Jifc. iWé-''; KLÏa S Tfit* *í.f> >foxüMÍFTfi;; DE SS?iSüL8"\ ES &0MA, V j)S PQSfDGE-l'í 1 lí mSPiSO-AMIiV!.. I \ ^ % • r r r \ / - ■- ■tó'· "*W1 MINISTEB-IO DE ASVNTOS E XTEKIOB-E S MONUMENTOS DE ESPAÑOLES EN ROMA, Y DE PORTUGUESES E HISPANO-AMERICANOS Por el Prof. ELÍAS TORMO II PARTES VI A XIV M C M X L I I MONUMENTOS DE ESPAÑOLES EN ROMA Y DE PORTUGUESES E HISPANO-AMERICANOS VOL II 5"í ■: M: -f MONUMENTOS DE ESPAÑOLES EN ROMA, Y DE PORTUGUESES E HISPANO-AMERICANOS POR EL PROFESOR ELÍAS TORMO Jubilado de la Universidad de Madrid, ex Rector de la misma Numerario de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes deSan Fernando, Correspondiente de la de Bellas Artes de Lisboa, Gran Cruz de las Ordenes Americana de Isabel la Católica en España v de Santiago da Espada en Portugal II PARTES VI A XIV PUBLICACIÓN DE L\ SECCIÓN DE RELACIONES CULTURALES DEL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES MADRID 1942 AÔVNTÔâ m 01 0 4 X H S U H 23 z 8ELi!CI0NES»CVLTVRllH® DE ESTA OBRA, EDITADA POR EL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES (SECCIÓN DE RE¬ LACIONES CULTURALES), E IMPRESA POR LAS CASAS ESPAÑOLAS HAUSER Y MENET, Y BLASS, S. A.. DE MADRID SE TIRAN 250 EJEMPLARES EN PAPEL DE HILO VERJURADO Y 750 EN PAPEL REGIS¬ TRO-25 DE DI¬ CIEMBRE 1942 EJEMPLAR IV A'cít- ÚLa'<-Í_X^ PARTE SEXTA LA DESCALSEZ ESPAÑOLA EN ROMA CAP. 83. EN SANTA-MARIA-DELLA-SCALA En esta iglesia del Trastévere se ve, se ve bien, un pie. Es un pie acecinado, pero íntegro, con piel y uñas: elegante, fino, sutil, en un relicario: en el lugar más distinguido, en capillita especial, retirada, a la cabecera de la izquierda. Pero es el pie de Santa Teresa de Jesús. En Roma, visibles y de emoción visual, estética, hay dos reliquias incompara¬ bles. Ese pie y la limpia calavera de una niña heroica: la de Santa Inés, hace poco sacada la cabecita del enorme monolito de bálsamo sóhdo que envolvía todas las rehquias del "Sancta Sanctorum" de Letrán (Scala Santa); se había guardado en inmenso arcén milenariamente impenetrable. Una gran escritora, y devotísima además de doctísima, Noêle Maurice Denis, acaba de decir (en su incomparable "Guía", devota, pero del todo rigurosísimamente histórica, de Roma) estas en ella siempre breves palabras (francés): "¡Espectáculo emocionante, el de este miem- % bro ennegrecido, ¡mas todavía completo!; este pie elegante, soltándose de la sanda- Ha, ¿no contribuyó a desatar todo un movimiento ascético y místico, cuyos efectos son perpetuamente nuevos y vivos entre nosotros?; vibrando, temblando el mismo por las indomables alegrías espirituales, ¿no danzó acaso, como los pies de David, cuando Teresa, en medio de sus hijas, asombradas, tomaba el tamborcillo y rimaba la preciosa música de su corazón?" Recuerde el lector el tal tambor en la iglesia "de las Madres", en Avila, la primera fundación de la Orden que eUa fundara. Está aquí, en Roma, la rehquia del pie, muy a la mano, en el mismo altar de la capülita absidal, lado evangelio, entre cuadros de la vida de la Santa (obra de Luca Fiammingo: 1652-1 1682). La tal rehquia, "insigne" y beUa, vino a Roma en 1614, cuando la beatificación de la Santa española, a los 32 años de su muerte en Alba de Tormes (aUá, en Alba, está el resto del cuerpo, invisible, y visible solamente su corazón, encerrado en un corazón de cristal). Sólo ocho años habían transcurrido de la muerte de Santa Teresa, la más insigne de las escritoras del mundo, y aun vivía su cofundador de la Descalsez carmelita, San Juan de la Cruz, el insigne entre los poetas místicos, cuando se fundó esta igle¬ sia en 1592, ganándose con el establecimiento de eUa la definitiva universalidad a la reforma española. El "Cardenal" (así dicen) de Como la construyó; Francisco de 9 VoLTERRA fué el axquitccto. El edificio nacía español, pero italiano a la vez; la igle¬ sia, teresiana, pero de titular María "deUa Scala" (pintura de calle, de cierta esca¬ lera vecina). San Juan de la Cruz (o más aparentemente, el Cristo de la Cruz ante 8. Juan) tiene la 3.^ capilla de la nave izquierda, con estatua del Santo, de un Pietro Pa¬ paleo, desconocido escultor, en blanco mármol; en madera el Crucifijo, en negro la cruz del mismo. La Santa tiene la 4.®'. capilla derecha, aparte, y además de la capülita de su reliquia; es decir, que tiene Santa Teresa la capilla del crucero, la del lado de la epístola, de bello y riquísimo lujo, de vigoroso rocóco, creación bien curiosa, de arquitecto, del admirable principalmente grabador del siglo XVIII, y principal¬ mente grabador de maravillosas arquitecturas clásicas a lo romántico, Giovann- Paolo Pannini (1691-1 1764). El cuadro es pintura de Mancini (1705-! 1758); los angelotes, de escultura del Maini (Giovanni B.®, 1690-f 1752); relieves y ángeles, de Filippo Valle (siglo XVII-f XVIII: el autor de la Santa Teresa colosal del Vaticano y del San Juan de Dios, allí compañero), y la estatua es del francés roma¬ nizado Michel Ange Slodzt (1705-f 1764): los mejores artistas del momento aquel. Mármoles y jaspes, variadísimos, y en armónica policromía. Ignoro la fecha, pero próxima sin duda la de otra obra, también singularí¬ a sima, del mismo Pannini: me refiero al gran conjunto de la caja de órgano, y de dos pisos de cortas galerías a un lado, y otro, y todo sobre la puerta de ingreso a los pies del templo: lujosísima, "setecentista", brillante y dorada "macchina", que lleva, con la fecha del año 1756, el gran escudo y magno letrero del hijo del Rey de España Felipe V, el Infante CARDENAL, ARZOBISPO DE TOLEDO Y SEVI¬ LLA a la vez, LUIS DE BORBON Y FARNESIO; pero eso, dice, "olim" (antes), pues por casarse con María Teresa VaUabriga, no siendo como no era sacerdote, renunciara las dos grandes mitras juntas y el capelo cardenalicio. Hizo el regio obsequio, creo, porque había sido precisamente Cardenal del título de S.^-Maria- deUa-Scala. Sólo en el letrero el "olim" alude disimuladamente a la nada trágica peripecia de su nueva vida, burguesa casi. Había sido Cardenal desde los 8 años de edad, ¡el pobrecito! En los lados del aislado altar mayor, sin imagen, se ven, y de arte del Bernini dos grandes estatuas en mármol: la de S. José (dé cuya devoción Santa Teresa de Jesús fué en" la cristiandad la impulsora, casi sin antecedente notable) y la de la misma Santa Teresa; puestas ambas sobre los pasos al poro, que cae detrás. Se harían por 1681, pienso yo, a la vez que el tabernáculo, notable obra, ésta, del arquitecto Carlo Rainaldi (lóii-f 1691;. 10 Hace pocos días, L' Osservatore Romano (26 mayo de 1937), en erudito y entusiasta trabajo sobre S. Felipe Neri, hablando del gran momento de la Uamada contra¬ reforma católica, decía textualmente: "... fué precisamente la obra del Concilio de Trento, y el surgir prodigioso de aquella legión de Santos, cuales Ignacio de Lo¬ yola, Teresa de Avila, Pío V, Carlos Borromeo, Pedro de Alcántara, Francisco Javier y otros más..." Conste que el i.°, la 2.®, el 5.° y el 6.° de esos seis citados fueron españoles; el Papa y el sobrino favorito de otro Papa, italianos. Dos de los citados, Santa Teresa y antes S. Pedro de Alcántara, fundaron en España y des¬ pués se extendieron al resto de la cristiandad, dos nuevas órdenes, de reforma más ascética y mística, dentro de las históricas; lo que en conjunto se puede Uamar LA "DESCALSEZ": S. Pedro Alcántara, con nueva orden franciscana; Santa Teresa de Jesús, orden carmelita. En los capítulos siguientes veremos con nueva también las nuevas España y también órdenes de descalsez, también creadas en extendidas después fuera de ella: agustinos recoletos, trinitarios descalzos, merce- darios descalzos. Los cuadros de la capillita del pie de la Santa, creo {por el estilo, positivamente aflamencado) que son la obra aque se alude en textos, de Fra Luga di San Carlo, flamenco ("fiammingo"), excelente, espontáneo, pero que murió sólo de 30 años en 1682; que en sus 12 años de vida religiosa, dícese que llenó las casas de sus descalzos Óe lienzos de la vida de santos de la Orden misma, "con tanto gusto como facilidad"; pero así Angelí ("Luga Fiammingo") como la Maurice Denis, los que le atribuyen conste que son los del coro. Pero como Angelí, además le atribuye los cuadros de las paredes laterales, aunque su frase, por su colocación, se refiere a la nave del templo, ¡donde no hay cuadrosi, la supongo mal incrustada en su texto y la refiero a dicha capillita. Las escenas son de Santa Teresa: coronada, trasveiberada, desposada de Cristo, y ante María y José. No de Luga Fiammingo dos, a pesar del Níbbi, los de Santa Teresa con el Angel, y profesando. Otro error, más imperdonable, del Angelí es decir de San Juan de la Cruz el cuadro y la segunda capillita de la derecha. En la primera de ese lado se goza la mejor pintura de la iglesia: de Honthorst, que parecería casi un TristAn. El mal llamado Cardenal, el Obispo de Como Feliciano Ninguarda, había comenzado ya la construcción del tem¬ plo en 1592: y fué dado a los descalzos después en 1597, creo que no terminado todavía entonces. (De Como era Obispo desde 1388 al 95 el dominico Feliciano Ninguarda, que no sé que fuera Cardenal.) (?) CAP. 84. EN SANT-EGIDIO-IN-TRASTEVERE Sant-Egidio (San "Gil" en español) en el Trastévere, en calle homónima (que a continuación de la de la Scala, enlazan ambas, empalman mejor dicho, las largas Lungara y Lungaretta y Lungarina, formando con eUas un solo tiro, quebrado), es (era) iglesia de las carmelitas descalzas, como la Scala es de frailes carmelitas descalzos; también se Uama, al menos oficialmente, de S.®·-Maria-del-Càrmine. Con aspecto pobre o severo, muy de tipo castellano, llenan la nave grandes cua- II dros con la vida de Santa Teresa de Jesús, pinturas nada excelentes, pero sinceras, propias del mismo momento, siglo XVII a XVIII a los comienzos; acaso algunos, más antiguos, de la edificación, por lo demás aun subsistente e intacta, que pardee se cifra en el año 1630. El lienzo del altar de la derecha, de la Virgen del Carmen entre S. José y Santa Teresa, se atribuía al famoso jesuíta, pintor máximo de perspectivas, Andrea Pozzo, quizá de 1682. Pero ha sido últimamente retirado hace bien poco, y susti¬ tuido ahora por imagen, modernista, de Santa Teresina, que rompe el austero encanto estético del conjunto, severo rincón que parecería de ciudad pequeña, de Castilla la Nueva, por ejemplo. La pobreza arquitectónica se viste, y bien, con esos doce lienzos; todos de la historia personal de Santa Teresa de Jesús, la gran Santa avüesa, la magna escri¬ tora del mundo entero; todos no creo sean de la misma mano, sino de dos o tres y con algún cambio en el estilo de cada artista; más bien me interesan los altos, de rudo temperamento de pintor. Dos grandes de verdad están en los fondos del que llamaré crucero, y diez en la no larga nave y contra la pared del ingreso: en escala casi igual y tamaño algo cambiado, como apropiado a la distinta colocación. No nos sorprendería verlos (sinceros, algo duros y con nada de las dulzuras itáhcas) si los imagináramos en la Mancha; y aUá, sin razón, los hubiéramos atribuido acaso, los bajos, a un Pernicharo (f 1760) o un Peña, del primer tercio del siglo XVIII; son, creo, más del XVII que del XVIII, y más de cosa de allá, en Castüla, que de Roma, en que se pintarían: por el estüo lo digo, y por cierta despreocupación bar- barota, pero muy honrada y sincera. Las pinturas, óleos, murales, ofrecen los temas siguientes (comenzando a izquierda, volviendo por la derecha, citando el alto antes del bajo cada vez, y al final la pared del ingreso), todos referentes a Santa Teresa: En camas¬ tro, Jesús le da la Comunión (A); le aparece Jesús sedente, con la Magdalena; escribe inspirada del Espíritu Santo (A); Jesús le muestra la cruz, ante las monjas; gran visión con la Coronación de María.—Recibe de María el collar y de José el escapulario (lienzo grande que algo recuerda a Herrera ee Mozo (róza-f 85); su transverbera¬ ción (A); con María aparécete "Jesús, que la corona; la caída de la escalera, con Angel que la corona; con María, Jesús le señala el cielo.—Con su hermanito hallados por el tío cerca de Avila (A); resucita a un niño caído de un andamio y en brazos de la madre (A); acogida por la Comunidad (A). Las A, A que he puesto señalan a qn artista, el más directamente aludido en mi texto; los restantes lienzos son de mano más manida, menos los dos mayores, que serán de una tercera mano. Parecen todos los lienzos ajustados a su lugar, pintados adrede. (Se sabe de alguna otra perdida serie teresiana en convento romano de monjas de la'Orden que se derribó; creo que por donde hoy está el Ministerio de la Guerra.) 12 CAP. 85. S.a-MARIA-DELLA-VITTORIA FRAY DOMINGO DE JESUS MARIA (nació en Calatayud, Aragón, en 1559 en Roma, ya en 1590, f en Viena en 1630; véase el capítulo 129 de su fundación de S.a-Croce-delle-Scalette, a la Lungara, y lo dicho de él en el capítulo 128 de la Propaganda), declarado Venerable, fué un gran fundador y un gran misionero, llamado a Roma desde España, en 1600, para extender y afianzar en la urbe la reforma teresiana de la Descalsez carmelita. Estaba en Roma después y dando todo su celo al establecimiento definitivo de la Propaganda-Fide, cuando tuvo que salir a intervenir en el gran problema político y religioso de la Europa del siglo XVII, la guerra "de treinta años" entre los católicos Austrias de Alemania y los Príncipes protestantes alemanes; en sucesivas etapas, ayudados los Protestantes por Suecia y por Francia, hasta llegar a la paz general de Westfalia, de mero equilibrio, sin vencedores ni vencidos. Fray Domingo tenía, entre sus dotes, la de hablar en muchas lenguas vivas, incluso en griego. La primera etapa de las cuatro de aquella gran guerra fué en Bohemia, levan¬ tada contra el Emperador y la dinastía de los Austrias de Austria. La batalla deci¬ siva de esa prunera etapa, gran victoria para los católicos, fué la llamada de la Montaña Blanca en 1620, con que aparentemente quedó terminada la gran guerra. El P. Domingo de Jesús María, poliglota y ardiente orador en tantas lenguas, había tenido en el ejéi-cito católico plaza de gran relieve. Y ocurrió que habiendo encon¬ trado entre las inmundicias amontonadas en el castillo bohemio de Pilsen una imagen de María, ésta debidamente honrada, sii"vió como de paladio al llegar los soldados victoriosos a Praga. Fray Domingo la trajo después a Roma, y la gran iglesia de los carmelitas teresianos que el arquitecto Carlo Maderno (1556-f 1629) edificaba desde 1605, dedicada a S. Pablo, cambió de titular, dedicándola a S.í^-Maria-della-Vittoria. Por cieíto que la tal imagen, pintura, pereció en incendio de 1835, sustituida luego por una copia. En el actual ábside, donde se conservaba, la Procesión después de la batalla de Praga es fresco de 1884, del pintor, no espa¬ ñol, Luigi Serra (boloñés; 1842-f 1888). Acabóse luego la iglesia, y se decoró extraordinario lujo artístico barroco, con el que se corona por la más famosa obra religiosa de Lorenzo Bernini (1598-f 1680) 13 la Transverberación de Santa Teresa, de 1644, portento de expresión humana de éxtasis, sin unción devota en la inspiración artística, y de extremada sensi¬ un bilidad dulcísima de la factura. "El rapto de Santa Teresa", que un Angel le atra¬ viesa el corazón con la flecha del Amor Divino: es una de las obras maestras de la escultura barroca en su sin duda la representación más encantadora, a apogeo, y la vez que la más atrevida, del espasmo de éxtasis: la expresión hábilmente refor¬ zada con todos los recursos del mármol y con todos los efectos de la luz." Son de Nicolás Lorena (ignoro quién sea: así, antes, se llamó en Roma al de escultor Nicolo Cordier, 1567-t 1612), las pinturas de la capilla del Santo español, n. cofundador del Carmelo Desóalzo, S. Juan de la Cruz, el mayor poeta místico de la lengua castellana. Es la 2.^ de la izquierda. En el altar aparece ante el Redentor; a derecha la Virgen, siendo jovencito, le libra y le saca de un pozo; a izquierda, el Santo, que me pareciera un S. Francisco en lecho mortal, rodeado de carmelitas. En la SACRISTIA está el RETRATO de cuerpo entero y tamaño natural, cua¬ dro de pintor desconocido, de nuestro FRAY DOMINGO, llevando cruz en la mano siniestra. Va barbado, barba no larga, cerrada, grísea ya. No es cuadro bueno, pero parece retrato muy del natural. En la misma sacristía, además, cuatro grandes apaisados lienzos, de infinitas figuras, de lances de la gran batalla (y aparte, tam¬ bién lienzos, sólo con la letra de explicación de las cuatro escenas). También cuatro homogéneos retratos del Emperador Fernando de Austria, de su aliado el Duque Maximiliano de Baviera, de la españolísima hija predilecta de Felipe II, la Infanta Isabel Clara Eugenia, soberana de Flandes, y no sé decir el 4.° (que presumiré que sea el Rey Fehpe de España, el III), pues lo tapa un cuadro moderno seudo- primitivista. La fundación de este convento se suele fijar en el año 1607, diee años después del de la Scala, que estaba a la parte opuesta de la urbe habitada de entonces. (Véase cap. 84). En esta iglesia della-Vittoria hay una lápida de hispánico, citada en Forcel-la, ?...) del portugués Pedro Villena Villaboa Villegas (t de Abril 1752) y los 4 suyos; era abogado consistorial, y de preces del "Consistorio Lusitano" (Está ante la l.» capilla izquierda). CAP. 86. SANTA-TERESA-DEL-CORSO-D'ITALIA Es gran iglesia del ensanche, en una de sus principales avenidas, parroquia, y a la vez casa de los carmelitas descalzos, dedicada a Santa Teresa Jesús (otra parroquia de ensanche, y no muy lejos, hay, ya dedicada a de Santa Teresina de Lisieux, o del Niño Jesús, carmelita descalza, teresiana también). Es de Trabacchi (nació i839-f ?) la estatua en la fachada de la española Santa titular. El templo es gran¬ dioso, de tres naves, giróla, del tipo románico en nada desacertada imitación. Parecería una vieja catedral de países del Norte. . 14 CAP. 87. EN SAN-PANCRAZIO La iglesia de S. Pancracio, servida por carmelitas descalzos, es antiquísima, como que es iglesia "coimeterial" o catacúmbica, y se visitan los subterráneos correspon¬ dientes. Está el templo, recientemente, arreglado, repintado y restaurado. Conserva en sus tres naves, sin embargo, tres techumbres de madera no pintada, con mayor efecto por tanto, acrecentado por la desnudez en pintado claro de todo el interior del templo. La triple techumbre tiene en los grandes recuadros, o imagen en relieve, o bien un escudo muy repetido; y es un escudo español, de los Torres (5 torres o castillos, puestos en sotuer o aspa, o sea 2 4- i + 2); lleva siempre capelo, con bor¬ lones (6, a I -f 2 H- 3), y es de Cardenal. Antes, en el exterior de las dos puertas laterales, en grandes letras, se repite la frase sencilla en recuerdo y honor del CARDENAL LUIS DE TORRES. Al inte¬ rior y a los pies se pregona mejor la gran obra del tal Cardenal, referida al año i6og a lo que bien se acomoda el severo, solo grandioso, estüo de la techumbre tríplice. Buscando más noticias el visitante, en paredes, suelo y demás lugares, la seguridad de tratarse de español no se consigue; sí, y siempre, que era Cardenal de Monreal, es decir, de Montreale. Y eso casi basta; pues no habiendo tal título cardenalicio, lo que se viene a decir es que fué Arzobispo de Monreale en Sicilia, cerquísima de Palermo. La SiUa, que era de patronato real (y no otras de Sicüia), y que los Reyes de España consideraban, en general, como la más propia para designar para eUa a un español; de ello hay en la Historia muy repetidos, casi constantes ejemplos en aquellos siglos. No se resuelven en la iglesia, sin embargo, las dudas. Casi a la cabecera del templo, en la nave central, al suelo, hay dos distintas grandes, pero del todo sencülas, lápidas sepulcrales, de aspecto de modernas, y arriba de ellas, una pequeña reducida al escudo consabido, y ésta de aspecto anti¬ guo; puesta allí como para cobijar a la vez a las otras dos, en mísero acuerdo, al parecer reciente. Están además mal colocadas, trastrocadas de derecha a izquierda. La más antigua (ahora a la derecha) es la única memoria sepulcral del benemérito reconstructor del templo. Dice en latín: "de LUIS DE TORRES, ARZOBISPO CARDENAL DE MONREAL, bibliotecario apostólico. Vivió 57 años, 7 meses y 12 días. Falleció el 9 de julio de 1609 (el séptimo de los idus). Lo que, sacando la cuenta, nos hace ver que nacería en 28 diciembre de 1551. Es, pues, el Cardenal de las obras y de la techumbre singularmente; pero no se dice su nacionalidad, ni menos su patria chica, cuando esta misma se suele decir siempre en las epigrafías sepul¬ crales romanas del tiempo. La otra lápida, en más apretadas líneas y mayor texto (la cual, colocada a 15 izquierda, está en inmerecido lugar principal), dice, latín: "COSME del título antes de S-Pancrazio y después de S.^-Maria-in-Trastévere, 3.®' arzobispo de Monreal de la familia. Protector del Reino de Polonia, imitando las virtudes y fortuna del prestigiosísimo tío carnal paterno, quiso ser sepultado próximo a él, en túmulo parejo. En el año del Señor 1642 falleció, el i de Mayo (Kalendas), de 58 años." Sacando la cuenta, de que nacería en 1584 ó 1583 y que le falleció el tío cuando sólo contaba 25 años de edad. En la historia deltemplo (que comenzó por ser basílica coimeterial o catacúm- bica surgiendo de la catacumba de OttaviUa) tantas veces rehecho, parece la obra del Cardenal Luis de Torres la de total reconstrucción, única total acaso, y desde los cimientos. Las obras, sin embargo, se suponen terminadas én 1673, mas no sería cosa esencial: el complemento de la fachada misma es de Torres, aunque aun muestra un escudo del Papa Inocencio VIII, Cibo, del siglo XV. Sólo ver las techum¬ bres, basta para asegurar que la edificación de los Torres (y no de uno solo de los Torres) fué total. Como el Cardenal Luis no fué titular de S-Pancrazio, sino de 1606 a 1609 (fecha de su muerte), no es presumible que en tan corto tiempo se rea¬ lizara toda la obra; sucesor suyo inmediato en el título fué el Cardenal español Gabriel Trejo Paniagua .(véase cap. 80 de S-Bartolomeo-all-Isola), y en seguida Cardenal de S-Pancrazio el sobrino Cosme de Torres, de 1623 a 1641. Habría, pues, que presumir, y yo presumo, que Luis de Torres, en vida y después testamen¬ tariamente, proveyó para los considerables gastos del templo. El nombre del Cardenal Luis de Monreale, con fecha 1609 (Forc., XI, 578), estuvo en lápida con el "restituyo" en las paredes del altar mayor; después en la pared derecha, apenas se entra en el templo por la puerta derecha; y sin fecha, en la base de las cuatro columnas que sostienen el baldaquino del altar papal, y también en mármoles que estuvieron sobre las puertas laterales, ingreso a las naves, y ahora están fuera (Forc., XI, 576 y 577). La lápida suya sepulcral y la del sobrino Cardenal Cosme de Torres (Forc., XI, 579 y 580), estaban poco más o menos, al parecer, donde ahora se ven, en el suelo de la balaustrada del altar mayor. El problema de estos Torres, y de su familia, y si son españoles, pude adelantarlo mucho, todavía sin recurrir a libros, en la epigrafía de la capilla Torres de S.^-Catalina-dei-Funari. (Véase mi capítulo 113 correspondiente.) En Roma evidente, es a juzgar por los libros y por los documentos de la información de Euhel, que al Cardenal Luis de Torres le tenía se por romano. Creo que con más constancia en cuanto al Cardenal Cosme de Torres. Uno y otro, aunque nacieran en Roma, gozaban en cierto modo, y disfrutaban, el privilegio de ser tenidos como españoles. Son el 4.° y el 5.° prelados de una "dinastía" (la llamaremos) de prelados españoles del mismo apellido y familia, cada uno sobrino del anterior. Con ayuda de los datos epigráficos se reconstituye la estirpe o dinastía episcopal, en la forma siguiente: i.° Luis (I), indiscutiblemente español y Obispo de Málaga, en cuya catedral tiene magnífico sepulcro, labrado en Roma, de uno de los grandes escultores del grupo de Sansovino.— 2." Luis (II) de Torres, hijo de Fernando, arzobispo de Palermo (n. 1495-t 1553), colaborador de San Ignacio de Loyola en la obra social de S.»-Caterina-de-Funari.—3.° Luis (III) de Torres, hijo de Juan, malagueño. Decano de Cámara, arzobispo de Monreale, fundador de la capilla familiar en S.·'-Caterina-de-Funari (n. 1533-t 1584).— 4.° Luis (IV), hijo de Pentesilea y de otro Fernando (?), Cardenal arzobispo de Monreale, Bibliotecario apostólico el reedificador de S-Pancrazio (n. 1551-t 1609).—5.° Cosme (Arzobispo de Monreale como el tío, y como antes el tío deltío), protector de Polonia (n. 1583 u 84-j- 1642). Los tres primeros, indiscutiblemente españoles; los restan¬ tes nacerían en Roma; pero el solo hecho, y por repetido, de tener el arzobispado de Monreale, es prueba evidente de que seguían siendo españoles, subditos políticamente. Lo demuestra la consideración siguiente: Libérrima la corona de España era en la designación de arzobispo de Monreale, en Sicilia. En aquellos siglos fueron arzobispos de Monreale, casi siempre, los españoles, en consecuencia; porque la estupenda catedral de Monreale había sido fundada con tan inmensolujo y casi como capilla palatina, por uno de los reyes normandos de los cuales eran sucesores, a través de los Suabias, los reyes de Aragón. En los siglos inmediatos a los de los Torres, vense como arzobispos de Monreale los españoles siguientes: Covarrubias, Soler, Despuig, Borja, Castelar, Cardona, Torrecilla, Manso, Cameros... Otras veces, es verdad, pero por razones evidentísimas de alianzas y extrañas combinaciones políticas, los reyes de España designaban a italianos, nada precisamente sicilianos: un 16 Colonna, un Médicis, un Farnesio, un Venier, un Peretti... (pariente de Papa); el caso de les Torres no es el de taies cambalaches de influencias, sino a toda evidencia por considerarlos como españoles, a Luis (III), a Luis (XV) y a Cosme de Torres. Que la obra del Cardenal Torres en S-Pancrazio fué totalitaria, se demuestra porque hasta el arco exterior de entrada a la avenida desde la Vía Aurelia, largo paseo de ingreso, y en éste y hacia el final, en dos arcos de paso a los cercados, a dere¬ cha e izquierda, muestran heráldicamente, hoy todavía, uno de los cinco castillos o torres del apellido Torres. La fachada es totalmente de su tiempo, y han hecho bien, aunque feamente, de pintar (será repintar) en negro sobre las dos puertas laterales, el nombre (sin el apellido) del Cardenal. De su escudo en las tres amplí¬ simas techumbres de las tres naves, ya queda antes dicho, y a la misma labor corres¬ ponde la techumbre del presbiterio. Los escudos al ingreso y al fondo de éste, de los papas del siglo XVII, Alejandro VII, Chigi (1655-1667) y Urbano VIII, Barbarini 1623-1644), se refieren, a la decoración, aquél, y éste, a la terminación de las mis¬ mas obras, de la generosidad de Torres sin duda. Las pinturas arquitectónicas de las naves, son ya de^ siglo XVIII. A la cabecera de la nave de la derecha, está la capilla de Santa Teresa de Jesús, con gran lienzo en el altar, que se dice anónimo, y lo creería yo, de Domé- Nico Tintoretto (n. 1562-f 1637), y excelente. Es el tema la Transverberación de la gran Santa española, fundadora del Carmen Descalzo, cuyos frailes habitan el lugar y sirven el templo (y acompañan en la visita a la catacumba). Este templo tiene recuerdo histórico de España, único y no bastante comen¬ un tado. Fué en él donde el más grande de los papas imperialistas, Inocencio III, el día ii Noviembre de 1204, recibió de PEDRO II DE ARAGON en persona el HOMENAJE FEUDAL de su reino, que el Papa, en el pleno ejercicio de su supuesta y ambiciosa y mentida soberanía, le devolvió y le enfeudaba, recibido antes su juramento de fidelidad política. Sabido es que Aragón y Cataluña, los Estados del Rey, rechazaron tal vasallaje, que no tuvo jamás consecuencia real ninguna. Y si el mal aconsejado, pero bravo monarca, fué héroe contra los musulmanes (con¬ juntamente con el rey de Castüla y el de Navarra, y las tropas de León y de Por¬ tugal), siete años después, en la cruzada de las Navas de Tolosa, después, en 1212, fué luego no menos heroicamente, equivocadamente, enemigo de la cruzada contra los albigenses, al haUar la muerte, en la batalla de Muret, año 1213. (Véase mi capí¬ tulo 186 de la Sala Regia del Palacio del Vaticano, y lo dicho en el cap. 2.° de la basílica de S-Pietro-in-Vaticano, donde fué la subsiguiente coronación pontificia del mismo rey.) En S-Pancrazio, creo que cosa principalmente española, tuvieron los carmelitas descalzos, en el siglo XVIII un Seminario Misionario. T. II.—2 17 Además de la-Scala, la-Vittoria yS-Pancrazio, y (de monjas) S-Egidio, g-Giuseppe, etc., ha tenido el Carmen Descalzo otras fundaciones Roma: iglesia de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, donde ahora el Monte-di- en Pietà... La Congregación separada nuestra (España, Portugal, América) de 1600, tuvo su Procura y Hospicio en > S.^-Anna-alle-Quatro-Fontane (esta congregación se reincorporó en la Orden General en 1875). Hoy los frailes carmelitas descalzos serán en el mundo cosa de 2.500, y los carmelitas calzados, cosa de 2.000.. El comienzo de la Descalsez Teresiana, se suele cifrar (todavía dentro de la Orden general) en el año 1568. CAP. 88. SANT-GIUSEPPE-A-CAPO-LE-CASE En favor de carmelitas descalzas teresianas sin dote, se construyó pequeña o iglesia en 1598, reconstruida en 1620-28. Fué el fundador un clérigo español del Oratorio de S. Felipe Neri, y cantor de la capilla pontificia, llamado FRANCISCO SOTO, creándose (leo) el primer monasterio teresiano femenino de Roma. Dió cantidades una Fulvia Sforza. Según la lápida conmemorativa y posterior (a la izquierda del ingreso) {Forc., X, 283), era Soto de la diócesis de Osma, y murió de más de 85 años, el 25 Setiembre de lóig, lo cual quiere decir que nacería en 1544, sobre poco más o menos. Es iglesia no grande, visitada, y hoy con escaleras al aire ^ para subir a ella: en la caUe hoy bien concurrida, aunque empinada, que se llama de "Francesco-Crispi"; el convento fué, o es todavía (?), Museo Industrial. No se ve hoy en altar de la derecha (aun citándolo los libros recientes, como el del "Touring") el cuadro de altar de Santa Teresa, de Lanfranco (1582-t 1647); es de Sacchi (1598 a i6oo-| 1661) el lienzo del altar mayor del Sueño de S. José. Fué el Cardenal MarceUo Lante el de la reconstrucción, y el que haría tales encar¬ gos a pintores tan famosos; murió de 80 años, en 1652, y nacería, por tanto, por 1572, y tendría unos 50 años cuando iba reedificando el modesto templo. A izquierda, entrando, hay sepulcro en alto de una MARIA JOSEFA VERDUGO (Verdugiae), de Barcelona, esposa de un marqués Leopoldo de Gregorio, siciliano, muerta en 179g, de 75 años (casada 37, viuda 14), con escudo... y urna {Forc., X, 299). (Un cardenal (?) de Gregorio, hijo suyo (?) está enterrado en el presbiterio.) A derecha entrando, tambiéncon escudo, vese una memoria de generosidades de MANUEL SUEIRO DE ACEVEDO, DE LISBOA, y de su hermana MARIA URSULA {Forc., X, 297), la que lleva la fecha de 1762, y heráldica... (nota mía perdida la, de estos escudos). Armellini en su libro (1891, la 2.» edición) (en el cual no suele hacblar de pinturas, al historiar las iglesias roma¬ nas) admira "algunas" pinturas, en la iglesia, de una pintora monja en la casa, llamada María Eufrasia Benita, de las cuales dice notable una Natividad. La Comunidad de las carmelitas teresianas de este templo, hoy subsiste trasladada al campo, a una legua de la urbe, en Cento-celle: no visitado por mi el nuevo templo. 18 CAP. 89. SANTI-QUARANTA-MARTIRI-E-SAN-PASQUALE-BAYLON En el Trastévere, calle de S-Francesco-a-Ripa (no deniasiado cerca de esta última, primitiva casa franciscana), está la iglesia de los frailes franciscanos españo- les-füipinos. Era más antigua, y ellos la reconstruyeron. Esto fué en 1764, dedi¬ cándola de nuevo al santo español, aragonés, después valenciano, S. Pascual Bai¬ lón; pero manteniendo la dedicación anterior (desde el siglo XII) a los Cuarenta Mártires de Sebaste (Armenia), llamada casi siempre "Santi-Quaranta". La vieja iglesia, Clemente XII, Corsini, en 1736, la había dado a los franciscanos españoles de la reforma de S. Pedro de Alcántara, el santo extremeño que vivió en Portugal (véase el cap. 2.° de S-Pietro-in-Vaticano): S. Pascual Bailón había sido alcan- tarino. El poco afortunado arquitecto fué Giuseppe Sardi (1680-f 1753). Como desde León XIII, Pecci, los alcantarinos se vieron reabsorbidos en los franciscanos observantes, la casa, a fines del siglo XIX, fué temporalmente la residencia de la Curia Generalicia de la Orden, que es por cierto la que cuenta con más número de religiosos, frailes, en el Orbe. La bóveda de la nave la del crucero muestran dos conjuntos de apoteosis y de S. Pascual Bailón, elsimplicísimo pastor y extático santo de la Eucaristía (a quien el propio León XIII declaró solemnemente Patrono Universal de las Obras Eucarísticas); su cuerpo, en Villarreal, provincia de Castellón; pero naciera ara¬ gonés. Tales frescos son de Pannaria (fechas desconocidas). De los lienzos de altar, todos también del XVIII, citaremos los de santo o de pintor españoles. En la i.® capüla derecha, extraña refundición en un cuadro de S. Antonio dePadua, portugués, del siglo XIII, y S. Diego de Alcalá, andaluz, canario y castellanizado después, del siglo XV, mostrando el uno y venerando el otro la pintura de la Santísima Anunciada de Florencia; el lienzo es de Giovanni Sorbí (sin fechas). 2.^ capilla derecha: excelente cuadro del alemán Lambert Krahe (1712- t ^790)> cual si fuera un Goya muy de la juventud, en el cual S. Pedro Alcántara, extremeño, aportuguesado, vestido de casuUa verde, da la Comunión a Santa Teresa de Jesús, y, según ésta creyó ver, le asisten al Santo, de diáconos, y con dalmáticas rojas, arrodillados, S. Francisco de Asís y S. Antonio "de Padua" (de Lisboa): es lienzo sugestivo. 3.a capilla derecha: S. Pascual, de un Salvador Monosilo (siglo XVIII.) 19 Crucero a derecha: Martirio (en Marruecos) del Beato Juan de Prado, ita¬ liano, pero salido de convento de España (y en Santiago sus restos), pintura del ya citado Pannaria. Al altar mayor, cuadro de los Mártires de Señaste, que se dice en Roma, que es obra de un desconocido Luigi Tussi; pero que en la Academia de San Fernando, de Madrid, hay boceto o pequeño original del mismo, con variantes; y es cuadro de Maella, que podía ser el modelo del de Tussi. Al crucero a la izquierda, cuadro del Bautista, excelente copia por el español Joaquín Durán de un original conocido en Roma de... (?). De Durán (Jaime, Joaquín) ha hallado el ya difunto alemán Noach — gran rebuscador de noticias pero llamado en libros parroquiales romanos — que hasta tres veces se casó en Roma (en 1734, 1738 y 1763), y murió en Roma entre 1772 y 1798, habiendo nacido por 1709 (datos de la parroquia de St-.Ándrea-delle-Fratte). No se le conoce otra obra. No es la misma persone de Gabriel Durán, nacido en Vich por 1749 y muerto en Roma en 1806, pintor y diplomático. De San Pascual, titular del templo, aunque con los Cuarenta mártires de Armenia, es el fresco del Hima- fronte a la calle; de los Cuarenta, en cambio, el lienzo del retablo mayor. 3.^ capilla de la izquierda: Sagrada Familia, de Francisco Preciado (1713- f 1789), español, no de lo mejor suyo. Fn la sacristía, lienzo grande, acaso procedente de un pequeño refectorio de la casa, de artista italiano no conocido, en el que se representa otra legendaria nota de las relaciones de Santa Teresa de Jesús. Fsta, a derecha, y una duquesa, ambas en pie, ven cómo aparece Jesús y le pone en la boca a S. Pedro de Alcántara un bocado de las frutas o manjares con que la Santa le quiso obsequiar, y el Santo hacía que comía y no los probaba en realidad. La heráldica en el templo da un escudo, que quizá quiso ser el real, español, y no lo alcanza a ser; pues acuar¬ tela solamente el león, con Nápoles (éste, con los cuarteles en pal de Aragón, Hungría, Anjou y Jerusalén). La iglesia anterior a los alcantarinos había correspondido a un hospital adjunto: hasta el pontificado del 2° Papa Borja, Alejandro VI. La refundición de la Orden Alcantarina en la de los Observantes fué en1897. Aunque los alcantarinos se extendieron casi exclusivamente por las Españas (incluso las lusitanas) de uno yotro mundo, y por Italia, llega¬ ron a contar en los altares hasta 16, entre Santos y Beatos propios, y a tener en tiempos, no menos de 20 "provin¬ cias". No probaban ni carne, ni pescado, ni huevos, ni... vino. 20 CAP. 90. SANT-ILÛEFONSO (IN-VIA-SISTINA) Se llama oficialmente esta iglesia de S. Ildefonso y Santo Tomás de Villa¬ nueva, dos santos españoles, metropolitano de Toledo en el siglo VII y de Valencia en el siglo XVI, uno y otro Obispos. Y fué de fundación de los agustinos recoletos españoles, los iniciadores de la "descalsez" o "recolección", es decir, de una forma de rigidez de regla y ascetismo más acusado, en esa como en otras órdenes, nacidas en España en los fines del siglo XVI o principios del XVII. Hoy la habitan o sirven todavía los recoletos agustinos españoles. Y la fundación fué al exterior de "Capo- le-Case", como otras iglesias españolas próximas (St. Isidoro, S-Giuseppe, y en cierto modo, S.®'-Maria-dell'-Idria); entonces afueras del poblado, en ensanche. Se dice edificada en 1619, con planes arquitectónicos del P. Giuseppe Paglia, que era sicüiano. Su interior, después, se ornó elegantemente: tipo de salón, con bellas pilastras, y a cada lado dos capillas en los intercolumnios (interpilastras) amplios, y dos hornacinas de estatuas en los estrechos. La bóveda, para su fecha, es curiosa: esquifada (pero la planta cuadrangular alargada) en sección apuntada, o mejor diré ovalada (plantado el óvalo), y penetrada de lunetos también: éstos agudos y de tres tamaños distintos; y todo "justificado" a la vista por una red de . bandas. La unidad del detalle decorativo se acusa en los cinco frontales de altar, de policromía rica en los florones de fina labra de las escayolas, y con el símbolo (el ' agustiniano) al centro. De reciente ha pasado al nuevo retablo mayor un lienzo hasta ahora en la capüla 2.®' izquierda: lo creo español, de artista bastante próximo a la fecha dicha de 1619. En hábil combinación (aunque se supone de dos tiempos), la Virgen al cen¬ tro, dando la casulla a S. Ildefonso, a la derecha; es decir, el tema toledano de la "Descensión"; y a la izquierda, Santo Tomás de Villanueva dando limosna a pobres. La posibilidad de ser esto último un añadido, acaso lo explicara la crono¬ logía: la canonización del arzobispo de Valencia, el manchego, Santo Tomás, fué en 1653, por Alejandro VII, Chigi. También pudiera parecer el lienzo de escuela valenciana próxima y posterior a tal fecha. En la capilla que dejó vacante, cuelga a un lado otro lienzo, que parece español y bastante posterior, de la Virgen, y abajo el pueblo peruano de Copavacana, donde apareció a un indio una pintura semejante. Precisamente la iglesia de Madrid 21 de los Recoletos (por donde hoy está la Biblioteca Nacional) tenía magna y famosa capilla, de devoción popular, de la Virgen de Copavacana. gran En la i.a capüla (de la izquierda, también), el lienzo grande de altar, viejo, de siglos, es la de Virgen mexicana de Guadalupe, aparición y entrega del lienzo a unos indios en el siglo XVI (a principios), y que se Uamó de Guadalupe, por haber dicho un fraile jerónimo que se parecía a otra de Guadalupe de Extremadura: no por cierto a la famosa de este famosísimo monasterio, sino a una de talla, en lo alto del coro y obra rigurosamente fechada en el último decenio del siglo XV. Además, vense, en la misma capilla, otros cuatro cuadros de la misma leyenda de la Virgen mexicana de Guadalupe, cual si hubieran sido colaterales del grande, en un solo complicado retablo "a la española". Los cinco parecen ser obra de un mismo pin¬ tor, y éste ha de ser uno de aquellos pintores de México, que ahora vamos cono¬ ciendo bien, de los del siglo XVII. En Roma, pero modernas relativamente, hay otras más fieles reproducciones de la Virgen mexicana (en S-Nicóla-in-Carcere, véase cap. 134, y en iglesita propia en los barrios nuevos, Via Salaria, n.° 225); pero esto de tener esta iglesia de San Ildefonso copias, y antiguas, de las imágenes del Perú y México la constituye en la más antigua iglesia americanista de la urbe, y redunda en alabanza de los fundadores del templo, los "ermitaños" agustinos descalzos "de España y de sus Indias". El beUo cuadro español, de la segunda mitad del siglo XVII (pensé en Alfaro o Donoso, sencillamente por saberlos en Roma por entonces), es el de la 2.^ en capilla a derecha: en alto, la Virgen y el Niño; a izquierda, S. Agustín, y a derecha, su madre, Santa Mónica. Es tradición de la que los cuadros grandes citados son de un pintor espa¬ casa ñol, de Murcia, y desde luego se acuerda uno del nombre de Villacis; pero el estilo del cuadro de los titulares, firme y duro, no casa con el más suelto y dulce del último artista citado. En el convento de esta iglesia está la Procura y Casa General de los Recoletos, acaso desde el mismo año 1619. La reforma agustiniana recoleta comenzó en España en 1589; la separación de los Calzados terminante ya en 1612 (?). Son los Beatos de la Orden, el Beato Vicente de Albufeira (Portugal) y el Beato Francisco de Jesús de Villa Medina (España). CAP. 91. EN EL GESU-E-MARIA-AL-CORSO « Es de agustinos reforrnados, y es la reforma creación española; pero esta casa no es de los españoles (de quie¬ nes es concretamente la de Sant-Ildefonso; véase su capítulo 90). En la I.® capilla de la izquierda, el altar está dedicado al español, manchego y arzobispo de Valencia, Santo Tomás de Villanijeva, agustino anterior a la reforma de los Recoletos, "calzado", en consecuencia. El lienzo, que tiene un aire, en parte, de siglo XIX, y que en realidad es del XVIII, dícese obra de Garófoli, un malogrado discípulo del Conca (de fechas no conocidas). No se le reconocería al Santo, pues va de fraile ,joven, y no de obispo, si bien lleva la cruz pectoral de los prelados: el gentío de pobres a quienes socorre, pediría bolsa prelacial, y no bolsillico o codera de manga frailuna. Esta casa conventual es de los Descalzos Agustinos de la Congregación de Italia y Alemania, con cosa de 100 frailes, y aquí su casa generalicia y su Procura. La reforma, sin embargo, la efectuó en España el P. Luis de León. 22 CAP. 92. SANT-ISIDORO-AL-PINCIO (0 A-CAPO-LE-CASE) Laiglesia de St-Isidoro, del arquitecto Antonio Casani (sin fechas), no es de S. Isiàoro el metropolitano de SeviUa, polígrafo caudal en toda la Literatura de la Edad Media, sino de S. Isidro Labrador, de Madrid, un pobre jornalero del campo, nacido mozárabe, del siglo XI al XII. Cuando se le canonizó, a empeño de los Reyes de España Felipe II y Felipe III, en 1622, adquirió en Roma nom¬ bradla y devoción en la urbe, y también, con más fácil explicación, en la campiña, y tuvo y tiene sendas iglesias. Esta, urbana, la fundaron españoles, y la edificaron en las afueras de los barrios poblados; pero dentro del inmenso perímetro de los muros aurelianos, lado del Pincio, y en una de sus colinas o estribaciones. Urbanizada, después de 1870, toda la hoy zona lujosa de la antigua viUa-Boncompagni-Ludovisi, desde la ya céntrica plaza del Tritone, se enfüa su fachada a través de recta calle no ancha, rampante, y sobre escalinata de casi 50 escalones (que es toda la calle), y así se vislumbra arriba desde lejos la estatua del santo madrileño en la fachada barroca; ésta se ve toda bien encuadrada por entre el caserío. Está nuestro labrador a derecha del espectador, ocupando, en cambio, la tan alta hornacina de la izquierda S. Patricio, el gran Patrono de Irlanda (y de Lorca en el reino de Murcia; pero esto, por haberse ganado la heroica ciudad de poder de los moros el día de S. Patricio). Es que los franciscanos de la reforma española de S. Pedro Regalado, el caste¬ llano viejo (n. Valladolid 1390-f Aguilera 1456, el 13 de Mayo) que fundaron y construyeron la iglesia, (creo, y no los alcantarinos), pronto se retiraron de Roma, heredándoles toda la fundación a solos dos años, los franciscanos irlandeses obser¬ vantes, los que todavía la sirven. La caUe-escalinata, todavía, sin embargo, se llama Via-di-St-Isidoro; la plazo¬ leta, Piazza-di-St-Isidoro, y asimismo la iglesia de St-Isidoro, construida ésta en 1622 por el poco conocido arquitecto Antonio Casoni (fechas desconocidas). En la dicha fachada, a su vez elevada sobre la plazuela por varias decenas de esca¬ lones más, en escalinata, se dií:e en grandes letras "D(ivo) Isidoro Agrícola dicatvm", y la estatua del Santo, con su pala, se acompaña (y la otra al otro lado, también) de gran cornucopia, símbolo agrícola, a guisa de adorno arquitectónico. Esa fa¬ chada la hizo tardíamente otro arquitecto, Bizzocheri, no muy conocido (... 1700... 23 17I5-")' discípulo de Carlo Fontana, y el mismo que dió ornato a tres capillas de S.^-Maria-di-Monserrato. (Véase cap. loi.) El interior (cruz latina, dos capülas a cada lado antes del crucero, y una absidal a cada lado de la mayor) está muy llena, aparte de los retablos (uno por cada uno de las siete capillas), y muy adornada, de ricos monumentos sepulcrales de los si¬ glos XVII, XVIII, XIX, y con pinturas murales (a veces) y de bóvedas. Pero repasándolas y examinándolas, entre nombres de diversas nacionalidades, sólo haUo un sepulcro español, bello, y sólo el altar mayor, que está dedicado, aun hoy, a santo español, a S. Isidoro; claro que además hay capüla, dedicada a S. Antonio de Padua, es decir, de Lisboa, portugués, en ésta como en todas las iglesias fran¬ ciscanas, y ahora también en casi todas las no franciscanas. El lienzo de S. Isidro es el más notable, no excesivamente grande, pero bello y propio, como obra de Andrea Sacchi (i6oo-f 1661), el más, para españoles, aceptable y grato pintor religioso de la Roma de los siglos barrocos. Ahora que ni aparece nuestra fisonomía del Labrador, ni se le ven las notas icónicas que tene¬ mos por propias suyas; pues va sin yunta de bueyes, sin la aguijada, sin vestir el coleto, sin azamarrarle calzado. Viste veste de bella entonación roja clara; la que, como la túnica rojo-morada de María, con manto azul intenso (pues es Aparición de la Virgen con el Niño al pobre criado en la labranza de los Vargas madrileños, estando en el campo), son colores que juegan bien, con distinción e intensidad de colorido, con los rosicleres de la lejanía, el azul del cielo y los verdes de los campos. Hay (capilla cabecera, lado evangelio) un San Francisco recibiendo los estigmas, que se dice en Roma ser lienzo de escuelaespañola del siglo XVII, y que a mí no me recuerda a ninguno de los pintores cuyo estilo conozco, no creyéndolo español, por tanto. El yacitado sepulcro está en el brazo derecho del crucero, a su pared, al lado de la capilla que hace pareja con la de S. Francisco. Esta es la de la Concepción, .con cuadro de Maratta (1625-t lienzo (otro igual y mejor en las salas reser¬ vadas del Palacio Vaticano) que es, por cierto, el modelo que se escogió por el Cardenal Lorenzana (o por su encargado en Roma) para que, copiado a mosaico, y con admirable perfección, en los talleres vaticanos, llevárase después a colocarse cual retablo en la Capilla Mozárabe de la Catedral de Toledo, donde malamente se suele decir que es de original de Guido Reni: tipo es de Virgen madre con Niño y alcanzado Satán al suelo. En esa capilla hay, lujosísimos, barrocos, beminescos, grandes sepulcros a derecha e izquierda: de varios, agrupados, miembros de una de Silvas; pero, a pesar del apellido, familia no española. Elespañol, enterrado donde dejo dicho, es (tradúciendo casi íntegra la ins¬ cripción) ALFONSO MANZANEDO DE QUIÑONES, noble, de Valladolid, canó¬ nigo doctoral (esto es, jurisperito, y canonjía ganada a oposición) de Calahorra, Inquisidor en Barcelona y (después en Roma) Auditor de la Rota^ y a quien, por 24 su insigne doctrina y suma integridad, elevó Gregorio XV (el Papa Ludovisi, que sólo vivió dos años: 1621-23) a la dignidad (meramente titular) de Patriarca de Jerusalem. Murió a los 71 años de edad, en Noviembre de 1638, en los idus, o sea el día 13: nacería en 1564 {Forc., IX, 5). El sepulcro, a base en general de mármol blanco, está todo beUa y variada¬ mente incrustado de jaspes y otros mármoles de colores, armónicamente combinados: es, en realidad, arquitectónico, con columnas de mármol negro. Pero hay, en alto, lugar para saliente cabeza marmórea, algo así como asomada, y es cabeza fisonó- mica, de gran verdad, y no ciertamente cabeza de ínfulas, pues se le ve sólo algo de muceta y el vuelto cueUo de la camisa, un tanto desabrochado. No sólo aparece vivo, sino natural y cual pudiera gustar a un Velazquez. Barba, pero no larga, y un tipo que quizá recuerda el de la persona de Tintoretto, pero no en acusado pare¬ cido. No parece pòstuma la obra, que es de las buenas de la escuela de Bernini (i5g8-f 1680) o de la del Algardi (1595-f 1654), de las mejores de sus secuaces; pero me es imposible adivinar de cuál de ellos. En las iglesias de Roma, donde tan "catalogados" están los retablos, en eso de sepulcros pesa el forzado anónimo, con algunas excepciones. Yo no sé distinguir a los Ferratas, los Guidis, los Barattas, etcétera. Y creo que, con seguridad, nadie. "partido": al "diestro", empatados contra un árbol (que sería manzano), dos osos, que será La heráldica da un "Manzanedo"; al "siniestro" (o a derecha del que mira), el escaqueado de quince casillas, ocho llanas y la siete de contraverados, que es "Quiñones". Timbrado de capelo prelacial de seis borlas (i -I- 2 3) cada borlón. La lindaiglesia rocóco, rodeada aún, un poco, de ajardinadas terrazas, si no la gozaron los españoles, hicieron, cediéndola, un gran bien a los perseguidos reli¬ giosos de Irlanda; y también un gran servicio a la cultura histórica, pues quien nos la solicitó y logró para Colegio de franciscos de Hibernia, y para Hibemia (aún en la fachada o en el pórtico hay inscripciones en letras gaéhcas), fué el P. Wa- dings, el gran historiador de los franciscanos. Y por cierto que hay en Inglaterra un retrato suyo, notable que se cree (yo no lo creo), obra de Ribera lo Spagno- letto. Hizo pues en Roma España, lo que hizo también en Valladolid, en Sala¬ manca y en Madrid: colegios, asilos de seminaristas irlandeses, ingleses o escoceses^ católicos. En el pavimento del crucero, hacia la capilla de la Concepción, hay (?) (yo no la encuentro) lauda, de un nieto, creo, de la famosísima Princesa de Eboli del reinado de Felipe II. Pero es gratulatoria: a RUI GOMEZ DE SILVA, DE LOS PRINCIPES DE MELITO Y DUQUES DE PASTRANA, consejero real. Montero y EMBAJADOR, óptimo bienhechor del convento. Fecha de 1627. Curioso que se picaron las iniciales D. O. M., sin duda por pare¬ cer pagana la frase al Dios óptimo máximo, cuando el cristiano cree en un Dios único (Forc., IX, 3). También en el pavimento... había o hay (?) (yo no la encuentro) lauda de MARIA ANA DE GODO DE CACE- RES, que era DE SEGOVIA; está con su hijo DOCTOR ANTONIO DE ZUPIDE Y VERGARA, familiar de la Inquisición, 1631 (Forc. IX-y."). 25-V-I937. 25 í-'^r --ís-;' ■ ,--'f#sí;r? i'-^ -'F v4> c t:3Li^v ¿^re/,.-ijtt-iCî:ig> tít ; -i A-'-^ ■■ ■ ■■■ 'i-^ íS^;S|^íí? -CV ^ V »»•"» >-•_ PARTE SEPTIMA CRUZADOS, Y FRAILES DEL RESCATE DE CAUTIVOS CRISTIANOS CAP. 93. EN SANTA-MARIA-IN-AVENTINO, O DEL-PRIOR ATO-DI-MALTA En la Villa-Malta, histórica del gran Prior, ahora no sé si del Gran Maestre casa "soberano" (el actual es italiano y romano: el Príncipe Chigi), hay, en gran salón, en lo más alto, que no se deja visitar, una serie de retratos de los grandes maes¬ tres, cuyo número es ya de 76,- desde Gerardo de Amalfi, año 1113, en Jerusalem. En la tal serie figurarán, pues, un buen número de GRANDES MAESTRES ESPA¬ ÑOLES... cuadros que no he logrado ver. Los logré en 1939, y anoté los hispánicos (la serie de lienzos está completa); pero entre los papeles míos traspapelados: Notas de 1942. En el grandioso salón alto, preparado yo para la rebusca, vi en su orden cronológico de colocación los retratos de los Grandes Maestres de la Orden de San Juan españoles: JUAN FERNANDEZ DE HEREDIA, de la "Len¬ gua" de'Aragón (que fué Gran Prior de Castilla y de Cataluña), Gran Maestre en Rodas de 1377 a 1396; ANTONIO FLAVIANO DE LA RIVERA, catalán (1421-1437); PEDRO RAIMUNDO ZACOSTA (Gran Castellan de Am¬ posta), Gran Maestre en Rodas de 1451? a 1457 (véase cap. 3.°, Grotte-Vaticana); JUAN DE HOMEDES, arago¬ nés: ya en Malta de 1536 a 1553 (como todos los restantes); MARTIN GARCES, aragonés (Gran Castellan de Amposta), de 1595 a 1601; LUIS MENDEZ DE VASCONCELLOS, portugués (de la "Lengua" de Castilla), de 1622 a 1623; MARTIN DE REDIN (Prior de Navarra), 1657-60); RAFAEL COTONER Y OLEZA (Bailío de Mallorca), 1660-63; NICOLAS COTONER Y OLEZA (Bailío de Mallorca), 1663-80; RAIMUNDO (RABASSA DE) PERELLOS DE ROCAFULL (valenciano), 1697-1720); ANTONIO MANUEL DE VILLENA, portugués (de la "Lengua" de Castilla), 1722-1736; RAIMUNDO DESPUIG DE MONTENEGRO (Bailío de Mallorca), 1736- 1741, y FRANCISCO JIMENEZ DE TEJADA, aragonés (Gran Prior de Navarra), 1773-1775. Total, 13. Sobera¬ nos, como tales Grandes Maestres, y procedentes de las "Lenguas" de Castilla y Aragón: cuatro (?) mallorquines, tres aragoneses, un valenciano, un catalán, dos que no sé si los dos navarros y dos portugueses, y ninguno de los Reinos de Castilla. La iglesia, que es del siglo XVIII, 1765 (con antecedentes de monasterio basiho, en siglos lejanísimos; también fué de los templarios, hasta la supresión de su Orden a principios del siglo XIV), contiene en cada tramo de la única nave lujosos sepul¬ cros (en vez de altares): no habiendo otro altar que el mayor, cual aun ahora ocu¬ rre en todos los ritos orientales y durante muchísimos siglos era también de rigor en el mismo rito latino. Sepulcros antiguos hay algunos; pero el único de español es, como otros, del siglo XVIII; el templo es creación única (con el palacete y la plazoleta y los jar¬ dines famosos) de un genial gran artista del grabado: Piranesi (1720-f 1778), quien tiene a su vez sepulcro de gran lujo (era cruzado de la Orden), precisamente en frente del nuestro: al 2.° tramo. 29 español, al lado izquierdo, es obra de empeño: con dos bellos ange¬ Este, el de lotes en grupo movido (sobre lo arquitectónico piramidante de lo mejor del tiempo), sosteniendo paño, y levantando, torcido, un óvalo: el cual contiene, en mosaico (bueno, fino, de los talleres vaticanos), el retrato del enterrado, tocado con blanca pelucona. Debe de haberse labrado el mosaico sobre lienzo del pintor alemán Stern, Ignazio (1698-f 1746): imagínelo yo, conociéndole otras tales obras. El así efigiado, es un CARDENAL PORTOCARRERO, que no es el famoso, y que perteneció a generación posterior a aquel don Luis (el fautor principal de la herencia borbónica en el trono de España). Era el enterrado EREY JOAQUIN FERNANDEZ PORTOCARRERO, CARDENAL del orden supremo de los car¬ denales, o sea del orden "de los obispos" suburvicarios de Roma (iglesias directa¬ mente sufragáneas del Papa como metropolitano de la provincia del Lazio), y en tal concepto, obispo de Sabina. Murió el 22 Junio de 1760, de 79 años, con gene¬ rosidades para la Orden soberana y militar a la que pertenecía: nacería, por tanto, en 1681, y tendría 28 años a la muerte de su deudo, el más famoso de los dos car¬ denales Portocarreros, arzobispo de Toledo, quien murió, muy viejo, en 1709. El monumento romano, lujoso y bello, se lo hicieron después de su muerte al 2.° cardenal Portocarrero; allí se dice que lo cuidó de hacer la Orden, y su embajador Frey Lauro le Tonellier {Forc., VII, 532). Y por su riqueza es curioso el contraste (al recuerdo), con la única lauda broncínea (inmensa), ante la entrada de la sacris¬ tía de la catedral de Toledo, en la que no hay en absoluto más inscripción (según la voluntad del "hacedor de reyes") que las palabras, letras muy grandes, "Hic jacet pulvis, cinis et nihil", "aquí yace polvo, ceniza y nada", del humilde-soberbio epitafio toledano (acaso más soberbio que humilde). (No las inventó, por cierto, el Primado de las Españas aquellas palabras, sino que las copió de la iglesia de los Capuchinos, de Roma, donde el verdaderamente humilde Cardenal Barberini, capuchino y hermano del, vivo. Papa Barberini, Urbano VIII, las dictó a la piedra, y con ser él el reconstructor de la iglesia.) El sanjuanista Cardenal Portocarrero, tiene en el sepulcro su noble escudo. Acuartelado: el 2.°, Mendoza-Vega; el 3.°, Portocarrero (casa de los condes de Montijo); el 4°, Luna: apellidos bien españoles; el i.° es acuartelado en sotuer, o sea en aspa, llanos los espacios, menos el de arriba, que va cargado con cruz llana, escuadriada, la propia de las mayores dignidades de la Orden de S. Juan de Malta (en vez de la más típica cruz de 4 "flechas" de los demás caballeros). El Portocarrero romano había sido en 1722 Virrey de Sicilia (seis años) por el bando antiborbónico de la gue¬ rra de Sucesión de España; convertido mucho después, fué Embajador en Roma (1748-60) del Rey borbónico de España Fernando VI. Aspiró a ser elegido Papa en el cónclave de Clemente XIII, Rezzónico, es decir, en 1758, y con sorpresa de algún historiador que a la noticia añade estas palabras: a pesar de ser "mediocre de talento y de superficial literatura" (verdad que era para suceder a Benedicto XIV, Lambertini, el Papa más docto de los siglos modernos, quien por cierto le había hecho Cardenal en el primer lugar de los 25 que hizo e n su primera promoción). Había sido Almirante de la Orden, y fué sacerdote sólo cuando ya era casi cincuentón. El retrato suyo del libro de Guarnacci se dice pintado por Doménico Campligia, pintor y grabador de Lucca (lógz-j- después de 1762). De la misma sanjuanista Orden de Malta, cuando en la baja Edad Media se llamaba Orden de Rodas, quedan en los Foros Imperiales de Roma importantes nobilísimas partes, que el público visita, de la casa de los caballe¬ ros, apoyada en las magníficas paredes aún enhiestas del Foro de Augusto. 30 No recuerdo, en cambio, monumento ni aun noticia de la Orden del Santo Sepulcro, la que en último lugar, con los los sanjuanistas, completaba el trío de las grandes órdenes militares de Palestina. templarios y Tampoco recuerdo ni siquiera mención en Roma de las órdenes norteñas: Teutónica y de los caballeros Porta- Espadas, con ser, ambas, soberanas territoriales en la Edad Media. Y, positivamente, no tuvieron asiento alguno en Roma ninguna de las seis órdenes religioso-caballerescas de la Península española: Santiago, Calatrava, Alcántara, Avís, Cristo, Montesa. CAP. 94. SAN-CARLO-ALLE-QUATTRO-FONTANE También la Descalsez trinitaria, o sea la de la más antigua Orden de Reden¬ ción de cautivos cristianos, nació España. Y tuvo casa muy española en Roma, en aun hoy todavía predominantemente peninsular, aunque es asiento de la Curia Generalicia. La fundación esta fué bajo Urbano VIII, Barberini (1623-1644), y bien romana a la vera del palacio Barberini y de las Cuatro Fontanas (en cuatro chaflanes), cosa suya. El área del solar era de los Mattel, y la había comprado, poco antes, en 1612, el Cardenal Matteo Bondino, protector de los Trinitarios descalzos. El templo, pequeño, es lindísimo; el claustro es, también, pequeño y también lindísimo: columnas en sus dos pisos, toda una bellísima miniatura arquitectónica. Son, ambos, creaciones de Borromini (1609-f 1667), que le diputan por el verdadero padre del Arte del todavía muy futuro, entonces, siglo XVIII, aunque murió (se mató, neurasténico, porque el criado se retrasaba al servirle una bujía) en 1667, de 56 de edad; la edificación del templo se cifra en el año 1638-1641, a los 29 años suyos, y era su primera obra (el claustro es de las últimas suyas). Quisieron que el área de la iglesia fuera, justa, de tamaño, de área (¡no de forma, como se suele decir!) igual al área de uno de los cuatro pilares machos de la cúpula del Vaticano. A derecha e izquierda, los dos altares tienen titular y henzo de santo español: S. Miguel de los Santos, hijo de Vich, fundador, en la Mancha (en Valdepeñas), hacia el año 1596, de la Descalsez de los Trinitarios, aprobada por el Papa Cle¬ mente VIII, Aldobrandini, en 1599. "Aparece el Santo ante la Cruz de Cristo. Enfrente se ve al Beato Juan Bautista de la Concepción, manchego, de Almo¬ dóvar del Campo, Prior de Valdepeñas, y el gran iniciador de la Descalsez (n. 1561- t en Córdoba en 1613). Ambos cuadros, anónimos, no malos, los presumo posteriores a los de Mignard (1612-1 1695), del altar mayor, donde, ante la Trinidad, aparecen, con S. Carlos, los santos fundadores del siglo XII-XIII de toda la Orden Trinitaria, S. Juan de Mathá y S. Félix de Valois. San Miguel de los Santos nació en Vich (1589), f en Valladolid, donde se venera su cuerpo, en 1625; fué antes que descalzo, trinitario calzado. 3Ï En los soladoshay (?) dos laudas: — De SEBASTIAN MANUEL DONADO, español, de Estella, Navarra, curial, que f en 3 Noviembre de 1723 (Forc., II, 643) — Pero la segunda: de una CAROLINA ALVAREZ, fallecida en 1821, que se la dice "romana" (Forc., II, 652), y que sería de familia española. En la sacristía, cosa rara en Roma, hay cuatro policromas estatuítas españolas (¿fines del siglo XVII, escuela granadina?): de Inmaculada, de S. José, del santo Mathá y del santo Valois. En la misma, hoy, uno de los más bellos lienzos de Roma, el del titular de la iglesia, San Carlos ante la Tri¬ nidad, que seguramente procede de la iglesia provisional. Es la obra maestra de Orazio Borgianni, en su estilo más estrictamente español. Se pintó seguramente a encargo de los frailes españoles. Como se verá en mi capitulo de la Trinità-di-Via-Condotti, se ha extinguido recientemente la Orden de los Tri¬ nitarios calzados, cuyos dos antes citados santos fundadores eran franceses, y que se fundó en Francia. Como su principal propósito fué la redención de cautivos cristianos del poder de los moros, fué España su principal campo de acción en los siglos de la Edad Media, como fué Berbería en los siglos de la Edad Moderna (cuando se acrecentó la terrible importancia de la piratería berberisca, amparada y sostenida por el Sultán de Turquía). Es posible que sea exagerado considerablemente el número que suele decirse de los rescatados por los trinitarios, a base de limosnas y de las rentas de sus casas: lo cifran en 900.000. Hoy, pues, representan ya plenamente las glorias históricas de la Orden "del rescate" los trinitarios descalzos de fundación española. Parece que son, hoy, cosa de 500 los frailes; tienen en Roma, además de este S-"Carlino" y de las piadosas ruinas de S-Tomasso-in-Formis (véase cap. 95), la iglesia de S-Crisógono y la de S.»-Maria- delle-Fornaci (véase cap. 96). Tuvieron también los descalzos en Roma una iglesia francesa, llamada S-Dionisio- elle-Quatro-Fonttane, vecina de la iglesia española. Se dice que la primera fundación de los descalzos en España fué concretamente el año 1594. 32 CAP. 95. EN LAS RUINAS DE SAN-TOMASSO-IN-FORMIS Un mosaico del siglo XIII, a la calle, rondo grande, en paredón con cerrada arcada ojival, gótica, y un modestísimo arreglo de capillita sobre el arco romano del Cónsul Dolabella, es lo que resta de la primera casa romana y, en puridad, la primera casa en absoluto, canónicamente, de la Orden de los Trinititarios: de los viejos, o sean los "calzados". AUí, en efecto, recibieron la aprobación pontificia de la primera, en el tiempo. Orden rescatadora de cautivos cristianos, y aUí murió el principal de los dos fundadores, S. Juan de Mathá. (Véase en mi cap. 97: de la Trinità-di-Via Condotti, el final de la misma orden, la recientemente extinguida..., ¡la que rescató a Cervantes!) La información curiosa que voy a recoger aquí, la supe de labios autorizados primero, comprobada después en los libros. Como se refiere, aunque en tercer lugar, a un venerable o beato español, es decir, a las aventuras de la reliquia de su cuerpo, creo deber hacer aquí este capítulo aparte. En laperdida veneranda iglesia se conservó durante siglos el cuerpo de S. Juan de Mathá; pero también el de su inmediato o casi inmediato sucesor en el genera¬ lato de la Redención, de Cautivos, S. Juan Anglio (es decir, "inglés"); mas, también, el cuerpo del beato español Miguel, profeso del convento de Burgos. San Juan de Mathá, aunque joven señor provenzal, de Mathá (nombre de abolengo), pertenecía, por lo demás, a familia oriunda de Cataluña: parte de su actividad redencionista fué en España, además de Marruecos, cuyo Emperador almohade dominaba la España musulmana en aquel tiempo. Aprobada la Orden por Inocencio III en 1198, en 1209 ya se les ve en posesión a los Trinitarios del antes abandonado monasterio de S.-Tomasso-in-Eormis. Y en el convento (si no es concretamente, que no se sabe, en el hueco sobre el arco de Donabella) murió 8. Juan de Mathá: sus funerales, en 1213. Se conservó por siglos en el templo, hoy arrasado, su cuerpo, y el del homónimo inglés (doctor de París también, como lo era Mathá), y el del Beato Miguel, "el español". En las peripecias del Gran Cisma de Occidente, el General de entonces obedeció al Papa de Avignon (en cuya Obediencia estaban la casi totalidad de sus casas), y San-Tomasso-in-Eormis se quitó por ello en 1381 a los trinitarios, en venganza. t. ii.—3 33 dándolo en1389 al capítulo de S.-Pietro-in-Vaticano, con las fincas de la vieja dotación monasterial, cuantiosas. Sólo S. Pío V, Ghislieri (pontificado de 1566 a 1572) lo devolvió; pero ya fué trinitario de nuevo por poco tiempo, ignorándose la fecfia, del siglo XVII, en que todo volvió a redondear las rentas de los canónigos vati¬ canos. La irritación de los trinitarios debió mantenerse reconcentrada. Y fué entonces cuando una noche, del todo en de salteadores, peripecias como dos denodados frailes olegos, saltando tapias y aprovechándose de inesperada escala que dentro hallaron a mano, levantaron la pétrea tapa y robaron el cuerpo de S. Juan de Mathá. El Superior (instalados en otra parte de Roma) dijo que fal¬ taría la "auténtica" (la prueba documental) a la insigne reliquia, y él de su mismo puño y letra hizo dos papeles, el uno para metido en el vacío sarcófago diciendo el rapto, y añadiendo que papel de igual clase e igual letra se hallaría en el cadáver, para su debida comprobación. Precisó repetir el asalto nocturno, y con faltarles aquel día la escala y haber de recurrir a tronco de árbol y a brincos atrevidos, volvieron a la hazaña los jóve¬ nes trinitarios, y ya puestos, entonces, se animaron a rescatar también los otros dos cuerpos santos cautivos y los tres los llevaron a su buen recaudo. Pero cuando los vaticanistas canónigos se apercibieron, formóse aparatoso pro¬ ceso, proclamáronse edictos y fulmináronse castigos, penas temporales y creeré que castigos espirituales. En vista o en previsión de los cuales y antes de las noti¬ ficaciones y de la publicidad de los edictos, todos los trinitarios, que decían que habían contraído obhgación de conciencia de vivir siempre con tales reliquias, no menos clandestinamente las sacaron de Roma, embarcáronse con ellas en Génova, atravesaron con eUas media España y depositaron las tres preciosas cargas en la Trinidad Calzada de Madrid. Pero lo supo ante sus actitudes, Felipe IV reclamó y Uevó la Curia pontifical, y a su Alcázar de Madrid los cuerpos santos, primero; y después, quizá con planes secretos ya previamente pactados, los entregó en la Nunciatura de Madrid. Ahora, lo inesperado. La Nunciatura los vino a "devolver", pero no al Rey ni a los Trinitarios Calzados de la Trinidad de Madrid (alto de la calle de Atocha, al lado S. de eUa), sino a sus semihermanos (hermanos de hábito, de devociones, de redenciones..., pero no muy cordiales hermanos) los Trinitarios Descalzos, españo- lísimos, del Jesús del mismo Madrid (junto al palacio de Lerma y Medinaceli); se ve que la fórmula entrañaba castigo, al fin y al cabo; y en cuanto a los canónigos romanos..., una mayor tranquüidad en la posesión definitiva de San-Tomasso-in- Formis, o sea en el disfrute de sus pingües rentas. Todo está documentado. Los hermanos legos del sacro rapto se llamaban Gon¬ zalo de Medina y Giuseppe Vidal, dos nombres bien españoles. El suceso de los rap¬ tos piadosos, en Roma, tiene fecha conocida: el 16 Marzo de 1655. Esta es la historia, solamente curiosa en puridad, por tardía, por ser del si¬ glo XVII; pues en la alta Edad Media los raptos de cuerpos santos eran frecuentes en toda la cristiandad, se pregonaban gloriosamente, y aun lo fueron más, cuando las cruzadas, cuando de más lejos se trajeron muchos cuerpos santos del Oriente al Occidente. 34 Sólo que yo, que si no soy historiador de Madrid, he sido el único que ha dado cursos de Historia de Madrid y de Historia de las Iglesias de Madrid, lo ignoraba todo, todo esto. No creía (y lo decía) en Madrid más cuerpos santos que los de 8. Isidro Labrador y su esposa Santa María de la Cabeza, y el de la Beata, merceda- ria, Mariana de Jesús; ¡y... 8 tan discutibles supuestos mártires de las Catacum¬ bas, que el, en Europa, casi omnipotente primer ministro de Felipe III, duque de Uceda, lograra se le dieran para las monjas del Sacramento, convento de su funda¬ ción y junto a su palacio, cuerpos "santos" que vi en la gran capiUa de reliquias, ignorada de todos en la clausura, en una visita mía! (Sabida es la historia de todos esos cuerpos catacúmbicos, la supuesta "santidad" basada, las más veces, en el sentido que es sólo simbólico del grabado de una palma en el frontis del sepul¬ cro, que a la moderna se interpretaba mal, como prueba de tratarse de un mártir de nombre conocido o desconocido.) El Jesús de los Descalzos, por incluido en el total perímetro del palacio de Lerma (el padre de Uceda), no fué en el siglo de Mendizábal destruido revolucionariamente; hoy reconstruido, es gran iglesia de capuchinos, no ya de trinitarios. Parecido caso fué el de la Trinidad (calzada), cuya iglesia yo conocí, con pisos postizos a medias alturas, parte del viejo Ministerio de Fomento. Ignoro que ni en el Jesús actual, ni en otra parte de Madrid, como se hablara de reliquias de los tres bienaventurados. En la capilla del Ave María, me dicen, hay anepígrafa arco no sé si broncíneo de reliquias veneradas... que se ignoran. Tal capilla, subsistente, era de los Calzados: a la parte opuesta de su convento. Nota adicional (de 1941). En los"propios" de la diócesis de Madrid, se rezos reza un día de dicha traslación de las rehquias. Hoy conservado el cuerpo del Santo en la iglesia de las Trinitarias, donde yace también Miguel de Cervantes Saavedra. En las "lecciones" de tal rezo anual se dice muy abreviadamente lo que aquí dejo yo relatado. CAP. 96. S.a-MARIA-DELLE-FORNACI Iglesia, antiguo aislamiento, que estaba como olvidada al sur del Vaticano y en su afuera de murallas y de la antigua y derribada Porta-de-Cavalleggieri (v. cap. 237). Al pie de la doble escahnata extema, una inscripción (latín) todavía dice: "Colegio para las misiones de los Padres descalzos de la Trinidad de la Redención de Cauti¬ vos: 1721". Pero se sabe que fué, en sitio de ermita antigua, hecha edificar por los Trinitarios españoles, en 1683, y que fué el desconocido arquitecto del templo Francisco Multo (el apellido, español, valenciano "Moltó", conocidísimo). Y con ello resulta ser el templo único en Roma (y en general, el monumento moderno único en Roma) de arquitecto español. Salvo el ábside (cuadrado y semicírculo), el resto es de planta cuadrada, cmz griega, muy altas las bóvedas y mucho más alta la cúpula central. Hace efecto de 35 grande el interior, y haría efecto de muy bello de masas y proporciones, si las cua¬ tro capülitas angulares estuvieran, como abiertas están a la nave del eje, igual¬ mente abiertas a la del crucero: constructivamente era eso y es posible; pero, sin duda, las exigencias de acapillarlas más, y no como pasos de templo de tres naves, debieron obligarle a Multo o Moltó a cambiar, en la realización, el noble proyecto. Es edificio "latericio", es decir, que es de ladrülo, y el interior (salvo una capüla) de sólo revoque pintado imitando piedra, travertino, en solas las püastras (todas corintias), el entablamento, los zócalos, etc. Ningún altar está dedicado a santos españoles en su retablo; pero como los Des¬ calzos no tienen otros que los tales, cuadro pequeño del fundador de la descalsez trinitaria, el catalán, de Vich, S. Miguel de los Santos se ve ante el gran retablo de Santas Inés y Catalina (crucero izquierda); y otro igual presidiendo el coro tras del altar mayor, y cuadro pequeño, del Beato español, manchego, Juan Bautista de la Concepción, ante el altar del Calvario, también a izquierda. Hoy es también, a la vez que de convento, parroquia nueva de barrio de ensan¬ che, como otras muchas iglesias monacales de Roma. El colegio misionario, que aquí existió en el siglo XVIII, que, como el de los mercedarios, también sería de abolengo y de empeño español, fué suprimido por Napoleón. 36 CAP. 97. SANTISSIMA-TRINITA-DI-VIA-CONDOTTI Esta bella iglesia céntrica, hoy de dominicos españoles (de la provincia "del Rosario", o sea la de Filipinas, pero con las casas principales en España), fué cons¬ truida por prelado español de América, espléndido, para su Orden de Trinitarios Calzados, en su provincia llamada "de Castilla, León y Navarra", entonces, en el siglo XVIII. Y en tal casa, al finalizar el siglo XIX, por caso anómalo y curioso, vino a extinguirse en el mundo la dicha gloriosa Orden religiosa. Era de las igle¬ sias españolas, oficialmente, y desde 1734, bajo el regio Patronato de los Reyes de España. El espléndido fundador, enterrado en la sacristía, en alto, con esculturas barro¬ cas de Gaspare Sibilla (siglo XVIII) (escultor, de quien es, menos la figura del Papa, el sepulcro de Benedicto XIV, Lambertini, en S.-Pietro-in-Vaticano), fué FRAY DIEGO MORCILLO (O RUBIO MORCILLO ?) Y AUÑON, que sucesiva¬ mente había sido Obispo de Nicaragua, de la Paz, de la Plata o Charcas, en Bolivia, y ARZOBISPO DE LIMA, y allí dos veces Virrey y Capitán General del Perú. Nació en Vülarrobledo (Albacete) en 164g y murió en Lima en 1739, de 90 años. Su escudo es acuartelado: i.°, barra (o acaso faja, en oblicuidad barroca) ajedrezada entre i + i estrella; 2.°, barra con lunita, con estrella al centro y castillo; 3.°, 2 -j- i -f- 2 pamelas; 4.°, águila explayada (Forc., III, 662); las restantes inscripciones del templo, referentes, todas, al fundador. {Forc., III, 661), bajo el órgano a los pies; 663, pintada, de la primera piedra en 1741, 29 de Septiembre, es decir, dos años después de la muerte del funda¬ dor; la 664 es la de la consagración por el segundo CARDENAL PORTOCARRERO (véase cap. 93 de S.^-Maria- del-Priorato-di-Malta), en 29 Setiembre de 1750, entre las solemnidades de aquel año de Jubileo). Duró, pues, la obra 9 años, día por día; pero el Prelado no la pudo reahzar, ni desde América. Pero sí pudo, con dificultad, remitir sus larguezas de "jándalo", "perulero", antes de morir; en una nave inglesa, una vez, remitió 60.000 pesos, que se perdieron en un naufragio; al saberlo Morcillo, remesó inmediatamente y 200.000. Con tales otras compraban solares, en 1733, para el templo remesas y se y para el convento, al Este de la iglesia, y, al Poniente, también para un como pala¬ cio al Corso, con excusa de Hospicio para seglares: mansión que a la Curia papal pareció mal, por lo de ser ello en una casa religiosa, al haber de recaer con sus bal¬ cones a lo mundano del Corso. Todas estas edificaciones subsisten, pero desamor¬ tizada la parte del Corso. Se llamaba la Trinità "del Riscatto'"; pero los frescos de la cúpula protestan 37 acaso, silenciosamente, de esa traducción italiana de la palabra "redención" (de cautivos), que es frase de otra sublimidad que la de "rescate". L'os ejecutores del programa del ya difunto Morcillo, los frailes trinitarios cal¬ zados españoles, recurrieron a muchos artistas, arquitectos, escultores y sobre todo pintores, y de todo se conserva detallada memoria: unos españoles, otros italianos; de todos se conserva, digo, documentación, y bien resumida en libro del dominico de la casa P. C. Blanco, en la serie ilustrada de las "Chiese di Roma". La iglesia, como rotonda oval,siete capillas, es de arquitecto portugués: con Emmanoele Rodrigues dos Santos (1733-f 1771), de quien apenas se conocen obras (en el Thieme, sólo se le cita ésta); pero la fachada y la decoración del interior fueron del arquitecto español José de Hermosilla y Sandoval, que tanto trabajó después en Madrid (natural de Llerena, Badajoz, muerto en Madrid en 1776): ingeniero militar. Las estatuas, de un francés y de dos italianos, en la fachada. En el interior, mucho que anotar, aun citando solamente lo de artistas españo¬ les o lo de santos españoles. En la i.» capilla izquierda, de,Santa Inés, los lienzos colaterales (escenas de la Santa, también) los creyó atribuïbles a Espinosa de la Torre. 3.» capiUa izquierda, la Inmaculada, titular de eUa, es de Francisco Pre¬ ciado de la Vega (1713-I 178g), de 1750, Preciado, el jefe, en Roma, de pensiona¬ dos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Academia madrileña (de que soy numerario) que tiene única colección española de cuadros, donde hay, y yo los catalogué, varios cuadros de Preciado. Los óleos colaterales de la Asun¬ ción y la Anunciación son de un desconocido Miguel Espinosa de la Torre, que parece discípulo de Preciado. En la capilla mayor, el gran cuadro de la Trinidad y Redención de Cautivos, no es de español, sino de Coreado Giaquinto (lógg-f 1765), que, por lo que supongo, de aquí saldría para pintar tanto y tanto en el palacio real de Madrid; pero son de Antonio González Velazquez (1729-f 1789) las restantes pinturas: las colaterales, óleos, del Papa Inocencio III dando los primeros hábitos trinitarios a S. Juan de Mathá y sus compañeros, a izquierda, y la visita en el yermo del joven fundador a su cofundador el anciano eremita S. Félix de Valois, a derecha. En las pechinas (no los Evangelistas, como se dice), Moisés (al fondo izquierda) y tres Profetas no precisables, al fresco; y en la cúpula especial del presbiterio, a Abraham en adoración, en "proskynosis" (de bruces al suelo), ante los tres Angeles, que le visitaron, símbolo de la Trinidad (es lo que se ve desde la iglesia), y el resto de la hemisfera, el campamento de Abraham, Sara sacando pichones de caja para el ban¬ quete a los tres huéspedes. Agar aparte, etc. Magnífica la mancha del ropón de Abraham; el resto, poco, o más, o mucho más estropeado, pero además de diversas manos: ante los algo deshechos Angeles pensé hasta en colaboración de Goya joven, por notas valientes y por mala técnica fresquista a la vez, cuando Antonio Gon¬ zález Velázquez, después en España, como sus dos hermanos Luis y Alejandro, y como su hijo Zacarías más tarde, fueron escrupulosos en eso de la técnica del fresco, y nada de valientes y despreocupados como lo fuera siempre Goya fres¬ quista (Agar es de mano adocenada), etc. Pero los frescos de pechinas de González Velázquez están documentados en (Octubre) 1748 y Goya era entonces un niño. 38 otras pinturas de la iglesia, las de A. Cabale, llevan, sí, firmas de 1766, 1779. González Velázquez volvió a España ¿haríase la pintura de la cúpula presbiterial más tarde que la de las pechinas?; no lo creo lo en 1773...; más probable; pero en tal hipótesis cabría la imaginaria pensada colaboración. En la panda inmediata al templo del estrecho claustro del convento, han sido colocados los lienzos de varios altares, con santos trinitarios, al convertirse el templo en dominico, necesitando, por ello, un altar del Rosario, y otros de S. José y el Corazón de Jesús: éste es de talla, y aquéllos, de malos lienzos de un fraile dominico español, andaluz, Luis Santiago, por 1890. La Intendencia de Bellas Artes del Estado tiene mandado que se repristine todo eso. Desde lapuerta de la calle del inmediato convento, el primer cuadro, en la panda de claustro, es el de S. Juan de Mathá (procedente de la 2.^ capilla iz¬ quierda), y el 4.°, S. Félix de Valois (de la a.®' capilla derecha), que son de pinto¬ res italianos; pero el 2.° lienzo, el del español (floreció en Madrid) Beato Simón de Rojas (procedente de la capilla del Corazón de Jesús, al ingreso a la iglesia, a derecha): está firmado por Preziado de la Vega y por él fechado en 1767. Y el S. Miguel de los Santos, español, catalán, de Vich, principal autor de la Descal- sez Trinitaria, que hizo brotar en Castilla, es lienzo que se atribuye también a Preziado (procedía, como el Buen Pastor también, de la capilla a derecha del in¬ greso del templo). Preziado era sevillano, discípulo en Sevilla del excelente pero bastante e injus¬ tamente olvidado pintor Domingo Martínez (obra principal de éste en S. Lesmes, de Burgos), y después fué discípulo de Sebastiano Conga en Roma; aquí casó con artista miniaturista, Caterina Cherubini (véase cap. 212 de la Galleria-della- Accademia-di-San-Luca); él nació en 1713, vino a Roma en 1732, y en segundo y definitivo viaje en 1758, falleciendo en Roma en 1789; enterrado en Santa Susana (véase cap. 151) (Forc., IX, 1066). En la 2.® panda (del fondo) del mismo claustro está el lienzo del Buen Pastor, que parecería de Preziado, y cuya reducción creo recordar tenerla catalogada como obra de Preziado en mi Catálogo de la Academia de San Fernando. Pero veo aquí, de la información documental, que es obra de Antonio González Ve- lázquez (está restaurado por Rodolfo Marinelli): se le sacó de su lugar en 1904. Próximo, en pared que interrumpe la corta ala del fondo del "claustro", se ve una gran tabla cincocentista de la Ascensión, del siglo XVI, y de un manierista, pero más adepto a la tradición de Leonardo que a la de Rafael o Miguel Angel; que es como decir: claro menudencia de trazo, sentido todavía de la devo¬ oscuro, ción del siglo XV...; es como decir, "a la española", y no a la italiana, en la era manierista. Se acerca en muchas Juan de Joanes, el valenciano; en otras, cosas a a lo del castellano Correa (de su primer estilo y mejor), y a lo del andaluz Luis de Vargas (1502-f 1568). Con ser, esos tres, tan italianizados pintores, y entre sí algo diversos, dan nota del todo común con la gran tabla; la cual ya está repro¬ ducida en el librito del P. Blanco. Tiene cartela de firma, de varias líneas, pero atrazos a pincel en rectas bailari¬ nas o en falta casi toda la primera línea de cinco que tiene (cuatro y el año), curvas; en la que estaría el nombre; y el apellido y naturaleza se leen muy mal, aun mon¬ tado yo en escala y sacando facsímil; la mitad final, sin sombra de duda dice: "... sis 39 pixit F die I Marzi 154S". La primera palabra de la primera línea acababa en "...us"..., y lo restante subsistente es la 2.^ Hnea, donde el P. Blanco creyó leer "fintus fanen", y yo digo que no dice tal, pero no sé lo que dice. No lo sé, pero aun cabría (??) el "hispalensis" (??). Por otras razones, eUo aparte, pienso en Luis de Vargas (¡además, tan amigo de firmas largas!), y me vendría bien el "(A Alois)us... hispalensis pixit". No desespero de hallazgo en esta meramente erudita "investiga¬ ción de la paternidad". CAP. 98; APENDICE LA EXTINCION DE LA ORDEN TRINITARIA En esta iglesia y casa vivían, bajo León XIII, los tres últimos fraUes trinitarios calzados de la cristiandad; los tres, españoles. La otra Orden (la de fundación española) de trinitarios descalzos, había podido sobrevivir mejor a las exclaustra¬ ciones y desamortizaciones "liberales" del siglo XIX en los países católicos. Pero la primogénita, de calzados, estaba en trance de extinción, ya con esta sola casa, pero casa rica y bella. El problema era lograr novicios, para no dejar morir la creación monacal de los santos franceses Mathá y Valois de fines del siglo XII, la Orden redentora o rescatadora de tantísimos cautivos cristianos, ¡incluso Miguel de Cervantes Saavedral Yo había estado muchos años creyendo que les faltaron candidatos para novi¬ cios. Y sabía ya que León XIII, Pecci, apuraba al último General (general de dos solos soldados, ya entonces) a procurar nuevos hábitos a jóvenes postulantes: creí en caso de pura desmaña. Pero he sabido hoy que fué la cosa peor, peor y rarísima. Ni aun mandándolo León XIII, quiso el General admitir novicios, deliberada¬ mente decidido aextinguir la Orden, decidido al corporativo que Uamaré "suici¬ dio". Al menos acabo de saber que negó a dos sobrinos suyos el noviciazgo, y que eUos, y por el mismo tío aconsejados, acabaron por entrar novicios de los dominicos. Un modo bien distinto de la extinción de la Orden de los Templarios, o de la de los Jesuítas..., ¡que resucitó luego! Descanse en paz el General antipático, cuyo nombre no he querido preguntar para no decirlo aquí. Así no tengo por qué ponerlo en valor negativo español frente al valor, positivo, del español Beato José Acqua- viva, el resucitador en el siglo XIX de la en el XVIII violentamente extinguida Compañía de Jesús. (Véase cap. 103-104.) Hoy, adquirida la casa por los dominicos españoles de la provincia Füipina, como queda dicho, tienen en eUa establecido un Colegio "Misionario Dominicano Español". 40 CAP. 99. DEL QUE FUE SANT-ADRIANO-AL-FORO-ROMANO, Y DISERTACION SOBRE LOS MERCEDARIOS En 1936-1937 he visto derribar la iglesia de Sant-Adriano, derribarla en todo lo que no era obra romana de la antigüedad, la mansión de la "Curia", o sea el asiento del Senado Romano; precisamente hasta varios y bastantes avanzados siglos de la Edad Media y aun en tiempos ya muy cristianos, había seguido siendo, ya cristianizado y consagrado, lugar de reunión del Senado Romano. Ya iglesia, desde el siglo VII, a la vez, en ya muchos años recientes estaba cerrada la que había llegado a ser principal en Roma de la Orden, tan predominan¬ temente española, de los mercedarios: la 2.^ en orden del tiempo de las órdenes de Redención de Cautivos cristianos. Se les ha debido de dar compensaciones por la supresión; mientras tanto que llega momento de construir otro convento e iglesia, ya se levanta en los mejores barrios del ensanche y su Plazza-Buenos-Aires, lujosísima, la nueva iglesia de la Merced, la dedicada a la Addolorata (véase cap. i8 de la Iglesia Nacional Argentina). Pero las obras de arte antiguo de la iglesia de San Andrián las conserva la Orden en una villa, muy bella, al pie del Aventino, en la Via-del-Mare, donde están insta¬ ladas provisionalmente la casa convento y la Curia generalicia de la.Orden. Ahí no caben los grandes cuadros de altar, propiamente. El que he podido estudiar, encaramado enla escalerilla de servicio, no es de santo español, sino de San Carlos Borromeo, obra maestra del españolizado gran pintor romano, y antes en Valladolid, pintor de D. Rodrigo Calderón (el del "orgullo en la horca"), Orazio Borggianni: a quien dedico un libro (elaborado en 1938). No pude, en tal ocasión ver los lienzos de altar del santo lenguadociano San Pedro Nolasco, fundador en Barcelona, hecho catalán, de la Orden de la Merced, redentora de cautivos cris¬ tianos; y tampoco pude ver el cuadro del Cardenal mercedario catalán San Ramón Nonnato. Este henzo de escuela de Carlo Maratta es (1625-f 1713), y el San Nolasco, pintado un siglo antes casi, de Carlo Saraceni (1585-f 1625); además, hay un San Pedro Pascual, valenciano. Obispo de Jaén, mártir (I en 1300): pequeño, de escuela de los Carracci; y se dice de Orazio Gentileschi, otro San Nolasco, ignoro si refiriéndose a dos cuadros colaterales. Vi (no citado en Hbros, en cambio) un henzo del aragonés Inquisidor mártir San Pedro Arbués, repre¬ sentado arrodülado ante la Virgen del Pilar. 41 La elección de tres tan excelentes pintores realistas en la Roma del primer cuarto del siglo XVII, como Borgianni, Gentileschi y Saraceni, la atribuyo a influencia estética del todo española. En efecto, los mercedarios españoles habían recibido el templo de San Andrián en 1589, de manos de Sixto V, el papa Peretti. Pero ya no en retablos, sino en obra mayor tuvo que pensarse, y en 1656 la igle¬ sia la había reconstruido el español P. ALONSO DE SOTOMAYOR, mas no, pre¬ cisamente, como engañaban los libros, desde sus cimientos; pues lo más de las paredes, bien se ha visto ahora que seguían siendo la obra imperial romana de la Curia, lo subsistente del tiempo de Diocleciano (cuando se rehizo). (Villa-Curioni, de su nombre antiguo), la aludida, En la ViUa-della-Addolorata pude ver, entre algunas salitas y pasillos, más cuadros. Es sólo curiosa la serie, que parece numerosa, y acaso completa, de (supuestos) retratos de los Cardenales mer¬ cedarios: muchos de ellos, españoles. Si aceptáramos la lista mercedaria consuetudinaria de sus Cardenales, tocaría numeráramos en los cuatro primeros siglos de la Orden a ocho españoles, aquí (creeré que todos) retratados. A la cabeza, claro está, por todas razones, S. Ramón Nonnato, quien logró la aprobación pontificia de la Orden, mártir, aunque sobrevivió al mar¬ tirio (véase cap. 102 de S. Eustachio). Después de lo cual, otro indiscutiblemente histórico: RAMON ALBERTO GOTHOLANUS (catalán), de Barcelona, el 8.° de los Maestres Generales de la Orden y el i.° de ellos no freire, sino ya fraile; en 1366. No sé si con documentos fehacientes, y antes del anteriormente citado, DOMINGO DE SAN PEDRO, de Barcelona, "I- allí en 1307. JUAN LASSO, de Sevilla, Cardenal, 1356-f 1366..., etc. (La lista res¬ tante, y aun ampliada, es de las confusas informaciones de cuando el gran Cisma de Occidente.) De los citados, claro que no cabe imaginar que se conserven verdaderos retratos fisonómicos. Pero sí de PEDRO SALAZAR, CARDENAL (en 1686) por Inocencio XI, a petición de Carlos II, de quien fué confesor y consejero. Maestre General de la Orden, Obispo de Salamanca y Córdoba (f de como 80 años en 1706). En Sant-Adriano había lápidas de españoles. Del teólogo P. FRANCISCO DE TORRES, valenciano, el que logró la instalación en el templo de los Mercedarios (Forc., II, 148: fecha de 1592).—Del noble de Murcia AMANDO DE AMANDO, f 1596 (Forc., II, 149).—Del MAESTRE GENERAL DE LA ORDEN, el sevillano ILDEFONSO DE SOTOMAYOR, restaurador del templo, fechada 1656 (Forc., II, 152).—Del fraile "celtíbero" (castellano) JOSE LINAS, que logró obras, etc.: fechada en 1692, y estaba en el claustro (Forc.., II, 156).—La citada en el capítulo del P. JOSE GONZALEZ, también en el claustro y fecha de 1788 (Forc, II, 158). Hoy los frailes, rompiendo con el antecedente secular de verdad, no quieren ser llamados en español "merce¬ narios", sino "mercedarios": la entonces novedad gramatical, recuerdo que irritaba al tan castizo y tan docto y católico catedrático de la Universidad de Madrid, que conocí (antes catedrático de la mismísima de Alcalá), e his¬ toriador precisamente de la Iglesia española, D. Vicente de la Fuente. Por complacer a los padres me someto al disgusto en el cambio de la letra, pero no olvidando al maestro. jardín de la tal Villa "Curioni" se han dejado piedras arquitectónicas y En el lápidas del templo, todo lo cual guarda en silencio un perrazo que pone miedo. No fácil (por ello) el repaso, solamente anoté una inscripción de un JOSE GON¬ ZALEZ, sevillano, de la familia de los TORRES DE NAVARRA, fechada en 1788, diciendo que restauró San Adrián, donde, añade, se creó un Colegio Pío, español, de Ciencias eclesiásticas y lenguas orientales, con la protección del Rey de España Carlos III, y a ruegos del Pontífice reinante, que lo era Pío VI, Braschi (cuyo pon- 42 tificado comenzara en 1775; la muerte del Rey precisamente en dicho 1788; el Papa sobreviviéndole hasta 1799). Pienso que las dominaciones republicana y napoleó¬ nicas en Roma malograrían la culta institución, apenas creada. La Orden de los mercedarios (también para la redención de cautivos, como la entonces recientemente creada de los trinitarios) tuvoorigen precisamente en Barcelona, en 1218, interviniendo con el fundador el ya citado su San Pedro Nolasco, francés del sur (•(• 1256), preceptor que fuera de D. Jaime I el Conquistador; también el Santo dominico San Raimundo de Peñafort (véase el cap. 58 de S.®-Sabina, y el 62 de S.»-Maria-sopra-Minerva), y también el propio Rey de Aragón Don Jaime I, en fecha en que aun no había ganado el monarca el epíteto de "el Conquistador". A diferencia, esta Orden mariana de la Virgen de la Merced, de la otra Orden de redención de cautivos, la de la Trinidad, se creó con caballeros (freires), además de los religiosos (frailes): y su General había de ser precisamente un caballero, y en consecuencia llamarse Gran Maestre; y los jefes de las casas, también caballe¬ ros, se habían de llamar Comendadores. En el primer siglo (1218-1317) capitanearon la Orden siete caballeros grandes maestres. Pero después vino a realizarse la "revolución", y la Orden de la Merced vino a ser tan estricta¬ mente frailuna o de religiosos, como la de la Trinidad: solamente conservan, como de recuerdo, el llamarles "Co¬ mendadores" a los Priores de sus conventos. Los mercedarios se cree llegaron a Roma muy pronto. Cardenal fué S. Ramón Nonnato, muerto en 1240. Han tenido en Roma otras casas además de la de Sant-Adriano: ésta recibió, en la fecha dicha, la comunidad que antes habitaba S.»-Rufina-in-Trastevere (véase final del cap. 102). Hace pocos años, por las reformas urbanas, perdieron también su casa y convento de los Angeles Custodios de la Via-Tritone (derribos en 1928). La comunidad de ella harecibido, por compensación, la iglesia de S.®-Maria-del-Pianto, junto a la vieja Judería. Han sido tam¬ bién de los mercedarios San-Giovanni-in-Campo-Marzio, S.»-Maria-in-Monterone, y lo es San-Pietro-e-Marcel- lino, de la Via Merulana. (En la iglesia últimamente citada, hay, a derecha, la S.» Teresa de Jesús (1515-t 1582), la española, avilesa, fundadora del Carmen Descalzo, en lienzo copia de obra del Domenicchino.) Siendo extremadamente corta la lista de los Cardenales canonizados declarados santos, es más de notar que apenas salte a la vista recuerdo en Roma de S. Ramón Nonnato: que por cierto es uno de los tres santos míos de bautismo, y lo es y lo fué a la vez de todos mis hermanos hermanas, vivos o difuntos. Perteneció a las primeras y generaciones heroicas de los mercedarios redentores de cautivos cristianos, y si no murió en el martirio como su compañero de viajes, el inglés S. Serapio, martirio sufrió alguna vez. En viajes de rescates estuvo en Valencia (antes de su reconquista), y en Argel, Bugía, Túnez... Nació en Portell, diócesis catalana de Solsona, y fué pania¬ guado y deudo de los Vizcondes de Cardona. Por sus virtudes fué hecho Cardenal, al parecer en 1239, y murió en Cardona (?) en 1240. Creencia es que S. Ramón Nonnato, donde visitó en ocasiones al Papa, fué en Viterbo, ciudad fuerte, la que fué en el siglo XIII, por razón de su seguridad (como Agnani, y como inmediatamente después la lejana Avi¬ gnon), la residencia de muchos pontífices y de toda su corte, y donde se celebraron, en consecuencia, muchos cónclaves. Los mercedarios son ahora de 1.600 frailes: los calzados. cosa Ignoro si propiamente subsisten los descalzos, pero alguna idea tengo de alguna casa de ellos todavía en España. En el siglo XVII y XVIII, se dice eran los cal¬ zados unos 8.000, y los descalzos, unos i.ooo. La descalsez, como las de otras órdenes, nació española, en 1603, afianzada en 1606, y en 1621 establecida la separación de los calzados. El creador de aquéllos fué FRAY JUAN BAUTISTA GONZALEZ DEL SANTI¬ SIMO SACRAMENTO. CAP. 100 EN Sa-MARIA-IN-CAMPO-MARZIO Nota de 1942. El texto de este capitulillo, es de los perdidos o traspapelados en mis viajes y los envíos entre Roma y Madrid. Al rehacerlo, de memoria, puedo sólo decir que en el tomo correspondiente (¿cual?) del Forcella, se citaban y copiaban dos o tres lápidas de españoles. Abierto de nuevo al culto el templo, dado de reciente a uno de los ritos orientales (no recuerdo cuál), pude visitarlo; pero allí no encontré ninguna de las lápidas, ni señal de arranque de ellas. Caí en la idea de haber padecido Forcella equivocación en la localización del templo, y haberlo de referir al hoy totalmente desaparecido de San Giovanni-in-Campo-Marzio, que también se llamó, a veces. S." María- in-Campo-Marzio, usando la palabra Campo-Marzio, no en sentido moderno (del barrio o "rione") sino más am. pliamente cual en la antigüedad (veáse lo dicho en mi cap. loi). 43 CAP. 101: APENDICE LA DESCALSEZ MERCEDARIA EN ROMA La Orden Mercedaria, ella también, tuvo su duplicada con la descalsez. Y como las descalseces restantes (alcantarina, teresiana, agustina, trinitaria) fué cosa española, en su origen. El creador de los Mercedarios des¬ calzos fué FRAY JUAN BAUTISTA GONZALEZ DEL SANTISIMO SACRAMENTO, castellano nuevo, de Huete (Cuenca). Los descalzos españoles lograron tener en siglos asiento en Roma, y de su casa e iglesia principal, del todo desaparecida, quedó el solo recuerdo en el nombre de una calle céntrica, "Via Mercede". El gran bienhechor del templo, fuera el CARDENAL ARZOBISPO DE TOLEDO GASPAR DE BORJA (f en Madrid 1645). También se dió a los tales descalzos S.»-Maria-in-Monterone, pequeño templo antiguo, después de los reden- toristas. No se llamaba el templo "della" Mercede, sino popularmente, por lo visto. Creeré que se llamaba San-GiovanHi- in-Campo-Marzio, o acaso Santa-Maria-in-Campo-Marzio, los dos titulares juntos. Por tal equívoco, es mi opinión que a esta iglesia se referían las lápidas de españoles, y no a la otra mucho más histórica Santa-Maria-in- Campo-Marzio, hoy subsistente (véase su cap. 100) donde no subsiste lápida ninguna; entiendo que en este punto fué Forcella víctima del equívoco: "Campo Marzio" es frase mucho más general que la de su barrio o "Rione", his¬ tóricamente. "La reforma" se inició y estableció en 1603 y 1606, y en 1621 lograron la completa separación de la Orden General de la Merced. A diferencia de las otras cinco descalseces, no llegó a ver en los altares a su fundador, ni a ninguno de los suyos. ^ Nótese que de las dos familias de Redención de Cautivos, la trinitaria ha sobrevivido a las expulsiones y desamortizaciones del siglo XIX, en sola la Descalsez, y que la mercedaria, al contrario, extinguida su Descal¬ sez, subsisten los calzados. Recuerdo vivamente la casi ruinosa magnificencia del convento de Mercedarios de Huete, gran palazote barroco- En Roma no puedo acabar de saber si el tal era la casa madre de los Descalzos, al darme aquí cuenta que de Huete era su Padre fundador. Recuerdo saber que lo había edificado a todo gasto un fraile prelado de América, por lo visto opulento. CAP. 102. EN SANT-EUSTACHIO No es monumento, ni es de españoles. Pero en el pórtico, a derecha, en alto, hay una lápida que pertoca bas¬ tante a la Historia de España, con gloria suya, aunque no aquí mentada (Foro., II, 1241). Se puso en "memoria eterna" de los gemelos ALEJANDRO y Carlos, hijos de Octavio FARNESIO, Duque (soberano) de Parma y de Piacenza (y se olvidan del, a la sazón principal, después perdido. Ducado de Castro), y la madre era Margarita de Austria, hija de Carlos V, Emperador y Rey de España. Quienes, nacidos, de un parto, el 27 Agosto de 1545, fueron traídos a bautizar a la parroquial iglesia de S. Eustaquio "con toda alegría de la ciu¬ dad" (dice: sin querer recordar que eran nietos del Papa reinante Paolo III, Farnesio, a la vez que del Emperador reinante); el doble sacramento bautismal fué el 3 de Noviembre del mismo año, ¡y a los 68 días de nacidos, por tanto!; la lápida no se puso desde luego. La pusieron, no se dice cuándo, el Cabildo y canónigos, y la pusieron recor- 44 dando las virtudes farnesianas que, en Alejandro, máximas resplandecieron en sus gestas en defensa de la repú¬ blica cristiana y acrecentamiento de las glorias patrias. El curioso español sonríe; sonríe por lo que se quiso callar: porque las tales gestas fueron como General en Jefe y como Gobernador General de los ejércitos y de los Estados Bajos de la monarquía española. Lo de república cristiana está justificado, sí, pues gran parte de las empresas (estrictísimamente, empresas de Felipe II, Rey de España) fueron para la defensa, a la vez que de su soberanía política, del catolicismo: en la Bélgica, salvándola del protestantismo holandés insurgente, y en Francia, en defensa del catolicismo francés, también, protegiendo la Liga Católica, salvándolo del protestantismo del hugonote nuevo Rey Enrique IV: la política de Felipe II y las armas de Alejandro Famesio, su sobrino carnal y su general, oponían infranqueable valla a que llegara a ser toda Francia hugonota con el primer Borbón, quien, por lo demás, era el legítimo heredero de la Corona de los Capetos. Lápida, pues, que queriéndonos callar, nos deja hecha, sin querer, la ecuación entre "república cristiana" y "reino católico de Felipe II". No negamos, ciertamente, las "glorias patrias", itálicas, las de la patria de tal héroe. Mas conste, todavía, que Felipe II había educado y formado en España a su sobrino Alejandro Farnesio, conjuntamente con Don Juan de Austria, el hermano del Rey, y con su propio hijo, el desdichado Príncipe de las Españas Don Carlos: un loco, este Carlos, después de ser un anormal, el nieto legítimo y primogénito de Carlos V, ¡cuando tan excelsos, por contraste, fueron los otros dos, el hijo natural de la viudez del Emperador, y el hijo de la hija natural de la moce¬ dad y soltería de Carlos Y. Felipe II, los unía en una sola educación, estableciéndolos a los tres jóvenes, juntos, en Alcalá de Henares, aposentándolos, allí, en el Palacio de los Primados, cedido para el hospedaje; en éste reci¬ bían, los tres unidos, las enseñanzas de los más insignes maestros de aquella famosísima Universidad, pero sin haber de acudir a las aulas de ella. El bautizo fué S. Eustaquio, por ser de la feligresía de esta iglesia el palacio "Madama", donde vivía y donde en dió aluz "Madama" Margarita de Austria. Es tratamiento, ese de "Madama", que Carlos V hizo dar a su hija, a quien no podía ni debía llamar "Infanta". El título de "Madama" tenía en la Casa Real francesa estrictísima aplicación a sólo tres damas, a saber: a la Delfina, esposa del heredero de la Corona, y a lahija mayor legítima del Rey de Fran¬ cia (no a las restantes hermanas), y todavía también a la esposa del "Primer Príncipe de la Sangre". De esta iglesia, cual "diaconía", fué Cardenal titular los breves meses últimos de su vida, el mercedario espa¬ ñol, catalán, S. Ramón Nonnato (| 1240) (véase cap. 99, de St-Adrián). En la 2.» y principal capilla de la izquierda, el altar sacramental está dedicado a S. Miguel, con copia del famoso de Guido Reni. Pero a los lados, cual en hornacinas, se ven dos grandes figuras en lienzo, pintadas (creeré) en el siglo XIX, bella doble muestra de un artista de la orientación (por ejemplo) de nuestro Alejandro Ferrant, arte, digo, que parece español, y representando a dos santos españoles: S. Ramón Nonnato y S.® Teresa de Jesús; ésta, acaso, pintada al recuerdo de la estatua de Gregorio Fernández, del Museo de Valladolid. San Ramón (el mejor de los dos lienzos, considerablemente) fué cardenal precisamente del título de esta igle¬ sia de "Sant-Eustachio". Que se vea a S.® Teresa, en iglesia no carmelitana, tiene en la misma capilla la explicación quizá: por haber sepulcro lujoso, hecho por viudo, de una Condesa Casali, llamada precisamente Teresa, que (fecha que dió equivocada Angelí en su Guía) murió en 1869, 20 de Junio (tres días antes de nacer yo). Creo del tiempo del sepulcro las dos pinturas (y Ferrant vivía en Roma por 1878...). San Ramón, martirizado en Africa en las tareas de redención de cautivos, pero no muerto, fué premiado por el Papa reinante con la púrpura cardenalicia el año 1239, y fué luego, en 1240, hecho titular de esta iglesia de St-Eus- tachio; pero el mismo año, sin visitar Roma (tampoco el Papa vivía en Roma), fué a morir a Cardona, en Cataluña, en cuyo castillo, de gran feudo de sus deudos, he venerado yo su cuerpo en la capilla: cuerpo perdido en las salva¬ jadas recientes, según tengo entendido. Los Mercedarios, primeras crónicas son tan deficientes, creen y me dicen que S. Ramón no vivió en Roma cuyas nunca. Constituido primer Procurador General de la Orden (aun predominantemente caballeresca), vió al Papa en Gregorio IX, Ugolino de Segni, en Perusa, y allí les dió a los nuevos caballeros y monjes la regla de S. Agustín, en 1239, el Pontífice, quien luego, en 1240, le asignó el título de St-Eustachio. Me di a pensar si el propio Papa daría al Santo y a la Orden la iglesita de S.®-Rufiua-in-Trastévere, cuyo lindo campanarito románico paréceme de aquellos años. En S.® Rufina estuvieron los españolísimos Mercedarios, que sólo la dejaron al ser trasladados, siglo XVI, a St-Adriano (véase cap. 99). Y creí adivinar que despoblada, a media distancia del mar, la auténtica S.® Rufina, y víctima a veces de piratas sarracenos Porto (el puerto, gloria de Tru¬ jano tiempo), y perteneciendo a uno y otro obispados, la isla del Tiber dentro de Roma y algo de ribera inme¬ un diata, Gregorio IX pudo pensar en lo indicado para los varones religiosos del rescatede cautivos. El título de "Porto y S.® Rufina" es, recuérdese, de uno de los Cardenales-Obispos. El martirio de S.® Rufina, en "Selva Candida", a 12 millas de Roma, a 14 millas de la vía Flaminia, a 8 millashoy de Roma, camino de Porto y de Cívita-Vecchia, la iglesia de Julio I (336) y Dámaso I (367); el Obispado de S.® Rufina, perdida la ciudad en 1120, se unió al de Porto. 45 PARTE OCTAVA BAJO LAS TRES LETRAS "J.-H.-S." DEL SANTO DE LOYOLA 7;n fí :-1 - ', A'r^-; i'l íVí lí-cí tz^ s^ptm.i4¿í 1. i"''Jí ■•■'.-A"TÍ-" H''^ i "ir 'f 1 p5ítr-l 'éj û. •. ^•V\·íï^'"r>■i'1VA ■ E3^»Éá¿•y*-s:¥ feMtw 'víÑftj f' CAP. 103 - 104. IL-GESU Y LA CASA PROFESA: Y DISERTACION SOBRE LA COMPAÑIA EN LA HISTORIA DEL ARTE Primero hay que deshacer el equívoco, entre los dos nombres de las dos gran¬ des iglesias jesuíticas. La del Gesú, es "fundación" del español San Ignacio de Loyola, y en ella está su cuerpo: en uno de los más lujosos altares y retablos de toda la cristiandad. Pero la otra iglesia, la de Sant-Ignazio, es la que lleva su nom¬ bre: sencillamente por la dedicación de la misma (véase cap. 105, Los jesuítas, bien pocos años "Sant-Ignazio"). después de la creación de la Orden, tenían, en centenares de ciudades, colegios. Pero sólo en las más principales, las de la cabeza de las respectivas "provincias" jesuíticas, tenían tres como obligadas casas y sus tres correspondientes templos; a saber: una casa profesa, un colegio, un noviciado. Y así, en Roma, la casa profesa (y aquí a la vez la casa generahcia) era la del Gesú; el colegio (Colegio Romano, Universidad Gregoriana a la vez) (véase cap. 106), era el de la iglesia de Sant-Ignazio; el noviciado, el de la iglesia de Sant-Andrea-al- Quirinale (véase cap. 109). Tenían, sí, además, el más antiguo de los colegios "na¬ cionales" de Roma, o sea el germánico-hungárico, cuya iglesia era, en siglos, la de Sant-Apellinare (véase cap. iio). Hoy, con lugares perdidos y ahora recobrados, y con otros recientemente ganados, son 18, ó 20 ó 22 (según el modo de contar), las casas jesuíticas de Roma (véase cap. 108); pero los tres templos antes citados, son, devotamente, y también artísticamente, los principales; lo son, en absoluto. En ellos están los cuerpos de los grandes santos jesuítas: en Sant-Ignazio, los de San Luis Gonzaga, San Juan Bérchmans y San Roberto Belarmino. EnSant-Andrea- al-Quirinale, el de San Estanislao de Kotska. Recuérdese que el de San Francisco Javier se conserva en el Indostán, en Goa; y que el de San Francisco de Borja, tercer General de la Compañía de Jesús, como el del Venerable Diego Láinez, segundo General, españoles ambos, han sido envueltos en el primero de los incendios de la 2.® república española, en 1931, al quemarse la nueva y provisional iglesia de la casa profesa de Madrid, o sea la de la Flor Baja. • El cuerpo de S. Francisco de Borja estuvo en esta iglesia del Gesú durante el resto del siglo XVI, en que vivió y murió. El famoso duque de Lerma, descendiente suyo, pudo lograr llevárselo a Madrid, y allí estuvo, suce¬ sivamente, en varias iglesias desaparecidas, finalmente en Madrid, en la citada en el texto antes, en donde se quemaron en 1931 sus restos, y también los del Venerable P. Láinez, que por su parte y recientemente se habían llevado allí desde la Catedral de Madrid, antigua iglesia del Colegio Imperial de la Compañía. Creo dato que inédito el (y aun silenciado), puedo decir aquí que el arquitecto Mugdruza, que acudió al descombrado de la ruina humeante del templo, me manifestó, muy luego, que mezclado con la parcialmente fundida plata del arcón de las reliquias del Santo Borja, encontró tostadas parte de las cenizas sagradas. T. II.—4 49 En el Gesú de Roma, que podría llamarse, con rigor histórico (recordando la frase de Letrán) "cabeza y madre de todas las iglesias jesuíticas de la Urbe y del Orbe", se conserva el brazo diestro de San Francisco Javier, el gran navarro, y también, además del cuerpo de S. Ignacio, el del zaragozano, ya declarado Beato, José Pignatelli, el principalísimo en la resurrección de la Compañía de Jesús, a los 30 años de su extinción, quien, como si dijéramos, en algún modo, fué el 2.° fundador de la Orden, como Provincial él de la Orden en Italia, y residiendo en Roma. Había nacido Pignatelli en Zaragoza en 1737, y salió de España a la expul¬ sión española, como los demás jesuítas; a la Orden volvió, aunque en Italia y ais¬ lado, a la excusa de subsistir ella en Rusia (Polonia rusa), donde la Czarina no había consentido la promulgación de la abolición general canónica de 1763. Murió en Roma en 1811, de 74 años, después de haber logrado la resurrección de los jesuítas, primero en el Ducado de Parma, después en el Reino de las Dos Sicilias. Que la iglesia del Gesú, fue y es la cabeza y la madre de todas las iglesias jesuí¬ ticas del Orbe, se demuestra sencillamente. En la gran manzana de ella y de la Casa profesa (toda la "isla" era de los jesuítas), aunque ni edificado todavía el nuevo templo ni el nuevo convento, es donde el fundador y sus compañeros habi¬ taban ya, y tenían aquí su culto en la iglesita de S.^-María-deUa-Strada (desde 1540) en 1541, cuando San Ignacio decidió al fin la ceremonia fundacional, con el juramento suyo y de los hermanos de la nueva Orden religiosa. Es verdad que la tal ceremonia quiso que fuera, y fúé en reahdad, en la gran basüica de San Pablo (véase cap. 7.° de S.-Paolo-fuori-le-mura); pero para allá saheron de la que instan¬ táneamente pasaba a ser primera casa profesa y a ella volvieron en tal día. La Bula papal tenía ya cinco meses y cuatro días de fecha, pero canónicamente no quedaba rata y consumada sino con tal solemnidad. Ellos la habían recibido, cuando aun vivían en otra parte (véase cap. 114, "Casa-di-Via-dei-Dehini"); pero la nueva Orden no quedó establecida sino cuando la Comunión en San Pablo y los votos canónicos en ella de los nuevos jesuítas en el mismo acto: el 23 Abril de 1541. La fecha, para mí, la de máxima trascendencia en la Historia Moderna de la Igle¬ sia Católica. Desde el 18 de Noviembre del año anterior, 1540, San Ignacio había recibido el cuidado de la iglesita de S.®'-María-della-Strada, englobada después en el solar del Gesú, y desde Febrero de 1541, dos meses antes de la ceremonia, habitaban ya en el lugar San Ignacio y dos padres y como una docena de novicios de la naciente Orden. El fundador fué, en todos los años, adquiriendo, en definitiva, y antes alquilando, todas las casas de la manzana, y había logrado además el encargo de otra antigua segunda iglesita en ella, una de Sant-Andrea, que se sacrificó también, ésta para el solar del gran edificio conventual. Este, el subsistente, fué obra de 1599 ^ 1623, del Cardenal Alejandro Farnesio; pero un edificio provisional y modesto, al demoler Sant-Andrea, edificó el mismo San Ignacio, y en un año, el de 1544, ya pudieron habitarlo los padres. Aquí vivió el fundador doce años, y aquí también sus inmediatos sucesores, el Venerable Láinez y el Santo Borja. Al construirse el gran convento, se respetaron escrupu¬ losamente las habitaciones, plenas del espíritu de eUos y llenas de recuerdos tangi¬ do bles suyos. Incluso se les hizo amplio corredor de entrada, pintado al fresco por el H.° Pozzo, el del soberbio techo de Sant-Ignazio (véasecap. 105). Son las angostas piezas de bajos techos, del todo visitables; aun ahora, antes de haber recobrado los jesuítas el total edificio conventual, como lo van a recobrar, aunque con indemni¬ zaciones al Estado italiano, que lo tiene todavía destinado a los Archivos de Es¬ tado. (Estos, al caso, van a ser trasladados a "la-Sapienza", palacio vacante desde la traslación de la Universidad a la Ciudad Universitaria.) En el edificio conven¬ tual del Gesú murieron San Ignacio y San Francisco de Borja, y algunos de sus sucesores, en las distintas piezas, todas eUas convertidas en capillas. En las cuales, entre mü cosas adventicias y devotas, hay muchas memorias personales de eUos, como una efigie antigua de San Ignacio y las mascarillas mortuorias del Santo Borja y del Beato Pignatelli, los tres españoles; el dicho retrato del Santo Loyola se le tiene por hecho del natural por un hermano de la Compañía. Deberá también recordarse aquí, que San Ignacio redactó en el mismo lugar y totalmente, las Constituciones de la Orden; y que a la vez atendía, totalmente también, y por cartas, al gobierno de ella (¡la Orden de tan acentuado "monar¬ quismo dictatorial", cual otra ninguna en la Historia de la Iglesia!), y que a la vez atendía también asimismo San Ignacio a enseñar personalmente, en la iglesia, el catecismo, y, con mucha frecuencia, también a ser, él, el cocinero de la comunidad. Aparte dejo, sus grandes iniciativas en obras de celo, dificilísimas, iniciando empre¬ sas de acción social, que perduraron, pero que eran aparte de su actividad en la Compañía (véanse caps. 112 y 113 de S.^-Marta y de S.®-Caterina-dei-Eunari). Al historiador del Arte, sobre todo del Arte Barroco de la Contrarreforma, le habría de interesar mucho saber si el movimiento artístico al que obedeció el "Gesú", y "St-Ignazio", y tras de aquél, tantos centenares de templos jesuíticos por toda Europa, obedeció precisamente, personalmente, a ideas de San Ignacio mismo, a ideas sobre la sugestión artística en la masa del pueblo devoto, mediante la majestad arquitectónica y decorativa, concebidas. Yo no lo creo, y acaso creeré todo lo contrario. Y me decido a decir, que así como el español P. Láinez y en seguida el español P. Borja, abocaron a la Com¬ pañía al grave y trascendental empeño de la Enseñanza y al espíritu que llamaré universitario (véanse los caps. 106 y 105: "Sant-Ignazio" y el "CoUegio-Romano") aun en vida y con la aprobación calurosa del Fundador; así, me atrevo a decir tam¬ bién, que no a éste, en manera alguna, sino al P. Borja, se debió el empeño arqui¬ tectónico magnánimo y altisonante. La cronología del "Gesú" lo confirma: véamosla. La magnífica iglesia del Gesú, si no el prototipo de todas las iglesias de la Orden, la sugestión siempre viva al pensarse en tantas de las otras, fué idea o "proyecto" de San Francisco de Borja, y en el año 1550, o sea, cuando ya jesuíta (desde 1546 lo era, pero todavía en secreto, y aun vestía y se comportaba .como magnate, como duque de Gandía: su entrada oficial en la Orden fué el año siguiente, 1551). En 1550 se planteó la nueva, la ambiciosa idea del gran templo. 51 puesto que de entonces sabemos que Miguel Angel Buonarrotti presentó pro¬ yecto y ofreció gratuito su concurso personal. Pero diversos obstáculos con la famüia, que había sido propietaria, y que aun lo era en parte, de toda la manzana (los AstaUi), aconsejaron contentarse con un provisional agrandamiento de la vieja iglesia de S.^-Maria-deUa-Strada; y no pasó más en vida de San Ignacio. Durante el generalato del Venerable Láinez, subsistió el "statu quo", ante nuevas dificul¬ tades suscitadas por la misma familia de los AstaUi; y solamente en el generalato de San Francisco de Borja (nieto de Alejandro VI), y con la munificencia del Car¬ denal Famesio (nieto de Paolo III), pónese en ejecución el soberbio pensamiento, de un gran templo de una sola nave, crucero, cúpula, capülas, con el Vignola por proyectista y por arquitecto director, comenzándose las tareas en 1568. Vignola (de sus nombres "Giácomo Barozzi", boloñés, nacido en 1507) era, desde la muerte de Buonarrotti (en 1564), el sucesor del mismo en la obra de San-Pietro- in-Vaticano; era además el tratadista de Arquitectura entre los romanos, y el más famoso como tal en el centro de Italia: un clasicista, por tanto, y hombre, en todo, del pleno Renacimiento, no precisamente del barroco propiamente dicho. Murió en 1563, y poco antes, en 1562, murió San Francisco de Borja, sobreviniendo en las obras del Gesú una interrupción, cual un interregno de dos años. El cual se cierra tan luego (acabóse en 1584), con la reanudación de las obras, encomendadas a Giacomo-della-Porta, bajo el 4.° General de los Jesuítas, el flamenco P. Mer- curián. Y como Giácomo-della-Porta también fué a la vez el continuador de la obra de San-Pietro-in-Vaticano, y particularmente, en ella, el continuador de la cúpula todavía no acabada de Miguel Angel, bien pueden confirmar los datos his¬ tóricos, como confirma la vista de los monumentos, que el Gesú es la primera gran obra en el estilo del Vaticano, precisamente. Miguel Angel Buonarrotti hizo dibujos para el enorme templo del Gesú, en los años avanzados de su vejez. Pero la obra, después, la comenzó su adepto Vignola, por dibujos propios; la terminación de la obra por Giᬠcomo della Porta, fué de cornisas arriba en el interior, y además la portada: que, ésta, es suya. Y luego la secundarán otras muchas, pero no solamente grandes iglesias jesuí¬ ticas (como Sant-Ignazio, véase cap. 105), sino de todas las nuevas órdenes, las típicas del siglo XVI y de la Contrarreforma, las iglesias que cronológicamente van después del Gesú: la de los teatinos (Sant-Andrea-della-Valle), la de los oratoria- nos (S.»-Maria-in-Vallicella o Chiesa-Nuova), la de los barnabitas (San-Carlo-a'- Catinari); es decir, todas las magnas iglesias, las típicas de la Roma papal y ba¬ rroca. La técnica arquitectónica del tiempo les consintió grande única nave, y eso era lo propio, precisamente en iglesia para gran púbhco, a escuchar los grandes pre¬ dicadores, y con las frecuentes devociones a gran concurso; por otra parte, los "clérigos regulares", todos, y desde luego los jesuítas, como otros de eUos, no tenían vida coral, y sus templos eran más para los fieles que para los religiosos que lo servían. No hay, pues, una novedad puramente jesuítica, y si le cumple la anto¬ nomasia, más es por razones evidentes provincianas, que no ofrece Roma: es que en tantas ciudades del Orbe catóhco hubo iglesia de jesuítas, cuando no hubo de tea- tinos u oratorianos, y menos de barnabitas, escolapios, Camilos, etc. Pero como 52 cronológicamente la primera gran hija de la vaticana es el Gesú, bien podemos definirla, a ella en concreto, como el templo ansiado, no por San Ignacio (el sol¬ dado, el peregrino, el hospitalero), sino magnánimamente por San Francisco, el antes "Grande de España", el cortesano de Carlos V, Emperador. No era, ello aparte, sino, como era el Vaticano, la resurrección del Arte imperial romano, el de las Termas de los Emperadores y la BasíHca de Constantino, barroco solo cons¬ tructivo, es decir, imperial. El barroco decorativo viene más tarde, como conse¬ cuencia, aunque consecuencia naturalísima. Aunque no exclusivo de la Compañía de Jesús, el arte barroco grandioso, apellidado "jesuítico", sí, fueron los jesuítas (incluso con muchos arquitectos, hermanos en la Orden) los propagadores de los tipos, y más en España. En general, los planos de sus iglesias de todas las naciones se examinaban siempre y decidían se la en Roma. misma San Francisco Borja nació en 15 lo; casado a los 20 años, fué padre de de 8 hijos a los 30; cuando. Mayordomo de la Emperatriz, le dieron título de Marqués de Lombay. Muerta la Soberana (cuyo cadáver tanto le impresionara), en 1539 se le hace Virrey de Cataluña, y hereda después el Ducado de Gandía en 1543. Viudo en 1546, luego hace voto de hacerse jesuíta, pero con profesión secreta por Bula Pontificia, en 1548. Abdica Estados y bienes, y es ordenado de sacerdote, y publi¬ cado jesuíta, en 1551. En 4 años es para España Comisario, por S. Ignacio; pero pierde el favor de Felipe II y le persigue la Inquisición española. En 1560 le llama a Roma el Papa Pío IV, Médicis, y en Roma sigue hasta que S. Pío V, Ghisheri, le encarga otro largo viaje, del que viene enfermo a morir en Roma, 1572. (Su cuerpo fué llevado a Madrid en 1617, y en 1901, al tetnplo provisional donde ardió en 1931)- Biznieto primogénito de Alejandro VI, Borja, la radicalísima regeneración moral de su estirpe había muy de antes tenido lugar, en Gandía, por la virtud y celo de su abuela la duquesa viuda de Gandía, una Enríquez de santa memoria. El Gesú le debió, personalmente, el solar del templo, a su costa logrado; y también a su influencia, el que el Cardenal Alejandro Farnesio, subviniera espléndidamente al coste de la edificación conventual. Retrato muy auténtico se ve en la capiUita de San Ignacio: en esta casa conventual del Gesú. En principio, los altares se dedicaron a Misterios y a Series de bienaventurados; dos, sin embargo, a los titulares de las dos pequeñas iglesias anteriores "in situ" al templo actual. Las primeras canonizaciones de dos bienaventurados jesuítas, en un mismo momento, en 1622, ocasionaron (no sé si inmediatamente) la dedica¬ ción de los dos grandes altares del amplísimo crucero, a San Ignacio (lado del Evangelio) San Francisco Javier. Hoy mismo están bajo altar, pero no tienen y a altar dedicado, ni el jesuíta mártir Beato Bobola ni el ya citado Beato PignateUi, ni tiene altar (en realidad) San Francisco de Borja, principal creador del templo magnífico. Ello por respetarse las aludidas dedicaciones primitivas. (El Santo Bo¬ bola, después de su canonización en 1938, a que asistí, ha sido transferido a Polo¬ nia, su patria, guardándose aquí el brazo siniestro.) Hay, sí, capilla que se dice ya dedicada a S. Francisco de Borja, a pesar de lo dicho antes; la i.« de la izquierda. Por los temas históricos de las paredes, se ve que su primitiva dedicación, y definitiva por tanto, fué a 53 San Pedro y luz, y esto explica mi San Pablo. Pero el lienzo, el del altar, casi invisible (por reflejo inevitable de la frase del texto), representa, hoy, al santo Duque de Gandía: parece obra excelente de la segunda mitad del siglo XVII, y dicen que pintura del H.° Pozzo; le representa, ante ángeles, uno de los cuales levanta la custodia eucarística, que es la característica de este santo. Y aun con todo ello, es, ésta, capilla de Congregación mariana, claro que con devociones de la Virgen María. La capilla de S. Francisco de Borja, aparte de la pintura de Pozzo, tiene la bóveda y paredes con fresco de Gaspar Celio (isyi-j- 1640), por dibujos de un desconocido Frammesi. El retablo de San Ignacio tiene a la debajo, vista el arca de su cuerpo, dentro de la mesa del altar; el de San Francisco Javier guarda solamente la reliquia del brazo derecho del Santo — la que hace unos pocos años se llevó sucesivamente y temporalmente a la veneración de los fieles en muchas de las iglesias jesuíticas de España, circularmente —. El retablo del Santo Javier sería magnífico en sí mismo, dibujado por Cortona, gran arquitecto y gran pintor (1596-1 1669), y con cuadro de Maratta (1625-f 1713), el pintor exquisito de la generación inmediata. El retablo el Santo Javier es magnífico en verdad, rico, y con todo, sufre del parangón con el de enfrente. El lienzo del santo es una de las más bellas pinturas del Maratta, precisamente porque Maratta aun no es aquí del todo Maratta, todavía muy influido por su maestro Andrea Sacchi: represéntase la Muerte del santo. Pero puede competir, ni aun así, con el retablo de enfrente, pues el de San • no Ignacio es de una riqueza verdaderamente excepcional y, a la vez, de un gusto cum¬ plido y armónico. Las columnas son de bronce dorado y lapislázuli; el mundo del gran grupo escultórico de la Trinidad, en el ático, es todavía hoy la mayor pieza de lapislázuli conocida en el mundo. Con grandes grupos de mármol, de dos de los mejores escultores franceses-romanos del barroco (de Fierre Legros, 1666- f 1719; de Jean Theodon, coetáneo del anterior), hace juego todo el admirable conjunto decorativo, más severo que eUos. La colosal estatua del santo, también de Legros, era toda de plata. Cuando estaba extinguida la Compañía de Jesús, y Napoleón, por el terrible "tratado" de Tolentino, exigía una suma fabulosa al Pontífice Pío VI, Braschi, hubo que fundir lo más de la estatua, después com¬ pletada, naturalmente, sin tanta plata. El mérito del conjunto de la obra maestra, bellísimamente multicolor, del retablo (incluso barandal, etc.), corresponde al lego jesuíta, gran perspectivista como pintor, el H.° Andrea Pozzo (1642-t 1709) (véase cap. 105, "Sant-Ignazio"): trabajo total, de los años 1696 a 1700. El retablo de San Ignacio fué realizado en 1696-1700. Los elementos arquitectónicos tienen grandioso aplomo; y no acaban de contradecirlo, pero fórmanle contraste, los elementos escultóricos en que predomina lo dinámico. De Pierre Lesros, citado antes, es el más atrevido de esos grandes grupos: el de la Religión triunfante de la Herejía. Dos de los siete relieves son del parisién Fremin (i672--j- 1744), también francés, quien más tarde fué en Madrid y en La Granja (Segovia) escultor de Felipe V, rey de España. En el gran retablo de San Ignacio y en sus columnas, hay bajorrelieves en bronce: el de la i.=. Incendio extin¬ guido por intercesión de San Ignacio, de Fremin; el 2.°, de Energúmeno libertado por él, de Angelo Rossi (1671- t 1715); el 3.°, de monja que él curó, de Pietro Reifi (1658-f ? 1700); el 4.°, del Santo curado por San Pedro de susheridas, de Lorenzo Merlin (i666-J ?); el 5.°, de San Felipe Neri con San Ignacio, de Francesco Nuvo- loni(desconocido); el 6.°, de curaciones por el óleo de la lámpara, de Fremin; el 7.°, de presos libertados, de Mon- not (1658-t 1733). En lasparedes laterales, el relieve marmóreo de la Aprobación de la Compañía, es de Angelo Rossi, y el de la Canonización del fundador de ella, de Bernardino Cametti (1682-f 1736). 54 Peroaquel su arte pictórico, de Sant-Ignazio, del H.° Pozzo, en cierto modo genial, tiene aquí su precedente en la obra maestra de la pintura de techos barroca, que llena la inmensa bóveda de la nave, y la cúpula y el ábside: todo al fresco, todo en perspectiva de abajo arriba, resurrección en ello, que fuera en su día, de las obras en Parma del Correggio (148g ?-f 1534). El tema es, naturalmente, la Glorificación del Nombre de Jesús; pero no deja de ser, a la vez, cual apoteosis de los santos de la Compañía de Jesús, singularmente de S. Ignacio. Los siglos del barroco no lograron ver obra de más feliz éxito que ésta. Pero para su plenísimo efecto (aminorado, por cierto, con los mármoles amarillos que en el siglo XIX revistieron equivocadamente las püastras de la nave, inarmónicamente), hay al año unos momentos, en unos días excepcionahnente favorables ahora; por ejemplo, ad anochecer del día de San Ignacio, acabada la fiesta: en que potente iluminación corona, desde sólo a la altura de las cornisas, el templo, invisiblemente proyectada toda la luz a los frescos; así vistos, son un verdadero portento de magnificencia pictórica, gloria de su autor il Baciccia (de su verdadero nombre, Giovánni Bat- tista Gaulli, de Génova, nació 1639-f en Roma 1709). (Véase cap. 218 de la Gal- leria-Corsini.) Las esculturas altas, que acompañan los frescos del Baciccia, son de Raggi (1624-j 1686). El Beato José Pignatelli, aragonés, tenía y tiene su cuerpo en el lado dere¬ cho del presbiterio, sobre puerta, con un busto y dos relieves de la Caridad y la Esperanza: al lado opuesto subsiste, del todo parejos, el busto, con dos relieves de la Fe y la Rehgión, de San Roberto Belarmino; el busto es de Lorenzo Bernini (1598-f 1680) (pero ya no el cuerpo, que en el siglo XX se ha trasladado a Sant- Ignazio). La inscripción de Pignatelli (no en Forcella).—En fines de 1938 veo que el cuerpo del Beato se ha puesto bajo el altar, visible el arca, de la 2.® capilla derecha. En la gran fachada, con cuatro hornacinas, sólo se muestran, en las dos bajas, las estatuas de San de San Francisco Javier. Están Ignacio y pidiendo más estatuas (siempre que se acomoden con el estilo de la dos hornacinas; y es, lo diré a la obra) las otras italiana, peccato, que todavfa no haya una estatua en una de las dos hornacinas altas, con S. Francisco de Borja, a quien más que a nadie se debe todo el gran monumento, aparte de sus virtudes y santidad. La 4.» debería ser del Beato Pignatelli. Y así las cuatro serían de bienaventurados muy propios de la casa, todos españoles. Al pie, a izquierda del altar de San Ignacio, en el pleno crucero, está la magna lápida (Forc., X, 787, y además la 806) de uno de los grandes sabios españoles, que quiso ser allí enterrado, modestamente, en aquel lugar próximo el cuerpo del santo fundador. Se trata del CARDENAL JUAN DE LUGO, gran teólogo y filósofo, hermano menor del también jesuíta, el moralista y principal casuista, Francisco de Lugo. (Fué Juan, el 4.° Cardenal jesuíta, 2.° de los españoles; intermedio, San Roberto Bellarmino, cuya gran actividad doctrinal, celosísima, precisamente en los Países Bajos españoles, antes que en Roma.) Nació Juan de Lugo en Madrid, 55 en 1583, de noble familia sevillana, SeviUa se crió. No pudo entrar en la Orden y en con permiso de su padre, e ingresó apenas Uegado a la mayor edad. Extraordinaria¬ mente precoz en sus estudios, estudió Leyes en la Universidad de Salamanca y fué profesor de Filosofía y Teología en Valladolid antes de venir a Roma, siendo aquí profesor del Colegio Romano. Su grandiosa obra es el tratado "de Justitia ét Jure", y sólo al publicar el volumen V, sin haberlo pensado, tuvo que dedicarlo al Papa, el reinante Barberini, Urbano VIII (1623-1644), y le fué preciso inesperadamente haberle de ver. Ya con esto, el Papa le Uamó muchas veces, y le sorprendió en 1643 haciéndole Cardenal, por sólo su talento y méritos. Pudo ser gran caritativo con los pobres, y él, como también su hermano, dejaron toda su gran fortuna a la Com¬ pañía de Jesús. Hoy precisamente, cuando los estudios de la Física Atómica nueva (la de los protones, electrones, fotones, etc.) tan radicalmente han cambiado el cono¬ cimiento de la materia (y de los elementos ultramicroscópicos de ella, que a ella nada se asemejan y a sus leyes mecánicas nada obedecen), se le debe recordar, por haber sido el Cardenal Lugo como filósofo, gran propugnador de la hipóteis de los que Uamó "puntos hinchados" para explicarse el tema de la divisibilidad al infinito y los conceptos del punto matemático. Murió en 20 Agosto de 1660, de 77 años de edad y 17 de cardenalazgo. Fn éste tuvo el título de S.» Balbina, y en tal con¬ cepto patrón (leo en Roma) de la Universidad de Alcalá; y esto me sorprende, pues el fundador de eUa (Cisneros), fué cardenal del título, no de S.® Balbina, sino de S.a Sabina. Fn otro texto veo que fué del título de San-Stéfano Rotondo y de Santa Balbina, con lo que me queda inexplicado lo de la Universidad de Alcalá. Fn el cual aludido otro texto, lo veo promovido a la púrpura en 1622, y por tanto habría de ser por el Papa Ludovisi, Gregorio XV, cuyo sobrino más tarde había de ser aquel cardenal Ludovisi, generosísimo constructor de la iglesia de Sant-Ignazio (a la vez que el creador de la famosísima colección Ludovisi de esculturas clásicas). En la lápida del CARDENAL JUAN DE LUGO, y aludiendo al cuerpo de S. Ignacio, dícese que deseó reposar allí, "para que (pilones). donde tenía el tesoro, allí tuviera el cuerpo" suyo. Heráldica: tres ramitas sobre tres montes pareja, menos lujosa (heráldica también), la gran lápida del que fué, Mácele con su confesada la Reina de España, viuda de Felipe IV, y Gobernadora por el niño Carlos II, el verdadero Gobernador, unos años, de la grande y decaída monar¬ quía española: el Padre JESUITA Y CARDENAL NITHARD, Inquisidor General. Las dos sendas lápidas son independientes; pero otra tercera, estrictamente de dictado de la Orden misma (Forc., X, 8o5), como enlazándolas, renueva estrictamente el recuerdo de entrambos; ésta, más pequeña, y más centrada y más próxima a la sagrada reliquia. Ante el altar de la capilla 3.» de la derecha, al suelo, está la lápida que dedicó a su padre, JUAN JACINTO DE ZELADA, "Patricio de Murcia", el futuro Cardenal Zelada, entonces Auditor de la Rota (véase cap. 82 de San-Martino-ai-Monti). Se declara que, muerto el hermano, se extinguía la estirpe, y se añade que pone también la lápida la viuda de éste, María Rodríguez. Juan Jacinto falleció de 83 años, i mes y 13 días, el 19 Marzo de 1783 (nacería el 1700, el 6 de Febrero) {Forc., X, 822). No hay en el Gesú (ni tampoco en Sant-Ignazio, a donde se trasladó el cuerpo después), lápida del Cardenal jesuíta español Alvarez de Cienfuegos (véase cap. 80, de S.-Bartolommeo). 56 CAP. 105. S ANT-IGN AZIO Es la iglesia magna entre las jesuísticas, la que fué la propia del CoUegio-Ro- mano: cuando la del Gesú (véase cap. 103) era la de la casa profesa; y la de Sant- Andrea-al-Quirinale (véase cap. 109), la de noviciado (véase lo dicho en el capítulo 103-104, del Gesú). También aquí, en cuanto al Colegio mismo, corresponde reconocerle la máxima intervención y la iniciativa al español, valenciano, S. Francisco de Borja, y a la misma fecha, de 1550, de sus otras iniciativas (allá; para la obra magna de aquella iglesia del Gesú). En 1550 era ya, pero en secreto, jesuíta, aunque vestido y tratado todavía como Duque de Gandía, y aun no se había desposeído de sus bienes* todos, para la famüia; lo hizo al año siguiente: 1551. Respetando a sus hijos la herencia familiar, una parte de su riqueza la dió el Santo Borja, antes de la pubUcación de su cambio de estado, para la fundación del Colegio Romano. Tuvo éste en 10 años crecientísimo éxito, y varias (dos al menos), instalaciones provisionales. En 1560, todavía en tiempo del generalato del español P. Láinez, el anterior al suyo, vino a establecerse donde subsisten hoy la iglesia y el edificio del Colegio anexo de los jesuítas. Por cierto que la generosísima donadora de una, bastante menos grande, igle¬ sia, que estaba construyendo, y de una casa adjunta, para clarisas pensada, fué una sobrina del ya muerto Papa Paulo IV, Caraffa, es decir, del tan acérrimo Papa, enemigo de Felipe II y de España, y quien además, con porfía extremada, quiso obligar a los jesuítas a refundirse con los teátinos, de que él, tantos años antes, había sido el fundador (o cofundador), y empeñado, y todavía más porfiadamente, en que perdieran la antonomasia del nombre "de Jesús". Y la sobrina hizo el dicho cambio y la donación, precisamente en el año inmediato siguiente a la muerte del tremendo pontífice tío suyo. La iglesia de Sant-Ignazio la vino a construir más tarde, y magnánimamente, otro sobrino de otro Pontífice, del Papa Ludovisi Gregorio XV, que en pontificado corto, de sólo dos años, había canonizado a S. Ignacio y a S. Francisco Javier (1622). El "ñipóte" Cardenal Ludovisi la edificó a su costa, comenzada la obra en 1626, y sólo acabada en 1685, faltándole hoy la cúpula, una falsa cubrición provisional 57 apoyando, aplastada, sobre las pechinas. Los planos fueron del arquitecto jesuíta Orazio Grassi (1582-1 1654) (el sabio astrónomo y físico, pero famoso enemigo de Galüeo, y de quien no se le conoce otra arquitectura), pero desarrollando en ellos dos proyectos del Domenichino (1581-f 1641). La fachada, más tarde la dibujó y proyectó el gran escultor Alessandro Algardi (1595-t 1654). Es, mejorada en más grandiosa sencillez, digna pareja de la única nave y crucero del Gesú, y a cuya decoración interior precedió la de Sant-Ignazio. En ella es más de notar (por tratarse de iglesia de colegio) que tampoco tenga tribunas por sobre todas las capülas, que solían ser, en todas las naciones, característica y postulado de las iglesias jesuíticas de colegio: eran destinadas para los colegiales, mientras abajo asistían los fieles, en general, a las funciones. En Roma, sobre todo en el St-Ignazio, se prescindió, de eUas, sin duda por razoijes estrictamente estéticas. La glorificación del santo titular, el español, guipuzcoano, S. Ignacio, o sea su entrada en el cielo, es el tema del inmenso, estupendo, fresco que cubre la nave magna, pero sólo en lo más alto de la curva cilindrica; pues el resto del cilindro, a las alturas de los ríñones y enjarges de la bóveda de cañón con lunetos, el insigne pintor perspectivista, jesuíta H.° Andrea Pozzo (de Trento, arquitecto también, n. 1642-t 1709), lo pintó con supremo acierto en el colorido, y con admirables subli¬ madas supuestas arquitecturas. Como las tales faltan en la no menos famosa techum¬ bre de la otra iglesia, la del Gesú, ambas inmensas creaciones, las dos cúspides de la pintura barroca, son notablemente diferentes, con igual altisonora grandiosidad y con parecida riqueza de colorido, mucho más sutilmente beUo el del Hermano Pozzo. Recomiendo la comparación, usando gemelos buenos y curvo espejito apropiado; y se facilita el paralelo con los sendos bocetos del Baciccia y del Pozzo, conservados en las salitas pequeñas del Museo Nacional del Palacio Corsini de Roma y en el Palacio Spada (véanse caps. 218 y 217). He tenido feliz ocasión de admirar de reciente, una vez más, la obra del Hermano Pozzo en St-Ignazio, acom¬ pañando al más ilustre de los grandes pintores decorativos de nuestro tiempo en el mundo, el catalán Sert, y pude gozar de sus entusiasmos excepcionales ante el capolavoro (que de años le era bien conocido), del insigne fres¬ quista jesuíta del siglo XVII. Nota de igsg. Elgrande lujoso retablo de la derecha del crucero, es del santo italiano Luis Gonzaga, héroe de caridad y purísimo de vida juvenil, docta y malograda: italiano, pero en algún modo español o españolizado. Su madre (Marta: de familia piemon- tesa) fué, de joven, dama de la Reina de España Isabel de Valois, la tercera esposa, y queridísima, de Felipe II. El, de niño casi, acompañando a su padre, fué paje de la Española Emperatriz María, cuando viuda la hermana mayor de Felipe II, atra¬ vesó Italia para ir a recluirse en las Descalzas Reales de Madrid; siguiéndola, el joven Gonzaga, el futuro Marqués de Castiglione y Príncipe del Imperio (que ya no quiso Uegar a ser), en Madrid sintió la vocación de jesuíta, ante una imagen de la Virgen del Buen Consejo. 58 CAP. 106: APENDICE EL COLLEGIO-ROMANO; Y DISERTACION SOBRE SU SIGNIFICACION HISTORICA El grandioso edificio del colegio jesuítico adyacente al templo de Sant-Ignazio, y con el mismo Uenando o integrando toda una inmensa manzana, lo erigió física o arquitectónicamente, el docto y tan entusiasta de los estudios geográficos Papa Boncompagni Gregorio XIII (el reformador del calendario). El fué quien le dió el título y categoría de Universidad, llamándola "Gregoriana", al Colegio Romano: Universidad jesuítica que instantáneamente eclipsó, a toda evidencia, a la Univer¬ sidad Pontificia y civil de la Sapienza. Lasleyes desamortizadoras, que la Italia de Victor Manuel II, al enseñorearse de Roma, aplicó en la urbe, hicieron que el soberbio edificio universitario pasara a ser del Estado. En él, en consecuencia, quedaron instalados, y en él subsisten y subsistirán, seguramente, no menos de tres grandes instituciones de cultura: Un Instituto de Segunda enseñanza (Regio-Liceo-Gimnasio-"Ennio-Quirino-Visconti"), la Biblioteca Nacional de Italia (Biblio- teca-Nazionale-"Vittorio-Emmanuele") y el gran Museo Prehistórico y Etnográfico ("Luigi-Pigorini"); este último a base del Museo jesuítico Kircheriano, del nombre del P. Kircher, jesuíta, creador, aquf y en el siglo XVII, del primer museoarqueológico del mundo: hoy sus fondos, sistemáticamente distribuidos, repartidos en tres de los museos de Roma. Por el Venerable P. Láinez y por el Santo P. Borja, la gloria, sobre todo la ini¬ cial, del Colegio Romano, recae en España; y más aún recae la gloria de su prestigio doctrinal primero, en los principales estudios teológicos, por el magisterio de espa¬ ñoles, del P. Olave, de los filósofos, y teólogos, P. Vázquez, P. Suárez y P. y Carde¬ nal de Toledo (véase cap. i.°); y más tarde la gloria de los hermanos Francisco de Lugo, el moralista casuista por excelencia, y el Cardenal Juan de Lugo (véase capítulo 103), insigne en Jurisprudencia y en Filosofía, etc., etc. La historia uni¬ versitaria española no ofrece caso de expansión más noble y de más calificado tras¬ plante de doctrinas, y de métodos, métodos antes en España brotados, principal¬ mente en la Universidad de Salamanca, la del siglo XVI concretamente. La iniciativa general de los Colegios jesuíticos, no fué de San Ignacio, sino en de su futuro primero, el español P. Diego Láinez, por el fundador primera¬ sucesor mente aceptada, y por él después aceptada también la admisión a los colegios de los jóvenes seglares. Dos españoles, pues, iniciaron, y en parte considerable reali¬ zaron, la inesperada y máxima creación y extensión de los estudios de Humanida¬ des (segunda enseñanza) por toda la cristiandad católica. La idea de creación de los colegios por Láinez fué en 1541, y en 1545 quedaron abiertos a los estudiantes no religiosos. 59 De los primeros colegios^ fué el de Gandía (Reino de Valencia), por el todavía Duque San Francisco de Borja. También de los primeros, el colegio portugués, junto a la Universidad de Coimbra; y el de Goa, en el Indostán, por el navarro San Francisco Javier: también de los primeritos, y era para la formación en Asia de los misioneros. En 1542 se crean el de Padua y el de Lovaina; en 1543, el de Alcalá de Henares; en 1544-45, el de Valencia de España: nótese que estos cuatro colegios estaban en ciudades de universidades, y entonces prestigiosísimas las cua¬ tro. Pero todo es como una sola empresa, cuando creado, 1550-51, el Colegio Romano, y en 1552 el Germánico-Hungárico de Roma, en 1553 se agregan a las enseñanzas de lenguas y humanidades, los cursos de Filosofía y Teología, y cuando San Ignacio dirige a toda la Orden la carta circular en que quiere que el Colegio Romano sea como el de formación de profesorado, el Colegio "Normal" que diría¬ mos, donde los jóvenes jesuítas se hicieran doctos y aprendieran a ser maestros: ... y para repartirlos, después, por todos los colegios jesuíticos de las naciones cató¬ licas, definiéndose así el carácter de central e internacional del Colegio Romano. Ya bajo Gregorio XIII (1572-1585) asistían a los cursos los alumnos de siete colegios extranjeros de Roma, además. Luego, así organizada la gran empresa cultural jesuítica, se asentó en todo el mundo católico. Durante la vida de San Ignacio, lo que es lo mismo que decir en los solos primeros 14 ó 15 años de la Com¬ pañía de Jesús, se habían fundado, asentadamente, no menos de 53 colegios, claro que gracias a la generosidad de muchas familias (y también de muchos municipios) dotadoras de tales colegios: generosidad excitada, sugestionada y lograda por el celo y mérito de los Padres. Al morir el 5.° General de los Jesuítas, P. Acquaviva, en 1615-16, la Orden en sus ya 75 años de existencia, tenía ya 342 colegios (todos con edificios propios y con rentas suficientes); cuando (por curiosa comparación) el número de las Casas Profesas (de pobreza rigurosa y absoluta) era sólo de 23 y el número de los Noviciados, sólo de 41; todo eso en las 32 provincias de la Orden; el número de jesuítas era entonces el de 13.600 (hoy día, raya en cosa de 29.000); por tanto, bien se ve que en su mayoría dedicados a la Enseñanza media y univer¬ sitaria, y todos los jesuítas personalmente pobres, viviendo de lo puramente, estric¬ tamente, indispensable. En cuanto a la parte más elevada del contenido de las enseñanzas, su carácter estrictamente español en su origen, se ve claro en la gloriosa etapa primera de altos estudios del Colegio Romano. Traduciré de libro francés, y bien justiciero, aunque bien apasionadamente francés: "Si en 1553 (en el incipiente Colegio Romano) no había sino una veintena de discípulos, jesuítas o becarios del Colegio Germánico, tenía, en cambio, como profesor al español P. MARTIN OLAVE, que introdujo en Roma el método de la Universidad de Salamanca. Mientras que en la vieja Sapienza (la histórica y pontificia Universidad de Roma), los dos catedráticos ''de prima" y "de vísperas" (de mañana y de tarde), comentaban, incansables, las viejas anticuadas Sentencias de Pedro Lombardo (aun lo hacían así en 1570), Olave exponía cada mañana la "Summa" de Santo Tomás, y las Sentencias a la tarde. Tres años más tarde, Olave había dado el paso final, y ya no explicaba sino sola¬ mente la "Summa". Gracias a los jesuítas españoles, el renacimiento tomista, que 60 venía de dar en Salamanca tanto esplendor, triunfaba en la enseñanza de Roma: hasta que el P. SUAREZ (quien en 157g se veía amonestado por el General, el belga, el P. Mercurian, advirtiéndole que no podía prescindir de Santo Tomás), y hasta que el P. Vázquez (quien el 1591 era en el Colegio Romano el maestro de San Luis Gonzaga) lograron triunfar e introducir en el tomismo las nuevas interpretaciones, creándose una Teología propiamente jesuítica." A pesar del carácter de müitar de San Ignacio, y de su condición de lego y que sólo en edad madura inició sus estudios, y a pesar de sus otras y máximas obsesio¬ nes (ejercicios espirituales, vida de hospital, obsesión también de peregrinaciones a Tierra Santa; obras sociales geniales y casi temerarias, catequesis popular...), la Orden nace y se forma y se expande en ambiente cultural, universitario, y al lado y un tanto enfrente de las Universidades: algo como los "predicadores" del español Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII, tres siglos antes. Uno de los primeros compañeros del Santo de Loyola, el navarro Santo de Javier, era, al conocerse ambos, profesor en uno de los colegios universitarios de París; al Uegar a Roma San Igna¬ cio y sus compañeros, se les llamaba, englobándoles la frase, "los doctores de París", y en el acto de la llegada, Paolo III, Farnesio, hizo instantáneamente catedráticos de Teología de la Sapienza a los padres Láinez, español, y Lefèbre, que era sa- boyano. En realidad, la Orden nacía casi sin iniciativa particular de San Ignacio, pero — aprobándolo él plenamente — totalmente lanzada a lo universitario; pero de otra manera que las Universidades, todavía en general demasiado medievales. La Com¬ pañía, y todo por predominante y casi absorbente predominio de españoles, diseñó pues, y logró muy luego, la máxima empresa orgánica cultural de todo el siglo XVI implantándola, como si dijéramos instantáneamente, en toda la Europa católica (la protestante, quedándose así, entonces, totalmente rezagada en la vía del pro¬ greso cultural). En el de 1937-38, el número de los alumnos de la Universidad Gregoriana (Collegio-Romano) ha sido curso de 2.316, de 80 naciones distintas y de 70 Ordenes o Congregaciones distintas. El número de los catedráticos o profesores, más de 60, de 17 nacionalidades. Las Facultades propiamente dichas son 5; a saber; Filosofía, Teología, Derecho, Historia y Misiología; además, tres que no se llaman Facultades: Escritura, Estudios orientales y Estu¬ dios rusos; éstos por lo del "Rusicon" (véase cap. 167). CAP. 107. SAN-FRANCESCO-SAVERIO, "ORATORIO" CARAVITA Inmediato (calle por medio) al Colegio Romano y a su iglesia de Sant-Ignazio, se construyó por fundación del jesuíta P. Caravita, en 1711, una iglesia para solos los ejercicios de varias congregaciones, en general las de número restringido de co¬ frades. El templo se dedicó al español, navarro, San Francisco Javier. Su cuadro de titular en el altar mayor, es de Sebastiano Conca (1679-f 1764 ?). Los frescos del pórtico son de Lazzaro Baldi (1624-f 1703)- 61 El P. Caravita,siguiendo al P. Montorio, arraigó aquí o creó la congregación de las comuniones generales, hasta entonces nada frecuentes (era por el año 1639); era congregación de varones, y en 1707 se creó otra de señoras. Pero además había situadas en este oratorio cuatro muy típicas congregaciones, de las Uamadas res¬ tringidas: una de 12 clérigos o sacerdotes; otra de 9 chicos (la de !'ángeles"); otra ferial y otra festiva, por lo demás iguales entre sí ambas, de 12 y de otros 12, llama¬ dos "apóstoles". Era el criterio de la apurada y siempre renovada selección, y la creencia que diríamos sociológica en la virtuahdad social de los más excelentes y depurados. También en este templo "de congregaciones" es donde se estableció la, tan generalizada hoy en el mundo católico, de la Inmaculada y San Luis Gonzaga. En realidad hay dos oratorios, y el Uamado "ristretto" ("restringido", sin duda para las aludidas congregaciones de selección apurada), está en el piso principal del edificio: no lo he visitado. Hoy tiene el Santo de las Indias, S. Francisco Javier, en Roma, alguna otra obra y templo a él dedicado, como la de la Garbatella (Piazza-Damiano-Sauli), y otra en la Via Portuense: ambas fuera de la ciudad. San-Francesco-Saverio está en manzana distinta, pero inmediata a St-Ignazio, en la misma rasante y acera las dos fachadas (al Norte ambas). Tiene arcode paso alto de comunicación, "cavalcavía" en italiano. Por el otro lado de la manzana de St-Ignazio, al Sur, la "Piazza-del-Collegio Romano" intermedia, estaba (subsisten los edificios) el templo y la casa de S.» Marta, la fundación social de S. Ignacio de Loyola (véase cap. 112), y topográficamente intermedia entre el St-Ignazio y el Gesú. Formábase en el pleno corazón de la urbe una como en castizo castellano pudiera haberse llamado "puebla", o barriada, jesuítica. Y aun más. Pues al este del Colegio Romano, calle no ancha intermediando (la llamada "Via-del-Collegio-Romano"), fué también en siglos propiedad de los jesuítas el palacio todavía subsistente, con la principal fachada al Corso, y llenando una no muy grande manzana, que se llamó Palazzo-Simonetti, antes "de-Carolis". Era de los jesuítas hasta 1752, siendo después de los Boncompagni-Ludovisi, y es hoy Banco de Roma. (En él lució su espléndida y malfamada mundanidad el embajador de Luis XV Cardenal de Bernís.) CAP. 108: APENDICE CASAS JESUITAS EN ROMA HOY Hoy en Roma se pueden contar hasta 20 comunidades distintas de jesuítas, es decir, con superior distinto; pero algunas juntas en un solo edificio, aunque sistemáticamente repartido. En Borgo-S.°-Spirito, en conglomerado de edificios nuevos, está (i.®) la Curia generalicia (con el General, vul¬ garmente llamado "papa negro"); (2.®) la Casa de ejercicios del Sagrado Corazón; (3.») una casa de los jesuítas escri¬ tores ("sabios"), redactores de revistas y otras publicaciones, de la "Civiltà Cattolica", principalmente. A este grupo de varios edificios corresponde la iglesia, no abierta a la calle, de S.-Francesco-Borgia: templo reciente y grandioso (véase su cap. 115), con que al fin ha pagado calladamente Roma una deuda con la memoria del santo Borja Duque de Gandía, que en estos capítulos queda comentada. En el Gesú (cap. 103 y Ï04), con no haberse recobrado todavía una gran parte del edificio, conviven tres comunidades: (4.®) la Casa Profesa, (5.») la Curia provincial, y (6.») la comunidad adicta al templo, que es, creo, distinta de la de la Casa Profesa. (7.") En S.-Macuto, frente a St-Ignazio, y donde, en el siglo XIX, ha tenido que estar provisionalmente, estrechadísima, la Universidad Gregoriana, consérvase el Colegio Romano, en el sentido estricto del internado de los mismos jesuítas, alumnos que sean de la dicha Universidad. (8.») El palacio, magnífico, de la Universidad Gregoriana, Piazza-Pilotta, donde habita sólo la comuni- nuevo tad de los Catedráticos o Profesores jesuítas. Enfrente, en viejo palacio, el Muti-Papazzurri; (9.») el Instituto "Pontificio" Bíblico, que es de jesuítas, doctísimos. (Véase cap. 216 bis.) 62 (lo.®) El Instituto Oriental, también "Pontificio", pero también de jesuítas, en palacio nuevo pontificio a Santa Maria-Maggiore; y allí (n.*) el Russicon, la nueva institución de rito ruso unido (véase cap. 167). (12.®) El Colegio Máximo, para seglares, de Segunda enseñanza, frente a la gran estación del ferrocarril. (13.®) El colegio, tan histórico, Germánico-Hungárico, con su iglesia nueva de S.-Pietro-Canisio. (14.®) El Cole¬ gio Maronita. (15.®) La comunidad parroquial de la histórica iglesia de S.-Saba, ya no aislada pintorescamente, sino presidiendo en lo alto a gran barriada de ensanche interior (en S.-Saba estuvo, en su origen, no mucho tiempo, el citado colegio hungárico-germánico). Y (16.®) otra parroquia, con grandiosa, aunque muy modernista, iglesia, en ensanche extemo (Piazza-üngheria), dedicada a S.-Roberto-Belarmino. Ello además del (17.®) St-Ignazio (cap. 105) y de la Garabita (18.®) (cap. 107) y de (19.®) S.-Andrea-al-Quirinale (cap. 109). Y ello sin poner en lista romana y en los alrededores, de Roma, el (20.®) Noviciado, cerca de Ariccia y Genzano, y (21.®) el noble y muy entonado colegio de la estupenda Villa Mondragone, en Frascatti; y en Castel-Gandolfo (22.®), la comunidad jesuíta que tiene (allí ahora) a su cargo siempre el Observatorio Astronómico, trasladado desde los Jardines del Vaticano. 63 CAP. 109. ST-ANDREA-AL-QUIRINALE Con precedente en el solar, de una vieja iglesita de S. Andrés, la muy bella iglesia subsistente (¡ya no la casa, derribada!) es la del viejo Noviciado romano, histórico, de la Compañía de Jesús. Y la fundación de este Noviciado fué cosa del 3.®'" General de la Compañía de Jesús, el ex-Duque de Gandía S. Francisco de Borja, valenciano, ex-Virrey de Cataluña, y ex-castellano y aun ex-portugués de vida, por tan adicto a la Emperatriz Isabel, la portuguesa esposa de Carlos V (véanse caps. 103-104, 105 y 106). El P. Borja, en 1566, logró que le regalaran el lugar, y muy luego metió allí un centenar de novicios. El año siguiente, 1567, llegó de novicio S. Estanislao de Kotska, arrebatado de amor divino, que le consumía, y mu¬ rió en seguida, aquí, en 1568: tenía 18 años, y en el templo se conserva su cuerpo. La iglesia fué labrada^ a todo empeño personal, por el Bernini (1598-t 1680), su obra ■ predilecta, decía él. Cifrándose la obra (al menos la fachada) en el año 1678, pudo pensarse en si Bernini quiso competir y vencer a su rival Borromini (en la iglesia de S.-Carlino, en la misma acera de la misma caUe, también de planta elíp¬ tica) (véase su cap. 94); pero conste que ya el segundo había muerto. Todos los altares se ven, y casi todos sus lienzos, como coetáneos con la obra arquitectónica, al menos armónicamente hechos para eUa. De aquellos, por tratarse de santos españoles, debemos citar las pinturas de tres: de S. Francisco Javier a derecha (la capüla), y la de S. Ignacio (i.®' a izquierda). Los de S. Francisco Javier son: en el altar, la muerte; a derecha, su predicación; a izquierda, bautizando, lienzos que integran el más interesante conjunto, al óleo, de pintura del Baciccia, el gran perspectivista del siglo XVII, y en ellos se reconoce bien al Baciccia como el verdadero padre, en el siglo XVII, de la pintura italiana del XVIII, al menos de la corriente "smorfiosa", que es la mayor característica del sigló. En el lienzo de S. Ignacio, es la Virgen lo principal, y adorada por S. Ignacio, por otro santo y por S. Luis Gonzaga, obra de Ludovico Mazzanti (poco cono¬ cido) (1676-f 1776): el mismo Mazzanti que en la capüla inmediata del santo Kotska eclipsa del todo, con sus nobles y gratos cuadros laterales, deliciosos de inspiración en la figura del joven Estanislao, al Maratta del lienzo del altar sepulcral. El se¬ gundo de los santos citados habrá de ser (pienso) el Santo Borja; pero aun siendo así, si lo es, algo más se merecía, es decir, un altar especial, el verdadero fundador de la casa del Noviciado, en la iglesia del mismo. 64 CAP. 110: APENDICE EN SANT-APO LLINARE Iglesia (de lejanos antecedentes) y con una que Uamaré anteiglesia (pórtico de la primera, y es lo sólo abierto a culto público cotidiano), que fué del primer cole¬ gio nacional y el 2.° de los jesuítas en Roma: creado en 1552; o sea, aprovechada primero, y labrada de nuevo, después, para el famoso colegio Hungárico-Germánico, que por la roja ropa y volantes becas, cual estolas cayentes de los hombros de los famosísimamente estudiosos colegiales, se les Uama en Roma "cangrejos cocidos" ("gámberi cotti"). En la fundación, o en el acrecentamiento inmediato, creo yo que hubo de intervenir, a escondidas del mundo, el celo de la hermana mayor de Felipe 11, y una de las más üustres y a la vez olvidadas madrüeñas, la Emperatriz María, que al final de su vida, viuda, acogida a Madrid, fué, para Madrid, esplén¬ dida dotadora del jesuítico "Colegio Imperial", gran entusiasta, que fué eUa, como las demás Austrias de España, de la naciente Compañía de Jesús, y preocupadí¬ sima, en una y otra institución (la madrileña y la romana), de formar clérigos doc¬ tos, alemanes, educados, desde lejos, para que volvieran a Alemania a la celosa lucha doctrinal con el protestantismo. Hoy (y desde la supresión de los jesuítas en el siglo XVlll) es St-ApoUinare, Seminario diocesano, aunque el Colegio Germánico-Hungárico viva, y siempre prestigiosísimo, y Uevado otra vez por los jesuítas; pero instalado en otro más moderno barrio de Roma: en S-Pietro-Canisio. El edificio conventual de Sant-Apollinare se transformó, y parece no conser¬ var nada de medieval. Pero late en él la obra que hizo en el siglo XIV, reconstru¬ yéndolo, el famosísimo CARDENAL PEDRO DE LUNA, es decir, el después Papa de Avignon ("antipapa", para los romanos), BENEDICTO Xlll. Es que era Car¬ denal desde 1375 del título de S.^-Maria-in-Cósmedin, pero habitando en Sant- Agostino, y a St-Agostino, inmediato, estaba asignado el edificio cardenalicio. Y precisamente el hecho de que en cosa de un año solo. Luna reedificara, a gran empeño, el palacio, ofrece prueba plena de que no tenía prejuicios contra Roma y en favor de Avignon, el futuro Papa de Avignon; es decir, que consideraba él como definitiva la entonces tan reciente vuelta a Roma del pontificado. (Véase ca¬ pítulo siguiente, iii.) En la iglesia grande de St-Apellinare, y no abierta casi nunca al púbhco, hay dos altares de los dos primeros santos jesuítas canonizados (hoy los canonizados T. II.—5 65 santos jesuítas, con Bobóla el último, en 1938, son ya en número de 24). En la S-®- capüla de la derecha, el del navarro S. Francisco Javier, con estatua del santo de un Le Gros (Pierre, el escultor tan favorecido con encargos de los jesuítas, que nació 1666-f 1719; no, como se ha dicho, su hermano Mathieu). En la 3.® capüla de la izquierda, el del guipuzcoano S. Ignacio de Loyola, con pintura de Carlo Marchionni (n. 1702-f 1786). En la anteiglesia el altar principal, una pintura de la escuela de se venera, en la Umbría. Era de 1484, y pocos años después, y bajo nuestro 2.° BORJA, EL PAPA ALEJANDRO VI, a la entrada de las tropas francesas de Carlos VIII en Roma, que aUí, en tal pórtico entonces, se instalaron, se la embadurnó para sal¬ varla de profanación (era regalo de Cardenal francés); se la limpió devotamente, recordando su historia, sólo en el siglo XVII, y por tal imagen se convirtió el pór¬ tico en la iglesia para el púbhco. En la iglesia mayor, alguna inscripción hay. Pero se perdió una lauda sepulcral, de MARTIN LASSO, ESPA¬ ÑOL, DE ORO PESA (Toledo), canónigo de Burgos, secretario del Cardenal de Burgos Francisco de Mendoza; murió en i8 Enero de 1564; púsola su albacea Pedro Ordóñez de Anaya (Forc., IX, 1050). No sé si añadir una impresión personal de extraña crítica artística: personal, demasiado. La de verme aquí, ep este templo, ante pinturas romanas del pleno siglo XVIII, como viendo el arte de los valencianos coetáneos; Lodovico Mazzanti (1679-f 1715) me recordaba a Maella (1739-f 1819); Zóboli (n. por 1700-f 1765) a Camarón (i73o--¡-_i8o3); el gran técnico de Sxéfano Pozzi (1708-f 1768) (que no es el H.» Pozzo) a José Vergara (1726- t i799)> y niismo Vergara, Costanzi (1690-+ 1749). Verdad que el noble cuadro de la iglesia pública y ante¬ rior a la reservada (y a sus pies puesto) me hizo recordar, y cosa bastante más seria, al Clemente de Torres 1655-f 1730) de Sevilla y de Cádiz, del primer tercio de tal siglo XVIII: pero es, el tal, obra anónima. CAP. 111: APENDICE DEL PALACIO DI-SANT-APOLLINARE. PAPA LUNA, MEMORIA DEL UNICA EN ROMA, Y DISERTACION HISTORICA SOBRE EL MISMO palacio del Cardenal Luna (que debió improvisar la obra apenas hecho Cardenal) parece que fué recons¬ El o ultimado acaso, en el siglo XV, avanzado, y por aquel espléndido Cardenal francés, gran diplomático en truido, Roma, D'Estoutteville. Pero todo dicen que vino abajo, para la reconstrucción ordenada por el papa Lambertini, Benedicto XIV, el gran canonista: siglo XVIII. El nuevo arquitecto fué Ferdinando Fuga (lóqq-f 1784) y se le puede atribuir a él la fontana barroca del patio. Hoy es el palacio seminario de la diócesis, uno de los varios, el jurídico-eclesiásticos. especialmente consagrado para los estudios Si de la iglesia está dicho todo lo que cabe en el título del libro, acaso, hablando del edificio general de St-ApoUinare, debo recordar aquí, como en ningún otro lugar de Roma, al ya citado PAPA LUNA, BENEDICTO XIII, EL DE AVIGNON. Porque al historiador le convence o no le convence eso de la Historia "oficial" del Pontificado, en lo referente, concretamente, a cuáles fueron "papas" y cuáles. 66 por el contrario, "antipapas" concretamente en el Gran Cisma de Occidente, cisma de carácter tan único, tan inconfundible con ningún otro. Todavía es (desde luego) más "oficial" (verdaderamente oficial) el hecho de haber sido proclamados, en opuesto sentido, "santos", y los dos dominicos, Santa CataUna de Sena, férvida adherida al "papa" de Roma, y S. Vicente Ferrer, férvido adherido al "papa" de Avignon. Y todavía la iglesia general, buscando tardíamente, como buscó, solucio¬ nes al ya inveterado e indefinidamente inveterante gran cisma (que partía la Cris¬ tiandad latina en dos mitades, naciones grandes a un bando, naciones grandes al otro), buscó, en concilios generales, soluciones, fórmulas de abdicaciones forzadas y de elección de un tercero, y el Gran Cisma de Occidente, en vez de solo "bifur¬ carse", acabó por "trifurcarse", con papa en Pisa, otro papa en Roma, y otro papa en Avignon: los tres a la vez. De nuestro Papa Luna, una cosa puede decirse: que fué (por todo lo demás) virtuosísimo (un santo: a ojos del historiador) y que la tozudez suya, que acaso bate todo "récord" de testarudez aragonesa, no podía basarse (a ojos de historia¬ dor) sino en la inmaculada buena fe original de su convicción. Y como, él, ya fué el 2.° (no el i.°) de los papas de Avignon "cismáticos", y como de Cardenal fué elector en el cónclave romano, que los más, la inmensa mayoría, de los cardenales coelectores más tarde declararon nulo por razón de la violencia del pueblo, coartán¬ doles el voto, y como fué elector tan luego, en el cónclave (o contra cónclave) de Fondi, a sólo loo kilómetros al sur de Roma, en que se elgiió el i.° de los del cisma de Avignon, su actitud misma, 6 años antes de ser él el elegido papa a su vez, es testimonio, en su virtud y por su virtud, irrecusable, de la buena fe y de la convic¬ ción suya, como la de tantos, de que el cónclave romano tenía por la violencia popular vicio gravísimo de nulidad. Claro que acrecentada la prueba de esa nulidad por la consiguiente actitud papal del papa "de Roma", cuyo mal genio, capri¬ chos, orgullo y voluntariedades inauditas me demuestran, de contrario, cuán tur¬ bia era la conciencia del aceptante de un resultado violento de un cónclave... nulo, en el cual, él, no había sido conclavista ni testigo. Porque para que el tal (Prignano: "Urbano VI") resultara elegido sospechadí- simamente, hay un contundente testimonio marmóreo en las Criptas, en las "Sacre Grotte" del Vaticano (no en Avignon, conste, sino en Roma y en el Vaticano), número 103 (del catálogo): piedra tumbal del Cardenal Tebaldeschi. Copio (y en los paréntesis anoto yo) del resumen del Angelí, del catálogo extenso de Dufresne (en 1902). Dice de Tebaldeschi: "Es Cardenal, muerto en 1378" (el mismo año del cónclave "romano" que terminó el 8 de Abril; y el mismo año del cónclave de Fondi); "fué" (Tebaldeschi) "aquel que, elegido papa a fuerza" (quiere decir a su disgusto) "a la muerte de Gregorio XI" (el último papa universahnente reconocido) "por ser romano, y rehusándolo él firmemente, dió lugar a uno de los más trágicos cónclaves que recuerda la Historia de los Pontífices": o sea (dicho menos "en ro¬ mano" retrospectivo) "fué aquél elegido papa, que silenciosamente proclamó, no aceptando, que había violencia y nuhdad consiguiente en la elección". Y eso que llegóse a vestirle de Pontífice y a mostrarle así, y forzado, al pueblo de Roma, reunido alborotadamente, a la expectativa del anunciado final del cónclave. 67 Todavía el historiador escrupuloso se decidiría a lanzar crítica a tantas actua¬ ciones, y no, nunca, a la del Papa Luna. Insoluble (por no haber canónicamente un tribunal para ver y decidir de la nulidad por causa de violencia), incompatible la intervención de alguien, fuera quien fuera, entre los dos igualmente "supremos jerarcas", y años antes de recurrir, y con tan acrecentado fracaso, a obligar a re¬ nuncias (en realidad, renuncias anticanónicas: si eran obligadas), un solo camino único veo yo que quedaba, y muy propio de la Edad Media: "el juicio de Dios". Mas no el de lucha entre dos paladines, esperando que Dios favoreciera en su ánimo y su brazo al de mejor causa; ni al juicio del agua, o el del fuego... Hubiera bastado el juicio de Dios más evidente, el de haber esperado la muerte; o la muerte del uno, reconociendo los adictos de éste al supérstite, o bien esperando la muerte de los dos, y para esta segunda fórmula suspendiéndose el cónclave del primero en morir, y toda promoción de cardenales, hasta el momento de vacantedo ble, que permitiera reunirse ya todos los conclavistas en cónclave único. Cuando (recuérdese) bastantes años después la Cristiandad (como obrando de abajo arriba) quiso la renuncia de los ya entonces tres papas rivales, borrando todo lo hecho, salvo lo válido de antes en el prístino estado de las cosas indiscutibles, no fué, en verdad, una salida de tono, sino profunda réphca del virtuoso papa Luna, cuando contestó: "Conformes; quedan anulados todos los cardenales posteriores, y como de los anteriores sólo uno sobrevive y ése es Luna, ése soy yo, asumo de nuevo por mi elección el pontificado." Lo que el historiador puede interpretar rigurosamente así: "Yo, por la "ordalia", por el "juicio de Dios", soy el seña¬ lado." Y conste en su abono, todavía, que de los dos cabeceros de esas dos "dinas¬ tías", el primero en morir, con pontificado de sólo seis años, fué Prignano, el de Roma, el atrabiliario — él, quien al quedarse abandonado de todos los cardenales, se creó desenfadadamente, y de un golpe nada menos que 24, ¡y 19 añadió, en im segundo golpe, después! Enfrente, y después, de él, los dos papas de Avignon, menos soberbios y menos aprovechados, crearon tan sólo seis cardenales, Clemente VI, el Saboya-Ginebra, en reinado de 6 años; y 15 (tres más, "in articulo mortis"). Bene¬ dicto XIII, Luna, en reinado de 29 años —. Mientras que el único predecesor de Luna en Avignon, el Saboya (de la casa hoy real e imperial, condal su rama enton¬ ces "de Ginebra" tan sólo), Clemente VII tuvo pontificado de 9 años. Había ya, pues, al ser elegido Luna, un "juicio de Dios" en favor de la mitad avignonesa de la Cristiandad. Y para mí, hubo subsiguientemente otro bien confirmatorio "Juicio de Dios" en favor de Luna; quien desde que fué papa de Avignon hasta su muerte, vivió, pontificalmente siempre, no menos de 29 años. Tantos, que en la duración, en toda la Historia, es el 3.° de todos: S. Pedro (entre Jerusalem, Antioquia y Roma), 35 años; aceptando la cronología rectificada de la muerte de Cristo y la rectificada de la muerte suya, 29 años a 64 de la Era; Pío IX, Mastai-Ferreti, el papa de mi niñez, ya por mí tan amado, el 2.° en pontificia-longevidad, con cerca de 32 años de pontificado romano; el 4.°, León XIII, Peed, el papa de mi juventud y madurez, por mí tan admirado, más de 25 años. (El "no reinarás los años de Pedro", frase 68 ritual después de cada elección, se interpretaba siempre, y siempre mal, aludién¬ dola sólo a los años "romanos", no a todos los años "sumopontificales" de San Pedro.) No es inútil que recordemos que al cónclave del escándalo de la violencia del pueblo y autoridades de Roma, tenían derecho a asistir los 23 cardenales existentes (el 8.° en antigüedad, Tebaldeschi, y el 23.° y último. Luna), pero quedaron ausen¬ tes 7; y tomaron parte en la votación, en Abrü, del no cardenal, sino sólo arzobispo Prignano de Bari, "Urbano VI", 16 cardenales, pero 2 protestando el acto. Y que cuando pudieron salir de Roma, protestaron y eligieron en Fondi a Clemente VII, hasta 18 de los cardenales, y como ya había muerto Tebaldeschi, sólo cuatro car¬ denales quedaron, y sólo temporalmente, con Urbano VI. El jurisconsulto itahano Baldo dió dictamen nada imparcial en favor de la validez de la elección. Estuvo, en cambio, en la obediencia de Avignon el gran escritor místico del tiempo, y de tan santa vida, Gerson. No se me digael cisma fué cosa política, pues la división política entre las que varias naciones y reinos vino sólo en consecuencia: a un lado, Alemania, Inglaterra y Portugal: al otro, Francia, Aragón, etc. Aun recordaré que la elección de Luna en Avignon, seis años después de comenzado el cisma, fué, en el respectivo cónclave, rapidísima y unánime. Con todo lo dicho, no hedejado en este libro de hablar de los pocos papas espa¬ ñoles, mejor hispánicos: S. Dámaso, del siglo IV; Benedicto XIII, Luna, del si¬ glo XIV-XV; Calixto III, Borja, del XV; Alejandro VI, Borja, del XV al XVI. Siempre reconociendo la mayor posibilidad de que S. Dámaso, hispánico, sea portu¬ gués, parecería que olvidaba a un papa, indiscutiblemente portugués, nacido en Lisboa, o sea JUAN XXI, "PEDRO HIJO DE JULIAON" y llamado "PEDRO HISPANO" siempre, papa del siglo XHI, elegido en Viterbo (como cuatro de sus inmediatos antecesores y como los dos inmediatos sucesores: en el castillo de Viterbo habitaban entonces, por razones de seguridad, los Pontífices). Elegido en 1276, cuando tenía sólo 50 años de edad, y muerto en la misma Viterbo el año siguiente, 1277. No lo he citado en este hbro, conste, por no haber hallado en Roma ninguna memoria suya. Las tiene, en cambio, extraordinarias en la historia científica de la Edad Media, como insigne médico, y escritor de Medicina, y oftalmólogo en particu¬ lar, también con tratado, y sobre todo como autor de otro de Lógica, que, acaso, en el primer siglo (XV-XVI) de la imprenta, fué el que más ediciones pudo alcanzar en el mundo. 69 CAP. 112. 's ANTA-MARTA Hoy la casa es la prefectura, "Questura", de Policía, y el templo, sin haberse destruido, es el gran archivo vivo de ella (fichas, etc.); la puerta de la iglesia está tapiada; enfrente, está, del viejo Colegio Romano de los jesuítas. Toda la edificación es posterior a S. Ignacio de Loyola; pero la institución, es suya (pero sin tener relación directa con la Compañía), y una de las creaciones del admirable espíritu de caridad del gran santo español, guipuzcoano. Era para reco¬ ger mujeres caídas, lográndoles (con nada de como cárcel) un trato que las llevara a la regeneración; el trato que daría a su hermana María Magdalena, con cariño fraternal, S.»' Marta. La empresa era a la sazón casi temeraria, y S. Ignacio sufrió toda suerte de malas voluntades y calumnias y persecuciones por esta caridad con las "malmaritate" (malcasadas). Antes en Roma, para pecadoras (adúlteras..., etc.), no había sino la inclaustración de castigo, ¡y perpetua! Este nuevo hospicio subsis¬ tió varios siglos. La construcción, de generosidad de una LEONOR BONCOMFAGNI, fué en 1673; subsisten frescos del Baciccia (1639-t 1709), el perspectivista del Gesú (véase su cap. 103): a ella la creo española. En el pavimento, junto al altar mayor, detrás de él, había lauda, de la esposa de un Boncompagni, y, por ello, duquesa de Sora: LEONOR, hija del español Juan Bautista ZAPATA, la que murió el 26 Abril de 1679, de 85 años {Forc., X, 280). No sé si es la misma Leonor de la edificación, o madre de esta última. En Roma (recuér¬ dese, al caso) la casada tomaba y toma el apellido del marido; prescindiendo del suyo paterno. CAP. 113. S.a-CATERINA-DEI-FUNARI Todas las dudas que me ocurrieron en S-Pancrazio (véase cap. 87) sobre la condición de español del Cardenal de las grandes obras de aquella iglesia coimete- rial o catacúmbica, Luis de Torres, no se resuelven ante la capilla de los Torres en S.a-Caterina-de'-Funari (S.^ Catalina de los Cordeleros); pero, sí, las del carácter español de la familia toda, aunque gradualmente, romanizada. 70 No ha sido nunca iglesia de los "Funari"; pero los cordeleros tendían sus cuerdas aquí mismo, en las ruinas del Circo Flaminio, donde una iglesuca, y mayores espacios circundantes, se dieron a S. Ignacio de Loyola para una de sus dos más importantes fundaciones no jesuíticas. Era para recoger doncellas pobres, las en peligro de perder¬ se, salvándolas anticipadamente: "vérgini miserábüipericolanti". Esta iniciativa cor¬ dial y celosísima de S. Ignacio, la aplaudió Paulo III, Farnesio, que le hizo la dona¬ ción en 1546. Extrajesuítica era la organización de la institución, y con estatuto defi¬ nitivo, sancionado por Pío IV, Médicis, confirmando el que había preparado, ya, Paulo IV, Caraffa. Entonces, lagenerosidaddelCardenalCesilevantólaiglesia,dei56o a 1564, bella, y con muy bella fachada. Aun hoy las niñas recogidas subsisten, y tienen en eUa sus cultos. No la actual iglesia, pués, sino la casa, es fundación de un español. La 3.® y última de las capülas de la izquierda fué, entonces mismo, cosa de la familia española de LOS TORRES: la de S. Juan Bautista. Una exedra (como exe- dras las otras capillas) lujosamente decorada de menudos y grandes estucos rena¬ centistas y de pinturas: estüo más bien de palacete que de iglesia, de palacete cual la ViUa-Giulia, o la ViUa-Pía de los jardines del Vaticano. El cuadro del altar, con sólo el Bautista, lo dicen del Baglione (Girólamo), artista que no conozco (sí, a Giovanni Baglione, n. 1571-t 1644, posterior). Y al mismo se atribuyen a la vez las restantes pinturas de los lados (rectangulares), del cuarto de esfera (trapeciales, ovaladas, rondos), con ocho escenas principales, a muy distintos tamaños, de la vida del Bautista; pero no diré si serán del mismo los dos rondos que están en alto, con cabezas retratos de dos prelados: el uno, a izquierda, con barba, atravesada a trechos de mechones canosos, y el otro, el de la derecha, la barba aun negra y más recogida. En clave, y en la marmórea cancela (dos veces), tres escudos iguales: cada uno partido, en i.°, las 5 torres en sotuer (puestas, 2 -|- i ^ 2), y el 2.°, de oro, con abreviada "Gratia Plena", subiente, a nuestra izquierda, y con "Ave María", bajante, a nuestra derecha. A los sendos lados, pero ya fuera de la capüla-exedra (donde no cabían), es decir, ya en la nave única de la iglesia, pero trozo de eUa adyacente e inmediato, hay dos grandes, sencillísimas, lápidas (que hoy pisan los bancos de las "vérgini miserábili pericolanti", cargadísimos de libritos, mantülitas y rosarios). La lápida derecha (lugar de menos honor) es de LUIS DE TORRES, HIJO DE JUAN, malagueño. Arzobispo de Monreale, Decano en la Cámara Apostólica, Nun¬ cio de S. Pío V a Felipe II y al Rey de Portugal Sebastián, comisionado en los pro¬ blemas de-las alianzas cristianas contra los turcos. Añade que vivió 51 años (pocos, acaso, para verse barba blanqueante): 51 años, i mes y 15 días, muriendo el 31 Di¬ ciembre de 1584 (víspera de las kalendas de Enero de 1585: una "Guía" pone, por tan fácil equivocación, la fecha 1585, con las otras equivocaciones de suponer a estas lápidas con ricos relieves heráldicos, que no tienen). Nacería, pues, el mala¬ gueño en 15 Noviembre de 1533. Por último, se dice que otro Luis de Torres le puso la lápida, y era sobrino suyo por parte de padre (Forc., IV, 808). (Otra lápida de fecha 1592, en la pared izquierda, Forc., IV, 811.) 71 De la fundación de la capilla y colocación de reliquias en eUa, hay otra bien sencüla lapida, de las de memorándum, en el interior, bajo, izquierda, del zócalo de la exedra, y es el aquí mencionado otra vez I,UIS HIJO DE JUAN. A quien, en consecuencia, diputo por el verdadero fundador de la capilla. Al otro retrato alto, izquierda, corresponde en el suelo, como he dicho, otra lápida del todo similar, con sola la larga letra y las largas alabanzas, y los datos siguientes: LUIS DE TORRES, HIJO DE FERNANDO, malagueño. Arzobispo de Salerno, y (lo dice) uno de los primeros fundadores de esta casa: lo que quiere decir uno de los colaboradores de S. Ignacio de Loyola en la fundación caritativa. Vivió 58 años; mu¬ rió el 13 (idus) de Agosto de 1553 (antes, 7 años antes, de comenzarse la obra de esta iglesia). LUIS DE TORRES (otro) puso la lápida, apellidándole tío abuelo (de padre). Es decir, el mismo que al Arzobispo de Monreale le puso lápida apellidándole tío (de padre), tío carnal. Esta última diferencia marca, pues, la distinta generación de los tres homónimos Luis de Torres: pero en generaciones inmediatas (Forc., IV). Entre tales dos grandes lisas lápidas hay otra en medio, en lugar principal, y con relieve bello de calavera, tibias y como sol de Uamas. La letra dice ser FER¬ NANDO DE TORRES, HIJO DE JUAN, malagueño, por 30 años en Roma, de agente de los negocios del Reino de Nápoles (monarquía española). No habiendo podido leer sus fechas, todavía estoy seguro (por ocupar presidencia entre cinco lápidas enringleradas) que se trata del padre del Arzobispo de Salerno y abuelo del Arzobispo de Monreale. Leída la parte invisible de la lápida: vivió 69 años, i mes y 29 días; murió el 24 Setiembre de 1590 (nacería el 26 Julio de 1521). Le puso la memoria su nieto Luis de Torres (Forcella, tomo IV, 810). otra lápida, de la misma fundación y dotación, es de Virginia de Sanguineis, romana, citándose a Fernando y a Cosme de Torres Cardenal, albacea. (For. IV, 8i6.) Creeré, en cambio, de generación menos antigua otras dos lápidas a los extre¬ mos de la fila, que éstas, sí (y no las de los dos Arzobispos), tienen "ricos estemas en alto relieve" con estar al suelo. A la izquierda (hablo siempre respecto del espec¬ tador), la lápida de PENTESILEA RETREPANTE, cuidadosísima de la educa¬ ción de sus once hijos, y que vivió sólo 36 años, 4 meses y 15 días, muriendo el 30 Agosto de 1572: nacería, por tanto, el 15 Abril de 1536. Le dedicó la memoria su hijo Luis de Torres, funcionario de las ambas "Signaturas" (Segnature) Apostó¬ licas (es el futuro cardenal) (Forc., IV, 806). El mismo, el de ambas Segnature, Luis de Torres, dedicó la otra lápida, pareja, la del extremo derecho de la fila de cinco, a un su hermano, llamado JUAN DE TORRES, HIJO DE FERNANDO, romano, que vivió 30 años, 2 meses y 18 días, muriendo el i Marzo de 1585, naciendo (por consecuencia) el 13 Diciembre de 1554. El escudo de éste, el de las consabidas cinco torres. El escudo de Pentesilea (nom¬ bre, clásico, de Reina de Amazonas, impropio, que vino a ser para madre de tan¬ tísimos hijos y en tan pocos años), es partido: i.°, de 6 rosas (puestas, 2-l-i-t-2-l-i), y el 2.°, de 3 bandas de veros. Comparadas las fechas, Juan, el hijo de Pentesilea, lo logró ésta cuando tenía 18 años y medio. (Es fantasía de una "Guía" aphcar el año 1572 a lápida de un Luis de Torres, cuando corresponde a la dicha Pentesilea) (Forcella, IV, 809). 72 A la luz de estas informaciones epigráficas, las de S-Pancrazio resultan posterio¬ res, pero sin duda de la misma familia española. El Cardenal de Monreale y Biblio¬ tecario del Vaticano, el de las grandes obras de S-Pancrazio, nacido en 1551, sería, y es, el hijo mayor de Pentesilea, que le tendría a los 15 años, y ha de ser y es el propio Luis, que siendo todavía solamente funcionario de ambas Segnature Apos¬ tólicas, le dedicó lápida a su madre y lápida a su hermano Juan y lápida a su abuelo. A la vez, él mismo fué también el 2.° Arzobispo de Monreale de la familia Torres; siendo el 3.° el que en S-Pancrazio le dedicó a él, al 2.°, la lápida: o sea el también cardenal Cosme de Torres. Llegando antes a cardenal el 2.°, y probablemente nacido en Roma, como su malogrado hermano; pero queda demostrado que dentro de famüia española. Sin razonar más, el lector puede comprobarme: a los datos que dejo dados aquí, y los que puse en el cap. 87, de S-Pancrazio. Era, en realidad, difícü desenredar la madeja, al ver en la siUa de Monreale tres Torres, y los dos primeros Luises de nombre, y positivamente en tres generaciones inmediatas, y con la añadidura de otro aun más anterior Luis de Torres, Arzobispo de Salerno: en otra inmediata generación anterior; y todavía más, otro Luis de Torres en otra inmediata generación anteanterior, obispo de Málaga (con sepulcro de gran estatua yacente en la Catedral de Málaga). Como fueron los Torres los fundadores de capilla, sin duda al recuerdo de una S. Ignacio de Loyola, otros, españoles también, LOS RUIZ, seguramente que tam¬ bién al recuerdo del santo de Loyola, fundaron en esta iglesia la 'capilla de la Pie¬ dad, la. 2.^ a la derecha. Vese inmediata la doble memoria siguiente. Primera, la de FELIPE RUIZ, valenciano. Secretario en la Dataría, y Arcipreste de Teruel en la catedral de Zaragoza: erigió la capüla esta de la Santísima Piedad, que adornó y dotó. Vivió 70 años y 18 días; murió el 18 Mayo de 1582. Nacería por tanto en 30 Abril de 1512 (Forc., IV, 814). Lleva escudo, ¡que no veo anotado en mis papeles! La segunda, la de PEDRO RUIZ, hijo de Jerónimo y Virginia "Cribelae", de Felipe sobrino segundo, sin cumplir los 35 años, dejando esposa, Victoria Frangi- pani; hijos, Felipe, Pirro y Virginia. Vivió. 32 años, 6 meses, 11 días; f 29 Agosto de 1605: nacería en 18 Enero de 1573. Jerónimo Ruiz a su tío paterno e hijo, lo hizo, de las rentas de la capiUa. Como el lienzo del Cristo muerto del retablo, y asimismo las historias del Re¬ dentor, son obra de Girólamo Muziano (1528-j- 1590), y las pinturas de las pilas¬ tras, de Federico Zúccaro (1540-f 1609), se ve al fundador buscando a los pinto¬ res más famosos del tiempo aquel en Roma, y me imagino posible que por el canó¬ nigo zaragozano expatriado, debió de lograr Zaragoza y el Pilar, un gran lienzo del Muziano que allí se conserva. (Felipe II logró para El Escorial un gran cuadro de Muziano también: poco conocido por estar en pieza de clausura, no visitable.) (ZucCARO fué el por sí mismo tan creído principal pintor del Escorial de Felipe II.) ^ Nota de ig42. El escudo de Felipe Ruiz (segdn me contesta de Roma el Sr. Olarra, Secretario de la Accademía-di-Spagna), es de león rampante con una lis en la derecha: el que se repite en las dos pilastras de la balaustrada y debajo de los cuadros laterales de la capilla. 73 CAP. 114. CASA NUM. i6 DE LA VIA-DEI-DELFINI Esta casa, que fué medieval, de los Frangipani, con torre ("del Melangolo"), y hoy tiene el aspecto de la total transformación barroca, forma parte de la manzana misma donde está la iglesia, y la obra, de S.»-Caterina-de- Funari. La comprobación de su importancia histórica, considerable,.es relativamente reciente. No tiene, sin em¬ bargo, carácter ninguno de casa religiosa, ni parecería que lo hubiera sido nunca; tampoco tiene lápida recordatoria. Pero es en ella donde (más de dos años: 1539-40) habitaba S. Ignacio de Loyola con sus compañeros todos de Roma, cuando se recibió la noticia (2 Setiembre de 1539) de la que resultó tan prematura aprobación pontificia oral de la nueva Orden o Compañía de Jesús por el Papa Farnesio, Paulo III; y donde les dolieron, extremada¬ mente, las resistencias cardenalicias, los graves titubeos y el considerable aplazamiento; y donde, al fin, tuvieron la felicidad de recibir la tan retrasada bula pontificia (27 Setiembre de 1540) que colmaba todos sus afanes; y fué aquí, también, donde se habían discutido (Marzo a Junio de 1539), y por lo visto porfiadamente, algunas délas bases de la institución a nacer, principalmente (se sabe) la del voto de absoluta obediencia. Y fué aquí, muy singularmente, el trance de la aceptación por S. Francisco Javier, de una obediencia, que todavía no le obligaba: para, dejando la Europa, verse encaminado al Asia, al Indostán. Había pedido el Rey de Portugal dos jesuítas (dos, aun futuros jesuítas) para las misiones del Extremo Oriente; se habían designado los dos, cuando resultó gravemente enfermo uno de ellos. La prisa (pues habían de aprovechar en Lisboa el viaje de una escuadra) obligó a sustituir al enfermo; se dió por S. Ignacio otro nombre, pero por ser de francés, el repre¬ sentante del Rey de Portugal manifestó que al Monarca no le había de agradar tal persona, y se comprende bien por el misterio con que Portugal llevaba todos sus asuntos de la India, para mantener, como mantuvo tantos años, el monopolio del comercio europeo-asiático. Así, casi instantáneamente, se. tuvo que pensar en un español, que para los portugueses de entonces, que aun se llamaban "españoles", era cosa natural y aceptable. Y éste fué el trance, trascendental en la Historia de las misiones católicas, de ser destinado el santo de Javier al Asia, donde tan singulares, casi inverosímiles, gestas, habían de demostrar las extraordinarias dotes de este héroe de la pro¬ paganda de la Fe. (Ello fué en un día de Marzo de 1540.) CAP. 115. S.-FRANCESCO-BORGIA Y LA CASA GENERALICIA DE LOS JESUITAS Cuando mi primer viaje a Italia (1896), no estaba "el Papa negro" viviendo en Roma, sino Fiésole; junto a Florencia. Ahora sí, con grande nuevo inmueble y en sin iglesia pública, reside en Roma, junto al Vaticano, en el Borgo, al n.° 5 de la "Via-Borgo-Santo-Spirito". La iglesia está dedicada a S. Francisco de Borja, el santo valenciano, 3.° Prepósito General, y hasta ahora tan olvidado en la Roma que tanto le debió (véanse mis caps. 105, de St-Ignazio, y 109, de St-Andrea-Qui- rinale, y el 103, del Gesú). En la casa se tiene en singular aprecio un cuadro como retrato de S. Ignacio de Loyola, el fundador español. No lo he visto, pero sí lo co¬ nozco reproducido en la gran "Enciclopedia Italiana" (Trécanni) al artículo del pintor Jacopino del Conte, su autor: de 1609. a 1622, pues le llama sólo "Beato". El templo, no grande (para ser de tres naves), es columnario, de tipo basilical y con matroneo. Con muchos, muchísimos, altares (en el matroneo inclusive, con largas filas de ellos) y con ningún retablo. En el ábside, pin¬ turas recientes murales,con el santo titular grande, y con las dos escenas culminantes de su vida: la "conversión" ante el cadáver de la Emperatriz, y, arrodillado, pidiendo a S. Ignacio le tome como jesuíta. Las vidrieras, diez (incluyendo las opacas o simuladas), son, las ocho, de santos jesuítas (españoles: S. Igna¬ cio, S. Francisco Javier y S. Pedro Claver), y las otras dos, del santo de Asís y de la española Santa Teresa: estos dos solos nombres son (en casa y orden tan doctas y devotas) verdaderamente significativos: cual una suprema selección. 74 PARTE NOVENA CON LOS OTROS CLERIGOS REGULARES .i !m ' mm ' / >i í-í ií 'M 'i' ü'l" 'ÊI) ^ ■ j r r% j .U rW ™im ®iMaWm MW ^ti 'i9 Pi MÍ^*if ' wI a';¿vcf5.í4Í¿W^ í 'i-í ^-»A ^pT ilWPfli ■r' &F*.I i l^i CAP. 116. SAN-PANTALEONE En 1621, el Papa Ludovisi, Gregorio XV, cedió la iglesia de S. Pantaleón (era del siglo XIII y había sido de sacerdotes ingleses) al español, aragonés, S. José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías: el primer gran empeño europeo por la educación general y enseñanza popular de la niñez. El Santo la hizo reconstruir totalmente, por planos del arquitecto Antonio de Rossi (no le conozco fechas). Conserva en el altar mayor el cuerpo de S. José de Calasanz; en urna de pórfido yace y es venerado el Santo aragonés, de virtud tozuda y persistente, que tantas persecuciones, acerbas, templaron. Su apoteosis está pintada en el techo por uno de los dos fresquistas luqueses famosos del siglo XVII, Filippo Gherardi (1643- t 1704). El reheve grande, en estuco, del Santo en el altar mayor se atribuye a Luigi Acquisti (segunda mitad del siglo XVIII). En una de las paredes del "coret- to" y en el refectorio hay otras pinturas representando al Santo, la segunda del siglo XVII. El Santo, nació en ii setiembre de 1556, murió de 92 años en 25 de agosto de 1648; beatificado por Be¬ nedicto XIV Lambertini (pontificado de 1740 a 1758, fué canonizado por Clemente XIII, Rezzonico (pontificado de 1758 a 1769). Se conservaba en la iglesia la lápida sepulcral del fundador, la primitiva, antes de ser santo (no en For celia), y a la vez (todo, según el testimonio literal de Galetti) la del noble ANTONIO ORTIZ DE SOTOMAYOR, que murió el 16 Junio de 1568, de sólo 34 años y 3 meses, y que le puso Fernando; la de FERNANDO DIAZ DE LUGO, que le puso en 1600 Luis de Torres (el futuro Cardenal), Arzobispo de Monreale y rector, y la de GONZALO DE LA PUENTE, de 1549, todas anteriores a los escolapios {Forc., XIII, 879, 881, 882). Se cita lápida (Foro, IV, número 1326) con escudo, de un JUAN ANDRES CASTELLANO (con elle y, por tanto, palabra castellana; pero se dice de Liguria: que fundó allá Escuelas Pías con el "Venerable P. José de Calasanz" (antes, pues, de la beatifi¬ cación del Santo en el siglo XVIII, esta), llevando la fecha de 1686 (pilastra derecha del presbiterio). LOS ESCOLAPIOS tuvieron, antes que en España, sus casas en Italia, y gran desarrollo en ella, con el nom¬ bre popular de "Scólopi". Su mayor y famosísimo Colegio en Roma es el Nazzareno, junto a Via del Tritone, que hace pocas décadas (fines del siglo XIX) aun vestían sus colegiales de etiqueta y con elegante chistera en las calles. El Colegio Nazzareno, fundación de S. José de Calasanz, personalmente, él donde lo estableció fué en el palacio Rusticucci-Acoramboni, frente al Vaticano (a la derecha), que en 1937-38 se está derribando. (Véase capítulo 34, de S.-Lorenzo-in-Piscibus, otra iglesia y colegio de Escolapios, en la misma Piazza-Rusticucci.) APENDICE S.-Pantaleone y el Palazzo-Massimo-alle-Colonne, que están en la misma manzana, tienen detrás una calle corta y bella llama de S.-Giuseppe-Calasanzio, por la circunstancia del sepulcro. que se En ella hay modernamente una Casa Religiosa de hermanas servitas, dedicada a S.» Juliana de Falconieri. Aprovechando lauras y escudos bellos del primer Renacimiento, iguales de arte a otras labores vecinas de las mansiones de los Mássimi, las monjas los han hecho pintar con vivos colores charolados: uno con el escudo de los Massimi; pero, el otro con el escudo de los Reyes de España, el simplificado más usado en tiempo de Isabel II. Ignoro (aun habiéndolo preguntado) a qué pueda obedecer esta singularidad. ¡Un escudo de Isabel II dentro de láurea del 2.° cuarto del siglo XVI, y todo charolado, imitando las lozas de la Robbial 77 CAP. 117. OSPEDAl-E-FATE-BENE-FRATELLI Es el de la Orden, nacida española, granadina, de S. Juan de Dios, santo nacido portugués. Siendo curioso que esté en la Isla (Isola-Tiberina) que si en la remota Historia pre-romana era el paso del comercio del bronce etrusco a los puer¬ tos griegos del sur de Italia y por eUos al mundo griego; pero que en la Historia ya romana, tuvo el templo y los sanatorios del dios de la Medicina, Esculapio. Se establecieron aquí los hermanos de S. Juan de Dios en 1582-84, teniendo a su cabeza al español, discípulo personal del Santo, el Venerable P. Pedro Soriano, y acompañado de españoles. La iglesita (de unas monjas había sido) estaba dedi¬ cada a S. Juan Calibita, "santo" que como S. Alejo, los hagiógrafos modernos, aun los más ortodoxos, creen que no ha existido en la realidad, sino en la imaginación del autor griego (monje, probablemente) de una novela piadosa y ejemplar. Sin embargo, "litúrgicamente", el nuevo templo sigue siendo de S. Juan Calibita, el imaginario penitente aquí, en la isla y en una cabaña (calyba) en tierra de su padre, quien no lo reconoce, sino cuando ya muerto. Sin embargo, el Calibita tiene altar sólo lateral hoy, y en el mayor se venera al héroe de la Caridad, S. Juan de Dios. El lienzo en toda la sola figura del santo (aun no canonizado cuando se pintó) es pintura de un antiguo pintor, dícese que Andrea Gennari, llamado "il Sabinese", del que yo no he logrado saber sus fechas siquiera; pero, cuando ya al fundador se le declaró santo, para aprovechar el lienzo y colocarlo en el altar mayor, se agrandó, con la Aparición de María al santo inclusive, por mano de Corrado Giaquinto (1699-f 1765), en muy beUo cuadro, de lo brillante del siglo XVHI. La Apoteosis del mismo santo portugués, y grana¬ dino, la pintó (a la vez que otros grandes cuadros del presbiterio, etc.) el mismo Corrado Ciaquinto. El mejor que boceto, verdadero dechado de la tal pintura al fresco, lo conserva el Museo del Prado, de procedencia de las colecciones reales de los Borbones de España. La ocasión de tan lujosos encargos pictóricos, fué la reconstrucción total del templo en 1741, o (si es verdad que su construcción subsistente es la de 1640) la de, su total vestidura interior. La cual es magnífica, y riquísima, cual pocas, en már¬ moles de diversos y muy armónicos colores, siendo sólo las bóvedas de bellos estu¬ cos. La magnificencia, y la principal concurrencia de Giaquinto, y aun el estilo total y armónico, cáusanme una impresión muy igual a la que me pudiera producir una segunda imaginaria capüla del Palacio Real de Madrid. El milagro del coste de todo ese lujo lo hizo, al abrir unos cimientos, el hallazgo 78 en ollas (que han llegado anosotros) de un gran tesoro de monedas de oro y plata. El General de la Orden lo calló, y las empleó en las suntuosas obras; y como el tal era siciliano, supo bien poner a contribución las canteras de variadísimos jaspes de colores de aquella isla. El hospital (en el que esto escribo, en 1937, y todos los demás capítulos de este mi libro) ha sido bellamente, parcialmente reedificado muy de reciente, y aun ahora (Setiembre de 1937) comienzan algunos complementos del plan total que pro¬ yectó y desarrolló y ahora completa el arquitecto y "académico de Itaha" Cesare Bazzani (n. 1873, vivía ...-f en 1939). Esta obra, acertadísima a mi ver (si no me ciega el cariño de 12 meses vividos en ella), fué del último General de la Orden, el español P. FAUSTINO CALVO, recientemente fallecido en España: era el Gene¬ ral 42.°, y fué el General i.° el citado P. Pedro Soriano. Antes de haber generales, el primer sucesor de S. Juan de Dios fué el Venerable Antón Martín, fundador del hospital madrileño, que yo he visto derribar, subsistiendo solamente (en 1936: invierno) la iglesia. Esta casa es "internacional" y generalicia. Sin embargo, abundan los españoles, y también los portugueses, con algunos mejicanos. La"granada" de Granada, según la visión de la Virgen al fundador de la Orden, con cruz sobre ella, que aquí •se repite en todo, heráldica que es de los hermanos, nos dice cada vez una palabra andaluza, bien española. En la casa existen otros cuadros del fundador de la Orden, y alguno de ellos, en tamaño grandioso, no sé si de los lienzos hechos para la ceremonia de la canonización en 1690; el de la "escalera B". La palabra "fate-bene-fratelli", era la fórmula en Italia de la petición de limosnas callejeras. En España, la frase original (que en Nápoles al principio y aun en Roma se tradujo literalmente), la del santo mismo, era esta (un poco conceptuosa): "¡Hermanos, haced bien para vosotros mismos!" En lo antiguo se veían dos lápidas de pared. Una era del portugués DIEGO DE SYLVA CALDEIRA, que murió el 23 Mayo de 1742, de 73 años, y que la puso su hermano-germano que había sido provincial; la otra, recordando una generosidad del segundo (Forc., X, 346 y 347). En la parte norte del nuevo edificio, sobre el Tiber y frente y cerca del Ponte Garibaldi, un grupo escultórico al aire libre, de S. Juan de Dios y el pobre enfermo socorrido, es eco del de S.-Pietro-in-Vaticano (véase cap. 2.°), y es obra reciente. Hoy la Orden, nacida española, tiene cosa de 2.300 religiosos (sólo unos 80 de ellos son sacerdotes), y tiene unas 25.000 camas de enfermos de caridad, repartidas en diversas naciones. CAP. 118. EN SAN-GIACOMO-DEGLI-INCURABILI Es la iglesia, S.-Giácomo-in-Augusta, del Hospital de los Incurables, que en tiempo pasado, y aun en el siglo XIX, estuvo servido por los "fate-bene-fratelli" o hermanos de S. Juan de Dios: no hoy en día (véase cap. 117, anterior). En el pavimento de la capilla de Santiago había (hay ?) inscripción de las larguezas para con el hospital e igle¬ sia del CARDENAL del título de S.>-Croce-in-Gerusalerame, el español BARTOLOME DE LA CUEVA, puesta por los del hospital en 1563 (Forc., IX, 248) (véase cap. 8.°, de S.'-Croce, y 11, de Monserrato). De la misma manera (Forc., IX, 248), otros legados se mencionaban del español ARZOBISPO DE SALERNO LUIS DE TORRES, hablándose de los hijos de su hermano, Fernando y Luis Torres (futuro Arzobispo de Mon- reale): fecha 1553 (véase cap. 113 de S.·'-Caterina-dei-Funari). Perdióse positivamente la de ANTONIO DE BURGOS, SALMANTINO, Refrendario de ambas Signaturas, 79 jurisconsulto, años catedrático de Bologna, gran consejero de Clemente VII, Médicis, que vivió 75 años y que 20 murió en 10 Diciembre de 1525, por tanto 2 años antes del Saco de Roma, de que fué casi víctima el dicho Papa, y autores las tropas de su Rey Carlos V. Púsola el Obispo de Verona, albacea, Juan Mateo (Forc., IX, 246) (véase capítulo 141, de S.»-Maria-Porta-Paradisi). Estaba en el pavimento, cerca de la puertecilla de la derecha. CAP. 119. EN SAN-CARLO-A'-CATINARI En el crucero de la derecha, del grandioso templo de los clérigos regulares "barnabitas", hay, a izquierda, un, sepulcro de la época del romanticismo "nazareno", en mucho imitando (como el de enfrente) al arte protorrena- ciente del siglo XV (2.® mitad). En el neto del redondeado frontón, que acompañan palmetas, relieves de la Virgen, Niño y seis Angeles, se imita lo florentino de aquella ya lejana centuria; mientras el relieve del friso de procesional fúnebre, de diez figuras (la muerta con dos niños, al pasar al más allá), aun quiere no ser neoclásico y todavía lo es; pero es curioso por el tema. La letra {Forc. ...,587) dice estar allí enterrada una "Infanta de España" y "Du¬ quesa" de Sajonia (o de los duques de Sajonia), MARIA LUISA DE BORBON, que vivió 54 años y 5 meses, muriendo el 17 Abril de 1857. Juan Vimercato le dedica tumba y elogio, y, al parecer, en concepto de marido de ella, sin decirlo. Cabiendo entonces llamarse con derecho (mayor o mínimo) Infantes de España, los Borbones de Nápoles-y-Sicilia y los de Parma-Plasencia-y-Guastalla, había que recurrir a la heráldica para la debida averigua ción; pero ésta nada dice, pues el escudo es extraño a los cuarteles de los Borbones todos, y a la vez no da el típico "cancerlin" (corona curva en banda) de todas las Casas de Sajonia (la real, la gran ducal y las varias ducales, todas, a aquella sazón, soberanas). Tiene lises, pero tres en banda al "jefe" (a lo alto), y el resto, acuartelado: de león rampante y águila. Por lo que me inclino a pensar en el escudo de él; es decir, del que encargó la obra y yace allí. Por cierto que Vimercato, tres siglos antes, fué apellido de algún artista italiano afincado en Valladolid. El problema se complica al ver, frente por frente, en el mismo crucero, otro sepulcro, igualmente'en alto, de tipo parecido, algo más clásico y algo menos romántico (Madonna, sin embargo, a lo siglo XV, también, en el neto alto). Y aquí va enterrado un Rossi, y a la vez su esposa, y a la vez su hijo Juan Francisco de Rossi, muerto de 56 años en 1855, aludiéndose bastante a la Infanta de España de los duques de Sajonia, y al parecer, este De Rossi marido suyo también (?). Su heráldica es diversa. |Y también es diversa la de la cancela del retablo grande, entre el uno y el otro sepulcro! Los Rossi se dicen, ambos, muy literatos. La inscripción borbónica sábese que fué del dic¬ tado del jesuíta P. Tongiorgi (confieso que no la entiendo, ni tampoco algunos latinistas amigos míos). 80 CAP. 120. EN SANTA-MARIA-IN-VALLICELLA, O CHIESA-NUOVA Magna iglesia barroca es ésta, la del Oratorio de S. Felipe Neri. Todos los altares de las capillas laterales, por caso raro y curioso, dedicados sistemáticamente a Mis¬ terios de la vida de Cristo y la Virgen María. Gran templo, sin ostentaciones sepul¬ crales, pero con muchísimas laudas al suelo. La lauda de verdadera significación histórica, entre las de españoles, es la del CARDENAL BELLUGA, muy notable figura en la Historia de España de la pri¬ mera mitad del siglo XVIII. De-LUIS ANTONIO BELLUGA Y MONCADA recordaremos aquí (que bien lo merece) los datos de su vida. Nació en Motril, en 1662, y murió en Roma en 1743: de 81 años, por tanto. Fué Obispo "de Cartagena", o sea de Murcia, en 1705: y fué, en la guerra de sucesión, tan entusiasta de la causa borbónica, que organizó tropas, hasta 2.000 hombres, a su costa, y peleó en las batallas; además publicó Pastoral, casi predicando la guerra aquella civü como santa y como cruzada. A su vez fué un clarividente reformador social, creando una nueva vüla y dos nuevos pueblos en desierto fangoso, trozo de comarca en "bonifica intégrale", adjuntándola a la rica Huerta de Orihuela, y estableciendo a censos todos los colonos en casas y tie¬ rras, y los cobros de los censos, dándolos a unas Pías Fundaciones, que creó en su vecina diócesis propia de Murcia. Pero con ser tan realista, tan borbónico, fué enér¬ gicamente antirregalista, por dictado categórico de su conciencia. El que había sido.a la vez que obispo. Virrey de Valencia y Murcia, y Capitán General de ellas, y con haber tenido hasta parte en la batalla decisiva de Almansa en 1707, y con ser ya cardenal desde 1719, acabó por renunciar el obispado y a todo en España, en 1724, en defensa de las Inmunidades eclesiásticas, viniéndose a residir en Roma, donde vivió casi 20 años como expatriado. En el Vaticano hay todavía inéditas hasta cinco obras manuscritas suyas. Fué en Curia el Protector del convertido Príncipe de Marruecos, e intervino mucho en las relaciones con los cristianos de Oriente (Egipto, Caldea, Siria). En Roma convivió, por cierto, muchos años con el español Cardenal Cienfuegos, expatriado también: pero por haber sido del contrario bando, del austríaco, en la misma aludida guerra de sucesión. Es admirable la decisión sincera, honrada pero obstinada, que usó BeUuga en defensa de las intangibles inmunidades eclesiásticas (problemas que ahora no sub¬ sisten en ninguno de los Estados). Y es digno de censura, por el contrario, que ni T. II.—6 81 los favorecidos Borbones^ de su anterior honrada pero también obstinada pasión, ni la tan beneficiada diócesis de Murcia y sus todavía hoy subsistentes Pías Fun¬ daciones, ni los ricos pueblos de su total creación (Dolores, cabeza de partido o dis¬ trito; S. Fulgencio, S. Miguel), hayan pensado en Uevar a España, y darle en ella magno sepulcro, al cuerpo del ex-obispo en destierro. El, sí, quiso ser enterrado con los hijos de S. Felipe Neri, según cuenta en la inscripción el papa canonista Lam- bertini. Benedicto XIV (que le honró, excepcionahnente, asistiendo al funeral), que tan extraordinarias alabanzas en eUa le dedica, pregonando sus limosnas, sus crea¬ ciones y edificios, a costa suya; Colegio de Escolapios y Seminario; y llamándole cardenal "Protector de España" y "vindicador de los derechos de la Sede Apos¬ tólica", etc. Dice que vivió 8o años, 2 meses y 33 días (así, 33: Forc., IV, 449), muriendo el 22 Febrero de 1743 (nacería el 1672, en Noviembre u Octubre). Está la lápida, grandísima, en el suelo del crucero, ante la capilla absidal colateral de la derecha. La pisa con frecuencia amplio pesadísimo mueble, reclinatorio de como cuatro personas: el escudo, en ella a la cabecera, un está destrozado del tránsito por quebrantamiento de las piezas incrustadas de mármoles de colores, y solamente se le ve un estrecho "pal" central. Está legible, por otro lado, más de la mitad última de la inscripción. Pero nadie puede ya ver el nombre ni las dignidades del enterrado, ni siquiera por adivinación. Aquí Belluga, como en S.»-Croce-in-Gerusalemme Lorenzana (jlos dos más grandes cardenales del siglo XVIII españoles!) están conde¬ nados al más absoluto olvido, por ocultarles la memoria los eclesiásticos maderámenes recientes. Se pueden aquí sólo leer las últimas, y sabemos que son hasta 27 las desiguales líneas. Belluga tuvo el título de S.®-Maria-in-Tras- pontina. En España, por caso único, subsistieron algunos conventos de oratorianos durante los cien años de 1835 a 1936, como el Oratorio de Alcalá de Henares y el de Barcelona, a pesar de la expulsión total de los frailes en la pri¬ mera fecha: el Concordato luego los garantizó, con sola otra orden más, y con una tercera, que no se llegó a de¬ cirse cuál. CAP. 121. EN SANT-ANGELO-IN-PESQUERIA Hoy tienen la iglesia los "clérigos menores" o "Carácciolos". Los hubo en España; desde Felipe II a Isabel II tuvieron bastantes casas(véase cap. 29, de S.-Lorenzo-in-Lucina). Nada de español en esta antigua iglesia, sino el altar de S. Lorenzo, i.° a derecha, con lienzo de Giovanni B.» Brugel (i66o-| 1730). De esta iglesia fué titular el insigne español Cardenal Juan de Carvajal (véase cap. 132, de S.-Marcello). CAP. 122: APENDICE DEL GHETO Inmediata Sant-Angelo-in-Pescheria estaba "la Judería", y cerrada por cuatro puertas en sus muros gene¬ a rales: desde elsiglo XVI al XIX. Desde 1584, orden del Papa Boncompagni Gregorio XIII, habían de asistir los hebreos, los sábados, a un sermón en la iglesia: sin que se vieran las ansiadas conversiones. Era porque al estable¬ cerse el tal "Gheto", esta ya vieja' parroquia perdía consiguientemente parte de la feligresía, y en compensación, cobraba unos como censos de los hebreos. 82 Quitado el obligatorio Gheto, hebreos viven, sin embargo, alrededor. Y en su barrio antiguo, al modernizarlo, y con la gran Sinagoga, sólo se abrieron tres amplias calles, en vez de las numerosas callejas suprimidas: la del Templo, la del Progreso y la "Vía Catalana". Esta se llamó así, al recuerdo de una calleja del mismo nombre, en la cual vivieron en siglos los judíos expulsos de España bajo los Reyes Católicos, principalmente los hebreos cata¬ lanes. CAP. 123. EN SANTA-MARIA-IN-AQUIRO iglesia, hoy, de los clérigos regulares llamados Somascos (el patrono de su fundación, si no su fundador, fué Es el santo veneciano S. Jerónimo Emiliano), como los de St-Alessio y S.-Girólamo-della-Caritá. Hoy no son en el mundo católico, según leo y salvo error del texto, sino unos 140. No en capilla izquierda (como dice Angelí), sino en la tercera püastra de¬ la 3.» recha de la izquierda, con retrato en el ático de pintura (no de mármol un nave busto, como se deduciría del Angelí), hay lápida en monumento arquitectónico de DUARTE PAULO, noble portugués, pero ciudadano romano, que procuróse en vida tal sepulcro, para él y los suyos. Fecha 1619, edad de 80 años (Foro., II, 1378). El escudo, de león rampante, con estrella en alto. La cabeza, con barba en punta blancuzca, del tipo hispánico castizo de entonces. Era familiar del cardenal Eduardo Farnesio. El hijo del anterior, FEEICIANO, tiene lápida fechada al 1624 en el vestíbulo, a la derecha de la puerta cen¬ tral, en memoria de generosidades (censos) a la cofradía del templo (Forc., II, 1381) (véase también Forc., II, 1410, sin fecha). pavimento de la nave derecha, entre la capilla del Crucifijo y la de la Anunciada, tenía lápida (que no En el veo subsista) el sacerdote y doctor en ambos Derechos, ANTONIO GONÇALVES SILVANETTO, natural de S. SEBASTIAN DE RIO JANEIRO, Brasil, que nació en 1832 y murió en Roma el 19 de Setiembre (¡en el último día, veo, del poder temporal de los Papas!) de 1870 (Forc., II, 1461). If 83 CAP. 124. EN SAN-GIROLAMO-DELLA-CARITA Es hoy iglesia de Oratorianos, con los grandes recuerdos del fundador. En la casa vivió no menos de 33 años, y los más hermosos de su vida, S. Fehpe Neri, y en ella le visitó, y se recuerda y se conmemora, S. Ignaciode Loyola, el fundador espa¬ ñol de la Orden de clérigos menores más radicalmente distinta que la de oratoria- nos de S. Felipe Neri. El santo de Loyola solía decir de S. Felipe Neri (que muchas veces le mandaba discípulos a que fueran jesuítas), que S. Felipe Neri era como las campanas, que llaman a la iglesia, pero no entran en ella. San Felipe, recuérdese, tardó años en admitir, y muy a regañadientes, la propia creación: la de los ora- torianos. Los recuerdos monumentales de españoles son dos: dos malogrados, con sus efigies juveniles subsistentes, procedentes del templo anterior, pues se reedificó, todo, por el año 1660. En el lugar de una 2.® capilla izquierda, que no es tal capilla, sino paso hacia la sacristía, están las dos memorias. La una, mármol blanco, aun dentro del templo, a izquierda del paso, es lauda bella, siempre concebida para pared, para plantada perpendicularmente. Acaba en frontón la decoración, y entre él y el mismo friso, va el escudo de tarja de arcos reentrantes con ocho ángulos, pero figura cual exagonal estrechada: acuartelado, con el i.° y 4° la elegante flor de lis; el 2.° y 3.° mantelado, a los lados otra y otra lis, y abajo castülo de "donjon". Se trata de familia bien conocida de los amigos del Arte español, por muchos sepulcros monumentales en Burgos: los Maluendas. Debajo del entablamento, entre cuatro enjutas, también cargadas de sus cuatro aisladas hses, un hueco circular deja sitio para bella pura cabeza de joven, retrato (¡está hoy desnarigado!) tan puro como uno de los de jóvenes de la familia de Augusto. El resto lleva la inscripción (Forc., IV, 629) del Protonotario y Procura¬ dor adicto a la Penitenciaría, burgalés, FRANCISCO MALUENDA, arrebatado en la flor de su edad, pues falleció en 1521 (el 10 de Agosto), de 32 años. Púsole el monumento (y dejó dos líneas, o una al menos, en blanco) Juan Alfonso Maluenda, su primo por hnea paterna, quien le quería mucho. El busto de Maluenda ha sido estudiado y pubhcado, con cariño, por August Griesenbach, en su libro "Roemische Portraetbusten der Gegenreformation" (Leipzig, 1936). 84 El otro monumento, bastante más grande, era lauda de suelo, de escaso relieve, bastante desgastado al paso, en la vieja iglesia. En la nueva, puesta, cual otras, plantada, en la primera pieza del paso dicho a la sacristía. Es un guerrero imberbe, con algo como doble gorra, más amplia la de más encima, ropón de largas rnangas "bobas", que caen al suelo, las manos planas cruzadas a la cintura; cerca de la diestra, en el cinto, cuelga el puñal de misericordia; figura imponente, nada fina; entre ambos zapatos, nada juntos, hay resto del escudo, pero totalmente borrada la heráldica, menos (por ser en hueco) las letras A y E, mayúsculas, enlazadas a un lado de la "punta", y una G al otro lado. El letrero (Forc., IV, 632) es trágico. El enterrado era BAUTISTA ALGEZIRA, romano, pero de apellido, dícese, entre los españoles nobilísimo. El hermano Diego, con la inconsolable madre, y no sin lágrimas, le puso el monumento llamándole óptimo y benemérito, y diciendo que vivió 24 años, 5 meses y 13 días, fallecido el 23 Diciembre de 1527. ¿Cómo? La in¬ digna e inmatura muerte, va dicho, la recibió de golpe, pero castigando y degollando al imprudente percusor. Había pensado yo en el Saco de Roma; pero el ser romano, aunque de familia española, y el tener madre en Roma, no convidan a pensarle en las filas imperiales invasoras, y la fecha de la desgracia es posterior en más de siete meses a la toma de la ciudad (6 Mayo de 1527). iglesia tiene (o ha tenido) otros enterramientos de gente hispánica, sin carácter monumental. Esta . De ALFONSO FERNANDO, SEVILLANO, filósofo, lingüista, que murió de 44 años, en 1504, lápida chica en el pavimento ante la 2.» capilla izquierda {Forc., IV, 626).—De RODRIGO DE VALLADOLID, español, sacerdote, curial ("scriptor"). Murió en 27 Mayo de 1518; púsola su sobrino de madre Juan Alvarez de Valladolid, también curial {Foro., IV, 628).—De FRANCISCO (borróse ? el apellido, pisado ahora), español, BURGALES; murió el 29 Agosto de 1529, y nacería (según los datos que se dicen), en 24 Mayo de 1467: él mismo se preparó el monumento, colocado en parte bajo el segundo confesonario de la derecha {Forc., IV, 633).—De FELIPE AGNELO, español (lo dice, con ser italiano el apellido, sin fechas, al centro de la nave, entre los dos primeros confesonarios {Forc., IV, número 650).—De JUAN LUSITANO, FISICO (médico), profesor, con CATALINA FERNANDES, esposos (dice) que no riñeron nunca; sin fechas, y la lauda con la bella figura doctoral al trazo incisivo; en el pavimento de en medio, a la altura de las puertas laterales {Forc., IV, 652).—De GONZALO DE LA PUERTA O PUENTE, español, fecha de 1549, con su mujer e hijos {Forc., XIII, 826).—De un MATEO CATALANO, acaso italiano, lauda que subsiste detrás de la de Lusitano {Forc., XIII, 863).—Se tenían por perdidas las inscripciones (conservadas en un Códice de laBiblioteca-Vaticana) del dicho Gonzalo; y de un FRANCISCO MARTI, "Lucenci", de Lugo (?), de Liria (?), muerto en 1551 {Forc., XIII, ...), y además de una INES XEREZ, española, que murió de 33 años, en 29 Mayo de 1525, con inscripción copiada por el erudito Guardi {Forc., XIII, 822). <Í> de la izquierda, hay un sepulcro de un Cardenal Paolo Odescalchi, fecha de 1585. En esta iglesia, en el crucero Antes de ser cardenal fué uno Papa, San Pío V, para imponer qüe Carranza, el Arz¬ de los enviados a España por el obispo de Toledo, no fuera juzgado por la Inquisición española (que le hubiera sido tan adversa como le era Feli¬ pe II) y se trajera a Roma (salvándole, en definitiva) al juicio de la Inquisición romana (véase mi cap. 62, de S.»-Maria-sopra-Minerva, al final). También este Odescalchi (en un siglo anterior al Papa Odescalchi) fué emba¬ jador de S. Pío V a D. Juan de Austria. 85 CAP. 125. EN SANT-ALESSIO En la iglesia de S. Alejo, precisamente detrás del aislado edículo del altar mayor, centrada y como presidiendo el presbiterio y coro, hay una gran lauda marmórea, todavía gótica, con la figura yacente en algo acusado, pero bajo, relieve, desgastado en parte, de un monje gerónimo español, FRAY LOPE DE OLMEDO: obra aun bella, aunque ya algp deslustrada, publicada en el tomito de la iglesia, de Zamba- relli, de la tan conocida pero sólo iniciada serie "Le chiese di Roma ülüstrate". El personaje es viejo conocido del que esto escribe, autor que fui de una mono¬ grafía (íntegra, pero comprimida), de "Los Gerónimos"", en forma de discurso, el de ingreso al ser recibido académico de número en la Real Academia de la Historia, en Madrid. * Hombre de gran talento y decisión. Fray Lope quiso reformar la españolísima (sólo de Castilla, Aragón y Portugal, los tres grandes Reinos hispánicos), y a la vez la opulenta. Orden, esencialmente atenta a la majestad del culto y de las artes cris¬ tianas, como su nota especial. En Sevilla se partieron los campos, quedando el convento de Santiponce, 8. Isidoro del Campo, por los unos (los de Fray Lope), y el de Buenavista, 8. Jerónimo, por los otros. En la rivalidad (que se hubo de can¬ celar en el siglo XVI: por Felipe II), Fray Lope de Olmedo tuvo iniciativas de extender por fuera de la península ibérica a sus "gerónimos de Fray Lope", y dados sus méritos y talentos, el año 1426 logró del Papa Colonna, Martino V (el primero de los Pontífices, al terminar el gran Cisma de Occidente), la cesión de 8t-Alessio y su casa monacal — que naciera en 970, con griegos basilios, después mezclados con latinos benedictinos; y que más tarde fuera de sólo los últimos, y desde 1231 había sido de los premostratenses —. Ahora llevan tiempo de estar aquí los somas- eos (los clérigos regulares de la fundación o patronazgo de 8. Jerónimo Emiliano, véase cap. 123), cuidando un gran número de chicos ciegos. Por cierto que estos somascos, no conocidos en España (el primer asiento, por Barcelona, acaba de fra¬ casar: en la gran tragedia de la Patria), han tenido en 8t-Alessio un rector español, cuyo mérito y recuerdo se señalan en gran lápida, en la iglesia, nave lateral iz¬ quierda: DOMINGO 8AVARÉ, nacido en 1813, muerto en 1895 (no en F or celia, naturalmente). FRAY LOPE DE OLMEDO fué natural de 8evilla; gozó de gran favor con Martino V (aparte lo de 8t-Alessio); y de que le tenía el Papa Colonna como hombre 86 de grandes dotes, le demuestra el haberle encargado del Arzobispado de Sevilla (1431-33),..: si no recuerdo mal, al suspender o destituir del mismo al Arzobispo Anaya: el famosísimo Anaya, magnífico fundador del más viejo, y siempre el prin¬ cipal y más prestigioso, de los colegios mayores universitarios de la España histó¬ rica, o sea el "Viejo" y de S. Bartolomé, en Salamanca, donde hay a la vez en la catedral vieja, también magna capilla de Anaya, obra de artistas traídos a España por Anaya al volver del Concilio de Basilea (?). Los gerónimos "de don Lope", llamados también "isidros" (por ser la casa matriz de la reforma S. Isidoro del Campo, en Sevüla), llegaron a tener monasterios en Tendüla, Ecija, Sanlúcar y Jaén, y algún otro en España. Pero en Roma (conste) no era de eUos St-Onofrio, que pertenececía a otro intento, al comparativamente mezquino, de una orden de otros jerónimos itahana. La lauda sepulcral de Olmedo denota que no vestía la familia de Fray Lope de Olmedo, o sea la de los gerónimos reformados, propiamente a lo fraile, como sí vestían los más auténticos gerónimos españoles (éstos, con hábito blanco y escapulario pardo o negro), sino que vestían, los de Olmedo, como a lo monje, con cogulla y de gran vuelo y pliegues y de mangas amplias, aunque no tan largas como las cogullas de los benitos y cistercienses. En realidad, hay que reconocerlo, los gerónimos de las Españas ofrecían un equívoco, de decirse frailes y ser monjes. La ropa de Fray Lope deshacía el equívoco, al menos en la indumentaria. Durante elimperio de Napoleón se vendió, en desamortización, este convento. Lo compró CARLOS IV, REY DE ESPAÑA, en Roma expatriado, y en él hizo las obras precisas para habitarlo en los veranos: en Roma, por lo demás; él vivía más bien en el Palazzo-Barberini. Hemos podido visitar el transformado edificio. Al alto de amplia escalera, inmediata, hay crujía, la del lado sudeste, o sea el paralelo a la gran calle, serie de amplios salones-pasillos de bóveda de cañón, sencidamente pintada en estüo impe¬ rio; siguiendo la crujía, hay luego un cuerpo sahente al sur, con gran sala (hoy dor¬ mitorio, cuya techumbre, arrancados lienzos en eUa, es del estilo); y después una sala, cuyo techo conserva muy beUas pinturas de figuras de efebos desnudos, deco¬ rativas, y al suelo, de mármoles, ornato con las siempre (¡ay!, siempre) enlazadas cifras de los nombres del buenísimo Carlos y de la nada buenísima María Luisa, su tan amada (¡ay!, muy amada) esposa. Sigue otra sala en lo saliente, que, en otro rico solado, da el escudo real (el sencido, de Castdla, León, Anjou), como este (o acaso el otro) friso, da un castdlo, un león, y dos veces las tres lises. A inmensa dis¬ tancia del lujo, loco y maravdloso, de algunas de las casitas de Carlos IV en el Es¬ corial, el Pardo, Aranjuez, o de las salas "de maderas finas" en el palacio del Escorial, todavía aquí vemos la nota de estilo, noble y personal. Pobre aquí, pero ennoblecida, mayestáticamente, por un rasgo final, sin titubeos, cual cosa de antes prevista: que es el siguiente. Apenas caído Napoleón, y restablecido el Pon¬ tífice, Carlos IV regaló el comprado inmueble, con sus aderezadas salas y partes nuevas, a los mismos monjes: la repetida nota simpática de los años del destierro vitalicio de un monarca de las Españas (véase, además, el cap. 58, de S.^-Sabina, vecina de St-Alessio, donde el rasgo se duphcó). En la misma iglesia, al crucero de la derecha, en la capilla principal (la sacra¬ mental), y es casi la única del templo, tienen los pedestales marmóreos de su noble portada clásica, repetidos y en bronces dorados a fuego y no pequeños, los dichos regios escudos de España; es decir, que la capilla es obra también del devoto Carlos IV. Entrando eUa, entre clásicos estucos, hay un rico, muy rico, sagrario, no en enorme, pero digno del recuerdo del del Escorial de Fehpe II y los Gerónimos espa¬ ñoles. Carlos IV lo compró, al venderlo los hombres de Napoleón, le completó las, en parte, desaparecidas, bellas columnitas, lo puso en la capüla y lo regaló al templo. Redondéase en consecuencia el rasgo, que me hace decir que el 5.° de los Borbones de España supo ser dignamente en Roma, aunque "Roi en exü", un verdaderamen¬ te "rey". Sin noticia en libros, la fachada del templo, dentro del pórtico y el ala del edificio con¬ me atrevo a pensar que ventual antes aludida, obra del propio Carlos IV, a juzgar por el estilo: no muestran heráldica alguna. puedan ser En el libro de Angelí lo que se dice, finalizando el relato histórico, y tras de obras en 1750: "en 1813, Carlos IV engrandeció y embelleció el monasterio"; para mí, la fachada de la iglesia es del mismo arquitecto del ex-monarca. El asiento en Roma de los españoles gerónimos, entre nosotros llamados "de don Lope", parece que se debió al Cardenal español Carrillo (véase cap. 133, de Sancti-Quattro), quien tenía St-Alessio en encomienda (lo leo en Huetter). El P. Olmedo llegó en 1426, con ocho frailes españoles. Nota de 1^42: Sé, por referencias, que toda la parte noble de la morada de Carlos IV es, muy de reciente, el local de laprestigiosísima institución cultural "di Studi Romani", aunque la serie de sus numerosísimas concurri¬ dísimas conferencias en cada curso, sigue teniéndose en la tan bella Sala Borromini de la Biblioteca Vallicelliana (donde yo, invitado a dar una conferencia, diera la de "Borgianni y Velazquez", en 1937, asistiendo a ella la expa¬ triada Real Familia y los Embajadores de España). CAP. 126. EN EL COLLEGIO-LEONIANO DE LOS PAULES En la iglesia, muy recientemente derribada, de la Trinità-della-Missione, de los padres de S. Vicente de Paül (cerca del palacio del Parlamento, o sea el Palazzo-di-Montecitorio), había un monumento de un español, con el que me tropecé, a dos kilómetros de distancia, en una gran iglesia del ensanche, en el cuartel "Prati", Via-Pompeo- Magno. En el nuevo, grande templo, figura la lápida con retrato en mármol de BENITO "FAENAIAE": está en el pórtico de ingreso y de comunicación con los patios conventuales (entrando de la calle, a la izquierda). La antigua iglesia estaba, concretamente, en la, por ella llamada, "Via-delle-Missione", y era edificada en 1642 por una francesa Duquesa de Aguillon, con tres naves y siete altares; era templo propio de la Congregación Vin- cenciana de las misiones, o sean los padres que apellidamos nosotros "Paúles", tan frecuentemente llamados, fuera de España, "lazaristas". El citado Fenaia fué de Gerona, Patriarca titular de Constantinopla; era miembro de la Corte eclesiástica del Papa Chiaramonti, Pío VII, y tuvo que acompañar al Pontífice en 1809, cuando aprisionado por Napoleón I; y así, con él, fué llevado deportado. Allá, con el Papa vivió, y allí murió, de 78 años, en 1811, el 20 de Diciembre (13 de las calendas de Enero de 1812). Tiene (cual tantos casos en Roma) dos. lápidas: la grande, pregonando sus elocuencia, caridad, prudencia, doctrina y campañas de predicación por toda la Italia; la chica (al suelo, antes), donde se señalaban (y donde estaban enterradas) sus solas entrañas, traídas de Francia (Foro., XII, 72). FENAIA, de los "Paúles" (que decimos en España), mal se le dice romano; pero fué, efectivamente, muy romano, de popularidad devota: en 1783 fué el Papa Pío VI, Braschí, al Palazzo Pamplili a escucharle desde el balcón un sermón al aire libre, en Piazza Navona, en unas misiones popularísimas. Fué "in partibus" Arzobispo de Philippos, 1801, y Patriarca de Constantinopla, 1808, y Vicerregente de la diócesis de Roma, desde 1800. Acompañó a Pío VII, Chiaramonti, que tades cargos le dió, a París, a la coronación de Napoleón, 1804, y fué el que, a la vuelta, intervino en la retractación del famoso jansenista de Pistoia, obispo Ricci; en viaje, deportado, salió, creo que con el mismo Papa, al destierro: donde había de hallar la muerte. 38 CAP. 127. FUTURO TEMPLO DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA De las más importantes Ordenes de Clérigos Regulares es ya, hoy, con haber nacido en el siglo XIX a los pro¬ medios, la que fundó en España, y aun es tan predominantemente española, el Beato Antonio María Claret, y ya en Roma se les llama los "claretianos": Claret fué beatificado por Pío XI, Ratti. Les está encomendado en Roma el templo céntrico y grande de S.»-Lucía-del-Gonfalone, obra del siglo XVIII, con sus pinturas mejores del siglo XIX. Pero al extremo norte de la Roma nueva han comenzado a edificar, por orden del mismo Papa Pío XI, uno que será grandioso templo moderno, a mitad del Viale-dei-Parioli, al pie y frente al alto parque público de la Villa-Glori. Parece que el Papa quiso (!) que la cúpula no fuera sino del mismo diámetro que la de S. Pedro del Vaticano, y el arquitecto, Armando Brassini, asi la ha trazado; mas no sobre cruz de naves, sino en rotonda, y con otra no grande circular anular, y con cuatro capillas, como en cruz de aspa puestas. La maqueta, que allí se ve, es algo más alta que dos metros. (De ella, fotografías he visto en las iglesias claretianas de España: de señuelo para el cepillo de limosnas.) El Papa no es tan rico como los Papas del Renacimiento, y tampoco lo es la Orden, y sólo una como gran cripta provisional está abierta al culto: al que asiste la gente rica y aristocrática de aquellos nuevos medio poblados barrios. A izquierda hay una mesa de altar y una policroma imagen de la Inmaculada, obras del siglo XVIII. Una lápida dice que proceden de Sant-Adriano-al-Foro (véase cap. 99), y que vive en ellas el recuerdo de las misas cotidianas del P. Claret en Noviembre de 1865, y sobre todo en Abril a Julio de 1870, en que vivió en Roma, para asistir al Concilio Ecuménico Vaticano, como Arzobispo de Santiago de Cuba que era el bienaventurado celosísimo Claret: virtuosísimo, víctima de la prensa y la opinión y las calumnias izquierdistas españolas de entonces, por ser su con¬ fesada la Reina Isabel II y atribuírsele, por tanto, parte considerable de la claudicante historia de las frecuentes crisis políticas de una parte de aquel reinado: especialmente, cuando el reconocimiento por España del Reino de Italia. La dicha fecha de 1865 corresponde a su famosa entrevista con Pío IX, Mastai Ferreti, después del dicho reconocimiento, cuando, por su tremenda actitud, era él mucho más papista que el Papa. Un lienzo del Beato y otro, catalán, de escena de caridad suya, acompañan a la dicha imagen de la Inmaculada: la que es de tipo icónico, no español, por cierto, sino italiano (brazos abiertos, la túnica no blanca). ^ En Mayo de 1939 se han reanudado las obras, confiando en tener levantado el templo, de un solo empujón, en dos años (?). I 89 í^- - ? f- m; pp« ?'^JI m ^;■ri-ès'.v «fcÏngK? m ^■3 i^îV-' «¡Jí')^ ' -ÍJ j''.f4'' , T"*s ♦■ I ' #1h mfMu3.^&k>'·&y . &ilfl^ CAP. 128. IGLESIA ANTIGUA DE LA PROPAGANDA-FIDE Está cerrada la viéndose abierta nunca, antigua iglesia de "I-Tre-Re-Magi", no por el traslado del gran Colegio al gran edificio en los altos Vaticanos: el hoy extra¬ ordinariamente importante Colegio, el más internacional de los internacionales, el esencialmente plurilingüe. Consérvase, sin embargo, en el noble edificio antiguo, junto a la Piazza-di-Spagna, la Congregación cardenalicia de Propaganda-Fide, y vive aUí el Cardenal que. la preside. La antigua, lujosa iglesia, o, mejor, gran capüla, está dedicada a los tres Reyes Magos: igualmente, la del nuevo colegio. Como aqué¬ lla tiene aspecto, en cierto modo, de grandioso salón, ofrece a los ángulos y a mitad de los lados largos, en forma homogénea, seis grandes bustos, mármoles blancos, puestos sobre redondeados altos pedestales, mármoles negros: los seis con sendas largas inscripciones. Entrando, a de verdadero carácter (cabeza que algo la izquierda, con busto recuerda, vagamente, las de hidalgos del Greco), se ve la efigie, algo ascética, de un caballero español: el fundador del hoy inmenso Colegio de la PropagandaFide. La letra, latín, indica que la Congregación (que es cardenalicia, y de las más impor¬ tantes) colocó, agradecidamente, el monumento, dedicado al español, y valen¬ ciano, BAUTISTA VIVES, Refrendario de ambas Signaturas (apostóhcas) y Agente residente en Roma, ante Urbano VIII, Barberini, de la Infanta de España y Prin¬ cesa de los belgas D.®' Isabel (Isabel Clara Eugenia, la hija predilecta de Fehpe II), y eUo muy obligado, por haber Vives erigido, y en casa propia suya, el Colegio para doce colegiales, dejándole asegurada subsistencia con liberahdad, con un censo anual para su sostenimiento. Fué, pues, el creador del núcleo inicial de la cada día más importante institución para las Misiones (Forc., XI, 676). El edificio del Colegio de la Propaganda se le dice instituido en 1622, y bajo Gregorio XV, Ludovisi; pero, engrandecido bien pronto por el inmediato sucesor, Urbano VIII, Barberini, se le llama, desde entonces. Colegio "Urbano". Sus fachadas son obra de Barberini, una, y de Borromini, otra: de éste es la iglesia, en i68o, bajo Alejandro VII, Chigi. En las modernasinvestigaciones acerca-de la Historia de la Propaganda, todavía resulta más importante la parte de los españoles. Y eUo se explica, a nuestro honor, por dos razones. La primera, que en aquellas décadas eran de iniciativa de espa¬ ñoles muchas de las grandes obras de la que ahora llamamos la "contrarreforma"; 93 y la segunda, que el imperio colonial de castellanos (y de portugueses, entonces bajo un único monarca, entre ambos pueblos) nos hacía ver más y mejor, y como palpar, el problema de las misiones en América, en Asia, en Africa, en la ahora llamada Oceania (Filipinas), etc.; si otros pueblos católicos no dormitaban, era, al caso, el nuestro el más despierto: antes de que Holanda, Inglaterra y Francia tuvieran gran imperio colonial. Porque si Vives, al crear, en 1603, en realidad, el Colegio, lo creó con el consejo y acompañamiento del Beato Juan Leonardi (fundador de los clérigos regulares de la Madre de Dios, amigo de S. Felipe Neri, muerto heroicamente de peste en 1609) y que yo he visto canonizar solemnemente en 1938 —, y Leonardi era de Lucca, — italiano; en cambio, figura, ahora lo reconocemos, como principal impulsor primero, anterior a Vives y el santo Leonardi, y aun en el siglo XVI, el carmehta descalzo P. GR AGI AN, a la vez confesor e hijo espiritual de S.® Teresa de Jesús, fraile de vida ardiente y aventurera, que había de morir en Bruselas fuera de la Orden, de la que había sido uno de sus primeros y principales ornamentos, y tan amado de la insigne fundadora en los últimos años de la vida de la Santa doctora. El impulso del P. Gra- cián en pro de la organización misionaria lo acogía Clemente VIII, Aldobrandini, ya en 1597. Pero en los años inmediatos sucedióle a Graciánlos mismos empeños misio- en nistas, otro carmelita descalzo o teresiano, hombre extraordinario, que citamos en otros dos .capítulos de esta publicación: el VENERABLE FRAY DOMINGO DE JESUS MARIA (en Roma desde 1600), que, al caso de lo misionario, ha merecido bellas páginas de la pluma de Georges Goyau, poniéndole a plena luz (como, des¬ pués, también lo ha hecho con el predicador del Papa y cardenales, P. Narni, ini¬ ciador elocuentísimo de la idea de la Congregación de la Propaganda). De las pági¬ nas de Goyau tomamos, ya algo retrasadas (y ahora estarán acrecentadas), estas notas estadísticas (son de 1925). Que el Colegio (que naciera español con VIVES) tenía 122 seminaristas o colegiales: de ellos, 5 indostaníes, 7 annamitas, 12 chinos, 8 japoneses, 8 siromalabareses..., y que, procedentes de otros Colegios romanos inter¬ nacionales o §ea de Ordenes, oían sus enseñanzas además gran número de futuros misioneros. Su imprenta, por la plenitud de material de letra en tantas lenguas dis¬ tintas y distintos exóticos alfabetos, fué, ya en siglos pasados, reconocida como la primera del mundo. Cuando Gregorio XV, Ludovisi (1621-23), instituyó la Congregación cardenalicia de la Propaganda, FRAY DOMINGO DE JESUS MARIA fué su consultor y como obligado fiscal. (Sobre FRAY DOMINGO, V. cap. 85 de S.®-Maria-della-Vittoria, y 129, de S.»-Croce-delle-Scalette.) En el nuevo alto palacio y su iglesia, sobre el Vaticano, celebrándose la fiesta principal suya el día de Reyes (los Magos del Oriente), en 1937 asistí a todas las misas en trece ritos orientales distintos, dichas por clérigos y ayu¬ dantes de sus respectivas iglesias y en casi otras tantas lenguas arcaicas distintas. Todos en la unidad católica. Nuestros GRACIAN, VIVES y DOMINGO DE JESUS MARIA ¿imaginaron tanta virtualidad y grandor a sus iniciativas, a tres siglos fecha? 94 CAP. 129. S.a-CROCE-DELLE-SCALETTE, ALLA-LUNGARA Con sus ocupando la misma acera que interrumpen, dos escalerillas encontradas, se alcanza puerta siempre cerrada. La de una modesta iglesia y adjunta casa, una que fundó el activísimo y celosísimo carmelita teresiano español FRAY DOMINGO DE JESUS MARIA (n. 1559 f 1630), ayudado con las limosnas de un Duque de Baviera, creeré que de Baviera-Neuburgo (véase en mi cap. 85, de S.^-Maria-della- Vittoria, la explicación plena de las amistades del fraile con los grandes príncipes católicos de Alemania; véase, además, el cap. 128, de la Propaganda). Es un monas¬ terio, o asilo, para arrepentidas mujeres de mala vida, que tanto abundaban en la Roma de otros siglos. Una vez, creo recordar, he visitado el interior de la iglesia, de cuadros no interesantes. En F orcelia se ve la iglesia (aunque fuera por la iniciativa del fraile) que quien la costeé^ fué Baltasar Paluzio: el año 1619. CAP. 130. S.a-MARIA-DELLA-PIETA-IN-PIAZZA-COLONNA; Y LA TRASLACION A LA LU.NGARA Fué untiempo (ya, no) iglesia del primer hospital de locos que hubo en Roma. Y quien lo fundó, en 1548, fué un español, FERRANTE RUIZ. Recuérdese que Valencia sigue creyendo que el primer manicomio de Europa fué el aUí fundado, a principios del siglo XV, a la explosión de indignación del famosísimo mercedario Venerable Fray Gilabert Jofré, al ver el trato que a un loco daban los chiquillos en las calles que acababa de atravesar, al ir a predicar en la catedral; y ala, consiguiente, explosión de la generosidad de los oyentes del sermón, a los subsiguientes acuerdos del ayuntamiento de la ciudad cabecera de la región en que yo nací. El manicomio romano lo trasladó Benedicto XIII, Orsini (1724-1730), instalán¬ dolo junto a la Porta-Santo-Spirito, dando entonces la iglesia antigua a los de Bér- gamo, quienes adquirieron también el hospital viejo. Los bergamascos antes esta¬ ban en S.-Macuto (hoy iglesia del Colegio Romano de los jesuítas, véase cap. 108), y desde S.-Macuto trasladaron a la iglesia de la Piazza Colonna todas las lápidas sepulcrales. En cambio, la cofradía del hospital-manicomio llevóse las suyas a su iglesia (no pública) de la Lungara, junto a la citada puerta, lugar que forma parte 95 en conjunto de la pequeña "puebla" o barriada de los muchos edificios del grande el hospital de Santo-Spirito. No he visitado la Pietà en él; pero me consta, de referen¬ cia, que en el pórtico de ingreso a esta nueva iglesia, ahora ya vieja, se conservan las lápidas de españoles, que por orden cronológico serán las siguientes: De GARCIA SERRANO, protonotario, natural de Medinaceli (diócesis de Sigüenza), muerto en 1561, el 7 de Diciembre, de 60 años; la puso su hermano, Pedro Martínez Serrano (Forc., XII, 477, pared de la derecha).—Del mismo GARCIA SERRANO y por su hermano PEDRO MARTINEZ GARCIA, sic, de sufragios; la puso Blas Casa- rrubias, archivero (Forc., XII, 478).—De BLAS DE CASARRUBIAS y su mujer GARCIA SANCHEZ, de sufragios (Forc., XII, núm. 479: a izquierda).—De FERNANDO RUIZ, presbítero, de Sevilla, el fundador de la institución, muerto en 13 de las kalendas de Abril (el 20 de Marzo) de 1573 (Forc., XII, 481: a derecha). La institución sé que Jubileo del año iSSo.» Y se la fundó Ruiz, con ocasión del me ocurre pensar si antes que definitivo manicomio permanente, no sería temporal hospicio para los peregrinos españoles de aquel año (cual otros casos se conocen en distintos jubileos). Pío IV, Médicis (1559-1565) dióle muchas indulgencias. Se sabe que FERNANDO RUIZ era capellán de S.^-Caterina-de'-Funari, es decir, de la fundación del español 8. Ignacio de Loyola (que a la sazón aun vivía y en Roma), para niñas "pericolanti", en peligro; y que le ayudaron a fundar el primer manicomio de Roma otros españoles: Angelo Bruno y el hijo de éste, Uamado Diego, y otro, todos tres naturales del Reino de Navarra. El CARDENAL ESPA¬ ÑOL BARTOLOME DE LA CUEVA (véanse caps. 8.°, de S.®-Croce-in-Gerusa- lemme; 11, de S.»-Maria-di-Monserrato, y 118, de S.-Giácomo-in-Augusta) fué el "primer Cardenal protector, y creo que sin tal título, luego fué también uno de los mayores bienhechores el Cardenal Ñipóte del citado Papa, S. Carlos Borromeo, Arzobispo de Müán, su patria, súbdito por ella de los Reyes de España. La Confra¬ ternidad, cuando se fundó fué en 1561, veo que a la muerte del fundador, y sin duda para suplir por su pérdida. (Véase cap.®' en S.®-Caterina-de'-Funari, cap. 113.) Ya trasladado el Manicomio a la Lungara, ha tenido engrandecimientos (pabe¬ llones, salas y hasta una institución agrícola) de tres papas generosos para con la casa: Pío VI, Braschi, en el siglo XVIII, y en el XIX, León XII, Genga, y Pío IX, Mastai-Ferretti. ^ En 1938 (Abril) acaba de fallecer el Professore GiannelH, médico director largos años, y recentísimamente historiador a la vez, del ahora llamado Hospital Psiquiátrico, uno de los mejores de Europa. En 1938 (Julio) veo en la prensa que se celebra el un-quarto-de-siglo de la traslación (sería, pues, en 1913) del manicomio desde el Giannícolo (Via Lungara) al nuevo Manicomio "provinciale", en el Monte Mario, y siempre llamado, a pesar de las traslaciones, "di-Santa-Maria-della-Pietà", la misma invocación que le dió el fundador español. Volviendo a la Piazza-Colonna, en la iglesia della-Pietà, o de S.-lfartolommeo, se cita una lauda de la esposa de FERNANDO LORENZANA, acaso no española, muerta en 1840 (Forc., VI, 1644): pienso si será deudo del gran español, el cardenal muerto en Italia ya entrado el mismo siglo XIX (véase cap. 8.'', de S.®-Croce-in-Geru- salemme). CAP. 131. EN S.^^-AGATA-IN-SUBUR-RA En la tan modernizada iglesia de S.^ Agueda de los godos o in-Subur-ra, y a mitad de su nave derecha, hay un gran septilcro de un español. Es en arco, con arca, y en el neto, en acusado alto relieve, la Virgen, el Niño sentado en cojín, que bendice, y el difunto orante; su figura y la de María, sólo de medio cuerpo, pero tamaño grande. Arte no muy bello del siglo XIX, cuando comenzaba a imitarse la beUa escultura de sepulcros del siglo XV. El allí representado y enterrado es JUAN FRANCISCO DE JOAQUIN F. MARCO Y CATALAN, de la casa de BeUo, diócesis de Zaragoza, uno de los doce Auditores de la rota romana, por designación de Fernando VII por la banda de la Corona de Aragón (dice, por la "Celtiberia"), en seguida Prefecto de la ciudad por designación del Papa Genga, León XII; después, CARDENAL diácono de esta igle¬ sia; virtuoso sacerdote, prudente, erudito, servidor de cuatro pontífices (contando, por tanto, a Pío VII, y después a Pío VIII y Gregorio XVI); murió el i6 Marzo de 1841, de 70 años, y, por ello, nacería en 1771. Dejó sus bienes para culto y "expiación" (palabra misteriosa, que acaso luego dejemos a luz). Pusieron su sepul¬ cro los albaceas; Esteban Azpeitia (español, seguro) y (en duda si español) Nicolás Salvador o Salvatorio (Forc., X, 588). Como prelado español de los últimos tiempos, tenia heráldica complicada; pero en este caso, todavía familiar, al parecer; escudo partido, el primero dos veces cortado con 1 + 2 triángulos o pirámides, con busto de rey (¿moro?) y con cabria sobre unas ondas y estrella sobre ellas; el 2.° (sin verse cortado), con cruz de Ainsa en jefe, y lebrel pasante debajo; timbre, de capelo cardenalicio. El CARDENAL MARCO CATALAN, asistente al CONCLAVE DE 1831 a la muerte de Pío VIII, Castiglione, fué quien entregó, el 9 de Enero, el papel del Embajador de España, por el cual Fernando VII (ministro de Estado; Gómez La¬ brador), 24 de Diciembre la fecha en Madrid — y dos meses después, por tanto del nacimiento de la hija, futura Isabel II —interponía EL VETO para que fuera elegido papa el Cardenal Giustiniani (Giácomo), ex-Nuncio en España. Este aca¬ baba de tener ya gran mayoría y casi los votos de dos tercios de los votantes preci¬ sos, pues sólo le faltaban tres; los que en la votación de la tarde seguramente hubiera alcanzado y de mucho sobrepasado. Giustiniani, el Cardenal por el Veto "electro¬ cutado" (que diríamos hoy), pidió la palabra, y con gran virtud y elocuencia cor¬ dial, y después de enumerar cuidadosamente cuantas atenciones y honores había logrado del Rey Católico, añadió que la que más le agradecía era aquella de librarle del honor y de la enormísima carga del pontificado, para el cual se consideraba indigno. Se tuvo que prolongar el Cónclave no menos de tres semanas más, y se eli¬ gió, al fin, al hasta ahora último fraile-papa, el monje camandulense Cappellari, Gregorio XVI, el del pontificado de 15 años, dentro de los cuales se desarrolló toda nuestra primera guerra civil carlista. Tal Veto, de una de las tres naciones católicas del privilegio para interponerlo (el Imperio, Francia, España; S. M. Imperial y T. II.—7 97 i Apostólica, S. M. Cristianísima, S. M. Católica), ha sido el penúltimo en la Histo¬ ria; y el último, el de Austria a la elección del también ex-Nuncio en España, Car¬ denal Rampolla del Tíndaro, en 1903. Y añado, que Giustiniani y Rampolla son, en la Historia, dos grandísimos nombres, prestigiosísimos, aunque fueran "electro¬ cutados" (papas abortados por electrocución): con razones de la gran política civil (y aun militar) internacional mundial, razones al fin explicables, Rampolla; sin razón, Giustiniani. El único éxito del desdichado y aborrecible Femando VH, fué (presumo yo) una pura tontería, en la larga serie de los desaciertos del Rey "narizotas". El Ministro del veto, Gomez Labrador fué carlista después de la muerte de Rey (dejó Misceláneas de su vida. París 1849). La iglesia de S.^-Agata-in-Subur-ra (única en Roma que-fué heterodoxa, arriana: de los Reyes ostrogodos) perdió sus MOSAICOS en las reconstrucciones modernas. Gracias al entusiasta cuidado del español P. CHACON, el dominico, el creador de los primeros estudios de Arqueología Cristiana en el mundo a fines del siglo XVI, los podemos conocer ahora bien. En trece acuarelas, una a uno, hizo CHACON que le copiaran el Salvador y cada uno de los doce Apóstoles, en el primero de los tres álbumes de Arqueología Cristiana que guarda la Biblioteca del Vaticano: "Vat. Lat. 5407": 27 a 33, 35 a 40. Eran obra, los mosaicos, de los años del rey ostrogodo Rici- mer (456 a 572). No sé que se conserven otras copias; sé, sí, lo que dice (igno¬ rando las del CHACON, como pasa ¡tanto! en Roma) el Angelí... "mosaicos destruí- dos en la restauración del siglo XVII, de los cuales se conserva un (¡uno!) dibujo a colores del Penna (¡Peña fué el propietario de los álbumes de Chacón!) en la Biblioteca Vaticana". En realidad, el mosaico del Salvador y los doce Apóstoles, se destruyó en 1569 (dícelo al menos Forcella). El propio Angelí, ¡otra nota del descuido!, al mencionar el sepulcro "del espa¬ ñol", esdecir, de Marco Catalán, le Uama sólo "Giovanni Francesco Soacheni". iglesia, bien de reciente, en 1932, se han descubierto, ¡al fin! (muerto Marucchi, con el fracasado gran En esta afán de su en varios lugares), las arcas de los llamados "mártires griegos"... De ellos hablaba un texto de rebusca S. Dámaso, el Papa español, uno de los extensos suyos de las Catacumbas de S. Calixto. (Ihm y C. L., 12). Ya de antes se sabían trasladados esos famosos anónimos mártires griegos CAP. 132. EN SAN-MARCELLO-AL-CORSO Iglesia servida por los frailes servitas, en eUa propiamente no parece que sub¬ sistacosa ninguna de español, a la vista. Y, sin embargo, aquí tuvo su sepultura uno de los varones más preclaros de España, en la lista, ¡larga!, de los que tenemos olvidados: el CARDENAL JUAN 98 DE CARVAJAL, tío del famosísimo CARDENAL BERNARDINO DE CARVA¬ JAL (véanse los caps. 8.°, de S.^-Croce-in-Gerusalemme, y i6, de S.-Pietro-in-Mon- torio), pero de gloria más pura e inmarcesible. Su sepulcro tuvo dos lápidas, de pared y de suelo, cual tantas veces en Roma: una, de nueve líneas, hoy perdida, y en ella se decía que la memoria sepulcral la había hecho hacer "a su piadosísimo colega", el Cardenal Bessarión (el insigne metropolitano, gran prelado griego cismático, que vino a discutir concüiarmente y que se unió, al ser convencido, a la iglesia romana; siempre, una de las grandes glorias de la Historia eclesiástica, y que era cardenal, Bessarión, del título de S.-Marcello). El primer Cardenal Carvajal, al que honraba Bessarión, fué Cardenal del título St.-Angelo-in-Pescheria, y después de S.^-Croce, antes de ser Cardenal del orden supremo o de los Obispos, con el título de Porto-e-S.a·-Rufina. Había sido Carvajal (natural de Trujülo) Obispo de la también extremeña diócesis de Pla¬ sència. Vivió 70 años y. Cardenal en 1446 (el 16 de Diciembre), murió a los 25 años de cardenalazgo, en 6 Diciembre de 146g. En la lápida tenía escudo, que se copió en las ediciones del Chacón (II, pág. 925, s.^· edición), y era cortado: al alto, con una rueda, pues fuera tantos años Auditor de la "Rota" romana por el Reino de Castilla, y al centro y el bajo unidos, la banda familiar del apellido Carvajal {For- cella, II, 933, tomada del anónimo epigrafista español. Códice Chigi V, 167 (?), en la Vaticana hoy, manuscrito del tiempo de S. Pío V (1566-1572), pero también dada en el Galetti, y en las ediciones todas del Chacón). La 2.» lápida más de reciente perdida, pero puesta hasta hace poco (a derecha entrando) en el corredor trasero del templo, que da acceso a la cabecera del mismo desde la puertecita de la Via-del-Oratorio-di-S.-Marcello, era poética, sin duda al dictado, en sus seis dísticos latinos, tan laudatorios, del propio, griego insigne. Cardenal Bessarión (Forc., II, 933, también). Entre tantos otros méritos del prelado ausentista español Carvajal, culmina su intervención principalísima en la gran victoria de la liberación de Belgrado por los cruzados del Papa español Calixto III, primero de los Borjas:, la gran derrota, y personal de Mahomet H, el antes conquistador de Constantinopla. Militarmente conllevan los muy eficaces y muy efectivos lauros (Belgrado, aun por siglo y medio siguió siendo cristiana), tres personas: el caudillo del país Huniades, el Legado del Papa (la inteligencia, la armonía entre tantos rivales de Scanderberg, la organización y... el dinero), es decir, el propio Carvajal, y el misionero arengador elocuentísimo de los cruzados, el franciscano S. Juan de Capistrano: al que siempre se le repre¬ senta, por ello, con el estandarte de la cruzada en las manos, arengando. En el Cónclave que erigió'al primer Papa Borja, Calixto III, tenido entonces por el primer jurista de su tiempo, era ya el Cardenal Juan de Carvajal, al decir de Pastor, que tanto conocía retrospectivamente la época primera de su gran Historia, el hombre más excelente del Sacro Colegio. Desaparecida en S.-Marcello (Forc., II, 980, tomada del Galetti), también, la memoria sepulcral de MANUEL JERONIMO DE CAMBRA, de Zaragoza, y en aquella Catedral canónigo arcipreste de Belchite, servidor del Cardenal que fué Landgrave de Hesse (un soberano alemán); murió de 52 años, en 20 Diciembre de 1672. 99 A los pies de la iglesia, entrando a la izquierda, en magna obra de arte, creación de JÂcopo Sansovino (1482- t ^57°)' yace la víctima de un crimen de español: el viejísimo y opulentísimo Cardenal Juan Michiel, sobrino del famoso Papa veneciano Barbo, Paolo II (el del Palazzo-Venezia). Michiel, en 1503 (el último año, los últimos meses, del pontificado del segundo papa Borja, Alejandro VI), fué hecho envenenar en el Castel-Sant-Angelo. Como de tantos otros crímenes del genio político y militar de Césaj Borja (por lo demás, todo un Napoleón, tres siglos antes de Bonaparte), no puede menos de recaer una parte densa de la responsabilidad en el padre, aunque haya que reconocer que es del hijo (nacido romano, pero español de sangre), la historia negra, hija de la tremenda dictadura de César, que al propio Papa se imponía. El monumento tiene hasta su leyenda en Roma. Pero la Historia es His¬ toria, gústenos o no nos guste. CAP. 133. EN SANTI-QUATTRO-CORONATI Bajo Martine V, Colonna (pontificado el primero después del gran cisma de Occidente; 1417-31), hízose una restauración más en la iglesia vieja de los Cuatro Santos Coronados por el CARDENAL ESPAÑOL ALFONSO CARRILLO. De ella se conserva la inscripción métrica, sobre el arquitrabe de la puerta, en el patio pri¬ mero, latín, que dice: "Las cosas que alrededor miras, que de largo tiempo eran ruinas caídas e invadidas en tierra de la yedra y las yerbas, no las quiso consentir el español Alfonso Carrillo, investido del honor cardenalicio, y con ser empresa difícü, reparó las construcciones (?), mientras era papa Martino V, apenas extinguido el Cisma" (Forc., VIII, 720). Creeré de Carrillo las ventanas de tan romántica torre: con 3 -|- 3 -1- 3 -f 3 balaustres de parteluces. Pocos años después, fué también CARDENAL de "Santi-Quatro-Coronati", desde 1444, el valenciano ALFONSO DE BORJA, que, al ser elegido pontífice en 1455, tomó el nombre de CALIXTO III: ¡tenía no menos de 77 años de edad! El cardenalazgo y el propio título lo transfirió a un sobrino joven, acaso acaso en la Historia quien haya poseído más años un mismo título cardenalicio: el Carde¬ nal Milá Borja. Un siglo más tarde (en 1546), fué también Cardenal de este título problemático (problema lo de los coronados, mejor cinco que cuatro mártires, y con otros más mártires también aquí venerados: todo un misterio de la Historia), un Infante de Portugal, uno de los muchos hijos (dos de ellos cardenales) de Don Manoel I "o Venturoso": DON ENRIQUE, Arzobispo de Braga y de Evora, el mismo a quien ya muy anciano (nacido en 1512) vínole la corona real a la cabeza, ENRIQUE I, EL CARDENAL-REY (n. 1512-t 1580), que murió, último de la gloriosísima Casa de Avís, en 1580, a pocos meses, dos años (de 1579 a 1580) de reinado. De él sí queda de recuerdo la techumbre, mantenida en el bello color oscuro de su labra en madera. 100 En esta iglesia se conservan fragmentos transportados de la poética inscripción original de S. Dámaso, el Papa hispánico, en honor de Santos Froto y Jacinto, procedentes de la Catacumba de Hermes (Ihm y C. L., 49). De"Santi-Quattro", inmediatamente al primer CARDENAL Borja, después Calixto III, fué titular, en seguida, su sobrino (de hermana) y el primero de los dos que creó cardenales, LUIS JUAN DEL MILA BORJA; y lo fué lo que se suele decir, ahora, en Madrid, "un rato largo": desde 1455 (en que en el título sucedió al tío, que lo había tenido todos sus 11 años de cardenalazgo), hasta su muerte en 1510, o sea "la friolera" de 54 años seguidos. Un ver¬ dadero "récord" que presumo que no ha sido "batido". No veo memoria suya en el templo; la tengo en mis años infantiles del lugar del roto y perdido sepulcro, en las ruinas (de tiempos napoleónicos) del convento de Santa Ana, de dominicos, en mi nativo pueblo, hoy pequeña "ciudad" de Albaida (provincia de Valencia); además, la tengo del recuerdo de la transformada envilecida mansión campesina donde él murió, en el diminuto pueblecillo de Carrícola, a cuatro kilómetros de Albaida: en montañés, olvidado, aislado, rincón delicioso. En vida del tío Papa, significó él más que su primo el futuro Alejandro VI, jovencísimos los dos, con cargos de gobierno Milá, y de res¬ ponsabilidad. Muerto el tío, y mientras el otro, Rodrigo, con admirable talento y despierta perspicacia, hizo su gran carrera en Roma, y en Roma a la vez pecó tan escandalosamente, él, Luis Juan, y con diócesis española (Lé¬ rida), donde quiso vivir y donde quiso pecar, él,-también, fué lejos del ruido mundanal. Con sus ahorros adquirió, por compras a la Corona, el Estado de la Villa de Albaida (con siete pueblos de moriscos más), y allí vivió y murió. Casó a su hijo con una Aragón, Casa ducal de Villahermosa, nieta del Rey, vivo todavía, Juan II; quien dióles a los novios el título de Condes de Albaida (Marqueses de Albaida, en el siglo XVII; Grandes de España, en el XVIII): su descendencia agnaticia, refundido el apellido en el de "Milán de Aragón", se extinguió en el siglo XVIII, y por líneas femeninas, han sido sucesores del título y grandeza, los Orenses (incluso el cocreador, con Pi y Margall, del republicanismo español), y luego los Orellanas-Pizarros, y con mejor derecho: hija de Marqueses de Albaida es ahora (1938), precisamente, la Embajadora de España en Roma, señora de Yanguas Messía, Vizcondesa de Santa Clara de Avedillo. Su antepasado, si tuvo humanas debilidades, las vivió en la placidez dé los campos, virgiliana- mente: bien lejos de los embates de las ambiciones, los escándalos cortesanos y... "los venenos" de los Borjas, sus sobrinos. Y murió después y era un poco más viejo que el primo Papa. ¡Hace 50, casi 60 años, que me formulaba yo, allá, "in situ", este paralelo, estas "vidas paralelas"! El convento, también campesino, montañés, de Santa Ana de Albaida, fundación de los Milá, realizada por el hijo, y donde se enterró al Cardenal, luego, muy luego, fué santificado por haber tenido de prior al dominico S. Luis Beltrán: y en Albaida, dos de los tres milagros del proceso de su canonización (Véase cap.° 62 de Santa-María-Sopra-Minerva). lOI CAP. 134. EN SAN-NICOLA-IN-CARCERE De esta iglesia fué CARDENAL-DIACONO, al principio de su tan prematura y tan gran carrera eclesiástica, ALEJANDRO VI. Su tío, el primer Papa Borja, Calixto III, elevó a Cardenal a su sobrino (de hermana) en 1456, cuando no tenía sino los casi 26 años. Leo que siguió teniendo la diaconía de S.-Nicola hasta 1484; pero a la vez y en el mismo libro leo que tuvo también, ya de Cardenal del Orden de los presbíteros, el título de S.^-Maria-in-Via-Lata de 1458 a 1492: se le haría compatible la coincidencia, con recurso leguleyo ("encomienda"), como al fin de su cardenalato, que precisamente en 1492 terminara (al ser elegido papa), se le hizo compatible lo de Via-Lata, con ser ya Cardenal del Orden de los Obispos, con la diócesis suburvicaria de "Porto-y-S.»·-Rufina". Precisamente en la lista grande de las supuestas simonías del Cónclave suyo de 1492 (la que en gran parte es la de los cargos que Borja tenía de Cardenal, sumamente lucrativos, que después había de dejar y que distribuyó a sus electores, y así fácñ cosa era suponerlos prometidos a tiempo) aparecen su rica parroquia de S.®·-Maria-in-Via-Lata y su sede cardenalicia de Porto-y-S.»-Rufina. Lo cierto es que hizo obras en S.-Nicola-in-Cárcere: de consolidación y restau¬ ración. Si eUas merecieran el aplauso, es muy dudoso; pero al menos en un detalle, censura grave merecen, por el contrario (aunque en circunstancias bien explicables); el caso es que quedó infranqueable la parte subterránea o "confesión", e invisibles por tanto, las pinturas murales del siglo XII. Verdad es que las de la iglesia queda¬ ron cubiertas también, sin que de éstas podamos, hoy, tener noticia. Poco más de un siglo había corrido, y siendo Cardenal de la Diaconía aquel tan magnífico Federico Borromeo, y en unas otras obras, quedó descubierto el paso a la cripta; e invitado al estudio por el propio Borromeo, y en concepto de docto en antigüedades cristianas, las estudió el dominico español P. ALFONSO CHA¬ CON (véase el cap. 58, de S.®-Sabina, y véase toda la parte 3.®' de este libro). Inédito el texto, aprovechadas las noticias, consérvase, docta, de erudición, mas no tan exphcativa del lugar, la "carta" latina al Cardenal de CHACON, incorporada, con ser de formato bastante menor, en el 3.° de los álbumes "Peña" del Chacón, es decir, en el "Vat. Lat. 5409". En ella se da noticia de curiosa ara de intrigadora letra: "Pax tecum", perdida hoy; como, de inscripciones, que ahora se discute si no habrían sido de aUí originarias, sino llevadas de otro lugar en tiempos de la baja 102 o la alta Edad Media: una de ellas, en griego y en latín; otra referida a los Cónsules del año 369. Pero la atención de Chacón fué mayor para las pinturas murales, re¬ firiéndose (en el texto) a una Madre de Dios del tipo de las atribuidas secularmente I a S. Lucas, y, lo que vale mucho más, haciendo pintar copias puntuales de otras pinturas. En el mismo Códice o álbum "Vat. Lat. 5409" se reproduce, de aquí, diciéndolo expresamente, una acuarela, o mejor aguazo, de bastante cuerpo de color, de un Cristo azotado por un sayón, que CHACON creía de siete siglos antes (esto es, del siglo IX), lo que era equivocada cronología. Mientras que en el otro álbum "Vat. Lat. 5407" se copian de la misma manera las figuras de Féhx IV (casulla verde, largo el paho, Ubro en siniestra y señalando la diestra al suelo) y de Bonifacio IV (similar, pero sin hbro y abierto de brazos). Como tales Pontífices pon¬ tificaron en 526 a 530 y 608 a 615, se ve, por el estilo, que eran de pintura conmemo¬ rativa, pero posterior. Todavía de la misma mano de copista, el mismo estüo y la misma técnica, se adjuntan al Cristo azotado tres copias más, seguramente del mismo lugar tomadas, y que creemos todavía inéditas, como las tres ya menciona¬ das. Son, al parecer, tres Crucifijos, de un mismo estilo, pero iconográficamente distintos: "Vat. Lat. 5409". En el primero (fol. 75, antes 43) se le representa desnudo, con sólo paño de pureza, clavado con cuatro clavos, sin subpedáneo, estirados los pies, la cabeza con aureola, los brazos como en arco a los codos, en flexión, la mirada en alto, expresión como si dijera: "¡Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?" La cruz es escuadriada, amplia, y el tablero del rótulo, sobre el corto palo alto, también escuadriado. Elsegundo, en cruz escuadriada también, pero en forma de horca, o sea de la letra griega Y mayúscula, los brazos de eUa algo curvados; barbado, sin subpedᬠneo, no estirados los pies, clavado a cuatro clavos, el cuerpo no visto en frontalidad, sino ladeado, como lateral, cual un S. Dimas o Buen Ladrón. Desnudo y sin paño de pureza, pero sin los órganos del sexo; también sin aureola, como tampoco el tercero. El tercero(fol. 79, antes 45), que a primera vista se asemeja al primero, mucho, no va desnudo, sino que viste túnica morada sin mangas (que un poco vuela abajo), y tiene casi cerrados los ojos en actitud de mirada hacia abajo. No Ueva aureola. Es la cruz escuadriada, ampliamente, pero de tres brazos, pues es un simple listel, y no grande, lo que sostiene el tablero del rótulo. Subpedáneo, y no estirados los pies. Se dan letras grandes griegas: "ideous sou idoëmtë Èrsou". Aunque ninguno de los tres crucificados lleva letra, creo indiscutible que se copiaron en el mismo lugar, por las circunstancias dichas, y por su tamaño de papel del todo singular, distinto al del resto en los tres álbumes. Cuando Pío IX, Mastai Ferretti, rehizo, según su sistema, tan discutible, la confesión" de S.-Nicola, no se hallaron sino otras pinturas antiguas sacarse: los rondos de los Profetas que pudieran Moisés, Jeremías, Ageo y Amós, y el Bautismo pe Cristo, que Golzio. en su pequeña monografía de esta iglesia, da reproducidas por fotografías del Archivo Fotográfico de los Museos Pontificios, pues fueron lle¬ vadas las pinturas arrancadas al Museo Cristiano de Letrán, creo que con copias 103 de los "aguazos" del Chacón. Las dichas fotografías van catalogadas como del siglo IX; pero Golzio las cree, con más razón, del siglo XII: como igualmente Van Marie, refiriéndose a las copiadas para Chacón. Al fin, todo esto son meras memorias, que la visita a la iglesia no dejaría adi¬ vinar allí. Examinando la columnata, veo (no sé que haya sido esto dicho) que corresponden al estilo arquitectónico de la obra del segundo Papa Borja, Alejan¬ dro VI (por no parecerme posibles del Cardenal Borromeo) los capiteles de las dos pilastras a los pies de la nave central, copiándolos de los cinco de las cinco inme¬ diatas columnas al lado de la epístola: mientras todos los otros heterogéneos capi¬ teles son clásicos de la antigüedad romana, en el tipo común (acaso de alguno de los tres templos paganos, cuyas columnatas, paredes y cimientos son parte con¬ siderable del sostén de la iglesia); esos cinco capiteles son de tipo especial directa¬ mente imitado en fines del siglo XV, similares a los de S.®'-Maria-del-Pópolo y S.-Giácomo-degli-Spagnuoli (véase cap. 9.°). Uno más se ha desenterrado entre el Pórtico de Octavia y el Teatro de Marcello en la vecindad del templo de S. Nicolás. En la iglesia, hispánico, no hay sino una devota pintura relativamente fina y no muy grande de la Virgen de Guadalupe, en marco de plata y principal altar de la nave izquierda. Como tantas que se ven en España (y algunas otras en Roma), es copia de la legendaria que se cree aparecida a un indio de México en 1531, deján¬ dole la Madre de Dios la imagen. Se la llamó Guadalupe, por sola razón de que en México un fraile gerónimo, del famosísimo monasterio extremeño de Guadalupe, la proclamó igual a una imagen del mismo, en escultura: no ciertamente la del altar mayor, de tan magna devoción peninsular, sino la del alto del coro, que es de escul¬ tura, y labrada (dato cierto) por 1493 ó 97. Todas las copias, andando el tiempo, que se pintaban en México, se solían firmar (ésta no) por pintores ahora casi desconocidos, y "se pasaban" o tocaban por el cuadro original. La de S.-Nicola-in-Cárcere se sabe que la trajeron de México unos padres jesuítas en 1767. La Virgen de Guadalupe, desde 1910, está canónicamente declarada Patrona de toda la América Latina. , Fué antes, en ocasión del primero y plenario Concilio Latino-Americano, cuando, el día 4 de Julio de 1899, se celebró ante esta imagen una gran solemnidad, asistiendo cuatro Arzobispos y nueve Obispos mexicanos (a la cabeza de éstos, porm ás antiguo, mi amigo el de S. Luis de Potosí, Montes de Oca, poeta clásico; y en Marid, co-académico mío), más 18 sacerdotes mexicanos, asistiendo, además, 25 colegiales del Colegio Pío-Latino- Americano y varios seglares de la misma nación. De todo lo cual, en el propio retablo hay memoria marmórea, puesta, como la pintura, sobre el lujoso amplísimo mármol amarillo veteado (no en Forcella). 104 CAP. 135. EN SANT-ONOFRIO Aquí eligió púsose sepultura (entrando a la iglesia, inmediatamente a derecha) y un romano llamado Alberto Magno Massari-Orlipa, subdiácono apostólico, etc., cuyo escudo es una águila, y que vivió 64 años, muriendo en 1613, y tiene aquí su busto en sepulcro del tiempo. Pero que incorporó a derecha y a izquierda dos beUos trozos, que se agenció DEL SEPULCRO DE CALIXTO III, BORJA (del que nos ocupamos en los caps. 3.° y 4.°, de S.-Pietro-in-Vaticano y sus "Grotte" y Museo Petriano). Son, en acusado relieve, dos santos en pie, en beUa hornacina, de arte (por ejemplo) del 1470; cuyo artista, desde Muntz, sabemos documentalmente que se llamaba Paolino di Antonio, da Binasco, milanès por tanto. El descubrimiento de estas piezas se debe a Lisetta Motta-Ciaccio ("L'Arte", g, 1906, pág. 488), quien recuerda que Caterhi, en su Historia del templo, las dice S. Nicolás (es verdad, digo yo, por verse en su mano la tres pelotas: está a derecha) y el Papa Pío IV (que, en cambio, es una tontería): tratándose de un santo Papa: acaso, presumo, San CaUxto I, mártir. El Papa (a izquierda) viste pluvial y alba de pequeños phegues, incluso en la caída de ellos a la cintura: lleva cruz de largo astil sencilla. El santo taumaturgo de Mira va de casuUa cerrada, y el mismo estilo muestra. Calixto III fué párroco de 8. Nicolás de Valencia, iglesia de su predilección, donde dejó recuer¬ dos, privilegios, etc. Hay en St-Onofrio un otro notable monumento artístico, debido, según la ins¬ cripción, a la generosidad de un clérigo español, CABANYES: acaso pariente del pintor valenciano Cabanyes, en el comienzo allí del Renacimiento, a principios del siglo XVI, artista de quien sabemos pocas noticias (en Valencia, 1493, 1528, 1538...) y sólo hasta ahora conocemos, y está muy estropeada, una tabla de la Santa Cena, en el Ayuntamiento de Valencia. '' La obra del encargo en Roma del homónimo CABANYES, FRANCISCO de nombre, prelado doméstico bajo Alejandro VI, es nada menos que todo el con¬ junto del presbiterio en lo cilindrico (el cuarto de esfera es de Pintoricchio, nada menos) del ábside principal de St-Onofrio, frescos (desgraciadamente, muy repin¬ tados) pintados por el gran arquitecto y notable pintor del rafaehsmo Baldessare Peruzzi (1481-1 1537). 105 Al encargo del mismo CABANYES se atribuye ahora otro notabilísimo trabajo pictórico en el interior del convento. Se trata de la conocidísima Virgen con el Niño y el Donador (CABANYES, en la hipótesis), notable la cabeza, de perfil, que en siglos se atribuía nada menos que a Leonardo da Vinci (1452-f 1519), y que tan¬ tos libros de Historia del Arte publican, atribuyéndola a uno de sus mejores discí¬ pulos en Milán, Giovanni Antonio Boltraffio (1477-f 1516). Esta obra leonar- desca, desgraciadamente mal retocada, que se ve en el corredor alto, antigua loggia sobre el pórtico del ingreso, daría pie para imaginar explicación 5,1 misterio de que aparecieran, en vida de Leonardo, en Valencia, a pintar tan magnas obras (y des¬ pués otras en Cuenca y otros lugares) los dos pintores manchegos, del todo leonar- descos, Hernando de Llanos y Hernando Yáñez de la Almedina: uno u otro de los cuales es el "Ferrante lo Spagnuolo", colaborador (según un documento) del propio Leonardo en su taller, y seguramente tomado por Leonardo a la vez como discípulo y como ducho en la técnica del óleo, que en Valencia ya se domi¬ naba, de años, cuando se fracasaba en ella en Itaha: precisamente uno de los insig¬ nes fracasos, y en la más insigne de las obras pictóricas del Renacimiento, la del Cenácolo en Milán, del propio Leonardo, poco tiempo antes. De los dos, no creo que la Virgen y el Niño puedan ser de Yáñez, pero sí pudieran ser de Llanos en la pintura ésta de St-Onofrio (acaso de Yáñez el solo retrato). En Valencia hay cua¬ dros de dos figuras (Santos Cosme y Damián), en el que una figura es de Llanos y la otra de Yáñez. De FRANCISCO CABANYES hay en St-Onofrio, y al pie de los frescos de su encargo, una lápida sepulcral, que ha dado la noticia de su mecenazgo (Forc., V, 828). En realidad, no he podido (no hemos podido) dar con ella. También hay (en el pavimento de la iglesia) otras de los españoles del período borgiano alejandrino. La más sigiñficativa (a izquierda), la muy bella en su decorado del valenciano médico "celebérrimo" del Papa valenciano, quien llevaba de apellido, palabra que indica otra profesión artística, o acaso ser hijo de artista, pues se le llama PEDRO PINTOR. Vivió 8o años, f el 3 Setiembre de 1503. Puso la memoria su mujer Sabatta. Y se cita a la madre, Sabatta, que vivió (!l) 38 y f el 23 Noviembre de 1500 (Forc., V, 823) (pavimento, ante la 3.» capilla izquierda). El escudo cual partido: i, árbol desarraigado; 2, zapato. Varias memorias más... De JUAN XEREZ, sevillano, curial de la Cancelería, excelente amigo de los amigos, f de 45 años el 18 Diciem¬ bre de 1490 (tenía escudo: está en el pavimento ante la balaustrada del altar mayor) (Forc., V, 817).—De LUIS DE HOROZCO, de Córdoba, de "clara familia noble", canónigo de Sigüenza, -j- de 45 años el 16 Febrero de r498 con escudo (en el mismo lugar, a derecha) (Foro., V, ?).—De MARIA BAENA, virgen de 60 años. Terciaria domi¬ nica, que, venida al Jubileo de 1500, murió ganándolo, atropellada por la gente en la visita a S.»-Maria-Maggiore, el día de la Ascensión. Púsola su sobrino Juan de Córdoba (pavimento, en la línea que mira a la 3.» capilla izquierda) (Forc., V, 820). En el pavimento, ante la capilla de la izquierda, en Galletti (inserí. Rom. t. II, Cl. II, n.° 5, p. CCCLX), la ins¬ cripción que copió y que de él la tomó Forcella, V, 892, de un FRANCISCO PENNA, que llama romano, que había de ser de la familia española Peña, y que murió en 1619 de 76 años, habiendo desempeñado importantes cargos en Avignon, en el Reino de Ñápeles, etc. Escudo: mantelado, sin figuras, y sobrebandado. Presumo yo que ha de ser éste el Francisco Peña, Auditor de la Rota, que fué poseedor (textos antiguos del Ciampini y D'Agincouri lo dicen) de los tres álbumes de acuarelas y dibujos arqueológicos del español P. CHACON, hoy anónimos en el Vaticano: Vat. Lat. 5.407, 5.408, 5.409", los que dejo yo anotados en estos capítulos, con tanta frecuencia. Otras laudas: De MIGUEL LLOPIS (cuya nacionalidad no se dice), caballero de la Orden de Rodas, muerto joven el 21 Junio de 1506 (Forc., V, 825). La lauda, con imagen del caballero con largo ropaje (en el pavimento, a derecha, entre la i." y la 2.® capillas).—Del ya citado FRANCISCO CAB.áNYES (delineada la imagen del 106 difunto conlarga ropa), que era, decía la lápida, español, protonotario de Alejandro VI, que vivió 8o años y 5 meses, y murió en 1506 (Forc., V, 828): nacería, por tanto, en 1426, y presumo que ya sirviera al primer Papa Borja, Calixto III. Puso la lápida el Prior de la Casa (que era de Ferrara). La hipótesis de que fuera pariente suyo el pintor valenciano Pedro Cabanyes, explicaría por qué aparece a principios del siglo XVI en Valencia en estilo seguramente formado en Italia, renaciente, pero en factura nada sobresaliente. <$> Es cosa sabida (dícenlo de reciente Huetter y Lavagnino, Proia y Romano, que en la transformación del oratorio en iglesia (y del ermitorio en convento) a fines del siglo XV y principios del XVI, fué obra especial la del bienhechor, precisamente, Francisco Cabañas, familiar de Alejandro VI, Borja. La comunidad era de Jerónimos ita¬ lianos, que no de los más antiguos y prestigiosos de España (que eran creación más asentada y bastante diversa en todo). CAP. 136. EN SA-MARIA-DELL'-ANIMA En esta iglesia de los alemanes y los holandeses, no hay propiamente monu¬ mento alguno de un español de nacimiento. El principal de los monumentos, sin embargo, con ser de un Papa, es de un gobernante español. Se trasladó aquí, desde S.-Pietro-in-Vaticano, en aquella lamentable salida de monumentos o de cadáveres pontificales, hazaña no demasiado "piadosa" del Rena¬ cimiento: en 1528, el cuerpo y el recién hecho monumento sepulcral del PAPA ADRIANO VI, FLORISZON de apellido patronímico (Forc., III, 1078, la ins¬ cripción). Adriano, natural de Utrecht (y "de Utrecht" se le suele llamar, cual apellido, en vez del patronímico "hijo de Florís"), ha sido el último Papa no itahano. Fué el Preceptor de nuestro Rey de España Carlos V, Emperador luego de Ale¬ mania, y tuvo los cargos eclesiásticos de Deán de Lovaina y de Obispo de nuestra Tortosa, y después Cardenal (del título de S'.-Giovanni-e-Paolo). Muerto el Rey Católico Don Fernando, el joven Carlos V, ausente todavía de España (que aun no conocía), tuvo por Gobernadores de los Grandes Reinos de Castilla y de Aragón, de sus herencias de la abuela y el abuelo maternos, a dos varones eminentes de verdad, en virtudes y prudencia y tacto de gobierno: Cisneros y Adriano, conjuntamente; Adriano atendía, sin embargo, más particularmente a los Estados de Aragón. Al ser elegido Papa Adriano de Utrecht, ni estaba en el Cónclave, ni en Italia, que no sé siquiera si la había visitado de joven alguna vez. Estaba en España: por Alava, Navarra y Rioja. Tardó, por tanto, en llegar a Roma y en ser consagrado, y recibido en Roma con general mala voluntad, por no ser italiano: ni aun, siquiera, italianizado, como los españoles Borja, que son el penúltimo y el antepenúltimo Papas no itahanos aunque no italianos, en los catorce siglos anteriores hubo — muchísimos. Además, Adriano, llegó en reformador, presunto, en precursor enérgico o al menos decidido de lo que sérá, después, el Concilio de Trento y de los Papas de la que se llamará, después, la contrarreforma. El sentía el peso de los graves proble- 107 mas, al estallido del protestantismo, cuya excepcional trascendencia su inmediato antecesor, León X, Médicis, no había sabido adivinar ni reconocer. Llegó, a la vez, en reformador de los excesos nada religiosos del humanismo: los que se aprecian hasta, por ejemplo, en la frase elegantemente humanística, pero literalmente heré¬ tica, con que el predecesor Uamara a María Santísima de Loreto "Diosa Lauretana". Con la impopularidad romana de todo eUo, Adriano VI, víctima de un complexo de disgustos constantes, vivió tan poco que su pontificado fué cortísimo. Y el parén¬ tesis del mismo se vió más evidente al ser elegido sucesor otro Médicis, otro mag¬ nífico y despreocupado político y hombre del Renacimiento, Clemente VII. Adriano VI nació en 1459; fué electo Papa sin él tener la menor idea, ni nadie en Roma unas horas antes de la elección, el 9 Enero de 1522, cuando él tenía 63 años, todavía no cumphdos. La noticia, para él inverosímilmente sorprendente, de su elección, la recibió 15 días después, el 24 de Enero, que se la comunicó el más rápido de los emisarios que corrieron a decírsela: Blas Ortiz. El enviado oficial del Cónclave llegó más tarde, y era Baltasar del Río, Obispo de Scala (el magnífica¬ mente enterrado en la catedral de Sevilla), 16 días después de Ortiz. A la vez Uegaba Antonio de StudiUo, mensajero enviado por el principal autor de la elección ponti¬ ficia, el Cardenal español, ya ex-antipapa, Bernardino de Carvajal. Carvajal, enten¬ dido inesperadamente con el futuro Clemente VII, al verse éste sin posibilidad de completo triunfo, habían dado el nombre de Adriano. Lanzóse una sospecha de sus ideas, pero la rechazó con energía la honradísima y doctoral y como santa autori¬ dad del insigne teólogo dominico el Cardenal Cayetano. La contestación de éste de¬ cidió la elección. Y es absolutamente histórico que, antes de una hora de hecha y proclamada, los conclavistas estaban arrepentidísimos. Por lo cual a España no se enviaron los sellos, declarando preciso que viniera a Roma, manteniendo la autori-- dad pontifical en absoluta interinidad hasta la consagración precisamente en Roma. El viaje del Papa "tudesco", que decían, no fué con rapidez moderna. En Zaragoza estaba ya el 29 de Marzo; en Tortosa, hasta el 8 de Julio; con escalas en Savona, Génova y Liorna, pues el viaje fué por mar, Uegó a Ostia el 28 de Agosto. Murió el 14 Setiembre de 1523; por tanto, al año y 8 meses y 5 días de su elección, pero sola¬ mente poco más de un año de su consagración. No puedo decir si existe o no documentación que contradiga mi convicción: la de que Adriano era de nacionalidad española, al ser elegido Papa. Eran terminantes los preceptos legales que los Reyes Católicos, en tremenda decisión y con grave resistencia del pontificado, habían establecido y asentado, bien recientemente, por los cuales no podía ser nombrado ningún Obispo para las diócesis de España, si no era español de nacimiento, o español por regio decreto especial de nacionalización. Creo, por tanto, inverosímil que el holandés Obispo de Tortosa, nombrado apenas muerto el Rey Católico, no hubiera sido nacionalizado español previamente. Adriano VI no tuvo ocasión, o mejor no tuvo decisión, para crear cardenales nuevos, cuando era precisamente el trance inaplazable de haber renovado con hombres de sus escrupulosas ideas la mundanidad del Cónclave futuro. Sólo creó un solo Cardenal, y de su país. Este, ENCKENWOIRT, agradecido, encargó, a su costa, el magnífico sepulcro, y lo vió trasladado después del Vaticano a S.^·-Maria- 108 dell'-Anima, donde todavía está: en el presbiterio. Fué obra diseñada por BAL- DESSARE PERUZZI (1481-f 1536), el gran arquitecto (y pintor). La ejecución fué de un MICHELANGELO DA SIENA (sin fechas conocidas) y del más conocido escultor NICOLO (PERICOLI de apeUido) IL TRIBOLO, de Florencia (1500- t 1550)' su única obra en Roma. La yacente estatua ofrece al Papa acodado, según la moda de SANSOVINO, acaso a sugestión, ella, de algún docto teólogo, pues paréceme entender que la moda aspiró a significar que la muerte para el cristiano no es sino transitorio sueño, para la resurrección. Las otras cuatro estatuas son las de las cuatro Virtudes cardinales (las aristotélicas y ciceronianas, Prudencia, Justi¬ cia, Fortaleza y Templanza). Por cierto que Enckenwoirt fué por Adriano hecho sucesor suyo como OBISPO DE TORTOSA (lo fué desde 1523 hasta su muerte, en 18 Junio de 1534). Cuando fué elegido Adriano de Utrecht, dijeron los germánicos que hacía 461 años que no había habido Papa alemán; ahora sería como el doble de esa cifra; 875, si al holandés no lo tienen ya por alemán. CAP. 136 BIS. APENDICE NOTA CURIOSA: LOS MARIDOS ESPAÑOLES EN ROMA El viaje de España a Roma de Adriano VI tuvo un puntual historiador o cronista, en prosa latina, el antes citado BLAS ORTIZ. El tal cuenta cómo, a la muerte de un papa, las mujeres casadas de Roma gozaban la inesperada libertad de poder salir a la calle, para ir a besar los pies al cadáver del Pontífice. Era que en Roma, añade (y él vivía en Roma, de antes, varios años, muchos años), en los contratos matrimoniales, decidíase de las veces, esca¬ sísimas, que la futura esposa podría salir de casa; la ocasión de tal capilla ardiente, por privilegio general, la apro¬ vechaban todas las casadas en "clausura" casi todo el año, osea, menos en poquísimos días notarialmente exceptua¬ dos. Pero añade que como los españoles que vivían en Roma, tantísimos a la sazón, no imponían tales capitulaciones al casarse, sus mujeres, sobre todo si eran romanas, eran envidiadas de todas las demás, y llegó a ser adagio la frase que decía: "¡beate quelle donne che spósano spagnoli!" (felices aquellas mujeres que se casan con españoles). Es ésta una nota blanca, rigurosamente histórica, que debemos recordar, cuando tantas veces somos victimas, secularmente, de la que llamamos "leyenda negra" de España. CAP. 137. EN LA TRINITA-DE'-MONTI En esta iglesia totalmente francesa, de su Historia vieja (de los Mínimos fran¬ ceses) y su nueva Historia (de las Damas, grandes pedagogas de la 2.» Enseñanza femenina, "du Sacré-Coeur"), hay pinturas murales del siglo XVI, manieristas, de muy "famosos" artistas, incluso españoles. En la 2.8^ capilla de la izquierda, precisamente la del en siglos famosísimo cuadro de la Deposición de la Cruz de Danielle da Volterra (1509-f 1566) (ayudado con- 109 siderablemente por el mismo Miguel Angel con sus dibujos), una parte conside¬ rable de las pinturas murales es obra auténtica del tan famoso pintor-poeta español de aquel tiempo, el cordobés PABLO DE CESPEDES (1538-f 1608): y, cierta¬ mente, en Córdoba o SeviUa llamaría la atención favorablemente. Suya, la bóveda, de arista, en cuyos achaflanados se ven beUos follajes y frutos, y en los plementos, los Evangelistas; en los tres netos, medio circulares, a un lado y otro, golpes de grandes niños, "putti", los tres centros de aquéllos, escenas, de Desposorios de y en María, la más conservada. Además, en el gran arco de ingreso a la capiUa (que es de las pocas abiertas al visitante), bustos de David, entre Ezequías y Josafat, y Josías y Salomón; y en las pilastras dé tal arco, en figuras completas, Daniel y David. Vese hasta su golpecito de erudición helénica en un rótulo, algo borrado. Hay media iglesia no visible: no visitable, digo, sino con permiso escrito pedido a tres kilómetros de distancia y a hora fija, representante de las tan correctas a un administraciones francesas. Cuando, hace años, quise estudiar lo español, recuerdo que no aparecía fácü, ni aun hacedero, por los viejos textos: esto es, saber qué pintura era de Gaspar Becerra (1520-11570), o cuál era de Pedro de Rubiales, grandes manieristas, aun más miguelangelescos que Céspedes. Caso semejante ocurre con los artistas nuestros, en otros conjuntos romanos de frescos; por ejem¬ plo, también es indiscernible la mano española en los del Palazzo-deUa-Cancelleria, que una vez, hace años, pude visitar. Los manieristas (dibujo, sólo dibujo) se pare¬ cen todos entre sí, sin nota de acento personal: como la caligrafía de las alumnas del Sacré-Coeur. De Pedro Rubiales, en Italia Uamado il Polidorino, natural de Extremadura, se sabe hoy que pintó mucho en Nápoles, y después en Roma, con Salviati y con Vasari. En la Cancelleria, en 1546, pintó en una de las salas, pero sin poderse cono¬ cer hoy cuál sea la labor propia suya (véase cap. 138, de S.®-Spiritu-in-Sassia). Desco- nócense además las fechas de su nacimiento y de su muerte: en Roma todavía vivía en 1555. CAP. 138. EN SANTO-SPIRITO-IN-SASSIA Al arco de paso de la gran nave al presbiterio, en lo más bajo, hay una grande simple lápida (ni molduras): tiene con inscripción nada más (ni heráldica siquiera). Allí fué celebrado ANTONIO VARGAS LAGUNA, EMBA¬ y JADOR de Fernando VII: por el Rey, en: premio a su lealtad en difíciles trances de "la francesada", hecho MAR¬ QUES DE LA CONSTANCIA. La lápida se le puso por haber dejado heredero de la mitad del haber (seis dozavas partes, hablando en romano) al hospital (xenodochio) de Sto.-Spirito, tan famoso y tan principal en Roma. La de¬ masiado sencilla memoria (que no la trae el Forcella) dice "Antonio": tal fué su nombre, pero en libros había leído yo que se llamaba Vicente y que Antonio era un hermano (?) militar (que naciera a mediados del siglo XVIII y muriera en 15 Enero de 1820). El Embajador, con fecha de nacimiento igual y no precisa, se le decía nacido en Badajoz; la embajada a Pío VII, Chiaramonti, en 1806 (favorecido por Godoy), y por Femando VII decorado, también, con la gran cruz de Carlos III, y finalmente muerto en Plasència (Extremadura) en 1818 (véase cap. 11 lio de S.»-Maria-di-Monserrato). En la lista de Embajadores de España, publicada, en 1800, el primer nombramiento, y sin decirle sucesor hasta la caída de los Borbones, y el 1823-24, la segunda vez. -j- 1824. Para Sto.-Spirito-in-Sassia pintó en el siglo XVI el pintor español, extremeño, manierista, Pedro Rubiales, una pintura de la Conversión de S. Pablo: en la iglesia muéstrase en alto a los pies, izquierda. Se le señala la fecha de 1555. No he logrado fotografia aceptable. Es obra, para nosotros, bien interesante. CAP. 139. EN SANTA-CECILIA-IN-TRASTEVERE Un solo monumento hay de españoles. Entrando, se ve en la nave lateral dere¬ cha, y al frente de los pies de ella. En una "Guía" que lo cita se dice; "sepulcro del Cardenal MARTIN SALMERON (1556)". No es Cardenal, pues el busto es de sim¬ ple clérigo, verdadero retrato (barbado, algo más cerca del tipo fisonómico de San Cayetano que del santo Neri): dice la letra que presbítero, de la diócesis de Cuenca, castellano por tanto, y se le ve no joven y enjuto. En consecuencia con su generosi¬ dad y liberalidad (el letrero es de los de memorándum) (Forc., II, 92), BL. (Blas ?) de Casarrubios, escritor de los archivos de la curia romana, puso el monumento, en virtud del testamento. Dice que vivió Salmerón 61 años y que murió en 22 Agosto de 1556: luego nacería en 1495 ó 94. Casarrubios es apeUido bien castellano: Sal¬ merón, nombre de población, entre las actuales provincias de Guadalajara y Cuenca, en la de ésta, hacia el linde, y una de las históricas cinco Villas del "Infantado". El escudo, que está tajado por una cabria invertida: en jefe (arriba), un busto de varón clásico y con corona de laurel y de perfil, y en la parte de la punta, un león pasante, saliente de oquedades y con astil de larga cruz en su garra diestra: al pare¬ cer, un escudo inventado en Roma, y no de heredada hidalguía. Conste que el coe¬ táneo famosísimo, gran teólogo del Concüio de Trento, jesuíta de los primeros, P. Salmerón, se llamaba Alfonso, no Martín. Griesenbach, en su citado hbro, alude al sepulcro de Salmerón, diciéndole simi¬ lar de estilo y mano, y no tan bueno el busto, como el que representa al pintor pierin del Vaga, que estuvo en el Pántheon y que está (Sala de las Musas) en el Palacio-de-Conservatori, en el Capitolio (Pierin del Vaga murió en 1547). Sobre la antigua representación del mártir español S. Vicente, copiada en colores en el Wilpert, véase el final del cap. 39, apéndice al de Sti.-Vincenzo-e-Anastasio-a-la-Fontana-di-Trevi. En parte decisiva, pero no la peor, de la barroquización de este templo, figuró la generosidad del Cardenal FRANCESCO ACQUAVIVA (1725), quien entonces y desde 1716 era Embajador de España. Aunque de familia ardientemente partidaria de España y los Borbones en Nápoles, él era napolitano, como tampoco español su sucesor en la Embajada (1735-47) el CARDENAL TROYANO ACQUAVIVA. Las granadas ornamentales son de la heráldica del Cardenal. III CAP. 140. EN SAN-LUIGI-DE-FRANCESI Con iglesia nacional y la de mayores privilegios (parroquia de todo francés ser en Roma fué), en la misma se enterraron españoles, y aun ello en la época de la mantenida persistente y aguda rivalidad de las dos naciones. Al arreglo del templo, tan pulcro hoy, se sacaron al claustro un buen número de laudas sepulcrales, más o menos desgastadas del paso de los fieles, y algunos sepulcros escultóricos, también. En la pared norte (entrando desde la calle de S.-Luigi-dei-Francesi, a la derecha, la 2.® lauda es de un español, guerrero, Uamado ANDRES DE TOLEDO, capitán (sin duda) de las armas pontificias: la fecha, 1518 (no en Forcella). No es en reheve, sino en plano, el dibujo, grabado a surcos; pero muy detallado y aun comphcado. Está a tamaño grande a la vista la figura, salvo cartela que oculta parte interme¬ dia de las piernas): armado, maUa, y de todas armas. Los dos escudos nos dicen que no pertenecía a la insigne familia de los Toledo (casas de Villafranca o de Alba), pues lo que cada uno muestra es una cabeza fiera de león heráldico. Tiene a las manos maza de armas, espada al cinto. Fué la esposa la que puso el monumento, el año 1518, sin más datos en la inscripción. Aun no teniendo nada de escultura o arquitectura, ya aquí podemos ver en lápidas con sola heráldica, otras memorias de españoles. En la panda sur y su lado norte o del deslunado, una, y en la panda poniente, lado de po¬ niente, otra, la i.® de estas dos, tiene escudo de cabria y tres estrellas entre sus brazos, y faja en jefe (arriba) no cargada de figura. La letra, pretenciosa: comenzando por sentencia humanística. Estaba el muerto, JUAN SEGO- BIENSE, durante muchos años, en el servicio doméstico de los Palacios Pontificios. Y su hermano Andrés de Palència, también en el palacio Papal no sé si escudero (scutife), le dedicó la lauda, con sólo labor como de pal¬ metas a los bordes. Dice que vivió 65 años, 9 meses y 28 días, f 28 Setiembre de 1548; nacería, pues, en i Diciembre de 1482; pudo haber entrado en- el Vaticano, si menor de 20 años, en tiempo del 2.° Papa Borja, Alejandro VI: mera conjetura mía (no en Forcella). La otra lápida muestra letra demasiado extensa, sin ser demasiado clara. Se trata de IVO DE SALINAS ABAD, español, que en florida adolescencia tuvo un lance mortal. Le dedicó la memoria su padre, de la Montaña de Santander (Cantabria Citerior), abogado, fiscal, patrono regio de cansas en Ñápeles, finalmente senador del propio reino de Ñápeles. El hijo vivió 16 a., 3 m. y 14 d.; f 23 Junio de 1521: nacería, pues, en 9 Marzo de 1507. El texto dice que, recibida una injuria causada por otra persona en España, vino un injuriado a Roma a vengarla; y por cierta semejanza, ciego de furor, hirióle de muerte a Ivo equivocada e inmerecidamente. El escudo es acuar¬ telado: i.°, 3 "dalles" de segar prados; 2.°, castillo; 3.°, hondas; 4.°, de tres bandas (no en Forcella). CAP. 141. EN S.a-MARIA-IN-PORTA-PARADISI Siempre he hallado cerrada esta iglesia de Via-Rippetta, con aspecto de no abrirse nunca las puertas; intere¬ sante la Madonna de la fachada, bella escultura, la primera que labró en Roma el famosísimo escultor Andrea Sansovino (1460-J 1529): por tanto, al volver de Portugal el gran escultor del Renacimiento, donde trabajó mucho, y al volver de Castilla, pues evidentemente es suyo, el proyecto del sepulcro magnífico del Cardenal Mendoza 112 en el presbiterio de la Catedral de Toledo, como ahora todos ya reconocen, y suya en el mismo (como yo propongo) la sola estatua de S. Andrés, precisamente el santo de su nombre: que dejaría de su mano como dechado, o mejor para ejemplo para la ejecución de las otras por artistas de allá. Sobre una de las puertas laterales de la rotonda, la de la izquierda, ha de estar el sepulcro con relieve yacente del muerto, de mármol amarillo, de la primera mitad del siglo XVI, de un español con sola letra, latín, "ANTONIO DE BURGOS, español" {Forc., XII, 142). Pero hay o había (como tantas veces en Roma), además, lauda a los pies (Forc., XII, 143), en el solado, y el texto dice más; que Antonio de Burgos era de Salamanca, en Roma refren¬ dario de las dos Segnature, que fué por 20 años profesor de Derecho Canónico en la Universidad de Bologna, y de allí atraído a Roma por León X y Clemente VII, los Papas Médicis, primero y segundo, citándose también a Adriano VI (Floriszoon), el Papa intermedio entre ellos. Murió en 10 Diciembre de 1525, de 70años: nacería en 1455. Puso la memoria Juan Matías, Obispo de Verona. ^ No he logrado ver el sepulcro del catedrático español, aun rondando domingos la hora a en que otras igle¬ sias sin culto diario se abren por excepción. CAP. 142. S.a-MARIA-DELL-IDRIA Iglesia no grande, en la céntrica concurridísima Via-del-Tritone. Fué fundada en 1575 por una Cofradía de sici¬ lianos y ARAGONESES RESIDENTES EN ROMA; caso digno de nota, que fueran a una los de dos regiones de dos distintas naciones, sobre todo en Roma, en una de éstas. (Hoy la moderna inscripción de la casa inmediata dice que es de los sicilianos.) Se acabó la iglesia en 1578,con limosna que dió el Rey de España y de Sicilia Felipe II, También se llamó S.^-Maria-di-Constantinopla, por icona traída de allá: en Madrid, por razón igual, hubo monjas de Constantinopla, ahora trasladadas no sé si a Carabanchel o a Leganés, seguramente con pintura de la Theotocos del mismo tipo artístico o iconográfico. La i.® capilla derecha es de S. Antonio de Lisboa o de Padua, el lusitano tan italianizado: el lienzo se dice de Giuseppe Belchite, imitación de obra mejor, a la segunda mitad del siglo XVII. No creo que el desconocido pintor tenga de apellido el nombre de la villa aragonesa de Belchite, pues me sonaría su nombre, a ser uno de los pintores españoles incluidos en los diccionarios biográficos. Ninguna inscripción de españoles en este templo. CAP. 143. EN SAN-GREGORIO-AL-CELIO Iglesia fundada por S. Gregorio Magno, y ya desde varios siglos, de los camandulenses. En la total renovación del templo, en el sigloXVIII, se sacaron al cuadripórtico del noble ingreso, los monu¬ mentos sepulcrales de mérito, y se perdieron, a la vez, las laudas del pavimento. De los primeros, uno es de un español: precisamente al centro de la panda derecha. Es de FRANCISCO GU¬ TIERREZ, DE BURGOS, que murió octogenario, dejando dotaciones perpetuas de misas; y el monasterio, agra¬ decido, decidió el monumento, en el que es bello (aun lleno de polvo) el busto del caballero, enjuto, de bigotito, y no en sus 8o, sino a lo más en sus 6o años representado. Murió en 1589 (Forc., II, 337). De los demás monumentos, los dos primeros al ángulo izquierdo entrando, son de dos magnates ingleses cató¬ licos que sirvieron en altos cargos a María I, Tudor, y su esposo, el Rey de España Felipe II, expatriándose al sobrevenir el reinado protestante de Isabel I (Pecham, el uno; Carno, el otro) (Forc., II, 319 y 312). Un prelado italiano (más adentro, izquierda), Nicolini, se dice muy querido de Sixto IV y Julio II (los dos papas Róvere) y de Fernando V el Católico, el Rey de España (Forc., II, 401). T. II.—8 113 Las laudas de que no subsisten, eran; — De JUAN SANCHEZ DE VITORIA, eclesiástico f 1428 españoles (Forc., II, 264). De GONZALO DE MEDINA, arcediano de Sevilla, f 1450 (Forc., II, 268). — De ANTONIO — VALLES, de Barcelona (tenía escudo), f 1482 (Forc., II, 274). — De JUAN OLLER, de Barcelona, que servía a Alejandro VI, el 2.° Papa-Borja; f 1499 (Forc., II, 274). — De JUAN DIAZ DE CABRERA, que murió octoge¬ nario en 1586 (Forc., II, 334). — De ALFONSO DE CORDOBA (?), que murió en 1592. En la capilla de S. Gregorio (a la cabecera, pero algo recogida; a la derecha), donde hay unas tablas y un fron¬ talexquisitos, en éste, que es de relieve en mármol, delicioso, obra, algo en "miniatura", del notable escultor prerra- faelista milanès del siglo XV (... 1485 ...) Luigi Capponi, de los tres relieves, al tema de este libro nos interesa uno, el que en realidad representa la Oración de S. Gregorio Magno, enternecido, por el alma del justo, benéfico y vir¬ tuoso EMPERADOR, EL ESPAÑOL TRAJANO, que el santo creyó ver que lograba la Salvación eterna, con haber sido pagano. Será leyenda o sugestión de visión (como tantísimas apariciones en las "Vidas" de Santos); pero da nota elocuente de cómo S. Gregorio juzgaba a Trajano, con alma y corazón, y bien justicieramente. Dante (Purgatorio, X, 73) lo cuenta también, y es tradición piadosa del siglo VII. No obstante lo cual, el hipercriticismo del siglo XVIII y antes el criticismo de teólogos hoscos y sistemáticos del siglo XVI, arremetieron contra el histo¬ riador de los Papas e iniciador de la Arqueología Sagrada, el español P. ALFONSO CHACON, por haber narrado el hecho en su Historia, y tuvo CHACON que dar un especial y apasionado folleto en su defensa. CAP. 144. EN SAN-CARLO-AL-CORSO En lamagnífica iglesia romana de los milaneses, con ningún monumento de españoles, todavía hay que recor¬ dar algún modo a España. Al menos, desde luego, porque S. Carlos Borromeo, el titular, fué arzobispo de Milán, en reinando en Milán, (con título de duque) el Rey de España Felipe II, si bien allí (como tampoco en la mayor parte de sus Estados de Italia) no tenía la gran corona (como sí tenía en la Península española) la designación de los prelados. Quien le hizo cardenal, cuando sólo tenía 22 años de edad, y quien le hizo arzobispo de Milán, algo después, fué el tío camal de S. Carlos, y milanès también. Pío IV, 3.° de los Papas Médicis (rama de Milán, se dijo, la suya). La iglesia, del siglo XVII, y su fachada, a fines del mismo siglo, conste que se edificaron de 1612 a 1690, cuando tan pacíficamente seguía unido el Milanesado a los Estados de España, bajo Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Por no sé qué ocasión, tenía (ahora retirado) la iglesia colgado, sobre la panda inmediata a la sacristía, un retrato de D.» Margarita de Saboya, duquesa viuda de Mantua, que su primo Felipe IV, llegada ella a Madrid y tratada regiamente, designó para ser, y lo fué. Virreina de Portugal. Sé, en cambio, que en la misma Sacristía proceden de un legado moderno (del grabador, para mí desconocido, Gaspar Molo), con otros, unos RETRATOS (copias) del citado REY FELIPE IV y de SU ESPOSA DOÑA MARIANA DE AUSTRIA, ésta después de viuda. Regente tantos años de la grande y compleja monarquía de los Austrias de España: ambos, de cuerpo entero y tamaño natural, son copias de las que solemos llamar "de taller", de originales de VELAZQUEZ y de MAZO. En la tal sacristía hacen muy noble juego con retratos de emperador y emperatriz, y de papas, y de cardenales coetáneos, y cualquiera creyera que la total serie estaba hecha de propó¬ sito y para tal ambiente. En la capilla, de paso a la sacristía, se han puesto de reciente unos lapidones muy cumplidos, resumiendo las cantidades de cada nación (precisando diócesis) con que contribuyeron al gran altar nuevo del crucero izquierda, obsequio al milanès Papa Ratti, reinante. Pío XI, en su jubileo episcopal. Diré aquí, en miles de liras, las apor¬ taciones hispánicas: España, 100; Portugal y sus colonias, 67; Argentina, 44; Cuba, 26; Brasil, 19; Filipinas, 15 Repúblicas de Centro América (sin determinaciones), 10; Perú, 12, y Uruguay, 5. CAP. 145. EN SANT-EUSEBIO Nada de español, sino en lo siguiente: El escudo españolísimo de un CARDENAL ENRIQUE ENRIQUEZ (heráldica casi regia de los Enríquez: Enríquez, descendiendo de Enrique II de Castilla, fué la reina de Aragón, madre de Fernando V el Católico) pre¬ side en lo alto el templo sobre el arco triunfal: con capelo cardenalicio. Es de un Enrique Enríquez, "napolitano". que indica que era arzobispo de Nápoles, aunque no sé si también nacido allí; pero en tiempo del allí ñol, el futuro Carlos III nuestro. La larga letra dice rey, y espa¬ que rehizo el templo, y que, por su herencia, se decoró todo. Esta noticia no la aprovechó Angelí exactamente, aunque sí dice dicha fecha de niendo 1750 coincidente; pero presupo¬ una como restauración, y fué más que eso. La tal inscripción, pòstuma, es la de 1759. En 1711 la reedifica¬ ción (Angelí) del arquitecto Stefano Fontana. Y como, en seguida, el ya rey de España Carlos III llevara a Madrid al gran pintor alemán romanizado Mengs (Antón Raphael, i728-f 1779), no sé si en la llamada al mismo sirviera de bella pintura del techo que aquí precedente para el Rey el aprecio de la dejó Menos en la nave central, al centro; seguramente por encargo del Cardenal Enríquez: bella, digo, pero lejos de la belleza mayor que alcanzó aquel llamado "pintor filósofo" en el techo de la "Saleta de Gasparini" del Palacio Real de Madrid, que es, en realidad, su gran obra maestra. El en esta trabajo de Menos iglesia fué en 1757-58; en 1761 pintó el Parnaso de la Villa Albani, su mejor obra de Roma. Después fué llamado a Nápoles, y de allí llamado a Madrid: ya era católico y había casado con romana el pintor sajón. Enríquez era el apellido de la segunda Casa de la Nobleza española en dignidad, la de los Almirantes de Cas¬ tilla, título que perdieron bajo Felipe V, que lo extinguió, por haber pertenecido el Almirante de Castilla al par¬ tido carolino, frente al borbónico en la guerra de sucesión: les dejó conservar, sin de Ríoseco. El Cardenal embargq, el de Duques de Medina pudo ser napolitano por emigración personal o de la familia, cedentes. consiguiente a esos ante¬ Creí equivocadamente más directamente español al CARDENAL ENRIQUEZ. Fué italiano de nacimiento; en Campi, tierra de Lecce, Reino de Nápoles, nació, en feudo de su familia. Príncipes de Squinzano, en 1701; Carde¬ nal lo fué en 1753, f en 1756. Se le celebra mucho su bella traducción al italiano del intervención histórica fué para salvar, Kempis. Su más calificada amparado del Papa Albani, Clemente XII, la de la República de San Marino, independencia o autonomía que el Legado de la Romagna, nuestro tantos años antes famoso Cardenal Albe- roni, había incorporado al Estado Pontificio, con instrucciones un tanto equívocas del Papa. Independencia, por cierto, que creeré que mucho más definitivamente vino a salvar en el siglo XIX, por su marido Napoleón III, la española Emperatriz Eugenia. En San Marino he visto dos grandiosos retratos del matrimonio imperial, en testi¬ monio de gratitud del diminuto Estado, todavía hoy independiente. Entre las lápidas, milchas, de los Carácciolos, en esta iglesia se cita (Foro., X, 656) a ISABEL PEREZ RRETE, DUQUESA BERNALDA Y PRINCESA DE NAVA- ATENAS por su marido, ello en sional de una 1863, al entierro provi¬ HIJA JULIA, transferida después (también lo dice la lápida) a Mallorca. CAP. 146. EN SANTA-BIBIANA En la única capilla de la nave derecha hay tres cuadros, al parecer de un solo encargo: el del altar y los dos de los lados. El de la derecha, que representa a San Carlos entre San Felipe Neri y acaso San Francisco Javier, lo representa rando al retratado ampa¬ en el medallón. El otro cuadro lateral, haciendo pareja, repre¬ senta a los Santos Bautista, Juan Evangelista y Santiago el Mayor, otro gran amparando a personaje, pintado en el medallón. Este es el emperador de la derecha, su hermano Carlos. Por la Leopoldo, y el letra, induzco que éste no es aún empera¬ dor Carlos VI, sino aun rey. Es decir, que se trata del futuro padre de María Teresa emperatriz, cuando era para muchos y en muchas provincias "rey de España", o sea el ARCHIDUQUE CARLOS, PRETENDIENTE FRENTE A FELIPE V, que reinó, aunque temporalmente, en los Estados de otras regiones. Y creo Aragón en totalidad, y en que en tal coincidencia y viviendo LEOPOLDO I, en conse¬ cuencia, se hicieron los dos retratos; ¡tan Austrias de a lo Luis XIV, tipo!, aunque con la gran peluca que también llevó el Hechizado, Carlos II de España, que tan gran parecido tuvo con estos sus deudos. 115 La explicación no la da completa, pero la indica bien, una lápida externa, pero inmediata a la capiUa. Por la que se dice que la edificó en honor de la Inmaculada y que la adornó, la enriqueció con reliquias y estableció misas, un clérigo español de S.^-Maria-Maggiore, el PRESBITERO FRANCISCO DE SAN JUAN Y BER- NEDO, haciendo votos por la paz de la Iglesia y por la exaltación y la salud del rey católico (Forc., XI, 245). Lleva la fecha de 1702, lo cual quiere decir que, con empe¬ ñarse en guardar el nuevo papa Albani, Clemente XI, la más completa neutralidad, y con haber sido el inmediato predecesor el papa PignateUi, Inocencio XII, quien con su consulta decidió a Carlos II, el Hechizado, a que designara heredero al futuro Felipe V en su segundo testamento, había en la misma Roma curial español, tan paladinamente confesante de adhesión a la causa del Archiduque, y cuando éste no había todavía alcanzado sus mayores, aunque indefinitivos, éxitos. Esta antigua iglesia está hoy encomendada y servida por la Congregación de Padres de la Sagrada Familia, creada en tiempos recientes en España, en Cataluña. "En la pared externa del templo reedificado por Bernini para el Papa Barbe- rini. Urbano VIII, año 1627, se ven restos escasos de frescos del pórtico" (decía Angelí por igio); es la figura de un Pontífice, de estilo giottesco, bajo de la cüal un tiempo pudo leer MilUni el nombre de Honorio HI, Savelli, 1216. Pintura impor¬ tante (añadía) porque es contemporánea del gran papa reedificador de Roma." En los álbumes del PADRE CHACON, el arqueólogo español del siglo XVI, hallo yo copiada la figura, que aparece como igual a la del mosaico grandioso de S.-Paolo- Fuori-le-Mura: por cierto, con el error de pluma de decirle santo "S. Honorio IH": tiara cual si fuera de cestería, casulla cerrada, palio sin las cruces (Vat. Lat. 5407, f. 104). Honorio HI había reconstruido el templo, agregándole monasterio monjil. Pero hay más, y más inesperado. En el mismo álbum (f. 73-138) se ve, mandada copiar por Alfonso Chacón también, y tomada de mosaico de la misma, S.® Bibiana, la figura que estaba en el ábside, de S. Simplicio I (468-483), que creo del todo des¬ conocida información gráfica. Como del Liher Pontificalis se sabe que Simplicio dedicó la iglesia a S.^ Bibiana, año 467, y que León H, en 682, la transfirió cuerpos de mártires, creeré del tiempo de León H, siglo VH, el tan perdido mosaico, que con el Chacón "resucita" ahora. ¿Recordaré que la iglesia dependía de S.®-Maria- Maggiore, de la que era Chacón uno de los penitenciarios? CAP. 147. EN S.a-MARIA-IN-TRASTEVERE En la 3.°'capilla izquierda hay monumento solo arquitectónico, de tipo raro (ni sepulcro ni retablo), de un PEDRO PABLO AVILA que renovó la capilla, en que yacían sus deudos Diego y Jerónimo, cuyas cabezas late¬ ralmente van en efigie en discos. Ignoro si eran españoles; desde luego romanizados. Fecha, 1680. Heráldica, águila coronada sobre palmas (Forc. II, núm. 1106) (y II, 1097, de hijo suyo). 116 En el notable sepulcro del Cardenal Armellini (inmediato a la verja, a derecha), que parece que ha de ser obra de JAcopo Sansovino (i46o--í- 1529), una de las muy bellas estatuas grandes es la de S. Antonio de Padua, el santo portugués. En la capilla absidal de la derecha, por todo su conjunto y sus obras de arte, mucho más antigua, se ofrece en su sola reja, que es del siglo XVIII (o XIX), una nota que no sé explicar: la de su gran escudo dorado, que es en todo... el escudo real de España desde Carlos III en adelante, y en tal siglo, sólo en su reinado y el de su hijo Carlos IV. Es el llamado grande, con los cuarteles de Aragón, Sicilia, Austria y Borgoña ducal, arriba; de Borgoña condal. Brabante, Flandes y Tirol, abajo (todo lo cual era ya histórico), y en medio, los cuarteles de Farnesios y Médicis, que Carlos III, primogénito (por la madre) de estas familias, incorporó heráldicamente. Al centro va el escudo "pequeño", o sea el acuartelado de Castilla y León, y en el centro del centro, las lises borbónicas. Pero visto bien tiene este escudete, cual brisada, una al centro diminuta, y en él creo poder ver una esfinge sentada. Mas ¿cómo, brisada, imposible cuando ostenta el todo la corona real? Acaso la explicación esté en el escudo prelacial en el alto del arco que tal verja cierra; pero es otro problema: pl prelado quiso acuartelar, repitiéndolos, Castilla y León en el escudo, con Aragón Sicilia; y el dibujante hizo de Aragón y Sicilia un solo rayado confuso en pero pal. Presumo, en duda, si el encargo lo pagaría el Cardenal Luis de Barbón y Vallabriga, y en Roma lo ejecutaron sin el debido estudio. Aun sorprende más, sobre el mismísimo de que arco ingreso que cierra la verja, el gran escudo alto sea el real de Inglaterra-Escocia-Irlanda; pero con cardenalicio capelo, es decir, el del Cardenal de York, que a la vez preten¬ diente legitimista al trono, cual último de los Stuardos, se apellidaba Enrique IX. CAP. 148. EN SANTA-MARIA-IN-COSMEDIN No hay sino una obra, el retablo del coro de invierno, que, según una inscripción (Fare., XIII, 788), lo consagró el día 15 Setiembre de 1771 el PATRIARCA titular de Constantinopla, JUAN PORTUGAL DE LA PUEBLA. Y hay un recuerdo, sin monumento (claro está), que el título de S.»-Maria-in-Cosmedin lo tuvo de cardenal, en el siglo XIV, el aragonés, admirable por sus virtudes notadísimo por su energía y tozudez (de esto último, y hasta batir "el récord" en la Historia), PEDRO DE LUNA, PAPA DE AVIGNON, en el gran Cisma deOccidente, con el nombre de BENEDICTO XIII: fué cardenal del título del 1375 al 1394 (el "papa" de Roma, Urbano VI, Prignano, ilegalmente o imprudentemente, le quitó la titular en 1380, después de improvisarse todo un nuevo Cole¬ gio de Cardenales, cuando se había quedado casi sin ninguno). Luna fué cardenal, aparte de esta ilegalidad, 19 años; después tuvo la tiara 29 años, batiendo también el récord en ello (véase mi capítulo no, de St-ApolUnare). En la nave mayor del histórico templo se acaban de borrar, cada vez más, las escenas del Antiguo Testamento (de Daniel), del Nuevo, etc. Entre ellas, una serie curiosísima de la vida de Cario Magno, se deletreaba difícilmente; particularmente se veían la del Angel que se le aparecía ordenándole la lucha ídolo de Mahoma (el "zancarrón", decíase en España contra los moros; la del en España en siglos) abatido por la potente clava del Emperador al a las costas; el sitio de llegar Pamplona, y se veía el Santuario de Compostela...: tales pinturas, del siglo XII, entre 1119 y 1124 (fotografías hay en los fondos "Luce"), bajo Calixto II, el Papa borgoñón, que tanta pasión tuvo por Com¬ postela: por deudo del marido de la Reina D.» Urraca de Castilla y León, padre de Alfonso VII "el Emperador". CAP. 149. SANTA-MARIA-DI-LORETO Una de las dos iglesias (la más antigua, relativamente) del Foro Trajano. El bello edificio actual comenzóse en 1507. Y fué poco antes, cuando el Papa español, 2.° DE LOS BORJAS, ALEJANDRO VI, había dado la capilla que había aquí a los Horneros, que la derribaron para construir el templo. Ocupa parte del solar del TEM¬ PLO PAGANO LEVANTADO POR ADRIANO, EL ESPAÑOL, AL DIVO TRAJANO, el gran ñol, completando, con él, el más grandioso de los emperador, espa¬ conjuntos de la arquitectura de la antigüedad, la maravilla de Roma. 117 CAP. 150. SAN-ROCCO-IN-VIA-RIPETTA Se edificó primeramente (el edificio actual es posterior, del siglo XVII) por la Confraternidad de los Barqueros y Mesoneros, en 1499, interviniendo el PAPA ESPAÑOL, 2° DE LOS BORJAS, ALEJANDRO VI. El S. Antonio de Lisboa y de Padua, 3.» capilla de la derecha, es pintura de Gregorio Preti (f 1672: hermano de Mattia). CAP. Í51. EN SANTA-SUSANNA Lacapilla de la izquierda está dedicada a S. Lorenzo, el santo español; el lienzo de altar es de Césare Nebbia (1512-t 1590). Antiguamente tenía en" el ábside buenos MOSAICOS de la época del Papa que a coronó Cario Magno (el año 800) S. León III, de que no queda en la modernizada iglesia resto; pero sí rastro, gracias al celo estudioso del español P. ALFONSO CHACON, el iniciador del Arqueología cristiana. su En álbum primero, en la Vaticana Vat. Lat. 5407, al folio 184, se ve en acuarela al dicho papa y Cario Magno (en el folio 74-140, aislada, la figura del papa); también después, por repetición, lo podemos ver en el otro volumen, el "Barberini Lat. 2062": que es el que ha publicado (sin colores) Wilpert en su gran obra de mosaicos. En el pavimento, no lejos de la capilla de la izquierda, estuvo la lápida del pintor FRANCISCO PREZIADO, de Sevilla (véanse caps. 97, 89, 212, de la Trinità-di-Via-Condotti, Santi-Quaranta y Accademia-di-S.-Luca); en la lápida se le decía miembro de las Academias de S. Femando, en España, y de S. Lucas, Roma; de esta "Prín¬ en y cipe", y director de pensionados de España, además. Murió en 1789, de 77 años; sin añadirse meses ni días. Púsola ANTONIO DESPUIG, de ambas Academias, a quien Forcella, en los índices, pone como pintor, y ha de ser no profesional miembro académico de ambas; es decir, el Cardenal Despuig y Dameto (1745-t 1813) (véase cap. i.°, de S.»-Maria-Maggiore, al final). La lápida tenía escudo (Forc., IX, 1066). Al arreglo del soldado ha debido de per¬ derse esta memoria; pues no puedo dar con ella, ni repitiendo las búsquedas. CAP. 152. EN SAN-BERNARDO-ALLE-TERME Contiene un sepulcro del ARZOBISPO DE EVORA FORTUNATO OLIVAROS (?), portugués, MINISTRO que fué del rey intruso Miguel I; falleció en 1843 (no, enForcella). Recuerdo haberla visto, y me he atormentado varias veces, buscándolo de nuevo sin éxito. En el libro de Ortolani de esta iglesia (en la serie "Chiese di Roma") la cita. Acaso al nuevo o, mejor, novísimo, aunque bello, solado de la rotonda dioclecianea que es el templo, en tiempo muy reciente, haya desaparecido el mármol. CAP. 153. EN SAN-SALVATORE-IN-LAURO Nada el cual, y en otro cortile, se conservan monu¬ hay de españoles en la iglesia, ni en su bello claustro, en mentos interesantes. siglo XV, son los más próximos en Roma al Por cierto que los capiteles del tal claustro, del tipo protorrenaciente castellano, o de Guadalajara: en estrías verticales, aunque aquí con adorno angular. En la sala de juntas, que se visita por el atractivo del sepulcro del papa Condulmieri, Eugenio IV (1431-1447), hay otro sepulcro, no tan bello, pero sí lo es también, aunque del siglo XVI ya, de fórmula esquemática de ape- 118 nas siglo XV. La yacente, de pontifical, en mcho de entablamento rectangular sobre dos pares de pilas¬ fines del tras, y como frontón, que aun cuatrocentista se muestra, y de las sabidas formas espirales. En neto se ve la Virgen con el Niño y uno y uno Angeles en momento de llegada y de adoración, según indican (lo primero) las líneas ser¬ pentinas de las fimbrias de su veste. La letra, abreviatura, es demasiado extensa, y no sé si la interpreto mal (no, en Forcella). Es de ALEJANDRO, ESPAÑOL; pero dicho "spaniolus" (acaso hijo de españoles, ?), de su origen, de la casa ilustre DE LOS CORDOBAS, y uno de los nueve hermanos, honrado por pontífices, emperadores, reyes y duques, añade. Doctor en Derecho, arcipreste en la patria Mantua, refrendario por León X, el i.®'' papa Médicis, y protonotario por Clemente VII (el 2.° papa Médicis), obispo Tricaricence (diócesis italiana, en la que no veo en aquellos siglos otro nombre español). No da fechas, claro que al promedio de la mitad del siglo XVI: su pontificado en Tricárico lo sabemos en los años 1529 a 1535. APENDICE: DE CASA MODERNA Saliendo de laiglesia, Via-dei-Coronari (vieja arteria de la Roma del siglo XVI: la segunda en su trazado en línea recta, dicen, cronológicamente), pero en esquina (y la puerta al Vícolo Vetrina, su número r), hay bella fachada reciente, de CASA, con los coronados grandes escudos a izquierda y a derecha de la puerta, el real de sola Castilla (sin León) y el real de solo Aragón. En la esquina, todo reciente, hay un retablito de escultura con la Virgen del Pilar, no grande. Será, pensé, casa recién edificada, a todo gasto, por la Obra-Pía-Española, y, efectivamente, así es. CAP. 154. EN SAN-GIOVANNI-DEI-FIORENTINI En la i.a capilla derecha (por obras, invisible en 1938), en el tan grandioso templo, el cuadro de S. Vicente Ferrer, el dominico español, valenciano, es de Doménico Cresti il Passignano (1560-f 1638). CAP. 155. EN S.a-MARIA-DEGLI-ANGELI % Un cuadro dealtar, de Giovanni Baglione (isyi-f 1644), en la primera capilla derecha después del gran crucero,representa a S. Raimundo de PeSafort, el dominico español, catalán, del Panadés, y conjuntamente con su hermano de hábito, el polaco Jacinto, ante la Virgen María. Sorprende el tema en iglesia que se labró tal para cartujos. Del mismo pintor (o atribución a él) hay en estas capillas no grandes de derecha cuadros laterales, alguno de los cuales muy semejantes a las pinturas del valenciano Jacinto Jerónimo de Espinosa, y algún otro recordándome algo menos a Francisco Ribalta. CAP. 156. SANT-ISIDORO-ALLE-SETTE-CHIESE Está en el campo... Ya, casi, no está en el campo, pues ya va poblándose de casas aquella parte del sur, afuera, y no cerca, de los muros imperiales de Aureliano de la urbe romana. La futura grandiosa Exposición Universal, bastante más al sur, acabará por ocasionar que St-Isidoro sea una parroquia urbana y populosa. Es, en realidad, la única iglesia en la Vía de las "Sette" iglesias, pues los 2 ó 3 kilómetros de aquel camino que une a S.-Paolo-fuori-le-mura con S.-Sebastiano-ad-Catacumbas, si se llamó y se llama así, fué sólo por pasar por él el circuito (que es de kilómetros) de las siete basílicas de las indulgencias plenarias, en los grandes Jubileos, 17 cada 25 años. Por haber sido el dulce, el culto y humanista, el santo de las bromas y el ingenio, es decir, S. Felipe 119 Neri, tan promotor de la visita frecuente a las siete basílicas, fué, él, devoto también de esta iglesia, o de ia que leprecedió de S.»-Eurosia (pues en vida del involuntario y genial fundador de los Oratorianos, aun no era S. Isi¬ dro ni siquiera Beato en Roma; y sólo en Madrid Santo, pero por "sufragio universal"). Recordando esa devoción del citado Santo florentino, aun ahora el Colegio de los "cultores" de los mártires detiene en ella su procesión, verdaderamente emocionante, de las siete iglesias, al primer domingo de Mayo (¡con lo que resultan, en realidad, 8 las visitadas entre un sábado y el domingo!) El S. Isidoro es, también aquí, el "Labrador", y buen cuidado se tiene en decirlo: "Agrícola", al exterior inclusive. El flojo cuadro del altar mayor es del mismo S. Isidro, aislado. Sobre la Vía que más que de siete iglesias debería llamarse de la siete catacumbas (casi sin exageración), antes presidía el Santo madrileño la labranza, aun¬ que tierra era de malaria. Ahora, saneado todo aquello, preside el aun aislado gran barrio "la-Garbatella", que como pronto habrá de tener (cual todos los de Roma), grande iglesia nueva, temo que se le sacrifique el edificio actual. Ello, rumiaba yo, a demasiados kilómetros del grandioso Instituto Internacional de Agricultura, para poder pensar en dar a éste un Patrón, como el castellano, madrileño, S. Isidro "Agrícola". APENDICE: DE ST-ISIDORO, EL VIEJO. sorprendente que el doctor de la iglesia S. Isidoro db Sevilla, el gran polígrafo, el maestro de la Edad Sería Media, hubiera tenido en Roma culto, como en realidad hoy no lo tiene. Máxime si se recuerda que en el total no acrecentamiento desmesurado del poder papal en lo eclesiástico, desde el siglo XI, una considerable parte se debe a obra, las "Decretales", las no auténticas, elaboradas en Francia (por Sens o Le Mans ?), pero "autorizadas" sin razón, con el alto nombre del español, sevillano, S. Isidoro: las "falsas" que hace ya siglos se llaman seudo- isidorianas. Hay un solo dato, pero seguro en cambio, para afirmar que en Roma hubo una iglesia, muy antigua de S. Isi¬ doro, a la cual, según el "Liber Pontificalis", en sus partes del todo auténticas, dió un "canestro" (cesto o canasto) de plata, de a dos libras de peso, el gran papa S. León III, el que coronó a Cario Magno, pontificado de los años 795 a 8i6. Nadie sabe dónde estaba situada la iglesia del insigne metropolitano de Sevilla, quizá donde, por lejana toponimia, pienso yo, «nació» tardíamente esta iglesia de S. Isidro Labrador: ¡mera, mía, conjetura! CAP. 157. SANTA-MARIA-IN-PALMIS, i^DICULA JUNTO A QUO-VADIS Construcción fué(Via Appia, cerca de muros) del cardenal inglés Polo, del siglo XVI (papábile inclusive, y muy papábile, en el cónclave de Paolo III, y en otros). Allí, en 1536 (5 de abril), salieron a esperar todos los cardenales, en Colegio, al EMPERADOR CARLOS V, Rey de España, en su solemnísimo viaje a Roma, tras de sus victorias de Túnez. Y como la edícula es de 1537, la creo monumento de tal recuerdo. Hoy está todavía íntegra, pero totalmente abandonada. CAP. 158. EN SANT-ANDREA-DELLA-VIA-FLAMINIA Erección de muy noble arquitectura de Julio III, el papa Del-Monte (1550-55), al norte y a alguna distancia de los muros de Roma, en agradecimiento a la libertad que allí logró, hurtándose, el entonces aun futuro papa, cuando las tropas del SACO DE ROMA, año 1537 (Mayo), o sean las de nuestro Carlos V, Emperador y Rey, que le tomaran al cardenal como rehén, a haberlo encontrado. Está a uno y medio kilómetros de la Porta-del-Pópolo. 120 CAP. 159. EN S.-TEODORO Iglesia de ordinario bastante cerrada (salvo el culto interior), pues en ella existe una archicofradía del Sagrado Corazón de Jesús, fundada en 1729, a los albores de la tan singular y hoy tan unlversalizada devoción: integrada ni más ni menos que por 72 oblatos, que dentro de ella usan seudónimos. Los aspirantes tardaban o tardan muchí¬ simos años de meritorios para poder alcanzar el ingreso. En el suelo de la rotonda, todo entapizado de grandes lápidas de cofrades (los "sacconi", que visten vestas de saco en las funciones, extrañísimo pergenio), con inscripciones sin alabanzas mundanas de rango o de categorías, se ve alguna que otra de españoles: una de ellas, de FRANCISCO BERMÚDEZ SOTOMAYOR Y PIMENTEE, muerto en 1789, nacido en Lugo en 1718 (Foro., X, 468). En lo bajo de la escalinatilla doble de bajada al hondo compás desde la calle, vemos la del español MIGUEL ALVAREZ DE CASTRO, muerto de 84 años, 9 meses y 7 días, en 13 Febrero de 1865 (Foro., X, 537). En el pavimento de la sacristía, ante la puerta de la iglesia, una lauda de LUIS PONCE DE LEON, canónigo del Vaticano, f de 78 años y 10 días, el 13 Octubre de 1850 (Foro., X, 315). CAP. 160. EN SAN-MICHELE-AL-BORGO-VECCHIO Laudas: — De CRISTOBAL CABRERA, teólogo inmaculadista, español, fechada en 1591: en la pequeña nave se señala, junto a la capilla de la Inmaculada Concepción precisamente (Foro., VI, 970 y 972). — De ISABEL, sobrina del anterior, muerta en 1599 y para FRANCISCA, también sobrina (Foro., VI, 970 . CAP. 161. EN Sa MARIA-DELLA-PACE En esta iglesia, de tan famosas obras de arte, sólo se anota de español la lápida, el recuerdo de ella, al menos, del sospechadísimo secuaz del Papa Borja Alejandro VI, JUAN MARRADES, que él mismo se puso, y sin fecha, la tengo por totalmente desaparecida. La copió Schrader antaño (Foro., XII, 1084). Es curiosa la redacción del texto; pero más, todavía, el turbio recuerdo del allí autobiografiado en breves frases. El solado ya se renovó en los siglos del barroco, y entonces se perdería la lápida. MARRADES murió en 1499, creeré que en Octubre, pues hecho en 1498 (21 Noviembre) Obispo de Segorbe (diócesis valenciana), que le "cedió" su tío el Cardenal Bartolomé Martínez, éste vuelve a ser preconizado Obispo de Segorbe (lo había sido desde 27 Setiembre de 1473) en i Noviembre de 1499. Por cierto que Martínez volvió a "ceder" el mismo obispado en 25 Abril de 1500 a otro sobrino suyo, llamado Gilberto Martí. CAP. 162. EN S.a-MARTA-IN-VATICANO Se podrá ver (?), por quien pueda entrar en esta iglesia, una lauda sepulcral del mallorquín JERONIMO DE SALAS, que murió en 22 Agosto de 1729; púsola su hija María (Foro., VI, 1042). 121 CAP. 163. EN S.a-MARIA-DELLA-NATIVITA, VIA-NOMENTANA No sé si subsiste, incorporada que vino a estar esta iglesia en la propiedad de gran familia, los Patrizi, parcelada y edificada. La consagró el español 2." CARDENAL PORTOCARRERO (véase cap. 93, de S.»-Maria-in-Aven- tino), el año 1742, cuando aun era (y no cardenal, todavía) patriarca de Antiochía "in partibus" (Forc., XII, 518). « CAP. 164. EN SA-MARIA-DEI-SETTE-DOLORI Esiglesia invisible para hombres (lo asegura Angelí), y para mujeres y para todos, salvo un momento al año por razón de clausura de monjas que serán servitas, presumo. Las conozco todas, de azotea a azotea, y son bien pocas: está en el Trastevere, Via-Garibaldi, en las faldas del Gianícolo, debajo mismo de la Academia "di Spagna". En ella hay un notable busto en mármol de S. Ignacio de Loyola, el español fundador de los Jesuítas, firmado por Francesco Casella da Carona (siglo XVI), diciendo "P. M. B. Ignatius", y por la letra B. de "beato", ante¬ rior a la canonización del Santo en 1622, y posterior presumiblemente a su beatificación en 1609. De él habla y lo vió (¡y yono!) Griesenbach, en el libro citado. ^ Lo logré ver, con permisos para una visita: en una sala. CAP. 165. EN SA-MARIA-DEL-SUFFRAGIO, VIA-GIULIA En la 2.» capilla de la izquierda, el cuadro del SANTO aragonés José de Calasanz (f 1648), es del SEBASTIAN CECCARINI (i.» mitad del siglo XIX). CAP. 166. EN ,SAN-NICOLA-IN-ARCIONE Iglesia que no sé siquiera si subsiste. En la i.® capilla de la derecha, del españbl S. Lorenzo, se cita e cuadro de Gentili, Luigi (Primo Gentile ?: n. lóoó-f 1677). CAP. 167. EN ST-ANTONIO-ABATE-DEL-RUSSICUM puedo ni imaginar qué recuerdo hispánico pude yo Perdida mi redacción, no hallar en el templo rehecho por Pío XI, Ratti, para Colegio de los rusos y rutenos, si no es que el CHACON contenga copia de mosaico o pintura mural muy de anti¬ guo perdida {??•). 122 ^He podido, en este caso, hallar (al corregir pruebas) mis notas de estu¬ dio en los álbumes del Chacón, y completadas al caso con nota marginal mía al libro de madame Maurice-Denis. hoy "Russicum" y antes "St-Antonio" de los Antonianos hospitalarios, fué El primitivamente iglesia de "St-Andrea-in-Catabárbara", a viejo monasterio adya¬ cente. (Hoy, en los solares, no sólo el Russicum, sino los Pontificios, prestigiosísi¬ mos, Instituto de Arqueología Sagrada, Instituto Oriental y el Seminario Lombar¬ do, creaciones del Papa Ratti, Pío XI.) El español P. CHACON reproduce, de St-Andrea-in-Catabárbara (Lat. Vat. 5407, fol. 189", 198, 199-190, 100-102, 100", 193), las figuras murales de Jesús entre Pedro y Pablo, más dos y otros dos apóstoles. Y parecen del mismo lugar toma¬ dos (?) unos tableros de relieve medieval antiguo; con león contra toro, león con¬ tra caballo, y una Centauresa, atribuidos también al siglo V. WilpeH, en viñeta 33, reprodujo el conjunto del mosaico (fotografía de Húlsen, tomada de una simple copia de conjunto conservada en Windsor). Chacón localiza los mosaicos con estas palabras: "in aede sacra S. Andreae in templo S'-Antoni". Era originariamente una basílica profana, la de Junio Basso (el del magnífico sepulcro en el Museo Vaticano), consagrada, bajo la protección de San Andrés, por el Papa Simplicio (468-483): y en el siglo XVI todavía subsistía hasta parte de la decoración profana rica. Los Antonianos hospitalarios, instalados en 1289, andando los siglos dícese en libros que fueron destruyendo lentamente las decoraciones en mosaicos en que entró el nácar, para los condimentos y tisanas para los enfermos. ^ La información gráfica del P. Chacón de lo perdido, sobre más completa, es muchísimo mejor que la aprovechada por Wilpert. <$> La restauración y transformación del templo para el Russicum, a personal súplica amistosa del Papa Ratti fué obra generosa del ilustre escritor, catedrático de la Universidad de Roma, ANTONIO MUÑOZ, el arquitecto, y feliz restaurador de tantos templos medievales. No es español, sino de lejano abolengo conquense (el antepasado que se hizo romano, bajo Felipe V); pero sostiene batalla con las imprentas de sus publicaciones, imponiéndoles para su apellido la eñe española, insólita para italianos (pues su sonido eñe, lo escriben "gn"). CAP. 168. EN S.a-BARBARA, VIA-GIUBBONARI En la 2.® capilla de la izquierda, es de Francesco Ragusa (no le conozco fechas) el cuadro de la Virgen entre Santo Tomás de Aquino" y el santo, portugués, granadino, S. Juan de Dios (muerto en 1550): ¡extraña pareja, por singularísimas personalidades, el aristócrata, luego fraile sabio, y la distinta significación histórica de las dos «1 soldadote, después héroe de caridad! CAP. 169. EN S.a-BRIGIDA-DEGLI-SVEDESI izquierda, es de Eugenio Cisterna (siglo XX) la pintura de la S.» Brígida y la española Santa En el altar a Teresa: pareja no mal justificada de dos grandes escritoras y santas fundadoras, del XIV y del XVI siglos. Y aprovecho la ocasión para recordar que S.» Brígida peregrinó a Santiago de Galicia, y que también peregrinó a Jerusalem, acompañada, como le acompañó varios años, de un obispo Pecha, español y hermano del fundador de los jerónimos españoles. La santa escandinava, además, debió la rehabilitación canónica de sus escritos al espa¬ ñol Cardenal Torquemada (véase el cap. 62, de S.»-Maria-sopra-Minerva). 123 CAP. 170. EN SAN-GIROLAMO-DEGLI-SCHIAVONI En la capilla de la derecha, el S. Antonio de Padu.4, nacido portugués, es del pintor Benigno Wangh (ignoro sus fechas). CAP. 171. EN SAN-FRANCESCO-DI-PAOLA El Beato español, valenciano (militar que fué en las campañas de Italia: nacido en 1530, minimo en isóo-j-1604), Beato Gaspar Bono, tiene altar, i.° a izquierda, con pinturas (también las laterales) de Stefano Pozzi (1708- f 1768). Es una de las iglesias de los frailes Mínimos, orden que en España tuvo muchos conventos en los siglos pasados. En Roma tienen también las iglesias de St-Andrea-delle-Fratte y S.»-Maria-della-Luce, y tuvieron la Trinità-dei-Monti y S.» Anastasia. Se dice que en el siglo XVII casi llegaban a 12.000; hoy los Mínimos son, en la Cristiandad, cosa de 500. CAP. 172. EN EL SANTISSIMO-NOME-DI-MARIA El altar de la izquierda, y en ella central, de la rotonda, está dedicado a S. Bernardo, con lienzo grande; pero delante de su parte baja, cual desde el siglo XVIII se acostumbra en Roma para dar lugar a las devociones popu¬ lares nuevas, hay cuadro del santo español, valenciano, S. Vicente Ferrer (n. i35o-j- 1419): el apocalíptico predi¬ cador dominicano de media Europa. CAP. 173. EN LA QUE FUE S.^-EUFEMIA El recuerdo, tan solamente en el nombre de la calle, subsiste, en vía que ocupa parte del solar del templo de Trajano, junto a su Foro. Sólo, ignota, se conserva la figura de la Santa del antiguo mosaico de arte bizantino, por haberla hecho copiar en colores el español P. ALFONSO CHACON (Lat. Vatic. 5407, gi, 174). CAP. 174. EN SAN-SALVATORE-IN-ONDA español hay. Pero el español ALONSO CHACON, en sus álbumes, nos Nada conservó gráfico recuerdo histórico, del todo borrado: la figura de un Papa, un llevando la iglesita, "de antiquísima y vetustísima pintura" (dijo), y copiando las pintadas letras mayúsculas, que decían "Boninvs Presbiter Monacus". Sólo sabida la existencia de la iglesia en el siglo XII y dada a los ermitaños de S. Pablo en el si¬ glo XIII, a esa fecha se refiere acaso la pintura chaconiana (Lat. Vat. 5407,26 (45), que esta vez, por caso raro, no está inédita (Wilpert, viñeta 35, de su lujosísimo libro). 124 CAP. 174 BIS. EN S.°-STANISLAO-DE'-POLACCHI Perdido mi texto, recuerdo que sólo contenía la noticia de sepulcro de una DAMA ESPAÑOLA, esposa de un magnate polaco (citada en F or celia). 0 Recibo de Roma, al corregir pruebas (en 1942), la nota correspondiente. La dama fué MARIA DE CAR¬ DONA, HIJA DE FRANCISCO, DUQUE DE SEGORBE (■{• i Junio 1645), esposa del caballero polaco ANDRES RADZIESZOWSKI (Forc., III, n.° 729). CAP. 175. SACRO-CUERO-DI-VIA-PIAVE Fundación, en 1898, de la devota opulenta Orden de las Esclavas, cosa tan española (la que tiene también y en Roma "al arco-scuro" otra casa, la Generalicia, y que se vió, por cierto, obligada a regalar al Pontífice Fio XI, Ratti, una mansión magnífica en el Monte Mario: en ésta residía antes la Madre General). La iglesia, neogótica, fué construfda al pleno siglo XX; céntrica, en los barrios aristocráticos. CAP. 176. EN LA-SCALA-SANTA solamente habrá de'anotarse, y no citado Perdido el texto mío, creo recordar que por nadie (?), un escudo del primer PAPA BORJA, CALIXTO III, 1455-1458, que se ve en una de las piezas altas, las ahora en culto. CAP. 177. EN CAPILLA DEL PALAZZO-QUIRIMALE Hay enel Palacio Real, antes (siglos XVII al XIX) Palacio Pontificio del Quirinale, una capilla titulada de S. Lorenzo, el mártir español. Está, no visitable nunca, en las antiguas habitaciones secretas del Papa, llamadas departamentos del Sagrista. En 1737, Clemente XII, Corsini, le dió cuadro "egregiamente pintado" de la Virgen con el Niño y Santos Agustín y Lorenzo (antes la había adornado "egregiamente" en 1715). Pero fué en 1798 cuando se transportó a ella, desde el Vaticano, el relicario de la cabeza de S. Lorenzo. En i860. Pío IX, Mastai Ferretti, ante los avances de la unidad de Italia en los Estados Pontificios, hizo llevar la reliquia insigne a la iglesia de S.-Lorenzo-in-Dámaso para días de rogativa, poniendo por intercesor al Santo que tan heroicamente en vida había defendido el patrimonio de la Iglesia romana. Pero, devuelta luego al Quirinale, a los diez años, 1870, al caer Roma en poder del Rey de Italia, nadie se acordó de la reliquia para trasladarla de palacio a palacio, cuando bien se sabía por todos que el del Vaticano se dejaría al Papa y el Quirinale iba a ser el Palacio del Rey. Y así, en el Quirinale sigue el relicario (o, al menos, sé que seguía en 1888, según leo en texto de Guerin de tal fecha). De culto allf nada sé. Los monarcas reinantes no habitan, en realidad, su Palacio, sino en actos de ceremonia. Cuando sí que lo habitaban los padres, la Reina Margarita (la primera reina de Italia) sé que bajaba a misa, sólo cruzando la calle, a St-Andrea-al-Quirinale (véase cap. 109). En una de las salas regias, que se visitan, hay Paisaje de las Lagunas Pontinas, del pintor español Enrique Se¬ rra (1859-f 1918), que vivió y murió en Roma. 125 et" \^W *ï.iUVSv .m '1> y iwEHs^îoJi «írlF'i .- ·'íi"■ .f ' ."^kg»SïœJâaû«*-iV>t:v ,'L' i., ' . ,- m^m 1M91Í -.v, .-^v,· ;w:®.'5-r,K^•■ •<• : CAP. 178. APPARTAMENTO-BORGIA DEL VATICANO De las salas del 2.° PAPA BORJA, ALEJANDRO VI, español, repristinadas tan felizmente por León XIII, Pecci, y tan visitadas por todos, no creo haber de hacer aquí, en mi libro, toda la extensa nota que eUas merecen. Del tema concreta¬ mente, y extensamente, se han ocupado el Cardenal Ehrle (antes Prefecto de la Bibhoteca-Vaticana), Enrique Stevenson, y Carrada Ricci, y Adolfo Venturi, y Hermannin, y otros, y en monografías y revistas se dió y se sigue dando amplia información fotográfica. Aun en libro de carácter general, como los de "La Pein¬ ture en Europe", de Lafenestre y Lichtenberger, en el recio tomo "Rome-le Vati- can-les Eglises", 1903, se dedican 45 páginas, de letras menuda y menudísima, a los "Appartements Borgia (1492-1495)", con 7 láminas. Lo más beUo de ellas es la decoración pictórica, al parecer totalmente encar¬ gada a PiNTORiccHio (el discípulo y rival de Perugino), pero realizada, por fuerza, con la colaboración de compañeros o discípulos de la escuela de Umbría (se pro¬ nuncia en Italia esta palabra con acento en la "u"). La I.» sala, "de las Sibüas", éstas y los Profetas (en doce lunetos), y encima las ocho historias, son de los discípulos de Pintoricchio sin precisarse más. La 2.°- "del Credo", con los Apóstoles, con los que se suponen sus respectivos fragmentos del Credo, fueron pintados por Pier Matteo d'Amelia (cuyas fechas de vida, concretas, no se conocen). Los lunetos de la sala de las "Ciencias y Artes Liberales" los pintó, según la opinión de Carrada Ricci, Antonio da Viterbo (Massari, de apellido), apellidado "il. Pastura" (que murió en Roma entre 1509 y 1516). La sala "dei Santi", es la obra mayor del Pintoricchio (Bernardino di Betto Bardi; nació en 1454, murió en 1513), con escenas (Uevando la vuelta por la izquier¬ da): del Martirio de 8. Sebastián, la Casta Susana y los viejos, S.®' Bárbara condenada a la prisión. Disputa de S.® Catalina de Alejandría, que es la obra maestra, y con re¬ tratos de Lucrecia Borja (la, aquí, S.® Catalina) y el príncipe turco Djem (a caballo), etcétera; S. Pablo ermitaño con S. Antón (lejana inspiración para el cuadro de Velázquez, positivamente), y la Visitación a S.® Isabel. La 5.® sala, de los "Miste¬ rios de la Fe", se atribuye a Pintoricchio mismo, con profetas en la bóveda y con escenas de la Resurrección, Pentecostés, Ascensión, Anunciación, Natividad y Epifa¬ nía. En la del fresco de la Resurrección (el mejor, dicen), el mejor (digo) y más grandioso retrato conocido de Alejandro VI, orante, con capa pluvial. De éste, copia t. ii.—9 129 hay en Madrid, de Palmaroli (?), que presidía sala en la Exposición Histórico- Europea del 4.° Centenario del Descubrimiento de América. Creo que a indicación de Cánovas, Jefe del Gobierno, la hizo hacer el Embajador al Vaticano, Marqués de Pidal. La devoción de Alejandro VI a la Resurrección sería la causa de que en Roma los españoles crearan y mantuvieran secularmente la Archicofradía de la Resurrección, y celebraran excepcionalmente la Pascua en San-Giácomo-degli- Spagnuoli (véase cap. 9, párrafo penúltimo). La sala 6.®, la mayor (considerablemente, la mayor), por hundimiento de techo, se reconstruyó y se decoró en el siglo XVI, y nada dal Papa Borja conserva, sino el nombre. En la decoración ornamental de pinturas, en la chimenea (la de la sala 4.», etc.), se repiten en las restantes salas el tema de los dos no descifrados (yo, al menos, no los descifro) "emblemas" de Alejandro VI (dos coronas contrapuestas y tocándose de sus aretes, la una de largos, la otra de cortos florones salientes; unas Uamas horizontales ondeadas, semejantes a las del escudo de Valladohd); además, bastante profusión del buey del escudo Borja, paciendo: esto, al sonsonete, semejante en valenciano, de la "botcha" (mata süvestre espinosa) que pace, con la palabra "bortcha" que suena en valenciano el apellido Borja, como suena igual en italiano con la grafía "Borgia". Olvido citar taraceas y otros detalles. Pero debo mencionar los solados. En la restauración total de León XIII de todo este "Appartamento" (1889-97), para amueblarlo y para darlo a la visita al público, se ordenó poner azulejería de tipos antiguos, de predominio de lo azul, o de lo azul con el verde, recordando lo valen¬ ciano, que vino, aun en el siglo XV, a imitarse y repetirse en Italia. Hecha ya de años la restauración, vino a Roma (como a Sicilia, Nápoles, etc.) el más competente conocedor que ha habido, y hay, de la azulejería valenciana y la obra de Manises, de Paterna, etc., y dijo D. Manuel González Martí ("Folchi", de su seudónimo de escritor) su opinión, y hallando restos auténticos de lo antiguo. Pero yo no re¬ cuerdo ahora con seguridad sus opiniones, que desearé volver a oír. Lo que yo veo, no me parece valenciano, sino ya itahano, y no en los soldados de la restauración, sino mirando y observando unos ejemplares de los varios tipos (unos a base de cuadrado, otros de rombos..., con varios dibujos) que se dejaron como muestra de los originales en el fondo de una chimenea, que como la otra citada, no está en su uso. Todo esto respecto de las cinco salas primeras. En cuanto a la ya no borgiana, sino del siglo XVI, es también nuevo el solado de azulejos, con varios modelos; pues es sala muy grande y se forman como plafones distintos y simétricos; pero son, o bien de cuerda seca, no sé si de tipo del todo sevillano del ya comenzado siglo XVI, o más bien de otra localidad, castellana; o bien son lisos al tacto y pinta¬ dos a lo renaciente, asemejándose a los sevülanos, es decir, a los de Triana, tras de la influencia aUí del italiano, pintor y escultor de azulejería, Francesco Niculoso da Pisa. En la dicha chimenea, también hay azulejos de esos dos tipos, como para justificar, también, el gran pavimento cincocentista, como se quieren justificar, y también cumplidamente, los pavimentos cuatrocentistas de las cinco salas menos grandes. 130 Al fin, tras de muchos años, ha publicado D. Manuel González Martí el estudio que hizo en el invierno de I9t2-i9i3, gracias a hallazgos posteriores en España, redondeado. Se titula "Cerámica valenciana medieval: Azu¬ lejos Borgianos", publicado en el "Boletín de la Real Academia de la Historia", tomo CX, número de abril-junio de 1942, salido en noviembre. Los escasísimos restos que subsistieron en Roma (así en el "Appartamento" vaticano como en el Castel-Sant- Angelo, véase cap. 205), bastaban para demostrar su origen en Manises (Valencia) o bien en talleres sucursales, como ahora se revela el que hubo en Gandía, para los Borjas. Y en los testares de desperdicios de Manises, excava¬ dos principalmente por el Sr. González Martí (quien es ahora y de muchos años director de la Escuela de Cerámica de Manises), han permitido dar solidez científica a la adivinación de los solados de al menos dos salas borgianas del Vaticano, y similarmente a algunas del Castel-Sant-Angelo: en colores, tomadas de acuarelas del van autor, en las cumplidas láminas de su trabajo los varios bellos conjuntos. Sabido es que los testares, piezas parcig.1- con mente rotas o fracasadas, ofrecen tales revelaciones, cual si fuera caso de excavaciones arqueológicas. Y todo, confirmando los copiosos documentos de Alejandro VI, cartas y órdenes a sus familiares, los cuales ya previamente ofrecían prueba histórica de haber querido y logrado obra de Manises para los aludidos pisos y otras combinaciones más sencillas (fig. 10) del propio Vaticano; además de otras, algo posteriores, salas del Castel-Sant-Angelo (figs. 10, 15 y 16, también en colores) y del Palacio ducal de Gandía (Valencia) de los Borjas (figura 17, común al uno y otro castillo palacio). Los solados de dos salas Borgia reconstituidos en el papel, a colores, los da el Sr. González Martí en las láminas 4.® y 5.® El Sr. González Martí, no llegó a conocer todo lo de azulejos de varios papas del Museo Castel-Sant-Angelo. acaso le demostraran que ya Manises proveyó a Papas anteriores al 2.0 Borja, probablemente con intervención del aun solo Cardenal Rodrigo de Borja. En lo erudito del trabajo de mi amigo veo, contra lo que él cree o apunta, que ignoramos, en realidad, lo de los símbolos no estrictamente heráldicos de ALEJANDRO VI, las flámulas ("farpas" es su nombre) y la doble corona. Sí que sabemos que no inventada por el Borja más famoso, aunque las sigo teniendo por su emblema personal (cual la granada de Enrique IV, cual el doble yugo y el haz de flechas de los Reyes Católicos, o cual las columnas de Hércules de Carlos V, y mil ejemplos más); pero en Alejandro VI no sorprendentemente acompañado de letra (cuando el "agridulce" para Enrique IV, el "tanto monta" para los Reyes Católicos, el "plus ultra" para Carlos V); pues González Martí, que sabe de letra, la de "ex alto", no es sino en un documento, en un inventario (página 304, penúltimo párrafo de la nota), y el tal (inventario de Papa fechado en 1493), a distancia de un siglo de los datos de doble corona yde "ex alto", como de Juan I de Aragón en 1392, cual condecoración que daba a su hijo y a y más a damas, caballeros y aun a escuderos, y la siguió dando su viuda la Reina D.» Violante. Del espa¬ cio de casi un siglo intermedio, no se presenta prueba ni recuerdo, sino mera y vaga conjetura. Tales insignias no las creo nunca perduraderas de generación en generación. Y en cuanto a las "farpas" o flámulas, nada se dice antes de Alejandro VI. De las salas, la i.® y la 2.^, tan sólo, fueron de edificación del papa Borja 2.°, por estar la caja de la "Torre-Borgia", que ahora se avanza al N. hacia los cortües en del Belvedere (uno solo antes, y, después, subdividido en tres cortiles); pero que se construyó, como antes también la Sixtina (capilla magna y fuerte militar a la vez), para reforzar considerablemente la construcción militar vaticana, y como al ras de los muros N. de la "Ciudad Leonina". Porque Alejandro VI fué, sobre todo, eso: fortificador de fortalezas papales, y afianzador definitivo de la monarquía pontifical en los Estados Pontificios, dando paso a la monarquía absoluta con el abatimiento, que logró, de la nobleza feudal. En espíritu semejante, el "Appartamento" tiene más de castillero que de palacial; y se acomodaba mejor a eUo el aire artístico todavía medieval: compatible con la gracia y la devota inspiración prerrafaelista de Pintoricchio y sus compa¬ ñeros. Por eso, también les van bien a las salas las panoplias, que allí se han reunido," y también la tapicería flamenca, medievalista, que allí feUzmente se ha aprove¬ chado. En la sala 4.^, la sala "dei-Santi", se ven tres tapices, de principios del si¬ glo XVI, algo posterior el tercero; pero en espíritu, felizmente, todavía medieval. En la sala i.», la sala "de las Sibilas", también hay otros dos; pero sólo me refe¬ riré a uno, al precioso: con Calvario de los tres crucificados, María y Juan, en lo 131 alto, y en los compartimientos bajos, en el uno el Bautista, santo obispo y S, Jeró¬ nimo, y en el otro. Santas Catalina y Marta; precioso tapiz flamenco de por 1500, no grande, que fué regalo de los españoles Reyes Católicos, Fernando e Isabel, cuyo escudo común, ya con la granada (después de 1492, por tanto), llevan tejido. (El otro, que Ueva escudo del cardenal Bibiena, está tejido por cartón sacado de cuadro de Rafael, el de "el Pasmo de Sicüia" del Museo de Madrid.) Asesinato por César Borja de su cuñado, y apresamiento de César Borja por Julio II, son, con otros muchos, recuerdos localizados en la sala de las Sibilas del "Appartamento". Pero para meros recuerdos no está directamente concebido este libro-resumen. CAP. 179. EN LAS STANZE-DI-RAFFAELO Julio II, el casi inmediato sucesor del Papa Borja, Alejandro VI (a quien odiaba y maltrataba, y con frases de insulto a su memoria, más tarde), no quiso habitar el "Appartamento Borgia", y decoró, en piso más alto, sobre el mismo, otro "Appar¬ tamento", el de las inmortales "stanze" de Rafael. En éstas, dentro de la "torre Borgia", por cierto, pero ya en tiempo del i.®' Papa Médicis, León X, pintó Rafael la "stanza" del Incendio del Borgo. En cuyos zócalos, con otros héroes de la cristiandad, en figuras colosales al claroscuro, sentado, precisamente junto al paso a la "stanza de la Segnatura" y por todos visible, está el Rey Fernando, propagador del mundo cristiano. Algunos lo creen S. Fernando III; pero es, en rea¬ lidad, Femando el CatóHco, V de Castilla, II de Aragón, pues lleva al alto de un ástil, con el castillo, de bulto, de Castilla, la granada, muy grande, que no le pertañe al santo rey del siglo XIII, sino al astuto y genial político, rey del XV y XVI, que conquistó e incorporó el Reino de Granada. Aquí se le pintó la noble efigie, o en vida suya, o muy poco después de su muerte. En la última de las "stanze" de Rafael (pòstuma suya), la de la Batalla de Constantino, entre los grandes frescos, hay también figuras de Virtudes y de Pon¬ tífices santos sentados, pintados por los discípulos de Rafael también. Parece de dibujo del mismo la figura del Papa hispano S. Dámaso, y así se le reconoce. Está al rincón entre el gran fresco del Bautismo de Constantino (y en su propia pared) y el de la dicha Batalla. Figura aUí en una histórica selección de los siete santos suce¬ sores de S. Pedro más gloriosos, y con toda justicia. La pieza inmediata se llama (ahora injustificadamente) Sala-dei-Palafrenieri, nobilísima pieza de dormir (adivino) de papas del Renacimiento. Obedecen al arte de Rafael personal de discípulos, los grandes santos al fresco y claroscuro, que llevan los paramentos; los más de ellos, de apóstoles y evangelistas. Pero también de S. Lorenzo, el mártir español, con la parrilla. Las figuras se completaron más 132 tarde por los Zuccaros...; pero el conjunto lo pintó Giovánni da Udine, fiel a la idea de Rafael; siglos después se restauraron por Maratta. En estas "stanze", todavía, nos llaman a remembranza por tratarse de dos, bien heterogéneos, recuerdos hispánicos. El más insignificante y sorprendente es de la talla de una de las puertas, rica (admirable, en conjunto, la labor total de todas eUas: típica del momento feliz y alegre del Renacimiento): el detalle, es la represen¬ tación de un ELEFANTE. Es en el Palacio el único recuerdo gráfico hoy del regalo que le hizo al i." Papa Médicis, León X, el rey de Portugal, DON MANUEL "O VENTUROSO" (en castellano lo apellidamos, traduciendo la palabra, "el Afor¬ tunado"). Era, tras de todo el milenio de la Edad Media, el primer elefante que volvía a ver Roma; ¡Roma que tantos viera, o que vieran en Italia los romanos de la antigüedad imperial! Los elefantes de Pirro, en son de guerra temible, fueran los primeros que vieran los italianos en su península. Este de Manuel I, el primero que vieran los romanos de la Edad Moderna. El Papa mandó que el propio Rafael de Urbino lo pintara, y su traducción monumental en el Palacio Vaticano, de siglos ya perdida, la conocemos tan sólo por un dibujo del portugués Francisco d'Ol- landa, en el códice-álbum de El Escorial, cuya publicación tengo yo preparada y todo mi texto escrito (desde 1936). La talla, que no obedece al propio dibujo de Rafael, es obra del senés G. Neri Barile (batiente de puerta más junto al fresco de la Escuela de Atenas). El Papa, para el precioso cuidado de la vida del elefante, cuyo nombre era Annone, designó, con cumplido premio anual..., ¡a todo un Mon¬ señor! Pero el animahto se le murió a este prelado demasiado pronto. Del santo mártir romano S. Lorenzo, español de nacimiento, hay no uno, sino múltiples testimonios pictóricos de la general devoción en las pinturas murales del Palazzo Vaticano. En cuanto a las salas del mismo visitables como museo, repre¬ sentado vemos a S. Lorenzo, conspicuamente honrado en unas respectivas y y apuradas selecciones devotas por los pinceles de los dos más grandes genios del Renacimiento, y a la vez por el más hondamente cristiano pincel de la cristiana Edad Media (cap. 180, capilla Sistina; 181, capilla Nicolaina, y cap. 219 de la Piñal CO teca). Aquí, en las "stanze", en la soberana de las pinturas rafaelinas (para mí, al menos, la soberana), es decir, en la Disputa del Sacramento, que es, en realidad, composición de la síntesis de la creencia cristiana, vemos al santo hispánico, sedente, en el hemiciclo de santos y patriarcas y profetas que preside el Redentor: uno de los solos 12, le vemos a nuestra derecha, entre Moisés y Judas Macabeo, y con la palma y con la parrilla del martirio caracterizado, nobilísima figura, de sere¬ nidad RAFAELESCA admirable. 133 CAP. 180. EN LA CAPILLA SISTINA Miguel Angel, creador en esta capilla (entre techos, lo mejor; y el frente, del Juicio Final, la más famosa de las creaciones suyas), de la máxima obra de arte del Renacimiento, también representó a S. Lorenzo, y en lugar bien principal. El es¬ pañol mártir romano, reconocible por la parrilla legendaria de su más que heroico martirio, se ve en el inmediato alrededor y delante del Cristo Juez del Juicio Final: bajo de él y más hacia nosotros, los espectadores: del inmenso "cuadro" de 20 por 10 metros, o sean 200 metros cuadrados de pintura, toda de su mano. Está a la izquierda nuestra, cuando a la derecha, S. Bartolomé con la propia piel en la mano; al mismo tono ambos, cual los más principales (pictóricamente) entre los mártires, y figuras de maravillosa "terribilità" buonarrotesca. En las paredes laterales de tan maravilloso conjunto, de arte prerrafaelista, podemos ver (entre las 28 subsistentes de Santos Papas, con la letra de su nombre, entre las ventanas) la figura de S. Dámaso, el Papa hispano, la que es de Doménico Ghirlandajo (1449-1 1494). CAP. 181. EN LA CAPILLA DE FRA ANGELICO (NICOLAINA) Es, repristinada (estuvo tapiada y del todo olvidada algunos siglos), obra capi¬ tal del gran Papa del primer Renacimiento de las Letras y de las Artes, Nicolás V Parentucelli (1447-1455). Hoy más que capilla se la cree en su origen Biblioteca, A serlo, y por el cargo principal de los Tesoros de la Iglesia (los libros inclusive) que tuvo el diácono, mejor archidiácono, S. Lorenzo Mártir, el español, se encargaron a Era Angélico (1387-f 1455) en la pintura total de las paredes, que representara escenas de la vida del levita romano, para pintar, además, sobre ellas, las escenas paralelas del levita jerosolimitano, el diácono S. Esteban protomártir. La fecha de las pinturas, la de 1447, hasta el promedio del 1449. Seguramente que ayudó al santo pintor místico, su gran discípulo Benozzo Gózzoli (1420 a 1424-f 1497). Las escenas de S. Lorenzo, en la primera fila, son: su consagración por San Sixto II; cuando éste le confía los tesoros de la iglesia; cuando S. Lorenzo los da a los pobres (las tres, a un lado); el juicio, y el martirio del Santo protodiácono (al otro). Son, acaso, la obra mayormente monumental del Angélico, que antes de su labor romana aun mostraba siempre el dejo de su primera educación pictórica de minia¬ turista. Las simuladas arquitecturas muestran la aceptación- del Renacimiento, y no es ésa la nota única. Obras, finalmente, de las más admirables del santo pintor dominico (áunque, en parte, habüísimamente repintadas). 134 CAP. 182. EN LOS MUSEOS DE ESCULTURA CLASICA DEL VATICANO Los monumentos de españoles en los museos de arte de la antigüedad pontifi¬ cales, como en los del Estado y los de la ciudad, son principalmente, casi exclusiva¬ mente, los de los Emperadores españoles Trajano y Adriano, faltando en Roma casi en absoluto (véase la excepción, cap. 7,°, de S.-Paolo-fuori-le-mura) monu¬ mentos del Emperador, también español, Teodosio, y de sus hijos. En el Vaticano, como en los museos de las Terme y Capitolio, obras de los citados, y retratos, varios, de los dos Emperadores; los dos tan excepcionales en la Historia, incluso la monu¬ mental, y además retratos de los miembros de la familia, es lo que podemos ver y anotar. Sin faltar a la Moral, no se debe incluir entre la famüia de Adriano el retrato de Antinoo. Pero además, con ser siempre un retrato, y un retrato del esclavo bitinio por quien sintió entrañable ternura el Emperador, es siempre, más que un retrato, una última creación de la Escultura mitológica. Muerto en la flor de los años juveniles, Adriano le divinizó, le creó un dios, dios nuevo, y no creado por las nor¬ mas acostumbradas en la divinización de los emperadores (culto de Estado, religión poKtica), sino como otro dios del Olimpo: las estatuas, ya que no tanto los bustos, le identifican, por sus atributos, con muchos dioses antiguos, en interferencias varias, también muy frecuentes desde antiguo en la Mitología secular. La aberra¬ ción ética del caso (que presumo que no sobreviviría a la muerte de Adriano) no fué a la vez aberración estética. Antes al contrario, las numerosas representaciones escultóricas de Antinoo muestran una fehz creación de arte: por la belleza y por la novedad de una, contenida, pero evidente, nota psicológica; la mirada vaga, fosca; los labios, carnosos, de desdén e indiferencia, que-dan al espectador inquietud, con tratarse de tan hermoso ejemplo de efebo; y encuadrada la inolvidable testa por la más rica vegetación de rizos del cabello, que algo barroco entusiasmaría a los admi¬ radores de POLICLEITO, el escultor de la virilidad sana en el siglo de FEIDIAS, seiscientos años antes. Comenzando por el MUSEO EGIPCIO VATICANO, precisamente preside su sala última (inmediata a la sala i.») una imagen casi colosal y como faraónica de Antinoo, a primera vista de arte egipcio puro, con ser creación adrianea (44). 135 Recuérdese que, si según unos, murió Antinoo de desgraciado fatal golpe de disco, jugando con él Adriano al deporte griego, según otra versión, murió dejándose ahogar en el Nilo por salvar la vida de Adriano, tras una consulta a un oráculo, que la dijo pendiente de tal sacrificio. Adriano, llorándole amargamente, decretó el Apoteosis y le dedicó una nueva ciudad en el Egipto, la llamada de su nombre Antinoe. Precisamente de esta ciudad creada por Adriano, tiene el propio Museo, en el armario B del hemiciclo (i6i del catálogo) unas interesantes telas coptas y otros varios objetos, singularmente una pintada cobertura de momia, con magní¬ fico retrato de mujer, que es obra del siglo II después de Cristo, de arte egipcio, pero egipcio adrianeo: simüar, el retrato, a los famosísimos de El-Fayum (repro¬ ducido en el catálogo, fig. 6.^, entre las de este Museo egipcio); si bien este retrato, más completo, deja ver el busto y la fina elegante mano siniestra. Todo lo dicho es una prueba evidente del espíritu estético, de sincretista, de ecléctico, y del finísimo gusto, del que yo Uamo mecenazgo de Adriano, el más artista de los emperadores. Como lo es, también en el Museo y en la misma sala que pre¬ side el citado Antinoo, el grandioso, célebre (el más célebre) vaso canópico, que procede de la ViUa-Adriana de Tivoli, y que está también al centro de la sala (nú¬ mero 97 y reproducción en el catálogo, figura 23 de las de este Museo Egipcio), el cuerpo del vaso, con estriado en dirección helicoidal, la cabeza de tipo egipcio, a la griega en la interpretación, ampliamente tocada con la "calántica", con flor de loto enhiesta. Es de muy bello alabastro. Según la frase moderna, ya en desuso hoy, de Adriano, se pudo ya decir que quiso ser, geográficamente, "ciudadano de todos los pueblos"... cultos, y cronológicamente, "contemporáneo de todos los tiempos"... de arte. La extensiónconsiderable de los museos de arte clásico del Vaticano (Pío-Cle- mentino, Chiaramonti, Braccio-Nuovo..., etc.) me aconsejan ahora seguir orden meramente topográfico o de colocación en el resto de este itinerario y según el mismo orden de catálogo, o sea el oficial. En la SALA-DE-CRUZ-GRIEGA tenemos tres retratos: el Adriano de Ostia (575), mayor que el natural, como el siguiente; el Trajano de Ostia (581), y el que se dice y yo creo de Marciana, la hermana de Trajano, y que traduce toda su sencüla bondad (585), también de Ostia. Sabido es que Trajano hizo en Ostia una obra colosal, la del nuevo puerto exágono, cegado como estaba otro, el del siglo I. Ostia es término municipal de Roma (extenso, como pequeña provincia); pero no entra en mi propósito el estudiarla en este libro. En la grandiosa SALA-ROTONDA, la de la alternativa de estatuas colosales y bustos colosales, tenemos dos veces a Antinoo, en obras maestras; y a Adriano y a Plotina, la esposa de Trajano, la que tan maternalmente quería a Adriano: cuatro bustos, y una sola estatua. Esta, la de Antinoo de Palestrina, obra admirable, repre¬ sentado cual Baco, y es la "interferencia mitológica" o "hipostática identificación" más indicada y fehz: un "Diónosus" juvenil, vencedor, pero dulcemente torcido el ánimo a la melancolía. Bastaría esta obra para que se olvide el sonsonete de los crí- 136 ticos que dicen "fría" a la más perfecta estatuaria del reinado de Adriano (540: se ve en cuantas fotografías dan el conjunto de la sala). El busto se goza mejor, pero no es obra capital; procede de la Vüla-Adriana (545). Mejor es, en lo excelente siempre, el busto de Adriano (543), el que precisamente procede de su "Mole" sepulcral (véase cap. 205, de Castel-Sant'-Angelo). El busto de Plotina, de la colec¬ ción Mattei antes, es excelente también, y para algunos es póstumo retrato (del tiempo de Marco Aurelio para Amelung), pero traduciendo toda su bondadosa llaneza (553). Inmediatos a la rotonda, al paso a la sala (o salas) DE LAS MUSAS, hay dos grandes bustos recortados "en hermes" que se dijeron de la Tragedia (587) y de la Comedia (558), algo barrocos, mas con la elegancia del incipiente (nada más que in¬ cipiente) barroco del tiempo de Adriano, y aquí sí que arte "frío"; proceden de la Villa-Adriana de Tivoli, y concretamente, del ingreso de uno de sus cuatro teatros: el teatro griego. En los tres espacios de la llamada en singular "Sala de las Musas", a mayor parte de los capiteles, corintios, puros, de las columnas (modernas), son adrianeos, procedentes de la Vüla tantas veces citada. La ordenación topográfica nos lleva a la sala "DE LOS ANIMALES, donde cosas hay adrianeas, procedentes de la Vüla. Una pantera sobre cabeza de cabra (n.° 12, antes 190); un pavo y una pava ("reales", pues en la antigüedad no se co¬ noció el pavo común), trabajados en mármol blanco (56, antes 223, y 49, antes 219), y un relieve representando a Cupido conduciendo un carro arrastrado de dos jaba¬ líes al galope (106, antes 158). Nada de ser obras maestras. En cambio, lo es (para muchos) la pintura en mosaico, de un león sobre un toro, y la vaca, temerosa, al otro lado de una ensenadüla; desde luego, de ejecución muy fina, el paisaje, y como los mosaicos de la época, en trance de progreso, de téseras pétreas, no vitreas, y de no lograda armonía de colores al querer interpretar policromamente la pintura (138, antes 150 A). En el mismo gabinete de las Máscaras hay una de las obras maestras de técnica y arte del arte de Adriano, en tipo helenístico, el Sátiro, en la durísima piedra llamada "rosso antico", en cierto modo igual, pero con variantes, acaso, sin embargo, pareja, con el del mismo material y representación que se con¬ serva en el Museo Capitolio (véase aUí cap. 192). Este no tiene ni la cesta ni la cabra; pero la actitud es igual y el notable estado de conservación también igual: • procede de la Vüla-Adriana de Tivoli; en excavación distinta lo halló el Conde Fede. En la gran sala alargada "GALLERIA DELLE STATUE", sólo un par de obras, verdadero par, adrianeas, pero verdaderamente excepcionales. Son dos candelabros en mármol, que üamaremos de estüo corintio (por superposiciones de tres capiteles corintios en cada uno, a guisa de fuste o caña), que son en absoluto los más grandes y los más beUos que existen en el mundo, en su aspecto total (no idén¬ tico). Pero que además, en los tres haces de su pedestal, piramidante a base trian¬ gular, nos dan seis relieves, seis figuras en pie de seis dioses mayores, que son de un 137 valor excepcional para la Historia del Arte escultórico del siglo V antes de Cristo, a que corresponden los originales que en tamaño pequeño copió de estatuas exentas el escultor adrianeo, en el siglo II después de Cristo. El Júpiter es un Tseus del tiempo de la juventud de FEIDIAS; acaso la Minerva es una Hugieia de PURROS; la Venus parece ser la Afrodita Sosandra de KALAMIS, etc. (los restantes son; Mercurio, Juno, Marte; también de casi tan ilustre abolengo). Dan las dos piezas procedentes de la Vüla-Adriana una espléndida prueba mayor del gusto estético depuradísimo y artísticamente retrospectivo del emperador español. En el próximo a eUo gabinetito saliente, tan exquisito, Uamado "GABINETTO- DELLE-MASCHERE" (ahora presidido por la Venus Knidia, ya desnuda del todo, bajo Pío XI, Ratti, desde hace cuatro años), es adrianeo el mosaico (al centro) que da nombre a la pieza. Es de los mosaicos más significativos del desarrollo de lo pictórico en tiempo de Adriano. Y no era uno, sino que son cuatro cuadros en mo¬ saico, aquí reunidos, pero ya gemelos en su origen. Tres son de máscaras teatrales sobre el suelo, sobre podio, sobre campo, con un perro además en uno, una pantera en otro. El 4.° es de escena pastoral, con tres cabras y dos ovejas, y sentada a los medios, la que yo interpretaría por la diosa Pales, la de los ganados (de la que vino en la topografía romana, lo de "Palatium" y lo de Palatino, y en todas las len¬ guas modernas, por tanto, lo de palacio). Sigo opinando lo ya dicho del mosaico en general del tiempo de Adriano (no llevan número, por ser parte, la central, del solado: defendidos de baranda). Al fondo de la citada "GALLERIA DELLE STATUE" ésta se prolonga con dos espacios Uamados "GALLERIA DEI BUSTI", donde algo se quiso hacer de cronología en los bustos imperiales; también (como en el Capitolio) el busto de Trajano (282) vese muy pulido, cuando como algo esbozado el de Adriano (283), juntos en la i.^ de líis dos cámaras. En la 2.^ de ellas, un busto de Sabina, la bella esposa de Adriano, ya no tan joven, procedente de Lanuvio, y el Antinoo Lante; es decir, los dos más conocidos amores de Adriano, allí juntos. Nada de nuestros temas hispánicos vemos en el Cortile del Belvedere y sus piezas adyacentes. En la interminable tirada del casi solamente transitado, más que visitado, MUSEO-CHIARAMONTI, incluso por culpa de los catalogadores (cambios de nu¬ meración de los trastes y de las obras y cambios de colocación de éstas), toda aten¬ ción se disipa. No se da llanamente con lo que se busca con ser excesivamente ex¬ tensa esta parte del catálogo, cuyas dos numeraciones han sido canceladas y sus¬ tituidas. Hay un Trajano, aun joven (yo sí lo creo tal) (7.° del traste III, en vez de 624 del traste XXV, ahora traste X); una, para mí, Sabina (14, antes 712; en el traste II, antes 29); un Antinoo, esta vez con la Uamada tiara frigia, es decir, en interferencia mitológica con el asiático Páris (9.°, antes 625, en el traste II, an¬ tes XXV, que ahora es X); un Trajano (574 antes, en el traste XIV, antes XXIII); un supuesto padre de Trajano (para otros, padre de Nerón y padre de Pompeyo, que son dos disparates), que sí pudiera serlo, busto muy hermoso (22, antes 561, 138 traste XXV, antes XXIII); la cabeza colosal que puede ser Trajano joven, de Ostia (que ya no la encuentro, y estaba en el traste XVI, antes XXII); y un Trajano de basalto, que tampoco doy con él (antes 64. en el traste LII, antes IV) Perdónese tanta cifra, precisa para la rebusca. En el "BRACCIO-NUOVO", o sea la parte más noble del "Museo Chiaramonti", nos corresponde ver, un poco frente, dos grandes cabezas de Dacios, de los frente a vencidos por Trajano, tan conocidas (9. y antes 9; 115, antes 118), quela se dice hallada en el Foro de Trajano, y la 2.®, en el "Puerto" de Trajano (no sé si por errata de pluma); más otra 3.^ cabeza, ésta con gorro, de partho (124, antes 127), hallada en el dicho Foro. F1 entusiasmo noble por los vencidos enemigos valientes, hizo que se crearan (como en tiempos de los Atálidas de Pérgamo, tres siglos antes) verdaderas creaciones con tipos étnicos nuevos: los Dacios llevan bigote, patillas y barbilla (sin enlace las últimas). Además, en el mismo Braccio-Nuovo, un busto de Trajano (41, antes 48) y otro de Adriano (74, antes 81). Siempre con la dife¬ rencia de la modestia del gran militar con sólo bandolera al pecho desnudo, y del gran esteta éste con la imperial loriga y su gorgonión en ella; y además con una pieza retorcida a defensa del pescuezo. Fn laparte del Museo de Escultura, en el piso alto, y en la SALA "DFLLA- BIGA", hay uno de las bellas reproducciones antiguas del Discóbolo de Muron, arte del siglo V antes de Cristo, a sus promedios (mal restaurada la cabeza, que no mira atrás) (618). Ofrece nueva prueba del entusiasmo de Adriano (pues procede de la Villa en Tivoli) por las varias escuelas y por los varios siglos de la historia de la escultura helénica. Fn cambio, en la sexduple, prolongada, GALLFRIA-DFI-CANpFLABRI, y su sección 2.®, procedente de la misma Villa, hay una de las mal Llamadas Dianas de Ffeso (solamente antigua, adrianea, la parte alta), con tantas tetas, y sobre el vientre con tantos simbólicos animales, cual diosa asiática de la fecundidad (22, antes 81); ofrece otra prueba más del espíritu turístico de Adriano y su igual aten¬ ción, estética al menos, a los cultos exóticos, asiáticos como africanos. Por lo demás, la cabeza es de arte griego, helenístico: el arte de los más en número de los escul¬ tores de Adriano. Sobre la instalación en jardín, de los vaciados de la columna de Trajano, v. cap. 194 de la misma en sus párrafos penúltimos. Fn el Museo Ftrusco nada hay de monumentos de españoles. Pero sí consta que precisamente en una de sus estancias habitó una temporada, por favor de uno de los Cardenales Barberini, sobrino del Papa Barberini reinante. Urbano VIII, nues¬ tro gran pintor DIEGO VELAZQUEZ, en su primer viaje a Roma, en 1629. 139 CAP. 183. MUSEO PROFANO DEL VATICANO Finalmente, debajo de la "GALLERIA-DEI-CANDELABRI", inmediato al ingreso, a derecha en la salita i.^ (parte del inmenso grandioso "corredor": por lla¬ marlo de alguna manera), está concentrado el "Museo Profano", sin ningún derecho para la antonomasia en tal apellido. Entre los bronces, a izquierda, vitrina y su parte derecha, al mostrarse abierta, hay uno con inscripción hispánica romana: es el documento original con que a Cayo Mario Pudens Comeliano se le nombra Patrono de la ciudad de Clunia (hoy despoblado en término de Coruña del Conde, que le heredó el nombre, provincia de Soria), en la provincia Tarraconense, antes en Celtiberia. Se halló en el Aventino, junto a S.^-Prisca, y la fecha que Ueva es la del año 222 después de Cristo, reinando, Heliogábalo. Este, que debiera llamarse "antiquari© profano", ya no es parte de los Museos de Escultura por absurda dis¬ criminación, sino parte de la Bibhoteca-Vaticana, ¡con estar allí los pequeños bron¬ ces y los marfiles clásicos! CAP. 184. EN LAS SALAS DE MUSEO DE LA BIBLIOTECA VATICANA En lagrandísima Sala-Sistina de la Biblioteca Vaticana (en realidad, parte de las de los museos), tres notas hay que recordar. En las vitrinas de monedas y "bulas" papales, hay de las primeras, oro o plata, expuestas algunas de los papas españoles, los Borjas, Calixto III y Alejandro VI, de los varios tipos conocidos (vitrina VI). Y se expone (vitrina VII) la muy rica y bella carta policroma dirigida al Pontífice Paolo V. Borghese, por uno de los reye¬ zuelos feudales del Japón, Date Masamune, príncipe de Mutso, presentada y traída, como credencial, por un fraüe franciscano español. Fray Luis Sotelo, al que aquél recomienda y a quien se encomienda a la vez la gestión que se dice, cuyo casi principal objetivo es para, con la a3mda del papa, lograr la amistad del Rey de España, a la vez que pedirle que le envíe más misioneros franciscanos. De regalos modernos, que llenan demasiado espacio en las galerías del Museo, no sin manchar su total belleza, citaré dos, por estar a la vista y al paso y porque se fijan en ellos los turistas. Una bella bandeja barroca en plata, regalo del Rey de 140 Portugal, y otra, en bronce parece, regalo del Gobierno de España, dicho sin poderse leer la fecha: es de 1929, es decir, del presidido por el General Primo de Rivera. La segunda es mera copia galvanoplástica (de 1928 y donostiarra la manu¬ factura: y tampoco lo dice la cartela): copia de la famosísima de la catedral de Toledo, del Rapto de las Sabinas, que se decía siempre, equivocadamente, obra de Benvenuto Cellini, y que es del flamenco Melinc. La bandeja del Rey de Por¬ tugal (Carlos I), que lleva la fecha de 1908, y fué donación a Pío X, Sarto, paré- ceme original del siglo XVIII, de bella labor cincelada en plata. (Sobre los cuadros modernos regalados, véase apéndice al cap. de la Pinaco¬ teca Vaticana, 219 bis.) Entre los frescos de la gran tirada de salas, entre los Uamados MuSeo Profano, Biblioteca y Museo Sacro (cerca de este último y dando frente hacia las anteriores), pinturas glorificadoras de las gestas del Papa franciscano Sixto V, Peretti, hay un grande fresco de la Canonización por dicho Pontífice, y tan a instancias del Rey de España Felipe II, del franciscano S. DIEGO DE ALCALA, santo español. CAP. 185. EN LA BIBLIOTECA VATICANA: LIBROS-...Y DISERTACION SOBRE EL EPIGRAFISTA ESPAÑOL DEL SIGLO XVI. No entran, ¡ni fuera posible pensar en hacer entrar!, en mi propósito las referen¬ cias a lo español en las bibliotecas, ni menos en la inmensa y riquísima Biblioteca Vaticana. Solamente por excepción me reduzco a aludir aquí, como tantas veces en muchos de mis capítulos, a dos fuentes de información nuestra, hispánica, pero precisamente gráfica, o bien epigráfica. La gráfica son los tres álbumes de Chacón, el 3.° reconocido por suyo, y lo son también, indiscutiblemente, pero sin decirlo, los dos que le preceden en la numeración catalogal (y ya lo reconoció Müntz, y del todo llanamente). Los cito en muchísimos capítulos, singularmente en casi todos los de Catacumbas de este mi libro, o sea en la parte del mismo, y además los cito también en otros templos en que las reproducciones de Chacón, de mosaicos o de pinturas perdidas, suplen por lo tristemente perdido (véase, por ejemplo, el capítulo de S.-Nicola-in-Car- cere 134). epigráfica es la del llamado "Anónimo Español", totalmente La información aprovechada por F or celia en cuantas transcripciones de lápidas se referían a las iglesias de Roma y eran a la vez posteriores al año 1000. 141 Quiero recordar aquí la importancia que se le reconoce al "Anónimo Español", pues dice Forcella (al prólogo del tomo I) que siendo en Roma varias las coleccio¬ nes epigráficas, la mayor parte de ellas son del siglo XVII, y añade: "tres solas se remontan al siglo XVI y son las más interesantes y correctas". La mejor, acaso, fué la Capocci) pero adquirida hace siglos por la Prusia, se perdió en un naufragio. La otra de las tres, no se extiende mucho, y es un códice farnesiano, cuya copia de 1715 tiene la Biblioteca Vaticana (Regina, 770). Por exclusión, pues, resulta la mejor colectánea epigráfica de Roma, la 3.^ de las tres del siglo XVI: la del espa¬ ñol. Copiaré, pues, aquí lo que Forcella dice de ella: "Códice Ghigiano, V, 167 (de reciente, la Biblioteca Chigi está incorporada en la Vaticana: regalo de Italia, y antes de la Conciliazione). En papel, in 4.°, de 462 hojas, del siglo XVI, a fines. Título "Inscriptiones et epitaphia, exscripta tem¬ pore Pii V"... Esta colecta fué compilada bajo S. Pío V por un español, cuyo nom¬ bre se ignora; y contiene inscripciones paganas, copiadas en los diversos palacios y en algunas viñas (casas de campo) de Roma, y aquellas otras de muchísimas iglesias. Están todas escritas en caracteres cursivos, sin haber marcado el orden de las líneas, la diferencia de los caracteres, ni decir si las letras son más o menos pequeñas. La lectura es generalmente buena, y las memorias, inapreciables (prege- volissime, dice), porque casi siempre perdidas." (Añade una 4.» colección del siglo XVI también, Cód. Vat. 6.865; tiene poquísimas transcripciones y de tan sólo cinco iglesias. El resto ya son las colectáneas del siglo XVII.) ¿Quién es, quién será, quién podrá ser el "Anónimo Español" bajo S. Pío V (pontificado de 1566 a 1572)? El códice no lo dice, ni nadie. El códice sólo dice letreros de poseedores póstumos, un "Fray Angelo di Prato" (recuérdese que Prato es ciudad de la Toscana) y un "Octaviano zoco a Campo di fiori" (que es plaza de Roma, donde todavía se venden los libros viejos, y el nombre, el del posible cha¬ marilero, italiano). El "Anónimo Español" tuvo que ser un sabio, un profesional de la Epigrafía y, por lo visto, de la Arqueología. Tiene que pensarse (creo yo que exclusivamente) en uno de estos tres nombres, los tres ilustres en la Historia científica española de Roma: ANTONIO AGUSTIN (de quien no digo palabra en ningún otro capí¬ tulo de mi libro), PEDRO CHACON (véase el 12, de S.»-Maria-di-Monserrato, a lo de la sala "Museo"), FRAY ALFONSO CHACON (véase por todo el libro, particu¬ larmente en el cap. 58, de S.^-Sabina). Creo fácil, un día, resolver la incógnita... triangular. Apenas se pongan manuscritos al lado con letra auténtica de los tres (de uno ya lo he intentado, con resultado negativo...). Mientras tanto, aprovecho la nueva hipótesis, pero calificada hipótesis, para injerir en mi libro, y aquí, con el nombre de ANTONIO AGUSTIN, la memoria de quien, como a la vez LOS DOS CHACONES, fué y fueron sabios españoles; pero precisamente lo pudieron ser entonces porque vivieron el ambiente de Roma. Nació en Zaragoza, murió en Tarragona, de donde era Arzobispo (n. 1517-t 1586). Hijo de Vicecanciller de Aragón (el más alto cargo de gobierno del Reino), de ilus¬ tre famüia, fué en Italia colegial de Bologna en el Colegio de Albornoz, Auditor de la romana Rota, Legado del Papa para España y Francia, Nuncio a Inglaterra y 142 enviado Alemania, y a la a Obispo de Alfano, después de Lérida. Doctísimo vez jurisconsulto, doctísimo fué,a la vez, en Arqueología, y Mecenas de la imprenta docta en sus diócesis. Eminente bibliófilo, sus libros fueron base de la gran Biblio¬ teca de El Escorial. Acaso, sin embargo, sean sus notas más vivas, las de epigra¬ fista, heraldista y numismático. (No tengo manera hoy de precisar sus fechas y cronología romana: bástame provisionalmente recordar que en Roma editó hbros suyos en 1557, en 1560; es decir, en los inmediatos a los años citados de S. Pío V.) CAP. 186. EN LA SALA REGIA DEL PALAZZO VATICANO Del inmenso Palacio Vaticano, sólo puede ver el turista y el curioso, y en estos años con poca probabilidad, la Sala Regia la inmediata Sala Ducale, que son las magnificas y las que introducen solemnemente a las demás y del Palacio, y dando paso la i.®, a la vez (por otros lados), a la Capilla Sixtina, siémpre abierta a los visitantes (por otro ingreso), y a la Capilla Paolina, que en estos tiempos se ha malamente hurtado a la visita de todos a pesar de las grandes obras pictóricas de Miguel Angel que también contiene la segunda. En la Sala Regia no se sabe, a primeras observaciones, a cuál fresco, de los medianos de tamaño o los menores, se refiere la letra puesta sobre el paso a la Sala Ducale, en que se habla de Pedro II de Aragón, sometiendo su Reino (que protestó el acto, y esto no se dice) a Inocencio III. En el libro, gran álbum, del CecchelH, página 363, se da resuelta la duda, al reproducir el fresco correspondiente. En cuanto al pintado texto, lo que dice es que PEDRO REY DE ARAGON sometió al Reino a dar tributo y pensión anual, y prestar a la Santa Sede obediencia y defensión. Claro que nada de ello tuvo valor nunca en la Historia consiguiente. Al ordenar el pintor Livio Agresti (f 1580) la pintura, en el siglo XVI, en los tiempos de Gregorio XIII, Boncompagni, ¡cuatro siglos después del suceso sin consecuencias!, se tuvo tan indiscutible des¬ acierto como en el otro más famoso y comentadísimo encargo, próximo, en la misma sala, el de la Matanza de los Hugonotes, la noche de la Saint-Bartelemmy, y muerte de Coligny: fresco, éste, del Vasari (1511-f 1574). Todavía otro punto (también discutible). Dos de los cuatro mayores frescos, todos coetáneos y también, por tanto, "manieristas", los dos del lado de la ciudad, o sea lado del este, se refieren a la BATALLA DE LEPANTO: ¡pues sequisieron borrar, al menos el de la alianza (grupo de la Iglesia romana, con la Monarquía de España y la República de Venecia), cuando se rompió, años después, la liga de los tres potencias contra el Gran Turco! Y otro punto... ¡todavía! La CONQUISTA DE TUNEZ, la gloria inmarcesible, y personalísima, del Empera¬ dor y Rey de España CARLOS V, se la dice, en la letra latina, "gloria... de Paolo III". CAP. 187. EL CORTILE-DI-SAN-DAMASO Se llama de San Damasc el patio grandioso de tres solos lados de altas edificaciones, incluso las "loggie" de Rafael, etc. No es público para el turista, y se cruza cuando se tiene audiencia concedida. Se le dió el nombre del Papa español S. Dámaso por haberse traído al centro del mismo la fuente (el agua) que milenariamente estuvo ante la fachada del viejo S.-Pietro-in-Vaticano, agua precisamente que había captado S. Dámaso, y a la que dedicó la inscripción a que me he referido en su lugar oportuno (véase cap. 3.°, de las "Sacre- Grotte-Vaticane"), que he dado en traducción, y que reproduzco además en láminas en la edición romana de este mi libro, y ahora en esta edición madrileña. No debo tratar aquí el problema de si la tal fontana en los atrios del viejo S.-Pietro-Vaticano, tal cual subsistía 143 a fines del siglo XV,creación arquitectónica o artística del propio S. Dámaso. Como la conocemos por dibujos, era debo decir que los pavos reales broncíneos, subsistentes todavía, puestos junto a la piña colosal, colosalísima, en otro de los patios (el másalto de los tres citados) del Palacio Vaticano, se creen procedentes de la Mole de Adriano, es decir, del Castel-Sant-Angelo, y no se alcanza a poder creer que ni S. Dámaso, ni los emperadores de su tiempo, ya cristianos, .descabalaran ni pudieran descabalar sin escándalo el gran monumento sepulcral de tantos empe¬ radores de los siglos II y III. Pero aun así, y en lo esencial, yo puedo creer y creo damasiano ío arquitectónico, al menos, de la vieja fontana del gran atrio de la vieja basílica del siglo IV. (Véase mi texto en el libro citado, pági¬ nas 122 a 124, estudiando el precioso dibujo de D'Ollanda, reproducido del fol. 26 vuelto de su códice-álbum.) El agua damasiana, además del "elegantissimo latino" de la inscripción del Papa español San Dámaso, todavía en el siglo IV tuvo la alusión del insigne español poeta PRUDENCIO (himno XII); "praebet qui dona salutis", y Cencio Camerario (Honorio III: 1216-1227), dijo del primitivo lugar "Cementarlo de la fuente de San Pedro, por¬ que era la fuente bautismal donde S. Pedro bautizaba, según la tradición". Bajo Inocencio X, Pamphili (1644-1655), el Papa hispanófilo, fué el repescar el agua y traerla al Patio en parte (el caudal recobrado era sólo de 9 Va onzas (280 m. c.). ALESSANDRO ALGARDI dibujó en 164g, es decir, el mismo año, la taza. Fué captada en 1649 el agua perdida, cerca (dicen) de Sant-Antonio a Porta-Cavallegeri: que ignoro si era igle- sita y si del S. Antonio de Padua. De ALEJANDRO VI, BORJA el 2.°, amigo de inscripciones brevísimas, hay una en el Cortile-degli-Svizzeri de sus obras de fortificación, aludiendo a la vez a la del Castel-Sant-Angelo (Forc., VI, 103). CAP. 188; APENDICE PAPAS Y CAMARLENGOS ESPAÑOLES DEL SACRO COLLEGIO En los Palacios Vaticanos no han vivido siempre los Papas, sino desde la vuelta de Avignon (fines del siglo XIV) ; después, en todo el XV y casi todo el XVI; y más bien en el Quirinale desde entonces, en los siglos XVII y XVIII y dos tercios del XIX; ahora, desde la pérdida del Poder Temporal, ya viven en el Vaticano siempre. Olvida la gente, en general, que todavía más, muchos más siglos, fué Letrán la habitación habitual de los Papas, siglos IV a XIV: más de mil años. De todos modos, en el Vaticano vivieron los dos PAPAS BORJAS, españoles, y el semi- español Papa ADRIANO VI, Regente de España, y en el Palacio fueron elegidos y en el Palacio murieron. Pero nada de ello puede decirse del Papa portugués JUAN XXI, "Hispanus" (véase cap. iii), elegido, vivido y fallecido en Viterbo, ni del PAPA LUNA BENEDICTO XIII, elegido y vivido en Avignon cuando el gran Cisma de Occidente, sobrevivido y muerto en Peñíscola (Reino de Valencia) (véase capítulo del Palazzo-di-Sant-Apolli- nare, el no). El portugués o español S. Dámaso seguramente vivió y moriría en Letrán, elegido en Lucina, pero en el Vaticano dejó huellas imborrables. De la época del Renacimiento, la gloriosa de los Palacios Vaticanos, quiero hacer aquí constar, con una lista, la importancia que tuvieron aquí en dos siglos los Cardenales españoles residentes en Roma. Servirá de "expo¬ nente" la lista de ellos en el cargo de elección anual, poco más o menos, de Camarlengo del Sacro Colegio (que no es lo mismo que Camarlengo de la Iglesia Romana, cargo vitalicio en general). Fueron Camarlengos de elección anual (faltan datos de muchos años) hecha por todos los Cardenales, los siguientes españoles: 1446, JUAN TORQUEMADA (véase cap. 62, de S.a·-Maria-Sopra-Minerva). —1456, ANTONIO CERDA (véase cap. 3, de las Grotte-Vaticane). — 1459, JUAN MELLA (véase cap. 12, claustro de S.^-Maria-di-Monserrato). 1469, JUAN CARVAJAL (véase cap. 132, de S.-Marcello). — 1472, RODRIGO BORJA, el futuro Alejandro VI (véase caps. i.°, 3.°, 11 y referencias). — 1482, AUSIAS PUIG (véase cap. 58, de Santa Sabina). — 1482, JORGE DA COSTA, portugués (véase cap. 66, de S.^-Maria-del-Pópolo). — 1498, BERNARDINO DE CARVAJAL (véase capítulo 8.°, de S.a-Croce-in-Gerusalemme, y sus referencias). — 1499, BARTOLOME MARTINEZ. — 1501. JUAN LOPIS (véase cap. 3.°, de las Grotte-Vaticane). — 1503, FRANCISCO BORJA. — 1504, JUAN VERA (véase Sant-Agostino, cap. 67). — 1535, QUIÑONES (véase cap. 8.°, de S.a-Croce). — 1543, ALVAREZ DE TOLEDO (véase cap. i.°, de S.»-Maria-Maggiore, en referencia). —1540, SILVA. —1552, MENDOZA BOBADILLA, -1554, BARTOLOME DE LA CUEVA (véase cap. (?) 8.°, de S.»-Croce, y referencias). — 1556, y 1557 reelegido, PACHECO. De siglos posteriores no tengo notas. Tales Camarlengos eran los Presidentes del Sacro Colegio, y como directores del mismo, en sede plena (y no en los cónclaves de las vacantes, que quien los preside es el Cardenal Decano del Orden de los Obispos). 144 CAP. 189. EN EL MUSEO CRISTIANO DEL PALAZZO-LATERANO En el Palacio de Letrán, todo él,o poco menos, convertido en museo, apenas tenemos que espigar notas hispánicas en los dos Museos principales. Nada de espa¬ ñoles en la grand salonazo-escalera-galería (a la vez) con el donde, nombre]de Museo Cristiano de Letrán, se conservan tantos sarcófagos cristianos, originales, o bien vaciados, y donde se ven copias ampliadas de unas pocas pinturas de las catacum¬ bas. Al llegar a las galerías altas del gran patio, único en el palacio, sí, tenemos las poéticas inscripciones damasianas, en las transcripciones originales coetáneas, o bien en copias, o (las más) mixtas de lo auténtico y su copia y del complemento, a base éste del texto conocido por las viejas transcripciones medievales. ElPapa español S. Dámaso (véase cap. 27, de S.-Lorenzo-in-Dámaso) tuvo la noble y bella particularidad de tales composiciones poéticas, y un secretario, "Scrip- tor", Julio Dionisio Filócalo, que las transportaba al mármol, en letras capitales romanas: pero caracteres, que por sus proporciones y por unos como cuernecillos de los extremos de las partes llenas de las letras, nos ofrecen una epigrafía del todo singular y muy característica. Casi siempre la poesía (breve, en estilo concentrado, y no precisamente natural ni flúido) se dedicaba a memorar en síntesis un martirio, o el martirio de varios mártires que lo sufrieron conjuntos. Las lápidas se destinaron y estuvieron en las respectivas catacumbas, los coimeterios que nadie veneró con más fervor que el Papa hispano (portugués lo más probable, o español: lo que fuera). Y como la cuádruple galería alta es un verdadero museo epigráfico cristiano, y con notable diferencia, el más rico...; y como el ordenador del mismo, De-Rossi, las colocó por orden sistemático (no cronológico), las hemos un de buscar en la pared lll, a ellas destinada (a las damasianas); pero también en otras paredes, la B, la I y la VI, por obedecer, ello, a otras diversas ideas directrices en el reparto de los mármoles o vaciados. Por fortuna, la expli¬ cada forma de la letra hace, apenas se ve una, reconocer y buscar fácilmente las restantes: no todas (conste) citadas en el Catálogo de Orazio Marucchi, todavía el vigente. La pared C (es decir, frente por frente, al pasar de la grandiosa escalinata al piso alto o piso "nobile") nos ofrece las siguientes: — La del elogio de los SANTOS M.\RCELINO Y PEDRO, de la catacumba de su mismo nombre (véase cap. 48), también de antiguo llamada "Ad duos lauros" (Ihnt y Cabrol-Leclerc, núm. 29). — La de los már¬ tires SANTOS PROTO Y JACINTO, destinada a la catacumba "de Basilla" (Idem id., núm. 49) (véase cap. 50).— La del mártir S. EUTYCHIO, copia, conservada original todavía en la basílica de S. Sebastián "ad catacumbas", en la Via Appia (Idem id., núm. 27) (cap. 40). De este santo no se sabría nada sin el texto de S. Dámaso. — La de los mártires SANTOS FELICISIMO Y AGAPITO, de la catacumba o coimeterio de Pretextato (Idem id., núm. 23) capítulo 47). En la pared más a derecha de la citada (creo recordar que A), el elogio del mártir S. VALENTIN, de la cata¬ cumba o coimeterio de su nombre (no en Ihm, no en catálogo Lateranense) (véase cap. 52). En la pared I, vaciado de la de la BASILICA DEL VATICANO, con aquello de las obras que S. Dámaso mandó hacer (Ihm y C. L., núm. 4) (véase cap. 2). En la pared III (la particular de las inscripciones damasianas, pero algunas completadas atrevidamente) vemos as siguientes: — La de SANTA INES, conservada la marmórea todavía a lo bajo de la gran escalinata de su basílica, que está levantada sobre parte de la catacumba: aquí solo una impronta (Ihm y C, L., n.° 40) (véase capí- T. II.—10 145 tulo 53). — El elogio de los mártires SANTOS FELiX Y ADAUCTO, del coimeterio o catacumba de Commodilla (es, lo auténtico, solamente un fragmento) (Id., id., n.° 7) (véase cap. 51). — El de S. EUSEBIO, vaciado (y a la vez una su restitución del siglo V), del coimeterio de Calixto, donde sigue el original (Id., id., n.° 18) (véase cap. 44). La del Papa mártir S. CORNELIO del de Calixto (Id., id., n.° 19) (véase cap. 44). — El elogio, rehecho por S. VI- CILIO, del de Santos Marcelino y Pedro (véase cap. 42); y otra de los mismos, del coimeterio de S. Hermes (Id., id., n.° 29 (¿otra 29?). — Otra inscripción damasiana de la iglesia de S.-MARTINO-AI-MONXI, con la "fir¬ ma" de "Filocalus" (véase cap. 82). — La por varios títulos curiosísima (apenas si se conservan dos discos en que se fragmentó parte de la lápida) de S. HIPOLITO el santo antipapa y mártir, tan ilustre escritor en la Histo^- ria de la Patrística (Id., id., n.° 37 ?) (véase cap. 49). Por último, en la pared VI, otra inscripción, damasiana también, de S.-MARTINO-AI-MONTI, en el pavi¬ mento (Id., id., n." 30 ??) (véase cap. 82). Sabido es que todavía no se ha podido encontrar el lugar del coimeterio de la zoua o región de Calixto, donde S. Dámaso puso otra suerte de inscripciones a su madre Laurencia (Id., id., n.° 64 ?) y su hermana Irene (Idem, idem, n.° 10) (véase cap. 45). En la pared X, finalmente, y número 35 de ella, se lee una inscripción métrica, de estilo damasiano, y no de letra damasiana, de un obispo de León, que la puso a su esposa Laurencia (Id., id., n.° 64 ?)_; base bien frágil, sobre la cual se ha querido edificar la tesis de que la tal Laurencia era la madre de S. Dámaso, y que León era su padre, y que la composición poética es ya suya. Y con eso, y la no firme prueba tradicional de ser el padre, por texto discutible, presbítero adicto a la Curia de Roma (lo que, a ser verdad, no es imposible, que ya le debiese al hijo el cargo), se ha tenido la especie conjetural de ser S. Dámaso romano y no español, contra los datos tan estric¬ tamente documentales acerca del origen español del primer autor del Liber Pontificalis, tan próximo a los días de S. Dámaso y aprovechando tantos infinitos documentos de archivo, que es evidente que aprovechó (véase mi capítulo 28, "Patria de San Dámaso"). 146 CAP. 190. EN EL MUSEO PROFANO DEL LATERANO En el Museo Profano, de Arte y Arqueología clásicas, y en la sala i.®·, hay, nota¬ ble, la más bella mitad (la de las figuras, hasta de medio cuerpo) de un gran relieve, de pompa "militar", dice el catálogo (parece, por el contrario, estrictamente pompa política), de TRAJANO, quien asiste]con líctores y otros personajes a la dedicación de su propia columna (véase el cap. 194, de la Colonna-Trajana). Precisamente la cabeza de Trajano, el Emperador español, no es antigua, sino añadida en el siglo XIX por el insigne escultor dinamarqués Thorwaldsen. Pero se sabe que el relieve, tan notable, se haUó precisamente en el "Foro Trajano" (que para la fecha de la noticia quiere decir más concretamente la basílica del mismo, por tanto más cerca de la columna): lo dijo Nibbi, seguramente que por información de los Aldobrandi- nis, de cuya colección procedía inmediatamente la obra, al pasarla al Museo de Letrán, en la i.® mitad del siglo XIX. En el relieve se ven los fustes de la colum¬ nata, y en el Museo de las "Terme" (véase cap. 191) está la parte alta del relieve con lo alto de la columnata y frontón. Así en uno como en el otro Museo, mediante los vaciados del otro y del uno, se expone hoy completa la obra. Ello no obstante, no ha faltado quien ha creído que el simulado edificio habría de ser el Templo-de- Venere-e-Roma, y en tal caso, no se debía pensar en que el Emperador fuera Tra¬ jano, sino Adriano (véase cap. 198, del dicho templo), pues fué obra de Adriano, allí emperador y a la vez arquitecto. Claro que en este caso tampoco escapaba a la jurisdicción de este mi libro, pues ambos fueron españoles. Mas yo no lo creo, pues no hubiera Adriano, en tal hipótesis, dejado de mostrar, no solamente la gran columnata del templo de su creación arquitectónica, sino algo también de la gran¬ diosa columnata más externa que lo rodeaba. El frontón, sí, ofrece como tema escul¬ tórico la sola lupa y los niños, y de ahí la idea de tratarse del templo y lado de la celia occidental de la diosa Roma; pero en tan inmenso edificio (el mayor templo de la Roma pagana), el frontón no podría reducirse en lo escultórico al símbolo; por lo demás, siempre tan prodigado en cualesquiera especies de monumentos posi¬ bles: el frontón adrianeo habría de tener estatuas de figuras humanas, pues de dei¬ ficada Roma, era una diosa, y nada tenía de loba. Estilísticamente, además, veo arte notable, pero muy romano, en el relieve en conjunto, sin la mayor invasión de lo helenístico, cuando no de lo exótico oriental, del período de Adriano, y veo, en consecuencia, "severo" y no "beUo" el estilo, afirmándome en la atribución a Trajano, para mí segura. Esta pieza se reproduce en los Catálogos. Í47 En la inmediata sala II, llamada "degli ornati architettonici", están los más estupendos ornatos monumentales que del arte romano se conocen; así, en absolu¬ to. Pues conste que todo lo mejor, y en general casi todo lo en la sala contenido, procede "del Foro" (será más bien de la Basílica) de Trajano, o bien de sus partes complementarias. Bibliotecas o acaso el Templo: frisos, sobre todo, de elegantísimos temas decorativos (reproducidos en toda suerte de libros); capiteles, basas ornatí- simas, etcétera. Son los trozos de friso números 89 y 174, los más famosos y so¬ beranos, con Frotes (Amorcillos) a pares, con un grifo, y otros entre una rica ánfora (en ésta, en relieve, dos bacantes); pero los frisos de sólo hojas ornamentales con flores, son también admirables. Fn la sala III, que se Uama "de Antinoo", lo más importante es la estatua, de tamaño mayor que el natural, del joven bitinio, favorito de Adriano (véanse capí¬ tulos 183, de Museos Vaticanos, y los 191 y 192, de Terme y Capitolio, etc.). Aquí le vemos en otra, una más, de sus identificaciones hipostáticas con otros dioses, esta vez con Vertumno. Por eso, desnudo el cuerpo, con el muy caído manto, trae y como ofrece una guirnalda de frutas, pues Vertumno es el dios romano de los Huertos. Esta muy beUa estatua estuvo en tiempos en el Braccio-Nuovo del Museo vaticano "Chiaramonti", en el puesto donde ahora está el famosísimo Augusto "di Prima Porta". Al traerla a Letrán, en Letrán sustituyó al otro Antinoo, cual Baco o Diónusos, también colosal, que pasó, por extraña permuta, al Vaticano, y nada menos que a la Sala-Rotonda. Al hoy en Letrán se le debe llamar, por razón de la procedencia, "Antinoo de Ostia", y por parecida razón, al de la Rotonda Vaticana, "Antinoo de Palestrina". En la sala 7.» hay una estatuíta