f I ARS HISPANIAE HISTORIA UNIVERSAL DEL ARTE HISpANICO ,I ) ! ARS HISPANIAE HISTORIA UNIVERSAL DEL ARTE HISpANICO I I 1 II VOLUMEN DECIMOSEPTIMO PARTE PRIMERA ESCULTURA Y PINTURA DEL SIGLO XVIII PARTE SEGUNDA FRANCISCO GOYA por F. J. SANCHEZ CANTON EDITORIAL�LUS.ULTRA SANCHEZ PACHECO, 51 - MADRID - 2 I � 1965. © EDITORIAL PLUS· ULTRA, S. A., MADRID, N.· de Registro, 4708.·65 Deposito Legal, M. 7610 ·1958 ES PROPIEDAO. RESERVAOOS TOOOS LOS OERECHOS iNDICE GENERAL PRELIMINARES ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • 9 9 Expllcccion ................................................................................•.••.......••..• Plan dellibro . 11 INTRODUCCI6N.......................... 15 Los reyes de 15 Espana en el siglo XVIII y las Aries . Los 27 gobernanles .............................................••.............................................. Los Iratadislas e hisloriadores espofioles de las Aries en el siglo XVIII. : 36 t ·· PARTE PRIMERA LA ESCUL TURA Y LA PINTURA. DEL SIGLO XVIII LA ESCULTURA Y LA PINTURA EN EL REINADO DE FELIPE V ······ .. 45 el 45 Los artistas del siglo XVII que Irabajaron en siguienle. . . . . .. . . .. . . .. .. . .. . . .. .. .. . . . . . .. La Escullura en Andaluda .........................• : .. , ·. 45 La Escultura en Caslilla ..................................•................................... ; ···· 50 50 Las "rndqulncs" para solemnidades y los relablos.... .. . . .. . . . .. . . . . . .. .. .. . . . . .. .. . . . La Escultura en Levanle ····.. 56 La Esculturn en Galicia ·· .. ·· 56 La Pintura en la Corte y fuera de ella.. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56 69 Los artistas que trabajaron hasla el siglo no XVIII. ··· Escultores espcfioles, . . • • . . . . . . • • . • • • . • • . • . • • • • . • . . • . • . • • . . . • . . . . • . • • . • . . . . . • • • . . • . • • • • • • . . . . • • • . • • • • • . 70 Pintores espanoles............. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79 La venida de 86 pinlores extranjeros ·· · 104 La crecclon de la Real Fdbrlcc de Tcplces ....•................................. :....................... Los escultores franceses La 110 en Granja.............................................. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . EI incendio del Alcazar y el nuevo Real Palacio ; ......•.................................. ···· 119 LA PINTURA Y LA ESCULTURA EN EL REINADO DE FERNANDO VI. ···· 122 Los de la Corte 122 pinlores ··.· Los pensionados en Roma ·..... 132 Escullores levantinos..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139 I EL ESTUDIO DE LAS BELLAS ARTES ···· .. · .. · 143 La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ·.····.··· 143 Antecedentes.. ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143 La junta preparatoria........... . . .. .. . . .. . . . . . . .. . . .. .. .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . . ..... .. .... . . .. . . .. . . .. .. 143 Constitucion de la Academia... . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .. . . . . .. .. .. .. .. .. . . . . . . . . .. . . .. 147 EI edificio 149 propio......................... .. de 150 Arnplitud gustos............ .. .. Las academias de Sevilla, Valencia, Zaragoza 153 y Mejico............. 7 LA PINTURA Y LA ESCULTURA EN EL REINADO DE CARLOS 111 .. 157 Dos grandes pintores extranjeros en la Corte . 157 'f, Venida a Espana de Anton Raphael Mengs ......•....................................................... 157 Giovcin Battista Tlepolo en Madrid . 176 Los hijos de Tlepolo .........................•......................................................... 187 Los pintores espcfioles .............................................................•......................... 193 Los seguidores de Mengs . 193 Los tres hermanos Bayeu, Jose del Castillo y otros de modelos para la Real Fcibrica de 199 proveedores Tapices . Dos pintores aparte: Luis Melendez y Luis Paret 221 : EI foco valenciano y los de otras provincias . 253 Los escultores . 254 La fcibrica de porcelana del Buen Retiro ' . 254 Los primeros profesores de Escultura en la Academia", . 258 Los escultores discfpulos de la Academia . 267 Los escultores levantinos: Salzillo......................... . . 279 Los discfpulos Y los coincidentes con Salzillo . 287 Los escultores catalanes . 288 La Escultura en Galicia . 294 LA ESCULTURA Y LA PINTURA EN EL REINA DO DE CARLOS IV .. 300 La Escultura . 300 Los ultimos pintores del siglo XVIII: Maella. Esteve. Lopez " , . 310 .... k PARTE SEGUNDA FRANCISCO GOYA ACTIVIDAD ARTfsTICA DESDE 1771 HASTA 1800................................................................... 335 Infancia y aprendizaje...... . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 335 La estancia en Italia.................................................................................. 336 EI retorno............................................................................................. 337 EI triunfo cortesano................................................................................... 340 La enfermedad y la vuelta a pintar.................................................................... 352 Los Caprichos .'.................................................................... 357 EI lustro final del siglo XVIII......... .. . . . .. . .. .. .. . . .. .. .. 359 GOYA DENTRO DEL SIGLO XIX.................................................................................. 365 Obras de 1800 hasta 1808............................................................................. 365 La guerra de la Independencia (1808-1813)............................................................. 371 Nueve nfios bajo Fernando VII......................................................................... 380 Nuevo "Suefio de la Razon............................................................................ 391 EI postrer lustro del arte y de la vida de Goya......................................................... 394 GOYA EN LA PINTURA UNIVERSAL............................................................................... 400 BIBLlOGRAFfA.... . .. . .. . . . .. . .. . . .. . . .. 403 fNDICE DE TEMAS REPRESENTADOS.............................................................................. 411 fNDICE GEOGRAFICO............................................................................................ 413 fNDICE ONOMAsTICO ,....................................... 415 8 'G 1 1 .1 � PRELIMINARES EXPLICACION I EI cambio de siglo 1700, en y de la dinastla austrfaca por la borb6nica, coincidi6 con el comienzo de un perfodo del arte espcfiol con rasgos distintivos, mal estudiados; a 10 que se suma, el general desden difuso respecto a las obras realizadas en los primeros de­ cenios de la nueva centuria. Exceptucse su manifestaci6n mas exu berante: el barroquismo arquitect6nico, del que hubo de abominarse, si bien hoy se aprecie y admire. Mas, la arquitectura del siglo XVIII ha sido tratada por el docto hispanista norteamericano profesor George Kubler, de la Universidad de Yale, con la competencia, que nadie Ie niega. Con ello, sin embargo -fuera deslealtad callarlo-, se ha infligido mutilaci6n grave al panorama artlstico reservado en el plan de ARS HISPANIAE al presente Torno XVII; y se ha motivado notoria confusi6n, por haberse comprendido toda la arquitectura de los siglos XVII y XVIII dentro del concepto "barroco", Incluso las producciones del estilo "cccdemlco ", 0 "neockislco ", sin excluir ni las obras de su mas insigne cultivador entre nosotros, don Juan de Villanueva. Sorprende, osl, ver bn]o denominador cornun a don Pedro de Ribera y Diego de Villanueva, violento de cuantos el "c6- a censor transgredfan digo vignolesco". No pretendo, con 10 dicho, trazar una rfgida divisoria, que apencs se da en la His­ toria del Arte ni, menos, negar el dominio del barroco arquitectura, en la en la escultura y en la pintura -sobre todo en la primera- hasta muy entrado el siglo, por 10 que sera obligado hablar de artistas de los que ya se ha tratado en volumenes precedentes -"Escultura del siglo XVII" y "Pintura del siglo XVII "-, porque muchos rebasaron el Ifmite de la centu­ ria, permaneciendo fieles a los principios aprendidos, que no eran, ciertamente, los clasicistas. En otro lugar aduje textos, sorprendentemente tardfos, para la historia en nuestra " lengua de los terminos "cldslco y "closlclsmo ". EI segundo vocablo no se encuentra hasta el "Diccionario" de la Academia, en su edici6n de 1852 y con esta curiosa advertencia: " "Es voz nuevamente introducida". Los precedentes del uso de la palabra "cldsico apli­ cada a escritores, no a artistas, figuran en Lope de Vega y en fray Hortensio Felix Para­ vicino. Con esto se cornprenderd la mucho mas reciente introducci6n de "neocldslco". Antes de que se precisasen los conceptos lexlcnmente, la condenaci6n de las tenden­ cias que sobrevivieron hasta muy avanzado el siglo alcanz6 extremos inverosfmiles. Es- 9 critores cccdernlcos, hasta los de temperamento mas apacible, reaccionaban con csper ezc inesperada; para probarlo, basta copier un pdrrnfo que se lee en el "Discurso preliminar" puesto por el sesudo don Juan Agustfn Cedn Bermudez al libro de Llaguno, que cornple­ t6, "Noticias de los Arquitectos y Arquitectura de Espana desde su restauraci6n" (Ma­ drid. En la Imprenta Real. 1829): "Por desgracia existen tcdcvlc en Madrid y en otros pueblos las obras del chafall6n Ribera, del heresiarca Churriguera y de sus hijos, de Tome, de Barbas y de otros badu­ laques, sin que se haya pensado en derribar tales monstruos que deshonran la arquitec­ tura espanola y los sitios en que se conservan. Solamente, el sabio e ilustrado Cabildo de I. Sevilla permiti6 que echase por tierra el costosislrno y bdrbcro retablo mayor de se su capilla del Sagrario, que habra trazado y construido a gran costa el furibundo Barbas, a principios del siglo XVIII." Caveda, mas cornprenslvo que Cedn, atenuaba en "Ensayo hist6rico de los diver­ su " sosgeneros de Arquitectura empleados en Espana ... (Madrid, 1848) "lPor que proscribir absolutamente esta arquitectura y negarle la existencia, aun como monumento hist6ri­ co? La memoria del transparente de Toledo y del Sagrario de Sevilla pcsor d a -lo peste­ ridad como el desbarro de una cabeza enferma; pero el que se encuentre dispuesto a perdonar a G6ngora sus "Soledades" y a Jordan sus cleqorlos, no rehusnr d su indulgencia a esas extrcfios rndqulncs, donde se advierte el cierto "no se que ", que encontraba Mi­ lizia en las obras de Borromino, y una singularidad de ornato, que sorprende tanto en su genero como los alardes poetlcos de Lope y de Quevedo, cuando qulsleron hacer alarde de su culteranismo." Caved a culpaparte a los escultores: en "La ornamentaci6n Churrigueresca, de suyo caprichosa y variada, pocas veces suelta de su mal gusto, otro efecto y ligera, reducida por 10 cornun a robustos foliages, a pesar produclrlc, si al pensamiento del arquitecto correspondiese fielmente la ejecuci6n del escultor. Pero Monegro y Gregorio Hernandez no dejaron sucesores dignos de su nom­ bre: la escultura y la talla hcblcn venido al mayor descredito y el cincel rastrero y pesado no copiaba ya, sino muy imperfectamente, los disefios del artista." En esto Caveda se apar­ taba de Cedn encomiador de los escultores del perlodo. demor6 la busca y el No se hallazgo de remedios. EI mas eficaz, la creaci6n por Fer­ nando VI de la Academia. j6venes pensionados a Italia a estudiar Mas tarde "-el senor don Carlos 111- envi6 obra publica en el reino y mand6 por dos reales 6rdenes que no se construyese ninguna sin que la Academia examinase y aprobase sus trazos, planes y dlsefios, Prohibi6 que los confiriesen tftulos ayuntamientos de las ciudades y villas y los cabildos de las catedrales de arquitectos y de maestros de obras a nlnqun profesor que no se sujetase al examen y aprobaci6n de la Academia." L Por cuanto el trastorno del inicial trazado para esta "Historia del Arte Hisp d­ plan nico" es ya irremediable, verscrd el presente tomo s610 sobre la Escultura y la Pintura dieciochenas y sobre la figura ingente de Goya, pues aunque una mitad de sus obras prin­ cipales pertenezco al siglo XIX, habra de estudiarse completa. Las aetas de defunci6n de las Bellas Artes en Espana, fechadas, 0 punto menos, con 10 la muerte de Carlos II en 1700, expresiones del desdnlmo general, al per­ no son mas que cibir decaimiento innegable; pero, al propio tiempo, testimonian la carencia de sensibi­ lidad para comprobar cuanto permaneda operante; y, aun mas, muestran la habitual ceguera para percibir 10 que se gestaba y hasta 10 que nacia. Cualquier generacion, con sentido crltlco despierto, al advertir el quebranto del esplendor pasado, 0 al juzgar 10 actual, vaticina oscuridad y penuria propincuas. inane Por la angustia, universal dolencia de nuestro tiempo, comprendemos bien las cndloqos sentidas en otros. EI menospreciar el siglo XVIII espnfiol como erial artlstico, en el que solo creclo, ml­ lagroso, el drbol de Goya, es actitud injusta. Hoy no se necesita esforzarse para mostrar como precedieron y ccornpoficron al genial cruqones, Houasse, Van Loo, Amiconi, Cor­ rado Giaquinto, los Tlepolos, Mengs, Luis Melendez, Paret, Francisco y Ramon Bayeu, Esteve, Carnicero, Maella, Lopez. Por las mismas decodes eran cultivadores de la escul­ tura Salzillo, Rlsuefio, Carmona, Castro, Ferreiro, Olivieri, Michel, Gutierrez, Juan Pas­ cual de Mena, Gines, Amadeu, Alvarez ... No cabe tachar de esterll una centuria que puede exhibir obras de esos y otros artis­ tas de calidad y maestrfa. Si volviese a estilarse la definicion de las epocos mediante el nombre de los metales nobles, la comprendida entre 1752, en que se crea la Real Aca­ demia de Nobles Artes de San Fernando, y 1850 en que muere el gran retratista don Vi­ cente Lopez, sucesos con suficiente resalte para limitar un perfodo artfstico, cabrfa denomi­ narla "edad de plata". Parte de ellaqueda fuera de nuestro recorrido, limitado al siglo XVIII; si bien este no termina en Espana, propiamente, hasta el 2 de mayo de 1808, aunque, sequn 10 que se ha expuesto, deba completarse el estudio de Goya, que sobrevivlo veinte afios. Nuestra escultura y nuestra pintura setecentlstas han solido juzgarse casi como ine­ xistentes en su primer tercio; desnortadas, por ser juguete de influencias francesas e ita­ lianas, en el segundo; frfgidas e insulsas en el tercero, con la excepcion del autor de Las Majas y Los Caprichos. Conffo en que el lector y hasta quien se limite a hojear y a ojear las ilustraciones graficas de este volumen rectlficcrd el juicio despectivo, si de el participase al tomarlo entre las manos. PLAN DEL UBRO Reducido el ambito de este volumen la Escultura y la Pintura en Espana durante a el siglo XVIII, pero, al propio tiempo, ampliado por la inclusion del desenvolvimiento com­ pleto de la figura ingente de Goya que, en la mitad de los nfios de su actividad artfstica, pe­ netra enel XIX, el estudio tiene que carecer del rigor constructivo que se obtiene al tratar de un perfodo delimitado y cabal, nutrido por conocimientos generalizados y presidido por ideas comunes a los mas. Para que las obras de arte puedan, reflexivamente, encajarse en el ambiente en que se produjeron no se nhorrnrdrr textos y precisiones documentales. Qulzd se tachen de enojosas bastantes de las composiciones en verso -fuera injusto calificar a muchas de poetlccs=- que 11 se extractan, pero debe advertirse que las artes y las letras en aquellos tiempos andaban her­ manadas. La ststemctlzcclon de las noticias ha sido fdcll, aunque para muchos resulte escasa. no La extension del texto, distante, casi por igual, de la slntesls cefildn y de la Investlqnclon ago­ tadora de las fuentes y del estudio directo de las obras conservadas, al menos de los acervos fotoqrdflcos y de grabados, puede descontentar a los partidarios de una u otra manera de comprender y de preferir la forma para presentar los capftulos acotados dentro de la His­ toria del Arte espcfiol. Limitado el mirnero de pdqlncs y condicionado el de las ilustraciones, no solo por la can­ tidad y seleccion de las reproducciones, sino tornbien por el montaje acostumbrado en "ARS HISPANIAE", que prefiere las laminas a 10 alto, en busca del agrado de los ojos y de la comodidad en el manejo del libro, ha sido forzoso recortar los costados y la parte superior de bastantes fotograffas, leves mutilaciones que pueden considerarse, en muchos casos, como la supreslon de bastidores y de bambalinas en un escenario. A de estos preliminares desarrollan, sumariamente, tres incisos. Intenta el pri­ seguida se mere dar idea del temperamento de los Reyes y Reinas de Espana en el siglo XVIII, en cuanto se relcclono con las bellas Artes; sus preferencias y la proteccion que les dispensaron. Sen ala el segundo los rasgos principales gobernantes, tnmblen respecto al mecenazgo. No cabe de los prescindir de estas noticias en ninqun perlodo historico pero, mucho menos, en el siglo XVIII, por el cnrdcter cortesano predominante en todos los aspectos de la cultura; baste recor­ dar que desde mediados de la centuria el "despotismo ilustrado" rige su ambiente. En el tercer inciso se contiene una ojeada a la bibliograffa artlstica y a las ideas estetlcos que la inspiraron. EI estudio, propiamente dlcho, se divide en tantas partes como reinados Ilenaron los ciento ocho cfios que, como queda apuntado, tuvo de durccion aquel siglo para nuestra Historia, a saber: los de Felipe V -con la effmera permanencia en el trono de Luis 1-, Fernando Vl, Carlos IH, Carlos IV y las semanas que median del 18 de marzo al 2 de mayo de 1808 en que relno Fernando VII, al que, adem as, es necesario lnclulr porque Goya fue su plntor de Ca­ mara, ya se vera con cuantas restricciones. Entremedias del segundo y el tercer monarca se coloca una parte consagrada a la Enseficnzc de las Bellas Artes, en particular, en la Aca­ demia de San Fernando, por la trascendencia de su crecclon y de su funcionamiento, sin que deba repartirse su estudio entre los diversos reinados. Dedfcase -segun el titulo declara- porclon considerable a Goya. No se necesita gastar es­ pacio en justificarlo. Si todos los artistas con personalidad son actores, representando papel mas 0 menos importante en la historia de la tecnica que cultiven, solo los genios cctucn como protagonistas. Hubo de serlo el gran pintor nrcqones, a altura comparable, dentro de nues­ tro Arte, a EI Greco y a Velazquez; surnese la rnislon trascendental, que hoy ya se Ie recono­ ce, de dividir la pintura anterior de la moderna que, en muchos sentidos, con el nace. Puesto que desde hace muchos nfios trabajo sobre aspectos de Goya como hombre y como artista, e lncluso he publicado tres estudios de conjunto: Goya (Paris, G. Cres, "Maitres d'au­ trefois". 1930), "Goya su vida y sus obras" (Madrid, Editorial Peninsular, 1952) y "Goya. En­ glish translation" (Madrid, Editorial Peninsular, 1963), aunque ponga ernpefio en disminuir­ las habr�n de ser abundantes las repeticiones. 12 II La coexistencia de tres generaciones en cualquier "tromo historlco fuerza a lnclulr 10 referencia de elias sucesivamente, yo que 10 simultaneidad no es dable en el relato. Por ello, 01 tratar de 10 Escultura y 10 Pintura en tiempos de Felipe V es forzoso empezar por los artistas que se mantenlan fieles a las ideas yolo tecnicc seiscentistas; a continuccion, de los que, nacidos bc]o los Austrias, inician sus trabajos dentro yo del nuevo siglo y, por fin, de los que, 01 correr de los cfios, dan 10 fisonomla propia 01 arte de 10 epoco, , 1 La coercion en el espacio y en el estudio, a que ctrds se ha aludido, ocasiona que se re­ duzca el libro a mencionar los artistas que se han juzgado como mas representativos, sin pre­ tensiones exhaustivas. Unas clfros cclcrcrdn 10 que cqul se indica: en "Los Pintores de Camara de los Reyes de Espana" (Madrid, 1916) di noticias de noventa y tres artistas del pincel que fueron titulados como de Camara, 0 del Rey, 0 que aspiraron a 10 dlstincion y los gajes, en el lapso de tiempo que transcurre entre 1700 y 1808; de todos ellos quedan sin menclon en el libro presente no menos de cuarenta, que enumercre en nota, para que sirva de base a adicio­ nes, si 10 ctenclon estudiosa reconoce rnerltos en los excluldos, que no ha podido apreciar quien esto escribe (1). Si cabe sefiulcr 10 expuesto ace rca de pintores cortesanos, debe pensar­ se en cudnto resta sin mencionar de 10 producclon plctorlcc provincial, en particular donde 10 enseficnzo del dlbu]o adqulrlo indudable importancia, como en las ciudades asiento de Aca­ demias y Escuelas -Valencia, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Granada ... - Con estas refle­ xiones se pretende quienes contribuyan, con monograffas sobre artistas casi ignora­ animar a dos hoy, a 10 vclorcclon mas justa del arte dieciochesco, que, seguramente, reserva sorpresas. Yo que las circunstancias impidan emprender empresa tan largo, y que sale fuera del cometido presente, se ha incluido una Bibliograffa, to do 10 nutrida que ha sido doble, suminis­ tradora de 10 procedencia de los datos manejados; va ordenada, clfobetlccmente, por los nombres de los autores. (1) He aquf 10 lista de los 42 pintores dultcos, 0 pretendientes a serlo, que carecen de referencia en el texto del presente vo­ lumen: Juan Vicente Ribera, Manuel Arredondo, Pedro de Calabria, Alonso Miguel de Tobar, Pedro Peralta, Benito Verdot, Francisco Llamas, Alejandro Castrioto, Raimundo Cruz, Felix Fideli, 0 Fedeli, Bartolome Rusca, Domingo Marfa Servitori, Matras Gasparini, Giuseppe Bonito, Carlos Casanova, Jose Romeo, Vicente Gomez, Jimenez de Cisneros, Luis Yapeli, Manuel Perez, Juan de Mota Duque, Jose Bernton, Francisco Efigenia Melendez, Domingo Alvarez, Manuel Munoz de Ugena, Lorenzo Barrutia, Juan Jacobo Guillermo Bauzil, Carlos Domen, Buenaventura Salesa, Fernando Brambila, Manuel Fernandez Acevedo, Manuel Perez, Antonio Martfnez, Folch de Cardona, Juan Theophil, Domingo Dally, Jose Bouton, Antonio Boudeville, Angel Marfa Tadey, Juan Galvez, Antonio Sanchez Gonzalez. Fue.ra injusticia no subrayar varios de ese conglomerado: Ribera, Arredondo, Tobar, Gaspa­ rini, Gomez, Bercton, Brambila y Galvez, de los cuales hoy noticias y obras, con lugar y tiempo, merecedoras de estudiarse. 13 INTRODUCCION LOS REYES DE ESPANA EN EL SIGLO XVIII Y LAS ARTES Entre 1700 Y el 2 de mayo de 1808, fecha en que se inicia en Espana, propiamente, el siglo XIX, sequn ya cdvlrtlo hace casi cien cfios el Marques de Valmar, ocuparon el trono cinco Reyes y seis Reinas: Sucedieron a Felipe V tres hijos y un nieto. De nquellos hay que prescindir, punto menos, de Luis I, que no relno mas de siete meses y velntlun dlcs, en los cuales poco pudo hacer en el campo artlstico. Felipe V, nacido en Versalles el 19 de diciembre de 1683, nieto de Luis XIV "el rey Sol", promotor esforzado de construcciones y decoraciones, era bisnieto de Felipe IV, "el Rey de Calderon y de Velazquez" y, tcrnblen, con la sangre materna de Marfa Ana Cris­ tina de Baviera, heredara el gusto por las artes que, lncluso, hubo de cultivar, pues Palo­ mino escribe: "yo he visto algunos dibujos de pluma de real mano, que pudieran su acre­ ditar a cualquiera de la profeslon ; y, mas honrarla los califica con su real para firma". Rigaud, un rosellones de Perplfidn, Ie retrcto enParis, comenzando el Ilenzo en 1.° de diciembre de 1700, tres dies antes de salir para su Reino, al trocar las galas francesas por la severidad del trc]e negro, "a la espanola", y con golilla, un tanto arcaizante ya; pero que al flcmcnte monarca deblo de interesarle, pues escrlblo acerca de est a forma de cuello algunas paginas (fig. 1). l.leg o Felipe V a Madrid el 18 de febrero de 1701. Apenas es necesario advertir que los nfios de la Guerra de Suceslcn, duradera hasta 1713, no fueron proplclos para em­ p resas artlsticas. Coso Felipe V dos veces: la primera en 3 de noviembre de 1701, con Marfa Luisa Gabriela de Saboya, nacida en Turin [doce cfios antes! Despierta de ingenio y resuelta, no apenas mas rastro, que yo conozca, de su gusto en las artes que tres muebles, quedci ricos y bellos, del "genero Boulle ", con escenas de su boda y de su vida, que ostentan sus armas emparejadas con las de Felipe V, y de los cuales uno se cdqulrlc en Holanda por el Museo del Prado, en 1961. EI Duque de Gramont escribla en 1702 de Marfa Luisa Gabriela: "No gusta de la muslcc, ni de la comedia, ni de la converscclon, ni del paseo, ni de la caza mas conducir no quiere ... que gobernar soberanamente, al Rey con anda­ dores." Como se ve, poco podlan esperar de ella escultores y pintores. Despues se vera quienes la retrataron (fig. 2). 15 Sin embargo, M. Y. Bottineau public6 este pdrrofo de la carta que en 12 de octubre de 1712 escribi6 a madame Royale: "Sl tuvlesernos en Espana algunos pintores buenos, no habrfa hecho esperar vuestra petici6n de que os enviase nuestros retratos; pero, en verdad, los que nos han hecho hasta ahora son tan malos que no me he decldldo cuan­ ... , do tengamos tiempos mas tranquilos, que pronto los tendremos, sl Dios quiere, haremos venir un pintor de Francia." L1eg6 la muerte de la "reinita" sin conseguir sus deseos. Tcmblen, si la vida de Luis I, su hi]o, no hubiese sido truncada el 31 de agosto de 1724, cuando Ilevaba de rey, tan s610, desde el 10 de enero, sin dude hubiera protegido las ar­ tes; porque el Marques de San Felipe escribe en sus "Memorias": "Era aficionado a la pintura y dibujaba regularmente: bailaba con el mayor primor, y era gentilfsimo" (fig. 3). Refiere don Marcos de Orellana el hecho confirmatorio de la afici6n artlstica del malo­ grado Rey: habiendo agradado al Prfncipe las figuras de pobres mcdrllefios talladas en madera, cabezas de marfil, que Ilamaban con "bamboches", por el escultor valenciano , . don Raimundo Capuz (1665?-1743), y deseando aprender a hacerlas, se Ie nombr6 maestro suyo y se Ie confiri6 el titulo de su escultor cuando subi6 al trono. Mas, ya durante el effmero reinado dejdbcse sentir el influjo de su madrastra Isabel de Farnesio, casada con Felipe V el 24 de diciembre de 1714; contaba veintid6s cries y trafa a Castilla la educaci6n recibida en el ambiente de Parma, corte pequefic y muy culta, aunque pobre. gustoSu artlstico la hizo dibujante y pintora: retrat6 al pastel a su marido eon 1721; con el mismo procedimiento ejecut6 doce cabezas de Santos; pint6 ocho de mu­ [er, que Ponz seficlc en la Granja; firm6 el tapiz de La Virgen con el Nino; adquiri6 colec­ clones de cuadros que pertenecieron a Maratta y a Scotti, y porcelanas al mismo parme­ sano, que tenfa a su servicio. Surnese la gran colecci6n de esculturas trafda de Roma y que habfa pertenecido a la reina Cristina de Suecia. M. Y. Bottineau copia renglones de una carta de su hijastro Luis I, de julio de 1723, en que comenta el placer que la Reina hoblc tenido en ver desembalar las ccjcs y en colgar los cuadros Ilegados de Flandes. Desde su hom6nima "Ia Cat61ica ", no tuvo nuestra Naci6n Reina que mas 'y rnejor apreciase las Artes (fig. 4). L1egaba, cdernds, a poco del tratado de Utrecht, que, si mutilaba varios florones de la corona de las Espcfics, abrfa un perfodo de relativo sosiego para los espcfioles, desan­ grados por la larga guerra sucesoria. AI ocupar de nuevo el trono Felipe V, heredado de su hi]o, aumentan las circunstan­ cias que fcvorecen el cultivo crtlstlco, en particular, por proseg uir la Ilegada de pintores franceses. Pero, pasados algunos cfios, la estancia de los Reyes en Sevilla- donde perma­ necen desde el 3 de febrero de 1729 hasta el 10 de [unlo de 1733- hubo de ser de con­ secuencias felices; ganada la Corte y, especialmente, la reina Farnesio por la atractiva belleza de la pintura andaluza y seducida por las obras de Murillo comienzan, entonces, a entrar en los sitios Reales. No se han valorado con justicia los beneficios que hubo de re­ portar al desarrollo de la pintura espanola del siglo XVIII, la adquisici6n por los Reyes de unadocena de cuadros del gran sevillano. En este reinado, dos hechos faustos y uno luctuoso fueron declslvos para las bellas artes: el establecimiento de la Real Fdbricc de Tapices, la construcci6n del palacio y jurdl­ nes de la Granja de San Iidefonso y el incendio destructor del Alcazar de Madrid. Suplir 16 Fig. 1.-H. RIGAUD: FELIPE V (MUSEO DEL PRADO). Fig. 2.-J. GARCfA DE MIRANDA: MARfA LUISA GABRIELA DE SABOYA (MUSEO DEL PRADO). Fig. 3.-M.-A. HOUASSE: LUIS I (MUSEO DEL PRADO). 18 Fig. 4.-J. RANC: ISABEL FARNESrO (MUSEO DEL PRADO). 19 Figs. 5 y 6.-F. DE CASTRO: FERNANDO VI Y BARBARA DE BRAGANZA (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). Fig. 7.-J. AMI­ CONI, PINT6; CH. J. FLiPART, GRAB6: FERNANDO VI Y BARBARA DE BRAGANZA CON SU CORTE (CALCOGRA­ FfA NACIONAL, MADRID), 20 la para la Corona de Espana de los talleres de los perdldc tapiceros flamencos despues de la Paz de Utrecht; obtener en poco tiempo el adorno del nuevo, predilecto, Sitio Real y compensar, en 10 posible, el enorme quebranto sufrido en Madrid por el Real Patrimonio, hubieron de constituir el plan trazado, absorbente de las dlsporubllldodes de nuestro pri­ mer Borbon. EI programa distaba de estar realizado cuando, el 9 de julio de 1746, morfa Feli­ pe V y le sucedfa Fernando VI, hijo de la Saboyana, de treinta y tres cfios, ccscdo hacfa diecisiete con Marfa Barbara de Braganza, hija del opulento y ostentoso don Juan V de Portugal. EI sagaz Conde de Saint-Simon cdvlrtlo en el Rey, cuando nino, promesas lison­ jeras "por el ingenio, la vivacidad y la agudeza", que no se defraudaron, pues fue uno de los mejores que monarcas gozo Espana. La Reina, poco agraciada y muy bondadosa, era, sequn .escrlblc don Leandro Fernandez de Moratfn "celosa del decoro de la majestad, liberal, magnffica, inteligente en las bellas artes, profesora eminente en la muslco, apre­ ciaba el merlto de los que dedicaban su estudio a cultivarlas". La creucion de la Real Aca­ demia de Nobles Artes y la construcclon del suntuoso monasterio rnudrllefio de la Visl­ tcclon, vulgo Salesas Reales, bastan para eternizar la memoria de la regia pareja, que no tuvo hijos. Fernando rnurlo el 10 de agosto de 1759. Dona Barbara Ie habfa precedi­ do en un cfio (figs. 5, 6 Y 7). EI sucesor del buen Rey fue su medio hermano Carlos III, nacido en Madrid el 20 de enero de 1716, duque de Parma primero y, desde 1738, rey de las Dos Sicilias (fig. 8). Prcctlco el dlbu]o y el grabado y Gio. Gori Gandellini, en 1772, da noticia de una es� tampa suya que representa La Virgen con el Nino, "trabajada con gran gusto"; aprendi­ zaje que ayuda explicar el que promoviese las excavaciones de Herculano y que a sus a expensas publicasen. se La figura polftica del nuevo soberano muestra salientes brillantes y una sombra densa. Se Ie ha juzgado y juzga desde posiciones distantes y hasta contrarias. Varon de moral estrecha, incluso muy devoto, en particular de la Inmaculada Concepcion de Marfa -a la que declcro patrona de Espana y de la Orden que fundo- no supo resistir el cerco que pusieron a los reyes de Francia, Espana, Napoles y Portugal las Sociedades Secretas, que Ie forzaron a la inicua expulsion de la Compcfiic de Jesus, infausta para Letras y Artes, en abril de 1767; mancha indeleble, pero la iinlcc grave en su buen gobierno. Madrid Ie debe la monumentalidad de que carecfa. La protecclon a escultores y pintores, lIaman­ do a los mas afamados, como Mengs y Tlepolo ; el fomento de la Real Fdbrlcc de Tapices impulsando el cultivo de los temas costumbristas; la fortuna de introducir a Goya en el servicio regio; la cdqulslclon de colecciones de cuadros como las de Ensenada y el pintor Napoli, dan a su reinado perfiles que Ie dlbujcn comparable en este aspecto del mece­ nazgo al de su tatarabuelo Felipe IV. La mujer de Carlos III, no jugo papel en nuestro florecimiento artfstico, porque Marfa Amalia Walpurga de Scjonic, nacida el 24 de noviembre de 1724 y casada el 19 de junio de 1738, rnurlo once meses despues de pisar Barcelona, como reina de Espana, el 27 de septiembre de 1760. Fue lcrnentcb!e su malogro en el trono, ya que, al negociar su boda, 21 "aficionada las bellas artes, pues dibujaba bien un despacho dlplomdtlco la elogia como a " y gustaba de la rnusicc (fig. 9). Andaba ya su hijo y heredero Carlos IV en los cuarenta cfios al recibir la corona y hacfa velnrltres que estaba casado con su prima carnal conocida por Marfa Luisa de Parma, aunque su verdadero nombre era Luisa Marfa Teresa. Bondadoso, poco agudo, apasionado, como su por la caza, no padre, carecfa de ,habilidad manual en la carpin­ terfa y alimentaba, con abundantes y certeras compras de pinturas, ya desde su juvenil principado, aquellas ansias de que participaron nuestros monarcas a 10 largo de mas de tres centurias. De su hay pruebcs fehacientes: una orden de 9 de enero educnclon artlstica de 1781 para que se paguen 660 reales de veil on gastados en libros y laminas de Arquitec­ en la Ca­ tura; y'-sobre todo, la forrncclon del esplendldo tesoro de pinturas que reunlo sita del Prfncipe de EI Escorial, cuyo inventario publico el P. Julian Zarco: recuerdese que cdqulrio EI Cardenal, de Rafael, gala del Museo del Prado. Ya Rey, que prosegufa com­ prando se demuestra por la devoluclon, en 14 de abril de 1791, de quince cajones de cua­ dros que, propuesta la venta por el Marques Tacoli, habfa hecho venir de Florencia y, examinados por el "no encontro uno de su gusto". Merecido premio a su cflclon fue el tener a Goya por Pinter de su Real Camara (figs. 10 y 12). Otra anecdote, olvidada, muy significativa del escrupulo del Rey de las Espafics en cuanto ctcfilo a las artes, asf fuese minucia, la refiere el rcro librito "Relacion sencilla del nuevo Templo de San Fernando de Padres de las Escuelas Pies del Avcpies de Madrid ", publicado anonlmo en 1791, escrito por el P. Luis Mfnguez. Se habfa decidido que el ador­ no fuese todo de escultura, por mas duraderas sus obras (i ?), excepto que en el altar ma­ habfan de pintarse los Santos predilectos de los yor se colocase una pintura, en la que Reyes: San Fernando, San Carlos Borromeo y San Luis, rey de Francia. Pregunto la Comu­ nidad a Palacio cudl de los tres presidirfa y darfa nombre al templo. Se contesto en 4 de octubre de 1790, que habfa resuelto su Majestad que se sometiese la decision a la suerte, veriflco el sorteo la Camara del Infante don Carlos Ma­ y describe por menor como se en rfa Isidro,extrayendo las bolas insaculadas la infanta Marfa Isabel, saliendo, con tan solemne modo, elegido San Fernando. Ramon Bayeu hizo el boceto para el cuadro que, con toda la iglesia, fue destruido en los cfios funestos. EI lector que desee mas pormeno­ res acerca de los gustos artlsticos de Carlos IV consultcrd con fruto el trabajo de A. Perera. De Luisa de Parma muy poco cabe seficlcr respecto a aficiones artlsticas; que no era ajena al dibujo 10 prueba su documentada maestrfa como bordadora. En sus cartas a retratos que Ie plntcbu Goya breves y Godoy, las referencias a los son escasas, con par­ cos elog ios (figs. 11 Y 13). Por inclulrse el presente estudio el de la producclcn completa de Goya, no aca­ en bada hasta cinco cfios antes de la muerte de Fernando VII (1833), interesarfa conocer los gustosartlsticos del discutido soberano; aunque fueron ciertas sus dotes de inteligencia, contrapesadas con cualidades nada merecedoras de alabanza. Hay un docurnento expresivo del concepto que, en fecha como la del 9 de julio de 1798, se tenfa en la Corte acerca de la conveniencia de que los Prfncipes alcanzasen conocimientos artlsticos. Habfa pedido el pintor y dibujante salmantino Antonio Carnicero -tan bien situado 22 Fig. 8.-A. R. MENGS: CARLOS III (MUSEO DEL PRADO). Fig. 9.-A. R. MENGS: MARIA AMALIA DE SAJONIA (MUSEO DEL PRADO). 24 Figs. 10 Y 11.-A. R. MENGS: CARLOS Y LUISA DE PARMA. PRfNCIPES DE ASTURIAS 12 y 13.�F. GOYA: (PORMENORES). Figs. CARLOS IV Y LUISA DE PARMA (PORMENORES). EN EL MUSEO DEL PRADO. 25 Fig. 14.-F. GOYA: FERNANDO VII (MUSEO DEL PRADO). 26 en Palacio, que hubo de encornenddrsele dlbujose las grandes laminas del famoso "Picadero de Carlos IV"- ser nombrado maestro de dlbu]o de Fernando, Prfncipe de Asturias; y el mar­ ques de Santa Cruz informa con estas palabras la solicitud: "continua Su Alteza dando lecclo­ nes de baile y asistiendo al picadero, por 10 que me parece que, para no fatigar mas a su AI­ J , teza, podia, por ahora, suspender la enseficnzc de dlbu]o, hasta que Su Alteza estuviese perfec­ cionado en alguna de las ciencias en que se estd instruyendo". A nueva petlclon del artista, se accede en 1.° de diciembre de 1801. Gusta inferir que las lecciones del buen dibujante Car­ nicero,junto con la cflclon heredada, serfan rnovlles para que Fernando VII fundase el Museo del Prado; puesto que, hasta el presente, debe confesarse, carecemos de testimonios ace rca de la determinante de su mas laudable acto de gobierno. Lo estobleclo en el edificio que estaba desde 1789 en el Prado de San Jeronimo, que Carlos III erigfa para construcclon en albergar las Academias de Ciencias y de Nobles Artes, sequn ha venido a hacer patente el hallazgo del testamento polftico del Conde de Floridablanca. No parece que su maestro Escoiquiz fuese conocedor, ni aficionado siquiera, de las obras de las artes pldstlccs, si bien cultivase las letras. De seguro, sobre la herencia familiar, actuaria en Fernando VII el am­ biente, manifiesto ya en los intentos del ministro Urquijo y, sin duda, asimilado durante el destierro en Valencey, que suele echarse en olvido cuando se trata del de primo�enito Carlos IV. Las noticias de laexpollnclon bonapartista de los tesoros artfsticos de Espana, no podlon dejar indiferente al Rey y, al volver al trono, la creuclon del Museo se impon­ drfa en su espfritu como empresa realizable y provechosa en grado sumo (fig. 14). Tres veces se coso Fernando VII en vida de Goya y otra ya muerto el pintor. Ni la primera rnujer, la napolitana Maria Antonia (1784 t 1806), ni la tercera, la sajona - Marfa Josefa Amalia (1805 t 1829), que escribfa versos devotos, mostrcron gusto parti­ - cular por las Artes; en cambio, la segunda, Marfa Isabel de Braganza (1797 t 1818), - pese a no haber reinado mas que veintisiete meses, se manifesto muy aficionada a elias. EI Rey al fundar el Museo del Prado menclono su ayuda y el recuerdo de tal intervenclon, mas 0 menos decisiva, perduro, e incluso se excqero, para menoscabar la gloria que Fer­ nando VII merece, en justicia, por haberlo creado. A esto hubo de contribulr- el gran re­ trato, firmado por Bernardo Lopez en 1829, en el que, mientras con la diestra seficlc al 1 edlflclo del Real Museo, se yen sobre el velador sus pianos y, 10 que es mas significativo, las plantillas para el reparto de los cuadros en los muros (fig. 15). J EI cfio en que se pinto es el de la muerte de la tercera esposa de Fernando VII, Marfa Josefa Amalia de Sajonia; rasgo curioso de la pslcoloqlc del monarca este recuerdo a la por­ tuguesa con la que habfa estado casado de 1816 a 1818. LOS GOBERNANTES Despues del desfile de validos extranjeros en el primer cuarto del siglo -el Duque de Harcourt, la Princesa de los Ursinos, el Cardenal de Estrees, su sobrino el abate del mismo upellldo, el Cardenal Alberoni, el aventurero holcndes Beron de Ripperda- entre los cuales solo Alberoni, qulzd, merece ser mencionado en este estudio, por su lntervenclon en los ortgenes de la Real Fcibrica de Tapices -comienza la serie de los buenos gobernan- 27 tesespcfioles que, por desiqnncion afortunada de los sucesivos Reyes, impulsaron el pro­ greso del pels y, varios entre ellos, fueron protectores de las artes. EI primero, don Jose Patino, hermano del Marques de Castelar, intervino, csrrmsmo, en el desenvolvimiento de la mencionada Manufactura regia; a su muerte, en 3 de no­ viembre de 1736 (fig. 16), Ie sucedlo don Sebastian de la Cuadra, marques de Villarfas, de menor altura, pero recordable por su pcpel eficaz en los primeros cfios de la Real Acade­ mia de San Fernando, continuado, por don Jose de Carvajal y Lancaster. Don Jose del Cam­ pillo, de rasgoscomparables a Patino (fig. 17), fue el antecesor como Secretario de Estad6 de una gran figura: don Cenon de Somodevilla, marques de la Ensenada, ministro desde abril de 1743; gobernante esclarecido, su gusto por el fausto Ie hizo coleccionista de pin­ turas: hasta veintinueve cdqulrlo Carlos III en su almoneda; su nombre habremos de ci­ tarlo repetidamente, por su esplrltu abierto a las novedades (fig. 18). Carvajal, cnqlofilo, y Ensenada, mas bien amigo de Francia, son las mas fuertes per­ sonalidades polfticas del reinado de Fernando VI; el Rey en el fiel de la balanza, mante­ nfa la paz en el .perlodo mas prospero que dlsfruto Espana. lComo extrcficr el f1oreci­ miento alcanzado entonces por las Bellas Artes? La vacante de Carvajal se cubrlo don Ricardo Wall, que estaba en Londres como con Embajador y que, como enemigo de Ensenada, decidlo al Rey que 10 exonerase en 20 de julio de 1754; determinacion funesta para el desarrollo artlstico, sl bien el nuevo rnl­ nistro continuase proteqiendo a la Academia de San Fernando y manteniendo la ' paz, fuente del bienestar duradero a' 10 largo del reinado del buen Monarca. Carlos III, aunque clzo el destierro de Ensenada, no Ie devolvlo los poderes, que man­ tuvo a Wall. EI favor regio disfrutado, luego, por el Marques de Squilace, como Secre­ tario del Despacho, hubo de retirdrselo cuando el famoso rnotln mudrllefio del 26 de mar­ zo de 1766 que, por otra parte, seficlo el comienzo de la excltcclon del Conde de Aranda (fig. 19). Promovido este a Presidente del Conse]o de Castilla, un cfio despues consegufa -31 de marzo- la pruqrndtlcc para la expulsion de los Jesuitas, de incalculables conse­ cuencias dentro de la esfera cultural, cumplida en Madrid el 1.° de abril y en toda la mo­ narqufa el die 2. Desde 1762 ejerclc secretario de Estado el de Grimaldi, que, pasados como Marques ofios, hubo de desavenirse con Aranda; Ilegado el de 1776, un incidente en relcclon con las Bellas Artes motive y el que Ie reemplazase Floridablanca. Como protector de su cese la Academia de San Fernando decldlo Grimaldi nombrar secretario de ella a don Anto­ nio Ponz; lacorporcclon, que no Ie habfa propuesto, se reslstio. A las juntas en las que se trcto este plelfo acudieron los consiliarios, nobles que apenas asistlan pero que aprove­ charon el pretexto para mostrar su oposlclon a Grimaldi. Su renuncia de la Secretarfa de Estado fue seguida de que Ie sucediese Floridablanca, en mucho hechura suya, y to­ davfa en Italia. EI19 de febrero de 1777 se presento en EI Pardo a Carlos III. En el decenlo que slqulo, su gobierno revelo la altura de su inteligencia y su habilidad. EI ultimo nfio de la vida del Rey, que fue el de 1788, vio desarrollarse la lucha entre los viejos amigos Aranda, que regresaba de su Embajada en Perfs, y Floridablanca (fig. 20). 28 1S.-B. LOPEZ: MARfA ISABEL DE BRAGA'NZA, COMO FUNDADORA DEL MUSEO DEL PRADO (MUSEO DEL PRADO). Fig. 29 Fig. 16.-J. RANC, PINT6; J. BALLESTER, GRAB6: DON JOSE PATINO. Fig. 17.-J. ALONSO, DIBUJ6; M. ALEGRE, GRABO: DON JOSE DEL CAMPILLO. Fig. 18.-J. AMICONI, PINT6; M. S. CARMONA, GRAB6: EL MARQUES DE LA ENSENADA. Fig. 19.-J. INZA, PINT6; J. BALLESTER, GRAB6: EL CONDE DE ARANDA (BIBUOTECA NACIONAL, MADRID). 30 Fig. 20.-F. GOYA: EL CONDE DE FLORIDABLANCA (BANCO URQUIJO. MADRID). 31 Fig. 21.-F. GOYA: JOVELLANOS (VIZCONDESA DE IRUESTE. MADRID). 32 Fig 22.-J. AD AN : (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). Fig. 23.-V. VICTORIA. POR EL MISMO (?) ("VIAGE DE ES­ GODOY PANA", DEPONZ). Fig. 24.-H. V. UGARTE: PALOMINO Y VELASCO (BIBLIOTECA NACIONAL, MADRID). Fig. 25.­ A. R. MENGS: DON JOSE NICOLAs DE AZARA (COLECCION JORDAN DE URRIES-AZARA, MADRID). 33 � I Fig. 26.-A. R. MENGS: AUTORRETRATO (PALACIO DE LJRIA, MADRID). 34 Ninguno de ambos gobernantes puede compararse a Ensenada en la afici6n por las obras de arte, si bien al segundo se deba, como queda dicho, la erecci6n del g'ran edificio del Prado. Floridablanca no senHa las Bellas Artes como Somodevilla, aunque en unos grave y conmovedora sinceridad, lea: "S610 se hcbrdn "Apuntes" que dej6 escritos, con se hcllcdo.entre mis muebles algunos cuadros, libros adquiridos en cuarenta cfios de carrera de de mi padre y de mis pocos y la que hlce a costa de mi plata profesi6n, suplementos diamantes vendidos." 1 " En su fcrnosc "lnstrucci6n reservada que la Junta de Estado deberd observar ... ... de julio de 1787), minucioso plan para el funcionamiento de 10 que venia a ser el Con­ (8 se]o de Ministros, que abarca 395 puntos, y que aun hoy puede consultarse con provecho, no se encuentra menci6n alguna a las Bellas Artes; omisi6n que hcblc de reflejarse en la tardanza conque el concepto de su fomento penetr6 en la Administraci6n del Estado. Fuedepuesto Florldcblcncc en 28 de febrero de 1792. Subia a sucederle Aranda, que s610 gobern6 ocho meses y medio, perlodo demasiado corto para dejcr rastro arHstico. EI aprecio menor a las Bellas Artes, que deja traslucir el plan orqdnico de Florida­ blanca para el funcionamiento del Estado -contradicho por algunos rasgos del gobernan­ te- adquiere confirmaci6n, corriendo el tiempo, en las "Cartas sobre los obstdculos que la naturaleza, la opini6n y las leyes oponen a la felicidad publica", que dirigi6 el eco­ nomista y politico Conde de Ccbcrrus a Jovellanos entre 1792 y 1795. En la tercera de elias se leen frfgidas consideraciones como estas: "Las artes y las ciencias no necesitari mas fomento que la libertad, el lnteres particu­ lar, la opini6n publica, y las luces que brotan en cualquiera sociedad polltica que no las " contradiga. Si los Secretarios y Ministros suceslvos, de Felipe V a Carlos IV, forman una lista hon­ rosa y de gobernantes que mostraron, casi todos, lnter es p.or las artes y los artistas, resalta entre ellos uno, que mas adelante habra, de ocuparnos, pues fue historiador parcial de unas y ofros. Figura magna en su siglo, por elevaci6n moral y dotes intelectuales superio­ res, don Gaspar Melchor de Jovellanos, no Ministerio -el de Gracia y Justicia­ rigi6 un mas que durante nueve meses y siete dlcs: fue exonerado por decreto del 15 de agosto de 1798. Su bi6grafo, paisano y amigo, Cedn Bermudez, al enumerar las excelencias de subreve etapa de gobierno consigna "Ia protecci6n de las artes". En ccpltulos ante­ riores de la "Vida" (1814) enumera las producciones que sobre las artes se Ie deben -es­ tudios, oraciones cccdemtcos, cartas- y explica c6mo el magistrado, el moralista, el his­ toriador, el politico fue entrando, tcrnblen, en la esfero arHstica (fig. 21). Cierra el siglo borb6nico Manuel Godoy (Badajoz, 1767- t Paris, 1851) blanco de los tires del odlo, despues de haber sido adulado y punto menos que adorado. Desde luego, que las bellas artes no Ie fueron indiferentes; en sus "Memorias ... 0 sea cuenta dada de su vida polltlcc para servir a la historia del reinado del senor don Carlos IV de Borb6n" (Gerona, 1839), en 5U capitulo XLIV escribe, sin caer en mendaz: "[Ojcld los escasos medios con que podia contarse me hubieran permitido hallar ... y costear grandes maestros de las bellas artes con que enriquecer mi patria!; mas, los apu­ ros del erario y la situaci6n turbulenta de la Europa pusieron coto a mis deseos." 35 Pese a sus faltas y a sus desaciertos, Godoy (fig. 22). en cuanto otcfie al arte, presen­ ta en su descarga servicios no [nferiores a los de Ensenada, Floridablanca y Jovellanos. La vclorncion de cuanto supuso para el desarrollo de las Artes en Espana imparcial esta suceslon de esclarecidos gobernantes, ninguno de los cuales hubo de ser indiferente al encanto de la belleza pldstlcc, reclzc al XVIII entre los de nuestra Historia; pues ni siglo Ie aventaja Lerma, Olivares, Mendez de Haro su predec,eso,r con grandes senores que, ... , al enriquecer Casas, fomentaron las Artes como mecenas. No 10 fueron, desde luego, sus los Ministros de los Reyes borbonlcos, salvo en ciertos aspectos, Godoy; el interes que mos­ traron tuvo sello mas g'eneroso, de verdaderos hombres de gobierno. LOS TRATADISTAS E HISTORIADORES ESPANOLES DE LAS ARTES EN EL SIGLO XVIII I En los talleres crtlstlcos de comienzos del XVIII leerlon, a no dudarlo, los li­ siglo se bros cldslcos de Arfe -que se reeditaron en 1675 y, luego, en 1736-; de Vicencio Cardu­ cho y de Pacheco y se tendrian a las "Cartillas" grabadas por Jusepe Ribera y Vi­ mane cente Salvador Gornez /Lc publlccclon mas reciente "Principios para estudiar el se titulaba / arte de la pintura" (1691): su autor, Jose Garda Hidalgo, y su ccrdcter, eminentemente prdctico. Ni teorlco ni practico "EI pincel, cuyas glorias escribfa don Felix de Lucio Espi­ nosa y Maio",., Impreso diez cfios antes, es, sequn Menendez Pelayo "una declcrncclon de perverso gusto": J En los comienzos de la centuria habfa alcanzado fama el cunonlqo Vicente Victoria, 0 Vitoria (1658 t 1712), mas erudito que pintor; atrafdo por Roma, fue disdpulo de Maratti, - -loqro distinciones cccdernlccs y ser Plntor de Camara del Gran Duque de Toscana. Escri­ bio en italiano sobre la pintura �"Osservazzioni sopra il Libro de La Felsina Pittrice", de Malva�fQ.,- y versos en castellano y en latfn./Alcanzo el honor de que Ponz publicase su retrato, ccoso cutorretrcto, grabado por J. Fabregat, en el tomo IV de su "Viage de " Espcfic (fig. 23). QiJedan de el manuscritos lnedltos y pinturas al fresco y al oleo, que motivan el juicio de don Elias Tormo al calificarle de "desmayadfsimo italianizante". '\ En 1715 scllc el primer torno, y en 1724 el segundo, de la obra capital en la bibliograffa " -ortlstlcc espanola "EI Museo plctorico y Escala optlcc del plntor, de que lueqo se hcblcrd, 0 Y 61.-T. RUIZ DEL PERAL: LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS(CONJUNTO Y DETALLE). EN SANTA MARIA DE LA ALHAMBRA (GRANADA), Y SAN ANTONIO DE PADUA(CATEDRAL DE CADIZ). Fig 62.-AN6NIMO .. DE LA ESCUELA DE GRANADA: SAN ANTONIO (PORMENOR). EN SAN AGUSTIN (CADIZ). 78 16gico que Felipe V e Isabel Farnesio gustasen poco de estos escultores, si lleqcron Era a contemplar sus producciones. Si se quisiese precisar un rasgo cornun a todos serlc fdcll de percibir: el de emplear la simulaci6n de cintas, bcindas, cortinas, doseles y baldaqui­ nos como de tela con piedra, bronce, 0 madera, artificio antiescult6rico que habfa emplea­ do Bernini en su baldaquino de San Pedro. Por los mismos cfios no faltaban quienes se mantenfan fieles al realismo tradicional; en esta senda ninguno aventajaba a Torcuato Ruiz del Peral, nacido en Esfiliana (Gra­ nada), el16 de mayo de 1708, y que muri6 el 6 de julio de 1773, fechas avanzadas respecto a los escultores que hasta ahora se han registrado, pero no cabe demorar su presenta­ cion, porque quedarfa fuera de lug'or propio. Casi coetaneo de Salzillo, su arte depende de la escuela granadina y, concretamente de Mora. Ya en 1725, de caforce cfios, trcbc]c en el taller de Diego de Mora. En 19 de agosto de 1737 cobra el pulplto de la catedral de Guadix y al nfio siguiente la Santa Teresa para 10' misma catedral, de muy honda ex­ presi6n; al cabo, en 1741, el cabildo Ie contrata la sillerfa del core (fig. 58), obrc en que in­ vierte el resto de la vida. Su estudio de las esculturas de Jose de Mora fue muy conclenzudo y su naturalismo escrupuloso, sin penetrar su patetismo, salvo en el Cristo de las Anqustlcs de Santa Marfa de la Alhambra. Cuando ya las tendencias neocldslccs Ilegaban a Grn-' no do Ruiz del Peral mantenfa la tecnlco y el espfritu de un siglo ctrds, sequn muestran las cabezas cortadas de Son Juan Bautista, de la catedral de Granada, y de San Felipe, de Cadiz, a que antes se aludi6. La slllerlo de Guadix repite casi todos los tlpos lconcqrdfl­ . I cos por Cano, Mena y los Moras, con sentido no menos realista, "abarrocando" esculpidos actitudes y pnfios (figs. 59 a 61). La escuela g'ranadina acentu6 en obras de escultores mal conocidos las caracterfs­ ticas de blandura y candidez que, la emoci6n y la espiritualidad, decayeron en perdidas " el "rnufiequlsmo dulz6n: vecse este San Antonio, arrobado en un ensuefio mlstlco, de San Agustin de Cadiz, aunque hayan de considerarse adiciones tardfas, csl el Nino Jesus, de vesti r, y la mesa en que se apoya, suprimidos en la reproducci6n. Sequn nota que debe a lrr cmcbtlldcd de don Cesar Perndn se ha atribuido por alguna noticia documental a Pe­ dro de Mena; a mi ver he de ser posterior en decades al gran escultor rnulcquefio. Es pieza significativa; casi estcbn por decir que slntorndflcc, del debilitamiento de los valores tra­ dicionales (fig. 62). PINTORES ESPANOLES.-Los pintores espnfioles disponibles en la Corte a medida que corrfan los cfios del XVIII, s610 deficientemente daban raz6n de cuanto de ellos se solicitaba. Ejemplo tiplco fue el del sevillano Bernardo German Llorente (1685-1757), cono­ cido como el "Pintor de las Pastoras", por las Vfrgenes que pint6 con la advocaci6n ma­ riana de La Divina Pastora, que habfa tratado La Roldana (fig. 63). German Llorente, en la Corte retrat6 al Infante don Felipe, luego Duque de Parma ejernplcr en-un buen la colec. G. Coli, de Barcelona (fig. 64)-, "con tal acierto -escribe Cean- que la reina dona Isabel Farnesio Ie regal6 las estcrnpos de Las Batallas de Alejandro, inventadas por Le-Brun, q'ue occbcbcn de venir de Francia ", rasgo anecd6tico elocuente para medir la "esplendidez" relativa y, a la vez, los gustos de la Soberana. Aficde el bi6grafo que no 79 "quiso ser pintor de Camara, porque no se Ie precisase seguir a la Corte"; pero suena a disculpa sospechosa. Todavla, agrega la util especie que" en los ultlrnos nfios dio en la mania de ennegrecer sus obras con espalto, para darles mas fuerza de claro-obscuro." De ser cierto, habra de considerarse juvenil La imposici6n de la casulla a S�n IIdefon­ so, firmada, reproducida por la Galerla Maragall (fasdculo n.O XII. 1959, Lam. VI). La en­ deble personalidad del artista resulta como anulada por el "murillismo" que Ie dorilinaba. Plntor mas vigoroso, igualmente secuaz del tradicionalismo artlstico, hubo de ser el asturiano Miguel Jacinto Menendez, 0 Melendez (1679-1731 ?). Obtuvo el 12 de junio de 1712 el titulo de Pinter regio, por muerte del ya citado Manuel Castro. No se vacante hcblo reparado en textoscongruentes de Ponz y de Cedn Bermudez por los cuales ha po­ dido. fijcrse que son de su mano dos magnificos cuadros del Museo del Prado: San Agus­ tin conjura una plaga de langosta y EI entierro del Senor de -el asunto del por­ Orgaz tentoso lienzo de EI Greco-, creldos antes de Sebastian Munoz y que pude devolver en 1947 a su verdadero autor (figs. 67 y 68). Los pint6 como bocetos para dos grandes com­ posiciones destinadas a la iglesia agustina de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol de r Madrid, que, por haber muerto, no lIeg6 a pintar, reulizdndolos Andres de la Calleja. \ En estas pinturas de Melendez se advierte, sobre todo en la segunda, la perduraci6n de los recuerdos vivos de la gran escuela. Es probable que hubiese visto y admirado el cua­ dro toledano. Hayen la obra, junto con aciertos, lIenos de novedad, como el efecto de los hacheros, partes, por ejemplo, el grupo de los nobles, los pcjes del primer terrnino, al­ gun angel, inspiradas, posiblemente, en el sin par modele. Con anterioridad a esta restituci6n, la figura de Miguel Jacinto Melendez no se po­ dia perfilar bien. Conoclnnse varlos ejemplares de los retratos de medio cuerpo, en 6valos, y en rectdnqulos, de los reyes Felipe V y la Saboyana, de poco despues de la boda (flrrncdo el de la Reina de la colecci6n Barcenas, de Madrid, repetido en el Museo Lazaro), exactos y elegantes; el retrato de Luis I, 6valo, en el Palacio Real, pareja del Infante don Pedro, y el del Marques de Vadillo, del Museo Municipal de Madrid; y los dos cuadros de Vlrgenes rnudrilefios, firmados, en el crucero de la iglesia del convento de San Pla­ cido. En el Prado, se Ie atribuye con dudas una Sacra familia, lienzo redondo de colorido . \ suave, ya "rococ6". En suma, un artista caracterfstico del perfodo transicional (fig. 65). Personalidad menos rica en facetas fue la de Juan Garda Miranda, mndrllefio e hijo de asturianos (12 de septiembre de 1677 8 de mayo de 1749). Por haber nacido sin la - diestra, pintaba con la mano izquierda y era habilfsimo restaurador de cuadros. Es ele­ gante la disposici6n y fino el colorido, gris perla dominante, del retrato firmado de la reina I Marfa Luisa Gabriela de Saboya, del Museo del Prado (fig. 2.), que, si 10 pint6 con la mira de lograr el tftulo de Plntor del Rey, por entonces no 10 consigui6 y pasado un decenio consta que todavla no 10 era. Fue autor de series de lienzos con la. Vida de la Virgen y con la de San Diego de Alcala, de calidad secundaria. Sdbese que lIeg6 a ser pintor dullco porque la futura de su plaza se concedi6 a un sobrino suyo, Pedro Rodrfguez de Miran­ da, buen restcurcdor tam bien (t en Madrid, el 8 de marzo de 1776, de setenta cfios). Ce­ lebra Cedn sus "bambochadas", esto es, escenas populares y sus paisajes; dos de estes po­ see el Museo del Prado; el que se reproduce, Efecto de sol poniente, bien construido, con figuras vivaces, traduce el conocimiento que tenia el artista de los paisajes de Both y de Momper (fig. 66). 80 1 • Figs. 63 Y 64.-B. G. LLORENTE: LA DIVINA PASTORA (MUSEO DEL PRADO), Y EL INFANTE DON FELIPE (COLECCI6N G. COLL, BARCELONA). Fig. 65.-M. J. MELtNDEZ: LA SAGRADA FAMILIA (MUSEO DEL PRADO). Fig. 66.­ P. RODRIGUEZ DE MIRANDA: PAISAJE (PORMENOR), EN EL MUSEO DEL PRADO. 81 ; Figs. 67 y 68.-M. J. MELENDEZ: SAN AGUSTiN CONJURA UNA PLAGA DE LANGOSTA. Y EL ENTIERRO DEL SENOR DE ORGAZ (MUSEO DEL PRADO). 82 i Fig. 69.-H. ROVIRA BROCANDEL: PORTADA DEL PALACIO DEL MARQUES DE DOS AGUAS. GRABADO DEL DIBUJO (ACA­ DEMIA DE SAN CARLOS, VALENCIA.) 83 j t1 1 _, .- f Figs. 70. 71. 72 y 73.-,-A. VILADOMAT: PORMENORES DE EL OTONO Y EL INVIERNO (MUSEO. BARCELONA). LA SAGRADA FAMILIA CON SAN AGUSTiN (MUSEO DEL PRADO) Y DETALLE DE EL BAUTIZO DE SAN FRANCISCO DE ASiS (MUSEO. BARCELONA). 84 Emulaba al de la Corte el ruicleo pict6rico levantino, donde Hip61ito Rovira Brocnn­ del (13 de agosto de 1693 6 de noviembre de 1765) desperdig6 dotes de inventiva genial - ! y manejo de diversas tecnlccs, despues de haber estado algun tiempo en Roma, donde co­ menz6 a flaquear su raz6n; alia estudi6 con Concci. Se manifest6 su locura cl querer pin­ tar el retrato de Luis I, por encargo de su madrastra. Sin tara tan grave, hubiera sido el t artista espcfiol mejor dotado para el "rococ6", como 10 prueba el haber proyectado la del del de Dos Valencia, mas obra del pintor que la portada palacio Marques Aguas l en invent6 que del arquitecto y del escultor que la ejecutaron (fig. 69). I, En la esterilidad de la catalana durante el I pintura siglo XVII surgi6 Antonio Vilado­ mat (12 de abril de 1678 -19 de enero de 1755), excepci6n advertida en la epocc que dio r a su nombre tanto lustre y, al parecer, Mengs Ie juzg6 el mejor de Espana. La influencia de esta valoraci6n y, desde luego, la estanCia de estudiante en Barcelona, hicieron que Menendez Pelayo, con su inmensa autoridad, subrayase en la "Historia de las ideas este­ ticas" la importancia del artista, al decir, con notoria exageraci6n: "el arte espcfiol no existfa ya, 0 andaba relegado a obscures monasterios e iglesias de segundo orden, donde todavfa lanzaba algunos chispazos el espfritu castizo en los lienzos de Viladomat" Sabi­ ... do esto resulta explicable que cuando a fines del siglo XIX dese6 la direcci6n del Mu­ seo del Prado obtener una muestra del plntor, pidlernnle a ccrnblo una docena de pin­ turas en la que entraban obras de Ribera, Murillo, Mazo y no se ·si tcrnblen de Goya. Sl se dan de lado las exageraciones, habra de .verse en el plntor desorbitado un artista no­ table por su realismo, al que foltcron maestros -aunque nada menos que Bibiena Ie en­ sefio la arquitectura y ia perspectiva- y el que hubiese podido estudiar pinturas de pri­ mera calidad. Cedn escribi6 de el: "Pintaba pafses con novedad, retratos con sernejcn- za... y batallas y gallardfa." EI Museo de Barcelona guarda algou,nos de los con espfritu 'W� veinte cuadros de la "Vida de San Francisco", entre los que resalta EI Bautizo del San- to (fig. 73). Estimo mas dignas de aprecio Las cuatro estaciones (figs. 70 y 71) que Goya como debi6 de conocer, recordando grupos y figuras de estos cuadros en sus "cartones para tapices": Los pobres de la fuente se asemeja demasiado a un grupo de EI lnvlerno del ar- tista bcrcelones: quizd los dos proceden de un mismoprecedente. Proyect6 el Monu mento de Semana Santa para la catedral de su ciudad, conservdndose el dlbu]o, de valiente traza, de hacia 1720, donde se percibe la influencia que sobre el ejerci6 Fernando Galli Bibiena. De haberse trasladado Viladomat g la Corte de Madrid -el sirvi6 o la del Archi­ duque en Cataluna- hubiera cambiado su estrella y, en algo, el rumbo de nuestra pintura. Para Lafuente fue "uno de los pocos pintores que pueden entroncar con lctrc­ dici6n severa y realista de la pintura espanola del XVII." Acaso el agudo crftico recordarfa al escribir esta frase que el Museo del Prado posee un llenzo que quien se 10 lego, el gran coleccionista cctcldn don Pablo Bosch, etrlbulc a Viladomat: La Sagrada Familia con San Agustfn (fig. 72). Representa un pasaje de las "Con­ fesiones" (Lib. IX, cap. II): Jesus nino hiere con una f1echa el coraz6n que el santo Ie ofrece. Es pintura de mas calidad en la ejecuclon de la capa pluvial, que en la expresion de los ros­ tros, en particular los de la Virgen y San Jose, harto convencionales, mientras la figura de San Agustfn es vigorosa. 85 En los breves que anteceden se presentan con la mayor c1aridad que me ha apartados sido dable los respectivos grupos de escultores y pintores que al advenir la Casa de Borb6n continuaban sus quehaceres artfsticos conforme a la prdctlcc seiscentista, y los que, nacidos en las postrimerfas de la centuria, 0 en los comienzos de la siguiente, eran conternpordneos del "estilo Luis XV", aceptaranlo, 0 no. EI panorama no podfa seducir al Rey ni a sus Rei­ nas,pues no era fdcll que sintiesen la exuberancia decorativa desordenada, el realismo as­ pero y todavfa tenebrista, las Irndqenes de vestir, las "Vidas de Santos" sin suprlmlr mila­ gros truculentos, los "bodegones" nada apetitosos. Versalles y Parma no eran lugares apropiados para preparar el gusto de la residencia en Espana. Y ocurri6 10 mas 16gico. LA VENIDA DE PINTORES Reyes y sus hombres no demora­ EXTRANJEROS.-Los ron la lIamada de artistas de sus pafses de origen; a nadie podfa extrcfiar que mostrasen predilecci6n por las formas que conocfan y rnejor sentfan. En el siglo XVIII estas inmigra­ ciones se consideraban provechosas -acaso no todas hubieron de serlo-; todavfa a su final un espofiol en Italia, el jesuita P. Juan Andres enjuiciaba aSI: "En tiempo del senor Infante don Felipe [hijo de Felipe V] se introduxeron en Parma muchos artistas franceses;" "tal vez fue sobrado el nu mere de ellos para que pudiesen animarse los naturales a cul­ " tivar tales artes ... "entonces se lamentaban los parmesanos de tantos franceses que se comfan el pan que deseaban para sf y sus paisanos; pero ahora gozan las ventajas de la perfecci6n de las artes que les traxeron los forasteros". Pcrecerne que el erudito vicjero al escribir esas Ifneas pensaba en su patria. EI 31 de diciembre de 1704 Luis de Boulogne (1654 t 1733) se despide de los Aca­ - dernicos de Francia "por un vlo]e que debe hacer a Espana" y que, al fin, no emprendi6. Bottineau supone que venia lIamado para ser Pinter de Camara. EI mismo diligente his­ toriador del arte en la Corte de Felipe V menciona al perpifiones Antonio Guerra, hl]o (1666 t 1711), que los diccionarios dicen fue nornbrcdo Pinter de Camara en 1702, que - retrat6 al Rey en 1706, y que, descontento en Madrfd, march6 aRoma; pero de su estan­ cia espanola no quedan huellas, pues apenas 10 es la firma como "plttor della Camera, 1707" del Extasis de Santo Tomas, registrado por Benezit. No vlno a servir al moncrcc, sino a la casi todo poderosa Princesa de los Ursinos, Enrique de Fcvcnne (1668 t 1752) - -amigo de su secretario d'Auviqny-«, que en 1704 habfa presentado para su recepci6n en la Academia el lienzo ofrece la de Espana corona a Felipe duque Anjou y, luego, pint6 la Alegorfa deJ reconocimiento del Duque de Anjou como rey de Espana; sdbese que en EI Escorial, donde copiaba cuadros italianos famosos, suscit6 recelos entre los rnonjes que 10 denunciaron a la Inquisici6n (1708). De un desconocido Courtilleau -que supuse hace cfios si sera el Diego Cortillo que se decfa Pinter de la reina dona Mariana, entre 16'97 y 1700-'- Y que firma en 1702 un retrato femenino de cierta calidad en el Prado, no cabe decir que fuesellcrncdo por Felipe V, pero puede ser conslderndo como predecesor de los mentados ortistas franceses que en Espana no pasaron de sombrcis. Bottineau Ie llama Courthilleau y habla de que estuvo en Roma; ignoro la procedencia de estos datos. Caso excepcional debi6 de ser el de Nicolas Vaccaro, seguramente italiano y no se s�be si de la familia del napolitano Andrea, que fue crtlstc notable. Sequn documento extrcctcdo por Bottineau -8 de junio de 1716- obtuvo, ya viejo, el tftulo de Pinter de Cdrncrdpor favor 86 Fig. 74.-M.-A. HOUASSE: CURACION MILAGROSA DE LA MADRE MARIA TERESA DE MONTPLAISANT POR SAN FRANCISCO DE REGIS (DEPOSITA DO POR EL MUSEO DEL PRADO EN EL INSTITUTO DE SAN ISIDRO DE MADRID). 87 j Fig. 7S.-M.·A. HOUASSE: BACANAL (PARTE CENTRAL), EN EL MUSEO DEL PRADO. 88 dispensado por Alberoni; ayudaba a Felipe V a pintar paisajitos. Esto Ie dio entrada en la intimidad palatina hcblendole concedido "lIave la furriera para entrar en Palacio". Hay, en realidad, que volver a la carta de Marfa Luisa Gabriela de Saboya a Ma­ dame Royale, del 12 de noviembre de 1712: "cuando tengamos tiempos mas tranquilos haremos venir un pintor de Francia". Yc no vivfa la Saboyana cuando fue lIamado el primero. Michel-Ange Houasse (Paris, septiembre de 1730) estaba en Ma­ 1680 - Arpajon 30 de drid desde abril de 1715, cuando hacfa cuatro meses que el Rey habfa contrafdo segundas nupcias con Isabel Farnesio. Intervino para contratarlo Jean Orry, "especialista en fi­ nanzas", enviado por Luis XIV a su nieto. EI pintor, -hijo de otro, Rene-Antoine, por error de Cedn supuesto titulado de la Camara de Felipe V, mas no parece que haya estado en Espana -habfa hecho, sin excesiva brillantez, la currern artfstica acostumbrada en Francia: obtuvo varios premios y fue recibido por la Academia el 24 de septiembre de 1707. Hace medio siglo don Elfas Tormo Ie juzgaba merecedor de una monograffa, que sigue sin ser intentada pesar del crecimiento de siquiera, a su nombradfa. S610 Lafuente, en pdqlncs mitologfas, de cuadros devo­ certeras, ha iniciado el estudio. Fue pintor de tos y escenas populares, retratista y paisajista, habiendo aportado, junto con elementos nuevos en Espana, un sentido de buen gusto en las composiciones -mediante las que in­ fluy6 sobre Goya- y un concepto de la veracidad en el paisaje que, en algun modo, Ie da categoria de eslab6n entre los fondos velczquefios y las obras del XIX. A los dos cfios de servir enla Corte, sin que sepamos con cudles obras, pinta al Prin­ cipe de Asturias, Luis, en el Henze del Prado, con el hdbito de la Orden del Saint-Esprit, si bien no ostenta sus insignias y sf el Tois6n; cuadro de elegancia refinada, magistralmen­ te ejecutado en grises y con la fecha "Ie mois d'Aoust, 1717" (fig. 3). La figura y su acti­ tud evoccn el texto que el Conde de en Saint-Simon "retrata" al Principe: "Estd hecho para ser pintado. Alto, f1aco, delicado ; .•. es rublo, tiene hermoso cabello; el rostro feo ... ; danza a maravilla ... Sl la reina Isabel y el pudiesen danzar en un teatro, se Ilenarfa". Ca­ rece de explicaci6n fdcll que apenas retratase quien tan bien sabfa hacerlo. EI senor Tor­ mo Ie atribuy6 el Felipe V del Museo de Bilbao y Bottineau el del Infante Felipe Pedro, de cuerpo entero, del Palacio Real que Ie suscita el recuerdo de Watteau. Luego se vera que el .nombre del sutil y exquisito pintor acude tam bien, ante otros cuadros de Houasse. Como autor de asuntos religiosos cita Cedn Bermudez los del altar de San Francisco de Regis en los PP. del Salvador, esto es, el Noviciado de la Compufilo de Jesus, en la calle de San Bernardo, que fue, luego, Universidad; justamente el Paraninfo ocupa el solar de su iglesia. Los seis lienzos estdn depositados en el Instituto de San Isidro (Madrid): La cura­ ci6n milagrosa de la Madre Montplaisant (fig. 74) suministr6 el esquema compositivo pa­ rael gran lienzo de Goya en la catedral de Valencia San Francisco de Borja y el rnorl­ bundo impenitente y el lienzo cornpcfiero, y uno de los redondos, segun observaci6n de E. Lafuente, inspiraron al mismo gran pintor la actitud y pormenores del San Bernardino de Siena, en San Francisco el Grande, de Madrid. Las demos composiciones religiosas pre­ sentan menor lnteres, como la que posee el Prado: Sagrada Familia con San Juan, una firmada en 1726, obra menos personal, aunque grata de ver (fig. 76). Otras muy notables son dos cuadros de tema mitol6gico, Bacanal, firmado en 1719 (fig. 75) y Sacrlflclo a Baco 89 (1720). No podlo eXlglrse a Houasse la poesic melanc61ica y la perfecclon de Poussin, , ' aunque hasta el haya lIegado la tradici6n del gran maestro; los mismos fondos quieren ser �agamente romanos y resulta aleccionadora la comparaci6n con las escenas mitol6- gicas de Lucas Jordan, como la antes reproducida. EI colorido es caliente y 10 matizan de­ licados tonos azules y rosados. De nuevo Bottineau alude a los vlnculos de Houasse con Watteau. Ejemplo extrcfio es el de un asunto del Quljote -La aventura del barco encantaClo (fig. 77)- que se separa de cuanto de el conocemos. Felizmente, para la pintura espanola trclc Houasse el gusto por las escenas cam­ pestres, de un realismo proveniente en muchos rasgos de los artistas flamencos del sl­ XVII. Pint6 glo numerosos cuadros de eS,te genero, de tcrncfio pequefio. Sl se hace Iista de sus temas scltnrd, al punto, la identidad con los tratados para la Real Fdbrlcn de To­ plces medio siglo despues. En particular, con los modelos pintados por Goya: Bai_le cam­ (1730), su ultima obra, de EI lavande­ pestre (fig. 81), Juegos nlfios, cazador, con unas ras (fig. 79), EI balandn (fig. 80), La era (fig. 78), La gallina ciega No se crea que al de­ ... sarrollar estos asuntos los localice el pintor en Madrid, mas, con su ejemplo y, en algunos casos teniendo presentes sus esquemas, surgirfa la corriente popular mcdrtlefilstc cauda­ losa en los "cartones" goyescos. La multiplicidad de aptitudes de Houasse Ie permiti6 entrar en generos apenas ,cul­ tivados: osl, en la escena de interior, de una Academia de dibu]o (fig. 82), evocadora de la vida artlstica de la epccc franceses- y -con precedentes Mascarcis jugando a los naipes en un [crdln, impregnada con sugestiones de Watteau. Todcvlc, el talento pict6rico del 'frances se revela en sus pulscjes, veraces, sin co�­ postura artificiosa, a veces, alguna figura que, con 10 mas, sirve para dar la medida del a espacio pintado: y con tal justeza en la luz y con tal sentido de las grandes masas de mon­ tcfins y de las lejnnlcs, que de]c muy ntrds a todos los paisajistas franceses, flamencos y espcfioles de la primera mitad del XVIiI: Adrnlrense la Vista de Madrid -que mas bien debe entrar en los "escenas campestres"- y sobre todo, la de EI Escorial, del Prado Y la tomada 'las faldas de la sierra de Guadarrc;tma, de Palacio, (fi�. 83), en cuya modernidad sorprende. . Pinter que tantas novedades. trajo a Castilla no tuvo larga vida. En 10 de febrero de I 1727 solicita marchar rnujer, enferma, a Francia con su con­ su hermano y dos criados; I cedesele. En noviembre del nfio siguiente, ya vludo, plde, de nuevo permiso para volver a Francia: regres6 sin reponerse; en agosto de 1730 dice que los medicos Ie mandan salir { de Madrid, por haber recaldo "en el mismo mal de pecho" que tuvo dos cfios he, y aun I con mas peligro de su vida; muri6 en el vlc]e, en Arpajon, el 30 de octubre . . " - En parte de su estancia en,la <;orte coincidi6 con su compatriota Jean Rene, en nada pcrecldo a el, bien que fuesen equiparables en merlto artlstico; .Rcnc era, hasta donde pode,,!!os hoy conocerle, exclusivamente retratista, 10 que st:r determinante de la pudo abstenci6n cultivo de este genero parte de Houasse, carente de dotes, y proba­ en ,el por blemente, de cflclon para 10 mayestOtico, que los Borbones de Francia y,Es­ ostentoso y pcfin exlqlnn, Se confirma por la gesti6n encornendcdc desde Seqovlc, en 14 de octubre � I de 1n1, al cardenal Dubois para que contrctose a Rigaud, a de Troy, 0 a Ldrqllllere con 90 { I Figs. 76 HOUASSE: LA SAGRADA FAMILIA CON SAN JUAN DEL PRADO), Y LA AVENTURA DEL BARCO Y 77.-M.-A. (MUSEO ENCANTADO (PALACIO REAL, LA GRANJA). 91 i Figs. 78. 79. 80 Y 81.-M.-A. HOUASSE: PORMENORES DE LA ERA. EL CAZADOR Y UNAS LAVANDERAS. EL BALANCIN. Y BAILE CAMPESTRE (PALACIO REAL DE LA GRANJA). 92 82 Y 83.-M.-A. HOUASSE: ACADEMIA DE DIBUJO Y VISTA' DE EL ESCORIAL DEL Figs. (PALACIO REAL, MADRID), (MUSEO PRADO). 93 J Figs. 84. 85 Y 86.-J. RANC: FELIPE V. LA INFANTA MARfA ANA VICTORIA QUE FUE REINA DE PORTUGAL. Y LA FAMILIA DE FELIPE V (BOCHO). EN EL MUSEO DEL PRADO. 94 -el fin de poser algunos meses en Espana. Contest6 el purpurado ministro de Luis XV que los tres eran viejos -de sesenta y dos, cuarenta y dos y sesenta y cinco afios respecfivamen­ te�; otro, Raoux, tuvo miedo al clima mcdrrlefio. AI cabo, se escogi6, es casi seguro que por indicaci6n de Rigaud, su maestro, a Ranc, nacido en Montpellier, el 28 de enero de 1674. EI 7 de marzo de 1723, ya instalado en la Corte, escribe a Dubois. Noticias, salvo la del nacimiento, aducidas por Bottineau. AI emprender el vln]e se habfa forjado ilusiones sobre los gajes y el lucido papel que Ie espercbnn en Madrid; la realidad Ie decepcion6. En un m.emorial, de 25 de julio de 1725, se leenfroses reticentes contra "un peintre mediocre", que puede sospecharse fuese Houas­ se, y quejas contra los cortesanos "tan maliciosos ignorantes". En 1727 se resiente como de una enfermedad en los ojos ; en el mismo cfio marcha a Portugal con objeto de retratar a Juan V y Marfa Ana de Austria, consuegros de Felipe V. Estuvo en Sevilla cuando la Corte. Le ocurri6 la desdicha de que, celebrando en familia la cena de Nochebuenc de 1734, en su vivienda, en el antiguo Alcazar de Madrid, se iniciase el terrible incendio que tantas joyas pict6ricas destruy6. Muri6 en 1.° de julio de 1735. No firmaba ni fechaba sus obras, casi nunca, y s610 por la edad representada por los retratados puede inferirse su cronologfa. Las dudas mas diffciles de resolver las el cuadro que, de conservarse, serlc el plantea . I mas importante, unico de cornposlclon, Y ambiciosa. Aun asf resulta tal, con no conocerse mas que mediante el buen boceto del Museo del Prado: La familia de Felipe V. EI llenzo, no acabado, consta que, se salv6 en el incendio, mas se perdi6 su rastro (fig. 86). En pieza palatina abierta a una terraza y a un sal6n, 0 galerfa, estdn sentados los Reyes y de pie, de izquierda a derecha: Fernando, Luis, Felipe, todavfa con faldas y peg ado a las ma­ ternales y Carlos. A la derecha, en un 6valo, el retrato de una joven hacia el cual lIaman la atenci6n del espectador tanto Isabel Farnesio como Carlos: la retratada debe de ser la prin­ cesa de Asturias, Luisa Isabel de Orleans, hija del que lIeg6 en enero de 1722 para Regente, ccscrse con el que habfa de reinar unos meses con el nombre de Luis I: sin embargo, la iden­ tificaci6n se presenta insegura, porque al lIegar Rene a la Corte estaba yei en ella Luisa Isabel y pudo retratarla del natural, y la actitud de Carlos estarfa mas justificada si sefic­ . lase al retrato de su prometida Mlle. de Beaujolais, Felipa Luisa, hermana de su cuficdc, que vlno a Espana en 16 de febrero de 1723 y con la que no se cas6; a la izquierda, una ccrncrlsto con servicio de chocolate (?) y en la terraza, un prelado. La fecha de la muerte de Luis I (31 de agosto de suponer posterior la data del lienzo, si bien 1724) obliga a no lc edad de los Infantes -once cfios Fernando, ocho Carlos y cuatro Felipe- aparece como un tanto forzada. Por heber trabajado con ernpefio en est a pintura, ccbe sospechar que en varios bocetos la hubiese perfeccionado, pasado tiempo del que querfa represen­ tar y cuando ya Luis I estaba en el otro mun.do y su alocada viuda en la Corte de Francia; la hip6tesis explicarfa el 6valo. Sea 10 que fuere, el cuadro, concebido en grande, con aparato cortesano, concediendo valor anecd6tico a las figuras secundarias -nota repe­ tida en sequn hcbrd de verse-, con ambiente acertadamente logrado, con­ otros artistas, sentfa aguardar del pintor cuadros muy personales, que no hubo de pintar, concretandose a retratos individuales, siempre correctos y de elegancia tan grata como artificiosa. Estas cualidades revel an casi todos sus lienzos: Felipe V (fig. 84) e Isabel de Farnesio de medic cuerpo (fig. 4), Fernando, de cuerpo entero con un perro, y Carlos, herborizan- 95 do (fig. 87), que forman pareja y Ferncrrdo, con armadura, flrrncdo, por excepcion, en 1725 (fig. 88). Pintado con el pensamiento puesto en los modelos de Rubens y de Velaz­ quez, el retrato ecuestre de Felipe V, con un jinete detrds y la Victoria volando, para acer­ carse mas a Rubens, causa la impresi6n de frustrado. EI prurito por acabar un ernpefio con rnlnuclosldud exagerada hace enfadosos estos cuadros, inferiores a los que dej6 sin terminar, como el de Luisa Isabel de Orleans (fig. 89). No Ie bastaba a Felipe V tenerHouasse y en 25 de diciembre de 1719 a su servlcio a el cardenal Alberoni contest6 al tcmblen cardenal Acquaviva que podfa enviar a Ma­ drid a Andrea Procaccini, pintor romano, nacido en 1671, discfpulo de Maratti; demor6 algo su partida, impacientando al Rey, pues no arrib6 a EI Escorial hasta el 23 de agosto de 1720. EI 9 de septiembre se comunica Acquaviva que, admirado el de la habili­ a Rey dad del artista, Ie habfa nombrado Pintor de Camara. En 5 de octubre el cardenal se muestra ufano del exlto de Procaccini por el buscado y desea retrate "a los Amos" y "a toda la casa "para hccerlos aquf abrir en lamina y darlos a la imprenta, para que se co­ Real" muniquen a todo el mundo", publicidad curiosa, ciertamente. Dice Cedn, que el Rey hlzo al italiano Primer Pinter de Camara, sin que se conozca el documento. EI lnteres porque vlnlese y la acogida que tuvo habra que atribuirlos, en parte considerable, a la Reina, que tanto fiaba en Acquaviva y en los cometidos que Ie encomendaron en La Granja para sustituir al arquitecto y pintor Arderndns, al morir en 1726. La producci6n pict6rica de Procaccini en Espana fue escasa; Cedn no menciona concretamente mas que el San IIdefonso en un colateral de la colegiata de La Granja, pero el Prado posee, por legado del Conde de la Cimera, un buen retrato del cualla dedi­ catoria nos dice qulen es el personaje: "Al Illtr." Remo. Princ. Sigre. Card. Borgia" (fig. 90). Fue don Carlos de Borja, Centellas, Ponce de Le6n, hijo del IX Duque de Gandfa (t en 1773) y desde 1708 Ccpelldn mayor de Felipe V. Obra de mucho empaque pudo influir sobre el primer retrato "oficial" de Goya: el del Conde de Floridablanca, pues Procaccini se autorretrat6 tomblen, con un eclesldstlco, en sombra, a la izquierda. Otra misi6n desernpefio : la de pintar "cartones" para la colecci6n de tapices de la Historia de Don Qutjote ; una de las empresas iniciales de la Real Fdbrlcc de Tapices. Como ayudante suyo vlno de ltalia, en 1721, Domingo Marfa Sani, que no fue nom­ brado pintor de Camara hasta el 7 de diciembre de 1734, despues de muerto Procaccini. Gan6 la confianza de los Reyes, sirviendo, prlncipnlrnente, en La Granja. Para Madrazo, medi6 en la compra por la Reina de cuadros y esculturas. Artista modesto, tiene, sin em­ bargo, motivos para que se Ie conceda un lugar: Pint6 la Historlu de Don Quljote -en paradero ignorado- que, qulzd, suscit6 el cuadro de Houasse que ctrds se reprodujo; tcrnblen pint6 escenas populares con intenci6n satfrica; dos se guardan en el Prado: EI charlatan de aldea y Reunion de mendigos (figs. 91 y 92). C6mo asuntos que deblcn encon­ trar eco en los artistas espcfioles, por estar repetidos en nuestra novelfstica, tardaron en abrirse camino en la pintura y c6mo en cincuenta nfios ni las pinturas de Houasse ni las de Sani fueron aprovechcdcs, son problemas abiertos al estudio. Sani muri6 en 1772. Los dos italianos no rivalizan con los dos franceses trafdos por Felipe V; apenas pueden enfrentarse con los espcfioles conternpordneos: Melendez hombrearse Pro­ podfa, con caccini y Viladomat debe pasar delante de Sani. 96 Fig. 87.-J. RANC: CARLOS III NINO (MUSEO DEL PRADO). 97 FigS. 88 Y 89.-J. RANC: FERNANDO VI PRINCIPE DE ASTURIAS, Y LUISA ISABEL DE ORLEANS MUJER DE LUIS I DEL (MUSEO PRA.DO). 98 Fig. 90.-A. PROCACCINI: EL CARDENAL DON CARLOS DE BORJA (MUSEO DEL PRADO) 99 Figs. 93. 94. 95 Y 96.-L.·M. VAN LOO: DON GREGORIO MAYANS Y SISCAR (RECORTADO). COLECCl6N SARTORIUS. MADRID. ISABEL MARIA LUISA DE BORB6N (1). FELIPE V (RECORTADO). Y LUISA ISABEL DE BORB6N (MUSEO DEL PRADO). 101 , , , FigS. 97 y 98.-L.-M. VAN LOO: LA FAMILIA DE FELIPE V (DIBUJO Y 6LEO). EN LA ACADEMIA DE SAN FERNANDO Y EN EL MUSEO DEL PRADO. 102 - En cambio, ha de reconocerse que Houasse y Ranc, cquel con susinquietudes prome- tedoras y el segundo con su maestrfa en el retrato de Corte, desernpeficron una mislon beneficiosa en el desarrollo de la pintura en Espana. Las cualidades de Ranc fueronsuperadas por las del tercer frances contratado por Felipe V despues de desaparecer los dos precedentes y Procaccini. Se atendieron, una vez mas, los consejos de Rigaud y fue contratado Louis-Michel van Loo, de estirpe de pintores, hl]o de Carle -asf habitual mente nombrado-, en preemi­ nente sltunclon entre los de su arte; nacido en Tolen en 2 de marzo de 1707, premio de Roma en 1725, Accdernlco en 1733 y profesor adjunto en 1735. L1ego a Madrid el 15 de enero de 1737. EI 8 de febrero se Ie destina una pieza para trcbcjcr en la Casa del Ar­ zoblspo, esto es, la casa de Cruzada, donde se habfan almacenado los cuadros salvados del incendio del Alcazar y, ordena el Rey que "se Ie de alojamiento si hubiere comodidad para ello ". Hasta el 3 de julio no se Ie expldlo el nombramiento de pintor de Camara ni clccnzo el grado de Primero hasta el 12 de junio de 1744. Pasados echo cfios reqreso a Francia; murre en Parfs el 20 de marzo de 1771. Van Loo era, ante todo, retratista, por mas que en Parfs y en Roma, incluso en Ma­ drid, dos Historias de Diana y con el lienzo de Venus Cupido y Mercurio, de la Aca­ con demia de San Fernando, pagase el tributo inexcusable a la mitologfa (Lam. II). Una sola obra religiosa -el San Jose->, en el Museo de La Fere (Francia), se menciona de su mano. Cedn dedica su mayor elogio a un retrato de Luis I nino, en casa de Ollauri, en Haro; claro estd que heche sobre original ajeno. Son diffciles de lIenar los cfios mcdrllefios de Van Loo. En 1737 estdn firmados los retratos de Felipe V y de Isabel de Farnesio de gran aparato, deteriorados, Granja, sequn Bottineau. De hacia 1740 serdn el Felipe V, de en La mas de medio cuerpo, del Prado (fig. 95), Y el suntuoso retrato del Infante don Luis con hdbltos cardenalicios, ante un bufete con reloj y escribanfa, de la colecclon de los Mar­ q ueses de Castromonte; y hnbrdn de ser anteriores al 22 de febrero de 1742 el del Infante don Felipe y el de su mujer Luisa Isabel de Francia (fig. 96), del Prado, pues en esa fecha , , r- salieron para tomar asiento en su trono de Parma. Y, 0 no es de entonces, 0 es imposible la ldentlflccclcn, con la hija de estos duques parmesanos, Isabel Marfa Luisa, el bello re­ trato infantil con palomas, tcrnblen en el Museo (fig. 94), porque, nacida el 31 de diciem­ bre de 1741, representa ya cuatro 0 cinco meses. Emprendlo, seguramente, luego, su obra capital: el enorme lienzo La familia de Felipe V (4'60 X 5'11 m.). Se pintarfa por el malogro del cuadro del mismo asunto en que habfa trabajado Ranc y, qulzd mas que nada, 10 decidirfa el ansia de Isabel Farnesio por centrar la cornposiclon en que entraron cinco hljos, dos nueras, dos entenados y la rnujer de Fernando, mas dos nietas; la escena, se figura en un riqufsimo salon a la italia­ na, con muslcos en la tribuna. EI pintor estudlo el lienzo, concienzudamente, pues posee la Academia un minucioso dlbu]o, al que no se cjusto por completo (fig. 97) Y en Versa­ lies hay un boceto mucho mas sencillo. Introdujo retratos de ausentes, como los Duques de Parma, repitiendo, 0 poco menos, los antes mentados y el de la Princesa del Brasil. EI cuadro estd firmado en 1743 (figs. 98 Y 99). Con buen sentido crftico Bottineau sefic­ la su italianismo, hasta ver una poslble Insplrcclon en La cena en casa de Simon, de Ve­ roues, del Louvre, que parece muy remota. Aficde, en su estudio, comparaciones e indi- 103 ca disparidades con cuadros "de familia" anteriores y posteriores. Dfgase que con los de este genero que figuraron en los palacios Reales no se ve relcclon mas que con el de Ranc toda la conslderccion que merece el erudito historiador frances, soy incapaz de y, con percibir la influencia sobre Van Loo de la luz de Castilla y de los cuadros espnfioles ni aun en el retrato de Mayans y Siscar (1748), que la ejerclo decisiva sobre el de Colon y Larrea­ tegui, de Goya, (fig. 93). Con posterioridad a 1743, en que estd fechada La familia de Felipe V, no tenemos otra data segura que la del retrato citado, de lustro estcrdn el despues: un cercanos lienzo de la Academia de San Fernando, de asunto rnltoloqlco, sin duda tambien los re­ y, tratos de Fernando VI y dona Barbara, del Palacio Real, repetidos en otros ejemplares y que nada cficden a 10 ya conocido. Sf, tiene importancia el cuadro mltoloqlco de la Academia de Bellas Artes, Venus, Cupido y Mercurio, por su sobria cornposlclon de c1asicismo depu­ rado, que robustece la personalidad de Van Loo como introductor temprano del estilo entre nosotros; las figuras de tnrnnfio natural, los desnudos modelados suavemente, un tanto es­ maltados, abrieron el camino para la acogida de Mengs. Estaba pintado el 3 de agosto de 1748, cuando gustaba de intervenir en la enseficnzc de los artistas [ovenes y en las gestiones prematuras conducentes a que se crease la Academia (Lam; II). Son ofios en' los que se ignora que otras pinturas ejecuto, pocas, tal vez, pues nunca fue de pincel rdpldo, Era el Director de la Pintura en la Academia el 13 de junio de 1752, sin que contra­ diga el que en 1749 dirigiese la Ecole royale des eleves proteges, sequn Bottineau, que, acaso, asesorase desde Madrid. Marcho antes del 23 de diciembre de 1753. EI exquisito lnterprete de las telas suntuosas y las joyas ricas, verdadero mago del lu]o, murlo en 20 de marzo de 1771. Van Loo, como Houasse y como Procaccini, desempefio papel en una de las dos em­ presas lIevadas a ejecucion por Felipe V e Isabel Farnesio, realzadoras de su reinado en la esfera artfstica: fueron estes el establecimiento de la Real Fdbrlco de Tapices y los jar­ dines de la Granja de San IIdefonso; la primera en relnclon con la pintura y la segunda con la escultura. LA CREACI6N DE LA REAL FABRICA DE TAPICES.-La necesaria Intervenclon de pintores que suministrasen los modelos -el nombre usual de "cartones" no respondfa a ia realidad en el siglo XVIII- hace aconsejable acompasar la historia de la manufactura a la de los artistas del que para ella pincel trabajaron. Los Reyes de la Casa de Austria tenfan en su corona los Estados de Flandes, donde tra­ bajaban los talleres mejores en el tejido de tapices, no superados por italianos ni franceses en los siglos XVI Y XVII. Y de ellos adquirieron y a ellos encargaron las piezas atesoradas, con magnanimidad que les honra: la de su respeto a la econornlc privativa de aquellas tie­ rras. Desde el Emperador Carlos I hasta Carlos ll no seoutortzo que se estableciesen en Es­ otros talleres para pana tapices que los meramente empleados en el retupido, 0 restaura­ cion de los viejos y deteriorados, cual se ve en Las Hilanderas, de Velazquez, y los que tejfan reposteros herdldlcos, de factura menos fina en Madrid, Salamanca, Pastrana, etc. Firmado en 1713 el Tratado de Utrecht, Felipe V no tenia que mantener la exclusiva de fcbriccclon tapiceril para Estados los que ya reinaba. Por otra en no parte, venido . 104 I v I Lam. II.-L. M. VAN LOO: VENUS, CUPIDO Y MERCURIO (ACADEMIA DE SAN FERNANDO) de la Corte de Francia, donde floreda la tecnlcc en las manufacturas de Gobelins, Beau­ vais, Aubusson, Savonnerie, csplro que Madrid no careciese de un establecimiento Regio a comparable. La lntervenclon del ministro cardenal Alberoni logr6 que viniese a Espana en 1720, dificultades y escollos, el tapicero antuerpiense Jacques van der Goten no sin "el viejo", que trabajaba el "bc]o lizo". Un cfio despues firma en la Corte un tapiz "no grande, verdaderamente excelente ," representando "un joven con gansos, palomas co­ ... t miendo, perro y un mono a la ventana". De 1723 y 1724 son siete Cacerfas, imitando un composiciones de Wouwerman, segun camino emprendido, dentro de la tendencia cos­ tumbrista nordlcc, del primer perfodo de la Real Fdbrlcn, que debe seficlnrse, para co­ nocer uno de los factores actuantes en el desarrollo plctorlco espcfiol, En 1724 muere Van der Goten "el viejo", dejando cuatro hijos conocedores del ofl­ cio; el Jacobo "el mozo", fue el que mas sobresclio. En 1746 se compr6 por prlrnoqenlto, la Real Casa el edificio, antes alquilado, que se denomlno Fdbrlcu de Santa Barbara, por su loccllzccion fuera de la Puerta de este nombre, al nordeste de la Villa y Corte. "Mientras tanto -como escribfa don Elias Tormo-, sin haberse afirmado del todo la manufactura del bo]o lizo, la Corona penso, seriamente, en crear telares de alto lizo ..• y, a la vez, implantar una fcbrlccclon a la manera francesa, procurando la brillantez y el buen gusto caracterfsticas de la tan famosa ... de Gobelinos." De alia se trc]o en ... 1727 un maestro, Antonio Lainger, 0 Lingel (t en 1734), colocado a las 6rdenes del ml­ nistro don Jose Patino. La tecnlco superior de esta segunda tase de la Fdbrlcn se revela en los tapices tejidos por composiciones que realizaron Andrea Procaccini y Michel-Ange Houasse. Con ellos entraban aires nuevos en la Corte. Despues de la natural resistencia contra el procedimiento importado del alto llzo, Van der Goten "el mozo", hubo de aprenderlo e incluso dominarlo: en 1731 reprodujo me­ gistralmente, copia de la "Madonna Westminster", de Rafael, y se Ie encomend6 la una manufacfura establecida en Sevilla, bn]o la superintendencia de Procaccini. Mas, en el reinado de Felipe V el funcionamiento ordenado y pro­ no se consigui6 vechoso de la Fdbrlco, pese al lnteres mantenido por la reina Farnesio. No obstante, el paso estaba dado y la prosecuclon bo]o Fernando VI y, sobre todo, ba]o Carlos III, fue trcs­ cendental para la suerte de nuestra pintura. Felipe V con nobleza espiritual, merecedora de seficlcrse, qulso que las primeras " tapicerfas se inspirasen en el Quijote y en el Telernoco, la "novela pedcgoqlcc escrita por Fenelon para su hermano el Duque de Borqofic y para el. Encarqdronse sus cartones a Houasse; seguramente, su quebrantadci salud motive el que s610 pintase una compo­ sici6n, en dos mitades: EI encuentro de los ndufrcqos Telerncco y Mentor con la ninfa Calipso en su isla. EI tapiz estd en EI Escorial. ' Las figuras respiran nobleza y son esbeltas y los fondos, de escarpadas montcfics y de mar, convencionales pero hermosos. No puede fecharse con seguridad est a obra, cal­ culdndose habra de ser posterior al San Juan Bautista en el desierto, tapiz tejido por mo­ delo del mismo pintor en 1727 y que se perdi6 en el incendio del Alcazar. Parece probable que en el mismo desastre desaparecieron algunos del Telerncco, de Houasse, 10 que resolverfa el problema que se pretendlo desentrcficr en el libro "Los Ta- 106 Fig. 99.-L.-M. VAN LOO: PORMENOR DE LA FAMILIA DE FELIPE V (MUSEO DEL PRADO). 107 Figs. 100 Y 101.-J. THIERRY: FUENTES DE APOLO 0 DE LA LIRA Y DE NEPTUNO (LA GRANJA, SEGOVIA). 108 plces de la Casa del Rey Nuestro Senor" (Madrid, 1919), en el que colubor e con mi maes­ tro don Elias Tormo. Porque, es el caso, que de otro Telerncco, de taller bruseles, se co­ nocen tres pnfios: EI naufragio, EI banquete y EI baile de las ninfas. Ya es extrcfio el en­ cargo a una manufaetura flamenca por Felipe V, a poco de perder aquellos estados; pero, 10 es mas el parecido estillstico con el que se tejio por el modele de Houasse. lPintarfa igudlmente los tres restantes? EI problema se oscurece en el documento que luego se extraeta, " pues da como tejida en la Fdbricc la "Historia de Telernoco y es raro que se refiera a uno solo y no cabe duda que dos los firma Urbano Leyners, bruseles. Otra pregunta referente a Houasse se ocurre: lFigurarfa entre las directrices inicia­ tes de la Fdbrlcc la de tejer escenas populares y tal destino motivarfa los cuadritos antes mentados y de los cuales se han reproducido vcrlos] Ello no consta; mas se presenta como veroslmll. Desde luego, no se agrandaron para servir de modelos. Tal vez la corta pro­ ducclon de la manufaetura impidiese oficdlr al Telerncco y al Quljote nuevas series y, pasado tiempo, resucitarfa bc]o Fernando VI el plan, buscando lnsplruclon en los cua­ dros de genero de Teniers, de Wouwermann, etc., comprados para resarcir las perdldcs de las colecciones regias despues del incendio del Alcazar. Hubo que esperar a los rei­ nados de Carlos HI y su hl]o pa-ra que se volviese a la idea primitiva, desarrollada enton­ ces por los Bayeu, Castillo, Goya ... La lntervenclon de Procaccini en la Fdbricc -aparte su constante papel adminis­ .trctlvc en las Obras Reales- se redu]o a suministrar modelos para la serie del Quijote. Ei curiosa y hasta contradietorio con el ccrdcter que por otros conductos puede supo­ nerse a Louis-Michel van Loo, el que su trabajo se redujese a una labor sin relieve ni inte­ res: la de facilitar modelos para ser tejidos los "que se hicieron del gusto de Teniers", dlrecclon poco loable emprendida por la Real manufaetura, pero que clccnzo exlto, pues se tejieron hasta tres series. , Los trabajos de la Real Fdbrlco [uzqdbnnse costoslslrnos al Tesoro Regioy el resultcdo artfstico era poco hclcquefio, ndernds. Gobernante tan honrado y culto como don Jose Patino ccerto con el remedio, consistente en refundir con la Fdbrico de la puerta de Santa Barbara, dedicada al bc]o llzo, el antiguo taller de retupido de los tapices de la colecclon palatina llc­ mado de Santa Isabel, donde se vente ensayando la tecnlcc del alto lizo; y en 28 de agosto de 1744 se lIego a un convenio con los hijos de Van der Goten, que eran cuatro: conciertan con la Real Casa cdernds de los un asiento para trabajar a desto]o, gajes mensuales y de que se les proporcionasen los modelos. Cuando Carlos III lIego a Madrid para posesionarse de la corona de las Espofics, los her­ manos tapiceros Ie dirigieron un memorial en mayo de 1760, que se nprovecho en "Tapices de la Casa del Rey N. S." Y que publico Sambricio, donde se enumeran los trabajos realizados por la Real Fdbrlco, que proporciona una relncion suficiente para que el lector se haga cargo del desarrollo de la manufactura y, a la vez, del refle]o en sus tareas de los cam bios del gusto que el reinado de Fernando VI, sequn luego habra de verse, habfa impreso a nuestra pintura: "En el tiempo que ha que est a Fabrica subsiste en Espana se han fabricado en ella para el real servicio de V. M. cdernds de las cinco cuadro de la Familia, la tc­ tapicerfas y Sagrada picerfa que representa la Historic de Telerncco: la de Ciro; otra que representa diversiones de paisanos de Flandes, a lrnltaclon de Tenters (cuyos ejemplares pinto M. Van Loo) que, asf 109 como la de don Quixote de la Mancha, se ha triplicado ; las que se estdn fabricando por . ... ... ejemplares de don Andres de la Calleja y don Antonio Gonzalez [Ruiz] para los Reales Sitios de San Lorenzo y Buen Retiro; Los cuatro tiempos del cfio, sacados por los cuatro cuadros de Amiconi; la superior, por ejemplares que, actualmente saca don Corrado Giaquinto, primer de Camara de V. M. de plntor pinturas del celebreJorddn, demostrando la Historic de Sa­ lomon, que ha de servir en el Nuevo Real Palacio, y otras particulares y varias obras de pcfios sueltos, reposteros, cenefas, alfombras y tapetes." De como se desenvolvfan est as tareas de la Fdbrlcc, apresuradas y rutinarias, da clarfsima idea memorial de 1765 del modesto plntor Andres de la Calleja, un que publi­ en 1916: "Se Ie mandaron que ejecutar las pinturas por el estilo de David Teniers para la construcclon de los tapices que sirven en el Real Sitio de San Lorenzo. Todos los eje­ cutados hasta ahora ascienden a cincuenta y seis [i !], de los mismos tornnfios que los ta­ pices; para cuyo efecto y no hallarse pinturas de David Teniers que no estuviesen copiadas en las obras antecedentes, se vio precisado el suplicante a hacer venir de Perfs, a su costa, toda la colecclon deestampas de este autor, hasta numero de 150 Sabido esto no extra­ ... " fiurd que la Real Fdbrlcc, sin el impulso que hubo de darle Mengs, ccmblcndo radical­ mente de rumbo, no hubiera pasado de un taller, en gran parte, mere repetidor de mo­ delos pintados sobre grabados. LOS ESCUL TORES FRANCESES EN LA V lc melanco­ GRANJA.-Aquejaba a Felipe Ifa; tras la cqltccton belled, corrlon sus nfios en la severa Corte mcdrllefic, tan distinta de la de Parfs; y Versalles, olvidaba Isabel Farnesio no se en Aranjuez. participaba en desear residir en sitio donde disfrutase con sosiego del amor maternal y planease el porvenlr de sus hijos; futuro nada claro, gro. Aliviaban las rnontcfics la porque la pcsion Saboyana de animo del habra dejado tres, si bien uno se malo­ Rey, que, "cuando 10 I . " permitfan sus culdudos -al decir de Ponz- sollo irValsafn; hasta que, en 1718, paso a Segovia, oca­ a sion en que conoclo La Granja de San Iidefonso, que era de los monjes jeronlmos. Decidlo adquirirla y edificar capilla y cas a pa�a capellanes, respetando la construcclon vle]o, Este origen tuvo el nuevo Real Sitio, cornenzdndose las obras, modestas en su inicio, en 1719. EI terreno se urnpllo con importantes adquisiciones en 1720, y el lugar impuso el ccr dcter, tan diferente del de Versalles. . ! Pero, era inevitable el recurrir Francia para que viniesen el trczcdor de los [crdl­ a nes, el jardinero y los escultores 10 adornasen con fuentes, estatuas y [crrones: el as­ que pero declive y la mucha agua almacenada en la nieve serrana y, luego, embalsada, su­ ministraron los aspectos peculiares de la creuclon regia. En 14 de enero de 1721 el Duque de Antin firma la cutorizuclon para que vengan Rene Fremin y Jean Thierry; pasada una quincena se autoriza el vlc]e a cuatro escultores menos famosos. Afio y medio despues pueden ve�ir otros cinco; en suma, mas que un ta­ I Iler y menos que una colonia. ·1 La rapidez con que se Ilevaron las obras conslntlo que Felipe residiese en La Granja a fines de 1723 y, habiendo abdicado el 10 de enero siguiente, allf pudiese permanecer. Vuelto al trono, impensadamente, agosto, siguio atendiendo al desarrollo de su obra en predilecta, incluso en los cfios que paso en Sevilla. Como hace notar Jeanne Digard, en su monograffa, documentadfsima, "Les jardins de La Granja et leurs sculptures decoratives" 110 · , Fig. 102.-R. FREMIN, P. PITUE Y A. Y H. DUMANDRE: LA FUENTE DE LA FAMA (LA GRANJA, SEGOVIA).' 111 � I . Fig. BOUSSEAU, P. PITUE Y A. Y H. DUMANDRE: FUENTE DE LOS BANOS DE 103.-J. DIANA. Fig. 104.---J. THIERRY Y SUS SUCESORES: FUENTE DE LATONA 0 DE LAS RANAS (LA GRANJA, SEGOVIA). ) 112 I Fig. 10S.-R. FREMIN 0 J. THIERRY: FUENTE DE LOS DRAGONES. Fig. 106.�R. FREMIN, P. PITUE Y A. Y H. DUMANDRE: LA FUENTE DE LA FAMA CORRIENDO EL AGUA (LA GRANJA, SEGOVIA). 113 y Fig. 107.-L. SALVADOR CARMONA: EL PAPA SAN DAMASO Y SAN JERONIMO (MUSEO DEL PRADO). Fig. 10B.-F. DE CAS­ TRO: LA BATALLA DEL SALADO (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). 114 (Parfs, 1934), al morir V ya hada cuatro nfios que estaba acabada la ultima de las Felipe fuentes; como Felipe II EI Escorial, pudo ver el primer Borbon realizado del todo su pro­ yecto en San IIdefonso. Para la citada autora no "es simple refle]o de Versalles; merece ser con­ [La Granja] un siderada crecclon original, rica en novedades y que tiene lugar proplo en la evoluclon de la escultura francesa"; cclculese, por ello, su trascendencia dentro de la escultura en Espana. "Mas que el parque de Versalles =-ccnttnuc Mlle. Digard- el de La Granja habla a la sensibilidad; sus caracteres pintorescos, su romanticismo parecen emparentar con ... los verdaderos jardines-paisajes creados en !a segunda mitad del siglo XVIII." y, por otra parte, los escultores de los tiempos de Carlos III y de su hl]o, admiraron y estudiaron con provecho las esculturas de San IIdefonso. AI morir, 1722, el frances Carlier, Director de los jardines, fue reemplazado por en el escultor Fremin, cargo en que Ie sucedlo Bousseau y a este Hubert Dumcndre ; la espe­ clcllzcclon motive la cantidad de escultura destinada a los jardines. Los cuatro mencio­ nados y Thierry habfan trabajado con Gircrdon, Coysevox y los Coustou en Perfs, Indica Mlle. Digard la influencia probable que sobre estos artistas debieron de ejercer las esta­ tuas cldslcns compradas por Isabel Farnesio, que habfan pertenecido a Cristina de Suecia y estaban en La Granja. De la extravagante y cultc soberana nordlcc hizo Fremin un busto, que se conserva en San IIdefonso. La abundante docurnentcclon y el estudio estlllstlco aducidos en la cuidada mono­ graffa fljnn, con exactitud, casi todas las atribuciones; extractarla es 10 mas honrado. Si Apolo centra el mundo pldstlco versallesco, el de La Granja estd dominado por Diana, cual correspondfa al designio de un Rey cazador. Se basan los escultores en la manoseada e insustituible "lconologfa" de Cesare Ripa (1603, y muchas veces reimpresa), sin olvidar la cdcptcclon de los dibujos de Le Brun. Su tecnlcc es la que define R. Schneider en "L' Art franc;ais au XVllle.siecle": en la prl­ mera mitad "nleqc el genio de la materia casi demasiado. La amasa y reamasa hasta I J; la iluslon total. No hay piedra, ni mdrrnol, ni bronce, ni barro cocido; hay una pulpa carnosa, elastica bajo la presion de los dedos. Reniega el escultor casi de la pldstlcc, pues devora sin cesar los pianos a fuerza de cncllzcrlos.i. Este divisionismo lIegarfa a supri­ mir la forma, si estos buenos artistas no tuviesen el justo sentido de su oflclo y "Ia gracia de estado del talento". No existe certeza la paternidad de las esculturas de San IIdefonso. Son pro­ respecto a ducciones de un taller cuyas figuras principales fueron Rene Fremin -retratado por Quentin la Tour en el Louvre-, Jean Thierry -retratado por l.arqllllere, en el Museo de Lyon- y los hermanos Durnundre : a estes, pueden surncrse los nombres de Jacques Bousseau y Pierre Pi­ tue. EI taller 10 recuerda, qulzd, un llenzo de M.-A. Houasse, que reprodujo Mlle. Digard y que el lector ha visto (fig. 82). EI material empleado, que era casi siempre el plomo, generalmente bronceado, aunque a veces se pintase de blanco, resta calidad a las esculturos del Real Sitio. De los escultores fue Fremin el que rnejor dominaba la tecnica; nacido lIegados en 1672, disdpulo de Girardon y Coysevox, esculplo lrndqenes devotas en Versalles y en 115 Notre-Dame, y estatuas mitol6gicas en Marly. Se despidi6 de la Academia pari­ Paris y en siense el 3 de mayo de 1721; estuvo La Granja diecisiete cfios, cortados por una estan­ en cia en Francia, el de 1734; march6 definitivamente, cuatro despues, recomendando para sucederle a Bousseau. Muy depreciado por los franceses, sus obras en La Granja conce­ den a Fremin puesto relevante. Dominaba la composici6n de grupos,,_ acredit, nacidos en 1700 y 1701, murieron, respectivamente, en Francia en 1761 y en Madrid en 1781. EI en mayor fue aquf Primer Escultor de Camara y Director de la Junta preparatoria de la Academia. Hubert sucederfa en Granja a Bousseau. La Pierre Pltue no lIeg6 hasta 1740, trabaj6 con los Durncndre en Los banos de Diana (fig. 103), Y en la Fuente de la Fama (figs. 102 y 106); sequn se indic6, probablemente, por pro­ yectos anteriores y sin que quepa especificar con fljezn la labor de cada uno. Vecse en la figura ultlmcmente citada el ejemplo de las fuentes con sus surtidores que per­ mite comprobar la belleza que el agua acrece a la obra escult6rica: con ella contcron sus auto­ res, y es prueba de su arte reflexlvo y hondo. EI papel de los escultores espcfioles en La Grcn]o hubo de ser muy secundario; ayudantes, cuando no simples artesanos. "Versalles-conduye la escritora tantas veces aprovechada en estos pdrrcfos=- en­ gendr6 La Granja; no cabe duda, sin embargo, que los artistas franceses, entregados a sf mismos en tierra extrcnjerc, sintieron que no convenfa repetir 10 que habra sido dicho para la gloria de Luis XIV y sus obras de La Granja son magnffica adaptaci6n de un ... arte deliccdo y voluptuoso al cdorno complete de un jcrdfn ". Mas, no se cerr6 con 10 dicho el clclo del crte de Francia en San Ildefonso ; EI Rey y su mujer quisieron recibir sepultura en "su obro ", como sello y firma de ella. Segun Ponz, Pitue esculpi6 la figura de mujer lloroso, de pie, los angeles tenantes del escudo y el me- 116 Fig. 109.-R. MICHEL: SAN ILDEFONSO Y SANTA LEOCADIA (MUSEO DEL PRADO). Fig. 110.-A. DUMANDRE: LA MUSICA (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). Fig. 111.-H. DUMANDRE: LA TOMA DE TOLEDO (ACADEMIA DF$AN FERNANDO). 117 J ,t Fig. 112.-A. CARNICERO: EL CONSEJO DE LAS 6RDENES MILITARES (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). Fig. 113.-C. SALAS: El PRIMER CONCILIO DE ESPAf'lA (MUSEO DEL PRADO). Fig. 114..--M. ALVAREZ, "EL GRIEGO": EL CONSEJO DE . GUERRA (MUSEO DEL PRADO). 118 dcllon con el retrato de Felipe V; mientras, Dumcndre fue el autor de La Caridad sentada, de La Fama y del medcllon de la reina Isabel Farnesio; la cornposlcion, dice Ponz, "asegu­ q-ue la hizo tal don Sempronio Subisati ", referencia hecha ran un con tonodespectivo. Era un discfpulo de Procaccini que, sequn un documento que publica Bottineau, proyecto tcrnblen la fachada y los campanarios de la Colegiata. La oslrnllcclon que en otros siglos habfa logrado Espana de los artistas extranjeros ha de confesarse que no se dio en La Granja; quedo, y permanece, como una isla de arte, frances en la escultura, italiano en la arquitectura =-Procuccf nl, Jubara-, enclavada en el paisaje serrano de Castilla. EL INCENDIO DEL ALCAzAR Y EL NUEVO REAL PALACIO Pnrecerd roto el orden sucesivo al ocupcrnos, ahora, de un desastre que, a fines del 1734, habra producido ia perdido de tesoros artlsticos, principal mente plctortcos, cuantiosfsimos; desastre que, al propio tiempo, por la consoladora verdad que "Dios escrl­ be derecho sobre renglones torcidos", hubo de traer aparejado el cultivo intenso en Ma­ drid de la arquitectura, la pintura y la escultura y la cdqulslclon de centenares de cuadros para las colecciones palatinas; me refiero al incendio del regio Alcazar. La fortaleza medieval, se conservaba, con cficdidos y remiendos hechos en varios reinados, particular, muy irnportante uno, en cucl fue el del tiempo del Emperador. Por estos cfios acababa el arreglo dispuesto del aposento habitado por nuestro ya cono­ se cido Jean Ranc -siempre quejoso de que mal Ie pagaban y peor Ie consideraban en la Corte- cuando, en 10 de diciembre de 1734, los Reyes, de vuelta de la jornada a La Granja yaEl Escorial, fueron desde el Buen Retiro a honrar a su Pintor de Camara. Fue la postrer visita regia al Alcazar: a las doce y cuarto de la noche de la Pascua de Navidad -fuera, 01 caso, contrasentido denominarla Buena-, la guardia se dio cuentc de que crd!c el edlflclo. No es este lugar para describir el siniestro. Era general el rumor de que se habra iniciado en el aposento de Ranc: las "Memorias" lnedltcs del de Marques la Torrecilla, que, en esta parte, dlo a conocer el despues Duque de Maura, dicen: "EI motivo de esta quema se ignora, y los mas convienen que en el cuarto de Juan Ranc ... los mozos emborracharon y que encendieron lumbre en la chimenea ; y otros 10 dlfl­ se ... cultan." Ranc, en 18 de enero, solicitaba del ministro Patino que, para atender debidamen­ te a las pinturas salvadas se Ie nombrase "surintendent des tableaux", cargo existente en la Corte de Francia, para "ponerse a cubierto de la pena que mis envidiosos enemigos " conttnucn haciendo correr sobre el incendio -y cficde-«: "se ve todcvlc, con gran pe­ ... sar de ellos, que en el departamento no entre, ni en la chimenea, de ninguna chispa fuego". Empezara donde , empezase, el desastre ocoslono la destruccion de j537 cuadros! Felipe V, ya en 31 de diciembre, a la semana de la destruccion, hacfa llcrncr de Tu­ rfn "el arquitecto siciliano que ha construldo la catedral de Lisboa"; observese que ni sa­ bra su nombre, que era el de Filippo Juvara, apellido escrito con muchas variantes Jubara, -' Ivara, hasta Ibarra-, para que viniese a estudiar el proyecto del nuevo Real Palacio. Aurique no parecfa que fuese occslon proplcla para tratar de nuevas plnturos, des­ aparecidos Procaccini y Ranc, absorbida la actividad de los artistas secundarios por el 119 ac.ondicionamiento de los cuadros salvados, no solo hubo de reconocerse como necesario contratar pintor de nornbrcdlc, y en 15 de enero de 1737 Ilegaba a la Corte Louis­ a un Michel van Loo, sequn queda dlcho, sino que, a poco de venir Juvara -12 .de abril de 1735..-, que se ocupaba, cdernds del futuro Palacio, del de La Granja, predilecto de los Reyes, dlscurrlc la decornclon de dos salas del Real Sitio: "dormitorio" y "Salon de las - empresas del Rey" para las que se encomendaron cuadros a Italia. De igual modo, con compras repetidas, las mas de elias hechcs en Roma, Felipe V e Isabel Farnesio hcblcn juntado, desde 1724, sendas colecciones de cuadros que marca­ ron, respectivamente, con la cruz aspada borqofiono de San Andres y con la flor de lis farnesiana. Por recuento de sabemos que la Reina poseyo 889 pinturas y el. Beroqui Rey 318; esforzadamente, mcntenlcn la trcdlclon secular en la Corona de Espana. La construcclon del Palacio Nuevo -asf Ie llorno por mucho tiempo- que, muerto se Juvara en Madrid, el 31 de enero de 1736, fue, en realidad, emprendldc por Giovanni 1 Battista Sachetti, que en Espana firmaba Saqueti, requlrlo, a partir de 1739, la forrncclon f de un bc]o la dlrecclon de Antoine Dumcndre y Philippe Bolston, fran­ taller de escultura ceses ambos, y el ccrrcres Giovanni. Domenico Olivieri (nacido en 1708) que se titulo "Es­ cultor principal", y vlno con tres oficiales desde Turfn; luego, Ilegaron otros tres, despues, dos mas; cficdieronseles los espnfioles Miguel Fernandez y Cayetano Gaverto. Todo ello averiguado por Bottineau. De 1740 hasta la muerte de Felipe V este bullente taller trabaja, principalmente, en la fachada del mediodfa En 3 de diciembre de 1743 cobra Diego de Villanueva, hl]o y .. ayudante de Juan, por delinear cuatro dibujos de Olivieri sobre "Hechos de Felipe V" para la gran escalera, que no se esculpieron. Una carta del Marques de Villarfas al confesor del Rey, el jesuita P. Jaime Antonio Favre, del12 de julio de 1745 -publicada por Bottineau-, prueba el lnteres de Felipe V P9r que se resolviese 10 tocante a la decorncion escultorlco del Palacio, cuando su salud confesor y Martfn Sar­ era ya muy precaria. Se hcblcn encarg.ado planes al jesuita a fray miento, benedictino, famoso por su saber. Redccto este dos proyectos, en 14 de junio de 1743 y en 23 de agosto de 1747, cuando ya reinaba Fernando VI; ambos los publlque en 1956 y edlclon est a referencia. Su mas reducido a su me remito para alargar no proyecto, a personajes y temas hlstorlco-espcfioles, fue el que se ,ejecuto. La labor escultorlcc propuesta era enorme; estatuas -catorce- en los dnqulos de . la estatuas -j94!- encima de la cornisa de las cuatro fachadas; esta­ planta principal; tuas en el patio; relieves la gran escalera y galeria. en EI plan del benedictino "asociaba -:-para Bottineau- estrechamente, el movimiento intelectual del tiempo en 10 que rnds valfa -Ia erudlclon, el sentido crltlco-« a la ma­ yor ernpresc monumental de la nueva dinastfa". En su libro "Las viejas series lconlccs de los Reyes de Espana" (Madrid, 1916), don Elias Torrno recapitula en dleclsels pdqlncs cucnto pudo allegar acerca de esta enorme los empresa, que excede las nndloqcs. De su fecha solo averiguo, fuera de 10 sabido por escritos del P. Sarmiento, que en 1750 estaban hechas 36 de las grandes estatuas. De su merlto artfstico no puede juzgarse hoy por estar concebidas y ejecutadas para altura muy diferente de la que actualmente "disfrutan", esparcidas por Madrid y diver- 120 sas provincias. Debe seficlcrse, que se escogieron artistas acreditados y algunos que ya eran famosos, por 10 que sorprende saber que hay en la serie estatuas de Alejandro Carni­ cero, Luis Salvador Carmona, Man�el Alvarez "el Griego ", Felipe de Castro y Olivieri. Que fueron colocadas en los para donde se hacfan se demuestra por un gra­ lugares bado, malo, pero fidedigno, de la mitad norte de la fachada de oriente del Palacio. Ponz dice ya en 1776 que bajado. Se ha dlscutldo acerca de los motivos de esta rnu­ se hcblcn tilaci6n, sensible para el aspecto del grandioso edlflclo, cduclendose el riesgo de temer excluida de figurar en esta decora­ por el peso y la mala voluntad de la reina Farnesio, ci6n por no ser madre de Rey, cuando se labraba; qulzd el descenso de las moles petrecs habra de relacionarse con el aumento al edlflclo, por Carlos III, del cuerpo de medlodlc. Robustece esta ultima hip6tesis el que no se hubiese acabado otra cuantiosa e impor­ tante serie escult6rica concebida para adornar las sobrepuertas que dan a las galerfas de Pclcclo, en la planta principal: relieves de rndrrnol con forma sensiblemente ovclcdc, de ser 44, y no se labraron cuyos asuntos hubo de dar el P. Sarmiento en 1743. Hcblcn mas de 28 -algunos tan s610 comenzados-, hcblendose encargado 39, sin que se colo­ casen nunca. Pasaron estas "medallas", nombre que les da Cedn, al Museo del Prado, donde se conservan 22, teniendo depositadas seis en el Solon de la Real Academia de Be­ llas Artes de San Fernando 107 y 109 a (figs. 114). Me limito a reproducir ocho de los relieves en estelugar y a advertir la duda que suscita el de barre de la Real Academia, puesto a nombre de don Felipe de 'Castro y suponiendo que figura la Batalla del Salado. Tanto el asunto como el autor constan en la lista de las piezas eje­ I cu.tadas; sin embargo, cdernds de no estar tallado en mdrrnol -como los otros- difiere su resalte (fig. 108). I forma, que es rectangular, y tcmblen la proporci6n de los cuerpos y el mayor Entre los escultores que las tcllcron, descuellan nombres pertenecientes a generaciones distintas: los Durncndres (figs. 110 y 111), que hemos encontrado en La Grcn]o, alternan con el tcmblen frances Roberto Michel (fig. 109), que no IIeg6 hasta 1740 y, con los espcfioles que podrfcrnos lIamar "tradicionalistas", bien que no en estas obras, por imposici6n del estilo adoptado en Palacio, Carmona y Carnicero (figs. 107 Y 112), nacidos bajo Carlos II, figu­ ran Manuel Alvarez "el Griego" (fig. 114) Y Carlos Salas (fig. 113), que, sirvieron a Carlos III y a su hijo. Que en la retirada de las estatuas de los Reyes y en lainterrupci6n y no colocaci6n de las "medallas ", en rndrrnol de Badajoz, de la galerfa de la planta principal de Pala- ,cio, medi6 el giro dado por el gusto al reinar Carlos III, 10 tengo como muy probable; si bien muestran los que se ejecutaron diversidad grande de concepto y de tecnica: cornpd­ rense La Toma de Toledo, de Hubert Durncndre (fig. '111), con San Iidefonso y Santa Leo­ cadia, de Michel, 0 con los que representan Los Consejosde la Monarqura y se cdvertirdn dl­ ferencias, qulzd excesivas dentro de la crmonlc recomendable en una, serie. Seguramente, careci6 esta de un director artlstico. I { 121 LA PINTURA Y LA ESCULTURA EN EL REINADO DE FERNANDO VI LOS PINTORES DE LA CORTE.-Ninguna figura relevante espanola en el campo plctorlco encontraron para el servicio palatino los nuevos monarcas; pero, tampoco nin­ guna extranjera. La ultima, Van Loo, reqreso en fecha incierta: se sabe que, en 7 de junio de 1748, estaba en la Corte; Jacopo Bonavia, era mucho mas arquitecto que pintor, pues se documenta solo escenoqrofo como y Bartolome. Rusca no pasaba de ayudante suyo. Fernando VI por gustos propios, coincidentes con los de su mujer, dona Barbara de Braganza, como hija del fastuoso Juan V de Portugal, aficionada a las construcciones, y teniendo por ministro al Marques de la Ensenada, sintio acuciante la necesidad de con­ tratar a artistas de punta. EI viento soplaba de Italia, desde la venida de Juvara, y de allf lleqcron dos magnfficos pintores que trclcn las seducciones del estilo "rococo", entonces en boga. Esta palabra, que consta el Diccionario de la Academia, se registra usada en por Stendhal en sus "Promenades dans Rome", con la fecha 25 de marzo de 1828: "Bernini fue el padre de mal gusto ese designado en los talleres bc]o el nombre poco vulgar de un rococo". Sin ernbcrqo, la upllccclon, luego predominante, hubo de hacerse 01 arte de tiempos deLuls XV. Un caso mas en el motejcr con termlno despectlvo formas artfsticas pcscdos -asf, barroco y gotico-; mediado el siglo XIX ya habfa logrado dlfuslon ex­ tensa los talleres. Su origen se en explica por la deforrncclon burlesca de "rocaille ", en espcfiol "rocalla ", aunque el Diccionario no recoge la ncepclon que define el conjunto de los elementos, inspirados en rocas y grutas, introducidos en pinturas, muebles, joyas ... EI primero de los pintores aludidos fue el napolitano -no veneciano, seg6n se crefa­ Giacomo, 0 Jacopo, Amigoni -en Espana nombrado don Santiago Amiconi-; nacido en 1675, artista ganoso de ver mundo, trcbcjo en Roma, Parfs, Munich y Londres. EI 12 de marzo de 1747 se ordena el envlc.cl Marques Fabio Scotti, ernbcjcdor espcfiol en Ve­ neclc, de una letra de 500 doblones de oro para los gastos del viaje del pintor a Madrid. Se sabe poco de sus cbrcs aquf: En Aranjuez pinto el techo del comedor de gala con Las Cuatro partes del Mundo y Las cuatro Estaciones, que Tormo califica de "frialdad rococo", con dureza un tcnto injusta. EI mismo tema de Las Estaciones 10 trcto, tam bien, para el Rey, en cuatro lienzos destinados a adornar el· palco regio en el teatro del Buen Retiro; y despues slrvleron de modelos para tejer cuatro tapices en la Real Fdbrlco.v en 1756 y siguientes, muerto ya el pintor, en Madrid, a 21 de agosto de 1752. Son composi­ clones graciosas y convencionales, virtud y culpa del estilo, que se extreman en las extra- 122 l Fig. 11S.-J. AMICONI: EL MARQUES DE LA ENSENADA (MUSEO DEL PRADO). 123 Figs. 116, 117 Y 118.-J. AMICONI: LAS INFANTAS MARiA ANTONIETA FERNANDA Y MARIA ISABEL, Y LA SANTA FAZ (MUSEO DEL PRADO). 124 ". fius eenefos, sequn "cartones de un muy genurno rococo. Como observa el crltlco G. M. Pilo -"Studiando l'Amigoni". 1958- funde el artista las enseficnzcs recogidas en Lu­ cas Jordan con las venecianas y "con la evasion de la realidad la tierra en graciosa, secreta y olvidadiza de Arcadia". EI excelente estudio solo, incidentalmente, se ocupa de lc estancia mcdrtlefic del pintor. Fueron menos sobresalientes sus dotes como retratista, mas dado a 10 decorativo que esclavo del ccrdcter, aunque sean piezas notables las del Prado: EI Marques de la Ensena­ da (fig. 115) Y Las infantas Marfa Antonleto Fernanda, hija de Felipe V (fig. 116), reina de Cerdefic -no su hermana Marfa Teresa Antonia, que no clccnzo Amiconi, de no haberla conocido en Perfs, como por error se dice en los Catellogos, siguiendo el libro de J. Allen­ de-Salazar y rnlo "Retratos del Museo del Prado" (1919) -y Maria Isabel, hl]u de Car­ los 111- (fig. 117). La sencillez y el vigor de la Dona Barbara de Braganza que se Ie atri­ buye en la Academia de San Fernando (fig. 119), si fuese suya, enriquecerfa con notas inesperadas el caudal plctorlco del artista. Estel firmada La Santa Faz, del Prado (fig. 118), cuadro bien compuesto, mas sensiblero que devoto, si se com para con la version admira­ ble del mismo tema, del pincel de Giaquinto, tornblen en el Prado. Los asuntos religiosos -aun descontando la falta de unclon-« no Ie fueron dilectos; sin embargo, algunos pinto certeramente. Es muy bello La Virgen, el Nino, San Juanito y dos angeles que, propiamente, son "dnqelos ", en 10 habra de seguirle Goya, pro­ que piedad en Madrid de don M. A. Robinet Torres, ejecutado con clarfsimos y suaves colo res que muestran al fresquista (fig. 120). Otra nota presenta el cuadro, que es goyesca en pro­ feda: el punto blanco fulgido en las pupilas. Amiconi es, sin duda, artista merecedor de estudio cuidadoso. Tcmbien cficde una faceta al arte del napolitano la Fiesta si bien en un [crdln, no sea segura la ctrlbuclon y cuyos asunto y forma lIevan a suponer que habra sldo adorno de 'una litera (fig. 121). Lorenzetti en su "Venezia" encomia dos cucdrltos de mltoloqlcos Amiconi, en su Museo, por los temas gratos y galantes y la entonnclon delicada y rnor­ bida. Las caracterfsticas de su arte eran, sin duda, de las poco frecuentes en nuestra pin­ tura, por ello, mas merecedoras de ser seficlcdcs, Sus asuntos pastoriles, alambicados y crtlflclosos, desarrollados con un estilo convencional, bien que belllslmos, tienen calida­ des que suelen ser poco perceptibles por el gusto espcfiol: por 10 que apenas influyeron sobre nuestra pintura, excepto algun eco perdido en cuadros y dibujos de Pareto Que se penso en que Amiconi fuese para Fernando VI 10 que Van Loo habra sido para su padre, 10 prueba una magnifica estampa grabada por Charles Joseph Flipart, de un cuadro con los Reyes en medio de su Corte, que tal vez no paso de boceto (fig. 7), dedicada en verso por el cantante Carlo Broschi, lIamado Farinelli -el que con su voz habra mitigado la me­ lancolfa del primer Borbcn=-, muy amigo del plntor, al que tetrat6 en ellienzo del Museo musical de Bolonia, tcrnblen grabado, y al que slrvlo de testigo cuando se cruzo de cclc­ travo, occslon en que se declcro natural de Napoles. De merltos, fama y servicios superiores a Amiconi fue Corrado Giaquinto; ncclo en Molfetta (Napoles) en 1700. En Roma habra sido maestro de Antonio Gonzalez Velaz­ quez; yen 12 de junio de 1753, escribe este a Carvajal y Lancaster desde Zaragoza, dlclen­ dole que habra estado Corrado viendo su pintura de la cupula del Pilar. 125 En 28 de agosto se Ie nom bra Primer Pinter de Camara, a contar del 1.0 de mayo. Se Ie habrfa lIamado para suceder a Amiconi. EI avance en la edificaci6n del Palacio Nuevo obligaba a buscar quien pintase sus b6vedas y Giaquinto habfa realizado en Ro­ rna, con exlto notable, la de Fate bene fratelli, 0 San Giovanni Celabita -su boceto en el Prado-. Cedn Bermudez celebra su venida. En Palacio pint6 en la escolern La Religi6n que les ofrece los y la Iglesia y Espana dones de sus reinos; en hoyel denominado Sal6n de columnas, el Nacimiento del Sol y el triunfo de Baco, grandiosa cornposicion, cuyo boceto se guarda en el Prado (fig. 122) Y las b6vedas de la Capilla: la Santfsima Trinidad, en la cupula; La batalla de Clavijo, sobre el altar mayor; Dios Padre con Cristo muerto, cdemds de La Pentecostes, La Natividad, Descanso en la huida a Egipto. La vcrledcd de temas y 10 enorme de la superficie decorada muestran su inventiva y la celeridqd de su trabajo. AI igual de Jordan dej6 bocetbs de rara belleza que, especial mente atesora el Museo ,del Prado, aunque sea, asimismo, muy bello el que adquiri6 en 1954 la National Gallery de Londres, que se interpreta como La coronaci6n de Espana por Jupiter y Juno; mas, tornblen fue excelente pintar cuadros acabados. Guarda el Prado dos lienzos con asun­ en tos de La Pasi6n (figs. 1.23 y 124), Y La Paz y la Justicia, y su replica con variantes, pro­ cedentes, un ejemplar de Palacio y otro de la Academia (fig. 127). A los temas aleg6ricos sum6 su dominio de los mitol6gicos que resplandece en el precioso lienzo, del Prado tam­ bien, EI Sccrlficlo de lfigenia (fig 126), .. modele en su genero, libre todavfa de la frialdad ·neoclasica. Porque de advertir que, con ser Giaquinto artista que debe filiarse entre los que es cultivaron el estilo rococ6, fue nombrado Director General de la Academia, en sus prime­ ros nfios cuando era menos intransigente. Forma con el arquitecto Saqueti, el escultor de Castro y el tam bien arquitecto don Venture Rodriguez, el grupo artfstico bd­ Felipe sico del reinado de Fernando VI. En otra ocasi6n hube de Sl el Prado pudiera dedicar al plntor la instala­ es�ribir: ci6n que merece, aleanzarfa Giaquinto fama de artista seductor: sus diez lienzos del Museo son verdaderas fiestas para los ojos, por la novedad en la manera de tratar los temas, en especial los 122 Y 127), por el colorido, mitol6gicos (fig. en el que alternan tonos ca­ lientes con otros frios de extremada delicadeza. Que la emoci6n contenida es ccrdcter de las pinturas de Corrado, 10 prueba, en par­ ticular, la comparaci6n, entre dos lienzos con el mismo csunto, La Santa Fez, tratado por Amiconi Y por Giaquinto (fig. 125). Mientras los angeles de cquel Iloran con des­ (fig. 118), consuela ante el pcfio de la Ver6nica colgado, los de Corrado 10 sostienen y 10 muestran a la adoraci6n represado. Siempre se revela Giaquinto como el artista. mas con dolor . complejo y refinado de su tiernpo en Espana. Probablemente, a la Ilegada de Mengs consideraria mas c6modo volver a su tierra: el 20 de febrero de 1762 dirige una carta a Esquilache: que hnblendosele encargado la pintura de la b6veda del gran solon de los Gucrdlcs de Corps, en el Palacio Nuevo, no obstante la cura de banos que habfa realizado, para atender, en particular, el brazo de­ recho, "addolorato e torpe per raggion del humido della calee indispensabile nel dipingersi a fresco", no puede cumplir el compromiso y solicita pasar "per qualehe tempo a Napo­ ll ": que de los tres cuadros grandes destinados a la Fdbrtco de Tapices, dos estdn acabados 126 127 Fig. 122.-C. GIAQUINTO: NACIMIENTO DEL SOL Y TRIUNFO DE BACO (MUSEO DEL PRADO). - -_ ... ---- , --_.- ---_- � - -� -_ - Figs. 123, 124 Y 12S.-C. GIAQUINTO: LA ORACION DEL HUERTO, EL DESCENDIMIENTO Y LA SANTA FAZ (MUSEO DEL PRADO). 129 Figs. 126 Y 127.-C. GIAQUINTO: EL SACRIFICIO DE IFIGENIA. Y LA PAZ Y LA JUSTICIA (MUSEO DEL PRADO). 130 y elIercero "quasi a fine del ritocco". Pudiera suponerse que, se refiere a la corta serie de las Virtudes, que los Inventarios identifican mal, pues, la que lIaman La Castidad es ,.La Forfalezci t La Profeda es La Esperanza; la tercera sera La Prudencia, 0 La Divina Sabidurfa, figurada como Minerva con elLibro y el Cordero apocalfptico. En el tome sobre "Los Tapices de la Casa del Rey N. S.", dimos a Amiconi 10 atribuci6n de las com­ posiciones y la de las cenefas a Giaquinto. Ya en la Exposici6n de bocetos, organizada por los Amigos del Arte, se exhibieron los estudios como segundo. No debe ocultarse que D. V. de Sambri­ obras indudables del cio insistfa en creerlos de Castillo: ser dn de este los modelos entregados en 25 de julio de 1770, pero ampliando bocetos previos de Giaquinto. j Su manejo del boceto era excepcional; a las dotes que habfa tenido Lucas Jordan uficdio .gracia y colorido gayos, concretando las figuras 'como mediante juegos del pincel: admfrese .un fragmento de San Lorenzo, en la Gloria, pintado para la cupula de la Capilla de Palacio (Lam. III). Fue Corrado predecesor digno de Tlepolo, Debi6 Fernando VI de conceder el perrnlso solicitado. Por las aetas de la Academia se sabe que parti6 en abril, "sin despedlrse ni obtener licencia" de la Corporaci6n, por 10 cual, en 9 de enero de 1763, declar6 vacante la Direcci6n General. EI 27 de mayo de 1766 comunica Aranjuez muerte Napoles. Son datos conocidos por el se en su en trcbqjo de M. del S. Gonzalez de Arribas y F. Arribas Arranz: "Noticias y documentos para 10 historia del Arte en Espana en el siglo XVIII" (Valladolid. 1961), por 10 cual, los estudlos de M. Volpi "Traccia per Giaquinto in Spagna" (1958), carecen de algunos precisiones . • Pint6 Giaquinto varios cuadros, entre ellos uno de altar -San Francisco de, Sales con . Santa Juana Frcnclscc Fremiot-, para 10 fundaci6n de 10 reina dona Barbara de Braganza -el monasterio de 10 Visitaci6n de Salesas Reales, en Madrid- sfntesis suntuosc del relncdo, motivadora del retrueccno, popular en Madrid: "Barbaro gesto, bdrboro gasto, bdrbcro gusto", tal vez forjado en la amargada camarilla de Isabel Farnesio, la "Reina madrastra". La escultura se encarg6 a Olivieri y los altares al verones Francesco Cignaroli (17D6- 1770) que, como Francesco del Mura "Franciscchiello", napolitano (1700-1782), tampo­ co vlno a Espana y al artista "sui generis", que va a ocuparnos. Era frances, sirvi6 en Palacio y en el taller de piedras duras de 10 Real Fdbricc del Buen Retiro, y se Ilamaba Charles Joseph Flipart, habfa nacido en Perfs (9 de enero de 1721, t Madrid, 2 de agosto de 1797), era hijo del pintor Jean Chcrles, que Ie gUi6 en sus pri­ meres pasos. Sequn D'Alma Folco Zambelli, a los dieciocho cfios march6 'con Amiconi a Venecia, donde trabaj6 con el napolitano y, asimismo, en el taller de grabado de Joseph Wagner, ejercitdndose en reproducir composiciones de Longhi. Vlno a Espana, qulzd trafdo por Amiconi y aquf grab6 el notabilfsimo grupo citado, La Corte de Fernando VI y dona Barbara de Braganza, de este pintor, su obra maestra como aguafuertista (fig. 7). Sequn Cedn fue Pinter del Rey, y en una de las soberbias consolas de' piedras duras gel Museo del Prado se firma "Don Jose Flipart Pinter de Camara de S. M. C"; mas, ni encontre documento en que conste, ni figura en 10 relaci6n de abril de 1773, que enumera once nornbres, de los que de cinco se anota que no son de Camara. Sin embargo, su adscripci6n al servicio regio es evidente; y que fue pintor notable, se prueba con La rendici6n de Sevilla, en el altar del lade del Evangelio en el crucero de la iglesia de Santa Barbara, cuyo magistral boceto guarda el Museo del Prado. (fig. 128). 131- ,I Otros cuadros suyos son el San Fernando -que recuerda el de La rendici6n- '\ el San Francisco de Paula, de las Carmelitas Descalzas, de Alba de Tormes (Sclcrncncc), regalo de Fernando VI, citados por Cedn y reproducidos, sequn deficientes fotograflas, por D'Alma Folco Zambelli ("Arte antica e moderna ", 1962, nurn. 18). EI mismo Cedn Bermudez menciona La Inmaculada Concepci6n cdorcdcpor San Pedro y San Pablo en el altar mayor del Hospital de los Italianos, de Madrid, que estaba en la Carrera de San Jer6nimo, edlficlo desaparecido en el siglo XIX. Otro cuadro Una Visitaci6n (?), firmado, recuerdo haber visto en la capilla del Colegio de la Asunci6n, contiguo a la iglesia de Santa Isabel, en 1936. Como se ve, escasa perdido, probablemente, producci6n para lIenar los veinti­ siete cfios de su la Corte, pues muri6 el 2 de agosto de 1797. residencia en Menor· fue la del modenes Antonio Joli (18 de octu bre de 1697, 20 de abril de 1768), autor de preciosas vistas de Madrid (fig. 130) Y de Aranjuez, que influyeron sobre Luis Paret; su per­ manencia en la Corte debi6 de ser breve; no existen documentos que la fijen y march6 a Ita­ lia en 1754, sucedlendole como "vedutista ",genero muy en boga a la saz6n, Francesco Bat­ taglioli, paisano suyo, de quien el profesor G. Fiocco vio dos vistas de Aranjuez fechadas en 1756, en las que se lefa al dorso: "Soy de Farinello". Los datos acumulados, aun siendo mlruisculos, descubren el cuadro artlstico de la Corte espanola, sin pintores nacionales y con mas tendencia hacia Italia que al resto de Europa, pues cuanto de el aquf se supiese deberfase a referencias de Amiconi, muy vlcjero, y de Joli, que volvfa de Inglaterra. La actuaci6n de la Junta preparatoria de la Academia y, al cabo, el funcionamiento de estc, aportaban por estos cfios, mudanzas considerables. Otro fermento que ayud6 a produ­ cirlas, era el grupo de artistas espcfioles que en el segundo tercio del siglo, estudiaban en Ro­ rna, que va a ocuparnos. LOS PENSIONADOS EN ROMA.-Entre las ventajas proporcionadas al arte en Espana por la larga permanencia de los reyes Felipe V e Isabel Farnesi6 en Sevilla -1729-1733- no cabe desdefior el encuentro casual con el plntor portuques Francisco Vieira. que allf estaba de vuelta de Roma, del escultor gallego Felipe de Castro, que tras pretender en Lisboa cfio y rnedlo, lIegaba a aquella Corte improvisada. Los consejos de Fremin y de Vieira, y las car­ tas de recomendaci6n que Ie dieron, Ie determinaron a la marcha y, ccornpcficdo del clerlqo de menores don Francisco Preciado de lei Vega, embarc6 en Cadiz en 1733. Pension ado por el Rey, alia estudi6 Castro; primer premio de la Academia de San Lu­ 1739, cas, en esta Academia, la de Florencia y la de los Arcades romanos Ie recibieron como miembro; la tercera con el nombre de "Galesio l.lbddtco", Se celebraron mucho dos angeles esculpidos por el para la iglesia de San Apolinar. Estos triunfos romanos tuvo quien los comu­ nicase al princlpe de Asturias, Fernando que, al subir al trono, Ie hizo regresar para que en­ trase a su sequn habra de verse. Cedn Bermudez escribfa: "La escultura recobr6 servicio, en Espana su esplendor con las obras, celo y aplicaci6n de este profesor". Queda reproducido su relieve de barro La Batalla del Salado, de la Academia, y plantea­ do el problema, de su inserci6n en la serie de las "medallas" para la Galerfa de Palacio, donde alternarfa con los Dumcndre, Michel, etc. (fig. 108) Su enerqlco, casi violento modelado 10 encontramos, asimismo, en un dlbu]o para la composici6n Jael y Sfsara, que no se si lIeg6 a modelar, del Museo del Prado (fig. 131). Luego veremos otras obros de su mano. 132 Lorn. ilL-C. GIAQUINTO: DETALLE DE SAN LORENZO EN LA GLORIA (MUSEO DEL PRADO) Tcrnblen Vieira intervino para Roma de Preciado de la Vega. Despues en la partida de haber estudiado con Sebastiano Conca y de haber ganado el premio en la Academia de San Lucas, en el mismo ana que Castro, fue pensionado, desde 1740, por Felipe V con' 500 ducados. Su mlslon desde ltalia fue mas trascendental por sus facultades de organizador que por sus dotes plctorrcos. lnfluyo con sus consejos epistolares en la crecclon de la Academia y est a Ie encomendo, desde 1758, que dirigiese los pensionados que enviaba aRoma. Mientras duro su pension remitfa d la Academia las pruebas de sus adelantos; cuadros de muy corto son rnerlto, pero muy significativos del momento artlstico: uno de ellos, La hija de Jefte (fig. 132) .!. estd pintado con la "qrcrndtlco " del trdnslto del barroco al neocldsico, torncndo de estam­ pas las figuras y agrupandolas sin c1aridad. La ausencia dilatada del artista motiva que se pocas pinturas suyas. EI Prado conozcan posee un dlbu]o para un Santiago peregrino con la siguiente curiosa lndlcuclon : "Este cuadro 10 pinto don Francisco Preciado ... para la Capilla Real del Palacio del ernbojcdor de Espana en Londres, por orden del excelentfsimo senor don Jose de Carvajal"; esto es, Carvajal y Lan­ caster. Se reproduce por si pudiere identificarse est a obra muy superior a los envies como pension ado (fig. 129). La rnlsion desempeficdo en Roma por, el plntor que tenia a su cargo los artistas pensio­ nados se puntualiza en un acuerdo cccdernlco publicado por O. Delgado, en su monograffa sobre Paret: En el acta de la junta de la Academia del 22 de julio de 1766 se lee: "La obli­ gacion de Preciado [de la Vega] es cuidar que se perfeccionen en las Artes seis jovenes que se envlan de est a Corte, los mas hdblles y adelantados que se encuentran. De ninguno tiene,que ser maestro; son tres diferentes Artes, Preciado es solo Profesor de Pintura y para aprender de el a plntcr, 0 dibujnr, no enviarla la Academia a Roma discfpulos. Conque sus su tra­ todo bc]o es tener cuidado de que los seis pensionados, cada uno en su respectiva profeslon, observe las instrucciones que la Academia tiene dadas para que el pintor y escultor dlbu]e, copie, mo­ dele y especule los excelentes originales de que abunda aquella Corte." Observaciones, en verdad discretas y prudentfsimas. Otros pintores estudiar en Roma por el Rey y habra de verse que don fueron enviados a Francisco Antonio Melendez alardea de que se guiaron por su conse]o, EI rnejor artista entre ellos fue Antonio Gonzalez Velazquez, hijo del escultor barroco Pablo, ya mentado; nnclo en Madrid de 1729. En memorial, que firma con su her­ en julio mane Luis, el 13 de julio de 1761, declara que estuvo seis cfios en Roma con pension, y que allf al fresco la cupula de la Trinidad de Castilla, en Via Condotti. Sus pechinas ha hnbldo pinto crfticos autorizados que las atribuyen a Goya. Hcbiendole encargado que pintase la media naranja del Pilar, volvio a Espana, trayendo, seqtin Cedn, los bocetos. Consta que en 22 de febrero 1753 tenia ya los papeles para forrarla. En junio visito la obra su maestro Corrado Giaquinto; el dlo 12 de octubre estaba terminada. En Madrid, ayudado por su hermano Luis las Descalzas Reales y -que nncio el 25 de agcsto de 1715-, trcbojo en la Encarnacion, en en las Salesas, por no citar otras iglesias, que se derribaron. La eficacia de la ventana abierta a este artista sobre Italia resulto evidente. Entre los de su generacion fue el primer fresquista , de la Reina espcfiol que pinto techos en Palacio: en bovedcs del entonces IIamado Cuarto un asunto uleqorlco y Colon ofreciendo America a los Reyes Cctollcos. 1 1 En la exposlcion "Goya and his Time" celebrada en la Royal Academy, de Londres, en 134 I r f I Figs. 128.-CH. J. FLiPART: LA RENDICION DE SEVILLA (BOCETO). EN EL MUSEO DEL PRADO. Fig. 129.-F. PRECIADO DE LA VEGA: SANTIAGO EL MAYOR EN EL MUSEO DEL PRADO. JOLl: VISTA DE MADRID (DIBUJO). Fig. 130.-A. DESDE EL CONVENTO DE ATOCHA DE LlRIA. (PALACIO MADRID). 135 Fig. 131.-F. DE CASTRO: JAEL Y SISARA (DIBUJO). EN EL MUSEO DEL PRADO. Fig. 132.-F. PRECIADO DE LA VEGA: LA HIJA DE JEFTE (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). 136 Fig. 133.-A. GONZALEZ VELAZQUEZ: COLON OFRECIENDO AMERICA A LOS REYES CATOLl,COS (BOCETO). EN EL MU­ SE� DE QUIMPER (FRANCIA). 137 - - - - - - - - - - --- --- --- -- -- - I 'j Figs. 134 Y 135.-1. VERGARA: JAMBAS DE LA PUERTA DEL PALACIO DEL MARQUES DE DOS AGUAS. VALENCIA (EJECUCION DEL DIBUJO DE H. ROVIRA). 138 'diciembre de 1963-marzo 1964, se pudo estudicr el notcbleboceto (fig. 133) para esta bovedo del Palacio Real" cuadro muy bello que es propiedad del. Museo de Qulrnper (Francia). Me­ diante el se comprueba que si el pintor mudr llefio era seguidor de su maestro Corrado Gia- Fe reclbiendo a los subdltos de los 'quinto, y bien se ndvierte en el 'grupo casi central de la Reyes deIcs tlerrcsdescublertcs, en las fiqurcs de quienes portan los presentes pard Ids So­ bercnos estd pctenfe rQ fuerza con que se ha observado el ncturcl, Quizd 10 rnenos ofortuncdo sea el trono ,y los Reyes, y'�tampoco 10 es rnucho 10 figure de Colon, que lesofrece lei esfera. , " Fue pintado antes de 1765. .,; Cedn enumera vcrlos cuadros suyos al oleo -entre ellos los bocetos para la media ndrnn­ I [o romcnc-i- y elque .envlo en 1749 a la Academia, La unclon deDavid como Rey, que clll I >; se guarda. Por el rnlsrno tlernpo. resldlo alguno en Roma don Antonio Gonzalez Ruiz, mas se ignoran sus andanzas italianas y francesas. Tornblen loqro pension romana Juan Bautista Pefin, disdpulo de M. - A.' Houasse, como 10 habfan sido Gonzalez Ruiz y el zaragozano Pablo Pernicharo; con este se encarnino a Ro­ ma 1730, retornando, seguramente, a los seis cfios, que parece era el e,n perfodo normal de los estudios. Aspirantes a Pintores de Camara, no pasaron, por de pronto, del grado, menor de Pintores del Rey. Pefia clconzo, al fin, el ambicionado; desernpefio papel en la Academia el que habfa de ser Carlos III. y estuvo en Napoles para retratar a sus Reyes, lIamado por EI bien intencionado plan de pensiones romanas, salvo en los casos de Castro y de Gonza­ lez Velazquez, y, mucho mas tarde, en los de Paret y Maella, no clccnzo el exlto cpetecldo. ESCULTORES LEVANTINOS.-Es el grupo con mayor vitalidad entre los perlferlcos. Resalta en el una Vergaras: familia, la de los (1681-1753), Francisco hermano escultor; su Manuel, que cultiv6 el mismo arte, sin gloria; los hijos de cquel: Francisco, esculfor malogra­ do a los diecisiete ofios: Ignacio (1715-1776), tomblen escultor y. Jose (1726-1799); plntor ; de Manuel fue hijo Francisco, escultor, el mas famoso de su apellido en el siglo XVIII '-que ncclo el 19 de noviembre de 1713- ten Roma, el 30 de julio de 1761. Sobre Francisco Vergara "el mayor" influyeron dos artistas extranjeros, con quienes trcbcjo en Valencia, Konrad Rudulphus, conocido por Conrado Rodulfo, que rnurlo en Viena el 2 de diciembe de 1732, y Antonio Aliprandi. Aquel, que se deda discipulo de Bernini, y es a quien se debe la fachada convexa de la catedral valenciana, se cusento de Espana como "Escultor de Camara" del pretendiente austrfaco que se hacfa lIamar "Carlos III", luego Emperador. Aliprandi vino al lade de Rodulfo. EI borroco de estos artistas tiene un acento nordlco pronunciado, revelador del frecuente mcne]o de estampas. Atribuye Cedn a Vergara la parte, de la cornisa arriba, de la portada catedralicia con los retratos de los Borjas y las Virtudes Cardinales. Su sobrino Francisco "el menor" aprendfa con el, mas, celoso de su primo Ignacio, vino ( a Madrid, dlstlnqulendose entre los alumnos de la JuntaPreparatoria de la Academia. Las lrndqenes de San Antonio y Sail Francisco de Paula, para la colegiata de San IIdefonso, rnotl­ varon el .que fuese pension ado aRoma, donde perfecclono su tecnlca con Felipe Valle, a quien . Cedn encomia, pero que no acierto a identificar. En 1757 Ie llorno la Academia, estaba, a la saz6n, ocupado en modelar las esculturas para el altar de San Julian, de la catedral de Cuen­ ca, que acab6 en 1759; retrcso, luego, su vuelta por el honroso encargo del San Pedro de 139 �----- , Alcantara, colosal, para la 6rdenes religiosas en las hornaci­ serie de los fundadores de las nas de San Pedro del Vaticano, sequn Tormo, imagen mas espanola que las que los Vergaras hacfan en Espana. Ignacio, nacido el 7 0 el 9 de febrero de 1715, no salio de su tierra, y son de su cincel dos .obrcs capitales de nuestro rococo. Una juvenil, la portada del palacio del Marques de Dos Aguas, en Valencia, que se fecha hacia 1740, y aunque se deba su dlbu]o (antes reproducido) al genial desequilibrado Rovira Brocandel, sus valores pldstlcos son tales que, concedien­ do cuanto haya que reconocer al inventor y al dibujante, siempre quedcrd para el escul­ tor porclon valiosfsima. Todo en las riqufsimas jambas causa lrnpreslon imborrable, por la profusion de los motivos, la correspondencia entre las dos mitades, el ritmo de las Ifneas des­ cendentes desde el nicho, cuya Virgen es del propio escultor. Es conjunto sin mas rival, en su estilo, que el "transparente" toledano y, al caso debe seficlcrse, la ejecuclon pldstlco, hasta la suavidad eplderrnlco de los desnudos (figs. 134 y 135). Obra de madurez parece el San Bruno, tall ado para el hospicio de la cartuja de Val de Cristo y que estd hoy en la Universidad de Valencia; imagen movida y expresiva en grado sumo, hermosa, pero con aire menos espnfiol, como sl Ignacio Vergara hubiese aprovecha­ do algun dlbu]o, 0 grabado, que su padre conservase del taller de Rodulfo. Muestra est a escul­ tura que, aunque el arte habfa cambiado de rumbo, el, al decir de Cedn, habfa conocido tarde el cntlquo (fig. 136). Tcrnblen hermoso, con rasgos de singular atractivo, es el San An­ tonio con el Nino Jesus los brazos y un delicioso grupo de angeles al pie, en los francisca­ en nos de Cadiz, citado ya por Orellana. Murio este notabilfsimo escultor, sin querer servir en la Corte, el13 de abril de 1776. Me­ rece, a todas luces, un estudio que esclarezca su personalidad, de las mas cabales en el arte del XVIII. 140 Fig. 136.-1. VERGARA: SAN BRUNO (UNIVERSIDAD DE VALENCIA). 141 I I I I t Fig. 137.-A. DE LA CALLEJA: EL PINTOR MARIANO SANCHEZ RECIBE UNA MEDALLA DE CARVAJAL Y LANCAsTER. Fig. 138.-F. DE CASTRO: FERNANDO VI ENTREGA LOS ESTATUTOS DE LA ACADEMIA (ACADEMIA DE SAN FER­ N�NDO). 142 EL ESTUDIO DE LAS BELLAS ARTES LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO ANTECEDENTES.-Los intentos para fundar una Academia en Madrid, hicleronse bc]o Felipe III. Ya en el trono Felipe IV, se trat6, de nuevo, sobre su crecclon, "Acuerdorne -escribe el pintor Vicente Carducho en sus "Dldloqos de la Pintura"- que, cuando fui a Italia, se trataba muy de veras de hacer una Academia, adonde se enseficse con metoda y reglas 10 te6rico y prdctlco del dlbu]o ... Y me acuerdo que el Reino en Cortes 10 pedia a su Majestad, hcblendose hecho ciertas Ordenanzas y constituciones". "EI Conde-Duque de Olivares 10 ad­ virti6 voluntad y benigno aspecto." "Mas, suspendi6se entonces, por con opiniones y die­ tdrnenes particulares de los mismos de la facultad (jque ldstlmc l)", Malogrados estos proyectos se adelant6 Paris a Madrid -mas no a Sevilla- en estable­ cer la Academie royale de Peinture et Sculpture. Datan 1663; y en ellos se sus estatutos de preceptucn dos reuniones mensuales primeros y en los ultlmos sdbcdos, "para entretenerse y ejercitarse en conferir sobre asuntos de Pintura y Escultura", declarando as! el ccrdcter es­ peculativo que adoptaba. Un nuevo conato espcfiol apunt6 en los primeros cfios del reinado de Felipe V; el escul­ tor asturiano don Juan de Villanueva -padre del gran arquitecto- pudo conseguir que se ju�tasen los artistas ; pero, ... se desvaneci6 tan utll proyecto en 1709, con las turbaciones de la guerra de Sucesi6n. Disimul6 ignorar estos alardeando de innovador, otro artista, asturiano precedentes, tcrnblen, don Francisco Melendez, que en 1726 imprimi6 una "Representaci6n al Rey nues­ tro Senor, poniendo en noticia de su Majestad los beneflclos que se siguen de erigir una Aca­ demia de las Artes del disefio ... a exemplo de las que se celebran en Rome, Paris, Florencia y otrasgrandes ciudades de Italia, Francia y Flandes." Era Don Francisco hermano de Don . Miguel Jacinto de quien ya se ha hablado. Dice Cedn Bermudez que "Ia cflclon las artes, el la a amor a patria, el candor y la hon­ radez dictaron este escrito ". EI propio Melendez, cfios duro despues, en un alegato contra la Academia, hace patente la injusticia de algunos de los elogios de su paisano al descubrir manifiesta inmodestia. LA JUNTA PREPARATORIA.-Abortados, y tercio, los cuatro planes referidos, se en siglo present6 saz6n para el quinto, que habia de fructificar. Felipe V, segun se ha visto, lIam6 para adornar el Palacio Nuevo a artistas de fuera, oca- 143 sion de la Ilegada a Madrid del escultor ccrrnres Juan Domingo Olivieri, que trabajaba en Turfn para el rey de Cerdefic, De alia 10 trc]o el santiaguista don Sebastian de la Cuadra,se­ cretario de Estado, primer ministro de Felipe V, que titulo Marques de Villarfas, por real gra­ cia de 14 de enero de 1738. La historia del instituto cccdemlco est a medio oculta como cpendlce al articulo del cl­ tado artista en el "Diccionario historlco de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes en Espana" (1800), de don Juan Agustin Cedn Bermudez, porque las extensas "Memorias para la Historia de la Real Academia de San Fernando y de las Bellas Artes en Espana", publica­ das por don Jose Caved a en 1867, quieren ser mas 10 segundo que 10 primero y escasean en noticias, cuanto abundan en retorlcu, Por fortuna, el archivo corporctlvo guarda numerosos documentos que permiten nutrir el relato sumario de Cedn Bermudez con pormenores sabro­ sos que 10 esclcrecen y ani man. Moraba el escultor de Camara Olivieri sobre el lIamado Arco de Palacio, entre la ac­ tual construcclon de .Ia Almudena y la verja de la plaza de la Armerfa. Para procurar la me­ jora de los artistas, destine algunas. habitaciones de su casa Q escuela modesta de dlbu]o y tam­ bien acostumbraba a reunir a varios amigos, nobles unos, doctos otros, y todos con gusto por las Artes, desde el cfio de 1741.· Vistas buenos ojos por el Marques de Villarfas la escuela y la tertulia, hubo de pro­ con tegerlas, y -10 refiere Jovellanos- "de presidir una junta publica a la que concurrlc gran nurnero de crtlstos, de aficionados y personas de dlstinclon ". Sostenfase con privado este establecimiento, hasta que el 20 de mayo de 1744 ccrdcter se presentaron a Felipe V, en Aranjuez, las "Reglas para que, despues de dos nfios de prdc­ ... tica, puedan contribulr a la forrncclon de Leyes para la Academia de Escultura, Pintura y Arquitectura qye 'se intenta fundar en Madrid." Estas "Reglas", salidas de la tertulia de Oli­ vieri, disponen, que, por dicho lapso de tiempo, ccnie como Junta particular; que la presida en nombre del Rey, un Protector, que sera el Ministro superior a cuyo cargo corre la obra de Palacio"; que se forme la Junta: con seis Caballeros Accdernlcos, los cuales, "aunque no tengan profeslon alguna de las tres artes, tengan buen gl.{sto y discernimiento en elias"; un Director general, escultor 0 plntor, y cuatro Maestros Directores por cada una de las Artes -Pintura, Escultura, Arquitectura y Grabado-; esto es, una suma de doce miembros. Aprobo el Hey las "Reglas" en 13 de julio y desiqno Director general, para los dos cfios de ensayo, a SL! "Escultor principal" don Juan Domingo Olivieri. Nombrado Protector, en cumplimiento de las "Reglas", el Marques de Villarfas, deslqno Vice-Protector a don Fernando Trivlfio, criatura suya, secreta rio del Conse]o de Indias y uno de los seis Caballeros Accdernlcos. A los pocos dfas de alcanzada la cprobcclon regia, se enviaron las citaciones para la primera Junta, que habfa de celebrarse a las doce del 18 de julio, en casa de Olivieri. Con­ vocdbose a los Caballeros Accdemicos dlchos, a los seis Maestros Directores con ejercicio: por la Escultura, Antonio Dernundre, 0 Durncndre y Juan Pascual de Mena; por la Pintura, Luis Miguel van Loo y Antonio Gonzalez Ruiz; y por la Arquitectura, Juan Bautista Saqueti y Jcicome Pavfa; y a los seis Maestros Directores honorarios: Nicolas Carisana y Juan de Vi­ llanueva "el mayor", escul_tores; Andres de la Calleja y Francisco Melendez, plntores, y los ar­ quitectos Santiago Bonavfa y Francisco Ruiz, interventor de la fdbrlcc de Pclcclo; flrrncbo los citaciones el Q.irecto� general, Olivieri. 1.44 Reunleronse los cccdernlcos el 12 y el 21 de agosto, en que hicieron la relnclon del rnue­ 1 blc]e necesario para la primera Junta solemne y decidieron, tras discutirlo, el orden en que habfan de enumerarse las Artes, que el que todavfa se observa: Pintura, Escultura y Arqul­ es tectura. las vacaciones, duraderas nueve semanas; las ocho de los rneses ca­ Ta.mbien fljcron niculares y la de ccrncvcl. Esta ojeada sobre el bimestre inicial de la Junta prepcrctor!o muestra ya el cariz de la futura Academia, con las luces y las sombras que, a 10 largo de dos siglos, apenas habfan de cambiar. EI nuevo ser nada formado y "conformcdo ". Escaso en recursos, prodlqo en planes. En la misma Junta del 2 de septiembre, se trcto de la cdquisicion de modelos y de libros; respecto a cquellos se cnotcrd que, ndemds de los tratadistas clasicos,' se desean las estampas de las obras de Miguel Angel, de Bernini y el Flamenco, esto es, Froncols Duquesnoy, noto­ riamente barrocas; y se pide que se compren "modelos pequefios modelados por Mr. Legros y que se vaden extremos de las estatuas de La Granja", adquiridas por Isabel Fcrneslo. La lista de los libros que posefa la Academia era corta: Vitrubio, Vignola, Palladio, Fray Lorenzo de San Nicolas y el P. Andrea Pozzo; y no muy ambiciosa la "desiderata": Las "Me­ tamorfosis", de Ovidio; la "Biblia", abreviada y figurada, impresa en Venecia; la "Geneclo­ gfa de los Dioses", de Cartari; la "lconologfa", de Cesare Ripa; las "Fdbulcs", -de Esopo, con estampas de Martin de Vos; las "Anatomias", de Miguel Angel, y otros nutores: �as amplia, era la secclon crqultectonlco: Serlio, Alberti, .Scarnozzl, Josef Viola, Domenico Fontana, el caballero Carlo Fontana, Bernini y Borromini; la "Arquitectura civil", de Bibiena y el "Libro de adornos", de Jacome de Rossi; relccion reforzadora de la cmplltud de gusto sefialcdo al ,. elegir model�s.' Prosegufa la Junta sus tareas normales y decidio celebrar el.15 de julio la sesion solemne en local mas capaz; conslqulo el salon de la Real Casa de la Panaderfa en la Plaza Mayor .. Asistieron a la solemnidad cuatro Caballeros Accdemicos y diez Directores Maestros, "mas- un muy numeroso y lucldo acompanamiento de Grandes de Espana, tftulos de Castilla, ministros de varios Consejos, religiosos graves de difer�ntes Ordenes y muchos Caballeros conocidos y otros sujetos decenfes, curiosos y aficionados a las Artes liberales" • Incidentes sobre la secclon de Arquitectura motivaron que, cumplido el bienio de en­ . sayo, la Junta preparatoria no se convirtiese en Academia, si bien el funcloncrniento de la Cor­ poruclon pcreclc, por 10 dernds, desenvolverse normalmente. En marzo de 1745 se forme la lista de los doce disdpulos excrnlncdos y aprobados, entre ellos varios que habfan deIoqrnr renombre: los pintores Luis Melendez y Luis Gonzalez Velazquez y los escultores Roberto Mi­ chel y Francisco Vergara. En abril siguiente, se verifica el concurso para las pensiones en"Ro� ma, que obtienen el pintor Antonio Gonzalez Velazquez, el escultor Francisco Gutierrez -el que hcblc de esculpir la Cibeles-, y el arquitecto Diego de Villanueva. Acaso influyo tcrnblen para que se aplazase la constitucion el coincidir el final 'del ter­ mine propuesto con la muerte de Felipe V que, por extrcfic ornlslon, no dejo rastro en las aetas. EI nuevo rey, ,Fernando VI, se intereso en sequido por los asuntos cccdernlcos, tanto que, el 23 de julio, a las dos sernoncs de ocupar el trono, hace que pregunten por que de los trece Maestros Directores solo uno, don Antonio Gonzalez Rulz, ha satisfecho la obliqcclon de pre­ sentcr una (fig. 137). obra EI reproche ccuso desconcierto: disculpdronse, unos, con 10 mucho que les ocupaban las obras del Real servicio y prornetieron, otros, realizar el cucdro, 0 la escul- 145 tura, indicando el tema en que trabajaban. EI Vice-Protector opinaba que este y otros males se remediarfan si la Academia constituyese, y aprovech6 se la oportunidad de la fiesta onomds­ tica del monarca, presentando el 30 de mayo de 1747, el proyecto de los Estatutos; pero, 10 in­ tercept6 el Protector. Habfa sucedldo en la secretarfa de Estado al Marques de Villarfas don Jose de Carvajal y Lancaster, var6n de ilustre llnc]e, segund6n del Duque de Linares, ejercltcdo en la diplo­ macia, de recto y profundo juicio y de honradez intachable, cubierto por un exterior descui­ dado y unos modales poco distinguidos; inc6modo en el ambiente cortesano, dedase que hasta esquivaba hacer la reverencia a Reyes. La Academia fue, en rigor, obra de su voluntad. los EI 26 de septiembre de 1747 dirigi6 Carvajal al vice-protector Triviiio esta cdusticc orden: "Convoque V. S. una Junta particular y diga en ella a los Maestros Directores que nunca me resolvere a presentar al Rey los nuevos Estatutos de la futura Academia sl, al mismo tiempo, no tengo slqnlflccr S. M. que, en caso que guste de honrar con su vista y la satisfacci6n de a aprobaci6n las piezas de Pintura, Escultura y Arquitectura, que cada uno ha debido presen­ tar, podre mandar que todas se traigan a Palacio, y se coloquen para este fin donde puedan ser vistas de toda la Corte." La energfa del Ministro se embot6 en la resistencia mansa de los que, indecisos y desga- . nados, dejaban correr el tiempo. Otro incidente contribuirfa a diferirla. L1egado de Roma, trayendo fnfulas de suficiencia, e innegables dotes, el escultor gallego don Felipe de Castro habfa esculpido los bustos de Fernando VI y de su esposa "con especial acierto" (figs. 5y6), y don Baltasar de Eigueta avisa a Triviiioel23 de marzo de 1747 que el Rey Ie he nombrado "Escultor de su Real Persona, con absoluta exenci6n e independencia . de todos los Jefes y Directores de las Obras de Escultura, y con privativa subordinaci6n al Ministro de Estado." La orden, tfpica del "despotismo ilustrado" -y que recuerda la del mis­ mo Monarca contra los impugnadores fue mal recibida por la Junta prepa­ del P. Feij60-, ratoria, que se limit6 a admitir a Castro por Director honorario. L1egado mayo, desempeiian­ do la misi6n de "Director de mes" don Antonio Gonzalez Ruiz, habfa colocado, en uso de su derecho, el grupo de los dos modelos vivos y corregido el modele de barro de un disdpulo escultor, cuando "se introduxo [en la sala] don Felipe de Castro a deshacer todo 10 hecho". Como era razonable, la Junta se puso de parte de don Antonio Gonzalez; y Carvajal, de la de su subordinado directo. Sin embargo, en 18 de junio remite la decisi6n: que "cada Maestro Director ensefie solo y con plena libertad en el mes que Ie tocare y que los disdpulos y estudiantes aprendan, al mismo tiempo, las Artes y la buena educaci6n"; conceptos en los que se hacen notorios la rectitud del Protector y su mal ccrdcter. Insatisfecho con 10 dispuesto, en la Junta del 23 de junio, sehace saber que el Rey "habfa declarado que el escultor don Felipe de Castro ... ha de ser tenido y tratado por Maestro Director extraordinario de la Es­ cultura de la Real Academia". "La orden fue acatada -dice el acta-, con la veneraci6n y respeto debido por la Junta" y, supongo, que mal su grado. Desde la lejcnlc en que estamos, y sabedores de 10 que despues ocurri6 en nuestra Ar­ qultecturc y en nuestra Escultura, el que Villarfas y Carvajal impusiesen a don Ventura Rodrl­ guez y don Felipe de Castro en la Academia, debemos considerarlas extralimitaciones felices. Revisti6 formas, desapacibles tcrnblen, la protesta del anciano don Francisco Melendez, -ya sabemos por de la Academia; herido por desaten- que presumfa que- de, iniciador una 146 . ci6n de la Junta, lanz6 contra ella, en el otofio de 1747, pliego, impreso sequn su costurn­ un bre; rosqdronse las vestiduras los Accdemlcos ante el ataque, que leldo hoy, parece casi ino­ cente yconsiguieron que el Rey ordenase fuese borrado de los libros yasientos de la Academia. Dfas despues era expulsado de ella su hl]o Luis, el que hcblc de ser pintor de bodegones ma­ gistrales. . Perturbadas las enseficnzos, por la inasistencia de varios profesores; en entredicho la auto­ ridad de la Corporaci6n, por la espera prolongada de su establecimiento legal; quebrantado el credlto de la Junta, por las diferencias y personalismos, que desde fuera severfan agran­ dados; milagro fue que tantas circunstancias adversas no dlernn en tierra con la ensoficdc Academia. EI 5 de enero· de 1748 se reitera la solicitud sobre los Estatutos y el 15 de junio se elige a Van Loo, Olivieri y Saqueti para que dictaminen ace rca de ellos, que no los firm6 Fernan­ do VI hasta el 8 de abril de 1751, lapso de casi tres ofios que debe saltar. La actividad ccndernlcc de Van Loo se acredita que el 3 de agosto comunica que es­ en tando acabado el cuadro de Venus, Cupido y Mercurio, ic Junta deberd decidir d6nde se ha de colocar (Lam. II). CONSTITUCION DE LA ACADEMIA.-EI 12 de abril de 1752 se promulg6 el Real De­ creto erigiendo la Academia con el titulo de San Fernando. En la c1ase de artistas habfa para cada arte dos Directores, dos 0 tres Tenientes de Direc­ tor y podfa haber, ndernds, Directores honorarios. No cltcre mas que a los primeros: en Pin­ tura, Van Loo y Gonzalez Ruiz; en Escultura, Olivieri y Castro; en Arquitectura, don Ventura Rodrfguez y don Jose Hermosilla. Afiadlose el cultivo del Grabado, que dirigfan Juan Ber­ nabe Palomino y Tomas Francisco Prieto. Fue designado Secretario don Juan Bautista Maga­ dan. Por sus cfios y sus merecimientos quedaron como Directores honorarios Dumondre, Vi­ llanueva, el escultor, Saqueti y Carlier. junio de 1752 se EI13 de en la Casa de la Panaderfa, relctcdc en celebr6 la inauguraci6n bien impreso folleto, reproduciendo discursos, poesfas y dando la lista de los Accdemlcos que eran 33, contando al Protector, al Vice, ocho Consiliarios, 21 Directores y Tenientes Direc­ to res, una Accdernlcc supernumeraria =-dofic Barbara Marfa Hueva, pintora,- y el Secreta rio. EI desarrollo de la Academia, una vez constituida, fue rdpldo, confirrndndose las espe­ ranzas puestas en la eficacia del establecimiento cabal; y, a la vuelta de nfio y rnedlo, el 23 de dlclernbre de 1753, pudo celebrarse Junta general para la distribuci6n de premios, consis­ tentes en nueve medal las de oro, labradas expresamente por don Tomas Francisco Prieto, con la efigie de San Fernando y varios sucesos de su historia. EI acto, por gracia regia, tuvo como escenario el cuarto bc]o del nuevo Real Palacio. Es curioso observar que pocos de los galardonados lIegaron a ser famosos ni aun rela­ tivamente; rnencionnre s610 a los escultores Roberto Michel y Manuel Alvarez, lIamado "el griego ", que labr6 las estatuas de la fuente de Apolo en el Prado; los arquitectos Sanchez Bort y Lois y el pintor don Mariano Salvador Maella que obtuvo una medalla Monteagudo de plata de cinco Una novedad para Madrid fue el que, durante dos semanas, pudie­ onzas. ron ser visitados los locales, con los adornos que se colocaron para la fiesta y con los trabajos de los opositores. La Academia quiso atender a la educaci6n del gusto publico con esta ex­ posici6n incipiente. 147 Ninguna seslcn publica se' celebre en el mismo edificio que la precedente. E'I dornlcillo, sin embargo, no se habra mudado de la Real Casa de la Panaderfa, cuyo salon resultcbc an- . gosto. Cinco obros de arte eminentemente cccdernlcos suminlstrcn rasgos definidores de la sig­ nlflcocion que hubo de alcanzar muy poco de creado el Cuerpo despues regio, de que venl­ mos hablando: Un 'relieve y cuatro lienzos, que se reproducen, . La esculturc es de Felipe de Castro, aquel escultor favorito de Fernando VI del que ctrds pueden verse el relieve de barro para Palacio (fig. 108); los bustos de rndrmol del Rey y de la Reina(figs. 5 y 6), nobles y vigorosos, y el dibu]o Jael y Sfsnro (fig. 131). Testimonio de su fuerza e inventiva es el gran relieve de mdrrnol La ereccion de la Academia, que presento "para cumplir la obllqcclon de Director" en la "Aberturc solemne" el13 de junio de 1752. EI propio cuter 10 describe, aunque, desde luego, se advierte que en la obra definitiva Castro hizo cam­ bios, pues, por ejernplo, en la descripclon se dice que la Fama "toma el vuelo para ir a dar parte de estas glorias a la Reina representada en la figura de Minerva" pormenor de que ... corece el relieve que, bien compuest6 y modelado, muestra el italianismo algardesco que habra aportado de Roma (fig. 138). Pasados dos cfios y medio, la Academia celebre junto en 22 de diciembre de 1754. En abril habra muerto su Protector, Carvajal y Lancaster, honrorle, en junio, para' enccrqo y al pintor don Andres de la nacido Calleja -riojano, 1705, y cuyo afianzamiento juvenil en en el estilo seiscentista los lienzos de San probaban Felipe Neri referidos, pintados por los , . bocetos de Miguel Melendez (figs. 67y68)- el retrato de cquel Ministro, entregando el premio al discfpulo de la Academia, Mariano Sanchez, de trece ofios, que habra de alcanzar nom bra­ dlo como pintor de los Puertos de EI notable lienzo Espana. ovalado es un valioso testimo­ nio hlstorico y artlstico de los nfios iniciales de la Academia. No habra quedado mas retrato de Carvajal, por misantropia, que un busto de su mdrrnol, esculpido por don Felipe de Cas­ en poder del' tro, Duque de Alburquerque 'y sirvio de modele a La Calleja (fig. 137). Otras dos obras nos situcn en estos comienzos de la regia' Corporcclon. Debense ambas don Antonio Gonzalez Rulz ; a discfpulo de Houasse, viejo por Francia e ltalia, donde aprove­ cho en el dibu]o, mas no consiquio dominar el colorido. Posee el Museo del Prado finos apuntes suyos a ldplz, sobre pcpel azul grisiento, de figuras elegantes, que dej�n traslucir algo de la sutileza de concepto de su maestro frances. AI regresar a Espana se trataba de formar la Junta preparatoria de la Academia y Fe­ lipe V Ie hizo director de los estudios de pintura (1744), ocosion en la que desarrollo una " complicada "mdqulnc (fig. 139), en la que el retrato del Rey se ve en el pcfio colgante de la trompeta de la Fama, y otro retrato, el del Marques de Villarfas,en el dnqulo inferior derecho, que sostiene un Amor. EI lienzo se conserva, si bien actual mente no expuesto, en la Academia. Vale, principalmente, para medir el nivel poco elevado, que la lIegada ulterior de artistas extranjeros mas importantes habia de superar. EI mismo Gonzalez Rufz fue el que pinto el cuadra '1a conmernorntivo de creoclon de la Academia, que se 10 enccrqo en 1754 (fig. 140). EI cuadro, rnejor cornpuesto ,y mas entonado que el de dos lustros antes, muestra ya cierta . """I." ','t lnfluenclq .beneflcloso .' , �je��'ida -..\ t1l.:...l por Corrado ' I , . .. Gicqulnto sobre Gonzalez Ruiz. Vivio hasta el 2 de abril de 1785. ., Menciona Cedn Bermudez los retratos pintados por el mismo de Igna�io de Hermosilla 1"48 y Bernabe Palomino, que tornbien guarda la Academia, pues desde los principios de su vida . , fue normal el cultivo del ge.nero; pero, no son ejemplares notables, por 10 que creo que no ,qlbe atribuirle el excelente del escultor frances Roberto Michel, con una cabeza cldslcc de rndrrnol y,ostentando la medalla de la que se supone obrc de Jean Ranc, absur­ Corporcclon, damente, puesto que murio cuondo el escultor andaba en los quince nfios de 5U edad. En est a primera generacion cccdernica pocos pintores hay que rnejor la personifiquen que el modesto y laborioso Andres de la Calleja; con haber nacido en 1705, no repuqno cul­ jivur el estllo bcrroco. Es probable que el gusto arcaizante que con ello revelaba 10 hubiese adquirido en sus utilfsimas funciones de factotum en cuanto ctcfilc a las pinturas palatinas, csl en su conservcclon y restaurcclon, por 10 que rnereclo encomios de Cedn Bermudez, como para sutrcislado y su lnstclccion. Vimos tam bien, que surnlnlstro modelos para la Real Fa­ brica de Tapices. En la Academia pinto EI descubriendo la Verdad Tiempo (fig. 141), obra de­ finidora del estilo que comenzaba a triunfar como primer fruto de la naciente Corporcclon, La obra de mayor ernpefio de Andres de la Calleja es el Carlos III ecuestre en un ? campo de batalla, que,perteneciente .lc coleccion Real de Suecia, se conserva en el castillo de Grips­ a holm, donde se guarda la importante Armerfa. Murio el 2 de enero de 1785; fue, pues, tes- Jigo del predornlnlo ccodernico, a cuyos comienzos presto esfuerzos. La sequedad, con frecuencia excesiva, de estas pinturas procuraba remediar las exage­ raciones barrocas que el nuevo estilo reprimfa. Contra los convencionalismos usuales reaccionaban los espfritus mas despiertos y resulta, al caso,expresivo un romance de Jose Cadalso "AI ha de retratar". plntor que me Descuentese 10 que haya de toplce pastoril y onccreontlco, todavfa restnrd el apunte rdpldo, caricaturesco, de los retratos aparatosos nada gustados en Espana y que el afran­ cesamiento crtlstlco de la primera mitad del siglo habfa introducido. Los mas graves del neo­ closlclsmo, aun siendo tcmbien extrofios a nuestros hdbitos, habfan de ser mas aceptables. Con los ejemplos enumerados habra de resultar mas clara para el lector la cornprenslon de Ic marcha ulterior de nuestras artes Ilamarse "oficicles ". que podrfan EL EDIFICIO PROPIO.-Iban por buen camino las la gestiones para conseguir crnpllcclon de la Casa de la Panaderfa al surqtr otro proyecto. "A la sczon -escribe don Bernardo, Iriarte- tenfa don Miguel de Muzquiz, conde de Gausa, tratada la boda de una hi]a suya con el Conde de Saceda, y considerando la utilidad que se Ie seguirfa de alquilar, 0 vender, su casa, se penso en que se trasladase a ella la Academia." �I palacio de Gausa es el que hoy lIev.a el nurnero 13 en la calle de Alcala. AI comenzar el siglo XVIII habfa solar edificios en su unos viejos, Ilamados Meson de la miel, que cornpro el 8 de febrero de 1724 el rlqulslrno perulero don Juan de Goyeneche, quien encornendc al celebre don Jose de Churriguera la construccion de un edificio. EI proyecto de cambio de domicilio cccdemlco levcnto vientos contrarios, pues hasta en los tiempos del "despotismo ilustrado" la cclldnd igual de sus componentes alentaba la opo­ slclon de pcreceres, Una de las objeclones formuladas resulta hoy sorprendente: Para don Juan de Iriarte, la casa estd situada algo a trasmano "perc comodidad de los muchcchos que concurren a los estudios, principalmente en las noches de invierno". Otro. de los reparos, y hay que reconocer que fundado, estribaba en la repug�ancia a fre­ cuentar un edlficlo construido en estilo abominado. por todos los Accdernlcos. Don Bernardo 149 de Iriarte habla, pasado largo tiempo, pefioscos, en la parte baja, desde las "del monte de rejos hasta el piso de la calle, todo de piedra, representando arbustos, lagartos y otros rep­ tiles y sabandijas". Trance amargo habfa de para muchos miembros de la Corporcclon ser penetrar por semejante portada, torturante para closicistcs. EI retraso en la cdqulslclcn se motive en el cjuste del precio y, al cabo, se compro en julio de 1773. La Academia tuvo que invertir en "afeitar", dlqdmoslo osl, la fachada de su nueva Casa, haciendo la puerta cldsicc actual y en adaptar los locales para sus necesidades la suma de siescientos mil reales y, luego, otros cien mil mas. Y de suponer que los Senores Accdernlcos es se habituarfan pronto a "Ia lejanfa" del centro. La distribuclon de premios de 1776 fue la primera fiesta celebrada dentro de los muros de la casa de la calle de Alcala. AMPLITUD DE GUSTOS.-No obstante la novedad artlstica consagrada respetcibase en mucho a la trcdiclon: En 8 de enero de este cfio un espfritu muy del tiempo y que, sin exagerar, ccbrlc tildarle de crchlcccdemlco, describfa a amigo la vida "semi-filos6fica" que IIevaba en Arag6n un orillas del Jiloca, y mejor que otro documento nos muestra las preferencias pict6ricas de los conocedores de entonces: Es de mi sala principal ornato del sabio Mengs el celebre retrato, inestimable don de este grande hombre ... Allf se ve cercado • de unconjunto copioso y escogido de cuadros de Van Dyck, Murillo, GUido, de Cerezo, Jordan, Velazquez, Cano, los dos Coello, Vinci y el Tiziano. Sus obras lucen Verones, Carreno, t Pereda, Peter Neef, Salvator Rosa; luce el Bosco su idea caprichosa J y EI Greco su estramb6tico disefio. Estos conceptos formulados a los velntlsels cfios, en 8 de enero de 1776, por el fabulista y cultfsimo don Tomas de Iriarte, en epfstola a don Dom.ingo de Iriarte, confirman la ampntud de gustos seficlcdc en las adquisiciones de cuadros por nuestros Reyes, lncluso en perfodos de intransigente dogmatismo artfstico cual el que estudiamos. Hubo la buena fortuna de que la regia Corporaci6n no cayese excluslvlsrnos vitandos, 1 en de que otras no se vieron libres . . . A pesar de cuanto se hcblc conseguido, espfritu tan sagaz y reflexivo, cdernds de muy cccdernlco, como Jovellanos, en un fragmento, sin fecha, expresaba sus dudas respecto a 10 poco que penetraban en el pueblo espcfiol los avances del gusto. La lamentaci6n del severo censor, siempre celoso por el general adelantamiento de la t J .., Patria, no ha perdido vigencia, sin que pueda negarse que para los males deplorados era con­ siderable el remedio trafdo por la Academia. 150 I + I i Fig. 139.-A. GONZALEZ RUIZ: FUNDACION DE LA ACADEMIA DE SAN FERNANDO, CON LOS RETRATOS DE FELIPE V Y DEL MARQUES DE VILLARIAS (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). 151 I I I I !I I I I I I I Fig. 140.-A. GONZALEZ RUIZ: FERNANDO VI CON EL COMERCIO Y LA AGRICULTURA (PARTE CENTRAL). Fig. 141.-A. DE LA CALLEJA: EL TIEMPO DESCUBRIENDO LA VERDAD (ACADEMIA DE SAN FERNANDO). 152 LAS ACADEMIAS DE SEVILLA, VALENCIA, ZARAGOZA .... Y MEJICO Por el neoclasicismo tendencia ser que satisfada las aspiraciones de los mas cultivados y las corporaciones cccdernlccs el medio mas directo para conseguir fruto nrtlstlco precoz, hubieron de establecerse varias fuera de la Corte. Alguna ya existla con anterioridad. En Sevilla fue creada en el siglo XVII, por varios artistas; el mas significado Valdes Leal, que comenz6 a funcionar en la Lon]n el 11 de enero de 1660, ddndosele nuevas constituciones en 5 de noviembre de 1673. Mas, que el intento era prematuro hubo de confirmarse al ver que, un siglo despues, cuando la apetencia por tener corporaciones artlsticas se extendfa, no pudo aprovecharse el organismo precedente.. y, se­ gun refiere Cedn Bermudez, en el artfculo sobre el pintor Juan de Espinal, "cuando algunos aficionados a las belles artes establecimos, a nuestras expensas, una escuela de disefio en aque­ Iia ciudad, por primer director a Espinal. ; era el pintor de mas genio, de mas ins­ elegimos .. trucci6n artlstica y el mas determinado en la prdctlcc, Y habiendo el sefior don Carlos III pro­ tegido este establecimiento, sigui6 con sueldo por S. M. dirigiendo sus estudios". Declara el bi6grafo, luego, de cuanto Ie era deudor. "Si el vloje -afiade- que hlzo a Madrid en su mayor edad hubiese ... sido en su juventud, se hubiera logrado 10 que prometfa su genio y tclento. Admirado con las obras de los grandes maestros que estdn en el Palacio Real, Buen Retiro y Escorial conoci6 el tiempo que habfa malogrado y, Ileno de rubor y de tristeza, se volvi6 a su patria, donde falleci6 el dfa 8 de diciembre de 1783." EI relato puntualiza aspectos del ambiente artfstico espofiol del siglo XVIII que importa conocer. Las obras de no Espinal estdn estudiadas. Recuerdo que al regresar de un vlc]e a Andaluda elogiaba don Elfas Tormo el colorido audaz, con empleo de rojos vibrantes, que en cuadros de Espinal Ie habfa sorpren­ dido. Sucedi6 a Espinal don Francisco Miguel Xlrnenez, apenas encomiado por Cedn, Gran aliento cobr6 desde su creaci6n la de Valencia, nacida en 1768 con el nombre del santo del Rey. No hay para que registrar antecedentes, alguno ya mencionado al sus varios hablar de Jose Conchillos y su escuela de Dlbu]o, EI mas inmediato fue la establecida por los hermanos Vergaras en la calle de las Barcas, base de la fundaci6n ulterior que, declarando las ansias de lograr protecci6n, se titul6 de Santa Barbara, por la Reina, mujer de Fernan­ do VI, dentro de locales de la Universidad, cbriendose sus ensefianzas el 7 de marzo de 1754. Transcurrida una docena de afios, gracias al entusiasmo de dos de los Vergaras -Jose y Vi­ cente-, del grabador Monfort el y mctemdttco P. Tosca, la Academia de San Fernando cpreclc eli tanto los esfuerzos realizados que, en 3 de mayo de 1762, los elige Acndernlcos de merlto, y la Junta preparatoria para organizar la de San Carlos se celebra en 11 de marzo de 1765, siendo aprobados sus estatutos en 14 de febrero de 1768. Su vitalidad fue notable por el muy cuantioso mirnero de artistas que form6 en las dos centurias que lIeva de existencia. En los principios de la Academia intervino Mosen Crist6bal Valero, nacido en Alboraya en mayo de 1707 y que, por mostrar disposici6n de dlbujcnte, hubo de conseguir que su pa­ rroco Ie enviase aRoma, donde estudi6 con Sebastiano Conca. Hfzose, luego, sacerdote y fue creado Director de Pintura la primera Junta preparatoria que celebr6 la Academia de San­ en ta Barbara, y Primer Director General; rodeado del general respeto, muri6 en 28 de diciem­ bre de 1789. Si sus pinturas religiosas y sus retratos de rnerlto muy relctlvo, tiene su arte son una faceta digna de recordarse: haber tomado al "Quijote" como tema de inspiraci6n. 153 Aunque Zaragoza habfase adelantado a las dernds ciudades, excepto Sevilla, en abrir estudio publico para el Dlbu]o -puesto que ya en 1714 el pintor Juan Ramfrez reunfa en su taller a los profesores y, en seguida, cdrnitlo disdpulos-, la fundcclon de la Academia de San Luis no se lnlclo, y como la mcdrllefic, mediante una Junta preparatoria, hasta 1754. Fue el promotor don Vicente Pignatelli, continuando la labor su hermano don Ramon, ecleslds­ ticos ambos de una gran familia aragonesa. Los trobcjos perc instaurar la Academia hubie­ ron de ser arduos, principalmente, por falta de recursos, sobreviniendo el desdnlrno, cerrdndose la escuela en 19 de octubre de 1779, y eso que entre los primeros directores de Pintura estaban don Jose l.uzdn -que habfa de ser el maestro de Goya- y don Juan Antonio Merklein -maestro y suegro de Francisco Bayeu- y de Escultura don Carlos Salas, artista de rnerito considerable, del que queda reproducido el relieve que esculpio para palacio. Se hello el remedio bastante despues, al hacerse cargo de la escuela la Socledcd aragonesa de Amigos del pafs -que, como se ve, fue lnstltuclon que tnmbien ejercio en aquel tiempo efi­ caz, aunque relativo mecenazgo-, alentada en est a occslon por don Juan Martin Goicoechea. Por fin, Carlos IV, el17 de abril de 1792, elevo la Escuela a la categorfa de Academia, con el tftu 10 de San Lu is. De reciente, se conoceorigen y los primeros decenios de la escuela vallisoletana, est­ el mismo filial de la mndrllefin, gracias a la documentada monograffa de J. Cccrncfio Marti­ nez: "Datos para la historia de la Real Academia de la Purfsima Concepcion". EI Libro de cc­ tas de la Junta ordinaria comienza en 30 de noviembre de 1796. EI Protector de la Academia era el Conde de Alba Real y el mas activo y entusiasta don Jose Mariano Beristain. Peculiar de este epoco, por resoluclon regia del l." de diciembre de 1786 centro y, ala vez, caracterfstica de la paso a denominarse Real Academia de Matematicas y Nobles Artes. No puede ocultarse que la principal labor de la Academia hubo de ser cientffica. La personclldcd artlstica mas rele­ vante fue el arquitecto Francisco de Valzania, que escrlbio sobre oficio y ha sido estudiado su por el mismo senor Cccmcfio. Los documentos publicados alcanzan al 27 de mayo de 1797. Sorprende que la expansion de las escuelas de dlbu]o por las ciudades que se han enu­ rnercdo no haya lIegado a una tan cercana y con tanta trcdlclon artfstica como la univer­ . sitaria Salamanca. lQue causas motivarfan que no fuese dotada con una lnstltuclon de este genero? Las ansias por que se difundiesen los conocimientos artlsticos, que el "despotismo ilustra­ do" estimaba eficaces para el adelanto publico, fomentaron 10 crecclon de Escuelas de Dl­ bu]o ciudades donde faltaban medios y entusiasmos para la fundncion de Academias, pro­ en piamente dichas, cprovechdndose, al caso, las circunstancias que se presentasen como favo­ rabies; osl en Barcelona, en 1758, la Real Junta particular de Comercio, cuyo funcionamiento como centro de enseficnzo artlstica no se conoce pormenor, tanto que, mientras unos dan en la fecha arriba consignada, Cedn Bermudez fl]c apertura en 23 de enero de 1775, en que su comenzo el famoso grabador valenciano Pascual Pedro Moles a dirigirla; habfa residido en Perfs, pensionado por la misma Junta cfios antes, forma de actividad complementaria, que explicnrd la discrepancia sefiolcdc. Ya en 1774 se nornbro como Teniente Director a Pedro Pablo Montana, disdpulo que habfa sido de Francisco Tramullas, 0 Tramulles, que, habiendo alcanzado el Accdemlco de la de San Fernando, al regresar ser a Barcelona abrio en su taller una academia para dlbujnr del ye�o. 154 Se estcblecio en 10 l.on]c, con gratuita de dlsefio ", como auxiliar el titulo de "Escuela de las industrias y preparatoria de las de Bellas Artes, que hubieron de irse formando, sequn dice C. Martinelli: "La Escuela de 10l.on]c en 10 vida artfstica barcelonesa". Una verdadera efervescencia produce en Cotclufic 10 expansion de tales enseficnzos, cbriendose escuelas en Gerona y en Olot, que hcblcn sido precedidas por 10 de Bonifas en Valls. La intervenclon que intento en su gobierno Francisco Agustin se refiere pdqinos adelante. La actividad artfstica se esparda por Espana entera; el ansia por cultivar el dlbu]o con arreglo los principios cccdernicos convertfa antiguos centres en nucleos de estudios, 0 los a creaba. EI poeta don Jose Marla Vaca de Guzman escriblc su extenso poema "La felicidad", que hcblc de leerse el 20 de enero de 1781, 01 publicarse los premios para profesores y dlscl­ pulos de 10 Escuela de dlsefio, de 10 Real Sociedad Econornlcc de Amigos del Pais, de Granada. Es texto provechoso para penetrar en los ideales que presidlan estos planes y estas reali­ zcclones de enseficnzos artlsticas. Canto _el poeta 10 que con el cultivo del dlsefio habra de conseguirse -siempre el ansia de mejora que anima a "10 ilustracion"- sumando 01 progreso artlstico el cientlfico que Ie lIeva a escribir: Por ti florecerdn 10 Anatomla, 10 Geografla, Hldrdulicc, Astrolabio [sic] Mas 10 que hace 01 coso, pronto vaticina como los pintores ernulcrdn a los pasados y, por fuerza del verso, mezcla caprichosamente: Ccrrefios, Menas, Cespedes, Morales, Recos [!], Coellos, Valeros [!], Riccis, Canos ... Con menos confusion, pero tcrnblen esclavo de 10 rima, anode: De Labrador irnltnrdn las frutas, coplcrdn las florestos de Arellano, peces de Herrera, lides de Toledo, y de Murillo celebres retratos ... Luego, Vaca de Castro alude con desigual fortuna a los premios distribuidos en 25 de abril de 1779 que, sin mencionar a los artistas, aunque sl los temas, anota 01 pie: "Alegorla plcto­ rica: La Forno con el medcllon del busto de Carlos III y 10 Sociedad Economlco en figura de matrona; de escultura: el rio Darro como un viejo desnudo, con una urna de 10 que sale un manantial que se despefia hasta fertilizar un prado", asuntos muy significativos de los idea­ les neocldslcos, que ambiciosamente propugna el escritor para que aquesas aulas el sistema nuevo produzcan algun dlc que anhelamos; cdopten Ie los cu Itos espofioles, envldienle los griegos y romanos. 155 En otras comarcas espcfiolcs -Canarias, Murcia nacen centres nndloqos, por las mls­ - ... mas calendas, pero es debido confesar que los resultados obtenidos, en el campo de la crea­ cion artfstica, no correspondieron a las esperanzas que se habfan forjcdo "los hombres de la llustrcclon ", por la escasez de medios y la inconstancia, como ocurrlo con la escuela mur­ ciana, que ncclo la tertulia del taller de Salzillo y de la que fue nombrado Director en en 1779 el gran artista. No puede olvidarse, al respecto, que muchos surgieron tardfamente y la convulsion de la Guerra de la Independencia frustro la cosecha. Tal fue el caso del Real Instituto Asturiano promovido por el eminente Jovellanos, que en su lncuqurcclon exclamaba con elocuencia: "lY por ventura reputcrels indigno de su grandeza el arte del disefio! Sl el lu]o 10 esclcvlzo a los placeres de la lmcqlncclon, la sabidurfa npllcdndole el socorro de la rczon y de nues­ trasnecesidades, estcblecerd su ministerio. Toda la naturaleza pertenece a [urlsdlcclon. su Capaz de imitarla, capaz, por decirlo osl, de mejorarla, de criarla de nuevo pensador, ... " EI no njeno, ciertamente, a las artes, eleva aquf sus conceptos para sostener el valor del dlbu]o como instrumento util para el cultivo de las Ciencias, idea muy propia del siglo XVIII. Aunque suela reconocerse, la generosa conducta no espanola con sus dominios ultrcrno­ rinos hizo que se fundasen en Mejico, primero, una escuela de Dlbu]o -dependiente de la Casa de Moneda-, nornbrdndose para dirigirla en 15 de de 1778 al notable marzo graba­ dor don Jeronimo Antonio Gil, con credito en Madrid y uno de los primeros disdpulos de la Academia de San Fernando y, luego, despues de constituida la acostumbrada Junta prepa­ ratoria, y de imprimirse en 1781 el "Proyecto para el estcbleclmlento en Mexico de una Aca­ demia de las Tres Nobles Artes, Pintura, Escultura y Arquitectura ", Carlos III, en 25 de dlclern­ bre de 1783, cprobo su constituclon. Si en los tiempos de la Junta preparatoria se habfa tra­ bajado celebrdndose, ya en 1.° de junio de 1781, la qulntc solemne dlstrlbuclon de premios, cobro vida intensa desde la Incuqurcclon del curso en 4 de noviembre de 1785. La Academia de San Carlos mejicana funclono en los primeros cfios como filial de la de San Fernando, pro­ porclondndole yesos, Ilbros, lncluso interviniendo Maella en la compra de cuadros antiguos para ser enviados a America. Las vicisitudes de la instltuclon americana han sido estudiadas por Angulo rniguez y a su documentado estudio debe hacerse rernlslon. Alia marcharon a enseficr los pintores Andres Gines de Aguirre, Cosme de Acuna y Troncoso y Rafael Jimeno, el arquitecto Antonio Gonzalez Velazquez -hijo de Alejandro-, el escultor Manuel Tolsd y el grabador Joaqufn Fabregat, los I , cuales, desde luego, caredan de la altura de los que la Junta preparatoria habfa solicitado que pasasen el mar: Maella, Isidro Carnicero, don Juan de Villanueva. En todos estos centres para la enseficnzc del dlbu]o ponfase el mayor teson en dlbujcr el desnudo, tanto de estatua, como del natural, a dominar la forma al lleqdndose punto que, en los casos en que el profesor acertaba la del modelo, a cornposlclon a veces agrupando a varios, consegufa recllzcr verdaderas obras de arte; entre docenas de ejernplos cabrfa se elegir dlbujos de desnudo, lIamados "academias", en los que artistas, que no se lograron, muestran innegables dotes. 156