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Rvma., Dr. Luis Urpí, Maestrescuela Canciller-Secretario A Vos, Soberana de todo lo criado y Emperatriz de la España católica y misionera, al celebrarse el Centenario de reposición en el solio, cuando vuestra el pueblo devoto os ofrece un trono digno de vuestra excelsa grandeza, no pudiendo ofreceros plata oro, y pedrería, os dedicamos este libro, en cuyas páginas toscamente se transcribe elglorioso historial de vuestra real morada y que se ha escrito y editado con el fin de que en el corazón de los lectores se levante otro trono de amor a su Reina y Señora. Vuestros humildes devotos EL AUTOR Y EDITORES !'í ■' .■■ :'r "■ - ■ • • <* •■ -r , •■.-ftTUíjralStS'J L ,A ,w 5 f OtJTÍWÍÍ'i -''MO -'V i ■; : 1^:. ; inlV-:>",•,-, - • ■■ .' .' ■- -' -- • '• • ' • -I,. • • .■"v,.'V '_ ' . ^^•■•; ..- ■ - : L'iv ' - - ." ■ ''■■■'í?cr * "■^^. L·'i tb' r- v'stírA " ■!?> a^its .v':b".'3C^ l jiîï)^^ m a í > i- - ■■ . r K: ■^•^'· - '■i-cv g?7 "■ y- ^'· .-V# ét Ml ' ^ // fer j/y .y//A^yAyA/,^y¿- ^ ^' 4é '/:¿L y y ^ ' " c.JFj H¿yi V' t.u 3í -•'"^f^'· .«" ^ji * -% ■ffuí' • j-z-^- 4 ■ f-yp-^ 'n^xrri fflí.£lí íi^r.,:- íï mMí^:íKí»f«Tj*í ^f't*^) -s-a-K? gírifilà .jïi.j. f; -7^ £^4· ^'íí9V;5p OÍí *''5í5í^ K íP«iTï3g^'30|i.mi>' j. '/ ^:.í->4r?^^íú5ííí ¿íí^ikr%£iíi¿¿ Py^* '^í·'f s ÍC'Í ■•".r ÍTÍ- ' ,. ■ • . -. ■J·. " S^3 ■"'.V·^w·àS' • •' £^'- ïSÎ; ■^"--- -'^^•C '••î'«?~».'.'=tJ^- i-î, ^ erm* ;■> ■•viC. iu "% "S ït' .'■> % ïl .• ;7 ■*£»-'-■ íSïlP^ ^lfr*?s;ags'í^ iísnsjíTOíT CAPITULO IV Lj a iglesia No existen documentos auténticos que nos demuestren la fecha exacta de su erección. Parece que Wifredo II, conde de Barcelona en el año 888, cedió al Monasterio de Ripoll la iglesia de Santa María de Montserrat, y que Borrell en el año 976 confirmó dicha donación, añadiendo ciertas tierras de la montaña, por lo que los monjes de Ri¬ poll establecieron alli un Priorato. Este pequeño templo románico fué ensanchado durante el transcurso de los siglos en la medida que lo permitía la estrechez del terreno. El Abad Pedro de Burgos realizó la última ampliación terminada por el Abad Pedroche, en el año 1537, dando para esto la Emperatriz Isabel una gran limosna (1). Se amplió también el retablo. de esta ampliación, quedaba tan reducido el sagrado recinto que no A pesar podia dar cabida a la ingente muchedumbre de peregrinos que incesantemente acudían al Santuario. Eran tantas las lámparas, velas y cirios de tamaños descomunales que ar¬ dían perennemente, que ahumaron totalmente la iglesia, dándole un aspecto impresio¬ nante. Es por esto por lo que el Emperador Carlos 1 exclamaba: "¡Las paredes de este (1) Un libro del archivo decía que la obra se terminó en 22 de agosto, y añadía ; Ampliavit Reverend. Dominas Abbas saoellum XII. Palmorum in latura, et XX. in longum, plusquam erat an¬ tea. El Reverendísimo Señor Abad amplió la iglesia en más de lo que era anteriormente por 12 pal¬ mos de ancho y 20 de largo. 42 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Vista de Montserrat,'desdc^Monistrol santuario están ahumadas y siento en él tanta devoción y una cierta Deidad, que no sé significarlo!" (1). Constituía, pues, una necesidad, tan imprescindible como inaplazable, la erec¬ ción de un templo. Pero nadie atrevía gran se a emprender una obra de tan colosales j)roporciones, pues las dificultades que se presentaban en todos los órdenes, tanto téc¬ nico como económico, parecían, a juicio de los prudentes, totalmente insuperables. El abad Garriga y la iglesia nueva Quiso Dios y su bendita Madre la Virgen Santísima que la persona que ven¬ ciera todas aquellas dificultades y levantara el hermosísimo templo que asombra a sus (1) El color moreno tan acentuado de la bendita Imagen, es probablemente debido a las nubes de incienso y al humo de tantas lámparas y cirios que ardian constantemente, que, en el curso de tantos siglos la ennegrecieron. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 43 visitantes hiciese su entrada en la montaña santa de una manera, podriamos decir, predestinada. Siendo Abad de Montserrat el Padre Pedro Muñoz, que habia sucedido al gran Abad Cisneros, se presentó en el Santuario un pobre labrador de Pinós, pueblecillo de la Segarra, con un borriquito que en unas angarillas traia a un lado un cabrito y, al otro un bijo suyo de siete años. Venía a Montserrat a ofrecérselos a la Virgen, en cum¬ plimiento de un voto. El sacristán tomó el la ofrenda; pero el cabrito, agradeciéndole amablemente labrador le dijo que también tenia que quedarse con el niño, pues a los dos los bahía ofrecido a Nuestra Señora. Naturalmente, el sacristán rehusaba quedarse con el niño, arguyendo muchas razones; pero sobre todo, por ser tan pequeño, sin embargo, el la¬ brador insistió tanto que el sacristán dió cuenta de lo que sucedía al bondadoso Padre Portada de la iglesia antigua 44 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Abad, el cual, admirado de la sen¬ cillez y devoción de aquel labriego y observando en aquel niño ange¬ lical un algo extraordinario, lo ad¬ mitió entre lospajes de Nuestra Se¬ ñora, ingresando en la escolania. Este niño se llamaba Bar¬ tolomé Garriga y pronto empezó a descollar entre sus compañeros, cre¬ ciendo y adelantando prodigiosa¬ mente en virtud y saber. Su devoción a la Santísima Virgen era tan tierna y fervorosa que muchas veces decía a sus com¬ pañeros: "¡Ah! Si yo pudiera, ha¬ ría a Nuestra Señora una gran igle¬ sia." Fachada antigua Esta fuó la obsesíón de to¬ da su vida y no hay que decir que, al ser elegido Abad, aceptó la mitra con el único fin de poder realizar el sueño e ideal de todos sus pensamientos. Meditando sobre su audacísimo proyecto paseaba un día pensativo por una obra muerta, que mandó explanar cimentar más de y un siglo atrás, don Fernando el Católico (1), y, observando la firmeza y solidez de aquella obra, lleno de alegría excla- (1) En un libro de los Rienhechores, que existía en el archivo del Monasterio, Serra Pos- tius afirma haber leído lo siguiente; "Año mil cuatrocientos ochenta y nueve, el Rey don Fernando dió principio a la iglesia nueva, haciendo desmontar mucha tierra y romper peñas, para abrir las zanjas, y últimamente levantó los fundamentos hasta un cordón de la parte de afuera, que en aun su pared se ve, donde gastó infinitos ducados. "Serra Postius. Historia de Nuestra Señora de Montserrate. Parte 2.^ Ca¬ pítulo XXIV. Otros autores opinan que la intención del Rey Católico no era levantar el Templo, sino un gran Monasterio destinado los monjes de la congregación de Valladolid, que pensaba insta¬ a lar en Montserrat como lo hizo, pues el antiguo Monasterio y sus dependencias se hablan levan¬ tado sin obedecer a ningún plan. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 45 mó: "¡Ya tengo los fundamentos para la gran iglesia! ¡Voy a levantarla; la Vir¬ gen me ayudará!" Y, sin hacer caso de los obstáculos que le oponía la prudencia humana, puso en seguida ma¬ nos a la obra y le¬ vantó esta hermosa Catedral de las mon¬ tañas, que bien me¬ rece este nombre el amplio suntuoso templo ideado y hecho una realidad, por aquel tierno niño que en y sus primeros años fué ofrendado a la Santísima Virgen y que después fué el gran Abad Garriga. No pudo éste obra gigantesca; pero ya no podía abandonar¬ ver terminada su se. El Abad San Román invirtió 22.000 ducados, el Abad Campmany siete mil y el Abad Plácido de Salinas terminó felizmente, en 1592, la obra comenzada el 11 de julio de 1560. La consagración de la iglesia nueva la efectuó el Obispo de Vicb, asistido de otros seis Obispos, Se adoptó en la construcción el estilo, entonces en boga, romano o renacimien¬ to, notándose reminiscencias del caducado gótico y más o menos influido por su suce¬ dáneo en España, el plateresco. Consta el templo de una sola y grandiosa nave y está dispuesto con admirable simetría en sus dimensiones: 52'63 metros de largo, 26'72 de ancho y 25 metros de ele¬ vación. Los muros tienen dos metros de espesor. La fachada componía de seis columnas de jaspe, entre las cuales se halla¬ se ban doce hornacinas en las que estaban colocadas las imágenes de los doce Apóstoles, 46 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA presididas por la imagen del Redentor en actitud de bendecir. Todas eran de finísimo mármol blanco (1). En un segundo cuerpo había un primoroso relieve, representando la Anuncia¬ ción, y, a los costados del relieve, dos magníficos escudos representando el de la dere¬ cha, las armas reales, y el de la izquierda, el blasón del Monasterio. Encima de la puerta de entrada había un medallón de mármol blanco con la Virgen sentada en el centro de la Montaña (2). El aspecto del interior del templo, es verdaderamente majestuoso, aunque hoy no es más que un pálido reflejo de lo que fué. La bóveda y paredes estaban total¬ mente doradas; los retablos, sobre todo el de Jordán del altar mayor, eran un derroche de arte y de riqueza; el monumental obra de Cristóbal de Salamanca, los órga¬ coro, nos (había cuatro) dorados y ricamente decorados, las cinco gradas del altar de plata, los candelabros de plata, el Sagrario del mismo metal, el trono de la Virgen también, siendo de plata el bosque de lámparas que colgaban delante de la Virgen y que ardían perennemente, dejando suspenso y embelesado al devoto peregrino apenas pisaba el umbral de este templo; destacándose entre tanta riqueza la Virgen Morena en su ta¬ bernáculo que, en los días de grandes festividades, parecía la cancela de la Gloria. Y ¿qué diremos de la riqueza de ornamentos para el culto que se guardaban en la sacristía, cuyos cuatro departamentos estaban primorosamente decorados con riquísimos espejos y cuadros de los más famosos pintores? El cronista Argaiz dice que en su tiempo (siglo xviii) existían en la sacristía: 50 capas pluviales, muchas de brocado de tres altos y otras de tela de oro. Más de 30 temos para diferentes festividades, también de brocado. Un gran niimero de casullas sueltas. Y entre las mitras, una, regalo del Duque de Mantua, estimada en 1.500 du- cados. (1) Los escultores Pablo Serra, Juan Enrich y Raimundo Amadeo, todos de la Academia de San Fernando, labraron dichas estatuas, cuatro cada uno. (2) Este medallón era obra del mencionado don Pablo Serra. V - ■=*V ^ T ' ' • fev';.. .^,v ■ ••■ '"i'-^'i-. . MONTAÑA 49 MONTSERRAT, SANTA Todo este tesoro en ornamentos sagrados, de incalculable valor, lo había re¬ unido el Santuario coleccionando los diversos regalos que reyes, príncipes y magna¬ tes habían ofrecido a la Santísima Virgen. Para curiosidad del lector, enumeraremos unos cuantos regalos de bienhe¬ chores insignes, en oro y pedrerías, que ofrecían a la Virgen de sus devociones y que servían para un mayor esplendor del culto. En el año 1508 don Enrique, Infante de Aragón, ofreció un frontal de broca¬ do encarnado. El Duque de Calabria, en el año 1518, un ornamento y un frontal, todo de brocado. En el mismo año, el Duque de Segorbe, una capa riquísima estimada en mil ducados. En 1510, la condesa de Módica, un frontal y una casulla de brocado. En 1535, la condesa de Trevenso, tres casullas, una de ellas de brocado, y va¬ rios objetos de plata. En 1537, la Duquesa del Infantado, una saya tejida de oro, de la que se hizo un ornamento entero. En 1558, la Princesa de Nivelt, cuatro manteles. En 1561, don Acisclo de Maya, Obispo de Vich, un ornamento de brocado. En 1564, el Principe de Eboli, una capa de brocado. En 1569, el Duque de Soma, dos capas. En 1581, la Condesa de Prades, una ropa de tela de plata, bordada en oro. En 1586, el Duque de Villahermosa, una gola bordada en oro. En el mismo año el Conde Cifuentes, un frontal bordado en oro. En 1599, la Reina de España y su Augusta madre, veinte varas de brocado muy rico. En el mismo año, la Vizcondesa de Eboli, media pieza de telilla azul, sembrada de aljófar, de la que se hicieron dos capas. En 1600, el Cardenal Escanio, una casulla de gran valor. En 1603, la Condesa de Elde, unas basquiñas de tela de oro. En el mismo año, la Condesa de Laurin, vino de Francia a visitar a Nuestra Señora y ofreció un frontal muy rico. En 1604, la Du¬ quesa de Verganza, envió desde Portugal una saya de tela de oro, de un valor de mil ducados. En el mismo año la Condesa de Lemos, un frontal y una casulla de tela de oro. En 1610, la Duquesa de Lorena, seis varas de brocado muy rico. En el mismo año. 50 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA la Duquesa de Cañete, una saya muy rica. También en dicho año, la Condesa de Porcia un vestido bordado de canutillo de oro. Asimismo la condesa de San Martín, una saya de tela de oro. En 1612, la marquesa de Cobar otra saya muy rica, que sirvió para confeccionar un temo, tal era su tamaño. En 1614, la marquesa de Tromesta, unas basquiñas lindas y frontales. En el mismo año el Cardenal de Joyens, francés, muy una casulla y frontal de un valor de quinientos ducados. En 1616, la condesa de De¬ mos, un frontal muy rico y cuatro vestidos. En 1617, la condesa del Infantado, una saya bordada de canutillo de oro. En 1618, la Reina de Francia, esposa de Luis XIII, ornamento entero de un valor de mil ducados. Año 1619, los duques de Florencia, un frontal y casulla de brocado de tres altos, con más de seis mil granates, por un valor de tres mil ducados. En el mismo año, la duquesa de Alburquerque, unas basquiñas valoradas en doscientos ducados. Año 1621, la Reina de España remitió una saya esti¬ mada en mil escudos. En el mismo año, la duquesa de Osuna otra saya valorada en dos mil escudos. Año 1623, la duquesa de Alcalá, otra muy hermosa. En 1624, el duque de Espernou, un mantillo de carmesí, de muchísimo valor. Año 1626, el Cardenal Rar- berino, casulla de brocado. En 1630, la duquesa de Feria, un vestido entero de un una valor de ochocientos escudos. En 1631, doña Margarita de Austria, mandó otro vestido entero, muy rico, de un valor de dos mil quinientos escudos. En el mismo año, la mar¬ quesa de Visco, una saya valorada en tres mil reales. Año 1635, la marquesa de Cam¬ po, unas basquiñas con otras varias cosas por un valor de mil quinientos ducados. En el mismo año, la condesa de Este, frontal y frontaleras, valoradas un en mil escudos. También la princesa de Carrillano envió unas basquiñas estimadas en mil ducados. Año 1638, la condesa de Monterrey, un manto y mantilla, para Jesús y María. Año 1640, el conde Molina, de nacionalidad francesa, una tela de grana bordada de plata. Año 1653, la Reina de España, vestido bordado de plata, de un un valor de tres mil du¬ cados. En el mismo año, la duquesa de Nájera, un vestido de tela de oro y plata para un ornamento. Año 1654, el marqués de Masorin, francés, un capote de grana bordado en oro. Año 1658, la princesa de Nivelet, en Rravancia, dos ricos manteles. En 1663, la condesa de Robles, vestido de tela un en oro y plata. En 1667, el marqués de Astorga, ocho varas de lama encarnada, de las que se hizo un manto para la Virgen. Año 1668, la condesa de Centellas, un vestido de lama bordado en oro. En 1669, la baronesa de Llinàs, otro vestido bordado en oro. En 1670, la princesa de Parma, un manto, una ca¬ sulla y otras varias cosas valoradas en siete mil ciento cincuenta ducados. Año 1672, la marquesa de Pescara, unas basquiñas. En 1678, la marquesa de Santa Cruz, una saya muy rica de un valor de mil ochocientos ducados. Año 1680, la duquesa de Frías, un vestido de brocado estimado mil ducados. Año en 1687, la condesa de Oropesa, un ves- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 51 tido muy rico valorado en mil ochocientos ducados. Año 1688, el marqués de Grillo, genovès, un temo y otras cosas. En 1693, la du¬ quesa de Medinasidonia dió varios cortes de tela de oro y plata. En 1696, el marqués de Constant, un manto. En el año 1702, la duquesa de Medinaceli, un vestido por valor de mil du¬ cados. En 1712, la marquesa de Coscojuela, un manto y una mantilla para la Virgen y un vestido para el Niño, de tisú de oro. En el año 1722, los marqueses de Sardañola, unas basquiñas y un jubón de seda bordado en oro y plata, valorado en cuatro¬ cientos ducados. Esta es la relación de donantes, con sus of ren- Fachada actual das, que a principios del si¬ glo XVIII, constaba en el libro de bienhechores, la que sin duda se engrosaria notable¬ mente basta el nefasto 1811, en que el Santuario fué destruido por las huestes de Na¬ poleón. Después de aquel desastre, la restauración material del Templo se completó el año 1895; su decoración en 1896 y en 1898 don Juan Llimona pintaba magistral- mente el Camarín. El Padre Abad Deás, habla dado cima a los esfuerzos de los incan¬ sables benedictinos, después de casi un siglo de afanes, confirmando una vez más la proverbial característica de esta Orden meritisima: la Constancia. 52 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El tesoro para el mayor esplendor del Culto debe proceder de la piedad y mu¬ nificencia de los fieles devotos de la Virgen Morena. No falta, ciertamente, lo necesa¬ rio; pero lo quedecia, sonriente, el Padre Abad Blanch a sus compañeros de hábito, acongojados al ver tanta desolación, cuando reintegrados al Monasterio en 1844, se recomenzaba la restauración del Templo, podemos repetirlo aqui: "Hermanos, tardó Montserrat mil años para llegar a lo que fué; podemos, pues, esperar otros mil para su restauración plenaria." Y esta frase, tan benedictina, es todo un poema. CAPITULO V Descripción de la montaña Es tan maravillosa la configuración de Montserrat, que no tenemos inconve¬ niente en indescriptible; pues a la simple contemplación de la decir que nos parece montaña puede la imaginación más brillante y vigorosa fantasear a sus anchas y la hipérbole explayarse a su placer; los poetas nos la pintan como un gigantesco navio, un castillo archiciclópeo, una catedral inconmensurable, etc. Sin embargo, estas imᬠgenes sólo nos dan una pálida idea de lo que es aquel prodigio de la Omnipotencia Divina. Pero no es este el perseguimos en el presente capitulo. Nuestra des¬ objeto que cripción no será un alarde de poesia, en el sentido de una creación, pues nos circuns¬ cribiremos a lo objetivo, cortaremos, en lo posible, las alas a la imaginación para, de esta suerte, dar a nuestros lectores una visión simplicísima de la asombrosa montaña. Es muy curioso observar la fisonomia constante de Montserrat a través de los siglos, pues tal como la vemos en la actualidad, del mismo modo nos la describen los autores de los siglos xv y xvi. Una impresión de belleza perenne de Montserrat queremos dar a nuestros lec¬ tores, degustando lasdelicadezas del lenguaje, con pequeñas variantes, de un autor del siglo XVI, que nos describe Montserrat con aquel estilo seductor de nuestros clásicos, aun cuando advierta que no empleará un "alto estilo ni de las hermosuras y flores de hablar"; pero de hecho, su estilo es de encantadora belleza. Completaremos esta descripción con algunas notas de actualidad. 54 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Cuadro de W. Degouve de Nuncíjues Montserrat "La famosísima montaña de Montserrat — dice — está situada casi en medio del Principado de Cataluña, algo más allegada a la parte de levante y mediodía; por la cual parte dista de la muy insigne ciudad de Barcelona por espacio de siete leguas. Está apartada de los Pirineos, los cuales tiene hacia tramontana por espacio de doce leguas. Al pie de la montaña pasa el rio llamado Llobregat, que va a entrar al mar Me¬ diterráneo a una legua de Barcelona. "Y aunque esta montaña está circuida de otras muchas montañas, empero está exenta y apartada si sola; de ninguna otra montaña por manera que se junta con ella. ' "Su circuito es de cerca de cuatro leguas; su altura es tanta que, mirando de 55 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA lo alto de ella, las montañas del derredor parecen bajas y casi llanas, aunque los que anden por ellas las hallen bien altas y ásperas. Y tan alta, antes que por ser lleguen al medio de ella, cuando está el cielo sereno, se ven tan claras las montañas de Mallorca, Menorca e Ibiza, que están doscientas millas dentro del mar Mediterráneo, como si es¬ tuvieran en tierra firme, "La aspereza de la montaña es grande, y a los que la miran de lejos parece cosa muy fatigosa y espantable imposible poder andar por ella; empero, y que parece con todo esto, es tanta la hermosura en el orden y compostura de ella que el deleite que tienen en mirarla y contemplarla, andando por ella, les quita otro cualquier trabajo y fatiga que les da su aspereza y trabajosas subidas. "Y por ser riscos muy altos, es cosa de gran admiración ver toda de peñas y la fertilidad de ella, porque todos aquellos ásperos peñascos están fornidos de fres¬ cos y deleitables árboles, y de muy hermosas y olorosas hierbas, y flores de diversos colores y maneras que, a la vistade todos, no parecen sino muy compues¬ y parecer tos y adornados jardines y muy deleitables florestas. Y no sólo se hacen estas arbo¬ ledas en los lugares donde hay algún poco de tierra, sino que se hallan en muchas partes; en las peñas y riscos puros y sin tierras muy vistosos árboles y hierbas (1). "Y más es esto de maravillar, por no haber fuentes en esta montaña, sino algunas de casi vienen a faltar en tiempo de secada. Bien es muy poca agua y que verdad que se engendran aguas en ella también como en otras montañas; mas como sea compuesta de peñas divisas unas de otras, las aguas se vienen a sumir y caer a lo bajo; como se ve por la experiencia de una fuente que está bien alta a la parte de Santa Cecilia, que es un Monasterio muy antiguo en la misma montaña, a la parte de (1) En su libro de poesías, fray Anselmo Porcada, monje montserratino, escribió a este pro¬ pósito, esta hermosa octava real : Sin agua, sin semilla ij tierra poca Arboles, matas, yerbas, lindas flores. Visten las peñas de alegria loca. Sin que el agosto ofenda sus verdores: Milagro cuanto el hombre en ellas toca. es Obras son de los cielos sus primores. Que aqui, como es Maria la hortelana. Medran las plantas sin industria humana. 56 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA levante y tramontana. El agua de aquella fuente se siente caer entre dos peñas y no viene a salir fuera; ni se ve, mas húndese a lo bajo. Y asi es de creer de otras aguas; las cuales vienen a salir al pie de la montaña a la parte de levante, muchas de muy bue¬ na agua y muy caudalosas, y que muelen molinos de ellas; y en algunas partes se hallan debajo de esta montaña concavidades muy grandes y muy espantosas, donde algunos han probado de entrar y bien adentro oyen ruido de aguas que corren. "Y no solamente los árboles y verduras hacen hermosa deleitable esta mon¬ y taña; más aún, las mismas peñas en su asiento y compostura tienen tanta hermosura que deleitan los ojos de los que las contemplan. Porque por muchas partes se levantan unas rocas tan altas que no parecen sino torres de alguna ciudad puesta en alto, y, a la parte de tramontana, están de tal manera tajadas las peñas, que parecen ser una muy fuerte cerca de alguna gran ciudad. Las peñas, por la mayor parte, son tan duras y fuertes que no se pueden labrar sino con gran dificultad y tiran algo a la natura¬ leza de jaspe y se cree que en algunas partes, si se pusiere trabajo, se hallaría de bueno. "Y por estar las peñas de esta montaña divisas unas de otras y juntas como si las hubieran partido con una sierra, se llama esta montaña en catalán Montserrat, quequiere decir "Monteaserrado"; y por estar el Monasterio en esta montaña, llama se Montserrat, y asi tiene el Monasterio por insignias o armas una montaña de peñas con una sierra que las divide" (1). Han transcurrido cuatro siglos desde que^se escribió la descripción transcrita y es el trasunto exacto del Montserrat actual. Su fisonomia no ha variado ni en el más mínimo detalle. Su flora, que acusa la existencia de 1.600 especies de plantas vascu¬ lares, de las 3.000 que la Botánica señala en Cataluña, confirma lo que el Padre Bur¬ gos nos dice, con aquella su donosura de lenguaje. El boj y el romero son las plantas tipleas de Montserrat. La fauna montserratina es abundante y variada en insectos. Los pájaros son numerosos. Abundan los verderoles, jilgueros, ruiseñores, gorriones, tordillos, pardi¬ llos, golondrinas, vencejos, cornejas, reyezuelos, estorninos, mirlos, pinzones, etc. (1) Historia de Montserrat por el Padre Rurgos. Impresa en Barcelona el año 1556. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 57 En las peñas anidan las águilas, ga¬ vilanes y halcones. Es¬ tos últimos constituían antiguamente el precia¬ do regalo que los aba¬ des ofrecían a los prin¬ cipes y grandes señores. Alguna vez, en¬ tre los animales fero¬ ces, se ha visto algún lo¬ bo o jabalí; pero sólo muy raramente. Con bastante frecuencia se encuentran comadrejas, hurones, zorras, gatos monteses, ardillas, etc. Los reptiles son poco numerosos (1). Con lo hasta aquí expuesto, creemos Montserrat Dibujo de w.Uegouve de Nuncques que el lector, a quien no le haya cabido la dicha de visitar la Montaña Santa, se habrá formado una idea, más o menos precisa, de la famosa montaña; pues todo cuanto se pueda decir o escribir sobre ella, sólo será un pálido reflejo de la realidad, ante la viva impresión que produce al que por primera vez contempla atónito la portentosa y nunca bien ponderada montaña, que la Reina de los cielos ha escogido para su glorioso trono, firme e inmutable, como firmes e inmutables son la fe de España y las robustas peñas en que se asienta. (1) El Padre Mauro Ametller, a últimos del siglo xviii, pacientemente reunió una intere- santisima colección de Historia Natural, referente a la montaña de Montserrat, que era la admira¬ ción de todos los sabios que visitaban el Monasterio. Carlos IV quiso verla, cuando en 1802 visitó el Santuario, con su esposa doña María Luisa y su real familia. " ' Desapareció con la destrucción del Santuario por los franceses. ¿ a-/, ■íí4:ífX3 ;wi/V ■m ïiftel /■.fíi&íf.Bi ' ^ gí^ifdu K- 1.:' ^ífiilííjL ïïP^: '■?t ir. Si, 4iJL<.»»i*3#' ^ -íjL*, -|á .' ."'i,^ Ji.;-,- _ - : -v« 4:í¿> 'èàp*" •m m lí:- •• * '. '■ ,.'.;¿i;: r ■^érs"? 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Por esto titulamos este capitulo con la denominación de "hipótesis". Sobre la génesis de Montserrat, desde el punto de vista científico, se han ocu¬ pado diferentes geólogos nacionales y extranjeros. Entre los nacionales se destacan Aimera, Font y Sagué y Faura. Hasta el Padre Anselmo Albareda, en su Historia de Montserrat, rinde a la Geologia el homenaje de su clara y serena inteligencia alude, como a fantasia ingenua, a las frases del más y genial de los poetas místicos catalanes, cuando nos describe la formación de Montserrat: Con sierras de oro manejadas por manos de ángeles. Entre los extranjeros, señalaremos a Deperet, Dolfus y Vidal. 60 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Como todos estos sabios, que han estudiado la génesis de Montserrat, coinciden en los puntos esenciales, de acuerdo con los principios en que se basa la Geologia, se admite hoy día lo que nos dicen sobre el origen y formación del maravilloso Montserrat. Nos limitaremos, pues, a transcribir sucintamente lo que, como resultado de sus estudios y observaciones, nos han explicado, pero, repetimos, que es aceptándolo a título de hipótesis, la cual, como se comprende, no puede rebasar los limites de una probabilidad. Esta esbelta y Montadas, tiene singularísima montaña que, vista por el Abad la forma de un bajel colosal, cuya proa está en casa Masana y la popa en la Cueva de la Santísima Virgen, y cuya bellísima silueta, constituida por numerosas crestas, nos evoca la figura de una sierra, justificando su denominación, tiene un origen geológico para los profanos verdaderamente impensado, pues es marino. El doctor Aimera, que midió la altura de la montaña desde su pico más eleva¬ do, que es San Jerónimo, nos da los siguientes datos referentes a sus dimensiones y po¬ sición topográfica: Altura sobre el nivel del mar: 1.243 metros. Altura sobre el nivel del Llobregat: 1.109 metros. Perímetro de la montaña: 22 kilómetros. Distancia de Barcelona: 35 kilómetros. " ! Está situada a y 30' de latitud Norte y a 5° 29' 30" de longitud Este, según el meridiano de Madrid. La base de Montserrat, dicen los geólogos, pertenece al Ipresiense, acusado por la presencia del "Bulinnus Gerundensis". El límite de los estratos se orienta de NO. hacia SE. Insensiblemente, del Ipresiense se pasa al Luteciense, integrado por elementos rodados poligénicos con abundantes calizas procedentes de tierras cretáceas. Esta for¬ mación se extiende hasta la altura donde está emplazado el Monasterio. 61 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Desde este nivel hasta el N., los bancos conglomerados disminuyen, pasan¬ do a ser margosos, sucediendo lo mismo con los estratos fosiliferos que justifican esta disposición alternativa demostrando también el tránsito de las faciès litorales hacia las francamente marinas. Con motivo de la extraordinaria COfiT£ »t.l. C4Í/CS OfL RIO t.i.03fí£eAr RASAOO /TOA/ISTROL. asamblea ¡de la Sociedad Geológica de Francia, celebrada en Barcelona en1898, el doctor Aimera presentó un gráfico de Montserrat con una clasificación geológica dividida en nueve secciones, desde el cauce del Llobregat basta la cumbre de San Jerónimo. Por otra parte, el doctor Faura, en un estudio minucioso sobre la parte fosili- fera, nos enumera una multitud de fósiles encontrados en la montaña, correspondientes a distintas épocas geológicas. Montserrat, en remotísimas épocas, fué la costa brava del mar numilitico. Mont¬ serrat, dicen los geólogos, surgió del fondo del mar, en virtud de una fuerza colosal sub¬ terránea. Más tarde, agentes externos denudadores han contribuido a darle la forma ac¬ tual, favorecidos por dos causas: Por la naturaleza caliza de la montaña y por la estrechez, aislamiento y altura sobre sus contornos. Asi se formaron, en el trascurso de un tiempo que no se puede precisar, los al¬ tospicos, las haces de gigantescas pilastras, produciendo al atónito observador una vi¬ vísima sensación de vértigo al contemplar desde San Jerónimo aquellas profundísimas erosiones verticales. Sintetizando: la montaña de Mont¬ serrat está formada, expresándonos en len- 62 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA guaje geológico, por sedimentación. Al hundirse el mar balear, que cubria gran parte de Cataluña, determinó el hundimiento del Vallés y, entonces, emergió Montserrat del fon¬ do del mar. Su forma, en su origen, era amorfa, habiendo adquirido su caprichosa con¬ figuración actual por la incesante acción de los elementos. Todavía llegan a más las hi¬ pótesis de los geólogos. Como quiera que cerca de Collbató existen las curiosísimas cuevas del salitre, muy visitadas por los turistas y, maravillosamente descritas por Victor Balaguer, llegan a suponer (asi lo afirma rotundamente el doctor Aimera)-que el interior de la montaña está vacio en su mayor parte; y que todo lo fantástico que observamos en la parte exte¬ rior no es más que una simple imagen de la impresionante formación interior, consti¬ tuida por una inmensa e irregularisima bóveda sobre la que se asientan los numerosos y elevados picos que le dan celebridad universal, formando aquellos fantásticos torreo¬ nes que, como gigantescos atlantes, jamás concebidos por la fantasia mitológica, yer- guen sus cabezas por encima de las montañas y comarcas circunvecinas. No se detienen aqui las hipótesis de los geólogos, pues no sólo nos explican la génesis de Montserrat y las fases porque ha pasado desde su primitiva formación basta su estado actual, sino que nos pronostican el final que espera a la sin par montaña. Según la opinión degeólogo de los más destacados de nuestra región, la cons¬ un tante labor del tiempo y los agentes erosivos y demoledores van adelgazando, en el exte¬ rior, las paredes y columnas de esta inmensa nave; y otro tanto sucede en el interior. Como consecuencia, pues, de este adelgazamiento interior y exterior, se produ¬ cirá algún dia, según el doctor Aimera, un final verdaderamente catastrófico, o sea el derrumbamiento de la inmensa bóveda interior, la que arrastrará, al derrumbarse, las gigantescas columnas que en ella se apoyan y las adosadas a sus paredes. De visión apocalíptica podemos calificar este catastrófico pronóstico. Menos mal que éste no su¬ cederá sino después de transcurridos miles y miles de años, durante los cuales no cesará ni un solo instante la devoción a la Virgen Morena. Acerca de este final, sin embargo, están de acuerdo los sabios, no pues el Padre Albareda nos tranquiliza, negando que el interior esté constituido por esta inmensa bó¬ veda descrita por el doctor Aimera y que las filtraciones de agua que producen los des¬ prendimientos de las tierras y calizas y que forman algunas cavidades en el interior. MONTSERRAT, MONTANA SANTA 63 consolidan aun más el sistema básico del incomparable Montserrat; con lo cual nos con¬ suela y nos garantiza la continuación incesante del culto a nuestra Virgen Morena, además de lo que ya nos tranquilizaban los miles y miles de años del catastrófico final pronosti¬ cado por el doctor Aimera. ,f^.- ^4. J, ^ HS"* W^'-Vîi'. -i. á- ' ' ^ S -r C • • - - - ^ ^ T ,44 - • ! Ï- < '> r-^ > BS^áseí;.' ¿5i-< wf^ -«S g^<' ii^ ffOqL^e^i J*ï1î^-t)i :níW)|;fs-ÍÍÍíI; iîfc{9l^4s'î^-$-^cnîate%i-â;=aèmiiï •1 ': •■.- - •.,' '.' •■< ■'.:;-y «-r ríTí-rw* vric^íáí••«*•' > > V- . . . -ïjiW*- ■w,í;>ííil,^>ual'>eE[xxíi^'^t|. s -^y*! r,-;-"- ^ 'AV» ••■' •• • J?i-!¡6tíl-.- .- , ■<.'i¿*-'' , ■ ■ ■ ■ ,.. ^ VísK-l^?^ ^ t. ¥- ■VK • ísfeiáJí-iiy MM Síétóí-f ítfej ?<;» iií.íi '' ',' ■ -V; -I- .,:•. ■■ ■■ - tríte,fiíi- -V rítí23í i L·z. €- --í -vrv<íí^'^:-. -Í;J ■> > ■S^C^í él" . . ' .l«. -,> .'i,í |.>rpS!^" - ".■ • • .A-" "• —»* V r _ • K. ' J-Í 'í#«í$Í-i. s ï=^' "■'L «s s4yç-'Y "í ^ ÍMX- iïs- r^t'---T ■ A t-wl« - siíSil!^?. 'Sí^ííá li-A , í'i iX - ~ ' //ir^ -i /,¿í¿§S^iS£i2 íii'- CAPITULO VIT Montserrat subterráneo Si maravillosa es la configuración exterior de Montserrat, su interior es, acaso, más sorprendente. Bóvedas atrevidísimas, como las de un templo inmenso, naves inconmensura¬ bles con enormes peñascos que les sirven de firmísima clave, haces de pilares, gavillas de columnas afiligranadas, pirámides rocosas como enclavadas en armellas de granito, atlantes monstruosos, cuyos pétreos músculos parecen retorcerse en desesperados es¬ fuerzos para sostener la ingente carga que sobre ellos gravita, confunden a la imagina¬ ción más vigorosa y el alma se siente sobrecogida, anonadada ante tanta grandeza. delicadísimos tejidos, ¿Qué buril, qué cincel humano es capaz de imitar aquellos aquellos primorosos tules de granito, aquellos admirables encajes de piedra que allí, en aquellas sombras eternas, ha ido "tejiendo" la simple gota de agua en su perenne e infatigable constancia? Allí, como dice en visión poética un cantor de Montserrat, en el reino de las tinieblas, la estalactita se une con la estalacmita en un dulce beso de amor, que es lazo de su eterno consorcio, mientras que la noche vela silenciosa sus púdicos amores y la mirada de Dios preside en las sombras su casto himeneo (1). Y, si asombra y llena de sorpresa la visión de aquel conjunto de bóvedas, co¬ lumnas y trabajadas paredes; aquel suelo en desorden, que tal vez oculta en sus entra¬ it) Víctor Balaguer. Cuevas de Montserrat. 66 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA ñas otras bellezas sorprendentes, en un sueño eterno, depositadas por los siglos, consti¬ tuye otro arcano para el observador. ¿Cuál ha sido el origen, la causa eficiente de esas grandiosas y admirables cavidades? Aqui surge la misma cuestión planteamos al tra¬ que tar del origen de la fantástica configuración exterior de Montserrat y de la opinión de los geólogos. Sabido es que entre estos sabios naturalistas existen dos escuelas: la neptunia¬ na y la plutoniana. La primera afirma que estos fenómenos de la Naturaleza obedecen a la acción del agua. En cambio, la segunda atribuye esas formaciones a los efectos del calor. Quizá unos y otros sabios tengan en parte razón; pues si es indiscutible la cons¬ tante labor del agua como artifice de esas maravillas, cabe también la hipótesis de que las expansiones y contracciones de la corteza terrestre, a causa del calor y el enfria¬ miento en remotisimos tiempos forjaran estas enormes y asombrosas cavidades. Sin embargo, insistimos en nuestra opinión de que ni unos ni otros explican satisfactoriamente la totalidad del fenómeno. Montserrat es, desde luego, un prodigio de la Naturaleza; un ambiente de misterio envuelve la Montaña Santa; pues si el trono de la Virgen Morena se asienta sobre una superficie rodeada de maravillosas formacio¬ nes rocosas, que sólo acudiendo al milagro podemos completar la verdad de su origen, exactamente lo mismo nos ocurre al estudiar sus cimientos y admirables interiores. Aquel imponente desorden que se observa en el suelo de estos inmensos pala¬ cios, parece confirmar la tradición cristiana acerca del origen de la formación del incomparable Montserrat. Es muy interesante lo que escribe a este propósito el entusiasta descubridor y divulgador de las bellezas de estas sorprendentes cuevas, una de las más destacadas fi¬ guras del movimiento literario en Cataluña a mediados del pasado siglo y fervoroso enamorado de Montserrat. "Observamos — dice — en el interior de la Cueva (habla del Vestíbulo) y, con¬ fieso que lo observamos con pasmosa admiración, que muchas de las rocas desprendi¬ das del techo lo hablan sido en dirección perpendicular más o menos oblicua a la de MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 67 Plano de las cuevas de Collbató la§ vetas listas de las rocas, cuando debían haberse dividido o en el sentido de éstas o paralelamente a las mismas. "Esta sencilla observación de un hecho, al parecer contrario a la Ciencia, de un efecto maravilloso, la hablamos hecho ya un dia al trepar por la "Escala de Jacob", al lugar de la antigua ermita de Santa Magdalena. Al subir a aquella meseta desde uno de los vértices de la montaña, vimos a nuestra derecha peñascos de una extensión asombrosa, agrietados algunos de ellos en sentido contrario al que la Ciencia reconoce. "En ninguna parte se puede hacer esta observación mejor que en el vestíbulo de la Cueva. "¿Este tan raro fenómeno anormal será para manifestarnos lo milagroso de este Monte Sacro? ¿Será que al conmoverse estas rocas porla muerte del Hombre-Dios, se acribillaron de un modo preternatural para manifestar la huella de este prodigio, siempre clara, evidente, continua, perenne, eterna? 68 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Arcanos del Señor que es preciso respetar. La Ciencia es impotente ante la voluntad del Cielo. Si es el dedo de Dios el que está alli, el que ha dado una dirección contraria a las grietas, no es extraño para nosotros, pobres orugas de la tierra, que no sepamos leer en estos caracteres graníticos, escritos en el lenguaje sublime que está a más aíltura de la comprensión humana, pues que está a la altura de la concepción divina" (1). . „ u Estas maravillosas cuevas, que ya en el siglo xvi habían sido exploradas por los monjes de Montserrat, lo demuestran las varias inscripciones que alli se encuen¬ como tran, estaban casi olvidadas a mediados del siglo pasado; al menos las interiores, pues, porlo que vamos a referir sólo se conservaba una vaga idea de las mismas entre los monjes entre los vecinos de Collbató, en cuyo término municipal están enclavadas. Hallándose en Inglaterra, en agosto de 1846, el doctor Joaquin Font y Farrés, vecino de Barcelona, al despedirse de amigos londinenses, díjole uno de ellos, muy sus aficionado a la Historia Natural: "De buena gana acompañarla a usted a España; úni¬ camente para visitar las cuevas de Montserrat". Ignorando el doctor Font la existencia de tales cuevas, creyó que el inglés se referia a la Cueva donde se halló la Santísima Virgen, y contestóle: "Pues muy poca cosa vería en ella." "¿Cómo?", exclamó sobresal¬ tado el naturalista. "Por la sencilla razón — contestó el doctor Font — de que se ha de¬ rrumbado en las últimas guerras". "En este caso — replicó el inglés — es necesario que se haya derrumbado también la montaña". Se aclaró la cuestión y el londinense le exhibió una lámina, grabada en el si¬ glo xviii, en la que estaba dibujada una de aquellas grutas. 4 Vuelto a Barcelona el doctor Font, se propuso a toda costa saber la verdad y, aprovechando la ocasión de visitar un patrimonio que precisamente poseía en Collbató, se llevó la lámina y habló con los más viejos del pueblo acerca del punto dónde podría hallarse aquella maravilla de la Naturaleza. Aquéllos le contestaron que, a no ser el "Forat del sal nitra", no sabían existiese otro en la montaña que pudiera dar entrada a cueva alguna. Sin cejar en su propósito, a mediados de 1851, subió a Montserrat y se entre- (1) Víctor Balaguer. Cuevas de Montserrat IV. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 69 visto con el Padre Ramiro Torrents, a la sazón Presidente. Le exhibió la lámina; fueron llamados los monjes más ancianos ymanifestaron, poco más o menos, lo que habían referido los vecinos de Collbató. Sin embargo, les llamó mucho la atención aquella lᬠmina, de la que no tenían la menor noticia. Animado por la coincidencia de opiniones, volvió el doctor Font a Collbató, y acompañado del reverendo don José Traval, ecónomo de la Parroquia, de don Pedro Vacarisas, de la esposa de éste y de unos cuantos vecinos, emprendieron la excursión a las grutas. Luego de vencidos obstáculos, llegaron al agujero, en el cual se inter¬ no pocos naron, y al descubrir aquellas grandiosas cavidades, exclamó el doctor Font: "¡Esto es maravilloso!" Pero como no iban provistos de material a propósito, pues no llevaban más que unas simples velas, no pudieron internarse. A su regreso a Barcelona comunicó su descubrimiento a varios amigos, entre ellos al doctor Arnús, médico del balneario de la Puda. Una coincidencia aumentó extraordinariamente estos deseos de explorar los subterráneos de Montserrat. Don Víctor Balaguer, que en aquel entonces estaba en la plenitud de actividades literarias, y como entusiasta que era del admirable Montse¬ sus rrat, lo visitaba con frecuencia, trasladando sus impresiones a los libros o al "Diario de Barcelona", del que era uno de sus más destacados redactores, tenia también noticia de las cuevas y basta habla acordado, con el referido doctor Arnús, organizar una expe¬ dición para penetrar en su interior. Cuando el doctor Font refirió al doctor Arnús la anécdota transcrita y su inten¬ tada exploración, llamó a don Victor Balaguer, el cual, lleno del mayor entusiasmo, organizó inmediatamente una expedición con todos los elementos que a la sazón la Ciencia podia suministrar, sumándose a la comitiva los famosos artistas Lorenzale e In- glada para tomar apuntes. Después de no pocos trabajos, peligros y basta pintorescas peripecias, las que, con su acostumbrado donaire y florido estilo, nos relata don Victor Balaguer en el "Dia¬ rio de Barcelona", llegaron a las maravillosas cuevas, entre asombros y admiraciones, 70 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA recorriéndolas hasta el fin, y cada una de aquellas asombrosas secciones fué bautizada por el propio señor Balaguer con el nombre que, a su fantasía de poeta, le inspiró la primera impresión al contemplar aquellas fantásticas grutas. La expedición constaba de cuarenta y seis personas, cuyo control llevaba el re¬ petido don Víctor Balaguer, y entre las cuales figuraban el ya citado reverendo ecónomo de Collbató y cuatro monjes de Montserrat, a saber: el Padre Blanch, el Padre Cerveró, el Padre Muntadas y el Padre Torrents con los referidos doctores Font y Arnús. Describiremos sucintamente las cuevas, pues la extensión de este capítulo no nos permite una detallada reseña; sin embargo, procuraremos sea lo suficiente explí¬ cita para que el lector pueda formarse una idea global de tan impresionantes maravillas. El vestíbulo La boca de la cueva está situada al sudoeste de la Montaña, extendiéndose las cavidades hacia el sudoeste y cortándolas un verdadero crucero en dirección de Oeste a Este. Dió Balaguer el nombre de "Vestíbulo" a la primera cueva. Es sorprendente la bóveda de esta primera sala del inmenso palacio subterráneo, pues está formada por enormes peñascos que parece que van a desplomarse, sobreco¬ giendo de estupor al vi¬ sitante. El suelo presen¬ ta un confuso desorden a causa de los despren¬ dimientos, mientras en el fondo aparecen miste¬ riosas tinieblas y som¬ El vestíbulo bras imponentes. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 71 Gruta de la Espe¬ ranza Siguiendo ii n sendero, a cuyo paso se hallan carbonatos de so¬ sa y talco pintados de mil colores y puestos en tal profusión y desorden en el suelo, techo y pa¬ redes, que causa un ver¬ dadero asombro al visi¬ tante, se entra en la cueva de la "Esperanza", dilatadísimo espacio, cuyo que ocupa un techo y paredes están formados por enormes peñascos que se apoyan entre si de la ma¬ nera más caprichosa y que parecen próximos a desplomarse. Aqui colosales pirámides de rocas que, saliendo de los abismos se elevan se ven a uno y otro lado. Otras peñas abovedadas forman inmensos arcos sin apoyo visible, al paso que el suelo está sembrado de escollos y precipicios; lo que unido al mar de tinieblas y al lúgubre eco de las voces, produce al espectador sensaciones inolvidables. La cocina A la derecha de esta gruta se halla un pequeño salón; el suelo es de tierra fir¬ me y las rocas están ennegrecidas por el humo. Por este motivo, a esta caverna se la denomina "La Cocina". Dícese que, durante la guerra de la Independencia, sirvió de abrigo a nues¬ tros somatenes, que en 1808 destruyeron al ejército francés en las gargantas de esta montaña, en el Brucb, y establecieron en ella sus rancherías. Desde este sitio, a través de caprichosas rocas, se puede divisar la mayor parte de aquellas dilatadas cavidades. Encuéntranse en esta galería impresionantes estalacti¬ tas, que, por su grosor, parecen tener millares de años de existencia. 72 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Espectáculo imponente es el que ofrecen aquellas raras y caprichosas masas que, a la luz de las antorchas, parecen formas humanas envueltas en pétreos ropajes. Al final de esta galería no existe ningún paso; hay que retroceder. A unos quince metros de altura se observa un agujero que da acceso a dos estancias, cuyo único interés reside en la curiosa historia con que la tradición popular las reviste. Se llama la cueva de "El Mansueto" (1). Tampoco ofrece un gran interés la galería que corre a la izquierda y cuyas pa¬ redes están formadas por rocas estrechamente unidas entre si, lo mismo que su techo abovedado. (1) Nos parecería defraudada la curiosidad del lector si no refiriésemos la "Historia del Mansueto", todos los guias nos cuentan con más o menos aditamentos adornados por su fantasia. que La reduciremos a los términos más precisos. Cuando al grito de "¡Viva el Rey, la Patria y la Religión y muera Napoleón!" se levantó Cataluña como un solo hombre para aniquilar a los enemigos de nuestra independencia, el pueblo que los franceses tomaban a viva fuerza era, a la menor resisten¬ cia, saqueado, y pasados a sangre y fuego sus habitantes y bogares. Próximo a sufrir estos estragos se vió un dia Collbató, ya que el ejército francés se bailaba cerca de las débiles tapias de la pobla¬ ción, cuando entre la confusión del pueblo se presentó un hombre, natural de Esparraguera, llamado Mansueto, de oficio armero, famoso guerrillero, hombre de gran valor y de prestigio en la comarca, el cual, dirigiéndose a los alarmados habitantes de Collbató, les dijo: —^E1 enemigo está cerca y es preciso salvar lo que os sea más querido. Los hombres deben batirse por su Dios, por su Patria y por su Rey; es preciso, pues, que empuñen las armas todos cuantos sean aptos para ello. Confiad a mi cuidado vuestras esposas, los ancianos y los niños. En una palabra, todos aquellos que no puedan disparar un fusil o descargar un trabuco contra el enemigo. Dadme vuestras riquezas, si las tenéis; to¬ do lo depositaré en sitio seguro. Es preciso aprovechar la obscuridad de la noche. AI anochecer, todos los ancianos, mujeres y niños de Collbató salieron del pueblo y, trepan¬ do por escarpadas peñas, llegaron a esta caverna y señaló esta cueva para refugio de los fugitivos. No bien habían llegado a la cueva, las paredes de Collbató recibían las balas de los franceses. Aquí permanecieron algún tiempo, sin sospechar que pudieran ser descubiertos por persona alguna. Sin embargo, un dia los franceses se acercaron a la cueva. Al oírles Mansueto, después de recoger la escalera de cuerda, colocóse de rodillas al borde de la gruta con su trabuco en la mano. Ante el ma¬ jestuoso espectáculo de la cueva, los franceses encendieron algunas antorchas y, viendo vestigios re¬ cientes de haber estado alguien en ella, escudriñaron con toda atención aquel espacioso y obscuro lugar. No bailando lo que buscaban se hubieran tal vez retirado si el inoportuno grito de una mujer o de un niño no les hubiese llamado la atención hacia la boca de la cueva, donde estaban los refu¬ giados. Hacia ella se dirigieron pues; mas al querer examinarla, bailáronse con Mansueto, quien con la mayor calma y serenidad tenia dirigida hacia ellos la boca de su trabuco. Al verle, los franceses prepararon las armas. —Si dais un paso más estáis perdidos — les gritó Mansueto —, pues me obli¬ garéis a hacer uso de mi trabuco y con un disparo todas estas enormes rocas se desplomarán sobre vuestras cabezas; pereceré yo, pero con gusto moriré al considerar que ninguno de vosotros saldréis vivos de aquí. — Retiraron las armas los franceses, y Mansueto, tomando un gran caldero, les dijo: —No solamente os prohibo que deis un paso hacia adelante, sino que os mando que salgáis inmedia¬ tamente de la cueva; de lo contrario, todos vais a perecer. — No hicieron caso los franceses de las amenazas del valiente guerrillero,y entonces Mansueto, lleno de cólera, dejó caer con furia el cal- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 73 El camarín Muy cerca de la cavidad en que ter¬ mina esta galería se abre un estrecho pasadizo que conduce a una hermosa estancia de forma circular llamada "El Camarín". Una especie de escalera natural da acceso a esta asombrosa cueva. Adornan el in¬ terior de esta sala coquetona tales primores que parece como si la Naturaleza hubiera que¬ rido disputar sus exquisiteces al arte más re¬ finado. Allí, en precioso conjunto, se reúnen caprichosos y pulidos detalles del estilo gótico más afiligranado; remedos de góticos sillones, nicho destinado a la simbólica imagen de este inmenso templo fabricado por la Natura¬ leza... De ahí el nombre de "Camarín" que, por este conjunto asombroso de estalacti¬ tas y estalacmitas de configuración fantástica, ha merecido. Tocador de las Silfides Asi bautizó Victor Balaguer a esa gruta de bajo techo, de cuya bóveda penden nunierosisimas y delgadas estalactitas. Es de una belleza incomparable. Queda uno des¬ lumhrado al contemplar como el techo, paredes y hasta el suelo están cristalizados. dero, ye] estruendo que hizo al resbalar por entre las rocas del abismo, les asustó de tal manera que, creyendo que los peñascos y bóvedas se desplomaban sobre ellos, huyeron despavoridos hacia la boca de la cueva, lanzándose por los precipicios. Los franceses no se acercaron más a la cueva. Esta es la historia que se cuenta del famoso guerrillero Mansueto. (Cornet y Mas. "Tres días en Montserrat".) 74 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA En una de sus extremidades, a flor del suelo, hay una abertura que da entrada a una cavidad en la que se admiran preciosas incrustaciones que imitan racimos de uvas y otras frutas y, en el fondo, sorprende el obser¬ var que por un agujero se contempla un tea¬ tro con sus más minuciosos detalles. El pozo del diablo A la salida de la gruta anterior existe una profundidad agrietada, de unos 16 metros, la cual sirve de acceso a las cuevas inferiores. Se denomina "Pozo del diablo", y fué para los primeros exploradores muy peligroso su des¬ Claustro de los monjes censo. Una vez en el fondo atraviesa camino muy se un angosto. Para penetrar en aquellas vastas soledades bay dos practicables: el primero, como la bóveda es pasos triangular, se designa con el nombre de "Salón triangular". No ofrece un especial in¬ terés. El claustro de los monjes El segundo angosto al principio, paso, aunque va ensanchándose poco a poco basta formar una elevada y vistosa galeria. Esta se baila adornada de numerosas estalactitas colocadas derecha a e izquier¬ da, muchas de las cuales han llegado a unirse con las estalacmitas formando columnas tan esbeltas las de claustro como un gótico de un monasterio, por cuyo motivo y tam¬ bién por bailarse este lugar varias en inscripciones con el nombre de los monjes, se le MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA ha dado el mu}^ apropiado de "Claustro de los monjes". Transcribiremos dichas inscripciones; Fray Francisco Roca 1511 — B. de Cortada en 1551 — Los Monjes de Montserrat en 1654 — Fray Diego en 1691 — Pedro José de San Benito 1692 (se cree es la firma del fa¬ moso "Lego Cantero") — Fray Sebastián Auxá en 1761. Cuando Victor Balaguer, al explorar esta gruta, leyó estas inscripciones, su emo¬ ción fué tan grande que nos la expresa en es¬ tas patrióticas frases: "Di de todo corazón, en aquel mO- Gruta de lus estalactitas mento, las Dios, Ser Supremo, que gracias a había permitido que el "habla española" fuera la primera en recorrer aquellas cónca¬ vas profundidades" (1). Gruta de las estalactitas A la salida de la del "Claustro de los Monjes", en una pequeña emi¬ galería o nencia, asombra al visitante la contemplación de un bellísimo santuario. Diríase que es un majestuoso templo gótico. Es la gruta llamada de las "Estalactitas". Es verdadera¬ mente admirable este salón: numerosas columnas, elegantísimos pilares adornados de caprichosos relieves, molduras finísimas que parecen sostener el artesonado techo, em¬ bellecido de fantásticas colgaduras. (1) Víctor Balaguer. Las Cuevas de Montserrat. 76 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Gruta del elefante Siguiendo por la derecha, en dirección sudoeste a noroeste se llega a una her- mósa gruta llamada del "Elefante". Se la denomina asi porque en el centro de ella se levanta una roca que se pa¬ rece al referido paquidermo, con la cabeza baja y, sosteniendo en sus lomos como dos torres, evocándonos la imaginación a esos elementos guerreros de la antigüedad. En las paredes de la gruta aparecen, caprichosamente trabadas, figuras a modo de arabescos y jeroglíficos, que le dan a este singularisimo salón un ambiente perfec¬ tamente oriental. Llama la atención un verdadero arco apuntado que, arrancando atrevidamen¬ te desde un ángulo, divide la nave con asombro del más experto arquitecto. En un rincón de esta gruta aparece el nombre de un inglés y una fecha: Smith. 1870. — Se cree que formaba parte de aquel grupo de ingleses que, durante dos días, permanecieron perdidos en estos subterráneos, autores, probablemente, de aquella lᬠmina que en Londres exhibieron al doctor Font. La boca del infierno Retrocediendo un poco por el mismo camino, se encuentra una abertura de unos cinco metros de profundidad. Pende de esta boca una gran peña, que parece va a desplomarse, amenazando aplastar al aturdido observador. Este pozo es designado con el nombre de "Boca del Infierno". Galería de los fantasmas Una vez en el fondo, para lo cual hay que penetrar por una abertura, se llega a una galeria, en forma de zigzag y en cuyas paredes se descubren innumerables esta- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 79 lactitas y estalacmitas, ahuecadas unas, rajadas otras; ya formando columnas salomó¬ nicas, ya la trompetería de un órgano; ora remedando delicados tejidos, ora escuᬠlidos fantasmas. Para mayor asombro del visitante, hacia la izquierda aparecen unos grupos blancos a manera de marmóreas plañideras sobre sendos mausoleos. Por esta visión fantástica que ofrecen aquellas silenciosas soledades, esta gale¬ ría ha recibido el nombre de "Galería de los fantasmas". Gruta de los murciélagos A ésta siguen otras grutas, hasta seis, las cuales, a excepción de una, no ofrecen interés especial. Se llama la "Gruta de los Murciélagos" los que a millares se albergan en aque¬ llas tenebrosidades durante el día. Es muy probable que esta gruta tenga alguna co¬ municación distinta con el exterior; pues para pasar los murciélagos desde la entrada hasta este lugar, habrían de recorrer una gran distancia por el intrincado laberinto de pasadizos, pozos y tortuosas galerías. Salón de las columnas Saliendo de la gruta anterior y luego de escalar unos peñascos, se llega a una hermosísima estancia casi circular, de unos seis metros de diámetro y de una eleva¬ ción imponente y que se halla rodeada de columnas tan estrechamente unidas entre sí que ni siquiera dejan pasar la luz de las antorchas. Esta gruta es digna rival de la que hemos descrito de las "Estalactitas". Un angosto pasillo sirve de salida a esta bellísima gruta, cuyo pavimento es de piedra.lisa y cuyo techo lo constituye una gran mole de piedra, que parece sostienen algunas columnas. 80 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Salón del ábside gótico De esta gruta imponderable se pasa a una galería ateclionada de infinitas y delica¬ dísimas estalactitas. Al final de ella se halla una magni¬ fica gruta, la última que ha sido explorada en aquellas tenebrosidades y, a la Victor Ba¬ que laguer bautizó con el nombre de "Salón del Abside Gótico". Es tan bella como las más bellas de aquellos maravillosos subterráneos. Su forma es casi circular y su bóveda muy elevada. Las paredes adornadas de aparecen flecos, bordados, festones de un blanco cal¬ cinado y rojo, con deslumbrantes reflejos a la luz de las antorchas. Está decorada con caprichosos grupos de estalactitas y rocas cubiertas de raras y admirables incrustacio¬ nes labradas por la acción del agua. Lo más sorprendente es que, tanto el pavimento como las columnas y las esta¬ lactitas, están cubiertas de una arenilla de un rojo claro que, a la luz de las antorchas, da a todo ello un matiz casi dorado. Al contemplar por doquier los haces de pilares, las gavillas de columnas uni¬ das en un gracioso esbeltísimo ábside, el estupefacto observador experimenta la y sensación de encontrarse bajo las bóvedas de una soberbia catedral gótica. Ante la contemplación de este sorprendente espectáculo que se ofrece al asom¬ brado espectador, no hay palabra adecuada que pueda expresar la impresión que pro¬ duce en el ánimo la visión de esta maravilla de la Naturaleza. Es tan insólito, que cons¬ tituye un algo verdaderamente inenarrable. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 81 Observaciones que se hicieron e] día que se exploraron estas grutas A la entrada de las cuevas la temperatura marcaba 10°; en la gruta de las "Es¬ talactitas", 15°; en el ábside gótico, 20°. Aqui el higrómetro marcaba 40°. Hasta esta última gruta puede llegar el visitante, aunque no sin vencer bas¬ tantes obstáculos, pues si bien se descubre en el fondo una abertura, la que sin duda sirve de comunicación con otras galerías, está obstruida y, dada su estrechez, hay que renunciar a nuevas exploraciones (1). Más de dos horas se necesitan para hacer un recorrido normal de estas cue¬ vas. Este viaje iSubterráneo resulta emocionante, sorprendente, para el curioso, para el turista. Para el creyente le dice algo más. En aquellos antros maravillosos reconoce la Omnipotencia Divina, haciéndosele visible, patente, su poder infinito con lo porten¬ toso de sus obras. Para terminar, diremos que los subterráneos de Montserrat completan digna¬ mente la maravillosa configuración de la incomparable montaña. Nos imaginamos la Montaña Santa en su interior como una inmensa Cate¬ dral subterránea, labrada el Poder Divino, constituyendo por su bóveda la inmensa mole de la Montaña; los altos picos la rodean las torres que son que se yerguen gigan¬ tescas hacia lo infinito, plegaria eterna como una eleva el hombre al Supremo Ha¬ que cedor y que, amorosa, recoge desde el trono del Altar Sagrado, la Soberana Reina de Cielos y Tierra y Mediadora de todas las divinas gracias (2). (1) Además de las descritas, existen otras cuevas, también muy raras y sorprendentes, co¬ mo, por ejemplo, la "Cova Freda", muy difícil de explorar, por las caudalosas corrientes de agua que brotan de su seno. No falta quien supone que todo Montserrat está minado por la naturaleza y que son tantas las maravillosas cavidades colocadas a diferentes alturas, que de poderse cortar en sección causarían verdadero asombro. (2) Como curiosidad histórica, citaremos las tarifas que en 1858 se establecieron para ex¬ plorar las grutas. Por cada guia, 14 reales. Por cada antorcha, 10 reales. Por cada juego de bengala que se quisiera quemar en el interior para poder apreciarlo mejor, 16 reales. Por derecho de entrada, 2 reales por persona. Cornet y Mas en sus "Tres dias en Montserrat" dice a este respecto; "Lo que se exige por cada antorcha lo hallamos excesivamente caro, atendido lo que vale un hacha yla poca cantidad que se gasta de la misma en aquellas concavidades donde el no se conoce menor soplo de viento." ■m .'■■J 05 > ír.Oíí ' Of'I î:Ôî::;!UO ítl I\ I;v5 ; :, 5 u-iiv Í:.Í;. . "vMífi! ■ '•, .■; ■ ^ t!7'IÍC • 'Oia'! a-O- ■;. ;^■ - r: / O' ..í':- -vía' , ■ nirríüjúiJg uLuis jU'-Í. OÍ-^V, ■■■\-ti-, «nílan: oaO; a'-5; a Oíiov'yja 'la ■o'··ri ,;-oÍ'3íjí o- -,' =.;■ 5i.O'ÓTa! - l ·.···s' · /Í-'O ^'i'I ''''■íf4^"'''··^.ÓÍ·''·:1O • " ?UE aO.í.ike: 5v .,í í'-'v5.-roa JO U3l.lt. 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OJí ■ ' sbüOu : - -1 i ñíí. ^03. ■ m mm CAPITULO VIII Leyendas montserratinas sobre la imagen de Nuestra Señora Es tan deslumbrante el glorioso auténtico historial de Montserrat y a través de todo un milenario, de extrañar que no es aquellos remotos tiempos de exalta¬ que, en ción religiosa, la fantasía popular encontrara abundantísimo pábulo para crear un am¬ biente de seductora leyenda que la poesía elevó hasta la culminación heroica de la epopeya. Creeríamos defraudar la curiosidad de nuestros lectores si acogiéramos en no estas páginas algunas de estas leyendas, las cuales, lejos de perjudicar la autenticidad de los hechos, al igual que las sombras hábilmente manejadas por el artista, hacen aun más destacables la belleza de las figuras en una obra pictórica; de la misma manera esas leyendas constituirán un bellísimo contorno en el ambiente montserratino, apare¬ ciendo la verdad histórica más pulcra y rutilante. María Jerosolimitana Esta leyenda pierde en la noche de los tiempos, puesto que nos refiere que se el Evangelista San Lucas labró una bellísima imagen de María, y San Pedro la transmi¬ tió a los cristianos de Barcelona, que la veneraban fervorosamente, entre ellos la már¬ tir barcelonesa Santa Eulalia. San Paciano, Obispo, también devotísimo de la Sagrada Imagen, le dedicó un 84 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA templo bajo la advocación de María Jerosolimitana. Este templo se levantaba en el lugar donde hoy está emplazada la iglesia de los Santos Justo y Pastor. Pero cuando la invasión sarracena, en el siglo VIII, Pedro, Obispo de Barcelona con Eurigo- nio, capitán godo, quisie¬ ron salvar Imagen de a la la profanación de los mo¬ ros, la ocultaron en una cueva de Montserrat. Y quiera como que aun hoy dia, en la ci¬ tada iglesia se le cede el honor de ser venerada en el altar mayor a la Vir¬ gen Morena, y en el fron¬ tispicio de su puerta prin¬ cipal se destaca una bella reproducción tallada en Frontispicio de la iglesia de los Santos Justo y Pastor plcdra, dc NuCStia ScUOia de Montserrat con una ins¬ cripción que la proclama Patrona de aquel templo, ha dado lugar a mantener viva la creencia de que la Virgen de Montserrat es la María Jerosolimitana de la leyenda. Es posible que haya dado lugar a esta piadosa tradición la hermosura sin par de Nuestra Señora de Montserrat, que parece un fiel trasunto de sn bello original, tal como nos lo describe el devotísimo de María y santo obispo Epifanio. ''No era — dice — de una elevada estatura, aunque su talla fuese un poco mayor MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 85 que mediana; su tez ligeramente dorada co¬ mo la Sulamitis por el sol de su patria, tenia el rico matiz de las espigas en sazón; sus ca¬ bellos eran rubios, sus ojos vivos, sus pu¬ pilas tirando un poco a color de aceituna, sus ojos perfectamente arqueados y de un negro el más hermoso; su nariz, de una per¬ fección notable, era aguileña; sus labios son¬ rosados; el corte de su semblante ovalado; sus manos y dedos eran largos." Así debía ser, concluye la leyenda, María Jerosolimitana al salir la superartis- tica Imagen de manos de San Lucas y asi primitivamente seria la bendita se supone Imagen de Nuestra Señora de Montserrat. iBoj del siglo XVII Maravilloso hallazgo de la imagen de Nuestra Señora de Montserrat Para no mermarle el perfume de la antigüedad, lo transcribimos de un cronis¬ ta del siglo XVI, el Padre Pedro de Burgos, en su mismo lenguaje, que, unido a la senci¬ llez de la época, refleja la tierna devoción que por las tradiciones montserratinas profe¬ saban aquellos monjes y abades que consagraron sus vidas al culto de la Virgen de Montserrat. "Estando siete muchachos del lugar de Monistrol guardando el ganado por la montaña de Montserrat, algunos sábados, hacía de noche, vieron que en una ya que se cueva de la dicha montaña bajaban del cielo lumbres encendidas y después sentían grandes cantos y músicas en la misma cueva. Dicha cueva era al pie de unas grandes peñas que están en derecho de la capilla de San Miguel, a la parte de levante hacia el Llobregat. Lo cual, como vieron los infantes, contaron a sus padres, y después los pa¬ dres, queriendo probar si era verdad lo que los infantes decían, fueron algunos sába¬ dos a verlo, guiándolos los niños al lugar donde ellos lo habían visto. 86 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Y hallaron ser así verdad y determinaron de denunciarlo al rector de la pa¬ rroquia de Monistrol, el cual rector, que era muy devoto de Nuestro Señor Jesucristo y de la gloriosa Virgen Maria, quiso probar cuatro sábados si la dicha visión era verda¬ dera, y hallaron ser asi verdad. "Vió la claridad de las lumbres que bajaban del cielo a la cueva y oyó las me¬ lodías de los cantos que allí pasaban; empero, no veía a nadie. Y ni él ni otro se osaban, ni podían llegar a la cueva, y por esto determinó el dicho rector de ir al Obispo de la ciudad de Manresa (porque entonces en la dicha ciudad había Obispo) y contóle la dicha visión; por lo cual el sábado siguiente el Obispo, con algunos devotos clérigos suyos, y con el dicho rector y otras muchas y diversas personas de la ciudad de Manresa, par¬ tieron para Monistrol; después de comer ellos con los del lugar, se fueron adonde el y rector y los otros habían visto la visión, y a la hora del signo de la oración, esto es, del Ave María, ellos vieron claramente gran lumbre que bajaba del cielo y se metió en la cueva donde solía. Y luego oyeron en la dicha cueva grandísimas músicas y melodías de cantos de ángeles, que duraron hasta media noche. "Pasada aquella hora la lumbre desapareció y el canto y las melodías de los ángeles cesaron, de lo cual con el Obispo y la clerecía y todos los que con ellos estaban fueron muy maravillados y alegres. "Y cuando vino el domingo, de mañana, el Obispo ordenó buscaran el lu¬ que gar adonde había visto la visión; llegaron a una parte de la montaña donde estaba una cuevecita en lugar dificultoso de subir y subiendo algunos, aunque con trabajo, llegan¬ do junto a la cueva, sintieron muy gran fragancia, y tal, que aunque todos, todos los buenos olores terrenales fueren allí juntos, no se podían a aquél igualar. "Dentro de la cueva hallaron la Imagen de la gloriosa Virgen María, que hoy en día está en el altar mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat. La cual Ima¬ gen en ningún tiempo se ha podido saber de dónde es venida, ni quién la había metido en aquella cueva. "Pudo ser que al tiempo que Cataluña, algún santo varón, los moros tomaron a por huir de la persecución de los moros, se retrajese en esta montaña y trújese con¬ sigo aquella imagen o de alguna otra maravillosa manera por manos de ángeles. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 87 "Como quiera que haya sido Dios lo ordenó, para que de esta manera maravi¬ llosa, la bendita Madre de Dios fuese honrada y venerada en aquella montaña y fuese ocasión que los fieles, alli, por medio de ella, alcanzasen muchos bienes, asi espiritua¬ les como corporales. "Pues visto esto, el Obispo mandó traer los blandones de la iglesia de Monistrol y, con gran luminaria y devoción, subió a la cueva y, puesto ,de rodillas, hizo oración a Nuestro Señor Jesucristo y a la gloriosa Virgen María, haciendo gracias y mercedes de semejante joyel que habla hallado; y, con gran devoción, tomó la Imagen y sacóla de la cueva, queriéndosela llevar consigo a la catedral de Manresa y, subiendo por la parte ¡Dor donde mejor podia salir, llegando al lugar donde está ahora la iglesia de la Virgen María de Montserrat, ellos no podían ir adelante ni atrás, ni podían mover la Imagen de dicho lugar. "Lo cual conocido por el Obispo, por inspiración divina, dijo que la voluntad de Dios era que alli se edificase capilla a honor y reverencia de Nuestro Señor Jesu¬ cristo y bajo la advocación de la gloriosa Virgen María, en la cual estuviera la Imagen. "Y asi determinó que se hiciese de ello y procuraron poner manos en y el Obis¬ po encomendó el regimiento de ello al rector que le habla avisado." -et- 7- .5-- . Ai'í"'-'íAv ,. « '■''' S^« V. -, '■ .Y "".. * é. ■'■/ ■s.v'·í· ' ; ' ' ' Tíi-. -Xt:^ A ^ . M- A- ñ îl- i>;M. 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Sin asentir ni disentir de esta opinión, hemos expuesto la teoría de estos sabios, cuyos esfuerzos son indudablemente muy laudatorios, aunque las conclusiones que for¬ mulan no lleven nuestro ánimo convicción incontrovertible. a una Queda una duda. ¿No podrían haberse excedido en el estudio sobre el origen de la estructuración de Montserrat? Ante un espectáculo tan sorprendente como el que ofrece la contemplación de la Montaña Santa, no es una abdicación de los fueros de la ciencia el dar la acceso a pia¬ dosa tradición. Muchos son los escritores que, maravillados de la pasmosa estructura de la montaña se han hecho eco de la piadosa tradición que se ha conservado a través de 1oí= siglos, de que "Montserrat sintió estremecerse a la muerte de Nuestro Señor Jesucristo y que rompiéronse sus masas pétreas al cometerse el Deicidio". Algunos sabios naturalistas, al analizar ciertos desprendimientos en las cuevas de Montserrat y algunos agrietados peñascos de la montaña, afirman que estaban en desacuerdo con los postulados de la ciencia. No quiere esto decir atribuya la total formación de Montserrat al terre¬ que se moto que se produjo en la muerte del Redentor, pero que en algo debía contribuir a la 90 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA configuración actual, el resquebrajamiento que sufrieron sus ingentes macizos al agi¬ tarse no en la forma ondulante de los movimientos seismicos normales, sino como una convulsión interna fuera de las leyes que rigen el mundo de la materia. Así explica la piadosa tradición lo que la ciencia no alcanza demostrar y la le¬ yenda sigue envolviendo de misterio el Montserrat famoso. Y haciéndonos eco en estas páginas de algunas tradiciones y leyendas que con¬ tribuyeron a crear el místico ambiente montserratino, cerramos este capítulo con los hermosos versos del magnifico poema dedicado a Montserrat, del que es autor el Ilus- trísimo Padre Fray Agustín Eura, Obispo de Orense: Montanya prodigiosa Que, en elevades puntas dividida Sentires ¡lastimosa Morir al Autor de la mateixa vida I, entre principals dòcils montanyes. De sentiment romperes les entranyes. CAPITULO X Leyenda sobre el ermitaño fray Juan Garí Es sin duda la más popular, la más famosa, de las leyendas montserratinas. La Edad Media, pletórica de valores espirituales y de virtudes caballerescas, fué fecundísima en la creación de héroes. Dejando aparte los personajes meramente fa¬ bulosos de los libros de caballería, la exuberante fantasia de aquellos tiempos que se desbordaba en sus cantares de gesta, acrecentaba hiperbólicamente los hechos y haza¬ ñas de algunos constituyen símbolo nacional de valor que un e hidalguía. Asi los españoles crearon un Cid, los franceses un Roldán, los helvéticos un Guillermo Tell, etc., como prototipos de caballeros sin tacha, héroes entre los héroes. También en el orden espiritual en aquellos tiempos de euforia escolástica y teológica, el alma popular creó sus héroes, sus santos. Los guerreros triunfaban de gi¬ gantes y malandrines por la fuerza de su brazo; los caballeros de Cristo por la gracia de Dios y la penitencia. Fray Juan Gari, el anacoreta montserratino, fué también un simbolo. Cae el héroe frente a los embates de las pasiones; pero por la gracia de Dios y la penitencia, se levanta y frústanse los designios del enemigo del hombre. Luzbel, quien en la cal¬ da del héroe pretende arrastrarle a la desesperación y a la perdición eterna. Transcribimos, "casi ad pedem litterae" la historia de fray Juan Gari, por el Abad Pedro de Burgos, dejándole como en otros capítulos todo el sabor del lenguaje de la época. Dice, pues, el Padre Burgos: 92 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "En tiempo del conde Wifredo el Velloso hacia vida eremítica en esta mon¬ taña un santo varón que se llamaba fray Juan Gari, el cual estaba sirviendo a Dios ha¬ ciendo muy áspera vida, en una cueva que está muv cerca del Monasterio, la cual aún hoy dia se llama la cueva de fray Juan Gari, "Perseverando en su santa vida, el diablo, enemigo ide los hombres devotos, movido de envidia porque nunca había podido hacer caer en pecado mortal a dicho fray Juan Gari, determinó ponerse en la misma montaña en hábito de ermitaño y de varón santo, según lo suele hacer algunas veces, como afirma el Apóstol San Pablo, el cual dice que muchas veces el diablo se transfigura en semejanza de ángel de luz. "Estaba, pues, el diablo en figura de ermitaño, en otra cueva, que está encima del Monasterio, la cual hoy dia se llama cueva de Satanás y esta cueva está muy cerca de la cueva de fray Juan Gari. dia vino Satanás en figura de "Estando, pues, el santo varón en su cueva, un ermitaño para visitarle y, entre las muchas cosas que le dijo, fué una la de que se ma¬ ravillaba mucho que hiciese tantos años que estaba sirviendo a Dios en aquellas mon¬ tañas y que nunca le había visto hasta aquel dia, de lo que le pesaba en extremo. Empe¬ ro, que desde ese día en adelante le vendría a ver, como de hecho lo hacía, para tener mejor coyuntura de poderle tentar. "Otro demonio entróse en el cuerpo de una doncella, hija del conde Wifredo el Velloso, de lo cual fué dicho conde muy fatigado,y triste. Y como el demonioveja¬ se mucho a la susodicha doncella, su padre el conde la hizo llevar a muchas iglesias y lugares devotos para que, con conjuros y oraciones, saliesé el demonio del cuerpo de su hija. Y por mucho que lo conjurasen nunca quería salir, antes muchas veces dijo que no saldría del cuerpo de aquella doncella sino por mandamiento de un santo va¬ rón que estaba en la montaña de Montserrat, que se llamaba fray Juan Gari, y que si querían que de allí saliese la llevasen al dicho fray Juan Gari. "Oído esto, el conde se informó primero del dicho santo varón y del lugar don¬ de moraba, y certificado de la verdad, determinó llevar a su hija al sobredicho santo varón e ir él mismo en persona. "Y como llegaron y le .dijesen la causa de su venida, le rogaron mucho tuviese piedad de aquella doncella que el demonio atormentaba. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 95 "El santo varón, movido de compasión, con entrañas de caridad, se hincó de rodillas y, llorando amargamente, hizo oración a Dios Todopoderoso, rogándole se apiadara de aquella doncella y la librara del cruel enemigo que tanto tiempo la ator¬ mentaba. "Apenas hubo acabado el santo varón su oración, la doncella se vió libre del demonio. El conde, viendo bija libre de aquel infame enemigo y, asimismo vién¬ a su dolo los que con él estaban, con mucha alegria dieron gracias a Dios y al santo varón por la merced recibida. "Entonces el conde dijo al santo ermitaño: "Padre mió, este demonio que ha¬ béis echado del cuerpo de mi bija, dijo cuando le conjuraban, que si no tenía novenas en vuestra compañía en esta cueva, aunque saliese de su cuerpo, volvería a él, y por eso os ruego mucho lo tengáis a bien que mi bija esté nueve días en vuestra compañía. "Oído esto, el santo ermitaño se entristeció y fatigó al el conde le pedia ver que cosa muy contraria e impertinente a la vida solitaria que se observaba y le respondió que no era cosa posible, porque la vida eremítica conviene esté fuera de toda compa¬ ñía y ruido de gentes, en especial siendo el jugar tan desierto y la cueva tan pequeña que la doncella y su gente no podían caber en ella. "Tanto porfió el conde el santo varón, que consiguió al fin que se quedase con la doncella. El conde y su gente se trasladaron al lugar de Monistrol, que está al pie de la montaña, legua lejos de la cueva del ermitaño, para esperar allí los nueve días una que su bija había de estar con el santo varón, enviándole cada día visitas y comida a su bija y al ermitaño. "Después de ido el conde, el padre ermitaño consolaba con mucha caridad a la doncella y le enseñaba cómo había de servir a Dios y hacer oraciones y qué vida había de tener para salvar su alma." LA TENTACION "Empero, el diablo, enemigo de toda virtud, no se olvidaba de su maldito pro¬ pósito y, viendo que tenía algún aparejo para hacer caer al caballero de Cristo, tiraba muy reciamente sus intoxicadas saetas, hincándolas en el corazón del santo ermitaño; 96 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de suerte que carnal, que apenas podia el santo varón fué muy combatido del apetito apartar de su ¡pensamiento el amor hacia aquella doncella, aunque se esforzaba con la señal de la cruz y con devotas oraciones para resistir a estas tentaciones. recia pelea y combate que contra dicha tenía, temien¬ "Y, así fatigado por tan do ser vencido por los formidables instintos de amor carnal que en si sentía, determinó apartarse de la doncella, para lo cual quiso pedir consejos al falso ermitaño que, se¬ gún ya está dicho, era el demonio que estaba con hábitos de ermitaño en otra cueva cercana del dicho fray Juan Gari, cuyos consejos tenía en mucha estima. Fué a él y, dándole parte de su pensamiento, el falso ermitaño, deseando enga¬ trabajo y de su ñarle, le adujo muchas razones para persuadirle y darle a entender que de ninguna manera debía dejar a la doncella e irse, sino perseverar en la pelea, poniéndole delan¬ te la corona que se suele dar por semejante victoria. "El santo varón, haciendo un gran esfuerzo, se volvió a su morada con la don¬ cella y de esta manera estuvo algunos días, ,no mostrando su pena ni dando a entender a los criados del conde, que cada día venían a visitar a su hija, trayéndoles de comer, antes enviaba a decir al conde que su hija estaba remediada, que viniese por ella y se la llevase. "Empero el conde no osó llevarse a su hija hasta que se cumpliese su novena en aquella cueva, por miedo que tenia de que el demonio volviese a apoderarse de ella. "En este intermedio, el diablo no dormía; antes con llamas de fuego movía el apetito del santo varón en tanto grado que, viéndose al borde del pecado, determinó de ir al falso ermitaño que no tenia fuerzas para sufrir más y por eso estaba decidido a irse y dejar a la doncella si así se lo aconsejaba. "El falso ermitaño le aconsejó que de ninguna manera debía alejarse de la doncella; le trajo a la memoria al glorioso San Antonio, que no solamente no huía, sino que antes iba a buscar batallas y peleas contra ¡sus enemigos..." LA CAIDA "El santo varón, inducido por las razones del falso ermitaño, volvió a la cueva, junto a la doncella, y una noche, después que los servidores del conde regresaron a MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 97 donde estaba su señor, fué tau terrible la teutacióu y el fuego que el diablo euceudió eu el caballero de Cristo, que vino a perder las fuerzas y se hizo como la bestia, que siu euteudimieuto acometió y desfloró a la doncella. "Cometido el pecado, fray Juan Gari se halló confuso y lleno de vergüenza y amargura en su corazón, y no sabiendo qué hacer, se dirigió a donde estaba el falso ermitaño y le contó con mucha vergüenza su pecado, rogándole le diera consejo de lo que debia hacer y suplicándole le rogase a Dios para que le perdonase. "El falso ermitaño, por hacerle caer en otro pecado más grave, le consoló y le dijo que no desesperase de la misericordia de Dios, que confiase en su perdón, porque El mismo dijo que no vino al mundo para llamar a los justos, sino a los pecadores. Em¬ pero, que el pecado oculto es mucho menor que el público; y para que ese pecado fuese más secreto y no se le hiciera sabedor de esa noticia al conde y para que su fama no fuera denigrada, puesto tenido que era por santo, le aconsejaba que deberla matar a la doncella, porque no era posible, viviendo ella, que su delito fuese oculto, ya que se publicaría por todas partes y él sería difamado y con peligro de que no le matara el con¬ de si le hallara. "Pareciendo bien fray Juan Garí el consejo que el falso ermitaño le daba, a determinó matar la hija del conde y lo puso por obra; y la enterró debajo de unas a rocas, donde, según dicen, está hoy fundada la iglesia del Monasterio. "El falso ermitaño, para hacer desesperar a fray Juan Garí, comenzó a bur¬ larse de él y, mofándose de él, le dijo muchas cosas para hacerle desesperar y perder del todo su alma. Y le dejó solo y desapareció, yéndose a los infiernos con mucho pla¬ cer, pues había habido tal victoria sobre el caballero de Cristo." ARREPENTIMIENTO Y PENITENCIA "El Padre fray Juan Gari, viéndose burlado y vencido del enemigo maligno, lleno de amargura y de dolor lo por que había hecho, estuvo punto de desesperar; a mas la misericordia de Dios le detuvo con su mano piadosa. Volviendo en sí comenzó a llorar amargamente pecados sus y con gemidos pidió a Dios miserieordia. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 99 "Y para satisfacer a Dios pecados, determinó ponerse en camino para por sus Roma y confesar sus pecados al Santo Padre. , J , • "El conde y su gente al otro dia volvieron para ver a fray Juan Gari y para llevarse a la doncella, y como la cueva y no hallaron a nadie, mandó hacer llegaron a buscar por toda la montaña; y no hallando ni a fray Juan Gari ni a la doncella, el conde se volvió muy triste a la ciudad de Barcelona. i "El Padre mucho trabajo, al cabo de ,ciertos fray Juan Gari, entretanto, con dias llegó a Roma y luego se fué al sacro palacio del Papa diciendo y pidiendo por merced a los porteros del Sumo Pontífice que dijeran al Santo Padre, como fray Juan Gari quería hablar con dijeron los porteros al Santo Padre que Su Santidad. Y como un ermitaño que se llamaba fray Juan Gari estaba a la puerta y deseaba mucho hablar con Su Santidad; respondió el Papa que no creia que fuera fray Juan Gari, porque otras veces había venido a la ciudad de Roma y las campanas solían tañer por si mis¬ mas; y pues que entonces no tañían, no debía ser él. "Los porteros y criados del Papa se informaron bien si era él, el dicho fray Juan Gari, y, certificados de la verdad, hicieron relación al Sumo Pontífice como era verdad que el dicho ermitaño era fray Juan Gari y suplicaba mucho le dejaran entrar para hablar con Su Santidad. "Entonces mandó el Papa que le dejasen entrar, y enterado fray Juan Gari a donde estaba el Sumo Pontífice, echóse en tierra y con grandes suspiros besaba los pies del Papa, suplicándole con muchas lágrimas que le quisiera oir en confesión. Lo cual hizo el Santo Padre, y oído sus pecados, le absolvió y le dió en penitencia que, de rodillas por tierra, se volviese a su ermita y que jamás mirara al cielo, sino que a cuatro pies anduviese arrastrando por tierra su cuerpo hasta tanto que un niño de cuatro o cinco meses le dijese que se levantase, que Dios le habla perdonado. "La cual penitencia fray Juan Gari aceptó y se volvió a su cueva, aunque estu¬ vo en el camino mucho tiempo, por caminar a cuatro pies, conforme a la penitencia que el Santo Padre le habla impuesto. "Y asi estuvo mucho tiempo haciendo vida solitaria y muy áspera penitencia, no comiendo sino hierbas, y se le rompieron las vestiduras y quedó desnudo; y a causa 100 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de los fríos y calores y desnudez, le creció el pelo por todo el cuerpo que parecía uu salvaje." EL PERDON "Después de cumplidos siete años que perseveraba eu aquella peuiteucia, acon¬ teció queel sobredicho conde quiso venir desde Barcelona a tomar placer y cazar en la montaña de Montserrat, porque había en ella, por ser tan áspera y solitaria, mucha caza de montería e iba a beber al rio Llobregat, que discurre al pie de la montaña. "Yendo el conde por la falda de la montaña hacia la parte de dicho rio, man¬ dó soltar los perros para que moviesen alguna caza y, discurriendo los perros por la montaña, se subieron hasta el lugar de la cuevecita donde estaba fray Juan Gari, el cual estaba tan cubierto de pelos como un oso, que parecía algún salvaje, y topándole los perros en aquella cueva, no osaban entrar en ella sino daban grandes aullidos. [ "Los cazadores, oyendo los ladridos de los perros, acudieron allí subiendo por los riscos de la montaña con harto trabajo llegado que fueron junto a la cueva, vieron y, a fray Juan Gari hecho como un salvaje, que no decía nada, y no pensando que era hombre, sino algún animal monstruoso, no allegaron a él hasta hacerlo saber al conde, que se había quedado en una alquería del término de Monistrol. Y oyendo esto el con¬ de, mandó a sus escuderos que subiesen allí y si viesen que, sin peligro de sus personas, pudiesen asir aquella bestia, la tomasen y trajesen. "Allegados los escuderos y cazadores del conde, hallaron ser verdad lo que habían dicho los otros y atreviéronse a entrar en la cueva y, viendo que el salvaje no decía nada, le ataron una cuerda al cuello y asi lo trajeron al conde, el cual y toda su gente se maravillaron de ver semejante monstruo, y lo llevaron a Barcelona y le pusie¬ ron en el establo de la casa del conde y allí le daban de comer. "Fray Juan Gari estaba, pues, en Barcelona tenido por salvaje y acaeció un día que, haciendo el conde un gran convite a todos los principales caballeros por la alegría que la condesa había dado luz^un hijo y había salido muy bien del parto, mientras a comían los convidados, rogaron al conde que hiciese subir al salvaje que había tomado cazando en la montaña de Montserrat y que le hiciese dar de comer y beber delante de ellos. El Conde, por complacerles, mandó luego que lo subieran; y lo subieron con una 102 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA cuerda atada al cuello y le echaban algunos pedazos de pan, los cuales él comía. "Mientras estaban en el comer, el ama trajo allí al infante que la Condesa habla alumbrado, el cual no denla más que cuatro meses, y púsose delante del salvaje a mi¬ rarle con el niño en brazos. "El infante, puestos los ojos presencia de todos y, oyéndolo y en el salvaje, en entendiéndolo todos, habló y dijo las palabras siguientes; "Levántate, fraij Juan Garí, le¬ vántate ij está derecho, que Dios te ha perdonado tus pecados". "Entonces fray Juan Gari se levantó y,/puesto de pie delante de todos, comen¬ zó a hablar palabras muy grandes, haciendo gracias a Dios de tanta merced que le habla hecho en aceptar su penitencia. "Viendo esto el Conde, la Condesa y los convidados icstuvieron todos maravi¬ llados y espantados de todo lo que habla acaecido, ni sabían lo que debían decir. "Entonces fray Juan Gari llegóse al Conde y, delante de todos, contó el caso de cómo por inducimiento diabólico habla muerto a su hija ¡y después la habla enterrado; asi que hiciese de él lo que plugiese. "El Conde dijo que, "puesto que Nuestro Señor Dios le habla perdonado, él también le perdonaba". "Y hecho esto, el Conde mandó aderezar a fray Juan Gari, haciéndole vestir y le tuvo en su corte algunos dias en gran acatamiento y reverencia." RESURRECCION DE LA HIJA DEL CONDE Y FUNDACION DEL PRIMER ( j MONASTERIO DE MONTSERRAT POR MONJAS BENEDICTINAS "Después de pasados unos dias, el Conde dijo fray Juan Gari que quería ir a adonde él Labia enterrado a la doncella para transportar su cuerpo a la Seo de Barce¬ lona y alli mismo visitar la capilla que nuevamente se reverencia de edificaba a honor y Nuestra Señora, donde ya se hadan milagros. Y fray Juan Gari dijo: "Pláceme, señor, que en esto se cumplirá mi deseo". MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 103 "Y así, pocos días después, tomaron su la dicha capilla y, camino y llegaron a hecha su devota oración, (Cl Conde dijo a fray Juan Gari que le mostrase el lugar donde había enterrado a su hija. El cual lo hizo luego, porque ¡era muy cerca. Y, llegados al lu¬ gar, fray Juan Gari hizo alli su oración, la cual, acabada, el Conde hizo cavar y luego hallaron la doncella viva, hermosa y bella, sin mácula alguna, excepto que aparecía en el cuello en forma de un hilo de seda de grana, en el lugar a donde fray Juan Gari había pasado el cuchillo cuando la degolló. "Por las cuales maravillas, el Conde, fray Juan Gari y todos los otros fueron muy alegres. "Y preguntó el Conde hija cómo había sido que asi fuera viva, y ella dijo a su que antes que fuera degollada tenia su devoción a la Virgen María y por esto Ella tuvo por bien de preservarla de la muerte. "Seguido esto, el Conde quiso volver a Barcelona y llevar consigo la hija con in¬ tento |de casarla; y la doncella respondió que nunca tomaría marido, antes toda su vida estaría alli en servicio de la gloriosa Virgen María y de su bendito Hijo, que tan grande gracia le habían hecho. "El Conde, vista su contrariar; mas edificó alli un santa intención, no la quiso monasterio de monjas bajo la regla de San Benito, como las del Monasterio de San Pe¬ dro de las Puellas de Barcelona. Del cual monasterio la hija del conde fué abadesa, te¬ niendo cuales sirvieron el debajo de si muchas doncellas que se hicieron monjas, a las rector de Monistrol y fray Juan Gari, en santa humildad, donde finalmente murieron y fueron colocados en la gloria del paraíso y sus cuerpos enterrados en dicho monasterio. "Y en memoria de todo lo dicho hay en la ciudad de Barcelona, en la casa que solía ser del sobredicho Conde y al presente del Monasterio de Santas Creus, en la calle Condal, dicha asi por causa de esta casa, una "antigualla" hecha de piedra con la ima¬ gen de un ama que tenia un niño en los brazos y fray Juan Gari puesto de rodillas." y; - LAS MONJAS BENEDICTINAS EN MONTSERRAT ' Es el complemento lógico de la leyenda de fray Juan Gari. Sin este episodio la fantasia popular no podia culminar el desenlace de la piadosa leyenda. 104 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Richilda, la princesa degollada, no podía volver a los regalos de la Corte; de¬ bía consagrarse al servicio de Dios y precisamente en el lugar del prodigio. Y quiera como que en Barcelona ya existia un Monasterio de Monjas bene¬ dictinas, de allí pasan a Montserrat las monjas fundadoras 3^ permanecen en el Santua¬ rio hasta que la historia nos señala la instalación de los monjes de Ripoll. Había pa- ;_Vista de Montserrat con el puente roinano de Martorell sado un siglo 3^ fecunda en recursos la fantasía, refiere que por dos motivos fueron substituidas por los monjes de Ripoll. Primeramente porque era tanta la aglomeración de peregrinos, las autoridades opinaron que que no era propio de su sexo atender a tan crecido número de personas. En segundo lugar, porque viendo el conde Borrell que un poderoso ejército mahometano amenazaba sus estados, en evitación de posibles peligros que podían co¬ rrer las religiosas fueron trasladadas a Barcelona. No eran infundados los temores del conde, pues, coaligados los reyes moros de MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 105 Córdoba, Tortosa, Lérida y Mallorca, reunie¬ ron un formidable ejército e invadieron el con¬ dado de Barcelona. No por eso se arredró el in¬ trépido y valeroso conde; reunió sus huestes y, aunque eran muy inferiores en número, salió en busca de los enemigos y les presentó batalla antes de que cercasen la capital. El combate, que fué muy sangriento, tuvo lugar cerca de Moneada, en el llano llama¬ do "Mata bous" y, a pesar de derrochar valor el conde y sus tropas, perdió la batalla. Victo¬ riosos los moros, se lanzaron sobre Barcelona sitiándola por mar y tierra, sucumbiendo la capital del principado, el dia 6 de julio del año 986, siendo pasados a cuchillo la mayor Dibujo '-Eis Flautats' parte de sus habitantes y saqueados, quemados yarruinados los principales edificios. Luego, saliendo de la plaza, asolaron el pais; sola¬ mente los castillos de Moneada y Cervelló se mantuvieron firmes ante los furiosos asal¬ tos de la morisma, rechazándolos heroicamente sus impertérritos defensores. Vencido, pero no abatido, el conde Borrell, se retiró a Manresa desde donde en¬ vió embajadores al emperador Lotario y al Sumo Pontífice Juan XV pidiéndoles socorro. Mientras tanto hizo un llamamiento a todos los hombres aptos para empuñar las armas concediendo el titulo de caballeros de Solar, y, a los que se alistaran con ar¬ mas y caballos. A este llamamiento acudieron en gran número para alistarse y con ellos toda la nobleza catalana. Viéndose asistido de todos, el animoso conde, invocando fervorosamente a la Virgen de Montserrat, salió de aquella santa montaña y al frente de sus hombres, arremetió contra los moros, los venció varios encuentros, puso en sitio a Barcelona y la recobró antes del mes de haberla perdido (1). (1) Doctor Jaime Prades. Libro 3, cap. IX. Diego Monfar. "Historia de los Condes de Urgel". Capítulo XLVI. 106 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Al cercar los moros la ciudad de Barcelona, como punto de apoyo para el asal¬ to de la plaza, se apoderaron del Monasterio de San Pedro de las Fuellas. Al ver la madre abadesa, llamada Marruy, el terrible peligro que corrían sus religiosas, les hizo patética exhortación para que guardasen la fe a una fervorosa y su divino Esposo, y, produjo tal efecto en las Vírgenes del Señor las palabras de su madre abadesa, que según una crónica que existia en el archivo del Monasterio, es tra¬ dición que tomaron la heroica resolución de afearse los rostros, cortándose la nariz, para que sus horribles mutilaciones causaran horror a los moros. No obstante ello, causó a éstos un furor tan diabólico, que asesinaron a la mayor parte de las monjas, llevándose cautivas a Mallorca a la abadesa Marruy y a las pocas monjas que queda¬ ron con vida (1). Como quiera al ocurrir estos dramáticos sucesos, sólo hacia unos diez años • que que las monjas de Montserrat habían ingresado en el Monasterio de San Pedro de las Fuellas, debemos suponer que algunas de aquellas venerables religiosas fueron tam¬ bién víctimas de la barbarie de los moros (2). Por este motivo, hemos creído propio de este lugar describir, siquiera sea su¬ cintamente los acontecimientos de aquellos días de terrible tragedia que atravesó el Principado, superados por el valor del conde Borrell, con la visible protección de Nues¬ tra Señora de Montserrat. Finalizamos este las religiosas benedictinas que por espa¬ capitulo, dedicado a cio de cerca de un siglo cuidaron del culto de Nuestra Señora, con este trágico, al par que gloriosísimo, final, comenzando después una nueva era para el famoso santuario, al ser substituido desde entonces el coro de Vírgenes, por los venerables monjes, san¬ tos ermitaños y angelicales escolanes. (1) Serra y Postius. "Historia de Nuesra Señora de Montserrate". 1.® parte. Cap. XI. (2) El caso referido no es único. En el año 870, cuando la invasión de Inglaterra por los normandos, dicen los historiadores, que un Monasterio de monjas, cuya abadesa era Santa Ebba, por temor a ser ultrajadas, se mutilaron, cortándose la nariz y el labio superior, y al verlos los bárbaros tan desfiguradas, llenos de rabia infernal, después de saquear el Monasterio, lo quemaron, perecien¬ do abrasadas todas las religiosas. Yepes. Tomo 4. Año 870, folio 176. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 107 Y, como enunciación profètica, que el cantor de El Montserrate pone en boca de fray Juan Gari, transcribimos unas estrofas de su bellisimo poema. Y no más de cien años les concede Dios a santas mujeres esta estancia. No porque en ellas, aunque el tiempo ruede, Ha de faltar altísima constancia. Que antes el bien que a la virtud sucede Tendrá con ellas gran perseverancia; Sino porque traerán aquí varones Por justísimas causas g razones. Un Borrell, sucesor en este Estado, Con celo santo g discreción cristiana. Su conveniente intento autorizado. Por la Silla Apostólica Romana, Dejará este convento trasplantado En su ciudad con honra soberana; Y en vez de las castísimas doncellas. Monjes pondrá del mismo Orden que ellas. Pues cuanto los benditos religiosos. En estos sacros claustros encerrados. Han de ilustrar con hechos virtuosos. Estos santos g fértiles collados, Y con los ragos más que el sol lustrosos De sus divinos bienes g cuidados. Han de dar luz a cuanto el aire rueda. No hag lengua humana que decirlo pueda. (Cristóbal de Virués, Canto XX.) ■sto^:- ' --V ' tlí^ tr;-. ,- i-^i' í T^îio'^ntî^^ï^Tv -n?yç^^V «prrf'·írHi^ |1Î!V ■ ^ itan. líüi-';'- ^ * -•• r;. >^>-C-fS^.y.V-.-. ,obîÊfe^ m nTS tí rPi¿'A:T-rMs ■■■'.—■■ ■y-'-'í-. . tíw-í^^ísiv -^ . . ■ t' " "■* í>iü'Vífïij·^ -, tîQi);; ^^ i\3. CAPÍTULO XI Leyenda sobre el lego Cantero En Montserrat, como dice un autor, cada piedra tiene su historia y cada rincón de la maravillosa montaña, su leyenda. En el "Mirador de los Monjes", desde donde se divisa un panorama imponente, existian unas estatuas de piedra de proporciones colosales que hermoseaban dicho mi¬ rador y representaban antiguos Santos. Es¬ tas estatuas contribuian a dar mayor relieve , . al magnífico espectáculo. Veamos cómo el notable polígrafo don Víctor Balaguer, nos describe sus im¬ presiones desde el mirador, junto a las ma¬ jestuosas estatuas, al escribir a un intimo amigo. "Permanecen allí inmóviles y mu¬ das, contemplando eternamente el magnífico espectáculo que se desarrolla a su presen¬ cia. No sé explicarte, aunque bien lo com¬ prenderás tú, la impresión mezclada de te¬ rror y de respeto que me infunden siempre que a ellos me acerco esos impasibles mon¬ jes de piedra, mudos y eternos centinelas del Monasterio, inclinados casi sobre un abismo Fray José de San Beniio 110 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA sin fin, a cuyos desencadenan esas ho¬ pies vuelan las águilas, sobre cuyas frentes se rribles y misteriosas tempestades de la Montaña, y que, con la misma impasibilidad, han asistido, lo propio a la época de esplendor y de pujanza que a la de devastación, de ruinas v de miseria del viejo Monasterio, de que se han constituido perennes e incan¬ sables guardadores. "¡Magnifico espectáculo el que se me ha desplegado a mis ojos desde el bal¬ cón de los Monjes! Cien veces he asistido a él en mis repetidas romerías a Montserrat y siempre se me ha presentado bajo una nueva faz. Te,escribo aún bajo la impresión del momento..." ? Y termina de esta forma patética: "¡Qué pequeño es el hombre en esta mon¬ taña! ¡Luis, los hombres sólo somos hormigas, unos gusanos, quizá lo más miserable de la tierra!" A esas majestuosas estatuas, que tan impresionante sensación causaban a Vic¬ tor Balaguer, también las rodea una aureola legendaria. Se atribuyen al famoso "Lego Cantero". Para curiosidad de los lectores de "Montserrat, Montaña Santa", referiremos brevemente la historia del "Lego Cantero" y santo monje montserratino. A fines del joven, hijo de una distinguida familia de Signi l'Aba- siglo xvii un ye, pequeña población de Flandes, dirigíase a París con objeto de visitar a unos pa¬ rientes; pero antes de llegar a dicha capital mudó de parecer y resolvió pasar a Cata¬ luña, pensando encontrar en Perpiñán a unos amigos suyos que eran oficiales de un regimiento de guarnición en dicha ciudad. En aquella época, tanto Rosellón como Flan- des pertenecían a España. Llegado a Perpiñán supo que el regimiento estaba acantonado en Gerona y di¬ rigióse allí; mas por el camino fué asaltado por unos ladrones, que le robaron cuanto llevaba. Casi desnudo llegó a Gerona, en donde encontró a sus amigos, los cuales, al verle de aquella manera, sin recursos, le aconsejaron sentara plaza de soldado en el mismo regimiento en que ellos eranoficiales. Así lo hizo; y trasladado el regimiento a Barcelona, acabó en esta ciudad su compromiso militar. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 111 Al ser licenciado, antes de regresar a su país quiso visitar Montserat, de cuyo Monasterio le hablan hablado con gran entu¬ siasmo sus amigos. Llegado a Montserrat y, en presencia de la Virgen, le pareció oir una voz que le decía "Tu destino es este lugar". Admirado de la vida monacal, re¬ solvió quedarse en el Monasterio en calidad de lego existia la costumbre de no y, como admitir como lego al que no tuviera algún oficio que pudiera ser útil para el Cenobio y él sabia trabajar la piedra, fué admitido como cantero. Asi entró en la Comunidad montse- rratina el joven flamenco Tomás Ontoine, cambiando su nombre por el de fray José de San Benito. Fué un modelo de todas las Ifstatuas existentes en el Mirador de los Monjes virtudes monásticas. Como el Beato Italia la pintura, el venerable fray José Angélico cultivó en dedicó sus trabajos manuales a la escultura en piedra. A él se atribuyen las famosas estatuas de expresión sublime de que hemos hablado y otras obras que revelan una gran inspiración. Fué también un escritor místico, que puede sufrir parangón con los mejores escritores ascéticos de nuestro Son especialmente interesantes sus cartas. siglo de oro. Fray José de San Benito murió en olor de santidad, y su celda fué transformada en ca¬ pilla, la cual existe en la antigua hospedería. u Dfo'^ L.v, .jl omie-à^ Híi :'■ '■. v"Í.Í: í'-v':/" ; Mí-Ï f'U:- Bííü i <1 i ;y 'nq yj .ír _ ri r : ■,Í"Bí¥^í:is^^. V ' ftà!'-;, , a r ■■ üa';^' ' '-í>íi '^íj ■ M'i'éJiEljía' ctOi« iTi'ííiJíí >yiyr3^:a® yùT> 'h; ':J>ÎÎ0'5 ''rJltíípf-; VV-/,, i%i0biílfofe^í^f^ r-í •'"■ _y''y, ■ ''' '' ■■■ /.o'iDífit'j jmJiajíiQ-íÜin''¿i '^íf~ 3í'ol víu^ yÍ) b íoq '"'dfDüíl TT? '■ ' K'"t ' Tí í . '*** 11 acbÍMOÍ' «-■ í ' / 1 ev "ïi»îî-ïi i£ais)* i '>í,á fi. \ ' --í 'V A, ^ bBol xmJ. Mémmnr h cI Gibdí mnnLb^frj^ pp^oa íií5?vürfií»"i ^,ai aí>7ííUuífi ««IGD >ír|;,Vy_. M» jniíyiq ny r^íijfjj.¿5 fi ¿ aob-ímfiín ^i fsájp rt.í-jíyt ííBf^ ísfííj ííiT/bTfrí yíjp g^ido PjÊTtq r oîi,slàon o'i'îa ríjaiJifo- H iÍi?; ^ «•'«"'í -«i-J«.b &n wím&,.,f.übíïfog Btafí'c^ganrtó ÍT'ÍVÍV irvi.A'r· ■£. ' ■^.'•■- ■ ■ ■ ^ ' •*'V-■■'•■■' -vVisv.i ,"7--. ' í--. .,.. •·,^... . ••--'■♦-"/•í^.. ¿".'^■•• -· •'•. , i.-íí|58.,ÍK. •; .... -^ - ,-. ' ■ • -« • ÎKÏII^Î^-ÎÎÎ:^ ;Jj;.v>. ...■'r'·W·f^i.,- _i;.. . .... íx'f <ííj8 Bfi* .,; r- r 'r. . . , ^ . Cê ^ - i^' .11"; j»JC4> •t--^ IfesíU' Ai r^- CAPITULO XV Los ermitaños y su vida La vida de los ermitaños estaba regulada por ciertas Constituciones o Reglamen¬ tos. Desde tiempos remotísimos se hallaban bajo la obediencia del Prior o Abad del Mo¬ nasterio, quien denía derecho de entrada, de visita, de admonición y corrección. Cuando era elegido un nuevo Prior o Abad, bajaban al Monasterio a prestar obediencia al nue¬ vo Prelado. Se desconocen las Constituciones por las que se regían los antiguos ermitaños. Se sabe que los abades Marcos de Villalba y padre Antonio Ferrer escribieron unas para el régimen de los ermitaños; pero éstas también han desaparecido. El gran Abad reformador Padre García de Cisneros, dictó Constituciones unas que, con ligeras variantes, fueron observadas hasta la total desaparición de los ermi¬ taños, en el siglo xix. He aquí la reglamentación de la vida del ermitaño dentro del marco de un ho¬ rario preestablecido. Durante todo el año, a las dos menos cuarto de la madrugada, el ermitaño de turno tocaba la campana de la Capilla. Le contestaba seguidamente la de la ermita más próxima y luego todas las campanas del Eremitorio. A las dos en punto comenzaba en cada capilla el rezo de Maitines y Laudes del Oficio Parvo de la Santísima Virgen. Seguía una hora de oración mental y luego otra de lectura espiritual y la recitación del Oficio de difuntos. 138 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Después de una pausa empleada en el arreglo y aseo de la celda, rezaban Prima y asistían espiritualmente a la Santa Misa, A continuación dos horas de trabajo manual libre, durante las cuales el ermi¬ taño cavaba la huerta, cultivaba jardincito, arreglaba algún desperfecto de la celda, su se entretenia trabajando el boj, haciendo crucecitas, rosarios, cucharitas, o iba a bus¬ car leña, arreglaba el camino de la ermita, etc. Después de haber rezado las Horas Menores oido espiritualmente la Misa y Conventual del Monasterio, encendía la lumbre, preparaba la comida, ponía la mesa y comía. Luego media hora de paseo alrededor de la ermita y una hora de siesta (1). Por la tarde, de las dos a las ocho, el tiempo transcurría entre la recitación de Vísperas, el estudio, el trabajo manual, la lectura espiritual y la meditación. A las ocho, a excepción de los días de ayuno, que eran los más del año, reza¬ ba Completas y, hecho examen de conciencia, hacia las nueve de la noche se retiraba a descansar. La vida eremítica de Montserrat era de gran austeridad. El ermitaño guar- (1) El historiador tantas veces citado. Serra y Postiiis, al describirnos la vida santa de los ermitaños, como nota curiosa nos dice: "Una de las sencillas recreaciones de los Solitarios es la de los pajarillos. Es para alabar a Dios ver le quealli pasa; porque a un silbo, u otra señal, que los ermitaños hacen para darles de comer, mañana y tarde acuden con presteza; mayormente cuando crían a sus hijuelos, para llevárse¬ lo al nido; los cuales en saliendo de él llévanlos a las ermitas, para que sepan dónde hallarán quien les haga bien y asi algunos siguen a los Solitarios, como si fueran bien domados perrillos. '.'Sucede frecuentemente que, estando dichos anacoretas leyendo, llegan los paj arillos y se les ponen en la cabeza, hombro, brazo o libro, obligando con este festejo y con la melodia y porfía de su canto a que les den algo de comer. "He visto yo varias veces que, sin embargo de estar junto al ermitaño, venían los paj arillos y les tomaban los piñones, no sólo de la mano, pero aun de la boca." Estos asomos de escenas paradisiacas nos las describe con estos primorosos versos, el ya citado Obispo de Orense: Los aucellets graciosos Los pajarillos graciosos Viuen alli sens susto ni cuidado, Viven sin susto y cuidado; Puig veuràs que amorosos, Veráslos alli amorosos. Se posen sobre el muscle ah desenfado; Llegarse con desenfado, Y a escuses de un pingó que los Y al piñón que los provoca provoca Mil voltes ah lo hec besan la boca. Veces mil besan la boca. Que, traducido al castellano, dice: MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 139 daba abstinencia perpetua; ayunaba seis meses seguidos y los restantes del año los miér¬ coles y viernes. Se flagelaba tres veces por semana durante el tiempo de Adviento y, en Cua¬ resma, todos los días. Dormia seis horas escasas, vestido y sobre la paja. Grabado alemán' Un ermitaño en su ermita Lo que acabamos de consignar era su Regla, o sea obligación para todos; pero muchos de ellos aun multiplicaban y extremaban estas austeridades. El aislamiento no era absoluto, pues podia recibir a los peregrinos que visita¬ ban devotamente las ermitas, ofrecerles pan y vino, conversar con ellos breve y discre¬ tamente, a excepción de con las mujeres. Les estaba prohibido, decía un escritor del siglo pedir nada a los peregri¬ xvi, nos que subían a las ermitas en gran número, aunque estaban obligados a recibirlos bien y darles buenos consejos y santas exhortaciones, encaminándoles para la gloria 140 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA celestial y, cuando se iban de su ermita, "enseñarles el camino de las otras con toda claridad." Cumplido este deber de hospitalidad, tan en armonía con el espíritu benedic¬ tino, les estaba prohibida toda comunicación con el exterior. Ni siquiera el Padre Abad podía conceder licencia para bajar al Monasterio por motivo de visitas a parientes y amigos. El Padre Vicario intervenía su escasísima correspondencia. i: Tampoco eran permitidas las visitas mutuas entre los ermitaños. No podían alejarse más de un cuarto de hora de la propia ermita, excepto en los casos siguientes: Los domingos a primera hora de la mañana se congregaban en la Ermita de Santa Ana. Aquí se confesaban, oían Misa y comulgaban, asistían a la conferencia es¬ piritual ,del Padre Vicario y se retiraban en silencio a sus ermitas. En la fiesta de la advocación de cada ermita, celebrábase en ella la Santa Misa, con asistencia de toda la familia eremítica. En las grandes festividades de Navidad, Pascuas, Natividad de la Virgen, Todos los Santos, San Benito, etcétera, bajaban al Monasterio, asistían a los actos conventua¬ les y acudían a las procesiones, las cuales constituían en un ejemplo de edificación para los fieles. También bajaban al Monasterio para asistir a los entierros de los monjes y de otros ermitaños y, excepcionalmente, cuando eran llamados por los reyes, principes o altas dignidades eclesiásticas. Nunca pasaban la noche fuera de su celda. Terminada la fiesta o el motivo que había ocasionado su ida al Monasterio, regresaban procesionalmente en silencio a sus ermitas. El ermitaño enfermo podía, libre voluntad, a su pasar a la enfermería del Mo¬ nasterio, o permanecer en su ermita, pues todas ellas estaban bien acondicionadas. Otros ermitaños hacían de enfermeros y el Padre Abad les prodigaba la misma soli¬ citud amorosa que a los otros monjes enfermos. Fuera de los casos citados no podían abandonar la ermita. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 141 Por otra vestido, calzado, víveres, et¬ parte, el Monasterio les proveía de todo: cétera. Dos veces cada semana pasaba un lego con una mula y dejaba en cada una de las ermitas todo lo necesario. Ninguna preocupación mundana turbaba el espíritu de estos anacoretas y así, con dilatado corazón, podían entregarse a la vida de perfección y santificación de sus almas. LOS CANDIDATOS A ERMITAÑOS Una vida tan austera, propia de héroes, parece que había de ser ambicionada por un número limitadísimo de personas; pero no era asi. El Abad no podía atender a las solicitudes y, antes de pasar a ermitaños, eran probados a través de un noviciado de siete años en el Monasterio, asistiendo a los actos conventuales, pero nunca fre¬ cuentando el recreo de los monjes. El silencio era inviolable y la austeridad de su vida muy superior a la de los Cenobitas. Muchos de estos pretendientes debían esperar años y años hasta poder con¬ seguir el anhelo de su vida: la ermita. ¡Cuántas veces, hasta los mismos reyes y prín¬ cipes de Aragón tuvieron que interceder para que sus recomendados fueran admitidos en el eremitorio! Podríamos citar documentos interesantísimos que lo confirman. TOMA DE POSESION DE LA ERMITA No queremos terminar esta reseña sin insertar el ceremonial que en la toma de posesión se observaba. El Padre Vicario, que habitaba en la ermita de Santa Ana y que era el Su¬ perior inmediato del eremitorio, acompañado de dos de los ermitaños más ancianos, bajaban al Monasterio a buscar al neófito y le acompañaban hasta la ermita. juntos. Terminada la oración Llegados allí, entraban en la Capilla y oraban recorrían las dependencias de la ermita y juntos revisaban minuciosamente todos los objetos que estaban consignados en el inventario. Firmado éste por el entrante, se despedía de sus acompañantes y quedaba en posesión de la ermita. ¡Ya no le sería lici¬ to abandonar jamás la Montaña Santa, conforme había prometido solemnemente a Dios el día de su profesión! 142 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El eremitorio de Montserrat ya no existe. Dicha Institución, al igual que la Escolania, constituía algo consubstancial con el Santuario. El vacío que dejó con su desaparición no ha sido llenado todavía. Nuestros padres contemplaban absortos a aquellos santos varones de ejempla- ridad tan grande. En aquellos siglos de fe, acicate para la práctica del bien. eran un ¿No serían también en nuestros días un poderoso reactivo para volver al buen camino a las descreídas multitudes, las que a en estos tiempos de universal trastorno, sólo les preocupa la materialidad de la vida? Mas ya que no existen aquellos santos anacoretas, evoquemos al menos su gloriosa memoria al visitar la Montaña Santa y que ellos, que fueron en la tierra el pararrayos de la justicia divina, desde el cielo se apiaden de esta Humanidad enferma y convulsa, desdichadamente obcecada por el brillo de un progreso materializado. CAPITULO XVI La escolania Una de las instituciones más típicas de Montserrat es, indiscutiblemente, la Escolania. Está la Escolania tan intimamente vinculada al Santuario, que parece un elemento, "sine qua non",la conservación de su verdadera fisonomia; pues Mont¬ para serrat sin la Escolania, a los ojos del pueblo católico, no sería el Montserrat auténtico, el Montserrat que la tradición milenaria ha consagrado como el único entre todos los Santuarios Marianos del orbe. No existen documentos históricos que nos precisen la fecha de su creación. En un documento que se ha podido salvar, fechado el 14 de julio de 1307, se habla de los Escolanes como de una antigua institución. Consta en dicho documento que eran en nú¬ mero de cinco, e indica su uniforme "cota de panne"; es decir, que vestían sotana lo mismo que en la actualidad. No es de extrañar lo exiguo del número de escolanes en aquellos remotos tiem¬ pos, pues los monjes en aquella época no podían pasar de doce. Para explicarnos el origen de esta institución singularísima, única en los ceno¬ bios benedictinos, forzosamente tenemos que dejar paso a la fantasia. ¿Pudo ser aquella música instituida la Escolania para perpetuar de esta manera y cantos celestiales, que la tradición nos refiere que acompañaron al maravilloso ha¬ llazgo de la Sagrada Imagen? Nadie mejor que las voces blancas de los tiernos niños y el tañido de instrumentos musicales por manos adolescentes, podia simbolizar mejor la música y los cánticos angélicos que se oyeron en la sagrada Cueva preconizando a la Imagen Taumaturga. 144 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Los monjes acaso se hicieron intérpretes de esta tradición y crearon la Esco¬ lania como un coro angeli¬ cal, que alternara su "Laus Perennis" con el culto que a todas horas se daba a la Virgen de Montserrat, cons¬ tituyendo esta capilla de música un elemento de pri¬ mer orden para que el cul¬ to revistiera el máximo es¬ plendor. El gran Abad Cisneros, figura central y preponderante entre todos los Priores y Abades de Montserrat, al reformar la comunidad benedictina, a tenor de la observan¬ cia vallisoletana, suprimió la Escolania, a pesar de ser ésta un elemento extraño no para los monjes de Valladolid; al contrario, reconociendo a esta Institución como a algo inherente al Santuario, la incrementó, dándole una reglamentación prudente y sa¬ bia, pues al par que ordenó su organización como elemento del culto a la Virgen, señaló la cultura que debían tener los escolanes, al mandar que se les enseñase gramática, arit¬ mética, etc. De modo que desde aquella época (siglo xv) ha regido para la Escolania el plan de estudios que para esta edad infantil ha sido el mejor en todas las épocas. Desde luego, los escolanes, desde su origen, fueron destinados exclusivamente al culto; pues a través de los siglos no consta en documento alguno que los monjes los emplearan en trabajos serviles, los cuales corrían a cargo de los donados y criados del Monasterio. Documentos antiguos nos hablan de que un escolán debia leer en latin du¬ rante la hora de la refección de los monjes y en lengua vulgar, en la de los escolanes. LA MUSICA MONTSERRATINA La tradición musical montserratina es antiquísima; lo mismo ha cultivado la Es¬ colania la música sacra que la extralitúrgica. Existen códices caligráficos que contienen cantos populares dedicados a la Virgen de Montserrat y que se cantaban en las peregrí- 14Ó MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA naciones; cánticos que es muy lógico se atribuyan a los monjes y cuya mú¬ sica los técnicos la hacen datar del siglo XIII.Entre estos cantos destaca el titulado "Dolça Harmonia a la Dolcissi- ma Verge Maria". En el siglo xv aparece ya per¬ fectamente organizada la Capilla de Música de la Escolania, pues se habla del maestro de los escolanes y del or¬ ganista. El estudio de la música es la ocupación principal del escolán. La cultura musical consiste en la teoría y práctica del solfeo, de instrumentos de cuerda y metal, del órgano y hasta de la composición. Esta cultura de la antigua que, cuando el rey Felipe V, música integral es tan en 1707 visitó el Santuario, en presencia del cuerpo de músicos y cantores de la Corte, dió la Escolania un concierto, ejecutando, entre otras piezas, una Salve a cuatro voces bajo la batuta de un escolán. En los siglos XVII y xviii se formaron en la escuela de música de Montserrat un gran número de organistas y maestros de capilla, los que invadieron las catedrales y colegiatas de España, pues se solicitaban constantemente escolanes de Montserrat para cubrir las plazas vacantes. En nuestros días y a pesar de la divulgación de la música, en las oposiciones los escolanes de Montserrat son adversarios temibles para sus contrincantes y casi siem¬ pre son ellos los que ganan las plazas. Montserrat, desde tiempo emporio de la músi¬ inmemorial, ha sido el verdadero casacra en España. La Escolania, no sólo ha cultivado la más rigurosa técnica en la composición, sino también la más esmerada ejecución vocal e instrumental, habiendo 10 146 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA sido siempre, como hemos dicho, un exuberante plantel de maestros del divino arte. Su tradición es gloriosisima y nointerrumpida a través de los siglos más que en el triste lapso de tiempo que medió entre la destrucción del Monasterio por las tropas de Napoleón hasta la restauración definitiva del culto, cuyo centenario acaba de cele¬ brarse. Desde la restauración del Monasterio y la incrementación de la Comunidad, que se independizó de Valladolid en 1862, la Escolania siguió paralelamente un ritmo ascen¬ sional, llegando al pináculo de su gloriosa fama al vestir la cogulla el insigne maestro de Capilla de la Catedral de Valencia, el Padre Manuel Guzmán, el año 1890, bajo cuya dirección la Escolania de Montserrat alcanzó la máxima incrementación en todos sus aspectos, adelantándose la interpretación de la música litúrgica en a las normas que más tarde fijaron los decretos pontificios. ADMISION DE LOS ESCOLANES La edad para el ingreso la Escolania en se fija entre los siete y diez años. Las almas de los que cantan a la Reina de los Cielos deben inocentes, ser puras, que no ha¬ yan sufrido todavia los embates del mundo. La ceremonia de vestir los niños los pies de la Virgen, rodeados de sus compa¬ a ñeros, constituye uno de los actos litúrgicos más emocionantes. En algunos casos se les ha rodeado de la máxima solemnidad, cuando al neófito acompañan circunstancias ex¬ cepcionales. Asi las crónicas nos refieren que, con ocasión del ingreso en la Escolania de hijo de los duques de Cardona, en 29 de abril de 1736, se empleó un ritual prin¬ un cipesco. El Abad, acompañado de dos monjes, fué a recibir a los duques a "Can Massa- na", y, al llegar al Monasterio, se organizó una procesión, siguiéndose suntuosas so¬ lemnidades, según constaba en los antiguos archivos del monasterio. Se admite a los escolanes de todas las clases sociales, desde el heredero de la más alta nobleza hasta elhijo del más humilde labriego. Así como al gran Abad Garriga lo condujo su padre, un labrador de Pinós a los siete años de edad, como ofrenda a la Vir¬ gen, también los Cardona, Aytona, Moneada, Santa Coloma, Rocaberti, Requesens y otras ilustres familias de la nobleza catalana tuvieron a gran honra el que sus hijos ingresaran 147 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA en la Escolania Montserratina; y cuando éstos, en el engranaje social, ocupaban más tarde elevados cargos, se acordaban siempre de sus años de la infancia que habian vi¬ vido en la Montaña Santa, con dias felices transcurridos la dulce nostalgia de aquellos entre armonias celestes y perfumes de incienso, cabe el trono de la Virgen Morena. Asi don Juan de Cardona, almirante de las naves que defendian la isla de Malta, siendo virrey de Navarra, escribia al Padre Abad de Montserrat: "Decid a mis lierma- nitos, los escolanes, que no me olviden y me encomienden a la Santísima Virgen." Diremos, para terminar, que laEscolania es el joyel de Montserrat y el mejor ornato del solio de la Virgen y, para el peregrino, cuando escucha absorto aquel canto de la Salve y del Virolay, entonado por aquellas voces infantiles que le llegan al alma, eleva fervoroso, desde el fondo de su corazón, una plegaria a su Virgen Morena, y, lleno de devoción, exclama: "¡Un coro de ángeles en la tierra!" ? •?'- nv V ^ í «>- ■" ••-í i',*v-; - .ít^-iCr- - pèeí- Qïïiiïi'fíí-Mï^S^í^^- ^ ^!ss^'. -•À ohfisîî^.j; > *. _ • • • ,-> --k ■-, • jfi su - ■■i·· ■ .1 •■■ . -A. vh-.. é-at 'í«;?<1;irf o^Fí d lïl> pon - ' ■í) n .' • .... ,. • • . v.^.-í . . • »■ • .va ^V' V. 3ol>rrîîOPîK^l í>]·» .£>3 'i' ' j í-r- è%'Î " ■-:- = ■!:■• 5 •S' :fiPSltfea«i^sa3i#i^^ oœstif" . n' V rJ-sl 8l '*r^üí^1'9Ò 9ÍJp tíSTjRüsiCÍ -V' " 'teî> ^ 'v' .>¿'3 . ^Jp^^QMahhsixlA- '¿'■· Jf'"S-v ■ Lríá^^^ ímr ^istafT .^íímvffíaM\^ü íj^ ojitigdfí íí* ^r,^ii!í b'- •4" ' *ifc ■ * -ív fv·'^ ¿^'5£í£'·"'ti' T-«Í¿ÍP CAPITULO XVII La imprenta y la biblioteca de Montserrat No seria completa la vision de Montserrat, que nos proponemos reflejar en estas páginas, sin el capitulo correspondiente a su gloriosa imprenta y biblioteca; come¬ teríamos con ello una injusticia imperdonable, pues en la conciencia de todos los que están más o menos versados en materias bibliográficas, consta que, a la meritisima Or¬ den Benedictina le es acreedora la civilización, por haber salvado del naufragio los in¬ gentes tesoros que, de todos los ramos del saber humano, nos legó la antigüedad. No hay que perder de vista, por partir de su Ínclito funda¬ otra parte, que, a dor, es un hecho comprobado lo que constituye un algo consubstancial con el espíritu benedictino: el amor al libro. Cuando la lectura era patrimonio de muy pocos, el gran Patriarca de la vida cenobítica en Occidente, ordena en su famosa Regla que en los dias de Cuaresma todos los monjes TOMEN UN LIBRO DE LA BIBLIOTECA Y QUE IN¬ TEGRAMENTE LO LEAN. "In quibus diebus Quadragessimae omnes singulos códices de bibliotheca quos per ordinem ex integro legant" (Cap. XLYIII 35, 38). Ahora bien, una Orden que en los siglos medios llegó a contar con treinta y sie¬ te mil abadías, puede imaginarse el lector el número de amanuenses que deberla em¬ plear, para surtir de códices las bibliotecas de tantos monasterios (muchos de los cua¬ a les eran además centros docentes), para satisfacer las necesidades de la gran familia benedictina. Los libros litúrgicos, los clásicos griegos y latinos, los Santos Padres, la Biblia, los libros ascéticos, etc., representaban cientos de miles de códices, abastecidos en su labor constante por los infatigables hijos de San Benito. Montecassino, Bobbio, Malmesburgo, Lindisfarne, Luxeuil, Ripoll, Tours, Ful- 150 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA P20ce(nonai:m5^m confuctiidí^ da, Sant Gall, Corbie y otras grandes abadías ncyUoiiacbo^ú con^egationis fueron centros productores de transcripcio¬ fa'flcti 3&qiedicti oc ^ todolid nes, abasteciendo con ellas a las otras Aba¬ días y Prioratos y nutriendo asi sus respecti¬ vas bibliotecas; pues de los benedictinos es el famoso proverbio: "Claustrum sine arma¬ rio, quasi castrum sine armentario". Monas¬ terio sin librería, como castillo sin armería. Los benedictinos fueron los gran¬ des maestros de la Paleografía. Al aparecer la iluminación de los códices, fueron los ce¬ nobios benedictinos estudios del arte más delicado, cultivando la miniatura con toda su riqueza en el dibujo y colorido. Portada del "Processioiiariuni" Luschner. Afíosto 1500 Era lógico, pues, que con esta tra¬ dición bibliófila y paleogràfica, fueran los benedictinos los auténticos precursores de la imprenta, ya que está fuera de toda duda que los monjes de San Benito fueron los primeros que emplearon la xilografía (inci¬ siones en madera), grabados en boj, que sólo separa un paso de la imprenta. Con alegría inmensa fué recibida por los benedictinos la aparición de la im¬ prenta; con ella, el libro tendría la difusión tan deseada y por ellos soñada. No podía quedar Montserrat rezagado en aquel movimiento tan transcenden¬ tal para la bibliografía. Regía afortunadamente los destinos del real cenobio el, por tantos títulos gran Abad, Padre García de Cisneros, y a pesar de ser una filial de Valladolid, cumplía con la misión de las antiguas abadías matrices, suministrando las transcripciones de los códices a las abadías inferiores y prioratos. Al saber el Padre Abad Cisneros que en Barcelona el alemán Juan Luschner tiene establecida una imprenta, envía allí a su colaborador fidelísimo. Padre Pedro de Burgos y al Padre Camps, que cierran un contrato con el impresor. Se inaugura la im- Í \ MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 153 prenta en diciembre de 1498, terminando a su satisfacción el contrato en 13 de noviem¬ bre de 1500 y enriqueciendo la imprenta de 0c(lultipafcbaleai Montserrat a la bibliografia con valiosisi- comento Bntoní; He bnlTeiiíl9:er /Uanini^uarrae cantabú mos incunables. annotationtbua. imprenta de Montse¬ Fundada la rrat, el Padre Abad Cisneros suministró a los monasterios de la Congregación los libros que necesitaban, principalmente litúrgicos y ascéticos. Algunos años después, el Abad, Pa¬ dre Pedro de Burgos, fiel continuador de la obra de Cisneros, contrató al otro famoso impresor, Rosembach, quien, en 1518, montó la imprenta en Montserrat, produ¬ ciendo una riqueza de libros de inestimable Portada deU'*Sodulii Paschále" valor. coii^uii escudo de Rosembach. Año 1515 Montserrat contaba ya con una im¬ prenta: los monjes hablan alcanzado el desiderátum de todos sus afanes bibliófilos. podia olvidar la imprenta, el Padre Abad Marcet, al completar la obra de No restauración de Montserrat. Sin perder el clasicismo, fué instalada con todos los adelan¬ tos modernos y el dia de San Antonio de 1919, salia' de la imprenta montserratina el magnífico libro, escrito el Padre Anselmo M. Albareda, "Historia de la Imprenta por de Montserrat", verdadera joya editorial y con la que se reanudaba el glorioso historial de la imprenta montserratina, prometedora de un esplendoroso porvenir. LA BIBLIOTECA En otros lugares de este libro nos ocupamos incidentalmente de la biblioteca de Montserrat. Era considerada, antes de su destrucción por los franceses, como la se¬ gunda de Cataluña; pues se estimaba que la primera era la de los PP. Dominicos de Santa Catalina de Barcelona. 154 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA verdaderamente irreparable. Sos- pecharon algunos que los france- ses no habían destruido, sino ro- mentos de gran valor, pero hasta MÍi''|jlBJ el presente, y a pesar de haberse HÉH ■■■■■■ practicado rigurosas investiga- ciones, no se ha encontrado ras- Vista de la biblioteca trO algUnO dc SU CxistCUCia. FuC- ron hallados desperdigados por distintos lugares de la región, algunos incunables y diversos libros de la antigua biblio¬ teca, contándose entre manuscritos e incunables con algunos centenares de ejemplares selectos, que es lo único salvado del antiguo tesoro bibliófilo. Pero el Revdmo. Padre-Abad Mar¬ cel, restaurador de la imprenta, no ha per¬ donado ocasión ni medio, para dotar a Mont¬ serrat de una biblioteca digna del historial del real monasterio. Ha levantado la nueva biblioteca en el mismo amplio local que habilitó, en el M último tercio del siglo xvi, el x\bad Felipe de Santiago, transformado espléndidamen¬ te por el exquisito arquitecto, señor Puig y Cadafalch. Para que el lector pueda formarse una cabal idea de los esfuerzos queha te¬ nido que soportar el Padre Abad Marcet y la comunidad de Montserrat, basta decir que el rico contenido de este templo de la cien¬ cia, es de CIENTO CINCUENTA MIL VO¬ LUMENES Y SETENTA Y CINCO MIL FO- Vista de la biblioteca MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 155 LLETOS, sin contar los duplicados. Las fotografías que ilustran este capitulo darán al lector una idea de la enorme importancia de la biblioteca montserratina. Pero no es el número, sino la selección, lo que valoriza una biblioteca; y esto lo ha conseguido el Padre Abad Marcel, contando con la entusiasta colaboración de sa¬ bios y expertos archiveros y bibliotecarios. Gracias a tantos desvelos, hoy cuenta Montserrat con una magnifica biblioteca. Pero el insaciable afán benedictino por los libros acucia sin cesar al Padre Abad Marcel, y de diá en dia acrece constantemente el rico acervo bibliófilo con la adquisición de las obras nuevas de reconocido mérito, no sin rebuscar entre lo antiguo lo bueno y accesible, para enriquecer la biblioteca montserratina, cuya fama ha traspa¬ sado ya las fronteras nacionales. Las devastaciones que sufrieron las bibliotecas de las Ordenes religiosas en los luctuosos dias del dominio rojo, no alcanzaron a la biblioteca de Montserrat en las proporciones que eran de temer, viéndose con ello la protección de la Virgen Morena sobre todas las cosas que son a su mayor honor y gloria.