ÛûMBî-MoaâHO ; ItOMANIGO i: 'español- JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MANUEL GÓMEZ-MORENO EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL ESQUEMA DE UN LIBRO MADRID 1934 ORIENTACIONES El problema de la Edad Media occidental se refiere mayor al impulso ascendente que llegó a decidir su organización defi¬ nitiva, una vez contenida la ola de barbarie y desvirtuados los conatos de resurgimiento imperialista de tipo clásico; Justiniano, Carlomagno. Es la confirmación del texto famoso de Radulfo Gláber, formu¬ lado hacia 1040 y preterido ya, en desquite del valor que antes se diera, como tópico, al «terror del milenario». Dice: "Transcurrido el año milésimo y cerca de tres más, aconteció en casi todo el universo mundo, pero especialmente en Italia y las Gallas, renovarse las basílicas eclesiásticas; pues aunque muchas, decorosamente acomodadas, no lo necesitasen, sin embargo, cada comunidad cristiana rivalizaba en mejorar la suya con respecto a las otras. Era como si el mundo, sacudiéndose a sí mismo y despo¬ jado de vejeces, se impusiera la vestidura càndida de sus iglesias: catedrales, monasterios y ermitas trocaron por otras mejores los fieles" 1. Esto se mantiene realidad histórica, bajo el dictado moderno como de período románico, expresando la reacción social, concordante en todos los países occidentales, y desarrollada en el transcurso del siglo XI. Concretando al aspecto artístico, los caracteres de lo románico son bastante conocidos para que hayamos ahora de formularlos; mas tampoco vale disimular los aprietos en que pondría el intento solo de reducirlos a una fórmula breve y precisa. Baste, práctica- ^ Mortet: Recueil de textes relatifs à l'histoire de l'architecture, p. 4.—Monumenta Germa- niae histórica; VIT. 6 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL mente y enderezado el problema hacia el punto de mira que nos proponemos, inquirir algo de las vicisitudes que originaron esta época entre nosotros; pues téngase en cuenta que lo románico abre un ciclo histórico nuevo, apellídese como se quiera; y aun dentro de él cupieron vislumbres de renacimiento, constituyendo etapas suyas imprecisas, hasta cuajar definitivamente en otra época. El proceso de lo románico parece determinado por este fenóme¬ no; En el período anterior, contra iniciativas culturales como las de Carlomagno y nuestro Alfonso, el Magno, asaltaban calamida¬ des sociales que detenían cualquier avance próspero. Ahora todo es fecundo, crece y se desarrolla progresivamente. Fuera de España, Gerberto, o sea Silvestre II, trasmisor de la ciencia española, y los Otones, importadores de bizantinisme, pare¬ cen haber sido los agentes precoces de esta revolución. En España resulta muy compleja, por el dualismo de oriental y occidental que provocó la conquista árabe; pero esto mismo favorece una visión más amplia del problema, engrandecido con soluciones de admira¬ ble prestancia. En primer término se destaca el arte ramirense asturiano, a la mitad del siglo ix: revelación, sobre algo bizantino o asiático, de un orden integral nuevo, en estructuras, en proporciones, en lo deco¬ rativo; como obra genial que se anticipó dos siglos al impulso romᬠnico definitivo. Su misma originalidad desconciertan, y arranques abriendo margen a dudas sobre su cronología, injustificadas, puesto que, dentro del mismo siglo ix, crónicas fidedignas describen aquellos edificios, y es, precisamente, su abovedamiento lo que más elogian: "Ranemirus... in locum Ligno eclesiam et palada arte fornicea mire construxit" L —"Rex ecclesiam condidit in memoriam Sánete Marie in latere montis Naurantii, distante ad O veto duorum millia passuum, mire pulcritudinis perfectique decoris; et ut alia decoris eius taceam, cum pluribus centris forniceis sit concamerata, sola calce et lapide constructa, cui si aliquis edificium consimilare voluerit, in Spania non inveniet. Multa etiam non longe a supradicta ecclesia ^ Crónica de Alfonso III, en Gómez-Moreno: Las primeras crónicas de la Reconquista: en «Boletín de la -Academia de la Historia»; C, 603. ORIENTACIONES 7 condidit palatia et balnea pulcra atque decora" \ Pero este resur¬ gir, a destiempo aún, se contuvo y retrajo por falta de ambiente propicio: quedaba echada la semilla, eso sí; quizá la misma que resultó fecunda más tarde. Luego, nuestros sectores arabizados, lo fuesen bajo régimen ya musulmán cristianos, progresan desde los comienzos del o entre siglo X, poniéndose a la cabeza de Occidente: el arte califal cordobés y el mozárabe dan testimonios bien expresivos. Mas esta cultura mozárabe, implantada en los territorios del norte débilmente orien- talizados, aunque provocó una reacción favorable, pronto decae también, flotando una miseria progresiva, casi como en los otros países vecinos, en la segunda mitad del mismo siglo Qué impulsos actuaron al fin en sentido contrario sobre la zona cristiana española fácilmente se adivinan, aunque no haya dejado rastro por acá el "terror del milenario". Otro más certero y abrumador pesaba sobre ella entonces, del que se vió libre hacia 1008, con la muerte de Almanzor y ruina del califato cordobés. El respiro que la cristiandad libre obtuvo con ello, le permitió des¬ arrollar iniciativas y actividad, donde antes el amago de nuevos desastres infundía pesimismo, llevando al desenfreno o a la peni¬ tencia tan sólo. Muy poco sabemos de entonces: Como síntomas de reacción, el asalto de los catalanes a Cór¬ doba, las conquistas pacíficas del conde Sancho de Cas¬ en loio, y tilla, el de los buenos fueros, erigido en árbitro del califato. Como brote de cultura y ciencia, la personalidad eminente de Oliva, que abandona su casa condal de Besalú para ser monje de Ripoll en 1002 y obispo de Vich en 1018: quizá salido de la escuela 1 Crónica de en G.4RCÍ.\ Villada: Crónica de Alfonso III, p. 79. Un autor del Sebastián, siglo XI glosa esto lo puntualiza muy bien, así; "Multa duobus ab O veto milliarils rernóta ex y múrice et marmore opere forniceo hedificia construxit. Siquidem ad titulum archangeli Michae- lis in latere Nauíantii mentis adeo pulchram ecclesiam íabricavit; quod quicumque eam vident, testantur se secundum ei pulchritudine nusquam vidisse Fecit quoque in spatio LX passuum ab ecclesia palatium sine ligno miro opere inferius superiusque cumulatum, quod in ecclesiam postea versum, beata Dei genitrix virgo Maria inibi adoratur". Santos Coco: His¬ toria Silense, p. 29. ^ Gómez-Moreno: Iglesias mozárabes: Arte español de los siglos IX al XI. 8 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL de Atton, su predecesor en esta sede, maestro del gran Gerberto y probable retoño del saber cordobés. Las virtudes y aun milagros de Oliva merecieron calurosas ponderaciones; de su cultura da tes¬ timonio, aparte sus homilías, cartas y versos, la sorprendente e incomparable librería de Ripoll; como genialidades, recuérdese aquel su observar y cuidarse de cisnes, gruUas y gavilancos, quizá como halcones ^ A lado, el poderío y la clarividencia política se cifran en su Sancho, el Mayor, de Navarra, soberano de nuevo cuño, ala moderna. Él logró someter a su predominio, sin guerras, toda la zona septen¬ trional de la Península Rex ihericus, le llamaba Oliva; Rex hispa- — norum regum, en carta de 1045 —. Él trazó camino seguro y fácil a la peregrinación de Santiago de Compostela, que fué abrir a la curiosidad mundial esta Éspaña misteriosa, adonde acudían rome¬ ros desde Armenia y Grecia, pero, sobre todo, alemanes e ingleses, llevando consigo una difusión cultural, por vía paralela de como entre musulmanes actuaba la peregrinación a la Meca. También él protegió a los monjes de Cluny, cuya actividad en Éspaña apenas traspasa los dos últimos decenios del siglo xi. Desde entonces fueron vehículo de piedad y doctrina, de atracción a Roma, tal vez de feudalismo, como lo denuncia el fuero tiránico de Sahagún; sus preeminencias le rendían en cada país lo más selecto; pero todo ello no produjo una acción artística homogénea, según viene ya reconocido aun en Prancia ^ Nuestro impulso artístico, desde principios del siglo xi, parece estar ligado con la actuación de dicho gran rey y de su descen¬ dencia. Éspecialmente recibieron inspiraciones todos ellos de sus respectivas mujeres y hermanas. És así, por documentos, como se revelan propulsoras del arte románico la castellana esposa del mismo Sancho; su nuera Sancha, casada con Remando I y reina de León; ^ A más de Flórez y Vill.^nuev.'^, véanse: R. Beer: Die Handschriften des klosters Sania Maria de Ripoll.—J. Pijo.4n: Oliha de Ripoll, en "Art studies", VI, Si.—M. Alba- reda: L'abat Oliva, fundador de Montserrat. La palabra "gaviancos" podrá corregirse "gavi¬ lancos", recordando las "aztoreras, gavilanzeras" de un testamento de 1076. (Esp. Sagra¬ da, XXXVIII, 327.) ^ Lasteyrie: L'architecture religieuse en France ci l'époque romane, 2a éd., p. 431, apo¬ yándose en .-^ntyme Saint-Paul y Virey. ORIENTACIONES 9 Urraca, la de Zamora, hija de éstos y consejera de su hermano Alfonso VI; Estefanía, Placencia y Felicia, reinas de Navarra. Aparte, y no del todo, las condesas Ermesindis y Guisla en Cata¬ luña, etc. Hemos de valorar aún las relaciones de Sancho, el Mayor, con Oliva. Desde luego le tuvo consejero, mientras el obispo lo inte¬ por resaba en favor de sus edificaciones. Cierto abad Ponce, discípulo suyo — hermano e hijo le llama —, privaba en la corte de Sancho, aunque llegó a ser obispo de Oviedo, y a él se debe la reedificación de la catedral de Palència, que en su lugar analizaremos. Por su parte, el nombre de Oliva se adscribe a grandes iniciativas de vario orden en Cataluña, donde todos y en especial la prepotente condesa de Barcelona, Ermesindis, edificadora de iglesias, obedecían sus designios. Así, mientras Europa, desgarrada por el feudalismo, lentamente iba ganando fuerza cultural a la sombra de algunos monasterios^ la España cristiana ofrece una organización francamente centrada en el poder real y en los obispos, con vistas al medio más progresivo y culto de los Estados musulmanes vecinos, en cuanto representaban supervivencias del esplendor logrado bajo el califato. Organización, que aquí es arabismo, parece haber sido la plataforma sobre que asentó sus éxitos lo románico entre nosotros. A la par, el saneamiento de los bienes eclesiásticos y del patri¬ monio real, detentados por los señores en el período anterior de mal gobierno, hizo posible su dispendio en grandes obras arquitectóni¬ cas y mobiliares. Probablemente los contactos orientales, más efica¬ ces que antes, infundieron en el culto una intensidad expresiva y aun sugestiva de que antes carecía, dando entrada a las representa¬ ciones escultóricas del Crucifijo y a ciclos de escenas simbólicas o hagiográficas, sobre modelos bizantinos todo ello, comenzando a destacarse un poema de alto valor sensacional, el del Juicio, con premio a los buenos y, preferentemente, el castigo de los réprobos, atormentados por diablos, cuando no eran alegorías sobre esto mismo, a cargo de monstruos, serpientes y fieras, que vienen a expre¬ sar el remordimiento del pecador, atenazado por su propia culpa. Todo esto son novedades que delatan un estado de conciencia en progresivo apartamiento de la tradición primitiva, que podría- lo EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL mos llamar evangélica, bien o mal sostenida hasta entonces con relación al culto, y que ahora resulta ofuscada por la interferencia de conceptos piadosos y morales, cuya aprehensión popular acen¬ tuaban el arte, por un lado, y las vidas prodigiosas de santos, por otro. Una acción impulsiva hacia el bien se implantó así, para la turba iliterata y grosera, con mayor eficacia que el llamamiento reflexivo al deber religioso; pedíase al miedo una actuación de freno moral, en vista de que la rudeza de los tiempos embotaba la sensi¬ bilidad para respirar el ambiente del Evangelio. El enigma inquie¬ tante de lo futuro, que daba actualidad a las visiones apocalípticas; una atracción de afecto hacia las personificaciones sagradas, pues¬ tas al alcance de los fieles, y en auge creciente la devoción a santa María, madre de Jesús, son los resortes que conmovieron el ideal religioso, única fuente de actividad artística en el período que estu¬ diamos. Es una revolución, la más grande sentida dentro del cris¬ tianismo. ¿Podremos adivinar, a través de ella, una acción femenina pre¬ ponderante? ¿Se feminizó algo en sus impulsos la sociedad occiden¬ tal de este siglo xi, como ya lo estaba el Oriente? Otra observación parece pertinente, y es que lo románico se ajusta al tiempo en que las aristocracias guerrera y eclesiástica ejercían dominio sobre el pueblo, en virtud de una selección, justificada por la desigualdad de medios defensivos, que ponía en auge a los más aptos. Fué período de organización, impuesta duramente, mientras los oprimidos iban ganándose la conquista de sus derechos. Y este logro es lo que determina luego un cambio: de arte, con lo gótico; con el romance vulgar, hecho literario; y de instituciones, con los concejos y las órdenes mendicantes. Se perdió entonces la fuerza románica, su carácter firme y alta¬ nero, su imaginería esquiva y amenazadora, su estilismo fuera de lo natural, que representa un mundo por encima de las realidades y como superación de ellas. Eso no debía vivir sino amparado por una civilización prepotente e inhumana; mas, aunque su ideario aparece claro y consciente, a través de él alientan las pulsaciones del anhelo emancipador que removía los fondos populares, presagiando su avance. Visto él de lejos se ofrece bajo dos direcciones, en las que radica el ORIENTACIONES 11 nervio tan fuerte y tenso de este período y la dificultad para defi¬ nirlo en síntesis: La una mantuvo el contacto la antigüedad. En letras se con reconstituye mediante glosarios eruditos e imitando a los clásicos; en arte vivifica las reliquias romanas conservadas, evolucionando mejor allí donde lo tradicional pesaba, y así es como alcanzó en Italia, con el Renacimiento, su triunfo. La segunda dirección cultivó los romances del vulgo; su arte se inspira en el idealismo cristiano, entre visiones del Oriente y fan¬ tasías, y en contacto con la realidad. Desequilibra las proporciones clásicas, en sentido ascensional; acentúa el dinamismo en la imagi¬ nería; crea las exuberancias ogivales; busca la expresión, la vida, sin artificios unas veces, y a fuerza de ellos otras; avanza fuera del área romanizada de antiguo, y se entrega, por fin, a barroquismos o a un naturalismo casi estéril. De allí salió el renacimiento septen¬ trional, el de los Van Eyck, y luego, en protesta contra el italianismo, la Reforma. Y ¿cómo representó España su papel en este drama de la recons¬ titución europea? En el momento inicial se encontraba nuestra zona cristiana mejor dotada que ningún otro país, acaso, para el avance, gracias al desarrollo cultural y relaciones con Oriente, fomentados en Cór¬ doba y propagados al medio mozárabe. Lo que faltaba era, preci¬ samente, disciplina, y ésta concretó lo románico. Se aprendieron normas y estructuras, perdidas o no entradas antes desde el campo europeo; la imaginería romano-bizantina enseñó corrección y elegancia; también, a componer asuntos y defi¬ nir tipos iconográficos; enseñó a modelar y dibujar; pero aquí ya éramos maestros en sentido del color y en la expresión. La arqui¬ tectura renovó formas, caídas en desuso ante el asalto de barro¬ quismos prematuros, que dieron su ser a lo godo, a lo cordobés, a lo ramirense, a lo mozárabe. La redondez de los ábsides, la columna incorporada al muro y el arco sin peralte tomaron carta de natura¬ leza; juntamente, el capitel historiado, uno corintio con caulículos y otras adherencias, el cimacio adornado, la columna en rincón, la dobladura del arco y el perpiaño, modillones y otros tipos de arco; mas, por encima de todo, enseñoreáronse el aparejo de sillería, los EL ARTE ROMÁNICO ESPANOL abovedamientos, con ensayos de crucería, yla escultura en grande. Su virtud exaltó la construcción hasta la seo de Jaca y Santiago de Compostela, y con ello queda fijo y casi perfecto un sistema, que a fuero de clasicismo corre por Francia. Entrado el siglo xii, llega un período de calma: es hora de dis¬ frutar lo conquistado. El nuevo arte penetra en el ambiente popu¬ lar, sin avances y empequeñecido, porque ya son parroquias y ca¬ nónicas, a tenor de una repoblación densa, lo que se edifica. Mas, una vez consolidada, el impulso crece en términos sorprendentes. Al mediar el mismo siglo, Francia nos trae fórmulas de arte más progresivas, más galanas; con sujeción a ellas surgen otras catedra¬ les en las ciudades, y grandes monasterios del Cister en los yermos; su difusión es enorme, pero los valores máximos se concentran en dos tan grandes maestros como Fruchel en Avila y Mateo en Com¬ postela, con quienes volvemos a la cabeza del movimiento europeo, en cuanto significaba espíritu y vida. Después se encara con nos¬ otros la inercia; el aluvión de artistas extranjeros impone una dis¬ ciplina irresistible, dentro de lo gótico. Entonces nuestro esquivo cas¬ ticismo se refugió en lo mudéjar, bajo cariz oriental; y, fuera de ello, ya no recobramos iniciativas sino renegando de lo europeo, hasta superarlo otra vez, con calor de ideales que eran fermento de vida propia, frente al Renacimiento y contra la Reforma. Aquel siglo xi, que había producido la gran revolución, madre de los tiempos modernos, es digno de todo esfuerzo evocador, y sin embargo la crítica europea parece empeñada en achicarlo. Si recorremos cualquier libro de arte, sorprenderá la escasez de atribuciones que se le adjudican, yéndose con lo arcaico hacia el x y con lo románico al xii. Y aunque no se entre aquí a razonarlo, tocamos sus consecuencias, porque, afirmados sobre dicha base ciertos críticos, al tropezar ante lo español con fechas que rompen sus normas clasificadoras, se escandalizan. Luego, si evocan la his¬ toria es para explicar todo lo nuestro mediante situaciones que arrancan con posterioridad a 1080, cuando la órbita francesa comienza a rebasar propios límites, y asimismo ordenan, a despecho de sus cronologías, los fenómenos evolutivos de arte con un simplismo tan cómodo como peligroso. ORIENTACIONES 13 Aparte se habría de contar con nuestros panegiristas y con aque¬ llos críticos que, sin propósito de exaltación, vienen realzando los valores hispánicos a salvo de prevenciones. Baste citar, como direc¬ tamente ligados al problema románico, los nombres de Bertaux, Dieulafoy, Mâle, Lambert, miss King, W. S. Cook, Kingsley Porter, Conant, Whitehill, Deschamps, Gaillard, miss Shipley y otros más, que cada día acuden al mejor conocimiento del arte español. Sus puntos de vista no han de ser revisados ahora. Cada cual y todos trabajemos de buena fe, ya que el campo es apto para trazarse caminos con independencia, procurando encauzar la investigación con vistas al internacionalismo, propio de la cultura en la Edad Media, y al espíritu aventurero suyo, tan destacado en España con la peregrinación de Santiago y las cruzadas contra musulmanes. Enfocado así el tema, es mi propósito presentar los monumentos más acreditados y con fecha, que pueden darnos idea del cómo y cuándo esta fase románica presenta en el arte español, empe¬ se zando por lo mobiliar, más asequible. Pero entiéndase que, de nues¬ tras artes suntuarias, las tradicionales siguen saliendo de talleres mozárabes, y no hemos de mirarlas ahora; mas allí se cultivaron tam¬ bién, al parecer, aquellas otras artes de nuevo cuño, las románicas, sobre iniciativas que se orientan hacia lo del Rin, hacia lo oto- niano, triunfador a la sazón igualmente en Italia. Esto lo iremos reconociendo, no sin sorpresa, contra el tópico de nuestra adhesión constante a lo francés. En realidad, abriendo la historia, fácilmente comprueba que el alma de la acción romᬠse nica fué unreflejo de bizantinismo, efectivo en los países fronte¬ rizos: Alemania, por el Danubio; Italia y España, por mar, que¬ dando Francia — excepto Normandía — en reserva, hasta que las cruzadas abrieron intensamente para ella el predominio; retraso que justifica un mayor avance artístico en su siglo, que es el xii. Se notará también que no damos prioridad de iniciativas, den¬ tro del siglo XI, a una escuela tolosana. La fuerza de los hechos, so¬ bre una base de cronología firme, ayuda mal a destacar su reconoci¬ miento, por falta de prueba directa, mientras que un cotejo con obras fechadas españolas induce a invertir los términos, conside- 14 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL rando lo tolosano, con el claustro de Moissac, como derivación pu¬ jante y selecta, pero tardía, de la escuela de Jaca. En la Cataluña hoy francesa, o sea el Rosellón, sí aparece un foco muy primitivo románico, alimentado por supervivencias mozᬠrabes y aportaciones lombardas bien definidas; mas tan rudo y hu¬ milde, que no basta para razonar la exaltación jaquesa. En Jaca, más aún que en León y Compostela, se impone tal vez reconocer al artista genial, como arquitecto y como decorador, que agiganta, pule y metodiza lo que basta él sólo habían sido basílicas degenera¬ das y abovedamientos medrosos. Planteada toda una serie de problemas bajo estos términos, cumple a mi buen deseo confiar en que otros sepan resolverla como su importancia merece. Y aUá van ahora mis datos, para ilustrarla. ARTES MENORES MINIATURAS Gracias la costumbre de fechar y firmar a los códices, contamos con datos históricos sobre sus ilustraciones. En primer término se ofrece uri magnífico libro, con el comen¬ tario del Apocalipsis — que se atribuye a Beato, y ocupa lugar pre¬ ferente en la serie mozárabe castellana del siglo x ^ —, libro escrito para los reyes Fernando y Sancha en 1047, por cierto Facundo ^ Sus ilustraciones copian libremente, con primor, riqueza de mate¬ riales oro y plata — y vastos desarrollos decorativos, las de otro — gran códice, que pintó en 970 el presbítero Oveco y fué del monas¬ terio de Valcavado, cerca de Saldaña Pero, a través de la imita¬ ción puntual que revela dicha copia, se adivinan rasgos de bizanti¬ nisme, extraños al códice de Valcavado y en orden a lo que habremos de llamar románico, singularmente en la representación de Cristo, alfa y omega, que llena el folio sexto. (Lámina i.) ^ Según se infiere de ello, ya en 1047 eran conocidas las tendencias nuevas pictóricas, pero sin atreverse algunos artistas a romper con lo tradicional suyo, tan pujante, salvo en un franco avance de per¬ feccionamientos técnicos, no logrados en ningún otro códice. Fn rea¬ lidad, este síntoma de bizantinisme vergonzante y atenuado cuenta ^ Fr. Henrique Flórez: Sancti Beati,... Libanensis, in Apocalypsin... nunc primum edita, 'S-T'jO·—Beati in Apocalypsin y libri duodecim. Edited by Henry A. Sanders, 1930. ^ Biblioteca Nacional de Madrid. Sobre este códice y sus similares, véanse: W. Neuss: Die Apokalypse... in der Altspanischen... illustration.—G. Goddard King: Divagations on the Beatus, en "Art studies", VIII, p. 3. ® Biblioteca Provincial de Valladolid. La procedencia se acredita por unos asientos alu¬ sivos a dicho monasterio que encabezan el códice; pero luego estuvo en manos de S. Fernando, y él escribió allí mismo una cantiga y varias recetas. En 1910 comuniqué esto a D. Eladio Oviedo y al Sr. Menéndez Pidal para su publicación, que no se ha completado aún. * J. Domínguez Bordona: Catálogo de la Exposición de Códices miniados españoles. —• La miniatura española. i6 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL con presentaciones muy anteriores entre nosotros; por ejemplo, en el códice conciliar de Albelda, escrito de 938 a 976; pero su copia, hecha en la Cogolla, de 962 a 994, reniega de tal influjo data un pequeño Diurnal que pintó Fructoso y escri¬ De 1055 bió Pedro para la reina Sancha ^ (Láminas 11 a iv.) áus ilumina¬ ciones no desentonan, en cuanto a técnica y colorido, junto a las del Beato; pero su estilo denuncia ya claramente el nuevo rumbo. Las figuras moderan en la expresión del rostro aquel extravío típico de los ojos, tan sugestivo en las representaciones anteriores; son esbel¬ tas, visten ropas finas, plegadas a modo bizantino y con grupos de puntitos por adorno; álzase en respingos lateralmente el ruedo de las túnicas, como en algún capitel de Cluny y en la escuela de minia¬ turistas de Winchester, sobre modelos bizantinos, acaso, y, desde luego, otomanos, como lo acreditan las tapas del códice Aureo de Ratisbona, por ejemplo. La portada, con su gran alfa que cobija una elegantísima figura — el Salmista acaso —, repite algo de la portada del Beato de 1047, o sea sus cuadrúpedos revueltos en aro. Es típica la cortina plegada que sirve de fondo al grupo de los reyes, en otro folio ^ Carolingios y no mozárabes aparecen sus epígrafes unciales, follajes y entrelazados, aunque a vueltas de resabios cali¬ gráficos de tipo castellano. Los retratos desmerecen, como obra que, habiendo de ser original, resultaba superior a los recursos del artista. Pero, libre de este compromiso en las letras pequeñas, supo disponer sus figurillas y animales con viveza y espontaneidad bien meritorias. Danse aquí, pues, caracteres de bizantinismo implan¬ tados sobre la tradición del país, reanimándola con impulso decidi¬ do: así es lo románico. Entra a la par con los libros referidos, como obra precisamente de 1054 incluye una confirmación escrita de otra letra a los dos — años—, el magnífico diploma de dotación de Sta. María de Nájera, otorgado por Estefanía, viuda de García, rey de Navarra y primogéni- 1 Biblioteca del Escorial: d-I-2 y d-I-i, respectivamente. Domínguez Bordona: La min. esp., láms. 26, 29. ^ Biblioteca Universitaria de Santiago.—Domínguez Bordon.a: Obras citadas. ® Domínguez Bordon.a: La min. esp.; lám. 34. MINIATURAS 17 to de Sancho, el Mayor u Es un gran pergamino, que ostenta, en las esquinas de su orla, representaciones miniadas de la Anunciación, García y Estefanía, ofreciendo a la Virgen los áureos diplomas fun¬ dacionales, y entre ambos un esquema de la iglesia. (Láminas v y vi.) Los deterioros de esta decoración impiden gozar el efecto de conjunto Pero se observa bien su primorosa técnica; su natura¬ lismo, a través del formulario bizantino; los grupos de a tres punti- tos adornando las ropas, como en el Diurnal, lo que viene a ser típico en esta familia de miniaturas, y desaparecen aquellos resabios de mozarabismo castellano tan mantenidos en el Beato. Con estas obras nos encontramos sobre la pista del escritorio románico matriz nuestro, hacia Castilla y tocando a la mitad del siglo: ya es bastante para fijar criterio. Sentado éste, cumple recabar paternidad española, en el escri¬ torio susodicho, para otro códice bien famoso. Es el Beato de San Severo (Láminas vil a x), ejemplar culminante, sobre todos sus si¬ milares por la elegancia y buen arte de las figuras, animación y ritmo en las composiciones, que conservan el sentido decorativo tí¬ pico de lo oriental, acentuado por el carácter de los adornos, mue¬ bles, cortinas y edificios, y orlas con caligrafías cúficas y follajes. Descuella en este sentido el precioso laberinto inicial. Su inspiración en obras mozárabes resulta indudable comparándolo con el Beato de la catedral de Gerona, códice castellano pintado por Ende en 975 ^ cuyo frontispicio ostenta la Majestad, dentro de un medallón anᬠlogo en sus líneas al que encuadra el laberinto =. Asimismo, la gran 1 Academia de la Historia, por donación de D. Pablo Bosch.—Véase su "Boletín", XX\I, 155. " El P. Fita, interpretando la frase "Corregida, 12 Enero 1587", escrita, entre diligencias judiciales, al dorso del diploma, supuso una "restauración o deformación pictórica-arqueológi- ca, bajo el profano pincel de un hábil miniaturista", en aquella fecha, ("Bol. Acad. Hist.". XX\I, 172.) Esto es absolutamente erróneo; la tal corrección hubo de referirse a la de una copia notarial del texto. El pergamino se conserva intacto, salvo lo ajado por el manoseo y manchas de reactivo de agallas que lo empuercan; mas, como el Sr. Domínguez Bordona se hizo ecode la afirmación susodicha, convenía aclarar este punto. ^ Biblioteca Nacional de París: fondos latinos: n.° 8878.—Delisle: Mélanges..., p. 136.— Neuss: Ob. cit.', p. 34.—Bataille: L'Apocalypse de Saint-Sever, en "Documents", p. 74. ^ Biblioteca de la Catedral de Gerona.—Neuss: Ob. cit.', p. 21. ^ Neuss: Ob. cit., f. 5. i8 EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL alfa y el águila con la serpiente, que encabezan el texto de San Severo, se trazaron evidentemente a la vista de similares en di¬ sus cho otro códice. (Láminas ix y x.) Pero el avance cultural logra¬ do, en. el intervalo que media entre ambos, no solamente se revela en punto de arte, sino en la rica documentación geográfica de su "mapa mundi", en el de San Severo ^ Este códice lo escribió un Esteban García Stephanus Garsia — placidus ads(ignat ?) —para el abad Gregorio —Gregorius abba nobilis —, que regentó el monasterio de San Severo en Gascuña, entre 1028 y 1072, según dicen ^ Por eso está escrito en letra seu- docarolingia, no obstante el indudable hispanismo de sus autores y haberse hecho por acá, donde radicaban los textos matrices del li¬ bro. Hay el precedente de otro códice, escrito por Gomesano en Al¬ belda en 951, para cierto Gotiscalco, obispo del Puy-en-Velay, conte¬ niendo los Loores de la Virgen, obra de S. Ildefonso ». Tocante a ana¬ logías, las que le unen al diploma de Nájera son palmarias, aunque no alcancen a garantizar un autor común; respecto del Diurnal, hay quizá menos puntos de contacto, pero su orientación dimana de la misma escuela. Puede aún corresponder ella Leccionario procedente del a un monasterio de Silos, escrito en letra mozárabe o visigoda e ilustrado con la escena de las Marías ante el sepulcro de Cristo q similar de las del Beato de San Severo, aunque sin su depuración de estilo: obra de algún discípulo. (Lámina x.) La implantación del arte nuevo románico, sobre otro mozárabe cultivado ampliamente por acá de antiguo, justifica el retraso de otros códices, coetáneos de los anteriores: El Enero Juzgo de San Isi¬ doro de León, obra de cierto Munio, con la fecha de 1058, ninguna transgresión augura contra su neto mozarabismo q como tampoco ' Neüss; Ob. cit., f. 70. » Id. id., f. 15. La firma está escrita en una columna del f. 6, con letra idéntica a la del texto.—Delisle: Ob. cit. » Biblioteca Nacional de París: fondos latinos: n.° 2855.—Silvestre: Paleographia, III. 243. ■* Id.: Nuevas adquisiciones latinas: n.° 2176.—Domínguez Bordona: Ob. cit., lámina 46. » Biblioteca Nacional de Madrid.—Domínguez Bordona: Ob. cit., lám. 38. MINIATURAS 19 un Breviario, con el nombre de la reina Sancha, que data de 1059 ^· Esto mismo, el Antifonario de la catedral de León, poco anterior a 1062 ^ y el "Liber comitis" o Leccionario, acabado en 1073, que fué del monasterio de la CogoUa ^ Pero en un diploma leonés- del monasterio de. Villacete, copiado — restaurado dice — hacia 1060, las figuras, aunque muy bárbaras, acusan cierta movilidad a modo bizantino t (Lámina x.) Ahora bien; donde el conflicto de estilos se delata mejor es en el Beato de Silos, acabado Dominico y Munio, presbíte¬ en 1091 por ros, y completado en 1109 por el prior Pedro que lo iluminó todo —• ab integro illuminabit =—. Sus ilustraciones superan en barbarie a todas las mozárabes, sin variar de tendencia, fenómeno explicable en el caso de que sean copia inepta de otro ejemplar muy antiguo. Pero entremedias hay figuras sorprendentes por su complicación de líneas y novedad de actitudes, que revelan un temperamento artístico singular y una dirección románica en sentido naturalista. (Lámina xi.) Algo de esto mismo, con carácter popular muy acentuado, des¬ cubren las figuras de obispos sentados en fila, del diploma conciliar de Jaca, en un ejemplar de letra mozárabe, que aproximadamente datará del año 1063, en que se celebró el concilio «; pero sus dos figuras iniciales mantienen estructuras mozárabes. (Lámina xi.) A otra orientación mejor definida obedece el Beato de la catedral de Osma, obra de un Martino, en 1086, que ignoramos dónde traba¬ jaría '. Sus decoraciones, magníficas, llevan entrelazados de varetas con brotes de hojas menudas y perros entremedias revueltos; además» da cabida a esquematismos de tipo asiático, por ejemplo un palmito en función ornamental perfecta. Al contrario, la imaginería carece 1 Biblioteca Real de Madrid: escrito por Christoforus. Véase Ewald: Exempla scrip- turae visigothicae, lám. 32. ^ En su archivo.—Gómez-Moreno: Catálogo monumental... de León, p. 155. ^ Academia de la Historia: cód. n,° 22.—Domínguez Bordona: Ob. cit., lám. 38. * Archivo Histórico de Madrid: fondos de Sahagún; n,° 873. La fecha de la donación es 1042. ^ Museo Británico: Add., n. 11695.—Domínguez Bordona: Ob. cit., láms. 58 a 61. ' Archivo de la catedral de Huesca. Los demás ejemplares conocidos son de letra fran¬ cesa y notoriamente posteriores. ' T. Rojo: Catálogo descriptivo de los códices que se conservan en la catedral de Burgo de Osma, p. 17.—Art studies: 1931, p. loi. El códice tal vez provenga de Astorga. 20 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL de elegancia, no obstante sus pujos bizantinizantes: toda pobrísima de invención y resabiada de mozarabismo; sin embargo, algunos atis¬ bos del natural contrapesan su inferioridad plástica frente al Beato de San Severo. (Láminas xiii.) xii y Conviene anotar ciertas analogías entre la ornamentación del susodicho códice de Osma, ef Evangeliario de Farfa, atribuido a la escuela de Montecassino, y el otro de la condesa de Toscana, Matilde \ así como éste recuerda las iluminaciones de la Biblia de Farfa, que se catalana, juntamente con la de San Pedro de Roda, no supone estudiadas aquí, por carecer, ni aun aproximadamente, de fechas ^ Además, aunque esta última se hiciese por acá, según parecen acreditarlo sus abundantes arquerías de herradura y cruzadas, así como cierto parecido con otros códices catalanes, por ejemplo, el Beda de Gerona, todavía queda en pie su falta de entronque español, resultando así verosímil relacionarla con una escuela bizantina flore¬ ciente en la Italia meridional. Todo lo anterior aparece con caracteres más o menos arcaicos, respecto de la dirección románica decisiva, que se asienta sobre un puro bizantinismo, al par con las pinturas murales; y se caracteriza por el matizado a rayas, en escalas graduadas, que ayudan al relieve y se funden a distancia con gran efecto de cromatismo. Su primer asomo español parece darse en Cataluña, con un códice de Ripoll fechado en 1055 =, donde campea una serie de repre¬ sentaciones astronómicas, muy bizantinas y que nada tienen de común con las susodichas Biblias. (Lámina xiv.) Más espontánea resulta otra miniatura de Vich, que puede datar de hacia 1066, y representa una curiosa alegoría de la Redención, muy expresiva, dentro de su rudeza L (Lámina xiv.) Un centro de más dilatada fecundidad nos ofrece la Rioja cas¬ tellana, en su célebre monasterio de San Millán de la Cogolla, rico 1 Toesca: Storia dell'arte italiana, I, figs. 729, 735 y 740. ^ Neuss; Die Katalanische Bibelillustration. ® Pijoán; Miniaturas españolas en... la Biblioteca Vaticana, en el «Cuaderno I de trabajos de la Escuela Española de Arqueología e Historia en Roma». * La fecha corresponde al códice, que contiene los Paralipómenos. Véase Villanuev.a: Viage literario, VI, p. 75. MINIATURAS 21 en códices de letra mozárabe y con grandes iniciales románicas, que seguramente corresponden a los últimos decenios del siglo xi. Sus decoraciones de varetas entrelazadas, sobre fondos de colores vivos, se conforman las del Beato de Osma, y prosiguen, exac¬ con tamente, en el Himnario de la catedral de Huesca, en la Biblia de San Juan de la Peña, etc., comprobando que nos hallamos ante la evolución de una escuela ya definitiva, dentro de lo románico. Y este proceso lo acusan mejor las figuras que, revueltas como de costumbre, fingen letras capitales, dejadas en blanco al escribirse el códice, y que no siempre acreditan su inmediata ejecución Un Salterio presenta a S. Miguel y a dos caballeros alanceán¬ dose, del tipo más arcaico: dibujo a pluma y manchas de rojo y de amarillo, a dos tonos ^ (Lámina xiv.) Un fragmento de Himnario conserva figuras de hombre, con amoscador y abanico, tal vez, el uno, y con bocina el otro; matizadas a rayas de colores y sólo de tinta los extremos (Lámina xv.) La misma técnica repiten, el án¬ gel sosteniendo una I, en un Santoral ^ (Lámina xv); otros dos, te¬ niendo una aureola con el Cordero, y un hombre mordido por dra¬ gón, en un Misal (Láminas xv y xvi): todo ello procedente de la Cogolla ^ Como marca de taller pueden reputarse las rosetas que tiñen el rostro de dichas figuras. La Biblia de San Juan de la Peña, escrita en letra mozárabe tam¬ bién sólo se ilustra con medallas, representando a algunos patriar¬ cas, a más de arcos de herradura y letras capitales con entrelaza¬ dos, hojas, cabezas y figurillas enteras de perro interpuestas, pri¬ morosamente miniadas. (Lámina xvi.) Cierra este ciclo un diploma del rey Pedro de Aragón, fechado en logS y con su firma auténtica en árabe ', donde se le representa, ^ Así puede sospecharse de una hoja suelta, inédita y conservada en la colegiata de Covarrubias, con letra mozárabe y magníficas decoraciones y rúbricas, de estilo avanzado románico. ^ Se conserva en la Academia de la Historia y lleva el n.° 64 bis. Véanse sus folios 12 v., 18, 38 y 43 V. ' Academia de la Historia: cód. n.° 14, en sus guardas posteriores. Id.: Cód. n.° 47, en su folio 136. ® Id.: Cód. n.° 18, folio 13. Véanse también las guardas del códice n.° 12, con capitales de lazos, follaje y perros. ® Biblioteca Nacional de Madrid. Ms. n." 2. ' Archivo de la catedral de Jaca. 22 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL juntamente con el obispo de Jaca, dibujados a pluma y con algo de colores. (Lámina xvi.) Aun orientada la miniatura conforme al rumbo europeo, según acreditan estas últimas obras, no se agotaron nuestras iniciativas. Ellas culminan en la parte románica del Beato de la Cogolla, sin fecha ^ y, sobre todo,el libro de Testamentos de la catedral en de Oviedo, terminado dentro del decenio de 1120 ^ Sus grupos de miniaturas constituyen supervivencias de la serie castellana mozᬠrabe, modificadas por el influjo extranjero románico; acusan además un antibizantinismo, que es repulsa de lo clásico, y una opulencia de color, acorde con la fuerza sugestiva de nuestra pintura de siem¬ pre. El códice de Oviedo está escrito en letra mozárabe, genialmente rasgueada. Sus pinturas llenan planas enteras, representando a los donantes de privilegios a la catedral, con sus servidores respectivos, y es notable la presencia destacada de las reinas, como recabando iniciativas, de acuerdo con lo ya dicho respecto de feminismo en el siglo XI. Su arte parece ligado al de la tapa del Arca Santa, que pre¬ sentaremos luego, así por su naturahsmo como por la técnica del di¬ bujo; pero acentúa rasgos de movilidad con telas desaplomadas, como si el viento las irguiese, y arquitecturas de dragones, águilas, leones empinados, telamones y cautivos, estilizados fantásticamente en sentido de orientalismo, nota peculiar de esta obra. No hay arcos de herradura ni muestras de arabismo, como en lo anterior; pero el espíritu anticlásico, imaginativo, inagotablemente fecundo dentro de normas estrictas, nos pone, como en el ciclo mozárabe y en más obras que iremos analizando, ante una reacción de arte meridional popular, tan primoroso cuanto desapegado de correcciones. Y esta fi¬ nura de percepción genial se acrisola con las coloraciones, donde ya no rige la violencia y crudeza de lo castellano mozárabe, manteni¬ das en el Beato de la Cogolla, sino una suavidad de tonos, dentro de gama caliente, en malva, rosado, grisáceo, etc., que sorprende tanto como el valor decorativo de las composiciones y su fresca in¬ vención. ^ En la Academia de la Historia; cód. n.' 33.—Domínguez Bordox.\; Catálogo..., lám. 37. La miniatura española, lám. 63. D. Bordona: Catálogo..., págs. 67 - y 181, láms. 24 a 30.—La miniatura..., láms. 69 a 76. MARFILES 23 Después, hacia la mitad del siglo xii, cuando una corriente nueva de bizantinisme trajo la pintura mural a España, el mismo arranque popular dió de sí las decoraciones de la ermita de Santa Cruz en Ma- deruelo, tierra segoviana S y las de Arlanza ^ afectas de orientalismo como típicamente españolas; que no es paradoja ver en España el país más oriental de Europa en su cultura, desde la antigüedad. MARFILES En 1059 los reyes Fernando y Sancha donaron a su predilecta iglesia de León una caja enchapada de oro y marfil, para las reli¬ quias de sus titulares, S. Juan Bautista y S. Pelayo, con un letrero al¬ rededor donde se declaraba ello, así: "Arenla sanctorum micat hec sub honore duorum Baptiste sancti loannis sive Pelagii. ceu rex Eernan- dus reginaque Santia fieri iussit. era millena septena seu nonagena" Existe aún en la misma iglesia, que hoy Uaman de San Isidro, vulgarmente; pero sin la guarnición de filigrana formando arquitos, previamente grabados en la madera. Quedan intactas sus chapas de marfil con relieves: doce de ellos figuran a los Apóstoles dentro de arcos, generalmente de herradura, sobre retorcidas columnas y con adornos, que a veces repiten temas del Beato de San Severo, y a veces auguran otros románicos, como son los tacos o billettes. En medio de la tapa se representa el Cordero con los símbolos de los Evangelistas; en torno, hasta doce chapas más, con ángeles, serafines y los ríos del Paraíso t Nótese que el S. Pedro lleva las letras de su nombre en el extremo de dos varetas que empuña en lugar de las llaves, lo mismo que en la cruz de Conrado II y en un ara que fué de la colección Spitzer y hoy está en el museo de Cluny «. (Láminas xvii y xviii.) ^ W. S. Cook: Romanesque Spanish Mural Painting, figs. 17 a 28; en «The Art Bulletin» 1929. ^ Kuhn: Notes on Some Spanish Frescos, fig. 10; en «Art Studies», 1928. ^ Mor.\les: Viage sanio, p. 47.—Gómez-Morexo: Catálogo monumental de la provin¬ cia de León, p. 193 y figs. 186 a 192. * Gómez-Moreno: Ob. cit., figs. 186 a 192. ' M. Rosenberg: Niello, fig. 96. ® Molinier: L'orfebrérie religieuse ei civile, lám. VI. 24 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Cuatro años después, cuando los mismos reyes dotaron la suso¬ dicha iglesia, figura entre sus dádivas un gran Crucifijo de marfil aliam (crucem) eburneam in similitudinem nostri Redemptoris — crucifixi reconocible en el que lleva al pie los nombres de "Fer- — dinandus rex Sancia regina" y constituye en el Museo Arqueoló¬ gico de Madrid una de sus joyas más preciadas L (Láminas xix y XX.) Ambas piezas saldrían de la misma mano, aunque es más pri¬ morosa la cruz; asimismo, una cubierta de libro, con figuras de gran viveza, que está en el Louvre ^ (Lámina xxi.) Algún discípulo esculpiría siete chapas con grupos simbolizando las Bienaventuranzas, también dentro de arcos, y ellas guarnecen una cajita, llevada desde San Isidoro al Museo de Madrid L (Lᬠmina XXII.) A otro se deberán el imponente Crucifijo de Carrizo, que está en el Museo de León \ y tableta y media, con tres escenas derivadas de la Resurrección de Cristo, muy retorcidamente com¬ puestas y donde se efigia, por vez primera quizá, a Santiago pere¬ grino =. (Láminas xxiii y xxiv.) Cuéntanse más obras aún, salidas del taller leonés con poca dis¬ tancia entre sí de tiempo «. Trascendental para la historia de la escultura románica es toda esta serie, y singularmente la estupenda cruz de San Isidoro: No menos sorprende en ella la unción de la imagen de Cristo, que la turba de figurillas, significando en torno la resurrección de los muertos, su destino futuro y la lucha con el pecado, en hechura de fieras mordiendo los hombres; a pero aun más fastuosa resulta la decoración del reverso, con roleos de follaje donde se enredan monstruos, hombres y centauro, todo ello compuesto con tal un viveza y libertad, que puede tenerse como límite de las conquistas a que llegó lo románico punto de invención y de técnica. en Su arte trasciende bizantino, si bien indirectamente, acaso. a Ciertos elementos vegetales y adornos recuerdan los marfiles mozá- ^ A. Goldschmidt: Die ^ Elfenbeinskulphiren aus dev Romanischen zeit, IV, n. loo. Id.; Id., n. 107. ® Id.: Id., n. 94. ^ Id.: Id., n. 104.—Cat. de León, ® mon. fig. 454. Id.: Id., ns. 108, 109. Existen los Museos de en Leningrado y Nueva York, y falta la mitad superior de la primera placa. ® Id.: Id., ns. 82, 83, 96 ?, 105 bis ?, iii y otros hallados posteriormente. MARFILES 25 rabes de la Cogolla g pero mucho más los del Rin, sobre tradición otoniana. Concuerda con ellos la disposición del sudario de Cristo. También, los Apóstoles de la caja de 1059 son análogos a las figuras de otra de Hildesheim, conservada en Francfort ^ y es elocuente el sistema de reforzar a veces ei plegado con rayitas de través, cosa rara fuera de estas dos series de marfiles. Pero la exuberancia decorativa de la cruz leonesa no alcanza rival pieza alguna de entonces; su abolengo, en cuanto a los en roleos vegetales, viene de obras bizantinas muy antiguas, como la silla de Maximiano en Ravena; mas, luego, habríamos de bajar hasta el siglo XII para ver en creaciones inglesas o escandinavas y en los bronces del Rin algo que le alcance en inventiva y estilismo. Una segunda fase artística denuncia el arca de S. Millán de la Cogolla. Primero sirvió, para contener el cuerpo del santo, una de plata, donada por Sancho, el Mayor, en 1030. La sustituyó otra grande y con tapa de dos vertientes; toda enchapada de oro, con figuras relevadas en él, nieladuras y cabujones con piedras finas y cristales, a más de los marfiles. Hubo de comenzarse por el rey García, que trasladó las reliquias en 1053; pe^o se concluiría para el estreno de la nueva iglesia, que fué en 1067, bajo los auspicios de los reyes de Navarra, vSancho y Placencia, exaltada esta última con el dictado de "dive memorie Placentie regine", junto a su retrato Las chapas menores de marfil representaban a cuantos perso¬ najes cooperaron a tan lucida obra, y sólo eii corto número y dis¬ persas se conservan, alcanzando esta suerte a los retratos de sus ar¬ tífices, el maestro Engelran y su hijo Redolfo — Engelran magistro et Redolfo filio —, nombres de bien seguro germanismo \ Pero lo ' Gómez-Moreno: Iglesias mozárabes, láms. 133 y 134. ^ Goldschmidt: Ob. cit.. Ill, n° 83. " Sandoval; Fundaciones: Monasterio de S. Millán, f. 23 v.—Macolaeta: Desagravio de la verdad en la historia de S. Millán de la Cogolla, p. 302, con lámina.—P. Luciano Serrano: Cartulario de S. Millán de la Cogolla, p. LII.—A. K. Porter: Leonesque Romanesque and Southern France; en "The Art Bulletin"; vm, 235, * Goldschmidt: Ob. cit., IV, 84, ns. p, q., y 87 a 91. La plaquita de los artistas y otras tres, con Apparitio scolastico. Ranimirus rex—Munio [Gomesanus prepositus].—Pe- procer. trus abba. Munius ads eccl(esi)a", en Leningrado. Las de "Blasius abba huius operis effector— 26 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL extraordinario en este conjunto son sus marfiles grandes, donde la vida del santo dió pie a representaciones de un naturalismo bár¬ baro, seductor por su ingenuidad, y altamente ilustrativo sobre las realidades de entonces ^ (Láminas xxv a xxix.) Su técnica se acerca a la del taller leonés, exagerando el rayado en los pliegues. Como finura y espíritu desmerecen mucho; lo pro¬ saico se erige sobre las abstracciones bizantinas de abolengo hele¬ nístico, abriendo paso a la observación de un mundo que no aca¬ riciaba lirismos, y así toma posiciones lo románico, bien acordes con el sentir español. Otra obra, de entre 1063 y 1086, es la tapa de un Evangeliario que hubo en la seo de Jaca, cuya enchapadura de plata dorada lleva repujado el nombre de Felicia, mujer de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra, y sobrepuesto un pequeño calvario de marfil, con el sol y la luna en figura de hombres doloridos, sim¬ plemente ^ (Lámina xxx.) La disposición del grupo del Calvario recuerda otros de madera españoles muy antiguos; por ejemplo, el de CoruUón (Lámina xxx), acreditando la fijación temprana de su tipo iconográfico Aun más plenamente románicas aparecen las cinco chapas de marfil con escenas del Evangelio, que guarnecieron el arca de las reliquias de 8. Felices, llevadas a San Millán de la Cogolla en logo y adoradas allí por Alfonso VI en 1094 L (Láminas xxxi y xxxii.) Munio scriba politor supplex", en la Cogolla. La del marfil llevado a hombros, en Berlín, sin su letrero que, según Sandoval, decía: "Garsias Vigilanus negotiator. Petrus col. College omnes". La figura de Ramiro, quizá el hermano de Sancho, que figura como señor de Cala¬ horra en 105g, lleva en sus manos un bote como los de marfil cordobeses. 1 Goldschmidt: 06. cit., IV, ns. 84 a 86. Existe hoy su máxima parte, catorce piezas, en el Museo Arqueológico de Madrid; una grande, con la Majestad, en el de Nueva York; media placa en el de Florencia y la otra media en el comercio de antigüedades, vendida en Bilbao. " Goldschmidt; 06. cit., n.° iio. Existe en el Museo de Nueva York.—J. Breck: Spanish ivories of the XI and XII centuries in the Pierpont Morgan collection, en "American Journal of Archaeology", XXIV, 217.—Compárese con otro marfil, en Goldschmidt: 06. cit., I, n. 165. ^ Catálogo monumental de León, figs. 461 y 550. El Crucifijo, ya sin brazos, ha entrado en el Museo también. '• Goldschmidt: 06. cit., IV, ns. 98 y 99. Existen cuatro piezas en el Museo de Madrid y otra en la colección Figdor, de Viena, quedando perdida la que representaba las bodas de Caná, al parecer. METALES 27 Nada recuerda en ellas los marfiles de la otra arca del monasterio, arriba mencionados, ni puede el centro de fabricación a asegurarse que correspondan. Por sus asuntos, encajan en el acervo europeo normal; aun tienen parecido con ciertos mármoles nuestros, de ha¬ cia fines de aquel siglo xi, cuando ya estaba generalizado el acu¬ sar con rayas, siempre dobles, los pliegues. Mucho de bruñido, acompasado y primoroso logran; pero también monotonía e insulsez, que arguyen un arte dueño de sí, en equilibrio y ya indiferente a las emociones. METALES La pieza príncipe, hasta ahora casi desconocida g es el arca de las reliquias de 8. Isidoro, en su iglesia de León; seguramente, la misma en que fueron depositadas al traerse de Sevilla en 1063, y quizá no hecha de propósito, puesto que sus representaciones son ajenas al santo; mas datará de hacia entonces, y acaso tengamos al rey Fernando I efigiado en ella. Por desgracia, ha sufrido no poco menoscabo y alteraciones, desde que las tropas de Napoleón saquearon la iglesia en 1808; faltan los leoncillos sobre que se alzaba; también, una mitad de su tapa, que era de cinco paños, y dos de sus relieves; otro varió de lugar, y un paño de guarnición de la tapa sirve hoy de zócalo. Su tama ño, 0,815 por 0,445 m. de base. (Láminas xxxiii a xxxv.) La enchapadura, de plata repujada y sólo en exigua parte dorada, distribuye una ordenación de pilastras, flanqueadas por columnillas hacia los ángulos, y toda llena de amplios roleos vegetales, de arte bi¬ zantino y enérgica factura, más algunos encintados en la tapa. Los ta¬ bleros efigian estos asuntos, aclarados por letreros de tipo clásico: La creación del hombre, el pecado, la recriminación. Dios vistiendo a la pareja, su expulsión por el ángel, y un personaje con clámide, túnica corta y vendas en las piernas, que por falta de letrero no sabemos a quién represente. En la tapa se enfilan un rey y cuatro servidores, en acti¬ tud de conversar; a los extremos, el toro y el león de los Evangelistas. ' Descripción antigua, en Manzano: Vida de S. Isidoro, p. 380.—Gómez-Moreno: El arca de las reliquias de S. Isidoro, en "Archivo Español de Arte y Arqueología", 1932, p. 205. 28 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Toda esta imaginería parece algo ruda y sin la gracia de sus análogas bizantinas, aunque dentro de las mismas normas. Por defec¬ tos; cortos y desmedrados los brazos, la cabeza saliendo de los hom¬ bros, movimientos envarados; mas, a pesar de ello, se imponen la fuerza expresiva de los rostros y ciertas actitudes que sugestionan, como la escena de la creación del hombre y la Eva vestida. Lo que falta de belleza y corrección rebosa en fuerza pasional, dando la nota de occidentalismo. Respecto de su estirpe artística, no cabe duda: salió de la misma escuela que las puertas de bronce de Hil- desheim y de Augsburgo, algo anteriores, o sea de la primera mitad del siglo XI, y que trasladan los mismos asuntos. Más grande y famosa es la llamada por antonomasia "Arca santa", de la catedral de Oviedo, que guardó preciadas reliquias. La ofrecieron Alfonso VI yUrraca su hermana, y ello en 1075, segura¬ mente, pues consta que entonces fué su traslación á Mide 1,20 por 0,93 de base, y 0,83 m. de alto. La tapa lleva en torno una leyenda histórica repujada ^ y en medio desarróllase, como dibujo, grabada y nielada en campo dorado, la escena del Calvario, complementada con el sol y la luna plorantes, ángeles, cuatro de ellos incensando, diablos, Longino, "Stefaton" y esbirros. (Lámina xxxvi.) Su estilo es plenamente románico, muy primoroso y saturado de líneas; al natural y con trajes de época las figuras de los sayo¬ nes; el Crucifijo, de acuerdo con el de la cruz de Fernando y Sancha, y todo viene a ser como las miniaturas de entonces. En prueba de ello, compárese su estilo e indumentaria con el Evangeliario de S. Edmundo en Cambridge, de principios del siglo xii y en cuanto a composición, con el otro Calvario del Beato de la catedral de Gerona, fechado en 975 q donde se repiten los ángeles incensando, que faltan en las representaciones análogas de tipo otoniano, cuales son una letra del Salterio de S. Bertín, hecho para el abad Odberto entre 989 ^ Flórez y Risco: España Sagrada, XXXVIII, p. 83. " Copiada con esmero por Vigil: Asturias monumental, I, p. 15 y lám. IV. Restituciones, sobre Ambrosio de Morales, en HObner: Inscriptiones Hispaniae christianae, n.° 255. Por des¬ gracia, queda incompleta su parte menos comprensible. ' Hauttmann: Propylden. Die Kunst des Frügen Mittelalters, fig. 645. ' Neuss: Ob. cit., fig. 33. METALES 29 y 1008 la placa de mariil del duque Urso, en Cividale, aun más antigua, según se cree ^ y la muy bizantina del Evangeliario de Enrique II, en Munich, de hacia 870 La técnica de dicha tapa y sus minucias ornamentales la colocan dentro de un grupo mozárabe, cuyas demás producciones iremos viendo. Los frentes verticales de la misma están enchapados igual¬ arca mente. El de atrás diseña menudas cuadrículas tan sólo; perolos otros tres ostentan preciosa imaginería repujada y dorada, en campo blanco, representando: en la delantera, la Majestad dentro de una aureola tenida por ángeles y, alrededor, los Apóstoles — dos son modernos bajo arquerías, según costumbre; en un costado, — la Ascensión, acompañada de ocho apóstoles, y S. Miguel alanceando al dragón, entre un querubín y un serafín; en el otro, la Anuncia¬ ción, la Visitación, Ana, el aviso del ángel a los pastores, el Naci¬ miento, con José, y la huida a Egipto, con Ana otra vez; casi todo ello bajo arquerías, con muestras de edificios en sus enjutas, y siem¬ pre letreros explicativos adjuntos. (Láminas xxxvii y xxxviii.) El mérito de estos relieves, por su técnica y su composición, es muy grande. Las figuras se desenvuelven con una elegancia y movi¬ lidad que recuerdan lo bueno bizantino y otomano próximo ante¬ rior, con ventaja sobre el arca de S. Isidoro, aunque se disipase en ésta de Oviedo la atención del artista en darles variedad de líneas, más que carácter. Son notables ciertas agrupaciones: la Visitación, un conato de perspectiva en el Nacimiento y de naturalismo en la Huida y en la escena de los pastores. Nótense las piernas cruzadas de uno de los apóstoles, andando. Se podría suponer que todo ello fuese algo posterior a la tapa del arca misma; pero convence de lo contrario el ver copiado en ésta un ángel, sobre la cruz de Dimas, que aparece, más adecuadamente dispuesto, entre los que tienen la aureola de Cristo en el frente principal (Lámina xxxvi); además no varían en todo este conjunto, ni los trajes ni el tipo de letra, que es el mozárabe, usado generalmente entonces. ^ En la Biblioteca Municipal de BouIogne-sur-Mer. Véase W. S. Cook; The Earliest Painted Panels of Catalonia, VI, fig. 33. ^ Venturi: Storia deWarie italiana, II, fig. 153. Goldschmidt: Ob. cit., I, n.° 41. 3° EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Alrededor de dichos tres frentes del arca, desarróllase una ins¬ cripción cúfica, que parece repetir eulogias árabes vulgares — "la bendición a Dios", lee claramente— mal interpretadas, como se por quien no conocía la lengua; pero diferenciándose el frente prin¬ cipal en ir, no solamente repujadas sobre dorado las letras, y campo sino además nieladas con menudísimo adorno vegetal, formando espirales, y destacarse en sus esquinas los símbolos de los Evan¬ gelistas, perfilados primorosamente, como la imaginería de la tapa. (Lámina xxxix.) Una tira de estas orlas, en vez de dichas caligrafías, presenta una labor de cogollitos, con gran variedad, dentro de aros enfilados, sin meladuras ni oro y de estilo renano avanzado: será postiza, pues no se parece al resto del arca. (Lámina xxxix.) Con fecha también, alude al obispo de Oviedo, Aria- puesto que no, la misma catedral una cajita, que entre 1073 y 1092, conserva mide 113 por 65 milímetros de base; hecha de plata, cincelada y dorada, con follajes preciosos de tipo carolingio, entre un letrero árabe, aun menos inteligible para mí que el del Arca santa, y otro latino-mozárabe que dice: "Conviviis Xpi celestis menssa paratur. Arianus (e)ps fecit." Puede considerarse inédita. (Lámina xxxix.) Más elementos de estudio suministra el ara del monasterio de Celanova, en Galicia, dedicada abad Pedro, cuyas memorias por su alcanzan de 1090 a 1118, y casi inédita ^ Sus letreros dicen: "Esse decet claram vitam venientis ad aram. Offerat ut mitem populi pro crimine vite. Ob honorem sci Salvatoris cellenovensis Rudesin- dus aepis. Petrus abba me iussi fieri." Y sigue una palabra en letra cúfica, ininteligible, pero abonando el carácter mozárabe de esta pieza, como lo delata por igual su arte. Es de pórfido verde, guarnecida de plata, con grabados y niela- duras; los follajes y el campo de los letreros, en blanco; el resto, dorado. Ostenta una representación de la Majestad divina, en pie, dentro de aureola tenida por ángeles, cuyo estilo aparenta menos arcaísmo y elegancia que la tapa del Arca santa, y sus follajes son ' "Boletín de la Comisión prov. de Monumentos... de Orense", IV, 91. Guárdase hoy en el palacio episcopal de Orense. METALES 31 puramente árabes. Encuadra el otro frente una cenefa con roleos vegetales de rapiña entremedias, de gran carácter, donde y aves se combinan elementos árabes y románicos, en perfecto acuerdo con las nieladuras del Arca santa. (Láminas xl y xli.) Otra muestra del mismo arte es la cruz procesional de Mansilla de la Sierra, viUa al oriente de Burgos, donde aun se conserva casi desconocida ^ Es de plata dorada, sin más representación que los símbolos de los Evangelistas, cincelados y nielados, como toda su restante decoración, de roleos vegetales semiárabes — su brazo infe¬ rior es una renovación del siglo xvi —. Además, el nudo medial del cañón repite leoncillos entre ramaje calado. Sus inscripciones acre¬ ditan que fué hecha en 1109; así: "Vir leo bos et avis deus est agnus- que suavis. - Populus Maxille iussit fieri banc crucem in honore sánete Marie virginis. - Hec crux fuit facta in era mcxlvii." Nótese la ausencia de representaciones hieráticas, conforme a la tradición premilenaria española. (Láminas xli y xlii.) Procedimiento muy favorecido en la metalurgia medieval fué la filigrana; pero es donde más tardíamente influyó lo románico- bizantino, perdurando la técnica de siglos anteriores. Los leves restos de enchapadura que conserva la caja de 1059, en S. Isidoro de León, así lo testifican. Mucho más, el grandísimo y bárbaro cáliz de Sto. Domingo de Silos (1041-1073) que parece obra mozárabe ^ y también la cubierta del Evangeliario de la reina Lelicia (1063-1086), antes citado cuyo cerco es de plata dorada, con pedrería y alguna chapita de esmalte fileteado, entre filigranas dispuestas como ramaje en ondulaciones poco simétri¬ cas. (Lámina xliii.) Mayor variedad y riqueza ofrece la única pieza de oro conservada, que es un cáliz de ónice, donado a 8. Isidoro por Urraca, la intré¬ pida hija de Leman do I, como su inscripción atestigua: "In nomine Domini Urracca Lredinandi." Su montura metálica va guarnecida con filigranas, de las que sobresalen espirales a trechos, pedrería y ' Catálogo de la Exposición de Arte retrospectivo de Burgos, 1921, lám. XXIII. ' Iglesias mozárabes, lám. CXLV. ^ Véase arriba, p. 26. La otra tapa tiene cerco igual, rodeando un marfil bizantino. "Bol. de la Soc. Española de Excursiones", II, 246. 32 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL aljófar, cuadrados de relieve con fondo esmaltado verde, y un unos camafeo de pasta blanquecina remedando una cabeza humana, de carácter perfectamente románico y muy notable. (Lámina xliii.) ^ Nótese la gran paridad que hay entre los elementos de sus fili¬ granas y cinceladuras con la orfebrería otomana; por ejemplo, la cruz de Conrado II (1024-1039), acentuándose con ello más y más nuestros puntos de contacto germánicos ^ (Lámina xliii.) Dádiva de la misma Urraca, perdida ya, en la iglesia de S. Isi¬ doro de León, fué una gran cruz, enchapada de oro y plata, con pedrería. Su Crucifijo era de marfil, con sudario de oro, y debajo aparecía la figura orante de la infanta, relevada en oro también, y con esta leyenda: "Misericordia-Urracca Fredinandi regis et Sancie regine filia donavit." = En la susodicha iglesia sus fundadores colocaron un retablo de oro y tres de plata, que figuran en la carta de dotación de 1063 "Frontale de auro puro opere digno cum lapidibus zmaracdis saf- firis et omni genere preciosis et olovitreis. Alios similiter tres fron¬ tales argénteos singulis altaribus." Y ya que recordamos piezas tales, bien será consignar sus precedentes, aunque también perdidos. El retablo de la catedral de Gerona resulta donado por la con¬ desa de Barcelona, Guisla, según este letrero que acompañaba a su retrato orante, en campo esmaltado de verde: "lussit Guisla comitissa fieri." Para él, la condesa vieja Ermesindis, suegra de aquélla, dió en el día de la consagración de la iglesia, año 1038, trescientas onzas de oro, "ad auream construendam tabulam"; y en efecto, era todo de oro y pedrería con una imagen de la Virgen madre, quizá poste¬ rior, y relieves figurando escenas del Evangelio y santos ^ Más interés ofrece lo que sabemos del retablo de Sta. María de ' Cat. mon. de León, fig. 224. " M. Rosenberg; Niello, fig. 88. ^ M.4.nz.\no: Ob. cit., págs. 352 y 383.—Risco: España Sagrada, XXXV, p. 357. ■* Risco: Ob. cit., XXXVI, p. 189. Corregida su lectura, conforme al original que se conserva en la misma iglesia de S. Isidoro. ° Marca: Marca hispánica, doc. CCXVIII.—Villanuev.a: Viage literario, XII, p. 180.— Roig y Jalpi: Resumen historial... de la ciudad de Gerona, p. 20Û.—Procedente de él, subsiste en la misma catedral una piedra ovalada, de cornerina, y en ella grabado el nombre ermesin¬ dis, repetido debajo en letras árabes: pertenecería al anillo signatorio de la condesa. E. Saa- vedra: Joyas arábigas con inscripciones, en "Museo Español de Antigüedades", I, 473. METALES 33 Nájera; también de oro, con imaginería de relieve, esmaltes, pedre¬ ría y aljófar, que estaría hecho ya en 1056 cuando se consagró, y llevaba este letrero; "Hec rex piissimus fecit Garsia benignus, et me Stefanie factum sub honore Marie, scilicet Almanii decus arti¬ ficis venerandi." ^ La reina Estefanía era nieta de la susodicha Ermesindis, que la educó, viviendo hasta 1057, y también cuñada de la otra reina Sancha, de León. Pero lo interesante consignarse que fué obra de un artífice es alemán respetable, pues en este sentido, y no como nombre perso¬ nal, puede entenderse el "Almanius". Quizá fuese él quien introdujo en este país la imaginería religiosa; tal vez en el arca de S. Isidoro nos quedará un reflejo, indirecto cuando menos, de su arte, y esta noticia documental va bien con el carácter renano de las piezas arriba presentadas. ' Yepes; Crónica general de la orden de S. Benito, VI, f. 125 ARTES MONUMENTALES LO ADVENEDIZO EN TORNO DEL PIRINEO Destruido el áureo retablo de Gerona cuando la francesada, esca¬ sean demasiado regiones orientales las obras de arte sun¬ en nuestras tuario correspondientes a este período inicial; de suerte que hemos de recurrir a la decoración y aun a las estructuras arquitectónicas para estudiarlo, entrando en la fase principal del presente bosquejo. El sector de la arquitectura catalana, aunque muy trillado por restauradores y eruditos, y rico en fechas de consagración especial¬ mente, aun es susceptible de revisiones que afiancen el conocimiento de su proceso evolutivo, en armonía con lo similar bien comprobado fuera de allí; así como sobre el hecho, al parecer exacto, de que Cataluña no desarrolló iniciativas en este orden, y antes bien hizo rutinario lo que de ajeno aportaba. Recuérdese que, sobre lo carolingio, S. Pedro representado por de las Fuellas en las iglesias de Tarrasa, implantáronse Barcelona y reflejos de mozarabismo en edificios de pobre estructura, pero abo¬ vedados, lo que puso al país en condiciones de avanzar hacia el ideal románico, de acuerdo con lo demás de la zona cristiana española y dentro de cortos límites '. Aun así es como la iglesia de S. Miguel ^ Oómez-Moreno: Iglesias mozárabes, págs. 47 a 49. Después apareció en Tarrasa el mosaico que fue pavimento de la catedral goda, comprobándose su independencia respecto de los edificios actuales. .Además se ha restaurado el de S. Miguel, convirtiendo algunos de sus contrafuertes en jambas de arcos haciéndole en medio una piscina, completamente a capricho, pues cuando se rompió el pavimento antiguo en busca de la deseada fuente bautis¬ mal, no aparecieron sino cimientos modestos de otros edificios sin relación alguna con la iglesia, y así estuvo al descubierto algunos años. Vese bien clara la rotura del suelo, sin formar borde de piscina, en L'arquitectura románica a Catalunya, fig. 380, en contradicción ya con el esquema hipotético de la fig. 381. Igualmente caprichosa y nueva es la ventana con celosía que relaciona la cripta con la iglesia misma. ,5'' El. ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL de Cuxá, en el Rosellón, fué reedificada hacia 970 \ con arcos de herradura, solamente abovedadas capillas absidales, al parecer, sus y desde luego con lisura completa, como todos los edificios de aquel grupo. Ya en 957 compruébase la preferencia de bóvedas para evitar incendios, según lo consigna el acta de consagración de la iglesia de S. Esteban de Bañólas; "Mirifice construxit a pavimentum usque ad tegimen ex calce et lapidibus dedolatis, quia olim combustus fuerat a paganis" =. La primera muestra conocida, precursora del arte nuevo, es el famoso dintel de S. Genís les Fonts, en el Rosellón, fechado en 1020- 1021, con la Majestad en aureola tenida por dos ángeles, seis após¬ toles, bajo arquería en forma de herradura, y orla de follajes bizan¬ tinos o bien árabes, a biseles L (Lámina XLiv.) Su barbarie culmina en la técnica del modelado a rayas, con sentido casi geométrico, recordando las miniaturas castellanas y, más aún, la pila árabe, coetánea, de Játiva, por ejemplo; pero su prototipo es bizantino, lo que va bien con presunciones de mozarabismo. Aunque la fachada, donde dicho dintel encaja, y todo el above- damiento de la iglesia se reconocen como obra próxima a 1153, fecha de consagración, lo demás en su parte baja, hasta el arranque de los arcos, ha de referirse a aquella otra fecha de 1020. L1 aparejo es de mampostería formando raspas y con sillares en las esquinas; la nave da un ancho de 7 metros e iría techada; el crucero es muy saliente y a su cabecera se abren tres ábsides lisos, de planta de herra¬ dura; ventanas, solamente derramadas hacia el interior L Ya entonces removía Cataluña el gran Oliva, que reedificó desde los cimientos su iglesia de Sta. María de Ripoll y la consagró en 1 E'éli.x Hernández: S. Miguel de Cuixd, iglesia del ciclo mozárabe catalán, en ".Archivo E.spañol de Arte", 1932, p. 157. Marca hispánica, doc. XCIII. ■ ^ Lo publicó De Caumont, en su Abécédaire d'Archéologie, p. 373, y después Brut.ails: L'arl religiós en et Roselló, lám. I. ^ Sobre las iglesias catalanas aquí citadas, véanse; Brutails: Ob. di.—Puig y Cad.afalch: L'arquitectura románica a Catalunya.—Le premier art Roman.—La geografia i els orígens del primer art romànic. Lo que de nuevo añadimos a las descripciones de iglesias, así como sus planos, corrigiendo a veces lo antes publicado, se debe al arquitecto D. Eélix Hernández, que ha realizado una campaña de estudios en el Rosellón y me autoriza a publicar algo de sus notas. Los planos van reproducidos a una misma escala en todo el libro, y es de i ; 200. EN TORNO DEL PIRINEO 37 1032. Era opinión no discutida la de que todo el edificio actual surgió entonces; pero ya se elimina su gran portada, obra indu¬ dable del siglo XII muy avanzado; también lo serán las torres, y aun, probablemente, la cabecera toda, quedando reducido lo del si¬ glo XI a sus cinco naves, que para entonces ya es buen esfuerzo. Santa María de Ripoll (Gerona); naves. Dibujo de Puig y Cadafalch. Desgraciadamente, las reformas inferidas de antiguo, su ruina y, por último, una reconstrucción en sentido romántico, quitan casi toda su autenticidad a dichas naves. La central, con anchura de ocho metros, entre recios muros taladrados por arcos lisos, no es verosímil que soportase bóveda entonces; tampoco las laterales, separadas entre sí por pilares y columnas, alternando. Sólo sabe¬ mos, por abundantes restos sacados de entre las ruinas, que dichas columnas eran de arte mozárabe, copiadas de las califales cordobe- EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL sas, con basas áticas, de muy ancha escota, y capiteles corintios, de o algo modeladas a biseles, exactamente como en el hojas lisas dintel de S. Genis, y sin incorporárseles el astrágalo, que es fuerte indicio de andalucismo. Otras dos columnas completas y con capi¬ teles semejantes, pero muy retalladas sus hojas, hay en Cornellà, correspondientes a la misma serie l (Lámina xliv.) Además quedan, por reliquias del Ripoll destruido, unos relie- \-es con ángeles y santos, en arcos de herradura bien adornados, de carácter lombardo, y más antiguos, al parecer, que la gran por¬ tada, si bien dentro del mismo ciclo. Están en el claustro, comple¬ tado uno de ellos bárbaramente. (Lámina xlv.) En fecha próxima, 1038, fué la consagración de la catedral de Gerona. Que su retablo de oro seria obra más o menos bizantina, bien puede presumirse. Lo son el ara conservada y la cátedra epis¬ copal, piezas ambas de mármol, que hermanan entre si por razón de sus follajes, no a biseles, pero de un orientalismo delicadísimo. Avaloran más aún la cátedra unos símbolos de los Evangelistas, y especialmente el ángel, obra de escultura selecta. (Lámina xlvi.) Tocante al ara, compárese con una tapa de libro, tallada en marfil y bizantina, que conserva la catedral de Narbona ^ La iglesia de Arles del Tech, consagrada en 1046, mantiene intacto su frontispicio, donde ya pueden apreciarse concordancias lombardas. El arco que descarga el dintel angular de su puerta lleva por guarnición palmetas y, sobre sus arranques, figuras de leones echados, teniendo animalejos entre sus garras; en el tímpano, una cruz, con la Majestad y los símbolos de los Evangelistas dentro de medallones (Lámina xlvii); encima, una pequeña ventana con orla de palmetas, cabalgando unas en otras, sobre florones y una serpiente, a biseles todo ello. (Lámina xlvi.) Dichas esculturas desmerecen de lo de Gerona y Ripoll, por su amaneramiento. Respecto del edificio, es grande, como basílica de tres naves, con anchura de 8,30 metros la central y 4,50 las colaterales; pilas alargadas, separándolas, y algo de crucero, acusado por dos de ellas, cruciformes y con responsiones; arquería ciega a todo lo largo ' F. Hern.índez: Un aspecto de la influencia del arte califal en Cataluña, en ".Archivo Español de .Arte", 1930, p. 21. - Goldschmidt: Ob. cit., I, n.° 31. 40 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL del hastial; ventanas con simple fuera, y restos de un arco por ábside lateral con saliente, como los de Cuxá, e impostas de arco nacela. Volvió a ser consagrada en 1157, y de entonces datarán: los ábsides, con bandas lombardas y ventanas derramadas por ambas haces; el abovedamiento, con una arquería supletoria para apearlo, en la nave mayor, y lo recrecido de su hastial, con otra serie de arquillos sobre columnas. Insegura es la fecha de S. Andrés de Sureda, iglesia próxima a la anterior y a S. Genis, y emparentada con ambas por sus escul¬ turas. La gran ventana del hastial, riquísima en talla decorativa, con roleos bizantinos, serafines y símbolos de los Evangelistas, se parece mucho a la portada inglesa de Kilprech q obra conocida¬ mente lombarda; pero su dintel es remedo del de S. Genis, con adelanto de técnica y mayores complicaciones. Le descarga un arco guarnecido con dentellones, y más arriba hay unos leoncillos, como en Arlés (Lámina xlviii). Ello, probablemente, se enlaza con un recrudecimiento de bizantinisme, representado por grandes obras decorativas de mármol, en Cuxá, Serrabona, Elna, etc., ya entrado el siglo xii. Lo primitivo de esta iglesia hermana con lo de S. Genis, en su planta y aparejo, alcanzando a nueve metros el ancho de su nave, y los ábsides se prolongan en líneas rectas. Sobre ello prosigue una mampostería a hiladas horizontales y con sillares pequeños en las esquinas: a este segundo período deben de corresponder otras ven¬ tanas, cuyo arco exterior se guarnece con una faja relevada, aun sobre el dovelaje. Consta una consagración en 1121 hacia enton¬ ces se compartiría en tres naves el edificio, para abovedarlo, rema¬ tándose el hastial pulcramente, con obra de sillería y decoración de arquillos lombardos. Fuera de lo dicho y de algunas piezassueltas, los edificios pire¬ naicos del siglo xi se ostentan lisos en absoluto: ni portadas, ni columnas, ni impostas, ni cornisas; solamente arquerías lombardas por coronación de los muros. Informan su estructura: un aparejo ' Propylden. Kunstgeschichte, VI, fig. 582 ' Brutails: ob. cit., p. 65. EN TORNO DEL PIRINEO 41 San Andres dc Sureda (Rosellón). Dibujo de Félix Hernández. menudo, pilas rectangulares 0 acodilladas, arcos sin dobladura, bóvedas de cascarón en los ábsides; otras de cañón, con perpiaños o sin ellos; de aristas capialzadas, o sea lombardas, excepcional- 42 el arte románico español mente, y algún cimborio muy modesto. En cuanto a torres y claus¬ tros, no hay que buscarlos en casi todo aquel siglo. Si pusiéramos confianza en las fechas de consagración, a ciegas, se tendría que reconocer dicho modelo de edificios desde la mitad del siglo x; pero la renovación, una y otra vez en pocos años, por miseria y mal arte de aquellas iglesias, está comprobada por los documentos, y es lícito restringir su cronología, de acuerdo con lo admisible entre tipos similares. Por de pronto, las iglesias arriba estudiadas parecen acreditar que en los primeros decenios del siglo xi el empleo de bóvedas seguía restringido a los ábsides, de conformidad con lo usual fuera de España. Pero ya edificios peque¬ ños revelan el límite inicial de avance bajo fechas tempranas. Tocando este límite se halla la iglesia de S. Martín del Canigó, fundación del conde Guifredo, hermano de Oliva, al norte del Piri¬ neo y cerca de Cuxá, de donde acaso procedía su abad Sclua, elegido en 1014; y a él se debió la construcción de aquélla — extruxit —, consagrada en 1009, si no en 1026 L La mayor duda está en si data de entonces todo el edificio o solamente la parte delantera de su cripta, compuesta de tres naves muy pequeñas — 3,10 metros de ancho la central y 2,00 las laterales —, entre pilares acodillados que sustentan arcos divisorios y de través, sin impostas, y encima bóvedas de cañón a lo largo, que cierran a una altura de 2,75 m.; otros arcos van adheridos a los muros, y las ventanillas tienen pro¬ mediado su derrame; la mampostería procede a hiladas horizonta¬ les, rudamente y con material muy pequeño. A la cabecera habría tres ábsides, derribados, seguramente, para alargar el edificio, igua¬ lando el ancho de sus tres naves, que así toman aspecto de cripta; se las cubrió con bóvedas de aristas lombardas, sobre arcos cruza¬ dos y columnas, y se rehicieron en su testero los ábsides. Dichas columnas y el descentramiento del trasdós de los arcos, asimilan esta parte del edificio a la iglesia superpuesta, acreditándose de coetáneas. Dicha iglesia superior forma basílica con tres ábsides, hile¬ una ras de a seis arcos sobre columnas, promediadas en dos series. 1 I-a primera fecha en Marca hispánica, doc. clx; la segunda, en brüt.\ils: ob. cil., p. 237, aludiendo a la Histoire du Languedoc. EN TORNO ÜEJ, PIRINEO 43 mediante pilas, sustentadoras de arcos perpiaños, y con bó\'edas de cañón cubriéndola toda. (Lámina XLix.) Sus capiteles son almoha¬ dillados, con adornos bizantinos no malos, de escaso relieve, y algún ensayo de figura humana, pésimo; los ábsides ostentan, como en Ripoll, una cornisa de arquillos sin bandas verticales, por fuera, lo que acredita menor antigüedad, se¬ gún dicen, y tanto las puertas y ventanas como las arquerías de la gran tori'e tienen descentrado su trasdós, conforme lo repiten S. Pe¬ dro des Galligans, S. Ponce de Cor¬ bera, etc. Esto mismo fué práctica en Apulia y Toscana, tampoco muy remota; pero la iniciativa corres¬ ponde, sin duda, al arte califal cor¬ dobés. Todo ello inclina a moderni¬ zar dicha segunda etapa de obras, respecto de las fechas arriba consig¬ nadas, que bien pueden referirse al tramo anterior de la cripta, donde no aparecen influjos lombardos aún. Ello aparte, el caso de bóvedas de cañón sobre columnas sueltas, que ofrece la iglesia alta, es rudimenta¬ rio dentro de la evolución románica. Poco antes de 1040, S. Miguel de CuxÁ recibió complementos ar¬ San Martín del Canigó (Rosellón); cripta. quitectónicos notables, relatados en Sobre dibujo de Puig. una carta de entonces g donde se dice que el abad Oliva, "pulcro et arcuato opere", construyó de¬ trás del altar de S. Miguel otros tres, dedicados a Sta. María y a los arcángeles Gabriel y Rafael. En efecto, por fuera de la capilla ^ Clarea hispánica, doc. ccxxii. Quizá motivase su consagración la junta de obispos que allí hubo en 1035, según diploma publicado por Mabillon: De re diplomática, cciv. 44 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL mayor, cuadrada y correspondiente al edificio consagrado en 974, obsérvase, gracias a recientes exploraciones, la agregación de una especie de giróla rectilínea, envolviendo dicha capilla, con cuatro arcos San Miguel de Cuxá (Kosellón); cripta. Sobre dibujo de Puig. perpiaños, para bóvedas de cañón seguramente, y en su fondo tres ábsides, iguales entre sí y del tipo normal, que dejan espacio en¬ tremedias para dos ^·entanas, con su derrame promediado. Trasdosa las arquivoltas una guarnición de sillarejos, según práctica lombarda. EN TORNO ])EL PIRINEO 45 Asimismo, el abad Oliva añadió, bajo y a los pies de la igle¬ en sia, "cenaculum maximi et mirandi operis", que separaba del tem¬ plo un oratorio, cuyo altar dedicó a la Trinidad beatísima, e hizo escalera para bajada. Todo esto puede reconocerse delante del hastial de oeste de la iglesia, y enrasada su cubierta a nivel con el suelo de aquélla. Son tres naves, cruzadas por arcos, sobre pilas acodilladas, que soportan bóvedas de cañón en sen- tido de norte a sur; tocan- do con ellas, una rotonda, — de 8,8o de diámetro, m. con absidiola hacia oriente, bóveda anular, apoyada en una gruesa columna que ocupa el centro; a sus la¬ dos, otras dos pequeñas naves, con bóvedas bajitas de cañón y un luneto, co¬ rrespondiente a la puerta de paso para dicha roton¬ da, que es adintelada, con batiente para dos hojas y arco de descarga; otra puer¬ ta da cara al poniente, bajo un porche añadido después. Todo ello liso, rudísimo y como lo primitivo del Ca- m'crn Pvarl-Qmpnl-A Eulalia de Folla (Rosellón). Dibujo de Félix nigo, exactamenie. Hernández. Más trascendencia al¬ canza parroquial de Sta. Eulalia de Follá, en el Rosellón a la también, si es el edificio consagrado en 1031. Consta de tres naves, con pilares acodillados y arcos sin impostas; la central, más del doble de alta que las otras, permite ventanas, abiertas entre su bóveda de cañón con perpiaños y las de aristas capialzadas late¬ rales: sus anchos, respectivamente, 4,50 y 2,65 m. Los tres ábsi¬ des y casi todo el circuito de muros se guarnecen, al exterior, con as bandas lombardas de costumbre; ventanaje con derrame pro- 46 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL mediado. Quizá parezca una organización prematura para tal fecha.- En cambio, resulta atrasada, para la de 1061 en que se consagró, la pequeñita de S. Quintín dels Bains, cerca de Arlés, con una bóve¬ da de cañón atravesada, en lugar de cimborio. Entre 1033 y 1038 acabaron las catedrales de Urgel, Vich y se Gerona, que no existen, pero cuyo ejemplo hubo de influir en el des¬ arrollo arquitectónico del país catalán. Sin embargo, las iglesias abovedadas siguen siendo pequeñas y bajitas, a más de sencillísimas, de suerte que el ancho de sus naves mayores no pasa de cuatro a cinco metros, generalmente. De tipo basilical, sin crucero ni complicación alguna, se cono¬ cen varias sin fecha, pues Sta. Cecilia de Montserrat (Lámirta l) y Sta. María de Amer no pueden justificar las que se les atribuyen: 957 y 949' respectivamente. En cambio, Sta. Cecilia de Elins, dependiente de Urgel y consagrada en 1080, atestigua la persisten¬ cia del tipo con toda su simplicidad, salvo destacarse perpiaños en la nave de en medio y llevar descentrado su trasdós el arco de entrada, bajo guarnición lisa. Del tipo de cruz con una sola nave fué la catedral de Vich, obra del obispo Oliva, cuyo reflejo tendremos en la iglesia de Riu¬ primer, que dedicó el mismo obispo en 1041, hoy arruinada, y en la de S. Martín Sescorts, consagrada en 1068, donde aparece el ábside mayor rodeado de nichos por dentro. Esto viene a constituir grupo con las de Brull, anterior a 1062, y S. Lorenzo del Mont, consagrada en 1064: la una, en forma de cruz y con exedras por brazos; la otra, con tres naves, pilares cuadrados y un cimborio de tipo lombardo, formando ocho cascos sobre trompas, notable. La de Palau Sabardera, sin crucero, presenta de notable dos bóvedas de aristas, a la cabecera de una de sus naves laterales, acaso anteriores a las de cañón del resto. La de S. Vicente de Cardona, muygrande, esbelta y complicada, aunque tenga sobre sí acta de consagración de 1040, debe de ser posterior a las refe¬ un ridas; desde luego, quizá ninguna de aquel país le aventaje en ele¬ gancia, dentro de su absoluta lisura. Particularidad bien lombarda y típica, es una arquería, como ven¬ tanaje decorativo, sotopuesto al alero, según lo tienen las referidas en ïokno del pirineo 47 iglesias de Sescorts, Palau Sabardera y Cardona y las de Vilalleons y Granollers, consagradas, respectivamente, en 1083 y 1088 y con una simple nave. Sn repetición lleva hacia entonces las muy grandes de Casserres y Tabernoles, desechando las fechas más o y 10 t 1 1 1 1 1 I w. Santa Cecilia de Elins (Urgel). Dibujo de Puig y Cadafalch. remotas que se les asignan. La de S. Pedro de Ponts es una de las que miejor reúnen todos estos avances (Láms. XLix y l). Final¬ mente, suministra un dato histórico precioso el acta de fundación del monasterio de Gualter, en 1069, al expresar el conde de Urgel, Ermengaudio, su deseo de reedificarlo "et novo modo scemate exaltare", o sea, según nuevo modo de traza; y el edificio mismo lo 48 EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL explica, con su abovedamiento completo, crucero con brazos salien¬ tes y cimborio de tipo lombardo, sencillísimo; columnas en torno del ábside central, apeando su arquería, en bajo, por dentro; corni¬ sa corrida para impostas de arcos y cañones, y ventanas abiertas en el de la nave mayor. Aun el ancho de ésta, 6,20 m., excede mucho de lo corriente. Menos se aventajaba en el aparejo, que sigue siendo de mampostería mala en la cabecera del edificio, parte siempre la más antigua. No salen de lo vulgar otras iglesias, compuestas de nave y ábside solamente, pero notables por constar sus fechas de con¬ sagración, a saber: la del castillo de Marmellá (1040), la de Vila¬ torta (1050), la de Riusech (1054), la- de Olíus (1079) Y la de Sasorbá (1091). Las novedades que luego abren un segundo período en la arqui¬ tectura pirenaica, son: el aparejo de sillería, esbeltez de alzado, semicañones en las naves laterales, columnas adheridas a los pila¬ res para soportar los arcos, arquería decorativa dentro del ábside mayor, torres y claustros. Son asimilaciones de otras escuelas más avanzadas, que la persistencia de bandas lombardas, frisos de esqui- nillas y carácter italobizantino del adorno, acreditan como obra de artífices lombardos, a tenor de lo que el país francés enseña con la iglesia de S. Guillermo del Desierto, consagrada en 1076. Pero, influyendo sobre ellos, progresivamente, ciertos métodos y formas arquitectónicas usados en torno de su área de acción, así en España como a lo largo del camino de las peregrinaciones, según iremos viendo. La fecha, bien acreditada, más antigua en que aparecen señales de este avance, pero sin lombardismos, es de 1085, año en que fué consagrada la iglesita del Sto. Cristo de Palera, correspondiente al condado de Besalú; sencillísima, pero bien aparejada y con semi¬ cañones laterales e impostas. En la raya del Pirineo oriental, sobre el mar, está la iglesia de S. OuiRCE de Culera, consagrada en 1123, donde ambos tipos de aparejo, mampuesto y sillería, se asocian con formas bien des¬ arrolladas, sobre la base tradicional del pilar acodillado y los arcos perpiaños. Tiene crucero saliente, pero sin cimborio, corriéndose a en torno del pirineo 49 todo lo largo el cañón medial, entre semicañones que cesan ante los brazos del crucero; la esbeltez general del edificio se acrece con el peralte de los arcos, que en la cabecera avanza formando herradura; arquería sobre columnas dentro del ábside grande y, por fuera, bandas lombardas. Sta. María de Rosas quizá anterior, pero no mucho, resul¬ es tando irreductible para el edificio actual, arruinado, la fecha de consagración de 1022. Pues, aunque hecho con aparejo grosero, caen bien dentro de este grupo su traza y la organización de arcos y bóvedas, con más el empleo de columnas en sus arquerías murales. También, al parecer, corresponde a esta serie la iglesia de Torrelles, al norte de Elna, mal conocida. Otras dos, mucho mayores y ricas, pero análogas, desconcier¬ tan por las fechas que se les adjudican: de 1045 a 1066, para S. Miguel de Fluvià, en el Ampurdán; de 1058 a 1069, para la catedral de Elna. Lo verosímil es que ambas fuesen reconstruidas casi medio siglo después. Su característica principal son las medias columnas en pilares acodillados, cuyos capiteles, notoriamente lombardos, se adornan con follajes a biseles, entrelazados, escaques y algo de figurillas deformes. Aun posterior, pero sobre iguales bases, surgió la elegante iglesia de S. Pedro de Roda, sobre el cabo de Creus, cuya correspondencia con la fecha de consagración, 1022, es impo¬ sible, según lo reconoce el Sr. Puig y Cadafalch; y representa, por su giróla y columnatas, un avance máximo, dentro de este orden de estructuras. En confirmación de la cronología propuesta, cabe citar la iglesia de Vilabertran, en tierra de Ampurias, consagrada en iioo. EUa guarda analogía con las de Rosas, Elna y Roda, por la dobla¬ dura de sus arcos, a más de las características generales del grupo, entre las que se significa mucho la ausencia de cimborio, no obs¬ tante acusarse brazos de crucero. También la reforma de S. Andrés de Sureda, que motivaría su consagración en 1121, acoge iguales innovaciones. Un peregrino del influjo peninsular en la montaña cata¬ caso lana, depara la cabecera de S. Juan de las Abadesas. Forma nos una giróla con tres capillas; entremedias, ventanas con arcos de herradura; dos ábsides más en el crucero, todos con arquería mural 5° EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL sobre columnas y otra encima guarneciendo el ventanaje. Los capi¬ teles revelan ser obra de andaluces, con orientalismos de la mayor evidencia, incluso caligrafías cúficas; las cornisas son de tacos — hillettes —,hay una portada, con imaginería en su tímpano, y de tipo castellano indudable. La fecha de consagración, 1150, corresponde, probablemente, a la solución catalana que vino a des¬ virtuar el trazado primitivo, aunque éste caiga dentro del mismo siglo. Pero todo ello rebasa ya sobradamente los límites de este estudio. Otros influjos extraños acogieron las comarcas pirenaicas occi¬ dentales, Ribagorza y Alto Aragón, entrando hacia el norte por la cuenca del Garona. La catedral de Roda, erigida entre 1056 y 1067, mantiene características lombardas en sus ábsides, adornados con frisos de esquinillas;. lo mismo la ermita de Sahún, muy pobre; pero las iglesias de Vilanova y Castro, de una sola nave, bien apare¬ jadas ya, resultan posteriores, y las de Tahull, si bien datan del siglo xii, son como basílicas, techadas y con grandes columnas. Frente a ellas, el monasterio de Alaón, consagrado en 1123; el de OvARRA, que tiene ventanaje ciego en su ábside mayor q y S. Aven- tín, en la diócesis de Comminges, sin fechas, ostentan esbeltez de proporciones, columnas, arcos con dobladura y bóvedas de aristas capialzadas, ya por completo, ya en sus colaterales, acreditando una evolución románica progresiva, sin prescindir de las menuden¬ cias vulgares lombardas. Más al occidente, en la ribera del Aragón, desde cerca de Jaca, encontramos otro grupo similar, aunque modestísimo, de iglesias, provistas de bandas lombardas, ventanas derramadas hacia afuera y bóvedas de aristas capialzadas o de cañón sobre arcos tajones. Lo primero, en S. Caprasio, parroquial de Sta. Cruz de la Serós, incorporada a la seo de Jaca en 1086, por Sancho Ramírez; lo segundo, en la de Barós, lugar citado en 1056. Algún asomo de molduras con tacos acredita el influjo de Jaca, y esto mismo una portada ^ (Lámina li). Lejísimos, en la montaña de Palència, está Perazancas, ' Teodoro de los Ríos: El monasterio de Sta. Maria de Ovavra, en "Arquitectura", ix, 3. ^ F. iñíguez: Un grupo de iglesias del Alto Aragón, en "Archivo Español de Arte", 1933. P. 215. EN TORNO DEL PIRINEO 5' con su ermita de S. Pelayo, fechada en 1076, cuyo tejaroz de arqui¬ llos descubre otra penetración lombarda q lo mismo, algo después, cunde en tierras burgalesas, como a su tiempo veremos. Pmtre los dos grupos anteriores, de Ribagorza y del Aragón, depara otra sorpresa la cuenca del Gállego, con iglesitas de sillería menuda, redondos ábsides, torres elegantísimas y bóvedas de cañón con tajones. Las caracterizan espe¬ cialmente unas arquerías ciegas, ro¬ deando por fuera, de alto a bajo, los ábsides, con molduraje de bo¬ celes y encima unos frisos anchos con bastones o rollos enfilados ver- ticalmente. Esto último copió en se los ábsides de Banaguás y Lerés, iglesias del grupo anterior, sobre el Aragón, y las arquerías ciegas, muy angostas, se repiten a la parte con¬ traria, hacia Sobrarbe, en los tres ábsides íjgiA. María^de Buil. de Ninguna fecha conocida esclarece la cronología de estas iglesias, algunas en lugares citados desde el siglo x; pero las del Gállego presentan iden¬ tidad de caracteres entre sí, que au¬ toriza a creerlas erigidas en un plazo de tiempo muy corto; además, ningu- ^ 'O ^ ^ ■ Pedro de Larredc (Huesca). Dibujo na contaminación lombarda ni j de Iñiguez. quesa penetró en ellas. (Lámina lii.) Ciertamente, sus ábsides y arquerías ciegas pueden traer origen de Lombardía; mas lo restante acredita con precisión que dicho grupo de iglesias es obra de andaluces, impregnada de arabismos. En efecto, los arcos son de herradura, poco acusada y con impostas y salmeres en una sola pieza, como en ciertas obras mozárabes -, ^ Véase la lámina cxii. ^ Gómez-Moreno: Iglesias mozárabes, págs. 38, 147, 316. 52 EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL por ejemplo, en el santuario primitivo de S. Juan de la Peña, o bien simplemente peraltados, con tendencia al descentramiento de su trasdós y despiezo subrradial; encuádralos un alfiz, desde abajo; dobles y aun triples arquillos hay por ventanas, sobre columnas, e inscritos en otro alguna vez; finalmente, arcos para descarga de los dinteles; bóvedas esquifadas, en las torres, etc. Por capiteles, basta un simple tablero; de adorno, solamente una especie de lóbu¬ los, mal tallados, en la dobladura de la portada de S. Juan de Busa. Esta iglesia conserva arranques de su bóveda de cañón, que, mal con¬ trarrestada, desplomó los muros, y esto mismo trajo la ruina de las demás naves, excepto en S. Pedro de Lárrede, que es la más com¬ pleta del grupo, y cuya bóveda se complica con lunetos, para dar cabida a unas ventanas ¿levadísimas, de doble arco. La explora¬ ción del país de Sobrarbe, aun no apurada, quizá esclarezca el pro¬ blema de este foco arquitectónico, tan sugestivo y desconocido ^ En síntesis, queda firme que el movimiento de reconstitución arquitectónica en el Pirineo vino sometido al doble impulso mozᬠrabe y lombardo, tasado por la pobreza del país y su cantonalismo, en prematuros ensayos que no podían alcanzar grandiosidad ni esmero en la mano de obra, porque allí no se formaron canteros buenos, y menos aún decoradores; pero, además, la rutina s6 impuso, hasta renegar de lo propio, yendo a la zaga de los otros focos penin¬ sulares. Así, será sobre éstos, y edificio por edificio, donde concen¬ traremos ya nuestra atención, procediendo con la amplitud de infor¬ mes que se merecen. ^ F. iñíguez: Artículo arriba citado.—R. del Arco: El arle rom-cínico en ¡a región pire¬ naica, especialmente en Aragón. .Aunque publicado en 1932, no se hace cargo de estos dos grupos de iglesias; pero se citan las de S. Caprasio y Bull. T.a de T.árrede fué reconocida por el Sr. Sánchez Ventura en 1922. PRELUDIOS CASTIZOS LA CATEDRAL DE FALENCIA Arrumada y desierta esta ciudad desde la invasión árabe, tocó en ella Sancho, el Mayor, probablemente cuando andaba organizando el camino de los peregrinos, ya hecho dueño de Castilla, primero por guerra y desde 1032 por su casamiento con doña Mayor, la última condesa castellana. Correspondía la ciudad, por donación antigua, al obispo de Oviedo, que lo era aquel D. Ponce, quizá catalán, aunque se le llamaba fran¬ cés, discípulo de Oliva y patrocinado de dicho rey, en cuya corte andaba. Por instigaciones suyas, determinó Sancho reedificar Falen¬ cia; y Ponce, por su parte, agrandó la cripta goda de su catedral, que subsistía y subsiste, dedicada al mártir francés S. Antonino o Antolín. Fué en 1034. A principios del año siguiente, hecha ya la amplia¬ ción con dos altares, y en presencia de los reyes y de toda la corte y obispos, se celebró su dedicación; que todo ello viene relatado en un diploma sólo -diez años posterior al suceso. Añádese en el mismo, bajo frases poéticas, la noticia de que luego el obispo D. Bernardo, privativo de Falencia, erigió encima su catedral con gran dispendio, hecha de piedras talladas, valiéndose de escultores y puesta su mira en encumbrarla. Ya no existe aquella la mansión celestial para "lapidum honestissima domus", quizá obra capital románica; pero sí la antecripta, y a ella hemos de atenernos \ Se conserva perfectamente, salvo unos recalzos, teniendo a su cabecera el edificio primitivo, la soterraba de 8. Antolín, en que no hemos de ocuparnos. La ampliación desarrolla una sola nave, de siete metros de ancha, encabezada por un ábside, que no llega ^ (jUADRADo: Valladolid, Falencia y Zamora, en Recuerdos y bellezas de España (i.'' edi¬ ción), ó España: sjis monumentos y artes (2." edición), p. 355.—F. Simón y Nieto: p. 250; Dos iglesias subterráneas, en "Boletín de la Sociedad E.spañola de Excursiones", XIV, 64. 54 EI, ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL al semicírculo en su planta. Por allí se comunica con la parte goda, medíante un arco que resulta descentrado, y no coinciden tampoco losejes de ambos edificios, irregularidades mal explicables. A los lados de dicho arco,ciñéndose a la curvatura del ábside, hay otros dos arcos, de poco fondo y con una ventanita, derramada y for¬ mando arco. Allí estaban los dos altares a que se refiere el docu¬ mento de 1045 y que subsistieron hasta tiempos modernos, acreditando que nos hallamos ante la edificación del obispo don Ponce, seguramente. Dichos arcos son de medio punto, con do velaje menu¬ do e impostas de bisel, lisas. Hacia el sur y junto al ábside, hay una entrada pequeña, con dintel por dentro, arco re¬ dondo sin impostas, hacia el exterior, y entremedias cuatro escalones, por lo menos, subiendo. La actual entrada, a los pies, resulta moderna. (Lámina liii.) El edificio carece de muros laterales, porque, sobre un simple rebanco, surge la bóveda de cañón que le cubre ente¬ ramente, aun comprendido el ábside. Se refuerza con cuatro perpiaños, y arcos uno más pegado al hastial de los pies, Catedral de Palència: antecripta en curva de semicírculo. Todo va hecho de san Antolín. Dibujo de G. M. de sillería, con piezas algo largas, pero que no suelen exceder de treinta centímetros en su alto, y son de caliza de Hontoria, según dicen. En este cañón de bóveda se insertan lunetos, no mal despezados, para ventanillas de arco redondo, muy derramadas lateralmente y por abajo, a fin de ganar la rasante exterior del suelo, que hubo de hallarse tres metros más alta. Es notable que algunos salmeres se recortan formando codillos, como en lo ramirense asturiano, y el do velaje suele no ir trasdosado. Tenemos aquí una estructura plenamente románica, con arcaísmos bien razonados, en atención a su fecha, y un tipo de abovedamiento C[ue trae curiosas enseñanzas. LA CATEDRAL DE PALÈNCIA 55 goda ofrece una cubierta de losas horizon¬ Allí al lado, la parte tales sobre perpiaños, según el conocido sistema siriaco. Pero arcos la analogía mayor se da con la cripta de Sta. María de Naranco, obra de Ramiro I, a la mitad del siglo ix, donde se repite una bóveda de cañón arrancando cerca del suelo y con perpiaños y lunetos, aunque de ancho sólo alcance a 4,60 m. Ello, a su vez, es copia de la cripta de la Cámara santa de Oviedo — capilla de Sta. Leocadia —, obra de Alfonso, el Casto, donde faltan los perpiaños, pero en cambio Santa María de Naranco (Oviedo): planta baja. Dibujo de G. M. hay ventanillas como las de Palència E (Lámina Liv.) ¿Es que vino acá un maestro, conocedor de los modelos asturianos, y que, a vis¬ ta de la primitiva, se le ocurrió imitarlos? ¿Fué Ponce, solución goda el obispo de Oviedo, quien precisamente sorprendido ante lo astu¬ riano, por ser forastero allá y conocedor de los problemas arquitectó¬ nicos removidos en torno del Pirineo, encauzó las iniciativas del artífice? Bien visto, ni Francia, ni Italia, ni Alemania ofrecen, sobre el tipo basilical, es decir, en apartándose de lo bizantino, sino edifi¬ cios techados aún, en lo más de este siglo xi. Al contrario, España prodigó los abovedamientos articulados, con cañones y buen apa¬ rejo de sillería, a lo largo de los siglos ix y x; y, si buscamos una ^ Momimentos arquitectónicos de España.—F. de Selgas: Las iglesias de Naranco, en "Bol. (le la Soc. Española de Excursiones", XVII, 17. La basílica del Salvador de Oviedo, en id., XVI, 167.—V. Lampérez: Uist. de la arq. crist. esp., I, 261.—Gómez Moreno: De arqueologia mozárabe, en dicho "Boletín", XXI, 89. 5(> EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL razón más que justifique esta diferencia, bastará recordar el estrago que las campañas de Almanzor llevaron sobre todo el país recon¬ quistado español, a fines del siglo x, con el incendio sistemático de sus iglesias, para ver en este impulso de los abovedamientos un recurso necesario contra tales daños para lo futuro. Idéntico peligro habría motivado antes laaparición de tipos mozárabes abovedados y con recio aparejo de sillería. Como también las incursiones nor¬ mandas, temidas en Asturias durante el siglo ix, justifican allí las soluciones admirables del estilo ramirense. (Láminas lv y lvi.) Y esta arquitectura asturiana, llegando hasta su degeneración en Boides —Valdediós— bajo Alfonso, el Magno, da tipos románi¬ cos: es lo protorrománico mejor documentado y perfecto que puede reconocerse en Occidente. Asimismo sorprenden sus puntos de con¬ tacto con obras orientales, por ejemplo, la iglesita del castillo de Ani, en Armenia, a que se asigna la fecha de 622, con bóvedas, arquerías murales y aun algo de adornos, coincidentes con lo de Naranco y representando allí un caso especial, dentro del sistema de abovedamientos armenio L Todo ello son datos sobre los que puede resultar lógico admitir que, al reconstituirse los Estados del norte de la Península en el siglo xi, dichos ejemplos moviesen eficazmente alos constructores, determinando el sesgo progresivo, y en cierto modo castizo, de nuestra arquitectura. Bajo Sancho, el Mayor, no parece fácil que el construir en romᬠnico avanzase mucho. Puede, sin embargo, atribuírsele una amplia¬ ción a la iglesia de S. Millán de la Cogolla, la de Suso, restaurada por él en 1030: forma dos naves con arcos de herradura, sobre columnas, y bóvedas de cañón; enteramente liso todo L Lo contra¬ rio en tiempo de García su primogénito, que estuvo en Roma, se casó con Estefanía, hija de los condes de Barcelona, como ya sabe¬ mos, y alardeaba de haber salvado de la ruina las iglesias de su reino. Este García mandó hacer, en 1053, la de S. Millán de Yuso, estre¬ nada en 1067, que ya no existe. Pero donde puso todo su empeño fué en el referido monasterio de Sta. María de Nájera, siguiendo ^ Strzygowski: Die Baukunsi der Annenier und ^ Europa, I, 137. Iglesias mozárabes, p. 307. LA CATEDRAL DE PALÈNCIA 57 las sugestiones de Estefanía: "In edificande eclesie constructione... maxime mee uxoris salutaris consilii suggestione incepissem, Deo eademque instigante", el diploma de dotación expedido expresa en 1052, y la misma reina acudió a consagrarla con gran solemni¬ dad en 1056, como ya se dijo. Se la dibujó entonces, en el pergamino arriba visto (Lámina vi), como edificio de tres naves, mucho más alta la central y en sección de arcos de herradura; pero, renovado el edificio en el siglo xv, por desgracia, sólo presunciones caben respecto de su estilo. Es lo cierto que, inmediatamente tras de él y por obra de los hermanos de Gar¬ cía, Fernando y Ramiro, surgieron otros dos edificios, que subsisten y cuyo romanicismo completo viene a secundar en lo arquitectónico la explosión que ya observamos en las artes figurativas a partir de las mismas fechas. Son ellos el pórtico de S. Isidoro en León y la seo de Jaca. NUESTROS PRIMITIVOS SAN ISIDORO DE LEON Estuvo consagrada primero esta iglesia a S. Juan Bautista y S. Pelayo, mártir. Destruida por Almanzor, la reedificó Alfonso V con tapial y ladrillo, estableciendo en ella el cementerio real y adjunto un monasterio. Su hija Sancha, casada con Eernando I de Castilla, obtuvo de éste que quisiera también ser aquí sepultado, y luego comenzó su reedificación, no antes, quizá, de 1054, que es cuando obtuvo paz en el reino: "Eecit ecclesiam banc lapideam que olim fuit lútea", dice su epitafio. La dedicación se celebró en 1063, colocándose en su altar mayor las reliquias de S. Isidoro, traídas desde Sevilla entonces, y por ello fué mudado el título de la iglesia. Su terminación la realizó Sancha, ya viuda, entre 1066 y 1067: "Sancia regina Deo dicata peregit". Así lo consigna una inscripción de entonces, colocada precisamente en la parte que aun subsiste ínte¬ gra del edificio, o sea su pórtico, donde están las tumbas reales, profanadas por los franceses bajo Napoleón. (Láminas LVii a Lix.) Quedan además vestigios de otra ala, que corría a lo largo de la iglesia; juntamente, el lienzo septentrional de ésta, y todo su hastial de poniente, acusando el alzado de las tres naves. En exploraciones sistemáticamente hechas por el Sr. Torbado, se han podido recono¬ cer asimismo sus cimientos y los de tres capillas cuadradas que formaban la cabecera. Dichas muy angostas —3,10 m. la central; 1,83 cada naves eran colateral; 0,74 los muros intermedios — pero elevadísimas — 11,60 m. la central; 6,80 las laterales — y cubiertas con bóvedas de cañón, sin responsiones de pilares a los costados, acreditando que carecían de perpiaños. La puerta septentrional, de arco esbeltísimo, sin tím¬ pano, tuvo metidas en sus codillos dos columnas, con capiteles y basas entregos. A los lados, y también por fuera, decoraban la pared SAN ISIDORO DE LEÓN 59 dos parejas de peraltados, desiguales en su ancho, y aun a arcos distinto nivel lasimpostas de uno de ellos. El aparejo se constituye con paramentos de sillería de caliza, labrada a pico, rejuntada y sin marcas; su galga, de 30 a 40 cms., y un mácleo de morrillos fraguados con mortero de cal durísimo. El cimiento va careado también con sillería igual sobresale en forma de banqueta, con bocel y filetes y en sus aristas, según deja visible el pórtico. Éste y la iglesia guardaban similitud absoluta en su aparejo y en la decoración, a juzgar por las impostas de la sobredicha arque¬ ría, que articulaba el muro septentrional, y por dos columnas, aprove¬ chadas en la obra posterior, que serían de las capillas y aventajan en finura a las del pórtico. La puerta primitiva de éste hacia la iglesia, hoy convertida en altar, se conforma con la otra referida en cuanto a sus columnas, monolíticas, con capiteles y basas entre¬ gos; pero recorta en bocelón su arquivolta exterior y lleva tímpano liso. Esto mismo repite la puertecilla de la escalera de caracol que subía a la tribuna desde el pórtico. Parece verosímil que el trazado, amplitud y proporciones de la iglesia conservasen las características del edificio primitivo, única explicación aceptable de sus arcaísmos, que recuerdan la iglesia de Valdediós, en Asturias, muy especialmente. pórtico le llaman ahora Panteón; antes, capilla de los Reyes Al o de Sta. Catalina. Su alzado es exiguo y de achaparradas propor¬ ciones, por llevar encima una gran tribuna, con vistas a la iglesia. Esto se verifica mediante un gran arco, doblado y sobre medias columnas adheridas a las jambas; ábrense a sus lados dos clara¬ boyas que prestaban luz por encima de las naves menores; en cuanto a lo demás, el aspecto de esta tribuna, con sus arcos murales, bóveda de cañón y perpiaños, liso todo ello, se debe a una reforma ulterior. En cuanto al pórtico, lo constituyen dos sectores: el principal tiene arquerías abiertas hacia poniente y norte, sobre robustas pilas acodilladas y con medias columnas en sus frentes; dos columnas exentas sirven de apoyos mediales, y otras finas, en rincón, guarne¬ cen la arquería mural del costado de sur, hermanando con las de la puerta. Voltéanse encima recios arcos de medio punto, peraltados los más angostos y con dobladura los de la periferia; todos ellos divi- (>o el arte románico español den dicho sector principal en seis tramos, que se cubren con bóve¬ das capialzadas de aristas, alargadas y muy bien hechas con silla- rejos de piedra toba. (Láminas Lvii y Lviii.) El segundo sector no sólo envuelve al primero por los lados de sus arquerías libres, sino que se prolongaba hasta la cabecera de la iglesia, según va dicho. Hacia el poniente desarrolla otras tres bó¬ vedas, como las referidas, sobre arcos que son escazanos, por exceder en amplitud a los demás, formando otra nave (Lámina lix), que entesta con la muralla de la ciudad y con la gran torre de la iglesia, que avanza ante aquélla desde el suelo, como parte de sus defensas. El cuerpo bajo de esta torre es macizo, pero con estribos; el de en¬ cima contiene un aposento, que recibe luz por cuatro saeteras arquea¬ das, y su bóveda de cañón se refuerza con un perpiaño: ambos cuerpos son coetáneos de lo demás susodicho; el resto, posterior. La crujía septentrional, aneja al pórtico, estuvo igualmente abovedada que la otra y abierta a modo de ala de claustro, mediante una arquería sobre pilares, dotados de contrafuertes y medias colum¬ nas, hacia el norte, por donde ahora es patio. Sólo quedan visi¬ bles sus arranques, dos columnas y algunos macizos; pero da idea de su desarrollo la extremidad occidental, que subsiste completa ^ En todo revélase una ciencia constructiva y resolución admi¬ rables. El hecho de emplear piedra toba en las bóvedas, la más ligera y adhérente de todas, quizá pruebe que su artífice conocía lo de Asturias, donde ella se empleaba de antiguo; así como el tipo de aristas capialzado acredita bizantinisme, quizá indirecto, pues bóvedas así venían erigiéndose en Lombardía de antiguo, desde donde se importaron a Normandía y al Pirineo, como ya sabemos. También viene de lo bizantino la libertad para peraltar y rebajar los arcos, corriente lo primero en nuestros edificios asturianos del siglo ix; mas de arcos escazanos hay pocos ejemplos. La estruc¬ tura de los pilares y el doblar los arcos, así como las puertas, con sus columnas, bocelón y tímpano, y los estribos de la torre, es en Normandía donde caracterizan igualmente los edificios coetáneos. Aun mayor novedad representa la disposición del pórtico mismo. Los que sirvieron antes de cementerios reales en Asturias — Pravia, 1 Catálogo monumental de... León, p. 179.—Monumentos arquitectónicos de España, etc. (.2 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Oviedo — eran sencillos. Sin ese destino, destácase allí el cola¬ muy teral de Valdediós, como precedente único del leonés, en cierto modo, y alejando el tipo claustral posterior, con techo y columnatas, sim¬ plemente. Fuera de España se le acercan la puerta Dorada en Jerusalén, la torre de S. Hilario en Poitiers y los pórticos de Lesterps, Tournus y S. Benito sobre el Loira; en especial este último, que, sin embargo, no vale como precedente, por ser obra indudable de^ siglo XII, lo mismo que el de Ebreuil. De arte lombardo nada recor¬ damos equiparable; tampoco en Normandía. Pero lo que más culmina en S. Isidoro es su decoración. (Lámi¬ nas Lx a Lxvi.) Las basas de las columnas son áticas, muy bien proporcionadas al modo clásico, y con bolas una de ellas en las esquinas de su achaflanado plinto. Los cimacios, en dos de los pilares recortan triples boceles; los demás llevan adornos tallados. Generalmente son palmetas cóncavas, entre tallos curvos que sue¬ len juntarse formando arco, y los coronan a veces flores, como mar¬ garitas, en serie. Menos repetidos son los vástagos serpeantes con hojas de cuatro lóbulos, bien largas y a biseles; un solo ejemplar ofrece su doblamiento simétrico, dando origen a palmetas en cada seno. Estos últimos temas los repite el arca de las reliquias de S. Isidoro; el primero es frecuentísimo en cosas árabes andaluzas, y todos reconocen abolengo bizantino perfectamente notorio, que se retrotrae hasta la palmeta clásica. Adaptaciones de los mismos en el arte otoniano y lombardo son bien conocidas; mas en lo fran¬ cés tal vez no aparecieron sino tardíamente. En cambio, caracteri¬ zan muy bien lo románico español del siglo xi, según iremos com¬ probando. Los capiteles, aunque todos, al parecer, obra de una misma mano, resultan variadísimos. Los de las grandes columnas exentas y otro más son corintios, con un contario por astrágalo, piñas o bolas refoi"- zando la punta de sus hojas, caulículos finos, unas rosetas bajo ellos y, en medio, por rastro de la flor clásica, un muñón prominente, a veces con hojas largas, como de lirio, en torno. Más abunda la otra variante del capitel mismo que incluye arquillos y palmetas en su base, de acuerdo con el primer tema de los cimacios; algunos llevan grandes hojas de caprichosa estructura, o bien son campo de SAN ISIDORO DE LEÓN '^3 relleno para hojitas, usurpados al tema segundo de los ci¬ vástagos y macios, recordando los capiteles árabes de la Alj atería de Zaragoza, coetáneos. Otros cinco, de más libre composición, destacan cabe¬ zas de lobo entre su ramaje, de tipo bizantino también, descollando uno, aprovechado en la iglesia actual, que añade grupos de tres hombrecillos, con túnicas de anchas mangas, tragados por dichas cabezas, símbolo del infierno. (Lámina LXii, i.°) Hay catorce capiteles en que las figuras predominan absoluta¬ mente (Láminas lxii a lxiv), a saber: Uno con parejas de leones empinados; otro con osos también de pie, y dos con parejas de grifos o de palomas bebiendo de un jarro. Otros dos, con hombres mordidos por culebras y dragones. En uno aparecen, crudamente simbolizados, el usurero y el lujurioso. Otro representa a un hom¬ bre alanceando a un león. Otro, a dos hombres quizá librando a una especie de serpiente de ser tragada por el unicornio. De historias: Daniel entre los leones; el sacrificio de Isaac, junto a dospersonajes con libros; Moisés dirigiendo el éxodo de los judíos, representandos por un muchacho a hombros del padre, y al lado Balaam cabalgando en su burra, ante el ángel. Los de la resurrec¬ ción de Lázaro y la curación del leproso por Jesús, como temas evangélicos, abren un ciclo nuevo entre nosotros, y se hallan, pre¬ cisamente, a la entrada de la iglesia, alentando a los fieles. Letre¬ ros explicativos suelen ilustrar estas composiciones. ^ (Láminas LXV y LXVI.) Su técnica es muy franca, generalmente a biseles, sin primor, pero valiente y de gran efecto decorativo. Las figuras van mode¬ ladas a todo relieve; su inspiración es del natural, con fisonomías muy expresivas, por lo apretado de los labios y ojos en almendra; el pelo forma tirabuzones, puntillas y estrías, o va partido sobre la frente; abundan los tipos barbudos; las mujeres llevan tocas for¬ mando visera; túnicas, ceñidas; sus mangas, acampanadas; clámi¬ des 5' capas; el plegar, en espirales a veces, por reminiscencia de orientalismo, o bien con algo de boquillas a modo bizantino. Si comparamos todo esto con las obras mobiliares coetáneas, arriba presentadas, surge como nota diferencial, frente a ellas, un ^ Catálogo monumental de León, p. 184. (>4 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL aire de resuelta originalidad viveza y y un sentido decorativo, que desconcertarían por falta de precedentes, si no estuviesen a servicio de una arquitectura tan pujante y tan nueva. Su barbarie en las interpretaciones figurativas se desvía de los formulismos bizantinos, seductores, de entonces; pero el encararse con lo natural, aun dando de sí abortos, abría el camino de progreso por donde avanzaron los discípulos de este gran renovador, al maestro del pórtico de S. Isidoro, primera y sobresaliente figura de lo que podríamos lla¬ mar casticismo español, todo fuerza emotiva y carácter. Aun hemos de abordar otro problema, trascendental para la escultura de tamaño grande, según lo suscita cierto grupo de imᬠgenes de mármol blanco, puestas en la portada principal de esta iglesia y anteriores a su reedificación q que así lo acredita el descon¬ cierto con que están colocadas, revelando un aprovechamiento. Responde, además, de su vetustez el carácter arcaico de un frag¬ mento de letrero que las acompañaba; mas no pudieron hacerse antes de 1063, según veremos. (Láminas Lxvii a LXix.) En efecto, de sus dos estatuas principales, una representa a S. Isidoro, cuyas reliquias sabemos que fueron traídas en dicho año; la otra es un santo joven, descalzo y con larga cabellera —si fuese hembra llevaría toca —, seguramente S. Pelayo, el guapo mancebo martirizado en Córdoba. Ambos santos aparecen senta¬ dos en sillas de tijera que rematan en cabezas y garras de león; y al segundo correspondería una figura menor de sayón, ahora pues¬ ta junto al S. Isidoro. Sígneles, en degradación de tamaño, otra imagen juvenil, con libro y pelo largo también, pero calzado. Luego, cinco piezas con figuras de músicos, entre ellos David, reconocible por su corona, tocando violines, salterio, arpa y un cuerno acaso. Dos de ellas salen de ruedo, sólo hasta medio cuerpo. un Completa la serie una docena de pequeños relieves, en piezas de anchura desigual, quizá metopas de un tejaroz primitivamente. De sus letreros explicativos sólo queda un trozo, aprovechado por detrás del remate barroco de la portada misma, donde se lee "gemini. 1 Véase más adelante sobre ella. SAN ISIDORO DE LEÓN 65 tau (ri)", en letra leonesa. Representan los signos del zodíaco, pero en orden retrógrado y empezando por Aries, o sea marzo, desde el extremo derecho. Estas esculturas se caracterizan por su sencillez y naturalidad: caras redondas einexpresivas; cabelleras partidas y ondeadas; ropas de plegar acanutado y con franja en el ruedo de las túnicas; clámides; el sagitario, con sonajas redondas en el petral. Sobre todo, hay gran novedad y fantasía en los temas del zodíaco, cuyas figu¬ rillas humanas se avaloran extraordinariamente. Es recomendable la técnica del relieve y cierto sentido de clasicismo, que acentúan los desnudos y el equilibrio de las composiciones. Todo ello no guarda parentesco, ni aun remoto, con la escultura del pórtico; en cambio, abre rumbo a los decoradores que intervi¬ nieron en la reconstrucción posterior de esta iglesia, y aun quizá al maestro de la seo de Jaca. Buscando algo de contactos a distan¬ cia, sobreviene el recuerdo de la Majestad, obra coetánea, en S. Eme- ram de Ratisbona, que es pieza capital para la historia de la imagi¬ nería germánica de piedra. LA SEO DE JACA En 1042 denominada simplemente "monasterium sancti era Petri"; mas a poco hubo de erigirse en catedral, mientras se con¬ quistaba la sede antigua de Huesca. En 1063 el primer rey de Aragón, Ramiro, hijo de Sancho, el Mayor, reunió allí un concilio para res¬ taurarla y dotarla, estando ya abierta al culto, pues otro docu¬ mento del propio rey, sin fecha, pero del mismo año, puesto que durante él fué su muerte, precisa el hecho declarando: Que él empezó la obra del susodicho templo, y deseaba concluirla y dotar su fábrica de ciertas rentas, con que se completase su cubierta con aboveda- miento de piedra a lo largo de las tres naves, desde la gran puerta de entrada hasta los altares mayores dispuestos en su cabecera; que se terminase la torre, ya comenzada a edificar sobre dicha puerta, para disponer en ella ocho campanas, y que su cubierta fuese también de piedra ^ El comienzo de las obras no pudo ser antes de 1054, cuando Ramiro, una vez recobrado el reino aragonés, tuvo por su capi¬ tal a Jaca. Ya estamos ante un edificio grande y perfectamente románico; más avanzado que el de S. Isidoro de León, y sobre influjos diver¬ sos de los que venían actuando en Cataluña, y aun en el país mismo. Culminando sobre todo eUo, la seo de Jaca se llevó tras de sí el impulso artístico de las regiones occidentales españolas, cuyo roma- nicismo procede, en cuanto a bases constructivas y decoración, de Jaca. Aun fuera de aquí no se sabe de otro edificio coetáneo que pueda competir con éste en avances arquitectónicos y, sobre todo, escultóricos. (Láminas Lxx a Lxxv.) ^ Quadrado: Aragón, edición, p. 176; 2.^ ed., p. 295.—E. Ibarra: Documentos de Ramiro I, p. 214.—Copiado sobre el original, dice así el texto: "... prout per hedificia ipsius ecclesie per nos constructa manifestatur. Scilicet quod eius tectum fiat et perficiatur de crota lapidea sive boalta per omnes tres naves sive longitudines. Incipientes ab introito magne porte usque ad altaria maiora que sunt in capite ipsius ecclesie, et una turris supra dictam portam ubi iam incepimus eam hedificare pro campanili cum octo campanis... cuius tegumen volumus etiam fieri de lapide firmo." Archivo de la seo de Jaca. LA SEO DE JACA 67 Suplanta es de basílica, con tres naves, crucero alineado con ellas, ábsides por cabecera, y, a los pies de la nave central, un pór¬ tico, algo posterior, muy alargado y con torre encima, poco desco¬ llante y mocha. Largo total aproximado, 60 m.; ancho, 20 m.; el de la nave medial, 8 m.; grosor de muros, 1,30 m. Aparejo, de sille¬ ría de caliza, muy desigual de galga a tramos; con mechinales y labrada acincel, rudamente; sin marcas. No así las pilas y colum¬ nas exentas, de fina labra y marcadas con letras de tipo clásico: F, S, P, 9, O, -f, repetidamente. Falta el ábside central, sustituido por una capilla muy profunda, moderna. No sobresalir el crucerorespecto de las naves, solamente cundió en Lombardía; pero este ejemplo de Jaca obtuvo predilección en lo español, llegando a copia completa suya la parroquial de S. Millán en Segovia. Sin olvidarnos del pórtico de S. Isidoro, también Ueva hacia Lombardía y sus derivaciones normandas, especialmente en Jumieges, el orden alternado de soportes, pilares y columnas, en la divisoria de las naves. Estas columnas son muy gruesas; los pilares, acodillados —aun doblemente acodillada una pareja, inexplicable¬ mente— y todos con cuatro medias columnas por sus ejes, como en S. Isidoro. Inicialmente parece haberse tanteado otra cosa; porque a la cabecera, entre los ábsides, eUas van apareadas y tan¬ gentes al pilar; además, siendo finas, sus capiteles resultaron peque¬ ños, y hubo que recrecerlos para que armonizasen con los otros. Tocante a responsiones murales, las del hastial y del crucero, únicas en todo el edificio, llevan un traspilar, a más de la columna. Es nota¬ ble la falta de contrafuertes, exceptuando unos en esquina a los pies de la iglesia, poco salientes; sin embargo, el edificio resulta perfecta¬ mente a plomo. Además, en el ábside lateral que permanece visible por fuera, y es el del lado de la Epístola, surge una columna, tangen¬ te al mismo y sobre alto pedestal, a modo de refuerzo. Otras así, aun¬ que no muy antiguas, se aplicaron en Lombardía y en lo normando; pero este caso de Jaca, repetido por acá innumerables veces, constitu¬ ye una de las características más visibles de lo románico español. Los arcos divisorios de las naves y los torales del crucero son de medio punto justo, con dobladura de escasa volada, como en Jumie¬ ges, fijando lo que aparece vacilante en el pórtico de S. Isidoro, o sea la carencia de impostas en los arcos dobleros. I.A SEO DE JACA Ihj Del abovedamiento se conserva bien toda la cabecera: cascaro¬ nes, en los ábsides; cañones ante ellos y en los brazos del crucero, todo hecho cuidadosamente de sillería, en piezas largas y de poco ancho. A mayor altura, el centro del crucero se reduce a octógono Pórtico de la seo de Jaca. Dibujo de Iñigucz, mediante trompas abocinadas, de buen aparejo, sobre las que cabalga una cúpula semiesférica, tangente con el octógono por los vértices de éste y rebasándolo hacia adentro en lo demás. Ello permitió voltear, desde el centro de cada lado y sobre modillones de rollos, cuatro arcos que se cruzan en medio de la cúpula, sin clave común. yo EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL sino que uno se desarrolla completo, como en el porche de Moissac, y los demás le acometen, ya en ángulo recto, ya en cortes oblicuos, resultando perfectamente adheridos todos ellos, y sin una grieta la cúpula, en su bien ordenada sillería por anillos. Una serie de tala¬ dros o mechinales, a la mitad de su altura, denuncia quizá el nivel de apoyo de una cimbra. Es asombrosa la perfección con que está llevado a cabo todo el abovedamiento, y en especial esta cúpula. Parece difícil encontrar sus precedentes fuera del área bizantina; pues, a partir de Italia, son las cúpulas de paños — llamadas lombardas — las que se divul¬ garon; también su primitivismo se acredita por comparación sobre las demás cúpulas románicas españolas, que casi todas complican la estructura de sus trompas, tendiendo a formar pechinas, y dejan libre la cúpula. Respecto de los susodichos arcos cruzados, pare¬ cen reconocer, con seguridad, un origen mozárabe, y tenemos el ejemplo de las bóvedas de S. Millán de Suso sobre que asentar esta hipótesis, juntamente con el tipo de modillones con roUos, que reconoce el mismo origen i. Además, en la copia de S. MiUán de Segovia se acentúa la derivación, porque aquí los arcos van aparea¬ dos, dejando un cuadrado libre en medio, según la teoría de las bóvedas nervadas cordobesas. " Desgraciadamente, en las naves el abovedamiento primitivo fué sustituido por otro gótico en el siglo xvi. Consta, sin embargo, que el de la mayor estuvo a igual altura que el moderno de cruce¬ ría, y cobijado por la armadura actual; que tenía arcos hechos con sillares y que el resto era de piedra menuda ^ Existen además unas ventanas primitivas, a los costados de la nave, con arco doblado, sin impostas y derramadas por dentro, cuyo nivel resulta incompatible con un cañón de bóveda, que es la solución normal románica; tam¬ poco eran posibles bóvedas de aristas sobre base alargada, porque dos de dichas ventanas caen a plomo sobre las grandes columnas; ^ Gómez-Moreno: Iglesias mozárabes, p. 304. ^ Monumentos arquitectónicos de España: láminas sueltas. Copiadas por Lampérez; Historia de la Arq. crist. española, I, 502.—Gómez Moreno: El cruzamiento de arcos enla ar¬ quitectura árabe; en "Actes du Congrès d'Histoire de l'Art, de 1921". ^ Datos obtenidos en el archivo de la Seo por D. Francisco Iñiguez, encargado ahora de la limpieza y consolidación del edificio. la seo de jaca 71 y, no resultando espacios cuadrados, la solución de S. Ambrosio de Milán era igualmente inadaptable. Una bóveda de cañón, muy ligera y con pequeños lunetos, sería lo único verosímil; todavía sor¬ prende que no provocase desplomos, como sucedió en el pórtico. Menos arduo es el problema tocante a las naves laterales. Aquí se imponía el hacer bóvedas cuadradas de aristas, según el ejemplo concordante de iglesias lombardas y normandas; la proporción de los huecos responde a ello, y en cambio eran imposibles las de cañón, porque su ventanaje casi alcanza el nivel del antiguo tejado, Al realizarse ahora obras de limpieza en la Seo, descubriendo sus paramentos interiores, nada se ha visto aún que ayude a com¬ probar estas hipótesis. Pongamos atención en lo decorativo del edificio, que tanto lo ava¬ lora. (Láminas Lxxvi a lxxxii.) Portadas y ventanas ostentan una riqueza de columnas y mol- duraje que tal vez no halle rival por entonces sino en edificios de Caen y Ruán algo posteriores. Un tímpano encuadra las puertas, sirviendo de dintel a la vez; y en la del claustro, que es enteramente lisa, él carga sobre unos salien¬ tes recortados en nacela, que aminoran el vano y preludian la inven¬ ción de modillones aplicados con el mismo fin, según veremos. Las ventanas de los hastiales del crucero y naves bajas son muy grandes, derramadas por dentro, con dobles arquivoltas y parejas de columnas por ambas haces. A los pies de las mismas naves hay claraboyas, ampliamente derramadas por dentro, y otra iluminaba el cimborio sobre el arco del ábside central, hoy cegada. El molduraje de las arquivoltas destaca gruesos boceles; la por¬ tada lateral lleva uno entre otros delgados; pero la grande occiden¬ tal los prodiga, con acompañamiento de nácelas y filetes en grupos de sorprendente complejidad. Además, hay mochetas cargadas con trochos cilindricos en filas contrapuestas, que llamamos tacos •—■ en francés biUettes —. Así, con tacos menudos, en tres filas, son las guarniciones de dichas portadas, de las ventanas y claraboyas y de dos de los arcos torales; y con ellos, en dos filas, se constituyen las cornisas en todo lo primitivo del edificio; o sea, fuera de su pórtico, cimborio y partes altas. Como precedente, se ofrecen dos arquillos 72 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL en los marfiles de la caja de reliquias de S. Isidoro, fechada en 1059, quizá sobre un tema bizantino que se prodigó desde los tiempos de Justiniano. Se repiten, exactamente, en S. Esteban de Caén y en 8. Audeno de Ruán, edificios algo posteriores a este de Jaca, dejando un poco en duda su punto originario; mas en lo español atestiguan una temprana irradiación jaquesa. Las basas de las columnas son áticas, con predominio de la escota, y su plinto es redondo, cuando surgen sobre el basamento, redondo también, de las pilas exentas. En los demás casos suelen cargarse con bolas sus ángulos, uso muy generalizado luego, y tam¬ bién se las distribuye en la escota, más peculiarmente. Un fuste de la portada principal lleva suplementada su basa con un cilindro anillado, formando escotas de poco fondo entre boceles finos. Bolas también se destacan en las esquinas de los cimacios, sustituidas por cabezas de lobo, a veces; rasgo distintivo jaqués, muy en favor durante aquel siglo. Dichos cimacios se adornan las más veces con series de palme¬ tas cóncavas entre brotesarqueados, sobriamente compuestas en un principio, y luego con apéndices de graciosa invención; dos cima¬ cios las sustituyen por hojas acogolladas, brotando entre las ondu¬ laciones de un taUo. Ambos temas ya fueron vistos en el pórtico de S. Isidoro, y el primero se repite, con su originaria sencillez, guarneciendo una arquivolta de la portada lateral. Cimacios con moldura de gorja señalan lo que hubo de hacerse a última hora en las arquerías medianeras, juntamente con otros lisos, que pudie¬ ron quedar así preparados para tallarse luego. De capiteles, abundan los seudocorintios (Láminas Lxxxii a Lxxxv); es decir, con sus hojas, ya cabalgando unas sobre otras, ya como palmetas, ya hendidas, como vistas de perfil, en parejas, lobulados siempre sus bordes y, con frecuencia, metida bajo cada punta una gruesa bola o piña, como en 8. Isidoro. Otros se forman con grandes hojas, también palmeadas en todo su largo. Rematan siempre en caulículos, que desempeñan función de volutas, rayados y aun adornados; bajo ellos, a veces, caen otras hojas; a veces sobre¬ salen allí mismo unas prominencias picudas, que llamaremos pitones, típicas de la escuela jaquesa, y suelen ir retalladas en escamas. Entre los caulículos campea en medio, también como en 8. Isidoro, un LA SEO UE JACA 73 saliente cortado a cercén, al que llamamos muñón, revestido, ya con hojitas como de lirio, ya con aros escalonados, ya con imbrica¬ ciones, y un botón en medio. Es tipo de capitel de probable inspi¬ ración leonesa, pero que desarrolla tantas variantes como ejempla¬ res hay en la Seo, y del que, a su vez, salieron otros, bien carac¬ terizados por el borde doble y lóbulos interiores de sus hojas, según iremos viendo. Otros capiteles recuerdan aquellos bizantinos de follaje menudo, en red, según luego se imitaron en lo lombardo; con ramaje trenzado por abajo y rematando en hojitas picudas y caulículos. Entre el ramaje, más o menos denso, suelen asomar cabezas de lobo, aves dándose el pico y leones, en parejas; también, dos muchachos vesti¬ dos solamente con clámides, y otros desquijarando leones, como recuerdo de la hazaña de Sansón, asunto muy favorecido entre nuestros escultores románicos. (Lámina Lxxxvii.) Un capitel alinea once bustos humanos, bajo series de hojas con bolas, y en otro pequeño campea una especie de buho; esto, aparte de los capiteles historiados. El collarino adórnase, a veces, con un contario clásico, como en S. Isidoro, o con bolitas enfiladas. Dos de los grandes capiteles de las columnas exentas quedaron solamente abocetados para tallarse in situ, como se realizó muy posterior¬ mente con los otros dos. De los aleros del tejado se destaca, por su mayor riqueza, el del ábside. (Lámina Lxxvi.) Su cornisa es de tacos —en el resto, de mocheta—. Sus cobijas y alguna metopa llevan esculpidos florones, con variedad, dentro de aros, a veces guarnecidos con bolitas en serie. Las otras metopas descuellan por sus bajorrelieves de leones, en varias posturas, un camello al parecer, un águila y tres muchachos desnudos o con sola clámide, teniendo culebras: son figurillas de una viveza y desenfado admirables. Los modillones todos se recortan en curva de nacela, sobrepo¬ niéndose a ella con frecuencia rollos o bastones de través, por influjo mozárabe muy notorio; en número de tres, bajo los arcos del cim¬ borio; de cuatro a seis rollos, en los de las naves, y diez en el cru¬ cero. Uno como estos últimos, resto del alero de la capilla mayor, sotopone a los rollos una figura de mono con collar y un palo. Entre los demás modillones los hay lisos, con una hoja picuda. 74 el arte románico español trenza u otro adorno, con un busto de ciervo y con figuras enteras de lobo, una de ellas oprimida por serpiente y otra atada de patas con una cuerda. En el arranque de las trompas del crucero vuelan unas repisas con los símbolos de los Evangelistas, sobre las que se proyectarían acaso figuras de ángeles, representativas de los mis¬ mos, conforme las vemos en otros cimborios posteriores. Por su simbolismo ocupa un lugar principal en la imaginería decorativa de la Seo, el tímpano de su portada occidental, donde culmina la tradición antiicónica nuestra cristiana, comprobando el primitivismo de esta obra. Un letrero acredita que allí se simboliza a la Santísima Trinidad, mediante el monograma de Cristo adicio¬ nado con un travesaño en cruz y ciertas letras — alfa, omega y ese —, todo ello dentro de un aro y ornado con margaritas y contarios, en composición bellísima que mereció ser copiada reiteradamente. A sus lados avanzan dos leones, teniendo entre sus patas a un hom¬ bre caído que ase una culebra, y una oveja ante un basilisco, alego¬ rías de la protección divina — el león — amparando al fiel contra el demonio áspid, basilisco —■ según lo declaran otras leyendas. — Estas son de tipo bien clásico, salvo la e lunar, abundante, y una t mozárabe. (Lámina lxxviii.) El tímpano de la puerta meridional está rehecho, quedando allí dos relieves del león y el toro alados con un libro entre sus patas, dentro de arquillos con guarnición de tacos: tal vez estuvieron sobre un parteluz, como sus similares de la gran portada de S. Vicente en Avila. Hasta once los capiteles historiados; pero sólo tres, en la son puerta lateral y su porche, resultan claros para mí: Balaam en la burra, detenido por el ángel; el sacrificio de Isaac, y David en su trono, tocando el violin y presidiendo un concierto de once músi¬ cos, provistos de lira, órgano, salterio, gaita, caramillo, zampoña, doble flauta, cuerno, etc. (Láminas lxxix y lxxx.) En la otra portada se desarrollan escenas donde entran un ángel, un hombre atemorizando a otros con una serpiente (Láminas lxxxi y lxxxii), etc. Están muy embotados, así como los de adentro, por densas encaladuras, y unos y otros parecen representar alego¬ rías morales. En el interior se efigian (Láminas lxxxiv a lxxxvil): LA SEO DE JACA 73 dos parejas de hombres con libro y conversando; entremedias otro, cuyo busto asoma dentro de un aro. Una mujer entre dos ángeles, y hombres a sus lados; un diablo en cuclillas y otra mujer oprimida por una serpiente. Dos leones desquijarados por hombres, y aves pi¬ cándoles. Tres figurillas humanas sobre león y leona amenazadores: la de en medio, con nimbo, ase una culebra; las otras ponen sus ma¬ nos en dos cabezas infernales; a los lados, un hombre desnudo tiene atado por el pescuezo al león; el otro viste clámide y túnica, como los primeros. Pareja como de bailadores, desnudos; dos tocadores de doble flauta, sentados, y dos diablos cornudos, envolviendo con telas al grupo L El arte de estas esculturas nada revela de bizantino; antes bien recuerda lo clásico por suredondez de modelado, afición al desnudo y aun alardes de musculatura; clámides; ropas, ya pegadas a las piernas, ya en masas voluminosas de pliegues, como en las figuras togadas romanas, cayendo desde los hombros o sobre los brazos, voladas alguna vez y siempre en líneas curvas; actitudes expresi¬ vas y de gran movilidad; buena apostura; cabelleras rizadas, etc. Dentro de su pequenez y rudeza, esta imaginería revela un tem¬ peramento artístico de altos vuelos, comparable al arcaísmo helé¬ nico por su anhelo de vida, naturalismo libre de fórmulas, elegancia y aun corrección a veces. Se presiente el estudio de la estatuaria romana como un primer caso de renacimiento, dando impulso a la escultura románica en piedra; y esto aclararía mucho los términos de su evolución, mal conocidos aún, dentro del siglo xi. La homogeneidad de estilo en lo decorativo del edificio viene a guiarnos sobre la marcha de su construcción. Desde luego, resulta seguro que se procedió alzándolo a nivel en todo su perímetro, salvo el pórtico. Será lo más antiguo la portada lateral, con los ábsi¬ des y el ventanaje inferior; poco tardarían en completarse la por¬ tada occidental, los arcos del crucero y aun las pilas de las naves con sus capiteles —• salvo los exentos —. Conformidad absoluta ^ En un montón de piedras, resto de antiguas demoliciones, han aparecido ahora tres ca¬ piteles primitivos, que serian de las naves. El uno lleva palmetas, caulículos y pitones, sim¬ plemente; otro, léones y cabezas diabólicas; el tercero, un hombre sacando cierto bicho de la boca de un oso, al parecer. 76 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL entre todo ello y la decoración del ábside visible por fuera, patentiza un escultor único, cuyaausencia pudo luego ir motivada por la muer¬ te de Ramiro, que acaso trajo una suspensión en las obras. Después, la falta de tacos en las cornisas, a partir del alero de las naves bajas, coincidente con la aparición de los modillones mozárabes con rollos y los arcos cruzados de la cúpula, más los arcos lisos del ventanaje de la nave mayor y quizá también los cima¬ cios moldurados de las arquerías medianeras, parecen indicio seguro de un cambio de maestro, que pudo sobrevenir algo después de 1072, puesto que dichas novedades no se acusan en otra iglesia fechada entonces, que luego presentaremos, ni en las demás a que alcanzó el influjo directo jaqués. Con mucha posterioridad parece seguro que se prosiguió el pór¬ tico, sólo empezado en 1063, con sus capiteles de hojas lisas picudas; se tallaron dos de los grandes exentos de la nave mayor, y se hizo el claustro, al que corresponderán las columnas del portal de hacia sur — excepto el capitel de David, que es primitivo — y otras en una capilla del claustro mismo. Su data se precisa con resultar idéntico todo ello a la cabecera y torre de Sta. Cruz de la Serós, cuyas bóvedas con ogivas acreditan un momento muy avanzado dentro del siglo xii. LA EXPANSION JAQUESA SANTA MARIA DE IGUACEL Es iglesia modesta, pero valiosísima; porque, fechada con pre¬ cisión, acredita la exactitud cronológica que corresponde a la seo de Jaca, según los docu¬ mentos. Existe en las estri¬ baciones del Pirineo, a dos leguas hacia el norte de Jaca. El lugar se llamó an¬ tiguamente luóçar o Ibuá- sar, y la reedificaron el con¬ de Sancho Galíndiz y su mujer Urraca, entre 1063 y 1072 q fecha de su termi¬ nación esta última, consig¬ nada en un letrero sobre la puerta ^ Consta además el nombre de su decorador Sta. María — magister harum pictura- de Iguácel. rum — Galindo Garcés, y Dibujo de el de un Aznar que com¬ Iñiguez. puso las inscripciones ^ Tiene una sola nave, con 6,30 m. de ancho y 1,08 de 1 E. Ibarr.\: Documentos... de Sancho Ramírez, págs. 3, 135, 209, 221. I^uacel and more romanesque art of Aragón, en "The Burlington A. Kingsi-ey Porter: - Magazine", Marzo, 1928.—Su traducción, por M. A. Ibarra, en "Universidad", Zaragoza, 1929. " Fotografiadas y transcritas ambas inscripciones por K. Porter, en su monografia. La segunda dice: "Scriptor harum litterarum nomine Azena — mal leído Acoena — magister harum picturarum nomine Galindo Garcias". Por picturas ha de entenderse la talla. El Aznar — Asinarius scriba redactó, por mandato de dichos condes, el diploma de dotación en 1080. — 78 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL grosor sus muros; bóveda de cañón, moderna; portada a los pies; áb¬ side por cabecera, con estribos sutiles; una torre lisa, hoy desmocha¬ da, en su costado septentrional. (Láminas Lxxxviii a xc.) Por dentro rodea el ábside una arquería sobre columnas, muy en alto, cobijando sus tres ventanas; dos más hay en el costado meridional y otra en el hastial de occidente, provistas de columnas por fuera todas ellas, pero sin guarnición su arco. La portada forma saliente, con tejaroz de modillones y tacos, sobre el que se prolongan lateralmente dos estribos encuadrando la ventana; carecía la puerta de tímpano, al parecer; la decoran una pareja de columnas, otra de pilastras enca- piteladas, caso bien raro; arquivoltas, con bocel grueso entre dos finos; adorno de palmetas enfiladas y guarnición de tacos, como en Jaca. Por bajo del tejaroz está la inscripción histórica, en carac¬ teres algo resabiados de mozarabismo; a su costado derecho, la de los artífices. El aparejo es de sillería menuda, mal asentada y sin marcas. Tocante a decoración, resulta similar absolutamente de la de Jaca, toda más pobre y sencilla. Las basas de las columnas pero exageran la amplitud de su escota. En los capiteles abundan reme¬ dos del orden corintio, al modo jaqués, con sus palmetas, hojas lobuladas, piñas, caulículos, muñones con hojas largas, etc. Otros se componen de roleos, envolviendo hojas con cinco lóbulos, o bien de cintas entrelazadas. También llevan leones, águilas, un buho, bustos humanos sobre agua, un hombre entre dos leones — Daniel — y otro con una bolsa, entre diablos — el usurero —. ^ Los cimacios se adornan, como en Jaca, con bolas bajo las esquinas y series de palmetas, excepto uno que enfila rosetas dentro de aros. Respecto de los modillones, copian también los tipos jaqueses, con figurillas humanas, un lobo, roleos y entrelazados; y les acompañan rosetas en las cobijas: esto en la portada, pues el tejaroz del ábside es sen¬ cillísimo. En resumen, un remedo uniforme de Jaca todo ello, donde Galindo Garcés se revela como discípulo sin arranques ni iniciativas. 1 A. K. Porter: Spanish Romanesque Sculpture, I, láms. 30, 31. EL CASTILLO DE LOARRE 79 EL CASTILLO DE LOARRE Es una avanzada de Jaca sobre Huesca, donde el rey de Aragón Sancho Ramírez instituyó un convento para canónigos de S. Agustín, sancionado por el papa en 1071; pero quizá se comenza¬ se antes a erigir su iglesia. Desde luego, las partes bajas son anteriores a 1095, fecha del epitafio grabado en uno de sus sillares \ Lo más antiguo del edificio constituye la cabecera de dicha iglesia, en forma de ábside que, al disponerse en abrupto decli¬ ve, resulta elevadisimo por fue¬ ra, dando lugar en su base a una cripta. En él campean dos órdenes de ventanas, cornisas con tacos yrefuerzos de tri¬ ples columnillas, según los re¬ pite S. Abundio de Como hacia el mismo tiempo. Su anchura por dentro es de ocho metros, la misma que tendría el ábside principal de la seo de Jaca, mo¬ delo, probablemente, de este otro, a juzgar por la similitud que en lo restante ofrecen ambos edificios. (Láminas xci a xciv.) La portada de la cripta y su ventanaje, por fuera, se guar- Loarre; iglesia. Dibujo de T. de los Ríos. ^ Kingsley Porter: Iguacel..., pl. V.—Lampérez: Historia de la arquitectura cristiana española..., 1, 679. La fecha de 1065, que aquí se toma en consideración, es ilusoria. So EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL necen con de boceles, tacos en dos o tres filas y columnillas. grupos Dichas ventanas, en realidad, son saeteras, ampliamente abocinadas hacia el interior y abiertas en el fondo de una arquería de poca altura entre otras columnillas. El edificio superior, o sea la iglesia, tiene ceñida a su ábside, en lo bajo, una esbelta arquería decorativa, sobre columnas provistas de muy bellos capiteles; encima, cinco A'entanas con derrame y una misma decoración de arquivoltas y columnas por ambas haces. El aparejo es de sillería, labrada a escoda y sin marcas; lo mismo, el de los cascarones de bóveda que cubren ambos ábsides, uno sobre otro; y el superior se encabeza con un arco sobre medias columnas, cuya dobladura guarnecen boceles y tacos. Respecto de lo decorativo, redúcese a capiteles y cimacios; en parte derivado muy directamente de la seo de Jaca, en parte acu¬ sando la mano de seguidores algo independientes, con la particula¬ ridad de acercarse a veces su estilo al del gran decorador de S. Sernín de Tolosa. Hay capiteles de tipo corintio con bolas en la punta de sus hojas, o con palmetas entre ellas, o desarrollando tallos hendidos y ondulados, que algo recuerdan las cosas árabes coetáneas; otros se cubren con ramaje trenzado rematando en hojitas, y algunas figurillas entremedias; los hay con monos en cuclillas, que serán diablos, y con leones agachados, dragones y aves, siempre en parejas. También, ángeles, algunos de ellos provistos de un libro o bastón; hombres mordidos en la cabeza por dragones de doble cuerpo, guia¬ dos por otros hombres o diablos; dos mujeres, tras dé monstruos en cuclillas, a quienes asen por las orejas otras damas, al parecer, con trenzas revueltas a la cabeza g dos hombres desquijarando leo¬ nes, a la vez que les pican águilas, y a sus lados un hombre vestido y otro desnudo, lo que se repite dos veces, copiando exactamente otro capitel de Jaca. (Lámina XLiii, i.) El adorno de los cimacios resulta igualmente copiado, con sus bolas y cabezas de lobo en los ángulos, a más de otros tipos, ya inconsistentes, ya variaciones de los primeros, preludiando desarrollos tolosanos. El resto de la iglesia se distribuye en dos tramos, ampliamente iluminados por dos órdenes de ventanas, como las susodichas. El tra- ^ A. K, Porter: Spanish Roman. Sculpt., I, lám. 53. SANTA CRUZ DE LA SERÓS 8i mo de los pies se cubre con una bóveda de cañón; el de en medio erige una preciosa cúpula, sobre cuatro arcos y organismos voladizos, de muy complicada estructura, que arrancan en trompas y rematan como pechinas, dejando lugar entremedias para cuatro claraboyas. Todo esto parece corresponder al siglo xii ya. SANTA CRUZ DE LA SERÓS Fué monasterio de sórores, bajo la advocación de Sta. María, en un lugar cercano a Jaca al pie de S. Juan de la Peña. Allí entró y a terminar su vida la condesa doña Sancha, hija del primer rey de Aragón, Ramiro, y viuda de un conde provenzal, por cuyo testa¬ mento de 1095 ella dejó para la fábrica de esta iglesia — in fabrica ecclesie sánete Marie todos sus bienes, y cuando falleció, poco — más de un año después, allí fué sepultada, conservándose su cuerpo en rico sarcófago ^ Sólo esto sabemos respecto a la construcción del edificio; pero su estilo denuncia que lo hecho entonces hubo de ser el cuerpo de la iglesia, constituido por una sola nave, que ya en ruina la pre¬ senta una litografía de Parcerisa dibujada en 1844 % y se la reparó después pobremente. Lo demás, o sea su cabecera con la torre, es obra muy posterior, mal enlazada con la nave y que hermana con S. Pedro el Viejo de Huesca y los restos del claustro de la seo de Jaca, según va dicho. Contiene bóvedas de ogivas, que no son postizas, como se ha dicho, sino perfectamente coetáneas del resto, y coetáneo también es el sarcófago aludido, todo ello cerca de la mitad del siglo xn, por lo que no procede su estudio ahora. Dicha nave está construida con muy recios muros, careados de sillería, en los que se abren ventanas de arco redondo, simplemente derramadas por ambas haces. Una comisa, con tacos en dos filas, sirve de impostas a la bóveda de cañón, que se apoya en un perpiaño con dobladura, sobre traspilares y semicolumnas, a que correspon- 1 A. Kingsley Porter; The tomh of doña Sancha and the romanesque art of Aragon, en "The Burlington Magazine", 1924. Traducido, con nuevo acopio de datos históricos, por M. A. Ibarra, en el "Bol. de la Acad. de la Historia", 1926, 119. ^ OuADRADo: Aragón, en "Recuerdos y bellezas de España", p. 192. 82 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL den contrafuertes poco desarrollados. En el hastial forma cuerpo saliente, con su una portada de arcos escalonados, sobre tejaroz, dos parejas de columnas, y cuyas roscas se adornan con una guar¬ nición de tacos en tres filas, bocelones y entre ellos gruesas bolas salpicadas dentro de una nacela. Las impostas, a un lado se recortan en moldura de talón; al otro llevan rosetas entre tallos encorvados. Al arco del fondo se adaptó un dintel, como tímpano, cuya talla no difiere de las restantes decoraciones. (Lámina xcv.) Estas corresponden al estilo jaqués degenerado, conforme al rumbo del arte románico nuestro, desde fines del siglo xi, cuando cayó en manos de discípulos torpes y a servicio de la clase popular, poco exigente y nada sensible a la belleza plástica. Los capiteles agrupan figuras humanas, diablos y animales, agregando una rudeza desconcertante a la oscuridad de asuntos característica de lo jaqués. Eué barbarie implantada sobre refinamientos, que ha de ponernos en guardia para no tomarla por arcaísmo ni preludio de mejoras graduales. Lo mismo, el dintel susodicho, donde campea un crismon entre dos fieras, y le acompañan unos versos invitatorios para los fieles, cuyo estilo acusa también decadencia de latinidad, respecto de sus similares en el tímpano de la seo de Jaca. Mejor conserva las características originarias el adorno de los cimacios, sobre todo en el interior de la iglesia; pero otros capiteles, simplemente con hojas, emboladas o no, acentúan una simplificación que iba progre¬ sando. Los modillones del alero cargan su nacela con una hoja u otro elemento de adorno, y algunos con los rollos consabidos, por tradición mozárabe. SAN SALVADOR DE NOGAL Volvemos región leonesa, tierra de Falencia, para encon¬ a la trarnos con un de fecha fija, que nos enca¬ edificio humilde, pero rrila hacia el más importante de S. Martín de Erómista. Junto a Nogal de las Huertas hay una casa de labor, distante de Carrión de los Condes una legua, hacia el norte, que fué monas¬ terio con nombre de Nucares, fundado por la condesa de Nogare, doña Elvira Sánchez, viuda de Fernando Dídaz, o sea Díaz, y ella SAN SALVADOR DE NOCiAL 83 le dotó hacia 1058, a nombre de su hija Tota y en presencia de los reyes Fernando y Sancha \ Subsiste, muy deformada, su iglesia, y en ella tres inscripciones, donde se conmemora la fundación en estos términos: "In nomine domini nostri Ihesu Xpisti ob onore sancti Salvatoris lelvira Sanses hoc fecit in era milésima centesima prima régnante rex Fredinando in Leione et in Kastella." "In nomine domini nostri Ihesu Xpisti — ob onorem sancti Salvatoris lelvira Sansez hoc fecit." (Lámina xcvi.) La tercera, mutiladísima, pero de letra más arcaica, decía esto mismo ^ Sabemos, pues, con precisión, el edificio se hizo en 1063. que iglesia, en su parte primitiva, La tal se compone de un tramo de nave, altísi¬ mo, y capilla cuadrada, ambos con bó¬ veda de cañón; su arco de paso es liso, pero con dos medias columnas; encima de él y en tres lados de la capilla se abren ventanas derramadas hacia adentro, y una con arco doblado, por fuera, sin impostas. San Salvador de Nogal. Dibujo Las del cañón peraltado de la nave y la de F. Solana. cornisa exterior se adornan con tacos en dos la nave lleva labor de rombos en filas; el perpiaño cabero de sus impostas, y un modillón, salvado del tejaroz, se guarnece con una hoja picuda. Para contrarresto de los arcos hay estribos, más corpulentos que los aragoneses. La sillería carece de marcas y su galga alcanza a 32 centímetros. Ancho de la nave, 5,50 metros. Lo principal del edificio son los capiteles de dichas columnas, primorosamente labrados: tienen las volutas embrionarias o cau- lículos de costumbre; una flor en medio, sobre el muñón consabido, y hacia los ángulos aquellos picos, gallonados aquí, que llamamos pitones, ya vistos en Jaca; el resto desarrolla una organización de ' -Archivo Histórico Nacional: documentos de Sahagún, ns. 512, 539 y 542.—F. Si.món y Nieto: El monasíerio de S. Salvador de Nogal, en "Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones", I, 305 y 356. El conde Fredinando Didaz aparece solamente de 1035 a 1038 (AIenéndez Pidal: Cantar de Mió Cid, 547). Lo legible dice: "... mine dni xpi ihu / ... i... albatoi / ... a ... fecit." ^ EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL relees hejas de cuatro lóbulos, come en dos cimacios de Jaca cen y varias composiciones de Iguácel y Loarre. Además, uno de los capiteles destaca en cada frente una figura viril con casulla y báculo. De los cimacios, uno se adorna con margaritas dentro de aros, tema bizantino corriente, aplicado en Iguácel y Loarre; el otro, con palmetas y hojas entre vástagos, es variante muy mejorada de uno que hay en el pórtico de S. Isidoro, perfectamente de acuerdo con ejemplares lombardos, y lo volveremos a encontrar en Arlanza. Hacia los comienzos del siglo xiii se amplió en grande la iglesia, formando tres naves, con pilares ochavados, arcos con dobladura y apuntamiento, y una portada lateral de tipo cisterciense, cuyo autor, Xemeno, estampó su nombre al pie de la segunda inscrip¬ ción arriba copiada La puerta del lado contrario mantiene visible un capitel corintio, al parecer copia de otro mozárabe del siglo x. SAN MARTIN DE FKÔMISTA Antes le decían Frómesta. Dista 24 kilómetros de Nogal, hacia el SF., y era monasterio fundado por doña Mayor, condesa de Cas¬ tilla, por derecho de herencia, y reina de Navarra, como viuda de Sancho, el Mayor. Aquí transcurrieron los últimos años de su vida y, al hacer testamento en 1066, le dejó sus bienes, haciendo constar que entonces ya estaba comenzado el edificio, y aun desde antes que el de Nogal probablemente. Asistió como testigo al otorga¬ miento la susodicha condesa doña Gelvira, resultando así ligadas ambas fundaciones ^ Esta iglesia lleva sobre sí una restauración tan demasiado a fondo, que parece nueva toda, y de hecho hay partes a gusto del restaurador, lo que obliga a cierta desconfianza; pero aquí no hare¬ mos cuenta sino de lo conocidamente auténtico ^ 1 .A. primera vista resulta toda uniforme; pero hay diferencia de escritura suficiente para denunciar esta añadidura, que dice: "Xemenus fecit et sculpsit istam porticum orate pro eo." Yepks: Crónica de la orden de S. Benito, VI, xvi. - ^ Se desmontó y rehizo desde sus cimientos toda la iglesia, excepto la nave lateral de hacia el N. con su torrecilla, reponiendo en su sitio antiguo los elementos estructurales. Es nuevo el hastial de poniente, en su tramo medial íntegro, donde no parece seguro que hubie¬ se puerta; lo son asimismo, el cuerpo alto de la torrecilla de hacia el SO., las arquivoltas inte- SAN MAirriN DE EKÜMISTA « Resulta modelo de organización románica. Sus escasas dimen¬ un siones yhomogeneidad garantizan que hubo de surgir en pocos años, y la hermandad de sus capiteles con los de Nogal nos aseguran de que sería dentro del decenio de 1060, con¬ forme al estilo de la catedral de Jaca y abovedada por com¬ pleto, cosa fácil aquí, puesto que el ancho de su nave mayor que¬ da 5,60 metros, 2,40 en menos que la de Jaca. (Láms. xcvii a cviir.) Componen su ca¬ becera tres ábsides con grandes ventanas, de¬ coradas al exterior con dos columnas y arqui- volta de bocelón, do¬ blada yguarnecida con tacos; por dentro. riorc.s y tejaroz ele la portada meridional, que además fué remetida; dos contrafuertes, a la cabeza del crucero, y el su¬ bir hasta lo alto los otros dos; el hastial íntegro del mismo, hacia el N., donde entestaba una capilla gótica, y todas las ventanas del meridional, donde hay una portadilla que no es primitiva. Fueron renovados hasta 86 modillones, muchos trozos de cornisa, ii capiteles, 46 ba- San Martín de Frómista. Dibujo de Solana, sas y 12cimacios, copiando y completando lo antiguo con más o menos acierto. En cambio, se suprimieron otros dos con¬ trafuertes, en las naves laterales, cuya existencia se acredita por fotografías antiguas y el plano, trazado por el restaurador mismo, que publicó Lampérez, en el tomo I, pág. 470, do su conocida obra. Las piezas nuevas de escultura llevan por contraseña una R. 86 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL sólo derrame y arco doblado, sin impostas. Entremedias, por fuera, surgen columnas, sobre muy altos pedestales semicilíndricos, hasta el alero del tejado, que se apoya en modillones de muy rica y variada decoración. Las cornisas en todo el edificio son de tacos en tres filas, excepto la inferior, que lleva dos solamente. Las basas de las colum¬ nas avaloran su ancha escota entre los boceles y carecen de garras. L1 aparejo es de sillería, bien labrada a boca de escoda, y así también los cascarones de dichos ábsides y su prolongación arqueada: no se ven marcas. Ln cambio, las hay repetidas por igual en el resto del edificio, haciendo creer que la cabecera se hizo antes y por otro maestro que lo demás; pero sujeto a una misma organización todo. Aun cabe apreciar, en esta segunda etapa, la asistencia de un entallador que trabajó en los ábsides, pues hay perfecta similitud entre sus capi¬ teles más sencillos y los del ventanaje de las naves laterales, así como respecto de otros de Iguácel. Ln línea con los ábsides se desarrollan el crucero y las tres naves. Los pilares de aquél son acodillados; los otros, cuadrados, y todos con medias columnas por los ejes, encapiteladas a tres niveles dis¬ tintos; otras sirven de responsiones contra los muros laterales; pero en las que tocan al crucero hay columnas finas, apareadas y tan¬ gentes al macizo, exactamente como en la cabecera de Jaca. Los arcos torales y los medianeros llevan dobladura sin impostas. Las bóvedas de cañón de los brazos del crucero y nave mayor se mueven a nivel con la del presbiterio; otras, más en bajo, cubren las naves laterales, todas ellas reforzadas por arcos perpiaños y hechas de sillería. L1 centro del crucero mantiene un cimborio cúpula, en forma de sobre trompas abocinadas y un tambor ochavado, provisto de cua¬ tro ventanas y otras tantas columnas al exterior, remedando en todo la decoración de los ábsides. Mas, ^sí como la cúpula es normal en este orden de edificios nuestros, dicho cuerpo de luces no tiene semejanza, fuera de lo bizantino, sino con algún ensayo lombardo, por ejemplo, el baptisterio de Galliano, y con el ejemplar catalán, posterior, de Sta. María de Cervelló. ^ La cúpula, como en Jaca, se 1 PuiG y Cadafalch: L'arquitectura románica a Catalunya, II, 283, 489. SAN MARTÍN DE FRÓMISTA 87 acuerda con los vértices del tambor, evitándose así los voladizos complementarios, obligados cuando los puntos tangenciales caen a la mitad de los lados del octógono. Dos torrecillas redondas sobresalen en las esquinas del hastial de los pies, con cuatro ventanillas de arcos lisos, pero con dobladu¬ ra, en el último cuerpo, y sus escaleras de caracol están enrasadas por debajo en superficie helicoidal, mediante un revestido de morte¬ ro simplemente. De contrafuertes, se aplicaron, racionalmente, en el segundo período de la construcción, cuatro, iguales y bajitos, a los costados; además, la saliente de las portadas vale por otros, y todo ello representa una mejora sobre lo jaqués. De portadas, sólo garan¬ tizan su antigüedad, la del norte íntegramente, con dos columnas y arquivolta de rico molduraje, y la del sur en cuanto a su arco exte¬ rior, guarnecido con tacos. Hoy carecen de tímpano, pero sí le lle¬ van las puertecillas de las escaleras, y con un crismon grabado, como en lo aragonés. Tan abundantes concordancias entre Frómista y el grupo de Jaca, da que pensar si el maestro de aquella seo intervendría directamente aquí; sospecha que viene reforzada por su decoración, en lo que toca a la cabecera, mientras el resto denuncia un imitador sin ini¬ ciativas, salvo en los caprichos esculturales, que es donde su infe¬ rioridad técnica realza visiblemente la maestría del decorador de los ábsides. Respecto de Nogal, podrían justificarse relaciones con el segundo maestro de Frómista. Los modillones de los aleros, cortados en nacela, se cargan con flores y cogollos, bustos humanos y de animales, figurillas enteras de monos, leones, lobos, patos, etc., con admirable fantasía y arte. Algunos se rebordean con una fila de lóbulos convexos, como en Jaca, recordando los de bastones atravesados mozárabes, que también aquí entran, aunque pocos, y asimismo los hay con rizos a al tipo califal cordobés. Entre los de figu¬ los costados, conforme ras humanas, vestidas o desnudas, hay alguna indecente, titiriteros desnudos, una mujer presentando a su niño, hombres tragados por la cabeza infernal y otro de frente desquijarando a un león, según le vimos en Jaca y Loarre y se repite en Compost ela. Nótese que estos modillones se extienden a los hastiales del crucero, en lí¬ neas oblicuas, contra el uso jaqués; pero así lo repiten otras igle- 88 EL ARTE ROMÁNICO ESPANOL sias menos antiguas; Sta. Marta de Tera, Sto. Tomé, en Zamora, 5* la colegiata de Santillana, por ejemplos. Los cimacios de las columnas atestiguan el mismo fenómeno de continuidad: Fuera y dentro de los ábsides predomina el tema de roleos, según está en Jaca, exactamente, y cuyo desarrollo informa los capiteles de Nogal y otros de aquí también. El tema de las pal¬ metas bajo cercha, tan favorecido en Jaca, se repite muchísimo, bajo su aspecto arcaico, en todo el cuerpo de la iglesia, y sólo una vez copia el modelo jaqués más complicado. Dase también el de rosetas dentro de aros, visto ya en Nogal; excepcionalmente, hay bolas en serie, perros mordiendo cabezas de lobo y, por caso único, tal vez, en lo español de entonces, un molduraje de nácelas entre filetes. En las esquinas abundan bolas, que alguna vez se transfor¬ man en cabeza de lobo. Respecto de los capiteles, su magnífica serie destaca en primer término algunos elementos de composición jaqueses: muñones ani¬ llados, gallonados o lisos, y pitones rayados; caulículos siempre y, a veces, con rizos a lo largo; ramaje en ondulaciones, y varetas tren¬ zadas que suelen rematar en hojitas de corte bizantino, o brotar de una cabeza de león; palmetas imbricadas, como en Iguácel; hojas largas en una fila, apenas retalladas o bien lisas y con bolas o piñas bajo su punta; grupos de palomas acariciándose o como dormidas; cabezas de león y, a vueltas de todo ello, representaciones tan oscu¬ ras como las jaquesas. Hay monos en cuclillas, conforme a otros vistos en lo primitivo de Loarre; un hombre así también, mordido por una culebra y con un diablo a su lado; otro, con clámide, asiendo una culebra; mujer agarrada a un león y metiéndole una mano en la boca; hombre tragado por una cabeza de león; dos jóvenes echados abrazándose, y otros con un león entremedias. Un capitel grande efigia, entre ramaje, a un caballero y un hombrecillo, subiéndose por las piernas de otro; dos capiteles más hay renovados, pero cuyos originales conserva el Museo de Falencia, en los que se agrupan muchachos subidos enleones, amansándolos acaso, y otros desnu¬ dos amenazándose entre sí con serpientes. (Lámina cix.) Esto en cuanto a la cabecera. Los capiteles que corresponden al segundo maestro, continuador del edificio, son a veces imitación de aquellos otros, repitiendo las hojas lisas con bolas y piñas, palmetas SAN MARTÍN ])E FRÓMISTA ,Sy imbricadas o dentro de ondulaciones y varetas entrelazadas; palo¬ mas, muchachos sobre leones, el consabido tema de la mujer mamada por culebras y del hombre cargado con un bolsón entre diablos, que representan el suplicio de la lujuria y la codicia; hombres mon¬ tados en caballos o leones, y así otros. De caprichoso hay grupos de leones puestos unos sobre otros o subiéndose; dos parejas de leones con cabeza única, entre una mujer desnuda con báculo, otra vestida y un hombre barbudo; leones, entre otros cuadrúpedos y muchachos abrazados, o mordiéndose; aves picando a unas culebras que salen de cabezas de león; cuatro hombres agachados, y otros tantos mucha¬ chos casi desnudos, sentados encima 3^ acariciando a unas mujeres. Hombre que atraviesa a otro con su lanza, sin darle tiempo a sacar la espada, mientras un tercero clava a aquél un puñal en el cuello, y a los lados una mujerdos militares. Dos obispos bendiciendo; y entre ellos, tres hombres asidos, dos quizá luchando y otro y una mujer abrazados. Dos hombres desnudos, con palos, dentro de una tina; otros llevando un cubo pendiente de un palo, sobre el que posa un pequeño cuadrúpedo; por fin, otro hombre labrando un sillar con escoda. Los apólogos del oso y la colmena, la zorra y el cuervo con el queso, un lobo y un mono comiendo. Arbol en medio; Dios asistido por dos ángeles, teniendo libro 3^ cruz; al otro lado, Adán y Eva, a la que una culebra habla al oído. Estos mismos, al pie del árbol a que se enrosca la culebra; a los lados, un obispo y un clérigo, al parecer; un mono tirándose de la lengua y muchacho tragado por una cabeza de león. La adoración de los Reyes, con una mujer y José — iosef —• señalando. (Láminas ex y cxi.) En el cimborio hay capiteles con más representaciones, difíciles de apre¬ ciar desde abajo, y animales, como leones y gallos, agrupados. Por dentro, en la base de las trompas, avanzan tableros con los símbolos de los Evangelistas, mu3' restaurados y aun nuevos dos de ellos. PARÉNTESIS CASTELLANO SAN PELAYO DE PERAZANCAS Rompiendo la uniformidad de los anteriores edificios, nos encon¬ tramos con éste, a unos 6o kilómetros hacia el norte de Frómista, en la misma provincia de Palència y cerca de Aguilar de Campoo. Es una ermita abandonada y sin más cubierta que la bóveda de cas¬ carón de su ábside; el resto iba techado. (Lámina cxii.) Su historia la consigna bárbaramente una inscripción, de capri¬ chosa paleografía, conservada dentro, que dice: "In nomine domini nostri Ihesu Xpisti sub honore sancti Pelagi Pelagio abas fecit in era MCXiiii obtinente rex Illefonse in Legione" ^ Corresponde al año 1076, y no puede menos de sorprender la presencia aquí del tejaroz con arquillos pendientes, de que arriba se hizo mérito. Está en el ábside, interrumpido por dos finas columnas, en la forma usual, sin capiteles, y corridos encima dos órdenes de esquinillas y de escaques, que constituyen el cornisamento. De cara al mediodía se abre una ventana con más escaques guarneciendo su arquillo; por dentro, otra cornisa igual sirve de imposta al cascarón del ábside, y nada más. Pero, en desquite de su pobreza, lo cubren todo pintu¬ ras de imaginería, muy apreciables, en cuanto puede juzgarse por lo descubierto, y especialmente si resultasen coetáneas del edificio, lo que no creo. La puerta se cobija con un arco sobre colum¬ nas, cuyos capiteles corintios parecen mozárabes, como del siglo x, y en la amplia nacela del cimacio de uno de ellos aparece otro letrero, incompleto y mal leído, pero también alusivo a la fundación. El apa- 1 En 1199 la "villa quam sanctum Pelagium de Pedrasancas vocant", fué cedida al monasterio vecino de S. Andrés de Arroyo, por Alfonso VIII. En 1457 dicho monasterio dio a censo la "granja de Sant Pelavo cerca de Peraçancas" al concejo de esta villa. { Boletín de la Academia de la Historia", XXVI, 276.) LA CATEDRAL DE BURGOS Y SAN ISIDRO DE DUEÑAS 91 rejo de sillería, buena en el ábside; menor y mal cortada en la nave ^ es Los escaques pueden ser una simplificación de los tacos; no son raros en Lombardía y algo también se aplicaron a obras vetustas francesas. Las esquinillas, con otras proporciones, abundan en lo pirenaico, sobre precedentes bizantinos y lombardos. La iglesia de Valdespina, al sur de Frómista, tiene una capilla cuadrada, en vez de ábside, con tejaroz de arquillos, exactamente lombardo ^ LA CATEDRAL DE BURGOS Y SAN ISIDRO DE DUEÑAS Un foco de arquitectura románica, independiente del jaqués, parece haberse desarrollado en la comarca burgalesa, bajo el patro¬ cinio de Alfonso VI. En efecto, este rey cedió su palacio de Burgos para hacer allí la catedral en 1075; entonces comenzaron las obras a su costa, que seguían en 1077, y poco antes de 1088 hubo de estar en condiciones de trasladar a ella desde Gamonal la sede. Una bula de 1095 da la edificación como cosa pasada ya =. De ella se descubrieron ruinas al poner calefacción en el coro de la catedral tuvo empeño en explorar el Sr. Lam- gótica, que no pérez; pero se sacaron de allí tres capiteles, conservados hoy en el claustro y suficientes para fijar la escuela a que pertenecen, ligán¬ dolos con la portada de S. Isidro de Dueñas, en tierra de Falencia — antiguo, donado a Cluny por Alfonso VI en 1073— monasterio muy y con el de S. Pedro de Arlanza. Dichos capiteles de Burgos hermanan entre sí, variando sólo por llevar uno de ellos, en lugar de volutas, las mismas hojas lisas y con bolas que todos presentan entremedias, debajo de una roseta promi¬ nente, en equivalencia del muñón consabido. Es tipo notable por su simplicidad, a que no llegan los otros ejemplares de la misma serie que luego presentaremos. (Lámina cxiii.) reproducciones, en Art Studies, VI, 130.—"Boletín de la Comisión de Monumentos ' Sus de Burgos", 1929, 402. ° Catálogo monumental de la provincia de Falencia, I, lám. LVIII. ® Flórez; España Sagrada, XXVI, 197.—Martínez y Sanz: Historia de la catedral de Burgos, 3. 92 EL ARTE ROMÁNICO ESlL\NüL La iglesia de S. Isidro de Dueñas sólo conserva del siglo xi, al parecer, su extremidad occidental, o sea un tramo de las tres naves, provisto de pilares acodillados y medias columnas hacia la de en medio, y el hastial, con dos torrecillas redondas, como en Frómista, y la portada. Lo restante de las naves, un crucero sobresaliente, con cimborio, formando torre al exterior, y tres capillas con sus ábsides, presentan sencillez de estructura absoluta; y aunque refor- San Isidro de Dueñas (Falencia); parte primitiva. Dibujo de Torres Balbás. mas modernas no dejen sondearla a gusto, el aspecto cisterciense del edificio permite su clasificación como obra de las postrimerías románicas. Dichaportada del hastial resulta muy corta de jambas, con amplio molduraje de boceles y guarnición de tacos en sus arquivoltas, y dos pares de columnas. Sus cimacios se adornan con palmetas cón¬ cavas, del tipo jaqués más sencillo, y una trenza de seis ramales, que inicia puntos de contacto burgaleses. De las bolas que cargaban sus esquinas, una subsiste, como sujeta con cintas, y otra retallada en cabeza humana. Un capitel presenta a la mujer desnuda de quien maman dos serpientes, y un hombre descubriendo su pecho. Otro capitel desarrolla varetas entrelazadas que determinan las volutas. Los dos últimos se componen de hojas lisas con bolas prendidas, bajo caulículos y muñones, casi iguales a algunos de Arlanza, pero menos duros de talla. (Lámina cx'iii.) s. PEDRO DE ARLANZA 93 SAN PEDRO DE ARLANZA Eundó este monasterio 912 el gran conde de Castilla, Eernán en González, inmediato a Covarrubias y sobre el río de que tomó nom¬ bre, paraje resguardado y pintoresco. De aquellos tiempos en un nada conserva; pero aun lo románico, que es su iglesia, tras de se vicisitudes deplorables y abandono, vino a quedar en ruinas, utili¬ zadas como cantera vergonzosamente. En el año último se ha proce¬ dido a su desescombro y limpieza. (Láminas cxiv a cxviii.) Desde fines del siglo xv ya no subsistían de ella sino las partes bajas, habiéndoselas realzado entonces y abovedado al estilo gótico burgalés, con un cimborio, cuyos restos ayudaron a destruir una parte de las capillas hasta el suelo, ha pocos años, como antes fueron cayéndose las arquerías divisorias de sus naves, se mutilaron los paramentos exteriores del lienzo septentrional hasta su ábside, se trasladó al Museo de Madrid la portada y a la catedral de Burgos un sepulcro. Viejas fotografías nos valen para reconocer algo de ello g y quedan en pie la cabecera, parte de los muros laterales y la torre, obra de la segunda mitad del siglo xii, en que no hemos de ocupar¬ nos, como tampoco en las pinturas de entonces, arrancadas ya y perdidas para España, que revestían los muros de un local anejo, a la parte contraria de la iglesia. En el arco de paso entre su capilla mayor y la del lado de la Epístola, un letrero, desaparecido ya, decía: "Era Mcxviii sumsit inicium hanc operam" ^ declarando así su comienzo en el año 1080, y entonces hubo de grabarse. Asimismo, otro enfrente, del que sólo restan pocas letras, consignaba los nombres de sus artífices, sin que podamos lograr certeza en la interpretación del texto, copiado así: " Guillelme et etostem pr eius fecerunt hanc opera guvernante ^ La Ilustración EspañolaAmericana, 30 de Julio de 1887.—Historia y Arle, I, 212.— y R. A. Ds los Ríos; Burgos, en España: sus momimentos y artes, p. 904. - Un dibujo en facsímil de ella, obtenido en 1771, se conserva en el archivo de Silos, y también la publicó el P. Férotin, en su Histoire de l'abbaye de Silos, p. 11.—D. R. A. de los Ríos leyó Mcxiiii: el liltimo rasgo son dos puntos en el facsímil. 94 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL domo abba Vincentio in era Mcxix" Subsiste la palabra copiada \ en versalitas, que precisamente es lo menos inteligible. El abad Vi¬ cente entró a regir el monasterio en 1073, según dicen, y alcanzan sus memorias hasta 1096. Era el edificio una basílica sin crucero, cuyas tres naves remata¬ ban capillas profundas, encabezadas por ábsides, en la forma en acostumbrada. De los pilares divisorios queda, sobre redondo zócalo, su arranque acodillado y las basas de cuatro medias columnas adhe¬ ridas a cada uno; carecían de responsiones los muros laterales, y los arcos medianeros eran doblados, sin peralte y muy anchos, en proporción a su altura. Encima pudo ir en cañón seguido el above- damiento de las naves menores, que no ha dejado huella, y en rea¬ lidad ignoramos si le hubo siquiera; lo mismo respecto de la nave mayor. En la cabecera los de las capillas posan sobre parejas de arcos columnas finas, recordando los casos de Jaca y Frómista; pero en las capillas menores se interrumpen a la altura de la primera cor¬ nisa, corrida sobre los fustes, y va encima una sola columna corta. La inmediata, hacia las naves, sube ahora tanto como las de la capilla mayor, en razón de haberse realzado los últimos arcos medianeros para constituir el crucero gótico; pero se advierte el empalme, disi¬ mulado con la reposición del capitel antiguo. También se alteró el ábside mayor por fuera, dotándolo de contrafuertes, en vez de las columnillas que conservaron los laterales, y aumentada su altura; pero se repuso encima el alero románico y lo mismo en el crucero, por lo que cuesta trabajo reconocer tales cambios. Por dentro, la capilla mayor conserva una elegante arquería sobre columnas, ceñida a los muros y con desigual peralte, rematada en una cornisa de tacos, sobre la que arrancaría el abovedamiento. Éste subsiste en las capillas laterales, formando cañón y casquete, aparejados de sillería pulcramente y con despiezo muy singular en el cierre del ábside. Las ventanas todas del edificio son arquillos simplemente rebordeados, con dobladura y escaso derrame. (Láminas cxv, cxvi.) Resulta notable el alero de las naves bajas, aunque poco de él 1 La publicó el P. Férotin, en el lugar arriba citado; otra copia debo a ü. Luciano Hui- dobro, con variantes, y la fecha, quizá restablecida a capricho. yí) EL ARTE ROMÁNICO ESPANOL se conserva. Tenía modillones de nacela, con una simple hoja esbo¬ zada, y debajo una serie de arquillos, muy volados sobre nácelas, que en esto diferían del tipo lombardo; hasta ellos alcanzaban los contrafuertes, pero su media columna los rebasaba llegando a la cornisa del alero, que era de tacos, en tres filas, siempre en como este edificio. Contrafuertes así los hay en la catedral de Módena, por ejemplo, y esta combinación de Arlanza parece haber hecho escuela, viéndose repetida tardíamente en S. Miguel de Daroca y en Caltójar. Compárese también con el crucero de St. Benoit-sur- Loire, donde sólo falta la columna. En el hastial de poniente, de cara al norte, estuvo la por¬ pero tada, puesta hoy en el Museo Arqueológico de Madrid sin su tím¬ pano y dintel, donde había una cruz grabada. Las arquivoltas traen por novedad cargar sus escotas con botones, entre boceles finos y entorchado uno de ellos, a más de guarnecerse con una trenza y dobles roleos de hojas a biseles, que también recorren la cornisa alta del ábside mayor, y hermanan con otros de Nogal. Los cimacios repiten simplificados los temas susodichos, revelando todo ello un influjo bizantino, por conducto lombardo; esto mismo acreditan los fustes estriados, y en espiral dos de ellos. (Láminas cxvi y cxvii). Las basas marcan cierta evolución a lo largo del edificio: en su cabe¬ cera son áticas, bien proporcionadas, pero las restantes dan a la escota gran amplitud y volada, casi como nacela. Los capiteles guardan uniformidad en toda la iglesia. Los más repiten el tipo corintio simplificado, antes visto en Burgos y Dueñas, con pobres volutas, hojas emboladas, aunque no siempre, y muño¬ nes de flor. Otras veces caen en punta las hojas, feamente rayadas; pero las capillas laterales ofrecen ejemplares de más elegante y com¬ plicada estructura. Ln la capilla mayor los hay que añaden parejas de palomas y leones, alguna vez con cabeza única y de pésimo arte. L1 lucillo, que desde el claustro ha pasado al de la catedral de Burgos, se atribuye al legendario Mudarra sin fundamento alguno; pero ante él hay una losa con el epitafio de la "famula Del Godo... in era mcxliii", que así ha de leerse, en vez de "Lata Dei" y "mcxiii", como antes se ha dicho; y no repugna esta fecha de 1105 al estilo del monumento, si eliminamos sus columnillas, con garras de hoja y capiteles de aspecto gótico. Lo demás se compone de un arco SANTO DOMINGO DE SILOS 97 redondo, cobijando otros gemelos, y todos tres con lóbulos muy cerrados, tales como se siguieron usando a lo largo del siglo xii, aun en Francia, sobre influjo andaluz, bien acreditado aquí por los modi¬ llones del tejaroz, que son de rizos en doble serie, complicando el tipo cordobés con aleta. Se exceptúa el modillón central, que reme¬ da una cabeza de león, muy estilizada y llena de rizos, de acuerdo con ejemplares andaluces también, y armoniza con tres figurillas de leones y grifo, talladas en bajorrelieve casi plano, que ostentan las metopas. Cornisas y guarniciones con palmetas, de tipo exactamente lombardo, tallos ondulados y trenzas completan esta decoración, asimilable a otras de Silos, según veremos. (Lámina cxviii.) SANTO DOMINGO DE SILOS Cerca de Arlanza, y porel mismo conde Fernán González, fué instituido en 919 este monasterio, bajo la advocación de S. Sebastián. A él vino, hacia 1042, desde la Cogolla, el monje Dominico, para res¬ taurarlo con categoría de abad, y aquí mismo falleció en 1073, me¬ reciendo, por la fama de sus milagros, que muy pronto se le recono¬ ciese como santo y su nombre prevaleciera sobre el antiguo para designar el monasterio. Sábese que Sto. Domingo mismo reedificó su iglesia. En forma de profecía lo declara un coetáneo: "quam eleganter ecclesiam et omnia monasterii habitacula pene vetustate consumpta... reedificaverit, et pristino melioratoque decori restituent". Consta luego una consagra¬ ción de sus tres altares, con asistencia del legado pontificio Ricardo, en 1088; nada más ^ Del edificio no subsiste sino un ala de crucero, y a ella concretare¬ mos nuestro examen. Respecto del famoso claustro, su estilo cae de¬ masiado dentro del siglo xii para que proceda su estudio ahora, ni ello urge, porque, tras de una discusión memorable, el Sr. Gaillard ha 1 Dom m. Férotin: Histoire de l'abbaye de Silos, 1897.—Verg.\ra: Vida y milagros de. . Sto. Domingo Manso..., 1736.—Fr. Alfonso Andrés; Notable manuscrito... de Sto Domingo de Silos, en "Boletín de la R. .-Vcad. Española", 1917, p. 172 y 445. 98 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL dejado en su punto el problema ^ Y aun podrá alegarse por argu¬ mento el tipo cisterciense de la sala capitular, cuya fachada se re¬ conoce bien, y a su interior corresponderían los cuatro capiteles grandes, ha poco descubiertos, todo ello conforme a la parte más antigua del claustro. El otro problema, referente a la iglesia, es muy complicado, aun¬ que alguna luz prestan las recientes excavaciones y los planos y memoria descriptiva hechos al tiempo de su demolición, entre 1750 y 1767 '• Se componía de tres naves, con un ancho total de 15 metros, entre muros de 1,20 metros de grosor. Su mitad oriental distribuía dos pares de columnas con capiteles "jónicos"; sin basas y su diáme¬ tro 0,94 metros, según se ha reconocido ahora en lo bajo de una de ellas; les correspondían semicolumnas adheridas a los muros. Estos eran de sillería atizonada, conforme al sistema cordobés, al parecer, o sea alternando sillarejos espetados de frente y de canto L A la ca¬ becera se abrían tres ábsides redondos y muy prolongado el de en medio, con altares exentos; y parece que hacia los pies hubo más cantidad de edificio, porque, al renovarse su hastial de poniente, se aprovecharon en el cimiento capiteles iguales a los de las grandes columnas. La reconstrucción de esta parte occidental abarcaba cuatro esbel¬ tísimos pilares, con grupos de a tres columnas por frente y basas con garras, sobre un zócalo redondo; los arcos eran apuntados; había una "magnífica y principal" portada a los pies y otra hacia el norte, con dos pares de columnas y pequeñas esculturas de la vida de Cristo en su arco. De esta portada y de una responsión de pila se han des- ^ G. Gaill.^rd: L'église et le cloître de Silos, en "Bulletin monumental", 1932, p. 39; con bibliografía.— Antes lo planteó razonablemente el Sr. Deschamps: Notes sur la sculpture ro¬ mane en Languedoc et dans le nord de l'Espagne: 1924. - Memoriae silenses: Ecclesiae antiquae declaratio. Ms. de aquel monasterio, cuya copia debo a Fr. Pérez de Urbel. Una parte de su texto ha sido publicada por apéndice a la mono¬ grafia del Sr. W. M. Whitehill: The destroyed Romanesque Church of Santo Domingo de Silos, en "The Art Bulletin", 1932, p. 318. Aquí se han publicado también nuevamente los planos. ® Así parece darlo a entender esta explicación de las Memoriae silenses: "In fabrica eccle¬ siae antiquae valde notanda est collocatio lapidum scissorum qui non de plano, ut communiter fit... sed duplici ordine superficies latitudinis a parte interiori immediate absque calce se tan¬ gentes in altum in utraque parte exteriori assurgebant: aliquando vero alii lapides desuper transversi illos ligabant". SANTO DOMINGO DE SILOS 99 cubierto los arranques, con fragmentos decorativos de lo más exqui¬ sito que se labró en las postrimerías románicas; casi como lo de las Huelgas de Burgos. Al extremo oriental, tras de dichos ábsides y casi dos metros más en alto, que se salvaban mediante escaleras, proseguía un crucero, con tres capillas al fondo, pilares acodillados, provistos de una pareja de columnas en cada frente; arcos de medio punto y cúpula, no sa¬ bemos si coetánea o postiza, aunque se la comparó con la de la ca¬ tedral de Salamanca. A juzgar por la disposición de columnas adhe¬ ridas a las capillas y a sus ábsides, era una construcción románica del tipo de Arlanza. Esto mismo recordaba la torre, por las colum- niUas de sus esquinas, y se alzaba sobre la sacristía de la iglesia vieja, hacia el norte. Parece verosímil que esta cabecera recibiese la consa¬ gración de 1088. Desde luego, era posterior al traslado del cuerpo de Sto. Domingo, celebrado a los pocos años de su fallecimiento. Un dato algo preciso arroja cierto capitel, doble y entrego, apare¬ cido entre los rellenos de la obra nueva, que debe de corresponder a esta parte y se adorna con hojas largas acogolladas, conforme a otros de hacia la mitad del siglo xii, lo que obligaría a creer en una reconstrucción, haciendo más probable lo que del cimborio se cuenta. Aun abarcaba la cabecera dos brazos de crucero, con simples ábsides a su parte oriental, y se los juzgaba posteriores al resto. Subsiste el brazo meridional, sin su ábside: algo, por fin, se libró del derribo. Brazos así, salientes, no los hallamos, fuera de Cataluña, hasta la iglesia nueva de S. Isidoro de León, y nunca tan largos. Este de Silos mide 8 por 5,50 metros; tuvo una bóveda de cañón, de la que subsisten arranques, sobre una cornisa de tacos en dos filas; los muros se forman con paramentos de sillería marcada y núcleo de morrillos, según costumbre; sus tres ventanas se adornaban con columnas por ambas haces, y hacia el occidente hay una puerta, que es lo principal conservado. Por dentro forma arco de herradura, poco desarrollado, con sal- meres e impostas en una pieza y dovelaje radial, bajo dintel adove- lado, que son características mozárabes precisamente. El adorno de cabecitas de clavo, que se rastrea en las impostas, le asegura por coe¬ táneo de su haz exterior, donde avanzan arcos escalonados, con pe¬ ralte, muy recios y sobre dos pares de columnillas. (Lámina cxix). loo EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Nadahay tan desconcertante en lo románico español como la de¬ coración de esta portada, y acentúa más la extrañeza su absoluto di¬ vorcio respecto del claustro vecino, hecho con posterioridad, segura¬ mente. Las características del arco interior, o sea su arabismo, tiene enlace con piezas de un ala de tejado descubiertas entre el despojo de las partes derribadas: un modillón con doble fila de rizos, exacta¬ mente como los del sepulcro de Arlanza, y una serie de cobijas con su haz llena de tacos, caprichosamente alterados; y en el canto, ya tacos también, ya roleos, ya palmetas, unos y otras como los que guarnecen la portada por fuera. (Lámina cxxii.) Añádanse trozos de cornisas con palmetas lombardas, repetición de las del sepulcro de Arlanza; otras, entorchadas, y un modillón fino, con simples rollos atravesados, tipo mozárabe. ¿Justificará esta penetración de orienta¬ lismo el carácter tan especial del adorno en la susodicha portada y en una ventana, reconocible a la parte del sur? Los capiteles tienen figuras de hombres, casi todos barbudos, con pelo largo partido sobre la frente y vistiendo túnica corta, cinturón y calzas. Entre dos de ellos queda preso un tercero; otros amarran a dos leones empinados, que se abrazan; otro, con dos cuerpos y una sola cabeza, se tira de las barbas; otro se abraza a un león; otro está arrodillado, y hubo una figura con alas, ya deshecha. En lugar del muñón consabido suelen asomar cabezas humanas, como las otras, y una de ave con corvo pico. (Láms. cxx, cxxi.) Recuérdese que en San Juan de las Abadesas, donde los arabismos están patentes, hay un capitel con otro hombre de doble cuerpo mesándose la barba. Un fuste es entorchado, con hileras de bolitas, y otro se cubre con imbricaciones complicadísimas. En cimacios y cornisas campean pal¬ metas como flores, bajo cerchas, prendidas a un tallo ondulante o en volutas, y dos cimacios enfundan en cabezas de león sus tallos. Las arquivoltas desarrollan otros tallos con roleos y botones; un bocel forma escaques, y no hay más molduras. (Lám. cxxii.) El modelado redondo y la profundidad del relieve en todo ello no responden a nuestras ideas sobre orientalismo, ciertamente; pero son bien árabes el sistema de plegar las ropas a rayas paralelas y curvas, cierto esquematismo geométrico que podríamos calificar de cubista; amor a las menudencias y a complicaciones; viveza de expresión, sin sentido moral, en los temas, que antes acusan humorismo; todo. SANTO DOMIN'GO UE SILOS lOI por fin, rebosa exquisitez dentro de su barbarie. Y es el caso que, sin ligazones formales, este mismo espíritu parece haber informado todo el arte silense: las miniaturas de su Beato, los capiteles del claus¬ tro, en su primera serie, las pinturas de sus techumbres, tan mun¬ danas g y aun las de Arlanza románicas ^ Respecto de cronología, si tenemos en cuenta la finura técnica y tal cual punto de contacto con otras obras, podremos referir dicho brazo de crucero a los comienzos del siglo XII, resultando inverosímil darlo por ya hecho cuando se celebró la consagración de 1088. ' J. pérez de Ureel: El claustro de Silos. " Sacadas de España fraudulentamente, como las de S. Baudel de Berlanga. EL TRIUNFO ROMÁNICO LA NUEVA IGLESIA DE SAN ISIDORO, EN LEÓN Cuando la reedificaron los reyes Fernando y Sancha, debió de imponerse al artífice mantener la exigua planta del otro edificio pre- milenario, destruido por Almanzor, y sólo pudo compensar tal res¬ tricción, a fuerza de galas, el nuevo arte románico. Pero a la vez Jaca desarrollaba en su catedral plenitud de recursos arquitectó¬ nicos que eran una revelación; luego, en 1075, y bajo los auspicios de Alfonso VI, ya sabemos que se comenzó la de Burgos, y en el mismo año también la de Compostela, eclipsando en tamaño y magnificen¬ cia todo lo hecho hasta entonces. Aun contaríamos con otro ejemplo más próximo si resultase cierto que entre 1065 y 1073 se rehizo el edificio romano destinado a cate¬ dral en León; pero sólo constan referencias de nuevos altares de y un oratorio con su ábside, para baptisterio. La base de iglesia romᬠnica, reconocida en 1886 en el subsuelo del edificio actual gótico \ debe de corresponder a lo hecho por el obispo Manrique, a fines del si¬ glo XII, puesto que él "cimentó" una catedral nueva. Prescindiendo, pues, de esto último, era natural que a la resuelta infanta Urraca pareciese demasiado mezquina la obra de sus padres y decidiese ampliarla, según lo consigna su epitafio: "Hec amphavit ecclesiam istam"; y con pleno derecho, puesto que disfrutaba, con título de infantazgo, el señorío de los monasterios del reino, cuya ca¬ beza era precisamente éste de S. Isidoro. ' Respecto de las fechas que correspondan al nuevo edificio, entre 1072, que es cuando Urraca, muerto Sancho, su hermano, pudo vol¬ ver a León, y el año de su fallecimiento, iioi, no hay dato conocido. ^ El plano de lo descubierto entonces fué publicado por Lampérez: Hisi. de la Arq. crisi, esp., I, 314. JtrsTO pérez Ll.amaz.ares: Historia de - la Real Colegiata de S. Isidoro de León, p. 38. La iglesia nueva de San Isidoro, en León. Dibujo de G.-il. EL ARTE ROMANICO ESPANOL Sólo por correlación puede afirmarse que es algo anterior al crucero de Compostela, donde se repiten con abundancia iguales marcas de canteros, y que un mismo gran decorador intervino en ambos edifi¬ cios, según veremos, y desde antes en S. Isidoro, donde seguramente hizo su aprendizaje. Además puede alegarse el testimonio de D. Lucas de Tuy, canónigo de S. Isidoro a principios del siglo xiii, quien con¬ signa, en su "Chronicon mundi", como acaecido en 1109, el mila¬ gro de brotar agua de las losas, ante el altar mayor de este mismo edificio. Por de pronto hubo de quedar en pie la iglesia vieja. Tocando su cabecera se alzaron muros y pilares para tres naves, con ancho de 7,56 metros la central, menos de la mitad sus colaterales y un metro escaso de grosor los muros; sin contrafuertes. Los pilares alternan: dos acodillados, pero sólo hacia la nave medial, como en Jumieges, y con las cuatro medias columnas de costumbre, y uno cuadrado con dos de éstas en sentido longitudinal, lo que presupone falta de perpiaños sobre estas pilas débiles y, en efecto, centradas con ellas abren grandes ventanas los muros laterales. (Lámina cxxiii.) Cómo hubiera de cubrirse el edificio queda incierto. Caso igual de pilares alternados repite S. Pedro de las Dueñas, monasterio anejo a Sahagún, erigido entre 1087 y iiio, y allí las bóvedas late¬ rales son de cañón muy en alto, única solución admisible. Tampoco son de olvidar sus analogías con la seo de Jaca, que alcanzan a los zócalos y plintos redondos, con idéntico molduraje y algo de bolas; cornisas de tacos en dos filas, y ventanas con columnas por ambas haces y guarnición de tacos menudos. Organización de naves que seguía por donde ahora es crucero, con otra pila, cuyos cimientos quedan, y rastros de capitel alineado con los demás. Pero inmediatamente se cambió de plan: se añadieron dos medias columnas a las pilas débiles; también, responsiones murales, cor¬ tando por mitad las susodichas ventanas y, volteados luego encima perpiaños, pudieron establecerse bóvedas de aristas, hechas con si- llarejos, sobre las naves laterales, como las habría ya en Compost ela. Organizóse a la par el crucero, muy saliente respecto de las naves y con grandes contrafuertes apareados, en esquina. La capiUa central no existe, salvo su base y un tramo delantero con dos exedras pro¬ vistas de columnas; los ábsides laterales llevan columnillas por re- LA NUEVA IGLESIA DE SAN ISIDORO, EN LEÓN 105 fuerzo, como en Jaca, pero arrancando desde el suelo, y el ventanaje de costumbre, aunque sin boceles sus arquivoltas. (Láminas cxxv, cxxvi.) Finalmente, derribada la iglesia vieja, pudieron añadirse, hasta entestar con el cementerio real que había sido su pórtico, otras tres parejas de pilares, conservando algo de la alternación primitiva, pero con cuatro medias columnas todas. Encima se voltearon arcos muy peraltados, con dobladura los divisorios y retraído levísimamente su intradós, en forma de herra¬ dura. Esto, que vemos repetirse en la abadía normanda de Bernay, no fué al acaso en S. Isidoro, porque la nueva puerta de acceso al pórtico, centrada con el nuevo edificio, tiene así, francamente, sus dos dobladuras y la guarnición (Lámina cxxxiii); además el arco in¬ terior de ella misma y los trasversales que limitan los brazos del crucero, son de a seis lóbulos, no cabiendo duda sobre el arabismo de su traza y una penetración de mudejarismo, acorde con lo ya obser¬ vado en Jaca y Silos y que veremos repetirse aún. Dichos brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón, hechas con sillarejos y atravesadas por otro perpiaño. En cuanto al hueco central, está demasiado lejos de ser cuadrado para que pudiese Lle¬ var el cimborio de costumbre y, en efecto, cubrióse con otro cañón de bóveda, hecho de sillería también, cabalgando sobre los susodi¬ chos arcos lobulados. (Lámina cxxiv.) La nave mayor soporta un ventanaje de igual traza y amplitud que los del crucero y naves laterales; encima se volteó atrevidamente una bóveda, continuación de la del crucero y atravesada por per- piaños, con dobladura o sin ella, de conformidad con la alternación de pilares susodicha, a los que corresponden por fuera contrafuertes de doble volada, todos iguales. Tanto dicha bóveda como las de aris¬ tas de los tramos bajos restantes, que son tres a un lado y cuatro al otro, están hechas con baldosas de barro, persiguiendo una disminu¬ ción de peso, lo que no evitó fuertes desequilibrios y las consiguientes deformaciones. Los dos últimos tramos de la fachada meridional, hacia poniente, con gruesosestribos y ventanas más angostas, revelan posterioridad respecto del crucero y pilas; asimismo, casi todo el ventanaje superior y los capiteles altos, sin que su aspecto autorice a aproximar estas io6 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL partes al año 1149, en que fué consagrada nuevamente la iglesia, porque la crónica de D. Lucas de Tuy atestigua que obedeció a la reparación del estrago inferido a los bienes de la iglesia por los aragoneses. Quizá por muerte de la infanta Urraca y los trastornos acaecidos desde 1112, bajo la otra Urraca, reina, se retrasarían estas últimas obras; pero la uniformidad de estilo en el resto acre¬ dita que se llevó a cabo en pocos años y antes de finalizar el siglo xi. Consta que un maestro Petrus Deustamben, famoso por sus vir¬ tudes y milagros, reedificó esta iglesia, "superedificavit ecclesiam banc", como dice su epitafio; también hizo un gran puente sobre el Esla, que recibió su nombre, según lo atestiguan documentos hasta del siglo XIII, y aun quedan sus vestigios entre Villaveza y Milles de la Polvorosa (Zamora). Él mereció, además, que Alfonso VII y Sancha, su hermana, le concediesen sepultura en la iglesia misma \ pero lo que no sabemos es el tiempo en que vivió y, por consecuencia, la obra en que puso mano. Bien pudo ser esta reedificación, a lo me¬ nos en su fase postrera, y que falleciese reinando ya el susodicho Al¬ fonso, después de 1126. Ello se confirma, en cierto modo, admitiendo que este mismo es el "Pedro que rehizo la Puente Miña, destruida por la reina Urraca", según refiere el Códice Calixtino, obra reali¬ zada entre 1112 y 1120. También ofrecería interés averiguar su estirpe, por el apellido Deustamben, a lo que no alcanzo. El decorado de la iglesia —^salvo etapa final— delata la cola¬ su boración de dos o, acaso, tres artífices, ligados entre sí por su estilo, que se deriva del jaqués, pero evolucionando por influjo mutuo y bajo un ideal común de sutilezas y virtuosismo. Hubieron de alcan¬ zarse uno a otro, aunque representen cierta gradación en sus límites extremos de actividad. El primero, aficionado a lo que podríamos llamar diablerías, no toca asuntos propiamente religiosos, tendiendo a un naturalismo de cortos vuelos, pero seductor alguna vez y en lo ornamental muy osci¬ lante. El segundo, ofrece una personalidad muy destacada: es el que de¬ signaremos por "maestro de las Platerías", en razón de su obra ^ Catálogo monumental de León; p. 212. LA KUEVA IGLESIA DE SAN ISIDORO, EN LEÓN 107 compostelana más grandiosa; creador de tipos iconográficos y de temas decorativos trascendentales para lo sucesivo, según iremos viendo. Pero, antes de discernir sus aportaciones en este edificio, recorramos lo que presenta de común y básico su decoración. La portada meridional del cuerpo de la iglesia, a que arriba se aludió (pág. 64), tiene moldura] e de boceles entre escotas, alternando con adornadas nácelas; su tímpano se apoya en modillones, figurando cabezas de carnero y rebordeados por una moldura de gorja entre filetes. No recordamos ejemplar de tales apoyos más antiguo en lo románico, salvo el muy rudimentario de la seo de Jaca en su puerta del claustro, ni precedentes fuera de la gran Mezquita cordobesa. (Lámina cxxvii.) Las portadas del cruceo varían en ser sus arcos muy peraltados y carecer de talla las arquivoltas; el dintel de la septentrional copia los modillones aludidos, duplicando el codillo y sin cabezas; el de la meridional los arquea, dotándolos de cabezas de león y perro, amenazadoras, que preludian el tipo compostelano generalizado luego. (Lámina cxxix.) Las cornisas y guarniciones de puertas y ventanas, en todo el edificio, se cargan con tacos, en dos y tres filas, respectivamente; pero los cimacios e impostas suelen sustituirlos, ya por la nacela, desnuda o salpicada de rosetas; ya por un doble baquetón; ya, con preferencia, por el adorno de palmetas cóncavas, que nos es tan co¬ nocido, conforme a las variantes jaquesas de más primorosa talla. Por novedad hay entrelazados curvos y aves entre ramaje, según luego se especificará. En los ángulos sobresalen generalmente bolas, conver¬ tidas en cogollos, cabezas de lobo o de león y piñas, con cierta fre¬ cuencia, como en lo jaqués asimismo. Bolas también, pequeñas, guarnecen los plintos y basas, sin uni¬ formidad, y estas últimas no exageran la amplitud de su escota, manteniéndose la proporción clásica. En los aleros, las metopas co¬ rrespondientes a la línea oriental del crucero se adornan con florones dentro de aros, exactamente como en Jaca. Además, sus modillones, hacia la cabecera de la iglesia, suelen cargarse con hombrecillos y animales, en actitudes variadísimas; los demás son de rollos, en número de tres; pero hay uno, hallado entre escombros, que desarrolla rizos por sus costados, recordando algunos de Erómista y muchos compostelanos, de influjo cordobés directo. io8 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Si ahora buscamos lo más escultórico del edificio, se nos presen¬ tan dos obras capitales, en representación de aquellos artífices arriba aludidos: son los tímpanos de las portadas meridionales. El de la principal, correspondiente a las naves, donde está la imaginería ya presentada antes (pág. 64), efigia al Cordero místico, dentro de un medallón tenido por dos ángeles y al que señalan otros dos; debajo se asocian escenas del Viejo Testamento, no bien expli¬ cadas, salvo el sacrificio de Isaac en medio. Los ángeles, de un bi- zantinismo bien clásico, son seguramente copiados; lo restante des¬ merece y resulta vulgar. Nótese el arcaísmo de los temas, que res¬ ponden a la tradición antiicónica, e ir supeditado el tamaño de las figuras a lo angular del dintel en que se desarrolla la composición bíblica. (Lámina cxxviii.) La otra portada, que llaman del Perdón y corresponde al crucero, es menor y, seguramente, algo menos antigua. Su tímpano presenta agrupadas las escenas del Descendimiento, las Marías ante el sepul¬ cro de Cristo y la Ascensión. Al margen, un letrero, quizá postizo y de tipo francés, dice: "Ascendo ad patrem meum et patrem vestrum". A los lados campean grandes imágenes de S. Pedro y S. Pablo, re¬ medo de aquéllas puestas en la portada del Cordero. (Lámina cxxx.) Otra media figura de un santo joven con libro, hecha de mármol, se conserva en el Museo de León, procedente de la misma iglesia y que hermana con las anteriores L Lste segundo tímpano rompe decisivamente con las pautas mo¬ zárabes, admitiendo representaciones sagradas, a que antes no se atrevían los artistas; salva dificultades de todo orden con aires de ingenuidad, poniendo un rasgo de ternura en el S. Juan abrazado al cuerpo de Jesús, y también algo de dolor en los ángeles que in¬ ciensan, repetición de aquellos otros vistos en el Arca santa de Oviedo. Más sorprendente es el naturalismo de los dos apóstoles, y garantiza las buenas dotes del escultor el ver en eUas y en la otra me¬ dia figura de santo una viveza expresiva que falta en las pequeñas del tímpano. Como características personales obsérvense la técnica del pelo en bandas ondeadas, que se aprendió en la imaginería primitiva de ' Catálogo monumental de León; fig. ,(59. LA NUEVA IGLESIA DE SAN ISIDORO, EN LEÓN 109 la portada del Cordero, o en rizos sueltos; el plegar amorcillado y con líneas dobles recorriendo indefectiblemente los muslos de alto a bajo, lo que constituye, por su insistencia, como la firma de este escultor, y tiene su precedente en algún capitel de Jaca. Además, ciertos res¬ pingos simétricos; el cuello de las túnicas, movido en líneas cóncavas, y los pliegues del pecho, arqueados también, generalmente. Tales convencionalismos, amaneramiento al fin, personalizan al maestro de las Platerías, destacándolo entre sus coetáneos, y repre¬ senta una fase de estabilización románica, tras de los ensayos geniales e incoherentes, mal comprendidos acaso, de sus predecesores. Fase narrativa, de escasa penetración espiritual, satisfecha con virtuosis¬ mos de técnica y equilibrio estático, alejada de lo natural y propensa un cierto clasicismo, a que perdura en gran parte del siglo xii. El maestro del tímpano del Cordero completó la decoración de aquella portada con los referidos modillones de cabezas de carnero, dos repisas, para las estatuas de los santos Isidoro y Pelayo, pues¬ tas a sus lados, figurando bustos de toro con leoncillos atravesados en¬ cima (Láminas Lxvii, Lxviii), y cuatro capiteles: uno, con ramas en¬ trelazadas; los otros, con representaciones demoniacas de hembras aladas, puestas en cuclillas y con garras por manos, y de varón también con garras; otros monstruos hay a sus lados, y con cuer¬ nos una pareja de ellos. (Láminas cxxxi, i; cxxxii, 4.) A la misma serie corresponden los cuatro capiteles de las hor¬ nacinas de la capilla mayor, con esfinges, un monstruo, como hom¬ bre desnudo y alado, un mono, quizá, y un buho con serpiente liada al cuello, entre parejas de cigüeñas, palomas y carneros. (Lámina cxxxi.) En el ábside correspondiente al lado del Evangelio se repite el mons¬ truo varonil alado y desnudo, en cuclillas, entre dos cigüeñas; y le hace compañía otro capitel que efigia a dos ángeles pesando las al¬ mas en presencia de un diablo. Las dos ventanas más antiguas del cuerpo de la iglesia represen¬ tan en sus capiteles el sacrificio de Isaac, otra vez el monstruo alado entre aves, dos leones y tres muchachos desnudos mordidos por ser¬ pientes. (Lámina cxxxvi; i, 2.) En la portada septentrional del cru¬ cero hay otra escena parecida a esta última, con una figurilla de mu¬ jer desnuda, preciosa; dos ovejas, al parecer, y dos palomas entre ramaje. (Lámina cxxxii.) no EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Los capiteles grandes dan cabida a parejas de aves oprimidas por leones (Lámina cxxxix; 3, 4), y de palomas entre ramaje. (Lámi¬ na cxxxviii, I.) Un Sansón que desquijara al león en que va monta¬ do, entre dos muchachos sobre leones también, desnudo el uno y tocando una bocina el otro. Dos titiriteros desnudos, doblados hacia atrás, cogiéndose las piernas, y otro encima en cuclillas; a los lados, dos violinistas, subido uno de ellos en los hombros de otro muchacho. Cabeza infernal tragándose a dos hombres por las piernas, mientras se abrazan a leones y son acariciados por dos mujeres. (Lámina cxxxv.) En estos capiteles no faltan los caulículos acaracolados, a modo de volutas; son frecuentes los muñones, ya escalonados, ya cubier¬ tos de hojas largas con botón en medio, y los pitones rayados, de origen jaqués. Las escenas humanas se recomiendan por su gran novedad y sentido decorativo: facciones muy expresivas; pelo ri¬ zado; desnudos con morbideces desconcertantes; cierto grado de co¬ rrección y finura, que parece irse acusando progresivamente, desde la portada del Cordero, tan pobre y basta de técnica; si no es que se trata de dos artistas, ligados entre sí por una trasmisión de aprendi¬ zaje que los unifica. Todavía entran en el grupo anterior algunos capiteles grandes, de tipo corintio, con bolas, palmetas en su base y folíolas a bisel, recordando ejemplares jaqueses más que los del pórtico de esta misma iglesia. Uno sólo lleva grandes hojas lisas, y otro, una composición de roleos muy original. (Lámina cxxxvi.) En ejemplares peque¬ ños ya se aludió al modelo de ramaje trenzado, precisamente ja¬ qués. (Lámina cxxxiii.) Frente a lo anterior el maestro de las Platerías destaca nuevos tipos de capiteles, sobre modelos de Jaca siempre. Su mayoría, de tamaño grande, se compone de hojas, en una o dos filas, bajo cau¬ lículos, hendidas y rebordeadas formando lóbulos; pocas veces lisas, y frecuentemente con bolas en su punta. De aquí salió el tipo compos- telano fijo; pero en León desarrolla variaciones que acreditan un precedente de fehces tanteos. Destácase de ellos algún ejemplar con hojas lisas y bolitas, aprendido, acaso, de sus similares composte- lanos con analogías normandas. (Láminas cxxxvii, cxxxix.) El tipo de ramaje, más o menos enredado, evoluciona en manos de este maestro, animado por parejas de águilas, palomas, leones y LA KÜEVA IGLESIA DE SAN ISIDORO, EN LEÓN III muchachos desnudos, que pugnan por ataduras, en librarse de sus composiciones de gran efecto decorativo, extremadas luego en Com- postela, y cuyo origen, aparte lo de Jaca, podríamos buscar en la ma¬ ravillosa cruz de Fernando I. (Láminas cxxxviii, cxxxix.) Dos ci¬ macios repiten el tema de palomas y halcones picando entre ramaje, copiado luego en Tolosa. (Láminas cxxxviii, 3, y cxxxix, 5.) Cinco capiteles grandes entrañan más valor representativo, a saber: La Majestad divina, con libro y bendiciendo; a sus lados án¬ geles con rótulos, donde se lee en caracteres de tipo leonés: "Benedicat nos Dominus de sede maiestatis". Dos luchadores a brazo partido vistiendo sólo ceñidor; detrás, dos hombres con espada y maza al hombro, un reybarbudo y otro hombre señalando. Dos mujeres desnudas asiendo serpientes, entre diablos que señalan hacia ellas, y en medio un pequeño ballestero cargando su arma. Mujer orante, desnuda y con larga cabellera, entre leones cuyos rabos asen dos muchachos también desnudos. (Lámina cxl.) Otros dos leones y en medio un busto de tocador de arpa, quizá. En el ábside del lado de la Epístola parecen fundirse caracterís¬ ticas de ambos maestros: Hay un capitel con cuatro figuras desnu¬ das, una de ellas con libro y bendiciendo, pero además ligadas entre sí por culebras. Otros, en las ventanas, con dos hombrecillos entre ramaje, ciervo y cierva, leones de frente, roleos y una cabeza de león. Finalmente, cimacios con trenzados y flores de cuatro pétalos dentro de aros. (Lámina cxxxvi, 3 a 6.) Esto de las flores con cuatro pétalos fué luego generalizado por el último decorador del edificio, en los altos de la nave mayor y ven¬ tanas del ángulo de suroeste. Y este maestro, en la serie de capiteles grandes y pequeños que le corresponden, resulta un plagiario de sus precursores en la misma tarea, y un divulgador, a quien se debe el disciplinado impulso románico en Avila y Segovia desde los pri¬ meros decenios del siglo xii. (Lámina cxli.) Especialmente le son tí¬ picos los leones agachados, arpías, grifos, palomas y sirenas con doble cola; también veremos repetirse la personificación del alma llevada por ángeles L 1 La limpieza, exploración y reparaciones de todo el edificio han sido realizadas por el arquitecto D. Juan C. Turbado. Ilustraciones suyas, en varias láminas de Monumentos arqui¬ tectónicos de España y Catálogo monumental de León. SANTIAGO DE COMPOSTELA Es el más excelso monumento de la arquitectura románica en España, y el más señalado santuario medieval de la cristiandad en Occidente, fuera de Roma. Por justo reconocimiento de sus títulos, es el que más problemas suscita y contra el que se alzan los celos nacionalistas, en forcejeo poco documentado y serio. Ahora bien; reconocida la evolución de nuestro arte románico en la forma ex¬ puesta, ni la cronología de Santiago constituye una sorpresa ni el edificio pierde su singularidad al conformarse, en el grado que ire¬ mos viendo, el cuadro de características españolas. con El asignar fecha al comienzo de las obras viene girando en torno de un letrero, el de la puerta de las Platerías, donde consta una, que en apariencias es la era 1116, aunque también y mejor, según veremos, puede ser 1141. Sobre este dato, de seguro, la "Historia Compostelana" y el "Códice Calixtino" fijan el hecho en 1078 erró¬ neamente, pues consta que de antes ya se estaba haciendo el edificio y así lo confirma otro dato más fijo, conocido desde ha pocos años, que invalida discurrir al propósito sobre dicho famoso letrero y sobre unos cómputos, basados en lo mismo, que traen aquellos códices ^ Desde luego, se empezaron las obras reinando Alfonso VI y bajo el obispo don Diego Peláez. Dos capiteles, a la entrada de la capilla central de la giróla, llevan sus retratos acompañados de ángeles con rótulos, donde se lee: "Régnante principe Adefonso constructum opus".— "Tempore presulis Didaci inceptum hoc opus fuit". (Lᬠmina CLViii.) Este obispo debió su elección al rey Sancho de Castilla en 1070; fué hombre mundano, generoso y noble; se hizo un gran pa¬ lacio en Iria y continuó la edificación del castillo de Honesto, para defensa contra los piratas, que son hoy las famosas torres d'Oeste Lámina cxLii); pero, acusado de andar en tratos con el rey de los nor- ^ A. López Ferreiro; Historia de la... iglesia de Santiago de Composteta; III, 40. SANTIAGO DE COMPOSTELA 113 mandos contra Alfonso VI, éste lo aprisionó en 1088 y nunca quiso reponerlo en su sede, la que tanto había engrandecido. Se trasluce en ello una razón política grave ^ Y ahora vamos al otro dato aludido. En la misma capiUa central, consagrada a S. Salvador, se grabaron, en grandes letras del siglo xi, dos inscripciones que conmemoraban la historia de la iglesia. ® En la una, lo referente al rey Casto; en la otra, una consagración; mas, por lamentable accidente, no quedan de ellas sino las partes laterales dejando sumamente incierta su lectura. No obstante, lo que nos in¬ teresa quizá pueda reintegrarse en estos términos: "Consecraía (men- se ) nonasque trigeno anno post dominice incarnationis milleno septuageno quinto tempore quo domus est fundsita, iacobi". O sea, que fué consagrada en tal día, a los treinta años después del 1075 en que se fundó la iglesia de Santiago. Consta, efectivamente, que la consagración de sus altares la efectuó en 1105 el obispo Gelmírez, confirmándose así la fecha propuesta. estaba preparado el cimiento o Consta asimismo que en 1077 ya solero de piedra —muro lapideo tabulatu— en la cabecera; que es¬ taban dedicados los altares de las tres capillas de en medio; próxima a terminarse la de S. Pedro, al lado de la epístola, con una puerta adjunta, y haciéndose la central de S. Salvador y colater^ opuesta, de S. Juan Evangelista ^ lo que, juntamente con otros dos tramos ocupados por puertas, completa el hemiciclo de la giróla. Su parte rectilínea de ambos lados, que alcanza hasta el crucero, varía en los pormenores, acusando muy bien cierta solución de con¬ tinuidad, como si aquello primero datase del obispo Peláez, en los trece años que aun duró su pontificado desde el comienzo de las obras, y luego éstas corriesen aventuras con los trastornos subsi¬ guientes a su deposición en 1088. Puede creerse que Alfonso VI no intervino en el designio de reconstruir la iglesia; si algo hubo de ini¬ ciativa real partiría de su hermano Sancho, protector del obispo según consta, como también los tratos de éste en Normandía. ^ Elórez: España Sagrada: XIX, 201, con referencia, casi exclusivamente, a la Historia composlellana, publicada en el t. XX.—López Ferreiro: Ob. cit. ts. II y III. - Boletín de la Real Academia Gallega, núm. 180, p. 314: publicadas por D. .\ngel del Cas¬ tillo, con un facsímil bastante exacto, aunque no en absoluto. ® López Ferreiro; Ob. cit. t. Ill, apéndice I. 114 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL TlIN ,.> Santiago de Compostela; restitución. Escala: 1.500. Dibujo de W. M. Whitehill. Sabemos más aún de entonces, relativo a los artífices; porque el Códice Calixtino, completado en el tercer decenio del siglo xii, dice que empezó el edificio un don Bernardo, a quien llama el Viejo, maestro admirable, con cerca de cincuenta canteros, a cuyo frente SANTIAGO DE COMPOSTELA 115 estaba un Rotberto ^ Y aunque no sea mucho lo que sacamos con estos nombres, desde luego confirman la presunción de haber sido extranjeros quienes idearon el edificio. Un segundo impulso, y éste ya decisivo, hubo de recibir la basílica desde que entró a gobernar Galicia el conde Raimundo de Borgoña, casado en 1090 con Urraca, la desventurada hija de Alfonso VI. Entonces anduvo también por acá S. Hugo, el famoso abad de Cluny, que en el año anterior había emprendido la edificación de su iglesia, y era pariente del nuevo conde de Galicia. Este encumbró a su nota¬ rio Diego Gelmírez, canónigo de Compostela, haciéndolo vicario de la diócesis en 1093, y luego obispo, en iioo: personaje de grandes alientos y empresas, que llegó a consagrar casi todos los altares de su iglesia en 1105, según va dicho. Este acto de la consagración prueba que entonces, no solamente estaba hecha y abierta al culto la giróla con sus cinco capillas, sino también la mayor, dotada por Gelmírez de un retablo de plata mag¬ nífico, lleno de imaginería relevada y bajo un ciborio de oro y plata, al modo de los italianos. También estaría poco menos que terminado el crucero, tres de cuyos altares fueron consagrados al mismo tiempo, faltando sólo el último de hacia el norte; y se consagró asimismo un altar, dedicado a S. Miguel, en el triforio, al que llamaban palacio, comprobándose aún más así el avance de las obras. Quedaba, sin em¬ bargo, en pie la iglesia primitiva, que sirvió de coro hasta 1112, y sin embarazo para aquéllas, porque caía íntegra dentro de la nave mayor, desde su altar hasta las grandes pilas del crucero ^ El proceso de éste lleva aneja la determinación de fecha para el nuevo edificio de S. Isidoro en León; pues ya van enunciadas sus concomitancias artísticas, y ello reclama volver al aludido letrero de la portada meridional, que llaman de las Platerías. En realidad se ignora qué hecho conmemorase. Ya la indicación de día —V idus iulii— tras del año, va escrita muy caprichosamente, y las abrevia¬ turas que siguen resultan obscuras —magister qui fecit hoc??—, como si de propósito se le hubiese trazado enigmático. Su principio ^ López Ferreiro: Obya citada: t. III, apéndice II. ^ Historia compostellana: p. 50, en la edición de FIórez. ii6 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL dice "eraMcxvi", pero ligados los signos xv; cosa desconcertante, dada la monumentalidad del escrito. Esto invita a creer que la V sea una L deformada, pendiente de la X, según costumbre para designar XL; y en efecto, una pequeña A puesta encima invita a leer "quadragesima prima", mientras que si fuera "decima sexta", la A iría sobre la X o sobre la I En tal caso, la fecha corresponde al año 1103, que va bien para el asiento de laportada misma: recuérdese que el pórtico de la Gloria conmemora igualmente la colocación de sus dinteles. Aquella fecha tiene que dejarse atrás el tiempo en que, verosímilmente, el maestro de las Platerías trabajó en S. Isidoro, cuya portada del Perdón representa como un esbozo de esta otra; establece además el debido sincronismo con la fecha de S. Esteban de CoruUón, iglesia reedifi¬ cada de 1093 a iioo, como en su lugar explanaremos. Efectivamente, su portadita remeda a la compostelana en los modillones, columnas y arquivoltas (Lámina clxxxviii); no pudo hacerse después de con¬ cluido el edificio, porque encaja dentro de los muros de su torre, y además hermanan con ella los canecillos del alero que circunda la nave. Resulta, pues, ineludible aducir que en iioo, o algo antes, ya es¬ taban los arcos de las Platerías en condiciones de servir de modelo en CoruUón, lo que no obsta para creer que sean algo posteriores las esculturas adaptadas, antes mal que bien, a sus jambas, tímpanos y salmeres. Otro dato puede inferirse de ciertos deterioros, extrañí¬ simos y lamentables, que se observan en la parte de dicha imaginería taUada en mármol, y justamente en sitios muy a cubierto de la in¬ temperie; deterioros por calcinación, de seguro. Y como el edificio sufrió un asalto y quema en 1117, si entonces ardieron las hojas de madera de dicha portada, quedaría bien justificado el estrago y ten¬ dríamos una fecha extrema, ante quant, para su terminación. A los nombres de quienes empezaron nuestra iglesia, consignados antes, podemos añadir otros. En iioi era maestro de su obra un Es¬ teban, que entonces pasó con grandes honores a planear la cate¬ dral de Pamplona, cuyos restos decorativos recuerdan lo de las Pla- ^ Su reproducción; López Ferreiro: Oh. cit.; Ill, 114.—Sobre fotografía: A. K. Porter: Leonesque Romanesque and Southern France,^. —Gaillard: Notes sur la date des sculptures de Compostelle ei de Léon; en "Gazzette des Beaux Arts": 1929, p. 345. SANTIAGO DE COMPOSTELA 117 terías. Tras de él aparece otroBernardo, maestro de la iglesia en 1109, que además fué tesorero y canciller de Alfonso Vil y falleció en 1134: quizá más organizador y administrador que artífice, dada su eleva¬ ción de cargos. Consta que un hermano suyo se apellidaba Stefáni- des, o sea hijo de Esteban q de donde podremos inferir que dicho maestro Esteban sería padre de Bernardo, el Joven, e hijo quizá del otro Bernardo, el Viejo, iniciador del edificio, sucediéndose todos tres en la dirección de las obras. Estas iban terminadas, en lo grueso del edificio, hacia 1122, y del todo, al parecer, en 1128. La categoría preeminente de nuestra basílica, lugar de peregrina¬ ción tan famoso, donde habían de acogerse multitudes, con capaci¬ dad y buen orden para evitar aglomeraciones, no solamente hubo de estimular una exaltación arquitectónica digna, sino además so¬ luciones adecuadas, cual ningún otro santuario español lo exigió antes. A ello obedece la nave absidal o giróla, con su corona de capi¬ llas, y el triforio, nunca vistos por acá, pero sí en los grandes templos franceses, aunque haya no poca incertidumbre sobre la formación de este tipo arquitectónico. Cimientos amplísimos para giróla y capillas han aparecido en S. Martín de Tours, adjudicados al siglo x y aun al viii; pero como, inmediatamente sobre ellos posaba la base de un edificio, hermano ge¬ melo de Santiago en su organización, es evidente que ambas cons¬ trucciones obedecían a un mismo alzado, siendo coetáneas. Ahora bien, el Códice Calixtino, sabemos que entonces, o sea en el por decenio de 1120, dicho santuario, consumido por un incendio en 1122, "se fabricaba con labor admirable, a semejanza de la iglesia de San¬ tiago" ^ Lo que, dicho por un francés coetáneo, que escribía para sus compatriotas, es irrecusable, y no vale ignorarlo, como suelen los eruditos de allá, ni traducir "que se parecía a la de Santiago", como hacen algunos; porque la frase latina "ad similitudinem" es terminante en la acepción susodicha. Más derechos de antigüedad corresponden a la catedral de Clermont, donde se han descubierto restos de otra giróla con cuatro capillas, constando que a imitación ' Historiacomposiellana, p. 449.—López Ferreiro: Oh. cit.; Ill, 37 a 50. - "Ad similitudinem scilicet ecclesiae Bti. Jacobi miro opere fabricatur"; Fita y Vinson; Le Codex de Saint Jacques de Compostelle: p. 33. ii8 EL ARTE ROMÁNICO ESPASOL suya —^"in similitudinem"— se hizo la de S. Aniano de Orleans, en el primer tercio del siglo xi, reconocible aún a la altura de su cripta, con cinco capillas y tramos para ventanaje intermedios, como en Santiago. También se han explorado los cimientos de otra en la aba¬ día de Vendôme, con cinco absidiolas, que corresponderán al edifi¬ cio consagrado en 1040. Mas en pie no subsiste sino la giróla, no completa, de la Couture del Mans, edificio sin fecha, de aparejo muy arcaico, alternando sillarejos y ladrillos, pero tan dentro de lo romᬠnico que parece lícito traerlo muy adentro del siglo xi. Conciertan con la giróla de Compostela su amplio ventanaje, entre columnas y con claraboyas encima, capiteles historiados, columnas de refuerzo en los ábsides, y triforio con arcos gemelos; varía tan sólo por sus columnas en esquina y por el abovedamiento, que lleva arcos en¬ tre bóvedas de aristas, alternadamente rectangulares y trapeciales. Menos localizado aparece el caso de tribunas o triforio sobre las naves laterales —como en algunas basílicas y en los grandes santua¬ rios bizantinos— con ventanaje de arcos geminados, bajo otro de descarga, y columna por soporte en medio, según lo hay o hubo en Gernrode, S. Remigio de Reims, Jumieges, Montierender, etc. Pero el caso de tribunas en torno del crucero, lo que exigía organizar éste con tres naves, sólo alcanza en parte a dicha iglesia de Reims, y di¬ cen que también se dió en la catedral de Orleans. Todo ello representa concordancias fijas en lo que respecta a la disposición del edificio; los problemas constructivos caen aparte, y asimismo la decoración. Desde luego, en lo primitivo —^hemiciclo de la giróla, tres capillas, cuatro huecos con ventanas y puertas, bóveda de cañón en curva, con penetraciones formando aristas— hay perfecta uniformidad, así de técnica como de ornato, y su liga¬ zón con lo románico español va especialmente hacia la escuela de Jaca. Pero la rudeza de su escultura no se justifica bastante por lo áspero del material, que es granito, y además se interponen rasgos de orientalismo, acusados con precisión en algunas partes. (Lᬠminas CLViii a CLxni.) Los dos ábsides colaterales —capillas de S. Juan Evangelista y de S. Pedro, en lo antiguo— siguen el tipo normal jaqués: columnas de refuerzo al exterior, sobre altos pedestales redondos; alero de mo¬ dillones, y tres ventanas, con doble arquivolta y columnas por am- i20 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL bas haces. Así son también las de la giróla, pero moldurada la do¬ bladura de su arco fuera y abiertas encima claraboyas con doble por ruedo de sillares. (Láminas cxliv a cxlviii.) Debajo, en la extremi¬ dad del hemiciclo hacia el norte, se ha descubierto ahora una puerta, cobijada por un arco al exterior, con bocelón y guarnecido con tacos en tres filas. (Lámina cxlvi.) Su dintel forma ángulo obtuso por arri¬ ba, como el de las torres d'Oeste (Lámina cxLii), dos en portadas de 8. Isidoro de León, el de Arlés del Tech (Lámina xlvii) y otros en Francia que no parecen anteriores al siglo xii, especialmente los de Auvernia. capilla central de la giróla, consagrada a S. Salvador, es más La profunda (Láminas cxliv, cxlv), como iglesita, con un tramo cu¬ bierto por bóveda de cañón, arco al fondo, ricamente moldurado, so¬ bre finas columnas tangentes al muro, y ábside en el que se hunden dos exedras de planta de herradura, con doble arquivolta e impos¬ tas de nacela corridas, dejando lugar en medio para una ventana. Por fuera es cuadrangular, con arquería mural de lejana estirpe rave- natense. (Láminas cxlvi, cxlvii, CLix.) Adviértese que los arcos son peraltados siempre, rebasando el semicírculo y a veces con tenden¬ cia a formar herradura; mas en el testero de dicha capiUa se los sustituyó por un arco de cinco lóbulos, cobijando la sobredicha ven¬ tana, y dos laterales angulares, o sea en mitra. Hoy están ocultos, pero los reproduce una estampa antigua q y ambas formas de arcos perseveran durante el segundo período de las obras, en lo alto de la capilla mayor y de los hastiales del crucero. (Láminas clvi, clvii, clxxviii.) El arco en ángulo tuvo mucho favor en decoraciones constanti- nianas y bárbaras, hasta lo carolingio, y sus últimas presentaciones, en Gravant y St. Generoux, se acompañan con guarniciones de tacos sueltos, que pudieran asimilarse indirectamente a las de Compostela. Los arcos lobulados salen notoriamente de lo califal cordobés, y la na¬ cela informa muchos cimacios, dejados lisos con progresiva insistencia. Más datos de arabismo suministran los capiteles del arco toral de la ^ K. J. Conant: The early architeciural history of... Santiago de Compostela: fig. 21. A este trabajo han precedido las exploraciones hechas sobre el edificio por D. Jesús Carro. Este mismo ha encontrado ahora en el archivo catedralicio los dibujos originales para dicho grabado y otro compañero, que datan de 1690. SANTIAGO DE COMPOSTELA 121 capilla de S. Salvador, únicos de mármol blanco y fina labra, donde hay unas piñas y unas hojas, horquilladas y con anillo medial, exac- mente como las que entonces se esculpían en Toledo, por ejemplo. Además ostentan una figura de hombre sentado, ahogando a una paloma y una cigüeña, y dos grifos custodiando un cáliz, alegorías de tipo oriental ambas. (Lámina CLix.) En otros capiteles aparecen leones empinados o con una hoja en la boca, que se tendrían por cosa árabe; y siempre, follajes a biseles y rayados, de abolengo bi¬ zantino, así como trenzas y redes de cintas. (Láminas clx, clxii.) Otro dato insigne aportan los modillones de los aleros, persistentes en el remate de la capilla mayor, pues obedecen al conocido modelo cordobés de bastones atravesados, con rizos laterales y aleta me¬ dial, variando pormenores y elementos postizos, de suerte en sus que aventajan en este rumbo a los excepcionales de Frómista y León, y a los de Silos y Arlanza \ (Láminas cliv, clvi.) Las restantes decoraciones se inspiran en modelos románicos nues¬ tros, bien conocidos (Láminas clxi a clxiii): ya palmetas, flores den¬ tro de aros y ondulaciones, a más de cabezas en los ángulos, para los cimacios; ya caulículos, pitones escamados o rayados y muñones con hojas largas y botón, en los capiteles. Estos destacan leones, halcones, parejas de lobos con una sola cabeza, a veces; arpías, grifos, perros matando halcones, hombres mordidos por sapos y culebras, otro to¬ cando una bocina, otro entre dragones, tres sujetando dos sirenas a y, a su lado, aquellos grupos del rey y el obispo asistidos por ángeles, a que arriba se aludió y cuyos letreros son de tipo mozárabe puro (Lámina clviii): figuras todas sumamente rudas, deformes, pero a veces con algo de expresión y resueltamente esculpidas. (Lámi¬ na clxiii.) El molduraje se compone de boceles y escotas, con frecuencia dos juntas entre aquéllos; la cornisa del zócalo, si bien hoy mutilada, parece que se cargaba con tacos en tres filas; pero la guarnición de arcos los llevan en una sola, y esto representa novedad, aunque abundan cornisas así en Normandía y se siguieron repitiendo luego ^ Pudiera creerseprocedente de la catedral, donde fueron suprimidos en el siglo xvii los aleros de su giróla, serie de modillones puestos en el hastial moderno de la iglesia de Santa una Susana, que son exactamente análogos a los sobredichos. Otros, más sencillos, sin rizos, hay en la colegiata del Sar. 122 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL en todo este edificio. Las basas bien proporcionadas y sin garras. son Prevalecen, pues, las características netamente españolas en lo deco¬ rativo, informando un trazado exótico y precisamente francés. Esto último quedó bien justificado arriba; y se comprueba el favor que allí se dispensó a la traza misma, viéndola repetida en san¬ tuarios tan famosos como S. Saturnino de Tolosa, Sta. Fe de Conques, S. Marcial de Limoges y 8. Martín de Tours, todos ellos sobre el ca¬ mino de la peregrinación a Santiago. El problema está en averiguar cuál fué el edificio príncipe, categoría que todos cuatro disputan al de Compostela. Del de Tours ya sabemos lo que hay de cierto (pᬠgina 117) y, para el caso, cumple desecharlo. El de Limoges, que tampoco existe, lo reconstruyó el abad Isembert, después del incen¬ dio de 1167; se hacían sus paredes en 1182 y se le cubrió desde 1199. Sobre S. Sernín de Tolosa discurriremos más adelante: baste antici¬ par que no lograroncanónigos hasta 1083 la bula que les aseguró sus el dominio del santuario contra el obispo, y que resulta indudable su hermandad con Santiago. Por último, en Conques ningún crítico sensato se aviene hoy a reconocer la basílica terminada por el abad Odolrico a mediados del siglo XI q sino un edificio posterior íntegramente. La parte baja de su cabecera, que es lo más antiguo, poco tiene de imaginería en sus capiteles, y ello rudísimo, pero el ornato va bien con el arte lombardo de Aurillac, S. Guillermo del Desierto, Melle, etc., tal como por acá lo revelan muchos capiteles de S. Pedro de Roda, en el Pirineo, y se generalizó en el Poitou a lo largo del siglo xii. Los de la puerta sep¬ tentrional son muy típicos; en cambio, los de la meridional, corin¬ tios, con bolas y palmetas, recuerdan excepcionalmente algunos del pórtico leonés de S. Isidoro; lo mismo, sus cimacios; las arquivoltas repiten, más complicado, el molduraje compostelano, y acentúa estas concordancias el dintel angular. Muchos modillones de alero, en di¬ cha primera portada y en la giróla, corresponden, exactamente, al conocido tipo cordobés, con rizos y aleta, que se corrió a otros edificios románicos, desde Turena hasta el Mans, Normandía y Ne- vers, en perfecto acuerdo con los compostelanos arriba presentados. ^ Deshoulières: Au début de l'Art Roman; p. Í33. SANTIAGO DE COMPOSTELA 123 Lo posterior de Conques, con su claustro, es más fino, variado y original en lo decorativo, abundando los capiteles de hojas lisas y pe¬ gadas unas a otras, como algunos de Caen y del triforio absidal com- postelano. A esta parte corresponden la firma de un Bernardus, el se¬ pulcro de un abad Begón, fallecido en 1107, y al fin la portada grande. Insistiendo en comparaciones, la armonía de estructuras entre Tolosa y Conques resulta evidente, aun descontada la modestia re¬ lativa del segundo edificio. De éste, seguramente, no procede el compostelano; en cambio, sí se relaciona con S. Sernín más íntima¬ mente, y ambos con la Couture del Mans: su ventanaje y claraboyas así lo atestiguan. Ahora bien, hay otro dato, que aunque parezca me¬ nudo alcanza para nosotros un valor considerable, y es la aplicación del modillón cordobés, tan seguro en cuanto a origen, si bien ignore¬ mos cuándo y cómo fué importado a Francia. Atendiendo a él, la forma degenerada con que aparece en S. Sernín, común a todo el ciclo tolosano y privativo suyo, acredita un grado de modernidad, el mayor dentro de la serie, y esto no puede rebatirse. Así, S. Sernín queda como último término conocido de la evolución que estudiamos, y, por lo mismo, tampoco puede ligarse con el arte de Auvernia. (Lᬠmina CXCIII.) Esta última conclusión obliga a más indagaciones. Ya se habló de los arcos lobulados y angulares en Santiago; ambos faltan en lo tolosano; quizá también, las comisas con tacos en serie única ^ y las arquerías murales exteriores. Tampoco los hallamos en Conques; pero sí en Auvernia, y siempre asociados al modillón cordobés de tipo primitivo. La barrera del Puy-de-Dôme cierra esta región hacia el sur, y habremos de buscar a la parte contraria los orígenes de su arquitectura. En efecto, es río Loira arriba, pasando por Mozac, Ebreuil y Souvigny, como la corriente artística llegó a dicha región de Auver¬ nia, precisamente desde Nevers, donde todos los susodichos carac¬ teres informan un edificio, con garantías de primitivismo, no dispu¬ tado por ningún otro monumento francés, y donde el orden composte¬ lano de cubiertas aparece como una revelación. 1 Los hay en las capillas de la giróla, por dentro, completamente remozadas, a gusto de Viollet-le-Duc, deshaciendo una reforma barroca. 124 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Allí, en Nevers, tras de arquitectura inerte en su catedral, una consagrada en 1058 y no abovedada hasta 1188, sobreviene la re¬ construcción de su monasterio de S. Esteban, comenzada después de 1068 por un conde Guillermo y consagrada en 1097 L Aquí es donde los arcos lobulados y en mitra, los consabidos modillones, dinteles formando ángulo y con un arco montado encima, como en las torres d'Oeste (Lámina cxlii); claraboyas, arquerías murales ex¬ teriores y tacos en fila única, complementan un sistema constructivo similar del compostelano: bóveda de cañón elevadísima, sobre per- piaños y entre semicañones reforzados por medios arcos sobre colum¬ nas; proporciones esbeltísimas, a lo que ayuda el peralte de los arcos grandes; buen aparejo de sillería, contra el uso francés del material menudo, y una decisión sorprendente, para ser considerada como obra de ensayo. Es en donde, hoy por hoy, resulta lícito establecer una li¬ gazón de progreso definitivo entre lo francés y lo español románicos. La segunda etapa compostelana. Si durante la primera que¬ dó fijado el organismo arquitectónico de Santiago, su planta y es¬ tructura en general, es cosa que ignoramos. Cierta vacilación en el empalme del triforio, al pasar de su hemiciclo absidal a los tramos rectos; la falta casi absoluta de contrafuertes en la cabecera y lado oriental del crucero, frente a su gran desarrollo en lo demás, y ha¬ berse improvisado unas torrecillas sobre las esquinas de aquel mismo, dan a entender variaciones y enmiendas; pero la característica más destacada de este período radica en ostentar lo decorativo un abso¬ luto cambio de arte. El aparejo sigue siendo de granito, en sillería grande con marcas, que son raras en la parte primitiva; abundantí¬ simas y muy variadas en lo demás. Novedad interesante fué hacer poligonales, y no redondas, las dos últimas capillas de la giróla —subsiste la de hacia el norte, dedi¬ cada primero a Sta. Ee— y asimismo la capilla mayor, sobre su ar¬ quería baja, cuyas columnas, desgraciadamente, yacen destrozadas dentro de un maderaje barroco. La absidiola susodicha tiene colum¬ nas de refuerzo al exterior, pero gruesas, incrustadas en las esquinas y arrancando desde el suelo (Lámina cxlvi); por dentro, una arque- ' deshoulières: 06. cit.; p. iig. SANTIAGO DE COMPOSTELA 125 ría mural en alto, sobre otras columnas y, encajadas en ella, tres ventanas, como en Iguácel y Conques, por ejemplo. (Lámina cxlix.) Los tramos rectos de la giróla se cubren con bóvedas de aristas nor¬ males, entre arcos, preparando la organización de las naves menores en todo el templo. (Lámina cxliv.) Los pilares son cuadrados, con medias columnas en los frentes, sobre zócalos alternadamente cua¬ drados y redondos, alternación que se traduce en las pilas mismas con redondear las segundas sus aristas, así como los plintos de las basas; pero los otros llevan bolas por garras en sus ángulos. Los arcos medianeros van doblados hacia la nave central, todos ellos con gran peralte, y los cimacios corren anillando cada pila. (Láminas cxliii, clxx, clxxi.) De los cuatro ábsides que abocaban al crucero sólo queda uno, redondeado y con tres ventanas entre columnillas. (Lᬠmina cxlv.) Los contrafuertes, a partir de los hastiales del crucero hacia los pies, son dobles, muy robustos y ligados entre sí por arcos en lo alto, como desarrollo de las arquerías murales lombardas, cuyo asomo se apreció en la capilla medial de la giróla, y con un prece¬ dente en S. Esteban de Caen —^según el dibujo de Dehio—lo que no es para olvidado. (Lámina clxxii.) Sobre el hemiciclo de la giróla y tramos inmediatos se dispuso, en este segundo período, un triforio con bóveda rampante, a partir del suelo, en la que se abren ventanas, guarnecidas hacia el exte¬ rior por arcos, que juegan con otros menores, simplemente decora¬ tivos, y todos sobre columnillas. Estos últimos se cortan, dejando interrumpido un arco en el punto de unión de ambos tramos, donde hay unos repisones sobre canes, y en lo sucesivo se abren grandes ventanas, que iluminan el triforio del crucero y nave de los pies. (Lᬠminas cxlx, cliii, clxxii.) El otro ventanaje, que da vista a la capilla mayor, se desarrolla en polígono, con arcos peraltados y doblados, sobre grupos de columnas, y otras, muy largas, apean los semiarcos caberos de dicho abovedamiento, como en el de Nevers. (Lámi¬ na clii.) Su continuación, hasta encima de las naves laterales, ro¬ deando toda la iglesia, arranca más en alto y se refuerza, de tramo en tramo, con arcos de medio punto. El balconaje de hacia las na¬ ves mayores, se compone de arcos gemelos sobre columnas y bajo otro que los descarga, siguiendo la tradición carolingia (Láminas cli, clii); pero, en su empalme con la organización absidal, los arcos ge- EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL melos del primer tramo llevan, en lugar del de descarga, una do¬ bladura sobre repisa medial, según regla lombarda. (Lámina CLi.) La capilla mayor abre en su bóveda, que es muy peraltada, otra serie de ventanas, formando lunetos (Lámina CLi), cuya haz exterior alterna con arquillos ciegos de tres lóbulos; y las esquinas del polí¬ gono destacan columnas sueltas entorchadas, o sea retorcidas en espiral, apeando el alero, en el que vuelven a asomar los modillones de tipo cordobés, según se dijo. (Lámina CLVi.) Dichas columnas per¬ filan boceles y escotas, donde campean bolitas en serie, recordando las de los marfiles de la caja leonesa de 1064 y otros bizantinos; mas en arquitectura, fuera de aquí, no se divulgaron sino mediante ejemplares lombardos, muy finos y no anteriores al siglo xii. Los has¬ tiales del crucero rematan en ventanajes, donde reaparecen arcos lobulados, angulares y de herradura. (Lámina CLVii.) Los de cinco lóbulos sobre la puerta de las Platerías, guarneciendo otros semicircu¬ lares, son primitivos, aunque los rodeen decoraciones fastuosas pos¬ teriores en un siglo. (Lámina CLXXViii.) El problema fundamental del edificio, en lo que respecta a sus bóvedas, es bastante conocido para insistir ahora ponderándolo. Se inaugura, preparado a lo menos, en S. Esteban de Caen, cuya con¬ sagración data de 1077, con bóvedas de aristas rectas, abajo, y semi-_ cañones en el triforio, sin que se llegase a voltear el cañón correspon¬ diente a la nave mayor. Donde ello se hizo, ya sabemos que fué en S. Esteban de Nevers, e intercalando además ventanas, a riesgo de comprometer la solidez de sus arranques, lo que se repite en la capilla mayor de Santiago, según va dicho. Y como este caso de Ne¬ vers resulta abonado por la buena conservación del edificio, cabe du¬ dar de que los artífices creadores del tipo compostelano juzgasen ne¬ cesario sacrificar dicho ventanaje, ligando los semicañones laterales y el cañón medial en un solo organismo. Antes bien, el hacerlo así en las naves de Santiago y sus derivaciones, sería para ennoblecer el triforio, cuya amplitud de huecos dota de iluminación suficiente los altos de la nave mayor. No se ha de perder tampoco de vista el con¬ cepto de tamaños; porque Nevers, con 8 metros de ancho en su nave mayor, y Santiago y Tolosa, con 8,50 metros, representan menos compromiso que los 10 metros de Caen, amplitud excesiva para en¬ sayar un abovedamiento de cañón sobre muros relativamente débiles. SANTIAGO DE COMPOSTELA 127 Conviene advertir que la idea generalizada entre los tratadistas, cuando hablan de contrarrestos en dicha agrupación de bóvedas, es falsa.Porque si, efectivamente, los semicañones contrarrestasen el empuje de un cañón extendido entre ellos, resultaría que éste, por sí mismo, no empujaría contra los muros, sino que cada mitad suya contrarrestaría la opuesta, lo que es absurdo. El oficio de los semica¬ ñones —como el del arbotante— es trasladar los empujes de la nave central a la línea exterior de muros, y preparar un fácil asiento al tejado. Tocante a proporciones en Compostela, desde el duplo a que al¬ canza en elevación, respecto de su ancho, la capilla de S. Salvador, se pasa a dos veces y media en las naves mayores y al triplo en las ar¬ querías medianeras, por virtud de su gran peralte. No tiene, pues, que envidiar esbeltez a lo gótico; y en cuanto a iluminación, el recibirla por alto a través del triforio sin que ofenda a la vista, envuelve al edificio en una penumbra muy adecuada para disfrutar de sus lí¬ neas. El avance logrado aquí por la arquitectura cristiana sólo es comparable, en originalidad, con el de Santa Sofía, de Constanti- nopla; y, contrapuesto a ella, Santiago significa lo que el Occidente traía de ideales estéticos propios en su reconstitución definitiva. Respecto de la eficacia de procedimientos, basta observar que ha llegado a nosotros el edificio sin desplomos graves y sin grietas, a pesar de las terribles pruebas a que le ha sometido el afán de superarse uno a otro cada siglo con postizos desatentados. Pudo ser deficiente su cimborio, rehecho aquí como siempre, si no prestaba la luminosi¬ dad requerida para centrar la atención bajo él; faltó a su exterior, mocho, la exaltación que luego le prestaron sus agujas barrocas; pero todo lo que de fuerza sugestiva y recogimiento pudieron inspirar al arte las conquistas espirituales de aquella edad, sin renegar de aus¬ tero ni perder el equilibrio de su fe tradicional, allí está patente. Y luego, para concretar en formas vivas esta fe misma, valen sus de¬ coraciones e imaginería, con magnificencia que eclipsa a todos los otros santuarios rivales suyos. Algunos capiteles de la giróla correspondientes a este período, casi todos los del triforio absidal y arquerías altas, y otros más en el crucero, siguen el orden corintio, con una o dos filas de hojas lisas. 128 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL picudas y, a veces, con bolitas debajo de su punta, conforme al tipo visto en la sobredicha iglesia de Caen. (Lámina clii.) Y esta analogía, más las otras advertidas antes, afianzan la sospecha de si un agente normando intervendría en la organización arquitectónica composte- lana, y si sería aquel Rotberto, citado arriba. En todo caso, parece irse destacando hacia Normandía y el Mans el principal contingente de novedades que entonces compartiéramos con Francia; ni olvi¬ demos la presencia del modillón cordobés en Jumieges y Caen, de arcos de herradura Bernay y de una bóveda con algivas en Ba- en yeux, justificando un intercambio de iniciativas muy tempranero. Aparte los susodichos, hay en la giróla dos capiteles grandes con hojas tan finamente retalladas que parecen frondas de helécho, y con bolas reforzando sus puntas (Lámina clxiv, i); otros, escasos, mantienen la talla corintia, con palmetas en su base, recordando el tipo jaqués (Lámina clxiv, 2); algunos fingen una red, sobrepuesta, o no, a las hojas (Láminas CLiv, 3; clxiv, 3), o bien tallos entrelazados (Lámina clxiv, 5), de tradición igualmente jaquesa. En todos ellos y los restantes de la iglesia el cimacio queda liso y recortado en nacela. Categoría especial merecen cuatro capiteles historiados, únicos en el interior del edificio; a los lados de la capilla de Sta. Ee, dos de ellos, y los otros a la vuelta del crucero (Láminas clxv a clxviii). Allí se ven: un personaje conversando con un clérigo, y los acompañan otros varones, uno, atento y con un libro; otro, con las manos juntas; el tercero, señalando. En el capitel compañero hay un varón asiendo ambas manos a una dama; un militar con espada y broquel alargado; un hombre con libro, bendiciendo, y otro que señala hacia el grupo central. En el tercer capitel se enfilan cinco hembras, calzadas y con pelo largo, teniendo ante sí una tela plegada en ondas; otra mujer, puesta delante, abraza a una de las primeras. Con precisión ignoro los asuntos a que aludirán estas escenas. Las del cuarto capitel son notorias: el suplicio del avaro, cargado con su saco y asistiéndole un diablo, y el del lujurioso, ahorcado y quemado entre diablos que, ade¬ más, le acercan una serpiente y le pinchan con garfios. Este capitel resulta notable por lo expresivo; los otros, de mano distinta, se atie¬ nen a la técnica bizantina en las ropas, y todos dimanan, quizá, del taller leonés, cuya figura más sobresaliente designamos con el nom¬ bre de santiago de compostela 129 « El maestro de las platerías. Conocemos ya sus presuntas obras en S. Isidoro, de León; pero aquí, en Santiago, se destaca más, absorbiendo la creación admirable de su portada meridional, que lla¬ man de las Platerías. (Lámina clxxviii.) Si nos atuviésemos a la teoría de que, en tiempos pasados y generalmente, los maestros de obras eran a su vez artífices de la parte decorativa, cabría identi¬ ficar a escultor con el maestro Esteban de iioi, tan hon¬ este gran rado en Pamplona, y de quien puede creerse con mayor probabili¬ dad que fué el segundo y definitivo organizador de este edificio. Com¬ pruébase que él hubo de acudir a Santiago en el momento de comple¬ tarse lacabecera, donde parecen suyos un capitel y los modillones del alero de la capilla de S. Bartolomé (Lámina cliv, 3, 4), así como los graciosos remates de ésta misma y de la de S. Juan, que represen¬ tan un león montado por un muchacho, y una esfinge. (Láminas cxlix, cl.) Loscapiteles del crucero delatan su mano igualmente, por cierta finura y morbidez de talla, que vence la aspereza del granito ganando efecto a distancia, con ventaja sobre unos pocos, hechos de mármol blanco y puestos casi todos hacia su extremidad septentrional. Aquí reaparece el tipo ya visto en S. Isidoro, con hojas picudas, hendidas y rebordeado a lóbulos su contorno (Lámina clxxiii), que viene a fun¬ dirse con el otro tipo más sencillo, cuya similitud con los de Caen se apuntó arriba. Complícanse, además, encajando en ellos cabezas de lobo, leones, de frente (Lámina clxxiii, i) o empinados y con una sola cabeza entre dos; águilas, hombres sentados, un busto de santo con libro (Lámina clxxvii), y el consabido Sansón (Lámina clxxiii, 2), a horcajadas sobre el león y abriéndole la boca. Ya, entre pitones y caulículos, unos muchachos tendidos sobre leonciUos y tragados por cabezas de lobo. (Lámina CLXXiv, 2, 3). Pero, donde la inventiva del maestro luce más pujante es en los capiteles de tipo jaqués, ensa¬ yados antes en 8. Isidoro y compuestos de ramaje enredado, sin ho¬ jas, que aprisiona figuras de muchachos desnudos y animales, como águilas, perros y leones, y que, a veces, arranca de cabezas de lobo. (Láminas clxix, clxxiv a clxxvi.) Se apartan de los susodichos un capitel con bustos monstruosos, diabólicos, sobre parejas de leonci¬ Uos agachados, que aquí son típicos de este maestro (Lámina clxxv, 3); otro con un mono que, agarrado a las patas de dos águi- 13° EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL las, arquea el cuerpo hasta apoyar los pies sobre su cabeza (Lámina clxxvi, 5), y otro con hombres sacando la cabeza por debajo de las piernas, indecentemente. (Lámina clxxv, 5, 6.) >.> La portada de las Platerías (Lámina clxxviii) se compone de dos arcos gemelos; totalmente molduradas sus triples arquivoltas, y con grupos de columnas en los codillos de sus jambas. Tres de los fustes, de mármol, van llenos de imaginería, dentro de arquillos sobre co¬ lumnas, y cuatro son entorchados, como los del remate de la capilla mayor, pero más enriquecidos con botones, flores y roleos de follaje. Los capiteles repiten aquellos temas usuales de hojas lobuladas y enredos de varetas, entre las que asoman leones, cabezas humanas y de animales; además. Dios entre Adán y Eva, y un grupo de santos, mal conservado. (Lámina CLXXix.) Las impostas y, mejor aún, una guarnición de los arcos, con follajes, tienen su precedente exacto en la portada del Perdón, de S. Isidoro; así como los modillones que en ésta apoyan el dintel, obtuvieron un desarrollo aquí en las Pla¬ terías, con otras cabezas, como de león y lobo, entre lóbulos y rizos usurpados de lo cordobés. (Lámina CLXXix.) A los salmeres se sobre¬ ponen figuras de leones, grandes y bien expresivas. (Lámina CLXXXII.) El tejaroz se compone de modillones, remedando animales variadísi¬ mos; florones dentro de aros, en cobijas y metopas, y cornisa de gorja. (Lámina CLXxxiv). No obstante la habilidad probada por este gran decorador, los tímpanos y figuras de las jambas hubieron de confiarse en su parte principal, a otras manos. Son de mármol blanco; representan, en un tímpano, a Cristo en el desierto, incensado por dos ángeles, ante dia¬ blos en expectación reverente; por fondo, Jerusalén y unos árboles, en los que está liada la culebra (Lámina CLXXx); en el otro, la flagela¬ ción, la coronación de espinas —no Pilato; aunque así lo diga el texto calixtino y el cireneo con la cruz (Lámina CLXXXi); en las jambas, — Moisés y, probablemente, Melquisedec con traje sacerdotal y libro, plantado sobre un busto de grifo. (Lámina CLXXXI.) Estas últimas figuras se parecen singularmente a los profetas de la catedral de Cre¬ mona por lo macizas y aplomadas, compostura de sus ropas y quie- 1 C. Martín: L'art roman en Italie, I., lám. 77.—Kingsley Porter: The sculpture of the West; 1921, p. 6.— Bari Modena and St. Gilles, en "The Burlington Magazine"; agosto 1923. SANTIAGO DE COMPOSTELA tismo, caracteres que repite la escena de Cristo en el desierto, segu¬ ramente del mismo autor, donde se observan una estilización orna¬ mental en árboles y nubes y afición al detalle. Los relieves de la Pa¬ sión quizá sean obra lombarda también, pero insípida y trivial, desde luego. No es dichas piezas se destinasen al lugar que ocupan; seguro que pero allí estaban, todo lo demás que las rodea, cuando se escribió con el Códice Calixtino. El desarreglo de sus representaciones embarga todo el conjunto escultórico de esta portada, como si figuras y es¬ cenas se hubiesen ido haciendo en serie, a capricho, y luego se las hubiese colocado sin otra mira que henar huecos, dando la impresión de piezas aprovechadas, cosa increíble, pues el resto de su imagi¬ nería ■—salvo el Cristo, centrado en la parte superior, que parece una obra primeriza del maestro Mateo ^— todo descubre el cincel, suave y propenso a carnosidades, del maestro de las Platerías, cuya evolu¬ ción marca progresivo desembarazo, movilidad y carácter. Los fustes susodichos nos dan un tipo de apóstoles bigotudos, lleno de amaneramientos- y nada grato; además, ángeles y parejas de palomas bebiendo de un cáliz, en bajorrelieve todo eUo. (Lámi¬ nas CLXXix, CLXxxii, CLXXXV.) El tímpano de la Pasión se completó con escenas de la curación del ciego, el Prendimiento y la Adoración de los Reyes. (Lámina clxxxi.) En el otro tímpano, más diablos, un muchacho tocando la bocina y montado en un león, la mujer con una calavera en el regazo, que explicó el texto calixtino, y otras figuri¬ llas. (Lámina CLXXX.) En las jambas, de frente al Moisés y supuesto Melquisedec, un S. Andrés, teniendo debajo al ballestero en forma heráldica, tal vez aludiendo a Escocia; la mujer con un leonciUo en brazos, prototipo cierto del "signum leonis" tolosano, y debajo otra hembra montada en un ave, de acuerdo con la leyenda oriental de Salomón. Figuras de gran belleza. (Lámina clxxxii.) Sobre los arcos de la puerta, hasta el tejaroz, campean imágenes sueltas, en su parte principal de mármol blanco, y las demás de gra¬ nito, sin orden ni concierto. Lo principal es el Santiago entre dos ár¬ boles, esculpido en mármol, con este letrero: "Hic in monte Ihesum ' El Sr, Gaillard [La date des sculptures de Compostelle et de Léon; p. 353) acierta mar¬ cando su diferencia con el resto de la portada y la estirpe francesa de su arte. EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL miratur glorificatum. Anfus rex" (Lámina CLXXXiii), precedente de la otra representación tolosana, bien conocida. Y esta referencia de Al¬ fonso VI garantiza su anterioridad a 1109 en que murió. La acompa¬ ñan el Cristo arriba aludido y una porción de apóstoles y profetas, en gradación de tamaño; algunos, grandemente sugestivos y con un canon de proporciones alargadísimas, que constituye novedad e hizo escuela. Entremedias, una figurita de mujer —^Santa María? — amamantando a su hijo y sentada en un león (Lámina CLXXXiii); Adán y Eva en pecado; ángeles, notablemente movidos, llamando a juicio con sus trompas; un centauro disparando su arco, y una sirena, quizá recibiendo el flechazo y con un pez en la mano; entrecalles con im¬ bricaciones, bellos roleos de vid, palmetas y hojas muy escotadas y revueltas, todo ello típico de este maestro. (Lámina CLXXXiv.) La fi¬ gura de Abraham sahendo del sepulcro, y otra con cuernos, acaso representando al demonio vencido, hechas de mármol, se centran debajo del Cristo. (Lámina CLXXXii.) En los costados de la portada misma, quizá en tiempos modernos se incrustaron otros reheves grandes, procedentes, según se cree, de la portada septentrional o Erancígena, y tallados en granito. El me¬ jor de todos representa la formación de Adán (Lámina CLXXXv); está también la de Eva; es notable un David tocando el violin (Lámi¬ na CLXXXv); muy deteriorados, una Majestad y el sacrificio de Isaac; y, de mano de algún discípulo, otra Majestad, bien conseiA^ada. . Aparte, en el museo catedrahcio, hay unos fustes de mármol, recortados en pedazos, hasta siete, cuatro de ellos bastante largos, y cuyo antiguo destino se ignora. Son entorchados, como los otros ya vistos, pero dejando una caUe muy ancha, donde se desarrolla el consabido revoltijo de ramas, tan prodigado por este maestro y, entremedias, una turba de escenas variadísimas y caprichosas, cuya significación, si es que trascienden de meros caprichos, queda inex- plicada. Pero en punto de invención, gracia y amenidad, constituyen una de las piezas escultóricas más jugosas de aquel siglo. A trechos es ramaje de vid y ángeles, generalmente con clámides, vendimiando; hay. monstruos diversos, águilas, leones, gallos, toro, cabra, ser¬ pientes, etc.; guerreros y otros hombres y mujeres en grupos. Por ejemplo; una mujer greñuda, con clámide, montada en un cabrón, agarrando a una culebra que muerde al cabrón, mientras e ella le SAN ESTEBAN DE GORULLÓN 133 muerde un dragón por la espalda; un guerrero defendiendo a su ca¬ ballo, que yace caído y le pican tres cuervos; hombre sentado ante una mujer, puesta de rodillas, y una sirena con lanza señalando hacia ellos, etc. (Láminas clxxxvi, clxxxvii.) SAN ESTEBAN DE GORULLÓN Parroquial en lo alto del Bierzo, muy cerca de Villafranca y del ca^ mino de Santiago. Su historia la relata una inscripción, incrustada en la torre que, vertida al castellano, dice: "En nombre de nuestro señor Jesucristo y en honor de S. Esteban fué consagrado este lugar por el obispo de Astorga llamado Osmundo, en la era cien veces décima, dos veces quincuagésima, dos veces décima y cuarta, en el día décimo séptimo de las kalendas de enero, por mano de Pedro Monís —^Monici—y era humilde en su origen (?). Después de siete años la echó abajo y la construyó desde sus cimientos, y en otros siete fué terminada". Dicha era (1124) co¬ rresponde a nuestro año 1086. Por consi¬ guiente, la iglesia data de 1093 a iioo L Es de mampostería de pizarra, con una sola nave, de 5,70 metros de ancho; falta la cabecera, renovada en el siglo xvii, y no que¬ dan sino arranques de su bóveda de cañón con dos perpiaños. Contrafuertes débiles, que aun angostan por lo alto; ventanas S. Esteban deCorullón (Bierzo). de arco liso, con derrame interior. A los Dibujo de G.-M. pies, la torre formando un porche, con entradas laterales y bóveda de cañón atravesado; estribos éñ las esquinas hasta lo alto; ventanillas arqueadas, y alguna de ellas gemela, en dos pisos; otro, encima, parece moderno. ^ Catálogo monumental de León; p. 376.—Flórez: España Sagrada: XVI, 190. 134 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Su Única decoración son los modillones del alero, que presentan variedad de animales, cabezas y figuras humanas, indecentes algu¬ nas, según costumbre, y preciosamente esculpidas. Además, la por¬ tada, dentro del porche y tan encajada en él que su guarnición, de tacos menudos, se revuelve en imposta bajo los arcos laterales. Ya sabemos que esta portadita copia la de las Platerías en casi todos sus elementos, y de ahí su importancia, por la precisión de fecha que lleva consigo. (Lámina clxxxviii.) Tiene ancho dovelaje peraltado, con boceles y escotas, arrancando de una cenefita arqueada, con pal¬ metas y cabecillas de león, que rebordea el tímpano liso; éste, a su vez, se apoya en modillones con cabezas de fiera, entre nácelas recortadas en rizos. De las impostas, una lleva palmetas y la otra nácelas dobles. Uno de los cuatro fustes de sus columnas es entorchado, como aqué¬ llos de Compostela; de los capiteles, uno tiene hojas hendidas y esco¬ tadas; otro, dos palomas con sus cabezas juntas; los restantes, varetas entrelazadas, a las que uno añade racimos y dos hombrecillos desnu¬ dos tocando bocinas. Está hecha de granito, como también el alero. Puesto en la casa del párroco hay un fragmento de mármol, con relieve figurando el martirio de S. Esteban, cuyo nombre está es¬ crito en el nimbo con letra mozárabe, igual que la de la inscripción histórica susodicha, lo que acredita su contemporaneidad respecto de la iglesia L No parece obra del maestro de las Platerías, sino de algún discípulo, e igualmente las otras decoraciones. LA CATEDRAL DE PAMPLONA De su edificio románico no existe sino una puerta aneja al claustro y unos cuantos fragmentos decorativos, que valen mucho por com¬ probación de los datos escritos. Consta que se empezó en iioo, por el obispo D. Pedro de Anduque, monje de Conques y gran favorecedor de S. Sernín de Tolosa ^ Sería justificación este origen suyo para 1 A. Kingsley Porter: Spanish Romanesque sculpture; lám. 43. ® El tal obispo amigo de Ugo de Conques, que regentaba el priorato de Artajona, era dependiente de S. Sernín de Tolosa, y edificó su iglesia, consagrada en 1126. Pudieron construirla un Exemén y un Fort, mazoner, que figuran como maestros en las escrituras de dicho prio¬ rato y quizá interviniesen en la obra de la catedral.—C. Douais: Cariulaire de Vabbaye de Saint- Sernin de Toulouse; núms. 341 en adelante. LA CATEDRAL DE PAMPLONA 135 que de allá hubiese hecho venir al artífice; y, sin embargo, el docu¬ mento viene a corroborar preferencias hacia lo de acá, puesto que se encomendó la obra a un maestro Esteban. En iioi se le colma de dádivas, juntamente con su mujer Marina y sus hijos, en recompensa del favor recibido, y más que esperaba recibir de él la iglesia, expre¬ sando que era maestro de la catedral de Santiago; esto ya se dijo, y consta, además, que Gelmírez, el gran obispo compostelano, estaba ahí presente ^ Laportadita susodicha es un arco sobre columnas; aquél, con bocelón entre escotas cargadas de botones, indicio de fecha avanzada, y guarnición de tacos en tres füas; los capiteles llevan parejas de leones empinados y palomas con las cabezas juntas; sus cimacios, ya tallos ondulados cobijando hojas lobuladas, ya palmetas de doble desarrollo, contrapuestas alternadamente; todo ello conforme con lo tolosano, tal como irradió a Moissac y Lescure, por ejemplo. CL \ (Lámina (|:xxxix.) Los otros restos conservados proceden de la portada occidental, que era de dos arcos. Existió hasta fines del siglo xviii y en eUa es¬ taba la inscripción histórica que publicó Sandoval = y puede hoy com¬ probarse en el trozo conservado; con certeza, escrita ya muerto el obis¬ po fundador y, por consiguiente, entre 1115 y 1127, fecha esta última de consagración de la iglesia. Lo subsistente son dos grandes modillo¬ nes de puerta, con molduraje escalonado, como en la portada septen¬ trional de 8. Isidoro, y bajo él cabezas muy valientes de león y de monstruo infernal tragándose a un hombre. Además, un capitel con red de varetas, sobre margaritas y hojas, rematando en cabezas como de lobo; otro, bien conservado, con parejas de aves picándose las pa¬ tas; otro, con leones y cabezas deformes; otro, con hojas escotadas y hendidas, y otro, algo mayor, también con follajes, muy deshecho. (Lámina CLXXXix.) En más o menos grado, todo ello se acerca al arte del maestro de las Platerías, sin nada privativamente tolosano. Y no son únicas en aquel país las piezas decorativas que recuer¬ dan al mismo maestro. Hay en la Cámara de Comptes otro capitel 1 Pág —Lac.\rra: La catedral románica de Pamplona; en "Archivo español de Arte"; XIX, 73. ^ Sandoval: Catálogo de los obispos de Pamplona; f. 73 v. 136 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL con ramaje y una cabeza humana (Lámina cxc, i); y en la parroquial de Sos (Zaragoza) dos, el uno, con aquellas mismas aves que se pican las patas, y el otro, con mujeres sentadas cogiéndose el pelo, que pueden ser del mismo artista. (Lámina cxc, 2,3.) Más aún, la gran por¬ tada del monasterio de Leire se revela como de discípulo rutinario, con insistencia de temas ya vistos, y de los citados últimamente: las aves picándose, las mujeres tirándose del pelo, leones y cabezas encima, redes de varetas, etc., y una imaginería que es caricatura de la compostelana L (Lámina cxc, 4, 5.) Interesa la separación que puede establecerse en Pamplona, entre una presentación francamente afín de la giróla de Tolosa, en el arco del claustro, y lo demás, de tipo compostelano puro y verosímilmente anterior, aunque algo tardío siempre. ^ Sobre este edificio, véase adelante, pág. Su fecha de consagración, 1098, 150. es invero¬ símil que alcanzase a tal portada. SAN SERNIN DE TOLOSA Es indispensable hablar de este famoso santuario al par de Com- postela, si bien tan sólo para acentuar sus puntos de analogía y sus diferencias, acometiendo luego la revisión del problema cronológico, en cuanto sea posible. Respecto de la planta, está claro que ambos edificios salieron de una traza misma, sin más diferencia importante que contarse cinco naves en Tolosa. Aquí el empleo del ladrillo es también privativo, por razón de carestía de la piedra. Otras diferencias en la cabecera son: igualdad de las absidiolas entre sí, en Tolosa; y si la central re¬ sulta más larga, con estribos, en vez de columnas, y unos arcos cie¬ gos, ello se explica bien recordando su homòloga compostelana; todas carecen de arco y columnas en su embocadura, si no es que las eliminó una reforma barroca, y tampoco lleva columnas el ventanaje por fuera; en la giróla sí las hay, adheridas a los pilares y aun dobles en las responsiones de la parte recta; pero desde el crucero escasean progresivamente en todo el ámbito de la iglesia; la organización de contrafuertes doblados, aunque sin arquería de enlace en lo alto, se extiende al lienzo oriental del crucero, donde además se repiten las claraboyas de la giróla; el ventanaje del ábside alcanza gran des¬ arrollo, sin meterse en la bóveda, a costa de reducirse a proporciones mezquinísimas su triforio; en impostas y guarniciones los tacos van en tres y aun cuatro filas, y toda la decoración, de abajo a arriba, es perfectamente uniforme, sin rastro de los arcaísmos de la giróla gallega ni vacilaciones: todo expeditivo y fácil, mientras que lo compostelano se nos revela fatigoso y complicado. (Lámina cxci.) Para hallar analogías entre lo decorativo de la giróla tolosana y lo español, impónese el recuerdo de la escuela jaquesa, pero avan¬ zando en sentido de sutilezas y finura de cincel. Así cabe evocar los cimacios más bellos, con palmetas y roleos, de Jaca; como ciertos ca¬ piteles de Loarre se acercan a otros de S. Sernín, con pormenores que no dejan lugar a dudas respecto de ligazón entre ellos. (Lᬠmina cxcii.) Y estas comparaciones alcanzan a la iglesia nueva de 138 EL ARTE ROMANICO ESPAÍÍOL S. Isidoro, donde pudo aprenderse la técnica del plegar a rayas do¬ bles, no obstante ser la imaginería donde el primer decorador de S. Sernín desarrolló iniciativas más destacadas. En cuanto a repre¬ sentaciones, baste recordar los leones empinados y aves, en parejas y con sus cabezas juntas; dragones tragándose por la cabeza a un hombre; el arquero montando su arma; los suplicios del lujurioso y el avaro, etc. (Lámina cxciii.) Y como su estilo es ajeno al arte del maestro de las Platerías, precisa fijar el entronque entre ambas di¬ recciones, española y tolosana, antes, quizá, de 1090. Los modillones de aleros y tejaroces son de rollos con cabecitas sobrepuestas, según el tipo jaqués avanzado, quedando fuera de la evolución composte- lana. (Lámina cxciii.) Todo induce a creer que entre Santiago y To¬ losa no hubo más relación que la comunidad de trazas, salvo tardía¬ mente lo que luego veremos. Faltan datos sobre el comienzo de las obras en S. Sernín; si algu¬ na fecha se ha lanzado modernamente es a capricho. Lo sabido es esto: Hacia 1079, Gregorio Vil instituye en el venerado santuario una canónica regular agustiniana bajo la tutela pontificia. Contrariándolo, poco después, el obispo Isarno y el conde de Tolosa lo entregan al monasterio de Moissac con expulsión de los canónigos; pero en 1083 el susodicho Papa obhga a restablecer lo que él dispuso. En 1096 Urbano 11, aUí presente, devuelve a la iglesia ciertas rentas que el obispo Pedro Roger, antes de 1059, le había tomado para subvenir al nuevo edificio de su catedral, a la vez que consagra dicha iglesia y confirma sus bienes y privilegios. En 1098, amotinadas las gentes de todo el país contra el conde de Poitiers, se alzan para destruirla —ad destruendam eclesiam sci. Saturnini insurrexerant—. El nuevo obispo Amelio (1105 a 1117) ratifica las posesiones de la iglesia y aun le dona otras, queriendo renovar y ampliar su edi¬ ficio —volens eclesiam beati Saturnini de Tolosa promoveré, prout decet, et ampliare ^ Y aquí cuadra consignar la participación del santo canónigo Raimon do Gairardo. Durante trece años él preside la construcción de la mayor parte del templo que había perecido en un incendio; 1 C. Douais: CarUilaire... de Si. Sernin de Toulouse; dctos. 281 a 291 y los 3 y 7 del apén¬ dice i.°.—Chronica tolosana, en Bouquet: "Rec. des hist.", XII, 373. SAN SERNÍN DE TOLOSA e iba la obra en su circuito por el remate de las ventanas cuando mu¬ rióen 1118, lo que presupone el comienzo de dicha parte en 1105. Otro texto declara que, estando ya hecha la cabecera —^preter capi¬ tis membrum, quod jam completum fuerat—él sacó de cimientos el cuerpo de la iglesia. En 1119 se consagró el altar de S. Agustín por Ca¬ lixto II, y siguieron las obras muchos años adelante Aparte lo documental, el edificio enseña, como va dicho, que toda la parte decorativa de su cabecera, con el crucero y arranque de las naves y con los relieves de su giróla, hubieron de hacerse rápidamente por un solo maestro. Este es el mismo a quien se debe la escultura del famoso claustro de Moissac, fechado en iioo, y el mismo que labró el ara de S. Sernín, con la firma de Bernardo Gelduino, agrupa¬ ción de obras ya rectamente observada por el Sr. Deschamps El ara, riquísima, hubo de relacionarse con el cementerio de los canó¬ nigos, puesto que alude su inscripción a sufragios por ellos, y no a las reliquias que el altar principal de la iglesia guardaba. Aun atribu¬ yéndole la consagración de 1096, esta fecha no va en desacuerdo con su estilo, sobre el precedente de la otra fecha de Moissac. Sin embargo, aquellas referencias de estrago en 1098 y de un incendio, así como la reacción en favor de S. Sernín, cuando, fallecido el obispo Isarno, que la canónica, le sucedió Amelio en 1105, dan fué tan contrario a pie a creer que desde entonces el edificio recibió su mayor impulso en manos del canónigo Gairardo. La obra del primer decorador alcanza al crucero con su portada septentrional y triforio; pero la meridional, Uamada de los Condes, parece obra de un lombardo, cuyo rudo cincel se complacía en las escenas demoniacas. Aun el estilo del primero se descubre en otra portada, ya dentro de las naves, hacia el norte; en muchos capi¬ teles de su interior y en tres de la portada de Miégeville, que son historiados y de lo más fino. Sin conexiones con lo anterior, entra luego otro maestro, a quien corresponde la portada occidental, con sus capiteles de varetas en- ^ Bolando: Acta sanctorum: Julii T. I.—, p. 670. " L'autel roman de St. Sernín de Toulouse et les sculptures du cloître de Moissac; en "Bulle¬ tin archéologique"; 1923. 140 EL ARTE ROMANICO ESPAÑOL trelazadas, diablos en cuclillas, leones y cabezas de fieras (Lámina cxciv); también, al parecer, los del triforio de la nave mayor; pero, so¬ bre todo, el resto de la portada de Miégeville, a saber: un capitel con leones, el dintel sobre repisas de escultura, el tímpano y las figu¬ ras laterales de S. Pedro y Santiago el Mayor. (Lámina cxcv.) El estilo de todo ello es una revelación, porque denuncia que nos halla¬ mos otra vez ante el maestro de las Platerías, seguramente al fin de su carrera artística, ya fijada su técnica y uniformados los tipos. No hay que insistir sobre esto. La irradiación del primer maestro tolosano, aparte Moissac, abarca los capiteles de una tribuna, a los pies de la catedral de S. Esteban, quizá anteriores a los de S. Sernín; además, la rica portada de Les- cure, la de S. Salvio, en Albi; la de St. Gaudens, los capiteles de la cripta de Hagetmau, la pila de Guillac y, seguramente, mucho más a que no alcanzan mis pobres informaciones. La del maestro de las Platerías se descubre en la portada de S. Bertrand de Comminges y en grandes fragmentos del Museo de Tolosa, entre ellos el famoso relieve de los signos "leonis, arietis", que revela una última evolu¬ ción, dentro del ideal de refinamientos que, al parecer, amparó el ambiente tolosano. Lo que yo no puedo descubrir allá es el enlace entre ambos maestros y tampoco sus precedentes en la región misma; es decir, un foco de escultura románica primitivo en Aquitania, de donde todo lo español arriba presentado se derivase conjuntamente. T- % ! REPERTORIO DE TEMAS ORNAMENTALES CORRESPONDIENTES A DOS SERIES, LAS MÁS NUTRIDAS; COMO EJEMPLOS DE CONTINUIDAD EN LA EVOLUCIÓN ROMÁNICA ES¬ PAÑOLA DEL SIGLO XI Y SUS ANALOGÍAS CON LO EXTRANJERO Dibujos de Nat. G.-II. San Genis les Fonts (Kosellón): dintel. Lám. xliv, i. Confróntese; Pórtico de San Isidoro de León. Lám. lx, 7. San Isidoro, León: pórtico. Lámi¬ nas LViii; LXli, i; etc. Idem id. Lám. lxiv, 3. Conf. Arlanza; portada. Lám. cxvi, 3, Idem id.: capitel aprovechado en la iglesia. Lám. lx, i. Santiago de Compostela: giróla. Láminas clviii, 2; clxii, 2. Conf. Loarre: cripta. Lám. xciv, 2. Santa María de Aurona (Milán). Seo de Jaca: portal del sur e inte¬ rior. Láms. Lxxx; Lxxxiii, 4; etc. Conf. Santa María de Iguácel. Lám. xc, 4. Loarre: cripta. Conf. S. Isidoro de León: crucero. Lámi¬ nas cxxxi, 2; cxxxii, 3, etc. San Martín de Frómista. Láminas ci; cii; cix, i, 2, etc. Conf. Loarre: ábside. Lám. xciv, 2.— Santiago de Compostela: capilla de san Salvador. San Isidoro, en León: naves. Lᬠminas cxxxv, 2; cxxxvii, 6; etc. Conf. Catedral de Pamplona. Lámina CLXxxix, 8.—Silos: despojo de la iglesia vieja. Santa Fe de Conqties: portada me¬ ridional. Moissac: claustro. San Sernín de Tolosa. Láminas cxciii, 2; etc. Conf. San Isidoro de León: crucero. Lámina cxxxix, 5. Miniatura carolingia: siglo ix. Conf. otra mozárabe. Lám. i. Relieve lombardo: siglo xii. Conf. otros en las catedrales de Parma y Autun; otro bizantino en Venecia.— Capitel en St. Benoit-sur-Loire, etc. San Ambrosio de Milán: naves. Conf. Santa María en Toscanella, Cava- gnolo Po, etc., y marfiles del Rin. San Flaviano de Montefiascone. Conf. Catedral de Parma, San Miguel de Pavía, Poitiers, Selles-sur-Cher, St. Front de Périgueux, etc. San Pedro de Arlanza: sepulcro. Lámina cxviii. Conf. Santo Domingo de Silos; fragmen¬ tos.—Loarre. Lám. xciv, 4. Arlés del Tech: portada. Lám.xlvii. Santiago de Compostela: giróla. Lámina clxiii, 3. Conf. lám. clxii, 3. San Isidoro de León: pórtico. Lᬠminas lx, 4; lxii, 2. Idem id. Lám. lx, 5. Conf.: Lám. lxii, 2. Idem id.: pórtico y tribuna sobre él. Láms. lxi, 4,5; lxiii, 4; etc. Conf. San Sernínde Tolo.sa.Lám. cxciii, 3. Seo de Jaca. Láms. lxii, lxxix, Lxxxiii, etc. Conf. Iguácel. Láms. lxxxix, i; xc.— Loarre. Láms. xcin, 3; xciv, 3.—San Isidro de Dueñas: portada. Lám. cxm, 3. Seo de Jaca: puerta lateral. Lámi¬ na LXXIX. Conf.: Iguácel. Lám. xc.—Frómista. Lᬠmina cvin.—San Antimo (Toscana). Idem id.: puerta occidental, cru¬ cero y naves. Láms. lxxxi, 3, 4; lxxxii, 4. Conf. Loarre. Lám. xciii, i.—Frómista. Lámina ex, 6.—San Isidoro de León; por¬ tada principal. Lám. cxxxii, 4. Idem id. Láms. lxxxi, i; lxxxvii,' 3; etc. Conf. Iguácel. Lám. lxxxix.—Loarre. Lámina xciii, 2. San Martín de Frómista: cabecera. Lámina cix, 3. Idem id.: naves. Láms. cviii, ex, etcétera. Conf. Leire; portada. Lám. cxc, 3. Idem id. Lám. ex, i; etc. Idem id. Conf. San Isidoro de León; cabecera. Lámina cxxxiii, 2. Santiago de Compostela: giróla. Lᬠmina clviii. Idem id.: capilla de san Salvador. Lámina clix, 4, 5. Idem id.: ventanas de la giróla. Lámina clx, 4, 5. Conf. lám. clxiii, 6 Santa María de Iguácel. Láminas Lxxxix, i; xc. Loarre; portada alta. Lám. xciii» 3. 4- Idem: cripta. Lám. xciv, 3. Idem: ventana del ábside. Conf. Frómista. Lám. cix, 3.—Gorullón. Lámina CLXxxviii.—Leire; Lᬠportada. mina cxc.—Sepúlveda. Lám. cci, 2. Idem: cripta. Lám. xciv, 6. Conf. Catedral de Tolosa; triforio.—San Sernín de Tolosa.—San Antimo, en Tos- cana. Idem: ventana del ábside. Conf. Santa María del Mercado, en León: portada. San Isidoro de León: portada sep¬ tentrional. Lám. cxxxii, I. Conf. Saint Sever; portada.—Hagetmau; cripta.^—Lescure; portada, etc. f Idem id.: portada principal y cruce¬ ro. Láms. Lxvii, cxxviii, cxxxiii, etcétera. Idem id.: crucero. Láms. cxxx; cxxxi, 4; CXL, 4, etc. Conf. San Sernín de Tolosa;portada de Miégeville. Lám. cxcv.—León: Santa María del Mercado. Lám. ccix. Moissac: claustro. Santiago de Compostela: crucero. Lámina CLXXiii, 4. Moissac: claustro. Conf. San Sernín de Tolosa: portada de Miégeville. Lám. cxcv. San Sernin de Tolosa: giróla. Moissac: claustro. Conf. Seo de Jaca; cucero. Lám. i,xxxiv, i. Santa María in Toscanella; portada. San Sernín de Tolosa. Lám. cxcii, 3; etcétera. Idem id.: cabecera. San Isidoro de León: portada del crucero. Lám. cxxx. Conf. Catedral de Pamplona. Lámina CLXXXIX, 7. Santiago: portada de las Platerías. Láminas CLXXix a clxxxi. Conf. Saint Gaiidens; portada. San Sernín de Tolosa. Lám. cxciv. San Antimo (Toscana): portada. LA DECADENCIA Con lo ya visto puede considerarse cerrado el circuito que nos proponíamos recorrer a propósito de lo románico español. Aun puede echarse raya, dando por terminada la aportación sustantiva nues¬ tra, dentro de la evolución europea. Viene luego una fase de apren¬ dizajes, de vulgarización solamente, sin inquietudes, y si hubo pro¬ blemas se soslayaron de ordinario; por ejemplo, restringiendo el abo vedamiento. Lo grande y monumental quedaba hecho, y durante la primera mitad del siglo xii la actividad arquitectónica perdió tanto en fuerza cuanto se dispersaba en cantidad de obras; casi todo repeticiones sin arranques, enfadosas de puntualizar, sobre lo del siglo anterior y primeros años de este otro, pero sin confun¬ dirse con ello. Y esto último es la nota que conviene destacar, en previsión de objeciones contra los datos de cronología consignados arriba. Ni con fecha posterior ni sin ella reconocemos edificio alguno que merezca asociarse con los arriba presentados. El cuadro de características diferenciales en esto posterior sería fácil de trazar, pero cansado. Baste advertir que el capitel corintio, con su follaje anguloso y palmetas, quizá no asome en este medio siglo; que los pitones des¬ aparecieron, después de insistir en Jaca, Nogal, Frómista, naves de S. Isidoro y giróla de Compostela, y que los muñones quedan generalmente lisos primero y luego faltan. El cimacio revela una evolución muy firme cuando es adornado, porque la homogeneidad de tipos anterior deja lugar a inagotables caprichos; los tacos se distribuyen en más de tres filas o bien se truecan en escaques, y alternan con escotas cargadas de botones. La escultura en grande escasamente vive plagiando lo del siglo xi, y con demérito aun en 15° EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL las menudencias de los capiteles, salvo lo que luego veremos to¬ cante al fin de este período y bajo nuevos auspicios. No prospe¬ ra la bóveda de aristas; en cambio asoma la esquifada sobre arcos en cruz, novedad bien notable, pero tampoco definitiva, pues al fin la carpintería se impuso. No obstante el predominio extranjero en la corte de Alfonso VII y las fundaciones cistercienses, parece ser una realidad que faltan indicios de aportaciones artísticas europeas, en grado perceptible, antes de mediar este siglo; por desquite, la penetración de anda¬ lucismo, que significa labor de moros, es notable, y al margen de todo ello destacándose modalidades locales, que arguyen es¬ van cuelas diversas. En primer término, suele acreditarse un bastardea- miento de las enseñanzas recibidas, sobre todo ineptitud por tocante a Quizá no había especialistas para la escultu¬ lo decorativo. ra, sino que cada constructor acudía, bien o mal, también al adorno del edificio, de acuerdo con aquella hipótesis, antes admitida gratuitamente que sujeta a pruebas, sobre el caso. Algunas fechas sitúan cronológicamente esta fase degenerada, estacionaria y reve¬ ladora de la infiltración románica en el ambiente popular: será, pues, útil presentar muestras de ello por corolario, y sobre todo en con¬ traposición de lo selecto, generalmente más antiguo. SAN SALVADOR DE LEIRE Este famoso monasterio, donde recibieron sepultura los reyes navarros, figura entre los edificios que Almanzor destruyó y luego Sancho, el Mayor, rehizo, dotándolo en 1022 solemnemente. No cono¬ cemos otras fechas hasta una consagración de la iglesia en 1098. Descontado su abovedamiento gótico, la parte delantera, con el ventanaje, resulta similar de la gran portada, a que ya se aludió (página 136), representando demasiado avance para suponerla hecha ya entonces. En cambio, la cabecera parece arcaica, vistos sus rudí¬ simos capiteles y lobreguez; sin embargo, habremos de someternos al dato y considerarla como obra de un retrasado. Lo que no es du¬ doso, aunque otra cosa se diga, es que surgieron bajo un mismo SAN SALVADOR DE LEIRE 151 impulse, sin resto de obra anterior, su cripta y encima la iglesia ^ El aparejo es de siUeria grande; los pilares son acodillados, con medias columnas, y en la cripta promedian los vanos mayores otras columnas sueltas; arcos, mal trasdosados y de corto dovela] e a veces, o bien con peralte y tendencia a descen¬ trar su trasdós, cuan¬ do llevan dobladura y en los perpiaños. También van dobla¬ dos éstos, bajo el abo- vedamiento de cañón, que arranca a un mis¬ mo nivel en las tres naves; ancho de la central, 5,75 metros. Las ventanas, hacia afuera, son de ai^o doblado, sin impos¬ tas; puertas, con arcos escalonados, sin tím¬ panos, y una de ellas con dos columnas en rincón. Por moldura- je, cortes a bisel, sim¬ plemente. Los capi¬ teles se adornan, las más veces, con un tallo medial sobre bo¬ las, bifurcado a modo San Salvador de Leire. Dibujo do R. A. de los Ríos, de caulículos, y con rayas laterales, como hojas desprendidas de él; en los cimacios cam¬ pean cerchas enfiladas y ondulaciones, todo ello bárbaro y del peor arte. Los modillones del alero tienen cabezas y figurillas sobre nacela, igualmente rudas. (Láminas cxcvi a cxcix.) ^ V. Lampérez: Hisi. de la arquit. crist. española..., I, 436 y 593. 152 EL ARTE ROMANICO' ESPAÑOL riquísima portada occidental, como ya se dijo, es de escuela La compostelana, y se haría, probablemente, algo avanzado el siglo xii. En el tramo de nave inmediato, los capiteles de sus ventanas repiten exactamente los mismos temas decorativos, leones y aves, de la porta¬ da, probando, contra lo que se había llegado a suponer, que ésta no es un postizo. Aun no sabemos si a la pro¬ longación o el edificio primitivo corresponde¬ ría un letrero grabado en el lienzo septentrio¬ nal, por fuera, que de¬ claraba: " Magister Fulcherius me fecit" K SAN FRUTOS, SO¬ BRE EL DURATON, Y SAN SALVADOR, EN SEPÚLVEDA iglesias casi Son dos pri¬ hermanas. De la mera, priorato depen¬ diente de Silos, cons- San Salvador de Leire (Navarra); cripta. ta SU COnsagraciÓU eu iioo, y que la hizo un "domno Michael", según consigna un epígrafe coetáneo ^ Para la segunda tenemos la fecha suelta de 1093 — era 1131 — grabada en un sillar de su ábside, y que probablemente acusa el comienzo de ^ Ce.In Bermúdez, en el discurso preliminar a Noticias de los arquitectos y ar¬ quitectura de España, p. xxi, corrigiendo a Yepes: Crónica de la orden de San Beni¬ to, IIII, 670. ^ F. SoLAX.^: El priorato de San Frutos el valle del Duratón, en en ".Arquitectura", XIV, 313. s, FRUTOS, SOBRE EL DURATÓN, Y S. SALVADOR, EN SEPÚLVEDA 153 las obras \ Son iglesias de una sola nave, con arquerías ciegas a sus costados, sobre columnas cortas; bóveda de cañón y perpiaños, que arrancan de pilares resaltados entre dichas columnas y con estribos débiles al exterior. Varían en que S. Frutos es achaparrada y oscura, y presenta rehechos tres ábsides lisos y la portada, mientras S. Sal- ^ en otros dos, hubo un epitafio coetáneo, tan deshecho por Junto al sillar de la fecha, corrosión de la piedra, solamente puede entenderse este principio: "Hoc in sarcofaco que luliani pausat imago". Quadrado supuso mal que eran dos letreros. 154 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL vador se perfectamente, es mayor, de esbeltas proporcio¬ conserva nes, con ventanas laterales y galano ábside. Tiene además un pór¬ tico, hacia el Mediodía, en que alternan pilares y columnas sueltas, menos antiguo que la iglesia, y una gran torre adherida a la parte contraria. (Láminas cc y cci.) En ambas iglesias la cornisa predilecta es de tacos en tres filas; también hay trenzas, foUajes y entrelazados serpentiformes; mas lo poco de figuras humanas y de animales no alcanza otra caracterís¬ tica que barbarie. (Lámina ccil.) En S. Frutos los capiteles aun mantienen caulículos y muñones, hechos cabezas estos últimos, sobre hojas emboladas y caprichos informes L En S. Salvador aun es más pobre y somera la talla, pero conserva cierto estilismo, y en los modillones del alero subsiste el tipo cordobés de rollos y rizos con preferencia. Las puertas son muy sencillas y sin columnas; sí las lleva el ventanaje, y seis más refuerzan, en S. Salvador, el ábside, com¬ probando estirpe leonesa. Las arquerías murales interiores resultan una novedad plausible, dentro de este período; mas traen al recuerdo nuestros edificios ramirenses y otros provenzales. Dicha torre parece, asimismo, trasunto de la de S. Isidoro, en León, por sus pilares de refuerzo desde la base. Los arcos de su últi¬ mo cuerpo inscribían otros gemelos sobre columna medial, sólo en parte conservados; mas, como uno de sus capiteles hermana con otros de la iglesia misma, infiérese que hubo de erigirse en fecha inmediatamente posterior la torre. Y éste es indicio que vale mucho en atención a su bóveda superior, hecha'de sillería menuda, esqui¬ fada y con dos arcos cruzándose a la mitad de sus paños, insertos uno en otro y sin clave común, como en el crucero de Jaca. (Lámi¬ na cci.) Luego veremos otro ejemplar idéntico, acaso anterior; otros abundan en Segovia, y queda en pie el hecho de mantenerse a tra¬ vés de nuestro románico el uso de las bóvedas mozárabes de cru¬ cería, sin influjo francés y antes bien haciendo posible su contraria. Parece así oportuno restablecer la voz antigua española "algiva", tal vez árabe, para designar el arco crucero; en baja latinidad, "augi- va". La torre de S. la misma Sepúlveda, quizás más anti¬ Justo, en gua, está hecha de tapia, como obra morisca, y se cubre con otra 1 A. K. Porter: Spanish Romanesque Sculpture, I, lám. 32. s, FRUTOS, SOBRE EL DURATÓN, Y S. SALVADOR, EN SEPÚLVEDA 155 bóveda igual de ladrillo. En cuanto a Sta. María de la Peña, allí mismo, es iglesia copiada de S. Salvador, con ventajas de amplitud y habilidad decorativa, recordando temas avileses y navarros, como la sirena de dos colas, arpías y parejas de leones, con una sola cabe¬ za, y de aves que cruzan sus pescuezos y se pican las patas. Su torre consta que la empezó un "magister... Dominions luliani qui fuit de Sancto Stefano", en 1144 ú Tiene arcos murales en bajo, simple¬ mente recortados, para evitar empujes, y capiteles con temas de los susodichos; otros, en lo alto, ya son de tipo cisterciense, y la cubre una bóveda esquifada, sin refuerzos, probando que las algivas des¬ aparecieron al perfeccionarse la técnica constructiva. El portal de S. Salvador se caracteriza por sus nácelas cargadas de botones gruesos, y los capiteles llevan hojas emboladas, aves, diablos en cuclillas y figuras humanas, de cuatro en cuatro. Su artí¬ fice fué otro que el de la iglesia y torre; el mismo a quien se deben las naves de S. Justo, singularmente aficionado a efigiar monstruos. Aun cayendo en pleno siglo xii este portal, será más antiguo que todos los segovianos análogos. No así respecto de los sorianos, pues le ganan en antigüedad, tal vez, los de S. Esteban de Gormaz, como verdaderos prototipos ^ Su iglesia de S. Miguel parece copia simplificada de la de S. Salvador, en Sepúlveda; hecha de mampos- tería, sin arcos murales, ni más bóvedas que las de su capilla y ábsi¬ de; pero son iguales el ventanaje y algunos capiteles, y se le arrimó en semejante sitio una torre, hecha por el mismo que la portada de la iglesia vecina de Sta. María del Rivero, a juzgar por la repeti¬ ción de palmetas dentro de aros, en las impostas. Los portales de ambas iglesias son mezquinísimos, achaparradas sus columnas y bár¬ bara la talla, pero rica en temas profanos, difícilmente explicables de puro estragados. También aquí hay pilares alternando con las columnas, a tramos desiguales, y en los testeros del de S. Miguel son apareadas, iniciando la norma general segoviana. ' Qu.í^drado, en Recuerdos y bellezas de España, da, por final de este letrero, la frase: "qui fuit hic sepultus"; pero, visto de cerca, se lee claramente "de seo. stefano", aludiendo a San Esteban de Gormaz, probablemente, como patronímico del lulianus. Cabe sospechar que éste fuera el sepultado junto al ábside de San Salvador, y aun atribuirle su construcción, explicando así la palabra "(fun)dator", restituible en el epitafio arriba mencionado. B. Taracena: Las galerías poriicadas...; en "Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pela- " yo", 1933- EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL TORRE VIEJA DE LA CATEDRAL DE OVIEDO Su parte superior ha de ser coetánea, cuando menos, de S. Salva¬ dor, Sepúlveda, ya que el obispo D. Pelayo, que gobernó aquella en sede entre 1098 y 1130, no la cita entre obras de menor empeño debi¬ das a él y consignadas en su crónica ^ Se creía que todo el edificio era románico; pero una reciente limpieza ha puesto en claro que, hasta los arcos donde empieza el aparejo de sillería fina, constituye la fortaleza erigida por Alfonso, el Magno, hacia 870, para defensa de la Cámara Santa contra los normandos, según una inscripción, mal explicada antes ^ Esta parte es de sillería menuda y mal cor¬ tada, salvo en las esquinas; sus huecos hermanan con los de Naranco: puerta de arco sin impostas; detrás, un dintel, para enmangar las hojas, y otro arco interior más elevado; ventanas con dintel y arco de descarga; suelos de madera, y se subiría mediante escalas. Sobre ello viene una cornisa de chaflán, que se arquea sirviendo de guarnición a las ventanas más altas, y de impostas a grandes arcos murales. Estos responden por dentro a una bóveda de aristas, muy bien aparejada y con hueco central de acceso para el último cuerpo, que abre en cada frente dos arcos sobre columnas, cuyos fustes y basas van sueltos, y entregos los capiteles, siguiendo la tradición ramirense. Los salmeres, en tres de dichos arcos, avan¬ zan formando herradura violentamente, y quizá fueron así todos en su origen; tienen dobladura exterior sin impostas; las basas son muy desiguales, con garras de bola, y hay bolas también, a veces, en su escota sobre plinto redondo; cimacios con tacos o bolas o de simple mocheta, y capiteles rudamente esculpidos: ya corintios, de hojas picadas o lisas, emboladas o no y en dos filas, bajo caulículos; ya más sencillos, distinguiéndose uno por su doble collarino entor¬ chado; ya con cabezas como de lobo en serie, ya con parejas de gallos, ya con varetas entrelazadas. A la mitad de los frentes, por dentro, sobresalen otras columnas, mayores y con capiteles de hojas ' España Sagrada, XXXVIII, 371. ^ Hübner: Inscriptiones Hispaniae christianae, n." 25g.—Vigil: Asturias monumen¬ tal, lám. I. EL MONASTERIO DE SAHAGÚN Y SAN PEDRO DE DUEÑAS 157 lisas, que reciben dos arcos en cruz, nuestras algivas, ciñendo una bóveda esquifada, Sepúlveda, pero mal aparejados sus como en cascos. Por fuera respaldan las algivas unos contrafuertes, suspen¬ didos sobre modillones con cabezas de lobo a pares, cuya eficacia como contrarrestos será discutible, pero, desde luego, van contra la teoría corriente ú Cornisa de chaflán, con bolas en las esquinas,' por remate ^ (Láminas cciii a ccv.) EL MONASTERIO DE SAHAGÜN Y SAN PEDRO DE DUEÑAS Sahagún mereció favor especial de Alfonso VI, que se tradujo en llevar a él por abades a dos monjes cluniacenses, enviados por San Ugo, que fueron Rodberto, en 1078, y luego Bernardo, el que fué después primer arzobispo toledano; pero ambos, recibidos de mala gana por la comunidad, nada se sabe que influyeran en punto de arte. Sucedióles un Diego, español, de 1087 a iiio, y éste sí resultó gran edificador. En 1099 hizo dedicar solemnemente una iglesia nueva, con asistencia de dicho rey y de su corte, lo que el epitafio del abad precisaba mejor diciendo: "ecclesie fundamentum primum posuit". No era ella el inmenso edificio cuyas ruinas quedan a la vista, sino otro situado a sus pies, que luego se llamó capilla de ' Dibujos suyos en Momimentos arquUeciónicos de España', pero téngase en cuenta que las ventanas románicas, larguísimas, que aquí aparecen, son en realidad dos superpuestas, como ha podido observarse al limpiar ahora aquello el Sr. Ferrant. - Cunde el presentar como obra románica, fechada en 1023, la iglesia de S. Salvador de Fuentes, en Asturias. En realidad es del siglo xii, sin más arcaísmo que la forma cuadrada de Su capilla, en vez de ábside. Lo correspondiente a aquel año fué un oratorio anejo, hacia el norte, del que subsisten un muro y la puerta, de arco redondo, pequeño y cortado en una sola piedra, sobre impostas lisas, con saliente a bisel por el intradós y jambas monolíticas, donde están grabadas largas inscripciones, haciendo constar su consagración por el obispo Adega en el año referido. Igualmente es necesario desvirtuar los datos cronológicos atribuidos a tres iglesias castellanas: S. Miguel de Neila, Santiago, junto a Silos, y la ermita de Coruña del Conde, para las que se alegan, re.spectivamente, una inscripción de 1087, una cita de fines del siglo xi y otra de 1073, muy vaga. En realidad son obras del xii: la primera, completa¬ mente vulgar; la segunda, notable, por coincidir con la parte más vieja del claustro de Silos; la tercera, cercana a los comienzos del siglo, tiene cabecera cuadrada y arquerías murales por fuera; sin bóvedas. Véase; tV. M. Whitehill; Tres iglesias del siglo XI en la provincia de Burgos, en "Bol. de la Acad. de la Historia", CI, 464. Sería enfadoso ir refutando atribu¬ ciones análogas, insostenibles a poco que se estudien los caracteres típicos de cada edificio. EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL S. Mancio, y creíamos la iglesia del siglo ix; mas ahora, al explo¬ ser rarlo, ha resultado obra románica, como prolongación de aquella otra primitiva, y subsistente en altura de casi un metro L Forma tres naves, con ancho total de 13,35 m., poco menos que la nueva de S. Isidoro, y 1,30 de grosor los muros. En su hastial de poniente se abría una portada con cuatro co¬ lumnas; tocándole apa¬ recieron dos pilas cua¬ dradas, con medias co¬ lumnas por sus tres frentes libres; más ade¬ lante, el basamento re¬ dondo de dos pilas dé¬ biles, mejor que sim¬ ples columnas, y por fin otras dos pilas, como las primeras y también sobre zócalo cuadrado; junto a ellas parece que comenzaba, muy descentrada, la iglesia vieja, por bajo de la carretera actual. Sahagún (León); capilla de S. Mancio. Dib. de A. Ferrant. DlchaS pilas teman me¬ dias columnas, por res- ponsiones, adheridas a los muros, y las últimas llevan contrafuertes de poca volada. Basas, con garras, figurando espirales, pifias y aun cabezas humanas o de lobo; aparejo bueno, de sillería: nada más se saca en limpio ^ La iglesia grande, con sus bóvedas de ogivas, no sería anterior a la mitad del siglo xii, y la dirigía en 1157 un Petrus Stefani "regens operam Domnis Sanctis" ^ — ' Gómez-Moreno: Iglesias mozárabes, p. 202.—Catálogo monumental de León, p. 343. Las recientes exploraciones han sido hechas por el Sr. Ferrant. " En un sillar, junto a dicha portada, estaba grabado el epitafio de cierta "Columba mater Guillelmi prioris", falleció que en 1195, y debe ser lo que recordaba haber leído D. Ri¬ cardo Velázquez, suponiendo mal aludía que arquitecto. a un ' Archivo Histórico Nacional, doc. n.° 863 de Sahagún. EL MONASTERIO DE SAHAGÚN Y SAN PEDRO DE DUEÑAS 159 El mismo abad Diego construyó, cerca de Sahagún, un monas¬ terio para dueñas, título de S. Pedro y que aun subsiste, y es con verosímil que en vida dejase hecha la parte románica de su iglesia. Forma tres naves, sin crucero; ancho total, 15,70 m.; grueso de San Pedro de las Dueñas (León). Dibujo de G. - M. muros, 1,28 m.; tres capillas con sus ábsides; alternan una pila estre¬ cha, con dos medias columnas en sentido longitudinal respecto de la iglesia, y otra cuadrada, con cuatro medias columnas y respon- siones laterales: casi lo mismo que en S. Isidoro de León. Basas, ^ Dice su epitafio: "Inter cetera pietatis opera ecclesie fundamentum primum posuit, crucem maiorem argenteam fabricavit, monasterium sancti Petri de Domnabus construxit et moniales ibidem instituit. era mcxlvii." Escalona; Historia del monasterio de Sahagttn, página 94. EL ARTE ROMÁNICO ESPANOL con garras en forma de cogollo. Arcos sin peralte, cuyas impostas abarcan la dobladura, como en León también. De bóvedas, nada seguro, salvo los cascarones de los ábsides menores; pero, en la nave del lado de la Epístola, quizá el cañón, a mucha altura, que la cu¬ bre, podría ser primitivo. (Lámina ccvi.) Entre cimacios e impostas no suele haber distinción, adornán¬ dose con tacos muy espesos, en cinco o seis filas; solamente se des¬ tacan tres cimacios de los ábsides menores, que dibujan follajes a biseles entre aros y tallos ondulantes; además, uno de ellos añade en sus ángulos cabezas de lobo tragándose bolas. Los capiteles constituyen serie muy notable, original y de buena mano; Uno pre¬ senta siete figuras humanas en fila, insignificantes y quizá monjas; en otro asoma un hombre mesándose la barba; en otro hay mucha¬ chos desnudos, montados en leones y metiendo sus manos en bocas de lobo; otros son mordidos por leones y dragones; hay varias pare¬ jas de leones, empinados siempre y mordiéndose entre sí o vueltas las cabezas, y dragones mordiéndose el rabo; más abundan los capi¬ teles de hojas lisas con bolas muy gruesas, bajo caulículos acogo¬ llados. Aunque sin variedad, es particularmente notable la viveza que imprimió el artista a dichas representaciones de fieras. (Lámi¬ na CCVII.) DeSahagún procede un monumento sepulcral, grandemente valioso por su originalidad y naturalismo. (Lámina ccviii.) Es la tapa del sarcófago de x\nfusus, o sea Alfonso, hijo del conde Pedro Assúrez, fallecido en 1093, y seguramente hecha entonces por un imitador de las estatuas de la portada principal de S. Isidoro de León, edificio donde hubo de existir alguna obra análoga, juzgando por un ala de ángel allí descubierta, exactamente igual a las del sepulcro. Este revela una fase de iconografía, ajena a las represen¬ taciones fúnebres en uso, acreditando su primitivismo y la indepen¬ dencia del arte español, que no ofrece precedente alguno inmediato L Salieron también de Sahagún dos relieves notables: el del Sal- ' A. K. Porter:Leonesque Romanesque, p. 245;—Catálogo monumental de León, p. 348.— Laude...procedente de Sahagún, entregado a España por... la Universidad de Harvard..., 1932.— Había sido extraída fraudulentamente de España, y hoy está en el Museo Arqueológico de Madrid, por cesión generosa de la Universidad susodicha. SANTA MARÍA DEL MERCADO, EN LEÓN i6i vador Majestad, dentro de aureola, revélase como degeneración en del mismo arte leonés g el segundo, muy notable por lo que repre¬ senta y mucho más bello, aunque tal vez de la misma mano que el anterior, nos ofrece a Santa María sentada teniendo entre sus rodi¬ llas al Salvador niño, coronadas ambas imágenes y en el fondo es¬ crito: «Res miranda satis beneconplacitur a beatis» El Sr. Porter lo da como tímpano de la iglesia de 1098; pero su estilo corresponde al siglo XII avanzado, y el letrero alude a la Maternidad divina, mejor que a la Epifanía. SANTA MARIA DEL MERCADO, EN LEON La llamaban "del Camino"antiguamente, por estar sobre la ruta de Compostela. Subsiste muy destrozada, pero su obra primitiva se asimila a las partes menos antiguas de S. Isidoro, por sus aleros con modillones de rollos, cornisas y guarniciones con tacos en tres filas, capiteles de hojas lisas, emboladas, o con ramaje entrelazado, y cima¬ cios con palmetas bajo cerchas, rosetas dentro de aros enfilados o taUos ondulantes. Componíase de tres naves, con sus capillas y ábsides correspondientes, pero sin crucero; pilares, cuadrados, con cuatro medias columnas, y responsiones murales; arcos, doblados, redondos; ventanas pequeñas, con parejas de columnas por ambas haces. Se cubriría con bóvedas de cañón, repartidas en cuatro tra¬ mos a lo largo. De escultura: sobre la puerta, un alma, dentro de aureola llevada por dos ángeles: quizá represente a Sta. María, confor¬ me al capitel visto en los altos de S. Isidoro; monstruos diabólicos con cabeza de lobo, en capiteles, y modillones con figurillas de hombre y de mono como sosteniendo. (Lámina ccix.) Faltan el ábside cen¬ tral, los más de los pilares y las bóvedas; además, se reformó el último tramo, en la segunda mitad del siglo xii, atestiguando que ya entonces el abovedamiento inicial flaqueaba ^ ^ Catdl·Ogo monumental de León', fig, 532. ^ K. Porter: Spanish Romanesque sculpture', lám. 46.—Id.: Spain or Toulouse ? And Other Questions, fig. 10. ^ Catálogo monumental de León, p. 215.—La limpieza, muy juiciosa, del edificio es obra del arquitecto D. Juan C. Torbado. 162 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL SANTA MARTA DE TERA Cae dentro de la provincia de Zamora; fué abadía, muy famosa en el siglo xii, y corresponde a la irradiación leonesa, con ciertas novedades y buen arte en lo decorativo. Su planta es de cruz, sin ábside ni capillas laterales ni cimborio; sólo abovedada la capilla mayor, cuyos robustos contrafuertes laterales, y otros inútiles en el crucero, quizá denuncien la aprensión que iban cobrando a la bóveda los artífices, ante la frecuencia de hundimientos y desplo¬ mos por su causa. (Láminas ccx y ccxi.) Los dos arcos torales en sentido longitudinal van sobre colum¬ nas; otras hay en los rincones del testero; un par de ellas, al exte¬ rior, allí mismo; otras en las ventanas, por ambas haces, y en la portada principal. Abundan las cornisas con tacos en dos filas, o en tres y menudos, por guarnición de las ventanillas. Modillones del alero, con hojas emboladas y los caprichos de costumbre, cuando no son de rollos; y corren sobre los hastiales, como en Erómista. Algunos cimacios se adornan con follajes, rosetas, entrelazados y hasta dragones mordiéndose. Entre capiteles con hojas hendidas, picudas, dentadas o lisas, y emboladas a veces, descuellan otros con muchachos desnudos y fieras entre ramaje; Abraham degollando al cordero que le presenta un ángel; la orquesta de David; la adoración de los Magos; un alma, que tuvo los brazos en alto, dentro de una aureola sostenida por dos ángeles; un caballero, ante quien se humillan dos hombres desnu¬ dos; animales varios, monstruos, etc. La portada resulta algo pos¬ terior y diferente de la cabecera. Más alto valor escultórico alcanzan las imágenes que, como en S. Isidoro de León, flanqueaban las portadas, de las que sub¬ sisten cuatro, más o menos rotas. Reconócese un Santiago, por su bolsa con la venera y el bordón de peregrino; otro apóstol señala un libro y otro sostiene un rótulo. (Lámina ccxi.) La figura de la Majestad, imberbe, con el libro abierto y bendiciendo, que se con- SANTO TOMÉ Y SANTA MARÍA LA NUEVA, EN ZAMORA 163 servaba bien, ha desaparecido ha pocos años u Caen dentro del ciclo del Maestro de las Platerías, revelando la postración general que sufrió luego el arte, pero conservan cierta genialidad y nervio. SANTO TOMÉ Y SANTA MARIA LA NUEVA, EN ZAMORA primera de estas iglesias con la de Sta. Marta, por lo Coincide la cuadrado de cabecera, que aquí forma tres capillas, correspon¬ su diendo a igual número de naves; pero éstas no existen, y aun las capillas cedieron al empuje de sus bóvedas, que sólo en parte se conservan. La capilla de en medio, por dentro y por fuera, copia la de Sta. Marta, bárbaramente; las colaterales tienen arcos de herradura, bastante acentuada, y carecen de contrafuertes, dando a entender que su artífice prescindía de ellos cuando no copiaba servilmente. Las ventanas son grandes y muy adornadas, pero sin derrame por dentro; también la dobladura de los arcos torales forma bocelón entorchado o trenzado, y se guarnece con tacos. Los cimacios llevan follajes ondulantes, y entre los capiteles sobre¬ salen dos con Jesús por pastores y reyes; otro repre¬ la adoración de senta al pecador mordido por serpientes, y algunos, leones y aves; los demás son de hojas emboladas y otros caprichos, a veces talla¬ dos finamente, como en Sta. Marta. Una portada que subsiste es posterior. ^ (Láminas ccxii y ccxiii.) La otra parroquial de Sta. María la Nueva parece casi coetánea de la anterior, a juzgar por ciertos elementos decorativos. Su puerta se guarnece con un arco de herradura sobre columnas. Ciñe por fuera el ábside una elevada arquería sobre seis finas columnas, que es caso singular; lo demás, renovado. En sus capiteles hay serpientes ' Gómez-Moreno: Sta. María de Tera, enel "Boletín de la Sociedad Esj-añola de Excur¬ siones", 1908.—Catálogo monumentalde Zamora, p. 182, — K. Porter: Spanish Romanesque Sculpture, lám. 29.—Recientemente ha sido limpiado el edificio por el arquitecto D. Ale¬ jandro Ferrant. ^ F. Antón: El Arte románico zamorano.—Gómez - Moreno: Catálogo monumental de Zamora, p. 88. También ha sido limpiada la cabecera por el arquitecto Ferrant. 164 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL entrelazadas, aves extrañas y figuras humanas rudísimas entre leones; moldura] e con tacos en cuatro filas; algunos modillones, de rollos; otros con figuras á (Lámina ccxiii.) SAN ANDRÉS, EN AVILA, ETC. Su cabecera es lo más antiguo románico que allí hay. Capilla mayor, con arquerías murales bajitas por ambas haces, provistas de columnillas, y de baquetones las arquivoltas; toda desplomada y con enorme deformación su bóveda, que tiene a la mitad un per- piaño, sobre columnas; otro arco, sobre parejas de ellas en alto, emboca el ábside. La capilla del lado de la. Epístola es pequeñita, y su arco recorta cinco lóbulos, conforme a los modelos cordobeses. Cornisa de zócalo, compuesta de tres baquetones; otras llevan tacos menudos y rosetas de cuatro pétalos dentro de aros, repetidas, juntamente con cruces, en algunos cimacios; además, hay entrela¬ zados con gran variedad, palmetas cóncavas de tipo primitivo, racimos, roleos y bolas; cuadrúpedos, cigüeñas y palomas, a veces entre follaje, cabezas humanas y de lobo, algún hombrecillo tendido y un caballo enjaezado a quien pica por detrás un basilisco. Dentro de su rudeza dominante, los capiteles constituyen serie muy notable, con recuerdos de S. Isidoro de León, a más del que ofrecen las sobredichas rosetas. Sus temas figurativos son: dos hombres luchando a brazo partido; mujer desnuda y con los brazos cruzados, agarrando las manos de dos leones puestos a sus lados; hombres desnudos montándose en leones; otro mordido por dos ser¬ pientes; otro ahogando a dos águilas; caballero detenido por un dragón; cabeza de león tragándose a dos hombres caídos; más figu¬ ras humanas entre leones; una pareja de éstos con cabeza única; lobos, etc. También los hay con hojas lisas, picudas y, a veces, embo¬ ladas, y alguno presenta un árbol con piñas. Basas áticas sin garras. Modillones del alero, de tipo mozárabe, con rollos atravesados, salvo 1 Antón: Op. di.—Catálogo monumental de Zamora, p. 94. Las otras parroquiales zamo- ranas de carácter arcaico, S. Cebrián y Santiago el Viejo, son algo posteriores y nada nuevo enseñan; lo es más aún la de S. Claudio. SAN ANDRÉS, EN ÁVILA, ETC. 165 San Andrés, en Avila. Dibujo de F. Solana. algunos cabezas de bestia o de ave. (Láminas ccxiv a-ccxvi.) con Las naves distribuyen tres pilas cuadradas, por lado, con zócalo redondo y cuatro semicoLumnas; encima, arcos doblados, a lo largo. 166 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL No hay responsiones laterales ni bóvedas, sino que los fustes desti¬ nados a soportar perpiaños fenecen sin capitel, bajo una armadura general a dos aguas. Los capiteles de dichas pilas, casi todos con grandes hojas, hendidas y rebordeadas, corresponden al tipo que se formó en S. Isidoro y se generaliza en los monumentos avileses románicos. Finalmente, las dos portadas enfilan rosetas dentro de aros en sus arquivoltas; otras, de las de cuatro pétalos, en las impos¬ tas; capiteles, con parejas de leones agachados, palomas, grifos, arpías y otros monstruos, y es modelo que repiten allí los demás edificios congéneres, exactamente á En efecto, fueron las últimas etapas constructivas de S. Isidoro de León, lo que aquí en Avila informó casi todas sus parroquiales, y en primer término las grandiosas de S. Vicente y S. Pedro, nota¬ bles por su crucero de largos brazos y con bóvedas de cañón; pero les alcanzó el cambio de estilo, adulterando las naves. Asimismo cunde esta escuela de canteros por tierras de Segovia, Salamanca y aun Soria, tocada de arabismos, sobre todo en Segovia, lo que trajo un auge de la carpintería, con eliminación de los abovedamientos románicos y reaparición de otros sobre arcos cruceros o algivas. Su obra maestra es la parroquial de S. Millán, citada a propósito de la seo de Jaca, que le sirvió de modelo % y también es notable, por la singularidad de su planta, la de S. Martín, muy vieja en su núcleo central. Focos análogos se formaron en otros territorios más septentrio¬ nales y especialmente en las Asturias, con prodigalidades decorati¬ vas, pero aun más bárbaros y estacionarios: nada mejor encontramos hasta cerca de mediar este siglo xii. No así respecto de la escultura; pues hubo un imaginero en Avila y Segovia, cuyas obras atestiguan un magnífico avance sobre los estilismos del maestro de las Platerías y del de Santa Marta de Lera. Este otro profesa un naturalismo encantador: en los rostros pone la nota individual, con expresión de vida íntima, que antes no se lograra, y en el atavío y actitudes propende a olvidar los artificios ^ Gómez-Moreno: Catálogo mo7iumcntal de la provuxcia de Avila, en publicación. ^ Dibujos suyos en Monunmiios arquii. de Espaiia, bastante fieles, salvo lo que respecta a la armadura de la nave central, compuesta a capricho, sobre fragmentos .sueltos. SAN ANDRÉS, EN ÁVILA. ETC. 167 románicos (lám. ccxvi). Sus imágenes de los santos Vicente y Sa¬ bina, en la portada meridional de su iglesia en Avila, son lo más acorde con la realidad queaquel siglo produjo, y la expresión de la santa inicia sonrisa, tal vez primera en la iconografía cristiana. una Empareja con ellas la imagen del Bautista, en la portada de Santiago, en Sepúlveda; pero las tres de la fachada de San Miguel, en Segovia, parecen influidas ya por la nueva corriente bizantina de la mitad del siglo. Más aún el san Martín, en el testero de su iglesia, en la misma Segovia, quizá de otra mano, recordando el arte búdico por concor¬ dancia de clasicismo y elegante simplicidad. Al contrario, la de un obispo, en la cripta de San Justo, en Sepúlveda, toda rebuscamientos y curvas, podríamos asimilarla a lo sasanida Las estatuas de San Vicente son coetáneas de su iglesia, como lo acredita un capitel de la misma portada, con tocas iguales a las de la santa Sabina; también las llevan así los relieves del sarcófago, arriba mencionado, " de D.®' Sancha, la infanta protectora de Santa Cruz de la Serós, y los del tímpano de la Epifanía, en San Pedro el Viejo de Huesca concordancias bien observadas por el Sr. K. Porter. Son obras de otro maestro, afín del de Avila y buen intérprete de viveza en sus figuras, pero inferior en mérito, a quien asimismo corresponderá el precioso capitel de san Sixto, en la seo de Jaca \ y los de la cabecera de Santa Cruz de la Serós. La misma compostura de tocas pone cronológicamente cerca de este grupo las célebres estaciones del claustro de Silos q más nota¬ bles por sus atrevimientos e ingenuidad que por sus dotes plásticas, muy de receta y amanerados, generalmente. Y si queremos afian¬ zarnos en su modernidad relativa, atengámonos al relieve de la apa¬ rición de Jesús a santo Tomás, cuyo sobrearco reproduce unas pers¬ pectivas de edificios, como inspiradas en los retablos metálicos seúdo- bizantinos del monasterio mismo q no anteriores a la mitad del siglo, seguramente. Desde entonces tales arcaísmos, como también ' K. Porter: Spanish Romanesque sculpture, lám. 147. " Pág. 81.—K. Porter: Spanish Romanesque sculpture, láms. 48 a 50.—Bol. de la Soc esp. de Excursiones, t. XXIX. ' K. Porter: Spanish Rom. sculp., lám. 52. * Id.: Romanesaue sculpture...', lám. 520. ® Id.: Spanish Rom. sculp.-, láms. 35 a 40. ° E. Roulin: L'ancien trésor de l'abbaye de Silos, lámS. VI a VIII. i68 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL aquellos atisbos de emancipación naturalista consignados arriba, se eclipsaron ante el empuje de una corriente exterior, que decide el último período románico, sobreponiéndose a lo tradicional nuestro. Esto nuevo representa el predominio francés, al fin logrado en las cortes de Alfonso VII y de Petronila, con la venida de los monjes del Cister, y se caracteriza factores artísticos tan decisivos como por el arco apuntado, pechinas y ogivas, el acanto clásico y una renova¬ ción de bizantinisme en las artes plásticas, que nos trajo la pintura mural de imaginería, una escultura más compenetrada con lo arqui¬ tectónico, y fastuosidades como los retablos de metal, barnizados y esmaltados, que sólo nosotros disfrutamos. Pero, aun en esta ocasión, los indicios de una corriente bizantina directa, y en especial desde Tierra Santa, parecen apreciables. Todo no fué a un andar en Aun prescindiendo de este proceso. las organizaciones retrasadas — colegiata de Toro, catedrales de Ciudad Rodrigo y Lérida... —, hay fases diferentes de avance. La catedral de Salamanca ofrece un eclecticismo quizá representativo de asimilaciones graduales; en cambio, las de Zamora, Santo Do¬ mingo de la Calzada y Avila, por una parte, y las grandes fundacio¬ nes del Cister, por otra, con sus derivaciones respectivas — la cate¬ dral de Tarragona, entre ellas^—, constituyen la penetración desde focos extranjeros irreductibles entre sí, que, al encarnar en lo nuestro, produjeron reacciones de gran valor emotivo. Ln las artes figurati¬ vas esta exaltación aparece más visible, bajo un prisma de refina¬ mientos, heredados de lo bizantino, pero rebosante de expresión, de carácter, y en esto vencemos la competencia sobre todo lo extran¬ jero: Lruchel, .supuesto autor de la gran portada de San Vicente y otras maravillas avilesas; y el maestro Mateo, su insigne discípulo, en Compostela, bastan para acreditarlo. Entonces la actividad artística llegó a límites quizá no rebasados en toda la Edad Media, dentro de una disciplina de estilo que cayó en la rutina, reflejando crisis de poderes, hasta reaccionar a merced del pueblo, con una atenuación de ideales, que trajo la claridad ama¬ ble y de un humanismo equilibrado, triunfante con lo gótico. DE POSTRE Quien haya ojeado la información que aquí concluye, acaso des¬ cubra tantas lagunas como novedades; y como lo nuevo desconcierta y lo ya saboreado encariña, tal vez sienta inquietudes al juzgarla, y más habiendo hallado contradicciones respecto de ideas admiti¬ das generalmente; que no por abstención de polémicas déjase de reconocer que entre líneas van planteadas. Esto no es una historia, como tampoco se reduce a monografías sueltas; es iniciación de un problema, tan grande que absorbe las esencias artísticas cuya evolución encauzó lo moderno. Fija en ello la mira, ideóse un simple artículo, destinado a nuestro «Archivo Es¬ pañol», con el epígrafe de Primicias del arte románico en España, y sin más base que unas cuantas ideas sujetas a revisión. Verdad es que el tema de los orígenes románicos venía acariciado de mucho tiempo atrás; en lecciones y diálogos comuniqué mis aprensiones a cuantos quisieron oírlas, y corren por ahí sugerencias que en cierto modo las reflejan. Se empezó a elaborar lo dicho como faena para un par de meses, y ha durado dos años. Como siempre, el método ha sido enfilar cro¬ nológicamente notas, gráficos y fotografías; darles vueltas y más vueltas hasta aprendérselos de memoria; estrujarlo todo para sacarle jugo, y eso es lo presentado arriba, no pocas veces contrariando solu¬ ciones provisionales. El acopio de material ha sido grande, y nuevo mucho de ello, en lo que han participado amigos y discípulos. Aun se rebasaron los límites del tema inicial, hasta rozar lo gótico. Así pudo comprobarse lo que hay de barbarismos retrasados frente a lo ve¬ tusto, y algo de ello se incluyó aquí por testimonio de esta curiosa evolución. Pero, si hubiésemos de consignarlo todo, sería cosa de lie- EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL nar volúmenes, y a mí me asusta lo grande: soy de la tierra del ocha- vico, y eso no se puede remediar. Además, deseo sustraerme a lo que en mis tiempos se derrochaba: la literatura erudita. Para divertirse leyendo, no son lo más a propó¬ sito estas disquisiciones. Con el avance de la reproducción fotogrᬠfica lo pertinente es prodigarla y hacer partícipes a todos de la emo¬ ción estética y de los valores informativos que la realidad artística provoca. Sobre ella puede fantasearse en grande, a título de crítica» de impresionismo, de trascendentalismo, haciendo arte sobre arte, que es literatura amena en fin de cuentas; pero eso no iría bien ante el problema histórico que aquí se ventila, y cuando él mismo no es¬ taba planteado bien. Era necesario, antes de andar, abrirse camino; labor de peonaje; sudar mucho y aprovechar poco; pero muy a gusto mío. Cabían amenidades de paisaje; es decir, intromisiones hacia el campo social circundante; me he limitado a señalar fenómenos, por¬ que tampoco es ocasión para hinchar perros: cada lector podrá ha¬ cerlas a su modo. Mi literatura son simples diagramas que guíen la observación directa, en condiciones de provocar ideas ajustadas a la realidad, sin pervertirla con alucinaciones, vicio de la crítica ser¬ vida por quienes, a fuerza de discurrir, pretenden entender de arte sin sentirlo. El libro, de lo románico español se queda sin escribir en pues, mis manos; pero con la presunción de que ya se le puede hacer sobre base firme, recreándose en sus bellezas y sin demasiado riesgo de comenzar por el tejado la casa. INDICE DE LUGARES Alaón, página 50. Clermont, 117. Albelda, 16, 18. Cogolla, 16, 19, 20 a 22, 25, 26, 56, Albi, 140. 70. 97- Amer, 46. Comminges, 140. Ani, 56. Como, 79. Arlanza, 23, 93 a 97, loi. Conques, 122 a 123. Arlés del Tech, 38 a 40, 46, 120. Corbera, 43. Artajona, 134. Cornellà, 38. Astorga, ig. Corullón, 26, 116, 133 a 134. Augsburgo, 28. Coruña del Conde, 157. Aurillac, 122. Covarrubias, 21. Avila, 74, 164 iii, a 167. Cravant, 120. Bains de Arlés, 46. Cremona, 130. Banaguás, 51; lám. li. Culera, 48. Bañólas, 36. Cuxá, 36, 40, 43 a 45 Barcelona, 35. Daroca, 96. Barós, 50. Ebreuil, 62. Bayeux, 128. Elins, 46, 47. Berlín, 26. Elna, 40, 49. Bernay, 105, 128. Escorial, 16, 18. Binacua, lám. li. Farfa, 20. Brull, 46. Florencia, 26. Bull, 51. Fluvià, 49. Burgo de Osma, 19, 20. Follá, 45. Burgos, 91, 93, 96, 99. Frómista, 84 a 89. Busa, 51. Fuentes, 157. Caen, 71, 72, 123, 125, 126, 128. Galliano, 86. Caltójar, 96. Gavia, lám. lii. Canigó, 42 a 43, 45. Gernrode, 118. Cardona, 46. Gerona, 17, 20, 28, 32, 35, 38, 43, 46. Carrizo, 24. Granollers, 47. Castro, 50. Gualter, 47. Casserres, 47. Hagetmau, 140. Celanova, 30. Hildesheim, 25, 28. Cervelló, 86. Huesca, 19, 21, 81, 167. 172 EL ARTE ROMÁNICO ESPAÑOL Iguácel, 77 a 78. Pamplona, 116, 134 a 136. Jaca, 19, 21, 26, 32, 66 a 76, 81, 167. París, 17, 18, 20, 23, 24. Jerusalén, 62. Perazancas, 50, 90 a 91. Jumieges, 67, 104, 118, 128. Poitiers, 62. Lárrede, 51, 52. Pravia, 60. Leire, 136, 150 a 152. Puente Miña, 106. Leningrado, 24, 25. Reims, 118. León, 18, 19, 23, 24, 26, 27, 31, 32, Ripoll, 20, 36 a 38. 58 a 65, 102 a III, 120,159 a 161, Riuprimer, 46. 164 166. Riusech, 48. Lerés, 51. Roda, 50. Lescure, 135, 140. Rosas, 49. Lesterps, 62. Rouen, 71, 72. Limoges, 122. Sahagún,19,157 a 161. Loarre, 79 a 81. Sahún, 50. Londres, 19. Salamanca, 99, 166. Maderuelo, 23. San Aventín, 50. Madrid, 15, 17 a 19, 21, 22, 24, 26, San Benito del Loira, 62, 96. 93, 96, 160. San Esteban de Gormaz, 155. Mans, 118, 122, 123. San Frutos, 152 a 154. Mansilla de la Sierra, 31. Saint Gaudens, 140. Marmellá, 48. San Genis les Fonts, 36, 40. Melle, 122. Saint Generoux, 120. Módena, 96. San Guillermo del Desierto, 48, 122. Moissac, 14, 70, 135, 139. San Isidro de Dueñas, 91 a 92. Montierender, 118. San Juan de la Peña, 21, 51. Montserrat, 46. San Juan de las Abadesas, 49, 100. Nájera, 16. 18, 33, 56 a 57. San Lorenzo del Mont, 46. Naranco, 6, 7, 55, 56, 156. San Pedro de las Dueñas, 104, 157, Neila, 157. 159 a 160. Nevers, 122, 123, 126. San Pedro de Ponts, 47. Nogal, 82 a 84, 87. San Pedro de Roda, 20, 49, 122. Nueva York, 24, 26, 31. San Severo, 17 a 18. Olius, 48. Santa Cruz de la Serós, 50, 76, 81 a Orense, 30. 82, 167. Orleáns, 118. Santa Marta de Tera, 88, 162 a 163, Osma, 19, 20. 166. Ovarra, 50. Santiago de Compostela, 16, 104, Oviedo, 6 a 7, 22, 28, 30, 55 a 56, 62, 112 a 133. 156. Santillana, 88. Palau Sabardera, 46. Sasorbá, 48. Falencia, 53 a 55, 88. Segovia, 67, 70, III, 155, 166, 167. Palera, 48. Sepúlveda, 152 a 155, 167. ÍNDICE DE ARTISTAS 173 Serrabona, 40. Tours, 117, 122. Sescorts, 46. Urgel, 46. Silos, 18, ig, 31, 97 a ici, 157, 167. Valdediós (Boides), 56, 59, 62. Soria, 155, 166. Valdespina, 91. Sos, 136. Valladolid, 15. Sureda, 40, 41, 49. Vendóme, 118. Susín, lám. lii. Vich, 20, 46. Tabernoles, 47. Viena, 26. TahuII, 50. Vilabertran, 49. Tarrasa, 35. Vilalleons, 47. Tolosa, 14, 80, 122, 123, 137 a 140. Vilanova, 50. Torrelles, 49. Vilatorta, 48. Torres d'Oeste, 112, 120. Zamora, 88, 163 a 164, 168. Tournus, 62. Zaragoza, 63. ÍNDICE DE ARTISTAS Almanius, 33. Gomesano, 18. Azena 0 Asinarius, 77. Guillelme, 93. Bernardo, el Joven, 117. lulianus?, 153, 155. Bernardo, el Viejo, 114. Maestro de las Platerías, 106, 109, Bernardus, 123. lio, 116, 129 a 135, 140, 163, 166. Bernardas Gelduinus, 139. Martino, 19. Christoforus, 19. Mateo, 12, 131, 168. Dominico, 19. Michael, 152. Dominions luliani, 155. Munio, 18, 19, 26. Ende, 17. Oveco, 15. Engelran, 25. Pedro, 16. Esteban: véase Stefanus. Pedro, 19. Etosten?, 93. Petrus Deustamben, 106. Exemen, 134. Petrus Monici, 133. Eacundo, 15. Petrus Stefani, 158. Eort, 134. Redolfo, 25. Fruchel, 12, 168. Rotberto, 115, 128. Eructoso, 16. Stefanus, 116, 129, 135. Eulcherius, 152. Stephanus Garsia, 18. Galindo Garcias, 77, 78. Xemenus, 84.