I I I EL TERCER TERC/O DEL SIGLO A) LA ARQUITEG;E(JRA EL TIEMPO DE LA SUFICIENCIA. Nos adentramos de en una era y desvarfos, errores - convenientemente disfrazados de suficiencia y de prosopopeya pedante torplsima. Errores y " desvarfos de nlnqun modo engendrados al tiempo de comenzar estos ultlrnos treinta cfios del siglo, sino heredados del anterior. "[Espcfioles! Una serie de lamentables equivocacio­ nes ": aSI comenzaba Isabel II su manifiesto de 1854, sinceridad ultima ... con primera y en su vida. Y lamentables equivocadones fueron los mas de los actos de su reinado, bien que las consecuencias, cada die mas cornplejcs y enredadas, no se advirtieran en toda su gravedad hasta cfios posteriores. Acab6 de reinar "Ia de los tristes destinos" en 1868, cuando el Roman­ ticismo estaba virtualmente concluso desde nueve ofios antes. Se creerfa que ahora, con hom­ bres mas serios, capaces y responsables en el Poder, todo serln rndxlrncrnente autentico, na­ 1 tural y espontdneo, Pero, por desventura grande, ocurri6 todo 10 contrario, porque el siglo, scblendose mayor de edad, us6 de esta mayorfa de la �anera mas infantil posible, abomi­ nando de las improvisaciones rorndntlcos. Un aura de suficiencia y de erudici6n mal digerida se dej6 doquier, en todas las manifestaciones de la pldstlcc, y, de modo naturalmente sentir por irreparable, en la arquitectura. Cada uno de sus profesionales busc6 ser mas sabio y pedante que su compcfiero, y como quiera que si se volvian los ojos hacia Europa en demanda de ayuda todo 10 hallable era similarmente falso y engreido, no hubo remedio. EI tlernpo de las expo­ siciones internacionales, de la arquitectura de pabell6n, del mal gusto victoriano y de los pla­ gios medievales se encontr6 sin una modelcclon, sin una norrndtlco, sin un estilo provisto de alguna dignidad. Enfermedad europea y, por consiguiente, caminando todas espanola, en . las latitudes y longitudes hacia su inapelable meta, la del monstruoso modernismo. Y, sin em- bargo, este tiempo de pedanterlas, suficiencias y "Iamentables equivocaciones" tam bien debe ser objeto de cr6nica. LA OBRA DE JARENO. - En plena actuacl6n la Escuela Superior de Arquitectura, donde sin duda se ensefiobc a los alumnos a construir edificlos con todo rigor tecnlco, pero 267 sin la menor posibilidad de_ ingenio inventivo ni de invocaciones a la gracia, era, desde 1855, su profesor de Historia del Arte - nefasta asignatura para un arquitecto impersonal- el senor Jcrefio. Don Francisco Jnrefio y Alarcon, nacido en Albacete el 24 de enero de 1818, salido ya de la dicha Escuela de Arquitectura en sus primeras promociones, hubiera debido ser, por rczon de edad, un arquitecto del pleno Rcmuntlclsmo ; pero la mayor parte de sus creaciones datan de los ultlrnos ofios isabelinos y se continucrdn en los posteriores a su reinado. Las mas de sus obras, como la Plaza de Toros de Toledo 0 el Tribunal de Cuentas, en Madrid, poco dicen de su maestria. La Casa de la Moneda, en la rncdrllefic plaza de Colon, es un ccseron desabrido, culminado por un alerito ridiculo, en luqcr de las amplias cornisas voladas por el neoclasicismo que el parece que aspiraba a interpretar. Y, en este caso, la idea preconce­ bid a de que una fdbricc - aunque fuera de moneda - habra de ser obligatoriamente fea y digna de la sordidez de un suburbio, obllqo al arquitecto clbccetefio a destruir el encanto de uno de los lugares mas hermosos de Madrid. Contiguo a esa Fabrica de Moneda estaba el vasto solar donde habra de ser alzado el Palacio de Bibliotecas y Museos, encargo que reciblo Jcrefio en 1862, para el que dio los pianos en 1865 y cuya primera piedra fue colocada en 1866. Por fortuna, al no tratarse de una fdbrlcc, sino de un del saber y de las artes, el arquitecto utllizo mejor templo inspircclon. Fue bien resuelto el cucdrlldtero, de tres plantas en la fachada a Recoletos y de dos en la que da a la calle de Serrano, con la buena idea de alternar la piedra con un ladrfllo pdlldo y discreto de color. Discreta, igualmente, la moldurucion de vanos, y cornedldo todo ello, exce.pto en la demasiado monumental portada de la Biblioteca (fig. 279) que arma en su planta superior una columnata corintia bien fuera de lugar, con pretexto para el ostentoso y nada afortunado frontcn griego que esculplrlc Querol. Si la idea de dejcr soportar todo este templo griego por un portico de tres arcos mas 0 menos renacentistas es sorprendente, la fachada opuesta, la del Museo Arqueoloqico (fig. 280), resulto mucho mas graciosa y afortunada, con su exacta co?rdinacfon de orden dorico en la planta bc]o y de [onlco en la superior, consti­ tuyendo uno de los logros mas de est a etapa declrnononicc. Pero habra que ad­ ontoloqicos vertir como, fallecido Jcrefio el 8 de octubre de 1892, ya mucho antes se hcblcn hecho cargo de las obras, primero, don Jose Maria Ortiz, con un proyecto de reforma que no fue apro­ bado; luego, desde 1884, don Antonio Ruiz de Sclces, el que cccbo la construcclon, En defini­ tiva, era :esta la de uno de los ediflcios mas ambiciosos, prestantes y utiles que nos legara el siglo XIX, y con largo y vario usc desde su incuquruclon. OTROS CLASICISTAS: REPULLES, AGUADO DE LA SIERRA, VELAZQUEZ BOSCO.­ Con todos los defectos apuntados en la fachada de la Biblioteca Nacional, su clcslcisrno era el asidero mas noble al que podlcn haberse acogido los arquitectos mcdrilefios del perfodo. Y decimos rncdrllefios porque el principal escenario de actuaciones, fuera cual fuese la oriun­ dez de los actuantes, era la capital de Espana, cuyo porte externo, en ofdn de emulcclon euro­ pelstc, era la preocupcclon de todos los gobernantes, principalmente a partir de la Restaura­ cion de los Borbones. Se aspiraba a que Madrid se remozase, y la verdad es que no se repcro en gastos ni en esfuerzos para tal fin. La fortuna serfa muy distinta, mas los aciertos principales se deberian a las estructuras cldslccs, planeadas cuando sus autores no se ocu­ paban de inventar arqueologfas fries y muertas. Prescindiendo por un momento de elias, el abulense don Enrique Marfa Repulles y Vargas (1845-1922) proyecto en 1893 el edificio 268 FigS. 279 Y 280.-M.A.D�ID: BIBLIOTECA NACIONAl Y MU'SEO ARQUEOL6GICO NACIONAL, POR FRANCISCO JARENO Y ANTONIO RUIZ DE SALCES. 269 • Figs. 281 Y 282.-MADRID: EDIFICIOS DE'LA BOlSA,' POR ENRIQUE MARfA REPULLES, Y DE LA REAL ACADEMIA ESPANOLA, POR MIGUEL AGUADO DE LA SIERRA. 270 de la Boisa (fig. 281), con fachada de concavidad poligonal, de cuyo cuerpo central avanza el obligado portico corintio, bien resuelto si no cargase sobre el un pesado dtico, superdeco­ rado Mejor armonfa obtuvo don Miguel .. Aguado de la Sierra al planear la sede de la Real Academia Espanola (fig. 282) en el inmejorable emplazamiento de que goza. Aguado de la Sierra, que habfa estudiado en Roma y que conoda el arte cldslco, no por repertorios de la­ minas, sino con directo conocimiento de causa, no vocllo en utilizar la castiza bivalencia de piedra blanca y ladrillo rojo; pero su porche de columnata dorlcc estd mucho mas dentro de la puridad griega y bastante mejor dibujado que los de sus colegas. En fin, hablemos de uno de los mas caracterizados y fecundos usuarios de formas cldslcos, cual ere Velazquez Bosco. Don Ricardo Velazquez Bosco, nacido en 1843, Madrid Burgos en muerto en en 1923, disdpulo de don Juan de Madrazo, dlbujnnte habilfsimo de los "Monumentos Arqultectonlcos de Espana", alistado, cuando estudiante, en el vlo]e a Oriente de la fragata "Arapiles", fue hombre de muy plural actividad. Como restaurador erudito, y en tanto tuvo a su cargo la Mezquita de Cordoba, mostro mayor seso que sus colegas, sin propasarse a excesos ni inven­ ciones. Como excavador, fue el primero en poner de manifiesto la hasta entonces soterrada ciudad de Medina Azzahra, estudiando tam bien la de Alamiriya. Quienes Ie trataron han dado testimonio de su bravo y original temperamento, de su condlcion humana altamente estimable. Triunfo pronto como arquitecto, recibiendo y resolvlendo importantes encargos est a­ tales. Sedan de los primeros los nada afortunados pabellones de exposiciones del Buen Retiro: uno, el Ilamado de Velazquez; otro, el dicho de Cristal. Son construcciones de relumbrcn, cual lIamadas dernollclon al termino de las primeras exposiciones para que sirvieran. Lejos a de ello, albergan desde 1908 las Nacionales de Bellas Artes, siendo precisas cada vez repara­ ciones y adecuaciones que han multiplicadoinfinitamente el costo inicial. Que el edificio en que se celebraban desde 1877 el denomlnudo Palacio de las Artes y de las Industrias, cons­ - truido por Fernando de la Torriente, albergue hoy del Museo de Ciencias Naturales fuera - mucho mas feo, no sera rozon para eludir el peslrno [ulcio que merecen estas arquitecturas de bazar insertas en mejor parque. Mas no por elias hay que juzgar definitivamente a nuestro Velazquez Bosco. Su fachada posterior del viejo Cason, luego Museo de Reproducciones (figu­ ra 283), es de esbelta y altanera dignidad, 0 10 pcrecerd al menos si entornamos los ojos y nos negamos aver la horrible arbitrariedad de sus capiteles. En cualquier caso, supera en mucho la fachada opuesta del propio edificio, obra de don Agustin Felipe Perc, don Manuel Antonio Capo y don Mariano Carderera. Otro ccseron muy caracterfstico del clasicismo libre de Velazquez Bosco, la Escuela de Ingenieros de Minas, construido de 1886 a 1893, claro estd que sin olvidar la columnata, es de 10 mas serio del arquitecto burqcles, Y el mas considerable mole en proporciones, una cuya masa recuerda un tanto al enorme Palacio de Justicia de Bruselas, de Joseph Polaert, sera el Ministerio de Fomento (fig. 284). EI edlficiobelga, iniciado en 1868, se acababa en 1883, y es de creer influyera, que al igual que otras construcciones francesas, en este pretencloslslrno ccseron, abigarrado de colores y ornatos, dado que Velazquez Bosco tenfa perversa cflclon a usar la cerdrnlco en la decoruclon exterior. lrncqlnemos, incluso sin examinar el tal Minis­ terio, como rlmnrdn los azulejos multicolores con la columnata corintia, y respecto de la opor­ tunidad de estc, hagamos propia la pregunta de Pierre Paris: "Comment expliquer ce sou- 271 bassement a cariatides, soutenant portique de temple corinthien "in antis", dont les colonnes un [urnelees supportent a leur tour, outre leur corniche naturelle, un pesant et inutile attique au lieu d'un fronton?" Y cun mas grave que tales fallos fue el desatentado remate de pegasos imaginados por Querol, por fortuna todavfa no instalados cuando se hlzo la fotografla aquf reproduclda. La expllccclon de todos estos dislates es clara, bien que duela aducirla respecto de un ar­ qultecto inicialmente tan bien dotado como Velazquez Bosco: la de que el mal gusto reinante en Europa, el carllaval eclectlco y la boga crqueoloqlcc prohibfan definitivamente cualquier correcta version del repertorio ckislco, condenado a trocarse en caricatura de su ser natural. Basta observar la historia de decadencia entre Jcrefio y Bosco. con su Velazquez LA ORGiA ROMANrCA Y GOTICA. - Decididamente, sabfan demasiada Historia del Arte estos bienaventurados arquitectos, y no desaprovecharfan ni la menor occslon de osten­ tar tan mal digerida sabidurfa. No olvidemos que se trataba de un momento en que la arquitectura me�ieval comenzaba a ser estudiadamayor rigor que durante el Romanti­ con cismo, 10 que trafa como primera consecuencia la restcurcclon de sus monumentos. En est a tarea, la mayor otenclon habfa sido la dedicada a la ilustre Catedral de Leon, que lIegada con graves lesiones, no menores que hundimientos parciales, al siglo, necesitaba de los mayo­ res cuidados. En 1859 se nornbro director de las obras restauradoras a don Matfas Lavina y Blasco, arquitecto clasicista y dibujante mas que estimable, pero desconocedor de la anato­ rnlc y flsloloqlo de una catedral y que con sus drdstlccs supresiones de postizos puso gotica, en inminente peligro de derrumbamiento el insigne templo. Muerto Lavina en 1868, Ie suce­ dio el quinto miembro de la familia Madrazo, es decir, don Juan de Madrazo, hl]o de don Jose y hermano de don Federico, don Pedro y don Luis. Habra nacido en Madrid, en 1829; estudio en la Escuela Superior de Arquitectura, desernpefio cdtedrc en la misma y trcbcjo muy poco en su profeslon, aparte del gran ernpefio con que prosiguiera la obra restauradora de Leon· al suceder a Lavina. Si a este sus desacertados sistemas hcblcn estado a punto de costarle la perdido de la"pulchra leonina", don Juan de Madrazo, con un racional empleo de andamiajes y cimbras, garantizo la sclvnclon de la frdqil y preciosa catedral. Pero no sobrevlvlo a los trabajos y disgustos proporcionados por tal empresa, y murlo en 1880, obteniendo postu­ mamente por sus proyectos leoneses la medalla de honor en la Exposlclon Nacional de 1881. Otras obras suyas eran la restcurcclon exterior de la iglesia de las Calatravas, con revestimiento de terracota sin la menor relcclon con el aspecto prtrnltlvo del templo, y la construcclon del palacio del Conde de la Union, en la confluencia de la calle de Hortaleza con la plaza de Santa Barbara. Sucedio a Madrazo en la reconstrucclon de la catedral leonesa don Demetrio de los Rlos, que seguirfa la consolldcclon: pero uno y otro arquitecto rivalizaron arreg lar 10 en legado por los capricho, desmontando grandes siglos a su cantidades de elementos para rehacerlos conforme a un purismo gotico en que no pensaron los tracistas del siglo XIII. Y este vicio por 10 dernds, importado de Francia, donde se posponln la autenticidad al - aspecto homoqeneo, logrado por los medios que fueran continuo prosperando en las res­ - tauraciones de otros ediflclos. 0, por mejor decir, no en restauraciones, sino en invenciones, pues sabida la libertad con que procedio Pascual y Colomer en la iglesia de San Jeronimo el Real, bien puede imaginarse 10 que hicieron en el mismo sentido Repulles con San Vicente 272 • - Figs. 283 y 284 .-M ADRID: FACHAD A DEL CA S 6 N DEL B UEN RE TIRO Y MINISTERIO DE FO MENTO, POR VELAZQUEZ . B OSCO. 273 i I j. I \ .. 1 r I I , Fig. 285.-PROYECTO DE LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA, DE MADRID, POR EL MARQUeS DE CUBAS. 274 de Avila, Bermejo y Odriozola con el Alcazar de Segovia, don Elias Rogent con Santa Marfa de Ripoll, don Manuel Anfbal \Alvarez con San Martin de Fromlstc. Fue cquellc una era im­ placable, ernpeficdc en restar a los monumentos cualquier aspecto vital y pintoresco, en aras de una supuesta unidad estillstica de que seguramente no habfan gozado en nlnqun tiempo. Y ello, despiadada y friamente, en nombre de una arqueologia oficial y burocrdtica. Si con tales desmanes disfrazados de solicitud se ponia mano a la antigUedad mas venera­ ble, es fdcil comprender cudles otros afligirfan a otra especie de monumentalidad, la que se Ibc alzando por toda merced Espana a multitud de pies fundaciones, unas estatales, otras particulares. Cornenzo a planearse la construcclon de templos de grandes alientos, y por dernds estd consignar que habian de ser precisamente goticos, y del gotico mas extremado y gelido. Con 10 que, Ilegados a tan insensata aventura, procederd reanudar la otro en capi­ tulo suspend ida biograffa de don Francisco de Cubas. Porque aquel Cubas, al que vimos alzar en su rnejor estilo personal los palacetes de Alca­ fiices y Lopez Dorlqc, fue el responsable de la tremenda equivocccion conocida bn]o el nombre de Catedral de la Almudena. Habia sido creada la dlocesis de Madrid-Alcala y, paredendo muy de prestado y poco congruente con la categorfa litiirqico el Viejo templo de la Com­ pofilc, en la calle de Toledo, donde de momento se instalaba la sede, otendiose a erigir cate­ dral nueva, ampliando el templo parroquial acabado de iniciar al sur del Palacio Real. Desde 1 el prlnclplo se enccrqo del menester al prestigioso don Francisco de Cubas, y la primera piedra se colocaba solemnemente el 4 de abril de 1883. Piedra que tan solo era de una I :\ o menos de la catedral novisima. Como no todos los dies se iglesia mas suntuosa, pero que, consumada la crecclon de la diocesis en 1885, vendrfa a serlo presenta a la noble nmbicion profesional I I de un arquitecto la posibilidad de alzar toda una catedral, don Francisco de Cubas no se con­ tento con menos de proyectar un templo de dimensiones tan amplias como sententa y cuatro metros de longitud de la nave central por sesenta y seis de la de crucero, doce de anchura en la nave treinta dos de mayor por y altura; a setenta y ocho se elevcrlcn las torres de la fachada y a noventa y ocho la descomunal !interna sobre el crucero. Sencillamente, se trataba de emular las mejores conquistas del siglo XIH; pero la consecuencin inmediata iba a ser la de �. I sepultar el noble Palacio Real bo]o la sombra de aquel dislate de piedra, no ya qotlco, sino superqotlco (fig. 285). Las obras, comenzadas a buen ritmo, permitieron que el 8 de noviem­ bre de 1886 fuera consagrada la cripta, que, para completar toda esta erudiclon muerta, era de un rorndnlco no poco irritante en buena parte de sus detalles (fig. 286). Las de las pilas naves goticas tcmbien sealzaron, pero lentamente, y fallecido Cubas ya a la sozon Mar­ - ques de Cubas en 1899, se trcbcjo poco la equivocada fdbrlco, hasta la rernodelnclon - en que en nuestros dies ha procurado volver a la dlscreclon, en la medida de 10 posible, tan monumental error. Otras construcciones religiosas de Cubas, la de Santa Cruz como iglesia 0 el Colegio de Jesuitas de Chamartin, son cun mas desafortunadas. Lo sedan aunque tan solo fuese por el plural dominio de estilos de que hacfa gala el de todos modos considerable arquitecto, apli­ cando cqul el gotico, alia el Si Ie mudejcr. se presentaba ocosion de alzar un museo, claro estd que habia de cldslco, y este seria el aire ser con bien dibujada columnata jonlcu del - - Museo Antropoloqico del doctor Gonzalez de Velasco, construido de 1873 a 1875. Y, en seme­ [ante reparto de estilo, un castillo no se concebida sino goticisimo. Y, aqui, otro de los luci­ mientos de don Francisco de Cubas. Asi como la emperatriz Eugenia habra hecho que sus 275 arquifectos franceses Chainbrechef y Ancelet Ie inventasen un castillo g6tico en Gauzteguiz de los Marqueses de Torrecilla quisieron superar fortaleza imperial, Arteaga (Vizcaya), esa en el terrnlno, tam bien paredones de Butr6n, y encargaron a Cubas que sustituyese unos tristes vlzcclno, de Gatica, por otro castillo mucho mas suntuoso y purista que los de Segovia 0 Pierrefonds. Asl se hlzo, y la fortaleza g6tica mas completa de Espana fue inventada por don Francisco deCubes a partir de 1869 (figs. 287 Y 288). Pudiercrnos seleccionar este monumento como prototfpico de las apetencias, aficiones, ideales y de la arquitectura arqueol6gica, porque en este caso no se atent6 contra t esmeros lienzos enteros de sillerlo por otros nuevos, ni se ninguna piedra venerable, ni se sustituyeron dio color ccdcverlco a 10 que estaba curtido por soles y lluvlcs de muchos siglos. No; 10 rea­ lizado por el Marques de Cubas en aquellos placenteros y verdes lugares era ejerclcfo abso­ lutamente inocente, y ojcld hubieran hecho los hados que todas las ansias de rehacer la Edad Media a medida de los deseos de cada arquitecto decimon6nico se hubieran conformado con semejantes y tan inocuas libertades. Porque cqul no cabla hablar de restauraci6n, y sf de total creaci6n, la que, en evidentemente, todo ccprlcho estd permitido. Y puede ser que, apro­ vechado ese perm lso, facilitado por la inexistencia de una fortaleza anterior propiamente dicha, nuestro hombre pudo creerse proyectista del siglo XV, y hacer a su antojo. En estricta con el estetlcc, muy hermoso y de mas que linda presencia, no contentdndose este castillo es aspecto de residencia de placer, ya que los baluartes de menester defensivo mantienen tanto prop6sito de gue'rrear cual sl, efectivamente, hubieran de hacerlo. Y, aparte silueta y por­ menores, conviene nficdir, en honor de Cubas y de sus auxiliares, que la construcci6n toda se cuid6 de forma tan concienzuda y con tan excelente labra cual en los mejores momentos del goticismo de verdad. No es absurdo que muchas almas ingenuas se prequnten, ante el Castillo de Butr6n, si efectivamente ha resistido cinco siglos sin lesi6n alguna. Algunos otros castillos de verdad fueron restaurados, lamentando sin duda los propieta­ rios y arquitectos sus poder no competir con el de Butr6n. Restaur6se, con probidad, el de Gua­ demur, en tierras de Toledo, y, despues, el de Vlfiuelcs, en termlno de EI Pardo, era con­ ofios vertido por sus duefios en lujoso pclcclo de hadas, mas que medieval, medievalizante, y esta vez, con dane de 10 autentico de sus partes. Pero nos llevcrlc demasiado lejos cronizar todo este capitulo de reinvenci6n de los siglos g6ticos. I Comenzndo tal torneo de falsificaciones, hubiera sido dlflcll no continuarlo. Un digno rival de Cu bas era don Federico Aparici y Soriano, nacido en Valencia en 1832; en 1854, '/ premiado por su proyecto de mausoleo para Mendizabal, ArgUelles y Calatrava; arquitecto en 1855, y profesor de la Escuela Superior en 1867. Parece que en calidad de pedagogo de la arquitectura realiz6 labor 6ptima para las generaciones de futuros profesionales que des­ I filaron cdtedro. Como arquitecto, fue, verdad, un creador. Plane6 y cuid6 de por su no en la erecci6n de la Covadonga (Asturias), que pudo ver terminada, superando Colegiata de en este aspecto a Cubas. Dicha Colegiata (fig. 289), situada en uno de los lugares de mas estrcteqlccs grandeza y hermosura de Espana.,. result6 ser, por puro capricho de su creador, rorndnlcc, y, para rnejor el purismo, rorndnlcc francesa, y no del Mediodfa, sino acentuar del Norte, con agujas semejantes a las de Saint-Etienne de Caen. Pero como quiera que los' monumentos franceses a los que se volvfan los ojos no eran ya cutentlcos en buena parte de arbitrarias por Viollet-Ie-Duc y colegas, 10 que copiaban los bue­ su ser, sino desfiguraciones nos de nuestros arquitectos no eran estilos genuinos y ,sl esas arbitrariedades. Por otra parte, 276 r ' + I) t J FigS. 286 Y 287.-CRIPTA DE LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA, DE MADRID, Y CASTILLO DE BUTR6N (VIZCAYA), POR EL MARQUES DE CUBAS. 277 Fig. 288.-CASTILLO DE BUTR6N (VIZCAYA). POR EL MARQU�S DE CUBAS. 278 Fig. 289 . ...:....COLEGIATA DE COYADONGA (ASTURIAS), POR .F. APARICI Y SORIANO. 279 r I I t. , Fig. 290.-PROYECTO DE LA BASILICA DE ATOCHA. DE MADRID. POR ARBOS Y TREMANTI. Fig. 291.-UNIVERSIDAD DE BARCELONA. POR ELIAS ROGENT. 280 podlcn asegurar, en su descargo, que si media Catedral de Leon habra sido falsificada, no habra obstdculo en secor de nueva planta mixtificaciones menos dcfilnos. Poco mas que esta Cole­ giata asturiana construyo Aparici, muerto en 1917. , Atln habrfa quien Ilegara mas lejos en semejantes fantasias. Fernando Arbos y Tremanti, nacido en Roma 1840, conocedor del arte italiano y del frances, titulado en arquitecto en 1869, no se iba a contentar con el empleo de esquemas rorndnicos 0 goticos de alguna internacio­ nalidad, sino que nos implantarJa las versiones italianas - tan originales e intrasferibles a otras tierras - de esos estilos. Lo cual, en punto a desvarfos y licencias, rebasa to do otro atrevimiento. Enamorado del campanile de la catedral de Florencia, se propuso Arbos injer­ tarlo en arquitectura relfgiosa de su tiernpo, la y a fin de que se conviniese con los respecti­ vos temples, no dude en traer a estes -norrnos mitad bizantinas y mitad italianas. De suerte . que cuando Ie toc6 rehacer la basilica de Atocha (fig. 290), de las grandes y erradas una empresas nrqultectcnlccs de la Restcuroclon, sorprendlo a propios y extrofios, no solo con el exotlco campanile, sino con la alternancia de chapeado blanco y negro en los exteriores, procedimielito que, si muy toscano, [ornds se viera en Espana. Y, enamorado de su descubri­ r miento, 10 repitlo muchos nfios mas tarde en la iglesia de San Manuel y San Benito, de la calle de Alcala, con parecidos plagios. Suyo tornblen, en colcborcclon con don Jose Marfa Uriarte, el planeamiento de la necropolis de la Almudena. Arbos, que fue el primer ampliador del Museo del Prado, murio en 1920. De tal modo quedaba abierta la Mcita lnvltccion a erigir por doquier iglesias rornd­ nicas y catedrales goticas, lnvltcclcn mas de 10 que hubiera sldo menester. nprovechcdc Repulles comenzaba en 1898 la trernendc basilica de Santa Teresa, en Alba de Tormes (Sala­ manca), y todavla en 1907 se ponla la primera piedra de la Catedral Nueva de Vitoria, por don Javier Luque y don Julian Apraiz, templo que en 10 tocante a delirio gotico se proponla superar en mucho los proyectos de Cubas. Nada ha sido dicho hasta ahora de las consecuencias de todo este vasto movimiento fal­ sificador en Cctclufic, donde las actividades similares no fueron menores. EI representante mas caracterizado y veterano serlc don Elias Roqent y Amat, naddo en Barcelona en 1821, discfpulo de la Escuela de Arquitectura de Lonja y de la de Madrid, donde obtuvo el titulo de arquitecto en 1848. Debuto en Barcelona con la casa Maso, frente al Teatro Principal, que en su momento se tuvo por modernlsima. En 1862 comienza a construir la Universidad de Barcelona pretendidamente rorndnlco, dando un aspecto de seminario a la (fig. 291), en estilo prlrnerc entidad cultural catalana. Rogent, que construyo varios ediflclos en el nuevo ensanche bcrcelones, fue tcrnblen el autor de la restcurcclon de la iglesia y monasterio de Ripoll, 0, mas bien, de su relnvencion, pues en nada se cjusto al ser primero de este gran monumento. Murio en Barcelona, el cfio 1897. Su hi]o, Francisco Rogent Pedroso, (1861-1898), cdcpto las casas de Sitges que albergaron al "Cau Ferrat", de Ruslfiol. Otros arquitectos medievalizantes de Cctclufic prosiguen la tendencia mezclando el his­ toricismo con un profundo conocimiento de la monumentalidad de la region. Francisco de Paula Villar, aunque nacido en Murcia en 1828, fue de actividad plenamente barcelonesa, y el serfa el primer tracista de la cripta del templo expiatorio de la Sagrada Familia, en estilo mas purista que el empleado por GaudL Murio Villar en .1903. Juan Martorell Montells (1833-1906), restaurador del Monasterio de Pedralbes y constructor de no pocas casas reli­ giosas de Barcelona, dffundio fuera de Cctclufic su dictadura gotica al edificar, en 1880, el 281 Seminario Pontlflcio de Comillas (Santander). Camilo Oliveras Gensana (1840-1898), uno de los mas de esta arquitectos originales generadon, fue el autor de la Casa de Maternidad de Las Corts y de la iglesia de Santa Ana, Barcelona. En fin, Augusto Font y Carreras en (1846-1924), que demostraba claramente, en su Seminario de Tarragona, su condiclon de discfpulo de Elias Rogent, alzaba el ciborio de la Catedral de Barcelona y restauraba las torres de Santa Marfa del Mar. En esta actividad dedicada a completar monumentos medievales no inacabados, habra que olvidar como, en los ultlmos ofios del siglo, construye se la fachada de la catedral barcelonesa, sequn los pianos de Jose Oriol Mestres y mediante la cportcclon economlcc de la familia Girona. Hasta aquf la escuela medievalista catalana propiamente dicha. De los arquitectos que, manipulando el gotico regional, lIegaron a soluciones de mayor personaHdad, lIamadas a considerable cceptoclon en su tierra, trataremos mas adelante. ARABfSMO Y MUDEJARISMO. En aquel alocado barajar de estilos pasados, reflejo - inconsdente de la certidumbre de que todo estaba hecho, nada se ignoraba y nada, tam poco, podfa ser inventado, se lleqo a las mas singulares conclusiones. Por ejernplo, las de que una catedral habfa de ser gotica, y un centro de enseficnzo, rorndnico. Pero los edificios destinados a pura diversion y los palacetes podfan y debfan disfrazarse con estilfsticas no cristianas, por consiguiente, mas frfvolas. Resultaba de esta leqlslccion no escrita que una plaza de toros o un palacete familiar tenfan pleno derecho y hasta puede ser que obllqcclon - para lucir - galas moras 0 rnudejcres. De aquf que un superior y malogrado arquitecto mcdrllefio, Emilio Rodrfguez Ayuso (1845-1891) concluyera en 1874 la e_ntonces nueva Plaza de Toros de Madrid, en sustltuclon de la vieja de junto a la Puerta de Alcala, clejdndolo hasta el lugar que hoy el Palacio de los Deportes. Conviene ocupa fljnr la ntenclon en este desapareddo edificio, conocido por viejos y abundantes fotograffas (fig. 292), porque era el mas perfecto exponente del mudejarismo bien entendido; su fdbrlcc, de ladrillo llso en las partes vivas, de ladrillo cor­ tado y de tracerfa resaltada en 10 decorativo, perfectamente seguida la labor de los nlbufiiles rnorlscos, despertaba mucha men or idea de fclslficcclon que las aberraciones rorndnlcns y goticas. Huelga decir que el estllo se siguio con harta menor fortuna - en todas las - plazas de toros que en 10 sucesivo se edificaran en Espana, y que la baratura del material, asf como el atavismo de la mano de obra, que segufa a troves de los siglos la mas consumada destreza, popularizaron el procedimiento. Y no ya el propio Rodrfguez Ayuso, en alguna de sus cons­ trucciones, como las Escuelas Aguirre, sino muchos otros arquitectos, dieron en edificar en rnudejcr, a base del referido ladrillo. Ladrillo industrial y de feo color oscuro, con el cual material y con propositos mudejaristas, se construyeron en toda Espana, pero singularmente en Madrid, multitud de conventos e iglesias, que no mencionaremos ni calificaremos por res­ peto a sus difuntos y equivocados constructores. Acababan de ingresar en Espana muchas 6rdenes religiosas desde 1875, y todas, sin excepclon, se hicieron construir en el ensanche mcdrilefio su casa rnudejor, con profusion y repeticlon de modales que las apartan de cual­ quier panorama especulando sobre arte. Serfan excepclon de la tonica general cansina y aburrida - aciertos aislados, como - la lIamada Casa de Xlfre (fig. 293), emplazada en el paseo del Prado, y que fue derribada hace no muchos nfios. Este palacete extremadamente particular, cuidado en sus detalles, de traza almohade en su exterior, mezclando detalles granadinos, se asegura que fue construido 282 Fig. 292.-FACHADA DE LA VIEJA PLAZA DE TOROS DE MADRID (DEMOLlDA), POR RODRIGUEZ AYUSO. 283 Fig. 293.-PALACETE LLAMADO DE XIFRE, EN EL PASEO DEL PRADO, DE MADRID (DEMOLIDO). �egun pianos de Vlollet-le-Duc, y, de ser cierta la noticia, que he no comprobado, demostrarfa que el abuso de la arquitectura neomusulmana y neornudejcr IIeg6 a prender hasta en el profesional que mas lejos parecfa andar de sus prlnclplos, LLEGADA AL PLATERESCO. En este carnaval de estilos hist6ricos se - IIeg6 tcrnblen, como no podfa menos de ocurrir, al Renacimiento. No en vane se restauraba el sufrido Alca­ zar de Toledo, que bien podlo suministrar normas. Con otras, milanesas, habfa revestido don Juan de Madrazo la iglesia de las Calatravas, mientras don Jose Marfa Aguilar trazaba un porche italianizante para la de San Gines. Pero el gran edlflclo donde triunf6 un plateresco bien interpretado, jugoso, noble, de plena monumentalidad, fue la casa central del Banco de Espana, en Madrid. No merecfa que este acierto uno de los lugares mas prestigiosos y centrlcos de la menos capital de Espana. Era el emplazamiento del sexcentista palacio de Alccfilces, que, derribado, dej6 un ampHo solar para nuestra primera instituci6n bancaria, cuya piedra depositarfa Al­ fonso XII el 4 de julio de 1884. Mas de seis ofios duraron las obras, y cuando ello ocurri6, Madrid se encontraba con uno de sus edificios claves EI ilustre autor de los (fig. 294). pianos, don Eduardo Adaro (1845-1906), no eludfa evidentes reminiscencias de Sansovino y de Sca­ mozzi, mas [uqdndolcs con tal habilidad y autoridad, que el resultado podfa blasonar de alta­ mente original. Tan s610 tres plantas, con gran dominio de la horizontalidad y sin abu­ sar de la privilegiada situaci6n en la plaza de la Clbeles, que a otro arquitecto menos sensible hubiera inducido ello ocurri6 - mas tarde, en frente del edificio y elogiado­ a un fdcll despliegue en sentido vertical. Todo 10 que se refiere a tratamiento de la piedra de sillerfa y a motivaciones ornamentales es de la cual de mayor dignidad, si construcci6n efectivamente del siglo XVI se tratase. Los colaboradores de Adaro, como Sainz de la Lastra, Herrero, Amador de los Rfos y Anfbal Alvarez, mostraron aquf 10. que ya iba faltando en toda Espana, esto es, buen gusto, y todos contribuyeron a la cuantfa de la empresa. Otras construc­ ciones de Adaro, cual el Banco Hispano Americano, quedan muy por bajodel acierto glosado. EI Banco de Espana y don Eduardo Adaro, su ilustre autor, demostraban claramente que era factible estilo hist6rico para, sin servilismos ni inspirarse en un plagios, deducir de el una obra original y cuantiosa. La demostraci6n, de momento, apuntaba hacia un plateresco matizado de italianismos; 10 que, bien administrado, pudo ser una soluci6n. Pero ni don Ri­ cardo Magdalena, ni don Vicente los Lcmperez, que mas de cerca siguieron esa directriz, se mostraron capaces de aprovecharla. Mas tardfamente, un arquitecto santanderino, don Leo­ nardo Rucabado, aunque en muchas de sus construcciones un cierto clasicismo exager6 plate­ resco y rnontofies, acert6 en otras, como la Biblioteca Menendez y Pelayo, de Santander, inspirada en Rodrigo Gil de Ontcfion. Pero la gesti6n de Rucabado, que falleci6 [oven, es mas bien novecentista. ELESTILO SIN NOMBRE. Luego de haber presenciado el sorprendente desfile de resu­ - rrecciones estilfsticas que dlrlc procuraban informar al hombre de la calle sobre las carac­ se terfsticas del rorndnlco y del g6tico, del rnusulmdn y del rnudejor, del renacimiento y del neo­ cldslco, ocurre preguntarse si ninguno de los arquitectos encargados de estos menesteres diddc­ ticos se slntlo atrafdo por las formas del barroco. No 10 hlzo ni podrfa propasarse a ello, porque la arquitectura sexcentista encendidos y sus epflogos dieciochescos padecfan total pros- 285 cripcion. Y aSI como cualquier estilo puede ser traldo a sus mas delirantes consecuencias 16gicas, el destino que aguardaba a todo el carnaval de piedra comentado no pasarla de tor­ de formas, incapaces de integrarse en ninguna qromdtlcc que plslrnc y desatentada confusi6n mereciera el nombre de tal. Mientras cada uno de los arquitectos rnencloncdos se cefifn a un repertorio de formas del pasado, la construcci6n resultante podia ser variamente afortu­ nada; pero si se desasla de la Historia y trataba de construir un edificio no disfrazado, los logros no eran espantosos. Jcmds fue en Espana tan pobre el numen, sino ni tan desagradables las nuevas formas intentadas, ni tan infeHz la ordenaci6n de cuerpos, ni tan desventurada la mol­ duraci6n. Si hubiernmos de juzgar a los profesionales de mas nombre mediante sus produc­ ciones de estilo estrictamente decimononico ; esdecir, Icrefio, por los lamentables barracones a que albergaron la Casa de la Moneda; a Fernando Arb6s, por la hiriente fealdad del Monte de Piedad - sin que impusiera respeto su proximidad al convento de las Descalzas Reales-; a otros, por los conventos mudejnres reiteradamente diseminados por el nuevo barrio de Sa­ lamanca, no habrfa sido dado intercalar ni un s610 adjetivo hclcquefio. Mala cosa era el se­ gUimiento de la arqueologla; pero mil veces peor fue la postura superadora en teo ria de los estilos del pasado. Triste y recia cosa es que, para piadoso, estos arquitectos se vieran merecer un recuerdo precisados a alzar falsificaciones de los siglos Xll 0 XV. Porque, cuando no las hicieron; cuando la esterilidad del XIX se revel6 como hecho pactado e incontrovertible, aceptado -y consumado, °el espectador comprende que se abusara tantlsimo del posado, ya que aquel pre­ sente, si obraba con fidelidad a su ser y a sus delgadas convicciones; no iba a originar sino total repulsa. Si los hombres del siglo XX estamos tan lejos de pensar que en nuestro tiempo ha sido hecho todo cuanto cabla hacer, zpor que no discurrieron del mismo modo nuestros abuelos? No 10 hadan por la ingenua creencia en la suma de bondades, logros, felicidades toda preocupoclon esti­ y perfecciones de su tiempo, con 10 que era permisible dar de barato Ifstica. Todo estaba ya superado, y era irnitll pretender lIegar mas lejos, De .tcl modo, se vino a 10 inconcebible; esto es, a que el arquitecto comenzara a dejcr de ser artista, contentOndose con el costado prdctico y utll de 10 que construla. La obra de Ortiz de Villcjos, por ejemplo, aun en 10 mas personal que de el ha quedado Teatro de la - Princesa, iglesia del Buen Suceso, etc. -, nos trae una sensccion de mezquindad cercana a 10 infantil. Cuando se entra al salon principal del Ateneo de Madrid, horrorosamente deco­ rado por don Arturo MeHda y Alinari, se hace diffcll 0 imposible creer que si en algun mo­ mento de la Historln ha habido criaturas capaces de considerar aceptable aquel conjunto, sea el debido a la mane de un profesional de la arquitectura, de un colega de Juan de Villa­ nueva. precisamente de este arquitecto Pero - que en su calidad deproyectista de escultura volveremos a encontrar en paginas adelante - se hicieron lenguas sus conternpordneos por la proeza de haber alzado en pobellon espnfiol de la Exposicion Universal solo tres meses el de Parfs de 1888, pcbellon que, mezclando los estilos mudejcr, plateresco y gotico, se consi­ deraba como una excltcclon de patriotismo. Con tan raras ideaciones pctrlotlcos y con otras vivfa la de la Restcurcclon. Y ha de tenerse muy cuenta perversiones eclectlcos se en Espana en cccbcdos de flagelar fueron los ingredientes obligados que la mala estetlcc y el peslrno gusto en la ereccion de la mayor parte del caserfo urbano con que hoy cuenta Espana y de la casi totalidad de sus edificios oficlcles. Mala y hasta peslrnc suerte fue que nuestras cludcdes con­ flsonornlc en los cfios mas desafortunados del arte espcfiol, Pero esta elusion a figurasen su 286 trances urbanfsticos parece convidar a comentarlos mas pormenorizadamente en algun otro apartado. NUEVA ETAPA URBANfSTICA. De nuevo, regresos, marchas ctrds, inseguros trosples - respecto de 10 bien pensado y bien comenzado por los romdntlcos. Habfamos visto en pdqi­ nas anteriores como durante la etapa isabelina se procedlo, con inmejorable [ulclo y con la mayor de las previsiones, a estatuir el futuro desenvolvimiento urbano de Madrid y Barce­ lona, determinando ensanches mas que suficientemente capaces para la epocc, normales para las sucesivas. En la inmediatamente siguiente, es decir, en la que nos ocupa ahora, no solo no se rnejornron aquellas inteligentfsimas previslones, sino que los mal aconsejados Municipios de Madrid y Barcelona toleraro_n que a partir del perfmetro hasta entonces proyectado fue­ ran cmontondndose y proliferando urbanizaciones espontcineas e improvisadas, infinitamente ruines, tortuosas y pueblerinas. EI siglo se crefa tan sabio y suficiente cual para interesarse por el porvenir mucho menos que en los cfios medios de la centuria. Mientras ambas ciudades se dejaban ahogar por esas urbanizadones de Indole semirrural ymezquina, procedfan a Ilenar de caserfo los ensanches de trazo isabelino, en diverso modo. Madrid, durante los ofios de la Restourcclon, rnultlpllco un modele de casa muy sencillo, de � cuatro 0 cinco plsos, con rnoldurc]e de piedra, paramentos de ladrillo ro]o y - adltamento I , que nunca falto gran - balconaje de hierro. Modelo sin mayores ambidones n! complica­ ciones, pero que dlo un tono muy caracterfstico al caserfo rncdrllefio de la Restcurcclon. Barcelona, por los mismos cfios, creo su propio tipo, mas barroco y ostentoso, lnclindndose a unallnecclon progresivamente eclectlcc y premodernista, fruto de la escuela local de ar­ quitectos, de que se hcblcrd mas adelante. Ambas cludcdes, dispares en su estilo urbano, cono­ cieron, por otra parte, los mismos graves problemas a que les condenaba la coincldente estatal y edilicia, resuelta, 10 en cfios avanzados del siglo XX. mejor que se pudo, ya lmprevlslon De otras ciudades espofiolos aparte Bilbao y San Sebastian, que siguieron de cerca - las normas de Madrid y Barcelona, pero con cdjetlvnclon mas ultrapirenaica sera prefe­ - rible callar. Tan solo edificios oflcloles, alternando con raras y enfdticos construcciones priva­ das, rompieron la rutina acumulada por los 10 que fue preferible, para que no slglos, se rep i­ tieran desaguisados tan hirientes a la estetlcc como la Escuela de Artes y Oficlos de Toledo, delito perpetrado en la ciudad imperial por don Arturo Melida. LA ARQUrTECTURA OSTENTOSA. - EI adjetivo no significa mucho en sf, ya que 10 ostentoso puede blasonar de bondades 0 de maldades. Pero en este caso la intenclon solo puede peyorativa, porque la desventurada corriente eclectlcc, bcrcjcdorc de formas in­ ser conciliables, lejos de ocultar sus desvarfos, gustaba de manifestarlos con un orgullo descome­ dido, tan solo affn a la fatuidad infantil de la epoco, Cuando Madrid crecio en prestancia y en afirmaciones de gran capital europea, sus vfas mas nuevas y seiioriales alinearon multitud de casas privadas y palacetes, sedes de otras tantas familias deseosas de sefialar su prosapia de sangre 0 la suma de sus caudales. Ostentosa habra de ser la arquitectura correspondiente, para la que se sollcn adoptar formas acreditadas en Francia por esas clases sociales. Una ar­ qultecturc propia del segundo fmperio 0 de la tercera Republica, falsamente fastuosa y sefio­ rial, que eligio como sus vfctimas la calle de Alcala y, con mayor predllecclon, los paseos de Recoletos y de la Castellana. La piqueta y la especulccion de terrenos en alza han ido aca- 287 banda con la casi totalidad de espedmenes de mala arquitectura internacional, para cuya esos muestra bcstcrd comentcir y reproducir dos edfficlos: uno, el palacio de Indo, en la Cas­ tellana (fig. 295), verdadera antologfa de desconciertos estilfsticos; otro, el de MedilJaceli, que estuvo en la plaza de Colon (fig. 296), Y que, si mas discreto en sus llneos, se adornaba con una mansarda muy apropiada para Nantes, Parfs 0 EI Havre, pero totalmente inesperada y ab­ surda en climas mudrilefios. Ni conocemos los nombres de los arquitectos respectivos, ni reco­ mendamos indagados, sean como tam poco los de los autores de otros muchos edificios de la misma epocc y de los que qulzd no subsistan ni testimonios graficos. Donde ese estllo frances prendlo de modo mas natural, motivado la fuente original, fue en el Pafs Vasco. San Sebastian, comenzaba a convertirse en de internacional por la proximidad de que habfa derribado sus murallas en 1863, 1 I que lugar veraneo y en ciudad de alto recreo, procure adoptar en su fisonomfa urbana un aire cosmopolita, para 10 que no regateo esfuerzos. A los edlficios mencionados en otro capitulo se oficdlo en 1883 el noble Palacio de la Diputa­ cion, solemne y maciza estructura neocldslcc, con porches en su planta baja. Maltrecho por un incendio, su estructura originaria, que se deblc a don Jose Goicoa, fue rehecha dos nfios mas tarde por don Luis Alcdren (fig. 297). Este mismo arquitecto, en colcborcclon con don Adolfo Morales de los Rfos, dio en 1882 los pianos para la construcclon del Gran Casino (figu­ ra 298), que pertenece de Ileno a esa arquitectura ostentosfsima y esplendldc, de rafz fran­ cesa y cceptcclon internacional. Con detalles eclectlcos y cldslcos, desmentidos estes por las elevadas torres, el Casino no se inaugurarfa hasta el 1 de julio de 1887. Por 10 menos, ofrece mejor porte que el Gran Kursaal, en la misma eluded, cuyo exterior es, precisamente, el que compete a eso, a un Kursaol de no importa que localidad europea. EI dtado don Jose Goicoa clzo entre 1888 y 1897 dos iglesias de la ciudad, las de San Sebastian el Antiguo y de San Ig­ nacio. Una tercera, la del Buen Pastor, conclusa en 1897, es folslflccclon debida a don gotica Manuel de Echave. De Alcdren es, en Bilbao, el Palacio de la Dlputcclcn, macizo recar­ y gado hasta 10 imposible, al extremo de que deja de asemejarse a 10 frances para traer re­ cuerdos .de la arquitectura india. I LA ESCUELA PREMODERNISTA CATALANA. Si se corte la relcclon de los arquitec­ '>< - �. tos catalanes Font y Carreras, no se hlzo arbitrariamente, sino en ctencion a un hecho en que asf 10 exigfa, en rczon de su decisiva importancia. EI cfio de 1869 es creada la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, circunstancia bastante para que, ndernds de la insti­ tuclon docente, naciera un c1ima propiciador de una nueva arquitectura catalana. En 10 sucesivo, los aprendices de arquitectura no tendrfan que pasar por Madrid, con 10 que sus ideales y esfuerzos se integrarfan en una modulccion regional de indudable homogeneidad. Y los cuidados t estudios que mereciera antes la arquitectura medieval catalana no se tradu­ t clrfcn ya en meros pastiches, sino, insertados en orlentcclcn premodernista, sustantivos una de una escuela claramente caracterfstica. Y como no solo sobraron las posibilidades de traba­ [os oficiales y privados, sino que se cficdio, como gran occslon de lucimientos, la Exposlcion Internacional inaugurada en los terrenos del Parque de la Ciudadela por la Reina Regente, el 20 de mayo de 1888, esta escuela encontro unas posibilidades de desarrollar su personalidad como nunca antes se habfan dado en la region desde fines del siglo XV. A la primera generacion de arquitectos salida de la nueva Escuela Superior de Barcelona perteneda don Jose Vilaseca Casanovas, bcrcelones (1848-1910), hombre de largos viajes por 288 I r I t FigS. 294 Y 295.-MADRID: EDIFICIO DEL BANCO DE ESPANA, POR ADARO, Y PALACIO DE INDO, EN LA CASTELLANA (DEMOLlDO). 289 .:. 1 Fig. 296.-MADRID: PALACIO DE MEDINACELI (OEMOLlDO). Fig. 297.-SAN SEBASTIAN: PALACIO DE LA DIPUTACI6N PROVINCIAL, POR ALADR�N. 290 1 Fig. 298.-SAN SEBASTIAN: GRAN CASINO, POR ALADREN Y MORALES DE LOS RIOS. Fig. 299.-BARCELONA: ARGO DE TRIUNFO, POR JOSE VILASECA. 291 ! � I t r ! Fig. 300.-BARCELONA: RESTAURANTE DE LA EXPOSICI6N DE 1888, POR DOMENECH Y MONTANER. 292 Europa y autor de buen ruirnero de construcciones en su ciudad. Su obra mayormente cono­ cida es el Arco de Triunfo (fig. 299), en el paseo de San Juan, realizado en ladrillo, 10 que ya licencia mas que violenta en una era orqonlznclon de porte cldslco, Una exagerada cantidad de ornomentcclon, tan extrcfic y desafortunada como los ocho bulbos del remate 0 como los festoneados del arco producen el primero de los estupores a que dnrd frecuente lugar la arquitectura modernista catalana. Vilaseca habfa colaborado al principio de su carrera con I don Luis Domenech y Muntaner, tcrnblen bcrcelones sin duda mas rectamente ,,!, (1850-1923), I original que su colega. lnterescnte estilizador del gotico cotoldn, rnerecio justas alabanzas el restaurante de la Exposlclon de 1888 (fig. 300), luego Museo de Historic Natural, de gran sobriedad de Ifneas y no menor fortuna en el alto friso de paveses excelentemente trazados. Recllzo Domenech muchas casas del ensanche, entre las que merece particular rnenclon la de Thomas, en la calle de Mallorca, muy personal dentro de sus Iineaciones goticas y en la que, curiosamente, producen el mal efecto que fuera logico e inmediato la lnserclon de colum­ no nas jonlccs. Pedro Falques Urpi, de San Andres del Palomar (1857-1916), desde 1889 arqui­ tecto municipal de Barcelona, ampliador del Palacio de la Ciudadela, colcboro en la Expo­ siclon de 1888 al proyectar los palacios de Ciencias y de Agricultura. Enrique Sagnier Villa­ vecchia, Marques de Sagnier (1858-1931), autor de varias iglesias, como la de la cumbre del Ttbldcbo, la de Pompeya y la Capilla Francesa, 10 fue tcmbien del tremendo Palacio de Justicia, obra en colcborcclon con Jose Domenech Estcpd (1858-1917); no se lncuquro hasta 1908, pero su traza increfble, con cupulones de mansarda y abigarradfsima decora­ don, 10 hace parecer mucho mas viejo. En fin, Antonio Marfa Gclllssd Soque (1861-1903), cun mas caracterizadamente modernista y prerrafaelista, tcmbien colaborador de la Expo­ sfclon de 1888, construyo la iglesia de Santa Marfa de Cervello y buen mimero de monu­ mentos funerarios. Hasta aquf la relnclon de los arquitectos catalanes de la ultima etapa declmononlcc, aunque, como se ha visto, algunos de ellos continuaron su gestion durante muchos cfios novecentistas. Por entender como preponderantemente incursa en nuestro siglo la obra de Gaudf no se estudia en este lugar, sin embargo de que el discutido arqui­ tecto perteneciera a la generacion comentada. Ni se mencionan excesos, como el Pole­ cio de la Musica Cctclcnc, de Domenech y Muntaner, demasiados para el XIX. De 10 siglo que se deduclrd una conciencia de continuidad de esa escuela hasta muy entrada nuestra centuria. Muchos de los arquitectos citados, con otros de menor nombre, fueron los responsables del turbador aspecto del ensanche bcrcelones, caprichoso y delirante, diflcll de poder ser estu­ diado con seriedad y ctenclon, pese a los ofios transcurridos desde su confiqurccion: esfo es, cuando ya son carne de historia. Nl se lntentcrd hacerlo ni el autor de este libro recatarfa su hondo desafecto para con tal corriente crqultectonlcc. Y, sin embargo, con toda la cruel suma de aberraciones y dislates que delatarfa un estudio pormenorizado, es de justicia consig­ nar que esta generadon de arquitectos catalanes forrnulo una estetlcc, todo 10 ingrata 0 equi­ i vocada que se quiera, en tanto que sus colegas de la escuela de Madrid no eran adeptos de 1 ninguna. En Barcelona se procure una revivificccion de formas medievales, cierto es que pronto sumergida en el mas arbitrario y torrendal decorativismo de la especie mas irres­ ponsable. Pero las generaciones rncdrtlefios abocaban nuestro siglo sin alguna orlentcclon de beligerancia hornoqenec. 293 OTRAS REGIONES. - Si faltaba personalidad en la inexistente escuela madrilena,· es fdcllimaginar 10 que cccecerlc en otras comarcas espcfiolcs, todas las cuales podfan ser me­ didas con el mismo rasero. Habfan concluido hacfa tiempo las escuelas regionales, porque los provincianos trabajan Madrid, y los mcdrllefios Irnponlcn sus plcnos en provincias, curdn­ en dose poco 0 nada de que los proyectos frfamente elaborados en sus estudios rimaran con 10 ciudad a la que se destinaban. Cundlo una especie de lndustrlcllzcclon de la arquitectura, abdicando de cualquier csplrcclon a belleza, y el hade trcto por igual a todas las tierras espcfiolos. Acaso pueda hacerse una excepclon con Valencia, ciudad que, por otra parte, siguio fielmente los didados en moda. Don Jose Ccrncfio Laymon y don Godofredo Ros fueron clll los prindpales arquitectos, constructores de iglesias neoqoticos y conventos en el ya horrido estilo dominante en Madrid. Con 10 que se puede considerar feliz y bienaventurada la ciudad espanola que no nlberqo en su casco urbano construcciones de alguna cuantfa entre los cfios 1869 y 1900. BALANCE DE LA ARQUrTECTURA DECIMON6NICA. - Obliga a establecerlo la jus­ tida, procediendo con rigor y exigencia, dado que la arquitectura no es ocupoclon pldstlcc compatible con ensayos ni tanteos, sino oblfgada a plenitudes de toda suerte de responscbill­ dad. Equivocarse en la escultura 0 en la pintura, tiene fdcil remedio. Pero los edificios quedcn, y, al quedar, acusan. Pero seguramente no acusan tanto a sus autores como a la gestion de los gobernantes y a la mentalidad media por ellos creada. A unos y a otra debemos reprochar que una arquitectura prologada por don Juan de Villanueva, el mas grande profesional espcfiol de esta actividad, se nos fuera encogiendo de fnrnnfio y de proposltos, se trivializara mas tarde y con­ c1uyera su gestion de cien ofios dlsfrczdndose con vestimentas solicitadas del pasado. Y que similares desgracias ocurrieran mas alia de las fronteras espcfiolos no es consuelo. EI lector habra observado como, luego de recorrer esos den nfios de arquitectura, no ha sido hccedero calificar de "majestuoso" 0 de "grandioso" a ninguno de los edlficios estu� diados. Los hubo gratos, solldos, bellos, correctos, afortunados; mas siempre en un tono menor y de dase media. Y quizd haya sido rnejor aSI, porque de realizarse la Catedral de la Almu­ dena conforme a los proyectos de Cubas, acaso se habrfa logrado el monumento grandioso t del siglo, pero de una grandiosidad cctcstroflcc. Por 10 menos, algo se mantuvo dentro de la normal bondad secular de la arquitectura espanola: el buen oficio de proyectistas, dibujantes, canteros, etc. Y ese buen oficio sf serlc legado aparte una mejor y hasta excesiva prepara­ - cion tecnlcc - a los arquitectos del siglo XX, en tanto no se les entregaba, en cuanto a estilo, sino una descorazonadora confusion, que costarfa mil trabajos y buen manojo de cfios superar. Sl, de nuevo hay que culpar a Europa de todos los abandonos y de todas las enferrnedcdes que aquejaron a la arquitectura. Pero a ese panorama. pctolcqlco nosotros no pudimos oponer la categorfa de un Herrera, de un Ventura Rodrfguez 0 de un Villanueva. Incluso ingenios de menor altura, como don Narciso Pascual y Colomer, hubieran sido muy capaces de emu larios, caso de haber contado con alientos y brfos en las desmayadas esferas. Mas no los hubo, y ello condiclono la suerte de la dediccclcn pldstlcc mas insigne. Y hasta aquila his­ toria de la arquitectura espanola del siglo XIX. 294 B) LA ESCULTURA LA ERA DE LAS POSIBIUDADES Y DE LAS EQUIVOCACIONES. - No de otro modo, ni conpalabras justas benevolcs, procede apellidar mas 0 este ultimo tercio de la escultura espanola declmononlcc. Pues pocas otras etapas tan propicias para los profesionales de una pldstlcc obligadamente cara y no de sencilla cdqulslclon por particulares. Si casi siempre ha sido este un arte necesitado de mecenazgos para su mejor complexion, la verdad es que pocos momentos de nuestra Historia protegieron de modo tan activo a la estatuaria y a sus autores. Lo de menos era, para los escultores, la concurrencia a las exposiciones nacionales de Bellas Artes y la eventual obtenclon de honores y medal las, afanes muy por bn]o de otros bastante mas provechosos. Pues los treinta ofios que vamos a repasar fueron los que se culdn­ ron de no dejar plaza, glorieta, paseo 0 avenida de no importa que ciudad espanola sin su correspondiente monumento al peor merecedor de general, politico, poeta 0 pintor mejor 0 tal dlstlnclon. Gcstose en mdrrnoles y bronces mucho mas dinero que en nlnqun otro ciclo cronoloqlco, y mientras la arquitectura del mismo tiempo pecaba de encogida y modesta, no acaeda otro tanto con las efigies conmemorativas. En 10 que realmente no hacfamos sino participar en un deslqnlo cornun Europa, a toda con resultados gemelos en casi todas las clu­ dades de no importa que nadonalidad. Las ocasiones ofrecidas a los escultores de lograr fama y fortuna fueron infinitas, aunque el primero de esos bienes no pasara cornunrnente de fugaz. posibilidades se cficdleron. Y otras varias Por ejernplo, se trabajando en el horrendo Pcnteon de Infantes del monasterio continuaba escurialense. Otrosl, don Antonio Cdnovcs del Castillo, el politico clave de estos ultlrnos treinta cfios, dio en la idea de convertir el templo de San Francisco el Grande en algo como unafas­ tuosisima iglesia nacional, repartiendo los mas pingUes encargos a escultores y pintores. La pretension primera era la de hacerlo pcnteon de hombres ilustres, y si se deslstlo de ella no fue sino para trasladar la misma funclon a la basilica de Atocha, y con los mayores lujos y dispendios. Aficdcmos las decoraciones exigidas por los grandes edlficlos de la era restau­ radora y obtendremos un ligero balance Biblioteca Nacional, Ministerio de Fomento, etc. - - previo de los mil encargos y de las otras tantas bonanzas reservadas a los escultores de la Restcurcclcn. Pero didaminar acerca de los correspondientes resultados es csunto harto mas delicado. Correspondieron los escultores del unlco modo que pod ran hacerlo. Esos treinta cfios coinciden con la cronlca de una larga equlvocccion europea naturalmente, extendida a - America - liga a un estilo, sino a una moda de dictados muy durante la cual la escultura no se ccteqorlcos. Si se representa a una dama, Irnportcrd menos el rostro que el vestido y que el tocado. Si se glorifica a una personalidad desaparecida, el modele sera invariable, y tanto podrd avecindarse en Madrid como en Londres. Temas solo propios de la pintura sensiblera a las pasan al mdrrnol 0 al bronce sin escrupulos, sin respetos que se tenlan por materias nobillsimas. Uno de los pocos hechos felices a seficlcr es el de la resurreccion de la estatua ecuestre, no intentada anteriormente en el siglo. Pero no bostcrd para compensar las mil rutinas y fclslos, nl el desagradable eire de moda de un solo ofio, ni los engolamientos postl­ zos, ni las ninfas convenddas, ni la lntenclon a un tiempo inocente y si- exageradas - no y 295 niestra - de convertir en barro hasta las nubes 0 el aire. Si de consuelo sirve reflexlondr en que la Europa coetdnec no era mas feliz, consuela en hora buena. sea Y, sin embargo, muchos de los escultores que desfllcrdn por estas pdqinos estaban lejos de la vulgaridad. Hublercles tocado vivir una era menos sabia y segura de sf misma, mas sendlla y espontOnea -Ia de un Plquer, por ejemplo-, y el resultado habrfa sido muy otro. En todo caso, convendrd distinguir entre el tiempo y sus ambientes, enfdticos y pedan­ tes, y la labor de unos hombres mas vfctimas que duefios de aquella gran equivocad6n. Pero la distind6n procedente, con todo 10 que sobre sf atraiga de elogio 0 de censura, debe esperar a la exposici6n de hechos y artistas que se inida a continuaci6n. LA SUPREMACfA CATALANA. - La primera caractedstica de los escultores de este pe­ dodo que merece ser anotada es la de su casi total y exclusiva procedencia catalana, 0, a 10 sumo, catalana y valenciana. Ello pide explicaci6n, cuya respuesta se dcrd tan s610 con ccrdcter hlpotetlco, Aparte del indiscutible empu [e de la 9 ran Barcelona, ciudad con mas drculos artfsticos que Madrid, pcrece como si las ensefinnzcs de la Escuela Central de Belles Artes hubieran defraudado cantidad de estudiantes. En to do caso, las consecuencias a no de­ jaron a Madrid en situaci6n de inferioridad respecto de Barcelona, porque uno de los queha­ ceres principales de los escultores, fuera el que fuese el lugar de su nacimiento, fue el de enga­ lanar edificios y lugares urbanos de la capital de Espana, y, de momento, sin acentuar nin­ guna norma diferencial de la que pudiera deducirse de alguna especie Si la regionalismo. escultura francesa de un Chapu 0 de un Delaplanche difiere poco de la espanola del mismo instante, mal pod dan rastrearse en estc otras distinciones de suelo 0 de ambiente. Lo cierto es que se observa una muy determinada unidad estetlcc. Vayamos los primeros nombres de nacimiento inmediatamente posterior al de los a Vallmitjana, aunque, naturalmente, de su generad6n. EI primero a considerar es Andres z: Aleu Teixidor, naddo en Tarragona en 1832, muerto en Barcelona en 1901. Esta longevidad, comun a casi todos los hombres de que nos vamos a ocupar, motiv6 que pudiera conocer todos los ccpltulos posibles de la escultura de tantos cfios, y que, dlsclpulo todavfa de Campeny, actuase largamente durante la Restauraci6n. Obtuvo la cdtedrn de escultura de la Escuela de Lonja, a la que se presentara en oposici6n Venancio Vallmitjana, y la mas de su labor fue barcelonesa, como el San Jorge tallado para la fachada de la Diputaci6n de Barcelona, por el que obtuvo prfmern medalla en la exposici6n nadonal de 1871; un grupo de intenci6n mas herdldicn que otra cosa, mas bien acomodado a su destino. Y, realmente, rnejor pensado que la obra que 10 representa en Madrid, la estatua ecuestre del Marques del Duero, en lc' Caste­ llana, frfa, endeble y con un no se sabe que de rnufieco a caballo (fig. 314). Juan Sams6, de Gracia, Barcelona (1834-1908), alumno de la vle]c Escuela de Lon]c, pero profesor desde 1878 de la de Madrid, no es superior a Aleu. Su aportaci6n a la expo­ sid6n nacional de 1878, premiada con primera medal la, La Virgen madre, debe considerarse como su escultura mas grata, bien que trasladando el sentimiento religioso a un tono muy menor; en todo caso, superior al San Frandsco que present6 a la de 1867. Toda su obra gira en torno de la estatuaria sacra, y sus mayores esfuerzos en este sentido sedan las dos grandes lrndqenes de Jesus y la Virgen, que se Ie encargaron para la Capilla de Palacio. Fue tam bien autor del mausoleo del general Espartero, en el Pante6n de Hombres Ilustres. Con Juan Rolq y Soler, nacido en Reus en 1835, muerto en Barcelona en 1918, aparece 296 � - ---- - - - ---- -_ --- --��--- en est as paginas el primer tipo de escultor organizado de modo industrial para atender a mil encargos, en general religiosos y funerarios. Tengamos en cuenta que proveyo de irndqenes a muchos templos de Barcelona, Madrid, Zaragoza, Santander y aun Cuba; que trcbnjo in­ tensamente para mausoleos de los cementerios bcrcelones el del - Marques de Marianao­ y mcdrilefio el de la familia Ayala -, y que de su taller salieron las setenta y sels estatuas - de la fachada neoqctlco de la Catedral de Barcelona, y ello sin contar otras muchas obras de signo decorativo. Pero que Rolq y Soler era artista personal y abundante en gracias, dones que debiera haber explotado rnejor, 10 demuestra su encantadora Dama de la sombrilla (figura 301), en una fuente del Parque de la Ciudadela, estatua mas lIena de donaire ochocen­ tista que cualquier otra de la Francia coetanea; hoy, duda, mas 'estlrncdc que al tiempo de sin su erecclcn. Es un sfmbolo de la epoca y la rnejor prueba de que si estos escultores no hubie­ ran sidooprimidos por necesidad de ganarse la vida su en un c1ima insano, habrfan creede una escuela bastante mas seductora. Jose Alcoverro y Arnoros, nacido en 1835 en Tivenys (Tarragona), se estcbleclo pronto­ mente en Madrid, donde fue discfpulo de Jose Piquer. Concurrlc a muchas exposiciones nacionales, hasta conseguir primera medalla en 1895. Buena parte de su labor es de ccrdcter rellqloso, en el que demuestra haberse inspirado en obras castizas cincocentistas, acaso de Be­ rruguete. Aparte de este genero, de retratos y sus alegorfas, y del monumento a don Fran-. cisco Plquer, fundador del Monte de Piedad, Alcoverro es notable por el reposo y por la con­ tenida, serena monumentalidad de sus dos figuras sedentes de San Isidoro (fig. 302) Y de Alfonso el Sabio (fig. 303), la escalinata de la Biblioteca Nacional, obras de considerable en dignidad. Tallo tcmblen la estatua de Alonso Berruguete, en la fachada opuesta del mismo edificio, la del Museo Arqueclcqico Nacional. Alcoverro, trabajador incansable, fclleclo en Madrid el ofio 1910. Bastante menos vida clccnzo otro cctcldn muy bien dotado, el borcelones Rosendo Nobas y Bcllbe (1838-1891). Alumno de la Escuela de Lonja y su profesor desde 1877, mas dlsclpulo efectivo de los Vallmitjana, Nobas era artista fecundo, sin duda excesivamente. Trnbojo buen .ruimero de bustos y de monumentos y se hizo famoso por su estatua en bronce Torero herido, de 1871, obra efectista y detallista, de un realismo exacerbado que parece anticiparse al de Benlliure. Bastante mas valiosa, aunque de mas pretensiones modestas, se nos antoja la labor de Nobas como restaurador de la tecnlcc de la terracota, en la que recllzo obras tan graciosas como su Payesa catalana (fig. 304), especie de rural tanagra ejemplarmente observcdc y con­ seguida. t·, � Otro escultor nacido antes de 1840 es Ricardo Soria y Ferrando, este valenciano (1839-1906). Hombre fecundfsimo, dedicado casi exclusivamente a la estatuaria religiosa, visible en varias iglesias de la region levantina, Soria es particularmente digno de recuerdo por los excelentes procedimientos de enseficnzc de la escultura que introdujo en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. SU!'IOL Y SU GENERACrON. - Era necesario dar un corte a la anterior relcclon al Ilegar Sunol. No solo nos hallamos ante un escultor de cuerpo entero, sino ante un estricto a conternpordneo de Rodin, 10 que rnotlvcrd mayores exigencias crfticas en 10 sucesivo, procu­ rando alguna supercclon y elevcclon de pensamiento en la escultura de esta generacion. Ambas exigencias hallamos en 1.0 mas sustancial de la labor de Jeronimo Sunol, nacido en 297 I, Barcelona el13 de diciembre de 1840, de 1839, sequn Serrano Fatigati. Era hljo de un modesto carpintero de la calle de Barbera, pero reslqno a seguir el oflclo paterno, paso al obrc­ no se dor de un insignificante imaginero apellidado Passavell y slmultcneo est a esclavitud con sus estudios en la Escuela de Lonja y en el taller de los Vallmitjana. No espero a obtener premios que 10 ernprendlo por sus propios ni pensiones que facilitaran su soficdo viaje a -Romn, sino medios, los obtenidos con la venta de un trfptico tallado en madera. Que nslmllo bien 10 mejor del sentimiento y de la ideulldnd de Roma y Florencia quedo bien demostrado en su envfo ala exposlclon nadonal de 1864; era su concisa, recogida e italianfsima no solo por la per­ - sonalidad del retratado estatua de Dante (fig. 306), pensativo y ensimismado. Escultura - de notable sencillez, asf como de un despredo de las arrogandas falsas, ya por entonces tfpicas y obligadas, cual para certificar la cuantfa de verdadero gran escultor que posefa Sunol. Increfblemente, obra de tan nueva dignidad no obtuvo en el certamen sino segunda medalla, mientras que EI Himeneo, presentado al de 1867, y notoriamente inferior, ganaba una prl­ mera, sin duda porque ya para aquellas fechas los Jurados estaban cerdorados de la anterior injustida. En este mismo cfio de 1867, Sunol es pension ado ofidalmente en Roma, ciudad en la que permoneclo hasta 1875, cuando, enfermo, regresa a Barcelona. Fruto de esta estan­ da serfa el mausoleo del general O'Donnell (fig. 305), previsto con poco acierto para la iglesia de las Salesas, donde se conserva. Por desgracia grande, en este conjunto Sunol queda incurso en las tendencias del arte oficial, a demasiada distancia del nobilfsimo Dante. Pero la equi­ t I vocnclon reside la trczc general, ya que la figura yacente del Duque de Tetudn, considerada en I aisladamente, es buena, y los ornatos platerescos, los grifos, ldurecs y dernds detalles revelan siempre la mano de un escultor sensible.' Aun sin ser Jeronimo Sunol un escultor fecundo; aun habiendo sido perseguido por una I insistente mala suerte, la misma que preflrlo a su proyecto de Ironton de la Biblioteca Ncclo­ l I nal el mucho mas soso complicado de Agustfn Querol, produjo obras varias de e iruitllrnente I coincidente nobleza y aplomo, como el sepulcro de don Mariano Alvarez de Castro, en Geronc, y el del doctor Salazar, en Madrid; la orncmentcclon del poloclo del Marques de I Linares; el Neptuno y Anfitrite, en el Parque de la Ciudadela, de Barcelona, y no pocos bustos-retratos y esculturas religiosas. En esta espedalidad han de ser sefiulndos sus estatuas de San Pedro (fig. 307) Y San Pablo (fig. 308), realizadas para el templo de San Francisco el Grande, y por_ cierto que de 10 mas sobrio y ejemplar en la algarabfa de ese tan poco afor­ -r tunado conjunto. Tan poco afortunado, 0, rnejor, tan descfortuncdo, que el espectador no aderta a distinguir 10 malo de 10 bueno, y bonfsimas son las dichas esculturas de Sunol, qulzd particularmente el nervioso San Pablo. En cuanto a monumentos, no podfa evadirse Sunol del mandato del tiempo. Suya es lc estatua de Colon, en la plaza de su nombre, de Madrid, aunque el pedestal 10 hlcleru Melida, y de dicha estatua hay replica en Nueva York. Otra gran figura de Sunol es la del monumento a-don Jose de Salamanca (fig. 309), posiblemente la rnejor, en ropaje civil, despues de las de Gragera. EI hecho de que la vida no fuera fdcil para Jeronimo Sunol, de que no contase con un mecenazgo desinteresado, de que. tuviera que cumplimlento de encargos muy aplicarse al f i heteroqeneos, obstcculizo a 10 que creemos - el normal desarrollo de este gran escultor. - I Cabfa esperar mas luego de su Dante, verdadero hallazgo y exacto acierto. Hubiera mere­ 1 cido Sunol una vida menos urgida por la necesidad diaria, con 10 que qulzd habrfamos ,I tenido en el al no hallado renovador de nuestra escultura declmononlcc, y, aun sin serlo, 1 298 f I Fig. 301.-ROIG Y SOLER: LA DAMA DE LA SOMBRILLA DE LA (PARQUE CIUDADELA, BARCELONA). I 299 --- - -------------- ---- - Figs. 302 y 303.-ALCOVERRO: SAN ISIDORO Y ALFONSO EL SABIO (BIBLIOTECA NACIO�AL, MADRID). Fig.304.-NOBAS: PAYESA (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). Fig. 305.-SUNOL: SEPULCRO DE O'DONNELL (LAS 300 SALESAS, MADRID). Fig. 306.-SUNOL: EL DANTE (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). . 301 Figs. 307, 308 Y 309.-SUNOL: SAN PEDRO, SAN PABLO (SAN FRANCISCO EL GRANDE, MADRID) Y ESTATUA DE DON JOSE DE SALAMANCA (PLAZA DE SALAMANCA, MADRID). Fig. 310.-0MS: MONUMENTO A ISABEL LA CAT6L1CA (PASEO DE LA CASTELLANA, MA.DRID). 302 de toda especie de respetos. Falleci6 el gran artista Madrid el 16 de octubre es digno en de 1902. Los hombres de la g'eneraci6n de Sunol quedan muy por bajo de su categorla, y algunos no son otra cosa que nombres. Asf, el valenciano Lino Esparza, naddo en 1843, autor de bus­ tos y bajorrelieves con destino a su eluded natal. EI mismo cfio habfa nacido en Barcelona Manuel Oms y Canet, hijo de un escultor industrial, alumno de la Escuela de l.on]c, y que con el importe de un cruclfi]o que tallara con destino a Mejico, se decidi6 a vicjnr por el ex­ en­ tranjero y ampliar sus conocimientos. Volvi6 cucndo el dinero se Ie habra agotado; pero tonces consigui6 una pensi6n en toda regia para estudiar en Roma. Vuelve a Espana, se ocupa en la decoraci6n de un palacio, y de nuevo marcha a Roma. Una obra poco interesante que la exposici6n de 1876 EI primer paso Ie vale una segunda rnedcllc, 10 que Ie presentc a - - anim6 a continuar sus envfos a estos certdrnenes: 10 mejor de ellos, sus tipos catalanes. Muy di­ estatua ecuestre ferente de concepto es su trcbc]o de pension ado en Roma, no menos que una llevc al caballo de Isabella Cat61ica (fig. 310), enarbolando la cruz, mientras el Gran Capitan de los riendas y al otro lade marcha el Ccrdencl Mendoza. Es grupo no mal construido ni pensado, pero en el que el prop6sito de espectacularidad priva sobre toda otra preocupaci6n, como el que estamos acordes con Marfa Elena G6mez Moreno en considerar su modelo, en� barbudo de Parfs. Sin embargo, Casado del Alisal, "esto es, el dspero y Carlomagno ecuestre, el director de la Escuela de Espana en Roma, eloqlo sin tasa el grupo de Oms, y Francisco Pre­ dille uni.6 sus 10 que lcobro, fundida en brorice, pas6 a la condlclon de monu­ alabanzas, con mente publico en el paseo de la Castellana, dondese inaugur6 solemnemente ei 30 de noviem­ ' bre de 1883. Redentemente, desmontada de su pretencioso pedestal, ha pasado a un lugar mas tranquilo, donde goza de mejor visibilidad. En cuanto al autor, del que podfa esperarse obra mas recogida, falleci6 en 1886. Otro bcrcelones, Victoriano Codina la y Langlin (1844-1911), plntor a vez que es­ cultor, pension ado en Roma, estudioso por su cuenta en Paris, afincado desde 1877 en Londres, donde muri6, es el autor de dos estatuas figurando a Viladomat y a Balmes, realizadas para para el cementerio del Padre Lachaise, en Parfs, y se la Diputaci6n de Barcelona. Trabaj6 autor del busto simb61ico de Mariana, esto de la Republi­ asegura que fue el primer es, ca Francesa, inmediatamente despues posible que algunas de sus del desastre de Sedan. Es obras mas importantes se hallen en Inglaterra. De su generaci6n es un escultor valen­ r clone, Jose Alxd rnigo (1844-1920), hombre inquieto, que trabaj6 para la Universidad y el escultor presentado a Hospital General de Valencia. Y, un cfio mas [oven, el importante continuaci6n. RfCARDO BELL VER. - No parece aventu rado reconocer en Ricardo Bellver y Remon el escultor mas completo y dotado del ultimo terdo del siglo, bien que limitado por todas las del tcrnblen escultor Jose, Ricardo habfa cortapisas ya expuestas. De familia de artistas e hijo naddo en Madrid en 1845; dato poco decidor, ya que el temple valenciano de la familia no dejarfa de manifestarse en el artista. Por ejernplo, es levantina precocldcd, que Ie permite su a sussolos diez y siete cfios firmar una estatua del cacique Tucapel, heroe de "La Araucana", de sdtlros y faunos que parece una ilustraci6n a Te6crito. y dos nfios mas tarde un relieve Pensionado aRoma, envfa en,1870 un bnjorrelleve, Entierro de Santa lnes, de linead6n tan pre­ else y exigente como la de un Flaxman. Las dotes de Bellver se acusaban cada dfa mas per- 303 sonales y sensibles. Ya vuelto de Roma, presenta a la Exposici6n Nacional de 1876 el yeso de EI Angel ccldo.y obtiene la primera medalla (fig. 311). No era acreedor a menos este alarde de de originalidad, de energia, degracia, perfecta articulaci6n de un cuerpo joven, pero complicado al contar con otros miembros, las alas. Como juego de ritmos, como geometrfa de equilibrios, como modelado de musculaci6n, como resoluci6n de postura violenta y al propio tiempo 16gica, esta escultura es acaso la obra maestra de la treintena. EI buen criterio esteflco de Bellver no he exagerado la maldad del angel soberbio, sino que se ha limitado a sugerirla, e incluso sobrarla la culebra que se enrosca a las piernas del cntlheroe, Tiene raz6n al lIamar Lozoya a este muchacho dlcbollco "un Laocoonte desesperado"; pero agregarfamos que un Laocoonte de ccldc en el dolor mucho mas exacta y cierta que la del sacerdote troyano en su conocldfslrno iconograffa helenlstica. Se comprende que causara sensaci6n en Roma y en la exposici6n Internccloncl de Paris de 1878. Porque no era frecuente en tales ofios contemplar una academia de cuerpo mascu­ lino tan cntloccdemlco, ni un grito de furor tan dindrnlco, ni una pasi6n tan sin esperanza. Es obra maestra, de las pocas, de las contadas en la estatuaria de nuestro una siglo XIX. Fundida en bronce y relegada a un lugar altfsimo del paseo de coches del Retiro, centenares de estes desfilan diariamente bn]o el hermoso y frenetlco cuerpo, sin sospechar la calidad de su arte, creyendo tal vez que no es sino un monumento mas de tantos como sobran en calles y plazas de Madrid. Un precedente suyo en la escultura castiza espanola, el otro cofdo, por Angel Montanes, en el retablo de San Miguel de Jerez, se nos antoja mas diab6lico, mas marcado por una rabia teol6gica podia perpetuar Bellver. que ya no Pero, de nuevo, lasequivocaciones, y, de nuevo tcrnblen, la mezquindad ambiental que no desea ver en el artista un creador Ilene 'de genicil Impetu. Hay que adoceharlo convenlen­ temente, apartando su inspiraci6n de toda originalidad conceptiva, troyendolo a los moru­ mentos y sepulcros que estdn invadiendo Ya la Espana. estatua de la Fama, la que coronaba en el cementerio de San Isidro el pante6n de Goya, Melendez Valdes y Donoso Cortes, cun con toda la�gracia [oven y femenina que en ella pcndrlc Ricardo Bellver, es figura falsa y poco convlncente, mucho menos al ocupcrse en el vulgarfsimo menester de trompetear la fama de los tres ilustres muertos. EI monumento a Juan Sebastian Elcano, realizado para el Ministerio de Estado, teatral y todo cual es, guarda no poco de cquellos acentos de violencia llbre con­ naturales en el gran escultor; pero se rodea de demasiados atributos, en los que era obHgatoria una tecnicc realista en demosic. Convendrd seleccionar de esta escultura dos aciertos, el de la lineaci6n de miembros y el de la brava cabeza, cclertos debieran haber sido que mejor explotados. En cuanto a sus obras en Sevilla, de nlnqun modo podlan ser ni la mitad de afortunadas . La idea, muy del de los . tiempo, completar tfmpanos cuatrocentistas de la Catedral de Sevilla no era menester apto para nuestro escultor, sino para algun otro artffice sin personalidad. Y el sepulcro del Cardenal Lastra y Cuesta, en la mlsrnc iglesia, resulta de una frialdad y de una falta de convicci6n bien lamentables. Tampoco es afortunado el sepulcro del Cardenal Sillceo, en el Colegio de Doncellas Nobles, de Toledo. Estos encargos historicistas creel­ y zantes rimaban mal hombre bien demostrador de afanes mucho mas con un proplos. Pero, en cualquier caso, Bellver, si no triunfaba en tales lides, dejcbn bien marcada su honda personalidad. Fue de los pocos que hicieron en su tiempo una escultura religiosa abun­ dante amabilidad y gracia, la bonita en como Virgen del Rosario, de la iglesia de San Jose, de 304 Fig. 311.-RICARDO BELLVER: EL ANGEL CArDO (RETIRO, MADRID). 305 -I Fig. 312.-RICARDO BELLVER: SAN BARTOLOME (SAN FRANCISCO EL GRANDE, MADRID). 306 Madrid. Por 10 que se refiere a los ambiciosos encargos para el templo nacional de San Fran­ cisco el Grande, grandes sus estatuas de San Andres y San Bartolome (fig. 312) no desmere­ cen de lapareja de opostoles de Sunol; pero si estes se encerraban en una severa contenclon, los de Bellver, particularmente el San Andres, son una chispa mas drcrndticos y declama­ torios. En todo caso, piezas robustas y enerqicos tan solo posibles en un verdadero creador. Ahora bien: este creador no habfa podido realizar la obra hornoqenec, original y ge­ nial anunciada por el Angel cafdo, del Retiro. Tuvo que poner mano en demasiados encargos oficiales y semioficiales, a menudo discordes con su vena inicial, gastando fuerzas y dilapi­ dando energfas. EI gran escultor, en tan buena parte y por ajenas culpas fracasado, rnurlo en Madrid en 1924. OTROS ESCULTORES DEL PERfODO. - En la empresa que se consideraba mecenazgo sin precedentes, esto es, la decoraclon de San Francisco el Grande, peslmu en pintura y acep­ table en escultura, la estatua de San Tadeo habfa sido adjudicada a un escultor mas bien oscuro, Justo Gandarias, nacido en Barcelona en 1846. Se habfa formado tanto en Barcelona como Paris, y en la en exposiclon de 1878 celebrada en esta ciudad habia obtenido premio. Menor fortuna clccnzo en las nacionales de Madrid, donde gano solo una tercera me­ dalla en 1881 por Anfitrite, y segundas su EI Amor y el Interes _ en 1887 y 1890 - - - Iberlc Se pierde despues su rastro, porque, habiendo marchado a Guatemala solicita­ -. do por determinados encargos, no los hallo y hubo de dedicarse a otras ocupaciones para ganar su pan. Asl, apenas hay otro testimonio de su quehacer espofiol que_ el dicho San Tadeo. Juan Flotats y Llucld, de Manresa (1847-1917), disdpulo de los Vallmitjana, dedicado particularmente a la imaginerfa religiosa, no desdefio intervenir en generos muy diferentes, y suya es la figura de Danae en la cascada del Parque de la Ciudadela, de Barcelona. Mas in­ teresante es su colega Franciso Font, nacido en Barcelona en 1848, y que trcbcjo tanto para su ciudad como para Madrid, donde cbrlo taller en la calle del Desenqcfio, Tenfa un con­ 1 I ,. cepto mas bien industrial de su arte y ctendlo cualesquiera encargos Ie Ilegasen, trabajando para las iglesias matritenses de San Marcos y de las Comendadoras de Santiago. Sus princi­ pales obras fueron la estatua de Juan Sebastian Elcano, en la fachada de la casa nurnero 60 del paseo de Gracia, de Barcelona, y el monumento a Zumclccdrrequl. Otros artistas catalanes de la hornada: Uno, Miguel Castellanas Escold, de Gracia (1849-1924), dado a la imagineria religiosa del ccrdcter mas industrial y emitida en serie, gracias a la pasta por el inventada y Ilamada fibron. Otro, Jose Reynes y Gurgui, de Bar­ celona (1850-1926), tuvo la buena fortuna de poder formarse en Paris, de 1873 a 1876, al lado de Carpeaux, quien Ie cornunlco buena parte de su gracia. EI uso que de la misma hlzo Reynes fue muy variable, como de costumbre, por culpa de los ambientes. Pues no era mayor occslon de lucimiento el bajorrelieve que se vio obligado a hacer para el Arco de Triunfo del paseo de San Juan, de Barcelona, bajorrelieve prdctlcomente invisible. Tampoco Ie dieron dema­ siada gloria otras decoraciones en las que habfa que plegarse al dudoso gusto de los relativos mecenas. Y, muy en trueque, la Violinista, con que obtuvo primera medalla en la Exposlcion Nacional de 1890, es figura de portentosa gracia, y aquf sf que se advierten los cfios pasados al lado de Carpeaux. Estrictamente conternpordneo de Reynes, el tcmbien bnrcelones Manuel Fuxd y Leal (1850-1927), disdpulo de Rosendo Nobas, vlnjero por Francia e Italia, fue autor de un mimero casi aterrador de monumentos, bustos, alegorlas, simbolismos y otros excesos. 307 En ninguno de ellos rnostro elevcclon ni espiritualidad; pero pocos caballeros broncfneos del tiempo son tan proscicos y vulgarotes como el Anselmo Clave que irguio en la Rambla de Cctclufic, de Barcelona. Otras de sus obras, cual el Lope de Vega, de la Biblioteca Nacional de Madrid, se contentan con pasar de insustanciales. no Otro colaborador como Reynes, en las decoraciones del Arco de Triunfo, de Bcrcelono, fue el hombre que lIevaba un nombre tan comprometedor como Torcuato Tasso. Torcuato Tasso y Nadal, nacido en Barcelona en 1852, disdpulo de las escuelas de Bellas Artes de su ciudad natal y de Madrid, alumno tcmbien de Rosendo Nobas, trcbcjc mucho para laexposlcion barcelonesa de 1888, realize .rnuchos bustos y cccbo por emigrar a la Re­ publica �rgentina, donde vlvlo hasta 1935 y donde se conserva la mayor parte de su obra. Ya con el estamos en plena etapa de la lndustrlcllzcclon del gran monumento con­ memorativo. ARTURO MEUDA.Sequn - la esculturc iba preclpltdndose por los derroteros mas fal­ sos y cntipldstlcos, proliferaron tam bien los errores que propiciaban el multiple desvarfo. Uno de los mas dofiinos fue, de precisamente en una era arquitectos voluntariamente desco­ nectados del siglo y afectos cualquier otro de los a pasados, dejar que esos arquitectos dise­ ficrcn y proyectaran escultura, dislate que tan solo podfa conduclr a' mayor mornlflccclon de este arte, con total perdido de vuelo, agilidad y grada. Pues estc serlc una de las empresas a que se entregara un hombre censurado al comentar la ya arquitectura, don Arturo Melida y Alinari. Habra nacido en Madrid, el 24 de julio de 1849, graduandose de arquitecto en 1873, y obteniendo la cdtedro de modelado en la Escuela de Arquitectura en 1887. Construyo bas­ tante Y'o verdaderamente, mucho mas de 10 que necesitaba Espana; mas dicha dedlccclon parecfa interesarle menos que la del dlbu]o, que cultlvo con honradez, resultando no, mal ilustrador. Esta multiplicidad de actividades Ie llevo mezcJar a arquitectura y escultura, de suerte que, cuando en 1877 gano el concurso convocado para levantar el monumento a Colon - uparte de la estatua del descubridor, de Jeronimo Sunol- se esforzo porque el pedestal no consistiera solamente 10 que debfa haber sido, esto es, en un sencillo y en simple pedestal, sino que conciblo feo candelero de hibridez tal, en supuesto estilo isabelino, en el que se , un ignora donde acaba la arquitectura y donde empieza la esculturc, con dufio para ambas. Se argUira que 10 mismo precisamente ocurrfa a los edificios isabelinos de verdad; pero por ello - y no por la estatua de Sunol- resultc tan enfadoso ese monumento. No pararon chl los caprichos de MeJida, lIegados 10 repelente en el sepulcro del Mar­ a ques del Duero, la Basilica de Atocha, pues en que aprovecharon un encargo bien excepcional. Era, 1891, Y en vistas al cuatricentenario del descubrimiento de America, el de construir con y esculpir el pcnteon que guardase en La HcbcncJos discutidas cenizas del descubridor. A Melida correspondlo tcrncfic responsabilidad; la resolvlo el a su manera, y sepulcro (fi­ gura 313), luego de la independencia de Cuba, vino a albergarse, con toda absurdidad, en la Catedral de Sevilla, teniendo por incongruente fondo el San Crlstobclon de Perez de Ale­ sio. No sabemos qulen 0 qulenes serfan los realizadores materiales del monumento, torpe por sus dimensiones y por su pollcromln: pero el proyecto y ya es absurdo que una obra - de escultura se proyecte por mentes ajenas es de Melida, y cun mas arcaizante que el - pedestal rncdrllefio y colombino. Cuatro reyes de armas lIevan a hom bros el feretro del AI­ mirante, con 10 que se procuraba reactualizar la gran crecclon de Antoine Le Moiturier, 308 esto es, la tumba del senescal Philippe Pot,policromfa pretende seme-· en el Louvre. Hasta la janzas, con la diferencia de sobria el original y abigarrada en la copia. ser en Melida falleclo el 15 de diciembre de 1902. Esta fuera de duda que trabajara con entu­ siasmo y con inmejorable buena fe en sus sorprendentes creaciones; pero hay que felicitarse de que no encabezara ninguna escuela 0 grupo animado por semejante estetlcc, Demasiadas dolencias aquejaban al arte decimon6nico para que se agregara una mas. Y, de modo inverso, tcmblen es motivo de conqrctulcclon que la escultura del mismo siglo una bella idea recuperase que pareda perdida y que es comentada a contlnucctcn. RENAcrMIENTO DE LA ESTATUA ECUESTRE. En aquellos aiios de la Restauroclon, - tan preocupados por perennizar las glorias de tantfsimos figurones de las letras 0 de la poll­ tica activa, buena parte de estos laureles se adjudicaron a los militares que tan exagerado cometido hablan jugado en la sesentena anterior. Naturalmente, su mirnero era de tal modo incontable, que los mas hubieron de contentarse con que su nombre rotulase calles y plazas. J Otros fueron crefdos con buen criterio merlto suficlente para obtener derecho a monumento con publico, y recpcreclo para tales menesteres la estatua ecuestre y triunfante. AI renacer este motivo, tan perfectamente tradicional por cldslco, barroco y neocldslco, tan olvidado por los artistas hispanos desde que Tolsd hiciera fundir el Carlos IV, de Mejico, gobernantes y ar­ tistas no podlan desconocer que el resto de Europa se nos habra cntlclpcdo en la tarea. Los es­ cultores germanos, tan dvidos de apoderarse de las normas cldslccs, Franz Anton von Zauner, en su Jose Il, de Viena, y Christian Rauch, en su Federico el Grande, de Berlin, tuvieron exito, uno en el neoclasicismo, otro durante el Romanticismo, al montar sus heroes a caballo. Otro tanto hlzo en Francia - y no una ni dos veces - Fremiet. Con 10 que los escultores espaiioles, que [cmds deberfan haber recibido est a lecclon, se consideraron autorizados a seguirla. Como ya es costumbre en este perlodo, la iniciativa serlc catalana. Ha sido mencionado y no con elogio, el Marques del Duero, ecuestre, de Andres Aleu. Mas 10 merecerdn otras es­ culturas de la misma guisa, paulatinamente incorporadas al repertorio. Y la que de momento interesa exaltar es una prdctlccmente lnedltc, pese a su sltunclon en uno de los lugares mas centrlcos de Madrid: es la del general Espartero, Duque de la Victoria y Prfncipe de Ver­ gara (fig. 316), firmada 1885 por Pablo Gibert. Este artista, en cuyo segundo cpellldo era Roig, habla nacido en Tarragona el aiio 1850, era disdpulo de Aleu, al que cyudo en el modelado de la mencionada estatua del Marques del Duero, y concurrlo, sin exito, a alguna exposlcion nadonal. Ni se sa be en siquiera que aiio murio. Pues bien: esa estatua ecuestre de don Bal­ domero Espartero, nada fine ni sutil, pero aplomada, segura, con caballo de inmejorable planta, no favorecido el jinete que el escultor sabrfa bien era de bc]c estatura, y no - 10 dislmulo debe tenida la ser primera obra considerable de este grato renaci­ como - miento de un tema. La gallardra militar con que saluda el ilustre soldado, la verdad de su porte y la traza del caballo aconsejan extraer del olvido a esta excelente pieza y a su autor, Pablo Gibert Rolq. Siguieron varios monumentos ecuestres. Comparable al comentado, mas ya sin la novedad de un descubrimiento, el del Martrnez general Campos, por Mariano Benlliure (fig. 315), notable por la senscclon cansina del caballo, que en este genero importa tanto 0 mas que el jinete. Posteriormente, el hallazgo se vulgarizarfa, no sin optlrnos excepciones en el siglo XX. 309 DE LA MISMA GENERACI6N. Se agruparan aquf algunos escultores casi totalmente - olvidados, pero alguno de ellos autor de obras de posltlvo lnteres, Por ejernplo, Rafael Atche Ferre, de Barcelona (1854-1923), disdpulo de los Vallmitjana, vlcjero por Francia, Italia e fnglaterra, autor de mucha imaginerfa religiosa y de la decorcclon escultorlcc del Palacio de Justicia de Barcelona; digno de memoria, cuando menos, por ser 'el autor de la estatua de Colon en el monumento al navegante en el puerto de la capital catalana. En el mismo monu­ mento coloboro, mediante la figura representando a Cotolufic, Pedro Carbonell Huguet, de Scrrid (1854-1927), autor, igualmente, de la estatua de Luis Vives, en la Biblioteca nacional de Madrid, no mejor ni peor que sus compcfiercs, pues que casi todos estos artistas tenfan la des­ graciada virtud de parecerse como hermanos gemelos. Supera ese parecido otro de los cola­ boradores en el monumento bcrcelones a Colon: es Eduardo B. Alentorn, nacido en Falset en 1856, muerto en Manresa en 1920. Como casi todos los escultores de est a generacion catalana, habfa sido disdpulo de los Vallmitjana y, cdernds, de Aleu. Su cportcclon al monumento co­ lombino conslstio en las figuras del capitan Margarit y del Padre Boil. De sus numerosfsimos monumentos publlcos, cabe citar el erigido al general Vara del Reyen Iblzc, con figuras gigan­ tescas, muy propias de su vena, tendente a 10 enorme y poco refinado. Pero dentro de esa falta de refinamiento, las estatuas sedentes de Felix de Azara (fig. 317) Y Jaime Salvador, en la fachada del Museo Martorell, de Barcelona, impresionan por una honrada sencillez, por una cornpenetruclon con el retratado que nos Ie dejan en casi familiar proximidad. EI ultimo escultor cctcldn de esta generacion, Enrique Clcrcso y Daudf, de San Felfu del Reco, Sabadell (1857-1941), hombre en el que se emparejaron la longevidad y la fecundidad - se asegura que recllzo mas de cuatro mil obras - fue Barcelona y disdpulo de Roig en de Chapu en Parfs, prefiriendo para su trabajo el rndrrnol, que derivaba hacia cometidos decorativos. Su amistad y compenetroclon con Ramon Casas y Santiago Ruslfiol, asf como la circunstancia de que su obra mas importante, el monumento a Jaime I eh Palma de Mallorca s: date de 1927, Ie adentran en el siglo XX, bien que por su estetlcc fuera caracterizadamente ochocentista. SUSfLLO. Rompe esta relcclon de nombres catalanes, verdaderos monopolizadores de - la escultura ultima del siglo XIX, el de un sevillano, escasfsimo testimonio de que en la tierra de Montanes....y Roldan no se habfa olvidado completamente este arte. En Sevilla habfa nacido Antonio Suslllo, en 1857, en el hogar de un aceitunero. Dfcese que cornenzo a jugar con barro en el taller de un alfarero, modelando graciosos mufiecos, y que reclblo adiestramiento en eldibujo por parte del plntor Jose de la Vega, contando ya el mozo sus buenos diez y ocho ofios, Algun magnate ruso, y de manera un tanto misteriosa, proteqlo su viaje a Paris, estudiando en Escuela de Bellas Artes y ganando en 1884 un su importante premio. Pasa a Roma con nuevos triunfos, obtiene luego dos segundas medallas en las exposiciones nacionales de 1887 y 1890 Y conduye sulclddndose, en su eluded natal, el ofio 1896. La cortedad de su biograffa, comenzada de modo tan prometedor, induce a creer que Suslllo, de no haber acabado de modo tan temprano y drurndtlco, acaso hubiera superado el sofocante ambiente modernista que Ie marco en Parfs, obligado por ello a prccrlccr una escultura las mas de las veces barrosa, cominera, empalagosa, en cierto modo anticipo de la de Benlliure; escultura que no pareda comedo si no se dedicaba a narrar una anecdote. Que no Ie fclto gracia a Susillo 10 demuestra su grupo premiado en 1887, La primera con- 310 I' I Fig. 313.-ARTURO MELIDA: MAUSOLEO DE CRISTOBAL COLON (CATEDRAL DE SEVILLA). 311 t , I 1 . 1 .' �. ,. ECUESTRE DEL MARQUES DEL DUERO (PASEO DE LA CASTELLANA, MADRID). Fig. 314.-ALEU: ESTATUA Fig. 315.-BEN­ LLiURE: ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL MARTfNEZ CAMPOS (RETIRO, MADRID). 312 l • j Fig. 316.-PABLO GIBERT: ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL ESPARTERO (CALLE DE ALCALA, MADRID). 313 I 1 r , Fig. 317.-ALENTORN: DON FELIX DE AZARA (MUSEO MARTORELL. BARCELONA). Fig. 318.-SUSILLO: LA PRIMERA CON- TIENDA (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). Fig. 319.-BARRON: RONCESVALLES (COL. PARTICULAR). Fig. 320.-QUEROL: LA TRADICION (MUSto DE ARTE MODERNO. MADRID). 314 fiend a (fig. 318), ahora en la Academia de Sevilla: dos nlfios desnuditos que se pelean, vigila­ dos por madre. Pero si en este caso el asunfo es compensado por claros frozos de belleza, su en ofros, como EI Lazarillo de Tormes, la sumisi6n a 10 narrafivo, al prop6sito de contar un cuento, convierte su labor en ccsi repulsiva, de tan prosaica, y otro tanto cccece en las mas de sus restantes obras, como La consulta a la hechicera. De acuerdo con 10 obligado en su tiempo, model6 varios monumentos, precisamente los que se erigieron en Sevilla a Monta­ nes, Daofz y Velazquez. I I EDUARDO BARR6N. - Otra replica a la generaci6n catalana, y mas cuantiosa que la cccbcdc de comentar, la que ofrece Eduardo Barr6n, nacido en Moraleja del Vine (Za­ es mora), en 1858. Pensionado por la Diputaci6n zamorana, pudo estudiar en la Escuela de San Fernando y ampliar 10 aprendido en Roma, de donde regresa en 1884. En tal cfio obtlene en la Exposici6n Nacional una segunda medalla por su brioso Viriato, a la vez que oposita clc pensi6n de Roma, a donde regresa. En la ciudad del Tiber dej6 un San Jose en la iglesia de San Lorenzo. Vuelto a Espana, trabaj6 incansablemente, y en 1904 alcanzarla primera me­ dalla por su Neron y Seneca, su obra mas conocida. A pesar de que el escultor zamorano se propuso el peligroso designio de trasladar al terreno de la escultura un tema solo propio de la pintura de historia, la verdad es que 10 hizo con mas probidad, mejor sentido de la sfntesis y I decoro debido al volumen de 10 normal por el entonces, y el grupo de los dos romanos, bien l coordinado, no es acreedor sino a respeto. Y es que habfa en Barron, sin duda por su pro­ r cedencia castellano-Ieonesa, un sentido de la austeridad y de un nato clasicismo, alga dspero y campesino, muy superior a las rizadas entelequlas de su tiempo. EI cual sentido luce, sobre a la gesta de Roncesvalles (fig. todo, proyectado en su monumento 319), que el artista pensaba regalar a Pamplona y quedo en una propledad privada; el guerrero semidesnudo que otea el horizonte guarda tanta grandeza menos declamatoria como el heroe semejante de - - Alvarez Cubero. Mas obras esculplo Barron, como el Addn despues del pecado, del Ateneo de Madrid, 0 el monumento a Castelar, en Cadiz. EI escultor dedic6 sus ultlrnos ones a catalogar las piezas de su arte conservadas en el Museo del Prado, trabajo todavfa vigente en varies aspectos. Y falleclo en Madrid el 22 de noviembre de 1911. Era el ultimo gran escultor castellano del siglo. AGUST[N QUEROL. - EI subtftulo deberfa ser, con mayor exactitud, no el enunciado, sino ICe I Querol". Porque, evidentemente, hubo caso psicosis en derredor un caso de colectiva . de este hombre, suficiente para enqcficr a casi todos sus conternpordneos yael mismo a la cabeza de todos. Ese arrebato, ese falso frenesf que ocornpcfic a sus obras, osequro a todas las gentes de su generacion la presencia de un verdadero genio de la escultura, cuya fama fue voceada en todos los tonos posibles. Veamos la historia de este no corto equfvoco. Habfa nacido Agustfn Tortosa, Tarragona Querol Subirats en - otras noticias aseguran en Ulldecona - en con el imaginero tortosino Ramon 1860, estudiando primeramente que Cerveto, en tanto trabajaba como panadero. En 1878 marcha a Barcelona, asiste al taller de Talarn, luego al de los Vallmitjana y, finalmente, a las clases de la Escuela de Lonja. Pronto podrd establecer taller proplo, en un bcrrccon de Scrrld, superando las dificultades econo­ micas y las miserias que Ie han aquejado hasta entonces, explotado de mala manera por unos 315 y otros. En 1884_logra una pensi6n aRoma, al cabo de la cual, en 1887, remite a la expo­ sici6n nacional del mismo cfio el grupo La Tradici6n (fig. 320), premiado con primera medalla. Aquf comienza su gloria artificial, impulsada por el apoyo incondicional de don Antonio Cd­ novas del Castillo. EI artista tortosino se establece en Madrid y alberga su ya principesco estudio en un del paseo del Cisne. Las viejcs pabell6n gran fotograffas del interior de este I pabell6n bastan para dar idea del arte de su inquilino. Un recargado "bric a brac" de todos los objetos y muebles imaginables, ni mas ni menos mentos que que la heteroqenec cantidad de ele­ Agustin Querol cficdlc a todos sus monumentos y hasta a sus figuras aisladas. I� Que ese abigarramiento complada y hasta entusiasmaba por aquellos nfios es afirma­ I ci6n que sobra consignar. Y no s610 por la ayuda de Cdnovos, sino por la adhesi6n de toda laya de particulares y corporaciones, Ilovieron materialmente los encargos sobre el escultor, en tal desenfrenada cantidad que resultaba imposible que pusiera mane a cuanto firmaba. Y, naturalmente, no 10 hada, sino que modelaba en barro, ayudado por multiples auxiliares, y los marmolistas de Carrara tallaban el grupo, figura 0 monumento. S610 csl es posible com­ prender el ruirnero de delirios marm6reos que Ilevan su nombre monumento a los bom­ - beros de La Habana; a Legazpi y Urdaneta, en Manila; a Mendez Nunez, en Vigo; a don Aureliano Linares Rivas, en La Coruiia; a Elduayen, en Vigo; al Conde de Rivadeba, en Co­ lornbres (Santander); a Claudio Moyano, en Madrid; a la Viuda de Epalza, en Bilbao; a Quevedo, en Madrid; a Bolognesi, en Lima; a los Martires y a los Sltlos, en Zaragoza; a Moret, en Cadiz; a la lndependencln, en Guayaquil (Ecuador); a Urquiza, en Parana; a Garibaldi, en Montevideo; a la colonia espanola, en Buenos Aires y que dan la mas penosa - idea de los rumbos tomados por la escultura. Columnatas, genios y ninfas volantes, nubes, glorias, huracanes, heroes, tropeles de enardecidos portadores de laureles, y tantas mas en­ fadosfsimas ocurrencias, bastantes para ernpequefiecer y trivializar 10 que pudiera contener cada una de estas obras de admisible. En el entretanto continuaban sus exltos oficiales, con otra primera medalla en 1895, por su Tulia. En 1906 obtendrlo la de honor por el feo grupo alusivo a la ruina deScqunto. Antes de todo ello, consagraci6n oficial del mas una pero caciquil de los modales ofl­ - ciales procuraba hacer de Agustin Querol el moderno Fidias la misma proce­ espcfiol, con - dente diferencia de niveles entre Pericles y Cdnovos, Convocado concurso por la Academia de San Fernando para elegir el conjunto escultorlco destinado al fronton de la Biblioteca Nacional, presiones y omnfmodas influendas seleccionaron el proyecto de Querol, con des­ precio de otros bastante mas sensibles, y la adjudicaci6n hJVO lugar el 28 de noviembre de 1892, no sin que la Academia obligase a determinadas rectificaciones. Los tres cfios de plazo para la realizaci6n definitiva se convirtieron en diez y medio; Querol ignoro las va­ riantes a que quedaba obligado, desatendi6 otra imposici6n: la de la ejecuci6n de la obra definitiva en Madrid; y, como de costumbre, fueron los marmolistas italianos los verdaderos autores de este amazacotado concurso de mujeres desnudas y simb61icas, en total confusi6n y sin tener elias mismas clara idea de 10 que estdn tratando de fingir. Es suerte que la altura del front6n no ayude a la vista en su inspecci6n, para no hacer demasiado flagrante su Infe­ rioridad, incluso respecto al del Congreso, por Ponzano. En compensaci6n de ello, damos fotograffa del proyecto, en yeso (fig. 321), Y otra del momento de su terrnlncclon, en donde el artista aparece rodeado de periodistas y escritores del amanecer del siglo XX, fdcilrnente reconodbles: Gregorio Martinez Sierra, Ricardo Baroja, Manuel Bueno, Pfo Bnro]c, Francisco 316 Verdugo Landi, Carlos del RIo, Juan Perez Zuniga y Azorin, pieza documental equiparable, en cierto modo, 01 insigne cuadro de Antonio Esquivel (fig. 28). Los desatentados pegasos del Ministerio de Fomento, el sepulcro de Ceinovas del Casti­ llo (fig. 322), blanducho y oleoso, y los proyectos de doce monumentos tronitonantes y flcrnl­ geros, son otros tantos datos ultlmos para entender el concepto que de 10 escultura poseia Agustin Querol, culminando todos los errores de la plastica de su tiempo. Falleci6 el torto­ sino en Madrid, abrumado de distinciones, honores y dineros, el 14 de diciembre de 1909. Diflcll era el legado entregaba 01 XX. que siglo ENTRE LOS DOS SIGLOS. Se 01 impone, Ilegar cqul, alguna especie de distinci6n - entre los escultores considerar decimon6nicos, aunque hayan actuado en nuestra que cumple centuria, y los que nacidos en el ochocentismo han de tenerse por novecentistas. Distinci6n que ya no cabe subrayar mediante las fechas de nacimiento 0 de muerte, sino atendiendo a procedimientos, formaci6n y, muy sobre todo, naturaleza estiHstica de su quehacer. Por 10 demeis, la frontera entre 1800 y 1900 permanece muy laxa para la mayor parte de la labor de tales artistas. ASI, de los nacidos en 1864, co be por todo concepto considerar todavla decimon6nicos a hombres como Eusebio Arnau y Joaquin Bilbao. EI primero, Eusebio Arnau Mascort, de Bar­ celona (1864-1933), alumno de la Escuela de Lon]c, viajero por Italia, Belqlcc y Francia, se dio 1891 por su bajorrelieve Traslaci6n de los restos de Santa Eulalia, obra a 10 a conocer en que sequirlun muchos monumentos. Meis importante es en Arnau la faceta de medallista, apren­ dido del frances Dalou, y en 10 que revela 10 mejor de sus dotes. En cuanto al sevillano limpias Joaquin Bilbao (1864-1938), tercera medalla en la nacional de 1897, de es, aparte escenas y grupos de careider sentimental y anecd6tico, el autor del poqulslrno afortunado monu­ mento a don Antonio Ceinovas del Castillo, frente 01 Senado; pretencioso y torpe de dlsefio, puede servir modelo de 10 que no debe ser hecho en escultura. como I En 10 generaci6n de Los acabados de comentar aparecen dos escultores de fechas muy slmllnres, a saber: uno, Mariano Benlliure, cuya vida se desarrollo entre 1862 y 1947; otro, Jose Llimona, nacido en 1864 muerto en 1934. Son estrictamente contemporeineos, y las y fechas dodos parecen, en buena 16gica, invitar a estudiarlos conjuntamente. Ello no serlc sino el mayor de los desprop6sitos, porque Llimona, que alcanz6 mucha menor de no­ porci6n vecentismo que su cornpcfiero, s610 hombre y escultor del es, no un siglo XX; con meis un legltima gloria, uno de los saneadores de los vicios legados por el 1800 a su hijo el 1900, con 10 que no puede ser incluido en est a relaci6n y pertenece, estilfstica e ideol6gicamente, a nuestro tiempo. Y, en Mariano Benlliure, vivi6 de trueque, que no menos medio siglo XX, continu6 en su sene siendo un total ochocentista, y es de suponer que con ese talante hubiera aduado en cfios como 1967 6 1980. En consecuencia, de est a historia se excluye a Llimona y se integra a Benlliure. MARIANO BENLLlURE. Mucha parte de la biografia de Querol, de sus principios hu­ - mildes, de su exlto exorbitante, de la producci6n de monumentos al por mayor, convendrfa a Benlliure, e incluso superando las proporciones, dado que el tortosino vivi6 cuarenta y nueve ofios y don Mariano resisti6 hasta los ochenta y cinco. Mas, aparte de tales semejan- 317 zcs, no dejcrd de haber un saldo favorable en el balance de gracias y desgracias del ultimo. Mariano Benlllure Gil ncclo en Valencia, en 1862, de familia de artistas. Estudio en San Carlos, de Valencia, y en San Fernando, de Madrid, ampliando luego estudios en Pads, cerca de Francisco Domingo. Concurrlo desde muy tempranos cfios a las exposiciones nccloncles, obteniendo, sucesivamente, sequndc medalla en la de 1884 y primeras en 1887 y 1890. Pero la rapidez con que se impuso a la opinion media espanola no se debfa tanto a estos galar­ dones como al exlto motivado por su estilo, que [ornds paso de 10 popular. Gran modelador en burro, todo hacfa, ya se trasladara a piedra, mdrrnol 0 bronce, continuaba mos­ cuanto trando pegajosas calidades, las propias de una escultura en barro 0 en mantequilla, circuns­ tancia que placfa como pocasotras a los blencventurcdos espofioles de por 1890 (fig. 324). Agre­ guemos la orlentcclon de su terndtlcc, la que en la obra de Benlliure cuenta en un 75 por 100: toros moribundos, toreros, gitanas, nlfios desnuditos, retratos que acreditaban indudable parecido y, cosa mas dlflcll, que se parecfan entre sf, guardando un notable dire de familia. La facilidad detrabajo de este levcntfno impetuoso reconocfa Ifmites, y a ello se debe que no asumiera la escultura de tantfsimos monumentos conmemorativos, cual ni Querol en persona hubiera podldo sonar. Ni los enumeraremos ni la relcclon, caso de ser poslble, instruirfa demasiado. Las mas de las veces, esas plrdrnldes de gloria constituyen un verdadero desbara­ juste de figuras mas 0 menos diestramente conectadas con el homenajeado. Y, seguramente, pocas tan desafortunadas y ccotlccs como la que cupo en don Emilio Castelar, pues suerte a que allf se mezclan esccfios parlamentarios, piezas de artillerfa y manifestaciones obreras, cual para dejar en libertad todas las posibilidades de acertar si el ilustre republlco se contento con su oratoria, mcndo ejercltos 0 enccbezo rebeliones proletarias. No obstante, serfa manifiestamente injusto juzgar a Mariano Benlliure exclusivamente por sus errores, con ser _ estes tantos, tan visibles y tan abultados. EI valenciano, lIegado a tiempo para participar en el reparto de encargos de San Francisco el Grande suya es allf - la estatua de San Mateo -, no olvidaba haberse codeado con Sunol y Bellver, y, esporddlcc­ mente, acertaba en tal 0 cual figura aislada, que no en los grupos ni composiciones. Asl, es de indudable belleza la apuesta figura del Duque de Rivas en su monumento cordobes: muy graciosa de Ifneas, la de la reina Marfa Cristina, frente al Cason del Buen Retiro (fig. 323); notable, cual ya sedl]o, la estatua ecuestre del general Martinez Campos. Con 10 que acaban de rnencloncrse susproducciones menos populares, las mfnimamente estimadas, a la vez qu_e hacfan furor sus bailadoras, picadores, garrochistas y dernds excesos, que culminarfan en el mausoleo de Gallito, version torero y gitana del del pobre senescal Philippe Pot: Asf, no fue solo el desparpajo valenciano de Benlliure el que proplcio toda est a escultura falsamente castiza, sino la cprobcclon, aplauso y encomia de unos conternpordneos que se habfan olvi­ t dado de que cos a fuera escultura. Y obligaron a hacerla olvidar al proplo Benlliure; por 10 menos, cuando lIego a la atrocidad de convertir grabados de Goya en bajorrelieves, ello en el pedestal del monumento al gran pintor, mucho tiempo en la calle de este nombre y desde hace unos veinte nfios frente al Museo del Prado. Mariano Benlliure murlo en Madrid, el 9 de noviembre de 1947. EI_ dictamen, mas bien neqctlvo, ace rca de su orlentcclcn y de su obra, una y otra retrasando penosamente el adve­ nimiento de una estatuaria mas limpia, agigantando los errores acumulados por el siglo XIX, no impide saludar con respeto al infatigable trabajador que fue desde su nlfiez hasta la hora de su muerte. 318 • j) ... .. 1 '���1IIIii �,.�.-i . . Sl contdrumos - - - no con otros datos para juzgar a Casado, y uno excelente serfa el retrato de una desconocida dama francesa (fig. 328), absolutamente encantador, caliente de gama y perfecto de enfo­ que, bastarfa este aderto para el encomio. La capitulaci6n de Bullen (fig. 330), pese a todos 327 los demasiados recuerdos que conserva de La rendlclon de Breda, es reconstrucclon hlstcrlcc convlncente,prodiga en trozos admirables, notable dlbu]o y muy rica de color. Es el en su primer buen cuadro de Historia que encontramos, y no es sencillo comprender por que pudo merecer tan duro vapuleo por parte de don Gregorio Cruzada Villaamil. Sospechamos que si el tal cuadro capaz de gustar hoy, mas deberfa haber placido race un slglo; de suerte es que hay para creer que el mencionado crftico actuaba por motivos purcrnente personales. Contra ellos, puede asegurarse que nos hallamos ante un bravo y estudiadfsimo alarde de la mejor Pintura de Historia. Ahora bien, el eloglo no puede extenderse a otras reconstrucciones del artista, como La jura de las Cortes de Cadiz, 0 la truculenta Campana de Huesca. Casado del Alisal,' . Era No fue menor artista Vicente Palmaroli y Gonzalez nacido en Zarzalejo (Madrid), en 1839 hl]o del pintor y litografo Cayetano Palmaroli. bnsiguientemente, su discfpulo, antes de serlo.de la Escuela de San Fernando y de marchar a/Roma con pension oflclcl, residfendo tcrnblen Florencia y de en Napole�Esas estancias dnrdn cierto matiz italiano a buena parte producclon: pero su compensan ampliamente se el indudable acierto que supone el con cuadro premiado con primera medalla en 1871, esto es, EI 3 de mayo de 1808 (fig. 331); siendo arrlesgada la empresa de continuar y epilogar a Goya en sus Fusilamientos, Palmaroli la resuelvernejor que discretamente. Es el suyo un cuadro sobrio de figuras y ambientes, en contra de 10 acostumbrado en semejantes lides, bastando con los ccddveres de primer termino, i las mujeres angustiadas y el enterrador. Descontando las expresiones agitadas en demasfa, un muy bello cuadro. Palmaroli, superior retratista, tanto de ancianas Dona Ines de Blake­ - como de [ovenes beldades la graciosa Conchita Miramon (fig. 332) - cccdernlco de -\era San Fernddodesde 1872 y Director del Museo del Prado desde 1895. Murio al ofio slqulente, en Madrid, habiendo dejado obra no numerosa ni hornoqenec, pero siempre dotada de los dones de EI tercer un verdadero maestr� pintor que emerge de la marea casi cnonlmc de la Pintura de Historia Antonio , es Gisbert, nacido en Alcoy (Alicante), en 1835; alumno de la Escuela de San Fernando, penslo­ nado en Roma en 1855, hombre de grandes estancias francesas, muerto finalmente en Paris el 25 de noviembre de 1902. Era Gisbert tan buen colorista Casado del Alisal y como qulzd de mayores suavidades en el modelado, aparte de consumado dlbujcnte. Una clara orienta­ cion progresista Ie llevo a elegir temas en que pudiera ser exaltada la libertad de pensamien­ to, con 10 que nos encontramos ante un clare ejemplo de artista comprometido. Si en 1858 obtiene primera medalla por su cuadro .Ulttrnos momentos del prlnclpe don Carlos, obra poco expresiva, en 1860 se Ie concederd la misma recompensa por sus celebrados Comuneros de Castilla(fig. 333), Y 1864 por el Desembarco de los Puritanos en America. No es obra pre­ en miada, pero la fundamental de su autor, EI fusilamiento de Torrijos y sus compcfieros (fig. 334). Porque si la famosa tela de los Comuneros resulta un tanto teatral en su cornposlclon, la que relata el asesinato de los liberales las de Malaga sorprende por su veracidad. Cual en en playas el caso de Palmaroli, tratar temas contiguos a Goya era aventurado; pero Gisbert domina la sltucclcn y elimina los peligros. Los condenados, firmes y serenas figuras; los ya fusilados, cuerpos de espantosa certeza; la frialdad del amanecer traglco, el mismo fondo de orograffa costera, todo estd conjugado con la mayor de las seguridades y dibujado con una perfecclon 328 r l r 1 - \" Fig. 332.-PALMAR9L1: RETRATO DE CONCHITA MARIMON (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID) . . 1 329 I I {- Figs. 333 Y 334.-GISBERT: LOS COMUNEROS DE CASTILLA (PALACIO DE LAS CORTES, MADRID) Y EL FUSILAMIENTO DE TORRIJOS (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). 330 Fig. 335.-ROSALES: TOBIAS Y EL ANGEL (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). 331 - I r� I' I I FigS. 336 Y 337.-ROSALES: DIBUJOS A PLUMA. PREPARATORIOS DE EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATOLICA (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). 332 que obliga a situar est a pintura, con la Capitulaci6n de Bollen, de Casado del Alisal, muy a la cabeza de la serie. Antonio Gisbert, retratista de Amadeo r y del general Serrano (figs. 8 y 7), . fue tam bien autor del documento que recoge la visita del untco rey espcfiol de la Casa grafico de Saboya al cadaver de su valedor, don Juan Prim. Este tipo de pintura documental de gran­ des hechos conternpordneos, iniciado con el citado cuadro, se herd muy cornun hacia el final del siglo. EDUARDO ROSALES. - A la misma generaci6n de Casado del Alisal, Palmaroli y Gis­ bert pertenecfa el insigne artista cuyo nombre se acaba de enunciar; pero, por desventura para los rumbos de nuestro arte, quedarla muy lejos del promedio de vida de sesenta y un enos de cquellos, Ilegando no a cumplir los treinta y siete. Por est as razones generacionales, de educaci6n, de grupo y de ambiente, tenia que ser pintor de historia, si bien sus condiciones de 6ptimo conocedor de nuestros cldslcos, de consumado dibujante y de duefio de un delei­ toso colorido, Ie apartan de los canones en que se movlan sus cornpcfieros. Y mas y mas se hubiera apartado con s610 serle dado Ilegar a la cincuentena. EI 4 de noviembre de 1836 la casa nurnero 21 de la calle de San Marcos, de nace en Madrid, Eduardo Rosales Gallina, hijo de don Anselmo y de dona Petra; oquel, modesto \ ernplecdo publico, de la mas apurada mesocracia romdntlcn. A los nueve ofios ingresaba ., el nino en el Colegio de Escolapios, de la calle de Hortaleza, a los trece, en el Institute de I y San Isidro. Delicado de salud y buen estudiante, el porvenir brindarle el destino parecfa paterno, 0 el de su hermano Ram6n, telegrafista. Pero se cruza una afici6n por el dlbu]o, que lIeva al muchacho a tomar lecciones de un tal italiano, Feoli de nombre, mas que no pintor aficionado. La consecuencia es que en 1851 ingresa en la Escuela de San Fernando, con don Federico de Madrazo principal maestro, y traba pronto amistad como Vera y con Alejo con Vicente Palmaroli. En octubre de 1855, y con diferencia de diez dlcs, a consecuencia de la epidemia de c6lera, lospadres de Rosales, 10 mueren que determina una epocc de negrl­ sima penuria, aliviada por dona Pepita, que ayuda a vivir al muchacho. . una Encargos varios, alguno del Rey consorte, Ie permiten ir defendlendose ; pero febrero de 1856 en una hemop­ tlsls Ie avisa seriamente del estado de pulmones. En 1857, nfio que comienza el artista sus en EI Escorial, ace pta la ayuda que Palmaroli y Luis Alvarez Ie brindan para que les acom­ pane a la soficdc Roma. Entran en Francia por Bayona, y el 25 de agosto, en Burdeos, anota nuestro artista: "Delante del cuadro de Leon La Cogniet, hi]c del Tlntoretto, hago voto formal de pintar cuadro, un aunque me muera de hambre." Curiosa confesion de inferioridad profe­ rida ante un cuadro inferior a todo cuanto herd, Por Nimes, Marsella, Liorna, Genova y Flo­ rencia, los tres pintores lIegan aRoma el19 de octubre de 1857, nlojdndose en un pobre piso de la VIa della Purificazione. Son interesantlsimas las notas del diario romano de Eduardo Rosales, feliz en 1859 cuando se une al trio de pintores espcfioles un cuarto, Alejo Vera, y cuando tiene noticia de haberle sido conseguida una mlsera pension de cien liras mensuales. Un corto vlc]e a Espana para tratar de detener su ya declarada tuberculosis pulmonar. Vuelta a Italia, estancia en Siena, y primer envlo a una exposlclon nacional de Madrid: el de La Nena, que obtiene mendon honorffica. Por mayo de 1863 ya tiene la idea de su gran cuadro alusivo a lscbel la Cat6lica, el que tras muchosdibujos y bocetos envla a la exposici6n de 1864, obteniendo justlsima primerci medalla. Vlcjes a Espana y a Francia, boda en Madrid con dona Maximina Martinez Pe- 333 drosa, el 6 de agosto de 1868, y luna de miel en Roma. En 1871, nueva primera medalla por La muerte de Lucrecia. Despues, huidas Panticosa y a Murcia, en busca de una imposible a curaci6n. Las tardfas mercedes - nombramientos de Director de la Escuela Espanola en Roma y de Director del Museo del Prado no son valederas para un moribundo. Muri6, en el - nurnero 2 de la calle de Vdlqcme Dlos, de Madrid, el13 de septiembre doe 1873. Y casi asombra que durara hasta entonces. Aun trctdndose de plntor tan prontamente malogrado, su obra no es nurnerlcnrnente corta. De 10 primero, el Tobfas y el Angel (fig. 335), cuadro que trabajaba por 1860, que en se Ie resisti6 y que qued6 inacabado; tanto da, ya que no es posible mejorar la sensible traza del muchacho. Angelo y La Nena, pinturas de muy notorio italianismo, quedan por bc]o de ese extrcfio tema, tan certero de enfoque. De 1861 data el boceto del cuadro nunca realizado, Entrevista de Carlos V y Felipe Il, en el que muestra Rosales una tendencia a la escena larga y poco alta, apaisada, de figuras un tanto disueltas, en que plntcrd Dona Blanca de Navarra entregada al Captal del Buch y Presentaci6n de don Juan de Austria al Emperador; tendencia afortunada, historia. Sin en pugna con los densos grupos de que gustaban generalmente los pintores de Rosales hace de encuadre de los tan­ I� embargo, no uso ese personal en ninguno teos de su obra maestra, ni en la realizaci6n definitiva. Esa obra maestra, EI testamento de Isabella Cat6lica (fig. 340), premiada en la exposici6n rncdrtlefic de 1864 y en la parisina de 1867, es uncuadro de historia, pero de mfnima historia. Ni truculencias, ni ademanes heroicos, ni gestos mcqndnlmos, ni alarde de vestimentas 0 armaduras. Tan s610 un interior, un lecho, diez personojes, uno s610 de ellos vestido con mani­ fiesto lu]o, composici6n, que pudleromos lIamar sosegadamente barroca, La equilibra se mediante silencios en torno a un gran vane central y superior. Se ha conseguido ese sosiego tras mucho estudio sucesivo del conjunto, advertible en los varios bocetos y dibujos (figu­ ras 336 a 339) en que el artista fue tanteando la idea hasta dar con el m6dulo perfecto y ele­ gido. Un tanto inocentemente, Rosales ha querido documentarse ace rca del memento en que la Reina dicta su testamento; pero la verdad es que a la hora de la recllzccion definitiva no toma demasiado en cuenta la erudlclon obtenida. Por el contrario, herd admirables bocetos aislados de las cabezas, de un puede ser que mayor que en el gran dlsefio fuerte y riguroso, cuadro. EI resultado, de autoseguridad, nos trae la mejor f6rmula de rea­ una sensacional lismo en la medida mas digna y sexcentista de la palabra. Pero, curiosamente, el recuerdo de aquel mediano cuadro de' Cogniet vista en Burdeos ha persistido finalmente en el gran hallazgo. La genesis de la segunda obra maestra de Rosales ha sido menos derecha y mas dlficll, no presidida por la obsesi6n de un semejante recuerdo. Desde 1867, por 10 menos, piensa en interpretar un tema de la historia romana; deddidamente, el de La muerte de Lucrecia (figu­ ra 342), ilustrando a Tito Livio. Por fuerza, ha de ser pintura mas declamatoria y drcmdtlcc que la comentada hace un momento; pero tcmblen mas bella, porque el gran pintor podrd analizar hermoso cuerpo femenino. Un dld de 1871, Rosales firma el cuadro en su casa de un la calle de la Libertad y 10 envfa a la exposki6n nacional. Obtiene primera medalla, cierto, de Tu­ pero tcrnblen una incomprensible hostilidad por parte de los crfticos, muy sobre todo bino y Ccfiete. Y hcblc que ser ciego para no advertir la valentfa de pincelada, el brfo com­ positivo, la rotundidad de dlbu]o, en el que siempre sera trozo antol6gico el bellfsimo brazo desnudo de la protagonista. En 10 tocante a valores pldstlcos, eminentemente pict6ricos, la 334 I Figs. 3�8 Y 339.-ROSALES: DIBUJO Y BOCETO PREPARATORIOS DE EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CAT6LICA (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). 33S 1 Figs. 340 Y 341.-ROSALES: EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATOLICA (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID), Y BOCETO DE PINT,URA NO REALIZADA (ACADEMIA ESPANOLA DE BELLAS ARTES, ROMA). 336 Lucrecia superior al Testamento, sobre todo en el grupo central. Si Rosales hubiera es muy hecho bien en eliminar los, dos romanos de cada lado, no se ctrevio a tanto para conservar las dimensiones obligadas por la costumbre; pero esta supercclon de sf n:i�mo hcbrlc sido el mejor de sus logros. En la misma exposlclon de 1871 presentaba Rosales otras tres obras: La presentoclon de don Juan de Austria al Emperador (fig. 343), D perada potencia que no en sus pulmones MARIANO FORTUNY Y LA ESCUELA PRECIOSISTA. - Una extrcfic y fatal coinciden­ cia relaciona forzosamente la breve vida de Rosales paralela y coetcinea, casi al mismo con la tiempo eliminada por el destine, de Fortuny. La longevidad de que disfrutaron tantos y tantos mediocres no la permitieron los hados a los mejor dotados del siglo. Pero, en el caso de Fortuny, las brillantes cimas de exlto y fortuna mimaron al menos, a diferencia de Rosales, los nfios de una existencia demasiado corta. En Reus, Tarragona, habfa nacido Mariano y Marsal, hljo de un carpintero Fortuny hornonlrno y de Teresa Marsal, el 11 de junio de 1838. Posiblemente hublern seguido el oficio de la casa, de no haber muerto prontamente los y tener necesidad el nino de ser padres recogido por el abuelo, sugestivo personaje de varia artesanfa, entre ella la del modelado de figurillas de barro, 10 que Ie valiera el remoquete de "10 Sinyor Marianet de les figures". t EI senor Marianet comprende bien la descflclon de su nieto para los estudios y aprueba .el con incipiente amor al arte, prontamente dirigido por un pintor local; lIamado Domingo Soberano. } Pero el ambiente reusense es adivinado pequefio para las dotes del muchacho, y un dfa de 1852 abuelo y nieto se dirigen a Barcelona, a pie y casi sin dinero. Consfguese que el escultor To- 338 t Figs. 342 y 343.-ROSALES: LA MUERTE DE LUCRECIA Y PRESENTACI6N DE DON JUAN DE AUSTRIA AL EMPERADOR CAR­ LOS (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). 339 1 l 344.-ROSALES: PAISAJE URBANO (COL. DE D. F�LlX VALD�S, BILBAO). Fig. 345.-FORTUNY: SAN PABLO EN EL ARE6- Fig. . PAGO. DIBUJO (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). 340 1 , Figs. 346 y 347.-FORTUNY: LA ODALISCA Y LA BATALLA DE TETUAN (MUSEO DE ARTE MODERNO. BARCELONA). 341 t f J 1 , .1 .:.. 1 I , 1 J 1 Fig. 348.-FORTUNY: IL CONTINO. ACUARELA (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). I 342 larn aprecie los tanteos de Marianito, con el buen resultado de una matrlcula gratuita en la Escuela de l.on]c. En 1853 Fortuny ingresa en el taller de don Claudio Lorenzale, y al cfio siguiente recibe el primer encargo, de la iglesia de San Agustin. En 1856 gana el premio de la Junta de Comercio, y en 1857 el de la pension en Roma. Hasta ahora, los comienzos for­ tunyanos han abordado Los clrnoqdvcres, Ramon - Berenguer III en el castillo de Foix, San Pablo en el Areopcqo (fig. 345), temas de los que nos quedan dibujos magistralfsimos hechos - , pertenecientes a la pintura de historia. Serdn los primeros y los ultlrnos, t f Uega Fortuny aRoma el 19 de marzo de 1858. Su buen criterio nato Ie ordena admi­ rar 10 admirable y rechazar inmediatamente 10 que Lorenzale hubiera deseado que admi­ rase: esto es, Overbeck su tonica enfermiza. Con visita de al y una naza­ compromiso opostol reno, el reusense cumple, decepcionado ante la vaciedad de infeliz escuela. En cambio, aquella una casi frenetlco actividad Ie lIeva aver, croquizar, copter, tomar apuntes. De pronto, y ya comenzada la guerra tonta entre Espana y Marruecos, la Diputccicn de Barcelona, el10 de enero de 1860, Ie propone trasladarse al campo de batalla africano, con cartas de recomenda­ j , cion asiste parapaisano Prim y para Ros de Olano. AI cabo de un mes se presenta al ejerclto, su combates y escaramuzas, se enamora de la luz a y del multicolor escenario moro. Comenznrd una riquisima etapa forturiyana, ya de bien acusada personalidad, sin debltos a nadie. Otra fcscincclon se Interculcrd, mediante un a Paris, en el conoce a Vernet vlo]e que y a pero la ctrccclon africana se renueva en 1862, fecha del segundo vlo]e a Ma­ Regnault; rruecos. De momento, envla a Barcelona La odalisca (fig. 346), cuadro seductor y delicado, bien que inferior a otras escenas del mismo tenor, mas sueltas y menos cccdemlcos. La pen­ sion en Roma continua siendo pagada por la Dlputcclon barcelonesa, en espera del gran cuadro de La batalla de Tetudn (fig. 347). Cuadro enorme, de los grande, mucho que exiqen trcbc]o, suficiente para enfrlcr la lnsplrcclon. Envlos como el de la maravillosa acuarela II Contino (fig. 348) servirdn para templar impaciencias. Poscrdn los nfios sin que se concluya el cuadro. Entretanto, y en un 1 vlc]e a Madrid, Fortuny ha conocido a don Federico de Ma­ ( drazo y se he enamorado de su hljc Cecilia. EI 27 de novierribre de 1867 se celebra la boda del hi]o del carpintero con la hljc del pintor mas cortesano, prestigioso y adinerado de Espana. No era flo]o triunfo, y, con todo, solamente proloqo de otro mas sonado. Porque en los trdrnltes del casamiento, Fortuny habra discurrido perpetuar las formalidades de sacristla en alguna obrilla graciosa, minima, pintada amoroso pormenor. En la con primavera de 1868 dio comienzo a la idea, haciendo posar a su cuficdc Isabel con tro]e goyesco, el que Ilevara la muchacha en un baile de mascaras del palacio de Ferndn Nunez. Continua la factura, tras varios bocetos y dlbujos, Roma y Paris, donde Meissonier poscrd vestido de militar. en en Otros modelos,aparte los profesionales Arlequino y Nicolina, Ricardo de Madrazo y dona Malvina Colomer. A finales de 1870, Fortuny firmaba La Vlcuric, titulo deflnltlvo de la com­ posicion (fig. 349). Es una pequefic tabla, de dimensiones tan chicas como 55 por 92 centlmetros, exactamente las opuestas a 10 que por entonces privaba en Espana, el gran felon historico de muchos metros cuadrados. Consiguientemente, el cornentcrlo ha de muy otro: La Vlccrlc, preciosa ser miniatura, gallarda y centelleante de color, primorosa colecclon de figuritas bien observadas, procure ser desde su nacimiento una protesta contra las composiciones gigantescas, qulzd subrayando lc circunstancia de que su autor [cmds concurrio a las exposiciones nacionales. Es una deliciosa obra maestra, que ccuse senscclon al ser Paris y que coste expuesta en no 343 menos de setenta mil francos a su primera poseedora, madame Cassin. No se puede Ilegar mas lejos en punto a virtuosismo y delicadeza de pincelada, caracterfsticas que, desde luego, abdican de todo prop6sito de grandiosidad, pero que proporcionan una pintura de indecible gracia visual. Fortuny cuid6 los detalles y la ambientaci6n dieciochescas, sin otro yerro que el traje de luces del torero, mas Frascuelo que Paquiro. Y, tras el clamoroso exito de La Vicarfa, otros cuadritos semejantes, miniados, de ambiente setecentista, no menos virtuo­ sistas EI aficionado a las estampas (fig. 350), La elecci6n de modelo, EI jordin de los poetas-, - continuaron afianzando la fama, ya internacional, de Fortuny. Roma, Granada, Portici, han sido los ultirnos talleres del artista reusense, Ilegado a un re­ nom bre y a un justipredo econ6mico sin parang6n con, por ejernplo, los obtenidos por Ro­ sales. Se Ie abrfa la segunda parte de una vida fecunda en inmensas posibilidades, cuando una rdpldn enfermedad para unos, afecci6n estomacal; para otros, la malaria de las lagunas - pontinas Ie hace morir en Roma, el 21 de noviembre de 1874, a sus solos treinta y seis cfios. - AI cabo de uno, se repetfa el mal hade de Rosales. Y se perdfa un pintor que no hacfa sino comenzar cenderezcr sus prodigiosas facultades. Porque el exlto de los cuadritos dieciochescos no debe desviar los verdaderos merecimien­ tos de Fortuny. La preferencia para con las dimensiones menudas no significa que su concepto sea tcrnblen diminuto. Habfa en elias proporciones ampliables diez, quince y veinte veces, con resultados mucho mas nobles, mas pldsticos y pict6ricos que los obtenibles en la general­ mente desventurada pintura de historia. Si Mariano Fortuny ha cultivado el tcrncfio menor no la se deberd, no s610 a convicdones esteticos, sino a conveniencias que pintura menor - - econ6micas, ya que el cuadrito de colecdonista era de fdcll venta, en tanto los Saguntos, Nu­ mandas y Trafalgares no ten ian mas cliente potencial que el pobre Estado espcfiol. Y, osl, la grandilocuencia ha tenido que convertirse en prlmor, como los tonos terrosos se cbrlrdn en el iris mas variado. No despreci6 Fortuny grandes composiciones, cual esa fogosa Batalla de Tetudn, acaso mas fogosa por inacabada, 0 la mas leve Batalla de Guad Res, 0 el curioso cua­ dro -=- de arbitrariedad casi votiva - en el que Marfa Cristina e Isabel II revistan las tropas liberales mientras se acercan las carlistas (fig. 351). Y con todo ello, con la composici6n de mul­ tiples actores,con la menuda y multicolor anecdote (figs. 352 y 353), con los otros oleos y acua­ relas que Mariano Fortuny en sorprende las gratas tardes de Portici 0 de Granada, su gran aportad6n es la del escenario marroquf, visto con un nervio apasionado amor, derto, con un con una dignidad muy por encima del mere exotismo que degradarfa el temario indfgena. No s610 persegufa un mundo fertilfsimo iniciado en la pintura espanola por Lucas y Lcimeyer, sino que, vertido a mayor trascendencia, superaba parecidos ambientes prestigiados en el arte frances por Delacroix, Chasseriau, Corot 0 Fromentin. De suerte que de la producci6n fortunyana, tan pr6diga en bellezas, nos interesa mucho menos la famosa Vicarfa que el He­ rrador moro, del Museo de Barcelona, 0 los Marroqufes, del del Prado (lam. VI). T Buen administrador de su breve gloria en vida, fervoroso coleccionista de cerdrnlcos r de reflejos rnetdllcos, diseficdor de varias artes aplicadas, por las que mostraba un lnteres no compartido por su epocc, Mariano Fortuny fue tcrnbien superiorfsimo aguafortista, en la discontinua tradici6n de Ribera y de Goya. Su considerable talento no debi6 terminar en 1874, sino cuarenta 0 cincuenta ofios mas tarde; ello hubiera hecho posible la reversi6n que ya se adivinaba, al tiempo de su muerte, hacia una pintura mas sintetlco y compacta, mas acorde con las inquietudes que a la saz6n nacfan a la vida. 344 )' o Z -c 0:: -c � s E '0 -' Naturalmente, el exito de Fortuny ceqo a muchos de sus conternpordneos: sobre todo, a los artistas de su generacion que tuvieron el privilegio de ser sus amigos. Lo fue grandlsimo Tomas Moragas Torras, gerundes (1837-1906), dlsclpulo de Mila y de Lorenzale, en Roma desde 1858, cuando ya era Intirno y admirador de Fortuny. Su obra, bastante desigual, alcanza el rnejor nivel en obras tan cual el Marroqui a caballo (fig. 355), que ccoso no fortunyanas hubiera desdefindo firmer el maestro. Jose Tcplro Bcro, nacido en Reus dos cfios antes que Fortuny, y, como el, disdpulo de Soberano y Lorenzale, era muy notable acuarelista, tam­ bien subyugado por el hechizo mcrroqul, hasta el extremo de que en Tanger fclleclo, el ofio 1913. Son de gran verismo moros, recargados con demasiado prurito etnoqrd­ sus tipos fico (fig. 356). En cuanto a Joaquin Aqrosot y Juan, de Orihuela, Alicante (1836-1919), perte­ nece al circulo mas estrecho de amigos y admiradores de Fortuny; pero solo se Ie ace rca en alguna obra tan afortunada como el Desnudo, del Museo de Bellas Artes de Valencia. Si el africanismo proximo de Fortuny todo un programa a seguir, cun mas incitaba era a prolongar los exitos del pintura reusense su de escenarios dieciochescos, la lIamada "de casa­ cones". Hubo toda una nube de cultivadores del genero, que concluyo por tornarse aborre­ cible. Antes de que 10 fuera, determinados artistas dotados 10 optlmcrnente prestigiaron. Era uno el bilbalno Eduardo Zamacois, de cortfsima vida conocido (1842-1874), principalmente por su gracioso y demasiadamente cnecdotlco cuadrito La visita inoportuna (fig. 357), en el Museo de Bilbao. Otro, con mucha mayor labor y mas subidos meritos, Jose Jimenez Aranda, nacido en Sevilla el 7 de febrero de 1837, muerto en la misma ciudad el 6 de mayo de 1903. Amigo de Fortuny Roma, muy en premiado exposiciones espcfiolcs y extranjeras, profe­ en sor de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, Jimenez Aranda, dibujnnte excepcional, cbordo muchos generos, entre ellos el religioso; pero sus principales triunfos los debe al de los casa­ cones, pinturas tan risuefics como EI nieto del General (fig. 358). A la misma vertiente con pertenece Bernardo Ferrdndiz y Badenes, nacido en Valencia en 1835, muerto en Malaga en 1885; artista muy desigual, decorador del Teatro Principal de Malaga, cbuso de la cnec­ I dota valencianista, con huertanos socarrones y 'f1 vulgares. De los ultlrnos fortunyanos, Anto­ f nio Fcbres (1854-1936), bonlsirno dibujante (fig. 354). EL MAESTRO DEL NATURAUSMO: MARTI ALSINA. - Lejos de los dos ambientes se­ fialcdos, luchando antes de que 10 hicieran Rosales y Fortuny, pero, por fortuna, sobrevlvlen­ doles muchos nfios, un verdadero maestro, en cuya cuantfa exige, por 10 menos, una reha­ bllitnclon, no hacedera sin largo estudio, y si las noticias que siguen no remedinrdn el caso, sl tratan de contribuir a la vclorcclon pertinente. Ramon Marti Aisina (fig. 359) - tal el maestro anunciado - nace en Barcelona el 10 de agosto de 1826, en una casa de la calle de Semoleras. EI padre, funcionario del Ayuntamiento, fallece 1834, y, al en faltar, encarga de la educcclon de Ramon el medico de la familia, se doctor Tenas, quien Ie sugiere estudiar fllosofio, 10 que herd. Pero prefiere pintar. A los cator­ 1 ofios la Escuela de Lonja; permanece ell! cinco mas, ingresa y a los diez y nueve entien­ ce en de lleqndo el moment.o de consagrarse totalmente la vivir de ella. Sus comienzos a pintura y profesionales son los retratos de parientes de Mataro, el pueblo de su madre. En 1848 hace su primer vlnje Parfs y 1850 contrae matrimonio. En 1852 nombrado de a en es profesor Dlbu]o lineal en la Escuela de Lon]c, y en 1854 pasa a ensefior Dlbu]o de figura. En 1858 y 1860 concurrird a las exposiciones nacionales, logrando en la ultima una segunda medalla. 346 .1 V , Figs. 349 Y 350.-FORTUNY: LA VICAR[A Y EL AFICIONADO A LAS ESTAMPAS (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). 347 Figs. 351 Y 352.-FORTUNY: MARIA CRISTINA E ISABEL REVISTANDO LAS TROPAS DE ARTE MODERNO. (MUSEO MADRID); FANTASIA DE FAUSTO (MUSEO DEL PRADO). 348 Fig. 353.-FORTUNY: NINOS EN EL SAL6N JAPON�S. DETALLE (MUSEO DEL PRADO). Fig. 354.-FABR�S: RET�ATO DE FOR­ TUNY (AGUAFUERTE). Fig. 355.-MORAGAS: MARROQUr A CABALLO (M!JSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). 349. ,/ t \ • . . / - x Ii t Fig. 356.-TAPIRO: BUSTO DE MORA (COL. PARTICULAR, BARCELONA). 350 / Fracasan sus propcsltos de exponer en Parfs y Londres y se afana en pintar un inmenso cuudro de historia - Los defensores de Gerona -, genero al que ·diffcilmente podfa plegarse su genio. En 1870 dimite su cargo por estimar que la constltuclon de 1869 ha falseado los prln­ cipios revolucionarios del nfio anterior, posicion bien congruente hombre que no ecce­ en un die a tratar a Isabel II como reina y que decline el nombramiento de plntor de edmore. En 1872 fallecen sus hijos Camilo y Carlota; en 1878, esposa. Vuelve a casar tardfamente, su en la era de sus mayores trabajos y rndxlmos dificultades economicos. Y retocando un retrato de su segunda mujer, muy bella, fcllecio en Barcelona el 22 de diciembre de 1894. No solo morfa un gran pintor, sino un fuerte luchador. Por haberlo sido en todos los ordenes, en cualquier escala vital; por acreditar siempre un ernpu]e y poquisimo un "elan" frecuentes en la Espana del entonces; en por instaurar nuestra pintura declmononlcc generos y modales de total Inedlcclon, y tornblen por su ente­ reza de pensamiento, Marti Alsina ccreclo de ambientes fdciles.' Su constante lucha con el di­ nero se cqudtzo en los ultimos veinte nfios de vida, cuando para hacer frente a las necesl­ dudes de su hogar y de otros complementarios -los de sus amantes - habfa de mantener cctlvcs siete talleres - tres en la Riera de San Juan, uno en la calle de Ronda, otro en Sans y dos en la Bcrcelonetc en los que trabajaban sus ouxiliares, limitcindose el gran maestro - a dar toques finales y certeros a cada cuadro. Ello explica, un tanto pareja­ cuantos f'I unos mente a Rubens, el elevadfsimo nurnero de cuadros y el casi desconsiderado de dibujos que Ilevan su firma. Pero antes de tal industricllzcclon y aun en ella - el vigor de Marti Alsina - I, se impone siempre con una potencialidad que buena falta, hada en nuestro clima. La advertiremos en seguida en sus intensas figuras, en el retrato de sus nifios, en la Nena durmiendo; en la Campesina, de la colecclon Snlc; en el Otofio, de la colecclon Roses; en el Cafn y Abel, de la de Reig; en esa obra maestra q!)e es Lcslesta (fig. 361), del Museo de Arte Moderno de Barcelona. Involuntariamente, se plensn en la fuerza y en la honradez de Cour­ bet, el gran conternpordneo de hombre, pero no maestro. Ni pudo serlo ni se sabe nuestro nada de contcctos entre ambos ilustres y enerqlcos luchcdores, pese a la constancia de dos viajes de Marti a Perfs, como tam bien vlslto Belqlcc y Holanda. Mas no son necesarios con­ tactos de ninguna clase para que ldenticos respetos hacia la robustez y verdad de la vida puedan dictar caminos sernejuntes, rubricados con una seguridad rotunda, con una firmeza no tan perseguidora de 10, bello como de 10 cierto, aunque lograda est a calidad quede olean­ zada la anterior. Xavier de Salas cree que Marti conocio la obra de Courbet, mas sin dejar de cficdlr, certeramente, que "mantenfan una posicion ldeoloqlcc semejante. Cuando Courbet I pintaba sus trabajadores y cuando Marti Alsina, desde Barcelona, se lanzaba a pintar los I· i labriegos trcbc]o, los humildes y los oscuros, pensaban y sentlan de manera semejante." en el Observcclon exacta, propiciada por la cornun rebeldfa de los dos luchadores. Esa lozanfa con que el bnrcelones ha interpretado un mundo del que hasta entonces no interesaba sino - : elaspecto fclklorlco, se cornunicard tcrnblen a bravos cuadros de animales, recordando obli­ 1/ gadamente a Delacroix, y a otros de bodeg6il de una intensidad absolutamente nueva. Tnmbien al desnudo. Ramon Marti Alsina, maestro e innovador en tantos generos, ha concedido a la rnujer desnuda un largo capitulo de entrega, instaurando un tema que en sus manos era vital, y que luego, demasiado manoseado, se trivializarfa. De nuevo, como en el caso de Courbet, las desnudcdcs por Marti Alslna no son formas rnodellccs ni venustlccs (figura 360). Muy a menudo, fernlnos de funcion amorosa y sexual bien caracterizadas, ten- 351 dentes a lucir carnes de excesiva y, no infrecuentemente, con deliberada incttcclcn opulencia a la voluptuosidad. La Pilar y La Llaureneta fueron las modelos predilectas para este Rubens cctoldn, que rnultlpllcc la constancia de sus encantos un poco bastos, sin duda para atender a la gran demanda de la mercanda. Pues bien, esas mujeres de tantas libras quedan trazadas por Martin Aisina con un sugestivo proposlto de verdad, el mismo que aplicaba a sus bode­ gones, a sus animales 0 a sus campesinos. La salud mental y ffslcc del gran pintor no se cuida de disimular defectos, y las arrugas de grasa, las lorzcs y los desdlbujos nada cnnonlcos de las mujeres desnudas se certifican en su integridad. Exactamente con los mismos respetos de que usaba Courbet y que tantas agrias antipatlas Ie valieron. Deliberadamente se ha para el final del comentario una dedlcncion capital en dejcdo Martin Aisina, la del pclsc]e, Y ello, tanto por su trascendencia como por nuestro Interes en rebatir la muy equivocada opinion de que los merltos del artista sean exclusiva 0 preponde­ rantemente los .de iniciador del paisajismo cctcldn. No tenfa que iniciarlo tras la gestion - de Luis pero sf dotarle de un sentido va rio, habitualmente coordinado con presen­ Rigalt -, cias humanas, reelaborando los conceptos romdntlcos de esta bivalencia temdtlcc. Capitales son en tal cspecto los paisajes urbanos de Barcelona - EI Bornet, EI Llano de la Boquerfa, Los antiguos Encantes hechos cronlcc vitalizada por el gentlo (fig. 362). Pieza min mas -, admirable, la vista del Boulevard Clichy, de Perfs, en la coleccion Mata, de Barcelona; pin­ tura de subido encanto y que parece presagiar la sfntesis impresionista. En cuanto a los abun­ dantlsimos paisajes campestres, forestales y costeros de Marti Aisina, sorprenderdn siempre por su claro y optimista colorido, por su verdadera cornunlon con la naturaleza, por la su­ mision a una verdad no compuesta ni mentida. Su sol, su niebla, sus celnjes, sus tierras y sus bosques hnllcrdn el color preciso, adecuado, convincente 0, para decirlo en dos palabras comprometedoras, cierto y natural. Casi siempre ese color tiende a ser cdlldo y acariciador, y estc es la untcc licencia que se permite el incansable optimismo del soberbio luchador, mas nunca en desacuerdo con los hechos. Para ello cctuo todo la tan en caso su amor a pintura, vlslble, en la obra como en las acotaciones de su cuaderno de apuntes, tan similares estes a los de Corot. Dice en una ocoslon Marti Aisina: "Hoy, dlc 26. Voy andando por la carretera. " Son las cinco de la manana. EI cielo se tine levemente de rosa La comporcclon con Co rot, ... nada arbitraria y ya sugerida por Jose Marfa Junoy, cobrarfa mayor vigencia si se publicaran los escrltos de nuestro artista, uno de los pocos de nuestra Historia que han redactado un diario mas 0 menos discontinuo. Uno de sus discfpulos Ie describio recordando "su cabeza poderosa y arrogante, algo leonina, nimbada por abundantes cabellos ya grises; el enerqlco y expresivo, iluminado rostro por unos ojos vivos e inteligentes Su elocuencia era cdlldc y persuasiva, y se apoderaba ... en seguida del alma de su joven auditorio." Sf, su personalidad deblo ser arrolladora; pero, por demasiado absorbente, no ccerto a construir escuela, y sus discfpulos principales Ar­ - met, Urgell, lorrescasana, Vayreda, Galofre, etc.- se desvincularon pronto de 10 que hubiera debido y podido ser optima rama catalana de un clclo de pintura naturalista casi solo cor­ porelzcdo en Ramon Marti Aisina. EL REAUSMO Y SUS FIELES. - Quienes carecieran de la pujcnzc de Eduardo Rosales o de Ramon Marti Aisina, por apetecible que les fuera la expreslon naturalista, habrfan de limi­ tarse a un tono menor de esa dlcclon, el menos fuerte y mas insistido que conocemos con el 352 Fig. 357.-ZAMACOIS: LA VISITA INOPORTUNA (MUSEO DE BELLAS ARTES, BILBAO). Fig. 358.-JIMENEZ ARANDA: EL NIETO DEL GENERAL (COL. BAUzA, MADRID). 353 FigS. 359, 360 Y 361.-MARTf ALSINA: AUTORRETRATO (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA).; DESNUDO (COL. FRA­ DERA, BARCELONA); LA SIESTA (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA) .. 354 Fig. 362.-MARTI ALSINA: PLAZA DEL BORNE (MUSEO DE ARTE MODERNO. BARCELONA). Fig. 363.-TUSQUETS: ENTIERRO DE FORTUNY (MUSEO DE ARTE MODERNO. BARCELONA). 355 .. i h . .:.. Fig. 364.-PELLICER: ZITTO. SILENCIO. CHE PASSA LA RONDA (MUSEO DE ARTE MODERNO. BARCELONA). Fig. 365.­ SIM6N G6MEZ: LOS JUGADORES (MUSEO DE ARTE MODERNO. BARCELONA), 356 • I. nombre de realismo. Y los que faltaban del encanto policromado y menudo de Mariano Fortuny coincidirian en parecidas metas, al fin y al cabo mas que dignas si la pintura no era rebasada por el desenfreno anecd6tico del contenido. Se IIegaria a ello, e incluso se reba­ saria hasta los extremos mas reprobables, de los que forrnulcrd oportuna acusaci6n. Mientras se tanto, veamos los artistas y las obras que prestigiaron esa corriente realista. Para continuar con Barcelona, ya en estos momentos centro de vivadsima actividad ar­ tistica, se comenznrd por una n6mina en la que abundan disdpulos de Marti Aisina, como Jose Armet (1843-1911), muy estimado en su tiempo por cuadros repletos de figuritas, 0 Jaime Pahissa (1846-1928), notable dibujante, retrntlstc y paisajista. Figura mas considerable es la de Ram6n Tusquets Maignon, nacido en Barcelona en 1839, muerto en Roma en 1904. Nos im­ portarla escasamente por sus lienzos de historia, de sonoro exlto internacional, si no fuese igualmente autor de notables cuadros costumbristas de ambiente italiano - residi6 en Roma desde 1864 - y, sobre todo, de uno, en el Museo de Barcelona, muy sensible, directo y abo­ cetado, que refiere el entierro de Mariano Fortuny (fig. 363). Tomas Padr6 (1840-1877) y Jose Luis Pellicer(1842-1901), dos de los animadores de la "rebotiga" de Pitarra, fueron, ante todo, i superioslsimos ilustradores; pero el segundo, corresponsal grafico de las guerras carlista y h. de Crimea, emerge de tal consideraci6n mediante un 61eo Zitto, silencio, che passa la ron­ - da (fig. 364) -, cuyo titulo, de aparente subido anecdotismo, no trata de enmascarar la bon­ dad de la pintura, segunda medalla exposici6n nacional de 1871. En cuanto a la breve en la carrera de Sim6n G6mez Polo (1845-1880), es necesario lamentar que, muerto a los treinta y cinco cfios, no IIegara su fuerte acento a proporcionar todos los registros que de el ccblc aguardar. Disdpulo del dibujante Eusebio Planas, de la Escuela de Lonja, y de Couture, en Paris, el verdadero lnflu]o 10 recibi6 de los grandes maestros del pasado. Conoclc bien la obra de Velazquez, Ribera y Murillo, asf como la de los buenos flamencos y holandeses, todos ellos fortalecedores de su nervio natural, recio y sano. En su taller de Poble Sec, convivlendo con gentes humildes, de humildad eterna, Sim6n G6mez estaba empezando a crear uno de los realismos mas cutenticos del del que pueden ser testimonio sus Jugadores de dados siglo, (fig. 365), de esencias mas cercanas a la pintura de los Pulses Bajos que a la espanola. Semejcntes rumbos, bien que lastimados por una exagerad6n y un efectismo que estropea­ buenas dotes iniciales, fueron los de Luis Graner y Arruff ron (1863-1929). Esta propensi6n de la pintura catalana al realismo se hace ya tristona y literaria en las predlccs de Juan Llimona (1860-1932) y en las alegorfas de Dionisio Baixeras (1862-1943). Si de cqul pasamos al retrato, agregada la habilidad un tanto sobada a la constante realista, el primer nombre a considerar es el de Antonio Caba y Casamitjana (1838-1907), hombre de largos exitos, inidados en las oposiciones a cierta cdtedrc de la Escuela de Lon]c, en que derrotovno consta si en plena justicia, a Sim6n G6mez. Se Ie ha acusado y nos uni­ - mos a la acusaci6n de haber practicado una pintura sedosa, pormenorizada, rica en lujos - superfluos, halagadora de modelos, en la que tal cual vez se producen excepciones tan gallar­ das como el retrato de Joaquin Vayreda (fig. 366). Mas interesante fue Francisco Miralles Galup, nacido en Valencia en 1848, pero de gesti6n totalmente barcelonesa hasta su muerte en 1901. Su pintura suele ser tan aduladora y atractiva como la de Caba, pero mas pr6diga en aciertos, alguno el del pianista Rachel (fig. 367) - digno de la firma de Manet. Marean - el declive de la tendenda, IIegada a mere preciosismo, Francisco Masriera (1842-1902), re­ tratista de damas elegantes, con mayor atenci6n a los atuendos que a los rostros, y Roman 357 Ribera (1849-1935), cuyos lienzos Amanecer, Salida del baile y otros temas muy de vida de - sociedad y muy convencionales Ie atrajeron desproporcionadas cantidades de fama. - En fin, serlc interminable la lista de pintores menores que en Barcelona continuaron esta es­ cuela. Aporcelanada, meliflua y apropiadlsima para burgueses optimistas, sus autores ex­ I plotcron el fllon cuanto pudleron. r J I No cable hacer otro tanto Madrid, en 0, mejor dicho, sl se haria, mediante pintores gene­ ralmente .Iamentables, cuya condenuclon ha de verse en otro apartado. Porque ernpeficdos los artistas y sus asesores en los desccrrfos hlstorlcos y sensibleros, apenas hay otro nombre digno y sefiero que el de Raimundo de Madrazo, pese a sus limitaciones y a sus muy concre­ tas especializaciones. Raimundo ·de Madrazo Garreta, hl]o de don Federico, nncio en Roma el 24 de julio de 1841, reclbio lecciones de su abuelo y de su padre, otras de la Escuela de San Fernando y ulterlores, en Perfs, de Leon Cogniet. En 1860 se estnblecio en Paris, . y, aparte ocosloncles vlcjes a Madrid, Sevtllc y Granada, en la capital francesa continuarla hasta la horo de su muerte, acaecida el15 de septiembre de 1920. Conste bien que los cdjetlvos con que se encabezan los anteriores datos no han nludido a ninguna especie de genialidad, de la que carecfa en cbsoluto el artista. Cornponlendo e inventando es mediocre dlsclpulo de la fdcil gracia de su cuficdo Fortuny, con el que alguna vez colnboro. Algun cuadro de tema hlstorico, cual el de La muerte de don Lope de Hero, en la Hispanic Society, de Nueva York, es franca­ mente desafortunado. Y, sin embargo, en el terreno en el que diffcilmente podlcn fallar los Madrazo, esto es, en el del retrato, Raimundo heredo muchos dones de su padre y de su cbuelo, particularmente cuando sus retratados pertenecfan al sexo debll. Son de gran em­ paque y sefiorlo algunas de sus versiones de la reina dona Marfa Cristina de Habsburgo­ Lorena, y superior a estes, el de la Duquesa de Alba, dona Marfa del Rosario Falco y Osso­ rio (fig. 368), obrc mas que discreta al resarcir la escasa bellezo de la crtstocrotc con su con­ siderable dlstlnclon, De las efigies mas afortunadas del artista son las que retratan a su modele .:. profesional Aline Masson (fig. 369), con una solturc de pincelada que procurnron imitar en vane otros pintores del entonces. Se cprovechcrd esta ocoslon para mencionar al ultimo Ma­ dram de est a historia, Ricardo (1852-1917), hermano de Raimundo; el mas pobre de dotes de la bien dotada familia. Fatigo reiteradamente con sus pobres envlos a las exposiclones nacionales, presentando cuadros feos y henchidos de asunto, alguno tan airadamente recha­ zable como el que representa nada rnenos que el siguiente pctrlotlco tema: Mendigos de To­ ledo asediando a los turistas extranjeros con sus peticiones de limosna. A este triste fin hcblc lIegado un cpellldo tan perfectamente ilustre. Para no arrancar de aquf las invectivas que tan congruentemente pudieran apoyarse en dicho dato, volvamos la vista a una region de gratfsima trcdlclon en la historia de nuestra pintura, pero exenta de grandes nombres desde el comienzo de este volumen: Valencia. Con destino al momento que nos ocupa ha dado a luz dos artistas tan considerables como Francisco Domingo Marques e fgnacio Pinazo. Y tanto uno como otro son merecedores de alguna letra. Francisco Domingo Marques, hl]o de Francisco Domingo Blasco, parece que agente 0 corredor de comercio, y de Agustina Marques Lazaro, ambos de tierras turolenses, ncclo en la casa nurnero 9 de la calle de las Comedlns, de Valencia, el 1 de marzo de 1842. Cursa estudios en la Escuela de San Carlos, de la ciudad natal, pero los concluye en la de San Fernan­ do,de Madrid, en 1864. EI mismo cfio concurre a la exposicion nacional, y otro tanto hace 358 I r L Fig. 366.-ANTONIO CABA: RETRATO DE VAYREDA DE ARTE MODERNO, (MUSEO BARCELONA)-:- Fig. 367.-MIRALLES: EL PIANISTA RACHEL (COL. KLEIN ANDREU, BARCELONA). Figs. 368 y 369.-RAIMUNDO DE MADRAZO: RETRATOS DE LA DUQUESA DE ALBA (PALACIO DE LlRIA, Y DE MELLE. ALINE MASSON MADRID) (INSTITUTO 9E VALENCIA DE DON JUAN, MADRID). 359 Fig. 370.-FRANCISCO DOMINGO MARQUES: EL ZAPATERO DE VIEJO (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). 360 Figs. 371 Y 372.-FRANCISCO DOMINGO MARQUES: EL ESTUDIO DE MUNOZ DEGRAIN (MUSEO DE ARTE MODERNO. MA­ DRID); DIBUJO (COL. GAYA NUNO, MADRID). 361 f( Figs 373, -, 374 Y 375.-IGNA�IO PINAZO: LA LECCI6N DE MEMORIA, RETRATO DE NINA Y AUTORRETRATO (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). 362 en 10 de 1867. AI ana siguiente, pension ado por la Diputaci6n de Valencia, marcha aRoma, donde permanecerfa poco tiempo, poco mas que el necesario para pintar el obligado cuadro de historia; en este caso, una despeinada y turbulenta versi6n de La destruccion de Sagunto. En 1871, ya profesor de la Escuela de San Carlos, obtiene medalla en el certamen primera nacional por su Santa Clara, de los pocos cuadros efectivamente del uno siglo XIX. religiosos En 1874 dona Elvira Fallola, y en 1875 marcha a Parfs, donde residlrd, con raras ex­ casa con cepciones, hasta 1914. En 1917 ingresa en la Academia de San Fernando, y fallece en Madrid el 22 de julio de 1920. EI Francisco Domingo que residi6 tantos cfios de Saint-Cloud, produciendo en un palacete de modo casi industrial cuadros de mosqueteros, de escenas de ambiente qoyesco abocetadas con bravos pinceladas, y de temas de casacones, la de no a manera Fortuny, sino en otra propia y bastante mas desenfadada, no es el que mas importa. En tales obras nos alguna· - de elias, EI taller de Goya, en la Hispanic Society, es justamente famosa -, el· acredita pintor su inmensa destreza manual, 10 que no era poco en los ofios finales del siglo. Pero, muy por cima de tales series, superiores tcmblen los cuadros hist6ricos a religiosos que facilitaron y brillante estdn los retratos del Juan su carrera, portentosos pintor Peyr6, del crftico Garda Cadena, de los padres y abuela del artista, del lIamado Zapatero de viejo (fig. 370), as! como determinados interiores con figuras en que la garra de plntor nato de Domingo se mcrcc bien patente. Es la obra de hombre que conoce de memoria a todos nuestros un se viejos maestros, y, que de querer hacerlo, puede cproxlrndrseles cuando desee. Por desgracia, ello no es frecuente, porque los cuadritos de moda exigen mayor dedicaci6n. Y, aun osl, obras como EI estudio de Munoz Degrain (fig. 371) 0 EI palacio del Marques de Dos Aguas, pertene- cen a la mas apurada antologfa del siglo. EI primero, obra muy temprana, de 1867, obra de una soltura de mano y de una gama en total libertad, es una joya. EI segundo, un apunte del natural de la bella portada rococ6 valenciana, a la que el maestro agreg6 posteriormente algunas figuras dieciochescas, es precioso en 10 primitivo, peor desde las cficdlduros. Y, en fin, se conservan de mano del maestro multitud de firmes y seguros dibujos (fig. 372), por sf . solos demostrativos de un enormepintor que pudo haber sido gran maestro del talento del realismo 0 del impresionismo, pero que gast6 la mayor parte de sus inapreciables dotes en el h menester de vivir con facilidad, 10 que no deja de ser un pleno exlto. No menores dotes, menos prodigadas y derrochadas, fueron las que ccornpcficron siempre a Ignacio Pinazo Camarlench, nacido en Valencia el11 de enero de 1849, muerto en Godella (Valencia) el 18 de octubre de 1916. Sus comienzos han sido bastante menos c6modos que los de Domingo, ya que procede de familia humilde y ha de ganar su vida en tan varios oflclos como los de platero, decorador de ozulejos, sombrerero y pintor de abanicos. En 1870 asiste a una escuela privada de dlbu]o. Cierta iglesia valenciana, la de Santa M6nica, Ie ha encar­ gada un cuadro representando La Caridad, pero no se 10 paga, y Pinazo envlc la obra a }( la exposici6n barcelonesa de 1873, donde es cdqulrldc por el Ayuntamiento. Marcha aRoma por sus propios medios, y reqrescrd en 1876 con pensi6n de la Diputaci6n de Valencia. Lo rea­ lizado durante el perfodo romano serdn tres cuadros de asunto hist6rico, claro estd que de 10 menos interesante de su producci6n. Tard!amente, en 1912, alcanz6 la medalla de Honor de la Exposici6n Nacional, y, tardfamente, tcmblen, obtuvo una plaza de profesor en la Escuela de Artes y Oficlos de Madrid . . Incluso en 10 heche durante su epocc romana mostr6 Pinazo una sensibilidad, un concepto 363 del encuadre y de la relativa historicidad bien distintos a los empleados por los especialistas del genero de historia, como acredita en Las hijos del Cld, obra fechada en 1879, y mas estu­ dto de desnudo que anecdote enfadosamente narrada. En 10 sucesivo se rncntendrd cun mas apartado de los canones usuales, acreditando una valentia de color y una factura abreviada perfectamente compatibles con enterezas y honduras de buen pintor realista (fig. 374). Sl estes . ultlmcs dotes propordonan intensidades noblllslrncs a obras como el Autorretrato (fig. 375) Y La leccion de memoria (fig. 373), ambas en el Museo de Arte Moderno de Madrid, el funda­ mental Desnudo, en la coleccion de sus descendientes, 0 La merienda, en el Museo de Valen­ cia, aseguran el preimpresionismo del alto maestro. Efectivamente, este pintor verdaderamente insigne, que, contrariamente a Domingo, no viajo por el extranjero, ccreclo de amistades influyentes y se mantuvo en actitud mas bien solitaria, habfa Ilegado por su cuenta, por ex­ clusiva evoluclon de maestrfas, predominio del color sobre la linea, a una especie de a un irnpreslonlsrno proximo a Boudin, y qulzd solo falto de luminosidad para convertirse en la precisa orlentcclon de que Pinazo pudo haber sido cabecera. Ciertamente, su obra es desigual, y junto a determinados aciertos capitales, no dejan de aparecer cuadros afectados de super­ ficialidad levantina. Superficialidad normal en un hombre que habfa tenido que decorar palacios valencianos en un estilo bien opuesto a sus mejores dotes. En todo caso, el arte de Ignacio Pinazo, todavfa falto de estudio pormenorizado, se integra entre 10 mas sincero, hon­ rado y selecto de la pintura de finales de siglo. Otro valenciano de la misma generacion, Juan Peyro Urrea (1847-1924), de producclon muy heteroqenec, es digno de menclon por sus solidos retratos. Un rdpldo escrutinio de otras regiones es imprescindible para concluir este capftulo. Sevilla, muchos de cuyos artistas ccnicn, penan y triunfan en Madrid, ofrece algunos nom­ bres interesantes: uno, el de Manuel Garda Hispaleto (1838-1898), notable por acertar en el cuadro de genero sin insistir en la anecdote, cual revela su Taller de modistas, del Museo de Arte Moderno; otro, Luis Jimenez Aranda, hermano de Jose, nacido en Sevilla en.1845; muerto en Perfs en 1928, y cuya Visita al Hospital, del Museo de Seville, a pesar de su traza sensiblera, es obra muy interesante por su llurnlnccion y su tratamiento de los blancos. Cadiz cuenta con muchos pintores Horacio Lengo, Jose Morillo, Salvador Viniegra, etc. -, y, en Gra­ - nada, Manuel Gomez Moreno (1834-1918) restaura la escuela de Alonso Cano con obras tan importantes cual su considerable San Juan de Dios (fig. 376). La pintura murciana no escasa en nombres - Seiquer, Wssel de Guimbarda, etc. - es regularmente interesante, y en Gali­ cia se va formando regional de mas que discretos retratistas. Los nombres prin­ una escuela cipales son los de Ovidio Murgufa, de Lestrove, Padron, hijo de la insigne poetisa Rosalia de Castro (1871-1900), y Joaqufn Vaamonde, de La Corufin (1872-1900), del que el Museo de su eluded natal guarda un optlrno retrato de dona Emilia Pardo Bazan. ANALES DEL PAiSAJE DECIMON6NICO. - Estabamos tardando en noticiar un genero que en este ultimo tercio de la centuria alcanza, no solo mayorfa de edad, sino multitudinaria . dediccclon por parte de los artistas y especial lnteres de los coleccionistas. Como en otras 1 .1 especialidades terndtlcos, los dos focos principales han sido Madrid y Barcelona, con orien­ taciones diversas y que, complementarias entre sf, procuran un rico panorama de aspectos de la tierra hispana. , Extrcfio capricho del destino resulto que el decano de los descubridores de esta tierra, 364 " I Fig. 376.-MANUEL G6MEZ MORENO: SAN JUAN DE DIOS SALVANDO A LOS ENFERMOS DE UN INCENDIO (MUSEO DE ARTES, GRANADA). BELLAS 365 I I. Fig. 377.-CARLOS HAES: LOS PICOS DE EUROPA (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). Fig. 37B.-JAIME MORERA: PAI­ SAJE DE HOLANDA. DETALLE (MUSEO MORERA, LERIDA). Fig. 379.-MARTfN RICO: PAISAJE DEL EBRO (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). 366 I •• Fig. 380.-MARTfN RICO: DESEMBOCADURA DEL BIDASOA (MUSEO DEL PRADO). Fig. 381.-SERAFfN AVENDANO: PRO­ CESION EN UN PUEBLO (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). 367 Figs. 382 y 383.-AGUSTIN RIANCHO: LA CAGIGONA Y P.A.ISAJE (MUSEO DE BELLAS ARTES. SANTANDER). 368 ns] como maestro de muchas generaciones de paisajistas, fuera un belga, Carlos de Haes, nacido en Bruselas en 1826. de banquero de ascendencia holandesa, la bancarrota Hl]o un de este oblige a la familia a a .trcslcdcrse Malaga, donde el joven Carlos tome lecciones del pintor canario Luis de la Cruz y Rios. Tras ello, estancia en Belgica, estudidndo con Jose Quinaux, y vuelta a Espana en 1855. Adquiere lc nadonalidad espanola, y en 1857 gana por oposlcion la cdtedrn de paisaje de la Escuela de San Fernando; esto es, la que habra regen­ tado Jenaro Perez Villaamil. En 1860 ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y ese ofio, como en 1858 y 1862, obtiene primeras medallas en las exposiciones nacionales. Murio en Madrid en 1898. No es posible imaginar cambio mas drdstico el concepto de palsc]e que el operado en entre Villaamil y Haes. AI pintoresquismo_ del primero sucedlc una descarnada presencia de la naturaleza, desierta de humanidad, concienzudamente retratada y, casi dirfamos mejor, disecada. Es verdad q,ue el paisajismo de Perez Villaamil habra sido arbitrario y frecuente­ mente fcntdstlco, dando lug<;tr a que algunos de sus dfsclpulos se escapasen prontamente hacia mayores propositos documentales. Precisamente uno de ellos, Vicente Cuadrado, que rnurlo joven y alcoholizado, fue quizd el primero en enfocar el pnlsc]e sin otros aditamentos, aunque la noticia, procedente de los recuerdos de Martin Rico, no este respaldada por obras del malo­ grado. En todo caso, Haes, actuando de acuerdo con las nuevas modalidades europeas, llevo hasta sus extremos la reccclon contra la grata arbitrariedad rorndnficc y, de modo casi fend­ tico, se dio a la tarea de reproducir montes, picachos, prados, arboledas y valles con una precision exagerada y un tanto seca. En su abundantlsima obra son numerosos los cuadros de montana (fig. 377), en los que los pefioscos y guijarros quedan tratados con el concienzudo lnteres de un geologo, y otro tanto se puede asegurar de sus nleves, sus arroyos, sus rfos, Mas que pintor, parece un ncturcllstc, y, sin embargo, hay algo, y hasta mucho, de respetable en la total entrega, de este rubio y hermoso flamenco al designio de recorrerse Espana y dejnr constancia de lugares hasta entonces absolutamente inedttos. Fue el descubridor de nuestro pclsc]e, y ello basta para que honremos su memoria. Esa implacable objetividad geologica de Haes se trcnsrnltlo sin duda, un tanto mas - suavizada a sus - discfpulos; pero antes de que estes pudieran actuar, ya se habra destacado . la ilustre personalidad de Martin Rico y Ortega, nacido en Madrid en 1833, discfpulo de su hermano Bernardo, grabador, y de Jenaro Perez Villaamil, becado en Perfs, vlcjero por [nglaterra, donde conoclo y coplo a Turner, Claudio de Lorena y RuysdaeL En Francia, donde residlo muchos nfios pinto reiteradamente lugares del Sena, elOise y el Marne, colncl­ diendo no poco con su admirado Daubigny. En 1870 vuelve a Espana, residiendo en Madrid y en Granada. Marcha despues a [talia, falleciendo en Venecia el 12 de abril de 1908. Martin Rico era excelente paisajista, mucho mas humane que Haes, mas jugoso y pon­ derado, flexible y comprensivo. Tiene en su haber algunos de los rnejores logros de nuestro paisaje; por ejernplo, Lavanderas en el rio (Museo de Sevilla) 0 Desembocadura del Bidasoa (Prado) (fig. 380), ccrccterlzdndose por una tranquilidad grata (fig. 379) Y por el moderado usc de figuras animando el escenario. Y, sin embargo, no fueron grandes sus exltos en las exposiciones nacionales. Hubo de vivir no poco tlernpo de empresas editoriales, y, finalmente, se dedlco. a la de producclon paisajitos en serie, de fdcll venta, trasladando a este genero las maneras de su amigo Fortuny. Se Ie ha acusado de no comprender el impresionismo, aun­ qu� determinadas obras suyas, seleccionadas de 10 muchlsirno que pinto, bastarfan para 369 concederle categorfa muy superior a la que adualmente disfruta. Hombre culto y sen� una sible, publico una autobiograffa "Recuerdos de mi vida", en 1907...:.._, de las rarlsimas escrl­ - tas por artistas espnfioles. Es libro que se lee con provecho y deleite. EI sevillano Emilio Sanchez Perrier (1854�1907) y el crcqones valencianizado Mariano Bnrbcsdn (1864�1924), que paso buena parte de su vida en Italia, son de los raros paisajistas es� pcfioles que escaparon al lnflu]o de Carlos Haes. En cambio, los disclpulos de este son nurnero­ sos, y el mas caracterizado y proximo al maestro sera Jaime Morera, nacido en Leridc en 1855, muerto en Algorta, Bilbao, en 1927. Pensionado en Roma, vlojero por Holanda, en una occ­ slon, ccompcficndo a su maestro, Morera no tiene de cctcldn sino el nacimiento. Es un pel­ sajista mas bien frio, todo 10 diestro que se desee, pero incapaz de cordializar sus enfoques (fig. 378). Tornbien publico un libro de memorias sobre sus experiencias plctoriccs en la Sierra de Guadarrama. Otro de los disdpulos predilectos de Haes era el filipino Jose de Entrala y Lannoy (1849-1886), el que no dejo sino bocetitos, en general sornbrlos y secos. Agustin Lhardy (1848-1928), Juan Espina (1848-1933) y Antonio Gomar (1853-1911), son otros desta­ cados alumnos de Haes, todos de produccion muy desigual y nada brillante. EI toledano Ricardo Arredondo (1835-1908) desciende cun mas, al retratar monumentos de su ciudad en el estilo mas cominero poslble. Serio legitimo que la escuela obtuviera la mayor honra mediante la coopercclon de los artistas nortefios: es declr, los procedentes de lugares de polsc]e mas contrastado y fer-til en posibilidades plctcrlccs. 0, 10 que es 10 mismo, gallegos y santanderinos. EI decano de estos nortefios es Seraffn Avendano, nacido en Vigo en 1838, dlsclpulo de Perez Villaamil en San Fernando, durante veinticinco nfios en Italia, y que al regresar en 1891 a Espana impone con la naturaleza, un estilo muy personal y grato, naturalista mas que realista, respetuoso human as, de 10 que son testimonio lienzos tan [uqo­ pero advertida estc con otras adherencias sos cual el Otofio, en el Museo de Pontevedra, 0 Proceslon en un pueblo (fig. 381), del de Arte Moder!lo, de Madrid. Avendano, no demasiado bien tratado en las exposiciones nacionales, fcllecio en Valladolid en 1916, sin que se tuviera conciencia de que hcblc desaparecido un gran paisajista, el que prologa en la actual pintura gallega este genero. Guadalajara (1846-1890), mas conocido por algun seficlcdo Casto Plasencia, de Ccfilzcr, cuadro de tema hlstorlco, trcto de convertir la localidad asturiana de Muros de Pravia en el Bcrblzon pero la empresa, acaso por premeditada y artificial, no tuvo exlto. Contra­ espcfiol: riamente, Santander obtenlc una conslderuclon de foco paisajista de primera categoria, gra­ cias a la insignelabor de dos hombres, Casimiro Sainz y Agustin Riancho. Nombres de tal entidad, sobre todo el segundo, cual para justificar los pormenores que siguen. De estos dos artistas, el de vida mas breve y desgraciada fue Casimiro Sainz, nacido en Matamorosa (Santander), en 1853. Sus cfios de nifiez, pasados en el mostrador de una tienda de ultramarinos de Madrid, terminaron con un infortunado accidente. Nuevamente pue­ en su sintiendo a Madrid, en San Fer­ blo, y directamente aquel amoroso pclsc]e, regresa es!udia nando, con Vicente Palmaroli, que Ie cornunico no poca gracia de su dibu]o, y ya en 1876 obtenln tercera medalla Exposlclcn Nacional; en 1881 y 1890, segundas medallas. en la Y este plntor sensible, finfslrno, de grandes posibilidades, pierde lc rczcn, es internado en el sanatorio del doctor Esquerdo y, sin recuperar la cordura, en el muere, el cfio 1898. Gran las­ tima, porque sus cuadros, casi todos pniscjes (fig. 385), Y alguno tan opflrno como EI noel­ miento del Ebro, de la Dlputcclon de Santander, 0 la Vista de Madrid, en la coleccion Hoyos, 370 acreditaban la presencia de pintor de considerable personalidad en el genero que nos im­ un porta; cdernds, en otro muy diferente, el de interiores con figuras, su notable lienzo En el es­ tudio, del Museo de Arte Moderno, de Madrid, da idea de su precise dibu]o. Mas viejo que Casimiro Sainz era Riancho; pero Ie sobrevlvlo largos cfios. Agustin Rian­ cho Gomez habfa nacido en Entrambasmestas (Santander) el 16 de noviembre de 1841. De fa­ milia campesina y humilde, su oflclon al dibu]o fue cost milagrosamente desarrollada en total desnudez de medios, hasta que, a los catorce ofios, el muchacho, ya en Santander, reclbio la proteccion del impresor don lose Marra Martinez. Congrego este otras voluntades y se pudo enviar a Madrid, ingresando en 1858 en la Escuela de San Fernando. Carlos Riancho a Haes Ie focllltcrd el vlc]e a Amberes, y de Amberes, a Bruselas, donde no vive menos de diez y seis cfios, En 1883 regresa a Santander. Trcnscurrtrdn nfios de olvido y de penurias hasta el de 1922, fecha de su gran exposlcion monoqrdficc en el Ateneo santanderino. Aun vi­ vlrd, slernpre pintando, hasta agotar su grandfsima energfa, en Ontaneda, el 25 de octubre de 1929. ' Y ese cfio de lcual era el haber de este anciano de ochenta y ocho cfios] Sencilla­ 1929, mente', el mas grande que pueda ostentar paisajista espofiol alguno. EI rnerlto de desde las - enseficnzos mudrilefius de Haes y las belgas de l.cmorlnlere haber continuado investigando - por su cuenta, aclarando su paleta, sintetizando, slntlendose cada dfa mas joven y mas audaz. Energfa [nrnds hcblc faltado a Riancho, y sus oleos de la etapa belga eran bien intensos, . abundando en coloraciones oscuras. EI, que ha conocido a los pintores de la escuela de Bar- blzon, evolucioncrd hacia escenarios mas soleados, y su Cajigona (fig. 382), de 1905, del pnlsc]e patrio de Entrambasmestas, sera ya una obra magistral, bastante por sf sola para prestigiar el pclsc]e espcfiol, Pero no se contentnrd con ello el anciano, y otros paisajes posteriores (figu­ ra 383), como el del Ateneo de Santander (fig. 384), sorprenden porIc infinita libertad de pin­ celada, actuando por rcifagas luminosas que rebasan el impresionismo, sobre el que Agustin Riancho habra saltado, sin quemarse, hacia mas radicales conceptos. Y en la obra de este santanderinogenial concluye, bravfsimamente, el discipulado de Carlos Haes. Cambiemos ahora de escenario para contemplar la cuidada dedlccclon que Cctclufic y sus pintores mostraron para con el paisaje, genero de escasa trcdlclon en la region, pero que en pocos nfios ccobo por serle consustancial. Quedo comentado el esfuerzo de Marti Aisina en la crecclon del paisajismo, y los mas de sus disdpulos, que diffcilmente hubieran podido competir con las varias facetas de su talento, se inclinaron principalmente hacia los trozos de naturaleza virgen. Entre los mejores de esos disdpulos se contaba el bnrcelones Francisco Torrescasana Scllcres (1845-1918), normal concurrente a las exposiciones de su ciudad mediante generos varios; ninguno fan afortunado cual el de pciscjes, sus por 10 corruin rotun­ dos, solemnes, rlqufslmos de luces y de contrastes, totalmente convincentes (fig. 386), ya se trate de roquedales desnudos 0 de bosques fragantes. Dlsclpulo, igualmente, de Marti Aisina era Modesto Urgell fnglada (1839-1919), hombre nada despreciable, pero de ingrata mono­ tonic en sus repeticiones de tapias de cementerio vistas entre dos luces, tema del que cbuso, hasta el extremo de tltulcr algunas de composiciones Otra vez 10 de sus siempre, pues que el mismo reconoda su relteroclon. Jose Masriera (1841-1912), hombre de pincelada menuda y premiosa, pinto mucho polsc]e de Llavaneras, La Garriga, Camprodon, San Hilario y las montcfics pirenaicas. EI gran paisajista cctcldn del siglo XIX, Joaqufn Vayreda y Vila, habfa nacido en Gero- 371 na, accidentalmente, el 23 de mayo de 1843. Accidentalmente, porque la familia era de Olot y no habfa marchado a la capital sino para evitar pellqros eventuales de la contiendei carlista. Pasada esta, volvieron a su solar, y Vayreda recibi6 las ensefionzcs de Narciso Pascual, el di­ rector de la escuela de dlbu]o de Olot. Su educaci6n humanista, iniciada en el Colegio de Escolapios olotino, se complet6 en Gerona y, mas tarde, en los cursos de filosoffa de la Uni­ L versidad de Barcelona. Es aquf donde conoce el joven a Martf Alslnc, quien ejerce poderosa influencia sobre Vayreda. Cuando este vuelve a Olot, funda el Centro Artfstico, que conocerd una epoca de esplendor al IIegar a la dulce eluded, huyendo de la epidemia de fiebre ama­ rilla barcelonesa, Antonio Caba, Modesto Urgell y otros artistas. En 1872 pasa a Francia, parece que no por puro turismo, sino por ser el y su familia sospechosos de carlismo y temer represalias liberales. En efecto, era partidario de don Carlos, y se conservan retratos suyos ic tocado con la boina de la rebeH6n. Perrncnecerd en Francia, siempre pintando, hasta 1874. I Volvi6 luego a Olot, contrajo mctrlmonlo y cornenzcron sus exltos en Barcelona, no sin alcanzar tcmblen una medalla en la exposici6n nacional de 1876. Paralelamente, intervino, !'j con total frcccso, en varias bursdtlles y en lc mala empresa de lei conducci6n de opercclones fltildo electrlco a Olot, negocio ruinoso. Una dolencia cardfaca minaba entretanto la vida del artista, que falleci6 en Olot el 31 de octubre de 1894. Pero su medio siglo de vida no hcblc sldo esterll, c Vayreda, que habfa admitido primeramente repertorlo en su figura humana, dentro la de un sentir naturalista que no podfa ser ajeno al influjo de Martf Aisina, acab6 reduciendo el i elemento humano a meras indicaciones accesorias del pnlsc]e, genero al que dedica todd r su mucha sensibilidad. Su concepto del mismo pertenece al mismo credo observable enlos pin­ to res' de la escuela de Bcrblzon, oficdlendo la suavidad, la dulce humedad y la fragancia de la naturaleza olotina (fig. 387). Jose fxart diagnosticaba, ya en 1889, los caracteres de la escuela de Olot, form ada en derredor del maestro: "Paisajes primaverales y jugosos, de una vegetaci6n tierna y humedc, que huele a heno, bc]o celojes transparentes y dldfcnos que infunden grata serenidad." Tal era, sagaz y conclscmente expresada, la t6nica de la pintura de Vayreda, la que normalmente se formula en cuadros largos, horizontales, de terminos bien escalonados, empapados de amor a las prcderos verdes de Olot (fig. 388). Casi siempre pintaba en su taller, y no al aire libre, 10 que Ie lig6 a la estetlcc de Co rot 0 de Daubigny, con 10 extremadamente fdcll que Ie hubiera sido aclarar un punto su paleta y, colaborando con la atm6sfera, IIegar al impresionismo. No 10 hizo asf; pero la selecci6n, el lirismo y el infinito, reposado amor de pintura jugosa, qulzd falta de una gama mas amplia, sitUan a su Vayreda en cabeza del despues coploso paisajismo cctcldn. Algun cucdro suyo concreta­ - mente, el Verano, de la colecci6n Plandiura, con las dos damiselas tan precisa y perfectamente colocadas en un claro de sol- merece como la que ha ccornpoficdo tan profun­ tanta estima da e internacionalmente a determinados triunfos de Claude Monet,' hombre de su generaci6n, i t· 1 pero que se movfa en ambientes mas amplios que los de Olot. . Tnrnbien de la misma tierra -de La Plfic, cerca de Olot- era Jose Berga y Boix (1837-1914), amigo y cornpofiero de Vayreda, con quien estuvo en Francia. EI serlc director de la Escuela de Bellas Artes de Olot, y cabeza de los artistas de est a nidada despues de la muerte de don Joaquin. Acaso gan6 a este en espontaneidad de color y en poderlo de sfntesis, pero quedando muy per bc]o de la humedc sensibilidad y del especial encanto de Vayreda. En cuanto a Enrique Galwey Garda, de Barcelona (1864-1943), de ascendencia inglesa, disdpulo y amigo de Vcyredc, 372 !c I I, . I , - 1� ( Fig, 384,-AGUSTIN RIANCHO: ARBOLES (ATENEO DE SANTANDER). 373 'v Fig. 385.-CASIMIRO SAINZ: PAISAJE (MUSED DE BELLAS ARTES, SANTANDER). Fig. 386.-FRANCISCO TORRESCASSANA: PAISAJE (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). '1 374 f .' Figs. 387 Y 388.-JOAQuIN VAYREDA: DOS PAISAJES DE OLOT (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). '1 375 !l t , } :. ,! � � j I t -I 1 Fig, 389,-ANGEL LlZCANO: DIBUJO (COL GAYA NUNO. MADRID), Figs, 390 y 391.-DANIEL URRABIETA VIERGE: ILUSTRA­ CI6N DEL suscon DE QUEVEDO. Y LA MISERIA EN LONDRES, Fig. 392,-APELES MESTRES: DIBUJO PARA ILUS- TRAR LOS EPISODIOS NACIONALES. DE GALD6S (COL GAYA NUNO. MADRID), 376 imbuido por una como turbulencia dr cmdticc e intranquila, continua la escuela de Olot, la que en 10 sucesivo se ira haciendo progresivamente trivial e inconsistente. No acaban aqui los nombres respetables del paisajismo cctcldn, Un disdpulo de Marti Aisina, Baldomero Galofre Gimenez (1849-1902), poco sobresaliente en sus cuadros de genero cercanos a Fortuny, es notable en determinados pcisnjes, y Joaquin Vancells, de La Bisbal (1866-1942), croniz6, un poco tlmldcmente, la naturaleza del Alto Valles, de San Lorenzo del Munt y de L1avaneras. En siglo para el paisajismo espofiol con una plenitud de panoramas suma, concJuia el varios y de nombres sefieros prdctlccrnente salidos de la nada y de una casi total ausencia i de tradiciones. Uno de los capitulos mas dignos de la plntura decimon6nica del ultimo tercio "I del siglo. J EL DIBUJO Y LA ILUSTRACION. Si imprescindible un apartado bn]o el anterior - es titulo; dificilmente podrd contener otras palabras que las encaminadas a ponderar la tras­ cendencia y el prestigio de tal dedicad6n en los cfios que nos importan, pero de nlnqun modo un recuento de los artistas incJuibles en el sugestivo capitulo. Fueron ellos demasiados, y no pocos, demasiado buenos, dado que simultaneaban el ldplz y el pincel. Tan s610 en la colec­ I , ci6n de "La Ilustraci6n Espanola y Americana" podrian hallarse dibujantes e ilustradores en cuantia suficiente para henchir un libro parejo a este. Del mismo modo, la obra de Ram6n Padr6 y de Jose Luis Pellicer, 0 el diario esfuerzo del pobre Angel Lizcano (fig. 389) sumi­ nistraria cuantioso material. Renunciamos todo ello, y, a manera de simbolo de la a epoco, se trctcrd tinlcamente de Daniel Urrabieta Vierge y de Apeles Mestres. . Un ilustrador rorndntlco, Vicente Urrabieta Ortiz, y su esposa, Juana Vierge de la Vega, fueron los padres de Daniel Urrabieta Vierge, nacido en Madrid, calle de las Huertas, el 5 de marzo de 1851. Daniel, de salud delicada en su nlfiez, dudoso entre el porvenir que Ie depa­ rcrdn el Conservatorio 0 la Escuela de Bellas Artes, opta por est a y por el Museo del Prado, sin de observar la calle y el gran espectdculo dejnr humano. Ha participado en el, teme las iras de derto marido ultrcjcdo, y la rnejor soluci6n es la evasi6n, en 1869, a Paris. Como qulerc que es ya un dibujante de s61ido nervio, no Ie sera dificil hallar trobc]o, y el 17 de septiembre de 1870 aparece primer dlbu]o en "Le Monde lllustre ". su la Com­ En seguida, mune, y la consigulente represi6n, pruebas de las que el rnodrllefio sale indemne. A poco, se convierte en el dlbujcnte parisino de moda. Ilustra "EI 93" Y "EI hombre que rie", de Victor Hugo; la "Historia de Francia", de Michelet; el "Gil Bias", de Lesage. En 1880, una hemi­ plejia Ie paraliza el lado derecho, y Urrabieta, con una voluntad impar, se adiestra en dibujnr con la mano izquierda. Nadie notcrd el cambio en la calidad de 10 que firma; incJuso aumenta y multiplica su actividad, ilustrando muchos mas libros, pintando y dlbujcndo, mas activo que nunca. Pero puede jugar con la naturaleza, y el 10 de mayo de 1904 muere de un no se ataque cerebral, en su estudio de Boulogne sur Seine. S610 con animo de minimizar su prodigiosa labor cabria presentar a Urrabieta como simple ilusfrador, dado que fue aguafortista, lit6grafo y acuarelista de superior categoria. Sera imposible buscar y hallar en su tiempo un artista tan vario, completo e imaginativo, tan rico de dicci6n, tan plural en expresiones, est as veces extrayendo todo el pcrtldo posible de una linea que destaca en el blanco; las otras, jugando a su antojo con la pincelada de tinta china. La inmensa injusticia de corisiderarle frances, cuando era un honor espcfiol en Francia, cuando hizo varios vlcjes a Espana, cuando sus mil ilustraciones de temas hispanos (fig. 390), 377 pertenecen a 10 convicci6n y no a nlnqun exotismo, ni merece ser rebatida. Su casi milagrosa facilidad (fig. 391) excede con mucho a 10 de otros laureadfsimos artistas de su tiempo, bien que con menor pogo, si no consideramos tal su amistad Hugo, con los Goncourt con Vfctor con Jose Marfa de Heredia. Fue y poeta el que dej6 constanda de los precisamente este gran ojos de Urrabieta: "Ojos de un puro y esplendldo azul, que han visto, registrado, penetrcdo y escrutado, mantenido y recordado, tantas cosas. Y pense que estos ojos eran espejos rnd­ " gicos. Sinduda, 01 lado de Urrabieta, el bcrcelones Apeles Mestres (1854-1936) es figura menor. Hi]o del arquitecto Jose Oriol Mestres, del que se diera cumplida notlclc, Apeles Mestres, discfpulo de Lorenzale y de Martf Aisina, habfa comenzado a dibujar a los diez y echo cfios en "L'Esquelia de 10 Torratxa ", y a los veinte _es requerida su colaboraci6n por el editor Manero. Pas6 luego ilustrar "La a Campana de Gracia", y empez6 su tarea de ilustrador de muchas bellas ediciones, casi innumerables, y, a 10 cabeza de todas, una de. los "Episodios Nacionales", de Perez Gald6s, con notabiifsimos, apurados, encantadores dlbujos (fig. 392). Apeles Mestres, que qued6 ciego en 1920, tuvo que cambiar el dlbu]o por 10 literatura, hasta muerte el 19 de julio de 1936. EI su influjo que determin6 sobre varias generaciones de dibu­ jantes catalanes excede a toda especie de pondercciones, MAS PINTURA DE HISTORIA, CON OTRAS GRAVES ENFERMEDADES. - Si todo 10 1 anotado en este postrer capitulo de pintura ochocentista ha fluctuado entre 10 excelentfsimo y 10 digno, icual sera 10 raz6n de que en conjunto merezca tal perfodo las mas severas acu­ saciones? Las merece, evidentemente, no por 10 relatado, mucho de .10 cual no es espectacular ni lIamotivo, sino a causa de otros horrores de los que era poco fdcll desviar 10 vista. EI pri­ mere de esos horrores 01 que sequlrdn otros es 10 continuidad de 10 pintura lIamada - - de historia. En ninqun coso, por ninqun motivo debiera haber continuado 10 experiencia despues de Glsbert, Casado del Alisal, Palmaroli y Rosales. Se acababa de superar el genero; pero los mediocres no tomaron cuenta de ello y continuaron las afligiendo exposiciones nadonales con cuadros coda dfa mas enormes, coda mas tristes, agrios, truculentos, sanguinarios, vez hasta Ilegar a 10 repugnante; a una repugnancia premeditada y sobada, desagradable y espantosa. Ni el grato color de Casado del Alisal, ni el portentoso dlbu]o de Rosales. Martirios, muertes, cclomldcdes, se sucedieron para vergUenza de nuestro pintura, y casi todos los crtls­ tas del momento colaboraron tan lugubre porffa, servida en generalmente por coloraciones humosas y por grises neblinas. Un deber de cronista obliga a informar ace rca de est as buenos y equivocadfsimas gentes, autoras del mas desafortunado momento de 10 gran pintura espanola, y se procurnrd que 10 relaci6n sea concisa, menos de 10 que merece. EI mismo nfio en que premi6 La muerte de Lucrecia, recibfa tam bien se galard6n Manuel Domfnguez (1841-1906), por su detestable Muerte de Seneca; e'n 1878, Alejandro Ferrant (1843-1917), por su Entierro de San Sebastian; el mismo cfio, Emilio Sola (1850-1910), por su Guillen de Vinatea, cuando vale mil veces mas su apuntito de Las Meninas, en el Museo de Cerdrnica de Valencia; tcrnbien en 1878, 10 medalla de honor es concedida 01 crcqones Francisco Pradilla (1841-1921)por certificar el funebre Desvarfo de dona Juana 10 Loco, cuadro mucho menos famoso que La rendici6n de Granada, encargado y adquirido en 1882 a Pr:adilla por 10 sumo de cincuenta mil pesetas. Para no ser menos que los calendarios del 378 comercio de ultramarinos, reproducimos esta mascarada efectista (fig. 393), de enorme sensa­ cion en su Siempre en el mismo cfio, en que la exposlclon national era toda una momento. lecclon de historia, se premiaban los Orfgenes de la Republica Romana, de Casto Plasen­ cia. En 1881 quedaba consagrado, mediante EI prfncipe de Viana, Jose Moreno Carbone­ ro (1858";1942), quien volverfa a hacerse famoso con la Conversion del Duque de Gandfa; como siempre, el boceto al telon deflnltlvo. (fig. 394) es superior 1884 es el nfio que ha de sufrir el horrendo inmenso Spoliarium, del filipino Juan Luna Novicio e (1857-1899), pintura repulsiva pocas otras, y Los amantes de Teruel, por Antonio Munoz Degrain (1841-1924); como este hombre, media valenciano y medio mclcquefio, en -algun momento discreto paisajista (figura 395), poco inspirado pintor de historia, lleqc en determinados lienzos - EI Coloso de Rodas, en la Academia a producir repug�ancia con sus colorines y apenas Ie salva en la - cronlcn sino el buen recuerdo que de el ha conservado Pablo Picasso. 1887: aparecen la Naumaquia, de Ricardo de Villodas (1846-1904); La Vision del Coloseo, de Jose Ben­ Iliure (1855-1937); La invasion de los bdrbnros, de Ulpiano Checa (1864-1919), y Dona lnes de Castro, de Salvador Martfnez Cubells (1845-1914). En 1890'1 Trafalgar, de Justo Ruiz Luna (1860-?)y el feo Derecho de asilo, de Francisco Javier Amerigo (1842-1912). En 1892, Flevit super iIIam, de Enrique Simonet (1863-1927). Estrellas menores de toda esta zarabanda seudohlstorlcn han sido los catalanes Antonio Casanova y Estorach (1847-1896) y Jose Nin y Tude (1840-1908), rncccbro en sus composiciones y aceptable en sus retratos (fig. 12), Y los 1 sevillanos Virgilio Mattoni (1852-1923) y Jose Villegas (1844-1921); este, al menos, tuvo la ori­ ginalidad de presentar un tema taurino por descontado, trdqlco, La muerte del diestro - ___;, I con el empaque, dimensiones yalta teatralidad de una reconstruction historicc (fig. 396)� Desde 1895 fue desapareciendo 10 pintura de Historia de las exposiciones nacionales, no sin sustituclon por otra modalidad cun mas literaria, la del tema social. 1892 habfa propor­ cionado la novedad de dos cuadros, Huelga de obreros Vizcaya (fig. 397) Y [Otra Margari­ en ta!, ambos de realismo declamatorio, cuyo tono de protesta y crftica repercutirfa forzosamente en contra de los valores pldstlcos, Autor del primero era el mudrllefio Vicente Cutan­ do (1850-1925), hombre no mal dotado, pero de dotes mal empleadas. EI del segundo, que repetirfa la suerte en 1895 con otro grito social mucho mas celebre jY cun dicen que el - pescado es carol (fig. 398) -, no es sino Joaqufn Sorolla, con posterior evolucion de pldstlcc mas libre, por 10 que debe ser enjuiciado dentro del novecentismo. Arcadio Mas y Fondevi­ la (1852-1934), Luis Menendez Pidal (1864-1932) y Juan Llimona, ya mentado, van integrando esta tendencia orientcclon en una religiosa muy propia de la epoca, AI ampere de est a neqoclon de la de historia la que, todo caso, pintura precisaba- en de grandes arrestos, de poco estudio y de considerable no trabajo prollfero el genero sen­ - slblero, espantoso, inconsistente y necio cual no sera posible ponderar. La autopsia del cora­ zon se denomina un cuadro de Simonet en el Museo de Malaga, con un anciano medico extra­ yendo esa vfscera al cadaver de una muchacha. Sl se Ilego a tema tal, fdcil es imaginar la cantidad de obrillas pretenciosas y tontas, urbanas y rustlccs, cursilonas y afectadas, siempre inseparables de un largo tftulo adornado con muchas admiraciones, y, en efecto, de capital importancia para entender plenamente las mil picardfas que el pintor se proponfa demostrar. Todas las modalidades de galanteo, todos los tormentos de los celibes forzosos, todas las nece­ dades tuvieron cabida este concurso de dislates, al que en cficdleroa paisajuchos, ovejitas, se monstruosas beldades, triunfos y fracasos de toreros y soldados galant6' ndo criadas. No es 379 necesario dar nombres de los autores, pues equivaldda a resucitar inutllmente los muertos mas difuntos de la historia de la peor pintura. Pero sl seotorqnrd un pdrrcfe a una de sus especialidades mas conspicuas y lamentables, la del Monaguillismo. SI, Monaguillismo con mcyusculc, igual que se escribe Impresionismo 0 Barroco. La me­ diocridad de los cfios de Cdnovcs y de Sagasta no se contento con menos que rebajar la pin­ tura de cordcter religioso hasta el nlvel de los monaguillos, en los que se velcn angelicales y purfslrnos gracias. Se descendlc desde el Pantocrator de San Clemente de Tahull hasta unos CriOS de sotana roja cuyas travesuras conmovlan a todo buen corczon sensible. Ni lmdqenes I de Cristo de Marfa, sino de monagos. Fue un verdadero furor, al que colaboraron casi 0 todos, sin duda porque las infelices clientelas aSI 10 exiglan. Recordemos, respecto de la escul­ .tura, losmonaguillos de Manuel Fuxd y de Mariano Benlliure, replica de los muchos pinta­ dos por Jose Gallegos Arnosa, por Oliver Aznar, por Joaquin Sorolla EI resbclon del mo­ - naguillo, de 1892 -, Y por tantos otros. Hubo plntor, Eduardo Sanchez Sola, que se especia­ lizo en tan lrnbecll genero, y sus monaguillos fumando en la sacristla, jugando a los toros o a la baraja, haciendo diabluras mientras sestea el sacristan, etc., etc., debieron tenerse por encantadores hallazgos. A tal extremo de exlto lIegaria el genero que no eludlo participar enel, en 1896, un pintor de quince ofios lIamado Pablo Ruiz Picasso, atento siempre a la moda; era entonces demcslndo joven para imponerla, como hcrlc luego reiteradamente, y se contento con seguirla. De ello es testimonio su Monaguillo, de la Colecclon Sala, de Bar­ celona, notable por tratarse de un incunable por otra rczon, picassiano, no Por si hubieran sido escasas las dolencias finiseculares de la Pintura - ropnvejerfo his­ torlcc, crlflcc social, senslblerfc ridfcula y monaguillismo -, todavla faltaba por experimen­ tar un nuevo bacilo, el de la pintura wagneriana. Se enccrqo del delito el santanderino Ro­ gelio de Egusquiza (1845-1915), con cuadros de siniestro colorido, lIenos de parsifales y wal­ kyrias ante los que el espectador duda entre relrse u horrori�arse. Y de est a guisa, deshon­ rando su anterior historia, acaba el excelente siglo. Excelente y bonlslmo antes de tan torpes excesos, los mismos que han conducido a, entender de semejante torpeza, irrazonablemente, todo el ochocentismo. Por fortuna, esas enfermedades tendrfan su contrapartida en el breve y superior capitulo del impresionismo espcfiol. EL rMPRESIONISMO ESPANOL. - Delictiva ornlslon .es, en la bibliograffa de la Pintura espanola, la de algun libro dedicado a nuestros impresionistas, y en ese pecado incurrimos todos los mayor 0 menormente interesados por la cuestlon. Parece como si hubleremos here­ dado los rencores que suscitaron en la vulgaridad oficial y multitudinaria aquellos bravos y so- . litarios creadores cuya gestion clausura con brillantez el siglo XIX y prologa con los rnejores ejemplos de dedlcoclon y entrega el XX. Pero, inexistente un panorama detallado sobre el impresionismo espcfiol, se- procurcrd que el presente y ultimo capitulo de nuestro libro en­ cuadre sus figuras, su lucha, su padecer y sus logros en la lineaclon de un esquema esencial. Extrcfio destino el de que el fundador de la escuela fuese un espnfiol de Ultramar, des­ conocldo a los historiadores espofioles, mas siempre citado en las biograffas de Cezanne. Era .Francisco Oller y Cesteros, nacido en Bcycmon (Puerto Rico) en 1833, quien por no partici­ par de las cansinas ambiciones mcdrllefios, pese a haber estudiado en la Escuela de San Fer­ nando, no se dirigio a Roma, sino a Paris, y ello tan tempranamente como en 1857. Asiste coo Manet al taller de Couture. Tremendas penurias Ie obligaron a ser prdctlcornente esclavo 380 • Fig. 393.-PRADILLA: LA RENDICION DE GRANADA (ANTIGUO SENADO. MADRID). Fig. 394.-MORENO CARBONERO: LA CONVERSION DEL DUQUE DE GANDIA. BOCETO (ACADEMIA DE SAN FERNANDO. MADRID). 381 Fig. 39S.-MUNOZ DEGRAIN: PAISAJE DE MALAGA (MUSEO DE ARTE MODERNO. MADRID). Fig. 396.-VILLEGAS: LA MUERTE DEL TORERO. 382 de un mercader de cuadros de genero, barftono y otros oficios. En la Academie Suisse tra­ bard amistad con Cezanne, Guillernet, Guillaumin y Pissarro. Con Cezanne no es ya amis­ tad, sino casi fraternidad. Ambos concurrieron al Salon de 1865, Cezanne rechazado y Oller aceptado. Tras una estancia en Puerto Rico, este vuelve Paris, donde permanece de 1874 a a 1878, y Pissarro Ie pone en contacto con el doctor Gachet, el gran amigo de los impresio­ nistas. Viene luego una etapa rncdrtlefio, en 1895 otra Ilegada a Paris, y, esta vez, ruptura con Cezanne. Despues, retorno a Puerto Rico, don de Oller morlrd en el hospital de San Juan en 1917. Su vida ha side harto fecunda, con la gloria de iniciar el impresionismo hispano. Tes­ timonios, EI estudiante(fig. 399), precioso cuadrito conservado en el Louvre, y algunos paisa­ [es franceses (figs. 26 y 400) absolutamente dentro de la estetico de Batignolles, muy cercanos a la manera de Pissarro. La vida obllqo luego a Oller a pintar de modo muy diferente, pero determinados cuadros en colecciones puertorrlquefios contlnucn acreditando su maestrfa, su nuevo sentido del color y su voluntad de impresionista. Nohay constancia - ni siquiera presunclon sobre relaciones entre Oller y el que va - a ser gran senor y gran patriarca del impresionismo espcfiol, Aureliano de Beruete y Moret. EI cual ha nacido en Madrid, de familia procer, el 27 de septiembre de 1845. Doell a los de­ seos paternos, sigue la carrera de leyes en las que se licencia a los velntltres cfios - acaso - por no romper con la costumbre de que casi todo espcfiol ha de ser abogado en las epocos abogadescas. Pero su verdadera oflclon es la de la pintura. Ha tomado lecciones de un oscu­ ro pintor riojano, Carlos Mugica, benernerlto por guiar la lnlciccion del maestro. Beruete es elegido Diputado a Cortes en dos legislaturas de la Revoluclon, y dejo de serlo con el golpe de estado de Pavfa. En 1874, reconociendo por nuevo maestro a Carlos Haes, realizan juntos una excursion a Alsasua y Ardnzozu, renovada luego en direcclon de Mallorca. En 1876 casa con su prima Marfa Teresa Moret y Remisa, comenzando entonces sus frecuentes vlcjes por Europa. Hombre acomodado, rehusc vender sus obras, y, en la misma medida, se olvida de su tftulo de abogado. Pero no sera inmune al imdn de las exposiciones nacionales; concurre a logra recompensas muy por bo]o de las merecidas; terceras medallas en 1878 y 1884, elias y segundas en 1901 y 1904. Ello aparte, concurrlo a numerosas exhibiciones internacionales y cctuo de jurado en las parisienses de 1899 y 1900. Espfritu finfsimo para el entendirnlento del arte antiguo, posefa rica colecclon, con obras del Greco, de Zurbcrdn y de'Miguel Angel, y su monograffa sobre Velazquez, publicada en frances en 1898, no ha perdido al cabo de casi setenta cfios ninguno de penetrantes valores. EI gran senor de nuestro mejor impre­ sus sionismo fnlleclo en Madrid el 5 de enero de 1912, dejando una obra serena, bella, medita­ da, segura de sf misma. Si puede inducir sobre la fisonomfa y la medulc de est a obra la noticia anterior a error que aludfa al respeto de Beruete para con Haes, bcstcrd asomarse a la pintura del mcdrl­ lefio y sorprenderse de su no buscada originalidad, de su aspecto virginal y como reclen .nc­ cido, de sutotal salud, nlnquno de tales dones aquejado de las dolencias habituales en el que­ hacer plctcrlco del tiempo. Porque nada hay enla producclon de don Aurelinno de Beruete que ofend a por sobado, ni por insistido, ni por desvirtuado de la sfntesis inicial con que el gran pintor se hubiera asomado al mundo por primera 0 por ultima vez. Lo que Haes haya podido comunicar a Beruete sera tan accesorio, tan estrictamente instrumental eual puede ser supuesto en la experiencia del viejo belga. Y 10 dernds vendrd maestro por sus propios pasos. La paleta de Aureliano de Beruete, progresivamente Iimpia y clara, no sometida aprio- 383 rfstlcamente a una seducclon ajena, personal ni de escuela, cada dlo mas nitidos los enfoques, casl cada hora mas diestras las pinceladas, Ileqcrd a ser la antologfa de puntos espcfioles que hublercrnos deseado en Haes. Pero la labor estaba reservada a un espcfiol, A un espofiol que se encara directamente con sus tierras, casi siempre huyendo de 10 pintoresco tanto como de 10 prestigioso, eliminando casi cualquier posible seducclon que extra­ plctortcamente pudiera acariciar el paisaje seleccionado. Por esa rczon se cornprenderd me­ jor que don Aureliano de Beruete no consiguiera jcmds una primera medalla, reservadas est as a los sonsonetes mas literaturizables, en tanto la pintura que comentamos, atenta a in­ terpretar la luz y su ccclon sobre un troze de naturaleza, se despojaba voluntariamente de toda otra posible adherencia. En tal concepto, es diffcll imaginar mayor y mas honda revo­ luclon - honda y call ada - que la desprendida por Beruete de cada fragmento de su Es­ pana. Y estes eran muchos, sin contar con sus versiones de los Alpes, 0 de los muelles de EI Havre, 0 de la playa de Brighton. Un Toledo no apto para turistas 0 una Cuenca maravillo­ samente inedltc, novfsima, fntima, pudorosa, asombran hoy todavfa desde los costados crea­ cion ales de su selecclon primera. Mas, con ser tantos y tan excelentes los aspectos de aquella Espana multiple de Aureliano de Beruete, el gran descubrimiento regalado por su lucldc vision ha sido el de Madrid y sus alrededores (figs. 401 a 403 y lamina VIr). A decir verdad, ya era here. Ya era tiempo de abandonar los escenarios grandilocuen­ tes de Carlos Haes 0 los otros pintorescos de Martin Rico para pensar en que la luz de la me­ seta central, recogida sobre Madrid, podfa ser tema fertll para una pintura de infinitas posl­ bilidades y variantes. Y, sin embargo, la sencilla idea solo podio germinar en los proposltos de alguien que, siendo totalmente pintor, conociera fntimamente el repertorio lumfnico de Velazquez y de Goya. No se trataba de erudlclon, sino de continuidad de tradiciones [crnds observadas. Beruete sf las conoce, sf las observa. Rodea la capital de Espana, la mira desde muy diversos lugares de su red perlfertcc, lugares habitualmente poco 0 nada seductores, pero desde los que se logra un ccserlo rncdrllefio blanqueado y sublimado por .Ia luz que allf se con centra. EI resultado es Sea cual fuere el observatorio elegido, Madrid prodigioso. - en muchas ocasiones mas adivinado 0 sugerido que perfilado - destaca su querida masa hori­ zontal, la que vic Goya y nadie habfa deseado volver a contemplar. Porque, cuando nuestros paisajistas se habfan acercado a sus colegas franceses, apenas recogieron sino determinadas superficiaJidades, como la idea de que un paisaje, para poder ser capaz de seducir al espec­ tador, ha de ser prodlqo en fresco res y arboledas. Excelente, si eran ciertos esos ingredientes, cual 10 eran en el caso de Vayreda. Pero Madrid no tiene al lade ningun Fontainebleau, nin­ gun Bcrblzon. Sus alrededores son de tierra de seccno, aparte la dlrecclon de la Sierra, la de los enfoques velczquefios, Y este es, no el principal, mas sf uno de los grandes rnerltos de Beruete; el de haber asi­ milado, traducido y entregado el axioma de que lc carne de un pciso]e no tiene que ser riente nl seductora, optimista y femenina para que su trnnscrlpcion sea pura e imponente belleza. Tampoco tiene por que ser altiva 0 majestuosa. Esos andurriales suburbiales del Madrid del entonces, y esas rndrqenes del pobre Manzanares, y las casuchas y los arbolillos deblles del contorno de la capital no paredan contener gran sustancia plctorlcc, Y no la hubieran con­ tenido si Beruete, tan dado a esos escenarios modestos, no los hubiese integrado en su pode­ roso conjunto, el la presidido por gracia infinita y redentora de la luz. Ha acabado est a por constituir el factor dominante, y los tejados rojos, las tapias ocres, las raras y ocasionales por- 384 1 I J I I I ciones de verde no hacen sino articularla. Alia, en el horizonte, un Madrid no detallado, no perfilado siquiera, amontona su prestigio urbano. Bien habrla sido de desear que Beruete se hubiera internado por sus calles y plazas, completando la feliz lnqulslclon operada por su retina. Convendrd preguntarse ahora cudntos y cudles fueron las convicciones de Beruete dentro del programa impresionista, y en que medida ejercio lnflu]o 0 determine escuela. A 10 pri­ mere se responderd que el gran plntor rnndrllefio no parece haber mantenido contactos con sus colegas franceses, y si ha coincidido con sus fines y con su ideario ha sido de suerte casual y no buscada, por exclusive evolucion de un temperamento de selectfsimo artista que escu­ cha un no pregonado mensaje de su tiempo. Recordemos que el colega frances que prologa su Velazquez es partidario de la revolucion impresionista. Asl, esa sltuc­ Leon Bonnat, poco cion solitaria de Beruete, no dependiente de drculos extrcespofioles, no obediente a consig­ nas, solo se debe a convicciones propias, las de su progresiva evolucion. Con 10 que tcrnblen queda contestada la segunda parte de la pregunta. Cnrecio de disdpulos, y, seguramente, no deseo tenerlos, ni acaso, de haberlos tenido, hubieran hecho otra cosa que vulgarizar su se­ fiorlnl manera. Pero sf fue amigo, y cccbo por ser consuegro, del otro gran maestro del im­ presionismo espcfiol. Su hi]o y homonlrno, Aureliano, el que habfa de ser Director del Museo del Prado, coso con Isabel de Regoyos, la hija mayor de Darlo. Con 10 que es tiempo de ocu­ parse de este otro insigne solitario. jQue condensada personclldcd de gigante luchador, estc de Regoyos! Darlo de Regoyos Valdes ha naddo en Ribadesella, Asturias, en 1857. EI padre y hornonlmo, arquitecto que trczo en Madrid los barrios de Arguelles y Pozas, era temperamentalmente prdctlco y objetivo, or­ ganizador y preciso, y no vic con buenos ojos la voccclon de Durio. Este, disdpulo de Haes en San Fernando, no deseaba sino escapar al extranjero, adivinando caminos lnedltos, En 1880 marcha a Parfs, y dos cfios mas tarde 10 encontramos en Bruselas, donde forrncrd parte de los grupos de vanguardia "L'Essor" y "Les XX", afectos al impresionismo de hechura fran­ cesa. En 1882 trae a Espana todo un grupo de amigos Theo van Rysselberghe, Maximilien - Luce, Octave Maus, Franz Charlet, Solvey y Meunier dvldos de sur. En 1888 torna con - Verhaeren, y de este vlo]e nncerd el volumen "La Espana Negra". Mas vlcjes y mas andan­ zas, con progresiva ctenclon hacia las tierras gUipuzcoanas. En Bilbao se enamora de una muchcchc francesa, Henriette de Montguyon, y en 1895 casa con ella. Despues, Regoyos pre­ fertrd Barcelona a Madrid y en la eluded medlterrdnec rnorird el 29 de octubre de 1913, de una enfermedad que no perdona. Por cierto que la biograffa de Regoyos, cquf comprimidfsima y en ningun lade narrada con pormenor, merecerfa mucha mas letra. Pero mas merecen su personalidad y su obra. Aquellc, por la Singular bondad, rayana en la inocencia, del gran artista, y la obra, por sus caraCteres de inaudita novedad (fig. 404). Darlo de Regoyos, como un nino afanoso de des­ cubrir toda close de sensaciones no gustadas antes, se ha ido acercando a todo, tanto al frag­ mento de naturaleza tierna e intocada como al hecho mas peregrino; al pulso]e suave del norte vascongado y al siniestro espectdculo de la quema de caballos despanzurrados en la plaza de toros. Se interesa por todo, por la ciudad, por la aldea, por la ccrnplfio. Dlbu]c incansablemente (fig. 406), Y todo forrnnrd parte de su repertorio vital. Pero, cuando pinta al oleo, selecciona; no temas, sino intimidades, de modo que todo aparezcci amigo y cercano. La. vida vista por Dcrlo de Regoyos suele mantenerse siempre en un nivel de casi con move- 386 Fig. 397.-CUTANDA: HUELGA DE MINEROS EN VIZCAYA. Fig. 398.-S0ROLLA: iY AUN DICEN QUE EL PESCADO ES CARO! (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). .387 I I I I � I Figs. 399 y 400.-FRANCISCO OLLER: EL ESTUDIANTE (MUSEO DEL LOUVRE, PARiS), Y PAISAJE FRANCES (INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUENA, SAN JUAN DE PUERTO Fig. 401.-AURELIANO DE BERUETE: ALMEN­ RICO). 388 DROS EN FLOR (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). r I r I FigS. 402 Y 403.-AURELIANO DE BERUETE: VISTAS DE MADRID (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). 389 � \ Fig. 404.-DARfO DE REGOYOS: DESHIELO Y HUMO (COL. ERAUSQUIN, SAN CUGAT DEL VALLES). 390 Lam. VIII.-DARfo DE REGOYOS: EL GALLI NERO (MUSEO DE ARTE MODERNO, MADRID). doras intimidades, las que obliga su incansable buena voluntad de artista en trance de per­ a petua curiosidad y de continuado mirar. La cclle, la playa, la fiesta, el rio, el bosque, el mer­ cado, el tren, el gallinero (lam. Vlll), la danza La diferencia capital con el impresionismo ... frances estriba que este se solfa encerrar en muy determinados escenarios, en tanto que en Regoyos acude a los mas dispares. Y en todos dejnrd ver la profusa cantidad de optimismo que Ie cleqc y que Ie invita a concurrir a las exposiciones nacionales, creyendo de buena fe que va a ser cornprendldo. En absoluto; no recoqerd sino injurias y rechiflas, desprecios y malas ceres, negativas y desdenes. Y, sin embargo, siempre los hombres de mas efectiva valla - Manet habfa sido buen ejernplo son sensibles a la posibilidad de ingresar en los corros - de seleccion oficial reservados los mediocres, de modo que, tras la insistencia de Regoyos a en acudir a los certdmenes nacionales se Ie deja en el de 1908 una mfsera tercera medalla, cuando ya estd premiando con primeras a Chicharro, Rodrfguez Acosta, Romero de se Torres y Ruslfiol, de otra generacion mas joven en cfios. Y no se trataba solamente de buena fe ni de creencia en los mecanismos exposltorIles, sino de que Regoyos, a diferenda de Be­ ruete, querfn vender, y vivir de la pintura, sequn era bien legftimo. Pero, lquien iba a tomar en serio a un pintor espofiol que asimilaba las mamarracherlas francesas, cucndo en Madrid se estaba pendiente de las cantidades de asunto insertables en un cuadro? Efectivamente, Regoyos habfa pasado desde su impresionismo primero al divisionismo de Seurat y Signac, bien a base de puntos de color puro, bien manejando los de colores neutros, modalidad esto en la que pintarla cuadros tan de antologfa como Redes secdndose (fig. 405) o La calle de Alcala. Es verdad que la primera de tales obrns, fechada en 1893, ha inducido a uno de los contados bloqrcfos del artista, Rafael Benet, a entender que fue mediante esa tecnica divisionista y puntillista, por otra parte tan cuidada y slncern, por la que Regoyos se ldentlfico las facturas impresionistas mas ortodoxas. Mas bien se deberd creer que las con :.. distintas modalidades de la escuela se intercalan en la obra de Durlo con cronologfas poco '( o nad_a rotundas, diffclles de puntualizar en tanto no se acometa un estudio muy a fondo de su obra, estudio que, vergonzosamente para todos, nadie ha intentado. Lo que sf parece que­ dar claro es que, pese a influjos bien declarados Monet, Plsscrro, Signac - el pensamiento - de Durio de Regoyos es, antes que toda otra cosa, espcfiol, y que su pintura mas localizable - por exlqenclas de gama en nuestro norte rebusca en las tierras verdes y hurnedos de Vas­ - conia. Bien quisiera el, tan vlcjero, tan inquieto, tan norncdc, recorrerse toda Espana pin­ tando y procurando trcduclr a manera personal el color de cada region. Pero Durio de Rego­ yos es, del modo mas fundamental, un hombre honrado que declare sus incompatibilidades. EI sol de Madrid Ie parece impintable, y, con todo 10 que ama a Andaluda, comprende que se Ie resiste; desde Granada asegura que no Ie es posible trabajar de dlc, y que plntcrd sus nocturnidades. Por el contrario, en el Norte se siente a sus anchas. Escribe: "AI entrar en la Espana Cdntcbrc, en la verde y fresca, se siente como un revivir de los nervios excita­ Espana dos en esas lIanuras de Castilla 0 en las costas del Mediterraneo. Poco importa que la en­ trada por Asturias, por Santander, Vizcaya 0 Gulpuzcoc, EI paso de los desiertos calci­ sea f. nodes, que achicharran, a los prados con remiendos distintos de todos los verdes imagina­ bles; la bajada de un puerto de la cordillera cantabrica resulta siempre un suefio para el pintor amigo de crmonlos ", y csf continua exaltando el gozo que Ie producen las tierras afines con su paleta y con su decidida orlentcclon. No sabra bien Dcrlo de Regoyos cudnto lbcc influir esa serie de identificaciones en el rumbo de la subsiguiente pintura nordlcc espa- 392 't, nola, una vez que el novecentismo inaugurara grupos y escuelas en las comarcas por el pre­ feridas. escribfa poco antes de morir. Po cos sabrfan como "Ya no hay pintores de ojos limpios", el cudnto significaba tener los ojos llmplos, los que Durio de Regoyos posefa. Esos ojos limpios ante los escenarios Ie mantuvieron siempre en una posicion ingenua, tierna y' bien pensante ha naturales, anfe las gentes y ante las ojos de tal personalidad que nadie los cosas. Y eran mas rcros ". Juan descrito con exactitud. Una nina vasca osequro que tenfa "unos ojos asL., ... . La hija mayor recordaba de la Encina dl]o "eran muy extrnfios y eran toda su persona". casi grises", y la menor me ha desmentido que los tu­ "Ia expreslon dulce de sus ojos clcros, viera, cual se ha dicho, de diferente altura uno de otro. Con esos ojos extraordinarios vefa el mas humilde Fra An­ mundo el gran plntor espcfiol que Ortega y Gasset definfa como "el ... de rodillas para pintar una col". Pero han gelico de las glebas y setos, que pareda ponerse dudoso que se haya com­ transcurrido mas de cincuenta cfios desde su muerte, y todavfa es obra. Nl la fundamental honradez artlstica de su prendido la hermosura y la grandeza de su personalidad. Hombres de la generacion de Regoyos abrieron las puertas de la que habfa de ser fertll Anselmo Guinea, de Bilbao (1854-1906), de grandes dudas eclecti­ pintura vasca. Uno de ellos, J cas, es acreedor, aquf, por 10 menos a un recuerdo. Mas seguro cofrade del impresionismo ( amoroso de su ciudad serfa Adolfo Guiard y Larrauri, tcmbien bilbafno (1860-1916), muy de 10 popular, de 10 artesano y hu­ Amigo natal, a veces a ratos bohemio, recogido y casero. embromando a sus amigos ma­ milde, se Ie vefa por todos los pueblos de la rfa, conversando, marcha a Perfs, donde su gran rineros y pescadores. Tras una corta estancia en Barcelona, sera Edgar Degas. amigo, el que coincide en delicadeza de color y apurado dibu]o, con cdmlrcclon el insigne cronista de las "Guiard, jah, que bel artiste!", exclamaba con sincera muchas bailarinas de ballet; tenfa rozon, aunque el regreso de Guiard a su Bilbao cborto y '( de Conservaba la clara y el buen dlbu]o, dotes con las que pollcromo paleta sus inquietudes. Bilbao (fig. 408), dominando en los proyectos de vidrieras que se conservan en el Museo de los rojos oportunfsimos de elias el gris, el verde y el azul, pero estallando repentinamente con Guiard comienza a ser una realidad una camisa 0 los ocres de una vela. Con Regoyos y la pintura vasca, posteriormente tan solldc .. hasta asegurarfamos que En Cctolufic, el impresionismo cornenzo de suerte muy difusa, y con el arte frances. Asf, el primer hombre que tfmida, pese al contacto cada vez mas estrecho de su plural fisonomfa pldstlcc. cabe lnclulr en la tendencia no 10 sera sino en cierta parte el 5 de febrero Nos referimos a Francisco Gimeno Arasa, nacido en Tortosa (Tarragona), de 1858. Casi un autodidacta, apenas recibe mas enseficnzos, a partir de' los doce cfios, que de cumplir el servicio militar, monta las escasas del lltoqrcfo Francisco Tlo. En Barcelona, luego un taller, fracasado, y ha de ganar la vida como pintor industrial, mientras, extrnfiornente, su paisaje y acep­ aprende el solo la lengua hebrea. En 1884 Ie vemos en Madrid, pintando Torroella de Montgrf y en l.lcnsd, pro­ tendo los consejos de Carlos Haes. Residird luego en tegido por relativos mecenas, y de nuevo volverd a pintar puertas y paredes. Barcelona, a No desmaya por ello, y continua haciendo su 'obrc, preciso para comiendo 10 estrictamente todas las injusticias de la vida. Y cuando se extingue no morirse de hambre, indiferente a cuenta y franciscano, con una estc el 22 de noviembre de 1927, Gimeno, patriarca pobre cuadros de sorprendente velczqulsrno labor absolutamente insigne. Una labor que cbcrcc 393 - tal, EI nino del perro, en la Colecclon Sala, de Barcelona - junto a otros de sueltc y li­ berrlrnc pincelada, la advertible en sus autorretratos (fig. 407), Y en cantidad de paisajes en que la reciedumbre de vision de y concepto es compatible con un impresionismo muy perso­ nal. Otro patriarca de la pintura catalana, el bnrcelones Eliseo Meifren ROig (1857-1940), dis­ dpulo de Antonio Caba, viajero por Italia, uno de los descubridores de Mallorca y de la Costa Brava, fue el creador de un tipo de palsc]e mas colorista y profuso en destrezas que exactamente impresionista. Concurrlo las a exposiciones nacionales y cccbo por obtener pri­ mera medalla en la de 1906. Hay otra etapa posterior de impresionismo cctcldn, prestigiado por Ramon Casas en 10 mas sutil de obra, pero este gran maestro, como Nonell, pertenece ya de Ilene al novecen­ su tismo y escapa a nuestra relocion, la que concluye sus anales declmononicos. Ya era hora de hacerlo, en un recuento comenzado con la presencia de dieciochescos actuantes en los reinados de Carlos IV y de Fernando VII. Desde ellos hasta Beruete y Regoyos, la Pintura es­ panola habla atravesado mas fases, crisis y metabolismos que los que se sucedieron en los tres siglos anteriores. Mucho tanto se esforzo por ser siempre digna de su mo­ trcbcjo, y otro mento. Y si cornetlo errores y disimulados equivocaciones, no en el resumen evolutivo que ahora term ina, la verdad es que, las mas de las veces, continuadora del pa­ supo ser digna sado. Es Ilegado el momento de mirar de frente, con la misma ausencia de prejulclos que convendrfa, por ejemplo, a la conternplcclon de los cuatrocentistas, la labor de nuestros abue­ los, bisabuelos y tatarabuelos. Porque si algun defecto tuvieron, no era otro que el de ser hijos de un siglo que adoleda de excesiva al 1900. prisa por Ilegar Es habitual rubricar un repertorio y una evolucion tan densos en nombres como los que ahora terminan, con alguna especie de morcle]c a deducir de 10 expuesto; pero las conside­ raciones teoricos ya fueron presentadas al comienzo del volumen y no deben ser repetidas. 0, por 10 menos, entlende el autor que no han de serlo, confiado en que los hechos y meca­ nismos apuntados han sldo primeramente respaldados tanto por el texto como por las repro­ ducciones adjuntas, qulzd estes mas decidoras Y, que cquel. sin embargo, tras de haber vivido inserto el que suscribe en los ambientes del siglo XIX necesarios para documentar el libro, sf queda en su animo un temor, y es el de no haber proporcionado una ccllflccclon apodfctica e inapelable a dicho cicio cronoloqlco, valido, clcro estd, de los propios argumentos pldstlcos. Sin duda, la dlsposlclon tripartita del siglo se oponlc a ello, y se sequird oponiendo; pero con­ vendrd, en todo caso, destruir el peso peyorativo de que se ha cargado a la palabra "declmo­ n6nico". Porque no se utilize normalmente como ndjetlvnclon cronoloqlcc, sino a modo de reproche, para designar algo muy viejo, muy mandado retirar, muy cnncronlco 'I, consiguien­ temente, muy rechazable. Y ello, tanto en 10 referible a modas y usos como en 10 tocante a las artes, las letras y la polltica. Pues bien, esa Intenclon peyorativa es injusta. EI siglo XIX espcfiol, con sus cien nfios de espontaneidad y de lnvenclon -aunque buen golpe de tales cfios nos parezca �quivocado­ constituye una era enteramente noble, en la que cada die procuraba un cnhelo, una nove­ dad, una revision de sf mismo. Comenzo por no sentirse avergonzado ni vejado del preceden­ te -el XVIII-, hemos heredado y nosotros no ni esa probidad ni ese respeto, ambos filiales. Por el contrario, nos hemos gozado insensatamente en minorizar y desestimar la enorme capacidad de avances y conquistas de cien cfios, a los que debemos todo, la total base inicial 394 C I.<\..€.... {'.c... /'-"" � (. t r'''l .... '. J "'vI..L-'� .1 J DE DONA ISABEL REGOYOS, MADRID). Fig. 407. Figs. 405 Y 406.-DARlo DE REGOYOS: REDES SEcANDOSE, Y DIBUJO (COL. FRANCISCO GIMENO: AUTORRETRATO (MUSEO DE ARTE MODERNO, BARCELONA). 395 ( 1 I Fig. 408.-ADOLFO GUIARD: PROYECTOS DE VIDRIERAS (MUSEO DE BELLAS ARTES, BILBAO). 396 de la vida novecentista como la modelcclen primera de las letras y las artes de hoy. Evidente­ mente, porque la rutina anatematizadora de 10 "declmononlco ha " impedido advertir la enor­ me dosis de novecentlsrno laffa la obra I que en poetlcc de Gustavo Adolfo Becquer 0 en el desenfrenado colorismo de Eugenio Lucas. Y como qulera que ambos eran "declmoncnlcos ", I obtuvieron de nuestro tlernpo, por largo y unlco pago, la considerccion de poeta sentimentaloide ( para el primero, la de eplqono impersonal de Goya para el segundo. En verdad, la aprecia­ cion del siglo XIX se ha solido nutrir de t6picos raramente revisados, aceptados sin dlscuslcn. Buena parte de equlvoco compete ese al ultimo tercio del siglo, el que ya se ha visto era el menos valioso de los tres en que fue dividido. Y era, por abrumante 16gica, el que habra de ser continuado pldstlcomente en los primeros veinte nfios del nuestro, a los que restaba persona­ lidad. Porque si el siglo XIX habra conservado hasta la de la Independencia pleno guerra talante dieciochesco, no era menos justo que un primer y largo perlodo del nuestro 10 tuviera decimon6nico. Y, a decir verdad, esta fue la parte mas desagradable del XIX, la de su siglo perseverancia, demasiado prolongada, en el novecentismo. Esos cfios mas comprendidos, 0 menos, entre 1890 y 1910, son los del reinado de "10 cu rsi". Etapa que ya estd siendo objeto de relvlndlccclon y estima en otras tierras. En la nuestra oun se ha de hacer esperar su justicia. I En fin, de muy poco habra servido el libro que ahora concluye si no ha enno­ logrado blecer en alguna seria medida el dictado de "decimon6nico", sustrnyendole su meollo, a la vez compasivo y despecfivo. De nuevo podemos asegurar que ni la historia del arte espnfiol ni la de otro arte nacional ningun se construye mediante la aparici6n de genios fugaces y soli­ tcrlos, sino con la acumulaci6n de los y los dlos de los trabajos no genios, enhebrados en mayor continuidad de sucesiones. Y, por fortuna, de esos hombres no geniales, pero sl admirables, aislada y genericamente, hubo cosecha en el grandrsima tiempo que comenzaba con los virreinatos americanos y conclulo con la de las colonias. perdldc Viraje y ruina de los que, sl hubo sedan ciertamente los benernerltos culpables, no arquitectos, escultores y pintores de la olvidada centuria. 397 I BIBLIOGRAFIA CBRAS GENERALES. REPERTCRICS. LA CRfTICA. ALCAHALf, Baron de. «Diccionario bloqrdflco de artistas valencianos». Valencia, 1894. BALART, Federico. «EI prosafsmo el arte». Madrid, s. a. en BAQUERO. ALMANSA, A. «Los profesores de Bellas Artes murcianos». Madrid, 1913. CAVEDA, J�se. «Memorias para la historia de la Real Academia de San Fernando y de. las Bellas Artes en Espana?>, Madrid, 1867. GAYA NUNC, Juan Antonio. «Historia y gufa de los museos de Espana», Madrid, 1955. G6MEZ MCRENC, Marfa Elena. «Breve historia de la escultura espanola», 2.' ed., Madrid, 1951. JIMENEZ PLACER, Fernando. Apendlces a los vols. 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La misma ctencion merece el Catalogo de 10 exposicion «Un siglo de Arle Espcfiol (1856- 1956)>>, Madrid, 1955. 403 , INDICE DE TEMAS Abel muerto, 191. Constancia, 82. Flevit super iIIam, 379. Abraham y Agar, 123. Convite de Dionisio a Damocles, 70. Forment, Damian, 182. Addn y Eva, 210. Coroncclon de Quintana por Isabel II, Fusilamiento de Torrijos, 328. Alegoria del Nacimiento de un Prin­ 112. cipe, 101. Cortes, Hernan, 23, 196. Ganimedes, 71, 72, 123. Alejandro ante el Sumo Sacerdote, Cortes de Cadiz, 328. Girones, Origen del apellido de los, 100. Costumbrismo andaluz, 196 a 198. 250. Alfonso el Sabio, 297. Costumbrismo castellano, 245. Gladiadores, 92, 99. Alfonso XI, nino, 168. Costumbrismo marroqui, 344, 345. Gran Gonzalo Capitan Fernandez de Alrnoqdvo res, 343. Cristo en la Cruz, 102 .. Cordoba, 196, 294, 303. Amantes de Teruel, 379. Cristo yacente, 192. Guas, Juan, 182. Angel caido, 304. Critica de arte, 35. Guatimozin, 196, 323. Antiloco, 134. Apolino, 72. Dama de la sombrilla, 297. Hambre de Madrid, 127. Apolo, 92. Dante Alighieri, 298. Hector y And rornccu, 81. ( Apolo y Dafne, 166, 186. Daoiz, Luis, 23, 93, 180, 203, 315. Hercules y Anteo, 134. Apolo coronando las Artes, 81. David, 210. Hermafrodita, 72. Aquiles, 92. Aquiles extrnyendose la David y Goliath, 204. Herrera, Fernando de, 231. flecha, 81. Defensa de Zaragoza, 72, 240. Hijasdel Cid, 364. I Arquitectura clasicista, 39 a 69. Arq uitectura rorndnticc, 135 a 161. Defensores de Gerona, 351. Demencia de Dona Juana, 372, 378. Himeneo, 91, 298. Horacios y Curiacios, 82. Arquitectura eclectlcc, 267 a 294. Derecho de asilo, 379. Astronomia, 91. Descubrimiento de America, 327. lIustradores, 377. Atila, 186. Desembarco de Alhucemas, 323. Impresionismo, 380. Austria, Juan de, 179. Su presentcclon Desembarco de los puritanos en Ame- lnes de Castro, 379. al Emperador, 334. rica, 328. Invasion de los bdrbcros, 379. Autopsia del corczon, 379. Diana, 91. Invierno, 262. Ayax Telcrnon, 166. Dicrnedes hiriendo a Marte, 134. lrrttcclon de Manases centre Isaias, 71. Diosa Locura guiando a Don Quijote y Isabella Cutolicc, 303. Su testamen- Batalla de Alcolea, 327. Sancho, 170. to, 334. Batalla de San Marcial, 127. Disputa de griegos y troyanos por el Isaac, Sacrificio de, 182. Batalla de Tetudn, 343. cadaver de Patroclo, 128. Batalla de Trafalgar, 327, 379. Dona Blanca de Navarra, 334. Jael y Sisara, 100, 261. Boil, Pedro, 310. Duque de Gandia, Conversion del, 379. Jaime I, 100, 170, 310. Jardineria, 161. Caida de Luzbel, 210. Elcano, Juan Sebastian de, 304, 307. Jefte, Sacrificio de, 169. Cain y Abel, 351. Ecuestre, Estatuaria, 309. Jose y la mujer de Putifar, 210. Calderon de la Barca, 28, 190, 231. Escultura neocldslcc, 69 a 100. Jupiter y Juno, 118. Calirroe, Sacrificio de, 91. Escultura romdnticn, 165 a 192. Jura de la Reina Gobernadora, 203. Campana de Huesca, 210, 328. Escultura realista, 295 a 322. Ccpituloclon de Bullen, 327. Escenas taurinas, 196, 231, 232, 246. Laocoonte, 304. Caricatura, 262. Escenas marroquies, 240. Lazaro, Resurrecclon de, 88, 100. Caridad, 363. Escenog raffa, 33. Leda, 190. Caridad romana, 99. Espana con el escudo de Madrid, 76. Legazpi, Miguel de, 316. Carlos V y Francisco I, 166. Espana abrazando la Constituclon, 179. Leonardo, 182. Carlos V y Felipe II, 334. recobrando sus derechos, 113. Espana Litograffa, 29 .. Carteles, 33. Espana triunfando sobre el Furor y la Lope de Vega, 2'8, 308. Su entierro, 327. Casta Susana, 210. Discordia, 124. Lucrecia, 91, 128, 334. Cava (La), saliendo del bcfio, 323. Euridice, 169. Luna, 91. Caza del avestruz, 100. Exposiciones Nacionales, 23. Ceres, 93. Magdalena, 175. Cervantes, Miguel de, 94, 99, 170. Fneton, Caida de, 134. Magencio, herido, 91. Cervantes imaginando el «Quijote», 327. Fama, 304. Maliche, La, 189. Ciencias y artes llorundo la muerte de Faunos, 88, 182. 310. Margarit, Capitan, Fernando VII, 203. Fe, 191. Maria Cristina cuidando a Fernando VII, Cincinato, 127. Fe conyugal, 91. 246. Cisneros, Carden ai, 182. Felicidad eterna, 128. Marias (Las) ante el 249. sepulcro, Cleopatra, 92. Felipe II, Silla de, 327. Marquet, Gnlcerdn, 145. Colon, Cristobal, 23, 170, 189, 298, 323. Felipe IV, 81, 82. Marte, 88, 186. Colon en La Rabida, 210, 255, 324. Fernando IV el Ernplczudo, 327. Matatias, 190. Coloso de Rodas, 379. Fernando V el Cctolico, 23, 170. Matronas slmbollcos, 82. Comuneros de Castilla, 328. Figaro, 191. Megara obligando a capitular a los ro­ Conde Ugolino y sus hijos, 127. Fivaller, Conceller, 100. manos, 128. 405 Meleagi'o, M, 93. ham6n BerehgiJer ill; 343. �antas Justa y h�na, 210. Mendoza, Cardenal, 303. Rendicion de Granada, 378. Santa Teresa, 324. Minerva, 91, 100. Republica romana, Orfgenes de lc, 379. Seneca, Muerte de, 100, 378. Moctezuma, 189. Republica (La) dirigiendo a Espana por Sol,91. Moises rompiendo las Tablas de la Ley, el camino del' Progreso, 231. Spoliarium, 379. 88. Restauraciones en arquitectura, 276. Monaguillismo, 380. . Reyes Cctollcos, 106, 323. Teseo y Diana, 134. Morfeo, 72. Ribera, Jose de, 182. Ti ntoretto, 333. Moro, Suspire del, 261. Romana, Proeza del Marques de la, Tiziano, 182. Mujeres fuertes de la Biblia, 170. 196. Tlahuicole, 189. Murillo, 169, 182. Trcnsfiqurccion,210. Sagunto, Ruina de, 316. Tres de mayo de 1808, 328. Nacimiento, 70. San Andres,.307. Trinidad,191. San Bartolome, 307. Tucapel, 303. Neptuno y Amfitrite, 298. Neron y Seneca; 315. San Fernando ante Jcen, 101. Tulia, 316. Neron ordenando la muerte de Seneca, San Francisco, Trcslcclon del cuerpo de, 100. 324. Ulises reconocido por Euriclea, 176. Ninfa, 166. San I�doro, 71, 29� Ultima Cena, 81. San Isidro, 191. Otryades, 182. San Jeronimo escuchando las trompetas Valor, 81. del Juicio Final, 170. Velarde, Pedro, 23, 93, 180. 296. Velazquez, Diego, 182, 231, 315. Paisaje realista, 364. SanJorge, Paisaje rom dntico, 219. San Jose y el Nino Jesus,111. Venus, Nacimiento de, 191. Patriotismo, 166. San Juan, 338. Venus y Cupido, 71, 93. Pelayo en Covcdonqn, 323. San Juan Bautista, Muerle de, 127. Venus y ndyndes, 210. Pintura mural, 102. San Juan Clfmaco, 324. Viaje de la Virgen y San Juan a Efeso, Pintura neocldsicc, 114. San Juan de Dios, 192. 321. Pintura rorncntlcc, 195. San Lorenzo, Entierro de, 327. Vicarfa, La, 343. Prfamo, Muerle de, 186. San Mateo, 338. Viladomat, Antonio, 303. Prfncipe Don Carlos, 328. San Miguel, 186. Vinatea, Guillen de, 378. de Viana, 379. San Pablo, 298. Virgen del Carmen, 210. Prfncipe Prometeo, 166. San Pedro, 298. Virgen Madre, 296. Proserpina, Rapto de, 190. San Sebastian, Entierro de, 378. Virgen yacente, 99. Psiquis y Cupido, 139, 210.· Sancho IV, 210. Viriato, 128, 315. Sanson, Prision de, 82. Virludes cardinales, 255. Quevedo, Francisco de, 182, 240, 316. Santa Agueda, 216. Vives, Juan Luis, 310. Santa Clara, 363. Rafael, 182. Santa lnes, Entierro de, 303. Wagnerismo, 380. 406 , I N Die E G EO G R A F I CO Africa. 28. Barcelona. Coso de 10 Aducnc, 61. Bruselas 271. (Belqlco}, 369. 371. 220. 222. Alamiriya (C6rdoba). _ Casas de Xifre, 62. 186. _ Palacio de Justiclu, 271. Alba de Tormes (Salamanca). Basflica _ Coso Thomas. 293. Buenos Aires de Santa Teresa. 281. Coso (Rep. Argentina). 316. _ Maso. 281. Burdeos (Francia), 102. 219. 246. 333. Albacete. 268. -'- Coso Ribera. 117. 334. Albaida (Valencia). 190. _ Coso de 10 Ciudud, 62. Bu rqos, 222. 227. 271. Alcala de Guadaira (Sevilla). 216. _ Arco de Triunfo, 293. 307. _ Monasterio de San Juan. 48. Alcala de Henares (Madrid). 138. 228. _ Atheneum Politecnicum. 62. Butr6n (Vizcaya). Castillo. 276. 234.246. _ Ayuntamiento. 62. Alcazar de San Juan (Ciudad Real). 239. _ Capitania Genercd, 146. Cabeza de griego (Cuenca). 66. Alcoy (Ali conte). 328. _ Diputaci6n. 296. 303. Caceres. Audiencia. 48. Alemania. 22. 261. _ Ensnnche, 160. _ Museo. 128. Algorta (Vizcaya). 370. _ I nstituto Ag ricol a. 191. Cadiz. 28. 45. 88. 100. 219. 220. 255. Alicante. 124. _ Jardin del General. 162. 315. 316. 364. Almeria. Plaza Nueva. 66. _ La Glorieta. 162. _ Cdrcel, 66. Almoradf (Alicante). 100. Laberinto de Horta. 162. Catedral. 66. 10.1. _ _ Alsasua (Navarra). 383. Mercado. 62. Academia. 196. _ _ Arnberes, 371. _ Monasterio de Pedrclbes, 281. _ Museo de Bellas Artes, 134. 245. America. 21. 40. 196. _ Palacio de 10 Ciudadela. 293. Caen (Francia). Saint Etienne. 276. Andaluda. 28. 66. 196. _ Palacio de Justlciu, 293. Caldas de Besaya (Santander). 161. Antequera (Malaga). Cdrcel, 48. _ Palacio de los Marqueses de Ales y Cambre (La Corufia). 222. Antill as. 220. de Dou. 61. Camprod6n (Gerona). 371. Aranjuez (Madrid). 39. 82. 128. 155. 261. _ Palacio del Marques de Alfcrrds, 62. Cafiizar (Guadalajara). 370. __ Palacio. 155. _ Palacio de los Virreyes. 155. Carabancheles (Mad rid). 151. 155. __ Casita del Labrador. 46. 91. 124. _ Palacio Moya. 145. Caravaca (Murcia). 65; 134. Ardnzczu (Gulpuzcoc), 383. _ Parque de 10 Ciudadela. 192. 307. Cardenas (Cuba). 170. Argelia. 28. _ Plaza de. Palacio. 62. 145. Cartagena (Murcia). 146. Argentina. (Republica). 308. _ Plaza Real. 145. Carrara 316. Arredondo (Santander). 128. (Italia). _ Plaza de San Jaime. 62. Castell6n de 10 Plana. 99. Asturias. 24. _ Portal del Mar. 62. Colombres (Santander). 316. Atenas. Parten6n. 72. _ EI Reflno, 191. Comillas (Santander). 282. Avila. 190. _ Restaurante de 10 Exposici6n de 1888. Cordoba, 71. 81. _ Iglesia de San Vicente. 275. 293. _ Mezquita. 271. Teatro del l.iceo, 145. 146. Covadonga (Asturias). 276. _ Barajas (Madrid). Alameda de Osuna. _ Templo romano. 62. Cuba. 279. 308. 136� _ Universidad. 191. 281. Barcelona. 16. 27. 33. 87. 91. 92. 93. 100. Museo de Arte Moderno. 22. 99. 113. S. 321. Chicago (U. _ A.). 113.114.118.123.159.170.196.227. 118.123.351. China. 240. 256. 296. 297. 303. 307. 338 _ Museo Martorell. 310. _ Escuela de Lon]c, 24. 27. 61. 70. 87. Col. Domingo Carles. 234. Dijon (Francia). 231. _ 91. 92. 113. 117. 118. 185. 191. 228. _ Col. Plandiura. 372. Dlnurnarcc, 88. 256. 296. 297. 298. 303. 315. 317, 343. _ Col. Sola. 351. 380. 394. Douai (Francia). 231. 346. Col. Roig. 351. Durango (Vizcaya). Coso Conslstorlcl, _ _ Escuela Superior de Bellas Artes, _ Col. Roses. 351. 55. 185.291. Bcycrnon (Puerto Rico). 380. _ Escuela Superior de 233. Arquitectura. Bayonct (Franci a). 232. Egipto. 28. 176. 288. Belgica. 317. 351. EI Escorial. 39. 105. 179. 185. 186. _ Catedral. 145. Berlfn (Alemania). 309. EI Havre (Francia). 288. 384. _ Iglesia de San Agustin. 343. _ Museo, 327. EI Pardo (Madrid). Castillo de Vifiuelcs, Cap ilia Francesa. 293. . Bermeo (Vizcaya). Coso Consistorial. 55. _ 276. _ Iglesia de Carmelitas Cnlzudos, 62. Betanzos (La Corufia). 222. EI Paular (Madrid). 71. _ Iglesia de San Francisco de Paula. Biarritz (Francia). 232. Entrambasmestas (Santander). 371. 191. Bilbao. 161. 287. 316. 383. 393. Epila (Zaragoza). 55. _ Iglesia de San Miguel del Puerto. 186. _ Museo de Bellas Artes, 196. 198. 346. Espoleto (ltalia). 249. _ Iglesia .de Santa Ana. 282. 393. Estados Unidos. 170. _ Iglesia de Santa Maria de Cervello, _ Diputaci6n nueva. 288. Estella (Navarra). 135. 293. Plaza Nueva. 61 Estrasburgo (Francia). 88. _ . . _ Iglesia de Santa Maria del Mar. 262. Colegio General de _ Vizcaya. 61. 282. Palacio Viejo de 10 61. Falset _ Diputaci6n. (Tarragona). 310. _ Iglesia de los santos Justo y Pastor. de Achurl, 56. 240. _ Hospital Filipinos. 191. Col. Valdes. 338. Florencia (Italia). 170. 186. 249. 281. _ _ Iglesia de Pompeya. 293. Boadilla del Monte (Madrid). 82. 91. 298. 333. _ Iglesia de 10 Sag rada Familia. 281. Bois-Colombes (Francia). 262. Francia. 46.310.317. 322. Bones (Asturias). 166. Fr6mista (Palencia). Iglesia de San _ Iglesia del Tibldubo, 293. Boulogne-sur-Seine (Frcnclc), 377. Martin. 275. 407 Galicia, �4, 66. Madrid, Iglesia de San Jose, 307. Madrid, Museo �om6ntlco,11�, 1�', 1�� de Arteaga (Vizcaya), 276. Iglesia de San Juan, 46. 169, 196, 197, 215, 219, 222, 255, Gauzteguiz - 333. Iglesia de San Manuel y San Benito, 261. Genova (llalia), 185, - Gerona, 189, 298, 371, 372. 281. - Museo de la Trinidad, 228, 231. de San Marcos, 307. Obelisco de la Fuente Castellana, 48. Museo, 222, 261. Iglesia - - - Gljon (Asturias), 227. - Iglesia de San Martin, 124. - Palacio Real, 29, 70, 102, 105, 111, Iglesia de Premostratenses, 48. 112,113,123,134,185,197,198,275. - Teatro, 228. - de Santa Cruz, 275. Palacio de Alba, 75. Godella 363. Iglesia - (Valencia), - de Santiago, 45, 48. Palacio de Alccfiices, 75, 76, 152, 275. Granada, 71, 227, 364. Iglesia - - Iglesia de Santo Tomas, 338. Palacio de Arenzana, 152. Alhambra, 28, 155. - - - ___: Catedral, 66, 88. - Ermita de San Antonio de la Flori- - Palacio de Bejar, 152. - Escuela de Nobles Artes, 88. da,101. - Palacio de Buenavista, 40. Convento de Dona Maria de Ara- Palacio de EI Pardo, 105, 128. Grecia, 46, 69, 220. - - 138. Palacio de Exposiciones del Retiro, Guadalajara, 124. gon, - Guadamur 276. Convento del Noviciado, 138. 271. (Toledo), - Convento de San Gil, 46, 48. Palacio de Ferndn Nunez, 343. Guatemala, 307. - - Con vento de Santa Clara, 46. Palacio de Gaviria, 145. Guayaquil (Ecuador), 316. - - Palacio de Indo, 288. Guernica (Vizcaya), 56, 61. Colegio de Jesuitas, de Chamartin, - - 24. 275. - Palacio Lopez Doriga, 152, 275. Gulpuzcoc, - Ateneo, 34, 286, 315. - Palacio de Medinaceli, 288. Banco de Espana, 285. Palacio de Salamanca, 151,155. H aro (Log rofio), 81. - - Banco Hipotecario, 151. Palacio de San Nicolas de Nora, 152. Herculano (Italia), 176. - - Banco Hispano Americano, 285. Palacio de la Union, 272. Holanda, 351. - - Biblioteca Nacional, 134, 166, 170, Palacio de Veragua, 145. Huesca, 113, 114. - - 179, 268, 295, 297, 298, 308. - Parque de Monteleon, 94. Caballerizas Reales, 48. Parque del Retiro, 162. Ibiza (Bolecres), 310. - - Plaza de Oriente, 46, 47, 81, 137. Italia, 46, 189, 231, 232, 317. Campo del Moro, 162. - - - Casa de la Moneda, 268. - Plaza de teres, 282. Casa de Xifre, 282. Puerta del Sol, 159, 160. Jamaica, 220. - - 240. Casino de la Reina, 134. - Puerta de Toledo, 47, 76, 82. Jcpon, - Cason del Buen Retiro, 271, 318. Real Academia de Bellas Artes de Jdtlvc (Valencia), 146. - - Jerez de la Frontera (Cadiz), 196, 197. - Cementerio de San Nicolas, 169. San Fernando, 16, 23, 24, 27, 46, 48, - Iglesia de San Miguel, 304. - Cementerio de San Isidro, 304. 65, 66, 69, 70, 71, 76, 81, 87, 88, 100, Jumilla (Murcia), 65. - Cementerio de la Almudena, 281. 106, 118, 124, 128, 131, 132, 134, 155, - Col. Castillo Olivares, 23. 166,169,170,175,176, 180, 19� 203, La Bisbal Col. Daza de Campos, 132. 209, 21� 216, 219, 22� 231, 239, 249, (Gerona), 324, 377. - La Corufin, 24, 316. - Col. Garda Espinosa, 245. 255, 321. Col. 132. Real Academia d.e la Lengua, 175, Museo, 364. Paya, - - - Col. Torre Arias, 132. 271. La Garriga (Barcelona), 371. - La Habana Col. Vlllubrdqirnc, 210. Real Casa del Vidrio, 48. (Cuba), 81, 87, 316. - - Congreso, 136, 137, 151, 170, 176, Senado, 146. (Santander), 180. - Laredo - 179,255,316. - Teatro de los Ccfios del Peral, 47. Leon, 227. Ensanche, 160. Teatro de la Cruz, 33. Catedral, 272, 281. - - - Escuelas Aguirre, 282. Teatro del Principe, 33, 215. Teatro, 228. - - - Escuela de Bellas Artes de San Fer- Teatro de la Princesc.: 286. l.ertdc, 370. - - Lestrove (La Corufio}, 364. nando, 28, 182, 315, 318, 328, 333, - Teatro Real, 33, 47, 48, 136, 137, 170, Lille 231. 358, 371, 380. 231, 232. (Francia), Lima (Peru), 316. - Escuela de Farmacia, 48. - Tribunal de Cuentas, 268. Liorna (llalia), 333. - Escuela de de Minas, 271. Ingenieros - Universidad Central, 55, 138, 179, Liria (Valencia), 99. - Escuela de Medicina de San Carlos, 261. Lisboa (Portugal), Museo de Arte Mo- 48, 81. - Vistillas de San Francisco, 45. Escuela Superior de Arquitectura Malaga, 35, 346, 369. derno, 240. - 155, 156. Aduana, 48, 66. Iglesia de"Ic Encarnacion, 196. - - 101. Fabrica de Plate ria de Martinez, 48. Mallorca, 88, 113. Loqrofio, 81, - Fuente Castellana, 81. Manila (Filipinas), 316. Londres (Inglaterra), 176, 303, 351. - 231. Fuente de los Galapagos, 48, 81. Manresa (Barcelona), 307, 310. Lyon (Francia), - - Jardin Botdnico, 181. Marin (Pontevedra), 222. Llanes (Asturias), 181. - Liceo, 39, 47, 209, 210, 216. Marsella(Francia), 256, 333. L1avaneras 371. Ministerio de Estado, 304. Marruecos, 231. (Barcelona), - - Ministerio de Fomento, 23, 271, 295, Mas Cerda (Barcelona), 161. Madrid, 16, 24, 27, 159, 190, 196, 232, 317. Matamorosa (Santander), 370. 255, 297, 307. - Monte de Piedad, 286. Mataro (Barcelona), 88, 117, 346. - Catedral de la Almudena, 275, 294. - Monumento al 2 de Mayo, 81, 82. Mnznr ron (Murcia), 327. - Basilica de Atocha, 281, 295, 308. - Museo Antropoloqico, 189, 275. Medina Azzahra (Cordoba), 271. - Iglesia del Buen Suceso, 286. - Museo Arqueoloqico Nacional, 268. Mejico, 170, 189, 303, 309. Museo de Arte Moderno, 72, 75, 76, Academia de San Carlos, 186, 261. Iglesia de Caballero de Gracia, 45, - - - 111, 128, 131, 134, 186, 192, 198, 203, Santa Clara, 170. 81, 124. - Melgar de Fernamental (Burgos), 327. - Iglesia de las Calatravas, 272, 285. 215, 231, 364, 370, 371. Museo de Ciencias Naturales, 271. Menorca (Baleares), 186. Iglesia de las Comendadoras de - - Santiago, 307. - Museo del Ejerclto, 175. Milan (Italia), 137. Museo Lazaro, 105, 124, 222, 231, Monasterio de Hermo (Asturias), 327. Iglesia de la Concepcion, 175. - - Montevideo (Uruguay), 316. - Iglesia del Espiritu Santo, 137. 245. Museo Municipal, 185. Montserrat (Barcelona), 186. Iglesia de San Francisco el Grande, - - 70, 124, 295, 298, 307, 318. - Museo del Prado, 22, 75, 76, 81, 82, Moraleja del Vi no (Zamora), 315. 94, 102, 105, 106, 111, 114, 124, 128, Moratalla (Murcia), 76. - Iglesia de San Gines, 285. 131, 132, 13� 18� 182, 20� 231, 249, Motrico (Gutpuzccc), Casa Consistorial, - Iglesia de San Isidro, 169. 281, 315, 327, 328. 55. - IglesiadeSanJeronimo, 155,179, 272. 408 Mugardos (Pontevedra), 222. Roma, Castillo de Sant' Angelo, 71, Toledo, Colegio de Doncellas Nobles, Munich (Alemania), 29. 128. 304. Murcia, 24, 65, 100, 281, 324, 334. - Coliseo, 146. - Hospital de Dementes, 40. - Catedral, 65. - Iglesia de San Lorenzo, 315. - Escuela de Artes y Oficios, 287. - Ayuntamiento, 146. - Iglesia de Santa Marfa sopra Mi- - Plaza de toros, 268. - Palacio de Zabalburu, 65. nerva, 82. - Santo Domingo el Antiguo, 127. - Teatro Nuevo, 146. - Museo Capitolino, 91. - Seminario, 48. - Coso de Meoro, 65. - Museo de las Termas, 75. - Universidad, 49. Coso de 10 Misericordia, 65. Museo Vaticano, 71, 72, 75, 76, 91, Tortosa (Tarragona), 315, 393. - - - Iglesia del Carmen, 65. 186,189. Turqu!a, 261. - Museo, 134. - Palacio Barberini, 131. Muros de Pravia (Asturias), 370. - Palacio del Quirinal, 128. Obeda (Jcen), 197. - Universltd della Sapienza, 176. Ulldecona (Tarragona), 315. Nantes (Francia), 288. - Villa Farnesina, 151. Napoles (Italia), 137. Roncesvalles (Navarra), 315. Valencey (Francia), 22. Navalcarnero (Madrid), 239, 246. Rouen (Francia), 220. Valencia, 24, 100, 101, 161, 170, 276, Nimes (Francia), 146, 333. 294, 317, 358. Nueva York (U. S. A.), 298. Scqo ro (Barcelona), 117. - Academia de Bellas Artes de San - Columbia University, 246. Sag unto (Valencia), 146. Carlos, 70, 91, 100, 105, 106, 137, 190. - Hispanic Society, 358, 363. San Andres del Palomar (Barcelona), - Aduana, 65. 62, 193. - Capitania General, 146. Olot (Gerona), 117, 321, 372. Snn Cugat del Valles (Barcelona), 189. - Escuela de Bellas Artes de San Car- Ontaneda (Santander), 371. San Felfu de Llobr eqct (Barcelona), 186. los, 318, 358, 363. Oporto (Portugal), 196. San Felfu del Reco (Barcelona), 310. - Hospital General, 303. Orense, 99. San Juan de Luz (Francia), 232. - Iglesia del Salvador, 65. Orihuela (Alicante), 100, 346. San Juan de Puerto Rico, 383. - Iglesia de Santa Monica, 363. Oviedo, 180, 327. - Teatro Municipal, 220. - Iglesia de los Santos Juanes, 113. - Teatro, 228. San Sebastian, Alhondiqu, 56. - Jardin de Monforte, 162. - Casa Consistorial, 55. - Museo de Bellas Artes, 105, 112, 346. Palencia, 327. - Ensanche, 161. - Museo de Cerdrnlcn, 378. Palma de Mallorca, 99, 310. - Gran Casino, 288. - Palacio de Parcent, 65. - Catedral, 88. - Gran Kursaal, 288. - Plaza de toros, 146. - Convento de Santo Domingo, 88. - Iglesia del Buen Pastor, 288. - Puerta del Real, 65. - Iglesia de San Jaime, 99. - Iglesia de San Ignacio, 288. - Real Maestranza, 169. - Col. March, 236. - Iglesia de San Sebastian el Antiguo, - San Miguel de los Reyes, 100. Pamplona, 161, 315. 288. - Seminario, 146. - Cated rcl, 170. - Museo, 71, 72, 338. - Teatro de la Princesa, 146. - Diputncion, 146. - Palacio de la Dlputcclon, 228. - Teatro Principal, 65, 146. Panticosa (H uesca), 334. - Plaza Nueva, 55. - Universidad, 65, 303. Parana (Rep. Argentina), 316. Snnluccr 10 Mayor (Sevilla), 220. Valladolid, 370. Paris (Francia), 29, 71, 152, 170, 186, Santander, 24, 128, 297, 371. - Teatro Calderon, 146. 219, 220, 231, 249, 256, 288, 303, 310, - Ateneo, 371. Venecia (ltalia), 327. 369. 321, 343, 351, 377, 380. - Biblioteca Menendez Pelayo, 285. Vergara (Gulpuzcoc), 135. - Biblioteca de Santa Genoveva, 155. - Diputnclon, 370. Veruela (Zaragoza), 245. - Cementerio del Padre Lachaise, 303. - Museo, 255. Vich (Barcelona), 227. - Colegio de Medicina, 71. Santiago de Compostela (La Corufic), - Casa Cortada, 99. - Museo de Arte Moderno, 72. 66,219. - Catedral, 100. Museo del Louvre, 128, 309, 383. Sedan (Francia), 303. Viena (Austria), 309. - - Teatro de 10 Opere, 137. Segorbe (Castellon), 146. Vigo (Pontevedra), 316, 370. ,.- Palais Royal, 145. Segovia, 113, 321. - Colegiata, 66. Pau (Francia), 232. - Alcazar, 275, 276. Villada (Palencia). 327. Peru so (Italia), 249. - Escuela de Bellas Artes, 228. Villafranca del Pcncdes (Barcelona), 99. Picos de Europa, 231. Sevilla, 101, 196, 209, 218, 240, 255, 310, Villanueva y Geltru (Barcelona), 62. Pirineos, 28. 346. Vlfiuelns (Guadalajara), 327. Pierrefonds (Francia), Castillo, 276. - Academia de Bellas Artes, 82, 216, Vitoria, Arquillos, 55. Polonia, 261. 315. - Coso Ayuntamiento" 55. Polop (Alicante), 70. - Aduana, 124. - Casas de Echevarria, 55. Pontevedra, 189, 222. - Catedral, 210, 304,308. - Catedral Nueva, 281. - Museo, 370. - Col. Ibarra, 198. - Diputcclon, 61. Portici(Italia), 344. - Colegio de San Diego, 245. - Plaza Nueva, 55, 61. Portugal, 66, 189. - Colegio de Santo Tomas, 209. - Teatro, 55. Priego (Cordoba), 71. - Iglesia de San Agustin, 196. Vizcaya, 24. Puerto Rico, 21. - Iglesia de San IIdefonso, 66. Puerto de Santa Maria (Cadiz), 239, - Museo, 210, 364. Yecla (Murcia). Iglesia, 65. 245. de Santa Plaza de toros, 146. SigUenza (Guadalajara), Iglesia - Marfa, 48. Renales (Guadalajara), 102. Sitges (Barcelona), Cau Ferrat, 281. Zamora, Teatro, 228. Requena (Valencia), 146. Soria, 245. Zaragoza, 24, 87. 105, 114 161, 175, Reus (T arragona), 117, 296. Soto de Cameros 8'2. 245, 297. 316. (Loqrofio), Ripoll (Barcelona), 275, 281, 338. - Academia de Bellas Artes de San Rivadesella (Astu rias), 386. Tanger (Marruecos), 346. Luis, 91, 176. Roma (Italia), 45, 69, 127, 169, 170, 185, T arragona, 117, 190, 227, 296, 321. - EI Pilar, 55, 189. 186, 196, 246, 249, 250, 261, 271, 298, - Seminario, 282. - Museo de Bellas Artes, 102. 303, 310, 316, 321, 333, 343, 344. Tivenys (Tarragona), 297. - Palacio de 10 Dlputocion, 146. - Academia de San Lucas, 81, 91, 99. Toledo, 222, 245. - Torre Nueva, 228. - Basflica de San Pedro, 82. - Alcazar, 285. - Universidad, 146. Capilla de San Alejo, 76. Cated ral, 40. 81, 82, 228. Zarauz 55. (Gulpuzcoc), - - 409 , , INDICE ONOMASTICO Abas Aranda, Felipe, 102. Alvarez de Torrijos, Leandro, 231. Baudelaire, Charles, 36, 227. Abella, Joaquin, 99. Amadeo I, 15, 333. Baviera, Principe Adalberto de, 231. About, Edmond, 231. Amadeu, Ramon, 70. Bayeu, Francisco, 102, 325. Acuiia, Cosme, 128. Amador de los Rlos, Jose, 215, 285. Bayeu, Ramon, 127. Addn, Andres, 82. Amerigo, Francisco Javier, 379. Beaumarchais, Pierre Caron de, 191.­ Addn, Juan, 70, 88. Amils, Juan. 262. Belart y Miguel, Ramon, 99. Adaro, Eduardo, 285. Ancelet, 276. Belnunzdrdn, Pedro de, 61. Agrasot, Joaquin, 346. Andreu, Felipe, 100. Belmonte, Juan Jose, 146. Agreda, Esteban de, 76. Angelico, Fro, 393. Beltran de Lis. Vicente, 250. Agreda, Manuel de, 81. Angers, David d', 170. Bellini. 231. Aguado de la Sierra, Miguel, 268. Angles, Juan Carlos, 33, 118. Bellve, Hermenegildo, 321. 271. Anglona, Principe de, 114. Bellver, Francisco, 190. Aguila, Conde de, 101. Angulema, Duque de, 220. Bellver, Jose, 105, 303. Aguilar. Jose Maria, 285. Antonio de Borbon, Infante, 111. Bellver, Mariano, 190. Aguirre, Marcial, 338. Aparici y Soriano, Federico, 276, 281. Bellver Llop, Ped ro, 100, 105. Aguirre Monsalve, Manuel, 113. Aparicio, Jose. 34, 82, 117, 124, 127.131. Bellver y Ramon, Ricardo. 190, 303 a Agullo, Pascual, 100. 134, 203. 307,318,323. Aixa iiiigo, Jose. 303. Apraiz, Julian, 281. Benet, Rafael, 392. Alabern, Camilo, 262. Araujo. Cederino, 175. Benitez. Ped ro, 139. Alabern, Remon, 262. Arbos y Tremanti, Fernando, 281. 286. Benitez Borgoiia, Jose Maria, 134. Alabern Moles. Pablo, 262. Arenas, Ped roo 231. Benjumeda, Torcuato, 66. Alcdren, Luis, 288. Ariza, Marquesa de. 75, 99. Benlliure, Jose, 379. Alarcon. Pedro Antonio. 36, 265. Arguelles, Agustin. 82, 169, 203. 276. Benlllure, Mariano. 297, 309. 316, 317. Alba, Casa ducal de, 22.40,93,127,198. Arlequino, 343. 318, 321, 380. 250, 358. Armet, Jose. 352. 357. Berberana. Condesa de, 219. Alba, Duque Carlos Miguel de, 75. Arnal, Pedro, 40. 65. Berenguer, Jose Ramon. 146. Alberola, Fronclsco, 100. Arnau Moscort, Eusebio, 317. Berenguer, Maria Belen, 239. Alboni, Marieta. 137. Arolas, Juan. 195. Berga y Boix, Jose, 321. 372. Alcala Galiano. Antonio. 245. Arzcdurn, 55. Bernini. Lorenzo, 82. Alcantara, Francisco, 36. Arrau y Barba, Jose. 256. Beruete y Moret, Aurelicno, 383 a -386, Alcazar, Manuel, 65. Arredondo. Ricardo, 370. 394. Alcoverro y Arnoros, Jose, 297. Arriaza, Juan Bautista de, 33. 216. Berrug uete, Pedro, 12. Alentorn, Eduardo B 310. .• Asquerino, Eusebio. 216. Betti, Salvatore, 99. Alenzc, Manolita, 203. Astorga. Juan, 101. Bilbao. Joaquin. 317. Alenza y Nieto, Leonardo. 11, 30, 34, Atche Ferre, Rafael. 310. Blanco «el Sereno», Carlos, 114. 132, 198 a 209, 228, 256, 262. 265. Avendaiio, Serafin, 370. Blanchard. Jean. 33. Alenzn, Valentin. 203. 206. Avrial y Flores. Jose Maria. 228. Blanchard, Pharaniond, 28. Aleu y Teixidor, And res, 191. 296, 309, Aymerich, General. 196. Blasco, Teodoro, 262. 310. Azara, Felix de. 310. Blay. Miguel. 321. Alfcrrds, Marques de, 162. Azortn, 21. 317. Bolarin el Mozo, Francisco; 65. Alfieri, Victor. 170. Bolarin el Viejo, Francisco. 65. Alfonso XII, 15, 182, 285. 185. Baglieto, Santiago, 100, Bolognesi, 316. Alfonso XIII, 15, 249. Bagutti, Domenico, 162. Bonaparte, Carolina, 127. Almanza de Echevarria, Seiiora, 261. Bullen, de. Vid.: Castaiios, Duque Ge- Bonaparte. Leticia, 75. Alonso, Lorenzo. 146. neral. 45. Bonaparte, Napoleon, 39, Alonso Martinez, 215. Baixeras, Dionisio, 357. Bonardi, 33. Alvarez, Domingo, 71. Balart, Federico, 36. Bonavia, Santiago, 47. Alvarez, Jose. 72. - Baldo. Jose Martin. 146. Bonnat, Leon, 28, 386. Alvarez. Juan, 255. Balmes. Jaime, 100. 303. Borghini, Inocencio, 105. Alvarez. Manuel, 11, 88. Ballester. Carlos Cayetano. 65. Boudin, Eugene, 364. Alvarez, Manuel Anibal, 275. Ballester. Juan. 33. Boulanger. Louis, 28. Alvarez Bouquel, Anibal, 72, 138, 156, Baratta de l.eopoldo, Santiago. 181. Bouquel, Isabel, 72. 285. Barba. Ramon, 76. 81. Bover, Francisco, 99. Alvarez Bouquel, Jose, 81, 87. Barcenas. 151. Bover, Jose. 99. 100. Alvarez de Castro, Mariano. 298. Bcrcenlllc, Julian de. 66. Brackenbury. Catherine, 219. Alvarez Catnld, Luis, 327. 333. Barcia. Angel. 206. Brambila, Fernando. 105, 228. Alvarez Cubero, Jose. 69, 71 a 76, 81. Bcro]c, Plo. 316. Bravo, Antonio, 33. 87,92,93,94,114.128,138,165,176, Bcro]c, Ricardo. 316. Bravo Murillo, 137. 216. 321. 315, 323. Barron. Eduardo. 315. Bravo de Rivero, Tcdeo, 101. Alvarez Mendlzdbc], Juan, 23, 180, 181. Barron y Carrillo. Manuel. 197. Breton de los Herreros, Manuel, 113, 182, 215. 276. Bastida y Vargas. Jocquinc, 240. 210. 215. 216. 250. 411 Brochet6n y Mugurua. Luis. 255. Casteldosrius. General. 166. Degas. Edgar. 393. Bru, Francisco. 100. Costellcncs Escold, Miguel, 307. Dehodencq, Alfred, 28. Brugada. Antonio. 219. Castellanos, Manuel. 246. Dejoux, Claude, 71. Brusi, Antonio. 29. Ccstello y Arnot, Vicente. 112. 240. 262. Delacroix, Eugene, 12: 28. 195, 240, 344. Bueno. Manuel. 316. Castillo. Antonio del. 206. Delaplanche, 296. Burgos. Javier de. 215. Castro. Antonio. 113. Delcroche, Paul. 249, 323. Buscto, 33. Castro. Carlos Maria de. 160. Delavigne. Casimir, 323. Byron. Lord. 195. Castro. Rosalfa de, 364. Denis. Maurice, 216. Cavanna. Antonio, 113. Desvnlls, Juan Antonio, 162. Caba y Casamitjana. Antonio. 262. 357. Caved a, Jose, 47. 48. 206. Diana, Juan Manuel. 216. 372. 394. Cedn Bermudez. Juan Agustin, 34. Diaz, Jose Maria, 215. Caballero. Arzobispo, 189. Ceballos, Pedro, 128. Dlez, Matilde, 215. Caballero y G6ngora. Antonio. 71. Ce"es Azcona, Antonio, 61, 62, 91. 145. Diez Valdes. Tomas. 113. Caban eras. 91. Cerda, Francisco, 123. 261. 262. Domenech Estcpc, Jose. 293. Ccbcfiero, Nicolas. 234. Cerda, IIdefonso, 160, 161. Domenech y Muntaner. Luis. 293. Cnbezuelo, Francisco. 136. 137. Cerlclc, Jaime, 151. Domingo Blasco. Francisco. 358. Cabral. Antonio. 198. Cerveto, Remon, 315. Domingo Marques. Francisco. 358 a 363. Cabral y Aguado Bejarano. Manuel. Cezanne. Paul, 380. 383. Dominguez. Manuel. 378. 198. Cid, Carlos, 91, 92. Dominguez Becquer, Gustavo Adolfo. Cabrera. Ram6n.16. Claras6 y Daudi, Enrique, 310. 197. 245, 397. Cad art. 240. Clave, Anselmo, 308. Dominguez Becquer, Joaquin, 197, 231. Cage. Felix. 33. Clave. Pelegrin, 186. 256. 261, 262. 255. Calatrava. Jose Maria. 276. Clemente X"I, 82. Domfnguez Becquer. Jose, 197.198, 222. Calliano. Antonio. 105. Clodi6n. Claude-Michel, 186. 240. 255. Calvo. Tirnoteo, 146. Codina y Langlia, Victoriano. 303. Dominguez Becquer, Valeriano, 197. Cam ana. J. Zacarias. 65. 146. Cog han. Winnefried, 245. 198. 240 a 246. Corncfic Laymon. Jose. 294. Cogniet. Leon, 333, 334, 358. Doncel, Carlos. 215. Camar6n. Fernando. 182. 231. Colomer, Malvina. 343. Donizetti. 136. Cam bon. Carlos Antonio. 33. Collado. Pedro. 182. Donoso Cortes. Juan. 304. Camino Jose. 91. Comas. 35. Dore, Gustave. 28. Cnmoccini, 118. Contreras, Jose Marcelo. 327. Dorregaray. General. 16. Camp be". 136. Contreras. Rafael. 155. Ducrt, Manuela. 169. Campeny. Andres. 88. Cornelius. 128. Duban, 152. Campeny. Damian. 62. 69. 87 a 93. 99. Corn ide, Jose. 66. Duc.152. 114.123.165.185.186.189.191.192. Coronado. Carolina. 250. Duero, Marques del. 16. 182, 296, 308, 296. 323. Corot, Camille. 344, 352. 372. 309. Campo Alange. Conde de. 250. Cortdzur, Antonio, 161. Dughet. Marfa, 219. Campoamor. Ram6n de. 210. 215. Corte. Juan Bautista de lc, 65. Duque, Eugenio, 182. Cancela del Rlo, Juan Jose. 219. Cortelllnl, Angel Maria. 255. Duran, Agustfn, 215. Ccnellc, Fermin. 114. Cortes y Aguilar. Andres. 198. Duran. Luis Marfa. 255. Canigia. Carlos. 185. Cortina. Manuel, 215. Durand,181. Cerro, Alonso. 71. 175. 364. Correggio. Antonio, 118. Cano de la Pefic, Eduardo. 255. 256. Courbet, Gustave, 12, 216. 351. Echamoros. Jose. 66. 323. 324. Couture. Tomas, 380. Echave. Manuel de. 288. Canova, Antonio, 12.69.71.72.81,88. Cozens. Alejand roo 227. Echegaray. Jose de, 34. 91.118.128.170. Cruc, And res, 105. Echevarria, Antonio de, 56. Cdnovos del Castillo, Antonio, 16. 295, Cruz y Rios, Luis de lc, 123. 124. 369. Echevarria, Senorita, 261. 316, 317. Cruzada Vlllccrnll, Gregorio. 35. 328. Eck.181. Cofiete, Manuel. 35. 215, 334. Cuadrado. Vicente, 369. Egusquiza, Rogelio de, 386. Capo. Manuel Antonio, 271. Cuadras, Pedro, 99. Elbo, Jose. 197. Cnpuz, Cayetano, 182. Cuadras, Remon, 99. Elias. Feliu, 186. Carbone" Huguet. Pedro, 310. Cubas, Francisco de. 152. 275. 276. 281. Elias, Francisco, 138. 139. Cardano. Jose,-29. 294. Elias Vallejo, Francisco. 81. 82. Carderera. Mariano. 271. Cubero, Antonia, 71. Elio, General, 162. Carderera. Valentin. 34. 113, 222. 231. Cuervo, Juan Antonio, 45. 48. Enclnc, Juan de lc, 393. Carini. Prlncesc, 132. Cutanda. Vicente. 379. Enriquez Ferrer. Carmen. 255. Carlos II, 15. Enriquez Ferrer. Soledad. 255. Carlos III. 22. 66. 111. 135, 159. Chambrechef, 276. Entrala. Jose de. 370. Carlos IV. 15. 22. 71. 76. 105, 106, 128, Chapu, 296, 310. 321. Epalza, Viuda de, 316. 131.185,309,394. Charlet, Franz, 386. Escobar. Vicente, 105. Carlos. titulado V, 15, 111. Chasseriau, Theodore, 344. Escoriaza. Jose Eleuterio de. 161. Carlos. titulado VI, 15. Chateaubriand, Frcncols Rene. 195. Escosura, Patricio de lc, 30. 34, 215, 222. Carlos. titulado VII, 15. Checc, Ulpiano, 379. Escrig. Salvador, 65. Carmen a de Prete, Emilia. 255. Cheste, Conde de. 215. Espana. Conde de. 123. Caro y Sureda, Pedro, Marques de la Chicharro, Eduardo. 392. Espalter. Joaquin. 138, 256. 261. 262. Romana. 88. 111. 196. Chinch6n, Condesa de. 82. Espartero, General. 15, 16. 102. 137, 138, Carpeaux. J. B 192. 307. .• Chueca, Fernando. 34. 151. 175. 215. 220, 296. Ccrrcqulrt, Nazario. 23. Esparza, l.lno, 303. Carreras. Mariano, 33. Dalou. Jules. 317. Espeja, Marques de, 124. Carrizo. Isabel. 216. Dnrlo, Ruben, 36. Espina, Juan, 370. Casado del Alisal. Jose. 34, 303, 327. Daubigny. Charles, 369. 372. Espoz y Mina. General. 16. 170, 175. 328. 333, 378. Daumier. Honore. 195. Espin6s. 105. Casanova y Estoruch, Antonio, 379. Daura, Juan, 66. Espronceda. Jose de, 13, 34, 195. 204. Casas. Remon, 310. 394. Dauzats. Adrien, 28. 210. Cassin. Madame. 344. David, Louis. 12. 117. 118. 123. 127. 128. Esquivel. Antonio. 35. 197. 203, 209 a Ccstcfios, General. 100. 127. 175. 131.132. 216. 219. 255.317. Castelar. Emilio, 15. 261. 315. De Craene, Florentino. 30. Esquivel. Carlos Marfa. 216. 323. 412 �squivel, �rancisco, �M. �rlas, Ouque de, M, 15, ¢4, 215. CUillaumin, Armand, M3. Esquivel, Vicente, 216. Frias, Duquesa de, 123, 219. Guillemet, P., 383. Esteban Navarro, Casta, 245. Fromentin, Eugene, 344. Guinea, Anselmo, 393. Estebnnez Calderon, Serafin, 240. Fuentes, Cayetano, 197. Gurri, Salvador, 87, 91. Esteve, Agustin, 101. Fuseli, Henri, 127. Gutierrez, Francisco, 209. Esteve Moreno, Antonio, 100. Fuxd y Leal, Manuel, 307, 380. Gutierrez de 10 Vega, Francisco, 219. Esteve Jose, 70, 100. Gutierrez de la Vega, Jocqutn, 219. Estrcchdn, Guillermo, 209. Galofre Gimenez, Baldomero, 352, 377. Gutierrez de 10 Vega, Jose, 209, 216 a Estrada, Casilda, 88. Galofre, Jose, 35. 217, 234. Eugenia, Emperatriz, 275. Galuci, Juan Bautista, 47. Eusebi, Luis, 102. Galvez, Juan, 105. Haam, Ignacio, 40. Galwey Garcia, Enrique, 372. Hoes, Carlos de, 369, 370, 371, 383, 384, Fabre, Francisco Jose, 102. Gallego, Juan Nicasio, 35, 123, 175, 215. 386, 393. Fcbres, Antonio, 346. Gallegos Arnosa, Jose, 380. Hartzenbusch, Eugenio, 204, 210, 215, Fallola, Elvira, 363. Galleotti, Giuseppe, 179, 185. 323. Fanti n Latou r, 216. Galles, Padre, 191. Heredia, Jose Maria de, 378. Federico el Grande de Prusia, 309. Galli, Filippo, 87. Hermoso, Ped ro, 76, 81. Felipe III, 15. Gallina, Petra, 333. Hernandez Amores, German, 324. Felipe IV, 15. Gclllssd Soque, Antonio Maria, 293. Hernandez Callejo, 156. Feoli, 333. Gallito, 318. Herrera, Juan de, 156, 294. Fernandez, Gregorio, 192. Gandaglia, Justo, 33. Herrero, 285. Fernandez de Cerdobc, General, 240. Gandara, Jeronimo de la, 131, 146. 94 Hopfgarten, .. Fernandez Cruzado, Joaquin Manuel, Gandarias, Justo, 307. Houdon, Antoine, 175, 186. 196. Garcia Gutierrez, Antonio, 195, 323. Hugo, Victor, 195, 377, 378. Fernandez Erosa, Placido, 219. Garcia Hispaleto, Manuel, 364. Fernandez y Gonzalez, Manuel, 265. Garcia Loygorri, Angel, 250. Ibanez, Miguel, 265. Fernandez Guerra, Aureliano, 216. Garcia de la Prada, Manuel, 132. lncldn, Juan Miguel de, 48. Fernandez de Moratin, Leandro, 33, 231. Gargollo, Jose, 151. lnclcn Valdes, Manuel de, 189. Fernandez Oliva, Nicolas, 137. Garibaldi, Giuseppe, 316. Infantado; Duque de, 22, 111. Fernandez Pescador, Eduardo, 182. Garriga Roca, Miguel, 145. Ingres, Dominique, 12, 175, 249. Fernandez Varela, 94. Gassol, Mariana, 91. Iriarte, Domingo de, 127. Fernandez de la Vega, Jose, 215. Gaudi, Antonio, 281, 293, 322. Isabel I, 23. Fernando VI, 24. Gautier, Teophile, 231. Isabel II, 15, 21, 22, 28, 48, 102, 106, 112, Fernando VII, 15, 21, 22, 28, 29, 40, 46, Gaviria, Marques de, 111. 124,135,170,179,182,185,191,192, 47,48,55,62,65,70,72,76,81,82,87, Gerard, Fruncois, 118, 127. 196, 215, 219, 234, 250, 262. 91, 93, 102, 106, 111, 114, 118, 123, Gessler, Alejandrina, 255. lsturlz, Javier, 215. 12� 12� 128, 132, 169, 17� 18� 203, Giaquinto, Corrado, 102. lturblde, Agustin, 189. 219, 246, 249, 250, 394. Gibert Roig, Pablo, 309. Ixart, Jose, 372. Ferran y Valles, Adrian, 99. Gil Y Baus, 215. Ferr dndlz y Badenes, Bernardo, 346. Gil de Ontcfion, Rodrigo, 285. James, 136. Ferrant, Alejandro, 378. Gil Ranz, Luis, 102. Janes, 321. Ferrant y l.lcusds, Fernando, 228. Gil Y Zarate, Antonio, 169, 195,215. Jcrefio y Alarcon, Francisco, 268, 272. Ferrant y l.lousds, Luis, 255. Gilabert y Rubio, 65. Jimenez Aranda, Jose, 346. . Ferraz, Jose, 111. Gimbernat, Carlos de, 29. Jimenez Aranda, Luis, 364. Ferrer del Rio, Antonio, 215. Gimeno Arasa, Francisco, 393, 394. 94. Jollage, Ferri, 33. Gines, Jose, 70, 71, 76. Jose I, 15, 40, 45, 46, 55, 62, 70, 102, 117, Ferrtz, Cristobal, 209. Gisbert, Antonio, 328, 333, 378. 118, 128. Ferro, Gregorio, 128, 196, 219. Godoy, Manuel, Principe de la Paz, 36, Jose II de Austria, 309. Fidias, 316. 40, 105, 127, 128, 138. Jovellanos, Gaspar Melchor de, 21, 181. Fierros, Dionisio, 246. Goicoa, Jose, 288. Julia, Ascensio, 101. Figueras, Estanislao, 15. Gomar, Antonio, 370. Junoy, Jose Maria, 352. Figueras Vila, Juan, 189. Gomez Cros, Antonio, 113. J uvany, Francisco, 123. Fita y Torres, 189. Gomez Moreno, Maria Elena, 303. Flaquer, Jorge, 261. Gomez Moreno, Manuel, 364. Kubler, George, 39. Flaugier, Jose Bernardo, 113, 117. Gomez Polo, Simon, 357. Kuntz Valentini, Isabel, 128, 246. Flaxman, John, 169, 303. Goncourt, Edmond y Jules, 190, 378. Kuntz Valentini, Pedro, 228. Flores, Antonio, 215. Gonzalez, Cardenal Ceferino, 255. Flores Calderon, Manuel, 215. Gonzalez Bravo, Luis, 35, 151. Labrador, Marques de, 111. Flores Calderon, Rafaela, 215. Gonzalez de Velasco, Doctor, 275. Labrouste, 155. Florez, Federico de, 250. Gonzalez Velazquez, Antonio, 45. Lacoma Fontanet. Francisco, 118. Flotats y l.lucld, Juan, 307. Gonzalez Velazquez, Casto, 45. Lacoma Sans, Francisco, 22, 118. Fluixench, Miguel, 262. Gonzalez Velazquez, Isidro, 39, 45, 46, Lacour, 102. Folch y Costa, Jaime, 87. 47, 123, 138. Lafond, Paul, 11. Folch y Costa, Jose Antonio, 88, 99. Gonzalez Velazquez, Zacarias, 45, 123, Lalinde, Paulino de, 234. Folques Urpi, Pedro, 293. 124. Lamadrid, Teodora, 198, 215. Font, Francisco, 307. Goya, Francisco, 11, 12, 13, 22, 29, 30, Font y Carreras, Lameyer, Francisco, 28, 30, 239-240, Augusto, 282, 288. 101,102,105,106,111,113,114,123, 262, 265, 344. Fontana, Felipe, 65. 132, 182, 195, 204, 209, 219, 227, 231, Lcmorlnlere, Frnncois, 371. Fortuny y Marsal, Mariano, 11, 24, 28, 232, 234, 239, 240, 246, 304, 318, 327, Lcmperez, Vicente, 285. 36,186, 262, 338 a 346, 358, 369, 377. 328, 344, 384, 397. Larra, Mariano Jose de, 13, 34, 250. Francisco de Asis, Rey consorte, 134, Gozalvo, Pablo, 228. Larranaga de Zabaleta, Marfa Agustina, 155, 166, 170, 179, 231, 333. Gragera, Jose, 180 a 182, 298, 323. 250. Francisco de Paula, Infante, 111. Graner y Arrufi, 357. Lastra y Cuesta, Carden 01, 304. Frascuelo, 344. Greco, Domenico, 138, 383. Laurens, Jean Paul, 192. Frei re, General, 196. Gros, Baron, 118, 127, 256. Lavina y Blasco, Matias, 272. Fremiet, Emmile, 309. G [jell y Rente, 215. Lazaro Galdiano, Jose, 239. Fresno, Ramon del, 182. Guiard y Larrauri, Adolfo, 393. Le Moiturier, Antoine, 308. 413 Lefort, Paul,"11. Manet, E., 28, 231, 234, 357, 380. Mila y Fontanals, Pablo, 256, 261. Lefuel, A, 176. Mani, Carlos, 321. Mina, Marques de la, 100. Lema, Juan Segundo de, 156, 179. Manzano y Mejorada, Victor, 327. Miralles Gclup, Francisco, 357. Lengo, Horacio, 364. Maria Cristina de Napoles, Reina Go- 'Miramon, Conchita, 328. Leon XIII, 186. bernadora, 15, 22, iii, 124, 151, 175, Miranda. 151. Leon, General Diego de, 169. 179,189,209,246,318. Miranda, Alejo de. 55. Leon y Escosura, Ignacio, 327. Maria Cristina de Habsburgo-Lorena, Miranda, Santiago, 215. Lesage, Alain Rene de, 377. Lhardy, Agusl[n, 370. Reina Gobernadora, 15, 22, 358. Maria Amalia de Sajonia, Reina, 169. Miro.321. Moles, Pedro Pascual, 117, 262. I Linage, General, 216. Maria Isabel de Braganza, Reina, 70, Molina. Diego Manuel, 146. I Linares, Marques de, 298. 75, 92, 102, 106. Molina. Francisco Daniel, 145. Lisipo, 93. _ Maria Luisa de Parma, Reina, 75, 128, Molner. Bias, 101. Lista, Alberto, 34, 36, 246. 131. Mollinedo, Gregorio, 255. Lizcano, Angel, 239, 377. Marianao, Marques de, 297. Monasterio. Angel, 82. Lopez, Joaquin Maria, 215. Mariategui, Francisco Javier, 48, 81. Monet, Claude. 372, 392. Lopez, Jose, 65. Lopez, Luis, 102. Marinas, Aniceto, 321. Marques Lazaro, Agustina, 358. Monistrol, Marques de. 117. Monleon, Sebastian, 146. \' Lopez, Silvestre, 137. Marsal, Teresa, 338. Montalvo. Bartolome, 105. Lopez Aguado, Antonio, 40, 46 a 48,135. Marti, Jose, 36. Montana, Ped ro Pablo. 91. Lopez Aguado, Martin, 48,135,136,137. Marti Aisina, Ramon, 27, 262, 346 a 352, Montcfies, Bernardino. 327. Lopez de Ayala, Adelardo, 189. 357, 371, 372, 377, 378. Monte Virgen, Marques de, 111. Lopez Piquer, Bernardo, 112. Mcrtln de Campo, Victoria, 134. Montes, 234. Lopez Piquer, Luis, 112, 113. Marl[n Rodriguez, Manuel, 66. Montguyon, Henriette de, 386. Popez Portofic, Vicente, 22, 24, 35, 36, Martinez, Joaqufn, 65. Montijo, Condesa de. 151. I 70, 102, 105, 106 a 113, 123, 124, 131, Martinez, Jose Marfa, 371. Montpensier, Duque de. 28. 132, 175, 203, 255. Mcrtinez, Jose Manuel, 100. Moragas Torras, Tomas. 28, 346. 1 Morales de los Lopez Sanchordi, Cristobal, 106. Marl[nez Campos, General, 318, 369. Rlos, Adolfo, 288. Lorena, Claudio de, 369. Martinez Cubells, Salvador, 379. Moratilla, Felipe. 182. Lorente Junquera, Manuel, 40, 151. Martinez Montanes, Juan, 304, 310, 315. Moraza. Benigno, 55. Lorenzale y Suqrcfies, Claudio, 256, 261, Martinez Pedrosa, Maximina, 333-334. Moreno, Custodio. 48, 137. 262, 265, 343, 346, 378. Martinez de la Rosa, Francisco, 16, 179, Moreno. Manuel, 137. Lozano, Isidoro, 323. 215. Moreno Carbonero, Jose, 323, 379. Martinez Sangros, Pedro, 146. Moreno de Mora. 196. Lozoya, Marques de, 136, 304. Luaces, Manuel, 101. Mcrtlnez Sierra, Gregorio, 316. Morera. Jaime. 370. Lucas y Padilla, Eugenio, f t, 28, 137, Martlnez Silfceo, Cardenal, 304. Moret. Segismundo. 316. 228 a 239, 240, 256, 344, 397. Marl[nez Villergas, Juan, 216. Moret y Rernlsc, Maria Teresa, 383. Lucas Villamil, Eugenio, 234-235. Martorell Montells, Juan, 281. Morillo, Jose, 364. Lucas Villamil, Juan, 234. Marzo, Vicente, 65. Moria, General. 166. Lucas, Francisco, 228. Mas Dordal, Pablo, 62. Moya. Marques de. 117. Luce, Maximilien, 386. Mas y Fondevila, Arcadio, 379. Moyano. Claudio. 316. Lucini, Eusebio, 33. Mas Vila, Jose, 62. Mugica. Carlos, 262,.383. Lucini, Francisco, 33. Masriera, Francisco, 357. Muley Abbas. 198. Luis de Borbon y Vallabriga, Infante, 82 Masriera, Jose, 371. Munoz. Fernando. 210. Luis Felipe I de Orleans, 249. Mossunes, Jose, 62. Munoz Degrain. Antonio, 379. Luisa Carlota, Infanta, 179. Masson, Aline, 358. Murgufa. Ovidio, 364. Luisa Fernanda, Infanta, 102, 215. Mateu, 151. Muriel, Luis, 33. Luna Novicio, Juan, 379. Mattoni, Virgilio, 379. Murillo, Bartolome Esteban, 28, 196. Luque, Javier, 281. Maus, Octave, 386. Musso y Valiente, 34. Mayol, Salvador, 113. Mutis, Celestino, 196. Lldcer Valdemont, Francisco, 105. Medeck, Agusl[n, 249. Llccer Viaria, Bernardo, 100. Medina, Sabino de, 81, 166, 169. Nagusfa, Jose de, 146. Llcve, Manuel, 182. Medinaceli, Duquesa de, 198. Nanteuil, Celestin, 28. Llimona, Jose, 317. Meer, Baron de, 100. Napoles, Reyes de. 111. Llimona, Juan, 357, 379. Meifren Roig, Eliseo, 394. Narvaez, General, iii, 112, 137, 166, . Lluch, Vicente, 105. Meissonier, P., 343. 219. Llul y Mitjavila, Emilia, 175. Melendez Valdes, Juan, 304. Navarrete, Ricardo, 327. Melida y Alinari, Arturo, 286, 287, 298, Nlcoluu, Antonio, 105. Madoz, Pascual, 180. 308,309. Nicolau y Parody, Teresa, 227. Madrazo, Cecilia, 132, 343. Melida y Alinari, Jose Ramon, 36. Nicolina. 338, 343. Madrazo, Federico, ir. 22, 34, 35, 128; Mena, Pedro de, 175. Nieto. Maria. 203. 131, 203, 231, 246 a 250, 255, 256, 261, Mendez Nunez, Casto, 316. Nieva. 151. 272, 343, 358. Menendez Pidal, Luis, 379. Nin y Tudo. Jose. 379. Madrazo, Isabel, 343. Mengs, Antonio Rafael, 102, iii, 117, Nobas y Bcllve, Rosendo, 297, 307. Madrazo, Jose, 29, 34, 114, 128 a 134,. 118, 123. Nocedal, Candido, 216. 203, 228, 231, 246, 272. Merccde, Benito, 324. Nonell, Isidro. 394. Madrazo, Juan,131, 272, 285. Merchi, Gaetano, 185. Nunez de Arce, Gaspar, 34. Mad razo, Luis, 131, 231, 255, 272, 323. Mesonero Romanos, Ramon, 34, 35, 206, Madrazo, Pedro, 35, 128, 131, 215, 227, 215. O'Donnell, General, 29. 179, 198, 231, 250, 272. Mestres, Apeles, 377, 378. 292. Madrazo, Raimundo, 131, 358. Mestres Esplugas, Jose Oriol, 145, 146, O'Lawlor. General, 111. Mad rczo, Ricardo, 131, 343, 358. 282, 378. Ochoa. Eugenio de, 34, 35, 76. Madrazo, Tomas, 128. Mestres Gramatxes, Jose, 145. Odriozola, 275. Maella, Mariano Salvador, 102,106,114. Metternich, Principe de, 72. Ojeda. Francisco de, 209. Magdalena, Ricardo, 285. Meunier, Constantin, 386. Oliver Aznar, 380. Maiquez, Isidoro, 82. Michelet, Jules, 377. Oliveras Gensana, Camilo, 282. Mc;tncha, Carlos, 146. Miguel Angel. 189. 383. Olona, Luis. 215. Manero, 378. Mila y Fontanals, Manuel, 256. Oller y Cesteros, Francisco, 380 a 383. 414 Oms y Canet, Manuel, 3M. fligalle, J. B., M. li.ivadeba, Conde de,.316. Orbegozo, Gabriel Benito de, 56. Pignatelli, Ramon, 87. Rivas, Antonia de, 209. Ortega, Calixto, 262. Pimentel, Cardenal, 82. Rivas, Duque de, 27, 132, 318, 323. Ortega y Gasset, Jose, 393. Pinazo Camarlench, Ignacio, 363, 364. Roberts, David, 28, 220, 222. Ortego, Eugenio, 30. Pio VII, 93. Robles, Jose, 255. Ortego y Veredo, Francisco, 262, 265. Piquer, Francisco, 297. Roca, Mariano de la, 327. Ortiz, Jose Marfa, 268. Piquer y Duart, Jose,169 0171,180,190, Roca de Togores, Mariano; 215. Ortiz de Villajos, 286. 296,297. Rocafull, Antonio, 255. Ossorio y Bernard, Manuel, 11, 227, 327. Piquer y Grafion, Vicenta, 106. Rocamora, Vizconde de, 132. Osuna, Duque de, 22, 76, 136, 185, 203, Pissarro, Camille, 383, 392. Roche, Alexand re Marie, 231. 250. Pita Pizarro, Plo, 215. Rodes, Vicente, 92, 123. Osuna, X Duquesa de, 114, 255. Piranesi, G. B., 176. Rodil, General, 216 .. Overbeck, F., 123, 128, 249, 261, 343. Pizarro, Cecilio, 222, 228. . Rodin, Auguste, 12, 297, 322. Oviedo, Antonia M., 255. Pia, Francisco, 117. Rodriguez, Andres, 182. Plagniol, Rafael, 82. \' Pacheco, Joaquin, 215. Planas, Eusebio, 33, 262, 357. Rodriguez, Manuel Martfn, 48. Rodriguez, Ventura, 46, 48, 55, 294. Padilla, Marfa, 228. Planella, Buenaventura, 117, 118. Rodriguez Acosta, Jose Maria, 392. Padro, Ramon, 186, 377. Plcnellc, Gabriel I, 118. Rodriguez Ayuso, Emilio, 282. Padro, Tomas, 62, 262, 357. Planella, Gabriel II, 118. Rodriguez de 10 Borbolla, 198. Pagniucci, Jose, 138, 166, 182. Plan ella, Joaquin, 118. Rodriguez de Guzman, Manuel, 198. Pahissa, Jaime, 357. Plan ella, Juan, 118. Rodriguez y Jimenez, Juan, 196. Palacio, Manuel de, 175. Planella, Ramon, 118. Rodriguez de Losada, Jose Maria, 198, Palafox, General, 114. Plasencia, Casto, 370, 379. 327. Palmaroli y Gonzalez, Vicente, 34, 328, Polaert, Joseph, 271. Rod rig uez Pusat, Francisco, 118. 333, 370, 378. Pclero y Toledo, Vicente, 228. Rodriguez Rubi, Tomas, 215. Palou, Baldomero, 190. Ponz, Antonio, 101. Rogent y Amat, Elias, 275, 281, 282. Pannaty, Santiago, 113. Ponzano, Luis, 265. Rogent Ped rosa, Francisco, 281. Pantorba, Bernardino de, 323. Ponzano, Ponciano, 87, 138, 155, 169, Roig y Soler, Juan, 296, 297. Ponyo, Juan. Carlos, 117. 170,175 0180,250,316. Rojas Clemente, Simon de, 181. 344. . Paquiro, Ponzanelli, 162. Roldan, Pedro, 310. Parcerisa y Boada, Francisco Javier, 30, Portcfio Mira, Manuela, 106. Roldan y Martinez, Jose, 197. 156, 227, 228, 256. Posada Herrera, Jose, 181. Romana, Marques de la. Vid.: Caro y Pardo Bazan, Emilia, 364. Pot, Philippe, 309, 318. Sureda, Pedro. Pardo Canalis, Enrique, 76, 180. Potestad, Marquesa de, 250. Romeo, Julian, 198, 215. Paris, Condesa de, 250. Prcdlllc, Francisco, 303, 378. Romero Jose Maria, 198. Lopez, Paris, Pi erre, 271. Prado Marino, Melchor, 66, 101. Romero, Juan Bautista, 162. Parra, Jose Felipe, 105. Prats, Francisco, 255. Romero de Aragon, Francisco, 66. Parra, Miguel, 105. Prim, General, 28, 215, 333, 343. Romero 216. Larranaga, Gregorio. 210, Pascual y Colomer, Narciso, 55, 137, Puebla, Dloscoro, Tecfllo, 327. Romero de Torres, Julio, 392. 138,146,151,152,155,156,169,176, Roncali, 61. 272,294. Quadrado, Jose Maria, 30, 227. � Passavell, 298. Passuti, 203. Querol y Subirats, Agustfn, 186, 268, 272, 298, 315, 318. Roncali, Condesa de, 255. Ronconi, Giorgio, 137. Ros, Godofredo, 294. Pastor Dlcz, Nicomedes, 35. Quesada, General, 216. Ros, Jeronimo, 65. f I Pastor y Julian, Modesto, 190. Paz, Principe de la. Vid.: Godoy, Manuel 71. - Quevedo Quintano, 99. Quintana, Jose, 36, 105, 112, 215. Ros de Olano. Antonio, 175, 215, 343. Rosales, Anselmo, 333. Pedrojcs, Quintanilla, Mariano, 112, 113. Rosales, Ed uardo, 11, 36, 327, 333 a Pellicer, Jose Luis, 357, 377. Quinto, Conde de, 179. 338. 340. 344. 352, 378. Pefic, Alejandro de la, 203. Rosales. Ramon. 333. Peral, Juan del, 210. Rachel, 357. Rosell, Cayetano. 215. Peralta, Juan, 65. Ramirez, Javier de, 35. Rosell. lsid or o, 209. Perez, Francisco, 81. Rauch, Christian, 309. Rossi, Andres. 105. • Perez Silvestre, 45, 46, 47, 53 a 61, 146. Reding, General, 127. Rossini, 76. Perez de Alesio, 308. Regnault, Henri, 28, 343. Rotondo. Antonio. 227. Perez y Braquer, Jose, 100. Regoyos, Dario de, 36, 386 393, 394. a Rouget, Georges, 35. Perez Cuervo, Tiburcio, 48. Isabel de, 386. Regoyos, Rovira Trias, Antonio, 145; 160, 161. Perez Gcldos, Benito, 36, 181, 378. Reinoso, Jose Felix, 33, 75. Rubio. Doctor. 321. Perez de Olaguibel, Justo Antonio, 55. Remisa, Marques de, 111, 151, 222, 245. Rucabado, Leonardo, 285. Perez Rubio, Antonio, 239. Renoir, Auguste, 28. Rude. Fruncois, 170. Perez Valle, Francisco, 166, 170. Repulles, Enrique Marfa, 268, 272, 281. Ruiz Luna. Justo. 379. Perez Villaamil, Eugenio, 234, 239. Reynes y Gurgui, Jose, 307. Ruiz Perella. Teresa. 220. Perez Villaamil, Jenaro, 28, 30, 156, Riancho, Agustfn, 371. Ruiz Picasso. Pablo. 13. 379. 380. 206, 210,219 a 228, 256, 369, 370. Ribelles y Helip. Jose. 30. 33. 105. 113. Ruiz de Salces, Antonio. 268. Perez Villaamil, Juan, 227. Ribera. Carlos Luis, 34, 128, 231, 250 a Rusifiol, Santiago. 281, 310, 392. Perez Villaamil, Julian, 234. 255. 261. Ruskin. John, 256. Perez Villaamil, Manuel, 219. Ribera. Jose. 344. Ruysdael, Jacob. 364. Perez Zuniga, Juan, 317. Ribera. Juan Antonio. 76, 102, 127, 128, Theo van, 386. Rysselberghe, Pericles, 310. 131. 180. 203, 250. Perc, Agustfn Felipe, 271. Rico y Ortega. Bernardo. 369. Sabatini, Francisco, 40. Peruzzi, Baldassare, 151. Rico y Ortega. Martfn, 369, 384. Sagasta. praxedes Mateo, 36. Peyro Urrea, Juan, 364. Ribera. Roman. 358. Sagnier Villavecchia, Enrique, 293. Peyronnet, Juan Bautista, 156, 159. Rieqo, General. 176. Sainz. 203. Philastre, Enrique, 137, 231. Riera. Pablo. 189. Sainz. Casimiro, 370. 371. Pi Y Margall, Francisco, 15, 36, 227. Rigalt, Luis, 228. 352. Sainz de la Lastra, Severiano, 156, 285. Picasso, Pablo. Vid.: Ruiz Picasso, Pablo. Rigalt, Pablo. 117, 118, 228. Sajonia, Mariscal de, 88. Picon, Jacinto Octavio, 35, 36. Rio. Carlos del. 317. Sajonia, Principe Federico de, 246. Piferrer, Pablo, 30, 227. Rlos, Demetrio de los, 272. Sola, Emilio, 378. 415 Sclcmnncc, Jose de, 2�, 131, 151, 160, Sunol, Jeronimo, a1, 297 a M3, 3M, Vallejo, Elias, 124, 180. 231, 298. 318, 323. Vallejo, Jose, 262. Salas, Marques de, 124. Sureda, Bartolome, 29. Valles, Lorenzo, 327. Salas, Xavier de, 127, 351. Susillo, Antonio, 310. Vallmitjana, Hermanos, 92, .307, 310, Salazar, Doctor, 298. 315. Sales, Cristobal, 65. Tacca, Pietro, 81. Vallmitjana, Agapito, 190 a 192. Salesa, Buenaventura, 114. Tadey, Angel Maria, 105. Vallmitjana, Venancio, 190 a 192, 296. Salmeron, Nicolas, 15, 250. Talarn, Domingo, 186, 315, 338. Valls, Pedro, 33. Salmon, Victoriano, 182. Tamayo y Baus, Manuel, 323. Van Halen, Fracisco de Paula, 227. Salvador, Jaime, 316. Tcplro y Bcro, Jose, 28, 346. Vancells, Joaquin, 377. Salvatierra, Valeriano, 76, 81. Tasso, Torcuato, 308. Vara del Rey, General, 310. Scrnso, Juan, 296. Tavira, Salvador, 124. Vayreda, Joaquin, 352, 357, 371, 372, San Fernando, Duques de, 99. Taylor, Baron, 249. 384. San Juan, Marques de, 162. Tejado, Gabino, 215. Vega, Jose de la, 310. San Miguel, General, 175. Tejeo, Rafael, 134, 231. Vega, Ventura de la, 34, 215, 250. Sanchez Gonzalez, Antonio, 105. Tenas, Doctor, 346. Velasco, Justo Maria, 113. Sanchez Perrier, 370. Tenerani, Pietro, 176, 186. Velazquez, Cosme, 101. Sanchez Sola, Eduardo, 380. Teniers, David, 97, 198. Velazquez, Diego, 12, 232, 234, 383, 384, Sanjurjo, Antonio, 101. Teocrlto, 303. 386. Sans y Cabot, Francisco, 231, 327. Teotocopuli, Jorge Manuel, 138. Velazquez Bosco, Ricardo, 268, 271, 272. Sansovino, Andrea, 285. Terrazas, Francisco, 189. Vera, Alejo, 327. Santa Clara, Conde de, 123. Thorwaldsen, Albert, 81, 176, 186. Vermeil Busquets, Luis, 189. Santa Marta, Marques de, 132. Tiepolo, Gianbattista, 102. Ventura Agudo, Andrea, 128. Santandreu y Artigues, Pedro Juan, rrs, Francisco, 393. Verd ugo Landi, Francisco, 317. 186. Tito Livio, 334. Vernet, Horace, 176, 343. Santiago y Moreno, Leonardo, 234. Toledo, Juan de, 219. Vicens Gil de Tejada, Benito, 33. Santigosa Vestraten, Jose Aniceto, 189. Tolsa, Manuel, 309. Vierge de la Vega, Juana, 377. Sanz, Eulogio Florentino, 255, 323. Tomas, Jose, 59, 76, 81, 166, 180. Vilar y Roca, Manuel, 186, 189, 261. Saracfbar, Martfn Miguel de, 61. Toreno, Conde de, 175, 176, 179, 215. Vilaseca Casanovas, Jose, 288, 293. Sartorius, Jose Luis, Conde de San Luis, Torrecilla, Marqueses de la, 276. Vilches, Conde de, 132. 136, 137. Torreggiani, Camilo, 185. Vilches, Condesa de, 250. Scamozzi, A., 285. Torrescasana, Francisco, 352, 371. Villahermosa, Duque de, 114. Scott, Walter, 323. Torriente, Fernando de la, 271. Villahermosa, Duquesa de, 47. Sebastian de Borbon, Infante, 127, 255. Torrijos, Coronel, 166. Viluma, Marques de, 82. Seiquer, Alejandro, 364. Torrigiano, Pietro, 101. Villanueva, Antonio de, 106. Serna, Fernando de la, 128. Toulouse-Lautrec, Henri de, 28. Villanueva, Juan de, 11, 39, 46, 47, 48. Serrano, Conchita, 338. Trove, Nicolas, 91. 136, 156, 182, 249, 286. Serrano, General, 15, 333. Trilles, Miguel Angel, 321. Villanueva, Conde de, 87. Serrano Fatigati, Enrique, 298. Trueba y Cossio, Clara, 255. Villar, Francisco de Paula, 281. Seu rat, Georges, 392. Tubino, Jose Maria, 35, 334. Villegas, Jose, 379. Sicilia, Jacinta, 132. Turner, William, 369. Villodas, Ricardo de, 379. Signac, Paul, 392. Tusquets Maignon, Ramon, 357. Viniegra, Salvador, 364. Silici, Angel, 185. Viollet-Le-Duc, A., 276, 285. Silici, Hermenegildo, 185. Ugartamendia, PedroManuel, 55, 56. Vives Ayne, Ramon, 256. Silici, Jeronimo, 185. Unceta, Marcelinode, 33. Sllvelc, Francisco, 23. Urgell, Modesto, 35�, 371, 372. Weiss, Isidoro, 102. Simonet, Enrique, 379. Uriarte, Jose Maria, 281. Weiss, Rosario, 102. Soberano, Domingo, 338, 346. Urquiza, General, 316. Williams, Mr., 209. Sola, Antonio, 93 a 99, 170, 176, 180, Urrabieta Ortiz, Vicente, 377. Winterhalter, Franz, 250. 186. Urrabieta Vierge, Daniel, 377, 378. Wssel de Guimbarda, 364. Soler y Faneca, 61. Urrutia de Urmeneta, Ana Gertrudis, Soler y Rovirosa, Francisco, 33. 255. Yumuri, Conde de, 151. Urrutia, Javier, 255. Solvey, 386. Sonora, Marques de la, 47. Zamacois, Ed uardo, 346. Soria y Ferrando, Ricardo, 297. Vaamonde, Joaquin, 364. Zamora, Leocadia, 250. 327. Zarza, Eusebio, 262. Soro, Jose, 146. Valdeperas, Eusebio, Sorolla, Joaquin, 24, 379, 380. Valdeterrazo, Marquesa de, 219. Zauner, Franz Anton von, 309. Suarez Llanos, Ignacio, 255, 327. Valdivieso, Domingo, 327. Zorrilla, Jose, 34, 210, 215, 323. Suarez de Urbina, Lucrecia, 209. Valera, Juan, 36. Zorrilla, Leocadia, 102. Subirat y Codorniu, Ramon, 189. Valladares, Luis, 215. Zumalacarregui, Tomas, 16, 307. Suchet, Mariscal, 106, 162. Valle, Lucio del, 159. Zurbardn, Francisco, 28, 196, 383. 416 COLOCACION DE LAS L4MINAS EN COLOR, FUERA DE TEXTO Lamina I.-Jose de Madrazo: La princesa Carini (Colecci6n Daza, Madrid) Frente la 132 a pag. » II.-Leonardo Alenza: EI gallego de los curritos (Museo de Arte Moderno, Madrid) . » » » 204 » III.-Jenaro Perez Villaamil: Interior de la Catedral de Toledo de (Museo Arte Moderno, Madrid) . » » » 220 » IV.-Eugenio Lucas: Los hijos del artista (Colecci6n March, Palma de Ma- llorcc) . » » » 232 » V.-Eduardo Rosales: Desnudo (Museo de Arte Moderno, Madrid) . » » » 336 » VI.-Mariano Fortuny: Marroqufes (Museo del Prado) . » » ». 344 » VII.-Aureliano de Beruete: EI Manzanares (Museo de Arte Moderno, Madrid) . » » » 384 » YIII.-Darfo de Regoyos: EI gallinero (Museo de Arte Moderno, Madrid) . » » » 390 En este volumen se publican fotograffas de: Balmes: 17, 18, 19, 178, 233, 256, 257, 258, 259, 275, 276, 372, 389, 390, 391, 292. Garay: 49, 52, 196. Grollo: 59. Hojas: 382, 383, 384, 385. Instituto de Cultura Puertorriquena: 26, 399, 400. Koch: 44, 45, 46. Legorgeu Castellanos: 64, 65. Llc do : 297. Magallon: 122, 131, 207, 208, 209, 247, 248, 277, 278. Manso: 4,38,41,42,66,67,70,75,76,91,139,155,156,157,159, 166, 167, 168, 169, 179, 180, 201, 280, 282, 323, 352. Mas: 2, 9, 10, 1.5, 22, 27, 28, 33, 35, 36, 40, 43, 48, 50, 53, 55, 56, 57, 58, 61, 62, 69, 71, 72, 73, 74, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 88, 92, 97,98,99,105, 106,107,108,109,110,111,112, 113,114,115,117,118, 121, 125, 127, 130, 132, 144, 145, 146, 147, 148, 149, 151, 152, 154, 158, 162, 163, 164, 165, 170, 171, 173, 175, 185, 186, 190, 191; 192, 193, 194, 195, 198, 200, 203, 204, 205, 210, 211, 212, 213, 217, 218, 222, 224, 226, 231, 239, 241, 242, 243, 250, 251, 252, 253, 260, 266, 267, 269, 270, 271, 272, 273, 274, 279, 287, 289, 291, 298, 300, 301, 304, 305, 306, 311, 313, 317, 327, 328, 331, 332, 334, 336, 337, 338, 340, 344, 345, 346, 347, 348, 349, 350, 353, 355, 356, 357, 358, 360, 361, 362, 363, 364, 365, 366, 367, 368, 369, 378, 380, 381, 386, 387, 388, 394, 401, 403, 404, 407, 408. Ministerio de Informacion y Turismo: 150. Moreno (Instituto Fotografico de Arte Espnfiol}: 77, 104, 120, 177,181, 182,324,405. Muro: 136. Museo de Bellas Artes de Cadiz; 199. Museo Lazaro: 95. Museo Romdntico : 3, 12, 20, 21, 25, 119, 123, 126, 128, 172, 219, 220, 221, 227, 230, 234, 264, 265. Nufio ; 214, 259. Oronoz: 188, 310. Ortega: 54. Patrimonio Nacional: 1. Reuss: 299. Rodrfguez: 31. Ruiz Vernacci: 5, 6, 7, 8, 11, 13, 14, 23, 24, 29, 30 32, 34, 37, 39, 63, 68, 89, 90, 96, 100, 101, 102,103,116,124,129,133, r ! 134, 135, 137, 138, 140, 141, 142, 229, 232, 235, 236, 237, 238, 240, 293, 294, 295, 296, 302, 303, 307, 143, 153, 160, 161, 174, 176, 183, 184, 189, 197, 202, 206, 215, 216, 223, 245, 246, 249, 254, 255, 261, 262, 263, 268, 281, 283, 284, 285, 286, 288, 290, 292, 308, 309, 312, 314, 315, 316, 318, 319, 320, 321, 322, 325, 326, 329, 330, 333, 335, 225, 228, 339, 342, 343, 351, 370, 371, 373, 374, 375, 377, 379, 393, 395, 396, 397, 398, 402, 406. I Secretaria de Educccion Publica de Spinelli: 341. Mejico: 187. La rep roduccion de las refieren las nurns. 1, 29, 30, 34, 35,115,176 y 236, ha sldo autorizada por el fotografias a que se figuras Patrimonio Nacional. 419 Este decimonono volumen de ARS HISPANIAE, en papel expresamente fabricado por S. TORRAS DOMENECH, S. A., ilustraciones en un solo tono y laminas en varios colores ejecutadas por HUECOGRABADOS CAL VENTE Y MARTINEZ, S. L. se acab6 de imprimir por ALDUS, S. A., de Madrid, el dla 8 de septiembre de 1966.