EL ARTE IBERICO POR , ANTONIO GARCIA Y BELLIDO I " J I CARACTERisTICAS GENERA LES DEL AMBIENTE HISTORICO EI pueblo ibero, en la epoco en que arqueol6gicamente nos es rnejor conocido y en la que tanto los restos toponfmicos y antroponfmicos como las fuentes escritas son mas nurne­ rosos, 10 vemos ocupando. cdernds de la zona de Levante y Mediodfa, la de los Pirineos istrnicos y parte de la regi6n sur de Francia hasta el R6dano (Narbonense), por un lado, y el Garona (Aquitania), por el otro. Testimonios literarios y hallazgos eplqrdflcos nos dicen cdernds que tcrnblen Ilegaron a Cerdeiia. Por otra parte, la arqueologfa demuestra que hacia el siglo II antes de Jesucristo habfa iberos en el valle medio del Ebro, en la cuenca del t 1 Jal6n yen la parte NE. de la meseta central, formando de este modo uno de los ingredien­ tes de esa mezcla, tan fecunda, de celtas e iberos (los "celtfberos", ya citados asf por ciertos autores cldsicos coetdneos, los de Numancia). Desde mediados del siglo VI antes de Jesucristo, por 10 menos, hasta fines del III, vemos a veces tam bien de los a los espaiioles actuando como mercenorlos de los cartagineses - griegos de Sicilia en las mas - importantes acciones hist6ricas del Mediterraneo occidental. En Cerdeiia ayudaron a la conquista cartaginesa; en Sicilia saquearon a sus anchas ciudades griegas tan pr6speras y ricas como Himera, Selinous, Akragas, Kamarina, Gela, etc., 0 discurrieron de guerra por las de Pdnorrnos, Katana, Naxos, Leontinoi, Messana, en son Tauromenion, etc. Como aliados de Dionisio el Viejo, de Siracusa, sirvieron a sus 6rdenes en la hermosa ciudad sikeliota y anduvieron con las armas en la mano por el sur de Italia luego parte de la guardia personal de su hijo Dionisio el Joven; y el Peloponeso, formando allf, en el cuartel de estos "pretorianos", entre los que figuraban mercenarios de otras tierras, los conoci6 Plat6n, quien habla de ellos en una de sus ultlrncs obras. En el Norte de Africa se avecindaron en Cartago y Ordn ; en las empresas de Anfbal jugaron papeles decl­ sivos, figurando al lade de los punlcos en la batalla de las Grandes Llanuras y en la de Zama, dadas ya ante los muros de la propia Cartago. al final de la segunda guerra punlcc. Las correrfas de tantos miles de hombres, y durante cuatro siglos, por los centres mas activos del mundo cldsico, debieron de originar aportaciones de alguna consideraci6n dentro de la cultura iberica aborigen; por medio de ellos pudleron Ilegar a la Penfnsula muchos germenes fecundos y no pocos estfmulos innovadores. Probablemente la eficacia civilizadora de estos elementos. portadores y vehfculos que eran de dones culturales superiores, como fue acaso mayor que la ejercida desde la costa por las humildes fadorfas pesqueras y comerciales de griegos y punicos. No cabe duda, empero, que ambos fadores. si bien no ccrnblnron substancialmente las bases culturales indfgenas, al menos prepararon_ convenien- \ 199 \ temente el terreno para que cuando la fuerza expansiva de la ciudad del Tiber Ilegase en sus conquistas hasta las costas mas occidentales de la Peninsula, hasta las riberas del Atldn­ tico, pudiese progresar rdpidornente la romcnlzcclon y con ella florecer un arte peculiar. Este arte, aunque por sus caracteres indigenas merece el nombre de "lberico" por el ambiente cronoloqico e hlstorlco en que se desenvuelve y por el origen de los estimulos que 10 impulsan ha de lIamarse mas bien "arte provincial romano" 0 acaso mejor "arte iberorromano". En efecto, hasta hace muy poco, al tratar de la cultura iberica y mas de su arte, se pres­ taba poca atencion al fenorneno cultural e historico mas importante de toda nuestra historia antigua y uno de los mas determinantes y trascendentales de nuestra vida como pueblo; aludo al papel civilizador jugado en Espana por Roma. Hoy sabemos que cdernds del arte cortesano, procer, metropolitano, universal, trcido a la Peninusla por los romanos, floreclo en ella tnrnblen, y al contacto con el, un arte mixto, por una parte luciendo con mas 0 menos veladuras calidades "c1asicas", "grecorromanas", por otra usando cun de tecnlcns rudi­ mentarias, pero en' todo caso dejando transparentar un espiritu y un alma ��tamente loca­ les, Indlqencs, iberos; un arte, en sumo, que aunque elaborado por los naturales para satis­ facer sus ideas religiosas 0 sus conceptos de ultratuinba, aunque creado para llencr sus necesldndes de orden prdctlco y dar expresion a elernentoles sentimientos esteticos, no por ell? eludlo el vestirse con formas impregnadas de "c1asicismo", quiero decir mas 0 menos .influidas por el crte superior que de Grecia paso aRoma y de Rome lleqo a Espana. _' ' Convlene a este proposito y en este punto hacer alto para enfoccr, slquieru sea ligera­ mente, el papel que a cada uno de los pueblos colonizadores 0 conquistadores de la Pen­ insula les cupo en la forrncclon de este arte que hemos Ilamado de tiempo ctrds ibero. La colonlzncion griega octuo solo en las zonas costeras de Levante y aun alii debilrnente. La cccion de aquellos pobres colonos dedicados a la pesca y a la sclczon, al comercio de paco­ tilla y al trdflco de algunos metales, no 'podia ser bastante para que con tan debiles medios cambiase el estado cultural de los pueblos indigenas cercanos. Y asi fue ; de los indiketes, por ejernplo, vecinos de Ampurias, la colonia mas Irnportcnte de los griegos en Espana, sabemos que eran gentes muy reacias a recibir influjos exotlcos, prefiriendo sus formas tradicionales. Lo que sabemos del nivel cultural alcanzado por los otros pueblos rlberefios del Mediterraneo antes de la rorncnizcclon nos da un cucdro de vida derncslcdo elemental para poder decir que estaban en vias de helenlznclon intensa. Salvo la profusion de cerdrnlco griega importada - casi siempre tcrdlc - y de algunos utiles trocados con mercaderes de todas procedencias, 10 dernds no. acusa cambios que permitan sospechar una superncion bdsico, substancial, de la cultura consuetudinaria indigena. Algo por el estilo (aunque con mas reservas en favor) su cabe decir de la colonizncion punico. primitivas Las colonias fenicias fueron como las griegas meros establecimientos litorales de pescadores y conserveros, todo 10 mas paso fugaz de mercaderes. Mas importancia tuvieron luego las actividades comerciales y coloniales de los cartagineses, cuyos elementos lograron al parecer mezclarse con los indigenas en alguna proporcion, sobre todo en Andalucia y la zona del sudeste. Pero si en sus guerras con Roma lIegaron a penetrar hasta 10 mas hondo del territorio peninsular, ello fue en son de guerra y con durucion escasisima: un par de lustros tan s610. Dado el ccrdcter de este dominio y el breve tiempo en que se ejercio, es logico deducir que sus influencias culturales hubieron de ser necesariamente poco eficaces. Por el contrario, la lIegada de los romanos; sus conquistas; el mantenimiento de ejercltos de ocupcclon en toda 200 Fig. 210.-VISTA PANORAMICA DE TARRAGONA. 10 Peninsula 10 que supone 01 cabo de dos siglos de guerra colonial el trasiego y estan­ - cia de miles y miles de hombres oriundos de toda Italia -; las activas relaciones que 01 punto se desenvolvieron intensamente entre Espana y 10 peninsula vecina; 10 fundaci6n de ciu­ dades y colonias itdllccs en toda 10 Peninsula; los matrimonios mixtos, 10 imposici6n de paz entre los conquistadores yIos indigenas y entre estos mismos tumbien ; 10 promul­ gaci6n de leyes; el fomento de 10 agricultura y 10 instrucci6n; el usc, rdpldcmente genera­ lizado, 01 menos en Andalucia y Levante, de 10 lengua del Lacio y con ella del alfabeto latino; 10 apertura de caminos por todo el ambito peninsular, etc., etc., todo ello, unido 01 ccrdcter total, permanente y definltlvo de 10 conquista, de ofrecer forzosamente frutosrnucho hubo mas abundantes que los que pudieron dar en sus horas las rnisercs factorias griegas y los pobres estcbleclrnlentos fenicios que albergaban unas - y otros - colonias no s610 esccsl­ simas en nurnero, sino cdernds de un patrimonio cultural que, a pesar de su noble abolengo, habrfa de ser necesariamente lnflmo, Si los establecimientos griegos y punicos, pese a 10 insignificancia de los primeros yolo breve vida de los segundos (salvo Cadiz, vide pdqlnn 137), pudieron actuar sobre 10 sensibilidad mas 0 menos despierta de los pueblos indigenas de 10 costa cbriendoles los ojos, siquiera fuese timidamente, a formas culturales superiores (10 que no cabe negar, aunque sl reducir a proporciones mucho mas modestcis), con cudntc mas raz6n hemos de otorgar a 10 ocupad6n romano el merito de haber civilizado a todos los pueblos peninsulares (coso de sobra sabida) y de haber estimulado con su ejern­ plo las fccultcdes artisticas de los iberos (coso hasta ahora ignorada). dan do lugar 01 naci­ miento de ese conjunto de obras entre bdrburcs y cultas que constituyen el nucleo del arte lIamado lberlco y que antes solio atribuirse a reactivos de origen griego 0 qrecopunico. 201 Fig. 211.-TARRAGONA. MURALLAS CICL6PEAS. PUERTA Y BASAMENTO DE UNA TORRE. Fig. 212.-TARRAGONA. RECINTO MURADO CICL6PEO. PUERTA. 202 ARQUITECTURA IBERICA conocida hoy gracias las LAS CIUDADES. - La arquitectura iberica nos es a excava­ ciones y, en parte tcrnblen, a las referencias textuales. Por las primeras se puesto al han descubierto un cierto nurnero de poblados con casas de planta rectangular, paredes hechas estar alineadas en calles de rncmposterio y adobes y cubriciones de ccfiizo 0 paja; suelen estrechas e irregulares, de trazado arbitrario, impuesto por el curso de las vaguadas. l.evdntunse siempre sobre altozanos 0 obruptos, denunciando clara­ cerros mas 0 menos mente su cor-deter defensivo y, por ende, falta de unidad politico. EI nurnero y nombre de las ciudades lbertccs conocidos' por los textos antiguos es grande, sobre todo en Andaluda son poquisimas las que han Ilegado a nosotros aun en y Levante; pero desgraciadamente ruinas, y estes son slernpre, 0 casi siempre, ciudades que por su area, sus construcciones y el mismo anonimato con que se han dado a la luz, denuncian haber sldo de rango relativamente Por ello deben tomarse "tipos" sino simplemente como "indicios" bajo. no como de 10 que debieron ser las grandes y ricas ciudades citadas por los geografos e historiadores griegos y latinos de epocc anterior 0 coetdnec a la conquista y pcclflccclon romana. necro­ En general, juzgando por los hcillazgos exorlcos oriundos de las "cludcdes 0 de sus VI V polis, puede decirse que no conocemos poblaciones lberlcos anteriores a los siglos 0 antes de Cristo. Pero esto se importante hiatus en nuestros conocimientos, expli­ debe a un cable acaso en 10 fragil y perecedero de esta arquitectura de mampuestos y adobes, de ma­ deros y pc]o, cuyas creaciones eran tan fdclles de construir como de destruir. Por los hallaz­ gos de fecha mas tardia (cerdrnlco campaniense, sobre todo; a veces, tcmblen, romana) unas delatan haber prolongado su existencia hasta la conquista cartaginesa y las guerras sub­ Roma siguientes (fines del siglo III), 0 e.l comienzo de las guerras de independencia contra destrucciones (especial mente devcstcdorcs las del siglo II); otras, que sobrevivieron a estas victimas de las guerras civiles que como o que volvieron a reedificarse, cayeron luego secuela de los pleltos politicos de la metropoll tuvieron en Espana campos importantes de ccclon, sobre todo en las guerras de Sertorio (primera mitad del siglo I antes de Jesucristo), en las de Cesar con Pompeyo y, en menor grado, en las de Octavio (segunda mitad del mismo siglo). Finalmente, las que. se libraron de estas sucesivas catcistrofes 0 fueron recons­ truidas por sus antiguos moradores (que hubo muchas), se romanizaron pronto, substltu­ yendo paulatinamente su aspecto indigena por otro de eire ya romano. Pero estes no podian rivalizar las habian alzado dlstin­ con nuevas fundaciones romanas que, entre tanto, se en tos puntos de la Peninsula. Entre las ciudades propiamente indigenas, citemos en el Mediodia como conocidas por las excavaciones la antigua Ursao (Osuna, provincia de Sevilla), que debio perecer durante 203 Fig. 213. - AMPURIAS. MURAL LAS MEGALfTICAS PRIMITIVAS SOBRE LAS QUE SE ASIENTAN LAS ROMAN AS LATERICIAS. las luchas entre Cesar y Pompeyo, aunque luego se reedificase; de esta ultima acaso son resto los relieves estudiados en la pdqlno 236 y de la antigua Salacia (Alcacer siguientes; do Sal, IV en la desembocadura del Sado, Portugal), se hal16 una importante necr6polis del I siglo y posteriores, que denuncia una poblaci6n de iberos, celtas y punicos, a los que des­ pues se unieron los romanos. Era famosa por sus tejidos y tenia fdbrica de salazones en sus cercanias. En el extremo opuesto de la costa andaluza estaba Baria ciudad igualmente mixta, en la que junto a los iberos habia comerciantes (Villaricos, Almeria), cartagineses y ! quizd ciertos elementos celrlcos Ilegados hasta alii desde 10. meseta. Vivian especial mente de la explotaci6n de las minas contiguas y de la salaz6n de pescado. La antigua Tutuqi (cerca de Galera, Granada), juzgando por la importancia y riqueza de su necr6polis, fue sin duda una gran ciudad. Lo mismo cabe decir de las que se alzaron cerca de Baena, 10. antigua lponubc, 0 en las proximidades de Almedinilla (ambas en la provincia de C6r­ doba), 0 en las inmediaciones de Toya (10. Tugia de los antiguos, Peal de Becerro, Jcen), o en las de Baza (antigua Basti, Granada), .de las testimonios de que poseemos lrnpor­ tancia. En cambio, desconocemos por completo 10 pudieron ser otras ciudades mas que famosas, en los textos, que las citadas; csl ignoramos que fueron Mastia (Ia Cartagena iberica), Onuba (Huelva). Ndbrlsso (Nebrija), Castulon (Cazlona, en el curso alto del Guadalquivir), Asido (Medina Sidonia), Arunda (Ronda), Ilipa (Alcala del Rio), Carmo (Carmona), Asta (Mesas de Asta, Jerez), etc., en la Baetica de los latinos 0 Turdetania indigena. Fuera de ella hemos de citar Ebora (actual Evora, en el Alemtejo), Olisipo 204 Fig. 214. - PLANO DEL POBLADO IBERICO DE PUIG CASTELLAR. BARCELONA. (Lis boa), Oreto (Grcndtulc, Ciudad Real), Eliocroca (Lorca), pasando por alto muchos nombres mas. Una gran cantidad de poblados lbericos han sido reconocidos en la regi6n levantina. De ellos se han excavado s610 algunos. EI principal de todos por su planta es el de La Bas­ tida (cuyo nombre antiguo ignoramos), sito cerca de Mogente (Valencia); su ccserlo es interesante. Sobrepdsnle en rnucho, por el contenido cerdrnlco, el poblado tcrnblen valen­ ciano de San Miguel de Liria (Ia antigua Leiria 0 Liria, lIamada tcrnblen Edeta), cabeza de los edetanos, que se alzaba sobre un cerro de acentuada pendiente; en cambio, de su arquitectura urbana no conocemos nada de lnteres. En la provincia de Alicante se conocen los poblados de Alcoy, con un santuario lberico de epocc romana. Lucentum (Tossal de Manises. cerca de la capital) con pocos restos lberlcos pero muchos rorncnos, los hallazgos de Benidorm y los restos de otros, destacando sobre todos Elche, la antigua Ilici, alzada en un llano ya en tiempos romanos y sobre una necr6polis anterior, indigena 0 de colonos punlcos. De sus proceden el famoso busto de la Dama y el guerrero de la figura 288. ruincs En la trascosta, y ya en Albacete, se alzaron las ciudades de Minateda y Meca, cuyas casas se construyeron sobre el desnudo suelo rocoso de su cima amesetada, en la que abundan los Cerca de ellcs' fl.orecieron los santuarios del Cerro de los Santos y del Llano de aljibes. Nuestro Senora de la Consolaci6n, famosos por sus nurneroscs esculturas. Un aspecto mucho mas pobre presentan ya los poblados iberlcos de la regi6n que se extiende aproximadamente del Juccr hasta mas alia de los Plrineos. Pero sabemos que al norte de Valencia se alz6 la heroica Sagunto; aunque la antigua ciudad iberica todavia no 205 Fig. 215. - POBLADO INDrGENA DE SAN ANTONIO DE CALACEITE (TERUEL). (MAQUETA DEL MUSEO ARQUEOL6GICO DE BARCELONA.) Fig. 216. - VISTA SIN6PTICA DE LA ACR6pOLlS DE AZAILA (TERUEL). (MAQUETA DEL MUS. ARQUEOL6GICO NACIONAL.) 206 Fig. 217. - AZAILA (TERUEL). CALLE DE LA CIUDAD IBERORROMANA. se haexploradc, conocemos empero importantes restos de fdbrlco romano. La primera gran poblaci6n aparece ya al otro lade del Ebro, y es la de Cosse (Ia romana T arraco, T crrc­ gona), cuya imponente muralla cicl6pea, muy bien conservada en parte, causa admiraci6n por el tcrncfio gigantesco de sus rudos sillares, algunos de diez toneladas, y por la gran amplitud de su perimetro (figs. 211 y 212). Sin embargo, los hallazgos pertenecientes a la vle]o ciudad iberica, encerrada dentro de este enorme recinto defensivo (de 30 hectdrens), se limitan por hoy a escasisimos testimonios cerdrnicos. La riqueza de sus campos circundantes de y el valor que durante la epocc romana adquiri6 esta ciudad son indicios, sin embargo, la importancia que hubo de gozar en su periodo puramente iberlco. Emparentados con este sistema defensivo constituido por sillares de gran torncfio, hay en la misma regi6n catalana tres importantes ejernplos mas: el de Gerona, de menor importancia, y los dos de Ampurias: uno, el perimetro que fue de la Indike iberica (fig. 213), asiento luego de la colonia romana; otro, el de la factoria griega cercana, muros estos liltimos que muestran, por su factura, obra iberica. La fecha atribuible los de la Ampurias griega, es con ser igualmente a muros seguridad posterior a la de su fundaci6n, es decir, al 500 antes de Cristo, data extensible a los otros, por cuyo conducto quedan fechadas las construcciones megaliticas lbericos en tiempo relativamente cercano, aunque dentro, naturalmente, de un amplio margen crone- 16gico. De la antigua IIduro (Matar6) conocemos al menos su necr6polis; la cerdrnlco helenistica. abundante y bella en Matar6, no falta por 10 general en otros poblados cos­ teros, incluso en algunos del interior. Como ejemplo de un poblado lberico de esta zona catalana, puede presentarse el de PuLg Castellar (fig. 214), cercano a Barcelona, poblado exiguo y pobre. Aunque tan humilde, culturalmente hablando, como el precedente, es sin embargo de 207 importancia el gnrpo de poblados lbericos excavados rnetodlccmente en la cuenca arago­ nesa del Ebro. Los mas importantes son el de San Antonio de Calaceite el de Azaila y (ambos en la provincia de Teruel), los dos tardios. EI de Calaceite data del siglo III antes de Cristo, fechc en que deblo ser destruido por las guerras cnlbdllccs, EI que se clzo en la acropolis de Azaila, empero, perduro hasta los primeros cfios del reinado de Augusto, siendo destruido, al parecer, a causa de las guerras civiles con que cornenzo dicho reinado. EI poblado de Calaceite como casi todos los de la es pequefio, region (fig. 215). Mide solo unos 150 x 50 metros. Estaba fuertemente defendido con murallas de buen aparejo; sus casas f· ,f'>' eran, como todas las lberlcos, rectangulares y pequefics. Pero la ciudad iberica que da el tono mas alto en esta region y nos muestra un hermoso ejemplo dentro de toda la cultura iberica general, en la ya mencionada de Azcl!o (fig. 216), que se alza sobre una colina es amesetada y algo separada del Ebro. Es una verdadera ciudad (fig. 217), en la que, junto al pueblo indigena, vivio, tras la conquista de la region, un micleo romano. La poblcclon mide unos 200 x 100 metros; estaba rodeada de un recinto rnurcdo de buen aparejo, y su interior 10 cruzaban calles anchas, bien empedradas, formando manzanas de casas rectan­ gulares, algunas de evidente influencia romana. Tuvo, por 10 menos, un templo de epocc republicana y proporciono, cdernds de otros objetos romanos, dos bustos de bronce: uno de Augusto joven (de hacia el cfio 30 antes de Cristo) y otro femenino, qulzd de Livia o Escribonia. Estes testimonios, juntamente con las construcciones extramuros "y_ los restos de construcciones termales en Ic parte bo]o, mas los fragmentos de una estatua ecuestre en bronce y otras piezas del mismo arte, son ,pruebas evidentes de la intensa penetrcclon cultu­ ral romana dentro del ambito indigena. Sin embargo, en la epocc de la destrucclon de la acropolis, no habia logrado cun influir en el arte local, el cual se nos presenta, a troves de su esplendidn cerdrnicc, con las mas puras y tradicionales formas decorativas indigenas, si bien asoman de vez en cuando detalles cldslcos. Lcsvtvlendcs tcrnblen slguleron sus tradi­ ciones constructivas; eran de sillarejo en las partes bajas y adobe en las altas; las cubiertas, sostenidas al parecer con maderos verticales, de ramaje y tierra. Completemos esta vision general sobre la arquitectura civil y militar de los iberos, alu­ diendo, aunque sea de ligero, a un tipo constructivo muy extendido entre ellos y del cual nos hablan con frecuencia los textos antiguos. Se trata de las "turres", pequefios reductos aislados con oficio mixto de fortaleza destacada, y de atalayas preventivas ("speculae", "propugnaculae", "praesidia"), esparcidas por las costas, en los caminos y cerca. de las ciudades. Eran por 10 general de tapial, adobes y sillarejo y adoptaban plantas redondas, elipticas y cuadrangulares. Una de las mas caracteristicas es la de Lucena del Cid (Caste­ llon). con doble recinto eliptico. Son tcrnblen interesantes las de Seres y Castellnou (Lerldc) y la de San Pol de Mar (Barcelona). , ' ARQUITECTURA FUNERARIA. - Un complemento en extremo valioso para ampliar la vision que sobre la arquitectura iberica ofrecen los escasos poblados indigenas de cuyos restos acabamos de hablar, es el que brindan las ciudades de los muertos, las necropolis. EI rito funerario entre los iberos es el corriente en toda la AntigUedad, es decir, la Inclnern­ cion de los ccddveres. Sus cenizas, cuidadosamente recogidas, eran guardadas en vas os cerdrnlcos como los de usc corriente, 0 en urnas de piedra hechas adrede. Hasta ahora las necropolis mas ricas y suntuosas son las descubiertas en el mediodia de 208 la Peninsula. En elias se han haIlado cdrncrns sepulcrales de ccrdcter procer, no exentcs de cierto empaque crquitectonlco. La mas importante de estas necropolis andaluzas, tanto nurnero de tumbas excavadas 0 reconocidas como por formas variadas y por el gran sus monumentales, es sin duda la que perteneclo a la antigua ciudad de Tutuqi, cerca del pue­ blecillo de Galera Granada). Desgraciadamente, hcblo sido expoliada con (provincia de anterioridad a la lntervenclon oficial (1918); sin embargo, aun se pudieron recoger impor­ tantes datos nrqueoloqicos. Las tumbas mas grandes y monumentales consisten en verda­ deros turnulos, en cuyo centro se hizo una edmore rectangular, hipogea, a la que se lIegaba a troves de un "dromos" 0 pasillo, largo y rectilfneo, que, una vez efectuado el sepelio, era cerrado con paredilla de obra. En estas cdrncrcs, y a veces tam bien en el pasillo, eran colocadas una 0mas urnas, conteniendo los restos incinerados de sendos individuos y los respectivos ajuares funebres, consistentes en vasijas, armas y a veces joyas. Ciertos poyetes o bancos de obra estaban destinados a recibirlos. En otros casos, armas y ajuares eran depo­ sitados en fosas abiertas en el mismo suelo de la edmore, en su centro, fosas que, a su vez, se cubrfan con piedras planas. EI mas importante de los turnulos descubiertos en la necro­ polis de Tutuql mide de didrnetro cerca de 20 metros; su edmore interior tenia tres metros, de lade y el pasillo ocho (fig. 218). En su comedio, para sostener el techo de la edmore, cubierta de grandes losas, se alzaba un pilar coronado de zapata ricamente esculpldu (figura 226). Las paredes de la edmore y del pasillo eran de sillares bien labrados colocados en hiladas horizontales. Este tumulo, aunque el mas grande y rico de los descubiertos, debio ser superado en tamaiio y riqueza por otros, pues se sabe de varios mayo res que, desgra­ ciadamente, fueron destrufdos antes de la lIegada de los peritos. Conocense tcmblen en estas necropolis otras formas, tal como una cdmcrc circular, a la que conduce un pasillo rectilfneo, todo 10 cual estuvo cubierto por el correspondiente turnulo de tierra y piedra. Su semejanza con los sepulcros dolrnenicos neollticos y calcolfticos (tumba del Romeral, en Antequera, por ejemplo) no es pura casualidad, sino un hecho explicable por la identi­ ,dad de lugar, raza y fondo cultural. Entre las mas lujosas las hubo incluso decoradas con pinturas murales, representando escenas de caza 0 de guerra. De una de elias se tuvo notl­ cia, pero se lIego tarde para su sclvcclon. La necropolis de Tutuql, a pesar de haber sldo expoliada casi en su totalidad antes de su exccvcclon, ha dado valiosos ajuares funerarios, en los que; junto a las armas (falcatas, lanzas, etc.) y los vasos cerdrnicos indfgenas (con sencillas ornamentaciones qeometrtccs), han aparecido cistas funerarias de caliza, alguna decorcdc con pinturas de escenas y animales slmbollcos (fig. 304), unos 40 vasos griegos importados, de ellos, catorce grandes crdtercs pintadas, aSI como testimonios de scbor u origen punlco. Estos objetos exoticos permiten afirmar que, en su mayor parte, la necro­ polis data del siglo IV y III antes de Cristo, en cuyo tiempo la rica poblcclon indlgena sos­ tendrfa, directa 0 indirectamente, un activo trdflco comercial con los pueblos colonizadores del Medlterrdneo. No deblo cederle en importancia la necropolis de la antigua Tugia, actual Toya (cerca de Peal de Becerro, Jcen), ejemplo de edmore que ha conservado hasta nuestros dfas un funeraria hipogea de tipo monumental (fig. 220). planta rectonqulcr y estd dlvl­ Es de dida en tres compartimientos, a los que se entra por sendas puertas de jambas curvadas hacia adentro, tendiendo a cerrarse en arco (fig. 221). Esto y su aparejo peculiar, formado por sillares acodados e irregulares, atan tal construcclon a otras del res to del Mediterraneo. En 209 "tr�" HI... ....... '"'--'L-.-'-'-,-,-,--,-,-,'. f�, i i i I : : ! Fig. 218.-ALZADO Y PLANTA DE UNA DE LAS SEPULTURAS Fig. 219. - DECORACI6N DEL P�VIMENTO DE UNA TUMULARES DE TUTUGI (GRANADA). Sequn Ccbre. DE LAS CAMARAS DE TUTUGI. Sequn Cobre, ! f Fig. 220. - PERSPECTIVA DE LA CAMARA FUNERARIA DE TUGIA (JAEN). Sequn Ccbre, 210 Figs. 221 y 222. - DOS ASPECTOS DEL INTERIOR DE LA CAMARA FUNERARIA IBERICA DE TUGIA. PEAL DE BECERRO (JAEN). Segun Ccbre , el interior de las tres naves hay poyetes de piedra a 10 largo de los muros, de la edmore unas repisas como lejas 0 vasa res y, final mente, nichos rectangulares labrados en los mismos sillares que forman las paredes (fig. 222). De esta necr6polis pudieron salvarse unos veinte vas os griegos, de ellos diez crdtercs pintadas, todo del siqlo IVai HI. Junto a este lujoso enterramiento, y de dos mas del mismo tipo y tcrnofio, que fueron destruidos antes de las excavaciones, el resto de la necr6polis de la antigua Tugia asi como 10 de' Tutuql - di6 - muchas sepulturas individuaLes modestas; esto es clcro indicio de que tales tumbas monu­ mentales pertenecieron pr6ceres. a requlos 0 En la misma. regi6n habitada por los bastetanos, con6cense cun otras Andalucfa y en la necr6polis del mismo contenido y epocc, tal como la de.Io antigua Basti (actual Baza, pro­ vincia de Granada), una de cuyas cdrncrcs contenia mas de treinta vasos griegos, sequn referencias ftdedlqncs r y mas al oeste, en la provincia de C6rdoba, entre los turdetanos, la de Baena (antigua Iponuba), Almedinilla y otras. En Almedinilla, sequn referencias firmes, se descubri6 una edmore similar a la de Toya, mas con cinco divisiones en lugar de tres. Todas elias han dado vasos griegos junto con indigenas y armas tipicamente iberlcus, principal mente falcatas; algunas, como las mejores de Almedinilla, decoradas con motivos de origen cldslco. La mas occidental de las necr6polis del sur es la portuguesa de Alcacer do Sal (Ia antigua Sclccic}, cerca de Setubnl. Di6 falcatas y vasos griegos suditdllcos, mas otros restos de ajuares. La mas oriental es la de Villaricos (Ia antigua Baria, provincia de Almeria), que 211 l Fig. 223. - RECONSTRUCCI6N DE LA PI LASTRA CENTRAL Fig. 224. - COLUMNA DEL CORTIJO DEL AHOR. DE UNA DE LA CAMARAS SEPULCRALES DE GA. CADO, CERCA DE BAEZA (JAEN): (Con. LERA (GRANADA). :(Confr6ntese con fa figura 226.) fr6ntese con fa figura 225.) proporclono hermosos ejernplores de vasos griegos, algunos de mediados del slqlo VI aproximadamente. Sdbese tcrnblen por referencia que la necropolis de Archena (cerca de Murcia), tan rica en ejemplares cerdrnlcos indfgenas, tuvo cdrnurns como las de Galera. EI resto de las fuera de las andaluzas, mucho mas necropolis iberlccs, son pobres en elementos importados y sin monumentalidad alguna en sus enterramientos, al por 10 hasta menos ahora conocido. La de Salsadella (Castellon), aunque en territorio iberico, dlo ajuar mas bien celtico. Constaba de una doble edmore hipogea; por su fecha debe de ser del siglo IV-III. En compenscclon, la cerdrnlcc indfgena procedente de las necropolis de la zona del sudeste es mucho mas rica y variada que la andaluza. Citemos, cdemds, las necropolis de la antigua Akra l.euke, en La Albufereta (cerca de Alicante); la de la antigua llduro, Mataro (Barce­ lona), etc. Esta ultima dlo una serie de vasos negros sudltdlicos muy bellos, pero tcrdlos (siglos III y II). EI descirbrtrniento de la necropolis iberica de Azaila, en la que hay un gig an­ tesco turnulo de 75 x 26 metros y de una altura de cuatro, con edmore circular en su interior, orrojcrd mucha luz. LO Ex6TICO Y LO INDfGENA. Dentro de los pocos elementos de juicio que aun - poseemos, parece, empero, poderse deducir que la arquitectura lIamada iberica se hallaba en un estadio muy prlmitlvo al tiempo de las guerras cnlbdllcos. EI espfritu griego, ya tfmidamente presente en otros aspectos del arte 0 la industria indfgenas, no trasciende cun a la arquitectura, que parece ignorar los elementos constructivos cldsicos. No puede hablarse en ella de formas ccnonlccs, de estilos; careda de orden, de medida, y los elementos 212 I � fig. 225. - DOS ASPECTOS DEL CAPITEL DEL CORTIJO DEL AHORCADO, BAEZA (JAEN). (MUSEO ARQUEOL6GICO NA­ ClONAL.) [Confrontese con 10 figuro 224.) fig. 226.-DOS ASPECTOS DE LA ZAPATA DE TlJTUGI, GRANADA. Fig. 227.- FRAGMENTO DECORATIVO DE CAS­ (MUS. ARQ. NAC.) (Confrontese con 10 figuro 223.) TULON (JAEN). (MUS. ARQ. NAC.) 213 crqultectonlcos permanedan cun lndiferenclndos. Es cierto que la arquitectura lndlqenn la desconocemos casi en su totalidad, pues sus reliquias son escasas, esporddlccs y, por 10 general, pobres; pero la verdad es que no podriamos seficlcr con certeza un solo caso del empleo por los iberos de colurnnos estriadas al modo griego, capiteles de cierto aire cldslco, frisos y cornisas de gusto helenlco, etc., y menos de ediflclos en cuya planta pueda percibirse un eco, aunque lejano, de las formas arquitect6nicas del otro extremo del lago rnedlterrd­ neo. Qulzd este [uiclo repetimos - sea prerncturo, pues no dejcrd de extrcficr que en - otros aspectos aparezcan ccd y alia clquncs formas decorativas de estirpe c1aramente griega, certificada s610 por el motivo ornamental sino tam bien por la fecha de su ambiente. Mas no por el momento, y volviendo a las formas arquitect6nicas, sefinlernos, ya que no la pre­ sencia de columnas estriadas al modo griego, -por 10 menos dos casos similares: las columnas cilindricas lisas de Baeza con capiteles cubicos (figs: 224 y 225) Y la piIastra cuadrangular, con bordes achaflanados, de la edmore nurn, 73 de Galera, coronada por una especle de zapata, en la que aparecen algunos elementos de gusto j6nicos (sarta de perl as) (figs. 223 y 226). La primera carece de fecha; la segundo puede suponerse anterior· a la Ilegada de los romanos, 10 cual aboga - al menos para la sarta de perlas- por su oriundez helenlcc ya . directa, ya mediata a troves de capitel Cartago. EI cublco de Baeza muestra ser obra de un picapedrero hdbll en su oficio, pero que nunca [crnds habia visto con ojos y mente sensi­ bles un capitel griego 0 romano, ni habia logrado impresionarse ante una sola pieza orna­ mental 0 un solo motivo decorador cldslco, En ello estribc, precisamente, el lnteres de esta pieza iberica como testirnonlo en el problema de que tratamos. Quien tal16 el cubo petreo de Baeza ignoraba total mente la existencia del arte arquitect6nico medlterrdneo, Es mas, qulzd esta dura afirmaci6n pod ria hacerse extensiva incluso al ambiente en que tal capite: pudo surgir. Lo mismo pod ria decirse de la zapata de Galera 0 de la de Elche (fig. 231) 0 de las dernds piezas arquitect6nicas citadas. Hayen elias elementos cldsicos sueltos, pero nada mas lejano que estas piezas, de las formas arquitect6nicas griegas 0 romanas. Una zapata como la de Galera nada tiene que ver con las formas cldslcos: un trozo como el de Elche en nada se parece a un miembro constructivo cldsico, cualquiera sea su origen y epocc. que iQue papel arquitect6nico jugaron piezas las (fig. 227), de Castulon de Montilla (fig. 228), Osuna (figs. 229 y 230) Y otras? EI ccrdcter propiamente indigena de estas formas arqui­ tect6nicas se ve subrayado en el heche curioso, de nlnqun modo fortuito, de que la zapata de Galera no s610 carece de antecedentes eruditos medlterrdneos, sino que por un atavismo hist6rico vuelve a aparecer en el Renacimiento como forma genuina espanola y Ie vemos prodigarse en la arquitectura popular castellana de todos los tlernpos. Sin embargo, ya no seria justo decir 10 mismo de los capiteles de las 233 figuras 232, Y 234: en uno se manifiesta, aunque de modo bdrbcro, el noble prurito de repetir 10 esen­ cial del capitel j6nico; en el otro se observe, por 10 menos, la comprensi6n y la admira­ ci6n que el cimacio j6nicocorintio suscit6 en el artista que labr6 0 plane6 las piezas dichas, el cual aqui se yergue a la altura de su cometido, ,Iabrando el tema con arte y ddndole una colocaci6n apropiada, justa, 10 que quiere decir que comprendi6 su funci6n. EI arte arquitect6nico ha sido siempre, y mas en aquellos tiempos, dificilmente exporta­ ble. Para que la arquitectura de un pueblo cualquiera prenda en otro, es precise trasla­ "dcrse a los focos creadores con prop6sitos mas 0 menos imitativos, 0 vivir en ellos con el 214 I Fig. 228. - TRES ASPECTOS DE UN ELEMENTO ARQUITEC­ Fig. 229. - ELEMENTO ARQUITECT6NICO DE OSUNA T6NICO DE MONTILLA (C6RDOBA). (MUSEO AR­ (SEVILLA). (MUSEO ARQUEOL6GICO NA­ QUEOL6GICO DE C6RDOBA.) Segun Ccbre. ClONAL.) Fig. 230. - ELEMENTO ARQUITECT6NICO DE OSUNA (SE­ Fig, 231. - TROZO DE UNA ZAPATA DE ELCHE (ALi­ VILLA). (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) CANTE). (MUS. ARQUEOL6G. NACIONAL.) 215 232 Y 233. DOS CAPITELES DEL CORTIJO DEL Fig. 234. - ELEMENTO ARQUITECT6NICO DE ELCHE (ALI­ Figs. - CANTE). (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) • AHORCADO, BAEZA (JAEN). (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) animo abierto generosamente a toda influencia fecunda; pero, sobre todo y ante iodo, es imprescindible que el pueblo que imita se hal Ie en un grado tal de madurez cultural, que sienta la necesidad prdctlcc de usar de las mismas creaciones crqultectonlccs que trata de I' imitar; en casos contrarios mas la inercia, la costumbre inveterada, la formula puede tal punto, que podrfa sospecharse con rczon, a empfrica 0 la esterilidcd espiritual. Haste en el arte lberlco proposlto de las formas ornamentales griegas halladas esporddlccrnente no han Ilegado por los monumentos Ij y, desde luego, en sus elementos urqui.ectonlcos, que sino por la decornclon de objetos pequefios (cajas, marfiles, bronces, vasos pintados, pina­ Sin embargo, cas, etc.); no de otro modo podrfamos explicarnos su inorqdnico empleo. esta decorccion pldstlcc tiene en las cistas todo 0 casi todo su valor originario, sin duda por . imitar objetos de este mismo tipo. 216 ESCULTURA IBERICA Dentro del dominio de las artes figurativas, es precisamente en la escultura donde el sentido artlstico de los iberospuede exhibir pruebas de un desarrollo considerable, que alcanz6 grados relativamente altos; piezas hay, en efeeto, que podrlan equipararse, en algu­ nos momentos, a 10 mejor que pudieron producir otras culturas semlbdrbnrcs del Mundo Antiguo, como la etrusca 0 la chipriota am bas superiores a la iberica por las ventajas - de su tradici6n y situaci6n y desde luego nlzdndose siempre sobre otras centroeuropeas, - como la celtlccgermanica. 0 viejos santuarios lberlcos los que hasta el die han logrado formar, con sus Han sido los r abundantes aportaciones, el grueso mas importante de 10 que hoy constituye el capitulo que nos ocupa. En el Collado de los Jardines, en Despeficperros (Santa Elena, Jcen), se hallaron quizd mas de 2.000 figuritas de bronce; en eLCastellar de Santisteban, no lejos del anterior, probablemente mas de 2.500, induyendo algunas de barre; en el de Nuestra Senora de la Luz, cercano a Murcia, una buena cantidad, aunque bastante menor que en los precedentes. En los recintos sagrados del Cerro de los Santos y su vecino del Llano de Nuestra Senora de la Consolaci6n, en la provincia de Albacete, a mas de unas 250 escul­ turas 0 fragmentos grandes, en piedra, desenterrdronse un cierto numero de figurillas de bronce, como las de los santuarios antes cltcdos, EI que hubo donde hoy se halla endavada La Serreta, cercana a Alcoy, Allccnte, di6 sobre todo figuras de burro. Afiddonse, aparte de los lotes oriundos de estos luqores procedentes de cementerios sag rados, otras piezas lberlcos, de edlflclos, como los de Osuna, 0 surgidas en ambientes ignorados. r Que hubo tcrnblen escultura en madera se desprende del modo como estdn labradas muchas de las figuras que conocemos en piedra (confrontar las figuras 292 y 295). Es mas; esta etapa xodnlcc de la escultura iberica debi6 de ser tan amplia en fechas como ge­ neralizada en el espacio: si hoy die desconocemos ejemplos de ella se debe, cqul como en Grecia, a las dificultades que la materia orqdnica encuentra para su conservaci6n en ' ciertas condiciones. Que todas 1as esculturas en piedra y en barro estuvieron policromadas, que se es cosa puede afirmar no s610 por ser ello propio de todas las artes primitivas ,y por haber sido cdernds costumbre general en la AntigUedad, sino tcrnblen porque piezas como la Dama de Elche, el relieve de La Albufereta yclertos piedras de Osuna, muestran cun daros indicios de 10 dicho.Respecto de los broncecillos, ya es mas diflcll hacer una afirmaci6n similar. Otro rasgo general cabe destacar, y es que la escultura iberica no parece acostu,mbr6 a repre­ sentar en ningun caso irndqenes divinas. 0 se trata de obras que, aunque de tema religioso, son no obstante de ccrdcter descrlptlvo (relieves de Osuna) 0 bien de exvotos, como los de 217 Fig. 235.-GUERRERO IBERICO VOTIVO DEL SAN­ Fig. 236. - GUERRERO IBERICO VOTIVO EN BRONCE. ALTO TUARIO DE DESPENAPERROS (JAEN). 23,4 CM. (EN DOS PIEZAS). (MUSEO ARQUEOL6GICO BRONCE. ALTO 26 CM. (MUS. ARQ. NAC.) NACIONAL.) los santuarios, 0 de sirnbolos potropaicos de empleo funerario, como las "bichas". Incluso es aventurado afirmar que ciertas figuras representen sacerdotisas; 10 probable es que sean simples oferentes ataviadas con sus mejores galas y adornos. 218 - ----- --- ---- - ---------- LAS EST ATUILLAS DE BRONCE Y DE BARRO. Los bronces Ilamados lbertcos proce­ - den en su totclldcddel mediodfa de la Penfnsula; mas concretamente, de los viejos santua­ rios del Castellar de Santisteban, Collado de los Jardines y Nuestra Senora de la Luz. Ya desde mediados del siglo XVIII, por 10 menos, circulaban en la region centenares de idolillos de estas procedencias. A cornlenzos de nuestro siglo la intervenclon particular primero y la oficial despues Ilegaron todavfa a tiempo para salvar un nurnero considerable de piezas. Otras localidades han suministrado tcrnblen algunas figuritas aisladas. Se citan las de Jumilla, Monteagudo y Caravaca (Murcia); las de Bufiol, Tabernes de Valldigna (Valencia); Traiguera y Segorbe (Castellon); etc., etc. Y se conocen algunas procedentes de Tivisa (Tarragona), La Bastida (Valencia), Llano de la Consolccion y Cerro de los Santos (Alba- . cete), Criptana (Ciudad Real) y otros mas, de origen mal conocido. Las estatuitas ibericcs de bronce suelen ser de ocho <;l diez centlmetros de altas. EI escultor las modelaba primero luego de envolver la figura en una capa de crclllc, en cera y, derretlc la cera y hada correr el bronce llquido por un nqujero, de modo que el metal rei le­ nara el lugar abandonado por la cera. Este modo de fundir, muy extendido en la AntigUedad, daba por resultado una figurita maciza, un bronce Ilamado, por ello, "pleno". Dificultades tecnicos, originadas sobre todo por la retrccclon del metal al enfrlcrse, hecla que estas figurillas no pudiesen traspasar prudentemente el tornofio dlcho : mas no por ello faltan piezas excepcionales que alcanzan 15, 18 y mas centlrnetros, Ilegando incluso una al verda­ deramente unico de 26 em. (fig. 235), alarde tecnico que habla muy bien de la pericia de algunos de estos modestos fundidores 0 "imagineros". Pero era menos arriesgado, cuando se queria hacer una figura relativamente grande, fundirla en dos partes (fig. 236). Con estos procedimientos, el escultor sella Ilegar a hacer pequefios obras maestras, Ilenas de sentido plds+lco, de detalles finamente reproducidos, de movlrniento, e incluso a veces de belleza propiamente escultorico. Sin embargo, no todas son de factura cuidada; realmente las que mas abundan son las bdrbnrcs y esquerndtlccs, reducidas en ciertos cas os extremos a simples varillas de metal, como alfileres, las cuales no pod fan pretender repre­ sentor al ser humane sino solo stmbollccmente. Tales "exvotos de alfiler" son, pues, pro­ ductos adocenados, industrializados al maximo, no solo por economic de trabajo sino prin­ cipalmente por rczon de su baratura. A estos santuarios serranos, en efecto, ccudicn gentes menesterosas, humildes; indigentes que caredan de recursos para comprar figuritas rnejor hechas; por una cantidad insignificante, estes pobres seres podfan adquirir susvslmbolos" y cumplir sus piadosos deseos. con la misma eficacia que los mas pudientes. No obstante, como tam bien acudfan fieles acomodados, 0 con gustos mas finos, no faltan tampoco figu­ ritas de arte mas depurado. Las diferencias marcadfsimas que hay entre estos broncecillos artisticos (bien se piense en comienzos 0 degenera­ se deben, pues, no a distintos estadios ciones), sino simplemente a la destreza de los formadores y en primer lugar a la mayor 0 menor exigencia 0 posibilidades econornlccs de los clientes. En efecto, la clientela de estes santuarios, alejados de los centres urbanos mas importantes, en general pobre, constitufanla soldados, labradores, enfermos y menesterosos de todas closes. el tema EI oficio que estas figuritas estaban destlncdcs impuso, naturalmente, religioso a al artista. Predominan con mucho las figuras humanas, tanto masculinas como femeninas. Entre las primeras, 10 mas frecuente es hallarse ante lrndqenes de guerreros, en pie, y a veces tam bien a caballo (figs. 237 y 238) equlpados con susarnias y arreos militares, es decir, 219 I Figs. 237 Y 238. - DOS JINETES EN BRONCE PROCEDENTES DE LOS SANTUARIOS IBERICOS DEL MEDIODfA DE ESPANA. TAMANO, APROXIMADAMENTE EL DE LOS ORIGINALES. (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) la espada falcata, Tas lanzas 0 jabalinas, el escudo redondo, el puficl, a veces casco de clmern enhiesta 0 en su defectobonete; presentan ya cubiertos con el manto de lana (el como un se "sagum"), ya cuerpo, ligero y breve .vestido, escotcdo en tricingulo y con manga . a con un corta, es decir, una especie de tunica, que lIevaban cefildo a la cintura por una ancha correa. Estos soldados, en trance de cornpcfio se presentan a veces en actitud indiferente; otras, empero, en ademcin de ornclon, venernclon u of renda, con las manos alzadas, presentando copas unas veces, y otras, cos as como panes 0 monedas, 0 bien mostrando simplemente las palmas, actitud estc que pod ria repetir las de las figuras ibicencas de barro, sl no fuese porque tales gustos son comunes a todas las religiones. Algunos alzan en sus manos espada y escudo, en ademcin que podia interpretarse como de juramento militar, 0 simulan atacar al enemigo disparcindole lanza. Los armados y vestldos por este su jinetes van tornblen modo; en cuanto a los caballos, lIevan por 10 general riendas, petral, cabezada, y silla sujeta con la cincha, y hasta unos escuditos rnetdllcos, a modo de frontalera, para proteger la frente. Vecse en la figura 239 la imagen de un guerrero cubierto con casco de alta clmerc y ofreciendo 10 240 otro caracteres alzando los bra- una copa, 0 en con negroides 220 " t •. Fi�s, 239.240 Y 241. - TRES BRONCES IBERICOS REPRESENTANDO GUERREROS. TAMANOS DE l,OS ORIG!NALES, DE�PENA­ P�RROS (JAEN). (MUSEO ARqUEOL6GICO NA<;:IONAl.) Figs. 242. 243 Y 244. TRES GUERREROS _lBERICOS EN BRONCE. TAMANOS DE LOS ORIGIN ALES. DESPENAPERROS (JAEN). - (MUSEO ARQUEOLOGICO NACIONAL.) 221 zos como en .plegaria. En extreme lnteresnnte tam bien el guerrero de 10 figura 241, es con su manta capote 0 enrollado sobre el hombre, rodela a 10 espalda y su falcata su cruzado a 10 cintura. En actitud de marcha con su lanza 01 hombre, sa escudo a 10 espalda y el "sagum" cubriendole por entero el cuerpo, aparece 10 242. Serlo ocioso descri­ figura bir tras otra las estatuillas de estos santuarios. En las una figuras aquf reproducidas demos los tipos mas importantes y mejor ejecutcdos. No faltan tam poco esculturillas masculinas desnudas. La mas interesante es 10 que ilustrc 10 figura 244. Por coso excepcional, en 10 reproducclon de 10 figura 243 soldado vernos un ejecutando una danza guerrera; mientras baila golpea sus rodillas con 10 rodela y blonde su lanza con 10 derecha; 10 gran falcata cruza ante su cintura. Si de las estatuillas varoniles pasamos ahora las ferneninus, las a veremos repetirse actitudes estdtlccs de orantes u oferentes, en pocos desnudas por entero y frecuente­ casos mente vestidas con sus largos 0 cortos mantos y a menudo tocadas con altos peinetas y mantillas, es decir, con indumentos semejantes 0 iguales a los que luce 10 famosa Dama de Elche. EI bronce mas bello de esta serie femenina es, sin duda, el de la figura 245, hallado en el santuario de La Luz, estatuilla encantadora por el claro una concepto de 10 forma y de 10 proporclon y hasta por cierta dulzura en 10 actitud, lograda gracias a 10 ligera incli­ ncclon de 10 cabeza tanto hacia adelante como hacia un lade y por las delicadas guedejas movidos rizos que en cae� hasta los hombres. Tcmblen es' bella 10 figura 246, con su gran manto tolar y su mono derecha alzada, 0 10 oferente de 10 figura 247, mostrando en 10 izqulerdn paloma; es curiosa en ella 10 estillzccion de 10 mitad inferior de su cuerpo, una que parece como un largo cilindro. No faltan tampoco en esta larga serie de bronces lbericos las figuras de animales, tales como caballitos (figs. 251 y 252), torillos, carneros, incluso pdjcros (fig. 254). Hay tam­ bien ejernplos interesantes de carros de tirados guerra por caballos. Dentro yo de un lnteres mas propio de la historia de sus creencias que de 10 del arte, conviene destacar que el exvoto cdopto otras formas, como brazos, pies, manos, ojos y hasta dentaduras. Eran hurnildes testimonios de fieles devotos que impetraban 0 agradedan a 10 oculta aquellos divinidad de los santuarios 10 curuclon de aquellas partes. de su cuerpo representadas en 10 ofrenda. Los animales sueltos tienen el rnisrno ccrdcter : servfan para slmbolizcr mercedes recibidas sobre 10 salud 0 10 seguridad del ganado, del caballo propio, del buey enfermo, etc. Todos estos "munecos" de bronce aparecieron en escombreras, sin indicios estrutiqrd­ flees, por 10 que hemos de renunciar a averiguar su fecha precisa. La global, empero, puede cclculnrse dentro sle 10 maxima y 10 mfnima cronoloqicc que resulte del conjunto del ma­ terialnrqueoloqlco recoqldo. Este oscila entre el siglo III 0 II antes de Jesucristo y 10 epoco imperial avanzada, siendo precisamente los testimonios romanos los mas abundantes. En el scntucrlo del Castellar de Santisteban se encontraron, adernds de los infinitos broncecillos, un buen rnirnero de figuritas de barro cocido, en su mayorfa de evidente fcc­ tura romano. Pero donde mas abundantes han surgido es en el santuario de La Serreta de Alcoy, el cual, por contra, bronce en no cpcreclo alguno. Habfa representaciones de ambos sexos e incluso agrupaciones. Sus formas son muy desiguales, pues 01 lade de figuritas bien modeladas (fig. 255) se encuentran otras en extremo bdrbcrcs de factura, casi amorfas, que parecen modeladas a pellizcos, a veces recordando 10 tecnlcc ruda y grosera de las figuritas punlccs halladas en 10 Isla Plana de Ibiza. Entre las mejores hay ejemplares de clcro abo- 222 '--- - -�-... ;;:; ._- Figs. 245, 246 Y 247. - DESNUDO FEMENINO DE LA LUZ (MURCIA) Y FIGURITAS VOTIVAS DE DESPENAPERROS. Figs. 248,249 Y 250.-TRES FIGURITAS FEMENINAS VOTIVAS, BRONCE, ORIUNDAS DE LOS SANTUARIOS IBERICOS DE DESPENAPERROS (JAEN). TAMANOS ORIGINALES. (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) 223 las que repiten tocados similares a los mas suntuosos del Cerro lengo romano y otras en se de los Santos e incluso al de la Dama de Elche (fig. 256). Aquf, como en los santuarios de Sierra Morena, no se hallaron Indices estratigr COAI'JA ANAPARAHA� I � D[L BARRio b:XTRAMVROS Fig. 393. - PERSPECTIVA DEL CASTRO DE COANA (ASTURIAS). Sequn Garda y Bellido. confluencias de rlos cercanlas. Rodedbnnse de uno 0 mas por lc Naturaleza, 0 en sus en los recintos amurallados: Estos poblados, conocldos de antiguo en el lugar con el nornbre gene­ reconocidos en, la: susodicha zona rico de "castros" (proplornente son "oppida"), han sido .. de uno a otro es a veces 'sorprendente Lugares hay en los por centencres. La proximidad .. sobre el paisaje clrcundunte descubre diez 0 doce empla­ que una vista a la redonda girada zamientos costrefios. No todos son del mismo tcrncfio, por el contrario abundan los peque­ de planta circular' tcrnblen, como las ccsns ccrccterlstlccs de esta zona, castros �os nveces tan pequenos q,ue a podr[an clberqcr mas de treinta 0 cuarenta familias. Pero duras penas , no felton :tambien ruinas de grandes aglomeraciones, ruicleos antiguos de ciudades relati­ vcrnente .populoscs. No guarda proporci6n el ruimero de castros excavados con la super­ abundancia de los restos seficlcdos: no obstante, juzgando s610 por los que ya han sido estu­ salvo variantes de segundo dicdos sctlsfcctortcmente, ,puede afirmarse que todos presentan, orden, unc gral) unlforrnldcd de aspecto y contenido culture]. Para el futuro cabe afirmar , . ser rnejor' conocidcs que que pocas culturas -podrdn estc el die que se hayan excavado en han de citarse en Portugal parte mayor sus innumerables testimonios. E�tre los principales los de Briteiros y Scbroso, que tienen el merlto de haber side los prlrneros que se explo­ raron metodlccrnente ;'Iuego se excavaron 0se reconocieron los de Santa Luzia, Terroso y todos ,al norte del Duero. En Espana se han explorado, entre otros.Jos de Santa algunos mas, Teele, Trona, Sah Cibrldn de Las, Domayo, Borneiro; Borofic, etc., en'Galicia, y en el occi­ dente de Asturias los de Cocfic (fig. 393) y Pendia, principal mente. De, todos ellos, los mas , 324 � ! I 1 { VISTA PARCIAL DEL CASERfo DEL CASTRO DE SANTA TECLA, EN LA DESEMBOCADURA DEL MINO. Fig. 394.- 1 Fig. 395. APAREJO GRAN[TICO DE LAS VIVIENDAS CIRCULARES DEL CAS-r:RO DE SANTA TECLA (PONTEVEDRA). - 325 Fig. 396. - UNA DE LAS CAMARAS SEPULCRALES DE BRITEIROS, CERCA DE GUIMARAES, NORTE DE PORTUGAL. LUSITANOS. DE GUI· Fig. 398. ESTELA DE LAS LANZAS, ORIUNDA DE CALA· GUERREROS (MUSEO - Fig. 397. - MARAES, PORTUGAL.) CEITE. (MUSEO DE BARCELONA.) 326 (ICAlA £N M[TDOI P09LADO DE (OANA (AITVQIAI) EXCAVACIONE� DE 1940- 2 Fig. 399. - PLANO DEL CASTRO DE COANA (ASTURIAS). Segun Garda y Bellido. importantes por su conjunto e interes orqueoloqico son el de Briteiros y Terroso (no lejos respectivamente de Braga y Oporto, en la region de Entre Douro e Minho), el de Santa Tecla de la desembocadura del Mino) y el de Cocfic (en las cercanias de (cerca Vigo, en Navia, en el occidente de Asturias). En la figura 393 del barrio extramuros del castro reproduzco la ancpcr dstcsls general de Confic sequn los resultados obtenidos hasta 1942. Tal reconstruccion puede servir de ejemplo para toda la serie de castros, ya que, como hemos dicho, no hay diferencias notables entre ellos. Las viviendas circulares constituyen mas de la mitad del total reconocido. Las que se separan del circulo, como obedeciendo a irreprimible hacia 1<;1 linea curva, una tendencia adoptan formas ovales, elfpticas 0 rectangulares, pero dnqulos redondeados. La casa con estrictamente rectangular se ha evitado slstemdtlccmente. Algunas presentan un vestlbulo. Estcin construfdas con lajas de pizarra (en Galicia y Portugal con losas de qrcnlto), Ilegando en Cocfic algunas casas a la altura comprobada de cuatro metros, 10 cucl, en conjuncion con el estudio de las "pallazas" del Noroeste que conservan en planta y alzado el vlejlslrno tipo de las casas costrefics, ha permitido nuestra reconstrucclon ideal reproducida en la figura 327 dicha. Por los restos reconocidos y por con las comporcclon mencloncdcs, puede "pollczcs" afirmarse que se cubrlcn estas cabanas con tejado c6nico, hecho de paja 0 ramas, acaso enlucldo con burro para hacerlo mas impermeable: el armaz6n de la techumbre sostenfalo un poste central que apoyaba en una losa 0 se hincaba en el suelo tros de atravesarla. La vida dentro de estas chozas debi6 de la ser semejante a que hasta el din se ha conservado inalterada en algunas aldeas de "pallazas", es decir, hombres y animales con­ viviendo rnezclcdos bajo el mismo techo todo 10 mas 0 con sepcrcciones' aislantes. La parte excavada y reproducida en la unopcr dstcsls no es la del castro propiamente tal, sino s610 la de un barrio extramuros, surgido con posterioridad al nucleo de la principal poblaci6n. Este radicaba en una meseta Ilana contigua y se hallaba rodeado de gruesa muralla. una Se entraba el por una puerta defend ida por un torre6n, ambos reconocidos en la exca­ en vaci6n y visibles en la figura ilustrativa. Como los testimonios cronol6gicos recogidos en el area excavada datan todos de epoco romana estes y como parten ya de tiempos de Cesar, es de suponer que el castro propiamente dicho sea de fecha anterior al de su barrio extra­ muro. Este, por su parte, muestra haberse construfdo en tiempos y circunstancias completa­ mente distintas las que el alzado del castro alto. a presidieron Efectivamente, la que pudle­ ramos Ilamar acr6polis, con sus recias defensas, denuncia un estado de cos as anterior a la pacificaci6n romana, no comenzada oqul antes de los tiempos de Augusto 0 mejor de Tibe­ rio. Luego, a partir del siglo I de la Era, pacificada la regi6n cdntobro-cstur y habiendo cre­ cido la poblaci6n por causa de esta hubo necesidad de ampliar la ciudad y fue entonces paz, cuando fue creclendo lentamente este barrio extramuros, que creci6 amparado por las an­ tiguas fortificaciones, ya virtualmente imitiles, junto a su entrada principal y al pie de las murallas. EI barrio que iba forrndndose fuera de la acr6polis no necesit6 ya defensas mura­ das; bast61e cefilr el ccserio con una simple toptc para defenderlo de las alimafias y fieras que debfan de abundar en los espesos bosques de las cercanfas, y, en su caso, de posibles cuatreros, que nunca faltarfan. La parte exccvcdc y las dlrnenslones del area donde estuvo el ccserlo es decir, la acr6polis, da pie principal, para hacer un cdlculo de poblaci6n, la cual resulta aproximadamente de unas 1.500 a 2.000 almas (Nuinantia unos 10.000, Cauca unos 20.000 [?]). De todos los castros conocidos, el mas semejante al de Cocfic es el portuques de Terroso (cerca de Povoc de Varzim, 61 norte de Oporto). Como el, tiene un recinto murado, cqul doble, dentro del cual se agrupan en estrecha proximidad y densidad gran nurnero de caba­ nas predominantemente circulares 0 elfpticas; como el de Confin, tcrnblen el de Terroso pre­ senta un barrio extramuros, sin fortificaci6n alguna (al menos en 10 conocido), y con cabanas identlccs a las de la acr6polis 0 recinto anterior y principal. Los castros de Bri­ teiros y Sobroso, ambos vecinos y pr6ximos a Braga (norte de Portugal), no fueron tan sernejontes. EI de Britelros muestrc abundancia de casas de planta perfectcrnente angu­ losas, 10 que, uriido a' los testimonios crqueoloqicos, da una fecha algo posterior y una romaniiaci6n mas intensa y temprana. Del castro de Santa Tecla no se ha publicado cun plano alguno, pero reproducimos en las figuras 394 y 395 algunos aspectos de sus ruinas. Todos estes, y otros mas, muestran siempre clcros indicios de romanizaci6n. Por el momento, aunque el tipo de vivienda parezca ser muy viejo, la verdad es los testimonios cronol6- que gicos conocidos no nos permiten retrotraer mucho la existencia de tales poblados. Por el contrario, sentido arcaizante y conservador real mente extraordinario un (presente por 10 328 I Fig. 400. - FRAGMENTOS DE LA "DIADEMA" AUREA DE RIBADEO. (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) '�'. Fig. 401. - "DIADEMA" AUREA DE VEGADEO. (COLECCI6N LAzARO. MADRID.) Fig. 402. - ORNAMENTO DE ORO. PROCEDENTE DE ASTURIAS. (MUSEO DEL INSTITUTO DE VALENCIA DE DON JUAN. MADRID.) 329 Figs. 403 Y 404. - TORQUES AUREOS DE GALICIA. (COLECC:16N BLANCO CICER6N.) Fig. 405.- TORQUE Au REO DE GALICIA. (COLECCI6N BLANCO CICER6N.) 330 , I· <. Figs. 406 Y 407. - VASOS DEL HALLAZGO PORTUGUES DE CHAO DE LAMAS. (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) Figs. 408 Y 409. - COLLARES DE CHAO DE LAMAS, PORTUGAL. (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) 331 Fig. 410. - CARRO VOTIVO CON GRUPO CINEG�TICO ORIUNDO DE M�RIDA. (MUSEO DE SAINT-GERMAIN.) Fig. 411.- PUNAL VOTIVO CON ESCENA DE SACRIFICIO DE ANIMALES. (MUSEO DEL INSTITUTO VALENCIA DE DON JUAN, MADRID.) 332 - -- ---------- -_- - --- - -- --- -- demos en otras muchas manifestaciones culturales de la regi6n), ha heche que este tipo de cabanas y hasta el mismo regimen de vida haya Ilegado casi intacto hasta nuestros dies refugiado en las montcfics de Lugo, Asturias, el Bierzo y ciertas zonas de Salamanca, Extremadura y Tras os Montes. Particularidad verdaderamente extra­ fie de esta cultura es el no haber dado hasta el presente sefioles de necr6polis 0 cementerios. Parece ser que los enterra­ mientos se hadan, una vez incinerados los Fig. 412. - ESTELA QUE CERRABA UNA DE LAS CAMARAS ccddveres, en las propias viviendas, en FUNERARIAS DE BRITEIROS. (MUSEO DE GUIMA­ RAES.) las cuales aparecido con cierta fre­ han cuencia fosos 0 piedras con una 0 mas concavidades cuya explicaci6n no puede ser otra que la dicha. Es mas: tanto en Cocfic, como en Pendia, en Briteiros como en otros castros, se han descubierto cdrncrcs cubiertas por 10 general de bovedc por aproximaci6n de hiladas cuyo oficio nos parece relacionado con ritos funebres. Cierrunse por 10 general en UI1 dbslde a veces de herradura. Suelen dlvi­ dirse en varlos compartimientos y al parecer se c.erraban con estelas. De estes con6cense las de Briteiros (figs. 396 y 412), hallada "in situ" por 10 menos una. La decoraci6n, limitada a temas geometricos, con que se ornan estas lonchas de piedra, nos invita a entrar en el tema relacionadotlpico con pueblos. el arte de estos No halla­ mos en ellos tampoco manifestaciones crtlstlcos propiamente tales. Hay, empero, indicios de escultura muy barbara (fig. 397), aSI como ornamentos muy sencillos, formados de una temas qeornetrlcos en los que se yen de vez en cuando la cruz gamada, sogueados, espirales enlazadas, trenzados semejando labores de cesterfa, drculos secantes, trisqueles, etc. Las estelas de Briteiros, las jambas de Sabroso y Ancona, las piezas de Santa Tecla, etc., mues­ tran ejemplos de 10 dicho. En la cerdrnlco, siempre de mal barro y formas simples, abundan tcmbien los estampados 0 incisos en fresco, dibujando ornamentos del mismo aire pero mucho mas simples cun, tendiendo en general a IIneas rectas quebradas. Mas rlquezc orna­ mental muestran las joyas acostumbradas en la regi6n, por 10 general de oro. Son abun­ dantes en extremo los torques, terminados en cpendlces rices de decoraci6n (figs. 403 y 404). Notables son los peines y vasijas de oro surgidos casualmente en Caldas de Reyes (Pontevedra) 0 las placas y cintas durecs de Vegadeo (fig. 401) Y Ribadeo (fig. 400). Esta, que durante algunos ofios estuvo fuera de Espana, se halla en parte ya en el Museo Arqueo- 16gico -Nacional: Fue hcllcdcrno en Extremadura como se di]o, sino en el limite entre Galicia y Asturias, en Ribadeo. En ella se .ven dos zonas con repujados representando guerreros a pie y a caballo, armados de escudos redondos y pequefios, como los "caetrae" de la Espana Ulterior, lanzas y jabalinas. Unos grandes recipientes sin duda de bronce nos instruyen sobre el usc de ellos entre las tribus septentrionales de la Peninsula; carecen de base pero se apoyan en pies m6viles; estas "situ las" van provistas de grandes as as dobles. No es, pues, una casualidad que se haya encontrcdo en Santander, concretamente en Ccbdrceno, un ejemplar como el descrito, y tampoco 10 que se conozcan otros semejantes es en el sur de Inglaterra y en Dlnumorcc. La lIamada "diadema" de Ribadeo (propiamente es un cinto) presenta ndernds, como elementos de relleno, unas aves pescadoras, con peces en el plco, y otros peces mayores distribuidos entre los caballos y peones. La fecha posible y probable de la referida "diadema" es indeterminable, pero pese al aspecto prlmltlvo de las figuras, hemos de creerla muy distante del IV 0 III antes de la Era y acaso posterior. no Es evidente que esta culture ccstrefic y en general todo el arte celtico peninsular no fue afortunado en las representaciones figuradas, tal vez porque tampoco 10 lntento nunca en serio. En cambio, las ornamentaciones geometricas cierta fortuna, aunque fueron tratadas con sus temas fuesen siempre limitados y sencillos. En este aspecto, si el area celtlcc del centro de la Peninsula puede exhibir con orgullo sus ricos damasquinados en armas y objetos de usc (placas de cinto, ffbulas, etc.), el grupo del noroeste galaicoportugues puede lucir con no menos orgullo sus torques de oro y sus "diademas", en los que a la riqueza material une a menudo una belleza intrinseca muy digna de loa, sobre todo en los referidos torques. Es de advertir que esta excelencia pcrtlo en gran manera del heche afortunado de ser el noroeste muy rico en explotaciones auriferas, tanto mineras como simplemente colectoras ... (pepitas durecs de los rlos, por ejemplo). Los romanos sacaban, en esta zona, ya en el siglo I de J. C, cantidades ingentes de rubio mineral; mas los indigenas no fueron antes de ellos menos prdctlcos en el aprovechamiento de estos tesoros minerales. Ello, unido a la ductill­ dad de la materia, dlo lugar al desarrollo de la industria joyera. En todo el noroeste abun­ dan, en efecto, como en ninqun otro lugar de Espana, los hallazgos frecuentes y abundosos de piezas de este genero, algunas-a mas de las ya citadas-bellisimas, como las reproducidas en nuestras figuras 402 y siguientes. Esta especie no murlo con la Ilegada de los romanos, antes bien continuo, pero muy influida por otras corrientes que, mal comprendidas, dieron I ugar a formas y ornamenta­ ciones muy distintas. Destacan, entre otros tesoros, el hallado en la localidad portuguesa de Chao de Lamas, cerca de Miranda do Corbo, y conservado hoy en el Museo Arqueo­ loqico Nacional de Madrid. La forma acampanada de los vasos (figs. 406 y 407) recuerda la cldsicc, de la cual hay ecos mas claros en los vasos del tesoro de Tivisa ya estudiados y reproducidos al hablar del arte iberico, Extrofic su orncrnentcclon sin cnrdcter ni gusto, como queriendo interpretar coscs mal digeridas. Mas curiosa y bdrbcro es el collar del mismo origen (fig. 409), collar que adopta las formas preterites de las hinulcs, pero que se exorna con una labor repujada a martillo y por cclco, en la que vemos rostros de frente, figu­ ras animales (berracos ?), pufioles, una pdtero (?) y rellenos sencillisimos de rnedlos circulos combinados. Parecen alusiones a ritos religiosos (linstrumentos de sacrificio?). Su fecha puede caer en los ultlrnos decenios del milenio anterior a la Era. Por ella y por sus caracteres orne­ mentales este tesoro se asocia a los de Sclvoccfiete (Cuenca) y Pozoblanco (Cordoba). Del area celtico 0 celtizada del occidente de la Peninsula son tam bien otras piezas, estes yo esculturcs broncineas. Las principales forman serie de escenas de sacrificio y entre elias destaca el carro votivo de Costa Figueira (norte de Portugal) y el pufiol votivo de ori­ gen ignoto que guarda hoy Juan, de Madrid. Este, el Museo del Institute' de Valencia de Don tal vez de origen lusitano como el anterior, �epresenta sobre la hoja de un puficl (fig. 411) un sacrificio de animales entre los que se ven una cabra, un cerdo, un carnero, un oso (n, ccornpcficdos de sus conductores; todos se alinean mirando al espectador y al lade de un '334 Fig. 413. - LAMPADARIO (1) DE BRONCE, HALLADO EN UNA TUMBA DE GUERRERO (CF. FIG. 414) DE CA�ACEITE (TERUEL). (MUSEO ARQUEOL6GICO NACIONAL.) . - ---·�---i . J • I , :'. .,' Lt F. I . I, r .. --. L ;,� I , . i 335 '_., .. _ - _ _ .. :...J Fig. 414. CORAZA DE CALACEITE (TERUEL). (COLECCI6N Fig. 415. PETO (1) DE'BRONCE, DE AGUILAR DE - - PARTICULAR.) ANGUITA. (MUS. ARQ. NACIONAL.) Fig. 416. _;_ FfBULA DE BRONCE CELTICA. (MUSEO ARQUEOL6GICO 417. FIBULA DE BRONCE.'(COLEC- Fig, - - NACIONAL.) , . CI6N BAUzA.) ' I 336 serniesferlco (similar, parece, a los de la "diadema" de Ribadeo) junto al cual gran caldero un h�mbre, tal vez e'l sacrificador. Las flqurns sonen extremo torpes y esquerndticcs, y flqurc si de arte tienen denotcble, en cambio atraen ncdo ei interes descrIptlvo de una 'escenc por y una ceremonlc rellqlosn. para la que no tenernos otro testimonio que este oh[eto Mu�ho .. mas fina es la lcbrcde la cabecita de toro 0 becerr.o con que se termina 10 que serlc el porno por ciertos detalles hu bo de colgado. estar de este pu n,al votivo,' que- a juzgar Un parentesco mas 0 menos cercano tuvo 'el carro, votivo tam bien, que como 'oriundo a propiedad del Museo de Sclnt-Gerrncln. de Merida (capital de la Lusitania romana) paso En el vemos l)na plutcforrnc sobre cuatro ruedas en la cual se asientan tres 'figuras, uno lc del caball.o con su jinete, orrc la del perro y la tercera la de un jabalf. Es, pues, uno esceno con un notable concepto clneqetlco. .Lcs esculturillas son torpes de factura pero expresivas y del bulto redondo (fig. 410). Su epocc, como la de .los objetos anteriores, es ya evldente­ mente rorncnc. de hay nun algunas piezas, sin duda celtlcos, que no dejan del area lusitana, I Fuera yo Destaca el cobclllto de Calaceite tener lnteres por su rareza yhcsto por su belleza relativa. de su torpeza, que lIeva sobre (provincia de Teruel), figurita en bronce, graciosa a pescr sus espcldos un vdstcqo de bronce con decorccion fu niforme al que corona un disco perfo­ rado por cinco cfrculos (fig. 413). La peana del objeto constltuye!c otro disco semejante. fuese este su oficio. La EI extrufio objeto se ha lnterpretcdo como un portcldmpcros y quizci decorncion es simple 'I pobre de motivos (cuerdas), pero la gracia del ccbclllto, con su encantadora. Hoy cuello flexible y arqueado como el de un cisne y sus patas vacilantes, es die se guarda en el Museo Arqueoloqico de Madrid. Del mismo hallazgo tu rolense su rqio la fragmentada coraza broncfnea de nuestra acabado de citar. Sin duda era la tumba de un gue­ figura 414, aparecida junto allampadario rrero. La ornornentocion consiste en una serie de cfrculos concentricos combinados. Es la pieza de mas importante hallada en Espana. su genero La rnismo sencillez ornamental muestran las placas discoideas en bronce de la figura 415. Trdtcse de un conjunto de discos broncfneos repujada muy sencillc, unidos entre con labor una especie de peto defen­ sf, cuyo destino sequro se ignora; se supone, sin embargo, fuese sivo. Precede de la necropolis celticc de Aguilar de Anguita (Guadalajara). De origen pre­ ciso desconocido, pero con seguridad de ambie�te celtico, es la bella fibula brondnea de raro en Castilla nuestra figura 416, en la que se repite, hermoseado y ampliado, un tipo no la Viejo (Palencia). Estc fibula, cuyo caballo ofrece geometrizaciones que 10 emparentan con las pinturas vasculares numantinas, estd a su vez relacionada con ciertas costumbres celttccs peninsulares y extrapeninsulares, en las cuales jugaban un lrnportunte papel las cabezas cor­ tadas de enemigos. 'Una de estes es la que precisamente se ve entre el hocico del caballo y las patas delanteras del mismo. Su fibula es de gran tcrncfio y se halla odernds ornada de Su data es dificil de fijar, belles aunque sencillas ornamentaciones grabadas y perforadas. ser coetdnec de los vasos numantinos por el paralelo sobre el cual hemos Ila- pero parece 417. .mado ya la ntenclon. Un arte similar muestra tcrnblen la placa de clnturon de la figura la E� arte celtico hispano no lleqo, como hemos visto, al cultivo de la forma humana, cual solo incidentalmente toca y proposltos verdaderamente arHsticos. No cono­ siempre sin clo otro estadio que el qeometrtco, al cual supedita tanto 10 botdnico como 10 animal. Pero en ello dlo frutos bellisimos en los que la tecnica sabia colcboro en alto grado, supliendo en ,337 repetlclones lo que Ie faltaba en variedad y multiplicidad terndticc, siempre pobre y rno­ noto no, cornose ha visto. En este sentido su diferencia 10 iberlco con es patente y ello no cabe atribuirlo solo a un mayor 0 menor grado cultural, sino sobre todo a una diferencia san­ gurnea, racial, fundamentalmente distinta. Sin embargo, su vitalidad fue mayor que la de!' arte iberico, tal vez sencillez. Mientras el por su propia arte iberico cccbo por confundirse con el arte romano importado, dando lugar a un tipo provincial, el celtlco, mas rudo y bar­ baro, vivio latente en los siglos romanos para 'remozarse y emerger a la superficie en los siglos que siguieron al hundimiento de lo cultura romano de Occidente. Este mismo concepto orn.amental de las formas geometricas sencillas es el que volveremos a ver en las artes bar­ baras de I.os pueblos germanicos que, se afincaron en Espana a la ccldo de Roma. . ! 338 BIBLIOGRAFiA ABERG, Nils. "La erreollthique dans la Penlnsule lberlque". Upsala-Paris, 1921. civilisation ALBANO BELLINO. "Cidades mortas (Citanias de'!c region del Mino)"(O Archeoloqo portuguez, tomo XIV). ALBERTINI, E. "Rapport sommaire sur les fouilles d'Elche" (Comptes-rendus de l'Accdernle des Inscriptions et Belles Lettres, p. 61 I). Parfs, 1905. ALCALDE DEL RIO, BREUIL y SIERRA. "Les cavernes de la regiQn cantabrique (Espagne)". Monaco, 1911. ALMAGRO BASCH, Martin. "La cultura megalitica del Alto Aragon" (Ampurias, tomo IV). 1942. - "Bronces de la Meseta en el Museo Arqueolcqico de Barcelona. I. Una espada del rio Esla, Leon". (B.S.E.A.A.). 1939-1940. - "La cer drnlcc excisa de la Primera Edad del Hierro de la Peninsula Iberica". 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