f. layna serrano El Monasterio de Ó VIL A NUEVAS GRÁFICAS - Rodrigues San Pedro, 5l-Madrid MCKfl AXX" El Monasterio DE O VILA (Monografía sotre otro monumento español expatriado) POR rancisco l X^ayna oerrano Médico Con 3ò ilustraciones • PRIMERA EDICION P^sr/juío AÍ.'iajller I DE ARTE HlSHANICO Madrid Enero - ^ i ^52 PREÁMBULO Como un gigantesco esqueleto· abandonado en el campo, yacía el viejo monasterio' en medio del riente valle de Ovila; la hermosa vega que en tiempo'S antañones perteneciera al convento, se adornaba en primavera con el verde variado de los cultivos, las veredas cuajábanise de florecillas silvestres, gorjeaban los jilgueros y ruiseñores en las umbrosas alame¬ das cercanas acompañados del rumor de las fuentes y poco más allá murmiuraba fraseo ininteligible y monótono el río su Tajo. En torno al arrumbado cenobio, la Vida se,guía tejien¬ do y destejiendo su tela la legendaria Penélope, mien¬ como tras en el recinto de aquél todo era silencio, soledad y ruina; silencio no'ble y augiusto apenas turbado de vez en, cuando por ïas pisadas de un visitante amigo del arte, o por la con¬ versación trivial de los veraneantes que acudían desde el vecino Balneario d'e Trillo, más que a evocar tiempos de leyenda, a ocupar una tarde y profanar con suS fl'rmas bur¬ guesas ytal pedantesca inscripción, las blancas paredes del templo majestuoso de bóvedas arrumadas a través de cuyas nervaturas conservadas 'por un milagro de equilibrio, se co¬ laba radiante la luz del Sol. Las zarzas y otras plantas pa¬ rasitarias crecían en el patio claustral y entre los escombros de derruidas habitaciones; la venerable sala capitular y el — 6 — no menos venerable refectorio, así como la amplia nave del cocedero, olían a establo, tal, utilizaban la vieja pues como abadía los dueños de la finca cuya casa de labor está inme¬ diata; los arcos torales del antiguo dormitorio de novicios, faltos de la techumbre que un día sustentaran, semejaban el costillar de un monstruo antidiluviano... De esta suerte, el cadáver del monasterio de Ovila, semejante a una momia egipcia, seguía «viviendo» sufriendo una lenta desícomposi- ción ante la indiferencia y el desconocimiento de los más y suscitando en los menos, recuerdos evocadores de otros tiem¬ pos embellecidos por la tradición y la leyenda. Desde mis años niños, por pasarlos así como mi juventud primera en el cercano pueblo de Ruguilla perteneciente en tiempos an¬ tañones al Moiniasterio, había visitado éste no pocas veces, cada vez más deleitosamente a medida que mis conocimien¬ tos histórico-artísticos fueron creciendo y a medida que mi buena madre me refería más viejas historias de la abadía; y cuando 1929 fui por el mes de Agosto unos días a mi en tierra para visitar la tumba de mis antepasados y recordar los días de mi infancia, hice el viaje a Ovila para hacer una fotografía de cierta curiosa inscripción en la iglesia, ente¬ rándome de que el Monasterio (mejor dicho sus ruinas), había sido vendido por el Estado al dueño de la finca (un cierto señor Beloso empleado en un Banco de Madrid y cuyo apellido debe quedar consignado aunque no sea con fines laudatorios precisamente), por una cantidad irrisoria; me dijeron que por 3.000 pesetas. Me asaltó el temor (harto justificado como se verá), de' que este señor prefiriera hacer un buen negocio a contribuir a la conservación delpatrimonio artístico e histórico de la nación; vi que había comienzado por arranear de la pared de la celda capitular un bello desálete de alabastro situado so¬ bre el sillón abacial, e inimediatamente di la voz de alerta en el semanario de Guadalajara «Flores y Abejas», denum — 7 — ciando la venta que temía hubiera sido hecha sin cumplir los trámites legales según frecuentes arbitrariedades de la época dictatorial, y estimulando a la Diputación Provincial para que tomara cartas en el asunto incoando un, expedien¬ te de retroventa a su favor o asegurándose al menos, de que el nuevo propietario del Monasterio no había de enagenar ni destruir los venerables restos del mismo. Algunas perso¬ nas me simpático gesto, pero ni la Comi¬ felicitaron por el sión provincial de Monumentos hizo nada entonces, ni la Diputación se preocupó lo más mínimo... ¡Bah! ¿Qué signi¬ fica la conservación de unas viejas piedras en inestable equi¬ librio? Cualquier asuntillo de política de campanario debía ser más interesante para los flamantes diputados, y nada hicieron por evitar la definitiva destrucción de la Abadía de Ovila; sobre esa Diputación indiferente e incomprensiva debe recaer toda la responsabilidad .moral por lo acaecido después. Han pasado dos años, durante los cuales no be podido ir a mi patria chica, ocupado en Madrid con mis tareas profesionales y sin enterarme, por tanto, de lo que con Ovila acontecía; pero en los finales de Marzo de 1931, una persona de mi familia me dijo que el Monasterio adquiri¬ do por el Sr. Beloso en 3.000 pesetas, había sido vendido a un americano en bastantes miles de duros y lo estaban desmontando a toda prisa y a todo costo, embalandoi piedra a piedra cuidadosamente para transportarlo a América y allí reconstruirlo; imaginé que lo llevarían a La Florida, donde se está alzando una población con viejos edificios españoles fidelísimamente rehechos. Cierto que en fin de cuentas, esta era la manera única de que el Monasterio de Santa María de Ovila no desapa¬ reciese, sino que, por el contrario, serviría para que en tan lejanas tierras se reverenciara el viejo arte español; pe¬ ro a costa de privar a España misma de una de sus anti¬ guas joyas, siquiera no figure entre las más valiosas; era a — 8 — coste de desposeer a la provincia de Guadalajara, no muy riea en monumentos arquitectónicos antiguos, pero pró¬ diga dest.ruir o en dejar arruinar los existentes (recuérdese el ignominoso caso del convento de la Salceda), de uno de los más venerables, aunque fuera de los menos conocidos, por estar en un bello desierto, pero desierto al fin, y ello significaba finalmente, dejar impune una falta de patrio¬ tismo y estimular a los chamarileros desaprensivos para que fueran enajenando poco a poco nuestro patrimonio ar¬ tístico, atentos sólo a las ventajas de un negocio... Y me re¬ volví airado contra el expolio, dirigiéndome en una carta un poco violenta al Conde de Romanones, denunciándole el hecho y estimulándole para que impidiera la expatriación del convenio de Ovila, pues era el más indicado para im¬ pedirlo y procurar una sanción al egoísta vendedor, ya que a más de propotente político alcarreño, era Ministro, Direc- tro de la Academia de San Fernando y autor de una Ley defensiva del tesoro artístico nacional; envié un artículo cla¬ mando contra el hecho, que se publicó en el semanario de Guadalajara «Plores y Abejas» el 9 de Abril, dirigiéndose días antes la Real Academia de Bellas Artes el Director de ese a semanario y miembro de la Comisión provincial de Monu¬ mentos, St. Gordavias, solicitando que aquélla tomara car tas en el asunto; en «Heraldo de Madrid» publicó un te¬ se legrama transmitido de Guadalajara, dando cuente del su¬ ceso, y algo de ello trató el diario «A B C»; pero aquellos días la política absorbía la atención de todos los españoles y acaparaba las columnas de los periódicos; el Conde de Romanones no me contestó, la Prensa de Madrid no pu¬ blicó los artículos que envié a varios periódicos; advino la República; el Duque de Alba tampoco contestó a una carta que le envié, habida cuenta que era Director de la Acade¬ mia de la Historia, y sin que se pudiera realizar por las circunstancias antedichas una intensa campaña de Prensa, - 9 — las obras de desmonte se intensiftcaron de modo extraordi¬ nario, habiendo desaparecido la sala capitular, el refecto¬ rio y el esqueleto de la iglesia, cuando gracias a las gestio¬ néis del Sr. Corduvias, se incoó un expediente para declarar el Monasterio de Ovila monumento arquitectónico artístico y se dió orden guibernativa suspendiendo la demolición. una Después ese expediente debe haberse paralizado, la pérdida de Ovila será total para España, y el hecho quedará sin sanción. En convencido de que la pérdida era Agosto de este año, irreparable, hice una rápida excursión para recoger docu¬ mentos gráficos de las ruinas y de altares e imágenes repar¬ tidas por los pueblos vecinos a raíz de la exclausitración de los monjes; esa ha sido mi penúltima visita al viejo cenobio, encontrando a la entrada del valle un mojón de término, re¬ cién labrado, marcando en relieve el nombre de la finca. —Aquí empieza Ovila—dijo mi acompañante, un joven lu-' gareño tostado por el sol. Sonreí amargamente y le dije: «Hic fuit Ovila». No me comprendió y hube de aclararle el concepto:—Amigo, tú dices que esto es Ovila, y yo te digo que «esto ya no és; fué». Se encogió de hombros y seguimos el bello camino del desfiladero llamado «la Boca del Infier¬ no», a cuyo final se abre la bellísima vega de Ovila, que es un verdadero paraíso; vega que corta al Sur el rumoroso Tajo, asomándose sobre un recuesto el ibérico pueblo de Azañón con la torre de sillería de su iglesia, sirviendo de fondo al panorama los altos cerros verdegueantes de Sola¬ na, junto a los que se alzan los picos gemelos y pintorescos de las Tetas de Viana. No es para descrita la triste impresión que causaron en mí las monacales ruinas; la hermo.sa iglesia no conserva¬ ba más que sus paredones, habiéndose llevado las colum¬ nas adosadas y la crucería de sus bóvedas que parecían po¬ cos meses antes una pétrea tela de araña; la sala capitular. — 10 " el refectorio, el dormitorio de novicios, la bóveda del ala norte del claustro, habían desaparecido; escombros por to¬ das partes; el suelo cubierto de sillares numerados; las ar¬ cadas del patio procesional, a punto de ser desmontadas, abrían sus brazos como si quisieran despedirse de aquellos paisajes encantadores contemplados desde siglos...; y presi¬ diendo tamaña desolación, como si amparara tanta ruina, en lo alto del campanario ondeaba la bandera de la República. ¡Qué sarcasmo! Lo que se malvendió por la Dictadura, que¬ dó definitivamente destruido bajo la República. No había solución; las gloriosas cenizas del pasado habían sido com¬ pletamente aventadas, ¡«Hic fuit Ovila»! Pasarán los años, las zarzas y los abrojos cubrirán un montículo de escombros; las generaciones venideras sabrán quizá que esos escombros fueron del Real Monasterio de Santa María de Ovila; ipero si el recuerdo de lo que fué y ff como fué no se conserva, quizá hasta llegue a tomarse por los indoctos del porvenir como una leyenda la existencia de tal Monasterio, y como una fantasía la de claustros rena¬ centistas y edificaciones de la duodécima centuria, pues ni el hallazgo de un olvidado capitel podrá servir de tes¬ timonio. Para que el recuerdo de Ovila no se pierda, ya que para bochorno de los españoles en general y los alca- rreños, en particular, se perdió el monumento, escribo este libro acometiendo una empresa superior a las fuerzas que me dan mis modestos conocimientos; muéveme un patrió¬ tico afán, me anima la mejor voluntad y en atención a esto confío la benevolencia de los lectores, pasando por en alto las infinitas faltas c¡ue encuentren en las páginas que siguen; al fin y al cabo, poco puede dar de sí un médico modesto metido a historiador y a arqueólogo. Francisco LAYNA SERRANO. Madrid, Enero de 1932. CAPÍTULO PRIMERO Las fuente/ Kistóricas para el estudio de^ Ovila.— Obras éenerale/- — Documento/ paleoéráfico/,— El proceso de- la incautaciórv, eiv 1835-—El monasterio, historia eiv piedra de^ la institucióiv Fuente/ kistóricas Por referencias tradicionales y a juzgar por los escasí¬ simos restos que han llegado hasta nosotros, la Biblioteca y el Achivo del Real Monasterio de Santa IMaría de Ovila, debieron ser muy importantes ; mas así como por el In¬ ventario de Bienes y efectos de dicho Monasterio, hecho en 1835, cuando la definitiva exclaustración de los mon¬ jes, y aparecido recientemente nuestra documentación a este respecto es óptima, no sucede lo mismo por lo que atañe a volúmenes y legajos, toda vez que la catalogación de los mismos fué encomendada exipresamente a una Co¬ misión o junta Científico-Antística, sobrado remolona, que dejó pasar, incluso años, sin cumplir su cometido, rea¬ lizando éste de cualquier manera y dando lugar a que no ]X)cos archivos y bibliotecas monacales se dispersaran, per¬ diéndose una riqueza bibliográfica que puede calificarse de inconmensurable (I); bajo este aspecto, casi pueden considerarse secas las fuentes de Ovila para el investi¬ gador. (i) Hasta Mayo de 1838, no se preocuparon de este negocio los señores de la Junta Científico-artística de Guadalajara, según prue¬ ba un oficio dirigido al Comisionado liquidador de Ovila, D. Ma¬ nuel Cortijo, oficio procedente del archivo privado de este señor, que obra en jni poder. - 14 - De otro lado, como la abadía de Ovila no tuvo con mutího la importancia que otras dq la Orden cisterciense, tales como Poblet, Santa María de Huerta o Veruela por citar alguna, :ni ha dejado sentir su influencia en la His¬ toria, ni ha estimulado los amigos del Arte ; por este a motivo no puede fructífera la busca de datos des¬ ser mUy perdigados en crónicas generales o locales. Finalmente, ni ha habido ni hay cerca de Ovila, población o ruta de importancia ; ello, ha contribuido no poco en los tiempos viejos como en los actuales, a que haya pasado desaperci- é bido este Monasterio para los curiosos cultos que gustan de publicar sus impresiones y desentrañar la historia de aquellos monumentos que les salen al paso en el camino de la vida. Por todo lo antedicho es tarea casi imiposible, no ya rehacer la historia de Ovila en líneas generales, contando con las vicisitudes porque ha pasado son de escaso que relieve, sino formar el armazón de esa historia, jalonando cada siglo con las directrices de la vida y desenvolvimien¬ to de nuestro Monasterio. Gracias a que no ha sufrido crisis sobrado graves ni tenido momentos de inusitada prosperidad, (las enormes lagunas que en su historia exis¬ ten no hacen al historiador caer en errores de bulto : como la lógica y el buen sentido, uniendo y relacionando los escasos y desperdigados datos pueden reconstruir esque¬ máticamente esa historia y yo he logrado a fuerza de pa¬ ciencia encontrar pocos-hasta ahora desconocidos, no me atrevo—quizá temerariamente—a intentar el logro de esa finalidad, después de reseñar someramente las fuentes his¬ tóricas principales en las que el investigador puede cal¬ mar la sed del largo y árido camino. La obra más antigua de conjunto que trata de la fun¬ dación de OAÚla, habiendo servido como cantera de datos interesantes a la par que de errores contumaces, es la no¬ tabilísima que escribió en latín en el siglo XVH Fray — 15 - Angel Manrique, titulada Anales Cistercienses (1). Trata de todos los Monasterios bernardos de España, y aun cuando por su categoría dentro de la Orden tuvo cuantas facilidades quiso para investigar en los Archivos mona¬ cales, muy ricos en general, la misma magnitud del em¬ peño y la infantilidad de la crítica histórica en aquella época, justifican la existencia de algunos enrores, entre los que figura alguno de la fundación Ovila ; errores por lo demás subsanables a la vista de documentos que se ci¬ tan en lugar oportuno, pero que han servido para vulnerar la verdad histórica en los trabajos posteriores al aceptar sus autores a la buena de Dios las afirmaciones del ilustre en su autoridad y en las mencionadas fa¬ fraile, confiados cilidades que tuvo para documentarse, bebiendo sus co¬ nocimientos en las fuentes de origen. La obra del Padre Manrique, que como digo, ha servido de fundamento a ulteriores estudios, ha procurado, sin embargo más es¬ clarecimientos que equivocaciones, y según se verá más adelante, los datos suministrados por ella sirven para apo¬ yar conjeturas y para corroborar otros de menos autori¬ zada procedencia. Una obra que procura noticias interesantes relativas a ventas de bienes o cesión de propiedades a cambio de cen¬ sos monjes de Ovila a los Condes de realizadas por los Cifuentes, en los siglos XV y XVI, es la muy interesan¬ te de D. Luis de Salazar, titulado Historia de la Casa de Siha (2). Anales Cistercienses, por Fray Angel Manrique, ex general (i) de la Orden del Císter, predicador del Rey Felipe IV, Lector de la Academia de Sacra Teología de Salamanca, electo Obispo de Ba¬ dajoz. Editada en Lyón, en latín ; cuatro tomos ; año 1649. (Biblio¬ teca Nacional de Madrid. Sección de Raros.) (2) HISTORIA GENEALOGICA de la casa DE SILVA, DON¬ DE SE REFIEREN LAS ACCIONES MAS feñaladas de fus Se¬ ñores, las Fundaciones de fus Mayorazgos y la calidad de fus alian- ças matrimoniales. JUSTIFICADA CON INSTRUMENTOS Y - 16 - Ponz (1) hace una completa descripción de Cifuen¬ que tes y su río, así como de Trillo y su balneario, dedica tan sólo escasas palabras aJ Alonasterio de Ovila, la que no llegó a visitair, no obstante estar tan cerca. El insigne Jovellanos estuvo en Trillo en el verano de T?98,' buscando en las aguas del inmediato balneario, fundado por Carlos III, alivio a sus achaques ; sin duda, por éstos no se atrevió a hacer el corto camino que a Ovila conduce, contentándose con recibir la visita del abad, con¬ signar en su Diario (2) algunas noticias que éste le trans¬ mitió exagerando seguramente las dificultades porque pasaba el cenobio teniendo en cuenta que hablaba con un personaje posible favorecedor (poco tiempo hacía que ce¬ sara en la cartera de ¿Vilia} "T\ hacer durante varios días anotaciones del «tumibo» o cartulario que aquél le en¬ viara respondiendo a su requerimiento ; esas anotaciones se han perdido, por desgracia, ya que dicho Cartulario de¬ bió ser interesante cuando su extracto distrajo varios días la curiosidad de jovellanos, y ellas hubieran podido escla¬ recer no pocos puntos oscuros de la historia de la abadía. Lo mismo acontecería con la descripción hecha del monas¬ terio si lo hubiere visitado, a pesar las rápidas de que en anotaciones de edificios y objetos de arte, menudeaban las clasificaciones arbitrarias de estilos, la atribución capri¬ chosa en lo referente a autores de cuadros y esculturas ; nos hubiera legado una visión de Ovila cuando su hermo¬ sa iglesia estaba abierta al culto, cuando el convento no se había desplomado por culpa del abandono, cuando los vohimenes se alineaban en la estantería de su biblioteca. HISTORIAS fidedignas, y adornada con las noticias Genealógicas de otras muchas familias. POR DON LVI.S DE SALAZ.\R Y C.'tS- TRO, Goronifta del Rey nueftro Señor. DIVIDIDA EN XII LI¬ BROS. Año 1685. (Dos tomos. Biblioteca Nacional.) (1) Antonio Poz—Viaje por España—. Tomo XIII. Madrid, iT^S. (2) Diarios de Jovellanos, publicados por .\dellac. Es interesante la de.scriipción que en ellos se hace de los primitivos baños de Trillo. - 17 — y a :1a vista de los restos que han llegado a nuestros días hubiera podido corregirse el rm:perfecto dibujo que Jove- llanos trazara. Apenas si Quadrado en s'U descripción de la provincia de Guadalajara (1) dedica unos pocos pánrafos al monas¬ terio de Ovila, que tan sólo de pasada visitó, sacando una impresión tan incoimipleta que, a juzgar por sus frases, los pobres monjes estaban peor alojados que pastores; el mé¬ dico D. Casimiro Ortega, que en 1778 escribiera un ((Tra¬ tado de las aguas termales de Trillo», se contenta: con nombrar el monasterio', como ya había hecho muclhó antes Ambrosio de Morales all describir la cuenca del Tajo en ((ILasantigüedades de las ciudades de España)). El quefué deán de là catedral de Sigüenza, D. Eugí-:- nio González Chantos, fallecido en 1812 y autor de varias obras relativas al obispado, publicó en unos estudios inte¬ resantes algunos puntos de vista respecto al fallecimiento de San Martín de Finojosa a su regreso de Ovila, anun¬ ciando una disertación sobre tal tema sin que llegara a hacerla, a menos que haya desaparecido. Había que pasar sobre Ovila la nube destructora de 1835, abandonar los monjes el monasterio y convertirse éste en melancólicas y solitarias ruinas, para que aparecie¬ ra estudio sobre él hecho sin muchos empeños por el un docto académico de la Historia y notable polígrafo alca- rreño, D. Juan Catalina García (2). Conoce'dor del país, habiendo visitado Ovila y los lugares comarcanos y pu- diendo desflorar no pO'COs documentos olvidados en los ar¬ chivos, si el ilustre publicista se hubiera propuesto hacer un estudio a fondo, sin duda habría resultado interesante e inmejorable ; pero se fió más de los documentos que del terreno, reunió a la ligera cuantos datos halló a mano (sien¬ do quizá el más precioso un manuscrito de finales del si- (1) Quadrado. España : sus monumentos, etc. Tomo de Guada¬ lajara, Toledo, 'Cuenca y Ciudad Real, i866. (2) Relaciones topográficas de España. 2 - 18 — glo XV, referente a Ovila y hoy desgraciadamente extra^ viado) y se áimitó a llenar un vacío incluyendo su trabajo en el heoho sobre Sotoca de Tajo, publicado con otros mu¬ chos notables pero ligeros en las Relaciones Topográficas de España, correspondientes a los pueblos de la Provin¬ cia de Guadalajara. Sigue con sobrado acatamiento al pa¬ dre Manrique dando por bueno casi todo lo afinmado por el ilustre bernardo, y éste es quizá el mayor defecto dei escrito de Catalina García ; sin emibargo, a pesar de los que se le pueden señalar, resulta bastante completo so¬ bre todo ipKDr la anotación bibliográfica cuantiosa, que in¬ dica a los más modernos investigadores las canteras de donde pueden extraer materiales para obras de mayor fuste. En el 'Discurso de ingreso en la Academia de la Histo¬ ria, leído por el marqués de Cerralbo el 31 de mayo de 1908 (1) también se bailan algunos datos importantes acer¬ ca del monasterio de Ovila, ya que por ser filial del de Huerta, la historia y las vicisitudes de éste influyeron ne¬ cesariamente aquél. en Otra obra que arroja mucha luz sobre la fundación de Ovila a pesar de la ligereza con que su autor enjuicia al¬ gunas cuestiones siguiendo a ojos cerrados a Catalina Gar¬ cía y sobre todo a fray Angel Manrique, es la «Historia de la Diócesis de Sigüenza», escrita por su obispo fray Toribio Minguella, publicada en 1910-14, en tres tomos. Se trata por lo demás de una obra meritísima, sobre todo por la riqueza de su colección diplomática, habiendo dado a conocer muchos imijx)rtantes documentos del rico archivo seguntino, ignorados los unos y mal estudiados los otros. En el tomo primero trata del monasterio de Ovila ; como no lo visitó ni tampoco a los pueblos que un día le per¬ tenecieron sino que se atuvo principalmente a la letra de (i) Enrique de Aguilera y Gamboa. El arzolnspo D. Rodrigo Xi- ménez de Rada y el Moiiasterio de Sania María de Huerta. 190S. Madrid. - 19 - los documentos que exhumó lo dicho por otros autores, y a o consagra inconscientemente ajenos errores o cae en otros nuevos, ya que la lectura de los documentos requiere un sentido interpretativo, deductivo o de rectificación, impo¬ sible de lograr a veces no poniéndose en contacto con el ((sujeto». He de tener ocasiones varias de aludir a lo escri¬ to por el padre Mingmella y he de transcribir literalmente algun documento de los por él dados a conocer, así que para entonces dejo el análásis de los aciertos y de los erro¬ res. El último trabajo sobre Ovila que conozco es preci¬ samente una Nota bibliográfica acerca de la obra de Min- guella, publicada en 1914 en la ((Revista de Archivos, Bi¬ bliotecas y Museos», por mi tío, el ex catedrático de His¬ toria e ilustre polígrafo D. Manuel Serrano Sanz ; ésta llamada modestamente ((nota bibliográfica», es en reali¬ dad un meritorio trabajo no sólo de crítica atenta tanto a alabar como a ¡rectificar, sino de aportación valiosísima, de un lado por los razonamientos expuestos en él ; de otro, por la inserción de documentos inéditos que contribuyen no poco al conocimiento de la época fundacional, va que da a conocer dos cartas de privilegio y confirmación, de Fernando HI. Por lo que atañe a documentos, escasean los referen¬ tes a Ovila ; algmnos ya están incluidos en las obras cita¬ das, otros no figuran en ellas más que someramente ex¬ tractados y finalm.ente unos pocos eran hasta este momen¬ to desconocidos o inéditos ; callaré los primeros y citaré a laligera los dos grupos últimos : En la Colección Salazar, de la Academia de la Histo¬ ria (0-3) hay un manuscrito anónimo que trata de Ovila ; figuran en él multitud de datos en rara mezcolanza, pues cita las cartas de privilegios, donaciones y confirmacio¬ nes reales, hasta comienzos del siglo xvii, da noticias de la construcción de algunas partes del Monasterio, tras¬ lada alguna de las respuestas que se dieron a la Infor- — 20 — mación pedidaa Los pueblos de España por Felipe II en 1580, etc. contribuye este curioso manuscrito a confirmar ; no pocas suposiciones sugeridas por la contemplación del Monasterio en ruinas, y a él he de aludir no pocas veces a lo largo de este trabajo. Intesante es también la carta de Enrique I en favor de Ovila, publicada en la Colección Llorente (Academia de la Historia), bajo el epigrafe ((Colección de privilegios». El culto capellán mayor de las Descalzas Reales, de Ma¬ drid, D. José García Armesto, ha tenido la amabilidad de dejarme para su estudio un cartulario que posee procedente de Ovila, oonstituyendo su núcleo un manuscrito en per¬ gamino, que contiene la carta de confirmación de privi¬ legios del Monasterio, heclia por doña Juana la Loca (fal¬ tan por ¡hacer las letras capitales) y extractando las de sus antecesores hasta Enrique I y transcribiendo en la de éste el privilegio original (1), idéntico al de la colección Llo¬ rente ; después figuran en este cartulario de tamaño folio, las confirmaciones, también en pergamino (algunas con bellas orlas y letras capitales, lindamente miniaturadas) de los reyes sucesivos hasta Carlos IV, inclusive : hasta ahora nadie se ha ocupado de este manuscrito. Con ser dé gran valor el cartulario del Sr. García Ar¬ mesto, aun lo tiene mucho más considerable otro en cuar¬ to menor, que posee D. Roque Pidal y Bernaldo de Qui- rós, dueño en Madrid, de la ((Librería Vetusta», gracias a cuya amabilidad he podido examinarle, llegando hasta cederme bondadosamente el grabado del adjunto fascí- mil ; se trata de una colección de cartas de privilegios, do¬ naciones de tierras y lugares y confirmaciones, dadas por Alfonso VIII, Enrique I y Fernando el Santo al Monas¬ terio de Ovila, formando un libro de 48 folios en perga¬ mino, escrito en letra francesa, del siglo xin con signos (i) La anotación de ((Original» está hecha con posterioridad en el monasterio. àiu cmicéUtn^^sK'i' ixmfirtmr.miïa caty ti^(Wvttr f fcnf^fer'^ettwemtAnj^ (m¿v^. — áí ^ T«3C caiWW Hrd l^w^grdfeie^ (fcaiiube^ Çtíií^ Figura 1.—Facsímil de una pagina del cartulario conteniendo cartas de privilegios, donaciones y confirmaciones hechas a Ovila por Alfonso VIII, Enrique I y Fernando III, propiedad de D. Roque Pidal. rodados y letras capitales bellamente diseñadas en rojiQ, siendo admirable su estado de conservación. En el archivo municipal de Cifuentes, muy rico en pergaminos ya catalogados hace años por mi tío el ilus¬ tre bibliófilo D. Manuel Serrano Sanz, existen dos refe¬ rentes a la donación hecha por doña Yelo Pérez al Mo¬ nasterio de Ovila, de ciertos bienes, a cambio de una suerte de renta vitalicia asegurada en uno de los docu¬ mentos por los monjes al aceptar la donación ; ya publicó un extracto el Sr. Catalina García en su trabajo citado, y en los «Apéndices» de este libro se trascribe uno de ellos literalmente. En el momentooportuno haré mención de otros docu¬ mentos de la Colección Salazar, que tratan incidentalmen- te de cuestiones referentes a Ovila : aparte estos, no que¬ dan más pergaminos que dos existentes en el Archivo His¬ tórico Nacional, procedentes de la Delegación de Hacien¬ da de Guadalajara ; se refiere uno de ellos a la donación hecha al convento en el siglo xiv, pcxr el vecino de Soto- ca, Domingo Pérez y el otro a un trueque o cambio de bienes becho en el siglo xv entre los monjes y Gutié- rre Ruiz. Más documentos existían en la supradicha De¬ legación, a juzgar por las notas que figuran en el eAudio del Sr. Catalina García, pero algunos se perdieron ante.s o en el traslado que se hizo al Archivo Histórico Nacional en 1898 ; también en el mismo sitio y de la misma prort- dencia existen tres de los libros de contabilidad que se llevaban en el Monasterio de Ovila, siendo de extraordi¬ nario interés su estudio,pues gracias a ellos puede llegai- se a conocer la cuantía de los bienes de la abadía, la lis¬ ta de abades, muchos de los incidentes de la vida de 'a ins¬ titución,y una porción de detalles imjprescindibles para reconstruir la historia del destruido cenobio. También en el Archivo Históirico existe la ejecutoria de un pleito sos¬ tenido y ganado por Ovila respecto al pago de diezmos y algún otro documento de mediano interés. Con lo dicho quedaría cerrada la lista documental de — 23 — Ovila si yo no hubiera tenido la suerte de encontrar, tras fatifjosas gestiones, algunas papeles irnás, gracias a los cuales el estudio que he de comenzar inmediatamente, pue¬ de resultar bastante completo ; me irefierq al Inventario de los bienes y efectos existentes en el Monasterio cuando la exclaustración, así como una rica colección de oficios, co¬ municaciones y diligencias efectuadas por entonces, que arrojan mucha (luz acerca de lo desdichadamente que se llevó a cabo la incautación de los bienes eclesiásticos, des¬ truyendo una riqueza material considerable, permitiendo que se perdiera una riqueza artística y paleogràfica aun mayor, sin que el Estado se beneficiara en la medida de lo calculado. Yo pensaba que en Ruguilla, en casa de una señora nonagenaria, llamada doña Mantiela Pérez de Guzmán, estaría el archivo de su abuelo político D. Ma¬ nuel María Cortijo, agente liquidador de los bienes de Ovila, y por fin ví conlirmadas mis sospechas, logrando la entrega de tales importantes documentos que me han permitido además, identificar no pocos objetos artísticos de la antigua pertenencia de Ovila ; como más adelante he de citar frecuentemente tales papeles, me abstengo de hacer en este momento la enumeración de los mismos para no caer en remediables repeticiones. Hasta hace unos quedaba, por último, el docu¬ meses mento más interesante para el conocimiento de la historia del M.onasterio Real de Santa María de Ovila, aunque ha sido el más desdeñado por los investigadores ; me refiero al monasterio mismo, cuyas piedras doradas por el en sol de los siglos quedaron impresas con caracteres indele¬ bles las principales vicisitudes del venerable cenobio ; los abundantes restos de las primitivas e interesantísimas construcciones, hablaban bien a las claras no solamente de la época precisa de la fundación, sino del entusiasmo puesto en la obra por el fundador y su sucesor inmedia¬ to, para elevar deprisa un edificio sólido y magnífico ; la paralización de las obras del claustro casi mediado el si¬ glo XVII el conjunto de transformaciones llevadas a ca- bo con inmediata anterioridad como por ejemplo la crea¬ ción de nuevaigflesia, barto confirman de un lado la ena¬ jenación de giran parte de los bienes del monasterio hecha de cualquier modo, pues de otro lado queda probada la administración deficiente y los pésimos cálculos efectua¬ dos toda vez que faltó dinero para terminar los trabajos renovadores y para edificar las dependencias que figuran¬ do en el primitivo proyecto jamás llegaron a alzarse. Y un paseo por los desiertos oteros del Caramaz, por los campos donde estuvo emplazado el villoirrio de Murel en el que ni el más leve resto se advierte de antigua edifica¬ ción conventual, sirve para combatir viejas afirmaciones hechas tan sóilo leyendo y mal traduciendo añejos docu¬ mentos. El estudio y descripción del casi milenario códi¬ ce representado por el edificio y sus alrededores, códice bárbaramente destrozado en los últimos meses, será el obligado motivo del capítulo siguiente, antes de acome¬ ter la historia de la Comunidad bernarda de Santa María de Ovila. CAPÍTULO II DESCRIPCIÓN Y CRONOLOGÍA DEL MONASTERIO I. L1 valle- de Ovila.í'Ll monasterio de Ovila, ejemplar- representativo de la arquitectura cisterciense.t'Descrip- ciórv, detallada: la iglesia, la sacristía y la escalera prin¬ cipal; claustro, kabitacione/ del ala Este, sala capitular-; ala Sur- o del Refectorio; la bodeéa y las celdas de pro¬ feso/; alrededore/. Ovila eiv lo/ pueblo/ vecino/; lo que se II. Lo/ resto/ de conserva Ruguilla. Lo que fué a Sotoca y lo que eiv queda. Lo que queda de Ovila erv otro/ pueblo/ co¬ marcano/. ÏF»C' ,;:vaola:.cfefa^¿ ass'-"i-ii-*í - ■■ ■".' ■■■,->■- . . ^:na -ii ■{«(»!--■} -i íJíwertw ,.-^>h3b5¿Íií.;V.eO? ■ --^''Í0:¡ ■ ■ ■:^ - í'^s ,sh™ÏV! -'I; .iji·i u! .; í 'M'- -"i" ' - ■"■' i»"^ -■' : I El valle- de Ovila Tendrá el valle de Ovila kilómetro y medio de anchura máxima, estrechándose de norte hasta encerrarse en sur a el desfiladero de la «Boca del Infierno» flanqueado por altas rocas cortadas a pico, grietas crecen los jarama- en cuyas gos y a cuyos bordes los romeros y chaparros se asoman del monte que como una herradura abraza el hermoso valle, donde los Bernardos (maestros en la elección de be¬ llos emplazamientos para sus monasterios) erigieron el suyo (figs. 2 y 3). ILa estrecha garganta se abre al norte for¬ mando la fértil vega de Sotoca que más arriba se subdivi¬ de en la de las «hazas largas», que tiene su fin pasado Ru- guilla, y en la que tras el precioso desfiladero del «An¬ gosto» constituye la pequeña y bella de Huetos rodeada de montes siempre cubiertos de verdor. De Iluetos y Ru- guilla bajan dos arroyos que se unen en Sotoca penefiran- do en Ovila con crecido y constante caudal, procurando agua sobrada al caz del molino de los frailes cercano al convento y rindiendo su tributo al Tajo luego de fertili¬ zar el valle que con menguado esfuerzo puede ser regado en su totalidad. Desde el cerrillo que se alza al noroeste detrás del mo¬ nasterio, se abarca todo el valle y los montes circundantes. — 28 — Unos cuatro kilómetros al saliente, se hallaba Murel o Muriel, del que apenas quedan cimientos y cruzaba al Ta¬ jo el puente de que hablan los privilegios de Ovila, que¬ dando hoy tan sólo los estribos, uno de los cuales sustenta la 'j>equeña central eléctrica de Carrascosa. Murmura el río deslizándose con pereza entre pequeños oteros cubier¬ tos de vegetación, con sus riberas ocupadas por gran can¬ tidad de álamos blancos y espesos juncales ; pasa así fren¬ te a los abandonados campos del Caramaz recogiendo las aguas de un arroyuelo que a pocos metros del río forma la bellísima cascada de «Los ojos verdes» y entra en el valle de Ovila mostrando frente al convento los carcomi¬ dos estribos del viejo puente citado en documentos ocho veces centenarios, formando meandros hasta encajonarse en la estrecha y maravillosa garganta que conduce al Bal¬ neario de Trillo. Aquí la corriente (prisionera entre los pe¬ ñascales imponentes que se aproximan casi ha.sta juntar¬ se) se hace brava y mujidora para recuperar su tranquili¬ dad cuando puede discurrir de nuevo a su placer en la an¬ cha curva que a Trillo conduce, retratándose en las aguas serenas los arbolados cerros que coronan las peñas capri¬ chosas de la «Silla del caballo» y el pelado de Villavieja, donde se han hallado con profusión interesantes restos de una población ibero-romana. La orilla izquierda del Tajo es pintoresca 3^ brava por demás ; sobre un recuesto y encima del montículo peñas¬ coso que constituA'e una fortaleza con su foso natural, se yergue el vetusto poblado de Azañón con el airón de su cuadrada torre parroquial de blancos sillares, sirviéndole de fondo los altos montes de Solana ; siguen los del pro¬ pio Azañón, siempre verdes, hasta cerrar el valle la estre¬ chez peñascosa que a Trillo conduce, rasgando el cielo y adornando el paisaje con su característica silueta, las fa¬ mosas «Peñas de Alkalaten» (fig. 4). Actualmente se las conoce con el nombre de las (¡Tetas de Viana» (muchos las ven y pocos las maman, dicen en el país) 3' no son sino dos «cerros testigos» de análoga altura a la de la altiplani- Figura 2.—Vista general de Ovila. (Fot. del alitor). Figara 3.—Vista general del Monasterio de Ovila. (Fot. A. Palau), Figura 4.-Arriba; Las Tetas de Viana, antiguamente llamadas Peñas de Alkalathem, vistas en la lejanía desde Kuguilla. Abajo: Detalle de las Tetas de Viana, vistas desde Trillo. — 29 — cié alcarreña (1.069 metros sobre el nivel del mar) ; mon¬ tañas gemelas de líneas impecables coronadas por una lastra de quince metros de espesor cortada a pico, que pa¬ recen mucho más altas de Lo que son en realidad, por es¬ tar asomadas al profundo barranco fraguado por el Tajo en una labor de millares de siglos. Tal es el pintoresco retiro que para los frailes blancos de la Orden del Cister (1), escogió el rey castellano Al¬ fonso «el de las Navas» ; poco o nada ha cambiado desde entonces y las descriipciones antañonas si las hubiere, iguales serían en todo a las de hogaño ; err cambio del ce¬ nobio profanado y semi destruido pronto hará un siglo, bárbaramente deshecho en estos días que vivimos, si hu¬ biera viejas descripciones necesitaríase poderosa fantasía para imaginar la realidad de lo descrito a la vista de los restos menguados de su fábrica vetusta, viniendo a las mentes, aunque se haya abusado de la cita, los versos in¬ mortales del vate hispano a las ruinas de Itálica famosa ; para no caer en la aparente cursilería de insertarlos, repe¬ tiré la primera parte de la imprecación que conteniendo en un adjetivo calificativo solemne disparate, escribiera en el ábside de la iglesia monacal el ruguillano «tío Jua- nis» que en su juventud conociera la prosperidad del mo¬ nasterio, asistiendo después a su saqueo y ruina : ¡ Alma mortal mira la casa de Dios cómo está ! (2) Hasta hace unos años, conservábase el monasterio lo suficientemente bien para formarse cabal idea de como fuera antaño ; lo he visitado infinitas veces desde el cerca- (1) Los monjes de la Orden de San Benito llevaban el hábito negro ; al reformarla San Bernardo Abad de Claraval, los benedic¬ tinos reformados de la Orden dicl Císter, usaron hábito blanco ; de ahí el sobrenombre. (2) Véase en Apéndices los hechos y dichos del famoso tío Juanis. — so¬ no pueblo de Ruguilla donde transcurrió mi infancia y tan fielmente se conservaba en mi memoria recuerdo, que su sin necesariascomprobaciones hice el plano cpie en esta obra figura para mejor comprensión de cuanto vaya des¬ cribiendo ; plano tan exacto dadas las circunstancias en que fué hech'o, que habiendo realizado una postrera visita a los restos de Ovila en Diciembre de 1931, fueron tan es¬ casos e insulicientes los errores comprobados que no los he creído suficientes para merecer una rectificación. El Monasterio de^ Ovila, ejemplar^ representativo de^ la arcïuitectura cisterciense^ Sabido por las personas cultas, que la refonma de es Cluny (primera de la Orden de San Benito) orientó la ar¬ quitectura religiosa del período románico creando un pa¬ trón que con ligeras variantes, fué adoptado en la erección de iglesias, catedrales y monasterios, caracterizándose al final cuando éstos se enriquecieron de modo inverosímil, por la abundancia de los elementos decorativos, exornán¬ dose frisos, capiteles y columnas con profusión de figuras entremezcladas con la flora más caprichosa ; esta riqueza exuberante en la arquitectura y las artes decorativas en general, coincidió con la vida disipada de las comunida¬ des ricas, lo que motivó la segunda reforma de la Orden benedictina, reforma llamada del Cister y llevada a térmi¬ no principalmente gracias a las predicaciones y afanes de San Bernardo abad de Clairvaux o Claraval. La reacción Bernarda, excesiva como todas las reacciones (y como to¬ das, infructuosa a la larga), tendía a moralizar las costum¬ bres de los monjes, volviéndoles a la vida ascética, incul¬ cándoles la sencillez, la pobreza, el alejamiento de las po¬ blaciones, el trabajo corporal en fin, como medios con¬ ducentes a practicar las estrechas ordenanzas de la regla - 32 — de San Benito sin que la tentación de las riquezas y las comodidades les llevara lejos de la verdadera existencia ascética y contemplativa. Con estas normas, ya vivían cer¬ ca de Chalons varios monjes en la pobre abadía de Cis- teaux a la que se acogió San Bernardo con otros compa¬ ñeros, oreándose, gracias a sus constantes esfuerzos, una milicia que había de contar muy pronto con más espiritual de sesenta mil monjes repartidos en infinitos conventos de la Europa central y meridional ; estos fueron los monjes blancos, bernardos o cistercienses. El propulsor de la Orden, en sus escritos y predicacio¬ nes, a la vez que arremetía contra la riqueza y la molicie de los cluniacenses, lanzaba imprecaciones contra su ar¬ quitectura, representante de estas riquezas y relajación, preguntando : <(¿ Para qué sirven tantas molduras con fie¬ ras y adornos en los cuales la imaginación del monje se distraê de su piedad y se aparta de la pobreza evangélica enseñada por San Benito?)) Dice la famosa Carta de Ca¬ ridad escrita por S'an Bernardo en 1119 y en ella las ((Constituciones de la Orden», que no se construirán nues¬ tros ceniobios en ciudades, villas o castillos sino en lugares remotos al paso de los hombres... Los calígrafos escribirán con tinta de uri solo color y las letrias sin pinturas. No se harán torres de piedfa pata las campanas. Los monaste¬ rios se instdilarán en lo posible donde haya agtoa para el molino y huertos. En la mueva casa instalarán el orato'ño, refeicítorio, dormitorio, hospedería y portería. Leídas las frases anteriores, se comprende qu.e la crea¬ ción de la Orden bernarda diera origen a un nuevo siste¬ ma constructivo, a una especial agrupación de dependen¬ cias y sobre todo a una gran simplificación ornamental ( 1) de los edificios, desapareciendo los capiteles historiados que uo llevarán ya más que sencillas hojas de acanto por todo adorno u otros tan elementales como éstas, sin que (i) Pijoan. Historia general del Arte ; tomo II, pág. 366. Lampéroz. Historia de la arquitectura cristiana en España. — 33 — vuelvan a verse las ardhivoltas de las portadas con largas teorías de santos tallados en ellas. La arquitectura ciscer- ciense se caracteriza por su sobriedad, siendo preciso con¬ signar este detalle antes de desoribir las primitivas edifi¬ caciones de Ovila ; la distribución de dependencias realiza¬ se siempre ateniéndose a un patrón obligado al enumerar las que ha de reunir cada monasterio, y si en muchos se advierte mayor complejidad y falta de sujeción a estas normas (Poblet) es porque nacieron ya grandes (contra¬ riando las ((Constituciones» que ordenaban la fundación sólo con doce monjes ■provistos de lo indispensable) o por¬ que al engrandecerse de modo inusitado con copiosas do¬ naciones, necesitaron mayor espacio y dependencias múl¬ tiples para desenvolver la vida conventual. El monasterio de Santa María de Ovila (según pres¬ cripción de las ((Constituciones» todos los cistercienses ha¬ bían de ponerse bajo la advocación de la Virgen), respon¬ de de modo preciso a esa ordenación ritual j' bajo este punto de vista puede servir de modelo para conocer la dis¬ posición de un monasterio del Cister y como esquema de su arquitectura, pues ise construyó ateniéndose con la ma¬ yor meticulosidad a las prescripciones del reformador ; como ni acrecentó excesivamente sus bienes ni por tanto el número de sus monjes, ha conservado la planta primi¬ tiva sin otras variantes que los estilos arquitectónicos so¬ brevenidos al correr de los siglos. En efecto, está enclavado en un ameno valle, lejos de aglomeraciones urbanas, ya que el despoblado Murel dis¬ ta cinco kilómetros, y uno o dos menos, Azañón, Sotoca y Trillo, que por lo demás siempre fueron insignificantes aldeas ; aun cuando ya el valle es por sí una fértil huerta, tiene la suya propia el monasterio rodeándole por saliente v mediodía, cerrada por la correspondiente tapia (véase el plano adjunto) y regada 'por abundoso arroyuelo venido desde el cercano molino (véase el mapa en el capítulo 3.'') : a unos ciento cincuenta metros de distancia y dos o tres 3 — 34 — de profundidad, pasa el Tajo lamiendo las estribac ones de los montes de Solana. Un monasterio bernardo se compone de un claustro o patio porticado, alrededor del cual, se agrupan las depen¬ dencias necesarias a la vida conventual, de suerte, que no sea preciso salir de su recinto para nada, ni siquiera para l>oner en condiciones de inmediata utilización los frutos del campo, así como para industrializarlos. (Véase el pla¬ no). La iglesia abarca o sirve de apoyo a ese claustro con ¡a larga pared de su nave mayor y la corta de la del cru¬ cero, en cuya prolongación se hallan la sacristía, la esca¬ lera para subir al piso superior, alguna dependencia tal como el archivo o la cárcel, la sala capitular y casi siem¬ pre las habitaciones particulares del abad ; en el tercer lado del cuadrilátero claustral y siempre enfrente a los muros de la iglesia, el refectorio, la cocina y despensa, más alguna dependencia auxiliar ; en el cuarto lado (casi siempre orientada a poniente), la nave de los lagare.s y bodegas, dejando paso antes a la entrada del monasterio a través de un patinillo donde están la portería, la hospc;- dería y amenudo los graneros formando un cuerpo avan¬ zado al exterior, cerca de las edificaciones complementa¬ rias para la granja y los granjeros. En el piso alto, su¬ biendo por la escalera situada junto a la sacristía, está la amplia estancia destinada a dormitorio de novicios, con¬ tinuada poir la biblioteca y las habitaciones del abad que tienen además entrada independiente por el pisa bajo del claustro ; sobre el lagar, las celdas de profesos con entra¬ da por el claustro alto siguiendo el muro de la iglesia. Tal es la síntesis de un monasterio cisterciense según el patrón del fundador y calculado para una comunidad poco numerosa como las propugnadas por San Bernar¬ do ; tal es la traza general de todas las abadías del Cister y ese el plano uniforme de las que no se engrandecieron y transformaron en el transcurso de los tiemipos o se funda¬ ron ya a lo grande, contraviniendo las prescripciones de la Carta de Caridad y tal es exactamente el trazado del mo- Figura 5.—1, Iglesia. 2, Escalera principal. 8, Sacristía. 4. Claustro. 5, Re¬ tretes. 6, ¿Antigua sacristía? 7, ¿Antiguo archivo? 8, Sala capitular. 9, Pri mitiva escalera y cillerería. 10, Reíectorio. 11, Pulpito del lector y escale¬ rilla en el espesor del muro. 12, Cocina y despensa. 13, Bodega. 14, Empla¬ zamiento de la hospedería. 15, Edificaciones modernas en la casa de labor de la finca, hechas problablemente sobre las antiguas cuadras y graneros. — 36 — nasterio de Ovila, que como decía puede presentarse como canon de este género de residencias. Dice Fray Angel Manrique con notoria exageración (1) que, de ihaberse acabado con la grandiosidad del comien¬ zo, ninguna le igualara en España ; esta aseveración del ilustre fraile casi hace reir, pues al lado de Poblet, Santas Creus, Huerta y Veruela, por ejemplo, el Monasterio de Ovila era tan sólo una pequeña abadía, como la llama Qua- drado (2), sin que por eso deje de ser interesante, según podrá advertirse en la descripción de sus detall-s. Que se comenzó con mucho empeño lo prueban los res¬ tos aquella época, llegados a nuestros días v que por de ser los más antiguos, los mejor conservados a pesar de su ancianidad pero gracias a su robustez, lleváronse cuanto antes al desmontar las ruinas del Monasterio expatriado : como se puede advertir en el plano adjunto, de fines del si¬ glo XII y de estilo románico, en el que se inicia la transi¬ ción al gótico, son la bodega, el refectorio, en parte las habitaciones del abad, la sala capitular, la cárcel y el archi¬ vo o antigua sacristía, pues de la primitiva iglesia nada queda, a no ser un capitel romántico de gran tamaño, con ornamentación de hojas y lazos que vi muchas veces entre la basura qu.e cubría el suelo del refectorio ; de las restan¬ tes dependencias construidas en la primera época, bien porque fueran hechas con carácter provisional y no hayan resistido el prolongado abandono, bien porque fueran modificadas o rehechas posteriormente, nada queda iden¬ tificable. Pasan los tres siglos del arte ojival sin dejar en Ovila manifestaciones ostensibles, prueba indiferencia lo que por parte de los monjes o dificultades económicas ; es pre¬ ciso llegar al siglo xvi, para ver muestras de un arte gótico rezagado, mezclándose la ligereza de sus bóvedas (1) Anales Cistercienses. (2) Quadrado-España ; sus monumentos, etc. Tomo de Guada¬ lajara, Toledo y Ciudad Real. -ar¬ de crucería con la serenidad y nobleza de la arquitectura renacentista, realizándose estas obras gracias a los cauda¬ les logrados por la venta de numerosos bienes, hecha pa¬ ra acabar con los pleitos suscitados por los pueblos que pugnaban por librar su patrimonio del dominio abadengo ; esta venta debió ser general en la Orden Bernarda, pues en la mayoría de sus Monasterios se emprenden por aquel tiempo grandes obras, ora derribando las oscuras iglesias románico-ojivales para sustituirlas por otras más grandiosas y alegres, ora derrocando los apacibles claus¬ tros o construyendo otros nuevos, respetando los antiguos. A esta centuria corresponden en Ovila la iglesia y nueva sacristía, la suntuosa escalera con su bóveda estrellada, la reforma de la casa del abad y el claustro de gusto herre- riano que jamás se concluyó, sin duda, por falta de re¬ cursos ; estos no podían arbitrarse fácilmente, pues ti.empo hacía qUe se acabaron las grandes donaciones, el país es¬ taba empobrecido por las continuas guerras de la casa de Austria, la emigración a América contribuyó a dejar los camipos despoblados y pebres, la expulsión de los moris¬ cos arruinó la industria, los pleitos eran continuos, la ad¬ ministración pésima, los ideales bernardos habíanse olvi¬ dado por completo, y las obras no pudieron rematarse, li¬ mitándose los monjes a realizar las imprescindibles re- pararaciones, sosteniendo con análoga dificultad sus edi¬ ficios resquebrajados y la arruinada hacienda, hasta que llegó la hora de la exclaustración, y con ella la total ruina. - 40 - gún afirma Fray Angel Manrique (1), que seguramente visitó Ovila como sobre todo por General de la Orden y tomar Atifiles Cistercienses. datos para sus Esta esta iglesia grande 3' espaciosa, co,n una sola na¬ ve, más la del crucero, adoptando la forma de cruz lati¬ na (fig. 6) de cortos brazos, abriéndose en estos a los lados del ábside poco profundo 3^ poligonal, dos capillas cuadradas en comunicación con el crucero por sendos ar¬ cos triunfales (fig. 7). El coro alto se apoyaba en un arco rebajado y bóveda de crucería casi palana, ocupando uno de los tres tramos de la nave mayor, marcándose esta di¬ visión ,por medias columnas adosadas, de fuste liso y ca¬ pitel moldurado a la altura de una sencilla cornisa y de cuyas columnas arrancaban los arcos para formar la bó¬ veda poco complicada, salvo la más historiada del cruce¬ ro ; los arquitos que senu'an de arranque a la bóveda del ábside, en lugar de apoyarse en columnas adosadas, hacíanlo en las alargadas repisas tan propias de la arqui¬ tectura cisterciense, como puede advertirse en el clau-tro de los caballeros del Monasterio de Santa María de II ue-- ta V aun en el mismo de Ovila ; en cuanto a las caoillas absidales, planta cuadrada se convertía en octogonal su para fonmar la bóveda de crucería estrellada, gracias a unas trompas o pechinas colocadas en los ángulos, seme¬ jantes a conchas de puro sabor renaciente. ILa iglesia, ma¬ jestuosa y bien proporcionada, como todas las de su épo¬ ca, tenía los muros blanqueados, quedando sólo al des¬ cubierto la piedra de columnas, repisas, nervios y claves de la bóveda, así como el jambaje de puertas 3* venta¬ nas, existiendo de estas, tres rematadas en anco de me¬ dio punto en el muro norte de la nave ma3'or, otra en ese (i) (cEl edificio (Monasterio) comenzado, pero no acabado, con posesiones vendidas o disminuadas, permanece hasta - hoy (sin aca¬ bar) y ninguno die los aumentos y mejoras pudo ser hecho para res¬ ponder a los principios con que comenzó' a construirle» (Manrique, obra citada.) Figura 7.-MONASTERIO DE OVILA Capilla mayor y una de las capillas del crucero (siglo xvi). (Fot. Conmelerán). — 41 - mismo bramo del dos largas y estrechas en las crucero y pequeñas capillas absidales gracias a la luz que por ellas ; y por un óculo situado sobre la portada penetraba, el tem¬ plo era claro y alegre. En cuanto al pavimento, poco pue¬ de decirse, ya que siempre le conocí levantado y cubierto de basura y escombros ; bajo el peldaño de absceso a la capilla mayor alineábanse las sepulturas de los abades, muchas de ellas levantadas y rotas (1) sus lápidas, desde que a mediados del pasado siglo fueron removidas por gentes que esperaban hallar en cada uno, un cáliz de pla¬ ta, con el que seg'ún la noticia esparcida eran enterrados aquéllos (2). La portada, arrancada hace pocos meses en unión de columnas, pilastras, armazón de bóvedas, arcos y jam¬ bas de puertas y ventanas, era sencilla, de estilo clásico y constaba de, dos cuerpos : el inferior consistía en la puerta de ingreso formada por un arco de medio punto sencillamente moldurado, flanqueándole dos columnas co¬ rintias de altobasamento, unidas por la correspondiente cornisa, apoyándose en ésta el segundo cuerpo, consisten- (1) En el manuscrito anónimo de la Co. Salazar en la Acade¬ mia de la Historia (0-3), se lee : «Acerca del segundo mandamien¬ to de nuestro (rey) Felipe, sobre los enterramientos y epitafios o si se ha deshecho algún sepulcro, decimos que como la iglesia esta¬ ba comenzada a hacer y no se acabó, ninguna cosa notable hay en ella ni ha habido. Sólo debajo de la grada de la capilla mayor, dé veinte años a esta parte, 'una sepultura que dice en la piedra estas palabras : Aquí y ase Pedro Marroquín, montañés, bienhechor de es¬ ta santa Casa, por cuyo saber y industria se acabó la iglesia con el trato de la madera. (2) Hacia 1850 llegaron una tarde al ruinoso Monasterio unos señores que habían dejado más atrás el carruaje en el que vinieran dando tumibos por los mal e.mipedrados caminos reales ; abrieron una sepultura (¿la de algún abad?, ¿la del capitán Luis Bueno, en¬ terrado el 16 de Junio de 1666, bajo la grada del altar mayor, al lado del Evangelio?) y metiendo los amados restos en una caja, des- andaron el camino ; esto dió motivo a la leyenda de los cálices y a la profanación de las sepulturas, así como a un proceso que se si¬ guió a aquellos señores por... ¡exhumación ilegal! - 42 - te en ocupado por el busto sencillo fronton triangular, del Salvador y cobijando una hornacina flanqueada por columnas y remataba por la clásica concha que alojó en tiempos una efigie de madera de San Bernardo ; encima, el óculo tan típico de las iglesias de este período (1) (fig. 8). Gracias al Inventario de los muebles y efectos de este Monasterio, hecho en 1835 por el Comisionado D. Ma¬ nuel María Cortijo (descubierto recientemente por mí, en unión de otros curiosos pa,peles) puede reconstruirse el as- fíecto de la iglesia cuando estaba en funciones, remitién¬ dome a los Apéndices de este libro, donde aquél se inserta íntegro y adicionado con algunas notas aclaratorias y complementarias ; en cuanto a imágenes y altares, más adelante he de describir los que se conservan en los pue¬ blos vecinos. El ornato principal de los que ocupaban las capillas absidales, eran unos cuadros de San Bernardo y San Benito, que el Comisionado califica en el Inventa¬ rio de «hermosas pinturas», que en unión de otras cator¬ ce más fueron llevadas a Guadalajara. Al fondo de la corta nave del Evangelio subsiste todavía un altar de ye¬ so malamente policromado, de sabor clásico y multitud de pequeñas hornacinas ocupadas por imágenes, algunas de las cuales no se han perdido. Aunque nada dice el men¬ cionado Inventario, se sabe por el libro de Enterramien¬ tos y bautismos (hoy en la iglesia parroquial de Trillo) que exi.stía una verja cerrando el crucero, formando así un Coro bíido Siempre conocí una grieta que desde el alero cruzaba el (i) óculo y llegaba hasta la clave del arco de ingreso, grieta que según la tradición se produjo al acabarse el templo, siendo tal la, deses- peracióti del maestro do obras o arquitecto, que se suicidó, causan¬ do gran sentimiento en los monjes, pues había trabajado con gran empeño y desinterés ; lo dçl suicidio quizás sea una de tantas fᬠbulas corno las gentes inventan para explicarse las cosas y dramati¬ zar sí era cierta la celebración de una misa anual los relatos, pero por e,l alma del maestro de obras, ¿sería éste el Pedro Marroquín, enterrado al pie de la grada del altar mayor? Figuras.—MONASTERIO DE OVILA Fachada de la Iglesia conventual, del siglo xvi. (Desmontada recientemente). - 43 - Sacristía y escalemprincipal. — Uua puerta fonmada por dovelesjarnibas sin moldurar, de medio punto, se y abre al extremo de la nave de la Epístola, dando paso a un zaguanete de unos tres metros y medio en cuadro, del coro bajo ; pero ni cámo era, ni tampoco su—ulterior destino. que arrancaba la espléndida escalera, utilizable hasta hace muy pocos años, formada por suave rampa que ascendía al piso superioir, contorneando las paredes del zaguán y cubierta por alta y vistosa bóveda de crucería (número 2 en el plano). Por ella se ascendía al dormitorio de novi¬ cios, habilitado en los últimos tiempos del Monasterio para biblioteca, al claustro alto y al modesto y elegante campanario de piedras sillares que muestra las cuencas vacías donde antaño se alojaran dos campanas grandes y un, campanillo, cuyo paradero ignoro. A la sacristía se penetra desde el mencionado zaguán por un arco de me¬ dio punto y es una pieza cuadrilátera de buenas propor¬ ciones, de gusto clásico y buena iluminación, gracias al amplio ventanal del fondo. Dos pilastras adosadas a las paredes laterales dividían éstas en tres sectores formando arcos ciegos para alojar la cajonería, hermoseando el con¬ junto, y se prolongaban uniéndose a las del otro lado me¬ diante dos arcos fajones que reforzaban y aligeraban la bóveda de medio cañón, desplomada muy recientemente (plano núm. 3). Claustro.—^Sin duda tuvo el monasterio de Ovila un claustro primitivo, ya que tal era el núcleo de las moradas cistercienses ; si dada la relativa magnificencia con que empezó la abadía de Ovila a construirse en tiempos de Al¬ fonso VilII de Castilla se la dotó de un patio porticado, éste debió ser interesante pero no quedan de la primitiva fábrica restos de ninguna clase; solamente en los muros de la bodega y refectorio señales de la viguería que lo cu¬ briera. El actual (todavía subsiste a fines de 1931 después de la demolición del monasterio aunque sin las hiladas su- - 44 — periores de sillares) se comenzó muy avanzado el siglo xvi, seguramente cuando la iglesia estaba terminada o poco menos y ya imperaba el gusto por el estilo friamente clasi- cista de Herrera (Véase el plano y la fig. 9). Las obras se realizaron con lentitud, pues enuno" de los dos escudos situados sobre los arcos de la galería alta del lado norte (escudos sencillos pertenecientes a desconocida familia y desaparecidos en la actualidad) se leía la fedha de 1617, sin que a pesar de esta parsimonia se acabara jamás, pues ni en el suelo se advierte el menor rastro de cimentación ; como dato curioso surpinisfrado por el culto farmacéutico de Trillo, D. Segundo Batanero, y comprobado por el mismo, he decir que las contramarcas de cantería coinci¬ den no pocas con las del claustro moderno del monasterio de Santa María de Huerta, del que era filial el de Ovila, lo que prueba que algunos canteros trabajaron en ambas obras y hace pensar si más que a deseo de la comunidad se debió a orden superior la erección de nueva iglesia y claustro así como la portada de la sala capitular (fig. 10). Tan sólo llegaron a construirse los dos pisos de gale¬ rías norte y este, más una panda del lado de las bodegas para facilitar el acceso a las celdas, y otra en el lado del refectorio ; que la falta del resto no se debe a demolicio¬ nes posteriores a la exclaustración, lo prueba, a más de la falta de cimientos, el aspecto de la obra, en la que se ad¬ vierte el corte de lo construido con los huecos dispuestos para nuevos sillares, pero sin indicios de argamasa. El claustro es sencillo y severo como corresponde al es¬ tilo henreriano, constituyéndole dos órdenes de arcos de medio punto apoyados en cuadras pilastras sin más ador¬ no que una moldura corrida formando recuadro en el lado que dá al hueco, y una pequeña y sencilla cornisa en el arranque del arco ; cada lado del claustro consta de siete aireos de unos dos metros de luz, siendo más estredhos los que hay junto a los rincones, sin duda contando con la an¬ chura total de las pilastras del ángulo para que las pandas autor). d(Feotl. 9.—OMDOVNASITELRAI Figura dIlcgamepsniro. (ddleexsaympiy-uoévlicón) dseiglol Claustro - 45 — de bóveda que habían de cubrir las galerías fueran igua¬ les. (1) El claustro se comunica con la iglesia mediante un arco de medio punto que abre a la nave de la epístola, y sólo se terminó el ala norte, o sea, la que apoya en el muro Figura 10.—Algunas contramarcas de cantería del Monasterio de O vila. (Dibujo de D. Segundo Batanero) del templo y el que le prolonga hasta unirse en ángulo con la nave de la bodega ; el aspecto de esta ala claustral era magnífico por el efecto de luz y el contraste de la pesada arquitectura clásica con la gallardía de la bóveda ojival, (i) Véase el plano adjunto para este y demás detalles. - 46 - amalgama que en .este caso n,o podía ser más armónica, no obstante la diferencia de estilos. Entre cada dos arcos ha¬ bía una que arrancaban los forme¬ repisa moldurada de la ros y cruceros constituidos por sencillos baquetones, que después de formar la elegante 'bóveda iban a apoyarse en el muro de la iglesia sobre análogas repisas que sin per¬ der el carácter del arte gótico, servían de admirable enlace con sus molduras sencillas, al clásico de los arcos claus¬ trales ; esta bóveda ha sido arrancada recientemente, pero gracias a la fotografía reproducida en la fig. 11 no se per¬ derá su recuerdo. Sin duda alguna era el propósito incumplido que las cuatro galerías del claustro bajo o procesional estuvieran cubiertas de bóveda de crucería, pero las dificultades eco¬ nómicas no sólo impidieron que aquél se terminara, sino que se abovedara el ala Este, en la que se alinean varias construcciones primitivas y entre ellas la sala capitular. Prueba de lo primero, es que en los muros d.el refectorio y la bodega (fig. 17) picando la piedra quedaron trazados los arcos futuros, y que en la galería del Este se ven he¬ chas las pilastras de arranque de los arcos ; prueba lo se¬ gundo, que en el muro de la sala capitular (fig. 13) adviér- tense perfectísimamente los modillones o canecillos en los que se apoyaba la viga de sostén de las que constituyerort una sencilla cubierta de bovedilla, tan coimrm en España. En el claustro alto (llamado de (dos ejercicios escolásti¬ cos»), las señales existentes en los muros indican claramen¬ te que estuvo siempre cubierto de teja vana, no indicando las arcadas subsistentes el propósito de cubrirlo con bóve¬ da ; a lo más cielo raso o bovedillas. Un hueco de unos tres metros fraguado en el gruesísimo muro de la iglesia, indica dónde estuvo el archivo. HabiMciones del ala Este • sala capitular.—En el za¬ guanete que sirve de arranque a la escalera principal y da paso a la sacristía, subsiste aún una estancia cuadrangular a la que se entra por una puerta de medio punto. Tendrá Figura 11.-MONASTERIO DE OVILA Ala norte del claustro, con bóveda de crucería, hoy desmontada y expatriada. (Fot. Conmelerán) — 47 - unos tres metros y medio de ancho por siete de lar^o, es su bóveda de sillares, apuntada, sin nervadura de ninguna clase, con luz al campo mediante una ventana aspillerada y un óculo con dentellones : corresponde su robusta cons¬ trucción a las primitivas delmonasterio, o sea a Los finales de la duodécima centuria y comienzos de la siguiente. ¿ Qué destino tenía ? Quizá fuera archivo hasta que el in¬ cendio acaecido en él a fines del siglo xvi aconsejó po¬ nerle en el muro espeso de la iglesia a salvo de tales peli¬ gros, y eso es tan sólo una conjetura ; antes que biblioteca me inclino a creer fué la sacristía de la iglesia románica primitiva (plano núm. 6). Me induce a ello la considera¬ ción de su tamaño, iluminación y aislamiento respecto a las restantes estancias con las que no se comunica ; ade¬ más, hay la noticia de que el antiguo templo tenía tres naves, siendo, por tanto, más ancho que el actual y como lo lógico es que el muro dg la iglesia fuera a unirse con el de la bodega, con objeto de dejar espacio para la esca¬ lera suntuosa construida en el siglo xvi a la par que la iglesia nueva, levantaron ésta más al norte prolongando el muro hasta unirlo en ángulo al del lagar, rompiendo con tal paredón y tal ángulo la armonía lógica del conjunto, ya que sólo tiene la misión de realizar un cerramiento (véa¬ se el plano) ; de tal suerte quedaría aislada la vieja sacris¬ tía dedicándose a biblioteca mientras pudo servir tal fin, viniendo a parar en estos tiempos en pajar prosáico. En la pared que da al claustro se abren dos profundos arcos ciegos aprovechando el espesor del muro que no bajará de metro y medio (en el plano núm. 5) ; figurando un asiento agujereado la piedra que los atraviesa, harto indica que eran retretes ocultos a las indiscretas miradas por una cortina. Pared por medio con la habitación mencionada hay otra igual de larga pero la mitad de estrecha, alumbrada por una saetera y abierta al claustro por una puerta gótica cuyo arco apuntado lo forma un sencillo baquetón que rebaja el ingreso circunscribiendo un tímpano triangular. — 48 — y que se apoya en pequeñas columnas de floreados capite¬ les (fig. 12) ; la tétrica estancia, que más parece un corre¬ dor, comunica con el aula capitular mediante una puerte- cilla (num. 7 en el plano) ¿Cuál fué su uso? Aventurada es toda atribución ; quizá fué archivo en los primeros tiem- Figura 12.— Ovila: Puerta de ingreso al antiguo Archivo. (Dibujo del Dr. S. Bringas pos ; y más adelante cárcel o celda de castigo, teniendo en cuenta que es frecuente su existencia en otros monasterios de la época. Abierta al claustro bajo se hallaba a continuación de este lienzo de pared la Sala capitular, que era uno de los más interesantes restos de las primitivas edificaciones ; fué comenzada en tiempos de Alfonso VIII y consta que se — 49 — terminó en el reinado de su hijo Enrique, (1) lo mismo que el refectorio bodega, correspondiendo, por tanto, a y finales del siglo xii y comienzos del siguiente, o sea al período de transición del estilo románico al ojival ; ha sido desmontada sin dejar rastro de sus robustos muros y se conservaba hasta los últimos años admirablemente, sin que le faltara una piedra, sin que sus robustísimas bóvedas de sillería tuvieran una gotera ni una grieta, a pesar de soste¬ ner el peso de muchas toneladas de escombros y sufrir sin defensa la acción demoledora de los agentes atmosféricos durante un siglo. ¡'Magnífica ejecutoria de solidez para la arquitectura románica ! Tenía la sala capitular tres huecos en la portada de in¬ greso, formados por gruesos baquetones, separados por otros más pequeños, constituyendo en cada hueco dos ar¬ cadas fundamentales en degradación, lo que se repetía a la inversa por el interior, perforándose de este modo el es¬ pesísimo muro, dando ligereza a la portada y belleza al salón capitular ; la arquería descansaba en pequeñas co¬ lumnas de fuste liso y sencillo capitel de hojas de acanto. En la puerta central, otra columnilla a cada lado servía de sostén a una arcada lisa que formaba el tercera cancel, mientras en las laterales era el punto de partida de dos arquitos unidos en el centro sobre otra columnilla parecida que oficiaba de parteluz, dejando sobre ellos un tímpano adornado por dentellado y moldurado rosetón (fig. 13). Aunque las líneas de los arcos y demás detalles de la por¬ tada quieren corresponder al primer período del estilo oji¬ val, un detenido examen demuestra que se trata de una portada reconstruida seguramente ya en pleno siglo xvi, imitando discretamente un sistema que sólo supervivía en la construcción de bóvedas ; lo mismo que el claustro y la iglesia, la portada de la S'ala capitular parecía 'recién he¬ cha, la piedra tenía el mismo color, diríase que la trabaja- (i) Manuscrito anónimo de la Colección Salazar. ,\c. de 'a His. toria. 4 — 50 - ron las mismas manos, y su traza era hermana gemela de las bóvedas del templo y he indi¬ ala Norte del patio ; ya cado más atrás la identidad de las marcas de cantería en el claustiro nuevo de Huerta y el de Ovila, debiendo aña¬ dir la noticia de que la antigua portada del aula capitular de Santa María de Huerta fué rehecha en 1545 (i), lo que viene a apoyar la idea de que los mismos arquitectos y can¬ teros trabajaron en ambas, así como que las reformas de Ovila pudieron decretarse desde el otro convento, del que éste dependía ; se ignora en absoluto cómo era la portada primitiva, y que la actual es coetánea del claustro y quedó como éste sin terminar, lo prueba un detalle fácilmente apreciable en la fotografía ; como puede verse en ella, los capiteles de las columnillas del tercer arco de ingreso, es¬ tán sin tallar, señalándose tan sólo con unas rayas en el bloque de piedra, las diversas partes de estos capiteles. El interior de la Sala capitular era sencillo como co¬ rresponde a la época y a las prescripciones bernardas, re¬ sultando el conjunto majestuoso y solemne, no obstante ser modestas sus proporciones en relación con las de Los grandes monasterios cistercienses, ya que tendría unos on¬ ce o doce metros de longitud por siete o poco más de fon¬ do (fig. 14). Poblet, Veruela, Santas Creus, Huerta y otros monasterios españoles, poseen Salas capitulares más gran¬ diosas ; pero por su severidad, por su unidad, por la pu¬ reza del estilo románico en el que apenas si quieren ini¬ ciarse las tímidas gallardías del ojival primitivo, la de Ovila era un ejemplar interesante hasta por la justeza de su tamaño adecuado a un monasterio tan hecho a la me¬ dida de las Constituciones cistercienses, que sus celdas eran precisamente dooe, contando con la del abad. Respondiendo a los tres arcos de ingreso, dividían el (i) Enrique Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo.-—El Ar- zobisfK) D. Rodrigo Ximénez de Rada y el Monasterio de Santa Ma¬ ría de Huerta. Discurso de recepción en la Academia de la Histo¬ ria, 1908. Conmelrá.) JPoL f 13OD.—MVONJEASLTRAI Figura hdemsoigliayx.v) C(raephsiatcullalrn dlPoartead Figura 14.-M0NASTERT0 DE OVILA Interior de la sala Capitular (duales del siglo xii) hoy demolida. (Fot. Conmelerán), I iNSi i ■ ■ ■ i^ ' ' ■ ' ' ' I DE AkTE ¡ USl'ÁNiCO - 51 - salón en tres naves dos gruesas columnas de 'esbozado y pequeño basamento, fuste corto y liso rematado por tosco capitel que exornaban dós hileras de merloncillos termina¬ les de hojas de acanto esquematizadas ; arrancando de su sencillo ábaco los gruesos y acanalados baquetones de los arcos formeros y cruceros ligeramente apuntados, dividían la robusta bóveda de sillares en seis paridas, apoyándose aquéllos al llegar a las paredes y rincones en lás típicas ménsulas molduradas con sencillez. En el centro del tes¬ tero existió hasta el verano de 1929 una hornacina casi plana de alabastro, rematada en la clásica concha renacen¬ tista ; servía de respaldo al sillón abacial. A cada lado y dando frente las puertas de a ingreso, una estrecha venta¬ na suavizaba con la luz pasada a su través, el fuérte con¬ traste del torrenteluminoso que entrara en la Sala cuan¬ do las puertas estuvieran abiertas, quebrándose contra las columnas sem'ejantes a rechonchas palmeras y dejando los ángulos envueltos en sombras siniestras. A inmediata continuación de la Sala capitular ha)'- un arco de medio punto (núm. 9 en el plano) ; allí comenza¬ ba la primitiva escalera que conducía al dorrnitorio de no¬ vicios, así como a las habitaciones del abad, que induda¬ blemente se comenzaron los en primeros tiempos del mo- ' nasterio, pues los muros de la planta baja son idénticos a los de toda esa banda, no escaseando los detalles romᬠnicos en los pocos huecos que persisten. Esta edificación no ha sido demolida, pero tal es su ruina (fig. 15), que no es posible hacerse de la antigua distribución de sus cairgo habitaciones ; algunas del piso bajo yacen bajo una capa de escombros desde hace muchísimos años, suponiendo que allí estaba la cillerería, celda del padre cillerero del criado, reforzándose esta suposición con los datos que su¬ ministra el Inventario hecho en 1835 que se publica ín¬ tegro en los «Apéndices» ; el muro que dá a la huerta con¬ ventual presenta las perforaciones de una puertecilla de medio punto, una ventana apuntada y un óculo con dente¬ llones. correspondientes a dos habitaciones abovedadas - 52 — que todavía subsisten íntegras. Sobre ellas se alineaban las del abad, de las que sólo quedan los muros exteriores y restos de las yeserías renacentistas con que los exorna¬ ron interiormente y algún hueco sin guarnición de piedra, tal como el que perfora la gruesa pared a mediodía dan¬ do a una solana de la que quedan inequívocos vestigios {fi¬ gura 15). Por el mencionado Inventario sabemos que el abad tenía antesala, salón, celda y oratorio, pero es abso¬ lutamente imposible discernir sobre su distribución. Encima de las estancias que llevamos descritas y ocu¬ pando el espacio existente entre la escalera principal y la primitiva situada a continuación del aula caipitular, ocu¬ paba todo el piso alto de esa ala una gran nave cuya te¬ chumbre estaba sostenida por cuatro atrevidos arcos apun¬ tados desprovistos en absoluto de adornos y apoyados en los robustísimos muros ; estos arcos severos y elegantes dentro de su sencillez han subsistido hasta la demolición realizada en 1931, y no tenían más objeto que sostener la techumbre de madera del gran dormitorio de novicios ilu¬ minado por cinco grandes ventanas a saliente y otras cinco que daban al claustro. El aspecto y la construcción del sa¬ lón enorme era idéntico al de sus hermanos mayores de Poblet y Santas Greus, constando por relatos tradicionales absolutamente verídicos que en los últimos tiempos del monasterio fué utilizado para Biblioteca, ya que ésta era nutrida y notable, aunque para nada habla de ella ni del mobiliario de la Sala capitular, el Inventario hecho en 1835 (figura 16). Puede afirmarse que desde el siglo xvii nunca tuvo Ovila de modo permanente doce monjes profesos, siendo largos los períodos de tiempo en los cuales tan sólo contaba con seis u ocho ; únicamente en los veranos afluían unos cuantos colegiales para los que si faltaban celdas po¬ día fácilmente habilitárseles en el salón-biblioteca anchu¬ roso dormitorio sin contar otras dependencias, tales como la hospedería, por cuyas razones se encuentra justificado el ulterior destino dado al primitivo dormitorio de novi¬ cios. Tuvieron mis antepasados amistoso trato con los - 53 - i monjes de; Ovila y sus relatos transmitidos fielmente de padres a hijos sirven para mi afirmación respecto a la im¬ portancia de la Biblioteca del monasterio; en 1821 fueron robados no pocos volúmenes, en 1835 lleváronse unos va¬ lencianos en varios carros todos los que quedaban y como nada dice el Inventario de la existencia de tal biblioteca, hemos de pensar que fué saqueada o malvendida sin dar cuenta de tal venta a la Hacienda pública. Ala sur, o. dfil Refectorio.—'Ocupaba éste hasta comien¬ zos de 1931 el centro de esta banda, y aunque sin tejas desde poco tiempo después de la expulsión de los monjes, subsistía sin una grieta desafiando con la robustez de su f fábrica el rigor de los agentes atmostéricos. Entre él y las I habitaciones del abad y cillerería debió existir una edifi- I cación de un sólo piso, toda vez que en los muros latera¬ les del refectorio no se veía por su parte alta la menor señal de obra adosada ; obra sin importancia y mala cons¬ trucción, como si fuera provisional, ya que tan sólo llegué ; a conocer el semiderruído muro anterior y otro paredón al ' fondo, quedando todavía más allá un espacio libre como si fuera un jardinillo en el que vejetaban en mi tiempo alguna higuera y no pocos zarzales ; ¿ estuvo allí la en- I fermería? Lo que sí puede afirmarse es que pertenecía este espacio a la porción del monasterio que no llegó a cons¬ truirse con carácter definitivo, teniendo en cuenta la soli¬ dez y alcurnia de las primitivas edificaciones. .\1 otro lado del refectorio, estaban positivamente la co¬ cina y despensa, pues queda de la primera, el hogar ; edi¬ ficación también de un sólo piso, también al parecer pro- visional, no ha resistido los embates de los siglos, y sólo ■ algunos derrumbados paredones denuncian deáde hace mu¬ chos años su emplazamiento, a continuación del cual debió estar la hospedería, pero de la que ni cimientos subsisten, quizá por haberse utilizado sus materiales para las casas 3e labor de la finca, con posterioridad a la exclaustración ; sc)lo sabemos por el citado Inventario, que constaba de í — 54 — cuatro cuartos, o habitaciones, una de las cuales era la celda del Prior. Con la Sala capitular, la bodega y las habitaciones, de dudosa atribución más atrás reseñadas, era el Refectorio .lo más venerable del viejo cenobio, lo más interesante para el soñador el artista, o y desde luego lo mejor conservado. Era magnífico,aunque la palabra surja con bastantes va¬ cilaciones recordando el imponderable del Monasterio de Santa María de Huerta (1) y aun los de otros monasterios cistercienses, como el de Poblet ; pero si se tiene en cuen¬ ta que Ovila se comenzó a edificar para sólo doce monjes, según las prescripciones de San Bernardo, su magnificen¬ cia podía ser relativa ; así por su grandeza y hermosura dentro de la severidad y aun adustez de la construcción, la obra que me ocupa era ciertamente notable., , Formaba un edificio aislado en el centro de la banda sur del claustro, todo él de piedra de sillería y muros cuyo espesor pasaba con mucho del metro, estando la portada constituida por arco de medio punto sencillamente moldu¬ rado y apoyado en columnillas sin base y con sencillo ca¬ pitel exornado con volutas y hojas de acanto ; con poste¬ rioridad se construyó un arco interior para achicar el ta¬ maño de la puerta. A dos tercios de altura.de la pared co¬ rría una sencilla cornisa denunciando algunos canecillos (fig. 17) el apoyo de la-techumbre de madera del primitivo claustro, así como marcados con rayas profundas se ad¬ vertían los futuros arcos del claustro nuevo jamás termi¬ nado. Concluía la fachada un frontón rasgado por aspille- rada ventana y rematado por la cornisa í:on mutulos, pa¬ ra apoyar el alero a dos vertientes. Una severa nave, de unos siete metros de altura por (i) Comenzó a construirse él Refectorio de Huerta mucho des¬ pués que el de Ovila, en 1215, siendo planéado con arreglo a las normas del estilo ojival, mièntfas éste lo fué siguiendo las del ro¬ mánico ; el Refectorio de Huerta es el niás grandioso de España y uno de los mejores de Europa. — 55 — dieciseis de larg-a y algo más de seis de ancha, constituía el interior, cubierta por robustísima bóveda de silla¬ nave res, ligeramente apuntada y dividida en tres sectores o pandas poir dos ; gruesos arcos torales que arrancaban de repisas sobriamente exornadas con hojas y situadas a mi¬ tad de altura de los muros, arrancando también de ellas los semicirculares arcos cruceros formados por gruesos baque¬ tones de sección treboladá (fig. 18). N.0 existían arcos formeros, de suerte que la línea de sillares de la bóveda moría directamente en las paredes, lo que si restaba elegancia al conjunto, procurábale, en cambio, cierta majestad severa a la que no contribuía poco la luz escasa que fuerte penumbra. sumía los rincones en En el primero y segundo tramo, grandes arcos ciegos moldurados y apoyados en delgadas columnas de sencillo capitel restaban aridez a las paredes indicando de paso que en el proyecto primitivo se pensó elevar dos pisos de habitaciones a los lados del refectorio, pues .en caso con¬ trario se le hubiera procurado con unas ventanas mayor luminosidad ; en el tercer tramo, idénticos arcos daban lu¬ gar a la izquierda a una ventana aspillerada así como en el testero, mientras a la derecha existía el pulpito del lec¬ tor al que,según costumbre de los monasterios del Cis- ter, daba escalerilla fraguada en el espesor del acceso una grueso muro (num. 11 del plano) ; finalmente, una puer- tecilla abierta a la derecha en el primer tramo, comunica¬ ba con la antecocina. Una falta injustificada tenía este refectorio, cual era la de una fuentecilla en el centro del salón como en Santas Greus, o en un templete alzado enla el claustro frente a puerta, como un Poblet; falta injustificada y que revela suprema desidia ya que las corrientes de agua potable son abundantes en Ovila, y en las inmediaciones del monas¬ terio subsiste una fuente mu}^ caudalosa (véase el plano) cuya tubería cruza la huerta conventual cerca de los muros del cenobio ; como ni en el claustro, ni en el refectorio, ni en la cocina se advierten indicios de fuente alguna, no — 56 - cabe pensar en un traslado ulterior a la exclaustración, a más que en el Inventario se lee un dato demostrativo, cual es la existencia en la cocina y enel mismo refectorio de sendas tinajas para depósitos de agita. En las paredes de éste se advertían señales de los bancos de madera que ser¬ vían de asiento conrido todo alrededor de la anchurosa es¬ tancia, y en el mencionado Inventario se consignan siete largas ocupando los espacios señalados por los arcos mesas de la bóveda, así como también las jarrillas de barro para servir el vino a los monjes, de las que llegué a conocer alguna ; cabían aproximadamente medio litro, y como los vasos usados en el comedor del abad, tenían grabado el nombre de Ovila en el exterior, y el anagrama de Jesiis en el fondo. Fué comenzado el Refectorio por Alfonso VIII hacia 1180, terminándose lo mismo la Sala capitular y el coce¬ dero bodega por su hijo Enrique I ; o las bóvedas de arista ligeramente apuntadas dan un ligero sabor gótico a estas construcciones, pero la rudeza de las mismas, los robustos sillares que las forman no representando la cucería más que simples refuerzos que descargan sobre los robustos a los que no muros bacen falta contrafuertes, las largas y estrechas ventanas de medio punto, y el aspecto general de la construcción hacían del Réfectorio ovilense un mag¬ nífico ejemplar de la arquitectura románica en toda su pu¬ reza. El egoísmo antipatriótico no ha dejado de la inte¬ resanteconstrucción más que un hoyo cuadrilátero rodea¬ do de escombros indicando el lugar de su emplazamiento. Lm. bodega y las celdas de profesos.—El ala poniente del patio claustral lo ocupa todavía el pabellón de la bo¬ dega en cuyo piso alto estaban las celdas de monjes pro¬ fesos. Es un edificio adusto que data de los primeros tiem- tos del monasterio, construido de sillares que con el sol y los siglos han tomado el grato color del oro viejo ; la plan¬ ta baja la ocupa el cocedero o lagar formado por amplia nave de unos veinte metros de larga por unos siete de an- — 57 - cha y cerrada por bóveda apuntada de sillares, sin arcos ni nervaduras (fig. 19). Amplia puerta de medio punto dá al corral situado a poniente,rasgada ventana se una abre al i^otffte, otra puerta tapiada, según puede verse en la fotografía, comunicaba al sur con el patinillo de entra¬ da al monasterio, y un postiguillo dá al claustro. En el muro de poniente, todavía existen los arcos ciegos angre- lados de dos ventanillas tapadas desde antiguo por dos contrafuertes exteriores levantados sin duda para conte¬ ner la falla de la bóveda que puede apreciarse en la foto¬ grafía. En la actualidad, la gran nave está materialmente ocupada por corralizas para cerdos, montones de cascotes y aperos de labranza, estorbos que la quitan toda visuali¬ dad : habida cuenta del tamaño de las tinajas antiguas, puede calculársele unas 1000 arrobas de aforo y cuando es¬ tuviera en uso alineándose a lo largo de las paredes las panzudas vasijas (trece existían en la época de la exclaus- tarción, según el Inventario, y algunas de ellas todavía son utilizadas en el vecino pueblo de Azañón) el aspecto del lagar debió ser magnífico. En los extremos norte y sur del piso hay una escaleri¬ lla que conduce a la bodega subterránea, de tal manera que tenía asegurada la ventilación, siendo de notar lo cuidado de estos detalles, que no mejoraría un moderno ingeniero enólogo ; así, mientras la ventilación de la bodega (cu¬ bierta como el cocedero por robusta y apuntada bóveda de sillares), es inmejorable, impidiéndose, sin embargo, las corrientes de airecaliginoso y logrando, por tanto, la temperatura fresca y uniforme precisa a la conservación de los caldos, el cocedero tiene asegurada sólo la renova¬ no ción constante del oxígeno precisa a una buena fermenta¬ ción, sino la entrada del aire caldeado del sur y el po¬ niente. El piso alto tenía desde la galería superior del acceso claustro, mediante puertecita cuyo arco de medio pun¬ una to subsiste, encima de la única panda que para tal servi¬ cio se construyó en el moderno claustro a la banda de po- — 58 — niente. Antes de llegar a esta puerta, en el espesor del mu- rallón que para cerrar la banda norte contimía la pared del templo, existe urí socavón irregular por haber arran¬ cado de él las puertas que lo cerraban, así comO los arma¬ rios empotrados en la pared; aquí estuvo instalado el Ar¬ chivo con la abundanté y preciosa'documentación de do¬ naciones, privilegios, pleitos, etc., hoy puede decirse que perdida totalmente, yá que sólo se conoce el paradero de muy escasos documentos; fué en tal sitio colocado el Ar¬ chivo para librarle en absoluto de incendios (tal se razona én el Inventario), pues, según el libro de Matrimonios de la iglesia-parroquia del convento, hubo de comenzarse un libro nuevo en 1716, por, haberse quemado el anterior en un incendio sufrido por el Archivo no mucho antes. !Las celdas de profesos se alineaban a lo largo de los muros del pabellón de la Bodega, quedando entre ellas un corredor de norte a sur, alumbrado en cada extremo por una pequeña ventana ; había cinco a cada lado, con venta¬ nas que daban al claustro las de ün lado y al poniente, so¬ bre el corral las del otro.. Desprovista esa edificación de te¬ jado, la tabiquería de las celdas se destruyó muy pronto y aun los exteriores han sido demolidos récifentemente muros hasta el alféizar de las ventanas, no Siendo desmontada por completo la nave del lagar, porque se paralizaron los tra¬ bajos, que si se reanudan darán también al traste con esta interesante muestra de una instalación agro-industrial de la edad media. Con lo dicho puede darse por terminada la descripción del que fué monasterio bernardo de Santa María de Ovüa, pues del palomar y gallinero emplazados en el corral, nada queda, lo mismo que de los graneros aprovechados para las casas de los guardas y hortelanos de la finca ; tampoco puede precisarse donde estuvo la torreta del reloj que ios del pueblo de Ledanca (cercano a Jadraque), compraron ciiando ía exclaustración de 1820, devolvieron en 1823 y tornaron á llevarse en 1835. Delante de las ruinas todavía se yergue él rollo o picota indicador de que el Monasterio — 59 — tenía jurisdicción propia, siendo el caserío de Ovi'a'vilia. de abadengo, con su alcalde mayor que solía ser el mo'ine- ro, sin más vecinos a quien gobernar que el arrobero,' 'os criados de la abadía y los escasos colonos que cültivaban eí valle, medieros. A unos doscientos metros como renteros o del ex monasterio se advierten lamidos por las aguas de^ Tajo, los estribos del viejo puente de Ovila, en el que se¬ gún los privilegios y confirmaciones de Alfonso VIII, En¬ rique I y Fernando el Santo (véanse los Apéndices), ter¬ minaba el derecho exclusivo de pesca poseído por los mon¬ jes y defendido contra las pretensiones de los de Azañón, mediante un pleito a fines de la dieciocho centuria ; este puente debió inutilizarse por una avenida o en alguna tur¬ bulencia, a fines del siglo xv, sin que fuera jamás recons- fruídjO, porque según se desprende de alguno de los discuti¬ bles: milagros hechos por la Virgen de Ovila, se atravesaba el río poir el vado existente un poco más abajo, motivan¬ do tal cual mareo en las mujeres que caían al agua implo¬ rando a la Virgen, sosteniéndose a flote largo trecho gra¬ cias a la escasa profundidad del Tajo y a las faldas que actuaban durante un rato de eficaz flotador (1). A la parte opuesta, o sea a unos trescientos metros al norte de la Abadía de Ovila, subsisten sobre un altozano cubierto de chaparros, las ruinas del Viejo molino conven¬ tual, "cuyo caz sigue,trayendo el agua desde el d.esfiladero de la Boca del Infierno y la fuente que nace en la gruta, llamada del «butrón» ; salta todavía cantarína la espumosa (il acabado el oratorio (iglesia) con «En «1 siglo pasado (xvi) fué obra reciente él reside la imagen de la Virgen (de nueva planta). En iMan'a, que dicen o O vila durante- el reinado de Lnricïue I y Fernando III; privilegio/ y confirmacione/ de esto/ reye/ y de lo/ sucesivo/ basta Cario/ IV-^Fl monasterio hasta mediado el siglo XV; donacione/, pleito/ e inci»" dente/ >»Fpoca de la enagenaciórv de biene/ y reforma del edificio conventual; efemèride/ ocurridas hasta la revolucióiv francesa.-^La decadencia de Ovila; guerra de la Independencia; segunda desamortizaciórv,; exclaustra«i cióiv definitiva y lic[uidaciórv, de lo/ biene/ del monas-» terio.<»La ruina de sus ruinas y el golpe de gracia de l93l. r- V ? ■: W>a^î^. X- '- ?i' X4iv^^ 's 'v'X'--:!i ^s-^- '. ■ - fMi 4J-«-Í;yí;í, :,3a"ímíí^3^á.>íOi^ jA5g^* jag -mmqtÍ'h. Tiri'» v ag.■:Âî^M 'iífïp^; '' 0®|ti Js' ^ .î/^'>ii:>^|Îï. fej,,. ' ' ' ^ '.;.^3l> oÎTsaasjaojp Tí«¿,jíi.?í9^_ î-3v.«iiv,0 ,. V ■ ■■! ■ ' ahsams Í»' '^n^h ..alb/p ;3b ,■ ^'íí^Í'Í ^^,^'¿;''^5a4sí:#fl3f?^«>y ■/'■!£i''.\û.ùH3ltvrî.& eos DOK4hl05 •Oe OVIU ftRGOl.ES\ Huetoí toros) (t>E YUiOj SftRQOLES U^* ■.CR1^.^(\SfOSR ^TMO DtRBftOO^ tne suso) ' T«r ,, t-:--. , EtSBB*""- ÍBURé|; wv*i 0 •gtouA^ Figura 30.—Mapa de lo.s dominios de Ovíla, consignándose los nombres antiguos de los pueblos y su altitud sobre el nivel del mar, para formarse idea de lo accidentado del terreno. algunos textos y en la falta de serena reflexión y conoci¬ miento del terreno. fante doña María, muger que fué del muy noble Infante D. Pedro, que (Sigena)» ; fija el Dios perdone, freila del monasterio de Xixena derecho de los de Azañón a nombrar sus alcaldes y jueces, enten¬ diendo sólo en los asuntos de menor cuantía (la cual se señala), ac¬ tuando en los otros las autoridades superiores de Viana ; reconoce el derecho de unos y otros-a usar indistintamente los pastos del tér¬ mino común. En la relación hechaen tiempo de Felij>e II, 'os de Viana todavía dan cuenta de seguir ambos términos unidos. XoT.t iMPORT.rxTE.—Todos los que han tratado de Ovila y los lí- - 80 - Esfray Angel Manrique quien en sus magnos Anales Cistercienses afirma que la comunidad residió once años en Murel, Easta verificarse la traslación en 1186 al recién edificado monasterio de Ovila, apoyándose en la carta de donación y privilegio del propio Alfonso, traduciendo la frase «de novo fundatum» como ((fundado de nuevo», de¬ biendo traducirla ((construido de nueva planta u obra re¬ cién hecha» según se aclaraen otro texto del mismo rey (1), así como en la carta de confirmación dada en 1219 por Fernando III que se inserta en los Apéndices de este li¬ bro. Ayuda al error del ilustre fraile una carta, bula o le¬ tras apostólicas enviadas por el Papa ILucio III desde Ve¬ rona, el 23 de Noviembre de 1182, acogiendo bajo su am¬ paro y protección al nuevo monasterio de Santa María de Murel (2), y respondiendo de este modo al requerimiento que le hicieran los monjes con su abad Pedro a la cabeza. D. Juan Catalina García, sin atreverse a negar las afir- mites de dominio, han identificado Azagrón con el pueblo de su Azañón, mismo participaba de tal creencia, aun pareciéndome y yo extraño que habiendo pertenecido a Ovila, apenas poseyera el mo¬ nasterio nada en ese lugar durante los últimos tiempos. El hallaz¬ go del archivo del Comisionado liquidador de los bienes de Ovila cuando la exclaustración y el estudio de las libretas donde se especi¬ ficaban las rentas de cada finca, me Inducen a pensar que la atribu¬ ción mencionada es falsa. La ((granja de Azagrón» consignada en las cartas de privilegio y demás documentos de la Edad Media, ii" es Azañón, sino la finca constitutiva hasta los últimos tiempos de un coto redondo situado entre Morillejo y Arbeteta, llamada «granja del Acedrón o Azadrón» ; el primer nombre lo lleva en el Inventario : el sqgundo, en el ¡('Memorial de Panera de este Monasterio de Santa María de Ovila», actualmente en mi poder y cuyas cuentas compren¬ den desde 1830 a 1835. (1) Manuel Serrano Sanz. Nota bibliográfica sobre la obra dq Minguella. Rev. de .Arh. Bibl. y Mus., 1914. El Marqués de .Mondéjar en sus «Memorias de .Mfonso el Noble, octavo de este nombre», no hace sino copiar a Manrique y aún tra¬ bucar lamentablemente algún concepto. 1. t. Madrid 1783. Bibl. de la Ac. de la Hist. (2) Precisamente al año de adquirir Alfonso VIII el territorio. 81 — maciones de Fray Angel Manrique ni a despreciar sus aportaciones documentales, pone no pocos reparos a la tesis, pareciéndole inexplicable que se construyera un mo¬ nasterio en iVIurel para abandonarlo once años después fa¬ bricando otro legua río abajo ; en cuanto al obispo de una Sigüenza, Fray Toribio ]\Iinguella que ni visitó Ovila ni conocía el terreno ateniéndose para enjuiciar el exclusivo testimonio de la letra escrita, en su notable Historia de la diócesis sigue a Catalina García en sus escrúpulos, no como le sigue en lo demás, aceptando en cambio cuanto dice el padre' Manrique ; la palabra ((casa» (de Murel), la interpreta en el sentido de edificación en iugar de darle la acepción de término, dominio o poblado, que era la co¬ rriente en aquella época ; traduce imperdonablemente la frase novo fundatum como «nueva fundación» y da por sentado que el nuevo monasterio estuvo en Murel (Mure- tum), siendo luego trasladado a Ovila. Las consideraciones de Los autores citados y las conclu¬ siones sentadas en consecuencia, son fácilmente refuta¬ bles. La primera de Aíanrique afirmando quedespués de once años de permanencia fué el monasterio trasladado, cae por subase, ya que lo de los once años es una fantasía, pue.s se instalaron los monjes en Ovila a ios cinco de ad¬ quirir Alfonso VIII los bienes fundacionales. Las letras apostólicas de Lucio III solicitadas por ios monjes de la decretada abadía inmediatamente después de su designa¬ , ción, según desprende del cotejo de fechas, parecen de¬ se finitivas como alegato ; mas si se tiene en cuenta precisa¬ mente la fecha de las mismas (1182), concíbese que hablen del monasterio de Murel, pues en su término se estaba construyendo sin figurar todavía con la nueva designa¬ ción, _va que presumiblemente los monjes continuarían en su convento originario hasta poder cobijarse en el. nuevo. Otra razón contra de la tesis de en Manrique y sus segui¬ dores, la da el hecho de que Altirel era una ínfima aldea de la que quedan vestigios de pocas y míseras viviendas, en¬ tre las que no se percibe ni rastro de edificación conven- 6 — 82 - tuai, más grande 3' sólida que aquéllas por provisional e incompleta que fuese. Por si esto no bastara, la lógica más elemental no puede explicar cómo se construyó una abadía en Mure! para abandonarla enseguida y trasladarla tan cer¬ ca, a un ni es mucho más fértil ni más sano que sitio que el anterior ; a más que en los cinco años transcurridos entre la adquisición del terreno y la entrega del monaste¬ rio de Ovila tan sólo comenzado a construir, no hubo tiem¬ po material para elevar dos conventos ni hay justificación para el despilfarro (1). Como se verá después, hasta 1216 aproximadamente, no estuvieron acabadas las principa¬ les dependencias del nuevo cenobio a pesar del entusiasmo \' altos vuelos con que las empezara el fundador (la lenti¬ tud constructiva de la época consolida los razonamientos anteriores), lo cual prueba que ¡os monjes con su abad Es¬ teban habitaron Ovila en 1186, tan pronto como mal pu¬ dieron cobijarse en el comenzado monasterio ; ¿ no hubie¬ ran estado más cómodos en Murel varios años todavía hasta acabarse lo fundamental de Ovila por miserable qu^ fuera la casa primitiva? Las anteriores consideraciones so¬ bran para afirmar que los monjes adscritos a la creada aba¬ día de Murel en virtud de la adquisición de este término O jurisdicción, subsistieron en el monasterio de su proceden¬ cia desde 1181, actuando como comunidad organizada y aun disfrutando las rentas de los bienes patrimoniales , y tan luego como la naciente edificación de Ovila tuvo .me¬ dianas condiciones de habitabilidad, o sea en 1186, a día se trasladaron una vez obtenida la carta fundacional otor¬ gada ese año por Alfonso VIII cuyo texto puede ver.e en los Apéndices de esta obra, designándola ya con el nombre de Ovila suprimido el de Murel, pues se había utilizado tan solo por ser la cabeza del término jurisdicional. No se conformó el fundador con dotar al nuevo monas¬ terio con el territorio de Murel, sino que por propio im- (i) Sen-ano Sápz. Nota bibliog. cit. * - 83 — pulso o alentado por el virtuoso abad de Santa iMaría de Huerta, fray Martín de Finojosa, adquirió de la mitra seguntina y de algún particular otras propiedades, con las que el patrimonio de la abadía mitrada de Ovila quedo constituido del siguiente modo según los datos del privi¬ legio de fundación, el documento transacional entre la aba¬ día y el 'cabildo, la carta de Enrique I y las de Fernan¬ do III, documentos transcritos en los apéndices de este libro. De un lado (véase el mapa) todo el pago de Murel an¬ teriormente descrito, con sus pertenencias desde su puente (hace siglos arruinado) hasta el de Ovila (frente al conven¬ to yarrumbado también hace siglos) ; de este último mo¬ jón yrodeando el valle, seguía el límite hasta Sotoca (pue- bli como Roela—Ruguilla—y Otos o Utos—Huetos—de la jurisdición de Ovila), volviendo de aquí a Murel por la hondonada de Val de Zancada (1); tales eran los límites del Coto de Ovila propiamente dicho. De otro, numerosas propiedades, censos y diezmos en Ruguilla y Huetos, cua¬ tro yugadas de tierra en Gárgoles más tres en este mismo pueblo de Molinsico (molino seco), un molino así como otro en Sotoca, dos en Carrascosa (pueblo que repobló Alfon¬ so VIH (2) con el beneplácito de los monjes) la heredad de Sotodosos con la de Padiela (Padilla del Ducado), Santa María de Venalcalde, la heredad de Corvesin (o Corbes), con sus salinas, molino y huerto ; el conjunto de este se¬ gundo lote fué en casi su totalidad producto de sucesivas donaciones hechas por Alfonso VIH, consignadas en va- (1) Aún se llania Vazancao o Vazancado ; tenían en él los mon¬ jes, abundantes viiicdos, hoy propiedad de los vecinos de Huetos y Carrascosa. (2)Según la Relación mandada hacer por Felipe II, parece que se llamó este pueblo Carrascosa de Ubila (Ovila) ; más tarde, se llamó Carrascosa del Río y actualmente Carrascosa de Tajo. La concesión hecha por .Alfonso VIH no debió ser muy terminante, pues su hijo Enrique hubo de concretarla en una Carta de Privilegio. - 84 — rias cartas de privilegio cuyos originales figuran en el car¬ tulario propiedad de D. Roque Pidal. Una fué dada en 1191 ; otra en Cuenca en 1202 ; otra en el pueblo de la Riva cerca de Sigüenza, en presencia del obispo Rodrigo y el abad de Ovila, Pedro ; otra haciendo merced de algunas heredades, fechada en Berlanga en 1206 y otra en Alfaro con idéntico objeto en 1208 (Consignadas en el manuscri¬ to anónimo de la Colección Salazar, de la Academia de la Historia) todavía cita Manrique otra carta de donación ; dada por el mismo Alfonso, en 1214. Por lo que hace a la construcción del monasterio de Ovila, (¡comenzó con regio gasto la fábrica del nuevo con¬ vento ; si se le hubiera dado acabarlo, quizá no le iguala¬ se ninguno de los de España» (Manrique. Como se ha vis¬ to al tratar de la descripción del mismo, esta afirmació r peca de exagerada, pero considerando la serie de edifica¬ ciones que datan de la primera época aunque no llegara a verlas terminadas el fundador (ala de la sala capitular con el archivo y casa del abad,, refectorio y bodega), nadie pondrá en duda el entusiasmo del rey que en virtud de un plano y una distribución meditada, acometió la empresa en su conjunto, proponiéndose sin duda alzar el edificio de la primera arremetida en lugar de levantar pabellones provisionales y emprendiendo sólo la obra definitiva de la Iglesia u otra cualquier dependencia con propósito de con¬ tinuar, según las posibilidades. Como ya he indi¬ cado anteriormente, no aguardó a tener lo principal del monasterio terminado para llevar a él la comunidad que forzosamente hubo de sufrir no pocas incomodidades du¬ rante bastantes años ; por cierto, que aun cuando se con¬ sideró a Ovila siempre filial y dependiente de Santa María de Huerta, los monjes n,o procedían de este lugar, sino del convento de Bolbona o Valbuena ; circunstancia que llama justamente la atención de fray Angel Manrique, no explicándose tal anomalía dada la predilección que el rey sentía por los monjes de Huerta y el cariño al abad de este monasterio, Martín, por los de Ovila a los que visitó poco antes de morir (1). Ya he citado la Bula del papa Lucio III, acogiendo bajo protección y su los monjes de Santa María amparo a de Murel (destinados a Ovila), de cuya Bula inserto el ex¬ tracto latino, transcrito por Manrique en sus Anales Cis- tercienses ; pero la traducción que del documento figura en el manuscrito anónimo de la Colección Salazar, va se¬ guida de párrafo de la misma Bula, que dice : ((...here¬ un dad de Sotodosos y la heredad de Medina, dice que no paguemos diezmos de lo que labraremos por nuestras ma¬ nos ; que se puedan recibir novicios ; que en el monaste¬ rio ni sus granjas ninguno haga fuerza ni violencia, que en media legua alrededor del monasterio (^no) haya iglesia de canónigos regulares, que los obispos no nos hagan mo¬ lestias y otras cosas favorables. 23 Noviembre de 1182». Esta anotación del curioso y desordenado extracto que es el manuscrito de la Colección Salazar, justifica el carácter de colegio o noviciado que más o menos continuadamente tuvo la abadía de Ovila hasta sus últimos tiempos, así como explica la génesis del pleito habido con el cabildo seguntino ; según dije al mencionar por vez primera la Bula pontificia, llamábase Pedro el abad del monasterio apellidado todavía ¡(de Murel» ; el segundo, tenía por nom¬ bre Esteban. Pleito' con el cabildo, concordia lograda por San Mar¬ tín y muerte de éste a la vuelta de Ovila.—Muy pronto co¬ menzaron los rozamientos entr.e los monjes bernardos del fi) Mgunas contramarcas de los canteros, encontradas en los si¬ llares de la construcción alfonsina, coinciden con otras del Monas¬ terio de Huerta, donde a la sazón también se hacían grandes obras por cuenta del mismo Rey, lo que prueba que entonces como en t i siglo XVI la dirección de ambas era la misma, y los mismos can¬ teros quienes labraban los sillares. - 86 - nuevo convento yel cabildo de la catedral de Sigüenza^ en cuya jurisdicción aquél tenía su asiento. Requería el cabildo a los frailes para que le pagaran los censos con que estaban gravadas Santa María de Venalcalde o Benalcal- de y sus términos, así como una heredad de Huetos que había sido antes de la propiedad de un tal Pedro Arce¬ diano (comprada probablemente por el rey para donarla al monasterio), exigiéndoles también el pago de los diezmos. Alegaban los monjes que el rey había comprado o cam¬ biado al cabildo las propiedades y territorios que consti¬ tuían los bienes de Santa María de Ovila y por tanto, al cederlas éste debía entenderse- que las enajenaba en unión de todos los derechos de cualquier índole que sobre ellas tuviera ; además, que la Orden del Cister estaba exenta de pagar diezmos por los trabajos y gastos que hiciese. In¬ sistía el cabildo pretensión arguyendo que el rey en su compró o adquirió el suelo más no pagó las cargas que las propiedades tuvieren, llevando el asunto camino de no arreglarse jamás y originando una tirantez mayor cada vez, entre la curia catedralicia y los monjes blancos de la Real abadía de Santa María de Ovila. Poraquel entonces era obispo de Sigüenza un varón ejemplar, fraile bernardo elevado a la mitra seguntina siendo abad del monasterio de Santa María de Huerta. Se llamaba Martín de Finojosa, apellido tomado del pue¬ blo de Hinojosa, en la provincia de Soria, ubicado entre Gómara y Agreda, en cuyo pueblo radicada su familia que era ; el rey Alfonso le distinguía con su cariño noble y respeto, siendo aquel tan grande, que le llevó a rehacer la hasta entonces pobre abadía de Huerta convirtiéndola en un monasterio magnífico al que dotó de grandes rique¬ zas ; en la Orden bernarda se le consideraba como una de las principales figuras, y su caridad inagotable, su bon¬ dad, su ecuanimidad, su modestia y demás virtudes que le adornaban hicieron que en vida se le revenciara casi como santo, siendo efectivamente canonizado después de su muerte. El cariño que sentía por sus amados hijos de Ovi- - 87 — la y el respeto que inspiraba en todas partes y por tanto entre sus capitulares, le llevó a intentar una transacción que determinara con aquel estado de violencia, llevando las negociaciones a tan feliz término que el pleito quedó sus¬ tanciado en 1191 mediante el acta de Concordia levantada el 18 de Agosto Sigüenza. Por ella renuncia el cabildo en a toda clase de y diezmos respecto a las propieda¬ censos des presentes y futuras del monasterio en el territorio de la diócesis, (exceptuados los derechos episcopales en las parroquias) percibiendo en cambio cuatro áureos que pa¬ garían los monjes el d'a de la Epifanía, dos de ellos para el Obispo y los otros dos para el Refectorio. (Véase el do¬ cumento completo en los ((Apéndices»). En 1192, el virtuoso obispo seguntino, mal avenido con la existencia prócer a que el cargo le obligaba y añorando la plácida existencia monacal, renunció a la mitra de Sigüen¬ za que pasó a su sobrino Don Rodrigo retirándose a Huerta el que más tarde fué San Martín, gobernando en cierto modo la abadía y aun la diócesis seguntina, pues no había asunto delicado o espinoso para solucionar el cual no fuera solicitado su sabio y honrado consejo (1). Había testimoniado muchas veces su cariño a la abadía de Ovila ; refiérese que hab''a tenido una revelación divina acerca de su próxima muerte y quiso despedirse de sus amados hijos los monjes de Ovila trasladándose a este mo¬ nasterio en los comienzos del verano de 1213 o sea un año después del triunfo de las Navas. Pasó casi todo el estío en Ovila exhortando a los frailes a perseverar en la aus¬ teridad y la virtud ; llegó Septiembre, y encontrándose con su salud harto quebrantada temió que su vida se extin¬ guiera lejos de Huerta donde quería ser enterrado, em¬ prendiendo el regreso acompañado de su socio y algunos monjes de Ovila sin que lograra llegar vivo a su destino, pues agravándose por momentos entregó su alma a Dios en una aldea que las crónicas llaman Subdoxae ; su cadá- (i) Fray Toribio Minguella.—Historia de la Diócesis de Sigüenza. — 88 — ver fué llevado a Santa María de Huerta y allí reposan sus restos. ¿ Qué pueblo de Subdoxae ? El padre Manrique era este en sus Anales que se trata de Sotoca de Tajo, (1), dice pero añade que está situado a mitad de camino de Ovila a Huerta ; con él está conforme la tradicción. En canibio, el deán de Sigüenza D. Eugenio González Chantos (muer¬ to en 1812) sostiene la tesis de que la muerte tuvo lugar en Sotodosos que efectivamente está a mitad de la ruta y don¬ de los monjes de Ovila tenían posesiones ; anunció una disertación para probarlo, pero o no llegó a hacerla O' ha desaparecido. D. Juan Catalina García acepta sin meterse en discusiones la tesis de Manrique, entreteniéndose en cambio en plantear el inexistente problema de si Sotoca es anterior a Ovila o consecuencia del establecimiento en aquella vega de aparceros* o renteros del monasterio (2). (1) «Del lugar de la muerte no es menos cierto que murió en Subdoxae, según el vulgo Sotoca, pequeño lugar que está situado entre Ovila y Huerta en mitad del camino ; como se cree, sabedor de su muerte, de Ovila adonde había ido a ver a sus queridos hijos, volvía a Huerta a quedarse entre los más queridos todavía.» (Man¬ rique. .'\n. Cister, es. Cap. 6." del año 1213). (2) «Es Sotoca de Tajo un pueblecillo de unos treinta vecinos, si¬ tuado en la falda de un cerrillo cónico truncado, que albergó en su meseta un poblado ibérico del que quedan en ella restos de fortifica¬ ciones ciclópeas, no escasos pedazos de cerámica saguntina, y en la falda de poniente una pequeña necrópolis excavada con éxito hace años por D. Manuel Serrano Sanz. Al suavizarse en la nodie de los tiemipos la vida social, corrióse el poblado deslizándose por la cuesta del mediodía hasta llegar al llano, por el que corre el abundoso arro¬ yo procedente de Huertos y donde brota una fuente de varios caños. Bella es la situación de Sotoca, y si no fuera tan misero podía- ser un -pueblo bonito, pavimentado e incrementando sus alamedas ; sobre Sotoca parece ¡rosar una maldición, pues, rodeado de vegas férti¬ les y extensas, no le han pertenecido nunca, ni es fácil que le perte¬ nezcan en el porvenir. A poco de verificarse la conquista del territo¬ rio, Alfonso VIH fundó a unos cuatro kilómetros escasos el monas¬ terio cisterciense de Ovila, donándole lo más y mejor del término de Sotoca y las gentes de ese pueblo, no pudieron vivir en su mayoría Igualmente acepta este resultado el marqués de Cerral- bü (i) y el padre Minguella en su Historia de la Diócesis de Sigüenza, si bien trata de la tesis contraria sustentada por González Chentos, se atiene cómodamente a lo dicho por fray Angel Manrique, dando por cierto que el óbito de S'an Martín de Finojosa tuvo lugar en Sotoca de Tajo. ¿ Fué así, en efecto ? Difícil es negarlo o afirmarlo en re¬ dondo, pero si un poco se reflexiona, parece que la razón indica como más probable el lugar de Sotodosos. Apoya a Sotoca la tradición seguida por Manrique no por proceder del vulgo, sino porque la escuchara entre los mismos monjes, transmitida de unos a otros a través de los siglos : también se ha querido utilizar como argumen¬ to el hecho de ser San Martín el patrono de Sotoca, aun cuando ello no tiene valor porque la efigie que en el pueblo se venera es la de San Martín de Tours, partiendo su capa con un pobre, siendo natural que tratándose de un lugar de la jurisdicción de Ovila, los frailes de este convento hubieran ilustrado a los lugareños indicándole que adqui¬ rieran una imagen de San Martín representando a un frai- sino ctmio renteros de los frailes. 'Cuando la segunda y tercera desamortización, los pobres pegujaleros sotoquines no tenían dinero para convertirse en propietarios de las tierras que tenían ante sus ojos y así lo más y mejor de ellas fué adqurido por vecinos de Ru- guilla, a los que siguen perteneciendo... Por eso digo que los infeli¬ ces habitantes de Sotoca sufren sin merecerlo el castigo de Moisés, al que fué dado contemplar la tierra prometida, pero no poseerla. (De mi obra inédita Recuerdos.) En la Relación hecha por personas diputadas, en tiempo de Fe¬ lipe II, contesta así a la pregunta 23; «que en lo que toca a la¬ se branzas, los más labran en .tierras ajenas por alcanzar nosotros po¬ cas tierras ; como tenemos dicho, son las vengas de Nuestra Señora de Ovila» (Tornado de Catalina García. Rel. Topográficas de Es¬ paña.) Como se verá, en la Relación de bienes vendidos cuando la ex¬ claustración, lo mismo acontecía en 1835. (i) Marqués de Cerralbo. Discurso de recepción en la Academia de la Historia, 1908. — 90 — le bernardo, lugar de en a un caballero armado cabalgando sobre rijoso corcel. Tiene a su favor la tesis, según la cual ocurrió en Soto- dosos la muerte de S'an Martín de Finojosa, más numerosas y fuertes razones ; una digna de tenerse en cuenta a mi jui¬ cio, es el nombre de Subdoxa, compuesto de un raiz co¬ mún a ambos pueblos (siib = soto, bajo o debajo) y una ter¬ minación que se ajusta mucho peor a S'otoca que a Soto- dosos (f/ox = doxa o doxos) ; sin embargo, el argumento más convincente nace de la reflexión y la lógica, pues es¬ tando Sotoca a sólo tres kilómetros más del monas¬ o poco terio de Ovila, resulta : Si la gravedad máxima, no era se concibe cómo le dejaron salir de Ovila ; si la muerte no fué repentina, tampoco se concibe cómo le dejaron mo¬ rir en un villorrio sin volverle al cercano convento, donde podía ser más atendido ; incluso si murió en Sotoca, lo na¬ tural era retornar con el cadáver a Ovila para Ihacerle las debidas exequias, ya que poco lle¬ camino se perdía para var los restos mortales Huerta, y en tal caso no hubiera a dejado de consignarse el hecho en crónicas o documentos, bien inmediatamente, bien con motivo de la canonización. Si el fallecimiento ocurrió en Sotodosos, que en camino de travesía a Huerta como se hace cuando los viajes apre¬ mian sin sujeción las rutas habituales se encuentra efec¬ a tivamente a mitad de distancia (unas cinco leguas de Ovi¬ la), todo tiene explicación ; así, pues, se concibe que no se retornara a Ovila con el enfermo empeorado, en aten¬ ción a la distancia ; que continuaran a Huerta con el ca¬ dáver, tratando de cumplir la última voluntad del difun¬ to y sin pararse a exequias de ninguna clase ; finalmente, la parada en Sotodosos a más de obligada, se justifica por tener en dicho pueblo los monjes de Ovila propiedades de consideración. Hasta aquí lo que indican las conjetu¬ ras : descorrer por completo la cortina encubridora de este arcano histórico, no es posible ya que faltan testimonios incontrovertibles. El Real monasterio de Santa Maria de .Ovila durante, el reinado' de Enrique I y Fernando III ; privilegios y con¬ firmaciones de estos reyes y de los sucesivos hasta Carlos IV. Muerto Alfonso VIII, su ihijo y sucesor Enrique I con¬ tinuó en Ovila la obra emprendida por su padre, acabán¬ dose en su tiempo el refectorio, la bodega y la sala del ca¬ pítulo, si son ciertas las noticias del manuscrito de la Co¬ lección Salazar ; también durante su breve reinado se co¬ menzó la primitiva iglesia de tres naves y cinco capillas, de la que no quedan ni vestigios 3^ que era según el autor del mismo manucristo mucho más bella que la levantada en el siglo XVI, con serlo bastante, así como también parece de esta época el dormitorio de novicios. A más de proseguir la tarea constructiva del fundador, dispensó su decidida protección al monasterio de Ovila,.procurando el acrecen¬ tamiento de sus bienes 3' expidiendo una carta de privile¬ gio y confirmación, fechada en Guadalajara el 4 de Octu¬ bre de 1216, en la cual luego de declarar que la villa de Carrascosa la repobló su padre donándola al monasterio de Ovila, obliga a todos sus vecinos a que sirvan a la men¬ cionada abadía, declarándolos en cambio exentos de toda clase de pechos y tributos, tales como los de fonsado, fa¬ cendera y cualquier otro gravamen Real. (Publícase ínte¬ gra en los Apéndices de este libro.) El año anterior había expedido desde Burgos una carta confirmando la funda¬ ción y donaciones hechas por su padre al monasterio (1). Por el manuscrito de la colección Salazar se sabe que Fer¬ nando III el Santo, nieto del fundador, confirmó la dona¬ ción de su abuelo en 21 de Noviembre de 1218 en carta di¬ rigida (lal abad Sancho Andrés (abbas sanctiandresn). Existen en el cartulario propiedad de D. Roque Pidal, los originales de las cartas de confirmación y privilegio, dadas por el re3' conquistador de Sevilla en 1219 3'^ 1220, (i) Manuscrito de la Col. Salazar, en él se citan, .además, dos donaciones hechas por el mismo Enrique en 1215 y 1216, pero sin decir de qué se trata ni dónde fueron fechadas las cartas resp>ectivas. cuyas copias ñg'uran en la ((Información» hecha para pro¬ bar que el monasterio de Ovila tenía derecho exclusivo de pesca en el Tajo, entre el puente de Murel y el de Ovil.-i, oponiéndose a que los de Azañón ejercitaran el mismo derecho que creían tener ; el manucristo ofiginal de estas copias, en unión de los restantes papeles del pleito, ¡os descubrió Argecilla (Guadalajara) mi tío, el eminente en historiógrafo D. Manuel Serrano Sanz y las publicó en la¬ tín, en 1914 (véanse en los Apéndices de este libro) (1). La carta fechada en Burgos, el 13 de Julio de 1219, va escrita con el beneplácito de su madre doña Berenguela y su her¬ mano el infante D. Alfonso, confirmándose en ella todas las donaciones y privilegios otorgados por Alfonso VIH, expresándose terminantemente que este ((construyó (el mo¬ nasterio) de nueva ]3lanta en honor de la Santa Madre de Dios» se trata en este documento de los límites : o mojo¬ nes del de Ovila, indicando la parte del Tajo donde coto tenían los monjes derecho exclusivo de pesca y se señala como punto de referencia para indicar donde está situado Ovila, las Peñas de Alcalathem, acttialmente Tetas de Viana (2) ; la carta va dirigida al abad, que se llamaba Fernando (3). (1) Rev. (le Arch. Biblit. 3- Museos. Tomo XXX. Nota Biblio¬ gráfica citada. (2) Peñas del Ca.stillo (Kalat, en árabe). 'Constituv'en jwr sí mismas una fortaleza inexpugnable, y parece que quçdan restos de algibes, así como de algunas construcciones sobre uno de los peño¬ nes ; probablemente simples abrigos para la escasa guarnición. G) El texto de esta carta (publicado en los Aipóndices), debe ser un extracto del original, copiando de éste tan sólo aquella parte que de momento interesaba al monasterio para su pleito. Esto debe ser así, porque en una Real Cédula dada por Felipe V. en 20 de Marzo de 1713, se extracta aunque con errores, este documento de Fernando III, para justificar la expresa confirmación de privile-. gios : dice así la Cédula Real de Felipe V : ((Resulta que el rey santo confirma cuantas donaciones reales había recibido el monas¬ terio, singularmente el lugar de Ovila (nacido sin duda junto al y convento) en la ribera del Tajo y cerca de las Piedras .Alcalatenas, con todas sus dependencias, según fueron amojonadas por manda- - 93 — Zorita de La otra carta de confirmación está fechada en los Canes(cerca de Pastrana) el 29 de Abril de 1220, y es sumamente curiosa, pues a más de particularizar algunos de los límites de la jurisdicción de Ovila, expresa que se expidió el tercer añ.o del reinado de San Fernando y que durante el mismo se armó caballero el joven monarca en el iMonasterio de Santa .María la Real, de Burgos (las Huelgas), casándose poco después solemnemente con doña Beatriz de Suabia, hija del emperador de Alemania Federico. El 25 de Enero del mismo año 1220, suscribió otra carta de confirmación, según cita del manucristo anó¬ nimo de la colección Salazar. Santo otra carta de confirmación en Todavía firmó el rey Toro, el año 1220, citada en el anónimo de la Colección Salazar. También expidió Jaime I el Conquistador, rev de Ara¬ gón, una carta de privilegio en favor de Ovila (Jacobo le llama el anónimo manuscrito de la Colección Salazar) el año 1264, autorizando que pas.en libremente sin pagar nin- , giin derecho de tránsito por el reino de Aragón, las mer- to real. .Asimismo los lugares de Alurel y sus granjas de Caramas, Sotodosos, Anagron y la quç estaba sobre la fuente de .Aben Alcal¬ de, con las sernas de Vadella (Padilla), y la heredad que en Corba (Ccirvesin, despoblado) finada pertenecía a la granja, de .Aben Al¬ calde, la de Huetos con todo su valle y aguas vertientes al camino estrecho (el Angosto) encima de Sotoca, la heredad de este lugar, las aldeas de Murel y Morillejo, la granja de Peralveche con sus molinos y sernas de las que ooncedió dos Fernando III a este mo¬ nasterio y otra su hijo (.Alfonso X) y la heredad que fué de Munio Gómez y la desa (dehesa) en el río Tajo desde el puente de Mural al de Ovila y otras heredades, entre ellas y una que .Alfonso VIII compró al hermano Clemente y la dió al .monasterio, con la heredad y término de (Palmiches) Palmiles y viñas de Salmerón de Suso, y unas casas en Cifuentes. Confirmaron después este privilegio Al¬ fonso el Sabio y Sancho el Bravo. El Rey Felipe V, considerando la legitimidad de estas concesiones las confirma...» (Tomado de D. Juan Catalina García, en Relaciones Topográficas de Es¬ las paña, correspondientes a la provincia de Guadalajara, pueblo de Sotoca). — 94 - caderías y ganados del monasterio (también cita IManrique este privilegio, añadiendo que ((muchos príncipes de am¬ bos reinos hicieron abundantes donaciones al monasterio que se construía»). Esta carta de privilegio figura en el car¬ tulario de D. Roqu.e Pida!. Para hacer la relación de las cartas de privilegio dadas por Los sucesivos, conñrmando las anteriores, y par¬ reyes ticularmente la de Enrique I, relativa a Carrascosa, ha si¬ do una gran suerte para mí disponer libremente del car¬ tulario de Ovila propiedad del sacerdote Sr. García Ar- mesto. Como ya he dicho en el capítulo primero al tratar de las Fuentes Históricas, se trata de un extenso manus¬ crito en pergamino o carta de confirmación suscrita por Doña Juana (da Loca» y fechado en Burgos el 25 de Mayo de 1505, en la cual s.e extractan las cartas de confirmación de los reyes anteriores. A este manuscrito se añaden en el cartulario los pergaminos correspondientes a las confir¬ maciones de sus sucesores hasta Carlos IV ; he aquí la lista : Fernando IV «el Emplazado). Idem siendo abad de Ovila Pedro ; en Valladolid, 29 de Mayo de 1301. Juan II en Guadalajara 20 de Enero de 1408. a Enrique dV a Juan de Medina, arcediano de Almazán y administrador de Ovila, dada en Madrid a 21 de Marzo de 1465. Otra del mismo, papel, para que no paguen mo¬ en neda forera los de Carrascosa, confirmando el privilegio de Enrique I- Segovia, 20 de Octubre de 1471. D. Fernando y D..^ Isabel, siendo abad Alfonso Dal- cubilla, en Medina del Campo a 27 de Mayo de 1477. La mencionada de D." Juana (fig. 31). Felipe 11.—Madrid 22 de Abril de 1564, noveno de su reinado. Felipe III.—Valladolid 31 de Mayo de 1603, quinto de su reinado. inRtn4 J«ltcío}-:ip»|úf03.v5/^«wtnepicníMmobnmxfrHmTr^(V,«lsí*i'o">ytFj»nmfoaír(K(]cneh<^.g»[imp«çrH.isoí#•àá?ftWíwx5i>«!>cf)S.nVo*4Í3vpv»rK|£a-.W£iwnm(tiSùkocstlIHphr«|.nOm>í4u£\Kd,yvAbaw/x'WloetmütiM«K|run»oMxvi4Hff.(c4<^(í)¿fi>loAK0"%cH»rtÍuójm<«luoamtxns^&f^«tHii<óh(|rfoppnIríV.-4mM »t>íH*|!£.t9fultUunoimnpr/eHalx4ifcm«fm(WgiñsoeAvrocíéT«bfi<-xló-c®.¿t'rMÍ4»}(hHuKfmliep'tkaieíO»j«>m|5.•ocwt:tRrsi«c!n4UWrv)wîâv'•g·n&pA.4?aï>íKu|IÍxe|sujíó5®«c;yno!it|lwrflomJWfMIj(vt.»imapwH>}5íeînMi!4Í)<-V'\?9|J>sA(WB^ Ho.tr»e iTxH>.pj»*t/< ; Jtfn'iVK- tmaj}íiH)|>.«'Bi^o|tje"lôf(^ l(hUa OH òtegc r Itmno «lo'VtU ^ita« íiífa Mj-tio 3iU| X !>4pr«' ti Kti rogtâin lnoBiro xemir vyn tx kacànfí (VîCon qtíoiòa x(fiolwtí i()njfwo d1Enreiq.ue oM V4> Ifff or «rr |(í ; ; Oôi;cctHn>xírovit^hÍSfSkIíilR->n«vij&-^tï*H'V\XAmÍ<»r5;4J bf!tiAt,aiCícws6(Hl)>íMedu"pjecx«OwJ(4M)<ííoKt.nlAgyv·üi^Áx.i^j!H£l'»>fñvW tfO'l-pyxi.C;r^on«b, Sc>nfg-«rittmi'A.,<^íbav tuewvoáM0tCfiJrXU¡^ctjvo«aSlúicjnlxáín-CXs<}():uvm^,0|I·>'lX£4«OxtMcíuotbíifSenlmoagw-a^i.ñl»«Jz9!'SuEx>UsMX0?px(toiVíí*jflMr»^eï%?;'ii#ot~j!;-xk l*f!px<'jU¡8ser|»í^ttifSí.oto«n-J.>wmqKju»i>mfí, ^Sh0ví«x(c1in'.o„4j,iT» COddaGSdprátvpaugereolieinacsloíl.DdEJcoup.fir«am"peaánnógn»gis,FdIeIaco¡VyfVir1moqdróun,; pemíM·tnr'?* privlego dlateinlo Oípijou» ci*'¿ín5(f|l »(«nrtt K¿mtlhifu ntffu-ciiríafMt )7t0>w Svíjril tiube iVip Fftonbie ; ¡ : Ituxn ¡M p.n>»iuw« jpxcuitejo ¡,. M:itfN*4<ï!rîJ wjrtmi heui wijtU/a ¡>«0i4é ]4■p0v^fietbiíO'Jjxcn-frtyi 4U>|9< dcea0tx¡úÉ>M j»x StóCpx'oilí c«puvxîjo^topwxl'io IRufiVxtítiKlíoW, V' ¡ j2rí hi.m 4Scl_'0 »tí >dm XMtPoO í o » t - j i ^ cr , U«r n í » : JxmíHiL AeíIijMT À'ÍWt·' iftc«twîx : í Figura decarta cart s c t o l v x I e n S M g - de a é » a" IE PAN |E5TA CARTA Ideprjfilecío yiMifirnmdan vùmi anm AutiK 'DON CAM,OS QIJARTO dc cáe mmhrc por íao/mm dr \ Bhu, 7v/r dc i ûjiilla, de hmr de jîmotm, ele ías deto Sied/as, diA ■% Figura 32.—Primera pagina de la carta de confirmación de privile¬ gios de Ovila, dada por Garlos LV. (Del Cartulario de Ovila, propiedad del presbítero Sr. García Armesto). - 95 ~ Felipe IV.—Madrid a once días del mes de Marzo de 1622, primero de su reinado. Hechizado».—Madrid, 11 de Septiembre Carlos II «el de 1679, catorcede su reinado. Felipe V.—Madrid 9 de Noviembre de 1703, tercero de su reinado. Fernando VI.—^Madrid 25 de Junio de 1748, tercero de su reinado. Carlos III.—-Madrid 23 de Marzo de 1762, cuarto de su reinado. Carlos IV.—Madrid 20 de Febrero de 1790, tercero de su reinado (fíg. 32). El monasterio hasta mediado el siglo xv ; donaciones, pleitos incidentes.—El anónimo autor de! manuscrito de e la Colección Salazar, se calla «por no ser prolijo, las do¬ naciones de haciendas, heredades, alhajas para el servi¬ cio de altar hechas (las donaciones) por personas nobles, caballeros y gente popular...», lo cual es una lástima, pues desaparecido el Archivo del monasterio que ya había su¬ frido no pocas mermas por extravío a fines del siglo xv y otras por incendio en los comienzos del xvii, son muy es¬ casos los documentos que hablan de algunas de estas do¬ naciones y de los pleitos sostenidos por el monasterio ; algo queda, sin embargo ,• procuraré consignar las bien¬ andanzas y los quebrantos, siguiendo cierto orden cro¬ nológico. En el estudio que a Ovila dedica D. Juan Catalina García en las Relaciones topográficas de España corres¬ pondientes a la provincia de Guadalajara, se habla de pleitos que tuvo el monasterio con los vecinos de Sotoca en el siglo XIII por cuestión de límites en sus propiedades respectivas ; este pleito pareció arreglarse mediante el ar¬ bitraje hecho en Atienza el 25 de Abril de 1244 por los caballeros D. Gard Pérez, de Trillo y D. Juan Esteban y M unió Royz, de Gárgoles, quedando señalados Los mo¬ jones y linderos. El Sr. Catalina García se conformó con — 96 - estos datos y dió por terminado el asunto ; pero estudian¬ do yo con detenimiento el manuscrito de la Colección Sa¬ lazar (Academia de la Historia), de donde él los tomara, me encontré con qué sin duda una de las partes no se conformó, y en ese mismo año consta más adelante la de¬ finitiva fórmula de arreglo suscrita por «Fernán Gómez de Atienza entre otros caballeros, llamándose sólo Fernán Gómez el Concejo de Atienza, por él, la demarcación .en de términos en esta obra referida entre el monasterio de Ovila y el Lugar de Sotoca, en los que intervienen los ca¬ balleros mismos que .en anteriores escrituras confirman. Juan Esteban, Pero Díaz-Domingo Félix que verosímilmente es hijo d.e D. Félix de Atienza. D. Gonzalo de Joasa o Xara, Juez de Atienza y otro D. Gonzalo Núñez, Alcalde por el Rey—D. Pedro Guiralte—y otros muchos)) (1). En cuanto a noticias de donaciones y cambios, pocas hay relativas a este siglp y al D. Juan xiv ; ya extracta Catalina García en el tantas veces citado trabajo, la hecha por una viuda llamada D." Yelo, al monasterio, según dos pergaminos que se conservan en el rico archivo municipal de Cifuentes catalogados hace años por D. Manuel Serra¬ no Sanz ; he dispuesto de ellos con toda libertad y en los apéndices de este libro figura transcrito uno de los dos. Más que de donación se trata de la creación de una renta vitalicia a cambio de ciertas propiedades. La donación o cesión está hecha en una escritura suscrita por D.^ Yelo Pérez viuda de Fernán Pérez Falcón y fechada el 10 de Febrero de 1325 ; dona al monasterio de Ovila unas casas con almoxaba ( ?) y trascorral que poseía en Atienza, los derechos sobre su casa fuerte de Valderrebollo con sus pra¬ dos, huertos, pastos, etc., y unas tierras, casas y viñas de su propiedad en la aldea de Matillas, de la jurisdicción de -Vtienza. Al día siguiente. Fray Domingo, abad de Ovila y todos los monjes del convento que saben firmar, suscri- (i) Colección Salazar, de la Ac. de la H. (H. 17). «De los .\tienzas, Manzaneóos, etc.)) Cap. 5.®, folio 3z. - 97 — ben otro documento {el que se inserta en los «Apéndices») también en pergamino, aceptando la donación de doña Yel.o y el compromiso de pagarla mientras viviese, todos los años para la fiesta de la virgen de Septiembre, ocho cahíces de trigo de a doce medias el cahíz ; doscientos ma¬ ravedises en dinero (de a diez dineros el maravedí), que percibiría en dos plazos, correspondiente el uno a la fiesta de Omnium S'anctorum y el otro el día de la Pascua ma¬ yor ; finalmente, un puerco cada año y cada dos años trece varas de blanqueta para su vestuario. Ambos pergaminos se hallan en buen estado con los cordones de donde pen¬ dían los sellos de cera, pero sin éstos. En el Archivo Histórico Nacional se conserva en per¬ gamino una escritura de donación, hecha a favor del mo¬ nasterio de Ovila cuando todavía era abad fray Domingo, por el vecino de Sotoca, Domingo Pérez, hijo de doña Sancha ; se trata de unas casas, viñas 3' tierras de labor que poseía pueblo, llevando el documento (también en ese , citado por Catalina García) la fecha de 2 de Junio «era mil trescientos sesenta y seis» (año 1328). N,o mucho antes había experimentado el monasterio otros aumentos, pues desaparecida la Orden de los Tem¬ plarios se entregó la ermita de la Virgen de la Hoz cerca¬ na a Molina de Aragón, a los caballeros Sanjuanistas y a principios del siglo xiv pasó a la abadía de Ovila ; no es¬ tán de acuerdo los que han tratado esta cuestión al hablar de la historia de ese santuario, acerca de si los bernardos de Ovila se del mismo (enviando algunos mon¬ encargaron jes), por concesión real o disposición del Santo padre, aunque abona la segunda suposición el hecho de que pa¬ garan en Roma una determinada cantidad cada quince años por el derecho sobre esa ermita (1). En la tantas ve¬ ces citada obra del padre Minguella, se dice, que en 1461 por una bula de Pío II se ordena a Juan Eernández, abad de Medinaceli que una al monasterio de Ovila la ermita de (i) Sánchez Portocarrero. Historia de Molina. 7 — 98 - Nuestra Señora de la Hoz en el término de Molina y la de Nuestra Señora de Mirabueno Mandayona (1). junto a ¡Lo que respecto a la última puede ser una c.oncesión nueva, quizá respecto a la primera se tratara de una confirmación, ya que la existencia de los bernardos parece muy anterior. Las contiendas habidas en Castilla casiininterrumpi¬ damente desde los tiempos de Alfonso X hasta el adveni¬ miento de los Reyes Católicos, dificultaron no pocas ve¬ ces la vida del monasterio y la comunicación con los mon¬ jes destacados en estos santuarios, llegando a desamparar¬ los en tales términos que su ruina era segura ; no se re¬ signaron los molineses a ver por tierra laermita donde se veneraba la imagen de sus devociones y escuchando sus quejas envió el Papa Alejandro VI en 22 de Abril de 1506, una carta, encargando del santuario al cabildo eclesiástico de Molina (2). Todavía hacia 1580 reclamó el abad del monasterio ante el tribunal diocesano, intentando hacer valer derechos, sabiéndose por esos autos que no po¬ sus cos documentos del archivo ovilense se habían perdido en tal época el fallo contrarió las aspiraciones de los frailes. ; Un trueque o cambio hicieron los monjes de Ovila a 28 de Diciembre de 1402, con el caballero y guarda del Rey, D. Guter (Gutiérre) Ruiz de Vera, según escritura en pergamino que se conserva en el Ar. Hist. Nacional ; hízose en el monasterio de Piedra en presencia del notario Francisco Sánchez, concurriendo (¡D. fray Juan abad, fray Martino, prior, fray Juan, superior, fray Diego, cantor, fray Juan de la Huerta, sotocantor, fray Arnau, cillerero, fray Juan v fray Antón todos ellos clérigos y fray Fernan¬ do, lego». En virtud de este cambio, el monasterio entre¬ gó al Gutiérre todos los bienes que poseía en Gualda (de la jurisdicción de Atienza) con la cura de almas y todo el señorío-convento, por los heredamientos que tenía aquél (1) Historia de la Diócesis de Sigüenza. Tomo I, cap. XIII. (2) López Moreno. Breve historia del Santuario. Claro Abánades López. La reina del Señorío. Sigüenza, 1929. - 99 - en Huetos,tres aíilarcadas» (¿ aranzadas ?) de viñas en Cifuentes y Gárgoles de Suso, más una casa en el Huetos 3^ el pago de 1.000 maravedises. Las continuas turbulencias de Castilla tenían al país empobrecido y no pocos lugares se despoblaban tanto por las exacciones intolerables de Jas distintas banderías que llegaban a hacerles imposible la vida, cuanto porque no siendo propietarios del suelo que cultivaban sus habitan¬ tes. sentían escaso apego al terruño. Esto sucedió más ade¬ lante de modo transitorio con Carrascosa 3^ Morillejo, de¬ finitivamente con Murel ; a principios del xv empezó siglo a despoblarse Huetos, perten.eciente a Ovila, obligando a los monjes a una transacción para contener el éxodo de sus vasallos, segiin un curiosísimo documento notarial hallado recientemente por mi tío el infatigable investigador D. Ma¬ nuel Serrano Sanz, al que debo la aportación valiosa ctlyo texto inserto en los ((Apéndices» recomendando su lec¬ tura (1). Segiín él, los monjes conservan sus derechos jurisdic¬ cionales sobre el lugar de Huetos ; más para que cesen las discordias y para que ((el dicho logar no se 3'erme (des¬ pueble) como tiene comienzo dello, ante (s) se pueble e vosotros los vecinos e moradores dél podades bien vivir e de aquí adelante ni haya question ni debate...», el monas¬ terio cede a los vecinos las propiedades a cambia de un censo perpétuo importante doscientos reales de plata al año, mas un tributo de setenta medias de pan ((por meytad de trigo e por meytad centen.o e cevada, buen pan limpio et enxuto» y úJtimo cuatro, aranzadas de buenas viñas por en Cifuentes ; quedan exceptuadas de esta cesión hecha por el monasterio al concejo de Huetos, las propiedades que en ese pueblo tenía procedentes del trueque o cambio hcho con Gutierre Ruiz de Vera, ya mencionado. Abunda el documento fechado en Ovila el 26 de Di¬ ciembre de 1411, en detalles interesantes, siendo el más (i) Archiva Histórico Nacional.—Casa de Osuna, legajo 3.231. — 100 — destacado la condición puesta a los nuevos censuarios de que no puedan enagenar sus propiedades sino a «pechero fijo de pechero vesino e morador en el dicho logar de Huetos...» pero de ninguna manera a monasterio o iglesia, persiguiéndose con ello que en la jurisdicción abacial no se metiera la molesta cuña de otro señorío ; tampoco se olvi¬ dan los monjes de consignar que continúan Jos de Huetos obligados a darles de comer («la yantar») una vez al año. Epoca de enajenación de bienes y reforma del edificio conventual ;efemérides ocurridas hasta la revolución fran¬ cesa.—^En este tiempo parece que comenzaron las desdi¬ chadas operaciones financieras de Ovila, tales coino ven¬ tas de lugares, cambios mal entendidos en los que el mo¬ nasterio salía perjudicado aunque cobrara algún dinero malgastado prestamente por abades desaprensivos, esta¬ blecimiento de censos a costa de enagenaciones, etc. Las minoridades turbulentas que afligieron a Castilla durante la baja edad media y sobre todo en el siglo xv, paralizan¬ do la reconquista, empobreciendo el terreno y rebajando la disciplina social, alcanzó a los conventos llevando hasta ellos la inmoralidad ambiente ; el ideal religioso habíase ausentado en virtud de las riquezas acumuladas y la 'n- filtración del grosero materialismo en que vivían sumidas las gentes, ajenas al cultivo del cerebro sólo compatible con la paz y el sosiego y entregadas por completo a ios placeres corporales ; los monasterios que fueron durante la alta Edad Media, tesoros de cultura y que se convirtie¬ ron gracias a San Bernardo en focos de austeridad, fe e ilustración irradiada a los clérigos seculares semianaifa- betos, no eran ya sino agrupaciones de vagos glotones que «oraban por costumbre y comían por devoción», nada ajenos a la barragania tan frecuente y bien llevada entre seglares y sacerdotes ; el largo cisma del Pontificado había relajado hasta un término inconcebible la obediencia del clero a Roma ; como se ha visto en el documento de do¬ nación hecho por D.'' Yelo al Monasterio de Ovila, no — 101 — todos losmonjes sabían leer y escribir ; los abades más se preocupaban de gozar las delicias terrenas a costa de los bienes monacales, que de ganar el cielo y hacérsele ganar a sus subordinados mediante la oración, la austeridad y la penitencia ; lado, los pueblos se resignaban cada por otro día menos trabajar las fincas de los señores sin poder a Lograr la adquisición de bienes propios ni sacudirse la ser¬ vidumbre, entablándose constantes pleitos entre amos y vasallos... Se comprende muy bien que en este ambiente mantenido años y años, ambiente de pugnas, de odios, de anhelos de libertad y de posesión, de descomposición so¬ cial en una palabra, corriera Ovila malos temporales y malbaratara en parte el pingüe patrimonio que legara al monasterio el fundador, aumentado por sus sucesores y otros donantes cuya casta parecía haber desaparecido por siempre jamás. Cierto que no alcanzaba a todos los mo¬ nasterios ni a todos los monjes esta ola de inmoralidad ; cierto también que la iglesia católica, el clero y la civili¬ zación europea cristiana pudieron vencer esta crisis, re¬ generándose las costumbres, recuperándose la fe y resuci¬ tando sus al parecer extinguidas virtudes ; pero la época de la institución bernarda había pasado para no volver. Nacerían otras comunidades con espíritu distinto para lle¬ nar un pa/pel distinto también, con arreglo a las necesida¬ des de la Religión y de la Iglesia en los siglos del Rena¬ cimiento y los grandes descubrimientos geográficos ; las instituciones monacales de la Edad Media, aún regenera¬ das, estaban condenados a morir y así fué en esta centu¬ ria cuando la Orden del Cister comenzó a bajar la pen¬ diente de la decadencia indefinida hasta desaparecer como institución grande, sin otros rellanos en el declive que la resistencia de los cuantiosos bienes de sus abadías. No se tienen noticias de la fecha en que los frailes de Ovila enajenaron derechos jurisdicionales sobre Sofo¬ sus ca donde sin embargo, hasta el final de la conservaron, existencia del convento la mayoría de sus propiedades ; pero debió ser antes de 1435, toda vez que en ese año la — 102 — reina D." María dio el mencionado lugar a Gómez Carri¬ llo y su mujer, pasando más adelante (1475) a los condes de Cifuentes, sucediendo lo mismo con la villa de Gárgo¬ les, en la que también conservó el monasterio hasta la exclaustración bienes de cierta cuantía. En la Historia Genealógica de la Casa de Silva, escri¬ ta por D, Luis de Salazar y Castro, publicada en 1685, se encuentran noticias interesantes relacionadas con Ovila. Instituido por Juan II el señorío de Cifuentes en 1431, en favor de H. Iván (Juan de Silva, notario mayor del reino y amigo del privado D. Alvaro de Luna, lo erigió en condado el año 1455 Enrique IV, recién muerto su padre. El 5 de Enero de 1443 según la obra citada, se otorgó en el monasterio de Ovila ante el escribano Juan González Alcocer por el abad fray Martín Pareja y otros monjes y a favor del Conde, una carta de pago confesando aquéllos haber recibido de Pedro González de la Flor ma¬ yordomo de éste, el importe del censo correspondiente al año 42, censo que debía pagar por los lugares de Huetos, Ruguilla y una viña en Cifuentes, vendidos al Conde por el monasterio a cambio del establecimiento de ese cen¬ so (1). Que así debió ser lo demuestra la institución por el pri¬ mer conde de Cifuentes del mayorazgo de este nombre en 15 de Agosto de 1458 a nombre de su hijo Alfonso, y en el que figuran las aldeas de Huetos y Ruguilla. En la mis¬ ma obra se halla la noticia de la adquisictón por el conde D. Juan de Silva en 1475 de los lugares de Sotoca y Gár¬ goles de Abajo (Suso) que poseía su tío D. Alfon Carrillo, incluyéndose en esta venta que arbteriormente ya hemos mencionadlo, las. tercias, y todos sus términos, vasallos, ju- (i) « dé los citdlës, pot lo dveiios las dos ter¬ cetos partes fuer,ait de coro, pasando sUs bieiies, rentas y efeetós al Estado para atención dé la Déiidá pública, ex¬ ceptó los archivos, bibliotecas y demás erisefes útiles a los IfistitiUós d-e Ciencias y Artes, así como los edificiosf or¬ namentos y vasos sagrados que se dispondrá en forma y por disposiciones ulteriores. Ovila hubo de desaparecer; toda vez que contaba con menos dé doce monjes (Sé- gdn la liqtliddcióh de biënes mitebles, inserta en los <(Apértdices», había sólo cüatro monjes, el abad y el légo Clemértté), y el 19 de Octubre del mismo año sé hizo entre¬ ga del fcOnténtO al Comisionado D. Manuel María Cortijo, prétió inventario firmado pOr el tíltimo abad D. Cayetano Fiz de GayOso (1); quien se trasladó a Carrascosa, más tar- |i) Dériuriciádo' á tortijtí cjije se había kgrOplado el ei-abad dé un alaimibique;un velón de dos mevherds que había en la antesala de sus habitaciones y cierta cantidad de grano, fué requerido el 3 de Noviembre para que lo devolviera ; contestó que el alambique y de¬ más se había efiipleado ëh pagár viejas trampas dèi niohastferió ; sé Ib ffeqüirio nuevdniente el B piidiétldoië el ééión o su itfifíorffe, pues estaba invëntatiadd y nó ptídía pásatse p'tir elltt, a lo tjue dctédld. (Papeles del archivo de Cortijo). - 118 — de a D lirón, y, por último, fué abad de otro monasterio bernardo. Durante los meses transcurridos desde la apari¬ ción del Decreto hasta la incautación, tuvieron los frailes tiempo sobrado para llevarse cuanto pudieron, incluso los frutos de la cosecha y rentas, simular deudas y regalar no pocos efectos, de al inventariar estos no aparecie¬ suerte que ron más que trastos viejos en pésimo estado ; en la bodega estaban vacías las tinajas ; en el granero, muy escasa can¬ tidad de trigo y cebada ; la mula y bueyes de labor se ha¬ bían evaporado igualmente... L.OS renteros, censuarios, aparceros, etc., creyeron que había llegado la hora del reparto y casi ninguno hizo por pagar, necesitándose infinitos requerimientos y amenazas para que abonaran las rentas a Ja Hacienda pública. Las numerosas propiedades que poseía el convento fueron mal vendidas, confirmándose la posesión a aquéllos que las ad¬ quieran en 1821, devolviéndolas al monasterio en 1823 ; como el pago lo realizaron a plazos y las tasacciones fueron muy bajas, no pocos "lograron una verdadera'for¬ tuna con escaso desembolso, obteniendo en cambio'la Har- cienda un beneficioinsignificante en relación con el va¬ lor de la riqueza malbaratada. El coto redondo del Acedrón, Morillejo entre y Ar- beteta, lo adquirió en firme D. Francisco Antonio Ar- diz, así como el coto redondo de Ovila. Los pobres veci¬ nos de vSotoca, que habían contemplado durante siglos las vegas ubérrimas sin poseerlas, tampoco entonces logra¬ ron hacerse propietarios, pues Las Hazas Largas y La Huerta del Monje quedaron adjudicadas definitivamente a mi antepasado Leandro Sanz, otras muchas fincas al Comisionado liquidador D. Manuel María Cortijo, y (ca¬ so curioso que se presta a no pocassuspicacias), casi to¬ das las restantes que ya se adjudicaron en 1821 al lego del monasterio. Fray Clemente Antón, las volvió a adqui¬ rir. Lo mismo sucedió con la mitad de la abundante pro¬ piedad del monasterio en Sotodosos y Gárgoles, adqui¬ rida en la segunda desamortización (confirmándose la ven- ~ 119 - taen 1842) por el monje profeso de Ovila Fray Atilano Melguizo... ¿sería tan solo un testaferro de la Orden ber- narda? No considerándolos muy seguros en el suprimido mo¬ nasterio, los ornamentos sagrados fueron enviados y vasos en depósito a la iglesia parroquial de Ruguilla por el Co¬ misionado Sr. Cortijo, a quien se le siguió un proceso con este motivo, saliendo absuelto. Tanto los ornamentos como las imágenes y altares, se dispuso qu.e cada obispo se en¬ cargara de distribuirlos entre Jas parroquias más necesita¬ das, pero en realidad se enviaron a aquellas que contaban con más influencia y la mayoría quedaron en Ruguilla así como las imágenes, de las que fueron a piarar dos hermo¬ sas tallas (ya descritas en el capítulo correspondiente) al pueblo de Sotoca donde Cortijo tenía hacienda cuantiosa, conviniéndole, por tanto, favorecer al modesto pueble- cilio. La Comisión especial artística, demoró hasta 1838 el cumplimiento de su cometido, que según un oficio dirigido a Cortijo 3' conservado en el archivo privado de este se¬ ñor, era inventariar «cuadro por cuadro, imagen por ima¬ gen, libro por libro v documento por documento» ; ese año fueron distribuidas imágenes y altares, vendidos los li¬ bros que no habían sido robados, pues consta según los papeles mencionados que varias veces entraron gentes mis¬ teriosas en la Biblioteca dejando las puertas abiertas, y en cuanto al Archivo se exparció sin saberse cuándo ni cómo ; lo cierto es que tan sólo se guardaban en el último tercio del siglo pasado dos pergaminos, varios libros de cuentas y algunos papeles en la Delegación de Hacienda de Gua¬ dalajara ; ho}' se conservan en el Archivo Histórico Na¬ cional (1). (i) De cómo se hizo la malhadada incautación, inventario y apro- chamiento de cuadros, libros y otros objetos de .Arte procedentes de los monasterios, dan idea los siguientes detalles ; - 120 - Èh tatito, seg;uiâ cerrado fi ex itiohasterio donde dOmd guardián de lo5 trastos vifejós esttlvo hasta que fueron su¬ bastados, el lego fray Clemente Antón ; los que nadie qui¬ so dejáronlos en uno de los cuartos de la clllerería o ma- VordOrttía, v ásí transcurrieron los afibS slrt que termina¬ ran de llquldatse los enseres de los ttiortjés bernardos de Ovllá, pues en 1860 ftierort requeridos los herederos de D. Manuel Marta cortijo para que abonaran a la Hacien¬ da Pública 6.466 reálés que no había entregado todavía... ; este desbarajuste dará Idea del que caracterizó el robo le- i." Tardáronse tres años en inventariarse, consintien¬ o cuatro do quë ids coirtiisionadostdda clase de pBr.sonas se íléváran los li¬ y bros y aúH cüadrós qde ntejor les parbcierOn. i." El inventario sfe hizo a la ligera, sin reseñar los objetos de modo que pudieran identificarse. 3;® Como la cantidad de cuadros era muy grande así como de libros, se acordó la venta de los de desecho, sin establecer normas para la clasificación y amparando, por tanto, tdda clase dç initiora- lidadés ; así, por ejemplo, se tasdroh en Guadalajara 268 cuadros cálificádos de íHütíles sin él mentír jüstificántéi én la sdítia irrisoria de 1.521 reales. 4;°El expolio vergonzoso siguió aún después de hçchos los in¬ ventarios y así resultó, por ejemplo, que inventariados en Guadala¬ jara doce mii volúnietites y sobre novecientos cuadros- (los existentes antes de realizarse la idcaütacidn Oficial ho bajarían de ab.doD dé los pritheros y de los segundos), sBlO ingresaron cincó mil li¬ i.ooo bros y othochmtos cmadros, quç sufrieron no escasa niertna en las sucesivas traslaciones ; como caso concreto es digno de anotar el del convento de La Salceda, donde se inventariaron i.ooo volúmenes y sólo aparecieron dieciseis. De libros corales fueron inventariados cifehto cüáreltta y uño, pero sólo aparecieron cuatro, ihás Cüárertfa y siete que pudieron recuperarse htás tarde, si biéh algunos Con las miniaturas de varias Içtras capitales, recortadas... Esto que pasó en la provincia de Guadalajara, sucedió en las demás, y por los datos consignados puede el lector formarse idea de lo ocurrido en Ovila ; para remiendo del fuellq del órgano de la Iglesia de RugUlila, djirdVecliarbH hojâs de pergarhiho de libros sé cdr.£i;lës ; Urtd hdjà de CaHtotdl, sltve de téfUerzo d lâ eriCuadernációh del libro parroquial de Ovila ëxistérite éh Trillo... 121 gal cometido por el gobierno ton las Ordenes religiosasj privándolas de sus bienes y quedándose la mayor parte del valor de éstos entre los dedos de intermediarios y nego¬ ciantes; sin percibir el Tesoro Nacional siqüiera la vigési¬ ma parte de la riqueza de qufe se había apoderado. Había adquirido en 1821 el edificio coriventual, don Franciosco Antonio Ardiz y pagado tan sólo un plazo, cuartdo los fráiles volvieron al monasterio ; el Estado, de- t'olvió su irhporte en láminas o títulos de la Deuda; como hizo con cuantos compraron fincas en esa épioca, proceden¬ tes de las órdenes religiosas. ¿ Solicitó hacia 1838 la validez de la primitiva adquisitión ? No he hallado documentos que lo confirmen, pero cuando en el verano de 1843 ocu¬ rrió el crimen de Ovila (véase en el Anecdotário de los Apéndices), habitaba el adhacoso convento D. Juan In¬ dalecio González, casado con la hija de aquél, y dueño de la finca de Ovila comprada por el mismo Ardiz j esto hace pensár qué la primitiva adquisición se había confirmado^ He oído rfeferir a personas de mi familia que el adquifen- te del rtionâsterio sólo abonó un plazo y considerando 1.0 lexivo qtie era para sus intereses el eriofme y maltratado edificio, vendió las tejas; arrancó con el mismo objeto puertas, ventanas y maderárhen, suspendiendo el pago de los plazos siguientes, por cuyo motivo la Haciehda se in¬ cautó del rhonasterio: La n.oticia es muy verosímil; pues Cortijo adquirió algunas puertas que hoy figuran en mi casa de Rugdiilla, comenzada a edificar por aquél y com¬ prada y terminada por mi abuelo ; por otra parte; el as¬ pecto de lás ruinas harto indicaba hasta hace pocos; años una expoliación ordenada y hecha de una vez ; finalmen¬ te, sólo de este m,odo se explica que en medio de una finca extensa de propiedad particular, existiera un edificio del Estado utilizado un tiempo para vivienda por los antiguos dueños de esa misma finca. Im ruma de stvs ruiíias y el golpe de graciíi de 1931.— Cliando al templo vac'o y abandonado le arrancaron las — 122 — hermosas puertas de bella clavazón ; cuando se llevaron las ventanas, viguería tejas del suprimido monasterio de y Ovila ; cuando comenzó a, utilizarse la espaciosa iglesia como encerradero de ovejas, como pajar la sala del capí¬ tulo y como cochiquera el refectorio invadiendo los zarza¬ les el patio claustral renacentista, un lugareño del cercano pueblo de Ruguilla que aun siendo muy «leído» no co¬ nocía sin duda la elegia «A las ruinas de Itálica», sintió oprirnido su corazón al ver tanto abandono y tomando un carbón escribió con lágrimas en los ojos la siguiente bar¬ baridad en el abside del templo, barbaridad que refleja una sensibilidad sin pulimento, más nada despreciable: ¡ Alma mortal mira la casa de Dios como está ! ¡ Menos sabían sentiraunque supieran expresar más, los acaudalados desguarnecedores del viejo cenobio I Siguieron pasando los años ; por boda con la hija del dueño, poseyó la vega y monte de Ovila D; Mariano Vadillo, que prefirió tener un criadero de reses bravas a cultivar como se merecía la feraz vega ovilense ; convir¬ tiéronse en carrizales lo que debió cultivarse como huerta, y el amplio patio claustral se transformó en cercado de bueyes y toros de lidia co·mprados por los pueblos comar¬ canos para sus fiestas ; se estropeó la vega que no ha vuel¬ to a ponerse en condiciones de plena producción y lo mis¬ mo ocurrió con el hermoso monte que la circunda; el pa¬ vimento del refectorio, de la sala capitular, del cocedero, se cubrió de estiércol ; toscos tabiques y portones de míse¬ ras tablas, aislaron algunas estancias de robustas bóvedas rnedioevales... Seguían corriendo los años; el cascarón de la airosa techumbre de la iglesia fuese d.errumbandó sin quedar más que los atrevidos arcos de crucería a través de cuya pétrea urdimbre pasaban los rayos del sol implacable de Agosto y caía a torrentes el agua en las tardes septembrinas, cuan- — Í23 do el truènò dè las tormentas retiimbaba con ronco fragor en la garganta del Tajo ; a cada visita hecha por los ba¬ ñistas de Trillo para matar una tarde y llenar las paredes del rrionasterio arruinado con vulgares letreros y parejas de nombres -indicadores de fugaces amoríos, podían com¬ probar un nuevo derrumbamiento. Advertían un año más grandes las claraboyas fraguadas por la ruina en la te¬ chumbre de la iglesia ; otro, que era impracticable la en otro tiempo monumental escalera ; ■ pero, en cambio, las estancias románicas seguían resistiendo el peso de los es¬ combros, el caminar de los siglos, la acción destructora de los elementos y el abandono de los hombres, permanecien¬ do intactas, fuertes y sombrías la profanada sala capitu¬ lar y el refectorio, majestuosa y a la par amable el ala abovedada del claustro herreriano ; y todos los años veían también comentando su redacción grotesca, que seguía impertérrita la triste queja escrita con carbón en el ábside del templo por el ingénuo y sensible ruguillano (1). ¿Cuánto hubieran perdurado las ruinas de Ovila? Se¬ guramente siglos, pues aunque las construcciones más de¬ ficientes se aplanaran, las momificadas estancias alzadas por la piedad de Alfonso VIII hubieran resistido impávi¬ das como hasta aquí, pregonando que fueron levantadas en la edad de hierro. Para estimarlas, para conservarlas, para vestir los muros agrietados con el simbólico adorno de la yedra contribuyendo a poetizarías, hacía falta un Quijote, un español idealista que supiera sentir ; i pero toparon con Sancho ! Así llegó el año 1931 ; con él vino la República a Es¬ paña y precisamente por entonces, cuando el capital-mo¬ neda emigró, se hizo emigrar a América este capital del espíritu, menospreciado en esta España, tan rica en este sentido y tan dilapidadora de su riqueza. Cayeron a golpe de piqueta las bóvedas del templo de (i) Véanse en los Apéndices Hechos- y dichos del famoso atio Juanis». — 124 — Santa María de Ovilaj que parecían eternas; lava el agua de la lluvia la blancapared de la capilla ábsidal; y ¡ éste sí qUe parece el verdadero milagro de la Virgeh de Óvila!, la pobre inscripción del hombre de Rüguilla que por estar escrita cdn un mísero carbón Cualquiera supondría desapa¬ recida, sigue apostrofando a los demoledores, diciéndoles en su rudo lenguaje, en el lenguaje de la fe entristecida : ¡ Alma mortal, tnira la casá de Dios, cómo está !