CAPITULO XVIII Don Juan de Aragón, duque de Luna, y su devoción a Nuestra Señora de Montserrat Don Juan de Aragón, duque de Luna y conde de Ribagorza, pariente muy cer¬ cano de Fernando el Católico, no sólo fué un fervoroso devoto de Nuestra Señora de Montserrat, sino un propulsor de esta devoción y un propagador incansable. Durante el gobierno del Abad Pedro de Burgos obró Dios tantos y tan resonan¬ tes milagros por intercesión de la Sagrada Imagen, obligaron al devoto magnate a que escribir al citado Padre Abad, excitándole a que publicara un libro sobre el Santuario, en el que se refirieran, lo más detalladamente posible, los milagros obrados por la Ima¬ gen Taumaturga, con todas las garantías de la autenticidad. La carta del duque de Luna es ponderada; nos re¬ vela un alma devota, creyente, pero no crédula y menos su¬ persticiosa; y son tan vivos sus deseos de que el Abad se decida a escribir el libro, que incluso le hilvana el plan a se¬ guir en la obra. Como curiosidad histórica y, de acuerdo con el fin que nos proponemos en este libro de divulgación montserra- tina, insertamos la carta del duque de Luna y la magnifica contestación del insigne abad montserratino. Lo haremos "ad pedem litterae" para que el lector pueda degustar el sabor de la época. 158 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA CARTA DEL DUQUE DE LUNA "La fama de esta devotísima y celebérrima Casa de Nuestra Señora de Mont- serrate entre nosotros y, donde quiera que me he hallado, es tan sublimada y repu¬ tada, no solamente de la gente vulgar y común, más aún de los principes y grandes prelados y señores, que ,yo no puedo, no, deponer mi pertinacia de no dar algún crédito a las cosas, que tanto y tantos se afirman. Que aunque diversas veces ha¬ de tales y por ya visto por experiencia recitar milagros y contar maravillas y, después, cuando es bien palpado y examinado, Jiallarse o todo o la mayor parte de ellos ser hurla, y a esta causa lo que de esta materia se dice, lo suelo tener por sospechoso, "También temo errar por el camino contrario, no queriéndome inclinar a creer lo que personas de tanta nobleza autoridad creen, mayormente que cuanto han dicho y dicen que todo lo que se puede creer es nada en comparación de lo que es verdad, "Pues porque yo, como otro Paulo convertido de Sanio, prediqué maravillas, que con tanta dificnltad suelo creer y tan fácilmente suelo contradecir, y oidas de mi boca tanto sean habidas y reputadas por ciertas examinadas, cuando todos los que y me conocen saben, que no sea muy cierto fundadamente las crei, "Ruego a V, R, P, que, como verdadero siervo de Nuestra Señora de Montse¬ rrat, que tantos años ha gobernado esta devotisima casa, breve y fielmente por su letra me informe de todo lo que buenamente explicar supiere; porque, teniéndola de su ma¬ no, mi corazón estará muy reposado y satisfecho y, con la ayuda de la misma Nuestra Señora, yo me esforzaré en publicar sus verdaderas maravillas, las cuales sé que siem¬ pre que Ella quiere, su precioso Hijo por su amor obra; que no soy menos devoto a las ciertas que dudoso en no las tener por ciertas, sin fundamento cierto, Y señaladamente me satisfaga a los capítulos siguientes: "Primeramente: el primer capitulo sea de la disposición de esa tan famosísima Montaña y de su compostura y aspereza, y de algunas cosas notables que en ella son. "El segundo: por qué esa Montaña se llama Montserrate y por qué esa devota Casa tiene por armas unos riscos como montañas y, en lo más alto de ellas, la Madre de Dios asentada con su bendito Hijo en los brazos que tiene una sierra en las manos, puesta sobre las peñas, como si las aserrase. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 159 "El tercero: declararme la fundación de esa celebérrima Casa de Montserrate y cuándo fué hallada la bendita Imagen de esa Sacratísima Señora y la vida de fray Juan Gari. "El cuarto: cómo está edificada esa Capilla angelical, y de su iglesia y de los misterios y cosas notables que en ella son, y la causa por qué hay en las paredes de ella tantas cosas de pinturas y bultos, "En el quinto: diga qué me la es causa que esta Santa Casa, siendo tan pobre y teniendo tan poca renta, según todos di¬ cen, hacen tan grandes gastos, y no es des¬ truida, más antes todos dicen que prospera; y cómo ha sido preservada en luengos tiem¬ pos de las grandísimas rocas que sobre ella Acémilas regresando de San Jerónimo están y de las que, de lo más alto de las peñas, sobre ella han caldo, lo cual, ciertamente, no es sino obra divina. "El sexto: de la gente y personas que en esa Santa Casa están propios ser¬ o sea vidores continuos de la Madre de Dios y en qué,ejercicios gastan el tiempo y continua¬ mente están ocupados. "En el séptimo: le ruego me escriba el número de las acémilas que continua¬ mente están en ese Santo Lugar, para el acarreo de las provisiones y vituallas necesarias al servicio de esa devotísima Casa; porque dicen son en gran número. "El octavo: sea de la Imagen de la Santísima Madre de Dios, que antiguamen¬ te fué hallada en esa Montaña, que, según dicen ahora, está en el altar mayor de la igle¬ sia de esa Santa Casa; escribiéndome del tamaño y color que esa bendita Imagen tiene. "El noveno: porque yo estoy maravillado de que a muchos he oído decir que en esa Santa Casa apenas en ningún tiempo la oración cesa y alabanzas al Todopode¬ roso Dios, y a su gloriosísima Madre; le ruego me avise, si es asi, y cómo puede ser. "El décimo: de la devoción de las gentes de todo el universo mundo, que tienen 160 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA a esa Santa Casa, y del gran concurso de los innumerables peregrinos y gente que a ella continuamente vienen; y también me escriba el modo y la causa de su venida. "El onceno: me alegrarla mucho me escribiese la ordenación de la devotísima Cofradía de esa Santa Casa y los beneficios que los devotos cofrades de ella sacan. grandezas hechos por esa Santísima "Eljdoceno y último: sea de los milagros y Señora Virgen Maria de Montserrat, asi de los que hallaron autorizados y escritos de sus antecesores pasados, como de los que, en su tiempo, han acaecido y tienen notado. "Y después: sobre todo esto añada V. R. P. todo lo que más le ocurriese; por¬ que, ,aunque le he rogado que sea breve, y tanta materia no podrá decir en pocas pala¬ bras, por breve será reputado lo que no excediera los limites que la grandeza de la obra requiere. Y en esto, sólo hará señalado servicio a Nuestro Señor Dios, y a su glorio¬ no sísima Madre y a mi, de le quedar en grandísima obligación; más aún será gran lumbre y causa de mucho aprovechamiento los fieles cristianos, los cuales en leerlo, con los a oidos de tanta grandeza y misterio, serán convertidos al amor de Nuestro Señor Dios y de su benditísima Madre. Y con esto la Santísima Trinidad, la persona, vida,y estado de su Reverenda Paternidad, guarde y conserve en su santo servicio. "De Barcelona, a dieciocho de marzo, año mil quinientos y catorce. "A lo que V. R. P. ordenare. El duque de Luna" Respondió el Inclito Abad al duque con la siguiente carta: "Ilustrisimo Señor: "Si Nuestro Señor, tuvo por bien, que su escogido Apóstol Santo Tomás dudase de su Resurrección, porque palpado creyese y, tocando con sus manos sus Sacratísimas Llagas, quitase de nuestras ánimas toda ocasión de incredulidad; así su preciosa Madre, Nuestra Señora, no tendrá por mal el examen que vuestra muy ilustre Señoría, sobre sus maravillas, hace; pues ve que no procede sino de deseo de poderlas mejor afirmar, y para quitar la ocasión de no creer lo falso por verdadero; y asi yo, viendo el piadoso celo con que se mueve a ser informado de las cosas de esta Montaña y Santuario de Montse- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 161 rrate y de las maravillas y milagros que el Señor, por los méritos e intercesión de la piadosa Madre suya, en esta Casa ha obrado y obra. "Con muy alegre co¬ razón acepté su ruego, con¬ fiando en Ella, que, pues así le ha iluminado a tenerlas por ciertas, después que por mí fuera bien informado le dará virtud para las mani¬ festar y ensalzar como con¬ viene. "De esto puede es¬ tar muy cierto que no le es¬ cribiré sino cosas muy cier¬ tas. Las antiguas, según en los libros de la Casa, están escritas; las nuevas son tan¬ tas y tan señaladas, que dan no pequeño testimonio para creerse, sin duda, las anti¬ guas que no habemos visto; y en todo procuraré ser tan Fragmentos del mausoleo del duque de Luna breve como fiel, aunque pa¬ ra los que no han visto este lugar será necesario algunas veces alargar un poco. "Pésame que carezco de la elocuencia que tan preciosa obra merece; pero con¬ suélame que la verdad, siempre y fielmente recitada, de si misma tiene cumplido fa¬ vor; porque sus interrogaciones vienen tan bien ordenadas que no me parece en la pro¬ secución de la obra se pueda tener mejor orden. "Yo delibero poner aquellas mismas por título, según su ordenación, y, debajo de cada titulo, narrar lo que a su propósito hace. 11 162 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Y queda rogando al Señor la vida estado de vuestra que y muy ilustre Señoría guarde y prospere como deseo. "Desde su devotísima Casa de Montserrate, a seis de octubre de mil quinientos catorce. "De V. I. S. indigno Capellán y servidor, El Abad de Montserrat." Contestó el Padre Burgos al duque cuando habla ya cumplido con sus deseos, pues durante seis meses trabajó el gran abad en escribir la obra, la que tituló "Historia y Milagros de Nuestra Señora de Montserrate", que ha sido la cantera de donde los es¬ critores montserratinos extrajeron los materiales cimentar para sus escritos. Produjo tal efecto el ánimo del duque de Luna el libro del Padre Burgos, en que, como dice un autor (1), en todos los restantes años de su vida, que fueron doce, siempre fué incesante pregonero de las maravillas y prodigios que en él se referían y lo propagó por toda España y otras naciones remitiendo el libro. Huelga decir la devoción de Don Juan de Aragón a Nuestra Señora de que Montserrat había de ser ferventísima al quererse pertrechar con la autoridad del, por tantos títulos insigne, Abad Padre Pedro de Burgos. Como oíros principes y magnates, ofreció una lámpara a la Virgen y, sentía tal amor al Santuario, que resolvió aguardar en él a exhalar su último suspiro, para cuyo fin mandó eregir en su Templo un suntuoso mausoleo donde reposaran sus cenizas. Fué destruido por el vandalismo francés que, como tantas otras riquezas del Monasterio, mutiló destruyó. Los fragmentos de ese o mausoleo están expuestos en una de las galerías del claustro románico ordenados en lo posible. Era una obra bellísima de finísimo mármol, de sabor florentino. (1) Serra y Postius. Historia de Nuestra Señora de Montserrate, parte 2.®, capitulo IV. CAPITULO XIX Los milagros de Ntra. Sra. de Montserrat El milagro ,es un suceso sobrenatural. Por consiguiente, es obra de Dios. A veces se sirve Dios, como instrumento de su obra divina, de los Santos, de las imágenes sa¬ gradas, de las reliquias, etc. Dios obra el milagro para gloria y exaltación de su nombre, para confirmación de las verdades de nuestra fe y como prueba auténtica de la santidad de sus siervos. Por esto el milagro sólo puede existir en el seno de la Iglesia Católica, como única depositaria que es en la tierra de las verdades del orden sobrenatural. Por esto en la Iglesia Católica nunca falta el milagro, porque es Santa y, en su desenvolvimiento a través de los tiempos no Je ha faltado ni le faltará jamás, hasta la consumación de los siglos, la asistencia divina. Más aún; su misma existencia es un mi¬ lagro viviente y perpetuo que demuestra a los ojos del pensador que no es una institu¬ ción humana, pues efímero. Cayeron los tronos de los emperadores, todo lo humano es se derrumbaron los imperios y las monarquías más poderosas; sólo la Iglesia subsiste cada vez más vigorosa por encima de tantas ruinas. Ya en el siglo ivel gran doctor africano San Agustín, como argumento apodítico de la verdad divina del Cristianismo, formulaba el famoso dilema: "El milagro, indiscu¬ tiblemente, es obra de Dios. Pues bien, la religión cristiana es obra de milagro o no lo es: si es obra de milagro divina y, por consiguiente, es la religión verdadera; si no es es obra de milagro no existe mayor milagro que, siendo su doctrina tan opuesta a los vi¬ cios y costumbres paganas, sin ninguna fuerza material para imponerse y sólo inmolan- 164 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA do SU vida millones de sus seguidores, no sólo haya subsistido, sino dominado a todos sus perseguidores." No falta el milagro en la Iglesia Santa; pero como se ha entibiado tanto nunca la fe, he aqui el motivo por qué Dios no nos favorece con los hechos milagrosos que tanto prodigaba en los tiempos de fe viva y ardiente. Se visitaban entonces los San¬ tuarios con espirito de devoción y penitencia; hoy muchas veces, se hace la visita en plan de turismo. Lo que ha sido Lourdes en los últimos tiempos, lo fué Montserrat durante mu¬ chos siglos. De todas partes de Europa afluían los peregrinos a Montserrat, atraídos por la fama de los constantes milagros que Dios hacia por intercesión de la Virgen San¬ tísima, bajo la advocación de Nuestra Señora de Montserrat y en presencia muchas ve¬ ces de la Sagrada Imagen. Eran tan numerosos los peregrinos que acudían al .Santuario, a pesar de los escasos y penosos medios de comunicación, que el abad Pedro de Burgos, que regentó el Monasterio a primeros del siglo xvi, asegura que calculando por debajo de la reali¬ dad, por término medio visitaban el Santuario cuatrocientos peregrinos cada dia. Y su¬ bían la montaña con tales demostraciones de penitencia que muchas veces tenían que mandar sacerdotes para que les conmutaran los votos, pues de lo contrario hubieran caído exánimes en la mitad del camino. Son tantas las maravillas — continúa diciendo el mismo prelado — que acaecen en presencia de esta maravillosa Imagen, "que no hay quien lo abaste a explicar". En el libro escrito por dicho Padre abad titulado "Historia y Milagros de Nues¬ tra Señora de Montserrat" describe trescientos veinticinco milagros. Observa el piadoso Abad que la Bendita Imagen de Nuestra Señora de Montserrat constituyealgo mi¬ un lagroso, que parece más una cosa celestial y divina que terrena y humana; lo cual de¬ muestra con los portentos que en su invención acaecieron, que ni se sabe quién fué el autor ni de dónde vino a aquella cueva y ha sido conservada por Dios, sin permitir re¬ novación alguna en ella. Nosotros, de los muchos milagros referidos y de cuya autenticidad tenían prue- 165 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA bas archivadas, sólo entresacaremos algunos que sirvan de acicate a nuestra fe y a nuestra devoción a tan excelsa Señora. Desde luego, cumpliendo las normas de la Igle¬ sia, a Ella sometemos el juicio definitivo sobre la veracidad de los hechos que vamos a referir. Antes de comenzar grandes milagros obrados por intercesión la relación de los de Nuestra Señora de Montserrat, debemos hacer notar, como observó el ya citado Padre Burgos, que ya constituye algo milagroso no sólo la existencia de la bendita Imagen, sino también su conservación a través de tantos siglos, sin permitir retoques ni refor¬ mas en la misma. A este propósito empezaremos la relación de los milagros por uno muy singu¬ lar, que se refiere a la propia Imagen de la Virgen Santisima. Un abad del Monasterio, al ver tan ennegrecida la gloriosa Imagen, creyó ne¬ cesario retocarla ypintarla de nuevo. Llamó, pues, a un famoso pintor de la villa de Cervera, conocido con el nombre de Maestre Andrés, para que la reformase y pintase. Pero al intentar el artista realizar la obra que le habían encomendado — co¬ menzó por Ante este,porten¬ la espalda de la Virgen —, quedó repentinamente ciego. to, se determinó que en ningún tiempo fuera reformada ni retocada la sagrada Imagen, pues clara era la voluntad de Dios de que permaneciera de aquella forma y color. El Maestre Andrés, sintiéndose ciego y movido de fervorosa fe y devoción y de un gran respeto la Santísima Virgen velaba muchas veces en la Iglesia y se enco¬ a mendaba a las oraciones de todos los peregrinos que acudían al Santuario, los cuales, al conocer el motivo de su ceguera sentían aumentar su devoción a la santa Imagen. Pasados tres meses de aquel portentoso suceso, mientras un dia se cantaba en la Iglesia el himno dedicado a la Santisima Virgen "Ave María Stella", que el pintor oía fervorosamente, al llegar al verso "Solve vincla reis, profer lumen caecis" súbita¬ mente recobró la vista. El artista y todos los presentes dieron gracias a Dios y a su bendita Madre por este nuevo portento el pintor especialmente por la merced recibida, regresando a y Cervera y publicando el milagro para gloria de Dios y de su Santísima Madre. 166 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA UN MUERTO DE TRES DIAS RESUCITADO Sucedió en Villa- franca de Confient. Vivia alii un rico mercader, cu¬ ya mujer era devotisima de Nuestra Señora de Montserrat, de tal manera que todos los años solia vi¬ sitarla en devota peregri¬ nación. Este matrimonio tenia un hijo pequeño, que criaba una ama en su casa. Por descuido de dicha ama, el niño se acercó a un había la misma pozo que en casa y cayó en él. Su madre y el ama buscaron desoladas al niño, hasta que lo encontraron ahogado en el pozo. Ayudadas por los vecinos lo sacaron de alli y la madre, queriendo ocultar la desgracia a su marido, puso el cadáver del niño en una habitación y la cerró, mientras que, animada del mayor fervor y, con los ojos bañados en lágrimas, rogaba a Dios que por intercesión de Nuestra Señora de Montserrat la sacara de aquel trance: llena de confianza le pedía la resurrección de su hijo. Pudo ocultar a su marido durante dos días la falta del niño fingiendo que estaba en casa de unos tíos; pero al tercer dia su esposo comenzó a estar preocupado, negándo¬ se a comer si hijo no estaba en la mesa y, al preguntar por qué estaba cerrada su aque¬ lla habitación, la pobre mujer cayó al suelo desmayada y sin sentido. Algunos de los allí presentes que sabían lo sucedido, contaron el caso al ma¬ rido; el cual tomando la llave de la habitación, "que colgaba de la cinta como es cos¬ tumbre" (dice la crónica), envió aviso a la Parroquia para que viniesen a por el cuerpo inanimado de su hijo y enterrarlo. Mas al abrir la habitación para amortajarle, por la merced y gracia de Dios de la Santísima Virgen Maria, hallaron al niño vivo y y sonrien¬ te, sentado y jugando con las sábanas de la cama. Volvió en si la madre y vió, juntamente con su marido y otros muchos vecinos. 167 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA el gran prodigio que Dios habia hecho por intercesión de Nuestra Señora de Montserrat, dando clamorosas gracias y alabanzas a Dios y a la Virgen. Obrado el milagro los padres, juntamente con el niño, fueron a visitar a la Imagen para darle las gracias por la portentosa merced recibida; depositaron en el San¬ tuario la mortaja y ofrecieron otros dones. De este milagro se levantó testimonio pú¬ blico. UNA PERSONA QUE TENIA LA LENGUA CORTADA LA RECORRA MILAGROSAMENTE El dia 26 de diciembre de 1507, por la mañana, se presentó en Montserrat un muchacho de quince años casi desfallecido. Preguntado por los encargados de los po¬ bres y peregrinos qué le dolia, sólo respondió con signos y ademanes, pues como era analfabeto no al observar que escupía sangre, abriéronle la boca y podia escribir; y vieron que tenia la lengua cortada casi de raiz. Horrorizados los criados de tanta cruel¬ dad y, ejecutada en un tierno niño, comunicaron el horrible caso al Padre Abad, el cual recomendó al venerable fray Alonso de Fuente el Sol, limosnero, que le prestase todo auxilio y buen tratamiento. Como no pudiese tragar los potajes corrientes, por consejo del Maestro Rartolomé Cometi, médico, fué llevado a la enfermería para que alli fuese curado. El enfermeró, llamado Beltrán Aragonés, le prodigaba todos los consuelos que podia. Otros muchos de la Santa Casa también iban consolarle, especialmente el vene¬ a rable fray Mateo Vallés, donado y cerero del Monasterio. Todos le exhortaban a encomendase a Nuestra Señora de Montserrat y que se todos también, por la gran lástima que les inspiraba, rogaban fervorosamente por él. Estando en dicha enfermería, el dia 8 de enero de 1508, un poco antes de la salida del sol, el enfermero que le tenia a su cargo, al regresar de la misa matutinal, a la que solían ir todos los donados y familiares del Monasterio, entró en la enfermería y dijo al muchacho, que aún estaba en la cama: "levántate que desayunarás". El muchacho, rebosante de alegria contestó: "esperad, me be de vestir, lavar- 168 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA me la cara y las manos y dar gracias a Dios y a su Santisima Madre por la gran mer¬ ced que me ha hecho". El enfermero, atónito al oírle hablar, exclamó: "¿qué es esto? ¿hablas?, ¿tienes lengua?" "Sí, tengo lengua — respondió el muchacho—, de otra mane¬ ra, ¿cómo podría hablar?" El enfermero, gozoso, le dijo: "¡abre la boca!"... Entonces apareció la lengua, hermosa, algo blanca desde donde fué cortada, no aguda en la punta sino redondeada. Dime: "¿cómo tç llamas?" Respondió el muchacho: "Me llamo Juan de Erbenga y soy natural de la ciudad de Sahona". "Cuéntame cómo te ha sido restituida la lengua". El muchacho respondió: "Poco antes de que viniese V. R., un niño subió sobre el escaño; era el niño blanco como la nieve y tenía la cabeza descubierta y los cabellos rubios y crespos. Sin decirme nada metióme el dedo en la boca y, queriéndole yo coger, huyó y desapareció; luego sentí que ya tenía lengua". Fué tal la alegría y emoción del enfermero al oír al muchacho, que tomándole en sus brazos, lo llevó al Padre Abad, que entonces lo era fray García de Cisneros, el cual como le viese restituida la lengua, que le había visto cortada, oída la forma prodigio¬ y sa cómo la había recobrado, mandó tañer las campanas y, reunida la Comunidad en la iglesia, se cantó un solemne Te Deum. Divulgado el milagro, de muchos lugares vinieron a ver al muchacho y le ha¬ cían mostrar la lengua, la que, como hemos dicho, se diferenciaba en la parte recobra¬ da de la primitiva por su forma y color y, con este motivo acentuó más se y más la fe y confianza en la intercesión de la Santísima Virgen. Explicó después el muchacho cómo le habían cortado la lengua. "Acababa de salir — dijo — de San Celoni, cuando se juntaron conmigo otros dos jóvenes pobres y, después de atravesar Tarrasa, se apartaron del camino real y escondidos en un sitio en el que no podían vistos, robaron el dinero ser me que llevaba (dos sueldos y cinco dineros); y como les amenazara que les denunciaría a la justicia, me obligaron a sa¬ car la lengua apretándome la garganta y me la cortaron. Estuve tres dias en Monistrol donde mostré ,1a lengua cortada, aún sangraba, que y de allí, lleno de fe, subí a Mont¬ serrat y la Virgen Santisima me la ha devuelto." De este milagro se levantó acta notarial. Fueron testigos Mosén Miguel Harm, MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 169 sacerdote; fray FranciscoVodina, Procurador; Bartolomé Cometí, médico; Diego, ciru¬ jano; Mateo Vallés, Gaspar Rovira, Benito de la Guardia, Pedro Pello, Beltrán Aragonés, enfermero; los cuales todos le vieron muchas veces la lengua cortada, junto a la gar¬ ganta, y después se la vieron restituida para loor y gloria de Nuestro Señor y de su glo¬ riosa Madre. UNA PORTENTOSA RESURRECCION ^ En las antiguas crónicas de Montserrat se describe minuciosa¬ mente el siguiente prodigio: Residia en Mallorca un piadoso cristiano, tan devoto de Nuestra Señora de Montserrat, que todos los años, a de las difi¬ pesar cultades del viaje, visitaba el San¬ Ex voto tuario. Una vez vino acompañado de su mujer y un hijo de ocho a nueve años. Duran¬ te la travesía, jugando el niño en la cubierta de la nave, impensadamente cayóse al mar y como ésta estaba muy gruesa, desapareció entre las olas. Lloraban los padres su desgracia con tanta pena que conmovían a toda la tripu¬ lación y pasajeros, los cuales, a pesar de hacer cuanto pudieron para encontrar al niño, no bailaron ni rastro de él. Los padres rezaban sin cesar a la Santísima Virgen de Montserrat y, llenos de una fe vivísima, al llegar a Barcelona continuaron su peregrinación al Santuario. Asi que llegaron a la iglesia, al divisar la Sagrada Imagen de Nuestra Señora, con grandes sollozos exclamaron: "¿Cómo es posible. Señora, que por venir a voces y visitaros hayamos perdido a nuestro hijo?" Y con esta amargura en su alma se diri¬ gieron al altar mayor donde está la bendita Imagen; mas al llegar a su presencia ¡cuál no fué la sorpresa de los angustiados padres al encontrarse súbitamente y, cogiéndoles 170 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de la mano, al hijo perdido! El niño, sonriente, les dijo: "Bendigamos a Nuestra Se¬ ñora de Montserrat, que siempre me ha guardado y me ha traído donde vosotros es- tábais." Los padres y todos los presen íes, llenos de la más grande alegría, dieron gra¬ cias a Dios y a su Santísima Madre por tan señalado milagro, que testificaron los ma¬ rineros. Ofrecieron muchos dones al Santuario; hicieron predicar este maravilloso prodigio en la iglesia y, desde aquel instante aumentó su devoción y persistieron en su fe por aquel extraordinario beneficio recibido. RESURRECCION DE UN NIÑO AHOGADO Y APLASTADO POR LA RUEDA DE UN MOLINO Salvador Burgui y su esposa residían cerca de Manresa. El dia 8 de mayo de 1556 visitaron Montserrat para dar gracias a la Santísima Virgen y cumplir sus vo¬ tos por el maravilloso milagro que la Virgen les concedió. En el mes de noviembre del año anterior, un hijo suyo de dos años, camina¬ ba con otro hermano junto a un molino de trabajar el hierro, que existía en aquellos lugares. Acercóse a la rueda, le alcanzó la mano y, como dicha rueda llevaba mu¬ que cha fuerza por el gran caudal de agua que la movía, arrebató del brazo al niño y lo arrastró, yendo a caer al agua y desapareciendo en el fondo de la corriente. El hermano corrió a contar a su madre la desgracia, la cual a grandes voces pi¬ dió auxilio y corriendo al lugar acompañada de un pariente suyo, comenzaron a bus¬ car al niño. Desp'ués de muchos trabajos pudieron localizarlo debajo de la rueda. La desolada madre, con muchas lágrimas y una gran fe, pedía a la Virgen de Montserrat que le conservara a su hijo. En esto llegó el marido y, visto lo que pasaba, a pesar de que la magnitud de la rueda era tal queveinte hombres no podían levantarla, con no menos fe y devoción que su esposa, invocó a la Virgen de Montserrat y, con la ayuda de otros dos amigos, entró en el agua y con mucha facilidad movió la rueda y sacó a su hijo ya muerto,y hecho una masa informe. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 171 Pero los padres, con gran fe, invocaron de nuevo a la Santísima Virgen Rei¬ na de los Angeles, Oyó Esta las súplicas de aquellos devotos padres y asi, en presencia de todos, se levantó el tierno niño, sano y sonriente, con inmensa alegria por parte de los padres y la admiración y el asombro de todos los que presenciaron semejante pro¬ digio. Y aquel día venían al Santuario acompañados del niño resucitado a cumplir sus votos y a referirles el milagro a los monjes; lo que hicieron ante los venerables padres fray Rodrigo de Gamboa y fray Pedro de la Rea, donados de la Santa Casa. UNA MUJER CON LA LENGUA CORTADA HABLO Y SIGUIO HABLANDÒ PERFECTAMENTE TODA SU VIDA En 20 de agosto de 1518, visitó Nuestra Señora de Montserrat virtuosa se¬ una ñora, acompañada de un hermano suyo que era sacerdote, para dar gracias a la Santí¬ sima Virgen por un favor extraordinario que le había concedido; milagro que obró la Virgen constantemente, a la vista de todos y mientras vivió dicha señora. Esta piado¬ sa dama era natural de la villa de Tarascó. El prodigio sucedió asi: mujeres de la villa, fingiéndole amistad, la invitaron con insistencia a que Dos fuera a comer con ellas el día de San Juan, a un huerto, y pasar el día con cristiana alegría. Aceptó la buena señora la invitación y, cuando todo estaba dispuesto para la comida, aquellas dos mujeres, a las cuales acompañaba un hijo de cada una, ya ma¬ yores, empezaron a maltratarla de palabra porque las había difamado (lo que decían que era completamente falso); y, de tal manera se enfurecieron contra ella, que le sacaron la lengua por la fuerza y se la cortaron de raíz. La buena señora que en todas sus necesidades acudía siempre la Virgen de a Montserrat, con el mayor fervor le suplicó que no la desamparara en aquel trance. Satisfecha su las dos mujeres soltaron a la señora, la cual, sangran¬ venganza, do, llegó a su casa. Sus familiares llamaron al médico y al cirujano para que la cura¬ ran; mas al observar que sin lengua hablaba perfectamente, atónitos por la maravilla. 172 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA la dijeron que diese graciasla Santísima Virgen de Montserrat, que tal pro¬ a Dios y a digio había obrado en ella, ya que sin lengua hablaba y que "adonde tan grandes mé¬ dicos habían operado, ellos no tocarían". Reconoció la piadosa señora el gran milagro y rogó a sus parientes y amigos que no tomaran venganza de las dos mujeres y de sus hijos, por lo que habían hecho con ella, puesto que los perdonaba de todo corazón; y, como prueba de esta sincera voluntad, casó a sus dos bijas con los hijos de las culpables, alcanzando además que la justicia les perdonara su crimen. Cumplido todo lo cual, visitó en devota peregrinación el Santuario para dar gracias a la Santísima Virgen por había recibido y, bajo ju¬ el prodigioso beneficio que ramento, refirió el milagro en la forma descrita ante el Reverendo Mosén Pedro Ra¬ món, Capellán de la Casa y Notario Apostólico y en presencia de los venerables fray Salvio y fray Mateo Vallés, donados y otros muchos, todos los cuales vieron como no tenía lengua y, sin embargo, hablaba perfectamente. LA FUENTE DEL MILAGRO Existe muy próximo al Monasterio una fuente llamada del Milagro, único manantial que se encuentra por aquellos alrededores. Sucedió este prodigio cuando el señor del Castillo de Collbató, extendía sus dominios basta el torrente de Vallmala, muy cerca del Monasterio. En la parte del torrente que correspondía al señorío de Collbató, había una fuente, de la que tomaban agua los peregrinos y los legos para subvenir a las nece¬ sidades del Monasterio. El señor del Castillo (1), al ver lo indispensable que era aquella fuente para los monjes y peregrinos, exigió un cuantioso tributo al Monasterio y, no pudiéndolo satisfacer los monjes, movido de la más inhumana avaricia, puso una guardia en la fuente, la cual exigía un tributo a cuantos se acercaban a beber allí o a llenar en ella sus cántaros, por fatigados o sedientos que estuvieran. (1) Capitán de aventureros que se llamaba Veremundo, el Rojo, tan indómito como avaro. Ermita de San Onofre Grabado de G. Langlois. Enero de 1830 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 175 De esta manera las incomodidades de los peregrinos y de los cria¬ dos eran enormes, pues tenian que traer el agua de muy lejos y por ca¬ minos casi intransita¬ bles. Viendo que el insensible señor de Coll¬ bató persistia en su idea de "exigir un gran tribu¬ J Ex voto to, suplicaron a la San¬ tísima Virgen que remediara a sus siervos en aquella necesidad. Y, petición tan justa, dice un cronista que la Santí¬ como perseveraran en su sima Virgen "aceptó sus rogativas y alcanzó de su Hijo el descanso de sus siervos que en estas asperezas, para su servicio, estaban dedicados y confundió la malicia del ava¬ ro caballero; pues súbitamente dicha fuente fué pasada a la parte y término del Mo¬ nasterio donde agora está". Visto el milagro, dieron gracias a Dios y a la Virgen de Montserrat, que tan pro¬ digiosamente les había remediado en la vejación del señor de Collbató. Por este motivo hoy día dicha fuente se llama del "Milagro". De este milagro¬ so suceso dieron fe todos los de la Santa Casa y multitud de peregrinos, que atónitos lo presenciaron. La fuente del señor de Collbató se llamó desde entonces la "Fuente seca", la cual aún hoy se enseña a los visitantes. UN CIEGO RECOBRA LA VISTA MILAGROSAMENTE En el año 1336 vivia en Barcelona un hombre de oficio carnicero, muy de- 176 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA voto de Nuestra Señora de Montserrat, el cual, a consecuencia de graves dolores en los ojos, perdió la vista y así, ciego, gastó una gran parte de su patrimonio durante dos años en médicos y medicinas, pero sin hallar el más leve remedio. Desahuciado de los médicos, acudió a la Virgen de Montserrat, a la que ro¬ gaba sin le devolviera la vista. Tal fe tenia en su curación, por inter¬ cesar, para que cesión de la Virgen Santísima, que no podiendo ir a Montserrat en peregrinación como los demás devotos, rogaba muchas veces a una hija suya que le acompañase a un sitio que se denominaba "Coll de Cervià", desde donde se divisa la montaña de Montse¬ rrat, pues tenia gran confianza de que si le llevaban allí, la Virgen le curaría. Pero como su hija no participaba de la misma fe y confianza que él, nunca quiso complacerle. Un buen hombre por esta actitud de su bija, se retiró día, muy amargado el a una habitación y allí, llorando amargamente, invocaba a la Santísima Virgen. En medio de aquel llanto oyó que en la calle tañían la campanilla del Sagrado Viático que llevaban a un enfermo y, lleno de fervorosa fe, salió a la puerta y allí, arrodillado, dijo: "¡Oh Virgen Santísima de Montserrat! Tú, que siempre estás con tu Hijo, alcánzame Se¬ ñora, que yo vea. Yo te prometo y bago voto, que, hincado de rodillas y con las ma¬ nos juntas, iré desde esta ciudad basta tu santa Iglesia de Montserrat." Acabada esta sencilla y humilde oración, le pareció que un gran resplandor venía de lo alto y, en aquel momento recobró la vista perfectamente. Aquella misma noche empezó a cumplir su voto de ir de rodillas desde Barcelona a Montserrat; mas no pudo llegar sino basta un convento de Carmelitas que estaba en un arrabal de dicha ciudad (1). ^ Allí cayó desfallecido y los religiosos, vista la imposibilidad de cumplir su voto, se lo conmutaron con que hiciera el camino con los pies descalzos y alguna buena obra en honor de la Santísima Virgen. De esta forma fué al Santuario, acompañado de muchas personas de Barce¬ lona, para dar gracias a Nuestra Señora por su milagrosa curación y que todos testifi¬ caran este prodigio. (1) ¿Sería el convento "deis Josepets" de la parte alta de Gracia, que asi se llamaban los Carmelitas, cuya iglesia aun subsiste? MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 177 UN AHORCADO SALVADO MILAGROSAMENTE En la fiesta de la Nativi¬ dad de Nuestra Señora, vino en peregrinación a Montserrat un hombre que residia en Tarrago- , na, al cual sólo por sospechas le hablan apresado, culpándole de un homicidio perpetrado en una huerta de aquella ciudad. Tam¬ bién prendieron a otros tres. Ex voto Sometido el primero, que era inocente, a tormentos y no podiendo soportar el dolor, se declaró autor del crimen y fué condenado a ser ahorcado. íí Mientras le llevaban a la horca, con mucha tristeza y llorando amargamente rogaba y pedia a todo el pueblo que rezasen y rogasen a la Santísima Virgen de Mont¬ serrat que le ayudara en aquel trance, pues era inocente. Cuando le colgaron en la horca encomendó su alma y cuerpo al juicio de Dios y a la ayuda de su Santísima Madre. Ya ejecutado, se dispusieron a ahorcar a los otros tres que eran los verdade¬ ros culpables, los cuales remordiéndoles la conciencia solemnemente declararon: "Este que habéis ahorcado inocente; no hizo mal alguno. Injustamente le condenasteis. era Nosotros si que merecemos toda la pena." Oyendo esto los Cónsules y Jueces de la ciudad ordenaron quitar de la horca al cadáver del inocente y, para borrar en lo posible dicha infamia, facultaron a sus amigos y familiares para que le diesen honrada sepultura. Pero con gran admiración de todos, al descolgarle de la horca, halláronle per¬ fectamente vivo, con sólo un pequeño rasguño en la cabeza a causa del golpe que 12 178 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA diera en ía viga de la horca. Ante la multitud que presenció el prodigio declaró que te¬ nía tanta fe en la intercesión de Nuestra Señora de Montserrat que estaba convencido de que tenia que salvarle; y asi, cuando estaba en la horca le parecía que la Madre de Dios sostenía el lazo para que no le ahogara. Después, con algunos amigos que presenciaron tal milagro, fué a Montserrat a dar las gracias a la Santísima Virgen y, en memoria del milagro, dejó la soga en la iglesia e hizo predicar su portentosa salvación de una muerte segura. UNA SEÑORA CIEGA RECOBRA LA VISTA En el año del Señor de 1342 residía en Valencia una señora llamada María, es¬ posa de un caballero denominado Juan Roig. Dicha señora, a consecuencia de una grave enfermedad en los ojos, quedó completamente ciega. Desahuciada de todos los médi¬ cos, la fama de los milagros que Dios obraba por intercesión de la Virgen de Montse¬ rrat, hizo que creciera en ella la devoción a la Santísima Virgen. Llegó a tal grado esta fervorosa devoción, que resolvió ir a pie en peregrinación desde Valencia a la Monta¬ ña Santa para impetrar el beneficio de la vista. Animada de una fe vivísima, un día acompañada de muy pocas personas, em¬ prendió la penosa peregrinación, no cesando durante todo el camino de rezarle a la Virgen de Montserrat. No tardó la devota señora en ser escuchada en sus oraciones, pues desde que salió de Valencia cada día recobraba gradualmente la vista, aumentando más su fe; de tal manera que al llegar a Montserrat a presencia de la Sagrada Imagen, su curación fué total. El milagro fué tan notorio que después de dar las gracias a la Santísima Vir¬ gen y dar testimonio de los hechos, se dió conocimiento al Reverendo señor Juan Patriarca de Alejandría y Administrador del Arzobispado de Tarragona y Montserrat, el cual mostró deseos de conocer a la señora favorecida por tan milagrosa curación y la cual, al regresar a Valencia se presentó ante el Reverendo Patriarca para dar fe del prodigio. 179 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Los acabamos de transcribir han sido tomados de la célebre His¬ milagros que toria escrita por el piadoso Abad del Monasterio, Padre Pedro de Burgos, de muchos de los cuales pudo ser testigo ocular. Entre más de trescientos milagros que se refieren en la mencionada obra, sólo se han escogido unos frondoso jardin lleno de cuantos. Así, como al contemplar un flores, escogemos las que nos parecen más preciosas, las de más variado color y em¬ briagador aroma, para hacer un magnífico ramillete , asi también, al contemplar el exu¬ berante vergel montserratino, hemos escogido destacados prodigios, para de esta ma¬ nera ofrecer al piadoso lector un hermoso ramillete, del que no hay duda que al aspirar su celestial perfume pueda acrecentarse su fe y devoción a la Santísima Virgen de Montserrat, a la "Moreneta", Madre protectora y fiel amparo de todo el que a ella acude. Nuestro deseo al referirlos, no es otro que el de que a la vista de los portentos descritos, se intercesión de Nuestra Señora, avive la fe de los lectores en la poderosa bajo cuya advocación la Reina de los Angeles se ha complacido en favorecer a sus de¬ votos. María es nuestra Madre por designación del mismo Dios y una Madre tan bue¬ na no puede abandonar a sus hijos que la imploran. SANCTA MARIA —SALUS INFIRMORUM — ORA PRO NOBIS \ m .7 -■ tZAJÎ^ v-»í; Ib uh 2^ ,u7;i^i-b?oU -- ;-■- ^'^' :,7í'írno o:^t!>^b-i-.7 ..^^:Í'^ 7:-:-';í>77'0: ^ '. .'■ '. :'^i^i^Q j^noionom " _ : . fíí n-^rtmoùoi fyi" i>iip --'B'-'-'-'' r . ...„rr '^7 ' ' ^'iîïfeîiî _; ííiri'- /-.i'í-n- L'^íajj ■0'«7Í7>7·A:',·ÍI^ ,^a - ^OHT^ ' '.bf^ ■ .-:»,*■ ' . •*• >• • • • ''bí«íí8írb^H- "ÍÍV-'-i J'i Ul·^b bfb,-y-^Uinirvi ü:>n:í5^Qí?i\rtü7i9C^>íí írií;^ hV -i7íjJ •:v; KÍ i;nb;-?R^^'»b,îb>i«7?:'ï-7 anffrMÍ ? i-fv, ' otóBiyi b ■ ' Bis Oí- ■J-it; fei) .'>ív!íííiíí;7 OH';;!r7b •iir-ioM-O-oP'-b] ;bí7^--'' Ji> ; •" -'-■■• "bv / ')? ;,b.r.->-70'íbt'^Bb'í:5-; .' ;■ b ■ - îïSi ■H> ■ „ i-'- - ,h'> Í ■ -vo^Uivb: í^r' rO! ./ í'UV é'bb-S'i úá .>:riÍ7Í*K/t'i ! ia '■Ub i'b 'Kbb"7'; ;i?b-í' 7 Í:' 7 •r-í aoí-yl; '* r- v« çijulíl^Hnfj .i~ : rí^^. 1i7>37(:3Yïrt'"f7- mO'> -•' ■■■..-'" -'7.. Í'fí! 7i; fíí;:*;7-i ■ Î 7ííï:,'5/í007üf;. fi""'7-' ;>:; ;■ - Ï "7; . b%:-. br; ■■• : ÍQ. -hr^ p-i >j ■•:•. í; a. ■■* ■^■b:-..'7.-i ./.bb : 7)e3UíI BíT sbv;M b-bvwb- ; . : ._ - mi V r-' "■ -■■1: /■-•"• 7,- ■ CAPITULO XX Peregrinaciones a Montserrat Las romerías particulares y colectivas, que en los siglos en que la fe era inten¬ sa, se dirigían continuamente a Montserrat, eran de fama universal, como ejemplos de piedad y penitencia. Para que el lectoridea más o menos aproximada, pues la realidad se forme una es indescriptible, de la manera cómo se dirigían los peregrinos al Santuario, transcri¬ biremos algunos párrafos de la extensa descripción que nos hace en su "Historia de Montserrat" el monje montserratino, Padre Lesmes Reventós, que falleció en 1738, y fué testigo ocular de cuanto nos relata: "Asi vemos — dice — llegar a muchos Caballeros y aún Principes de reinos y provincias muy remotas, habiendo caminado siempre a pie. Frecuentemente suben mu¬ chos la dilatada y penosa montaña a pie descalzo. Otros con las manos juntas y los ojos al cielo. Unos con velas y otros con antorchas encendidas. Unos con pesadas cruces de madera y otrosbarras de hierro en sus hombros. Unos con sogas al cuello y otros con apretadamente ceñidos con ellas en las desnudas carnes. Unos con argollas de hierro al pescuezo, otros con esposas, de lo mismo, en las manos y otros arrastrando gruesas y pesadas cadenas. Unos vienen, gran parte del camino, disciplinándose y otros con las rodillas desnudas por las agudas piedras, las cuales dejan bañadas en sangre; algunos se han visto sin carne hasta los huesos. "Al ver los otros peregrinos tan lastimosos espectáculos, se adelantan a dar parte de lo que han visto al Monasterio, y luego desciende a encontrar al penitente un monje confesor, y le hace levantar, absolviéndole del voto, si le trae hecho; para cuyo 182 MONTSERRAT, MONTA ÑA SANTA fin tiene Montserrat conmutarle en otra penitencia poder de los Sumos Pontifices, para prudente: "etiam extra Confessionem Sacramentalem" (aun fuera de la confesión sacra¬ mental), porque de otra manera, tanto es el fervor que traen, que antes morirían que de¬ jarían de cumplir semejantes votos. "Lo referido y lo que a presencia de muchos penitentes acontece al llegar a la aquella portentosa Imagen, de la que es Madre de Dios, no sabe expresarlo la pluma, lo cual sólo diré que, aun a nosotros que frecuentemente lo vemos, nos dejan atónitos y admirados lamentables voces pidiendo a Dios misericordia, pronunciando ayes, ex¬ sus clamando suspiros y derramando lágrimas" (1). Veamos ahora el número de estas peregrinaciones: "Es cosa — dice el Padre Pedro de Burgos — de mucha maravilla ver aqui tan¬ tas diversidades de donde se extiende el nombre cris¬ gentes de todas las provincias a tiano; porque no solamente del Principado de Cataluña, donde está situado el Monas¬ terio, acude allí mucha gente, más aún de toda España, Francia, Italia, Alemania y de otras muchas provincias e islas. Cada día, de todo el mundo llegan aqui tantos y de tan diversas razas y lenguas, que ni ellos, unos con otros se entienden ni los que tienen cargo de darles recados les pueden entender. "Aquí vienen reyes, príncipes, duques y otros grandes señores, ricos y pobres, letrados e ignorantes y de todos tanta multitud que sería imposible aquí explicar. "Es tanta la multitud que muchas veces no caben en la casa ni aun en la plaza que está delante de la puerta; mas estánse muchos por la Montaña, entre aquellos riscos, en alguna cueva y debajo de los árboles, como mejor pueden" (2). Desde luego, Cataluña figuraba a la cabeza de esa fervorosa devoción a Nues- (1) El Padre Lesmes Revenios fué archivero del Monasterio muchos años y, como dice Serra y Postius, con incesante aplicación examinó cuanto habia en aquel archivo. Su testimonio es, pues, irrefragable. (2) Asi escribía a primeros del siglo xvi, el Padre Pedro de Burgos, testigo de excepción, En el mapa-expansión de Montserrat que existe en la Glorieta del jardín de los monjes, se observa la nota curiosa de que un devoto de Nuestra Señora de Montserrat, desde los montes del Cáucaso, em¬ prende la peregrinación al Santuario. SANTA 183 MONTSERRAT, MONTAÑA tra Señora de Montserrat y muchas poblaciones tenían el voto de visitarla en procesión todos los años. El citado Padre Pedro de Burgos — dice — que pasaban de cuarenta las procesiones que todos los años acudían en peregrinación a Montserrat. Desde tiempo inmemorial subían en devota procesión a visitar a la Patrona Tu¬ telar de este Principado los vecinos de las poblaciones siguientes: Una peregrinación en 1886 El segundo día de Pascua de Resurrección; los de la villa de Piera y los del pueblo de La Granada, estos últimos vestidos de peregrinos. Los de Artés subían el ter¬ cer día de Pascua. El primer domingo después de Pascua iban en procesión los de Granollers y el segundo domingo los del pueblo de Vacarissas. El 22 de abril iban los de los pueblos de Castellvell, San Vicente y Granera, los 184 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de éste en traje de peregrinos, y el día 30 del mismo mes acudían los vecinos de los pueblos de Castellar y Gravelosa. Los de Montbuy no tenían día fijo, pero iban siempre en traje de peregrinos. En el mes de mayo acudían los de la villa de Igualada y los de los pueblos de Pierola, Masquefa y Rubió, en fechas diferentes, como los de San Julián del Vallés y de otros pueblos, en trajes de peregrinos. En agosto hacían su peregrinación los labradores délas villas de Tarrasa, Mar¬ torell, Molins de Rey y los de los pueblos de Valldoreix, San Vicente de Llobregat, San Juan Despi, Papiol y Santa Cruz del Orde. En septiembre los vecinos de las villas y de los pueblos de Castelltersol, Roca¬ fort, Talamanca, Sabadell, San Eaudilio, Tous, Calders, Vilasar, Cabrera, Premià (estos tres últimos iban juntos en una misma procesión), San Clemente, San Andrés de Palo¬ mar, San Benito de Bages, Mura, Rubí y San Justo Desvern. De siete en siete años iban los vecinos de Sitges y el jueves Santo los del pue¬ blo de Monistrol y los de otros pueblos en otros días. Es de advertir que todas estas villas pueblos estaban presididas por su Clero y y Autoridades, y entraban en Montserrat con Cruz alzada y pendones tendidos, ento¬ nando cantos religiosos, alegres y fervorosos, sin importarles la fatiga del largo camino ni las inclemencias del tiempo (1). En el archivo del Monasterio (como nota curiosa lo consignamos) constaba que cada una de estas y otras poblaciones, tenían ofrecido a Nuestra Señora de Montserrat un cirio monumental para que ardiera en todas las festividades del año; y eran tan enormes estos cirios (todos de cera blanca) que los más pequeños pesaban diez quin¬ tales; otros quince, otros veinte, veinticinco, y algunos todavía más. En cada de ellos habla rótulo uno un en pergamino en que, con letras bien visibles se indicaba la villa o el pueblo que lo había ofrecido a la Virgen. (1) Serra Postius, Historia de Nuestra Señora de Montserrate. Parte 1.% capitulo XVI. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 185 Cuando dichas poblaciones venían en peregrinación, compulsaban el peso de sus cirios respectivos y entregaban la cera blanca que faltaba para completar el cómpu¬ to establecido. Debía ser fantástico el espectáculo que ofrecerían aquellos blandones colosa¬ les de una tonelada de peso, con las enormes lenguas de fuego que proyectarían en el Sagrado recinto. Al trasladar la bendita Imagen de la antigua a la nueva iglesia, también se co¬ locaron estos cirios votivos; pero cuando el segundo don Juan de Austria hizo dorarla toda, se retiraron para que el humo no obscureciera el brillo del oro, del que estaba "cuajado", como dice un autor, aquel grandioso y milagroso templo. También de la otra parte del Pirineo hacían su peregrinación votiva todos los años que a mediados del siglo pasado aún cumplían religiosamente, como escribe Cor¬ net y Mas (1). "Los pueblos de la Cerdaña francesa, dice, tienen hecho .voto que uno de sus vecinos debe venir en peregrinación a este Santuario todos los años. ó "Al efecto, se reúnen los vecinos y eligen al que debe ir, el cual debe variarse cada año. El elegido se pone en camino con'la anticipación debida, a fin de llegar a Montserrat la víspera de la festividad de la Virgen, debiendo viajar desde la frontera a pie y con el bordón en la mano. "Al llegar al Santuario se presentan al Padre Abad del Monasterio, quien les ofrece una habitación, que rehusan, para dormir en la paja. Reunidos ya, uno de los monjes les hace rezar y, a la mañana siguiente, confiesan y comulgan en comunidad. "Después del oficio van a la procesión, pero con la circunstancia de que des¬ pués de haber seguido casi toda la carrera se separan al llegar a la última cuesta que termina en la puerta que hay frente a la fuente de los monjes, en cuyo momento se arrodillan ante la Imagen de Nuestra Señora de Montserrat y, al emprender la marcha, lo hacen entonando una Salve. (1) "Tres días en Montserrat". Pág. 30. Edición de 1858. 186 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Regresan a su país engalanados con cintas, medallas y estampas de Montse¬ rrat. Ciertamente, es cosa que hace gran efecto, tanto por ver cómo conservan aque¬ llos pueblos una costumbre tan antigua y patriarcal, como por el venerable recogimien¬ to que tienen pintado en su rostro aquellos hombres. "Y no se vaya a creer, termina el católico y piadoso escritor, que la elección recaiga en hombres de pueblo de escasa f ortuna, pues ha habido año en que lo ha y sido uno que llegó hasta la frontera en coche propio y con criados y éstos con él vi¬ nieron a pie como los demás." Hemos descrito con tanto detalle las peregrinaciones a Montserrat de nuestros antepasados para que las frivolas generaciones presentes vean que sólo les animaba el espíritu de la fe, la devoción el sacrificio, muchas veces llevado hasta el heroísmo. y Era tan general esa fe y devoción de los peregrinos, que no era solamente el pueblo sencillo quien diera estas sublimes demostraciones de piedad y penitencia, sino que era común entre las más altas representaciones de la sociedad civil y eclesiástica, reyes, principes y magnates. ¡Qué contraste con las romerías de nuestros tiempos!... ¡Para cuántos que se titulan católicos las peregrinaciones significan otra cosa que excursiones recreati¬ no vas, un solaz físico, un sedante reparador para las agotadoras preocupaciones de esta vida materialista, que todo lo absorbe! Hoy dia no deben faltar toda suerte de comodidades en los medios de loco¬ moción, buena mesa y una bien mullida cama, cuando nuestros padres, desde el rey al último vasallo, subían a pie y al llegar al Santuario, los más de¬ muchos descalzos y votos, como los fervorosos cerdañeses, desechaban la cama para dormir humildemen¬ te sobre la paja; y reyes, como Pedro HI de Aragón, velaban toda la noche a los pies de María. Pero la Providencia tiene en sus arcanos, infinitos medios para volver al hom¬ bre a la senda del bien. Estamos plenamente seguros de que muchos peregrinos se pos¬ tran indiferentes a las plantas de la bendita Imagen y se levantan, no obstante, con el espíritu completamente renovado; pues, como dice el vate montserratino Padre Juan de Figueroa, en su "Canción Real a Nuestra Señora de Montserrat", citado en otro lugar. 187 MONTSERRAT, MONTAÑA S ANTA "Mas al llegar la Imagen pura a ver Cera se vuelve el alma helada g dura, Y de su mal doliente Entra curioso g sale penitente" (1). No faltan, sin embargo, en la actualidad, peregrinaciones numerosas y ejem¬ plares. Las parroquias de Barcelona las organizan periódicamente, así como las de otras muchas de la región. Lo propio hacen las Terceras Ordenes, o sean seglares fran¬ ciscanos, carmelitas, etc., y las juventudes de Acción Católica. También en estos tiempos de indiferentismo religioso se registran numerosos ejemplos de penitencia y fervor; pues España es de María y la fe, en España, no mo¬ rirá nunca. (1) El Abad Crespo dice textualmente : "el número de rarísimas conversiones excede a todas las Imágenes del mundo" (Memorial, pág. 41). T' ■■. A;:.' í*v^-. h'---' • • /®Mfíyííí^''flomj^&'é^r^ ,,yía ■.-BÍíiafT' TO goflfí^in y-^- 'á-.'íTi,^'" .:-íV ;>í5?íe-^,rí "' ofTî''iiE3"f'^'^îlffîî ÒÍ3' éwff'í'J!^ ví)i^ fî-j ah'idi ^ÈHSÍÍ s|rí;5T>3"'"g3íÍt| OÍÏ goíq/nl^ ^ -i- ' vEcíX'vú. ••'•..■ • í .únrh'..-: ^.èJêk^^mà\^ l·'. - p-'.ÍÍ' ^ .fiOfTffíí írOT to-,. - "• ■■'■ • : ■Sir»0ï:fefel#^ ^ :4V^. ' ïr 1^^ I -^ . r- ?.-V''-'- -.ií. .■ -: --—•<•4.- ' "îî.. #···'·^'. "X" •••-•- •• . "^ ;-H -y-x-'.■■■•■■ -r, :--:<0;-/.'<.'.' ■ , -• : }j': Í.^yíytrj^ \K ■* H^iíí^ckíí-". \ r^ l·-r. . ÍT'^ fe&··^ WbÇ ftíi--^ ,'S' CAPITULO XXÏ Montserrat y la cristianización de America La milenaria y, por tantos titulos benemérita Orden de San Benito, desde su fundación, a principios del siglo vi, ha sido uno de los más firmes baluartes del Cris¬ tianismo, Durante muchos siglos, o sea hasta la aparición de las Ordenes Mendicantes (siglo xiii), la Orden Benedictina fué la misionera universal de la Iglesia Católica, el portaestandarte de la Religión y de la civilización cristiana. Una pléyade innumerable de grandes Papas, insignes Doctores, Santos y apos¬ tólicos varones, hijos de San Benito, brillaron en los siglos de las invasiones y en la tor¬ mentosa época de la formación de las nacionalidades, introduciendo la fe en los pue¬ blos bárbaros y volviendo al redil de la Iglesia a los apartados por el cisma o la herejía. Asi Ludovico Engel pudo afirmar sin rodeos: "La mayor parte del mundo debe la fe cristiana a la Orden de San Benito; porque se introdujo en Inglaterra por Gre¬ gorio, en España por Leandro, Bonifacio, en Polonia y Hungría por en Germania por Alberto, en Suecia por Esteban y Lituania por Bruno, en Moscovia por Abonem, en Es- lavonia por Bonifacio y en las Indias Occidentales por los monjes de Montserrat (1). No es nuestro este capítulo hacer la apologia de la meritisima Or¬ propósito en den de San Benito, disertando sobre lo que la civilización le es deudora, al salvar en el sagrado refugio de sus Monasterios, los ingentes tesoros de la ciencia, del arte y de (1) L. Engel. Colegium Univers! Juris Canonic!. Folio 487. 190 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA las letras que Grecia y Roma nos legaron. Es esta una cuestión en la que están de acuerdo todos los críticos e historiadores, aún los menos afectos al Catolicismo. No trataremos tam¬ poco de la apostólica labor benedictina en la cristianiza¬ ción de Europa. El objeto de estas páginas no es otro que paten¬ tizar que a los benedictinos y, precisamente a los monjes de Montserrat, se debe la im¬ plantación del Cristianismo en el Nuevo Mundo; pues fueron los monjes de Mont¬ serrat los primeros misioneros allí sembraron el Evangelio, presididos por el insig¬ que ne Padre Bernardo Boil y, asentando la fe cristiana sobre bases firmísimas, dejaron el campo abonado para que, tras su heroica labor apostólica otras Ordenes religiosas, apo¬ yadas por la espada de los conquistadores, se lanzaran en masa a la evangelización de América, cumpliéndose el fin primordial que en su conquista se propusieron nuestros católicos monarcas, de acuerdo con el Romano Pontífice: la cristianización del Nuevo Mundo (1). El día 3 de abril de 1493 llegaba a Barcelona Cristóbal Colón, de regreso de su descubrimiento de América. Pocas veces — dice el historiador Serra Postius — se había visto en Barcelona tanta multitud de gente como en aquella ocasión. (1) En nuestros días se observa una reacción general entre los escritores, exentos de prejui¬ cios, contra la leyenda negra que pesaba sobre la colonización española. Todos están acordes en sostener que la conquista y colonización de América España fué esencialmente misionera. por Recientemente se insignias de Comendador de la Orden de Isabel la Católica ba concedido las al escritor Don Vicente Sierra, autor de la obra "Sentido Misional de la Conquista de América". MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 191 Como los Reyes, y con ellos el principe don Juan, para honrar quiera que más a Colón, ordenaron poner en público su trono, aquellas multitudes, ávidas de ver al Almirante, a los indios y a las varias cosas que traia, jamás vistas en Euro])a, sin distinción de clases, llenaban las calles, las ventanas y basta los tejados. Entró Colón acompañado de muchos nobles españoles y extranjeros y, llega¬ dos todos a la real presencia, levantó el Rey, y el Almirante, puestas las rodillas en se tierra, besó la mano de Sus Majestades, y pedida su venia, refirió con gran prudencia y sosegadamente las mercedes Dios le babia concedido, dando buena cuenta de su que viaje, de las tierras que babia descubierto y de la esperanza que tenia de encontrar más, enseñando todos los objetos raros y desconocidos que traia, y mostrando a los indios vestidos y adornados de igual manera que iban en su tierra. Cuando Colón terminó su relato se arrodillaron los Reyes y, elevando las manos al cielo, con gran devoción y con los ojos cubiertos de lágrimas, dieron gracias Dios a y a su Madre Santisima, acom¬ pañándoles en tan piadoso acto todos los circunstantes. Luego los Cantores de la Real Capilla, alegre música, entonaron el "Te con Deum laudamos", finalizando con este canto tan emocionante acto. Ante un acontecimiento tan trascendental, los Reyes Católicos comunicaron al Sumo Pontífice Alejandro VI la noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo y de las tierras que el cielo les había dado, y le suplicaron refrendara con su Autoridad Su¬ prema, la posesión de aquellos territorios. I El Santo, Padre accedió gustoso a la petición de nuestros Monarcas, pero con una condición: Debían enviar varones apostólicos para reducir a la fe católica a aque¬ lla gentilidad. Muy arduo era el problema que planteaba a los Reyes Católicos la orden pon¬ tificia. Cierto que en sus catolicísimos reinos faltaban varones apostólicos para en¬ no viarlos a la cristianización del Nuevo Mundo; pero los primeros que allí fueran debían reunir condiciones excepcionales. No sólo habían de estar poseídos de un gran celo apostólico, del espíritu misio¬ nal que reclamaba el Sumo Pontífice, sino que habían de ser hombres de gran temple, para desafiar los innúmeros peligros de mar y tierra a que debían hacer frente y estar 192 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA adornados, además, de un gran talento político y diplomático para hermanar la obra misional con la táctica de los descubridores y conquistadores, y, por tanto, debían de poseer la plena confianza del Rey Católico. El prudentísimo Monarca hizo una revisión de valores entre el personal de las Ordenes religiosas, y aunque en muchos reconoció grandes capacidades, sólo en el ilus¬ tre monje montserratino. Padre Bernardo Boíl, encontró al hombre idóneo a quien po¬ día encargar una misión tan delicada y trascendentalisima. Mucho tiempo hacia que conocía el Bey Católico al Padre Boíl había tenido y ocasión de sondear bien al ilustre benedictino, con el cual llegó a unirle una profunda amistad, según demuestran las dos cartas que existen en el archivo del Monasterio, es¬ critas de puño y letra del Monarca a los monjes de Montserrat, y fechadas una en Ma¬ drid y otra en Barcelona (1). Sabían, pues, perfectamente los Beyes Católicos a quien confiaban la evange- lización del Nuevo Mundo al proponer al Papa Alejandro VI el nombramiento del Pa¬ dre Boíl para el cargo de Patriarca de las Indias y organizador de la Iglesia Católica. Asi el Padre Boíl fué consagrado Obispo y nombrado Nuncio de Su Santidad el Papa en aquellos territorios. El nuevo Nuncio escogió como colaboradores a doce venerables monjes de Montserrat, los cuales, llenos de celo apostólico, embarcaron en el puerto de Barcelona (1) Por tratarse de documentos muy interesantes los transcribimos a continuación. Según Zurita, libro 8, Cap. 18, siguió Don Fernando el Católico la costumbre de escribir a sus súbditos de la Corona de Aragón en catalán, que era la lengua de la Corte. "LO REY. Religiosos amats nostres. Ab Fr. Roil, havem rebut vostra lletra, ab creencia ab la persona, la cual vista atés lo que per vostra part nos ha volgut explicar, vos responem: es nostra vo¬ luntad ser vers aqueixa Casa segons la devoció bi tenim, e com ofert. E mes llargament ho havem dit al dit Fr. Boil, e com entenem metre per obra, plahent a Nostre Señor, antes de nostra partida de assi. Nos remetem a la relació, al cual sobre de açó deveu fé e creencia com a nostra propia Persona. Dada en Barcelona a XXIV de Setembre de MCCCCLXXXI = LO REY." "Venerables Religiosos amats nostres. Vostre lletra havem rebuda en la cual", etcétera, y ter¬ mina: "Trobam plaer del ques escrivim que los Religiosos, e amat nostre,Fr. Boil, sie estat tant solicit e propici en lo ques estat menester per dites coses. Dada en Madrid a XXIII de Octubre MCCCCLXXXII". MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 195 acomiiañando a Colón en su segundo viaje, dispuestos la conquista espiritual del Nue¬ a vo Mundo (1). Llegaron felizmente a la Española y allí estableció el Padre Boil su Sede con al¬ gunos compañeros, empezando inmediata¬ mente su labor apostólica. Todos los historiadores están de acuerdo en afirmar que la labor misional del incansable Padre Boil y de sus compa¬ ñeros en América fué de resultados incon¬ mensurables. Sólo en la Española destruyó el Pa¬ dre Boil ciento setenta mil ídolos; pues, co¬ mo los egipcios, tenían tantos dioses como cosas les eran necesarias, ofrendándoles Retrato del P. Boil, eii la Calería de Catalanes Ilustres del Ayuntamiento de Barcelona pan, carne, frutas, etc. De estos diabólicos engaños y del bárbaro vivir que tenían les libró el Padre Boil, a quien los historiadores consideran el primer propulsor y el más principal ope¬ rario en esta conquista de almas. Gonzalo de Illescas dice textualmente: "El que más trabajó en la conversión de los idólatras fué el Nuncio Boil." Pero el Padre Boil era hijo de Montserrat allá en el lejano Nuevo Mundo no y podía olvidar a su Santuario y a la Santísima Virgen Morena. Allí quiso testimoniar a la excelsa Señora de la Montaña Santa, su amor filial al erigir el primer templo católico (1) 'Con los Monjes Montserratinos, dice Serra Postius en el Capitulo 15, embarcaron un gran ninnero de catalanes. Al llegar a la isla Española, boy Santo Domingo, mandó Colón levantar nna fortaleza con una guarnición de cincuenta y seis soldados, al mando del caballero catalán don Pe¬ dro Margarit, al que nombró primer Gobernador de las Indias Occidentales. A esta fortaleza la deno¬ minaron "Santo Tomás", porque no creian que hubiera oro en la Isla; y, como el santo no creyó en la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo basta que tocó las Sacratísimas Llagas, tampoco ellos creían en la existencia del oro hasta que lo vieron. 196 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA que se levantó en América bajo la advocación de Nuestra Señora de Montserrat, ponien¬ do bajo su patrocinio aquellos territorios que España, en su obra ecuménica misional, habla de convertir en inmensas cristiandades. Obispo fray Alonso de Sanvitores en su obra "El Sol en Occidente, San El Benito", al hablar de la apostólica labor del Padre Boil, dice: "Por mandato de Alejan¬ dro VI partió para Américadoce monjes para plantar la religión cristiana en el con Nuevo Mundo. Fué el primero que sembró la fe católica en aquellas provincias, y en una sola isla, que se llamaba la Española, quebró Boil ciento setenta mil Idolos y quitó a la gentilidad los templos, levantó iglesias, edificó Monasterios y consagró Obispos. ¡Oh, varón apostólico — exclama — por quien tuvo más plantas el cielo que tiene are¬ nas el mar! Otra pluma te celebre, que, para que la mia te ilustre, tu nombre solo basta." Y continúa: "Patriarca del Nuevo Mundo fué Boil, haciendo oficio de Vicario General ad-látere del Sumo Pontífice Alejandro VI, y con orden de los Reyes don Fer¬ nando y doña Isabel." Fué, en una palabra, el Padre Boil el adalid de Cristo, el conquistador espiri¬ tual del Nuevo Mundo. Así pudo escribir fray Antonio de Santa María, carmelita descalzo, en su obra "España triunfante por María": "De Montserrat salió el Padre Boil con doce monjes, sacerdotes venerables, para la conquista de las Indias en compañía de Colón, porque quiso María (Santísima que salieran de su Casa los que habían de convertir tantas almas y fabricar tantos templos, como lo hicieron, consagrando el primero a Su Majestad con titulo de Nuestra Señora de Montserrat, como lo hizo Boil." Tan intensa y fructífera fué la labor del Padre Boil, que mereció de la poste¬ ridad el glorioso titulo de Apóstol de las Indias. Los otros monjes montserratinos que con el Padre Boil marcharon a la evan- gelización de América, fueron dignos colaboradores de su Prelado. Incansables misioneros convirtieron a innumerables gentiles a la fe católica y algunos de ellos sellaron con su sangre su predicación, como dice Antonio de Here¬ dia, cumpliendo todos la consigna de los primeros Apóstoles: Labora sicut bonus miles Christí: trabaja, lucha, combate como buen soldado de Cristo. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 197 Después de varios años de incesante labor apostólica, organizada ya la obra mi¬ sional, regresó el Padre Boil a España para dar cuenta a los Reyes Católicos del estado de las misiones, retirándose al Monasterio de San Miguel de Cuxá, del que fué nombrado Abad perpetuo, terminando ejemplarmente sus días el año 1520 (1). La obra de evangelización del Nuevo Mundo estaba en marcha. Los heroicos monjes de Montserrat habían abierto la brecha, desbrozado la impenetrable selva y abierto el seguro camino para que luego todas las Ordenes religiosas de España, en santa competición, se volcaran en las Indias acompañando a nuestros capitanes a Mé¬ jico, California, Perú, Chile, Argentina, etc. Y entonces se dió el soberano espectáculo, único en la historia, de que al par que la gran madre España se desentrañaba procrean¬ do virreinatos, que más tarde se convertirían en una hermosa constelación de Naciones, nuestros heroicos misioneros, siguiendo las huellas de los bravos hijos de Montserrat, cristianizaban aquellos inmensos países templos, escuelas, en sus universida¬ y en sus des, hispanizaban a aquellas gentes, constituyendo, en su mayoría de edad, la familia hispana, veinte naciones pletóricas de vida, enriquecidas con un bagaje inmenso de cul¬ tura, siendo indudablemente la gran reserva espiritual que la Providencia parece ha querido salvar de esta hecatombe que sufren los valores morales y espirituales en los aciagos tiempos en que vivimos. Es la resultante de la obra misional iniciada por el gran Padre Boil y sus vene¬ rables compañeros. (1) A todas las grandes figuras de la Historia el correr de los siglos las envuelve en cierta penumbra de leyenda. El gran monje montserratino no podia ser una excepción. Su nombre autén¬ tico, el lugar de su nacimiento, los cargos que ocupó, ban sido confundidos por diferentes historiado¬ res. Lanuza, Heredia y Méndez Silva le llaman Juan; Pujadas, Rartolomé; Ferrera, Pedro. Pero como dice Serra Postius, en el archivo de Montserrat, es constancia de que se llamó Rernardo. Argáiz dice que era valenciano; pero el Padre Pedro Sancho que escribió más de 170 años antes que Argáiz, en una exposición que hizo del origen y desenvolvimiento de la Orden de San Renito en las Indias a su Majestad el rey don Felipe II, después de referir sumariamente el descubrimiento de aquellas tierras, tratando del segundo viaje de Colón y de cómo con él enviaron los Reyes Católicos predicadores a aquellas remotas regiones, dice: "Teniendo Rula de la Santidad de Alejandro VI, fué señalado por Patriarca de las Indias, Vicario y Legado de Su Santidad, el Padre Roil, natural de Tarragona, hom¬ bre muy insigne, profeso de la Orden de Nuestro Padre San Renito, del Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat". Como el Padre Roil era sobrino de fray Rernardo Roil, que también fué monje montserra¬ tino, pero que se pasó la Orden de los Mínimos, siéndole impuesto el hábito por el propio San Fran¬ a cisco de Paula, que le envió de Provincial a España, donde introdujo la Orden de los Mínimos, dió lugar a otra confusión. Hubo un Obispo de Gerona llamado Guillermo Boil, con el cual también le han confundido. Según Méndez Silva, la ilustre familia Boíl derivaba de la Real Casa de Francia. 198 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Nadie puede disputar a Montserrat este timbre de gloria inmortal (1). (1) A mediados del siglo xix el Ilustrisimo don José Serra era consagrado en Roma Obispo de Perth (Australia), a donde el Sumo Pontífice le envió para la predicación del Evangelio en aquel continente. Como era muy devoto de Nuestra Señora de Montserrat, antes de partir para Oceania vi¬ sitó el Santuario y alli, con sus compañeros, se retiró unos días para hacer ejercicios espirituales. Tal sería el fervor quela Santísima Virgen infundió en el ánimo del Obispo misionero que, postrado ante la Sagrada Imagen, puso todo aquel dilatado país bajo su amparo e instituyó a Nues¬ tra Señora de Montserrat por Madre y Protectora de todo el continente Australiano y, como remate de su escudo episcopal, hizo grabar los montes aserrados como su principal enseña. Se puede, pues, afirmar, que si Europa debe su cristianización a la indita Orden benedictina y el Nuevo Mundo recibió la primera luz evangélica de los benedictinos de Montserrat, también la evangelización del novísimo continente se inició al calor de la Cámara Angélica montserratina, alen¬ tando la Virgen Morena, desde la Montaña Santa, a los apostólicos varones de nuestros tiempos que en las antipodas ensanchan el reinado de Jesucristo. CAPITULO XXII Ntra. Sra. de Montserrat en el extranjero Su expansión ecuménica En otros lugares de este libro se ha dicho que la devoción a Nuestra Señora de Montserrat estaba generalizada en todo el orbe católico, por la sencilla razón de que en todo él se dejaba sentir la influencia de España. Y esta devoción no sólo se traducía en peregrinaciones que de todas partes acu¬ dían al Santuario (1), sino que se erigían Templos, Abadías y Prioratos, bajo su advo¬ cación, en diversos países europeos y virreinatos de Indias. Enumeraremos solamente algunos de estos templos, pero que bastará para que el lector se dé perfecta cuenta de que era un hecho evidente que el Santuario de Montserrat constituía el pabellón espiritual de la España Imperial, lo mismo en el inte¬ rior que en el exterior, realidad Nuestra Señora de Montserrat, venerada por ser en como Emperatriz espiritual de los españoles en todas las latitudes. Es tan atrayente la Virgen Morena, que, cual imán de potencia inmensa, irre- (1) Argáiz cita un que se conservaba en el archivo del Monasterio, donde su manuscrito, autor, el Padre Mateo Oliver, declaró lo siguiente: "En el año 1624, yo, fray Matlieo Oliver, confesé, desde primero de enero de dicho año hasta último de diciembre del mismo, de franceses, flamencos y otros países de lengua francesa cinco mil quinientas dos personas". ¿Pues cuántas habría de italia¬ nos, alemanes y otras naciones? — observa el mismo autor Serra Postius, "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". —Parte IV. Cap. XIX. — 200 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA sistiblemente se adueña de los corazones más recalcitrantes a la gracia divina (1). Por esto el maestro Peñalosa al hablar de esta Sagrada Imagen, decía: "Es la Imagen de la mayor devoción del mundo, Casa angelical, Templo de las misericordias de Dios" (2). Por esto los devotos de Nuestra Señora de Montserrat, ya que no podían con- templar constantemente la milagrosa Imagen, que es el retrato de la Madre de Dios, •quisieron tener cerca de si su reproducción, levantándole templos y altares. NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN ROMA Empezaremos por su carácter ecuménico, historiando la fundación del Tem¬ plo dedicado a Nuestra Señora de Montserrat en la capital del orbe católico. A mediados del siglo xiv una virtuosa dama barcelonesa, llamada Jacoba Fer¬ nández, fué en peregrinación a Roma y alli, en 1350, fundó un hospital para dar asilo a los peregrinos de la Corona de Aragón, a los que trataba y servía con la mayor solici¬ tud y caridad. Al morir, santamente, dejó todos sus bienes al hospital, que se denominó de San Nicolás. Otra piadosa señora mallorquina, llamada Margarita, fundó otro hospital en la •• misma ciudad de Roma, para recoger a los peregrinós mallorquines, a cuya fundación hizo también donación de todos sus bienes. Muertas las fundadoras, con muy buen acuerdo, se refundieron en una las dos casas, administrada por personas distinguidas, (1) Fray Juan de Figueroa, en su inspirada Canción Real a Nuestra Señora de Montserrat, cantó asi: Llega el pecadorazo pasajero. Toma agua bendita. Que ha corrido mil mares y mil males. Tan necio, que el sombrero no se quita. Cubierto de bordados y diamantes. Mas, al llegar a ver la Imagen pura Huella altivo y soberbio estos umbrales. Cera se vuelve el alma helada y dura; Jurando por la fe de caballero Y de su mal doliente, Que no ha visto cosa semejante. Entra curioso y sale penitente. (Sin quitarse los guantes) (2) Peñalosa. Excelencias del Español. Excel. 4. — Cap. XXI. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 201 no solamente por su posición social, sino también por su piedad entre la colonia de la antigua Corona de Aragón con residencia en Roma. ' ^ En 1506 don Fernando el Católico, deseando que esta benéfica institución cum¬ pliera dignamente cristiana y humanitaria finalidad, la tomó bajo su alto Patronato, su y a este objeto convocó a todos los nacionales residentes en Roma, en la iglesia llamada entonces del Pozo y posteriormente de San Felipe Neri. Fn dicha reunión organizóse la parte económica administrativa del hospital, se instituyó la Cofradía de Nuestra Se¬ y ñora de Montserrat, en la "capilla de San Nicolás, que habia erigido la fundadora doña Jacoba Fernández, y, por último, se acordó "levantar una iglesia dedicada a Nuestra Señora de Montserrat" (1), De esta suerte, gracias a la devoción y liberalidad de los españoles residentes en Roma y a la protección de los Reyes de España, se levantó un hermoso tem¬ generosa plo bajo la advocación de Nuestra Señora de Montserrat en la Ciudad Eterna, en la ca¬ pital del orbe católico, cundiendo la devoción a Nuestra Señora por todo el mundo cris¬ tiano, pues no tardaron los Sumos Pontífices en enriquecer este templo con extraordi¬ narias gracias y privilegios, por cuyo motivo no sólo era visitado por los peregrinos españoles, sino también por los de otras nacionalidades. Fn dicha iglesia fueron sepultados los Papas Calixto III Alejandro VI, el Car¬ 3^ denal Enrique Cardona, Obispo de Rarcelona y otras altas dignidades eclesiásticas e ilustres miembros de la Nobleza española. Actualmente es la Iglesia Nacional de España y en donde celebran los actos se oficiales de nuestra Embajada en Roma, distinción y tributo merecido de la Nación ca¬ tólica a la Virgen Morena protectora asidua de nuestros Reyes y de nuestras armas en los pretéritos siglos de nuestras grandezas y, visiblemente, de nuestra Patria en los acia¬ gos dias que atravesamos, al apartarnos milagrosamente de este mundo llamas, que en amenaza destruir todos los valores espirituales tan penosamente creados y tan cuida¬ dosamente conservados por la milenaria civilización cristiana. (1) Este último acuerdo fué recibido con especial entusiasmo, obligándose los nacionales residentes en Roma a contribuir para la construcción del Templo, estableciéndose la cuota de 5 julios (moneda romana) los hombres y 4 las mujeres cada año. (Serra y Postius: "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". Parte 4.®. Cap. XX.) 202 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN VIENA Los Emperadores de Alemania de sangre española fueron devotísimos de Nues¬ tra Señora de Montserrat. El Emperador Maximiliano II visitó dos veces el Santuario con singular devo¬ ción; subió a las ermitas, conversando con los venerables anacoretas, y tanto él como su esposa, doña María, ofrecieron valiosos regalos a là Santisinia Virgen. Más tarde, sus dos hijos Rodolfo y Ernesto, a quienes su padre, por indicación de Felipe II, había enviado a España para su educación religiosa y no se contaminaran de la herejía protestante, donde permanecieron siete años y tres meses, visitaron tam¬ bién el Santuario de la Virgen Morena con gran piedad y devoción. También Fernando II, quien obligaciones no le permitían postrarse a los a sus pies de Nuestra Señora de Montserrat, quiso tenerla cerca de si y mandó levantar un templo y Monasterio bajo su advocación y que los propios monjes de Montserrat cuida¬ ran de su culto. El cronista don José Pellicer nos describe, en unos bellos párrafos, la funda¬ ción de dicha iglesia y Monasterio, venciendo la devoción del católico Príncipe todos los obstáculos que se oponían a su realización. "Dió don Fernando — dice — a unos monjes de San Benito, que pasaron de Montserrat de España al Austria, cierto sitio que pidieron en el arrabal de Viena, para edificar una iglesia y Monasterio en honor de Nuestra Señora. "El jefe de la guarnición, que está de presidio en la ciudad, juzgando por in¬ conveniente levantar en aquel lugar tan grande edificio, proponía muchas y graves di¬ ficultades: que estaba cerca de la ciudad más de lo que convenía; que podría ser de mucha consecuencia para los enemigos si acontecía poner sitio a Viena; que tales fᬠbricas, antes se debían alejar que acercarse a las plazas fuertes... "Oyó el César lo que decía el coronel y dijo: "¡Santo Dios! ¿Qué nos culpa este capitán? Yo no hallo mayor defensa para esta ciudad que el Templo de Nuestra Señora, MONTSERRAT, MO N T A Ñ A SANTA 203 y quiero antes que esté tan cerca la Virgen que no tenga el presidio la ciudad. Más segura tengo la protec¬ ción en Ella que en él. Díganle que yo no quiero mudar de parecer y que en la parte que dije, determino se levante el templo; que no hay que temer daño alguno que nos venga por él; mucho bien, si, que es¬ perar." Un detalle de la capilla de Ntra. Sra. de Montserrat en Nueva Nursia Ejecutóse la obra como el (Australia occidental) Emperador mandó, y a expensas de su liberalidad erigiéronse la iglesia el Monasterio, inaugurándose solemnemente, con y asistencia del César y toda la Corte el año 1636, colocándose una hermosa imagen de Nuestra Señora de Montserrat, con aplauso del pueblo vienés, que profesaba especial devoción a la Virgen Morena. NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN PRAGA El famoso misionero, monje montserratino. Padre Benito de Peñalosa, que residió algunos años en el Priorato de Méjico, dependiente de Montserrat, y alli con su predicación apostólica implantó y propagó entre los indios la devoción a Nuestra Se¬ ñora de Montserrat, con tan ópimos frutos, que para demostrar su fervorosa devo¬ ción, ofrendaron aquellas gentes una riquísima yorona de oro y esmeraldas a la Vir¬ gen Morena, a su regreso a España, impulsado por su celo apostólico, después de presen¬ tar a la Virgen aquella valiosa corona, pasó a Alemania para predicar la verdad cató¬ lica, pregonar las glorias y prodigios de Nuestra Señora de Montserrat, e infundir la devoción a Maria en aquellos países tan trabajados por las sectas protestantes. Por sus prendas personales, sus apostólica predica¬ profundos estudios y su ción, como dice un ponderado historiador (1) se captó, el Inclito monje montserratino; la confianza y el afecto, no solamente del Emperador Fernando II, ferviente devoto de (1) Serra Postius. — Historia de Nuestra Señora de Montserrate. — Parte IV. Cap. XXI. 204 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Nuestra Señora de Montserrat, sino también del duque de Frisian, General de los ejér¬ citos de Su Majestad Cesárea. Fué tal el entusiasmo que provocó la predicación del Padre Peñalosa, que, en la ciudad dePraga, capital del reino de Bohemia, le fué cedido un convento para que lo transformase en Monasterio, bajo la advocación de Nuestra Señora de Montse¬ rrat, del cual fué el primer abad, extendiéndose por tal motivo prodigiosamente en aquellos países la devoción a la Virgen Morena, NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN ÑAPOLES En la guerra que en el reino de Nápoles sostuvo Don Fernando el Católico, si mandando el ejército de tierra se hizo famoso Gonzalo de Córdoba, llamado el Gran Capitán, el héroe del ejército del mar fué el Almirante don Bernardo Vilamari. Tanto fué asi que, después de conquistada la capital, y una vez terminada la campaña, para perpetuar la memoria del gran marino dedicáronle los napolitanos una calle cerca de Castelnovo. Y como siempre, en donde plantaba la bandera de la patria se erigía allí un se templo ,o un altar a María, en aquella misma calle Vilamari, que los naturales llamaban también Rua Catalana, se erigió una hermosa capilla dedicada a Nuestra Señora de Montserrat. Fué tanta la devoción a Nuestra Señora, lo mismo por parte de los españoles que de los italianos, que pronto se constituyó allí un Priorato regentado por monjes montserratinos. NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN PALERMO No podía faltar en Sicilia, dominada por España, un templo dedicado a la Vir¬ gen de Montserrat. En Palermo, su capital, se erigió en efecto una hermosa iglesia bajo su advo- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 205 cación, constituyéndose un Priorato regido por monjes de Montserrat, que según las crónicas fué uno de los más florecientes de Europa. La iglesia fué levantada precisamente en el sitio donde antiguamente estuvo emplazado un templo dedicado a Vulcano (1). ■ Fué a este Monasterio adonde se retiró el Padre Abad Blanch en 1835 cuando la disiDcrsión de los monjes en España, hasta que el Gobierno, recogiendo el clamor ge¬ neral de Cataluña, que reclamaba la presencia de los religiosos en Montserrat, autorizó, aunque con ciertas limitaciones, que se instalaran nuevamente en la Montaña Santa (año 1844). El Padre Blanch pudo, pues, volver a su amado Montserrat, para comenzar la obra de su restauración, que ha perdurado hasta el presente, culmináñdose esta labor reconstructiva y, a la vez, extructuradora, durante el gobierno del Padre Abad Marcet. NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT EN LISBOA Y AMERICA PORTUGUESA La Real Casa de Portugal demostró constantemente su devoción a la Virgen de Montserrat en los gloriosos días de su imperio. El gran rey lusitano don Manuel, que dió un enorme impulso a la navegación y a los descubrimientos, sintió siempre tierna devoción a Nuestra Señora de Mont¬ una serrat y ordenó entregar al Procurador del Monasterio, residente en Lisboa, preciosos dones procedentes de las Indias para que los ofrendara al Santuario montserratino. Don Juan III, don Sebastián y don Enrique hicieron igual que don Manuel al llegar las flotas procedentes de Ultramar. ' ^ De todos ellos únicamente don Enrique, siendo Infante (año 1537), visitó el Santuario, entregando una importante cantidad en metálico y el sostenimiento de una lámpara. (1) Facelle. Historia de Sicilia. Decad. 1. — Libro 6. Cap, I. 206 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El Infante don Luis, acom¬ pañado de su cuñado el Empera¬ dor Carlos I, también visitó Mont¬ serrat, confesó y comulgó; y, des¬ pués de implorar el auxilio de la Virgen Santisima, partió para Bar¬ celona, en donde embarcó, toman¬ do el mando de las escuadras alia¬ das, pues la española y la portu¬ guesa, en noble alianza, conquista¬ ron el reino de Túnez. Altar de lacapilla interior del Monasterio dedicado a Nuestra Señora de Montserrat en Nueva Nursia (Australia occidental) A su victorioso regreso, volvió nuevamente a visitar a la Virgen, en agradecimiento haberle asistido en por tan sangrienta campaña, ofrendándole una lámpara de plata dotada espléndidamente. La Emperatriz Isabel, esposa de Carlos I, hija insigne de los reyes de Portu¬ gal, se distinguió devoción a Nuestra Señora. Estando en Barcelona, le sobre¬ por su vino nna grave enfermedad y toda la ciudad, profundamente conmovida, hizo roga¬ tivas públicas para impetrar del Cielo la preciosa salud de la Augusta Señora. Ciento cincuenta barceloneses, entre ellos varios sacerdotes y distinguidas da¬ mas, salieron de la iglesia de Santa Maria del Mar, a pie, y muchos descalzos, en hábitos de peregrinos y ,subieron a Montserrat para implorar la salud de su amada Condesa. Aun no del todo restablecida, impulsada por su fervorosa devoción, la Empera¬ triz, visitó en peregrinación el Santuario, ofrendando a fa Virgen Morena en acción de gracias un porta-paz grande, con el árbol de Jesé primorosamente labrado y un peque¬ ño navio de oro y diamantes que se colocó sobre la corona de oro y diamantes que poseia Nuestra Señora. Esta profunda devoción Nuestra Señora de Montserrat por parte de la Casa a Real, se evidenció una vez más cuando, al fundar el rey Juan III en 1522, un colegio para recoger y educar a Lisboa, a ruegos de don Pedro Do¬ los niños que vagaban por mènech, canónigo de la catedral de Barcelona, el Rey concedió que la iglesia del referido colegio se dedicara a Nuestra Señora de Montserrat. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 207. Más tarde, en el año 1574, a instancias de la colonia catalana residente en Lisboa, el rey complacido que se levantara una suntuosa don Sebastián autorizó muy Capilla bajo la advocación de la Virgen de Montserrat; y todos los años la Casa Real contribuía con liberalidad a la fiesta que los catalanes dedicaban con gran pompa a su excelsa Patrona. Como lógico corolario de este ambiente montserratino en la Corte lusitana, no es de extrañar que cuando el ilustre monje de Montserrat Padre Juan Chacones, que fué el maestro espiritual de San Ignacio de Loyola, pasó a Lisboa con los religiosos benedictinos Padre Chaves y Padre Plácido de Villalobos, para la reforma de su Or¬ den, los benedictinos que de allí partieron para la América portuguesa llevaran con¬ sigo el bagaje montserratino, pues fundaron una iglesia y monasterio bajo la advo¬ cación de Nuestra Señora de Montserrat, sembrando la devoción a la Virgen Morena en aquellos vastos territorios. EXPANSION ECUMENICA DE MONTSERRAT Nos extenderíamos demasiado si tuviéramos que enumerar y, aún más, his¬ toriar las iglesias, capillas altares que son dedicados a Nuestra Señora de Montse¬ y rrat, debidos a la mucha devoción que a la Virgen Montañesa se sentia en aquellos gloriosos tiempos de nuestra historia patria, èn que la religiosidad y devoción a Ma¬ ria vibraban pictóricos en el espíritu español y éste se difundía por el mundo entero. El Padre Montagut, citado por Serra y Postius (1), dice que en Francia se la veneraba en París, Lyón, Rúan y Toulouse. En Caller, capital de Cerdeña, habla una capilla servida por un monje mont¬ serratino, en calidad de Procurador, lo mismo que en Palma de Mallorca. En Italia, además de los Prioratos que hemos mencionado, existia un gran número de capillas dedicadas aNuestra Señora de Montserrat. Hay quien las hace as¬ cender a un centenar. No es de extrañar, dada la influencia de la monarquía aragonesa (1) Serra Postius. Historia de Nuestra Señora de Montserrate. Parte IV. Cap. XXI. 208 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat en Filipinas en aquellos jDaises, tan compenetrada con la devoción de nuestra Virgen Morena y con¬ tinuada por la España Imperial. Y ¿qué diremos de la devoción a la Virgen de Montserrat en la América es¬ pañola? Ya hemos dicho en otrocapitulo de este libro, que el famoso Padre Boil le¬ vantó el primer templo en el Nuevo Mundo, dedicándolo a Nuestra Señora de Mont¬ serrat. Pedro Valdivia, conquistador de Chile, llevaba en procesión a la Virgen de Montserrat, difundiéndose su devoción en aquel hemisferio. Se erigieron Prioratos en diferentes virreinatos, levantándose templos a la MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 209 Virgen Morena en Méjico, Perú, etc. y estableciéndose en aquellos inmensos territo¬ rios la Cofradia de Nuestra Señora de Montserrat. Cuando más tarde Felipe II, a ins¬ tancias del Abad deMontserrat, Padre Plácido de Salinas, concedió licencia ¡lara pedir limosna para el Santuario en todas las Indias (año 1590), se universalizó la devoción a nuestra "Moreneta" en todo el continente americano. Filipinas no podia quedar a la zaga de las otras hijas de España. Tampoco podían faltar en aquellas lejanas islas, donde España mantuvo enhiesta durante cuatro siglos la bandera de la civilización cristiana, los monjes montserratinos, que fundaron un Monasterio para extender en Insulandia la devoción a la Virgen Montañesa. Ya hemos dicho también que en .Australia el Obispo Serra divulgó el espíritu montserratino, colaborando con el Obispo, misioneros y apostólicos varones que se concentraban en Montserrat antes de partir para el novísimo continente. Repetimos lo dicho al principio de este capítulo: que allí donde llegaba la in¬ fluencia esi3añola allí se levantaba un altar a Nuestra Señora de Montserrat y como la devoción a María innata los españoles dióse el de era en caso que las múltiples advo¬ caciones con la nación mariana designaba la Emperatriz de Cielos que a y Tierra, en aquellos aúreos siglos de nuestra historia, los sintetizara y vinculara en NUESTRA SE¬ ÑORA ÜE MONTSERRAT, auténtica Patrona de la España Imperial. EL MAPA DE LA EXPANSION DE MONTSERRAT En el jardin de los monjes se levanta esbelta, primorosa, una glorieta con ar¬ cos y columnas de reminiscencias medievales, de forma cuadrangular, abierta por tres de sus lados. El cuarto lo constituye un gran lienzo de pared sin vano alguno, todo él ocupado por la pintura de un grandioso y curiosisimo mapa, orlado con los escudos de los grandes Abades, donde se concreciona, en forma gráfica y multicolor, la Expansión Universal de Montserrat. España figura en el centro del mapa, desde donde irradia por todos los ámbitos de la tierra el nombre de Montserrat y a donde convergen de todo el orbe sus devotos y peregrinos. U 210 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Se destacan en este mapa hermosas anécdotas montserratinas, como la funda¬ ción del Monasterio en Viena; las naves que los,almirantes que han invo¬ conducen a cado a la Virgen Morena antes de la batalla y dándole las gracias después de la vic¬ toria; los bajeles de los descubridores; aqui es Valdivia que lleva en procesión a la Virgen a la otra parte de los Andes; alli está el Rey de Portugal entregando los dones de las Indias para ofrendar a la "Moreneta"; más allá los misioneros de la lejana Aus¬ tralia, los mártires, etcétera. En una palabra; este ma^ífico mapa es una demostración clarísima y una confirmación plena de cuanto llevamos dicho y de lo que, con machacona insistencia venimos afirmando, o sea la UNIVERSALIDAD DE MONTSERRAT en el mundo cris¬ tiano, que siguió paralelamente a la expansión del reino de Aragón primero y, poste¬ riormente, a la ecuménica de la Gran España. CAPITULO XXIII Fundadores de órdenes religiosas que visitaron el Santuario SAN FRANCISCO DE ASIS No hay documentos prueben de forma incontrovertible que el Serafín de que Asís, cuando pasó a España visitara el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat. Hay monumentos, que prueban su presencia en la plana de Vicb, en donde subsiste la famosa ermita dedicada a "San Francisco se moría", y el "Pozo de la vida", que recuerdan el episodio de la vida del Santo, cantado por el inmortal Ver¬ daguer. Siendo, pues, tan fervoroso devoto de María Santísima, que basta la Iglesia celebra el Jubileo de la Porciúncula, evocando la aparición de la Santísima Virgen al Seráfico Patriarca, es más que probable que, pasando tan cerca de Montserrat, no de¬ jara de hacer una visita a la Excelsa Señora, entonces ya famosísima por sus milagros y peregrinaciones. SAN JUAN DE MATA Está fuera de duda que el insigne fundador de la Orden de la Santísima Tri¬ nidad visitó el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Vino a España con cartas comendaticias del Sumo Pontífice para el rey de 212 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Aragón don Pedro el Católico, del que recibió todo apoyo para la propagación de su Orden. ' En 30 de noviembre de 1201 fundaba el primer convento en Serós, donde le habla cedido un castillo ^don Pedro de Vellvis, asistiendo al acto de cesión como testi¬ gos el rey don Pedro, su madre la reina doña Sancha, ¡hija del rey de Castilla Alfonso el Emperador, Gombaldo, Obispo de Lérida y varios caballeros de la Corte. El mismo año, el 11 de diciembre, fundó el de Lérida y en 1209 fundó el de Piera, que fué el último que el Santo Patriarca estableciera en España. A este propósito el historiador Gil González Dávila, dice lo;SÍguiente: "El año 1209 fundó San Juan de Mata, el convento de Piera, tres leguas distantes del insigne Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, que visitó y suplicó en él a Dios, ponien¬ do por intercesión el poder de tan Soberana Señora, amparase lo que habla plantado y cultivase con el favor de su gracia." SAN PEDRO NOLASCO Este joven francés habla sufrido una gravísima enfermedad y, estando desa¬ huciado por los médicos, hizo voto de visitar a Nuestra Señora de Montserrat, apare- ciéndosele Maria Santísima y, tocándole con su virginal mano, quedó repentinamente curado. Cumplió su voto, subiendo a pie la montaña. Entró de rodillas en el templo, dando las gracias a la Santísima Madre por el favor recibido y rogándole dispusiera de él para el servicio de Dios. Permaneció nueve dias en Montserrat, donde recibió singulares favores de María Santísima, concibiendo alli la idea de fundar la Orden de Redención de Cauti¬ vos, la que comunicó a San Raimundo de Peñafort y éste a don Jaime el Conquistador y, apareciéndose la Virgen a los tres, fundaron la Real y Militar Orden de la Merced. Una lápida recuerda esta visita. Reza asi: HIC S. PETRUS NOLASCO VOTO IGNES CONDENDAE RELIGIONIS VISITANDI B. B. VIRGINEM HAUSIT CUI POSTEA GRATISSIMA SE EXOLVIT. UBI CREBRO VIRGO BARCINONE APPARENS DIUQUE ORANS PRIMOS ORDINEM INSTITUÏT—ANNO—1218 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 213 SAN IGNACIO DE LOYOLA Un poderoso ejército francés sitia¬ ba la ciudad de Pamplona. Iñigo de Loyola, antiguo paje del Rey Don Fernando el Ca¬ tólico, defendia bizarramente la cindadela, cuando una bala, al herirle gravemente, le hizo abandonar la lucha. Era el 20 de mayo de 1521. Desengañado de las honras munda¬ nas y las glorias militares y, movido de la gracia de Dios, resolvió abandonar las va¬ nidades del mundo. "Para hacer esta mudanza, dice el Rdo. Padre Gabriel Alvarez, S. J., juzgó que San Ignacio de Loyolá Cuadro al óleo de Sánchez CocHo, después de la restauración no podría haber lugar más a propósito que de Madrazo la casa de Nuestra Señora de Montserrat, asi por estar lejos de la snya y en desierto, como por ser casade tanta veneración y de¬ voción a la Santísima Madre de Dios y Señora Nuestra, de quien quedó Ignacio muy devoto y obligado desde convalecencia se le apareció, teniendo a su precioso que en su Hijo en sus brazos. Montserrat es lugar adecuado para la soledad, contemplación y de¬ voción y mucho más por la imagen de la Soberana Virgen y Reina de los Angeles que alli, honrada y autorizada del cielo con infinidad de milagros; es este Santuario cele¬ bérrimo en toda la Cristiandad (1). "Convaleciente aún, el noble caballero de Loyola se puso en camino, para cumplir su voto, acompañándole algunos criados hasta Nájera. Desde alli se fué solo a Montserrat, comprando en Igualada el traje y aderezos de peregrino. (1) Al final del siglo xvi, escribió el Reverendo Padre Gabriel Alvarez por encargo espe¬ cial del Muy Reverendo Padre Claudio Aquaviva, Prepósito General de la Compañía de Jesús, la His¬ toria de la Provincia de Aragón de la Compañía de Jesús, cuyos primeros capítulos tratan de la veni¬ da de San Ignacio a Montserrat, Manresa y Barcelona. 214 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Llegado a Montserrat, al postrarse a los pies de la Virgen, quedó totalmente transformado. Alli buscó un médico y Padre espiritual a quien, con toda seguridad, pudiera fiar la cura y dirección de su alma. Deparóselo Dios tal cual habia menester y deseaba. Este fué el Padre Fray Juan Chacones, dechado vivo de religiosa perfección y gran maestro espiritual." Con este santo varón, pues, se confesó, generalmente por escrito, con mucha consideración y cuidado durante tres dias. Recibió del Padre Chacones sabios consejos, además de darle a leer libros de ejercicios espirituales, que acabaron por decidir al jo¬ ven capitán a seguir el nuevo rumbo que pensaba dar a su vida. El 21 de marzo de 1522, el apuesto caballero colgó de un pilar de la iglesia las P" armas con que habia militado en servicio del Rey de la tierra y, vestido con un tosco hábito, veló las nuevas armas espirituales, permaneciendo, ora en pie, ora de rodillas, toda la noche ante la Imagen de la Santísima Virgen, recibiendo asi el espaldarazo de Caballero de Cristo. Se cree que San Ignacio estuvo vagando algún tiempo por los alrededores del Monasterio para poder volver al mismo, ya que no se permitía a los peregrinos estar más de tres dias en la hospedería, para lo cual se refugió en una cueva, donde no podia estar de pie, sino tendido, y desde la cual podia contemplar el Santuario. Retiróse luego a la cueva de Manresa, desde donde dirigia sus miradas a la San¬ ta Montaña, escribiendo alli el famoso libro de los Ejercicios Espirituales. De Manresa partió para Barcelona, Gaeta, Roma, Paris, y aquí fundó la indita Compañía de Jesús, escogida milicia de Cristo, que ha librado grandes batallas durante cuatro siglos con¬ tra los enemigos de la Iglesia, de la ha sido que y sigue siendo uno de sus más firmes baluartes. En memoria de la estancia del Santo Patriarca en Montserrat, el Abad Fray Lorenzo Neto, mandó esculpir una lápida que dice asi: B. IGNATIUS—A LOYOLA TAVIT—HINC—AD—SOCIE- HIC—MULTA-PRECE—ELE- TATEM—lESU—FUNDAN- TU—QUE—DEO—SE—VIRGINIQUE DAM—PRODIIT—ANNO DEVOVIT—HIC—TAMQUAM— MDXXII—F. LAUREN- ARMIS—SPIRITUALIB.— NETO. ABB. DICAVIT. SACCO—SE—MUNIENS—PERNOC— AN. 1603 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 215 Los hijos de San Ignacio siempre han venerado a Montserrat como cuna y manantial de su esclarecida Orden. FRAY ARCANGEL ALARCÓN, FUNDADOR DE LOS CAPUCHINOS EN ESPAÑA El año 1578 y a petición de los Concelleres de Rarcelona, vino a esta ciu¬ dad desde la provincia de Nápoles, fray Arcángel Alarcón con cinco compañeros, para fundar un convento extramuros de la ciudad.. Un noble caballero, Juan Terrer, les ofreció una capilla Sarrià y terrenos en Cuadro de Fray Agustín de Barcelona, capucliino (1787) que, según tradición, habian pertenecido a existente en el convento de Sarria los padres de Santa Eulalia. El Padre Arcángel, antes de erigir el convento y, juntamente con sus com¬ pañeros, subió a visitar el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat para implorar de la Virgen Morena su celestial patrocinio. Estuvieron allí tres días. Fué puesta la Provincia, por el Padre Arcángel, bajo la advocación y patro¬ cinio de Nuestra Señora de Montserrat, mandando grabar en el sello de la Provincia, en la parte superior, MARIA DE MONTSERRAT, en la inferior Santa Eulalia y, al lado, San Francisco. Moneada, cronista de la Religión, dice: "El Abad Ferrer mandó grabar un sello como el de la Orden Capuchina en Cataluña y lo puso como blasón del Monaste¬ rio en el archivo" (tomo 2.°, año 1578). LA MADRE CATALINA DE CRISTO En el año 1588 vino a Rarcelona procedente de Pamplona, para fundar un convento de Carmelitas Descalzas, la Madre Sor Catalina de Cristo, acompañada de cinco religiosas. r 216 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Santa Teresa de Jesús, que hacía tres años que había subido al cíelo y que amaba entrañablemente a Sor Catalina, le había impuesto con sus propias manos el santo hábito. Estas religiosas no quisieron entrar en Barcelona, ni cuidarse de la fundación sin pasar antes por Montserrat y recibir primero la bendición de Nuestra Señora. Estuvieron tres días en el Monasterio, visitando las ermitas y sosteniendo santa conversación los Solitarios; y, con después de despedirse fervorosamente de la Santísima Virgen, trasladáronse a Barcelona, en donde fundaron el convento, que fué el primero en la Corona de Aragón. Murió la Madre Catalina en Barcelona, en olor de santidad, el día 3 de octu¬ bre de 1592. El historiador Serra Postius (Cap. XX) afirma que en el momento de expi¬ rar vió en espíritu el Padre fray Domingo de Jesús María que la asistía, que su alma subía al cielo acompañada de Jesucristo, la Virgen, San Juan Evangelista, Santa Tere¬ sa de Jesús y otros Santos y, que en vez de Besponso, entonó un "Te Deum laudamus" que, con lágrimas de júbilo, prosiguieron todos los asistentes. SAN JOSE DE CALASANZ Conocida es la vida de este insigne aragonés. Nació en Peralta de la Sal, Obis¬ pado de Urgel; fué ordenado en el Santua¬ rio del Santo Cristo de Balaguer, en cuya ciudad existe de los más uno antiguos con¬ ventos de las Escuelas Pías. Habiendo nombrado Su Santidad Visitador Apostólico del Monasterio de Mont- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 217 serrat a don Gaspar de la Figuera, Obispo de Lérida, éste llevó por secretario se a San José de Calasanz, el cual permaneció seis meses en Montserrat. Son de suponer los divinos favores que recibiría de la Santísima Virgen, pues al regresar a su Obispado de Urgel, de cuya curia fué Vicario General, le parecía oír siempre una voz que le decía: "Ve a Roma, ve a Roma". Allá fué y fundó la indita Orden de las Escuelas Pías, que tanto lustre ha dado la a Iglesia y a nuestra Patria. SOR RAFAELA PAGESA Esta virtuosa dama barcelonesa tenia vivos deseos de visitar los Santos Luga¬ res de Jerusalén; pero antes subió a Montserrat a visitar a María Santísima, ante la que se postró a sus plantas 3' le pidió le inspirara lo que fuera su voluntad. Emprendió la peregrinación a Jerusalén y, al regreso visitó el sepulcro de los Santos Apóstoles; besó los pies al Papa Pío III, el cual le dió Rula una dirigida al Obispo de Rarcelona, autorizándola para fundar én dicha ciudad un convento de Re¬ ligiosas de Santa Clara, bajo la advocación de Nuestra Señora de Jerusalén, lo que con¬ siguió con la protección del rey don Pedro el Ceremonioso, quien puso la primera pie¬ dra en el año 1351. Allí murió santamente Sor Rafaela. BEATO ANTONIO CLARET El famoso misionero Padre Claret, que murió siendo Arzobispo de Cuba, era devotísimo de Nuestra Señora de Montserrat, cuyo Santuario visitó repetidas veces, reci¬ biendo de la Santísima Virgen alientos para su incansable predicación. V. P. A. M. Claret. A. Trinquart. París 1868 220 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA En Papiol cambió su traje con un pobre, llegando a Montserrat andrajoso; pi¬ dió algo de comer a los monjes y vivió allí retirado. Habiéndole encontrado su hermano arrodillado en un rincón de un altar inmediato al altar mayor, le costó mucho trabajo convencerle de que volviera a su casa, accediendo al fin a ello, si bien con la esperanza de que le dejarían entrar en Religión. Más tarde, al escribir su hermoso librito "Tres Florecillas a la Virgen de Mont¬ serrat", con la tierna dedicatoria "A mi Madre, María de Montserrat" en el prólogo, que su fervoroso desahogo de filial le dictó, decía: "Os busqué solo en mi mocedad... amor Solo, y por caminos difíciles, llegué a vuestros pies... A vuestros pies hallé la paz per¬ dida... Cabe el trono de vuestras misericordias, desperté como de un sueño profundo: Hallé mi vocación. Vos me guiasteis sin que recuerde cómo..." El primer domingo de octubre de 1867, rodeado de su padre, hermanos, parien¬ tes y amigos, cantaba su primera Misa en Montserrat, ocupando la sagrada cátedra el Padre Martorell, S. J. En Montserrat celebró sus bodas de plata y ansiaba celebrar también en Mont¬ serrat las bodas de oro. Organizó varias romerías a Montserrat las fiestas del Milenario, acompañó y, en a más de mil jóvenes de la archicofradía de Hijas de María Inmaculada y Santa Teresa de Jesús; y en el tercer centenario de Santa Teresa, a miles de Teresianas. Consagró su Compañía a la Virgen de Montserrat y, cuando algunas religiosas habían de emprender viaje rumbo América, siempre las llevaba a depositar un óscu¬ a lo en la virginal mano de la Reina de la montaña, ordenando lo mismo a las que re¬ gresaban a España. Grande fué la protección de María a la Compañía de Santa Teresa, pues se propagó de un modo asombroso, siendo en la actualidad uno de los Institutos de Reli¬ giosas más florecientes. Cerramos, con el siervo de Dios Enrique de Ossó, la relación de fundadores que visitaron Montserrat. Quiera Dios que podamos venerarle pronto en los altares. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 223 Varones ilustres en santidad que visitaron el Santuario BEATO RAIMUNDO LULIO No se sabe con certeza si fué el primer año o el segundo de su conversión cuando el Doctor Iluminado visitó el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Va¬ rios historiadores atestiguan que fué a visitar a la Santísima Virgen (Serra Postius, et¬ cétera) . Recibirla alli de la Virgen Morena aquel celo apostólico para la conversión de los infieles y aquella ciencia infusa convirtió al caballero impetuoso en uno que de los más grandes adalides de nuestra fe en el campo de la dialéctica, rubricando su doctrina apologética con su propia sangre, que derramó gloriosamente por Cristo en Bugia (Túnez). SAN SALVADOR DE HORTA El Padre Domènech, en su historia de los Santos de Cataluña, dice: "Que es¬ tando una vez el gran taumaturgo franciscano Montserrat, acudieron gran canti¬ en dad de fieles por haberse corrido la voz de que el santo lego había subido a visitar a la Santísima Virgen, y que pocas veces se habla visto tan visitada. "Gran parte de aquella muchedumbre rodeó al Santo milagrero, profiriendo gemidos por las enfermedades sufrían y pidiéndole la curación; respondióles el que Santo: "Hijos, tenéis aquí la fuente de misericordia, por cuyas manos recibo yo y todo el mundo el bien, y ¿venís a mi? Id, hijos, a Nuestra Señora y rogadla, que Ella os asistirá. No manda Dios que sea tan descortés que en su casa os parezca a vosotros que haga más que Ella. Lo que podré hacer es que os confeséis primero y venid, que yo iré con vosotros y rogaremos juntos." Cuantos venían a él a decirle: "Padre, vamos a rogar a Nuestra Señora" iba con ellos y quedaban curados cojos, mancos, tullidos y enfermos de cualquier dolencia. Y fué cosa admirable que, durante su permanencia en Montserrat, no hiciese el Santo ningún milagro, como hacia en todas partes. 224 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA SAN LUIS GONZAGA Refiere el Padre Rivadeneira "Vida de San Luis en su Gonzaga", que cuando la Emperatriz doña María de Austria regresó a España después de la muerte de su espo¬ so don Maximiliano II, al Italia pasar por se puso a sus órdenes el marqués Ferrante, el cual, con su hijo mayor Luis, acompañaron a la Emperatriz hasta Madrid. La Empera¬ triz y sus acompañantes se detuvieron unos dias en Montserrat y San Luis, tan devoto de Maria, es seguro que debió esplayar su corazón en la Cámara Angélica. SAN PEDRO CLAVER Este insigne misionero nació en el pueblo de Verdú, provincia de Lérida. Se sabe que después de salir del Noviciado de la Compañía de Jesús, subió a Montserrat a visitar a la Santísima Virgen. Ignoramos lo que le aconteció en presencia de Nuestra Señora; lo que sabe¬ mos es que pasó a las Indias y que fué tal su celo apostólico que bautizó a más de cuatrocientos mil negros, concediéndole el Señor el don de hacer milagros, haciendo muchos y extraordinarios, pues incluso resucitó muertos. (Serra Postius, Cap. III, P. 2.^) Seriamos demasiado prolijos si reseñáramos las visitas que hicieron al San¬ tuario todas las personas insignes por su virtud y santidad. Nos hemos limitado úni¬ camente a describir algunas que hemos considerado de mayor relieve. Nuestro propósito ha sido hacer observar a nuestros lectores que en la Cáma¬ ra Angélica montserratina muchos Santos confortaron su espíritu y los Fundadores que allí oraron, recibieron el espaldarazo de Caballeros de Cristo y la Excelsa Capitana les elevó al caudillaje de las Milicias de la Iglesia. Allí, en ese perenne batallar por la conquista espiritual del mundo, recibieron las consignas para obtener la victoria sobre sí mismos y sobre los enemigos de nues¬ tra fe sacrosanta; no en vano la Iglesia la proclama REGINA SANCTORUM OMNIUM. CAPITULO XXIV Bienhechores ilustres de Montserrat La devoción a Nuestra Señora de Montserrat, que fué generalizándose en la Edad Media, llegando al punto cenital de su fama cuando la Casa de Austria estaba al frente de los destinos de nuestra Patria, constituye un auténtico coeficiente de esta pléyade brillantísima de ilustres bienhechores, que rivalizaron en demostrar su agra¬ decimiento a la Reina del Universo con la magnificencia digna de su poder y linaje. Los Papas enriquecieron Montserrat gracias excepcionales; los Reyes, con con privilegios, rentas y magnificas dádivas; los Principes y la Nobleza, con dinero y joyas de inapreciable valor, y la masa inmensa del pueblo fiel, con sus ex votos y el óbolo que les permitía su posición social, levantaron esa maravillosa Catedral de la Montaña Santa que, antes de su destrucción, podia gloriarse de ser el Santuario más espléndido del orbe católico, al acumular su sagrado recinto la generosidad de millones de devo¬ tos, durante el transcurso de todo un milenio de ininterrumpidas peregrinaciones. No hay otro en el mundo cuyos umbrales hayan atravesado más reyes y mag¬ nates piadosa romeria; no hay otro en que las piedras de su áspero camino se ha¬ en yan visto teñidas, en sublimes mescolanzas, con la sangre de los pies descalzos del pueblo penitente y con la de reyes, principes y potentados. Resulta verdaderamente una labor imposible de llevar a cabo, hacer la rela¬ ción exacta de todos los bienhechores de Nuestra Señora de Montserrat. Forzosamente habremos de omitir muchos, aun de los más insignes; pero, para curiosidad de los lec¬ tores y, también, para gloria y estimulo de las casas próceres que han sobrevivido a los transtornos políticos las convulsiones sociales del pasado y a y presente siglo, in- 15 226 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Grabado de C. Langlois Montserrat desde el Llobregat, cerca de Esparraguera cluiremos en un detallado índice los nombres ilustres de estos insignes devotos y bien¬ hechores. No debemos olvidar lo que dice un cronista de aquellos tiempos (1) : que a las dos cabezas de la Monarquia, eclesiástica seglar, les parecía y no que cumplían con su deber (tanta era su devoción la Virgen Morena), si al entrar o salir de a España no venían la Montaña Santa buscar la bendición de la a a Imagen Taumaturga, de la Emperatriz de España, como atinadamente la denomina el mismo autor al describir la visita q.ue hizo al Santuario don Fernando de Antequera, "para ofrecer su persona y nuevo reino y darle obediencia". Por esta misma razón, los famosos teólogos, los Padres españoles que asistie¬ ron al Concilio de Trento, también subieron Montserrat a a su regreso a la patria. (1) Argáiz. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 227 Y estas visitas se traducían en valiosos donativos para el Santuario. Y toda la nobleza y los intrépidos Capitanes, en una noble emulación, seguían el ejemplo de sus Reyes. Así era la auténtica España de nuestros gloriosos antepasados y asi era Mont¬ serrat el epicentro de sus cristianos fervores. Papas: Eugenio IV, Calixto III, Nicolás V, Julio II, Urbano VIII, Grego¬ rio XIII, León X y Paulo III. Cardenales: Juan de Toledo, Pan y Agua, de Trento, Barberino, Mendoza, Sandoval, Escanio, Molino, Espinóla, Aguirre, Alejandrino, Júdice. Emperadores: Carlos I, Rodulfo II, Maximiliano II, Carlos VI. Emperatrices: Doña Isabel de Portugal, Doña María de Austria, Doña María de Alemania, Doña Margarita María de Austria, Doña Isabel de Brunsvich. Reyesde Aragón: Jaime I, Pedro III, Jaime II, Alfonso III, Pedro IV, Don Martín, Fernando I, Alfonso V, Juan II. Reinas de Aragón: Doña Leonor, Doña Violante, Doña María y Doña Juana. Reyes de España: Fernando el Católico, Felipe I, Felipe II, Felipe III, Feli¬ pe IV, Felipe V, Carlos IV, Fernando VII, Alfonso XII y Alfonso XIII. Reinas de España: Doña Isabel la Católica, Doña Germana, Doña Margarita, Doña Isabel esposa de Felipe III, Doña María Ana, Doña María, Doña María Luisa, Doña María Amalia, Doña Isabel II, Doña María Cristina. Reyes de Francia: Francisco I, Luis XIV. Reinas de Francia: la esposa de Luís XIII y la de Luis XIV. Reyes de Portugal: Don Manuel, Don Juan II, Don Sebastián y Don Enrique. Reinas de Portugal: Doña Isabel. Condes Príncipes de Barcelona: Wifredo II, Borrell. Vizcondes: Udalardo, Gilberto. Conde de Urgel: Armengol. Príncipes: Infante deAragón, Infante de Portugal, Juan de Austria I, de Sa- boya, Juan de Austria II, Duque de Montpensier, Luisa Fernanda, Infan¬ ta de España. Príncipes de varias Naciones: de Pomplin, de Toscana, de Fbolo. Princesas de varias Naciones: de Parma, de Nivel. Archiduques: Don Carlos, Don Alberto. 228 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Duques: de Cardona, de Alba, de Luna, de Gandía, (^e Pastrana, de Maqueda, de Medinasidonia, de Monteleón, de Ferlandina, de Módena, de Toscana, de Sesa, de Medinaceli, de Calabria, de Villahermosa, de Lorena, de Flo¬ rencia, de Segorbe, de Urbino, de San Germán, de Mantua, de Tursis. Duquesas: del Infantado, de Braganza, de Alburquerque, de Osuna, de Feria, de Nájera, de Medinaceli, de Aqua, de Alcalá, de Osuna y Uceda, de San Germán, de Sexto, de Medinasidonia. Marqueses: de Astorga, de Cañete, de Priego, de Soma, de Maqueda, de Siete Iglesias, de Lara, de San Germán, de Moriera, de las Velas, de Monso- liu, de Constant, de Sardañola, de Aytona, de Camarasa, de Leganés. Marquesas: de Castel Rodrigo, de Cobar, de Visco, de Campo, de Pescara, de Santa Cruz, de Oropesa, de Coscojuela, de Camarasa, de Aytona, de Ta- marit. Condes: de Cifuentes, de Ribagorza, de Módica, de Benavente, de Haro, de Oli¬ va, de Eril, de Monterey, de Lemos, de Pórcia, de San Martin, de Este, del Infantado. Condesas: de Medinasidonia, de Gelves, de Aranda, de Monteagut, de Medina, de Robles, de Centellas, de Oropesa, de Flandes (Infanta de España), de la Coruña, de Camarasa. Podríamos añadir otros muchos títulos de Castilla y nobles casas del Reino de Aragón, pero seriamos interminables; la relación transcrita ya que con es suficien¬ te para que el lector pueda formarse un clarísimo concepto de la devoción universal a Nuestra Señora de Montserrat España todos los países en y en en que su Imperio dejó sus huellas. Queremos terminar este capitulo consignando un hecho que nos revela la obra evangelizadora de los Monjes de Montserrat en el Nuevo Mundo; reseñaremos pues el valioso regalo con que los indios quisieron demostrar a la Virgen Morena su profunda devoción. Con el oro y piedras preciosas que reunieron, se fabricó en la ciudad de Pamplona (Méjico) una riquísima corona de oro de 22 quilates y de un peso de doce libras, adornada de 2.500 finísimas esmeraldas de un valor incalculable. También los indios de la Nueva España quisieron figurar en la lista de los ilustres bienhechores de Nuestra Señora de Montserrat gracias a la voz santamente se¬ ductora del misionero montserratino. Padre Benito de Peñalosa (1). (1) Este famoso benedictino, a su regreso de Méjico, pasó a fundar una Iglesia y Monas¬ terio bajo la advocación de Nuestra Señora de Montserrat en la ciudad de Praga. (Serra y Postius. His¬ toria de Nuestra Señora de Montserrate. Parte 4.^ Cap. XXI.) CAPITULO XXV El antiguo tesoro de Montserrat guardaba Montserrat, antes de ser destruido por los franceses, El tesoro que era deslumbrador. Por espacio de más de novecientos años se acumularon en el famo¬ so Santuario las ricas ofrendas de Reyes, principes, magnates y millones de fieles anó¬ nimos, pues en aquellos tiempos de fe ardiente, la piadosa gratitud de los devotos de Maria se traducía en ofrendarle la prenda más valiosa y estimada, como un exponen- te de su amor a la Reina de los Cielos. Por lo que dijimos en el capitulo ir"' anterior dedicado a los Bienhechores Insig- nes de Montserrat, podrá deducir el lector la riqueza incalculable que atesoraba el Mo- nasterio. ¿Qué diremos de su famosa biblioteca, que la estudiosa y proverbial constan¬ cia de los monjes benedictinos enriqueció, de generación en generación, con los más aquilatados valores del saber humano? Cientos de millares de volúmenes, pergami¬ nos, palimpsestos, documentos rarisimos, etcétera, daban a la Biblioteca montserratina una significación prócer indiscutible. ¡Y todo desapareció! Lo que no pudieron llevarse los invasores, fué pasto de las llamas (1). La misma suerte que la incomparable Biblioteca corrió la colección de Histo- (1) Podrá formarse una idea de lo que seria esta Biblioteca, dada la psicologia bibliófila de losmonjes benedictinos, el que el emperador Carlos I, para satisfacer este afán de los monjes de Montserrat, les donó para comprar libros la respetable suma de veinte mil ducados. La Biblioteca ac¬ tual, a pesar de la pérdida irreparable de la antigua, constituye, por el número y calidad de las obras, el más legitimo orgullo de los sabios cenobitas. 230 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA ria Natural, que pacientemente había reunido el Padre Mauro Ametller, adelantándose el sabio benedictino a la creación de Museos de esta naturaleza, que más tarde fué la pasión dominante de nuestros hombres de ciencia. Ya al tratar del Templo de Nuestra Señora de Montserrat, se han descrito los valores artísticos y objetos preciosos que cobijaba el sagrado recinto; aquí por consi¬ guiente, sólo nos ocuparemos del tesoro en oro, plata y piedras preciosas dedicadas di¬ rectamente a la ornamentación de la Sagrada Imagen, especialmente al culto. Según el Padre Lesmes Reventós (1), en, el año 1700 había en la sacristía; Cinco Copones, cuatro de plata y uno de oro, ricamente esmaltado. Treinta Cálices de plata dorada de y uno oro, con vinajeras y plato del mismo metal; cuatro cruces, seis blandones de palmos de alto, cuatro ángeles, veinte candelabros, un nueve dosel, un frontal, dos báculos para el Pontifical dorados, fuentes, jarros, jofainas, et¬ cétera, todo ello de plata. Pero la joya imponderable la constituía la preciosa Custodia, como la llama¬ ban, para el Santísimo Sacramento. Era toda de oro y el pie de plata dorada, cubierta de diamantes engastados en oro. En el viril se contaban mil ciento seis diamantes, más de mil perlas, ciento siete topacios, tres hermosos zafiros y algunas valiosas turquesas í de un primor imponderable. Encima de la Custodia se destacaba unapluma, formada de quince ópalos, re¬ galo del príncipe Filiberto, estimada en cuatro mil pesos. El historiador Argaiz dice que "era sola y única en el mundo". Pero las joyas cumbre montserratinas las constituían las Coronas de la Santí¬ sima Virgen y de su Divino Hijo. El Niño Jesús tenia tres coronas, dos de oro y una de plata dorada, preciosas. Una de ellas estaba adornada de esmeraldas, número llegaba cuyo a doscientas treinta y una, con diecinueve diamantes. La otra tenia doscientos treinta y ocho diamantes, ciento treinta perlas, dieciséis rubies y dos preciosas esmeraldas. (1) Serra y Postius. Historia de Montserrate. Se conservaba manuscrita en el archivo del Monasterio. 231 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA De las cuatro coronas que tenía la Santísima Virgen, dos eran de plata dora¬ da, esmaltada de piedras preciosas. La tercera era de oro de veintidós quilates y pe¬ saba doce libras. Estaba adornada de dos mil quinientas esmeraldas, ofrenda, como he¬ mos dicho en otro capitulo, de los indios de Méjico. La cuarta era verdaderamente monumental. Toda de oro, contándose en ella mil ciento veinticuatro diamantes, mil ochocientas perlas, treinta y ocho esmeraldas, veintiún zafiros y cinco rubies. En lo más alto de la corona había un navio de oro y diamantes, valorado en dieciocho mil ducados. Pesaba dicha corona arroba y media, solamente el oro, y, con las piedras pre¬ ciosas, pasaba de las dos arrobas. Esta obra maestra de orfebrería la realizó un monje montserratino, de nacio- nalidad flamenco; montó un taller en empleó veintisiete años el mismo Monasterio y en fabricar esta maravillosa corona y la del Niño. Para llevar a cabo su obra reunió las joyas que la munificencia de los bienhechores del Monasterio habían ofrendado a su Virgen Morena. Al contemplar esta joya de tan extraordinario valor, dicen los historiadores que no sólo quedábanse atónitos los fieles que por primera vez llegaban a su presencia, sino también los más poderosos monarcas, los más inteligentes artifices y todos cuan¬ tos habían visitado lo más notable del mundo. Para que el lector pueda formarse un cabal concepto del generoso desprendi¬ miento de los devotos de Nuestra Señora de Montserrat en sus ofrendas de gratitud a su Celestial Bienhechora, insertaremos una relación de donantes, consignando sus dádi¬ vas. Desde ella a algunos de los más destacados, pues si hubie¬ luego sólo incluiremos en ran de figurar todos, seria preciso destinar un libro entero, que, por cierto muy volumi¬ noso, obraba en el archivo del Monasterio. Con estos valiosísimos presentes, fué posible fabricar esa gran obra de orfebreria que acabamos de describir. Los enumeraremos orden cronológico, comprendiendo solamente un perio¬ por do de casi doscientos años, demostrándose asi que durante los reinados de la Casa de Aus¬ tria no decayó ni un momento la devoción a la Virgen de Montserrat, especialmente de su amada España. 232 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA En el año 1521, el duque de Sesa, un cáliz de plata; año 1537, don García de To¬ ledo, un cáliz y patena de oro; año 1554, el conde de Alba de Lista, dos grandes candela¬ bros de plata, valorados en 1.500 ducados; año 1558, la duquesa de Agua, una cadena de oro con ricas perlas. En el 1601, la marquesa de Collet, napolitana, una joya de oro con 25 diaman¬ tes; año 1606, doña Ana de Austria, hija de Felipe III, una saya con 900 perlas; año 1607, el Cardenal Melino, una fuente de plata dorada; año 1613, la marquesa de Almazán, un rubí estimado en 500 ducados; año 1618, el señor de San Luzen, un cáliz de oro: año 1621, la condesa de Flandes, navecilla de una oro con diamantes, y en 1624, dos mil ducados de limosna para una misa cotidiana; año 1629^ el duque de Urbino, un cáliz de oro; año 1630, el marqués de Cadireta y su esposa, seis candelabros y una cruz de plata; en el mis¬ mo año, el marqués de Aytona una joya de oro con 66 diamantes; y en el mismo año el Infante Cardenal, cuatro grandes candelabros de plata, valorados en 2.400 ducados; año 1636, la condesa de la Coruña, una sortija de oro y diamantes; año 1639, la duque¬ sa de Alcalá, una sortija de oro y piedras preciosas estimada en 2.000 escudos; año 1657, el conde de Peñaranda, otra preciosa sortija; en el mismo año, doña Mariana de Cha¬ ves, una esmeralda de un valor de 500 ducados; años 1659, doña Isabel Manriquez, una preciosa cadena de oro; año 1666, la duquesa de Alburquerque, una preciosa joya; año 1667, la Reina de Francia, seis floreros con jarros de plata; en el mismo año, el duque de Medinasidonia, una venera de diamantes; año 1669, la duquesa de Osuna y üceda, una joya de oro, valor 500 ducados; en el mismo año, doña María Vandres y Abarca, una joya de oro y diamantes; año 1671, el duque de Sesa, una mariposa de oro sembrada de diamantes y la condesa de Alteres, en el mismo año, una joya de oro con diamantes y rubíes; año 1672, el duque de Medinaceli, una jo3^a valorada en "catorce mil reales de a ocho"; el conde de Castell-Florit, un rosario de ámbar con seis cruces de oro; el con¬ de de Luminares, una sortija de diamantes; don Antonio de Losa, y una salvilla de pla¬ ta; año 1675, la duquesa de San Germán, una joya con diamantes; año 1679, la princesa dePompliu, una fuente de plata; año 1683, la marquesa de los Vélez, un ramo de oro; en el mismo año la marquesa de Camarasa, dos valiosas esmeraldas, y el conde de Ro¬ bles un pectoral de oro; año 1686, la duquesa de Sexto, unos rosarios y una sortija de gran valor; año 1689, el marqués de Camarasa, dos hermosas esmeraldas; año 1690, la baronesa de Llinàs, una mariposa de oro con cuarenta esmeraldas y topacios; año 1692, la duquesa de Medinasidonia, corazón de un oro guarnecido de diamantes y rubies; en el mismo año la princesa de Tiburcio una valiosa sortija; y en el mismo año, el conde de Alba de Lista, dos grandes candelabros de plata. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 233 Si5Siafi^E5i9515fœBii%a5iRg5H|lB3ifiPîlF9RïïK8ii En el año 1702, la condesa de Aran¬ jte(cram0e>¿cir«in»lntudM0¿tt<^<>etriu«tfa« pdinido«d($<'mreit pi»to« : t{l^.l(9'íft(^tn(/te>«eín;tilcilinmama4rc^tcoMfrn}ceactoo}a. da, una joya de oro con setenta y cinco dia¬ mantes; en el mismo año la marquesa de Aytona, dos pendientes de oro con diaman¬ tes; año 1710, la marquesa de Romeo, una joya de oro y diamantes; año 1715, la con¬ desa de Oropesa, un lazo de oro; año 1717, el Cardenal Indice, un pectoral de oro y diamantes. Terminamos esta relación que nos da Serra y Postius, quien la sacó del Libro de Bienhechores que obraba en el archivó del Monasterio y de las notas del archivero Padre Reventós (1). 'S""'Ím A grandes rasgos hemos descrito la riqueza inmensa que en oro, plata y pedre¬ ría atesoraba Montserrat, y, como muestra de esta devoción, hemos dado la relación de ^0^'6dn^*pdàÂ\t^<>»t>:eccM*oma0cr:4a'UOKt^cdfjifrM(e(lh>iSi 0<^ «flicn vida comom miKne ca (chIm U*'0>f(rM.O)1k(o«lMoáiKt«jthMío(KS.C»iUANÍiMMi.ltrtMiuilti*^ algunos de los devotos donantes, con sus tBO».Xfa^»**''PI^U¿b<1eoirod^ljgoqmt»Bonaaobía»fl[pottogra^oco»o»ciidoM^iK'a»dl«rtocto»^ t¿«;-rfi»iw»ut»cpwto«c«iáre»PcktiklM«i^^rfaifiMdd8MrtcbariBfl«wác«^ -- respectivas dádivas, para ejemplo de las ge¬ neraciones presentes y futuras. Todas aquellas riquezas y todo aquel esplendor desapareció. La mayor parte de aquel fabuloso tesoro fué arrebatado por los franceses, y el resto por el rescoldo re¬ volucionario que dejaron los soldados de Napoleón (2). (1) No consta en esta relación la sortija que el rej' de Francia, Francisco I, ofrendó a Nues¬ tra Señora de Montserrat, desde su cautividad de Rarcelona. La circunstancia es singularisima y vamos a consignar este episodio. Estaba retenido el "Rey Caballero" en el sitio conocido con el nombre de "Huerto del Arzo¬ bispo", cuando recibió la visita de un grupo de damas pertenecientes a la nobleza catalana. Al des¬ pedirse, díjole la Condesa de Módica: "La Virgen de Montserrat os ampare". ¡Montserrat! — excla¬ mó Francisco I—■. ¿Tanta es la devoción que sentis por esta Virgen? "Muchisima — respondió la condesa". En este caso dijole el Rey—, podríais prestarme un servicio. Ofrendadle esta sortija en — mi nombre. Es cuanto puede ofrecerle un Rey cautivo — agregó—, entregándole la sortija. Al dia siguiente la noble y devota dama cumplía el encargo del Rey de Francia. (2) Los franceses saquearon la Iglesia y el Monasterio, y se ensañaron en su destrucción; pero los monjes hablan puesto a salvo parte de las joyas, enviándolas a Palma de Mallorca. Parte del tesoro fué invertido para cubrir gastos de la guerra de la Independencia, según 234 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Pero Dios no ha permitido que desapareciera la JOYA principal, la Sagrada Imagen, que desde su trono sempiterno, nos dice que todo lo humano es polvo, ceniza, efímero, puesto que al simple soplo de un tiempo adverso, puede ser aventado en un instante. Pero la protección de Maria, tesoro de todas las gracias, perdurará a través de todas las convulsiones humanas, acreditaban los recibos de entrega al abad Filgueira, firmados por el marqués del Palacio, el marqués de Campingi Enrique O'Donnell, que obraban en el viejo archivo de Montserrat. y Las joyas que se salvaron en Mallorca fueron reclamadas por el "Crédito público de Rarce- lona" en tiempos constitucionales, el 25 de julio de 1820; de las que se incautaron, librándose de la expoliación solamente la corona que llevaba la Virgen, la que fué vilmente arrebatada por el coman¬ dante Bray, el 26 de noviembre de 1822. Se cumplió la profecia del Padre Argericli : "que desde la Corona de la Virgen hasta los ba¬ rrotes del gallinero, nada quedaria en Montserrat". CAPITULO XXVI Anecdotario montserratino Una cruzada de siete defensa de la fe y de los postulados de la civi¬ siglos en lización cristiana, forzosamente habia de crear en el fondo del pueblo español un pro¬ fundo sedimento de religiosidad, España levantar un baluarte tan firme de la y en catolicidad que no podrían destruir ni las convulsiones religiosas del siglo xvi ni el ra¬ cionalismo insano de los enciclopedistas con la irreligiosidad malévola de los volteria¬ nos del siglo XVIII, ni los embates de las revoluciones del pasado y del presente siglo. Carlos I y Felipe II, en la crisis religiosa planteada por la reforma protestan¬ te, mantuvieron enhiesta y victoriosa, la bandera de la fe católica, y cuando las tropas napoleónicas triunfantes en la Europa contaminada por el racionalismo, penetraron, con alevosa traición, en el territorio español, se encontraron con una reacción tan for¬ midable, a pesar de que la nación militarmente babia dejado de existir, que, al grito de "¡Viva la Religión! y ¡muera Napoleón!", el pueblo en masa tomó las armas e bizo mor¬ der el polvo de la derrota a los vencedores en mil combates. Todos los atentados perpetrados contra la religión en el transcurso del pasado y del presente siglo, ban tenido su réplica en la tribuna, en el libro, o en los campos de batalla. Por otra parte, becbo a todas luces comprobado, que al obtener Aragón es un el predominio del Mediterráneo y, posteriormente, cuando la Gran España, totalmente unificada, dictaba sus leyes e imponía su civilización al mundo, en su afán misional de cristianizar el orbe, Montserrat constituía el epicentro de los religiosos fervores de nues¬ tra Patria. Montserrat era el imán prodigioso que atraía a las almas creyentes del pue- 236 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA blo español y de sus católicos monarcas y, por ende, irradiaba en todas las naciones a donde llegaba la influencia de su poderio, que era todo el mundo civilizado. Por esto hemos creido procedente dedicar, algunas páginas, sino algunos no capítulos, a reseñar unos cuantos episodios relacionados intimamente con nuestra his¬ toria patria y acaecidos al calor del Santuario Montserratino. Desfilarán ante nosotros vigorosas figuras históricas de Principes, Reyes y Em¬ peradores, que en aquellos gloriosos tiempos de euforia religiosa y patriótica, se diri¬ gían devotamente en romeria al Santuario Imperial, con el piadoso afán de cumplir con esas peregrinaciones un deber de rigor, al postrarse a los pies de la Celeste Emperatriz de la España. Como describiremos las circunstancias, a veces de trascendencia histórica, que rodearon estas peregrinaciones, lo es por descripciones las hemos titulado con que a esas el nombre de anecdotario, pues aún en los actos más insignificantes nos descubren aque¬ llos hombres que forjaron nuestro Imperio, la grandeza de su alma, como hombres, como gobernantes y como cristianos. No dudamos de que estos episodios o curiosidades históricas, serán leídas con verdadera fruición por los devotos de Nuestra Señora de Montserrat y con no menos placer por todos los amantes de nuestras auténticas glorias nacionales. CAPITULO XXVII Pedro III, El Grande Estaba en guerra don Pedro III de Aragón, llamado El Grande, con su rival don Felipe III, rey de Francia, llamado por los historiadores franceses. El Atrevido. Felipe III habia reunido un formidable ejército de más de doscientos cincuen¬ ta mil hombres que bastaba, como dice Serra y Postius, para conquistar toda España (1). También por mar contaba el fran¬ cés con una poderosa escuadra, compuesta de ciento sesenta galeras y otras muchas embarcaciones menores. Los franceses habían atravesado el Rosellón y penetrado en la peninsula, de¬ vastándolo todo a su paso. Las fuerzas de don Pedro III, si bien muy escogidas, eran muy inferiores en número. Convocó, don Pedro, en Barcelona, (1) Serra y Postius. Historia de Nuestra Pedro 111. Museo Provineial de Tarragona Señora de Montserrate. Parte l.\ Cap. XIII. Arbol genealógico de los Condes Reyes 238 .MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA a sus almirantes Marquet y Berenguer Mallol, y al preguntaries con qué fuerzas con¬ taban, contestaron que solamente con doce galeras y cuatro barcas armadas, pero te¬ nían noticias de que la flota enemiga estaba repartida entre varios puertos de Francia y que frente a Rosas había solamente veinticinco galeras. Acordaron atacar por sorpresa a la armada francesa, mientras el Rey concen¬ traba sus tropas en Hostalrich, para enfrentarse con Felipe III, mandaba personal¬ que mente el ejército francés, asistido por la mayor parte de la nobleza de aquel reino (1). Ante la gravedad de la situación, don Pedro, que era devotísimo de Nuestra Se¬ ñora de Montserrat, acompañado de algunos caballeros, salió de Barcelona y presentán¬ dose de improviso en Montserrat, llamó los monjes y ermitaños para que le acompa¬ a ñaran en sus oraciones a la Virgen Santísima, pidiéndole el triunfo de sus armas contra los enemigos de la patria, y él pasó aqüella noche en vela ante la Imagen Sagrada, pi¬ diéndole fervorosamente su protección. Al clarear el día, y después de oír misa, partió con su escolta para Hostalrich, donde le aguardaban sus aguerridas tropas. Los franceses habían entrado ya en Gerona y se entregaban al saqueo. Allí, se¬ gún el cardenal Raronio, Zurita, Rivadeneira, Domènech, Carrillo y otros muchos auto- (1) Transcribiremos una somera descripción del ejército francés, que minuciosamente nos hace el historiador don Bernardo Desclot "Historia de Cataluña" (libro 3°, cap. XIII) : El rey en su de Francia ordenó sus escuadrones para la batalla. El primer escuadrón, de cuarenta mil gastadores, sin más que sus azadas o palos en la mano; se les daba a cada uno un tornés de plata negra armas de sueldo y libertad para robar cuantos bastimentos pudiesen para los caballos y bagajes; llevaban una escolta de mil caballos. En el segundo escuadrón iban los Senescales de Tolosa, Carcasona y Bel- caire; el Señor de Lunel, el conde de Foix y Ramón Roger, hermano del conde de Pallars, con cinco mil caballos armados. Estos dos escuadrones llevaban trece mil ballesteros, armados de pies a cabe¬ za, Consejos de Narbona, Rodes, Termens, Carcasona, sin vérseles más que los ojos. La gente de los Aguines, Tolosa y sus comarcas. Condados de San Gil y de Borgoña, con los vecinos del Lenguadoc; en total unos setenta mil hombres formaban el tercer escuadrón. El cuarto formado por unos ochenta mil hombres bien armados, de los Consejos y gente de todos los lugares de Francia, Picardia, Nor- mandia. Condado de Flan des y gran número de alemanes, altos y bajos, con los Cruzados y otra gen¬ te. El Cardenal, con el quinto escuadrón y seis mil caballos suyos, llevando delante de él un pendón o estandarte, con la insignia de las llaves de San Pedro; y seguíale el sexto escuadrón con el rey de Francia y su hijo Carlos, toda la nobleza de Francia, Condes, ricos-hombres y señores de pendón, que eran más de cien, con cuatro mil hombres a caballo bien armados y muchas compañías de Tos- cana (añade Cervera en sus notas) y Romania de la parte Guelfa. El bagaje era de ochenta mil acé¬ milas, coif más de doce mil hombres que las conducían, sin contar las mujeres y muchachos menores de veinticinco años, con una escolta de seis mil caballos. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 241 res, fueron castigados milagrosamente por las misteriosas moscas que salieron del se¬ pulcro profanado de San Narciso, mientras el valeroso don Pedro les acorralaba en el Coll de Panizos y derrotaba completamente al ejército invasor, teniendo que huir el Rey de Prancia, el cual perdió la vida antes de salir de Cataluña. Su ejército, en su ma¬ yor parte, cayó prisionero o muerto. Mientras tanto, los almirantes Marquet y Mallol, infligian una gran derrota a la flota francesa, matando a cuatro mil franceses y haciendo prisioneras a las veinti¬ cinco galeras, con su almirante Guillén de Lodovia, las que condujeron al puerto de Barcelona. La victoria fué completa. La Virgen de Montserrat habia salvado al Reino de Aragón; habia escuchado la ferviente plegaria de su devoto, el gran rey aragonés. 16 ":otf íife - ; • hífi : 1 ; ?í-í G^îEî'n".:,jj: !.ÜÍT--;..:7 r cErlJñ::-::! ÏÎE2 pfellîq ' ,V.,, , .- V -■ ^ ..j.ip o^-■li!er■;·ws»■f® i,,,-, 19 ,,b«.7i■>i.·asK -V 7--sr>-'- ' •■ v.* - • "■ , ■fe; ■felOTíí^feÉfeT^^feïï^'·fefe i' àléygDl ,í);íírí|«-Bífiííí>iU ■ • '''■rbíV U ?LÍJ 7 ■ ' ■ w! •• '' V; K fe ofebf'bEpfe-'^^Eeoafeí^l/füóñ^fe ;?i,- iíilS ;-77:- 'iaifír ;,•. ::Í fe;r1í rHóiferfe feJr ;GncvIfe-j-ir,' ■ '7;.'- m ûî:feiL')b3?.a íúÚEú iTib'í^mJ'.- j'y ^ '^lyn^íiüolñ.eh -"■■y ■•. : -' " . "feJS? Ê Cl^aífT «i7717151 íE \ f: I ííliK: ,. , - ' .77.. ..y- -., i ■ ■ -^í-...-í-vVí-.-. 5 f CAPITULO XXVIII Don Pedro W de Aragón Su padre don Alfonso IV se había casado con doña Teresa de Entenza, hija del conde de ürgel, y, sin duda, esta circunstancia, nació don Pedro la ciudad de Ba¬ por en laguer,'que era la capital de aquel famoso condado. Fué don Pedro de los más destacados uno principes que gobernaron el reino de Aragón. Poseía una cultura poco corriente en los soberanos de aquellos tiempos de incesante batallar. Era valiente y perspicaz y tenia una clara visión de los problemas que afectaban a la sociedad de su época. En una palabra, fué tan buen guerrero co¬ mo sagaz político. Considerando absolutamente injus¬ ta la desmembración de su reino, pues el ca¬ riño paterno no debe anteponerse jamás a los altos intereses de la misión histórica de un Estado, resolvió reincorporar Mallorca, Rosellón y Cerdaña a la Corona de Aragón. A las preeminentes dotes de poli- tico, guerrero y hombre de letras, añadió en el orden moral su profunda religiosidad. Fué un protector insigne de la Iglesia y un cooperador magnifico en la erección de tem¬ Pctlro IV Copia del original que existe en un códice de la Biblioteca plos o de sus obras suntuarias, como lo acre- del Rey, en París MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA ditan Santa María del Mar, propósito, se dis- Poblet, etc.; y, por lo que atañe a nuestro tiguió por su fervorosa devoción a Nuestra Señora de Montserrat, a la que atribula sus victorias, y a la que veneraba como a Escudo protector en las batallas. Como detalles primorosos de esta profundísima devoción, referiremos dos pe¬ regrinaciones que hizo al Santuario en unos momentos graves para su reino. Tenia ya ejército y dispuesta la flota en Barcelona para la con¬ preparado un quista de Mallorca; y, como dice un historiador, para asegurarse el triunfo, pensó valer¬ se del poderoso auxilio de la Santísima Virgen de Montserrat, a cuyo efecto subió a la montaña en devota peregrinación a visitarla. Fué tan emocionante su visita a la Reina de la Sagrada Montaña, que don Pe¬ dro, llevado de sus impulsos fervorosos y de su absoluta confianza en la protección de Maria, según documentos que se conservaban en el archivo del Monasterio, quiso llevar el patrocinio de la Virgen siempre consigo; y asi, después de pedirle devotamente su amparo en la arriesgada empresa que iba a realizar, en un rasgo de la más fina piedad, "tomó y se puso un anillo de los que llevaba en sus dedos la Sagrada Imagen" (1). Fortalecido con la posesión de este escudo protector, volvió a Barcelona, em¬ barcó con su ejército y, a pesar de haber tenido que luchar con una formidable tem¬ pestad, desembarcó en la isla, entrando triunfalmente en la ciudad de Palma el 31 de mayo de 1343; precisamente en sábado, consagrado a Maria, que en la Corte de don Pedro, asi se celebraba en la Ordenación de Palacio (2), seguidamente fuése a la Ca¬ y tedral, dedicada a la Santísima Virgen, para darle las más rendidas gracias por haberle librado de la furia del mar y asistido en la batalla. Volvió triunfante a Barcelona y, al año siguiente, preparó otro poderoso ejér¬ cito al objeto de recobrar los condados de Rosellón y Cerdaña, quetodavía reconocían al derrotado rey de Mallorca, su primo Jaime III. Pero antes de emprender la campaña, movido de su profunda devoción, hizo la obligada visita a Montserrat; pues decía el valeroso Rey que a la Santísima Virgen de Montserrat debía el reino de Mallorca y esperaba su asistencia soberana en las futuras batallas; asistencia que no le faltó ja¬ más a este invicto Monarca. (1) Argaiz. Pol. 76. (2) Ribera, Capilla real de Rarceloiia. Pág. 55. ^3/*^ / I X*H¡'^ àf ï ■'Vi,# *> K fef4 KCTgSx^l'î^ ' '' «s^ --K» t < í Pedro IV Dibujo original de María Ribas MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 247 Dejemos que encantadora naturalidad, nos des¬ el historiador Zurita, con su criba esta piadosa peregrinación de Pedro IV al Santuario que, para satisfacción de los lectores, íntegramente transcribimos. "Teniendo el Rey toda su gente a punto, asi de caballería como de a pie, y es¬ tando gran parte de ella en proseguir su expedición y de mo¬ Gerona, antes de salir a verse con su ejército para hacer su entrada en Rosellón, determinó visitar el Monas¬ terio de Nuestra Señora de Montserrat, porque la devoción y la religión de aquella Casa y la vida de los ermitaños y monjes, que en su habitación residen, fué siem¬ y yermo pre venerada no sólo por los reyes de Aragón, pero generalmente de España y en la ma¬ yor parte de la Cristiandad. "Partió el rey a esta peregrinación llevaba sino hasta con mu}' poca gente y no veinticinco de a caballo, y salió de Barcelona un miércoles por la mañana a 28 de abril y fuése aquel dia a comer a Martorell, y a la tarde a Collbató, donde pernoctó. "Al dia siguiente salió de aquel lugar y, en llegando al pie de la cuesta de Mont- serrate, se apeó con los suyos y subió a pie el monte hasta una capilla y humilladero de San Miguel, que está a la vista del Monasterio adonde salió el Prior a recibir al Rey y fué a hacer oración a la capilla de Nuestra Señora y presentó una galera de plata en memoria de la victoria que tuvo el día que tomó tierra en Mallorca. "Aquel dia lo pasó el Rey con los ermitaños, que hacen vida solitaria en la mo¬ rada de aquel Santo Yermo, los cuales por mandato del Prior habían bajado de sus ermitas al Monasterio y bajóse después a Monistrol, donde el Prior de Montserrat le había mandado aderezar la comida" (1). Hasta aquí el texto del eximio historiador aragonés Zurita, en el que se pone de manifiesto no sólo la Nuestra Señora de Montse¬ profunda devoción del Monarca a rrat, que subió a pie la Montaña Santa y rezó humildemente ante la Virgen a la que le ofreció el precioso ex voto, sino también la gran estima y veneración que profesaba a sus monjes y ermitaños, a los que convocaba en los momentos graves, consultaba y hasta confraternizaba con ellos. Se desprende además de este relato, què a mediados del siglo XIV la devoción a Nuestra Señora de Montserrat era universal en la Iglesia. (1) Zurita. Libro 7. Cap. LXXVI, 248 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Todas sus victorias las atribuia el Rey a la protección incesante de la Vir¬ gen de Montserrat, por cuyo motivo concedió a dicho Monasterio y Santuario muchos privilegios, confirmando la donación que hizo su abuelo don Jaime II de cuatro cirios de "cien libras" cada uno, para que siempre ardieran durante la misa conventual en el altar de Nuestra Señora, desde la Consagración hasta la sunción del sacerdote. Durante largo glorioso reinado hizo respetar el nombre de Aragón en el su y exterior, acrecentando su prestigio como primera potencia mediterránea, y en el inte¬ rior defendió los supremos intereses del pueblo, vinculados en la corona, contra el poder del feudalismo, cuyos privilegios anuló al rasgarlos con el puñal que llevaba en el cinto; por cuyo motivo se le distingue con el nombre de Pedro el del "Puñalet". Era además un rígido ordenancista; cumplía con celo puntualidad la eti¬ y queta de palacio, que él mismo había establecido en la "Ordenación de su Casa, Corte y Capilla", por lo que también se le denomina el "Ceremonioso" (1). Hemos querido referir en este anecdotario gran parte de la vida de este prin¬ cipe, porque nos descubre, través de estos episodios, el fondo de piedad con que am¬ a bientó su Corte; y de tal manera debió ser asi que su nuera doña Violante, esposa de don Juan I, imitó de tal suerte la devoción de su suegro a Nuestra Señora de Mont¬ serrat, que no sólo hizo su peregrinación que podríamos calificar de rigor, al Santua¬ rio, para ofrecerle preciosos ex votos, sino que desde el pie de la Montaña Sagrada subió descalza por aquellas asperezas hasta el Santuario, soportando los delicados pies de aquella Princesa tan durísima penitencia, como el más robusto de los caballeros. Este culto,pío y valeroso Monarca falleció en Barcelona en el año 1387 y fué sepultado provisionalmente en la Catedral. Siete años después fué trasladado a Poblet, en donde con gran pompa, recibió sepultura en el panteón de los Reyes, que él mismo había mandado construir con regia suntuosidad. (1) Entre las Ordenaciones que hizo para su Capilla Real (tengo copia de ellas en mi po¬ der), figuran las siguientes: Que el dia en que la Virgen tuvo el gozo de ver adorar a su hijo, de los tres Reyes Magos, a imitación de aquellos Santos Reyes, ofreciese el Rey de Aragón en la Misa Mayor, oro, incienso y mirra. — Que en los viernes y Cuaresma, no resonasen en Palacio músicos instru¬ mentos, ni se abriese el teatro de las comedias; que los Reyes y toda la Corte vistiesen de negro en memoria de la Pasión del Señor y en sábado vistieran de blanco en obsequio de la pureza de Maria y el domingo fueran los Reyes a la iglesia a pie en reverencia de tan sagrado dia. Y todo se obser¬ vaba inviolablemente. Ribera. Capilla Real de Barcelona. Pág. 55. Serra y Postius. "Historia de Nues¬ tra Señora de Montserrate". Parte 1.®. Cap. XXIY, CAPITULO XXIX Don Juan I de Aragon Nació este Principe Perpiñán el día de San Juan Evangelista del año 1350, en como lo refiere su propio padre don Pedro IV el Ceremonioso, en su historia, y ai cual le concedió el titulo de Duque de Gerona, ordenando que en adelante tuvieran este titulo los primogénitos de los reyes de Aragón (1), La historia ha designado a don Juan I con el nombre de "amante de la gen¬ tileza", pues en su Corte se celebraban, con el mayor fausto esplendor, magnificas y fiestas y apasionantes torneos de gentileza, con todas las galas del biendecir, con lo que las damas y trovadores daban una nota vi¬ brante y fascinadora a estas fiestas de exal¬ tación poética, donde catalanes, valencianos y provenzales, derrochaban ingenio y la más fina galantería. _ Fundó este malogrado Principe los llamados "Juegos Florales" para estímulo (1) Fernando I de Antequera dió a su primogénito, el Infante don Alfonso, el título de Principe de Gerona. Hasta entonces los Reyes de Aragón hablan concedido tres títulos a sus primo¬ Don Juan 1 de Aragón génitos: Duque de Montblanch, Duque de Gerona Palacio de Justicia de Barcelona. Tela de Felipe Ariosto (1588) y señor de la ciudad de Balaguer. Archivo Mas 250 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de las bellas letras, convirtiendo su Corte en un verdadero emporio de la poesía (1). Heredó de su padre la tiernísima devoción que profesó a Nuestra Señora de Montserrat, a la que visitó muchas veces. Siendo todavía Duque de Gerona, o sea en vida de su padre, según un documento que obraba en el archivo del Monasterio, con¬ cedió don Juan I a Montserrat el privilegio de Protección y Salvaguardia. Dicho do¬ cumento estaba fechado en Barcelona en 27 de noviembre de 1372 (2). Esta devoción de don Juan a la Virgen de Montserrat, prendió tan profun¬ damente en el corazón de su esposa, doña Violante, que, en una peregrinación que hizo al Santuario excedió a toda ponderación su piedad y devoción firmísima. En el archivo de la Casa de Aragón existe una carta de la expresada Sobera¬ na dirigida a los Camarlengos de su don Guillermo Coltelleri, médico del Corte y a Rey, fechada en Collbató en 28 de octubre de 1387, en la que les participa la llegada a dicho lugar y que al día siguiente, si Dios era servido, subiría a "pie descalzo", a vi¬ sitar a María Santísima. En otra carta, fechada en Montserrat el día 29 del mismo mes y año, dirigida a su esposo don Juan, le participa que el día anterior había llegado a Collbató y el día de la fecha al Monasterio, donde se encontraba sin novedad y que había presentado a María Santísima, con humilde y devota reverencia, las joyas que él sabia, de lo que había hecho levantar Carta Pública, según él le mandara (3). El contenido de esta segunda carta demuestra a todas luces la común devo¬ ción de estos dos esposos a Nuestra Señora de Montserrat y la primera la piedad he¬ roica de la princesa, pues subir a pie descalzo aquella asperísima montaña, cuando no todos los hombres más animosos lo hacen, nos descubre — como subraya un histo¬ riador— en esta piadosa reina un fervor y devoción verdaderamente excepcionales. (1) Al resucitarse los Juegos Florales en el año 1859, obtuvo el premio de la Violeta de Oro, don Antonio Camps y Febrés, por su poesía "Lo vol del Trovador". Como a Reina del Amor Hermoso, ofrendó dicho premio a Nuestra Señora de Montserrat. (2) Serra Postins. "Historia de Nuestra Señora de Montserrat". Parte 1.^ Cap. XIV. (3) Según Serra Postins, estas dos cartas obraban en el archivo Real de Barcelona. In. Cu¬ ria Sec. Reg. Violante de anno 1387 a 1390, Fol. 34. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 253 En cuanto al Rey, era tan acendrada su devoción a Nuestra Señora de Mont¬ serrat, que según Sayol, Abad de Poblet, encontrándose cierta vez en un grave peli¬ gro, invocó a la Virgen Morena y le prometió solemnemente, desentendiéndose de los protocolos de la Corte, que si salía de aquel peligro, quería ser enterrado en el Monas¬ terio de Nuestra Señora de Montserrat (1). Conocido es el final trágico del malogrado Príncipe, que murió en una cace¬ ría. Su cadáver fué trasladado a Barcelona, siendo enterrado en la Catedral. Pero como era público el voto del difunto Monarca de ser enterrado en el Monasterio de Montserrat, se promovió un ruidoso pleito entre aquel Monasterio, el de Poblet y el Cabildo Catedral de Barcelona. En vista de las razones alegadas por el Monasterio de Poblet, el rey don Mar¬ tin el Humano, hermano del difunto, pidió al Papa que absolviese al príncipe de su voto de ser enterrado en Montserrat, apoyando su petición al Sumo Pontífice con las razones alegadas por los monjes de Poblet. El Papa accedió a la petición de don Martín, pero surgieron nuevas inciden¬ cias en el pleito; el Cabildo Catedral de Barcelona se interpuso; pero Poblet no dió su brazo a torcer, siendo al fin fallado a favor de aquel Monasterio, de acuerdo con los deseos de sus monjes. Grandiosa debió ser esta lucha por guardar el cadáver de don Juan "el aman¬ te de la gentileza", pues cumplió hasta el año 1501, o sea ciento la sentencia no se cinco años después de la muerte del Príncipe, en que sus restos fueron solemnemente inhumados en el panteón de los Beyes de Aragón. (1) Sayol. Grandezas de Poblet. f>^ ;■ J'· í"* « "^f "^5 Ví·-·'^g ¿rj í-í í ' ^ - ^ - ^ \ ., • V?r ^ ^ -f- V.V^L-. y -V >- rVí ^ l-.X^-i,:,^ÍS!^P^-"^X - ^ ''-X. -- ' ■' ' .» í> iCV. •-••' • . ; m» ■•■'« I'■:;■ ■»='"•■" ■- ^ -V ■ ■■ ;. V .-; v:^. - -- ": ■'■• cr'l'it»'f'T^r-'i-^ • ■ im't'ly a5;'ot>Bon€k>. -v'- . 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Al ser vencido el Conde de ürgel don Jaime el Desdichado, al rendirse la ciu¬ dad de Balaguer, donde se defendió heroi¬ camente, se terminó la guerra civil y Fer¬ nando fué aclamado Rey de Aragón, cuya coronación solemne verificó se en Zarago¬ za el día 15 de enero de 1414. Como prudente gobernante, Fer¬ nando, desde el primer momento, quiso granjearse el amor de los catalanes, pues habiéndole enviado la Reina de Castilla, do¬ ña Catalina, para la ceremonia de su coro¬ nación la misma corona con el que rey don Juan I, su padre, se había coronado, la re¬ husó y quiso hacerlo con otra construida en Barcelona. Era devotísimo de Nuestra Señora Fernando de Antequera Palacio de Justicia de Barcelona. Tela de de Montserrat. Aunque tardó dos años en Archivo Mas Felipe Arioslo (1588) 256 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA visitarla y, según parece, en cumplimiento de voto, desde el campo de Balaguer, un a 24 de enero de 1413, ordenó a su Tesorero, Juan de Plans, que ofreciera a Nuestra Señora de Montserrat cien florines de de oro Aragón, según consta en el Archivo Real de Barcelona (1). Después de su coronación, el cronista Argaiz nos describe, en términos suges¬ tivos, su visita a Montserrat. "Habiendo de ir — dice — a ver a sus catalanes, como Conde de Barcelona, gustó de ir a ofrecer su persona a la que era Emperatriz de España y darle obediencia. "Subió, pues, Montserrat, visitó aquella Santa Imagen y, gozando de la oca¬ a sión, el Abad, fray Marcos de Villalba, dió cuenta al Rey, entre otras cosas, de la Cofradía, que se babia doscientos años antes fundado, siendo j)ríor don Berenguer y, estando presente la Reina doña Leonor, primera esposa del rey don Pedro de Ara¬ gón; lo cual, oido y sabido, gustó el rey que se confirmase; y asentóse este glorioso príncipe por cofrade y protector de ella, firmándolo de su real mano el dia 10 de junio de 1415." Al inscribirse en la Cofradía nos demuestra la fervorosa devoción de don Fer¬ nando a la Virgen de Montserrat y su propósito de continuar la tradición de los Reyes de la Casa de Cataluña. De tal manera se compenetró este Rey con el espíritu y tradiciones de sus nuevos vasallos, que lo demostró, de una forma indudable, inculcando a su bijo, don Alfonso, la idea de que tomara por Consejeros suyos a los catalanes; como lo bizo, pues fueron principales consejeros don Gran Alemany de Cervelló, Berenguer de sus Bardaxí de la nobleza catalana y el Arzobispo de Tarragona, don Pedro Zagarriga, el cual, en el compromiso de Caspe, bahía votado a favor del Conde de Urgel, premian¬ do sus servicios cediéndole la villa y castillo de Ager, su valle y sus términos. Fué, además, el mayor protector que tuvieron las artes y las letras catalanas, denominán¬ dole la Historia "el Magnifico". Don Fernando, en contra de lo mucho que de él se ba escrito tendenciosa- (1) In fol. 32. Riner, et via D. lit A ann 1413 a 1416. , MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 257 mente y a pesar del poco tiempo que reinó, se adaptó a las costumbres del pais, cap¬ tándose, no sólo la adhesión, sino el más acendrado cariño de los supuestos enemigos. Como demostración concluyente de nuestro aserto, referiremos la anécdota siguiente: Encontrándose indispuesto don Fernando, quiso partir para Castilla con el fin de obtener alli la salud; pero al llegar a Igualada se agravó su enfermedad, lo que le privó de continuar el viaje, Al conocerse en Barcelona la noticia del estado gravísimo del Rey, acordó el Consejo de Ciento enviar a Juan Fivaller, Conceller segundo, para asistir al Monarca. Lo hizo tan heroicamente, dice Serra Postius (1), que le curaba las llagas, que eran contagiosas, y hasta "le chupaba la podre". Agradecido el Rey por acción tan sublime — continúa el mismo autor — le nombró en su codicilo Albacea Mayor y le encargó de las personas del principe he¬ redero y de sus hijos y de sus reinos (2). Hemos querido consignar este hecho, harto elocuente, para que el lector pon¬ derado e imparcial conozca la realidad: no a un Fivaller "altivo" y a un "vengativo" Fernando, protagonistas de unos ideales que no sintieron ni existieron, pues la reali¬ dad fué muy diferente. Entre la nueva dinastia y Cataluña sólo hubo corrientes de nobles y mutuos comportamientos y la compenetración entre ambas fué rápida y absoluta. (1) "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". Parte 2.®. Cap. XXI. (2) Archivo de la casa de la Ciudad de Barcelona. Libro de las deliberaciones, año 1416. Die¬ go Román en sus "Exequias", pág. 65, núm. 93. Gabriel Bruniquer. Antigüedades. Grandezas y Excelen¬ cias de Barcelona. Cap. VI, núm. 10. M. S. recondido en el referido Archivo (Serra y Postius en el lugar citado). 17 •• - s-::. ■.• • 'Wtjp:^u:4fr''¥ >' í''^->', ï/T í :'f - ■ ' *T;-^ ■■ • ,a.: J ññ^-'" ;:oM •' n-, . ' '• '-f C" -•"-r ' v-' •>>-.. .-. r--,^;.._, ... : ' ít^/ífo^fífí ^í gpmouii^lgi .QjT5«í5 .ísit^Wíí.^-af) ^ïjo^srrdyrîoo^ fiopsiii-pfrHP ofnprî Jii». 'ï©#íS^::/^:.-':^:■ -•■>-•„•.•; .•■.·;;-v-:·i·.··. ^",' '' ' ; •"■ •/ .::' ■ '^ ■ "'í ■T:..p;^T-■■;■ ■■■■ ■■■.. -•':··v -P:.:. ■ -• ■■: ■ ■ ■-•• • •' ■y-y «SPís;^/ i. 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La aparición de la Reforma, la exaltación del Renacimiento, el peligro turco y el forcejeo europeo para la constitución y diferenciación de las nacionalidades, todas estas causas no dejaron al Emperador punto de reposo, además del ajetreo constante de batallas, viajes y asambleas. El ilustre cronista del Emperador, fray Prudencio Sandoval, Obispo de Pam- L piona, nos hace resaltar la devoción del Cé- ei emperador carios i 260 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA sar a la Virgen de Montserrat en unos muy primorosos párrafos que transcribimos: "Fué el Emperador devotisimo de Nuestra Señora de Montserrat, Monasterio de San Benito en el Principado de Cataluña, en tanto grado, que todas las veces que se le ofrecía ir alli, lo hacia con gran gusto, por llevar consigo la bendición de la Santa Imagen de la Madre de Dios. "Y solia decir a sus privados: "Las paredes de este Santuario están ahumadas (hablaba de la antigua iglesia) y siento en ella tanta devoción y una cierta Deidad que no sé significarlo." Y mostrábalo bien Su Majestad, pues le gustaba comer con los monjes en el Refectorio y mandaba asentar al Prelado al cabo de la mesa mayor consigo." Refiere seguidamente los privilegios que concedió al Monasterio, ora nom¬ brando al Abad Sacristán Mayor de la Corona de Aragón, ora traspasando al Monas¬ terio de Montserrat el Patronazgo Real sobre los Monasterios de San Ginés y Santa Cecilia y fallando a favor de Montserrat la jurisdicción y señorio de la villa de Ole¬ sa, ya influyendo con el Papa Julio III para que moderase la "media annata" y no la tasase con rigor, etcétera. Y añade: "Todo el tiempo que Su Majestad vivió, ordenó que se le dijera una misa cotidiana en el altar de Nuestra Señora a su intención, se hizo y mandó dar limosna. "Y como el Papa Adriano era cosa suya, alcanzó para el Santuario muchos favores y confirmaciones de gracias y nuevos indultos. "Nueve veces—continúa — se halla por los libros, que visitó la Santa Casa y debieron ser más; pues venia de Barcelona, estando alli, a fiestas que se celebraban en este Monasterio. Muchas limosnas dió y no quería que se supiese lo que se daba; parece cantidad de veinte mil ducados por los libros. "Tuvo grandisima devoción en las velas que se traen de Montserrate, como vimos se las tuvo guardadas Crucifijo hasta el punto que sintió con un se le arran¬ caba el alma, la cual devoción heredó su hijo, el rey don Felipe 11" (1). (1) Sandoval. Tomo II. Folio 807. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 261 Con esta seductora sencillez, que nos transparenta la verdad con toda su be¬ lleza, nos describe Sandoval la devoción a Nuestra Señora de Montserrat del Empe¬ rador, a quien el Papa Pablo III en su Breve, expedido en el año 1547, le titula Mᬠximo, Augusto, Invictisimo y verdaderamente católico. Como otros antecesores suyos, también ofrendó una hermosa lámpara de plata a Nuestra Señora y dió facilidades a los limosneros de Montserrat para pedir para el Santuario en toda España y reino de Sicilia. En una de sus visitas a Montserrat, le acompañó su maestro Adriano de Utrech, Obispo de Tortosa y Cardenal, el cual también fué un fervoroso devoto de Nuestra Señora, pues al llegar al Sumo Pontificado, ofreció a la Virgen una lámpara de plata con su dotación. Refiérese que don Carlos y su maestro, oraban devotamente a los pies de la Virgen, cuando esperaba la decisión de la reunión de los Electores del Imperio se Alemán, y fué grande su sorpresa cuando al salir de la iglesia hallaron el patio lleno de soldados con trajes dorados y deslumbrantes, llevando en las manos antorchas encendidas, y por entre los cuales se adelantaban, solemne y pausadamente, algunos caballeros; era la embajada que, precedida del Conde Palatino, iba a ofrecerle, en nombre de Alemania, la corona de Cario Magno. Ante tal novedad, postróse nuevamente don Carlos a los pies de la Virgen en acción de gracias, pidiéndole protección y acierto en el gobierno del Sacro Imperio Romano Germánico, pues a la sazón contaba solamente diecinueve años de edad. Partió al día siguiente para Barcelona y, antes de salir para Alemania, quiso tomar posesión del canonicato de la Catedral, en calidad de Conde de Barcelona. Antes de entrar en la capital del principado, le envió la ciudad embajada una para anunciarle que a sus Reyes y Condes les daban la bienvenida los Concelleres, sin desmontar del caballo y el Conceller en Cap (primero), se ponia a la izquierda del Rey y delante todos los demás; pero como no habla precedentes, tratándose del Emperador, deseaban saber el ceremonial a que debían atenerse y esperaban sus ór¬ denes. 262 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Respondió el César la embajada: "Que apreciaba las leyes y costumbres de a la ciudad; que le recibiesen como a los Condes, sus antecesores, y como era uso y costumbre; y que estimaba más ser Conde de Barcelona que Emperador de Roma¬ nos" (1). Este bello episodio retrata la España de nuestras gloriosas tradiciones. Unos principes comprensivos, respetuosos con los usos y costumbres de los pueblos, y unos pueblos que, con su veneración y adhesión inquebrantable fortalecían la Autoridad de aquéllos, pues ni la grandeza era soberbia ni el vasallaje era una humillación. En la ciudad de Barcelona tomó una decisión que, por lo simbólica, tenía su trascendencia. Cortóse el Emperador el cabello, que llevaba largo, y ante su ejemplo tuvieron que cortárselo todos los nobles y caballeros que le acompañaban, haciéndolo algunos con tanto sentimiento que lloraban (2). Este gran Rey de España y Emperador de Alemania, denominado por muchos historiadores, Carlos Máximo, después de triunfar en cien batallas, conquistar reinos, dominar mundos; después de vencer a innumerables enemigos, se venció a si mismo, retirándose al Monasterio de Yuste hasta su muerte, que ocurrió en 21 de septiembre de 1558. Al comprender qué se acercaba su última hora dijo: "Ya tiempo; dad acá es aquella vela y aquel crucifijo." Y, teniendo en una mano la vela de su amada, la Santísima Virgen de Montserrat, y en la otra el Santo Crucifijo, fijó en él sus ojos y luego exclamó con voz tan fuerte que se pudo oír desde los otros aposentos: "¡Ay, Je¬ sús!" entregó su alma al Señor, que se la dió (3). La cristiana serenidad y grandeza de ánimo del César en la hora de su muer¬ te, fué el digno epilogo de su vida gloriosa, aureolada con el nimbo de la inmorta¬ lidad. (1) Vera. Folio 71. Serra Postius. "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". Parte II. Cap. XVII. (2) Sandoval. Tomo I. Fol. 50. (3) José Martinez. Fol. 479. Serra Postius. "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". Parte II. Cap. XVH. El emperador Carlos i Dibujo original de Marta Ribas MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 265 Un episodio de la vida del Emperador, sucedido en Barcelona, queremos re¬ señar también, pues nos refleja la delicadeza moral y la política de aquel incompa¬ rable Monarca, a la vez que la procer conducta de aquellos Concelleres. Acababa de visitar Carlos I a Nuestra Señora de Montserrat para recibir, si¬ guiendo su piadosa costumbre, la bendición de la Virgen Morena antes de partir para Gante, en donde graves sucesos reclamaban urgentemente su presencia. Tan apremian¬ te era el caso precisó Francia, que pasar por a cuyo efecto su rival, Francisco I, noble¬ mente, le concedió el libre tránsito. j y·^^'^ynart*w't'''.v^^··-·c*·^·;y····^'"^i'·-'^ > %'-¿í S-·^·' .fe Li-síti^cu.V '■'•• ^ï?í '^|^;> Íííi- iS-i;/' i' r^J .!? -i «. r. í í V '■.<. ; v-, ■"- •'■ 1 i ^ ,•■ ) E.v;·l=-·· •í'.-. - ss«:-^l--'"-"'' •-•••--i ' ■2^i;?"-:.r,;... m Ifeír'^ ■::... Ç^^^VrP-- •••:.- .k.^'^.-'. , -.v.; • ,. ;-., ,]■../-\¡í;•. ^feP.'..P' ; -■ W:^.H -.•>:■ mpi^PP ¿"v • íè'.-. .■>5--..vifef,. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 273 Con razón la Historia le denomina "El Prudente", porque se distinguió, entre todas las virtudes que deben adornar a un gran rey, por su prudencia. Si grande fué Felipe II en todos los actos de su dilatado y gloriosísimo rei¬ nado, se nos revela más grande aún en sus últimos momentos. En aquel trance su¬ premo, al desprenderse de lo efímero y, frente a frente con la insondable Eternidad, la actitud de Felipe II nos muestra hasta lo inverosímil la grandeza imperturbable de aquel incomparable Monarca. Que sea el propio Porreño quien nos describa, con la sublime sencillez de su estilo, los últimos momentos de Felipe 11. Dice asi: "Fué tanta la paz de su alma que cuatro dias antes de morir dijo a don Fernando de Toledo, adonde hallarla unas velas de Nuestra Señora de Montserra- te, y que le aparejase una en su presencia, diciendo: "Esta vela y aquel crucifijo me traeréis a su tiempo." "Y pidiendo Su Majestad el crucifijo a las tres de la mañana, el dia que mu¬ rió, alzando los ojos a don Fernando de Toledo, le miró riendo y le tomó la vela, di¬ ciendo: "Dad acá, que ya es tiempo". "Cosa rara y maravillosa, que dos horas antes que expirase este gran Monar¬ ca, se rió y mostró la paz y alegría que tenia dentro de su corazón, donde otros sue¬ len llorar, y aun perder el seso con la priesa de partir" (1). Es porque la Virgen de Montserrat asistiópiadoso devoto prodigándole a su consuelos supraterrenos, haciéndole abandonar, sin pesar, todos los honores humanos. Asi el Venerable Padre Nieremberg, tratando de este tránsito admirable, dice: "Tuvo en su muerte la vela de Nuestra Señora de Montserrate en la mano, tan firme, que aun después de muerto apenas se la podian quitar" (2). (1) Raltasar Porreño, de su Historia, dichos y hechos de Felipe II. Capitulo de sus agu¬ dezas. (2) Nieremberg. Virtud Coronada. Cap. lY. 18 274 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Se recordaba en Montserrat la ofrenda del retablo; pues a una y otra parte del pedestal, que era de piedra, había empotrados los escudos reales con esta inscrip¬ ción; "Opus Philippi secundi Hispaniarum Regis, Vallisoleti Sculptum, Anuo MDXCII. — Obra de Felipe II, Rey de las Españas, tallada en Valladolid, año 1592." Completó su obra, el gran Felipe, consiguiendo del Sumo Pontífice que el ab tar de Nuestra Señora fuese PRIVILEGIADO. CAPITULO XXXIIl La princesa Margarita La Casa de Austria heredó de los Reyes Católicos la devoción a Nuestra Señora de Montserrat. Ya se consignan en este libro varios hechos de la ferviente devoción del Em¬ perador Carlos I, del gran Felipe II, de don Juan de Austria, del hermano del Empe¬ rador, Fernando II, etcétera; devoción que a la Virgen Morena fué transmitida a la Corte de Alemania. Como episodio destacado de esta d ión, describir vamos a un hecho ver- daderamente extraordinario, cuya autenti¬ cidad no sólo está valorada por una tradi¬ ción constante, sino confirmada por escri¬ tores de la ma3mr solvencia, como Serra Postius y el venerable Obispo Palafox, en¬ tre otros (1). Después de haber fallecido el Em¬ perador Maximiliano II, su esposa doña María, hija de Carlos I, resolvió volver a España, su patria, una vez entronizado en el solio de Alemania su hijo Rodolfo. (1) Vida de Sor Margarita de la Cruz. Libro 1.". Cap. XXII y XXIII. Sor Margarita de la Cruz 276 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El hermano de la Emperatriz, don Felipe II, que tenia vivos deseos de ver a su hermana, a entrañablemente, quiso rodear de gran pompa su regreso la que quería a España; y, a este efecto, ordenó se preparara en Génova una armada, al mando de Andrés Doria, ¡íara que escoltara a la emperatriz hasta Cataluña. Doña María llevó hija, la princesa Margarita, de diecisiete años consigo a su de edad, doncella hermosa (como dice un historiador), discreta y virtuosísima. Salieron de Praga, donde estaba entonces (1581) la Corte de Alemania y en¬ traron en Barcelona el dia 10 de enero de 1582. Por espacio de dieciséis días, la ciu¬ dad agasajó la emperatriz con grandes fiestas y, al salir para la Corte, Barcelona le a hizo un obsequio para gastos del viaje, de doce mil ducados, fineza que, con cariñosas y expresivas palabras, agradeció la Majestad Cesárea (1). La emperatriz, devotísima de Nuestra Señora de Montserrat y cuya que era devoción había inculcado a su hija, de paso para Madrid, quiso hacer una visita a la Virgen y subió al Santuario acompañada de la princesa Margarita y su séquito. Su Alteza tenia verdadera ansia por visitar la Sagrada Imagen, cuyos mila¬ gros eran umversalmente celebrados y abrigaba la esperanza firmísima de alcanzar de la Virgen una gracia especial, pues tratándose de una princesa imperial, su obten¬ ción constituía un verdadero milagro. La princesa Margarita había hecho voto de entrar en una Orden religiosa y las altas razones de Estado eran un obstáccdo infranqueable para conseguir su piado¬ so propósito. Con estas místicas inquietudes subió la princesa Margarita a Montserrat y, fué tan profunda la impresión que le causó la visión de la Cámara Angélica, que, según escribe el venerable Palafox, explicaba más tarde Su Alteza que en el momento de pisar las losas de aquel Sagrado Templo y de postrarse ante la Imagen de Nuestra Señora, sintió inundarse su alma de tal suavidad y místico transporte, que hubo de hacer un gran esfuerzo y ser favorecida de Dios para evitar que se trasluciera lo que en su interior sentia. (1) Dietario de la Casa de la Ciudad de Rarcelona del año 1582. Don Federico Despalau en su M. S. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 279 Aunque resultaba fatigoso para una princesa, criada entre las blanduras muy de la Corte, subir por aquellos riscos y ásperas montañas, visitó las casi inaccesibles ermitas, repartió limosnas con largueza entre aquellos anacoretas, recibiendo de ellos en agradecimiento — dice el citado Palafox — "devotas y naturales meriendas, que vie¬ nen a celebrar los pajarillos de aquella Santa Montaña, que obedecen como si fueran racionales al silbo cariñoso de aquellos santos solitarios". La emperatriz y su hija, con su séquito de damas caballeros, prolongaron y su estancia en el Santuario varios dias, atraídas por su acendrada devoción a la San¬ tísima Virgen. Margarita pasaba largas horaspresencia de la Santa Imagen. Un día en que en el amor divino había encendido su alma en espirituales sentimientos, al contemplar a la Virgen Morena, sintió de súbito, cómo su corazón se le abrasaba en invisibles lla¬ mas y, con lágrimas y suspiros, prorrumpía en estas palabras: "Santísima Señora: ayudéis mi fe y mi amor; sea yo esposa de suplico que vuestro Hijo dulcísimo; concededme esta merced. ¿No habéis de hacerme esta gracia? ¿A quién no favorece vuestro amparo? ¿A quién se niega vuestra intercesión?" Apenas había repetido la princesa, el mismo fervor, esta humilde siiplica con cuando, a la vista de todos los circunstantes, la Sagrada Imagen inclinó la cabeza. milagrosa y ostensible prueba de asentimiento de la Virgen Santísima Tan ante la oración de la princesa, llenó de estupor a todos los presentes, mientras una ale¬ gría indecible invadía el corazón de la Infanta, la cual, en un acceso de sublime exal¬ tación, arrebató la daga de un caballero de su séquito, rasgó su pecho con la afilada punta y, en la sangre que salió de aquél, mojó una pluma y la heroína, con decisión irrevocable, escribió: "Con la sangre de mi corazón me ofrezco y entrego Jesús y le su¬ por esposa a plico que sea mi Medianera la Virgen María. En fe de lo cual firmo. Margarita" (1). (1) a este milagroso suceso. "Al escép- El venerable Palafox hace el siguiente comentario tico que dudase sobre el Milagro de haber inclinado la cabeza la Imagen de la Santísima Virgen Maria, mire este otro milagro : Derramar sangre de su virginal pecho esta mártir de amor, Margarita. Si en la Infanta hubo amor para esta fineza, ¿quién osará dudarlo en la Reina del Cielo para aquel 280 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Puso el papel en manos de la Sagrada Imagen, y, a pesar de la razón de Estado, cumplió su promesa, ingresando en las Reales Descalzas con el nombre de Sor Marga¬ rita de la Cruz, donde murió santamente el día 5 de julio de 1636 (1). favor? ¡Cuánto mayor milagro es encender Dios tanto un corazón humano que inclinar la Imagen de su Madre, siempre a nuestro bien inclinada, poder divino! ¡Qué devoto impulso! ¡Qué ge¬ con su nerosa acción! Loable en el intento y en la ejecución fervorosa, ni aún en los más perfectos imitable. ¿Qué fuerza violentó aquella mano? ¿Qué acero abrió aquel devotísimo pecho? ¿Qué sangre desti¬ laron sus venas puramente abrasadas? El acero del amor divino daba fuerza a su amor. Concurso de amor tan violento fué necesario para formar un ejemplo a las almas devotas, que por ser tan prodigioso por admirado viene a ser peligroso ejemplo para seguido." (1) Este curioso papel lo conservó el archivo del Monasterio por espacio de muchos años. CAPITULO XXXIV EI Virolay de María y un príncipe Las tropas de Felipe IV tenían estrechamente cercada la ciudad de Barcelona. Mandaba el ejército sitiador don Juan de Austria, llamado el Segundo. Acababa de to¬ mar el convento de Valldoncella, avanzada del casco de la ciudad y, desde allí apretaba el cerco, más con ánimo de cansarles que de hacer daño a los sitiados. Era la noche del 3 de octubre de 1652, víspera de la honrosa capitulación de Barcelona. Hallábase don Juan asomado a una de las ventanas del convento, obser¬ vando la situación de la plaza. Tranquila era aquella noche, no se percibía el más leve rumor; sólo el alerta, ya inútil, de los centinelas turbaba aquel silencio. De pronto, un canto raro, una ex¬ traña melodía, rasgó los aires y llegó a oídos del principe. No entendía éste el len¬ guaje de aquella trova montañesa que me¬ lancólicamente y a media voz entonaba un centinela. Volvióse el principe de sus a uno ayudantes, que era catalán, y le preguntó qué canto era aquel de tan raras tonalida¬ des y letra más rara aún, pero que le pro¬ ducía un placer que no se explicaba. Don Juan de Austria 282 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA —Es el "Virolay de María", la Virgen de Montserrat — respondió (1). —¡Montserrat! — exclamó el principe —. Mis abuelos don Carlos y don Feli¬ pe II murieron teniendo en la mano la vela de Nuestra Señora de Montserrat. ¡Oh, he¬ mos de visitar este Santuario cuando hayamos entrado en la ciudad de los condes. De¬ seo subir a la Montaña Santa y postrarme a los pies de la Virgen Montañesa. Al dia siguiente, 4 de octubre de 1652, la plaza enviaba un trompeta al principe, proponiéndole un parlamento para la capitulación. El magnánimo principe la conce¬ dió, en términos honrosísimos, para la ciudad y el Principado. A los pocos días de haber recibido el juramento de fidelidad, trocaba don Juan la espada de guerrero por el bordón de peregrino y subía devotamente a pie por la pe¬ nosa y áspera cuesta de Montserrat. Permaneció allí varios días con los monjes y ermitaños y quedó tan prenda¬ do de la visita a Nuestra Señora y del Monasterio, que arrebatado de fervorosa devoción y entusiasmo, dijo: (I) El Virolay de María es un canto extraído de entre una multitud de cánticos religiosos de la Edad Media, lengua latina y lemosina, que se conservaban en los archivos del Monasterio en y aparecía escrito en las paredes del Templo. Lo entonaban los peregrinos, ya trepando por las esca¬ brosas sendas de la montaña, ya reposando a los pies de los sagrados muros, ya en sus hogares recor¬ dando e invocando a la Virgen Morena. Lo transcribimos aquí como una nota de interés: Rosa placent, soleyl de resplandor. Rosa hechicera, sol de esplendor, Stela lusent, johel de sanct amor, Estrella brillante, joya de santo amor. Topazis cast, diamant de vigor. Castísimo topacio, precioso diamante, Rubis millor, carboncle reliisent: Rubi inapreciable, carbunclo reluciente. Lir trascendent, sobrant tot altre Lirio que flor. descuella sobre toda otra flor. Alba jausent, claredat sens Alba peregrina, claridad sin sombra. fuscor. En tot contrast ausist li pecador, En todo trance auxilias al pecador, A gran maror est port de salvament, Y a gran tormenta eres puerto de salvación. Aijgla capdal, volant pus altament. Aguila caudal que remontas tu vuelo a lo alto. Cambra ragal del gran Omnipotent, Cámara real del Dios Omnipotente, Perfaytament anyats mon devot xant Oye bondadoso mi devoto canto Per tots priant siatsnos défendent; Y ruega por todos a todos defendiendo Sacrat portai del Temple permanent Sagrada puerta del Templo permanente; Dot virginal, virtud sobre exellent Dote virginal, virtud sobresaliente. Quel Occident quins va tots jorns gaytan Permite que al término de nuestra jornada. No puxe tant quens face vos absent. Llegar podamos a ver tu rostro celestial. La traducción es de don Pablo Piferrer. (Cornet y Mas. Tres días en Montserrat.) MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 283 "Como catalán ya, en virtud de ser Virrey de Cataluña, no quiero por más de¬ fensora y abogada que a la Virgen Montañesa." Al año siguiente, o sea en 1653, volvió el principe a visitar el Santuario y alli, puestas las manos sobre el altar de Maria, en acto solemne, juró que estaría siempre dispuesto a defender el misterio de la Inmaculada Concepción de María. El mismo voto y juramento prestaron los nobles que le acompañaban: el conde de Atarés, los Señores de Velasco, Ronquillo, Borjas de la Cueva, Enriquez, Córdoba, etc. (1). Don Juan de Austria gobernó el Principado durante cuatro años, desde donde pasó al gobierno de Flandes, haciéndolo con tanto acierto, prudencia y comprensión, que, no sólo captó las simpatías de todos los catalanes, sino se que llegaron a quererle entrañablemente; le adoraban, llega a decir un autor (2). Una prueba de ello fué que, cuando en 1668, a consecuencia de intrigas y per¬ secuciones de que era objeto en la Corte, se refugió en Cataluña, hasta que se disipó este ambiente adverso. Disfrazado y, a marchas forzadas a través de Castilla Aragón, ganó el terri¬ y torio delPrincipado y en el pueblo de Bot (Tarragona), pudo dormir, por primera vez, bajo techado, pues en tierras de Castilla y Aragón pasaba las noches en el campo, evi¬ tando, para su seguridad, entrar en poblado. Se hospedó en una casa de campo, de la ciudad de Barcelona, cerca pero al (1) Esta fervorosa devoción que sentía la España católica hacia la Inmaculada Concepción, fué creada y estimulada especialmente por la Orden Franciscana. Tan identificada estaba la Orden con esta doctrina que, en el acto de profesión religiosa, los franciscanos emitían el cuarto voto de defenderla. El doctor Subtil, el venerable fray Juan Duns Escoto, paladín incansable de la Concep¬ ción Inmaculada de María, defendió en la Sorbona de París en una asamblea de teólogos, el miste¬ rio de la Inmaculada Concepción, triturando las argucias de los que opinaban lo contrario. Existe la tradición de que una Imagen de la Virgen, que existia en el dintel de la puerta de entrada de la Sorbona, inclinó la cabeza en señal de asentimiento al pedirle con todo fervor el doctor Subtil que le diera fuerzas para luchar contra todos sus enemigos. En el interior del atrio de la iglesia de Nues¬ tra Señora del Remedio, del convento de los padres franciscanos de Vicb, existe un grupo escultórico, que representa este episodio de la vida del Venerable doctor Subtil dirigiéndose a la Virgen con estas palabras: "Dignare me laudare te Virgo Sacrata, da mibi virtutem contra hostes tuos". (2) Víctor Balaguer. Leyendas de Montserrat. 284 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA ser conocida la noticia salió toda la nobleza a visitarle, así como también muchos ca¬ balleros delPrincipado, recibiendo de todos grandes pruebas de adhesión inquebran¬ table, porque "era amado de todos los catalanes imponderablemente", dice Serra Pos- tius (1). El buen gobierno, el dulce trato de don Juan de Austria con todos los elemen¬ tos sociales de Cataluña, le hizo acreedor al más acendrado cariño por parte de todos, de tal forma que en los dias de persecución no le recibieron como a un prófugo, sino como a su principe amado. En aquellos momentos en que la tristeza y la amargura invadían el corazón de don Juan de Austria, el dulce cántico del Virolay de María, resonaba siempre en el co¬ razón del príncipe, y elevando sus pensamientos hacia la Virgen Montañesa de sus amores — como la llamaba — se encaminó por tercera vez al Santuario para explayar su corazón a los pies de la Virgen. Los monjes le recibieron con el mismo amor y con los mismos honores que cuando era virrey de Cataluña; y, reconocido el principe a los favores de Nuestra Se¬ ñora de Montserrat y al bondadoso trato de los monjes, mandó pintar y dorar toda la iglesia por su cuenta, cuyo coste fué de cuatro mil ducados de oro. El Virolay de María había cambiado al Principe guerrero y enemigo, en un fervoroso devoto de Nuestra Señora de Montserrat y en padre y protector del Prin¬ cipado. El Virolay que conocemos no es referimos en este capitulo. El actual el que fué compuesto por Mosén Jacinto Verdaguer, y en las fiestas del Milenario la música, que está en perfecta consonancia con la inspiradísima poesia, obtuvo el premio del con¬ curso, y es el canto de rigor que todo peregrino entona con fervoroso entusiasmo y frecuentemente eon los ojos humedecidos la "Moreneta", por las lágrimas, evocando a a Montserrat, a las hondas emociones sentidas a los pies de la Virgen, de tal manera que, con sólo enunciar la palabra "Virolay" espontáneamente, a flor de labio, acuden sus dulces tonalidades. (1) Asi consta en un manuscrito del sigo xvii citado por este autor. Historia de Nuestra Señora de Montserrate. Parte 3.a. Cap. XXVIII. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 28r3 La musa de Verdaguer en sus cantos místicos es de tanta elevación, que pasa¬ rán algunas generaciones antes de que aparezca otro vate que le iguale. En el Virolay hizo Verdaguer un derroche de sus facultades poéticas. Por esto hoy nadie se acuerda del que, durante siglos, cantaron con gran fervor nuestros padres. VIROLA! A la Mure de Déu de Montserrat Poesía tie J. Verdaguev, Prev. Trad.cast-de J. Soler Biel, Escol. Musica de J. Rodoredu TORNADA CAPITULO XXXV Las Diputaciones de España a la Virgen de Montserrat El gran español don Miguel Primo de Rivera derribó a aquellos políticos ne¬ fastos que, secretos y exóticos poderes, nos impusieron para ruina de la Patria. La nación entró en una era de prosperidad; España volvia a su tradición histórica. Las Diputaciones, fieles intérpretes del sentir general del pais, dieron la nota viril, patriótica y cristiana como en los mejores tiempos de nuestra pretérita grande¬ za, al ofrendar una bandera de la Patria a la Virgen Morena. '! I I Un nuevo y terrible colapso sufrió España y, cuando todo parecía indicar su próximo y total derrumbamiento, la Providencia nos deparó un Caudillo que la salvara de la catástrofe. España vuelve vigorosa como nunca y las Diputaciones del Nuevo a renacer Estado continúan como siempre firmes y unánimes, impulsadas por los más nobles y cordiales sentimientos, proclamando la unidad inquebrantable de la gran familia hispánica. Las tierras todas de España, en apretado haz, unidas en una sola fe, se estre¬ chan en intima comunidad de destino para el engrandecimiento común. También las Diputaciones, como la reina de Castilla y el rey aragonés subie¬ ron a la Montaña Santa de Montserrat y se postraron a los pies de la Emperatriz de 288 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Cielos y Tierra, consagrando con este acto la intima compenetración de sus pueblos. Montserrat ha sido, providencialmente, el aglutinante de los pueblos ibéricos. Canta los milagros de la Virgen de Montserrat Alfonso X el Sabio; el gran canciller y poeta Ayala le expresa profunda devoción y Alfonso de Portugal, como su antes lo hiciera la reina Violante de Aragón, ingresa en la Pontificia y Real Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat, en la que también ingresó el castellano Rey de Ara¬ gón, Fernando de Antequera. La devoción de las Diputaciones a la Virgen de Montserrat, esa hermosa ejem- plaridad tan en consonancia con nuestra tradición cristiana, constituyó un noble alar¬ de del más elevado sentido político, cual si obedeciera a la certera consigna de nues¬ tro Caudillo, quien al realizar victoriosamente la revolución desde arriba, barriendo la escoria de todos los partidos políticos, ha encauzado la marcha evolutiva de la Patria por el amplio camino de su misión histórica. ¡Oh quam bonum et quam jocundum habitare fra tres in unum! LAS DIPUTACIONES ESPAÑOLAS CELEBRAN UNA ASAMBLEA EN BARCELONA EN JUNIO DE 1927 Uno de los actos organizados por la Diputación Provincial de Barcelona en honor de los asambleístas fué la visita oficial a Nuestra Señora de Montserrat; sien¬ do tal la impresión la Virgen Morena causó a los representantes de las Diputa¬ que ciones hermanas, el entusiasmo que despertó en ellos la magnificencia del Santuario y la grandiosidad de la Montaña Santa que, en la sesión plenaria del 17 de junio, el Presidente de la Diputación de La Coruña, señor Tenreiro, pronunció un discurso, de exaltados tonos patrióticos, proponiendo que se acordase la celebración de un home¬ naje en acción de gracias a Nuestra Señora de Montserrat, ofrendándole la enseña de la Patria con los escudos de todas las Diputaciones bordados en la misma. Dicha proposición fué aceptada unanimidad medio de por y en un gran entu¬ siasmo. Este acuerdo, que cristalizaba el fervor que por la veneranda Imagen sentían los visitantes y la impresión el entusiasmo las riquezas del Monasterio y que y las bellezas de la montaña causaban en los mismos, tuvo una realización feliz el día 28 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 289 de mayo de 1929, con ocasión de encontrarse en Barcelona los Reyes de España, para inaugurar la Exposición Internacional, la que tuvo lugar por aquellos dias. Gracias a la gentileza del excelentisimo señor conde del Montseny, don José Maria Milá y Camps, podemos ofrecer a nuestros lectores la crónica de la Real Jor¬ nada, transcrita del lujosísimo volumen que editó la Diputación de Barcelona para perpetuar la memoria de la misma y de la cual insertamos los párrafos esenciales para reflejar de una manera cabal la importancia histórica que revistió aquel acon¬ tecimiento subrayando en forma inequívoca la veneración que toda España sentia por la Santísima Virgen de Montserrat, auténticamente representada por todas las Diputa¬ ciones Provinciales. "CRONICA DE LA REAL JORNADA . "¡Hermoso amanecer el de aquel martes "Sus Majestades los Reyes de España, apar¬ 28 de mayo de 1929, en que Su Majestad el Rey tándose por breves horas del bullicio de la gran (q. D. g.), a pesar del constante ajetreo a que le ciudad, donde los esplendores jamás igualados obligaban las tareas inaugurales de la Exposi¬ del magno certamen internacional les tenia en ción Internacional de Rarcelona, se babia digna¬ constante agitación, debían llegar a Montserrat no sólo a ofrecer a la Virgen, con sus augustos do señalar para la celebración de la fiesta ! hijos, el devoto homenaje de sus corazones, sino "Inusitado movimiento invadió desde hora a cumplir, además, la piadosa misión de ofren¬ muy temprana las de ordinario tranquilas depen¬ darle el testimonio inequívoco del amor de to¬ dencias monacales; y al adelantar el dia, tanto dos los españoles, que no en vano, en los plie¬ la severa fábrica del Cenobio como el abigarrado gues de la hermosa bandera de las Diputaciones conjunto de sus hospederias, al igual que las que Su Majestad el Rey debía hacer entrega, ha¬ avenidas y plazas que los circundan, aparecie¬ bían todos ellos prendido, con la representación ron vistosamente engalanadas con banderas y policroma de los escudos de sus provincias res¬ gallardetes, ramajes y colgaduras. pectivas, la unánime reverencia y filial sumi¬ sión a la Madre de Dios que, a través de los si¬ "En la arcada central, de las que dan entra¬ da al gran patio frontero a la iglesia, se babia glos y de los accidentes de la Historia, fué siem¬ pre peculiar característica del alma de la Pa¬ levantado un artístico arco en forma de temple¬ tria; de esa alma misma que alentaba en aquel te, en cuya parte superior se leia la siguiente ins¬ pedazo de tela riquísima recamada de oro y sim¬ cripción: "Domine salvum fac regem"; y en el bólicos atributos multicolores, según acreditaba patio, todos los balcones lucían magníficos re¬ la feliz expresión de su leyenda, con estas her¬ posteros de paño con los escudos de las cincuenta mosas palabras: "TODAS EN UNA". Diputaciones españolas, ostentando, además, las columnas del claustro que lo encuadran, en me¬ "Poco antes del mediodía y en dos autoca¬ dio de preciosas guirnaldas de verde follaje, los nombres de todos los Monarcas que en las diver¬ res, quehicieron el viaje por la carretera de Ma¬ drid hasta Collbató y por la de esta última po¬ sas épocas habían visitado el Real Santuario. blación por Monistrol hasta el Monasterio, lle¬ "Grandes macizos de flores adornaban el ba¬ garon el Zaguanete y la Randa del Real Cuerpo samento de la fachada de la iglesia, dando de Guardias Alabarderos, a quienes Su Majestad muestra exterior del cuidadoso celo que se había el Rey, HACIENDO, según propia manifestación, preparado dentro de ella la solemnidad que se LO QUE NO HARIA HECHO NUNCA, ordenó iba a celebrar. que se trasladaran a Montserrat para señalar con 19 290 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Casa, en los que se distribuyeron Sus Majesta¬ des los reyes don Alfonso y doña Victoria, Sus Altezas los Infantes don Jaime, doña Beatriz y doña Cristina y las personas de su séquito. Recorrido felizmente el trayecto, entre las aclamaciones de los pueblos del tránsito, llegó la regia comitiva al paso a nivel del crema¬ llera, donde está situada la caseta del guarda- agujas, y detúvose allí para que los egregios visitantes pudieran hacer la ascensión en la úl¬ tima parte del camino, en el tren especial que les aguardaba. "Recibiéronlesal pie de la carretera los miembros del Consejo de Administración del Ferrocarril de Cremallera, señores don Damián Maten, don Ramón Albó y don Andrés Garriga Bachs, junto con los ingenieros de la Compañía, señores Fenech y Fuster-Fabra; el alcalde de Monistrol señor Janer, con el primer teniente de alcalde de aquel Ayuntamiento, señor Torrents y el secretario del mismo señor Izquierdo. "SusMajestades y Altezas Reales, con las personas de su séquito y los que esperaban, mon¬ taron en el tren real, compuesto de una moder¬ nísima máquina de cremallera y dos vagones, de gran lujo, uno de los cuales hacia su primer La bandera ofrecida por las Diputaciones de España viaje en aquella ocasión. "Eran aproximadamente las doce y media cuando el convoy rendia viaje en la estación su¬ SU presencia en aquellos pintorescos lugares la máxima solemnidad que deseaba dar a los ac¬ perior del ferrocarril, a los majestuosos acordes tos de aquel día. En la plaza del de la Marcha Real Fusilera, interpretada por Santuario se la había concentrado también, desde primeras ho¬ Banda de Alabarderos, bajo la batuta de su in¬ ras de la mañana, una Compañía del Cuerpo de signe maestro señor del Valle. Una ovación in¬ Mozos de Escuadra, igualmente con su Banda de descriptible acogió la presencia de nuestros So¬ Música. beranos, que correspondían sonrientes a las ca¬ lurosas manifestaciones de afecto con "En que eran un eléctrico, exclusivamente dis¬ tren recibidos. puesto para ellos, hicieron el viaje desde Barce¬ lona, junto con varias autoridades e invitados, "Los presidentes de Madrid y Barcelona, se¬ los Presidentes y representantes de todas las Di¬ ñores Salcedo Bermejillo y conde del Montseny, putaciones españolas, acompañándoles los Dipu¬ dieron la bienvenida a Sus Majestades, presen¬ tados barceloneses con su Vicepresidente, el ex¬ tando igualmente sus respetos el Prior del Mo¬ celentísimo señor conde de Fígols, ya que el Pre¬ nasterio, reverendo Padre Roberto Gran, que Ies sidente, señor conde del Montseny, con el de la aguardaba al frente de toda la Comunidad del Diputación de Madrid, don Felipe Salcedo Ber- Monasterio, que, en traje de ceremonia, se ha¬ mejillo, habían realizado la excursión por carre¬ llaba colocada dos en largas hileras, a un lado tera y en automóvil, precediendo a la regia co¬ y otro de la escalera que comunica la estación mitiva. con la plaza superior del Santuario. "Había salido ésta del Palacio de Pedralbes "En elarco central, dispuesto, como antes he¬ a eso de las once y media de la mañana, com¬ mos dicho, en la entrada principal del patio de puesta por seis coches automóviles de la Real la iglesia, recibió a Sus Majestades y Altezas el MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 291 reverendo Padre Antonio Marcet, abad Mitrado rendisimo señor don Félix Bilbao, Obispo de Tor¬ del Monasterio, el cual, revestido de pontifical, tosa; todos ellos vestían de manteleta con valio¬ con ornamentos de gran riqueza, cruz alzada y sos pectorales. muy lucido acompañamiento, dióles a besar el "Por la Diputación de Barcelona estaban alli, Lignum Cruets, en magnífico ostensorio cuajado los señores conde deFígols, Vice-Presidente; don de piedras preciosas, arrodillándose el Rey en Pablo Alegre, don Antonio Marimón, don Arca- primer lugar, luego la Reina y, por su respecli- dio de Arquer, don Antonio Coderch, señor con¬ vo orden los demás; hallábanse con el reverendo Padre Abad y de de Belloch, don Antonio Pons Aróla, don José saludaron allí a los Soberanos yAltezas el excelentísimo señor Cardenal Vidal y Gran, señor conde de Santa María de Pomés, don Manuel Malagrida, don Román Traval, don Rarraquer, Arzobispo de Tarragona; el excelen¬ tísimo Ilustrisimo Andrés Gassó y Vidal, don Miguel Vancells, don e señor don José Miralles Svert, Obispo de Rarcelona; el excelentísimo e Joaquín de Montaner, don Jacinto Vilardaga, don José Baltá y don Jacinto Vega y March, se¬ ilustrisimo señor don Manuel Irurita, Obispo de cretario. Lérida; el excelentísimo e ilustrisimo señor don Valentín Comellas, Obispo titular de Amata, Ad¬ "Igualmente hicieron allí acatamiento a los ministrador Apostólico de la Diócesis de Solsona; Monarcas y a sus augustos hijos todos los Presi¬ el ilustrisimo y reverendísimo señor don Juan dentes y representantes de las Diputaciones, cuya Perelló, Obispo de Vich y el ilustrisimo y reve- puntual enumeración anotamos: Diputación de: Alava: litre. Sr. D. N. Fguilior, Diputado. Albacete: Fxcmo. Sr. D. Paulino Cuevas, Presidente. Alicante: Fxcmo. Sr. D. Pascual Mas y Mas, Presidente. Almería: Fxcmo. Sr. D. Juan M. de Madariaga, Presidente. Avila: Fxcmo. Sr. D. Angel de Diego, Presidente. Badajoz: Fxcmo. Sr. D. Sebastián Garcia Guerrero, Presidente. Baleares: Fxcmo. Sr. D. José Morell Rellet, Presidente. Burgos: Fxcmo. Sr. D. José de la Torre, Presidente. Cádiz: litre. Sr. D. José LuisAcquaroni, Diputado. Castellón : Fxcmo. Sr. D. Manuel Mingarro, Presidente. Ciudad Real : Fxcmo. Sr. D. Bernardo Bulleras García, Presidente, litre. Sr. D. Fidenciano Trujillo Posada, Diputado. Córdoba: litre. Sr. D. Manuel VuHen Priego, Diputado. Cuenca: Fxcmo. Sr. D. José Joaquin de Silva y Soria, Presidente. Gerona: Fxcmo. Sr. D. Federico Bassols, Presidente. litre. Sr. D. Enrique Sauch Català, Vice-Presidente. Granada: litre. Sr. D. Rafael Valverde Márquez, Diputado. Guadalajara: Fxcmo. Sr. D. Manuel García Alance, Presidente, litre. Sr. D. Luis Giménez Atty, Diputado, litre. Sr. D. Mariano Echevarría, Diputado, litre. Sr. D. José Contreras, Diputado, litre. Sr. D. Eladio Acebedo, Diputado, litre. Sr. D. Francisco Espejo, Diputado, litre. Sr. D. Manuel González Corona, Diputado, litre. Sr. D." Gonzalo Marco, Diputado, litre. Sr. D. José M.^ Revuelta, Diputado, litre. Sr. D. Fernando Solano, Secretario. Guipúzcoa: Fxcmo. Sr. D. José Angel Lizascain, Presidente, litre. Sr. D. Antonio Flosegui, Vice-Presidente. litre. Sr. D. Joaquin de Churruca, Diputado. Huelva: Fxcmo. Sr. D. Manuel Mora, Presidente. Huesca: Fxcmo. Sr. D. Miguel Gascón y Andreu, Presidente. 292 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Las Palmas : Excmo. Sr. D. Luis León Castillo, Presidente. León: Excmo. Sr. D. José M.®' Vicente, Presidente. Lérida: Excmo. Sr. D. Angel Trabal, Presidente. Logroño: Excmo. Sr. D. Enrique Herreros de Tejada, Presidente. Lugo: litre. Sr. D. Luis Sánchez Arrieta, Diputado. Madrid: Excmo. Sr. D. Felipe Salcedo Rermejillo, Presidente, litre. Sr. D. José Alonso Orduña, Vice-Presidente. litre. Sr. D. Federico Suquia, Diputado, litre. Sr. D. Alfonso Alvarez Suárez, Diputado, litre. Sr. D. Simón Viñals, Secretario. Murcia: Excmo. Sr. D. José M.®^ Ibáñez Martin, Presidente. Orense: litre. Sr. D. Olegario Muñiz, Diputado. Oviedo: Rtre. Sr. D. Emilio Manso Capetillo, Vice-Presidente. Palència: Excmo. Sr. D. José Ordoñez Pascual, Presidente. Pontevedra: litre. Sr. D. Gaspar Massó, Diputado. Santander: Excmo. Sr. D. Francisco Escajadillo, Presidente. Segovia: Excmo. Sr. D. Segundo Gila Sanz, Presidente. Sevilla: litre. Sr. D. Angel Camacho Raños, Vicepresidente, litre. Sr. D. Juan Guardiola Fantoni, Diputado. Soria : Excmo. Sr. D. Eduardo Martínez de Azagra, Presidente, litre. Sr. D. Carlos Alonso, Diputado. Tarragona: Excmo. Sr. D. Manuel de Oro vio. Presidente, litre. Sr. D. Juan Bofarull, Diputado. Teruel: Excmo. Sr. D. José Valdemoro y Barrio, Presidente. Toledo: Excmo. Sr. Conde de Casa Fuerte, Vicepresidente. Excmo. Sr. D. Leopoldo Diez del Rio, Presidente. Valencia: Excmo. Sr. D. José M.® Carrau, Presidente. Valladolid: Excmo. Sr. D. M. Garcia Martin, Presidente, litre. Sr. D. Santiago Mateo, Diputado. Vizcaya: Excmo. Sr. Vizconde de Moreaga de Icaza, Vicepresidente. Zamora: litre. Sr. D. Gregorio Burón, Vicepresidente. Zaragoza: litre. Sr. D. Manuel Lasala, Vicepresidente, litre. Sr. D. N. Ribas, Diputado. Tenerife: Excmo. Sr. D. Fernandp Salazar, Presidente. "Formóse nuevamente la comitiva, marchan¬ "El interior del templo ofrecía el más des¬ do desde aquel momento Sus Majestades bajo lumbrador aspecto que quepa imaginar; dispues¬ palio, cuyas varas sostenían los señores de las to, según el ritual, al lado del Evangelio, marca Diputaciones de Valencia, de Toledo, de Badajoz, el Trono para Sus Majestades y Altezas Reales; de Valladolid, de Burgos y de Guipúzcoa, seño¬ en el amplio Presbiterio y, colocados en él tam¬ res Carrau, Díaz del Río, Garcia Guerrero, Gar¬ bién y en el lado de la Epístola, los sitiales para cía Martin, de la Torre y Lizasoain. Su Eminencia el Cardenal Arzobispo de Tarra¬ "En el patio de la iglesia rindió honores, pre¬ gona y los demás excelentísimos e ilustrísimos sentando armas, la señores Obispos que le acompañaban. La ilumi¬ compañía de mozos de es¬ cuadra al mando de su capitán don Manuel Tri¬ nación, a base exclusivamente de cera, dentro de la inflexible severidad litúrgica que impone gueros y a los acordes de la Marcha Real, que entonó la Banda de dicho la costumbre montserratina, era verdaderamen¬ Cuerpo, bajo la direc¬ te espléndida; y allí en lo alto, en su elegante ción del maestro Lambert. hornacina, la imagen de la Santísima Virgen lu¬ "Al hacer su entrada en la Basílica las Rea¬ ciendo sus mejores galas, resplandeciente de oro les personas fué su i^resencia acogida también y pedrería, como un rayo de luz fulgurante con con el Himno Nacional, interpretado por el órga¬ destellos divinos, presidia la fiesta. no,cuyas vibrantes voces e inacabable cascada de armonías llenaron las bóvedas del sagrado "Al lado del altar mayor, hallábase también, recinto. dispuesta para guardar la bandera, la suntuosa MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 293 SS. iMM., bajo palio, entran en la Basílica vitrina que la Diputación Provincial de Rarce- didos por su Eminencia el Cardenal Vidal y Ba¬ lona. fiel a cumplimiento, habia hecho labrar su rraquee, los excelentísimos e ilustrisimos señores con preciosos materiales. Obispos, que por cierto, eran todos los de las Diócesis catalanas, con la sola y única excepción "El altar, sobriamente adornado, constituia, del Prelado de Gerona, el cual, sintiéndolo de dentro de la riqueza de sus propios elementos y veras y por bailarse enfermo, no pudo asistir. del positivo valor de los accesorios para el culto, una simpática nota de elegante austeridad. "De un lado y otro de la nave de la iglesia, y en la forma antes hemos dicho, se situaron que "Acompañaban a las Reales personas, ade¬ los Títulos del Reino, los Mayordomos de sema¬ más de su séquito. Sus Altezas reales el Archi¬ na y Gentilesbombres de Su Majestad, Caballe¬ duque Leopoldo Salvador de Habsburgo-Lorena, ros Grandes Cruces, Ordenes Militares y Maes- con la Princesa Rlanca de Borbón y los Archi¬ trantes con sus familias y los Presidentes y re¬ duques sus hijos; y se agruparon junto al Trono, presentantes de las Diputaciones en unión de las cumpliendo basta donde fué posible lo que man¬ Autoridades, vistiendo igualmente, en su gran da la etiqueta palatina, los Grandes de España: mayoría, los respectivos uniformes y luciendo Duques de Alba, de la Victoria, de Santoña, de las señoras elegantes trajes de tonos obscuros, Santángelo, de Fernán-Núñez, de Montealegre y con negras mantillas casi todas ellas. de la Unión de Cuba; marqueses de Castellvell, "La apiñada muchedumbre, que llenaba el de la Mesa de Asta y de las Nieves; condes de resto Templo basta rebosar, era adecuado del Sástago, de Perelada, de Segur, de Alcubierre, de Güell y de Ruiseñada y otros muchos, vis¬ complemento del hermoso conjunto que ofrecía tiendo todos ellos de uniforme o de levita los la Corte y los invitados, dominando en todas partes un aire de distinción y de buen tono que caballeros y las señoras de negro, con airosa raras se consigue cuando es, como lo era veces mantilla. en aquella ocasión, tan enorme la concurrencia "Erente a Sus Majestades, sentáronse, presi¬ y tan reducido el espacio. 294 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Acalladas las voces del órgano, el Reveren¬ simo señor conde del Montseny, encargado por do Padre Abad, con las oraciones de ritual, ben¬ compañeros de aquella honrosa misión; y sus dijo la hermosa Randera de las Diputaciones, bendita que fué la preciosa enseña, adelantán¬ que sostenia, en mitad del presbiterio, el Presi¬ dose hacia Su Majestad pronunció, obtenida la dente de la Diputación de Barcelona, excelentí¬ Real venia, las siguientes palabras : SEÑOR: "Cábeme el honor, altísimo para mi e insospechado, de ser yo, el último de mis compañeros, quien en nombre de todas las Diputaciones de España, ruegue a Vuestra Ma¬ jestad que se digne ofrendar esta Bandera a la Santísima Virgen de Montserrat. "Esta Bandera, Señor,surgió de un rasgo de generoso sentimentalismo con ocasión de la Asamblea general de Diputaciones, reunida en Barcelona en el mes de junio del año 1927; los Diputados que de toda España vinieron con aquel motivo a compartir nuestras tareas, al ver el cariño y cordialidad con que aquí se les acogió, deseosos de mostrar su gratitud, aprovecharon la honda impresión que les causó la visita que hicimos juntos a este Santuario para corresponder a nuestra simpatia con la máxima prueba de hermandad que pudieron darnos, mediante hacer suyos nuestros propios sentimientos de amor y veneración a la Vir¬ gen Morena; y, para sellar esa unión espiritual, feliz trasunto de la unidad eterna de la Pa¬ tria, propusieron dedicar a nuestra Patrona, a nombre de todas las Diputaciones, una rica Bandera en la que aparecieran bordados sus respectivos escudos rodeando el escudo de España. "Esta es. Señor, la Bandera. Por su altísima significación, por el patriótico anhelo que encarna el haber nacido de lo más hondo del pecho de cuantos integran las Diputacio¬ nes españolas, nadie hay entre nosotros que se considere digno de hacer la ofrenda. Sólo las Augustas manos de Vuestra Majestad consagradas por Dios para pulsar los latidos del cora¬ zón de España, puede ser quien realice la entrega, rogando a la Santísima Virgen que la coloque junto a Ella, como una llamarada de amor fraternal entre todos los españoles, que le recuerde siempre el alto ejemplo que Ella, nos da al ser Reina y Madre del Amor Hermoso. "Señor: Si, como nos prometemos. Vuestra Majestad se digna atender nuestra sú¬ plica al afecto y lealtad inquebrantable que os guardamos, tendremos que añadir un nuevo motivo de gratitud. "Señor: a los Reales pies de Vuestra Majestad. "Dicho lo cual y, avanzando hasta las gradas "El Rey, dirigiéndose al Reverendo Padre del Trono, el señor conde del Montsenj'^ puso la Abad, vibrante y cálida, elegante y viril con voz Bandera en las manos de Su Majestad, retirán¬ entonación, pronunció el siguiente discurso: dose después con los saludos de rigor al sitio que tenía destinado entre los demás Presidentes. "SEÑOR ABAD : "Como acabáis de oír, son las Diputaciones Provinciales de España las que encar¬ gan a su Rey que entregue a la Virgen de Montserrat la enseña de nuestra Patria. "Al hacerlo asi interpreto el sentir de todo el pueblo español que honra en esta montaña a la Virgen que en todo momento supo defender a Cataluña y, por ende, a España entera. "Al ofrecérosla, señor Abad, tengo la seguridad de que lo mismo que rendis culto a la Virgen, sabréis que nosotros en los paños de esta Bandera entregamos también nuestros corazones al pie de la Virgen y que lo mismo que su Divino Hijo creó una Religión Santa, Una y Católica, todos los españoles queremos también que España sea siempre Una, Santa y Católica. 295 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA "Yo por mi parte, señor Abad, he querido sumarme a la ceremonia que hoy cele¬ bramos los españoles aquí y he querido traer un recuerdo de mi madre, ofrenda a la Virgen de Montserrat : el manto que ella usó el día que, concluida su misión oficial, me entregaba el Poder y salia yo de Palacio para ir al Congreso a hacerme cargo de las riendas del Gobier¬ no.Yo consideraba que este manto no podía estar en otro sitio que en posesión de la Virgen que significa nuestros afectos y nuestro cariño; y, por lo mismo que por mi amor filial siento y sé lo que es la madre, sé también lo que es la Madre de Dios; y busco el consuelo que me falta en la tierra encomendándome a Ella y pidiéndole su protección. "Tengo la seguridad de que en estos momentos mi madre estará muy cerca de la Virgen de Montserrat, allá arriba; seguramente nos estará viendo y seguramente ella, que siempre amó a Cataluña y a España, será quien la pida bendiciones especiales para todos nosotros. "Y ahora, señor Abad y regentáis, sólo tengo que haceros un ruego, Comunidad que y es que en haya siempre una oración especial que la vuestras oraciones y, ya desde hoy, Comunidad entera rezará por España y por su Rey. Seguramente al invocar vosotros a la Virgen de Montserrat procuraréis que Ella nos una a todos en lo que su santa religión quiere, que es que todos laboremos por Dios y por nuestra Patria. "Así, pues, señor Abad, recibid por mis manos la Randera que ofrendan a nuestra veneranda Virgen de Montserrat las Diputaciones Provinciales de España entera. "Imposible describir el efecto que causó en el cíente interés y con profundísima, imborrable auditorio la bella improvisación de Su Majestad; emoción. en ella palpitaban a un mismo tiempo los va¬ lientes acentos de arraigado patriotismo, las ter¬ "Pero la ceremonia no había aun terminado. nuras filiales del huérfano y la fe honda de un cristiano ejemplar; y fué todo ello expresado con "Al disponerse el Reverendo Padre Abad a tal sinceridad, con tan señoril sencillez y con tan recoger la Bandera y contestar al discurso de Su inconfundible dignidad de Rey, que los que le Majestad, hizose nuevamente el silencio y pudo escuchaban quedaron subyugados y como en éx¬ así oírse el que pronunció en los siguientes tér¬ tasis, siguiendo una a una sus palabras con cre- minos : "SEÑOR: "Gracias, Monarca feliz, dichoso y y más veces feliz, bienha¬ bienhadado, tantas dado y dichoso cuantas habéis tenido la dicha y valentía de proclamar a la faz del mundo los imprescindibles derechos de la causa católica. Gracias, Soberano Augusto, nunca más encumbrado que cuando habéis tenido el valor de humillar vuestra realeza terrena a los pies de la realeza divina de Jesucristo. "Yo acepto, en nombre de la Moreneta, esta Bandera, símbolo de la unidad de Es¬ paña católica y símbolo de amores de todas las provincias españolas; yo la acepto y la de¬ posito gustoso en las manos de nuestra Virgen adorada: ¡Oh, Madre! ¡Oh, Señora! ¡Oh, Rei¬ na!, recibid esta Bandera que en nombre de todas las Diputaciones provinciales de España, su Rey hoy en tus manos deposita; empúñala Tú, invencible Capitana, y enarbolada pa¬ séala triunfante por todos los ámbitos del suelo hispano y aun por las lejanas regiones que un día la raza conquistara para Tu Divino Hijo; y haz que, a su oreo, se avive en todos los españoles la llama del amor, de que nos ha hablado el excelentísimo señor corazones Presidente de la Diputación de Barcelona, del amor a Dios, sin el cual nada valen los de¬ más amores; del amor a la Santa Iglesia y a este Santuario; del amor a nuestros Católicos Monarcas, y, por fin, del amor mutuo entre todas las regiones españolas. "Y ahora, ¡oh Madre de Reyes!, ved aquí a nuestro católico Monarca, que huérfa¬ no de madre terrena, busca en Vos el faltado calor maternal, y puesto que devoto os ofrece el manto que fué de su Madre adorada, cobíjalo bajo este mismo manto doblemente maternal 296 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA por ser ya vuestro; descienda copiosa sobre toda la Real familia vuestra bendición, y con ella Ifl luz, el consejo, la dulzura de vuestro cariño: bendecid al Jefe del Gobierno con la representación de todas las Diputaciones españolas que aquí congregadas os rinden pleito homenaje de amor y devoción para que constantemente guíen a nuestra España por las vías de la paz, amor y trabajo, fuentes de la riqueza verdadero y progreso de las naciones. "Majestad: la fervorosa y solemne demanda que me habéis hecho de nuestras a oraciones, puedo intima satisfacción deciros: Estad seguro de que estas oraciones que me con habéis pedido, las hace todos los días esta Comunidad por España y por su Rey, y ellas continuarán elevándose al cielo con más fervor de hoy en adelante." "Acto seguido depositó el Padre Abad la el de la Misa, poniéndose con ello fin al acto de Bandera la vitrina que, junto al altar, se en la ofrenda. hallaba dispuesta para recibirla; y mientras la "Eormada nuevamente la comitiva regia, dés¬ Comunidad y Escolania iniciaban, acompañados del órgano, el Te Deum, de Perosi, el excelentí¬ ignés de admirar en la Sacristía abacial las joyas del Tesoro, que a tal fin se hallaban artística¬ simo e ilustrisimo señor Obispo de la Seo de mente dispuestas, dirigióse en compañía del Re¬ Urgel empezó a rezar la Santa Misa. verendo Padre Abad y de los Presidentes y re¬ "En el momento solemne de la elevación, la presentantes de las Diputaciones españolas, al Banda del Real Cuerpo de Alabarderos, que se Camarín de la Santísima Virgen, donde Su Ma¬ hallaba situada en el pasillo central de la iglesia, jestad el Rey, cumpliendo lo que poco antes dejó oir, con majestuoso aire, las notas de la bahía iniciado en su discurso, hizo la ofrenda marcha real, uniendo una vez más, con arreglo del Manto de Corte que usó suegregia Madre, la la Reina a añeja tradición de nuestro pais, en la mani¬ Regente doña Maria Cristina de Habsbur- festación del Himno de la Patria, la reverencia go-Lorena, el día 17 de mayo de 1902, en la debida a Dios Nuestro Señor y los honores de¬ ceremonia de la Coronación de augusto hijo, su bidos al Rey de la tierra. celebrada el Palacio del en Congreso de los Di¬ putados. "Después de la consagración, la Comunidad y la Escolania entonaron la gran Salve, de Vic¬ "Hallábase el Manto colocado sobre esplén¬ toria, a cinco voces, cuyo término coincidió con dida bandeja de jjlata, de la que lo recogió Su Majestad, después de qui¬ tarse la espada y los guan¬ tes, para colocarlo reveren¬ temente sobre la Santa Ima¬ gen, como así lo hizo, be¬ sando al propio tiempo con fervor y devoción la mano de la Virgen. "La muda escena, du¬ rante la cual Su Majestad el Rey no pudo disimular la profunda emoción le que embargaba, conmovió hon¬ damente a los circunstan¬ tes, y en silenciosa proce¬ sión desfilaron luego para adorar la imagen, siguiendo el ejemplo del Monarca. "Las personas de la Real familia y cuantos les acom¬ S. M. la Ueina visitando el Monasterio pañaban penetraron acto se¬ MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 297 guidopor la puerta de junto al Camarín, en la Clausura del Monasterio, usando los Reyes y sus Augustos hijos del privilegio canónico que su altísima dignidad les con¬ fiere y al amparo los demás de la especial licencia que para aquel caso se había impetrado de la competente autoridad eclesiástica. "Con ello reprodújose una más el rasgo de fa¬ vez miliaridad y confianza que tantos otros Monarcas ha¬ bían dado en sus respectivas visitas al Monasterio y que el Abad Muntadas, refirién¬ dose a la del Rey don Fer¬ nando VII, describió en su S M. la Reina aconipañaclu del P. Marcet y de ü. Damián Mateu crónica con aquella frase inagotable de sentido en su laconismo, diciendo "que llegado que fué a Mont¬ aguardando los Presidentes y miembros de las serrat con su séquito, se entraron en casa". Diputaciones, con las autoridades de Barcelona, "Atravesando las tribunas de la pues los demás invitados a la fiesta, por falta de Iglesia, Sus Majestades Altezas Reales, llegaron al salón y espacio, debieron ser atendidos en el restaurante del Monasterio, donde la Diputación Ies obsequió Episcopal del Monasterio, donde les estaban con un espléndido banquete. aguardando la Reverenda Comunidad y la Esco¬ lania para ofrecerles sus respetos; al entrar los "Ocupó la Presidencia Su Majestad el Rey, Reyes fueron recibidos con grandes aplausos, a sentando a su derecha a Su Majestad la Rei¬ los que correspondió el Rey con su habitual afa¬ na, a su Alteza la Infanta doña Beatriz y a bilidad; hizo la presentación, dirigiéndose a los su Eminencia el Cardenal de Tarragona, señor Monarcas con afectuosas palabras de salutación, Vidal y Barraquer y a su izquierda a su Alteza el Reverendo Padre Abad y Inego desfilaron los la Infanta doña Maria Cristina, a su Alteza el allí reunidos besando la mano al Rey. Infante don Jaime y al reverendo Padre Abad del Monasterio, dom Antonio Maria Marcet. "Después las Reales personas pasaron al sa¬ lón de conferencias, donde se dignaron estampar "En las mesas laterales, contiguas a la Pre¬ sus firmas en el álbum de honor del Monaste¬ sidencia, sentáronse a uno y otro lado las per¬ rio, para dejar testimonio fehaciente de visita. su sonas séquito, el Gobierno, las autoridades y del "Visitaron los señores Obispos que habían asistido a la ce¬ luego, acompañados por el Padre Ruenaventura Ubacb, que les iba dando circuns¬ remonia, junto con los Presidentes de las Dipu¬ tanciales- explicaciones, el taciones de Madrid y Barcelona, ocupando los interesante Museo Bíblico y el recién inaugurado Museo Egipcio. dos primeros sitios, a derecha e izquierda, res¬ Por fin recorrieron también las bellas y espacio¬ pectivamente, el Jefe del Gobierno, General Pri¬ sas salas de la Biblioteca, donde el Padre An¬ mo de Rivera y el Mayordomo Mayor de Pala¬ tonio Maria Tobella les mostró varias de las ma¬ cio, señor duque de Miranda. ravillas que allí se guardan, mereciendo de los "Las restantes mesas ocupadas por los eran Monarcas palabras de sincero elogio y admira¬ Presidentes y representantes de todas las Dipu¬ ción. taciones, sin orden de categorías; en cada una "Momentosdespués penetraron en el gran de ellas había un monje, como para dar a enten¬ Refectorio, donde se bailaba dispuesto el almuer¬ der que era la Comunidad misma que sentaba zo y en el cual, desde poco antes. Ies estaban a los invitados a su mesa. 298 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA del almucr3o ^ dos "A la Real familia la servían seis monjes; padres y cuatro legos. "A los demás, mozos con pantalón negro y chaqueta blanca, en cuyos cuellos altos lucia el escudo de la Diputación de Barcelona, adornán¬ dose además con hombreras de cordón dorado. "flecho el silencio, empezó la lectura en tono monacal de varios pasajes de la Historia del Mo¬ nasterio que serelacionaban con las visitas rea¬ les, empezando con las del Emperador Carlos I y acabando con la que en 1904 realizara, por primera vez después de su mayoriá de edad, nuestro joven Soberano. "Los relatos, interesantes y pintorescos, con intenso ambiente de época muchos de ellos, fue¬ ron religiosamente escuchados con gran aten¬ ción y vivas muestras de agrado por parte de todos los asistentes, y de un. modo particular por Su Majestad el Rey y Real familia. "Al cesar la lectura, entraron en el Refecto¬ on Hfonsojcín y Seña rio la Escolania yel coro de frailes para cantar, Sïíctoría Eugenia en el con la afinación y pulcritud de siempre, los brin¬ COonaetejíío Ô ÇOont^ dis monásticos, cuyo texto latino y castellano eevvat a jrjcvín ï)e COavo ô mcmjrjcíx figuraba impreso a continuación de la lista o menú a que antes nos hemos referido. Estos can¬ tos se vienen manteniendo en los Monasterios tie este menu ulauoes bfncmari» para las grandes solemnidades desde los tiempos se (ja (jectjo una de Cario edición oe 9 ejeniplaecs en papel del siglo jrv. Magno. Los escuchó y aplaudió el dis¬ tinguido auditorio con no disimulada compla¬ cencia. "El reverendo Padre Abad, obtenida la Real "El primero fué Su Santidad el Papa para venia, manifestó Pío XI, el segundo Su Majestad el Rey y para que agradecía sinceramente a Sus Real familia, el tercero para Su Majestad la di¬ Majestades el honor que dispensaban al Mo¬ nasterio al aceptar el frugal almuerzo que se les funta Reina Madre, el cuarto para su Eminen¬ iba a servir y que, si en ello cia el Cardenal, el quinto para el Jefe del Go¬ consentían, se aco¬ modaría a todas las prácticas estatuidas bierno, y los demás para los Presidentes de las por el Padre San Renito, empezando por la bendición Diputaciones, el reverendo Padre Abad y para de la mesa, cantada por los frailes; los huéspedes, amigos y bienhechores del Mo¬ silencio, con lectura y brindis, entonados también por la Co¬ nasterio. munidad, según antiquísima costumbre monacal. "Al servirse el café, la Escolania, a petición de Su Majestad, cantó las siguientes composi¬ "Con evidente satisfacción de las Reales per¬ ciones: Cantiga, de Alfonso el Sabio; O, Jesii sonas cumplióse fielmente el programa; y las met, de Olmedo, Moreneta en sou, de Nicolau; graves notas de la Bendición, coreadas por los Gozos de Nuestra Señora de Montserrat, y por monjes, dió principio a la colación, servida con fin, el tradicional Virolay, que Su Majestad si¬ arreglo a la lista que, preciosamente impresa guió con tan vivo interés, que, levantado ya de en caracteres góticos, se repartió a todos los co¬ la mesa y, acercándose al grupo de cantores, mensales, y que, gracias a la amabilidad del quiso con el papel de música de ellos en la reverendo Padre Prior, podemos integramente enterarse de todas y mano, cada una de las es¬ reproducir en la presente crónica. trofas." 1 CAPITULO XXXVI La devoción de España a Nuestra Señora de Montserrat La devoción de España a Nuestra Señora de Montserrat estaba ya muy exten¬ dida a mediados del siglo xiii. Esta devoción fué motivada: 1.° Por los grandes milagros obrados por Dios por intercesión de la Santisi- ma Virgen bajo la advocación de Montserrat, de fama universal y propagada especial¬ mente por los catalanes, los cuales, mezclados entre la multitud de peregrinos, visita¬ ban en aquellos tiempos los lugares de Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela. 2.0 Cuando más tarde, o sea a últimos del siglo xv, los Reyes Católicos re¬ formaron el Monasterio, trasladando a Montserrat los monjes benedictinos de Vallado- lid y dependiendo de dicha Congregación; siendo la Comunidad integrada en su mayoría por monjes castellanos hasta principios del siglo xix, en que el Santuario fué saquea¬ do y destruido por las tropas de Napoleón. 3.° Contribuyó también poderosamente a esta devoción, la erección de la Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat, fundada a principios del siglo xiii y propa¬ gada rápidamente primero por toda la peninsula, luego por Europa y después por toda América, estableciendo en todas partes centros de propaganda que fomentaban dicha devoción. Daremos una idea sucinta de la devoción de nuestra Patria a Nuestra Señora de Montserrat, siguiendo dicha trayectoria. 300 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Fueron tan famosos los milagros obrados por Dios, invocando a la Santísima Virgen Maria por medio de esta Imagen Taiimaturga, que desde los Papas, Prelados y Reyes irradiaba su devoción a todo el pueblo cristiano. El gran Papa Bonifacio VIII publicó una Bula, fechada en Agnani, en que ha¬ bla de la devoción de los fieles al Santuario de Montserrat, "a causa de los muchos mi¬ lagros que Dios se complace en realizar por los méritos de la Santísima Virgen Maria". Clemente III (1187-1191), según testimonio de Gregorio XII, habla demostrado su devoción a la Virgen de Montserrat, "célebre por los grandes milagros". El Bey de Castilla Alfonso X el Sabio dedica seis de sus hermosas Cantigas a losmilagros de Nuestra Señora de Montserrat. Dichas Cántigas fueron muy populares en aquella época. En la Cántiga quinta, dice: "Un mui gran miragre — vos direi que me juraron — Omes de boa via". Era tan profunda la devoción del Bey Sabio a la Virgen de Montserrat que, en carta fechada el 9 de noviembre de 1275 dirigida al Prior del Monasterio, decia "que proveerla para que de los bienes del Reino de Murcia se pagase lo que fuera menes¬ ter para la manutención de un clérigo que cantara misas a su intención." No hablemos de los Beyes de Aragón, pues siguiendo la tradición de los Con¬ des de Barcelona y de la rama de los Condes de Urgel, de cuyas dinastías procedían, fue¬ ron todos fervorosos devotos y, por lo tanto, la devoción de los Beyes y de los Papas en aquellos tiempos de fe y adhesión a los Príncipes, irradiaba al pueblo, que, enfervori¬ zado, subía en constantes peregrinaciones al Santuario para adorar a la Virgen Morena. Fué, además, un motivo excepcional para que se extendiera por el resto de Es¬ paña la devoción Nuestra Señora de Montserrat, el hecho de sujetar el Monasterio a a la Congregación Benedictina de Valladolid. Esto fué obra de los Beyes Católicos. Du¬ rante más de tres siglos la mayoría de los monjes de Montserrat fueron castellanos y, por su conducto, la devoción al Santuario se extendió por todas las tierras de Castilla. Tal era la devoción la Virgen de Montserrat cuando la a que, guerra de los segadores, fueron acompañados con todos los honores hasta Aragón cincuenta y cinco monjes, tres escolanes y algunos servidores. Recibidos en Madrid por el Bey Felipe IV, con el apoyo del Monarca fundaron iglesia Monasterio una y un con el nombre de Mont- MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 301 serrat, el cual continuó existien¬ do cuando regresaron después los monjes a la santa montaña; en la actualidad existe todavia. Hemos dicho también que otro motivo de la devoción universal a Nuestra Señora de Montserrat fué la institución de la Cofradía. El 23 de julio de 1223 fué erigida solemnemente y le- s^antándose acta, la Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat. Los ¡3rimeros cofrades que se inscribieron fueron: El Arzobis¬ 2a ofraria Oda cambia angdícal Oda #ofa ^ maria o« montfrat. po de Tarragona, la reina Leonor ❖ de Aragón, Ramón, Abad de Ri¬ poll, Rerengario, Prior de Mont¬ serrat y Bernardo Ferrer, de Va- carisas. Reproducción de la porlada del título de cofrade Más expidió una Bula a favor de los cofrades y, fué tarde, el Papa Nicolás V tal el incremento que tomó la Cofradía que ingresaron en ella Papas, Cardenales, Pa¬ triarcas, religiosos de todas las Ordenes, embajadores, almirantes, gran parte de la no¬ bleza y un número incalculable de fieles. En sus capítulos correspondientes hemos hablado de la profunda devoción a la Virgen Morena del Emperador Carlos I, del rey Felipe II, que imitó el ejemplo de su padre y conservó reliquia las dos velas que sostenia en la mano a la hora de la como muerte; del primer don Juan de Austria, el cual, a su regreso de la batalla de Lepanto, subió a Montserrat y ofreció a la Virgen muchos trofeos, entre ellos la famosa farola I de la nave capitana apresada a los otomanos y que se denominó "la lámpara del Rey ^ Moro", siendo tanta su devoción, que quería pasar los últimos días de su vida en una , de las ermitas de la montaña. 1 1 302 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Testimonio irrecusable de la devoción de España entera a la Virgen de Mont¬ serrat, fueron las ofrendas de toda la nobleza española que desfiló en devotas peregri¬ naciones por el Santuario, constituyendo el gran tesoro que nuestros abuelos extasiados admiraban. Y, para terminar este capitulo y, como resumen de esta devoción de España a Nuestra Señora de Montserrat, reseñaremos brevemente la visita efectuada por nuestro Caudillo, el Jefe del Estado Generalísimo de los Ejércitos españoles, fiel intérprete y y mantenedor de nuestras gloriosas tradiciones y en cuya persona se condensan las verdaderas esencias de la Patria. El 25 de enero de 1942 Su Excelencia llegaba a Montserrat a las siete y cin¬ cuenta minutos de la noche. Aguardábanle alli el Ministro de la Guerra, excelentísimo señor don Juan Va¬ rela; excelentisimo señor Capitán General de la cuarta Región, Teniente General don Al¬ fredo Kindelán; el excelentísimo señor Ministro, Secretario General del Movimiento, don José Luis de Arrese; el Gobernador Civil y Jefe Provincial, excelentisimo señor don An¬ tonio F. de Correa Veglison; el Presidente de la Diputación Provincial de Barcelona, ex¬ celentísimo señor don Antonio María Simarro; el Alcalde de la Ciudad, excelentisimo señor don Miguel Mateu, muchas jerarquías y personalidades de la Banca, Industria y Comercio y un público numeroso. Se congregaron también en Montserrat para saludar al Caudillo todos los Obis¬ pos de la Provincia eclesiástica, provinciales de las Ordenes religiosas y una nutridísima representación del Clero. Con los honores de ritual en las visitas Reales fué recibido Su Excelencia: con vítores, aplausos y una verdadera lluvia de flores. Acto seguido, el Reverendísimo Pa¬ dre Abad dióle a besar la "Vera Cruz" al penetrar Su Excelencia en la Basílica, cantándo¬ se luego un solemnísimo Te Deum. Pasó después al Camarín, postrándose ante la Virgen Morena y, después de re¬ zar ante la Imagen de Nuestra Señora, besó devotamente la mano de la excelsa Empe¬ ratriz de la España católica. I 4 ! MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 303 Seguidamente hubo recepción enla Sala Capitular, donde el abad mitrado Pa¬ dre Antonio María Marcet saludó a Su Excelencia el Generalísimo con un magnifico dis¬ curso, del que entresacamos los siguientes párrafos: "Vemos en Vos el instrumento de la Providencia para devolvernos nuestros templos y bogares y, con ellos, el ejercicio del derecho de cristianos y españoles. "Recordamos, agradecidos, que hace tres años, al impulso de vuestros Ejércitos victoriosos, se abrían las puertas de esta Basílica, treinta meses cerradas, y podíamos re¬ anudar el esplendoroso, tradicional y multisecular culto a nuestra "Moreneta", y nos era dado continuar luego, en la paz del claustro, nuestras tareas culturales y reanudar nuestra vida benedictina. "Y por eso particular, al patentizar nuestros sentimientos de respeto nosotros en y veneración a vuestra persona, nos complacemos en contemplar en Vos al continuador y émulo de los grandes protectores y amigos de Montserrat, los Monarcas españoles, que, casi sin excepción, honraron con su presencia esta casa y, como Vos, dieron su nombre augusto a nuestra cofradía y, como Vos, aceptaron benignamente ser berma- nos nuestros..." (1). vSu Excelencia contestó al discurso del Padre Abad con frases del más profun¬ do sentido cristiano, de acuerdo con las patrias tradiciones. He aquí algunas de sus her¬ mosas frases. "Al venir a visitaros cumplo una tradición de los Jefes de España con la alegría de quien llena un deber al postrarse ante la Virgen que presidió tantas grandezas..." Asi hablaban nuestros Condes y nuestros Monarcas. Su Excelencia, con su esposa y séquito, cenó en el refectorio de los Monjes con el clásico ceremonial y, como en las visitas de los Reyes, cantáronse los laudes y villan¬ cicos. (1) El propio Reverendísimo Padre Abad Marcet fué el portador del título de Hermano Mayor y de las velas de la Buena Muerte que, en Madrid, fueron entregados al Generalísimo. ■1 304 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA A petición del Generalisimo, la Escolania cantó el "Virolay", que fué coreado por todos los presentes. Al día siguiente, asistió al solemnísimo pontifical, en el que actuó de celebrante el Reverendísimo Padre Abad Marcet y luego, entre ensordecedores aplausos de la ingen¬ te multitud, partió para Barcelona, donde recibió el homenaje de la ciudad con el impo¬ nente e indescriptible desfile de cuatrocientos mil productores. Cerramos este capitulo con este magnifico broche de la profundísima devoción del auténtico representante de España a la "Moreneta", a Nuestra Señora de Montserrat. CAPITULO XXXVII LjRS fiestas centenarias AI escribir estas lineas tocan a su fin las solemnisimas fiestas conmemorativas del centenario de la reposición en su trono de la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de i ! Montserrat. ! j para Como quiera que este libro se ha escrito con motivo de estas fiestas jubilares, estimular la devoción de los fieles, divulgando el nombre de Montserrat, hemos creído indispensable, para perenne recuerdo de la posterioridad, consignar en estas pᬠginas una reseña, siquiera sea sucinta, de estas solemnidades religiosas que se han cele- f brado con toda pompa y esplendor, como en los mejores dias de su historia milenaria. Antes, sin embargo, daremos una mirada retrospectiva y referiremos las in- ' teresantes circunstancias que rodearon al hecho histórico que se ha conmemorado. Montserrat, desde la nefasta exclaustración de 1835, estaba huérfano. Aquella desolación abrasaba las entrañas de los dispersos monjes y de los fieles devotos de la Reina de la Montaña Santa, también fugitiva de su Palacio. Pacificados los ánimos después de los trastornos sufridos durante la guerra de los siete años, los devotos de la "Moreneta" comenzaron a organizar romerias a par¬ tir del año 1840; pero su tristeza y decepción eran indescriptibles al no encontrar la amada Imagen ni a sus guardianes seculares, los monjes. Montserrat, sin la Sagrada Imagen ni la Comunidad benedictina no les decia nada, y los peregrinos volvian a sus hogares embargados de profundisima pena, al • 20 1 306 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA recordar los esplendores del pasado y contemplar la desolación presente convertido el glorioso Santuario en informe montón de ruinas. Aunque el Padre Jacinto Boada, antiguo Maestro de Capilla, el lego fray José Campderrós y un escolán, procuraban conservar el fuego sagrado del culto a la Vir¬ gen, aquel contraste amargaba aún más el corazón de los católicos. Las peticiones de la reposición de los monjes en el Monasterio y de la bendita Imagen en su trono, eran tan constantes y llegaron a ser tan clamorosas, que el Go¬ bierno no pudo menos que concederla. El excelentísimo e ilustrisimo Obispo de Barcelona, don Pedro Martinez de San Martin se puso al frente de este movimiento de opinión para el restablecimiento inte¬ gral del Real Santuario y convocó a los monjes para que, aun con las restricciones que imponía el Gobierno sobre el número de religiosos, volvieran a su Monasterio. Respecto a la Sagrada Imagen y su reposición en su Trono, el problema no era de tan fácil solución, pues se ignoraba su paradero. Sólo la presencia del Abad Padre José Blanch, que se había retirado a Palermo, podia dar alguna luz. El venerable Abad, a pesar de su avanzada edad, acudió presuroso al llama¬ miento del Obispo, reunió algunos monjes, cuyos nombres citamos en otro capitulo, y descubrió dónde estaba oculta la Sagrada Imagen, pues don Pablo Padrosa Jorba, que la tenía escondida en su "masía", había jurado al Padre Blanch guardar un secre¬ to absoluto sobre el lugar en donde la tenia oculta, y de tal manera cumplió su jura¬ mento, que ni siquiera lo reveló a sus propios familiares. La feliz noticia corrió como un i-eguero de pólvora por todo el Principado y la alegria de los católicos fué indescriptible. Organizóse para el dia 8 de septiembre del año 1844 una extraordinaria romeria a Montserrat, donde se celebraría con gran so¬ lemnidad la reposición en su trono de la Soberana de la Montaña Santa. Con asistencia del mencionado Obispo de Barcelona y de otras autoridades y de un innumerable concurso de fieles de todas clases y condiciones (1), se celebró un so- (1) Algunos escritores hacen ascender a 40.000 el número de fieles que acudieron a Mont¬ serrat, lo que, dado la escasa densidad de población de entonces y las malas comunicaciones, supone un entusiasmo y un fervor unánimes en el país. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 307 Grabado de G. Langlois Batalla del Coll del Bruch lemne oficio Pontifical, cantándose la misa por una capilla de música, compuesta por aficionados de Barcelona y predicando el ilustre Canónigo de la Colegiata de Santa Ana de la misma ciudad, don Alberto Pujol (1). Es imposible describir, nos dice Cornet y Más, testigo presencial de aquella memorable jornada, el entusiasmo que causó a aquella apiñada multitud la nueva apa¬ rición de la venerada Imagen de Nuestra Señora de Montserrat en su antiguo camarín, entusiasmo que se desbordó — añade — al permitirse besar la soberana mano que, por espacio de nueve años, permaneciera oculta. La Virgen Morena había recobrado su Palacio, Montserrat ya no estaba huér¬ fano. : - (1) Era tal la pobreza del Monasterio, que el Temo lo prestó la Parroquia de Esparrague¬ ra; la Virgen llevaba una corona de hojalata y los monjes, por falta de cama, hubieron de dormir sobre la paja. 308 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Han transcurrido cien años, pomposamente llamados de progreso; pero la his¬ toria los calificará en su día de los más sombríos y calamitosos que ha sufrido la huma¬ nidad. Revoluciones y guerras terriblemente asoladoras culminadas en la hecatombe apocalíptica que presenciamos. Lo que el cronista Argáiz decía de Montserrat en el siglo x, a la sazón rodea¬ do de sarracenos "que medio de los alfanjes espadas de en y moros y cristianos, la Imagen de María miraba muy alto y a lo seguro, los peligros en que andaban unos y otros", con muchísima más razón podemos afirmarlo en estos momentos de suprema ansiedad en gracias a la visible protección de María, estamos al margen de la es¬ que, pantosa catástrofe que asuela al mundo, y la España católica, con su inmenso patrimo¬ nio espiritual, sigue impávida su misión ecuménica, señalando al mundo el camino a seguir, si quiere evitar el colapso total de los valores humanos. Gracias a esta pazinapreciable de que, 23rovidencialmente gozamos, han podido celebrarse con todo esplendor las fiestas centenarias de la reposición de la Santa Ima¬ gen en su Trono. Su Santidad el Papa, en prueba de su amor al Santuario Mariano y en su deseo de acrecentar cada vez más la influencia de cristiana piedad que Montserrat ejer¬ ce entre los pueblos de España, concedió un extraordinario Jubileo. Esta riqueza de bienes espirituales ha sido aprovechada por los fieles, durante el jubileo han pues acu¬ dido a Montserrat numerosísimas peregrinaciones de Cataluña y de otras provincias de España, preparatorias de la grandiosa concurrencia que se ha congregado recientemente en Montserrat para asistir a las fiestas centenarias. COMIENZAN LAS SOLEMNIDADES RELIGIOSAS El día 7, la víspera de la festividad, Montserrat estaba lleno hasta rebo¬ o sea sar; todas las celdas ocupadas, los hoteles atestados, alojándose en ellos doble número de los normales. Se encontraban ya por la mañana cinco Obispos; los de Madrid-Alcalá, Rarcelona, Lérida, Tortosa y Teruel. A las once cincuenta salieron y procesión solemne dichos Prelados, el abad en Padre Marcel, el abad Coadjutor Padre Escarré, el abad de Santa Cecilia, Padre Suñol, el abad de Sengeberger (Portugal), Padre Carvalho, seguidos de la comunidad del Monas¬ terio y la Escolania y de muchísimo público, dirigiéndose a la Rasílica, en donde ocu¬ paron los Obispos, sitiales de honor en el jjresbiterio. MONTAÑA 311 MONTSERRAT, SANTA El la misa de Pontifical, interpretándose la del Obispo de Barcelona celebró maestro Català por la Escolania y la Comunidad. Se cantaron motetes de "Victoria". Después del Pontifical, el doctor Modrego entonó el "Te Deum" en acción de gracias por la celebración del Centenario. A las tres y Nuncio de Su San¬ media de la tarde llegó el excelentísimo señor tidad, en representación del Papa, siendo recibido con la solemnidad de ritual por los Abades y la Comunidad y vitoreado con entusiasmo por la multitud. A las seis y media llegaba el Ministro de Justicia, excelentísimo señor don Eduardo Aunós, que ostentaba la representación de Su Excelencia el Jefe del Estado, acompañado del Director general de Registros, litre, señor don José Maria Porcioles, la esposa del señor Ministro, su sobri¬ na y otras personalidades. El excelentísimo señor Mi¬ nistro fué recibido a la puerta de la Basílica por la Comunidad mont- serratina, presidida por los tres Abades. El ])ÚblÍCO, que llenaba 1'^ Llegada del Excmo. Sr. Ministro de justicia plaza, ovacionó al representante del Caudillo, entrando el Señor Ministro en la iglesia a los acordes del Himno Nacional, ocu¬ pando sitial de honor en el Presbiterio, frente a la silla del Padre Abad, mientras la un ?]scolanía cantaba una Salve. Luego, acompañado de los tres reverendísimos abades, su¬ bió al camarín con su comitiva a venerar la Imagen de la Virgen, a los pies de la cual, es¬ tuvo arrodillado largo rato. RECEPCION EN LA SALA CAPITULAR Después de la visita a Capitular el acto Nuestra Señora se verificó en la Sala solemne de recepción, donde después del canto de una antífona, según el ritual mo¬ nástico, el reverendísimo Padre Abad Antonio María Marcet dirigió al representante del Jefe del Estado un magistral discurso glosando la antífona "Suscepimus, Deus, mi- 312 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA sericordiam tuam" que se acababa de cantar como salutación al representante del Cau¬ dillo y recordó que besaron la Sagrada Imagen y ante la cual se postraron con los más grandes Santos españoles, nuestros más glorisos Principes y Reyes. Se congratuló de que el nuevo Estado reconociera la importancia de la conservación de la vida monástica en el suelo patrio, como propulsora del bien espiritual del pueblo, favoreciendo, por otra parte, el progreso intelectual artístico y, por lo tanto, promoviendo la verdadera civili¬ zación de la sociedad. Terminó con estas palabras: "Excelentísimo señor: Montserrat, deseando hace¬ ros participante del júbilo en que rebosa, os agradece hayáis venido vos mismo a que completarlo y, en vuestra persona lo agradece a Su Excelencia el Jefe del Estado. Asi pues, cuando terminadas estas fiestas regreséis a su lado, llevadle con la maternal ben¬ dición de la Virgen de Montserrat, que fervorosamente para él impetramos, el testimo¬ nio de la más sincera gratitud de esta Comunidad benedictina y de todos los devotos de la Virgen Morena; decidle y que mientras él con mano firme y brazo esforzado, dirige en estos difíciles tiempos la del Estado nave por las rutas de la paz, en Montserrat re¬ side una Comunidad de monjes benedictinos, que se esfuerza en ayudarle constante¬ mente con sus oraciones y que, a través de profesión monástica su y de la misión sa¬ cerdotal que le ha confiado la Iglesia, tiene el anhelo de trabajar por el engrandeci¬ miento de España. Contestó el señor Ministro, agradeciendo las frases de adhe¬ sión al Caudillo y a su obra inapre¬ ciable de España de los apartar a horrores de la guerra; hizo una bri¬ llante apología de la Orden Bene¬ dictina, enalteciendo la vida mo¬ nástica como elemento de primer orden para el resurgir del mundo; y, después de hacer un magnífico resumen histórico del milenario Santuario, centro de la devoción de " - ¡lEspaña en los siglos de oro de nues¬ tra historia, aludió a la presencia del Nuncio de Su Santidad y terminó diciendo: "un lenacimiento de la fe y un reconocimiento cada más vez explícito de la soberanía espi¬ ritual del Papa serán las más seguras promesas de un mundo mejor." MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 313 LAS GRANDES SOLEMNIDADES DEL DIA 8 DE SEPTIEMBRE DE 1944 Montserrat presentaba un aspecto brillantísimo como pocas veces se había visto. Un sol espléndido brilló todo el día, sin que una sola nube ensombreciese la transpa¬ rente bóveda celeste, cosa rarísima en aquella Montaña, como si el cielo hubiera queri¬ do asociarse a las fiestas que la tierra dedicaba a la Imagen de la Soberana del Empí¬ reo, entronizada en la Montaña Santa. Todo el recinto del Monasterio se hallaba completamente lleno de fieles, ve¬ nidos de las más lejanas comarcas de Cataluña y de otras partes de España. La carre¬ tera que da acceso al Cenobio hallaba engalanada con banderas y gallardetes. Los se edificios de las hospederías lucían colgaduras con los colores nacionales y pontificios. La fachada principal, en construcción, se hallaba engalanada con magnifices tapices, ondeando en ella la bandera nacional y las del Movimiento. Asimismo la monumental "Torre del Abad", aún en construcción, aparecía cubierta con grandes banderas nacio¬ nales. El claustro interior presentaba igualmente un magnifico aspecto, con ricos tapi¬ ces en sus balcones el patio cubierto con una hermosísima alfombra de flores, en la que se destacaba el escudo de Montserrat. Si en el exterior del Santuario el espectáculo era deslumbrador, el interior de la basílica producía impresión verdaderamente fantástica luciendo sus mejores ga¬ una las. Todos los altares, especialmente el altar mayor, estaban materialmente cuajados de flores, que exhalaban un delicado perfume; la Sagrada Imagen de la "Moreneta" esta¬ ba totalmente rodeada de flores blancas. A las diez de la mañana, procedente de Barcelona, llegó una Compañía de Ho¬ nor del Cuerpo de Ejército de ürgel y formó junto la fachada principal. El Goberna¬ a dor Militar, excelentísimo señor don Antonio Lafuente, acompañado del señor coronel Puig, pasó revista las fuerzas. Fueron llegando el Alcalde de Barcelona, excelentísimo a señor don Miguel Mateu, el excelentísimo señor Presidente de la Diputación Provin¬ cial de Barcelona, don Luis Argemi, Alcaldes y Presidentes de las otras provincias cata¬ lanas y otras autoridades y jerarquías. A las once menos cuarto llegó el representante de Su Excelencia el Jefe del Es¬ tado y Generalisimo de los Ejércitos, excelentísimo señor Ministro de Justicia, don Eduardo Aunós, quien iba acompañado del excelentísimo señor Capitán General de la cuarta Región, el laureado Teniente General don José Moscardó, del gobernador civil y 314 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA Jefe Provincial del Movimiento, excelentisimo señor don Antonio de Correa Veglison, del Director General de Registros, ilustre señor don José María Porcioles y otras auto¬ ridades. El enorme gentío allí congregado tributó una gran ovación al representante de S. E., quien pasó revista a las fuerzas encargadas de rendir honores. SOLEMNE PONTIFICAL Acto seguido se celebró un solemnísimo Pontifical, en el que ofició el Nuncio de Su Santidad. La gran Basílica estaba totalmente llena de fieles y para los que no tuvieron cabida en ella, potentes altavoces les transmitían los cánticos litúrgicos, y la vibrante pa¬ labra del Dr. Modrego al panegirizar a la Soberana de la Montaña Santa. El presbiterio ofrecía un espectáculo majestuoso, imponente. El Nuncio de Su Santidad ocupaba el trono y, frente a él, en un sitial colocado al lado de la Epístola, se sentó el señor Mi¬ nistro acompañado del Director General de Registros, señor Porcioles y un monje. A ambos lados del altar, se colocaron los pre¬ lados que asistían a las fiestas del Centena¬ rio, o sean los Obispos de Madrid - Alcalá, Barcelona, Lérida, Teruel, Vich, Gerona, Tortosa, Seo de Urgel, Tribuna, el Adminis¬ trador Apostólico de Tarragona, el Obispo proconizado de Segorbe, el Abad de Senge- berger (Portugal), el Abad de Sainos y los Priores de los monasterios de Poblet, Valva- nera y Lazcano. La Comunidad benedictina ocupa¬ ba el coro, presidida por los reverendos aba¬ Solemne pontifical des Marcel, Escarré y Suñol. MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 315 Frente al altar mayor, en lugar preferente, se situaron los ex¬ celentísimos señores Capitán Gene¬ ral, don José Moscardó; Gobernador Civil, don Antonio de Correa; alcal¬ de Barcelona, don Miguel Mateu; Presidente de la Diputación provin¬ cial de Barcelona, don Luis Argemi; Gobernador Militar, don Antonio Lafuente; Alcaldes, Gobernadores y Presidentes de las Diputacio¬ nes de las restantes provincias ca¬ talanas; Delegado de Hacienda, señor Laborda; Procurador en Cortes, señor Garcia Ri¬ bes, y el ayudante de campo del General Moscardó, teniente coronel, señor Moreno. A continuación se hallaban el Cuerpo de la Nobleza, Alcaldes de la provincia de Barcelona y diversas personalidades, entre las cuales recordamos al ex alcalde de Barcelona, señor Maynés; Comisario del Patrimonio Artístico, señor Monreal; Director de Museos, señor don Javier de Salas, don Octavio Saltor; Presidentes de las Cámaras de Comercio y de la Industria, señores Llopis y Maristany, el secretario particular del Alcalde de Barcelona, señor Alós y el del Presidente de la Diputación Provincial, señor Pascual del Povil, el escultor señor Marés y muchas otras que sentimos no recordar. Luego seguían los Caballeros del Santo Sepulcro, presididos por el señor de Pe- ray, Orden de San Juan de Malta y una nutrida representación del Clero secular y re¬ gular. ■ El Obispo de Barcelona ocupó el piilpito y pronunció un elocuentísimo ser¬ món. Evocó el 8 de septiembre de 1844, cuando, entre una inmensa multitud de fieles, se reponía en su trono a la Virgen Morena, contrastando aquella grandiosa manifesta¬ ción de fe y devoción con la desolación que presentaba el Santuario y su culto. Historió la restauración de Montserrat, trazando un paralelo entre la parte material del Templo y edificios anexos y el crecimiento espiritual de la obra religiosa y cultural que realiza el Real Santuario, de cuyo resurgimiento debemos dar gracias a la Celestial Señora, y terminó ese hermoso panegírico con una fervorosa súplica por el Papa, por España, por Cataluña y por la diócesis de Barcelona. 316 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA La Escolania, bajo la segura batuta del Padre Aurelio Ferrer, interpretó admi¬ rablemente durante el Oficio Pontifical el "Kiries" y "Gloria" de Giner, el "Credo" de la misa del Papa Marcelo de Palestrina y el "Agnus Dei" del Padre Angel Rodamilans, monje montserratino. Durante el Ofertorio se cantó la antífona "Nigra Sum" de Palestrina, En el momento de la Elevación, que fué de una emoción indescriptible, la ban¬ da de música del Regimiento de Jaén, ejecutó el Himno Nacional. El Nuncio de Su Santidad dió los fieles la Bendición a Papal al terminar el so¬ lemne Pontifical. LA PROCESION Seguidamente seorganizó una solemnísima procesión, que recorrió las plazas del Monasterio. La Sagrada Imagen fué descendida de su Trono, ayudando a ello en este emocionante acto, un biznieto de don Pablo Padrosa Jorba, que en 1835, la ocultó en su "Masia". La procesión se organizó en el orden siguiente: Atributos de la Basilica, personalidades y representaciones, Caballeros del San¬ to Sepulcro, Clero, Ordenes religiosas. Comunidad montserratina presidida por los re¬ verendísimo abades Padres Marcel, Escarré y Suñol; seguidamente la "Moreneta" sobre andas, que eran llevadas por monjes, bajo palio y las varas, por concesión especial del Padre Abad, por miembros del Real Cuerpo de la Nobleza, antiguo brazo militar del Principado, excelentísimos señores marqués de Sentmenat, conde de San Miguel de Cas¬ tellar, don Joaquín de Sarriera, don José Maria Ponsic, el barón de Segur y don Carlos de Trav3^ Seguían a continuación el Nuncio de Su Santidad, Obispos, Autoridades y final¬ mente el señor Ministro. El momento de aparecer la "Moreneta" en la plaza fué de intensa emoción. Le MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 317 fueron rendidos honores de Capitán General con mando en mientras la banda plaza, y, militar interpretaba el Himno Nacional, la multitud prorrumpia en delirantes ovacio¬ nes, cantando el "Virolay" y arrojando una lluvia de flores, que alfombraron material¬ mente el paso de la procesión. I Tan tierna y profunda era la emo¬ ción, que a muchas personas se les saltaban las lágrimas. El paso de la "Moreneta" por las plazas del Monasterio constituyó algo indes¬ criptible. Desde los balcones y ventanas, de todos los sitios, llovían las flores, mientras la multitud enardecida prorrumpia en ce¬ rradas ovaciones y en clamorosos gritos de vivas a la Virgen de Montserrat. A las dos y cuarto terminaba la triunfal manifestación religiosa, entrando de nuevo en su Palacio la Reina de la Montaña Santa y, mientras la banda militar inter¬ pretaba el Himno Nacional, la enardecida muchedumbre de fieles cantaba con toda la fuerza de sus pulmones el "Virolay" y volteaban alegres las campanas. Fué también un momento de indescriptible emoción. OTROS ACTOS A las dos y media, la Comunidad de Montserrat ofreció un almuerzo al señor Ministro, Autoridades y personalidades que habían asistido a las funciones religiosas, que fué servido en el refectorio del Monasterio. Al final de la Escolania cantó magistralmente unos "Laudes", compuestos ex¬ presamente para esta fiesta. En los claustros fué servido el café, amenizando el acto la Escolania con escogidas piezas musicales, que fueron acogidas con grandes aplausos. 318 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA La procesión A las siete y media de la tarde cantó el Rosario se y Solemnes Vísperas Ponti¬ ficales, finalizando con la clásica Salve. El entusiasmo y devoción de los fieles que llenaban completamente el templo no disminuyó ni un solo momento, hasta finalizar todos los actos. La organización de los actos referidos, que se verificaron en sus más nimios detalles, sin el menor incidente y con matemática precisión, corrió a cargo de la ofi¬ cina de ceremonial de la Diputación provincial de Barcelona, bajo la dirección personal de su jefe, don José Pascual del Povil. Durante la Octava se celebraron diversos Pontificales por los Prelados que se encontraban en Montserrat, ocupando el púlpito los oradores más notables del clero secular y regular, y llenando cada día la amplia nave de la Basilica el gran número de fieles que asistieron a las funciones del octavario. Después el clero de la Provincia Eclesiástica Tarraconense organizó una ro- 319 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA mería, compuesta exclusivamente de sacerdotes para ganar el Jubileo, y entre los di¬ versos actos que se celebraron, queremos destacar la notable conferencia que el Abad de Santa Cecilia, Padre Suñol, dió sobre el tema de alta liturgia: "Misión de alabanza de la Virgen Santísima a Dios Padre". Al terminar la magistral conferencia, la Escolania interpretó una bellísima an¬ tífona alusiva al espíritu de la disertación, siendo celebradísima por todos los asistentes. El día 29, fiesta de Cristo Rey, la diócesis de Barcelona hizo una grandiosa ro¬ mería a Montserrat, la que fué presidida por el excelentísimo señor Obispo, doctor Mo¬ drego Casaus. Entró el Obispo la Basílica, escoltado por centenares de estandartes de las en entidades católicas de la diócesis, siendo recibido por el sacristán mayor. Padre Fran¬ quesa. Celebró de Pontifical, el doctor Modrego y ocupó la Sagrada Cátedra el canónigo de la Catedral de Barcelona, doctor Luis Urpi. La Basílica estuvo totalmente llena de peregrinos en todos los actos que se celebraron. El díaprimero de noviembre, festividad de todos los Santos, se celebró la so¬ lemne clausura del Año Jubilar. Por la mañana hubo Comunión general, misa de Pon¬ tifical e, procesión, por las plazas del Monaste¬ inmediatamente después, fué llevada en rio, la pequeña Imagen de la "Moreneta", ante la cual rindieron culto por espacio de nueve años un monje, un hermano lego y un escolán, siendo portantes monjes, legos y escolanes. Después de la procesión se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias por los ubérrimos frutos espirituales que habla producido el Año Jubilar, ganándose por última vez colectivamente el Jubileo. La muchedumbre de fieles que asistió a estos actos dió un brillante remate a las fiestas Jubilares. Hemos reseñado en sus perfiles generales, las solemnísimas fiestasdel Cente¬ nario, con motivo de la reposición en su Trono, que se han celebrado en honor de Nues¬ tra Señora de Montserrat. 320 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El homenaje tributado a la Virgen Morena ha revestido el carácter de nació- nal por la asistencia del representante del Jefe del Estado y del Obispo de Madrid-Alcalá, además de los Obispos del Principado y de otras diócesis. La presencia del Abad portugués. Padre Carvalbo, significó la adhesión de la nación hermana que, en tiempos imperiales, fué también devotisima de Nuestra Seño¬ ra de Montserrat; y de Montserrat fueron a reformar los monasterios benedictinos de Portugal los monjes Padre Chaves y Padre Plácido Villalobos, tan a satisfacción de los benedictinos portugueses, que, a su tiempo, fueron elegidos Generales de la Congre¬ gación. Por fin, la asistencia del Nuncio de Su Santidad le ha dado a esta clamorosa manifestación de piedad y devoción toda su significación ecuménica, reivindicándose para la Virgen Morena la denominación con que nuestros gloriosos antepasados la de¬ signaban de Emperatriz de las Españas como auguraba, en un reciente escrito, el ilustre monje montserratino, Padre Isidro Maria P'onoll, con estas palabras: "Con esta solemne conmemoración centenaria Montserrat vuelve a recuperar,siquiera sea externamente, el sentido universal de su historia dentro de la de España, cuando reyes, principes y magnates de la época impjrial, consideraban a la Virgen Morena como Emperatriz y a su Cenobio como casa solariega de España" (1). ' Las Autoridades civiles y militares, la Nobleza y las más genumas representa¬ ciones económicas, artísticas y literarias, estuvieron a la altura del elemento eclesiástico. Y el pueblo, la gran masa de fieles, Jia respondido con un fervor y un entu¬ siasmo indescriptibles, patentizando una vez más que Montserrat ha sido, es será el y nexo de la más íntima unión con la católica España, nación mariana por excelencia y, que, al renacer vigorosamente la sana, la auténtica tradición, forzosamente Montse¬ rrat debe ser el centro de convergencia de su religiosidad. El 8 de septiembre de 1944 marcará el principio de una nueva era de esplen¬ dor, del que fué y vuelve a ser ya, el gran Monasterio y Real Santuario de Montserrat. (1) En un artículo publicado en la prensa de Barcelona con el titulo de "Las fiestas Ju¬ bilares de Montserrat". CAPITULO XXXVIII Montserrat del porvenir Hemos historiado el Monasterio de Montserrat desde las penumbras de la leyen¬ da hasta nuestros dias; desde la insignificancia de un minúsculo Priorato sujeto al gran Monasterio de Ripoll, hasta constituir la primera Abadia benedictina de España, con ta¬ les expansiones en el exterior,parecía un Abadiazgo, sino un sector notable de la que no gran Orden monástica con esplendor y pujanza tal que eclipsó a los más célebres Ce¬ nobios benedictinos consagrados por su fama y por su venerable antigüedad. Montserrat antes de su destrucción, podia rivalizar con el propio Monte Cassino, cuna gloriosa de la Orden y relicario de sus más preciadas grandezas. Monte Cassino no existe. La guerra asoladora que sufre la humanidad, y que está convirtiendo en pavesas la herencia de muchos siglos no ha respetado el recinto sa¬ grado que encerraba los más preciosos tesoros de la más venerable de todas las Ordenes religiosas. De los 37.000 Monasterios que llegó a tener la Orden de San Benito, no sabe¬ mos han sobrevivido al embate de los tiempos; pero sí podemos afirmar que los que Montserrat, después de su total destrucción, no sólo ha vuelto a la vida, sino que ha re¬ surgido más pletórico que nunca, Cúmplense ahora cien años cuando el Abad Blanch despejó los escombros, dejando al Abad Montadas preparado el terreno para un resurgir rápido y esplen¬ doroso. 324 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA El Abad Deás completó la obra del Abad Muntadas, restaurando totalmente el Santuario. Tocaba al Abad, P. Antonio Marcet, la misión cumbre de convertir a Montse¬ rrat, en todos sus aspectos, en el primer Monasterio benedictino del mundo. Hemos dicho en todos sus aspectos, porque al Montserrat benedictino hay que considerarle desde tres puntos de vista: El Santuario y su culto, el Cenobio como centro de actividades culturales y de perfección espiritual, y, por fin, la parte material de su recinto. A pesar de que durante su gobierno han ocurrido los más terribles trastornos en el orden religioso la historia, ha sido más que conoce no que un eclipse efímero de la obra imperecedera del Abad Marcet. El culto y devoción a Nuestra Señora de Montserrat han recobrado toda su pujanza. La Comunidad es un modelo de observancia. La liturgia, la música sacra im¬ primen las funciones religiosas una majestad y magnificencia no superadas a en nin¬ guna Basílica de España y comparable con las más famosas del Orbe. Como centro de cultura, difícilmente se hallaría otro Monasterio que acopla¬ ra más valores intelectuales dentro del marco de las actividades claustrales. La Teolo¬ gía, la Hermenéutica, la Filología, la Historia, la Filosofía, la Literatura, la Arqueología, la Liturgia, la Música, etc., están representadas por ilustres monjes especializados. Completan los elementos culturales el Museo Bíblico y Arqueológico, Pinaco¬ teca, etc., y sobre todo la nutrida y selecta Biblioteca (1). Todo ese potencial científico, literario y artístico es obra del genio creador e incansable del Padre Abad Marcet. Consciente del caudal de conocimientos que los tiemp^""- presentes exigen del (1) Un simbólico monolito nos representa los primeros ISü.üOÜ volúmenes que encierra este templo de la ciencia. 326 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA clero católico, envió la estudiosa juventud moutserratiua a los centros docentes más famosos de Europa para que, lo mismo las discq^linas básicas, en que en las auxiliares, tuvieran una preparación amplia y completa. El Colegio de San Anselmo de Roma, la Universidad Católica de Salzburgo, las Universidades de Viena, Munich y Bonn, las Academias litúrgico-monásticas de Ber- non y Solesmes, las Escuelas Bíblicas y Arqueológicas de Roma, de Estudios orientales de Jerusalén y otros centros de investigación, fueron los manantiales donde la afanosa juventud montserratina sació las ansias del saber, estimuladas y acuciadas por el Pa¬ dre Marcet. De esta suerte esos monjes, sólidamente formados con laampliación de estu¬ dios e investigaciones en los mejores gimnasios, archivos y bibliotecas del mundo, al regresar al Cenobio montserratino con ese ingente bagaje de conocimientos, recogido con sabio sincretismo del inmenso acervo que registraron a su paso por aquellas aulas, museos, etc., han constituido ese núcleo de hombres competentes que han elevado al Monasterio a la altura de los mejores centros de cultura de nuestra Patria en sus espe¬ cialidades, destacándose ya verdaderas eminencias, como el musicógrafo y Prefecto del Instituto Pontificio de Música Sagrada de Roma, Reverendisimo Padre Abad dom Gre¬ gorio M. Suñol; el exégeta Director de la "Biblia de Montserrat", Rdo. Padre dom y Buenaventura Ubach; el historiador y Prefecto de la Biblioteca Apostólico Vaticana, Reverendo Padre dom Anselmo M. Albareda, etc. Paralelamente a ese resurgir y florecimiento en el orden cultural, y siguiendo la misma marcha ascensional, han llevado cabo y se a están en curso trascendentales re¬ formas y nuevas construcciones. Desde el principio de su gobierno, el Abad Marcet acariciaba la idea de levantar una fachada, digna de la residencia de la Reina de la Montaña Santa; pero las pertur¬ baciones que ha sufrido España desde un cuarto de siglo, le hicieron desistir de su pro¬ pósito. Fué después de la Cruzada cuando los monjes sintieron la necesidad inaplazable de su construción, en consonancia con la grandiosidad de la Basilica. A pesar del quebrantado estado de su salud, acogió el P. Abad el unánime 327 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA pensamiento de los monjes y encargó a su ilustre discípulo, el Abad Coadjutor, Padre Aurelio M. Escarré, la realización de tan magno proyecto. El escudo abacial puso el lema "Propter Do- joven Abad Escarré, que, en su mum Domini", pasará a la historia montserratina como digno émulo del gran Abad Garriga. Ha dado tan formidable impulso a las obras, que, al cabo de un año escaso de comenzados los trabajos, se perfilan las características de la soberbia construcción y se yergue ya adelantadísima la esbelta y majestuosa "Torre del Abad" levantada a la derecha de la monumental fachada, verdadera joya déla arquitectura religiosa moderna. El autor del barcelonés, don Francisco Folgue- proyecto es el ilustre a xjuitecto ra, y todo hace presumir que la obra quedará terminada en 1947. El estilo adoptado es el neoclásico moderno, armonizado con la excepcional configuración de la Montaña. Para que el lector se pueda formar una idea aproximada de la monumentali- dad de las nuevas construcciones, consignamos algunos detalles referentes a los dos cuerpos del edificio. La Torre del Abad. — Tendrá una altura de cincuenta y nueve metros desde el nivel de la carretera, y metros. En el estará rematada por una galería de unos nueve centro de la galería se consagrará un altar. El perímetro de esta grandiosa torre será igual al coro de la Basílica. La silueta de esta torre constituirá, en lo porvenir, la carac¬ terística más destacada y diferencial del gran Cenobio. La Fachada. — La gran fachada levanta sobre unos arcos, restos de la que se antigua portada y que dará acceso al Santuario, será otro magnífico cuerpo. Cinco gran¬ des arcos darán entrada al Monasterio y constará de tres pisos. El primero será destina¬ do alas salas de recibir. El principal tendrá tres grandes balcones y, desde donde, el Abad bendecirá a los peregrinos en las grandes solemnidades. En él habrá el salón de recepciones oficiales; de piedra picada sus paredes, que le darán la regia suntuosidad de las famosas salas cenobiales de la Edad Media. El piso superior lo dedicarán a sala de conciertos. Tanto la fachada como la "Torre del Abad", serán construidas con piedra de Montserrat que, pulimentada, ofrece hermosos colores jaspeados, MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 329 El presupuesto de las obras referidas se eleva a cuatro millones y medio de pesetas. LA HOSPEDERIA INTERIOR A pesar del esfuerzo gigantesco que suponen las obras referidas, no para aqui el pensamiento del P. Escarré. Se derribará el pabellón actual de San José para levantar un espléndido edifi¬ cio de varias plantas destinado hospedería interior. Formará ángulo recto con la fa¬ a chada, y servirá para alojar huéspedes ilustres, cursilistas y ejercitantes. Las habitaciones estarán dotadas del máximo confort; habrá un magnífico co¬ medor y una hermosa capilla para los ejercitantes. En el centro se reconstruirá el claustro gótico, la belleza de cuyos restos admi¬ ramos, lo que le dará a esta hospedería el místico ambiente cenobial. Se calcula que, en otros tres años, será terminada esta obra importantísima. OTRAS HOSPEDERIAS Y GRANDIOSO HOTEL El grandioso plan de reformas proyectadas afecta también a los antiguos apo¬ sentos de "San Alfonso", que también serán derribados, para dar paso a otra hospede¬ ría, debidamente acondicionada. También se reformarán los aposentos llamados del "Venerable", pero se con¬ servarán las habitaciones donde murió el famoso fray José de San Renito y de esta suerte no sufrirán menoscabo los valores espirituales e históricos que encierra el vene¬ rando edificio (1). (1) En diversos lugares de este libro nos ocupamos de este hombre extraordinario. Serra y Postius, que le había conocido y tratado en la intimidad, dice del Venerable lego montserratino "que fué un varón de los más opinados en santidad y saljiduria que tuvo Cataluña en su tiempo, que se cree tuvo por Maestro al Espíritu Santo. Escribió varios tratados escolásticos, expositivos y mis- ticos, que se imprimieron en Madrid, año 1725, y, en menos de diez años, se hicieron tres impresiones numerosas" (Serra y Postius. "Historia de Nuestra Señora de Montserrate". Parte 4.^. Cap. XIV). 330 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA A continuación de la magnifica Iiospederia, llamada del "Abad Oliva", inaugu¬ rada este verano, se levantará un nuevo y grandioso Hotel Restaurante con habitacio¬ nes para doscientas personas, y con un comedor capaz para seiscientos comensales. Habrán habitaciones de varios tipos, para que esté al alcance de todas las fortunas. Estas obras, según nuestros informes, van a ser emprendidas inmediatamente. OTRAS IMPORTANTES MEJORAS Las obras y proyectos a realizar que acabamos de reseñar, tendrán un digno y adecuado complemento con otras mejoras, que el incansable P. Escarré, tiene en cartera. Serán reformados los jardines de la "Fuente del Portal", dándoles mayor am¬ plitud y belleza, en el centro de los cuales, se levantará una egregia estatua de Alfon¬ so X, el Sabio, cantor eximio de Nuestra Señora de Montserrat. Finalmente se reconstruirá el camino de San Miguel, donde se emplazarán las estatuas de los Fundadores que han visitado Montserrat, siendo costeadas por las res¬ pectivas Ordenes Religiosas. Dado el ritmo que se imprime la construcción, dudamos en no que este gigan¬ tesco proyecto de reformas será una realidad en un futuro próximo, y que la genera¬ ción presente podrá contemplar en toda su magnificencia esa obra genial del Padre Escarré. Que la Santísima Virgen bendice los esfuerzos y sacrificios de los monjes nos lo demuestra palpablemente el apoyo entusiasta que ha encontrado en la opinión cató¬ lica. Todos losAyuntamientos de la provincia de Barcelona han votado cuantiosas sub- . venciones para las obras. También han respondido con sus aportaciones entidades, em¬ presas y el pueblo (1). (1) Contaba el P. Fonoll a nn corresponsal de "El Correo Catalán" el caso de una modesta obrera que, al iniciarse las obras, envió al Padre Sacristán todos sus ahorros que tenia recogidos en la Caja de Pensiones; y de unos obreros que, por Navidad, se desprendieron integramente de sus agui¬ naldos para ofrecerlos a la "Moreneta". Eso es verdaderamente consolador. ¡Aun hay fe en Israel! MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA 331 A grandes rasgos hemos expuesto el Montserrat presente que aquellos buenos monjes y pueblo fiel de cien años atrás, al contemplar tristemente aquellos informes montones de ruinas, jamás podian soñar. devoción de Hoy, gracias al tesón característico de los monjes, a la piedad y los fieles y sobre todo a la singular protección de María, ba vuelto a recobrar su preté¬ rita pujanza, como centro de cultura monástica y como Santuario de la devoción ma¬ riana, mientras el recinto cenobial está adquiriendo, de dia en día, perfiles de monu- mentalidad. Estos hechos, estas realidades tangibles y esplendorosas, nos autorizan, con su lógica contundente e inconcusa, a deducir lo que será el Montserrat del porvenir. % Para los beneméritos hijos de San Benito, Montserrat constituirá su Monaste¬ rio Máximo, el emporio de la gloriosa Orden Benedictina, y, para España, con los nue¬ vos atractivos de las grandes reformas, el foco más radiante y poderoso de su religio¬ sidad, no cada dia más frecuentes y numerosas, sino tam¬ sólo por las peregrinaciones bién por el dispositivo que, con su clara visión del porvenir, está preparando el Padre Escarré para que en Montserrat se realicen grandes concentraciones de cursilistas, ejercitantes en periódicas tandas de retiro espiritual; pues por la prodigiosa belleza del lugar, por el encanto fascinador de la "Moreneta", no hay sitio en la tierra más a pro¬ pósito para la meditación de las verdades eternas. Montserrat será el punto de conver¬ gencia de las manifestaciones católicas de España. Allí tendrán lugar lasgrandes con¬ centraciones de ejercitantes, donde se forjarán los hombres nuevos, los espíritus vale¬ rosos, para enfrontarse con las perversidades de este bajo mundo, para dar la batalla a la ola de incredulidad y materialismo que todo lo arrolla. La vida eremítica, desgraciadamente, quizá siempre en Mont¬ se extinguió para serrat; pero, gracias al feliz pensamiento del Padre Abad Escarré, el exiguo número de trece anacoretas que aromatizaban de santidad aquella Montaña, se trocará en legiones de católicos fervorosos que, retirados unos días en aquellas soledades a la vera de la Virgen Morena, a la par que los Santos y Fundadores que alli iniciaron su vida espiri¬ tual, se convertirán en adalides de la verdad y acérrimos propagadores de este lugar de santificación. Alli, al calor de la Cámara Angélica, se templarán las armas de los caballeros 332 MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA de Cristo, encuadrados en el ejército del Señor, y abrazados a la bandera que tremo¬ laron los Boil, Ignacio, Nolasco, Calasanz, Claret, Claver, Serra y tantos insignes Caudi¬ llos que recibieron en Montserrat los alientos de la gracia y las consignas de su apos¬ tolado, irradiarán por todo el mundo hispano los salvadores postulados de nuestra Re¬ ligión sacrosanta. He ahí estos mal hilvanados renglones la visión Montserrat en que del futuro nos ha sugerido la inmensa labor realizada hasta el presente en orden al gran¬ dioso plan sabiamente elucubrado, en cuya realización se verán culminadas las aspi¬ raciones de los monjes y de los innumerables devotos de la Virgen Morena. Y al dar fin a este libro, donde, a través de mil años, Montserrat, hemos visto asombrados, ha sobrevivido a tantas vicisitudes, el corazón se nos hincha de alegria inenarrable, al venir a la pluma obvia y apoditica la conclusión que formulamos clara y rotundamente: El Montserrat del porvenir será el Montserrat de ayer, de hoy y de todos los tiempos, pero en toda su pujanza, T ¡MONTSERRAT, MONTAÑA SANTA! LAUS DEO Immaculatacque semperque Virgini MARIAE PROTESTA DEL AUTOR. De acuerdo con lo decretado por el Sumo Pontífice, Urbano VIII, — declaramos que todo cuanto en este libro se refiere a prodigios y personas conceptuadas por Santas, no queremos darle más fe que la que merece una narración puramente humana, reservando a la Iglesia el juicio definitivo y, si en el texto se hallare algo que discrepase de las enseñanzas de la Igle¬ sia Católica y Romana, no sea tenido por escrito. Festividad de todos los Santos, mil novecientos cuarenta y cuatro, último dia de las Fiestas Jubilares. INDICE Proemio. — ¡Montserrat! Capítulo I. — Descripción de la Sagrada Imagen II.— La Imagen de Nuestra Señora de Montserrat a través de los siglos III.— El Monasterio de Montserrat y sus vicisitudes hasta nuestros días IV.— La Iglesia V.— Descripción de la montaña VI.— Hipótesis sobre el origen de la montaña según los geó¬ logos VIL—Montserrat subterráneo VIH.— Leyendas montserratinas sobre la imagen de Nuestra Señora IX.— Leyendas montserratinas sobre la montaña X.— Leyenda sobre el ermitaño fray Juan Garí XL—Leyenda sobre el Lego Cantero .' XII.— Leyenda sobre "La Cadena de los ángeles" XIII.— La Santa Cueva XIV.— Las ermitas XV. — Los ermitaños y su vida XVI. — La escolania XVII. — La imprenta y la biblioteca de Montserrat XVIII. — Don Juan de Aragón, duque de Luna, y su devoción a Nuestra Señora de Montserrat XIX. — Los milagros de Nuestra Señora de Montserrat XX. — Peregrinaciones a Montserrat XXL — Montserrat y la cristianización de América XXII. — Nuestra Señora de Montserrat en el extranjero. Su ex¬ pansión ecuménica XXIII. — Fundadores de órdenes religiosas que visitaron el San¬ tuario XXIV. — Bienhechores ilustres de Montserrat Página 225 XXV. — El antiguo tesoro de Montserrat " 229 XXVI. — Anecdotario montserratino " 235 XXVII. —Pedro III, El Grande " 237 XXVIII. — Don Pedro IV de Aragón " 243 XXIX. Don Juan I de — Aragón " 249 XXX. — Fernando de Antequera " 255 XXXI. ^— El emperador Carlos I " 259 XXXII. — Felipe II " 267 XXXIII. — La princesa Margarita " 275 XXXIV. — El Virolay de Maria príncipe y un " 281 XXXV. Las Diputaciones de España a la Virgen de Montserrat. — " 287 XXXVI. — La devoción de España a Ntra. Señora de Montserrat. " 299 XXXVII. — Las fiestas centenarias • " 305 XXXVIII.— Montserrat del porvenir " 323 Los grabados de C. Langlois, Delaborde, W. Degouve, C. G. Hammer y Micault, han sido cedidos galantemente por el entusiasta bibliógrafo montserratino don Pedro Español y Güell, de Barcelona. Cuidó de la parte de composición mecánica la casa Blas Bonet, Provenza, 224, interior-Barcelona. La segunda edición de este libro se acabó de imprimir en los talleres de