Wím m BIBLIOTECA DE TURISMO DE LA SOCIEDAD DE ATRACCIÓN DE FORASTEROS DE BARCELONA T A R R A S A POR . M A iV UE L M A R J NE L L O ¡■IBIBIBiBlliBIBIBIBIBIBIliamMIBflBIBiPIBIBIBIllHBiaiMIBIllllllgi Colonia Güell Nociedafl An ó ni m se Casa fundada en 184 5 Primera Fii lírica Fsjia na, en de PANAS, RODAS y \ ELUDIDLOS Despacho: Cortes Catalanas, 6-+1 0 .Medalla de Oro )■ Grandes Premios en todas Jas Exposiciones Fábrica en la COLONIA GLELL (Santa Colonia de Cervelló) BARCELONA fdiBiiiBiiiiiaiBiaiBiBiBiaiBiaiaiBieiiBiHiBimiBiBiaiiiaiiiaiaiaiHiaiaiE: BIBLIOTECA DE TURISMO DE LA SOCIEDAD DE ATRACCIÓN DE FORASTEROS VOLUMEN 31 - - BARCELONA - - ENERO-JUNIO 1934 TARRASA POR MANUEL MARINEL-LO FOTOGRAFÍAS DE ASTALS, GALLARDO, «ARXIU MAS», PLANELLA Y ZERKOWITZ BARCELONA libreria francisco PUIG Plaza Nueva, 5 MONOGRAFIAS PUBLICADAS POR LA .SOCIEDAD DE ATRACCIÓN DE FORASTEROS» BOLETIN DE LA SOCIEDAD Del I a XII, números artículos sobre diversos temas.—XIII, La Catedral de Bar¬ con celona.—XIV, Barcelona Ciudad-Jardín, por J. Roca y Roca.—XV, San Ciicufale del Valles, por J. Gudiol.—XVI, I.a Ciudad de Tarragona, por J. Ruiz Porta.—XVH, La Casa Lonja de Mar, por Luis Riera y Soler.'—XVIII, Monasterio is Santas Creus, por Emilio Morera.—XIX, El Palacio de la Generalidad de Cataluña.—XX, El Real Monasterio de Poblet.—XXI, La Seo de Lérida.—XXII, Génesis del Ensanck,-. de Barcelona, por F. Puig y Alfonso.—XXIII, Ampurias, por Joaquin Botcí y Sisó.—XXIV, Montserrat.-- XXV, Los establecimientos de enseñanza oficial, superior y técnica de Barcelona.—XXVI, Templo E.vpiatorio de la Sagrada Pamilia.—XXVII, 1-os Templos de Barcelona.—XXVIII, Montjuich. Notas geológicas, por M. Faura y Sans.—XXIX, Montjuich. Notas históricas y descriptivas, por J. Roca y Roca.—XXX, El Templo de Nuestra Señora de la Merced, por Ramón N. Comas.—XXXI, Iglesia de los Santos Justo y Pastor, por Fabián Conde.— XXXII, Edificios Pt'tblicos de Barcelona.—XXXIII, Instalaciones y Servicios de la Junta de Ciencias Naiumles de Barcelona.—XXXIV, El Monasterio de Bellpuig, por Valerio Serra y Boldú.—XXXV, La Ciudad de Tortosa, por F. Duran.—XXXVÍ, La Beneficencia Barcelofiesa, por F. Puig y .Mfoiiso.—XXXVII, Bañolas-Bcsalú, por F. Duran.—XXXVIII, Villamieva y Geltrú, por Victor Oliva.—XXXIX, El Real Monasterio de Santa María de Pedralbes, por A. Duran y Sampere.—XL, El Llano y la Ciudad de Viclt, por José Gudiol.—XLI, El Museo Episcopal de Vick, por José Gudiol.—XLII. La Iglesia Parroquial de Santa Mar'a del Mor, por Buenaventura Bassegoda.—XLIII, La Heráldica en la Basílica de Santa María del Mar de Barcelona, por José M. de Alós y Dou.—XLIV, Montbhmcii, por F. Duran. BIBLIOTECA DE TURISMO EDICIONES ESPECIALES DEL "BOLETÍN" I, Montjuich, M. Faura y Sans y J. Roca y Roca.—11, Bañolas-Besalú, por Félix por Durán.—III, Villanueva y Geltrú, por Victor Oliva.—IV, El Real Monasterio de Santa María de Pedralbes, per A. Durán y Sampere.—V, Vich y su Museo Episcopal, por José Gudiol.—VI, El Templo y la Heráldica de Santa María del Mar, por Buenaventura Basse¬ goda y José M. de Alós.—VII, Montblanch. por Félix Durán. EDICIONES DE LA BIBLIOTECA VIII, Gerona, por Carlos Rahola.—IX, La Casa de la Ciudad de Barcelona, por A. Durán y Sampere.'—X, Montserrat, (segunda ediciónl, por Manuel MarineUo.—XI, Lérida, por Valerio Serra y Boldú.—XII, Mallorca, por Juan B. Enseñat..—XIII, El Real Monasterio Cisterciensc de Santa María de Vallbona de Las Monjas, por Francisco Ber- gadá.-—^XIV, La Necrópolis de Tarragona, por J. Ruiz Porta.—XV, La. Casa del Arcediano y el Archivo Histórico de la Ciudad, por A. Durán y Sampere.—XVI, La Costa Brava, por V. Solé de Sojo.—XVII, La Iglesia de Santa Ana de Barcelona, por Aurelio Capmany. —XVIII, El Palacio de ta Diputación Provincial de Barcelona (segunda edición).—XIX, Ibiza y Formentera, por Juan B. Enseñat, Bartolomé de Roselló y .Alejandro Llobet y Ferrer.—XX, Tarragona (segunda edición), por Juan Ruiz y Porta.—XXI, El Palacio de la Capitania General de Cataluña, por Mariano Rubió y Bellvé.—XXII, El Palacio de Justicia de Barcelona, por Juan Bta. Marti Navarro.—XXIII, .leo de IJrgcl, por Valerio Serra y Boldú.—XXIV, La Catedral de Tarragona, por Juan Ruiz y Porta.—XXV, La Iglesia de San Pablo del Campo de Tarragona, por .Aurelio Capmany.—XXVI, El Puerto de Barcelona, por .Antonio Rué y Dalmau.—XXVII, Tàrrega, por Valerio Serra y Boldú.—XXVIII, Los Templos Antiguos de Barcelona, por P. B. Tarragó.—XXIX, Los Templos Modernos de Barcelona, por P. B. Tarragó.—XXX, Manresa, por Antonio Ga¬ llardo.—31, Tarrasa, por Manuel Àíarinel·lo. PRÓXIMOS A PUBLICARSE Peralada.—Cervera.—Poblet.—Los Museos de Arte de Barcelona.—Valls. PÓRTICO ARRASA, por SU envidiable situación topográfica, por la belleza del paisaje que la circunda y clima bonancible, salvo en el rigor del invierno; por su rancio abolengo ciudadano, por la pujanza industrial y comercial que muestra, por su densa población que se va a las cuarenta mil almas, y más aún por ser el relicario de la romana Egara, sepultada en la noche de los tiempos, bien merece una visita del turista. Asiéntase la ciudad en una meseta del Alto Vallés que se levanta 300 metros sobre el nivel del mar, teniendo allí cerca como centinela inconmovible, el coloso macizo de San Lorenzo de Munt, con sus 1.200 metros de elevación y su tosco cenobio románico, y a su vera, por el Norte, la riera de las Arenas que forma, al alejarse, el río Ripoll; es cabeza de partido judicial, depende en lo religioso de la mitra de Barcelona, a cuya circunscripción eclesiástica corresponde, y dista de la capital de Cataluña algo más de treinta kilómetros, estando a ella unida por las lineas férreas electrificadas del Norte y de los Ferrocarri¬ les de Cataluña, contando además con las carreteras de San Sadurní de Noya a Sentmenat; de Barcelona a Manresa; de Moneada y Reixach y de Rubí a Papiol. El núcleo principal de la actual ciudad formóse entorno al antiguo palacio-castillo levantado por la casa condal de Barcelona, en una depresión del terreno, bien por ser su situación estratégica, bien por abundar allí el agua potable. Luengos siglos han pasado desde entonces; grandes vicisitudes ha debido sufrir Tarrasa durante su existencia secular, pero el vigor racial, la tenacidad laboriosa y el profundo amor al terruño de sus moradores, no desmentidos jamás, le han llevado a salvar todos los obstáculos, a vencer a cuantos enemigos se le presentaron, a crear abundantes fuentes de riqueza y de cultura, a llevar la fama de sus productos manufacturados a los más remotos países, a dignificarse por su propio esfuerzo ante todas las poblaciones laboriosas del país. Hoy, es Tarrasa uno de los emporios industriales más florecientes de España; una colmena humana en continua actividad; una población amable, instruida y discreta, en la cual el forastero se halla como en su casa; un alegre retiro donde las bellas artes florecen silenciosas. 6 Sociedad de Atracción de Forasteros alentadas por el espíritu de la tradición; un campo soleado para la formación de la juventud que equilibra el desgaste mental de sus estudios con las disciplinas del deporte al aire libre; una población noblemente democrática, liberal, enérgica, progresiva, amiga de todos los adelantos, afanosa de vivir y prosperar al ritmo de la civilización universal y de asimilarse rápidamente las conquistas del progreso. Las vetustas iglesias de la Egara visigoda, surgida de los escombros y cenizas de la primitiva colonia romana que se desarrolló al calor de la política de los césares, háblanle de siglos pretéritos, en los cuales los naturales del país gustaron ya las delicias del bienestar colectivo, afanosamente conquistado, sobre el agro generoso y defendido por el ejercicio de las armas, en tanto allí cerca nacía algo después, en torno al castillo señorial que reemplazó al castrum primitivo, tras la invasión agarena, el núcleo tarrasense laborioso y especulativo que, ensanchán¬ dose siempre, bajo el imperio de la ley, ha llegado hasta nosotros en plena eclosión. ¡Egara-Tarrasa! He aquí dos nombres que no pueden separarse después de las últimas investigaciones históricas, que han fijado y definido las respectivas siluetas de las dos poblaciones hermanas, hoy fundidas en un solo cuerpo y en un solo espíritu ciudadano. Egara representa el pasado patriarcal, creyente y heroico a un tiempo, con su amor inquebrantable a la tierra fecunda y generosa; Tarrasa, el ópimo presente nacido de un positivismo ingénito y de un continuado esfuerzo productor... Forastero que a Tarrasa llegas después de leer este desbalazado opúsculo, creyéndote suficientemente orientado para conocerla de cerca; si asi no sucede, si hallas su contenido defectuoso, si no responde a la idea que de ella te hubieres formado, disculpa al que lo escribiere, en gracia a su buena voluntad. Piensa, sin embargo, que la ciudad que vas a visitar, tiene un origen remotísimo; que tal vez sea la Egosa citada por Ptolomeo, esto es, la Ciudad Nueva de aquellos tiempos, alzada en tierra poblada de casti¬ llos; o la Egaya griega, convertida luego en la £'g·a7·a romana, que fué el primitivo núcleo urbano conocido en la antigüedad; que quizás su nombre, de aparición más cercana a nuestros tiempos, procede de Tierra rasa, o país asolado por la guerra {arrasat), o más probable¬ mente de Terrassa, o sea tierra gruesa, dura, difícil de trabajar, y que los agricultores tarrasenses han sabido convertir en un vergel, para dar potente muestra de su reconocida laboriosidad. No falta quien derive su nombre de Torrasa, en memoria a la torre, único resto del Palau. Las armas de la ciudad delatan a las claras su origen, pues en su escudo, dividido horizontalmente en dos campos, vemos bajo los palos heráldicos de Aragón, una torre o castillo, entre dos ramas, de laurel la una, y de roble la otra, símbolo de la gloria y de la fortaleza. /Jjsidcs de las iglesias visigóticas. EGARA-SAN PEDRO Creyóse durante muchos años que la antigua Egara y Tarrasa hablan sido una misma población; pero recientes estudios de notables historiadores, entre ellos el erudito José Soler y Palet, ilustre tarrasense enamorado de su ciudad natal, han logrado poner en claro que se trata de dos núcleos urbanos distintos, unidos por los lazos de la proximidad y de la común historia. Nada en concreto se sabe de la colonia romana de Egara, de la cual ni vestigios quedan, constando sólo que en el año 128 de nuestra era, el emperador Antonino Pío le concedió el título de ciudad muni¬ cipal, lo cual demuestra la importancia que había ya adquirido en tan remotos tiempos. Según las más probables conjeturas fué levantada Egara junto a un poblado ibérico existente en aquel lugar, lo cual queda comprobado por las tres monedas o amonoyas de ar^e-égara dadas a conocer por el numismático Antonio Delgado, similares a las halladas en Sagunto, así como por las toscas urnas cinerarias encontradas a un metro de profun¬ didad, el año 1897, en una finca rústica de las cercanías, algunas de ellas rudimentariamente decoradas; unas piezas de cerámica roja de Ampurias con variados dibujos; toscas sepulturas de carácter primitivo y diversos utensilios de la remota época colonial, algunos de proce¬ dencia fenicia, apoyan esta opinión. En cuanto a los escasos testimonios de la Egara propiamente roma- 8 Sociedad de Atracción de Forasteros Mosaico romano de la catedral de Egara. na quehan llegado hasta nosotros, cabe citar: varios restos de cimen¬ tación, ios aparecidos en ia finca Seriñá; las piedras fragmentarias como de construcción descubiertas en San Pedro de Tarrasa; ei mosaico de dibujo geométrico, formado por piedrecitas blancas, rojizas y grises aparecido en las excavaciones del cementerio; cuatro de ios capiteles de las columnas que sostienen ei cimborio de ia iglesia de San Miguel; ei receptáculo o baño de mármol blanco, que mide 2 metros de largo, por 60 centímetros de ancho y i y medio metros de profundidad; las importantes lápidas y el pedazo de friso empotrados en la iglesia de Santa Maria, dadas aquéllas a conocer por Pujadas, en una Crónica escrita en ifiqS, relativa, la una, a la concesión de los derechos de ciudad romana municipal, lo que traía anexo el privilegio de gober¬ narse leyes propias y de poder participar sus moradores de los por cargos, honores y derechos inherentes a la ciudadanía romana, siendo la otra de carácter sepulcral, por la cual Granía Athusa honra la memoria de su ópimo esposo Quinto Granio Optato, Duumviro de Egara y Tribuno Militar. La pujanza de aquel centro urbano le llevó en el bajo imperio a tener sede episcopal, en cuanto se desarrollaron en nuestro país las doctrinas cristianas, habiendo sido su primer prelado Irineo, por nombramiento del obispo de Barcelona Justiniano, firmado en el año 460, quien hallando sobrado extensa su diócesis, creyó necesario TARRAS A 9 crear otra que abarcara, según parece, las villas y pueblos del Bajo Llobregat. La cronologia de los ocho obispos que rigieron la diócesis alcanza hasta el episcopado de Juan, el cual hubo de ver la invasión agarena asolando Cataluña y sucumbir su catedral a la furia de los infieles. He aquí los nombres de los restantes prelados; Nebridio, digno herma¬ no de san Justo, obispo de Urgel, quien concurrió al concilio de Tarragona (5i6); Tauro, que tomó parte en el de Lérida (546); Ofronio, quien estuvo en el de Toledo (SSg); Ilergio, concurrente al celebrado en Barcelona (Sgg); Eugenio, que estuvo en el IV concilio toledano, y Vicente, quien no podiendo concurrir al octavo, convocado en aquella capital, hizose representar en él por su arcipreste Servando. En cuanto a Juan, el octavo y último obispo de Egara, sábese que estuvo represen¬ tado en el décimotercio concilio celebrado en Toledo (683) por su vicario Samuel y firmó el acta del décimosexto en la propia ciudad (6g3), fecha en la cual quedan truncadas las noticias de todos los obispados de Cataluña, no podiendo comprobarse si la población existió por algunos años más. En enero del año 614 hablase celebrado en la catedral egarense un importante concilio provincial, bajo la presidencia de Ensebio, arzobispo de Tarragona, al cual asistieron trece prelados, con objeto de autorizar con sus firmas los cánones referentes a la vida y a la honestidad de los presbíteros y clero, instituidos en el concilio de Huesca, celebrado el año 5g8. Fué en el 713 cuando los sarracenos penetraron en Cataluña, después de haberse apoderado del resto de la península, provocando el Basílica de Santa María, 10 Sociedad de A ti'acción de Forasteros éxodo de los naturales hacia las montañas: Tortosa, Barcelona, Vich, Gerona y muchas otras villas y ciudades fueron victimas de sus furo¬ res,y es de creer que Egara sufrió la misma suerte, sin que haya que¬ dado noticia alguna de la ciudad romano-goda, ni de su catedral. Hay que remontarse al siglo ix para saber que en el lugar de Egara fué levantado un templo de tradición visigótica con restos de construcciones roma¬ nas godas de dos y siglos atrás, aun cuando Riaño y Lam- pérez sostienen que éste no fué el de San Miguel, por pertene¬ cer al siglo V o al vi, habiendo sido respe¬ tado por los musul¬ manes en su ímpetu invasor. Es innegable que tuvo Egara su Seo con anterioridad a las actuales iglesias, y casi podrían preci¬ sarse sus dimensio¬ nes, a juzgar por los fragmentos hallados del mosaico que cubría su superficie interior. En cuanto a la iglesia de Santa Ma¬ ría sábese que fué consagrada en m 2, de lo cual resulta que el templo anterior- Lauda cristiana en la basilica de Santa María. « ,. , 1 1 • ' mente aludido, debió ser el de San Pedro. Carreras Candi, en su monografía de Castellbisbal, sienta la opinión de que la diócesis egarense desapareció junto con su basílica, cuando la invasión sarracena. Lassuposiciones hechas por diversos historiadores de que la ciudad visigoda fué destruida por los francos (año 799), los moros procedentes de Zaragoza a las órdenes de Abd-el-Kerim (SSa) o por las huestes de Almanzor (985), carecen de comprobación. El último documento en el cual se halla el nombre de Egara, es el II TARRAS A acta firmada en 1262 por el Abad de San Lorenzo del Munt, Guiller¬ mo III, a favor de Guillermo de Ficulnea de Sant Pere d'Egara, según consta en la monografía de dicho monasterio, escrita por el doctor Vergés. En cuanto San Pedro Tarrasa, co- mienza ya a fi- gurar en diver- sos documentos de comienzos '** ^ del siglo XI, época en la cual los árabes almo¬ rávides realiza¬ ron una incur¬ sión por nues¬ tras tierras, no pudiendo pasar del Panadés por haberles cerra¬ do el paso la inmensa barre¬ ra de castillos fe ud a les que defendían el curso del Llo¬ bregat. Los terre¬ nos hablan que pertenecido a la ciudad de Egara estaban pobla¬ dos otra vez, especialmente de campesinos BasíHca de Santa María.—Interior. naciendo un nuevo pueblecillo que se apresuró a construir su iglesia parroquial con los elementos arquitectónicos que halló a mano, cuya población durante los siglos X, XI y XII se llamó indistintamente San Pedro de Egara o de Tarrasa. El conde de Barcelona Berenguer III, a principios del siglo últimamente mencionado, vendió a Berenguer Sala y a Ermesindis un alodio con sus casas, huertos, molinos y masías, para edificar en lugar 12 Sociedad de A t ra^c c i ó n de Por asieras Iglesia parroquial de San Pedro. En primer término el Bautisterio de San Miguel. conveniente del mismo, una casa solariega con carácter de fortaleza, todo ello situado en la dicha parroquia de San Pedro y en lugar próxi¬ mo a Egara, lo cual dió motivo a la construcción del castillo al que por mucho tiempo se diera aquella denominación. Esa mansión señorial, de la cual quedan todavía importantes ruinas, era poseída en 1344 por doña Blanca de Centellas, viuda de don Ramón de Calders (según afir¬ maba el doctor Valles en 1663), cuya dama, queriendo fundar una car¬ tuja utilizando para ello un castillo o palacio propio, dotado de buenas posesiones, jurisdicciones y rentas, hizo donación a los padres de dicha orden del castillo y tierras de referencia, estableciéndose los monjes en su nueva propiedad religiosa, que pusieron bajo la advoca¬ ción de san Jaime, al cual dedicaron una capilla anexa al convento, bautizando el conjunto con el nombre de Cartuja de Vallparadís, tomado del torrente que pasaba a su vera. En el año 1416 la comunidad abandonó la residencia para trasla¬ darse a la de Montalegre, cerca de Badalona. En 1432 adquirió la cartuja-castillo mossèn Jofre de Sentmanat, según consta en el libro del bayle deTarrasa, correspondiente al propio año, en el cual se halla guardado el recibo original de un censo del año anterior, que aun percibía la comunidad, haciéndose constar al final del mismo, por el firmante fra Benet Far, de la orden de Santa Maria del Carmen, que la casa e castell es en la parroquia de Sant Pera de Tarrassa he ara es de Mossen Jojre de Sentmanat. La familia que lo adquirió de la comunidad lo conservó hasta iSSz, siendo adquirido por la de Mauri, que lo conserva todavía. TARRAS A 13 Según datos existentes en el archivo de la Corona de Aragón y enel Notarial de Tarrasa, el antiguo castillo de los Centellas jamás dejó de ser una casa fuerte, ni aún al quedar convertido en convento, pues en 27 de julio de 1374, unos comisarios reales, considerando la Cartuja fuerte y conveniente para la protección de aquellos lugares, orde- Unas mismas leyes y una sola autoridad regían la villa de Tarrasa y el pueblo de San Pedro, pero aquélla fué adquiriendo tal importancia, que llegó a arrebatarle la prioridad que recordaba la categoria de su iglesia y su autoridad judicial. Esta alteración de categorías vino a producir no pocos rozamientos y enemistades éntrelos hom¬ bres de ambas poblacio¬ nes, a las que sólo separaba el profundo barranco del sidad" dando acción ambos tarrasense, en libertad Ayunta¬ que^ de Bautisterio de San Miguel, Interior, ■ ■, . ■ Í mientos, refería a los impuestos y a la policía, y con una en cuanto se completa independencia en el orden económico, aun cuando no en la administración de justicia, pues dependía la de ambos pueblos del bayle de Tarrasa, lo cual produjo gran disgusto entre los hombres de San Pedro, que en modo alguno querían ser gobernados por una auto¬ ridad ajena a su población. Esta rivalidad no tuvo fin hasta que en 7 de agosto de 1800, el rey de España Carlos IV ordenó la total separación del Ayuntamiento de Tarrasa de la parroquia foránea de su jurisdic¬ ción, en virtud de cuya orden y a partir de ella, los municipios de Tarrasa y de San Pedro pudieron vivir en completa independencia uno de otro. Sociedad de A t r al c c i ó ii de Forasteros Enaquella fecha el consistorio de Tarrasa se componia de seis regidores, dos síndicos y dos diputados, y el de San Pedro de cinco re¬ gidores, dos síndicos y dos diputados. En 5 de abril de 1904, vióse derogado por otro el aludido real decreto de Carlos IV, quedando definitivamente incorporado a Tarrasa el municipio de San Pedro, heredero directo del romano de Egara, siendo elegido para formar parte de la corporación municipal de la ciudad, don Jaime Prat y Aróla, quien era segundo teniente de alcalde en el disuelto Ayuntamiento de su población. LA TARRASA HISTÓRICA Dando por el castillo foráneo próximo al pueblo aceptado que de San Pedro, no fué el de Egara, en torno al cual se tejieron varias leyendas, podría creerse que las tales tuvieron por escenario el castillo de Tarrasa, de remoto origen, también, pues parece fué edificado en el castrum tarrasense, haciendo referencia al mismo, la capitular de Carlos el Calvo, fechada en 814. El castrum de Tarrasa, subsistente todavía por aquel tiempo, fué sucesivamente poseído por los condes de Barcelona y por varios señores de la nobleza catalana, como a tal castillo, y por los reyes de Ara¬ gón más tarde, en el doble aspecto de palacio y fortaleza, sin que tomara el nombre de ninguno de sus posesores, en¬ contrándose en cambio en los archivos de la ciudad, docu¬ mentos en los cuales aparecen varios personajes que usan el nombre de Tarrasa, si bien sin ser señores de la villa, habiendo sido el primero Pedro de Ta¬ rrasa, no obstante no llevar tal apellido, puesto que en un documento del año 1135 se llama Petrus Vacitatus de Te- rracia; en otro posterior, Gui¬ llermo y Pedro de Astafort Jglesta ac San Miguel. Capitel visigótico , «v* - t\ de Transición. Qicen: qui juimos jilii Petri dl TARRAS A IS Terracia, lo cual hace suponer que era así llamado su padre, por haber nacido en ella o tal vez por vivir en dicha pobla¬ ción. En otra escritura del 1187 aparece un tal Arnaldo de Te- rra^a, quien tenia un hijo que se llamaba Guillermo de Cla¬ ramunt, probablemente por ser señor de tal lugar y preferir este titulo al paterno. Probada la existencia simul¬ tánea de los dos castillos, el foráneo de Vallparadis y el terminal de Tarrasa, sin que ninguno de los dos fuera el de Egara, podemos decir que den¬ tro del recinto de la villa primi¬ tiva existió un palacio-castillo, del cual resta todavía una torre, Iglesia de San Miguel. Capitel rotnatto. y que la tradición ha seguido llamando calle del Palau a una que se supone lindaba con el mismo, nombre que fué substituido por el de Cremat, después de su incendio por las tropas de Felipe V procedentes del cerco de Barcelona, y que también perpetúa la memoria de la residencia real, la riera de Tarrasa, llamada del Palau, porque pasaba junto a sus muros. Quienes levantaron la primera construcción señorial por encargo de la casa condal de Barcelona, lo hicieron siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, sobre los restos del antiguo Casírum, rodeándola de murallas, desarrollándose luego a su amparo la primitiva población de la reconquista. Numerosos documentos presentan el palacio de Tarrasa como cas¬ tillo jurisdiccional, al cual pertenecían las parroquias de San Pedro de Tarrasa, con sus sufragáneas de San Julián de Altura y San Vicente de Junqueras; la de San Quirico de Galliners y su sufragánea de San Félix de Milanys, asi como las de Santa María y San Miguel de Taudell y la de San Martin de Sorbet. incorporación a la corona real del Castrum y Por la bula de villa de Tarrasa, por Pedro III en julio de 1343, queda firmada demostrado que los condes de Barcelona fundaron la población para ellos, ennobleciéndola desde su origen y dándole feudatarios y caste¬ llanos, que probablemente eran dueños de otros castillos sujetos a su autoridad. Sociedad de Atracción de Forasteros En el año 1373,temiendo ios tarrasenses ios daños que en sus per¬ sonas ybienes pudieran causar las mesnadas de Bertran de Claqui (Duguesclin), al entrar en la villa, a su regreso a Francia, la abandona¬ ron, refugiándose en la cartuja de Vallparadís, a la cual se llevaron también a Bernardo Guitart, quien se hallaba en la cárcel tarrasense, inculpado de varios crímenes, para que no lo mataran los franceses, teniendo que ser reclamado enérgicamente, una vez pasado el peligro, por Pedro Torrens, batlle -per el Senyor Rey al castell de Terrassa. Dice Pujades que los reyes francos habían igualado en privilegios a la ciudad de Barcelona y a los caballeros de Tarrasa, y viene a demostrar la creciente importancia de la población, el hecho de que en una dona¬ ción del conde Berenguer 111, aparece por primera vez el nombre de Sancti Petri di Terraccía, al ser citada la parroquia de dicho pueblo. San Pedro conservó el régimen eclesiástico de las dos poblaciones hasta el siglo xvii, teniendo Tarrasa siempre la bailla dominial y siendo residencia del consejo, no resultando bien definidos los dos Ayuntamientos de Tarrasa y de San Pedro, hasta el siglo xviii. Los habitantes de Tarrasa eran dados más que a la agricultura, al comercio y a la industria, a causa del emplazamiento de la villa, a la cual afluían los vecinos de los pueblos próximos; tanto fué así, que el infante Martín, en el año 1391, les otorgó el derecho de celebrar mer¬ cado todos los miércoles. Entre tanto, Tarrasa se enriquecía con su trabajo y aumentaba de moradores, lo cual llevó al rey Pedro III a concederle el privilegio de amurallar fuertemente el caserío, flanqueán- Iglesia parroquial de San Pedro.—Interior. T ARRAS A 17 dolo de fuertes torres y rodeándolo de fo¬ sos, debiendo contri¬ buir a sufragar el costo de dichas obras, los vecinos y los que vivieran fuera del re¬ cinto, con el derecho, sin embargo, de reco¬ gerse en el mismo, cuando las circuns¬ tancias lo hiciesen necesario. Una industria floreció más que las otras en Tarrasa: la de pañería, que ya en iioo hablase dado a conocer de todas las ciudades mediterrᬠneas. En el siglo xiii sostenia Tarrasa dos galeras que comercia¬ ban por el puerto de Barcelona con .Italia con el extremo Oriente, donde los judíos preferían sus géneros â los de otros Retablo románico de la parroquia de San Pedro. países. El rey de Ara¬ gón Alfonso VI, sintiéndose proteccionista, ordenó el año 1422, asussúb- ditos, que fuesen usados para vestir los géneros del país y decomisados los que vinieran del extranjero. En 1609 fundóse un convento de PP. Reco¬ letos, en el cual se montó una fábrica de tejidos de lana que desapareció un siglo después, para ensanchar el paseo de la ciudad. Iban desarro¬ llándose con grande impulso la fabricación textil y sus anexos, cuando la guerra de la Independencia dió al traste con aquel florecimiento industrial y comercial. Sin embargo, unos años después, reanudóse el trabajo con nuevo impulso: en 1833, se levantó la primera fábrica de vapor, que se cree fué la segunda de España, de la cual queda una parte en el llamado Vapor de la Compañía; en iSqS comenzaron a funcionar con éxito los primeros telares con máquina Jacquart; en el Vapor Gran, inaugurado el año tSSg, fueron instalados los primeros telares mecᬠnicos (1863), y dos años más tarde, hallábanse en marcha las primeras i8 Sociedad de Atea·.cción de Forasteros secfaltinas,y en el antiguo vapor Busquets, las primeras máquinas para el lavado de la lana. Que fué la industria lanera la gran impulsora del desarrollo de Tarrasa, lo declararon ya sus síndicos, en un documento datado en i5i2, al decir: que vuy entre los altres havers si ja gran draperia e gran gent extrangera ve a po¬ blarse... e molt més se n'hi poblarà. Ello dió motivo a que se permitiera edificar nuevas casas alre¬ dedor del palacio- castillo. Carlos I, en un otorgamiento, teniendo conoci- miento del desarrollo de la villa Tarrasa, cuyos habitantes, dice, no caben en ella, les da licencia para edijicar nuevas casas y habitarlas, siempre y cuando las paredes sean lo suji- cientemente juertes a juicio de los síndicos para resistir en ellas sus moradores. No obstante la edificación de nuevas Pintura miira-I la absiidiola de Sajvta María. ûii casas, hízose pronto imposible albergar a todos los vecinos, empezándose la construcción fuera de las murallas, hablándose ya en i56o de la «vila nova», demostración palmaria de que el crecimiento urbano era rápido e importante. El perímetro de las murallas que cerraban la «Vila Vella», que se formó alrededor del palacio, recorría la calle del Vall, de la Unió y de Vilanova, seguía por la parte posterior del castillo, para ir a parar a la calle de las Bitlles (hoy de la Palla), continuando por el espacio que ocupa el ábside de la parroquial del Santo Espíritu, para llegar al Portal Nou, junto a la Rutila. Retablo de San Miguel. 20 Sociedad de Atracción de Forasteros Cuando por el año 1662 hubo la división de la Universidad tarra- sense para crear la de San Pedro de Tarrasa, aquella contaba 700 casas con una población de unos 3.000 habitantes, en tanto que San Pedro tenia 285 casas y unas i.Soo almas de población; en cambio, su territo¬ rio era mucho mayor que el villa, a causa de ser su ^ V ^término eminentemente agri- MS ''Í 'contenia diversos caseríos - rurales y gran número de ^ ^ ^ casas de campo. W Durante el reinado de ^ Carlos 111 las industrias tarra- '^1.^ senses hubieron de sufrir una importante crisis, pero una disposición real de 1786, que promovió el establecimiento de escuelas de hiladores en los pueblos de Calders, Roca¬ fort, Talamanca y Mura, vino a dar nuevo impulso a las manufacturas laneras, ocu¬ pándose en las diversas mani¬ pulaciones no sólo la mayo¬ ría de los tarrasenses, sino mucha gente de los pueblos cercanos, como Matadepera, Sant Feliu del Recó, Relli- nás, Vacarisas, Castellar y el propio San Pedro. En el año 1800 tenía Tarrasa veintiséis calles, con un total de 746 casas, y aun Retablo de San Miguel. Figura principal. CUandO la InVaslÓn napoleó¬ perjudicó a la ciudad, nica llevándose algunos de los vecinos más patriotas, éstos al a Francia volver, trajeron a su patria los adelantos que en la industria lanera francesa pudieron observar, los cuales fueron aplicados en nuevas fábricas surtidas de moderno utillaje mecánico. Para dar una idea del desarrollo urbano de la ciudad bastará decir que en 1828 contaba con 4 205 vecinos; en 1861 con 8.873; i888, año de la Exposición Uni¬ versal de Barcelona, alcanzaba 11.931, que subieron a 15.540 en el año 1897 y a 25.985 en 1910, para llegar a los 30.532, en 1921 y por fin, a 37.208 en el censo de 1928. 22 Sociedad de A t ra^c c ió n de Forasteros Elpueblo de San Pedro de Tarrasa sufrió menos transformaciones. Las de la calle del Castell son casi las mismas de dos siglos atrás; casas existe todavía el tipleo callejón de Câl Fabà, si bien como a la calle Mayor le han quitado parte de su carácter las construcciones modernas. El hondo torrente Mouner, como un profundo foso natural, sepa¬ raba materialmente las dos poblaciones, quejándose los tarrasenses de tenerlo que atravesar para cumplir sus deberes religiosos, así como los vecinos de San Pedro, por la frecuencia con que tenían que acudir a Tarrasa para sus menesteres, lo cual dió motivo a que en el año i558, se pusieron de acuerdo para construir un puente que, salvando el obs¬ táculo, facilitase sus rela- pspK g clones. A pesar de los bue- -.JÊÊÊÊÊÊÊÊÊÊSS. ■ propósitos de ambas li 1 ^ partes, no comenzó su construcción hasta fines de siglo, siendo su encar- gado el albañil, mestre de cases Ramon Goris. Varias *.>, Frater¬ nidad Republicana y 1 a Escola Choral que, convertida en Orfeó, pasó a dirigiren 1904 el maestro Juan Llon- gueras, a quien se debe la creación de las danzas plásticas y la gimnasia rítmica, cuyas primeras inter¬ pretaciones de tradi¬ ción helénica, se die¬ ron por los peque- ñuelos de Tarrasa, en su propia ciudad, con un éxito completo. El Salones de Casa Vinyals. Or/eÓ, COn SUS treS secciones, de hom¬ bres, señoritas y niños, ha dado notables conciertos en la Associació' Wagneriana de la capital, habiendo realizado triunfales excursiones, artísticas a Gerona, Valencia y Mallorca. El Centre Social dispone del Esbart Dansaire, agrupación coreo¬ gráfica que ha alcanzado muchos aplausos. La música hállase cultivada por la veterana orquesta La Antigua Trullassos, el Quintet Armengol y la cobla La Principal, que se dedica especialmente a la interpretación de sardanas. El excursionismo cuenta con la benemérita entidad Centre Excur¬ sionista de Terrassa, el cual dispone de un interesante Archivo. También el deporte al aire libre, que es cultura física, tiene fuertes, raigambres, pues data la adhesión al fútbol, desde el año 1906, en el cual unos estudiantes de la Escuela Industrial formaron el primer T ARRAS A 45 equipo local bajo el nombre de Young-Club; pero para ver el resultado de esta iniciativa, hay que remontarse al 2 de marzo de 1913, con la inauguración del campo de En Balil que posee todavía el F. C., el cual tiene ganadas 96 copas. El rugbi, ha reunido también numerosos y entusiastas adeptos, no faltándole tampoco al tennis. Natural es que un pueblo instruido y trabajador como el tarrasense, cultive el cooperativismoj y la mutualidad, y que la previsión y la beneficencia cuenten con importantes organismos, pues también las clases adineradas han contribuido a ello, siendo una gallarda muestra de su actuación, el Asilo Busquets, para hijos de los obreros; el Hospital de San Lázaro y la Casa de Cari¬ dad son establecimientos bien montados en su género. No obstante su proximidad a Barcelona, a cuya metrópoli pue¬ den trasladarse los tarrasenses en una hora, el movimiento econó¬ mico local exigía la creación de una entidad bancaria propia, que pudiera prestar en el acto los ser¬ vicios de banca y bolsa, sin obligar a los interesados a desplazarse, tras un afortunado ensayo parti¬ cular y la aparición del Banco Comercial de Tarrasa, establecie¬ ron sendas sucursales el Banco de Bilbao, el Crédito Hipotecario y el Banco Hispano Americano. Hemos reunido a continua¬ ción algunos datos estadísticos que hablarán más elocuentemente que nosotros, respecto a cómo se hermanan perfectamente en la laboriosa ciudad vallesana, la cultura y el trabajo. A mediados del siglo xvm STarrasa y sus alrededores, con una población obrera de 13.600 personas, contaba apenas con un millar de campesinos, resultando por tanto insuficiente la producción agrícola para sus propias necesidades. Sólo Barcelona^y sus aledaños pueden competir actualmente con el conjunto de las ciudades de Tarrasa y Sabadell en cuanto a concentra¬ ción industrial. La industria lanera, preponderante en la primera ciudad, tiene un movimiento de 176.000 husos (pues) y 2 364 telares que dan ocu¬ pación 6.758 obreros de ambos sexos, representando las dos ciudades a vecinas juntas, más de las dos terceras partes del utillaje y de los traba¬ jadores ocupados en España en esa clase de fabricación. En el ramo del algodón hace trabajar Tarrasa solamente 4.000 husos y 200 telares. 46 Sociedad de Atracción de Forasteros con 36o^obreros, cambio, cuenta con la importante fabricación pero en de géneros de punto, en la cual hallan ocupación 2.864 obreros. Era naturalmente lógico que junto a las industrias textiles se desarrollaran las manufacturas complementarias de las mismas, como aprestos, tintes, construcciones mecánicas y otras menos importantes, las cuales dan ocupa¬ ción a 2.690 personas. También la metalur¬ gia alcanzó impor¬ tante desarrollo, con¬ tando en sus diversos trabajos, con 1.300 operarios. Tenemos, pues, que sólo el cen¬ so de los obreros in¬ dustriales, hombres y mujeres, alcanza la cifra de 13 802 perso¬ nas. En cuanto a la clasificación de las industrias (en Tarrasa son cono¬ cidas todas), puede decirse que de las 300 fábricas y talleres con que cuenta, las más numerosas, son las siguientes: de apres¬ tos y acabados, 55; de tejidos de lana, 40; tejidos de algo¬ dón, 28; de lanas Calle de San Pedro. regeneradas, 19; de hilados de algodón, 19; de peinados de estambre, 17; de hilados de estambre, i5; de hilados de lana, 12; de lavado de lana, 11 y 8 de géneros de punto. El desarrollo de la Escuela Industrial, demuestra cómo ama la juventud tarrasense los estudios profesionales que contribuyen al desarrollo y al perfeccionamiento de las industrias características de la ciudad: en el curso 1927-28, cuyos datos tenemos a mano, se matricu¬ laron 460 obreros en la sección Elemental del Trabajo-, 936 en la de TARRAS A 47 Auxiliares Técnicos y i8 en la de Ingenieros, habiéndose expedido 14 títulos de perito mercantil, 8 de perito electricista, 14 de perito quí¬ mico, 13 de perito textil y 6 de ingeniero industrial. El promedio de alumnos que asisten diariamente a la Escuela Elemental del Trabajo, es de 300, siendo de notar que todos ellos son obreros que están ocupa¬ dos durante el día, por lo cual tienen que recibir de noche las corres¬ pondientes enseñanzas. Además, concurren a las escuelas municipales y particulares de primera enseñanza más de 5.200 alumnos de ambos sexos y a los cursos especiales, unos 400. Recientemente ha sido colocada la primera piedra de un nuevo grupo escolar, dedicado a honrar la memoria del distinguido publicista tarrasense, José Roca y Roca. « INVENTARIO TURISTICO La visita del turista a Tarrasa debe empezar cru- zando el viejo puente tendido sobre el torrente de Monner para entrar en el Grupo Escolar y plaza de Clavé. recinto donde s e hallan las iglesias visigóticas. Atraviésase el muro que lo cierra tres por un portalón que da entrada a un reducido espacio y que tiene un escudo de piedra de doble dibujo, con los cuatro palos (vulgarmente barras) catalanes, sujetado por dos leones que se supone representan a Aragón y Cataluña; sobre el portal abre sus brazos una cruz labrada del siglo XV y de sencillo estilo renacimiento. A mano izquierda de dicho patio y sobre una larga galería de pocos escalones, vese la antigua iglesia parroquial de San Pedro, cuya cons¬ trucción data del siglo xii, menos el crucero que se supone del vi. Su descripción está ya hecha al tratar de las iglesias. El altar nuevo inau¬ guróse en 30 de mayo de 1926. Las dos campanas más antiguas fueron fundidas, respectivamente, en 1627 y en 1830; pesa la primera 20 quinta¬ les, siendo el peso de la segunda de 12 quintales. La iglesia cuenta con dos campanarios, uno grande y otro pequeño, construido sobre el ábside. A los datos ya expuestos referentes a la iglesia de Santa María, 48 Sociedad de Atracción de Forasteros puede añadirse que en 1917 fueron descubiertos varios trozos del pavi¬ mento que había sido de la catedral de Egara y un mosaico en el cen¬ tro, con una gran estrella y la simbólica figura cristiana del pez. A mano izquierda de la fachada halláronse sepulturas sencillas del siglo VI, cubiertas con las características tejas romanas. Guárdanse en este templo los retablos de San Miguel llamado de La Piedad y el de los santos Abdón y Senén, conocido por deis Sants Metges. Tiene la iglesia un campanario interesante, y bajo el altar mayor guarda los cuerpos de los mártires de Zaragoza, santos Julián, Valentín y Severo. El curiosísimo Bautisterio de San Miguel hallábase poco menos que abandonado, a causa de su estado ruinoso; pero, en la visita que le hizo el obispo Gatalá, de Barcelona, el año 1884, dióse cuenta de que amenazaba desplomarse el arco de entrada y estaba agrietada la pared que da al mediodía, la cual sólo se sostenía por unos pilares de madera, empezándose las obras de consolidación el mes de mayo del propio año, bajo la dirección del arquitecto Francisco de P. Villar. El año 1907, el cardenal Casañas, dió autorización para que se suspendieran los enterramientos, con objeto de verificar excavaciones en el cemente¬ rio adjunto, no podiendo éstas realizarse hasta veinte años después, según dispone la ley, descubriéndose con la remoción de tierras los lucernarios de la cripta. Las tres iglesias por sí solas, junto con los mosaicos puestos a la vista y los objetos que se guardan en el Museo Rectoral, pueden satis¬ facer sobradamente la curiosidad de los amantes de la arqueología y del arte cristiano. Hállanse en el mismo, una pica lisa romana, de mármol Paseo de Garda Hernández. T ARRAS A 49 blanco, fragmentos de unsarcófago cristiano en el cual se ve a Jesús bendiciendo los panes y los peces; dos capiteles romanos de mármol y piedra, respectivamente, y de buena labor; varias lápidas antiguas; la cruz gótica y el escudo que estuvieron sobre el portal de entrada al recinto de las tres iglesias; una imagen de la Virgen en talla de madera, que pertenece al siglo xiv; unos bellos candelabros góticos de hierro forjado, los notabilísimos fragmentos del retablo de San Pedro, de una brillante policromía y otros variados objetos encontrados en el lugar y que allí se guardan como oro en paño. Siguiendo por la linde del torrente hacia el cementerio de Tarrasa, hállase el castillo de Vallparadís que es sólo un montón de ruinas, desnudas de fo¬ sos y de defen¬ sas; puede apre¬ ciarse la puerta de entrada que cerrara el puen¬ te levadizo, y en el patio interior, unas arenacio¬ nes góticas, re¬ cuerdo de la Cartuja que en él estuvo insta¬ lada. No obs¬ tante el ángulo derruido, la mole de piedra de la fortaleza impone todavía por sus proporciones. En la finca que dominaba el valle, hoy finca casa Canela, (calle de Serrano), puede verse un portalón blasonado con el escudo de la familia Calders y una artística gótica, en la cual están hábilmente esculpidos mons¬ ventana truos y animales que sostienen un elegante arco en ojiva. Ya en la ciudad, debe visitarse la iglesia de San Francisco de Asis, con su Hospital y Casa de Caridad de San Lázaro. Pasando por la calle de la Creu Gran se puede ver la cruz de estilo renacimiento, bellamente esculpida, que se supone dividía los términos de Tarrasa y de San Pedro y de cuyo basamento manan cuatro chorros de agua cantarína. La visita a la parroquial del Espíritu Santo, sita en la plaza Mayor, debe de ser completa y detenida, por lo mucho y bueno que encierra, pasando luego a ver el torreón que asoma a mano derecha, único resto del palacio-castillo de Tarrasa, en el cual se abre una ventana de arco rebajado del que pende un primoroso encaje de piedra. Esta torre forma parte del domicilio del notario Badía, cuyo señor Sociedad de Atracción de Forasteros tiene instalado en su interior el archivo de protocolos, con docu¬ mentos de comienzos del siglo xiii. No en la calle del Canterer esquina a Baix Plaça, lejos de allí, existe una típica casa del siglo xvi, con su portal de medio punto y una ventana ajimezada en el primer piso. También son casas seculares las del Petit de la Galera, sita en la calle últimamente aludida, que tiene en el piso alto una ventana con los típicos festejadors, y la Casa del Baró, así llamada por pertenecer a la baronía de Corbera, cuyo edificio, renovado en la fachada, muestra su aire señorial en la propia plaza de la República. En las calles indicadas y en sus inmediatas pueden verse varios edificios de los ^ siglos XVI y XVII, : sus deta- i\X\ góticos ^ue por lo ca- Jpfl-! racterísticos, se hacen acreedo¬ res cuando menos al saludo del turista. Los ricos fabri ca ntes tarrasenses le¬ vantaron en los siglos xvin y xix Mercado de la Independencia y Rambla de Egara. grandes Case- rones de senci¬ llas fachadas y ostentosas habitaciones, en las cuales se fundían la riquezay el buen gusto. Algunas de esas casas desaparicieron ya; otras han sido habilitadas para domicilio de diversas entidades, como la casa Suris la calle de San Pedro, ocupada por el Casino del en Comerç añadió a las bien decoradas habitaciones un lujoso que salón de baile, hoy convertido en café. La casa Alegre, de la calle del Norte, de aspecto moderno, construida en 1869, aunque no muy espaciosa, tiene en sus jardines bellos fragmentos de claustros románicos y góticos procedentes del monasterio de San Pedro de las Fuellas, de Barcelona, obra de los siglos xii y xiv, respectivamente. Dos edificios quedan que, por la importancia de su decoración mere¬ cen ser visitados; el uno, la casa del Patricio Sagrera, que fué adqui¬ rida por don Francisco Alegre para propio domicilio y substi¬ tuida por otra nueva, sita en la calle de la Font Vella, número 27, siendo respetados para llegar intactos hasta nosotros, tres her¬ mosos salones, decorados con buenas pinturas al temple, del siglo TARRAS A 51 dieciocho; represéntase en los plafones del primero, fantasiosos episo¬ dios de la conquista de Méjico por los españoles, desarrollados con un buen sentido del arte decorativo; en el segundo, se desenvuelven en varios recuadros, los hechos más notables de la vida de Salomón, siendo la ejecución de tales pinturas más diestra y primorosa que la de las anteriores; del tercer salón consérvase tan sólo el elegante techo, en el cual se desatacan varias escenas bíblicas, muy bien combinadas y pin¬ tadas con singular destreza. Sábese que las pinturas que cubrían los entrepaños, eran también notables, pero las tropas napoleónicas se las llevaron durante la ocupación de la villa. Otra de las mansiones señoriales tarrasenses que nos recuerdan la riqueza de sus ostentan lujosa " î decoración ar- , . , Plaza de la Repúbhca, tistica. i raíase de pinturas mu¬ rales anónimas, ejecutadas a principios del siglo xix, reveladoras de un talento pictórico que sabía presentar los asuntos con el atractivo y la grandeza propios del género, siendo de lamentar que el haber sido destinado el inmueble a la explotación del inquilinato, perjudique grandemente a esas obras de un interesante valor documental, refe¬ rente a la Tarrasa del siglo pasado, y aun amenace con su lamentable destrucción. Siguiendo nuestro inventario de curiosidades tarrasenses, hemos de mencionar forzosamente las Casas Consistoriales, con su severa facha¬ da gótica, su salón de sesiones y su Galeria de Tarrasenses Ilustres; el grandioso Colegio Tarrasense, con sus espaciosos jardines; la Caja de Ahorros, de elegantes líneas; el Centro Médico, perfectamente dotado, en su hermoso edificio; el Banco de Tarrasa-, las magníficas escuelas del moderno Grupo Escolar-, la institución El Seguro Tarra¬ sense, especialmente dedicada a asegurar a los obreros contra el riesgo de los accidentes del trabajo; el Mercado, construido no lejos del 52 Sociedad de AtrOicción de Forasteros Ayuntamiento, en el lugar antes conocido por el Pla dels Ametllers y el conjunto de edificios que forman la Escuela Industrial, en cuyo patio central levántase un sencillo monumento a la memoria del profe¬ sor Gali, que fué el alma de la misma. Un bonito edificio que merece párrafo aparte es el Teatro Princi¬ pal, especialmente por su fachada monumental que responde al estilo clásico-moderno; compónese de tres cuerpos; en el central y sobre tres portalones, más espacioso el principal, se levanta una esbelta columna¬ ta de elegantes capiteles, que sostienen una sencilla cornisa-friso sobre cuyos extremos se levanta un gran arco de medio punto, apoyado en un juego de pilares, del centro del cual emerge un cincelado escudo de la ciudad, sobre la cornisa y en un punto medio, sostenido por dos figuras sen¬ tadas. En los cuerpos latera¬ les y a la altura de la columnata, ábrensegrandes y sendos venta¬ nales con> una hermosa estatua en cada uno de Escuela Industrial. ellos, y sobre estas aberturas, otras de forma circular, más pequeñas y a manera de hornacina, en las cuales ha sido colocado el respectivo busto del actor Juan Prat Ubach y del compositor Emilio Daura y Oller, ilustres tarrasenses, los dos. La parte alta del cuerpo central corónala una estatua de la Gloria. El interior de este coliseo, no tanespacioso como fuera de desear, está bien decorado y produce el mejor efecto. En cuanto a cabida cuenta con 200 butacas y 20 palcos en el patio; 21 palcos en el primer piso; 12 palcos y 90 butacas colocados en tres hileras en el segundo y 110 asientos fijos y 400 de entrada general en el tercero. Sobre el vestí¬ bulo hállase una buena sala foyer, decorada también con gusto. En cuanto al talón de boca, es una buena obra de Salvador Alarma, habién¬ dolo pintado el celebrado artista para el anterior Teatro Principal. En este teatro estrenó Ignacio Iglesias su drama Els Emigrants en 24 de junio de 1916, desempeñando por sí mismo el papel de «Jacob», el protagonista. Otras salas de espectáculos posee Tarrasa: el Teatro del Recreo TARRAS A S3 inaugurado la ópera Aída-, el Teatro del Retiro en el cual en 1912 con solia actuar la aplaudida compañía del Teatre Romea, de Barcelona, y el Teatro Alegría, con una cabida de 2.000 espectadores. En cuanto al elegante Cine Catalunya, que puede también ser habilitado como teatro, fué inaugurado en marzo de 1916 y tiene cabi¬ da para 1.260 espectadores. En él se dan películas sonoras. U" No puede en modo ^ alguno excusarse la visita profanas, un centenar de ^ 1 t ' ^ Teatro Principal. piezas de cerámica perte- necientesa diversas épocas y otros objetos de uso domésticoy de arte suntuario que completan las valiosas colecciones allí reunidas. Con el caudal de libros del difunto, y el de sus legadas colecciones, más los elementos bibliográficos y artísticos que el Ayuntamiento poseía y pudiera ir adquiriendo en lo sucesivo, acordó el consistorio proceder la fundación de un Museo Biblioteca Municipal, instalándo¬ a lodignamente en la calle solariega del testador, calle de la Font Vella, número 28, que también formaba parte del legado del ilustre PLANO DE TARRASA 1. Iglesias románicas. 15. Casa Suris (San Pedro, 39. Casino del Comercio). 2. Castillo de Vallparadis. 16. Círculo Egarense (San Pedro, 48-50). 3. Casa Canela (o. de Serrano). 17. Instituto Industrial. 4. Puente de San Pedro. 18. Casa Vinyals (Avda. 11 septiembre, 46). 5. Escuela Industrial. 19. Casa Consistorial. 6. Iglesia de San Francisco (Hospital). 20. Mercado. 7. Cruz gótica de piedra. 21. Estación de los FF. CC. de Cíataluña. 8. Casa Sagrera (Font vella, 27). 22. Asilo Busquets. 9. Biblioteca-Museo Municipal (Font vella, 28). 23. Restos del claustro de San Pedro de las Puellas ID. Iglesia del Espíritu Santo. (Norte, 73). 11. Torre de la plaza. 24. Estación F. C. del Norte de España. 12. Casas interesantes s. xvi y xvii. 25. Teatro principal. 13. Escuelas Pías. 26. Casa Barón de Corbera (Font vella, i). 14. Casa Amat (San Pedro, 25. Banco Hispano Ame¬ 27. Casa Jover (c. de la Rjutlla). ricano). 28. C^ja de Ahorros (c. Baix Plaça). TARRASA 55 patricio, destinándose a Museo la parte delantera del primer piso y a Biblioteca la posterior. Una sencilla lápida de mármol, colocada en la fachada del edificio, expresa el agradecimiento de la población con la siguiente leyenda; A la bona memòria d'En Josep Soler i Palet, qui fundà aquest Museu-BiBLIOTECA, en sa casa pairal i el dona a la Ciutat. El visitante, que se verá atendido por doquier, puede dirigirse a la Sociedad de Atracción de Forasteros de Tarrasa, constituida en el local de la Asociación de la Prensa para dar toda clase de informes de carácter turístico, y de gustarle las organizaciones complejas y perfec¬ tas, nodejará de visitar el Acondicionament Terrassenc. Asimismo estará bien que visite los centros frecuentados por la buena sociedad local, como el Casino Mercantil, el citado Circulo Egarense y el Gran Casino y entre las sociedades obreras el Casino de Artesanos. La asociación Els Amics de les Arts, celebra con frecuencia exposi- , ciones de dibujos, pinturas y esculturas. Como broche que cierra este rápido inventario turístico, podemos aludir a la reciente fundación del Radio Club Tarrasa, con su estación emisora y receptora. Hemos de aconsejar a los lectores que para realizar fácilmente la visita de la ciudad de Tarrasa y poder apreciar debidamente cuanto de notable encierra, utilicen el plano que se acompaña, formando su itinerario de acuerdo con los números correspondientes a la situación de las cosas de mayor interés para el forastero. LOS ALREDEDORES Hemos aludido en un principio a la belleza del paisaje tarrasense, a la cual contribuye en gran manera la pompa veraniega del viñedo y al esmero del cultivo, que da diversas tonalidades a las tierras de labra- dio, asi como la abundancia de bosques de pinos, respetados todavía por la codicia de los hombres, y la delicia del agua, ora manando de la roca dura, ora dormitando prisionera, velada por la opulencia de la vegeta¬ ción. Más allá del vetusto barrio histórico, de la ciudad moderna con su ajetreo acelerado de fábricas talleres, con el tragin de los camiones y y de los trenes en marcha que se llevan la producción industrial, pueden hallarse aún varios remansos sosegados, deleite de los ojos y del espíritu: el caudaloso manantial de Els Caus, con su chorro copioso de agua pura, la procedencia de la cual se ignora y que constituye un elemento esen¬ cial de vida para la ciudad; los soberbios almendrales de Can Oros, retorcidos y enormes, que todos los años ofrecen a la primavera el tesoro de su alba floración, y luego su delicado fruto; el pantano del S6 Sociedad de Atr^acción de Forasteros Guitart, alimentado por ei torrente Xuriguera, al que el utilitarismo industrial ha puesto una enorme barrera, aumentando con ello la belleza del paisaje que se refleja en el enorme espejo rizado de sus aguas embalsadas; la colo¬ nia estival de Les Fonts, con su casa solariega convertida en hotel, sus nume¬ rosos caños de agua fresca y salutífera y sus lindos chalets rodeados de jardines, lugar de reposo de los tarrasenses pu¬ dientes, situado ca¬ mino de Barcelona, en sitio ameno que circunda orgia una de espesos bosques de pinos; la intere¬ sante iglesia de San Cristóbal; la ermita del monasterio de las monjas de Santa Mar¬ garita; el ábside ro¬ mánico, en ruinas, de laiglesia del convento situado en Puigbanal; el pueblecillo de San Quirico, con su anti¬ gua iglesia y sus bien cultivadas /eixes que, orgulloso de tener ferrocarril, Casas pugna por conver- Consistoriales. . . , tirse en una estación veraniega próxima a la capital, la abrupta montaña de San Lorenzo del Munt, constituida y por potentes bancos de conglomerado que alcanzan i.ogS metros de altitud, situada a ocho kilómetros de Tarrasa, excursión obligada de los amantes de la naturaleza bravia. En aquella altura y sobre la cima de La Mola, hállase situado el monasterio que domina uno de los más extensos y bellos panoramas que pueden verse en Cataluña, destacán¬ dose los peñascos montserratenses de Castellasses, Drac y Cavall Ber- TARRAS A 57 nat. Hay en la montaña hondas simas; Castell de Can Pera metros de (no profundidad); David, de 85; la del Club, de 70. Entre las cuevas deben citarse la Simanya, que tiene un gran vestíbulo adornado de estalactitas, seguido de tres galerías con un recorrido de del 366 metros; la Frare, de más de 5o metros de profundidad y las deis Obits, de las Animes, de Santa Agnès y del Drac. El primer documento que habla de la población de la cima de La Mola, refiérese a la fundación de un monasterio año benedictino, en el 872, cuyos primeros abades mitrados aparecen en 1104. El monas¬ terio actual fué con¬ sagrado en 23 de junio de 1064, por Berenguer, obispo de Barcelona, residiendo en él la orden bene¬ dictina hasta 1592; fecha en la cual pasó a Lérida la comuni¬ dad. El monasterio quedó abandonado hasta 1868, en que, a iniciativa del doctor Antonio Vergés, se reconstruyó sus par¬ tes más deterioradas y fué dignamente res¬ taurado. El nombre de San Lorenzo débe¬ lo la montaña al mo¬ nasterio edificado BibUoteca-Mus&o Soler y Palet. bajo esta advocación. Unos pocos minutos de auto o de ferrocarril llevan al turista a San Cugat del Vallés, riente pueblo vallesano que vino a substituir al Cas- trum octavianum de la época romana, allí situado, y que contiene los restos de un monasterio, consistentes en un claustro románico, tal vez el más notable de Cataluña por sus numerosos y bien trabajados capiteles, labrados por Arnaldo Cadell en el siglo xi, y su espaciosa iglesia, romᬠnica hasta el crucero, y gótica de él a la fachada principal, en la que se abre espléndido rosetón calado; son notables el altar mayor y varios un sepulcros antiguos, entre ellos el del abate Odón. También es la de Montserrat otra atractiva excursión, pero la cele¬ bridad de la montaña y la de los monjes benedictinos que desde siglos atrás ocupan el monasterio en cuya iglesia se venera la imagen de la Virgen, la Moreneta de los catalanes, nos excusa toda descripción. 58 Sociedad de Atracción de Forasteros LEYENDAS Y CONSEJAS La Poesía ha envuelto siempre a la Historia en ei nimbo de sus leyendas, tradiciones y consejas, nacidas con frecuencia de la fantasia popular; pero, ello ha inducido a los historiadores a bucear en el pasado, a comprobar lo que de cierto hubiere en los fantásticos relatos perpetuados y transformados en el decurso de los años al calor del hogar rural, para separar, como vulgarmente se dice, el grano de la paja y dar a Dios lo que era de Dios y al César lo que le corres¬ pondiera. Claro está que la villa de Tarrasa y sus aledaños y cercanías no podían sustraerse a los episodios engendrados por las imaginaciones sencillas de los labriegos o por los inspirados trovadores de la edad media, cuya influencia trascendió directamente la formación del carácter comarcal, a falta de otros elementos de cultura más positivos y fecundos. Asi vemos como el origen ignorado del caudal de agua de Els Caus, da pie a sencillas consejas de trasgos y brujas que acabaron por desvanecerse al impulso de la civilización, al extenderse ésta por pueblos y villas; asi como las formadas en torno a la montaña de San Lorenzo del Munt, probablemente el Montalegre de la antigüedad, que tuvo sus castillos de Mura, Can Pera y Castellet, levantados durante los siglos xiii y xiv, de los cuales se conservan escasos restos; sus bosques frondosos, poblados por les goges, sus fuentes regaladas de frescos remansos; su santuario de las Arenas, y aquellas típicas casas solariegas del xv y xvi siglos, que pueden todavía verse en pie, en las cuales tal vez algún viejecillo nos hablaría de los tenebrosos misterios de la cueva Simanya, a cuyo fondo nadie pudo llegar, a causa del terror que se apoderaba de los más atrevidos, en cuanto iban avan¬ zando por sus incontables vericuetos, refugio de hechiceros y ma¬ gos, brujos y vestiglos, fantasmas y monstruos de todo jaez, cuyo poder dejábase sentir varias leguas a la redonda... También podrían narrarnos la vieja leyenda de la cueva del Drac, asi llamada por haberse instalado en ella un monstruoso dragón alado, que asoló y devastó la comarca, hasta que el conde Wifredo el Velloso decidió acabar con el monstruo y fué a combatirle con un grupo de valientes caballeros, habiéndole podido dar muerte en el lugar de Santa Agnès, gracias a una espada que Dios le facilitó por mediación de un ángel, para que pudiera salir airoso en su atrevida empresa, el coronado caballero de la Cruz. En los caseríos de la parte de Egara, háblase todavía de aquella terrible y negra noche en la cual, desatados los elementos, en medio del horrísono fragor de los truenos y del vendaval, y a la cárdena claridad T ARRAS A 59 de los relámpagos, salióse furiosa de su caucela riera de Las Arenas y dividiéndose en dos brazos de encrespadas aguas, aisló la calle principal y las tres iglesias, abriendo dos profundos barrancos, podiendo ver los atemorizados campesinos que huían despavoridos, como una ola gigantesca hería de flanco el robusto castillo de Vallparadís, arrancando de cuajo una de las torres que defendían su mole, llevándose tras ella parte de la construcción, conforme puede verse todavía al contemplar las respetables ruinas del mismo. Pero, la leyenda más interesante que hasta nosotros ha la de aquellos fantás¬ llegado, es ticos Caballeros de Egara o de Tarrasa, que el inspirado poeta historiador, instau- rador de los Juegos Florales de Barce¬ lona, Víctor Balaguer describe asi: «La Historia da el nombre de Caba¬ lleros de Egara a los nobles godos que en aquel castillo se hicie¬ ron fuertes y temi¬ dos, consiguiendo que jamás dejase de ondear el pendón de la Cruz en sus alme¬ nas y que fuese el castillo un baluarte inexpugnable, a cu¬ yos pies estrellaron siempre las huestes y las armas muslimas. se Los bizarros caballeros de Egara no sólo resistieron sitios y asaltos, sino que también dieron continuas acometidas a los moros que ocupaban los pueblos circunvecinos, librando sangrientos combates, rompiendo a menudo ejércitos y cogiéndoles preciosos sus botines. Ochenta años se mantuvieron encerrados en la inexpugnable fortaleza, durante cuyo tiempo los hijos se iban templando en el valor y la fe de sus padres. Por cada guerrero viejo que caía muerto en pelea o moría por la Ley de Dios, varios hijos se adiestraban en el manejo de las armas, dispuestos a ocupar el lugar del padre muerto, para mantener viva la fe en el Crucificado». No tiene esta caballeresca tradición punto de apoyo; en primer lugar, por la imposibilidad de resistirse durante ochenta años; en 6o Sociedad de Atrctcción de Forasteros segundo, por hacer refererencia a una construcción de la cual no queda noticia alguna, aun cuando pudo formar parte de las fortificaciones de la ciudad visigoda, que desapareció con la invasión sarracena. Sin embargo, probado que los valientes hombres de armas tarrasenses, auxiliaron a Ludovico Pió, hijo de Cario Magno, cuando puso cerco a Barcelona, para arrebatarla a los moros que se habían apoderado de ella, cabe atribuir la aventura, bien que reducida a modestos límites, a los moradores del castillo terminal. Viene bien recordar aquí que, establecida la Orden de Caballeros del Temple por Ramón Beren¬ guer III en el año 1135, de la cual quiso también formar parte el soberano, hi zoles donación cuatro años después, Pedro de Tarrasa, de varios te¬ rrenos de su perte¬ nencia, y en 1187, otro caballero, Arnal- do de Tarrasa y Bruniselda su mujer, junto con su hijo Guillermo de Cler¬ mont o Claramunt, hicieron también do¬ nación a los Tem¬ plarios de los cuan- tiosos bienes que allí poseyeran, lo cual les Arenaciones góticas en el jardín de la casa Alegre. pCrmitiÓ IcVcintar junto a los muros del palacio de Tarrasa, un castillo tenido por inexpugnable, defendido por recios muros y profundos fosos, asi como, al parecer, por la alta torre circular de la cual hemos hablado varias veces. Un largo siglo fueron los caballeros del Temple los verdaderos señores del castillo, pero, habiendo Felipe el Hermoso, de Francia, solicitado del concilio de Viena, en 1342, la abolición de la Orden, decidióse Juan II de Aragón a expulsar a los Templarios de sus domi¬ nios. Por aquella fecha la Orden contaba con nueve mil monasterios, cuarenta mil caballeros y un número considerable de servidores. En i5i6, según documentos de la época, conservaba la morada tarrasense de los caballeros del Temple el carácter que aquéllos le imprimieron, pero hemos visto como fué pasto de las llamas el conjunto de edificios del palacio-castillo. Y con el humo que ensombreció el cielo, se desvanecieron las leyendas a que hablan dado lugar aquellos guerreros. La torre que TARRAS A 6i quedóen pié como mudo testigo del pretérito, pasó a servir de cárcel del distrito, y tras el susurro de los rezos religiosos, el tañer de las campanas conventuales y el estruendo frecuente de las armas, que no habían hecho mella de piedra, sintióse estremecer hasta en su cuerpo sus cimientos, al habían desaparecido aún las plañideras ver que no voces de los presos que, encerrados en ella, se veían privados de luz y de libertad, como en los obscuros tiempos medievales. Hoy, libre la torre de este tormento, remozada por el notario Carrancá, uno de sus últimos propietarios, que la adquirió en 1874, alza con altivez la testa sobre el extenso caserío urbano, y en el silencio de la noche, dirige quedas palabras de añoranza y de consuelo a su solitario compañero de andanzas históricas, el maltrecho castillo de Vallparadís la otra parte del profundo barranco, espera resig- que, a nadamente inevitable y completa destrucción, en tanto ve acercár¬ su sele, como sabuesos anhelosos de hincarle el diente, las nuevas casas de San Pedro y de Tarrasa, cada día más próximas y numerosas. TARRASENSES NOTABLES OCHOCENTISTAS Muchos son los hombres notables que ha dado Tarrasa, en todas las del saber humano, en el transcurso de los siglos, pero como ramas su enumeración se haría interminable, mentaremos solamente algu¬ nos varones ilustres de los que florecieron en el siglo xix, por ser éste el culminante en lo que al engrandecimiento y pujanza económica de la ciudad se refiere; José Montserrat y Boada (1820-1892), excelente músico, discípulo de la escuela de Montserrat, quien dejó escritas entre otras valiosas piezas musicales, Te Deum y un Magnificat. un José M.® Paz, nacido en 1822, que alcanzó avanzada edad; de abogado establecido en Madrid, diputado a Cortes y senador en diversas legislaturas, acérrimo defensor de la industria catalana. Pedro Gabriel Carreras, renombrado músico y compositor, nacido en 1830, quien el año 1862, fundó el Orfeón Tarrasense y diez años después llevaba ya escritas 495 piezas musicales. Juan Abelló y Rufí (1832-1890), mecánico constructor, al cual se debe el perfeccionamiento de muchas máquinas que favorecieron el desarrollo de la industria. Francisco Torras Armengol, nacido en 1832 y fallecido en 1876, celebrado pintor de historia y escultor, profesor de colorido y compo¬ sición en la Escuela Superior de Pintura, de Madrid, y de dibujo y modelado en la de Artes y Oficios de la propia capital. Pablo Cardellach y Busquets (1814-1879), letrado, a quien se deben varias obras de jurisprudencia. 62 Sociedad de A t raie ció n de Forasteros Buenaventura de Castellet, farmacéutico y viticultor, fallecido en Argentona, donde se hallaba establecido, en 1890, quien dejó valiosos escritos, entre ellos. Enología Española, (año i865) y Vinicultura y Enología española (1869), siendo además autor de un acabado estudio acerca la filoxera y su extinción. Joaquín de Sagrera y Domènech, benemérito fabricante que luchó contra las tropas napoleónicas, siendo uno de los cabecillas que man¬ daban a los 1.200 guerrilleros que en i8o8 se unieron a la división del conde de Cadaqués para auxiliar a la sitiada Gerona; el rey Fernando VII lo elevó a la nobleza. Murió en mayo de iSzS. Salvador Vinyals y Galí, notable industrial también y valiente guerrillero, amante de su tierra como el anterior; fué diputado a Cortes y acudió a las sesiones celebradas en León bajo la invasión fran¬ cesa, siendo el diputado cata¬ lán, de los 22 allí presentes, que más se dis¬ tinguió por su patriotismo y valentía. Hallᬠbase en las Cor- tes de Cádiz cuando éstas promulgaron la Constitución de 1812. Murió en 26 de febrero de 1843. Francisco Rodó Sala, nacido en i8r6, de modesta familia, y estudió en Génova la carrera eclesiástica y cantó a los 32 años su primer oficio la iglesia parroquial del Santo Espíritu; se en distinguió por su amor al prójimo con motivo del cólera de 1864, pasando a ocupar la plaza de cura-párroco de San Martin de Proven- sais. Como premio a sus virtudes fué nombrado canónigo, cargo que aceptó a condición de no abandonar su feligresía. Más tarde fué chantre de la catedral barcelonesa, pasando a mejor vida el año 1902. En 1919 el vecindario de San Martin elevó un sencillo monumento a su memoria. Pablo Trías y Astals. Otro eclesiástico que falleció en Cuba el año 1906, a los 76 de edad, habiéndose trasladado a aquella isla en i858. Por su saber y su fuerza moral logró salvar de la muerte a unas muje¬ res sentenciadas a la última pena, en una de las revueltas de la isla, y fué por largos años el lazo de unión entre la población del Camagüey y TARRASA 63 el gobierno de La Habana, Un monumento erigido en la población de su residencia, demuestra la gratitud del vecindario del cual fué pastor. Bartolomé Amat y Brugada (1870-1909). Se distinguió en el estu¬ dio de las matemáticas. Terminada con brillantez la carrera de inge¬ niero, después de ejercerla enBarcelona, fué director de una fábrica de hilados de Tarrasa y más tarde, de la Escuela Industrial, en la cual introdujo el uso de la linterna de proyecciones, como recurso pedagó¬ gico; creó el Acondicionament Terrassenc, dotando a su ciudad natal del primer establecimiento de este género con que contó España y murió joven todavía, víctima de un accidente desgraciado. Francisco Giralt y Serra. Nació en 1843, y amante de la música y del canto, fundó un coro y llegó a ser un intimo amigo de Clavé. Revelóse poeta y escritor, habiendo publicado artículos en la revista La Gaceta de la Producción Lanera. Compuso música para El rey- Tranquil, de Joaquín Marinehlo, La Terra de Xauxa, de Bori y Fon- testá y para la Passió, que suele representarse aún en Olesa. Hombre de empresa, instaló la primera Central Eléctrica de la población, com¬ puesta de un motor de 25 H. P. y una batería de acumuladores, con la cual dió luz al Ateneo. Falleció a los 64 años. Domingo Ventalló y Llobateras. Nacido en i8o5, doctoróse en Farmacia y se dedicó al estudio de la Agricultura. Alcalde de Tarrasa en 1868, hubo de entregar la vara a la Junta Local Revolucionaria, lo cual quiso hacer oficialmente en la Casa de la Villa. Fué fundador y presidente de la Sociedad de la Mina Pública de Agua, fundó otras instituciones y publicó dos folletos de actualidad titulados El perfec- cionamiento político de las Naciones y La Ciencia y la Fe. Dejó de existir en 1878. Pablo Rodó y Samaranch. Nacido en 1843, fuéle confiada en plena juventud la clase de dibujo del Colegio Tarrasense. Notando en él Esta¬ nislao Cabanes bellas disposiciones para la escultura, lo mandó al taller del maestro Talarn, en Barcelona; alcanzó un primer premio en un con¬ curso organizado por la Academia de Bellas Artes, pasando el año 1869 a la Academia de San Lucas, de Roma: ejecutó la estatua alegórica que tiene en sus oficinas centrales de París, la Compañía de los ferro¬ carriles de P. L. M. y dejó buen número de retratos en busto; falleció en la ciudad condal, el año 1893. Jaime Vallhonrat y Rovira. Hombre cuyo temple se formó al calor de las luchas políticas, vió diferentes veces amargada su vida; ocupó durante ocho años, con general estimación, la Alcaldía, y se portó enérgicamente cuando la entrada de los carlistas, el año 72, defendiendo los derechos de la ciudad, cosa que tuvo que repetir al año siguiente, a causa de las tropelías que cometían las tropas revolucionarias, a cuyo jefe, el coronel Sojo, conminó a abandonar la 64 Sociedad de A t itatc ció n Forasteros ciudad, amenazándole con alzar el Somatén. Retirado de la política y olvidado, murió el año 96, a los 61 de edad. Salvador Busquets y Soler. Nació en 1839 Y consagró al estu¬ dio y a la mejora de la clase obrera; dió luz un programa de reformas a sociales y económicas y fué el iniciador de la barriada llamada Passeig Obrer, cuando nadie hablaba todavía de casas baratas: fué fundador del Sindicato Agrícola Comarcal y de una cooperativa de consumo a beneficio de las familias obreras; tomó parte en diversos congresos y concursos sociales y dejó importantes legados benéficos, siendo su crea¬ ción más personal la del Asilo que lleva su nombre, donde se educa y cuida a los hijos de los obreros, mientras éstos se hallan en el trabajo. La muerte de este filántropo patricio ocurrió en 1901. Antonio Torrella y Marín, Nació en 1843. Cursó la carrera de Leyes en Barcelona, graduándose en Madrid, donde contrajo íntima amistad con Salmerón y otros ilustres republicanos. A los 24 años fué secretario de la Junta Revolucionaria del Distrito. Llevado de sus afi¬ ciones periodísticas, fundó el diario El Tarrasense, habiendo trasla¬ y dado su bufete a Barcelona, con Ensebio Pascual y Casas fué fundador de La Publicidad; desempeñó la presidencia del Ateneo Barcelonés, la secretaría de la Comisión de Entidades Económicas de Cataluña, en tiempos de Sagasta y rehusó el acta de diputado a Cortes que le ofreciera Salmerón. Una cruel enfermedad contraída 1883, le retuvo en casa en hasta su muerte (1910), conservando empero las facultades mentales y viéndose visitado con frecuencia por los primates de la política espa¬ ñola. Emilio Daura y Oller. Vino al mundo1846 y no obstante su en pasión la música, cursó la carrera de abogado; pero abandonó su por título para dedicarse al arte musical, organizando una orquesta que bajo su batuta, en una brillante excursión llegó a dar conciertos en el Teatro Real, de Madrid y en el de la Scala, de Milán, los cuales fueron su con¬ sagración. Al regresar a Tarrasa, creó la reputada orquesta Antiga Trullassos, con la cual y otros valiosos elementos dió un concierto por la fiesta mayor de 1882, dirigiendo una masa de 80 profesores. Nom¬ brado Juez de Instrucción, abandonó su ciudad natal, trasladándose a Barcelona, donde contribuyó a la fundación de la Associació Artística i Literària, que subsiste todavía, y abrió bufete de abogado. De regreso a Tarrasa, falleció en 1904. José Soler y Palet. Fué un hombre de estudio, un investigador que puso sus facultades y su voluntad al ser¬ infatigable de la historia, vicio de Tarrasa. Desde el Ayuntamiento y las sociedades culturales a las cualesperteneció, impulsó los descubrimientos arqueológicos y la restauración de los monumentos locales, pronunciando un brillante discurso sobre la antigua Egara, que es un tesoro de erudición, con motivo de su recepción en la Academia de Buenas Letras, de Barcelona, TARRAS A 65 el año 1906. Su producción literaria y de investigación histórica resulta copiosa y se halla diseminada en folletos, diarios y revistas, siendo uno de sus trabajos más interesantes el opúsculo Cent biografies terrassen- ques, editado en 1900. Nacido el año 1869, bajó al sepulcro en 1921, legando a la ciudad natal el edificio, libros y demás elementos que constituyen la Biblioteca-Museo que lleva su nombre. Joaquín Marinel-lo y Bosch, nacido en 1838 y pasado a mejor vida poco menos que olvidado, en 1903. Vivió parte de su juventud en Barce¬ lona, siendo uno de los iniciadores del Teatro Catalán, pues en 1866 vió represen¬ tado con éxito en el Teatro Tirso de Mo¬ lina, de la capital, el saínete Cristeta l'es- tanquera, estrenando más tarde las obras La jesta del Santuari y La pau del matri¬ moni. Reintegrado a Tarrasa, dióa la esce¬ na la obra lirico- festiva de ambiente local, en varios actos. Lo Rei Tranquil, con música de Francisco Giralt, obteniendo un éxito extraordinario; Masia- '^Cân Barba" en los alrededores de la ciudad. dejó escritas otras obras teatrales, entre ellas el drama El FUI del Treball. Activo alcalde de la ciudad, propuso al Ayuntamiento el empedrado de la plaza Mayor, que importó 18.783 pesetas, habiendo logrado interesar a varios industriales en la instala¬ ción de la red telefónica. Era buen poeta festivo. Francisco Torras Armengol. Hombre humilde de relevante talento, fué él quien sembró en Tarrasa la semilla de las bellas artes, pues siendo todavia muchacho, sus compañeros se disputaban ya sus escarceos artísticos. Llamado a las armas en el pleno desarrollo de sus facultades, sus amigos se apresuraron a redimirle del servicio militar. Perteneció al profesorado oficial en Cádiz y en Madrid, ganó un premio en un concurso abierto por la Real Academia de San Fernando, por un cuadro destinado a la iglesia de Tetuán, y fué conde¬ corado por los méritos contraídos en la enseñanza. Nació en 1832 y 66 Sociedad de Ati^dcción de Forasteros murió en Madrid, el año 1878. Diseminadas* por distintas casas de Tarrasa hállanse buen número de bellas pinturas suyas, con las cuales pudiera hacerse una interesante ' exposición. Pedro Vi- ver y "Ayme- i. j RICH. Pintor La cueva del *^Drac" de Sant Llorenç del Munt. Una Segunda medalla en la de Madrid, muriendo en pleno desarrollo de su arte, dos años después. Viver era un intérprete fiel de las montañas cubiertas de bosques, permitiéndole su sensibilidad infiltrar en sus telas la esencia de la agreste poesia. Vicente Vellsolá Aymerich, eximio violinista, nacido en 1891. y Fué discípulo del profesor Ainaud y subvencionado luego por la Dipu¬ tación Provincial de Barcelona y el Ayuntamiento de Tarrasa, pasó a Bruselas para perfeccionar sus estudios junto al famoso maestro con- i TARRASA •57 certista Crichboom, de donde le alejó la gran guerra. En el Teatro Principal dió varias audiciones de obras maestras, que fueron trun¬ cadas por la muerte, la cual le sorprendió prematuramente, en 1916. José Armengol Ballber, nacido en el propio año que el anterior, y fué su compañero inseparable durante la infancia y la juventud. Tam¬ bién sentíase él artista, si bien de la masa, demostrándolo de niño, al modelar con el barro de la calle, bonitas figuras. En 1907, por primera vez y con motivo de la fiesta mayor, abrió en la ciudad nativa la pri¬ mera exposición de sus obras. El maestro Llimona que viera sus pro¬ ducciones, adivinando las facultades que poseía para la estatuaria, le recomendó al profesor Gali, bajo cuya dirección hizo grandes progre¬ sos. Desgraciadamente, como a su buen amigo, la parca segó el hilo de la vida, en plena juventud, el año 1918, sin darle tiempo de acusar su personalidad. Sólo en las moradas de los señores Francisco y José Salvans es dable hallar hermosas muestras del talento escultórico de Armengol. José Roca y Roca. Nació en la calle Cremat, en julio de 1848, cursó el bachillerato y la carrera de Filosofía y Letras, pero su voca¬ ción política y literaria le llevó a cultivar la poesia, el teatro y el perio¬ dismo: como vióse premiado en los Juegos Florales de Barcelona poeta en 1868 y 1870, siendo Mantenedor de la institución en los años 1869, 75 y 76; como periodista perteneció a la redacción de varios diarios i >■ S'-anf Llorenç fJel Mwil, interior de la iglesia. I 68 Sociedad de Atracción de Forasteros y fundó en1870 el La Gaceta de Barcelona, que fué más tarde la Gaceta de en iSyS, con el editor López Bernagosi, fundó Cataluña; L'Esquella de la Torratxa y La Campana de Gracia, que enseñaron a leer el catalán a las masas populares, cesando en la dirección de ambos semanarios el año 1907; por mucho tiempo fué cronista del impor¬ tante diario barcelonés La Vanguardia. Como autor dramático dió a la escena, con éxito, las obras Miracle (1869), La passió política (1870), Mal pare! (1875), El bordet (^1880) y El Plet d'En Baldomero (1888). Político por temperamento y amigo personal de Salmerón, militó siem- j pre en las filas republicanas, siendo elegido concejal de Barcelona, donde residía, en 1891 y formando parte del Comité ejecutivo de Solidaridad Catalana, rehusó la candidatura que se le ofrecía para diputado a Cortes. Falleció en diciembre de 1924. Juan Prat Ubach. Nació en febrero de 1826, falleciendo en su ciudad natal en marzo de i885. Fué redactor de la Gaceta de la Pro¬ ducción Lanera, El Eco de Tarrasa y la Revista Tarrasense, en cuyas publicaciones vieron la luz brillantes artículos suyos; ocupó la Secre¬ taría del Ayuntamiento y la de la Bailla del Real Patrimonio. Por su notable ingenio y trato amable y distinguido, y más aún por su voca¬ ción para el teatro, en el cual demostró poseer brillantes dotes de actor, llegó a adquirir gran popularidad. Cuando el estreno de El rei Tranquil por aristocráticos elementos de la ciudad, hizo una creación del protagonista, siendo en 1879 nombrado socio honorario de la filan¬ trópica sociedad El Barret, mereciendo por sus éxitos escénicos, que su busto acompañase al del compositor Daura, en la fachada del Teatro Principal. I NOTAS BIBLIOGRÁFICAS Guía de Barcelona a Tarrasa por ferrocarril, Víctor Balaguer, 1857; Tarrasa antigua y moderna, José Ventalló, 1879; Notes arquitectónicas sobre las esglésias de Gant Fere de Terrassa, Puig i Cadafalch, 1889; Estudio histórico de la antigua ciudad de Egara, J. Ven¬ talló Vintró, 1890 ; España, Sus monumentos, arte e historia, Pablo Piferrer y Prancisco Pi Margall; Geografia General de Catalunya. Fromncia de Barcelona, Celso Gomis; Mono¬ grafia de la iglesia parroquial de Terrassa, J. Soler y Palet, 1898; Egara-Terrassa, 1928, y Cent biografies tarrassenqnes, 1900, por el propio autor; Guia práctica de Terrassa, J. Lloprin, 1904; Terrassa (Historial i efemèrides), Baltasar Bayon, 1928; Tarrassencs del mil zniit cents, del propio autor, 1933; Comarca del Valles, por diversos autores (Biblio¬ teca d'estudis comarcals). Volum I, 1930; Les esglésies romàniques de Terrassa, "Centre Excursionista Club Pirenenc", de Tarrasa, 1929; Les cases pairals de Terrassa, R. de la Galera, 1931; Guia Ibérica de Turismo. Catalunya-Terrassa; Recull de dades, records i actualitats terrassenques, 1923; El Poble de Sant Pere de Tcrras.sa, R. de la Galera, 1931. INDICE Págs. PÓRTICO 5 Egara-San Pedro 7 La Tarrasa histórica 14 Las iglesias tarrasenses 26 Pinturas murales y retablos 32 La ciudad moderna 27 Cultura y trabajo 43 Inventario turístico 47 Los alrededores 55 Leyendas y consejas 58 Tarrasenses notables ochocentistas 61 Notas bibliográficas 60 16.494—Imprenta Altés. - Tuset, 28 (G.) — Barcelona. IK^STITUT fni /^MATLLER ftn ï -i- j^*r' C;s3. ^^újm.ñEGi: JOA ^