LA EXPANSION CORDOBESA HADIRA ELBIRA. - La Andaluda Alta, con su centro en Granada, desarroll6 cierta independencia respecto de las tierras Guadalquivir, impuesta por la naturaleza bajas del tartesios. La primi­ rnontcfiosc del suelo y acaso diversidad racial aborigen entre turdulos y tiva Granada se IIam6 IIiberri, municipio romano y sede episcopal vetusta, cafda en poder don de colonizaron de los drcbes tras de un csedlo, favorecido el invasor por los [udios, y a la sombra de los nobles caisfes damascenos, secuaces de Muza, espcrclendose en su vega, reedificada por la mezquita fundada por el Sanaanf a rafz de la conquista, como va dlcho, el emir Mohamed en 864, e incendiada por los berberiscos en 1010. Aun ha podido recono­ sus naves grandes columnas cerse que estuvo hecha con sillerfa de arenisca, que soportaban decoraci6n de para canales; era escc­ romanas, en su techumbre habfa plomo, acaso su y una serle de ldrnpcrcs de bronce, yola, formando atauriques de gran desarrollo, y ostentaba veremos. Esta mezquita foment6 una magnffica reliquia de la metalurgia andaluza, que ya sierra Elvira, que IIeg6 a ser capi­ poblaci6n, IIamada originariamente Castilia, al pie de la tal de 10 cora 0 provincia, con el nombre de Hddlrc Elbira, hasta la destrucci6n referida. Tornbien de su caserfo incendiado se preseas mobl­ descubrieron ruinas en 1877, con liares notabilfsimas y habitaciones bien decoradas, especialmente una, que yo clccnce aver tall ados en escayola, de entonces, cuyas paredes ostentaban fajas de adorno y tableritos arte cordobes puro; tcmblen apareci6 un gran modill6n de rollos con hojitas en su perfil, fresco y esgrafiados, hecho de yeso igualmente; cdemds, grandes pcfios pintados de ro]o al dlseficndo adornos geometricos de tipo ckislco, y pinturas al temple, con follajes rojos y Fig. 227. - HERRAJE DE UNA PUERTA DE HADIRA ELBIRA. amarillos: todo se conserva en el Museo de Granada, asf herraje completo de unci como el puerta, con clavaz6n formando rosetas, anillas, cinchos, qulclcleras y alguazas recortadas forma otras descubiertas en Medinaceli, entre ruinas de este mis­ en especial, que repiten mo perfodo (figs. 227 y 231). PUENTE DE PINOS. - La ctencion que presto Mohamed a la mezquita de Elvira reedi­ ficdndolo, abre la sospecha de si entonces se harfa tam bien la famosa puente de Pinos, donde al pasarla obtuvo Cristobal Colon la noticia de que los Reyes Cctollcospor fin apadrinaban su empresa descubridora. Aun subsiste en usc, sobre el rio Cubillas, poco mas alia de Elvira, ca�ino de Cordoba. Su aparejo es de sillerfa atizonada normal, pero descentradas sus juntas de hilada a hilada, resultando como el de la cmpllcclon de la mezquita de Cordoba, obra de Abde­ rrahman II. Sepone de tres arcos, desiguales y alcanzando com el central hasta 9,80 metros de didrnetro ; su curva es de herradura, prolongada en rczon inversa de su tc­ con despiezo radial y sobre mofio, impostas de nacela; el mayor tiene engatilladas sus dovelas, como en el puente ellos surgen pi las con romano tajamares de Villa del Rfo; entre redondos contra la corriente, y sobre una de �t. nODe . elias existfa la torrecilla defensiva, que fue arruinada a tires de lombarda en 1431. Los sillares miden 1,00 por leo I l[O:[J] , : 0,50 y 0,34 metros, tres dimen­ -'nlD'[IJO[[l' rrt]ooui aproximadamente, en sus siones; y asf como en Cordoba se tuvo ernpefio en que el cpcre]o de sillerfa resultase revtstlendolo y perfecto, Fig. 228. APAREJO REAL Y TALLADO obtuvo el mismo resultado enra- - plntcndo encima, aquf se DEL PUENTE DE PINOS. sando las juntas tan solo y tallando encima un nuevo despiezo, como el isodomos cldsico, y tefildcs de ro]o las fajas intermedias, levemente rehun­ didas, cuyo ancho es de seis centlmetros (figs. 228 y 232). ALCAZABA DE GRANADA. - Granada, aparte de sus vestigios de ciudad romana, todos bajo tierra, mantiene las ruinas de un prirnitlvo recinto, clfiendo su Alcazaba Cadima, el area de la antigua lIiberri. Son cuantas torres aisladas, o sea unas puerta, reducida una a su pcscdlzo con bovedc de canon, y arranques de murqlla II " 1111 I 1 en largos trechos, acreditando que fue slsterndticarnente de­ mol ida para dejar inerme la ciudad. Ello resultarfa obligado desde que se clzo contra los drcbes a poco de haberla con­ qulstcdo, y despues sobrevino 10 normal entonces para evitar reincidencias, 0 sea imponerle una fortaleza en donde con I poca guarnicion el gobernador pudiese vivir tranquilo: estc " fue la Alhambra, sequn 10 acredita su actividad militar en el " ,; siglo IX,y han de referirse a ella las nuevas fortificaciones que hacia 790 erlqio el ucll de la provincia Ased el Xeibanf. Fig. 229. - APAREJO DE LA ALCAZABA Del primitivo castillo de la Alhambra, su DE GRANADA. alhizan, sub- sisten el lienzo septentrional con tres torrecillas, el antemuro y algunos arranques de muralla, dominados por las gigantescas fortificaciones del siglo XIII bajo los Benu Alahmar nazarfes. Su construccion es de tapias de argamasa durfsima, ya con -esqulncs en que alternan hiladas de piedra y ladrillos, ya entre machones de lajas de are­ nlsco, como en el Moroquil de Cordoba; nada mas. 173 Volvamos hacia eldespedazado recinto de la Alcazaba, sobre el hecho evidente de que no pudo ser heche despues de la conquista drnbe, y que su reedificaci6n, ampliado, en el .siqlo XI, varia por complete, Su estructuru es bien simple: tapias de hormig6n henchidas con piedras de rio, alcahzando tal dureza que antes se rompen estes que cquel: mas en las esquinas y promedio de las torres y en el pasadizo de la puerta se destaca un aparejo atizonado, hecho con lajas de arenisca, cuyo grosor no pasa de diez centfmetros, trcbcdos con yeso. Entre las losas que presentan su ccrocl exterior, en superficie de 70 por 35 centimetres, 'se intercalan cuatro tizones de canto, generalmente, guardando correspondencia sus juntas, como de ordinario. Y este cpore]o, alii casi obligado por su baratura y expedici6n, no s610 da facilidad para su cccrreo a lorno, sino que, ofreciendose la cantera de la Malaha ·en bancos del grosor susodicho, bastaba recortar las lajas para obtenerlas de tcrncfio justo. Ahora bien, si' esta obra se hizo en la decadencia romana 0 dominando los godos, queda Tnclerto, ounque 10 segundo quizd parezca mas verosimil. En todo caso, la utilidad aqui de esta dlqreslon la persistencia, tan puntual, de este mismo aparejo en obras drcbes, y radica en todo ello como reflejos, con menor pujcnzc, de cuanto ya conocemos de abolengo romano, arriba expuesto. Son vcricntes, a trechos, en la Alcazaba: el mediar fllas de lcjcs tendidas entre las hiladas enhiestas, haberlas cen s610 tizones, y aparejarse todo con lajas tendi­ das. Veremos recccloncr estos mismos procedimientos en el siglo XI (figs. 229 Y 233). TORRE DE SAN JOSE' EN GRANADA. - Esta eluded, entre los siglos VIII a XI, vlv.rlc 'desdeAada de los gobernantes, como foco de cristiandad dirigido por su obispo, y se la gobernaria desde la Alhambra, reducto de opresi6n fatal, apoyado en el arabismo aristo­ crdtlco que emanaba de la Hddlrc. Naturalmente, los renegados habian de ser numerosos, y a ellos se destin6mezquita, dentro de la Alcazaba, que se lIam6 Gima Almorabitin, una o sea de los islamizados, hoy parroquial de San Jose. Sabemos que estaba organizada con grandes columnas romanas, pero s610 subsiste de ella la torre. Es' cuadrada, con 3,85 metros de lado, y se revue've su esccler o en torno de un mechen de 1,40 metros, recibiendo luz por scetercs sin derr arne y una gran ventana hacia el sur, en forma de area de herradu ra, con prolongaci6n de mds del semirradio, y adovelada su mitad superior can ladri­ Ilos. EI aparejo es de las lajas susodichas pegadas con yeso, que miden 0,65 por 0,40 metros de tabla, visi ble entre tizones de tres en tres, con ancho de 0,10 m., ex­ cepto la parte inferior hecha con grandes sillares, todos de frente, que se aprovecharian de los edlflclos romanos cllf JI 1001 'IDOL pr6ximos. Como en el puente de Pinos, dicho aparejo se borra, perfectcrnente enrasado; y sin atenci6n a el se re-· �DOI lODe . tall6 otro, con regularidad absoluta y tam bien a soqo y JI 1001 lOOl tizones, pero estes por 0,40 son dobies, fingiendo sillares de 0,80' y 0,20 metros. Sin 10 del aparejo flcticio, esta Fig.230. APAREJO REAL Y SOBRETA- - LLADO DE LA TORRE DE -SAN JOSE. torre coincide casi con la de Santa Clara en Cordoba; poco mayor - 4,30 metros por lade - con dobles tizones y puerta de dintel adovelado que descarga con un arquillo escazano, como en cierto pos-· se tigo del patio de la Aigima. Aquello se reputa por el siglo X, al que tam bien corresponderd. 174 Fig. 231. - YESERIAS DE CASAS DE HADIRA ELBIRA, JUNTO A GRANADA: EN SU MUS EO. 175 Fig. 232. - EL PUENTE DE PINOS, CERCA .DE GRANADA. Fig. 233. - ESQUINA OE LAS MURALLAS PRIMITIVAS DE LA ALCAZABA DE GRANADA. 176 Fig. 235. - RUINAS DE LA ALAMIRIA, YA DESTRUIDAS. I , j Fig. 236. - MARMOLES DESCUBIERTOS EN LA ALAMIRIA. Fi�. 237.- ARCO DECORATIVO DEL BAI\IO DEL ALCAzAR. 177 I I J. f Fig. 238. - EL PUENTE DE GUADALAJARA. I Fig. 239.- PUERTA PRINCIPAL DEL CASTILLO DE GORMAZ. 1 J ). Fig. 240. - CASTILLO DE BAI\IOS DE LA ENCINA. 178 la torre granadina. Lo posterior de Granada difiere en su estructura, aun vcllendose de la misma piedra (figs. 230 y 234). t PUENTE DE Otro edificio cabe incluir GUADALAJARA. - aquf, por analogfa construe- .L tiva. Es el gran puente de Guadalajara sobre el Henares, protegido en torno por una extensa calzada, que defiende el cauce contra la erosion' de su terreno arcilloso, y esto con­ vida explicar a el nombre drcbe de Guadalajara no por "rio de piedras", sino por "rio empedrado". De la obra drnbe queda un arco semicircular, hacia la ciudad, y el arranque del mayor, que serlc tal vez escazano; entre ambos, una gran pila con tajamares redondos y plcudos proteqiendolo, y sobre ellos se abre otro arco, para rebosadero, tcrnbien de herra­ dura, con mucho desarrollo, enjarjado, convergente el desplezo de ,sus: dovelas al centro de la linea de impostas, y estcs como simple mocheta; a los lados sobresalen dos pilaretes rematados en gargolas que se recortan en moldura de nacelci. EI aparejo, muy irregular, es a soga y tizones, en cantidad variable estes, que son de poco g'rosor (fig. 238). Fig. 241. - PLANO DEL CASTILLO DE GORMAZ. CASTILLOS.-Sector de arte menos conocido es la arquitectura militar de aquellos siglos. Fechados, pero lnedltos, permcnecen los castillos de Tarifa y Bofios de la Encina: 'aquel, con­ cluldo en 960, sequn la lnscrlpcion conservada sobre su interesante puerta, mantiene llenzos y torres aparejados a segundo data de 967 y es todo de argamasa en: reclnto soga y tlzon: el redondeado con. cuadradas torres, y hay otras fortalezas del mismo tipo no fechadas (fig. 240). Asl, el reclnto de Guadix, con cmplfslmcs torres hechcs de hormlqon: el deVcscos, despo­ blado en tierra de Toledo, casi complete y todo de slllerlc ;' tornblen, el de Zorita de los Canes can su puerta, y mas destcicado el castillo de Gormaz, sabre el Duero, en un espiqon largo y angosto, con obra de slllerlc irregular y ostentando 'una gran puerto con crco de herradura perfedamente califal: dovelcje complete convergente a lc linea de impostas, trcsdos descentrcdo y doble alfiz. Aprovechados en una torre, varios modillones 'de rollos, que pudieran ser drcbes (figs. 239 y 241). ), 179 MARMOLES CAL/FALES Aparte presentado en edificios, quedan otras muchas piezas decorativas de de 10 ya rndrrnol blanco, sin procedencia fi]o, que acusan variedad de soluciones artisticas, robus­ teciendo nuestro concepto de las opulencias cordobesas. Hay fragmentos como de anchas cornisas chaflanadas, en que destacan de relieve com­ ocho puntas, rectas 0 curvas, unos y posiciones qeometrlccs, a base de drculos y estrellas de otras enfilados y envolviendo florones, a mas de su chcfldn adornado tcrnbien (fig. 242 0, b), salvo el que consigna, en letra cuflcc, loores "al califa de Dios, el imam Alrnostcnstrblld", o sea Alhdcorn II, a 10 que segufa el nombre de quien tuvo a su cargo tal obra (fig. 242 d). Este y otros dos ejemplares proceden de C6rdoba; un cuarto de Malaga, y de nqul tam bien trozos de dos decoraci6n cndloqc (fig. 242 c, e, g) de molduraje desarrollando tableros_con cuadrados y flores los huecos y orlas tam bien geome­ exdqonos, curvas replegad.as, con en tricas, todo ello con cierta independencia de los temas califales ordinarios. Pero mayor ostenta tablero, de rndrrnol, sino de arenisca fina, descubierto en singularidad un no Azzahra (fig. 242 f), unlco representar plantas en con sentido naturalista, de hojcs palmeadas, en recia labor incisa y rellena luego de pasta ro]c, tecnicc de que no se conoce otro ejem­ de como drbol plo: s610 queda un vdstcqo, que serfa lateral respecto otro mayor, copudo con las mismas hojcs, del que subsisten arranques. Forman igualmente serie tres grandes fragmentos de tableros arquerfas ornamen­con tales. EI primero, descubierto en el antiguo alcazar califal de C6rdoba (fig. 243 0), apea sus arcos de herradura en columnillas de fustes retorcidos; dentro, arbustos con grandes racimos y follaje revuelto sobre sf graciosamente, brotando de tallos doblemente hendidos las impostas de los arquillos escrito y anillados; moldura de nacela por recucdro, y en un nombre personal, que puede corresponder a Abdelcarim, ministro de Abderrahman II, fallecido en 824. De ser csl, tendrfamos en este tablero el ejemplar decorativo mas sobresaliente del siglo IX, dotado de un barroquismo singular; pero, aun con ello, no resulta verosfmil clejcrlo tanto de 10 califal, y se Ie asocian otros dos fragmentos toledanos con los mismos racimos. EI segundo tablero, cordobes tornblen y algo corroldo, (fig. 243 b), desarrolla composici6n cndloqo, con palmeado ramaje, de tipo ins6lito, dentro de sus arquillos, y ondeado tallo por orlo. EI tercero, procedente de Malaga, al pie de su Alec­ zaba (fig. 243 c), disputa singularidad a los anteriores, con sus arcos de tres 16bulos, parejas de columnillas retorcidas -y florones como margaritas de doble corola, resultando csi­ m ismo arcaico. Pasemos a 10 francamente califal. Dos fragmentos, de Toledo y C6rdoba respective­ I mente (fig. 243 d, e), osten tan labor de ataurique, muy incompleta en sus fondos y con I 180 ,- flores de cinco petclos la orla de uno de ellos, dentro de la trcdlclon bizantina cun. Luego, .Ia fase exuberante del salon rico de Azzahra tiene refle]o magnifico en una pareja defc­ bleros, para guarnicion de jambas de puerta seguramente, ambos incompletos, y muy 'gastado, a fuerza de pisarlo, el de mayor desarrollo, que fue a parar a Granada; el otro, vuelto de cara al suelo, servia de simple losa en la Alcazaba de Malaga, (fig. 244 a), y su decorncion supera en riqueza de atauriques a todo 10 de Abderrahman III, sin Ilegar a los excesivos rebuscamientos del tiempo de su hijo, en la Gran mezquita. En menor escala, -otro tablero, procedente de Baena (fig. 244 b), corresponde al mismo grade evolutivo, con tendencia a destacar 10 bdsico de su cornposlclon vegetal, en desarrollo de tronco y ondulante ramaje; otra pareja de tableros descubiertos en Azzahra, completo uno de €lIos (fig. 244 c), abre camino a las piezas del siglo XI que luego presentcremos, Antes, constituye novedad en las postrimerlas del califato, la cporiclon de mdrrnoles con . temas animados, siguiendo la iniciativa de piezas manuales marfiles, bronces, vasijas y - telas -; pero con ubstencion de figuras humanas, por de pronto, al parecer. Bajo Almanzor y sus hijos tenemos solamente bestiaje: un gran capitel de tipo corintio, procedente de C6r­ ·doba (fig. 245 a), destaca parejas de leones mordiendo un cervato y de basiliscos 0 dra-. gones, alternando de frente a frente. La voluta de otro capitel, hallada en el Moroquil (figura 245 b, d), hace arrancar su serie de flores de una cabeza de leon, y a los costados trepan hasta cinco palomas plcdndose. De la misma procedencia, un fragrnento, qulzd de pila, lIeva dos cabecitas de fieras a los lados de un tallo, y letrero que acusaba fecha, pero solo se rastrea un 5 final (fig. 245 c). PILAS. - Es bien conocido el dato de la famosa pila, relativamente pequefic, verde y con figuras hurncncs, que trajeron para Annasir, desde Siria 0 Constantinopla, sus emba­ jadores, Ahmed el Griego y Rabi el obispo, y fue colocada en Medina Azzahra, juntamente con doce figuras de animales varios, hechas de metal como oro, echando agua en torno de ella. Otros animales de metal y de piedra, para surtidores tam bien algunos de ellos, se etten en Cordoba y 'Iuego en los palacios reales del siglo XI: algo de ello veremos. Pero 10 mas peregrino es el hallazgo, en Azzahra, de hasta quince trozos de mdrrnol con alto­ rrelieves de figuras humanas semidesnudas, caballo y cabra,. como pertenecientes ados grandes sorcofcqos de buen arte grecorromano, cuya existencia cqul, sirviendo acaso de pilas, abre sospechas de si Alhdccrn no solo coleccionaria libros, aun siendo hereticos res­ peeto del Islam algunos, sino tam bien obras de arte de la antigUedad cldslcc, que luego caerlan ante la "purlflcccion" decretada por Almanzor, rotas y arrojadas en una alcanta­ rilla donde aparecieron ahora, y quedcrd mucho mas perdido. Aparte de ello, conservcse una gran serie de representaciones animadas, con cordcter bizantino, pero hechas cqul, de seguro, enriqueciendo ciertas pilas alhaud de rndrrnol - - blanco, en forma cublco alargada y lIenas de relieves, salvo dos zonas verticales en sus costados, por donde recibirlan agua corriente, a modo de los pilares andaluces. Una pila aSI, pero lisa, rncntienese en el patio de la alhondlqo Gidida de Granada, con dos adita­ mentos laterales, taladrados y mas altos que ella, para surtidores. De estas pilas, la mayor fue Ilevada a metros de base Marraquex; mide 1,55 por 0,82 y 0,70 de altura; picados sus relieves, a merced del puritanismo berberisco, sclvose un pcfio lateral (fig. 246 b) y la orla del delantero donde consta que fue heche para Abdelrnelic, 181 Fig. 242. - FRAGMENTOS MARM6REOS PROCEDENTES DE C6RDOBA (a, b, d, f) Y MALAGA (c, e, g). 182 Fig. 243. - TABLEROS MARM6REOS PROCEDENTES DE C6RDOBA (a, b, e). MALAGA (c)' Y TOLEDO (d). 183 I Fig. 244. - TABLEROS DE MARMOL PROCEDENTES DE MALAGA (0). BAENA (b) Y C6RDOBA (c). 184 l r Fig. 245. - PIEZAS MARM6REAS PROCEDENTES DE C6RDOBA. 185 , '!r 246. COSTADOS DE PILAS, PROCEDENTES DE SEVILLA (0), MARRAQUEX (b) Y ALHAMBRA DE GRANADA (c). Fig. - 186 \-- 1 I 'r Fig. 247.- FRENTE DE LA PlLA DE LA ALHAMBRA (0), FRAGMENTOS DE LA DE SEVILLA (b, d) Y OTRO DE C6RDOBA (c). 187 Fig. 248. - FRAGMENTOS DJ;: PILA DE MARMOL DESCUBIERTOS EN LA ALHAMBRA. el hijo de Almanzor, entre 1002 y 1007. Otra upcreclo, rota e incompleta, en Sevilla. (figuras 246o, 247 b, d, 249), que mide 1,05 por 0,78 Y: 0,68 metros, con el nombre de Almanzor, que la destin6 a su alcazar de Azzahira en 987. Otra, casi igual en tcrnofio a la primera, se conserva en la Alhambra (figs. 246 C 247 a) y es copia hecha a mediados del I siglo XI por el rey zlri Badis, sequn expresa la inscripci6n que, sustituyend_o a lei primitiva, hizo grabar el nazari Mohamed III en 1305. Alii mismo, en la Alhambra, han aparecido trece pequefios fragmentos de otra pila con la misma casta de relieves y algo de letrero, donde tnmblen se nombra al visir Almanzor (fig. 248). En el �useo de Cordoba queda un resto de gran trozo de costado de otra cndloqc (fig. 247 c), y de alii mismo procede un ornpllo guarnici6n equiparable, donde, a zonas, campean patos y peces entre atauriques y rosetos: ahora cedido al museo de Sevilla (fig. 245 e). Todas estas ostentan representaciones en serie, conforme a tres temas: el prin­ piezas cipal son leones abatiendo y mordiendo en el pescuezo a ciervos y gacelas, bc]o los que de Badis, cuatro liebres perse­ asoman, ya serpientes, ya un ave de rcplfic, ya, en la pila quidcs por perros, y aun les complementan follajes de tlpo califal cordobes. Por orla, una .sequndc composicion: patos entre peces, cornlendoselos, y algun sapo. EI tercer tema, en los costados, repite grupos de aguilas explayadas, posando sobre gacelas 0 ciervos; debajo, parejas de grifos y encima otras de leoncillos; en la de Badis, liebres, quizd, ante las alas. Esta ultlrn« pila repite el tema de los leones en sus frentes mayores, pero en las otras uno de ellos toma ccrdcter ornamental: La de Marraquex lIeva una zona con cogollos rodeada de flores de cinco petnlos, sobre otra de ccrccter nlrnordvide, que se cficdlrlc al ser transportada. a Africa. La de Sevilla presenta tres arcos de a tres 16bulos, ado­ vel ados y sobre columnas, lIenos de atauriques con plfins y flores; aun los fragmentos de la Alhambra permiten reconocer arcos de herradura, atauriques con aves y leoncillos, veneras yorlc de tallo quebrado. Tocante a las susodlchns representaciones de animales, su sentido exacto se nos escape, dun creyendolns con valor tallsrndnlco y de estlrpe oriental. Es en 10 ccldeo prirriitivddonde 188 I Fig. 249. - FRENTE POSTERIOR DE LA PI LA DE SEVILLA. HECHA PARA AZZAHIRA. Fig. 250. - PILA DE MARMOL. DE PROpiEDAD PARTICULAR. EN· MADRID. 189 Fig. 251. - TAZA DE FUENTE DE GRANADA. PILA DE MADRID. PILA DE SEVILLA: COSTADO. 190 aparece el aguila posada sobre dos ciervos; en 10 rnicenico, el leon abatiendo a un rumiante y mordiendole ; estes y otras presentaciones cndloqcs, en 10 hitita, cquernenlde, [onlco y feni­ cio, hasta darse luego en 10 bizantino dqullcs, leones y panteras devorando ciervos y lie­ bres, asf como ,tambien orlas con aves enfiladas. Sequn el bestiario medieval, el aguila sim­ boliza el orgullo, y el leon 10 fuerza dominadora; es, pues, verosfmil que sobre un modele 'oriental se ideasen estas irndqenes y otras que despues veremos, con intento de asegurarse victoria sobre el enemigo, si bien este venga simbolizado por animales cobardes. Las anteriores pilas eran de esencialmente util, para dotar de agua pota­ cpliccclon ble los pcloclos: otras servfan de adorno en los jardines, con chorro de agua saltarina bro­ tando de elias, y estes son de forma gallonada, con cascos todos redondos 0 alternando con picudos, formas muy en favor bc]o el Califato. Las rnds de elias corresponden a Granada, donde hay una de ocho ccscos (fig. 251 a) con inscripcion en torno laudatoria para Alhd­ cam II, con intervencion de su vlslr ChaOfar y fecha de 970� La de otra, que solo conocemos por un vcclcdo,: en '10 Real Academia de 10 Historia, alude a personc]e desconocido; es. muy honda y de cinco cascos; otras carecen de letreros, y as! 10 mayor, que sirve de pila bautismal en 10 Alhambra, con doce de alternada, pero cascos fO,rma su antigUedad queda incieda. Componen una tercera serie las pilas para abluciones 0 lavatorios, en forma de ortesc. Sus inscripclones doli de sf elogios unonirnos: asf 10 de Corcoles, perdido; 10 del Instituto de Valencia de Don Juan (fig.'251 b) y 10 de 10 Sociedad Hispdnico de Nueva York, enrique­ cida moderncrnente con adornos caprichosos. Mas notable es una pequefic, que lIeva de relieve por dentro figuras de patos picando peces, parejas de estes cruzados entre sf y otras de patos a sus lados (fig. 250); por fuera, un drornedcrlo grabado slmplernente '(fig. 255). De paredes casi verticales y hecha con caliza blanca muy fino, es otra pila, proce­ dente de Sevilla (fig. 251 c) y expuesta en su Museo, que repite por tres de sus frentes una serie de naneando hacia el centro, donde se agrupan un sapo y dos peces; debajo patos compean extrcfins figuras, como estilizaciones cornudas, y tallo con espiga en medio: no obstante su rareza, es pieza cutentlcc, y no menos estas dos que siguen, tan peregrinas. Elias constituyen pareja y provienen de Cordoba: 10 menor, sin loccllzcclon: 10 otra, aparecida entre las ruinas del Moroquil (Alamirfa?). Esta segundo, muy hdbilmente escul­ pida (fig. 252 a), desarrollo una serie de hojcs lisas alternando con cauliculos; encima asoman cabecitas de leon y de cntilope, y otras de qccelo van en los dnqulos. La pila menor es de talla menos cuidada (fig. hojas ccuscn 10 vena medial y sus cauliculos arrancan 252 b); sus blfurcados; encima corre otra serie de hojos rizadas; entremedias, las mismas cabecitas de leon y antrlope, y hacia los dnqulos se interrumpe 10 decorccion vegetal con figuras como de leopardos, a juzgar por su largo rabo y falta de melena. La evolucion ulterior de estas pilas corresponde 01 periodo de taifas, y alii 10 presentaremos; cdernds, hay un frag­ mento rnolcquefio con caulfculos como los susodichos, que traslucen una interpretacion califal del capitel corintio (fig. 252 c). Cumple agregar un brocal de pozo cordobes (fig. 252 d), de forma ochavada, con flores brotando de un tallo serpeante 01 borde, entre orlas de trenzas, y elias tam bien ado�nand6 el bocel de su rnoldurc]e inferior. Aunque muy desgastado todo ello, parece de tiempo de Almanzor, y acaso correspondio 01 aljibe por el erigido en el patio de 10 Gran mezquita, que se describio antes. 191 REPERCUSIONES ANDALUZAS EN' ORIENTE AI descomponerse el califato cordobas a principios del siglo XI, parece natural que los elementos culturales y artlsticos desarrollados a su sombra buscasen ambiente mas pro­ plcloy sensible donde prosperar; y aun antes, acaso, fue un hecho la lrrcdlcclon a distan­ cia de foco tan esplendido como el nuestro. En efecto, hay un edificio, largamente discutido por los crltlcos, cual esalminar de la mezquita de Abentulun, en el Cairo viejo, la torre 0 o sea Fostat, hecha de 876 a 879; pero cquel sin duda es posterior, dlfiere absolutamente de ella y, en cambio, toda su estructura enco]c dentro de 10 cordobes del siglo X. . La tal mezquita es de ladrillos con revestimiento de escayola, arcos apuntad_os y techos, conforme a reglas y estilo importados de la Mesopotamia cbosi, pues el Egipto arabizado arte. Ante su fachada de los pies, hacia noroeste, surge la gran qulzd nunca fue creador de terre separada de ella, pero en comunlccclon lateral mediante un doble arco y bovedc de canon entremedias (fig. 254). Aquellc es un macizo cuadrado, de 12,76 metros por frente, que se interrumpe a desiguales alturas para reduclrse, primero en la misma forma y luego en cilindro, apoyando al exterior su escclern, y, con remate de edfcula, notoriamente postizo, de hcclc 1296. Lo primltlvo abarca el cuerpo bc]o, su pasadizo de entrada y el espolon de enlace con la mezqultc, a troves de la calle que la circunda y franqueando paso por los suso­ dichos arcos. En todo ello se ernpleo un magnifico aparejo de sillerfa, alternado a soga y tlzon, con perfecta .requlcrtdcd, tal como nunca fue visto alii, pero repetido en otros edifi­ cios, por ejemplo en la muralla de Fostat, que se atribuye a Saladino, labrada a 10 rustlco, �egun trcdiclon cldslcc (fig. 253 a). EI arco de entrada a la torre (fig. 253 b) es de herradura, conforme al tipo califal cordo­ bes, en proporcion del semirradio su curva, despiezo radial, trcsdos acusado por moldura de nacela y ella misma envolviendolo, a modo de alfiz. En cada frente de la torre se proyecta, 777J��W:����W? contiene unos versos amatorios y al fin: "esto es 10 que hizo Yaaix, el morrnollstc, para : � el arraez Abuchdfor". Tocante a su des­ : : :: tino, 10 denuncian piezas similares orienta­ les, hechas de barro vidriado, que servfan para suministrar condimentos de mesa, y ofrecerse csl en los festines. Respecto de Oc­ cidente esejemplar unlco ; mas quizd valga atribuir el mismo empleo al famoso estuche de marfil, lIamado dlptlco de Silos, con el ··:..·-W···-···!!.·-···-�·········· nombre de Abderrahman III. .:::. ;! .;:. .,::. .:":. !! .:::. BAZA BAN@ �E LA JIIJIDERfA. - Aunque ya o destruido, procede traer recuerdo de este otro bofio, similar del Bcfiuelo granadino y acaso Fig. 319. - BAt\JO DE LA JUDERfA. EN BAZA. algo mas antiguo. Era muy pequefio (fig. 319), conservaba sus tres salas, y calidarium, con atajos laterales y frigidarium, tepidarium la central con galerra en torno sobre pilares acodados y columnas de pobrfsimo arte. Los arcos eran de herradura; escazanos los de las puertas; las b6vedas iban taladradas, como siempre, por tragaluces formando estrellas exagonales; eran de cofion las alargadas; boldos, las de los rincones de la galeria, y esquifada la central, aun no siendo cuadrada su planta. 265 ALMERiA Fue el gran puerto del Andalus, organizado por Abderrahman III en 955, donde se fabri­ caron sus escuadras, donde afluia todo el comercio del Mediterraneo y centro industrial el mas fcrnoso, especialmente por sus tejidos riquisimos,.que rivalizaban con los de Bagdad. Su conquista por Alfonso VII, en 1147, determin6 su ruina; pero antes, bc]o las taifas, con los emires somadies eslavos, floreci6 De entonces dctcrdn sus fortificacio­ independiente. nes, mucho rnejor conservadas que las de Malaga, especial mente su Alcazaba, y dentro de ella un palacio, del que apenas gran podemos darnos cuenta. La fortaleza se atribuia a [cl­ ran, primer jefe de aquella dinastia, entre 1012 y 1028, Y asi se la lIam6 calaa loirtin. ALCAZABA. - Este castillo domina el puerto sobre rocoso monte, ultima estribaci6n de la sierra de Gddor, junto a la desembocadura de! Andarax, que antes vertia en el mar sus aguas mucho mas arriba, hacia Pechina, hoy lugarejo insignificante, sin nada que evo­ que haber sido capital de la comarca en el siglo VIII, y menos cun que corresponda a la antigua Urci. La tal alcazaba se prolonga en longitud de este a oeste por unos 530 metros, con mucha irregularidad de salientes y torres, y distribuida en tres desiguales mesetas. La superior, hacia oeste, enlazalYa con la muralla de la ciudad en linea con la rambla de la Chanca; era su reducto soberano y fue reedificado los Cat61icos bu]o Reyes como castillo de por sl, con grandes cubos, torreones que baluarte del an­ eran aposentos, y un tero con otros tres cubos para artilleria, y foso; todo ello hecho de silleria a 10 g6tico. La segunda meseta, casi cuadrada y llana, se ocupaba enteramente con el palacio y sus ane­ jos ; desde alii, hacia norte, arranca el extremo contrario del recinto de la ciudad, ctrc­ vesando el barranco de la Hoya, antes poblado de subir al de casas, para luego cerro San Crist6bal chebel Laham. La tercera meseta, ,muy larga y 0 serian en pendiente, jardines y por alii se entra desde la ciudad (fig. 320). Toda su construcci6n es perfectamente hornoqeneo, hecha de tapias de argamasa, con torres cuadradas, que superan en altura a la muralla, hueca su parte superior, aunque sin b6vedas, y rernctondo todo en almenas picudas, que ahora, merced a una ridicule inno­ vaci6n, prodigan desagradablemente. Reformas antiguas provocaron otras torres, hechas se de mamposteria y redondas, a mas de lienzos de muro y la puerta actual con sus arcos de herradura apuntada hechos de ladrillo. Aparte observonse, entre tapias de argamasa 0 mamposteria, restos de obra con aspecto mas prirnitivo, aparejada al modo califal, sequn vimos en Granada y Marbella, interpuestas dobles hiladas de lajas de arenisca ten­ 0 sea didas, entre otras a soga y tiz6n enhiestas. Difiere un postigo de la ciudad, a la parte de San Crist6bal, muy deshecho, pero manteniendo su ancho dintel adovelado entre jambas, cuyas lajas van puestas alternativamente de cara y de canto. EI palacio de esta Alcazaba, en su segunda meseta, ofrece a la vista una red de gruesos muros de hormig6n, a medio excavar; algunos, con z6calo pintado de color bermejo; otro fingiendo gran silleria con Iineas grabadas en su revoco; otros son de ladrillo y piedra, for­ mando callejones entre aposentos cuadrados con algo de escaleras; pero todo incierto mien­ tras no se complete su exploraci6n, s610 realizada a fondo en la extremidad septentrional del recinto. Aqui se destaca de este un de edificio, como mirador sobre la Hoya, con cuerpo 266 dos pisos y grandes arcos al frente, conservando uno su forma de herradura: corresponden a salas de 9,65 por 2,32 metros en planta, que se cubrirfan con techo en cada piso; delante queda otra, solo conservada su planta inferior, como sotono, sin puerta visible, y Ie precede, en las .mlsrnns condiciones, una especie de galerfa. A la derecha y tcmblen en bo]o hay la base de una puerta con dos arcos de herradura, uno tras otro, con dovelaje completo y alfiz; su aparejo es de lajas a soga y tlzon, enhiestas y tendidas, como va dlcho, y su alto respectivo 50 y 20 centlmetros. Alll cpcreclo un escondrijo de treinta dinares, ya almo­ rdvldes, de All, ya de los reyezuelos que se sucedieron en Murcia, cuyas fechas alcanzan hasta 1156, de 10 que se infiere haberse escondido al abandonar los cristianos la ciudad en el ofio siguiente. Mas a la derecha queda excavado un bofio, compuesto de cinco estan­ cias enfiladas, con atajo lateral dos de elias y la ultima con el hipocausis debajo y las con­ sabidas chimeneas a troves de sus muros; montlenense restos de bovedcs de canon y arcos de ladrillo, y en alto una pared de sillarejos en que alternan dos hiladas de ellos tendidos y otra con todos de canto enhiestos. Aun mas alia, una alberca atravesada por un arco de pequefio aljibe con tres naves, y, entre mas paredes, ladrillo; a la parte meridional, un un gran arco enjarjado de sillerfa con la dlsposlcion alternada susodicha. En el extremo oriental de la misma meseta hay una mazmorra excavada en la roca, divisorio estdn las ruinas de capilla de tiempo de la Reconquista, y ya tocando al muro una sin duda, aunque la lIaman "Ia Mezquita"; pero junto a ella sf se conserva un curiosa edificio distribufdo en cinco naves - ancho de la mayor 2,70 metros - con muros de arga­ masa, bovedns de canon y arcos de medio punto, unas y otros labrados con sillarejos pri­ morosamente. Su direccion, sesgada respecto de los muros envolventes, sin duda obedeclo a sureste, manteniendo la orientation ritual de mezquitas. enfilarlas de noroeste a Entre las ruinas del palacio se han obtenido pilas de mdrrnol hechas pedazos, ya con relieves, que despues veremos, ya en forma de artesa con inscripcion cuflcc en torno, ya otros de gran lnscrlpclon hlstoricc estudiada cun, ya tcrnblen de no yeserfas ornamentales entre las que se reconocen como del periodo nazarf algunas. SAN JUAN. Nucleo mas dense de exploraciones ha depcrcdo la arruinada iglesia - de San juan, que se dice fue mezquita mayor de la ciudad; y en efecto, su bsiste su mihrab de arte almohade tiplco (Vecse tomo IV, figs. 6 Y 7), pero ndernds se han reconocido arranques de muro con aparejo a soga y tlzon, alguna puerta y, sobre todo, fragmentos de edificio anterior, perfectamente fechable como del siglo XI, de acuerdo con el dato de que [olrdn la reedifico cqrcnddndolc, pero sin tocar a la qulblc 0 testero. Es verosfmil que los cris­ tianos la convirtieran en iglesia y que ellos mismos la destruyesen al abandonar la ciudad en 1157, dando motivo para la reconstruccion almohade. EI edlficio anterior hubo de ser fastuoso, y si realmente datase de [clrdn, en el dece­ nio de 1020, tendrfamos aquf el arranque de los atauriques de aquel siglo; pero su abso­ luta analogfa con granadinos del Mauror, obligan a aquellos otros avan­ adjudicarle fecha zada, tocando a 10 clrnordvide. Tenfa grandes capiteles de orden cornpuesto con doble fila .de hojas lisas, almenas dentadas y modillones de rollos con hojitas en su perfil y zona medial de adorno, a 10 cordobes todo ello. Los modillones estdn hechos con ladrillos recubiertos de escayola, en la que se tallo su decorncion de ataurique y entrelazados (fig. 322 a); cdernds 'hay gran porclon de fragmentos cndloqos, con follajes en los que se generaliza el tlpo de 267 Fig. 320. - LA ALCAZABA DE ALMERIA Y MURALLAS ADJUNTAS. hoja bifurcada yrayada. con anillo medial y otros entre follolcs, late­ sus a veces prendidos rolmente, segun fue regIa en 10 almordvide (fig. 322 b. c). CASAS. - A este periodo parece corresponder otro descubrimiento almeriense de cas a en el barrio occidental. junto la rambla de la Chanca, de a despoblado antiguo. Queda a 268 Fig. 321. - CAPITELES DE LA CHANCA Y DE SAN JUAN EN ALMERIA Fig. 322.-MODILL6N Y TABLERO DE LA MEZQUITA DE SAN JUAN. FRAGMENTO DE LA CHANCA. la vista un muro con Hneas rojas paramento de cal; pero volvieron a soterrarse pare­ en su des de habitaciones rodeando un patio con alberca y aljibe, galerfa de tres vanos hacia el norte y contigua una sala con aJcoba lateral y z6calo pintado artlsticamente. Exfrcjeronse trozos de escayola con follaje tlpico (fig. 322 c) y dos pequeiios capiteles corintios de hojas lisas (fig. 321), Y se arranc6 dicho z6calo. Este desarrolla cuatro diversas trazas de compo­ sici6ngeometrica, predominando un lazo de ocho con variantes caprichosas y otro de cuatro que, si bien sencillo, les aventaja por incJuir follajes en amarillo y perfiles negros, cuando todo 10 demos son trazos de color bermejo sobre el enlucido blanco (fig. 323). Descubrese en ello una evoluci6n del laze, que hermana con otras muestras del castillejo de Monte­ agudo, sequn luego veremos, abriendo camino a las grandes creaciones del perfodo nazarf, pero con supervivencia de curvas entre su base rectiHnea, incompatibles con la rigidez obligada en las obras de carpinteria, que es donde se aJcanzaron vclores geometricos definitivos. 269 • Fig. 323.- ALMERIA. Z6CALOS PINTADOS DE UNA CASA EN LA CHANCA. PALMA DE MALLORCA Importa, por fin, recordar la destrufda puerta de Santa Margarita en Palma de Ma­ lIorca, cuyo aparejo era. exactamente como los de Almerfa, a soga y tlzon alternando con doble fila de lajas tendidas, y asf se formaban dos arcos, que serfan de herradura, entre los que corrfa el rastrillo, enjarjados y con despiezo subrradial su dovelaje; este mismo aparejo abarcaba los paramentos laterales, dentro de la masa de tapias de hormig6n que 10 envolvfa todo (fig. 325 c). Queda clll mismo un bien conocido bofio, aunque nunca se apre­ ciaron sus dos aposentos alargados, colaterales del central; y este culmina, entre los . dernds slrnllcres de este perfodo, por su elegante y bien ordenada composici6n. Es cua­ drado, con galerfa en torno, li mitada por arcos de herradura sobre columnos, sopor­ tando una cupula apoyada en trompas de arista a los dnqulos, y b6vedas de ccfion y de aristas alrededor, todas elias provistas de claraboyas lobuladas (figs. 324, 325 a). Los capiteles son de orden compuesto, con doble fila de hojas lisas, y se acreditan como del siglo XI 0 poco despues (fig. 325 b); los arcos y b6vedas son de ladrillo y los muros de argamasa durfsima. La expansi6n del arte bc]o las taifas hubo de alcanzar a toda la Espana arabizada de entonces, y cada dfa se descubren vestigios suyos en otras localidades. Asi, en Elche, un fragmento tallado en piedra, muy tfpico; en el castillo de Artana, un trozo de albanega 270 con algo de su lobulado arco, hecho de yeso; en Badajoz, parte de una qulclolerc de pie­ dra, cortada en nacelaguarnici6n con de rollos y faja medial; en Montemor 0 Velho, sobre el Mondego, trozos de yeserfa con hojcs horqui­ llcdos.: plfios y cogollos, y cdernds un capitel co­ rintio muy retail ado, su -fuste con molduraje pro­ pio, y la bas a con amplisima escocia. ESCULTURAS Del alcazar de Badis s610 sabemos 10 de su talisman del gallo y la pila citada de la Alham­ bra, donde consta que Habbus"Badis ben el Slnhechl la mand6 hacer para el alcazar de su capital Granada, que Dios guarde" (fig. 247 a). Ahora bien, el traslado de esta pila y su adopci6n por el sultan nazarf Mohamed III en 1305, abre sospechos respecto a otras piezas que pudieron haberse trafdo a la Alhambra de igual modo. Son los doce leones de mdrrnol blanco puestos alrededor de la famosa fuente, en la Casa real {figura 326 c), a la que pudo corresponder en su origen la pila de la sala de los Abencerrajes, en forme de arteso; dodecagonal, a pianos verticales por fuera y enteramente lisa. Pende esta hip6tesis de la conformidad de estilo entre dichas figuras Y ciertos bronces descubiertos en Elvira, que a su tiempo veremos, a mas de la persistencia con que en los perfodos califal y de taifas se alude a Fig. 324. - BANO DE PALMA DE MALLORCA. leones echando agua por sus bocas. En la misma Alhambra, procedentes de la Casa de locos magnffica, erigida por Mohamed V en el barrio de los Axares, se pareja de ostenta otraleones, mas corpulentos y sentados sobre sus cuar­ tos traseros, pero de arte igual (figura 326 a, b); aun apareci6 ahora alii mismo parte de otra figura pequefio, semejante a estes ultlmcs y de mas arcaico aspecto (fig. 326 d). Estu­ diado ello, parece diflcil admitir que cbras tan bien caracterizadas como atribuibles a los siglos X u XI, se hayan podido inventar bajo los nazarfes, cuando nada de escultura cono­ ·cida dejaron ni se 10 consentirfa su pietismo. Pero 10 mas singular en este perfodo son representaciones humanas de relieve escul­ pldcs en rndrrnol, hermanando con las de los marfiles cordobeses y como repercusi6n de la famosa pila verde y aquellas otras cldslccs que ostentaba Medina Azzahra. Viene a cuento recordar el solero incompleto de una pila, visto por rnl en la Alcazaba de Almeria en 1895, ·que alcanzaba a unos pies humanos con borcegufes, drbol detrds y patas de animal: su aspecto ,era de cosa romana, como un Buen Pastor, acaso. En cambio, guarnedan por .su base los otros frentes unos vas tag os ondeados, sequn arte drcbe de estirpe bizantina 271 Fig. 325. - PALMA DE MALLORCA: SALA PRINCIPAL DEL BAI\JO Y CAPITEL SUYO. PUERTA DE SANTA MARGARITA. DESTRUfDA. 272 Fig. 326. -,ALHAMBRA: LEONES PROCEDENTES DE LA CASA DE LA MONEDA (mutiladas sus orejas), LOS DE LA FUENTE DE LA CASA REAL. PARTE DE OTRO, DESCUBIERTO EN SAN FRANCISCO. 273 .-�-------- (figura 327), guarnici6n de la que alii mismo se han obtenido ahora .mds pedazos, y qulzd se acrecienten si la exploraci6n prosigue. Alii cerca, Gddor, descubri6 otra pieza de mayor trascendencia, porque un en se frag­ mento, iridudablemente suyo, ostenta letras cuflccs. Trdtnse de un tablero de rndrmol blanco, roto por arriba y con ancho de 32 centimetres, donde se representa, en relieve casi plano, un hombre sentado, con ropa talar y vuelta la cabeza hacia otro menor, plantado sobre la silla y actitud de hablarse; orla de besantes y estrlcs, mas en como algo de follaje a biseles. EI tipo de letra corresponde al siglo XI, y constituye ejemplar sinqulorfslmo, con indicios cldsicos en el plegado de las ropas y zancas de la silla for­ mando pezufics (fig. 328 c, d), pero su tecnlco no admite cote]o con obras cristianas. Coetcineo, a juzgar por sus caracteres cuficos, viene a ser un fragmento de otra pila, des­ cubierto en Sevilla, con cabeza humana de bastante relieve y orla expresando frases drcbes de buen augurio (fig. 328 b). Maxima importancia corres­ ponde a otro fragmento, que Fig. 327. FRAGMENTOS DE PI LA EN LA ALCAZABA DE ALMERfA. aunque descubierto en Sale, - junto a Rabat, sera obra anda­ luza, y inscripci6n cuficc daba fecha y firma, pero no se precisa sino el decenio de su hacia 1050. Representa, en altorrelieve bien model ado, un jinete; detrds, a pie, un halconero con lanza, al parecer, y drbol como palmera (fig. 328 a). No obstante sus mutilaciones, revelcse como obra excepcional para aquellos tiempos. Aun mas alta significaci6n alcanza la famosa pila de [dtivo, cuyo arabismo y factura, dentro del siglo XI, se acreditan, sin duda alguna, por sus follajes y la tecnlcc del plegar las ropas a rayas y espirales, conforme con la de ciertas miniaturas drcbes (figs. 329, 330). Tiene al exterior forma de artesa, pero con amplia superficie vertical cubierta de relieves, destacando triples medallones en sus lados mayores, y quedan zonas mediales lisas en los cortos, con mellas para encajar tubos por donde subiera el agua corriente y quizd tam bien desaguase. Sus relieves, a troves de las rutinas de taller, descubren una inspiraci6n del natural con sinceridad y realismo sorprendentes, pese a torpezas. AlII reaparecen grupos de ani males, recordando aquellos de las pilas amirfes: leones devorando un toro y quizd una pantera, aguilas picando cervatos, dos cabras topando y dos pavones cruzando sus pescuezos. Lo dernds son representaciones hurncncs: mujer amamantando a su crlo, dos hombres bebiendo, ya en jarro y taza ya en redoma; otros dos con jarros y mesdndose las barbas, y otro punteando un laud; dos caballeros justando con lanzas; hombres trayendo cabras al hombre 0 de la mano, de aves pares un y plato con fruta; otros en grupo, ya. comiendo de las que ofrece un drbol plantado en medio, manzanas bebiendo de 10 que ya trae un sirviente, ya tocando laud, chlrlrnlo y cr6talos; por ultimo, tres hombres con bas- 274 Fig. 328. - TROZO DE PILA, DESCUBIERTO EN SALE, JUNTO A RABAT. OTRO, CONSERVADO EN EL MUSEO DE SEVILLA. TABLERO DESCUBIERTO EN GADOR (AL­ MERIA) Y PEQUENO FRAGMENTO SUYO ADJUNTO. Fig. 329. - PILA DE JATIVA Y FRENTE OPUESTO DE LA MISMA. 275 Fig. 330.- FRENTES .lATERALES Y PORMENORES DE LA PILA DE JATIVA. 1,76 (.' Fig. 331. - DET ALLE DE LA PUERTA DE LA SACRISTfA EN LAS HUELGAS DE BURGOS. 277 tones bailando al de tamboril y chirimfa. En las esquinas, otros andando, con porras 0 son asf al hombre. En sfntesis, parece que se cosa representan episodios de fiesta sin trascen­ den cia ulterior simbollcc, si 0 no es en aquellas escenas de animales, a juzgar por 10 ya dicho arriba. Se destinarfa tal vez esta pila a lucir en sitio de recreo evocando sus goces, y en cuanto a merlto, como testimonio de realidad vivida, no admite pondera­ cion ni aun ante las obras cristianas de entonces. PUERTA DE LAS HUELGAS DE BURGOS Lo visto Almeria, especialmente, en convida a presentar aquf una obra de ebanisterfa drnbe, la mas primorosa y aun perfecta que ha IIegado a nosotros, cual es la puerta de la sacristfa interior del monasterio de las Huelgas de Bur­ gos, sin igual en composi­cuanto a su cion geometrica, desarrollando un lczo de seis ataujerado con estrellas inclusas de ocho puntas, como deshaciendo la verdadera simetrfa (figs. 331, 332). Van perfiladas sus y rellenos sus cintas, miembros con tableritos de madera de bo], tallados con no menos prlmor que los marfiles califales, inagotable va­ en riedad de atauriques, provistos de hojcs y palmas profusamente anilladas, a mas de cogollos, pifics y rosetas, entre 10 que campean letreritos cuflcos que dicen "Ia eternidad en Dlos", "bendlclon corn­ Fig. 332. - TRAZA DE LA PUERTA DE LA pleta". No obstante la cornpllccclcn en SACRISTfA EN LAS HUELGAS DE BURGOS. grade maximo del lazo, el ccrdcter del adorno obliga a fechar esta magnffica obra dentro del siglo XI 0 muy a principios del XII, ddndose aquf el anillado de hojcs en la forma dicha, 10 que inclina a suponer que hacia este rincon andaluz pudo elaborarse. Aun cabe sospechar si corresponderfa a una macsura 0 mfmbar de mezquita, y serlc IIevada a Castilla, como trofeo precioso, al evacuarse Almeria, y luego la depositase Alfonso VIII en su fundcclon de las Huelgas, sustituyendo ciertos medalloncitos por otros con el castillo herdldico tall ados en nogal y, por consiguiente, postizos. Miden juntas las dos I hojas que la componen 2,34 por 1,42 metros, y una restourcclon rnodernc brutal ha redu- ·1 . I' • .! � cido a 81 los 11 r tableritos que la engalanaban. 278 LA ARQUITECTURA BAJO LOS ALMORAvlDES La caida de los reyezuelos andaluces, desde 1090, determine una pcrnllzcclon de las actividades locales, con predominio de militarismo y centralidad fuera de la Peninsula, en el Magreb, desde donde irradiaba la soberania clrnordvlde conquistadora. EI emir Yusuf, asqueado de cuanto veia por ccd, se volvlo al Africa, y All, su hijo y heredero, no solo quedo por gobernador de las provincias espcfiolcs, sino que se dejo ganar por la cultura andaluza, cumpliendose en ella ley de cbsorclon consabida. No obstante, la rigidez pie­ tista y austeridad de los nuevos senores, tras del gran impulso artistico de las taifas, deja­ dan poco margen para mantenerlo, provocdndose, como a la caida del califato, un movi­ miento expansivo de 10 andaluz hacia poises limitrofes, sequn luego veremos. Esta sltucclon vcrlo al relajarse la potestad nlmordvlde ante el arrollador empuje de los almohades, sobreviniendo por ned una situccion cndloqo a la de un siglo antes con ef taifas de efimera resurgimiento de soberanias locales, rebeldes a unos y otros, como nuevas subsistencia; pero entre elias destcicase Murcia, primero con Almostdnsir ben Hud, nuestro Zafadola, y luego con Aben Merdanix, el Ilamado rey Lope 0 Abenlob entre cristianos, vasallo de Alfonso VII, sostenido por el rey de toda la Espana oriental como lsldrnlcc, desde 1147 hasta su muerte en 1172, y que tuvo por capital Murcia. MO NTEAGUDO Esta remembranza hlstoricc viene a propcslto de unas ruinas subsistentes alpie de 1a fortaleza de Monteagudo, que domina -de cerca la huerta murciana. Corresponderdn a una de las casas de recreo ponderadas por Abulfeda, sin que alcancemos a precisarla; hoy se las llama "el Castillejo"; datan indudablemente del periodo almordvlde, por compcrcclon con la Gran mezquita de Trernecen, sobre todo, y representan la fase avanzada del arte andaluz en el primer tercio del siglo XII, emparejando exactamente con 10 granadino del Mauror y con la cas a de la Chanca en Almeria. Pero trascendencia mayor estriba en darnos idea de una residencia campestre de su tipo nuevo, el mismo que luego informa todo un grupo de edificaciones sefiorloles. Asi, en Sevilla, el Crucero de su Alcazar y restos vislumbrados en el patio de la Casa de Contra­ tccion ; en Granada, el famoso Cuarto de los Leones en la Alhambra, y sucesivamente buen I -1 nurnero de ejemplares en Marruecos. Su fisonomia especial es de [crdln en cuatro cuadros rectangulares, separados y rodeados por andenes a poca 0 mucha altura respecto de ellos, y con fuentes, albercas 0 pabellones por complemento, en virtud de que flores y agua fue- 279 II ron elemento vital de recreo en las mansiones andaluzas; y esto de contemplar el jcrdln desde en alto, da la impresi6n de un rnejor disfrute, ya que las flores se abren de cara I 01 cielo. I EI montfculo, Castillejo a unos va orientado mayor extensi6n de norte 0 sur, erguido sobre un en su cuatrocientos metros del abrupto penasco de Monteagudo, defendido por �:D II I, ,I 15 Ij �-������-" I Fig. 333. - PLANO DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO (MURCIA). este, y a su vez amurallado, conforme a el, con dense avance de torrecillas cuadradas. Ade­ mas repite la misma ordenaci6n un antemuro, tres 0 cuatro metros por y a distancia bc]o de unos catorce, que se prolonga a 10 largo del frente occidental, pero cuyo enlace no han alcanzado a determinar las excavaciones realizadas (figs. 333, 335). Del palacio subsisten sus muros hasta tres metros de alto algunos trechos, y su grosor varia entre 1,20 Y 0,80 me­ en tros, ya hechos de hormig6n fraguado entre lechos de piedra, ya de simple mamposterfa, ya de ladrillo; van enlucidos con cal y pintados z6calos en las dos salas mayores y sus p6rticos, que ocupcn los testeros, Entre ellos y las naves de aposentos laterales extien­ dese un patio, que mide 33 por 19 metros; sus entradas dbrense en medio de los frentes mayores, entre torrecillas macizas, y son huecas las dernds torres; muy anchas, para habi­ taci6n, las de los testeros, y todo guardando simetrfa casi perfecta de uno a otro lado. 280 Fig. 334. - Z6CALOS PINTADOS DEL DE MONTEAGUDO. EI nquellos, y patio reduce otros atravesados a en su area transitable cruz, cuyos extremos dejando dos huecos avanzan a un CAS�LEJO cnden, entre sl los cuadros jardin, 1,20 metros de metro por bajo de . e cuadrados, igualmente profundos. que a un ancho, en Torno, Y sedan albercas, alimentadas por ccfierlos desde el centro del patio, donde habria una fuente, y desaguando bo]o la puerta del lade occidental. Alii, al pie de la ladera y distantes unos veinte metros, quedan paredes de lejos pasa la acequia de Zahariche. una noria y. mas En medio de los testeros, de cara al patio y precedidas por galerias, estdn las salas mayores, de. once metros su largo; al fondo, pabellones salientes dentro de torrecillas; 2St "' y a sus costcdos, otros grupos de a aposentos, dos de ellos ocupando torres hacia cuatro las esquinas. Igual dlsposlclon en las naves laterales, con' sala, gabinete y torre a cada lade de sus respecfivos vestibulos. Las salas de preferencia y sus galerfas conservaban gran parte de los zocclos, pintados con adornos de lazo, en rojo : y ellos resultan mas encajados en las series de seis y de , ocho normales, que los de la Chance, arguyendo posterioridad quizd (figs. 334, 336). La intemperie 10 destruyo casi todo apenas descubierto; mas quedan las fotograffas y calcos de don Cayetano Mergelina, que cqul se reproducen. Aparecieron cdernds ternpcnos de esca­ yola tallada, que fueron decoraci6n de sus puertas, con atauriques de relieve, en todo similares a los de Trernecen, y organizados sobre espirales secantes, de 10 mas bello y complicado, dentro de su estilo, visto en nuestra Peninsula. Hay una albanega, correspon­ diente a arcos gemelos, con dovelas lisas y adornadas alternando, sequn tradici6n califal (figura 337 a); otro pofio se encaja entre 16bulos; otro acusa perfil de rollitos en serie, tam bien al modo antiguo; hay modillones muy adornados (fig. 337 c), y csl mas fragmentos, letreros cuficos de tipo especial y otros de letra cu rsiva, al parecer. Quedan dos capiteles de alabastro, conforme a los 6rdenes corintio y compuesto, de hojas lisas y nada bellos (figura 337 d, e); tornblen, alguna basa con amplisima escocia entre sus boceles. La persistencia de este arte ya sabemos que alcanz6 al area mudejcr toledana irra­ diando a Burgos; sus pinturas de lazo se rernedcron en Segovia y Brihuega; mas de cerca, las yeserias del palacio de Pinohermoso en [dtlvc (vecse tomo IV, fig. 40); todo ello dentro del siglo XIII, hasta imponerse 10 nczcrl granadino. MARRUECOS Y SICILIA influjos espcfioles mas alia del Estrecho fueron lntenslflcdndose al paso que dedi­ Los naba la ligaz6n con el Oriente, y ello se decidi6 con la ccldc del califato fatimi, victima de la irrupci6n clmordvlde. Antes hubo injerencias cordobesas con miras defensivas y polltl­ cas, que no afectaron al arte, en cuanto sabemos; pues los alminares de las dos algimas de Fez, erigidos a impulsos de Abderrahman III en 955, apenas cuentan en arte, ya que el abriria hacia 1289, cuando fue ventanaje de la de Alcairauin, a juzgar por su estructura, se restaurada. Mas elocuente el mimbar de la otra mezquita, la de los Andaluces; pues aunque lIeva los nombres de Hixem II y Almanzor, nada de espnfiol revelan sus decoraciones. EI Magreb occidental no parece haber profundizado en cultura sino desde que recibi6 inmi­ graciones andaluzas y obras de crte importadas, wales son capiteles abundantes de tipo cordobes, la pila de Mcrrdquex, que ya conocemos, etc. Alia el gran promotor de arquitectura fue Yusuf, hijo de Texuffn, el piadoso cuanto incivil conquistador clmordvlde, y consta que este sevali6 de alarifes cndcluces para sus fundaciones, puesto que dominaba en nuestro pais, gobernado por Ali su hijo, que Ie suce­ die en 1106, casi medio espcfiol, como hijo de una esdava cristiana, Influldo por nuestra e primera obra de arte que conocemos cultura. La ordenada por Yusuf es el rnlmbcr de la gran mezquita de Argel, fechado en 1097, con tableritos de madera en que campean 282 temas geometricos sencillos y, con preferencia, atauriques ondloqos a los de 10 Alcazaba rnalcquefio y de 10 Aljaferfa, precedentes suyos seguros (fig. 348). Otra muestra de ello nos ofrece un capitel, aprovechado en 10 mezquita Cutubfa de Marraquex, que rivaliza con los zaragozanos mas preciosos, sin quebrantar 10 organizaci6n del orden compuesto (fig. 346), junto a otro corintio, Ilene de ramaje finlslrno, y nueve mas de arte califal, que serdn anteriores. Las mezquitas clrnordvldes obedecen Por consecuencia de 10 a un tipo nuevo. mcqnl­ tud que alcanzan y 10 imposibilidad de procurarse columnas grandes, opt6se por pilares de base alargada 0 cruciforme poco esbeltos; arcos de herradura, sin atirantado, y techos a dos Qulzd todas 10 de Alcairaufn aguas. precedi6 a en Fez, grandfsima, con sus naves a 10 ancho, cruzados a trechos por otras crquerios: en 10 de Trernecen, elias se alinean sentido contrario y tam bien las cruzan arcos lobulados; 10 mismo en la, de Argel, que sera algo posterior y acusan leve apuntamiento sus arcos (fig. 338). Esto ultimo aparece como augurio de 10 evoluci6n almohade; pues antes siguieron siendo redondos, ligeramente vol ados sus sal meres respecto de las impostas, y el alfiz, muy distanciado por arriba sobre el dovelaje y pisdndolo 0 los costados, con 10 que se gana esbeltez. Para mayor lucl­ miento prefiri6se el arco lobulcdo con sus arranques en curva convexa, en vez de aquellos tableritos que macizan en C6rdoba los primeros 16bulos, reforzdndolo. A veces alternan 16bulos redondos y agudos, 0 bien estos arcos sirven de trasd6s a los de herradura, guar� neclendose a su triples vez con 16bulos sobre el dovelc]e, y aun tales combinaciones de 16bulos exentas. Rivalizando con ello _ constituyen arquerfas reaparece el arco mixtilfneo de 10 Aljaferfa, ya trasdosando 01 lobulado, yo con desarrollo en serie, preludiando los sebka almohades, que son redes de ellos, y resulta su perfil como generador de las trorn­ pas y b6vedas de rnocdrcbes que luego presentaremos. La columna pierde importancia, relegada general mente a guarnecer las jambas de arcos muy principales, y sus capiteles siguen el orden compuesto con hojcs lisas (fig. 339). Los modillones pierden su organizaci6n de rollos, sustitufdos por dobles nacelas, angostas y , I " lisas, y desaparece casi en absoluto el almenado de los edificios, estorboso para desaguar los tejados. Estos cabalgan sobre armaduras de madera, berxela, subsistentes aunque reno­ vadas en Trernecen y Fez, y compuestos de tirantes espescs, sobre canes, como en San Millan de Segovia; encajados y en elias los pares 0 alfardas, que por arriba se juntan sin hilera. Luego se introdujo ligarlos, de lado a lado, con otro madero horizontal, que lIaman nudi- 110, y 01 cabo se disocian pares y tirantes, espcckindose estes y tendiendo encima el estri­ bade en que montan los pares: asf result6 10 que lIaman armadura de par y nudillo. Los recortcn 16bulos lisos canes en Fez, pero en Tremecen se repite exactamente el tipo grana� dino, con su decoraci6n especial, como yo sabemos (fig. 341). Aquf tam bien, gracias 01 estudio hecho de valorar el arte su Aigima, podemos orne­ mental de este perfodo, bcsdndonos en el date de que All, el hijo de Yusuf, 10 conduy6 1135. Su capilla del mihrab en prodigio decorativo, con exquisiteces que rebasan es un todo 10 dernds africano de aquellos tiempos, ratificando su estirpe absolutamente andaluza, , sequn su paralelismo con los vestigios ornamentales que aquf se conservan (fig. 343). Las yeserfas de Trernecen desarrollan ataur}ques preciosos, remedando a veces el oconto cldslco y con preferencia en ramaje de curvas secantes con hojas anilladas, pinos y rosetas, dispuestas en equilibrio de masas perfecto. Aun se gana vistosidad superponiendo 01 ataurique menudo \ 283 ; , ''', Fig. 335. - RUINAS DEL CASTILLEJO. AL PIE DE LA FORTALEZA DE MONTEAGUDO (MURCIA). j '\. " ' Fig. 336. - Z6CALOS PINTADOS. DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO. 284 v j " I I If. Fi!lJ. 337. - ),ESERIAS MURALES Y CAPITELES DEL CASTILLEJO. 285 I . . . � • I' r Fig. 338. - LA GRAN MEZQUITA DE TREMECEN (a, c) Y LA DE ARGEL (b). 286 I/!II "1 Fig. 339. - CAPITELES DE LA MEZQUITA DE TREMECEN. Fig. 340. - CANECILLO DE LA MEZQUITA DE ABENTULUN, EN EL CAIRO. Fig. 341.-CANES DE LA ARMADURA DE LA MEZQUITA Fig. 342.-TROMPA DE LA CUPULA DE LA MISMA DE TREMECEN. MEZQUITA. otra cornposlclon grandes hojas y caligraffas; tcrnblen, guarniciones de foliolas rayadas, de como de acanto, en serie, y aquellas otras que desde Cordoba venian acusando el perfil de los rollos. Las inscripciones cuflcns se engalanan con mas atauriques, y aparece el tipo cursivo, exactamente como en los fragmentos granadinos del Mauror. Lo mismo, en los restos del mimbar de la susodicha mezquita, fechado en 1139. Lo que falta, en cuanto va estudiado alii, es el adorno qeometrlco, elIczo. En desquite, geometria determina la composlclon orqultectonlcc de la cupula ante el mihrab, ultima evoluclon de las de cruceria califales. Su tema es un dodecdqono estrellado, por enlace de arcos sutlllslmos, hechos con ladrillos puestos de canto y volada su base, entre arquillos mixtilfneos, que dejan pequefias trompas a los rincones (fig. 342); de ellos brotan ramas de arcos, mixtilfneos tam bien, respaldando los nervios principales, y en sus huecos campean atauriques cal ados, como celosia magnifica. Otra cupula semejante, con igual tra­ zado de nervios, pero lisa, erigese al principio de la nave central misma, y otra gallon ada, sobre octoqono y pechin as, cubre el mihrab. En el alcazar de Sevilla, sin relccicn con sus edificios drcbes, subsiste otra cupula, de nervios, exactamente como las susodichas, aunque cuadrada su base, que si es almohade constituye una supervivencic (tomo IV, fig. 20). 287 ' "1" .1'" .\ : " �'".:; ... . ! I . . • . � . , Fig. 343.-MIHRAB DE LA GRAN MEZQUITA DE TREMEC�N. 288 I !:.·.it·J . •. . ".�.".!) i �� .( Fig. 344. - CUPULA DE LAS LETRINAS DE LA MEZQUITA DE ABU YUSUF. EN MARRAQUEX. ! . 345. PERSPECTIVA DE LA MISMA CUPULA. Fig. 346. - CAPIIEL DE LA CUTUB!A DE MARRAQUEX, Fig. - MAL ANADIDO POR ABAJO. 289 Recientemente se ha estudiado en Mcrrdquex la cupula de las letrinas- dar alguadu-, de la mezquita de Abu Yusuf, fundcclon tornblen del emir AIL Ella la vitalidad comprueba exuberante de 10 clmordvide hasta el delirio en complicaciones, el de la como si esplrttu Aljaferfa reolentcse alia. Es otra composicion de cruzados, pero mixtilfneos, arcos planta en cuadrada y cerrdndose con cnlllo octogonal, que determina un segundo orden de crqulllos sueltos, y se cubre con una cupula de ocho gallones redondos entre otros picudos chicos­ Su base mide tan solo 3,80 metros, en desproporclon enorme respecto de su altura; el apa­ rejo es de ladrillos recubiertos de escayola, y en estc se tallaron los huecos de entre las arquerfas, formando atauriques como los de Trernecen, en torno de grandes veneras y con la guarnicion tfpica de hojitas rayadas (figs. 344, 345). Queda presentar la novedad nlrnordvlde por excelencia, los clrnocdrcbes, vulgar­ mente Ilamados estalactitas: cornposlclon geometrica en vohirnenes, que aparece aquf ya perfecta, y en tal grado de desarrollo, desde 1135 a 10 menos, que arguye la presencia de un genio artlstico, actuando, al parecer, sobre tipos embrionarios recibidos del Oriente. Nacerfan en Persia, donde los hay en Dornqdn, con fecha dudosa de 1026, y en Isfahan, entre 1073 y 1089; sirnultdnecrnente en Mesopotamia, con sus peregrinas cupulcs Ilamadas mucornds, en Siria y en Egipto. Aqul se aplicaron a la capilla sepulcral de Goyuxi, hacia . - -,'")'.:.; 1085; a las de Sieda Atica y er Gafarf, hacia 1120, y siguen mas y mas fechas a cortas dis­ tancias. Su genesis pcrtlrio de la trompa, desarrollada con un frente de arco mixtilfneo sencillo, y dentro de el cuatro senos en voladizo, evolucionando por simples avances repeti­ dos hasta formar cupula. En cambio, 10 clrnordvlde se organiza sobre perfiles de arcos mixtill- neos muy complicados, que son el esqueleto de la bovedc, rellenos sus huecos con miem- bros prlsrndtlcos, recortados por abajo en pianos conccvos y cabalgando unos sobre otros metodlcc e ingeniosamente: "jugar con los mocdrcbes" dedan. Su prcyecclon vertical es una red geometrica: a las Ifneas directrices Ilamaban madinos, a los miembros poligonales interpuestos, adara;as. La algima de Trernecen ostenta rnocdrcbes en el dodecdqono central y en las trompas de su cupula (fig. 342), fechada precisamente en 1135; tam bien, muy sencillos, entran en medio de la otra cupula sevillana citada antes; pero, sobre todo, ellos componen una bovedc entera y relativamente grande en la mezquita de los Muertos, mosala alchanaiz, aneja a la algima Alcairauln de Fez, ediflccdc tam bien por el emir AIL Todas estas obras son de escayola, en prismas yuxtapuestos, y su estudio se logra, sobre todo en la Alhambra, don­ de alcanzaron desarrollos maravillosos estas bovedcs. Moccirabes hechos de madera, los tenemos cubriendo la capilla Pclctlnc de Palermo, bien documentados como anteriores a 1141, y que en absoluto hermanan con nuestras bovedns, acreditando con certidumbre ,proceder de 10 clmordvlde bo]o el rey normando Roger II, tan afecto a 10 drcbe (fig. 349). Entonces el arte en Palermo se orientaba hacia 10 bizantino con preferencia; tam bien, a 10 rorndnlco cultivaban en Palestina los cruzados; perc algo cupo intercalar de drnbe que . egipcio y aun mas de nlrnordvide, Concretando a esto, resulta posible indicio espaiiol el apa­ re]o a soga y tlzon del palaciO de la Favara; grandes nichos cubiertos de mocdrobes, al modo oriental, repiten la torre Pisana en el palacio de Roger; el de la Zisa, bien conocido (fig. 350); .el costlllo de Menani" paralelo suyo.en minas; per:-o sobre todo elde lo Cuba, en su parte mas antigua, de cuya semlcupulc, correspondiente a un mirador lateral, subsisten las trompas de rnocdrcbes hechas de escayola, bc]o un tambor de arcos mixtilfneos, borde ados por los 290 ., Fig. 347. - LA MEZQUITA DE LOS MUERTOS EN LA ALGIMA ALCAIRAUfN DE FEZ. Fig. 348. - T ABLERITOS DEL MIMBAR DE L4, GRAN MEZQUIT A DE ARGEL. 291 Fig. 349. - TECHUMBRE DE LA CAPILLA PALATINA DE PALERMO. elementos de hoja de acanto en fila, a que se aludi6 antes; sencillos lazos cubren los huecos verticales, y es deflnttlvo observar que entre sus cintas campean atauriques con hojas raya­ das y anillos, excctcrnente como los que venimos registrandodesde Granada (fig. 351). De madera, tenemos un pcfio de techo, en el palacio palermitano de Roger, con guar- 292 350. DETALLE DE LA ZISA DE PALERMO. Fig. 351. - DETALLE DE LA CUBA DE PALERMO. Fig. - Fig. 352. - PAr\lO DE TECHO DEL PALACIO REAL DE PALERMO. 293 nlclon de lazo de ocho ataujerado, sequn canon espcfiol, perfecto, perfiladas sus cintas ya y tall ados los miembros . con atauriques, entre los que campean animalejos (fig. 352); estes, a 10 oriental; cquellos, como nuestros, dan do idea de una coloborcclon, cuyas derivaciones pueden explicar el cariz enteramente occidental del rnlh­ rab de Sieda Nefissa el Cairo, y ya bastar­ en deado en el de Sieda Rucaya, como arriba se dijo. / Estas obras de carpinterfa artfstica exquisitas tienen precedente insigne en el mfmbar de la Cu­ tubfa de Marraquex, ahora reconocido por obra nlmordvide. En efecto, el malogrado arabista J. Sauvaget puso ctenclon en un letrerito suyo, que completado dice: "Dlos mio, asiste al emir [All, hijo de Yusuf], hl]o de Texuffn, y despues de el a su heredero designado", 10 que da una fecha entre 1139 y 1142, sequn acreditan las monedas, entre la desiqnccion de Texufin por heredero y la muerte de An su padre. Preciscrnente el ofio en que. se terrnlno el mfmbar constaba en su inscrip­ cion principal; mas fue destrufdo, igualmente que el nombre del emir, por odio a su dinastfa de parte de los almohades, como tcmbien se hizo en la mezquita de Tremecen. Adernds, dicha lnscrlpclon principal consigna que fue heche en Cordoba "para est a algima ilustre", 0 sea la de Mcrrdquex donde subsiste, que fue edificada por el mismo Alf c junto a su palacio. EI tal mfmbar era reputado de antiguo como sobresaliente en todo el Islam, despues del de la algima cordobesa, que Ie valdrfa de modelo, y queda ampliamente ilustrado por el senor Torres Bclbds (tomo IV, pdqs, 65 a 67). Baste apreciar aquf sus taraceas, bien ricas aunque de pobre -r composlcton: su lazo de ocho, corto en desarrollo, y Ilenos sus miembros deatauriques tallados en bo], tan primorosamente como los de la puerta de las Huelgas; pero sin su fastuosidad de inven­ tiva, y en cambio revelan similitud perfecta con los de Trernecen, ncredltdndose asf cierta primada para los de Burgos. Una composlclon de gran amplitud Ilena el tablero dorsal del mfmbar, donde el transcrito letrero aparece entre remedos vege­ tales al natural, en campo de taracea, y cobijados Fig., 353. - DECORACIONES DEL MIMBAR DE LA CUTUBIA DE MARRAQUEX. por una arquerfa compuesta de lobules entrelaza- 294 dos y revueltos, recordando algo los de la Aljaferia, asi como en otro tablero entran arquillos mixtilineos enlazados, que auguran los pofios de sebka almohades (fig. 353). Tene­ mos, pues, aquf una revelaci6n admirable de la pujanza artfstica de C6rdoba en el siglo XII, que nos era descono­ cida, justificando el dcto' de que Yusuf ben Texuffn pro­ se curase artifices cordobeses para sus edificaciones en Fez. Otro problema, bien digno de cclcrcrse, afecta al gigan­ tesco alminar de la misma Cutubfa, obra la mas sefierc de aquel siglo prototipo del de Rabat y de nuestra Giralda. y Consta que toda aquella mezquita fue erigida por el emir Alf; pero que, al conquistar Abdelmumen Marraquex en el cfio 1146, hizo derribarla, mas en parte solamente, seqiin sabemos por un testigo presencial; dato completado por nuestro Luis del Marmol, diciendo que Abdelmumen la re­ edific6 luego, excepto su torre; y, en efecto, se la cita ya subsistente entonces, y la acreci6 el emir Ydcub Almansur en 1195. Esto ultimo he de referirse a su cuerpo terminal y a las pinturas y azulejos que la adornan, obras de arte mas tardfo. Esta torre constituye un avance sobre la de C6rdoba, por su tcrncfio -12,50 metros de lade su base, mas de un cuddruplo su altura -, y sobre todo por fijar la organizaci6n interior con rampas en torno de cuerpo central, que un sobresale constituyendo la linterna terminal, y debajo que­ dan hasta seis aposentos superpuestos, con variedad de r b6vedas, entre las que descuella una de crucerfa, segun la traza cordobesa predilecta, pero de graciles ramas, como las de Trernecen, con mocdrcbes en su hueco central y otros bien descrrollcdos las trompas sobre que surge. en Pero 10 mas slqnlficctlvo es el ventanaje exterior de la torre, casi igual en sus frentes opuestos y constitufdo por arcos de herradura redonda 0 apuntada, otros mixtilfneos J o de lobulos, qucrnectendolos. y recuadro amplfsimos desarrollos periferlcos, ya con de alfiz; cdernds, arcos de 16bulos combinados, ya otros rnixtillneos, con riqueza de elemen­ tos, ya series de arquillos lobulados girando entre arqui­ voltas de herradura, trasuntos de la opulencia de formas observada el susodicho mfmbar y en en la Aljaferfa. Encima, • una arquerfa ciega de 16bulos entrelazados, y por remate -1;. almenas dentadas; cquellcs y estes, de abolengo cordobes notorio (fig. 354). I EI aparejo de toda la torre es mala sillerfa, que una empeora conforme gana en altura, siempre ccuficdc y ape- Fig. 354. - VENTANAJE DEL DE LA CUTusfA. .ALMINAR I 295 -"!.' , recortado el de los arcos, disimulaba mediante un enlucido nas dovelaje groserfa que se a base de cal. S610 resultan algo bajos de hacia nordeste, que son de cuidados los arcos herradura, sequn tipo califal, y dentro otros muy apuntados. En suma, la torre ostenta un arte exquisito, pero logrado con recursos constructivos deplorables, qulzd por apremios de tiempo. Probablemente no Ilevarfa mas de diez ofios de existencia la Cutubfa del emir Air, cuando Abdelmumen di6 en tierra con ella, respetando su alminar, como va dlcho, y r.econs­ del santuario que los clrnordvides prodigaban; si bien truyendolc, para borrar las galas acaso emple6 a los mismos artifices. En efecto, la Cutublo, y su hermana la algi rna nueva de arquitectura tradicionales, con cierto avance en el arco . de Tinmal, mantienen los canones mixtllineo y en los rnocdrcbes, dejando arrinconados ciertos temas ornamentales de igual tlpo, que ccentucn la ligaz6n con 10 nlrnordvide ; pero todo ello sin elegancia ni grandiosi­ ! dad, como obra de imitadores ya desconectados de 10 andaluz. S610 cuarenta cfios despues, hacia el 1196, aparece un artista genial y de rumbo, en servicio del emir Ydcub Almansur. Entonces surgieron la mezquita de la Alcczcbc de Marra­ quex, las grandfsimas de Rabat y Sevilla y puertas de ciudad monumentales en Sale, Rabat, Fez y Mequfnez, donde la decoraci6n en piedra tallada logra soberana pujcnzo ; mas, aparte de la ozulejerlo, nada nuevo rompe la evoluci6n mantenida desde 10 cordobas, que luego cobra sutilizaciones prodigiosas a merced de los nazarfes granadinos, con expansi6n entre hafsfes y merinfes africanos, mas que coparHcIpes, tributarios suyos en arte. 296 ARTES SUNTUARIAS Hasta cqul venimos estudiando el arte monumental, creado para resistir al tiempo, para satisfacer ideales que trascienden de 10 individual, ya por mirar hacia 10 sobrehumano, ya a las supremadas [erdrqulccs, ya a funciones de ccrdcter social: santuarios, palacios, obras ptibliccs, etc. Quedan aparte aquellas otrns recilidades artfsticas cuyo objetivo es el instinto natural de recrearse contemplando y luciendo cosas bellas de usc personal exclusivo, que si han sobrevivido a sus dueiios es por inercia, rebasando en duraci6n a su vida, y tal vez aplicadas a destino ulterior con fines trascendentales: esto siempre al margen de la sociedad lsldrnlcc, donde las mezquitas carecen de relicario, y los vaivenes politicos dejaron sin tesoros sus clcdznres. Mucho de ello salio bc]o tierra, mas deshecho; pero cfiddnse 10 que el culto 0 menos cristiano salv6, enamorado de los primores que el enemigo moro dejaba en sus manos como trofeo de victoria; con ello engalanaba sus relicarios y daba tono a las vestiduras sacerdo­ tales; 0 bien, llcrndndose a la vali6 de artifices andaluces para intensificar el ansia parte, se de lucimiento y perduraci6n que Ileva anejo el culto cristiano. Esto hace que podamos reconstituir un museo riqulslrno de artes suntuarias nuestras, en compensaci6n de la penuria que ofrece 10 oriental en estos primeros siglos del islamismo. . Su desarrollo va de acuerdo con 10 monumental arquitect6nico y, como en ello, este sector de las preseas manuables resulta sin iniciativas, reflejando los esplendores cldslcos transformados por el bizantinismo, con algo tcrnblen de sasanida y copto, sin olvidar 10 que entre nosotros pudo heredarse del estado visig6tico anterior; pero todo ello unificado en sentido de orientalismo aut6ctono el califato cordobas: y es entonces cuando se abren bo]o para nosotros los tesoros andaluces, que de antes qulzd nada precioso obtuvieron. MARFILES Constituyen categorla soberana sobre todas las dernds series que iremos presentando, y fueron producto exclusivo del taller califal, superviviente bajo la dinastfa toledana de taifas. Desvanecido luego su ccrdcter de obras estrictamente personales, sigui61e otra serie en que cualquier dueiio adventicio, a tftulo de simple comprador, constituye la clientela del taller, y este se esfuma sin acusar nombres ni sitio. Pero la herencia seiiorial pas6 al area mozd­ rabe, segun veremos, dignamente. Estos marfiles de usc palatino son casi exclusivamente estuches a modo de cofrecillos, destinados a guardar alhajas y perfumes de usc mujeril, con preferencia. Sus formas son: 297 tapa lIana tronco de ya de cilindro con tapa semiesferica, ya de base rectangular con 0 en de didmetro las unas, y de 0,350 tcmcfio varia mucho, entre 0,115 y 0,075 m. plrdrnlde, y su a 0,046 de largo las otras. Su montura suele ser de plata nielada con algo de adorno; pocas veces de cobre dorado. Su ruirnero asciende casi a treinta, mas ciertas piezas de diferentes tipos,califales y rnozdrnbes, lIenando entre todas un lapso de poco mas de un siglo con fecha ultima de 1050, algo rebasada por 10 rnozdrnbe, probablemente. De drcbe oriental de cristiano, 10 bizantino, tam poco. y africano nada puede equlpcrdrseles: aparte Quedan dudosos los principios del taller califal de marfiles, entre dos maestros bien destacados: el uno, an6nimo, que lIamaremos "el de Zamora", representa la adaptaci6n del estilo ornamental de la Gran mezquita a la eboraria, y su obra prlnclpe sera el bote de la catedral de Zamora, hoy en el Museo Arqueol6gico de Madrid, fechado en 964 con destino a la esposa favorita de Alhdccm (fig. 355), hcciendole pareja otro, que serlo para uso de la misma, como pebetero, calado y de muy poca altura, que se conserva en Londres (fig. 372). Frente al an6nimo de Zamora, la iniciativa del taller parece que corresponde a un artista forastero, sin duda ajeno a 10 cordobes y lIamado Halaf, que firm6 dos obras, a las de bordes que se asocian otras varias. Su estilo se caracteriza con insistencia por unos follnjes anillados y talla muy profunda, ya en coqollos, ya hendidos, ya como flor6n de cuatro petnlos, que lIegaron a generalizarse bcjo las taifas, transportados a yeserias y madera; pero cpencs vistos en 10 arquitect6nico anterior. Su obra maestra es un bote destin ado a guardar perfumes, sequn expresa su poetlco letrero, que ha venido a parar en la Sociedad Hispdnlco de Nueva York (fig. 356), Y firm6 tcrnblen la arqueta de Htero amorosamente de­ dicada a una dam a en 966 (fig. 360). Agreguese la pequefilto del Instituto de Valencia de Don Juan, ambas con s610 atauriques, y aun serdn suyos el dlptlco de Silos, pieza unicc dos cajitas, destinadas, como que serviria de estuche, hoy en el museo de Burgos (fig. 373), Y el dlptlco, a una hija 0 nieta de Annasir, ya fallecido este ; pero la exaltaci6n de su estilo se da en el bote del Louvre, destin ado a Almoguira, hl]o del mismo califa, en 968, Ilene de representaciones humanas, que abren clclo nuevo para nuestro arte lsldrnlco y aun tocante al area cristiana de este siglo X (fig. 361). Alii campean: una escena de Corte, dos hombres sentados, teniendo redoma y aba­ con nico el uno, y tocando un laud el otro; dos caballeros cogiendo ddtiles ; dos hombres alcan­ zando nidos de halcones y mordidos por perros; halconeros a pie, otro a caballo y dos como hombres abrazados, quizd luchando. Alternan con ellos: dos leones mordiendo a foros, y otros, ya mordierido a grifos, ya mordido uno por dos perros; dos cabras topando, ciervos, halcones, pavones, haciendo la rueda uno de ellos; antilopes, qulzd liebres y mas animalu­ chos y aves: su colocaci6n, dentro de medallones lobulados 0 entremedias de ellos, dejando apenas lugar para los consabidos atauriques. representaciones todas elias tomadas del Son natural con sincero prosclsrno, sin procurarse ulifio de estilo. Mas singular y como obra del mismo, la placa expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York, con primorosos atauriques y entremedias parejas de bailarines, perros, pavones y aguilas, en composici6n I de fastuosidad extraordinaria, cerrando dignamente esta serie (fig. 359). Ya incluy6 pavones, antilopes y palomas apareadas entre 964 el an6nimo de Zamora II en el ramaje de su bote zamorano, as! como aguilas explcyudcs en el de Londres; luego, en 970, el I mismo artifice hubo de recoger la iniciativa de Halaf en su bote para Almoguira, creando I otro, el mayor de todos, destinado a un [efe de la guardia califal, lIamado Ziyed, que estd 298 -en el museo Kensington (fig. 362). Su orqcnlzcclon decorativa sigue el mismo orden de South de medallones lobulcdos, repletos de lmdqenes: pero cqul el soplo de un gran arte las 'anima, un modelado blando les presta morbidez y, sobre todo, hcy expresion, hay vida en 'elias. Se repite la escena de Corte: el senor sentado en un trono cbcnlcdndose, un servidor Ie tiene la espada y otro Ie ace rca la redoma confortadora; luego, el halconero a caballo, .sequido de un lebrel tras de fugitiva liebre, y sera una dama la sentada dentro de pal an­ -quln, puesto a lome de un elefante, entre el arriero y servidor que sujeta el un palanquin. En lossegmentos, los animalejos de costumbre, pero vivldos, y otros en la tapa: todo ello un poernc encantador, de un realismo tan sentido cual no volvemos a saborearlo, entre moros nl cristianos, hasta rozarse con 10 gotico. Despues la herencia de ambos maestros se diluye rutinaria. EI de Zamora es remedado 'en otros tres botes de Paris y Nueva York sin su tapadera y, por consiguiente, anepigra­ fos: en de ellos reaparecen el senor con su copa y el tcfiedor de laud a su lado, el halco­ uno nero a caballo y el consabido besticje, destccdndose perros mordiendo a gacelas y leones ·sobre un toro (fig. 357). Otro bote insiste en ccbrcs topando, el aguila sobre un ave y gace­ los cruzando sus pescuezos. EI tercer bote, aves solamente (fig. 358). Muerto Alhdccrn, resulta suspend ida la actividad morfilefio, hasta que Abdelrnellc, el hl]o de Almanzor, la reaviva con dos piezas magnlficas fechadas en 1005, donde reaparece €1 estilo de Halaf sin desvlncion alguna, prolonqdndose hasta 1050, ultima fecha conocida. La primera de dichas piezas es el bote de la seo de Braga, que distribuye crcos de herradura incluyendo arboles copudos, entre los que picotean pdjcros, y dos hombrecillos tirando del rcrnc]e, a mas de otros animalejos en redondeles y �n los medallones lobulados de la tapa (figura 365). La otra pieza es ejernplnr principe del tipo de cajas, aventajando a todas en tnmnfio y riqueza de temas, si bien cede algo, en cuanto a su arte, bote de Ziyed, pero respecto del dentro de una misma tendencia naturalista; cdernds lIeva escritos, pieza a pieza, los nom­ bres de sus respectivos artffices, comprobando una colcborcclon de taller, pero sin acla­ rarse la progenie de ellos. Ostenta tres escenas de Corte: el senor, barbudo y de gran tomofio, con mazo de flores y redoma, entre servidores que Ie ofrecen otra redoma, aba­ nico y amoscador de cerdas; dos personajes con rcrnltcs de hierbas olorosas y redomas, y tres muslcos: al otro lcdo, un hombre acometido por dos leones y resqucrddndose con su broquel, luchcdores a caballo y otros sobre elefantes. Alternando, leones mordiendo a ,,' ciervos, ciervas y antflopes; aguilas explayadas, sobre liebres; aves, pavones, grifos, uni- cornios alados y mas figurillas de hombres y animalejos. Es admirable la riqueza de datos que esta sin par serie de representaciones ofrece, sumadas perfeccion tecnlco, belleza a la de sus atauriques y armonla de cornposlclon. Tan magnifica arqueta, procedente del monas­ terio de Leire, se conserva en la catedral de Pamplona (figs. 363, 364). Remedo suyo, tenlendolc a la vista, de seguro, es otra arqueta procedente de Leon, sequn dlcen, y hoy expuesta en el museo de South Kensington. Ella sorprende por 10 inusi­ tado de ser plagio desprovisto de gracia toda ella, y dejada sin letrero y en hueco la zona de tapa correspondiente. Algo original en ella son unos feos elefantes y camellos aparea­ dos, povones cruzan do sus pescuezos, un palanquin en que asoma gran ccbezo humana, puesto sobre un caballo; senores con la consabida redoma, vaso, flor y abanico, recredn­ dose con tocadores de zcrnpofic y laud. Por complemento, una guarnicion metdllcn, moderna. 299 Fig. 355. - BOTE DE ZAMORA. Fig. 356. - BOTE DE LAHISPANIC SOCIETY. Fig. 357. - BOTE DE DAVILLIER. EN EL LOUVRE. Fig. 358.- BOTE DEL MUSEO DE NUEVA YORK. 300 Fig. 859. - PLACA DEL MUSEO METROPOLITANO DE NUEVA YORK. Fig. 360.-CAJITA DE FITERO (NAVARRA). EN su PARROQUIAL. 301 Fig. 361. - BOTE DE ALMOGUIRA, EN EL LOUVRE. Todo ello, y especialmente la talla, muy redondeada, de los marfiles autoriza a suscltor problema respecto de su antigOedad. I La Cordoba, tan poco posterior a estes arquetas, hubo de espantar a los ruina de . artistas, que busccrlcn trabajo en otras cortes, y fueron los reyezuelos toledanos quienes montaron taller de marfiles en Cuenca, bn]o la direccion de un Mohamad ben Zeiydn, que firma 1026 la caja de Silos, y un Abderrahman ben Zelydn, que firrno la de Palencia en en 1050, mandada hacer por Ismail, hi]o y heredero de Alrncmun. Sin fecha, pero destinado al mismo personaje, hay un precioso bote en la catedral de Narbona (fig. 370), Y chapas de otra cajita, con cierva, grifos y leoncillos, conservadas en el Museo Arqueoloqlco Nacional. Se les asocian la de Florencia, cnonlmc, con parejas de cucdrupedos y aves entre ramaje o dentro de estrellas (fig. 366), fragmentos de otras, no primorosos -(fig. 371), con menos ventaja sobre una del Louvre, decorada con parejas de animales, y otra mInima, tam bien con ellos, en San Isidoro de Leon. EI taller de Cuenca se caracteriza por talla muy su profunda y en dos pianos tan solo el ataurique, grabado secamente. La gran cc]o de Silos (figs. 367, 368) desarrolla en zonas 302 \ , . Fig. 362. - BOTE DE ZIYED, EN EL MUSEO DE SOUTH KENSINGTON (LONDRES). 303 r Fig. 363. - CAJA DE LEIRE. EN LA CATEDRAL DE PAMPLONA. 304 Fig. 364.-TAPA DE LA CAJA DE LEIRE. .. 305 �. Rg. 365. - BOTE DE LA SEO DE BRAGA. Fig. 366. CAJITA DEL MUSEO DEL BARGELLO (FLORENCIA). - 367. SILOS. EN EL MUSEO DE BURGOS. Fig. - CNA1DE Fig. 368. - COSTADO DE LA CNA DE SILOS. 307 .' Fig. 369. - CAJA DE PALENCIA (FRENTE Y COSTADO). EN EL MUSEO ARQUEOL6GIC@ DE MADRID. 308 Fig. 370.-BOTE DE LA CATEDRAL DE NARBONA. Fig. 371.-PLACA DE LA COLECCI6N STOCLET, EN BRUSELAS. Fig. 372. - PEBETERO EN EL MUSEO DE SOUTH KENSINGTON. Fig. 373. - DiPTICO DE SILOS, EN EL MUSEO DE BURGOS. 309 f1echas contra fieras paralelas ya de arqueros disparando gran nurnero de pequefics figuras, acometido por un le6n, ya otros leones mordiendo a toros y ciervas, 0 bien cru­ y caballero con otras de palomas y tcmblen grifos, unicornios y, de mayor torncfio, zados en parejas, ciervos y pavones. de madera recubierta cha­ La de Palencia, ya en el museo de Madrid (fig. 369), es con sobre badana dorada por fondo. De novedad, hombres devorados pas caladas de marfil, ccornetiendoles con lanzas; 10 dernds, repetici6n de arqueros, ciervos y por leones y otros _ a tres 16bulos 0 en estrellas, y todo ciervas, unicornlos y palomas, encajados en arcos de trasladase envuelto por follajes mon6tonos. Perdida Toledo, es verosimil que el taller se a tierras cristianas, brillando de nuevo en San Millan de la Cogolla, sequn veremos. CERAMICA Las artes del barro, en su categoria de vajilla artistica, son una de las actividades ma­ mdximos nuales que mas intensamente evolucionaron en la Edad Media, presentando sus valiosisima en nuestra area califal cor­ aspectos de originalidad en Asia y una repercusi6n con la de su fase mas tfpica no proviene de 10 lsldrnico oriental dobesa, par'ticularidad que sino de corriente bizantina, pareja de la que inform6 nuestras decoraciones conocido, una el desarrollos de cornposiclon a arquitect6nicas desde siglo VIII; pero con que superan sus modelos, y se animan con figuras. Este auge aut6ctono de nuestra cerdrnicn decorada califal es un heche tan sorprendente cristiano europeo, lncluldo 10 bizantino, muy como probado, y se acrecienta su valia ante 10 un verosimil comercio de exportaci6n, com­ pobre de invenci6n y de tecnica. Ello justifica Sicilia y Malta, probado mediante la presencia de vajilla como la andaluza en Ibiza, Argelia, hasta Constantinopla, al par que provocaba la implantaci6n de talleres en la y qulen sabe si zona cristiana espanola. Nacieron csl, mas 0 menos tardiamente, las manufacturas simila­ res de Teruel, Cctclufic y Paterna, alcanzando hasta Provenza, sin avance alguno de tecnica y rutinario su arte, como p�oductos de trasplante a tierras sin la fertilidad imaginativa andaluza . Omar ben Haf­ Respecto de su aparici6n inicial, el no verse en Bobastro, residencia de I . indicio de que hasta el califato, sun excepto en su alcazaba, hecha por Annasir -, parece - o sea en el siglo X, es cuando la traerian orientales, sin que podamos rastrear precisamente reconocido similar de hacia entonces, el Hip6dro­ de d6nde, pues en Constantinopla 10 en mo, es de origen drnbe, como acreditan letreros cuflcos, y resulta mas rudo que 10 sus nuestro, salvo ciertos fragmentos de tecnica refinada, como otros de Azzahra. Lo tfpica­ mente bizantino, que trasciende al Egipto musulrndn y a Italia, lIeva su decoraci6n grabada barniz encima, procedimiento c[eno a 10 espofiol absolutamente. Mas en la engalba y con la tecnico habremos de retroceder hacia los origenes. para hacernos cargo de La vajilla cldsicc, en sus tres grandes fases sucesivas: griega, campaniana y aretina - esta ultima con su terra mantenida hasta los god os -, cay6 luego en 10 que sigillata, tenia de arte y refinamientos. Quedaba 10 vulgar y de cocina, con ollas, cazuelas, jarros, de todo ,complemento ornamental. platos, tazas, candiles, etc.: formas sencillas y desnudez Pero la necesidad de hacer el barro sobre todo la grasa, motiv6 una solu- impermeable, a 310 Cion, que no era nueva sino utilizada para piezas de lu]o en el Oriente helenlstico bc]o el dominio de Roma, y que lleqo a nuestro pais en ejemplares selectos, de reluciente superflcie amarilla 0 verde; y tcrnblen, mas raras, las hubo blancas con toques morados. LO VIDRIADO. - La rczon tecnlcc de esta cubierta, asalvo de humedad y calor, fue ideada probablemente en el Egipto fcrconlco, y arranca de la propiedad de vitrificarse la slllce en contacto de galena sulfuro de plomo - y sal, reducidas a pasta Ilquida. Bcficdo - con ella la vasija antes de someterla al horno, sale de el brillante, y blanca si 10 es la arcilla, pues tal cubierta resulta incolora; mas si Ileva consigo un oxldo de hierro, este la tine de amarillo, hasta pardo y achocolatado; en presencia del oxide de cobre toma color de tur­ quesa 0 bien de verde ho]c, y con el de manganeso resulta un morado negruzco. ASI se obtiene el vldrlo 0 vedrlo, que sigue cpllcdndose a nuestra vajilla ordinaria que Ilamamos vidriada. Faltaba obtener blanco sobre arcillas coloreadas, como 10 son de ordinario en Occidente, y para ello se ideo bcficr la pieza con una tierra blanca, arcillosa 0 caliza, antes de aplicarle el vidrlo, la que se incorpora a el, sirviendo adem as para avivar los tonos ama­ rillo y verde. A esto lIamamos y en engalba, frances engobe, base de la mezza maio/ica ilaliana y de las manufacturas artfsticas bizantina y egipcia medieval a que antes se cludio. LO CALIFAL: FORMAS. - Con de ello, pero sobre aprendizaje oriental, independencia de seguro, surge nuestra vajilla califal, y son dos localidades, Elvira y Azzahra, ambas des­ trufdas a principios del siglo XI, las que suministran caudal de ejernplores, mas 0 menos fragmentarios, para estudiarla sorprendiendo un nuevo concepto de arte. Ahora las formas se desequilibran y complican: hay jarros con piquera de pellizco 0 con largo y torneado gollete (fig. 376 g, e); ollas de cuatro as as caprichosamente rematadas, con doble reborde y picos en torno (fig. 376 c); cazuela con su volvedor de ruedos escalon ados y boton central; otras con topes en la base para aislarlas (fig. 376 a); porrones variados con su pitorro (figu­ ra 378 c); cantarillas de dos asas, elegantes (figs. 377 d, 378 a); una alcuza conlcc (fig. 377 c), como 10 son tamblen los vasos; copa (fig. 376 d) y tazas inspiradas en otras metalicas: todo ello, piezas de refinado gusto sin precedentes ccd, y recubiertas de barniz amarillo 0 verde generalmente. Lo mas vulgar, en jarros y algun plato, Ileva simplemente pintadas con blanco, sobre 10 rojizo del burro, composiciones a base de aros, rombos y puntos, 0 bien tallos vegetales y hcstc letreros drnbes, trazados a la ligera con cierta gracia (figs. 376 f, g, 377 a, b). Sobre platos vidriados de amarillo sollcn dlseficrse adornos, aun mas simples, en negro; pero hay uno verde con caballo en negro y amarillo. Ciertas vasijas panzudas osten tan decorcclon grabada sencilla; otras destacan series de protuberancias cpifioncdcs, y las hay caladas, remedando la obra de cesterfa. Finalmente, dan tipo nuevo los candiles, de muy larga piquera, boca agargantada y asita redonda (fig. 376 b), y se les asocian lam­ paras con tres 0 cuatro piqueras, para colgarse. LOZA DE ELVIRA. - Hasta cqul no casi 10 vulgar; pero superdndolo tene­ traspasamos mos la vajilla fina de comedor, que lIamamos loza. Sus platos alcanzan hasta unos 40 cm. de dldrnetro, muy conccvos y sin ala ni ruedo de asiento, y les complementan, entre 10 arriba citado, ciertos jarros, cantarillas, orcitas, tarros, cazuela, alcuza, etc. Su uniforme decora- 'cion se desarrolla en campo blanco de engalba, con perfiles cmorctcdos y manchas de 311 '1 I Fig. 374.- FRAGMENTOS DE LOZA DE ELVIRA. EN AZZAHRA (a, c, d) Y GRANADA (b). este mismo color y de verde ho]c, alternando en funci6n de obtener una policromfa equili­ brada; por el enves, un bcfio amarillo, que simplemente es el barniz impuro, ferruqlnoso, el burro. Tal con el nombre de la ciudad es la loza que lIamamos de Elvira, trasparentando donde cpcreclo primero, en 1875, recogidas alii por mi padre sus piezas sobresalientes, aun­ de elias, y se la viene reconociendo que despues Azzahra proporciona un mirnero mayor en mas de otras catorce localidades hasta la lineadel Duero, dentro del dominio califal. Su duraci6n apenas alcanzarfa tres siglos, sustitufda luego por otras manufacturas, cuales son la de cuerda seca y la dorada famosa con aparici6n del azul de cobalto; pero en terri­ torio cristiano son derivaci6n suya, en cuanto a tecnica, los czulejos de la precisamente catedral de Tarragona, que datan de principios del siglo XIV, la loza de Teruel y la de Paterna, fuera ya de nuestro estudio. La de Elvira d6nde fabricase; probablemente en varios sitios; mas 10 ignoramos se hallado en los grandes focos de Elvira y Azzahra hermana entre sf del todo, csl por su arcilla rojlzc como por su arte. En este radica el rnerito ; pues, aun inspiradas en la vajilla abasf sus decoraciones, exalta sobre ella un sentido de occidentalismo naturalista, en la repre­ mientras 10 sentaci6n de figuras humanas y de animales, a despecho de su pobreza tecnica, oriental, tan poderoso en recursos cromdtlcos, apenas sale de infantilismos. Por cabeza de serie, como obra maestra, descuella el plato de Elvira con un caballo enjaezado, partida su cola en tres, como en los marfiles, y montado por un ave que Ileva las riendas en su pico (fig. 379 0). Tras de el, un frasco, tcmbien de Elvira, con liebres corriendo con una ram ita en su boca (fig. 379 c), sequn 10 repiten otros cucdrupedos y muchos pavones de estilizado plumaje, �ntre 10 de Azzahra (fig. 378 e, f, g); pero de figuras humanas s610 alcanzamos fragmentos, en especial un halconero, con rica vestidura, un arquero y algo de mujeres (figs. 3800, 374). Mas abundantes, los platos y cacharros con letreros cuflcos bien adornados, que repiten innumerables veces una sola palabra o/me!ik, "el reino" 0 "el - 312 ·1 Fig. 375. - FRAGMENTOS DE LOZA DORADA DESCUBIERTOS EN MEDINACELI Y MALAGA (b, c). (0) dominio" (fig. 380 b, c. d) -, entre otros de tipo cursivo, que resultan notables desde el punto de vista pcleoqrdflco, mas de dudosa. En torno 0 por sl sol as, abundan interpretaci6n cornposiciones vegetales tipo cordobes y de trenzas de tres ramales, sequn tradici6n cldslcc en los mosaicos, todo ello expresando una aptitud decorativa sin precedentes occidentales, y superando 10 oriental, que fij6 rumbo en 10 sucesivo. Adviertese,· en est a serie, que las piezas de mejor arte desmerecen, perdido su brlllo y casi al descubierto laengalba; cambio, las hay pobremente decoradas que en conservan su blancura y brillo, descollando en este sentido los nzulejos que guarnecen la cupula de ante el mihrab en la Gran mezquita cordobesa, por arranque de sus gallones, con labor imbricada y hojltcs en superflcle de semibocel, unlcos muestras de azulejos en este periodo y explicables para afianzar el asiento de los mosaicos sin desentonar de ellos (figs. 170, 173). Esta ventaja de aspecto se debe, probablemente, al empleo de otro recurso mas sabio para obtener blanco sin necesidad de engalba, que consiste en al barniz incorporar plom­ boso pequefic porci6n de casiterita u 6xido de estcfio, que se mantiene infusible a la una temperatura del horno, prestarido blancura y densidad a la mezcla, ya vitrificada. Asi se practic6 desde el siglo IX en el area mesopotclmica para su loza dorada, y con ella penetr6 en Andaluda, sequn veremos; pero su secreto no se divulg6 hasta el XIII, con otro ernpu]e de orientalismo, en 10 nazari granadino, que tru]o consigo el azul de 6xido de cobalto, des­ conocido antes por ned, trascendiendo a Italia en el XV con la maio/ica de los Robblcs. LOZA DORADA. Venimos rondando los orientales que determinaron nuestra lnflujos - loza de Elvira; mas, frente a ella, el califato abasi pesaba demasiado . . con sus magnificencias para que no alcanzase a C6rdoba por via comercial la vajilla mesopotclmica; y, en efecto, Azzahra nos la descubre, aunque en proporci6n relativamente exigua. Es la loza que Ila­ man eruditamente "de refle]o metdllco": en drube y en castellano antiguo, simplemente, "dorada"; invento el mas admirable de la cerdrnlco medieval, y aun acaso de todas sus artes industriales. Se la us6 por los califas abasfes del siglo IX, nccldc entonces con un colmo . de perfecciones, luego decaen y han vuelto ello que lograrse; no platos grandes, a en no c6ncavos y con ruedo de asiento; arcilla pal ida, y su cubierta, blanca estanifera, su es muy sobre la que, en segunda cochuraa temperatura bc]o, se cficdlc una decorncion trazada a pincel, representando sumariamente figuras de hombres y ani males, 'epigrafias cuficcs y 313 tecnlcc maravillosa. Es una slnfonlc adornos, con arte desnaturalizado en absoluto, pero de con irisaciones de oro, de tonalidades, ya purprirecs sobre oro, ya aceitunadas y de castana, azul y violeta, cambiantes; tcrnbien, un verde de y un azul de zafiro, que manzana son un misterio. Se les descubre en Racca y Samarra; cdernds Ie corresponde la primera serie de de la Gran de Cnlrudn, trafdos de Bagdad, y solo un tiesto pequefiislrno mezquita azulejos sclto de Azzahra. Lo dernds de cqul hermana por completo con piezas tlpiccs de una fase posterior, obte­ etc., que caracterizan un tono amarillo con reflejos nidas en Rages, Susa, Fostat, se por torno de decoraciones, y por el enves unos aros entre dorados, campos de puntos en sus series de rayas punteadas. Su tecnlcc bien y aun se la imita hoy: se conoce deposito es un compuesto de y hierro sulfurados, que plata, cobre se mezclan en masa susceptible de cpli­ carse a pincel sobre el vldrlo, y que sin fundirse en el horno sale de el con la refulgencia alu­ cabeza como de caballo; hay dida. EI mayor de los fragmentos de Azzahra presenta una otros con letreros y poco mas de notable (fig. 381 a, a', d, e). Pero no es ello solo: destccdndose de 10 seguramente importado, otr.os fragmentos, en Azzahra, Bobastro y Medinaceli, se diferencian 10 bastonte para creerlos fabricados cqul mismo, con arcilla pajicienta, como la de un tono mas amarillo sin Andujar, limpieza ni 381 b, c, 375 c), A falta de irisaciones casi, y nueva ostentaci6n de letreros cuflcos (figs. ulcnnzornos noticia de que el XI trabajaban aqui alfareros orientales, datos directos, en siglo local. y un formulario toledano de entonces consigna "escudillas doradas" como producto Adernds, en la primera mitad del XII, Calatayud, y desde el XIII Malaga, e.ran fcmoscs por su loza dorcdo que se exportaba lejos, Sobre esta informacion podemos reconstruir hechos: primero, simples importaciones, desde Rages, en Persia, qulzd ; luego, dentro cun del siglo X, alfareros de alia implantando taller, que mantenerse Toledo, como el de marfiles, y se !lev6, al extinguirse qulzd un pudo en secreto de 10 estanifero. Sin el, volviendo la engalba sobre arcilla rojiza, rea­ pronto, el a 381 c) 0 vivan Malaga Calatayud aquella industria, con el mismo dorado pajiciento (fig. y bcfio aturquesado, bien amoratado hasta purpureo (fig. 381 b), y hay, piezas malaguefias con sobre engalba tornblen. De 10 mas, original son fragmentos en que aparecen figuras de rnujer con una flor en la mano (fig. 375 b, c), y aves andando, sobre fondo punteado, como 10 orien­ Mas selecto, tal, pero trazadas a la lige'ra, con el mismo desenfado que en la loza de Elvira. donde se 10 .purpureo sobre arcilla pdlldc, que es el "sargado" rnclcquefio, en fragmentos se completan mediante esgrafiados (figu­ repite "lc felicidad" entre elementos vegetales que ra:381 b): es notable su hermandad con los celebres bacini, incrustados en campaniles cruel­ rorndnicos de Toscana, y mas cumplidamente, con los fragmentos de vasos y azulejos formes descubiertos en Calat Alhammad, cerca de Bugia, sobre cuya procedencia espanola no cabe ya duda, Nuevo asalto de orientalismo produ]o otra manufactura mclcquefio en vasijas con decorcclon de relieve hecha a molde, que remeda leones en serie marchando entre atau­ cruzados de lobules, (fig. 382), del XII riques tlpicos del siglo XI (fig. 383), 0 bien arcos como letreros cuficos. Su crclllo" es pdlldo ; su cubierta, blanca de engalba, y Y tcmblen grandes AI cundio esta vajilla; pero sobrepuesto 10 dorado, que resulta muy deleznable. no parecer, de cobalto, dan la Alham­ azulejos con la misma tecnlcc, ya estaniferos y manchados se en bra, representando una etapa ulterior, hacia fines del siglo XIII. 314 Fig. 376.-VASIJAS DE ELVIRA (a"b, c, d) Y AZZAHRA (e, f, g): VIDRIADAS (c, e) Y PINTADAS (f, g). 315 1- r PINTADAS DE AZZAHRA (a,b). ALCUZA DE VILLARRASA (c). CANTARILLA DE AZZAHRA (d). Fig. 377.-VASIJAS �16 , Fig. 378. LOZA DE ELVIRA, DESCUBIERTA[EN AZZAHRA. - 317 [ 379. LOZA DE ELVIRA: PLATO DEL CABALLO Y FRASCO DE LAS LlEBRES. EN EL MUSEO DE GRANADA (0, c). JARRO Fig. - DE AZZAHRA (b). 318 ! Fig. 380.-LOZA DE ELVIRA: EN EL MUSEO DE GRANADA (a) YEN AZZAHRA (b Q e). 319 • Fig. 381. - LOZA DORADA: 'DE AZZAHRA (a, a', d, e). DE JATIVA (b) Y DE MALAGA (c). 382 y 383. -JARROS A Figs. MOLDE. PROCEDENTES DE C6RDOBA Y MALAGA. EN EL INSTITUTO DE VALENCIA DE DON JUAN (MADRID). 320 Fig. 384.- LOZA DE CUERDA SECA.: FRAGMENTOS DE AZZAHRA Y ELVIRA. JARRITOS DE ALMERIA Y BENICARL6. 321 ., . Fig. 385. - LAMPARAS DE LA MEZQUITA DE ELVIRA, EN EL MUSEO DE GRANADA. 322 Todavfa las ruinas califales ofrecen otros tipos de cerdrnlcc, resultando desconcertante una loza de color de canario, que se obtendrfa con oxide de antimonio, material rarfsimo en 10 oriental conocido, y sin renpcricion hasta tiempos modernos. Proviene de Azzahra, Bobastro 'y Malaga; su barro rojizo; su cubierta, a veces pulverulenta por mal fun­ es dida; su decorccion, pobre, a trazos verdes, negros y aun blancos, acusando follajes de tipo cordobas: no tendrfa exlto. LOZA DE CUERDA SECA. - En cambio, fue eje de evoluciones afortunadas el no vidriar la pieza enteramente, sino limitarse a munches circunscritas por un disefio a pincel con oxido de manganeso Impure, sin fundente, que resultaba mate y negruzco aun despues de scllr del horno, y se Ie designaba como obra de "cuerda seca" en el tecnicismo del taller. Entre estos perfiles se aplicaba un vidriado complementario con oxide de cobre, que sollo irisarse, enmascarando su tonalidad verde, 0 resultaba aturquesado en virtud de un fun­ dente alcalino. Asf son muchos fragmentos de Azzahra y Elvira, jarrillos, descubiertos en de barro grisiento, visible entre zonas de letreros cuficos, crltos y puntos en verde (figu­ ra 384 a, b), a mas de algun cogollito de tipo califal en blanco (fig. 384 c): Posteriores, como del siglo XI a XII, son tres brocales y un bacfn del museo de Cor­ doba, decorados en basto, a zonas con follajes arcaicos y las consabidas eulogias, "el po­ der", "Ia felicidad", destacados en verde sobre su arcilla rojiza. Similares, pero finos, unos jarritos con" dos as as y ancho gollete, de arte pobremente ccrccrertzcdo (fig. 384 f, g); los que mas tarde, bc]o los nazarfes, se transforman en otra serie rnclcquefic, evolucionada su forma por influjo oriental y primorosa labor en verde y pardo sobre 10 blanquecino del con burro. En otra dlrecclon las levantinas, hacia Almerfa, prodigaron series cndlo­ comarcas gas, decoradas tan solo a cuerda seca, sin vidrfo alguno y con partes esgrafiadas. Un segundo grade de est a tecnica ncclo a par del anterior, aplicado en Azzahra a bccl­ nes de barro ordinario (fig. 384 d, e) yjarritos descubiertos en la alcazaba de Bobastro a y en Ibiza, Malaga y Vcscos, de aspecto primitivo. Consiste en vidriar enteramente la pieza con tonos blanco, amarillo, verde y morado, perfiles de cuerda seca, y esto se per­ entre los fecclono en Granada hacia el siglo XIV, pasando al area mudejnr en Sevilla y Toledo. Dejado todo ello, nuestro estudio se suspende cuando la proximidad de tiempos con­ slntlo mantener en usc algo de la vajilla, queddndonos, en vez de tiestos, piezas esplendl­ das que son gala de nuestros museos, y cuando empezaron a brillar los edificios con lebo­ res de cerdrnico vidriada, en que entraba el oxldo de cobalto para los azules, y el alicatado en dispute con el azulejo. A su vez el cornerclo trajo a la Alhambra platos de loza sirfaca; y en sentido contrario la nuestra dorada lleqo alia, despues de esparcirse por todo el lito­ ral del Mediterraneo y, fuera de el, hasta Inglaterra. Nuevo triunfo de 10 espcfiol, coronado por el hecho de que la alfarerfa artfstica toscana nprendlo a vidriar por 10 fino en el siglo XV gracias a nuestras recetas. 323 METALURGIA BRONCES.-La tecnica de los metales viene heredada desde tiempos prehlstcricos, sin de siglos, que la mayor 0 menor habilidad lograda los apenas mas vuriccion, a troves en talleres. Respec'to del bronce, su cdcptcclon artlstica requiere el fundirlo en mol de, bien de de arena, y su cumbre estd en hacerlo sobre matriz de cera, con 10 que sea piedra 0 resultan piezas huecas de extraordinaria finura, Ilamadas en la Edad Media "ex operibus Salomon is", probablemente. Luego, perfecciona y adorna la pieza mediante el torneado se 10 agrio del bronce, la tecnlcc del repujado en planchas y el cincelado, excluyendose, por a martillo, de que son susceptibles el cobre y el laton 0 ozofcr, a mas del oro y la plata. Respecto del dorado, es poco firme, excepto el hecho "a fuego" en cobre, y para el esmalte como materiales los soportes de oro y cobre son casi tinlcos. Hierro y plomo apenas entran ,artlsticos en este perfodo (fig. 227). Lo nuestro drnbe de losprimeros siglos parece acusar algo de qrcdcclcn, entre piezas macizas, gruesas y cinceladas, que podrdn ser 10 mas antiguo, y otras de sutil grosor, sobre aprendizaje oriental 0 importaciones todo ello, pues nada occidental anterior las preludia. La serie de jarros y pateras visigodos, que corresponde a otro arte mas europeo, no pre­ valece ni trascendi6 al mediodfa peninsular. Ahora bien, 10 presumible es que nuestros pri­ meros bronces andaluces, csl como la vajilla de Elvira, no provienen del area musulmana oriental, sino de la bizantina 0 copta en contacto con ella, ratificando su adhesion a los espcfioles, en defensa cornun contra los abasfes. omeyas Esto pudiera explicar el ccrdcter primer lote conocido de bronces, descubierto pre­ del cisamente en las ruinas de la mezquita de Elvira, incendiada por los berberiscos cuando la revolucion, en 1010. Consta que ella habfa sido reedificada por el emir Mohamed en 864, como va dicho, resultando verosfmil que entonces se la alhajase. EI incendio hubo de provocar la ccldc de las lam paras de bronce colgadas ante el mihrab, rornplendose y quedondo carbonizada bo]o elias la estero de esparto del suelo, lden­ tica a las actuales, como tcmblen quedo impresa en tortes de plomo procedentes de la cubierta; entre restos, igualmente carbonizados, del techo. Recogida y clasificada por mi padre la masa de fragmentos, resultaron. seis ldrnpcrcs de platillo, una corona de luces y poco mas de incierta apllcccion (figs. 385 y 386). Las ldrnpcrcs son discos cal ados bien gruesos, que miden de 44 a 33 cm. de didrnetro, provistos de asitas para suspenderlos mediante tres coden as, que en un ejemplar resultaron apelmazadas sobre su propio disco; elias se juntaban en una pieza triangular 0 redonda, insertaba una pelota esfericc, anillada que a su vez pendlo de otros eslabones en que se o lisa. Forman dos grupos: el primero, con cuatro ejemplares, abarca dos casi iguales, con orla de discos entre elementos acorazonados; en el promedio, dos aros con discos de enlace (figura 385 a, c), otro central y por liqczcn una serie de piezas radiales. Los otros dos ejemplares tienen orla igual que los anreriores; en torno del disco central, ocho arquillos de herradura; por enlace barritas radiales con inclusion de discos en el platillo mayor (figu­ fa 385 b). AI segundo grupo corresponden dos ejemplares de tcrncfio muy desigual (figura 385 d, e), pero tienen de cornun su periferia en doble drculo inscribiendo discos almenillas dentadas, alternando; el desarrollo estrella de seis y cuadrados 0 menor una 324 puntas, completada por roseta central y cogollitos al rededor; componen el otro una serie de elementos curvos ligados entre sl, rematando en dobles hojcs, y barritas radiales hasta el disco central. Desde luego, esta cqrupoclon revela dos grados de arte: las dos ultlrncs lam- Fig. 386. - CORONA DE LUCES DE LA MEZQUIT A DE ELVIRA: REST AURACI6N. paras son de arte cor dobes: en cambio, las cuatro primeras obedecen a un tipo exotlco per­ fectamente definido, hermanando con ejemplares de coronae 0 polycandela orientales, ccreditcdos de cristianos por crucecitas dispuestas en tre sus rayos. EI de aspecto mas antiguo, el Museo copto del Cairo, en lIeva barras en vez de cadenas y una pieza triangular de arranque igual a otra de Elvira; csl tam bien uno en el Museo BritOnico y otro que, vendido Granada, paso al de South en Kensington; ambos de aspecto menos antiguo, y los hay ancilogos en el Museo de Berlin, en la coleccion Basilewski y en el museo drnbe de IstOmbul. lnfierese de ello, que el primer grupo nuestro, si no importado, sera lrnltcclon vlsl­ goda 0 mozcirabe, y sobre el, ya con cierta originalidad, se produjo el segundo grupo, tal vez al reedificarse la mezquita. Igualmente obra de estirpe cristiana, origi­ nal 0 imitada, pero bellfsima, seria la corona de luces, cuyos fragmentos, muy incompletos, aparecieron en la misma ruina. Como tipo Fig. 387. CANDE- - Fig. 388.-INCENSARIO ilERO DE TOLEDO. suyo, tenemos las coronas de Guarrazar y re- DE VO- U)BILIS. presentaciones en miniaturas figurando iglesias; cdernds, un ejemplar copto de bronce, muy semejante, pero liso su cilindro, en el museo del Cairo. Ambos colnciden por sus ires cadenas y doce varetas abisagradas volando al rede­ dor, y con arandelas para encajar vasillos de vidrio; pero la de Elvira se adorna con una cornposiclon de aros secantes calades, repitiendo la ya vista en una celosia de la Algima de Cordoba: su didrnetro, 28 cm. (fig. 386). Como no solamente sino la ciudad entera de su mezquita, Elvira, fue lncendlcdc 325 en 1010, se explica que una de las casas retuviese un verdadero tesoro de objetos de bronce, tcmblen conservados en el de Granada. Su pieza principal es un museo templete exagonaf con arquillos de herradura sobre doce columncs y remate de almenas dentadas, sobre las que' posan seis aves de corvo pico; surge encima un astil de elegante desarrollo para soporte de platillo, cuyo calado diseiia una estrella de seis un puntas, y remata con una gruesa aguja de punta roma (fig. 390 a). Es pieza de fundlcion muy bien hecha, y se adorna con gra­ bados de Insplrcclon vegetal; su alto, 56 cm.; pero en cuanto a destino queda incierto. Para candelero parecen excesivas sus complicaciones y aun el grosor de la puc: para [oyero, ensartando en ella brazaletes y colgados de las aves collares, faltan precedentes. Ahoro bien, trdtnse de un objeto muy en uso, yo que hay otros tres ejemplares muy incom­ pletos, de tamaiio menor y sobre base cua­ drada, pero sernejcntes hasta en su deco­ rncion : uno, procedente de Almeria, en el museo de Madrid (fig. 390 d); otro, en el de Valencia (fig. 391 a), y un fragmento en el de South Kensington. Fuera de esto, nada conocemos que se Ie asocie, pudiendo reputarse de creucion califal nuestra. Juntamente con el templete de Elvira descubrlose un candelero con labor ani­ Ilada como a torno, puc aguda para meter el cirlo, arandela y pie redondo; aseme­ Fig. 389. - CANDIL DE MONTEFRlo (GRANADA) [dndose a la pieza anterior la forma del astil; su alto 49 cm. (fig. 390 b). Otro ejemplar de candelero de mas complicada estructura. pero similar, estd en el museo de Toledo, procedente de su region (fig. 387). Se apoya sobre tres patas, su labor a torno desarrolla variedad de elementos, la arandela es concave, decorcclon que rayas anilladas; su alto como platillo, y prlsrndtlco su puc: todo ello sin mas 43 cm. Muy parecidos, otros dos del Museo Britdnico sin procedencia notoria, aunque se atribuyen a Egipto: el uno, con tres cundrupedos por soporte, hermana por 10 dernds con el de Toledo; el otro pcirece posterior y Ileva algo de letrero cufico entre sus grabados. significando "para Dios" quizd (fig. 390 c). Orro hallazgo en Elvira es una especie de vase con base y boca acampanadas y cuerpo esferlco algo aplastado; su alto, 20 cm. En todo semejantes, pero menores, uno, procedente de Cordoba, en el museo de Madrid (fig. 390 e), y otro en el de Valencia (fig. 390 f); los. tres con decorncion grabada: de hojas acorazonadas, en el primero; la palabra "bendi­ leones. cion" repeti�a en" el segundo, y follnjes ondulados y discos conteniendo figuritas de en marcha, el tercero. Otro, en el museo del Cairo, se diferencia por alzarse sobre tres patas como de animal, iguales a las del candelero toledano. remedando cabeza r Mas y tam bien procedentes de Elvira, tres soportes inexplicables pata de leon, con aleta por detrds para soportar algun recipiente, y abierta, aunque macizada, la boca; su estructuro es muy esquerndtlcc, pero bien acorde con 10 cordobas y recordando los leones de la Alhambra, como va dicho; su alto 17 cm. (fig. 391 b). Otras dos piezas casi iguales, pero de menor tamaiio, estdn en colecciones particulares, procedentes de Granada. 326 Fig. 390, - �RONCES DE ELVIRA (0, b), DEL MUS EO BRITANICO (c), DEL DE MADRID (d, e) Y DEL DE VALENCIA (f). 327 Fig. 391.- BRONCES: DEL MUSEO DE VALENCIA (0) Y DEL DE GRANADA (b). ESTOS PROCEDENTES DE ELVIRA. Fig. 392.- CANDILES: DE LA ISLA DE SAN FERNANDO. EN EL MUSEO CERRALBO (0); DE ELVIRA. EN EL DE GRANADA (b); DE JIMENA. EN LA COLECCI6N G.-M. (c). Y DE OSUNA. EN EL MUSEO DE C6RDOBA (d). 328 Fig. 393. - CANDILES DE LA COLECCI6N G.-M. (0) Y DEL MUSEO DE MADRID (b). I. Fig. 394. - MORTERO DE MONZ6N. EN EL MUSEO BALAGU�R (VILLANUEVA Y GELTRU). 329 Fig. 395. -INCENSARIOS DEL INSTITUTO ps VALENCIA DE DON JUAN (0) Y DEL MUSEO DE C6RDOBA (b). BRASERO, EN DICHO INSTITUTO (c). ALDABON DE SAN SALVADOR, EN SEVILLA (d). CUENCO DE ALAMIRfA, EN EL MUSEO DE C6RDOBA (e). 330 Fig. 396. - LE6N DE MONZ6N. EN EL LOUVRE (0). CIERVO DE AZZAHRA. EN EL MUSEO DE C6RDOBA. 331 Fig. 397.-CIERVO DE C6RDOBA. EN EL MUSEO DE MADRID (0. b). PAv6N DEL LOUVRE (c). CUADRUPEDO DEL BARGELLO (d). Fig. 398.- HOSTIARIODE RODA (a, c), POMO DE C6RDOBA (b), TALISMAN DE MALAGA (d), ACETRE DE SEVILLA(e) Y ESENCIEROS DE C6RDOBA (f, g,): EL ULTIMO, DE PLATA. 333 1 GERONA (0). DEL MUSEO DE MADRID (b) Y DE SAN ISIDORq DE 'Fig. 399.-CAJAS DE PLATA: DE LA CATEDRAL DE ,LE6N (c, d). 334 y una tercera, masdesgarbada, pero semejante,· se ha descubierto en Calat Alhammad. La ultima pieza iniportante de Elvira es un candil de larga piquera, alto gollete con su tapadera, asa calada en forma de palmeta y despaviladeras prendidas a una cadenilla (figura 392 b). Iguales exactamente se conocen, por 10 men os, otros siete ejemplcres, tole­ dana uno de ellos y andaluces los dernds, como procedentes de un mismo taller. Precedeles otra serie, que varia por ligarse el asa al cuerpo del candil, desarrollando un busto de ciervo, tal como 10 Ileva un ejemplar muy grande, hallado en tierra granadina (fig. 393 a); y serlo tcrnblen csi el del museo de Madrid, con dos piqueras e lnscrtpclon grabada que dice: +OC OPYS SALOMONIS ERAT, denuncldndose por obra rnozdrube (fig. 393 b). Ya degenerada la tal cabeza de ciervo, hay otros tres 0 cuatro ejemplares, y uno en Portugal con ave plantada sobre el asa. Quedan tapaderas sueltas de candiles de est a serie figurando cucdrupedos 0 simplemente sus cabezas, en especial una como de gallo; tcrnblen, sobre la nariz de la piquera, hay un pajarito a veces. Mas alto valor artfstico alcanza otra serie de candiles con alta peana, asa como figu­ rondo un cucdrupedo estilizado, y todo Ilene de adornos, grabados a buril directamente, en un ejemplar, y en el mol de para la fundlclon, en los otros. EI primero, que se descubrio en Cordoba, estd perdido; otro casi igual y tcmblen completo, procede de Jimena de la Fron­ tera (fig. 392 c); sin asa el de Sitges, hallado en Cordoba, y el de Montefrio (Granada), muy primoroso (fig. 389). Su decorcclon desarrolla vegetales, letreros cuflcos con las ordinarias eulogias, y animalillos como lebreles persiguiendo a liebres y patos dentro de aros enla­ zados, temas de estirpe cordobesa bien notorios. Vcrlc de tipo otro candil, descubierto en Osuna, con ancha boca rodeada de almenillas, asa en forma de ave y breves soportes; su decorcclon, igualmente grabada, con los mismos elementos vegetales y letreros de "bendi­ cion de Dlos unlco" (fig. 392 d). Tipo cnornclo y de tiempo dudoso es el candil de la coleccion Cerralb_o, descubierto en la isla de San Fernando: tiene figura de paloma, piquera larga saliendo de su pecho y asita para suspension en la cabeza; su largo, 19 ern. (fig. 392 c). Quizd valga como pre­ cedente en otro del museo del Cairo. En Monzon de Campos se descubrio un gran mortero, cabeza de serie para los almireces con anillas y resaltos picudos, que arranca de algun ejemplar con adornos grabados y letreros de cr+e califal, y sigue con otros lisos, numerosfsimos, hasta marroqufes modernos. EI mortero de Monzon tiene sus anillas pendientes de cabezas de leon, y se enriquece con g'rabados de follajes, leones, liebres y pavones en pcrejcs afrontadas dentro de aros, y letrero cufico con prolijas eulogias "para su duefio", similares a -las del almirez aludido (figura 394). Se conserva en el museo de Villanueva y Geltru, Otra pieza notable es un pebetero de procedencia granadina, cllindrico, sobre tres patas y con tapadera casi conlco y cal ada remedando hojos dobles dentro de aros; por rem ate un ave de corvo pico; por cierre, un cucdrupedo ; su alto, 23 cm. (fig. 395 a). Hay otro ejem­ plar cordobas, pequefio y con largo mango, pero de traza similar y tam bien calada su tapa (figura 395 b). Es tipo conocido por el incensario de Volubllls (Marruecos), cuyos arcos de herradura predisponen a suponerlo andaluz y cristiano, pues remata en una cruz y Ileva cadenas de suspension exactamente como nuestros incensarios; su alto, 15 cm. . (fig. 388). Mas singular, un brasero, salido del comercio en Madrid, con su recipiente de chapa de cobre, como plato rebordeado, sobre tres largos soportes remedando patas de animales 335 muy estilizadas y . alga diferentes entre sf, dentro de un mismo tipo; en vez de asas, dos cadenas, compuestas de piezas torneadas y formando orca la de enmedio, pendientes de dos parejas de caballitos posados en el borde del brasero; dldrnetro de este, 41 cm. (figu­ ra 395 c). En Elvira se obtuvo otro so porte nndloqo, aunque corte, y un elemento de cadena tcrnbien parecido, que acreditan la antigUedad del brasero. En la iglesia de San Salvador de Sevilla, aplicados a una puerta, se conservan dos alda­ bones de bronce dorado, que pertenecerfan a la mezquita que clll hubo, reedificado en 1079. Se componen de una anilla exagonal, cuyo ancho mayor mide 14 cm., prendida de una cabeza de leon, que se sob repone a un disco octogonal de lados conccvos: todo ello pri­ morosamente grabado a trenzas y atauriques (fig. 395 d). Procedente del Moroquil de Cordoba (Alamirfa ?), hay en su museo un cuenco de bronce demasiado rico en estaiio, por 10 que resulta quebradizo al par que plateado. Su decornclon grabada repite en letra cufico o/gobt "In prosperidad", entre bandas de aritos y floron central. Su dldrnetro, 13 cm. (fig. 395 e). Reservamos para remate las piezas escultorlcos, que pueden darnos alguna idea de aquellas tan repetidas figuras de animales metdllcos echando agua por sus bocas, de que hablan los cronistas bc]o el califato y las taifas. Lo mas conocido es el ciervo de Azzahra, cuyo alto alcanza a 40 cm., todo Ilene de roleos vegetales grabados, poco primorosos; Ie falta la y entraba el agua hasta 10 boca por un tubo que desde el centro de su peana cuerna ganaba las .pctcs y el pescuezo (fig. 396 b). Aunque muy similar, hace mala pareja con el anterior otro ciervo, ha poco descubierto en Cordoba, destacando una cornposlcion de dis­ cos entre ramaje ondulado, mas artlstica y variada que en el de Azzahra; en cambio, su estructura desmerece, por 10 mezquino de las patas; Ie faltan una oreja y la cuerna, y Ie entraba el agua por un tubo en medio de la panza; estd dorado y mide 32 cm. de alto (figura 397 0, b). Masprimoroso y bien trazado, el aguamanil en forma de leon, descubierto en Monzon de Campos y conservado en el Louvre (fig. 3960), que no puede distanciarse del magnifico grifo de Pisa y del supuesto caballito del Bargello de Florencia (fig. 397 d). Estas piezas vie­ nen atribufdas al arte fatimf sin prueba directa; mas tampoco la hay suflclente para creer- , las andaluzas, resultando este problema sin soluclon firme, por chore. Quedan a salvo, como seguramente nuestros, los referidos ciervos cordobeses, que tienen aspecto mas arcaico; tcmblen, qulzd, el leoncito del museo de Cassel, firmado por un Abdala, y desde luego, el pcvon del Louvre, que repite el +OPVS SALOMONIS ERAT, Y en drcbe "obra de Abdelrnellc el cristiano" (fig. 397 c). Final mente procede, en la riqueza y originalidad de toda esta serie de bron­ ctencion a ces nuestros, reconocer cndloqc inventiva en ellos que para los marfiles y la vajilla califal, descontado un aprendizaje en Oriente y escaso margen de importaciones. COBRE Y Az6FAR - Si el bronce fundido constituye material artlstico de gran pres­ tan cia, el cobre Ie Ileva cierta ventaja, por su maleabilidad, para obtener chapas finas y que evitaba la oxldccion. I repujarlas a martillo, a mas de prestarse a un dorado esplendldo, Esta es menos intensa en la cleoclon de cobre y cinc, que se denomina cenne, czofcr 0 laton, los mismos 'dureza y coloracion dorada. y._admite procedimientos, con ventaja en grata Hecha de czofcr estaiiado, es notable una caja redonda, como hostiario, procedente 336 , de San Pedro de Roda, toda repujada con leones, liebres y aguilas, dentro de los consabidos medallones enlazados, en 10 tapadera; otros de cuatro lobules con follajes de perfecto ccrdcter cordobes, y letreros con las eulogias de costumbre "para su duefio" (fig. 3980, c). Su labor es basta, pero de buen estilo y tecnicc expedita. Asi tcrnblen la de un pomo esferico, pro­ cedente de Cordoba, dorado y repujado, con los mismos temas de animales y epigrafia, que estd en el museo de Madrid (fig. 398 b). De tcrncfio pequefilslrno, otro pomo, que conserva su gollete, con ciervos y flores en los arcs de siempre y la palabra "bendlclon", descubierto en Cordoba y conservado en su museo (fig. 398 f). Forman otro grupo tres acetres de cobre con Gsa: el mayor, en la catedral de Toledo, tiene hechura de tronco de plrdrnlde ; los otres dos desarrollan curva alga concovc. EI que proviene de Sevilla, en el Instituto de Valencia de Don Juan, se adorn a con dos liebres dentro de aros, entre letreros con eulogias vulgares (fig. 398 e), sequn repiten los otros dos, mas o menos desarrollados, pero sin aludir al duefio. Fuera de serie, como ejemplar de talisman unlco, un disco provisto de taladro para colgarse, en el que aparece grabado un hombre con turbante Ilevando una banderola plcudc al hombro y montado en un leon; signos cabalisticos del ante y letrero en torno muy incom­ pleto y diflcll de leer 0 qulzd ilegible, dispuesto en linea seguida, como la leyenda de los dinares olmordvides. Fue descubierto en la alcazaba de Malaga y alii se conserve (fig. 398 d). PLATA. - Material cirtistico de mas subida alcurnia que no difiere mucho, es la plata, en cuanto a adaptaciones tecnicos, del cobre y el ozofor ; pero descollante por su blancura, tan oxidable en contacto del aire, 10 que obliga con frecuencia a dorarla, como tcrnblen se la matiza mediante el nielado, producto de un sulfuro de plata y plomo, que al fundirse toma aspecto de azabache. Una sola gran obra de plateria califal ha Ilegado a nosotros: la arqueta de la catedral de Gerona, quizd robada en Cordoba por los catalanes cuando el saqueo de 1010, y cuya inscripci6n acredita que la mcndo labrar Alhdcorn II, por conducto de su oflclcl Gaudar, y destinada al hijo y heredero Hixem, probablemente en 970, cfio en que obtuvo este titulo (figura 3990). Es de madera enchapada de plata repujada y dorada; pero reservando en blanco y nieladas las dobles hojitas que, en composiclon sencilla de atauriques, la adornan; ndemds rodea su tapa la machuchos caracteres cuficos, y conserva lnscrlpcion hlstoricc, en bisagras, pasador de cierre y asa, preciosamente decorados. Su estilo, aun encajando en 10 califal cordobes, ofrece pormenores que revelan cierta originalidad en el artifice, sin acre­ ditarse en modo alguno de orientalismo. Mide su base rectangular 39 por 23 cm. Exiguo en cuanto a tcrnofio, es un pomo en forma de redoma, con su tapadera y cade­ nilla, que perfumes, y sus repujados fingen arquillos de herradura, un serviria para cordon ondulado y hojitas. Fue descublerto en Cordoba con fragmentos de plata y de monedas califales y fatimies, de hasta el cfio 1003, y se conserva en su Museo (fig. 3989). Forman lote bien diverso tres tajitas, utilizadas como relicarios en San Isidoro de Leon. La una, de base rectangular, rnlde 8 por 6 cm. (fig. 399 b); las otras, pequefilslmcs y acorazonadas, contienen rellquics de San Pelayo, martirizado bc]o Abderrahman. III (figu­ ra 399 c, d), y pcrece verosimil que fuesen Ilevadas desde Cordoba en tiempo de Fernando I. Su decorncion es uniforme, grabada, nielada y dorada, componiendo atauriques sencillos, y edemas, en la mayor, una lnscrlpclon cuficc con eulogias "para su duefio", 337 , JOYERIA Otro arte rnetdllco, la joyerlo califal, resultaba casi enteramente gran, perdida, y desde luego lnedltc, 10 que viene a remediarse ahora mediante dos tesorillos reclentemente descubiertos, y el reconocimiento de otros dos, que el uno se guarda, desde 1870, en el· museo londinense de South-Kensington, juntamente dirhemes de hasta 1009, y el segundo con en la colecci6n Walters, de Nueva York, como descubierto en Azzahra. Los otros dos aludi­ dos, en el Instituto de' Valencia de Don juan, provienen, el uno de Loja, con dirhemes de la misma serie, probando que este y el de Londres se soterraron cuando la revoluci6n de C6rdoba, y el otro de Garrucha, provincia de Almeda. Este ultimo, con plata s610; el de l.o]c, con oro de baja ley, plata y aun algunas aplicaciones sencillas de cobre dorado. jOYAS DE PLATA. EI tesorillo de Lojc suministra una - pareja de manillas 0 pulseras de plata, que debra obedecer. a un tipo corriente, pues se conocen otras dos parejas casi iguales; 'y aun es posible que tuviesen ascendencia remota en los torques prerromanos cndcluces, hechos con tubos retorcidos y bellotas a sus cabos. Las pulseras de Loja se com­ ponen de alambres, crrollcdos juntos en espira y retorcidos formando aro, de 6 ern. cinco por su dldrnetro interior; a los extremes, soldadas, dos cabecitas, como de sierpes, ccuscdcs sus facciones con alambre, 'y prendido de sus bocas un pasador para cierre (fig. 400 a). En el tesorrllo de Garrucha sobresale una ajorca, cilindro de 60 por 42 mm. forrncdo con dos piezas acharneladas y compuesto de dos chapas: la interior s610 presenta grabadas las palabras drcbes que significan "bendici6n perfecta"; la exterior se guarnece con orlas de botones repujcdos, dejando huecos donde campean parejitas de liebres corriendo, repu­ jadas tcmblen, y zonas con finos roleos vegetales nielados sobre blanco, estando 10 demos. dorado (fig. 400 b, c). Con tecnlcc igual se Ie asocia un par de brazaletes, en semicilindro arqueado, de 12 mm. de ancho, tam bien acharnelado y con cierre igual que los brazaletes de Loja. Su decoraci6n, repujada, forma cogollitos nielados y dorados; cdernds, las chapitas que cubren el cierre osten tan aquellas mismas dos palabras de la ajorca, en elegantes caracteres cufi- ' cos nielados (fig. 400 d). Completan la parte conservada de este tesorillo unas cuentas para collar, globulares, de chapa finfsima repujada y nielada sobre fondo dorado, ,. repitiendo figurillas de leones. pcvones, ciervas y liebres, con una hojita en su boca 0 pico y dentro de aritos enlazados, f en absoluta conformidad con los bronces arriba expuestos (fig. 400 e, f). jOYAS DE ORO. Su tecnlco uniforme y sencilla, sl todo es como procediese de - un mismo taller. Por base, chapa finfsima, pocas sobre ella soldados: una veces repujada; van unos clcmbrlllos retorcidos disefiando contornos, yotros entran como relleno, sin retorcer y cortados espiral doble; por guqrnici6n, botones sernlesferlcos, ya lisos, ya cal ados: yo en estriados; los centres, engarces para pedrerfa, que en estos cjucres pobres se constituye en por vidrios, redondos u oval ados, blancos, amarillos y verdes. Aparte, collares formados. con cilindritos de vidrio verde 0 alj6far menudo, entre cuentas de oro muy pequefias. Los elementos de todas estas joyas aparecen desengarzados; pero los mayores, en rec- 338 Fig. 400.- ALHAJAS DE PLATA DE LOS TESORILLOS DE LOJA (a) Y GARRUCHA (b a g). j Fig. 401.- ALHAJAS DE ORO. QUE SE DICE PROCEDEN DE AZZAHRA. EN NUEVA YORK. Fig. 402.- ALHAJAS DE ORO DEL TESORILLO DE LOJA (0), DE LONDRES Y DE NUEVA YORK (b) (c). 340 tCingulos de 54 mm. de largo, iban acharnelados y con anillitas a los cabos, sirviendo para cinturon 0diadema, y su adorno especial es de raspas repujadas entre arquillos de herra­ dura (fig. 402 b). Otros, ovales y rectangulares, alternando, se prendfan con piececitas tala­ dradas y Ilevan en medic cabujones (fig. 402 c). EI conjunto mas rico es de_ piezas con tres peces juntos, rellenos de filigrana y un grano de cljofcr por o]o, entre otras angostas con botones cal ados, y prendfan mediante alambres a sus bordes. As! tam bien un frontil se con remates acorazonados (fig. 401). Tipo cldslco de collar drnbe es el hayte, compuesto de piezas tubulares, abellotadas o esfericcs, que Ilamaban tutes, y otras pendientes de diversas formas, nombradas alcorcies y candiles. Era corriente en el perlodo nazarf; se mantuvo entre los moriscos granadinos, y persevera, embastecido en grande, para ostentocion de nuestras maragatas astorganas y charras salmantinas. En los tesorillos que nos' ocupan hay tutes alargados rematando en semiesferitas, con calados y botoncillos piramidales; otros, oval ados, con aritos de filigrana, y otros redondos menores. En categorfa de alcorcies entrnrdn medalloncitos con anilla para suspension, ya estrellados, ya redondos 0 acorazonados, que mantienen filigranas, boron­ citos y chatones, sin novedad especial (fig. 402 a). Es interesante el rutinarismo de la obra de oro, frente la inventiva artlstica que desarrollo la platerfa, con a un instinto como de valorizar el material barato y recrearse con el oro por sf mismo. CRISTAL Y VIDRIO De estas industrias no viene reconocida actividad nuestra en los siglos que nos ocupan. Los ejemplares aquf que se quedan incorporados conservan 10 oriental como obras fati­ a rnles, no sin cierta probabilidad; pues, tratclndose de piezas valiosas, el comercio pudo hacerlas venir de lejos a nuestros clcdzcres ; sin embargo, hay series de menos elevcdc categorfa y cierta originalidad, que parecen seguramente andaluzas, sequn veremos. La referencia por Almacarf, de talleres de vidrio en Murcia, no sabemos si corresponde a este perfodo, y desde luego, se desconocen sus productos. Lcbrcdos en cristal de roca y procedentes de famosos monasterios, se han salvado tres series de piezas de ajedrez: la mas copiosa, con 44, sclio de Ager, en Cotolufic: estd en la . 1 colecclon de la condesa de Behague en Parfs, y es bien conocida; ocho piezas quedan en el monasterio de Celanova, manoseadas quizd por San Rosendo, y dos mas en la urna de San Millan de la Cogolla. Todcs se adorn an con hojas y palmetas talladas, resultando, al parecer, menos antiguas las de Ager; las otras son sencillas y corresponderdn al -siqlo X. Asl tcrnbien dos piezas en forma, de corozcn, con exiguo taladro redondo para guardar algo, como estuches. La una, sin procedencia conocida, fue arrastrada por el comercio; la otra, en nuestro Museo Arqueoloqlco Nacional, slrvlo de "rellccrlo y excede en tcrncfio e importancia a las demos conocidas del mismo tipo en Oriente, salvo una mas grande en South Kensington. La nuestra Ileva grabadas dos parejas de aguilas entre atciuriques del tipo usual y letrero cufico que dice: -"bendicion de Dios Y: felicidad para su duefio". Suplido 10 roto de su base, alcanzarfa unos 12 cm. (fig. 403 a). t Ejemplar muy divulgado es la redoma .de cristal, que lIaman cdllz de Santo Toribio en la catedral de Astorga: esferlcc, roto su gollete y con ruedo para asiento; mide su dldrne- ):41 J " ;r I ESTUCHE DE CRISTAL DE ROCA (VACIADO) (0); CAUZ DE SANTO TORIBIO (b); REDOMA Y VASO TALL ADOS Fig. 403.--:- DE AZZAHRA (c, d); OTROS DE VIDRIO A MOLDE, EN AZZAHRA (e, f). 342 I I I Fig. 404. - TAPICERIA: ALMAIZARES D� GORMAZ (a), DE ARLANZA (b) Y DEL PIRINEO (c). 343 tro 95 mm. 403 b). La decornclon, tallada de (fig. en relieve, es tipo fatimi bien caracteri­ zado, resultando similar a otra de la catedral de Halberstadt, que conserva el gollete. En coleccion particular modrtlefio otra redoma pequefiltc, con letrero ciiflco dentro de hay cuatro aros, que, al parecer, dice: "bendlcion para su due no". Vengamos a Medina Azzahra para encontrarnos con aquellos frascos, que los marfiles cordobeses efigian puestos en manos del califa. En primer terrnino, una redoma con cuello largo a facetas, floron tall ado en su base y repartidas en torno dos series de discos con boton central (fig. 403 c). Es tema decorativo de muy frecuente opllccclon en 10 oriental, sequn 10 repiten otros frcsqultos. conservados en Cotclufic, y asimismo una taza de Azzahra, incompleta. Aqui tam bien se descubri6 otra con hojcs, a 10 oriental, talladas (fig. 403 d), y aun hay otro ejemplar llso muy descompuesto: todo ello de cristal incoloro. De vidrio soplado hay ampollas esfericns, en Elvira, y otras piriformes y cilfndricas en Azzahra, que no se diferencian de 10 romano; y tanto, que una botellita de Elvira, algo pajiza, y un gran gollete de Azzahra IIevan en 10 alto labor de redondeles y cbc]o semi­ drculos en serie, hechos a mol de, casi como otra de la colecclon Amatller, que se dice des­ cubierta en Valencia con monedas de Gordiano. Tcrnblen Azzahra depcro, mas valioso, un lote de vidrios moldeados, que si bien res­ ponden tecnicc usual 10 drube a una en parece verosfmil fuesen imitados egipcio primitivo, en nuestro pais, con un sentido decorativo que excede a 10 de alia y enco]c perfecta­ mente en lo cordobes, Son tazones, algunos casi completos; su dldmetro, 11 cm.; incoloros 0, excepcionalmente, pajizos y azules, con decorcclon geometrica relevada a molde, ya en Hneas finas, ya a biseles. Resultan varios ejemplares de dos trazas: con drculos secantes, de trndlclon god a, la una, y con hojitas entremedias la otra (fig. 403 e, f); tam bien los hay con estrfas rectas, discos conccvos espirales, y gotas de relieve, como granos de cebada, salpicando la pieza. Su tecntcc prevclece hasta el perfodo nazarf, pues abundan ejemplares ondloqos descubiertos en la Alhambra. T APICERiA, BORDADOS Y TEJIDOS Si de nuestra Espana islamizada salvaron tantas ruinas, y si la tierra, como sudario, se conserve tantas preseas suntuarias, para este arte del tejido, cual se ostento en ld corte cell­ fal y su descendencia, estariamos reducidos a 10 que reflejcn los textos si la sociedad cris­ tiana limitrofe no hubiese recogido, en relicarios y mortajas, algo de ello. Y aquf tcrnblen la proyecclon del Oriente peso con sus maravillosas iniciativas, deparando para Espana ser el portavoz europeo de elias, con adaptaciones primero, y desarrollos originales en los perlodos sucesivos a que no alcanza nuestra investiqcclon de ahora. Pero, cifiendonos a 10 mas antiguo, 10 salvado de la destrucclon general basta, por fortuna, para infor­ marnos de las directrices mas salientes de este arte en sus distintas fases: tapiceria, balda­ qules, sargas y hasta diaspros, acaso; y al margen, la otra rama, inmutable y hasta casi insuperable, del bordado de aguja. TAPICERfA. - Ellci se ostenta con estes mismos curccteres de fijeza en su tecnlcc, me­ [orondo s610 de tonalidades y resistencia con el ernpleo de la seda, en vez de lanas, y suti- 344 Fig. 405.- BORDADOS: DEL ARCA DE SAN ISIDORO, EN LE6N (0); DEL MUSEO DE CLUNY (b) Y DE LA MITRA DE RODA (c). lizando la mano de obra. Qulzd actividad fue la unicc que alcanz6 auge artlstico durante su el califato cordobes, en el taller palatino incrementado por Abderrahman II con elementos orientales, y ello se nos revela con una obra documentada: el almaizar de Hixem II, pro­ cedente de San Esteban de Gormai y conservado en la Academia de la Historia. 345 Fig. 406. - SARGAS: FORROS DEL ARCA DE SAN ISIDORO (0) Y DE LA CAJA DE LOS MARFILES . (b, c). EN SAN ISIDORO . LE6N. .. . - . DE 346 Es un cendal finislrno de lino rubio 'con fleco rclo a su ancho, que mide 1,12 m., y cerca de su extremidad una cenefa de 78 mm., distribufda en tres zonas: 10 medial, con trece medalloncitos que compean figuras humanas sentadas, una de elias con redoma en 10 en mono y seiialando, y cdernds cucdrupedos y aves, torpemente diseiiado y sin gracia todo ello; en las zonas laterales, una inscripci6n cuflcc, en blanco, que se interpreta: "En el nom­ bre de Dios clemente y misericordioso: la bendici6n de Dlos y 10 felicidad y la duraci6n para el califa, el Imam siervo de Dlos, Hlxern, el favorecido de Dlos, emir de los creyentes". E! fondo de los medalloncitos es de oropel u oro de Chipre; e.1 resto se matiza con sedas de colores blanco, celeste, 'pc]c, amarillo, malva y verde claro entre perfiles negros. Su tecnico, exactamente como en 10 egipcio coetdneo de trndicion copta; hdbllrnente compuesta y con armonfa de tonalidades, a (fig. 404 a). falta de otras excelencias Ejemplares egipcios, absolutamente cndloqos, prueban su inspiraci6n oriental, y se Ie asocian aquf otros, con desventaja y desprovistos de oro. Son: una franja de almaizar, tam­ bien con animalejos, que forraba cierta cajita del monasterio de Arlanza, hoy en Covarru­ bias (fig. 404 b); otras dos lIeva 10 sdbnno que envuelve reliquias de los santos Pelayo y Froi­ ldn, en 10 catedral de Le6n, muy sencillas y de coloraci6n pdlidc. En cambio, es de tonos fuertes y apretada labor otrc, mas estrechita y de composici6n casi geometrica, que bordea un fragmento de cendal obtenido en San Pedro de Montes; quizd mas antigua que las anteriores. La obra maestro de esta serie, procedente de una iglesia del Plrlneo, en el Instituto de Valencia de Don Juan, un trozo de cenefa, de 19 es medcllones ern. de ancho, distribufda en enlazados, ocupando un pav6n el que se conserva complete, entre orlas y guarniciones com­ puestos con elementos vegeta!es de tipo cordobas puro. EI fondo general, el del medall6n y ciertos detalles son de oropel ; 10 demos se matiza con sedas de colores blanco, crema, celeste, pajizo verdoso, ccrrnesl, azul y verde oscuro, procediendo en escalas de blanco, celeste y azul, 0 bien crema, pajizo y verde, como en los esmaltes de Limoges. EI efecto de cromatismo es admirable; 10 figura del pav6n, elegantfsima; 10 tecnlcc, perfecta; su fecha, dentro de 10 califal cordobes, sin duda (fig. 404 c). Similar, con labor de utcuriques, una bolsita conservada en 10 catedral de Le6n, conteniendo reliquias mozdrobes obtenidas en C6rdoba. BORDADO. - primitiva que 10 tapicerfa es 10 tecnica del bordado, des­ Todavfa mas arrollo artfstico del simple cosido con aguja, pasando a troves de un llenzo, que Ie sirve de fondo, enhebrada con hilos de colores, y csl resulta una especie de pintura con absoluta libertad de mcne]o. Pero, como arte mujeril primitivo, suele cdolecer de rutinarismo y ale­ jamiento de 10 natural, a cambio de resolverse en adorno genial mente. Labor de aguja 01 pasado, hdbll e interesantlsima, osten to por forro 10 tapa del arca de las reliquias de San Isidoro de Le6n, trafdas de Sevilla en 1063. Aun algo anterior puede ser el orca, y desde luego, 10 sera su forro. Este de 10 tapa se desarroll� en cuadrfcula, por figuras de ciervo, cierva, aguila explayada y pato, repetidas sin -orden, y ode­ . ocupada mas un adorno de drculos tcnqentes y florecltcs, Ilenando dos de los cuadrados. Su ma­ terial son sedas de colores y oropel; su estllo, de un esquematismo bdrbcro sobre motivos orientales, sin gracia ni correcci6n: obra rnujerll, sin duda, y probablemente andaluza (figu­ ra 405 a). En el museo de Cluny se expone una tiro, bordada tam bien al pasado, con letrero 347 cuflco de adorn ados apices, significando quizd "para prosperidad", clasificada como espa­ nola del siglo XI, 10 que arguye procedencia de por ned (fig. 405 b). su Sera posterior una franja de la mitra Uamada de San Valero, en la catedral de Roda, prodiqo oropel, tendido sobre el tafetcin de en fondo a puntaditas, entre sedas a pasadas largas. Su estilo resulta perfectamente andaluz, con pavones y letrero cufico que dice: un "lo gloria aDios", cuya elegancia, aSI como el desarrollo de los follajes, denuncian labor del siglo XII muy avanzado (fig. 405 c). TEJIDOS: SARGAS. Progresando en tecnica, sobreviene el tejido propiamente dicho, - que dimana de dos focos paralelos, sasanida y bizantino, ambos con iguales metodos de telar, obteniendo sargas, 0 sea telas en que la frama repite un mismo orden de ligazones con la urdimbre a cada tres pasadas de lanzadera, produciendo series de Ifneas punteadas oblicuas muy visibles. A esta manufactura corresponden todas las piezas conservadas en relicarios leoneses, a partir de los forros de la misma arca de San Isidoro y de la de San Frolldn, que diseficn ruedas con simple decornclon vegetal muy esquerndtlcc. Mayor riqueza decorativa exaltaba el perdido fragmento del arca de Santa Eulalia en Oviedo, con parejas de esfinges, y.ostenta grifos de gran tamafio el forro del ara de San Millan de la Cogolla; todo ello correspondiente al siglo XI. Posterior sera el grupo cctcldn, caracterizado en pri­ mer terrnino por el pcfio de las harplas, en el museo de Vich, sin contacto con 10 andaluz y , muy afecto de orientalismo. En sintesis, unlccrnente puede creerse espnfiol el·forro del arca de San Isidoro, sin su tapa, que parece lmltcclon bizantina simplificada y con ciertos rasgos en su decorccion, afines de 10 califal nuestro (fig. 406 a). Posiblemente este forro se haria con la cortina oloserico de admirable labor, ofrenda del rey de Sevilla Almotcimid, para cubrir las reliquias del santo cuando las envlo a Fernando I en 1063. Mas altaslqniflcccion cuadra al forro de la riquisima cc]c de los marfiles, donada por este mismo rey a su iglesia de San Isidoro, para guardar reliquias de San Juan Bautista y San Pelayo en 1059. Su diffcll letrero drube declara ser: "10 mas util para personaje de pais celestial", acreditando, acaso, que se tejio expresamente con destino eclesidsflco por segui­ dores de aquellos "muzdrnves de rex tiraceros" a quienes Alfonso V, en 1024, amparaba en una "villa" del territorio leones. La tela es una sarga, de mas de 82 cm. de ancho, deco­ rada a listas, ya de ccrmesl disefiando vagamente una cucdrlculc con aros inscritos, ya poll­ cromas representando grifos y basiliscos entre roleos de follaje, 0 bien series apareadas de aguilas y patos, dragones y liebres, dispuestos con vivacidad naturalis'ta de abolengo occi­ dental y aun cristiano, peroen sentido de orientalismo. Sus campos son de ccrmesl, azul o malva; la decorcclon, verde y amarilla; blancos los letreros. Obra maestra, desligada por completo de toda supedltoclon a las manufacturas en uso, tocante al arte; pero sobre tecnica bizantina (fig. 406 b, c). BALDAQufES. - Volviendo ctrdsIo ntenclon sobre estas manufacturas, observcse que el arranque de los tejidos, notorio desde 10 prehlstortco, no previene sino lienzos y fafeta­ nes, con orden de liqczon repetida de dos en dos pasadas de lanzadera. Por consecuencia, resulta presumible un origen diverso para la sarga, qulzd en el remoto Oriente, puesfo que se da en China, y que viniese asociada a la Irnportcclon de la seda en ambiente de bizan­ finismo. Descontado ello, la posterior reccclon del felar occidental, manfenido embrionario 348 ;r 349. Fig. 408.- DIASPROS: DE LAS CATEDRALES DE OVIEDO (a} Y TOLEDO (b). para la tcplcerlo, sobrevino en el pais donde estc se cultivaba, el Egipto copto, con tejidos de tcfetdn largo que sobrevivieron a la conquista drcbe. Pero la superaci6n definitiva fue en Bagdad creando los famosos baldaquies, cumbre de las sederlos medievales, con las que rivaliza luego 10 persa, ligando admirablemente su tecnica con asargadas del clclo ante­ las riorsasanf. Concrefando a 10 nuestro, fue en el siglo XII cuando lIeg6 ned un refle]o de los baldaquies, originando probablemente los talleres de. Almeria, centro principal conocido de este arte en Occidenfe. Los baldaquies combinan, en proceso de telar slrnultdneo, un tofetdn corto, en que cada pareja de hiles de urdimbre liga con la trama, en juego alternado de enganches, sirviendo de fondo a un tofetdn largo, que determina el dlbu]o. Este tcfetdn largo engancha su trama en parejas de urdimbre, intercaladas con aquellas otras, saltando cada pasada de lanzadera sobre cuafro de las del tcfetdn corto, y csl resulta la tela ados haces contrapuestas cuando son dos los colores; pero, entrando mas, hasta cuatro y aun cinco, los hilos del tofetdn largo sobrantes en cada pasada, se enganchan juntos tras del fondo, desvcneclendose todo por el enves de la tela. Tocante a su labor pict6rica, los baldaquies mantienen la fradici6n bizan­ tino-sasani de las ruedas tangenfes albergando figuras, que en 10 drobe son de animales con preferencia. En Espana fenemos dos ejemplares de Bagdad, unlcos documentados, y tuve suerfe en descubrlrlos: el uno en San Isidoro de Le6n, ya decadenfe; el otro, en la morfaja de San 350 Pedro de Osma, luego, en parte, mal vendida y expuesta en Nueva York sin saberse su pro­ cedencia. Es ejemplar magnifico, cunque muy retostado, que vale como tipo, ya que su let_rero drnbe expresa: "Esto es de 19 hecho en Bagdad, guardela Dios!", y sus medallones ados grifos. La muerte del santo, repiten parejas de esfinges y hombrecillos sujetando en 1109, asegura fecha anterior para esta tela; udernds, quedan ccd fragmentos de otras, -igualmente admirables y de solido estructura. Con 10 anterior, como punto de partida, se abre camino para clcslficcr una gran prenda: la casulla de San Juan de Ortega, conservada como reliquia en Quintnnoortufio (Burgos) (fig. 407 a). Su decoraci6n se desarrolla en ccrrnesl, azul y algo de oropel, formando grandes ruedas con parejas de leones sobre cervatos, y en torno series de grifos y esfinges; entremedias, letreros cuflcos azules campo de oro, que dicen: "Asistencia de Dios para en el emir de los muslimes Ali", refiriendose al soberano nlmordvlde que gobern6 de 1106 a 1142, bien conocido, y pudo heredar esta prenda San Juan de Ortega, puesto que muri6 en 1163. Este dato, alusivo a prlncipe occidental, hace presumible que la tela se tejiese ccd, en y mas precisamente en Almeria, como trasunto de las sederlcs de Bagdad, con Espana tecnlco y estilo absolutamente remedados de alia, pero usando materiales de calidad infe­ rior, que motiva el que haya lIegado a nosotros casi deshecha. Y como esto mismo ocurre con otras telas nuestras de la misma serie, es veroslmll achacarles igual procedencia: son los dos trozos de la catedral de Salamanca, con parejas de aves, y los del relicario de Santa Librada, en la catedral de SigUenza, con grifos el uno y aguilas explayadas el otro (figu­ ra 407 b, c). La toma de Almeria en 1147 por Alfonso VII, es probable que marcase el fin de aquellos telares sin dar tiempo a espcfiollzcrse. DIASPROS. - La etapa sucesiva tiende a simplificar, reduciendo ados 0 a uno solo sus colores, y suprimir el oropel luego; con ello se cbcrctobc la producci6n y resultaban mas flexibles las telas: aSI nacen los diaspros en Oriente, con su secuela de imitaciones, que se atribuyen a Sicilia, sin dejarnos recabar participaci6n en ello. No obstante, la casulla de San Juan de Ortega lIeva cosida en medio una franja, de igual contextura que 10 dernds, con letreros drnbes que repiten: "para el reino, para triunfo" y adherida a elias una tirita, resto de otra tela, en azul, blanco y oro, que resulto como verdadero diaspro. Ahora bien, serlc temerario dar por espanola otra pieza, quizd la mas antigua y de pura trozc, como encabezando esta serie, que es la almohada funeraria de Alfonso VII, sacada a luz ahora en Toledo. Ya las ruedas tradicionales desaparecen aquf, sustituldas por una composici6n de elementos piriformes vegetales entre y parejas de ciervas en filas aguilas explayadas alternadas, dando cabida a letreritos cuflcos, que dicen "bendici6n" y "felicidad" simple­ mente. Su labor, ados haces, destaca sobre ccrrnesl un tono negruzco, que pudo ser azul, con toques de oropel: pieza ya deslucidlsima, pero cdrnlrcble (fig. 408 b). En ccrrtblo, otro diaspro, blanco todo, como nuevo, y sin oro, se conserva en la Camara Santa de Oviedo, dos trozos envolviendo reliquias, sin patente de origen (fig. 408 a). en grandes 351