ARS HISPANIAE HISTORIA UNIVERSAL DEL ARTE HISpANICO EL ARTE NAZARI 0 GRANADINO Fig. 63.- LA ALHAMBRA DESDE LA ALCAZABA VIEJA DE GRANADA. CARACTERfsTICAS GENERALES Entre los musulmanes la fuerza de la tradici6n. es poderosa, por 10 que el arte evo­ luciona mucho mas lentcrnente que en la sociedad cristiana. No sienten el ccnscncio de la forma ni la inquietud renovadora que originan los cam bios, bruscos a veces, del arte occl­ dentaL Las formas se modifican lentcrnente, sin prisa ni pausa. La virtud de la originalidad, si por tal se fiene, ajena a la poesfa como al arte lsldrnico, cuyas evoluciones coinciden es frecuentemente. Con perfecta exactitud puede aplicarse a las artes pldsticcs 10 que de 10 primera ha dlcho Garda G6mez: "Mientras las "Ietras occldentcles padecen con period i­ cidad vlolentos terremotos estetlcos que alteran por completo su fisonornlc, la poesfa drnbe, desde el Islam, sufre apenas leves sacudidas sfsmicas, ligeros desplazamieritos espirituales que no lleqcn a quebrar el armaz6n de su tecnlco intangible". Arte de los reinos de taifas, arte nlmordvlde, arte almohade y arte nazarf no son mas que clasificaciones crbltrcrics, consecuencia de aplicar los compartimientos en que dividi­ mos la historia polltica de la de la civilizaci6n de mucha a un capitulo mayor continuidad y cuyos limltes no siempre coinciden con los de cquellc, No es forzoso que" cada "revoluci6n suponga variaciones de gusto, aunque las conmociones y la anarqufa que los cam bios dlnds­ ticos suelen producir den lugar algunas veces a soluciones de continuIdad en el desarrollo artlstico. Los cortes 0 lagunas que percibimos del siglo XI' al XV en el del Islam peninsular; 73 De la cadena que 10 formaba justiffcanse por la descpcricion de muchas obras intermedias. faltan no pocos eslabones. EI arte nczdri es contlnucclon del isldrnico peninsular, que se mantuvo al margen del almohade dulico y oflclcl, enriquecido con la herencia de este y con algunas aportaciones de Oriente, sin que deban olvidarse los ccrnblos producidos por la marcha inexorable del tcrnblen, en su aspecto decorativo, el retorno a la tra­ tiempo. Representa principalmente dicion nacional del ornato denso, plano y menudo, tras la efirneru desvicclon cortesana de los almohades, que probablemente no clccnzo, como se dl]o .en paginas anteriores, mas que a unos cuantos lugares de al-Andalus. EI profundo enraizamiento del arte granadino en los que Ie precedieron no responde solamente al espfritu de continuidad del lsldrnlco. De manera ondloqo a como a los primeros rrtonorccs almohades les obseslono el recuerdo, ya algo lejano por entonces; de la g'randeza de las construcciones del califato cordobes, los soberanos, de Granada, duefios de un la nostalgia pequefio reino de vida precaria, bajo la constante cmenczc cristiana, sintieron del' ultimo gran imperio isldmlco de Occidente, que conslgulo victorias tan resonantes como la de Alarcos y cuyos ejercltos lIegaron a las puertcs de Toledo, asolando el valle medio del Tajo. Los monu mentales edificios levantados por la dinastfa africana estuvieron siempre tri­ presentes en la lmuqinnclon de los nazarfes, reducidos a' estrechos llmltes geograficos y butarios casi constantes de rnoncrccs infieles. EI arte troves de toda su historia con aportaciones hlsponornusulmdn enrlqueciose a orientales que Ie infundieron nueva savia. A partir de fines del siglo XIII y comienzos del XIV , I las relaciones artfsticas de al-Andalus con los poises del otro extremo mediterrdneo fueron menos intimas que hasta entonces y Granada, tuvo qu� vivir casi exclusivamente de su pro­ su radical pia sustancia; Berberia era tributaria en arte del reino nczcrl, y el cristiano, por diferencia, apenas influy6 sobre el. Un siglo mas tarde, a principios del XV, coincidiendo con la definitiva decadencia polltlcc, despues de agotarse en sutllezcs y refincmlentos decora- . tivos admirables, pero irnpreqncdos de perfume crepuscular, a fuerza de repetirse y vivir excluslvcmente de su pasado, se convlrtlo en una formulc vcclc.: La erecclon 'del "Cuarto" de los 'Leones, se ha dlcho certerornente, fue el 'exqulslto adios del arte hlsponodrobe. ellslcrn penin­ Cuando en 1492 los Reyes Cctollcos, al entrcren Granada, terminaron con estaba muerto. de mas sular, hecla casi un siglo que el arte nczcrl, falto de savia, Vlejos de cien cfios en ese momento, la Alhambra y el Generalife, aunque aun habitados por los descendientes de sus constructores, representaban forr�as preterites: ya cost pura eran crqueoloqtc, igual que 10 siguieron siendo para los monarcas conquistadores, al mandar repararlos y conservarlos, en homenaje a su belleza y "por memoria y trofeo" de sus con­ quistas, como deda en 1567 el caballero morisco Francisco Nunez Muley. Se ha afirmado que el arte almohade representa el ultimo' perlodo creador del Islam occidental. En las pdqinas siguientes creo que quedcrd dernostrcdo 10 erroneo de esa apre­ ciaci6n. Arte de ocaso fue el nazari y, por viejo,' complejo y contradictorio, severo en unas ocosiones, recargado en otras muchas, pero no infecundo. Cree grandes masas lmponentes, fuertes y desnudas, y sobrios voliimenes puramente crqultectonlcos, cuya ernoclon cun sen­ timos, como la torre de Comares y la puerta de la Justicia de la Alhambra; composiciones tan serencs, crrnonlccs y originales como el patio de la Alberca, e interiores sabiamente dispuestos, como los que se escalon an desde el patio de los Leones hcstc el mirador de 74 Fig. 64. --- LA PUERTA DE LA "X AREA", LLAMADA DE LAJUSTICIA, PRINCIPAL ENTRADA A LA ALHAMBRA. MODERNA�ENTE Daraja en la Casa real de Granada. AI mlsmo tiempo, levant6 potentes fortificaciones, de mayor magnitud que las hispanoalmohades conservadas, y embelleci6 Granada con edlfl­ cios vlvlendcs y palacios adornados con arte admirable. La cerdrnlcc vidriada en publlcos,' solerias, z6calos y fachadas; la madera y el yeso tallados; los tech os de aquel material, alcanzaron desarrollo y belleza desconocidos hasta entonces. EI mdrrnol, apenas usado por los clmohcdes, sirvi6 para solar patios; lcbrcr tazas de fuentes y pcfios decorativos y, sobre todo, una cantidad enorrne de columnas, con capiteles de formas nuevas y originales, ornato tanto de palacios recles como de modestas vlviendcs, Poseyeron tornblen los ,el sentido, pocas veces superado, de unir fntima y granadinos arm6nicamente el pclsc]e y la arquitectura y de -cornplementcr estc con el agua de fuen­ tes, canales y acequias. Conslquieron profundos armonfas asociando esos elementos, tal vez por el contraste entre la libertad de la naturaleza y el ccrdcter abstracto de la decoraci6n. Finalmente, en el arte sutil de la jardinerfa han dejado obras cuyos menguados restos serdn siempre motivo de admiraci6n. Si una de las manifestaciones de vitalidad de un clclo crtls- 75 fico es su expansiva por otras comarcas, innegable es la del granadino, que se exten­ fuerza hasta Siyilmasa, y a norte y occidente por los domi­ d io al sur �or toda Berberfa, Ilegando nios cristianos, contribuyendo en estes, unido a las reliquias del almohade, a la forrncclon del mude]cr. En suma, el arte nazarf, en el espacio de poco mas de siglo de desarrollo, cerro un brillantemente el ciclo del hispunornusulrndn. Sus consecuencias en el mudejnr y en el de Berberfa despues del siglo XV, deliciosas algunas, son repeticiones casi literales de formas anteriores, pero por ello muertas, sin vida. Com-o en toda la clvlllzcclon lsldrnlcc, la arquitectura monumental de este perfodo fue creccion regia. En Granada la fe religiosa no parece que tuvo el ccrdcter absorbente y com­ bativo que entre los almohades. Los escritores coetcineos apenas si citan datos sobre erecclon de rnezqultcs, principal tarea construct iva de cquellos. Probablemente, o engrandecimiento tan solo cuando se acrecentaba una ciudad, como ocurrlo en Granada del siglo XIII al XIV, era obligada la construcclon de una mezquita para los pobladores del nuevo arrabal. Escasfsimos son los restos conservados de edlficlos religiosos nazarfes. A juzgar por ellos, segufan almohades, pero difiriendo en los apoyos y en la riqueza las huellas de los del ornoto que cubrfa el frente del mihrab, mas semejantes en este aspecto a los de las mezquitas ulrnordvides. Respecto a los pies derechos, si en las modestas de aldeas ,siguieron ernpledndose pilares de ladrillo para separar las naves, por sencillez y economfa, en las los de Granada sustituyeronse por finas columnas de rndrrnol blanco, que enriquecfan y daban impresion de esbeltez y ligereza al edlficio. Recnudose asf una trudiclon interrumpida en el siglo XII; las mezquitas anteriores, entre elias las aljamas de Granada y Almerfa, descan­ saban en columnas. levantados por los granadinos muestran que, mas que preocupaciones Los edlficios ultraterrenas, fueron las suyas las de Ilevar una vida muelle, en un ambiente agradable, embellecido con los recursos de la noturclezc y del arte. EI sentimiento eterno del corpe diem horaciano debio de estar presente de continuo a los habitantes de Granada, gentes refincdcs y deseosas de gozar del momento ante la incertidumbre del manana. Los edlficios que caracterizan la arquitectura nazarf, en los que consiqulo formas mas ricas y origina- 'Ies, fueron 'los destinadosla vida domestlcc. Viviendas y palacios constituyen una de las a creaciones mas logradas y exquisitas para el disfrute fntimo y a ritmo lento de la existencia humane, en un cuadro natural de incomparable belleza. Desde las viviendas modestas hasta los pnlcclos regios que rodeaban la ciudad y de los cuales la Casa Real de la Alhambra era el mas bello ,y monumental, en todas habfa patios" fuentes, albercas, solerlcs de brillante cerdrnlcc, decoraciones de ,yes,o, techos de maderas preciosamente labradas. En ninguna eluded de Occidente esas construcciones domes­ ticas alcanzaron en [c Edad Media el refinamiento y la riqueza decorativa que en Granada. De la continuo destruccion de .sus restos nun se han salvado algunos que, unicl'os a la memoria de otros desaparecidos, pregonan sus excelencias. _ lbn jcldun atribuye la poca solidez de las construcciones levantadas por los drnbes al nomadismo prirnltivo de su clvlllzcclorr y a su indiferencia por 'las crtes. Repetldornente se les ha reprochado la pobreza de su estructura interna y la fragilidad de la envoltura deco­ rativa ,que la oculta. Muros de tapias, adobes y ladrillos recubrleronse de cerdrnlco y yese­ rtcs ,pintasl�s; armaduras y techos de llvlcncsmcdercs mal unidcs quedaron ocultos tras folscs b6vedas de rnocdrcbes de yeso, 0 tablas talladas y tam bien policromas. Sobre las columnas de rndrrnol de alcobas, bclcones, ventanas y p6rticos levantOronse pilares de ladrillo para sostener planchas 0 dinteles de maderas apenas escuadrados; placas de yeso tallado y crcos de este mlsrno material, el dintel sujetos entre y las pilastras, ocultaban unos y otros. En la misma forma se disfrazaron todos los huecos, con falsa apariencia de arcos. "Palacios levantados con cuatro pnlitroques", ha dicho Prieto Vives; "materiales pobres mdqlccrnente convertidos en materia de arte" , sequn G6mez-Moreno. Todo este sistema arquitect6nico el que la decoraci6n recubre y falsea la estruc­ en iura interna es la ultima consecuencia del reqlstrndo en el arte almohade, con la diferencia de que en este dlslrnulcbc casi siempre un .solldo esqueleto de arcos de ladrillo. La ruina de un edificio almohade presenta una estructura desnuda, pero robusta, de muros y arcos; la de uno nczcrl, excepto en el caso de ser de una fortaleza 0 de un bcfio, es un amonto­ namiento informe de tierra, ladrillos y fragmentos de decoraci6n. Es injusto juzgar de los clcdzcres nazarfes a base del criterio moderno de 10 que es un palacio, muy semejante al de las gentes del Renacimiento. Los orientales han cons­ trufdosiempre residencias exclusivamente para el disfrute del que va a habitarlas sus y, cunndo mas, para el de sus inmediatos sucesores. Pensando en perdurar en el recuerdo de las generaciones futuras y hacer una obra benefice grata a los ojos de Allah, edificaron mezquitas 0 edificios publlcos, pero [crnds una casa, por suntuosa que esto fuese. EI ideal de todo nuevo monarca al estrenar el trono ere vivir en un palacio levantado por el, cons­ truido de prisa para disfrutarlo cuanto antes. La residencia del soberano anterior se aban- , " - donaba 0 quedaba destinada a sus rnujeres y familiares. Rara vez los vivos en la civilizaci6n ijslamica, ha escrito Massignon, proslquleron la 0lbra de sus antecesores. Nunca una nueva � A n H!��·;�:' decoradas tan solo sobre el esmalte blanco, pero en otras sirve Hay piezas con oro de contraste al refle]o, dispuesto en manchas sueltas 0 en cintas lisas, el azul de oxldo de cobalto - zafre -. KUhnel que cree hay que desechar la supuesta fcbrlccclon granadina de esta cerdrnlco ; debieron de hacerse en Malaga, no solo casi todos los celebres jarrones lIamados de la Alhambra, sino otras muchas piezas menos importantes, incluso las que ostentan el escudo nazarf. Las formas de estos produdos cerdrnlcos son muy variadas. En el Instituto de Valencia de Don Juan hay dos jarritas (figs. 229 y 230), procedentes de los Berchules, en las Alpujarras, con decornclon azul y oro, en gran parte perdido por su baja cochura, entre la que figura la palabra a/-'afiya -Ia prosperidad 0 la felicidad en letras drnbes cursivas. Tienen una - recia piquera hecha como a molde, con su canal para la salida del llquldo. Otras jorrltos cndloqcs se encontraron en Pula (Cerdefia). EI mismo Instituto madrilefio posee dos tarros con -el escudo de los monarcas granadinos. Famoso, por muy reproducido, es el cuenco procedente de Italia que de la colecclon Sarre paso al Museo de Berlin (fig. 231). Tiene, como antes se di]o, en el exterior de su solero una inscrlpcion en letras cursivas en la que parece decir Ma/iqa. Es de paredes del­ gadas y se apoya en un pie circular. Su fondo es blanco amarillento; la decornclon, de oro ocho sectores radiales, alternando letras claro algo aceitunado, distrlbtiyese en uno con cuflccs muy deformadas, cuyo fondo se relleno de espirales, con otro de atauriques sobre fondo punteado. En la Alhambra y en la alcazaba de Malaga abundan grandes cuencos, fuentes y platos parcial mente recompuestos con fragmentos hallados en las excavaciones, que ostentan tan solo decorcclon azul por haber perdido a causa de la humedad la dorada que la comple­ mentaba. Adernds de los motivos mencionados - atauriques e inscripciones -, ostenta� elementos piriformes, espirales, lazos, aves, etc.; a veces van pintados sobre el esmalte blanco; otras, sobre el fondo dorado, tecniccs ambas que no es raro ver empleadas simul­ taneamente. Laspiezas mas selectus de esta alfarerfa, sin rival en la Edad Media, son los grandes metros de altura, forma de jarrones del tipo del de la Alhambra (fig. 234), de 1,20 a 1,70 dnforo, panza ovoidea, cuello grande acampanado y dos as as planas a sus lados. Todos de ccrdcter decorativo. son muy semejantes. Caredan de utilidad prdctlco ; eran, pues, Unos - Arqueoloqico Nacional (el encontrado en Jerez), Instituto de los de los museos Valencia de Don Juan, Alhambra {cntes de Simonetti), Pefrogrado, Palermo, Ginebra, Berlin tienen tan solo decorncion dorada. En otros museos Arqueoloqlco Nacional y Estocolmo - - of Art de Washington y Alhambra y de Granada, Kunstgewerbe de Berlin, Freer Gallery - la de oro se complementa con ornumentccion azul. En la mayorfa, la decornclon distrlbuyese en faJas horizontales; alguno las tiene ver­ tlccles, y aun hubo uno, perdido, en la que se combinaban ambas. EI que conserva la Alham­ bra desde epoco musulmana carece de divisiones. EI [crron aparecido en 1927 sobre el trosdos de las bovedcs de la Cartuja de Jerez de la Frontera, hoy en el Museo Arqueoloqico Nacional (fig. 232), es un esplendldo ejemplar, exclusivamente en dorado pdlldo sobre el fondo blanco cuya decorncion se desarrolla vidriado. EI gollete, de forma troncopiramidal, estd, como todos los de la serie, dividido 216 por pequefics aristas en ocho compartimientos, cubiertos unos con atauriques y otros con escamas 'lmbrtccdcs y cintas que se entrelazan. Unese el gollete 01 jurron por dos fajas tron­ coconlcos y dos pares de anillos con decorccion de entrelazos. EI cuerpo se reparte en fajas horizontales, adornada 10 mas alta una inscripcion cursiva, otras con ataurique y con arcos,y 10 central y rnds ancha con un letrero cuflco. Las asas se conservan en bastante buen estado yen elias se represento 10 mono de Fatima 0 hamza, talisman lsldrnlco. Tanto por 10 forma como por 10 ordenaclon de sus adornos, este ejemplar estd proximo a los de Fortuny, hoy en el Ermitaje de Petrogrado, y del Museo Nacional de Palermo. EI del Ermitaje sirvlo de sosten a una pilade agua bendita en 10 iglesia del Solar (Granada), hasta que 10 cdquirio el pintor Mariano Fortuny. La decorcclon se repnrte en el en zonas paralelas. EI [crron de Palermo es el mayor de los existentes y se halla en muy buen estado de conservcclon. Sus adorn os, de oro fuerte aceitunado, se disponen tam bien en zonas horizon tales, con escamas, atauriques, inscripciones cuflccs puramente ornamen­ tales y otras cursivas poco visibles. De Palermo procede tam bien el [crron del Instituto de Valencia de Don Juan de Madrid, cuya decorcclon dlstrlbuyese en zonas horizontales como los anteriores (fig. 233): 10 infe­ rlor, con dibu]o de rombos semejante 01 del jcrron de Petrogrado; 10 segundo, con atau­ rique; 10 tercero, con 10 inscrlpclon cuflco a/- 'afiya li-llah 10 prosperidad 0 10 felicidad - para Dios repetida - dos veces a coda lade de una circunferencia en 10 que se inscribe una decorcclon de lacerfa; 10 cuarta, con ataurique, y 10 ultima con letreros cursivos muy borro­ sos. EI cuello tiene en su parte inferior cuatro zonas con dlbujos geometricos, atauriques y el letrero a/-yumn wa-I-iqbal 10 felicidad y 10 prosperidad -, y en 10 e�tilizados - superior los ocho sectores de rigor, con decoraciones de rombos y el letrero a/- 'afiya en caracteres cursivos. Las faltan casi por completo. as as En el Museo de 10 Alhambra se guarda desde hace pocos cfios otro [crron que fue del pintor Fortuny y este cedlo a Simonetti. Carece total mente de esmalte en todo su cuerpo, asf como de asas, y solo permanece en buen estado el gollete, ancho y corto, dividido en las conscbldcs ocho fajas verticales, terminando por su parte inferior en dos parejas de anillos. Hermano de los anteriores es [nrron de 10 colecclon Ars classica, de Gine­ el cuello del bra. Decoraban su mitad inferior, perdido parte, entrelazos. La superior se divide en en ocho segmentos, en los que alternan atauriques con escamas, semejantes a las de 10 zona inferior del [arron de Palermo. Tres de los segmentos han perdido el refle]o metdllco; Con los anteriores puede agruparse tam bien el [crron del Museo de Estocolmo. La inscrlpclon cuflcc, que lIenaba 10 faja principal, tiene poco importancia y no sobresale de Ius restantes zonas; se lee tam bien en ella 10 palabra al- 'afiya. En el Museo de Berlfn hay otro [crron de esta serie desprovisto de asas, pero su cuerpo conserva parte del esmalte. EI existente en 10 Alhambra desde epoco musulmana (fig. 234), de barro rojizo y mol­ deado a mono, excepto el gollete, se diferencia de los anteriores �n' que su copiosa decora­ don dorado complernentcse con 10 azul, y, en lugar de distribuirse en zonas horizontales, estd dividido en dos por una faja de color melado en 10 que se destacan inscripciones cursivas azules. Coda una de elias se repurtlo en dos caras anterior y posterior - con diferentes - cornposlciones. En uno de los frentes de 10 parte alta dos gacelas afrontadas rodeadas de atau riques se inscriben en una semicircu nferencia con lnscripcion cu rsiva (fig. 237); en los Jnferiores, el ataurique y los letreros quedan encerrados en medallones de lobules. La parte 217 GOLLETE DE UN JARR6N. (Hispanic Society of Fig. 236. - America, New York.) DETALLE DEL JARR6N DE LA ALHAMBRA. (Museo de 10 Alhambra, Granado.) Fig. 237. _ 218 curva del cuello se decoro con drculos, y la acampanada, con atauriques y entrelazos. La orla de epigraHa cursiva y finos atau­ unicc asa que conserva tiene, en una de sus caras, rlques en el centro y tan solo estos ultlmos en la otra (fig. 235). azul y sobre fondo de esmalte blanco ostenta tam bien el [crron que, pecoraci6n oro procedente de la iglesia de Hornos, esArqueoloqlco Nacional de Madrid. gala del Museo Es de arcilla blancu-zca. Sus motivos decorativos se dispusieron en fajas verticales, separa­ das por IIneas azules que van a parar a un anillo situado en la parte baja, alternando en ellcs inscripciones cuflccs decorativas con otras de motivos florales. La parte curva del cuello tiene varias zonas horizontales con inscripciones cursivas y entrelazos, y en la acampanada de las as as la otra estd alternan los atauriques con las composiciones de lazo. Cubren una - rota - dibujos de ataurique. La gran dificultad tecnlcc que representaba la fcbrlccclcn de piezas de tan gran tamaiio como son estos jarrones, acrecentada al agregar el azul cobalto a la decorccion - dorada, es causa de que tanto este ejemplar como el de la Alhambra presenten algunas en la parte imperfecciones, por corrimiento del esmalte blanco, fundido con el azul supe­ - rior de la panza. A la misma serie degrandes jarrones de loza dorada y decorncion en azul pertenecen : vez de uno que hubo en un esbelto gollete de la Hispanic Society of America (fig. 236), tal la Alhambra, dibujado en los ultlmos ufios del siglo XVIII y despues desaparecido; el que como el ante­ se guarda en la Freer Gallery of Art (Smithsonian Institution), en Washington de rior, comprado por Fortuny en Granada, y el fragmento del Kunstgewerbe Museum, conserva unida a la inme­ Berlin. La parte superior de la panza de este ultimo, unlcc que - diata del cuello, se adorna con tres grandes estrellas rellenas de lazos, cfrculos con atau­ lnscripciones cursivas. riques e VIDRIOS citado Ibn Sa'id escrlblo el siglo XIII que se fabricaban en Murcia" EI repetldcmente en merlto. Almeria y Malaga admirables vidrios de subido De tan obras pocos restos quedan. Entre los encontrados en la Alhambra des­ frdqlles unas copas incom­ taca un vase de vidrio esmaltado de colores blanco y violeta (fig. 238), Y coulees. Tal vez sea de fcbriccclon 0 de alguno de los multiples hornos pletas, granadina, : siguieron trabajando despues de la conquista cristiana sin soluolon de contlnuldcd que - Busot, Ollerlc, Castril de la Pefic, etc. -otra copa, hoy en la colecclon Macaya (fig. 239), parecida a las granadinas citadas, rehecha con fragmentos procedentes· de los escoriales de los hornos de Paterna. Es de vidrio soplado, transparente, de coloracion amarillenta y Madinat al-Zahra y otra representada forma coulee, como la de alguna copa cerdmicc de en fragmento de cuenco un hallado en la Alhambra; conlco es tam bien su pie, unido a la La inferior del reclpiente tiene como elemento deco­ parte superior por un nudo macizo. rativo costillas radiales. Tornblen han aparecido enla Alhambra trozos de vidrios moldeados y otros esmal­ tados, de fondo azul 0 vinoso, sobre el que resaltan letras cursivas de esmalte blanco, cuya atribution la epocc nczcrl. decorcclon no permite dudcr de su a 219 de la Alhambra, Granada.) Fig. 239. COPA DE VIDRIO. (Cole'cci6n Macaya, Barcelona.) Fig. 238.- VASO DE VIDRIO. (Museo - EMPUNADURA DEL ESTOQUE DE BOABDIL. (Museo del Ejercito, Madrid.) ARQUETA DEL INSTITUTO Figs. 240 Y 241. - DE VALENCIA DE DON JUAN, MADRID. 220 MARFILES Los objetos de marfil de arte isldmlco occidental de los siglos XIII al XV pueden repar­ tirse, sequn Ferrandis, en dos grandes grupos: uno en el que predomina la decoraci6n figu­ rada, tclleres sicilianos, y otro el que abunda mas el ornato de lazos e atri�uido a en inscripciones cursivas. Este ultimo parece andaluz, por las grandes semejanzas de sus temas decorativos con los de obras de otras artes de la comarca y tiempo estudiados. Dibujos, inscripciones y herrojes de los ejemplares de este grupo son muy uniformes. Prueban que el marfil se trabajaba en Granada en los siglos XIV Y XV las ernpufio­ duras de varias espadas y dagas y de un estoque, y la decoraci6n de una ballesta, hechas con ese rico material. En las espadas de la jineta suelen ser de marfil tallado la parte cen- "trcl de la ernpuficdurc, adornada con atauriques, conchas, composiciones qeometrtccs e inscripciones cursivas. Alterna en elias el marfil con oro, plata y esmaltes para formar mag­ nificas obras de orfebreria en las que, al efecto conseguido por Ia- riqueza de los materiales y al arte con que se labraron, cfiddese el que produce el contraste de color de los emplea­ dos. Las mas importantes de estes ernpuficdurcs son: las de las espadas atribuidas a Boab­ dil y a Aliatar, que fueron del marques de Villaseca y ahora guarda el Museo del Ejer­ cito; la de la condesa de Behague, anteriormente de Fortuny, y la de M. Boy. De marfil tcrnblen es la ernpuficduro del magnifico estoque atribuido a Boabdil (fig. 240), propiedad del cltndo Museo militar. La mayor parte de las dagas granadinas Ilamadas vulgarmente de orejcs Ilevan en la empuficduro y en el pomo chapas de marfil con bien trazados atauriques. Descuellan entre elias las de la Armeria Real e Instituto de Valencia de Don Juan, Biblioteca Ambrosiana de Milan, Museo del Bargello de Florencia y colecci6n de la condesa de Behague. Decoran la ballesta citadel del Museo Arqueol6gico de Granada cincelados de bronce en los que se embutieron taraceas de marfil figurando atauriques (fig. 255). Entre el reducido mobiliario de lu]o debieron de abundar en el reino granadino las . arquetas. No siempre es fdcll separar las hechas en Andaluda de las que 10 fueron en otros lugares del occidente lsldrnlco, pues carecen de epigrafes y caracteristicas que permitan su segura localizaci6n. Quince clasifica Ferrandis como hispdniccs. Son todas rectangulares, con cubierta troncopiramidal la mayoria; la de algunas es plana. Sobre un armaz6n de madera de la forma de la cc]o se pegaron placas de marfil. Varias osten tan decoraci6n cal ada, cdernds de la punteada de negro y oro de casi todas. Los motives son: inscripciones cursivas, simples "eulogias" en favor de un duefio an6nimo; figuras de muslcos, hombres . sentados, otros bebiendo, ani males, drculos con rosetas y atauriques. Las qucrnlclo­ lazos, nes - bisagras, aldabones, asas, cerraduras, anillas laterales y abrazaderas angulares-, unas veces son de az6far y de cobre dorado otras. Entre estas arquetas destacan: 10 del Instituto de Valencia de Don Juan, procedente el borde de de la iglesia de Villamuriel de Cerrato (fig. 241) con una inscripd6n cursiva, en su y medallones cubiertos de entrelczos sencillos rectos y curvos; tapa, troncopiramidal, la de la catedral de Zamora, que ostenta varios personcjes pintados; la de la catedral de Burgo de Osma, y la del Museo de Vlch, muy bella y original, cubierta de placas caladas de marfil con varied ad de trazados de lazo (fig. 242). 221 Fig. 242. - ARQUETA DE MADERA CHAPADA DE MARFIL. (Museo de Vich, Barcelona.) Fig. 243. - ARCA DE TARACEA. (Museo Arqueol6gico Nacional, Madrid.) 222' • Figs. 244, 245 y 246. - DETALLE DE LA CARA EXTERIOR Y CARA INTERN A DE UNAS PUERTAS DE ALACENA. (Museo de la Alhambra, Groncdc.) 6ASTON DEL CARDENAL CISNEROS. 223 EBANISTERfA: OBRAS DE TARACEA Sin dude la epoco nazarf la actividad de los talleres que anteriormente prosigui6 en produjeron obras tan justamente famosas como los almimbares de la mezquita mayor de C6rdoba y de la Kutubiyya de Marrakus. Ninguno hispdnico queda de este perfodo, pero hay dos en Marruecos; en la mezquita de Taza (1292-1293) y en la madraza Bu 'Inaniyya de Fez (1350-1355), de tradici6n anda­ luza. EI p_rimero, muy mutilado, tiene en sus costados decorccion de lazo de a ocho, c:uyos espacios intermedios cubre una labor de taracea de marfil y maderas ricas, dibujando 'estrellas de ocho vertices en lugar de las tallas en madera de los anteriores. Tecnico identicc es la de las obrus granadinas conservadas. Siguiendo disposiciones mas tradicionales, el almimbar de la madraza de Fez se adorn6 con lazos de taracea e_ntre los que hay maderas talladas. EI nombre del autor del almimbar de la mezquita de Sidi Bu-Madina de Trernecen, al-Yaziri al-Marrakusi, es decir, nacido en Aigeciras y vecino de Marruecos, 10 ccredltc de andaluz. A fclto de almimbares, testimonian del arte de los ebanistas nazarfes dos obras excep­ cion ales : las hojcs de puerta de una alacena, en el Museo de la Alhambra de Granqda, y el cetro de los monarcas granadinos, mas tarde bast6n del cardenal Cisneros. Las hojos de puerta proceden de la cas a de los Infantes en Granada, demolida al cbrir la Gran Vfa. Se componen de un marco 0 bastidor y de dos hojcs que estuvieron colgadas de el por medio cuatro pequefios bisagras de bronce, unidas al pasadores des­ �S! marco por aparecidos. Las dimensiones totales son 1,625 por 1,06 metros y 0,035 su grueso. hojcs estdn cubiertas por una labor de primorosa taracea, formada Exteriormente, las por faja una de recuadro de lazos entrelazados y en el centro composiciones de lazos de, a doce, ldentlccs a otras de alicatados sevillanos del siglo XIV (fig. 244). Mucho mas sobria es la decoraci6n interior de las hojos, que permite quede aparente en estdn hechas. En los tableros hay decoraciones gra-n parte la madera de clpres de la que em­ butidas de taracea, consistentes en cintas de recuadro, enlazadas en angulos,_y en cada una los de las hojcs parejas de cuadrados combinados con otros tres puestos en diagonal (fig. 245). - La decoraci6n geometrica descrita estd conseguida por la combinaci6n de pequefics piezas diminutas algunas - de madera, plata y hueso, en su color natural y tefiido de - verde clcro este ultimo. En la cara anterior del marco y de las hojcs, las piezas deben de estar pegadas sobre los tableros que cubren con cola 0 mdstlque ; en la cara interna y en los perfiles quedcron embutidas. La armonfa y sobriedad de color, excelente traza y belleza de la rica decoraci6n hace de estes puertas de alacena un ejemplnr lrnportuntlsirno, demos­ trativo del gran desarrollo alcanzado en al-Andalus por la tecnlcc oriental. de la taracea. EI bast6n del cardenal Cisneros (fig. 246) es pieza como la anterior de excepcional lrn­ portancia perc y estudio se deben la historia de nuestras artes industriales; su publicaci6n a G6mez-Moreno. Fue tal vez cetro de los reyes de Granada, sirnbolo de realeza, bast6n 0 Se labrarfa a mediados del siglo XIV. Tiene metros de longitud. bdculo para apoyarse. 1]47 Forma su eje una varilla de hierro envuelta en fibresde cdfiorno y rodeada por dos como cilindros de ebcno, protegidos en su base por dos cnlllos de az6far. Sobre el ebcno s� incrus­ taron y encolaron multiples piezas de hueso, sobrepuestas a otras como de cedro. 224 Fig. 247. - ACETRE DE BRONCE DORADO. (Museo Arqueo- Fig. 248. - ACETRE DE BRONCE. (Museo Arqueol6gico Na­ 16gico Nacional, Madrid.) cional, Madrid.) Fig. 249. - CAJA DE Az6FAR. (Museo Arqueol6gico Nacional, Madrid.) 225 10 tres tramos, separados por otros tantos nudos Los cilindros distribuyense a largo en alica­ casi esfericos, con primorosa talla de entrelazado geometrico, semejante a la de los tad os de los z6calos de la sala de las Dos Hermanas de la Alhambra. ' Guarnecen los tramos que dichos nudos 0 botones limitan incrustaciones de hueso que describen ondulaciones en zonas slrnetriccs, alternadas de blanco y negro. Faltan algunos ello al descubierto estructura. trozos y gracias a queda su En el extreme superior del bast6n y adherida al primer nudo estd la empuiiadura, tramo liso, cllindrico, entre dos elementos cuadrangulares, y en 10 alto compuesta_ de un un bot6n agallonado algo piriforme. ostenta dos decorativas. En la que EI resto de las citadas piezas cuadrangulares zonas abarca el frente opuesto al mutilado y la mitad de los costados, se yen atauriques con hojcs de estilo granadino. EI resto ad6rnase con el conocido lema de los reyes nczcrles picadas, en letra cursiva: "Y no es vencedor sino Dlos", De taracea son tcrnbien una serie de cajitas octogonales, objetos de lujo de extraordi­ incrustaciones finfsimas de hueso, en su color natural 0 teiiido; recua­ nario prlrnor, con drando otras de maderas ricas: ebcno, lim6n y cedro. Su decoraci6n es exclusivamente geo­ metricc. A las adornan motivos calados-estrellas y crucetas-, como la del Instituto de veces Valencia de Don Juan de Madrid, procedente de Burgos, que tiene fondos de oro y engarce de Villasandino de az6far dorado. Semejante es la conservada en la iglesia parroquial colecciones Miquel y Badfa, muy restau­ (Burgos), y al mismo grupo pertenecen las de las rada, y de don Olegario [unyent, sin esta ultima. Sus herrcjes, de az6far, IIevan de�o­ tapa raci6n Probablemente son todas XV, muy obras granadinas de los siglos XIV 0 grabada. de morfil", abundantes por entonces; arquetas de "labor morisca", "entremetidas de huesos inventarios. En uno del siglo XIV de la catedral de Toledo se citan figuran en nurnerosos hasta catorce. ARTES DEL METAL la cita de Ibn Sa'id, el que refiere que en el siglo XIII los Una vez mas es obligada hierro fabricados en Andalucfa se exportaban a Africa. En objetos de lat6n - az6far - y �I siguiente, al-Umarf alude a los de hierro, cuchillos y tijeras, como una de las especial ida­ des de la industria rriclcquefio cita una reja andaluza, de cobre, muy fuerte y adornada, y que estaba en el patio de la mezquita de la alcazaba de Marrakus. . Escasas son las obras de hierro nazarfes conservcdcs. Se reducen a enchapados, algua­ zas y lloves. Muchas puertas de ciudades y fortalezas cndcluzcs IIamaba.nse "de hierro" con planchas de ese metal que lcs fortalecfan y al-hadid por estar forradas sus hojcs - - evitaban su fdcil incendio en caso de ataque. EI enchapado de las hojas del arco puerta de la Justicia de la Alhambra, exterior de la si no es el prirnltlvo, sigue su tradici6n. Sujetan las planchas de hierro files de clavos del Con­ rnlsrno. material, semlesfericos y agallonadas las cabezas de los de la cara exterior. serva IIamadores y cerro]o sencillos, decorados con incisiones hechas a cincel, sequn (OS­ puerta y los mas ricamente labrados de tumbre en esta clase de obras. EI cerro]o de est a constan de barra que pasa por las correspon- las dos grandes del patio de los Leones una 226 Fig. 251. - AJORCA DE ORO. (Museo Arqueol6- gico National, Madrid.) Fig. 252. - COLGANTE DE ORO DE COLLAR PROCEDENTE DE BENTARIQUE (AL­ MERIA). (Mus. Arq. National, Madrid.) LAMPARA DE LA MEZQUITA DE LA ALHAMBRA. (Museo Figs. 253 Y 254.- PIEZAS DE ORO DE SARTALES Fig. 250. - PROCEDENTES DE BENT ARIQUE (ALME­ Arqueol6gico National, Madrid.) RIA). (Mus. Arq. Nac., Madrid.) 227 dientes argollas, convenientemente distanciadas; otra maciza, unida a la primera en eingulo recto, da al conjunto la forma de T y sirve para correr el cerrojo. Respecto a tecnicn, estc y las demeis obras nazarfes de hierro que se conservan traba­ jeironse con lima, como si fueran de cobre 0 bronce, pues el procedimiento de la forja parece haberse empleado escasamente por los herreros hispanomusulmanes; sl el estampado a tro­ quel sobre el plano 0 la plancha caliente, cuando se trataba de superficies algo grandes. Aldabas 0 Ilamadores de hierro forma de anillo, aunque no se ha identificado en ninguno eirabe en la Penfnsula, seria forma corriente, a juzgar por los muchos que se encuen­ tran en puertas marroqufes, hasta en las regiones del Atlas, y en otras de la Espana cristiana de los XIV Y XV. siglos De clavos, ya se hizo menci6n de los que sujetan las planchas de las hojas de la puerta de la Justicia; gallonados tam bien fueron los de otras de la Casa Real inmediata, sequn se reconoce en la impronta dejada en el revestido de yeso de sus jambas, y los de varias puer­ tas de edificios contemporeineos de Berberfa. Alguazas de hierro se algunas en el Museo Arqueoloqlco Nacional y en la conservan colecclon de don Antonio Vives, entre otros lugares. Todas son de gruesas planchas y ter­ minan en medias lunas prolongadas, con un veistago central y extremos ensanchados en for- , ma lanceolada 0 piriforme. Tienen dibujos incisos, casi siempre geometricos, y alguna vez cenefas y temas vegetales muy simplificados. Fueron copiadas en las puertas de no pocos templos medievales y su forma perslstio en Marruecos hasta fecha reciente. Dfcese haber pertenecido a la Alhambra una Ilave de hierro con incrustaciones anulares de czofcr existente en una colecci6n privada. Otras cuatro hay en el Museo Arqueoloqlco de Segovia, procedentes del monasterio del Parra!' En las complicadas guardas de una de elias figura una lnscrtpclon cuflcc. puertas de la fachada del Cuarto de Comares, en el patio del Dorado de la Una de las Alhambra, cierruse con hojas, parte de una de las cuales es primitiva; tiene cintas y cleves de bronce dorado. de edificlos _ puertas de careicter militar recubrianse con planchas de hierro, las Sl las religiosos de alguna importancia se revestfan con otras de bronce. Ninguna nazarf ha Ilegado a nosotros; hay que suponerlas semejantes a varias marroqufes, derivadas probablemente de las andaluzas desaparecidas: las de la madraza al-'Attarin de Fez (1325) y de la rnez­ proceder de local dice quita de Sidi Bu-Madina de Trernecen (1339), que una leyenda Espana. Sequn Mar�ais, en la ultima ciudad no existen otras obras de la misma tecnlcc, tcrnblen la trcdlclon que exige larga preictica y gran habilidad. A andaluces atribuye popular las puertas de bronce de las madrazas Bu 'Inaniyya de Fez y Mequinez, levantadas en la primera mitad del siglo XIV. Todas son obras de subido valor artfstico, cinceladas al buril y caladas, con beilisimas aldabas algunas de elias. EI enchapado de bronce de la puerta existencia en la Anda­ mudejcr del Perdon de la catedral de C6rdoba (1377), comprueba la luda isleimica de otras semejantes, de las que probablemente derivan las africanas y la cordobesa. Las hojas de las puertas secundarias se recubrian tam bien con estrechas fajas horizontales de bronce, lisas y sujetas por medio de clavos gallonados del mismo metal. Las artes del cobre, del bronce y del laton sollcn ejercerlas en la Peninsula moros y moriscas de laton judios, que labraban esos metales en variadfsimas aplicaciones. "Seruiellas de 1273. para beber agua" figuran en un inventario toledano 228 De los innumerables objetos labrados en el reino granadino, en az6far, mas fdcil de tra­ bcjar que el bronce, el Museo Arqueol6gico Nacional posee dos: una cajita cilfndrica con tapa, cuyos adornos consisten en una inscripci6n cursiva y sencillos utcurlques, y otra rec­ tangular alargada con cubierta de caras inclinadas, en la que se grabaron tcrnblen decora­ clones florales y letreros cuflcos (fig. 249). De bronce hay dos acetres en el mismo museo (figuras 247 y 248), uno casi cillndrlco con inscripci6n cursiva grabada muy superficialmente y Ifneas incisas paralelas. Obra mas selecta es el otro, de bronce dorado, forma troncoc6nica curvcdc y decorcclon de bien dlbujcdos atauriques y epigraffa cursiva. Acetres de la misma 'epoca se conservan en la catedral de Toledo y en el Instituto de Valencia de Don Juan. Pieza la mas importante de la metalurgia nazarf es la soberbia lam para que perteneci6 la mezquita real de la Alhambra, hoy en el Museo Arqueol6gico Nacional -a (fig. 250). En su borde inferior tiene una inscripci6n drcbe en la que consta su destino, el nombre del sultdn Muhammad III, edificador de dicha mezquita el cfio 705 de la hejirc, correspondiente al1305 de nuestro c6mputo. Es de bronce fundido, calado y cincelado. Cuelga de un vdstcgo en el que van ensartadas cuatro manzanas caladas de tcmcfio decreciente de abajo arriba; debc]o hay una pieza en forma de plrdrnlde octogonal, en cuya base encaja una gran cam­ pana 0 pantalla troncoc6nica calada, con primorosos atciuriques repasados a cincel. En las partes superior e inferior remata en inscripciones cursivas con el lema nazarf "S610 Dios vence. Ensalzado sea", que se repite en las manzanas. En 10 alto lIevaba una cresterfa calada de la que no quedan mas que los arranques. Dieciseis pares de enganches con sus taladros, repartidos en dos series a diferente altura en la campana, servlrlcn para sujetar eros con lamparillas. De bronce tam bien, formada por coronas concentriccs, es la lam para de la madraza -al-'Attarin de Fez, fundada en 1323. Por el parecido de sus atauriques con los de la antes descrltc, supone G6mez-Moreno que pudo labrarse en Granada. ORFEBRERfA. - En corte tan suntuosa como la nazari abundarian las joyas. Sequn Ibn. cl-jctlb, las rnujeres granadinas algo gruesas y - no muy altas - iban cargadas de alhajas. Las damas nobles y principales engalanaban con ricos collares, brazaletes, zarcillos, gar­ se gantillas, ajorcas de oro puro y plata en los tobillos y otros preciosos adornos en los pies. Grande era la habilidad de los moros de Granada labrar estas joyas, asi en como en el trabajo de piedras preciosas, slnqulcrrnente de rubies y esmeraldas. De todas las artes industriales nazaries, la orfebreria es la que conocemos mas defi­ dentemente. Sus productos se deshicieron para aprovechar el metal y las piedras. Los mu­ sulmanes entlerrunse sin joyas, que, por tanto, no proporcionan las sepulturas. Y los teso­ escondidos entre los de palacios y alcazabas con los que han soficdo y ros cimie�tos aun sueficn muchas generaciones de andaluces imaginativos, siguen sin aparecer. Las pocas alhajas que guardan museos y colecciones, resultado de hallazgos fortuitos, son obras corrientes, noexcepcionales ni por su riqueza ni por su arte. A falta de joyas suntuosas, hay otras obras de orfebreria que permiten imaginar 10 I que fue este arte en la Granada del siglo XV: las ernpuficdurcs de algunas espadas y I' dagas descritas mas adelante, asi como los brocales, conteras y brazaletes de sus vainas, de plata, algunas veces nielada, otras dorada, y con filigranas y esmaltes. Pueden comple­ mentarlas las menciones de alhajas que figuran en Cr6nlcas contempordnecs, que refieren 229 B Fig. 255.-DETALLE DE UNA Fig. 256. - A, ESTOQUE DE BOABDIL; B. ESPADA DE BOABDIL; C, ESPADA DE ALlA­ BALLESTA. (Mus. Arq. TAR. (Museo del Ejercito. Madrid.) - DyE. PUJ\lALES DE OREJAS. (Museo de Granado.) Metropolitano. Nuevo York. e Instituto de Valencia de Don Juan. Madrid.) 230 su envfo presente a los monarcas cristianos, 0 su cdquisiclon como botfn de guerra. como Dos pares de ajorcas de oro, usadas por las granadinas no solo como brazalete, sino tam bien en los tobillos - kilkal-, hay en los Museos Arqueoloqico Nacional (fig. 251) Y de Granada. Son de fina chapa de oro grabada y repujada. Proceden de Bentarique, en la Alpujarra, las dos iguales del museo mudrilefio. Su decornclon consiste en medallones lobu­ lados, enlazando cordones de realce recorridos por Ifneas de puntos; estes cubren tcrnblen los fondos. Con las ajorcas se lugar algunos collares; con otros halla­ encontraron en el mismo dos en Mondujar, parte forman de las colecciones del Museo Arqueoloqlco de Madrid (figu­ ras 252 a 254). Estdn compuestos de piezas huecas de filigrana de oro, de forma cilfndrica y ovoidea. Hay varias colgantes, piramidales y planas, con labor repujada y grabada. Algu­ nas de estas piezas penden de collares de cljofnr, es decir, de perlas. Son obras primorosas. ARMAS. panoplia granadina constaba de una serie de piezas que se apartan de los - La tipos occidentales conternpordneos, por 10 que tienen personalidad indiscutible y destacado valor. Entre las industrias artfsticas de al-Andalus cita Ibn Sa'id la de armas de guerra, de las que, dice, abasteda a Africa. Ninqun ejemplar hispdnlco que sepamos se conserva ante­ rior al perfodo granadino, pero de este hay varios que son consumadas obras de arte. EI Museo Arqueoloqlco de Granada posee una ballesta procedente de la Alpujarra, de las lIamadas de palo, con adornos incrustados de bronce cincelado y calado, dentro de los cuales hay atauriques de marfil embutidos de excelente traza, labor Ilamada ataujfa (fig. 255). La industria de est a clase de armas deblo de pasar de Andaluda al Magrib, pues Leon el Africano, al el siglo XVI la Alcaicerfa de Fez, se refiere a diez tlendcs que describ.ir en unas en ella ocupaban moros blancos espcfioles, fabricantes de ballestas. Las espadas eran uno de los presentes mas valiosos de los monarcas granadinos. Muhammad IV entreqo a Alfonso XI, sequn refiere la Cronico de este rey, entre varias alha­ jas, una espada con la vaina guarnecida de chapas de oro, con esmeraldas, rubles, zafiros y cljofor grueso. En 1409, Yusuf III envlo a don Juan II y al infante don Enrique, entre otros . regalos, espadas de, plata jinetas. Ferrandis ha inventdriado y descrito las espadas granadinas Ilamadas moriscas 0 de la jineta que subsisten unas dlez - Usdbclcs la caballerfa ligera del mismo nombre y se dis­ -. tinguen de las corrientes por ser mas delgadas y cortas, aunque de ernpuficdurc pesada. En los inventarios de los blenes: de grandes senores de los siglos XV Y XVI abundan las menciones de estas ricas armas, demostrativas del empleo y aprecio que de elias hadan los caballeros cristianos. Las ernpuficdurcs constan de pufio muy corto, que apenas per­ mitfa apoyar la mano para afianzar el golpe; porno esferlco, a veces achatado, y arriaces de brazos ccldos, terminados generalmente en cabezas de ani males 0 monstruos de inspi­ rccion oriental. Algunas tienen decoration sencilla y se utilizarfan en ccrnpofic, pero la de otras es de tal riqueza que las convierte en verdaderas joyas y parece loqico que tan solo lucieran en fiestas y desfiles. Sin embargo, una de las mas ricas conservadas fue cogida a Boabdil en la batalla de Lucena. En ernpledronse materiales su decoruclon marfil, oro, plata, cuerno, - hierro y tecnlccs muy diversas - damasquinado (incrustaciones de hilo de oro sobre - hierro); nielado (embutido de sulfuro de plata); dorado a fuego; esmalte alveolado opaco 231 del 258. ESPADA PROCEDENTE DE SAN MARCELO DE Fig. 257.- ESPADA DE BOABOIL. (Museo Ejerclto, Madrid.) Fig. - LE6N. (Museo Arqueol6gico Nacional, Madrid.) Fig. 259. - VAINAS DEL ESTOQUE Y DE LA ESPADA DE BOABDIL. (Museo del Ejercilo, Madrid.) 23,2 o trcslucldo : filigrana; repujado; granulado -, que demuestran la existencia en el reino de Granada en el siglo XV a ninguno de los ejemplares conservados puede csiqndrsele fecha - anterior - de estupendos talleres. La mayor parte de estas espadas se atribuyen, sin funda­ mento, a Boabdil. Perteneci6 sin duda a este desventurado monarca la que, como trofeo de su derrota y prisi6n en la batalla de Lucena, guardaban los marqueses de Villaseca y hoi flgura en el Museo del Ejerclto (fig. 256 B). Es el ejemplar mas rico que se conoce, obra maestra de la orfebrerfa granadina, avalorada con una preciosa vaina. Su empufiadura es de plata dorada, con ornamentaci6n de filigrana, esmaltes policromos y marfil. Decoran el pomo, arriaces y abrazaderas de la vaina estrellas de ocho puntas y crucetas, separadas entre sl por una labor de filigrana y granulado con inscripciones; los esmaltes son trcshi­ cidos y clveolndos (fig. 257). La decoraci6n del pufio es de mcrfil en el centro y tiene dos virolas en los extremos, enriquecidas con esmaltes. Abundan entre aquella las inscripciones, simples "eulogias". La vaina, de cordobdn, ostenta ornamentaci6n de atauriques bordados con hilo de oro; brocal, contera y abrazaderas son de plata dorada, con adornos de fill­ grana y esmaltes, formando composiciones de hexdqonos y crucetas (fig. 259). Otro esplendido ejemplar conserva el Museo de Cassel, en el que el esmalte es el ele­ mento predominante de la decoraci6n. Su empufiadura es de broncedorcdo. A Aliatar, alcaide de Lo]c, muerto en la batalla de Lucena (1483), pertenecio otra de estas espadas, guardada tam bien en el Museo del Ejerclto (fig. 256 C). La empufiadura consta de pomo, pufio y arriaces. EI primero, de hierro, es esferlco, y, 10 mismo que el arriaz, tiene atauriques damasquinados con oro. EI sola pieza fusiforme de marfil, pufio consta de una cuyos extremos lisos debieron ir encerrados por virolas de metales preciosos, dejcndo al descubierto unlccrnente la parte central, adorn ada con. bajorrelieves de atauriques, conchas, lacerias y pequefios letreros "eulogias" dentro de cartel as. - - De az6far, con decoraci6n damasquinada y nielada, es la empufiadura de la espada que procedente de San Marcelo de Le6n posee el Museo Arqueol6gico Nacional (fig. 258). La de los marqueses de Campotejar, que fue de los infantes de Almeria, antes en la casa de los Tiros de Granada, ahora en Italia, tiene empufiadura de plata y pomo con un disco central que dibuja una estrella esmaltada, rodeado de una orla de atauriques. Muy bellos esmaltes alveolados sobre plata, de colores azul turquesa, blanco, negro, verde y encarnado, adornan la empufiadura y la vaina de la espada de la Biblioteca Nacional de Paris, adquirida en 1812 en Granada. De los barones de Scqcrren y del marques de Villalegre procede la que se exhibe hoy en el Museo de San Telmo de San Sebastian, en cuya decoraci6n alternan inscripciones drcbes con labores de ataurique finamente dlbu]c­ das y esmaltadas. Los extremos de sus arriaces son bcjos y parten de cabezas de monstruos para terminar en otras de pdjoros. Del cardenal-infante don Fernando, hermano de Felipe IV, fue otra espada de la Arme­ ria Real. Su empufiadura es de metal dorado. EI pomo .figura un disco acanalado, con rosas estrelladas de esmalte y colores ro]o, azul marino y verde. EI pufio, asi en las virolas extre­ mas como en la zona central, tiene atauriques, destacados sobre fondo punteado en el sec­ tor central. En medio de los arriaces, cuyos extremes, caidos sequn costumbre, Ilevan adornos a buril figurando atauriques granadinos, hay, respectivamente, una cruz encerrada en un clrculo y un medal16n eliptico con una inscripci6n drcbe. La espada propiedad de don Pedro Pidal fuereqclcdo por Fernando el Cat61ico en 1513 233 al alcaide de Baeza. Su ernpuficdurc, menos rica que la de los ejemplares descritos, pre­ decorado senta elpomo esferico con la acostumbrada prolonqccion superior, con un escu­ dete de tipo nazari encerrado en una corona de roleos. EI estoque de Boobdll (fig. 256 donado por los marqueses de Villaseca al Museo del A), Ejercito, tiene ernpuficduro casi cilfndrica, mas gruesa en el pomo y en el arriaz que en su parte central. La decorcclon consiste en embutidos de marfil sobre acero, figurando atau­ riques con escudos de -lc Banda en sus centres (fig. 240). La vaina es de tafilete y en su cursivas y escudetes (fig. 259). En boquilla y contera, de plata dorada, figuran inscripciones el centro de la boquilla hay dos anillos con un cordon de seda verde para colgar el arma. Ilamaba Francia "puficl de orejos" y en Italia daga EI tipo de puficl granadino se en a la "Ievantina", a la "estradiota" 0 "venetornorlsco". Los centres de fobrlccclon fueron indiscutiblemente Espana y Venecia, es decir, aquellos lugares del Occidente que estuvieron en fntimo contacto con los pueblos orientales. Es posible en algunos casos, especial mente para los ejernplcres mas cntlquos, establecer las diferencias entre los espcfioles y venecianos. Los primeros tienen las orejcs mas pequefics y casi paralelas a la ernpuficduro, siendo diffcil colocar p�r encima el dedo pulgar, mientras que en los venecianos las orejas son mayores y mas divergentes. Recibieron el nombre de pufiol de orejas por la forma especial de su pomo, dividido en dos discos divergentes muy proxlrnos en su parte inferior y separados en la superior. Demuestran la fcbrlccclon espanola de las dagas de orejos los numerosos monumentos de nuestro pais en que figuran y la rnencion, en inventarios franceses de los siglos )f.V Y XVI, de puficles de orejcs a 10 fo�on d'Espogne. Probablemente, la fcbrlcoclon de estas armas comenzo en el siglo XIV, clccnzo su apogeo en el XV y cesaria poco despues de mediar el XVI. Se han publicado pocos datos de inventarios espcfioles en los que figuren, pero hay variedad de ejemplares con los que pueden hacerse tres grupos; dagas hispanomu­ sulmanas, dagas moriscas y dagas renacientes. Las del primero son de fobrlccclon espanola; las otras dos no puede discernirse con seguridad si su origen es hispdnico 0 italiano. AI primer grupo corresponden la de Boabdil (Real Armeria de Madrid), la de la con­ desa de Behague, la del Museo Nacional de Florencia (antes col. Ressman), y la del Instituto de Valencia de Don Juan (fig. 256 D), esta ultima con decorcclon dorada a fuego. EI ejemplar mas rico es el que, procedente de la colecclon de los marqueses de Viana (fue del alcaide de los Donceles don Diego Fernandez de Cordoba, quien recoqlo los despojos de Boabdil des­ pues de su derrota en la batalla de Lucena), guarda la Armerfa Real. Su ernpuficdurc estd total mente cubierta de incrustaciones de marfil sobre acero. En las caches figuran flores de tres hojcs encerradas en tallos serpeantes, minuscules conchas, lacerias y atauriques estill­ zados de tipo granadino. Las orejcs en su parte exterior se adornaron tcrnblen con flores de cinco petclos y atauriques. La ho]c es extraordinariamente interesante por el trabajo damasquinado de arabescos que recubre mas de la mltcd de su anchura en toda la longitud. Andloqc es la decorncion del puficl de la coleccion de la condesa de Behague (antes del vizconde de Astor). Adornan las cachas de su empuficduru y la superficie exterior de las orejas flores de cinco petclos, encerradas en drculos, atauriques y lacerias; en la parte superior del pomo se distingue un escudete con banda. No se conserva, que sepamos, espuela alguna de plata y oro esmaltados como las que Alfonso XI cobro en un desbarato de las tropas del rey de Granada. 234