de los casquetes de la media naranja, unos angeles con los sfmbolos de la Pasion, cuyas ves­ tiduras se mueven con aire bastante barroco. No falta el desnudo, en las figuras de nlfios que sostienen calaveras. EI conjunto es de calidad y el dibujo es correcto, pero, como seficlo Schenone, el repertorio decorativo resulta muy arcaizante para la posible fecha de las pinturas. EL BARRaCO ARQUITECTURA MEXICO CARACTERES GENERALES. - Con el triunfo del barroco, hacia mediados del siglo XVII comienzan a perfilarse las principales nacionalidades artfsticas hispanoamericanas. Como ras­ todas elias se puede seficlcr el aspecto esencialmente decorativo del estilo. En go cornun a contraste con el cfdn de novedad que lIeva a la crecclon de grandes conjuntos ornamentales en fachadas e interiores, los arquitectos se mantienen fieles a los modelos renacentistas de mu­ ros rectlllneos y dnqulos rectos, sin sentir el menor deseo de romper los moldes tradidonales cuando tienen que trazar un templo. Fuera del Brasil, las plantas con llnecs curvas son tan America Espana. Pero el barroco no se reduce uniccrnente a escosos y extrnfins en como en la crecclon de espados interiores con juegos de perspectivas, pues el espfritu del estilo estd tam bien en la ornnmentcclon, en los vohimenes de un edlflclo y hasta en el color; y en ese aspecto blznrro y decorativo, expreslon como del sentir estetlco de una sociedad, alcanza tal desarrollo en America durante el siglo XVIII, bajo unas coyunturas econornlcos favorables, en la que, como dijo Angulo, el centro de gravedad del estilo se encuentra Espana ultramarina y no en la Espana europea. Por 10 que respecta a Mexico, donde se forman diversas escuelas regionales, el barroco 10 de­ presenta una serie de caracteres comunes, todos al servlclo de la supervolorcclon de la transforma­ corativo, como la policromfa, el amor a las formas poligonales y mixtilineas, cion de las portadas en grandes conjuntos decorativos y la importancia que adquieren las cu­ pulas y las torres como elementos declslvos en la composlclon de los templos. EI color juega un papel importante en el barroco mexicano. La piedra roja de Zacatecas las escuelas respectivas, pero es en las de y la verde de Oaxaca, contribuyen a dar cordcter a Mexico y Puebla donde los contrastes cromdtlcos se exaltan en grado sumo. Los arquitectos de la escuela mexicana acertaron a aprovechar el color, la textura y la calidad de los mate­ riales al uso para lograr el efecto estetlco que nos ofrecen, por ejernplo, las fachadas del Sa­ sobre los grario (lam. III), por el contraste entre la arenisca amarillenta de Chiluca destacando paramentos rugosos del "tezontle ", piedra volcdnlco de color rojo 0 negro. En Puebla, los 127 efectos de policromia se acentuaron cun mas por el empleo de revestimientos de ladrillo y czu­ lejos de colores, que cubren enteramente la fachada y las torres, a veces IIegando casi a borrar la tram a crqultectonlcc (lam. V y fig. 257). Los arquitectos mexicanos gustan de las formas poligonales y mixtillneas. No son raras las torres de seccion octogonal (Basilica de Gu adalupe) y esc es la forma frecuente en las cla­ raboyas. EI arco trapezoidal, de medio hexdqono, empleado por Miguel Angel, pero excep­ cional en la arquitectura europea, aparece a mediados del XVII en las portadas del convento de la Concepcion, de Mexico. Poco mas tarde se difunde el semioctogonal, a la vez que el arco de lobules evoluciona, enriqueciendo su trazado, hasta producir el mas rico muestrario de formas (fig. 234). AI mismo tiempo, y como consecuencia de esta evoluclon del arco, las trazas de las claraboyas evolucionan tcrnblen lleqdndose a las formas estrelladas de las de la capilla del Pocito (fig. 276). EI proceso iniciado en el siglo XVI en portadas como las de Acdmbcro y Yuriria, alcanza su meta final en el XVIII. Lo que en su origen era el encuadramiento de un vano, se desborda convlrtlendose en un conjunto ornamental que IIena todo el ambito de lafachada y, como con­ secuencia de este ofdn decorativo, se IIega a sacar al exterior 10 que es propio de los interiores, como doseles, cortinas y guardamalletas con borlas. La cupula es elemento que nunca falta en las iglesias barrocas de la Nueva Espana, por modestas que sean. Cuando se cruza el hermoso valle de Puebla, son tantos los templos que elevan sus cupulos policromcs entre los cultivos de maiz y frutales 0 sobre los conjuntos urba­ nos, que se diria que una mano gigantesca, desde las alturas de los volcanes que sefiorecn el paisaje, sernbro esas creaciones crquitectcnlcos como quien arroja a la tierra granos de trigo. Aunque no faltan cupulcs con" tambor cilindrico y media naranja, 10 frecuente fue que el octo­ gono impusiera su forma, con la consecuencia de que la bovedc sea esquifada y la pechina un sector de dlindro y no de esfera. EI interior de la cupula se decora generalment� con ye­ serias; en cuanto al exterior, cada una de las partes nos ofrece dlversos aspectos decorativos y gran vcrledcd en la evoluclon de las form as. EI gusto por 10 mixtilineo se refleja en la secclon de las bovedcs: y el trosdos de estes, cuyas aristas se suelen decorar con nervcdurcs, por 10 ge­ neral se cubre con pofios de azulejos. Las torres se distinguen proporciones esbeltas. Las de la catedral de Puebla -una por sus de elias labrada en 1678- impusieron en toda la Nueva Espana ese impetu ascensional casi gotico que caracteriza a las torres mexicanas, en las que el cubo, tan alto como la fachada y escasamente decorado, contrasta con la orncrnentcclcn de los eampanarios, cuyos cuerpos disminuyen, veces, de secclon a a medida que aseienden. Las torres de Taxeo 0 de Ocotldn (laminas II y IV), las de Dolores 0 Chihuahua, por ejemplo, expresan cumplldcmente 10 que la torre significa en el perfil externo y el juego de masas y volumenes de los templos mexicanos, cuando no existe el temor a los terremotos -como en Oaxaca- 0 a la inseguridad del suelo -como en la capital- que aconseje limitar la altura. Los elementos decorctlvos del barroco mexieano varian de unas eseuelas a otras y evolu­ cionan, natural, a 10 largo de la dilatada vida del estilo. La orncmentcclon, la poll­ como es cromia, las formas mixtilineas, las torres y las cupulcs de formas tan variadas, contribuyen a caracterizar un estilo pletorlco de fuerza expresiva y prodlqo en matices, en el que tanto el espofio! peninsular como el criollo, el indigena 0 el mestizo, siempre aficionados a la ostenta­ cion y al lujo, expresaron su sentir estetico. Las cireunstaneias economlccs 10 hlcleron posible. 128 Las riquezos procedentes de las 'explctcclones mineras, de la agricultura y de la ganadeda y de industrias tan floreclentes como las de Puebla y San Miguel de Allende, por ejemplo, favorecieron la fiebre constructora que ofecto a todas las ciudades mexicanas durante el siglo XVIII. Si el XVI habfa sido el siglo de los conventos y de las catedrales renccentlstcs, el XVIII fue el de los templos y edificios civiles barrocos. Por millares se pueden contar los que se construyeron en esa epocc. LOS COM IEN'Z 0 S DEL EST I L 0 . PUEBLA Y MEXICO. - Gracias al teson del obispo don Juan de Palafox, en 1649 se ter­ rnlno el interior de la catedral de Puebla. Junto hombre de confianza y asesor en a el, como materias artlsticas, trabaja por esos cfios como arquitecto y pintor el sacerdote nruqones Mosen Pedro Garda Ferrer, a quien se debe la traza de la cupula del citado templo (fig. 195). De tambor octogonal, como conternpordnecs, su originalidad reside en el juego las mcdrllefics de arbotantes que trasladan a los muros los empujes de los ochavos. Tal vez sea el sacerdote relacionado crcqones la figura representativa del estilo que podrfamos lIamar palafoxiano, con el peninsular de la primera mitad del siglo, que dejo en la ciudad obras tan importantes como el colegio de San Pedro y San Pablo (1643) y, en el vecino estado de Tlaxcala, la iglesia de San Miguel Milagro (1653). Jeronimo de la Cruz, que construyo la cupula, y Agustin del Fernandez, que trcbcjo en otras partes de la catedral, son arquitectos destacados de la epoco. Las portadas de la catedral son de traza renacentista. La del Perdon, en el centro de la fachada (fig. 194), obra probable del arquitecto Francisco Gutierrez (1664), debe al barroco la decorcclon de las jambas y las cartelas labradas en piedra blanca de Villerias; y en la del crucero (1690), que emplea pilastras en el cuerpo alto y mensulcs a manera de triglifos, las con un vigor tarjas con los bustos de los cuatro reyes de la casa de Austria se proyectan que denota los avances del estilo (fig. 195). Es probable que fuese su autor el maestro Carlos Garda de Durango, que en 1687 terminaba la torre del lade Norte. Las portadas de la catedral de Mexico, cuyos primeros cuerpos parecen seguir trazas mas las laterales aparece la colum­ antiguas, tcrnblen ofrecen un aspecto muy renacentista, pero en na sclomonlcc. La central de la fachada (1671-1672), se debe al maestro Luis Gomez de Tras­ monte (fig. 196). En la del crucero (1688-1689) aparecen los arcos poligonales y, en el ultimo cuerpo, la columna sclomonlcc (fig. 197). Parece logico atribuirlas a Cristobal de Medina desde 1684. Vargas, que era maestro mayor de la catedral Durante el siglo XVII se construyeron en la capital bastantes iglesias de conventos de mon­ jas, siguiendo el de nave rinlcc con la fachada lateral a 10 largo de la calle, tipo peninsular precedida por un atrio tan ancho como el resalto de la torre y dos puertas gemelas. Las por­ tadas de San Jose de Gracia propiamente seiscentista (fig. 198), nos mues­ (1659-1661), de estilo decora­ tran el contraste entre los almohadillados propios de la etapa anterior y el ancho friso do con mensulos y una gran cartela con roleos semejantes a los que labraban en yeso, por los mismos cfios, los decoradores de Santo Domingo de Oaxaca. En las puertas del templo de las Concepcionistas, cuyas obras dirigfa en 1655 el arquitecto Diego de los Santos y Avila, se encuentran los ejemplos mas antiguos de arcos semihexagonales, empleados en lugar tan preferente como el vano de ingreso e inscritos en arcos de medio punto. Su elegante esquema 129 se repite en las portadas del templo de Santa Teresa (1684), perc ton �columnas sclomonlccs de multiples vueltas (fig. 199). EI mismo tipo de soporte se empleo tcmblen en la portada de San Agustfn, el convento reconstruido despues de 1692 el por arquitecto fray Diego de Valver­ de. La serie de portadas conventuales seiscentistas se cierra con las de San Bernardo (1685-1690), obras del arquitecto Juan de Cepeda, que relega a lugar secundario la columna torsa y vuelve por los fueros del soporte cldslco, de orden [onlco en el cuerpo bc]o y con las estrfas onduladas que serdn tfpicas del estilo del primer tercio del siglo XVIII (fig. 200). Tnrnblen se ampliaron 0 construyeron de nueva planta en el siglo XVII algunos conventos de rellqiosos. Obra importante por su riqueza decorativa, es el hermoso clcustro de la Mer­ ced (1698), cuya fina ornornentcclon apenas deja libres las cofics de las columnas del plso bajo. La iglesia (1634-1654), destruida en el siglo XIX, tenfa artesonado de lazo morisco en la nave central. Por la epoco en que se construyo el templo vivfa en la Nueva Espana el andaluz fray Andres de San Miguel (1577-1664), que intervino en la construcclon de varios conventos y escrlbio sobre arquitectura. Dejo un voluminoso manuscrito ilustrado con dlbujos, entre los cua�es hay trazas para techumbres mudejcres. Aunque se termlno en el siglo XVIII, el Palacio de los Virreyes es obra esencialmente sels­ centista. Incendiado el edlficlo antiguo por los indios en el tristemente celebre motln de 1692, se reconstruyo de nueva planta por pianos del maestro Diego Rodrfguez, a los que introdujo algunas modificaciones el ingeniero militar don Jaime Francisco Frank, que al cficdlrle los torreones de los dnqulos contrlbuyo a dcrle el aspecto que hoy ofrece. Dirigio las obras fray Diego de Valverde, a quien qulzd se deba atribuir la portada central, cuyo ancho entabla­ mento con alargadas rnensulcs se relaciona con las de San Jose de Gracia, en tanto que la decoraclon presenta semejanzas con la de San Agustfn, obra probable del citado arquitecto. En tiempos modernos se ufindlo al edificio una planta y se Ie cbrlo la portada lateral (fig. 201). LAS YESERIAS POBLANAS. - Con el siglo XVII nace Puebla para continuar su eve­ en lucien prodigiosa vitalidad a 10 largo con de la centuria siguiente, una escuela de decoradores que qulzd constituya la mcntfestcclon mas importante de la arquitectura del "seiscientos" en la Nueva Espana. Los decoradores poblanos dan rienda suelta a su fantasia en los interiores de los templos, cubrlendolos de polfcromas labores de yeso, material barato, fdcll de labrar y que admite pullrnento, color y aplicaciones de oro. Es un arte hasta ahora cnonlmo, en el que parecen advertirse algunos talleres dirigidos por artistas de recia personalidad, cuya le­ jana flllcclon artlstica hay que buscar en Andalucfa, aunque los decoradores sevillanos y los de Puebla siguen una evoluclon diferente. Las yeserfas poblanas comienzan con la decoruclon de la bovedc de la iglesia de Santo Domingo, que parece cercana a la fecha de termincclon del templo (1611), en la que predo­ minan las formas geometricas con achatadas puntas de diamante y tarjas todavla inanimadas. Mediado el siglo, el arte de los yeseros da un paso adelante y aunque se conserven los esque­ mas de origen renacentista, la evoluclon sigue un rumbo diferente del tomado por la escuela sevillana que Ie habfa dado vida. La gran obra de ese momento no se encuentra en Puebla, sino en la iglesia de Santo Domingo de Oaxaca, cuya decorcclon interior (1657) fue obra de �aestro poblano (fig. un 202). Aunque los recuadros y ovalos de la bovedo de la nave res­ ponden a la tendencia a subdividir las superficies, tan propia del Bc]o Renacimiento, la clara disposicion reticular desaparece y, qulzd por influencia de estampas flamencas, los cpendlces 130 DE LA CATEDRAL DE PUEBLA. Figs. 196 y 197.-PORTADAS PRINCIPAL Fig. 19S.-PORTADA DEL CRUCERO Y COPULA JOSE DE GRACIA Y DEL CRUCERO DE LA CATEDRAL DE MEXICO. Fig. 198.-PORTADA DE LA IGLESIA DE SAN (MEXICO). 131 . I 199 Y 200.-PORTADAS DE LAS IGLESIAS DE SANTA TERESA Y SAN BERNARDO Figs- . (MEXICO). Fig. 201.-PALACIO DE (MEXICO). LOS VIRREYES 132 202 Y 203.-INTERIOR Y B6vEDA DEL CRUCERO DE LA ICiLESIA DE SANTO DOMINGO (OAXACA). Figs: 133 Fig. 204.-COPULA DE LA CAPILLA DEL ROSARIO (PUEBLA)� Fig. 205.-BASIUCA DE GUADALUPE. 134 DIOS (M�XICO). Figs. 20& y 209.-POR· Figs. 206 y 207.-PORTADAS DE LAS IGLESIAS DE LA PROFESA Y DE SAN JUAN DE TADA. E INTERIOR DE LA IGLESIA OE TAX CO. 135 I r Figs. 210 Y 211.-IGLESIA DE LA SOLEDAD Y CATEDRAL DE OAXACA. 212 y 213.-IGLESIAS DE SAN FELIPE NERI Y . Figs. DE LA COMPANIA (OAXACA). 136 de los y los roleos se esfrechcn y se alargan. En la b6veda vcldo del crucero, ia decord­ tarjas ci6n estd formada por una red de cintas largas con filetes y punteados de oro, que se quiebran y entrecruzan formando lazos mixtilfneos de amplia caligrafra, mientras los fondos se lien an con otra red de escala mas pequefic, EI brillo esmaltado del yeso, la policromfa y el oro, enri­ quecen el conjunto (fig. 203). La capilla del Rosario del convento de Santo Domingo, de Puebla, decorada hacia 1690, marca una etapa decisiva la evoluci6n del arte de los maestros yeseros (lam. I). Desapa­ en recen las tarjas, los 6valos y los recuadros y la decoraci6n se extiende por toda la superficie de la b6veda, descendiendo por los muros y por las pilastras que encuadran los grandes lien­ zos de pintura que cubren los Los temas ornamentales nada tienen que ver con las muros. hojas carnosas labradas cuarenta cfios antes por los hermanos Borja en la iglesia sevillana de Santa Ma'rfa la Blanca. Cintas fileteadas en oro que qulebrcn se con ritmo caprichoso, forman sus reflejos la luz que penetra una tupida marana que cubre todo el intrad6s, quebrando con por las ventanas de la cupula del crucero. En el intrad6s de esto, la red de cintas y roleos deja espacio a ocho figuras aleg6ricas (fig. 204). Las yeserfas de la "iglesia de San Crist6bal parecen del mlsmo taller y la influencia de la capilla del Rosario se extendi6 a los pueblos de la co­ marca, donde dej6 testimonios tan elocuentes como la iglesia de Xilotla, en Tlaxcala. Hasta la lejana Guatemala lIeg6 algun chispazo de esa influencia. EL SIGLO XVIII. LA ETAPA DE TRANSICION LA CAPITAL: ARRIETA Y Du�AN. - Durante el primer tercio del siglo XVIII, aproxi­ madamente, la arquitectura mexicana conserva un marcado aire seiscentista, tanto en 10 que se refiere a y alzado de los templos -siempre fieles a los modelos tradidonales-, la planta como en 10 que respecta a la composici6n de las portadas. Contlnunn estes rrczdndose sequn los viejos esquemas de abolengo renacentista, si bien la decoraci6n vegetal responde ya al espfritu Algunos elementos que serdn tfpicos de la arquitectura mexicana, del estilo barroco. como los vanos poligonales apareddos en la etapa anterior, toman carta de naturaleza en estas primeras decades del siglo XVIII. En la capital del vlrrelncto, junto a otros maestros, trabajan dos arquitectos que pueden personalizar esta etapa de transici6n entre 10 puramente seiscentista y la plenitud dieciochesca. Estos artistas son: Pedro de Arrieta (t 1738) Y Miguel Custodio Duran (t 1740). Arrieta, exami­ nado de arquitecto en 1691, fue maestro mayor del virreinato, de lacatedral y del Santo Oficio, la obra de la Basilica de Guada­ cdernds de veedor del gremio. Su nombre qued6 unido a lupe (1695-1709), erigida en el lugar donde la Virgen se habia aparecido al indio Juan Diego pocos lustros despues de la conquista. La planta de proporciones bastante cuadradas -las capillas del testero se cfindleron en el siglo pasado-, con cupula central y tor res en los dnqu­ los, tiene su precedente mas inmediato en la iglesia del Pilar de Zaragoza, comenzada pocos cfios antes por pianos del sevillano Francisco de Herrera cartelas de finfsima labra flanquean la ventana central. Contrcto la obra de la fachada en 1664, Diego Martfnez de Oviedo, a quien hay que considerar, con justos rneritos, como uno de los creadores del barroco cuzquefio. En contraste con la altura de las torres del templo, la fachada del antiguo Colegio (fig. 426) central. apenas rompe sus proporciones horizontales con el remate trilobulado de la calle Construida en la segunda mitad del siglo, quizd inmediatamente despues de acabarse la iglesia, pese a algunos motivos como mascarones y hojas estlllzcdos, debe mucho al sentido decorati­ vo generaci6n anterior. En ella persisten elementos del Bajo Renacimiento, como los de la al­ mohadillados y las puntas de diamante, que arraigaron con fuerza en todo el Peru. SAN SEBASTIAN, SAN PEDRO, BELEN. - La obra cumbre del estilo cuzquefio en su aspecto decorctivo, es la fachada de la iglesia de San Sebastian, parroquia de un antiguo pueblo de indios en las afueras de la ciudad de los Incas. Nada mas expreslvo de ese arte cornun a canteros y entail adores que de dos cuerpos y tres calles (fi­ esa hermosa portada guras 427 y 428), cuyos elementos y motivos ornamentales son semejantes a los que se en­ cuentran en la slllerfu del coro de la catedral y en algunos retablos. Las columnas del de la primera cuerpo bajo cubiertas de roleos y cartones, proceden de los altares sevillanos mitad del siglo y las cabezas femeninas envueltas en flnos pofios se labraron en las sillas del coro catedralicio, en donde encontramos tcrnblen la misma traza de las hornacinas de las entrecalles. Una la torre del lade del Evangelio, dej6 memoria de inscripci6n en se hizo "siendo Manuel de Sahuaraura maestro mayor" y en otra se recuerda alobis­ que los caciques del constancia del cfio 1664. La portada acab6 po, al pueblo queda cura a se y y -268 Lam. VIII.-FACHADA DE LA IGLESIA DE LA COMPAr\lfA (CUZCO). si Sahuaraura limite construir la torre 0 en 1678. Es lmposlble preclscr, datos, sin otros se a fue tam bien autor de la hermosa fachada, que no tiene par en el Cuzco. En los ultlmos cfios del siglo se advierte una tendencia hacia la sobriedad decorativa. As], en Io iglesia de San Pedro (1688-1699), del antiguo Hospital de Naturales, la portada repite el modele de la de la catedral, pero la decorcclon desaparece casi por completo. Es obra del arquitecto y escultor Juan Tomas de Tcyru-Tupcc, "ynd!o noble de la descendencia de los el Archivo de Indias (fig. 422). AI mismo clrcu- yncas ", autor de los pianos que se conservan en 10 artfstico pertenece la ig lesia de Belen (1698). LA EXPANSI6N DEL ESTILO CUZQUENO. - Favorecido por el 'generoso mecenazgo del obispo Mollinedo, cuzquefio se extiende por la extenso dlocesis y, traspasando el estilo las serranlas del Vilcanota, 'alcanza las tierras de la meseta del Collao para dejar su huella en las iglesias de Ayaviri, Lampa y Asillo. Las tres, construidas con recia mamposterfa, tienen una nave cubierta con bovedc de canon, crucero y cupula. Mientras las de Ayaviri y Asillo tienen dos torres en la fachada, en la de Lampa la torre estd exenta, ocupando uno de los l dnqulos del atrio que precede al horizontal y desolado de la meseta co- templo. En el paisaje r lIavina, las iglesias destacan sus vohimenes y el juego de las tor res y las cupulcs decoradas con J plndculos, contrasta con el pobre caserfo de los pequefios pueblos en que se encuentran. EI estl- 10 cuzquefio, un provinciano, Inspire las portadas. La de Ayaviri (1677-1696) parece obra tanto de un maestro formado, como sus conternpordneos del Cuzco, en algun taller de entail adores de retablos, pero que se ha dejado captar por la escasa flora local, pues decoro los pedestales" con la flor del "sanccaio", un cacto tlplco de las punas del Collao (figura 429). La de ofrece sobre el de la portada principal dos sirenas a modo Lampa (1678-1685) nos vano de tenantes de un escudo en forma de cartela. Tal vez con sentido slrnbollco que no un la sirena torncrd carta de naturaleza, como tema decorativo, en el barroco de sospecho, la comarca. parroquial de Asillo (1678-1696) .recuerda, por sus proporciones, el templo cuzquefio La de la Compcfilc. EI cnonlrno maestro de Asillo es un decorador que parece poseido del "ho­ rror vacui" (fig. 430). Cartelas, grandes flores, corazones estilizados con letreros de alabanzas al Santfsimo Sacramento, hojcs 0 pencas dispuestas en abanico, etc., Ilenan todos los para­ mentos y en las columnas se multiplican los brazaletes de acanto y las fajas decorativas. Obra, qulzd, de entalladores indfgenas, el conjunto nos revela como fue evolucionando el brillante barroco cuzquefio de la epocc del obispo Mollinedo, hasta casi darse la mano con la decora­ cion planiforme que florecerd en el Collao en el siglo XVIII. ARQUITECTURA CUZQUENA DEL SIGLO XVIII. - Reconstruida la ciudad despues del terremoto de 1650, no habfa de sentirtiempo la necesidad de acometer nuevas en mucho obras de arquitectura. Durante el siglo XVIII, los recursos y la pujcnzc artlstica de la antigua talleres capital de los incas, se aplicaron a la decorccion de los templos. Es la epocn en que los de los entail adores, las tiendas de los plateros y los obradores de los maestros del arte de la lienzos devotos y pintura, trabajan activamente produciendo retablos, piezas de orfebrerfa, del Cuzco y de los pueblos de la diocesls. La apa­ marcos de talla que engalanan las iglesias rlcion de la columna sclornonlco es 10 unlco digno de rnenclon en esta ultima etapa del burro­ breve por 10 que refiere obras de fcibrica. co cuzquefio, hcrto se a 270 Fig. 429.-IGLESIA OE AYAVIRI. Fig. 430.-DETALLE DE LA FACHADA DE LA IGLESIA DE ASILLO. Fig. 431.-CATEDRAL OE CAJAMARCA. 271 Fig. 432.-IGLESIA DE -BEL�N (CAJAMARCA). Figs. 433, 434, 435'y 436.-IGLESIA DE CAlMA. PORTADA DE LA IGLESIA DE YANAHUARA Y PORMENORES DE LA FACHADA DE LA IGLESIA DE LA COMPAf'lIA (AREQUIPA). 272 AI filo del segundo tercio del siglo, trabaja en el Cuzco un maestro al que pueden atribuirse la iglesia de Jesus Maria aledaiia de la catedral, y el campanario de Santo (1723, 1733-1735), Domingo (1729-1731). En ambos monumentos se emplea la columna torsa lnterpretcdc libre­ mente, con el tercio inferior clllndrlco en el que lengUetas, y multiples se enrosca una fila de vueltas en la parte superior, decoradas con una hoja cuya nervadura sigue la parte convexa de las espiras. La iglesia del Triunfo (1730-1732), destinada a Sagrario de la catedral, cuyas portadas acusan la influencia del estilo del siglo anterior, fue obra del arquitecto carmelita fray Miguel de los Angeles Menchaca. Entre las casas cuzqueiias mas 0 menos reconstruidas en esta epocc, hay que citar la de los marqueses de Casa-Concha, que tiene un hermoso baleen de madera ornamentado con ricas tallas, muy limeiio por su estructura. CAJAMARCA. Lejos de Lima, en la region andina del Norte. el esplendor barroco de - Cajamarca corresponde a la primera mitad del siglo XVIII, cuando los cultivos de lino, los "obrcjes" de tejidos y lc rlquezc pecuaria de su hermosa cornpifio Ie proporcionaron una prosperidad de base solldc, incrementada desde 1772 por las vetas de plata del vecino asiento minero de Huclqdyoc. Es en la referida epocc cuando se renueva el conjunto urbano, cons­ truyendose las grandes casas con puertas blasonadas que admiramos hoy, y se interrumpen las fdbriccs de sus tres monumentos principales: la iglesia Matriz, hoy catedral; la de San An­ tonio de Padua, del convento de San Francisco; y la del Hospital de Belen. Las tres quedaron sin terminar. Con rczon se ha lIamado a la eluded "Cajamarca la inacabada". Como todo el arte peruano de la region andina, el barroco cajamarquino, aparte de no ofrecer novedades en el aspecto constructlvo, presenta un marcado aire seiscentista en cuanto a composlclon de las grandes portadas, concebidas como la retablos tallados piedra, des­ en con los elementos arqui­ pleqdndose la orncmentcclon dentro de un esquema cuadriculado y la arquitectura peru ana, tectonicos en plano. EI almohadillado, de tanta trcdlclon en un solo la ornornentcclon se emplea profusamente para dar c!aroscuro a los paramentos y realce a y la columna sclornonlcc, cubierta de pdrnpqnos como en los retablos, vive en Cajamarca su etapa mas brillante. . inconclusa cuando se dedlco el templo La fachada de la catedral (fig. 431), que quedo en 1762, es la obra maestra corresponder al pri­ del barroco cajamarquino. Su estilo parece mer tercio del siglo XVIII y templo en 1762. Las quedo sin concluir cuando se conscqro el columnas sclornonlccs tienen el tercio inferior cillndrlco, con estrias en zig-zag 0 con abun­ dante ornnmentcclon vegetal, separadas de las espiras por brazaletes de hojos de acanto. cubren las espiras de las Pdrnponos con flores y pajarillos que picotean los racimos de uvas, los incensarios y las lIaves del columnas, y tanto esa fina ornnrnentcclon como angeles con de las entallador que conoce su oflclo. Las central, acreditan paralso, enjutas del vane a un dovelas de los arcos estdn talladas con hojas y rosetas, as! como los sillares del friso que alter­ nan con espacios libres, evocando el ritmo cldslco de los triglifos y metopas. Las hornacinas faldellines de hojas de diseiio seiscentista,proceden de los retablos; y los bustos de atlantes con de las portadas laterales, de procedencia manierista, son semejantes a los que se encuentran en portadas de Arequipa, Puno y PotOSI y en retablos y pulpitos de Bolivia. La fachada de San Antonio quedo sin terminar en 1737. EI almohadillado, enrlquecldo con de rosetas, cuadrifolias y querubines de talla,_cubre los cubos de las torres forrncndo un tapiz 2.7.3 intenso clcroscuro en el que destacan las portadas laterales. La ornamentaci6n de las colum­ nas salom6nicas carece de la fuerza y la finura que vimos en la portada de la catedral. Hace pocos nfios se completaron las torres con campanarios octogonales. La iglesia de Belen forma parte de un hospital de planta cruciforme, cuyas enfermerfas abovedadas se conservan en parte y cun en uso. EI templo (1746) es obra del arquitecto Jose de Morales. De nave y cupula y b6vedas de medio ccfion con lunetos, su unlcc con crucero interior estd decorado con puntas de diamante de forma romboidal y querubines. La cupula, sobre pechinas con relieves de los evangelistas, nos ofrece las figuras de ocho cingeles con el torso desnudo y faldellines de hojas, que parecen sostener el casquete superior de la media nc­ ranja. En la fachada (fig. 432), una gran venera y una clcrcboyc cuadrilobulada constituyen los motivos principales de la calle central y en el citico se suprimieron las columnas, destaccin­ dose tres hornacinas bajo una cornisa de perfiles curvos, resultando asf un remate de ritmo ondulante muy propio de mediados del siglo XVIII. Como en la catedral, las enjutas del ingre­ so estcin ocupadas por unos cingeles, que aquf sostienen cartelas con las tres coronas del escu­ do de los belemitas. EI maestro Jose de Morales, que parece formado entre los entail adores de retablos, es uno de los buenos decoradores de Cajamarca y la fachada de Belen puede lncluirse entre las mejores obras de su epocc en America del Sur. Las torres quedaron sin ter­ minar. La ultima expresi6n del barroco cajamarquino es la portada del antiguo Hospital de Mujeres (1763-1767), cuyas figuras femeninas con faldellines de anchas hojas y doble hilera de senos, parecen proceder de alguna consulta al famoso tratado de Serlio, en la versi6n castellana de Villalpando, tantas veces citada. AREQUIPA EL BARROCO AREQUIPENO. LA COMPANIA. - ·Ia gran ciudad de la Arequipa es re­ gi6n cndlno meridional. Situada a medio camino entre la costa y el lago Titicaca, en un valle fertll que es un verdadero oasis entre punas desoladas, su caserfo se extiende como .unc mancha blanca a la sombra del volccin Misti. La "pledrc sillar", fdcll de labrar y resistente, sirvi6 maravilla para que los decoradores tallaran las mcis a sorprendentes la­ bores ornamentales. Por desgracia, la historia urbana de Arequipa estci jalonada por las fechas de los terremotos que varias veces la han arruinado, pero a la necesidad de defenderse de los temblores debe la arquitectura crequlpefiu los cciracteres que Ie son propios en elaspecto constructivo. Si el mismo problema lIev6 en Lima a las estructuras ligna­ rias, elcisticas y dincimicas, en Arequipa condujo a la adopci6n de soluciones estciticas: muros gruesos grandes contrafuertes y cupulcs achaparradas en los templos; crujfas estrechas y con abovedadas, dispuestas en una sola planta, en los edificios civiles. La arquitectura crequlpefic, . como la de Guatemala, produce sensaci6n de fuerza, y Arequipa es una ciudad cubierta con b6vedas, donde el uso de la madera, como material de construcci6n, no rebas6 los Ifmites de 10 indispensable. Aparte esos caracteres tect6nicos, el barroco crequipefio se distingue por la manera anti­ ckislcc de tratar el relieve, en superflcie y no en profundidad. Los an6nimos decoradores de Arequipa practican incisiones alrededor de los temas ornamentales para que, al iluminarlos 10 luz viva del sol, destaquen sobre el fondo en sombre, tel como habfan heche los artistas 274 - - - IGLESIA , 0"E LA COMPA "NIA (AREQUIPA). 275 FigS. 438 y 439.-CASA DE UGARTECHE Y PORTADA DE LA MISMA (AREQUIPA). Fig. 44O.-LUNETO DE LA IGLESIA DE SANTIAGO (POMATA). 276 Figs. 441. 442 Y 443.-COPULA. PECHINA Y DETALLE DE LA PORTADA LATERAL DE LA IGLESIA. DE SANTIAGO (POMATA). DE LA PORTADA DEL BAPTISTE RIO DE LA IGLESIA DE SANTA CRUZ (lUll). . Fig. 444.-PORMENOR r Figs. 44S Y 446 ....,..CAT�DRAL DE PUNO Y DETALLE DE SU FACHADA. . Fig. 447.�IGLESIA DE SANTIAGO DE PUPUJA. 278 smccos, coptos, bizantinos y visigodos, como rencclon contra el arte de los ultimos tiempos del Imperio Romano. EI modelado se reduce a suavizar las aristas y el claroscuro se ccentuc por medio de hendiduras longitudinales que surcan las superficies de los temas decorativos. La ornamentaci6n forma aSI como un tapiz de escaso relieve, que recuerda las calidades blandas de un bordado barroco. Esta modalidad decorativa aparece la ciudad del Misti el ultimo cuarto del en en slqlo XVII, para dejarnos mejor expreslon su en la fachada de la iglesia de la CompafHa (1698) y conti­ nuar floreciendo la centuria siguiente. La portada en del convento de Santo Domingo (hacia 1677-1680, sequn Wethey), inaugura el tipo que sera frecuente en Arequipa, con pilastras y amplio fronton. En el ejemplo referido, tallos de vld, racimos y florecillas rodean el relieve de San Pablo, que ocupa una cartela ovalada como una "mandorla" rorndnlcc. La fronda que se desbordc a los lados de las pilastras, nos ofrece estilizaciones del mcfz y de la flor de la cantuta, nlfios desnudos y mascaras de perfil que tal vez respondan a influencias precolombinas. AI componer grandes conjuntos decorativos, los arquitectos nrequipefios se mantienen fieles a los viejos modelos renacentistas y disponiendo los elementos en un solo plano. En la r fachada de la iglesia de la Compcfilc (1698), la primera gran obra del estilo (fig. 437), apenas el arco de ingreso rompe el entablamento. EI remate nos prueba el arraigo de las formas tri­ lobuladas en la arquitectura del Peru y sobre las columnas laterales aparecen. unos trozos de frontones EI esquema se imitarfa mas tarde en la catedral de Puno (1757) y en la pa­ curvos. rroquia de Juliaca (1774). Parece logico atribuir el disefio al hermano coadjutor Agustin de Costa, que por la citada fecha, y desdecfios ctrds, estaba al frente de las obras y tenia bajo sus 6rdenes al cantero Agustfn de Adrian, pero queda la duda de si fueron tcrnblen ellos los que tallaron 10 ornumentcclon, Como consta que la fachada se lcbro en menos de un cfio de trabajo, es de suponer que ya estarfa hecha la estructura crqultectonlcc y que en tan corto tiempo realizaron su tarea los decoradores. La orncmentcclon forma un tupido tapiz que cu­ bre enteramente los paramentos y se desborda por los lados. Tallos y hojas carnosas, racimos y cuadrifolias, ovas y trenzados de abolengo cldsico, veneras y mascarones renacentistas y hasta el aguila bicefala de la casa de Austria, forman el variado repertorio decorativo y los ele­ mentos se yuxtaponen como si los decoradores estuviesen poseldos del horror 01. vado (fig u­ ras 435 y 436). En los laterales de la fachada, aparece una curiosa interpretacion del gato­ tigre con cuerpo de mlrldpodo, tanta veces estilizado en la cerdrnlco y en los tejidos de la epocc prehtspdnlco, EI estilo crequlpefio evoluciona poco a 10 largo del siglo XVIII. Temas ornamentales semejantes a los de 10 Compofilc y tratados con la misma tecnlcc cntlcldslca, se encuentran el antiguo claustro del Colegio de los [esultcs (1740), en la iglesia de San Agus­ en tfn -que repite el esquema de oquellc=- y en las iglesias de Caima y Yanahuara (1740), en la ccrnplfic nrequlpefio (figs. 433 y 434). LA CASA EN AREQUIPA. Como ya se dijo, la casa crequlpefic es de una sola planta, con - crujfas estrechas abovedadas, todo lcbrcdo en piedra sillar. EI patio carece de galerfas y sus fren­ tes estdn concebldos como fachadas con puertas y ventanas, tan decoradas a veces, como las de la calle. Los muros prolonqcn hasta ocultar las bovedos, rematcindose con una cornisa exteriores se .0 una simple moldura, y unas gargolas zoornorfos vierten las aguas al exterior. La puerta y las ventanas ofrecen campo a la decorcclon. Como la luz intensa no aconseja vanos muy grandes y hay que decorar el espacio comprendido entre ellos y la cornisa, se prolongan vertical mente las 279 jambas recibiendo un patio decorativo entre dos cornisas, que tanto contribuye a enriquecer el paramento como a contrarrestar la horizontalidad de la fachada. La Casa de Ugarteche (1738) puede citarse como ejemplo (fig. 438). En lc portada adin­ telada, las columnas embutidas en las pilastras evocan los lejcnos tiempos del plateresco his­ pano y el amplro front6n rebasa la altura del muro. En el tfmpano de cquel, un arbusto con cinco las que florecen otras tantas cantutas, forma ramas en a modo de candelabro soste­ niendo sendos medallones con los monogramas de Jesus, Jose, Joaquin y Ana, representando el drbol geneal6gico del Salvador (fig. 439). La casa del Moral y la de Iriberry (1793) son otros hermosos ejemplares de arquitectura domestlca, los que la sobriedad y la fuerza contrastan en con la rica decoraci6n de las venta­ nas y los tfmpanos de las portadas. LAS RIBERAS DEL LAGO TITICACA. POMATA, JULI, ZEPITA. - En la meseta del Collao, sobre los cuatro mil metros de altitud, las tierras riberefios del legendario Titicaca alum­ braron el florecimiento de una gran escuela barroca. En las orillas del lago se encontraban el camino procedente de la costa y de Arequipa y el que desde el Cuzco conduda a la villa minera de Potosi. No es extrofio, por tanto, que de aquellas dos ciudades lIegaran influencias que contribuyeron formar ael estilo que floreci6 en los pueblos riberetios. La estructura de los templos y sus torres procede del Cuzco; y el dlsefio de algunas portadas asi como la tecnica del relieve, de Arequipa. Pero en las tierras del Collao, el repertorio ornamental se enriquece con temas de la flora y la fauna de tierra caliente -extratios, por tanto, en la corncrcc, drldq y frfa- y el relieve se hace mas seco y planiforme hasta adquirir aspecto metdllco, como sl, al contacto del ambiente de las punas desoladas, perdiera el aliento de vida que pareda con­ servar en el risuefio valle de Arequipa. La iglesia de Santiago (hacia 1726), en el pueblo de Pomata, a orillas dellago, es la obra maestra del barroco del Collao. De capillas hornacinas nave iinico con poco profundas, cru­ cere y cupula, no ofrece novedad en cuanto a la planta y el alzado. Lo importante es la de­ coraci6n tallada a bisel del interior y de las portadas. En las ventanas del presbiterio y en los lunetos de la b6veda, se observa el efecto estetlco que el decorndor persigui6 con su manera de concebir el relieve (fig. 440). La luz que penetra por los vanos se quiebra en las superfi­ cies rugosas de los motivos ornamentales, recortando el contorno de las figuras sobre el fon­ do en sombra. Las pechlnos (fig. 442) parecen finos tapices decorativos en los que un jarr6n con azucenas, tallos de ritmo ondulante, florecillas y pdjcros, lIenan toda la superficie del trldnqulo esferlco, quebrando la luz que penetra por las claraboyas de la cupula. La decora­ ci6n del intrad6s de esto, con fajas radiales unidas por un roset6n central, recuerda esquemas mudejnres espatioles de la Baja Edad Media; y la manera de decorar los casquetes por medio de motivos unidos por gUirnaldas ondulantes, que se han querido interpretar como estiliza­ cion de unc danza indigena, tiene su precedente en la cupula de la iglesia de Herrera (Sevilla) (fig. 441). La portada lateral (fig. 443), de esquema renacentista, dispone en un solo plano las co­ lumnas seudo-salom6nicas empleadas preferentemente por los maestros collavinos, en las clllndrlcc. En esa faja heli­ que parece enrollarse una faja en espiral alrededor de una catia coidal se encuentran motivos ornamentales tomados de la flora y fauna del tr6pico, tales co­ del mo papayas, bananas, monos, pumas, ardillas y loros. En las columnas centrales segundo 280 SANTA BARBARA Figs. 448 y 449.-IGLESIA DE ZEPITA Y DETALLE DE SU PORTADA. Fig. 4S0.-HOSPITAL DE (SUCRE). 281 Figs. 451 y 452.-PORTADA E INTERIOR DE LA CATEDRAl DE SUCRE. Fig. 4S3.-lGLESIA Y ATRIO DE SEPULTURAS. 28� cuerpo aparece el disco del sol con rostra humano, el slrnbolo cristiano que constituye uno de los ,atributos del dominico Santo Tomas de Aquino, 10 cual no es extrnfio ya que la iglesia perteneda ala Orden de Predicadores. Cabezas de puma can rostra humano, decoran los netos de los pedestales. EI conjunto de la portada produce el efecto de un tapiz al muro peqcdo y la luz intensa de la antiplanicie anima las superficies rugosas de los motivos ornamentales labrados a blsel. La eluded de Juli, la "Roma indigena", centro de las mlslones [esultlcos de la comarca, guarda interesantes obras del siglo XVIII, cuyo estilo se relaciona con el drculo de Santiago de Pomata, como la portada lateral de la iglesia de San Juan y las dos portadas gemelas de las capillas de los pies del templo de Santa Cruz, que estd en ruinas desde hace muchos nfios. En las espiras de las columnas (fig. 444) se ven los pdrnpunos caracteristicos de la decornclon del orden snlornonlco y la flor de la cantuta propia de la altiplanicie andina; pero, ndernds, frutas y animales de tierra caliente parecen expresar la cfiornnzc de las comarcas selvdticos situadas al otro lado de la cordillera. Los pcjcrlllos picotean los racimos de uvas, los monos juguetones hacen presa en los frutos de cacao;y todo estd labrado a bisel, con aristas vivas e incisiones profundas que producen contrastes violentos de luz y de sombra. La catedrcil de Puna (1754-1757) es obra del arquitecto Simon de Asto (figs. 445 Y 446). La cornposlclon general de la fachada con torres a los lados, repite los modelos cuzquefios, pero el esquema de la portada se Inspire en el de la Cornpcfilc de Arequipa. Los elementos y la decorcclon corresponden al estllo del Collao y la tecnlcc del relieve es la de bisel, pero los terries decorativos _estcin distribuidos con acierto y can una subordlncclon a la escala que ge­ neralmente falta en otros monumentos de la comarca. Las sirenas, tan frecuentes en la region, tocando el "charango", pulsdndolo ambas la derecha sin temor aparecen aqui con mana a romper la simetria. La influencia crequlpefic se advierte tcmblen en las portadas laterales (1754). la iglesia de Santiago de Pupuja, perdida entre las punas, tiene porta­ Lejos dellago, una do interesante por la decorcclon de sus columnas, que copian la flor de un cacto de la co­ marca (fig. 447). Entre los creadores del barroco regional, destaca con cierta personalidad -manifestada en el aspecto decorativo- el cnonlmo maestro de la iglesia de San Pedro de Zepita (1765), cerca del rio Desaguadero que marca la frontera con Bolivia. La gran portada vlctercl (fi­ gura 448) rehundida bc]o un orca a modo de hornacina, conserva el viejo esquema renacen­ tista, pero el arquitecto ha tratado de huir de la frontaHdad caracteristica de las portadas de la comarca, colocando columnas de distintos modules en dos pianos. En la iglesia de Ayaviri y, mas orin, en la de Asillo, tienen sus precedentes las columnas de Zepita, cuyo dldrnetro dis- \ minuye a partir del que las cine y que estdn decoradas con hojos, mascaras brazalete de hojas y cintas enfrelazadas como eslabones de cadena. La decorcclon a bisel que cubre los para­ mentos, repite el repertorio caracteristico de la comarca: el [orron con azucenas, rosetas, tallos ondulantes, pcjcrlllos, bc]o, el decorador lcbro unas etc. A ambos lados del cuerpo figuras femeninas con faldellfn de hojas, senos colgantes y largo penacho de plumas, que si bien recuerdan al relieve prehlspdnlco de Chavin interpretado libremente por un artista be­ rroco, parecen proceder mas bien de los grabados manieristas (fig. 449). Figuras femeninas con los senos colgantes, de esa procedencia, se encuentran en la iglesia de Asillo, en el Hospi­ tal de el pulplto de la catedral de Sucre. Mujeres de Cajamarca y en 283 BOLIVIA EL BARROCO. LA ETAPA SEISCENTISTA. AI el Peru, el estilo barroco - igual que en boliviano no ofrece novedad en el aspecto puramente arquitect6nico, pues la de iglesia Santa Teresa de Cochabamba, de planta Hneas curvas, A 10 del con excepcional. es largo siglo XVII, el arte manierista va evoludonando hacia las libertades barrocas dejando en todo el pais un muestrario de portadas de sencilla traza y decorccion sobrici, algunas de in­ fluencia cuzquefio, Ya en el siglo XVIII, el estilo collavino del Peru se extiende la meseta por boliviana del Collco, desde el Titicaca hasta Oruro la Villa y IIega a Imperial de Potosi, con la caracterfstica ornamentaci6n de factura planiforme que vimos en las riberas peruanas del lago, sagrado. Por contraste, en los Valles -Sucre y Cochabamba- el estilo mantiene su ccrdcter espcfiol, sin concesiones al gusto indigena, salvo alguna excepci6n como la que ofre­ cen las portadas de la iglesia de las M6nicas, de Sucre, que constituyen un enclavado del es­ tilo andino en la antigua capital de la Audiencia de Charcas. Agonizante ya la epoco virrei­ nal, en los primeros cfios del siglo XIX, surge pujante el barroco espcfiol en la iglesia mayor de PotOSI, que cierra la serie de las grandes catedrales hispanoamericanas con un tardio brote del estllo metropolitano, sin relaci6n alguna con el que habla sido propio y caracteristico de la Villa Imperial. La ciudad de La Plata, Charcas 0 Chuquisaca -Ia actual Sucre- la mas iniportante de Bolivia por 10 es que se refiere a la arquitectura del siglo XVII que, como observ6 Wethey, presenta una gran uniformidad de es­ tllo, con una serie de portadas de sencilla traza, que marcan la transici6n entre la sobriedad del Bajo Rena­ cimiento y los inicios del barroco. La monumental fa­ chada del templo del Hospital de Santa Barbara (fig. 450), cuyo cordcter esencialmente europeo subray6 el autor antes citado, es otra muestra del tardio estilo manierista que florece en Sucre hacia mediados del siglo. Es posl­ ble que se labrara cuando reconstruyeron el Hospital los hermanos de San Juan de Dios, que se hicieron car­ go del establecimiento en 1663. La influencia del foco artlstico chuqulscquefio alcanz6, durante el siglo XVII, a buena parte del pais, como 10 prueban algunas por­ tadas de tanta calidad como la lateral de la iglesia de Jesus de Machaca (1691), y la de la antigua iglesia de la Compcfilo -hoy catedral-, de Oruro, de fines del Fig.454.-PLANTA DE LA CATEDRAL DE SUCRE. Segun Giurfa. siglo. EI templo de Copacabana, en POtOSI, es interesan- te por la cupula de madera del crucero, obra del en- tallador Lucas Hernandez (t 1685), natural de la Villa, decorada con casetones renacentistas siguiendo el conocido modele de Serlio. Por esos cfios del ultimo cuarto del XVII, IIegan a Potosi las influencias del estilo cuzquefio de tiem pos del obispo Mollinedo. La fachada de la iglesia de la Merced (1687), con sus colum­ nas enteramente cubiertas de tallas, parece obra de algun maestro formado en el Cuzco, en 284 el circulo del autor de '0 iglesia de San Sebastian, labrada pocos cfios antes. La de las Carmelitas de Santa Teresa (1692) tiene tcrnblen columnas decornclon de talla y las flores con inscritas en recuadros con factura planiforme que serdn caracterfsticas del relieve potosino del siglo XVIII. La construcclon de 10 catedral de Sucre fue empresa del siglo XVII. EI prlrnltlvo templo gotico de nave unlcc con bovedcs de crucerfa y muros coronados de almenas, fue obra del arquitecto Juan Miguel de Veramendi (1553-1561). Mas tarde (1582-1633) se Ie nfiudleron varias capillas y se labraron el presbiterio y el crucero. La trnnsformcclon del templo de una nave en 10 gran iglesia de tres naves que hoy existe (fig. 454) se debio 01 arzobispo Gonzalez y Poveda, que lnlclo las obras en 1686 dejdndolos concluidas -a falta de '0 portada de los pies- en 1690. En el edificio se advierten las etapas de su construccion. La capilla del Baptis­ terio, lcbrcdc por el clbcfill Juan Jimenez (1588), cubierta con bcvedc eliptica de casetones, es 10 obra crqultectonlcc renacentista mas antigua de Sucre. EI crucero, el presbiterio y las capillas del testero, cubiertas con bovedcs de crucerfa cutentlcos, parece la ser parte que se cccbo en 1633. La nave central tiene bovedc de canon con arcos fajones y nervaduras goticas puramente decorativas (fig. 452). Las portadas se relacionan con el estilo cuzquefio de 10 epoco, La del lade de '0 Epfstola (1690) tiene elIronton de lados casi verticales y 10 orncmentcclon de pcfios de las columnas encuentra en otras obras peruanas que se (fig. 451). A 10 luz de los datos conocidos, resulta dlffcll determinar qulen fue el arquitecto que trcnsformo 10 viejo catedral de Sucre hoclendolc de tres naves. Cuando se iniciaron las obras en dirigfa el lege fray Francisco Domin­ 1686 las guez, pero otros testimonios aseguran que el arquitecto fue el granadino Jose Gonzalez Mer­ guete, que en 1697 paso a dirigir 10 catedral de Cordoba (Argentina). Es posible que uno hi­ ciera los pianos y otro se encargara de 10 dlrecclon de los trabajos . . IGLESIAS CON ATRIOS Y POSAS. Los atrios con posas gozaron de vida largo en el - Alto Peru, pues siguieron reconstruyendose y usdndose para proceslones y otras ceremonias durante todo el XVIII. A 10 que parece, es en esa centuria cuando 01 conjunto de las cuatro posas se anode una capilla mas, lIamada de 10 Misericordia, en 10 que se velaban los difuntos. Alguna vez, en los pueblos fronterizos, donde se vlvlc bajo el terror de los ataques de los indios chiriguanos, las arquerfas abiertas de los atrios se convirtieron en gruesos muros con almenas formando un recinto fortificado, tal como se hizo en 10 iglesia de 10 antigua villa de La Laguna (1752), la actual Padilla, de 10 provincia de Tomina. Tcmblen parece que el si­ capital es en glo XVIII cuando el proceso de expansion del espacio exterior del templo se ccentuo hasta el extremo de IIegar a constituir el centro vital del conjunto urbano. Aunque a veces, como en Chipaya (departamento Oruro), el atrio que rodeo 01 templo conserva sus cuatro posas, de cdernds de sus muros perimetrales, 10 orqnnlzcclon se amplia hacia 10 extenso plaza cercada que 10 precede, en cuyos dnqulos se disponen otras tantas posas (fig. 455). De est a monera, el atrio y 10 plaza, ambos cercados, forman un conjunto que compIementa las funciones pro­ pias de 10 iglesia y viene a constituir el centro de 10 vida religiosa y civil de 10 comunidad in­ dfgena, donde se intercambian productos de 10 tierra y manufacturas en el mercado semanal, ceremonias religiosas 01 aire se rinde culto a los muertos y se celeb ran procesiones y otras libre. Lo mas corriente es que, 01 cfindirse 01 atrio el amplio espacio de 10 plaza, las capillas posas se hagan unlccmente en estc, como vemos, por ejemplo, en Jesus de Machaca, importan- 285 te pueblo sltucdoc 10 entrada de 10 hist6rica provincia de los Pacajes, en el camino que sigui6 Valdivia hacia Chile. En esta epoco, las posas pierden lnteres como unidades arquitect6nicas, lcbrdndose muy modestamente con muros de adobe, un altar del mismo material en el inte­ rior y sencillas cubiertas ados aguas. A diferencia de las del siglo XVI tienen un solo vane de acceso. La funci6n de las capillas de indios de Mexico 10 algunos casos un balc6n desempeii6 en dispuesto_ en 10 fachada, sobre 10 puerto del ingreso y entre 10 prolongaci6n de los muros laterales, como el que tenfa 10 iglesia de Palco (departamento de La Paz), a juzgar por un dibujo del frances D'Orbigny. Consta que en el pueblo de Santiago del Pared6n, cerca de Co­ chabamba, se hizo (1793) una especie de tribuna en el exterior de 10 iglesia para decir misa, a fin de que no se quedara sin cumplir el precepto el numeroso vecindario que no cabfa en el interior del templo, por ser de dimensiones reducidas. EI pueblo de Sepulturas, cerca de Oruro, conserva el conjunto formado por 10 iglesia (1785) rodeada por el atrio cercado por muros de adobe con una especie de almenas puramente decorativas y 10 gran plaza, tcmblen murada, con las modestas capillas en los dnqulos (fig. 453). Las iglesias de Tomave (1733) y Tahua (departamento de Potosf) ofrecen un conjunto serne­ jante 01 de Sepulturas, con atrio y posas en los dnqulos de 10 plaza cerrada. Si este lnteres por los espacios externos y los amplios recintos cercados para ceremonias en masa tiene sus pre- �,;u""u",.=; a.._� ii ', Fig. 455.-PLANO DE LA IGLESIA Y PATIO DE CHIPAYA. Fig.456.-PLANTA DEL SANTUARIO DE MANQUIRI. Segun Segun J. y T. Mesa. 1. iglesio; 2. torre; 3, posos. J. Y T. Mesa. cedentes remotos en las cultures precolombinas, tam bien puede relacionarse con 10 tradici6n prehlspdnlcc el heche de que los atrios y los templos se construyan, a veces, sobre terraplenes artificiales elevados sobre el terreno circundante, asf como tcmblen que no falte algun ejern­ plo en que se combinen 10 plataforma artificial y 10 arquitectura rupestre. No son extraiias en 10 Penfnsula las c.onstrucciones religiosas sobre terraplenes, como tampoco los santuarios ex­ cavados en 10 roca, aunque tam bien es cierto que 10 plrdrnlde escalonada es caracterfstica de 10 arquitectura precolcmbina y que en Machu-Pichu hay salas excavadas. De este tipo crqul­ tect6nico en que se reunen 10 rupestre con 10 gran plataforma artificial, existe un ejemplo de gran monumentalidad: el Santuario de Manquiri, cerca de Potosf (figs. 456 Y 457). EI presbi­ terio de 10 iglesia estd en parte excavado en 10 roca y el cuerpo de esta y el atrio se asientan sobre una plataforma artificial. Unas arquerfas cierran los lados del atrio, que tiene posas en las esquinas y 01 cual hace frente 10 fachada del templo. La iglesia de Peiias (departamento de La Paz), del siglo XVII, estd adosada a una roca en 10 que hubo unas apariciones de 10 Virgen. 286 . Fig. 457.-SANTUARIO DE MANQUIRI. Fig. 458.-PORTADA DE L.A IGLESIA DE SICASICA. TRAL DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO (LA PAZ). 287 El COllAO. lA PAZ. - Como los Ifmites actuales entre el Peru y Bolivia son puramente politicos y la meseta del Collao dependfa del obispado de la Paz, es natural que la unidad geografica se refleje tam bien en 10 crtlstlco. Con modalidades locales que permiten apreciar las manos de artistas fordneos y con la evoluci6n -mas bien lenta- que va marcando el paso . del tiempo, un estilo unlco florece a 10 largo de esa extensa regi6n de punas, cuya altitud ape­ nas baja, en algunas partes, de los cuatro mil metros. No hay fronteras, aunque sf variantes, entre el estilo barroco de las riberas peruanas del Titicaca y el que vamos a ver en territorio de la actual Bolivia, hasta la zona minera de Oruro, Paria y Caracollo, limite meridional del Collco. Tcrnblen aquf, como en la parte peruana, cdernds de construirse iglesias de nueva el siglo XVIII, ampliaron las del siglo XVI 0 se les nfiadleron portadas planta en a veces se barrocas. Tal es el caso de laiglesia de Sicasica (1725), cuya portada firmaron los maestros Diego Choque y Marcos Maita (fig. 458). Como las peruanas del Collao (San Juan de Juli, Pomata, etcetera), mas de acuerdo con el concepto de muro decorodo que de organizaci6n arquitec­ t6nica, dispone sus elementos en un solo plano, pero con la novedad de agrupar tres columnas a cada lado del ingreso, respetando en el segundo la f6rmula tradicional de entrecalles con hornacinas. Una decoraci6n de escaso relieve, con los bordes ligeramente modelados, IIena todos los espacios que la trama crqultectonicc deja libres y en los pedestales aparecen unos rostros humanos -tema decorativo frecuente en el Collao- con diademas de plumas. Es pro­ bable que est as figuras procedan de grabados del siglo XVI, pero hay que recordar el empleo de las cabezas de piedra en edlflclos prehlspdnlcos. EI repertorio decorativo de las columnas, es el mismo de otros monumentos collcvlnos. del La Paz,capital de Bolivia desde fines del siglo pasado, es la gran ciudad de la regi6n Collao. Su esplendor monumental corresponde al siglo XVIII, epocc en que se construyeron sus principales monumentos religiosos y civiles, entre los cuales destaca la iglesia de San Fran­ en 1743, diez cisco, digna de figurar entre las grandes obras del barroco andino. Comenzada cfios despues se acab6 la cupula y en 1772 se cerraron las b6vedas de las naves, conscqrdndose el templo, ya concluido, en 1884. Como advirli6 Buschiazzo, la decoraci6n del interior de la tanto por los motives orne­ iqleslc se relodono estrecharnente con ta de Santiago de Pomoto, la antinaturalista que ccrcctertzc a los deco­ menfafes por 10 factura como a blsel, a manera radores de Pomafa y Jufi. de des cuerpos y ires portadas independientes. La central (fig. 459), La fachada tiene tres calles con columnas salom6nicas dispuestas en un solo plano, de acuerdo con el viejo esquema vecina iglesia de Santo Do­ renacentista, tiene el arco de ingreso frilobulado, como el de la de lc portada lateral de Pomata y las cabezas mingo. Los motives ornamentales son los mismos de puma con rostro humane que alii vimos, se sustituyen en la igJesia pacefio por mascaras con contrastes de Iobio Ieporirro, surcadas por que, ademcis de acusar los vigorosas Ifneas curves luces y sombras, fa animan de poderosa fuerza expresiva. EI maestro de San Francisco pro­ como han sefin­ diga los temas antropomorfos, a veces derlvcdos de grutescos renacentistas, lado los senores Mesa. Denfro del drculo de Pomata, el artifice de San Francisco parece mds es de acertado en 10. distribuci6n de los elementos ornamentoles y su decorad6n escult6rka entre 1772 y 1784. fechas del cierre de mejor calidad. Es de suponer que fa. portada se tabrara esc lc la ultima b6veda y de 10 consagrad6n del templo, respectivamente, aunque J. y T. de de otm qUlzG mas, tardios posterior. las pcrtodcs krteroles consldercn mono son y 28� La iglesia de Santo Domingo, reconstruida en 1726 y reformada interiormente en el siglo pasado, tiene una gran portada barroca (fig. 460) con vane trebolado y ultrasemicircular, como el de la iglesia de Juliaca (1774) en el Collao peruano. Dentro del repertorio ornamental cormirr a la escuela collavina, se destacan a ambos lados de la hornacina, dos tucanes, los pd­ [eros de pico descomunal que los pccefios pueden ver en los vecinos valles tropicales de los yungas. La iglesia de Huaqui (1784-1788), el puerto de Bolivia en el Titicaca, nos muestra en su portada principal la evolucion del estilo hacia una mayor sobriedad decorativa. Como una muestra de la vitalidad del barroco, cuando el neoclasicismo 10 habra desplazado de las ciudades, la portada de la iglesia de Huarina, que tiene columnas sclomonlccs muy alargadas y decora­ cion planiforme, ostenta la fecha de 1861. LA CASA EN LA PAZ. Las sefiorlcles casas pccefios ofrecen una dlstrlbuclon slrnetrlcc, - con cuerpos de vivienda ordenados en torno a patios para las habitaciones principales, las de la servidumbre y las caballerizas. Lo que singulariza a la casa pccefio es la importancia que se da al patio de honor, cerrado por galerfas con arcos, en cuyo frente se alza una gran portada con el de la escalera imperial que conduce la alta. Esta arranque a parte portada, en cuyo tfmpano se labra el escudo del duefio de la casa, elevdndose sobre el piso del patio hacia el cual avanza la es­ calinata, da monumentalidad y belleza al conjunto que adquiere as! categorla de verdadera fachada, mas importante siempre que la exterior del ediflclo. Es en estos patios donde dejo su huella el estilo barroco del siglo XVIII. En la casa de los marqueses de Villaverde (fig. 465), la orncrnentcclon de factura plana y los motivos que la integran, revelan la influencia del maestro de San Francisco, a cuyo taller hay que adjudicar el hermoso conjunto. La antigu; casa de la familia Dfez de Medina (1775), hoy Museo de Arte Colonial, tiene una galerfa abierta en la esquina, con arcos sobre pilares. Las columnas de la gran portada del patio, con decorcclcn en la parte baja, recuerdan las de las portadas laterales de la fachada de San Francisco. Del mismo estilo, pero cun mas monumental, es. la portada del antiguo Se­ minario (1776), que hoy estd en el Parque del Montfculo. POTOSi. SEBASTIAN DE LA CRUZ. - La Villa Imperial de Potosf vlvlo decodes de opu­ lencia en el siglo XVIII que propiciaron la construcclon de -grandes obras urqultectonlccs. En elias floreclo, el consiguiente acento local, el mismo estilo de las tierras del Collao, dentro con de las invariantes tradicionales en cuanto a la planta y estructura de los templos. Convertida la villa centro de irrcdlccion artlstica, el estilo extiende los de la en se a pueblos region, donde los emprendedores "azogueros" establecen nuevas explotaciones mineras. EI brillante estilo del siglo XVIII se inicia con la iglesia de la Compcfilo (1700-1707), cuya fcchcdc-espcdcfic se alza sobre el caserfo de la Villa pregonando la grandeza de sus crecclo­ nes crqultectonlccs y el esplendor decorativo de los ccnteros potosinos. Fue su autor el indio Sebastian de la Cruz, "insigne artifice de la piedra", al decir de su contempordneo el histo­ riador Arzanz y Vela. La portada (fig. 461), con columnas salomonicas dispuestas en dos pia­ nos, en cuyas espiras se enroscan los tallos de vld, tiene a los lados unos frontoncillos curvos con veneras, como los de Ayaviri, que volveremos a encontrar en otras obras potosinas. La espcdcfic se recorta sobre el cielo limpio de la altiplanicie con la grandiosidad y el empaque de un arco de triunfo de la Roma antigua y su modele se encontrcrd, sin duda, en el dibujo de algun tratadista (fig. 462). Perforada en sus cuatro frentes por los huecos para las campa- 290 nas encuadrados por columnas sclomonlcos, parece pregondr el triunfo del barroco en la Villa Imperial y la conscqrcclon del indio Sebastian de la Cruz como decorador y arquitecto. Sebastian de la Cruz intervino en la iglesla de San Francisco (1707-1726), pero rnurlo cuan­ do la obra lIegaba al crucero y estaban hechos los pilares y arcos de las naves. La continuaron sus hermanos Bartolome y Melchor Arenas, sequn nos cuenta el cronista Arzanz, y los maestros directores de la obra -tal vez autores de los planos- fueron otros dos lndiqenos, Jose Agustfn y Felipe Chavarria. La portada principal, de columnas sclomonlccs y arco trebolado, se re­ laciona con la de la Cornpcfilo. BERNARDO DE ROJAS. - En el segundo cuarto de siglo, lIegan a POtOSI las influencias de Santiago de Pomata. La decorcclon se hace mas seca, hojos y flores pierden calidad vegetal adquiriendo aspecto metdllco, las superficies se rizan y los cortes en bisel ccentucn el c1aroscuro. Se debe este cambio al Capitan Bernardo de Rojas Luna y Saldana, hl]o de la Villa Imperial, "maestro de arquitectura insigne", en opinion de Arzanz, autor de la iglesia de Belen (1725- 1737), que constituye un enclavado del arte de Pomata en el corczon de Potosi. La ornamen­ tccion del interior de lanave unlco, recuerda bastante a la de Pomata, pero las relaciones de estilo aparecen cun mas patentes en la portada (fig. 463). De sencillo esquema y con un arco curvilfneo de traza totalmente exotica en el virreinato, la decoraclon se reduce a las columnas, los entablamentos y las hornacinas, dejando limpias las entrecalles, como en la portada de los pies del templo antes citado. Los temas ornamentales son sernejcntes a los de la referida portada de Pomata. Sabemos que eran indios los canteros que labraban la fa­ chada en 1737. Como capitan de milicias, dirigi6 Bernardo de Rojas una expedlcion que se orqcnlzo en Santa Cruz de la Sierra, que Ilbro a la provincia de Moxos del peligro de los indios chirigua­ nos. Sequn Arzanz, se hcblc acreditado como arquitecto y cuando Ie lIamaron los padres de Belen para encargarle la obra, se encontraba lejos de Potosi. Cabe preguntarse si estarfa en Pomata y si el contacto con las misiones de la selva nos puede explicar la cporlclon de la talla con aristes vivas arquitectura de la altiplanicie. En Moxos y Chlqultos habra una en la artesanla floreciente de objetos y muebles con decorcclon a bisel -quiza impuesta por la dureza de la madera de cocobolo- con la que labraban pequefios muebles, cajitas, "mates", etcetera, y es posible que Rojas lIevara de Moxos a POtOSI algunos artesanos, que con mas fa­ cilidad labrarfan la piedra blanda de Pomata 0 de POtOSI que la durfsima madera de coco­ bolo. La talla a bisel y la fauna del tr6pico -Ioros, ardillas, monos, etc.-, aparecen por pri­ mera vez en Pomata, cuya portada lateral parece acertado fechcr, mientras no se conozcan otros datos, en la primera mitad del siglo. Queda, pues, en pie la hlpotesls de si fue Bernardo de Rojas quien introdujo, 0 contrlbuyo a que se introdujera en el Collao, tanto la fauna tro­ pical como la talla en aristas vivos, tecnlcc y motivos ornamentales que se encuentran en las obras de artescnic de los indios de las misiones. Tcmblen es obra de Rojas la iglesia cuya portada lnsplro el de San Bernardo (1727-1732) esquema de la de San Lorenzo, que se labraba por los mismos nfios. AI mismo cfrculo hay que adscribir la iglesia de San Benito (1708-1727), cuyo exterior forma un conjunto de gran belleza por el juego de volumenes de sus bovedos trasdosadas, que se recortan sobre el fondo rojo del Cerro. 291 EL MOMENTO ESTELAR DEL ESTILO: SAN LORENZO. - La iglesia de pertada de la San Lorenzo (1728-1744), marca el memento. culminante del bcrroco potoslno (fig. 464). En ella, el repertorlo ernamental se enriquece cen la figura humana, 'reemplczcndo el terclo superior de las celumnas salem6nicas per cuerpos de mujer con las manes en la cintura y fal­ dellines de amplie vuelo ; y dlsponlendo otros bustos femenines en actitud de sestener la lrn­ peste del crco. En 'las celumnillas del segundo. cU,erpe hay angeles que tecan el vloloncelo y la lira y entre la frenda de las celumnas se yen rest res humanes. A cmbos lades de los Ironton­ " cillos laterales se apeyan unas sirenas que tecan el "chcrcnqo y en el paramente del fondo se Yen el sol, la luna en creciente y las estrellcs, los slmbolos cristianes tan frecuentes en les Calvaries y que tienen, cdernds, el valor slmbolico de atributes concepclontstos. Teresa y J. de Mesa reladenan esos slrnbolos con un texte de Plat6n, cornentcdo per Orozco en sus "Em­ blemas Merales" (1604), que alude a echo. cielos 0. clrculos celestes, cada uno. cen una sirena que hada olr su rnuslcc, Para los auteres cltcdos, la rruisicc est a representada per los instru­ mentes que toccn los angeles y las sirenas, y creen que si el nurnero de est as se redujo a des, fue per rnotivos de cornposlcion 0. de tradici6n decerativa. Lo mas interesante y eriginal de la pertada es la deceraci6n que cubre todo el conjunto, como si el maestro. de San Lorenzo estuviese poseldo del "horror vacui". Aunque la relaci6n con las pertadas de Belen y de Pemata es patente, como frutos de una escuela local, no. es tan fntima como para vincularla al arquitecte Rejas. La pertada de San Lorenzo revela la pre­ sencia de unos decorcdores de fermaci6n mas complete, Sabemes que la ejecuci6n de la obrc estuve a cargo. de canteres indies. Pedro. Juan Vignale relacien6 la deceraci6n de San Leren-,., zo con las tallas en madera de las rnisiones de Mexes, lo cual, como se dl]o mas arriba, puede explicar el erigen de la tecnlco en bisel. Lo indudable es que en la pertada de San Lorenzo dej6 el bnrroco potoslno su obrc maestra. La pertada de la casa de los marqueses de Santa Marfa de Otavi (1750) y las de las iglesias de los pueblos de Salinas de Yecalla (1748) y Ca­ yara, prueban que el maestro. de San Lorenzo ferm6 escuela en la regi6n. ARQUITECTURA CIVIL. - Per lo cornun, la casa potosinu censta de una planta cbovedo­ da donde se distribuyen la sala y otros habitacienes destlncdcs a la vida de relaci6n, los de­ partamentes de la servidumbre y las caballerizas, corrales y dep6sites; y un plso alto. de ex­ tensi6n mas reducida ocupcdo per las habitacienes privadas. La escalera ecupa un dnqulo del patio. principal i desembarca en una galerfa velada de madera que da ncceso a las ha­ bitacienes. En cuante al exterior, las ventanas rejas salientes recuerdan el cspecto de los con conjuntos urbanes de Andal uda y en las casas de esquina es frecuente la tienda con puertas en dnqulo, No. faltan en la Villa Imperial los grandes balcenes de madera, como en etras clu­ dades de America del Sur. Como ejernplo de gran casa potosinc, qulzd de fines del Sigle XVII, puede citarse la de los condes de Carma y Cayara, cen hermosa pertada barreca. En la segunda mitad del Sigle XVIII, se labraren casas cen pertadas de lad rille .enfosccdo, como la de Roche, cen celumnas bul­ bosos y pilastras perfil mixtllfneo. La casa del Cerregimiente 0. "de las Recegidas", nos de ofrece, ncoso, la ultima etapa de la eveluci6n del relieve planiferme en la Villa Imperial. Sus tres pertadas cubiertas con tejadilles a des aguas, como las de las casas chilenas, lIaman la atenci6n per sus pilastras que se quiebrcn c1avande en el muro sus dnqulos entrantes, con un bcrroqulsrno que dlslocc la linea vertical del soporte, en centraste con una ernamentaci6n 292 Fig. 464.-IGLESIA DE SAN LORENZO (POTOSI). 293 Fig. 46S.-CASA. DE LOS MARQUESES DE VILLAVERDE (LA PAZ). Figs. 466 y 46!.-PORTADAS DE LAS CASAS DEL CO- RREGIMIENTO Y DE LA MONEDA (POTOSI). 294 tan planaque se dtrtc tallada en madera a punta de cuchlllo (fig. 466). EI relieve acusa la decadencia del estilo potosino en la segunda mitad del siglo XVIII, asf como el material (Iadrillo y estuco) prueba que estaba en baja la economic de la Villa. La Casa de Moneda (1759-1773) es uno de los edlflclos de mayor superflcle cubierta que se construyeron en America durante la epocn espanola. Construida segun pianos del arquitecto Salvador Villa (t 1764), no carece de lnteres artistico pese a su ccrdcter industrial. EI estilo potosino dejo su huella en la portada del noble edificio, labrada cuando corrla con la direc­ cion de las obras (1770-1773) el oidor de la Audiencia de Charcas, don Pedro de Tagle (fig. 467). LA OL TIMA FASE DEL BARROCO. - La iglesia de Santa Teresa de Cochabamba (fig. 468) es la unlcc que se trozo en America del Sur (fuera del Brasil) con planta barroca de muros curvos y=angulos curvllineos, a la manera borrominesca. La cornenzo en 1751 un arquitecto jesuita cuyo nombre se ignora y parece que en 1767 cun se trabajaba en la obra, pero est a quedo sin terminar cuando los muros alcanzaban la altura del arranque de la bovedc. Afios mas tarde, en 1791, encargaron de la conclusion deltemplo al presbltero y arquitecto Pedro Nogales, quien propuso dos so­ luciones: disponer en el interior cuatro pilares para voltear unas bovedos 0 desentenderse de la traza primitiva y hacer una igle­ sia de planta rectangular. Se pre­ firio esta formula por mas sen­ cilia y el nuevo templo quedo r---.J r·--i..----\ lr---'., ./ inscrito dentro de los muros cur­ l, ..... __ .. /�- .. t.J __ Figs. 468 Y 469.-PLANTAS DE LA IGLESIA DE SANTA TERESA DE COCHA. vos,rncloqrdndose asf un edlficlo BAMBA (segun J. y T. Mesa) Y DE LA CATEDRAL DE POTOSr. que, en cuanto a planta y con­ Segun Buschiazzo. cepcion del espacio interior, hu­ biera sido uno de los mas barro- cos de la Americaespanola. La iglesia rectangular estd cubierta con bovedos de aristas y cupula el presbiterio y tiene una fachada semejante a la de San Felipe Neri, de Sucre. en Los mismos pianos del arquitecto Nogales sirvieron para la iglesia que, con la casa del Oratorio de San Felipe Neri (1795-1800), forma el conjunto mas monumental de Sucre, bien representativo de los ultlmos momentos del barroco en la Audiencia de Charcas. Tanto esta obra como la de Cochabamba, se hicieron bajo la dlreccion del cleriqo don Patricio Torrico y Xlrnenez (espcfiol, nacido en 1740), hombre de confianza del arzobispo en 10 que -se refiere a fdbrlc cs y fundaciones religiosas. La fachada felfpense difiere bastante del dlsefio que apro­ bo el virrey de Buenos Aires, ddndonos, en cambio, una version mas monumental de la que se ejecuto en Cochabamba. La fachada estrecha yalta, con sus campanarios octogonales cu­ biertos por cupulines bulbosos, tiene un Impetu ascendente y una esbeltez de proporciones que no se encuentra con frecuencia en la arquitectura del Peru y de Bolivia (fig. 472). En la por- 295 tada lateral, el frontispicio mixtlllneo evoco el recuerdo de la casa de Allende, en Cordoba (Argentina), y el modele comun de un dibujo del Padre Pozzo. La portada del convento es otra muestra tfpica del barroco sucrense, cun pujante en 1800, cuando se lcbro. La iglesia matriz de POtOSI (1809-1836) -hoy catedral- cierra el clclo del barroco en Bolivia y la serie de las catedrales americanas. Comenzada en los dies azarosos de las luchas por la Emcnclpcclcn, se dlrlo que el gobierno virreinal quiso dejar al pie del Cerro de POtOSI un testlmonlo del agonizante poder metropolitano, construyendo un gran templo de estilo puramente espcfiol, sin la menor conceslcn a los caracteres que definen el propio de la re­ gion en que se encuentra. Fue su autor el lege franciscano cctcldn fray Manuel de Sanahuja . (t 1834), arquitecto de gran prestigio que resldlc en el Colegio de Propaganda Fide de Mo­ quegua (Peru), cuando fue lIamado a Potosi. La catedral potosina es de tres naves, con crucero de brazos ochavados y capillas poco profundas con planta de arco escarzano (fig. 469). EI alzado nos ofrece una prueba de vita­ lidad que tuvo en la arquitectura espanola el viejo modele de las catedrales andaluzas rena­ centlstos (fig. 470). Los pilares con medias columnas de orden compuesto reciben un trozo de entablamento, segun la formula de origen cuatrocentista que cdopto Diego de Siloe en la catedral de Granada y que se siguio mas tarde -aunque con capiteles toscanos- en la de Guadalajara, de Mexico; y, 10 mismo que en estc, la convexidad de las medias columnas se comunica al trozo de entablamento colocado encima. Los arcos Iisos parecen prolongar las ccfios de las medias columnas, como sucedelas catedrales de Mexico y Puebla y, por su en influencia, en muchos templos barrocos de Nueva Espana. Las tres naves estdn cubiertas a la misma altura, siguiendo el modele renacentista de la catedral de Jcen, tcrnblen adoptado en las de Guadalajara, Lima y Cuzco. La nave central se cubre con bovedc de medio canon y las laterales con bovedcs de arista, salvo los tramos de la cabecera que las tienen semiesfericos, En el crucero se alza una cupula sobre tambor. Como el pequefio en relnclon con templo es la altura, espacio interior resulta dicifano y esbelto, sin par en la arquitectura peruano­ su boliviana. En contraste con la recia trcdlclon hispdnlcc del monumento, las portadas del Bap­ tisterio y de la Sacristla, qulzd labradas despues de la muerte de Sanahuja, muestran las in­ f1uencias del barroco frances de tiempos de Luis XIV y del rococo, recibidas tal vez, como sugiere Wethey, a troves de grabados. La fachada, rehundldc entre las torres, termina en una cornisa mixtilfnea de trazo vigo­ roso (fig. 471). Los campanarios octogonales tienen chapiteles bulbosos, como los de San Fe­ lipe de Sucre; la portada central es convexa y, tanto en los pedestales como en el entabla­ mento, se continua la secclon semicircular de las columnas. EI Padre Sanahuja fue el ultimo gran arquitecto barroco del antiguo virreinato del Peru y, con la catedral de Potosi, el mas espcfiol de los estilos gano su ultima batalla, cuando habla triunfado en Lima y en el RIo de la Plata el arte neocldslco, CHI L E LA CIUDAD DE SANTIAGO. - La influencia del barroco lImefio se hizo sentir en Chile, sequn se puede apreciar en los dlsefios que se conservan de ediflclos desaparecidos, como la catedral de Concepcion (1744) y el convento de Carmelitas de la Ccficdlllc (1n3), en San- 296 Figs. 470 Y 471.-INTERiOR Y FACHADA DE LA CATEDRAL OE POTOSI. Fig. 472.-IGLESIA DE SAN FELIPE NERI (SUCRE). Fig. 473.-IGLESIA DE SANTO DOMINGO (SANTIAGO DE CHILE). 297 t I � ',/. ���__����L- __ J_�����.�1��� Fig. 474.-PORTADA DE LA CASA DE LA FAMILIA SANCHEZ LORIA Y FONTECILLA (�ANTIAGO DE qULE). Fig. 475.- PORTADA DE LA IGLESIA DE USMAGAMA. Fig. 476.-INTERIOR DE LA . IGLESIA DE ACHAO. Fig. 4n.-IGLESIA D� SAN IGNACIO (BUENOS AIRES). 298 tiago. A estas influencias del vecino Peru se cficdleron las aportadas por los hermanos coad­ jutores jesuitas procedentes de Baviera, si bien fueron mas intensas en las artes menores que en la arquitectura. En 1723 Ilegaron a Santiago tres padres y quince coadjutores, a solicitud del hermano Juan Bieterich, que era arquitecto y escultor. Mas tarde (1748) lIego otro grupo numeroso de artesanos y artistas jesuitas, todos bdvnros, estcbleclendose en la hacienda de Calera de Tango, cerca de la ciudad, que se convlrtlo en un centro artlstico importante. Los edificlos mas antiguos de Santiago son posteriores al terremoto que crrulno la ciudad en 1730. EI mas importante de la segunda mitad del siglo es la iglesia de Santo Domingo (1747- 1771), de tres naves con tejado sobre armadura de madera, oculta desde hace pocos nfios por una bovedc falsa. La fachada de piedra es muy sobria y de proporciones horizontales (fig. 473). Las claraboyas dodecagonales unidas por pilastras 0 listeles al entablamento superior y a los de las puertas lctercles, lIaman la ctenclon por su scbor mexicano. Aun queda en Santiago alguna casa de altos, como la de los condes de la Conquista, cono­ cida por "Ia Casa Colorada" 0 la lIamada "Posada del Corregidor" (1750), con gran baleen volado a 10 largo de sus dos fachadas. Sin embargo, parece haber sido mas cornun el tipo de casa de una sola planta, cuyo rasgo tiplco es la gran portada protegida por un tejadillo ados aguas, que se eleva sobre el resto del edificio como vemos en la antigua "Posada de Santo Domingo". EI vano suele estar encuadrado por pilastras, recibiendo estes un fronton con el escudo del duefio en el tlmpano. Una de las portadas mas hermosas, entre las muchas que han desapareddo, era la de la familia Sanchez Loria y Fontecilla (fig. 474). LOS VALLES DEL NORTE. - Si las influencias llrnefics lIegaronpor via maritima a San­ tiago y a toda la zona central del pels, las provincias del Norte recibieron las de la altiplanicie del Collao, por el camino que vio pasar las recuas cargadas de plata de POtOSI en busca del puer­ to de Arica y las de azogue de Huancavelica, los de la Villa indispensable para "ingenios" Impe­ rial. La iglesia de San Pedro de Atacama, con su larga nave, cabecera poligonal y capillas a modo de brazos de crucero, recuerda los templos de las riberas del lago Titicaca. EI tipo, aun­ que con cabecera plana, repite en otras iglesias de los valles del Norte, como los de So­ se toca, Chiapa, Huorlfic, etc. Las portadas de algunos de estos templos acusan las influencias del barroco del Collao, tanto por los temas ornamentales como por el relieve planiforme. Sirvan de ejemplos las de Mocha, Llmccslfic, Chiapa y, sobre todo, la de Usmagama (fig. 475), sin duda el mejor conjunto con ornornentcclon de piedra tallada de toda la region. AI parecer, los maestros collavinos bajaban por los valles, siguiendo los caminos de Almagro y Valdivia, ofreciendo su trabajo en pueblos y cnserlos. LOS CONFINES DEL SUR: CHILOE. - La actividad de los jesuitas se extendlo hasta el ar­ chlpleloqo de Chlloe, por las islas cubiertas de bosques que ofrecfan abundantes y excelentes maderas para la construcclon. La iglesia de Achao (hacia 1730-1750) constituye un magnifico ejemplo de la arquitectura lignaria que hizo escuela en la region. En la fachada, con torre central, el portico ofrece abrigo a los fieles contra las Inclemencies del clime y da acceso a un interior de tres naves con arcos escarzanos sobre columnas. Una cornisa de fajas escalonadas que se qulebrc en saliente sobre los ejes de los soportes, recibe la bovedo de perfil lobulado en cuya secclon baja se abren a modo de lunetos ciegos que enriquecen con sus perspectivas el espacio interior del Molduras de talla separan las distintas secciones de la bovedc y templo. 299 decoran paiios. EI conjunto constituye un magnifico trabajo de ebanisterfa, a base sus de maderas de alerce y clpres, con los motlvos ornamentales tallados a punta de cuchlllo (fig. 476). ARGENTINA EL ESTILO BARROCO. BUENOS AIRES. - La vida arHstica de la Argentina comienza en la segunda mitad del XVII y los monumentos mas antiguos que se conservan se encuentran siglo fuera de Buenos Aires. Como observe Buschiazzo, la mayor parte de los arquitectos que tra­ bajaron en el Rfo de la Plata -0, al menos, los autores de edificios importantes- fueron her­ manos coadjutores de la Compaiifa de Jesus, alemanes 0 italianos, procedentes del Tirol, Ba­ vlero 0 Lombcrdlc. No obstante, la arquitectura manfuvo su ccrdcter netamente espaiiol, . con acusado acento andaluz. Las plantas de las iglesias, con muros rectilineos y dnqulos rec- tos, no ofrecen novedad, pues los ensanchamientos curves del crucero en el templo de Alto Gracia (Cordoba), son excepcionales. AI exterior muestran las limpias aristas de volurnenes prlsrndtlcos, sobre los que destaca, a veces, una cupula. EI barroco argentino del siglo XVIII, labrado en ladrillo, se mantuvo tan sobrio en el aspecto decorativo como en el estructural. Un estilo cldslco, heredero directo del manierismo tardfo, se impuso en todo el pars desde Buenos Aires hasta Salta -dejando aparte las Misiones-; y a pesar de ser mayorfa los arqui­ tectos extranjeros, apenas se encuentra en sus obras algun pormenor que acuse el orlqen de su nacionalidad y de su forrncclon artfstica. EI monumento mas antiguo de Buenos Aires es la iglesia de San Ignacio (1712-1734), co­ menzada por el arquitecto de la Compcfiln Hermano Juan Kraus (1714) y continuada hasta su conclusion por los tcmblen coadjutores Juan Wolff, Andres Blanqui, Juan Bautista Prfmoli y Pedro Weger. planta repite el modelo tradicionalmente empleado por los jesuitas en Ame­ La rica del Sur. La fachada (fig. 477), entre dos torres muy esbeltas, tiene un portico de tres arcos con columnas y pilastras de perfrl curve, a modo de grandes mensulcs, cuyo esviaje se comu­ nica a la parte correspondiente del entablamento, y la corrriso se quiebra en forma mixtilinea, generando la elevcclon del fronfispicio. Aunque algo modificada a principios del presente siglo, es una excelente muestra del estilo sobrio y desornamentado que se lmpondrd en todo el pars. La iglesia de los franciscanos recoletos, hoy parroquia del Pilar (1716-1732), de nave unlco con capillas poco profundas, es obra del hermario coadjutor Andres Blanqui (t 1740). La fa­ chada es bien expresiva del estilo casi renacentista de este arquitecto, que siempre emplea pilastras toscanas con hornacinas en las entrecalles, arco de ingreso de didrnetro algo menor que el vane y gran Ironton de remate (fig. 480). En el siglo pasado se Ie cfiadlo el portico. Tam­ bien fueron obras de Blanqui las iglesias de la Merced (1721-1733), San Francisco (1730-1754) y las Catalinas (1737-1745), muy transformadas por diversas reformas. La iglesia de Santo Domingo y la catedral, son los edificios bonaerenses mas importantes de la segunda mitad del siglo y ambos se deben al arquitecto plcrnontes Antonio Masella (t 1774). EI templo de los dominicos, trazado y sacado de cimientos por Masella, se continuo bajo la dlreccion del arquitecto Francisco Alvarez. Su fachada repite el diseiio cldslco y desor­ ncrnentcdo que hizo fortuna en el pars. 300 INSTirU10 : MATt�ER DE: I Rrf H)S"ANlCO La vieja catedral se vino al suelo en 1752, sclvdndose la fachada y las torres, a las que se ados6 el nuevo templo de tres naves mas dos de capillas y ancho crucero, construido por pIa­ nos de Masella. Buschiazzo relaciona su planta con la catedral de Jcen y subraya la filiaci6n hispana del edlflclo, cuyos pilares tienen, en la nave central, pilastras corintias pareadas que reciben un entablamento corrido (fig. 481). Ruinoso el antrguo p6rtico fue preciso demolerlo / en 1778 y entonces proyect6una hermosa fachada, que no se lIeg6 a construir, el ingeniero don Jose Custodio de Saa y Faria, brigadier portuques que hcbln pasado al servicio de Espana. En el siglo pasado se construy6 la fachada neocldsicc. ARQUITECTURA CIVIL. mutilado y reducido, con s610 cinco tramos de arque­ - Aunque rfa de los once que tuvo, el Cabildo es el tinlco edlflclo publico de la epocn espanola que se conserva en la capital, cuidadosamente restaurado por Mario Buschiazzo (fig. 482). Obra del hermano Andres Blanqui (1725-1751), el estilo del arquitecto jesuita estci bien patente en las altaspilastras del cuerpo central y en los arcos de dldrnetro ligeramente mas corto que el es­ pacio que cubren. Con sus arquerfas abiertas a la plaza y la torre (acabada en 1765), es un buen ejemplo de esa arquitectura edilicia cuyos origenes se encuentran en la Baja Edad Me­ dia espanola, que dej6 otros monumentos semejantes en dlverscs ciudades argentinas. EI Cabildo de Lujan, en la Pampa, de menores dimensiones que el de Buenos Aires, se comenz6 en 1770. Paralizadas las obras por falta de fondos, las acab6 (1788-1800) de acuerdo con nuevos pianos, el maestro de las obras reales Pedro Preciado. De las antiguas casas portefios, infelizmente desaparecidas, vale la pena recorder la de la familia Basavilbaso (1780), luego ocupada por la Real Aduana, en cuya portada con remate barroco seficlcron influencias portuguesas Torre Revello y Buschiazzo (fig. 483). SANTA FE, C6RDOBA. - La ciudad de Santa Fe traslad6 al lugar que hoy ocupa en se 1660. En el mlsrno ofio comenzaron a construir los jesuitas su igleSia, cuyo lnteres est a en la b6veda de ccfion de madera -conservada en la parte del presbiterio- y la cupula del cru­ cero del mlsmo material y muy baja, con decoraci6n de pinturas sobre tela, sistema construe­ tlvo emplecido tam bien por la Compofilc en sus ig1lesias de C6rdoba y Salta. EI templo de San Francisco (1680) es interesante por su cubierta de pares y nudillos, tal por artesanos indigenas, que marca el limite meridional de la expansi6n vez labrada de la "carpinteria de 10 bianco". Una cupula de madera casi plana, como la de la iglesia de los jesuitas, cubre el crucero. Los muros laterales del templo y el tejado ados vertientes, se pro­ long an protegiendo la sencilla portada; y, como es frecuente en las igleSias rurales del Norte, a 10 largo de la fachada lateral corre una galeria con tejado sobre pies derechos y zapatas. Durante el siglo XVII fue C6rdoba la ciudad mas importante del pais, por su privilegiada situaci6n en una comarcagrandes recursos naturales y en el camino que conducfa desde de el Alto Peru a Buenos Aires. Su iglesia de la Cornpofilc (1645-1671), de planta de cruz latina, es el monumento arquitect6nico mas antiguo que se conserva en la Argentina (fig. 484). Co­ menzada, al parecer, bajo la direcci6n y pianos del arquitecto jesuita Bartolome Cardenosa, la cubri6 con una b6veda de madera (1667-1671) inspirada en los grabados del libro de Fili­ berto Delorme, el hermano Felipe Lerner (t 1671), que hcblc trabajado en Belqico como carpintero de ribera. Con su experiencia en construcciones de cascos de ncvlos, las laminas del arquitecto frances y madera de cedro trafda del Paraguay, el hermano Lerner construy6 301 la bovedc de canon con costillas y forro de tablas, a semejanza de las que se encuentran en algunas iglesias de los Poises Bnjos, como la de Delf (Holanda). EI Intrudes de las bovedos y la cupula se decoraron con pinturas sobre tela pegadas luego al forro de madera, formando fajas 0 husos separados por los nervios perplofios 0 radiales. Los pinturas de las pechinas y de las metopas del entablamento, representan Santos y varones ilustres de la Cornpcfiio. Se atribuyen estas pinturas al artista Juan Bautista Daniel, "noruego del reino de Dania". Des­ truida esta hermosa decorcclon por un incendio en 1962, ha sldo restaurada cuidadosamente. De mejor calidad es la decorocion plctoricc de la bovedc de la Capilla Domestlcc (1666), construida de modo semejante a la de la iglesia. A fines del siglo XVII scco de cimientos el edlficlo de la catedral el arquitecto Jose Gonza­ lez Merguete (t hacia 1710), natural de Granada, que vino expresamente del valle de Cinti (Bolivia), donde se encontraba. Continuadas las obras, entraron en su fase decisiva en 1720 con la lntervenclon del hermano Andres Blanqui, a quien se deben la cubierta abovedada y el portico. A mediados del siglo, el lege franciscano fray Vicente Munoz, arquitecto nacido en Seville, construyo el cimborrio, y en 1758 se lncuquro el templo, a falta de terminar las torres. Figs. 478 Y 479.-PLANTAS DE LA CATEDRAL DE C6RDOBA Y DE LA ESTANCIA JESU[TICA DE ALTA GRACIA (C6RDOBA). Segun Buschiazzo. La planta llama la ctencion por el excesivo grosor de los pilares, que reducen la anchura de las naves rnenores, y la excesiva profundidad del presbiterio (fig. 478). EI portico y los pri­ meros cuerpos de las torres, son obras del estilo sobrio caracterfstico del hermano Blanqui (fig. 485). En las cornisas mixtilfneas de los campanarios y de los chapiteles, se advierte la mano de otro arquitecto. La cupula, con sus torreones octogonales en los dnqulos, evoca el recuerdo de los viejos cimborrios rorndnlcos de Toro, Zamora y Salamanca, como observa Buschiazzo, que la considera la obra maestra de la arquitectura espanola en la Argentina (figura 486). EI mismo fray Vicente Munoz repltio la formula, aunque con mayor sencillez, en la iglesia de San Francisco, de Salta. Los jesuitas fundaron en la campiiia cordobesa "estancias" de cultivos y eric de ganado, con cuyos productos atendlan al sostenimiento del Colegio que mantenlan en la ciudad. EI ccserlo de la estancia se agrupaba patio cerrado por la iglesia y galerfas claus­ en torno a un tradas de acceso a las celdas de los padres, graneros, talleres, etc., (fig. 479). Los templos de las estancias mas importantes -Alta Gracia, Santa Catalina, Jesus Marfa- son de nave unlcc 302 Figs. 480, 481, 482 Y 483.-IGLESIA DEL PILAR, INTERIOR DE LA CATEDRAL, CABILDO Y CASA DE BASAVILBASO (BUENOS AIRES). 303 Figs. 484,485 y 486.-IGLESIA DE LA COMPAr'lIA, FACHADA Y COPULA DE LA CATEDRAL (CORDOBA). 304 Figs. 487 y 488.-IGLESIAS DE LAS ESTANCIAS DE ALTA GRACIA Y SANTA CATALINA. Fig. 489.-CABILDO DE SALTA. 305 Fig. 490.-PORTADA DE LA CASA DE LOS ALLENDE (C6RDOBA). FigS. 491 Y 492.-B6vEDA DEL PRESBITERIO ,E I TE- TERIOR DE LA IGLESIA DE CAPIATA. con cupula en el crucero. En el de Alta Gracia, los brazos de este estdn formados por unos ensanchamientos de la nave, caso unlco en la arquitectura curvos argentina. Consta que in­ tervino en el templo el hermano Blanqui, pero la fachada tiene un remate barroco que no es propio del estilo de este arquitecto (fig. 487). La de Santa Catalina (1754-1760) es obra del hermano Antonio Harls, natural de Baviera (fig. 488). La portada saliente y con columnas y entablamentos en esvlc]e, sugiere a Buschiazzo posibles influencias germanas y el frontispicio con grandes volutas mixtrlfneas y penacho central, no deja de tener relaci6n con la de Alta Gracia. La de Jesus Marfa fue obra del hermano Blanqui. De las casas que cun pregonan el esplendor dieciochesco de C6rdoba, la mas importante es la lIamada impropiamente "del Virrey", que fue de la familia Ladr6n de Guevara y se cons­ truy6 a mediados del setecientos. La esquina tiene doble puerta, como corresponde a un local destinado a tienda, y bale6n volado con antepecho de forja. De la casa de Allende (fig. 490), 10 mas interesante es la portada, cuyo elevado penacho de Ifneas barrocas se deriva de un dibujo del tratadista P. Pozzo, como advirti6 Bonet. SALTA. EI estilo clasidsta de Buenos Aires y C6rdoba, casi no lIeg6 a los valles del Norte, - por donde descendfan los caminos del Alto Peru. En Salta y en Jujuy, el estilo barroco se re­ laciona mas fntimamente con el de la viejo Charcas, la actual Sucre (Bolivia). Es una arqui­ tectura de adobe y ladrillo enfosccdo, de sabor andaluz, que ondula 0 quiebru en formas mixtilfneas cornisas y remates y emplea el barro vidriado de color verde en plndculos y cha­ piteles. antigua iglesia de San Francisco, de Salta, comenzada en 1759 por fray Vicente Munoz, De la 10 unlco fnteresante es la cupula, semejante a la que el arquitecto sevillcno habfa labrado en la catedral de C6rdoba. EI convento de monjas de San Bernardo, antiguo Hospital de San Antonio (1782-1784), conserva la puerta del establecimiento beneflco (hoy tapiada), tfpica muestra del barroco scltefio de la segunda mitad del siglo XVIII, con su arco de forma cono­ pialy movido remate mixtilfneo. La puerta de madera de algarrobo (1762) procede de una casa demolida. En uno de los lados de la plaza se alza la fachada del Cabildo, con su torre desplazada la que los arcos de la planta alta coinciden los de del eje central y la doble galerfa en no con la baja. Dirigi6 estas obras, hacia 1780, el capitan de Milicias don Antonio Munoz (fig. 489). Las casas scltefics, con sus muros blanqueados de cal, los remates y molduras mixtilfneos y las rejas voladas, evocan el recuerdo de las de Cadiz, San Fernando y otras ciudades de la Baja Andalucfa. PARAGUAY ARQUITECTURA DEL SIGLO XVIII. - jesufticas -que por formar un Fuera de las misiones el Paraguay grupo definido con las de Argentina, Bolivia y Brasil, se estudlcrdn aparte- anterior al conserva pocos monumentos arquitect6nicos de alguna importancia y ninguno siglo XVIII. Las drdsticos reformas urbanas del dictador Gaspar Rodrfguez de Francia, que gobern6 con mano dura el pafs durante un cuarto de siglo (1816-1840), transformaron com­ pletamente la ciudad de Asuncion, cuyo caserfo actual, salvo alguna excepci6n, es posterior 307 a 1850. Los ediflclos mas antiguos -salvo los de las misiones- se encuentran en pueblos de la comarca osuncefic. En los paraguayos, la plaza principal suele estar ocupada por el mercado -am­ pueblos plio espacio cubierto de teja sobre pies derechos de madera- y la iglesia pcrroqu!cl se en­ cuentra aislada en medio de otra plaza, como si fuera un atrio de gran amplitud. EI templo es de planta rectangular con tres naves formadas por soportes y estructuras adinteladas de madera, pero la estructu ra total es de "horcones", quedando los de los lados embutidos en los muros de cerramiento 0 sim­ "1 a: I I plemente el mismo adosados empleado a en ellos las (fig. 493). EI sistema constructivo fue iglesias de los pueblos de las misio­ .' nes. La cubierta de pares y nudillos -a veces con almizate- se It prolonga formando un galeria sobre pies derechos y porche 0 dinteles de madera en to do el perimetro del edlficlo. EI pres­ It . biterio, siempre profundo, se cubre generalmente con bcvedc . de canon, de madera, decorada con vistosas pinturas de scbor It . It popular. De lasiglesias del tipo descrito, la mejor conservada es la It parroquial de Ycqucron (1761-1785). Sus pilares estdn formados por troncos revestidos de tcblos, como los de algunos templos de Santiago de Cuba, y la capilla mayor se cubre con bovedc de medio canon, de madera. Igual cubierta tiene la sacristia, que estd detrds del presbiterio y en sentido transversal a las naves, II It como es frecuente en las iglesias del Brasil. La galeria exterior II conserva sus columnas de madera. EI interior del It· templo, con :1 el artesonado, los retablos cubiertos de oro, el pulplto, etc., 'l"1t_.-'-"., __ • Fig.493.-PLANTA DE LA IGLESIA x_� _d constituye un conjunto de deslumbrante belleza y gran barro- quismo. La iglesia de Ccplctd es muy semejante, aunque de DE YAGUAR6N. Segun Giurfa. menores proporciones, y no Ie cede en riqueza en cuanto a la decorccion interior (figs. 491 .y 492). EI mismo tipo crqultecto- nico se repite en las de Peribebuy (1755), obra del artifice Gas­ par Medina, Itagua (1753) y otras de la region. La de Valenzuela, como algunas que veremos en las misiones de Chiquitos (Bolivia), tiene arcos de madera, puramente decorativos. LAS MISIONES DE LA SELVA La vida artistica de America del Sur en la epocc espanola no se Ilrnlto a las zonas costeros y las mesetas y valles interandinos. Tcmbien las inmensas selvas situadas al oriente de los a Andes ofrecen interes para la historia del arte, gracias al empuje civilizador de los jesuitas. Cruzcndo el rnurcllon andino, establecieron pueblos de misiones en la vertiente oriental de la Cordillera, en las cabeceras de los grandes rlos que forman las redes fluviales del Orinoco, el Amazonas, el Parana y el Paraguay. Como observa Buschiazzo, las misiones de Maynas (Peru) y Moxos y Chiquitos (Bolivia), al pie de las ultlmcs estribaciones de los Andes, formaban a modo de una media luna lindando con los comienzos de 10 lIanura 0 meseta brcsllefic: y las 308 del Paraguay (repartidas entre este pais, Argentina y Brasil) ocuparon los territorlos situ ados al sur de las cataratas del el limite de las tierras rojas paulistas y las tierras negras Iquczu, en paraguayas regadas por el Parana. Dada la constante expansi6n de los portugueses del Brasil, siempre extendiendo sus fronteras hacia Poniente, sin duda hubieran alcanzado los Andes. Pero los micleos de misiones, aunque separados por distancias enormes y sin contactos entre sl, formaron a modo de una "marca fronteriza" -en cuya historia no faltan episodios gue­ rreros- que contuvo el avance. De no haber existido las misiones, tal vez el mapa politico de hoy serlc muy diferente. MISIONES DE PARAGUAY. Fueron las de fundaci6n mas antigua y las mas importantes - por el desarrollo y prosperidad que alcanzaron. Iniciadas en 1607, cuando el P. Lorenzana fund6 la de San Ignacio Guczii, cerca del rio Parana, en tierras hoy paraguayas, a mediados del siglo eran treinta los pueblos de misiones con su capital en Candelaria, residencia del Padre Superior que las regia bajo la dependencia del Colegio de Buenos Aires. Los jesuitas establecieron un sistema de gobierno inspi­ rado en la "Republica" de Plat6n. Los indios guaranies eleqlcn su propio ayuntamiento, sin mas autoridad supe­ rior que la del padre misionero y un hermano coadjutor. H Cada Jamilia cuidaba del lote de tierra que se Ie reportlc, queddndose con una parte del producto y entregando el resto a los depositos de la comunidad. La "yerba mate" y los cueros eran los productos principales, que se exporta­ ban por Via fluvial a Buenos Aires para su venta. Cada fa­ milia tenlc su vlvlendc en el pueblo. Las viudas y las sol­ teras j6venes que no tuviesen parientes, vivian aparte, en una espedalmente casa destinada a elias, Ilamada "cotl­ guazu". espcfioles no podlcn pasar mas de tres dlcs Los en el pueblo y para ellos habra un "tcrnbo" 0 mes6n, ale­ jado asimismo de las casas de los Indlqencs, Los pueblos de guaranres prosperaron en todos los aspectos, pero esa pros­ peridad se cort6 cuando el decreto de Carlos III expuls6 a DE LA MISI6N DE Fig. 494.-PLANTA los jesuitas en 1767. Los franciscanos, a quienes se encar­ SAN CARLOS BORROMEO. Segun Buschiazzo. A, iglesia; B, colegio; garon las misiones, comenzaban por desconocer el idioma C, cementerio; D, talleres; E, asilo; H, huerta; I, campanario; P, casas y caredan de las dotes de gobierno y administraci6n ad­ para indios. quiridas por los jesuitas durante mas de siglo y medio de convivencia. La orden franciscana, cuya labor en otrds partes de America fue ejemplar, fracas6 en el Paraguay, y las misiones decayeron rdpldc­ mente. La selva se IIev6 de nuevo a los indlgenas, en tal mimero que de los ochenta y ocho mil indios que hcblc en 1767, apenas quedaba la cuarta parte en 1814. Los ataques de los portugueses del Brasil, las medidas del dictador Francia, el tiempo y el abandono, acabaron con las misiones durante el siglo pasado. Unas desaparecieron totalmente; de otras s610 que­ dan las ruinas. Todos los de misiones tuvieron trazado parecido. En uno de los frentes de la pueblos un plaza, alzaba la iglesia, con el Colegio a un lade y que siempre era de gran amplitud, se 309 el cementerio 01 otro. A espaldas del templo y de 10 residencia estaban los depositos y talleres y 10 huerta. En las inmediaciones, el "cottquczu" y el Cabildo; y mas lejos, el tambo. En los tres lados restantes de 10 plaza y en calles paralelas, se alineaban las casas de los indios. En v el centro de 10 Plaza se alzaba una Cruz y, a veces, las habfa tcmblen en los dnqulos (figu­ ras 494 y 495). LAS IGLESIAS.-De acuerdo con arquitectura de los templos de misiones Buschiazzo, en 10 se advierten tres etapas perfectamente definidas. La primera corresponde 01 siglo XVII, cuando los misioneros -muchas veces improvisados como arquitectos-, utilizando los materiales del pafs y 10 mono de obra indfgena, construyeron las iglesias con estructuras de madera y muros de cerramiento de adobes 0 ladrillo, sistema constructivo que, como veremos, se ernpleo tam­ bien y exclusivamente en Moxos, Chlqultos y Maynas. AI P. Cardiel, que escribfa a mediados del siglo XVIII, debemos una minuciosa descrlpclon del sistema constructivo seguido por los indios en 10 fcibrica de los templos, que siempre eran de planta rectangular y con una sacristfa a coda lade del presbiterio. Se hadan los cimientos de piedra: dejando a distancia de unas ocho Varas, unos hoyos para los pilares y otros se abdon en las naves, enlosdndolos con grandes lcjcs. En los hoyos se c1avaban troncos de arboles con parte de sus rulces, previamente quemadas para que 10 humedad no las pudriese. Una vez c1avados los troncos, se labraban en forma de 'columnos con sus basas y capiteles y luego se disponfan sobre ellos las soleras y tirantes y 10 armadura del tejado. Hecha esta estructura, se labraban los muros de adobe, quedando los soportes perimetrales Incluldos en el grueso de ellos 0 bien a 10 vista, embutidos en regolas. Como no habfa piedra calcarea, 10 cal nece­ soria para blanquear los muros se hada cclclncndo conchas de caracoles y rnezcldndolc luego con cola de cueros blancos. EI tejado se prolong abo formando corredores perimetrales para defender las paredes de las lIuvias. No quedan iglesias misionales de esta epoco, pero el pro­ cedimiento constructivo se siguio en algunos pcrroqulos paraguayas, como las de Ycqucron y Cqplctd, EI ejemplo mas caracterfstico de 10 arquitectura misionera de est a primera etapa, 10 cons­ titufa el templo de 10 reducclon de San Ignacio Guczu (1�84), en el Paraguay, destruido a principios de este siglo. Felizmente se ha conservado una buena fotograffa de su interior, que debe -como otras que ilustran este capftulo- 01 nunca bien llorndo y fraternal amigo, el gran investigador Mario J. Buschiazzo (t 1970). Los horcones estaban forrados de tobias para figurar pilares (como en algunos iglesias de Santiago de' Cuba) y recibfan arcos de medio punto. La cubierta tenfa una interesante decorcclon de pinturas sobre tobias, de mono de artistas indfgenas, con motivos vegetales 0 religiosos (fig. 498). En esta primera etapa de 10 arquitectura misionera hay que recordar 01 P. Jose Cataldino, italiano (t 1693), constructor de 10 primera mlslon de �San Ignacio; 01 P. Antonio Ruiz de Montoya, que construyo 10 del pueblo de Loreto; y 01 P. Roque Gonzalez de Santa Cruz, coso de los religiosos que actuando como carpintero, arquitecto y aibaiiil, edlflco 10 iglesia y de 10 rnlslon de San Nicolas. EI hermano Bartolome Cardenosa (t 1655), citado 01 tratar de 10 iglesia de 10 Compcfilc de Cordoba (Argentina), parece que era arquitecto de profesion. Consta que intervino (1634) en 10 construcclon de 10 iglesia de San Nicolas y que, por enton­ ces, estaba esperando que Ie enviaran de Roma un libro "de Architecture y Dibujos" que habfa pedido 01 P. General de 10 Compaiifa. Otro coadjutor que figura como arquitecto (1674) es 310 v I Expllc.tio 710L4"1111'1 DeJc.ript'0 Ol'lJi,li (Temp/vI" I,C4:mt:Unurn . Betf tae Mffmlc V,'r8iniJ lit Aide, '4rllcfu (j'1� fcul lJ! Q#'11IIIL On',dt a. Candelaria t'llort:lI.I r. F1 DIJJ!\I11 l'tdu(U'ltlll lIl'ud }tidoJ GfJart1)l io J 1I11.1:.,.u", qlLal,..udm I'lll J't4t1,411 Y.M&nK Idik.lliMij� lXDtw �II .. jiYI�. 1IIIIIIt VII VIII Fig. 49S.-PLANO DE LA MISI6N DE CANDELARIA. SEGUN EL P. PERAMAS. Fig. 496.-PUERTA DE LA IGLESIA DE LA MI- sf6N DE SAN IGNACIO MINI. 311 Fig. �97.-PORTADA DE LA SACRISTIA DE LA MISI6N DE SAN IGNACIO MINI. Fig. 498.-IGLESIA DE LA MISI6N DE SAN IGNACIO GUAZO (DESTRUIDA}. Fig. 499.-MISI6N DE SAN MIGUEL. 312 el hermano Domingo Torres, que tuvo cargo los templos de las reducciones de San a su Igna­ cio Mini, Loreto y San Nicolas. La segunda etapa de la arquitectura misionera inicia el trdnslto del XVII al XVIII, se en siglo con la lIegada de coadjutores arquitectos profesionales. que eran Se mantienen entonces las estructuras de madera, pero los construyen de piedra, asf como la fachada, desapa­ muros se reciendo el porche que la precedla. La mayor parte de los templos que se conservan en tierras hoy argentinas y paraguayas, corresponden a este segundo tipo; y el mejor ejemplo nos 10 ofrece el de San Ignacio Minf (Argentina), cuyas ruinas fueron consolidadas hace unas decc­ das. En la portada que comunicaba el templo con la residencia de los padres, se advierten la mano y la sensibilidad tanto la libertad con que se han tratado los elementos indlgena, en crqultectonlcos europeos, como en la manera de tallar los motivos ornamentales (fig. 496). Observa Buschiazzo que la decoraci6n del dintel acusa una tecnlcc mas europea, diferente de la indfgena. La gran portada de la sacristfa (fig. 497), es otra obra importante del estilo barroco de las misiones. Consta que en 1724 estaban muy adelantadas las obras del templo, cuando se dispuso que el hermano Brasanelli fuese a terminarlas. La arruinada iglesia de la misi6n de San Cosme (Paraguay) era del mismo tipo y conserva en pie la portada del Colegio. Adernds del citadocoadjutor Jose Brasanelli (1659-1728), hay que recordar, entre los or­ quitectos de est a etapa, al hermano Juan Kraus (1653-1714), ya citado por su intervenci6n en la iglesia de San Ignacio, de Buenos Aires; al padre tiroles Antonio Serpp (1655-1735); y al Padre Angel Camilo Petragrassa (1659-1728), italiano. La tercera etapa de la arquitectura misionera se inicia hacia 1725, aproximadamente, con la lIegada de varios arquitectos de la Cornpofilc, como los padres Juan Bautista Prfrnoli (1673- 1747) Y Andres Blanqui (1677-1740), italianos, ya citados por sus obras en la Argentina; y los espofioles Antonio Forcada (1701-1767), hermano coadjutor, y el P. Antonio de Ribera (na­ cido en 1717), tal vez hijo del famoso arquitecto Pedro de Ribera, pues consta que su padre era uno de los mejores maestros de arquitectura de Madrid. Los edificlos construidos durante esta etapa, que termina con la expulsi6n de los jesuitas, se hacen fntegramente de piedra y a la manera europea, con b6vedas y cupulcs, apart6ndose del viejo sistema constructivo des­ crito por el P. Cardiel. La arquitectura misionera gano en monumentalidad, pero perdi6 10 que tenfa de original, quedando reducida la cportcclon indfgena a pequefios pormenores ornamentales aislados. Casi todos los edificios de esta epocc quedaron sin terminar cuando Ilego la orden de expulsion de la Compcfiio. Los templos mas importantes de este tipo son los de Jesus y Trinidad, en el Paraguay, y el de San Miguel, en Brasil. La iglesia de Jesus, obra probable de Juan Antonio Ribera, qued6 inacabada; la de Trinidad, proyectada por el mllcnes Prirnoli, interrumpida a la altura del crucero cuando murio el arquitecto en 1747 (fig. 500). En las portadas que se conservan (fi­ gura 502), lei desproporclon de escala de los elementos y la orncrnentocion permiten apreciar la mane indlgena interpretando temas europeos. La iglesia de San Miguel es la unlcc que se mantiene en pie de las que se construyeron en los siete pueblos guaranfes que hubo en territorio hoy brcsllefio y, sin dude, es la mas monu­ mental de cuantas edificaron los jesuitas en las misiones. De una nave con cnplllcs, crucero con cupula y testero plano, fue proyectada por el P. Juan Bautista Prfmoli, construida de si­ Ilerfa y cubierta con bovedc de madera, tal vez porque la escasez de cal obligara al empleo de dicho material (fig. 501). La fachada casi renacentista corresponde al estilo de Prfmoli, 313 tan cldslco como cornpcfiero Blanqui (fig. 499). Los canteros lndlqenos dejaron su huella su en los capiteles, donde sustituyeron el acanto por ramas y frutos de granado. Posteriormente, qulzd en epocc neoclcisica, se construyo delante de la fachada el portico con siete arcos. I I ........ • ". • • .. • • • ........ "1]" � � "" "" '"'",