en, cuando
por ïas pisadas de un visitante amigo del arte, o por la con¬
versación trivial de los veraneantes que acudían desde el
vecino Balneario d'e Trillo, más que a evocar tiempos de
leyenda, a ocupar una tarde y profanar con suS fl'rmas bur¬
guesas ytal pedantesca inscripción, las blancas paredes del
templo majestuoso de bóvedas arrumadas a través de cuyas
nervaturas conservadas 'por un milagro de equilibrio, se co¬
laba radiante la luz del Sol. Las zarzas y otras plantas pa¬
rasitarias crecían en el patio claustral
y entre los escombros
de derruidas habitaciones; la venerable sala capitular y el
—
6 —
no menos venerable refectorio, así como la amplia nave del
cocedero, olían a establo, tal, utilizaban la vieja
pues como
abadía los dueños de la finca cuya casa de labor está inme¬
diata; los arcos torales del antiguo dormitorio de novicios,
faltos de la techumbre que un día sustentaran, semejaban el
costillar de un monstruo antidiluviano... De esta suerte, el
cadáver del monasterio de Ovila, semejante a una momia
egipcia, seguía «viviendo» sufriendo una lenta desícomposi-
ción ante la indiferencia y el desconocimiento de los más y
suscitando en los menos, recuerdos evocadores de otros tiem¬
pos embellecidos por la tradición y la leyenda. Desde mis
años niños, por pasarlos así como mi juventud primera en
el cercano pueblo de Ruguilla perteneciente en tiempos an¬
tañones al Moiniasterio, había visitado éste no pocas veces,
cada vez más deleitosamente a medida que mis conocimien¬
tos histórico-artísticos fueron creciendo y a medida que mi
buena madre me refería más viejas historias de la abadía;
y cuando 1929 fui por el mes de Agosto unos días a mi
en
tierra para visitar la tumba de mis antepasados y recordar
los días de mi infancia, hice el viaje a Ovila para hacer una
fotografía de cierta curiosa inscripción en la iglesia, ente¬
rándome de que el Monasterio (mejor dicho sus ruinas),
había sido vendido por el Estado al dueño de la finca (un
cierto señor Beloso empleado en un Banco de Madrid y cuyo
apellido debe quedar consignado aunque no sea con fines
laudatorios precisamente), por una cantidad irrisoria; me
dijeron que por 3.000 pesetas.
Me asaltó el temor (harto justificado como se verá), de'
que este señor prefiriera hacer un buen negocio a contribuir
a la conservación delpatrimonio artístico e histórico de la
nación; vi que había comienzado por arranear de la pared de
la celda capitular un bello desálete de alabastro situado so¬
bre el sillón abacial, e inimediatamente di la voz de alerta
en el semanario de Guadalajara «Flores y Abejas», denum
—
7 —
ciando la venta que temía hubiera sido hecha sin cumplir
los trámites legales según frecuentes arbitrariedades de la
época dictatorial, y estimulando a la Diputación Provincial
para que tomara cartas en el asunto incoando un, expedien¬
te de retroventa a su favor o asegurándose al menos, de que
el nuevo propietario del Monasterio no había de enagenar
ni destruir los venerables restos del mismo. Algunas perso¬
nas me simpático gesto, pero ni la Comi¬
felicitaron por el
sión provincial de Monumentos hizo nada entonces, ni la
Diputación se preocupó lo más mínimo... ¡Bah! ¿Qué signi¬
fica la conservación de unas viejas piedras en inestable equi¬
librio? Cualquier asuntillo de política de campanario debía
ser más interesante para los flamantes diputados, y nada
hicieron por evitar la definitiva destrucción de la Abadía de
Ovila; sobre esa Diputación indiferente e incomprensiva debe
recaer toda la responsabilidad .moral por lo acaecido después.
Han pasado dos años, durante los cuales no be podido
ir a mi patria chica, ocupado en Madrid con mis tareas
profesionales y sin enterarme, por tanto, de lo que con
Ovila acontecía; pero en los finales de Marzo de 1931, una
persona de mi familia me dijo que el Monasterio adquiri¬
do por el Sr. Beloso en 3.000 pesetas, había sido vendido
a un americano en bastantes miles de duros y lo
estaban
desmontando a toda prisa y a todo costo, embalandoi piedra
a piedra cuidadosamente para transportarlo a América y
allí reconstruirlo; imaginé que lo llevarían a La Florida,
donde se está alzando una población con viejos edificios
españoles fidelísimamente rehechos.
Cierto que en fin de cuentas, esta era la manera única
de que el Monasterio de Santa María de Ovila no desapa¬
reciese, sino que, por el contrario, serviría para que en
tan lejanas tierras se reverenciara el viejo arte español; pe¬
ro a costa de privar a España misma de una de sus anti¬
guas joyas, siquiera no figure entre las más valiosas; era a
—
8 —
coste de desposeer a la provincia de Guadalajara, no muy
riea en monumentos arquitectónicos antiguos, pero pró¬
diga dest.ruir o
en dejar arruinar los existentes (recuérdese
el ignominoso caso del convento de la Salceda), de uno de
los más venerables, aunque fuera de los menos conocidos,
por estar en un bello desierto, pero desierto al fin, y ello
significaba finalmente, dejar impune una falta de patrio¬
tismo y estimular a los chamarileros desaprensivos
para
que fueran enajenando poco a poco nuestro patrimonio ar¬
tístico, atentos sólo a las ventajas de un negocio... Y me re¬
volví airado contra el expolio, dirigiéndome en una carta
un poco violenta al Conde de Romanones, denunciándole el
hecho y estimulándole para que impidiera la expatriación
del convenio de Ovila, pues era el más indicado para im¬
pedirlo y procurar una sanción al egoísta vendedor, ya que
a más de propotente político alcarreño, era Ministro, Direc-
tro de la Academia de San Fernando y autor de una Ley
defensiva del tesoro artístico nacional; envié un artículo cla¬
mando contra el hecho, que se publicó en el semanario de
Guadalajara «Plores y Abejas» el 9 de Abril, dirigiéndose días
antes la Real Academia de Bellas Artes el Director de ese
a
semanario y miembro de la Comisión provincial de Monu¬
mentos, St. Gordavias, solicitando que aquélla tomara car
tas en el asunto; en «Heraldo de Madrid» publicó un te¬ se
legrama transmitido de Guadalajara, dando cuente del su¬
ceso, y algo de ello trató el diario «A B C»; pero aquellos
días la política absorbía la atención de todos los españoles
y acaparaba las columnas de los periódicos; el Conde de
Romanones no me contestó, la Prensa de Madrid no pu¬
blicó los artículos que envié a varios periódicos; advino la
República; el Duque de Alba tampoco contestó a una carta
que le envié, habida cuenta que era Director de la Acade¬
mia de la Historia, y sin que se pudiera realizar por las
circunstancias antedichas una intensa campaña de Prensa,
-
9 —
las obras de desmonte se intensiftcaron de modo extraordi¬
nario, habiendo desaparecido la sala capitular, el refecto¬
rio y el esqueleto de la iglesia, cuando gracias a las gestio¬
néis del Sr. Corduvias, se incoó un expediente para declarar
el Monasterio de Ovila monumento arquitectónico artístico
y se dió orden guibernativa suspendiendo la demolición.
una
Después ese expediente debe haberse paralizado, la pérdida
de Ovila será total para España, y el hecho quedará sin
sanción.
En convencido de que la pérdida era
Agosto de este año,
irreparable, hice una rápida excursión para recoger docu¬
mentos gráficos de las ruinas y de altares e imágenes repar¬
tidas por los pueblos vecinos a raíz de la exclausitración de
los monjes; esa ha sido mi penúltima visita al viejo cenobio,
encontrando a la entrada del valle un mojón de término, re¬
cién labrado, marcando en relieve el nombre de la finca.
—Aquí empieza Ovila—dijo mi acompañante, un joven lu-'
gareño tostado por el sol. Sonreí amargamente y le dije:
«Hic fuit Ovila». No me comprendió y hube de aclararle el
concepto:—Amigo, tú dices que esto es Ovila, y yo te digo
que «esto ya no és; fué». Se encogió de hombros y seguimos
el bello camino del desfiladero llamado «la Boca del Infier¬
no», a cuyo final se abre la bellísima vega de Ovila, que es
un verdadero paraíso; vega que corta al Sur el rumoroso
Tajo, asomándose sobre un recuesto el ibérico pueblo de
Azañón con la torre de sillería de su iglesia, sirviendo de
fondo al panorama los altos cerros verdegueantes de Sola¬
na, junto a los que se alzan los picos gemelos y pintorescos
de las Tetas de Viana.
No es para descrita la triste impresión que causaron en
mí las monacales ruinas; la hermo.sa iglesia no conserva¬
ba más que sus paredones, habiéndose llevado las colum¬
nas adosadas y la crucería de sus bóvedas que parecían po¬
cos meses antes una pétrea tela de araña; la sala capitular.
—
10 "
el refectorio, el dormitorio de novicios, la bóveda del ala
norte del claustro, habían
desaparecido; escombros por to¬
das partes; el suelo cubierto de sillares numerados; las ar¬
cadas del patio procesional, a punto de ser desmontadas,
abrían sus brazos como si quisieran despedirse de aquellos
paisajes encantadores contemplados desde siglos...; y presi¬
diendo tamaña desolación, como si amparara tanta ruina, en
lo alto del campanario ondeaba la bandera de la República.
¡Qué sarcasmo! Lo que se malvendió por la Dictadura, que¬
dó definitivamente destruido bajo la República. No había
solución; las gloriosas cenizas del pasado habían sido com¬
pletamente aventadas, ¡«Hic fuit Ovila»!
Pasarán los años, las zarzas y los abrojos cubrirán un
montículo de escombros; las generaciones venideras sabrán
quizá que esos escombros fueron del Real Monasterio de
Santa María de Ovila; ipero si el recuerdo de lo que fué y
ff
como fué no se conserva, quizá hasta llegue a tomarse por
los indoctos del porvenir como una leyenda la existencia de
tal Monasterio, y como una fantasía la de claustros rena¬
centistas y edificaciones de la duodécima centuria, pues
ni el hallazgo de un olvidado capitel podrá servir de tes¬
timonio. Para que el recuerdo de Ovila no se pierda, ya
que para bochorno de los españoles en general y los alca-
rreños, en particular, se perdió el monumento, escribo este
libro acometiendo una empresa superior a las fuerzas que
me dan mis modestos conocimientos; muéveme un patrió¬
tico afán, me anima la mejor voluntad y en atención a
esto confío la benevolencia de los lectores, pasando por
en
alto las infinitas faltas c¡ue encuentren en las páginas que
siguen; al fin y al cabo, poco puede dar de sí un médico
modesto metido a historiador y a arqueólogo.
Francisco LAYNA SERRANO.
Madrid, Enero de 1932.
CAPÍTULO PRIMERO
Las fuente/ Kistóricas para el estudio de^ Ovila.— Obras
éenerale/- — Documento/ paleoéráfico/,— El proceso de-
la incautaciórv, eiv 1835-—El monasterio, historia eiv
piedra de^ la institucióiv
Fuente/ kistóricas
Por referencias tradicionales y a juzgar por los escasí¬
simos restos que han llegado hasta nosotros, la Biblioteca
y el Achivo del Real Monasterio de Santa IMaría de Ovila,
debieron ser muy importantes ; mas así como por el In¬
ventario de Bienes y efectos de dicho Monasterio, hecho
en 1835, cuando la definitiva exclaustración de los mon¬
jes, y aparecido recientemente nuestra documentación a
este respecto es óptima, no sucede lo mismo por lo que
atañe a volúmenes y legajos, toda vez que la catalogación
de los mismos fué encomendada exipresamente a una Co¬
misión o junta Científico-Antística, sobrado remolona,
que dejó pasar, incluso años, sin cumplir su cometido, rea¬
lizando éste de cualquier manera y dando lugar a que no
]X)cos archivos y bibliotecas monacales se dispersaran, per¬
diéndose una riqueza bibliográfica que puede calificarse
de inconmensurable (I); bajo este aspecto, casi pueden
considerarse secas las fuentes de Ovila para el investi¬
gador.
(i) Hasta Mayo de 1838, no se preocuparon de este negocio los
señores de la Junta Científico-artística de Guadalajara, según prue¬
ba un oficio dirigido al Comisionado liquidador de Ovila, D. Ma¬
nuel Cortijo, oficio procedente del archivo privado de este señor, que
obra en jni poder.
-
14 -
De otro lado, como la abadía de Ovila no tuvo con
mutího la importancia que otras dq la Orden cisterciense,
tales como Poblet, Santa María de Huerta o Veruela
por
citar alguna, :ni ha dejado sentir su influencia en la His¬
toria, ni ha estimulado los
amigos del Arte ; por este
a
motivo no
puede fructífera la busca de datos des¬
ser mUy
perdigados en crónicas generales o locales. Finalmente,
ni ha habido ni hay
cerca de Ovila, población o ruta de
importancia ; ello, ha contribuido no poco en los tiempos
viejos como en los actuales, a que haya pasado desaperci-
é
bido este Monasterio para los curiosos cultos
que gustan
de publicar sus impresiones y desentrañar la historia de
aquellos monumentos que les salen al paso en el camino
de la vida.
Por todo lo antedicho es tarea casi imiposible, no ya
rehacer la historia de Ovila en líneas generales, contando
con las vicisitudes porque ha pasado son de escaso
que
relieve, sino formar el armazón de esa historia, jalonando
cada siglo con las directrices de la vida
y desenvolvimien¬
to de nuestro Monasterio. Gracias a
que no ha sufrido
crisis sobrado graves ni tenido momentos de inusitada
prosperidad, (las enormes lagunas que en su historia exis¬
ten no hacen al historiador
caer en errores de bulto : como
la lógica y el buen sentido, uniendo y relacionando los
escasos y desperdigados datos pueden reconstruir esque¬
máticamente esa historia y yo
he logrado a fuerza de pa¬
ciencia encontrar pocos-hasta ahora desconocidos,
no
me
atrevo—quizá temerariamente—a intentar el logro de esa
finalidad, después de reseñar someramente las fuentes his¬
tóricas principales en las
que el investigador puede cal¬
mar la sed del
largo y árido camino.
La obra más antigua de
conjunto que trata de la fun¬
dación de OAÚla, habiendo servido como cantera de datos
interesantes a la par que de errores
contumaces, es la no¬
tabilísima que escribió en latín en el
siglo XVH Fray
—
15 -
Angel Manrique, titulada Anales Cistercienses (1). Trata
de todos los Monasterios bernardos de España, y aun
cuando por su categoría dentro de la Orden tuvo cuantas
facilidades quiso para investigar en los Archivos mona¬
cales, muy ricos en general, la misma magnitud del em¬
peño y la infantilidad de la crítica histórica en aquella
época, justifican la existencia de algunos enrores, entre
los que figura alguno de la fundación Ovila ; errores por
lo demás subsanables a la vista de documentos que se ci¬
tan en lugar oportuno, pero que han servido para vulnerar
la verdad histórica en los trabajos posteriores al aceptar sus
autores a la buena de Dios las afirmaciones del ilustre
en su autoridad y en las mencionadas fa¬
fraile, confiados
cilidades que tuvo para documentarse, bebiendo sus co¬
nocimientos en las fuentes de origen. La obra del Padre
Manrique, que como digo, ha servido de fundamento a
ulteriores estudios, ha procurado, sin embargo más es¬
clarecimientos que equivocaciones, y según se verá más
adelante, los datos suministrados por ella sirven para apo¬
yar conjeturas y para corroborar otros de menos autori¬
zada procedencia.
Una obra que procura noticias interesantes relativas a
ventas de bienes o cesión de propiedades a cambio de cen¬
sos monjes de Ovila a los Condes de
realizadas por los
Cifuentes, en los siglos XV y XVI, es la muy interesan¬
te de D. Luis de Salazar, titulado Historia de la Casa de
Siha (2).
Anales Cistercienses, por Fray Angel Manrique, ex general
(i)
de la Orden del Císter, predicador del Rey Felipe IV, Lector de la
Academia de Sacra Teología de Salamanca, electo Obispo de Ba¬
dajoz. Editada en Lyón, en latín ; cuatro tomos ; año 1649. (Biblio¬
teca Nacional de Madrid. Sección de Raros.)
(2) HISTORIA GENEALOGICA de la casa DE SILVA, DON¬
DE SE REFIEREN LAS ACCIONES MAS feñaladas de fus Se¬
ñores, las Fundaciones de fus Mayorazgos y la calidad de fus alian-
ças matrimoniales. JUSTIFICADA CON INSTRUMENTOS Y
-
16 -
Ponz (1) hace una completa descripción de Cifuen¬
que
tes y su río, así como de Trillo y su balneario, dedica tan
sólo escasas palabras aJ Alonasterio de Ovila, la que no
llegó a visitair, no obstante estar tan cerca.
El insigne Jovellanos estuvo en Trillo en el verano de
T?98,' buscando en las aguas del inmediato balneario,
fundado por Carlos III, alivio a sus achaques ; sin duda,
por éstos no se atrevió a hacer el corto camino que a Ovila
conduce, contentándose con recibir la visita del abad, con¬
signar en su Diario (2) algunas noticias que éste le trans¬
mitió exagerando seguramente las dificultades porque
pasaba el cenobio teniendo en cuenta que hablaba con un
personaje posible favorecedor (poco tiempo hacía que ce¬
sara en la cartera de ¿Vilia} "T\ hacer durante varios
días anotaciones del «tumibo» o cartulario que aquél le en¬
viara respondiendo a su requerimiento ; esas anotaciones
se han perdido, por desgracia, ya que dicho Cartulario de¬
bió ser interesante cuando su extracto distrajo varios días
la curiosidad de jovellanos, y ellas hubieran podido escla¬
recer no pocos puntos oscuros de la historia de la abadía.
Lo mismo acontecería con la descripción hecha del monas¬
terio si lo hubiere visitado, a pesar las rápidas
de que en
anotaciones de edificios y objetos de arte, menudeaban las
clasificaciones arbitrarias de estilos, la atribución capri¬
chosa en lo referente a autores de cuadros y esculturas ;
nos hubiera legado
una visión de Ovila cuando su hermo¬
sa
iglesia estaba abierta al culto, cuando el convento no
se había desplomado por culpa del abandono, cuando los
vohimenes se alineaban en la estantería de su biblioteca.
HISTORIAS fidedignas, y adornada con las noticias Genealógicas de
otras muchas familias. POR DON LVI.S DE SALAZ.\R Y C.'tS-
TRO, Goronifta del Rey nueftro Señor. DIVIDIDA EN XII LI¬
BROS. Año 1685. (Dos tomos. Biblioteca Nacional.)
(1) Antonio Poz—Viaje por España—. Tomo XIII. Madrid, iT^S.
(2) Diarios de Jovellanos, publicados por .\dellac. Es interesante
la de.scriipción que en ellos se hace de los primitivos baños de Trillo.
-
17 —
y a :1a vista de los restos que han llegado a nuestros días
hubiera podido corregirse el rm:perfecto dibujo que Jove-
llanos trazara.
Apenas si Quadrado en s'U descripción de la provincia
de Guadalajara (1) dedica unos pocos pánrafos al monas¬
terio de Ovila, que tan sólo de pasada visitó, sacando una
impresión tan incoimipleta que, a juzgar por sus frases, los
pobres monjes estaban peor alojados que pastores; el mé¬
dico D. Casimiro Ortega, que en 1778 escribiera un ((Tra¬
tado de las aguas termales de Trillo», se contenta: con
nombrar el monasterio', como ya había hecho muclhó antes
Ambrosio de Morales all describir la cuenca del Tajo en
((ILasantigüedades de las ciudades de España)).
El quefué deán de là catedral de Sigüenza, D. Eugí-:-
nio González Chantos, fallecido en 1812 y autor de varias
obras relativas al obispado, publicó en unos estudios inte¬
resantes algunos puntos de vista respecto al fallecimiento
de San Martín de Finojosa a su regreso de Ovila, anun¬
ciando una disertación sobre tal tema sin que llegara a
hacerla, a menos que haya desaparecido.
Había que pasar sobre Ovila la nube destructora de
1835, abandonar los monjes el monasterio y convertirse
éste en melancólicas y solitarias ruinas, para que aparecie¬
ra estudio sobre él hecho sin muchos empeños por el
un
docto académico de la Historia y notable polígrafo alca-
rreño, D. Juan Catalina García (2). Conoce'dor del país,
habiendo visitado Ovila y los
lugares comarcanos y pu-
diendo desflorar no pO'COs documentos olvidados en los ar¬
chivos, si el ilustre publicista se hubiera propuesto hacer
un estudio a fondo, sin duda habría resultado interesante
e inmejorable ; pero se fió más de los documentos que del
terreno, reunió a la ligera cuantos datos halló a mano (sien¬
do quizá el más precioso un manuscrito de finales del si-
(1) Quadrado. España : sus monumentos, etc. Tomo de Guada¬
lajara, Toledo, 'Cuenca y Ciudad Real, i866.
(2) Relaciones topográficas de España.
2
-
18 —
glo XV, referente a Ovila y hoy desgraciadamente extra^
viado) y se áimitó a llenar un vacío incluyendo su trabajo
en el heoho sobre Sotoca de
Tajo, publicado con otros mu¬
chos notables pero ligeros en las Relaciones Topográficas
de España, correspondientes a los pueblos de la Provin¬
cia de Guadalajara. Sigue con sobrado acatamiento al pa¬
dre Manrique dando por bueno casi todo lo afinmado por
el ilustre bernardo, y éste es quizá el mayor defecto dei
escrito de Catalina García ; sin emibargo, a pesar de los
que se le pueden señalar, resulta bastante completo so¬
bre todo ipKDr la anotación bibliográfica cuantiosa, que in¬
dica a los más modernos investigadores las canteras de
donde pueden extraer materiales para obras de mayor
fuste.
En el 'Discurso de ingreso en la Academia de la Histo¬
ria, leído por el marqués de Cerralbo el 31 de mayo de
1908 (1) también se bailan algunos datos importantes acer¬
ca del monasterio de Ovila, ya que por ser filial del de
Huerta, la historia y las vicisitudes de éste influyeron ne¬
cesariamente aquél.
en
Otra obra que arroja mucha luz sobre la fundación de
Ovila a pesar de la ligereza con que su autor enjuicia al¬
gunas cuestiones siguiendo a ojos cerrados a Catalina Gar¬
cía y sobre todo a fray Angel Manrique, es la «Historia
de la Diócesis de Sigüenza», escrita por su obispo fray
Toribio Minguella, publicada en 1910-14, en tres tomos. Se
trata por lo demás de una obra meritísima, sobre todo
por
la riqueza de su colección diplomática, habiendo dado a
conocer muchos imijx)rtantes documentos del rico archivo
seguntino, ignorados los unos y mal estudiados los otros.
En el tomo primero trata del monasterio de Ovila ; como
no lo visitó ni tampoco a los pueblos que un día le
per¬
tenecieron sino que se atuvo principalmente a la letra de
(i) Enrique de Aguilera y Gamboa. El arzolnspo D. Rodrigo Xi-
ménez de Rada y el Moiiasterio de Sania María de Huerta. 190S.
Madrid.
-
19 -
los documentos
que exhumó
lo dicho por otros autores,
y a
o
consagra inconscientemente ajenos errores o cae en otros
nuevos, ya que la lectura de los documentos
requiere un
sentido interpretativo, deductivo o de
rectificación, impo¬
sible de lograr a veces no
poniéndose en contacto con el
((sujeto». He de tener ocasiones varias de aludir a lo escri¬
to por el padre
Mingmella y he de transcribir literalmente
algun documento de los por él dados a conocer, así que
para entonces dejo el análásis de los aciertos
y de los erro¬
res. El último
trabajo sobre Ovila que conozco es preci¬
samente una Nota
bibliográfica acerca de la obra de Min-
guella, publicada en 1914 en la ((Revista de Archivos, Bi¬
bliotecas y Museos», por mi tío, el ex catedrático de His¬
toria e ilustre
polígrafo D. Manuel Serrano Sanz ; ésta
llamada modestamente ((nota
bibliográfica», es en reali¬
dad un meritorio
trabajo no sólo de crítica atenta tanto a
alabar como a ¡rectificar, sino de
aportación valiosísima,
de un lado por los razonamientos
expuestos en él ; de otro,
por la inserción de documentos inéditos que
contribuyen
no
poco al conocimiento de la época fundacional, va que
da a conocer dos cartas de privilegio y confirmación,
de Fernando HI.
Por lo que atañe a documentos, escasean los referen¬
tes a Ovila ; algmnos ya están incluidos en las obras cita¬
das, otros no figuran en ellas más que someramente ex¬
tractados y finalm.ente unos pocos eran hasta este momen¬
to desconocidos o inéditos ; callaré los primeros y citaré
a laligera los dos grupos últimos :
En la Colección Salazar, de la Academia de la Histo¬
ria (0-3) hay un manuscrito anónimo que trata de Ovila ;
figuran en él multitud de datos en rara mezcolanza, pues
cita las cartas de
privilegios, donaciones y confirmacio¬
nes reales, hasta comienzos del siglo xvii, da noticias
de la construcción de
algunas partes del Monasterio, tras¬
lada alguna de las respuestas que
se dieron a la Infor-
—
20 —
mación pedidaa Los pueblos de España por Felipe II en
1580, etc. contribuye este curioso manuscrito a confirmar
;
no pocas suposiciones sugeridas por la contemplación del
Monasterio en ruinas, y a él he de aludir no pocas veces
a lo largo de este trabajo.
Intesante es también la carta de Enrique I en favor de
Ovila, publicada en la Colección Llorente (Academia de la
Historia), bajo el epigrafe ((Colección de privilegios».
El culto capellán mayor de las Descalzas Reales, de Ma¬
drid, D. José García Armesto, ha tenido la amabilidad de
dejarme para su estudio un cartulario que posee procedente
de Ovila, oonstituyendo su núcleo un manuscrito en per¬
gamino, que contiene la carta de confirmación de privi¬
legios del Monasterio, heclia por doña Juana la Loca (fal¬
tan por ¡hacer las letras capitales) y extractando las de sus
antecesores hasta Enrique I y transcribiendo en la de éste
el privilegio original (1), idéntico al de la colección Llo¬
rente ; después figuran en este cartulario de tamaño folio,
las confirmaciones, también en pergamino (algunas con
bellas orlas y letras capitales, lindamente miniaturadas)
de los reyes sucesivos hasta Carlos IV, inclusive : hasta
ahora nadie se ha ocupado de este manuscrito.
Con ser dé gran valor el cartulario del Sr. García Ar¬
mesto, aun lo tiene mucho más considerable otro en cuar¬
to menor, que posee D. Roque Pidal y Bernaldo de Qui-
rós, dueño en Madrid, de la ((Librería Vetusta», gracias
a
cuya amabilidad he podido examinarle, llegando hasta
cederme bondadosamente el grabado del adjunto fascí-
mil ; se trata de una colección de cartas de privilegios, do¬
naciones de tierras y lugares y confirmaciones, dadas por
Alfonso VIII, Enrique I y Fernando el Santo al Monas¬
terio de Ovila, formando un libro de 48 folios en perga¬
mino, escrito en letra francesa, del siglo xin con signos
(i) La anotación de ((Original» está hecha con posterioridad en
el monasterio.
àiu cmicéUtn^^sK'i'
ixmfirtmr.miïa caty
ti^(Wvttr f
fcnf^fer'^ettwemtAnj^
(m¿v^. —
áí ^ T«3C caiWW Hrd
l^w^grdfeie^ (fcaiiube^
Çtíií^
Figura 1.—Facsímil de una pagina del cartulario conteniendo cartas de
privilegios, donaciones y confirmaciones hechas a Ovila por Alfonso VIII,
Enrique I y Fernando III, propiedad de D. Roque Pidal.
rodados y letras capitales bellamente diseñadas en rojiQ,
siendo admirable su estado de conservación.
En el archivo municipal de Cifuentes, muy rico en
pergaminos ya catalogados hace años por mi tío el ilus¬
tre bibliófilo D. Manuel Serrano Sanz, existen dos refe¬
rentes a la donación hecha por
doña Yelo Pérez al Mo¬
nasterio de Ovila, de ciertos
bienes, a cambio de una
suerte de renta vitalicia
asegurada en uno de los docu¬
mentos por los monjes al
aceptar la donación ; ya publicó
un extracto el Sr. Catalina García en su
trabajo citado, y
en los «Apéndices» de este libro se
trascribe uno de ellos
literalmente.
En el momentooportuno haré mención de otros docu¬
mentos de la Colección Salazar, que tratan incidentalmen-
te de cuestiones referentes a Ovila : aparte estos, no
que¬
dan más pergaminos que dos existentes en el Archivo His¬
tórico Nacional, procedentes de la Delegación de Hacien¬
da de Guadalajara ; se refiere uno de ellos a la donación
hecha al convento en el siglo xiv, pcxr el vecino de Soto-
ca, Domingo Pérez y el otro a un trueque o cambio de
bienes becho en el siglo xv entre los monjes y Gutié-
rre Ruiz. Más documentos existían en la
supradicha De¬
legación, a juzgar por las notas que figuran en el eAudio
del Sr. Catalina García, pero algunos se perdieron ante.s
o
en el traslado
que se hizo al Archivo Histórico Nacional
en 1898 ; también en el mismo sitio
y de la misma prort-
dencia existen tres de los libros de contabilidad que se
llevaban en el Monasterio de Ovila, siendo de extraordi¬
nario interés su estudio,pues gracias a ellos puede llegai-
se a conocer la cuantía de los bienes de la abadía, la lis¬
ta de abades, muchos de los incidentes de la vida de 'a ins¬
titución,y una porción de detalles imjprescindibles para
reconstruir la historia del destruido cenobio. También en
el Archivo Históirico existe la
ejecutoria de un pleito sos¬
tenido y ganado por Ovila respecto al pago de diezmos y
algún otro documento de mediano interés.
Con lo dicho quedaría cerrada la lista documental de
—
23 —
Ovila si yo no hubiera tenido la suerte de
encontrar, tras
fatifjosas gestiones, algunas papeles irnás, gracias a los
cuales el estudio que he de comenzar
inmediatamente, pue¬
de resultar bastante completo ; me irefierq al Inventario de
los bienes y efectos existentes en el Monasterio cuando la
exclaustración, así como una rica colección de oficios, co¬
municaciones y diligencias efectuadas por entonces,
que
arrojan mucha (luz acerca de lo desdichadamente que se
llevó a cabo la incautación de los bienes eclesiásticos, des¬
truyendo una riqueza material considerable, permitiendo
que se perdiera una riqueza artística y paleogràfica aun
mayor, sin que el Estado se beneficiara en la medida de
lo calculado. Yo pensaba que en
Ruguilla, en casa de
una señora nonagenaria, llamada doña
Mantiela Pérez de
Guzmán, estaría el archivo de su abuelo político D. Ma¬
nuel María Cortijo, agente liquidador de
los bienes de
Ovila, y por fin ví conlirmadas mis sospechas, logrando
la entrega de tales importantes documentos que me han
permitido además, identificar no pocos objetos artísticos
de la antigua pertenencia de Ovila ; como más adelante
he de citar frecuentemente tales
papeles, me abstengo de
hacer en este momento la enumeración de los mismos
para no caer en remediables repeticiones.
Hasta hace unos quedaba, por último, el docu¬
meses
mento más interesante para el conocimiento de la historia
del M.onasterio Real de Santa María de
Ovila, aunque ha
sido el más desdeñado por los investigadores ; me refiero
al monasterio mismo, cuyas piedras doradas por el
en
sol de los siglos quedaron impresas con caracteres indele¬
bles las principales vicisitudes del venerable cenobio
; los
abundantes restos de las primitivas e interesantísimas
construcciones, hablaban bien a las claras no solamente
de la época precisa de la fundación, sino del entusiasmo
puesto en la obra por el fundador y su sucesor inmedia¬
to, para elevar deprisa un edificio sólido y magnífico ; la
paralización de las obras del claustro casi mediado el si¬
glo XVII el conjunto de transformaciones llevadas a ca-
bo con inmediata anterioridad como por ejemplo la crea¬
ción de nuevaigflesia, barto confirman de un lado la ena¬
jenación de giran parte de los bienes del monasterio hecha
de cualquier modo, pues de otro lado queda probada la
administración deficiente y los pésimos cálculos efectua¬
dos toda vez que faltó dinero para terminar los trabajos
renovadores y para edificar las dependencias que figuran¬
do en el primitivo proyecto jamás llegaron a alzarse. Y
un
paseo por los desiertos oteros del Caramaz, por los
campos donde estuvo emplazado el villoirrio de Murel en
el que ni el más leve resto se advierte de antigua edifica¬
ción conventual, sirve para combatir viejas afirmaciones
hechas tan sóilo leyendo y mal traduciendo añejos docu¬
mentos. El estudio y descripción del casi milenario códi¬
ce representado
por el edificio y sus alrededores, códice
bárbaramente destrozado en los últimos meses, será el
obligado motivo del capítulo siguiente, antes de acome¬
ter la historia de la Comunidad bernarda de Santa María
de Ovila.
CAPÍTULO II
DESCRIPCIÓN Y CRONOLOGÍA DEL MONASTERIO
I. L1 valle- de Ovila.í'Ll monasterio de Ovila, ejemplar-
representativo de la arquitectura cisterciense.t'Descrip-
ciórv, detallada: la iglesia, la sacristía y la escalera prin¬
cipal; claustro, kabitacione/ del ala Este, sala capitular-;
ala Sur- o del Refectorio; la bodeéa y las celdas de pro¬
feso/; alrededore/.
Ovila eiv lo/ pueblo/ vecino/; lo que se
II. Lo/ resto/ de
conserva Ruguilla. Lo que fué a Sotoca y lo que
eiv
queda. Lo que queda de Ovila erv otro/ pueblo/ co¬
marcano/.
ÏF»C'
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:
I
El valle- de Ovila
Tendrá el valle de Ovila kilómetro y medio de anchura
máxima, estrechándose de norte hasta encerrarse en
sur a
el desfiladero de la «Boca del Infierno» flanqueado por altas
rocas cortadas a pico, grietas crecen los jarama-
en cuyas
gos y a cuyos bordes los romeros y chaparros
se asoman
del monte que como una herradura abraza el hermoso
valle, donde los Bernardos (maestros en la elección de be¬
llos emplazamientos para sus monasterios) erigieron el
suyo (figs. 2 y 3). ILa estrecha garganta se abre al norte for¬
mando la fértil vega de Sotoca que más arriba se subdivi¬
de en la de las «hazas largas», que tiene su fin pasado Ru-
guilla, y en la que tras el precioso desfiladero del «An¬
gosto» constituye la pequeña y bella de Huetos rodeada
de montes siempre cubiertos de verdor. De Iluetos y Ru-
guilla bajan dos arroyos que se unen en Sotoca penefiran-
do en Ovila con crecido y constante caudal, procurando
agua sobrada al caz del molino de los frailes cercano al
convento y rindiendo su tributo al Tajo luego de fertili¬
zar el valle que con menguado esfuerzo puede ser regado
en su totalidad.
Desde el cerrillo que se alza al noroeste detrás del mo¬
nasterio, se abarca todo el valle y los montes circundantes.
—
28 —
Unos cuatro kilómetros al saliente, se hallaba Murel o
Muriel, del que apenas quedan cimientos y cruzaba al Ta¬
jo el puente de que hablan los privilegios de Ovila, que¬
dando hoy tan sólo los estribos, uno de los cuales sustenta
la 'j>equeña central eléctrica de Carrascosa. Murmura el
río deslizándose con pereza entre pequeños oteros cubier¬
tos de vegetación, con sus riberas ocupadas por gran can¬
tidad de álamos blancos y espesos juncales ; pasa así fren¬
te a los abandonados
campos del Caramaz recogiendo las
aguas de un arroyuelo que a pocos metros del río forma
la bellísima cascada de «Los ojos verdes» y entra en el
valle de Ovila mostrando frente al convento los carcomi¬
dos estribos del viejo puente citado en documentos ocho
veces centenarios, formando meandros hasta encajonarse
en la estrecha y maravillosa garganta que conduce al Bal¬
neario de Trillo. Aquí la corriente (prisionera entre los pe¬
ñascales imponentes que se aproximan casi ha.sta juntar¬
se) se hace brava y mujidora para recuperar su tranquili¬
dad cuando puede discurrir de nuevo a su placer en la an¬
cha curva que a Trillo conduce, retratándose en las aguas
serenas los arbolados cerros que coronan las peñas capri¬
chosas de la «Silla del caballo» y el pelado de Villavieja,
donde se han hallado con profusión interesantes restos
de una población ibero-romana.
La orilla izquierda del Tajo es pintoresca 3^ brava por
demás ; sobre un recuesto y encima del montículo peñas¬
coso que constituA'e una fortaleza con su foso natural, se
yergue el vetusto poblado de Azañón con el airón de su
cuadrada torre parroquial de blancos sillares, sirviéndole
de fondo los altos montes de Solana ; siguen los del pro¬
pio Azañón, siempre verdes, hasta cerrar el valle la estre¬
chez peñascosa que a Trillo conduce, rasgando el cielo y
adornando el paisaje con su característica silueta, las fa¬
mosas «Peñas de Alkalaten»
(fig. 4). Actualmente se las
conoce con el nombre de las (¡Tetas de Viana» (muchos
las ven y pocos las maman, dicen en el país) 3' no son sino
dos «cerros testigos» de análoga altura a la de la altiplani-
Figura 2.—Vista general de Ovila.
(Fot. del alitor).
Figara 3.—Vista general del Monasterio de Ovila.
(Fot. A. Palau),
Figura 4.-Arriba; Las Tetas de Viana, antiguamente llamadas Peñas de
Alkalathem, vistas en la lejanía desde Kuguilla.
Abajo: Detalle de las Tetas de Viana, vistas desde Trillo.
—
29 —
cié alcarreña (1.069 metros sobre el nivel del mar) ; mon¬
tañas gemelas de líneas impecables coronadas por una
lastra de quince metros de espesor cortada a pico, que pa¬
recen mucho más altas de Lo que son en realidad, por es¬
tar asomadas al profundo barranco fraguado por el Tajo
en una labor de millares de siglos.
Tal es el pintoresco retiro que para los frailes blancos
de la Orden del Cister (1), escogió el rey castellano Al¬
fonso «el de las Navas» ; poco o nada ha cambiado desde
entonces y las descriipciones antañonas si las hubiere,
iguales serían en todo a las de hogaño ; err cambio del ce¬
nobio profanado y semi destruido pronto hará un siglo,
bárbaramente deshecho en estos días que vivimos, si hu¬
biera viejas descripciones necesitaríase poderosa fantasía
para imaginar la realidad de lo descrito a la vista de los
restos menguados de su fábrica vetusta, viniendo a las
mentes, aunque se haya abusado de la cita, los versos in¬
mortales del vate hispano a las ruinas de Itálica famosa ;
para no caer en la aparente cursilería de insertarlos, repe¬
tiré la primera parte de la imprecación que conteniendo
en un adjetivo calificativo solemne disparate, escribiera
en el ábside de la iglesia monacal el ruguillano
«tío Jua-
nis» que en su juventud conociera la prosperidad del mo¬
nasterio, asistiendo después a su saqueo y ruina :
¡ Alma mortal
mira la casa de Dios cómo está ! (2)
Hasta hace unos años, conservábase el monasterio lo
suficientemente bien para formarse cabal idea de como
fuera antaño ; lo he visitado infinitas veces desde el cerca-
(1) Los monjes de la Orden de San Benito llevaban el hábito
negro ; al reformarla San Bernardo Abad de Claraval, los benedic¬
tinos reformados de la Orden dicl Císter, usaron hábito blanco ; de
ahí el sobrenombre.
(2) Véase en Apéndices los hechos y dichos del famoso tío
Juanis.
—
so¬
no pueblo de Ruguilla donde transcurrió mi infancia y tan
fielmente se conservaba en mi memoria
recuerdo, que
su
sin necesariascomprobaciones hice el plano cpie en esta
obra figura para mejor comprensión
de cuanto vaya des¬
cribiendo ; plano tan exacto dadas las circunstancias en
que fué hech'o, que habiendo realizado una postrera visita
a los restos de Ovila en Diciembre de 1931, fueron tan es¬
casos e insulicientes los errores comprobados que no los
he creído suficientes para merecer una rectificación.
El Monasterio de^ Ovila, ejemplar^ representativo
de^ la arcïuitectura cisterciense^
Sabido por las personas cultas, que la refonma de
es
Cluny (primera de la Orden de San Benito) orientó la ar¬
quitectura religiosa del período románico creando un pa¬
trón que con ligeras variantes, fué adoptado en la erección
de iglesias, catedrales y monasterios, caracterizándose al
final cuando éstos se enriquecieron de modo inverosímil,
por la abundancia de los elementos decorativos, exornán¬
dose frisos, capiteles y columnas con profusión de
figuras
entremezcladas con la flora más caprichosa ; esta riqueza
exuberante en la arquitectura y las artes decorativas en
general, coincidió con la vida disipada de las comunida¬
des ricas, lo que motivó la segunda reforma de la Orden
benedictina, reforma llamada del Cister y llevada a térmi¬
no principalmente
gracias a las predicaciones y afanes de
San Bernardo abad de Clairvaux o Claraval. La reacción
Bernarda, excesiva como todas las reacciones (y como to¬
das, infructuosa a la larga), tendía a moralizar las costum¬
bres de los monjes, volviéndoles a la vida ascética, incul¬
cándoles la sencillez, la pobreza, el alejamiento de las po¬
blaciones, el trabajo corporal en fin, como medios con¬
ducentes a practicar las estrechas ordenanzas de la
regla
-
32 —
de San Benito sin que la tentación de las riquezas y las
comodidades les llevara lejos de la verdadera existencia
ascética y contemplativa. Con estas normas, ya vivían cer¬
ca de Chalons varios monjes en la pobre abadía de Cis-
teaux a la que se acogió San Bernardo con otros compa¬
ñeros, oreándose, gracias a sus constantes esfuerzos, una
milicia que había de contar muy pronto con más
espiritual
de sesenta mil
monjes repartidos en infinitos conventos de
la Europa central y meridional ; estos fueron los monjes
blancos, bernardos o cistercienses.
El propulsor de la Orden, en sus escritos y predicacio¬
nes, a la vez que arremetía contra la riqueza y la molicie
de los cluniacenses, lanzaba imprecaciones contra su ar¬
quitectura, representante de estas riquezas y relajación,
preguntando : <(¿ Para qué sirven tantas molduras con fie¬
ras y adornos en los cuales la imaginación del monje se
distraê de su piedad y se aparta de la pobreza evangélica
enseñada por San Benito?)) Dice la famosa Carta de Ca¬
ridad escrita por S'an Bernardo en 1119 y en ella las
((Constituciones de la Orden», que no se construirán nues¬
tros ceniobios en ciudades, villas o castillos sino en lugares
remotos al paso de los hombres... Los calígrafos escribirán
con tinta de uri solo color y las letrias sin pinturas. No se
harán torres de piedfa pata las campanas. Los monaste¬
rios se instdilarán en lo posible donde haya agtoa para el
molino y huertos. En la mueva casa instalarán el orato'ño,
refeicítorio, dormitorio, hospedería y portería.
Leídas las frases anteriores, se comprende qu.e la crea¬
ción de la Orden bernarda diera origen a un nuevo siste¬
ma constructivo, a una especial agrupación de dependen¬
cias y sobre todo a una gran simplificación ornamental ( 1)
de los edificios, desapareciendo los capiteles historiados
que uo llevarán ya más que sencillas hojas de acanto por
todo adorno u otros tan elementales como éstas, sin que
(i) Pijoan. Historia general del Arte ; tomo II, pág. 366.
Lampéroz. Historia de la arquitectura cristiana en España.
—
33 —
vuelvan a verse las ardhivoltas de las
portadas con largas
teorías de santos tallados en ellas. La
arquitectura ciscer-
ciense se caracteriza por su sobriedad, siendo preciso con¬
signar este detalle antes de desoribir las primitivas edifi¬
caciones de Ovila ; la distribución de dependencias realiza¬
se siempre ateniéndose a un patrón
obligado al enumerar
las que ha de reunir cada monasterio, y si en
muchos se
advierte mayor complejidad y falta de sujeción a estas
normas (Poblet) es
porque nacieron ya grandes (contra¬
riando las ((Constituciones» que ordenaban la fundación
sólo con doce monjes ■provistos de lo indispensable) o por¬
que al engrandecerse de modo inusitado con copiosas do¬
naciones, necesitaron mayor espacio y dependencias múl¬
tiples para desenvolver la vida conventual.
El monasterio de Santa María de Ovila (según pres¬
cripción de las ((Constituciones» todos los cistercienses ha¬
bían de ponerse bajo la advocación de la Virgen),
respon¬
de de modo preciso a esa ordenación ritual j' bajo este
punto de vista puede servir de modelo para conocer la dis¬
posición de un monasterio del Cister y como esquema de
su
arquitectura, pues ise construyó ateniéndose con la ma¬
yor meticulosidad a las prescripciones del reformador ;
como ni acrecentó excesivamente sus bienes ni por tanto
el número de sus monjes, ha conservado la planta primi¬
tiva sin otras variantes que los estilos arquitectónicos so¬
brevenidos al correr de los siglos.
En efecto, está enclavado en un ameno valle, lejos de
aglomeraciones urbanas, ya que el despoblado Murel dis¬
ta cinco kilómetros,
y uno o dos menos, Azañón, Sotoca
y Trillo, que por lo demás siempre fueron insignificantes
aldeas ; aun cuando ya el valle es por sí una fértil huerta,
tiene la suya propia el monasterio rodeándole por saliente
v mediodía, cerrada por la correspondiente tapia (véase
el plano adjunto) y regada 'por abundoso arroyuelo venido
desde el cercano molino (véase el mapa en el capítulo 3.'') :
a unos ciento cincuenta metros de distancia
y dos o tres
3
—
34 —
de profundidad, pasa el Tajo lamiendo las estribac ones
de los montes de Solana.
Un monasterio bernardo se compone de un claustro o
patio porticado, alrededor del cual, se agrupan las depen¬
dencias necesarias a la vida conventual, de suerte, que no
sea preciso salir de su recinto para nada, ni siquiera para
l>oner en condiciones de inmediata utilización los frutos
del campo, así como para industrializarlos. (Véase el pla¬
no). La iglesia abarca o sirve de apoyo a ese claustro con
¡a larga pared de su nave mayor y la corta de la del cru¬
cero, en cuya prolongación se hallan la sacristía, la esca¬
lera para subir al piso superior, alguna dependencia tal
como el archivo o la cárcel, la sala capitular y casi siem¬
pre las habitaciones particulares del abad ; en el tercer
lado del cuadrilátero claustral y siempre enfrente a los
muros de la iglesia, el refectorio, la cocina y despensa,
más alguna dependencia auxiliar ; en el cuarto lado (casi
siempre orientada a poniente), la nave de los lagare.s y
bodegas, dejando paso antes a la entrada del monasterio
a través de un patinillo donde están la portería, la hospc;-
dería y amenudo los graneros formando un cuerpo avan¬
zado al exterior, cerca de las edificaciones complementa¬
rias para la granja y los granjeros. En el piso alto, su¬
biendo por la escalera situada junto a la sacristía, está la
amplia estancia destinada a dormitorio de novicios, con¬
tinuada poir la biblioteca y las habitaciones del abad que
tienen además entrada independiente por el pisa bajo del
claustro ; sobre el lagar, las celdas de profesos con entra¬
da por el claustro alto siguiendo el muro de la iglesia.
Tal es la síntesis de un monasterio cisterciense según
el patrón del fundador y calculado para una comunidad
poco numerosa como las propugnadas por San Bernar¬
do ; tal es la traza general de todas las abadías del Cister
y ese el plano uniforme de las que no se engrandecieron y
transformaron en el transcurso de los tiemipos o se funda¬
ron ya a lo grande, contraviniendo las prescripciones de la
Carta de Caridad y tal es exactamente el trazado del mo-
Figura 5.—1, Iglesia. 2, Escalera principal. 8, Sacristía. 4. Claustro. 5, Re¬
tretes. 6, ¿Antigua sacristía? 7,
¿Antiguo archivo? 8, Sala capitular. 9, Pri
mitiva escalera y cillerería. 10, Reíectorio. 11, Pulpito del
lector y escale¬
rilla en el espesor del muro.
12, Cocina y despensa. 13, Bodega. 14, Empla¬
zamiento de la hospedería. 15, Edificaciones modernas en la casa de labor
de la finca, hechas problablemente sobre las
antiguas cuadras y graneros.
—
36 —
nasterio de Ovila, que como decía puede presentarse como
canon de este género de residencias.
Dice Fray Angel Manrique con notoria exageración (1)
que, de ihaberse acabado con la grandiosidad del comien¬
zo, ninguna le igualara en España ; esta aseveración del
ilustre fraile casi hace reir, pues al lado de Poblet, Santas
Creus, Huerta y Veruela, por ejemplo, el Monasterio de
Ovila era tan sólo una pequeña abadía, como la llama Qua-
drado (2), sin que por eso deje de ser interesante, según
podrá advertirse en la descripción de sus detall-s.
Que se comenzó con mucho empeño lo prueban los res¬
tos aquella época, llegados a nuestros días v que por
de
ser los más antiguos, los mejor conservados a pesar de su
ancianidad pero gracias a su robustez, lleváronse cuanto
antes al desmontar las ruinas del Monasterio expatriado :
como se puede advertir en el plano adjunto, de fines del si¬
glo XII y de estilo románico, en el que se inicia la transi¬
ción al gótico, son la bodega, el refectorio, en parte las
habitaciones del abad, la sala capitular, la cárcel y el archi¬
vo o antigua sacristía, pues de la primitiva iglesia nada
queda, a no ser un capitel romántico de gran tamaño, con
ornamentación de hojas y lazos que vi muchas veces entre
la basura qu.e cubría el suelo del refectorio ; de las restan¬
tes dependencias construidas en la primera época, bien
porque fueran hechas con carácter provisional y no hayan
resistido el prolongado abandono, bien porque fueran
modificadas o rehechas posteriormente, nada queda iden¬
tificable.
Pasan los tres siglos del arte ojival sin dejar en Ovila
manifestaciones ostensibles, prueba indiferencia
lo que
por parte de los monjes o dificultades económicas ; es
pre¬
ciso llegar al siglo xvi, para ver muestras de un arte
gótico rezagado, mezclándose la ligereza de sus bóvedas
(1) Anales Cistercienses.
(2) Quadrado-España ; sus monumentos, etc. Tomo de Guada¬
lajara, Toledo y Ciudad Real.
-ar¬
de crucería con la serenidad y nobleza de la arquitectura
renacentista, realizándose estas obras gracias a los cauda¬
les logrados por la venta de numerosos bienes, hecha pa¬
ra acabar con los pleitos suscitados por los pueblos que
pugnaban por librar su patrimonio del dominio abadengo ;
esta venta debió ser general
en la Orden Bernarda, pues
en la mayoría de sus Monasterios se emprenden por
aquel tiempo grandes obras, ora derribando las oscuras
iglesias románico-ojivales para sustituirlas por otras más
grandiosas y alegres, ora derrocando los apacibles claus¬
tros o construyendo otros nuevos, respetando los antiguos.
A esta centuria corresponden en Ovila la iglesia
y nueva
sacristía, la suntuosa escalera con su bóveda estrellada, la
reforma de la casa del abad y el claustro de gusto herre-
riano que jamás se concluyó, sin duda, por falta de re¬
cursos ; estos no podían arbitrarse fácilmente, pues
ti.empo
hacía qUe se acabaron las grandes donaciones, el país es¬
taba empobrecido por las continuas guerras de la casa de
Austria, la emigración a América contribuyó a dejar los
camipos despoblados y pebres, la expulsión de los moris¬
cos arruinó la industria, los pleitos eran continuos, la ad¬
ministración pésima, los ideales bernardos habíanse olvi¬
dado por completo, y las obras no pudieron rematarse, li¬
mitándose los monjes a realizar las imprescindibles re-
pararaciones, sosteniendo con análoga dificultad sus edi¬
ficios resquebrajados y la arruinada hacienda, hasta que
llegó la hora de la exclaustración, y con ella la total ruina.
-
40 -
gún afirma Fray Angel Manrique (1), que seguramente
visitó Ovila como sobre todo por
General de la Orden y
tomar Atifiles Cistercienses.
datos para sus
Esta esta iglesia grande 3' espaciosa, co,n una sola na¬
ve, más la del crucero, adoptando la forma de cruz lati¬
na (fig. 6) de cortos brazos, abriéndose en estos a los
lados del ábside poco profundo 3^ poligonal, dos capillas
cuadradas en comunicación con el crucero por sendos ar¬
cos triunfales (fig. 7). El coro alto se apoyaba en un arco
rebajado y bóveda de crucería casi palana, ocupando uno
de los tres tramos de la nave mayor, marcándose esta di¬
visión ,por medias columnas adosadas, de fuste liso y ca¬
pitel moldurado a la altura de una sencilla cornisa y de
cuyas columnas arrancaban los arcos para formar la bó¬
veda poco complicada, salvo la más historiada del cruce¬
ro ; los arquitos que senu'an de arranque a la bóveda
del ábside, en lugar de apoyarse en columnas adosadas,
hacíanlo en las alargadas repisas tan propias de la arqui¬
tectura cisterciense, como puede advertirse en el clau-tro
de los caballeros del Monasterio de Santa María de II ue--
ta V aun en el mismo de Ovila ; en cuanto a las caoillas
absidales, planta cuadrada se convertía en octogonal
su
para fonmar la bóveda de crucería estrellada, gracias a
unas trompas o pechinas colocadas en los ángulos, seme¬
jantes a conchas de puro sabor renaciente. ILa iglesia, ma¬
jestuosa y bien proporcionada, como todas las de su épo¬
ca, tenía los muros blanqueados, quedando sólo al des¬
cubierto la piedra de columnas, repisas, nervios y claves
de la bóveda, así como el jambaje de puertas 3* venta¬
nas, existiendo de estas, tres rematadas en anco de me¬
dio punto en el muro norte de la nave ma3'or, otra en ese
(i) (cEl edificio (Monasterio) comenzado, pero no acabado, con
posesiones vendidas o disminuadas, permanece hasta - hoy (sin aca¬
bar) y ninguno die los aumentos y mejoras pudo ser hecho para res¬
ponder a los principios con que comenzó' a construirle» (Manrique,
obra citada.)
Figura 7.-MONASTERIO DE OVILA
Capilla mayor y una de las capillas del crucero (siglo xvi).
(Fot. Conmelerán).
—
41 -
mismo bramo del dos largas y estrechas en las
crucero y
pequeñas capillas absidales gracias a la luz que por ellas
;
y por un óculo situado sobre la portada penetraba, el tem¬
plo era claro y alegre. En cuanto al pavimento, poco pue¬
de decirse, ya que siempre le conocí levantado y cubierto
de basura y escombros ; bajo el peldaño de absceso a la
capilla mayor alineábanse las sepulturas de los abades,
muchas de ellas levantadas y rotas (1) sus lápidas, desde
que a mediados del pasado siglo fueron removidas por
gentes que esperaban hallar en cada uno, un cáliz de pla¬
ta, con el que seg'ún la noticia esparcida eran enterrados
aquéllos (2).
La portada, arrancada hace pocos meses en unión de
columnas, pilastras, armazón de bóvedas, arcos y jam¬
bas de puertas y ventanas, era sencilla, de estilo clásico
y constaba de, dos cuerpos : el inferior consistía en la
puerta de ingreso formada por un arco de medio punto
sencillamente moldurado, flanqueándole dos columnas co¬
rintias de altobasamento, unidas por la correspondiente
cornisa, apoyándose en ésta el segundo cuerpo, consisten-
(1) En el manuscrito anónimo de la Co. Salazar en la Acade¬
mia de la Historia (0-3), se lee : «Acerca del segundo mandamien¬
to de nuestro (rey) Felipe, sobre los enterramientos y epitafios o si
se ha deshecho algún sepulcro, decimos que como la iglesia esta¬
ba comenzada a hacer y no se acabó, ninguna cosa notable hay en
ella ni ha habido. Sólo debajo de la grada de la capilla mayor, dé
veinte años a esta parte, 'una sepultura que dice en la piedra estas
palabras : Aquí y ase Pedro Marroquín, montañés, bienhechor de es¬
ta santa Casa, por cuyo saber y industria se acabó la iglesia con el
trato de la madera.
(2) Hacia 1850 llegaron una tarde al ruinoso Monasterio unos
señores que habían dejado más atrás el carruaje en el que vinieran
dando tumibos por los mal e.mipedrados caminos reales ; abrieron
una
sepultura (¿la de algún abad?, ¿la del capitán Luis Bueno, en¬
terrado el 16 de Junio de 1666, bajo la grada del altar mayor, al
lado del Evangelio?) y metiendo los amados restos en una caja, des-
andaron el camino ; esto dió motivo a la leyenda de los cálices y a
la profanación de las sepulturas, así como a un proceso que se si¬
guió a aquellos señores por... ¡exhumación ilegal!
-
42 -
te en ocupado por el busto
sencillo fronton triangular,
del Salvador y cobijando una hornacina flanqueada por
columnas y remataba por la clásica concha que alojó en
tiempos una efigie de madera de San Bernardo ; encima,
el óculo tan típico de las iglesias de este período (1) (fig. 8).
Gracias al Inventario de los muebles y efectos de este
Monasterio, hecho en 1835 por el Comisionado D. Ma¬
nuel María Cortijo (descubierto recientemente por mí, en
unión de otros curiosos pa,peles) puede reconstruirse el as-
fíecto de la iglesia cuando estaba en funciones, remitién¬
dome a los Apéndices de este libro, donde aquél se inserta
íntegro y adicionado con algunas notas aclaratorias y
complementarias ; en cuanto a imágenes y altares, más
adelante he de describir los que se conservan en los pue¬
blos vecinos. El ornato principal de los que ocupaban las
capillas absidales, eran unos cuadros de San Bernardo y
San Benito, que el Comisionado califica en el Inventa¬
rio de «hermosas pinturas», que en unión de otras cator¬
ce más fueron llevadas a Guadalajara. Al fondo de la
corta nave del Evangelio subsiste todavía un altar de ye¬
so malamente policromado, de sabor clásico y multitud de
pequeñas hornacinas ocupadas por imágenes, algunas de
las cuales no se han perdido. Aunque nada dice el men¬
cionado Inventario, se sabe por el libro de Enterramien¬
tos y bautismos (hoy en la iglesia parroquial de Trillo)
que exi.stía una verja cerrando el crucero, formando así un
Coro bíido
Siempre conocí una grieta que desde el alero cruzaba el
(i)
óculo y llegaba hasta la clave del arco de ingreso, grieta que según
la tradición se produjo al acabarse el templo, siendo tal la, deses-
peracióti del maestro do obras o arquitecto, que se suicidó, causan¬
do gran sentimiento en los monjes, pues había trabajado con gran
empeño y desinterés ; lo dçl suicidio quizás sea una de tantas fá¬
bulas corno las gentes inventan para explicarse las cosas y dramati¬
zar sí era cierta la celebración de una misa anual
los relatos, pero
por e,l alma del maestro de obras, ¿sería éste el Pedro Marroquín,
enterrado al pie de la grada del altar mayor?
Figuras.—MONASTERIO DE OVILA
Fachada de la Iglesia conventual, del siglo xvi. (Desmontada
recientemente).
-
43 -
Sacristía y escalemprincipal. — Uua puerta fonmada
por dovelesjarnibas sin moldurar, de medio punto, se
y
abre al extremo de la nave de la Epístola, dando paso a
un zaguanete de unos tres metros y medio en cuadro, del
coro bajo ; pero ni cámo era, ni tampoco su—ulterior
destino.
que arrancaba la espléndida escalera, utilizable hasta hace
muy pocos años, formada por suave rampa que ascendía
al piso superioir, contorneando las paredes del
zaguán y
cubierta por alta y vistosa bóveda de crucería (número 2
en el
plano). Por ella se ascendía al dormitorio de novi¬
cios, habilitado en los últimos tiempos del Monasterio
para biblioteca, al claustro alto y al modesto y elegante
campanario de piedras sillares que muestra las cuencas
vacías donde antaño se alojaran dos campanas grandes y
un, campanillo,
cuyo paradero ignoro. A la sacristía se
penetra desde el mencionado zaguán por un arco de me¬
dio punto y es una pieza cuadrilátera de buenas propor¬
ciones, de gusto clásico y buena iluminación, gracias al
amplio ventanal del fondo. Dos pilastras adosadas a las
paredes laterales dividían éstas en tres sectores formando
arcos
ciegos para alojar la cajonería, hermoseando el con¬
junto, y se prolongaban uniéndose a las del otro lado me¬
diante dos arcos fajones que reforzaban y aligeraban la
bóveda de medio cañón, desplomada muy recientemente
(plano núm. 3).
Claustro.—^Sin duda tuvo el monasterio de Ovila un
claustro primitivo, ya que tal era el núcleo de las moradas
cistercienses ; si dada la relativa magnificencia con que
empezó la abadía de Ovila a construirse en tiempos de Al¬
fonso VilII de Castilla se la dotó de un patio porticado,
éste debió ser interesante pero no quedan de la primitiva
fábrica restos de ninguna clase; solamente en los muros
de la bodega y refectorio señales de la viguería que lo cu¬
briera. El actual (todavía subsiste a fines de 1931 después
de la demolición del monasterio aunque sin las hiladas su-
-
44 —
periores de sillares) se comenzó muy avanzado el siglo xvi,
seguramente cuando la iglesia estaba terminada o poco
menos y ya imperaba el gusto por el estilo friamente clasi-
cista de Herrera (Véase el plano y la fig. 9). Las obras se
realizaron con lentitud, pues enuno" de los dos escudos
situados sobre los arcos de la galería alta del lado norte
(escudos sencillos pertenecientes a desconocida familia y
desaparecidos en la actualidad) se leía la fedha de 1617,
sin que a pesar de esta parsimonia se acabara jamás, pues
ni en el suelo se advierte el menor rastro de cimentación ;
como dato curioso surpinisfrado por el culto farmacéutico
de Trillo, D. Segundo Batanero, y comprobado por el
mismo, he decir que las contramarcas de cantería coinci¬
den no pocas con las del claustro moderno del monasterio
de Santa María de Huerta, del que era filial el de Ovila,
lo que prueba que algunos canteros trabajaron en ambas
obras y hace pensar si más que a deseo de la comunidad
se debió a orden superior la erección de nueva iglesia y
claustro así como la portada de la sala capitular (fig. 10).
Tan sólo llegaron a construirse los dos pisos de gale¬
rías norte y este, más una panda del lado de las bodegas
para facilitar el acceso a las celdas, y otra en el lado del
refectorio ; que la falta del resto no se debe a demolicio¬
nes posteriores a la exclaustración, lo prueba, a más de la
falta de cimientos, el aspecto de la obra, en la que se ad¬
vierte el corte de lo construido con los huecos dispuestos
para nuevos sillares, pero sin indicios de argamasa.
El claustro es sencillo y severo como corresponde al es¬
tilo henreriano, constituyéndole dos órdenes de arcos de
medio punto apoyados en cuadras pilastras sin más ador¬
no que una moldura corrida formando recuadro en el lado
que dá al hueco, y una pequeña y sencilla cornisa en el
arranque del arco ; cada lado del claustro consta de siete
aireos de unos dos metros de luz, siendo más estredhos los
que hay junto a los rincones, sin duda contando con la an¬
chura total de las pilastras del ángulo para que las pandas
autor).
d(Feotl.
9.—OMDOVNASITELRAI
Figura
dIlcgamepsniro.
(ddleexsaympiy-uoévlicón)
dseiglol
Claustro
-
45 —
de bóveda que habían de cubrir las galerías fueran igua¬
les. (1)
El claustro se comunica con la
iglesia mediante un arco
de medio punto que abre a la nave de la
epístola, y sólo
se terminó el ala
norte, o sea, la que apoya en el muro
Figura 10.—Algunas contramarcas de cantería del
Monasterio de O vila.
(Dibujo de D. Segundo Batanero)
del templo y el que le prolonga hasta unirse en ángulo con
la nave de la
bodega ; el aspecto de esta ala claustral era
magnífico por el efecto de luz y el contraste de la pesada
arquitectura clásica con la gallardía de la bóveda ojival,
(i) Véase el plano adjunto para este y demás detalles.
-
46 -
amalgama que en .este caso n,o podía ser más armónica, no
obstante la diferencia de estilos. Entre cada dos arcos ha¬
bía una que arrancaban los forme¬
repisa moldurada de la
ros y cruceros constituidos por sencillos baquetones, que
después de formar la elegante 'bóveda iban a apoyarse en
el muro de la iglesia sobre análogas repisas que sin per¬
der el carácter del arte gótico, servían de admirable enlace
con sus molduras sencillas, al clásico de los arcos claus¬
trales ; esta bóveda ha sido arrancada recientemente, pero
gracias a la fotografía reproducida en la fig. 11 no se per¬
derá su recuerdo.
Sin duda alguna era el propósito incumplido que las
cuatro galerías del claustro bajo o procesional estuvieran
cubiertas de bóveda de crucería, pero las dificultades eco¬
nómicas no sólo impidieron que aquél se terminara, sino
que se abovedara el ala Este, en la que se alinean varias
construcciones primitivas y entre ellas la sala capitular.
Prueba de lo primero, es que en los muros d.el refectorio
y la bodega (fig. 17) picando la piedra quedaron trazados
los arcos futuros, y que en la galería del Este se ven he¬
chas las pilastras de arranque de los arcos ; prueba lo se¬
gundo, que en el muro de la sala capitular (fig. 13) adviér-
tense perfectísimamente los modillones o canecillos en los
que se apoyaba la viga de sostén de las que constituyerort
una sencilla cubierta de bovedilla, tan coimrm en España.
En el claustro alto (llamado de (dos ejercicios escolásti¬
cos»), las señales existentes en los muros indican claramen¬
te que estuvo siempre cubierto de teja vana, no indicando
las arcadas subsistentes el propósito de cubrirlo con bóve¬
da ; a lo más cielo raso o bovedillas. Un hueco de unos
tres metros fraguado en el gruesísimo muro de la iglesia,
indica dónde estuvo el archivo.
HabiMciones del ala Este • sala capitular.—En el za¬
guanete que sirve de arranque a la escalera principal y da
paso a la sacristía, subsiste aún una estancia cuadrangular
a la que se entra por una puerta de medio punto. Tendrá
Figura 11.-MONASTERIO DE OVILA
Ala norte del claustro, con bóveda de crucería, hoy
desmontada y expatriada.
(Fot. Conmelerán)
—
47 -
unos tres metros y medio de ancho por siete de lar^o, es
su bóveda de sillares, apuntada, sin nervadura de ninguna
clase, con luz al campo mediante una ventana aspillerada
y un óculo con dentellones : corresponde su robusta cons¬
trucción a las primitivas delmonasterio, o sea a Los finales
de la duodécima centuria y comienzos de la siguiente.
¿ Qué destino tenía ? Quizá fuera archivo hasta que el in¬
cendio acaecido en él a fines del siglo xvi aconsejó po¬
nerle en el muro espeso de la iglesia a salvo de tales peli¬
gros, y eso es tan sólo una conjetura ; antes que biblioteca
me inclino a creer fué la sacristía de la iglesia románica
primitiva (plano núm. 6). Me induce a ello la considera¬
ción de su tamaño, iluminación y aislamiento respecto a
las restantes estancias con las que no se comunica ; ade¬
más, hay la noticia de que el antiguo templo tenía tres
naves, siendo, por tanto, más ancho que el actual y como
lo lógico es que el muro dg la iglesia fuera a unirse con
el de la bodega, con objeto de dejar espacio para la esca¬
lera suntuosa construida en el siglo xvi a la par que la
iglesia nueva, levantaron ésta más al norte prolongando el
muro hasta unirlo en ángulo al del lagar, rompiendo con
tal paredón y tal ángulo la armonía lógica del conjunto,
ya que sólo tiene la misión de realizar un cerramiento (véa¬
se el plano) ; de tal suerte quedaría aislada
la vieja sacris¬
tía dedicándose a biblioteca mientras pudo servir tal fin,
viniendo a parar en estos tiempos en pajar prosáico.
En la pared que da al claustro se abren dos profundos
arcos ciegos aprovechando el espesor del muro que no
bajará de metro y medio (en el plano núm. 5) ; figurando
un asiento agujereado la piedra que los atraviesa, harto
indica que eran retretes ocultos a las indiscretas miradas
por una cortina.
Pared por medio con la habitación mencionada hay
otra igual de larga pero la mitad de estrecha, alumbrada
por una saetera y abierta al claustro por una puerta gótica
cuyo arco apuntado lo forma un sencillo baquetón que
rebaja el ingreso circunscribiendo un tímpano triangular.
—
48 —
y que se apoya en pequeñas columnas de floreados capite¬
les (fig. 12) ; la tétrica estancia, que más parece un corre¬
dor, comunica con el aula capitular mediante una puerte-
cilla (num. 7 en el plano) ¿Cuál fué su uso? Aventurada
es toda atribución ; quizá fué archivo en los primeros tiem-
Figura 12.— Ovila: Puerta de ingreso al
antiguo Archivo.
(Dibujo del Dr. S. Bringas
pos ; y más adelante cárcel o celda de castigo, teniendo en
cuenta que es frecuente su existencia en otros monasterios
de la época.
Abierta al claustro bajo se hallaba a continuación de
este lienzo de pared la Sala
capitular, que era uno de los
más interesantes restos de las primitivas edificaciones ; fué
comenzada en tiempos de Alfonso VIII y consta que se
—
49 —
terminó en el reinado de
su hijo
Enrique, (1) lo mismo
que el refectorio
bodega, correspondiendo, por tanto, a
y
finales del siglo xii y comienzos del siguiente, o sea al
período de transición del estilo románico al ojival ; ha sido
desmontada sin dejar rastro de sus robustos muros y se
conservaba hasta los últimos años admirablemente, sin que
le faltara una piedra, sin que sus robustísimas bóvedas de
sillería tuvieran una gotera ni una grieta, a pesar de soste¬
ner el peso de muchas toneladas de escombros
y sufrir sin
defensa la acción demoledora de los
agentes atmosféricos
durante un siglo. ¡'Magnífica ejecutoria de solidez para la
arquitectura románica !
Tenía la sala capitular tres huecos en la portada de in¬
greso, formados por gruesos baquetones, separados por
otros más pequeños, constituyendo en cada hueco
dos ar¬
cadas fundamentales en degradación, lo que se repetía a
la inversa por el interior, perforándose de este modo el es¬
pesísimo muro, dando ligereza a la portada y belleza al
salón capitular ; la arquería descansaba en pequeñas co¬
lumnas de fuste liso y sencillo capitel de hojas de acanto.
En la puerta central, otra columnilla a cada lado servía de
sostén a una arcada lisa que formaba el
tercera cancel,
mientras en las laterales era el punto de partida de dos
arquitos unidos en el centro sobre otra columnilla parecida
que oficiaba de parteluz, dejando sobre ellos un tímpano
adornado por dentellado y moldurado rosetón (fig. 13).
Aunque las líneas de los arcos y demás detalles de la por¬
tada quieren corresponder al primer período del estilo oji¬
val, un detenido examen demuestra que se trata de una
portada reconstruida seguramente ya en pleno siglo xvi,
imitando discretamente un sistema que sólo supervivía en
la construcción de bóvedas ; lo mismo que el claustro
y la
iglesia, la portada de la S'ala capitular parecía 'recién he¬
cha, la piedra tenía el mismo color, diríase que la trabaja-
(i) Manuscrito anónimo de la Colección Salazar. ,\c. de 'a His.
toria.
4
—
50 -
ron las mismas manos, y su traza era hermana gemela de
las bóvedas del templo y he indi¬
ala Norte del patio ; ya
cado más atrás la identidad de las marcas de cantería en
el claustiro nuevo de Huerta y el de Ovila, debiendo aña¬
dir la noticia de que la antigua portada del aula capitular
de Santa María de Huerta fué rehecha en 1545 (i), lo que
viene a apoyar la idea de que los mismos arquitectos y can¬
teros trabajaron en ambas, así como que las reformas de
Ovila pudieron decretarse desde el otro convento, del que
éste dependía ; se ignora en absoluto cómo era la portada
primitiva, y que la actual es coetánea del claustro y quedó
como éste sin terminar, lo prueba un detalle fácilmente
apreciable en la fotografía ; como puede verse en ella, los
capiteles de las columnillas del tercer arco de ingreso, es¬
tán sin tallar, señalándose tan sólo con unas rayas en el
bloque de piedra, las diversas partes de estos capiteles.
El interior de la Sala capitular era sencillo como co¬
rresponde a la época y a las prescripciones bernardas, re¬
sultando el conjunto majestuoso y solemne, no obstante
ser modestas sus proporciones en relación con las de Los
grandes monasterios cistercienses, ya que tendría unos on¬
ce o doce metros de longitud por siete o poco más de fon¬
do (fig. 14). Poblet, Veruela, Santas Creus, Huerta y otros
monasterios españoles, poseen Salas capitulares más gran¬
diosas ; pero por su severidad, por su unidad, por la pu¬
reza del estilo románico en el que apenas si quieren ini¬
ciarse las tímidas gallardías del ojival primitivo, la de
Ovila era un ejemplar interesante hasta por la justeza de
su tamaño adecuado a un monasterio tan hecho a la me¬
dida de las Constituciones cistercienses, que sus celdas
eran precisamente dooe, contando con la del abad.
Respondiendo a los tres arcos de ingreso, dividían el
(i) Enrique Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo.-—El Ar-
zobisfK) D. Rodrigo Ximénez de Rada y el Monasterio de Santa Ma¬
ría de Huerta. Discurso de recepción en la Academia de la Histo¬
ria, 1908.
Conmelrá.)
JPoL
f
13OD.—MVONJEASLTRAI
Figura
hdemsoigliayx.v)
C(raephsiatcullalrn
dlPoartead
Figura 14.-M0NASTERT0 DE OVILA
Interior de la sala Capitular (duales del siglo xii) hoy demolida.
(Fot. Conmelerán),
I iNSi i ■ ■ ■ i^ ' ' ■ ' ' '
I DE AkTE ¡ USl'ÁNiCO
-
51 -
salón en tres naves dos gruesas columnas de 'esbozado
y
pequeño basamento, fuste corto y liso rematado por tosco
capitel que exornaban dós hileras de merloncillos termina¬
les de hojas de acanto esquematizadas
; arrancando de su
sencillo ábaco los gruesos
y acanalados baquetones de los
arcos formeros
y cruceros ligeramente apuntados, dividían
la robusta bóveda de sillares en seis
paridas, apoyándose
aquéllos al llegar a las paredes y rincones en lás típicas
ménsulas molduradas con sencillez. En el centro del tes¬
tero existió hasta el verano de 1929 una hornacina casi
plana de alabastro, rematada en la clásica concha renacen¬
tista ; servía de respaldo al sillón abacial. A cada lado
y
dando frente las puertas de
a
ingreso, una estrecha venta¬
na suavizaba con la luz pasada a su
través, el fuérte con¬
traste del torrenteluminoso que entrara en la Sala cuan¬
do las puertas estuvieran
abiertas, quebrándose contra las
columnas sem'ejantes a rechonchas palmeras
y dejando los
ángulos envueltos en sombras siniestras.
A inmediata continuación de la Sala
capitular ha)'- un
arco de medio punto (núm. 9 en el
plano) ; allí comenza¬
ba la primitiva escalera
que conducía al dorrnitorio de no¬
vicios, así como a las habitaciones del abad, que induda¬
blemente se comenzaron los
en
primeros tiempos del mo- '
nasterio, pues los muros de la planta baja son idénticos
a los de toda esa banda, no escaseando los detalles
romá¬
nicos en los pocos huecos
que persisten. Esta edificación
no ha sido demolida, pero tal es su ruina (fig. 15), que no
es posible hacerse de la antigua distribución de sus
cairgo
habitaciones ; algunas del piso bajo yacen bajo una capa
de escombros desde hace muchísimos años,
suponiendo
que allí estaba la cillerería, celda del padre cillerero del
criado, reforzándose esta suposición con los datos que su¬
ministra el Inventario hecho en 1835 que se publica ín¬
tegro en los «Apéndices» ; el muro que dá a la huerta con¬
ventual presenta las perforaciones de una puertecilla de
medio punto, una ventana apuntada
y un óculo con dente¬
llones. correspondientes a dos habitaciones abovedadas
-
52 —
que todavía subsisten íntegras. Sobre ellas se alineaban
las del abad, de las que sólo quedan los muros exteriores
y restos de las yeserías renacentistas con que los exorna¬
ron interiormente y algún hueco sin guarnición de piedra,
tal como el que perfora la gruesa pared a mediodía dan¬
do a una solana de la que quedan inequívocos vestigios {fi¬
gura 15). Por el mencionado Inventario sabemos que el
abad tenía antesala, salón, celda y oratorio, pero es abso¬
lutamente imposible discernir sobre su distribución.
Encima de las estancias que llevamos descritas y ocu¬
pando el espacio existente entre la escalera principal y la
primitiva situada a continuación del aula caipitular, ocu¬
paba todo el piso alto de esa ala una gran nave cuya te¬
chumbre estaba sostenida por cuatro atrevidos arcos apun¬
tados desprovistos en absoluto de adornos y apoyados en
los robustísimos muros ; estos arcos severos y elegantes
dentro de su sencillez han subsistido hasta la demolición
realizada en 1931, y no tenían más objeto que sostener la
techumbre de madera del gran dormitorio de novicios ilu¬
minado por cinco grandes ventanas a saliente y otras cinco
que daban al claustro. El aspecto y la construcción del sa¬
lón enorme era idéntico al de sus hermanos mayores de
Poblet y Santas Greus, constando por relatos tradicionales
absolutamente verídicos que en los últimos tiempos del
monasterio fué utilizado para Biblioteca, ya que ésta era
nutrida y notable, aunque para nada habla de ella ni del
mobiliario de la Sala capitular, el Inventario hecho en 1835
(figura 16). Puede afirmarse que desde el siglo xvii nunca
tuvo Ovila de modo permanente doce monjes profesos,
siendo largos los períodos de tiempo en los cuales tan sólo
contaba con seis u ocho ; únicamente en los veranos afluían
unos cuantos colegiales para los que si faltaban celdas po¬
día fácilmente habilitárseles en el salón-biblioteca anchu¬
roso dormitorio sin contar otras dependencias, tales como
la hospedería, por cuyas razones se encuentra justificado
el ulterior destino dado al primitivo dormitorio de novi¬
cios. Tuvieron mis antepasados amistoso trato con los
-
53 -
i monjes de; Ovila y sus relatos transmitidos fielmente de
padres a hijos sirven para mi afirmación respecto a la im¬
portancia de la Biblioteca del monasterio; en 1821 fueron
robados no pocos volúmenes, en 1835 lleváronse unos va¬
lencianos en varios carros todos los que quedaban y como
nada dice el Inventario de la existencia de tal biblioteca,
hemos de pensar que fué saqueada o malvendida sin dar
cuenta de tal venta a la Hacienda pública.
Ala sur, o. dfil Refectorio.—'Ocupaba éste hasta comien¬
zos de 1931 el centro de esta banda, y aunque sin tejas
desde poco tiempo después de la expulsión de los monjes,
subsistía sin una grieta desafiando con la robustez de su
f fábrica el rigor de los agentes atmostéricos. Entre él y las
I habitaciones del abad y cillerería debió existir una edifi-
I cación de un sólo piso, toda vez que en los muros latera¬
les del refectorio no se veía por su parte alta la menor
señal de obra adosada ; obra sin importancia y mala cons¬
trucción, como si fuera provisional, ya que tan sólo llegué
; a conocer el semiderruído muro anterior y otro paredón al
' fondo, quedando todavía más allá un espacio libre como
si fuera un jardinillo en el que vejetaban en mi tiempo
alguna higuera y no pocos zarzales ; ¿ estuvo allí la en-
I fermería? Lo que sí puede afirmarse es que pertenecía este
espacio a la porción del monasterio que no llegó a cons¬
truirse con carácter definitivo, teniendo en cuenta la soli¬
dez y alcurnia de las primitivas edificaciones.
.\1 otro lado del refectorio, estaban positivamente la co¬
cina y despensa, pues queda de la primera, el hogar ; edi¬
ficación también de un sólo piso, también al parecer pro-
visional, no ha resistido los embates de los siglos, y sólo
■
algunos derrumbados paredones denuncian deáde hace mu¬
chos años su emplazamiento, a continuación del cual debió
estar la hospedería, pero de la que ni cimientos subsisten,
quizá por haberse utilizado sus materiales para las casas
3e labor de la finca, con posterioridad a la exclaustración ;
sc)lo sabemos por el citado Inventario, que constaba de
í
—
54 —
cuatro cuartos, o habitaciones, una de las cuales era la
celda del Prior.
Con la Sala capitular, la bodega y las habitaciones, de
dudosa atribución más atrás reseñadas, era el Refectorio .lo
más venerable del viejo cenobio, lo más interesante para
el soñador el artista,
o y desde luego lo mejor conservado.
Era magnífico,aunque la palabra surja con bastantes va¬
cilaciones recordando el imponderable del Monasterio de
Santa María de Huerta (1) y aun los de otros monasterios
cistercienses, como el de Poblet ; pero si se tiene en cuen¬
ta que Ovila se comenzó a edificar
para sólo doce monjes,
según las prescripciones de San Bernardo, su magnificen¬
cia podía ser relativa ; así por su grandeza
y hermosura
dentro de la severidad y aun adustez de la construcción,
la obra que me ocupa era ciertamente notable.,
,
Formaba un edificio aislado en el centro de la banda
sur del claustro, todo él de
piedra de sillería y muros cuyo
espesor pasaba con mucho del metro, estando la portada
constituida por arco de medio punto sencillamente moldu¬
rado y apoyado en columnillas sin base y con sencillo ca¬
pitel exornado con volutas y hojas de acanto ; con poste¬
rioridad se construyó un arco interior para achicar el ta¬
maño de la puerta. A dos tercios de altura.de la pared co¬
rría una sencilla cornisa denunciando algunos canecillos
(fig. 17) el apoyo de la-techumbre de madera del primitivo
claustro, así como marcados con rayas profundas se ad¬
vertían los futuros arcos del claustro nuevo jamás termi¬
nado. Concluía la fachada un frontón rasgado por aspille-
rada ventana y rematado por la cornisa í:on mutulos, pa¬
ra
apoyar el alero a dos vertientes.
Una severa nave, de unos siete metros de altura por
(i) Comenzó a construirse él Refectorio de Huerta mucho des¬
pués que el de Ovila, en 1215, siendo planéado con arreglo a las
normas del estilo ojival, mièntfas éste lo fué
siguiendo las del ro¬
mánico ; el Refectorio de Huerta es el niás grandioso de España y
uno de los
mejores de Europa.
—
55 —
dieciseis de larg-a y algo más de seis de ancha, constituía
el interior, cubierta por robustísima bóveda de silla¬
nave
res, ligeramente apuntada y dividida en tres sectores o
pandas poir dos ; gruesos arcos torales que arrancaban de
repisas sobriamente exornadas con hojas y situadas a mi¬
tad de altura de los muros, arrancando también de ellas los
semicirculares arcos cruceros formados por gruesos baque¬
tones de sección treboladá (fig. 18).
N.0 existían arcos formeros, de suerte que la línea de
sillares de la bóveda moría directamente en las paredes,
lo que si restaba elegancia al conjunto, procurábale, en
cambio, cierta majestad severa a la que no contribuía poco
la luz escasa que fuerte penumbra.
sumía los rincones en
En el primero y segundo tramo, grandes arcos ciegos
moldurados y apoyados en delgadas columnas de sencillo
capitel restaban aridez a las paredes indicando de paso
que en el proyecto primitivo se pensó elevar dos pisos de
habitaciones a los lados del refectorio, pues .en caso con¬
trario se le hubiera procurado con unas ventanas mayor
luminosidad ; en el tercer tramo, idénticos arcos daban lu¬
gar a la izquierda a una ventana aspillerada así como en
el testero, mientras a la derecha existía el pulpito del lec¬
tor al que,según costumbre de los monasterios del Cis-
ter, daba escalerilla fraguada en el espesor del
acceso una
grueso muro (num. 11 del plano) ; finalmente, una puer-
tecilla abierta a la derecha en el primer tramo, comunica¬
ba con la antecocina.
Una falta injustificada tenía este refectorio, cual era
la de una fuentecilla en el centro del salón como en Santas
Greus, o en un templete alzado enla el claustro frente a
puerta, como un Poblet; falta injustificada y que revela
suprema desidia ya que las corrientes de agua potable son
abundantes en Ovila, y en las inmediaciones del monas¬
terio subsiste una fuente mu}^ caudalosa (véase el plano)
cuya tubería cruza la huerta conventual cerca de los muros
del cenobio ; como ni en el claustro, ni en el refectorio,
ni en la cocina se advierten indicios de fuente alguna, no
—
56 -
cabe pensar en un traslado ulterior a la exclaustración, a
más que en el Inventario se lee un dato demostrativo, cual
es la existencia en la cocina y enel mismo refectorio de
sendas tinajas para depósitos de agita. En las paredes de
éste se advertían señales de los bancos de madera
que ser¬
vían de asiento conrido todo alrededor de la anchurosa es¬
tancia, y en el mencionado Inventario se consignan siete
largas ocupando los espacios señalados por los arcos
mesas
de la bóveda, así como también las jarrillas de barro para
servir el vino a los monjes, de las que llegué a conocer
alguna ; cabían aproximadamente medio litro, y como los
vasos usados en el comedor del abad, tenían
grabado el
nombre de Ovila en el exterior, y el anagrama de Jesiis
en el fondo.
Fué comenzado el Refectorio por Alfonso VIII hacia
1180, terminándose lo mismo la Sala capitular y el coce¬
dero bodega por su hijo Enrique I ;
o
las bóvedas de arista
ligeramente apuntadas dan un ligero sabor gótico a estas
construcciones, pero la rudeza de las mismas, los robustos
sillares que las forman no representando la cucería más
que simples refuerzos que descargan sobre los robustos
a los que no
muros bacen falta contrafuertes, las largas y
estrechas ventanas de medio punto, y el aspecto general
de la construcción hacían del Réfectorio ovilense un
mag¬
nífico ejemplar de la arquitectura románica en toda su pu¬
reza. El egoísmo antipatriótico no ha dejado de la inte¬
resanteconstrucción más que un hoyo cuadrilátero rodea¬
do de escombros indicando el lugar de su emplazamiento.
Lm.
bodega y las celdas de profesos.—El ala poniente
del patio claustral lo ocupa todavía el pabellón de la bo¬
dega en cuyo piso alto estaban las celdas de monjes pro¬
fesos. Es un edificio adusto que data de los primeros tiem-
tos del monasterio, construido de sillares que con el sol y
los siglos han tomado el grato color del oro viejo ; la plan¬
ta baja la ocupa el cocedero o lagar formado por amplia
nave de unos veinte metros de larga por unos siete de an-
—
57 -
cha y cerrada por bóveda apuntada de sillares, sin arcos
ni nervaduras (fig. 19). Amplia puerta de medio punto
dá al corral situado a
poniente,rasgada ventana se
una
abre al i^otffte, otra puerta tapiada,
según puede verse en
la fotografía, comunicaba al sur con el patinillo de entra¬
da al monasterio, y un
postiguillo dá al claustro. En el
muro de
poniente, todavía existen los arcos ciegos angre-
lados de dos ventanillas tapadas desde
antiguo por dos
contrafuertes exteriores levantados sin duda para conte¬
ner la falla de la bóveda que
puede apreciarse en la foto¬
grafía. En la actualidad, la gran nave está materialmente
ocupada por corralizas para cerdos, montones de cascotes
y aperos de labranza, estorbos que la quitan toda visuali¬
dad : habida cuenta del tamaño de las tinajas antiguas,
puede calculársele unas 1000 arrobas de aforo y cuando es¬
tuviera en uso alineándose a lo largo de las paredes las
panzudas vasijas (trece existían en la época de la exclaus-
tarción, según el Inventario, y algunas de ellas todavía
son utilizadas en el vecino
pueblo de Azañón) el aspecto
del lagar debió ser magnífico.
En los extremos norte y sur del piso hay una escaleri¬
lla que conduce a la bodega
subterránea, de tal manera que
tenía asegurada la ventilación, siendo de notar lo cuidado
de estos detalles, que no mejoraría un moderno
ingeniero
enólogo ; así, mientras la ventilación de la bodega (cu¬
bierta como el cocedero por robusta y apuntada bóveda
de sillares), es inmejorable, impidiéndose, sin
embargo,
las corrientes de airecaliginoso y logrando, por tanto, la
temperatura fresca y uniforme precisa a la conservación de
los caldos, el cocedero tiene asegurada sólo la renova¬
no
ción constante del oxígeno precisa a una buena fermenta¬
ción, sino la entrada del aire caldeado del sur y el po¬
niente.
El piso alto tenía desde la galería superior del
acceso
claustro, mediante puertecita cuyo arco de medio pun¬
una
to subsiste, encima de la única panda que para tal servi¬
cio se construyó en el moderno claustro a la banda de po-
—
58 —
niente. Antes de llegar a esta puerta, en el espesor del mu-
rallón que para cerrar la banda norte contimía la
pared
del templo, existe urí socavón
irregular por haber arran¬
cado de él las puertas que lo cerraban, así comO los arma¬
rios empotrados en la pared;
aquí estuvo instalado el Ar¬
chivo con la abundanté y preciosa'documentación de do¬
naciones, privilegios, pleitos, etc., hoy puede decirse que
perdida totalmente, yá que sólo se conoce el paradero de
muy escasos documentos; fué en tal sitio colocado el Ar¬
chivo para librarle en absoluto de incendios
(tal se razona
én el Inventario), pues,
según el libro de Matrimonios de
la iglesia-parroquia del
convento, hubo de comenzarse un
libro nuevo en 1716, por, haberse quemado el anterior en
un incendio sufrido por el Archivo no mucho antes.
!Las celdas de profesos se alineaban a lo
largo de los
muros del pabellón de la Bodega, quedando entre ellas un
corredor de norte a sur, alumbrado en cada extremo por
una
pequeña ventana ; había cinco a cada lado, con venta¬
nas que daban al claustro las de ün lado y al poniente, so¬
bre el corral las del otro..
Desprovista esa edificación de te¬
jado, la tabiquería de las celdas se destruyó muy pronto y
aun los exteriores han sido demolidos récifentemente
muros
hasta el alféizar de las ventanas, no Siendo desmontada
por
completo la nave del lagar, porque se paralizaron los tra¬
bajos, que si se reanudan darán también al traste con esta
interesante muestra de una instalación
agro-industrial de
la edad media.
Con lo dicho puede darse por terminada la descripción
del que fué monasterio bernardo de Santa María de Ovüa,
pues del palomar y gallinero emplazados en el corral, nada
queda, lo mismo que de los graneros aprovechados para las
casas de los
guardas y hortelanos de la finca ; tampoco
puede precisarse donde estuvo la torreta del reloj que ios
del pueblo de Ledanca
(cercano a Jadraque), compraron
ciiando ía exclaustración de 1820, devolvieron en 1823
y
tornaron á llevarse en 1835. Delante de las ruinas todavía
se yergue él rollo o picota indicador de que el Monasterio
—
59 —
tenía jurisdicción propia, siendo el caserío de Ovi'a'vilia.
de abadengo, con su alcalde mayor que solía ser el mo'ine-
ro, sin más vecinos a quien gobernar que el arrobero,' 'os
criados de la abadía y los escasos colonos que cültivaban eí
valle, medieros. A unos doscientos metros
como renteros o
del ex monasterio se advierten lamidos por las aguas de^
Tajo, los estribos del viejo puente de Ovila, en el que se¬
gún los privilegios y confirmaciones de Alfonso VIII, En¬
rique I y Fernando el Santo (véanse los Apéndices), ter¬
minaba el derecho exclusivo de pesca poseído por los mon¬
jes y defendido contra las pretensiones de los de Azañón,
mediante un pleito a fines de la dieciocho centuria ; este
puente debió inutilizarse por una avenida o en alguna tur¬
bulencia, a fines del siglo xv, sin que fuera jamás recons-
fruídjO, porque según se desprende de alguno de los discuti¬
bles: milagros hechos por la Virgen de Ovila, se atravesaba
el río poir el vado existente un poco más abajo, motivan¬
do tal cual mareo en las mujeres que caían al agua implo¬
rando a la Virgen, sosteniéndose a flote largo trecho gra¬
cias a la escasa profundidad del Tajo y a las faldas que
actuaban durante un rato de eficaz flotador (1).
A la parte opuesta, o sea a unos trescientos metros al
norte de la Abadía de Ovila, subsisten sobre un altozano
cubierto de chaparros, las ruinas del Viejo molino conven¬
tual, "cuyo caz sigue,trayendo el agua desde el d.esfiladero
de la Boca del Infierno y la fuente que nace en la gruta,
llamada del «butrón» ; salta todavía cantarína la espumosa
(il acabado el oratorio (iglesia) con
«En «1 siglo pasado (xvi) fué
obra reciente él reside la imagen de la Virgen
(de nueva planta). En
iMan'a, que dicen o
O vila durante- el reinado de Lnricïue I y
Fernando III; privilegio/ y confirmacione/ de esto/
reye/ y de lo/ sucesivo/ basta Cario/ IV-^Fl monasterio
hasta mediado el siglo XV; donacione/, pleito/ e inci»"
dente/ >»Fpoca de la enagenaciórv de biene/ y reforma
del edificio conventual; efemèride/ ocurridas hasta la
revolucióiv francesa.-^La decadencia de Ovila; guerra de
la Independencia; segunda desamortizaciórv,; exclaustra«i
cióiv definitiva y lic[uidaciórv, de lo/ biene/ del monas-»
terio.<»La ruina de sus ruinas y el golpe
de gracia de l93l.
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Figura 30.—Mapa de lo.s dominios de Ovíla, consignándose los nombres
antiguos de los pueblos y su altitud sobre el nivel del mar, para
formarse idea de lo accidentado del terreno.
algunos textos y en la falta de serena reflexión y conoci¬
miento del terreno.
fante doña María, muger que fué del muy noble Infante D. Pedro,
que (Sigena)» ; fija el
Dios perdone, freila del monasterio de Xixena
derecho de los de Azañón a nombrar sus alcaldes y jueces, enten¬
diendo sólo en los asuntos de menor cuantía (la cual se señala), ac¬
tuando en los otros las autoridades superiores de Viana ; reconoce
el derecho de unos y otros-a usar indistintamente los pastos del tér¬
mino común. En la relación hechaen tiempo de Felij>e II, 'os de
Viana todavía dan cuenta de seguir ambos términos unidos.
XoT.t iMPORT.rxTE.—Todos los que han tratado de Ovila y los lí-
-
80 -
Esfray Angel Manrique quien en sus magnos Anales
Cistercienses afirma que la comunidad residió once años
en Murel, Easta verificarse la traslación en 1186 al recién
edificado monasterio de Ovila, apoyándose en la carta de
donación y privilegio del propio Alfonso, traduciendo la
frase «de novo fundatum» como ((fundado de nuevo», de¬
biendo traducirla ((construido de nueva planta u obra re¬
cién hecha» según se aclaraen otro texto del mismo rey (1),
así como en la carta de confirmación dada en 1219 por
Fernando III que se inserta en los Apéndices de este li¬
bro. Ayuda al error del ilustre fraile una carta, bula o le¬
tras apostólicas enviadas por el Papa ILucio III desde Ve¬
rona, el 23 de Noviembre de 1182, acogiendo bajo su am¬
paro y protección al nuevo monasterio de Santa María de
Murel (2), y respondiendo de este modo al requerimiento
que le hicieran los monjes con su abad Pedro a la cabeza.
D. Juan Catalina García, sin atreverse a negar las afir-
mites de dominio, han identificado Azagrón con el pueblo de
su
Azañón, mismo participaba de tal creencia, aun pareciéndome
y yo
extraño que habiendo pertenecido a Ovila, apenas poseyera el mo¬
nasterio nada en ese lugar durante los últimos tiempos. El hallaz¬
go del archivo del Comisionado liquidador de los bienes de Ovila
cuando la exclaustración y el estudio de las libretas donde se especi¬
ficaban las rentas de cada finca, me Inducen a pensar que la atribu¬
ción mencionada es falsa. La ((granja de Azagrón» consignada en
las cartas de privilegio y demás documentos de la Edad Media, ii"
es Azañón, sino la finca constitutiva hasta los últimos
tiempos de un
coto redondo situado entre Morillejo y Arbeteta, llamada «granja
del Acedrón o Azadrón» ; el primer nombre lo lleva en el Inventario :
el sqgundo, en el ¡('Memorial de Panera de este Monasterio de Santa
María de Ovila», actualmente en mi poder y cuyas cuentas compren¬
den desde 1830 a 1835.
(1) Manuel Serrano Sanz. Nota bibliográfica sobre la obra dq
Minguella. Rev. de .Arh. Bibl. y Mus., 1914.
El Marqués de .Mondéjar en sus «Memorias de .Mfonso el Noble,
octavo de este nombre», no hace sino copiar a Manrique y aún tra¬
bucar lamentablemente algún concepto. 1. t. Madrid 1783. Bibl. de
la Ac. de la Hist.
(2) Precisamente al año de adquirir Alfonso VIII el territorio.
81 —
maciones de Fray Angel Manrique ni a despreciar sus
aportaciones documentales, pone no pocos reparos a la
tesis, pareciéndole inexplicable que se construyera un mo¬
nasterio en iVIurel para
abandonarlo once años después fa¬
bricando otro legua río abajo ; en cuanto al obispo de
una
Sigüenza, Fray Toribio ]\Iinguella que ni visitó Ovila ni
conocía el terreno ateniéndose para enjuiciar
el exclusivo
testimonio de la letra escrita, en su notable Historia de la
diócesis sigue a Catalina García en sus escrúpulos,
no
como le sigue en lo
demás, aceptando en cambio cuanto
dice el padre' Manrique ; la palabra ((casa»
(de Murel), la
interpreta en el sentido de edificación en iugar de darle la
acepción de término, dominio o poblado, que era la co¬
rriente en aquella época ; traduce imperdonablemente la
frase novo fundatum como «nueva fundación»
y da por
sentado que el nuevo monasterio estuvo en Murel
(Mure-
tum), siendo luego trasladado a Ovila.
Las consideraciones de Los autores citados
y las conclu¬
siones sentadas en consecuencia, son fácilmente refuta¬
bles. La primera de Aíanrique afirmando quedespués de
once años de permanencia fué el monasterio trasladado,
cae por subase, ya que lo de los once años es una fantasía,
pue.s se instalaron los monjes en Ovila a ios cinco de ad¬
quirir Alfonso VIII los bienes fundacionales. Las letras
apostólicas de Lucio III solicitadas por ios monjes de la
decretada abadía inmediatamente después de su designa¬ ,
ción, según desprende del cotejo de fechas, parecen de¬
se
finitivas como alegato ; mas si se tiene en cuenta
precisa¬
mente la fecha de las mismas
(1182), concíbese que hablen
del monasterio de Murel, pues en su término se estaba
construyendo sin figurar todavía con la nueva designa¬
ción, _va que presumiblemente los monjes continuarían en
su convento originario hasta poder cobijarse en el. nuevo.
Otra razón contra de la tesis de
en
Manrique y sus segui¬
dores, la da el hecho de que Altirel era una ínfima aldea de
la que quedan vestigios de pocas y míseras viviendas, en¬
tre las que no se percibe ni rastro de edificación conven-
6
—
82 -
tuai, más grande 3' sólida que aquéllas por provisional e
incompleta que fuese. Por si esto no bastara, la lógica más
elemental no puede explicar cómo se construyó una abadía
en Mure! para abandonarla enseguida y trasladarla tan cer¬
ca, a un ni es mucho más fértil ni más sano que
sitio que
el anterior ; a más que en los cinco años transcurridos
entre la adquisición del terreno y la entrega del monaste¬
rio de Ovila tan sólo comenzado a construir, no hubo tiem¬
po material para elevar dos conventos ni hay justificación
para el despilfarro (1). Como se verá después, hasta 1216
aproximadamente, no estuvieron acabadas las principa¬
les dependencias del nuevo cenobio a pesar del entusiasmo
\' altos vuelos con que las empezara el fundador (la lenti¬
tud constructiva de la época consolida los razonamientos
anteriores), lo cual prueba que ¡os monjes con su abad Es¬
teban habitaron Ovila en 1186, tan pronto como mal pu¬
dieron cobijarse en el comenzado monasterio ; ¿ no hubie¬
ran estado más cómodos en Murel varios años todavía
hasta acabarse lo fundamental de Ovila por miserable qu^
fuera la casa primitiva? Las anteriores consideraciones so¬
bran para afirmar que los monjes adscritos a la creada aba¬
día de Murel en virtud de la adquisición de este término O
jurisdicción, subsistieron en el monasterio de su proceden¬
cia desde 1181, actuando como comunidad organizada y
aun disfrutando las rentas de los bienes patrimoniales , y
tan luego como la naciente edificación de Ovila tuvo .me¬
dianas condiciones de habitabilidad, o sea en 1186, a día
se trasladaron una vez obtenida la carta fundacional otor¬
gada ese año por Alfonso VIII cuyo texto puede ver.e en
los Apéndices de esta obra, designándola ya con el nombre
de Ovila suprimido el de Murel, pues se había utilizado
tan solo por ser la cabeza del término jurisdicional.
No se conformó el fundador con dotar al nuevo monas¬
terio con el territorio de Murel, sino que por propio im-
(i) Sen-ano Sápz. Nota bibliog. cit.
*
-
83 —
pulso o alentado por el virtuoso abad de Santa iMaría de
Huerta, fray Martín de Finojosa, adquirió de la mitra
seguntina y de algún particular otras propiedades, con las
que el patrimonio de la abadía mitrada de Ovila quedo
constituido del siguiente modo según los datos del privi¬
legio de fundación, el documento transacional entre la aba¬
día y el 'cabildo, la carta de Enrique I y las de Fernan¬
do III, documentos transcritos en los apéndices de este
libro.
De un lado (véase el mapa) todo el pago de Murel an¬
teriormente descrito, con sus pertenencias desde su puente
(hace siglos arruinado) hasta el de Ovila (frente al conven¬
to yarrumbado también hace siglos) ; de este último mo¬
jón yrodeando el valle, seguía el límite hasta Sotoca (pue-
bli como Roela—Ruguilla—y Otos o Utos—Huetos—de
la jurisdición de Ovila), volviendo de aquí a Murel por la
hondonada de Val de Zancada (1); tales eran los límites
del Coto de Ovila propiamente dicho. De otro, numerosas
propiedades, censos y diezmos en Ruguilla y Huetos, cua¬
tro yugadas de tierra en Gárgoles más tres en este mismo
pueblo de Molinsico (molino seco), un molino así como otro
en Sotoca, dos en Carrascosa (pueblo que repobló Alfon¬
so VIH (2) con el beneplácito de los monjes) la heredad de
Sotodosos con la de Padiela (Padilla del Ducado), Santa
María de Venalcalde, la heredad de Corvesin (o Corbes),
con sus salinas, molino y huerto ; el conjunto de este se¬
gundo lote fué en casi su totalidad producto de sucesivas
donaciones hechas por Alfonso VIH, consignadas en va-
(1) Aún se llania Vazancao o Vazancado ; tenían en él los mon¬
jes, abundantes viiicdos, hoy propiedad de los vecinos de Huetos y
Carrascosa.
(2)Según la Relación mandada hacer por Felipe II, parece que
se llamó este
pueblo Carrascosa de Ubila (Ovila) ; más tarde, se
llamó Carrascosa del Río y actualmente Carrascosa de Tajo. La
concesión hecha por .Alfonso VIH no debió ser muy terminante, pues
su hijo Enrique hubo de concretarla en una Carta de Privilegio.
-
84 —
rias cartas de privilegio cuyos originales figuran en el car¬
tulario propiedad de D. Roque Pidal. Una fué dada en
1191 ; otra en Cuenca en 1202 ; otra en el
pueblo de la Riva
cerca de
Sigüenza, en presencia del obispo Rodrigo y el
abad de Ovila, Pedro ; otra haciendo merced de algunas
heredades, fechada en Berlanga en 1206 y otra en Alfaro
con idéntico
objeto en 1208 (Consignadas en el manuscri¬
to anónimo de la Colección Salazar, de la Academia de la
Historia) todavía cita Manrique otra carta de donación
;
dada por el mismo Alfonso, en 1214.
Por lo que hace a la construcción del monasterio de
Ovila, (¡comenzó con regio gasto la fábrica del nuevo con¬
vento ; si se le hubiera dado acabarlo,
quizá no le iguala¬
se
ninguno de los de España» (Manrique. Como se ha vis¬
to al tratar de la descripción
del mismo, esta afirmació r
peca de exagerada, pero considerando la serie de edifica¬
ciones que datan de la primera época aunque no llegara a
verlas terminadas el fundador (ala de la sala
capitular con
el archivo y casa del abad,, refectorio
y bodega), nadie
pondrá en duda el entusiasmo del rey que en virtud de un
plano y una distribución meditada, acometió la empresa
en su
conjunto, proponiéndose sin duda alzar el edificio
de la primera arremetida en lugar de levantar
pabellones
provisionales y emprendiendo sólo la obra definitiva de la
Iglesia u otra cualquier dependencia con propósito de con¬
tinuar, según las posibilidades. Como ya he indi¬
cado anteriormente, no aguardó a tener lo
principal del
monasterio terminado para llevar a él la comunidad que
forzosamente hubo de sufrir no pocas incomodidades du¬
rante bastantes años ; por cierto, que aun cuando se con¬
sideró a Ovila siempre filial y dependiente de Santa María
de Huerta, los monjes n,o procedían de este
lugar, sino
del convento de Bolbona o Valbuena ; circunstancia que
llama justamente la atención de fray Angel Manrique, no
explicándose tal anomalía dada la predilección que el rey
sentía por los monjes de Huerta y el cariño al abad de
este monasterio, Martín, por los de Ovila a los que visitó
poco antes de morir (1).
Ya he citado la Bula del papa Lucio III, acogiendo
bajo protección y
su los monjes de Santa María
amparo a
de Murel (destinados a Ovila), de cuya Bula inserto el ex¬
tracto latino, transcrito por
Manrique en sus Anales Cis-
tercienses ; pero la traducción que del documento
figura
en el manuscrito anónimo de la Colección Salazar, va se¬
guida de párrafo de la misma Bula, que dice : ((...here¬
un
dad de Sotodosos y la heredad de Medina, dice
que no
paguemos diezmos de lo que labraremos por nuestras ma¬
nos ;
que se puedan recibir novicios ; que en el monaste¬
rio ni sus granjas ninguno haga fuerza ni violencia,
que
en media legua alrededor
del monasterio (^no) haya iglesia
de canónigos regulares, que los obispos no nos hagan mo¬
lestias y otras cosas favorables. 23 Noviembre de 1182».
Esta anotación del curioso y desordenado extracto que es
el manuscrito de la Colección Salazar, justifica el carácter
de colegio o noviciado
que más o menos continuadamente
tuvo la abadía de Ovila hasta sus últimos
tiempos, así
como explica la génesis del pleito habido con el cabildo
seguntino ; según dije al mencionar por vez primera la
Bula pontificia, llamábase Pedro el abad del monasterio
apellidado todavía ¡(de Murel» ; el segundo, tenía por nom¬
bre Esteban.
Pleito' con el cabildo, concordia lograda por San Mar¬
tín y muerte de éste a la vuelta de Ovila.—Muy pronto co¬
menzaron los rozamientos entr.e los
monjes bernardos del
fi) Mgunas contramarcas de los canteros, encontradas en los si¬
llares de la construcción alfonsina, coinciden con otras del Monas¬
terio de Huerta, donde a la sazón también se hacían grandes obras
por cuenta del mismo Rey, lo que prueba que entonces como en t i
siglo XVI la dirección de ambas era la misma, y los mismos can¬
teros quienes labraban los sillares.
-
86 -
nuevo convento yel cabildo de la catedral de Sigüenza^
en cuya jurisdicción aquél tenía su asiento. Requería el
cabildo a los frailes para que le pagaran los censos con que
estaban gravadas Santa María de Venalcalde o Benalcal-
de y sus términos, así como una heredad de Huetos que
había sido antes de la propiedad de un tal Pedro Arce¬
diano (comprada probablemente por el rey para donarla
al monasterio), exigiéndoles también el pago de los diezmos.
Alegaban los monjes que el rey había comprado o cam¬
biado al cabildo las propiedades y territorios que consti¬
tuían los bienes de Santa María de Ovila y por tanto, al
cederlas éste debía entenderse- que las enajenaba en unión
de todos los derechos de cualquier índole que sobre ellas
tuviera ; además, que la Orden del Cister estaba exenta de
pagar diezmos por los trabajos y gastos que hiciese. In¬
sistía el cabildo pretensión arguyendo que el rey
en su
compró o adquirió el suelo más no pagó las cargas que las
propiedades tuvieren, llevando el asunto camino de no
arreglarse jamás y originando una tirantez mayor cada
vez, entre la curia catedralicia y los monjes blancos de la
Real abadía de Santa María de Ovila.
Poraquel entonces era obispo de Sigüenza un varón
ejemplar, fraile bernardo elevado a la mitra seguntina
siendo abad del monasterio de Santa María de Huerta.
Se llamaba Martín de Finojosa, apellido tomado del pue¬
blo de Hinojosa, en la provincia de Soria, ubicado entre
Gómara y Agreda, en cuyo pueblo radicada su familia
que era ; el rey Alfonso le distinguía con su cariño
noble
y respeto, siendo aquel tan grande, que le llevó a rehacer
la hasta entonces pobre abadía de Huerta convirtiéndola
en un monasterio magnífico al que dotó de grandes rique¬
zas ; en la Orden bernarda se le consideraba como una de
las principales figuras, y su caridad inagotable, su bon¬
dad, su ecuanimidad, su modestia y demás virtudes que le
adornaban hicieron que en vida se le revenciara casi como
santo, siendo efectivamente canonizado después de su
muerte. El cariño que sentía por sus amados hijos de Ovi-
-
87 —
la y el respeto que inspiraba en todas partes y por tanto
entre sus capitulares, le llevó a intentar una transacción
que determinara con aquel estado de violencia, llevando las
negociaciones a tan feliz término que el pleito quedó sus¬
tanciado en 1191 mediante el acta de Concordia levantada
el 18 de Agosto Sigüenza. Por ella renuncia el cabildo
en
a toda clase de y diezmos respecto a las propieda¬
censos
des presentes y futuras del monasterio en el territorio de
la diócesis, (exceptuados los derechos episcopales en las
parroquias) percibiendo en cambio cuatro áureos que pa¬
garían los monjes el d'a de la Epifanía, dos de ellos para
el Obispo y los otros dos para el Refectorio. (Véase el do¬
cumento completo en los ((Apéndices»).
En 1192, el virtuoso obispo seguntino, mal avenido con
la existencia prócer a que el cargo le obligaba y añorando la
plácida existencia monacal, renunció a la mitra de Sigüen¬
za
que pasó a su sobrino Don Rodrigo retirándose a
Huerta el que más tarde fué San Martín, gobernando en
cierto modo la abadía y aun la diócesis seguntina, pues no
había asunto delicado o espinoso para solucionar el cual
no fuera solicitado su sabio
y honrado consejo (1).
Había testimoniado muchas veces su cariño a la abadía
de Ovila ; refiérese que hab''a tenido una revelación divina
acerca de su próxima muerte y quiso despedirse de sus
amados hijos los monjes de Ovila trasladándose a este mo¬
nasterio en los comienzos del verano de 1213 o sea un año
después del triunfo de las Navas. Pasó casi todo el estío
en Ovila exhortando a los frailes a perseverar en la aus¬
teridad y la virtud ; llegó Septiembre, y encontrándose con
su salud harto quebrantada temió que su vida se extin¬
guiera lejos de Huerta donde quería ser enterrado, em¬
prendiendo el regreso acompañado de su socio y algunos
monjes de Ovila sin que lograra llegar vivo a su destino,
pues agravándose por momentos entregó su alma a Dios
en una aldea
que las crónicas llaman Subdoxae ; su cadá-
(i) Fray Toribio Minguella.—Historia de la Diócesis de Sigüenza.
—
88 —
ver fué llevado a Santa María de Huerta y allí reposan sus
restos.
¿ Qué pueblo de Subdoxae ? El padre Manrique
era este
en sus Anales que se trata de Sotoca de Tajo,
(1), dice
pero añade que está situado a mitad de camino de Ovila a
Huerta ; con él está conforme la tradicción. En canibio,
el deán de Sigüenza D. Eugenio González Chantos (muer¬
to en 1812) sostiene la tesis de que la muerte tuvo lugar en
Sotodosos que efectivamente está a mitad de la ruta y don¬
de los monjes de Ovila tenían posesiones ; anunció una
disertación para probarlo, pero o no llegó a hacerla O' ha
desaparecido. D. Juan Catalina García acepta sin meterse
en discusiones la tesis de Manrique, entreteniéndose en
cambio en plantear el inexistente problema de si Sotoca es
anterior a Ovila o consecuencia del establecimiento en
aquella vega de aparceros* o renteros del monasterio (2).
(1) «Del lugar de la muerte no es menos cierto que murió en
Subdoxae, según el vulgo Sotoca, pequeño lugar que está situado
entre Ovila y Huerta en mitad del camino ; como se cree, sabedor
de su muerte, de Ovila adonde había ido a ver a sus queridos hijos,
volvía a Huerta a quedarse entre los más queridos todavía.» (Man¬
rique. .'\n. Cister, es. Cap. 6." del año 1213).
(2) «Es Sotoca de Tajo un pueblecillo de unos treinta vecinos, si¬
tuado en la falda de un cerrillo cónico truncado, que albergó en su
meseta un poblado ibérico del que quedan en ella restos de fortifica¬
ciones ciclópeas, no escasos pedazos de cerámica saguntina, y en la
falda de poniente una pequeña necrópolis excavada con éxito hace
años por D. Manuel Serrano Sanz. Al suavizarse en la nodie de los
tiemipos la vida social, corrióse el poblado deslizándose por la cuesta
del mediodía hasta llegar al llano, por el que corre el abundoso arro¬
yo procedente de Huertos y donde brota una fuente de varios caños.
Bella es la situación de Sotoca, y si no fuera tan misero podía- ser
un
-pueblo bonito, pavimentado e incrementando sus alamedas ; sobre
Sotoca parece ¡rosar una maldición, pues, rodeado de vegas férti¬
les y extensas, no le han pertenecido nunca, ni es fácil que le perte¬
nezcan en el porvenir. A poco de verificarse la conquista del territo¬
rio, Alfonso VIH fundó a unos cuatro kilómetros escasos el monas¬
terio cisterciense de Ovila, donándole lo más y mejor del término de
Sotoca y las gentes de ese pueblo, no pudieron vivir en su mayoría
Igualmente acepta este resultado el marqués de Cerral-
bü (i) y el padre Minguella en su Historia de la Diócesis
de Sigüenza, si bien trata de la tesis contraria sustentada
por González Chentos, se atiene cómodamente a lo dicho
por fray Angel Manrique, dando por cierto que el óbito
de S'an Martín de Finojosa tuvo lugar en Sotoca de Tajo.
¿ Fué así, en efecto ? Difícil es negarlo o afirmarlo en re¬
dondo, pero si un poco se reflexiona, parece que la razón
indica como más probable el lugar de Sotodosos.
Apoya a Sotoca la tradición seguida por Manrique no
por proceder del vulgo, sino porque la escuchara entre los
mismos monjes, transmitida de unos a otros a través de
los siglos : también se ha querido utilizar como argumen¬
to el hecho de ser San Martín el patrono de Sotoca, aun
cuando ello no tiene valor porque la efigie que en el pueblo
se venera es la de San Martín de Tours, partiendo su capa
con un pobre, siendo natural que
tratándose de un lugar
de la jurisdicción de Ovila, los frailes de este convento
hubieran ilustrado a los lugareños indicándole que adqui¬
rieran una imagen de San Martín representando a un frai-
sino ctmio renteros de los frailes. 'Cuando la segunda y tercera
desamortización, los pobres pegujaleros sotoquines no tenían dinero
para convertirse en propietarios de las tierras que tenían ante sus
ojos y así lo más y mejor de ellas fué adqurido por vecinos de Ru-
guilla, a los que siguen perteneciendo... Por eso digo que los infeli¬
ces habitantes de Sotoca sufren sin merecerlo el castigo de Moisés,
al que fué dado contemplar la tierra prometida, pero no poseerla.
(De mi obra inédita Recuerdos.)
En la Relación hecha por personas diputadas, en tiempo de Fe¬
lipe II, contesta así a la pregunta 23; «que en lo que toca a la¬
se
branzas, los más labran en .tierras ajenas por alcanzar nosotros po¬
cas tierras ; como tenemos dicho, son las vengas de Nuestra Señora
de Ovila» (Tornado de Catalina García. Rel. Topográficas de Es¬
paña.)
Como se verá, en la Relación de bienes vendidos cuando la ex¬
claustración, lo mismo acontecía en 1835.
(i) Marqués de Cerralbo. Discurso de recepción en la Academia
de la Historia, 1908.
—
90 —
le bernardo, lugar de
en a un caballero armado cabalgando
sobre rijoso corcel.
Tiene a su favor la tesis, según la cual ocurrió en Soto-
dosos la muerte de S'an Martín de Finojosa, más numerosas
y fuertes razones ; una digna de tenerse en cuenta a mi jui¬
cio, es el nombre de Subdoxa, compuesto de un raiz co¬
mún a ambos
pueblos (siib = soto, bajo o debajo) y una ter¬
minación que se ajusta mucho peor a S'otoca que a Soto-
dosos (f/ox = doxa o doxos) ; sin embargo, el argumento
más convincente nace de la reflexión y la lógica, pues es¬
tando Sotoca a sólo tres kilómetros
más del monas¬ o poco
terio de Ovila, resulta : Si la gravedad
máxima, no era
se concibe cómo le dejaron salir de Ovila ; si la muerte
no fué repentina,
tampoco se concibe cómo le dejaron mo¬
rir en un villorrio sin volverle al cercano convento, donde
podía ser más atendido ; incluso si murió en Sotoca, lo na¬
tural era retornar con el cadáver a Ovila para Ihacerle las
debidas exequias, ya que poco lle¬ camino se perdía para
var los restos mortales Huerta,
y en tal caso no hubiera
a
dejado de consignarse el hecho en crónicas o documentos,
bien inmediatamente, bien con motivo de la canonización.
Si el fallecimiento ocurrió en Sotodosos, que en camino
de travesía a Huerta como se hace cuando los viajes apre¬
mian sin sujeción
las rutas habituales se encuentra efec¬
a
tivamente a mitad de distancia
(unas cinco leguas de Ovi¬
la), todo tiene explicación ; así, pues, se concibe que no
se retornara a Ovila con el enfermo
empeorado, en aten¬
ción a la distancia ; que continuaran a Huerta con el ca¬
dáver, tratando de cumplir la última voluntad del difun¬
to y sin pararse a exequias de ninguna clase
; finalmente,
la parada en Sotodosos a más de obligada, se justifica por
tener en dicho pueblo los monjes de Ovila propiedades
de consideración. Hasta aquí lo que indican las conjetu¬
ras : descorrer por completo la cortina encubridora de este
arcano histórico, no es posible ya que faltan testimonios
incontrovertibles.
El Real monasterio de Santa Maria de .Ovila durante, el
reinado' de Enrique I y Fernando III ; privilegios y con¬
firmaciones de estos reyes y de los sucesivos hasta Carlos IV.
Muerto Alfonso VIII, su ihijo y sucesor Enrique I con¬
tinuó en Ovila la obra emprendida por su padre, acabán¬
dose en su tiempo el refectorio, la bodega y la sala del ca¬
pítulo, si son ciertas las noticias del manuscrito de la Co¬
lección Salazar ; también durante su breve reinado se co¬
menzó la primitiva iglesia de tres naves y cinco capillas, de
la que no quedan ni vestigios 3^ que era según el autor del
mismo manucristo mucho más bella que la levantada en el
siglo XVI, con serlo bastante, así como también parece de
esta época el dormitorio de novicios. A más de proseguir
la tarea constructiva del fundador, dispensó su decidida
protección al monasterio de Ovila,.procurando el acrecen¬
tamiento de sus bienes 3' expidiendo una carta de privile¬
gio y confirmación, fechada en Guadalajara el 4 de Octu¬
bre de 1216, en la cual luego de declarar que la villa de
Carrascosa la repobló su padre donándola al monasterio
de Ovila, obliga a todos sus vecinos a que sirvan a la men¬
cionada abadía, declarándolos en cambio exentos de toda
clase de pechos y tributos, tales como los de fonsado, fa¬
cendera y cualquier otro gravamen Real. (Publícase ínte¬
gra en los Apéndices de este libro.) El año anterior había
expedido desde Burgos una carta confirmando la funda¬
ción y donaciones hechas por su padre al monasterio (1).
Por el manuscrito de la colección Salazar se sabe que Fer¬
nando III el Santo, nieto del fundador, confirmó la dona¬
ción de su abuelo en 21 de Noviembre de 1218 en carta di¬
rigida (lal abad Sancho Andrés (abbas sanctiandresn).
Existen en el cartulario propiedad de D. Roque Pidal,
los originales de las cartas de confirmación y privilegio,
dadas por el re3' conquistador de Sevilla en 1219 3'^ 1220,
(i) Manuscrito de la Col. Salazar, en él se citan, .además, dos
donaciones hechas por el mismo Enrique en 1215 y 1216, pero sin
decir de qué se trata ni dónde fueron fechadas las cartas resp>ectivas.
cuyas copias ñg'uran en la ((Información» hecha para pro¬
bar que el monasterio de Ovila tenía derecho exclusivo de
pesca en el Tajo, entre el puente de Murel y el de Ovil.-i,
oponiéndose a que los de Azañón ejercitaran el mismo
derecho que creían tener ; el manucristo ofiginal de estas
copias, en unión de los restantes papeles del pleito, ¡os
descubrió Argecilla (Guadalajara) mi tío, el eminente
en
historiógrafo D. Manuel Serrano Sanz y las publicó en la¬
tín, en 1914 (véanse en los Apéndices de este libro) (1). La
carta fechada en
Burgos, el 13 de Julio de 1219, va escrita
con el
beneplácito de su madre doña Berenguela y su her¬
mano el infante D. Alfonso, confirmándose en ella todas
las donaciones y privilegios otorgados por Alfonso VIH,
expresándose terminantemente que este ((construyó (el mo¬
nasterio) de nueva ]3lanta en honor de la Santa Madre de
Dios» se trata en este documento de los límites
: o mojo¬
nes del de
Ovila, indicando la parte del Tajo donde
coto
tenían los monjes derecho exclusivo de pesca
y se señala
como punto de referencia
para indicar donde está situado
Ovila, las Peñas de Alcalathem, acttialmente Tetas de
Viana (2) ; la carta va dirigida al abad,
que se llamaba
Fernando (3).
(1) Rev. (le Arch. Biblit. 3- Museos. Tomo XXX. Nota Biblio¬
gráfica citada.
(2) Peñas del Ca.stillo (Kalat, en árabe). 'Constituv'en jwr sí
mismas una fortaleza inexpugnable,
y parece que quçdan restos de
algibes, así como de algunas construcciones sobre uno de los peño¬
nes ; probablemente
simples abrigos para la escasa guarnición.
G) El texto de esta carta (publicado en los Aipóndices), debe
ser un extracto del
original, copiando de éste tan sólo aquella parte
que de momento interesaba al monasterio para su pleito. Esto debe
ser así, porque en una Real Cédula dada por Felipe V. en 20 de
Marzo de 1713, se extracta aunque con errores, este documento de
Fernando III, para justificar la expresa confirmación de privile-.
gios : dice así la Cédula Real de Felipe V : ((Resulta que el rey
santo confirma cuantas donaciones reales había recibido el monas¬
terio, singularmente el lugar de Ovila (nacido sin duda junto al
y
convento) en la ribera del Tajo y cerca de las Piedras .Alcalatenas,
con todas sus dependencias, según fueron amojonadas por manda-
-
93 —
Zorita de
La otra carta de confirmación está fechada en
los Canes(cerca de Pastrana) el 29 de Abril de 1220, y es
sumamente curiosa, pues a más de particularizar algunos
de los límites de la jurisdicción de Ovila, expresa que se
expidió el tercer añ.o del reinado de San Fernando y que
durante el mismo se armó caballero el joven monarca
en el iMonasterio de Santa .María la Real, de Burgos (las
Huelgas), casándose poco después solemnemente con
doña Beatriz de Suabia, hija del emperador de Alemania
Federico. El 25 de Enero del mismo año 1220, suscribió
otra carta de confirmación, según cita del manucristo anó¬
nimo de la colección Salazar.
Santo otra carta de confirmación en
Todavía firmó el rey
Toro, el año 1220, citada en el anónimo de la Colección
Salazar.
También expidió Jaime I el Conquistador, rev de Ara¬
gón, una carta de privilegio en favor de Ovila (Jacobo le
llama el anónimo manuscrito de la Colección Salazar) el
año 1264, autorizando que pas.en libremente sin pagar nin- ,
giin derecho de tránsito por el reino de Aragón, las mer-
to real. .Asimismo los lugares de Alurel y sus granjas de Caramas,
Sotodosos, Anagron y la quç estaba sobre la fuente de .Aben Alcal¬
de, con las sernas de Vadella (Padilla), y la heredad que en Corba
(Ccirvesin, despoblado) finada pertenecía a la granja, de .Aben Al¬
calde, la de Huetos con todo su valle y aguas vertientes al camino
estrecho (el Angosto) encima de Sotoca, la heredad de este lugar,
las aldeas de Murel y Morillejo, la granja de Peralveche con sus
molinos y sernas de las que ooncedió dos Fernando III a este mo¬
nasterio y otra su hijo (.Alfonso X) y la heredad que fué de Munio
Gómez y la desa (dehesa) en el río Tajo desde el puente de Mural
al de Ovila y otras heredades, entre ellas y una que .Alfonso VIII
compró al hermano Clemente y la dió al .monasterio, con la heredad
y término de (Palmiches) Palmiles y viñas de Salmerón de Suso, y
unas casas en Cifuentes. Confirmaron después este privilegio Al¬
fonso el Sabio y Sancho el Bravo. El Rey Felipe V, considerando
la legitimidad de estas concesiones las confirma...» (Tomado de
D. Juan Catalina García, en Relaciones Topográficas de Es¬
las
paña, correspondientes a la provincia de Guadalajara, pueblo de
Sotoca).
—
94 -
caderías y ganados del monasterio (también cita IManrique
este privilegio, añadiendo que ((muchos príncipes de am¬
bos reinos hicieron abundantes donaciones al monasterio
que se construía»). Esta carta de privilegio figura en el car¬
tulario de D. Roqu.e Pida!.
Para hacer la relación de las cartas de
privilegio dadas
por Los sucesivos, conñrmando las anteriores, y par¬
reyes
ticularmente la de Enrique I, relativa a Carrascosa, ha si¬
do una gran suerte para mí disponer libremente del car¬
tulario de Ovila propiedad del sacerdote Sr. García Ar-
mesto. Como ya he dicho en el capítulo
primero al tratar
de las Fuentes Históricas, se trata de un extenso manus¬
crito en pergamino o carta de confirmación suscrita por
Doña Juana (da Loca» y fechado en
Burgos el 25 de Mayo
de 1505, en la cual s.e extractan las cartas de confirmación
de los reyes anteriores. A este manuscrito se añaden en
el cartulario los pergaminos correspondientes a las confir¬
maciones de sus sucesores hasta Carlos IV ; he aquí la
lista :
Fernando IV «el Emplazado).
Idem siendo abad de Ovila Pedro ; en Valladolid, 29
de Mayo de 1301.
Juan II en Guadalajara 20 de Enero de 1408.
a
Enrique dV a Juan de Medina, arcediano de Almazán
y administrador de Ovila, dada en Madrid a 21 de Marzo
de 1465.
Otra del mismo,
papel, para que no paguen mo¬
en
neda forera los de
Carrascosa, confirmando el privilegio
de Enrique I- Segovia, 20 de Octubre de 1471.
D. Fernando y D..^ Isabel, siendo abad Alfonso Dal-
cubilla, en Medina del Campo a 27 de Mayo de 1477.
La mencionada de D."
Juana (fig. 31).
Felipe 11.—Madrid 22 de Abril de 1564, noveno de
su reinado.
Felipe III.—Valladolid 31 de Mayo de 1603, quinto
de su reinado.
inRtn4
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Oípijou» ci*'¿ín5(f|l »(«nrtt K¿mtlhifu ntffu-ciiríafMt )7t0>w Svíjril tiube iVip Fftonbie
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de jîmotm, ele ías deto Sied/as, diA
■%
Figura 32.—Primera pagina de la carta de confirmación de privile¬
gios de Ovila, dada por Garlos LV. (Del Cartulario de Ovila,
propiedad del presbítero Sr. García Armesto).
-
95 ~
Felipe IV.—Madrid a once días del mes de Marzo de
1622, primero de su reinado.
Hechizado».—Madrid, 11 de Septiembre
Carlos II «el
de 1679, catorcede su reinado.
Felipe V.—Madrid 9 de Noviembre de 1703, tercero
de su reinado.
Fernando VI.—^Madrid 25 de Junio de 1748, tercero
de su reinado.
Carlos III.—-Madrid 23 de Marzo de 1762, cuarto de
su reinado.
Carlos IV.—Madrid 20 de Febrero de 1790, tercero
de su reinado (fíg. 32).
El monasterio hasta mediado el siglo xv ; donaciones,
pleitos incidentes.—El anónimo autor de! manuscrito de
e
la Colección Salazar, se calla «por no ser prolijo, las do¬
naciones de haciendas, heredades, alhajas para el servi¬
cio de altar hechas (las donaciones) por personas nobles,
caballeros y gente popular...», lo cual es una lástima, pues
desaparecido el Archivo del monasterio que ya había su¬
frido no pocas mermas por extravío a fines del siglo xv y
otras por incendio en los comienzos del xvii, son muy es¬
casos los documentos que hablan de algunas de estas do¬
naciones y de los pleitos sostenidos por el monasterio ;
algo queda, sin embargo ,• procuraré consignar las bien¬
andanzas y los quebrantos, siguiendo cierto orden cro¬
nológico.
En el estudio que a Ovila dedica D. Juan Catalina
García en las Relaciones topográficas de España corres¬
pondientes a la provincia de Guadalajara, se habla de
pleitos que tuvo el monasterio con los vecinos de Sotoca
en el
siglo XIII por cuestión de límites en sus propiedades
respectivas ; este pleito pareció arreglarse mediante el ar¬
bitraje hecho en Atienza el 25 de Abril de 1244 por los
caballeros D. Gard Pérez, de Trillo y D. Juan Esteban
y M unió Royz, de Gárgoles, quedando señalados Los mo¬
jones y linderos. El Sr. Catalina García se conformó con
—
96 -
estos datos y
dió por terminado el asunto ; pero estudian¬
do yo con detenimiento el manuscrito de la Colección Sa¬
lazar (Academia de la Historia), de donde él los tomara,
me encontré con qué sin duda una de las partes no se
conformó, y en ese mismo año consta más adelante la de¬
finitiva fórmula de arreglo suscrita por «Fernán Gómez de
Atienza entre otros caballeros, llamándose sólo Fernán
Gómez el Concejo de Atienza, por él, la demarcación
.en
de términos en esta obra referida entre el monasterio de
Ovila y el Lugar de Sotoca, en los que intervienen los ca¬
balleros mismos que .en anteriores escrituras confirman. Juan
Esteban, Pero Díaz-Domingo Félix que verosímilmente es
hijo d.e D. Félix de Atienza. D. Gonzalo de Joasa o Xara,
Juez de Atienza y otro D. Gonzalo Núñez, Alcalde por el
Rey—D. Pedro Guiralte—y otros muchos)) (1).
En cuanto a noticias de donaciones y
cambios, pocas
hay relativas a este siglp y al D. Juan
xiv ; ya extracta
Catalina García en el tantas veces citado trabajo,
la hecha
por una viuda llamada D." Yelo, al monasterio, según dos
pergaminos que se conservan en el rico archivo municipal
de Cifuentes catalogados hace años por D. Manuel Serra¬
no Sanz ; he dispuesto de ellos con toda libertad y
en los
apéndices de este libro figura transcrito uno de los dos.
Más que de donación se trata de la creación de una renta
vitalicia a cambio de ciertas propiedades. La donación o
cesión está hecha en una escritura suscrita por D.^ Yelo
Pérez viuda de Fernán Pérez Falcón y fechada el 10 de
Febrero de 1325 ; dona al monasterio de Ovila unas casas
con almoxaba ( ?) y trascorral que poseía en Atienza, los
derechos sobre su casa fuerte de Valderrebollo con sus pra¬
dos, huertos, pastos, etc., y unas tierras, casas y viñas de
su propiedad en la aldea de Matillas, de la
jurisdicción de
-Vtienza. Al día siguiente. Fray Domingo, abad de Ovila
y todos los monjes del convento que saben firmar, suscri-
(i) Colección Salazar, de la Ac. de la H. (H. 17). «De los
.\tienzas, Manzaneóos, etc.)) Cap. 5.®, folio 3z.
-
97 —
ben otro documento {el que se inserta en los «Apéndices»)
también en pergamino, aceptando la donación de doña
Yel.o y el compromiso de pagarla mientras viviese, todos
los años para la fiesta de la virgen de Septiembre, ocho
cahíces de trigo de a doce medias el cahíz ; doscientos ma¬
ravedises en dinero (de a diez dineros el maravedí), que
percibiría en dos plazos, correspondiente el uno a la fiesta
de Omnium S'anctorum y el otro el día de la Pascua ma¬
yor ; finalmente, un puerco cada año y cada dos años trece
varas de blanqueta para su vestuario. Ambos pergaminos
se hallan en buen estado con los cordones de donde pen¬
dían los sellos de cera, pero sin éstos.
En el Archivo Histórico Nacional se conserva en per¬
gamino una escritura de donación, hecha a favor del mo¬
nasterio de Ovila cuando todavía era abad fray Domingo,
por el vecino de Sotoca, Domingo Pérez, hijo de doña
Sancha ; se trata de unas casas, viñas 3' tierras de labor
que poseía pueblo, llevando el documento (también
en ese ,
citado por Catalina García) la fecha de 2 de Junio «era
mil trescientos sesenta y seis» (año 1328).
N,o mucho antes había experimentado el monasterio
otros aumentos, pues desaparecida la Orden de los Tem¬
plarios se entregó la ermita de la Virgen de la Hoz cerca¬
na a Molina de
Aragón, a los caballeros Sanjuanistas y a
principios del siglo xiv pasó a la abadía de Ovila ; no es¬
tán de acuerdo los que han tratado esta cuestión al hablar
de la historia de ese santuario, acerca de si los bernardos
de Ovila se del mismo (enviando algunos mon¬
encargaron
jes), por concesión real o disposición del Santo padre,
aunque abona la segunda suposición el hecho de que pa¬
garan en Roma una determinada cantidad cada quince
años por el derecho sobre esa ermita (1). En la tantas ve¬
ces citada obra del padre Minguella, se dice, que en 1461
por una bula de Pío II se ordena a Juan Eernández, abad
de Medinaceli que una al monasterio de Ovila la ermita de
(i) Sánchez Portocarrero. Historia de Molina.
7
—
98 -
Nuestra Señora de la Hoz en el término de Molina y la
de Nuestra Señora de Mirabueno Mandayona (1).
junto a
¡Lo que respecto a la última puede ser una c.oncesión nueva,
quizá respecto a la primera se tratara de una confirmación,
ya que la existencia de los bernardos parece muy anterior.
Las contiendas habidas en Castilla casiininterrumpi¬
damente desde los tiempos de Alfonso X hasta el adveni¬
miento de los Reyes Católicos, dificultaron no pocas ve¬
ces la vida del monasterio y la comunicación con los mon¬
jes destacados en estos santuarios, llegando a desamparar¬
los en tales términos que su ruina era segura ; no se re¬
signaron los molineses a ver por tierra laermita donde se
veneraba la imagen de sus devociones y escuchando sus
quejas envió el Papa Alejandro VI en 22 de Abril de 1506,
una carta, encargando del santuario al cabildo eclesiástico
de Molina (2). Todavía hacia 1580 reclamó el abad del
monasterio ante el tribunal diocesano, intentando hacer
valer derechos, sabiéndose por esos autos que no po¬
sus
cos documentos del archivo ovilense se habían perdido en
tal época el fallo contrarió las aspiraciones de los frailes.
;
Un trueque o cambio hicieron los monjes de Ovila a
28 de Diciembre de 1402, con el caballero y guarda del
Rey, D. Guter (Gutiérre) Ruiz de Vera, según escritura
en pergamino que se conserva en el Ar. Hist. Nacional ;
hízose en el monasterio de Piedra en presencia del notario
Francisco Sánchez, concurriendo (¡D. fray Juan abad, fray
Martino, prior, fray Juan, superior, fray Diego, cantor,
fray Juan de la Huerta, sotocantor, fray Arnau, cillerero,
fray Juan v fray Antón todos ellos clérigos y fray Fernan¬
do, lego». En virtud de este cambio, el monasterio entre¬
gó al Gutiérre todos los bienes que poseía en Gualda (de
la jurisdicción de Atienza) con la cura de almas y todo el
señorío-convento, por los heredamientos que tenía aquél
(1) Historia de la Diócesis de Sigüenza. Tomo I, cap. XIII.
(2) López Moreno. Breve historia del Santuario.
Claro Abánades López. La reina del Señorío. Sigüenza, 1929.
-
99 -
en Huetos,tres aíilarcadas» (¿ aranzadas ?) de viñas en
Cifuentes y Gárgoles de Suso, más una casa en el Huetos
3^ el pago de 1.000 maravedises.
Las continuas turbulencias de Castilla tenían al
país
empobrecido y no pocos lugares se despoblaban tanto por
las exacciones intolerables de Jas distintas banderías
que
llegaban a hacerles imposible la vida, cuanto porque no
siendo propietarios del suelo que cultivaban sus habitan¬
tes. sentían escaso
apego al terruño. Esto sucedió más ade¬
lante de modo transitorio con Carrascosa
3^ Morillejo, de¬
finitivamente con Murel ; a principios del xv empezó siglo
a
despoblarse Huetos, perten.eciente a Ovila, obligando a
los monjes a una transacción para contener el éxodo de sus
vasallos, segiin un curiosísimo documento notarial hallado
recientemente por mi tío el infatigable investigador D. Ma¬
nuel Serrano Sanz, al que debo la
aportación valiosa ctlyo
texto inserto en los ((Apéndices» recomendando su lec¬
tura (1).
Segiín él, los monjes conservan sus derechos jurisdic¬
cionales sobre el lugar de Huetos ; más para
que cesen las
discordias y para que ((el dicho logar
no se 3'erme (des¬
pueble) como tiene comienzo dello, ante (s) se pueble e
vosotros los vecinos e moradores dél podades bien vivir e
de aquí adelante ni haya question ni debate...», el monas¬
terio cede a los vecinos las propiedades a cambia de un
censo perpétuo
importante doscientos reales de plata al
año, mas un tributo de setenta medias de pan ((por meytad
de trigo e por meytad centen.o e cevada, buen pan
limpio
et enxuto» y úJtimo cuatro, aranzadas de buenas viñas
por
en Cifuentes ;
quedan exceptuadas de esta cesión hecha
por el monasterio al concejo de Huetos, las propiedades
que en ese pueblo tenía procedentes del trueque o cambio
hcho con Gutierre Ruiz de Vera, ya mencionado.
Abunda el documento fechado en Ovila el 26 de Di¬
ciembre de 1411, en detalles interesantes, siendo el más
(i) Archiva Histórico Nacional.—Casa de Osuna, legajo 3.231.
—
100 —
destacado la condición puesta a los nuevos censuarios de
que no puedan enagenar sus propiedades sino a «pechero
fijo de pechero vesino e morador en el dicho logar de
Huetos...» pero de ninguna manera a monasterio o iglesia,
persiguiéndose con ello que en la jurisdicción abacial no se
metiera la molesta cuña de otro señorío ; tampoco se olvi¬
dan los monjes de consignar que continúan Jos de Huetos
obligados a darles de comer («la yantar») una vez al año.
Epoca de enajenación de bienes y reforma del edificio
conventual ;efemérides ocurridas hasta la revolución fran¬
cesa.—^En este tiempo parece que comenzaron las desdi¬
chadas operaciones financieras de Ovila, tales coino ven¬
tas de lugares, cambios mal entendidos en los que el mo¬
nasterio salía perjudicado aunque cobrara algún dinero
malgastado prestamente por abades desaprensivos, esta¬
blecimiento de censos a costa de enagenaciones, etc. Las
minoridades turbulentas que afligieron a Castilla durante
la baja edad media y sobre todo en el siglo xv, paralizan¬
do la reconquista, empobreciendo el terreno y rebajando la
disciplina social, alcanzó a los conventos llevando hasta
ellos la inmoralidad ambiente ; el ideal religioso habíase
ausentado en virtud de las riquezas acumuladas y la 'n-
filtración del grosero materialismo en que vivían sumidas
las gentes, ajenas al cultivo del cerebro sólo compatible
con la paz y el sosiego y entregadas por completo a ios
placeres corporales ; los monasterios que fueron durante
la alta Edad Media, tesoros de cultura y que se convirtie¬
ron
gracias a San Bernardo en focos de austeridad, fe e
ilustración irradiada a los clérigos seculares semianaifa-
betos, no eran ya sino agrupaciones de vagos glotones que
«oraban por costumbre y comían por devoción», nada
ajenos a la barragania tan frecuente y bien llevada entre
seglares y sacerdotes ; el largo cisma del Pontificado había
relajado hasta un término inconcebible la obediencia del
clero a Roma ; como se ha visto en el documento de do¬
nación hecho por D.'' Yelo al Monasterio de Ovila, no
—
101 —
todos losmonjes sabían leer y escribir ; los abades más se
preocupaban de gozar las delicias terrenas a costa de los
bienes monacales, que de ganar el cielo y hacérsele ganar
a sus subordinados mediante la oración, la austeridad y la
penitencia ; lado, los pueblos se resignaban cada
por otro
día menos trabajar las fincas de los señores sin poder
a
Lograr la adquisición de bienes propios ni sacudirse la ser¬
vidumbre, entablándose constantes pleitos entre amos y
vasallos... Se comprende muy bien que en este ambiente
mantenido años y años, ambiente de pugnas, de odios, de
anhelos de libertad y de posesión, de descomposición so¬
cial en una palabra, corriera Ovila malos temporales y
malbaratara en parte el pingüe patrimonio que legara al
monasterio el fundador, aumentado por sus sucesores y
otros donantes cuya casta parecía haber desaparecido por
siempre jamás. Cierto que no alcanzaba a todos los mo¬
nasterios ni a todos los monjes esta ola de inmoralidad ;
cierto también que la iglesia católica, el clero y la civili¬
zación europea cristiana pudieron vencer esta crisis, re¬
generándose las costumbres, recuperándose la fe y resuci¬
tando sus al parecer extinguidas virtudes ; pero la época
de la institución bernarda había pasado para no volver.
Nacerían otras comunidades con espíritu distinto para lle¬
nar un pa/pel distinto también, con arreglo a las necesida¬
des de la Religión y de la Iglesia en los siglos del Rena¬
cimiento y los grandes descubrimientos geográficos ; las
instituciones monacales de la Edad Media, aún regenera¬
das, estaban condenados a morir y así fué en esta centu¬
ria cuando la Orden del Cister comenzó a bajar la pen¬
diente de la decadencia indefinida hasta desaparecer como
institución grande, sin otros rellanos en el declive que la
resistencia de los cuantiosos bienes de sus abadías.
No se tienen noticias de la fecha en que los frailes de
Ovila enajenaron derechos jurisdicionales sobre Sofo¬
sus
ca donde sin embargo, hasta el final de la
conservaron,
existencia del convento la mayoría de sus propiedades ;
pero debió ser antes de 1435, toda vez que en ese año la
—
102 —
reina D." María dio el mencionado lugar a Gómez Carri¬
llo y su mujer, pasando más adelante (1475) a los condes
de Cifuentes, sucediendo lo mismo con la villa de
Gárgo¬
les, en la que también conservó el monasterio hasta la
exclaustración bienes de cierta cuantía.
En la Historia Genealógica de la Casa de Silva, escri¬
ta por D, Luis de Salazar y Castro, publicada en 1685, se
encuentran noticias interesantes relacionadas con Ovila.
Instituido por Juan II el señorío de Cifuentes en 1431,
en favor de H. Iván (Juan de Silva, notario mayor del
reino y amigo del privado D. Alvaro de Luna, lo erigió
en condado el año 1455 Enrique IV, recién muerto su
padre. El 5 de Enero de 1443 según la obra citada, se
otorgó en el monasterio de Ovila ante el escribano Juan
González Alcocer por el abad fray Martín
Pareja y otros
monjes y a favor del Conde, una carta de pago confesando
aquéllos haber recibido de Pedro González de la Flor ma¬
yordomo de éste, el importe del censo correspondiente al
año 42, censo que debía pagar por los
lugares de Huetos,
Ruguilla y una viña en Cifuentes, vendidos al Conde por
el monasterio a cambio del establecimiento de ese cen¬
so (1).
Que así debió ser lo demuestra la institución
por el pri¬
mer conde de Cifuentes del mayorazgo de este nombre en
15 de Agosto de 1458 a nombre de su hijo Alfonso, y en
el que figuran las aldeas de Huetos
y Ruguilla. En la mis¬
ma obra se halla la noticia de la
adquisictón por el conde
D. Juan de Silva en 1475 de los lugares de Sotoca y Gár¬
goles de Abajo (Suso) que poseía su tío D. Alfon Carrillo,
incluyéndose en esta venta que arbteriormente ya hemos
mencionadlo, las. tercias, y todos sus términos, vasallos, ju-
(i) « dé los citdlës, pot lo dveiios las dos ter¬
cetos partes fuer,ait de coro, pasando sUs bieiies, rentas
y efeetós al Estado para atención dé la Déiidá pública, ex¬
ceptó los archivos, bibliotecas y demás erisefes útiles a los
IfistitiUós d-e Ciencias y Artes, así como los edificiosf or¬
namentos y vasos sagrados que se dispondrá en forma y
por disposiciones ulteriores. Ovila hubo de desaparecer;
toda vez que contaba con menos dé doce monjes (Sé-
gdn la liqtliddcióh de biënes mitebles, inserta en los
<(Apértdices», había sólo cüatro monjes, el abad y el légo
Clemértté), y el 19 de Octubre del mismo año sé hizo entre¬
ga del fcOnténtO al Comisionado D. Manuel María Cortijo,
prétió inventario firmado pOr el tíltimo abad D. Cayetano
Fiz de GayOso (1); quien se trasladó a Carrascosa, más tar-
|i) Dériuriciádo' á tortijtí cjije se había kgrOplado el ei-abad dé
un
alaimibique;un velón de dos mevherds que había en la antesala
de sus habitaciones y cierta cantidad de grano, fué requerido el 3 de
Noviembre para que lo devolviera ; contestó que el alambique y de¬
más se había efiipleado ëh pagár viejas trampas dèi niohastferió ; sé
Ib ffeqüirio nuevdniente el B piidiétldoië el ééión o su itfifíorffe, pues
estaba invëntatiadd y nó ptídía pásatse p'tir elltt, a lo tjue dctédld.
(Papeles del archivo de Cortijo).
-
118 —
de a D lirón, y, por último, fué abad de otro monasterio
bernardo. Durante los meses transcurridos desde la apari¬
ción del Decreto hasta la incautación, tuvieron los frailes
tiempo sobrado para llevarse cuanto pudieron, incluso los
frutos de la cosecha y rentas, simular deudas y regalar no
pocos efectos, de al inventariar estos no aparecie¬
suerte que
ron más que
trastos viejos en pésimo estado ; en la bodega
estaban vacías las tinajas ; en el granero, muy escasa can¬
tidad de trigo y cebada ; la mula
y bueyes de labor se ha¬
bían evaporado igualmente...
L.OS renteros, censuarios, aparceros, etc., creyeron que
había llegado la hora del reparto y casi ninguno hizo por
pagar, necesitándose infinitos requerimientos y amenazas
para que abonaran las rentas a Ja Hacienda pública. Las
numerosas propiedades que poseía el convento fueron mal
vendidas, confirmándose la posesión a aquéllos que las ad¬
quieran en 1821, devolviéndolas al monasterio en 1823 ;
como el pago lo realizaron a plazos y las tasacciones
fueron muy bajas, no pocos "lograron una verdadera'for¬
tuna con escaso desembolso, obteniendo en cambio'la Har-
cienda un beneficioinsignificante en relación con el va¬
lor de la riqueza malbaratada.
El coto redondo del Acedrón, Morillejo
entre y Ar-
beteta, lo adquirió en firme D. Francisco
Antonio Ar-
diz, así como el coto redondo de Ovila. Los pobres veci¬
nos de vSotoca, que habían contemplado durante siglos las
vegas ubérrimas sin poseerlas, tampoco entonces logra¬
ron hacerse propietarios, pues Las Hazas Largas y La
Huerta del Monje quedaron adjudicadas definitivamente
a mi antepasado Leandro Sanz, otras muchas fincas al
Comisionado liquidador D. Manuel María Cortijo, y (ca¬
so curioso que se presta a no pocassuspicacias), casi to¬
das las restantes que ya se adjudicaron en 1821 al lego
del monasterio. Fray Clemente Antón, las volvió a adqui¬
rir. Lo mismo sucedió con la mitad de la abundante pro¬
piedad del monasterio en Sotodosos y Gárgoles, adqui¬
rida en la segunda desamortización (confirmándose la ven-
~
119 -
taen 1842) por el monje profeso de Ovila Fray Atilano
Melguizo... ¿sería tan solo un testaferro de la Orden ber-
narda?
No considerándolos muy seguros en el suprimido mo¬
nasterio, los ornamentos sagrados fueron enviados
y vasos
en depósito a la iglesia parroquial de Ruguilla por el Co¬
misionado Sr. Cortijo, a quien se le siguió un proceso con
este motivo, saliendo absuelto. Tanto los ornamentos como
las imágenes y altares, se dispuso qu.e cada obispo se en¬
cargara de distribuirlos entre Jas parroquias más necesita¬
das, pero en realidad se enviaron a aquellas que contaban
con más influencia y la mayoría quedaron en Ruguilla así
como las imágenes, de las que fueron a piarar dos hermo¬
sas tallas (ya descritas en el capítulo correspondiente) al
pueblo de Sotoca donde Cortijo tenía hacienda cuantiosa,
conviniéndole, por tanto, favorecer al modesto pueble-
cilio.
La Comisión especial artística, demoró hasta 1838 el
cumplimiento de su cometido, que según un oficio dirigido
a Cortijo
3' conservado en el archivo privado de este se¬
ñor, era inventariar «cuadro por cuadro, imagen por ima¬
gen, libro por libro v documento por documento» ; ese año
fueron distribuidas imágenes y altares, vendidos los li¬
bros que no habían sido robados, pues consta según los
papeles mencionados que varias veces entraron gentes mis¬
teriosas en la Biblioteca dejando las puertas abiertas, y en
cuanto al Archivo se exparció sin saberse cuándo ni cómo ;
lo cierto es que tan sólo se guardaban en el último tercio
del siglo pasado dos pergaminos, varios libros de cuentas
y algunos papeles en la Delegación de Hacienda de Gua¬
dalajara ; ho}' se conservan en el Archivo Histórico Na¬
cional (1).
(i) De cómo se hizo la malhadada incautación, inventario y apro-
chamiento de cuadros, libros y otros objetos de .Arte procedentes de
los monasterios, dan idea los siguientes detalles ;
-
120 -
Èh tatito, seg;uiâ cerrado fi ex itiohasterio donde dOmd
guardián de lo5 trastos vifejós esttlvo hasta que fueron su¬
bastados, el lego fray Clemente Antón ; los que nadie qui¬
so
dejáronlos en uno de los cuartos de la clllerería o ma-
VordOrttía, v ásí transcurrieron los afibS slrt que termina¬
ran de llquldatse los enseres de los ttiortjés bernardos
de
Ovllá, pues en 1860 ftierort requeridos los herederos de
D. Manuel Marta cortijo para que abonaran a la Hacien¬
da Pública 6.466 reálés que no había entregado todavía... ;
este desbarajuste dará Idea del que caracterizó el robo le-
i." Tardáronse tres años en inventariarse, consintien¬
o cuatro
do quë ids coirtiisionadostdda clase de pBr.sonas se íléváran los li¬
y
bros y aúH cüadrós qde ntejor les
parbcierOn.
i." El inventario sfe hizo a la ligera, sin reseñar los objetos de
modo que pudieran identificarse.
3;® Como la cantidad de cuadros era muy grande así como de
libros, se acordó la venta de los de desecho, sin establecer normas
para la clasificación y amparando, por tanto, tdda clase dç initiora-
lidadés ; así, por ejemplo, se tasdroh en Guadalajara 268 cuadros
cálificádos de íHütíles sin él mentír jüstificántéi én la sdítia irrisoria
de 1.521 reales.
4;°El expolio vergonzoso siguió aún después de hçchos los in¬
ventarios y así resultó, por ejemplo, que inventariados en Guadala¬
jara doce mii volúnietites y sobre novecientos cuadros- (los existentes
antes de realizarse la idcaütacidn Oficial ho
bajarían de ab.doD dé
los pritheros y de los segundos), sBlO ingresaron cincó mil li¬
i.ooo
bros y othochmtos cmadros, quç sufrieron no escasa niertna en las
sucesivas traslaciones ; como caso concreto es digno de anotar el
del convento de La Salceda, donde se inventariaron i.ooo volúmenes
y sólo aparecieron dieciseis. De libros corales fueron inventariados
cifehto cüáreltta y uño, pero sólo aparecieron cuatro, ihás Cüárertfa
y
siete que pudieron recuperarse htás tarde, si biéh algunos Con las
miniaturas de varias Içtras capitales, recortadas...
Esto que pasó en la provincia de Guadalajara, sucedió en las
demás, y
por los datos consignados puede el lector formarse idea
de lo ocurrido en Ovila ; para
remiendo del fuellq del órgano de la
Iglesia de RugUlila, djirdVecliarbH hojâs de pergarhiho de libros
sé
cdr.£i;lës ; Urtd hdjà de CaHtotdl, sltve de téfUerzo d lâ eriCuadernációh
del libro parroquial de Ovila ëxistérite éh Trillo...
121
gal cometido por el gobierno ton las Ordenes religiosasj
privándolas de sus bienes y quedándose la mayor parte del
valor de éstos entre los dedos de intermediarios y nego¬
ciantes; sin percibir el Tesoro Nacional siqüiera la vigési¬
ma parte de la riqueza de qufe se había apoderado.
Había adquirido en 1821 el edificio coriventual, don
Franciosco Antonio Ardiz y pagado tan sólo un plazo,
cuartdo los fráiles volvieron al monasterio ; el Estado, de-
t'olvió su irhporte en láminas o títulos de la Deuda; como
hizo con cuantos compraron fincas en esa épioca, proceden¬
tes de las órdenes religiosas. ¿ Solicitó hacia 1838 la validez
de la primitiva adquisitión ? No he hallado documentos
que lo confirmen, pero cuando en el verano de 1843 ocu¬
rrió el crimen de Ovila (véase en el Anecdotário de los
Apéndices), habitaba el adhacoso convento D. Juan In¬
dalecio González, casado con la hija de aquél, y dueño de
la finca de Ovila comprada por el mismo Ardiz j esto hace
pensár qué la primitiva adquisición se había confirmado^
He oído rfeferir a personas de mi familia que el adquifen-
te del rtionâsterio sólo abonó un plazo y considerando 1.0
lexivo qtie era para sus intereses el eriofme y maltratado
edificio, vendió las tejas; arrancó con el mismo objeto
puertas, ventanas y maderárhen, suspendiendo el pago de
los plazos siguientes, por cuyo motivo la Haciehda se in¬
cautó del rhonasterio: La n.oticia es muy verosímil; pues
Cortijo adquirió algunas puertas que hoy figuran en mi
casa de Rugdiilla, comenzada a edificar por aquél y com¬
prada y terminada por mi abuelo ; por otra parte; el as¬
pecto de lás ruinas harto indicaba hasta hace pocos; años
una expoliación ordenada y hecha de una vez ; finalmen¬
te, sólo de este m,odo se explica que en medio de una finca
extensa de propiedad particular, existiera un edificio del
Estado utilizado un tiempo para vivienda por los antiguos
dueños de esa misma finca.
Im ruma de stvs ruiíias y el golpe de graciíi de 1931.—
Cliando al templo vac'o y abandonado le arrancaron las
—
122 —
hermosas puertas de bella clavazón ; cuando se llevaron las
ventanas, viguería tejas del suprimido monasterio de
y
Ovila ; cuando comenzó a, utilizarse la espaciosa
iglesia
como encerradero de ovejas,
como pajar la sala del capí¬
tulo y como cochiquera el refectorio invadiendo los zarza¬
les el patio claustral renacentista, un lugareño del cercano
pueblo de Ruguilla que aun siendo muy «leído» no co¬
nocía sin duda la elegia «A las ruinas de Itálica», sintió
oprirnido su corazón al ver tanto abandono y tomando un
carbón escribió con lágrimas en los ojos la siguiente bar¬
baridad en el abside del templo, barbaridad que refleja
una sensibilidad sin
pulimento, más nada despreciable:
¡ Alma mortal
mira la casa de Dios como está !
¡ Menos sabían sentiraunque supieran expresar más,
los acaudalados
desguarnecedores del viejo cenobio I
Siguieron pasando los años ; por boda con la hija del
dueño, poseyó la vega y monte de Ovila D; Mariano
Vadillo, que prefirió tener un criadero de reses bravas a
cultivar como se merecía la feraz vega ovilense ; convir¬
tiéronse en carrizales lo que debió cultivarse como huerta,
y el amplio patio claustral se transformó en cercado de
bueyes y toros de lidia co·mprados por los pueblos comar¬
canos para sus fiestas ; se
estropeó la vega que no ha vuel¬
to a ponerse en condiciones de
plena producción y lo mis¬
mo ocurrió con el hermoso monte
que la circunda; el pa¬
vimento del refectorio, de la sala capitular, del cocedero,
se cubrió de estiércol ; toscos
tabiques y portones de míse¬
ras tablas, aislaron
algunas estancias de robustas bóvedas
rnedioevales...
Seguían corriendo los años; el cascarón de la airosa
techumbre de la iglesia fuese d.errumbandó sin quedar más
que los atrevidos arcos de crucería a través de cuya pétrea
urdimbre pasaban los rayos del sol implacable de Agosto
y caía a torrentes el agua en las tardes septembrinas, cuan-
—
Í23
do el truènò dè las tormentas retiimbaba con ronco fragor
en la garganta del Tajo ; a cada visita hecha por los ba¬
ñistas de Trillo para matar una tarde y llenar las paredes
del rrionasterio arruinado con vulgares letreros y parejas
de nombres -indicadores de fugaces amoríos, podían com¬
probar un nuevo derrumbamiento. Advertían un año más
grandes las claraboyas fraguadas por la ruina en la te¬
chumbre de la iglesia ; otro, que era impracticable la en
otro tiempo monumental escalera ; ■ pero, en cambio, las
estancias románicas seguían resistiendo el peso de los es¬
combros, el caminar de los siglos, la acción destructora de
los elementos y el abandono de los hombres, permanecien¬
do intactas, fuertes y sombrías la profanada sala capitu¬
lar y el refectorio, majestuosa y a la par amable el ala
abovedada del claustro herreriano ; y todos los años veían
también comentando su redacción grotesca, que seguía
impertérrita la triste queja escrita con carbón en el ábside
del templo por el ingénuo y sensible ruguillano (1).
¿Cuánto hubieran perdurado las ruinas de Ovila? Se¬
guramente siglos, pues aunque las construcciones más de¬
ficientes se aplanaran, las momificadas estancias alzadas
por la piedad de Alfonso VIII hubieran resistido impávi¬
das como hasta aquí, pregonando que fueron levantadas en
la edad de hierro. Para estimarlas, para conservarlas, para
vestir los muros agrietados con el simbólico adorno de la
yedra contribuyendo a poetizarías, hacía falta un Quijote,
un español idealista que supiera sentir ; i pero toparon con
Sancho !
Así llegó el año 1931 ; con él vino la República a Es¬
paña y precisamente por entonces, cuando el capital-mo¬
neda emigró, se hizo emigrar a América este capital del
espíritu, menospreciado en esta España, tan rica en este
sentido y tan dilapidadora de su riqueza.
Cayeron a golpe de piqueta las bóvedas del templo de
(i) Véanse en los Apéndices Hechos- y dichos del famoso atio
Juanis».
—
124 —
Santa María de Ovilaj que parecían eternas; lava el agua
de la lluvia la blancapared de la capilla ábsidal; y ¡ éste sí
qUe parece el verdadero milagro de la Virgeh de Óvila!,
la pobre inscripción del hombre de Rüguilla que por estar
escrita cdn un mísero carbón Cualquiera supondría desapa¬
recida, sigue apostrofando a los demoledores, diciéndoles
en su rudo lenguaje, en el lenguaje de la fe entristecida :
¡ Alma mortal,
tnira la casá de Dios, cómo está !