SECRETARIADO D.E, PUBLICACIONES INTERCAMBIO CIENTIFICO Y EXTENSION UNIVERSITARIA (universidad de valencia) LA ACADEMIA VALENCIANA DE BELLAS ARTES EL MOVIMIENTO ACADEMISTA EUROPEO Y SU PROYECCION EN VALENCIA POR FELIPE M." Qñ Rin ORTIZ DE TARANCO VALE NOIA Editorial F. Domenech, S. A. 1945 ; »? a • ii"-ï ^Í> - "^íf^:':-áfV^,-9^ • •■ iP ï'^ * 'V í îs^<-o.àr^x_ 5, lñ ncnDEMin vniEncmun de bellhs brtes LA ACADEMIA VALENCIANA DE BELLAS ARTES EL MOVIMIENTO ñCñDEMISTñ EUROPEO Y SU PROYECCION EN VñLENCIA por FELIPE M." QñRÍN ORTIZ DE TñRnMCO VALENCIA , Editorial F. Domenech, S. A. 1945 SUMARIO-INDICE PRELIMINAR ADVERTENCIA ESTUDIO DE INTRODUCCION (síntesis) Orígenes etimológicos y morfológico-culturales. Precedentes remotos y próximos. Principales concreciones históricas del academismo europeo y su ■ respectivo carácter. El academismo hispánico. LA ACADEMIA ARTISTICA VALENCIANA (investigación) . I. a) Estudio público. La primera tentativa oficial y su b) La preparación de la Academia restaurada. c) La fundación definitiva: con particular referencia a su labor docente II. a) El periodo de las primeras alteraciones constitucionales de la Academia de S. Carlos (Estudio de Flores, 1784, y Comisión de Arquitectura, 1790). b) El período de esplendor de la Academia, (mejoras, rela¬ expansión de sus discípulos y de su ciones y triunfo y fama') hasta la visita de Carlos IV a Valencia en 1802 y su audiencia al Instituto. c) Desde dicha fecha a la "Fiesta" de 4 de Noviembre de 1807. III. a) La Academia ante los sucesos de la Independencia y la resistencia al invasor. b) La Academia "afrancesada", o "de Carlos III". c) La Academia "Nacional" de la liberación fíPÉNDICES I. Lista cronológica de los "Directores Generales" de la Real Acade¬ mia de San Carlos desde su fundación hasta las últimas ins¬ cripciones relativas a los titulares de tal cargo supremo en el libro m. s. "de Individuos", del archivo de la Corporación. ... II. Lista cronológica de las Juntas Públicas celebradas por la Real final del Academia de San Carlos desde su erección hasta el período directa y principalmente tomado como campo de investigación III. Fuentes: a) Directas: 1) Documentos originales 2) Publicaciones oficiales contemporáneas ... b) Referencia de algunas fuentes,indirectas consultadas. ... Indice onomástico Indice geogi-áflco PRELIMINAR Uno de los movimientos intelectuales más interesantes producidos en la Historia Universal, y, concretamente, en la de las ideas y hechos estéticos, es aquel que, arrancando —en parte— de raices muy distantes, se manifiesta y se consolida en el decurso de la Edad Moderna y afronta resueltamente, en ese su momento de plenitud, el eterno problema de la unificación ecuméni¬ ca de la cultura, partiendo doctrinal y morfológicamente para ello —aunque con exactitud y sinceridad discutibles— de supuestos postulados clásicos y helenísticos, movimiento que se conoce bajo el dictado, algo insuficiente .v demasiado fácil y expeditivo, de «la Academia-». Fué, ésta, una de las dos nuevas principales modalidades del mecenazgo y del fomento artísticos en la segunda mitad del actíial milenio, hijas ambas —en sü exterioridad— del ambiente cultural y del de la vida, en su conjunto, desde el Renacimiento al principio del Romanticismo, y, concretamente, ida Academia», proyección viva y cabal del individualismo renacentista, pri¬ mero, y de la política absoluta y de la «Ilustración» después, a las que encar¬ nó, precisamente, en la esfera de la sabiduría, y en particidar en el mundo de lo estético. La institución, por soberanos impulsos y con regias expensas, de las Corporaciones sabias, oficiales u oficiosas, y la fundación, también por su¬ premos designios y con reales recursos, de centrós fabriles de finalidad sun¬ tuaria, y, por ende, esencial o principalmente estética, son, como siempre todo lo artístico, los dos exppnentes más típicos y definidores de la mentali¬ dad político-cíiltural de los últimos siglos del «Antiguo régimen» del medio espiritual y económico que les fué propio. No quiere esto decir que de unas y de otras, de Acctdemias y de Fábricas reales, no hubiese repetidos e interesantes ejemplos pre-neoclásicos, sino que, en esta ocasión intermedia y terminal de la Edad Moderna, y en esta atrayente y fecunda hora de la Historia de la Cultura, es cuando, tan signifi¬ cativas y ricas manifestaciones, alcanzan su sazón y su eficacia. Del curioso fenómeno del Academismo solemne y organizado, concretamente, queremos ocuparnos, a través, sobre todo, y con motivo de una de sus manifestaciones hispánicas más sugestivas y prestigiosas : la Academia de las Nobles Artes de la ciudad de Valencia, a 'cuyos ópimos fondos ardiivalcs hemos tenido la ne- , cesidad la satisfacción de acudir, para la información básica, y el detalle y de cuya etapa fundacional, pero particularmente en sus actividades docentes, nos ha ocupado con mayor atención; bien entendido, no obstante, que nues- tra convicción y universales de la vida y de la cultu¬ sentimientos unitarios y ra nos han dictado, con imperativo inexcusable, la anteposición, a nuestras investigaciones directas, concretamente valencianas, de unas síntesis, o recen¬ siones de enlace con lo académico-artístico general, de España, de Europa y del Mundo, y, aun, con algo de lo académico no específicamente artístico; consideraciones, hechas por vía de introducción, que sitúan y encuadran el tema moriográjico en un como sistema de amplias coordenadas histórico- culturales, sin alterar, naturalmente, por ello, en lo más mínimo, el tono de la investigación, ni la intensidad del estudio particular y local, substanciales en este trabajo. El cuidado de dar unidad histórico-interna al período estudiado, nos aconsejó considerar extendido el período de fundación de San Carlos a todo el lapso que podríamos llamar de la «.Academia antiguay>, o anterior a la «francésadav, époZa vital del verdadero cambio de siglo en la ciudad y en su campo, .con la podemos (con más razón que con la mera expiración del que «Settecenton) hacer coincidir en Valencia la conclusión del «Antiguo régi- meny>. Las jornadas de la Independencia nos han parecido, si no forzosamen¬ te liminares, sí respetables a los efectos de acotación del campo de trabajo. * * El presente trabajo fué presentado, como tesis, a los ejercicios del Grado de Doctor en lilosofía y Letras, Sección de Historia, el día 18 de Noviembre de 1944,la Universidad de Madrid, ante el', tribunal formado don D. Ar¬ en mando Cotarelo Valledor, como presidente, y D. Juan de Contreras López de Ayala, D. Francisco Javier Sárrchez Cantón, D. Diego Angulo Iñiguez y D. Enrique Lafuente Ferrari, como vocales, obteniendo la calificación de sobresaliente. ADVERTENCIA De la Academia de San Carlos personifleadora en Valencia del academismo de siglo XVIII, .hay una bibliqgirafia reducidísima. Desde luego, ninguna obra de conjunto, ni menos, ningún estudio hecho a la vista de los libros m. s- del fondo de su archivo: de actas o "de Acuerdos"; de Caja, o "Depósito"; "de Matricula", de Individuos", etc...; el Archivo de San Carlos permaneció totalmente inédito, en lo que se refiere a estudios de carácter general, hasta nuestras investigaciones- Si se ha escrito sobre el Instituto, ha sido siempre a base del recurso yi comodín que constituían los volúmenes impresos de las mal llamadas "Actas", que no son tales, sino una como revista de Anales públicos y solemnes, editados —en tirada limita- disima—■ por la Academia en aquel tiempo, poco después de lo que refieren, e inte¬ resante elemento auxiliar al investigador, en lo concerniente a catálogo de indivi¬ duos y textos de los discursos y poesías de los "Concursos Generales", no registra¬ dos "in literae" en las verdaderas y manuscritas actas, cuyo texto, naturalmente —y no el de tales fascículos—, seguimos en todo lo demás. Cuantos artículos, dis¬ cursos, etc., tratan de la Real Academia de San Carlos han trabajado exclusiva¬ mente, sobre dichos cuadernos, sin señal alguna =—que bien perceptible seria— de haber abierto los m- s. que, ahora, con motivo de este trabajo, fueron estudiados. Ni siquiera los que confeccionaron la moderna e ilustre revista "Archivo de Arte Valenciano", órgano de la Academia, dieron, en ninguna de las p^nas de la mis¬ ma (frecuentemente —como es lógico— destinadas a la historia y la vida dé la Corporación), muestra alguna de la consulta de los libros originales que conserva su Archivo. La vida toda de la Academia de Bellas Artes de Valencia puede considerarse ordenada en tres grandes periodos aproximadamente sexagenales, comprensivos conjuntamente de toda la historia del Instituto, desde el primer establecimiento bajo la advocación de Santa Bárbara, en 1754 —luego, ya seguida, sin muy larga interrupción por la definitiva Academia de "San Carlos"—, hasta 1936, con el esta¬ llido de la reciente guerra de España o, más bien, hasta 1934, en que la Escuela, los Estudios, alcanzan su plena independencia, A su vez, y respectivamente, esos tres lapsos, de seis décadas cada uno, corresponden a los tres grandes tiempos com¬ prendidos, primero, entre la aludida fundación y el fin de la Guerra de la Indepen¬ dencia, con las alteraciones .interiores y políticas producidas por la misma: en se¬ gundo lugar, entr *estos sucesos y los acaecimientos, también agitados y violentos, de los cambios de régimen sucedidos desde la "Gloriosa" hasta la Restauración; y, en tercer lugar, desde la paz de Alfonso XII hasta los dias trágicos, más que nin¬ gunos, de 1936- Correspondiendo precisamente el primer periodo al final del reina¬ do de Carlos III y a todo el de Carlos IV; el segundo, a los de Fernando VII e Isa¬ bel II, más los años agitados de la Revolución y de D. Amadeo; y el tercero, a los de Alfonso XII y Alfonso Xlir y a la segunda República, Es curioso advertir cómo, con esa, vista, periodicidad de doce lustros, se repiten las grandes hecatombes de la vida pública española con un ritmo casi regular, que sugiere las más interesantes perspectivas, a los estudiosos de las grandes cri¬ sis históricas y de sus más variadas explicaciones. Inútil es advertir que, de estos tres periodos sexagenales, respectivamente sig¬ nificativos de "las épocas "antigua", "media" y "moderna" de la Corporación, limi¬ tados entre si por los regresos triunfales de Fernando VII y de Alfonso XII, se ha tomado el más interesante y característico, de la fundación, infancia y crecimien¬ to del Instituto, que discurre hasta 1812 y 14, quedando los otros dos, infinitamente menos sugestivos y ricos de noticias, para el posible esfuerzo posterior de una pro¬ longación de la historia completa de la Academia. ESTUDIO DE INTRODUCCIÓN (SINTESIS) Orígenes etimológicos y\ morfológico-culturales. Precedentes remotos y próximos. Principales concreciones históricas del academismo europeo y su respectivo carácter. El academismo hispánico. Del patronímico de Ekademos, arranca, por una fortuna singular, que ha dado resonancia universal yeterna a un simple apelativo privado, una de las palabras (originaria, a su vez, de otras múltiples, derivadas) más pronuncia¬ das y con mayor respeto, .en la historia del mundo. Su suerte privilegiada sólo es comparable a la de muy pocas otras voces, afectadas de parejas cir¬ cunstancias de éxito y de universalidad; quizás, tan sólo a la afortunadísima, del nombre propio godo, de Amalarico, que a través de sus derivados ape¬ lativos medievales, levantino-hispánicos o ligures, vino a bautizar a todo un mundo. De semejante y donosa manera, el nombre del supuesto y legendario griego, revelador a los Dióscuros del escondite de Teseo y Helena —su pro¬ pio jardín—, habría de servir, para designar a ese mismo y famoso lugar con¬ creto, primefaniente refugio mítico del héroe y sir raptada y escenario histó¬ rico, luego, de las más ilustres lecciones y de los más bizarros torneos del pensamiento de la Hélade. A la larga, la misma palabra bautizaría una de las formas de la cultura de mús perduración. Así, a la cátedra de Platón, que tan bien le cuadraba ser, a la vez, un jar¬ dín, le añadía alcurnia legendaria el erótico episodio a que se supusiera diera cobijo. De talmanera anecdótica, por otra parte bien conocida, nace el vocablo que habría de servir para designar á alguna de las más altas concreciones culturales de todos los tiempos. El jardín de Ekademos, seis estadios afuera de Atenas, hacia el NO. del barrio del Cerámico y de la Puerta Dypila, pasaría luego a la propiedad de Hiparco, hijo de Pisístrato, que le pusiera cercas y le dedicara a gimnasio. Más adelante, este ilustre huerto sería abastecido de buen riego y plantado de los famosos plátanos, y otros árboles, por Cimón ; para venir, al fin, a pa¬ rar a la propiedad de la misma Atenas que le dedicara a la Diosa virgen, de su nombre y patrocinio. La «Ciudad», por excelencia y antonomasia, la ilus- trísima «Asty», santificó el recinto erigiendo en él altares a su referida dei¬ dad titular y a otras, cuales Hefaistos, Prometeos, Hermes, Heracles, las — 12 — Musas y Eros. El altar de la «Parthenos» circun'dábanlo los sacros olivos, uno de los cuales quiere Plutarco que proceda del prístino que la propia Diosa plantara en su ciudad y jardín. Recinto de tan ilustre linaje, habría de atraer, por ese su tan egregio pasado —real fabuloso—, aun más que por su florido y ameno presente, al o espíritu nobilísimo de Platón, para convocar en él a sus discípulos, y, des¬ arrollar, allí, sus puntos y sus pláticas, y, con aquéllos, sus sabias disputas de filosofía. Heredó el nombre, la predilecciórí platónica, e incluso algo de la vieja aureola heroica, otro jardín vecino, en el que profesó el maestro de Elea su sabiduría desde el año 387, y en cuyo paraje vino a prolongarse la actividad filosófica y polémica hasta el mismo siglo V cristiano, no sin que tan singu¬ lar institución atravesase peligrosas o duras ocasiones, cual la en que los es- patriotas vencedores ocuparan Atenas, y el propio jardín, al que al cabo res¬ petaron; o aquella otra en que Sila, invasor ya menos comedido, por no griego, talara sus árboles venerandos, buscando madera para nuevos inge¬ nios bélicos en sus empresas castrenses de Grecia. Quiso el singular destino de estos vocablos felices, que el edículo a las Musas, dedicado ya por el fundador, y llamado lógicamente «Museion», al erigirse precisamente allí, asociase ya desde un principio las voces de la «Academia» y del «Museo», como iban a estarlo frecuentísimamente, y por lapso de milenios, aun no concluso, en la realidad de tantas ciudades del mundo, y concretamente por lo que a nuestro estudio afecta, en el caso par¬ ticular de la Academia y el Museo valentinos. conexos, y casi identificados, en tanto tiempo de su vida. El Museión ganó, también pronto, su nota de colección artística : Speu- sippo colocó las estatuas de las tres Gracias, y Silianon, por orden de Mitrí- dates, el iranio, el retablo estatuario de Platón. La Academia, a su vez, defi¬ nió en seguida el carácter que iba a ser más esencial a ella, y que hoy per¬ dura : el de sociedad sabia y polémica, tan crítica como docente, estimulante y fomentadora. El patrimonio académico —segundo jardín, igualmente glorioso— se trasmitía testamentariamente al dominio civil conjunto del jefe o maestro, elegido sucesor, y de algunos de los miembros más caracterizados y conspi¬ cuos, con la traba de retransferirlo sucesivamente a los venideros con los mos trámite y obligación. Pero, concretamente, por lo que a las artes que hoy clasificamos como plásticas y a la dogmatización de reglas y gustos y a la enseñanza «acadé¬ mica» de aquellas se refiere, hay que señalar, cómo, ya en el siglo IV, aun¬ que no se titulase «Academia» —porque entonces se reservaba a lo filosó¬ fico— ima organización estable sistematizó la enseñanza del dibujo, materia preferida, luego, del academismo artístico : Panfilo, «el verdadero patriarca de la Escuela de Sicione, discípulo de Eupompo, defendió por escrito los principios de la escuela (embrión del canonismo artístico académico, tan posterior) e introdujo en los centros docentes griegos lai enseñanza del di¬ seño, actividad docente a la que supo dar resultado lucrativo. Por un curso de doce años cobraba un talento (unas 4.000 pesetas). Legos y artistas corrían a su estudio. El mismo Apeles perfeccionó en él su educación». «Prosiguió el ejercicio docente de Pánfilo, su discípulo Melantio, al que consta ayudó el propio gran Apeles». (K. Woermann). Pero el vocablo típico persistía reservado en su uso al terreno de lo me- tafísico; así la «Academia» era palabra que designaba ya, más que Un lugar, un sistema filosófico y una forma de trabajar (proto-academia de Sócrates, — lâ-. «prîmera Academia» de Platon : «segunda», y «tercera», y aun pretendida «cuarta Academia», posteriores), y le aguardaba, como a toda forma helé¬ nica de la cultura, un reverdecimiento tardío, el helenístico ; Alejandría, la «Polis» por antonomasia, orgullosa y neoplatónica, habría de dar vida, por obra de Ptolomeo Soter, a una nueva Academia, o Museion, confundiendo, en típica mescolanza de eclecticismo helenístico, lo filosófico y lo artístico práctico, y sentando, así, el primer precedente de la posterior colaboración, en muchas Academias artísticas del mundo, pero sobre todo en las hispáni¬ cas, de teóricos y de practifcantes de los bellos oficios, al acoger, en sus de¬ liberaciones, los talentos más insignes de la época, filosóficos y literarios, a la vez que los más afamados arquitectos, pintores y escultores. Con pretendida pureza platónica, designó Marco Tulio Cicerón cómo «Academias», sus villas y reuniones de Puteólo y de Túsculum; y, con afa¬ nes arqueologistas y pretensiones de neo griego, estableció el césar Adriano, en su residencia tiberina, un facsímil del jadín académico. Ya poco antes, durante el primer siglo de nuestra era, había erigido Roma, en sus provin¬ cias, particularmente en las gálicas, diversas sedicentes Academias, con se¬ des en las que hoy llamamos Autun, Burdeos, Narbona y Lyon. Y no hace¬ mos aquí especial referencia de los «collegia» romanos, por el enorme divor¬ cio evidente entre su verdadero carácter y las notas de libertad, de mejora¬ miento técnico, de defensa corporativa y de catequismo artístico caracterís¬ ticas de la «Academia» en cualquier tiempo. A semejanza de los clásicos, los pueblos exóticos cultivados procuraron adoptar, en la Antigüedad y en la primera Edad Media, esta forma de la Cultura, dotada de tanta vitalidad, y tan elástica. Así, nacen las Academias hebreas, bien conocidas, de Nardea, fundada en 270 de J. C. por Samuel el Rabino,, viva durante más de setenta años ; de Macasia, de 273 ; la, meso¬ potàmica, de Pundebita, de 290, y la de Naresch. El Islam, cuya sabiduría es, al cabo, neo-helenística, en tanta parte, y neomesopotámica aún eni más, participa de esta tendencia, creando, en va¬ rios puntos de su extenso y fulgurante imperio, particularmente en la vasta zona asiática que puede asignársele como diluida capital, asociaciones lite¬ rarias ysabiàs, cuales las, para nosotros más afectas y conocidas, de Córdoba y de Granada, poco posteriores al establecimiento del Emirato dependiente. El posterior esplendor califal insistió en esa directriz, de cuyas concretas realidades desconócense, no obstante, objeto y tendencias. En el concreto terreno de las artes materiales, conviene reseñar cómo en la más lejana Asia, el emperador de la dinastía china Sung (primera, o del Sur) Hui-Tsung (que reinó de 1.082 a 1.135 d. J. C.) y que fué pintor, hasta el punto de atribuírsele (aunque infundadamente) no ha mucho un cuadro, con el tema de un halcón, en el Museo Británico, fundó algo así como una Academia imperial de caligrafía y de pintura, suceso interesantí¬ simo, como puede apreciarse. Volviendo a Occidente, aunque en cultura sumamente orientalizada, recordemos, en un orden diverso pero relacionable de cosas, cómo la singu¬ lar monarquía normando-siciliana, nutrida, de una cultura simultánea cris- tiano-islámlica, se incorporó, a través de sus «Cortes de literatura», a esta general corriente organizadora de asambleas cultas, que ya, pronto, en la ecuménica y corporativa Baja Edad Media, iba a adquirir arraigo y univer¬ salidad casi definitivos, siquiera, todavía, muy dispares del específico conte¬ nido que más tarde se asignase a las Academias, por excelencia, de las cortes del 600 y del 700. En efecto, en el segundo milenio cristiano, particularmente en los países de Italia, empieza a engarzarse la interesante, y ya vieja, tendencia, que ve¬ nimos reseñando —de fundaciones colectivas eruditas y actuantes— con el poderoso florecer, contemporáneo, de nuevas suertes de corporaciones, to¬ das, también, cultas y laboriosas, por esencia, pero estrictamente sabias, unas, y predominantemente profesionales, las otras : Universidades, y gre¬ mios. El movimiento gremial de fines del siglo XIII fomenta, según es lógico, las asociaciones de pintores y de todo linaje de artistas y artífices. Tal ocu¬ rre, en primer lugar, en Italia, en proporción mayor que en los restantes países, extendiéndose el fenómeno, a lo largo de los siglos XIV y XV, y pu¬ diéndose atribuir, eseespecial florecimiento italiano, a la mayor cantidad de artistas existentes en dicho país y a la singular predisposición estética de aquel pueblo, más que a otras causas, toda vez que el gremialismo fué gene¬ ral en Europa, y que la tendencia corporativa se dió tanto o más en el Nor¬ te, que en los países del Sur. Estas corporaciones, profesionales y devotas, gremiales en una palabra (guardadoras de los intereses y privilegios de las clases, verificadoras de las pruebas de maestría y promotoras de la piedad entre sus miembros), cun¬ dieron todas las ciudades de Italia, teniendo algunas de ellas orígenes au¬ en ténticamente «duecentistas» ; pero siendo, hacia la mitad del siglo XIV cuan¬ , do, pordoquier, cunden tales compañías, corporaciones o cofradías, por lo común de pintores, y, también, de otros artistas (escultores, arquitectos, orfebres, etc.) agrupados en torno de los primeros, siguiendo· el ejemplo de los demás oficios, menos «nobles» (entonces, aún, unos y otros bastante asi¬ milados en la inferior estimación social) y atendiendo —según les era propio y ya se dijo—, en primer lugar, a lo religioso, con regulaciones semimonás- ticas con frecuencia, y a lo de asistencia y socorro, principalmente sanitario, y luego, a lo típicamente profesional. Asociaciones gremiales, que florecen en el centro de Italia sobre todo, en Roma, Elorencia, Perusa, Siena, etc., y también en Venecia, en las que figuraron,, según consta, muchos artistas rhe- morables, tal como Giotto, en la florentina, según trae a cuento Vasari en sus «Vitte». De esta corporación artística de Elorencia, nos consta la apro¬ bación de sus Estatutos, ocurida en 1339 según la tesis más aceptada, de Gaye, y retrasada, hasta 1349, por Milanesi; y, de los de la sienesa; sabe¬ mos que los vió aprobados en 1355, así como conocemos su texto, que se conserva y que, tras las invocaciones pías de .rigor, y la definición y estable¬ cimiento de tramitaciones de carácter profesional, sienta unos conceptos es¬ téticos y unos preceptos de ejecución artística, curiosísimamente precursores del aire canónico, normativo, preceptista y minucioso, que'habría de tomar el academismo en su mejor época, bien posterior. Tal corporación sienesa fué fundada, sj no por los primeros y gloriosos maestros' del grupo local, sí por la generación artística siguiente, y continuando las huellas de aquéllos ; constando la presencia, entré sus fundadores, de un discípulo del propio Simone Martini, Cucarelli, así como la de otros compañeros. En Perusa, un gremio de pintores local se hizo famoso, mencionándolo documentos de 1280, así como al de pintores de libros (miniaturistas) y «escritores» (ama¬ nuenses) otros de 1310. Diferenciáronse, siempre, estas primitivas corporaciones artísticas ita¬ lianas de las contemporáneas, y comparables, de los países germánicos, las Gildas, ya que en éstas predominó y se mantuvo, con exclusividad, el aspec¬ to típicamente gremial, de defensa y organización de la clase y el cuidado de las atenciones religiosas, además del servicio, con las armas, en defensa del lugar ó del reino —tal la Asociación de pintores de Praga («Malerze- che») fundada en 1348, reinando Carlos IV, cuyos estatutos, en alemán, fue¬ ron publicados Pangerl—, atenciones comunes también a las de Italia, por pero asoeiadas, en éstas, a una principalísima atención docente, con frecuen¬ cia taxativamente dibujística y definidora del carácter de estas sociedades italianas, ya incipientemente académicas. Con tales antecedentes, el academismo primitivq itálico, o sea el cons¬ tituido por verdaderas «Academias», así llamadas, desprovistas de gran parte de las obligaciones medievales del gremio, de la cofradía y de la mili¬ cia .profesional, y más atentas a lo docente y a lo erudito, está a punto de nacer, en la segunda mitad del siglo XV, en cuyas últimas décadas, en efec¬ to, ve la luz, encarnado en la gloriosa vieja Academia de Milán, esclarecido taller «al que el mismo Leonardo —que lo fundara y mantuviera— denominó en ocasiones «Academia», lo que con Woermann y contra la opinión de Errera seguimos creyendo, institución que fué obra y hechura de su creador, el genialísimo maestro de Vinci, establecida a sus treinta y dos años, en 1438. Participó esta institución —«Escuela» bien puede llamársele, en todas las acepciones de la palabra— de aquellas notas de enciclopedismo, de docen¬ cia y de culto al dibujo, tan características del maestro, y fué ella, precisa¬ mente, la ocasión de que Leonardo dejara su «Trattato» y demás escritos, con un conjunto de 5.000 páginas magistrales, todas, en su grafía, enrevesa¬ das y deliberadamente confusas, y, en su contenido, enriquecidas con notas al margen y con dibujos; pensado todo, en servicio y' utilidad exclusivos, y hasta celosos, de su dilectísima «Academia», cuya dirección confía, en 1499, al dejar Leonardo Milán, por Florencia, a Giovanni Antonio Boltraffio, predilecto entre sus discípulos. La preocupación de la enseñanza del diseño llega a ser la que, perpe- ' tuándose, comoverdadera «constante» histórica italiana del fenómeno acade¬ mista, dicta susi títulos a algunas de las Academias, ya del «Cinquecento» : a la de los Médicis, en Florencia, de 1561, tan gloriosa ; y la de Perugia, de 1517 ; ambas llamadas «de Dibujo», con explícita dedicación. Este cuidado orienta, también, la ya citada, primera y leonardesca Academia de Milán, docente asimismo sobre todo y dibujística, aunque su título no lo confesase. Nos atrevemos, inclusive, a sostener que esa tendencia didáctico-dibu- jística viene al ser la nota distintiva, sobre todas, del nuevo e incipiente academismo italiano, particularmente desde la fundación de dicha Academia de Leonardo ; dibujismo' y pedagogía que, con su implantación y auge, vie¬ nen a diferenciar y emancipar a la «Academia de Arte» del «Gremio de artistas». De estas Academias, cuatrocentistas aún algunas, pero ya del siglo XVI las más, es él afán de los emblemas y de los títulos rebuscados (con frecuen¬ cia alusivos a denuedo, esfuerzo y empeño) ; de las divisas y de todas las de¬ más exterioridades académicas, de ésta O' parecida índole, que han perdu¬ rado en todo el mundo, y que nos acusan la evidente influencia recibida, en este linaje de Corporaciones, de la recientísima (y aun contemporánea, por lo menos en la afición y en el gusto) Caballería decadente del fin del Medio¬ evo, tan emblemática y barroquizante. Inclusó, mucho del afán inquieto y desasosegado, del ánimo decidido, buscador y tenaz de esas Academias, en¬ contraría, sin duda, mayores títulos de ascendencia en el temple heroico y esforzado de lo caballeresco, que en el tono «fáustico» de la cultura rena¬ centista; lo que, en tanta parte y esencialmente, resultan, estas capri¬ por chosas y algo anárquicas Academias italianas, el justo reverso del espíritu auténtica y antonomásicamente academista del siglo XVII y XVIII : rigu¬ roso, preceptivo y archirreglado. — 16-, Durante todo el siglo XVI y XVII, y aun durante el XVIII, las Acadé- mias italianas de aquella índole se multiplicaron, hasta poder contarse veinte y más en algunas de las ciudades de mayor tradición y vida artística, siendo bien elocuente, a este respecto, la lista que Orellana nos trae, en su «Biografía», de las de su tiempo, con la confesión pudorosa, de' pertenecer, él, a una, romana, «degli Forti». Pero fueron casi todas bien efímeras, apa¬ reciendo y cesando a la medida del vivir de sus fundadores. De otro espíritu —este sí, ya, interna y verdaderamente «académico» por severo, nomativo y regular—y, por lo mismo, de más arraigo, fueron la fa¬ mosa «Academia platónica», fundada por Cósimo de Médicis, que celebraba sus sesiones en la Villa Carreggi, exornada por Michelozzo; la «vitrubiana» de Roma, fundada en 1542, en honor del gran arquitecto antiguo y para él TTiejor estudio y seguimiento de sus orientaciones ; la «de San Lucas», tam¬ bién romana, a la que nos referiremos en particular; la de Ciencias de Ñᬠpeles, de 1560; la también ilustre, literaria y; lingüística, «della Crusca»; y la de los Carracci, con sus varios, ricos y directísimos antecedentes, en men¬ ción que recoge Guastavino— discípu¬ lo «de las dases de dibujo, que dirigían por entonces los hermanos Verga- ra» estudio establecido en la calle de las Barcas y por nosotros ya aludi¬ do—, así como, luego, «criado en el ambiente de las artes del libro, comén- zaría sii aprendizaje en el Grabado, aunque sin poderse precisar sus maes¬ tros» (encontrando Gil y Calpe muchos puntos de contacto entre las prime¬ ras obras de Monfort y la rnanera de grabar de otros contemporáneos suyos, como Juan B. Havanais y Tomás Planes) y siendo también miembro —al de¬ cir de Ferrán— del famoso cenáculo del Padre Tosca, en la Casa de la Con¬ gregación de San Felipe Neri, verdadero embrión, como vimos, de la Acade¬ mia artística valenciana. Fruto, quizás, de aquellas relaciones entre el gra¬ bador y el cultísimo oratoriano, fuese la ilustración que aquél hiciera del famoso libro del segundo, llamado «Compendio Mathemático» (tamos años utilizado como texto-para Arquitectura en la Academia de San Fernandò),. al què aportó el grabado del retrato del erudito religioso según dibujo de D. José Vergara, siendo este libro impreso en 17S7 por José García, pues el taller del padre de Manuel Motifort, sucesor de las casas de Bordázar y Orga, se fundaría en ese mismo año, en que sólo imprimió tres libros : la «Preparación de la muerte», entresacado de los padres Pinamonti y Proli, de la Compañía de Jesús; el fray Anselmo de Turncda, y un discurso o te¬ sis latín «De Sinceritate Sacrae Doctrinae». en Fueron también convocados a aquella sesión inicial y famosa de la Academia de Valencia los «Thenientes», o auxiliares, D. Luis Planes, don Francisco Brú y D. Antonio-Gilabert, nombrados para las «Classes» de Pin¬ tura, de Escultura y de Arquitectura, respectivamente, en la sesión de dicha Junta Preparatoria de 6 de Febrero de 1766, según consta del «Acuerdo» co¬ rrespondiente. Completo así el auditorio más interesado en los Estatutos, «a fin de que todos pudiesen oírlos»»... «juntos todos, fueron leídos... desde la primera a la última Línea». Y no hace falta gran esfuerzo de imaginación para reconstruir y revivir la reunión-celebérrima y transcendental, e incluso el ambiente de alegría y de triunfo que la henchiría. El tema de los Estatutos llena, como es lógico, casi toda esta sesión, verdaderamente histórica, de la Academia valenciana, última de su Junta Preparatoria, que debió ser sumamente larga, a juzgar por lo mucho y trans¬ cendente que en ella se hizo. Las esperadas y por fin obtenidas reales reglas, alcanzan, por virtud de los acuerdos de este día, toda la difusión que su ofi¬ cialidad requería y que el júbilo, bien justo, de los iniciadores del Instituto —no disimulado a través del frío protocolo de las Actas— exigía. Leídos ya los nuevos Estatutos a todos los «de casa», mediante aquella convocatoria de excepcional amplitud, se determinó seguidamente extender certificada una copia al menos de aquéllos, para que «se passe de Officio a la M. 1. Ciu¬ dad por medio de los S. S. Consiliarios Marqués de Jura Real y Dn. Fran¬ cisco Navarro, para que como Patrona que-es de esta Real Academia esté enterada de todo» ; se acordó acto seguido entregarlos a las prensas para que «desde luego se trate de La Impresión de los Estatutos, en el mejor modo y forma que convenga al decoro y.Lucimjento de la Academia» (im¬ presión que se llevó a cabo,, como todas las sucesivas ediciones, «en la , Imprenta —citada— de D. Benito Monfort»^ al que se había de) nombrar luego «Impresor de esta Real Academia de S. Carlos», en Junta particular de 7 de Mayo de 1768, previa la presentación del correspondiente y suplica¬ torio Memorial) y se ordenó por último publicar, de dichos Estatutos y «por Bando público, aciuellas.prohiciones que comprenden a los que no son del Cuerpo de la Academia». - ñl - No parando en esto el gozo de los pacientes y tenaces lencianos, se aprestan academistas va¬ los a usar inmediatamente de las facultades por nuevos Jtstatutos acababan de leer y de oír que concedidas sos, la nueva merced —inédita— y reparten, genero¬ del título, aún sin de San Carlos» entre las personas cuyo favor les historia, de «Académico éxito. Los primeros ha facilitado el anhelado dos «nemine Académicos de Honor, en tal Junta discrepante», van a ser todos Consiliarios depropuestos v vota¬ «San Fernando», cuya actividad ha determinado el buen recibo, por el Rey y la sanción con¬ secutiva de los Estatutos : los y Tabara, el Conde de Marqueses de Sarria, Villafranca, Santa Cruz Baños, D. Vicente Fiñateli y D. Pedro de Silva. A la Academia de San Fernando, cida gratitud de su balbuciente colectivamente, también le alcanzó la mere¬ filial de Valencia bre todo en estas sus actas (que siempre la llamó, so¬ daren en estos primitivas, «Madre! y Cabeza de quantas se fun¬ Reynos» y «Primada y Madre de todas las de dando, en esa misma y gozosa junta, Píspaña»), acor¬ escribirle expresivo «officio Carta Gracias», atención a la solicitud... «en que ha practicado en la de nuestros Estatutos y demás aprobación de que ha sido conveniente a de esta Academia». los aumentos y honor Como explicación parcial del empeño en crear en de Bellas Artes, interesa conocer de paso, a través de Valencia la Academia dacionales de «San Carlos», el nivel estos documentos fun¬ extremado de pobreza —así como de mínima y desamparo estimación social— a que habían dos individuos de las profesiones artísticas, pintores llegado determina¬ hay motivo para suponer alcanzase a particularmente, que bastantes más de los que tenemos do¬ cumentada y casual noticia por estos «Acuerdos» o Actas. dicha a los que procuró y logró efectivamente Mal, éste, y des¬ poner remedio, a la establecimiento y_ auge en Valencia de la larga, el que ya desde el mismo Academia de Nobles Artes, a las título de la Corporación honraba, esta fundación oficial. Cuando la Sesión de la Junta en vindicándolas, de Noviembre de preparatoria de 21 1766, «se trattó de Nombramiento de lectura a los «memoriales» escritos por los aspirantes, se Conserje» y se dió precisamente tres profesionales del presentaron sólo y qual Miguel trabajo estético : «dos pintores». Pas¬ Antonio Rodríguez —el y de primero,( además, sedicente «Profe¬ sor Pintura»—y un «vaciador de modelos», Vicente Badía, lo que esti¬ mamos como información interesantísima y sintomática al situación aludida. respecto de la Importa asimismo destacar, de entre la multitud de detalles transcen¬ dentalesque se agolpan en estas primeras actas o «acuerdos», la continuidad con respecto a la anterior voluntad de más amplianiente a todos Academia de Santa Bárbara, y aún los otros empeños mente semejantes anteriores, repetida¬ manifestada, tanto en el ánimo de los promotores valencianos en el del poder cuanto central, con diversas ocasiones primeras jornadas de actuación de la circünstanciales. .En estas nueva Academia, de su núcleo Marqués de Grimaidi se hacía referenciainicial, ya se vió cómo en la carta del «a la (Academia) que en el año 1753 se fundó en la misma de estos poderosos ciudad» y que «por falta auxilios», los regios y oficiales, los subsistir...»; semejante, y aún más económicos, «no pudo elocuentemente, en la misma reunión primera, en que se dió lectura a esa carta del primer Secretario de de S. M., el dicho Grimaidi, se vió un memorial presentado por despacho Guiles, «haciendo presente que en los Francisco ensayos de las Academias havía servido el encargo de pasadas, Portero», por lo que «suplicava se le nombrasse en el mismo exercicio»; en otros llada dilataría con exceso esta lugares de las actas, cuya evacuación deta¬ mención, referentes a miodelos y a otras aten- - eâ — clones, sevuelve a aludir a la misma continuidad, a la que también respon¬ de el ya relacionado nombramiento para Secretario de Bayarri, «que servía este destino en el antiguo estudio». La Junta Preparatoria montó, en seguida de su constitución, el Estu¬ dio público, atendiendo ante todo a la misión docente, de las varias inte¬ grantes de lo académico en la acepción tradicional europea. Nombrados los (cDirectores» en aquella primera sesión, de 11 de Marzo del 65, y los «Te¬ nientes», en la quinta, de 6 de Febrero del 66, según se vió ; dotados los cargos docentes —y los demás—en la Junta anterior, de 22 de Enero de 1766 (1..S00 reales cada «Director» y 6(X) cada «Theniente» ; a percibir en«dos pa¬ gas por mietad, en S. Juan y Navidad» según dispónese en 26 de Mayo si¬ guiente), se determinaba por último la fecha de comienzo de los- trabajos —^verdadera apertura de curso—, para el siguiente 13 de Febrero del mismo año, 1766. Con ello volvíase a abrir estudio público en Valencia, por obra de una Academia local «de las Artes», recordando aquella otra «Abertura» solemnísima, de la de Santa Bárbara, trece años atrás, en que disertara am¬ pliamente D. Manuel Téllez-Girón y Carvajal Ponce de León, vocero, como vimos, del nexo y del influjo que relacionaban, en Valencia, a la Escuela oficial de Arte con la Universidad, entre cuyos muros convivieron las dos sucesivas Academias artísticas de la Ciudad, con estudio público, por espa¬ cio casi de un siglo (de 1733 hasta 1850), según es bien sabido, salvo sola la cesura, no larga, entre una y otra Academias, «de Santa Bárbara» y de «San Carlos». El cuidado de material de los servicios docentes y el de la instalación los mismos no debió ocupar mucho a los nuevos académicos, aprovechán¬ dose gran parte de la vieja instalación de la de «Santa Bárbara». Tan sólo en la sesión que se nombró a los «Thenientes», y ya al final se toma como en de pasada una providencia rápida y conjunta sobre aliño de los locales, que nos traducen los «Acuerdos» en limpio diciendo : «Assí mismo se acordó que desde luego se dé principio al repaso y renovación de las Aulas que han de servir para los exercicos de las Artes». El celo de estos académicos, además, se ocupaba con mucho más gusto en el estudio y discusión prolijos, y acuerdo solemne consiguiente, de una lista de nuevos académicos «de honor» o «de mérito»; en cualquier minucia retórica o problema de jurisdicción o de protocolo e incluso en afanes ata- ñentes al material específico y directamente docente, técnico o didáctico, que en las materialidades del albergue de la práctica de la enseñanza, a cuyo trabajo, además, cuando se aplicara a él, no le consagraría espacio en sus actas, por considerarlo poco digno de tal perduración documental. En efecto, hasta quince meses adelante, en 26 de Mayo de 1766, no vuel- - ve a ocuparse la «Junta Preparatoria» de estas prosaicas atenciones, y tan sólo para el ineludible trámite de contabilidad : «En esta Junta —según nos dice el «Acuerdo»— se presentaron las quentas de gastos ordinarios y ex¬ traordinarios que ocurrieron a la Academia desde Marzo de 1765 hasta el presente día...», siguiendo a continuación el detalle. De él conviene destacar especialmente un concepto extraño : entre otros «Gastos ordinarios que ocurrieron en el tiempo de la Abertura, Como son : Carbón, azeyte, velas, modelo natural...», se consigna una «gratificación al soldado que está de Centinela a la puerta principal de la Academia», detalle que nos intriga so¬ bremanera. ¿Para qué habría montada tan inusitada precaución?, ¿a qué extraños temores obedecería esa guardia militar en el ingreso de la Casa del Arte? Nada hemos encontrado, en el examen detenido de éste y de los de¬ más libros de «Acuerdos», o de «Depósito», de esta época, de la Corpora- ftâ - cíón que nos lo aclare. Quede, alto el interrogante, en espera qui¬ pues, en zás de mejor información. En la misma cuenta hay un gasto relativamente fuerte de «Obras de car¬ pintería», importante más de 225 libras. La rehabilitación de las salas univer¬ sitarias, el repaso de puertas, ventanas y otros elementos arquitectónicos de madera, llevó, a lo que se ve, algún trabajo sobre lo m,ucho charía —según se supuso— del que se aprove¬ ensayo anterior, toda vez que el gasto en mo¬ biliario aparece en partida aparte, y también de alguna importancia, por más de 179 libras. Esto, a más de los nombramientos de Conserje rencia por recaer en un llamado (al que ya se hizo refe¬ «Profesor de Pintura» —Sesión de 21 de Noviembre 1766) y del de Portero, en la histórica sesión Marzo del 65, en cuya ocasión se primera, de 11 de creyeron los miembros gestores de dicha Junta en el caso de hacer una declaración sobre las obligaciones de este últi¬ mo cargo, al definir «la necesidad que havía desde luego de proveer este em¬ pleo, para passar las Convocaciones Correspondientes y tener corrientes y Limpias las Piezas que havían de servir para la con muy pocas referencias Academia», es cuanto consta, más sumamente ros años de «San Carlos» intranscendentes, de estos prime¬ y de los inmediatos, en sus libros m. s. de dos» que haga referencia a atenciones «Acuer¬ materiales o serviles. A su vez, por el contrario, el instrumental específico de la enseñanza artística fué repetidamente, según se insinuó, especial objeto de atención de la esforzada Junta preparatoria y de los primeros académicos de «San Car¬ los». Ya en la época de «Santa Bárbara» hubo aportaciones generosas de sus desinteresados miembros, según de modo expreso nos refirió la ya citada «Representación» que aquella Academia inicial elevara a la «Muy Ilustre Ciudad», al hablar de los «bellísimos modelos de barro y alabastro que de susestudios llevaron —los profesores— a la Academia para que sirvieran en el de ella». Todos estos debieron quedar también sin desplazamiento ni ma¬ yor deterioro, útiles en suma, en el local cedido por la Universidad a las dos sucesivas Academias, toda vez que en las primeras cuentas de esta de «San Carlos», o mejor dicho, de su Junta preparatoria, no figura na adquisición de tampoco ningu¬ yesos o de otra clase de modelos plásticos o de piezas ana¬ tómicas, junto a los gastos (aunque discretos y limitados, según se ha bien pronto y taxativamente visto, especificados) hechos en «muebles» y en diver¬ sos servicios de instalación, detalladamente contabilizados, como los de «la¬ tonero», «cerrajería» o «carpintería». Aquellas piezas de estatuaria fueron sin duda elementos preciosos de trabajo en los primeros años de la nueva Academia, o mejor dicho, del Es¬ tudio público mantenido por su «Junta Preparatoria». En efecto, así debió ser, ya que solamente tres años más tarde y cuatro meses después de la san¬ ción Real de los Estatutos, en Julia del 768, toma la «Junta particular» las primeros resoluciones con respecto a la compra de modelos de yeso. De adquisiciones inmediatas técnico-didácticas, «científicas» propiamen¬ te, tan sólo encontramos referencia precisa en una de las primeras sesiones de la Junta preparatoria, la octava concretamente, correspondiente al 13 de Septiembre de 1766, en cuya ocasión presentó el primer ya dicho Director de Arquitectura, Vicente Gaseó, una formal hacía presente al pequeño consejo «haver «Representación», por la que pedido á la Corte una Copia de los Tratados que hay concluidos en el de Arquitectura de la Acade¬ nuevo curso mia de San, Fernando por considerarlos útiles para enseñanza de sus discí¬ pulos, cuya Copia ha tenido de coste Veinte Libras, moneda de este no». (Se refiere al «Curso Rey- completo de Arquitectura», que D. José de Casta- 64 — ñcda, Teniente Director de la de San Fernando preparaba ya desde 17S7 por encargo de dicha Academia, y que la muerte no le dejó terminar). Pero el afán bibliófilo del Director Gaseó no fué saciado con ello, y su neoclasicismo helenístico se enamoró de una colección de láminas del gigan- 'tescoTemplo al Sol de la ciudad de las palmeras —Palmyra— de la Siria ro¬ manizada, entonces virtualmente recién descubierta —sólo hacía poco más de medio siglo— y quiere tenerlo en la Academia para utilizarlo en su clase, por lo que «hace presente ser conveniente y útil la adquisición de dicha obra de Arquitectura», que según nos transmite el «Acuerdo» tiene por título «Fas , ruinas de Palmyra, y çuyo coste son treinta libras de esta moneda; que jun¬ to con las veinte arriba mencionadas (para el pago del «Curso» de «San Fer¬ nando»), hacen la suma de cinquenta libras, las que supplica, siendo del agrado de la Junta, se satisfagan del fondo de la Academia»; la que, com¬ placiente y estudiosa, «acordó se costée dicha cantidad, según expressa el su- pplicante...», con lo que quedó ampliamente saciado el famoso arquitecto neoclasicista y barroco a un tiempo, autor de la Capilla oval de la Virgen del Carmen, en la iglesia del mismo nombre, de Valencia; del orníito inte¬ rior de la de los Desamparados y de la apertura del Camino del Grao, pues también realizó trabajos notables de ingeniería, así como de decoración. La preocupación por,este género de elementos auxiliares de la enseñan¬ za reaparece, enel curso de los «Acuerdos» de esta primera etapa, en diver¬ sos pasajes y concretamente la obsesión por los libros y coleecionc^s de lámi¬ nas y grabados, tan sintomática de lo neoclásico y de lo auténticamente académico de la época, habiendo de .ello frecuentes y curiosos testimonios documentales, cual aquella «salida» que consta en el «Libro I de Depósito» —o de Caja— de fecha 13 de Abril de 1772, firrnada por el Secretario Bayarri y rubricada por Jura Real y Diego Navarro (los tres tenedores de las llaves del Arca) importante 30 libras, que «se sacaron para pagar los dos Libros de estampas que se acordó en Junta de Noviembre passado» ; anotación en efec¬ to concorde en todo con el contenido de las primeras líneas del «Acuerdo» de la Junta particular de 13 de Abril de 1772, que concedía «un I .ibramlento de 30 Libras de moneda corriente para pagar dos Libros de Estampas del Antiguo, que para uso de la Academia se han comprado según se acordó en Junta de 24 de Noviembre próximo pasado». Este afán librario tuvo, sin embargo, a veces trabas económicas, como acusa el «Acuerdo» de 6 de Marzo de 1781, en el que la misma Junta parti¬ cular, pese el Rey, do¬ al aumento de dotación concedido hacía tres años por blando justamente ayudar al Coste de Impre¬ la inicial, desiste de «costear o sión...» «de la traducción de Vitrubio» que estaba haciendo en Roma «el Dr. Ortiz, Presbítero» (aquel meritorio D. José Ortiz y Sanz, vicario mayor de Játiva, traductor de Vitrubio, Paladio y otros, vario y discreto disertante arquelógico y luego, desde 6 de Noviembre de 1803, Académico de honor de «San Carlos», de cuyas esforzadas empresas eruditas tanto y,tan bien escribe Menéndez y Pelayo), respondiéndole la Academia —a la que pedía su sub¬ vención— «que esta Academia de S. Carlos no se encuentra con medios ni tiene posibilidad para Ip que dicho Dr. Ortiz pretende». Afortunamente, la . obra llegó luego a ver la luz, en edición espléndida, merced al siempre bien dispuesto mecenazgo carolino. También a este cuidado de los elementos materiales de la enseñanza hace referencia una serie de resoluciones y de acuerdos obrantes en los primeros libros m. s. ele «San Carlos», como los muchos relativos al tema del «mo¬ delo natural», ya constante en las primeras Actas de la Junta Preparatoria; como en la sesión de 22 de Enero de 17fa6, cuarta de las celebradas, en que se •— 65 — asignaron «4 reales» al motlelo «por cada noche» (que debió percibir segura¬ mente el Manuel Velázquez, luego repetido en las Actas), aumentados, en Abril de 1769, en «2 reales de vellón», sobre «los cuatro que se le han dado hasta aora, en los días que está de servicio», y qüe sea «con la obligación 4en otroslugares ya manifestada) de ayudar al Portero en los días en que se ba¬ las salas de la Academia...», acordando en el mismo acto poner «otro rren hombre que sirva de segundo Modelo, en ausencia y enfermedad del prime¬ ro, asignándole quatro reales de vellón, en los días que esté de servicio» ; todo constante en «Acuerdo» de 30 de Abril de 1769, y sin perjuicio de que en otroy de 18 de Enero de 1760, se convenga busquen ese suplente los Di¬ rectores y «se le abone el salario de un real diario permanente, más tres suel¬ dos los días de trabajo». Esta misma atención por el material específicamente didáctico sigue alentando en varios lugares de los «Acuerdos» de la Junta Particular, de los que merece destacarse especialmente el tomado en Jupta de 17 de Julio de 1768 (ya confirmada plenamente la Academia, y segura de sus medios) de adquirir por compra Modelos de yeso, de una lista que fué presentada de los «que tienen vendibles los Modelistas extranjeros, con el coste dellos», de¬ cisión ya aludida con anterioridad en este trabajo ; siendo también recorda¬ ble por muy interesante, la declaración del Presidente Corregidor, Gómez de la Vega, hecha en la sesión de la Junta Particular de la Academia, de 5 de Agosto del año 1770, referente literalmente «a que D. Erancisco Domè¬ nech, Procurador del Conde de Carlet, al presente hallado en Italia, ofreció a esta Academia en nombre de dicho Sr. Conde su Principal, el uso de va¬ rios modelos. Libros y estampas venidos de Roma por qiienta y a expensas de dicho Sr. Conde», aportación que resultó útilísima a la Academia, pues —según se añade— el Conde, «aunque los remite para formar una Galería en su casa propia Solar de esta ciudad, quiere, sin embargo, que esta Acade¬ mia pueda usar y valerse de qualquiera de los modelos y Libros expresados para los ejercicios de su estudio». El rasgo del prócer la valió el nombra¬ miento, «ipso facto», de Académico de Honor, unánimemente acordado «con especial complacencia de todos los vocales». Al mismo respecto, han de merecernos aquí concreta referencia ciertas noticias de graciosas adquisiciones de material artístico-docente, aunque sólo sea, ya de pasada, por haber tenido a poco publicación oficial en las «Rela¬ ciones» de los Concursos públicos, editadas con los anexos mal llamados «Re¬ súmenes de las Actas de la Academia». Tales son las repetidas referencias hechas en esos solemnes fascículos (ilustrados bellamente con viñetas dibuja¬ das por Camarón y grabadas al buril por Brú), como la mención especial de gratitud a la Real Academia de San Fernando, entre otras razones 'por su donativo de «varios Modelos, Cabezas, Bustos y Figuras vaciadas por Ori¬ ginales de la Escuela Antigua», gratitud que extiende la joven Academia al regalo, de igual procedencia, de «los seis tomos de Arquitectura do' Palla- dio, el Vitrubio del Marqués Galiani, y de algunos Dibuxos de Figuras del Natural» ; la mención de agradecimiento asimismo a la «Real bondad», por el libro de «las Antigüedades de Ereulano, Monumento eterno de la pro¬ tección que nuestro amado Soverano dispensa a las Artes y a las Ciencias, dádiva... a esta Academia y tesoro que estima con dulce obligación», y al que dice coloca «en el más digno lugar de sus Estantes, y en el más recono¬ cido de los Corazones de los Individuos que forman este cuerpo»; así como el agradecimiento qne expresa al Infante D. Gabriel por su regalo de la «grande obra de Salustio español, con que S. A. a admirado e ilustrado al Orbe»; y la también gratulatoria mención de otro donativo de «San Fer- «t» 6Ô tiando», comprensivo de otros «muchos de los mejores modelos qué se cotl- servan de la Antigua Grecia ; el Grupo de Laocoon, el Apolo de belvede¬ re, la Venus de Médieis, el Gladiador de Burguese, el Apolino, el Castor, y Polux, el Fauno y otras varias piezas menores de igual antigüedad y perfec¬ ción» ; de cuya gozosa enumeración debemos destacar el auténtico carácter helenístico, griego-final, de casi todos los ejemplares que comprende y a tra¬ vés de cuyo barroquismo creían leer los Académicos del XVIII la esencia más pura de la auténtica helenidad. Al mismo tiempo, agradecen también la donación hecha por el Arzobispo Fabián Fuero, entre otros donativos su¬ yos en numerario, de un conjunto de «quatro Urnas con Figuras de medio Cuerpo, que representaban admirablemente —según la crítica ingenua, pese a todo, de estos eruditos— a las Almas en los quatro estados de Gloria, Pur¬ gatorio Infierno y Limbo» (pequeña obra plástica, en cera, todavía conserva¬ da) ; el regalo que D." Engracia de las Casas «embió a la Academia de varios modelos dignos de particular estimación»; el de D.. Pedro de Silva, de «la Estatua de Germánico» y de «muchos modelos de Cabezas antiguas, como el de un Caballo y varios otros...»; el del ilustre Pérez Bayer, Preeeptor de los Infantes y Canónigo de Valencia, de «...seis Estampas de los Triunfos de Alexandro Magno inventadas por el famoso Carlos Lebrun, con marcos muy decentes, cuyos Dibujo y Gravado son de un mérito muy particular y se han hecho muy raras...»; y, entre otros donativos de objetos ya menos in¬ teresantes, el de «Don Pedro Pasqual Moles, discípulo de esta Academia, su Académico de Mérito, y de la Real de San Fernando, Gravador del Rey de Franela y Director del Diseño en la Escuela de Barcelona...», consistente en «varias Figuras, Adornos y Dibujos de su mano muy útiles para la ense¬ ñanza». La misma aeuciante preocupación por el enriquecimiento de la colec¬ ción (que debía ser ya muy notable) de estatuas clásicas de la Academia de San Carlos, destinadas a la enseñanza dibujística, fué la que hizo ordenar la preparación de nuevos modelos o vaciados, según eonsta en la partida del capítulo de «Salidas», del «Libro I de Depósito», que nos refiereTómo en el día 31 de Enero de 1777 «se sacaron... .36 (Libras) para pagar a los modelis¬ tas las Matrices que han trabajado para la Academia». Asimismo, acudiendo a recursos y subvenciones, ya desde sus orígenes utilizados en la Academia de San Garlos, como se acaba de ver, recursos aún felizmente en uso en nuestros días por la Escuela de Bellas Artes, su homónima y sucesora, ob¬ tuvo de la gentileza de la Real Academia de San Fernando (perpetuamente, en esto, generosa y protectora) el regalo de un nuevo lote de estatuas —éste ya documentado con precisión en los m. s. de San Carlos, por los gastos de embalaje, transporte y recomposición o ajuste a la llegada— que supusieron para la Academia valenciana una «salida» «...de trescientas Libras treze sueldos y ocho dineros, los modelistas vaciadores, por el tra¬ para pagar a bajo de componer y ajustar las estatuas...», aparte de «los demás gastos que han ocurrido de Cajones, portes y otros, y a más de sesenta reales de Vellón para gratificar a dichos modelistas», según quedó sentado en el Libro citado de Depósito, con fecha de 17 de Septiembre del mismo 1777. El régimen de distribución del lapso anual, a los efectos lectivos, fué objeto de una reunión especial de la Junta preparatoria, «convocada con asistencia de los Directores de todas las clases y sus Thenientes, para tratar de el tiempo y estaciones en que deverán ser las aberturas de la Academia y lo que han de durar»; siendo notable cómo identifican sus fundadores a la Academia con su Escuela o público Estudio, sin reserva ni excepción. No se estableció en cada ocasión una norma uniforme con fechas fijas — 67 —. invariables, ni menos un curso único, a tenor de lo actualmente en uso, sino como dos cursillos, de invierno y verano, respectivamente, de muy diversas duración y características; en suma, y con sus propias palabras, convino se «que la abertura de sería el día 3 de Mayo, y dure hasta el 22 de Ju¬ verano lio, y las horas serán de 9 a 11 de la mañana los días de Fiesta tan'solamen¬ te» y «Que desde el 22 de Julio en adelante esté vacante hasta mediado Oc¬ tubre más o menos según la estación del tiempo lo permitiese y desde me¬ diado Octubre estará corriente' hasta últimos de Marzo, poco más o menos conforme parezca más conveniente y el tiempo de lugar». Ello supone, pues, a la Academia ya con su Escuela o «Estudio públi¬ co» en marcha y atendiendo así, apenas nacida, en verdad aún sin nacer del todo (la Junta preparatoria no era sino el germen de la Academia futura), al fin docente, universitario o facultativo de su nunca existencia, mejor así de¬ signado que en este caso, en razón a desarrollarse las enseñanzas bajo el pro¬ pio cobijo del «Alma Máter» valentina. Al llegar a este/ punto de nuestro trabajo, parece conveniente una refe¬ rencia parcial, sobremanera sumaria, sintética y resumidísima del contenido de los ya sancionados Estatutos, cuya larga y trabajosa génesis hemos revivi¬ do. De ellos, pues, interesa sobre todo' traer aquí el espíritu de ciertos pasa¬ jes y reglamentaciones —los que más convienen y atañen a estos efectos de la fundación de la Academia y de la primitiva docencia—, toda vez que, aunque publicados repetidamente dichos Estatutos en edición corporativa y,siempre «en la imprenta de Don Benito Monfort», no puede faltar su opor¬ tuno y seleccionado extracto en este lugar, ya que ciertos aspectos de la or¬ ganización de la enseñanza y otros extremos que han de exponerse en; las líneas que siguen mal podrían ser comprendidos sin tal referencia estatu¬ taria. A tal inserción presente de algo de las reglas constitucionales de la Academia, óbice tampoco, naturalmente, el haberse anticipado en al¬ no es gunas de. las páginas precedentes ciertas y precisas referencias documentales de actividades posteriores a la fecha de la sanción de los mismos Estatutos ; ya que si se hizo tal anticipo necesario de noticias fué por fáciles razones de necesaria integración informativa de la unidad ejemplar de algún otro mo¬ tivo o tema, como al tratar, v. gr., del montaje inicial de los estudios de «San Carlos» (ya dispuestos impacientemente por la «Junta Preparatoria» sin esperar a su elevación a «Academia Real») o al ocuparnos de otros extremos, y no en modo alguno por razones de puntual relación histórica, cronológica y sucesivamente dispuesta. La aludida circunstancia de las reiteradas ediciones recibidas por el tex¬ to estatutario nos exime de toda detenida consideración referente a la letra de su preámbulo o regia exposición de motivos, en cuya parte, además, no sehace sino aludir sumariamente al proceso de creación de la Academia, ya debidamente estudiado por nosotros —en páginas anteriores— con mayor detenimiento, y lo que es de mucho valor, a la luz de los documentos origi¬ nales m. s., inéditos hasta hoy en su totalidad. Las fases sucesivas de ¡a etapa de «Santa Bárbara», de su fracaso crema¬ tístico, de las nuevas instancias y esfuerzos valencianos, incluso con aquellos apoyos del Arzobispo «Muy Reverendo Padre Don Andrés Mayoral», y el trámite de otras recomendaciones al efecto ejercidas en la Corte, muy cono¬ cidos por estar ya todo ello repetidamente publicado (la última vez en el es¬ tudio del Sr. Sanchis y Guarner sobre Camarón), quedan allí referidos en las líneas de ese preámbulo por la pluma, al menos oficialmente, del propio Rey. Igualmente, los pasos de la Junta Preparatoria y de los variôs «reales agrados» y subvenciones iniciales que la precedieron, constan allí por vir¬ tud del resumido historial que precede al articulado de los Estatutos; con¬ cluyendo este preámbulo —ya en realidad en su largo último párrafo, estric¬ tamente dispositivo y operante, por contenerse en él nada menos que la de¬ claración más grave y de sustancia de toda la pieza legal— con la propia con¬ firmación de la Junta preparatoria, sublimada por virtud del texto (que la bautiza, asimismo, por des'gnio supremo, con el patronímico del Monarca) «al grado de Academia Real de las Artes con el título de SAN CARLOS», siguiendo la explícita confirmación «de la consignación de los treinta mil reales anuales... para su dotación y subsistencia...» y la fórmala, de taxativo imperio e indudable belleza, concretamente sancionadora : «mando c;ue todo le sea fijo, perpetuo, e irrevocable para siempre jamás; y es mi voluntad, que de aquí adelante en todo y por todo se guarden, cumplan y egecuten las Le¬ yes y P-statutos siguientes». El articulado estatutario, tan especioso sintomáticamente al tratar de los «empleos» da las diversas categorías de académicos, no nos formula un esquema de la tectónica general de las enseñanzas de la Casa. Ha dé irse de¬ duciendo trabajosamente de todo su texto, siempre a la luz de las noticias obtenidas de los libros de «matrícula» y de los) «de Acuerdos», sobre todo entre éstos, de los de las Juntas llamadas «Ordinarias», específicamente res¬ ponsables, según se verá, de la organización docente y de lo técnico; aun¬ que nunca en «San Carlos» se respetó mucho esta división del trabajo res¬ pectivo de cada una de las diversas «Juntas» estatutarias, taxativamente atri¬ buido por la soberana voluntad creadora. Las clases, en líneas generales, se ordenaron siguiendo un criterio ecléc¬ tico :) de una parte, se pensaron, organizándolas por una razón de destino o profesional, atendiendo al futuro o actual oficio artístico del alumno; de otra, al mismio tiempo, se idearon las docencias confundiendo' al personal de-las diversas especialidades, a los alumnos de varia vocación artística, en unos estudios comunes y graduados, con aprovechamiento simultáneo de sala: y modelo, por lo que resultaban, estas clases, generales y sin aparta¬ mientos atañentes a lo profesional ; es decir, había, es cierto, unas docencias singulares de escultura, de pintura y de grabado; pero, y esto es muy inte¬ resante, tenían también todos un comienzo común ; la clase de «principios» (o de «principios y estampas» si nos atenemos a la denominación que le da el Secretario en unos papeles sueltos sobre la matrícula, luego incorporados, transcritos, al libro de tales diligencias) en la que dibujaban de láminas o de piezas plásticas muy sencillas —de relivaria simplicísima— o de reproduc¬ ciones de fragmentos anatómicos humanos : ojos, orejas, narices; equiva¬ lente en ciertO'modo a las actuales clases de elementos de dibujo en general y artístico de las escuelas españolas de Artes y Oficios, o de la enseñanza media; pero por ella no pasaban todos, como en plan progresivo y riguroso se pediría, sino los que a sí mismos, o por dictámente de sus «Directores» o «Thenientes» considerábanse menos preparados en el conocimiento básico del dibujo. Esta clase estaba confiada a los llamados «Thenientes» (verdade¬ ramente profesores auxiliares) que cuidaban de ella por turno. Existía también semejantemente, en una graduación dibujística supe¬ rior, otra clase común a todos : la del «modelo en yeso», la tradicional en¬ señanza «del Antiguo», llamada del «modelo en blanco» en el ensayo de «Santa Bárbara», equivalente, en un todo, a la actual clase de dibujo clásico o de estatuas, pero con la variante notabilísima de asociar en ella simultᬠneamente el Dibujo del yeso y la pintura y el modelado «de estatuas» toda vez que en su sala se enseñaban asimismo estas dos artes, mediante (como se verá — 69 - también en la del «Natural») la «lectura» de un mismo modelo, aquí plásti¬ co.Los Directores alternaban, para atenderlas, en la forma que se reseña al hablar de la Sala del «Natural». Es muy interesante conocer que la distribución de los alumnos que dibu¬ jaban y pintaban del «modelo blanco» lo hicieron, desde 1778, en gradería, para mejor ver y aprovechar el espacio, a la manera aún practicada en no po¬ cas Escuelas. Igual gradería se dispuso en la Sala del «Natural». E! último término de este triple sistema, en cierto modo cíclico, lo constituía el estu¬ dio del «Natural»; pero con la curiosa circunstancia de que todos, dibujan¬ tes, pintores y escultores, utilizaban la misma fuente, aprovechando —como se ha dicho— un sólo «Natural», común a todos, según se desprende de lo^ Estatutos y de los libros m. s. Las enseñanzas de Arquitectura se atendían en dos fa^es o grados : unas docencias previas de matemáticas indispensables, y luego las de la especiali¬ dad artística que les es propia ; siempre tendiendo a orientar el alecciona- m'iento en un sentido más estético que técnico, más preceptivo-externo y es¬ tilístico que tectónico, y siempre, además, en esta época, en un local único, según, se desprende de los libros de «Acuerdos» de la Junta Particular, que invariablemente se refiern a «Sala de Arquitectura», como por ejemplo, en¬ tre otros casos, el, ya muy adelantado, de 1778, diez años después de la san¬ ción real de los Estatutos, en que al ver «las quentas de las obras hechas en las Salas de la Academia», se aliide a ciento sesenta libras, pagadas a Vte. Es¬ teve «por la fachada y cajones con los estantes para librería en la sala de Ar¬ quitectura». A este respecto de la Arquitectura es de notar el precepto técnico for¬ mulado por Carlos III, al promulgar los Estatutos, que determinaba se die¬ ran estos estudios «por el método que estableciese su Academia de San Fer¬ nando, cuando concluya el curso, que en. consecuencia de sus Estatutos y Acuerdos está! trabajando». (El mismo curso o texto a que ya aludiera, se¬ gún se vió, el «Director» Gaseó en su «Representación» a la Junta Prepara¬ toria de la Academia de Valencia, y del que afirmó haber ya «concluidos» al¬ gunos «Tratados», que interesaba se adquiriesen). «Luego ^—sigue diciendo el Rey— que obtenga mi Real' aprobación se comunicará a la de Valencia para que en todo y por todo se arreglen a él sus Directores y Thenientes. En tanto que el curso concluye—^continúa— los Directores de Arquitectura de Valencia explicarán a sus discípulos la Geometría y Aritmética necesa¬ rias paral la Arquitectura, y esta misma Arte, instruyéndolos muy por me¬ nor de sus reglas teóricas y prácticas, haciendo que estudien y tomen de me¬ moria de los libros más bien recibidos de estas facultades, lo que crean opor¬ tuno para ilustrarlos». Y concluye la minuciosidad Carolina, que es, en esta rama docente de las establecidas por los Estatutos, en la que. más hondo cala, estética y técnica¬ mente (no sabemos si por la afición arquitectónica del propio Rey, de la que son testimonio todos los solares y rincones hispánicos), con una oportuna exigencia didáctico-artística al decir a los Directores que «No admitirán "en sus salas a los que no estén lo bastantemente adelantados en el dibujo, ya lo hayan aprendido en la misma Academia, o ya en cuaquier parte». De la docencia del Grabado sólo establecen los Estatutos —en su ar¬ tículo XIII— la amplitud del concepto con quç debe profesarse, en el estu¬ dio de la Academia, tal disciplina artística; disponiendo explícitamente que la clase abarque todas las especialidades del oficio, en su más lata concep¬ ción : «grabado de estampas a buril, y á agua tuerte, así como en el hue- — TO¬ CO, o de medallas y todas sus partes», encargando al Director de esta especia¬ lidad su enseñanza conjunta, como causa específica indivisa de su empleo. e En la «sala» del Natural, como en la «del yeso», que completa con ésta el turno, «los Directores de Pintura, y Escultura alternarán por meses, diri¬ giendo los estudios de estas Artes»; de lo que resultaba que siempre había de haber en la sala del yeso un Director (o su suplente) de Pintura y otro de Escultura, y lo mismo en la del Natural, alternando aquéllos con éstos, siem¬ pre en pareja mixta, y atendiendo, respectivamente, los componentes de cada una de ellas a los alumnos de su arte específica, tanto en una como en la otra clase, y repartiéndose además el cuidado y corrección de los trabajos de dibujo., • Vemos en este bosquejo, imprescindible y simplificado, de la ordena¬ ción estatutaria cómo el providente cuidado y el mecenazgo de Carlos. III dispusieron la disciplina y jerarquía de los estudios de la naciente Academia de las Artes de Valencia; sobre el núcleo inicial de las materias artísticas ya profesadas en la tentativa de «Santa Bárbara», organiza la voluntad de Car¬ los IIIsistema docente más completo, agregándole las enseñanzas del un Grabado de toda clase y dando nueva vida a las específicas de Pintura,, que sólo la tenían embrionaria en aquel ensayo. Este primitivo cuadro de enseñanzas de la Academia permaneció inva- riado hasta 1778, ocasión en que, al duplicar el Rey lai dotación de treinta mil reales que venía percibiendo la Corporación desde sus comienzos, la impone, suavemente, ciertas obligaciones (a las que alude el acta de la Junta particular de 4 de Diciernbre del mismo año), como la unificación del lapso de escolaridad con el vigente en el Estudio de la Academia de San Eernan- do ; la trienal celebración de concursos de premios y la creación de dos nue¬ vos Tenientes, uno para la Arquitectura y otro para el Grabado, encargando al primero de un curso de Aritmética y Geometría Teórica y Práctica, y exi¬ gida la creación del segundo por la casi constante presencia del Director co¬ rrespondiente, Manuel Monfort, en Madrid. Es de notar que esta presencia de Monfort en la Corte fué de gran utilidad para la joven Academia, según se desprende de los acuerdos de la Junta particular, laudatorios de sus ges¬ tiones y buenos oficios, sobre todo el de 20 de Junio de 1779, en que se acuerda sufragarle sus gastos en viajes a los «Sitios», gratificaciones y otras diligencias, «aunque el Rey —dice el acuerdo— ha prerhiado los buenos ofi¬ cios de este Profesor», y «no siendo justo —añade el acuerdo— ni menos co¬ rrespondiente al honor de esta Academia que dichos gastos se hagan a expen¬ sas del mismo Monfort». En la disposición duplicatoria de la dotación real a la Academia, de 1778, a referimos, se da también la orden de que «supuesto que el di¬ que antes nos bujo es el alma de todas (las Artes), debe abstenerse la Academia de San Car¬ los de inclinar a ningún discípulo a ejercitarse en el Grabado, sin que lo haya hecho, o lo haga al mismo tiempo en diseñar los mejores modelos y el natural», y asimismo dispone que ha de mantener en Madrid uno o dos pen¬ sionados. Einalmente, en esta disposición real a que nos venimos refiriendo es de notar, entre la alteración del cuadro docente, la institución de una «sala se¬ parada el estudio de las flores, ornatos y otros diseños adecuados para para tejidos...», servicio de las necesidades estéticas de la manufactura sedera en y por la cual hemos hecho particular reseña de esa disposición Carolina. Esta nueva enseñanza fué el núcleo de la futura clase, independiente y equipara¬ da, de «Dibuxo de Flores y Ornatos», con cuya consagración definitiva, en 1784, expira, según se advirtió, el plazo de niñez de la Academia. Para ella. — vi¬ eil esafase inicial, tímida y embrionaria, se requirió el nombramiento de un «Maestro de Flores», respecto de! que se acordó convocar concurso en el «Acuerdo» de la Junta Particular de 4 de Diciembre de 1778, ya citada, y en el que se dió cuenta del aumento de dotación y obligaciones acompañantes. Rs curioso señalar con qué modestia —verdaderamente artesana— nace esta docencia del dibujo floral. La «Continuación de la Noticia histórica... etc...» —Valencia 1781—, al transcribir el Real Decreto de 24 de Octubre del 78, referente a dichos au¬ mentos de dotación y nuevas obligaciones —dirigido, por cierto, al famoso D. Antonio Ponz, por la calidad de su cargo oficial de Secretario de la Academia de San Fernando—, dice : «La Academia cuidará de destinar a este nuevo estudioaquellos de entre sus discípulos, que manifestando qui¬ a zás menos talento hacer grandes progresos en alguna de las tres Nobles para Artes, descubran acaso aquel genio y varia inventiva que se requiere para se¬ mejante especie de diseños : bien que no se admitirá en dicha sala a discípu¬ lo alguno que no sepa ya diseñar las partes del cuerpo humano, en cuyoeger- cicio pueden sólo adquirirse la exactitud y corrección necesarias; sin que el número de estos dibujantes pueda execeder por ahora de doce. Y a fin de que abunden en ideas, y se forme el gusto, procurará la Academia de San Carlos adquirir las colecciones de Estampas de grotescos, y ornatos antiguos, que nos han quedado de los mejores Profesores de las Artes, donde la di¬ versidad compite con lo exquisito y, agradable de la invención». ' Por interesante incluimos aquí la referencia documental de una inciden¬ cia ocurrida a los dos años justos de concedido el aumento de dotaciones re¬ ferido y con respecto al mismo. Rn Sesión de «Junta Particular», de 13 de Octubre de 1780, se vió una Carta Real,'«Fecha en S. Ildefonso en 2 de Oc¬ tubre... sobre pedir a la Academia diga en qué se invierten los 30 mil reales de la sobredotación...». Este requerimiento dió motivo a que, previo un es¬ tudio de las disposiciones del caso, de los decretos alargando los estudios y aumentando la incipiente enseñanza «de Flores», etc., y tras considerar la Junta Que «no ha hecho otro cue cumplir y obedecer...», se acordase mani¬ festar al «Ministro quanto va dicho, acompañando un testimonio que justi¬ fique haber distribuido dicha sobre dotación según S. M. lo manda : mani¬ festando igualmente el sentimiento que le cabe de haverse podido dudar de la integridad y buena conducta de la Academia ; esperando de S. M. se dig¬ nara mandar se dé satisfacción a la Junta -de esta infundada y calumniosa queja por los mismos que la han dado». A lo oue, atento y cuidadoso, con¬ testó rápidamente el Ministro, el 7 de Noviembre «se vió (en la mis¬ pues va ma Junta Particular) una carta del Rxcmo. Sr. Conde de Floridablanca, di¬ rigida al Sr. D. Joaquín Pareia Obregón, Presidente de esta Real Academia, y en ella expresa : «que S. M. nunca ha llegado a dudar de la integridad de los sujetos que componen esta Junta en la Administración y aplicación de los fondos de la Academia, como inadvertidamente ha juzgado la misma Junta; ...I.o que participa... y sirva de satisfacción...». Incidente curioso que nos informa sobre el espíritu y la ética escrupulosa de los administradores de «San Carlos», así comio de la cuidadosa providencia estatal en la aplica¬ ción de sus recursos. Sobreesa —ya reseñada— estructura docente, de inmediata aplicación a la práctica diaria de la enseñanza y de relativa simplicidad, montan los Es¬ tatutos un complicadísimo sistema jerárquico, en dos modalidades : una in¬ dividual y otra colectiva, cuya sumaria descripción y comentario sintético de sus funciones, hechos sobre los documentos ra. s. y publicaciones oficiales — 72 — contemporáneas, suponencabalmente la exposición y glosa de la otra gran zona estatutaria, elemental y parcial recensión interesaba. cuya La rica frondosidad protocolaria de los títulos y «empleos» Académicos aquí triunfante, proviene del complejísimo y retórico andamiaje académico francés del XVII, barroco en el fondo e inspirador de los Ministros y del propio Rey sancionante de los Estatutos de Valencia. Corona el edificio de la Academia valenciana un Presidente, con los cui¬ dados'y responsabilidades propios del cargo, qué irá ligado siempre, en unión indefectible, al corregimiento de la Ciudad y Reino-. De sus atribuciones des¬ taca aquella de conocer, antes de que fueran formuladas en «Junta alguna de la Academia», toda «representación, memorial, carta u otro papel» que quie¬ ran leerse o comunicarse, y de las que habrá de dársele/ cuenta, en particu¬ lar, anteriormente, y «obtener su permiso», que «a ninguno se podrá negar sino en caso de que la materia sea absolutamente inoportuna o perjudicial al Instituto, o injuriosa a algún Individuo». Un Vicepresidente, constituido por «el Regidor (de la Ciudad) que sea Consiliario más antiguo», ejercerá los oficios supletorios habituales, siguiendo, en la jerarquía académica, institui¬ da por los Regios Estatutos de «San Carlos», el cuerpo de Consiliarios y Vi- ceconsiliarios, precisamente «Regidores de la Ciudad de Valencia» y pro¬ puestos a "la Academia de S. Fernando, los primeros, en terna, al tiempo de ocurrir las vacantes o convenirles crearlos de nuevo, y los segundos, a la Ciudad, y .en bina. Unos u otros, en auxilio simultáneo y suplencia, se ocu¬ parán en las Juntas de los negocios del Gobierno de la Academia, y en las «salas» dé su estudio de la aplicación y superior vigilancia, celando «sobre que se obedezca la subordinación, buen orden y modestia», y de que los es¬ tudios se hagan con el cuidado y método «que quedan prevenidos», «para todo lo cual el que estuviere de turno tendrá en la Casa de la Academia to¬ das las veces y autoridades del Presidente». Uno de los Consiliarios, «a elec¬ ción de la Junta Particular», compartirá con el Presidente y el Secretario la posesión de las llaves del «Arca de los caudales de la Academia», de las que cada uno guardará la suya, debiendo coincidir para los ingresos y las salidas. Los Académicos «de Plonor», aunque postpuestos en la materialidad de la sucesión del articulado estatutario, son asimilados a este grupo gobernan¬ te de miembros de la Academia, constituido por Presidente y Consiliario y sus «vices» ; elegidos aquéllos entre «personas de distinguido carácter, amor a las Artes y celosas del bien público, ya sean seglares o ya eclesiásticas», a propuesta del Presidente —a quien se lo «manda» expresamente Carlos ITI— son la verdadera diputación del mecenazgo y de los amigos del arte, de sus cultores y de sus eruditos. Se les asigna la alternancia —mediante turno— con los Consiliarios y sus vices, y también la suplencia a los mismos, e inclu¬ so al Presidente, en la vigilancia y en las juntas. Es este el lugar de decir que un «Director General» cuidaba de la supe¬ rior vigilancia de las docencias, teniendo el privilegio de corregir en todas las clases, aun en presencia del Director particular respectivo, y que servía en realidad de enlace entre las que podríamos llamar escalar gubernativa y técnica de la corporación. Sobre el Secretario gravitan —estatutariamente— la mayor parte de las obligaciones concretas de gobierno y administración «del Instituto» ; a su cargo están «el archivo, libros, papeles y sellos» ; la asistencia con voz y voto a todas las Juntas (de las cuatro clases de ellas que instituyen estos Estatu¬ tos) ; el cuidado de los borradores de los «Acuerdos» de todas ellas; la lec¬ tura en cada sesión del «Acuerdo» de la precedente; la autorización «de co¬ pias, certificaciones y demás documentos» ; la publicación de «carteles o con- — 73 — vocatorias» para los Concursos «que se ofrezcan»; la filiación de los oposi¬ tores y su instrucción sobre las pruebas ; la firma «de cartas y demás despa¬ chos de la Academia», «el cuidado de las impresiones que so ofrezcan» ; el aviso mensual a los Directores y Tenientes del turno de actuación docente que les corresponda y el cuidado de atender a sus suplencias y excusas; la documentación, o expediente «de todos los Individuos de la Academia», en sus datos de todo género, obras, calidades y circunstancias ; el cargo de Fis¬ cal de la observancia de los Estatutos; el asiento de las partidas de dinero, entrantes y salientes, y de los libramientos, en distintos libros; el inventario —guardado en la misma Arca de Depósito— «de los muebles y alhajas de la Academia»; la habilitación para percibir del Mayordomo de Propios de la Ciudad de Valencia la dotación del Instituto y para todo otro ingreso; las formalidades de la apertura del «Arca de los caudales» ; el ajuste de cuentas al Conserje—pagador general—y todo el trámite económico, muy minucioso y «papelista» la jefatura de los subalternos (Conserje, Portero y demás de¬ ; pendientes) y del material, y la obligación de residencia y presencia constante en la ciudad de Valencia, cuyas excepciones son precisamente reglamen¬ tadas. El mecanismo dispuesto por los Estatutos previene unas categorías de Académicos que, por su interés en relación con la enseñanza artística, con¬ viene señalar. Por bajo de esas supremas jerarquías de Presidente. Vicepre¬ sidente, Consiliarios y Viceconsiliarios, y aparte de esa máquina gobernante y administrativa que hemos reseñado y cuyas piezas 'siguientes, ínfimas, son el Conserje (celador máximo y directo de materiales, local, luces y fuegos, pagos y vigilancias y cabeza de los demás subalternos) y los Porteros (sus au¬ xiliares subordinados), se dispone todo el mecanismo de la enseñanza que, en sus elementos docentes, se puede resumir en tres grupos o categorías de personal : la primera, y más directamente encargada y responsable de la pro¬ fesión de las Artes, es el grupo de «Thenientes» y «Directores», sobre ios que ya se ha anticipado suficiente copia de noticias, equivalentes virtualmentc a lo que de ellos se ocupan constitutivamente los Estatutos. La segunda, la de los Académicos de mérito, viene a corresponderse, en esta esfera docente, con la de los «dé Honor» en la gubernativa ; si éstos turnan, auxiliándolos y supliéndolos en su labor directora, con ios supremos jefes de la Academia, aquéllos hacen lo propio., «mutatis mutandis», con los Profesores,, Directores y «Thenientes», siendo a su vez prácticamente maestros, en una modalidad de enseñanza por el ejemplo, interesantísima, inusitada y excepcional en este ambiente académico, toda vez que siendo elegidos entre «aquellos Profesores de las tres Artes y Grabado que hayan adquirido en sus respectivas profesio¬ nes toda la pericia necesaria para ser reputados maestros en ellas», se les or¬ dena que «asistirán a los estudios Con la posible frecuencia, así para dar buen ejemplo a los discípulos como para irse perfeccionando más y más, a fin de serascendidos a Directores y Thenientes». Curiosa misión la de estos acacfé- mieos de Mérito al ser llamados, ya hechos y maduros, a ejemplarizar con su maestría—practicada en público en los «Estudios de la Academia»— a los discípulos de la misma, que quizás sea débil vestigio del viejo método do- cente-artístico del aprendizaje. Antecedente de esta singular práctica lo encontramos, según ya dijimos a su tiempo en las «Constituciones» de «Santa Bárbara», donde ya, al reser¬ var derecho de elección de sitio en los estudios a los «Académicos de núme¬ ro» de aquella Corporación, reconocía la realidad de la asistencia de los se mjismos a las prácticas artísticas, sin otro objeto, naturalmente, que el de la ejemplaridad de los discípulos, laborantes al lado de estos artistas ya forma- _ 74 — dos, y el del propio perfeccionamiento de los mismos «Académicos de nú¬ mero». Semejante testimonio de esta asistencia a los «estudios» practicada por los académicos, se deduce, por lo que se refiere a «San Carlos», del artícu¬ lo XI, número 2 de sus Estatutos, cuando encarga a los Directores de Pin¬ tura y Escultura «corregir los dibujos... y aun de los Académicos Thenientes y Directores que asistiendo voluntariamente a estos estudios, les pidieron su dictamen y corrección; pero sin que ellos lo pidan no pasarán a corregir¬ los». Práctica casi del todo perdida esta de la asistencia, digna y modesta a la vez, de los Profesores no encargados de la clase y de los Académicos a las clases prácticas, de cuyas eficacísimas virtudes de ejemplaridad y de emula¬ ción podría esperarse hoy todo un proceso de regeneración docente aijtística. Una última clase de Académicos, la de los «Supernumerarios», ya exis¬ tente en las viejas y casi familiares «Constituciones» de «Santa Bárbara», se nutre de los discípulos premiados o. especialmente notables y de artistas que, sin haber sido alumnos de la Academia, hayan contrastado de modo feha¬ ciente su relativa madurez, siempre que unos y otros todavía requieran cur¬ sos de insistencia y de perfeccionamiento en sus Artes respectivas. Además del complicado andamiaje personal que acabamos de ver, se organiza por la disposición Carolina otra estructura de tipo colectivo bas¬ tante compleja, compuesta por cuatro clases de Juntas, llamadas Particular, Ordinaria, General y Pública. La Junta Particular, como hemos visto, es la verdadera Junta de Gobierno, que entiende en todos los asuntos de la Academia. Ordinaria se ocupa especialmente de los estudios, oposicio¬ nes. emóleos facultativos y propuesta de académicos. La Junta General trata de la adjudicación definitiva de premios y concesión de pensiones. Einal- mlente, la Junta Pública interviene exclusivamente en la distribución de aquéllos. El personal no docente de, la' Academia tenía un apéndice inexcusable, del Que ya nos hemos ocupado, pues su misión se podía asimilar y se asimila a la de los elem'entos materiales.de la enseñanza, dada su intrínseca pasivi¬ dad, y no a la de los elementos actuantes y humanos, auténticamente perso¬ nales. Nos referimos a los «modelos», siempre necesarios en una Escuela de Arte y ya objeto de alguna referencia en las «Constituciones» de «Santa Rár bara», que hablan, identificándolos, del «Modelo o oortero», atribuvendo a este empleado el cuidado de fuegos y luces; y liberándole de la obligación de permanecer en «pose» más tiempo de las dos horas estatuidas, si no que¬ ría acceder a la petición de alguno a quien faltase poco para concluir la figu¬ ra. Mayor atención les dedican los solemnes Estatutos carolinos, al consa¬ grarles su artículo XIX, exigiéndoles, como en la Academia precedente, se¬ gún acabamos de ver, ciertos trabajos activos de auxilio en el aseo de la Casa, por lo que participan ya estos empleados de las características del per¬ sonal subalterno, junto a las suyas específicas de material docente. Colabo¬ ración servil que efectivamente —como a los de la primera— se exigió a los modelos de la segunda Academia, como consta del «Acuerdo» tomado por la Junta Particular, en 30 de Abril de 1769, de aumentar la paga del modelo Velázquez; circunstancias y personas ya aludidas en otro lugar de este trabajo. El cabal conocimiento de las clases o especialidades de estudio reseña¬ das, mantenidas en la Academia de San Carlos desde el comienzo do su vida, exige que traigamos aquí una sumaria noticia, por fuerza extractada, de cier¬ ta investigación curiosísima y en extremo sugerente, que nos ha sido dado llevar a cabo con las primicias de las anotaciones de matrícula de la Acade¬ mia. Es sobremanera desastrada la organización del Libro I de ese servicio (Matrícula), precisamente el que más interesa a los efectos del conocimiento del alumnado de la época que nos ocupa, inicial de «San Carlos», verdadera y definitiva «proyección en Valencia del movimiento academista europeo»; no obstante, procuraremos traer aquí las conclusiones más interesantes del estudio del referido m. s. La información sobre el número y calidad del alumnado inicial de las clases del Estudio público de «San Carlos», es singularmente deseable. Co¬ nocer quiénes, cuántos, de qué condición y en qué orden o distribuciones, fueran los que respondieron al llamamiento de la «Junta preparatoria» en 1766, es noticia por demás simpática y sugestiva. Revivir la cantidad, la con¬ dición y hasta el aspecto de la corriente humana que, sobre las seis de la tar¬ de del histórico 13 de Febrero de dicho año, entraba —sin sospechar segu¬ ramente la trascendencia de sus pasos— por el zaguán universitario de las Salas de la naciente Academia, por delante del enigmático centinela, ya alu¬ dido, y del portero Francisco Quiles, no sabemos si ya uniformado o no (los. primeros libramientos específicos para esta atención se despacharon en 30 de Junio del 73) —que ya había visto semejantes afluencias en la de «Santa Bárbara», a la que sirviera en el mismo puesto—, es indudable regalo de his¬ toriadores y placer finísimo que él sólo puede compensar muchas fatigas. Por desgracia, las noticias a ello conducentes adolecen de algún defecto relativa y afortunadamente subsanadle—, pues si bien en el «Libro I» de «Matrícula de la Real Academia de San Carlos» (comprensivo desde Febre¬ ro de 1766 hasta Abril de 1799), no hay anotaciones formales hasta el' ejerció cío escolar 1785-86, comenzado en L° de Septiembre del prim.ero de dichos años, fué ya suplida, voluntariamente, esa falta de puntuales inscripciones primitivas, anteriores a tal curso, con la fiel transcripción de los datos apa¬ recidos en, diversos documentos sueltos que, en parte, subvienen a la infor¬ mación necesitada y completan relativamente el contenido del volumen. La meritoria transcripción fué hecha personalmente por el segundo se¬ cretario de la Real Academia de San Carlos, sucesor de D. Tomás Bayarri (al jubilado éste), D. Mariano Ferrer, cuyo retrato, hecho por ser Goya du¬ rante la estancia dej maestro en Valencia, y perteneciente a los fondos del Museo de esta ciudad, es bien conocido y generalmente alabado. Fn le¬ tra de Ferrer están hechas precisamente todas estas transcripciones de da¬ tos, procedentes de papeles sueltos, pudiendo aquí nosotros sentar esa afir¬ mación a la vista de los resultados clarísimos de un estudio comparativo de la grafía de más de un centenar de firmas autógrafas de este nuevo Secreta¬ rio, en relación con aquellas anotaciones del «I-ibro I de Matrícula». Este celo de D. Mariano Ferrer reorganizó —según se desprende de un minucioso examen de los libros— todo el registro de inscripción o alistamiento en el estudio de San Carlos, en cuyo primer volumen (aparte de un imperfecto índice) consigna, formalmente y conpuntualidad, las inscripciones de ma¬ trícula ocurridas para las clases de la Academia, en cada mes del ejercicio escolar, a partir del que comenzara en Septiembre de 1785, o sea desde el curso inmediatamente anterior a su toma de posesión de la Secretaría, en cuyo tiempo servicio ya venía ayudando al anciano D. Tomás Bayarri, se¬ y gún nos acredita la aparición de la contrastada letra del citado Ferrer, desde la puesta en limpio del Acta de la Junta Particular de 25 de Mayo de 1783, en la que sólo el epígrafe general y las notas marginales (de asistentes y otras) son aún, como la media firma del Secretario, del pulso vacilante de — 76 — Bayarri, siendo en cambio todo elcuerpo del escrito de la de su auxiliante D. Mariano, que en la Junta próxiína, inmediata posterior, y en la mayor parte de las siguientes, lo manuscribe ya todo, salvo las firmas, naturalmen¬ te. Es decir, que desde 1783, en que empieza Ferrer a llevar el peso de la Secretaría (que pronto dos años después ocupa por jubilación de Bayarri), aparece correcta la inscripción de Matrícula, por virtud del mayor cuidado de dicho nuevo y más joven Secretario, que no contrajo a esto su celo, sino que lo extendió a otros aspectos del Archivo, como el libro «Inventario» hecho eñ su mandato y con su letra, en 1797. D. Mariano Ferrer, pues, sub¬ viene a la carencia de inscripciones anteriores a su posesión «de facto» de la Secretaría de la Academia de dos maneras distintas y alternativas : transcri¬ biendo —unas veces— «unos papeles que se encontraron de mano del di¬ funto D. Tomás» y aprovechando —otras— los montones de «Memoriales» (o solicitudes de Martícula) que encontró, a su llegada a la Secretaría, «en uno de los estantes de la Librería», unos de ellos fechados y otros no. Con¬ seguida mediante estas investigaciones cierta aclaración de los elementos disponibles, vienen a interesarnos, particularmente, a los fines de nuestro tra¬ bajo, las noticias dispersas y procedentes de los papeles «del difunto D. To¬ más» conservadas y fijadas felizmente por,esa afortunada y hábil diligencia hecha, con las notas y documentos del primer Secretario de «San Carlos», por el esmero organizador del seguiído. Así, venimos en conocimiento de la siguiente información : para el día de la apertura de clases había inscritos en la «de Principios» 153 alumrios de la más varia edad, condición y circunstancias ; desde el hombre maduro, de 46 años (D. José Molina Sierra), y el joven, de 24 (D. Antonio Martí, «cor¬ donero de la calle de Gracia»), hasta los niños de nueve años (Salvador Vi¬ sent, Josef Bavi y otros), abundando los de 10, 11 y 12, y no faltando ni mu¬ cho menos, los adolescentes de 15 a 20 ; desde los hijos, respectivamente, de un «Paje del Conde de Olocau» o de un «Criado Mayor del Marqués de Ráfol», a los muchos plateros, inscritos con deseo del conocimiento del di¬ bujo, y a un empleado «en la Contaduría de Aduanas» ; si bien los. más de los inscritos figuran sin profesión personal dada su corta edad, constando sólo la de sus padres, variadísimas en extremo (con lógico predominio de los oficios artísticos, y artesanos de toda especie) : hijos de varios terciopéle- ros, «bellutero^» y «téxedores»; de albañiles, canteros y carpinteros; de ca¬ jeros y doradores; de impresores y escribanos y muchos de labradores, con¬ viven con los jóvenes vástagos de los empleados en las profesiones más pe¬ regrinas : un «lotero», un «cónsul de Denla», un calesero, un velero, dos «Enfermeros del Hospital de estudiantes», un «Maestro de coches» y un «Al¬ quilador» de ellos, varios pasteleros (interesados también curiosamente por la ciencia del dibujo) y repetidos sastres, un guantero, un «reloxero», un ci¬ rujano e inclusive un «Estudiante de Filosofía» y un «oficial de la Contadu¬ ría de Tabacos», así como «un maestro de sillas en la plaza de Cajeros»; to¬ dos los cuales mandaron también, entre otros, sus jóvenes hijos al nuevo y deseado Estudio de «San Carlos», quienes convivieron en aquellas veladas laboriosas bajo la solemne y atenta mirada de tos Tenierites de turno en la clase más rudimentaria. La procedencia territorial de ese gran grupo de alumnos «fundadores» de la Academia (único dato relativamente bien documentado de ese primer ejercicio escolar del Estudio, según ya se advirtió), es menos variada : ¡prin¬ cipalmente, todas las tierras del Reino valenciano fueron proveedoras del personal discentc; desde «Origüela» a Zorita (del Maestrazgo) y desde «Xá- vca», Novelda y Alicante a Vinaroz, pasando por Benigànim y Játiva (em- — 7? - bozada ésta el nombre borbónico y punitivo de «San Felipe») con y sobre todo por la Capital, de todas las villas y Ciudades de Valencia acudieron ni¬ ños, mozos y hombres rnaduros al nuevo Estudio de «San Carlos». Excep- cionalmerite, se mezclan con ellos algunos de otras tierras españolas : varios murcianos, algunos de Madrid y poco más. De las otras clases no se según es sabido,.dato alguno; el celo conserva, de D. Mariano Ferrer encontró, sin duda, ningún papel suelto de su an¬ no tecesor que transcribir a este_ respecto. Por los datos, algo más completos, del curso siguiente, podremos intuir la proporción, sin duda análoga, que guardaría la matrícula de las otras clases (del natural, arquitectura, etc...) con la, siempre más nutrida, de «Principios», en ese primer ejercicio acadé¬ mico, de 1766 al 67, tan pobremente documentado. I,a información sobre la matrícula el en cürso 1767-68, segundo de la Escuela pública, llega igualmente, transcrita por el puño y la letra del nos nuevo Secretario, D. Mariano F^errer, pero obtenida, no de un.a nota de Rayarri, sino «por un papel» —encontrado por el dicho Ferrer— quei decía así : «Lista de los que dibujan de principios y de Estampa hecha en el Año 1767». Por ella venimos en conocimiiento de cómo, del primero' al segundo período escolar de «San Carlos»,- decreció algo» la inscripción en dicha clase elementalísima, o «de principios», descendiendo el número de apuntados, de 153 a 116, de cuyos escolares ya no tenemos noticia alguna respecto a su filia¬ ción, edad ni naturaleza, por venir escueto el nombre, con sus apellidos, en la lista transcrita. La misma pobreza de datos ocurre en la matrícula de las restantes clases, obtenida de igual modo por las transcripciones de respecti¬ vos «papeles encontrados» : «del Natural» trabajaban once alumnos, inserí tos para una «Sala», en el mismo curso del 67 al 68 (entre ellos los luego glo¬ riosos escultores Josef Esteve y Francisco Sanchiz), habilitándose pronto en ese mismo curso una nueva «Sala del Natural» para otros once, desde el 20 de Noviembre, según consta de estas anotaciones del referido Libro ; detalle que a su vez nos informa sobre el buen criterio de los dirigentes de «San Car¬ los», respecto a la limitación de plazas de alumnos en las salas del natural, en culto bien debido a la mayor eficacia del trabajo y de la «lectura» del mo¬ delo si los dibujantes son en número reducido. La «sala del modelo blanco» contaba (según papel sin fecha, del que dice Ferrer parecerle anterior y un que a nosotros nada nos extrañaría, antes al contrario, se refiriese al curso precedente, tan indocumentado a este respecto) corl 37 inscripciones, y la «de arquitectura», según el mismo documento, 36, entre los que figuran Min- guet. Soto, Lloréns y otros, luego m'aestros de obras famosas. En el margen de todas estas inscripciones, y como ya se había iniciado con respecto a las anotaciones indicadas del curso precedente, se consignan unas referencias personales de algunos de los escolares, constitutivas, en ciertos casos, de unos verdaderos y comprimidos expedientes individuales de los alumnos acotados.. Basten como botones de muestra las anotaciones miargiiiales referentes los alumnos que pronto iban, al dejar de serlo, a a sonar machaconamente en todos los libros mi. s, de la Academia, según he¬ mos podido comprobar. Junto a la inscripción nominal de «Bartolomé Ri- velles» (en la clase de «Principios y- Estampa»), el que luego habría de ser constructor habitual de la Academia en diversas obras, de nueva o de vieja planta, nos encontramos, siempre con letra de Ferrer y en sintomáticas y muy diferentes tonalidades de tinta, unas curiosas acotaciones :. «Rivelles Aprobado de m(aest)ro de Obras ert 21. Octubre de 70. Ac(adémic)o de mé(rito) en 14 Ag(os)to 73. Onores de teni(cn)te en 22. Marzo de 75»; y; al lado del nombre de Josef Fuchol, alumno, con Esteve, Sanchis y otros ocho. — 7Ô — en la sala primera de esas dos «de! Natural» a que se ha hecho referencia, encontramos la siguiente curiosa ticha personal, completísima en su breve¬ dad suma : «Puchol. Aprovado de Escultor, en 24 de Julio de 68. Académico de mérito en 30 Ab(ri)l del 69, teniente en 2 de Junio 71, honores de Direc¬ tor en 25 Mayo 74. Director en 21 Abril 76». De este Puchol habrían de ocuparse constantemente los posteriores acuerdos de «San Carlos», con motivo, primero, de sus premios; luego, de sus nombramientos, y por último, con ocasión de unas enojosas y dilatadas incidencias profesionales relacionadas con la construcción de una nueva ca¬ pilla a San Vicente en el antiguo convento de Padres Predicadores de Valen¬ cia (Àctas de là Junta Particular de 11 de Julio, 24 de Julio, 7 de Agosto, 13 de Septiembre y 25 de Octubre de 1772). De interés análogo son las anotaciones marginales hechas junto a ios nombres de Esteve, Sanchiz y otros. El C enso de la población escolar de la Academia se fundamenta, como repetidamente se dijo, fragmentarias informaciones en los primeros en esas años de ésta ; luego los lotes de Memoriales, fechados, que fué encon¬ en trando Ferrer en su rebusca y, luego, en referencia global, en los nombres aparecidos en otros Memoriales sin fechar; y sólo de modo directo, según se dijo, desde el «Año 785», aunque siempre, lamentablemente, de manera incompleta al referirse sólo a la «Sala de Principios». En todas estas ins¬ cripciones se mantienen semejantes, a lo ya visto, la cantidad de alumnos de dicha clase de Principios, las circunstancias de los escolares inscritos y el in¬ terés de algunas anotaciones marginales : las de los alumnos llegados luego a mejor fortuna artística. La mujer no parece, por las listas y otras noticias, que tuviera entrada como simple alumna en las aulas de «San Carlos»; con todo, es de interés a este respecto cuanto refiere el segundo de los mal llamados «Resúmenes' de las Actas de la Academia», referente a las habidas desde 18 de Agosto de 1773, publicado oficialmente en el fascículo «Continuación de la noticia his¬ tórica de la Real Academia de las N.N. A.A., etc... Valencia 1781», por lo que podría suponerse que, como Académicas de mérito y sobre tqdo como «Supernumerarias» (en calidad procedía intrínsecamente la perfeccio- cuya nadora y ejemplar asistencia al Estudio de la Academia), hubo alguna vez precoces antecedentes setecientistas de la moderna presencia de la mujer en los claustros de «San Carlos». "Dice así ese párrafo del «Resumen»: «También la Academia tiene, y estima como pfopios los adelantamientos en el Dibujo y Pintura de varias Señoras de Valencia, que no sólo son Dis- cípulas de los Profesores de la Academia, sino que para su noble aplicación ha influido esta en mucha parte por él apreciable concepto que ha merecido al público. La Señora Michaela Ferrer, que ya era Académica Supernume¬ raria, fué declarada Académica de mérito en Abril de 1777 ; y las' señoras D." Josepha Mayans y Pastor, D.^ Manuela Mercader y Caro, Baronesa de Ches'te, y D." María Caro y Sureda, hija de los señores Marqueses de la Romana, fueroii recibidas por Académicas de mérito con honores de Direc¬ toras en vista de las Obras que presentaron; la primera en Octubre de 1776, y las dos últimas en Diciembre de 1779. También ha sido recibida en la mis¬ ma clase de Académica de mérito y Directora honoraria por la Obra, que presentó en Octubre de 1774, la Señora D," Engracia de las Casas, Vecina de Barcelona». Permanece la Escuela pública de las Artes, de la Real Academia de San Carlos de Valencia, sin alteración estatutaiia esencial, sobre todo por lo que a lo docente se refiere, hasta 1784, toda vez que la Real Orden de 1778, fÔ — de «sobrcdotacidn», sólo impone vnriaeiònes de detalle y períeccionamlen- tos adjetivos respeeto de los estudios : pensiones en Madrid, período esco¬ lar, nuevas plazas de Tenientes, premios trienales y ensayo del estudio «de Flores». En aquel año, de 1784, y día 30 de Enero, crea la voluntad real, como luego veremos con más detención, de algo ya dispuesto en esa otra Real disciplina, ampliatoria una nueva Orden de 1778, concerniente al «Di- buxo de Flores y Ornatos», equiparada en todo, según dispone (importancia ofi cial, honores y jerarquía académica de su Director), a las otras, viejas y clásicas, docencias. Esta nueva enseñanza había sido.ya, como acabamos de damente instaurada en la reseñada recordar, tími¬ disposición de aumento de haberes do la Academia, del 78, pero tan sólo como intento y para los alumnos menos do¬ tados. En virtud de la segunda disposición, del 84, que reseñaremos literal¬ mente en la siguiente parte de este trabajo, asciende a la plenitud de ría docente catego¬ y económica. El primer ensayo de la enseñanza «de flores», de 1778, fué sobremanera limitado y medroso y desde luego desatendido por la Academia local, hasta el punto de registrarse una «carta de oficio» del Marqués de Albaida, como Director de la «Sociedad de Amigos del Pays», «solicitando se ponga en práctica el nombramiento de Maestro para la enseñanza del res, según que así está previsto Dibujo de Flo¬ por Rl. Orden de 24 de Octubre de 1778, y expresando al mismo tiempo ser muchos los perjuicios que ocasiona a la Fᬠbrica deTexidos de seda la suspensión de dicho nombramiento». Por lo que se ve, el concurso anunciado para proveer ese cargo de Maestro «de flores» no pasó adelante, pues nada hay en las Actas sobre el mismo, aparte del acuerdo de celebrarlo y de esta reclamación de los «Amigos del Pays». La contestación de la Junta Particular fué vaga y dilatoria, escudándose en una «representación» que dice haber elevado al Ministro Conde de Floridablan- ca, «de quien espera esta Academia la resolución». Esta vino efectivamente años después con la dicha sanción, que confirma y eleva de modo definitivo la referida enseñanza, que ya persistió inalterada y con toda' solemnidad en la vida de la Academia, siendo el núcleo y origen de las posteriores docen¬ cias de su escuela filial dedicadas a los temas ornamentistasy a las artes Je la decoración. De entre toda la inmensa riqueza de noticias sobre la enseñanza arísti- - ca que brindan los libros del fondo archival de la Academia en este su tiem¬ po inicial, pero cuya sola referencia, aun sin glosa alguna,- llevaría mucho más espacio que el que es oportuno en este trabajo, ademps de referirse en los más de los casos a meros detalles materiales e intranscendentes, simple desarrolloy realización, al menudo, de la organización y funcionamiento de laAcademia, ya expuesta con el detenimiento y detalle que merece, quere¬ mos destacar una información, por lo típica y definente del eclecticismo neo¬ clásico, amanerado y riguroso predominante en aquel ambiente. Ya so refi¬ rió, de pasada, cómo por «Acuerdo» de la Junta Particular de 4 de de 1776 «se nombró al Sr. D. Agosto Gregorio Mayans» (figura gloriosa de las le¬ tras, en Valencia y en España, del siglo XVilI), para «recitar la Oración en la Junta Pública de la distribución de Premios de este año», y cómo .t.am- bién su pieza retórica es la única que no figura en los oficiales y contemporᬠneos fascículos titulados «Continuación de la Noticia histórica de la Real Academia... de San Carlos y Relación de los Premios..., etc.», que lujosa¬ mente editara y respectivamente distribuyera la joven Corporación. Sólo consta en ellos, en su edición de 1781, y refiriéndose a la dicha distribución de premios de 1776, celebrada el día 6 de Noviembre, que «Habiendo vuelto — so¬ los Premiados al parage distinguido que ocupaban dixo el Señor Académico de Honor D. Gregorio Mayans y Sisear, del Consejo de S. M. y su Alcalde Honorario de Casa y Corte, un erudito Discurso, después de lo qual, el Se- fjor D.... leyó una elegante poesía...», y nada más. Podemos hoy, por fin, publicar las noticias que ya hemos encontrado de las razones por las que el discurso del gran vivista valenciano no viera la luz en dichos y ampulosos folletos oficiales de la Academia. El «Acuerdo» de la Junta Particular, de 19 de líriero de 1777, nos refiere cómo «Se dió co¬ misión al Sr. Marqs. de Jura Real, para que vea y examine la oración que Dn. Gregorio Mayans dijo en la Junta Pública, y exponga su dictamen en orden a si se puede o no dar a la impresión». Esto nos indica ya la controversia, a no ser unánime censura, que de¬ bió suscitar el discurso, toda vez que los demás, de otras ocasiones seme¬ jantes, fueron impresos sin esos trámites. A su vez, el «Acuerdo» de ló de Marzo siguiente nos explica ya todo lo demás, al referir que «Esta Junta fué convocada para ver el dictamen del Sr. Marqs. de Jura Real, en orden a la Oración del Sr. Mayans, y haviéndose leído resulta : Que dicha Oración so¬ lamente habla de la Pintura en la que emplea 15.S folios sin hacer mención de la Escultura, Arquitectura y subalternas, que igualmente devían tener lu¬ gar en la Oración, por haver tenido parte en los premios : Que dicha Ora¬ ción toda se dirige en dar reglas y preceptos, con muchas narraciones fuera del asunto propio de la función del día, sin conformarse con lo prevenido al Art. 25 num. 3 de los estatutos, en que se advierte, se diga una oración para mayor decoro, y se reciten Poesías, en elogio del Instituto, de la aplica¬ ción y de las Artes, y nada de esto contiene la oración del Sr. Mayans, sin otros reparos que van expuestos en dicho dictamen; y concluye diciendo es de parecer no debe imprimirse. Y que por el presente Secretario se le I-ibre Testimonio fee fáciente de que las palabras citadas en este dictamen son las mismas que se. enquentran en la oración, en sus respectivas páginas». «En vista de todo lo expresado se acordó, que dicha oración se pueda imprimir bajo las condiciones sigs. Que se haga mención de lo que en ella falta, en orden a la Escultura, Arquitectura y Subalternas. Que la oración no sea tan voluminosa, y se regule, según la práctica de la Rl. Academia de S. Fernando, y esta de Sn. Carlos en semejantes ocasiones. Que se haga un elogio de las Artes, de la aplicación de los Discípulos, y función del día, en conformidad de lo prevenido por estatuto. Y que de este Acuerdo y resolu¬ ción de la Junta se dé parte al Sr. Mayans por el presente Secretario. Y se libre el Testimonio que el Sr. Marqs. de Jura Real pide en su dictamen. Y en esta conformidad se dió fin a la Junta». Naturalmente, Mayans, Bibliotecario del Rey, autor de los meritísimos «Qrígenes de la Lengua Castellana», editor de la «Qpera omnia» de'Vives y uno de los españoles más eruditos de su tiempo, no enmendó su estudiada y extensísima pieza. No se publicó, por ello, la misma, en vista del tei:minan- te acuerdo transcrito de la Academia, y el discurso de D. Gregorio no fué dado a las prensas. familia», que Menéndez y Pelayo supu¬ Pero en 1854, «un individuo de su so fuese el entonces Conde de Trígona, publica un «Arte de Pintar»,, como «Qbra pòstuma» de D. Gregorio, que el gran polígrafo, historiador de las ideas estéticas en España, supuso lo hiciera «para que sirviera de texto en las clases de la Academia de San Carlos de Valencia, fundada a imitación de la de M'adrid». No lo fué evidentemente para ese fin, sino como acusan su dedicatoria «A la Real Academia de Nobles Artes de esta Ciudad»; su fe¬ cha de 1776, constante en llamada de esa misma dedicatoria, y sobre todo su — 81 — exordio, típicamente oratorio e idóneo, y dirigido al público de aquella ya famosa distribueión de premios, para leído como discurso en ese acto su solemne, y no publicado entonces por virtud del acuerdo referido. Nos acaban de confirmar en esta identificación del pequeño libro con la pieza retórica, las palabras de la «Advertencia», intercalada por el anónimo editor y descendiente, entre exordio y texto, cuando tras relacionarse que D.' Gregorio fué elegido Académico de Honor de San Carlos «en el año 1774» (noticia qué hemos podido comprobar a la vista del «Acuerdo» m. s. de la Junta Particular de 22 de Marzo de dicho año) y que «tuvo el encargo, en 1776, de escribir la Oración que de costumbre se pronunciaba anualmerde (no ;rectificamos, sino trienahnente, según dispone la Real Orden de au¬ mento de dotación de 24 de Octubre de 1778), nos dice que su erudito ante¬ pasado «no quiso limitarse a componer un discurso académico y empezó a escribir su arte de pintar no sólo para leerlo en la Academia, cumpliendo su honroso cometido, sino también con el objeto de presentar una obra elemen¬ tal de pintura, que sirviera como de texto a los discípulos de la misma Academia». Y que «el borrador de su manuscrito no limado todavía...» es el que mediante diversas transmisiones, le ha llegado y publica. Lo más que concedemos, aun con reservas, es que el téxto de este libri¬ llo fuese una ampliaeión del discurso famoso. Pero la cantidad de 155 folios de que nos habla el Acta m. s. transcrita, nos explica que muy posiblemente el discurso primero y originario, largo de tan manifiesta manefa y en tal cantidad, no fuese muy adicionado e incluso quizás nada, toda vez que este dato encontrado de sus 155 folios del original m. s. (que desde luego no se leería sino en pequeña parte en la Sesión), no está superado en mucho por las 178 muy pequeñas páginas, con muchos claros, en que se contiene el «Arte de Pintar» publicado en 1854. Con posterioridad a haber escrito las líneas que anteceden, insiste en esta hipótesis, de ser el «Arte de Pintar» el mismo discurso citado, la referen¬ cia publicada en él trabajo «Bibliografía Académica» (Archivo de Arte va¬ lenciano, año I, n.° 3) cuando enumera, entre otras obras publicadas por la Academia (?) (esta no lo fué sino por un Mayans posterior) esta del «Arte de Pintar», «Obra pòstuma de D. Gregorio Mayans y Sisear»... ; «Este trabajo —sigue diciendo— se leyó en el reparto de premios de la Real Academia, en 1776. Por su mucha extensión ( I) no fué insertado en las Actas académicas del citado año, permaneciendo inédito hasta que lo sacó a luz el Señor Con¬ de de Trígona, descendiente del ilustre Mayans». No sólo por su extensión —podemos asegurar ya nosotros a la vista de las inéditas referencias de las discusiones a que diera lugar— sino por otras notas más intrínsecas que se le achacaban en el acuerdo que hemos dejado reseñado, fué privado de la publicidad habituada, dada en seguida a oraciones semejantes. El trabajo de Mayans, de carácter preceptista, dirigido todo él «en dar reglas y preceptos» como ya le achacó el Marqués de Jura Real en su dicta¬ men, aunque relativamente libre de la influencia de Mengs, está «dentro de la tradición española castiza —como dice de él Menéndez y Pelayo—-, pu- ^ diendo considerarse en gran parte como un atinado compendio del Cardu- cho, del Sigüenza, del Pacheco y en la parte his¬ del Palomino, acrecentados tórica con muchas noticias derivadas de incansable y curiosa lectura»; y por ello fué elegido por el Patronato de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (de modo tan curioso en lo histórico y sentimental, como improcedente en la educación artística) como donativo a los alumnos de este Centro, siglo y medio después de escrito, para que sirviese por fin a aquel servicio de libro de texto que le asignan el gran polígrafo santanderino 6 y el desconocido editor, y :iiin con exclusividad el primero. Ketrasndísima y debida, aunque inadecuada, reparación hecha a D. Gregorio Mayans, vícti¬ ma, en sus días, en este asunto (del que nos ha sido dable aclarar parte tan principal), del intransigente eclecticismo neoclásico, amanerado y riguroso a un tiempo, al que anteriormente hicimos referencia. De esta y semejantes maneras, la Academia de San Carlos atendía en esta su más antigua época a la finalidad docente, tan importante —sustan¬ cial— ; de cómo cuidó los otros fines académicos, el corporativo-profesio- nal, de amparo y defensa de la clase, y el sabio, o de cuidado, vigilancia y orientación del Arte, baste traer aquí, por lo que al primero respecta, como ejemplo, una referencia conjunta de cómo ya frecuentísima'mente ocupa el fino papel de hilo de las primeras actas académicas, la prolija y a menudo envenenada prosa de las querellas y aun graves pleitos profesionales mante¬ nidos con los artistas libres, con la esfera gremial y aun entre los mismos académicos, gama de asuntos que tanto ha de emplear a la Academia poste¬ riormente. Rl pleito con los pintores que las mismas actas llaman de «mu¬ nición» y el de «los adornistas y retablistas», el de la Capilla de San Vicente, o de Puchol, eternizado y llevado en alzada a «San Fernando», y otros mil, turbaron, con el agridulce de todo lo humano, pasional, e incluso con los es¬ tirones de la más cruda primitividad, el ambiente de la Academia, tan plácido, sereno y dueño de sí mismo, tan alejado esencialmente «de las cavernas» en pensamiento d' orsiano. Con referencia al segundo, cumplirá recordar cuán intensa y auténticamente fué la Academia de San Carlos una pieza, del todo ajustada y actuante, de la inmensa maquinaria del academismo europeo del «antiguo régimen»; baste, para justificar nuestro aserto, recordar sus curio¬ sas y bien documentadas relaciones con la Academia Imperial —isabelina— de San Petersburgo, de las que frecuentemente se ocupan los «Acuerdos» de este primer período de tiempo que hemos tom.ado como campo principal de investigación. Remitidas a la Academia de la capital del Neva, por la de Valencia, sus «Relaciones» o «Resúmenes», editados oficial y espléndida¬ mente, con tres Títulos en blanco de Académico de Honor, por «Acuerdo» de la Junta Particular de 9 de Enero de 1774, contestó la «Imperial» envian¬ do sus diplomas y medallas en un cajón famoso, del que se puede seguir la ruta en los libros m. s. de «San Carlos». Su paso por Génova (Acta de 6 do Marzo de 1781) ; la gratitud manifestada al «Varón Diego de Bodisoni» que lo recogiera y reexpidiera en Venecia para aquella otra ciudad italiana (Acta de 22 de Mayo del mismo año), lo que le valió, el título de Académico «de San Carlos con carta de Gracias» ; la llegada a Alicante, y la distribución de los tres títulos de Académico de lá Corporación rusa, que venían en blanco, dis¬ cernidos aquí a Floridablanca, «primer Secretario de despacho y Protector de las Artes» ; a Pérez Bayer, «Arcediano Mayor y Preceptor de los serení¬ simos Infantes», y a Vicente Gaseó, «el Director de Arq."» enamorado de las ruinas de Palmyra y «Director General que ha sido» (constante todo en di¬ cha misma Acta del 22 de Mayo de 1781), son los episodios princioales del curioso y revelador suceso. De este tiempo es aproximadamente una curiosa iniciativa, que no pasó, de tal, relacionada con nuestra Academia ; en el Certamen de 1783 de la So¬ ciedad Económica de Amigos del País, de Valencia, y respondiendo al tema propuesto por la entidad de «¿ Qué gremios deben extinguirse en Valencia para fomentar la industria pública y qué abusos deben cortarse en los que conviene que permanezcan?», se presentó una memoria redactada por don José Antonio* Valcárcel.t inspirada en las ideas de la época, en la que abo¬ gando en général por la abolición de los Gremios, se hacía excepción en fa- VOr de «los de albañiles y plateros, en juzga necesario el examen los que se de maestría ; pero modlhcando el procedimiento para obtener el título de maestro y proponiendo además él establecimiento de una escuela práctica de albañiles en'la Academia de Bellas Artes» (Tramoyeres). Muchísimo más podría aportarse de lo encontrado, anotado y deducido referente a esta primerísima fase de la Academia, dadas las inmensas posibili¬ dades de estudio directo que brindan los libros vistos del maltrecho Archivo de la Academia de San Carlos ; bien rico, aún ciertamente, a pesar de la pér¬ dida de legajos y volúmenes, que ya registrara el Marqués de Cruílles, ocu¬ rrida con motivo del asedio napoleónico a Valencia, durante el cual padeció por doble motivo, harto perjuicio material, el contenido de sus salas y de¬ pendencias : convertida en Hospital de sangre la Universidad, albergue aún de la Academia, según se' lecordó oportunamente, todas das salas quedaron revueltas y confundidos sus objetos, «destinándose muchos paquetes Bel Ar¬ chivo a bultos de cabecera»; incendiado, por unas bombas, el propio Archi¬ vo, sufrió con ello pérdidas lamentabilísimas, sobre todo por lo que a la pri¬ mera época—la de «Santa Bárbara»—se refiere. Lo visto y reseñado no es sino parte muy reducida, pero que a nosotros y anuestros fines nos ha parecido elegible, de la primera hora de la Acade¬ mia de San Carlos; esta época que podríamos llamar de su infancia : la del tiempo de la recepción y asimilación, bien concienzuda, de la sacudida Casi sísmica del movimiento academista europeo y mundial, con epicentro indis¬ cutible en Bolonia. La adolescencia de este Instituto artístico valenciano corre —a nuestro juicio— en otras tres décadas, desde la fundación definiti¬ va de la enseñanza de «Flores y Ornatos» (1784) hasta inmediatamente des¬ pués de la «francesada». La exposición seleccionada de sus directrices estéti¬ cas y docentes, dominantes en ese segundo período, en el que el joven Insti¬ tuto artístico valenciano consolida su existencia y robustece su prestigio, si¬ gue a continuación en las restantes partes del trabajo, segunda y tercera de este estudio de investigación constitutivo del cuerpo substancial de aquél. II a) El período de las primeras alteraciones constitucionales de la Academia de S. Carlos (Estudio de Flores, 1784, y Comisión de Arquitectura, 1790). b) El periodo de esplendor de la Academia (mejoras, rela¬ ciones y triunfo y expansión de sus discípulos y de su fama), hasta la visita de Carlos IV a Valencia en 1802, y su audiencia al Instituto, y c) Desde dicha fecha a la «Fiesta» de 4 de Noviembre'de 1807 Si el lapso de tiempo que, en la medida posible, hemos estudiado hasta ahora comprende la historia académica de tres décadas, supuesto que se em¬ piece a contar desde 1754 en inaugurara sus trabajos la Academia de que Santa Bárbara, y que dure hasta 1784, como se ha determinado, este capítulo que comenzamos se extiende a lo largo de ún período de tiempo virtualmen- te equivalente : veintinueve o treinta años, que discurren desde dicha fecha de 1784 •—en funda con carácter perdurable, quedando solemnemente que se establecido, acabamos de ver, el nuevo estudio de «Flores y Ornatos», como alteración esencial del primitivo pian docente del Instituto—, a las de 1813 y 1814, en que, tras la evacuación de Valencia por las tropas napoleónicas, en el primero de dichos años, y la visita a la Academia de Fernando VII, en el segundo, puede considerarse concluso el agitado e interesantísimo perío¬ do de la guerra de la Independencia, o «francés» de la vida de la Academia de San Carlos; episodios por otra parte que cierran la etapa que podría lla¬ marse «clásica» o "antigua de la Corporación, el lapso histórico de su vida más transcendental, eficaz y sugestivo, cuya conclusión da comienzo inme¬ diato a la «edad moderna» de aquélla, transcurrida sin substanciales altera¬ ciones durante todo el resto del siglo XIX. Con todo, la vida de la Academia durante el período afectado por la Guerra de la Independencia y su liquida¬ ción (desde el año 1808 a 1814), por su especialísimo interés y por la relati¬ va abundancia y extensión de noticias a ella relativas, merecerá atención sin¬ gular y capítulo propio exclusivo, el III y último —por ahora— de esta parte substancial y de investigación del trabajo. La fundación de la «Sala separada con destino únicamente al Estudio de Flores y Ornatos, y Diseños adequados a los Texidos», inaugura, pues, según se dijo, la serie de acaecirrfientos reseñahles a partir de 1784, que ma¬ tizaron la vida de la Academia Carolina hasta el límite ya indicado de los sucesos de la Independencia. Ya, el estudio de Flores, según se vió, había sido intentado (al menos en la voluntad del Rey y de sus inspiradores, sin duda locales, valencianos) en 1778, pero el poco ahibiente que en la Academia, sin duda, encontró, como — 86 — vimos, agostó la iniciativa apenas lanzada y obligó a que el Soberano, de nuevo, ya ciertamente instado por voluntades valencianas (aquel prócer. Mar¬ qués de Albaida, aludido y su Sociedad de Amigos del País), dictase la defi¬ nitiva e inapelable disposición que resolviera el asunto. Esta posterior Orden de Carlos líl no sería quizás sólo hija de esas su¬ gerencias locales, utilitarias, artesanas, fabriles y de «fomento» y servicio del negocio de los tejidos de seda ; también, sin duda, la invariable afición de Carlos III hacia las industrias artísticas, en cuya historia tiene evidentemen¬ te este Príncipe un puesto de Mecenas excepcional y de gustador selectísi¬ mo, coadyuvaría a su promulgación o cuanto menos acogería amorosamente la iniciativa. Comprendía la R. O. diversas ordenanzas sobre la preceptiva docente de la nueva clase sobre el nombramiento de primer Director —recaído en D. Benito Espinós, el famoso pintor de la especialidad objeto de esta ense¬ ñanza— y sobre el régimen temporal de la misma, así cómo otros detalles minuciosamente reglamentados que la hacen interesantísima y la erigen in¬ dudablemente en verdadero jalón en la historia de la enseñanza artística es¬ pañola. Todo ello justifica plenamente, inclusive exigiéndola con imperio, su referencia concreta e «in extenso», en este lugar, de la manera que lo ha¬ cemos a continuación. La Orden lleva fecha de 30 de Enero y dice así : de 1784, «La experiencia ha mostrado, los Texidos de Seda de esta que aunque »Ciudad de Valencia forman uno de los principales objetos de la industria »de estos naturales; no recogen las utilidades que pudieran por hallarse «destituidos de los estudios, y conocimientos radicales de que depende la «invención, variedad, y buen gusto" de los Dibuxos que facilitan los,grandes «consumos de Telas. De aquí proviene la preferencia que logran las que se «introducen de Países extraños, donde la primera materia no llega a compe- «tir en calidad, y bondad con la que tan abundantemente dá la Naturaleza á «los naturales de ese Reyno, quienes de ese mismo auxilio reciben perjuicio, «pues extrayéndoles la Seda se la devuelven fabricada los Extrangeros en «exorbitantes porciones de Texidos, los quales se despachan á mayores' pre¬ cios que los del País». «Por tan justos motivos resolvió el Rey se estableciese en su Academia «de S. Carlos de esta Ciudad una Escuela de Flores, Ornatos, y Diseños ade- «quados a los Texidos ; donde con principios sólidos, y fundamentales se" «enseñase lo necesario para este ramo; y en' su conseqüència por Real Gr¬ aden de 24 de Octubre de 1778 en que concedió á la misma Academia la so- «bredotación de 30 reales para ampliación de los; Estudios de las tres bellas «Artes, y los gastos indispensables á que no sufragaba lai primera dotación, «mandó se estableciese el mencionado Estudio de Flores ; pero_ tan impor- «tante establecimiento se suspendió por entonces habiendo resuelto S. M. «provisionalmente por otra Orden de 1 de Abril de 1779, que mientras se «dignaba decidir lo que debía practicarse en quanto á nombramiento de «Maestro para dicho Estudio, diesen los Directores, y Tenientes de la Acade- «mia sus documentos a los Discípulos que se dedicasen á él, y repartiese la «misma Academia sus Premios anuales, invirtiendo en ellos el salario que «debía darse al expresado Maestro». «Persuadido cada vqz más S. M. de la importancia de este punto, ha re- «suelto ahora formalizar, y llevar á debido efecto la enunciada idea, man- «dando se establezca en dicha Academia de S. Carlos una Sala separada con «destino únicamente al estudio de Flores, y Ornatos, creando, y dotando «una plaza de Director inteligente en este ramo, el qual no haya de tener — 87 _ »otra ocupación que la de enseñar, y dirigir a los Jóvenes que se dediquen á »dicho estudio baxo las reglas siguientes». «Habiéndose reservado S. M. en la ya citada Orden de 1 de Abril de «1779 decidir lo que debía practicarse sobre nombramiento de Maestro y ve- »rificándose ahora la primera creación de él, ha querido conferir esta plaza «por sí, y nombrar para ella, como nombra en calidad de Director^ al pin- »tor D. Benito Espinós, por estar S. M. informado de su particular mérito, »y que desempeñará la confianza que hace de su habilidad, notorio zelo, de »y aplicación». »Rn las vacantes que se verifiquen de esta plaza de Director, hará la «Academia la provisión nombrando en Junta general como está mandado »para las demás plazas de Directores, procurando siempre que su elección «recaiga en Sugeto que sea Pintor, y que tenga la inteligencia, y buen gusto «que corresponde, en pintar las Flores, y en saberlas disponer, y adaptar á «los Texidos». «Este Director será, y se entenderá de la Clase de Pintura, y su sueldo, «voto, asiento, y demás prerrogativas serán en todo iguales á las que gozan «los demás Directores de su Clase». «Tendrá este Director la obligación de dirigir, y enseñar a todas las per- . «sonas que quieran destinarse al Estudio de Flores, y Ornatos;' y su asisten- «cia será en la Sala que se le destine, y en esta forma». «Todos los días, á excepción de los Festivos, ha de haber dos iioras' de «estudio por la mañana desde 1 de Abril hasta el último día de Julio, donde «los Discípulos estudien, dibujando unos de lápiz, y otros de colorido al «pastel, ó aguadas, ó al óleo, las flores del natural que prodiiCe el tiempo en «estos quatro meses, según la disposición, y estado que se advierta en cada «Discípulo, observándose e! método, y buen orden que disponga el expre- «sado Director». «Será de quenta de la Academi.a costear, y tener prontas las flores que «pidiese el mismo Director en dichos quatro meses«. «El de Agosto servirá de descanso á esta Escuela que seguirá sus Estu- «dios en el primero día de Setiembre, en que empieza la Temporada de los «demás de la Academia y será su enseñanza nor las noches a las mismas ho- «ras, y al mismo tiempo que en las demás Salas. Seguirá esta Temporada «hasta el último día del mes de Febrero, quedando todo el mes de Marzo «para igual descanso; porqué aunque á los demás Estudios se les conceden «tres meses de vacaciones, quiere ,S. M. oue á éste sólo se le consideren dos, «divididos en la entrada, y salida de la Temporada de Primavera, que será «la que saquen mayor utilidad, y en que logren mayores adelantamientos es- «tos alumnos». Estudio de la Temporada del Invierno en que se deben copiar «Para el «de originales dibujados, y coloridos, será del cargo, y obligación de este Di- «rector ordenar, y hacer por sí un Estudio de Flores, sacadas del natural, y «ayudadas de los realces del buen gusto, v de los Adornos ; para ,los quales «la Academia le facilitará las I.ochas de Raphael, y otros exemplares de los «preciosos restos de la antigüedad que deberán servirle exclusivamente de • «horma, a fin de ir formando el gusto á los Discípulos». «Siendo el Dibujo la parte principal que constituye la ciencia, y buen «gusto de todas estas Facultades, y sin cuyo auxiljo, y atento estudio, todo «trabajo se hace vano ; no deberá pasar ningún Discípulo a la Sala del refe- «rido Estudio de Flores, sin que primero lo haya hecho en dibujar los pri- «meros Modelos de la figura humana, y aun si pudiese ser el mismo natural ; «y para el cumplimiento de esta fundamental instrucción, deberá el Discí- — 88 — »pulo presentar Memorial á la Junta, la qual hallándole con la necesaria su- «ficiencia le dará su pase, comunicando al mismo tiempo aviso formal por «escrito al Director de dicho Estudio de Flores, y Adornos». «Queriendo S. M. que esta Facultad sea tratada con el mismo honor, y «decoro que todas las demás de la Academia, deberá ésta en los Concursos «generales de premios dar tres en todo iguales a los de Pintura, y disponer «que las Obras de Flores, y Adornos para las Oposiciones se executen según «el método, y reglas que prescribieron para los premios que en esta clase dis- «tribuyó la Academia en el anterior año de 1783, variando solo los asuntos «de las Muestras para los Texidos. Estos Premios serán votados por los mis- «mos Vocales que los de la clase de Pintura, y distribuidos en la propia «forma». «Con el fin de excitar la aplicación de los Discípulos á este Estudio, dis- «pondra la Academia se den tres ayudas de costa al concluir la Temporada «de Primavera, y otras tres al concluir la del Invierno, de cantidad igual á «las que dá la Academia en el Natural, Yeso, y Principios. Estas ayudas de «costa se distribuirán en Junta ordinaria como las de los demás Institutos, y «solo por los Vocales Pintores,Gravadores como queda dicho por lo to- y «cante a Premios generales. Y quando en alguna de estas adjudicaciones hu- «hiese alguna igualdad o saliese en discordia la Votada, deberá ser preferido «el Opositor que el Director de este Estudio informase ser de mayor aplica- «ción, disposición, y capacidad, y que prometa mayor aprovechamiento». «Y como por Real Cédula de 29 de Setiembre de 1756 se mandó' a esa «Ciudad de Valencia contribuyese de sus Propios a la asistencia de seis Jó- , «venes destinados al Estudio de Dibujo, y Flores para los Téxidos, baxo la «dirección de los Maestros que pasaron á ella de León de Francia, con mo- «tivo del establecimiento de la fábrica, de quenta de los cinco Gremios ma- «yores de Madrid; y así lo ha hecho la Ciudad, contribuyendo desde dicho »tiem,po con la cantidad anual de 360 pesos, hasta el año pasado de 1781, en «que se dexaron de nombrar los Jóvenes por falta de quien los instruyese; «habiendo acreditado la experiencia no haber correspondido los efectos que «se esperaron, quiere ahora S. M. que para que se verifique el logro de ellos, «continúe esa Ciudad, con la misma consignación con el propio loable obje- «to; y a este .fin manda, que los mencionados 360 pesos sé entreguen á la «Academia por mano de su Secretario en la propia forma que se executa con «las demás asignaciones que están hechas al Cuerpo; y que la distribución sea enesta forma». «A los mismos Discípulos á quienes todos los años se adjudiquen las tres «ayudas de costa de la Temporada de Primavera, y las otras tres la del Tn- «vierno, se les asistirá con la Pensión siguiente diaria : A los primeros; de «tres reales, á los segundos de dos, y á los terceros de uno ; sirviéndoles «aduel exercicio de Oposición para obtener estas Plazas; con la advertencia «de que los que las ocupen no hayan de poder retener las Pensiones respec- «tivas más tiempo que el de un año, bien que los que gocen las segundas po- «drán pasar a las primeras, y progresivamente los de la tercera a las otras, si «por su mérito, y aplicación lo merecieren; pero jamás verificarse que posea «ninguna de estas Pensiones más de un año un mismo Sugeto». «Por este medio circularán de unos en otros ; y el deseo de obtenerlas, «y el de ascender los que ya tienen una inferior á otra mayor, como también «el continuo exercicio de las Oposiciones, estimulará, y tendrá en útil movi- «miento, y seguida aplicación á estos Jóvenes, y se evitará el daño que se ha «experimentado con los que hasta aquí han estado á cargo de los Maestros «Franceses; pues se ha observado que desde el año de 1756 en que se hizo — 89 — «aquella consignación, no ha producido la utilidad que se esperaba, porque «obtenidas las Pensiones, las retenían diez años, descuidaban el Estudio, «abandonaban la carrera emprendida, y en suma, no se conseguía la utilidad «que el Señor Rey Don Fernando VI se propuso». «Y para más estimular á los profesores á que se dediquen á este Arte, «quiere S. M. que á aquellos Sugetos que aprovechen, y acrediten una habi- «lidad sobresaliente, pueda la Academia ir preparándolos, y honrándolos «con el grado de Académicos supernumerarios, y de mérito, como lo ha he- «cho la Academia de San Fernando con algunos Sugetos, cuyos nombres se «leen en su Catálogo de Académicos ; y á modo de éstos tendrán los que «cree la Academia de S. Carlos, voz, y voto de la clase de Pintura, como «qualquiera otro Académico de esta clase, gozando de los Privilegios, y pre- «rrogativas de ünos, y otros Estudios, y de la recíproca correspondencia de «ambas Academias, prevenida en la Real Orden de 21 de Enero de I774». «Estando mandado por la citada Real Orden de 1 de Abril de 1779 á la «misma Academia de S. Carlos, que no pueda aumentar sueldos, ni crear «nuevos Empleos ; y siendo precisa la asistencia del Conserge, y Portero en «los quatro meses de Primavera de este nuevo Estudio, es voluntad de S. M. «que se aumenten a cada uno de estos dos 400 reales de vellón por el mayor «trabaio que se les ocasiona». «Y como este Establecimiento es enteramente nuevo, y nada expresan «á cerca de él los Estatutos de la Academia, deberá considerarse, y tenerse «la presente Orden como una parte de ellos para su puntual observancia, «imprimiéndose íntegramente á fin de unirla á ellos, y de repartirla entre los «Individuos de la Academia, para que hallándose todos con la correspon- «diente noticia, no puedan alegar ignorancia». La orden fué estrictamente cumplimentada en todos sus diversos, espe¬ ciosos e interesantes extremos, y de ello da testimonio este pasaje de las «Actas», consecutivo a la transcripción literal de la regia' disposición, aun¬ que en él pueda quizás leerse entre líneas que no era esta novedad grata a la vieja Academia. Dice así : «Publicada esta Real Orden en la Junta de 22 de «Febrero del mismo año (la disposición de Carlos III llevaba fecha .30 de «Enero), fué obedecida con el debido rendimiento y puntualidad...; y en la «misma se dió posesión á D. Benito Espinós del empleo que S. M. se dig- «naba conferirle de Director de dicha Escuela, y se fueron sucesivamente «dando las demás providencias conducentes á la execución de las soberanas «intenciones de S. M. señalando sala destinada a este estudio, y habilitando «los Discípulos qiie debían acudir á ella, como executó en las Juntas de 29 «de Marzo y 5 de Abril siguientes ; dé suerte, que en breve se encontró tan «concurrida de un crecido número de Discípulos, que promete a la Acade- «mia, podrán llenar los objetos que el paternal amor de S. M. desea promo- «ver a favor de las manufacturas, texidos y demás obras, cuya perfección «pende del gusto y conocimiento de este estudio». En efecto, en el libro m. s. de «Acuerdos», en limpio, de la Junta Ordi¬ naria, con la fecha bien inmediata de 22 de Marzo del mismo 1784, se lee ya : «Se vieron varios memoriales de Discípulos de la Academia que solici- «tan pasar a la Sala del estudio de Flores y Ornatos ; y conformándose la «Junta con lo mandado por la Rl. Orden de .30 de Enero del pasado año, y «teniendo conocimiento del estado de los respectivos pretendientes, conce- «dió el pase a todos los que se hallaron hábiles en el dibujo del cuerpo hu- «mano y son los siguientes (preciosa lista de los primeros alumnos de la no- «vísima enseñanza floral-sedera) : Benito Senent.—Antonio Rodríguez.— — 90 — «Joseph Ginés.—Rafael Cuevas.—Domingo Aguilar.—José Cotanda.—Vi- «cente Ferrer.—Fernando Ximeno.—Vicente Velazquez». La breve relación es interesantísima por su valor conjunto, absoluto, y por contener los nombres de algunos artistas luego famosos : Senent, no en balde pronto destacado pintor floral ; Ginés, el escultor de los «Nacimien¬ tos)) palaeiegos, del «Belén del Príncipe», nacido en 1768 y muerto en 1823 ; con 16 años, pues, al ser admitido a este estudio «de flores y ornatos», como alumno «fundador»; y Cotanda, el renombrado tallista ornamental valen¬ ciano. figura decisiva y ordenadora de toda una época del ornato plástico y de la artística artesanía en Valencia, que de modo muy significativo vemos aquí, elocuentemente interesado por el estudio de las flores, a sus 25 años, pues na¬ ciera el 1758, muriendo el 1802. Pero no todos los solicitantes tuvieron igual éxito, vió otro Memorial de Joaquín Vicente —no alumno toda- pues «se »vía— pidiendo el pase a dicha sala de flores: y se acordó que acuda a.la «Academia, y dibuje alguna figura, bien sea del natural o. del modelo blan- »co, y en su vista se resolverá». Y lo mismo con otro solicitante, Francisco Asensi, cuya pretensión, idéntica, obtuvo igual resultado. Luego veremos cómo en las generales convocatorias y distribuciones de premios figuran ya indefectiblemente los de esta especialidad nueva, y también cómo hay repe¬ tidas referencias a los premios especiales y «Ayudas de costas» de la misma, discernidos unos y otros de acuerdo con la fundamental y reseñada disposi¬ ción Carolina. A partir de este momento en que la nueva disciplina académica —flore¬ ra ornamental —queda consolidada, como hemosi visto, discurre esta que y hemos llamado segunda época de «San Carlos», cuya vida en los tres dece¬ nios que la constituyen, estudiaremos afustándonos principalmente fv to¬ mándolos en cierto modo como eje de marcha) a los períodos trienales en que. a tenor de lo dispuesto por el Real Decreto de «sobredotación» de 24 de Octubre de 1778, se convocaban, merecían y distribuían solemnemente los premios de los llamados «Concursos generales», culminados, para el acto de la entrega de premios, en unas ceremonias dignas dé recuerdo, que vinieron a ser, sobre todo en las últimas ocasiones anteriores a la «francesada», el momento y la oportunidad de mayor contacto y convivencia pública entre la Academia y la ciudad. Solemnidades o «Juntas públicas» que minuciosa¬ mente reseñan las actas m. s-, y totalmente inéditas del libro de «Juntas ordinarias», en los extremos o partes principales dé que aquellos actos so¬ lían constar : la memoria por el Secretario, la propia distribución de pre¬ mios y las añadiduras retóricas y poéticas que seguían a todo ello, si bien para el mejor conocimiento del contenido de algunas de estas piezas, orato¬ rias o rimadas, e incluso para poder evacuar alguna cita más interesante —estética o históricamente— de tales discursos o poemas, hayamos tenido que acudir a los cuadernos oficiales dé la Academia, impresos a la sazón en la «oficina» famosa de Monfort y que siempre insertaron tales piezas, salvo en la ocasión conocida del discurso de Mayáns, así como obtendremos de tales fuentes la noticia, al detalle, del movimiento de* personal —altas y ba¬ jas— de la corporación, registrado en el católogo circunstancial de sus indi-. viduos que, al final, aquellos contenían, totalizando la lista o estado del per¬ sonal en la fecha de la última distribución de premios; recurso a tales fas¬ cículos que venía obligado porque el libro m. s. del archivo académico de¬ dicado a este menester («Individuos», también y prolijamente consultado) no registra tan ordenadamente los cambios de personal al ritmo de los trie¬ nios oficiales, a pesar de lo cual todos los' nombres de bajas.y altas hemos — 91 — cuidado de comprobarlos en el citado m. s., no habiendo advertido, según era de esperar, error o contradicción alguna en el cotejo. Por las razonesvistas, pues, el trabajo a partir de la señalada fecha de 1784, vida se intensifica y hace más densa, la ordenamos en líneas en que su generales, según ese ritmo trienal aludido, cuyas fases son aproximadamente equivalentes y separadas por las fechas de los públicos certámenes con que finalizan. Ocurre además que es desde ahora, a partir del de 1783, cuando tales actos solemnes —definitivamente reglamentados desde 1778— adquie¬ ren en su celebración casi exacta periodicidad y un relieve y disposición ver¬ daderamente estéticos, pluri-artísticos y una sistematización completa en su forma y contenido, pues los anteriores, algunos ya aludidos, de 14 de Junio de 1772,_de 6 de Noviembre de 1776 y hasta los de 26 de Noviembre de 1780 y 1 de Noviembre de 1783, no se pudieron ajustar todavía (debido a estar la Academia en su período de formación) a la regularidad que la repetida' Or¬ den de «sobredotación» requería, ni revistieron la extraordinaria importan¬ cia social, académica y ciudadana que pronto, y ya en lo sucesivo, por lo menos hasta la invasión francesa, iban a tener. Importa a este respecto con¬ signar que las Juntas Públicas de 4 de Noviembre de 1807 y 13 de Diciembre de 1810 (el acta m. s. de la segunda dice : «...de 1811», por evidente y fácil error, debido sin duda a estar redactada ya muy entrado el año siguiente y habituados a fechar con la nueva cifra) no figuran sino en tales libros manus¬ critos de «Acuerdos», totalmente inéditos, no habiéndose impreso sus fas- círculos correspondientes, a causa, sin duda, de las especialísimas circunstan¬ cias del estado de guerra, y casi de sitio, del país y de la plaza, respectiva¬ mente, en las fechas siguientes próximas a ambas solemnidades, pues las res¬ pectivas impresiones las habría de haber efectuado la «oficina» de Monfort a mediados —lo más pronto— de 1808 y de 1811, cuando ya las columnas na¬ poleónicas ■—de Moncey, en el primer caso, y de Suchet, en el segundo— rondaban la ciudad para asediarla y embestirla por una y otra vez (Junio de 1808 y otoño de 1811). Por ello, de tales Juntas sólo sabemos por los m. s. del archivo, que omiten naturalmente el texto de los discursos y poesías en ellas pronunciados, conociendo sólo los nombres de sus autores. Otra advertencia es oportuna en este lugar: es tal, cuantitativamente, según ya se advirtió al final de la parte anterior de este trabajo, la importan¬ cia y el espacio que afectan en los libros de la Academia —y por lo mismo en la mecánica de su vida— los problemas de intervención profesional, de «control» de técnicos o de obras, que no cabe ■—ni otra cosa interesa— sino prescindir en absoluto o poco menos (las excepciones ya se justificarán) de tan nutrido y prosaico contenido de la vida de la corporación : pleitos, re¬ soluciones y exámenes sobre arquitectos y albañiles, o maestros de obras, tasaciones periciales, consultas de gremios, pruebas para agrimensores y para los que solicitan ser creados Académicos, cuestiones con los carpinteros y sobre sus facultades, vigilancia estética de los pintores y pinturas, por evitar —como dícese en cierto acuerdo— «se exhiban santos que sean mamarrachos por las calles de Valencia», etc., temas, en suma, que ocupan un noventa por ciento quizás del papel de los libros, sin que las más anómalas circunstancias puedan alejarlos de sus páginas, pues en la Valencia sitiada de 1808 y 1811 y en la ocupada de 1812 y 13, no dejan de consumir la atención de la Academia estos menesteres profesionales. Con todo, y precisamente por tan agobiado- ra e indiferenciada abundancia, nuestra atención, según ya apuntamos, no se detendrá en la historia de este segundo período —como tampoco lo hizo en el primero— en este aspecto, menos interesante de la vida de la Corpora¬ ción, sino en los demásj el escolar —fundamentalísimo siempre en Sart Car- — ga¬ los y en todos los institutos semejantes— y el de relación con la vida pública loca! y nacional, tan lleno de interés sobre todo en ocasión de la visita de Carlos IV y su familia a Valencia, y a raíz de la invasión francesa y sus reper¬ cusiones, algunas trascendentales en la vida de nuestro instituto. De entre las noticias de interés de estos años, importa recordar la signi¬ ficativa y tan honrosa llamada al primer Director de la Clase de Grabado, D. Manuel Monfort, por nosotros ya conocido, hecha por el virle en la Corte, en trabajos de su arte Rey, para ser¬ y otros, lo que dió origen a alguna dificultad, pronto resuelta, según registra el acta de la sesión de la Junta ordinaria de 29 de Marzo de ya citáda 1784, que dice à la letra : «Continuando S. M. en dispensar favores y gracias, no sólo al común de este Cuerpo, sino también a los Individuos de conocido mérito, vino en nombrar al Director de ésta, D. Manuel Monfort, Tesorero, Administrador de su Real Bibliote¬ ca, y Director de su Imprenta y Fundición, según carta del Bxcmo. Sr. Con¬ de de Floridablanca, dirigida al Presidente de esta Academia, en la que se expresa no ser voluntad de S. M. que dicho D. Manuel Monfort se separe de la Dirección de esta Academia de San Carlos y de los Jóvenes Pensionados de ella en la Corte (sabido es cómo venía realizando estos y otros servicios delegados en Madrid), antes bien quiere que continúe en este como Diputado de la misma Empleo, y que Academia prosiga representándola, como hasta aquí, quanto estime conducente al progreso de las tre de la Academia : todo lo Artes, y al aumento y lus¬ qual participa S. E. á dicho Señor Presidente para que lo comünique á esta Academia, la que dió su total cumplimien¬ to...», en la repetida Junta Ordinaria de 29 de Marzo de 1784. Otra muy curiosa noticia de la historia de la Academia de este tiempo, . aunque de índole externa, extradocente, es la relativa a la Instituto en los festejos públicos por el nacimiento de participación del los dos Infantes geme¬ los—hijos de la Princesa de Asturias, María Luisa, y del Carlos IV, Rey desde 1788— Francisco de Paula Príncipe, luego y Felipe, nacidos en 5 de Septiembre de 1874, y muertos en Noviembre del siguiente año ; a la cele¬ bración de cuyo nacimiento se quiso asociar, la de la paz con Inglaterra, «...que había S. M. concluido con tanta gloria suya, y de sus Vasallos», aque¬ lla misma paz, con el Reino Unido, de 1783, que consolidaba nuestra pérdida de Gibraltar y nos atribuía definitivamente la isla de Menorca. La Academia acordó, en su Junta Ordinaria de 21 de Abril del mismo año de 1784, «...con¬ tribuir en tan plausible solemnidad con alguna demostración del mejor modo que pueda y permitan las circunstancias y cortedad del tiempo», lo que hizo con las medidas «...que parecieron propias de su instituto, como fué adornar la fachada del Edificio de la Academia, fiando la ext cución a los Señores Consiliarios D. Antonio Pascual, D. Joaquín Esteve y D. Man¬ ió .4int.° Oller, Viccconsiliario, con los Directores Generales, y D. Vcrgara, Director» (General). Las mismas actas nos describen el Joseph ornato imaginado, así : «F.l zelo," actividad e inteligencia de estos Comisionados les sujerió el feliz pensamiento de juntar un gran número de Pinturas les de los más acreditados Autores de este origina¬ Reyno, que distribuidas con ar¬ moniosa simetría, guarnecidas de ornatos decorosos, distribuido con cono¬ cimiento y artificio, acompañaban el Retrato de S. M., colocado en medio de los Serenísimos Infantes Gemelos debaxo de un magnífico Dosel, y ofre¬ cían un prospecto agradable y magcstuoso á la.vista de los inteligentes, que mereció la aprobación, y elogios del Público». Imaginamos, pues, sin gran esfuerzo, este, tan erudito como socorrido y poco original, aparato en el mis¬ mo sitio de la plaza de las Barcas, a que recaía el albergue universitarid, de la Academia, en que luego, como veremos, se emplazó el adorno, mucho - í)3 -- mas artístico y decorativo, imaginado Vicente López, Cotanda y otros por académicos ilustres, en la ocasión de la visita a Valencia de los ya Reyes Car¬ los IV y María Luisa. También ajeno al fin específicamente docente de la gularrniente interesante y significativo, es el asunto Academia, pero sin- —ya viejo en la anterior historia del instituto— de la intervención, oficial de la Academia en el arte sacro, a cuyo efecto se recibieron impulsos e iniciaciones superiores en la Real Orden comunicada por Floridablanca a la Academia, con fecha de 25 de Junio de este año de 1784, confirmatoria y ampliadora de la anterior y si¬ milar regalista a ccilustrada»— de 25 de Noviembre de jerarquías eclesiásticas, «Arzobispos, Obispos, Cabildos 1777,dirigida a las y Prelados de sus Reynos..., por la que encárgaba el Rey' a dichas autoridades que «consulta¬ sen a la Academia de San Fernando, siempre que de caudales propios, o a expensas de los Fieles se hiciesen algunas obras en los Templos, u otros lu¬ gares sagrados, rem.itiendo los dibuxos de los Planos, alzados y Cortes la a referida Academia, para que los examinase con atención y brevedad, el y sin menorgasto ni dispendio de los interesados, y que según el mérito, o errores que contuviese, indicase el medio más adaptable al logro de los pro¬ yectos que se formasen, con'proporción al gasto que quisiesen hacer las per¬ sonas que los costeasen; como igualmente que se excuse cuanto fuese dable emplear maderas especialmente en los Retablos y adornos de los con otros Altares, particulares que contiene la mencionada Real Orden». Es sobre esta Real Orden la con respecto a que ha escrito recientísima- mente Fernando Chueca Goitia (en su artículo, en «Archivo Arte», titulado «Dibujos de Ventura Rodríguez, para el Santuario Español de tra Señora de de Nues¬ Covadonga») que «...surgió, entre otras cosas —dicha disposi¬ ción— del embarazo que sufría el Consejo de Castilla, alto Tribunal de uni- -Versal competencia... desde el que se vigilaban muchas construcciones reli¬ giosas o civiles, se creaban normas y se aconsejaban o hasta se seños para nuevas fábricas, en sus imponían di¬ expedientes de construcción. No sería ex¬ traño —sigue diciendo Chueca— el propio V. Rodríguez, que de hecho que fué, desde el Consejo, el primer censor de la arquitectura oficial, fuese quien inspiró esta solución para buscar a su trabajo el auxilio del cuerpo de la Academia. Precisamente para hacer cumplir esta Orden circular ocupó la Secretaría de la Corporación D. Antonio Ponz, amigo de D. Ventura. Todo esto es'de la mayor importancia —concluye— si consideramos que esta la¬ bor de censura sobre las construcciones fué una de las principales misiones de la Academia («de las Academias» podríamos decir nosotros) en los últi¬ mos años del siglo XVIII y en casi todo el XIX; que fué el medio de impo¬ ner un arte oficial ; que como consecuencia de esto se establecieron a través de varias disposiciones los títulos facultativos con capacidad legal para ejer¬ cer su profesión ; en fin, que fué el primer paso de la intervención del Es¬ tado en materias de arquitectura». En efecto, ya hemos aludido a !a impor¬ tancia que revisten en la vida académica estas actuaciones interventoras y vi¬ gilantes, prirícipalmente de la Arquitectura,; pero también de otras activi¬ dades. La nueva disposición del Soberano, motivada en «El deseo del Rey en promover las tres Nobles Artes, creando y dotando varias Academias para facilitar su estudio, honrar a sus Profesores y distinguir su mérito», después de repetir, «in literae», la anterior y reseñada Orden, y de manifestar al Pre¬ lado valentino la satisfacción de S. M. por «el zelo y esmero con que ha pro¬ curado se cumpla y observe en toda su Diócesis...», le liberaba de remitir los Proyectos a la lejana Academia madrileña, encargándole, en cambio, los o— 94 — hiciera pâsàr por el examen de la de San Carlos «por medio del Secretario de ia misma para que la inmediata Junta, donde se los haga presentes en examinarán y se procederá sin apartarse de las prevenciones y método...», reiterando el Rey su encargo del examen minucioso de lo que fuese presen¬ tado, su orden terminante sobre la gratuidad absoluta de! procedimiento y disponiendo la tramitación, por medio del Prelado, al Secretario de «San Carlos», de éste a la Junta Ordinaria y de ésta, despachado el asunto por la misma vía, inversamente, al interesado ; añadiendo la Orden, al respecto de las limitaciones en la utilización de la madera, ciertas advertencias en unos párrafos que, por su especial interés preceptista y neoclásico, transcribimos a continuación : «Que puesto que en la mencionada Orden, al manifestar al Rey se excusase quanto fuese dable emplear niaderas en los retablos, y ador¬ nos de los Altares, no fué su Real intención prohibir absolutamente el uso de ellas en aquellos casos en que no estén próximas a incendio, ni causar con esto el menor perjuicio, o vejación a sus Vasallos, manda ahora a la misma Academia de S. Carlos, qué quando examine los Planos, y Proyectos cuide de aprobar, o reprobar las Obras, o piezas de madera que crea deban, o no permitirse, con consideración al parage de su colocación, a la calidad de la Obra, y a las demás circunstancias necesarias por donde pueda conceptuarse si el riesgo de incendiarse es inminente o remoto; y les previene que qüan- do en estos casos se permitan algunos Retables de madera, se hayan de cons¬ truir baxo las reglas del buen gusto, y sólida Arquitectura, procurando ' se imiten a Piedras o Estucos, y sejetándose a las instrucciones y preceptos pro¬ pios de los conocimientos del Arte...». Concluye, por último, la R. Orden resumiendo que «...ha resuelto S. M. que la misma Academia de S. Carlos sea la que conozca en ese Reyno, y decida entera y exclusivamente en todo lo que pertenezca a este ramo, sin disimular se ingiera en ello ningún facul¬ tativo en particular». La Junta Ordinaria de «San Carlos», a la que acababan de reconocer tan alta prerrogativa, cojiocida que tuvo la Orden en su Sesión de 13 de Julio del mismo 1784, acordó, naturalmente, su cumplimiento, librando una Cer¬ tificación de lo mandado y dirigiendo de ella «...un exemplar impreso a cada una de las Poblaciones de este Reyno, a los Reverendos Curas, y demás a quienes se tuvo por conveniente, para la más perfecta inteligencia, y puntual observancia de lo mandado por S. M. en esta parte», con lo que quedó, por ahora, terminado este asunto. Otro singular negocio extradocente ocupó a la Real Academia por este tiempo «...las sensibles desgracias y muertes sucedidas en el mes de Mayo : de este año —dicen las Actas—, al retirarse a la Ciudad un numeroso con¬ curso por la Puerta llamada del Real, .y la consideración de que la estrechez de esta Puerta, y rapidez del sitio en que está colocada al pie del magnífico Puente de este nombre, pudieron haber sido la principal causa de aquel ac¬ cidente; movieron el zelo del Señor Regidor D. Antonio Pasqual, Consilia¬ rio de la Academia, a proponer al M. I. Ayuntamiento la oportuna provi- videncia, de abrir dos Puertas más al lado de la que hoy tiene, para preca¬ ver en lo sucesivo semejantes desgracias. Examinada y aprobada por la M. I. Ciudad esta proposición, pasó Un oficio a la Academia -^que es lo que aquí más nos importa— para que dispusiese se formasen los Planos y Dise¬ ños correspondientes a dicho fin ; y la Academia, deseosa de acreditar en esta ocasión su gratitud a su M. I. Patrono (la Ciudad de Valencia, según ya es sabido), no menos que su celo en beneficio del público; en Junta —Or¬ dinaria— de 24 de Octubre (del repetido 1784, año intenso, si los hay, en la vida académica interior y exterior, estatutaria, docente, pública y consultiva — ÔS — del instituto de «San Carlos») acordó 2 premios de 300 reales vellón cada uno y otro de 15Ü reales para los 3 sujetos que mejor desempeñasen el asunto de esta obra : explicando —la Academia— en un Edicto, que fijt) para este fin, las circunstancias y condiciones que debían tenerse presentes para el acierto». Dase, luego, cuenta en la prosa de las Actas de que hubo de pro¬ rrogar el plazo dado a los concurrentes ; que éstos fueron cuatro : Francisco • Pechuán, Joseph García, Christóval Sales y Manuel Marco, y cómo luego, en la Junta Ordinaria de 15 de Abril del siguiente año, de 1785, se premia¬ ron los trabajos de los dos primeros, «ex aequo», con sendas sumas de 3ÜÜ reales vellón y otra de 150 al de Sales; así com,o que «...al quarto opositor se le juzgó digno sin embargo de crearle juntamente con los' otros premia¬ dos Académico de mérito, por el que tenía su trabajo». «Las referidas obras '—continúan las actas—, acompañadas de la certificación correspondiente, y dictamen de la Junta, se pasaron de orden de ésta a la M, I. Ciudad para que eligiese la más conforme a sus deseos e intenciones». No registran los fondos de «San Carlos» la suerte de estas soluciones académicas al ya trági¬ co problema de la angostura de la Puerta de Real; ni realmente interesa aquí proseguir la' pista de esos planos, en el ámbito de los Archivos del Ayuntamiento, por exceder ya de los lindes de este trabajo, en absoluto des¬ interesado de todo lo no académico y, por lo tanto, de la trayectoria de ta¬ les proyectos de la Academia, en cuanto dejaron de serlo, para convertirse, en el mejor de los casos, uno o una síntesis de ellos, en obras municipales. Por ello dejamtos así este asunto. En todo lo restante del año 1784, y durante todo el 85, ocuparon la aten¬ ción de este Cuerpo y luego, por consiguiente, el espacio de sus actas, asun¬ tos más íntimos, propiamente de la vida orgánica y docente de la Acade¬ mia, como por ejemplo, y entre todos ellos el más relevante, del cam,bio del Director General, José Esteve, en 31 de Diciembre del 84, por concluir «su trienio», sucediéndole por unánime elección de la Junta General de dicho día, D. Antonio Gilabert (nacido en Pedreguer, Alicante, en 1716), a la sazón Director de Arquitectura y uno de los directores' de la obra de la Aduana de Carlos III (hoy Palacio de Justicia) y del revestimiento clasicista del interior de las naves de la Seo valentina. Al siguiente año, D. Manuel Monfort, el conocido académico residente en la Corte, con los reales empleos de que se hizo referencia, a la vez que rector de los alumnos enviados con pensión a ella, envió carta a la Acade¬ mia, leída Junta de 17 de Mayo, avisando «haber fenecido el tiempo de en las Pensiones —de dichos jóvenes— que disfrutaban Rafael Ximeno, por la Pintura, y Mariano Brandi, por el Gravado», por lo que la Academia, cum»- pliendo lo mandado por el Rey, en Orden —ya referida— de 1 de Abril de 1779, convocó nueva oposición para talfes plazas vacantes, subvencionadas con «6 reales de vellón diarios —^cada una— para el espacio de 3 años». El ya conocido escultor de «belenes» José Ginés obtuvo la de Escultura, frente a sólo un contrincante (Ramón Estrada) por decisión unánime tomada en Junta de 5 de Junio ; que declaró desierta la de Arquitectura, especialidad a que, con la de Escultura, correspondía el turno de las pensiones en el trienio venidero. Y ya que de oposiciones escolares y de premios se habla, bueno será referir cómo, mientras fué escolar, el pronto gran artista decorador José Cotanda, acaparó todos ios primeros premios de la nueva «Facultad de Flo¬ res», que así se llama la R. O. vista de 1784. Incluso, en los acuerdos manus¬ critos, queda referencia de algún incidente, suscitado por la oposición a tal persistente exclusiva de Cotanda en los premios de Flores, por parte de sus compañeros de clase, que llegaron a elevar curiosos «Memoriales» a la Acade- — 9« — mía en tal sentido, alegando, no sabennos con qué fundamento, Inconstart- çias escolares de Cotanda, y mejores asiduidades en los protestantes ; recla¬ maciones oídas y cuidadosamente aquilatadas por los rectores de la Acade¬ mia, que las estudió y resolvió (1) según se desprende del acuerdo m- s. co¬ rrespondiente, por el que también sabemos que tales instancias no prospe¬ raron, en virtud, sin duda, del mejor arte y talento de Cotanda y de la bue¬ na fama que tales dotes le habían ganado, ya precursor de su inspiradísimo arte ornamental de luego, sin que a ello obstasen quizás las irregularidades de escolaridad que sus impugnadores le achacaban. Completa el panorama historiable del año 85, un asunto, si bien ajeno a la estricta labor docente académica, muy ligado, en cambio, a hechos de sin¬ gular relieve en la historia de la cultura y la enseñanza en Valencia.durante el siglo XVIII, y concretamente a los.anales de su Lífiiversidad (en la que la propia Academia vivía) y a uno de los más esclarecidos Académicos, por lo que puede ser considerado como suceso de la misma vida interna de la Cor¬ poración : «Deseando la Ciudad —dicen las Actas— acreditar su reconoci¬ miento al limo. Sr. D. Francisco Pérez Bayer, del Consejo y Cámara de Su Majestad, y su Bibliotecario Mayor —personalidad ilustre, muy relacionada con la Academia, en su primera época, según ya vimos— por el inestimable regalo de su copiosa librería, que ha dado generosamente a esta Ciudad paia el uso de su Universidad de que es patrona ; acordó en Junta de Patronato de la misma, que se coloque el Retrato de tan ilustre Patricio en busto de Mármol con el pedestal, e inscripción correspondiente que eternize para la posteridad la memoria del beneficio, y del reconocimiento. Para la execu- ción de este pensamiento pasó la Ciudad un Oficio a la Academia, confián- dole, la elección del Artífice..., y la Academia nombró a D. José Esteve y Bonet (el insigne e inspiradísimo imaginero), de cuya acreditada habilidad espera el acierto..., en que sea honrada debidamente la memoria de un Per¬ sonaje, que cuenta entre sus Académicos de honor». Por lo cual sabemos cómo contribuyó la Academia a perpetuar la memoria del que fué verdadero fundador de la Biblioteca Universitaria de Valencia; célebre humanista y preceptor —según ya se dijo— de los Infantes, hijos de Carlo.s III, cuyo ser¬ vicio al Trono le valiera, entre muchas más ventajas y honores, el espléndi¬ do regalo de la vajilla de plata, cuyo precioso metal, en peso de diez arrobas (106 kilogramos) se encargó de transformar ^—por su orden— el mismo es¬ cultor Esteve Bonet en la bella imagen de plata de San Vicente Mártir, fun¬ dida en el incendio de la Catedral de Julio de 1936. Entra la Academia en el año 1786 repartiendo los premios de «Flores», de tan frecuente discernimiento como exigua cuantía, sin que ningún nom¬ bre notable figure entre los de los beneficiarios, para a poco, ya en 8 de Abril, manifestar su contento por haberle llegado un doble donativo biblio¬ gráfico de la soberana generosidad, continuación de úna obra famosa, de contenido significativamente arcbiclasicista, ya aludido en la primera parte anterior de este trabajo : «...el Tomo 5 de las Pinturas, y el 7 de las Antigüe¬ dades del Herculano, precioso don de la Real Mano de S. M., que de su orden remitió el Deputado de la Academia, en la Corte, D. Manuel Mon- fort». Es curioso transcribir el párrafo tan característico con que en las actas se da la bienvenida al soberbio libro : «La magnificencia de la Edición y ¡a importancia de la materia y asunto de esta Obra para los estudios propios de la Academia (el subrayado es de la transcripción, por lo expresivo del con- XI) En la sesión de su Junta Particular de 5 de Abril de 1784. — 97 — cepto), la liaran perpetuamente apreciable; pero lo será siempre más... por la honra que recibe de la Real bondad y clemencia...». Al propio tiempo se recibía en la Corporación, y la Junta Ordinaria la transcribe en sus actas, una R. O. en favor de la Academia contra el Gremio de Carpinteros (que entre¬ sacamos, por su mayor interés,^ de la multitud de noticias profesionales in¬ terventoras y litigiosas que ya dijimos soslayar), la que dice así : «El Rey ha oído, con el mayor desagrado, que el Gremio de Carpinteros de esa Ciudad se atreva a turbar la tranquilidad, que gozan las Nobles Artes a la sombra de las benéficas disposiciones de S. M. La claridad e individualidad, con que la Real Orden de 22 de Junio de 1777 explica, y señala las ob.ras que se deben reputar pertenecientes a la Escultura, como no admite duda ninguna, acri¬ mina mucho más el proceder de los que inconsideradamente han querido, que una Sillería de Coro igual a la que presenta el dibuxo, que han enviado a S. M., adornada toda ella con labores arquitectónicas, un Facistol con un Crucifixo grande en el remate y una Cómoda que representa un cuerpo com¬ pleto de Arquitectura, sean obras, llanas las ciue únicamente puedan como hacer los Carpinteros : atención manda el Rey, que se observe en esta pun¬ tualmente la citada Real Orden de 22 de Junio de 1777 que declara ser obras pertenecientes a la Escultura, Pulpitos, Canceles, Prospectos de Organos y demás ornatos, como son sin duda, las Sillerías de Coro, y Facistoles, y de¬ más obras que se gastan en los Templos para adorno suyo, quedando, por privativas de los Carpinteros todas las obras, llanas con molduras corridas, como es justo». «Lo prevengo a V. S., etc... para que lo haga entender al Gremio de Carpinteros, advirtiéndole, que si otra vez llegan a oídos de S. M. quejas tan infundadas, tomará la más severa providencia, para que sean respetadas como deben sus Reales Ordenes. Dios, etc. El Pardo, a 14 de Febrero de 1786. El Conde de Floridablanca». Esta disposición, a su innegable y significativo valor para la historia de la artesanía gremial española, une —y es lo que nos importa y lo que más la salva de omitirla— un excepcional interés, pues robusteció el prestigio lo¬ cal de la Academia —concreción y senado del Arte en ya Valencia—, respal¬ dado y firme, la disposición análoga recién vista, en el campo de la Ar¬ por quitectura, y ahora completado en el del trabajo plástico, al hacer, exclusiva de los escultores (casi todos relacionados con «San Carlos», como Académi¬ cos de una u otra clase o como alumnos) los trabajos de escultura especifica¬ dos en la R. O. según acabamos de ver. Mereció incidentalmente la atención de la Academia en su Junta ordi¬ naria de 8 de Abril del propio año, la adjudicación del Premio ofrecido por «el Señor D. Jayme de Viana, Coronel de los Reales Exércitos, por el amor que profesa a las Artes, y deseoso de estimular a la Juventud...». Fué discer¬ nido a Vicente Belázquez, y es interesante recordar aquí que lo obtuvo co¬ piando la «Estampa de Nuestra Señora del Pez gravada por D. Fernando Selma». Por modo de accésits completó la Academia, con sus medios pro¬ pios, en esta ocasión, el lote de recomprensas, dando otras —sin prelación entre ellas— de no consta qué cuantía, a Rafael Esteve (el grabador pronto famoso) y a Tomás Miralles, «...por la igualdad que se vió en las copias...» Ocupó pronto a la Academia otro importante asunto de intervencionis¬ mo profesional la adopción de las condiciones fijadas por la de San Fer¬ : nando al efecto de la selección y pruebas para el ingreso de los Académicos de Arquitectura. A este efecto, reformando lo anteriormente reglado, la Corparación madrileña, por «mejorar su antiguo método en las creaciones de Académicos de Arquitectura que estaba en uso con arreglo al Capítulo XXXII de sus Estatutos, cuya observancia —añaden— no producía una to- — 98 — tal seguridad del verdadero mérito de los pretendientes...», propuso y obtu¬ vo del Rey 1783, pero sólo comunicado a Valencia algo posterior- —ya en rpente, en este 1786—diversas modificaciones de las pruebas de examen, cuyo contenido, estrictamente profesional, limitativo desde luego, y sin mayor interés presente, fué, una vez trasladado por oficio a la de San Carlos, hecho propio y adoptado por la misma «...como cosa tan justa y conveniente para el mayor adelantamiento de la Arquitectura», en Junta Particular de 2 de Julio de este 1786, según refiere el acta de dicha sesión. Un mes largo después, en la de 6 de Agosto, acórdábase una nueva dis¬ tribución de «premios y pensiones a los Discípulos de el Estudio de Flores», de los que correspondió el primero, de 100 reales y 3 diarios, al luego también famoso, y ya varias veces repetido, Joseph Cotanda, en gracia al interés de cuyo nombre como escolar llegamos a este detalle; el segundo, de 60 reales y 2 diarios, a Jaime Baset, y el tercero, de 20 reales y 1 diario, a Pedro Pas¬ cual Calado. Por último,'algo después de esta particular distribución de galardones a los alumnos del nuevo estudio floreal, tuvo lugar la general y. solemne dis¬ tribución de premios. Acordada a fines del año anterior 1785 —el 5 de Di¬ ciembre— y convocada públicamente por edicto de 1.° del siguiente año —que fijara premios, temas y Junta Ordinaria de 29 de Sep¬ asuntos—, en la tiembre del 1786 se para el acto público, por señaló el siguiente 9 de Octubre la tarde, como se celebró, presidido por el Corregidor de la Ciudad y su Jus¬ ticia Mayor, Presidente nato de la Academia, D. Joaquín de Pareja y Obre- góq. En dicho acto, con la asistencia acostumbrada «de los Señores Acadé¬ micos de Honor, de varias personas de la más distinguida Nobleza, gradua¬ ción y Carácter, tanto Eclesiásticas como Seculares ; del Señor Director Ge¬ neral, Directores y Tenientes, Académicos de mérito y de un numeroso con¬ curso del Público...», se distribuyeron los premios acordados, se hizo músi¬ ca, pronunció una oración archiacadémica el Rmo. P. M. F. Raymundo Melchor Magi ; Provincial de los mercedarios y académico de honor de la Corporación que le escuchaba, luego Obispo de Guadix, cuya efigie grabó Monforte y se leyó una engolada e indigesta composición poética del hijo mayor de los Condes de Bureta (José de la Carda y Marín), que le valió «in actu» ser propuesto y aclamado Académico honorario por aquel senado es¬ tético, tan afín al gusto artificioso del didáctico poema. Digno de destacar entre los numerosos nombres de alumnos premiados es sobre todo el de Francisco de Paula Martí, premiado en el Grabado de láminas (único opo¬ sitor) por tratarse del ilustre setabense inventor del divulgadísimo sistema taquigráfico de su nombre, significativamente interesado por este arte de la incisión, en el .que llegó a grabar muy buenas láminas (que! reseña Ferrán), mereciendo ser creado Académico de mérito de San Fernando y Grabador de la Imprenta Real de Cádiz. Con este último episodio de la solemnísima Junta Pública, terminan los acaecimientos historiables de 1786 y del primer trienio de esta segunda etapa de la vida de la Academia que hemos reconocido como discernible a partir de la ampliación de sus enseñanzas con el establecimiento formal de la de Flores y Ornatos, tantas veces aludida. Bueno es, con todo, dejar consignados algunos cambios de carácter per¬ sonal habidos en el censo académico ; altas y bajas por diversos motivos y en distintas categorías producidas, cuyo conocimiento va perfilándonos el carác¬ ter del joven instituto artístico valenciano. La muerte, pues, arrebató dé la Academia a varios de sus individuos, de todos los cuales sé hizo particular y elogiosa referencia en la sesión solemne que hemos reseñado. El Marqués